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Antón Castro

Escritores

CITA CON MANUEL PEREIRA, POETA

CITA CON MANUEL PEREIRA, POETA

EL POETA MANUEL PEREIRA, HOY, A LAS 19.00, EN EL COLEGIO JOAQUÍN COSTA

Esta tarde, en el colegio Joaquín Costa, a las 19.00, Manuel Pereira, un gallego de Ouzande-A Estrada (Pontevedra) que estudió y se formó en Zaragoza, presenta su nuevo poemario: ‘Interior con frutero y heridas / Interior con froiteiro e feridas’, que publica Aqua e ilustra Ana Cristina Lapiedra con una colección muy personal de grabados. Manuel Pereira vivió aquí el despertar a la vida, al arte, a la creación y a un sinfín de sensaciones. Habla de los días del colegio, del clima hostil, de los días de cine, de alguna pelea (de golpe se descubría entre los escasos amigos del perdedor), del Tubo, de los bocadillos o del fútbol de ‘Los Cinco Magníficos’. O de aquella profesora francesa, Nicole, a la que todos veían pasar. Entre los textos, de evocación y recuperación, de fijación del almanaque de los horas y circunstancias en la memoria, hay este poema vinculado al cine, a la película ‘La hija de Ryan’. Entre otros amigos, estaré con Manuel Pereira y Ana Cristina Lapiedra en la presentación. Lo copio aquí en castellano.

 

Algunas películas quedan para siempre.

Inauguran algo en nosotros.

Era una historia de lealtad, amor,

traición, valor y desprecio.

Una playa inmensa,

la música de Maurice Jarre,

y un oficial inglés desabrochando

la blusa de Sarah Miles.

La titulaba ‘La hija de Ryan’, la vi en el

teatro Fleta y al salir todo había cambiado.

RAMÓN ACÍN: DOS CUENTOS

Ramón Acín Fanlo, escritor y crítico literario, está trabajando en un nuevo proyecto literario. Me envía estos dos relatos, y dice: “Forman parte de mi libro inédito titulado Monte Oscuro, que, en gran medida, en su conjunto, se centra en una ciudad -y su atmósfera- reconocible, con los Pirineos al fondo, cómo no. Son cincuenta relatos que pueden leerse individualmente, pero que, a su vez, conforman un libro compacto en torno a la familia con circunstancias de todo tipo”

 

DOS RELATOS DE RAMÓN ACÍN

 

 

 

CARTÓN PIEDRA, SIN CUENTOS

 

Que no venga con cuentos.  Aunque le comprendamos –conocemos su calvario- puede decir cuánto quiera y lo que quiera, pero, por lo general, la realidad es tozuda.  Ésta, abogado,  es la verdad: Su progenitor fue un tarambana miserable que, además, de quemar la herencia familiar, necesitó que muchas veces sus concuñados, nuestros respectivos padres, le sacasen del apuro. Él supo, desde siempre, sin lugar a la duda que, así, sus concuñados cortaban de raíz el lacerante llanto de las respectivas esposas, sus hermanas pequeñas, nuestras madres. Era muy consciente de ser el mayor de la estirpe y de que por ello, como tal,  podía ejercer el dominio. Desde muy  niño. Todos en la ciudad estaban al corriente de que, en la Casa, apenas se le presentaba una ocasión, sacaba a relucir alguno de sus encantos y que, después, no dudaba en ejercer su condición de embaucador. Cayese quien cayese, aunque el sacrificado fuese carne de su carne.  Sí, abogado, fue en la niñez -¿quién puede dudarlo?- cuando forjó esa variopinta maestría suya para hacer uso de las añagazas. Por eso mismo, sus hermanas, nuestras madres, más que hermanas, fueron su mejor probeta de ensayo y, por supuesto -¿alguien lo duda?-, víctimas. Ahí nace y reside la permanente influencia sobre ellas. Y, de rondón, también, sobre sus concuñados quienes, una vez tras otra, comprendieron  muy bien cuál debía ser la manera de su proceder: antes de ahogarse y ahogarnos a todos en un valle de lágrimas familiar, prefirieron soltar los cuartos o, incluso, aunque la vergüenza les corroyese, mover los hilos de sus amistades en las alturas. Porque sonrojo de verdad es lo que en la familia se ha padecido, pese a haber evitado la ignominia. En muchas ocasiones ante los agremiados, amigos o, como dice él, ante nuestros conmilitones, se vieron forzados a obrar contra su voluntad. No seremos nosotros quienes ahora aticemos la hoguera, pero, usted sabe bien, abogado, que, en la ciudad, aun está muy viva, porque se comenta a menudo, la más sonada de sus hazañas; aquella en la que sus concuñados, con su aval, cubrieron la deuda contraída en la más famosa partida de póquer de la región. Famosa porque, pese a los años, todavía anda en boca como la línea roja que nadie debe traspasar. Nos referimos, abogado, al fatídico amanecer en el que nuestros padres, como ángeles custodios, acudieron malvestidos para cubrir el farol –un miserable trío- que él había avalado con su hija mayor que “aún era virgen”. Fue, precisamente, esa barbaridad  ofrecida como prenda lo que movilizó a nuestros padres, sacándoles de la cama y viajando con el alma en vilo tantos kilómetros. Y todo para ver -eso aseguraron ellos varias veces- cómo él sorbía el humo de su puro, detrás del que, en apariencia, pretendía disimular y desleer la verdad de su mirada. Entre la supremacía y la súplica, pero jamás ni un viso de agradecimiento. Una barbaridad muy semejante, abogado -también nos la relataron- a la de su adversario, un caradura parecido, que no tragó la bravata y pujó fuerte, más retador todavía. Y, como ya conoce, la algarabía fue de tal órdago a la grande que, por milagro, no acabó en tragedia, pues la sangre tenía ya todas las compuertas abiertas.  Varios prohombres de la ciudad –entonces aún jóvenes-, asustados, hicieron de bombero conteniendo al retador y permitiendo que nuestros padres, los concuñados del tarambana, acudieran con la ya consabida lluvia de billetes y de esta manera que nuestra prima salvase su virginidad.

 

DE “PIEDRA” EN “PIEDRA” Y JUEGO PORQUE ME TOCA

 

De tal palo, señoría, tal astilla. El refrán acierta. No quiero cargar las tintas, sólo acudir a la realidad que es verdad, la verdad. Sin intereses de por medio. Simplemente, concretar lo que sucedió y cuanto sucedió. He admitir que era guapa, muy guapa, pero también que sabía –lo sé- que era –espero que aún no haya dejado serlo-  tía carnal. Como afirmaba la abuela, la naturaleza –en concreto, ella hablaba de Dios- le había dotado de esa hermosura que encela a los hombres inclinándoles a la sinrazón. Yo, no puedo probarlo, porque apenas la traté. Que recuerde, tan sólo unas semanas, en verano, cuando vino a la Casa para curarse de una tisis.  Aún vislumbro su indolencia sobre la cama durante los primeros días de su enfermedad. Maliciosa, torciendo el rictus mientras yo, asombrada, miraba aquello a hurtadillas Me llevaba más de diez años. Por aquel entonces, señoría, yo tendría  siete u ocho, quizá nueve. Luego, después de ese verano sanador, ella marchó a Londres. A perfeccionar su inglés, creo. Y ya perdí su pista hasta quedar convertida en una difusa fotografía, agrietada y sin el brillo de la vida. Quizá, no tan agrietada y sin brillo como en el resto de mi familia que, supongo, alguna noticia tendrían de sus andanzas. Porque, en aquel tiempo, nuestros padres aún se cruzaban cartas con ella.

Se desgajó así de mi vida de manera muy simple. Cubriéndose poco a poco de sombras, oscuridad y, olvido.  Ella, y todo cuanto sucedió mientras se recuperaba de su postración, fue desliándose como el paseo militar de las sombras cuando mordisquean la luz hasta transformarla en tiniebla y negrura.

Supongo que lo que hacía conmigo, también lo haría con otras. Digo, supongo. Sin embargo, sí puedo decirle que era ladina, no en un sentido de indecorosa, que también, sino en el de la pericia. Cegaba, una a una, todas las salidas posibles para que no tuvieras más remedio que aceptar lo que ella proponía. Lo que se proponía. Primero encelaba y, cuando, vislumbraba atisbos de incomodidad en su contendiente, empujaba a lo incierto y, así, sucesivamente hasta que una caía rendido a sus pies.  Ahora creo que la normalidad le resultaba aburrida y que necesitaba no amputarse los arrebatos más íntimos. La locura era su tabla de salvación. La demencia de esperar lo imprevisible, sabiendo que ésta nunca llega del todo. Tal vez, así  escapaba a la vida. Y se saciaba. Por eso, me reafirmo en lo de tal palo tal astilla.

El niño, señoría, me recuerda a su madre, mi prima agrietada y sin brillo.

CARLOS CASTÁN: UN DIÁLOGO

Esta tarde, a las 20.00, en compañía de Ismael Grasa, Carlos Grasa presentará su libro ‘Polvo en el neón’, un proyecto literario que se ve enriquecido con las fotos narrativas y sugerentes del artista norteamericano Dominique Leyva, afincado en Huesca desde hace algún tiempo. El libro ha sido publicado por Tropo editores y ya ha sido publicado en varias ciudades. Un resumen de esta entrevista aparece hoy en ‘Heraldo de Aragón’.

 

“Quizás la única huida posible esté en la literatura”

 

 

¿Adónde lleva la Ruta 66?

 Geográficamente hablando va desde el lago Michigan hasta Santa Mónica en la costa Oeste de los Estados Unidos, es decir, va al océano pasando por kilómetros de desierto y un montón de ciudades a lo largo de varios estados. Desde un punto de vista más metafórico se supone que también puede acercar al viajero hacia algún lugar extremo de sí mismo hasta el que nunca antes había llegado. La perdición y la gloria han pasado mil veces por allí.

  

Querría saber: ¿has hecho esa ruta? ¿Cómo la definirías: es un territorio literario o un territorio musical?

En realidad nunca he hecho esa ruta. Mi fascinación por ella proviene tanto de la literatura (Steinbeck, Kerouac, Sam Sephard) como del cine (‘Paris Texas’, ‘Corazón salvaje’ y tantas otras), sin olvidar la música que contribuyó a hacer de ella un territorio legendario. He viajado mucho en ese modo, aunque por otras rutas del mundo, solo en el coche, con el mapa de carreteras en el asiento del copiloto, un cuaderno, unos cuantos CD’s y sin tener un rumbo demasiado claro, eligiendo sobre la marcha un lugar donde pasar la noche.

 

¿Cómo surge este libro: nace primero el relato, nacen primero las fotos, se gesta todo a la vez?

Nacen primero las fotos. Yo conozco a Dominique Leyve desde que hace unos cuantos años aterrizó en Huesca procedente de su Albuquerque natal. El fotografía escenarios que le son absolutamente familiares y cotidianos pero lo yo que veo en esas imágenes tiene que ver con la fascinación de lo lejano. Vi esas fotos por primera vez en un ordenador, como si fuera una presentación, una tras otra y comprendí que esa secuencia era algo así como el storyboard del relato que más tarde terminaría por escribir. Creo que es un tipo de fotografía muy narrativa, es casi imposible mirar una de ellas (y no digamos ya la serie completa) sin pensar algo en términos de historia.

 

¿Qué querías hacer: la crónica de un viaje, de motel en motel, como Sam Sheppard, o contar una historia de amor?

Ambas cosas. Aparece el amor entendido como un viaje con sus etapas, sus minutos intensos, sus pinchazos y sus contratiempos. Y también quiere ser una reflexión acerca de la idea de irse, del intento tantas veces repetido de querer salvarse poniendo distancia cuando a menudo las sombras que nos acucian forman en realidad parte del equipaje; de la imposibilidad de huir del todo de nada ni de nadie.

 

Hablemos de la historia: es como un relato de dobles parejas, una doble aventura. Quinn y Jessica; Sally y John Perkins..., y a la vez es una peregrinación. ¿Es la Ruta 66 el escenario ideal de una aventura de amor?

Cualquier escenario sirve para una aventura de amor, pero me gustan las connotaciones que tiene la carretera, los lugares de paso, todos esos espacios que no están en un lugar ni están en otro sino en el camino, como un paréntesis abierto en medio del mundo. La ruta permite además jugar con conceptos como velocidad, distancia, lejanía y extravío; muestra muy plásticamente esa salir en busca de algo dejando atrás cosas y mundos enteros.

 

Dices: “Irse era para Quinn el pánico y a la vez el nombre de la felicidad”. Me parece que esta frase resume el espíritu del libro ¿no?

Sí, ahí subyace un poco esa contradicción entre el deseo de ser otro, de ensanchar al menos la propia vida y perseguir la intensidad, por una parte, y por otra la querencia a nuestro rincón de siempre, a nuestro propio descontento que, por conocido, no deja de ser una especie de hogar con sus comodidades y su calidez. Y aparece el miedo a la intemperie que pueda estar aguardándonos tras esos límites, las cautelas, el temor a arrepentirse después.

 

¿Qué sucede en las áreas de servicio?

En realidad casi nada: gente que reposta, que estira las piernas, que se refresca un poco. Pero a mí me gusta verlas como templos del azar, puntos en medio de la nada donde las historias de los hombres se cruzan unas con otras pudiendo llegar a enmarañarse. Sobre esa gran superficie de asfalto con manchas de aceite hay un bullir de gente de paso. A escala, es lo mismo que sucede sobre nuestro planeta.

 

¿Cuál sería el encanto de los moteles, tan literarios?

Creo que, aparte de las innegables referencias cinematográficas que a todos nos sugieren, puede tener que ver con eso que comentaba antes de que se constituyen en nuestro imaginario a modo de lugares al margen del mundo, a resguardo de las miradas y hasta del peso de la ley, lo que hace que los relacionamos con amores clandestinos, escondrijos de criminales y todo lo demás.

 

Otra frase perturbadora, que tiene mucho que ver con nuestra vida también y con nuestra incertidumbre: “Los padres viajan toda la noche hacia el lugar de la tragedia”. ¿Por qué?

Es cierto, van siempre ahí, arrastrando todo su cansancio, con fuerzas o sin ellas, arruinados, cojos, pero van. Si están a tiempo tapan la hemorragia con sus propias manos; si llegan demasiado tarde mueren también ahí de alguna manera, en las cunetas, en las salas de espera de los hospitales. Siempre me ha interesado el tema de la angustia asociada a la paternidad, esa especie de condena. Y también la cuestión de cómo repercuten nuestras decisiones en esos espectadores de nuestra vida que son los padres. Espectadores por lo general con localidades bastante malas, que lo ven todo desde lejos y esquinado, que no saben de la misa la media pero a los que les va la vida en lo que sucede en escena.

 

Otra frase: “El amor tiene naturaleza de pregunta (...) Dudar es ya amar”.

Pascal cuenta que Dios le dijo algo así como “si estás buscándome es porque ya me has encontrado”. Cuando alguien se sorprende cuestionándose a sí mismo acerca de si se ha enamorado, generalmente es ya demasiado tarde. Ya se ha visualizado, todo lo borrosamente que se quiera, un futuro. Ya el mundo a su alrededor es otro.

 

¿En qué medida todo el viaje es también una toma de conciencia, la constatación de un error? Insisto: ¿Para qué sirven los viajes?

 

Como la literatura y el arte en general, los viajes nos ponen en contacto con otras realidades, abren ventanas por todas partes, nos conducen a gentes y parajes que no habríamos podido ni imaginar. Necesitamos viajar de la misma manera que necesitamos leer, para obtener el ensanchamiento de un mundo que a menudo se nos antoja escaso, limitado y repetido. Viajamos y al regresar encontramos nuestro espacio habitual más habitable de lo que era, pero el bagaje interior lo traemos de vuelta a casa prácticamente intacto: ahí siguen los miedos, las preocupaciones, roto lo que estaba roto. Existe una tendencia a pensar que la vida (la intensidad, la magia) está en otra parte, y creo que es un error común, aunque puede que inevitable, entender eso en términos espaciales. Quizás la única huida posible esté en la literatura.

 

¿Por qué siempre hay un tono de desgarro, de dolor, de inefable melancolía en tus libros?

Me ha interesado siempre el tema del descontento en general, de la insatisfacción humana, la dificultad de ser felices en un sentido muy amplio que iría desde las pequeñas frustraciones más o menos domésticas y cotidianas hasta las raíces últimas de la angustia y la locura. He procurado mediante la escritura ahondar en eso y en la distancia insalvable entre la realidad y el deseo, intentar darle forma a lo que sentimos que nos falta.

 

¿Qué músicas se oyen en la Ruta 66?

Hay una canción de la ruta por excelencia que compuso Bobby Troup en 1946 titulada Gets Your Kicks On (Route 66) y que después ha conocido versiones de todo el mudo: Nat King Cole, Chuck Berry, The Rolling Sotenes, Depeche Mode, Manhattan Transfer, John Mayer, The Cheeta Girls, Pappo, Bob Dylan… Yo echaría también en la guantera mis discos de Johnny Cash, Nebraska de Bruce Springsteen y algo de Willy Neville.

 

Has entregado una novela a Destino, ¿qué nos puedes decir de ella?

Se publicará seguramente en septiembre de este año y es, en muy resumidas cuentas, una historia de amor y violencia, de tono intimista y con ciertos ecos existenciales, que quiere tratar también sobre la cuestión del sentido de las cosas, el peso de lo ya vivido, el deseo, la culpa, el cansancio. Ante todo es la peripecia y la circunstancia de unos pocos personajes medio perdidos, en plena búsqueda de su ración de dicha, en nuestra ciudad, en nuestro tiempo.

 

CRISTINA FALLARÁS, EN PORTADORES

Eva Cosculluela y Félix González remiten esa invitación a clientes, amigos y cómplices de Los Portadores de Sueños:

 

El viernes 15 de febrero a las 20h tendrá lugar en Los portadores de sueños (C/Blancas, 4 - Zaragoza) la presentación de ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUESTO DEL ESTE, de la escritora zaragozana CRISTINA FALLARÁS (Ed. Salto de Página), novela que ganó el Premio «Ciudad de Barbastro» de novela corta en 2011. Acompañando a la autora, contaremos con la presencia de ANTÓN CASTRO.

 

Al terminar, tomaremos un vino por cortesía de las Bodegas Luis Alegre y brindaremos juntos por el éxito de la autora.

 

ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUESTO DEL ESTE

Una mujer, la Polaca, sitiada con sus hijos y un pequeño grupo de resistentes. Su compañero, el Capitán, ha partido por vituallas y aguardan su regreso, cada vez con menos esperanzas. Los fundamentalistas —no sabemos exactamente quiénes son, aunque sí sabemos lo que son— han despedazado el mundo que conocemos y rodean la casa. Permanece cerrada, pero los sitiados pueden oír afuera la amenaza, los gritos en la noche, las uñas de los perros, los sacrificios. Mientras espera el desenlace ella construye con su voz un relato de amor desesperado, de rabia y de muerte.

Con un lenguaje, duro y febril, Últimos días en el Puesto del Este resulta un retrato poderosamente lírico de nuestros días, una metáfora de la hecatombe que la crisis ha instalado entre nuestras certezas.

«¿Digo que la leí de un tirón y que se me pusieron en los ojos lágrimas de emoción en las últimas páginas y que a la vez ese desenlace me dio miedo? ¿Digo que llegué a querer y, por supuesto, admiré a la protagonista? ¿Digo que todos somos el Capitán? (…) No. Sólo les pido que si se consideran lectores del siglo XXI y creen en la literatura de resistencia ideológica y están interesados en las novelas que hacen preguntas hondas que da miedo responder, ésta es su novela.»

Fernando Marías

 

LA AUTORA

Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) es periodista y escritora. Ha publicado los libros Rupturas (2003), No acaba la noche (2006), Así murió el poeta Guadalupe (2009), Las niñas perdidas (Premio L’H Confidencial de Novela Negra 2011, Premio del Director de la Semana Negra de Gijón 2012 y Premio Dashiell Hammett de novela negra 2012), convirtiéndose con este último en la primera mujer en recibirlo en toda la historia del galardón. Además cuenta con libros traducidos en Francia e Italia y tiene relatos dispersos por una docena de antologías de ficción.

 

Ha ejercido como periodista en El Mundo, Cadena Ser, Radio Nacional de España, El Periódico de Cataluña, Antena3 Televisión, Cuatro televisión, Telecinco y La Sexta, y el diario ADN. Ha creado y actualmente dirige la página de debate y libros y la editorial Sigueleyendo.es.

Últimos días en el Puesto del Este obtuvo el Premio Ciudad de Barbastro de novela corta en 2011.

 

MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIADO

MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIADO

MARTÍNEZ DE PSIÓN: I PREMIO A LA EXCELENCIA

LITERARIA EN LAGUARDIA, EN BODEGAS LUIS ALEGRE

 

Ayer, en Laguardia, en la Rioja alavesa, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) recibía el I Premio Don Luis a la Excelencia Literaria, que conceden las bodegas Luis Alegre, a través de la iniciativa de uno de sus socios: Valentín Fernández, un gran apasionado de la literatura, especialmente de Luis de Góngora y Argote. En el jurado han estado el poeta y profesor (y ayer supimos que también guitarrista) José María Micó, premiado recientemente con el Premio de Poesía Generación del 27 por ‘Caleidoscopio’, y Antonio Pérez Laheras, profesor, estudioso de la lírica aragonesa y editor de Larumbe. Antonio y José María comparten la pasión por Góngora. El acto fue muy bonito en un día claramente romántico: asomó la llovizna y una nieve muy suave.

Hubo degustación de varios vinos de Luis Alegre, entre ellos un Pontac, leve tertulia, tras la entrega de premios (Pisón explicó que suele tomar vinos Luis Alegre en Barcelona con su amigo, el cinéfilo Luis Alegre, y que había vivido un tiempo en Laguardia, a los tres años, pero que no se acordaba) hubo una espléndida comida: entremeses, patatas a la riojana y un ternasco muy sabroso. En la sobremesa, que duró un par de horas, se cantaron varias canciones: Luis Alegre y Pepe Melero cantaron ‘Rocío’, Melero una jota, Maite Roy tomó la guitarra y entonó varios temas, y sonaron, además, temas de Paco Ibáñez y algunas canciones festivas.

La sorpresa la pusieron José María Micó y su esposa Marta: interpretaron, él a la guitarra, ella con una hermosa voz que a Pisón le recordó la de Olga Román, boleros y fados, entre ellos el ‘Fuimos’ de Homero Mansi. Para los galardonados y el jurado continuó la fiesta en Laguardia, una villa acogedora. Algo más de una veintena de amigos de Pisón fletaron un microbús desde Zaragoza y lo acompañaron en el acto; condujo un simpático Javier, profesional de Ágreda. Y mañana, Ignacio Martínez de Pisón –último Premio de las Letras Aragonesas, de 2011. ‘El día de mañana’ ha sido otra hermosa novela de confirmación, de madurez, de hondura y de complejidad- será objeto de una entrevista en el Teatro Principal, a las 19.00, en un acto que coordina Ignacio Escuín Borao, y que contará con la presencia de Antonio Pérez Lasheras y Mariano Anós.

JUAN FRANCISCO FERRÉ: UN DIÁLOGO

JUAN FRANCISCO FERRÉ: UN DIÁLOGO

JUAN FRANCISCO FERRÉ. Novelista nacido en Málaga en 1962. Publica ‘Karnaval’ (Anagrama), la novela con la que ganó el premio Herralde, una poderosa ficción que une a Strauss-Kahn con los ‘Indignados’. Presentó el libro la semana pasada en la FNAC de Zaragoza. La finalista fue Sara Mesa.

 

 

“Aquí cuesta salir del círculo vicioso

español de la memoria histórica”

 

 

“La crisis económica es una auténtica

obra de misterio para un escritor”

 

 

Insiste usted mucho en la defensa de la literatura. ¿Qué quiere reivindicar?

Hablo de la literatura de ficción y en particular de la novela, que es para mí un género supremo. El territorio de la novela es el territorio de la libertad, en el sentido más amplio. La novela te da la posibilidad de liberarte de la realidad. Eso no significa que haga una literatura evasiva, que rehúya mirar al mundo, sino todo lo contrario.

Sus novelas parecen buscar la complejidad...

A mí, en general, la complejidad me parece la clave de nuestro tiempo. Para un escritor trabajar en la complejidad es algo necesario, imprescindible, y eso no significa crear algo inaccesible para los otros. La propia crisis económica es un desafío para un escritor. La maraña de factores que nos han arrastrado a ella es para un novelista una auténtica obra de misterio.

¿Cómo nació esta novela? El escándalo de Dominique Strauss-Kahn parece el punto de partida.

Sí, pero nace fundamentalmente de un doble hecho, con pocas horas de diferencia: el que era entonces uno de los hombres más poderosos del mundo, bien relacionado y candidato a la presidencia de Francia (que hubiera sido una gran revolución para Europa), director del Fondo Monetario Internacional, cae víctima de un escándalo ridículo en una habitación de hotel y es detenido a la manera americana como si fuera un gángster. Y casi a la vez, se desata en España la cuestión de los ‘Indignados del 15-M’: cómo un grupo de gente, harto de la crisis, toma la calle y desafía al poder de Zapatero. Los dos acontecimientos son suficientemente significativos, pero juntos me sugieren una imagen muy potente de mi tiempo. Con ambos hechos se puede hacer una instantánea de lo que nos está pasando.

¿Qué está pasando?

Se está imponiendo el peso de lo económico sobre cualquier otro aspecto de la vida humana. Es el dominio definitivo del mercado sobre todo. Estamos en un momento clave en la historia porque el horizonte, la redefinición del sistema en clave liberal, nos va a conducir a un peso cada vez mayor de las máquinas y de la tecnología en nuestra vida. La literatura debe ser tan desafiante y provocativa como el tiempo que estamos viviendo.

¿Cómo recrea ese personaje, más bien malvado, ambicioso, con una pulsión sexual incesante?

Es un personaje poliédrico No me interesaba mucho Strauss Kahn en sí mismo, pero sí a partir de lo que le ocurre. Se convierte en una figura con la que se puede jugar. Lo puedo reconstruir, reinventar y convertirlo en un personaje que encarne muchas fuerzas a la vez. Está el DSK libertino, francés, que vive entre Estados Unidos y Francia, y ahí hace su coto legal, su paraíso sensual y sexual. Luego reinvento otro que es DK, que ha caído en desgracia y que es capaz, con todo lo que sabe y lo que conoce, de empezar a atacar las bases del sistema... Se dirige al Papa Ratzinger, a Obama, a Sarkozy, a Bill Gates. Denuncia la gran farsa del euro. En ese sentido toma conciencia de lo que antes excluía en su pensamiento: hay algo enfermo en el sistema y esto no puede conducir a nada bueno. Se convierte en un personaje casi divino en un sentido mitológico de la palabra...

De ahí que aparezca ese dios K, tan inquietante.

Exactamente. Llegamos a las escenas finales donde él, presa del delirio individual, directamente se entrega a la multitud. Es como un redentor. Strauss-Kahn se convierte en el gran Mesías de la Humanidad. Todo esto está hecho en la novela como farsa, como carnaval, como juego novelesco que permite conectar a ese personaje DK con estos movimientos que están intentando cambiar el sistema. O acabar con él.

Usted defiende siempre la novela europea... ¿Qué tipo de novela europea?

Soy un novelista europeo que escribe en español. Para mí la novela europea del siglo XX es fundamental: me siento muy próximo a Proust, a Kafka, a Joyce. De hecho ‘Karnaval’ es un homenaje a Kafka y a Joyce. Y a Houellebecq. Pero aún me siento más heredero de la gran novela centroeuropea: Thomas Mann, Witold Grombowicz, Hermann Broch, al que le falta humor, o Thomas Bernhard, porque es capaz de levantarle las faldas y bajarle las bragas a una sociedad como la austriaca. En España no ha terminado de entrar...

¿Por qué cree que ha ocurrido eso?

Es un país que ha tenido demasiadas cuentas consigo misma y no hemos terminado de salir de nuestro propio ensimismamiento. Del círculo vicioso español de la memoria histórica. Es falso que España no haya tenido memoria histórica. Al revés. Ha estado preocupada de su propio ombligo y ha olvidado que el mundo es ancho y ajeno como dice Cervantes, que es el padre de mi concepción de la literatura.

Hablemos del sexo. Es muy importante en ‘Karnaval’...

El sexo estaba muy justificado. Si hubiera hecho una novela sin sexo me habrían dicho: “Qué pacato eres”. Con DSK no debía reprimirme. Él es el último representante para mí de lo que sería una aristocracia libertina. Quería ver cómo el erotismo, tal como se concebía en el siglo XVIII, puede estar vivo en gente como esta: esa idea de la orgía que todavía existe, la relación con la esposa, con las prostitutas, la desmesura de Sade. El erotismo es algo común a todas las culturas desde los orígenes del hombre.

En el libro hay una alusión a ‘El ángel exterminador’. ¿Le ha influido Buñuel?

Buñuel me ayudó mucho. Es una influencia clara y aquí creo que hay un toque buñueliano de películas como ‘El discreto encanto’, ‘El fantasma de la libertad’ o ‘El ángel exterminador’. Goya es otro aragonés genial. Me interesa desde muy adolescente. Me gusta el lado rosa y el lado negro de Goya. Goya me gusta completo. No me gusta privarlo de ninguna de sus dos dimensiones y eso también está en la novela. El gusto por lo sórdido, por lo perverso y lo morboso, y al mismo tiempo el gusto por lo rosa, lo erótico, lo sensual. Se completan y se complementan. Y Goya es, quizá, el artista que ha llegado más lejos en ese terreno.

 

-La entrevista se publicó ayer en 'Heraldo de Aragón'.

 

*La foto de Juan Francisco Ferré la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-495f54986f397468765a3129dd908994.jpg

 

'IDILIOS': UN JRJ EN ISLA DE SILTOLÁ

'IDILIOS': UN JRJ EN ISLA DE SILTOLÁ

Javier Sánchez, el editor de Isla de Siltolá, me ha enviado el libro ‘Idilios’, un poemario de Juan Ramón Jiménez que nunca se había publicado en libro y que contiene 38 poemas inéditos de distintas épocas. La edición es de Rocío Fernández Berrocal.

Selecciono este poema:

 

SUR

 

Miré tus ojos fulminantes

y luego miré el cielo.

 

Y tus inmensos ojos me miraban,

desde el azul total,

como dos soles negros.

EUGENIA RICO: UN MICROCUENTO

EUGENIA RICO: UN MICROCUENTO

 

[La escritora y amiga Eugenia Rico me envía este cuento, este microrrelato. Las fotos son de Brooke Shaden.]

 

Hay un hombre que vive en mi casa cuando yo no estoy.

Encuentro colillas en los ceniceros, huellas de manos en la ventana, vaho en el espejo del baño.

Oigo sus pasos. Se alejan cada vez que abro la puerta.

He visto cabellos suyos en mi almohada.

A veces me deja mensajes.

No los entiendo.

Hay un hombre que vive en mi casa cuando yo no estoy.

Lo peor es que creo que soy yo.