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Antón Castro

Escritores

'CIEN MIL MILLONES DE POETAS': DEMIPAGE RECUERDA A QUENEAU

'CIEN MIL MILLONES DE POETAS': DEMIPAGE RECUERDA A QUENEAU

Cien mil millones de poemas


En 1961 salió a la luz un libro mítico, Cien mil millones de poemas, de la mano de Raymond Queneau. Este libro, insignia del Oulipo (abreviatura de lo que en castellano sería «taller de literatura potencial») propone 10 sonetos cuyos versos son combinables y riman entre sí, dándose así hasta 100.000 millones de combinaciones posibles.
En su cincuenta aniversario, 10 autores y poetas de la élite de nuestra literatura homenajean a Raymond Queneau creando cada uno un soneto para dar lugar a este mismo número de combinaciones y a este objeto «imposible» que es ya una joya de la literatura contemporánea.



De este modo:

Jordi Doce
Marta Agudo
Fernando Aramburu
Rafael Reig
Pilar Adón
Julieta Valero
Javier Azpeitia
Santiago Auserón
Francisco Javier Irazoki
Vicente Molina Foix



los encargados de firmar este libro, recrean el juego oulipiano en nuestra propia lengua. 10 firmas de lujo absolutamente volcadas en este proyecto que homenajea también a una de sus influencias de creación, ya que todos se confiesan grandes admiradores de Raymond Queneau.
Cien mil millones de poemas, un objeto único, en su 50 aniversario, ideal como elemento de referencia de bibliotecarios, libreros, amantes de la poesía y del diseño de los libros bien confeccionados. Esta lujosa edición, ya en su formato de proyecto, ha sido alabada por libreros y amantes del libro en general, por los propios participantes y por un gran número de autores de primer orden que se han quedado sin poder participar debido a las restricciones del formato.


Un homenaje, realizado por autores entre los que se encuentran premios nacionales de poesía, de traducción, aclamados críticos y narradores, que ha contado además con la participación de los mejores artesanos del mundo del libro en nuestro país para garantizar un troquelado y una encuadernación acordes con el nivel de exigencia del proyecto, dando pie de este modo a una participación total de todos los sectores de la industria del libro para esta mimada edición.

 

FALLECE EN CHILE PILAR DONOSO

[Pilar Donoso, hija de María Pilar Serrano e hijastra de José Donoso, acaba de suicidarse en Chile. Hoy le dedica un estupendo artículo en ‘El País’ el crítico literario argentino J. Ernesto Ayala Dip. Hace algún tiempo yo publiqué esta nota sobre ‘Correr un tupido velo’ en Heraldo de Aragón. Lo recupero hoy. Como recordaréis algunos, hace poco le dedicábamos en ‘Borradores’ un monográfico a la creación cultural del Matarraña.]

 

 

Calaceite, el paraíso hostil de Donoso

 

Donoso, en el mar de viñas

y olivares de Calaceite

 

Los años “duros y solitarios’

de Donoso en Calaceite

 

Pilar, la hija del escritor, publicar ‘Correr el tupido velo’ (Alfaguara) que reconstruye la vida y la obra del autor de ‘Casa de campo’

 

La figura del escritor chileno José Donoso (1924-1996) está asociada a Calaceite, “un pueblo de dos mil habitantes (…) que es uno de los más bellos y no prostituidos de España”, tal como él lo definió. Allí, a principios de los años 70, aquel escritor errabundo adquirió una casa vieja por 600 dólares y logró disponer de un viejo sueño: plantó un jardín en lo que había sido un patio empedrado que le evocaban el mundo de su niñez y de su adolescencia. En Calaceite ensanchó el universo de su narrativa y trabajó intensamente en el gran edificio de voces y personajes de libros como ‘Casa de campo’ y ‘El obsceno pájaro de la noche’. Pilar Donoso, hija adoptiva del escritor y de su esposa María Pilar, lo cuenta en un libro fascinante, que acaba de presentarse en Madrid: ‘Correr el tupido velo’ (Alfaguara), suspenso en tres pilares: sus propios recuerdos, los diarios inéditos del escritor, redactados entre 1959 y 1994, y los diarios de su madre. José Donoso -en este volumen de rabioso amor y de recuperación del padre y del escritor- resulta un personaje complejo y contradictorio, con una gran capacidad para la fabulación: egoísta, solitario y magnánimo a la vez, gran lector, una criatura poblada de fantasmas, obsesionado por la escritura, por la familia, por la enfermedad y por su presunta, y secreta, homosexualidad.

Pilar Donoso dedica un capítulo completo a la estancia en el pueblo turolense: ‘Calaceite, 1971-1974’. Define así la vivienda: “Era una casa bella, toda de piedra, con un living grande que tenía como originalidad dos chimeneas y el cielo de bovedilla catalana; troncos a la vista, cada medio metro, entre tronco y tronco, una pequeña bóveda de yeso y las paredes de piedra descubierta. En el tercer piso estaba la ‘solana’, granero típico de las casas de la región, con una vista incomparable hacia la sierra de los campos de olivos”. En ese lugar escribía José Donoso, mientras su hija asistía a la escuela y su mujer se aburría mortalmente, y traducía ‘La letra escarlata’ de Nathaniel Hawthorne.

Cuando llegaron a Calaceite, los Donoso se instalaron en la fonda Alcalá hasta que concluyeron las obras; iban a Barcelona a ver a los García Márquez y a los Vargas Llosa, pero también a Cortázar y a Carlos Fuentes. Cuando aparecían, Gabo gritaba: “¡Ya llegaron los primos de provincia!”. De vez en cuando, los hijos de García Márquez y de Vargas Llosa pasaban algunos fines de semana en el pueblo: los niños jugaban y soñaban y se contaban cuentos mientras los padres hablaban de literatura y de Latinoamérica. Calaceite también es definido así por Pilar Donoso: “pueblo de piedra, teja y campanario. Una isla entre un mar de viñas y olivares”.

Tras el primer año de estancia, la madre se desesperaba en aquellas soledades y empezó a complicarse la relación con el escritor. Pilar Donoso dice que se sentía “frustrada y recluida” y que solía escaparse a la ermita de San Hipólito “a llorar para desahogarse y para huir del encierro de la casa”. María Pilar Donoso también redactó unos interesantes diarios, donde revela: “Hace tiempo, años, que no tenemos relaciones sexuales, desde que el sexólogo que veíamos le dijo a Pepe que me dejara la iniciativa a mí. Pepe dice (…) que espera poder volver a tener una vida sexual conmigo, pero que por ahora es una parte de su ser que está dormida”. La hija afirma: “[Mi madre] necesita sentirse un ser valioso, objeto de amor y se vuelca cada vez más hacia los animales y el alcohol”. El recuerdo de aquellos años de Donoso tampoco es alentador: “Sin embargo, debo decir, con cierta amargura, fueron años muy solitarios y muy duros, ya que mi núcleo familiar era demasiado distinto a los del pueblo y era inútil ensayar posturas de campesinos”. Pilar Donoso le corrige: “Pienso en esta visión que mi padre da sobre Calaceite y la encuentro parcial, distorsionada (…) Fue una de las épocas más fructíferas para su creación literaria, produjo más novelas que nunca. Para mí, Calaceite es el único lugar que reconozco como propio desde una vida de trashumancia, siguiendo el peregrinaje de mi padre en busca de la tierra prometida, Chile”. En Calaceite recibió la noticia de la muerte de Pablo Neruda.

La casa de Calaceite pasó a ser el refugio español de los Donoso, pero cuando se casó la autora de ‘Correr el tupido velo’, “mi padre decidió venderla para regalarme el dinero. Hoy la habita Jane Alexander, que la ha mantenido como estaba desde el día que la dejamos por última vez”.  

 

CORTE

El cura joven, Buñuel y el desmayo

José Donoso llegó a Calaceite, atraído por las constantes preguntas sobre vocablos ‘chilenos’ que le hacía su traductor Didier Coste, que residía en el pueblo. Una de las amistades más importantes de ese tiempo, además de los autores del ‘Boom latinoamericano’ y de escritores catalanes, fue la de Luis Buñuel, que iba a verlo con sus hermanas Conchita o Margarita, con su hermano Leonardo o con su sobrino Pedro Christian García Buñuel. “Caminaba junto a mi padre por el pueblo y al atardecer se sentaban frente a la chimenea y de adentraban absortos en largas conversaciones”. La primera vez que fue al pueblo, Buñuel preguntó a Donoso por el cura, y éste le dijo, con picardía: “Una lata: joven, moderno, viste ternos claros y hasta camisas deportivas; va a la plaza a conversar por las tardes, al bar con sus amigos… Una verdadera lata”. Los Donoso también iban a la quinta familiar de los Buñuel en Calanda y asistieron a la ceremonia de la Semana Santa. Dice Pilar Donoso: “Mi padre, agobiado con ese ruido ensordecedor, empezó a inquietarse al punto que se desmayó. Su cara estaba desfigurada, con espuma que salía por su boca, en una especie de ataque epiléptico que aterró a todos”. Buñuel intentó llevar al cine ‘El lugar sin límites’ y luego ‘El obsceno pájaro de la noche’. No lo logró, pero “como siempre como amigo en su vida”.

 

FICHA:

Correr el tupido velo. Pilar Donoso. Alfaguara. Madrid, 2010. 444 páginas.

 

 

ANTONIO GAMONEDA CON LOS POETAS ARAGONESES HOY EN EL PABLO GARGALLO

[El verano de 2008, Antonio Gamoneda vino a la Expo: aproveché para conversar con él en el Hotel Palafox. Hoy, organizado por la Universidad San Jorge y Nacho Escuín como catalizador, Gamoneda es objeto de un gran homenaje en el Museo Pablo Gargallo: Ramón Javier Jarné conversará con él y luego habrá un recital donde diversos poetas aragoneses le dedicarán un poema. Cuelgo aquí la entrevista, le había entrevistado en 1989 en Casa Emilio, porque es un escritor muy interesante siempre.]

 

Entrevista. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es uno de los grandes poetas españoles del último cuarto de siglo. Autor de libros como “Blues castellano”, “Descripción de la mentira,” o “Libro del frío”, su obra tiene algo de mística de la materia y de alegoría sobre el drama de la vida y el placer de la búsqueda. Recibió el premio Cervantes en 2006.

 

“Soy un proletario que escribe poemas”

 

“El poeta es impúdico y debe serlo”

 

“La poesía puede ser una liberación

satisfactoria y una forma de placer”

 

 

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha estado hace unos días en Zaragoza, invitado por el Pabellón de España. En la Tribuna del Agua leyó un conmovedor, “Ha de llover”, una pieza épica sobre el silencio, el olvido, la represión y la necesidad de defender la memoria histórica. Antonio Gamoneda cosechó el premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en 2006.

Usted aprendió a leer en un libro de poemas, “Otra más alta vida”, que firmaba Antonio Gamoneda, su propio padre.

Este libro es significativo de otra cosa: es significativo, precisamente, de que en aquellos meses yo, con los cinco años cumplidos, quería aprender a leer y no se podía porque el ejército se había sublevado contra la II República y estábamos ya plenamente en la Guerra Civil. Las escuelas no se abrían así como así. Hubo una muy fuerte expulsión de maestros. Entonces, este libro, datado en 1917, que podía tener la entidad significativa, incluso afortunada y hermosa de que yo aprendiese a leer con un libro de poemas de mi padre, lleva consigo la otra significación: el contexto histórico era bastante duro; sino no hubiera aprendido a leer con este libro, que era el único que teníamos en casa, aunque mi padre en su biblioteca perdida tenía ejemplares dedicados por Valle –Inclán, Unamuno, Azorín...

¿Conoció a su padre, periodista y poeta modernista?

Yo creo que no tenía un año cumplido cuando se murió en 1932 y mi madre me contaba que yo los reconocía, pero eso no quiere decir que a esa edad eso pueda generar memoria. Mi padre era periodista, y director y administrador de un diario. Lo que me contaba mi madre de él estaba rodeado por el amor que le conservó incluso cuando ella estaba ya en plena senilidad. Emigramos a León por el asma de mi madre.

Pero, ¿su padre era como un fantasma para usted?

No, un fantasma, no. Pero, por una especie de paradoja expresiva, era una ausencia que estaba constantemente presente. Mi padre había muerto, pero ese ausente que era mi padre, la misma actitud hacia mí de mi madre, creaba una presencia constante, lo que podríamos llamar presencia de la ausencia.

El hecho de que el libro se llame “Otra más alta vida”, ¿puede entenderse como una definición de la poesía?

Yo pienso que este título hay que leerlo en términos dialécticos. Hay que leer no su contrario pero sí la referencia oculta pero real del título. Si hay una aspiración a otra más alta vida, se trata y sucede porque hay un disgusto, una disconformidad con la vida que se tiene para todos los días y para todos los seres humanos sobre la Tierra.

¿Cómo evolucionaba ese joven que desarrollaba su educación sentimental paralelamente a la del poeta autodidacta?

Esto nos llevaría a una síntesis biográfica un poco complicada. Permítame una pregunta: ¿por qué al día siguiente de cumplir catorce años yo estoy encendiendo a las cinco de la mañana con carbón la caldera del banco Mercantil? El pequeño patrimonio que pudiera tener mi madre en Asturias había desaparecido y teníamos unas circunstancias duras de vida, muy duras. Ahora respondo: yo estaba encendiendo aquella caldera a las cinco de la mañana porque había tenido que salir huyendo de un colegio religioso donde se practicaba la pedofilia con frecuencia y mal gusto. Desaparecí del colegio y le planteé a mi madre la alternativa de que yo quería trabajar; no tenía la edad, pero la tuve al cabo de unos pocos meses y se dio la circunstancia de que ése fue mi primer trabajo…

Un trabajo de recadero, de botones, de chico para todo, ¿no?

Sí, sí, pero con la particularidad de que yo tenía dos jornadas a los catorce años: una, de botones, de recadero, no muy propia de un chiquillo; pero luego tenía también la ya inexistente condición laboral de meritorio. Se trataba de hacer méritos para ir trascendiendo. Entonces era cuando empezaba mi segunda jornada y yo empezaba a las cinco de la mañana y terminaba a las ocho de la tarde, con un rato para comer. Esa experiencia no me ha dejado amargura. Creo que me ha dejado una comprensión de la vida que no hubiera tenido si yo hubiera sido hijo de un papá afortunado.

Su poesía inicial, por ejemplo “Blues castellano”, incluso “Descripción de la mentira”, sajados por la censura, comprende libros donde asume su lugar en el mundo, su clase social, y donde denuncia la represión, la violencia, el olvido ¿Está de acuerdo?

Seguramente es en esos pocos libros donde se hace más evidente todo eso, pero creo que no ha desaparecido de mi escritura el hecho de que yo sea, por decirlo así, con una palabra que ya no usa nadie, un proletario. Soy un proletario que se da la circunstancia de que escribe poemas. En todo caso, tengo que reconocer, me guste o no me guste, que mi materialismo es un tanto visionario. Y esa circunstancia preside gran parte de mi escritura porque mi escritura es constante y únicamente autobiográfica.

En sus libros siempre me ha impresionado esa idea pertinaz del frío, del invierno, del paisaje desolado, algo que se refleja en uno de sus poemarios más estremecedores que es el “Libro del frío”. El frío y la nieve, más que el agua, como emblema de la muerte.

Yo vivo en una localidad y en una provincia fría y, por tanto, como circunstancia, como componente del mundo sensible que me rodea, la nieve tiene una presencia fuerte en León; por tanto, no es extraño que si, como decía antes, mi escritura es fundamentalmente o quizá únicamente autobiográfica, ese contexto natural te viene dado también por la nieve. Y a la nieve le ocurre lo mismo que al agua (escribí por entonces uno de mis poemas más físicos, “Siento el agua”) porque a fin de cuentas es agua en estado sólido con unas virtudes visuales y de otros órdenes característicos. Y aparece la proyección simbólica de la nieve, el entendimiento de la nieve como el frío preambular de la muerte.

Otro detalle sorprendente, vinculado al paisaje: da la impresión de que su poesía nace del paseo, de la contemplación, casi de la “andadura”, como dice usted.

Esto es muy frecuente, por ejemplo, en Claudio Rodríguez, creo que escribió prácticamente su obra andando, y yo, también. La andadura, y hasta podría decir por qué, es la creación de una circunstancia en la cual tu pensamiento puede dar ese pensamiento poético. Lo que pasa es que ahora tengo problemas de osamenta que no me dejan andar todo lo que quisiera y tengo que aprender a andar más bien sentado. Es muy importante sobre todo para el poeta porque el paso crea una rítmica. La rítmica del paso se incorpora a la sensibilidad del poeta y de alguna manera termina estando presente en la escritura también.

¿En qué medida la poesía ha sido para usted adivinación, presagio?

Paul Valéry decía que el primer verso nos lo regalan los dioses. Es una manera irónica e inteligente de decir que el primer verso, y seguramente todos los que le siguen, es ajeno a cualquier proyecto, a la premeditación, a un diseño. El primer verso, y la poesía, es una especie de aparición. Aparece en ti. El pensamiento no es otra cosa que lenguaje, lenguaje íntimo, lenguaje interior. De repente en tu pensamiento aparecen palabras que están dotadas de una rítmica, es muy posible que sea ya la iniciación del poema.

Dice que su poesía es autobiográfica. ¿Se siente impúdico cuando hace poemas?

Si mi escritura no es una emanación de mi vida, no me interesa. Y si es una emanación de la vida tiene que serlo hasta el punto de no encubrir, no ocultar. Por naturaleza y casi por obligación, el poeta es impúdico y debe ser impúdico. La principal utilidad de la poesía consiste en que puede convertirse en una liberación satisfactoria, en una forma de placer. De esto mismo hablan Giaccomo Leopardi y otros poetas grandes.

¡Quién lo diría: Gamoneda aboga por el placer! Parece usted siempre tan serio, tan grave, tan taciturno.

No se crea. Recibo bastantes cartas de gente joven y hasta muy joven que me dicen que mi escritura les ha proporcionado una, no dicen una satisfacción, dicen algo así como una iluminación, una conformidad con la vida finalmente, y yo no sé qué. La poesía no necesita explicaciones, incluso no le convienen. El poema en sus contenidos más o menos comprensibles puede estar cargado de amargura, pero finalmente se configura como una pieza cuya lectura proporciona placer. Un poema desolador es el de Jorge Manrique, “Coplas a la muerte de su padre”; cuando lo lees, lo haces buscando algún tipo de placer. Esto no es exclusivo de la poesía.

La primera recopilación de su lírica, en el año 88, en el volumen “Edad” pareció concentrar el foco nacional en su escritura. Pasaba de ser un poeta de provincia…

Alto, alto. Era y sigo siendo un poeta de provincia y a mucha honra. Mi hábito y mi manera de ser consiste en ser un provinciano, y el mejor poeta de mi barrio.

Desde la publicación de “Edad”, la antología de una revelación, por decirlo así, han pasado muchas cosas. Publicó el “Libro de los venenos”…

Sí, sí, claro. Estudié el “Dioscórides” y la obra de Andrés Laguna, que era un escritor excepcional. Una maravilla.

… publicó “Arden las pérdidas” y ha ganado el Premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en el año 2006. ¿Cómo lo ha vivido?

Sin duda, los premios me han proporcionado satisfacción, si no me la proporcionasen los hubiera rechazado. Me han producido satisfacción, agradecimiento, pero simultáneamente la conciencia de que el día que me daban ese premio mi poesía no era mejor que el día anterior. He tenido que pagar una pequeña factura que consiste en que llevo año y medio sin casi escribir porque viajo constantemente y estoy muy fatigado, pero no todo va a ser bueno y además gratis. Vengo a la Expo encantado: me siento un poeta del agua, en el agua y con el agua, por decirlo de algún modo. Con los galardones, hay que pagar la factura. Y lo hago con mucho gusto.

JORGE RODRÍGUEZ GASCÓN RECUERDA A SU AMIGUITO-AMIGUETE FÉLIX

[Mi hijo Jorge es impredecible. Esta mañana me dice que ha escrito un texto sobre Félix Romeo, con quien discutía a menudo de fútbol y a la vez compartían muchas cosas, como se ve en este texto. Publico aquí el texto por los dos, por si puede leer desde el más allá y por ver otro acercamiento desde alguien más joven... Jorge se quedó a ver el martes por la noche el monográfico que le dedicó ‘Borradores’ y lo hizo con un interés y una pasión que no le había visto nunca, en ninguno de los más de los 260 programas anteriores.]

 

RECUERDO DE FÉLIX

 

Por Jorge RODRÍGUEZ GASCÓN

 

Félix era mucho más que un amigo de mi padre y de mi familia. Era el gran referente de mis hermanos mayores, y de mucha más gente; el más brillante, el consejero de todos. Además también era una magnifica persona, bajo ese aspecto rudo, escondía cariño a raudales y sobretodo, unas ganas locas de vivir.

La tragedia de su muerte me ha pillado muy de cerca, murió en el piso de mi hermana un trágico viernes mientras celebraban los 10 años de la revista Letras Libres en la que él y mi hermano Daniel participaban. Además hacía tan solo dos semanas habíamos compartido una magnifica paella y les enseñó a mi madre y a mi abuela una receta para hacer pulpo. El resultado estuvo a la altura de la paella, algo que mi abuela le pudo agradecer a Félix.

Curiosamente, la noticia de su muerte me la dio mi abuela (a la que él solía alabar por la buena costumbre que tiene de conservarse y ser atenta) al principio no me lo creía, luego, una vez asimilando, no me lo quise creer. Me puse en la piel de mi hermana, de Barreiros, quién lo encontró, y sobre todo; de Lina, su fiel compañera, y de sus padres. No quiero ni imaginar el dolor que estarán pasando.

Pero lo que quiero recordar de Félix es lo que era y los recuerdos imborrables que tengo de él. Ese hombre que te saludaba siempre con una palmada cariñosa y un “¿Qué tal amiguito?” (amiguete en su defecto). Sus golosinas, las que traía a todos lados. No quiero olvidar la forma en la que se divertía de un modo inocente y tierno en la piscina de mi casa, o en la de Miralbueno cuando vivíamos en Perera Larrosa y como me llevaba a hombros subiendo las cuestas de la Iglesuela del Cid (creo que hay fotos de ello). Era el mejor de los invitados en nuestras comidas, el sexto hijo en las cenas en el “Pasta Nostra Pizza Nostra”, me contagió su afición por los  helados italianos (siempre he sido muy propenso a las adicciones); cuantas veces me habrá invitado a un cucurucho de fresa o frambuesa desde que era niño…

No quiero olvidar tampoco el modo en que me chocaba antes de jugar un partido, y su expreso deseo en que lo hiciera bien. Solía dar resultado. A mi memoria vienen partidos en los que su presencia me alentó a jugar mejor. Estando Félix; en el Salvador cuando era alevín del Garrapinillos marque un hat-trick. Cuando jugaba en San Gregorio marqué mi primer gol del año y forcé un penalti. Y en San Mateo el año pasado, sus ánimos nos sirvieron para remontar y salvar el descenso. Además siempre preguntaba por el Garrapinillos. No sólo desde que mi padre es entrenador. Solía decir, más a menudo en boca de mi padre, que su segundo equipo era el Garrapinillos, después del Zaragoza de sus amores.

Me solía reprochar que fuera seguidor del Barça siendo aragonés. Y solía picarme de un modo cariñoso cuando el Zaragoza le ganaba al Barça en la Romareda. Una de sus frases míticas me la dijo en casa Emilio, una de las primeras veces que trasnoché, “Ezquerdinha es mejor que Rivaldo”, lo gracioso del caso es que lo decía de tal forma que yo entendí que lo creía realmente, hasta que tuvo que revelar a mi mente aún niña y poco dada a las ironías que era una broma. Era un gran creador de chistes y parodias de canciones y su risa, alta, grave y contagiosa es otro de los recuerdos que pretendo inmortalizar en esas líneas.

 

A modo de consuelo, dos o tres semanas después de su muerte, pude dedicarle un gol a Félix. Fue en nuestro campo, en el San Lorenzo. Su cara me vino a la mente y alcé los brazos.

Tengo la sensación de que no puedo trasmitir en palabras todo lo que la tragedia de su muerte significa. Y es que Félix tenía la extraña cualidad de hacer sentir especial a todos los que le rodeaban, señal inequívoca de que quién siempre fue especial fue él.  

A los hijos de sus amigos, como yo, a los jóvenes emprendedores, a los de su quinta consagrados y a los que no, a los mayores reconocidos y también a los olvidados. Fue el mejor amigo de sus amigos y el que menos importancia le dio a los enemigos, aunque dudo que los tuviera.

 Pudieron sentirse afortunados durante 43 años de Félix Romeo del mismo modo en que ahora nos sentimos desgraciados por su muerte. Su recuerdo, nuestro único consuelo.

 

 

*Retrato de Félix del diario ¡ABC’: tal como era.

FÉLIX ROMEO Y LA HARINERA

[Javier Aguirre, experto en la obra de José Antonio Labordeta y gran amigo de Félix Romeo, reside desde hace algunos meses en Cork, con su compañera Mar Herrero. Ella, durante los años de gestión municipal en el grupo Chunta Aragonesista, tuvo una relación intensa y muy concreta con Félix Romeo, que suministraba proyectos sin parar. Amaba Zaragoza con locura y amaba a sus ciudadanos. Mar Herrero, a través de Javier, me envía este texto que recuerda uno de los proyectos más amados por Félix: convertir La Harinera en una residencia de artistas, en un proyecto para creadores. Yo jamás he conocido a nadie que amase tanto la ciudad, su historia y sus creadores, y tan desinteresadamente.]

 

 

 

FÉLIX ROMEO Y EL PROYECTO DE LA HARINERA

Mar HERRERO

 

Tras la tristísima noticia del fallecimiento de Félix, he recordado el periodo en el que, entre los años 2003 y 2007, colaboró con la concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza. Con la ayuda del recién aprobado Plan Joven, nos propusimos el objetivo de crear espacios donde los jóvenes escritores, músicos y artistas de nuestra ciudad pudieran dar cauce a su actividad creativa, así como convertir a Zaragoza en una ciudad de referencia para los jóvenes de otros lugares. Desde la concejalía pudimos sacar adelante becas dirigidas a los creadores jóvenes. La presencia de Félix fue de gran ayuda, pues poseía una vastísima cultura que abarcaba numerosos campos. Félix daba una gran importancia a estas ayudas, por considerar que las becas podían representar al punto de arranque en el trabajo de nuestros jóvenes creadores. Todos aquellos que disfrutaron de una de aquellas becas han de saber que la tenacidad e ilusión con la que Félix abordó el proyecto hizo que ni los limitados medios de que disponíamos ni las trabas burocráticas con que a menudo nos encontrábamos nos echaran para atrás. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso que abordamos para la ciudad fue la creación de un espacio físico donde, a modo de residencia, los jóvenes pudieran trabajar, exponer sus obras, intercambiar opiniones y generar debates.

Queríamos convertir Zaragoza en un lugar de referencia en el que pudieran convivir nuestros jóvenes creadores con otros que, atraídos por lo que Zaragoza pudiera ofrecerles, dispusieran de un lugar privilegiado para disfrutar de una estancia, y generar de ese modo una sinergia de creación y vivencias que no sólo se transmitiera a la gente joven, sino a toda la ciudad, a todos los zaragozanos. Se trataba de un proyecto ciertamente ambicioso. Félix pensaba en el Manchester de los primeros 80’, magistralmente retratados en 24 Hours party people, la película de Winterbottom a la que haría referencia en más de una ocasión. Félix tenía en su mente el Berlín de la caída del muro, la Barcelona post-olímpica y su siempre recordada Residencia de Estudiantes de Madrid, lugares donde fijaba su mirada como modelos para nuestra ciudad.

Queríamos una Zaragoza culturalmente abierta, dinámica y cosmopolita. Era un placer visitar con él los espacios recuperados para nuestra ciudad, como el Palacio de Fuenclara o la Harinera de San José, y oírle comentar todas las posibilidades que esos lugares albergaban. Sin duda alguna, el proyecto que más tiempo y trabajo nos llevó fue el de la Harinera de San José. Este edificio industrial, que el Ayuntamiento salvó del derribo y conseguió rehabilitar, lo planteamos como escenario de buena parte de nuestros proyectos. Su emplazamiento, estructura y amplitud eran los idóneos. Pusimos mucho tiempo y esfuerzo en ello. Sin embargo, las obras se desarrollaron muy lentamente y finalmente no conseguimos el compromiso municipal de financiación ni las aportaciones dinerarias externas. Lo intentamos.

Recuerdo las reuniones con los responsables de una importante caja aragonesa, en las que Félix se esforzaba por transmitirles todo su entusiasmo por el proyecto. Hoy la Harinera de San José está felizmente rehabilitada, pero cerrada y en espera de un destino definitivo. En algún archivo de alguna dependencia municipal se guarda un gran proyecto para el edificio y para la ciudad. En él se reflejan los sueños de Félix. También los míos. Hay que añadir que, generoso como era, nunca quiso cobrar por su trabajo. Ante la evidencia de que el proyecto no se asumía y de que finalmente no se iba a materializar, no quiso aceptar el dinero que desde el Ayuntamiento quisimos pagarle por su asesoramiento. Así era Félix. Deseo que algún día sus sueños se vean cumplidos. Y deseo que nuestra ciudad reconozca a Félix como figura fundamental en ese gran proyecto de construir una Zaragoza abierta, dinámica, joven, culta y cosmopolita.

 

 

 

 

PEDRO BOSQUED: CUENTO DE CIRCO

Pedro Bosqued, escritor, farmacéutico y apasionado del Real Zaragoza, acaba de ser finalista del concurso FAES Farma con este texto ‘El circo de los mejillones’. Me lo envía gentilmente y aquí está para los lectores y visitantes del blog.

 

 

 

EL CIRCO DE LOS MEJILLONES

 

Por Pedro BOSQUED 

 

 

    La segunda tarde consecutiva en la que no fue al circo tiró las entradas a la papelera. No estaba segura de que le gustasen los leopardos, ni sabía con qué saciaban su sed. La primera tarde que no fue al circo estuvo en un tris de coger las entradas del cajón, pero al abrirlo y ver la caja de Bondenza, recordó que aún no había tomada la pastilla. Se imaginó cómo tragaban los leones, sonrío y dejó a los leopardos para el día siguiente.

 

   La tarde siguiente, su nieta se había comido una fuente bien honda de mejillones hervidos al vapor como si nada, solo cuando quedaba uno le preguntó a su abuela si a los leopardos les gustaban los mejillones. Antes de traer el postre, la abuela le contó que no lo sabía, que podía ser que comieran de todo, pero que como no se recomienda comer mejillones cebra era probable que los leopardos prefiriesen no comerlos.

    La nieta se imaginó un parque inmenso con un paseo en sombra en  el que los leopardos y los mejillones cebra se cruzaban miradas intencionadas con la excusa de tirar las entradas para ir al museo en la papelera. Preferían pasear un rato más por el parque que ir al museo de cera a ver domadores de cartón piedra con sombrero alto. Aunque el domador fuese todo de negro, a los mejillones cebra lo que les chiflaba eran las manchas amarillas de los leopardos.

 

  La abuela le preguntó a la nieta si le apetecía echarse una pequeña siesta. La nieta le dijo que mejor pintaría un poco. No quería que se le olvidaran el parque y sus paseantes. Le deseó a su abuela sueños de todos los colores y, cuando se subió a acostar, la nieta cogió una lámina A4 blanca sin marco y empezó a dibujar árboles descendentes, después un camino ascendente y una montaña a la inversa, como si fuera una papelera con forma de embudo llena de colores. Cuando dibujó a los leopardos paseando por el camino estuvo a punto de tirar la lámina a la papelera, pero al no verla a primera vista volvió al dibujo. Empezó a pintar mejillones como si fueran gotas de lluvia negra y los leopardos abrieron la boca para calmar su sed. A los tres minutos la lámina A4 estaba llena de gotas negras con forma de mejillón cebra, antes de que pasaran cinco la lámina estaba a punto de empaparse. La nieta encendió la lámpara y puso el dibujo junto a la bombilla. Cuando la lámina estaba casi seca, vio que el dibujo ya no era el mismo. Los árboles habían crecido en sentido ascendente y la montaña había perdido todos los colores menos el amarillo y el negro. Pero lo que se quedó mirando fijamente fue el camino.  Subía y bajaba como un tobogán a lo largo de la lámina, pero no quedaba ni rastro de los leopardos una vez saciada su sed. La niña se preguntó si se habrían evaporado al ponerlos al calor de la bombilla. 

 

   Cuando bajó la abuela de la siesta, le preguntó si quería ir esa tarde al circo. La nieta le dijo que mejor que no, que prefería seguir dibujando. Entonces la abuela cogió las entradas para el circo y las echó a la papelera. Sobre la lámina A4 sin leopardos. Preguntó a su nieta si podía apagar la luz y antes de que respondiese, la abuela le dio al botón de la lámpara negra. La nieta esperó a que estuviese su abuela en la cocina. Se acercó a la lámpara y vio, pegado como un imán, un diminuto mejillón cebra negro a punto de secarse del todo. Se lo metió en el bolsillo amarillo del chándal negro justo antes de que volviese su abuela para preguntarle qué quería para merendar. 

—Nada, abuela. He comido muchos mejillones; bueno, sí, ¿me puedes traer un vaso pequeño de agua?

De los que caben en cualquier papelera.

*Todas las fotos son de Mary Ellen Mark.

'ESPECIAL FÉLIX ROMEO': ESTA MEDIANOCHE EN 'BORRADORES'

‘ESPECIAL FÉLIX ROMEO’ EN ‘BORRADORES’

El escritor Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid 2011) es objeto de un monográfico del programa ‘Borradores’, en el que se repasa su trayectoria, su producción literaria, su pasión por Zaragoza, por el mundo y por el conocimiento, su curiosidad infinita y esa vocación indesmayable de hacer felices a los demás.

El programa analiza las distintas facetas de Félix Romeo mediante testimonios y reportajes de escritores, músicos, diseñadores, bibliófilos o libreros que han estado muy cerca de él. Acuden al plató dos de sus mejores amigos: Ismael Grasa, escritor y profesor de filosofía, y Daniel Gascón, escritor y traductor, que analizan diversos aspectos de Félix Romeo, como los autores que más le han interesado, su faceta intelectual, su condición de escritor intergeneracional, su inclinación a la polémica, su presencia en la prensa (en ‘Heraldo’, en Aragón Televisión, en ‘Letras Libres’, en RNE) la traducción o su pensamiento.

Se ofrecen distintos reportajes y entrevistas: Julia Millán y José Fernández, de Librería Antígona, describen al escritor en uno de sus refugios favoritos –entre libros- y comentan las materias que le interesaban especialmente: la novela, la poesía, el cómic, el arte. La escritora Aloma Rodríguez recuerda su apoyo a los autores jóvenes y evoca la última noche en Madrid. La diseñadora y fotógrafa Ana Bendicho recrea al Félix Romeo apasionado por los viajes, el diseño, el arte y la amistad. Octavio Gómez Milián glosa su pasión por la música y por grupos muy diferentes, desde Franco Battiato a Bunbury y Amaral, entre otros muchos. José Luis Melero se traslada al Estadio de La Romareda y desde allí recuerda al Félix aficionado del Real Zaragoza y al hombre que frecuentaba los rastros. Y la librera y crítica literaria Eva Cosculluela, de Los Portadores de Sueños, evoca al lector desaforado y al crítico literario.

La actuación musical corre a cargo de un grupo que al autor aragonés le interesaba mucho: Louisiana. Luis Cebrián y Ana Muñoz interpretan dos temas. La caricatura que Luis Grañena le hizo para el volumen ‘Mercado Central’ (Xordica) de José Antonio Labordeta, es uno de los motivos gráficos de un programa en el que se oyen los testimonios del escritor y se ven muchas fotos e imágenes.

‘Borradores’ de Aragón Televisión se emite a las 0.55 de esta noche. Esta foto es de Esther Casas.

TRES POEMAS DE ÁNGEL PETISME

TRES POEMAS DE ÁNGEL PETISME

TRES POEMAS DE ÁNGEL PETISME

 

De ‘La noche 351’ (Hiperión)

 

 

VELAS SOBRE EL TIGRIS

 

El día de Zacarías en Bagdad

encendemos velas y las colocamos

flotando sobre el Tigris,

pensamos un deseo.

No tenemos nada

salvo la guerra sobre nuestros hombros,

es cierto Ahmed, 

como abejas sin néctar.

Pero volverán días buenos,  

te casarás, tocarás la belleza,                   

y acunarás otra vida en tus brazos

con las promesas de la felicidad.      

 

Los puentes del río, las nubes

del Caspio que venían

untando el mar y recogían velas.

Había peces y amor en su profundidad,

era tan hermoso,

las mujeres arrojaban pescado a las gaviotas.

 

Y ahora este sudario de humo,                         

el insomnio de los escorpiones.

Ahmed, el mundo que da miedo acabará.

Los tanques, los disparos,

las hélices siempre allá arriba.

Sé lo que piensas:

Si no luchas por tus sueños

es que no los mereces.

 

Vendrán días mejores,

pase lo que pase, no pierdas tu inocencia, le digo.

¿Quién sabe si un día volverá a sonreír?

 

LA BOLSA

  

Esto haría llorar hasta a una piedra.

Aida preguntaba aquella noche

a todo el que veía por el barrio

por su hijo Luay.

Durante el día siguiente llamó a las casas

de sus vecinos por ver si alguien

le daba señales de su hijo querido.

Un niño había visto

que dos encapuchados lo empujaban

dentro de un coche,

apretaron el acelerador entre los baches

y se perdieron en el polvo.

 

Hoy llamaron a la puerta,

Aida abrió y unos niños 

le entregaron una bolsa de plástico.

Al abrirla…estaba la cabeza de su hijo.

 

Llevamos en el barrio treinta años

pero nos han amenazado también.

Le cortaron la cabeza a su hijo

y se la entregaron en una bolsa de plástico.

Mañana haremos las maletas.

El viaje será peligroso.

Nos vamos de Bagdad.

  

LEJOS DEL KURDISTÁN

 

 

Sólo algunas noches cuando sueña conmigo

soy el hombre que fui.

Doy la vuelta al mundo

y vuelvo a ser el juez de la energía

con una canción, cinco minutos.

Regreso para beberle el corazón.

 

 

Del libro La noche 351 de Ángel Petisme (XXVII Premio Jaén de poesía). Ediciones Hiperión, 2011. La foto de Ángel Petisme es de Maurilio de Miguel y está realizada en Babilonia.