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Antón Castro

Deportistas

EL CORAZÓN DE ORO DE BARTALI

EL CORAZÓN DE ORO DE BARTALI

A PLENO SOL. 4 El ciclista italiano, de cuyo nacimiento se cumplen cien años, ganó dos Tours y dos Giros y fue el enconado rival de Coppi. Era huraño, conservador, muy creyente, pero escondía algunos secretos: jugándose el tipo, participó en una red de la resistencia al fascismo y al nazismo y salvó a 800 judíos.

 

El corazón de oro de Bartali

 

 

Julio es el mes del Tour. Parece que no va a ser 2014 el mejor año del ciclismo español en la ruta francesa, pero sí es un año muy especial, como se encargó de recordar Vincenzo Nibali hace unos días. El 18 de julio se cumplían cien años del nacimiento de uno de sus grandes héroes: Gino Bartali (1914-2000), que ganó la prueba en 1938 y 1948, y pugnó por el maillot amarillo en varias ocasiones más, en lucha feroz con Louison Bobet, que conquistó tres veces la ronda, con Hugo Koblet, que la ganó una, o con su gran rival y compatriota Fausto Coppi, que triunfó en 1949 y 1952, dos años magníficos para él porque también conquistó el Giro.

Si Coppi era conocido, por su elegancia y su talento, como La garza real, Bartali, de correr más agónico, puro tesón y ataques constantes, fue apodado El monje e incluso El monje volador, debido a un terrible accidente que sufrió en el Col de Laffrey en el Tour de 1937; chocó con un compañero, Rossi, en un puente de madera y voló peligrosamente por los aires. Hasta entonces había hecho una espléndida prueba: llevaba el maillot amarillo.

Gino Bartali fue un corredor de misteriosa personalidad. Arisco, descontento casi siempre, enojadizo; era conservador y muy creyente, lo cual también le acarreó otro mote, El piadoso, y algunos equívocos que nunca quiso desmentir. Se dedicó al ciclismo casi por casualidad: había nacido en el seno de una familia de campesinos de la Toscana, oficio que no debía satisfacerlo. Su padre le consiguió un empleo en un taller de bicicletas. Era tan voluntarioso que el dueño le regaló una bicicleta.

Ahí empezó todo. En 1936 y en 1937 conquistó el Giro de Italia. Por sus convicciones, decían que era el ciclista de Mussolini, que se sentía próximo al fascismo. El propio Duce se sintió más afín a él cuando logró ganar el Tour en 1938 con 24 años. En el Giro de 1939, tal como se cuenta en el libro ‘Ciclistas’ (Edumat, 2007), escrito por varios autores, ya dio muestras de un actitud muy caballerosa y solidaria. Peleaba por la carrera con Giovanni Valetti, ‘el Rojo’, campeón del año anterior y simpatizante de los comunistas; este se escapó y fue atrapado por “unos milicianos fascistas, vestidos de negro y con casco”, que “quisieron lincharle”, y fue Bartali quien se opuso. Quería una carrera limpia: Valetti venció de nuevo. Y dos años más tarde, Bartali removió medio mundo para que lo liberasen de la cárcel “adonde sus ideas políticas lo habían llevado”. Lo más curioso es que no lo reveló jamás. Lo hizo el propio Valetti, años después, cuando era un famoso sindicalista de la izquierda.

Gino Bartali siempre maldijo la II Guerra Mundial: diría que había acabado con los mejores años de su vida deportiva. Pero fue en ese periodo, en concreto entre 1943 y 1944, cuando se comportó como un héroe de la resistencia al fascismo y al nazismo. Participó en una red de apoyo al pueblo judío que coordinaba el antifascista Giorgio Nissim, que contó con la colaboración de numerosos sacerdotes y obispos. Bartali trasladaba con su bicicleta fotografías, documentos y pasaportes falsos que habían elaborado las imprentas clandestinas para salvar a los judíos italianos de los campos de exterminio. Llevaba los papeles en los tubulares y en el manillar. Solía ir equipado con un chándal con su nombre en letras bien grandes. Algunas veces lo detuvieron los soldados italianos y los alemanes, e incluso la policía secreta de Florencia. Bartali siempre les respondía que algún día acabaría la guerra y él debería seguir compitiendo. Era un deportista. Por lo regular, la gente lo vitoreaba. Corría tanto por montañas y por el llano que parecía que estaba intentando superar el récord de la hora. De esto nunca se supo nada en vida de Bartali, que falleció en el año 2000. Tres años después, los descendientes de Giorgio Nissim (1908-1976) encontraron entre sus papeles un diario donde se explicaba la red y se contabilizan 800 judíos salvados por el ciclista. Según algunas fuentes, más de 6.500 judíos italianos murieron en el Holocausto

Cuando finalizó la II Guerra Mundial, poco a poco regresaron las competiciones. Y entonces a Bartali le salió un gran rival, con el que ya había tenido sus más y sus menos en 1940: Fausto Coppi. Italia se dividió entre los seguidores de uno y del otro, y hubo muchos momentos épicos. Encarnaban la vieja y la nueva Italia, la derecha y la izquierda. Bartali, cinco años mayor, siguió demostrando su casta de campeón: el momento más decisivo fue el Tour de 1948. Aquel año no participó Coppi y Bartali había empezado con muy mal pie. A las primeras de cambio ya estaba muy alejado de la cabeza. En apariencia, no tenía ninguna posibilidad. Italia vivía una situación convulsa que se agravó con el atentado, por paramilitares fascistas, al líder comunista Palmiro Togliatti (1893-1964). Un día, en plena competición, Gino Bartali recibió la llamada del presidente Alcide de Gasperi; le dijo que había un clima de guerra civil y que sus compatriotas necesitaban algo muy grande: una victoria suya en el Tour.

El tesón, la terquedad, la fuerza y el heroísmo de Bartali lograron lo improbable: ganó en la decimotercera etapa y se hizo con el liderato de Louison Bobet en la siguiente. Y se coronó campeón, justo una década después de su primer triunfo. Bartali le pidió a Gasperi estar exento algún tiempo de pagar impuestos. Así lo hizo. El joven Giulio Andreotti le dijo que eso era imposible. El gladiador Gino Bartali –ambición, rabia y puro corazón-se retiró en 1954 a los 40 años.

 

EL ANECDOTARIO

 

Buzzati y Homero. Dino Buzzati (1906-1972) es un formidable cuentista. Su novela ‘El desierto de los tártaros’ figura entre las favoritas de Borges. En 1949, ‘Correre della Sera’ le encargó que hiciera la crónica del Giro de ese año que ganó Fausto Coppi y que fue el principio del fin de Gino Bartali (solo ganaría la Mila-San Remo de 1950), que peleó y peleó como siempre, sucio de barro, incansable, y sucumbió ante el nuevo campeón. Las crónicas proponen un retrato homérico de los dos héroes que luchan en “una prueba ciclista tan tremenda” y han sido recogidas en un libro: ‘El Giro de Italia’ (Gallo Nero. Traducción de David Paradela, 2014): “Bartali –aun siendo arisco y esquivo, aun sin ser consciente de ello- lleva en sí, como Héctor, el drama del hombre vencido por los dioses”, dice Buzzati.

1952. En el Tour de Francia, que ganaría Coppi, se produjo una de las anécdotas más curiosas de la rivalidad de los dos campeones. Coppi va delante y Bartali, detrás, en la ascensión al Galibier. Uno de ellos le pasó el bidón del agua al otro. ¿Quién se la pasó a quién? Bartali, que era huraño pero no presumido, dijo que se la había cedido él porque “Coppi iba reventado y no hubiera llegado a la meta”.

 

 

EL REAL ZARAGOZA Y LAS INSTITUCIONES

[José Luis Melero Rivas es zaragocista, es decir del Real Zaragoza, casi desde la cuna. El estado del conjunto blanquillo le preocupa. Ayer publicaba en ‘Heraldo de Aragón’, del que es asiduo colaborador tanto en ‘Artes & Letras’ como en ‘Opinión’, este artículo apasionado. Fue felicitado por doquier: uno de los días que más sms y emails recibió alguien que todos los jueves recibe muchos por su sección 'Fábulas con libro'. Luis Alegre dijo de él que era “un hombre, un amigo que siempre genera buen rollo”.]

 

 

 

El ZARAGOZA Y LAS INSTITUCIONES

 

Por José Luis MELERO RIVAS. Escritor y bibliófilo

En demasiadas ocasiones, para no ayudar al Zaragoza, se esgrime el argumento de que es una sociedad anónima y que las instituciones no deben inmiscuirse ni participar en los avatares de lo que es un negocio privado. Grave error, porque el Zaragoza es mucho más que una sociedad anónima. Aragón Televisión tiene un programa diario (El Avispero) y uno semanal en horario de máxima audiencia (La Jornada) dedicados al Zaragoza; y lo mismo ocurre con la radio pública aragonesa (con un gran programa diario, Tiempo Extra) y la práctica totalidad de las emisoras de radio privadas (pensemos en Radio Ebro). Este mismo periódico dedica entre dos y cuatro páginas todos los días a hablar del Zaragoza. Pues bien, yo nunca he visto que a SAICA, a PIKOLIN o a Frutos Secos El Rincón, la televisión, las emisoras de radio o los periódicos les dediquen una atención y un espacio siquiera parecidos. Y aún tiene que ser la primera vez que vea que Heraldo de Aragón dedica sus editoriales a Automóviles Sánchez o Aragonesa de Piensos, mientras que al Zaragoza le ha dedicado unos cuantos en estos últimos tiempos. Yo tampoco estaría escribiendo este artículo si fuera una sociedad anónima al uso la que pasara por problemas. No, desde luego, por falta de interés o sensibilidad hacia las empresas aragonesas en apuros, sino porque no lo consideraría un asunto de Estado. El Zaragoza, que es más que un club, es sin embargo un asunto de Estado, porque trasciende con mucho lo que sería una simple sociedad anónima. El Zaragoza gestiona, representa y canaliza los sentimientos de miles y miles de zaragozanos y aragoneses (más de treinta mil de ellos llenaban hasta hace bien poco las gradas de La Romareda, cosa que me parece que no ocurre los domingos en las instalaciones, pongamos por caso, de Gas Aragón) que vibran, se alegran y padecen con su equipo. Y no hay sino ver para ello la enorme conmoción que se está viviendo en la sociedad aragonesa ante una eventual desaparición del equipo.

Necesita pues el Zaragoza un trato especial y diferenciado por parte de las instituciones. No vale decir que es una sociedad anónima y mirar para otro lado. Hoy, desgraciadamente para todos, el Zaragoza es un serio problema para la comunidad. Y a nuestros gobernantes los elegimos precisamente para que intenten solucionar nuestros problemas. El hecho de que Agapito Iglesias sea el máximo responsable de la situación actual del equipo no exime de responsabilidad a nuestros representantes a la hora de ayudar a arreglar el desaguisado. Tampoco el PP es responsable de la crisis heredada y sin embargo tiene que trabajar todos los días para tratar de sacarnos de ella. Cuando uno gobierna se enfrenta todos los días a problemas que no desea, que no ha creado y de los que no es responsable. Pero hay que gobernar, y eso significa tomar medidas y afrontar los problemas con coraje y determinación. Uno cree que los problemas de verdad son otros: el paro, la sanidad, la educación… Pero si hay voluntad, siempre quedará un rato en el día para pensar en cómo echarle una mano al Zaragoza.

            Las instituciones deben buscar la fórmula de ayudar al Zaragoza, porque es importante para Aragón, porque miles de ciudadanos así lo demandamos y porque está en juego mucho más que la existencia de una sociedad anónima. Está en juego la vergüenza torera de que Aragón no deje morir al que es su equipo de fútbol más emblemático. Después de 82 años de historia, sería muy triste tener que redactar un epitafio en el que se leyera: “El Real Zaragoza murió abandonado por todos, siendo presidenta de Aragón Luisa Fernanda Rudi y alcalde de la ciudad Juan Alberto Belloch”. Imagino que nuestros políticos no querrán pasar a la historia como los enterradores del equipo. Entre otras razones, porque muchos miles de aragoneses no se lo perdonaríamos jamás. Así que manos a la obra. Perras del erario público, ni una. Pero ayudar, mediar, buscar complicidades, gestionar y pilotar el cambio de propiedad… todo el día, sin parar. Hasta la extenuación. Para que nadie pueda echarles en cara jamás que no lo intentaron.

            Si Aragón dejara morir al Zaragoza, uno sentiría tanta vergüenza que no podría volver a envanecerse, como nos enseñó Braulio Foz en el XIX, de sentirse aragonés. Habría que ocultar nuestra condición, hasta ahora tan sagrada, como un estigma vergonzante. “Delenda est Monarchia”, escribió Ortega premonitoriamente en 1930. Que no tengamos que escribir nada parecido estos días en relación a la pervivencia de nuestro equipo. Por el bien de todos. Por el bien de Aragón.

 

                                                                                              José Luis Melero

 

ALEMANIA VENCIÓ Y CONVENCIÓ

REGATE EN EL AIRE 

 

EL elaborado triunfo del método

 

Lionel Messi se ha quedado sin su Mundial. Lo tuvo en sus botas, como lo tuvo Higuaín. Quizá Argentina nunca jugó en Brasil mejor que anoche: fue durante muchos minutos más peligrosa que Alemania, resultó más centelleante al contragolpe y con tres o cuatro toques se planteaba cerca del área de Neuer. Higuaín gozó de una oportunidad clara, Messi repitió en el inicio de la segunda parte, incluso Palacio, pero más allá de esas anécdotas tan específicas, el equipo creció y creció, fortaleció su defensa y mostró un plan de control y de ataque.

Ayer, el doctor Sabella pareció tenerlo más claro que nunca: dijo que Argentina, para ganar, tenía que hacer un partido perfecto. Casi lo hizo pero le faltó el gol. Había que cerrar las vías de creación de Alemania, había que atorar la circulación de balón, presionar a sus medios, y así lo hicieron y se vieron las carencias germanas: es un equipo un tanto esquizofrénico, juega al pase en corto, al tránsito rápido, al amoroso cuidado del balón pero le falta un poco de imaginación y fantasía. Y eso se percibió en dos de sus mejores jugadores: Tony Kroos, que pasó con más pena que gloria, falló en un despeje de cabeza hacia atrás, y resultó blando en dos claras ocasiones de gol, y en Özil, que es un interior de lujos, exquisito, pero ralentiza el juego; ante equipos como la aguerrida Argentina lo embarulla peligrosamente. Anoche corrió y corrió, más de 14 kilómetros, apenas uno menos que el bregador indesmayable Schweinsteiger, que ha adquirido barniz de héroe por su entrega, su corazón y la sangre derramada.

Argentina es una feroz competidora. Rinde mejor cuando va de víctima o cuando se enfrenta a un bloque poderoso. Alemania había sido el equipo más sólido, pero el elenco celeste desnudó sus carencias. Le puso en apuros atrás, sobre todo a Hummels, que es un buen jugador para sacar el balón e incluso para rematar, pero lento y despistado en defensa, Messi e Higuaín estuvieron a punto de quebrantar el choque. Pérez, Biglia y Mascherano, de nuevo Mascherano en labores de sacrificio y contención, detuvieron la triangulación de la media alemana; es justo recordar que Khedira no salió y que se lesionó pronto su recambio Kramer. Y el cuarteto defensivo –brillaron con luz propia Garay y Demichelis- eclipsó durante muchos minutos a Klose y a Müller, que estuvo irreconocible.

Messi vino y apenas se quedó. Los alemanes le temían. Les demostró que había razones para el miedo o, cuando menos, el respeto. En algunos instantes desafió a correr a Hummels y le venció con claridad. A medida que avanzaba el choque aparecía y desaparecía, era el astro intermitente. Quizá por eso no ganó Argentina: porque su capitán no podía más o le faltó la grandeza –o la constancia o la fuerza física- de las grandes ocasiones.

En la prórroga, Alemania fue superior. Respondió mejor físicamente y encontró un poco de juego. Si hubiese ganado Argentina, en esta ocasión, tampoco habría sido injusto. Al menos durante los 90 minutos reglamentarios: ahí el partido fue vibrante, tenso, con alternativas, fue el partido jugado de poder a poder por dos equipos antagónicos. El gol lo marcó uno de las promesas alemanas, Götze, que en el fondo bien podría considerarse el Iniesta alemán: es sutil, tiene clase y regate, y marcó un gol precioso, que nace de las botas de Schürrle, pero sobre todo nace de su habilidad y de su precisión.

El triunfo de Alemania es, sobre todo, el triunfo de Joachim Löw, un entrenador sensato, que ama la belleza, la plasticidad, las buenas maderas. Ha tenido paciencia, no se ha puesto nervioso, nunca ha perdido la elegancia y ayer el fútbol le premió. En el fondo, con variaciones, su Alemania se parece a la de 1974 y a la 1990. Es el primer combinado que vence en América. 

 

*Este artículo se publica hoy, recortado, en mi sección de Heraldo de Aragón.

La foto la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-3e316fc34b2960a6c7631e7a45615259.jpg

ALEMANIA GANA CON UN GOL DE GÖTZE

ALEMANIA GANA CON UN GOL DE GÖTZE

GÖTZE, EN EL MINUTO 112, LE DA EL TRIUNFO A ALEMANIA


Venció Alemania con un espléndido gol de sutileza y hermoso control de Götze tras una jugada de Schürrle. Recibió desde la izquierda, acomodó el balón con finura y lo colocó a la izquierda de Sergio Romero.

La final fue intensa: Argentina realizó su mejor partido, tuvo ocasiones claras, contragolpeó con peligro pero no acertó ante el marco. Messi, mientras estuvo con gas, realizó bellas jugadas y dispuso de una clara ocasión al inicio de la segunda parte; al final recibió el trofeo al mejor jugador del Mundial, lo cual quizá resulte un galardón un poco exagerado si se le compara con la eficacia y la clase de James Rodríguez.

Alemania se atascó (los celestes realizaron un impecable choque táctico: sabían muy bien lo que tenían), pero poco a poco fue remontando, dispuso de ocasiones y en la prórroga fue superior. El doctor Alejandro Sabella, preparador argentino, realizó un buen trabajo táctico y demostró que conoce el oficio y que no era un hombre de paja. Pudo ganar cualquiera y acabó venciendo el equipo que llegó más entero a la prórroga. El partido de Maracaná ha sido digno de un final de un campeonato del mundo; destacaron dos gladiadores, Mascherano y Schweinsteiger, y con ellos los centrales argentino y Boateng y Lahm, que siempre está a un magnífico nivel.

Löw confió en su método, en su apuesta, y al final, tras algunas decepciones, logró su gran sueño. Y, por lo visto y por la juventud de algunos jugadores, tiene selección para rato. Götze, el mediapunta del Bayern Munich, recordó a Iniesta con quien se le ha comparado en ocasiones.

LOS FINALISTAS: UN RETRATO POSIBLE

REGATE EN EL AIRE

 

VOCABULARIO DE ONCE CONTRA ONCE

 

Neuer-Romero. El alemán, cancerbero del Bayern, es uno de los mejores de Europa: va bien por arriba y por abajo, tiene grandes reflejos y está tan atento que asume la condición de libre por necesidad. ‘Chiquito’ Romero pasó de estar cuestionado a ser un héroe. Es un meta irregular que no es titular en el Mónaco. Ha ido de menos a más.

Lahm-Zabaleta. El capitán de la selección y del Bayern es uno de los jugadores más finos de Alemania y un líder. Impecable arriba y abajo. Zabaleta es un lateral fuerte, pugnaz, voluntarioso, un tanto deslavazado. Pragmático, se va arriba con más empeño que clase.

Garay-Boateng. Dos centrales parejos: intensos, van bien por arriba, difíciles de desbordar, atentos.

Hummels-Demichelis. No tienen nada que ver. El germano ha sido comparado con Beckenbauer: es elegante, saca el balón jugado y tiene personalidad. Algo lento en el uno contra uno; cabecea de maravilla. Demichelis es un veterano que intenta cumplir partido tras partido. Es más duro que elástico, más constante que rápido. Tiene el rasgo común de los argentinos: compite muy bien.

Howedes-Rojo. Cumplen, se despliegan, defienden y atacan con corrección. Rojo parece tener más presencia en el equipo; Howedes pasa más inadvertido, pero ante Brasil demostró que sabe atacar.

Schweinsteiger-Enzo Pérez. El jugador alemán es un medio poderoso, de control, despliegue y llegada. Versátil. Marca y acude al ataque, y siempre está ahí. Esforzado y con buen toque. Enzo Pérez es el volante clásico: trabajador, serio, complementario. Es capaz de hilvanar un buen regate y un buen pase, pero no puede decirse que sea un futbolista de brillo.

Kroos-Mascherano. Dos de los grandes jugadores de Alemania y Argentina. Kroos es el centrocampista que cualquier equipo sueña para su juego. Es imponente y técnico, es disciplinado e inventa. Posee clase y habilidad para realizar un fútbol preciosista, de combinación y tránsito rápido, y sabe acomodarse a un partido trabado, y ahí asoma su fuelle, su seriedad y su excelente disparo con las dos piernas. El Mundial ha revelado su madurez. A Mascherano ya le pesan los años y los partidos; en cuanto a calidad nunca le ha sobrado nada. Pero es el Jefecito y el Jefazo. Mirada de acero, tensión, pasión por el país y su tradición futbolística, y ascendencia sobre el bloque. Y, además, protege a Messi a conciencia.

Khedira-Lucas Biglia. Khedira es un jugador físico, con movilidad, iniciativa y mucha resistencia. Con Alemania, además, se atreve a llegar al área. Löw ha confiado en él y le responde con sacrificio y acierto. Biglia mandó al banquillo a Gago; parecen clónicos: académicos y técnicos. Es más enérgico y batallador que su compañero.

Müller-Messi. El alemán puede ocupar cualquier puesto de la delantera. Está sembrado de genialidad, confianza e inspiración. Parece lunático, como si fuera a su aire. Pero siempre aparece con su instinto goleador y con una jugada circense. Messi es el artista absoluto de este juego con un palmarés asombroso. Aquí es otro: parece un náufrago, quizá esté enfermo, quizá nunca vuelva a ser el que fue. Lleva una década a un increíble nivel. Argentina espera de él su penúltimo milagro.

Özil-Lavezzi. Özil es un futbolista de la sutileza, de la estirpe de Magath, Netzer, Overath o Hansi Müller, pero está jugando un Mundial flojo. Se redimió ante Brasil. Lavezzi, por ahora, es todo coraje, entrega. No resiste la comparación con el ‘Kun’ Agüero o con Di María, pero ahí está, sin volver la cara.

Klose-Higuaín. El alemán es efectividad, convicción, sed de gol e insistencia. Se desmarca muy bien y ahí sigue, a los 36 años, con el olfato abierto. A Higuaín no se le ve bien físicamente ni iluminado de acierto. Recuerda a un caballo asturcón, pesado de cadera. Se alivió con el gol que le marcó a Bélgica.

 

*Este texto aparece hoy en Heraldo.

-Tomo de aquí la foto de Messi y Lavezzi:

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-La segunda foto es de aquí: 

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ADIÓS AL LATERAL JULIO BERNAD

ADIÓS AL LATERAL JULIO BERNAD

HA FALLECIDO JULIO BERNAD

El pasado día nueve, miércoles, fallecía los 85 años el ex jugador del Real Zaragoza Julio Bernad Balmaseda (Zaragoza, 17/10/1928 - 9/7/2014). Zaragozano, ingresó en el Real Zaragoza procedente del Huesca (allí llegó desde el Arenas) en la temporada 1953-1954. Ascendió a Primera División en 1956 y tuvo el honor de ser el capitán del equipo, por ejemplo en la inauguración de La Romareda el 8 de septiembre de 1957, ante Osasuna; vencieron los blanquillos por 4-3. Era lateral izquierdo y participó en una defensa realmente legendaria, que los niños se sabían de memoria: Perico Lasheras; Torres, Alustiza, Bernad. Aquel día el Zaragoza formó así: Lasheras; Garbayo, Alustiza, Bernad; Estiragués, Manolín; Domingo, Wilson, Murillo, Moreno y Vila. Fue Vila quien marcó el primer gol en el nuevo estadio. El entrenador era Jacinto Quincoces, que había sido un gran futbolista del Real Madrid y de la selección española. Por cierto, ya había sido preparador del Real Zaragoza en la campaña 1942-1943, fue su debut, y lo sería dos campañas más: de 1956 a 1958. Este Moreno, que formó de interior, era Tomás Hernández, que formaría luego en el Barcelona con Basora, César, Kubala, él y Manchón.

Julio Bernad jugó 128 partidos con el club, permaneció hasta la campaña 1958-1959 (le reemplazaría Severino Reija, que ingresó en el club en la temporada 1959-1960) y luego estuvo muy vinculado al Zaragoza y a la Agrupación de Veteranos del Real Zaragoza. Lo conocí en El Cachirulo en el 75 aniversario del equipo y era un hombre cálido, con espléndida memoria y llevaba con mucho orgullo haber sido futbolista del Real Zaragoza. En el primer volumen del libro ’El largo camino hasta la Recopa’ (1995) de Ángel Aznar Paniagua hay una entrevista con él.


En esta página de Aupazaragoza pueden verse algunos de sus cromos, con ese error de Bernard por Bernad.
http://www.aupazaragoza.com/foro/viewtopic.php?f=1&t=97523&sid=49d9fba42ca5407ce785787b72665c13

DI STÉFANO, GENIO SIN MUNDIAL

DE LA SERIE 'REGATE EN EL AIRE'

El genio que no jugó un Mundial

 

Hay futbolistas que parecían de otro mundo y, quizá, de otros sueños. Futbolistas de cuento, casi invencibles, hechos de tango y de acero, que están en todas partes: arriba y abajo, en defensa y ataque, dirigiendo el juego, encorajinados, dispuestos a todo y con un verbo casi único en la boca y en el ánimo. Ganar. Ante todo: ganar. Era el verbo de Alfredo Di Stefano, quien, por lo demás, ha sido un argentino atípico: más bien lacónico, contundente y directo, dispuesto a solventar cualquier asunto por la vía rápida e incluso por las bravas.

Fue un héroe antes de que apareciese, casi, la televisión: llenaba estadios, provocaba suspiros, levantaba a los muertos. En el Madrid, y en Argentina, en sus primeros clubs, el River Plate y el Huracán, y en Millonarios de Bogotá, adonde llegó en 1949, tras una huelga en su país, para formar un equipo de ensueño, el ‘Ballet Azul’, con jugadores como Pedernera, que era uno de los ídolos celestes. En Colombia jugó al fútbol como nadie, ganó tres ligas y fue dos veces máximo goleador. En 1952, se enfrentó con su club al Real Madrid, y ya demostró quien era: un futbolista incontenible e incansable, un artista y un jabato, puro nervio, clase y carisma. El Madrid esperaría una mejor oportunidad; en 1953, tras un litigio demasiado complicado que amargó a Pepe Samitier, el Barcelona renunció a sus derechos sobre el jugador y este ingresó en el Real Madrid. No tardaría en revelarse como un futbolista ambicioso, de exquisita técnica, director de juego, líder y goleador nato. El fútbol en Europa cambió con su llegada, y con la presencia de otra estrella en el Barcelona: Ladislao Kubala, que integró una delantera mítica que cantó Serrat: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón; la citamos aquí porque con la camiseta del diez formaba un zaragozano como Tomás Hernández, ‘Moreno’.

El Real Madrid llevaba muchos años sin ganar la liga. Con Di Stéfano todo cambió. Él fue el revulsivo del fútbol europeo: trajo un nuevo concepto de juego que lo tenía casi todo. Incluso la soberbia de los monarcas del césped. Fue ‘la Saeta rubia’, un auténtico torbellino que desarbolaba a los rivales. Volaba. En once temporadas, ganó ocho ligas, cinco pichichis y cinco copas de Europa e hizo del Real Madrid –que contó con Kopa, Rial, Puskas, Gento, Del Sol, etc.- el mejor equipo del mundo. Para muchos es el jugador más completo de todos los tiempos. Para otros forma parte del olimpo de los dioses con Pelé, Cruyff, Beckenbauer y Maradona. Ahora habrá que buscarle sitio a Messi.

Quizá el gran lunar de su trayectoria es que no llegó a jugar ningún Mundial. En 1950 y 1954, por diversas razones, Argentina (con la que participó en seis partidos: ganó en 1947 la Copa de América y marcó seis goles) no acudió. En 1956, Alfredo se nacionalizó español e intervino en 31 choques y marcó 29 goles. En Suecia-1958 no estuvo España y sí fue convocado para Chile-1962, pero se lesionó en un partido de preparación. En 1966 ya se le había pasado su tiempo y estaba a punto de retirarse en el Español. Di Stéfano siempre ha tenido bula futbolística: opinaba con libertad, a su antojo, aunque no se andaba por las ramas. Podía ser provocador, poco diplomático o soltar las campanas de la indiscreción al vuelo. También conoció el triunfo como entrenador: fue uno de los descubridores de la ‘Quinta del Buitre’ y logró la Liga y la Recopa con el Valencia.

Acaba de cumplir 88 años. Los hizo el 4 de julio. Y ahora pugna por escapar de la muerte que le persigue. Venga cuando venga, hay una victoria que nunca podrá anotarse: Di Stéfano es inmortal. Está ahí, como los fantasmas de los estadios, para siempre, corriendo, burlando rivales, cabeceando o gritando a sus compañeros: “Che, boludos, perseguimos la gloria”. 

*Este texto aparece hoy en 'Heraldo de Aragón'.

 

*La foto de Di Stéfano es de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-97377319f83581398f7cd91f34771c77.jpg

 

*La foto de Kubala y Di Stéfano la he tomado de aquí:

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DI MARÍA, EL COLOSO IMPERFECTO

REGATE EN EL AIRE

 

Di María, el coloso imperfecto

 

Los favoritos están ganando por pura extenuación del rival. Ni siquiera por currículo, por veteranía o por ganas. Vencen en la prórroga, en la tanda de penaltis, en los denominados minutos de la basura y casi siempre cuentan con alguna ayuda extra: a veces la arbitral (el arbitraje es malo y casi siempre favorece a los grandes), a veces la inmensa suerte de los viejos campeones, como le ha sucedido a Brasil, a Alemania, a Francia y ayer a Argentina, esa selección tan abonada a los milagros de la fe como al mal juego. Y vencen por cansancio.

Lionel Messi era la gran esperanza argentina. Y parecía que todo había sido concebido y construido para él, para su brillo, incluso le han dado la capitanía a alguien que tiene escasa madera de líder. Es difícil hallar a un futbolista menos dotado para esa función –Messi no resistiría la comparación con Rattin ni con Pasarella ni con Maradona, ni con el ‘jefecito’ Mascherano, todo pundonor-. Quizá le dieron una puñalada por la espalda cuando prescindieron del irregular y a veces artista y genial Banega, su antiguo socio, e incluso de Pastore, otra estrella argentina frustrada en su selección. Messi, a trancas y barrancas, con apariciones fugaces de calidad, con alguna que carrera engarzada de regates y algunos disparos, ha ido salvando a la albiceleste.

Messi, herido de ánimo y diezmado físicamente en el año irregular del Barcelona, está y no está, va y viene como un alma errante, escaso de carisma, abatido en algún lugar de su misteriosa cabeza. Corre menos de lo justo, no presiona, y de cuando en cuando agarra un balón y soluciona papeletas. Hay que resignarse a su capricho. Argentina es casi menos que nada: un equipo tedioso y lento, con jugadores fuera de forma, como Gonzalo Higuaín, con otros intrascendentes y con uno que lo incendia todo y lo hace en cualquier instante: Ángel María ‘Fideo’ Di María.

Parece atropellado y lo es. Parece a punto de desplomarse y se desploma, y se levanta y toma aire. Parece desgalichado y vulnerable, como si fuera a romperse. Parece autista o egoísta, y quizá lo sea en algún instante, pero es uno de esos jugadores incansables, que parecen tener tres pulmones y una determinación feroz. Es el jugador incansable, que revienta los minutos y los fatiga, es la encarnación de la voluntad, de la constancia, de la fiereza, es el maratoniano del fútbol. Siempre quiere el balón, siempre se atreve, y se atreve a casi todo: a realizar una penosa ‘rabona’, a centrar sin precisión con la derecha, a correr y correr y buscar la verticalidad o avanzar, como si dibujase escaleras o dientes de sierra, para conectar su disparo.

Ayer, en medio de la galbana argentina, el ‘Fideo’ Di María parecía un gladiador o un dios inagotable. Lo hizo todo, incluso perder balones, soltar alguna patada a destiempo, pero siempre estaba ahí. Su juego, puro ardor, fogosidad bajo un sol de justicia, contrastaba con el de otros compañeros: con la inmovilidad de Messi, con el juego académico de Gago, que siempre teme romper un plato o el vidrio del aire. El partido era tan malo, estaba Argentina tan vacía de ideas y de ritmo (¿dónde vas, Sabella, perplejo de ti?), que Leo cogió un balón, aceleró sus regates y le sirvió un pase favorable al flaquito. El hombre que habría corrido hasta el fin del mundo por la clasificación se percató de que era su gran ocasión y disparó.

Ese gol amortigua el deshonor, la impotencia y la inoperancia de su selección, tan protegida por el azar. Dicen que el Real Madrid se plantea venderlo: él, a fuerza de músculo, de entrega y pasión por el juego, ha respondido como los grandes. Con el partido de un coloso al que no le importa ser imperfecto.