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G. BUSUTIL: LORENZO LITORAL

Guillermo Busutil, escritor, periodista y un apasionado deportista -fue atleta y boxeador; ahora es culturista cotidiano- me enviaba este artículo sobre una de las revistas que más me gustan: ’Litoral’, que acaba de publicar un monográfico dedicado al agua. Agua, arte & literatura. Su figura central -una figura rodeada de cómplices, amigos, compañeros de viajes, soñadores y asesores- es Lorenzo Saval, que además es artista. El artículo, como todos los domingos, aparece en ’La opinión de Málaga’. Hermoso texto, hermosa amista, estimulante empeño a favor de la poesía.

Cuaderno de mano

Lorenzo litoral

Guillermo Busutil*  13.09.2015 | 05:00 

Los mascarones de proa son mujeres azules con la aventura al abordaje. Tienen en la desnudez de su pecho el desafiante tatuaje de una rosa de los vientos. Navegan siempre en romance con las olas y de cada isla conocen la canción de un tesoro. Tengo un amigo que las colecciona. De los talleres de Brest y de Salerno, de las Atarazanas de Portsmouth y de Chatham, de las islas Scilly y de Isla Negra. Antiguas, licenciadas del mar, naufragadas, en roble y teca la intemperie de sus cicatrices y su belleza. Cuando tiene tiempo también diseña sus propios mascarones de proa. Y una vez terminados los suspende en la marea que atraviesa su casa, desde la costa malagueña hasta el jardín donde sueña sus poemas y sus collages. Cuadros, con doble fondo y la imaginación recortada, ensamblada y caleidoscópica, en los que Lorenzo Saval ha acristalado sirenas en descapotables que cruzan la noche, tiradores de arco cazando zepelines, automóviles con ángeles en fuga, fotógrafas con sombrero Shelley asomadas al interior de una ventana, poetas equilibristas en los tejados de las ciudades, un as de corazones en la zurda de un mago. Y sobre todo, barcos. Balleneros, clíper, veleros, trasatlánticos. Varados en una taza de café, cargados de fauna fantástica o encallando en las calles de puertos de mala fama. Siempre le gustó robárselos al mar. Desde la terraza de su despacho, con un telescopio de estrellas, les detiene el rumbo un instante y después los navegaba impresos en las portadas de Litoral.

La revista capitaneada en 1926 por Manuel Altolaguirre y su tío abuelo Emilio Prados, con un pez de Manuel Ángeles Ortiz como insignia de portada. En sus páginas se hicieron poetas aquellos jóvenes de la Institución Libre de Enseñanza y en la imprenta del sur con forma de barco se embriagaron de versos junto con un aprendiz manco y tipos tan duros como Elzeviriano, Baskerville y Bodoni. Zarpó la revista al exilio y después de duras travesías, manteniendo a flote la pintura, el pensamiento y la poesía, regresó en el 68 a Málaga con José María Amado. Le fue fácil enrolar tripulación de antes y marineros de entonces. Bergamín, Aleixandre, Caballero Bonald, Félix Grande. Hasta que convenció a Lorenzo Saval para que entrase de grumete, personalizando cartas de suscripción, en la revista de la que tomó el timón en 1979. Fueron los años numerados con La vanguardia española, Dionisio Ridruejo, Luis Cernuda, María Zambrano, y otras entregas extraordinarias como la publicación por primera vez en España de Rafael Alberti. Monográficos con textos inéditos, cartas, fotos e ilustraciones de Maruja Mallo, José Caballero, Enrique Brinkmann, Eugenio Chicano, y poetas pintores como Rafael Pérez Estrada. Tener un Litoral en casa comenzó a ser una aspiración imprescindible para quienes, al igual que hoy, valoran la calidad de las revistas literarias que albergan ensayo y creación, rigor y estética, la lectura y el estudio. Una labor que exige apoyos económicos y mantener el aval de sus lectores. Los motores que, a pesar de la crisis, favorecen que a nivel nacional su prestigio continúe navegando junto a Turia, Mercurio, Leer y Letras Libres.

La cultura se ha convertido en una isla, rodeada por la política, el IVA y el descenso de la lectura de calidad. Hacía tiempo que no necesitaba tanto estar rodeada del líquido que la fertiliza. También ahora que las lluvias atormentan con su violencia y los próximos meses presagian nubes de grises secos. Tal vez por eso, Lorenzo, su generosa y eficaz compañera María José Amado y el elegante diplomático Antonio Lafarque, asesor literario al igual que José Antonio Mesa Toré, acaban de editar un nuevo Litoral dedicado al Agua. Un número cuyo grifo abre un interesante estudio acerca de la nueva cultura que reivindica los valores naturales, sociales y emocionales del agua. Su influencia en la formación de civilizaciones. En su interior se escuchan voces del hamman y la lluvia sobre la arena que, como escribió Luis Rosales, con las primeras gotas se deletrea. Se habla de lagos, de manantiales, de ríos a los que Ruiz Noguera recuerda como la terrible evidencia de la huida y no falta la nieve que para otro Rosales, José Carlos, entierra de blanco los caminos difíciles. Hay sueños de piscinas, glaciares, cascadas, todas las pieles del agua en el curso de un poema que a veces cabe en un vaso, y otras se derrama.

No puede faltar, junto los brillantes textos de maestros y compañeros de armas con los que es un placer compartir cubierta, la belleza de la imagen en Litoral. Collages, cuadros, dibujos, fotografías, que Miguel Gómez maqueta como ojos de pez y postales del arte. A cada cual más ilustrativa y sugerente para el escritor al que le toca inventarles el reverso de una historia. Como la de la mujer de Louis Faurer saltando su reflejo sobre un charco, sin que el espejo del agua desvele su intimidad bajo el vuelo de la falda; la del cementerio de Escaro encallado a flote en el pantano de Riaño, enmarcado de silencio por Cecilia Orueta; la de Pierre Jamet voyeur del coito con el agua de Dina en la ducha o el retrato de David E. Scherman de una soldado que muda la piel del combate y se transforma en la Venus de Miller en la bañera de Hitler derrotado. 248 páginas con bañistas, lavanderas, zahoríes, embarcaderos y ninfas, enriquecidas con la crítica social de las viñetas de El Roto, que hacen de este número, un precioso broche de oro para el verano que pronto comenzará a dorarse de otoño.

Que justo fue en 2006 concederle a Litoral la Medalla de Oro al Mérito de Las Bellas Artes. Un merecido premio que mi amigo tendría que haber recogido vestido de John Silver o con un peacoat cruzado con doble botonadura de a tres. El uniforme con el que alguna madrugada terminará escapándose a bordo de uno de los trasatlánticos que caza, o enrolado en un buque fantasma con una mujer de proa con la que compartir tabaco, seducción de litorales y la penúltima cumbre de mar.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

**La foto de Pierre Jamet de Dina Vierny, la joven musa de Arístides Maillol, que inspiró la película 'El artista y modelo' de Fernando Trueba. La foto está datada en 1937.

https://hirania89.files.wordpress.com/2013/07/pierre-jamet.jpg

PERRO DE COMPAÑÍA MONTA 'GOYA'

PERRO DE COMPAÑÍA MONTA 'GOYA'

Nota de Fernando Cuadrado: “Este es el título de la pieza de Rodrigo Garcia que estamos montando. Se trata de uno de los dramaturgos españoles contemporáneos más brillantes (a nuestro parecer) y controvertidos del panorama teatral. Actualmente es el director de Humain trop humain Centre Dramatique National de Montpellier

www.humaintrophumain.fr

Para el montaje hemos creado Perro de Compañía, una nueva compañía de teatro formada por Laura Tajada (dirección de escena), Jaime Ocaña (interpretación) y yo mismo (ayudantía de dirección y producción), entre otros. Jaime no necesita presentación y de Laura Tajada te puedo contar que ha sido durante años la ayudante de Andrés Lima (de Animalario) en teatro y de Marc Recha en cine. El resto del equipo artístico puedes consultarlo en el documento adjunto, pero en él se incluye a Carlos Saura, Beatriz San Juan y Valentín Álvarez.

Estamos en la última fase de los ensayos y vamos a estrenar el 1 de octubre en la Feria Internacional de Teatro Y Danza de Huesca. Al día siguiente estaremos en Teatro Arbolé programados en el Cycle de les Refusés.

 

 

COMPAÑÍA: PERRO DE COMPAÑÍA

ESPECTÁCULO: “PREFIERO QUE ME QUITE EL SUEÑO GOYA A QUE LO HAGA CUALQUIER HIJO DE PUTA”

 

 

SINOPSIS:

 

Tengo 50 años.

Tengo dos hijos.  

Tengo 5.000€.

He tardado medio siglo en darme cuenta de que lo que cuenta es…preferir;  elegir lo que queremos con más intensidad.

Voy a gastar ese dinero como no quieren mis hijos, pero con ellos.

Cansarlos antes de que se cansen de mí.

Y necesito que entiendan mis chavales que con ese dinero se puede transformar el mundo, es decir, el nuestro; el que prefiero.

Hoy, ya sí, me olvidaré de intentar dormir. Estaré despierto hasta el final.

 

FICHA TÉCNICA

 

perro de compañía

 

FICHA ARTÍSTICA

“PREFIERO QUE ME QUITE EL SUEÑO GOYA A

 QUE LO HAGA CUALQUIER HIJO DE PUTA”

UTOR: RODRIGO GARCÍA

 

TEXTO PRÓLOGO: JOSÉ ANDRÉS CRUZ

 

DIRECCIÓN: LAURA TAJADA

INTÉRPRETE: JAIME OCAÑA

ILUMINACIÓN: VALENTÍN ÁLVAREZ

ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: BEATRIZ SAN JUAN

ESPACIO SONORO: RICARDO GONZÁLEZ

VIDEO: PABLO NOAILLES

DISEÑO GRÁFICO: MÜNSTER ESTUDIO

FOTOS INTERVENIDAS “FOTOSAURIOS”: CARLOS SAURA

FOTOGRAFÍA: EULÀLIA RAMON

AYUDANTE DE DIRECCIÓN: FERNANDO CUADRADO

AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: FERNANDO CUADRADO

AYUDANTE DE ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: ALMUDENA BAUTISTA

 

PRODUCCIÓN: PILAR BARRIO / ESENCIA PRODUCCIONES

AYUDANTE DE PRODUCCIÓN: JOSEBA ACHA / ESENCIA PRODUCCIONES

DIRECCIÓN TÉCNICA: FERNANDO CUADRADO

 

 

 

PRÓLOGO DE JOSÉ ANDRÉS CRUZ

  1. LUZ
  2. ABRE LOS OJOS
  3. MIRA
  4. GRITA
  5. DICE PAPÁ
  6. AVANZA LENTO
  7. MIRA TRES MONSTRUOS
  8. SE OCULTA EN EL PUFF
  9. SACA LA CABEZA

10. SE VUELVE A ESCONDER

11. DICE TEXTO

12. “A RATOS” SACA LA CABEZA

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

 “El sueño de la razón produce monstruos”...el sueño de la razón, la duermevela de la imaginación, las puertas de la locura, a ratos.... Y si (SE DIRIGE AL MONSTRUO PEQUEÑO) el monstruo sueña, ¿con qué sueña?. Desconcertante Paco. La razón (TOSTADA) si duerme, sueña con monstruos...irracionales. Hay un infierno en cada mollera... esos momentos, cuando la razón duerme, que uno está como poseído y lo acaba pagando la alacena de las mermeladas. ¡Qué peligro tiene el sueño de la razón! La Razón...suena a gaceta, a una de fiar.

Si la razón desaparece deja un vacío que habrá de llenarse con algo. En mi caso (CIEGO), es como un delirio de belladona, como un estallido en tonalidades blancas y negras, con ojos y bocas (ABRE LOS OJOS Y LA BOCA); una romería de adefesios enmudecidos…. supongo que deben darse cuenta de que soy sordo y de que no los iba a oír. Y ese tipo (SE DIRIGE AL PÚBLICO) de cosas, o lo sudas en la cama, o lo pintas. ¡No te creas que no hace falta estómago!

 “Tú, que no puedes, llévame a cuestas”. Así titulé otra de mis estampas; fue un capricho mío. Tú, que no puedes -eh- llévame a cuestas. Refranero, cultura del campo (ACLARA/JUSTIFICA), agreste añil y caza. Razón. Capricho. ¡Con (SENSUAL) tu capricho, me embicho! Por algo (FIRME) estáis ante el primer pincel de la Corte de Carlos IV. (MONSTRUO GRANDE)

Algo (LE INTERPELA EL MONSTRUO GRANDE Y ESTÁ PRESENTE) de lo que me sienta especialmente orgulloso… bueno, seguramente de haber pintado el primer desnudo femenino real. REAL. Velázquez pintó una Venus, pero eso no cuenta. Las Venus tienen bula. No te la juegas por pintar una Venus, te la juegas por pintar a la Duquesa de Alba desnuda, no por pintar la “Artemisa en el tocador” o “Hipólita, abajo con la compra”. Llegará un día en que podrás pintar a la gente y el fornique, seguro, pero al Cesar lo que es del Cesar; yo abrí la veda.¡ (LO GRITA!!)Y que me recriminen algo, si tienen valor! ¡Que también he capturado en las paredes de las iglesias, la severa espiritualidad de prácticamente todo el santoral!

La verdad es que he pintado al rico y al pobre (MIRA A LA CARA A UN ESPECTADOR), al vendimiador y al soldado, sacerdotisas vestales y alcahuetas de misa. Otros pintores se la cogen con papel de fumar, yo no. Planto mi lienzo ante la familia de Carlos IV o ante un rufián anónimo. Me pinté la casa real al completo, ¡en un año! (LO REMARCA). Pues da lo mismo, en las romerías, las viejas cuando me ven se santiguan.(SE SANTIGUA) “Ese es el que pinta fulanas para Godoy”. (CUCHICHEANDO)

(DE UN LADO A OTRO CABIZBAJO) La adoración de los Reyes Magos, la Piedad, a Cristo Rey, he pintado vírgenes en iglesias y en ermitas, multitud de cuadros religiosos, ni sé la de angelicos que llevaré pintados. Suficiente, ¿no? Yo creo (HABLÁNDOSE A SI MISMO) que me he ganado el derecho ya a pintar si quiero un burro posando a dos patas y a un mono tití con un pincel y una paleta en cada mano.

¿Sabéis lo que digo? El burro es el modelo del pintor ¡y éste es un mono tití! A veces (BUSCANDO COMPLICIDAD)pienso que la cabeza me va a estallar, os lo juro.

Y no es fácil llegar a imaginar estas gansadas cuando uno está bien de la cabeza y tiene estudios, que va. Para pintar un tití ataviado con enseres de pintor no puedes hacerlo así, de primeras; siendo un donnadie. Si llego a la Academia de San Fernando -un ratito a pie y otro caminando- y para el examen de entrada les llevo al mono... (para que queremos más). No, antes de hacer lo que te brota/apetece debes pintar a toda la burguesía, que hay que mover caudales. Pinta árboles genealógicos, pantocrators, barbaridad de gente, pinta ciudades, casas, palacios, píntate a ti de vez en cuando y te quitas papada con el raspador. O pinta bodegones, que es un nombre bien raro para algo muy simple: pintar lo que vas a cenar para que los demás lo sepan. Antes de comértelo, lo pintas y cuando viene alguien por tu morada se lo enseñas. ¿Te gusta? Me gusta. ¿Lo puedo poner en mi casa? Claro. 30.000 reales, escarpia incluida. (DIRECTOR DE ORQUESTA)

Hace tiempo que no paso por Fuendetodos. (REPITE) La última vez fui porque le ponían mi nombre a un molino, y la verdad; estaba cagao. Imaginad lo de volver a tu pueblo, con un séquito de tíos con peluca. “Anda, (TOCÁNDOSE LOS COJONES) mira quién se ha decidido a venir desde la capital” (JAPO??)

¡Tontos de la haba, si me habéis invitado por lo del molino, y vivo en Madrid, no os puede coger la noticia por sorpresa! Inaugurar (QUITANDO IMPORTANCIA) es sencillísimo : “Queda abierto al público (CEREMONIOSO) este molino de titularidad pública …pero gestión privada”… Menos mal que en la tasca de Felipe, el siluro una prima mía lejana me pidió que le firmase las enaguas en y aquello mejoró.  (PICARÓN / CÓMPLICE CON EL PÚBLICO)

(ANDANDO HACIA ATRÁS) Entre que estoy sordo y que eso te vuelve cauteloso, y que también estoy un poco de vuelta de la Corte y tal, noto que me estoy volviendo un poco alborotador. Pero es que (A SUS PINTURAS) no te puedes fiar en esta vida de casi nadie. A lo mejor te pintas todas las paredes de tu casa, pensando que ahí estaráS seguro, que no te van a poder robar como si fueran unos lienzos. Y luego te llega un italiano con no sé qué técnica extractora que consigue separar la pintura de la pared ¡y se la lleva… a un museo! ¡Se lleva una calcamonía! (SEGURO) Me cago en el copón, si es que te tendría que  haber pintado en los Mallos de Riglos…

(SEGURO)¡Como los inquisidores!...que siempre tienen que quejarse de mis cuadros. Cuando no están “muy interesados” en el grabado llamado “aquellos polvos”, es por el de “vieja atendiendo a una joven acostada”. Maese Goya, querríamos que nos enseñara los siguientes trabajos: “mucho hay que chupar”, “la lechera de Burdeos”, “están calientes”, “la cogida del moro” De verdad, que es complicado concentrarse uno en su obra con tanta monserga/remilgo.

(TONO SEGURO / MUY PICADO)Y siempre la misma crítica: las miradas no son excesivamente pías. (VOZ DE INQUISIDOR)¿Quieres una mirada más pía, abadejo? Le borras las canicas de los ojos y se las pintas más arriba, como si mirasen una mosca que se les ha posado en el entrecejo. ¡Y listo! Mirada pía.

A mí el cristianismo me gusta y mucho, pero que nadie se ofenda: no me eriza el vello. Yo soy más de monstruos (MIRA AL PÚBLICO / MONSTRUO). Leocadia, (LA SEÑALA) mi señora, dice que como me amargo un poco cada día, pronto se me pondrá cara de sordo desconfiado, y que junto a mis pinturas de la Quinta del Sordo acabaré excomulgado. Excomulgado. ¡Qué no entras en el cielo, vaya!

(TONO DE CONFESIÓN) Que quede entre nosotros: yo quiero acabar donde no haya curas; si es posible. ¡Ay, Leocadia! Mi mujer no entiende que los monstruos son como los pedos; mejor fuera que dentro. (SINCERO) Además, frente a la guerra ¿qué se puede hacer si no es dar testimonio? Se me encoge el corazón con las barbaridades que se hacen los hombres... bueno no es que se me encoja el corazón, más bien es que se me cierra el culo, pero ya sabéis por donde voy: la guerra hay que pintarla para no olvidarla. Aunque me cueste la salud. Los médicos le dan mucha importancia a mi vida insomne, se preocupan por mis ojeras y me suelen decir: “Don Francisco, el trasnoche es un derroche”. Me dicen que cuide mi alimentación. Que cene ligero. Y yo ceno cocido de cuchara y hogaza porque es lo que más me gusta en esta vida. Más que pintar igual no; pero anda cerca. Y no pego ojo, claro, entre eso y las monstruosidades (MIRA AL PÚBLICO/ SEÑALA) noche que ceno fuerte, noche que hay pintada en la pared. (SEGURO)

Pinto en camisón, nada más. Con un gorro al que le pongo velas y con el que se suda también barbaridad. Y a veces de esa guisa y a mi edad me acabo preguntando si ¿importará algo de lo que hice? (SE PREGUNTA A SÍ MISMO). ¡Y qué valor tendrá mi trabajo para las generaciones que están por venir/los que están por venir, si os llevé por un camino que conducía a alguna parte ...ese tipo de cosas! Seguramente, este reino mutará y dejará atrás lo aciago, tanto oscurantismo acumulado; no habrá Inquisición, no habrá  tortura, no habrá monarquía. O quizás sólo sean ensoñaciones (BOSTEZA) de un iluso afrancesado.(SE VA Y VUELVE) Sobre todo recordad, si os gritan, es que os estáis quedando sordos (la última parte de la frase la dice sin sonido, sólo moviendo los labios).

 

 

'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ Y LORCA

'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ Y LORCA

‘LA NOVIA’ DE PAULA ORTIZ

 

Paula Ortiz ha confesado varias veces cuanto le marcó la obra de Federico García Lorca, especialmente su teatro. El pasado martes, en la sala seis de los cines Palafox, hubo un pase privado de su segunda película, 'La novia', basada en 'Bodas de sangre' (!933), la obra teatral que se inspiró en unos hechos reales, dramáticos, en el Cortijo del Fraile, Níjar (Almería), ocurridos en julio de 1928. Lorca exploró la atracción fatal, el desmesurado amor, la fatalidad, las discordias familiares del pasado y ese destino aciago, tan telúrico como irreductible. En este caso, una novia, recién casada con un joven entusiasta y un tanto ingenuo, lo deja todo en plena fiesta para irse con Leonardo, casado con una prima suya. Ambos, la novia y Leonardo vivieron en el pasado una rara e intensa historia de amor que ha dejado rescoldo o demasiadas heridas abiertas. 

Paula Ortiz es una realizadora que busca la belleza, la pura plasticidad y los símbolos, intenta crear una atmósfera, un universo pleno, visualmente complejo. La experiencia de 'De tu ventana a la mía' le ha permitido depurar el lenguaje y los planos, ajustar mucho más la psicología de los personajes (a los que la cámara mira al fondo de los ojos) y el guión, claramente dramático y aún desmedido para cualquier código de ficción. La directora es fiel al texto, lo esculpe y se atreve con él y con todas sus metáforas, y se permite algunas licencias que subrayan la fuerza de la tragedia y la obsesión: el arranque mismo, tan apocalíptico, o esos tres jóvenes que bien podrían ser la novia, el novio y Leonardo en la adolescencia. Leonardo es el único personaje que tiene nombre propio y es la detonación, esa criatura obsesiva, el jinete que fatiga a su caballo (que simboliza el sexo, la energía, la virilidad) en busca de la novia.

Paula Ortiz consigue representar el universo lorquiano y a la vez madurar su propia escritura fílmica. Le confiere un nuevo ritmo a su cine sin obviar su sentido poético ni ese desarrollo de tragedia griega con coro. Está Lorca y está ella: su mundo, su pasión por la fotografía, su vocación pictórica, el homenaje a John Ford y a su ventana abierta al llano. Y está, sobre todo, un ámbito matizado e intemporal de carácter rural, mediterráneo más que andaluz o aragonés.

Las casas están destrozadas por afuera y en su interior hierve el deseo, la mala sangre y el rencor: la autora resuelve la paradoja con enorme sutileza. Es un mundo en ruinas por fuera y por dentro, pero tiene espacios de acogida, de intimidad y de esperanza como el taller de vidrio del padre de la novia, que a la vez define un elemento decisivo en la obra: el cristal-cuchillo que entra hasta la oscura raíz del grito. Le funcionan la lentitud tensa, la luz y la sombra del paisaje, la desolación del espacio que posee gran poder de evocación, ciertos ecos de posmodernidad, la música de Shigeru Umebayashi, compositor de ‘Deseando amar’, las voces de Carmen París, de Soledad Vélez, de la propia Cuesta, la canción de ‘La Tarara’... Le funcionan los personajes: destacan Luis Gavasa, que hace pensar en una Irene Papas más humana y menos mitológica, Carlos Álvarez Novoa, María Alfonso Rosso, Consuelo Trujillo, soberbia y tierna, encarnan a los mayores y están magníficos, con matices muy diferentes; están muy bien los jóvenes: Inma Cuesta, la pura contradicción de la carne, la pasión y la tierra en uno de los papeles más intensos de su carrera, Álex García, Asier Etxeandía, remonta poco a poco Leticia Dolera, posee encanto y gracilidad Manuela Bellés, como responde a una niña casadera, hay variada representación aragonesa, debuta como actriz Carmela del Campo, nieta de José Antonio Labordeta.

Dentro de ese tono tan trabajado y meticuloso, donde conviven el preciosismo y la fatalidad, quizá resulte un poco excesivo el espejismo final de los cristales, un tanto innecesario, es como una ruptura o un énfasis dentro un tono ya muy meditado. Es brillante y variada la larga y secuencia de la boda, subyugante la luna grande que alumbra la tierra sembrada de sangre, amor y triste sino: la muerte que avanza como una maldición en un cuerpo de mendiga.  

 

 

*En la foto, Álex García e Inma Cuesta, Bernardo y la novia.

 

JULIETA ALWAYS DE LOS ESPÍRITUS

JULIETA ALWAYS DE LOS ESPÍRITUS

VERANO 2015. LECTURAS. HERALDO DE ARAGÓN

 

Julieta Always de los espíritus

 

La increíble vida de la pintora barbastrense que fue bailarina, pintora y amante de Primo de Rivera

 

Uno de los personajes más escurridizos del Aragón contemporáneo es Juliana Mariana Juana Aguilar Coscuyuela (Barbastro, 1899-1979), que ha pasado a la historia con epítetos como la pintora mendiga, la loca (“¡Ahí va la loca!”, se decía de ella), y con su seudónimo: Julieta Always. La espiral de su mito empezó en los años 60 cuando el pintor Modest Cuixart, tras la avería de su Citroën Tiburón negro, la descubrió en una bajera de la calle San Julián, vio sus cuadros, se quedó fascinado y habló con ella. Quiso comprarle alguna pieza, no lo consiguió, volvió varias veces y al final, cautivado por su arte rebelde e irreductible, le dedicó un cuadro, ‘Bruixa Barbastro’ (1976), que expuso en la sala Luzán de la CAI en 1977. Allí lo vio el periodista de HERALDO Luis García Bandrés e indagó acerca de su historia. Localizó a Julieta en su pueblo, conversó con ella y publicó una entrevista en el especial del Pilar de ese año que desvelaba una personalidad insólita, mística y pagana, la vida de una mujer increíble que había vivido en los últimos tiempos de la caridad con un séquito de gatos.

Desde entonces, Julieta Always se hizo un personaje literario. Y fue expuesta en la galería Barbasán y en Costa-3. Ana María Navales le dedicó una novela, ‘El regreso de Julieta Always’, que no es exactamente su existencia, “Tu vida no. La que te inventamos”, y escribieron de ella José María Lacoma, Manuel García Guatas, Ángel Azpeitia, el citado Bandrés, los periodistas Ángel Huguet y Lola Campos. Hace unos meses, el anticuario Antonio Buil y el arquitecto Antonio Abarca le dedicaban un libro, el más completo sobre ella, con toda su obra conservada (una treintena de piezas del centenar que realizó): ‘Julia Aguilar, Always (1899-1979). Rebelde y artista’ (2014).

Toni Buil reconstruye su existencia, de la que hay muchas lagunas, y Antonio Abarca se centra en “el arte de pintar sin arte”, intenta despojarla del viejo cliché de que es una pintora naïf y ve en sus cuadros misterio, humor, erotismo y panteísmo. Su vida y su obra son igual de enigmáticas. ¿Cómo aprendió a pintar, de dónde proceden sus intuiciones, su sentido del color, su misticismo? Se dice que en París, donde estuvo de joven y durante la Guerra Civil española, además de ser bailarina del Follies Bergere o del Moulin Rouge debió de ser modelo de pintores y escultores. Allá donde iba no pasaba inadvertida: en Barbastro llamaba la atención por su belleza, su libertad de costumbres y su desparpajo.

En su breve estancia en Huesca, fue discípula de Ramón Acín, las monjas se encontraron con una joven indómita y con carácter, que sedujo al farmacéutico Jesús Gascón de Gotor, ejecutado el 23 de agosto de 1936. Poco más tarde volvió a casa, su padre regentaba una fonda, pero no tardó en marcharse. Estuvo fuera prácticamente veinte años, salvo en una ocasión en que regresó en un coche de lujo bien acompañada. A principios de los años 20 se cree que se trasladó a Barcelona y de ahí a Madrid, donde parece más que posible que viviera sus historias de amor más famosas: con Miguel Primo de Rivera, y tal vez con Perico Chicote, Rafael Gómez ‘el Gallo’ y el propio Manolete, personajes que aparecen en sus lienzos.

Trabajó en un hotel, en algún instante parece que debió preparar el título de enfermera; fue detenida tres días en 1931 por escándalo y estuvo a punto de ir a la cárcel de nuevo por impago en un hotel. Según cuenta Toni Buil, robó en las galerías Lafayette de París para que la deportasen a España tras concluir la guerra. Permaneció unos meses en Madrid y a finales de 1941 o principios de 1942 se instaló definitivamente en Barbastro. Vivió en continuas estrecheces, en lugares cedidos, decrépitos o abandonados, entre ellos el palacio de los Argensola o una bajera en la calle San Julián; luego en el Hospital de Huesca y en el asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, donde murió en 1979.

Vendió periódicos, cuidó gatos, pintó, escribió y, a hurtadillas y desde Barcelona, contó con la ayuda de su hermano Mariano. Entre sus rarezas está la de haber dormido en alguna tumba del cementerio y la de bañarse desnuda en las aguas del río Vero; a los que la insultaban o le llamaban marrana, les decía: “Lo que enseño es de cristiano, y el que me mira es el marrano”. A pesar de sus viajes y de sus trayectos, creyente y aún visionaria, Toni Buil concluye que nunca fue feliz.

 

LA ANÉCDOTA

“Hacia 1952 o 1953 Julieta apareció en Zaragoza rodeada de su habitual cortejo de gatos. Su presencia no pasó inadvertida para una pareja de la Guardia Civil que la obligó a acompañarlos hasta un cuartel del Arrabal”, dice Toni Buil. El radiotelegrafista del puesto estaba casado con una mujer de Barbastro, Esmeralda, que reconoció a su paisana. Los guardias escoltaron a Julieta “junto con sus gatos, en un entretenido y movido viaje, hasta la estación de Selgua”.

 

*Este artículo ha aparecido en Heraldo de Aragón. La foto, cortesía de Toni Buil y Antonio Abarca, pertenece al archivo familiar.

 

LUIS BERDEJO, PINTOR DE LA MUJER

LUIS BERDEJO, PINTOR DE LA MUJER

VERANO 2015. HERALDO DE ARAGÓN

 

Luis Berdejo, el pintor de la mujer

 

Vida y obra de uno de los grandes artistas figurativos aragoneses del siglo XX

 

Antón CASTRO

Si hay en la pintura aragonesa un artista refinado, elegante, con un personal sentido de la composición, un pintor de la mujer, carne hecha luz y materia, ese bien podría ser Luis Berdejo Elipe (Teruel, 1902-1980), a quien el paso del tiempo parece haberlo olvidado, a pesar de la gran exposición antológica en la Lonja de Zaragoza, en 1994, comisariada por Chus Tudelilla. Hijo de un funcionario de Estado de Calatorao y de una turolense, nació en Teruel, pasó dos años en Murcia y regresó su ciudad. Se dice que llegó a ser alumno, jovencísimo, de apenas diez años, de Salvador Gisbert (1851-1912). Su padre murió joven, con 45 años, y él se trasladó, en 1914, a Madrid con su madre y uno de sus hermanos (eran cinco). Se matriculó en la Escuela Especial de Pintura de San Fernando y allí tuvo de profesores a Muñoz Degráin –autor por cierto de un formidable cuadro de ‘Los amantes de Teruel’-, Moreno Carbonero, Romero de Torres y a Joaquín Sorolla, de quien conservaba maravillosos recuerdos por su sabiduría y su proximidad; le decía que tenía alma de escultor más que de pintor. Esa época fue un período de aprendizaje entusiasta. Algunos años después, entre 1922 y 1925, fue becado por la Diputación de Teruel para estudiar en París, en La Grande Chaumérie y en la Académie Colarossi. A su vuelta, participó en la colectiva de Artistas Ibéricos de Madrid y al año siguiente expuso en el Casino Mercantil, con Santiago Pelegrín, piezas de inspiración neocubista. En su ‘Diccionario de las vanguardias en España, 1907-1936’ (Alianza, 1995) Juan Manuel Bonet lo incluye con una foto de sus primeras obras maestras, ‘Cabaret’ (1927) y recuerda que en ese período “trabajó durante un tiempo en una fábrica de tapices en Alicante”. Su crecimiento era indudable: participó en dos ocasiones en el certamen Carnegie de Pittsburgh y en 1931, pensionado por el Estado, se marchó a la Academia de Bellas Artes de Roma: estuvo cinco años, recorrió diversos países de Europa, estudió la pintura al fresco y, poco a poco, se fue inclinando hacia una obra más clasicista, con vínculos con el Noucentisme y quizá con Ramón Casas, Max Sunyer y Arístides Maillol, aunque con su propia impronta y su vitalidad. De esa época es quizá su mejor obra: ‘Clase de dibujo’ (1936), una auténtica maravilla de color, de composición, de atmósfera y de sofisticación poética, que puede verse en el Museo de Zaragoza. Él, modesto y sereno, contempla la escena: ese cuadro es la exaltación luminosa de la belleza del desnudo.

La Guerra Civil lo cogió en Madrid. Se alistó en el ejército republicano y fue herido en dos ocasiones. En una breve autobiografía, redactada a mano, pareció no darle mucha importancia a esa época. Después de la derrota se instaló en Barcelona, tras casarse el día del Pilar de 1939 con la romana Piera Estevan (hija del pintor aragonés Hermenegildo Estevan) y allí residió hasta 1945. Fue entonces cuando se trasladó a Zaragoza para dar clases de dibujo en la Escuela de Bellas Artes, donde permanecería hasta 1962 (entre sus alumnos, figuraron Pascual Blanco y su gran discípulo Francisco Cestero); también fue nombrado conservador del Museo de Zaragoza y académico de Bellas Artes de San Luis.

Pintó mucho, sobre todo retrato, paisaje urbano y bodegón, y perfeccionó su gran obsesión, el desnudo femenino, que es el tema predilecto de su producción. En la exposición de la colección Eduardo Laborda e Iris Lázaro en el Museo Pablo Gargallo vimos dos piezas suyas, de un clasicismo sosegado, casi sobrio, tamizado por el dominio de la luz, el contrapunto, el sentido del color y esa plasticidad en el uso de los diversos matices del ocre o del verde. En 1951expuso una colección de retratos en el Casino Mercantil y se sumó al homenaje al pintor Francisco Marín Bagüés en 1956.

En Barcelona dio clases en la Escuela de Artes Aplicadas y continuó su labor pictórica. Sin perder su vigor expresivo ni la claridad que modula, realizó una amplia serie de cuadros de contenido social y laboral. Falleció en 1980. Algunos artistas actuales, como Laborda, Salavera, el finado Aransay, entre otros, lo valoraban mucho. Jorge Gay le dedicó el cuadro ‘Paisaje de pintor con desasosiego’ (2010).

 

LA ANÉCDOTA

 

El muralista. Luis Berdejo Elipe perteneció a la primera Generación del Niké, que constaba de 18 artistas, según escribió Francisco V. Montalbán en el diario ‘Amanecer’ el 16 de junio de 1946. Sus grandes amigos eran el pintor Pérez Piqueras, el escultor Félix Burriel, el caricaturista y periodista Marcial Buj ‘Chas’. El artista Manuel Navarro López, ingresó en la Academia de San Luis con un discurso sobre su vida y su pintura. En 1954 se inauguró su gran mural del cine Latino, ‘Apolo y las musas’, una obra impresionante y mitológica que aún puede verse. 

UN CUENTO PARA ÁNGEL ARANSAY

UN CUENTO PARA ÁNGEL ARANSAY

LA PINTURA A TI DEBIDA

 

 

 

(Narración con Dama y enigma)*



Al pintor lo llamaban “El señor de las tabernas”. Si querías encontrarlo, debías buscarlo en las plazas, en las callejas, en las librerías o ante algún palacio. Siempre le gustaba descubrir algo nuevo: un poniente que filtraba sus redes de oro en una esquina con gatos, el fulgor inédito del suelo tras la lluvia, el aroma salobre de una tarde de manifestaciones y rebeldías. Y entonces, en esos lugares, a los que se encaminaba impulsado por el capricho, era prácticamente imposible de localizar. Si querían saber de él y de sus tormentos, debías buscarlo en tal o cual taberna. Allí, ante los periódicos o el primer café del mediodía, estaba “El señor de las tabernas”. El pintor de rostros singulares. El buscador de tesoros, y para él la palabra tesoro quería decir cobijo, atmósferas humeantes de café, tertulias, silencio ideal para garabatear sobre el papel o derramar un minúsculo mar de tinta. O sencillamente leer un nuevo juego de ordenador repleto de cuadros de todos los tiempos. Si se cansaba volvía a casa. Tenía la certeza de que esa fatiga inesperada no era un contratiempo ni hastío de existir: era la señal de que debía pintar, ordenar los bastidores, colocar un nuevo lienzo sobre el caballete. Su estudio era umbrío. A veces, sus amigos más directos decían que quizá tuviese dificultades de visión y que en ese espacio en penumbra la imaginación de sus pinceles deliraba, abría un poro del alma a la luz y adivinaba sus resplandores, sus caricias de fuego, sus aguijones de negra seda de sombra. Uno de sus amigos sostenía que Ángel, ¿o no se llamaba así?, era un visionario.

Un día, quizá en el café “Praga”, levantó sus neblinosos ojos y comprobó que el lugar se había llenado de gente demasiado pronto. Casi todos mezclaban el primer café con un cigarrillo y un vapor oloroso, tal vez algo pestilente y dulzón, se elevaba como un vómito de nieblas. Al fondo, vio algo que le llamó la atención: un rostro claro, casi albino, un pelo más bien negro y ensortijado, y largos pendientes que parecían emular caracolas de nácar. Se detuvo en todo el conjunto: la mujer, con su rebeca, que en ella no parecía una prenda rezagada, los vaqueros ceñidos, que esculpían la cadera exacta para la mano que abraza y aprieta, las nalgas macizas, los muslos. Volvió a la cara: para él, una mujer, el cuerpo del deseo o de la inspiración, la vida íntima de una dama, comenzaba en los ojos, en el óvalo perfectamente encajado en una sonrisa concreta, dibujada en los pómulos vivos, en los dientes que entrechocan. La vio, y quizá no hizo otra cosa que verla, y volver a verla, y remirarla hasta el hartazgo. Sin darse cuenta, sobre un periódico ajeno, la dibujó por vez primera: la faz levemente transfigurada, el pelo tocado de tinta derramada casi a chorro, las orejas, el lóbulo encendido y rosa. Se marchó con alguien, distraída, ajena a la conmoción que había provocado. Apenas media hora después, el pintor, “El señor de las tabernas”, subió a su estudio y buscó en un cajón un bloc sin estrenar y escribió en él: “Cuaderno de dama”. Quizá no se atreviera a pintar o dibujar nada ese día, pero agotó toda la mañana haciendo pruebas: variaciones incesantes de un rostro, modulaciones y bocetos sobre un cuerpo perfecto. 

Sin haber hecho nada, sin esperar nada de la primavera, al pintor se le instaló una obsesión en la sangre y en la mano de artista. Era curioso: ya no iba al bar como antes, con aquel sosiego, con aquel sentido placentero de la conquista de la monotonía. Ahora tenía un nuevo objetivo: quería verla de nuevo. Sentirla cerca al día siguiente y al otro y una semana después, y percibir que estaba adentrándose en el territorio del secreto, del enigma y quizá del mito. La mujer es la mitad del mundo en cuyo vientre tiembla por vez primera el mundo entero. El pintor, silencioso, casi invisible, tomaba nuevos apuntes y les iba poniendo títulos: “Las dos amigas”, “Judith” o “La novia coronada”. Los dibujos eran formas imprecisas, apenas insinuadas, presagios de algo que debía consolidar en la acuarela o en el lienzo. La porfía fue adquiriendo nuevas dimensiones, la seguía, hollaba una y otra vez el rastro de sus pasos, los últimos aromas de su presencia, el traqueteo constante de su belleza y de sus zapatos antes de doblar la esquina y desaparecer como en una calle condenada.

Debía suceder y ocurrió. Cuando caía la tarde, fatigado ya de acumular borradores, figuras envolventes, cabellos, bocas, piernas interminables, colocó un lienzo sobre el caballete, dispersó sus pinturas y sus pinceles y escribió “A Florencia inundada”. Este encadenamiento al enigma duró meses, quizá años. Si preguntaba por la mujer, a la que él la llamaba simplemente la dama (escribía frases así: “La dama vendrá de noche cuando las puertas estén cerradas”; “La dama será virgen y diosa y puta y enamorada”), nadie parecía ni saber dónde trabajaba, ni quién era. ¿De dónde venía, entonces? ¿Sería una de esas apariciones que interrumpe el solaz de un artista y lo condena al desasosiego? ¿Tenía la facultad de atravesar los muros y de habitar los sueños ajenos como en una incómoda pesadilla?

Hacía tiempo que no se sentía tan feliz y a la vez tan desdichado. Era esclavo de una mujer que parecía fugarse a plena luz del sol y a la par recibía de ella un estímulo esencial para crear. “La pintura a ti debida, dama”, anotó. De golpe, merced al milagro de los días y del esfuerzo, era todas las mujeres: Molly Bloom, inquietante y libre, casi sonámbula; las damas de la iconografía cristiana; las damas corrientes, embarazadas, entre flores; las damas antiguas como Antígona o doña Petronila, Magdalena o Atenea, Carmen, la eterna Carmen de la leyenda y el equivocado amor, e incluso inventó una Bella, muerta de golpe ante el estupor de su enamorado, yacente ante el coro de viudos que rezan y le lloran. El “Cuaderno de dama” se llenó de inmediato, y así el siguiente, y el otro, hasta que se completaron ocho blocs numerados. Al cabo de un tiempo, se había vuelto más refinado en la búsqueda y en la persecución: obtuvo su correo electrónico y le remitía una foto de los cuadros que hacía y algún mensaje. Sólo recibió una respuesta: “Gracias, Clara”. Anotó en otra pieza: “Clara y el chal amarillo”. Por fin, ya conocía su nombre. La colección se amplificó de modo increíble, y la dotaba de misterio, de fuerza, de una carnosidad casi ocre y levemente desfigurada que recordaba a El Greco. Pero también era la orgía del color, de la evocación de mundos no siempre contiguos, el gusto de pintar como arte ancestral que se renueva a diario y que siempre es moderno. Heroínas, sibilas, reinas, parcas y madres terribles se amontonaban en su estudio. 

Quizá meses o años después, un camarero del “Praga”, le dijo: “Está a punto de llegar. Hoy voy a presentártela. No debes vivirla sin conocerla”. El pintor, tal vez se llamase Ángel (no estoy seguro del todo), le indicó que no quería conocerla. Se había habituado tanto a soñarla para sus lienzos, a identificarla con el deseo y la hermosura, que no quería estropear una vivencia tan bonita. Apareció la muchacha, se sentó y por vez primera lo miró con detenimiento. “El señor de las tabernas” tragó saliva y observó el papel. Acababa de salirle la figura más bonita que nunca.

 

*Este texto lo escribí para la exposición 'Damas' de Ángel Aransay, que se hizo en el Museo de Zaragoza en 2001.

 

**Esta 'Dama' es Madame Butterfly.

ÁNGEL ARANSAY, POR PABLO J. RICO

ÁNGEL ARANSAY, UN PINTOR ZARAGOZANO, SE FUE PARA SIEMPRE…

Por Pablo José RICO

Recién me entero del fallecimiento de Ángel Aransay, un pintor zaragozano, amigo desde casi siempre… Hacía ya más de diez años que no lo veía, pero Ángel estaba en mi memoria “bonita” y estará así pasen otros cien años sin verlo y charlar con él. Conocí a Ángel en los 70’, cuando inicié mi trayectoria en el mundo del arte en Zaragoza, cómo no. Aunque ya era un pintor local reconocido, lo que más me interesaba entonces de Aransay era su actividad como crítico de arte en Aragón Exprés. Sus críticas eran inteligentes, un poco ácidas, no necesariamente complacientes, muy “aragonesas”, es decir, criticonas y un pelín airadas. Crítico es “quien enjuicia con criterio”, y Ángel lo tenía, además de conocimiento y saber escribir…

Como artista me interesó más su estilo propio que sus asuntos y manera de representar. Si hubiera vivido y pintado en otro lugar que no fuera Zaragoza habría formado parte de cierta tendencia internacional postmoderna que se llamó “nuevo manierismo”; Ángel, desde luego, fue un manierista a sabiendas qué significaba eso, no como otros… Era culto y refinado en la pintura, en el arte y la cultura en general, tanto como algo tosco y “marranillo” en las formas y en su vida cotidiana. Pero ninguna de sus manchas en la camisa, sus proverbiales lamparazos, opacó sus pinceladas sabias y sensibles hasta no más poder. Seguramente no ha habido nadie en Zaragoza desde Berdejo que supiera componer imágenes y pinturas con tanta precisión y templanza…

Durante años traté a Aransay casi diariamente: nos veíamos en exposiciones, en actos culturales de todo tipo, frecuentábamos los mismos sitios, los mismos bares hasta la madrugada. Aunque alguna vez se pasaba, su charla casi siempre era más que gratificante, no sólo culta, también divertida. Lo que le perdía un poco era ese tono airado, fuerte, a menudo hipercrítico por cualquier cosa que para los demás era intrascendente. Bueno, dicen que eso es una forma natural de expresarse de los aragoneses, como una lija del 50 (así lo fueron también Goya y Buñuel, por ejemplo)… Algunas veces viajamos juntos, sobre todo a Madrid, para la Feria de ARCO, y una vez a Italia y Venecia a principios de los 80’; fue una delicia aquel viaje, todo lo que vimos juntos y nos entusiasmaba en común de Tiziano, Bellini, Veronés, Tintoretto. Nadie se ha fijado en que uno de los principales referentes pictóricos de Ángel Aransay fue la gran pintura veneciana…

Ángel Aransay siempre fue “residente fijo” en mis exposiciones colectivas de artistas aragoneses, y mira que recibí críticas por ello. Como dije, me interesaba su estilo personalísimo, su condición postmoderna, su “tercera vía” figurativa… En 1987 escribí para él en el catálogo de su exposición retrospectiva en el Palacio de Sástago: "Aransay. El año de Plata". Mi texto se titulaba “Teoría humanística y pintura en Angel Aransay”, y eso era ni más ni menos Ángel, un humanista del siglo XX… ¿Para qué más?

Ángel, amigo, artista, un abrazo largo allí donde estés ahora…

Ángel Aransay Ortega (Zaragoza, 1943-2015), pintor y crítico de arte: Comenzó sus estudios artísticos en Zaragoza, primero en la Academia Cañada y después en la Escuela de Artes Aplicadas. Posteriormente, obtuvo el título de profesor de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Ejerció también la crítica de arte en diversas publicaciones, como los diarios zaragozanos Aragón Exprés y El Noticiero.

Autor de una vasta obra, inició su pintura bajo la influencia de dos maestros: el Picasso cubista y El Greco. Le interesaron mucho la pintura del Renacimiento y del Barroco, pero también la obra de Francis Bacon. Artista con un notable sentido mural, lo que define su inconfundible línea, y que mantuvo durante toda su trayectoria desde 1969. Colores cálidos, planos lisos y rostros que manifiestan diversas situaciones anímicas. Su temática, muy amplia, comprende bodegones, paisajes y, sobre todo, la figura humana, sin olvidar el énfasis sobre lo social y la figura femenina con retratos de gran relevancia. Pintor “espiritual” fuera de cualquier moda… (referencias biográficas tomadas de Wikipedia y Enciclopedia Aragonesa).

Pablo J. Rico
Fotos: “Retrato de ángel Aransay”, de Rogelio Allepuz; Zaragoza antigua, pintura de Ángel Aransay, 1976

*Este texto lo publicó ayer en su facebook. Pablo J. Rico reside en México y es comisario de arte.

ADIÓS AL PINTOR ÁNGEL ARANSAY

ADIÓS AL PINTOR ÁNGEL ARANSAY

HA MUERTO EL PINTOR ÁNGEL ARANSAY

 

Había expuesto ‘Maneras de pintar’ en la Lonja en 2012, un antológica de 43 años creación artística



Antón CASTRO

Esta noche, en el Hospital Militar de Zaragoza, donde llevaba cuatro o cinco días ingresado, murió el pintor Angel Aransay (Zaragoza, 1943-2005), sin duda uno de los artistas más personales y coherentes del arte aragonés de los últimos años. Había expuesto en el palacio de Sástago en 1987 y en la Lonja en 2012, sin duda sus dos muestras más importantes. Pintor místico y pagano, pintor expresionista y figurativo, le apasionaron la noche, la tertulia, la historia del arte, la belleza y el gran poso de la cultura. Fue crítico de arte en ‘Andalán’, ‘El Noticiero’ y ‘El día de Aragón’, entre otros medios, y compiló, con su habitual sentido del humor, un cancionero de jotas guarras.

Se formó en el Estudio de Alejandro Cañada y luego en la Escuela de Bellas Artes. Obtuvo el título de profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Regresó a Zaragoza e inició su pintura con dos maestros claros en la retina: el Picasso cubista y El Greco. Le interesaron mucho la pintura del Renacimiento y del Barroco, pero también la obra de Francis Bacon.

Ha realizado una pintura expresionista y figurativa que ha pasado por diversas épocas: hay en él gusto por el bodegón y el paisaje urbano (Zaragoza fue uno de los motivos fundamentales de su producción: el Pilar, algunos bares, el Arco del Deán...), pero también hizo pintura bíblica y mitológica, y mucha obra de trasfondo religioso, a veces en gran formato, realizó homenajes a personajes que admiraba profundamente como Pier Paolo Pasolini. Apasionado por la figura humana, que en el fondo es el tema fundamental de su labor, también pintó muchas mujeres, o sus ‘Damas’ como él las llamaba. Pintor del color, tendía a un cromatismo cálido y liso, con ecos del arte mural.

Además de ser un pintor con personalidad propia, con una trayectoria muy coherente y una iconografía reconocible, era todo un personaje: poseía una vastísima cultura, tenía una curiosidad insaciable por saber, por conocer nuevos artistas y superó algunas de sus limitaciones (el asma, la sordera, la vista) –tal como señala su gran amigo Santiago Gómez Laguna, que estuvo a su lado hasta el último minuto- con pasión, energía y generosidad. “No tenía un carácter fácil, es cierto, pero era sincero y honesto y de una gran sabiduría. Como pintor hay una cosa muy clara: veías una obra suya y sabías que era un ‘Aransay’”. El cuerpo de Ángel Aransay estará desde esta tarde, hacia las seis, en el velatorio 15 del cementerio de Torrero.

*La foto es de José Miguel Marco, de Heraldo de Aragón. Este texto se reproduce hoy en Heraldo.es.