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Antón Castro

Artistas

DOS DIÁLOGOS CON LANA MATICH

DOS DIÁLOGOS CON LANA MATICH

lana matich privitera. Dos entrevistas con ella. 

Pintora

 

«Cada vez que vengo a Zaragoza no hago más que pasear y pasear y hacer fotos. Quiero captarlo todo. Esta es mi ciudad, aquí nací y fui muy feliz, aquí me inicié en el arte. Gracias a mis padres descubrí el teatro, la danza, la música, la arquitectura. Aunque ya sea norteamericana, porque llevo en Estados Unidos más de un cuarto de siglo, tengo corazón aragonés. Llego aquí y ya empiezo a usar el ico. Segundico. Paseíco», dice Lana Matich Privitera (Zaragoza, 1961), pintora a la acuarela, que acaba de volver a casa para visitar a su madre y a sus hermanos; uno de ellos es el pintor abstracto Zvonimir Matich .

Explíquenos cómo trabaja.

Siempre tomo fotos, muchas fotos, y hago una selección de cosas: paisaje urbano, fachadas, los edificios más antiguos del pueblo elegido y alguna iglesia. Y los mezclo con otras cosas, según el fluir de las estaciones. Hago también bodegón. Eso sí, siempre a la acuarela. Es rápida, limpia, eficaz, te tiene en vilo. Me siento muy cómoda con ella. Uso la técnica hiperrealista pero la imaginación también interviene.

Usted es una pintora de arquitecturas. ¿Por qué?

Se va a reír. Cuando fui a Estados Unidos en 1990 me quedé impresionada con la cantidad de edificios tan distintos que hay: te encuentras con el estilo Tudor, con el alemán, con el francés. Es como si todos los países del mundo estuvieran metidos en las fachadas y en las líneas de las casas. Aquello me impresionó, las casas son preciosas. Así que empecé a hacer retratos y estampas de viviendas para ganarme la vida.

Aún no ha parado…

No. Empecé a hacer pueblos enteros. Las calles principales, las iglesias, los palacios, una estación, árboles… Y me divierto. Son como cartografías minuciosas de un lugar. Parto de lo real y a veces invento.

¿Le encargan la obras, las decide usted?

De todo hay. A veces, como me sucede ahora con Middletown y Ellenvield, donde expondré el próximo otoño, me hacen algunos encargos porque han visto mis obras. Me compran piezas originales y también me piden litografías o impresiones de imprenta, láminas. Trabajo todo lo que puedo: hago medio centenar de acuarelas al año, suelo dar talleres para diez o quince personas y hago demostraciones públicas, a partir de una fotografía, ante 150 o 200 personas.

¿Qué colores le gustan?

Me gustan los colores tierra, los colores de la naturaleza. Pero lo que me preocupa siempre es el contraste de luz, eso lo verá en todos mis cuadros. Si hay nubes al fondo del paisaje, verá que hay un estudio exhaustivo de cómo entra la luz. El diálogo de la luz y la sombra es mi auténtico tema.

¿Cómo son sus bodegones?

De varios tipos. De objetos. Por ejemplo, a veces aparecen gatos. En Estados Unidos tienen una obsesión con los gatos. Les encantan. Esos cuadros los vendo muy bien. Además coincide que tengo un gato y le gusta posar para mis fotos, así que aprovecho. Como es un gato simpático, las fotos salen tan bonitas que no puedo resistir pintarlo. Sobre el papel, asumo el desafío de sacar toda la piel, sus brillos y sus texturas, y que parezca que la puedes tocar. Es como si fuera casi una pieza tridimensional.

¿Por qué emplea ese estilo naturalista, hiperrealista? ¿Ha explorado otros o ahí se siente plenamente a sus anchas?

Soy hiperrealista, sí. A mí siempre me ha gustado el detalle. De pequeña, en Zaragoza, dibujaba hasta arruguitas en la camisa de la gente. Está en mi naturaleza ser detallista y observadora. Algún día, cuando no pueda ver bien, me volveré impresionista o expresionista.

¿Quiénes son sus pintores?

A mí me gusta Sorolla. De toda la vida. La claridad, los matices y los temas de Sorolla. El cuadro que más me impresiona es ‘Y aún dicen que el pescado es caro’. El tema social, que es algo que me interesa desde niña, mezclado con maestría cromática y con esos contraluces que usa Sorolla, me conmueve. El asunto del cuadro me da una pena horrible, impacta muchísimo, pero está resuelto con la grandeza del arte. Para mí, Sorolla es un maestro.

¿Alguna otra referencia?

Muchas, claro. Vermeer, los holandeses, etc. Siempre he sido realista y he intentado representar algo reconocible. Lo que me gusta es recrear la realidad para que la gente tenga una buena memoria de su vida. Quiero que las cosas de mis cuadros le traigan recuerdos de otra época, de una atmósfera, de una forma de belleza. Me gusta que mi obra despierte evocaciones en las personas; si son sensaciones agradables, mejor que mejor. Pinto la realidad para hacer feliz a la gente.

Antón Castro

el personaje

La pintora zaragozana lleva un cuarto de siglo en Estados Unidos. Es acuarelista y le apasionan la arquitectura, el hiperrealismo y el contraluz

 

 

11/12/2016

HA DICHO

«Historia y arte siempre han estado entrelazados en mi vida. Recuerdo con cariño viajes a Alquézar, Albarracín y otros pueblos milenarios de Aragón. Pero mis visitas a la Aljafería y la Lonja fueron las que propulsaron con fuerza mi amor por el arte y la historia»

«Acudí a la academia de Alejandro Cañada el mismo tiempo que iba a la Escuela de Artes y Oficios. No fui a las clases muy a menudo, pero sí lo suficiente para tomarle gran cariño»

«La acuarela no huele, es fácil de limpiar y de guardar. Pocos pintan el híperdetalle y pocos son capaces de pintar edificios correctamente, lo cual hace que mis acuarelas les parezcan más únicas a mi público. Me gusta ver cómo los colores se funden en el papel»

La pintora zaragozana, junto a una de sus obras.

Es una pintora zaragozana nacida en 1961, instalada en Nueva Jersey, donde imparte clases y desarrolla su carrera. Se ha especializado en la pintura al agua, de casas, pueblos y bodegones, en un estilo hiperrealista.

Lana Privitera «Con la acuarela, estás en vilo hasta la última pincelada»

entrevista

Antón Castro

«Mi padre, Zvonimir Matich , era croata y se vino a España a estudiar Medicina al terminar la II Guerra Mundial. Aunque mi madre, María Luz Calvo Blanco, es de Madrid, ellos decidieron mudarse a Zaragoza después de casarse. Con los años, él llegó a ser bien conocido como cardiólogo y periodista de política internacional, y también como concejal de Festejos y de Sanidad en el Ayuntamiento de Zaragoza en los años 70». Así inicia su historia Lana Matich (Zaragoza, 1961), que firma sus cuadros como Lana Privitera y reside en Estados Unidos. Es pintora y profesora de arte, y realiza una pintura más bien hiperrealista centrada en casas, paisajes e interiores. Posee una gran técnica a la acuarela.

¿Qué recuerdos tiene de Zaragoza?

Se me vienen a la cabeza nuestras tardes paseando por la Gran Vía. Y nos veo a nosotros, hordas de niños, jugando al escondite o intercambiando cromos con algún amigo, mientras que nuestras chachas, en vez de vigilarnos, se dedicaban a coquetear con los soldadillos con tarde de permiso.

Esa Zaragoza ya se antoja lejana, casi onírica.

Muchos de los mejores recuerdos tienen que ver con nuestra conexión con el Ayuntamiento y con toda la gente increíble que conocíamos: los ancianitos y las monjitas de la Casa Amparo, los artistas que actuaron en el Principal, y nuestro querido amigo Luis Galve, pianista emérito y persona incomparable. Y, por supuesto, mis personajes favoritos: por un lado Pablo Serrano, que con sus esculturas mágicas me abrió los ojos al mundo del arte; por otro lado, las momias egipcias que vi en La Lonja. Me fascinaron y avivaron mi amor por el estudio de otras culturas y sus artes.

¿Desde cuándo le interesaba el arte?

En mi vida, historia y arte siempre han estado entrelazados. Recuerdo con cariño viajes a Alquézar, Albarracín y otros pueblos milenarios de Aragón. Pero mis visitas a la Aljafería y la Lonja fueron las que propulsaron con más fuerza mi amor por el arte y la historia. En los años 70, mientras mi padre era concejal de Cultura y Festejos, tuve la oportunidad ver una muchas y variadas exposiciones en la magnífica Lonja y esas fueron, sin duda alguna, la razón por la que hoy dedico buena parte de mi tiempo al arte.

Estudió diseño e historia del arte en la Escuela de Artes y Oficios. ¿Cómo era aquel ambiente, a qué profesores recuerda con especial cariño?

Mis dos años en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza pasaron rápido. Aún así, había clases que nunca me perdía. Mi profesor de Historia del Arte era un hombre con un carácter muy original, pero extremadamente eficiente. No me acuerdo de su nombre y no lo he podido encontrar en internet. Tengo que mencionar mi querido profesor Alejandro Cañada. Acudí a su academia al mismo tiempo que iba a la Escuela de Artes y Oficios. No fui a las clases muy a menudo, pero sí lo suficiente para tomarle gran cariño. En mi evolución artística, las acuarelas ganaron la batalla.

Dando un salto en el tiempo, sabemos que usted se fue de la ciudad en 1990. ¿Qué pasó?

Aparte del arte, leer y viajar son otras de mis pasiones. Aunque me fui de Zaragoza en 1987, hice escala en Madrid casi dos años antes de pegar el salto a los EE. UU. Acabé en 1989 en New Jersey, en casa de unos familiares lejanos, con intenciones de aprender inglés y de disfrutar de la vida un rato. Y ya en USA, el destino de nuevo dio un giro de 90 grados sin previo aviso y tuve la fortuna de encontrar trabajo de ‘nanny’ con una familia maravillosa. Y un buen día, en las cercanías de la Universidad de Princeton, en mitad de un campo inmenso lleno de nieve y ciervos, me di cuenta de que yo era más feliz cuando estaba rodeada de espacios abiertos y casitas de cuento. No tardé ni dos días en empezar a pintar de nuevo.

¿Qué le da, por qué se inclina con tanta insistencia por la acuarela?

Rapidez. No huele, es fácil de limpiar y de guardar. Pocos pintan el hiperdetalle en acuarelas y pocos son capaces de pintar edificios correctamente, lo cual hace que mis acuarelas les parezcan más únicas a mi público. Me gusta ver cómo los colores se funden en el papel, moviéndose como jirones de neblina con voluntad propia. Nunca estoy segura del todo en qué dirección irán. Siempre con el alma en vilo hasta la última pincelada.

 

 

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD': LINA VILA

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD': LINA VILA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/10/lina-vila-no-querria-a-los-50-pintar-y-tener-que-buscar-otro-trabajo-1374033.html

 

¿Qué pasa por la cabeza de una artista como usted tras hacer la exposición más importante de su carrera en el Paraninfo?

¿Seré capaz de continuar?

¿Cómo salió de ahí, con qué perspectivas?

Al ser una sala que tiene tanto público, pensé y así fue, que iba a tener una respuesta a mi trabajo de un número de personas considerable. Una de las experiencias más bonitas para mí fueron las visitas guiadas. El contacto con las personas y la reacción de éstas al ver las obras fueron muy importantes. Creo que los pintores tenemos siempre en la cabeza el cuento de la lechera, creemos que va a haber algo mágico que nos haga trabajar más, vender más, que nos “necesiten” más, pero es un cuento... Nuestra trayectoria, en general es muy lenta. Lo sé desde el principio. Por eso en mi caso no cabe la decepción: disfruto del momento y sigo viviendo y creando.

Decía hace unos días que casi tuvo una visión: la crisis que se avecinaba…

Totalmente. Desde que vi las imágenes de China en las que construían los hospitales a contrarreloj lo vi muy claro.  Y empecé a ponerme muy mal. Un vacío tremendo se apoderó de mí. Era como si fuésemos a caer a un abismo. Y después con Italia era ya querer estar ciego si no lo veías. Pero en general no queremos ver las desgracias aunque las veamos venir. Los amigos, los alumnos, me decían que era una neurótica, que China estaba muy lejos...Yo estaba perpleja por como se lo tomaba la gente. Pero yo ya estaba comprando mascarillas.  Y para no montar en el tranvía caminaba una hora y cuarto para ir a trabajar,  cada vez que corregía a un alumno me lavaba las manos,... eso ya en enero, cuando los expertos decían que era como una gripe. Como una gripe....

¿Cómo ha vivido la pandemia, cómo la está viviendo?

Mal. Muy mal. Tantas muertes, tanta soledad, tanta confusión, tanta información contradictoria, tanta mentira,... pero sobre todo el sufrimiento de las personas que han muerto solas y el de sus familiares.  Y no poder despedirlas como se merecen. Y tanto buenismo: todo va a salir bien. No, todo ha salido mal. Y tantas fábulas de vida que no soporto, tipo: los pájaros volverán a cantar, la tierra sanará. Que sí, que me importa el medioambiente, pero lo que más me importa son las personas. Y esto de que esta crisis nos  va a convertir en mejores personas. Cuánta estupidez a mi juicio.  

Usted vive en el campo, tiene terreno, flores, pájaros, huerto, jardín. ¿Habrá sido mucho más fácil la cuarentena, no?

Soy una privilegiada. Cuando vine a vivir aquí mis amigos se preguntaban  cómo podía irme del centro de la ciudad; y en cambio ahora nos envidian. Es un lujo confinarse viendo el cambio de los árboles y las plantas, teniendo espacio para hacer un poco de deporte, para comer fuera con una sombrilla que te traslada a la felicidad del verano y para cultivar el pequeño huerto. Un huerto y unas gallinas ponedoras que nos servirán  para autoabastecernos con la crisis económica que se nos viene encima. Pero es imposible abstraerse de lo que sucede.

Tiene el estudio cerca de la casa. ¿Cuál ha sido su relación con el taller, con la pintura, con el dibujo o el grabado?

En un principio era incapaz de coger un lápiz o un pincel. Me parecía absurdo con todo lo que estaba pasando. Incluso pensé que igual era el momento de dejarlo, de abandonar. Sí, lo pensé. Era mucha la desazón. Así que me puse a escribir un diario.  Escribía  en un cuaderno de Gallimard en el que estaba escrito en su primera página: “Quand on a le temps on a la liberté”, de Guillame Apollinaire. Y aunque en otro tiempo no hubiese podido estar más de acuerdo, ahora el tiempo no lo es todo. Fui entrando a días como por casualidad al taller y fueron volviendo las ganas de dibujar. Dibujar calma mucho. Creo que el dibujo y la lectura me salvarán de la locura y la desesperación. 

Cuando se empezó a extender la onda expansiva, el miedo y la psicosis general, ¿qué pensó, se lo creía, tenía la impresión de qué vivías un mal sueño?

¡Claro que me lo creía! Alguien dijo que la vida es una  pesadilla que hay que vivir despierto. Y esto es así. Y de hecho me confiné y obligué a mis "convivientes" a confinarse antes de que lo impusiera el gobierno.

Algunos artistas, por curiosidad y quizá por el afán de entender la situación, estudiaron casos semejantes en el arte, períodos de artistas sometidos al encierro. ¿Le pasó a usted, indagó en cuadros, vidas de pintores, períodos artísticos?

Llevo mucho tiempo haciéndolo. La mayoría de las mujeres creadoras a lo largo de la historia han estado confinadas.  He leído algún relato como el de ‘Vacances Forcées’ de Roland Dorgelès, un relato de huida y confinamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Y sigo leyendo memorias y biografías de pintoras.  A mí el confinamiento en sí mismo no me angustia. Como decía el otro día Adam Zagajewski es como estar en un salvavidas en mitad del océano. En un bote salvavidas cómodo, agradable si no fuera porque desde él ves a personas que se ahogan pero no puedes alcanzarlas ni ayudarlas.

¿Cómo le marca a uno una pandemia así, aunque esté en unas circunstancia mejores que la mayoría?

Emocionalmente creo que es una herida que dejará una huella para toda la vida. Y eso que no ha acabado. Todavía podemos seguir perdiendo seres queridos y poder morir nosotros mismos también. 

Estamos desamparados, el mundo ha parado de revoluciones, casi se ha detenido… ¿En esas circunstancias,  es el arte secundario, casi un lujo, o estamos errados por entero?

Yo creo que el arte nunca ha sido ni será secundario. El arte es un reflejo del tiempo que nos toca vivir.  En cualquier crisis se ha seguido creando. Como le decía antes, en estos testimonios que he leído sobre creadores en la Segunda Guerra Mundial, los artistas seguían creando en la medida de sus posibilidades. Aimé Maeght abría su galería en ese tiempo y los que podían compraban obras de arte. Es evidente que si no tienes para comer no tendrás para comprar arte... Los escritores seguían escribiendo, seguían analizando, seguían criticando. Por eso no entiendo cuando ahora se nos dice: ya habrá tiempo de analizar, ya habrá tiempo de criticar... Pero no estoy de acuerdo en que mucha cultura ahora sea gratuita. Entiendo que ha sido un acto solidario, pero la cultura es muy importante. Y más en la situación penosa en la que nos vamos a encontrar los pintores y creadores autónomos. 

Perdone la provocación, pero ¿para qué sirve el arte en tiempos de la covid-19?

Para lo que sirve en cualquier momento. Para hacernos reflexionar, para provocarnos, para emocionarnos, para proporcionarnos belleza.

¿Cuáles son las premisas de futuro para una artista como usted, que ha ganado premios, tiene una trayectoria, etc.?

Buf, cuando una va cumpliendo años  tu futuro se achica mientras que tu pasado se agranda. Así que le diría que en lo único que pienso es en poder ver a mis hermanos  y a mis amigos, acercarme a oler el mar y poder hacer algún pequeño viaje. Después nada me gustaría más que dibujar y pintar. Me desesperaría llegar a los 50 siendo pintora y tener que buscar otro trabajo para poder subsistir. Pero puede ser. No sabemos aún el alcance de la crisis.

Había empezado a dibujar ancianas… ¿Por qué? ¿Percibió que los ancianos iban a ser las principales víctimas?

Esto ya nos lo decían nuestros amigos italianos. Están muriendo nuestros abuelos, nuestros padres, decían. Protegeos, decían. En Barcelona, en mi época de estudiante, estuve de voluntaria en residencias de ancianos y lo que vi fue tremendo. Dramático. Y de eso hace muchos, muchos años. Todas las muertes que se han producido en estos aparcamientos de ancianos unido al amor que siento por mi madre y a la que tengo prácticamente secuestrada para protegerla, me ha llevado a querer pintarlas y a hacer quizá pequeños homenajes y una llamada de atención sobre estos lugares que, sin duda, deberían estar más controlados.

¿Qué le incomoda de la gestión del Gobierno? 

Prácticamente todo. Si yo, que no soy  experta y no tengo información, iba viendo lo que se nos venía encima, creo que ellos lo veían mucho mejor que yo. No entiendo que no cerraran fronteras antes, no entiendo que se pudiera viajar a Madrid todo el tiempo, no entiendo que los estudiantes volvieran a sus casas en otras comunidades y salieran normalmente. No entiendo que no previeran material sanitario antes, que no compraran respiradores. Que China es muy hermética porque es una dictadura, de acuerdo. Pero en la era de mayor interconectividad no es posible que no se supiera. Y menos cuando ya teníamos el ejemplo de Italia. No entiendo que se convocaran las manifestaciones del 8 de marzo, que se permitieran los mítines políticos, los partidos de fútbol. Que se dijera que las mascarillas no protegían. Mentiras. Cuántas mentiras. No soy apolítica, pero ha sido una decepción grandísima .No sé si volveré a votar. Y creo que deberían juzgarse tantas negligencias. Han ido detrás del virus todo el tiempo en lugar de adelantarse. Y no sé si volveré a votar porque en lo que más me importa, que es la salud y en este caso la salud pública, no han tomado las medidas necesarias ... ¿cómo voy a confiar en medidas sociales, económicas o en medidas para el sector cultural? lo siento pero no. Ha sido tremendo. Una gran tristeza. Y cuando haces una crítica al gobierno entonces  ya eres un facha. Es una verdadera pena este país. 

Está muy decepcionada...

Les reprocho tantas muertes. De ancianos, de sanitarios, de tantas y tantas personas que tenían una vida por delante. Y no digo que otro partido lo hubiera hecho mejor, pero creo que falta mucha humanidad en los políticos. Mucha. 

Ahora que los cita. Casi todos estamos conmovidos con la entrega de los sanitarios. ¿Qué le emociona de las reacciones y actitudes de la sociedad?

Me emocionan esos sanitarios, entre los que se encuentran amigos míos, que han cogido de la mano a esas personas que han muerto. Que les han dado el amor necesario para no morir en soledad. Me emociona la valentía de enfrentarse a la enfermedad asumiendo los riesgos sin los medios necesarios y con un sueldo mucho más bajo que el de otros profesionales, siendo ellos de los colectivos más afectados por el virus. Me emociona la solidaridad de esas personas que están llevando la comida a los ancianos que están solos en sus casas. Me emocionan las donaciones no solamente de grandes empresas y fundaciones sino también de personas anónimas.

Le han marcado mucho tu padre y tu abuela, a los que les has dedicado varios homenajes. ¿Son ellos como fantasmas que le impulsan a crear o a conversar en silencio? 

No soy una persona creyente, pero sí que hablo con mis muertos. Con todos ellos.

¿Qué le queda a la mujer por hacer el en arte? ¿Ya está en condiciones de igualdad?

En absoluto. Precisamente estoy leyendo un libro que me mandó un buen amigo cuyo título es: ‘Las invisibles. ¿Por qué el Museo del Prado ignora a las mujeres?’ de Peio H. Riaño. y le podría escribir aquí muchos datos que demuestran que esa igualdad no existe. Hay que seguir trabajando en esta dirección, y más en épocas de crisis.

¿Ha seguidos descubriendo personalidades, actitudes, obras, de mujeres artistas, a las que siempre ha reivindicado?

Por supuesto. Tenía una pila de libros en francés de memorias, biografías y autobiografías de creadoras. He profundizado en la vida y obra de la arquitecta Charlotte Perriand, todo un descubrimiento. He conocido la fascinante  vida de Nancy Cunard, he releído a Annie Ernaux. He leído los ‘Munkey Diaries’ de Jane Birkin y he leído y admirado varias obras de Romain Gary, que aunque no era mujer estaba muy influido por ellas (fue marido de la actriz Jean Seberg) y al que no había leído nunca.

¿Qué le paraliza más el miedo o la incertidumbre del futuro?

Es casi lo mismo. Siempre he pensado que con salud puedes hacer frente a cualquier adversidad. Así que te diría que paraliza más el miedo a no tener salud. Aunque en Francia, nuestros amigos nos dicen que va a matar más la crisis que el virus. 

¿Qué puede y qué debe hacer la sociedad por los artistas?

Soy bastante escéptica en esta cuestión. Creo que hace falta mucha labor desde la educación temprana. Y pienso que ahora la sociedad va a estar en otra cosa. La sociedad en general y los gobernantes en particular tendrían que ser muy conscientes de que la cultura es también una industria que da trabajo a mucha gente. Y una ley de mecenazgo debería establecerse con urgencia. 

 

 

 

 

REAPERTURA DE GALERÍAS DE ZARAGOZA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/08/victor-mira-protagonizara-la-reapertura-de-las-galerias-de-zaragoza-el-proximo-martes-1373715.html

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD, EVA ARMISÉN

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD, EVA ARMISÉN

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD

 

Eva Armisén, pintora e ilustradora.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/08/eva-armisen-no-quiero-que-nos-roben-la-libertad-que-teniamos-1373718.html

UN DIÁLOGO CON MIGUEL PARDEZA

UN DIÁLOGO CON MIGUEL PARDEZA

UN DIÁLOGO CON MIGUEL PARDEZA, CON 'ANGELÓPOLIS' DE FONDO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/07/miguel-pardeza-zaragoza-es-una-pieza-clave-en-mi-educacion-personal-y-cultural-1373492.html

TOMÁS RUIZ-RIVAS: 'EL MILLÓN DEL ARTE'

Con toda su gentileza, Tomás Ruiz-Rivas me envía este artículo tan oportuno.
Un blog de Tomás Ruiz-Rivas
tomas[@]antimuseo.org

 

Hace una semana escribí un artículo sobre el ya difunto proyecto del Fondo para las Artes de Madrid, al hilo de la liquidación del FONCA1 en México y como colofón de mi anterior publicación: “Un Plan postCovid19 para las Artes Visuales”. No lo publiqué, más que nada porque tengo la cabeza en otros asuntos, pero la noticia del “Plan” de verdad, el del Ministerio, me ha arrancado de mis abstrusas lecturas literarias, tan apropiadas para estos tiempos eremitas, y me ha empujado a tomar parte de nuevo en el debate público sobre las (des)políticas culturales. España tiene al menos eso de bueno: la estabilidad, la continuidad. Gobierne quien gobierne, si te dedicas al arte contemporáneo sabes que caminas solo por el mundo.

El gobierno, del cual soy votante para que quede todo claro, ha aprobado una dotación extraordinaria para socorrer al sector —si es que hay tal cosa— de la cultura con 76,4 millones de euros. No hay que dejarse engañar por el titular, porque los 780 millones que anuncia son en realidad para garantías para créditos. Documentos que rara vez se convertirán en obligaciones de pago. El detalle del dinero de verdad, que se presenta incompleto, es como sigue: 38 millones para las artes escénicas y la música; 13.252.000 para las salas de cine; 4 para las librerías “independientes” (¿Independientes de qué o de quién? ¿De las distribuidoras?). UN MILLÓN para las artes visuales:

En relación a las Bellas Artes, el Real Decreto Ley incorpora ayudas extraordinarias por valor de 1 millón de euros para la promoción del arte contemporáneo, y en concreto para el desarrollo de proyectos de innovación digital que fomenten la difusión de las artes visuales, la creación artística, la comunicación, la difusión internacional y la adquisición de arte contemporáneo español.
Los destinatarios de estas medidas incluyen a los artistas visuales, las galerías de arte, críticos y comisarios, así como la dotación para compras de arte contemporáneo español a través de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y Deporte.

Curiosamente, como señalaba un amigo en Facebook, la misma cantidad que ha donado Helga de Alvear para la lucha contra el Covid-19. No soy conspiparanoico, pero con mil euros arriba o abajo se libraban del paralelismo.

El monto, no hace falta decirlo, es ridículo. Pero además no es en apoyo a la creación, la parte más vulnerable del sistema, sino a todo el sector y, atención a este detalle, al propio Ministerio, que se puede quedar con la tajada del león con un programa de compras del que no se ofrece ningún detalle. ¿Será una convocatoria pública como han hecho los gobiernos autonómicos de Madrid y Valencia? No, porque para eso tienen la mencionada Junta, que ya sabrá qué o a quién tiene que comprar.

Pero lo más grave es el objetivo de las ayudas: “proyectos de innovación digital”. ¿Qué significa esto? Está claro que le objetivo de esta línea de apoyo no somos los artistas, sino los mediadores. No se apoya a la creación, como podría parecer en una lectura rápida, sino a proyectos de innovación digital que fomenten la creación. ¿Por qué no la fomentan ellos directamente, con la premisa de que sin ésta no puede haber ni difusión, ni comunicación, ni adquisiciones? A saber. Imagino que las asociaciones del sector que han asistido a las reuniones con el ministro habrán estudiado el tema y nos podrán iluminar al respecto. ¿Qué carajo son los “proyectos de innovación digital que fomentan la difusión y la creación”? ¿Es que a nadie en este país se le ha ocurrido que si no hay artistas no habrá arte que difundir, ni con proyectos de innovación digital ni a voces en las plazas? ¿De qué cabeza ha salido esta idea, y cómo es que nadie, con toda la gente que dice haberse reunido en el Ministerio, la ha denunciado antes de que se publique?

Otro aspecto preocupante del “Plan” es que pone de manifiesto la irrelevancia de las artes visuales para la sociedad española. La desproporción con los otros ámbitos creativos, reggeaton incluido, es vergonzosa. Y como muy bien han señalado Paco Barragán y Carlos Jiménez en un hilo de Facebook, esto es algo sobre lo que deberíamos detenernos a pensar. “¿Qué hemos hecho o dejado de hacer en el mundo del arte contemporáneo para que este le importe tan poco a la sociedad?”, nos interroga Carlos en su comentario.

En mi anterior post critiqué la línea de acción de AVAM. Sé que mis palabras resultaron molestas para muchos compañeros, no todos, pero lo que de verdad siento es haber resultado profético. Debo insistir, a pesar de todo, en que estas asociaciones que supuestamente nos representan ante las instituciones están mostrando su habitual falta de visión política y de compromiso, cuyas consecuencias son, entre otras cosas, los constantes batacazos que recibimos en las decisiones políticas. Éste es un momento en el que se pueden plantear reformas de calado histórico, como la obligatoriedad del pago a los artistas2 en exposiciones con financiación pública, la creación de un Fondo como el que proponíamos un amplio grupo de asociaciones hace ya varios años, no sólo el de “emergencia” que ha planteado ADACE en su documento, que por cierto no deja mucho más para los artistas, o mecanismos de compra de obra como el que ha habilitado la Comunidad de Madrid, que podría convertirse en permanente, dado que las galerías, con mi mayor respeto por su trabajo, no pueden canalizar toda la creación actual, ni sobre todo la más experimental. Ahora que ya todas las rotondas tienen su mamotreto, quizás deberíamos racionalizar las políticas de compras para que de ellas resulten colecciones con un sentido histórico.

Sin duda podemos redactar una larga lista de medidas útiles a corto plazo y beneficiosas a largo, medidas fáciles de consensuar con todo el tejido creativo, como lo fueron las ayudas a la creación, pero que requerirían mucha energía y unión para obtener el compromiso de los gobiernos locales y central. La ausencia de un liderazgo fuerte en el sector, que debería venir, como decía en el texto anterior, del Reina Sofía o de instituciones o personajes que cuenten con un respaldo generalizado (ya sé que no los hay), nos deja por desgracia en una posición muy vulnerable. El tiempo que se ha perdido para desarrollar propuestas con verdadero calado no se puede recuperar en pocas semanas.

Pero lo que debemos tener presente es que la crisis sanitaria del COVID-19 va a acarrear una crisis económica de proporciones bíblicas. Hace pocos días un periódico ofrecía datos escalofriantes sobre la situación fiscal de España en un futuro próximo: una caída del 20% en la recaudación, que equivale a 42.100 millones de euros. Para que nos hagamos una idea, en la anterior crisis, en su peor año, la caída fue del 6,6 %. Pensar que en esta situación va a haber subvenciones, ayudas o planes de emergencia para que capeemos el temporal sin sufrir penalidades es una quimera. El millón del Ministerio debería servirnos de  aviso. Por mucho que ahora prometan, es difícil creer que en 2021 se convoquen ayudas o se implementen programas especiales para apoyar a los artistas de Madrid —del resto no hablo, pues sé poco. Y esto es en realidad todo lo que puedo aportar al presente debate.


[1] Este Fondo fue impulsado por la sociedad civil a través de una carta publicada en 1975 la revista Plural, que suscribían importantes intelectuales como Octavio Paz, Elena Poniatowska o Juan Rulfo. Su título era “Ideas para un fondo de las artes” y demandaba un cuerpo cultural “creado por iniciativa del Estado”, pero “como un organismo autónomo […] separado de la administración pública”. En la idea de los firmantes, el Estado debía fomentar la cultura pero, a su vez, debía renunciar por completo a su pretensión por controlar sus contenidos:  “El examen histórico muestra que no solamente el Estado jamás ha sido creador de una literatura de veras valiosa, sino que, cada vez que intenta convertirla en instrumento de sus fines, termina por desnaturalizarla y degradarla”.
[2] Escribí un artículo al respecto hace algún tiempo. Para quien quiera conocer lo que se está haciendo en otros países, recomiendo las memorias de este simposio donde no estuvo presente ninguna asociación española: https://drive.google.com/open?id=15u95HjPWXQ_cEtiAeoBBqooMNlLOBVL9

INGRID BERGMAN. RETRATO DE GORDON PARKS. POR ALEJANDRO ALAGÓN

INGRID BERGMAN.  RETRATO DE GORDON PARKS. POR ALEJANDRO ALAGÓN

 

RETRATO DE INGRID BERGMAN

EN BLANCO Y NEGRO

 

COMENTARIO DE UNA FOTOGRAFÍA

DE INGRID BERGMAN

POR ALEJANDRO ALAGÓN

 

  Ésta es otra de esas poderosas instantáneas que llaman la atención. Fue tomada por Gordon Parks durante el rodaje de la película Strómboli en Italia. La radiante imagen de Ingrid Bergman cautiva a la cámara, a pesar de que siente incómoda y ladea la mirada al oír lo comentarios o murmullos de tres mujeres enlutadas que la miran con envidia. Mujeres de distintas edades y estaturas, pero unidas en ese atuendo común que incluye, zapatos. medias, faldas, chaquetones, abrigos y pañuelos negros. Es la modernidad enfrentada al pensamiento arcaico, primitivo, de una sociedad cerrada. Una forma de pensar atávica, ancestral, heredada de madres a hijas en una isla, un entorno aislado. Y frente a esa forma de pensar rancia y anticuada irrumpe el volcán de una belleza nórdica, juvenil.

  Conviven en el rostro de Ingrid Bergman la sombra del reflejo y la claridad, la sombra como metáfora de la críticas de una sociedad cerrada hacia una forastera, que se atreve a llevar un jersey blanco y un cabello sin pañuelo, desafiando a las estrictas normas de un ambiente rudimentario, prehistórico. Quizás murmuran que es una actriz y que ese oficio es sinónimo de una vida sucia, frente al estricto cumplimiento de los mandamientos religiosos que ellas cumplen a rajatabla. Tras esos comentarios áridos se insinúa un secarral, un conjunto de matorrales llenos de espinas, cuya máxima aspiración es recibir una gota de agua que los resucite, ya que sus raíces siempre estará unidas a ese suelo que carece de ambición y que, a veces, se desespera en un conato de erupción.

 Entre Ingrid y el coro de seres, que parecen cornejas, se abre un profundo cráter. A la derecha de la imagen aparecen hombres sentados o asomados en la parte superior a una barandilla, que miran con lujuria a esa belleza, de paso efímero, que ha llegado para rodar en la isla. Son las contradicciones del mundo que empuja a sus gentes hacia la falsedad, la crítica fácil, frases destructoras de mordisco fácil, y miradas lascivas alejadas del catecismo de la escuela rural. Arriba en la colina, se sitúan las casas blancas que quizás cobijan a las mujeres vestidas de negro, como cuervos. Otra contradicción más, el enigma de los seres humanos, su color interior y su color exterior, los valores y los recelos, la suspicacia y la aprensión hacia los nuevo. Cobran vigencia aquí los imponentes versos de Garcilaso de la Vega en este soneto.

 

Coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto antes que el tiempo airado

cubra de nieve la airosa  cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

DIÁLOGO CON SEVERINO DE LLANZA

Severino de Llanza: “Lo único que cambia  

en la historia de la humanidad es la tecnología”

 

 

Fue una hace una década, en 2009, cuando Severino de Llanza (Borja, 1964) expuso por última vez en Zaragoza. En la galería que le lleva, A del Arte. Ahora presenta un nuevo proyecto: ‘Unidad en ella’, una colección de 62 cuadros de puntas de plata, una técnica antigua y sutil que emplearon artistas tan distintos como Leonardo Da Vinci o Durero.

-Entonces, en 2009, ‘El eco de los sueños’, era pintura. Ahora apuesta decididamente por esta técnica delicada…

-Esa sería la palabra: delicada. Y laboriosa. A del Arte es la galería que me lleva mi obra y es quien pone en el mercado mi trabajo. Hablamos con Montse Navarro de la idea de hacer una exposición solo de puntas de planta. He trabajado durante cuatro años, muy centrado.

-¿Qué le da esta técnica?

-Me siento cómodo. Feliz. Me pasa como con el grabado: me engancha, y es como si tuviera mono. La punta de plata es como si estuviera viva. En la muestra veo las piezas de hace cuatro años y las de hoy, o del año pasado, y veo una evolución. La punta en contacto con el aire se va oxidando, y la de 2016 o 2017 adquiere un tono más aterciopelado, color tabaco o sepia.

Dicen que es una técnica exigente…

Sí, claro. Pide técnica, paciencia, búsqueda de la belleza, obsesión por los detalles y las líneas. Y de todo ello surge una de sus virtudes: la delicadeza.

Todas sus obras son mujeres. ¿Hay alguna razón?

No sabría decirle. Me gusta la mujer, me interesa su mundo, su misterio, su hermosura. Me siento más cómodo pintando mujeres. El universo femenino está para mí, entre otras cosas, conectado con la búsqueda de la belleza y es una forma de conocimiento. Quizá debiera someterme al psicoanálisis para responder a la pregunta.

¿Es usted surrealista, metafísico, mira hacia el renacimiento e incluso el gótico?

El movimiento al que me siento más próximo es a los prerrafaelitas, con Rossetti a la cabeza, pero también me interesan Vermeer, al que hecho homenajes, Caravaggio, Piero della Francesca o Mantegna, entre otros.

Bueno, y le interesa el futurismo, la robótica.

-Desde luego. Varias de mis obras se llaman ‘Robótica’, y creo que tiene su sentido. Para mí lo único que cambia en la historia de la humanidad, no son las pasiones, las quimeras, las aventuras, las guerras, la creación, sino que es la tecnología. Y me gusta que todo eso se perciba de formas muy distintas en mi obra.

Había pensado que era un usted un hombre nostálgico...

Me interesan mucho los problemas sociales, la crisis económica, la injusticia, y todo eso está en mi obra. Con mis mujeres. Hay un cuadro, ‘La mujer del cambista’, que alude a una obra clásica, pero también al paisaje que yo veo desde la ventana de mi taller: se ve una grúa, un edificio interrumpido, la soledad y el abandono que sobrevino a la crisis. Un drama que os afecta a todos. Y eso pasa en otras obras.

¿Qué le da el Moncayo?

Mucho. Siempre está ahí. Me dice muchas cosas: es Bécquer, es naturaleza, me interno por el Bosque de las Hayas, camino, pienso, evoco su mundo de cuentos y de gnomos, me relajo, y luego todo ello aparece en mi obra, donde hay mujeres sí, idealizadas o reales, pero también naturaleza, arquitectura, ecos de lo invisible.

Por cierto, ¿por qué son tan impactantes los ojos de sus mujeres?

Quizá porque quiero que cuando el público entre en mis exposiciones sienta que mis criaturas le miran a los ojos y que le devuelven su mirada.