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Antón Castro

Artistas

CANO, VISTO POR EMILIO CASANOVA

CANO, VISTO POR EMILIO CASANOVA

El humorista, ilustrador y pintor Cano,

objeto de un documental de Casanova

 

Casanova analiza la profesión incierta

del artista Cano en un documental

 

El director presentó en ProyectAragón su trabajo de 68 minutos del artista que «escribe con imágenes y pinta con palabras”

 

A Emilio Casanova (Zaragoza, 1955) le gustan los retos. Ha hecho vídeos sobre Goya, Ramón Gómez de la Serna o Antonio Saura, ha realizado una espléndida colección de ‘Estampas aragonesas’ de tres minutos para Aragón Televisión o el documental ‘El Pirineo revelado’ y, desde hace un tiempo, prepara un ambicioso proyecto sobre Pablo Gargallo. El pasado jueves, dentro de la programación de ProyectAragón, a las 19.30 en la sala Luzán, estrenaba una película sobre el humorista, ilustrador y pintor José Luis Cano (Zaragoza, 1948): ‘Cano, de profesión incierta’.

El artista, que fue colaborador diario durante dos décadas en las páginas de HERALDO, suele decir que su carrera es toda una disfunción: se ha pasado más de media vida «escribiendo con imágenes y pintando con palabras». Así arranca su autobiografía: «Nací dibujando. A los diez años escribí mi primer cuento de Guillermo Brown. A partir de los doce, redacté e ilustré las reseñas de mis excursiones con los boy‐scouts. A los quince, ilustré una biografía apócrifa y clandestina del director del colegio. Dibujaba en el libro de literatura y escribía bocadillos en las reproducciones de la historia del arte. Desde entonces, he seguido en esa confusión, dibujando en mis libros y escribiendo en mis cuadros». El director, guionista y productor Emilio Casanova recuerda que Cano se ríe inteligentemente de todo, en particular de sí mismo, pero que jamás se ríe de lo que hace. Y que si «la pintura es cosa mental», como decía Leonardo Da Vinci, Cano aplica sexo y seso a la materia.

Explica Casanova: «Conozco la obra de José Luis Cano desde hace años. Cuando expuso ‘Blancanieves’ en la Casa de los Morlanes me quedé fascinado e intrigado. Me gustó mucho su propuesta y pensé ya entonces, en 2013, en hacer una película sobre él –dice-. Siempre recuerdo lo que un día me dijo un político: “Lo primero que hago al leer el periódico es ver el chiste de Cano para saber si lo entiendo o si se mete conmigo”. Cano es un intelectual, un humorista, un pensador y un teórico de la pintura que lleva, como decía José Bergamín, el humor en los huesos».

Emilio Casanova ha hecho un documental de casi 68 minutos, poblado de viñetas, dibujos, libros y cuadros (que ha tratado Fernando Lasheras), dividido en cuatro bloques. En el primero, presenta al artista vocacional desde la niñez. El segundo aborda al Cano viñetista, humorista y cartelista, que trabajó en ‘El día de Aragón’, en ‘El Periódico de Aragón’, luego en HERALDO y ahora en su blog. «Quizá sea su faceta más conocida. Se analiza su humor negro, la somardería, el surrealismo», dice Casanova, y acepta sus semejanzas con El Roto. La tercera parte se centra en su inmensa labor como ilustrador, ya sea en la serie xordiqueta y en sus biografías ilustradas de Servet, Goya, Buñuel, Odón de Buen, María Moliner, o en otros trabajos de colaboración con otros como Irene Vallejo, Grassa Toro, etc. Y el cuarto bloque, «el más largo de todos”, aborda «la parte menos conocida y menos entendida de su trayectoria, la que constituye su verdadera pasión: la pintura pura y dura. A mí me interesa muchísimo esta faceta. Por su pincelada, por su libertad, por lo que piensa, por sus teorías acerca de la muerte de la pintura, por su capacidad de transgresión», señala el cineasta.

Cano tiene voz, pero también algunos actores como María José Moreno y Pedro Rebollo asumen su discurso en off. En ‘Cano, de profesión incierta’ hay tres conversaciones: con el artista Isidro Ferrer, centrada en su faceta de ilustrador, con el pintor Enrique Larroy, «más extensa y verdaderamente enjundiosa, divertida y delirante», y otra con la librera y editora Julia Millán, especializada en literatura infantil y juvenil y prologuista del proyecto ‘Blancanieves’. La nieta del artista, Constanza Cano Hem, da vida al personaje de Blancanieves.

Entre las curiosidades, hay un escena festiva con amigos del pintor realizada en los montes de Cuarte donde José Luis Cano, durante muchos años, realizó diversas intervenciones artísticas. La banda sonora corre a cargo de Joaquín Pardinilla e incorpora a Richard Strauss y a Jordi Sabatés. La obra cuenta con el patrocinio del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza.

 

*La foto de Emilio Casanova es de Vicente Almazán.

 

'CHAS', SEGÚN EDUARDO LABORDA

'CHAS', SEGÚN EDUARDO LABORDA

MARCIAL BUJ ’CHAS’ (1909-1959), VISTO POR EDUARDO LABORDA


Sabíamos poco de Marcial Buj ‘Chas’ (Zaragoza, 1909-1959), humorista, caricaturista y periodista, que trabajó en varios períodos en HERALDO. Hijo de reportero que estuvo en la batalla de Alhucemas (allí lo retrató, en 1925, Manuel Arribas), hizo un poco de todo: exponía en el Casino Mercantil, asistía a las tertulias de cafés como el Niké o el Jauja, “mezcla de salón de té, bar americano-coctelería y restaurante marinero”; acudía a restaurantes como Borsao o Ruiseñores, y a hoteles como Florida o Regina; participaba en las ceremonias de la Cofradía de las Barbas en el Canal Imperial y frecuentaba a otros creadores como Luis Mata, Manuel Bayo Marín, con quien rivalizó amistosamente, y Manuel del Arco, al que se parece mucho en su pasión por el dibujo y las entrevistas vertiginosas. Sentía una especial atracción por los cementerios y por el mundo del circo, con el payaso Ramber a la cabeza. El pintor y escritor Eduardo Laborda le dedica el volumen: ‘Chas. De Salduba a Las Vegas’ (Iris Lázaro editora), que continúa la generosa tarea emprendida con ‘Zaragoza. La ciudad sumergida’ (2008) y ‘Bayo Marín. Entre luces y sombras’ (2010), y con su obra plástica y cinematográfica. Eduardo Laborda es, con su compañera Iris, algo más que un coleccionista o un curioso: ama la historia artística de la ciudad en todos sus frentes, la rastrea, la desmenuza, la dignifica y la ordena. De ese esfuerzo y de los golpes del azar nacen sus publicaciones, elaboradas con generosidad y con auténtica obsesión por las imágenes. En ‘Chas’ se ha soltado un poco más la mano para mezclar el sueño de la ficción con la realidad, trabajada hasta el último detalle en horas y horas en la hemeroteca. Por eso el volumen está lleno de acontecimientos, de chistes gráficos e historietas, de fotografías inéditas (como la de Cecilio Navarro, de rostro aniñado), de seres increíbles como ese Saturnino Gutiérrez que lo mismo falsificaba billetes que entradas de fútbol, el fotógrafo Antonio o ‘Abelmi’, que introdujo en Zaragoza “los gélidos aires neoyorquinos”, y aún vive, cerca ya de los 90 años. Chas se casó con Maruja Arnal, “soñadora, discreta y elegante”, y halló solaz en la prensa: la pianista Pilar Bayona no le soltó prenda acerca de sus enigmáticos amores y en el Gran Hotel, en 1956, Dalí le dijo que “Zaragoza es piramidal, sólida, eterna”. ¡A ver quién supera eso!

*Este texto se publicó el pasado domingo en Heraldo de Aragón, en la serie ’Cuentos de domingo’. Portada del libro que edita Iris Lázaro.

ÁNGEL ANADÓN: EL HUÉSPED PRINCIPAL

ÁNGEL ANADÓN: EL HUÉSPED PRINCIPAL

ÁNGEL ANADÓN: EL HUÉSPED PRINCIPAL.
Todos los teatros tienen un fantasma, un huésped o un gerente que dirige sus pasos, que recibe a los artistas y al público a diario. Un centinela que conoce todos sus secretos, sus pasillos, alguien que retiene en el fondo de su memoria instantes, gestos, actuaciones, la gran noche de la palabra y el sueño. Y el del Teatro Principal, al menos desde 1948, era Ángel Anadón, que había sido baloncestista en su juventud. Parecía que siempre había estado allí como un testigo apasionado y silencioso. Encarnaba la discreción: no concedía entrevistas ni jamás se le escapaba un chisme. Le gustaba más el teatro clásico, de repertorio, que el de vanguardia: para él, el teatro era el afán de discernir la vida con entretenimiento, hondura y verdad a través de un montaje meticuloso. Odiaba el tedio como a los forajidos y siempre echaba una mano con las estrellas, ya fueran fáciles o difíciles: José María Rodero, Marsillach, López Vázquez, Albert Boadella, Nuria Espert, Pilar Bayona (que, tras la disolución del dúo zaragozano Pili y Mili, hizo carrera teatral), Concha Velasco, Sacristán, Maya Plitseskaya o Jeanne Moreau. Lo ha visto casi todo como anfitrión, como programador (asistido en los años 80 por Pilar Ariza) y como espectador. Tenía su refugio: un despacho y una salita, que era también un recinto de tertulias y el segundo hogar con las fotos dedicadas, los programas de mano, esos papeles, satinados o amarillos, que dibujaban su biografía insondable. Ángel Anadón miraba Zaragoza desde el Principal. Vivió, desde su teatro bicentenario, al que supo hacer nuestro, las fiestas del Pilar con especial cariño. Siempre eran fechas de funciones populares, de impacto directo, a veces concebidas para aquellos que solo van al teatro en estas fiestas. Disfrutaba sin aspavientos, con la sabiduría de los pacientes que juzgan sin severidad el esfuerzo más sincero. No descuidó a las compañías aragonesas y el Principal fue el escenario coral, el caserón de lujo, el palacio de los actores, de los músicos y de los bailarines. Aceptó su relevo, por Rafael Campos, con más melancolía que decepción, era su “adiós a todo eso”, a la manera de Robert Graves. En los 80, el fotógrafo Pedro Avellaned le hizo un retrato, contrastado, de intensidad, enigmático, duro; en él, Ángel Anadón se rebelaba como lo que fue, como lo que era: todo un actor de carácter.

*Se publicó ayer en la serie 'Cuentos de domingo' de Heraldo.

**La foto es de Heraldo.

CINE: 'LA PLAYA DE LOS AHOGADOS'

CINE: 'LA PLAYA DE LOS AHOGADOS'

Domingo Villar es un estupendo narrador de una novela negra muy personal, más laboriosa y rica en matices que efectista, aunque inserta en las claves del género. Ha creado a dos personajes antagonistas, Leo Caldas, detective, apasionado de la radio, ambiguo en ocasiones y un tanto lacónico, y Rafael Estévez, aragonés, directo, a veces brutal, que tiene una vida más allá de sus casos policiales y al que a veces le incomoda la ambigüedad galaica. Ambos, Caldas y Estévez, han protagonizado casos, dos novelas de Domingo Villar: ‘Ojos de agua’ (Siruela, 2006) y ‘La playa de los ahogados’ (Siruela, 2009). Esta segunda, más ambiciosa y extensa que la primera, acaba de ser llevada al cine por Gerardo Herrero, director y productor. Carmelo Gómez es Leo Caldas; Antonio Garrido es Rafael Estévez. Entre otros, los acompañan Celso Bugallo, que hace de papel de tío de Caldas, enamorado del vino; Luis Zahera, aquel ‘Petróleo’ inolvidable de ‘Mareas vivas’, es aquí el enimgático Arias; Pedro Alonso encarna a Valverde. Y, entre otros actores más que interesantes, figuran Tamar Novas (que está muy bien: qué modo de mirar a la cámara, de reflejar una intimidad angustiosa), Celia Freijeiro, tan bella y esbelta, que intuye la maldad, Marta Larralde, Deborah Vukusic, actriz y poeta, María Vázquez, que tiene un momento capital, Carlos Blanco, etc.

La acción sucede en Vigo, Panxón y Aguiño, y en las costas de Galicia. Una mañana aparece entre las rocas el cadáver de un hombre, Justo Castelo. Todo da a entender que se trata de un suicidio, pero las primeras pesquisas, en realidad, llevan a otro lugar: a una noche de tormenta de 2001, a un naufragio, a la historia de tres amigos, jóvenes marineros, que viajan con el capitán Sousa, que desapareció entonces. En esa noche parecen concentrarse las razones de un suicidio que quizá sea un crimen, porque Justo Castelo era uno de los tres marineros, con Arias (Luis Zahera) y Valverde (Pedro Alonso). Y solo hasta aquí, casi nada, se puede decir.

Domingo Villar y Felipe Vega han hecho un guion claro. Coherente. Un guion que intenta sujetar en poco más de 100 páginas las casi 500 de la novela. Arman el esqueleto, pero lo llenan de sugerencias, de misterio, de escondrijos. Gerardo Herrero, con ese material, se inclina por una película contenida, sobria, de ejecución meticulosa, que confía mucho en la fuerza del libreto y de sus personajes, en la tensión y complicidad entre Caldas y Estévez, pero también en las posibilidades de algunos personajes secundarios: Bugallo, por ejemplo, que estaba en la novela y refuerza los lazos familiares de Caldas. Y algunas mujeres, que acaban siendo el coro casi griego de una película sobre la amistad, el embrujo del mar, los errores de juventud, el miedo, el silencio, la culpa y, por qué no decirlo, el deseo de venganza.

A Gerardo Herrero le ha salido una película correcta. Precisa. Tradicional. Le ha importado más la coherencia y una cierta lentitud, la claridad, que el efectismo o el deslumbramiento. La acción es mínima, más mental, deductiva, que otra cosa: el peligro, en realidad, está más en el pasado que en el presente, aunque se juega muy bien con la caja de las sorpresas y el interés no decae. Quizá le falte un poco de sal, de audacia, como si aún el director no tuviese del todo claro cómo son o cómo deben ser los personajes principales y la medida de su antagonismo. Tampoco se atreve a desarrollar en exceso el misterio del país de la lluvia. La película de Gerardo Herrero, de inequívoco género policial, no tiene el poderío de la novela, sin duda y sabemos que decirlo es un lugar común -novela que también avanza despaciosa sobre todo en la primera mitad siempre con muchos detalles y complejidades-, pero se deja ver con gusto. Hay oficio, buenos momentos, capacidad de persuasión, intriga. Y bien podría ser el principio de una serie sobre Caldas y Estévez.  

Lo he pasado bien, me alegré mucho por Domingo Villar, y me he reído en bastantes momentos. Iba con el escritor y profesor José María Collados. Solo había un espectador más en la sala: Carlos. Nos dijo que había leído la novela dos veces y que le había encantado. Cuando empezaba la película, llegó otro. La vimos a las cuatro cuarenta y cinco en una estupenda pantalla de los Palafox.

 

*Tomo de aquí la foto de Marta Larralde. 

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**La de la película la tomo de ABC.

ROMERO DE TORRES, EN CÓRDOBA

ROMERO DE TORRES, EN CÓRDOBA

El pasado miércoles estuve en Córdoba, en Cosmopoética, con un puñado de amigos escritores y periodistas (desde Paco Córdoba a la joven argentina Tes): desde Elena Medel y Juan Cruz a José Manuel Martín Portales, Alejandro López Andrada, Gracia Iglesias, Tao Lín o Luisa Miñana, invitada también a recitar y a hablar de editoriales poéticas. También aparecieron dos amigos de hace 40 años, a los que no había vuelto a ver: Pedro y Charo, profesores de literatura española y francés, que residen en Córdoba desde hace 40 años. Tras un diálogo, con recital, con Gabriela Wiener, fuimos a ver el Museo de Julio Romero de Torres, instalado en frente del de Bellas Artes, en el que fue su propio domicilio. Una casa espléndida. No es muy grande en apariencia, pero es un lugar entrañable, lleno de detalles, en el que luce el gran talento, el sentido del color, la untuosidad, la belleza, el gusto por los carteles, el ámbito un tanto intemporal de sus lienzos, la exquisita mano del pintor, nacido en 1874 y muerto en 1930, a los 55 años. Romero de Torres, más allá del tópico andaluz, es un pintor extraordinario: compone admirablemente, fluctúa entre varios estilos –a veces se acerca al simbolismo, al realismo mágico, al costumbrismo trascendido y clásico-, es un retratista refinado y un contador de historias desde el lienzo. Le interesan Andalucía, la mujer (siempre la mujer: todas las mujeres), la copla, la tauromaquia, el erotismo y el pecado, la pura e inagotable beldad. He aquí uno de los cuadros de él que más me gustan: Diana. Tan simbólico.

 

RETRATO SERENO DE HANNA SCHYGULLA

RETRATO SERENO DE HANNA SCHYGULLA

Andrej Glusgold retrató así a una serena Hanna Schygulla.

'LA NOVIA': UN POEMA DE LORCA

'LA NOVIA': UN POEMA DE LORCA

’LA NOVIA’ EN SAN SEBASTIÁN. POEMA DE ’BODAS DE SANGRE’
[Ayer se proyectó en San Sebastián la película ’La novia’ de Paula Ortiz, que tendrá su día grande en esa capital del cine mañana viernes con su presencia y la de su equipo, en el que figuran, entre otros, Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, Luisa Gavasa, Laura Contreras Sequeira, Manuela Vellés, Leticia Dolera, Consuelo Trujillo, María Alfonso Rosso, Verónica Moral y Carlos Álvarez Nóvoa (1940-2015). Será un díaespecialmente emotivo. He aquí el diálogo de la novia y Leonardo cuando, tras la boda, huyen porque no pueden contener la fatalidad o el abismo de la pasión. Aquí vemos una foto de Jorge Fuembuena, responsable de foto fija, que retrata a las mujeres protagonistas con la directora Paula Ortiz. En la foto podemos ver a Laura Contreras, Consuelo Trujillo, Verónica Moral, Inma Cuesta, Manuela Vellés, Leticia Dolera y Paula Ortiz.]

DE ’BODAS DE SANGRE’. FEDERICO GARCÍA LORCA

-¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!

-¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.

-¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
ya toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.

-Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.

-Y yo dormiré a tus pies
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra,
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.

-Se abrasa lumbre con lumbre.
La misma llama pequeña
mata dos espigas juntas.
¡Vamos!

-¿ Adónde me llevas ?

-A donde no puedan ir
estos hombres que nos cercan.
¡Donde yo pueda mirarte!

-Llévame de feria en feria,
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire como banderas.

-También yo quiero dejarte
si pienso como se piensa.
pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba.
clavos de luna nos funden
mi cintura y tus caderas.

VITO SANZ, ACTOR: UNA ENTREVISTA

VITO SANZ, ACTOR: UNA ENTREVISTA

“No hay que hacerse el gracioso todo el rato”

 

“El romanticismo es esencial para mí y es

necesario en estos tiempos tan difíciles”

 

El actor oscense Vito Sanz es uno de los protagonistas de ‘Los exiliados románticos’ de Jonás Trueba

 

 

Las fotos son del archivo del autor

 

Antón CASTRO

Vito Sanz Pérez (Huesca, 1982) posee encanto, humor, ironía, desparpajo, naturalidad y un candor que parece desmañado y primitivo. Es uno de los tres amigos que viajan a París, Toulouse y Annecy en ‘Los exiliados románticos’, la película de Jonás Trueba que está conquistando al público y a la crítica y que enamoró en el Festival de Málaga.

¿Qué le parece si empezamos? ¿Desde cuándo es actor?

-Desde los quince años. Mi padre es aparejador y trabajaba en Almudevar. Allí tenía un compañero de trabajo, cuya esposa era apasionada del teatro. A los quince años me incorporé a la Compañía de Teatro de Almudévar; con ella, haciendo obras cómicas de Jardiel Poncela y Mihura, obras de repertorio, recorrí en furgoneta bastantes lugares de Aragón. Casi como sucede en la película. En los veranos hacía cursos de teatro en Madrid y Barcelona, de quince días... Y luego estuve tres años, entre los 18 y los 21, en Barcelona. Estando allí me ocurrió una cosa muy simpática...

-¿Cuál?

Que me contrataron de figurante en el Liceo y participé en grandes montajes como ‘Aída’, donde salía maquillado de árabe. De Barcelona me fui a Madrid y estudié con el argentino Fernando Pierna. Vivía como podía; de repente trabajada de limpiacristales, de recepcionista o en Cortefiel. Me llamaron para una película chilena, ‘Desierto sur’, y con el dinero me fui a Argentina, sobre todo a Buenos Aires, y a Chile.

¿A seguir estudiando?

Más bien a vivir. A la aventura, a crecer. Tenía muchos amigos por allá. Estuve unos cinco meses y me llamó Fernando Pierna para que trabajase en una obra de teatro: ‘Trampolín’.

¿Se siente, ante todo, un actor cómico?

Me gustan el humor y la comedia. Para que funcione una comedia tiene que haber drama, y viceversa. No soporto esas actuaciones subidas de tono, histriónicas. Ni hay que provocar la risa todo el tiempo ni hacerse el gracioso, hay que esquivar la caricatura, el estereotipo, porque si no los papeles están vacíos... En los matices, en la complejidad y en la profundidad es cuando el público se identifica con un papel.

¿Cuándo conoció al director Jonás Trueba?

Fue hace algunos años a través de la actriz Ana Risueño. Trabajábamos juntos en una pieza de microteatro. Jonás estaba preparando ‘Los ilusos’, su segunda película, me vio actuar y me llamó. Concertamos una cita y Jonás no venía, no venía. Lo llamé varias veces. Finalmente me cogió el teléfono: había tenido una mala noche y se había olvidado por completo.

¡Vaya inicio!

Sí, ja, ja, ja. Jonás es fundamental en mi vida. Ha supuesto mucho. Somos muy amigos y, poco a poco, he accedido a su peculiar mundo: a su núcleo de afectos, a su pasión por el cine y por la literatura. Yo procedía del teatro, sabía poco, muy poco del cine, y él cambió mi perspectiva, el foco y me enseñó a entender la gran mentira que es el cine, el gran truco, comparado con el teatro. A veces hablas apasionadamente y ante ti no hay nadie: luego en el montaje aparece que estás hablando con alguien. Cosas de este tipo te llevan a enfrentarte a un gran vacío que acaba por volverse apasionante. Jonás, por otra parte, además de sensibilidad y conocimiento, contagia entusiasmo, pasión y le encanta hacer las películas en equipo.

Bueno, desde ‘Los ilusos’ (2013), no ha parado.

No me puedo quejar. Sigo haciendo teatro, tengo la Compañía Club Caníbal y acabo de hacer la película ‘María y los demás’ de Nelly Reguera, con Bárbara Lennie y Pablo Derqui, que se estrenará en 2016. Una película sobre una mujer en crisis.

Vayamos con ‘Los exiliados románticos’. ¿Es verdad que no tenían guion?

No del todo, pero sí es cierto cómo nació la película. Un día nos reunimos Jonás, el actor Luis Parés y yo, y empezamos a hablar así como quien no quiere la cosa de hacer una película en francés, una historia de amor... Cada vez estábamos más bebidos. Nosotros no le dimos demasiada importancia, pero Jonás sí y decidió hacer eso... Con pequeñas pruebas e improvisaciones fuimos haciendo la película, salvo algunas partes que Jonás había coreografiado y que estaban escritas: la historia de Francesco y Renata, mi historia con la joven en los Jardines de Luxemburgo...

Maravillosa y difícil escena. ¿Lo pasaron tan bien como parece en la película?

Es una película inolvidable, pero cometimos algunos errores. Calculamos mal algunas distancias... La furgoneta amarilla que empleamos es de mi madre, Cristina Pérez, y una amiga suya y no puede ir a más de 80 kilómetros por hora... Las distancias se nos hicieron eternas y, aunque conducíamos casi todos, hubo momentos de mucho cansancio. La película se rodó en París, en Annecy y en Toulouse y nada fue tan fácil como aparenta.

-¿Cómo la define usted, cómo la ve?

Es una película sobre la juventud, el amor, la amistad y la aventura, las relaciones que quieres recuperar, las pasiones soñadas y fugaces... Y luego es muy bonito como está siendo todo. Es una película pequeña, de mínima producción. Jamás pensamos que iba a tener esta repercusión, la publicidad ha surgido del boca a oído y fue un gran espaldarazo el eco del Festival de Málaga. Sé que se ha estrenado en Zaragoza, me encantaría que se estrenase en Huesca.

-¿Qué tipo de actores le interesan o le marcan?

A mí me emocionan Saza, Fernando Fernán Gómez, Agustín González. Esos grandes actores españoles que pertenecen a una tradición y se manejan a la perfección en el teatro y en el cine, que forman parte de nuestra historia. Actores versátiles, que le dan valor a la palabra, que resultan creíbles y que saben estar en su sitio. De ellos se aprende siempre.

¿Se siente usted romántico?

A veces demasiado. El romanticismo es esencial en mi vida, es necesario en estos tiempos tan difíciles. Lo he heredado de mi madre.