Blogia
Antón Castro

Escritores

VERÓN: 'LAS PUERTAS DE ROMA'

José Verón Gormaz acaba de publicar una novela sobre Marcial en Mira Editores: ’Las puertas de Roma’. Me envía dos capítulos. Me dice: "Los capítulos pares relatan la historia, y los impares son una conversación sobre el asunto en una tertulia zaragozana".

24

Al otro lado

Lo imposible ha sucedido. Domiciano ha muerto, asesinado por una conjura de personas amenazadas directamente por él. Servidores y administrativos, gentes aparentemente inofensivas, han tramado cuidadosamente el magnicidio. Los rumores cercanos a palacio cuentan los detalles, hablan de las premoniciones del césar muerto, tan aficionado a consultar a los augures e interpretar los signos y los sueños. Se dice que el autor material del magnicidio fue Estéfano, administrador de Flavia Domitila, sobrina del césar. El asesino portaba un puñal bajo las vendas de un brazo falsamente herido. Así, pudo entrar en los aposentos de Domiciano cuando éste se hallaba a punto de dormir la siesta.

Aunque los soldados fieles al emperador, debido en parte a los privilegios que disfrutaban, solicitan venganza contra los autores del crimen, el pueblo y la nobleza se sienten liberados de un tirano impío que cada día calculaba sus crueldades con mayor refinamiento e idéntica maldad.

Marcial piensa en lo ocurrido. No le extraña, pues conoce el creciente disgusto que provocaba Domiciano. Vuelve a deplorar los elogios al emperador aparecidos en el libro décimo de epigramas; deberá corregirlo urgentemente, de modo que el nuevo césar, el anciano Nerva, acepte los escritos de poeta. Marco Valerio ha retirado a tiempo la edición del onceno libro para corregir los ya escasos poemas dedicados a Domiciano, que ha sustituido por otros, compuestos precipitadamente, con referencias directas al lector y al nuevo emperador.

Sin embargo, Marcial conoce, o al menos presiente, que sus esfuerzos van a ser en vano. Nerva no aprecia demasiado la poesía, y el cercano recuerdo de las loas a Domiciano resulta imposible de borrar.

"¿Adónde vas, librito ocioso, adónde,

ornado con púrpura sidonia nada vulgar?

¿A ver, acaso, a Partenio?"

Así dicen los primeros versos, recién hechos, que anuncian un libro alejado de los palacios y cercano a los amigos y al pueblo lector. No cabe otra dedicatoria y así vuelve a insinuarlo en el segundo poema, donde grita: "¡Vivan las Saturnales!", las fiestas más apreciadas por Marcial, aunque también nombra, como por descuido, a Nerva.

Añade el poeta un epigrama en el que declara su satisfacción por la gran cantidad de lectores, al tiempo que se queja de las pocas ganancias que los versos le producen. La referencia a Nerva le ha movido a dedicarle directamente algunos poemas. ¡Hay que intentarlo! Ha compuesto una hermosa oración para el nuevo césar y una loa más acorde con la realidad que aquellas (hoy desafortunadas) dedicadas a Domiciano en los pasados libros.

Marco Valerio cree que la cautela es necesaria en los tiempos que corren. En solemne sesión, los senadores han condenado por decreto la memoria de Domiciano, con toda la hostilidad que conlleva hacia los antiguos seguidores del tirano, entre los que algunos personajes relevantes incluyen a Marcial. Sabe el poeta que debe mantener la mordacidad de los epigramas satíricos, cómo no, pero que debe añadir alguna crítica indirecta a Domiciano. Así lo hace: tras exaltar nuevamente las Saturnales, escribe un epitafio al actor Paris, el mejor de los mimos, asesinado por orden del antiguo emperador, quien pensaba que su esposa Domicia admiraba demasiado al actor y mantenía relaciones con él.

"Viajero que caminas por la vía Flaminia,

quien quiera que seas,

no pases de largo ante este noble mármol".

Empieza así el epitafio, el elogio póstumo a Paris, el actor; y esta loa funeraria contiene una crítica evidente contra el asesino.

Marco Valerio lee cuidadosamente el undécimo libro. El editor lo reclama cada día, molesto por el retraso excesivo en la publicación; ya debería estar el libro en la calle, pero el poeta no quiere cometer otro error y se aplica en la revisión de los versos. Entre bromas y exageraciones, se ríe de la finca que le regaló Lupo, aunque no puede disimular el espíritu de chanza que destilan las palabras. Y Marcial vuelve a ser el Marcial agudo y un tanto procaz en dísticos como el que dedica a "Gala y su experta lengua":

 

"Me preguntas, Gala, por qué no quiero casarme contigo:

Eres una mujer muy culta y mi picha comete barbarismos con frecuencia".

 

Y también a Lesbia, nombre legendario que oculta a una dama conocida por la sociedad romana, la pone al descubierto con un solo dístico:

"Lesbia jura que nunca se la han tirado gratis.

Es cierto: cuando quiere que se la tiren, suelen pagar."

El libro avanza, Marco Valerio añade y suprime, piensa y escribe, incluso en los momentos de descanso aprovecha las circunstancias que le rodean. Ayer, en las cercanas termas de Estéfano, contempló a un caballero, al que ha puesto el nombre imaginario de Filomuso, que miraba intensamente a los jóvenes esclavos de unos y de otros:

"Nos contemplas mientras nos bañamos, Filomuso,

y quieres saber continuamente por qué mis jóvenes esclavos están tan bien dotados

. ¿Sabes por qué?

Contestaré con claridad a tu pregunta, Filomuso:

porque les dan por el culo a los mirones."

Ya puede considerar el libro terminado, aunque decide añadir un poemita recién compuesto, hecho con ternura para una de las mujeres que más admira y respeta. Ha recibido un obsequio floral de Pola, la viuda de Lucano, y ha escrito estas palabras:

"¿Por qué me envías, Pola, coronas intactas?

Prefiero poseer rosas manoseadas por ti."

Ahora, sí; ahora ya puede Marco Valerio entregar el libro al editor. Todavía lo enseñará a los amigos, tal vez a Terencio Prisco, a Faustino, a Plinio... No cabe el error; equivocarse nuevamente podría ser fatal. Hay que vencer la indiferencia inicial del césar Nerva y de sus hombres de confianza. Hay que evitar las palabras acusadoras de los delatores. Hay que mantener el lugar con tanto esfuerzo conseguido y vivir, vivir con dignidad. Hay que cruzar al otro lado de Roma.

(De Las puertas de Roma. Crónicas de Marco Valerio Marcial)

 

26

El único camino

 

Como esperaba Marcial, el libro undécimo no ha logrado vencer las murallas imperiales. Nerva guardó silencio y nada quiso saber del poeta. Los nuevos asesores del emperador también se afanaron en cerrar las puertas a los nuevos epigramas. El futuro se presenta nebuloso.

Marcial ha decidido intentarlo nuevamente, buscar la aceptación del futuro césar. Nerva ha muerto. En consecuencia, Trajano vuelve a Roma después de su campaña en Germania. La noticia del fallecimiento de Nerva la ha recibido en Renania y el viaje de retorno hasta la capital del Imperio es largo. Cuando la entrada triunfal del nuevo césar se produzca, el otro libro de Marcial ya circulará por las calles romanas en busca de lectores y, ante todo, del favor imperial. Realmente, el poemario en el que el poeta trabaja noche y día es la nueva edición del décimo libro de epigramas, renovado en parte, con poemas dedicados a Trajano y sin ninguna referencia, ni directa ni indirecta, al malvado Domiciano.

El poeta mira y remira, vuelve a comprobar las supresiones, los poemas más intensos y los epigramas más mordaces. No puede escapar ningún detalle. Ha añadido algunos dísticos para justificar la nueva edición, entre ellos algunos poemas de añoranza de Hispania, en los que anuncia un posible regreso. Trajano es hispano y, si las discretas loas que le dedica no causan la impresión deseada, tal vez el origen común, la patria verdadera de ambos, ablande el corazón del nuevo emperador. Varios poetas jóvenes, Sexto y Emilio entre ellos, han escuchado los poemas en el Pórtico. Opinan que la segunda edición del libro décimo es mejor que la primera. Dos de ellos, los citados por su nombre, ríen a carcajadas cuando oyen el epigrama dedicado a la puta Filis. ¿Por qué esas risas estruendosas? La explicación provoca el alborozo: ¡fueron ellos los protagonistas del epigrama! Vuelven a leerlo en voz alta:

 

"A casa de Filis fueron dos hombres para follar,

y como uno y otro querían en primer lugar tomarla desnuda,

Filis les prometió que se entregaría a la vez a uno y otro,

y así lo hizo: uno le levantó la pierna y el otro la túnica".

 

La lectura y la conversación deriva en comentarios sobre la situación de incertidumbre que se vive en Roma, sobre la inminente llegada de Trajano y sobre el inquietante ascenso de Calinio, el nuevo delator, que ya ocupa un puesto destacado. Marcial publicó algunos escritos contra él, lo que supone un obstáculo difícil de salvar.

De forma súbita, Marco Valerio se despide y se dirige hacia la mansión de Plinio el Joven con el fin de pedirle consejo. Camina apresurado, impaciente por conocer la opinión del amigo y del personaje socialmente destacado, conocedor del poder y de sus laberintos.

Cuando llega a la mansión, mientras espera que los sirvientes lo atiendan, Marcial siente un repentino temor a las consecuencias de esta visita. Sabe que Plinio va a decirle la verdad y que ésta puede ser dolorosa. Pronto, en menos tiempo que el habitual para esta clase de visitas, los dos amigos están frente a frente, sentados ante una mesa de maderas nobles, con una jarra de vino másico y sendas copas como cálido complemento a la conversación. Marcial ha entregado a Plinio el nuevo texto corregido y ampliado del décimo libro de epigramas. Le señala las correcciones y los poemas nuevos. Plinio el Joven reflexiona y, por fin, expresa su opinión:

- Marco, ni estos nuevos dísticos, ni los poemas que dedicas al emperador podrán cambiar las cosas. Tu libro décimo fue muy popular y, además, llegó hasta las cocinas de palacio. Tus elogios a Domiciano, quizá excesivos aunque comprensibles, movieron la furia y la indignación de algunos personajes que ahora ostentan cargos importantes. Calinio, por ejemplo, el infame trepador, hoy es un consejero de Trajano. El propio césar, a punto de llegar a Roma, no aceptará tus poemas aunque le dediques algunos versos muy hermosos.

- Ya sé que Trajano es poco sensible al arte.

- No es así; al menos, no es así exactamente. Tu fama de poeta le importa poco a quien ha pasado los últimos años combatiendo con los bárbaros. Tus loas, todavía menos. Sólo recordará que fuiste un destacado cantor de Domiciano.

- Sólo he pretendido vivir. ¡Sobrevivir!

- Cierto, pero no cambia nada.

Marcial toma el original en las manos y lee un poema dedicado a Manio, su paisano, con alusiones al "celtíbero Jalón", el río de su infancia:

"Si sientes igual que yo, si me aprecias como yo a ti, en cualquier sitio tendremos ambos una Roma". Se dirige así a su amigo de la niñez, a quien le anuncia el posible retorno a Bílbilis del poeta. Plinio el Joven escucha y asiente:

- Muy bien, Marco; estos recuerdos de Hispania le gustarán a Trajano, pero te repito que no conseguirán ablandar su corazón, endurecido por las batallas y por el acoso incesante de Domiciano. La poesía no existe para él.

- ¿Y si decido volver a Bílbilis? Allí podré vivir cómodamente y en paz. Me sobran recursos económicos para ello.

- Si decides volver, conseguiré que te paguen el dinero retenido por tu cargo de tribuno militar. Será una cantidad importante.

- ¿Harás eso por mí?

- Tienes derecho a ese dinero; es tuyo, aunque ahora esté en el tesoro público. Así es el fisco.

- Tengo que pensarlo. La idea de volver a Bílbilis me agrada, pero me crea muchas dudas. ¿Qué haré allí sin los pórticos y sin el anfiteatro Flavio, sin los amigos y las amigas de Roma?

- Descansar y vivir– concluyó Plinio.

- Además de descansar, necesito la vida de Roma, la actividad literaria, las cenas...

- Te acostumbrarás. Piénsalo.

- Lo pensaré. A pesar de todo, la nueva edición del libro décimo seguirá adelante.

- El libro es excelente. Su edición es acertada, aunque te repito que nada vas a conseguir. Trajano se acuerda de la coraza de Domiciano y él se pondrá una mucho más fuerte contra tus elogios.

- Temía tus consejos y, más aún, que me mostraras claramente la realidad.

- Antes de despedirnos, Marco, brindemos por nuestra amistad y por la poesía.

- Brindemos.

Los dos amigos apuran las copas de excelente másico y permanecen callados durante unos instantes, como si desearan sentir y recordar los matices del vino. Súbitamente, Plinio rompe el silencio:

- No lo olvides; si decides volver a Bílbilis, avísame inmediatamente para solicitar el dinero que te corresponde como tribuno militar. Será una buena ayuda para los gastos del viaje.

- Lo haré. Mi decisión será temprana. Seguramente, antes de entregar el libro al editor sabré qué camino tomar.

- Adiós, Marco. Que la suerte te acompañe.

- Adiós, Plinio. Pronto volveremos a vernos.

Marcial abandona la mansión con mil ideas confusas rondándole y pugnando por imponerse. Siente una extraña opresión en el pecho que le anuncia la importancia vital de las futuras decisiones.

Llega al Quirinal, tras caminar deprisa y pensativo, y ordena a la criada que no le sirvan la cena. Pide, en su lugar, una jarra de vino y una copa. Revisa el libro décimo, piensa, escribe... A media noche, todavía en plena actividad, Marco Valerio toma una decisión. Si las circunstancias no cambian, debe regresar a Bílbilis.

Pasan los minutos y su decisión es cada vez más firme. Salvo que ocurra un milagro (un milagro en el corazón de Trajano), Marcial volverá a su patria, junto al río Jalón, cerca de los árboles frutales y los sauces blancos de Boterdo, bajo el fortín de los buitres, donde los días son más plácidos y las noches más largas. Y tan convencido está de su retorno, que desea reflejarlo en el libro. Toma los instrumentos de escritura y comienza a escribir:

Paisanos míos, a los que ha engendrado Bílbilis Augusta,

en el alto monte que baña el Jalón con sus aguas veloces,

¿no os causa alegría la gloria luminosa de vuestro poeta?

 

Continúa componiendo verso tras verso con emoción creciente, aunque al final vuelve la duda y así lo expresa:

 

Si al que regresa lo acogéis con buena voluntad, iré;

pero, si vuestro corazón es duro, me puedo volver.

 

Marco Valerio Marcial, poeta de Roma, bilbilitano, celtíbero, siente que el corazón se aprieta contra sí mismo. Los ojos se le humedecen con lágrimas furtivas. Vuelve a tomar los instrumentos de escritura y se dispone a componer el último poema para el libro.

IMG: EL MAESTRO MÍTICO

IMG: EL MAESTRO MÍTICO

Temía José-Carlos Mainer, ese sabio de letras, que la figura de Ildefonso-Manuel Gil (1912-2003) no fuese tan recordada. Y quizá lo sospechase también Manuel Hernández, ambos han coordinado un seminario dedicado a la obra del escritor y modelo de conducta cívica que tuvo, además, “una inmensa capacidad para disfrutar de la vida”. Acudieron cada día en torno a cien personas. En la última sesión, tres de sus grandes amigos, María Antonia Martín Zorraquino, Guillermo Fatás y Lola Albiac recordaron al profesor en Zaragoza y en Estados Unidos, al director de la Institución ‘Fernando el Católico’ y al lector, enamorado de Mor de Fuentes, de su obra ‘La Serafina’ y la ilustración, y de Jarnés, a quien conoció y admiró en Madrid, tal como dijo Albiac, a quien llevó a Daroca y despidió en 1949. Ildefonso decía siempre que su amigo entreabrió los ojos y vio en ellos una luz última de alegría o un relámpago de memoria. Guillermo Fatás glosó sus vidas paralelas –estudiaron en Las Anas, dieron clases en el colegio de los Labordeta, fueron profesores universitarios...- y dijo que la elección del autor de ‘La moneda en el suelo’ como director de la IFC fue una gran ocasión política que Ildefonso acogió “con extraordinaria ingenuidad”. Una de sus primeras propuestas fue un ciclo de sesiones poéticas. Quedó claro que fue “un hombre de su tiempo y un maestro mítico para las generaciones jóvenes” (Martín Zorraquino dixit), y que estuvo rodeado de amor (Pilar Carasol fue su actriz preferida, su musa y la madre de sus cinco hijos) y de amigos. Cuando fue despedido de HERALDO (se enteró en Salamanca), Ynduráin, Blecua o Ayala llamaron a rebato y logró recomponer su vida, lejos, para dedicarse a su obra y a la de los otros.

 

*Este texto apareció en la sección 'Cuentos de domingo' de HERALDO. En la foto, Pilar e Ildefonso-Manuel Gil.

VIRGINIA WOOLF EN CÓMIC

VIRGINIA WOOLF EN CÓMIC

 

VIRGINIA WOOLF : “TODO  ME HA ABADONADO”.

UN CÓMIC DE IMPEDIMENTA

Cada vez me interesa más la figura de Virginia Woolf. Acabo de leer un cómic o novela ilustrada de Michèle Gazier, ilustrada por Bernard Ciccolini, que se titula simplemente así: ‘Virginia Woolf’, que publica Impedimenta en un nuevo sello ‘El Chico amarillo’. Es un libro  cronológico y sencillo que aborda la compleja, dolorida y fascinante vida de esta escritora que veía morir muchos familiares con demasiada frecuencia: su madre, su padre, tan severo, su hermano, algunos amigos. Tuvo una relación especial con su hermana Nessie, amó a algunas mujeres (hacia Katherine Mansfield experimentó atracción y alguna envidia literaria; amó con locura a Vita Sackville West...), se casó con Leonard Woolf, fundaron juntos la editorial Hogarth Press, vivieron entre Londres y el campo, muy cerca del río Ouse. Virginia siempre buscó su lugar en el mundo e intentó sobrevivir a sus sombras, a la turbulencia de sus sueños, a su bipolaridad, a  su incesante melancolía. Escribía sus diarios y magníficas novelas. El estallido de la II Guerra Mundial la llenó de pánico y de aprensión; acentuó su fragilidad. Y un día decidió irse; antes dejó una carta para Leonard, su compañero sigiloso y sabio. Le decía: “Todo me ha abandonado, excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida”. Era el 28 de marzo de 1841. En el libro todo está contado con sencillez y unas cuidadas ilustraciones, llenas de colorido, de sensualidad, de hermosos paisajes. Y nos permite ver las fiestas, las tardes de té del grupo de Bloomsbury. Y nos invita a conocer de cerca, con todos sus fantasmas, el universo de creación e incertidumbre de una gran escritora.

GABI MARTÍNEZ: VIAJE Y AVENTURA

GABI MARTÍNEZ: VIAJE HACIA LA GRAN BARRERA DE CORAL

Hace unos días Albert Padrol me envió el libro ‘En la Barrera’ (Altaïr) de Gabi Martínez (Barcelona, 1971), al que define como “un libro de viajes y mucho más. El hilo principal lo sirve el recorrido de Gabi Martínez por la costa del Estado australiano de Queensland. Ese litoral, bañado por el Oceáno Pacífico, en ocasiones, parece inventado o producto del ensueño (...) Casi resulta obligado que un aliento épico envuelva a los hombre y mujeres que habitan ese paisaje”. Y añade, entre otras cosas, que “con sencillez, transmite una emoción compleja, y deja intuir cuál podría ser nuestro lugar en el universo”. Gabi ha hecho del viaje su forma de vida y el impulso de su literatura. Conoció a Paul Bowles y a Mohamed Chukri y ha publicado libros como ‘Los mares de Wang’ o ‘Solo para gigantes’, entre otros títulos.

Gabi Martínez, con toda la generosidad del mundo, me envía el arranque de su viaje.

 

PAISAJE

 

Por Gabi MARTÍNEZ

Ahí abajo, la costa australiana y el mar componen una abstracta constelación de meandros en tan armónico equilibrio que hace pensar en una fuerza distribuidora superior a todo lo imaginable. Las curvas de los riachuelos, los claros del bosque, los brazos de arena que se alargan agua adentro, las islas, el coral... Existe un orden geométrico que se entiende a través de los colores: sin transiciones bruscas, siempre bien compensados, de acuerdo con la curva de aquel río, con la loncha blanca de playa, con el cabrilleo escalonado de las olas que vierte el océano ya amansadas tras chocar contra la Gran Barrera de Coral.

La línea de arrecifes más larga del mundo ha dotado a las barreras de un significado distinto. El enorme pantano del Sudd -que en árabe significa Barrera-, la Gran Muralla China o la barrera del sonido son obstáculos que alguna vez alguien deseó vencer al menos con la intensidad con la que los negros estadounidenses desearon compartir autobús con los blancos o con la que la fotógrafa Helena Henriques quiso aprender a nadar aun teniendo más de treinta años. Pero la Gran Barrera se vincula en especial a los regalos, los tesoros y, sobre todo, a la supervivencia, no importa en qué lado del arrecife estés.

Si Australia fuera un animal, la Gran Barrera actuaría como una piel extrafina, la capa más sensible al deterioro y, por eso, la que revela su salud. Desde el avión, la piel todavía aparece espléndida. La selva subacuática se prolonga durante kilómetros, interrumpida en ocasiones por canales sinuosos aunque suficientes para la navegación, o sesgada por amplias brechas que conectan al mar abierto, si bien las fisuras no importan, más bien forman parte de la estructura dominada por los macizos de coral. Al apiñarse, los pólipos dan lugar a algo semejante a planicies o a islotes de forma irregular pero de contornos tan precisos y compensados que algunas galerías de arte limitan su oferta a exponer fotografías del paisaje tomadas desde el aire. Cuando uno ve el trabajo de un cartógrafo en Queensland, puede pensar en Kandinsky, en la obra de Yann Arthus-Bertrand...

 

El autor también me envía esta citas que coloca en el pórtico de su viaje.

Bill Bryson, escritor: “Nadie se pone de acuerdo sobre dónde empieza y dónde acaba la Gran Barrera de Coral. Es el equivalente oceánico a la selva amazónica. El ser vivo más grande de la Tierra, el único visible desde la Luna”.

 

Josep García, biólogo: “Por muy preparado que vayas, no sabes dónde estás hasta que no te enfrentas a esa inmensidad. En Australia, el espacio es otra cosa, tiene unas medidas distintas, todo se magnifica. En cuanto a los animales... buf, es un no parar. Lo curioso es que cuesta localizarlos, sabes que se ocultan cerca pero no los ves... y sin embargo no tienes sensación de peligro. Me acuerdo de que cuando al fin empecé a explorar sobre el terreno, veía pasar un animal desconocido, lo buscaba en la guía y entonces pasaban cinco más. Así varias veces, hasta que dije: mira, cierra la guía y a disfrutar”.

 

Emma Darwin, esposa de Charles Darwin: “Es un grave error razonar mientras se observa, aunque es necesario hacerlo antes y muy útil hacerlo después”.

 

Lorenzo de Médici, último de una estirpe: “Las playas son muy bonitas pero no puedes entrar en el agua porque está llena de medusas que matan. Bueno, hay unos cuadraditos precintados para darse un baño...¡una piscina municipal es más grande que eso! Así que en muchas playas salvajes no ves un alma, y te preguntas, ¿es un sueño? Pues no: en la arena están los equipos de emergencia, por si te pica algo que no mueras en tres horas. En Green Island, para ir a la playa desde mi bungalow debía atravesar un bosque y, de pronto, me encontré rodeado de iguanas. Tuve que aplaudir para abrirme camino. Los bichos se apartaron pero fue una experiencia muy muy desagradable. Ahí fue cuando me pregunté: ¿Qué hago yo aquí?”.

 

Anna Baldellou, submarinista: “Vivir en el barco era estar en el paraíso. Me levantaba a las cinco de la mañana y pasaba todo el día en el agua. Nadé cerca de tiburones, una ilusión que tenía, y no me defraudó. Conocí a un chico increíble, no había visto a nadie tan feliz como él. Tenía tan pocos problemas que me costaba entenderlo hasta el punto de preguntarme si sería yo la que veía problemas donde no había. Me recuerdo con un collar de corales que siempre llevaba puesto”.

 

Xavier Moret, viajero: “Hay pocas cosas en el mundo más maravillosas que la barrera de coral de Australia”.

CubAhora (internet): “En 1998 -considerado el año más cálido del siglo XX- cuando el agua subió un grado su temperatura, murió el 16 por ciento de los corales del mundo, pero los científicos advirtieron que los futuros cambios en Australia tendrían resultados mucho peores, ya que se estimó que las aguas locales aumentarán su temperatura de 2 a 6 grados en los próximos 50 años”.

Jane Wooldberg, técnica en aparatos de aire acondicionado: “Lo del cambio climático no nos afecta. En Queensland tenemos agua, ríos limpios... A la gente le gusta hablar pero parece que no tenga ojos para ver la realidad, este cielo. Además, ¿sabe lo que supondría cambiar las mecánicas de producción? ¿Quién va a dejar en el paro a gente que montó su negocio de forma legal cuando nadie hablaba de ecología? ¿Cómo se justificaría eso?”.

 

John Berger, crítico de arte, pintor y escritor: “Hoy, en el Oeste, cuando la cultura del capitalismo ha abandonado todas sus pretensiones como tal cultura y se limita a ser simplemente una “práctica inmediata”, la fuerza del tiempo se representa en forma de un supremo aniquilador a quien nadie osa oponerse. El planeta Tierra y el universo se están agotando. El desorden aumenta con cada unidad de tiempo que pasa”.

Guía sobre los pueblos indígenas de Australia: “El mayor arrecife del mundo, la Gran Barrera de Coral australiana, tiene una superficie de 350 000 kilómetros cuadrados en los que se hallan 900 islas, 400 tipos de corales, 1 500 de peces y 4 000 especies de moluscos”.

Paul Marshall, miembro de la Australian Coral Reef Society (ACRS): “Desde el verano austral 2001-2002 nos dimos cuenta, después de sobrevolar 640 de los 2 900 arrecifes que forman la Gran Barrera y de habernos sumergido en 27 sitios, que cerca del 95 por ciento de los corales del Parque había emblanquecido”.

Edward O. Wilson, sociobiólogo: “La superficie de la Gran Barrera de Coral, el yacimiento más grande y más protegido del mundo, se redujo a la mitad entre los años 1960 y 2000. En conjunto, un quince por ciento de los arrecifes de coral del planeta han desaparecido o se han degradado de manera irreversible, y una tercera parte podría desaparecer durante los próximos treinta años si continúa la actual tendencia a la baja. Se calcula que el actual ritmo de extinción es unas cien veces superior al que había antes que los humanos aparecieran sobre la Tierra, y se cree que aumentará unas mil veces o más durante las próximas décadas. Somos el meteorito gigante de nuestros tiempos y hemos iniciado el sexto cataclismo de la historia fanerozoica. Si esta pérdida permanente no remite, pronto llegará la era eremozoica: la era de la soledad”.

 

Mark Carwardine, zoólogo: “La gran mayoría de las extinciones se ha producido en los últimos trescientos años. Y de las ocurridas en los últimos trescientos años, la mayor parte corresponde a los últimos cincuenta años. Y de las ocurridas en los últimos cincuenta años, casi todas han tenido lugar en los últimos diez años. Lo más pavoroso es ese índice de aceleración. Cada año echamos fuera del planeta más de mil especies diferentes de animales y plantas”.

 

Yasutaka Tsutsui, escritor: “Creo que el cambio climático es uno de los motivos por los que se extinguirá la humanidad. Por eso mismo he pensado en escribir algo sobre ese futuro que nos espera”.

 

Charles Darwin, biólogo: “El exterminio de las especies se produce a raíz de cambios en las condiciones externas y del aumento o inmigración de especies más favorecidas. En Australia, las condiciones serían muy favorables para que las especies de esos órdenes se adaptaran para desempeñar papeles en la economía de la naturaleza que en otros lugares serían desempeñados por tribus especialmente adaptadas a esos papeles”.

 

Edward O. Wilson, sociobiólogo: “Las especies invasoras son la segunda causa de extinción de las especies autóctonas, después de la destrucción del hábitat causada por la actividad humana. La creciente marea de invasores está homogeneizando los ecosistemas terrestres”.

 

Charles Darwin, biólogo: “A menudo basta un solo nuevo ser para tener un efecto más allá de nuestros cálculos al ocupar y participar de la subsistencia de otro, de varios o de muchos organismos. Todo ser orgánico aumenta naturalmente en progresión tan alta y rápida que, si no es destruido, la Tierra pronto estaría cubierta por la descendencia de una sola pareja. Aun el hombre, que es lento en reproducirse, se ha duplicado en veinticinco años y, según esta progresión, en menos de mil años su descendencia no tendría literalmente sitio para estar en pie”.

 

Josep García, biólogo: “Las plagas están azotando fuerte en los últimos tiempos y los australianos se inventan fórmulas de lo más raras para combatirlas: hay safaris nocturnos para turistas que vienen a matar canguros. Encienden los focos de los todoterreno para deslumbrarlos y venga, a matar”.

 

Linda Rowe, fundadora de las Croc-Shop: “Cuando llegó el ganado a Cape York, los cocodrilos se multiplicaron. Eran tantos que también empezaron a liquidar las reservas de pescado en los ríos así que hubo que mantenerlos a raya. Por aquí hemos tenido a grandes tiradoras, como Grace Brees y Krys Paulovski. Pero entonces fueron los cocodrilos los que empezaron a escasear y se prohibió la caza... aunque yo aún pude cargarme unos cuantos, mira la portada de mi libro. Ésa soy yo. Hay que defenderse”.

 

(2. Portada del libro)

 

Bruce Chatwin, escritor viajero: “Donde existe el peligro también se desarrolla aquello que salva”.

 

Charles Darwin, biólogo: “En todos los países los habitantes indígenas han sido hasta tal punto conquistados por producciones naturalizadas que han permitido a algunos extranjeros tomar posesión de la Tierra. El cruzamiento entre variedades distintas da vigor y fecundidad a la descendencia”.

 

César Manrique, artista del paisaje: “La consciencia del milagro de la vida y su brevedad me han hecho ver claramente que el sentimiento trágico de nuestra existencia nos empobrece”.

 

Jeffrey Caine, pescador: “Lo que me fastidia de la gente que viene de fuera a escribir es que luego no hablan más que de animales y de aborígenes. ¿Y nosotros? Porque aquí viven personas. ¿O qué soy yo? ¿Soy un erizo? ¿Soy un koala? ¿Soy un emú? Yo soy un tío de 102 kilos, con 43 años y una historia acojonante. Pero busque usted algo sobre la gente que vive aquí. Mucho pez, mucho coral, pero, ¿y las personas? ¿Qué pasa con las personas?”.

 

Jan Morris, escritora: “¿Cuál es la verdadera definición de australiano? Un hombre que mira fútbol en la televisión con un sombrero de felpa en la cabeza y una lata de Foster’s balanceándose encima de la barriga”.

 

Jeffrey Caine, pescador: “Bueno, es verdad, ese Morris habló algo de la gente, pero no sirve, porque él escribió sobre Sydney, y la Gran Barrera no tiene nada que ver con Sidney. Además, por lo que he oído, no puso más que idioteces. Por cierto, es marica, ¿no?”.

 

Mi diario 2007: “El salvajismo del mundo infraacuático se exacerba en esta costa que revela espacios aún vírgenes, enormes y sanos, preservadores de una autenticidad que muchos ya creían archivada”.

 

Linda Rowe, fundadora de las Croc-shop: “Al instalarme, me sorprendió el increíble número de serpientes. Habrás visto a mucha gente caminando descalza en otras zonas del país pero puedes creer que cuando yo llegué aquí nadie del área había sido mordido jamás por una: eran lo bastante astutos para llevar linternas y calzar botas por la noche”.

 

Mi diario 2007: “Las moscas son gigantes en Magnetic Island. Y muerden, afirma Chris mientras conduce descalza el Rolls Royce en una estampa bastante representativa de esta vida lujosamente asilvestrada”.

 

Jordi Serrallonga, arqueólogo y naturalista: “Australia es el país donde menos he podido racionalizar. Tengo muy claro por qué me apasionan África o las Galápagos pero Australia... el caso es que, cuando veo a compañeros con los que viajé allí o a alguien a quien le interesa el tema, podemos pasar horas hablando, entusiasmados”.

 

John Denny, turista de 73 años: “He venido porque quiero ver Cape York y el norte de la Gran Barrera antes de morir... o antes de que se muera ella. Sé que no es un viaje fácil. Nada fácil. ¿Crees que estoy loco?”.

ILDEFONSO Y SU GRAN AMOR

ILDEFONSO Y SU GRAN AMOR

PILAR E ILDEFONSO: UNA LARGA Y BELLA FÁBULA DE AMOR

El pasado viernes concluyó el seminario sobre Ildefonso-Manuel Gil. En la mesa redonda final hablaron Guillermo Fatás, que hizo un viaje por las vidas paralelas que habían tenido él y el poeta; Lola Albiac recordó algunos de sus trabajos en torno a Mor de Fuentes y a Benjamín Jarnés, a quien admiraba mucho. Y María Antonia Martín Zorraquino analizó su condición de profesor, la importancia de la amistad en su vida y recordó su historia de amor y convivencia con su musa, su esposa, su compañera Pilar Carasol Torralba. Una foto entrañable de ambos.

 

EVA COSCULLUELA: UN DIÁLOGO EN EL DÍA DE LAS LIBRERÍAS

Eva Cosculluela, retratada por Vicente Almazán.

 

 

¿Qué supone asumir la presidencia de la Asociación de Librerías de Zaragoza? ¿Cómo te lo has planteado?

Asumir la presidencia supone continuar con un proyecto empezado hace tres años, cuando Paco Pons me invitó a formar parte de la junta directiva. En ese momento, la Asociación se proponía un cambio a nivel organizativo que implicaba crear áreas de trabajo y que cada miembro de la junta asumiera una, de acuerdo a su experiencia y a su capacidad. En este tiempo hemos llevado a cabo un proceso de modernización, muy importante para que la imagen de comercio tradicional que tenemos las librerías no se confunda con anticuado: estrenamos una web corporativa, impulsamos la presencia de la asociación en las redes sociales... Las librerías somos modernas y activas, y esperamos haberlo transmitido con el trabajo desarrollado. Junto con el resto de la junta, esperamos seguir trabajando en esta dirección.

¿Qué habías aprendido en esos tres años en la directiva?

Mucho. Paco Pons ha sido alguien del que he aprendido mucho, tanto en lo profesional como en lo personal. Paco ha sido un modelo de buen hacer y desde el principio supo implicarnos a todos, lo que ha sido fundamental a la hora de sacar adelante cualquier iniciativa.   

Presidenta nueva, junta directiva nueva... ¿También ideas nuevas, frescas, modernas?

Intentaremos aportar nuevas ideas para afrontar los nuevos tiempos que están resultando tan duros. Debemos asumir nuevos retos que ayuden a que las librerías tengan presencia en la sociedad, que seamos una opción prioritaria cuando la gente planifique su ocio, pero sin perder de vista el proyecto empezado por la anterior directiva. Del anterior equipo, continua también Óscar Martín (Siglo XXI). Se incorporan a la junta Juancho Pons (Librería Pons), Julia Millán (Antígona) y Hermelo Delgado (Casa del libro).

¿Qué asusta más: la responsabilidad, la crisis o el libro electrónico?

La crisis, si ninguna duda. Representar un colectivo es siempre una responsabilidad, pero no la asumo en solitario. Tengo unos compañeros de junta estupendos y tomamos las decisiones en común, estamos en contacto prácticamente a diario. En cuanto al libro electrónico, creo que los dos formatos van a convivir durante mucho tiempo. Nuestro reto será buscar la fórmula para adaptarnos a ese cambio  de la mejor manera posible.

¿Cuál es el estado de las librerías? ¿Cómo está el sector? ¿Se puede hablar de una descapitalización alarmante?

Aunque no me gusta ser alarmista, el sector está muy preocupado. El descenso en las ventas ha sido muy fuerte, de casi un 30% en los cuatro últimos años: se prevé que al terminar 2012 se habrá vendido un 10% menos que el año pasado. Pero en 2011 ya habíamos sufrido un gran bajón, igual que en 2010... Una librería no puede compensar ese descenso en las ventas reduciendo la inversión en títulos nuevos, porque para funcionar tiene que ofrecer las últimas novedades publicadas, además de un buen fondo. Y en este país se publica mucho, algunos editores están haciendo una “huída hacia adelante” publicando el doble de títulos que hace unos años. Este ritmo es imposible de seguir, las librerías no podemos seguir invirtiendo lo mismo en libros ahora que nuestra facturación se ha reducido un tercio.

¿Ha bajado su impronta cultural en los últimos tiempos o siguen siendo un refugio inequívoco de cultura?

Las librerías siempre han sido refugios de cultura  y en cada época han tenido su papel. Si los libreros no se hubieran arriesgado a traer libros prohibidos durante el franquismo y no hubieran permitido reuniones clandestinas en sus espacios, la democracia habría tardado mucho más en llegar y seríamos una sociedad peor. Ahora, afortunadamente, no es necesario sortear la censura y nuestro papel es otro, pero no por eso deja de ser importante.  Las librerías somos transmisores de cultura, acercando los libros a los lectores nos convertimos en vehículos transmisores de ideas, de conocimiento. Somos también facilitadores, favorecemos que gente con intereses comunes contacte y se creen nuevas relaciones.

¿Cuál es el nivel de calidad de las librerías de Zaragoza en el contexto nacional?

Zaragoza tiene muchas librerías y muy buenas, reconocidas a nivel nacional. Librerías como Antígona o Cálamo son referentes en toda España, y a menudo constituyen un aliciente más para viajar a Zaragoza. Cuando visitan la ciudad editores o escritores, siempre se muestran sorprendidos por la cantidad de librerías y, sobre todo, por su calidad. Eso es algo que sólo se consigue a base de años de trabajo bien hecho.

¿Cuál es la misión de un librero? ¿O cómo entiendes tú vuestro trabajo, al que has definido como un trabajo de proximidad?

Siempre se ha definido a los libreros como mediadores, pero yo veo el oficio como algo que va mucho más allá. Por supuesto somos mediadores, pero también somos activistas culturales, gestores, agitadores. Ser librero tiene un componente muy vocacional, y eso hace que transmitamos la pasión con la que vivimos esta profesión y nos involucremos en ella hasta hacerla una forma de vida.

¿Te has preguntado alguna vez por qué eres librera? Si es así, querría saber qué te respondes...

El deseo de ser librera es algo que asocio directamente con mi infancia. Una de las cosas que recuerdo con más cariño de cuando era niña es cuando mi madre me llevaba a comprar libros a la librería “Alfil”, que estaba en la calle García Sánchez, en una especie de ritual que se repetía cada sábado por la mañana. Las dos elegíamos unos cuantos libros y pasábamos el fin de semana leyendo. Ese gusto por los libros y la lectura que me transmitió mi madre hizo que siempre pensara en las librerías como un lugar donde la gente disfrutaba, y trabajar en un lugar que ofrece felicidad es un privilegio.

Hoy viernes conmemoráis el Día de las Librerías. ¿Qué se quiere celebrar, qué queréis reivindicar?

El “Día de las librerías” pretende transmitir que las librerías hacemos un trabajo importante: tenemos un profundo conocimiento de libros y autores, recomendamos  títulos en función de los deseos del cliente, hacemos visible el trabajo de creadores y participamos activamente en la vida cultural de la ciudad. Somos muchas y diversas: cada librería, con su selección de libros, está haciendo una declaración de intenciones.  Además, las librerías somos comercios de proximidad y como tales dinamizamos el tejido social de las ciudades, fomentamos la economía local, creamos empleo... Esta iniciativa, además, quiere recordar que un libro es un regalo excelente que ofrece horas de entretenimiento. Y aunque un libro se puede comprar en muchos sitios, el mejor lugar para hacerlo es, sin duda, una librería.

Los Portadores de Sueños ha cumplido ocho años. ¿Cuál es el balance? ¿Cuáles han sido esos instantes inolvidables que has ayudado a resistir y a amar más el oficio?

El balance de estos ocho años no podría ser mejor. La librería nos ha dado muchas alegrías, pero si tenemos que elegir nos quedaríamos con los buenos amigos que hemos hecho, que nos apoyan y han sido vitales en nuestra trayectoria. Recuerdo la tarde  en que Ismael Grasa trajo a la librería a Jorge Herralde llevábamos pocos meses abiertos y fue muy importante, porque Jorge escribió un artículo que nos ayudó mucho; o el día que conocimos a Ignacio Martínez de Pisón, a quien admirábamos y que se ha convertido en uno de nuestros buenos amigos; o tantas presentaciones que han terminado en cenas divertidísimas en Casa Emilio... Nos quedamos también con algunos autores a los que admiramos y que han pasado por la librería: Marcos Giralt Torrente, Jordi Puntí, Sergi Pàmies, Rosa Montero, David Trueba...  Y lo más importante: conocer a Félix Romeo y disfrutar de su amistad es algo que la librería nos ha regalado y que cambió nuestra vida.

 

¿Por qué elegisteis como nombre el poema de Gioconda Belli? ¿Qué tiene de especial ella y la composición?

Nos gustó el poema de Gioconda Belli porque habla de cómo la esperanza se impone a los más catastrofistas y cómo siempre, aun en las circunstancias más difíciles, hay alguien que consigue hacer la vida mejor creyendo en sí mismo y en lo que hace. Nos pareció que era bonito vincular una librería, el lugar que da cobijo a tantas historias y a tantas vidas diferentes, con un poema que habla de sueños y de esperanzas.

 

¿Qué cinco libros recomiendan Los Portadores de Sueños para hoy?

Infantil: Arturo y Clementina / Rosa Caramelo. Adela Turín y Nella Bosnia (Kalandraka).

 

En los años 80 Esther Tusquets editaba en España, en su sello Lumen, una colección italiana llamada “A favor de las niñas”.  Estos cuentos, que trabajan la igualdad y el respeto, los reedita ahora Kalandraka y siguen siendo tan necesarios y tan actuales como entonces.

 

Aragonés: “Escritores y escrituras”, de José Luis Melero (Xordica)

José Luis Melero da voz en sus columnas semanales en Artes & Letras a los escritores raros, desconocidos y olvidados. Aquellos que no se recogen en los cánones ni se enseñan en las clases de literatura. Este libro recopila XX de estas columnas para gran disfrute del lector.

 

Autor extranjero:

‘Mr Gwyn’. Alessandro Baricco. Anagrama, 2012.

Mr Gwyn abandona su carrera de escritor de éxito sin saber porqué y para qué. Puede que una anciana con un fular impermeable tenga la respuesta. O quizás una chica elegante y gorda que le ofrece un móvil en la lavandería, o un viejo artesano que fabrica bombillas a mano…

 

Autor español:

“Ayer no más”. Andrés Trapiello. Destino, 2012.

La Guerra Civil no es una historia en blanco y negro, es una historia de color gris, con buenos, con malos, con buenos hijos de malos y malos hijos de buenos. Setenta años después de presenciar el asesinato de su padre en los primeros días de la guerra, José Pestaña tropieza en la calle con uno de sus asesinos. Sólo tiene una pregunta: ¿dónde está enterrado?

 

Libro especial:

Hierro ilustrado. José Hierro. Nórdica libros, 2012.

“Hierro ilustrado” recoge una antología de los mejores poemas de José Hierro  junto a su faceta como artista plástico. Retratos, autorretratos y paisajes en verso y en color. Una cuidada edición de Nórdica libros.

CABALLERO BONALD: PREMIO CERVANTES

 

DIÁLOGO CON JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

 

[Rescate de una entrevista que le hice en el hotel Orús de Zaragoza, hace unos años,en compañía de Fernando Sanmartín. A Caballero Bonald acaban de darle el premio Cervantes.]

-Decía García Márquez que él de repente lee “La metamorfosis” de Kafka y se dice: “Si se puede escribir así, quiero ser escritor”. ¿Le sucedió algo semejante con algún libro?

-Sí, de pronto descubrí en la pequeña biblioteca familiar, en la casa de Jerez, una biografía de Espronceda de Narciso Alonso Cortés, un historiador de la literatura de Valladolid ya prácticamente olvidado. Me quedé deslumbrado por el personaje, no por la poesía. Era un hombre que había hecho de todo: murió con 34 años y había luchado en las barricadas de París, había fundado una sociedad secreta, había estado preso, exiliado por su republicanismo exacerbado, había sido diputado, guardia de corps, había trabajado en la Delegación española en La Haya, etc. Y además, por si todo esto fuera poco, se marchó con una muchacha de la que estaba enamorado desde que era una niña, Teresa Mancha, la había conocido en Lisboa, y tuvieron una hija. Y así hasta que Teresa un día se fue de su lado porque las relaciones se fueron enconando, envenenando, y un día Espronceda, que ya es el prototipo del romanticismo, paseando por la calle Santa Isabel de Madrid, se asoma a una ventana donde había un velatorio y descubrió que la muerta era su amante, y escribió su “Canto a Teresa”, que, por otra parte, es magnífico. Ahora va a aparecer en la colección Omega un libro mío sobre Espronceda.

 

 

-Y entonces este libro y este personaje fueron el detonante.

-Sí. Yo quería ser como Espronceda, pero no como el poeta, sino como el personaje. Quería imitarle, pero como era imposible emularle en tantas y tan maravillosas facetas y hazañas, lo que hice fue emularle en las dos que tenía más a mano que era escribir poesía, cosa que me ha durado hasta hoy, y llevar una vida licenciosa, que en aquellos años con la asignación semanal se limitaba a llegar algún día tarde a casa.

-Pero también quiso ser marino, ¿no?

-Antes que nada. Y esa afición procedía de mis lecturas de Emilio Salgari y Jack London. “El lobo de mar” de Jack London me dejó hechizado también. El lobo Larssen, aquel personaje magnífico. Y yo quería realmente ser un aventurero también. Y la única posibilidad que tenía a mano era hacerme marino, pero luego, como casi todos los muchachos de mi edad de la posguerra, yo enfermé del pecho, tuve que reposar y ya no estaba en condiciones  físicas de ser marino y lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, que fue como equivocarme de otra manera.

 

-¿Tuvo Caballero Bonald hasta el año 62 vocación de poeta solamente?

-Sí. Fundamentalmente mis primeros pasos y mis ambiciones en el mundo de la literatura era la poesía y ser poeta. Pero cuando me fui a Colombia, empezaron a intensificarse mis recuerdos de Jerez, era la época del realismo social, y yo quise escribir una novela donde realmente se reflejara mi experiencia personal en ese mundo las viñas y las bodegas de Jerez que tenía muy cerca por razones familiares también y que era un tema que se compadecía muy bien con la intención de denuncia...

 

-Se refiere al libro “Dos días de setiembre”.

-Sí. Escribí esta novela acordándome de lo que había vivido. A partir de ahí casi todo lo que yo he hecho en literatura es porque me acordaba de lo que había vivido. Siempre he pensado que si no tuviese memoria no podría escribir.

-Hablando de recuerdos y de memoria, en el primer tomo de sus memorias había un capítulo magistral, el dedicado a los “acostados” de su familia.

-Ese fue el arranque. Yo me dije: “Voy a escribir mis memorias” porque me acordé de pronto de esos miembros de mi familia, Bonald, había tres o cuatro o cinco acostados. Pensé que era un tema literario interesante y que podía ser el arranque de unas memorias. Luego no fue el arranque, pero sí fue el motivo: el recuerdo de esos episodios familiares de los “acostados” fue el incentivo que me movió.

-¿Vivían en su casa?

-Algunos sí. Dos vivían en mi casa: mi abuelo materno y mi tía Isabel. Mi abuelo se levantaba un día a la semana, iba a llevarnos a tomar dulces a una confitería y a hacer todo lo que nos prohibía: beber en las mangas de riego, subir por un pretil peligroso. Aquella era una escapada maravillosa de los jueves que salíamos con el abuelo Rafael Bonald. Y luego estaba mi tía Isabel que estaba siempre en la cama, y además había otro tío y un primo. Menos mi primo, que también se llama Rafael Bonald; de pronto, un día los otros tres murieron en la cama.

-En cualquier caso, estos personajes por su pintoresquismo le dan una materia literaria muy sugerente.

-Insisto: la memoria es el factor desencadenante de lo que yo escribo. Luego, con las deformaciones e inventos propios de todo proceso creador, pero el punto de partida es la memoria. Y esos familiares eran un don para el escritor.

 

-La memoria estaba muy presente en “Dos días de setiembre”, que narraba un enfrentamiento entre los terratenientes y los campesinos, pero años después escribió una novela si quiere más experimental, que fue “Agata ojo de gato”, de la cual siempre dice que es su favorita.

-Sigue siéndolo. Me siento muy expresado en esa novela. Creo que hice lo que yo quería, cosa que es muy difícil en literatura acabar un texto y decir: “No lo escribiría de otra manera”. Y eso sólo me ha ocurrido con algunos poemas y con “Agata ojo de gato”. Creo que es la manifestación de un mito, el mito de la “mater terra”, de la tierra madre que castiga a todo aquel que pretende ultrajarla, y me inventé esa historia medio legendaria, pero que tiene las raíces en la realidad del Coto de Doñana.

 

-Usted creó una suerte de realismo mágico pasado por Andalucía.

-Entiendo lo que quiere decir, pero ese es un término que no me gusta mucho porque es un híbrido de Sandokán y Galicia, o de la novela picaresca y el cuento de hadas, pero en todo caso pienso que “Ágata” tiene un intento de sustituir la historia por sus presuntas equivalencias mitológicas, pero siempre manteniendo esa realidad que responde a la historia verídica del coto de Doñana. Además con ese libro me ocurrió, y eso sí que era mágico no por el método literario sino por sus consecuencias, que conocí a personajes después de haber escrito la novela que eran un reflejo fiel de los que yo me había inventado y eso es muy inquietante y muy apasionante. Conocer en la vida real a personajes de ficción, tuyos, propios, provoca entusiasmo e inquietud.

-Antes de seguir adelante en este viaje por su obra, querría recordar que en esa época usted ya había estado en la cárcel, ya había frecuentado la amistad de Dionisio Ridruejo y se había manifestado antifranquista.

-Yo trabajé al lado del Partido Comunista como todos nosotros en aquel momento. No tuve carnet, pero trabajé con el PC porque era el único partido que realmente tenía presencia en la vida clandestina antifranquista. Primero me desperté a través de Dionisio Ridruejo, fue una persona a la que yo quise mucho, era un hombre limpio de corazón, con una evolución personal auténtica. Era fascinante, era seductor. A través de él, y con otros amigos como Moreno Galván, Juan Benet, Fernando Baeza, Pepín Vidal Beneyto, que luego no tuvieron ninguna relevancia política, pero para mí fue como el foco de donde arrancó mi actitud política antifranquista.

-¿Cómo resumiríamos su incorporación al grupo de los 50?

-Yo no creo en “La Generación de los 50”, pero sí en un grupo de amigos con muchas diferencias literarias evidentes. Lo que sí nos unía era muchas cosas en común: éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos y luego la actitud antifranquista, que nos unía a todos. El grupo dentro de la generación ha tenido una importancia cada vez más notoria en la evolución de la poesía española y además creo que había algunos miembros de esa generación –como podía ser Barral o Gil de Biedma- que eran realmente unos hombres cultos, petulantes (ya sabe: la insolencia de los eruditos) y luego unos críticos de la cultura, sobre todo Gil de Biedma en su libro “Al pie de la letra”. Me parece un libro espléndido: crítica de la vida y de la cultura. Y además eran personas que hablaban tres o cuatro idiomas. Yo creo que del grupo con el que tengo más afinidades es con José Ángel Valente por el lenguaje. Como a él, nunca me ha gustado la poesía obvia, explícita, directa, la narratividad que ahora está muy en boga. Esa poesía no me interesa. Me gusta el riesgo de trabajar con el lenguaje y en eso Valente ha sido un maestro. Como lo fue también en cierto modo Barral.

-Ha dicho que su libro de poesía que más le gusta es “Laberinto de fortuna”.

-Lo dije pero creo que ella no lo diría ahora. Uno casi se queda siempre con lo último y lo último es “Diario de Argónida”. Yo soy un poeta muy discontinuo, irregular e intermitente, entre mi último y mi penúltimo libro pasaron más de diez años. No me importa. Yo pierdo la fe en la poesía con frecuencia. Y si pierdo la fe, no voy a empezar a escribirla de una forma mecánica. A mí me interesa mucho este libro, que es un homenaje a Juan de Mena, que instauró una lengua poética en medio de un castellano todavía incierto, y esta instauración  de un lenguaje yo también intento hacerlo en “Laberinto de fortuna” porque es un libro que depende del lenguaje, del léxico, y es un libro donde demuestro que la poesía también es un procedimiento. Es un hecho lingüístico. Un acto de lenguaje.

-Es curioso porque le hemos leído declaraciones en las que se revela muy crítico con eso que ha dado en llamarse “la poesía de la experiencia”.

-Odio las pláticas de familia o rencillas de poca monta entre poetas. Y a mí la poesía de la experiencia, suponiendo que eso signifique algo, si se limita a la narratividad, a la poesía obvia y explícita, no estoy de acuerdo con eso. Y que es eso de “la poesía de la diferencia”.

-También en su poesía se ha experimentado un cambio curioso: empieza siendo un poeta social, y sin dejar de ser eso, mezcla esa exuberancia, ese lenguaje barroco con un lenguaje muy cotidiano y con todo el poso de la memoria y de la cultura sin llegar a ser culturalista.

-Mis primeros libros eran una poesía psicológicamente envarada. Me despojé de esos influjos que venían de la adjetivación de Neruda y Aleixandre, Cernuda, de eso me fui liberando, y creo que mi barroquismo no consistía de ninguna manera en la acumulación de bellos términos para llenar un vacío o bien en la complicación léxica o sintáctica de una forma gratuita sino en la búsqueda de esa palabra, de ese adjetivo ineludible, insustituible para definir el pensamiento o mi propio pensamiento. Lo que yo quería contar. En este sentido sí soy barroco, pero para mí el barroco es una aproximación expresiva a la realidad.

-Yo soy muy lento. Las prisas en literatura son como la actividad de la carcoma: a mayor velocidad más pronto sobreviene el derrumbamiento. Y ahora noto que los jóvenes terminan de escribir un libro y empiezan otro corriendo, les salga bien o mal, lo que quieren es publicar mucho y con muy poco espacio entre uno y otro. Hay que tomarse un respiro.

-Publica un libro en 1981 una novela deliciosa: “Toda la noche oyeron pasar pájaros”, el título lo tomó del diario de Colón.

-Sí, de la transcripción de Bartolomé de las Casas, en la antevíspera del descubrimiento. Es un libro que me satisface: es complejo. La mecánica del libro quizá sea intrincado a veces pero cree un mundo atractivo que proviene en muchos aspectos de William Faulkner. Para mí Faulkner, el narrador norteamericano del sur, ha sido un maestro. Creo que ese libro es faulkneriano y supone un episodio destacable dentro de mi narrativa que es escasa. Por que el siguiente...

-“En la casa del padre”, Premio Internacional de novela Plaza & Janés...

-Retomo la crítica social, me gusta menos. Mientras lo escribía me estaba aburriendo y eso es gravísimo. Porque pensé que esa historia necesitaba mil páginas y que no tenía ya ganas de escribir mil páginas. Lo aligeré. No me gusta mucho.

-Lo que es impresionante es lo que cuenta en “Campo de Agramante”, quizá su mejor novela.

-Ese es divertido, creo yo. Además ahí reaparece otra vez la memoria porque la novela es la memoria de algo que me pasó a mí. Yo tuve un conato de isquemia, que es una especie de insuficiencia circulatoria cerebral, y entonces me ocurrían cosas extrañas. Se me alteró la sensibilidad: tenía confusiones entre la realidad y el sueño, recuerdos falsos, que es una cosa bastante inquietante, es como si te miras en un espejo y no te reconoces, lo que tampoco es cómodo. Y me convertí en un personaje literario y pensé que era un personaje para una novela mía. La novela de mi memoria otra vez. Todas son novelas de mi memoria. Hasta la poesía. Y en este tipo de cosas pienso que si tú escarbas en la realidad, te encuentras siempre con la fantasía. La fantasía siempre está ahí detrás con una fuerza superior a la realidad. Yo cuento en las memorias una cosas que me tiene obsesionado y va a ser el arranque de algo: hace muchos años visitando el museo de arte de Cataluña había allí un panel de Jaume Huguet, un pintor catalán del siglo XIV, y representaba a un grupo de gente que estaba oyendo a otro que leía un libro de horas en un atril. Y entre ese grupo de gente había un personaje que se parecía a mí muchísimo.Yo me di cuenta de que era mi retrato, me ampliaron el retrato y tenìa en la sien derecha una mancha, una rosácea. Es de nacimiento. También lo tenía este personaje, y nunca más volví por el museo. Me preguntaron: “¿Por qué no has vuelto?” “Porque estoy seguro que el personaje ha envejecido tanto como yo”. Creo que llegaría encontrándome con un personaje que se sigue pareciendo a mí de viejo. O algo todavía peor: que se ha mudado a otro cuadro.

-Lo que tenía ese libro de “Campo de Agramante” era la fuerza del paisaje, las marismas, la fascinación que tiene usted por Andalucía, por el color, por la luz, por la vegetación.

-Me gusta mucho describir paisajes. Trasladar el tono y el carácter del paisaje a la escritura. Eso siempre me ha preocupado, quizá también porque tengo una gran atracción por la pintura. He hecho trabajos de pintor, dibujo con frecuencia. No es que sea un pintor frustrado. Es que soy un pintor muy poco conocido.

-Por ejemplo, hay en usted algo así como la configuración de un mito de Andalucía.

-Sí. Eso es deliberado. He intentado crear como los grandes novelistas con su lugar nativo esa imagen de una presunta mitología andaluza haciendo hincapié en aspectos de la tradición, de la superstición, de las culturas residuales que todavía permanecen, ciertas zonas rurales de Andalucía. Eso me preocupa. He querido reconstruir o inventarme una mitología andaluza. Además no salgo yo de esa zona... ¿Por qué no salgo de esa zona geográfica? Porque es el lugar del mundo que conozco mejor pero sobre todo porque fue ahí donde verifiqué mis primeras tentativas de intervenir en la realidad y donde, sobre todo, descubrí el mundo. El lugar donde se descubre el mundo ya es para siempre el compendio simbólico del mundo. El mundo, como se ha dicho tantas veces, está en el lugar donde vives, ahí está todo.

-Entonces, debemos deducir que usted se siente afín a autores como Miguel Torga, García Márquez, Juan Carlos Onetti, Faulkner...

-Esas son personas a las que leo con mucho gusto y han sido maestros míos. Como Onetti, como Juan Rulfo, con el que estuve en varias ocasiones. Una vez le preguntaron si tenía algún trabajo entre manos, y él decía que no tenía tiempo, que estaba dedicado a la antropología cultural y que salía por los paisajes del país a realizar trabajos de campo. Y que no tenía tiempo de inventarse historias literarias. También solía decir que se había muerto su tío Macario, el vendedor de ataúdes, y que era él quien le daba las historias. “Desde su muerte, me he quedado en blanco”, dijo.

-¿Cuál ha sido el escritor que más le ha impresionado?

-Personalmente yo creo que Pablo Neruda. No tampoco. García Márquez, lo conocí cuando no era famoso en Colombia. No lo sé. Mantuve correspondencia con Cernuda, ocho cartas, vinculadas algunas de ellas a cuando yo trabajaba de subdirector de “Papeles de Son Armadáns”. Como personas no podría decir, no puedo hablar de escritores que me hayan dejado una impresión memorable, su obra sí.

-¿Su escritor preferido?

-Son muchos. Cervantes es un personaje que me fascina, las zonas nebulosas de su vida. Escribí un libro que se llama “Sevilla en tiempos de Cervantes”, seguí el rastro por Sevilla: aquella vida oscura de jugador, los líos familiares, la hermana de Cervantes era puta y él, según dicen, maricón, pues bendito sea Dios si escribió el Quijote.

-Le he leído lo siguiente: “Me puedo volver loco con la búsqueda de la palabra exacta”

-Sí. No sé si dije eso. En cualquier caso, corregiría la frase y diría: puedo perder la salud buscando un adjetivo. Y eso me pasa sobre todo con la poesía. Yo la poesía la hago de memoria, mientras paseo, en los momentos incluso más inoportunos, y voy elaborando el poema, si no es largo. Lo hago con la memoria, y entonces la búsqueda de ese adjetivo que yo considero que ya no se puede sustituir por ningún otro, eso me puede enloquecer, me puede quitar el sueño. Cuando me acuesto y empiezo a pensar en esa palabra... Supongo que esto para muchos escritores les parecerá una exageración y una estupidez porque hoy nadie piensa mucho en las palabras, si no que piensa en las historias. Hay escritores muy famosos ahora; leí el otro día a un escritor muy famoso que decía: “La preocupación por el lenguaje es una excusa de los que no tienen nada que contar”.

-Lo diría Arturo Pérez-Reverte, casi seguro.

-Pues sí. Y decía una cosa mucho más insultante: “Me importa una mierda el lenguaje. Eso lo dicen los que no saben qué contar o no tienen historias”.

-Acaba de hablar de la pérdida de salud. Usted ha dicho que la inspiración no existe, que es tener buena salud.

-Sí. Tener buena salud y el estado de ánimo propicio, eso es lo que es la inspiración o el estímulo previo para poder escribir sin aburrirte. Para un es escritor es muy importante no aburrirse. Cuando te aburres tienes que dejarlo. Sé que no me va a salir bien, que me va a salir una cosa artificial. Sólo escribo cuando me siento exaltado, y releo lo que estoy escribiendo.

-¿La Academia? Le han hecho varios feos.

-Una vez me retiré yo. Iba a competir con Antonio Muñoz Molina, que es amigo al que aprecio y admiro su obra, no quería competir con él. Y las otras dos veces son de esas cosas que pasan. Es un episodio superado que no volverá a repetirse porque ya he tenido alguna insinuación para que me vuelva a presentar con todas las seguridades previas que se puedan tener. He soslayado la invitación para siempre. No quiero saber nada de ese asunto. Lo único que saqué claro de aquel episodio es que un académico hizo propaganda en contra y dijo que yo era un “rojo y libertino”. Y entonces le contesté: “Hombre, lo que me desagradaría de verdad es haber dejado de serlo”.

-¿Tiene usted constancia de que fue una gran maniobra de Cela?

-Sí, claro, pero ahí hubo dos o tres que hicieron una campaña en contra. La Academia es una recompensa social y en ningún caso una meta literaria. La recompensa social no me la han dado, muchas gracias, ya me voy y no quiero saber nada de eso.

-A mí me llama la atención tanto como el poder de Cela, la falta de personalidad de los académicos en general.

-No salí por un voto. Lo más curioso es que Cela había publicado poco antes en “ABC” un artículo que se titulaba: “Umbral, Bonald, Arrabal”, y se preguntaba por qué no estábamos en la Academia y quería defenderlo a toda costa. Y que era una injusticia. Y que teníamos que estar allí ya. Luego ocurrió lo que ocurrió: ¡qué rara es la gente! Hay como una doblez en las cosas de la vida cotidiana que me dejan un poco sorprendido porque yo procuro ser consecuente con mis ideas y con lo que yo pienso. Y ser por una parte crítico, con mis amigos, en una crítica generalmente irónica, para limar asperezas, pero por otra parte soy fiel. Creo que soy fiel. En mis memorias hay mucha crítica de gente que he conocido.

-Ese elogio a la cultura del placer, del vino, del fumar, de alcohol. ¿Por qué le ha gustado tanto eso?

-He sido muy hedonista. Pienso que esos placeres que te alegran la vida, que te hacen muy soportable las desdichas y atropellos de la historia contemporánea, yo soy un bebedor, me gusta beber, pero también por razones de desobediencia, de irritar a los bienpensantes. Y en ese sentido he buscado placeres de éstos, pequeños placeres, que te puede ofrecer la vida cotidiana, enfrentado a un mundo hostil, a un mundo en guerra, en manos de un ignorante como el señor Bush, peligroso ignorante, fanático del eje del mal. Todo eso me produce escalofrío y procuro, aparte de tomar partido, contrarrestar los malos efectos de todo eso con los buenos efectos del hedonismo.

-¿Debemos deducir que también escribe contra las ofensas de la vida?

-Sí. Eso lo copié de Cesare Pavese. La literatura es una forma de defensa contra las ofensas de la vida. Eso lo he tenido muy presente. Mis poemas siempre tienen algo de última voluntad. Yo me defiendo de algo con lo que estoy en desacuerdo. Alguna vez dije que yo escribo en legítima defensa.

-¿Se siente un radical?

-Sí, me considero un radical. Ahora que acabo de hacer un libro de Espronceda y el romanticismo, me gusta lo que tenía de insumisión, de rebelión contra una sociedad retrógada, inmovilizada por el influjo de la tradición, del neoclasicismo en el caso de Espronceda. Oponerte a eso de una forma furiosa a veces. Eso me gusta a hacerlo.

 

EL ASUNTO CELA Y CHARO CONDE.

Podría haber sido navegante o capitán de barco. Tiene ese porte elegante y breve de un caballero del sur transido de nobleza y de nostalgia, aunque de inmediato se percibe su gallardía, su amor por la vida y el placer. Se sabe que va y viene de los viñedos a las marismas, del caballo en la serranía o al mar melodioso del sur, y en los miradores de la noche, recortado por la luna de los maletillas, podría ser el aparecido de un largo viaje: el señor que vuelve. Tiene una existencia tan bonita que ha escrito dos tomos de memorias: “Tiempo de guerras perdidas” y “La costumbre de vivir”, que también podría haberse titulado “La costumbre de escribir” o “El oficio de conversar”. Le oímos con entusiasmo, con devoción.

-Me incomoda bastante hablar de mi propia obra. Además un escritor sabe muy poco de su propia obra. Y puede aproximarse a lo que intentó hacer pero no al hecho literario consumado. Y a veces me produce cierta sensación de impudicia.

-Me ha sorprendido en tus memorias el tratamiento del famoso tema de Charo Conde.

-Yo tenía que contarlo, aunque no quería de ninguna manera entrar en ese asunto porque es muy peliagudo y por mi parte puedo pecar de impúdico o de desvergonzado o de irreflexivo, pero tenía que contarlo porque eso se sabía. No podía soslayarlo. Pero por otra parte yo sólo quería apuntar veladamente lo que había ocurrido y eso es lo que intenté hacer incluso usando una retórica bastante nebulosa porque lo hice adrede, pero sin necesidad de eludirlo también...

-No sé si usted ha llegado a leer el libro de Umbral sobre Cela.

-He leído comentarios.

-Umbral alude en varias ocasiones al engaño, a la infidelidad de que fue objeto por parte de su mujer...

-La infidelidad de su mujer tampoco es verdad. Fue conmigo y punto. Porque parece que Umbral hablaba de que Charo como una mujer descocada, de que más o menos tenía aventuras consecutivas, y eso no es cierto. Yo no he leído el libro. Y siento una gran extrañeza ante un texto como ese que me han dicho que es injurioso contra Cela y eso me sorprende porque yo creía que Umbral, aparte de amigo, era un discípulo, aventajado, de Cela y que Umbral siempre había defendido a quien le dio el premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias.

-A lo mejor arriesgo un juicio injusto, pero a mí me parece que Umbral es un hombre sin amigos y es muy calculador.

-Hace columnas magníficas, aunque luego las novelas son otra cosa. Algunos son columnas ejemplares.

-Quizá se haya planteado: si yo hago un libro de elogios, no tiene ningún interés, ni se habla de él ni se vende.

-Ese cálculo es muy posible que lo haya hecho Umbral, que es persona ambiciosa y necesitada de que su nombre esté en la cumbre de la fama y de los dimes y diretes literarios. Antes de publicar el libro, antes de morir Cela, hizo una columna muy elogiosa en torno a Marina Castaño y aquí la pone a parir.

 

ILDEFONSO-M. GIL: CITA EN LA IFC

ILDEFONSO-M. GIL: CITA EN LA IFC

 

SOBRE UNA GENERACIÓN DE ESCRITORES (1939-1960)

EN EL CENTENARIO DE ILDEFONSO-MANUEL GIL

Coordinación de Manuel Hernández.

Institución Fernando el Católico, Plaza de España, 2. Jueves y viernes, 29 y 30

 

EL centenario del escritor Ildefonso Ma­nuel Gil (Paniza, 1912-Zaragoza, 2003) concierne de modo muy particular a la Institución «Fernando el Católico». Estuvo presen­te en sus inicios, cuando buscaba con muchas difi­cultades espacios donde escribir y trabajar, y volvió a hacerlo –entonces a título de director– cuando a comienzos de los ochenta era urgente la refunda­ción de la Institución, empeño que resolvió con tanta autoridad moral como tacto cordial.

A su fallecimiento, las cátedras filológicas dedi­caron a su memoria un curso que repasó lo sustan­cial de su legado literario. Ahora ha parecido opor­tuno centrarse en el momento de su vida y la de su país que determinaron el sentido de su ejecutoria: los años que van de 1936 a 1960. Como todos los marbetes generacionales, el de «generación de 1936» evoca un clima, más que una nómina cerra­da, y plasma un vago deseo de sus eventuales miembros, mucho más que un programa literario. Por eso, las intervenciones previstas en este curso revisarán la significativa gestación de ese rótulo y las coincidencias personales y temáticas que lo fra­guaron, con el fondo de una España convaleciente –y en estado de excepción– que tardó tanto en aceptar las evidencias del pasado que formarían parte de su futuro

José-Carlos Mainer

 

Director de la Cátedra «Benjamín Jarnés»

 

 

P R O G R A M A

JUEVES, 29 DE NOVIEMBRE

18:30 h.

INAUGURACIÓN

Con las intervenciones de Carlos Forcadell Ál­varez, director de la Institución «Fernando el Católico», y Manuel Hernández Martínez, coordinador del ciclo.

CONFERENCIAS

José-Carlos Mainer: «La herida de la guerra civil en las primeras poéticas de postguerra».

Jordi Amat: «Un relato colectivo para una recon­ciliación intelectual: la generación de 1936».

 

VIERNES, 30 DE NOVIEMBRE

18:00 h.

CONFERENCIAS

Santos Sanz Villanueva: «Narrativa de los venci­dos (a propósito de La moneda en el suelo)».

Domingo Ródenas de Moya: «Perdurar en la derrota: los escritores republicanos hacia 1950».

MESA REDONDA

Con las intervenciones de Manuel Hernández Martínez (moderador); María Antonia Martín Zorraquino (I. M. Gil en la vida universitaria española y americana); Guillermo Fatás (I. M. Gil y la Institución «Fernando el Católico»); y, María-Dolores Albiac Blanco (I. M. Gil y los estudios sobre Mor de Fuentes y Jarnés).

 

*Tres fotos de Ildefonso: una con Pilar Carasol, tan bella, su esposa; un retrato de Antonio Mingote de 1942 y otro de José Luis Cano, Cano.