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Antón Castro

Escritores

'VERSIÓN CELESTE' PARA ESPAÑOLES

Carlos Castán me envía esta nota sobre un proyecto editorial que coordina la escritora Blanca Riestra. Siempre recordaré cuánto me impresionó su primer libro: 'Anatol y dos más' (Anagrama). Luego, su literatura ha ido creciendo y creciendo, y también sus proyectos.

Colección Version Céleste

Éditions Orbis Tertius

La Editorial francesa Orbis Tertius, dirigida por Jean-Claude Villegas, tiene el honor de presentar su nueva colección, "Version Céleste", dedicada exclusivamente a la literatura de expresión española traducida al francés. Este proyecto, coordinado por la escritora Blanca Riestra, toma su nombre de la obra de Juan Larrea, poeta español, migrante e iconoclasta que vivió en el París de los años veinte. Versión Celeste, su único libro publicado, fue escrito en ambos idiomas, español y francés, y postula una escritura-herramienta capaz de traducir el mundo, borrando los límites del lenguaje, y explorando todas las posibilidades de la traducción literaria e incluso auto-traducción.

Nuestra iniciativa tiene como objeto dar a conocer, traducidos al francés, a autores, jóvenes o consagrados, nacidos, según la formula de Carlos Fuentes, en las dos orillas, y  que representan, siguiendo Juan Larrea, una tradición literaria, nómada, exigente, situada entre territorios pero estrechamente vinculada a la historia específica de la lengua y del imaginario de cada país.  Tratamos, así de dibujar una nueva cartografía literaria que revele la vitalidad de la creación artística actual en este espacio polifacético y apasionado que va desde la Tierra del Fuego al sur de los Pirineos, de la Cordillera de los Andes al desierto de Sonora, la de la escritura en español.

 Para llevar a cabo esta empresa, Orbis Tertius ha seleccionado excelentes traductores  que, en muchos casos, son también hispanistas especializados en literatura contemporánea y a veces incluso, en la obra de los autores del catálogo. Todos ellos garantizan la calidad de un proyecto ambicioso a largo plazo. 

 Además, en esta época de transformación del modelo editorial,  la colección Versión Celeste de la Editorial Orbis Tertius propone un modelo de publicación online con la opción de la publicación en papel bajo demanda y está distribuido en la red por las principales plataformas virtuales de venta de e-books.

 A lo largo de este mes de enero de 2014 irán apareciendo los primeros títulos del catálogo que son los siguientes:

 

Carlos Castán- Froid de vivre

Fernando Aínsa- Traversées

Elvira Navarro-La ville héreuse

Esther García-Llovet- Sub maquina

Juan Carlos Méndez Guédez- La pluie peut-être

Blanca Riestra-Le songe de Borges

 

Próximamente aparecerán los siguientes títulos:

 

Andrés Neuman-Le bonheur ou pas

José Balza-Percussion

Marta Sanz-Le froid

Ernesto Pérez Zúñiga- Saint diable

Vicente Luis Mora- Circulaire

 

blancariestra@editionsorbistertius.fr

jeanclaudevillegas@editionsorbistertius.fr

http://www.editionsorbistertius.fr/celeste/

 

*La foto de Blanca Riestra pertenece a La Opinión; la segunda, de Larrea y Gerardo Diego la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-47f0f1d4284b9dbbb41b6815a1c50477.jpg

 

ENRIQUE VILA-MATAS: UNA CITA

[Pedro Bosqued es farmacéutico y escritor. Casi todos los días selecciona fragmentos de libros: hoy le ha tocado a Enrique Vila-Matas y su Fuera de aquí. Conversaciones con Andre Gabastou. Me envía el texto que ha seleccionado. Hoy, Isabel Verdú le dedica una página completa en 'Artes & Letras' a este libro delicioso, lleno de datos, de confesiones, de fotografías, de textos de la obra de Enrique.]

 

“Hasta llegué a hacer una breve encuesta en mi barrio. Paraba a los vecinos por la calle y les preguntaba por qué no escribían. Un día, el quiosquero al que le compro los periódicos todos los días desde hace treinta años –si voy a salir de Barcelona los reservo y los recojo a la vuelta-, me presentó a una señora del barrio, a la que – según me dijo el quiosquero- “le habría gustado escribir”. De inmediato, le pregunté a aquella señora por qué había preferido no hacerlo. Su respuesta fue decepcionante. Me dijo simplemente: “Porque no tengo tiempo”. ¿No tenía tiempo? No tenía aquella mujer ni la menor vocación de escritura, porque es obvio que si uno desea escribir encuentra tiempo en todas partes. Ese día caí en la cuenta de que la humanidad, en más de un noventa y nueve por ciento, vive completamente ajena a la cuestión del bartlebysmo, también a las diferencias de ser y no ser. Más del noventa y nueve por ciento de la humanidad no se plantea la dicotomía entre ser y no ser. La gente vive y muere y sabe que  morirá, pero no es consciente de que en lo opuesto de la muerte está la vida, no la vida corriente (que esa la vive todo el mundo), sino la vida verdadera. En cuanto a la literatura, ha desaparecido. Creo que también el noventa y nueve por ciento de la humanidad no sabe lo que es”.

 

 Fuera de aquí, conversaciones con André Gabastou, de Enrique Vila-Matas. Editorial Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, 2013.

*He tomado la foto de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-8858d9542262b07314afa1e2a957806e.jpg

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

[Ana Pérez Cañamares acaba de publicar en Devenir el poemario 'Las sumas y los restos', que recibió el premio Blas de Otero. Tiene la gentileza de enviarme una selección de poemas.]

 

Despierta cada día con orgullo

por haberte traído hasta aquí.

Pero para viajar más allá del espejo

arrepiéntete. Arrepiéntete.

 

Antes de salir al mundo, levanta

un memorial a los ahogados.

Sus cuerpos son los escalones

que te llevan hasta la calle.

 

Para  Vicente y las Pandoras

 

Primeramente quise ser cada hombre

cada mujer.

 

Creí que el mundo

-conmovido por mi afán-

se dejaría descifrar

                      como un jeroglífico.

 

Pero ni la vida es una sopa de letras

ni yo he llegado a aprender

el abecedario.

 

Y aunque primeramente quise encontrar

la palabra exacta

para cada cosa

 

ahora soy por fin una niña que balbucea

fascinada por la belleza

                       de su fracaso. 

 

 

Ahora lo entiendo. Por mucho

que haga garabatos en la agenda

la vida tiene sus propios planes.

 

Yo propongo bocetos.

La vida pinta cuadros.

Sólo ella tiene todos los colores.

 

*

 

 

Para Varsovia

 

Estoy tomando una cerveza

frente a lo que fue tu casa.

Ahora tu casa es un símbolo

y los símbolos no son habitables.

Para ti debió de ser

lo que nunca tendrían

que dejar de ser las casas:

entrechocar de platos

risas que estallan

sábanas estiradas para proyectar

la película velada del sol:

una película que habla de felicidad

o cuanto menos

de la seguridad de un refugio.

Refugio del trasiego y los ruidos de la calle.

Nunca del horror.

A través de los visillos

el horror no se presupone.

 

Me cuentan historias. Soldados

lanzando niños a través de las ventanas.

Soldados cortando barbas y patillas

a navaja, en la calle, carnavales de humillación.

Me cuentan historias, pero tu casa

no parece propiedad del infierno.

Está vieja, sí, y hay algún agujero de bala

bajo un alféizar, como marcas de los dedos de dios

al hundirse en arcilla. Distinguiendo

a los elegidos de los condenados.

A pesar de todo, como todas las casas,

sigue teniendo algo

de tierno y de inexpugnable.

 

Estoy bebiendo una cerveza.

No a mi salud, ni a la tuya.

¿Qué podría decir de ti?

De ti no tengo recuerdos

y siento pudor de imaginarte.

Tengo memoria de la humanidad.

Aún la tengo. Y tengo también una casa.

La recuerdo ahora: los platos

las sábanas, las cortinas, la puerta:

el foso que ningún ejército

ha puesto a prueba. Los tesoros

que me delatan como ilusa propietaria.

 

Pero más allá o más acá de las casas

hay un lugar. Un lugar que

aunque queramos compartir

aunque quieran invadir

no es un territorio ni una ruina.

Es el lugar al que escapaste

un segundo antes de que la puerta

fuera derribada. O un segundo después.

Cuando comprendiste que las casas

pueden parecernos un universo

pero ni siquiera son un país.

Y un grito en otro idioma

las derrumba como cabañas de paja.

No soportan la violencia de los extraños.

 

Tiene que haber un lugar.

El lugar que no me revela tu foto.

El lugar que otros no destruyen

con palabras o con bombas.

Rata allí no significa nada.

El dolor puede nublarlo

pero no lo tapia.

Es el gueto que levantamos

dentro de nosotros.

La tumba que elegimos ocupar.

No la que nos señalan.

 

El búnker dentro de ti.

 

*

 

para Gsús Bonilla

Lanzamos mensajes de texto

correos electrónicos

entradas en bitácoras

 

igual que los náufragos

lanzaban al mar sus botellas.

Pedimos que nos rescaten

 

de nuestras islas sin playas.

Como siempre, hay mareas

turistas y mirones numerosos

 

y sólo de vez en cuando

uno entre la multitud

entiende nuestra letra.

 

HOMENAJE A JAVIER TOMEO CON ENRIC CUCURELLA Y ANTÓN CASTRO

HOMENAJE A JAVIER TOMEO CON ENRIC CUCURELLA Y ANTÓN CASTRO

HOY, EN BARCELONA, CITA CON JAVIER TOMEO Y SUS MONSTRUOS


Hoy lunes 27 de enero a las 19.00 horas en la Biblioteca de Sant Antoni-Joan Oliver (C/ Comte Borrel, 44-46, Barcelona) tendrá lugar una conferencia-charla sobre nuestro querido Javier Tomeo (1932-2013), en la que participarán el editor de Alpha Decay, Enric Cucurella, y el escritor y periodista Antón Castro, moderados por Carmen Danés.
Hablarán de toda la obra del autor aragonés, con especial énfasis en dos libros publicados por Alpha Decay: ’Constructores de monstruos’ y ’Los enemigos’.

 

*Esta estupenda ilustración es de Luis Grañena.

JAVIER TOMEO: MICROS PÓSTUMOS

JAVIER TOMEO: MICROS PÓSTUMOS

 

Los cuentos del humorista lírico Tomeo

 

Páginas de Espuma publicará los textos breves de ‘El fin de los dinosaurios’ del autor altoaragonés

 

Javier Tomeo (Quicena, 1932-Barcelona, 2013), como uno de sus personajes, entró en el hospital de paso, para aliviar lo que parecía una leve dolencia, y ya no salió con vida. Como si barruntase el adiós, había entregado tres libros a sus editores: la novela breve, ‘El hombre bicolor’, a Jorge Herralde de Anagrama; una colección de cuentos de ‘Vampiros y alienígenas’ a Enric Cucurella de Alpha Decay, y una serie de microrrelatos o textos hiperbreves al editor aragonés Juan Casamayor: alrededor de 160 piezas. Le mandó una primera versión y, poco antes del fin, aún le envió una segunda con correcciones. Y esa es la que publica el editor de Páginas de Espuma con un título de uno de sus cuentos: ‘El fin de los dinosaurios’.

Juan Casamayor recuerda que una vez Javier Tomeo le prometió “un libro especial, diferente los que publicas” de microcuentos. Ese es el volumen que sale próximamente con una portada que incorpora, entre otras cosas, el castillo de Montearagón: Javier Tomeo le tenía un cariño especial a esa fortaleza; desde su tumba en Quicena puede verse con su majestuosidad decrépita. Formaba parte de sus sueños, de sus recuerdos, igual que el paisaje escarpado de La Cobertera.

El volumen, de apenas 200 páginas, lleva un prólogo de Casamayor, que explica cómo se fraguó el volumen y las sucesivas reescrituras de Tomeo, e incluso el título; el conjunto tenía un epígrafe general de “literatura de precisión. Mini y microrrelatos”, tal como señala Juan Casamayor en su nota de editor. Lleva dos textos de dos de sus mejores amigos y estudiosos: Ismael Grasa, que era su chófer accidental, su colega y su escudero, y Daniel Gascón, que fue el responsable de la edición de las casi mil páginas de sus ‘Cuentos completos’ (Páginas de Espuma, 2013). El libro, además, se acompaña de casi una veintena de páginas de un ‘Diccionario Tomeo’, elaborado a partir de sus propias palabras en libros y entrevistas.

Ismael Grasa dice que el libro “es una síntesis íntima y final de su literatura”, “un resumen de sus motivos habituales al que le ha dado un tono crepuscular”, y señala que en los últimos libros, como ‘Constructores de monstruos’ (Alpha Decay 2013), ya estaba más cerca de “lo entrañable y lo simpático que de lo inquietante o perverso”. Recuerda, con Félix Romeo y otros, que no era un escritor intelectual, “quizá tuviera algo de niño grande” y de “humorista lírico” que se sirvió de “la monstruosidad, física o mental, para cantar a la belleza del mundo”.

Daniel Gascón lo define como un visionario y un humorista y recuerda que los textos son cuentos en un sentido estricto, diálogos o aforismos, y que suelen presentarse como un conjunto de variaciones, en algunos casos. Señala que están próximos al primer Rafael Azcona y ‘La Codorniz’. Afirma que “estos minicuentos, que ganan con la relectura, forman parte de un autorretrato” de alguien que cuya la literatura “es aparentemente absurda y está alejada del realismo”.

En ‘El fin de los dinosaurios’ están, de nuevo, los mitos, los animales y los peces, la plantas, los seres amputados, Drácula (al menos en dos ocasiones), los monstruos, el misterio de la noche, los amores imposibles, las muñecas, la confrontación con los clásicos, Caperucita, los relojes que hablan o esas vacas o lobos que, a veces, responden a una entrevista. Un lobo, por cierto, dice: “Lo siento, pero tampoco yo estoy vivo. También a mí me mató hace años la soledad”. Como se ve, Javier Tomeo en estado puro.

 

*Javier Tomeo por Aloma Rodríguez.

LUIS PASTOR Y OCTAVIO PAZ

LUIS PASTOR Y OCTAVIO PAZ

[El pasado jueves conocí a Carmen Peire, que fue representante de cantautores, entre ellos de Labordeta, y compañera durante varios años de Luis Pastor. Hablamos de una de mis canciones preferidas de Luis, ‘Voy por tu cuerpo’, tomada de ‘Piedra de sol’ de Octavio Paz. Encuentro esta versión más moderna (con Lourdes Guerra) que la que yo conocía, que pertenece a sus primeros discos, en concreto a uno estupendo como ‘Fidelidad’. En spotify puede oírse la primera versión, más lenta, con un especial sonido de flautas. Carmen Peire ha trabajado durante casi cuatro años en la edición de ‘Luis Buñuel, novela’ (Cuadernos del Vigía) y ha editado otros trabajos de Max Aub.]

 

http://www.youtube.com/watch?v=mDfrv953bsI

 

POR TU CUERPO

 

 

Voy por tu cuerpo como por el mundo,

tu vientre es una plaza soleada,

tus pechos dos iglesias donde oficia

la sangre sus misterios paralelos,

mis miradas te cubren como yedra,

eres una ciudad que el mar asedia,

una muralla que la luz divide

en dos mitades de color durazno,

un paraje de sal, rocas y pájaros

bajo la ley del mediodía absorto,

 

vestida del color de mis deseos

como mi pensamiento vas desnuda,

voy por tus ojos como por el agua,

los tigres beben sueño de esos ojos,

el colibrí se quema en esas llamas,

voy por tu frente como por la luna,

como la nube por tu pensamiento,

voy por tu vientre como por tus sueños,

 

tu falda de maíz ondula y canta,

tu falda de cristal, tu falda de agua,

tus labios, tus cabellos, tus miradas,

toda la noche llueves, todo el día

abres mi pecho con tus dedos de agua,

cierras mis ojos con tu boca de agua,

sobre mis huesos llueves, en mi pecho

hunde raíces de agua un árbol líquido,

 

voy por tu talle como por un río,

voy por tu cuerpo como por un bosque,

como por un sendero en la montaña

que en un abismo brusco se termina

voy por tus pensamientos afilados

y a la salida de tu blanca frente

mi sombra despeñada se destroza,

recojo mis fragmentos uno a uno

y prosigo sin cuerpo, busco a tientas...

 

Octavio Paz

 

SAM LEVINGER EN ARAGÓN

SAM LEVINGER EN ARAGÓN

[Hoy miércoles, a las 20 horas, en la Biblioteca de Aragón se rendirá homenaje a San Levinger, un brigadista norteamericano que combatió con la II República y que pereció en La Puebla de Híjar. Viaja a Zaragoza su hermana Laurie. Aquí se cuenta su historia: este texto apareció en las páginas centrales de 'Artes & Letras' hace algunos meses.] 

Un idealista poeta de Ohio

 

SAM LEVINGER

 

 Antón Castro

 El idealismo es uno de los instrumentos más revolucionarios: puede ser la llama, el camino, la tentativa o la espiral inicial para transformar el mundo. Algo así le ocurrió a Sam Levinger , un joven de Ohio, hijo de un rabino y de una escritora. La historia de su breve vida tiene mucho que ver con el arranque de la historia de 'Tierra y libertad' (1995), la película que Ken Loach rodó en las tierras del Maestrazgo, entre Mirambel y Morella. Un día, el padre de la escritora Laurie E. Levinger, hermano de Sam (1917-1937), le habló de una caja que yacía en el sótano y que contenía «cartas de mi hermano, Sam, cuando estaba en España, me parece. No les he prestado mucha atención. Creo que hay una novela, o puede que dos, que mi madre escribió sobre la vida de Sam».

 

Esas novelas, por razones políticas tal vez, no se publicaron. La anécdota ocurría en la primavera de 2001. Pasaron muchas cosas en la vida de Laurie, se jubiló, publicó su primer libro, y de repente descubrió que «me encontraba a la deriva», sin inspiración. Y se acordó del cajón. «Leyendo su contenido descubrí la historia (muchas historias, en realidad) de un joven lleno de fervor idealista que abandonó su hogar para unirse a un ejército voluntario y luchar contra el fascismo en un país extranjero». En esa narración será determinante Elma, la madre de Sam , que se lamentaba de que abandonase sus estudios universitarios y que interrumpiese una prometedora carrera como periodista y poeta, que abandonase a la familia y a su novia Clara. Elma será su interlocutora desde la distancia.

 

Además, Elma le dedicó dos libros a su hijo, que se encontraban con las cartas, los poemas y las crónicas de Sam en el interior de la caja. Laurie E. Levinger publicaría algunos años más tarde la historia de una obsesión, de una pesquisa, de una sombra: 'Amor y saludos revolucionarios. Un chico de Ohio en la guerra civil española' (Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, AABI, 2013. Traducción de Agustín Lozano de la Cruz).

 

Sam, se dice, «era un observador cuidadoso y astuto, también era un poco manipulador, cambiaba su relato en función de su la audiencia que tenía en su hogar». En los primeros capítulos, se narra cómo era Sam antes de volverse un «revolucionario». Hiperactivo, podía irse detrás de un organillero ambulante, se interesó mucho por la I Guerra Mundial, luego por el paficismo, le encantaba desviarse por el camino más largo del bosque y oír historias. Un médico reveló a sus padres: «El chico necesita aventura, en cantidad». Y no tardaría en tenerla. Por ejemplo, en 1931, su madre ganó un premio de mil dólares con su libro 'Grapes of Canaam' y la familia decidió hacer un viaje por Egipto, Siria, Palestina y varios países de Europa.

 

Recuerda su madre que «en Múnich, Samuel se puso un uniforme de 'boy scout' y fue a la Brown House, donde pidió ver a Hitler, pero no se lo permitieron». Con 17 años sería arrestado y casi a la vez le confesaría a su madre que deseaba ser escritor. No tardaría en colaborar en 'The Columbus Citizen' con una crónica, incorporada al libro.

 

«A finales de diciembre de 1936, un pequeño grupo de voluntarios norteamericanos partieron hacia Francia, planeaban infiltrarse en España para unirse a las Brigadas Internacionales. Muchos de los voluntarios eran miembros del Partido Comunista americano. Sam no lo era, pertenecía a la Liga Socialista Juvenil y tenía su carnet de miembro, aunque estaba en minoría. Otros se unirían pronto a estos voluntarios. Más adelante llegarían a ser dos mil ochocientos. Se autodenominaron la Brigada Abraham Lincoln», cuenta Laurie. Se explica cómo Sam se trasladó a Francia -se embarcó el 16 de enero de 1937 en el 'SS Paris'- y finalmente llegó a España.

 

No tardaría en mandar cartas a casa, especialmente a su madre, con la firma de R.P., para despistar. Cuenta cómo era el saludo del Frente Popular, cruza los Pirineos en ferrocarril y luego en autobús. Más adelante anota diversas anécdotas, recuerda la muerte de Durruti y finalmente recorre Valencia, el frente de Albacete, más tarde pasará a El Jarama. Con el paso de los días, tras recibir sus primeras heridas, llegará a una batalla crucial: la de Belchite. Eso sí, antes de esa empresa terrible, en todos los sentidos, escribirá a su familia, a su amada Clara, firmará crónicas en 'The Nation' y hablará de sus compañeros, del miedo, de la desesperación y de un fusil llamado Mary que llevaba su camarada Jim. En uno de sus conmovedores relatos desde la trinchera, confiesa: «No había luna, solo un atisbo de la luz de las estrellas. Busqué entre las viñas, no encontré nada. Jim solía decir que yo era el mejor guardián del frente, porque siempre estaba muerto de miedo». De vez en cuenta miente: «Querido padre: todo va bien, de maravilla».

 

Lírica de la contienda, cartas

 

Tras ser herido en la batalla de Brunete escribió el poema 'La guerra es larga', que empieza así: «Camaradas, la batalla es cruenta, la guerra es larga, / Grises columnas adelante se escucha el grito de las armas; /Sobre nosotros planean aviones blancos preñados de dolor, / Mirad los tanques sombríos y salvajes, odian la carne; / Y escuchad: los fusiles muestran a los hombres el camino del olvido».

 

Entre el 24 de agosto y el 5 de septiembre participó en la batalla de Belchite. Un compañero brigadista describió así sus últimos instantes: «Rodeando la catedral por todos lados, los americanos, apoyados por batallón español, intentaron cruzar la plaza hacia el edificio, pero fueron rechazados por un fuego enemigo fulminante. Se reagruparon en edificios cercanos y entonces intentaron un segundo asalto que también fracasó. Eran maniobras gravosas, entre los hombres que cayeron muertos estaban Henry Eaton y Samuel Levinger ».

 

Sam fue alcanzado, pero no murió en Belchite: falleció el 5 de septiembre de 1937 en el hospital de campaña de La Puebla de Híjar (Zaragoza). Redactó una carta para sus padres que solo se les debía entregar si fallecía. Les decía: «Ciertamente, no me entusiasma la idea de morir (…) Si volviera a vivir creo que me uniría de nuevo a esta lucha (…) Escribí una vez un pésimo poema: 'Si lo que aguarda es oscuridad dormiré, si es luz despertaré'. Así que, si volvemos a encontrarnos, será genial; si no, hemos disfrutado de muchas alegrías juntos mientras duraron». A su novia le dijo: «Habría sido genial estar a tu lado. (…) Amor, salud, alegría».

 

Laurie E. Levinger llegó en 2010 a La Puebla de Híjar siguiendo el rastro de su tío, que fue objeto de transfusión de sangre y que oyó la melodiosa voz de Miss Silverstine antes del fin. Laurie recompuso la historia, visitó la fosa común del cementerio donde reposan sus restos y compuso este libro conmovedor.

 

Gracias a la iniciativa del escritor y periodista Luis Granell, de Susanna Anglés y Javier Díaz, activos y concienciados libreros en Mas de las Matas, más de una treintena de personas rindieron homenaje a Sam Levinger: leyeron sus poemas y sus cartas. El periodista y escritor Luis Granell describe así el acto para HERALDO: «El clima del acto fue íntimo; yo diría que íntimo, romántico y emocionante; así lo queríamos los amigos que lo pensamos. Asistieron algunos vecinos del pueblo, miembros de la Asamblea local de IU, que lo respetaron. Volví a conmoverme escuchando al fotógrafo Pedro Avellaned leer la carta que Sam había preparado para que la enviasen a su familia si moría. Cuando la leí en el libro lloré».

 

Hay una página web: www.levinger.net

SERGI BELLVER: TRES CUENTOS

SERGI BELLVER: TRES CUENTOS

Del libro Agua dura (Ediciones del Viento, 2013), de Sergi Bellver. El escritor presentará el libro este jueves en la librería Antígona de Julia Millán y José Fernández Moreno. Lo acompañarán el escritor y profesor Carlos Castán y la poeta y profesora Sandra Santana.

 

TRES TEXTOS DE SERGI BELLVER

 

 

Banana Dream

 

La sala de los espejos del palacio Doria-Pamphili amaneció infestada de ratas. Cientos de ellas se amontonaban sobre los muebles o colgaban en racimos de las lámparas. En la cámara contigua, bajo el retrato de Inocencio X de Velázquez, los guardas encontraron un gato aterrorizado, rodeado por las ratas. Por fortuna, ni un rasguño en el cuadro. Se decidió no abrir el museo aquella mañana y el asunto no trascendió a la prensa.

Días más tarde, cuando comenzó a circular por Internet el vídeo de dos encapuchados soltando una jauría de galgos en el Prado, salió a la luz el suceso de la galería romana. Pronto, un caballo apareció en el Orsay de París, un oso fue reducido con dardos anestésicos en el Hermitage de San Petersburgo y, en Oslo, hallaron un alce bramando junto a «El grito» de Munch. Y siempre, a los pocos días, otro vídeo en la red, sin mensaje ni demandas. Simplemente, lo hacían.

La «performance» fue durante meses todo un reto para las autoridades. Nadie entendía cómo aquellos encapuchados podían burlar las medidas de seguridad de los museos más importantes del mundo para no robar jamás un cuadro. En el atrio del MoMA de Nueva York, sobre el obelisco roto, liberaron una pareja de águilas reales. Y delante de la Tate Modern de Londres, entre el puente del Milenio y el teatro de Shakespeare, dejaron varada una orca. Los activistas por los derechos animales, los medios y las redes sociales se dividieron entre quienes denunciaban o admiraban en todo aquello la acción de militantes radicales. Un reputado crítico de arte publicó un ensayo sobre el supuesto mensaje de los encapuchados, de quienes surgieron torpes imitadores con sus mascotas, que no lograron sino poner más nerviosos a los equipos de seguridad. Todo acabó, sin embargo, una madrugada en el Art Center de Des Moines, Iowa, cuando la policía sorprendió en su huída a los intrusos y, entre el revoloteo de cientos de palomas, creyó abatir a tiros a uno de ellos frente al Inocencio X de Francis Bacon. De milagro, ni un excremento de paloma en el cuadro, desde el que el rostro desencajado del Papa parecía gritarle también, como el agente que acababa de dispararle, al chimpancé adulto que se desangraba en el suelo, todavía con una cámara de vídeo entre las manos.

 

 Deseo de ser Dimitri

 

Rhoda quisiera ahora mismo ser valiente, mezclarse con los demás y atravesar el humo para poder contar después la rabia, para escribir sobre ese silbido en las calles de Grecia. Si pudiera, correría entre la gente por la Plaza Sintagma, detrás del perro anarquista, con la piel hirviendo y las entrañas suspendidas en el miedo, porque tendría miedo, pero montada en él Rhoda podría hablar del otro lado del humo, de ese humo sin fuego, del otro lado de la asfixia y los centinelas hermosos que con sus lágrimas callan lo que Rhoda escribiría, allí, donde el gas no nubla las plazas, ni las calles, ni los sintagmas. Rhoda recuerda esas palabras griegas que se agrupan y la sintaxis que las gobierna y controla. Recuerda la semántica y el riesgo de burlar el significado de las palabras, el riesgo de vivir demasiado tiempo, dicen los que deciden ahora la sintaxis del mundo, el riesgo de no poder pagarse una vida, dicen desde lejos. Y la joven Rhoda está asustada, mientras a su lado, en la fuente, tose un anciano, grita un anciano, derrama en saliva espesa un anciano la vergüenza de los traidores y la dignidad de un pueblo. A Rhoda el gas también le abrasa la garganta y cae, pero el anciano le escupe que no se lave, que el lacrimógeno se agarra al agua y es peor. Sabe resistir, piensa Rhoda, el anciano, como un partisano, que intenta gritar de nuevo, con el crujido de un templo que se raja grita, «Dimitri», el nombre de otro anciano, y con la mano hace el gesto de volarse la cabeza, como ese jubilado que no quería ser perro en la basura, y Rhoda comprende ahora que hay un fuego sin humo contra toda esta sintaxis, y se levanta, monta su miedo y echa ya a correr entre la gente.

 

La manada

 

Domingo, invierno. El sótano parece un congelador y Cervera sale a la portería. Es una finca antigua, no pasa un alma, pero sube por las escaleras para evitar cruzarse con alguien en el ascensor. En sus ratos libres, Cervera suele entrar en los pisos del edificio que sabe vacíos: mientras no le pillen, prefiere no helarse el espinazo en su sótano. Hace semanas que frecuenta el de una anciana medio ciega, convaleciente en el hospital. El piso está lleno de figuritas de tortugas que la anciana colecciona y tiene por costumbre regalar. Una espantosa, de porcelana, luce también en el mostrador de la portería.

Cervera, tumbado en el sofá, ve un documental sobre elefantes. Una manada hambrienta ha invadido las cosechas y los campesinos intentan ahuyentarla con antorchas y estruendo de cacerolas, mientras los elefantes forman un círculo para proteger a sus crías.

Un ruido atropellado de llaves despierta a Cervera, que se seca la mejilla de saliva. La anciana, deduce, que ni siquiera acierta al abrir. Cervera se esconde, no le costará salir sin que se dé cuenta. Oye rumor de bolsas y se escabulle por el pasillo, pero tropieza con un hombre. Junto a él, una mujer de bata blanca, tras la que se refugian dos niñas. La menor abraza una tortuga de peluche. Cervera camina con cuidado hacia la puerta mientras el hombre empuña un destornillador. Se vigilan los pasos, como animales acorralados. Tras el portazo, Cervera ve la cerradura forzada y sabe entonces que todos callarán.

 

 

BIOBIBLIOGRAFÍA

Sergi Bellver nació en Barcelona en 1971. Escritor y guionista, ha trabajado como editor, crítico literario, periodista cultural, profesor de narrativa y librero. Ha participado en una decena de antologías de relatos en España y Latinoamérica, es autor de guiones para cortometrajes y ha publicado cuentos y poesía en revistas y diarios. Editó los libros colectivos Chéjov comentado (2010) y Mi madre es un pez (2011; con Juan Soto Ivars), y ha escrito el prólogo a una nueva traducción de El jugador, de Dostoievski (2013). Ha colaborado como crítico literario y articulista en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia y en revistas como Qué Leer o Tiempo. Ha sido profesor en Escuela de Escritores de Madrid, entre otros centros, y a día de hoy imparte sus propios talleres de narrativa.