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Antón Castro

Escritores

DIÁLOGO CON CARMEN RUIZ FLETA



Tras su libro anterior, ‘Vida doméstica’ (PUZ, 2017), Carmen Ruiz Fleta (Zaragoza, 1978) publica un nuevo poemario: ‘Los secretos de los demás’ (PUZ, 2022).
¿Qué puede suceder en la vida de una poeta durante cinco años, que es el tiempo que se ha tomado para redactar ‘Los secretos de los demás’?
En un lustro caben muchas cosas. En el mío han cabido mi segundo hijo, la enfermedad y muerte de mi padre, una sacudida profesional, la frustración, la rebeldía, la celebración, la nostalgia y la constatación de lo infinitamente pequeños que solemos ser. Todos repetimos los mismos errores y  tropezamos en las mismas piedras que lo hicieron nuestros mayores. Aunque a veces nos creamos la fantasía de ser originales.
¿Por qué titula así el libro, por una parte que, en apariencia, no es la más sustancial?
Hay ironía en el título. Claro que es un libro muy personal y anclado en mis vivencias. Pero no hay tanta exposición como aparenta. Mis secretos, los tuyos, los del que tenemos enfrente son siempre los mismos, aunque se vistan de historias y personajes distintos. Y también porque desde pequeña me fascina la pieza que falta en el puzle, la razón oculta que explica comportamientos y actitudes, y que no se muestra por vergüenza, decoro o convención social.
En cierto modo, retoma el poemario donde habías dejado el anterior: en un homenaje y en un diálogo, ya imposible, con su padre…, en la sección ‘Una manera de no decir adiós’, que hace pensar en el poemario de Ildefonso-Manuel Gil.
La certeza de la proximidad de la muerte es un tema recurrente en la poesía. Yo he sido consciente de la intensidad de la vida en las dos orillas: cuando he dado a luz a mis hijos y cuando, junto a mi madre y mis hermanas, acompañaba a mi padre en su adiós. Y esa intensidad es la materia prima a partir de la que escribo.
¿Hasta cuándo podemos o debemos contar cuentos a los hijos?
En el poemario hay un texto que hace referencia a eso. Al deseo de detener el tiempo en ese momento cuando acaba el día y le leo cuentos a mis hijos (aunque ahora ya es mi hija mayor la que me los cuenta a mí). Ojalá pudiéramos encontrar siempre, a cualquier edad, espacios de complicidad entre padres e hijos que recordaran a ese instante del cuento infantil antes de dormir. Hay que contar cuentos siempre. La vida es mucho más entretenida y llevadera si se tejen historias con ella.
¿Qué le inspira de la intimidad familiar y sus pequeñas cosas?
Hago literatura de lo cotidiano no tanto porque me inspire, sino como un intento de comprensión. Voy saltando de asombro en asombro y la poesía me ayuda a ordenar la vida.
Otro polo muy claro del libro es la identidad. ¿Se pregunta Carmen Ruiz Fleta, con dolor, sobre quién es, qué desea, qué busca?
Sonrío con esta pregunta porque depende de lo que te conteste puedo parecer pesadísima. Y eso es de las peores cosas que se pueden ser en la vida... Ahora en serio. Creo que moriré buscando parecerme lo más posible a quien creo ser, pero imagino que no lograré encontrarme nunca. Esa especie de desacompasamiento fluye en los poemas, pero, afortunadamente, soy mucho más doliente en la poesía que en la vida, que la disfruto mucho.
¿Ser poeta es también un modo de sentirse una inadaptada?
Tiene que ver con lo que antes te comentaba. Sí, en mi caso la poesía nace de la inadaptación. No ahora, desde siempre. Inadaptación a una identidad, a un cuerpo, a una realidad, a un adiós. No me adapto, no lo acepto y lo escribo. Intento hacer de ese desasosiego algo bello.
¿Cabría hablar de un clima de pesimismo, de desolación existencial? ¿Ha querido hacer un libro sobre las heridas de la vida?
No he pretendido hacer un catálogo de heridas. Pero escribo sobre la vida, y la vida pincha, ensucia, raspa y, a veces, duele. Dice la poeta gallega Olga Novo en un verso que cito y que me encanta: "A veces no sé si escribo o es que ando descalza sobre las brasas". Me parece una definición fabulosa de lo que es escribir poesía.
Otro asunto clave, tentador para una lectura superficial, se centra en el desamor. ¿Conocemos de verdad a quién amamos o esa es una tarea constante y misteriosa que también revela nuestra vulnerabilidad?
Si conocerse a uno mismo ya es una tarea compleja no me parece posible conocer del todo al otro, por muy cerca que el otro esté. Somos seres vulnerables, cambiantes y contradictorios. No decepcionas a quien no te ama, solo puedes fallar a quien espera algo de ti. Y como creo que el desamor más agudo es la indiferencia no diría en absoluto que este sea un libro de desamor.
Habla a veces del juego de hacer versos. ¿Se atreve, por ello, a redactar un soneto?
Me gusta jugar con las palabras, retorcer el lenguaje, encontrar significados. Ese soneto es un juego por el que me sometí a la métrica, algo que no hacía desde los ejercicios de lengua de BUP. Estaba leyendo en ese momento sonetos de Benedetti y me dije "voy a probar". Y probé.
Quizá el texto más vitalista sea ‘Celebremos’. ¿Qué debemos festejar, exaltar, cantar? ¿Qué quieres cantar usted?
Hay que celebrarlo todo siempre. Ya está la poesía para sacar nuestro lado doliente. Pero no podemos desperdiciar ni una sola oportunidad de disfrutar de la familia, el amor o la amistad. Ni de entusiasmarnos con la música, la danza o los libros. Hay que celebrar las mañanas de primavera y las tormentas de verano.
En el texto ‘A modo de poética’ habla de la poeta urbana y posmoderna que ha querido ser. ¿En qué ha cambiado?
Creo que hay quien vive con conciencia poética las 24 horas del día. Y yo no. Ni de lejos. Yo la mayoría de los días no soy poeta, bastante tengo con acordarme de lo que hay que comprar en el supermercado o de que los niños tienen tal o cual actividad. Yo nunca me he sentido poeta. Pero es cierto que cuando éramos jóvenes y recitábamos en los bares nos creíamos estar haciendo algo importante. Era muy divertido. Ahora lo miro con mucha ternura y con esa ironía que se ve en el poema que citas.
¿Qué le debe a Mario Benedetti?
Le debo algunos de los sonetos más hermosos que he leído. Me gusta leérmelos en voz baja, recitándolos para mí. Hace bailar las palabras en la boca.  
Da la sensación de que la poesía para usted está ligada a la autenticidad, a la confesión y en cierto modo a la insatisfacción. ¿Es así?
En buena parte es así. En términos administrativos y, si me permites la ironía, sería una especie de "externalización": es la poesía la que gestiona mi cara B, con sus miserias, aristas y desacoples. La cara A, la de las celebraciones y la vida, prefiero gestionarla yo directamente. Y aunque disfruto muchísimo escribiendo, aún disfruto más viviendo, por eso pasa tanto tiempo entre libro y libro.
También es un libro repleto de hermosos instantes de la memoria. ¿Vivir es recordar, habitar momentos de felicidad? Pienso en esos veranos en que se empiezan a escribir obscenidades, a las amigas inolvidables, a ciertos paisajes…
Me gustaría poder observar los momentos pasados sin el tamiz de la memoria, que siempre nos engaña y redibuja las cosas para dejarnos en buen lugar. Una no puede vivir asida al pasado, ni recreando tiempos que probablemente no fueron tan felices. Pero, indudablemente, lo que los años destilan y dejan en el recuerdo explica lo que somos en el presente. Me asusta perder la memoria, no solo de los hechos, sino de lo que sentía o pensaba en un momento dado del pasado.
¿Qué poetas le han acompañado o le acompañan en la redacción de estos versos, qué ha descubierto en este lustro?
Ya he nombrado a Olga Novo, que me parece la mejor poeta española en la actualidad. Y hay voces que me llegan de siempre y de lejos, como Lorca o Joan Margarit, a quienes acudo de manera recurrente, a veces como quien va a la farmacia.

 

 

EL GRAN DÍA DE LAS MADRES

EL GRAN DÍA DE LAS MADRES

El mismo sábado por la mañana me lo contaba una amiga. Su suegra, que había sido una suegra-madre de la que solo podía decir maravillas, se dejó morir. Durante algunos años tuvo una cuidadora que también era su compañera con la que hablaba, cocinaba, escuchaba la radio o conversaba antes de ir a dormir. Un día, la asistenta le dijo que tenía que dejarlo, que se iban a trasladar a otro lugar con su marido. Su familia contrató a otra joven, algo más parca, y la cosa no fue bien. Y aún contrataron a una segunda, que era fantástica, cariñosa, divertida, le cantaba, bailaba sus canciones favoritas, le leía, le contaba cuentos, pero no había manera. La anciana, nonagenaria, como si hubiera tomado una brutal determinación, dejó de tomar las pastillas, y en poco menos de quince días falleció. Es una vieja historia: quieres a quien no puede quererte y te resistes a quien te ofrece una bella pasión o amistad incondicional. Ya lo dice Rosa Montero en ‘El peligro de estar cuerda’: el mayor misterio del mundo anida en el interior de nuestro cerebro.

En las últimas semanas, he convivido con muchas madres, que también son abuelas, en la Universidad de la Experiencia. Resultan conmovedoras sus ganas de aprender, lo felices que son en clase, cómo quieren aprovechar el tiempo recibiendo lecciones de todo: historia de la ópera, aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados, civilizaciones antiguas. Acuden siempre, con puntualidad, miran apuntes de los personajes, entrevistas, aportan sus recuerdos, y les gusta sentirse vivas leyendo un texto de Irene Vallejo, una carta de Cajal, o recorriendo sin pereza alguna las cuatro plantas del Museo Pablo Serrano. Una tarde, una de ellas se me acercó y con todo el dolor de la tierra me dijo: “No podré venir el miércoles. Y no sabe cuánto lo siento. Soy madre de una madre y me necesitan mis nietos”.

Hace unos días, una compañera que trabaja ahora en Madrid y se bate el cobre con Díaz Ayuso y sus pupilos, regresó a ver a sus amigos de HERALDO. Me conmovió la huella maravillosa que había dejado: nos conmovió el afecto que sentía por todos sus años en la redacción. Esa actitud fue una lección directa y conmovedora de gratidud. Con los ojos acuosos de lágrimas, contó cómo vivía y cómo trabajaba. Y reveló un bonito detalle: su madre, que también vive en Madrid, no hace más que buscar alguna oferta de un piso asequible en Zaragoza.

DIEZ PROFESIONALES HABLAN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA LIJ

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL. OCIO Y CULTURA

Leer para vivir, jugar y soñar: diez expertos recomiendan tesoros para todos los niños

Se celebra el Día de la Literatura Infantil y Juvenil y se recuerda a Andersen. Autores, editores, ilustradores y bibliotecarios celebran la fecha.

El narrador danés Hans Christian AndersenEl narrador danés Hans Christian AndersenArchivo Heraldo.es

El día 2 de abril se celebra desde hace algunos años el Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil. Coincide con el día de nacimiento de unos de los grandes autores para niños y jóvenes: el escritor danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805-Copenhague, 1875), quien, dicho sea de paso, realizó un viaje por España, aunque no estuvo en Aragón. Heraldo.es ha conectado con escritores, ilustradores, editores, bibliotecarios y les ha formulado cuatro preguntas. Ellos son Ana Alcolea (escritora. Premio de las Letras Aragonesas), Raquel Garrido y Edu Flores de Apila (editores), Mariela Cisneros e Israel Gómez de Hola Monstruo (editores) María Frisa (escritora), Patricia Gayán (escritora), David Guirao (ilustrador), Daniel Nesquens (escritor), Daniel Pinilla (bibliotecario de Morata de Jalón), Pepe Serrano (escritor) y Amalia Sesma (bibliotecaria de Peralta de Alfocea).

Las cuatro preguntas son:

1. -¿Qué les apetece reivindicar, defender o exaltar en el Día Mundial de la Literatura Infantil y Juvenil?

2. -¿Las lecturas que marcan más son la de la infancia? ¿Qué leían ustedes?

3. -¿Cuál es el secreto o qué virtudes deben tener los libros para los más pequeños? ¿Qué les piden o que les incomoda?

4. -¿Cuáles serían sus recomendaciones de libros propios, si los hubiera, o ajenos?

ANA ALCOLEA EN EL PRINCIPAL / 03-10-2018 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]Ana Alcolea en uno de sus escenarios favoritos: el Teatro Principal.Guillermo Mestre.

ANA ALCOLEA. Escritora y profesora.

-1. Que lo que leen los niños está forjando su pensamiento presente y futuro. Que los escritores mimamos y limamos el lenguaje de los libros infantiles como el diamante que es. Que no es fácil escribir para niños, aunque algunos frivolicen con ello y escriban para niños como si fuera un género menor al que descienden. No lo es.

-2. Todo lo que sucede en la infancia se queda en la memoria para convivir con el adulto toda su vida. Marcan en el hecho de que te das cuenta de que el mundo no es tu ombligo, y en que el lenguaje te va sustentando. Yo leía lo que había en casa, las aventuras de los Cinco, pero también La Ilíada y la Odisea. O Crimen y castigo, que leí con doce años y nunca me dio por matar ancianitas.

3. Tienen que estar escritos con verdad. Independientemente de que sean o no realistas, tienen que tener verdad. A un niño no hay que tomarle el pelo. A los adultos tampoco, pero los adultos se dejan a veces tomar el pelo con gusto. Allá cada cual, pero al niño hay que cuidarlo y respetarlo mucho. No tomarlo por tonto. Me incomodan las adaptaciones edulcoradas  y falsas de los cuentos tradicionales, por ejemplo. Hay mucha hipocresía en ello. (No respondió a la cuarta pregunta).

Ana Alcolea: "A un niño no hay que tomarle el pelo. A los adultos tampoco, pero los adultos se dejan a veces tomar el pelo con gusto. Allá cada cual, pero al niño hay que cuidarlo y respetarlo mucho"
Edu Flores y Raquel Garrido en una feria.Edu Flores y Raquel Garrido en una feria.Archivo Apila.

APILA. EDU FLORES Y RAQUEL GARRIDO. Editores.

-1. Hoy, y siempre, nos gusta reivindicar el derecho de los niños y niñas a coger y escoger un libro por placer, sin necesidad de aprender nada. El derecho a divertirse, a disfrutar con historias que les atrapen y con imágenes que les fascinen. Y la obligación de los editores infantiles de darles lo mejor, los textos más sorprendentes y las ilustraciones más sugerentes. Los editores debemos tomarnos muy en serio el papel que cumplimos como mediadores acercando a los niños a la lectura y al arte. No vale todo, no vale lo aceptable, solo lo mejor. Porque los niños y niñas de hoy son los adultos y las adultas del mañana.

-2. Las lecturas de nuestra infancia muchas veces nos dejan un recuerdo imborrable. A veces porque vienen de la mano del cariño de las personas que nos compraban los libros, los cuentos o los tebeos, como los padres o los abuelos. De pequeños éramos asiduos clientes de los quioscos. En aquella época no había álbumes ilustrados con la calidad y en la cantidad que hoy se producen, pero gozábamos de la época dorada del tebeo en España y de los clásicos ilustrados.

-3. No nos gusta que al coger un libro, solo leyendo el título ya sepas lo que va a pasar, esos libros que son obvios, a los que se les ve venir de lejos. Un libro para niños tiene que sorprender, que llevarnos a un final inesperado. Esa es una virtud importante y si, además, a lo largo de la historia ha conseguido generar su interés y ha despertado su curiosidad, ya tienes la clave de un buen argumento. Ahora busca el ilustrador adecuado, que consiga darle el tono que la historia necesita y que añada significados desde las imágenes. En un álbum texto e imagen tiene que necesitarse y complementarse ese es el secreto de un buen álbum.

Aplila: "Un libro para niños tiene que sorprender, que llevarnos a un final inesperado. Esa es una virtud importante y si, además, a lo largo de la historia ha conseguido generar su interés y ha despertado su curiosidad, ya tienes la clave de un buen argumento"

-4. Recomendamos ‘Buenas noches a todos’ de Chris Haugton, un libro con un historia muy sencilla para leer a los peques antes de dormir, pero contado a través de unas ilustraciones fantásticas, una explosión de color y con gran sentido del humor. ‘La página de arriba’, de Canizales, un libro que tiene sorprendentes giros argumentales, y que de una forma divertida y desde la ironía nos llama la atención sobre las situaciones de abuso de poder, lo que significa estar arriba o abajo. Es un libro con el que juegas, te ríes y encima, si quieres, reflexionas. Y ‘Pequeñas historias’ de Miguel Tanco, a la delicadeza de sus dibujos se une la inteligencia y el ingenio para contar historias en solo tres viñetas, sin palabras o con muy pocas. Delicado, poético, fantástico. Te arranca una sonrisa y te inspira ternura sin ñoñerías. Nos hubiera gustado editarlo nosotros.

María Frisa ha tenido grandes éxitos con sus libros.María Frisa ha tenido grandes éxitos con sus libros.Guillermo Mestre.

MARÍA FRISA. Escritora y pedagoga.

-1. La importancia de que los niños lean. Por mi experiencia como psicóloga y escritora sé que, salvo contadas excepciones, nadie se hace lector a los cuarenta años. La lectura es un veneno que se inocula en la infancia. 

-2. Recuerdo los Miniclásicos de María Pascual, ‘Un saco de canicas’ de Joseph Joffo, ‘Juan Salvador Gaviota’ de Richard Bach y ‘Mujercitas’ de Louisa May Alcott con el personaje de Jo March que nos ha inspirado a tantas escritoras de mi generación. 

-3. En esta época en que los niños viven pendientes de las pantallas y, a menudo, sobre estimulados, es fundamental que disfruten, que descubran que leer también es divertido. Que los padres y los profesores se olviden del tópico de la lectura como didactismo, de que en cada libro tienen que aprender algo. Dejarlos disfrutar. 

-4. Dado que en Aragón tenemos una cantera muy potente, recomendaría: ‘Caballeros de Exea’ de Agustín Ubieto y Xcar Malavida, ‘Mi familia’ de Daniel Nesquens y Elisa Arguilé, y ‘San Juan de la Peña’ de Pepe Serrano y David Guirao 

María Frisa: "En esta época en que los niños viven pendientes de las pantallas y, a menudo, sobre estimulados, es fundamental que disfruten, que descubran que leer también es divertido"
Patricia Gayán.Patricia Gayán.Archivo P. Gayán.

PATRICIA GAYÁN. Escritora.

-1. La LIJ como algo valioso cuya calidad debemos cuidar. Es una puerta abierta y un refugio. Reivindico el humor, aprender a reírnos de nosotros mismos es fundamental. 

-2. Sin duda, las lecturas de mi infancia me moldearon. Son en buena parte responsables de mi humor y alentaron mi imaginación. ‘El pequeño Nicolás’, Guillermo Brown, Roald Dahl, Gerald Durrell, Carmen Kurtz, Michael Ende…y ¡Mafalda! Sin olvidar los cómics de Goscinny, Ibáñez y Jan. Y la poesía de Gloria Fuertes. 

-3. A los libros infantiles les pido ingenio, que me hagan sonreír o desee vivir en ese mundo (como ‘La Historia Interminable’ de Michael Ende). Aprecio los textos con ritmo. Los juegos de palabras, los objetos parlantes y lo inesperado. El humor. Me gusta un buen nudo aunque hay libros con poco texto muy potentes. Las intrahistorias que guardan secretos que los lectores deben descubrir. La fusión de álbum ilustrado y cómic que incluso interactúan con el lector. Me incomodan muy aleccionadores o pueriles que no impulsan el espíritu crítico. 

-4. La colección de ‘Mitología’ de Ricardo Gómez, ‘Los clásicos revisados’ de Editorial Alma, ‘Destronada’ de Pedro Mañas, ‘El Peor Libro del Mundo’, de Elise Gravel, ‘La Oruga impaciente’, Ross Burach. 

Patricia Gayán: "Aprecio los textos con ritmo. Los juegos de palabras, los objetos parlantes y lo inesperado. El humor. Me gusta un buen nudo aunque hay libros con poco texto muy potentes"
[[[HA REDACCION]]] david guirao.jpgEl ilustrador David Guirao en acción.D. Guirao.

DAVID GUIRAO. Ilustrador.

-1. Los libros son una magnífica herramienta para potenciar la imaginación. Una cualidad que los adultos vamos perdiendo con la edad, por eso considero que es tan importante la LIJ, reivindiquemos la literatura infantil pero no solo un día al año.  

-2. Si las letras estaban asociadas a los dibujos yo siempre en ese equipo, disfrutaba mucho leyendo Superlópez o Astérix, y recuerdo las muchas risas leyendo ‘Las brujas’ de Dahl y Blake.  

-3. Equilibrio entre el humor y la fantasía, no es fácil encontrarlo pero si un libro lo tiene, estoy seguro que el lector o lectora entrará dentro de él. Me incomoda el paternalismo o ese empeño por parte de los adultos en que los pequeños tengan necesariamente que aprender algo en cada lectura, yo prefiero primero que se diviertan y luego ya…

-4. Recomendaría 'Despistado' de Pepe Serrano y Álvaro Ortiz, 'Imbatible' de Pascal Jousselin y 'Sirenas, vikingos, ballenas… y una escalera' de Carmela Trujillo y Pam López. 

Daniel Pinilla: "Me incomoda el paternalismo o ese empeño por parte de los adultos en que los pequeños tengan necesariamente que aprender algo en cada lectura, yo prefiero primero que se diviertan y luego ya…"
El bibliotecario Daniel Pinilla.El bibliotecario Daniel Pinilla.Laura Uranga.

DANIEL PINILLA. Bibliotecario de Morata.

-1. El Día Mundial del libro infantil y juvenil es una buena oportunidad para ir a visitar una librería con nuestros hijos, para ver o leer un libro con ellos, o para visitar cualquier biblioteca, para este día hay organizadas multitud de actividades para niños y niñas. Es un día para reivindicar la importancia de inculcar el hábito de lectura desde los primeros niños y para reivindicar a escritores, ilustradores, editores y narradores, a los grandes creadores de literatura infantil y juvenil.  

-2. Sí, las primeras lecturas de la infancia son importantes porque nos dan las claves de lo que nos proporciona la lectura: nos informa, nos entretiene, nos educa, nos invita a la reflexión y el análisis, nos va a exigir esfuerzo y concentración, y, sobre todo, es un estímulo para la imaginación y la curiosidad. Mis lecturas infantiles y juveniles las recuerdo con mucho cariño y suelo releerlas y redisfrutarlas, son comodines que no defraudan. Roald Dahl, Michael Ende, Jack London, Conan Doyle, Poe, pero especialmente los cómics, siempre había alguno en la mesilla de noche, bien de Astérix, Tintin, Lucky Luke o Mortadelo.  

-3. Que sea adecuado para la edad, buenas ilustraciones, que potencie la capacidad para imaginar y les cree curiosidad sobre un tema.  

 -4. 'Monstruo rosa' de Olga de Dios, 'Las brujas' de Roald Dahl, y 'Seres fantásticos de tierra, aire, fuego, agua y más allá' de Ana Alcolea. 

Israel y Mariela.Israel y Mariela.Archivo Hola Monstruo.

HOLA MONSTRUO. MARIELA CISNEROS E ISRAEL GÓMEZ. Editores.

-1. Pedimos a las librerías que nos apoyen más a las editoriales pequeñas, a los gobernantes que hayan más actividades relacionadas con la literatura infantil y que los padres y madres se animen a crear un ambiente de lectura familiar para que inculquen el amor a la literatura a los niños desde muy pequeños. 

-2. Israel. “Principalmente leía libros de aventuras como 'La isla del tesoro', 'Viaje al centro de la tierra', 'El principito', 'El hobbit' y cómics de JAN, Vázquez, Ibáñez, Manga”. 

Mariela: “Yo leía mucho de pequeña cuentos de Hans Cristhian Andersen. Me encantaban, también leía muchos cuentos populares”. 

-3. Israel: “Un libro infantil debería tener valores como el amor, amistad, familia, arte, inocencia entre otros para poder crear una historia original y que sorprenda a los más pequeños”. 

Mariela: “Soy partidaria de que los libros tengan una buena pizca de humor. Historias que atrapen al pequeño lector desde la portada hasta la guarda final. Cuentos con valores, pero a la vez divertidos”. 

-4. Israel Gómez: ‘Un elefante caminaba’ es un libro tierno e inocente de un elefante que busca amigos para jugar y ‘Un mundo sin libros’ que hice con Mariela, un viaje por la literatura y la historia de la humanidad para niños. También recomiendo ‘Maquillaje, je’ el álbum ilustrado sobre arte que hice para los más pequeños. Recomendaría la saga Blacksad de Canales y Guarnido aunque esto ya es para público adulto. Infantil voy a recomendar ‘El sombrero de Bruno’ de Canizales que trata el acoso desde una perspectiva infantil en forma de álbum ilustrado.  

Mariela Cisneros: En el mundo de la literatura infantil siempre recomiendo al gran Roald Dahl, pero hay un libro que me encanta y lo hemos descubierto hace poco que es ‘Mi hermano es un pez’ de Roberto Malo y Daniel Tejero. 

Pepe Serrano alterna la invención con el humor.Pepe Serrano alterna la invención con el humor.Eva Navarro Brun.

PEPE SERRANO. Escritor y profesor.

-1. Las buenas historias que hacen sonreír, imaginar, pensar, emocionarse, desconectar, perder la noción del tiempo…

-2. Recuerdo con especial cariño dos libros: ‘Loco por el fútbol’ de Colin McNaughton y ‘Las aventuras de la Mano Negra’ de Hans Jürgen Press.

-3. Para mí es imprescindible el humor. Darle una vuelta de tuerca a lo más común para convertirlo en algo extraordinario. Cambiar la mirada sobre lo cotidiano.

-4. Recomiendo: ‘Casas con historias’ de Seiji Yoshida; ‘Manual para espías’ de Daniel Nesquens y ‘Los Diarios de Cereza’ de Joris Chamblain y Aurélie Neyret, tan ilustrado que es cómic.

Pepe Serrano: "Para mí es imprescindible el humor. Darle una vuelta de tuerca a lo más común para convertirlo en algo extraordinario. Cambiar la mirada sobre lo cotidiano"
[[[HA REDACCION]]] img-20200331-wa0008.jpgDaniel Nesquens publica varios libros al año. Archivo D. N.

DANIEL NESQUENS. Escritor.

-1. Por mi parte me gustaría exaltar la L de literatura. No estaría mal que el cartelito con la L de novatos en la conducción se suprimiese y se pusiera un libro en cuenta. Uno de Nesquens, claro. O de Serrano Pepe.

-2. Sí. Yo leía ‘Robinson Crusoe’, ‘La isla del tesoro’, ‘Miguel Strogoff’, ‘Ivanhoe’, ‘Hombrecitos’... O sea, clásicos adaptados.

-3. El secreto lo sabe la Coca Cola y pocos más. Yo solo les pido que tengan chispa y honradez a la hora de escribir una historia. Nada de tratar al lector como una persona como poco entendimiento y capacidad.

-4. Libros míos: ‘Dieciséis cuentos y tres tigres’, edit. Anaya. ‘Manual para espías’, edit. Flamboyant. Y un tercero: ‘Mi familia’, edit Nordica: la de Diego Moreno y olé.

Daniel Nesquens: "Yo solo les pido que tengan chispa y honradez a la hora de escribir una historia. Nada de tratar al lector como una persona como poco entendimiento y capacidad"
Amalia Sesma Nuez. Bibliotecaria de Peralta de Alfocea.Amalia Sesma Nuez. Bibliotecaria de Peralta de Alfocea.Archivo Amalia Sesma.

AMELIA SESMA NUEZ. Bibliotecaria.

-1. La literatura infantil significa mucho más que la lectura de libros, es poder desarrollar la imaginación y las emociones del niño. Un desarrollo emocional y cognitivo que, desde la infancia, padres, maestros y mediadores, como somos los Bibliotecarios, debemos inculcarles ya que supone un primer paso para una formación crítica y responsable que le llevará a ser partícipe de la sociedad a la que se enfrentará en el futuro. Aborda, habitualmente, valores y sentimientos como la compasión, generosidad, amistad, solidaridad… por lo que nos lleva a reflexionar acerca de la condición humana, la vida, la muerte y nuestro paso por el mundo, sensibiliza a las personas hacia otros seres vivos, nutre nuestras conciencias ofreciéndonos elementos de reflexión para nuestro desarrollo personal. En el Somontano de Barbastro contamos con la Comunidad Lectora de El Rey Rojo, en la que mediadores compartimos experiencias a la hora de formar a los nuevos lectores.

-2. Personalmente, al haber crecido rodeada de cierta adicción familiar hacia la lectura, pude disfrutar desde los clásicos que me facilitaban mis abuelos hasta lo más nuevo de aquella lejana época de mi vida. Desde la ‘Ilíada’ de tapas enteladas hasta autores como Ende, con ‘Momo’ o Fulghum con su ‘Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el parvulario’, del que aún recuerdo su ‘Credo del cuentista’. Historias que, no sólo hicieron mis días más amenos, sino que me hicieron viajar con la imaginación y crecer como persona.

-3. Hoy en día se puede disfrutar de publicaciones de gran calidad, buena narrativa e ilustraciones cuidadas. Publicaciones que van más allá de un simple texto para convertirse en obras de arte que, no sólo disfrutan los más pequeños, también atraen nuestra atención.

-4. Dos son mis recomendaciones. ‘El ladrón de palabras’ de Nathalie Minnie y la ‘Filosofía visual para niños’ de Ellen Duthie. Belleza y pensamiento crítico.  

Amalia Sesma: "Hoy en día se puede disfrutar de publicaciones de gran calidad, buena narrativa e ilustraciones cuidadas. Publicaciones que van más allá de un simple texto para convertirse en obras de arte"

UN DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR

UN DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR

DIÁLOGO CON JOSIAN PASTOR.

Con motivo del libro 'Lucía y las estrellas'

 

 

¿Qué eres tú, en realidad, poeta, narrador, cineasta, fotógrafo?

 

Buena pregunta. E imposible de contestar a día de hoy. Todavía no lo tengo claro, sabiéndome partícipe de todas esas artes más bien como un observador dispuesto a dar un paso atrás, como «intentólogo practicante» que nuca va a llegar a jefe de obra. Con el cine me he arruinado, con la poesía me he salvado, con la narrativa se me ha abierto un nuevo horizonte y la fotografía (incluyo el vídeo) me da de comer, además de alimentar mi alma abocada al Síndrome de Stendhal.

No podría vivir sin todas estas artes, aunque sea desde mi puesto en el burladero, tomado notas de los que saben, aprendiendo a esperar, a encontrar mi propia voz, que se resiste a llegar.

 

¿Cómo se da el salto del cementerio a un algo «Lucía y las estrellas»?

 

Una de las cosas que he aprendido últimamente es a centrarte en los encargos, por pequeños que éstos sean, como el concurso de EPITAFIOS O RELATOS ÁNGEL SANZ-BRIZ del Cementerio de Torrero, de los que me siento muy orgulloso (sin haber participado en ellos sino como coordinador). Y me parece un paso importante, puesto que uno es uno mismo sin importar el contexto ni el escenario donde tengas que «actuar». Tus propias herramientas intelectuales (por limitadas que sean) siempre son las mismas y se hacen indispensables para enfrentarte a cualquier faceta de la vida y, si es posible, salir airoso. Pero siempre detrás de tu propia verdad. Es el eterno dilema, caer bien o ser tú mismo. Pero no nos queda otra. No podemos ser lo que no somos, aunque aspiremos a ello. Nuestra visión es única y es lo más valioso de cada uno.

Tener llenos de notas los cajones de mi escritorio, cientos de poemas desperdigados por servilletas y algún que otro apunte sin sentido facilita la tarea de recolección de viejas promesas que crecen como racimos de uva y te miran directamente a los ojos cada vez que caen en tus manos. De ahí salió LUCÍA Y LAS ESTRELLAS. De cientos de notas desperdigadas durante años por aciagos escondites de mi escritorio y mis discos duros; puesto que el proyecto ya nació en mí como idea (y no como libro) hace ya mucho, mucho tiempo…

 

¿Cuándo surge como tal este libro, desde el nacimiento de la niña o mucho después?

 

La idea primigenia ya existía como un proyecto imposible de realizar. Y como todas mis ideas (con vida propia), intentan hacerse hueco en mi mente caótica y desfragmentada pisoteándose unas a otras, con violencia y subterfugios. Un buen día vio la luz como tarea imprescindible y no tuve más que obedecer a mi instinto, que me obligó a llevarla a cabo. Una especie de reconocimiento a mi existencia junto al ser que más quiero en este mundo (aunque alguna vez tengamos discusiones sin sentido sin llegar a solucionar nada en concreto).

Cuando reuní el material desperdigado le di un título provisional y el trabajo de su ejecución pasó a ser una necesidad vital. Desde entonces hasta hoy me obligué a mirar al pasado, a recordar las cosas buenas y más graciosas de nuestras vidas y cómo no, dilucidar un poemario de amor eterno hacia mi hija que ahora puede no llegar a entender (y que creo puede llegar a molestarle) hasta que ella tenga el privilegio de ser madre dentro de unos años.

 

De modo genérico, ¿qué has querido contar?

 

Todos sabemos, o hemos oído a los mayores, que nadie muere de pena (excepto algunas raras situaciones que se dan, sobre todo, en animales enjaulados). Todo el mundo suele salir de ese pozo de soledad, depresión y falta de seres queridos olvidando poco a poco los malos recuerdos y todo aquello que produce un gran dolor. Por eso mismo encaminé el libro hacia aquellos momentos intrascendentes que germinaron como recuerdo en nuestras vidas, quizá demasiado normales, vulgares en algunos casos, pero que nos hicieron crecer juntos y descubrir que formábamos parte de un mundo compartido y complejo al que no hay que darle demasiadas vueltas si de verdad queremos ser felices.

Estos recuerdos, aderezados como no podía ser de otra forma, con unos poemas que he personificado en mi hija Lucía (aunque cualquier padre podría recitárselos a sus propias hijas haciéndolos suyos). Cuando un poema sale a la luz editado ya deja de ser del autor y pasa a pertenecer a todo aquel que lo lee y lo particulariza.

 

¿Cómo se ha ido gestando el libro, cómo es ese equilibrio entre el verso y la prosa, cómo se elude la cursilería o lo excesivamente sentimental?

 

Ahí has dado en el clavo. No lo he eludido, aun a sabiendas de que era peligroso desde el punto de vista crítico-literario. Me he desnudado por completo en lo sentimental, aunque he evitado por todos los medios la cursilería (no sé si lo he conseguido). No he utilizado demasiados artificios ni figuras retóricas, ni nada que pudiera entorpecer lo que significaba para mí este libro: una especie de epistolario, un poemario vital, una necesidad de decirle a mi hija que la quiero (aunque insisto, discutimos mucho). Dejar constancia de un recordatorio de lo que fuimos en otros tiempos para reencontrarnos en un futuro próximo. Sin ínfulas de grandeza. La unión filial de un padre y su hija, sus momentos, sus incursiones en la vida, sus chascarrillos de familia. El verso da consistencia al relato de carta de amor, lo materializa en algo que está por encima de lo simplemente narrativo. Un poema de amor nunca es vergonzante, y menos si va dirigido a la persona que amas. Es el sello de oro que adorna y da valor a cualquier misiva dirigida al ser amado. Lo que hace posible imaginarnos a la persona a quien va dirigida, aunque no sepamos nada de ella.

 

¿Tenías claro que querías hacer una declaración de amor a tu hija?

 

Tuve momentos en los que quise incluir momentos negativos de nuestra relación (que también los hubo), dándoles un toque de humor, claro está. Las cosas de casa se quedan en casa. Pero esa idea tan descabellada y fugaz pronto despareció de mi cabeza. Cuando se quiere homenajear a alguien, y más a una hija que va a cumplir dieciocho años (con lo que eso conlleva para ella, al ser mayor de edad y todas esas disposiciones legales), supuso para mí un reto; siempre pensando en que ella podría leer el libro con otros ojos dentro de veinte o treinta años, cuando yo no esté a punto de abandonar este mundo.

Para hacer una declaración de amor, ésta tiene que ser sincera, desnuda, simple y concisa. No tiene que generar dudas al interlocutor a quien va dirigida. No hay otro camino. ¡Cuántas novias habrá perdido Góngora o Quevedo (tan amigos ellos) por no haber sabido expresar con especial claridad y sencillez sus deseos de amor!

 

¿Es un libro a contrapelo, en tiempos de feminismo?

 

Por definición racional y al ser padre de una sola hija me considero feminista de profesión. Defensor a ultranza de los derechos de la mujer y por supuesto de la igualdad de oportunidades. Es algo tan obvio como el no estigmatizar al hombre, al padre, al hijo (y al Espíritu Santo) por el mero hecho de ser lo que son, por ser lo que somos, guardianes de nuestras hijas hasta que vuelen del nido y mucho más allá.

No olvidemos que la sociedad se construye con amor y no con odio. Y dentro del amor entramos nosotros, los hombres (espero no molestar a nadie). Libre te quiero pero no mía… Grande te quiero pero no mía… Ni de Dios ni de nadie, ni tuya siquiera.

Decía mi querido y admirado poeta Agustín García Calvo.

 

En el fondo, también es un libro sobre la literatura, ¿no?

 

Qué menos que intentar ser parte del barrio de los escritores a los que alguien lee alguna vez. Puede sonar a sueño imposible pero el esfuerzo que dedicamos los «escribidores» a nuestras obras, por pequeñas que sean es, al menos, perturbador. Lo más difícil es intentar caernos bien a nosotros mismos. Y no siempre lo conseguimos.

Por supuesto que hay que revisar hasta la extenuación cualquier texto que se precie, pero el saber parar a tiempo evita muchos ictus innecesarios. Me viene a la mente el libro sobre Berna que Mi estimado Manuel M. Forega le escribiera también a su hija creo que en el noventa y seis del siglo pasado. Y todos sabemos que los escritores, al menos algunos, siempre se arrepienten de haber sacado a la luz según qué libro, casi siempre en sus comienzos. Pues bien, estoy seguro de que este libro dedicado a mi hija, así como el de Forega, siempre tendrá su pequeño rincón en nuestro maltrecho corazón de poetas desahuciados (y aquí sí que he querido ser algo cursi).

 

¿Para quién has pensado este libro, porque está claro que no es sólo un libro para ella, sino que quieres presentarlo y promocionarlo y todo eso?

 

Es una pequeñísima edición para la familia, amigos y conocidos. Un best-seller de pedanía. Claro que me enorgullece que forme parte de mi obra literaria, y por supuesto me encantaría que fuera leído por mucha gente. Pero sé a ciencia cierta que no va a poder ser posible por sus escasos ejemplares y nula distribución. Podríamos decir que va a convertirse en un libro «raro» e inaccesible incluso antes de nacer. Uno de esos libros de viejo que busca con fruición nuestro admirado José Luis Melero (quien por cierto ya tiene su ejemplar).

 

 

 

¿Cómo es Lucía, qué te conmueve de ella?

 

Qué decir de nuestras hijas, querido Antón. Pues que nos tienen rendidos, subyugados a sus deseos, por incomprensibles que sean. Siempre me he preguntado cómo de un ser vulgar y rudimentario como yo (así me define mi mujer muy de vez en cuando) ha salido tal maquinaria de precisión suiza, de tal belleza y tan llena de ternura que ha destruido en cierto modo la terrible adolescencia. Un punto y seguido a tener en cuenta después de este libro, dedicado a su infancia y crecimiento personal.

Lo que más me conmueve de ella es que a veces me escucha. Incluso piensa en las mamarrachadas que le digo, cuando hago de padre. Eso siempre me ha fascinado, puesto que nadie me ha escuchado nunca y nadie te enseña a ser padre, siendo la profesión más difícil y tediosa que he conocido. Sólo espero que mantenga un recuerdo grato del que intentó ser un buen progenitor sin tener idea de cómo hacerlo, bregando con cosas inentendibles de las que saldría corriendo sin mirar atrás si yo tuviera sus dieciocho años. Su virtud tocando el piano, su bagaje académico… Todo eso me fascina, pues yo siempre fui un bala perdida. La admiro sin decírselo, no sea que quiera imitarme y todo se vaya al garete.

 

¿Estás invitando a los demás padres a que hagan libros como el tuyo?

 

Qué bonito sería. Qué maravillosos recuerdos se guardarían con una especie de transmisión  genético-literaria en todas las familias. Conoceríamos cómo pensaban nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres, a veces auténticos desconocidos para nosotros. Desde luego podrían contar con algo muy importante: el recuerdo imperecedero de lo que fueron, su visión local del mundo, sus interacciones con la familia. En definitiva, literatura de andar por casa con algún exceso de verdad. Un viaje iniciático por los arrabales de nuestros seres queridos que sólo queda en eso, un simple paseo por nuestros recuerdos cotidianos, que son los que germinan.

 

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO (1968-2011)

Tal día como hoy, 7 de octubre, entre las seis y las ocho de la mañana, en casa de la escritora Aloma Rodríguez, en Madrid, fallecía Félix Romeo Pescador. Cuando se dio la noticia, y el desfibrilador no llegó a tiempo, empezaron a llegar amigos: el escritor Marcos Giralt Torrente, la jefa de prensa Carlota del Amo, el actor Jorge Sanz, que quería a Félix como a un hermano, cómplices más jóvenes como Daniel Gascón y Jonás Trueba. Todos parecían habitar un alucinado despertar de tinieblas y un inesperado lago de lágrimas. Félix, uno de los intelectuales más completos y complejos que ha dado Aragón en el último cuarto de siglo, era ante todo un sabio curioso, querido, arrollador, deslumbrante en los detalles y a veces en la ira (que se esfumaba de súbito como los vapores de la gaseosa), y era el ciudadano dialéctico, aquejado de una oscura y casi secreta melancolía, al que nada le era ajeno. Leyó, desde joven, más de lo que parecía razonable e incluso verosímil; tuvo siempre un metrónomo propio para estirar el tiempo, una voracidad infinita por todo: por los libros, por el cine, por los viajes, por las relaciones humanas y por el amor, por la comida, por el arte, por la música y por las ciudades, y entre ellas, su amada y carnal Zaragoza, y de ella, su metafísico barrio de Las Fuentes.

La vida breve de Félix (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) compendia muchas existencias, muchos desvelos, quimeras y sueños: regalaba, como mínimo, una docena de ideas graciosas o atrabiliarias o centelleantes cada día. Se sentía cómodo con los niños (recuperaba su almario gigante de niño de barrio), adoraba a las mujeres (Carmen, su madre; Cristina, Lina, sus amores, y tantas y tantas amigas), era feliz en la charleta y escribió con lucidez, compromiso, búsqueda y un espíritu tumultuoso de verdad. De boquilla decía que tenía razón en todo; hacia dentro, pensaba y sentía que dudaba hasta de su sombra. Y se sentía profundamente inseguro de sus libros: ‘Dibujos animados’, ‘Discothèque’, ‘Amarillo’ y ‘Noche de los enamorados’, y su obsesión por la palabra y la creación dedicó uno de sus mejores textos: ‘Por qué escribo’, que daría título luego a un libro homónimo de artículos, muchos de ellos aparecidos en HERALDO, que publicó Xordica. Félix Romeo buscaba, a cualquier hora, todo el amor posible, todos los besos del mundo. Y a menudo, de misteriosa manera, los daba y los recibía. Todos los besos del mundo.

 

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) tiene alma de calígrafo y posee la tranquilidad del lanzador de cometas. Sus libros son como pequeños acontecimientos: vive mucho, interioriza emociones y lecturas, y publica. Sus novelas, sus poemas, sus viajes. El viaje, para él, es el principio de todo. También de ‘Días en Nueva York y otras noches’, que publica el editor Javier Castro Flórez en su sello Newcastle Ediciones. El libro lo presenta el viernes 1 de octubre, en el Paraninfo, en compañía del escritor y erudito José Luis Melero, a las 19.30.

Quiero escribir sobre lo que me ofrece la vida”, dice. ¿Qué le ofrece en esta larga travesía por Nueva York, Chicago, Jaca, Bruselas, Lovaina, París, Zaragoza y Jaca, de nuevo, una y otra vez? 

Viajar es conocer y conocer es comprender. Se lo escuché una vez a Javier Reverte. Me gustan las ciudades, son un gran invento. Y lo he pasado muy bien en Nueva York y París, lugares que nada tienen que ver con mi ciudad, sin duda, pero como dice José Luis Melero nos gusta tanto Zaragoza porque es aquí donde vive la mayor parte de la gente que queremos.

Anota que viajar es como tomar pastillas en un tratamiento. ¿De qué tiene que curarse o de qué debemos curarnos? 

    Tenemos que curarnos de la impostura, la pose y los disfraces. Viajar lo hace posible. Y a mí me sucede, como a mucha gente, que el viaje da una buena versión de quién soy.

¿Un libro de viajes es también un diario de pequeños y grandes accidentes y a la vez de la vida íntima? 

    Por supuesto que sí. Es un diario porque yo concibo la escritura como un espejo de la vida, y en ese concepto la intimidad, la observación y el autorretrato dan soporte a la escritura.

Escribir es una forma de mirar a los otros, añade. En su caso, ¿cuáles son las cosas, los personajes y los hechos que despiertan su interés? Pareces fijarse en lo extravagante o descubrir que vivir es una forma de extrañeza.  

    Me interesa lo cotidiano en los lugares a los que voy. Y las personas. Por eso tiene protagonismo en las páginas de mi libro la recepcionista de un hotel de Chicago, una muchacha de Jalisco que al ver mi pasaporte me contó que un día vino a Zaragoza para escuchar a Joaquín Sabina, que bebió vino y cogió un colocón. O el casero del estudio que alquilé en Nueva York, que me decía que cuando no trabaja hace músculo en el gimnasio y acude a clases de rumba.

¿En qué se parecen y se diferencian Chicago y Nueva York? 

    Son dos ciudades a las que el agua, el lago Míchigan en la primera, les da una personalidad singular. Son muy diferentes. Nueva York es la metrópolis por excelencia. Y su energía, su vitalidad, te desborda, no da respiro, como también te desborda la desigualdad social que hay en ella.

    ¿Qué puede hacer en Nueva York que no podría hacer en otro lugar del mundo? 

    Caminar por el puente de Brooklin y después tomarme una pizza en Grimaldi’s, que está debajo del puente, un restaurante al que iba Frank Sinatra, aquel cantante que decía “yo no vendo voz, sino que vendo estilo”.



¿Es el viajero, esencialmente, un solitario? Resulta conmovedora esa cita/frase de Dylan Thomas a su chica: “Te amo pero estoy solo”. 

Lo de Dylan Thomas es memorable. Su primera mujer, Caitlin MacNamara, dijo: “Lo nuestro no fue solo una historia de amor, fue también una historia de alcohol. Y a Liz Reitell, secretaria de un centro de poesía en la calle 92, le dijo esas cinco palabras que son descomunales: “Te amo pero estoy solo”. Ahora bien, tiene tela que sus últimas palabras fueron aquellas de “he bebido 18 whiskys seguidos y creo que es mi récord”.

Es un libro de breves autorretratos: “Soy un escritor que duda”. O “Soy frágil. Y no sigo a ningún telepredicador. Y me embarro con facilidad”. ¿Un viajero como usted también sale a buscarse? 

    Casi todos nos hemos perdido alguna vez. Y es entonces cuando pones más atención en orientarte. Eso es una búsqueda.

¿Qué le debes a Jaca y a París? 

    Son dos lugares en los que siempre he sido feliz. Pertenecen, para mí, al territorio de lo más valioso.

Una de las historias más impresionantes del libro es la de esa mujer que solo ansía estar bella, gustar en Instagram, y que muere pronto. Su marido dice una frase, no sé si terrible: “… en la vida es mejor que no haya misterios”. ¿Qué piensa el escritor? 

    Los misterios, como el agua de los balnearios, son recomendables. Y ese marido, aparte de la frase, no está a la altura de su mediocridad ni de su fracaso, ni a la altura de la mujer que tuvo a su lado.

Otro tema constante del libro es la conciencia de la escritura: las razones de la escritura, en qué consiste la literatura. “La literatura es, a veces, un balón al poste”. ¿Por qué se hace tantas veces esa pregunta, por qué ensaya tantas definiciones?¿Se queda con alguna? 

    Soy escritor y, a veces, soy un escritor pesado conmigo mismo, me repito preguntas y hasta llego a decirme: “Chico, ya está bien”. Escribir es igual que subir a un tren para que nos lleve lejos. Leer también es eso.

    La frase la escribe en el libro, y es de las más inolvidable. El libro también es una cita con muchos escritores. Dylan Thomas, Charles Simic, Kirmen Uribe, Adam Zagajewski, José María Conget, Bruce Chatwin… ¿Qué han signficado en su vida? 

    Adam Zagajewski dice que el alma se cierra a veces como un museo en un día de huelga. Decir algo así no está al alcance de cualquiera. Simic, en los artículos que publica en ‘The New York Review of Books’, transmite con su talento el placer que le produce comer un plato de espaguetis o lo que significa escribir una postal, algo que ya parece un anacronismo. Y Conget, que vivió muchos años en Nueva York, te puede contar una historia del Bronx y a continuación una vieja vivencia de Maleján o Borja, lugares de los que yo guardo días estupendos.

Por cierto, ¿se pasa miedo viajando o solo se siente curiosidad? 



    Nunca he tenido miedo. Sí recuerdo un episodio desagradable en El Cairo, de noche, con un bandido, algo que nos puede suceder en cualquier lugar.

    Recuerda al escritor Félix Romeo y anota una de las frases del libro. Al inaugurar su biblioteca, “todos llevábamos un vacío dentro de los bolsillos”. ¿Cómo podemos recordarlo en el décimo aniversario de su muerte, que es en estos días?

    Félix Romeo es imborrable. Era tremendamente generoso y permanecerá siempre en nosotros. Le cuento una cosa: le gustaba mucho el regaliz de palo y yo, si encuentro ese regaliz en los mercadillos de cualquier ciudad, sigo comprándolo para él. Nunca dejaré de hacerlo.

 

ALEJANDRO SIMÓN PARTAL HABLA DE 'LA PARCELA' (CABALLO DE TROYA)

Usted era poeta. ¿Qué he ha llevado a escribir una novela como ‘La parcela’ (Caballo de Troya)?  

La necesidad de contar esta historia que me habitaba desde hace tiempo y que solo podía ser contada desde la novela.

-Desde el punto de vista técnico y narrativo, ¿cómo se la planteó?  

No lo pensé demasiado. Simplemente necesitaba escribirla y me entregué a ese impulso. Me he dejado llevar por lo que aquí se cuenta, por lo que los personajes reclamaban. Sólo me planteé trabajar muchas horas, cada día, en un piso vació que me dejaron en el centro de Estepona.

-Ha elegido un personaje que conoce bien, y que quizá por aproximación podría parecerse a usted. ¿Nace la novela de una experiencia, del conocimiento de una zona del país, de la necesidad de crear una aventura posible?  

Cualquier ficción nace de la experiencia propia más profunda, y casi toda autobiografía tiene más ficción que verosimilitud. La novela nace de todo eso, pero sobre todo quería contar una historia de amor y adentrarme en las limitaciones y abundancias del ser humano. Mejor sentir que definir.

-¿Qué puede suceder en clase y por qué es tan importante Montaigne?  

El aula es un espacio sagrado. Si hay entendimiento, generosidad y consideración, puede ser el lugar más decisivo de la vida. El problema es que los profesores, ensimismados con nuestra carrera, solemos enseñar a competir y no tanto a mirar. En el aula ampliamos nuestra intimidad, tanto los alumnos como los docentes. Y las lecciones de Montaigne nos ayudan a recordarlo. En sus ‘Ensayos’ están las nociones más elementales de libertad e igualdad, que siguen siendo más modernas que muchos tratados de nuestros días.

-El libro es una historia de amor, una historia de amor desigual y en condiciones difíciles. ¿Por qué ha querido que ambos protagonistas estuvieran en dificultades, en pleno desgarro?  

Por honestidad con el amor en sí, que provoca tanto entusiasmo como desgarro o frustración, y eso lo veo en la gente que me rodea y en mí. El error más común es no entender el desamor como parte del amor, así como no entender la muerte como parte de la vida. Hace falta mucho trabajo para asimilar esa evidencia. El amor es nuestra mayor ocupación vital, a la que inevitablemente sigue la preocupación. Creo que esos extremos están reconciliados en la novela.

¿Es una novela social, política o, ante todo, una novela de personajes?  

No me parece que sea social, aunque lógicamente la historia gira en torno a un conflicto social como la crisis humanitaria que vivimos en Europa a finales del año 2015. Tampoco me gustaría que se entendiera como una novela política. La política es una etiqueta muy recurrente cuando no hay nada que decir. Defendería el libro como un libro de vida, que recorre casi todas las catarsis humanas y físicas, pero que aspira a una luz apaciguadora, lejos del fogonazo.

¿En qué medida también ha querido hacer una exaltación de la tolerancia y de la comunicación?

Esa exaltación no ha sido premeditada. Sí que creo que hay una denuncia velada de un modo de vida, de unas rigidices morales, que nos llevan a la insatisfacción perpetua.

La novela también es una indagación en la memoria familiar y en la enfermedad.

La familia es un tema inagotable y precioso. Quizá sea el gran tema de la literatura sin necesidad de estar escrito en ningún libro. Y la enfermedad es un asunto que me toca en mi mismo centro y del que no he podido dejar de escribir en los últimos años. Los enfermos son los elegidos de Dios, y todos queremos ocupar esa verdad, por mucho que duela o por mucho que descreamos.

¿Qué importancia, en estos tiempos difíciles, tiene el humor?  

Es fundamental pero no puede ser una decisión. Me suele caer mal la gente que reivindica el humor, también algunos humoristas que lo defienden como forma de comunicación cuando muchas veces solo linda con la estupidez y el desprecio. Me llena el humor que provoca amparo y alegría, y no el que supone oportunidad.

La parcela’, el mismo título, alude a la Jungla, el campo de refugiados, el lugar del origen y también a esa parcela de los afectos, de la intimidad. ¿Cómo y por qué se impuso ese título?  

Por su precisión y por lo que representa para mí. El título es de las primeras cosas que tuve claras. La parcela representa todo eso que usted apunta, además de ese espacio de nuestro centro más hondo donde acumulamos secretos, y el secreto nos humaniza, nos impone humildad. El escritor John Updike, que ha sido un referente, dijo en una entrevista que las buenas novelas tienen que tener secretos. Entiendo que la vida también debe tenerlos, secretos que no conozcan perversidad, sino que labren cobijo, porque ahí reside el misterio del ser humano, y lo que hacemos al escribir en rondar a ese misterio para al final crear más misterio.

Me ha parecido que el libro tiene diversas impugnaciones a los estados y a la enseñanza. ¿Es un libro contra alguien, es a favor de alguien?  

Es un libro a favor del amor radical y en contra de las demás estafas.

¿Qué le debe esta novela a tu condición de poeta, diría?

Mucho. Entiendo la poesía como una forma de estar en el mundo y no tanto como literatura. De hecho Juan Ramón Jiménez, nuestro poeta de una vez, no la consideraba literatura. La poesía está más cercana a la geografía o a la música, por ejemplo. Y esa manera de estar en el mundo me ha posibilitado contar esta historia.

¿Se escribió alguna parte de la narración en Etopia, donde ha investigado y ha vivido?

 

No, pero sí la dejé reposar, la pensé en los paseos por la Almozara, por ejemplo, que es tan importante como escribirla. Durante mis meses como residente en Etopia trabajé mucho y, a la vez, viví la ciudad con toda la intensidad que merece. Fue un tiempo decisivo para mí que no olvidaré. Allí continúan mis mejores amigos con los que sigo colaborando y aprendiendo. Allí asoma el futuro.

 

 

RAMÓN ROZAS: DE 'EL CAZADOR DE ÁNGELES'

Ramón Rozas, escritor y periodista de 'Diario de Pontevedra', sube a su web su generosa lectura de mi libro 'El cazador de ángeles' (Olifante), el poemario en verso y prosa que salió el pasado abril.

https://ramonrozas.blogspot.com/2021/09/la-luz-del-faro.html?fbclid=IwAR1WNiM7a6mi7M9pOC1J34Xbck1LLBu2eLdMMmA9Nj_F3ZeQeY5GqoIFkBw