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Antón Castro

Escritores

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/16/almudena-vidorreta-estamos-todos-en-el-agujero-1369885.html

 

Almudena Vidorreta: “Estamos todos en el agujero”



La escritora y profesora, residente en Nueva York desde 2016, ha podido salir del pais y pasar la reclusión en Zaragoza



Almudena Vidorreta Torres (Zaragoza, 1986) es poeta y profesora y doctora en Filosofía Hispánica. Reside en Nueva York desde 2016 y da clases en Filadelfia. Por motivos familiares pudo regresar a Zaragoza cuando Estados Unidos empezó a sentir la pandemia, hace en torno a un mes. Es autora de los poemarios ‘Lengua de mapa’, ‘Días animales’ y ‘Nueva York sin querer’, entre otros. Estaba en Nueva York, donde vive, pero pudo venir a España, a Zaragoza. ¿Qué pasó, por qué ha vuelto?

En cuanto suspendieron las clases presenciales en varias universidades y colegios privados, se recomendó a las personas con riesgos de salud quedarse en casa, y así lo hice. Trabajo en Filadelfia, donde viajo dos veces por semana para dar clase en Haverford College, y en los trenes se veía cada vez más gente con mascarillas. Mientras, en Manhattan, como si nada: pocos practicaban distancia social…, era una tragedia anunciada. Desgraciadamente he visitado las urgencias de distintos hospitales varias veces por otras razones. Si un día cualquiera son caóticas, intuía que esto sería infernal.

-Sus padres estaban allí con usted. Creo que han vivido una odisea para poder volver. ¿Cómo la resumiría?

Mis padres estaban pasando una temporada con nosotros. Cuando la situación se puso peor, pensé que era una suerte que estuviéramos juntos. Pero su seguro allí no cubre pandemias (¿quién piensa en esa letra pequeña?) y la situación parecía ir para largo. Si sobrepasas los tres meses de turista allá, no puedes regresar al país durante años, y en la embajada me dijeron que no me molestara en pedir una prórroga de visados (que sirve un mes más) porque pronto iban a interrumpirse los vuelos indefinidamente. Que salieran cuanto antes. Así que el nuevo plan fue huir con ellos. Conseguí billetes diez horas antes de nuestro viaje a España. No sabía si mi esposo podría acompañarnos, no había autobuses, el tren se averió…, pero lo logramos.

-Estados Unidos ya tiene un buen puñado muertos. ¿Cuál era el estado de ánimo del país?

El país está muy dividido. Las diferencias sociales no hacen sino quedar más en evidencia debido a esta situación: hay gente muy pobre, desinformada, sin posibilidades de seguro médico. Por otra parte, mientras el resto del mundo alertaba de que era un virus muy contagioso y aparecían los primeros casos en Norteamérica, se estaban celebrando elecciones primarias en varios estados. Una locura. Al mismo tiempo, hay quienes aplauden la preocupación del presidente por los mercados y les parece que la economía sigue siendo lo más importante, cueste lo que cueste. A mí me duele Nueva York. Es mi casa.

-Estados Unidos no tiene una sanidad pública como la española o la europea… ¿Aumenta eso la psicosis general?

Absolutamente. Muchos no entrarán en las estadísticas porque no pueden permitirse poner un pie en urgencias o no quieren endeudarse de por vida. Nueva York es una excepción porque ofrece seguros a las personas de bajos recursos, pero normalmente es una pesadilla. Aunque es difícil explicarlo, incluso con una buena cobertura sanitaria, en caso de enfermedad, uno se convierte en supervisor y gestor de su propio tratamiento. Si no, las facturas te arruinan la vida. Es demencial.

- ¿Cómo vive estos días de confinamiento en Zaragoza?

Sufro, como todo el mundo. Es triste ver lo que está pasando, perder gente querida, temer la enfermedad. Mientras tanto, atiendo a mi hija y a mis estudiantes. Reprogramar el semestre a distancia de la noche a la mañana ha sido una tarea ímproba (sin contar con el desfase horario). Pero en ese esfuerzo, tengo el apoyo de mi familia, y me siento muy afortunada por su compañía.

-¿Qué piensa de la pandemia? ¿Es como un castigo apocalíptico?

Procuro no pensar en esos términos, ni sucumbir a la tentación de las teorías conspirativas.

-¿Qué es lo que más le perturba?

Lo que venga después. Pensar en qué clase de futuro le espera a mi hija. El deseo de vivir lo más posible para verla crecer.

-¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podía surgir un ente invisible y maléfico, como de película de ciencia ficción, que paralizase el mundo?

No. O, si se me pasó, al ver alguna película o leer algún libro, no quise creerlo, como la mayoría.

-Aunque parezca una pregunta frívola. Usted es poeta. ¿Qué lugar ocupa ahora la poesía, qué nos puede dar en un momento en que todo se viene abajo?

La poesía siempre ha sido un bálsamo para mí. No he tenido mucho tiempo estas semanas para buscar su consuelo, la verdad, con tanto ajetreo. Aun así, he compartido poesía en las redes sociales y he participado en las microlecturas de La Bella Varsovia, donde se publicó mi último libro, ‘Nueva york sin querer’. No caí en la cuenta de que volver a esos poemas en los que hablo de sus lugares y sus gentes iba a ser tan doloroso. Este es un punto de no retorno que nos hará leer y escribir de manera diferente, como decía Adorno.

-Por extensión, ¿qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

El arte es importante para distraernos, entretenernos, hacernos sentir mejor. Los libros siempre han sido una vía de escape fácil, objeto cómplice del intimismo y la soledad. Este puede ser su mejor momento. Espero que cuando todo pase, la gente acuda a las librerías independientes a seguir comprando.

-¿Cómo podemos seguir manteniendo los valores de la educación?

Como profesora, estoy dando todo lo mejor de mí para dar respuesta a las necesidades de mis estudiantes en estas circunstancias, que son extrañas y limitadoras para todos. Hay que tener en cuenta que muchos regresaron a su país de origen, desde Chile hasta India, se enfrentan a escenarios completamente distintos en los que el virus se manifiesta con la misma crudeza, pero se conectan sin falta para nuestras reuniones semanales. Comparecer con buena cara, animarles y ofrecerles flexibilidad es lo único que está en mi mano para ayudar a hacer la situación más soportable a la gente con la que me relaciono en mi trabajo. El esfuerzo de educadores, investigadores y sanitarios es un pilar esencial de cualquier sociedad que adquiere protagonismo estos días, pero que debería ser siempre la prioridad de cualquier gobierno, de cualquier país. Desgraciadamente, esta es una oportunidad de oro para darnos cuenta.

-Emilio Lledó se preguntaba hace unos días, ¿quién nos dice la verdad? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Alguien nos está diciendo la verdad?

Es difícil saberlo. Hay muchos periodistas haciendo un esfuerzo increíble por contarnos la verdad, trabajando sin descanso, y también merecen el aplauso. Pero las guerras económicas y tecnológicas se han organizado en bandos que los ciudadanos de a pie ni siquiera percibimos. A veces, ni los gobiernos: hemos estado haciendo cálculos y echando cuentas con modelos erróneos, con datos falsificados. La verdad y la mentira son armas de destrucción masiva, y hoy en día cualquiera puede jugar a la ruleta rusa con un teléfono en la mano.

-¿La consuelan algunos libros ahora, quién le ayuda, hay deseos de crear en esta cautividad forzadas?

Quiero crear, siento pulsiones a veces en estos días, pero no sé si seré capaz. Veremos si las ocupaciones familiares y académicas dejan espacio para la poesía. El mejor consuelo, ahora mismo, son los libros ilustrados que dejan a mi hija boquiabierta en medio de tanta incertidumbre.

-¿Ha rastreado, aunque sea por curiosidad profesional, la huella de la peste, la gripe y otras calamidades en la poesía?

Investigué el tratamiento burlesco de la sífilis en la literatura del siglo XVII, a partir del poeta aragonés José Navarro. Me pregunto si algún día, dentro de siglos, alguien estudiará de la misma forma nuestras ocurrencias sobre el coronavirus. Siempre vale la pena volver la vista atrás; ‘Historia, magistra vitae’, hoy más que nunca.

-¿Para qué sirven’ el humor, la ironía, los chistes en este momento?

Conocer de qué forma nuestros predecesores hicieron humor sobre las epidemias me ha hecho poner en perspectiva algunos memes que circulan por las redes. Me parece esencial hacer sonreír al personal sanitario que sale llorando cada día del trabajo, que recicla materiales con ingenio, o a quienes se están jugando la vida incomunicados en residencias u hospitales. Y no deprimirse: hay que intentar sonreír, aunque sea a la fuerza.

-¿Cree que este es uno de los mayores períodos de fragilidad del ser humano?

Es uno de los momentos en los que más claramente percibimos nuestra fragilidad, que siempre ha estado ahí. Yo tuve mi episodio personal hace unos meses, un toque de atención que me hizo poner las cosas en perspectiva. No somos infalibles, aunque se nos olvide la mayor parte del tiempo.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

Se tendrían que haber suspendido todos los eventos multitudinarios desde mucho antes. La ciudadanía no tenía los datos, pero los gobiernos y los inversores, sí (miren las sesiones confidenciales en enero tras las que varios senadores estadounidenses vendieron sus acciones en Bolsa). Nadie quiso creer que las advertencias que desde diciembre llegaban de China y, pronto, de la OMS, les afectaban.

-¿Cuál es tu opinión acerca de la política sanitaria y de comunicación del Gobierno?

Sinceramente, no me gustaría estar en el pellejo de ningún gobernante ahora mismo. Es muy fácil opinar desde el sofá, a posteriori. Creo que no es momento de desacreditar a quienes, además, se están apoyando en expertos sobre la materia. Estamos todos en el agujero, y es fácil adivinar que la frontera entre la información y la alarma social puede ser finísima. Pero también le diré que, hace unas semanas, una amiga anestesista me decía que se sentía como si viera a cámara lenta dos trenes que van a chocarse, y no se pudiera evitarlo. Me pareció una metáfora exquisita de la precariedad laboral que llevan años denunciando. Ojalá que esto haga que nos preparemos mejor para la próxima, que la habrá.

-No se habla mucho del lugar de los niños. Usted es madre. ¿Eso la hace sentir más responsable, más solidaria?

Es durísimo explicarle a un niño que no puede ir al parque junto a su casa, aunque brille un sol espléndido. Tengo una niña de año y medio que habla por los codos y cada día suelta una retahíla de elementos de la calle y se prepara en la puerta para ir a pasear, a ver si alguien la saca. En Harlem conozco a muchas familias con hijos de su edad en situaciones muy desfavorecidas, y ahora no puedo quitármelos de la cabeza.

-En su vida cotidiana de confinada, ¿se ha reencontrado con hábitos u objetos?

Con el balcón de mi adolescencia en casa de mis padres. Salimos dos veces al día, a cantar y bailar con mis vecinos por la mañana, y a aplaudir por la tarde.

-¿Qué le dicen esas manifestaciones improvisadas de ventana a ventana, esas canciones, esos aplausos…?

Ese sentido de comunidad es muy de nuestra cultura, no existe en EEUU. Se siente una unidad que está por encima de doctrinas y credos.

-¿Seremos, somos, capaces en momentos como estos de olvidar nuestras diferencias políticas y aceptar que estamos todos en un único barco a la deriva?

Parece que no. Es curioso; si se piensa bien, la mayoría le echa la culpa a los mismos políticos a los que ya culpaba antes del virus, algo querrá decir. Pero, aunque aceptemos que esto está por encima de leyes e ideologías, somos seres sociales y nuestros cuerpos son materia política. Solamente deseo que esto provoque mayor empatía y solidaridad en el mundo.

-En un sentido puramente físico, ¿tiene miedo?

Sí. Muy físico. Real y patológico. Lamentablemente, la salud no me ha acompañado en los últimos meses, así que el miedo y las hormonas me paralizaban justo antes de montar en el avión que me trajo a Madrid. A pesar de la situación, aquí me siento más segura. Y, físicamente, también lo noto; estoy mucho mejor desde hace una semana.

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

El historiador y director de las PUZ, hoy en Diálogos en Cautividad

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/12/pedro-rujula-en-el-pasado-la-gente-vivia-la-epidemia-como-una-amenaza-cotidiana-y-ciclica-1369158.html

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD



PEDRO BOSQUED. Farmacéutico y escritor



“La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado”



 Pedro Bosqued (Zaragoza, 1970) es farmacéutico y escritor y crítico literario. Es autor de ‘Pieles de Italia’ (Confuencias). Vive la pandemia con serenidad y dolor desde su farmacia.

-¿Cómo está viviendo estos días, cada vez más largos, de coronavirus?

-Por decirlo con suavidad, como una de esas épocas de junio llenas de exámenes y ninguna certeza. Con franqueza, como un algodón que absorbe tantas reacciones humanas a un solo hecho nunca visto antes por nosotros.

-Así, de entrada, como farmacéutico y como escritor, ¿qué reflexiones ha hecho? ¿Vivimos un castigo bíblico o divino?

-Que nada es imposible, que lo que suceda es naturaleza, pase o pese lo que pese. Como dice mi amigo el catedrático de historia Enrique Solano, ahora es cuando habla la historia y cae con todo el peso que tiene. Implacable. A lo mejor por eso existe la historia divina o la bíblica o la sanitaria o…

¿Qué le conmueve, cómo cambia la actitud de la gente, cómo percibe la psicosis?

-Me conmueve que ahora haya tantas dudas fruto de la incertidumbre y que curiosamente son bien compensadas por la certeza de los profesionales sanitarios, en que lo que solo y siempre cabe, es la lucha por la salud. La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado, hasta la de los que se mueven por las estanterías de los supermercados. La psicosis consume mucha energía, y a la vez, hace que más personas, al llegar a la cama, de verdad necesiten reposar.

-¿Ha indagado en fenómenos semejantes del pasado a través de la literaria o la farmacia?

-Sí, en la literaria, hay muchas, nadie puede obviar ‘La peste’ de Albert Camus, un humanista por encima de lo exterior. En la farmacia, por lo que me toca, mi bisabuelo, Juan Ramón Bosqued, que fue hijo adoptivo de Aguarón y reconocido por la Diputación Provincial por su contribución en la epidemia del cólera en 1885. Hay muchos más e importantes, e invito a buscarlos a los lectores, les ampliará las miras, ahora que hay más tiempo.

-¿Le parece que, en algún momento de la historia, más allá de las grandes guerras, ha sido tan evidente la fragilidad, la vulnerabilidad humana?

-Quizá en cosas tan suaves como la venida de los Reyes Magos, puede sonar a inocentada; pero sabernos tan vulnerables, ayuda a ello, más que el mejor regalo de la noche de Reyes. Pero una vez pasados los Reyes, es evidente que la vulnerabilidad tiene un peso en nuestra mochila que tenemos que aprender a llevar. Y se puede. O por estar siete años en Segunda, no puede subir ya el Real Zaragoza.

-¿Qué significa para un escritor la reclusión forzosa?

-Darte cuenta una vez más que la realidad supera a la ficción, y por eso así nos va a los que creamos la ficción. También puede ser un deseo hecho realidad, la oportunidad única para dar aliento a los demás sin saberlo, y siempre, la capacidad de ir más allá, de comprender algo más y al ponerlo en líneas, ofrecer a los demás nuevas puertas que ayuden sin saber que estaban ahí esperando a ser franqueadas.

-¿Qué casos le conmueven más de escritor en cautividad: Cervantes, Shakespeare, por la peste, Genet, Oscar Wilde, González Ruano, Marcos Ana…?

-No es justo elegir, pero sin duda, si la gente conociese bien la vida de Cervantes, apreciaría no solo más el Quijote, sino la categoría y capacidad de trabajo del autor. Si nada es casual, en este caso, es aún más manifiesto.

-Cuando hay pandemias como ésta, también se produce la superstición, la búsqueda del medicamento fetiche o talismán. ¿Ve que la gente quiere algo insistentemente porque lo ha oído, lo ha leído? ¿Ha cambiado la actitud de sus clientes-pacientes?

- Sí, casi siempre ocurre, ante las inseguridades, se abren ventanas que no tienen fundamento pero que dan una tranquilidad de alquiler, una tranquilidad hipotecada a la que acaba venciendo la razón, es cuestión de tiempo. Y sí que cambia la actitud, porque ante algo nunca visto, se necesitan nuevas referencias, algo de conocimiento que ayude a comprender lo que hace unas semanas parecía imposible. Y esa labor de los farmacéuticos de oficina de farmacia es necesaria, agradecida y reconocida por las personas. Ahora y a lo largo de la historia. Y eso da sentido al quehacer, reconforta. Como decía estos días Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía, cómo se disfruta de esos minutejos de comentario antes de despedirse al llevarte la medicina si hablas con el profesional que te lo ha servido. No he parado de advertir a mis contactos desde hace un tiempo de que venía algo que no habíamos visto nunca y ojalá no volvamos a ver. Pero estamos obligados a atravesarlo. No queda otra.

-¿Se venden más ansiolíticos?

-Más que eso, se piensa más en la ansiedad, curiosamente. Y eso aunque parezca un contrasentido, hace que la mente se ejercite más en reducirla.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

-Eso decían las autoridades sanitarias europeas, ahora es fácil decirlo. La cuestión ahora es, se hará si las circunstancias se repitiesen. La respuesta, sea cuál sea, la tenemos todos en la mente.

-¿Cuál es su opinión acerca de la respuesta del Gobierno, de los diversos pasos, se equivoca, acierta?

-En una pandemia como esta, aunque parezca irónico, es inteligente que el Gobierno deje a la Sanidad que tome el gobierno de la situación. Y lo más rico de una sociedad, es tener profesionales cualificados y entregados conocedores de lo que tienen enfrente. Los profesionales sanitarios saben bien lo que tienen que hacer, nunca se cansan de hacer el bien, lo que no siempre un Gobierno conoce.

¿Era posible pensar que en tiempos de internet y de tanta realidad virtual podía pasar algo así?

-Por supuesto, y se pone de manifiesto que gracias a internet y los demás medios que hace veinte años, por poner una fecha, no estaban; posibilitan seguir sabiendo en todo momento del otro, en espera de saldar los besos y abrazos aplazados. Llevo anotados en el debe mental un montón de abrazos pendientes.

-¿Ha recuperado alguna de sus pasiones o hobbies del pasado durante el confinamiento?

-Sí, algunas que parecían olvidadas. Por ejemplo, gracias a un amigo también enamorado del arte italiano, que cada día nos manda un documental con un paseo por los rincones de Roma. Ver cada noche la luz plena de la ciudad abierta a la gente antes de la pandemia, hace que irremediablemente piense en que esos tiempos volverán.

-¿Tiene miedo, estrés, agobio, cómo lo definiría?

-Miedo como en ‘Edipo Rey’, a queriendo ser inocente, llevar el contagio inconsciente y convertirte en culpable. Es imposible no sentirlo, es imposible que seas plenamente culpable. Pero es lo que tiene la pandemia y el virus, la invisibilidad, como los valores que de verdad nos alimentan y constituyen.

-Decía Muñoz Molina que este es el momento de los profesionales… ¿Tiene esa sensación de que ahora ya no nos interesa nada ese discurso grotesco de los charlatanes que antes nos parecía intrascendente pero lo consumíamos?

- Ese artículo de Muñoz Molina es delicioso, no me cansé de reenviarlo, por obvio, por sencillo, por claro. El pecado es que no sea así más veces. El regalo, que ahora los discursos vacuos se han mitigado y eso hace que consciente o inconscientemente, muchas personas busquen el conocimiento, aunque solo sea el del virus y las medidas preventivas. Ya es un gran paso alejado de la acera de la vacuidad.

-¿Cómo debemos encarar un tiempo así? Aunque sea solo por la idea de la supervivencia, ¿debemos afrontarlo con grandes esperanzas?

-Aceptando lo que ha llegado, asumiendo que lo podemos modificar para controlar el impacto, y esa es una esperanza de verdad sólida. Porque vendrán muchas cosas que creíamos sólidas y a la vuelta, veremos que se han licuado, pero otras, estarán y tendrán el sabor del primer turrón de navidad, inconfundible. Estos días cuando voy a trabajar en con las calles vacías, a veces, en una acera, hay un par de metros de baldosas a las que le da el sol. Entonces me paro, cierro los ojos, miro al sol, escucho el silencio de los coches, de las pisadas, la ausencia de ruidos, es otra música. No todo es malo, es una barandilla para apoyarse cuando falte el resuello.

-¿Qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

-Muchas, los clásicos siempre nos iluminan aunque no cejemos en el empeño de generar vanguardias, y una novedad que será un clásico y que los lectores de Heraldo bien conocemos, ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo. Pero al margen de las escritas, como me dijo hace muchos años el escritor Manuel Vilas, el hombre si hace falta, vivirá en Marte, se aclimata a todo. Sea o no el humor lo que impere.

-¿Para qué sirve el humor en una época así?

-Para dejar atrás la hiperventilación, sin ir más lejos. Para ver el lado humano de lo inhumano, sin ir más cerca. Para saber que volveremos a reír porque lo necesitamos más que el comer, sin ir más bebidos.

-Eres crítico literario y un lector incansable. ¿Podría recomendarnos tres libros que pueden cambiarnos un poco la vida?

-Con sumo gusto. Para quien quiera tomarse un caramelo, ‘Helena o el mar del verano’ de Julián Ayesta, nunca me cansaré de recomendarlo, se lo debo al escritor Eloy Tizón; creo que si me pidiesen un último deseo antes de morir, pediría un nuevo lector de este libro joya, tomémonoslo con un poco de humor. Para quien necesite ayuda, ‘Viaje alrededor de mi habitación’ de Xavier de Maistre, o de cómo sin salir de cuatro paredes se puede estar en cualquier mundo sin acabar loco, como también recomienda el lúcido de Enrique Vila-Matas, lleve las zapatillas de deporte que lleve. Y el tercero, es muy difícil, pero quizá simple. Ver reírse en cada capítulo a una octogenaria con las andanzas de Alonso Quijano y Sancho Panza, hace que el Quijote siga siendo imprescindible. ¿Cómo de duras serían las pestes antes del Quijote?

 

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA
https://www.xlsemanal.com/conocer/cultura/20200331/gratis-novela-lorenzo-silva-te-iras-de-aqui-pdf-mobi-descarga.html

FRAGMENTODE 'Y TE IRÁS DE AQUÍ'
Ha sido Milena, era de esperar, quien me ha llamado a mí. No ha querido aguardar a que yo me decidiese, a que mi deseo se impusiera a la frágil barrera
que podían oponerle mi edad y mis conveniencias.
Ella es joven y le conviene todo: quizá ha creído,
no sin cierta generosidad, que era su obligación. Me
ha exigido más que propuesto una cita a solas en la
que podamos continuar, camino del abismo, que es
nuestra única meta concebible, lo que empezó la otra
noche entre nosotras. No tenía preparada una manera de desengañarla, y no por no haber intentado dar
con una, sino porque todas las que ensayé fui yo misma quien las echó abajo a hachazos antes de que ella
marcara mi número. Así las cosas, me he limitado a
discutir sobre la hora y el lugar. Ella, comprensiva, o
acaso velando también por su propia comodidad, que
le aconseja alguna discreción, me ha dejado elegir en
función de mis limitaciones. He preferido un día la-
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borable, a media mañana, porque por suerte no estoy
uncida a una mesa de oficina: mi trabajo me permite
entrar y salir sin que las explicaciones sean pormenorizadas. Le he propuesto un lugar recóndito, poco
conocido incluso para los madrileños: el jardín del
Príncipe de Anglona, en La Latina, que a esas horas
estará vacío, salvo por algún jubilado. Todo le ha venido bien, como si quisiera hacerme sentir que nada
va a privarme de mi regalo, este regalo extraño y tan
bien envuelto que la vida me pone en las manos para
descomponerme. Antes de colgar ha creído necesario
tener un detalle más. Con esa voz aterciopelada y serena que gasta me ha asegurado, toda zalamera:
—No puedo esperar a tenerte otra vez delante.
En ese momento, o quizá un minuto después,
mirando su número en la memoria de mi teléfono,
he pensado que debía desconfiar de ella y de lo que
me invita a hacer; no porque ella pueda ser una embaucadora a sueldo con el encargo de destruir mi reputación o algo por el estilo, ni porque tenga alguna
voluntad oscura de estafarme o servirse de mí, sino
porque nuestra conversación se parecía demasiado a
las que suelen tener las personas que en coyunturas
diversas, a conciencia o sin ella, se conciertan para
embaucarse, estafarse y destruirse a sí mismas.

NUEVAS CONVERSACIONES DE FORMENTOR

A la atención de los lectores asiduos a Formentor, a los autores que intervienen, a los editores y críticos que participan en las Conversaciones Literarias.

Os hacemos llegar la convocatoria de las jornadas que se celebrarán el próximo otoño. Podéis reservar en vuestra agenda la fecha anunciada: 18, 19 y 20 de septiembre.
El rótulo que preside nuestro encuentro -Bagaudas, goliardos y estilitas. Acróbatas del mundo antiguo y moderno- os permitirá, como cada año desde hace doce, seguir el rastro que las obras de estos personajes han dejado en la biblioteca universal.
Recordareis que en enero anunciamos la presencia del Premio Nobel J.M. Coetzee y la conmemoración de su aniversario. También tendremos ocasión de acoger un encuentro de editores independientes y de asistir al acto de entrega de la X edición del Premio Formentor de las Letras.

Basilio Baltasar
Director
Fundación Formentor


Converses Literàries a Formentor

18, 19 y 20 de septiembre de 2020

***

Bagaudas, goliardos y estilitas
Acróbatas del mundo antiguo y moderno

 
Revolotean por la superficie del mundo personajes de los que todo el mundo ha oído hablar. Su presencia ameniza la conciencia del tiempo presente o fomenta el tedio de un feroz aburrimiento. Aunque más allá de esta celebridad podemos vislumbrar a lo lejos el fugaz destello de unas formidables personalidades.
Los bagaudas de la antigüedad permanecen agazapados en la bruma de una leyenda maltratada por los cronistas y descuidada por la epopeya europea. Los escurridizos personajes, irritables y levantiscos, han sido frecuentemente omitidos, pero de su difuso recuerdo emanan aquellas cualidades místicas iluminadas por la intuición de las grandes corazonadas.
Los goliardos, cofradía de poetas ambulantes, llevaron su ironía y jactancia a todos los rincones de la Europa de las catedrales. A menudo actuaban como estudiantes pobres que mendigan conocimiento de ciudad en ciudad. A veces, como herederos medievales de los sátiros o figuras pícaras salidas del tinglado teatral. Lo cierto es que cultivaron el arte de versificar con sarcasmo y supieron elevar la lírica amorosa de las tabernas a las altas estancias de la gran literatura. 
Los estilitas son la metáfora filosófica del funambulismo. Conciben la existencia del hombre como una ocasión para instruirse en la sobriedad, entrenar el equilibrio y adiestrar el vértigo que resistirá la visión de todos los abismos. El estilita fue el maestro de la acrobacia interior y el profeta que alertó contra la glotonería bulímica de la sociedad contemporánea.
Bagaudas, goliardos y estilitas se contorsionan bajo la carpa del circo errante, subidos al columpio y colgados del trapecio. Con el disfraz de su vestimenta artística, festejados por su encanto, entretienen a un público que no sabe de dónde vienen ni a dónde van. 
 

Con motivo del 80 aniversario del autor, las Conversaciones Literarias de Formentor organizan el homenaje a
J. M. Coetzee
 
El escritor sudafricano, Premio Nobel de Literatura 2003, intervendrá en las Conversaciones de Formentor y departirá sobre una de sus fructíferas ocupaciones: la autobiografía como género literario.
Escritores, críticos y profesores especializados en la obra de J.M. Coetzee participarán en la mesa dedicada a la trayectoria del Premio Nobel y comentarán los aspectos de su extensa obra narrativa y ensayística.

Encuentro de editores independientes
 
La crónica cultural habla con respeto de los editores “independientes”. La designación suele ser elogiosa, pero ha llegado a encubrir una cierta condescendencia… Como si fueran un apéndice, un lugar marginal en la periferia de las editoriales verdaderamente notorias en la industria cultural.
¿Qué dimensión debe poseer una editorial para ser considerada independiente?
¿Se medirá su rango por el volumen de su facturación?
¿Por el número de ejemplares que coloca en el mercado?
¿Por el número de empleados que contrata?
Los criterios economicistas permiten evaluar la estructura de las empresas de la industria cultural, pero no dan cuenta de la verdadera personalidad de las editoriales… independientes.
Las editoriales de las que estamos hablando tienen clara conciencia de una dependencia muy especial: 
del talento de sus autores, de la inteligencia de sus lectores, de la atención de los críticos, de la delicadeza de los libreros.  
Dejando de lado la cuestión del tamaño (que no siempre importa) 
¿Cómo identificar a estas editoriales? 
¿No se trata más bien de reconocer su personalidad? 
Por el estilo y carácter de sus ediciones, por la manera de pensar los libros, de sostener la conversación creativa con los autores, por el modo en que se dirigen a los lectores.
Por el cuidado puesto en todo ello.
¿Cómo podemos nombrar entonces a las editoriales llamadas independientes?
¿Convendrá buscar un adjetivo más adecuado, encontrar un nombre que aluda a su verdadera naturaleza y al papel que ocupan en la vitalidad de la cultura? 
¿Un nombre que las identifique por la solvencia de su compromiso intelectual y estético?

El gran juego de la imaginación literaria
Desde el año 2008 Formentor nos invita a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.
Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.
El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.
El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas. 
Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones. 
Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.
La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos. 
Durante tres días de otoño, en Formentor, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.

RAMÓN ACÍN HABLA DE SUS VIAJES

RAMÓN ACÍN HABLA DE SUS VIAJES

Ramón Acín Fanlo (Piedrafita de Jaca, 1952) es escritor, profesor y viajero. Durante años fue el coordinador de los ciclos ‘Invitación a la lectura’, un proyecto inolvidable de difusión de la literatura en el aula. Ahora ha publicado en Fórcola algunos textos de sus viajes: ‘Un andar que no cesa’.

 

-¿Qué importancia tienen los textos de viajes en tu producción general?

 Desde mi primera adolescencia, siempre he reflexionado antes, durante y después de cada uno de mis viajes atendiendo a impresiones, emociones y asombros. Incluso podría decir que los viajes están al fondo de algunos textos narrativos que he publicado. Como ejemplo diáfano puede servir el primer capítulo de mi novela “Cinco mujeres en la vida de un hombre” que, al fondo, traduce un viaje a Huesca en compañía de mi abuelo. La diferencia en el caso de “Un nadar que no cesa” es que en esta ocasión me he lanzado a concretar la experiencia viajera libre de otros arrabios para que sea sólo un libro en esencia de viajes y no telón de fondo de un texto narrativo. El viaje, pues, no me es ajeno, pero sí  ahora cambia su importancia que es la de explorar otra vertiente de escritura hasta el momento no experimentada por mí. Es pues, un reto que, una vez cumplido, puedo decir que me satisface. 

 

-¿Los textos de viajes son formas de autobiografía o, más bien, formas de mirar, de enfrentarse al mundo y de contar?

 Son todo lo que apuntas y a la vez. Autobiografía, sin duda, por cuanto conllevan de experiencia de viaje personal y, por supuesto, de almacén de meditaciones ante todo cuanto me sale al encuentro en cada uno de los viajes que relato en el libro. Lógicamente, autobiografía matizada y pasada por cedazos varios para evitar  la simpleza plana de contar lo visto, traspasando fronteras y buscando alcanzar una buscada cota literaria. Y, para ello, lógicamente, el uso de una mirada especial, atenta al detalle físico del paisaje, del arte y de la gente que puebla ese paisaje y crea  con todo sus bagajes. Una mirada capaz de proporcionar (y, sobre todo, proporcionarme) una comprensión que permita entender lo que antes no conocía o no comprendía. Una mirada que permita también saber del “otro” y aquilatar las diferencias frente al mundo conocido y  asentado en la costumbre del existir cotidiano. El viaje, como la vida, es precisamente enfrentarse a lo desconocido, conocerlo y comprenderlo a la vez que ensanchas tu persona.A la postre, como reza el viejo precepto griego, es conocer y conocerte a ti mismo o comprender y comprenderte, circunstancias que resumen el verdadero existir. Por eso, al menos para mí, los viajes enseñas, curten y te hacen más persona engrandeciendo, en todas la dimensiones, los límites personales amén del análisis y conocimiento subsiguiente.

 

-Se insiste en la fragmentariedad de los textos. ¿Se refieren al libro, hecho de artículos y crónicas, o de las piezas en sí mismas, en su estructura interna?

 Lo fragmentario en “Un andar que no cesa” es normal y lógico. No sólo porque el mundo en sí y la vida misma sean un acumulo de espacios y tiempos, de sucesos y momentos vitales, sino porque cada viaje del libro es un fragmento más de los bastantes viajes que he realizado. El conjunto de “Un andar que no cesa” es también un viaje personal en busca de un logro literario. Y es, por supuesto, un conjunto pequeño de fragmentos que resume algo de mis andanzas que no cesan por Europa y África especialmente. Andanzas con impacto desde diferentes perspectivas y búsquedas que se abren al pensarlos y programarlos, primero, y al realizarlos y transcribirlos, después. Son, por tanto, válidos uno  a uno, individualmente, y también en su conjunto porque traducen momentos vitales y formas de entender o de buscar, tanto desde la esfera más íntima de lo personal, como desde la esfera de quien observa y reflexiona sobre lo colectivo y desde lo colectivo.

 

-¿Cuál es el espíritu con que emprendes un viaje, tienes claro lo que vas a contar o te dejas arrastrar por la intuición?

En todos los viajes que conforman el libro, sin importar si hay o no desplazamiento físico (pues, leyendo, se puede viajar desde el sillón) hay fases concretas, todas ellas necesarias. Por supuesto, la intuición juega su partido, pues, para que algo se lleve a cabo, previamente tiene que haber una conmoción, una atracción, una sorpresa...que, al final, accione la mente y la perentoriedad de ejecutar el viaje. Y, cuando sucede, la preparación es obligada. Viajar conlleva perder el suelo firme de lo que se conoce, de la costumbre y, en consecuencia, uno debe armarse como protección mínima  ante las inclemencias venideras. La preparación da confianza antes y durante el viaje. Javier Reverte acertó cuando dijo aquello de que  hay “un buen viaje, si antes hay un buen libro”. Después de la fase preparatoria llega la degustación (paisaje y geografías, paisanaje y su cultura e historia, etc.) y, por supuesto, el impacto  tanto emocional como meditativo, lo que es propio del “durante” del viaje ejercitando la mirada a fondo. Una mirada que cambia y ensancha la percepción como ya dijo Proust: “Viajar no es cambiar de sitio, es cambiar de mirada”. Mirada que acompaña al placer cuando se degusta durante el viaje y, sobre todo, en el “después” al rememorarlo que, a la definitiva, es otro gran viaje por la recuperación meditada de lo visto y sentido. Es decir, la vivencia más glamurosa del viaje de la que habla Paul Theroux.

 

-¿Qué te interesa de los sitios: el paisaje, el espíritu, la cultura, los personajes, el propio azar?

 Me interesa casi todo, pero lo que me pone en funcionamiento “durante” el viaje es el asombro, aspecto que, sin duda, se acompaña del azar. Ese azar que puede estar donde menos se espera, y que, además, manifiesta al viajero atento los detalles que mueven su necesidad de ahondar en lo desconocido. Sitios, personas, sucesos, paisajes, historia...capaces todos ellos  de mostrarte al “otro” y sus circunstancias. Es decir, detalles que chocan ante lo conocido o la costumbre. Por eso, al viajar hay que estar en estado de alerta, asombrado e interesado, además de acompañado (lecturas precedentes). Sólo así, inmerso en ese conglomerado, se paladea y se vive a fondo el trayecto con emoción, sentimiento, placer ...y hasta con dolor como ocurre en los dos recorridos bélicos de “Un andar que no cesa”.

 

-¿Tienes a veces la sensación de que desandas, sobre todo en Venecia, las huellas de otros viajeros?

Sí, en la mayoría de los viajes, al tiempo que los llevo a cabo, “desando” caminos hechos por otros que han recorrido los mismos caminos. Y aciertas en el caso de Venecia, pues las principales fuentes de documentación previa fueron, entre otros, “Los esbozos de Venecia” (1906) y “Los cuentos de Venecia” (1927) de Henri de Régnier.  Son textos que dirigieron mi quimera. Y digo quimera porque Venecia, como otros viajes míos (Niágara, Titicaca, Machu Pichu, Alma Ata, San Petersburgo. La selva mexicana de Lacandona...) vienen de lejos, casi desde la infancia. Por cierto, ese “desandar” los viajes de otros da algunos momentos excelentes, especialmente cuando la memoria del pasado relatada por otros entra en colisión con el presente del viaje que uno lleva a cabo. El contraste de cómo fue un espacio, un paisaje, un pueblo frente a cómo es en la actualidad ofrece un contraste que levanta enormes olas para el análisis, y no digamos para la meditación.  


 -¿Qué te dio un país como Egipto, qué te conmovió?

En cuanto a Egipto, otra de mis fijaciones infantiles, el asombro desencadenante ante las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos casi quedó en nada al lado de la historia y el arte vistos por doquier, tan abundantes y jugosos, ante el desierto a veces de ensueño, ante sus mares transparentes del Índico, ante la mezcla de religión y costumbres, ante el padre Nilo y su grata navegación... pero, sobre todo, ante la estética de lo inacabado y ante la real plasmación  (al tiempo que funcional) del caos y de lo incomprensible. Egipto, lo digo en el texto, es un mundo repleto de otros muchos mundos que, a veces, conmueven y, otras, te dejan noquedado. Viajar por Egipto es como una lucha sin cuartel.

 

-Hay un viaje, o unos viajes, que parecen alimentar tu propia obra de ficción. ¿Fuiste a los lugares de la guerra civil para documentarte, para buscar huellas, rastros del horror, escenarios del espanto?

 Sí, hay viajes en “Un andar que no cesa” que derivan de la necesidad de cuadrar otros textos creativos míos. A ello responde el apartado de “Viajes bélicos”, por ejemplo. Cuando comencé a escribir mi novela “Siempre quedará parís” quise documentarme a conciencia (una documentación que duró 8 años) no sólo en los libros, sino en espacios físicos y reales, acompañado incluso de algunos protagonistas del incivil guerra del 1936 en España. Realicé un viaje lento por la “cicatriz” bélica de Aragón, partido en dos durante la contienda, de norte a sur y desde Biescas, en Huesca, a Sarrión el Teruel. De aquel viaje mana el que se recoge en el libro que comentamos. Un viaje lento y minucioso, a lomos de cambios de tiempo (frío, calor, lluvia, viento) y de estaciones (invierno, verano) para intentar comprender la actuación de los soldados, su obediencia, etc. en tan absurda situación. Y, además, con el calor próximo de algunos protagonistas que, al tiempo, que destilaba dolor, me propiciaba también miradas hacia el entorno y que yo non había previsto. Así me dí cuenta del viaje que no trata ya sólo de entender la historia, sus sucesos, ponerse en la piel de los protagonistas, sino también de “mirar” el entorno que acogió aquellos sucesos y a sus protagonistas. Por eso, es un viaje repleto de matices, perspectivas, documentación anécdotas, meditaciones, supercherías, toponimía...Algo semejante me empujo a realizar otro de los viaje bélicos: Por Normandia, a la caza y captura de aspectos, paisajes, sucesos, estampas, etc., que pudieran aclararme la extrema violencia que se desató en las costas normandas durante el desembarco aliado, principio del fin del nazismo.

Ambos son viajes duros y dolorosos que, sin embargo, con la “mirada” abierta, aunque el corazón supure dolor, permiten abrir horizontes con las instantáneas que proporciona el paisaje y quienes lo pueblan y poblaron.  Viajar así, a lomos de una cruda idea, para calmarla, posibilita la necesidad de endulzar el viaje, de atemperar el dolor dando rienda suelta al asombro, al azar, a la emoción que acalle un tanto el dolorido sentir de la herida inicial que promovió el viaje.. 

  

-¿Qué tiene de peculiar Fuendetodos? ¿Crees que el fantasma de Goya se reanima por allí y que es lo que buscan autores como Berger, Grass y algunos otros?

No sé si el fantasma de don Francisco de Goya está presente  en los posibles recorridos que relato en el libro, pero sí que creo que lo está su “mirada” sobre el paisaje en bastantes de sus creaciones pictóricas. Su mirada se cuela al fondo de los cuadros y en los temas. Pienso en la sequedad del paisaje, en las líneas de horizonte, en la vegetación sedienta... Al menos así lo pensé al recorrer  a pie y en coche los espacios por los que  Goya transitó para ver familia o para  cumplir encargos en determinadas geografías de Aragón. De John Berger y Gunter Grass, a los que invité a Zaragoza, no me atrevp a poner mi voz, a suplantar sus opiniones, pero supongo que sí, que buscaban el alma de Goya en el territorio. Ambos, admiradores confesos del pintor lo llevaban en el corazón. Berger escribió una obra de teatro con Goya como elemento central (por cierto, estrenada en Zaragoza por el teatro de la Estación cuando lo invitamos a visitar Fuendetodos) y disfrutó de lo lindo con aquel recorrido aragonés. Lo mismo que G. Grass también visitante de Fuendetodos y, por supuesto, del espacio aledaño de Belchite, preocupado como estaba por temas de la guerra civil española. De ellos aprendí y con ellos disfrute, incluyendo la temática de Goya y la visión que ellos tenían de sus pinturas.

 

-¿Sería Julio Llamazares el escritor de viajes que más te ha marcado?

 De Llamazares puedo decir que es como un hermano. Y los hermanos marcan a fuego cuabndo fluye el cariño de verad. Además de Llamazares citaría otros hermanos como Jesús Moncada, Alfons Cervera, Luis Mateo Diez, José Giménez Corbatón...con quienes tengo hilos en común: una infancia rural, un transtierro urbano y el crecimiento en ese espacio como persona, la melancolía de un espacio infantil perdido que, entre otros aspectos más, nos lleva a todos, creo, a explicar mediante la literatura cuanto dejamos atrás. Es decir, a explicar la vida en espacios dormidos, “amortados”(por citar la palabra aragonesa justa y que se decía en el Altoaragón) o deshabitados (tan lejos de los términos “vacío”y “vaciado” de moda) a los que escribiendo sobre ellos y convirtiendo en protagonistas se les da nueva vida o, cuando menos, se deja constancia de lo que fueron y cuanto fueron.

 

-Si escribir es llorar, como decía Larra, ¿qué es viajar? ¿Una forma de curar el alma, la cerrazón, los nacionalismos, como decía Baroja?

Lo habitual es viajar por placer y olvidar el agobio diario del faenar, para romper con la costumbre que nos ata y buscar una panacea momentánea y falsamente liberadora. No lo dudo: es bueno y aconsejable, pero viajar de verdad va mucho más allá. Viajar es entrar en relación con lo que se descubre, se ve, se observa, se analiza, se comprende, se asume. Viajar es dialogar con uno mismo ante espacios, personas, paisajes, sucesos o historia, por ejemplo. Y como dices, a la vez, es curar tu alma y conocerse uno mismo, superando barreras que van desde lo personal a lo social, y que curan del chauvinismo, de la costumbre, del nacionalismo... porque, viajando,  se ahonda en la observación de los demás y en lo desconocido. Es, en suma, el viaje hace cierto el adagio clásico de que “nada de lo humano nos es ajeno”.

 

-¿De qué siente melancolía un peregrino como tú en Bruselas, en Sicilia, etc.?

Ante Bruselas o Sicilia como me sucedió (y sucede) en otros territorios, más que melancolía, que si la puede haber, abundan otros sentimientos que creo son importantes. Al menos, para mi. Sentimientos que mueven el corazón y el pensamiento. No obstante, confieso que sí hay melancolía porque, en lontananza, por sus paisajes, costumbres e historia aflora el pasado español (Países bajos) bueno y malo. Y con el viaje a Sicilia también al aflorar el pasado de la Corona Aragonesa desovando a lo largo de todo el Mediterráneo.

Melancolía y mucho más al recorrer huellas muy visibles que hablan de arte e historia, de relaciones y convivencia, de guerras y paz, de costumbres... Melancolía que, sin duda, resume vida, la vida y el viaje mudable de la vida.

 

-¿Cómo quieres que sea el lenguaje de tus textos viajeros, cómo crees que debe ser?

Intento buscar el vocablo ajustado o preciso a cada emoción sentida. La retrospectiva del viaje permite, junto a la degustación, meditar con lentitud y desechar aquello que es o se piensa innecesario. Viajar no sólo es holganza, observación, mirada, comprensión, reflexión...es, también, como ya he dicho, emoción. Una emoción múltiple y de amplia gama  que exige cuidar el lenguaje y sus formas (metáforas, figuras literarias...) a lo largo de cuanto se relata para que, como disparos directos al corazón y al pensamiento den en la diana. Intento buscar un lenguaje que resuma la documentación, la emoción, la meditación, el placer, la sorpresa, el azar, el conocimiento...Difícil, pero lo intento siempre. Es el gran reto.

 

*Ramón Acín rodeado de amigos. Arrodillado, a la derecha del todo, con traje gris.

ADIÓS AL PERIODISTA LUIS MUÑOZ

ADIÓS AL PERIODISTA LUIS MUÑOZ

https://www.heraldo.es/noticias/comunicacion/2020/02/27/muere-el-periodista-luis-munoz-lacasta-1361125.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR0JxTXuOF-NSgk1pi08XPKkdiba2VTBmZThr4OZyT-Zxs_uX-brStTIaNY

 

Texto de Alfonso Hernández, en 'El Periódico de Aragón'.

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/luis-munoz-lacasta-ya-vale-ya-basta_1411186.html?fbclid=IwAR31IwFYgW8PlEpEoJhON6yFrfkWErGVkS0msLBFAxwx5Q504k1Z-U7OZCs

 

*La foto es de Ángel de Castro.

 

DIÁLOGO CON ALFONSO DESENTRE

Alfonso Desentre: “El amor está en todas partes y al alcance de casi todos”

 

El actor y director Alfonso Desentre presenta el jueves 20, a las 19.30, en el Centro de Historias de Zaragoza, su cortometraje ‘Intimidad’, basado en un relato de Raymond Carver, con producción de Cosmos fan y colaboración de DSF-Teatro Imaginario. Esta historia de amor y desamor está interpretada por María José Pardo y el propio Desentre.

¿Por qué Raymond Carver? Ya había trabajado con sus textos en otra ocasión...

A mí me interesa mucho la narrativa y la literatura en general norteamericana, novela, poesía, teatro... Acabamos de llevar a escena un espectáculo con una selección de poemas que van desde Sylvia Plath, Sephard, el propio Carver, hasta jóvenes como Dorothea Larsky o Ana Carrete, junto a poetas aragoneses que comparten en cierto modo un modo de hacer poesía llamemos realista, y el gusto por. lo fronterizo.  Dentro de esa atracción, Carver, que algunos consideran el mejor escritor de relato breve después de Hemingway, es para mi mucho más interesante que Hemingway.

¿Se lo parece? Hemingway era un cuentista formidable.

Es fantástico cómo Carver convierte en poético lo aparentemente más prosaico, como convierte en héroes, a personajes anónimos, en situaciones cotidianas, a menudo en lucha contra si mismos, contra sus seres queridos, o alguna vez queridos. Es fascinante cómo los define, cómo en sus historias todo parece a  punto de suceder y a veces nada sucede. Un poco como Antón Chéjov.

¿Por qué el amor, de nuevo?

Precisamente uno de nuestros  espectáculos recientes tomaba prestado el titulo de otro texto de Carver. ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’. Un personaje se pregunta eso. El amor tiene muchas formas, puede ser insano o sublime. Habla del amor entre los viejos como una de sus formas más tiernas: dos viejos que bailan todas las noches juntos en su hogar junto al fuego. Eso debe de ser maravilloso. Y dificilísimo.

¿Es el amor ese sentimiento del que tanto hablamos y del que sabemos muy poco?

El amor es una lucha, una batalla constante. Buscamos muchos de nosotros el amor duradero, que significa compañía, lealtad, solidaridad, buscamos también la pasión... Todo eso es amor, pero hay formas menores, distintas, o fugaces de amor, sin tanto conflicto:  alrededor de una mesa de amigos, en una mirada casual, una sonrisa de un desconocido, el calor de tu perro… El amor está en todas partes y al alcance de casi todos. El amor es el motor y la recompensa a casi todos nuestros  actos, al menos para muchos de nosotros. Y es el tema por excelencia de la literatura y el arte.

¿Qué supone para usted dirigir un corto, que tantos habías protagonizado?

Es un reto. Después de dirigir tanto teatro, tenía esa necesidad y me he lanzado a ello con la misma osadía que cuando empecé en la escena. Me impliqué mucho en el último cortometraje, ‘Help’, que partía de un guión propio y de una necesidad personal de contar esa historia sobre el olvido, pero no la dirigí. Quedé muy satisfecho del resultado  y de lo que aportó la dirección, pero me quedé con las ganas de hacer algo sobre lo que tuviera toda la responsabilidad del resultado. Para ello me he ido a una historia técnicamente sencilla, intentando hacer el cine que me gusta, con buenas interpretaciones, buenos diálogos y una atmósfera y una estética cuidada y coherente.

Háblenos de la atmósfera, del ambiente, precisamente.

Hemos intentado crear un conjunto coherente. La naturaleza es el marco, casi un personaje más, todo transcurre mientras las hojas caen, en el viejo jardín de la antigua casa en común de la pareja que se reencuentra.  Le hemos dado un aire atemporal, pero claramente retro, o como gusta decir a mí, camp, como pasado de moda. Hemos cuidado el cromatismo, la música…, la sencillez  y la humildad de medios no tiene que conllevar dejar nada a la intrascendencia.

¿Qué manda más en ‘Intimidad’: el cinismo o la ironía?

No sé bien la respuesta. Supongo que la ironía conlleva alguna forma de humor, y el cinismo alguna forma de maldad. En este caso hay ambas cosas, pero el cinismo del personaje es una máscara.

¿Cómo definiría el trabajo de los dos actores: María José Pardo y el señor Desentre?

Ja ja... Lo cierto es que estoy muy contento. Con María José Pardo he trabajado mucho pero nunca en cine; su personaje es muy excesivo , visceral, histriónico, y la interpretación es acorde con eso, francamente buena. El mío es un tipo que esconde o transforma sus verdaderos sentimientos, y se ha acostumbrado a ocultarlos. Es por tanto más sobrio en la interpretación.

Se han separado hace tiempo, ¿no?

Paradójicamente, o no, es ella  la que ha pasado página, la que ha rehecho su vida, mientras él, el aparente hombre de éxito, admirado y envidiado, que viaja tanto en su flamante coche, no consigue dejar atrás la casa en común, el jardín perdido, presente siempre en su retrovisor. No consigue, como ella le propone, “borrar toda la pizarra y empezar de nuevo”. Y acaso no lo conseguirá.

 

LA FICHA

 

‘Intimidad’. Dirección: Alfonso Desentre. Productor: José Ángel Delgado. Directora de produccion: Clara Vallés. Guión original: Raymond Carver. Guión adaptado: Alfonso Desentre. Intérpretes: María José Pardo, Alfonso Desentre. Directora de produccion: Clara Vallés. Fotografía: Beltrán García Valiente. Vestuario: Ana Sanagustín. Maquillaje y peluquería: Delagua asesores. Musica y efectos Lord Sassafras.

Estreno: jueves, 20 de febrero. 19.30. Centro de Historias de Zaragoza.