Blogia
Antón Castro

Artistas

'ABISMOS DE PASIÓN' EN CALANDA

Vamos a celebrar la VII Edición del Festival “22 x Don Luis” y no podíamos encontrar mejor tema contra esta época de crisis, que el título de una de las películas de Buñuel: Abismos de pasión.

 

Pero pese a la crisis económica y a los escasos recursos con que contamos para realizar este festival, en esta edición podremos disfrutar de 33 películas entre largos y cortos, 4 de ellas procedentes de México, país que acogió a Buñuel en otro momento de crisis, y que pese a las dificultades del exilio le permitió crear grandes obras.

 

Estrenaremos 11 películas en España, presentamos 4 mesas redondas en torno al cine y otras pasiones. La directora María Trenor impartirá un taller de cine de animación para niños y nos acercaremos a la pasión por el cine de Óscar Fernández Orengo con su exposición fotográfica “A través de mis ojos” en la que aparecen retratados un gran número de directores de cine en formato panorámico.

 

El Festival rinde tributo a la magia de Bárbara Allende (Ouka Leele), a la labor del productor y director Luis Miñarro y al 25 aniversario que está a punto de cumplir la Semana del Cine de Medina del Campo dirigida por Emiliano Allende.

 

La música también estará presente en la inauguración del festival, con el concierto de “Jazz Hispano” interpretado por Miguel Ángel Remiro y Chavi Naval tras la proyección de “Chico y Rita” creada por la suma de pasiones de Fernando Trueba y Javier Mariscal.


Reflejo de la primavera de libertad que ha “brotado” a orillas del Mediterráneo, Mª Jesús Hoyos recitará cada noche, justo antes de las proyecciones,  poemas de Yehuda Amichaid, Fadwa Tukan, Mahmoud Darwix, Yabra Ibrahim, Angel Petisme y Oscar Mourave.


La VII edición del Festival comparte los deseos, la pasión sin mesura en el amor y el sexo, la pasión comprometida en la lucha por los derechos humanos y la defensa de nuestra casa Tierra, la ilusión apasionada que nos hace falta para vivir día tras día.


Serán 33 películas con la apasionada y necesaria locura de directores y directoras que nos enredan en sus historias para inocularnos la dosis preceptiva de “com-pasión”, emoción compartida, que nos ayude a sobrevivir a titulares que nos hablan de miedo, crisis, caídas y otros “cracks” que parecen querer empobrecer nuestros deseos, evaporar los sueños y empequeñecer nuestras vidas.

 

Gracias a la amistad, a la colaboración de instituciones,  y empresas podremos celebrar una nueva edición de este festival de cine que además de rendir tributo a Buñuel, acerca el cine de autor durante el verano a los aragoneses y a quienes nos visitan, cuando el cine nos envuelve desde esa pantalla, abierta bajo las estrellas, en el patio del Centro Buñuel de Calanda.

 Son tiempos difíciles para la Cultura, pero no debemos olvidar el gran esfuerzo que conlleva la creación artística y la enorme necesidad que tiene toda sociedad avanzada por mantener y mostrar espacios de libertad, tolerancia y debate, en los que el arte, la cultura, el turismo y la industria puedan converger, como es el caso de los festivales de cine para generar riqueza y evitar el empobrecimiento cultural de nuestra sociedad.

 

La pasión nos pierde y no somos capaces de concebir ni de realizar un festival mediocre. No nos arriesgamos a que el busto de don Luis salga huyendo del CBC…

 

Un festival hecho con enorme pasión y que no teme a los abismos.

 


¡La emoción te atrapará en Calanda! [Este texto corresponde al director del CBC, el realizador y productor Javier Espada]

LUCIAN FREUD: ADIÓS AL ARTISTA MÁS DESCARNADO

 

 

Ha fallecido uno de los más grandes pintores del siglo XX y XXI: Lucian Freud (Berlín, 1922), a los 88 años. Era el artista del desnudo, de la piel turbulenta, del desgarro, de la expresión desabrida, de la desnudez anímica, del desamparo vital; era el artista de la pasión, del deseo, del loco amor y de una cierta crueldad, el artista narcisista y tempestuoso. Y quizá uno de los pintores más carnales que han existido en el siglo XX. Uno de sus cuadros más famosos fue ‘Benefits Supervisor Sleeping’ (2005), que le llevó a ser el artista más cotizado. Esta mujer obesa, recostada en un sofá, se subastó por 33,6 millones de dólares en la sede neoyorquina de Christie’s. Se inspiró en Sue Tilley, una supervisora de subsidios sociales de Londres que posó para el artista en diferentes ocasiones. Es un cuadro que demuestra que en el pincel de Freud la belleza y la fealdad se aliaban sin contemplaciones. Lucien Freud pintó a la reina, a Kate Moss, a sus amores, a sus familiares, y siempre había una visión descarnada, sin contemplaciones. Fue surrealista en sus inicios, pero poco a poco este berlinés que huyó del nazismo y se trasladó a Londres ha ido haciendo una pintura intensa con claros ecos del expresionismo alemán: Otto Dix, sin duda, y George Grosz.

ADOLFO ARISTARAIN: LETRAS DE CINE

El mundo literario del cineasta Adolfo Aristarain

 

El zaragozano Sergio Casado publica una monografía sobre el autor de ‘Martín (Hache)’ (JC) y ‘Roma’, donde también rinde homenaje al director Mario Camus y al crítico Manolo Marinero

 

 

Sergio Casado (Zaragoza, 1972) es un escritor que posee un vasto campo de intereses: es biógrafo de Enya, de Sinnead O’Connor y de Alanis Morrisette, y a la vez es un enamorado absoluto del cine: de actores, de directores, de guionistas, de la vida oculta de las películas. Ha escrito artículos, ha realizado entrevistas y posee un programa de radio sobre cine. Y, además, es un entusiasta de la literatura: igual le interesan Joseph Conrad que Pierre McOrlan, William Faulkner que Pío Baroja, o la poesía de Alejandra Pizarnik. En cierto modo, de esa pasión literaria nace su atracción por el realizador argentino Adolfo Aristarain (Buenos Aires, 1943), que es un cineasta muy literario, marcado por las estructuras narrativas de Conrad, por un amplio puñado de autores y, sobre todo, por el embrujo de la palabra que convive con “el poderío de la imagen”. En cierto modo, su trilogía ‘Martín (Hache)’, ‘Lugares comunes’ y ‘Roma’ sería un cine de palabras. Un cine donde importante mucho lo que se dice, cómo se dice, la melodía esencial del lenguaje, e importan mucho el reparto. Dice la actriz Marina Glezer: “Adolfo Aristarain hace hablar hasta a las plantas”. Y matiza su ayudante Carina Sama: “Lo fundamental para él son los actores y cómo interpretan”.  

El interés de Sergio Casado por el realizador de ‘Un lugar en el mundo’, que arranca con una foto de Alfonso Reyes para HERALDO, cristaliza en el libro ‘Adolfo Aristarain’ (JC. Madrid, 2011. 224 páginas), que no es un libro nada convencional. Sergio Casado parece escribir a veces fragmentos de un diario de su relación y de sus encuentros con Aristarain, utiliza fragmentos de sus entrevistas, recrea las muchas cosas que le ha contado, acude a amigos del director (se cita, entre otros, con Pepe Sacristán y sus colaboradores), se cartea con Eusebio Poncela y, muy especialmente, conversa una y otra vez con otro cineasta y guionista que fue fundamental en la vida de Aristarain: Mario Camus. En realidad, el libro tiene mucho de vidas paralelas de Camus y Aristarain, que empezaron a colaborar cuando Camus se fue a Argentina a rodar ‘Digan lo que digan’ con Raphael. Allí nació una complicidad especial que se mantendría con los años y que tendría continuación inmediata en la serie ‘Los camioneros’.

Camus es decisivo en este libro: se explica a sí mismo y explica el cine y el mundo de Aristarain. Ambos han sido grandes lectores, ambos han entrado en el universo de las imágenes a través de la literatura, ambos se han intercambiado guiones y proyectos. Y con ellos, como tercer elemento fundamental del libro y de una amistad muy sólida, está Manolo Marinero, mitómano, cinéfilo y crítico, biógrafo de Bogart y gran amigo de los dos. Camus y Marinero están muy presentes en el libro, aunque Marinero haya fallecido en 2004.

Aristarain debutó en el cine en 1978 con ‘La parte del león’, luego hizo cine musical comercial en ‘La playa del amor’ (1979) y ‘La discoteca del amor’ (1980), ambas con Ángela Carrasco; poco a poco iría evolucionando hacia un cine más personal y comprometido con títulos como ‘Tiempo de revancha’ (1981), en medio hizo, entre otras cosas, la serie ‘Pepe Carvalho’ para TVE, que le ocasionó algunos disgustos con Vázquez Montalbán, que llegó a matarlo en una novela ‘Asesinato en Prado del Rey’.

Más tarde filmó una obra maestra como ‘Un lugar en el mundo’ (1992), que fue Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, una cinta luminosa donde todo funcionó a las mil maravillas, tal como señala Sacristán, y donde ya se forja el estilo Aristarain, auspiciado en una técnica exquisita, en una forma de mirar y de rodar, y en una serie de temas: el amor, los celos, la amistad, la idea del suicidio, el impacto del magisterio y la devoción por los libros y por autores como Pizarnik o Marcel Schwob, por poner algún ejemplo.

Esa poética cristaliza -más que en la obra de encargo ‘La ley de la frontera’, que Casado valora muy bien- en ‘Martín (Hache)’ (1997), en ‘Lugares comunes’ (2002) y en ‘Roma’ (2004), películas que han cosechado éxitos muy distintos. Sergio Casado ofrece sus propios juicios y los contrasta con los de otros críticos. Ángel Fernández Santos dijo de ‘Martín (Hache)’ que era “Cine impuro, contaminado por la vida”, y lo colmó de elogios: “Es una película fresca, vitalista, irónica, descreída, inteligentemente ligera, subterráneamente romántica, inofensivamente cínica, perteneciente a ese difícil, subestimado y adorable género conocido como ‘comedia de aventuras’”.

Críticas así –de Carlos Boyero, de Manuel Hidalgo, de William Goldman…- se repiten a otras películas a lo largo del libro, que se completa, entre otras cosas, con una cronología de los tres amigos –Adolfo Aristarain, Mario Camus y Manolo Marinero- y con un ‘Diccionario informal alrededor de Aristarain’. Es un libro quizá caótico y a la vez muy atractivo, uno de esos artefactos escritos desde el entusiasmo, la reflexión y la presencia constante del autor, que es también un detective de la belleza, de la emoción, de las imágenes y de las historias menudas de la filmografía de Aristarain. Ese señor acaso melancólico que se empeña, como decía Truffaut, en mejorarnos la vida.

 

Adolfo Aristarain. Sergio Casado. Ediciones JC. Madrid, 2011. 224 páginas.

CINE Y LITERATURA EN GUAYENTE

IV PEQUEÑA MUESTRA DE CINE INVISIBLE

 

Del amor y otros desastres

22, 23 y 24 de julio de 2011

Hotel Aneto

Benasque

 

Programación

 

Viernes, 22

 

18:00 h

Mesa redonda Un amor de cine

Modera: Vicky Calavia

Intervienen: Marisa Juan Germán, Eduardo Fuembuena, Mónica Ibáñez.

 

19:00 h

Proyección Me suma, me resta, de Marisa Juan Germán. España, 2010. 20’

Proyección Voces de Eduardo Fuembuena. 16’

Coloquio con los directores

 

21:30 h.

Cena en el Restaurante Sotobosque del H. Aneto.

Menú cinematográfico (Reserva previa: 974 55 10 61)

 

Sábado, 23

 

16:30 h. Presentación del libro, La vida cotidiana, de Daniel Gascón

Librería El Estudiet de Benasque

 

18:00 h

Proyección: Todas las canciones hablan de mí, de Jonás Trueba. Nominada a los Goya 2010. 107’

Coloquio con el director y el coguionista, Daniel Gascón

 

21:30 h.

Cena en el Restaurante Sotobosque.

Menú cinematográfico (Reserva previa: 974 55 10 61)

 

24:00 h.

Música en directo: Mike & Mona (soul, boleros, música brasileña…)

Terraza del Hotel Aneto

Servicio de bar

 

Domingo, 24

 

18:00 h

Proyección:

“Cosetas d’adentro”. Película rodada en la Ribagorza. Lola Gracia

Coloquio con la directora

 

Entrada libre a todos los actos

Más información www.guayente.info y Facebook

 

*Las fotos son de Vincent Peters.

ADIÓS A BALTASAR LOBO EN EL PARANINFO

La mujer: materia, madre, cuerpo del deseo

 

[El Paraninfo acoge, hasta mañana domingo, una muestra de esculturas y dibujos de Baltasar Lobo (Zamora, 1910-París, 1993), un artista del exilio y la vanguardia que reivindica la maternidad y la belleza femenina]

 

Hay exposiciones que hay que verlas varias veces. Y una de ellas es la de Baltasar Lobo (Cerecinos de Campo, Zamora, 1910-París, 1993), que puede contemplarse en las dos salas de arriba del Paraninfo. Hay que volver a enfrentarse a sus temas, a sus texturas, al predominio de la curva, a esas formas que buscan la figuración absoluta sin renunciar a la abstracción, a esos cuerpos femeninos, antiguos, clásicos y modernos, que parecen dialogar con los de Pablo Gargallo, con las mujeres primitivas del arte ibérico o románico, y con aquella contundencia de la obra de Constantin Brancusi, el artista rumano que procedía del campo y que parecía un ciclón en su taller, un ciclón de talento y expresividad que acababa haciendo piezas de una estilización asombrosa.

Baltasar Lobo tiene mucho que ver con Brancusi: proceden del núcleo rural y ambos se sienten fascinados por París. Baltasar Lobo llegó a orillas del Sena un poco a la fuerza y un poco porque siempre había soñado con la capital del arte y la bohemia. Hijo de un carretero o transportista, que moriría en un bombardeo en la Guerra Civil, pronto se reveló como una criatura sensible que se formó en Valladolid y en Madrid, y que hubo de emprender el éxodo tras la derrota de la II República: lo hizo con su compañera Mercedes Guillén, periodista muy interesada por el feminismo y el anarquismo.

Lobo podría haberse ido a México, pero optó por Francia, por la Francia ocupada por los nazis, y finalmente se inclinó por París. Allí, contarían con grandes amigos y, en cierto modo, con protectores: uno de ellos, muy constante, fue Pablo Picasso, a quien le mostró sus dibujos. Y otro, fundamental, fue Henri Laurens, de quien fue ayudante y con quien perfeccionó su técnica. En la muestra del Paraninfo se perciben detalles incuestionables: Lobo era un maestro de la escultura, de los matices, del vigor expresivo, de la sensualidad, y parecía sentirse cómo por igual en el mármol y en el bronce. Lobo era un excelente dibujante: tenía esa mano precisa con el lápiz que poseen los buenos escultores. Lobo era un enamorado de la mujer: como madre que establece un hilo de complicidad y cariño y protección con sus hijos, como mujer que ansía la libertad, la expansión y la alegría, como cuerpo bello y armonioso que danza en el viento, como materia esencial que invita al amor, al sueño, que enciende el deseo y acaso una melancolía indefinible y está ligada íntimamente a la tierra y sus limos.

Tras tantas peripecias y ese círculo de amistades, Baltasar Lobo ya estaba listo para crecer. Era un republicano que había perdido el país. Era un republicano que había perdido a su padre, que le introdujo en el camino del arte y le invitaba a leer a Calderón, a Zorrilla y a los clásicos rusos. Era un republicano que se sentía incomodado con el franquismo y que no quería volver a España. Y era, ante todo, un artista con sus porfías y sus imágenes: a muchas de las mujeres que esculpió las había visto en la arena de las playas en el exilio jugando con sus hijos (hay varias piezas de niños) mientras el mundo esclarecía su destino, son madres que conocen el dolor del destierro, el sufrimiento y la muerte, son mujeres heridas, son mujeres que sueñan, mujeres-sueño. A muchas las había adivinado en las playas, con su redondo desnudo, o en la orilla se los ríos de su infancia y adolescencia, cuando empezó a soñar. De ahí la importancia de las maternidades, de las mujeres que se vencen en el puro ensimismamiento, de las mujeres que parecen salir del baño entre el oleaje bravío o que se exhiben al sol con esa carnalidad apacible, voluptuosa, sugerente.

Todo eso está en la muestra del Paraninfo. Y están los influjos que Baltasar Lobo asume: el arte ibérico y románico, el descubrimiento de las vanguardias y el especialmente el cubismo, la tentativa de realizar una obra abstracta, cuajada de movimiento y de gracia, y la figuración permanente, que le aproxima en muchas ocasiones, además de los autores ya citados, a Henry Moore. Hay un detalle capital: en esta exaltación de la belleza femenina, de la arista, de la curva, de la sensualidad, del arquetipo y de un erotismo, más contemplativo que excitante, casi místico, hay una permanente aspiración a la huida, al vuelo. Baltasar Lobo lo dijo así: “Siempre he soñado con una escultura de mármol que sea como un vuelo que se eleve desde el suelo para brillar en medio de la luz y nos haga olvidar la pesadez y la penalidad de la tierra”.

 

Baltasar Lobo. Esculturas y dibujos. Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. Hasta el 17 de julio de 2011.

PACO RUBIO: TRES POEMAS

Paco Rubio es taxista y poeta. Hace algún tiempo publicó un poemario. Ahora ha terminado otro que aparecerá hacia septiembre u octubre en La Fragua del Trovador. Paco, muy gentilmente, me envía tres poemas.

Si pierdo esta pasión que casi vence,

si refuerzo de plomo y de ceguera 

las bridas y el bocado que la aguantan,  

acaso vuelque en mí aquel conjuro

de calendarios sin hojas, ni fechas;

sin cuartos en la luna, ni estaciones...

 

Si no me entrego ya a esta tormenta

y escondido de mí, tras los cristales,

sigo calentando mis frías manos

con la  tibia ceniza que desprende

el roce gris del tiempo que se arrastra...

 

Si no me queda ya ni un solo impulso,

ni un gramo de torpeza ante el vacío,

ni un roce de temor en la memoria,

ni un temblor por un pulso desbocado,

ni una duda al mirarme en el espejo...

 

Si no enfrento de cara los rabiones

sin la asepsia del plástico en mis venas

ni una alarma de miedo en la mirada;

qué derroche de tiempo tan inútil

el que un día lejano de titanes

invertí en soñar para esta bala 

un trazo luminoso hasta mis sienes.

 

 

MIEDO A MI MEMORIA... DE TI

 

Si me dejara ir, de nuevo, hasta tus brazos

descarnados;

si mi débil memoria, rienda que aún sujeta

mi deseo,

recordara los pulsos de tu vientre rotundo

e incendiario;

si pensara un instante que mi nombre navega

por tu voz;

si dejara manar un suspiro de gota

de tu frente,

sería en ella náufrago, zatara a la deriva

sin remedio;

voluta gris de humo, capricho de tus labios

enfermantes.

 

Si soñara de pronto, gabriélico en mi espalda

entumecida,

un nuevo escalofrío alado de tu lengua

de Caronte;

si a mi olfato volviera, tal vez para quedarse,

ese aroma,

volcánica humedad, reguero de mi boca

desnutrida;

si un leve parpadeo de mis ojos consiente

de ceguera

la vuelta de tu pelo hasta la amnesia fútil

de mis manos...

 

Si admitiera que miento al pronunciar solemne:

“No me importas”,

quebrado de un relámpago el puntal que sujeta

mi camino,

caería de bruces, postrado en mi mentira

por vivirte,

y, acaso sin querer, me olvide la decencia

de olvidarte

para morir de nuevo en ese infierno tuyo

 

... tan celeste.

 

 

SERVICIO DE TAXI

                                             (A César López, poeta colombiano en clandestinidad)

 

Zaragoza. Las dos de la mañana.

Sobre el papel, las dos de la mañana

es una buena hora para lo subrepticio.

 

La noche no demanda los papeles

que la tarde desluce en Medellín.

 

A las dos de un invierno de rocío,

César me oculta sueños en su sueño

hundido en un asiento de mi taxi.

 

César tiene la piel curtida por el mangle,

algún verso que aguarda en los birlíes

y los ojos repletos de jet lag.

 

A las dos de la mañana

acechan, bien despiertos, colmillos “solidarios”,

vampiros disfrazados con pose de gourmet

adictos al sabor de arepa y sangre.

 

A las dos de la mañana

la mirada de César tan solo quiere ver,

en los cruces de Fleta, Colombia y Palacé;

Plazuela Nutibara en Paraíso,

puentes de Guayaquil cruzando el Ebro,

el parque de Berrío en el de Oriente,

un clúster en dos naves industriales,

y en todas las robinias, selvas de Catatumbo.

 

A veces, César, abre ojos de leoncillo

en el espacio lábil del espejo.

 

Por allí merodea un silencio de pumas,

sueña el cóndor con vuelos de un delfín rosado

y Omaira sobrevive al Nevado del Ruiz.

 

Las dos y cuarto. Fin del recorrido.

 

César, sobre el papel, nunca subió a mi taxi,

ni su piel se empapó de olor muerto de mar,

ni un empresario ruin  dentelleó en su cuello,

ni se mordió la lengua ante un cobarde abuso.

 

Mañana, a las dos de la mañana,

César tal vez me cuente su clandestino ayer

o sus sueños durmientes de Mutis y de Castro...

 

... Sus sueños sin papeles para escribir el jazz.

 

 

*Todas las fotos son de Michal Giedrojc.

ÉLODIE DURAND: LA VIDA Y EL CÓMIC

 

No se puede vivir sin memoria

 

Élodie Durand publica ‘El paréntesis’ (Sins Entido), una novela gráfica autobiográfica y conmovedora donde cuenta cómo se sobrepuso a la epilepsia, a un tumor y al olvido

 

 

El ‘oscense’ Jesús Moreno ha convertido su sello editorial Sins Entido en uno de los mejores de España en la edición de cómic o novela gráfica. Ahí publicó uno de los mejores de los últimos años, ‘Asterios Polip’ de David Mazzuccheli, y en la pasada Feria del Libro de Madrid se presentaba ‘El paréntesis’ de Élodie Durand, una obra visual que estremece desde sus primeras páginas. Formada en la Escuela Superior de Artes Decorativas de Estrasburgo, Élodie empezó a sufrir hacia los veinte años constantes mareos, ataques de ira, pérdidas de memoria. Les dice a sus padres: “Os costaba mucho explicármelo. Me hablabais de la mirada perdida, de las fuertes convulsiones, de la boca abierta”. Anota en una doble página negra, donde también puede leerse el catálogo de síntomas que padece: “No veo nada. No siento nada. No puedo oír. No hay nadie. No puedo hablar. Estoy perdida. Como una pequeña muerte”. Élodie Durand cita una frase de Buñuel, que define el espíritu de su obra: “"Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción y nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada".

El neurólogo le confirmó que padecía epilepsia; más tarde, le dirían que tenía un tumor –en principio “no operable”: luego será intervenida en Marsella, con muchos riesgos- en el cerebro que le afectaba a la zona del lenguaje y de la memoria. En este proceso, durísimo, desarbolada por completo por su dolencia, Élodie, que en la ficción se llama Judith, asistía con extrañamiento y perplejidad a su paulatina destrucción: perdió la autonomía, no recordaba lo que acababa de hacer, se sentía incómoda con los médicos, no quería ver a nadie, y a la vez realizaba una serie de dibujos casi a vuela pluma que reflejaban su desconcierto: son dibujos goyescos y grotescos, son sombras, son monstruos, son líneas informes que van y vienen y que definen su estado. Son las imágenes que viajaban por su cabeza malherida, acaso un diálogo con sus propios fantasmas.

El libro narra, en primera persona, una demolición. Es el relato del dolor, del desconcierto: una mujer joven, de veinte años, talentosa, se queda sin recuerdos, no conoce lo que ve, ni siquiera a sus padres prácticamente. Y todo ello, esa suerte de viaje a los infiernos de la enfermedad, se cuenta de un modo directo: en primera persona, a través de lo que siente, y a través de lo que han contado sus padres, que tienen voz en la obra. Este es un libro sobre el poder de la memoria, sobre la fragilidad de la materia química con la que estamos hechos, sobre el océano infinito de misterios que es el cerebro.

Así contado puede parecer que estamos ante un cómic terrible. Casi insoportable. Nada más lejos. Estremecedor, sí, emocionante, intenso. ‘El paréntesis’ es un libro aleccionador, terapéutico, esperanzado, el testimonio de una pugna contra lo inesperado y el desamparo. Es la crónica de una esperanza y es una lección de cómo sobreponerse a la angustia. Avanzo tan solo algo más: Judith se trasladará a Belleville y se planteará cantar en un coro, bailar salsa, e incluso se preguntará si podrá tener hijos y utilizar preservativos. ‘El paréntesis’ es uno de esos libros que nos afectan a todos: en cualquier instante, sin percatarnos siquiera, nos asomamos al abismo del dolor y de la enfermedad. “Lo más duro para mí fue la dificultad de aceptar mi enfermedad y comprender que había estado enferma”, dice. Al fin y al cabo,  Recibió el Premio Revelación de Angulema 2011 y fue el Premio BD de los lectores de ‘Liberation’.

 

El paréntesis. Élodie Durand. Traducción de María Serna. Sins Entido. Madrid, 2011. 222 páginas. [Estas dos imágenes las he tomado del blog El cine de Ultramundo.]

UN POEMA PARA CRISTINA GIL IMAZ

UN POEMA PARA CRISTINA GIL IMAZ

[La artista digital, pintora y grabadora y poeta Pilar Catalán Lázaro me envía este poema sobre Cristina Gil Imaz (Tudela, 1957-Zaragoza, 2011) con la siguiente nota: “He pasado  las últimas horas con mi amiga y compañera de actividades artísticas Cristina Gil Imaz y desde el afecto he escrito este poema. Deseo que pueda llegar a los que la querían y admiraban…"]

 

 

A MI AMIGA CRISTINA GIL IMAZ

 

Por Pilar CATALÁN LÁZARO

 

Amazona  de  vientos,  huracanes  bordados.

Guerrera  que  llegaste  en  buques  de  los  cielos

Cascada  de  unicornios,  libertades que faltan

 Dos  lunas  que  sangraban  en  terciopelos  negros.

Escuché  sus  palabras   pronunciadas  al  alba

Respeté  su  corona  tallada  de  tormentos

Su  cuerpo  con   aromas  de  frutos  limoneros

Saciaron  las  penumbras  de  huecos  en  silencio.

Los  arcos  se  hermanaron  para  iniciar  el  viaje

Curtida  su  piel  suave  traspasaron  el  tiempo

Y  en  las  diagonales  de  senderos  activos

Encontraron  patrones  y  saltaron  el  miedo

Los  caballos  salvajes  le prestaron  aliento

Las hierbas  más  pequeñas  le  sirvieron  de  lecho

Y la concupiscencia  de las cigüeñas blancas

Sirvieron  de  vestido  a la dama   de  invierno.

 

*Es una obra de Cristina Gil Imaz, que pertenecía a su serie de 'Ciudades imaginarias'. Cuelgo aquí el artículo que le dediqué el domingo a modo de complemento por si a alguien quisiera conocer más cosas de Cristina.

Adiós, Cristina, adiós

 

[Artista e historiadora del arte, era la directora del Museo Pablo Gargallo y alternaba su pasión por el grabado con la escultura, el interiorismo y el diseño de joyas]

 

Cristina Gil Imaz (Tudela, 1957-Zaragoza, 2011) estaba muy unida a Pablo Gargallo y a su museo, del que era directora desde hacía más de veinte años: tenía la sensación de que era un gran creador y un artista intemporal, clásico y moderno a la vez, que transmitía serenidad y que acariciaba con sus esculturas. En el palacio de los Argillo se sentía muy a gusto: disfrutaba, soñaba y trabajaba con una indecible sensación de felicidad. Pablo Gargallo era uno de sus amores y un estímulo constante.

Cristina Gil Imaz siempre fue una mujer sincera, directa, nada preocupada por lo “políticamente correcto” y, en apariencia al menos, segura de sí misma y de sus creaciones. Decía: “Desde muy joven he tenido habilidad en las manos. El grabado es un trabajo eminentemente manual, de barnices, de línea, de tintas”. Además, sentía una gran curiosidad por los artistas y su universo de creación.  Estudió Filosofía y Letras y poco a poco se inclinó hacia otras disciplinas como el diseño industrial y gráfico, el interiorismo, el escaparatismo y la construcción. Uno de sus últimos proyectos, en esta dirección, fue la coordinación del libro colectivo ‘Casas’.

De la mano de Maite Ubide llegó al grabado, que fue toda una revelación para ella: lo aprendió, lo ejecutó y analizó el mundo de los grabadores en libros como ‘El grabado zaragozano actual’ (IFC), que era un resumen de su tesis doctoral, o ‘El mundo escénico de Natalio Bayo’ (Oroel), al que se sumaron otros trabajos sobre su admirado Manuel Lahoz, a quien consideró el mejor grabador aragonés después de Francisco de Goya, sobre Antonio Fernández Molina, Mariano Rubio, Alejandro Cañada o la citada Maite Ubide, “que ha sido mi maestra y la mujer que también me enseñó a aprender sola”. Le gustaba definirse, en este contexto, como “una apasionada del grabado –decía-. A mí me fascina el grabado porque requiere esfuerzo, concentración, y todo lo que significa esfuerzo conduce a un resultado meditado y, por lo regular, muy positivo. Me compensa”.

Crisitna Gil Imaz siempre estaba en el camino. Era hiperactiva y a la vez le gustaba la soledad del estudio, necesitaba hallar un refugio, un cuarto propio. Coordinó exposiciones, lideró proyectos colectivos y realizó numerosas muestras de grabado y pintura, de joyas, de escultura. Entre sus series figurativas y abstractas, de diferentes técnicas, figuran ‘Las ciudades imaginarias’, ‘El Apocalipsis’’, ‘El cantar de los cantares’, ‘Gargantúa y Pantagruel’ o ‘Naturalmente’. En los últimos tiempos había presentado sus diseños de joyas, en oro y plata. Hace algo más de un año se le descubrió un cáncer: lo sobrellevó, hasta ayer, con entereza y elegancia sin perder la atracción por la vida y por el arte.