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Antón Castro

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DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD



PEDRO BOSQUED. Farmacéutico y escritor



La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado”



 Pedro Bosqued (Zaragoza, 1970) es farmacéutico y escritor y crítico literario. Es autor de ‘Pieles de Italia’ (Confuencias). Vive la pandemia con serenidad y dolor desde su farmacia.

-¿Cómo está viviendo estos días, cada vez más largos, de coronavirus?

-Por decirlo con suavidad, como una de esas épocas de junio llenas de exámenes y ninguna certeza. Con franqueza, como un algodón que absorbe tantas reacciones humanas a un solo hecho nunca visto antes por nosotros.

-Así, de entrada, como farmacéutico y como escritor, ¿qué reflexiones ha hecho? ¿Vivimos un castigo bíblico o divino?

-Que nada es imposible, que lo que suceda es naturaleza, pase o pese lo que pese. Como dice mi amigo el catedrático de historia Enrique Solano, ahora es cuando habla la historia y cae con todo el peso que tiene. Implacable. A lo mejor por eso existe la historia divina o la bíblica o la sanitaria o…

¿Qué le conmueve, cómo cambia la actitud de la gente, cómo percibe la psicosis?

-Me conmueve que ahora haya tantas dudas fruto de la incertidumbre y que curiosamente son bien compensadas por la certeza de los profesionales sanitarios, en que lo que solo y siempre cabe, es la lucha por la salud. La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado, hasta la de los que se mueven por las estanterías de los supermercados. La psicosis consume mucha energía, y a la vez, hace que más personas, al llegar a la cama, de verdad necesiten reposar.

-¿Ha indagado en fenómenos semejantes del pasado a través de la literaria o la farmacia?

-Sí, en la literaria, hay muchas, nadie puede obviar ‘La peste’ de Albert Camus, un humanista por encima de lo exterior. En la farmacia, por lo que me toca, mi bisabuelo, Juan Ramón Bosqued, que fue hijo adoptivo de Aguarón y reconocido por la Diputación Provincial por su contribución en la epidemia del cólera en 1885. Hay muchos más e importantes, e invito a buscarlos a los lectores, les ampliará las miras, ahora que hay más tiempo.

-¿Le parece que, en algún momento de la historia, más allá de las grandes guerras, ha sido tan evidente la fragilidad, la vulnerabilidad humana?

-Quizá en cosas tan suaves como la venida de los Reyes Magos, puede sonar a inocentada; pero sabernos tan vulnerables, ayuda a ello, más que el mejor regalo de la noche de Reyes. Pero una vez pasados los Reyes, es evidente que la vulnerabilidad tiene un peso en nuestra mochila que tenemos que aprender a llevar. Y se puede. O por estar siete años en Segunda, no puede subir ya el Real Zaragoza.

-¿Qué significa para un escritor la reclusión forzosa?

-Darte cuenta una vez más que la realidad supera a la ficción, y por eso así nos va a los que creamos la ficción. También puede ser un deseo hecho realidad, la oportunidad única para dar aliento a los demás sin saberlo, y siempre, la capacidad de ir más allá, de comprender algo más y al ponerlo en líneas, ofrecer a los demás nuevas puertas que ayuden sin saber que estaban ahí esperando a ser franqueadas.

-¿Qué casos le conmueven más de escritor en cautividad: Cervantes, Shakespeare, por la peste, Genet, Oscar Wilde, González Ruano, Marcos Ana…?

-No es justo elegir, pero sin duda, si la gente conociese bien la vida de Cervantes, apreciaría no solo más el Quijote, sino la categoría y capacidad de trabajo del autor. Si nada es casual, en este caso, es aún más manifiesto.

-Cuando hay pandemias como ésta, también se produce la superstición, la búsqueda del medicamento fetiche o talismán. ¿Ve que la gente quiere algo insistentemente porque lo ha oído, lo ha leído? ¿Ha cambiado la actitud de sus clientes-pacientes?

- Sí, casi siempre ocurre, ante las inseguridades, se abren ventanas que no tienen fundamento pero que dan una tranquilidad de alquiler, una tranquilidad hipotecada a la que acaba venciendo la razón, es cuestión de tiempo. Y sí que cambia la actitud, porque ante algo nunca visto, se necesitan nuevas referencias, algo de conocimiento que ayude a comprender lo que hace unas semanas parecía imposible. Y esa labor de los farmacéuticos de oficina de farmacia es necesaria, agradecida y reconocida por las personas. Ahora y a lo largo de la historia. Y eso da sentido al quehacer, reconforta. Como decía estos días Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía, cómo se disfruta de esos minutejos de comentario antes de despedirse al llevarte la medicina si hablas con el profesional que te lo ha servido. No he parado de advertir a mis contactos desde hace un tiempo de que venía algo que no habíamos visto nunca y ojalá no volvamos a ver. Pero estamos obligados a atravesarlo. No queda otra.

-¿Se venden más ansiolíticos?

-Más que eso, se piensa más en la ansiedad, curiosamente. Y eso aunque parezca un contrasentido, hace que la mente se ejercite más en reducirla.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

-Eso decían las autoridades sanitarias europeas, ahora es fácil decirlo. La cuestión ahora es, se hará si las circunstancias se repitiesen. La respuesta, sea cuál sea, la tenemos todos en la mente.

-¿Cuál es su opinión acerca de la respuesta del Gobierno, de los diversos pasos, se equivoca, acierta?

-En una pandemia como esta, aunque parezca irónico, es inteligente que el Gobierno deje a la Sanidad que tome el gobierno de la situación. Y lo más rico de una sociedad, es tener profesionales cualificados y entregados conocedores de lo que tienen enfrente. Los profesionales sanitarios saben bien lo que tienen que hacer, nunca se cansan de hacer el bien, lo que no siempre un Gobierno conoce.

¿Era posible pensar que en tiempos de internet y de tanta realidad virtual podía pasar algo así?

-Por supuesto, y se pone de manifiesto que gracias a internet y los demás medios que hace veinte años, por poner una fecha, no estaban; posibilitan seguir sabiendo en todo momento del otro, en espera de saldar los besos y abrazos aplazados. Llevo anotados en el debe mental un montón de abrazos pendientes.

-¿Ha recuperado alguna de sus pasiones o hobbies del pasado durante el confinamiento?

-Sí, algunas que parecían olvidadas. Por ejemplo, gracias a un amigo también enamorado del arte italiano, que cada día nos manda un documental con un paseo por los rincones de Roma. Ver cada noche la luz plena de la ciudad abierta a la gente antes de la pandemia, hace que irremediablemente piense en que esos tiempos volverán.

-¿Tiene miedo, estrés, agobio, cómo lo definiría?

-Miedo como en ‘Edipo Rey’, a queriendo ser inocente, llevar el contagio inconsciente y convertirte en culpable. Es imposible no sentirlo, es imposible que seas plenamente culpable. Pero es lo que tiene la pandemia y el virus, la invisibilidad, como los valores que de verdad nos alimentan y constituyen.

-Decía Muñoz Molina que este es el momento de los profesionales… ¿Tiene esa sensación de que ahora ya no nos interesa nada ese discurso grotesco de los charlatanes que antes nos parecía intrascendente pero lo consumíamos?

- Ese artículo de Muñoz Molina es delicioso, no me cansé de reenviarlo, por obvio, por sencillo, por claro. El pecado es que no sea así más veces. El regalo, que ahora los discursos vacuos se han mitigado y eso hace que consciente o inconscientemente, muchas personas busquen el conocimiento, aunque solo sea el del virus y las medidas preventivas. Ya es un gran paso alejado de la acera de la vacuidad.

-¿Cómo debemos encarar un tiempo así? Aunque sea solo por la idea de la supervivencia, ¿debemos afrontarlo con grandes esperanzas?

-Aceptando lo que ha llegado, asumiendo que lo podemos modificar para controlar el impacto, y esa es una esperanza de verdad sólida. Porque vendrán muchas cosas que creíamos sólidas y a la vuelta, veremos que se han licuado, pero otras, estarán y tendrán el sabor del primer turrón de navidad, inconfundible. Estos días cuando voy a trabajar en con las calles vacías, a veces, en una acera, hay un par de metros de baldosas a las que le da el sol. Entonces me paro, cierro los ojos, miro al sol, escucho el silencio de los coches, de las pisadas, la ausencia de ruidos, es otra música. No todo es malo, es una barandilla para apoyarse cuando falte el resuello.

-¿Qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

-Muchas, los clásicos siempre nos iluminan aunque no cejemos en el empeño de generar vanguardias, y una novedad que será un clásico y que los lectores de Heraldo bien conocemos, ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo. Pero al margen de las escritas, como me dijo hace muchos años el escritor Manuel Vilas, el hombre si hace falta, vivirá en Marte, se aclimata a todo. Sea o no el humor lo que impere.

-¿Para qué sirve el humor en una época así?

-Para dejar atrás la hiperventilación, sin ir más lejos. Para ver el lado humano de lo inhumano, sin ir más cerca. Para saber que volveremos a reír porque lo necesitamos más que el comer, sin ir más bebidos.

-Eres crítico literario y un lector incansable. ¿Podría recomendarnos tres libros que pueden cambiarnos un poco la vida?

-Con sumo gusto. Para quien quiera tomarse un caramelo, ‘Helena o el mar del verano’ de Julián Ayesta, nunca me cansaré de recomendarlo, se lo debo al escritor Eloy Tizón; creo que si me pidiesen un último deseo antes de morir, pediría un nuevo lector de este libro joya, tomémonoslo con un poco de humor. Para quien necesite ayuda, ‘Viaje alrededor de mi habitación’ de Xavier de Maistre, o de cómo sin salir de cuatro paredes se puede estar en cualquier mundo sin acabar loco, como también recomienda el lúcido de Enrique Vila-Matas, lleve las zapatillas de deporte que lleve. Y el tercero, es muy difícil, pero quizá simple. Ver reírse en cada capítulo a una octogenaria con las andanzas de Alonso Quijano y Sancho Panza, hace que el Quijote siga siendo imprescindible. ¿Cómo de duras serían las pestes antes del Quijote?

 

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA
https://www.xlsemanal.com/conocer/cultura/20200331/gratis-novela-lorenzo-silva-te-iras-de-aqui-pdf-mobi-descarga.html

FRAGMENTODE 'Y TE IRÁS DE AQUÍ'
Ha sido Milena, era de esperar, quien me ha llamado a mí. No ha querido aguardar a que yo me decidiese, a que mi deseo se impusiera a la frágil barrera
que podían oponerle mi edad y mis conveniencias.
Ella es joven y le conviene todo: quizá ha creído,
no sin cierta generosidad, que era su obligación. Me
ha exigido más que propuesto una cita a solas en la
que podamos continuar, camino del abismo, que es
nuestra única meta concebible, lo que empezó la otra
noche entre nosotras. No tenía preparada una manera de desengañarla, y no por no haber intentado dar
con una, sino porque todas las que ensayé fui yo misma quien las echó abajo a hachazos antes de que ella
marcara mi número. Así las cosas, me he limitado a
discutir sobre la hora y el lugar. Ella, comprensiva, o
acaso velando también por su propia comodidad, que
le aconseja alguna discreción, me ha dejado elegir en
función de mis limitaciones. He preferido un día la-
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borable, a media mañana, porque por suerte no estoy
uncida a una mesa de oficina: mi trabajo me permite
entrar y salir sin que las explicaciones sean pormenorizadas. Le he propuesto un lugar recóndito, poco
conocido incluso para los madrileños: el jardín del
Príncipe de Anglona, en La Latina, que a esas horas
estará vacío, salvo por algún jubilado. Todo le ha venido bien, como si quisiera hacerme sentir que nada
va a privarme de mi regalo, este regalo extraño y tan
bien envuelto que la vida me pone en las manos para
descomponerme. Antes de colgar ha creído necesario
tener un detalle más. Con esa voz aterciopelada y serena que gasta me ha asegurado, toda zalamera:
—No puedo esperar a tenerte otra vez delante.
En ese momento, o quizá un minuto después,
mirando su número en la memoria de mi teléfono,
he pensado que debía desconfiar de ella y de lo que
me invita a hacer; no porque ella pueda ser una embaucadora a sueldo con el encargo de destruir mi reputación o algo por el estilo, ni porque tenga alguna
voluntad oscura de estafarme o servirse de mí, sino
porque nuestra conversación se parecía demasiado a
las que suelen tener las personas que en coyunturas
diversas, a conciencia o sin ella, se conciertan para
embaucarse, estafarse y destruirse a sí mismas.

NUEVAS CONVERSACIONES DE FORMENTOR

A la atención de los lectores asiduos a Formentor, a los autores que intervienen, a los editores y críticos que participan en las Conversaciones Literarias.

Os hacemos llegar la convocatoria de las jornadas que se celebrarán el próximo otoño. Podéis reservar en vuestra agenda la fecha anunciada: 18, 19 y 20 de septiembre.
El rótulo que preside nuestro encuentro -Bagaudas, goliardos y estilitas. Acróbatas del mundo antiguo y moderno- os permitirá, como cada año desde hace doce, seguir el rastro que las obras de estos personajes han dejado en la biblioteca universal.
Recordareis que en enero anunciamos la presencia del Premio Nobel J.M. Coetzee y la conmemoración de su aniversario. También tendremos ocasión de acoger un encuentro de editores independientes y de asistir al acto de entrega de la X edición del Premio Formentor de las Letras.

Basilio Baltasar
Director
Fundación Formentor


Converses Literàries a Formentor

18, 19 y 20 de septiembre de 2020

***

Bagaudas, goliardos y estilitas
Acróbatas del mundo antiguo y moderno

 
Revolotean por la superficie del mundo personajes de los que todo el mundo ha oído hablar. Su presencia ameniza la conciencia del tiempo presente o fomenta el tedio de un feroz aburrimiento. Aunque más allá de esta celebridad podemos vislumbrar a lo lejos el fugaz destello de unas formidables personalidades.
Los bagaudas de la antigüedad permanecen agazapados en la bruma de una leyenda maltratada por los cronistas y descuidada por la epopeya europea. Los escurridizos personajes, irritables y levantiscos, han sido frecuentemente omitidos, pero de su difuso recuerdo emanan aquellas cualidades místicas iluminadas por la intuición de las grandes corazonadas.
Los goliardos, cofradía de poetas ambulantes, llevaron su ironía y jactancia a todos los rincones de la Europa de las catedrales. A menudo actuaban como estudiantes pobres que mendigan conocimiento de ciudad en ciudad. A veces, como herederos medievales de los sátiros o figuras pícaras salidas del tinglado teatral. Lo cierto es que cultivaron el arte de versificar con sarcasmo y supieron elevar la lírica amorosa de las tabernas a las altas estancias de la gran literatura. 
Los estilitas son la metáfora filosófica del funambulismo. Conciben la existencia del hombre como una ocasión para instruirse en la sobriedad, entrenar el equilibrio y adiestrar el vértigo que resistirá la visión de todos los abismos. El estilita fue el maestro de la acrobacia interior y el profeta que alertó contra la glotonería bulímica de la sociedad contemporánea.
Bagaudas, goliardos y estilitas se contorsionan bajo la carpa del circo errante, subidos al columpio y colgados del trapecio. Con el disfraz de su vestimenta artística, festejados por su encanto, entretienen a un público que no sabe de dónde vienen ni a dónde van. 
 

Con motivo del 80 aniversario del autor, las Conversaciones Literarias de Formentor organizan el homenaje a
J. M. Coetzee
 
El escritor sudafricano, Premio Nobel de Literatura 2003, intervendrá en las Conversaciones de Formentor y departirá sobre una de sus fructíferas ocupaciones: la autobiografía como género literario.
Escritores, críticos y profesores especializados en la obra de J.M. Coetzee participarán en la mesa dedicada a la trayectoria del Premio Nobel y comentarán los aspectos de su extensa obra narrativa y ensayística.

Encuentro de editores independientes
 
La crónica cultural habla con respeto de los editores “independientes”. La designación suele ser elogiosa, pero ha llegado a encubrir una cierta condescendencia… Como si fueran un apéndice, un lugar marginal en la periferia de las editoriales verdaderamente notorias en la industria cultural.
¿Qué dimensión debe poseer una editorial para ser considerada independiente?
¿Se medirá su rango por el volumen de su facturación?
¿Por el número de ejemplares que coloca en el mercado?
¿Por el número de empleados que contrata?
Los criterios economicistas permiten evaluar la estructura de las empresas de la industria cultural, pero no dan cuenta de la verdadera personalidad de las editoriales… independientes.
Las editoriales de las que estamos hablando tienen clara conciencia de una dependencia muy especial: 
del talento de sus autores, de la inteligencia de sus lectores, de la atención de los críticos, de la delicadeza de los libreros.  
Dejando de lado la cuestión del tamaño (que no siempre importa) 
¿Cómo identificar a estas editoriales? 
¿No se trata más bien de reconocer su personalidad? 
Por el estilo y carácter de sus ediciones, por la manera de pensar los libros, de sostener la conversación creativa con los autores, por el modo en que se dirigen a los lectores.
Por el cuidado puesto en todo ello.
¿Cómo podemos nombrar entonces a las editoriales llamadas independientes?
¿Convendrá buscar un adjetivo más adecuado, encontrar un nombre que aluda a su verdadera naturaleza y al papel que ocupan en la vitalidad de la cultura? 
¿Un nombre que las identifique por la solvencia de su compromiso intelectual y estético?

El gran juego de la imaginación literaria
Desde el año 2008 Formentor nos invita a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.
Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.
El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.
El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas. 
Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones. 
Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.
La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos. 
Durante tres días de otoño, en Formentor, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.

RAMÓN ACÍN HABLA DE SUS VIAJES

RAMÓN ACÍN HABLA DE SUS VIAJES

Ramón Acín Fanlo (Piedrafita de Jaca, 1952) es escritor, profesor y viajero. Durante años fue el coordinador de los ciclos ‘Invitación a la lectura’, un proyecto inolvidable de difusión de la literatura en el aula. Ahora ha publicado en Fórcola algunos textos de sus viajes: ‘Un andar que no cesa’.

 

-¿Qué importancia tienen los textos de viajes en tu producción general?

 Desde mi primera adolescencia, siempre he reflexionado antes, durante y después de cada uno de mis viajes atendiendo a impresiones, emociones y asombros. Incluso podría decir que los viajes están al fondo de algunos textos narrativos que he publicado. Como ejemplo diáfano puede servir el primer capítulo de mi novela “Cinco mujeres en la vida de un hombre” que, al fondo, traduce un viaje a Huesca en compañía de mi abuelo. La diferencia en el caso de “Un nadar que no cesa” es que en esta ocasión me he lanzado a concretar la experiencia viajera libre de otros arrabios para que sea sólo un libro en esencia de viajes y no telón de fondo de un texto narrativo. El viaje, pues, no me es ajeno, pero sí  ahora cambia su importancia que es la de explorar otra vertiente de escritura hasta el momento no experimentada por mí. Es pues, un reto que, una vez cumplido, puedo decir que me satisface. 

 

-¿Los textos de viajes son formas de autobiografía o, más bien, formas de mirar, de enfrentarse al mundo y de contar?

 Son todo lo que apuntas y a la vez. Autobiografía, sin duda, por cuanto conllevan de experiencia de viaje personal y, por supuesto, de almacén de meditaciones ante todo cuanto me sale al encuentro en cada uno de los viajes que relato en el libro. Lógicamente, autobiografía matizada y pasada por cedazos varios para evitar  la simpleza plana de contar lo visto, traspasando fronteras y buscando alcanzar una buscada cota literaria. Y, para ello, lógicamente, el uso de una mirada especial, atenta al detalle físico del paisaje, del arte y de la gente que puebla ese paisaje y crea  con todo sus bagajes. Una mirada capaz de proporcionar (y, sobre todo, proporcionarme) una comprensión que permita entender lo que antes no conocía o no comprendía. Una mirada que permita también saber del “otro” y aquilatar las diferencias frente al mundo conocido y  asentado en la costumbre del existir cotidiano. El viaje, como la vida, es precisamente enfrentarse a lo desconocido, conocerlo y comprenderlo a la vez que ensanchas tu persona.A la postre, como reza el viejo precepto griego, es conocer y conocerte a ti mismo o comprender y comprenderte, circunstancias que resumen el verdadero existir. Por eso, al menos para mí, los viajes enseñas, curten y te hacen más persona engrandeciendo, en todas la dimensiones, los límites personales amén del análisis y conocimiento subsiguiente.

 

-Se insiste en la fragmentariedad de los textos. ¿Se refieren al libro, hecho de artículos y crónicas, o de las piezas en sí mismas, en su estructura interna?

 Lo fragmentario en “Un andar que no cesa” es normal y lógico. No sólo porque el mundo en sí y la vida misma sean un acumulo de espacios y tiempos, de sucesos y momentos vitales, sino porque cada viaje del libro es un fragmento más de los bastantes viajes que he realizado. El conjunto de “Un andar que no cesa” es también un viaje personal en busca de un logro literario. Y es, por supuesto, un conjunto pequeño de fragmentos que resume algo de mis andanzas que no cesan por Europa y África especialmente. Andanzas con impacto desde diferentes perspectivas y búsquedas que se abren al pensarlos y programarlos, primero, y al realizarlos y transcribirlos, después. Son, por tanto, válidos uno  a uno, individualmente, y también en su conjunto porque traducen momentos vitales y formas de entender o de buscar, tanto desde la esfera más íntima de lo personal, como desde la esfera de quien observa y reflexiona sobre lo colectivo y desde lo colectivo.

 

-¿Cuál es el espíritu con que emprendes un viaje, tienes claro lo que vas a contar o te dejas arrastrar por la intuición?

En todos los viajes que conforman el libro, sin importar si hay o no desplazamiento físico (pues, leyendo, se puede viajar desde el sillón) hay fases concretas, todas ellas necesarias. Por supuesto, la intuición juega su partido, pues, para que algo se lleve a cabo, previamente tiene que haber una conmoción, una atracción, una sorpresa...que, al final, accione la mente y la perentoriedad de ejecutar el viaje. Y, cuando sucede, la preparación es obligada. Viajar conlleva perder el suelo firme de lo que se conoce, de la costumbre y, en consecuencia, uno debe armarse como protección mínima  ante las inclemencias venideras. La preparación da confianza antes y durante el viaje. Javier Reverte acertó cuando dijo aquello de que  hay “un buen viaje, si antes hay un buen libro”. Después de la fase preparatoria llega la degustación (paisaje y geografías, paisanaje y su cultura e historia, etc.) y, por supuesto, el impacto  tanto emocional como meditativo, lo que es propio del “durante” del viaje ejercitando la mirada a fondo. Una mirada que cambia y ensancha la percepción como ya dijo Proust: “Viajar no es cambiar de sitio, es cambiar de mirada”. Mirada que acompaña al placer cuando se degusta durante el viaje y, sobre todo, en el “después” al rememorarlo que, a la definitiva, es otro gran viaje por la recuperación meditada de lo visto y sentido. Es decir, la vivencia más glamurosa del viaje de la que habla Paul Theroux.

 

-¿Qué te interesa de los sitios: el paisaje, el espíritu, la cultura, los personajes, el propio azar?

 Me interesa casi todo, pero lo que me pone en funcionamiento “durante” el viaje es el asombro, aspecto que, sin duda, se acompaña del azar. Ese azar que puede estar donde menos se espera, y que, además, manifiesta al viajero atento los detalles que mueven su necesidad de ahondar en lo desconocido. Sitios, personas, sucesos, paisajes, historia...capaces todos ellos  de mostrarte al “otro” y sus circunstancias. Es decir, detalles que chocan ante lo conocido o la costumbre. Por eso, al viajar hay que estar en estado de alerta, asombrado e interesado, además de acompañado (lecturas precedentes). Sólo así, inmerso en ese conglomerado, se paladea y se vive a fondo el trayecto con emoción, sentimiento, placer ...y hasta con dolor como ocurre en los dos recorridos bélicos de “Un andar que no cesa”.

 

-¿Tienes a veces la sensación de que desandas, sobre todo en Venecia, las huellas de otros viajeros?

Sí, en la mayoría de los viajes, al tiempo que los llevo a cabo, “desando” caminos hechos por otros que han recorrido los mismos caminos. Y aciertas en el caso de Venecia, pues las principales fuentes de documentación previa fueron, entre otros, “Los esbozos de Venecia” (1906) y “Los cuentos de Venecia” (1927) de Henri de Régnier.  Son textos que dirigieron mi quimera. Y digo quimera porque Venecia, como otros viajes míos (Niágara, Titicaca, Machu Pichu, Alma Ata, San Petersburgo. La selva mexicana de Lacandona...) vienen de lejos, casi desde la infancia. Por cierto, ese “desandar” los viajes de otros da algunos momentos excelentes, especialmente cuando la memoria del pasado relatada por otros entra en colisión con el presente del viaje que uno lleva a cabo. El contraste de cómo fue un espacio, un paisaje, un pueblo frente a cómo es en la actualidad ofrece un contraste que levanta enormes olas para el análisis, y no digamos para la meditación.  


 -¿Qué te dio un país como Egipto, qué te conmovió?

En cuanto a Egipto, otra de mis fijaciones infantiles, el asombro desencadenante ante las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos casi quedó en nada al lado de la historia y el arte vistos por doquier, tan abundantes y jugosos, ante el desierto a veces de ensueño, ante sus mares transparentes del Índico, ante la mezcla de religión y costumbres, ante el padre Nilo y su grata navegación... pero, sobre todo, ante la estética de lo inacabado y ante la real plasmación  (al tiempo que funcional) del caos y de lo incomprensible. Egipto, lo digo en el texto, es un mundo repleto de otros muchos mundos que, a veces, conmueven y, otras, te dejan noquedado. Viajar por Egipto es como una lucha sin cuartel.

 

-Hay un viaje, o unos viajes, que parecen alimentar tu propia obra de ficción. ¿Fuiste a los lugares de la guerra civil para documentarte, para buscar huellas, rastros del horror, escenarios del espanto?

 Sí, hay viajes en “Un andar que no cesa” que derivan de la necesidad de cuadrar otros textos creativos míos. A ello responde el apartado de “Viajes bélicos”, por ejemplo. Cuando comencé a escribir mi novela “Siempre quedará parís” quise documentarme a conciencia (una documentación que duró 8 años) no sólo en los libros, sino en espacios físicos y reales, acompañado incluso de algunos protagonistas del incivil guerra del 1936 en España. Realicé un viaje lento por la “cicatriz” bélica de Aragón, partido en dos durante la contienda, de norte a sur y desde Biescas, en Huesca, a Sarrión el Teruel. De aquel viaje mana el que se recoge en el libro que comentamos. Un viaje lento y minucioso, a lomos de cambios de tiempo (frío, calor, lluvia, viento) y de estaciones (invierno, verano) para intentar comprender la actuación de los soldados, su obediencia, etc. en tan absurda situación. Y, además, con el calor próximo de algunos protagonistas que, al tiempo, que destilaba dolor, me propiciaba también miradas hacia el entorno y que yo non había previsto. Así me dí cuenta del viaje que no trata ya sólo de entender la historia, sus sucesos, ponerse en la piel de los protagonistas, sino también de “mirar” el entorno que acogió aquellos sucesos y a sus protagonistas. Por eso, es un viaje repleto de matices, perspectivas, documentación anécdotas, meditaciones, supercherías, toponimía...Algo semejante me empujo a realizar otro de los viaje bélicos: Por Normandia, a la caza y captura de aspectos, paisajes, sucesos, estampas, etc., que pudieran aclararme la extrema violencia que se desató en las costas normandas durante el desembarco aliado, principio del fin del nazismo.

Ambos son viajes duros y dolorosos que, sin embargo, con la “mirada” abierta, aunque el corazón supure dolor, permiten abrir horizontes con las instantáneas que proporciona el paisaje y quienes lo pueblan y poblaron.  Viajar así, a lomos de una cruda idea, para calmarla, posibilita la necesidad de endulzar el viaje, de atemperar el dolor dando rienda suelta al asombro, al azar, a la emoción que acalle un tanto el dolorido sentir de la herida inicial que promovió el viaje.. 

  

-¿Qué tiene de peculiar Fuendetodos? ¿Crees que el fantasma de Goya se reanima por allí y que es lo que buscan autores como Berger, Grass y algunos otros?

No sé si el fantasma de don Francisco de Goya está presente  en los posibles recorridos que relato en el libro, pero sí que creo que lo está su “mirada” sobre el paisaje en bastantes de sus creaciones pictóricas. Su mirada se cuela al fondo de los cuadros y en los temas. Pienso en la sequedad del paisaje, en las líneas de horizonte, en la vegetación sedienta... Al menos así lo pensé al recorrer  a pie y en coche los espacios por los que  Goya transitó para ver familia o para  cumplir encargos en determinadas geografías de Aragón. De John Berger y Gunter Grass, a los que invité a Zaragoza, no me atrevp a poner mi voz, a suplantar sus opiniones, pero supongo que sí, que buscaban el alma de Goya en el territorio. Ambos, admiradores confesos del pintor lo llevaban en el corazón. Berger escribió una obra de teatro con Goya como elemento central (por cierto, estrenada en Zaragoza por el teatro de la Estación cuando lo invitamos a visitar Fuendetodos) y disfrutó de lo lindo con aquel recorrido aragonés. Lo mismo que G. Grass también visitante de Fuendetodos y, por supuesto, del espacio aledaño de Belchite, preocupado como estaba por temas de la guerra civil española. De ellos aprendí y con ellos disfrute, incluyendo la temática de Goya y la visión que ellos tenían de sus pinturas.

 

-¿Sería Julio Llamazares el escritor de viajes que más te ha marcado?

 De Llamazares puedo decir que es como un hermano. Y los hermanos marcan a fuego cuabndo fluye el cariño de verad. Además de Llamazares citaría otros hermanos como Jesús Moncada, Alfons Cervera, Luis Mateo Diez, José Giménez Corbatón...con quienes tengo hilos en común: una infancia rural, un transtierro urbano y el crecimiento en ese espacio como persona, la melancolía de un espacio infantil perdido que, entre otros aspectos más, nos lleva a todos, creo, a explicar mediante la literatura cuanto dejamos atrás. Es decir, a explicar la vida en espacios dormidos, “amortados”(por citar la palabra aragonesa justa y que se decía en el Altoaragón) o deshabitados (tan lejos de los términos “vacío”y “vaciado” de moda) a los que escribiendo sobre ellos y convirtiendo en protagonistas se les da nueva vida o, cuando menos, se deja constancia de lo que fueron y cuanto fueron.

 

-Si escribir es llorar, como decía Larra, ¿qué es viajar? ¿Una forma de curar el alma, la cerrazón, los nacionalismos, como decía Baroja?

Lo habitual es viajar por placer y olvidar el agobio diario del faenar, para romper con la costumbre que nos ata y buscar una panacea momentánea y falsamente liberadora. No lo dudo: es bueno y aconsejable, pero viajar de verdad va mucho más allá. Viajar es entrar en relación con lo que se descubre, se ve, se observa, se analiza, se comprende, se asume. Viajar es dialogar con uno mismo ante espacios, personas, paisajes, sucesos o historia, por ejemplo. Y como dices, a la vez, es curar tu alma y conocerse uno mismo, superando barreras que van desde lo personal a lo social, y que curan del chauvinismo, de la costumbre, del nacionalismo... porque, viajando,  se ahonda en la observación de los demás y en lo desconocido. Es, en suma, el viaje hace cierto el adagio clásico de que “nada de lo humano nos es ajeno”.

 

-¿De qué siente melancolía un peregrino como tú en Bruselas, en Sicilia, etc.?

Ante Bruselas o Sicilia como me sucedió (y sucede) en otros territorios, más que melancolía, que si la puede haber, abundan otros sentimientos que creo son importantes. Al menos, para mi. Sentimientos que mueven el corazón y el pensamiento. No obstante, confieso que sí hay melancolía porque, en lontananza, por sus paisajes, costumbres e historia aflora el pasado español (Países bajos) bueno y malo. Y con el viaje a Sicilia también al aflorar el pasado de la Corona Aragonesa desovando a lo largo de todo el Mediterráneo.

Melancolía y mucho más al recorrer huellas muy visibles que hablan de arte e historia, de relaciones y convivencia, de guerras y paz, de costumbres... Melancolía que, sin duda, resume vida, la vida y el viaje mudable de la vida.

 

-¿Cómo quieres que sea el lenguaje de tus textos viajeros, cómo crees que debe ser?

Intento buscar el vocablo ajustado o preciso a cada emoción sentida. La retrospectiva del viaje permite, junto a la degustación, meditar con lentitud y desechar aquello que es o se piensa innecesario. Viajar no sólo es holganza, observación, mirada, comprensión, reflexión...es, también, como ya he dicho, emoción. Una emoción múltiple y de amplia gama  que exige cuidar el lenguaje y sus formas (metáforas, figuras literarias...) a lo largo de cuanto se relata para que, como disparos directos al corazón y al pensamiento den en la diana. Intento buscar un lenguaje que resuma la documentación, la emoción, la meditación, el placer, la sorpresa, el azar, el conocimiento...Difícil, pero lo intento siempre. Es el gran reto.

 

*Ramón Acín rodeado de amigos. Arrodillado, a la derecha del todo, con traje gris.

ADIÓS AL PERIODISTA LUIS MUÑOZ

ADIÓS AL PERIODISTA LUIS MUÑOZ

https://www.heraldo.es/noticias/comunicacion/2020/02/27/muere-el-periodista-luis-munoz-lacasta-1361125.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR0JxTXuOF-NSgk1pi08XPKkdiba2VTBmZThr4OZyT-Zxs_uX-brStTIaNY

 

Texto de Alfonso Hernández, en 'El Periódico de Aragón'.

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/luis-munoz-lacasta-ya-vale-ya-basta_1411186.html?fbclid=IwAR31IwFYgW8PlEpEoJhON6yFrfkWErGVkS0msLBFAxwx5Q504k1Z-U7OZCs

 

*La foto es de Ángel de Castro.

 

DIÁLOGO CON ALFONSO DESENTRE

Alfonso Desentre: “El amor está en todas partes y al alcance de casi todos”

 

El actor y director Alfonso Desentre presenta el jueves 20, a las 19.30, en el Centro de Historias de Zaragoza, su cortometraje ‘Intimidad’, basado en un relato de Raymond Carver, con producción de Cosmos fan y colaboración de DSF-Teatro Imaginario. Esta historia de amor y desamor está interpretada por María José Pardo y el propio Desentre.

¿Por qué Raymond Carver? Ya había trabajado con sus textos en otra ocasión...

A mí me interesa mucho la narrativa y la literatura en general norteamericana, novela, poesía, teatro... Acabamos de llevar a escena un espectáculo con una selección de poemas que van desde Sylvia Plath, Sephard, el propio Carver, hasta jóvenes como Dorothea Larsky o Ana Carrete, junto a poetas aragoneses que comparten en cierto modo un modo de hacer poesía llamemos realista, y el gusto por. lo fronterizo.  Dentro de esa atracción, Carver, que algunos consideran el mejor escritor de relato breve después de Hemingway, es para mi mucho más interesante que Hemingway.

¿Se lo parece? Hemingway era un cuentista formidable.

Es fantástico cómo Carver convierte en poético lo aparentemente más prosaico, como convierte en héroes, a personajes anónimos, en situaciones cotidianas, a menudo en lucha contra si mismos, contra sus seres queridos, o alguna vez queridos. Es fascinante cómo los define, cómo en sus historias todo parece a  punto de suceder y a veces nada sucede. Un poco como Antón Chéjov.

¿Por qué el amor, de nuevo?

Precisamente uno de nuestros  espectáculos recientes tomaba prestado el titulo de otro texto de Carver. ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’. Un personaje se pregunta eso. El amor tiene muchas formas, puede ser insano o sublime. Habla del amor entre los viejos como una de sus formas más tiernas: dos viejos que bailan todas las noches juntos en su hogar junto al fuego. Eso debe de ser maravilloso. Y dificilísimo.

¿Es el amor ese sentimiento del que tanto hablamos y del que sabemos muy poco?

El amor es una lucha, una batalla constante. Buscamos muchos de nosotros el amor duradero, que significa compañía, lealtad, solidaridad, buscamos también la pasión... Todo eso es amor, pero hay formas menores, distintas, o fugaces de amor, sin tanto conflicto:  alrededor de una mesa de amigos, en una mirada casual, una sonrisa de un desconocido, el calor de tu perro… El amor está en todas partes y al alcance de casi todos. El amor es el motor y la recompensa a casi todos nuestros  actos, al menos para muchos de nosotros. Y es el tema por excelencia de la literatura y el arte.

¿Qué supone para usted dirigir un corto, que tantos habías protagonizado?

Es un reto. Después de dirigir tanto teatro, tenía esa necesidad y me he lanzado a ello con la misma osadía que cuando empecé en la escena. Me impliqué mucho en el último cortometraje, ‘Help’, que partía de un guión propio y de una necesidad personal de contar esa historia sobre el olvido, pero no la dirigí. Quedé muy satisfecho del resultado  y de lo que aportó la dirección, pero me quedé con las ganas de hacer algo sobre lo que tuviera toda la responsabilidad del resultado. Para ello me he ido a una historia técnicamente sencilla, intentando hacer el cine que me gusta, con buenas interpretaciones, buenos diálogos y una atmósfera y una estética cuidada y coherente.

Háblenos de la atmósfera, del ambiente, precisamente.

Hemos intentado crear un conjunto coherente. La naturaleza es el marco, casi un personaje más, todo transcurre mientras las hojas caen, en el viejo jardín de la antigua casa en común de la pareja que se reencuentra.  Le hemos dado un aire atemporal, pero claramente retro, o como gusta decir a mí, camp, como pasado de moda. Hemos cuidado el cromatismo, la música…, la sencillez  y la humildad de medios no tiene que conllevar dejar nada a la intrascendencia.

¿Qué manda más en ‘Intimidad’: el cinismo o la ironía?

No sé bien la respuesta. Supongo que la ironía conlleva alguna forma de humor, y el cinismo alguna forma de maldad. En este caso hay ambas cosas, pero el cinismo del personaje es una máscara.

¿Cómo definiría el trabajo de los dos actores: María José Pardo y el señor Desentre?

Ja ja... Lo cierto es que estoy muy contento. Con María José Pardo he trabajado mucho pero nunca en cine; su personaje es muy excesivo , visceral, histriónico, y la interpretación es acorde con eso, francamente buena. El mío es un tipo que esconde o transforma sus verdaderos sentimientos, y se ha acostumbrado a ocultarlos. Es por tanto más sobrio en la interpretación.

Se han separado hace tiempo, ¿no?

Paradójicamente, o no, es ella  la que ha pasado página, la que ha rehecho su vida, mientras él, el aparente hombre de éxito, admirado y envidiado, que viaja tanto en su flamante coche, no consigue dejar atrás la casa en común, el jardín perdido, presente siempre en su retrovisor. No consigue, como ella le propone, “borrar toda la pizarra y empezar de nuevo”. Y acaso no lo conseguirá.

 

LA FICHA

 

Intimidad’. Dirección: Alfonso Desentre. Productor: José Ángel Delgado. Directora de produccion: Clara Vallés. Guión original: Raymond Carver. Guión adaptado: Alfonso Desentre. Intérpretes: María José Pardo, Alfonso Desentre. Directora de produccion: Clara Vallés. Fotografía: Beltrán García Valiente. Vestuario: Ana Sanagustín. Maquillaje y peluquería: Delagua asesores. Musica y efectos Lord Sassafras.

Estreno: jueves, 20 de febrero. 19.30. Centro de Historias de Zaragoza.

 

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

FRANCISCO FERRER LERÍN. ENTREVISTA

 

 

“Pocos perdonan que machaques

 la convención y el orden”

 

“Si sobreviví al marchamo de raro ahora

también lo haré al de autor revelación”

 

 

Antón CASTRO

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, inventor de palabras y de climas literarios. Es observador de animales y creador de un Bestiario (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2007). Es autor de un libro misceláneo como Papur (Eclipsados, 2008). Su prosa más o menos autobiográfica se recoge en una novela como Níquel (Mira, 2005), ampliada más tarde con Familias como la mía (Tusquets, 2012), que resume su universo literario, su formación, la habilidad con el póquer y la atracción por las aves carroñeras. Su poesía completa se recogió en  Ciudad propia (Artemisa, 2006), pero posteriormente ha publicado dos poemarios más: Fámulo (Tusquets, 2010) y ahora Hiela sangre (Tusquets, 2013). A la erudición y al sarcasmo, a su facilidad y audacia, une su curiosidad y su inmensa ironía. Publicó las entradas de su blog en el libro Gingival del sello Menoscuarto (2012).

 

-En primer lugar, ¿cómo has llevado pasar del anonimato y del silencio a la revelación, al rescate, por decirlo así?

-En mi adolescencia, casi en mi niñez, cuando comencé a escribir no necesitaba ser leído, escribía para mí o, quizá, para nadie, aquello era un ejercicio físico de fácil ejecución, que me producía placer y al que no le daba la más mínima importancia. Luego, cuando volví a la escritura tras más de treinta años de silencio, las cosas cambiaron; de una forma no meditada pero rigurosa reclamé la presencia del lector, sin lector no existía la literatura. Ahora, sumido en la estupefacción ante la avalancha de minoritarios seguidores, reacciono como puedo; en palabras de mi editor y poeta Antoni Marí corro el riesgo de desaparecer, aunque pienso que si sobreviví al marchamo de raro ahora también lo haré al de autor revelación.    

 

-¿En qué medida Níquel te ha devuelto a la escritura, te ha rescatado, por decirlo así?

-Níquel fue sin duda el pistoletazo visible de salida de esta segunda etapa. Invitado a pronunciar una conferencia en Barcelona en el año 2000 asistí, asustado en un principio, al vitoreo y tocamiento de un sector del público que solicitaba de manera urgente mi vuelta al ruedo; eran hooligans durmientes que habían aguardado todos aquellos años para poder comprobar si yo existía. Animado, escribí un guión cinematográfico, Die Rabe, y de él, de modo natural y apenas evolutivo, surgió la novela Níquel. A partir de su publicación en 2005, en Mira editores, no he parado, y aún habrá más.

 

-Por una parte pareces contrario al mito, a la mitificación de tu figura, y a la vez das pequeños datos para crear una suerte de aureola de Bartleby (a la manera de Vila-Matas): evocas ese mundo del póquer, una España de secretos, evocas tu formación literaria que parece casi de película... ¿Quieres hacer tú, de ti mismo, un personaje literario nítido y a la vez difuso, que se acerca y se aleja, que se muestra y que desaparece?

-En la novela Níquel, o mejor en la novela Familias como la mía que la recoge y la acompaña de una segunda parte, los elementos autobiográficos son utilizados de manera descarada, exhibicionista a veces, dándose además la circunstancia de que, en mi caso, esa biografía puede tener matices y circunstancias que se apartan de la del común de los mortales. Ningún narrador, en su sano juicio, despreciaría ese filón, y yo no lo hago. Otra cosa es que me atenga a la realidad más rigurosa; precisamente ese sano juicio me impide desarrollar en profundidad determinados sucesos. Ahí en ese estado pendular de realidad y realidad amputada, de realidad y realidad sustituida por ficción, radica, quizá, la sensación pantanosa del relato, algo que no gusta a muchos lectores que prefieren saber con quién se juegan los cuartos.     

 

-¿Cómo se explica tu fascinación por las aves carroñeras? ¿Qué encuentras en ese mundo?

-A mediados de los sesenta, mientras España empieza a salir del subdesarrollo, descubro la existencia de unas estructuras de 2,7 metros de envergadura que sobrevuelan a gran altura nuestras cabezas a la búsqueda de carroña. Este hecho que no es que sea propio de los cuarenta y cincuenta sino del medioevo, me produce una especial fascinación. Está claro que pertenezco a una estirpe ciudadana y que la vida natural, salvaje, que puede encontrarse en el ámbito rural, la veo con ojos sofisticados, curiosos y por lo tanto científicos. Tengo ocasión de ir a trabajar al Pirineo y es allí donde doy rienda suelta al estudio y fomento de la necrofagia... en la fauna carroñera. 

 

-A veces da la sensación de que estás muy próximo a Ambroise Paré, a Cunqueiro, a Borges, a Perucho... ¿Les debes algo, son maestros tuyos de alguna forma?

-De los autores que citas identifico como inspirador de mis primeros y brumosos versos a Álvaro Cunqueiro, y de mi siguiente obra, a partir de los relatos poéticos de La hora oval, a Jorge Luis Borges. Conocí personalmente a Juan Perucho pero era hombre de cofradía gastronómica y tertulia pueblerina; se ha dicho que mi bestiario es deudor de sus Historias naturales, pero no lo veo así.

 

-Me llama la atención tu sentido del humor: es delirante en ocasiones y a la vez seco; es corrosivo y contenido... Alguien me dijo una vez leyendo una entrevista tuya: qué antipático me resulta... ¿Cómo defines tu humor, tu ironía, tu sarcasmo?

-Debe de ser fruto de mi aversión por el tópico, por cualquier forma de lugar común verbal o en el campo de la acción. De modo ¿inconsciente? me aparto de lo previsible, evito aburrir a mi interlocutor, procuro no repetir; soy un tipo sintético, y lo exijo en los demás. Y en cuanto a la antipatía recuerdo las palabras, del que fue durante tres años mi director en determinado Centro de Estudios, a raíz de la preparación de un curso en el que yo iba a participar como profesor y, en general, acerca de la disciplina en la que trabajábamos: “la ciencia, la investigación, la inteligencia, no deben someterse al imperio de la simpatía, de la condescendencia, del populismo, deja las complacencias para los que carecen de argumentos”. 

 

-Son algunos escritores los que dicen que escriben para que los amen más... ¿Es tu caso?

-Nunca había oído eso. Desde luego es pretencioso porque al decir que los amen más presuponen que ya los aman. El amor es materia reservada, venal, trabajosa, incómoda; no hablo, por supuesto, del amor hacia los hijos; eso es un asunto serio.

 

-Acabas de publicar ‘Hiela sangre’ ¡Vaya título para un poemario! ¿Adónde querías ir a parar?

-Este sintagma procede de la depuración de otros en los que la sangre está presente y que son paráfrasis de un rótulo de mi admirado Antonio Gamoneda.

 

-Uno de los temas capitales, o más constantes del libro, es el de las mujeres. ¿Qué lugar han ocupado en tu vida?

-Un lugar central, que supone comodidad, placer, comunicación verbal, mercantilismo. 

 

-En el libro hay muchas: historias sugeridas, pasiones convulsas, amores carnales, mujeres que quisiste a tu manera... ¿Por qué regresan en este libro?

-Como es sabido a medida que se aproxima la hora final van acudiendo los recuerdos de las personas que conformaron nuestra vida útil. Muchas ya han fallecido, otras agonizan y las que aún pueden moverse han de hacerlo en condiciones de precariedad; ante un panorama de nichos, camas de hospital y sillas de ruedas prefiero recuperarlas mediante el verso que, al menos, resulta más higiénico.  

 

-El sexo anda siempre por aquí como un lugar al que llegar, como un friso de picardías... ¿Qué hay del seductor Francisco Ferrer Lerín? ¿Cómo es la presencia del sexo en tus ficciones?

-El sexo explícito, quizá el único sexo posible, es un material que apenas he utilizado en mi escritura. Quizá en el díptico Familias como la mía, concretamente en su primera parte, Níquel, se cuelen algunas secuencias eróticas que, como ya he dicho en otras ocasiones, no formaban parte del plan inicial de la obra; fue mi mujer Concha Jiménez, ávida lectora experta en márquetin, quien me obligó a incluirlas.

 

-Hablemos de algunas mujeres: empecemos por Leonor...

-Leonor es Leonor Fini, pintora surrealista argentina que, en mi época francesa, disfrutaba del favor de editores como Jean-Jacques Pauvert lo que propició mi conocimiento, no personal, y su influencia en mi entonces incipiente carrera literaria; su obsesión por la forma huevo se refleja en el poema que le dedico en Hiela sangre y pudo ser el germen del título de mi segundo libro de poemas, La hora oval, aunque este aserto, surgido ahora al responder este cuestionario debería verificarse.

 

-Sigamos con Marta Loverdos (“hallo en el arcón esta foto de boda”)...

-Marta Loverdos de Altimira es un monstruo de Frankenstein que vengo arrastrando desde los tiempos en que, gracias a Antonio Fernández Molina, colaboraba en la revista Papeles de Son Armadans, dirigida por Camilo José Cela. Entonces creé a la heroína a partir del apellido griego Loverdos que ostentaba el cónsul de ese país en Barcelona, amigo de mi familia, y de Altimira, leve variación del apellido de una compañera de colegio con la que jugueteaba. Que luego la reutilizara en el blog y en varios libros demuestra la consistencia interna del personaje o, mejor, la necesidad de materializar ciertos impulsos no cumplidos. De hecho le doy imagen en Familias como la mía a través de una fotografía en la que se me ve, en la boda de un familiar, acompañado por una muchacha que se muerde una comisura de la boca, lo que luego me permitió construir una historia de autoingesta facial.

 

 -¿Quién fue, si existió, Mulata o Culata? Pareces sugerir que fue alguien a quien conociste en tu época del póquer...

-Fue una mujer espléndida, de carnes planetarias, experta en artes marciales y filatélicas.

 

-Llama la atención la ironía o el descaro. Dices: “He soñado con la más hermosa de mis cuñadas...” ¿Cuánto hay de provocación, de sinceridad o de revelación en un texto así?

-El profesor de la universidad de Valencia José Luis Falcó está preparando un libro que será una antología de mis textos de carácter onírico. Con los años se duerme menos y, sobre todo, se duerme fragmentariamente, lo que permite, por una simple ley estadística, tener mayor número de posibilidades de recordar lo último que se ha soñado. El texto a que haces referencia tiene ese origen.

 

- Incluso hay un poema dedicado a tu madre. Creo que te he oído decir que parecía una actriz de cine. “A veces pienso que mi madre era una sombra...” ¿Cómo te ha marcado y qué espacio ocupa en tu imaginario y en este libro?

-La frase exacta es “A veces pienso que madre era una sombra”, pertenece al poema ‘Madre estaba allí’ de la sección ‘Prosas’ del libro de poemas Hiela sangre. Se trata de otro sueño, recurrente, en este caso, y, curiosamente, ‘Madre’ no es mi madre sino la de mujer. La mía, María Luisa Lerín, fue actriz de teatro, amateur.

 

-¿Qué diferencias hay entre este nuevo poemario y Fámulo? ¿Qué novedades? Lo digo porque sigues jugando con tus temas: el pasado, la Edad Media o Antigua (aquí aludes a los celtas), creación de lenguaje, pájaros, libros reales y apócrifos...

-Alguien (de mi confianza) ha dicho que Hiela sangre es Fámulo concentrado, y yo añadiría que sus poemas son un repaso a las diversas técnicas que he empleado en mi escritura, de hecho las secciones del libro van de un ‘Postfámulo’ a un ‘Experimenta’.

 

-Dices: “Regresé a los treinta años de mi muerte”. No sé si hablas de un regreso post-mortem o de tu propia experiencia de escritor mudo durante casi treinta años...

-Hablo de un regreso físico post-mortem. La verdad es que no había reparado en la coincidencia con los treinta y tres años de mutismo.

 

- ¿Podrías escribir sin que tus poemas estuvieran llenos de referencias, de citas enmascaradas, de emboscadas al lector?

-Pues sí, y de hecho lo hago. Los dos textos que acabas de aludir ‘Madre estaba allí’ y ‘La casa’ carecen de referencias culturales evidentes. Aunque esto nos llevaría a una ardua disquisición sobre si las referencias no perceptibles deben considerarse. 

 

-¿Podrías explicarnos una parte como ‘Experimenta’ y un poema como ‘Lorra’, por ejemplo?

-El título lo explica; ‘Experimenta’ es una parte de Hiela sangre, la parte final, en la que trato de tensar la cuerda de la experimentación. En una de las solapas se dice que el libro lleva al límite la exploración formal. ‘Lorra’ es un hápax, un vocablo único en determinado contexto, en este caso la obra del Padre Sarmiento Sobre el animal cebra que se criaba en España, y esta condición única promueve la escritura de un poema, su discusión con una persona real y el acompañamiento léxico correspondiente. En todo caso el texto más experimental es ‘El botocudos’, homenaje al concepto próximo a Jorge Luis Borges de la “productividad de la mala traducción”, aquí centrado en la proyección versicular de la traducción, efectuada por un robot, de un artículo sobre los indios botocudos. Pero la experimentación tiene un precio; soy consciente del castigo a que se somete al pionero, pocos perdonan que machaques la convención, el orden.

 

- ¿Qué buscas en tu poesía? ¿Para quién escribes?

-La poesía y cualquiera de los géneros que abordo intento que sirvan como laboratorio del lenguaje; espero que las diversas formas que pueden conseguirse en ese empeño proporcionen placer a mis lectores. Se ha dicho que la poesía sólo es leída por poetas, y esto es una excelente noticia al tratarse de una especie, que como la tórtola turca, está en fase de expansión.

 

-¿Has superado tu condición de raro, crees que la sociedad literaria ha asimilado ya una voz como la tuya?

-Lo de raro es un latiguillo que conviene a los teóricos poco laboriosos. Una simple consulta a los manuales deja ver que un grueso sector de músicos, artistas plásticos y escritores tuvieron una difícil o nula recepción crítica porque se apartaban del canon imperante; otra cuestión, está claro, es la calidad intrínseca de su obra.

 

-Dinos, con la modestia o arrogancia que consideres necesarias, ¿qué te deben de verdad Félix de Azúa o Pere Gimferrer? Ellos siempre te consideran su maestro o un cómplice... ¿Cómo has vivido esa experiencia?

-Félix de Azúa y Pere Gimferrer no me deben nada. Hubo unos años, los que me mantuve alejado de la escritura, que convino considerarme como mentor de esos dos excelentes escritores; yo estaba lejos, dedicado a menesteres no editoriales y parececía que no iba a regresar, por lo que era una referencia no competitiva. Cuando regresé se apagaron esas proclamas. En el fondo la cosa se reduce a probar quién fue el primero.

 

-Tus libros de poesía a veces proponen viajes: viajes en el tiempo, expediciones a la naturaleza. ¿Cómo son tus viajes reales, qué te gusta?

En mi libro Gingival  aparece un texto, ‘Fue feliz’, que dice lo siguiente: “Nunca necesitó viajar. Nunca necesitó expresarse en una lengua que no fuera la suya”.

 

-Es casi una autobiografía. ¿En qué andas ahora, qué prepara el narrador, qué prepara el poeta?

-Ando dándole vueltas a un viejo proyecto: un libro, el breviario ahora llamado Vórtice, que cierre los capítulos que aún mantengo abiertos en los campos de la poesía, la novela y el relato. Y, en el ínterin, estoy metido en la colaboración con quienes preparan tres antologías de mis textos, una de ellas sobre textos inéditos y casi perdidos.

 

 -¿Cuál de todos es el poema que mejor te retrata, el que podría ser tu autorretrato y tu epitafio?

-Mi libro Gingival se cierra con un poema en prosa, si es que existe este género literario, llamado ‘La vida’, que aquí reproduzco:

‘La piel ya quebradiza (ni gota de sol le dijo el médico). Las rodillas machacadas por kilos y kilos de carroña en sacos cargados a la espalda por duras pendientes. Sentado. En la silla de ruedas. Ante el gran ventanal. Que da a la sierra de Onete donde los milanos reales planean al sol. Y ahora, un grupo de estólidas vacas llevan días pastando en el claro del bosque. Pide ayuda al enfermero. Cazador. Corrupto. Que le facilita el arma. El viejo ornitólogo ajusta los pernos. Apoya lento el brazo de trapo. El frío rifle pegado a la cara. Y dispara. Al amanecer una nube de buitres cae del cielo sobre la carne vacuna. Vísceras. Huesos. Ferrer Lerín cree que sueña. Felicidad olvidada. En esta agonía”.

 

-Cualquiera de tus libros está lleno de referencias y autores, pero querría saber quiénes son tus poetas de referencia.

Saint John Perse, Rimbaud, Góngora, Gamoneda, Claudio Rodríguez, Sharon Olds y T. S. Eliot.

 

-Sigo con las preguntas incómodas. ¿Cuáles son esos dos o tres libros de poemas que recomiendas siempre o que más veces relees?

-Citaría los siguientes: Alianza y condena de Claudio Rodríguez. Prólogo de Luis García Jambrina. Ediciones Cálamo. Palencia, 2009. Antología Poética de Saint-John Perse. Selección, traducción y prólogo de Jorge Zalamea, Los Poetas. Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires. 1960. Y Los muertos y los vivos, Sharon Olds. Traducción de Juan José Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas. Edición bilingüe. Bartleby Editores, Madrid, 2006.

LOS CAMBIOS EN LA FUNDACIÓN SANTILLANA

COMUNICADO 
 
Los Cambios
en la Fundación Santillana

Diciembre 26, 2019

 

 

 

Basilio Baltasar
Director
Fundación Santillana
Cultura
 
 
Estimados amigos:
 
La Fundación Santillana reorganiza su estructura operativa para dedicarse en exclusiva al ámbito que le fue propio desde sus comienzos en 1979: la educación.

Concluye así la programación cultural desarrollada por la Fundación durante los diez últimos años. Una intensa década en la que hemos podido desplegar un amplio abanico de iniciativas y colaborar con la extensa nómina de profesores, editores, pensadores, escritores, críticos, periodistas, juristas y profesionales que han prestado a los programas de la Fundación su talento y generosidad. A todos ellos debo dar las gracias por el entusiasmo con que se han sumado a nuestras propuestas.

A lo largo de esta prolífica década hemos tenido la buena fortuna de dedicar tiempo y energía a las ideas rectoras de nuestra programación: la cultura como calidad, estilo y personalidad de una sociedad abierta; y el pensamiento crítico como ejercicio de una mentalidad exigente y pacífica.

La red de complicidades tejida por la Fundación ha sido tupida y nos ha permitido convocar encuentros que han generado interés en una ciudadanía distinguida por la curiosidad de sus inquietudes culturales.

De ahí que nos parezca excelente el poder anunciar ahora la continuidad de las iniciativas puestas en marcha por la Fundación Santillana.


El Foro de Industrias Culturales, El Festival de Filosofía, el Congreso de Periodismo Cultural, las Conversaciones Literarias de Formentor, El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, El Boomeran(g), y la Red de Industrias Creativas, estarán a partir de ahora bajo la custodia de los responsables encargados de su desarrollo.

Con los acuerdos de cesión se mantendrá activo el patrimonio intelectual acumulado en estos años y no se desperdiciarán los esfuerzos invertidos en sostener proyectos de tan gratos resultados.

El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, cuyo décimo aniversario tendrá lugar el próximo mes de abril de 2020 -una de las principales actividades de la Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco- se mantendrá obviamente como actividad de la Fundación Santillana y en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid.

El Foro de Industrias Culturales será tutelado por la Fundación Alternativas.

El Festival de Filosofía lo organizará el Departamento de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

El Congreso de Periodismo Cultural lo llevará a cabo la revista Jot Down.

La Red de Industrias Creativas desarrollará sus cursos y seminarios siguiendo el formato habitual durante estos últimos cinco años.

Las Conversaciones Literarias de Formentor convocarán en breve la cita del otoño 2020, la 13 edición de unos encuentros dedicados a celebrar la admiración por las buenas letras.

Una despedida como ésta debe concluir con el capítulo de los agradecimientos.  Hemos subrayado la gratitud a los colaboradores que han formado parte de nuestras convocatorias. Nos corresponde también mencionar a los que desde la propia Fundación han hecho posible un programa tan ambicioso. Ignacio Polanco y Emiliano Martínez, Presidente y Vicepresidente de la Fundación Santillana, han alentado y amparado con su compromiso personal la consecución de nuestros propósitos. El equipo humano de la fundación (Giselle Etcheverry, Adriana Jaramillo y el personal del Grupo Timón) ha auspiciado con su buen hacer el camino que nos trazamos hace diez años.

Diez años. Una frase de dos palabras que se pronuncia en un segundo, pero que contiene el recuerdo de los inolvidables momentos conseguidos.

Un cordial abrazo y hasta pronto.
  

***

Para los interesados en contactar con los programas puestos en marcha en su día por la Fundación, adjuntamos los siguientes correos electrónicos:
 
Foro de Industrias Culturales,
Fundación Alternativas
Inmaculada Ballesteros
inmaballesteros@falternativas.org
 
Festival de Filosofía
Departamento de Filosofía.
Universidad Complutense de Madrid
José Luis Villacañas Berlanga
josluisvillacaasberlanga@gmail.com
  
Congreso de Periodismo Cultural
Ángel Fernández, editor de Jot Down
angel.fernandez@jotdown.es
 
Conversaciones Literarias de Formentor
El Boomeran(g)
 Adriana Jaramillo       
secretaria@formentorlitterae.com
 
Red de Industrias Creativas
Juan Pastor Bustamante
juanpasbus@gmail.com
Camila Cela
camilacmarty@gmail.com
 
Máster de Gobernanza y Derechos Humanos
 secretaria@fundacionsantillana.com
masterderechoshumanos@uam.es