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Antón Castro

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ALFREDO CASTELLÓN PRESENTA MAÑANA 'EL RUIDO DE LA MEMORIA'

ALFREDO CASTELLÓN PRESENTA MAÑANA 'EL RUIDO DE LA MEMORIA'

El día 5 de marzo de 2013, a las 7,30 de la tarde, tendrá lugar en Salón Nueva Estafeta del ATENEO CIENTÍFICO, LITERARIO Y ARTÍSTICO DE MADRID (Calle Prado, 21) la presentación del libro de ALFREDO CASTELLÓN, ‘El ruido de la memoria’, editado por STI en su colección Opera Omnia.

En el acto, presentado por Alejandro Sanz, Presidente de la Sección de Literatura del Ateneo, intervendrán: la escritora Silvia Bardelás, el poeta Angel Guinda, el editor Javier Cinca y el autor. A los asistentes se les obsequiará con un marcapáginas conmemorativo.

 

STI ediciones & Libros del Rescate

(Librería: calle Tomás Bretón, 14, local 6, 50005 Zaragoza)

 

SINDICATO DE TRABAJOS IMAGINARIOS DE ZARAGOZA

 

 

 

 

LO QUE SE HA ESCRITO DE  ‘EL RUIDO DE LA MEMORIA’:

 

ANTÓN CASTRO  (Heraldo de Aragón, 20.11.2012)

Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1931 o 1930, según la editorial STI) es director de televisión y de cine, guionista, dramaturgo, escritor de aforismos, de cuentos infantiles y para adultos... Es uno de esos grandes personajes de la cultura aragonesa en Madrid; estuvo, con los poetas de los 50, en el homenaje en Collioure a Machado en 1959. Está en la foto, como tanto se ha recordado y olvidado a la vez. Publica en el sello STI, Libros del Rescate de Javier Cinca, con prólogo de Juan María Marín, su libro de cuentos ‘El ruido de la memoria’, dividido en tres partes: cuentos autobiográficos de carácter iniciático o de formación sentimental, que transcurren en Zaragoza, en la zona de Alicante, en Italia, en Nueva York, en Madrid, en viajes con su padre, o en Japón. Son textos evocadores de amigos, de amores fugaces, de pequeños episodios que tienen un latido de vida y de memoria herida y gozosa a la vez. Y en la segunda y tercera partes, ha recogido una pequeña selección de sus microcuentos... El libro incluye un apéndice con textos sobre Julio Alejandro, Juan Carlos Onetti, María Zambrano, de la que fue muy amiga.

 

 

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE   (Andalán. 30.11.2012)

Por esos días, habíamos celebrado con Alfredo Castellón, en tantas cosas vida paralela, amigo de Borau, realizador de televisión y director teatral, escritor, y también escritor y viejo amigo, la publicación de su último libro, “El ruido de la memoria”, en que evoca desde su infancia en los años treinta hasta nuestros días, con exquisita escritura y fino humor. Y la presentación fue una maravilla, respondiendo a indagaciones de Antón Castro con historias personales, íntimas, muy divertidas.

 

 

ÁNGEL VIVAS  (diario EL MUNDO, 02.01.2013)

“A vuelas con el ruido (y la furia) de la memoria”.

El productor televisivo Alfredo Castellón publica un libro de relatos.

Veterano profesional de la televisión y el cine, donde ha hecho de todo, Alfredo Castellón se ha dedicado también desde siempre a la escritura; sólo que de un modo semisecreto y cultivando géneros poco populares, como el teatro de cámara o los relatos infantiles. Jubilado ya de sus trabajos alimenticios, retoma con nuevos bríos esa vocación suya. Vocación que no es en absoluto tardía, sino que como él mismo dice «en la vida pasan cosas que te truncan el camino que llevabas; el ingreso en TVE cuando fallece mi padre me hizo dedicarme a lo audiovisual, y eso fue un hándicap».

Acaba de publicas el libro de relatos El ruido de la memoria  (Ed. STI) y anuncia otro titulado Escombros selectos. Como indica el título, la memoria es clave en el libro recién aparecido (aunque también cuente la imaginación, sobre todo en la segunda parte). La memoria, ese campo de minas, como se dice en el prólogo del volumen. «Es un campo de minas», aclara él, «porque te puede explotar; tú tratas de eludir aquellas partes del pasado que te perjudican, tratas de hacerlo como defensa, pero a veces no puedes y te explotan».

¡Es también,. como decía el santo Job (según Savater) la sede del rencor? «Puede ser, pero yo olvido con facilidad los momentos que no han sido gratos. El rencor solo lleva a una pérdida de tiempo y hay que tratar de evitarlo. Los rencores no sirven para nada, como no sirven la envidia o la vanidad; esas cosas son una falta de inteligencia».

Nacido en 1930, Alfredo Castellón fue un «niño de la guerra»; de la que tiene un recuerdo terrible, al revés que otros colegas para los que fue un tiempo de libertad. «He rumiado la Guerra Civil a posteriori», dice él. «En Barcelona, son seis años jugaba en la calle con tirachinas y pistolas de madera mientras los mayores de mataban de verdad. Nuestras batallas infantiles reproducían las batallas criminales de los mayores. Pero ver, como cuento en el libro, enterrar cadáveres en grandes hoyos en una playa y taparlos con cal, eso no se olvida aunque seas niño».

No todo es tan tétrico en sus relatos. Hay evocaciones de muy distinto tipo. Todo, con un estilo claro, directo y, como él mismo añade, visual. «La memoria me aporta la visualización de las cosas», explica.

Y hay recuerdos —estos sí, totalmente reales, no pasados por el tamiz de la imaginación o la fantasía— de la gente a la que Alfredo Castellón ha tratado a lo largo de su vida. Como María Zambrano, que le animó a escribir en los años 50 y le escribió un prólogo para un relato infantil, que prohibió la censura en la primera edición.

O Juan Carlos Onetti, que le hizo una faena (putada, dice él en el libro) ocultándole que ya existía una versión cinematográfica de la novela de Onetti Para esta noche, que Castellón quería llevar al cine. «Pero aquello de Onetti siempre lo he visto con ternura. Porque él era entrañable; y porque me parecía justificado que quisiera que se hiciera una versión nueva, ambientada en España como correspondía, de una historia originalmente española, aunque él la situara en Latinoamérica. Posiblemente se haga algún día».

 

 

MARIANO GISTAÍN  (www.gistain.net.  Texto casi diario. 14.01.2013)

“El ruido de la memoria” (STI Ediciones, 2012).

Alfredo Castellón escribe poesía cine. La elipsis de toda una vida elegante. Es un dandy natural, lo que parece una contradicción porque el dandy se construye, pero esa es la gracia de Alfredo, nadador, atleta ganador de medallas, poeta de cine en prosa leve que se te queda dentro.

Se ha dedicado al cine y la televisión, artesanías de la censura y de la libertad. Niño de la guerra civil, ha llegado hasta el atroz presente en plena esbeltez. Sin romperse ni mancharse. Ha salido por el otro lado del cristal de la historia y va publicando libros de una vida única, originalísima y cada vez más secreta. Cuanto más publica más misterios deja en el aire de Roma, París, Asia, Nueva York. (Creo que Alfredo es agente de la KGB y la CIA por lo menos: el único agente doble o triple que ha sobrevivido a este apocalipsis frugal. Un asceta de sí mismo, protagonista de novelas que nacen ya adaptadas al mejor cine).

En los viajes y las peripecias se reconocen los memes del siglo, pero el protagonista sobrevive y avanza, siempre independiente, a su aire. Dandy en las penalidades, ayudante precoz de Antonioni, listo para aprobarlo todo in extremis, evanescente galán, ávido siempre. Los personajes son todos diálogo, amistad, estilo: María Zambrano, Julio Alejandro de Castro.

La levedad del espíritu lleva a Alfredo sobre las olas. Memorias esenciales, sutilísimas de emoción. El éxito le sale de dentro, va con él. Alfredo es una fábrica de éxito, vitalidad agradecida, resistencia cimbreante a los contratiempos y a la muerte. El éxito es haber llegado al nuevo milenio con su savoir faire, discreto, ligero de equipaje, una maratón de ochenta años que empieza cada mañana: curioso, despierto, atento. De la estirpe invencible de Azcona, forjados entre las balas y el hambre, supervivientes dispuestos a exprimir su siglo, que ahora vuelve embrutecido, comprimido en un mp3.

El paraíso que le gustaría a Alfredo es su infancia con sus padres y hermanos, en casa, la niñez añorada.

El libro de Alfredo es sagrado, bellísimo como el mejor cine, sprint y sosiego, culpas rápidas, aleteo de eternidades.

 Como escribe Juan M. Marín en el estupendo prólogo, Alfredo no necesita metáforas. Qué lujo.

 

*En la foto, Alfredo Castellón con Raúl Artigot. La tomo de internet; las notas son de STI.

PEPE Y JULIA: 25 AÑOS DE ANTÍGONA

PEPE Y JULIA: 25 AÑOS DE ANTÍGONA

 

PEPITO Y JULIA: 25 AÑOS DE PASIÓN

Y LIBROS DESDE ANTÍGONA

Dos estupendos, necesarios e imprescindibles libreros: José Fernández Moreno, Pepito, y Julia Millán. Son los dueños de Antígona, una auténtica caja de sorpresas con fondos admirables, de casi todo, y de algunas cosas más: por ejemplo, de poesía, uno de los mejores arsenales de lírica de Aragón y de España. Y de arte, de fotografía, de literatura infantil y juvenil (Julia ahora también es editora), de filosofía. Varios miles de libros. Este año, estos jóvenes emprendedores que empezaron en Muriel celebran sus primeros veinticinco años de Antígona; el nombre, si no recuerdo mal, estaba inspirado en un título de María Zambrano: ‘La tumba de Antígona’. Esta foto pertenece a una de las ediciones de ‘La noche en blanco’: así están de luminosos, felices, enamorados de la vida y de los libros, siempre luchando, sin aspavientos... Ellos pertenecen a esa estirpe inagotable de grandes libreros de Zaragoza, que sigue y sigue también en otros establecimientos. Y que probablemente continuará con sus dos hijos: Violeta y Eloy.

Otro detalle para finalizar: son magníficos compañeros. Gente de bien.

JUAN ÁNGEL JURISTO: 'VIDA FINGIDA' (AVANCE)

[Juan Ángel Juristo (Madrid, 1961), escritor y critico literario, acaba de publicar en Izana editores su nueva novela Vida fingida. La trama se resume así: "Compuesta por dos ’nouvelles’, La telaraña y Vida fingida, que da título al libro, establece una correspondencia entre dos historias que no son paralelas pero si complementarias: el laberinto de la ciudad como reflejo de la propia red de la mente y el espíritu; el deambular errático por calles que se parecen demasiado a los recorridos por nuestros sueños, lo que le da un aire fantasmagórico al libro, en especial en La telaraña. En ésta se juega con un enfoque de lo que significan los ángeles hoy día en una especie de metáfora sobre Jacob y su lucha. En Vida fingida, por otra parte, se trata de establecer la imposibilidad de atisbar la vida de otro, en este caso un Premio Nobel de Literatura español, en un paralelismo con las tortuosas calles de una ciudad, Roma, con un final imprevisible". Aquí ofrezco, por gentileza de su autor, el arranque del libro, la 'nouvelle', La telaraña.]

LA TELARAÑA

 

Por Juan Ángel JURISTO

 

1

Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas

lo son cada una a su manera. Cuando leí por vez primera esa

frase era la hora de la siesta, justo cuando notaba cómo se me

iba empinando hiciera lo que hiciera, no había manera de

controlarlo, sentí que algo dentro de mí se recomponía porque

por fin podía pensar que tanto mi padre, como mi

madre, mis hermanos y mis tíos, por no hablar de los abuelos,

los abuelos, tan lejanos y solos, casi siempre sentados como

minerales, constituíamos una familia, por muy extraña que

pareciese en el barrio. Tenía quince años y desde entonces

siempre me ha acompañado, y he echado mano de ella, sobre

todo en los momentos en que la contemplación de alguna

escena familiar hacía que se me saltaran las lágrimas de nostalgia,

aunque no supe nunca el porqué ya que no se puede

sentir nostalgia de algo que nunca se ha vivido aunque si

anhelado, vaya que lo anhelé, y por mucho tiempo. Todas las

familias dichosas se parecen. Qué frase. Y qué verdad contiene.

Más quizá que las palabras que le siguen porque lo de

ser a su manera todo el mundo lo procura pero igualarse a

nadie le gusta, ni siquiera en la dicha. Pero todo eso tardé

mucho tiempo en aprenderlo, tanto como lo que separa

aquellos quince años de mis cuarenta de ahora, con un estanco

por medio y una viudedad no deseada.

Fue lo único que retuve del libro aunque la tortura a

que sometían a esa mujer era terrible y una sensación de pena,

de querer ayudarla, me duró lo que tardé en devorar aquellas

páginas, unas veinte siestas. Pero el autor desde luego no se

había dedicado a pasear por mi barrio donde no había domingo

por la tarde, ante los descampados desde donde se adivinaba

Madrid a lo lejos, con la cúpula de San Francisco el

Grande en primer plano y la Torre de Madrid en la línea del

horizonte, en que no se asistiera a alguna que otra pelea

donde siempre, detrás de los gritos, arreciaban las hostias por

lo general o algún que otro puñetazo a alguna que otra mujer

y siempre, siempre, alguien que increpaba al tipo, y siempre,

siempre, los gritos de ella en defensa de su macho. Aquello

llegó a divertirnos, aquel espectáculo que se producía justo

antes del crepúsculo, cuando el domingo iba cayendo, y todo

el mundo se resistía a ir a sus casas intentando prolongar

aquellas horas que conducían fatalmente al trabajo del día siguiente.

Al fin y al cabo era un aristócrata y tenía el colchón

protector de haber nacido así, en una familia distinta, aun

sólo fuera eso.

Aquello llegó a divertirnos. Tanto que durante aquel verano

en que leí Ana Karenina me aficioné a ir con Lorenzo a

ver lo de las hostiadas, como él lo llamaba. Nos sentábamos

en el dintel de una casa abandonada, chamuscada, y de la que

sólo quedaban los muros en cuyas paredes se descubrían formas

caprichosas, único vestigio en pie de lo que había quedado

de la línea del frente de Carabanchel, y sólo nos restaba

esperar, no más de una hora, fumando mientras a nuestros

pies, en la hondonada, paseaban parejas intentando hacerse

las remolonas, dándose un beso furtivo mientras ella recha-

zaba una mano que se había dejado caer rozándole una teta,

se dejaba ver alguna que otra familia paseando a los niños y

pasaba el barquillero o el de los helados con sus barras de

hielo y sus botellas alineadas con unos líquidos coloreados

que eran como los de una película de ciencia ficción, tan brillantes,

y allí estaban, de pronto, él con su pelo lleno de brillantina

y el pañuelo saliendo alborotado del bolsillo de una

chaqueta que le queda pequeña; ella, con un rostro consumido

y unos labios que quiere pasarse por el lápiz de vez en

cuando. Entonces sucede. Él le recrimina que se esté pintando

por coqueta y puta y ella, entonces, por no ser menos,

le grita, porque siempre grita, cabrón, y de inmediato el

guantazo se lo lleva. Luego los lloros, más gritos, de cabrón

para arriba, vamos, hijo de puta, momento que él aprovecha

para largarle otra hostia o una patada antes de que se oiga al

indignado que habla de llamar a la guardia civil. Ahora parecen

enzarzarse el pegador y el indignado mientras se forma

el círculo de gente alrededor, y ella sigue gritando mientras

intercala insultos a su marido, sí es mi marido, no mi chulo,

¿qué se ha creído?, con alguno al indignado, mientras reculan

y reculan gasta que Lorenzo grita, entonces, la guardia civil

y el pegador y la hostiada salen corriendo mientras nos partimos

de la risa y comienzan ahora a decirnos de todo los padres

de familia mientras el de los helados, que conoce a Lorenzo

porque vive en el solar de al lado de su casa, le guiña

un ojo. Así durante más de un mes y da lo mismo que cada

semana cambie el hostiador y la hostiada. Lo que a Lorenzo

y a mí nos tenía pegados a aquel aburrido mirador los do-

mingos por la tarde era que siempre se repetía la misma historia.

Todas las familias felices se parecen, ¿no?

Todo esto lo digo por lo de la adúltera de la novela. Sin

aire alguno de nostalgia. Todo aquello ya desapareció. Para

siempre. Y bien enterrado esté. Como Lorenzo, que no se

merecía morir tan joven.

 

*La foto de Juan Ángel Juristo la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-60585d2d817b6bd09acbb2a6a5716beb.jpg

DIÁLOGO CON GABI MARTÍNEZ

El escritor Gabi Martínez (Barcelona, 1971) presentó el pasado martes el libro de viajes ’En la Barrera’ (Altaïr), sobre la costa de arrecifes de coral de Queensland. Antes había publicado, entre otros títulos, ’Suud’, ’Los mares de Wang’ o ’Solo para gigantes’. Este es un libro ameno poblado de historias, de personajes y de citas.

 

 

-Habías recorrido medio mundo ya... pero ¿cómo nació este libro?
Mentras paseaba con mi hijo por el Aquarium de Barcelona. En un rincón, bajo una cristalera con corales, leí que si la temperatura del planeta aumentaba dos grados, la mayor parte de los corales de la Gran Barrera morirían. Hablamos de una de las grandes maravillas naturales, del único animal visible desde la luna, de más de dos mil kilómetros de ser vivo extendiéndose por la costa de Queensland. Que iba a morir. Pensé en mi hijo, en que él podía ni siquiera tener la posibilidad de disfrutar de ese regalo. Y que junto a la Gran Barrera estaban sucumbiendo muchos otros espacios naturales. Me obsesioné con la idea –me cuesta trabajar de otra forma- y decidí viajar para ver qué podía aportar desde mi nicho de escritor.


-¿Qué es, qué contiene, la Gran Barrera?
900 islas, 400 tipos de corales, 1.500 de peces, 2.900 arrecifes... el espectáculo de la vida en una de sus versiones más fascinantes... y unos cuantos miles de personas con historias que parecen mentira y sirven para volver a confiar en la fuerza –de todo tipo- de los seres humanos.


-¿Cómo se organiza un viaje así, cuáles son los preparativos, qué materiales llevas?
Antes de salir intento leer mucho sobre el territorio que atravesaré. Eso no ocupa espacio y ayuda a establecer conexiones de forma mucho más rápida, a entender o al menos intuir el porqué de algunas cosas. En cuanto a materiales, llevo ropa ligera, sombrero, repelente de mosquitos, protección solar, una navaja multiusos, calzado más cómodo e impermeable posible... varias libretitas que caben en un bolsillo del pantalón, varios bolígrafos y un cámara compacta. Tanto la libreta como la cámara deben ser pequeñas para desenfundar en cuanto salte la idea, la imagen, la inspiración.


-¿Tienes una idea en la cabeza o vas un poco a la aventura y te dejas guiar por la intuición?
Siempre me impulsa una idea de partida que los kilómetros van matizando, perfeccionando, y eso incluye cambios que pueden ser muy grandes en el punto de vista Por ejemplo, en Los mares de Wang, el viaje me ofreció a un protagonista, Wang, que aparece incluso en el título. Y desde luego que no estaba pensado que fuera así. Para la Gran Barrera sabía que iba a hablar de unas personas de las que se había escrito muy poco en los últimos años porque todas las palabras se dedicaban a la flora y la fauna, olvidándose de los que al fin y al cabo más están interviniendo en esa geografía. Digamos que parto con una idea pero intentando ser lo bastante flexible y poroso como para que los hechos e intuiciones del recorrido acaben transformando a esa idea en lo que en realidad “necesitaba” ser.


-Llegas allí. Y decir eso es muy arriesgado. Ese allí es casi infinito: el mar inmenso. ¿Cuál es la primera impresión ante tanta belleza? 
Una exaltación radiante. Y la duda habitual: ¿cómo transmito esta alegría, esta sensación? Pronto entendí que Queensland me pedía poesía. ’En la Barrera’ es el libro sin duda más lírico que he escrito, aunque no se pueda describir como un libro de poesía.


-Explícanos esa vinculación entre el coral y los antepasados. Parece un cuento, una leyenda...
Por una parte, la Gran Barrera está compuesta de pólipos que en sí mismos son insignificantes pero que unidos unos a otros dan forma a una de las grandes maravillas del mundo. Por otra, la capa visible de los corales es la más superficial, la que sobresale mínimamente sobre las aguas del océano, pero está soportada por una montaña submarina de ancestros, ya muertos. Y quise que ese apilamiento invisible que permite que aflore una vida preciosa cobrara forma literaria. Por eso reuní voces del pasado -como Darwin, novelistas, capitanes de barco, viajeros- con otras del presente de cualquier condición -desde economistas a arqueólogos, vendedores de aparatos de ventilación, geólogos, pescadores o poetas- y también del futuro, acudiendo a visionarios que predijeron muy bien el mundo actual. Con las voces del pasado, el presente y el futuro he intentado hablar de lo que ocurre hoy y de lo que, si no reaccionamos, probablemente ocurrirá dentro de no tantos años.


-¿Por qué desaparece aquí casi tu presencia y hablan los indígenas, la gente que vive allí?
Yo soy una voz más de esa constelación, alguien que mira desde fuera y desea saber más. ¿Quién nos puede enseñar mejor? Los que viven allí. Mi experiencia de visitante es una anécdota al lado de su bagaje vital sobre aquella tierra.


-¿Como eliges a los personajes?
Por sus historias, su carácter. Un libro, como cualquier obra, tiene unos límites físicos donde se trata de concentrar la mayor fuerza simbólica posible. Mi aspiración es reunir voces que de algún modo resuman de manera poderosamente natural el carácter de la tierra sobre la que escribo.


-¿Cómo reciben las gentes al viajero occidental: como un intruso, como un cómplice?
En Australia la colonización inglesa fue decisiva, y junto a la Gran Barrera hay bastantes pequeñas poblaciones dedicadas a la ganadería, la caña de azúcar... pero que también ingresan una buena tajada por el turismo a la Gran Barrera así que la tendencia es a la cordialidad. Es una zona muy relajada, con una naturaleza asombrosa pero pasada por el control anglosajón. El punto donde la vida se asilvestra en serio es en Cape York. De hecho, ahí se concentra buena parte de la población aborigen, en una especie de reservas. Los aborígenes viven muy aparte, presas de una tristísima resignación.


-Si tuvieras que explicar tu poética de escribir de viajes, qué me dirías: qué buscas, cómo se escribe un viaje...
Es tan difícil... acabo de terminar un libro para intentar explicar justo eso. Sobre todo después de Sólo para gigantes, mucha gente me pregunta cómo he escrito y viajado tanto siendo tan joven (41 años ya no es tan joven pero gracias, gracias). Y decidí escribir algo que respondiera a esa curiosidad. En lugar de escribir un ensayo, me salió otro libro de viajes en el que vengo a decir que yo viajaba sin saber muy bien qué buscaba, más allá del estímulo que me impulsaba en cada ocasión. Cada lugar requería una forma distinta de encararlo, y me daba cosas diferentes que después adquirían una plasmación artística también autónoma. Lo único seguro es que detrás de todas esas historias, estructuras, iba comprendiendo un poco mejor a otras personas y, con ellas, me intuía yo. Cada vez necesito menos ansiosamente viajar, supongo que he alcanzado algunas respuestas que me están llevando a otra parte, a una más cercana. Creo que he hecho un viaje de fuera hacia adentro y que posiblemente en los próximos años acabaré escribiendo sobre España, sobre Barcelona. Quizá, sobre una familia de Barcelona.


-A menudo se te sitúa entre Paul Theroux o Bruce Chatwin. ¿Son ellos tus maestros o son las referencias obligadas, antes que Norman Lewis, por ejemplo u otros?
Hay varias grandes referencias. Robert Byron, Bouvier, Alí Bey, Mathiessen... Para mí, la novela total es en realidad una especie de libro de viajes, Los siete pilares de la sabiduría, de Lawrence de Arabia. De Theroux aprecio su descaro y la falta de tapujos para decir lo que piensa, al margen de cualquier corrección política, y a Chatwin le debo el atrevimiento formal. Tardé un tiempo en entender la dimensión de En la Patagonia pero cuando lo hice, quedé impresionado. Con ese libro Chatwin rompió el molde del género al introducir la abstracción y demostrar que el relato de un viaje no debe ceñirse al parto de un lugar – hago un recorrido- llego aun destino. Amplió los límites creativos del viaje y En la Barrera recoge precisamente ese testigo.

Finalmente: ¿qué hay de ficción en tus textos? ¿Por qué acudes a tantas imágenes, a tanto tejido literario?
Ni Capote está libre de la ficción, ¿no? Pero hay ficciones que pervierten la realidad y otras que contribuyen a transmitir la atmósfera “auténtica”. Mis libros de viaje tienen dosis bajas de ficción. Sea como sea, ficcionar es sencillo en Australia, donde a menudo pasan cosas que parecen mentira. Para explotar esa obviedad recurrí a las fotografías. A veces, acompañé un episodio difícil de creer con una foto que certificaba su “realismo”, autoconcediéndome así la licencia para en algún momento inventar una historia que, al estar acompañada por una foto más o menos consecuente, gozara del aura de lo auténtico. Por supuesto que prácticamente la totalidad del libro alude a hechos verídicos pero sea como sea, la clave de su engranaje estaba en que todo lo que se contara fuera posible en los límites de la Gran Barrera. La exactitud no es lo más importante en un libro de viajes, sino la atmósfera, el latido, el aire y tantos de aquellos intangibles que a fin de cuentas son la verdad de los lugares.

 

*Gabi Martínez presentó su libro ’En la Barrera’ (Altaïr, 2012) el pasado martes en la librería Cálamo en compañía de Antón Castro.

La primera foto de Gabi es de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-39269887a59f89408dbfdc20bbec28ca.jpg

 

La segunda es del autor durante el viaje.

 

DIÁLOGO CON R. MARTÍN GIRÁLDEZ

DIÁLOGO CON R. MARTÍN GIRÁLDEZ

[Rubén Martín Giráldez acaba de publicar en Jekyll & Jill, el sello de Jessica Aliaga y Víctor Gomollón, una novela infrecuente: osada, verborreica, paródica, de una extraña originalidad. 'Menos joven', que habla de un programa de radio, de un extraño personaje, Bogdano, y del intento de acabar con la cultura. O de exaltarla a través de su negación. Conversamos con el joven escritor catalán, nació en 1979, y estas son sus respuestas. Una parte amplia de la entrevisa aparecía el jueves en 'Artes & Letras' de HERALDO. La foto es de Alfonso Rodríguez Barrera; cortesía del autor y de la editorial]

 

 

¿Cuál es el punto de partida, la reflexión previa, esa imagen que es la primera detonación?
 La primera frase que escribí para Menos joven (y que en la versión definitiva se convertiría en la segunda) fue algo así como: «Lo que está haciendo ahora Bogdano es ensillar su cabeza; asegura las hebillas, sube a su frente y pica espuelas en sus mejillas», y el motivo, creo, hay que buscarlo en la determinación de hacer una novela breve, feroz y con su poco de absurdo controlado.

¿Desde el punto de vista de la idea o del concepto: querías criticar la cultura, matar al padre?
Para ser honesto, diría que la tesis del libro es más esa afirmación con la que abre —que «el padre de Bogdano siempre ha confundido trabajo y realidad»— que la serie de materiales conductores de que se sirve para hacer pasar ese puñetazo por narración. Está claro que para no limitarme a hacer una novela de ideas necesitaba algunos niveles de lectura mucho más reconocibles; crear una falsa sensación de familiaridad que impidiese al lector abandonar el libro. Espero que al avanzar no lo abandone por una cuestión de dignidad y amor propio, pero en ese punto aún no nos conocemos y no es justo pedirle otra cosa. Luego sí. Sin embargo, es muy probable que el relato ataque con más crueldad a la idea de esfuerzo=resultados positivos / mérito=consideración que a la del padre.

¿Cómo te gusta definir el libro: como un libro experimental, lleno de ironía, como un juego literario o quizá como una aventura literaria que tiene mucho de parodia?
 Pues, muy al estilo del narrador, voy a ponerle una etiqueta… Podría llamarla «una jeremiada bufa», me parece que eso le cuadra (ahora que la he releído editada): una especie de lamento impostado que sirve para humillar a los que se lamentan, a los que se autocompadecen.

Vayamos directamente con el argumento. ¿Qué es, qué quiere ser «El peinado de Calígula»?
«El peinado de Calígula» es el nombre de un concurso radiofónico que consiste en buscar a la gente que intervino en la formación de tu carácter, a los responsables de que éste haya salido algo, digamos, estragado, y sostener una «charla de devastación» con ellos, un ajuste de cuentas. La reflexión, en realidad, es si de verdad podemos hacer recaer la responsabilidad de nuestras decisiones en otros sin convertirnos en seres ridículos y lloricas. Seguramente la respuesta es no.

¿Por qué un programa de radio para jóvenes protagonizado por adultos y conducido por un locutor entre ambiguo e inquietante?
A esto me refiero cuando hablo de niveles de lectura más o menos reconocibles. El nivel simbólico me causa la repugnancia natural que necesariamente debe de causarle a cualquiera de mi generación. Eso de «matar al padre» es un constructo que se desintegra rápidamente entre las manos modernas. Menos joven habla de cosas más tangibles, habla de que la formación total del ser humano es imposible (por lo tanto habla también de ambición) y de que un padre o una madre deben aprender a asumir esa impotencia casi con alegría: no van a poder hacer gran cosa por su hijo. Así que ahí está: resulta que el padre de Bogdano no está puesto al servicio de una alegoría, sino que la alegoría «padre cultural» está puesta al servicio de un tema menos abstracto. Otro revés cabrito de la novela.
 
¿Quién es Bogdano? ¿Un exterminador, un hombre con problemas con los nombres propios?
Yo creo que es un hombre incapaz de atenuarse y ya definitivamente perdido en la multiplicidad de referencias cultas mentirosas y verdaderas que le ha proporcionado su padre falsificando su biblioteca. Por desgracia, lo que le mueve es el miedo, el terror a que esos genios que han formado su carácter le pidan algún día que se lo devuelva.

¿Por qué has elegido nombres como Gombrowicz, Webern, Lucia Joyce, Celan, los Roth o Kim Bassinger?
Ahora que ya estoy metido en la treintena me he dado cuenta de que sólo consigo retener en la memoria o que únicamente fui capaz de asumir lo que se me puso por delante entre los dieciséis y los diecinueve o veinte años, así que yo también voy dándome testarazos bogdanos contra lo mismo una y otra vez.
 
¿Qué relación tiene esta novela con el apócrifo? Empezando por la portada oculta, por la idea de traducción de Jessica Aliaga, por las vida inventadas de Kim Bassinger...  Háblame de la edición: con un diseño tan particular, con apostillas al margen, con dos portadas, con dibujos... ¿Cuál ha sido tu relación con la editorial? ¿Cómo valoras el libro formalmente?
El apócrifo es fundamental en la vida de Bogdano y en la novela: al protagonista lo han educado con libros retapados, de manera que cree haber leído a los grandes clásicos cuando ha leído obras de segunda, y todo lo que se nos cuenta llega por boca de un narrador de una ambigüedad diabólica, así que es muy probable que lo que leemos en Menos joven sea una mentira a la manera de El charlatán de Louis-René des Fôrets, una pura actuación oral impulsada por la incontinencia. En ese sentido el libro tiene su razón de ser precisamente en la edición de Jekyll & Jill, ¿qué otra editorial se atrevería a preparar dos portadas con distintos títulos, a mentir a sus lectores en la página de derechos, a elaborar una falsificación de un ejemplar de Gallimard, a incluir anotaciones a lápiz en los márgenes y rematar la faena con unas calcomanías de los personajes? No extrañará a nadie que luego, en lo personal, sean tan exquisitos y acertados como…, bueno: se les puede conocer muy bien por los libros que hacen.

¿Cómo debemos entender que todos, niños, el propio Bogdano o el locutor vayan a caballo?
 
Seguramente detrás de eso no haya más que la sospecha de que necesitaba que los personajes se moviesen a una gran velocidad y que el narrador se viese obligado a soltar un chorro de voz desbocado y discontinuo, alternando la asfixia con una euforia verbal exultante. Todo es verbo de una sola persona ahí, así que no os creáis todo lo que os cuente.

¿Qué quieres que haya de realidad o de ficción? ¿A qué lector te diriges con una novela, qué le pides?
Quiero que haya equívocos. Los hay, desde luego, incluso involuntarios: en los datos concretos y en las diversas interpretaciones que se le pueden dar a la novela. En realidad, Menos joven está escrita para descubrir cuál es mi postura frente a los temas que plantea, pero imagino (de hecho, espero: no tengo miedo a exponerme tanto, pero sí de esa manera) que el lector no podrá resolver cuál es mi postura, sino cuál es la suya propia. El dramatis personae que hay al inicio del libro tiene más de humildad que de insolencia.

¿Qué relación hay para ti entre literatura y transgresión? ¿En qué medida quieres criticar los lugares comunes de la cultura, las famas de laboratorio?
Me interesa mucho la figura de aquel que se convierte en el primero en decir algo de una determinada manera. El marqués de Sade: quiere tratar un determinado tema y necesita crear una nueva forma para ello. Cuando uso el término «fama» (y soy consciente de que he recurrido a él en las tres ocasiones en que me han publicado) lo hago en un sentido un tanto peculiar, me refiero al instante en que uno ve cómo su obra pasa de ser privada a ser pública, independientemente de si tiene uno o diez mil lectores. Es así como percibo a los grandes nombres de toda la vida. Y cuando digo «genios» imagino que precisamente me refiero a eso, a si han logrado esquivar el lugar común. Lo criticable es la falta de valentía y el ofrecer formas narrativas e historias convenientes con la seguridad de que van a encontrar una agradable acogida entre el público. No se trata de elitismo, ni mucho menos. Es más bien pudor: no voy a entregarle al lector algo que yo no perdería el tiempo en leer, sino algo que espero que le dará unas horas de placer.

¿Qué escritores te interesan? ¿Por qué es tan importante Pynchon en tu vida y en tu trayectoria?
Me interesan Rabelais, Sterne, Quevedo, Benet, Céline, Manganelli… Humoristas verborreicos. Creo que encuentro una parte de lo que necesito en el uso del lenguaje de Julián Ríos y Miguel Espinosa (aunque no conecte tanto con el contenido), y otra en la manera de elaborar sus posturas gente como Juan Francisco Ferré en Karnaval, o Antoine Volodine en todo lo que hace: ahí el problema es que, como yo no soy un animal político ni filosófico, me doy cuenta de que entro en terreno vedado, de que no lo entiendo todo, por más que lo disfrute. En ese sentido, Thomas Pynchon: Un escritor sin orificios venía a ser la confesión de cierta impotencia, y la resolución de usar esa impotencia como el más honesto de mis temas. Sencillamente porque imagino que habrá muchos lectores en mi situación.

Es un libro pop, mestizo, de fusión de géneros, y a la vez muy culturalista...
Lo cierto es que sentía recelos ante ese culturalismo, y entiendo que tal vez sea uno de los elementos que provoquen rechazo en algunos lectores. Los tranquilizaría diciéndoles que donde hay name-dropping hay parodia del name-dropping; que donde hay expresión atractiva, queridamente atractiva, narcisista y juguetona hasta lo cabreante hay también una reflexión sobre la incontinencia del lenguaje, de la palabra furiosa, y una rebelión ante el recuerdo de las decenas de párrafos que he omitido por respeto a ese mismo lector y a mí mismo. Es una novela sobre un señor que intenta salir del embrollo de referencias de su propia mente y que lo niega todo; en Menos joven se niega hasta la existencia real del idioma francés.

PALMIRA MÁRQUEZ Y LA EDICIÓN

PALMIRA MÁRQUEZ Y LA EDICIÓN

Recibo esta nota de Daniel Heredia, escritor y periodista cultural gaditano, que posee un espléndido blog. La foto la tomo de ahí.

[¿Conoces el trabajo que realiza una agente literaria? ¿Qué cualidades se necesitan para desempeñar esta profesión? ¿Por qué la gran mayoría de ellas son mujeres?

PALMIRA MÁRQUEZ, de Dos Passos Agencia literaria y Comunicación, responde a estas y otras cuestiones en una entrevista de ¡A los libros!

http://danielheredia.com/palmira-marquez-acepto-a-un-escritor-si-me-gusta-lo-que-escribe-creo-en-ello-y-veo-en-el-un-autor-de-futuro/

Buena lectura.]

MUÑOZ MOLINA Y LA DEMOCRACIA

 

ANTONIO MUÑOZ MOLINA:

ELOGIO DE LA DEMOCRACIA


Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), reciente Premio Jerusalén, acaba de publicar un nuevo libro, de ensayo, ‘Todo lo que era sólido’ (Seix Barral). Una reflexión sobre la historia reciente, una mirada de escritor y de ciudadano que medita sobre las formas de convivir. Y es, sin duda, un elogio de la democracia. Dice: “En treinta y tantos años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla en otra lengua o tiene otro color de pelo en la piel. Y la tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros, es tan poderosa que hacen falta muchos años de constante educación para corregirla. Lo natural es aceptar límites a los demás y no aceptarlos en uno mismo. Creerse el centro del mundo es tan natural como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber. Lo natural es la barbarie, no la civilización, el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata y no el empeño a largo plazo (...) Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia. La única manera de predicar la democracia es con el ejemplo. Y con el ejemplo de sus actos y de sus palabras lo que han predicado con abrumadora frecuencia en España la mayoría de los dirigentes políticos y de sus propagandistas ha sido lo contrario de la democracia”.

 

*La portada la tomo de la Casa del Libro y el retrato del autor de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-ec589768ea5bfaa512686f8fdcd68c06.jpg

PEREIRA EVOCA A LOS LABORDETA

PEREIRA EVOCA A LOS LABORDETA

MANUEL PEREIRA RECORDÓ A LABORDETA

EN EL COLEGIO JOAQUÍN COSTA


La noche del sábado, en el salón de actos del colegio Joaquín Costa, con su bella cúpula, Manuel Pereira Valcárcel (Ouzande, A Estrada, Pontevedra, 1955) presentó su poemario ‘Interior con froiteiro e feridas /Interior con frutero y heridas’ (Aqua), que es una gran declaración de amor a Zaragoza, donde vivió entre 1967 y 1973. Aquí estudió y gracias a Nazareth Fernández Teso descubrió su vocación literaria. Nazareth estuvo en el acto sus folios de perfecta caligrafía, con la ilustradora y grabadora Ana Cristina Lapiedra y conmigo. Fue una jornada muy especial: se leyeron poemas en gallego y castellano, Nazareth recordó la gran sensibilidad del poeta, Ana Cristina leyó una carta a Manuel (él le envía en su poemario una carta a ella) y Manuel homenajeó a Miguel Labordeta, leyendo ‘Retrospectivo existente’, y a su hermano José Antonio, del cual contó varios chistes, entre ellos aquel de la anciana a la que le mandan repetir unas frases y ella dice: “... sí, sí, lo dice por lo del plano y el contraplano”. Curiosamente, en una tarde de muchas emociones, estaba en la sala el hombre que proyectaba las películas, sobre todo películas del Oeste con una bella dama. En el acto hubo muchos familiares y amigos, alrededor de un centenar o más, entre ellos el nieto de Manuel y Chus, que puso una hermosa música a las palabras y a los versos de su abuelo. El autor, tras la hora y media de recital, estuvo más de una hora dedicando sus libros; Ana Cristina Lapiedra hizo lo mismo. Entre otros muchos, anduvieron por allí Lourdes Frajo, Berta Lombán, Rafael Lobarte o Mónica Pasamar...
Cuelgo aquí el poema a José Antonio Labordeta:


JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Lo escuché por primera vez poco antes de marchar,
o poco después, no recuerdo bien, pero siempre
tuve cerca su música de coraje y tierra,
sus canciones de aullido y ansia.
Tantas voces, su voz.
Tantos caminos, su camino.
Tantas vidas, su canto.
Los yermos, los barbechos, la sombra de la casa del padre,
lo recuerdan como un hombre sin más.
Alguien que se llama José Antonio Labordeta.

 

Miguel Labordeta por Cano.

Gigliola Cinquetti, recordada también por Pereira.

En la foto de arriba, José Antonio Labordeta, por Cano.