Blogia
Antón Castro

Escritores

'LA TÍA JULIA': UN CUENTO DE AMOR Y COCINA DE ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ

[La escritora mexicana Alejandra Díaz-Ortiz ha publicado una trilogía sobre el amor en el sello Trama Editorial de Manuel Ortuño. El pasado jueves presentó su último título en Cálamo: ‘No hay dos sin tres’. Yo leí también otro de sus libros: ‘Pizca de sal’, de amor y gastronomía. Y allí hay un cuento que me gustó mucho. Aquí está: ‘La tía Julia’.]

 

 

LA TÍA JULIA

 

Pues sí, tengo una tía puta, como el que tiene un tío militar.

Pero ¡ojo! Qué la tía Julia es la mejor puta que ha habido en muchos años. Al menos, eso es lo que aseguran sus felices clientes.

La recuerdo desde siempre: cariñosa, con una sonrisa que deja al descubierto una perfecta hilera de blancos dientes y una hermosa mata de pelo negro,  siempre brillante, aunque ahora se lo tenga que teñir. Ya se sabe, la edad no perdona.

La tía Julia no fue de muchos clientes, pero los que tuvo, siempre fueron fieles a su puerta y a su cama. Nunca tuvo que salir a la calle a buscar «ahí no se me ha perdido nada» suele decir. De hecho, salvo por el pequeño detalle de que sus fieles le dejan el dinero sobre la mesita que tiene a la entrada, se podría decir que esos hombres son sus mejores amigos.

Le llevan flores o le hacen regalos por navidad o en su cumpleaños. Una vez, recuerdo, estuvo en cama por culpa de una apendicitis. Ellos acudían a su cita semanal sólo para animarla y desearle una pronta recuperación. Ninguno olvidó dejar su voluntad en la mesita.

De niña, yo no entendía la naturaleza del oficio de la tita Julia que, por suerte, siempre fue bien recibida en mi casa. Mis padres, a pesar de no estar de acuerdo con su particular profesión, nunca la juzgaron ni miraron mal. Más bien al contrario, mi madre se ponía muy contenta cuando venía de visita y se metía a la cocina.

Años después entendí la razón: además de una buena puta era una excelente cocinera. Mi madre, explotaba lo segundo.

Crecí y llegué a la edad de entender el asunto, aumentando la admiración que ya sentía por mi tía. Me llamaba la atención que, a sus sesenta recién cumplidos, siguiera cosechando nuevos clientes.

Una tarde que fui a visitarla, no pude evitar preguntarle, así sin más, la razón de que a su edad siguiera trabajando. La tía Julia se echó a reír a carcajada limpia. «¿Me estás llamando vieja, querida mía?», me preguntó, fingiendo sentirse ofendida. Yo negué avergonzada, moviendo la cabeza de un lado a otro.

― Mira sobrina, te voy a confiar mi único secreto, que espero sepas utilizar a lo largo de tu vida. Como verás, es infalible. Escucha con atención y jamás lo pongas en duda: «Un amor bien comido y bien servido, jamás se va del nido»…

― ¿Servido? – pregunté extrañada.

― Si, servido… ya sabes… bien servido – entonces hizo un gesto explícito,  que no dejaba  lugar a dudas.

― Pero… ¿nido?... ¿comido? - me removí inquieta.

Mira, pequeña. En esta casa mis clientes comen y se sirven. El orden se puede invertir, dependiendo de la hora. Pero igual que encuentran una buena cama, encuentran una buena mesa.

Por ejemplo, a Don José le encanta la tortilla francesa, con su buen par de huevos bien batidos, generosamente rellena de queso y acompañada por un tomatito con aceite y ajo picado.

Don Luis no se va de aquí sin un buen plato de croquetas. Dice que la bechamel, ya sabes, la salsa de harina y leche, con su pizca de nuez moscada y su cebollita picada, me queda como a los mismísimos ángeles. A veces se las hago de jamón o de pollo o de las sobras del cocido. A Josechú, que es muy agradecido,  le gustan mucho las judías pintas que le pongo, con su buen apaño de chorizo, tocino, morro y oreja.

Prudencio, que tiene alto el colesterol, no para de alabar el puré de verduras. Claro, es que yo cuezo las verduras, todas las que tenga a mano. Hago un sofrito con ajo y tomate frito, un chorrito de vino blanco y una hojita de albahaca. Cuando está bien sazonado, le agrego las verduras trituradas. Un hervor más y ya está. ¡Así como no va a estar bueno!

Pero ya te seguiré contando otro día, sobrina, que ahora se me hace tarde. Está a punto de llegar mi fiel Paquito y a él le gusta el pollo al ajillo. Aunque sólo se trate de freír el ajo y el pollo troceado, todo debe llevar su tiempo. Ni en el amor ni en la cocina, se debe ir con prisas…

Tratando de memorizar cada una de las palabras de la Tía Julia, me metí al mercado. Aquella noche, Carlitos, el chico que me gustaba, y al que había invitado a cenar en casa, encontraría una buena mesa…

-La primera foto de mi amado Jealoup Sieff la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-f74c52cedfa22751d8c166fb3a9316c1.jpg

 -Y la segunda, de Sieff también, es de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-c76265ebe6bdd2ce555cc91b2f49c76f.jpg

MUERE JUBY BUSTAMANTE

MUERE JUBY BUSTAMANTE

[En heraldo.es acaba de aparecer este artículo de reconocimiento y cariño a Juby Bustamante, una gran periodista cultural, madre del buen amigo, editor y traductor Miguel Aguilar. Desde aquí todo el afecto y el consuelo.]

JUBY BUSTAMANTE, ADIÓS A UNA

GRAN PERIODISTA DE LA TRANSICIÓN

 

Juby Bustamante, una de las grandes periodistas culturales de la Transición, era, en realidad, Jubilia Fernández Bustamante. Había nacido en Santander en 1938. Fallecía ayer a consecuencia de un cáncer de pulmón. Inició su carrera en la prensa en el diario cántabro ‘Alerta’. Algún tiempo después se trasladó a Madrid y trabajó en una de las revistas más famosas del momento, ‘La estafeta literaria’, donde leíamos a autores como José García Nieto, Luis López Anglada, Carlos Murciano, Vicente Aleixandre, etc. Había un poco de todo: artículos de fondo, entrevistas, críticas de arte, reportajes o textos inéditos. Era una revista que se fundó en 1944 y se cerró en 2001.

De ahí pasó al diario ‘Madrid’, que el régimen clausuró en 1971. Quizá por ello, y por la calidad de sus propuestas, ‘Madrid’ forma parte de la leyenda del periodismo en España. Ahí, Juby dio muestras de su curiosidad, de su vasta cultura (entrevistó a Simone de Beauvoir), de su don de gentes y de un carácter particular: era una gran contadora de historias, poseía un gran sentido del humor y tenía mucho carisma. Así la han retratado muchos de los amigos que han redactado su necrológia en distintos medios: Juan Cruz, Nativel Preciado (que la llama “maestra” y explica una curiosa anécdota del café Gijón, de equívocos, de novios y maledicencias, que las hizo amigas para siempre), Pedro Vallín o Lucía Méndez, entre otros. También Javier Solana, con quien trabajó en el Ministerio de Cultura, se rinde a su encanto: “Periodista de talento, lectora insaciable, conversadora inteligente. Generosa. Se reía con la elegancia de quienes aman la vida”, la define.

Tras el cierre de ‘Madrid’ ingresó en la revista ‘Cambio 16’ y se incorporó a la sección de Cultura. Y desde allí seguiría mostrando su pasión por las artes, la literatura o el análisis de los nuevos tiempos. Juan Cruz recuerda una hermosa anécdota que la define: se casó con el periodista Miguel Ángel Aguilar, que trabajaba en ‘Diario 16’ y tuvieron dos hijos, Miguel, editor en Debate y traductor, y Andrea, periodista; todas las noches les leía poemas. En sus últimos días su hija le devolvía el hermoso obsequio: le leía poemas de Antonio Machado.

Cuando Miguel Ángel Aguilar fue expulsado de la dirección de ‘Diario 16’, ella dejó el grupo. Dos años después, hacia 1982, Javier Solana la invitó a su gabinete de prensa, del que acabaría convirtiéndose en Directora General. Conocía muy bien la cultura española y universal, era sensata y audaz y tenía mucha mano izquierda. Se movía con comodidad en las tertulias y siempre dejaba en el aire la impronta de su lucidez, de su ironía y de su sentido del humor. Jorge Semprún también contó con ella y algún tiempo más tarde fue contratada por el gabinete de comunicación del Museo Thyssen. Allí permaneció hasta su jubilación en 2003; ocho años después, en 2011, recibió la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo por su actividad profesional.

Nativel Preciado, en su bello y emotivo artículo en ‘El País’, dice: “Le apasionaban la literatura, la música y, sobre todo, las charlas con los amigos a los que deja desolados. Somos multitud los que afirmamos que vino al mundo para adecentarlo”. 

 

*La foto aparece hoy en 'El País'.

ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ: UN DIÁLOGO

ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ: UN DIÁLOGO

ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ. Escritora

 

 “En el amor, mentimos desde la primera mirada”

“Todos queremos amor”

 

 

Antón CASTRO. Zaragoza

La escritora mexicana Alejandra Díaz-Ortiz, afincada en España hace más de una década, presentaba ayer en Cálamo ‘No hay tres sin dos’ (Trama editorial, 2014), cuentos y microcuentos de amor, el tercer libro de una trilogía, conformada por ‘Cuentos chinos’ y ‘Pizca de sal’.

¿Cómo nació ‘No hay tres sin dos’?

El escritor Roberto Bolaño aconseja en el primer punto de su ‘Decálogo para escribir un cuento’: «Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.». Y eso es lo que estoy haciendo…

Explíquenos algo más.

‘No hay tres sin dos’ es el tercer libro de una trilogía, no planeada, sobre el amor, el desamor y la pareja. Los tres, según apuntó Aute en el prólogo del primero, ‘Cuentos chinos’, hacen del caos su principal virtud. El primero nació de mi aventura como bloguera, allá por el año 2006.  Justo el año en que comencé a vivir uno de los peores episodios de mi vida. Quizá por eso, aquel primer libro resultaba «cañero» según lo han descrito, con el tema. Lo cierto es que fue mi modo de afrontar el proceso de la pérdida. Parafraseando a Gamoneda, ‘Ardían las pérdidas’, y mi manera de rebelarme ante lo contundente, era reírme de las mismas.

¿Pérdidas? Creo que alude a la muerte de su compañero, el poeta y editor Carlos Álvarez-Ude, que falleció en 2010...

Sí. Dos años después, nace el segundo libro, ‘Pizca de sal’ (Trama Editorial, 2012), en pleno proceso de duelo. Así que, aunque sigo dando vueltas al tema del amor, quizá su tono sea más dolorido pero no por ello menos canalla. Y reflejo en él lo que, aunque parezca absurdo, me dio por hacer durante el luto: meterme en la cocina. ¡No tenía a quien cocinar!, pero yo insistía en probar y probar platos nuevos. De esa repentina obsesión, nació la segunda parte del libro, en la que juego a enredar recetas de cocina en los relatos. Así pues, para rematar, otro par de años más tarde, con el alma y el cuerpo menos rotos, nace el último. Curiosamente, en mi opinión, el más íntimo.

¿Ha querido componer un volumen de variaciones sobre el amor?

No es que lo haya querido, es que simplemente están ahí. Oigo a mis amigas. Me miro en el espejo. Mis amigos me cuentan sus aventuras. Escucho conversaciones en el metro. Leo lo que la gente cuelga en Facebook o escribe en sus blogs. En conclusión: todos queremos amor. El problema, casi siempre, es que no sabemos qué hacer con él cuando creemos haberlo encontrado. Escribo sobre algo que nos sucede a todos, pero que no es políticamente correcto admitir.

Es un libro mestizo, de cuentos, de microcuentos, de aforismos a veces, casi de pensamientos... ¿Cómo lo ha concebido y lo ha organizado?

Bien, yo los llamo cuentos. Sé que no es correcto desde el punto de vista formal, pero es que en México a todo le llamamos cuento. Incluso, al primer beso. Lo cierto es que lo que yo me he propuesto es provocar al lector. Darle una descarga, un chispazo para que sea él quien desarrolle su propia historia. La organización es mi caos, como la vida misma. Pero normalmente es el trabajo conjunto con mi editor de Trama, Manuel Ortuño, quien me centra y, con muy buen criterio, le va dando forma al libro.

¿Cuál es la importancia del humor, de la ironía y la sátira? O más bien, ¿cómo se reparten?

El humor me es de vital importancia. Soy la que más se ríe de mí. Por supuesto, me enamoro de quien me saca más de tres sonrisas. De la ironía, sobre todo la de las palabras, soy adicta. Me apasiona desarmarlas y llevarlas al extremo, como un perverso juego de seducción. Las palabras, más allá de la RAE, tienen múltiples posibilidades y eso es algo que me gusta trabajar. Quizá por eso ando mal de amores… En cuanto a la sátira: ¿cómo evitar decepcionar al lector con finales in/felices?

¿Podríamos decir que es el libro de una pesimista sobre las relaciones humanas?

Sobre las relaciones humanas, no. Me gusta la gente. Creo en la gente. Pero sí que soy pesimista con respecto al amor. No obstante, lo provoco, lo convoco y lo conjuro en cuanto tengo una oportunidad. Creo en el amor como cicuta que me hace verme más guapa cuando estoy enamorada. O ser más productiva. O ser más osada. En lo que no creo es en las personas que me han hecho ser más creativa gracias al corazón que me han destrozado.

¿Mentimos todo el rato en el amor?

Partiendo de la base que cuando vemos a alguien que nos gusta, sacamos lo mejor y escondemos lo peor debajo de la moqueta, pues sí. Mentimos desde la primera mirada. Luego, cuando ya pasó ese primer estado de «locura transitoria», mentimos para no alterar el orden. E, incluso, llegamos a mentir para subvertirlo. Aunque no sería justa al decir que «todo el rato». Siempre hay un momento, una mirada, un gesto que te hacen creer que, en esa ocasión, la cosa irá bien. Y creo que ese momento sí es sincero del todo. En el colofón de ‘Cuentos chinos’ escribí que el amor es como comprar en una tienda del ‘Todo a cien’. Sabes de antemano que la calidad es dudosa, aún así, lo compras, convencida de que tú tendrás la extraordinaria suerte de llevarte a casa algo con mejor hechura…

¿Qué autores de este género le interesan?

No son precisamente de ese género, pero Nicanor Parra, sin duda. Juan Rulfo, que escribió dos libros y se ganó la eternidad. Roberto Bolaño y su cuento del Rata. Cortázar, por supuesto. Idea Vilariño, poeta uruguaya, que está siempre en mi mesilla. Luis Eduardo Aute y sus ‘Animal(h)adas’. Alejandra Pizarnik. Mark Twain. Chéjov. E. Allan Poe. George Sand. Los poemas de Marilyn Monroe. ‘Las mil y una noches’. Clara Obligado. Guadalupe Nettel, paisana mía… En fin, es que me interesan todos… Incluso, Corín Tellado, ¿por qué no?...

 

 

ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ EN CÁLAMO

ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ EN CÁLAMO

Esta tarde, a las 20.00 horas, en la librería Cálamo, la escritora mexicana Alejandra Díaz-Ortiz presentará su libro ‘No hay tres sin dos’ (Trama editorial), que forma parte de una trilogía sobre el amor y la pareja con ‘Cuentos chinos’ (Trama, 2009) y ‘Pizca de sal’ (Trama Editorial, 2012). La acompañarán, además de Francisco Goyanes y su equipo, su editor Manuel Ortuño y el escritor y periodista Antón Castro. Se la puede seguir en su blog:

http://alejandradiazortiz.wordpress.com/2014/05/20/no-hay-tres-sin-dos/

Copio aquí algunos de sus textos:

 

EL ÁRBOL DE LA VIDA

 

Hay un poema que te espera.

Está detrás de aquel árbol. Sí,

Al torcer la calle.

No temas.

Los versos no matan.

(Somos las personas.)

 

ENVIDIA

 

Ella quiso ser beso y él le ofreció su boca.

 

Ella quiso ser carne y él la cubrió de piel.

 

Ella quiso ser suya y él siguió siendo de otra.

 

EL BAR AZUL

 

No fui yo. Fueron los ojos que cerré para mirarte.

 

Y esa maldita canción del oscuro rincón del bar azul. Fue la boca que abrí para callarte. Y esas desconocidas manos ciñendo mi cintura.

Fue la muerte que aún juega a que estás vivo...

 

 

*Alejandra Díaz-Ortiz explica así sus cuentos: 

¿Ha querido componer un volumen de variaciones sobre el amor?

No es que lo haya querido, es que simplemente están ahí. Oigo a mis amigas. Me miro en el espejo. Mis amigos me cuentan sus aventuras. Escucho conversaciones en el metro. Leo lo que la gente cuelga en Facebook o escribe en sus blogs. En conclusión: todos queremos amor. El problema, casi siempre, es que no sabemos qué hacer con él cuando creemos haberlo encontrado. Escribo sobre algo que nos sucede a todos, pero que no es políticamente correcto admitir.

Es un libro mestizo, de cuentos, de microcuentos, de aforismos a veces, casi de pensamientos... ¿Cómo lo ha concebido y lo ha organizado?

Bien, yo los llamo cuentos. Sé que no es correcto desde el punto de vista formal, pero es que en México a todo le llamamos cuento. Incluso, al primer beso. Lo cierto es que lo que yo me he propuesto es provocar al lector. Darle una descarga, un chispazo para que sea él quien desarrolle su propia historia. La organización es mi caos, como la vida misma. Pero normalmente es el trabajo conjunto con mi editor de Trama, Manuel Ortuño, quien me centra y, con muy buen criterio, le va dando forma al libro.

LUZ RODRÍGUEZ EN EL PRINCIPAL

LUZ RODRÍGUEZ EN EL PRINCIPAL

‘EL PEZ DE LA DESPEDIDA’

[Luz Rodríguez, una poeta asturiana afincada en Huesca, presenta esta tarde, a las 20.00, en el Teatro Principal su poemario ‘El pez de la despedida’, que ha publicado Paco Rallo en su sello El párpado sumergido con ilustraciones de María Maynar. Se trata de un libro de amor y desamor, de atmósferas y desolación, de vitalidad y de búsqueda, uno de esos libros preñados de imágenes, de sueños, de búsqueda y de intemperie. La edición está muy cuidada y María Maynar, artista que reside en Garrapinillos, ha hecho un trabajo muy especial, muy libre. Entraron en contacto la poeta y la artista y de inmediato sintonizaron. A Luz Rodríguez la acompañarán varias rapsodas y su músico preferido: el pianista Antonio Gil, su compañero.]

 

II

Mi cuerpo tomado por las sombras

es blando y sin  maña, con bulto y sin consistencia,

deshuesado como una mentira mal tramada.

Mi cuerpo de amor, aquel que encaramé a los vagones de tu huida,

con sus piernas veraces, sus insólitos huesos,

amarra sus flácidas hechuras al tiempo propio de la casa abandonada

para cosechar un tiempo de péndulos flotantes sin oficio conocido.

 

IV

Te llevarás el fardo moribundo de mis ojos.

Mis ojos profundos como cuervos

manos mis ojos de leñosas raíces

mis ojos como larvas

como cactus.

Como ciempiés mis ojos

amasando

el polvo heredado de tus pasos.

 

*La foto de Luz Rodríguez es de Virginia Espa.

LA ALMUNIA ERÓTICA

CUENTOS DE DOMINGO / Antón Castro

 

La Almunia erótica

 

“Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”, dijo Jorge Luis Borges. Esta frase define a los miembros del Club de Lectura de La Almunia de Doña Godina. Llevan una veintena de años leyendo: eligen autores, los desmenuzan, los asimilan, los acogen... Y así, con indecible naturalidad, han llenado su existencia de ficciones, de personajes, de escritores, de poemas. No se entendería esta huerta infinita sin el Club de Lectura. Decir La Almunia es decir cine, evocar a Florián Rey y Adolfo Aznar y anudarse a las Jornadas de Cine, que han puesto en pie José María Pemán y su equipo. Decir La Almunia es evocar a Rafael Martínez, violinista y director de orquesta, recordar a su hermana Guadalupe y ‘La Magallonera’ y elogiar el piano de Alfonso Latorre. Decir La Almunia es evocar el campo, el trabajo, la emigración, aludir a la pasión por la cultura. Decir La Almunia es pensar en el Club de Lectura, que ha sorprendido a tantos escritores, como le ocurrió a Agustín Sánchez Vidal. Y es pensar también en los vínculos entre poesía y cine y en esa noche especial, mágica, donde las metáforas y el ingenio se mezclan con el deseo, la exaltación de la carne, la belleza de las citas de amantes. El viernes, mientras Brasil y Colombia dirimían su suerte, se organizó el IX recital de poesía erótica: se oyeron las voces –cada vez más inspiradas y hondas- de los componentes del grupo; por ejemplo, Pilar Blanco leyó un texto que le había mandado un poeta chileno: más que un poema erótico fue una defensa volcánica de la mujer en la alta noche. Se oyeron a poetas y narradores, a rapsodas y actores (Luis Felipe Alegre provocó carcajadas con un texto de un fauno en el convento de Samaniego) e incluso hubo fragmentos al modo de ‘El club de la comedia’. El público estaba feliz: disfrutaba del humor, de la picardía, de la fogosidad, de la hermosura del lenguaje, del apetito sensual. Vivir con los sentidos abiertos es más excitante. Vivir es aprender a vivir y a querer, vivir es alimentarse a diario de las palabras necesarias. Allí han encontrado una de las mejores fórmulas: el amor a la poesía.

 

*Retrato de Romy Schneider tomado de aquí.

 

IGNACIO GARCÍA-VALIÑO: ADIÓS A UN PROSISTA VERSÁTIL Y LIBRE

Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968-Marbella, 2014) ha muerto muy lejos de casa, a orillas del mar, en Marbella, donde había buscado sosiego para sus dos hijos, para su mujer Nieves y para él. Llevaba casi una década trabajando en lo que más le apasionaba, después de la literatura: la enseñanza, la orientación psico-pedagógica, la complejidad de los niños y adolescentes que tanto le fascinaban y le perturbaban. De algún modo, los caracteres difíciles y sombríos, el mal y sus orígenes, y la vulnerabilidad de las relaciones humanas eran sus temas. Como dice Ignacio Martínez de Pisón era un autor que "escribía novelas de suspense psicológico".

Eso le sucedió casi desde sus primeros textos: con ’La caja de música’ (IFC, 1993. Premio Isabel de Portugal) hurgaba en su dolorida memoria y hallaba algo de lo que no pudo desembarazarse nunca: la autoridad despiadada del colegio religioso del Opus Dei*, donde estudió, y la huella de los jesuitas. García-Valiño, quizá algo retraído, sufrió acoso escolar, fue golpeado por uno de esos matones del aula que, además, finge ser buena persona. Ese universo de dolor y extrañamiento ya estaba en ese libro de relatos y estaría, de formas diferentes, en ’Querido Caín’ (Plaza & Janés. Finalista del Premio de Novela ’Ciudad de Torrevieja’, 2006), quizá su novela más famosa, llevada al cine, o en su última narración, ’El ruido del mundo’ (Plaza & Janés, 2014), donde le concede el protagonismo a una psicóloga que vivió situaciones extremadas: duras en su maternidad y en su profesión.

 

Nacho García-Valiño era un escritor de variados registros. Un escritor con oficio, capaz de documentarse hasta el último detalle, sin prisa. Y eso se ve, sobre todo, en sus dos novelas históricas: ’Urías y el rey David’ (Debate, 1997), toda una sorpresa por la frescura, el punto de vista y el dominio del contexto, y ’Las dos muertes de Sócrates’ (Alfaguara, 2003), donde mezcla a dos célebres mujeres con los sofistas y el gran pensador en una novela que tiene algo de narración policial en la Grecia clásica. Guillermo Fatás, uno de sus primeros editores, recuerda cuántole gustó la novela ’Urías y el rey David’: "De repente, desvelaba su faceta más elaborada y refinada, como hizo en su estupenda novela sobre Urías, el general neohitita de David a quien este envía a la muerte para arrebatarle a Betsabé: de esa progenie impura nacería el Mesías cristiano. En sus manos, este manido asunto bíblico cuajó en un libro rico, trabado, ambicioso, inesperado y bien escrito".

 

Fue finalista del premio Nadal de 1998 con ’La caricia del escorpión’, una de sus novelas de exploración psicológica en el universo de la pareja. De la gira del Nadal, que hizo con Lucía Etxeberría, derivó un diario más bien agrio que nunca quiso publicar. Más tarde, en el sello Destino, publicaría ’Lo demás es silencio’ en 1999. A partir de 2006 pasó a Plaza & Janés con ’Querido Caín’, una novela que indaga en los orígenes de la maldad en un niño que esclaviza a sus padres; eso se mezcla con una romántica historia del pasado. Apasionado por la ciencia, publicaría ’El corazón de la materia’ (Plaza & Janés, 2008), donde analiza la difícil relación de lo científico y la irracional mediante un viaje y una muerte inesperada. Su último libro, tan reciente, es ’El ruido del mundo’ (Plaza & Janés, 2014). Escribió literatura infantil, hizo manuales como ’Educar a la pantera’ (Debate, 2010), confeccionó guiones de cine y le encantaba dar conferencias y debatir sobre la educación. Adoraba a Marguerite Yourcenar o a Manuel Mújica Láinez.

 

Se ha ido demasiado joven a consecuencia de un tumor cerebral, del que se creía curado. Una de sus mejores amigas era la escritora Ángela Vallvey, que decía ayer: "Nacho era de esos hombres que a mí me gustan, de los que me alegran el corazón". Ahora alegrará a muchos otros corazones y lectores de inexploradas regiones de la ficción en el más allá.

 

*Ignacio García-Valiño lo ha contado en entrevistas y en su propio blog. Aquí: 

 

De una entrevista con Ignacio García-Valiño, publicada en la edición digital de El Cultural de El Mundo:
P.- Trata la problemática del llamado bullying, que la protagonista, Isabel, ha sufrido de niña y que es un trauma que la persigue. Tengo entendido que usted sufrió violencia escolar. ¿Cómo se manifiesta en su literatura?
R.- En mi caso, aquello fue algo muy horrible que sufrí al más alto nivel que puedas imaginar. El bullying no estaba especificado entonces: no había manuales para combatirlo ni protocolos en los colegios. Yo iba a una escuela del Opus Dei, en Zaragoza, y eso hizo que la situación se camuflara aún más entre los profesores, que veían lo que ocurría pero lo obviaban. Padecí un gran acoso durante años y, en vista de que fue a más y a más, me tuvieron que cambiar de colegio. Aquello marcó completamente mi forma de ser.
http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/6346/Ignacio_Garcia%E2%80%93Valino

2. Del blog de García Valiño: En el colegio Montearagón de Zaragoza, del Opus, donde yo estudié (maldita la gracia) me explicaron que la teoría de la evolución había que creérsela, porque no se podía interpretar la Biblia de modo literal, pero que esta teoría no estaba reñida con el intervencionismo divino, sólo que la mano de Dios era demasiado sutil para ser percibida por la ciencia.
 http://ignaciogarcia-valino.blogspot.com.es/2009/04/lo-que-heredan-nuestros-hijos.html

 

 

*Este artículo fue colgado ayer en Heraldo.es

 

 

NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE

NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / Crónica Cultural

 

Noche más allá de la noche

 

DOMINGO, 29 de junio

La Noche en Blanco, que se ha prolongado durante más de cinco horas, arroja cifras extraordinarias: han participado en ella más de 100.000 personas. Tiene algo de noche transgresora, de noche más allá de la noche, como diría Antonio Colinas: resulta romántico oír música a deshoras, conversar al lado de Kikí de Montparnasse de Pablo Gargallo, ver exposiciones después de las doce, pasear entre las columnas que soñó Ricardo Magdalena en el Paraninfo con los cuadros de María Luisa de la Riva, descubrir los recodos y la elegancia de líneas del CaixaForum: algunos disfrutaron de modo especial de ese microespacio para Pablo Palazuelo y Chillida o con la pieza audiovisual ‘Maltrato’ de Javier Peñafiel, arte reflexivo que viene a decir que los males de la pareja, y quizá del mundo, no brotan en un instante de ira, sino que se arrastran: el deterioro avanza por acumulación.

 

LUNES, 1 de julio

Candaya es una editorial que se afirma en España y en Latinoamérica. Tiene los ojos abiertos a nuestro país y a sus jóvenes autores y mantiene antenas en Latinoamérica: ahí están, entre otros, Sergio Chejfec o Ednodio Quintero, un poco aragonés también: fue amigo de Philip West y adora a Goya y Buñuel. Candaya ha publicado recientemente a Miguel Serrano, de nuevo, y pronto publicará a Ángel Gracia. Presentaba en La Pantera Rossa una novela especial e inquietante, todo un torbellino de literatura de un joven y poderoso escritor: Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, 1981). Se trata de ‘Anatomía de la memoria’ donde reconstruye la historia de un poeta, Juan Pablo Orígenes, que participó en la revuelta universitaria del grupo Los Enfermos, que quería subvertir la vida mexicana e instaurar un mundo nuevo. Así como suena.

Cuarenta años después, a un periodista, Estiarte Salomón, le encargan que escriba la historia de Orígenes y de los hechos. Acude a él y a mucha más gente y acaba haciendo un libro torrencial, toda una exhibición de lenguaje, de puntos de vista, de tensión narrativa, de libertad de creación. Es uno de esos libros que exigen esfuerzo, una ambiciosa novela de un narrador-poeta que se reconoce en Fernando del Paso, en James Joyce, en Clarice Lispector, repleta de personajes. En el fondo, es un libro sobre la  violencia y la memoria disuelta en un arsenal de voces que parecen de otro mundo, del sueño.

 

MARTES, 2 de julio

María José Hernández es una cantante exquisita, de hermoso timbre, delicada, personalísima. Acaba de publicar un nuevo álbum: ‘Las uvas dulces’, con canciones de José Antonio Labordeta. La intérprete y compositora, autora de varios discos de factura poética, se fija en el Labordeta más íntimo (y “poético, humano, emotivo y emocionante”, dice María José), en el que creó las mejores imágenes plásticas, y hace su versión de doce temas, e incorpora su último poema. La producción es de Gonzalo Lasheras, fue grabado en el Laboratorio Audiovisual de Zaragoza por Carlos Estella, y cuenta con la participación musical de Sergio Marqueta, Daniel Escolano, JulioCalvo y Joaquín Pardinilla. Entre los temas, cantados con la suavidad de las gargantas indelebles, destaca ‘Mar de amor’. Labordeta se lo oyó en vida y decía, medio en serio, medio en broma, que “María José ha mejorado mi versión”. El disco se presenta el jueves diez en el Teatro Principal.

 

MIÉRCOLES, 2 de julio

Con portada de Pilar Tena, ‘Rolde’ (148-150) publica un número triple. Hay mucho que leer en 128 páginas: ‘El siglo de oro de Saraqusta’ de Javier Peña; ‘Relojes y relojeros en el Aragón Medieval’ de Cristina Pérez; ‘Jerónimo de Blancas’ de Eduardo Martín, ‘Sebastián Banzo Urrea. Primer alcalde de la II República’ de Héctor Vicente; algunos recuerdos de Desideri Lombarte a cargo de Nacho López Susín y Carlos Serrano; Fico Ruiz recuerda a Antonio Gavín y el payaso Marcelino; publica sus poemas Enrique Cebrián, con fotos de María Lanuza, y un cuento Marina Pérez Heredia, ilustrado por David Guirao. Y, entre otros asuntos, Vicky Calavia entrevista a Luis Alegre, que le dice: “... aquí viven muchos de mis seres queridos; aquí siempre quiero volver cuando no estoy. Zaragoza es la ciudad más alegre y más confortable para vivir que conozco”.

 

JUEVES, 3 de julio

Jesús Rubio, ese profesor infatigable que trabaja sobre mil asuntos, publica dos libros casi simultáneos sobre los Bécquer: ha sido un activo protagonista en el rescate de ‘El talismán. Una zarzuela inédita de Bécquer’, que publica Visor Libros. Con él intervienen Manuel Márquez de la Plata, Víctor Infantes, Juan José Jiménez, Miguel Ángel Lama y Amy Liakopoulos. Se trata de una pieza de 1859, con música de Joaquín Espín, padre de Julia Espín, una de las primeras enamoradas del vate sevillano, y el libreto –de Bécquer y su amigo Luis García Luna- “vendría a confirmar las visitas asiduas del poeta al salón musical de los Espín, la relación con la joven y sus años iniciales en el teatro”.

 

VIERNES, 4 de julio

Día de poesía. Antonio Orihuela visita Zaragoza con ‘Esperar sentado. Poesía completa’ (La Baragaña. 862 páginas) y actúa hoy en La Pantera Rossa y mañana en La Casa de Zitas. Es un poeta social y libertario, que nació en Moguer en 1965, en el pueblo de Juan Ramón Jiménez, a quien considera un poeta comprometido. “El propio Juan Ramón Jiménez decía que entre 1936 y 1950 había escrito más de política que de poesía”. Orihuela cita un libro extraordinario como ‘Guerra en España’ o ‘Platero y yo’.

“Se celebra año el centenario de ese libro. Cuando se publicó la versión completa, en 1917, en Moguer desató la polémica y críticas airadas. Juan Ramón fue insultado. La burguesía se sintió atacada”, dice. Confiesa cuánto le deslumbró Jaime Gil de Biedma y sostiene que la crisis ha llegado para quedarse: “No es un acto pasajero. La sociedad se ha transformado y estamos en un tiempo nuevo y desolador, en un tiempo de mudanza. El estado del bienestar pertenece a otro tiempo”.

En La Almunia de Doña Godina se celebraba su XI Festival de Poesía Erótica, que organiza el Club de Lectura en colaboración con el ayuntamiento. Es una noche de amor a la palabra, a la pasión y a la picardía. Suenan muchas voces, cada vez más hermosas y timbradas, y hay instantes de intensa emoción. La Almunia, tierra de cine, de pedagogía y de literatura, ha consolidado este encuentro. Se oyeron poemas de Rilke, Cernuda, Samaniego, Gloria Fuertes, Fernando Sarría, Gonzalo Rojas, Miguel Ángel Yusta, Carmen Aliaga, Oliverio Girondo. Al final, fruta y repostería.

 

SÁBADO, 5 de julio

Mientras asistía a un homenaje, en el Teatro Principal, a la pintora Aurora Charlo, esencialmente acuarelista y viajera en pos de un paisaje o una ciudad, recibí una terrible noticia, de la que ya me había alertado Encarna Samitier: la muerte de Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968-Marbella, 2014), a consecuencia de un tumor cerebral. Es un escritor versátil, de libros inesperados, meticuloso, que trabajaba sin prisa y con conciencia de ser un solitario al que le entusiasmaban los misterios del aula. Uno de sus temas capitales era la compleja psicología de los seres humanos, especialmente en la infancia. Le preocupaban las raíces el mal, el origen de la violencia, como se ve en novelas como ‘Querido Caín’ (2006) o ‘El ruido del mundo’ (2014) o en el ensayo ‘Atrapar a la pantera’ (2010). Se movía muy bien en una novela intensa que avanzaba siguiendo las reglas de la intriga psicológica. También escribió dos hermosas novelas históricas: ‘Urías y el rey David’ (1997), de asunto bíblico, y ‘Las dos muertes de Sócrates’ (2003). Era un buen escritor, con mucha personalidad y oficio, un apasionado de la amistad y de la enseñanza. 

 

-1. La foto de Kikí de Montparnasse la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-875c0c31ca1142a0f673ba8c9f12e7a4.jpg

-2. La foto de Nacho García-Valiño es de aquí: 

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-42c6cd2860e39857b014ec3b72931067.jpg

-3. La imagen inicial es de Pilar Tena, autora de la portada de 'Rolde' y de unas páginas dedicadas a su arte.