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Antón Castro

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DIÁLOGO CON ANTONIO ALTARRIBA / II

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/entrevista-antonio-altarriba-puede-que-cuando-dobleguemos-la-curva-infecciones-se-dispare-la-divorcios?fbclid=IwAR1ybJexG9yexILG9uYRDl10QaYbzCHF3fYhgI2LwpqxQSef_IvGJkytZqc

 

Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) es guionista de cómic y de fotografía, donde trabaja al alimón con su compañera Pilar Albjar, es novelista e historiador del cómic. Es autor con Kim de El arte de volar, Premio Nacional de Cómic en 2010, y El ala rota, donde cuenta la historia de sus padres; con Keko firmó Yo, loco, Yo, asesino, publicados los cuatro en Norma Editorial, y El perdón y la furia, también con Keko; este último lo editó y lo presentó el Museo del Prado.

¿Cómo está viviendo el confinamiento?

Estoy confinado en buenas condiciones. Solo, en un piso espacioso, con escasos pero muy amistosos contactos y con una buena reserva de lecturas.

¿Qué ha pensado en estos 50 días de reclusión? ¿Qué reflexiones se le han pasado por la cabeza?

En realidad, pocas reflexiones distintas a las habituales. Comparto esa línea de pensamiento por la que han transitado Pascal, Cyrano de Bergerac, La Rochefoucauld, Schopenhauer, Baudelaire, Beckett, Cioran… y que rebajan cualquier pretensión demiúrgica del ser humano. Así que estas circunstancias han venido a reforzar, en cierta medida a escenificar, todo aquello de la fragilidad humana, nuestra insignificancia ante el Universo y hasta el absurdo de la existencia. Han sido, pues, confirmaciones más que revelaciones. Naturalmente, esa sonrisa, estilo Oscar Wilde, para sobrellevar las miserias de la humana condición se me ha descompuesto un poco, pero, en lo sustancial, la pandemia no está cambiando mi visión del mundo ni de las personas.

¿En alguno de sus libros o sus cómics se le había ocurrido algo semejante?

No. Como recurso narrativo la epidemia está muy identificada con escenarios del pasado, las siete plagas de Egipto, la peste negra, la gripe española… Si buscamos escenarios apocalípticos, tendemos a explicarlos por conflicto nuclear, crisis climática, algo que tenga connotaciones más actuales. Soy hijo de la vacunación generalizada contra el sarampión, la polio, la viruela. Creíamos que la ciencia nos había liberado de estas infecciones universales y catastróficas. Sin embargo, exploré las posibilidades dramáticas de una situación de enclaustramiento. Hasta pensé en hacer mi tesis sobre este tema cuando nadie aceptaba dirigirme una tesis sobre cómic.

¿A dónde nos lleva el aislamiento?

El aislamiento por epidemia empuja a la ficción como demuestra Giovanni Bocaccio en su Decamerón. Además, como en este caso, a una ficción vital y gozosa. La vida con contacto es la mejor fórmula para exorcizar la muerte por contagio. Y es lo mismo que pasa hoy, que no paramos de intercambiarnos o suscribirnos a las más diversas ficciones. También investigué algunas obras literarias cuya historia se basa en las posibilidades y, sobre todo, las imposibilidades de un encierro. El existencialismo o el llamado “teatro del absurdo” ofrecen muchos ejemplos. A puerta cerrada de Sartre, La peste de Albert Camus, Esperando a Godot de Samuel Beckett… También hay películas magistrales que explotan este tema como El ángel exterminador de Luis Buñuel, Quién teme a Virginia Woolf de Mike Nichols, El sirviente de Joseph Losey o la reciente saga Saw, que ha tenido varios directores. Un grupo de personajes sin posibilidad de salida constituye un cóctel explosivo. Metes en la redoma del relato envidias, resentimientos, ambiciones, amores y frustraciones, lo agitas bien y casi siempre sale una historia intensa, a menudo desgarradora. Ni siquiera nos imaginamos la cantidad de situaciones dramáticas que se estarán viviendo estos días.

¿Qué es lo que le impresiona más: la psicosis general, la certeza de la fragilidad del ser humano, o que, en realidad, no somos los dueños del mundo?

El vacío, las ausencias, el silencio… Contemplar los espacios públicos sin público, todo lo que ha sido concebido para la cohabitación bulliciosa convertido en un desierto me tiene muy desconcertado. Hay una especie de “a-funcionalidad” surrealista, estilo Giorgio De Chirico, que me fascina. Y, como consecuencia colateral, escuchar los pájaros y sospechar que la naturaleza, sin nosotros, recuperaría rápidamente su feracidad planetaria.

Cuando pasan cosas así, ¿cabe pensar que nuestra libertad es un espejismo?

No hace falta que pasen cosas así para comprobar que nuestra libertad es un espejismo. Basta con desear algo con la suficiente intensidad para sentir los límites de la libertad, porque demasiado a menudo no conseguimos lo que deseamos. Nuestra vida está llena de frustraciones por la distancia entre lo que queremos y lo que podemos. La imposibilidad de lograrlo proviene casi siempre de nuestra falta de libertad, de prohibiciones o de sutiles bloqueos que, a veces, son circunstanciales y otras, esenciales. Luego o, al mismo tiempo, viene la resignación, la distracción o el simple entretenimiento que nos ayudan a desdramatizar esta permanente insatisfacción. Vienen, incluso, esas filosofías de la resiliencia y la autoayuda que, con una argumentación de juego malabar, nos convencen de que lo que tenemos es lo que queremos. Pero eso no son filosofías sino estrategias, a menudo muy estudiadas, para fomentar la alienación y extender el conformismo.

Algunos dicen que la pandemia es el fin del estado del bienestar, que saldremos de aquí hechos unos zorros, entre ERTES y recortes, más desamparados que nunca. ¿Cómo lo ve usted?

No creo que sea para tanto. Existen recursos y sobre todo políticas monetarias para paliar los daños. Al capitalismo le gusta mucho meter miedo. Y le funciona. Solo pensar en la posibilidad de perder lo poco que tenemos ya nos amedrenta. Hay muchos intereses económicos en juego y muchas voluntades decididas a que se mantengan. No creo que se vaya a producir una catástrofe. Tampoco creo que estemos aprendiendo la lección y que, como algunos vaticinan, se vayan a abrir las puertas del paraíso con la desaparición de la explotación, las injusticias y las desigualdades. Después de un periodo de crisis y reajustes volveremos a las andadas. Es lo que hemos hecho desde el comienzo de la historia y no creo que sepamos hacer otra cosa. Después de toda gran crisis surge un firme propósito de no volver a hacer lo que nos llevó a ello. Ninguno más firme que el de la sociedad de naciones después de la Primera Guerra Mundial. Todos estaban firmemente convencidos de que, después de semejante masacre, no habría más guerras. A los pocos años el propósito se diluyó y nunca ha dejado de haber guerras. Somos dóciles, olvidadizos y con una gran predisposición a dejarnos engañar, una y otra vez, con las mismas mentiras.

Pasar el virus en Vitoria, lejos de su compañera Pilar Albajar, ¿supone algo especial, más doloroso si cabe?

No. Somos una pareja que siempre hemos vivido nuestra relación con mucha libertad y con gran respeto de la individualidad del otro. De hecho, hace tiempo que vivimos separados. Esta es una modalidad de relación en auge en la sociedad actual. Quererse no tiene por qué obligar a compartir el mismo retrete. Mantenemos muy buena relación y estamos en contacto casi constantemente.

Algunos dicen “mi trabajo lo hago en reclusión, en soledad. O sea que esto es llevadero”. ¿También le sucede algo semejante?

No. Debería haber sido la realización del sueño de mi vida, abandonar todo compromiso social para ponerme al día en trabajos, proyectos, lecturas y otros deberes solitarios. Sin embargo, la terrible dimensión de lo que ocurre se infiltra en mi confortable cobijo y me desanima. Me siento desmotivado. Rindo poco. Me parece que hay demasiado dolor alrededor como para mantenerme imperturbable en mis tareas. Leo más, duermo más… Actividades pasivas, pero emprendo con gran dificultad las activas o creativas.

¿Qué se hace mal desde el Gobierno? ¿Se ha reaccionado tarde, se improvisa mucho o al final, como vemos en Italia, en Francia, en Estados Unidos y otros lugares? ¿Tan difícil es tomar decisiones?

No es fácil tomar decisiones en estas circunstancias. Tuvimos mala y tardía información de los orígenes de la pandemia y no reaccionamos con la suficiente rapidez. Vivimos en una época en la que cuesta dar malas noticias, aún más desde la política por el temor electoral, y eso, seguramente, también influyó. Ahora no queda otro remedio que improvisar vista la dudosa fiabilidad de cifras, la escasa experiencia y el desconocimiento científico. Pero no cabe duda de que algo se habrá hecho mal cuando España tiene la tasa de mortandad más alta del planeta. Eso, desde luego, no justifica las posturas del PP y mucho menos las mentiras de Vox y de sus granjas de ‘bots’.

¿Existiría en España algo que nos uniese a todos o estamos condenados a confirmar el verso de Gil de Biedma: “España, este país de todos los demonios”?

El fútbol. Eso es lo único, al menos lo que más, une a todos los españoles, salvo los pocos disidentes que quedamos. Pero no creo que esta escenificación constante del enfrentamiento político sea estructural, histórica e indefectiblemente arraigada en la sociedad. Hay quien se encarga de afilarlo y envenenarlo todos los días. Tenemos una oposición controlada ideológica y estratégicamente por FAES. José María Aznar ha sido una de las peores cosas que nos ha ocurrido en los últimos treinta años de vida política. Y sigue controlando el PP, ahora más que nunca. Aprendió que solo una sociedad en shock cambia de gobierno y no duda en mantenernos en la confrontación, aunque la situación sea tan difícil como la actual. Mientras dure su influencia, la política del PP alimentará la tensión. Distinto es el caso de Vox, que llevan el odio y el sometimiento ya de serie, desde los tiempos de Franco.

¿Cómo deben ser las críticas o las enmiendas de la oposición en situaciones como esta?

Naturalmente, deberían hacer una crítica más constructiva, dejar de pensar que todo sirve para ganar elecciones e impregnarse de la solidaridad requerida por una emergencia mundial como esta. Desafortunadamente, en los sectores más conservadores la lucha por el poder se impone por encima de cualquier noble renuncia.

¿Le ha sorprendido la reacción de los españoles: el aplauso a las ocho, los diálogos de ventana a ventana, la música, las corrientes de solidaridad, el torrente de actuaciones y lecturas en las redes sociales?

Sí. Y no solo para bien. Soy de poco escenificar y de más hacer. Se aplaude a los sanitarios desde muchos balcones que aún exhiben la bandera española de apoyo al PP en la crisis catalana, una crisis que sirvió de cortina de humo para ocultar corrupción y recortes, en sanidad de manera muy especial. No creo que los sanitarios quieran ser héroes sino profesionales bien equipados y amplia plantilla. En cuanto a la avalancha de recursos culturales “desinteresadamente” puestos on line, hay de todo. Hay alguna iniciativa interesante, pero también flagrante voluntad de recolocar productos desechables, que no quisimos consumir hace diez años. Para este tipo de males, enclaustramiento, aburrimiento, sufrimiento me parecen más eficaces las búsquedas personales, lamerse las heridas con recursos propios. Desde luego, mejor que buscando bálsamos ajenos. En el mejor de los casos pueden proporcionar distracción, pero no fuerza ni aprendizaje frente a la adversidad.

¿Cuál es el lugar de la cultura en un momento así?

La soledad, el tiempo libre, la voluntad de hacer es un magnífico caldo de cultivo para acercarse a la cultura. Pero siempre he entendido el acercamiento a la cultura como una pulsión individual, no como una consigna colectiva. En la mayor parte de sus modalidades funciona como placer solitario, no como distracción coyuntural para soportar, sin mucho trauma, un problema como este. En cualquier caso, plantearla como paliativo a la epidemia o a la desocupación no me parece buen punto de partida. De hecho, una buena parte de la efervescencia cultural que abunda hoy en las redes funciona más como acontecimiento social que como enriquecimiento cultural o estímulo de la inteligencia.

No sé si firmó el manifiesto de los Premios Nacionales. Usted lo fue de cómic en 2010 por El arte de volar, la impresionante historia de su padre que se arrojó al vacío. ¿Qué le ha parecido esa llamada de atención desde el mundo de la cultura?

No firmé. Nadie se puso en contacto conmigo para hacerlo. Pero me parece bien la iniciativa. La cultura está clamorosamente ausente del discurso político, incluso cuando se trata de salvar los muebles en una emergencia. Hay una incompatibilidad de fondo entre política y cultura. Y no lo digo solo por la evidente falta de formación de una buena parte de nuestros políticos. Consecuencia de la adquisición de cultura es el pensamiento crítico, la resistencia a la uniformidad ideológica, incluso la transgresión creadora. Y eso no suele gustar a la “autoridad competente”. De hecho y como puede comprobarse fácilmente, en España el PP la considera enemiga y la yugula cuando está en el poder y el PSOE le da mucha coba, pero pocos recursos.

¿Ha sido la cultura, la creación, la gran olvidada en el paquete de medidas? ¿De qué se queja y qué pediría usted?

Sí. Y así lo han tenido que reconocer. Ahora se apresuran a enmendar la pasividad del ministro del ramo. Las políticas culturales no se construyen a partir de la financiación de actos o de infraestructuras, iniciativas puntuales y casi siempre con pretensiones electoralistas. Se trata de crear un estado de opinión, una actitud generalizada de interés por la cultura. Eso es el resultado de unas políticas transversales, duraderas en el tiempo, que van desde los planes de estudios, una educación concebida no tan solo para la empleabilidad, apoyo de medios de comunicación que den cobertura a los actos culturales, discursos y prácticas políticas basadas en la argumentación, en el fomento del criterio y no en la descalificación o el vitoreo. Crear un circuito de difusión y una aureola de dignificación haría crecer la sed de cultura, que es un impulso (repito una vez más) individual y escaso en este país.

Ha escrito mucho de erotismo, fue galardonado en el Premio La Sonrisa Vertical. ¿Qué nos recomienda? ¿Es la reclusión la prueba del nueve para las parejas o puede ser el pretexto ideal para recuperar el tiempo perdido?

Puede que cuando dobleguemos la curva de infecciones, se dispare la de divorcios. Para las parejas que conviven en esta situación resultará una prueba importante. Les reforzará o les distanciará. En cualquier caso, estoy convencido de que, en este nivel sentimental-sensual, se están viviendo situaciones muy intensas. Dicen que el tiempo libre, incluso la proximidad de la muerte estimula la libido. Puede que algunas parejas hayan convertido el encierro en una orgía perpetua. Viéndolo desde el lado positivo, podemos tomarnos el tiempo y el placer de explorar una sexualidad con tendencia a la rutina, hasta descubrir alguna satisfactoria perversión, al menos una pequeña innovación. Hasta quienes pasamos el confinamiento en solitario podemos encontrar maneras distintas de darnos placer. Los Satisfyer ya estaban conociendo un auge de ventas antes de la epidemia. Ahora se han disparado. Desde la perspectiva contraria puede que contribuya a extender la creciente tendencia a la asexualidad.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. AMPARO MARTÍNEZ, HISTORIADORA DE CINE

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. AMPARO MARTÍNEZ, HISTORIADORA DE CINE

Hoy en Heraldo.es y en la página 5 de Heraldo

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/03/amparo-martinez-es-muy-peligroso-en-tiempos-de-crisis-entregarse-al-populismo-politico-1372753.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1niI7QtQPaKpMwrvwCDF4-3rSQYiw40zTBy1x6bp30qOkXqbIyW8vAxrk

Amparo Martínez Herranz:

 

“Es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político”



Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI”



Amparo Martínez Herranz es profesora de Cine y otros medios de la Universidad de Zaragoza. Ha publicado, entre otros tíutlos, ‘Los cines de Zaragoza (1896-1936)’, ‘Los cines de Zaragoza (1939-1975), ‘Teatro Principal’, ‘La arquitectura teatral de Zaragoza’ (2 volúmenes) y ha coordinado libros corales como ‘La España de Viridiana’. Ha comisariado exposiciones de Buñuel, Goya, Carlos Saura, Ramón Masats, y trabaja desde hace varios años en un ambicioso proyecto de investigación sobre Luis Buñuel.

¿Se habría imaginado alguna vez que una fuerza invisible, tan instalada en nuestras vidas pero invisible, podría detener así el mundo y paralizar las vidas?

Desde luego que no. Solo hay que pensar cómo estábamos viviendo hace pocos meses. Probablemente sí a cualquiera de nosotros nos hubieran descrito la situación por la que ahora estamos pasando, la reacción había sido pensar que era una broma pesada o que la persona que nos la contaba era un excéntrico amigo de las teorías de la conspiración. Sin embargo, si lo pensamos con más calma, no nos tiene que resultar tan extraño. Hay una especie de temor atávico qué hace que desde tiempo inmemorial nos contemos historias sobre desastres de origen misterioso, desde el Apocalipsis a las películas de catástrofes. Tal vez sea una manera de exorcizar los miedos o de entrenarnos psicológicamente para los infortunios. Quizás las dos cosas.

Cuando alguien habla de que el Apocalipsis ha llegado, ¿está diciendo una frase o la pandemia en realidad refleja la vulnerabilidad de la sociedad y del planeta por completo?

Hablar de Apocalipsis creo que es exagerado. Pero lo que está claro es que esta situación nos ha obligado a hacernos conscientes de que somos vulnerables. Son terribles todas las pérdidas humanas que se han producido y también los proyectos empresariales y personales que se han quedado en el camino. Pero sospecho que a muchos nos sirve para aprender de lo que está pasando, incluso con toda su dureza. Es un buen ejercicio caer en la cuenta que no lo tenemos todo controlado, que no somos infalibles.

Desde hace algún tiempo, está haciendo un proyecto de investigación en torno a Luis Buñuel. ¿En qué medida estamos viviendo tiempos buñuelescos?

A Luis Buñuel le tocó vivir situaciones mucho más terribles que las que nosotros estamos experimentando. Era un adolescente cuando estalló la I Guerra Mundial, sufrió en primera persona la Guerra Civil Española y también los efectos de la II Guerra Mundial, ya como exiliado en los EEUU. Consideraba que el ser humano después de la aniquilación de los campos de exterminio nazi y de l os bombardeos de Hiroshima y Nagasaki había quedado anestesiado para la sorpresa o el escándalo. Todas estas experiencias le llevaron al desencanto por las ideologías políticas concretas y a confiar exclusivamente en los valores y principios personales. Le tocó vivir cambios tremendamente importantes dentro de la historia del siglo XX: el fascismo, el nazismo, el franquismo, la constitución de la URSS, la reconstrucción quebradiza del mundo y de sus valores tras dos guerras de dimensiones globales. Él mismo fue partícipe de los cambios operados en la cultura por las vanguardias, que transformaron nuestra manera de entender el arte y la realidad. Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI.

Él ya fue un poco precursor de una situación así con ‘El ángel exterminador’. ¿Qué le ha hecho pensar esa película en estos días?

Me coge trabajando sobre ella, precisamente. Buñuel tenía una inteligencia intuitiva verdaderamente admirable qué le permitía sintetizar en imágenes los problemas o las grietas claves de la sociedad, para ponerlos en cuestión. En ‘El ángel exterminador’ fue capaz de identificar el peor de todos los encierros posibles, el que se impone uno a sí mismo. Retrató una sociedad burguesa encerrada en sus propias convenciones, ciega a los problemas que le rodeaban, limitada por el miedo. Lo que el encierro de ‘El ángel exterminador’ cuestiona es el encierro al que nos someten las inercias establecidas, la pérdida del espíritu crítico con nosotros mismos y con lo que nos rodea. Es fácil trasladar parte de este diagnóstico a la sociedad de consumó en la que ahora vivimos, que ya había empezado a emerger con toda su fiereza a comienzos de los sesenta. Eso es lo que puede tener en común la película con la situación que estamos viviendo, mucho más allá de la materialidad de no poder salir de nuestras casas. ‘El ángel exterminador’ nos obliga a revisar nuestras propias inercias personales y sociales. Esas inercias cotidianas o estructurales que tal vez deberíamos pensar y cambiar cuando salgamos. Sí no, terminará sucediéndonos lo mismo que a los personajes de la película de Buñuel, saldremos para volver a estar encerrados en nuestras desidias y en nuestros errores.

¿Cuáles serían las lecciones de Luis Buñuel para entender el presente?

Cuando pienso en Luis Buñuel me lo imagino resistiéndose a ser maestro de nada o a impartir doctrina. Pero es inevitable extraer del conjunto de su obra y de su actitud vital aprendizajes que ahora pueden ser valiosos. No renunció nunca al espíritu crítico, tampoco al humor, ni a la curiosidad, ni a la libertad de la imaginación. Concedió siempre una enorme importancia a la amistad, que fue uno de sus asideros vitales, especialmente en el exilio. Y se preocupó de cuidar de sus amigos, discretamente, sin alardes ternuristas. Les apoyó especialmente cuando pasaron por momentos difíciles, tal y como hizo con Rubia Barcia, José Bergamín y también con Katia y Sol Acín, las hijas de Ramón Acín, que le pagó con la lotería la película ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’.

Seguro que ha dado un repaso al mundo del cine y del arte para acercarse y entender mejor la pandemia. ¿Qué ha encontrado, qué títulos, en el cine, qué situaciones le han interesado especialmente?

Las epidemias y los confinamientos son un tema recurrente en el arte, pero te pongo algunos ejemplos de obras con las que he estado trabajando últimamente. En pintura hay dos piezas íntimamente vinculadas a lo que estamos viviendo. La primera es ‘Peste en Roma’ (1869) de Jules Elie Delanuy, protagonizada por el ángel justiciero y destructor que ya estaba en la Antiguo Testamento y que vuelve a aparecer en el Apocalipsis. En esta obra misteriosa y dramática, para Delanuy lo importante no era hablar de una enfermedad que ya estaba erradicada a mediados del XIX, lo que de verdad le interesaba era reflexionar, utilizando la enfermedad como coartada, sobre conceptos más elevados como la divinidad, el poder, la vida y la muerte, todo ello dentro de un simbolismo de tono fantástico.

¿Algún cuadro más?

Por otro lado, asociada a la idea de encierro y de naufragio de la civilización está ‘La balsa de la Medusa’ (1819) de Géricault. Buñuel la utilizó como una de sus fuentes de inspiración para construir el guion de ‘El ángel exterminador’. No debe sorprendernos porque, tal y como ha señalado sabiamente Agustín Sánchez Vidal, ambos creadores Géricault y Buñuel compartieron una fascinación casi obsesiva por explorar los límites de la conciencia humana. De ahí su interés por trabajar con la restricción espacial, que generaba una situación extremadamente compleja en términos narrativos, un reto similar al que Hitchcock se propuso en 1944 en ‘Náufragos’, y que Buñuel llevaría todavía más lejos en ‘El ángel exterminador’.

Vayamos, pues, con el cine...

En el territorio del cine convendría distinguir entre aquellas películas que hablan de epidemias o pandemias y las que se refieren a encierros de todo tipo. Entre las primeras están ‘La amenaza de Andrómeda’ de Robert Wise, protagonizada por un germen mortífero de procedencia misteriosa. O ‘Contagio’ de Soderbergh, producida en 2011, que nos sitúa ante un virus tremendamente contagioso y difícil de controlar, una distopía futurista que ha terminado haciéndose cierta con la covid-19. Pero creo que todavía puede ser más interesante aquellas películas que especulan sobre el comportamiento humano en confinamiento.

¿En qué otros títulos se ha fijado?

Por ejemplo, ‘La ventana indiscreta’ de Hitchcock, en la que el protagonista ha de desenvolverse en un espacio restringido. Todo para explicar y explorar nuestra condición innata de ‘voyeurs’ en situaciones de hastío, como las actuales. También merece la pena mencionar ‘La zona’ de Rodrigo Plá que aborda el aislamiento voluntario en una urbanización residencial por miedo a lo que sucede en el exterior. Da que pensar. Y por supuesto ‘Canino’ de Lanthimos, una historia terrible de encierros en el ámbito familiar a medio camino entre el mito de la caverna de Platón y ‘El ángel exterminador’.

¿Qué le emociona de la reacciones de la gente, de esa nueva vida de balcón a balcón? A veces parece que nace una nueva forma de narrativa o de oralidad…

Me emociona cada día salir aplaudir y ver a mis vecinos y a la gente que vuelve de su trabajo aplaudiendo mientras camina. Me gusta como ejercicio colectivo en el que reconocemos que nos necesitamos unos a otros. Y en el que damos las gracias. Todo esto sin importarnos a quien vota el del balcón de enfrente.

Ensalzamos mucho al sector sanitario, a los profesionales en general, y luego parece que están un poco solos ante el peligro, sin equipos adecuados. ¿Qué piensa, conoce casos cercanos de entrega que le conmuevan?

Tengo buenos amigos y sobrinos médicos o sanitarios al pie del cañón que se lamentan de la escasez de medios materiales, pero no por eso dejan de esforzarse en su trabajo, invirtiendo mucha energía física y emocional. Por ejemplo, Menchu, que asistió a uno de los primeros casos de coronavirus en su centro de salud y que tiene que enfundarse en un buzo sanitario para asistir a domicilio a sus pacientes. Jose Mari, que trabaja muchas más horas de las que le corresponde y todavía le parece que hace poco. Y que nunca deja de estudiar para hacer las cosas mejor. O Rocío, que estaba contratada en un colegio como enfermera y acudió a la petición de ayuda de una residencia de ancianos, que necesitaba refuerzos. Seguro que les está revitalizando con su energía. Sospecho que cada uno de nosotros tiene una Menchu, una Rocío o un Jose Mari de los que sentirse orgulloso y de los que aprender.

El Gobierno de España ha sido criticado con severidad. Para algunos actúa regular y tarde, se ha equivocado con las Comunidades Autónomas, dice y se desdice… ¿Somos muy rigurosos o jugamos siempre a la política con el adversario, aunque Italia lleve 20.000 muertos, y Estados Unidos también sea cuestionado?

Yo solo sé que cuando veo comparecer algunos de nuestros responsables políticos en una rueda de prensa, pienso que por nada del mundo me gustaría estar en su lugar. Lo que nos está sucediendo era algo difícil de prever y creo que es complicado de gestionar. No obstante, tengo que confesarle que me parecen escandalosos actitudes como las de Donald Trump, toda una contradicción en sí mismo y obsceno tomando decisiones como la de suspender la ayuda a la Organización Mundial de la Salud. Un gesto populista muy dañino.

Es profesora universitaria… ¿Cuál es su relación con los alumnos?

Con otros muchos compañeros de la Universidad de Zaragoza hemos continuado con la docencia a través de distintas plataformas. Está siendo toda una experiencia que nos ha obligado a reciclarnos y transformar nuestro sistema de enseñanza. Pero de todo se aprende. Las clases ‘online’ a veces resultan duras porque es mucho más difícil sentir la reacción de los alumnos. Pero en esta situación se ha producido un curiosos estrechamiento de las relaciones con nuestros estudiantes. Muchos de sus mensajes comienzan o acaban preguntado si te encuentras bien. Los alumnos también nos cuidan. Todos estamos haciendo un enorme esfuerzo por adaptarnos y quiero pensar que ambos, profesores y alumnos, sentimos que es nuestra forma de contribuir a superar esta crisis. Para algunos alumnos la situación está siendo especialmente complicada, porque han tenido que hacerse responsables de sus mayores en casa. Otros se han quedado solos en sus pisos de estudiantes. Hace un par de semanas, en una clase de máster, una de las alumnas nos confesó que la hora de docencia era su único evento social de la semana.

También es madre de tres hijas. ¿Cómo lo llevan ellas, qué le dicen, y cuál es su reflexión sobre los jóvenes?

Estoy aprendiendo de la capacidad de adaptación de mis hijas. Ya se habían marchado a trabajar o a estudiar fuera de casa, pero han tenido que volver a Zaragoza. Al principio les costó situarse, pero han terminado estableciendo sus rutinas y construyendo una sólida complicidad entre hermanas. Procuran hacerse el día a día llevadero entre ellas y nos lo hacen llevadero a los demás. A través del teléfono y de las videollamadas están pendientes de sus abuelos. Esta situación les ha enseñado a valorarlos todavía más.

¿Qué libros, qué autores le están haciendo compañía?

Como los días son poco variados, hago variadas mis lecturas, que van de los ‘Cuentos desde el confinamiento’ del HERALDO a los cuentos de Gabriel García Márquez y también la poesía de José Luis Puerto, que es profundamente humanista e invita a confiar. Para seguir ahondando en cuestiones artísticas estoy disfrutando de ‘Los hijos del agobio’, de Antonio Ansón y de ‘Las ciudades históricas y la destrucción del legado urbanístico español. Fernando Chueca Gotia’, escrito por Ascensión Hernández Martínez. Y me queda poco para terminar ‘El orden del día’ de Eric Vuillard, una novela que resulta escalofriante leer estos días, porque habla de la inacción social que permitió el ascenso del nazismo en Alemania. Merece la pena tener bien presente que es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político, sea del signo que sea.

¿Tiene miedo, inquietud, desánimo?

Lo que más miedo me da es el miedo, porque nos paraliza.

 

CEES NOOTEBOOM, PREMIO FORMENTOR

CEES NOOTEBOOM, PREMIO FORMENTOR
EL HOLANDÉS CEES NOOTEBOOM GALARDONADO CON EL PREMIO FORMENTOR 2020
Mallorca, Barcelona, Edimburgo, Nueva York29 de abril 2020.- El jurado del Premio Formentor de las Letras, ha decidido conceder el galardón de este año 2020 al escritor holandés Cees Nooteboom que como poeta, novelista, ensayista y crítico de arte “ha desbordado con su incesante creatividad el límite que proponen los géneros literarios”.
 

Los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras 2020 formado por Judith Thurman, Alberto Manguel, José Enrique Ruiz Doménec, Alexis Grohmann y su presidente Basilio Baltasar, tenían previsto reunirse en la sede de la Fundación Saramago de Lisboa. Ante la imposibilidad de desplazarse han deliberado desde sus respectivos lugares de residencia: Manhattan, Barcelona, Edimburgo y Mallorca.

Para el jurado, el galardonado con el Premio Formentor 2020 es un escritor viajero que ha hecho del nomadismo una actitud filosófica, estética y espiritual que trasciende las fronteras y revela la naturaleza expansiva de los horizontes humanos.

Nooteboom es un escritor universal que escribe con la conciencia de pertenecer a la gran tradición cultural europea. Ha vivido de cerca los espectaculares momentos de la historia de nuestro continente y lo ha contemplado desde lejos: conoce muy bien los dilemas que Europa debe resolver. Su obra es el resultado de una indagación penetrante en ese espíritu que nunca nos ha hecho tanta falta como hoy.

Una fértil trayectoria literaria
En el acta de la reunión el jurado destaca que su mirada minuciosa revela el sentido de un mundo en perpetúa transformación y su curiosidad no deja lugar alguno libre de la inquietud creativa que lo ha llevado de un lugar a otro desde los comienzos de su fértil trayectoria literaria.

En su opinión Nooteboom ha dado a la ficción la certeza de una presencia personal y al relato existencial de sus viajes la delicadeza narrativa de la gran literatura. Nooteboom es uno de los más grandes cronistas de nuestro tiempo, capaz de convertir las experiencias de sus viajes en una sabia percepción de los elementos latentes del cosmopolitismo estoico.

A lo largo de un prolongado empeño creativo Cees Nooteboom ha sabido evitar las convenciones que aceleran el envejecimiento del mundo, ha podido renovar la inspiración que lo vivifica y con la formidable energía narrativa de sus libros ha conseguido restaurar la intensidad del gran viaje de la vida. Su obra alienta con una límpida mirada de escritor nómada la belleza de un mundo inabarcable.

Cees Nooteboom
Cees Nooteboom (La Haya, 1933) es uno de los mayores y más originales escritores holandeses contemporáneos: traductor de poesía española, catalana, francesa, alemana y de teatro americano; autor de novelas, poesía, ensayos y libros de viaje. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Europeo Aristeon de Literatura (1993) por La historia siguiente, el Premio Bordewijk (1981), el Premio Pegasus de Literatura (1982), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2003), el Premio Europeo de Poesía (2008), el Premio de Literatura Neerlandesa (2009) y el mayor premio que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010). En Francia ha sido nombrado Caballero de la Legión de Honor y es Doctor Honoris Causa por la Freie Universität de Berlín. Vive en constante nomadismo entre Holanda, España y Alemania. Cabe destacar en su bibliografía el importante papel que ha jugado Menorca (Islas Baleares) en algunos de sus libros.

Premio Formentor
El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.
El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…).
En Formentor fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu.y Annie Ernaux.

Las Conversaciones Literarias de Formentor
Las Conversaciones Literarias de Formentor, se organizaron por primera vez en la década de los años treinta auspiciadas por Adan Diehl, creador del Hotel Formentor.
Continuaron en la década de los sesenta con el patrocinio de Tomeu Buadas.
Desde el año 2008 las Conversaciones Literarias cuentan con el mecenazgo de Simón Pedro Barceló, actual propietario del hotel.

La Fundación Formentor
La Fundación Formentor ha sido creada para organizar el Premio Formentor de las Letras y las Conversaciones Literarias que se celebran cada año en Formentor. La entidad, auspiciada con el mecenazgo de la familia Barceló, da continuidad a los encuentros culturales iniciados en 1930 y al premio literario convocado por los editores europeos desde 1961.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. ÁNGEL GUINDA

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. ÁNGEL GUINDA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/26/angel-guinda-de-aqui-saldremos-mas-recelosos-del-futuro-por-la-puerta-de-atras-o-con-los-pies-por-delante-1371609.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR3uDPIXPXo0qe3lkQStk44QTgV9EpnZqXHua_djdFX1z4mlHv9vQaH3bDw

Ángel Guinda: “Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…”

Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños”

 “De aquí saldremos más recelosos del futuro, por la puerta de atrás o con los pies por delante”

¿Cómo está viviendo el coronavirus?

Con resignación y alevosía. Ronroneando constantemente lo que decía mi abuelo Guinda en Uncastillo: “¡Qué preparo! ¡Vaya panorama!”

¿Dónde le ha cogido y cuáles son sus rutinas?

En Madrid, en casa. Aunque llevo así desde hace muchos años, excepto en los buenos tiempos cuando iba al Moncayo, a Valladolid o a contemplar el mar (Cantábrico y Mediterráneo.) Ahora, claro, no salgo nada a la calle porque no me dejan. Estoy peripatético como aquellos filósofos aristotélicos: camino por la terraza y voy de punta a punta del piso mientras pienso. Leo biografías: ahora estoy enfrascado en la vida de la pintora Tamara de Lempicka. Escucho continuamente sonatas, sinfonías y minuetos de Beethoven.

¿Se ha reencontrado con algo, con alguien, qué pensamientos le han pasado por la cabeza?

Todas las noches me levanto dos veces y, a oscuras, por el pasillo, cada vez que rebaso una puerta entreabierta pienso que me va a tocar una mano. La mano de mi padre. Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños.

En cierto modo por su enfermedad y por la necesidad de descanso ha estado recluido bastante tiempo. Sabíamos poco de Ángel Guinda. ¿Qué ha pasado en su vida durante esto año en que apenas le hemos visto?

Ha sucedido lo que vaticiné hace más de tres décadas en un poema que comienza: “Me he fumado la vida /como el tiempo se me ha fumado a mí.” Ha pasado la vida. Mucha meditación. Constantes revisiones del proyecto poético en el que he trabajado a lo largo estos últimos seis años. Durante 2019 he visto mucho buen cine actual de distintos países. Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…

Estaba escribiendo el libro de su vida, o uno de ellos, jaja. ¿En qué momento estaría? ¿Cómo lo lleva? ¿Qué es exactamente?

He estado escribiendo el libro de la existencia de cualquier ser humano: vida, salud, felicidad, amor, enfermedad, vejez (“Envejecer es un catálogo de averías, un repertorio de reparaciones.”) El libro está en encuadernación. Trinidad Ruiz Marcellán, mi editora, me comunicó hace un mes que se presentaría en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza el 21 de abril. Ya ves, el coronavirus forzó la cancelación del acto. Recuerdo que el 23 de febrero de 1981, iba a presentar mi primer libro asumido (‘Vida ávida’), pero un teniente coronel intentó un Golpe de Estado y por orden gubernativa se prohibió el acto en el teatro Oasis. Cuando tengo que presentar nuevo libro me pongo a temblar.

Cuando mira al balcón o desde el balcón, ¿qué ve, qué le conmueve? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de los vecinos o, por extensión, de los españoles?

Desde el largo balcón de casa, en la Plaza Arturo Barea, veo a ambos lados de mí una legión de vecinos aplaudiendo y, a pie de calle, seis sanitarios del Centro de Salud que tenemos enfrente saludándonos cuando se retiran. Me ha sorprendido favorablemente la espontaneidad de su gesto, su fervor y constancia.

¿Hay algo en lo que no cree demasiado, que le suscita desconfianza o prevención?

En la realidad más real. En las promesas del poder y más aún de la oposición, hoy más ilusa, arisca y mentirosa que nunca. En la buena voluntad de algunos políticos, más inmaduros y menos preparados que el pueblo. Unos y otros olvidan que el problema del Poder es no poder.

 

Un tema de debate nacional que hace pensar otra vez en las dos Españas es la gestión de la crisis. ¿Qué le aplaude y le reprocha al Gobierno de Pedro Sánchez?

Soy demócrata republicano. Respeto y me alegra el gobierno de coalición que se formó tras las últimas elecciones. Le aplaudo más que le reprocho. No es fácil gestionar inmediatamente la eliminación de lo que llega de pronto, ataca por sorpresa y mata. Cuando la Dictadura que padecimos todos íbamos contra el enemigo común. Ahora vemos enemigos en los propios compañeros y amigos.

Hace años, Ángel Petisme cantaba: “Ahí vienen los bárbaros” ¿Ya han llegado y son invisibles?

Ha llegado, digamos, un dictador que advierte de nuestros excesos y no tenemos aún las armas ni estrategias para reducirlo. Me pregunto si ese dictador vírico se ha escapado de China o lo han soltado con malas intenciones antipoblacionales para Asia y para muchos países.

¿Cómo saldremos de esta?

Más recelosos del futuro. Saldremos por la puerta de atrás o con los pies por delante.

Ha sido durante 40 años profesor de literatura. ¿Qué les diría, qué les dice a los alumnos que nunca habían vivido nada parecido?

Que estudien mucho y se preparen más, que para ellos será. Cuanto más sepan menos podrán ser engañados ni manipulados y mejores posibilidades laborales tendrán.

¿Considera como dicen algunos que este es un tiempo apocalíptico, un castigo divino…?

Es una época opaca, un tiempo de siniestras competencias para conseguir hegemonías.

Se habla mucho de la fragilidad del hombre y de la sociedad. ¿Nunca hemos sido tan frágiles como grupo?

Nos creemos colosos. / ¡Somos insignificantes! / ¡Tenemos esta vida en alquiler!”



¿Cómo convive un poeta con la ciencia?

Son muchas las ciencias que conviven en los poemas. Por ejemplo las Matemáticas: por el número de sílabas de los versos que crean la musicalidad, la armonía, el ritmo. La geometría formal de esos versos. La Física, la Química (el aire, el agua…), las Ciencias Naturales (Geología, Botánica, que componen el paisaje), la Zoología, la Astronomía (“Es necesario visitar el cielo”, decía el poeta uruguayo Ricardo Paseyro…

Es traductor, biógrafo, en mayor o menos extensión, crítico literario… ¿Ha pensado en cómo las pandemias, las maldiciones, las pestes o las reclusiones han afectado a los poetas, a los escritores?

Bueno, esas adjudicaciones a mi trayectoria son excesivas. Llevo años dedicado en exclusiva al pensamiento y a la poesía. Fuerzas que han moldeado mi conocimiento, sensibilidad, comportamientos y emociones.

El poeta era como un profeta, una voz que tenía razones. ¿Ha perdido el poeta su condición de visionario? ¿Cuál es su lugar ahora?

Tal vez hoy el poeta está excesivamente ocupado en el conocimiento de lo inmediato, de lo no remoto. La invasión de la realidad enturbia su capacidad visionaria. Pero, en su interior más profundo, está muy interesado en el compromiso con la Belleza, la Verdad, la bondad, la soledad, la solidaridad…

En este tiempo habrá pensado mucho. Mirando hacia atrás, ¿qué cree que ha hecho bien? ¿Se arrepiente de algo?

Es cierto. He pensado y pienso mucho: pensar nos mueve y nos conmueve. El pensamiento y el aire son invisibles pero están ahí, necesarios para la vida. Y me he hecho muchas preguntas. He hecho bien haberme sensibilizado y comprometido ideológicamente con los más desfavorecidos. De joven milité en el PCE-Aragón cuando su Secretario General era Vicente Cazcarra. Y las Juventudes Comunistas de Aragón estaban lideradas por Violeta Ibáñez. Conservo dos carnets del Partido: uno firmado por Dolores Ibárruri y otro por Carrillo. Cuando el PCE se alineó con el eurocomunismo (Marchais, Berlinguer…), abandoné la militancia. Me arrepiento de mis viejos radicalismos. Mi primera suegra –Josefina Marcellán- me decía que “el que vive a todo llega”. Ya en la vejez regreso a lo sagrado, a la religiosidad por el enigma, incluso por el miedo.

¿La literatura, en estos tiempos de coronavirus, para qué nos puede servir?

La literatura, y todas las artes, nos ayudan a sobrevivir, a sacarnos de este mundo tan bello y a la vez tan miserable (como la condición humana) y transportarnos a la esfera de lo sagrado donde el misterio es suprarreal, inefable.

¿Podrías recomendarnos cuatro o cinco libros de poemas que le hayan marcado la vida?

Cántico espiritual’ y ‘Poesías, de San Juan de la Cruz; ‘Rimas’, de Bécquer; ‘La voz a ti debida’, de Pedro Salinas; ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, de Neruda; ‘Vida de un hombre’, de Ungaretti; y poemas concretos de Rosalía de Castro, Baudelaire, Salvatore Quasimodo, Dino Campana, Jacobo Fijman, Montale y de los aragoneses Rosendo Tello Aína, Miguel Labordeta, Pinillos, Julio Antonio Gómez y otros tantísimos genios poéticos.

 

*La ilustración de Ángel Guinda es de Josema Carrasco.

 

 

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. MANUEL VILAS

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. MANUEL VILAS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/19/manuel-vilas-la-politica-tiene-que-ser-el-lugar-de-la-palabra-y-de-la-razon-1370307.html

El coronavirus le cogió en un momento de promoción del premio Planeta. ¿Qué ha supuesto para usted, qué ha dejado de hacer?

Tenía un montón de actos programados, y tenía la promoción de mi novela “Alegría” en México, Colombia y Argentina. Un montón de viajes suspendidos. También se han retrasado las traducciones, ahora tenía que salir la traducción al portugués, italiano y alemán, que se han retrasado para después del verano.

-¿Cómo está viviendo la reclusión, cómo la enfrenta y la supera?

A mí me afecta mucho. Intento trabajar, pero cuesta escribir con un mundo cercado por la pandemia y por el sufrimiento de miles de muertos y por la desesperación de tanta gente que ha perdido a sus seres queridos.

-¿Le estimula para la escritura? ¿Piensa el escritor que aquí podría haber un gran metáfora de la vulnerabilidad universal o algo semejante?

Sí, de hecho estoy escribiendo sobre la pandemia. Porque la pandemia va a cambiar muchas cosas. Efectivamente, nos hemos dado cuenta de que somos de una vulnerabilidad terrible. Además, hay un tema oculto del que no se habla porque nos aterra: pensar que el Covid-19 es el comienzo de otras pandemias que vendrán. De modo que la vida puede llegar a convertirse en una convivencia perpetua con los virus. El virus además es invisible y exige un acto de fe. Creer que existe un virus es también un acto de fe. La ciencia dice que los ve, pero yo no los veo. La ciencia a veces se parece a la religión. La ciencia no puede sustituir a la filosofía. Quiero decir que la gente tiene que seguir pensando más allá de lo que diga la ciencia. El virus es una construcción científica, revalidada de acuerdo a unos protocolos de verificación que son también construcciones intelectuales, son modelos. Dentro de 50 años estos modelos se revelarán ingenuos y de época. La ciencia es también contexto cultural.

-¿En quién ha pensado más estos días, en Kafka, uno de tus dioses, el autor de la sinrazón, el absurdo y la imposibilidad, o en Javier Tomeo, el escritor de los espacios cerrados?

Pues yo creía que volvería a Kafka o a Tomeo, pero lo que hago es releer el Quijote. Todavía no entiendo qué me ha llevado a releer el Quijote. Y lo recomiendo en estos días. Hay algo en Cervantes, puede que una infinita misericordia, que puede servirnos en esto días. También Cervantes es la duda permanente.

-Sorprendió cuando Le pidieron una palabra para definir el momento y elegió: ‘Alegría’. ¿Era autopromoción o un ejercicio de sinceridad? ¿Es de veras la palabra clave de una crisis como ésta?

Alegría era el sentimiento que yo tenía antes del confinamiento, y es el sentimiento que tendré después. También he dicho que durante el confinamiento lo que tengo es un sentimiento de alegría congelada. Siempre la alegría, es una obligación moral.

-Todo hemos mirado en la historia de la literatura y del cine donde se había anticipado un hecho semejante. ¿A usted qué le ha interesado? Me suena que hace años, era lector de ‘La peste’.

Pues he intentado en el cine que veo estos días alejarme de películas de pandemias y de distopías. Ayer vi ‘La Strada’ de Federico Fellini, y me quedé fascinado. Contra la pandemia, recomiendo a Federico Fellini. Además se cumplen los cien años de su nacimiento.

-¿Qué poetas que hayan escrito su obra en reclusión le conmueven y ha dialogado más que nunca con ellos?

Tal vez los místicos, que vivían en una reclusión filosófica. Por ejemplo, soy muy lector de Teresa de Jesús. También soy muy lector de Proust, que pasó sus últimos años recluido en su casa. Hay un dato biográfico en Proust que me fascina: su pasión por el silencio. Colocó corchos en las paredes de su apartamento parisino. Estoy leyendo estos días un ensayo magnífico de Alain Corbin titulado “Historia del silencio”.

-¿Qué diferencia hay entre una reclusión forzada, casi cósmica o apocalíptica, y la que decide un escritor para redactar ‘Ordesa’ y ‘Alegría’, por ejemplo?

La reclusión forzada tiene mucho de penal, de cárcel. La escritura de libros como “Ordesa” y “Alegría” fue una exploración de la memoria, hecho en soledad. El denominador común puede ser la soledad. Pero yo escribí ambas novelas en medio de un montón de viajes. Para mí viajar es un acto de conocimiento. Ahora el único viaje que hago es al supermercado una vez a la semana. Es curioso, porque aun cuando estoy en el supermercado, rodeado de gente con mascarilla, tengo la sensación de que estoy viajando. Pero no sé adónde estoy viajando, y me parece que no me gusta el destino final.

-¿Qué está suponiendo ‘Ordesa’ y ‘Alegría’ en su vida? ¿De qué modo le han afectado y le transforman?

Ordesa’ y ‘Alegría’ me han cambiado la vida. Muchas veces es abrumador. Yo llevo escribiendo toda la vida. Hay un azar en la literatura, y en la vida en general. Menos mal que el éxito me ha pillado en la edad madura. Te pasa de joven y puede idiotizarte.

-Hace un tiempo en una conversación, decía que le habían faltado lectores. ¿Tiene la sensación al fin de que tiene los suficientes y que eso le hace feliz, o la ambición del escritor de más y más no acaba nunca?

Concibo la literatura como comunicación. A mi amigo Javier Cercas le gusta decir que en las novelas un 50% lo pone el escritor y el otro 50% lo pone el lector. No puedo estar más de acuerdo. Estoy infinitamente agradecido a los lectores de mis libros. Sin lectores, ya no podría escribir. La literatura comienza cuando un lector abre un libro tuyo, lee una página y se emociona. Hasta ese momento, la literatura no existe. La literatura es un encuentro.

-‘Alegría’ es un libro que nace, dentro de su introspección en la memoria de sus padres, de sus viajes, de ese ir de hotel en hotel. ¿Qué supone para usted este parón, qué le roba?

Ayer estuve comprando comida en el supermercado. Lo de menos ya es el parón, pensé. Lo peor es el miedo. Gente con su mascarilla. Los dos metros de distancia. El miedo en los gestos. El miedo por todas partes. La compra a toda velocidad. Me dejé los limones y los tomates. Compras con sofoco. A mí siempre me ha gustado hacer la compra, sonreír a los dependientes, a las cajeras. Ahora hacer la compra es algo terrorífico. Para mí comprar en un supermercado siempre fue una fiesta, ahora es un horror. Me acuerdo de cuando compraba en los supermercados de Estados Unidos: me podía pasar dos horas mirando cosas. Luego compraba poco, me gustaba mirar los precios, las marcas. He vivido en Roma unos meses, y allí hacía lo mismo: iba a los supermercados a mirar precios y cosas. No le pido mucho a la vida. Con dar un paseo y entrar en una tienda a mirar y no comprar nada me conformo.

-¿Qué le emociona especialmente de la reacción de la gente?

La solidaridad. La gente que arriesga su vida por los demás. Especialmente los médicos, los enfermeros y enfermeras, todo el personal sanitario, y todos los trabajos esenciales, desde cajeros de supermercado a repartidores, limpiadores, etc.

-¿Qué le enoja y le desconcierta?

Enojo no, más bien perplejidad o desconcierto. Me desconcierta que hayamos renunciado a la libertad de una forma tan rápida. Me desconcierta que la vida de repente esté sucia, se haya ensuciado. Y el miedo.

-¿Percibe en este conflicto la vieja trifulca de las dos Españas? ¿Existirá en este país algo que nos lleve a todos a remar en la misma dirección o estamos condenados a la maldición de no entendernos?

Sí, eso es lamentable. Casi es una maldición bíblica. No obstante, veo que en otros países también hay desencuentros, como en Francia y Reino Unido. El problema es que nuestros desencuentros tienen un pasado sangriento, como fue la guerra civil. Las broncas políticas en otros países no tienen detrás una guerra civil. La política tiene que ser el lugar de la palabra y de la razón.

-¿Lo hace bien el Gobierno?

Creo que sí. Y hay que estar con el gobierno y apoyarlo en todo, eso es fundamental. Ya están bajando el número de muertos y de contagios. Las medidas están dando sus frutos. Todos los países están viviendo lo mismo. No obstante, hay un hecho que me preocupa: por qué España es el país, en proporción con el número de habitantes, más perjudicado de todo el mundo por la pandemia. Ese dato es terco, porque es un hecho y los hechos no son opinables. ¿Qué le ha pasado a España para que arroje las peores cifras del planeta?

A Manuel Vilas siempre le han interesado las lecturas simbólicas. ¿De qué sería sinónimo esta plaga?

Es símbolo de que los estados y las naciones y la civilización y la ciencia son frágiles, muy frágiles. Son creaciones humanas que ante los misterios de la naturaleza se revelan como inútiles. La naturaleza sigue conservando sus misterios letales. No la hemos dominado del todo. Ha irrumpido con una fuerza devastadora.

-El mundo cultural le ha reprochado al ministro Uribes el olvido del sector. ¿Qué le reprochas used?

Yo creo que si algo ha demostrado la pandemia es la utilidad de la cultura. Podríamos empezar por reconocer que la cultura es un bien absoluto, imprescindible. España necesita cultura, necesita ciudadanos cultos. Un ciudadano culto no se va de vacaciones en plena pandemia, como hemos visto. La cultura también produce bondad y compromiso cívico.

-¿Cuál es la importancia de la cultura siempre, claro, y más ahora en tiempo de confinamiento?

La cultura es civilización. Es un espejo de la vida. Sin ese espejo, la vida es pobre.

-Manuel Vilas un cronista de lo cotidiano, un observador. ¿Qué rescataría, qué cree que podrá pasar a sus ficciones de todo lo que estamos viviendo?

Las ciudades desérticas son un espectáculo que habrá que contar en las novelas que vengan. Bob Dylan ha elegido estos días para publicar su canción sobre Kennedy. No trata directamente del coronavirus, pero indirectamente sí. Es una canción bellísima. La belleza tiene que seguir allí, en lo más alto de la vida.

-¿Cómo le cuentas a sus hijos lo que está sucediendo y cómo se lo contaría a sus padres?

Mis hijos tienen ya su propia visión de lo que está pasando. Me gusta más escucharles a ellos, porque tienen una visión nueva del mundo que me deslumbra. Mi madre era una anarquista cósmica. No hubiera aceptado que nadie atentara contra su libertad de tomar el sol en medio del campo. Hubiéramos tenido que atarla para que no saliera a la calle. En realidad, llevo un montón de días intentando averiguar cómo se hubiera tomado esto mi madre, y no acabo de verlo. No acabo de visualizarlo, tal vez eso pasa porque ya le estoy diciendo un adiós completo. Ya no consigo verla allí donde está, entre los muertos. Ya no la veo. Los muertos se mueven dentro del tiempo de los vivos. Va a hacer seis años de la muerte de mi madre, ella ya está entrando en la muerte profunda. Cuando un ser amado entra en la muerte profunda, ya no puedes verlo.

-Vive con una escritora. Profesora, poeta y narradora como usted, Ana Merino. Mo en sus ficciones. Mo de Mozart. ¿Cómo se lleva eso en una situación tan insólita? ¿Cómo modifica o enriquece el virus la convivencia de las parejas?

Pues lo llevamos con un poco de pragmatismo y resignación. Comentamos lo que pasa, las noticias, los datos, la información diaria. Hablamos de libros, de películas. A ella esto le ha sorprendido en mitad de la promoción de su novela “El mapa de los afectos”, con la que ganó el último Nadal. Es una estupenda compañera de aislamiento.

-Recuérdenos dos o tres libros, dos o tres canciones, dos o tres circunstancias (viajes, conciertos, amistades) que le hayan cambiado un poco la vida.

Me parece que estoy en ese momento de las relecturas. Necesitaba releer el Quijote. Me gusta recomendar literatura en español. Por ejemplo, recomendaría ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo, o cualquier novela de Miguel Delibes, porque este abril se tenía que celebrar los 100 años del nacimiento del autor de ‘Los santos inocentes’ . Ahora estoy escuchando mucho a Vangelis, es música electrónica de una belleza extraordinaria. En cuanto a países, he de decir que vivir en Estados Unidos cambió mi manera de ver el mundo. Aunque lo más importante que me ha pasado en la vida se llama ‘Barbastro’, mi pueblo. Ahora en Barbastro reinará la primavera, que en el Somontano es la estación más hermosa.

-¿Qué nos pasará cuando pase todo?

La verdad es que no lo sé. No sé cuál es el tamaño histórico de esto. La cancillera alemana Merkel dijo el otro día que desde la Segunda Guerra Mundial no había habido nada comparable. Mucha gente está repitiendo eso como un mantra. Todo dependerá de la recuperación económica. Todo dependerá de que sepamos recuperar un sentimiento, el de la alegría.

 

 

 

RECUERDO DE LUIS SEPÚLVEDA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/17/luis-sepulveda-el-escritor-que-hallo-el-secreto-de-la-pasion-en-la-selva-amazonica-1370082.html

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/16/almudena-vidorreta-estamos-todos-en-el-agujero-1369885.html

 

Almudena Vidorreta: “Estamos todos en el agujero”



La escritora y profesora, residente en Nueva York desde 2016, ha podido salir del pais y pasar la reclusión en Zaragoza



Almudena Vidorreta Torres (Zaragoza, 1986) es poeta y profesora y doctora en Filosofía Hispánica. Reside en Nueva York desde 2016 y da clases en Filadelfia. Por motivos familiares pudo regresar a Zaragoza cuando Estados Unidos empezó a sentir la pandemia, hace en torno a un mes. Es autora de los poemarios ‘Lengua de mapa’, ‘Días animales’ y ‘Nueva York sin querer’, entre otros. Estaba en Nueva York, donde vive, pero pudo venir a España, a Zaragoza. ¿Qué pasó, por qué ha vuelto?

En cuanto suspendieron las clases presenciales en varias universidades y colegios privados, se recomendó a las personas con riesgos de salud quedarse en casa, y así lo hice. Trabajo en Filadelfia, donde viajo dos veces por semana para dar clase en Haverford College, y en los trenes se veía cada vez más gente con mascarillas. Mientras, en Manhattan, como si nada: pocos practicaban distancia social…, era una tragedia anunciada. Desgraciadamente he visitado las urgencias de distintos hospitales varias veces por otras razones. Si un día cualquiera son caóticas, intuía que esto sería infernal.

-Sus padres estaban allí con usted. Creo que han vivido una odisea para poder volver. ¿Cómo la resumiría?

Mis padres estaban pasando una temporada con nosotros. Cuando la situación se puso peor, pensé que era una suerte que estuviéramos juntos. Pero su seguro allí no cubre pandemias (¿quién piensa en esa letra pequeña?) y la situación parecía ir para largo. Si sobrepasas los tres meses de turista allá, no puedes regresar al país durante años, y en la embajada me dijeron que no me molestara en pedir una prórroga de visados (que sirve un mes más) porque pronto iban a interrumpirse los vuelos indefinidamente. Que salieran cuanto antes. Así que el nuevo plan fue huir con ellos. Conseguí billetes diez horas antes de nuestro viaje a España. No sabía si mi esposo podría acompañarnos, no había autobuses, el tren se averió…, pero lo logramos.

-Estados Unidos ya tiene un buen puñado muertos. ¿Cuál era el estado de ánimo del país?

El país está muy dividido. Las diferencias sociales no hacen sino quedar más en evidencia debido a esta situación: hay gente muy pobre, desinformada, sin posibilidades de seguro médico. Por otra parte, mientras el resto del mundo alertaba de que era un virus muy contagioso y aparecían los primeros casos en Norteamérica, se estaban celebrando elecciones primarias en varios estados. Una locura. Al mismo tiempo, hay quienes aplauden la preocupación del presidente por los mercados y les parece que la economía sigue siendo lo más importante, cueste lo que cueste. A mí me duele Nueva York. Es mi casa.

-Estados Unidos no tiene una sanidad pública como la española o la europea… ¿Aumenta eso la psicosis general?

Absolutamente. Muchos no entrarán en las estadísticas porque no pueden permitirse poner un pie en urgencias o no quieren endeudarse de por vida. Nueva York es una excepción porque ofrece seguros a las personas de bajos recursos, pero normalmente es una pesadilla. Aunque es difícil explicarlo, incluso con una buena cobertura sanitaria, en caso de enfermedad, uno se convierte en supervisor y gestor de su propio tratamiento. Si no, las facturas te arruinan la vida. Es demencial.

- ¿Cómo vive estos días de confinamiento en Zaragoza?

Sufro, como todo el mundo. Es triste ver lo que está pasando, perder gente querida, temer la enfermedad. Mientras tanto, atiendo a mi hija y a mis estudiantes. Reprogramar el semestre a distancia de la noche a la mañana ha sido una tarea ímproba (sin contar con el desfase horario). Pero en ese esfuerzo, tengo el apoyo de mi familia, y me siento muy afortunada por su compañía.

-¿Qué piensa de la pandemia? ¿Es como un castigo apocalíptico?

Procuro no pensar en esos términos, ni sucumbir a la tentación de las teorías conspirativas.

-¿Qué es lo que más le perturba?

Lo que venga después. Pensar en qué clase de futuro le espera a mi hija. El deseo de vivir lo más posible para verla crecer.

-¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podía surgir un ente invisible y maléfico, como de película de ciencia ficción, que paralizase el mundo?

No. O, si se me pasó, al ver alguna película o leer algún libro, no quise creerlo, como la mayoría.

-Aunque parezca una pregunta frívola. Usted es poeta. ¿Qué lugar ocupa ahora la poesía, qué nos puede dar en un momento en que todo se viene abajo?

La poesía siempre ha sido un bálsamo para mí. No he tenido mucho tiempo estas semanas para buscar su consuelo, la verdad, con tanto ajetreo. Aun así, he compartido poesía en las redes sociales y he participado en las microlecturas de La Bella Varsovia, donde se publicó mi último libro, ‘Nueva york sin querer’. No caí en la cuenta de que volver a esos poemas en los que hablo de sus lugares y sus gentes iba a ser tan doloroso. Este es un punto de no retorno que nos hará leer y escribir de manera diferente, como decía Adorno.

-Por extensión, ¿qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

El arte es importante para distraernos, entretenernos, hacernos sentir mejor. Los libros siempre han sido una vía de escape fácil, objeto cómplice del intimismo y la soledad. Este puede ser su mejor momento. Espero que cuando todo pase, la gente acuda a las librerías independientes a seguir comprando.

-¿Cómo podemos seguir manteniendo los valores de la educación?

Como profesora, estoy dando todo lo mejor de mí para dar respuesta a las necesidades de mis estudiantes en estas circunstancias, que son extrañas y limitadoras para todos. Hay que tener en cuenta que muchos regresaron a su país de origen, desde Chile hasta India, se enfrentan a escenarios completamente distintos en los que el virus se manifiesta con la misma crudeza, pero se conectan sin falta para nuestras reuniones semanales. Comparecer con buena cara, animarles y ofrecerles flexibilidad es lo único que está en mi mano para ayudar a hacer la situación más soportable a la gente con la que me relaciono en mi trabajo. El esfuerzo de educadores, investigadores y sanitarios es un pilar esencial de cualquier sociedad que adquiere protagonismo estos días, pero que debería ser siempre la prioridad de cualquier gobierno, de cualquier país. Desgraciadamente, esta es una oportunidad de oro para darnos cuenta.

-Emilio Lledó se preguntaba hace unos días, ¿quién nos dice la verdad? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Alguien nos está diciendo la verdad?

Es difícil saberlo. Hay muchos periodistas haciendo un esfuerzo increíble por contarnos la verdad, trabajando sin descanso, y también merecen el aplauso. Pero las guerras económicas y tecnológicas se han organizado en bandos que los ciudadanos de a pie ni siquiera percibimos. A veces, ni los gobiernos: hemos estado haciendo cálculos y echando cuentas con modelos erróneos, con datos falsificados. La verdad y la mentira son armas de destrucción masiva, y hoy en día cualquiera puede jugar a la ruleta rusa con un teléfono en la mano.

-¿La consuelan algunos libros ahora, quién le ayuda, hay deseos de crear en esta cautividad forzadas?

Quiero crear, siento pulsiones a veces en estos días, pero no sé si seré capaz. Veremos si las ocupaciones familiares y académicas dejan espacio para la poesía. El mejor consuelo, ahora mismo, son los libros ilustrados que dejan a mi hija boquiabierta en medio de tanta incertidumbre.

-¿Ha rastreado, aunque sea por curiosidad profesional, la huella de la peste, la gripe y otras calamidades en la poesía?

Investigué el tratamiento burlesco de la sífilis en la literatura del siglo XVII, a partir del poeta aragonés José Navarro. Me pregunto si algún día, dentro de siglos, alguien estudiará de la misma forma nuestras ocurrencias sobre el coronavirus. Siempre vale la pena volver la vista atrás; ‘Historia, magistra vitae’, hoy más que nunca.

-¿Para qué sirven’ el humor, la ironía, los chistes en este momento?

Conocer de qué forma nuestros predecesores hicieron humor sobre las epidemias me ha hecho poner en perspectiva algunos memes que circulan por las redes. Me parece esencial hacer sonreír al personal sanitario que sale llorando cada día del trabajo, que recicla materiales con ingenio, o a quienes se están jugando la vida incomunicados en residencias u hospitales. Y no deprimirse: hay que intentar sonreír, aunque sea a la fuerza.

-¿Cree que este es uno de los mayores períodos de fragilidad del ser humano?

Es uno de los momentos en los que más claramente percibimos nuestra fragilidad, que siempre ha estado ahí. Yo tuve mi episodio personal hace unos meses, un toque de atención que me hizo poner las cosas en perspectiva. No somos infalibles, aunque se nos olvide la mayor parte del tiempo.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

Se tendrían que haber suspendido todos los eventos multitudinarios desde mucho antes. La ciudadanía no tenía los datos, pero los gobiernos y los inversores, sí (miren las sesiones confidenciales en enero tras las que varios senadores estadounidenses vendieron sus acciones en Bolsa). Nadie quiso creer que las advertencias que desde diciembre llegaban de China y, pronto, de la OMS, les afectaban.

-¿Cuál es tu opinión acerca de la política sanitaria y de comunicación del Gobierno?

Sinceramente, no me gustaría estar en el pellejo de ningún gobernante ahora mismo. Es muy fácil opinar desde el sofá, a posteriori. Creo que no es momento de desacreditar a quienes, además, se están apoyando en expertos sobre la materia. Estamos todos en el agujero, y es fácil adivinar que la frontera entre la información y la alarma social puede ser finísima. Pero también le diré que, hace unas semanas, una amiga anestesista me decía que se sentía como si viera a cámara lenta dos trenes que van a chocarse, y no se pudiera evitarlo. Me pareció una metáfora exquisita de la precariedad laboral que llevan años denunciando. Ojalá que esto haga que nos preparemos mejor para la próxima, que la habrá.

-No se habla mucho del lugar de los niños. Usted es madre. ¿Eso la hace sentir más responsable, más solidaria?

Es durísimo explicarle a un niño que no puede ir al parque junto a su casa, aunque brille un sol espléndido. Tengo una niña de año y medio que habla por los codos y cada día suelta una retahíla de elementos de la calle y se prepara en la puerta para ir a pasear, a ver si alguien la saca. En Harlem conozco a muchas familias con hijos de su edad en situaciones muy desfavorecidas, y ahora no puedo quitármelos de la cabeza.

-En su vida cotidiana de confinada, ¿se ha reencontrado con hábitos u objetos?

Con el balcón de mi adolescencia en casa de mis padres. Salimos dos veces al día, a cantar y bailar con mis vecinos por la mañana, y a aplaudir por la tarde.

-¿Qué le dicen esas manifestaciones improvisadas de ventana a ventana, esas canciones, esos aplausos…?

Ese sentido de comunidad es muy de nuestra cultura, no existe en EEUU. Se siente una unidad que está por encima de doctrinas y credos.

-¿Seremos, somos, capaces en momentos como estos de olvidar nuestras diferencias políticas y aceptar que estamos todos en un único barco a la deriva?

Parece que no. Es curioso; si se piensa bien, la mayoría le echa la culpa a los mismos políticos a los que ya culpaba antes del virus, algo querrá decir. Pero, aunque aceptemos que esto está por encima de leyes e ideologías, somos seres sociales y nuestros cuerpos son materia política. Solamente deseo que esto provoque mayor empatía y solidaridad en el mundo.

-En un sentido puramente físico, ¿tiene miedo?

Sí. Muy físico. Real y patológico. Lamentablemente, la salud no me ha acompañado en los últimos meses, así que el miedo y las hormonas me paralizaban justo antes de montar en el avión que me trajo a Madrid. A pesar de la situación, aquí me siento más segura. Y, físicamente, también lo noto; estoy mucho mejor desde hace una semana.

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD. PEDRO RÚJULA

El historiador y director de las PUZ, hoy en Diálogos en Cautividad

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/12/pedro-rujula-en-el-pasado-la-gente-vivia-la-epidemia-como-una-amenaza-cotidiana-y-ciclica-1369158.html