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Antón Castro

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JOSIÁN PASTOR Y SUS SONETOS

Josian Pastor es poeta y cineasta. Nacido en Zaragoza en 1972, ha dirigido algunos cortometrajes, y desde hace algunos años ha emprendido una tarea titánica: la elaboración de 301 sonetos, en los que ha invertido casi una década de su vida. Son sonetos muy personales (dice que en esa tarea se mezclan el pundonor y el amor a la literatura), sonetos de esto y de aquello, sonetos elisabethianos: eruditos, mundanos, reflexivos, lúdicos, clásicos y vanguardistas, suspensos en el lenguaje, en la mirada iconoclasta, en la osadía, sonetos casi nunca fáciles, casi nunca rimados, sonetos que miran a Shakespeare más que a Petrarca, que siguen más a Góngora que a Garcilaso. Josian publica ‘Cien sonetos. Para cien noches de insomnio’ (Huerga & Fierro) y presenta el libro el martes uno de febrero en la FNAC. ‘Cien sonetos’ lleva una carta breve de Ángel Guinda, un prólogo de Luis Antonio de Villena, que sabe mucho de sonetos y de un excelente sonetista como Miguel Ángel, y una nota introductoria de Pepe de Uña. Por lo tanto, se ve que Josian Pastor sale al mundo bendecido y leído por buenos conocedores de la poesía y la literatura. Guinda dice que “el tono general suena antiguo, barroco, a otro tiempo que, en definitiva, siempre es el mismo que nos une a los poetas”. Villena dice que “ha logrado un magnífico ejercicio. Y no se rebaje esta última palabra. Todo artista está en permanente ejercicio (por ello es artífice”. Pepe de Uña señala que el libro es “el reto de un joven poeta que se mide a sí mismo para competir con sus noches insomnes”.

 

Copio aquí uno de sus poemas. Debo advertir que no es el más difícil:

 

LA MADRE NATURALEZA QUE ENGULLE

NUESTRO AMOR

 

Madre naturaleza, tu regazo

me sirve de lecho y cura mis llagas

por amar en exceso y sin reparo

(huyendo de la muerte y sus cornadas).

 

Qué terca inconsciencia y qué férreo encono

al beber las aguas de Caronte.

Qué triste semblante empaña sus ojos…

¡Augur sin piedad, despojo del hombre!

 

Oh piélago en dulce y huracanado,

tiempo que aplacas tu sed intestina

ahogando mi vida y su triste osario

hervido en tus mentideros de orquídeas.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Y vomita el río en el mar prolijo:

¡velero al viento soy, sin rumbo fijo!

 

AMOR PROFUNDO Y SARPULLIDO

 

Mora un relente en mi mar de intenciones:

mi honor es templado, mi fuego frío,

aguanto con sed tus ojos traidores

y ahogo mi alma en tu son tardío…

 

Mil termiteros el miedo acentúa

hirviendo esos nervios que ya me humillan,

soslayos, reflejos, sonrisas duras,

valor atrapado que no me alivia…

 

Oh vaga conciencia y recuerdo triste,

oh vida, fortuita, ¡oh dura y sueño!,

Mi rumbo es amarte al saber que existes

en rico espejismo de talle isleño.

 

Azul primavera, ¡qué encantos tienes!

Mirándote en vida mi herida enciendes…

Cien sonetos. Para cien noches de insomnio. Josián Pastor. Prólogos: ángel Guinda, Luis Antonio de Villena y Pepe de Uña. Huerga & Fierro. Madrid, 2010. 122 páginas. Presentación: FNAC de Plaza de España, martes uno de febrero de 2011. [Las fotos son de Enzo Perrazziello.]

POEMAS DE AMPARO SANZ ABENIA

Amparo Sanz Abenia me ha enviado hoy, muy gentilmente, los poemas de su libro ‘El edén de Eros’ que prologa Ángel Guinda con este texto que se titula ‘Sed de fuego’. Se trata de un libro de amor, de erotismo, de sexo, de deseos y anhelos explícitos, de consumaciones carnales. El libro lleva unas ilustraciones de J. Enrique González, pero yo no las puedo coger. Selecciono otros materiales, en concreto fotos de Pavel Mirchuk.

 

SED DE FUEGO

 

Una de las consecuencias más favorables del afianzamiento democrático español ha sido el avance incuestionable en la práctica de derechos individuales, más aún en cuanto se refiere a la libertad afectiva y sexual de las personas.

         Ese ejercicio existencial sin trabas ha favorecido, por fin, la más sincera expresión y comunicación de la mujer, su actuación liberada de prejuicios religiosos, morales y sociales, el desenmascaramiento de las emociones, los deseos y, por ello, la absoluta autenticidad en sus manifestaciones cotidianas y artísticas, incluida la poesía.

Desde que en la década de los ochenta del siglo XX Ana Rossetti iniciara, en nuestro país, una estética de erotismo poético culturalista, la poesía escrita por mujeres ha ido conquistando altos niveles de libertad desatada en la formulación lírica del conocimiento experiencial tanto temático como formal con destacadas aportaciones de poetas emblemáticas actuales como María Antonia Ortega, Miriam Reyes, o las aragonesas Carmen Ruiz Fleta, Ana Muñoz, Almudena Vidorreta y Clara Santafé, entre las más jóvenes.

Al desarrollo de esta situación viene a colaborar El edén de Eros, conjunto de poemas erótico-sentimentales en los que Amparo Sanz Abenia reactualiza referentes bíblicos, místicos y renacentistas: Salomón, San Juan de la Cruz o Diego de San Pedro.

La imagen representa la idea de manera directa, mediante un gesto de simbolismo puro: “eres fuego que me quema con tu daga ardiente”, “la sangre blanca” (metáfora del semen); o indirecta: “Encarcelada vivo en tu cuerpo”. El ámbito fenomenológico refleja el entusiasmo o la crisis del sujeto con la más impúdica acción testimonial. Imagen clara como signo luminoso de unión carnal; o signo nocturno de misterio y relajación tras la ansiedad, más que de muerte.

Poemas de ebriedad sensorial e insaciabilidad (“¡galopemos de nuevo, amor mío, galopemos!”) que provocan, en su entusiasmo desbordado, la proyección del yo en el otro desde la invocación y el desgarro en un escenario donde la amada es “gacela herida” y el amado, a través de Eros, “jardinero de fuego”.

La aportación plástica de J. Enrique González complementa el libro como objeto de belleza, enriqueciendo la edición.

                              

                                                                                                 Ángel Guinda

 

 

IV

 

Eres fuego que me quema con tu daga ardiente.

Eres río 

que me anega con su cauce  desbordado.

 

Es furia en mis labios sedientos,

que se embalsa en mi garganta.

 

Recorre los senderos más profundos de mi lecho,

y anida savia en  mis rincones…

en  mis parcelas  para ti  consagradas.

 

XVIII

 

Volveremos al encuentro

de las pasiones en tu hemisferio.

Doblegaré mi paraíso

y te entregaré las llaves del edén,

donde nos desgastamos tantos siglos.

Licuaremos el jugo de nuestros gozos

condenándonos a la eternidad

del amor terrenal,

en el infierno divino de nuestro cielo.

XIX

 

Ante ti, Eros, reclinada

en ofrenda  me entrego.

Una homilía de deseos tapizan

el santuario de la noche.

Capilla floral

donde nos desposamos cada atardecer.

Te atomizas, Eros, en mis rincones

y te adhieres a  mi cuerpo.

Poro a poro me deshaces

 con tus hebras de seda

que  dibujan un camino de cometas

 que alcanzan mi  firmamento.

 

 

*Todas las fotos son de Pavel Mirchuk. 

PHILIPPE CLAUDEL: CASI UNA ESTÉTICA

PHILIPPE CLAUDEL: CASI UNA ESTÉTICA

 

El viernes pasado grabamos a Philipppe Claudel para 'Borradores', el autor de 'Almas grises', 'La nieta del señor Lihn' o 'El informe Brodeck' (todos en Salamandra) y de la película 'Hace mucho que te quiero', en la que tiene un importante papel su hija Lise Ségur. Aloma les tomó esta foto y captó esta confesión del escritor y cineasta.

 

"Durante el proceso de escritura no sé qué libro estoy escribiendo: no hago planes de trabajo ni tengo un cuaderno con notas o un esquema del libro. Hay escritores que lo hacen así y no se ponen a escribir hasta no saber hacia donde la historia. A mí me pasa justo lo contrario: si tengo la historia clara no la escribo, porque ya me la sabría y no me produciría ninguna curiosidad. Mi gran placer es no saber dónde me va a llevar la primera página, como cuando se explora un territorio nuevo y desconocido. Para mí escribir es como estar en una cueva en la que solo hay una vela y no se sabe bien dónde termina la cueva, hay que explorarla".

ERNESTO PÉREZ ZÚÑIGA HABLA Y CUENTA

Ernesto PÉREZ ZÚÑIGA PUBLICA

‘EL JUEGO DEL MONO’ EN ALIANZA

 

BIOBIBLIOGRAFÍA DEL AUTOR

Ernesto Pérez Zúñiga (1971). Como narrador es autor del conjunto de relatos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir (2002) y de las novelas Santo Diablo (2004) y El segundo círculo (2007, Premio Internacional de Novela Luis Berenguer). Entre sus libros de poemas, destacan Ella cena de día (2000), Calles para un pez luna (2002) por el que recibió el Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid y Cuadernos del hábito oscuro (2007). Forma parte de diversas antologías, la más reciente Pequeñas resistencias 5 (2010). Ha colaborado en publicaciones como “El rapto de Europa”, “La Mancha” (en Internet) o “El Viajero”. Aunque nació en Madrid, creció en Granada, ciudad en la que no tuvo más remedio que convertirse, de día, en paseante, buscador de plazas y de fuentes; de noche, en noctámbulo. A pesar de una temprana vocación naturalista, se decidió por la escritura desde la adolescencia. En Granada se licenció en Filología Hispánica y publicó sus primeros libros de poemas. Durante aquellos veranos, gracias a pequeños trabajos, recorrió Europa en tren, y quiso fundar una república musical en una isla del Báltico. Con la única beca universitaria que recibió durante sus estudios, se compró un saxo tenor para perseguir al Perseguidor de Cortázar y Lester Young. En compañía de su saxofón, vivió en Málaga, en Ronda y en la Línea de la Concepción, donde fue profesor en un instituto, experiencia que marcó el inicio de esta novela, El juego del mono. Fue precisamente en el ambiente de esta ciudad, donde comenzó a escribir narrativa. Después de un verano en el barrio de Regla, en la Habana, pasó por Madrid, donde sobrevivió a un accidente de moto. Fue entonces cuando decidió no regresar a su trabajo como profesor en Andalucía, y quedarse en Madrid para centrarse lo más posible en la escritura. A pesar de sus ensoñaciones de ganarse la vida como saxofonista, comenzó a trabajar en pequeñas editoriales, hasta llegar a dirigir algunas prestigiosas colecciones literarias. Mientras tanto publicaba sus primeros libros en Madrid. Después de que una de las crisis económicas de nuestra época se llevara por delante la editorial donde trabajaba, se presentó a una plaza de técnico de literatura en el Instituto Cervantes, donde hoy coordina el Departamento de Actividades Culturales. A veces quisiera vivir en el valle de las Quemadas, cerca de las ruinas de Acinipo, con un caballo y un perro, pero es adicto al cine negro, a sus amigos, y a los libros de autores como Valle Inclán, Onetti, Guimaraes Rosa o Murakami, vicios inevitablemente urbanos. Sus ciudades favoritas hoy son Palermo y Tokyo, Padova y Sevilla (ciudades ambas de Dante), y Madrid. La novela, su territorio más libre. Nunca ha tocado bien el saxofón.

Su web es www.ernestoperezzuniga.com

  

Entrevista con Ernesto PÉREZ ZÚÑIGA

  

¿Qué tipo de novela es El juego del mono?

 Es una novela que se presenta como un juego para el lector. Éste tiene en sus manos una intriga, una investigación que es mucho más de lo que parece. El juego se vuelve más divertido y más interesante conforme el lector avanza por la historia. Él mismo se ve envuelto en las mismas preguntas que el protagonista y en su proceso de búsqueda y transformación. En este sentido, esta novela juega con el género de la novela negra (como las anteriores jugaban con el esperpento de Valle Inclán y la novela histórica, o el cuento de miedo y la tragedia griega). La novela es el género más libre, por eso el tema de la frontera es tan importante en El juego del mono, para cruzar las fronteras con libertad.

 Háblanos de esas fronteras.

 Es una novela sobre nuestro tiempo, que se desarrolla en una frontera legal, entre la Línea de la Concepción y Gibraltar. Pero, además, el tema de la frontera es fundamental. Los personajes de esta novela son habitantes de la frontera, contrabandistas de La Línea de la Concepción, por ejemplo. Y toda la novela trata acerca de la frontera: una sociedad de frontera, la frontera entre lo animal y lo humano, entre la vigilia y el sueño, el juego y la responsabilidad, el amor y del poder, la libertad y la manera en que somos prisioneros en nuestra sociedad, la ficción y la realidad. Por otro lado, esta novela juega también con la frontera entre los géneros literarios, introduciendo una estructura dentro de otra, como las muñecas rusas: cuentos, artículos de periódico, un diario, un anuncio, un correo electrónico, un libro dentro de otro.

 Y en el centro de todo eso, Montenegro...

 Sí, Montenegro, el profesor, una voz que cuenta su historia como en algunas novelas de Raymond Chandler o en el cine negro, desde dentro, con cierta ironía, con cierto escepticismo, con melancólica culpa. Un antihéroe que en la novela tiene como referencia a los seres de ficción que interpretaba Bogart, Philip Marlowe, que bebe como ellos, e intenta ser un “duro” con las mujeres, pero al que la realidad vence una y otra vez. En este sentido tiene también algo del Larsen de Onetti.

 ¿Cuáles son las claves argumentales de esta novela?

 El juego del mono emprende una bajada a los infiernos del instinto humano, su animalidad, su deseo y su necesidad de salvación. Está estructura- da como un juego circular, donde el protagonista también debe escribir un libro para salvarse. De hecho, la novela rompe una lanza por la autenticidad literaria, como una de las pocas cosas que enaltecen al ser humano, librándolo de la locura y de la desesperación. El protagonista y narrador, Montenegro, es un profesor neurótico y alcoholizado, que vive en una casa con sótano, en un pueblo casi abandonado. Ese sótano es el lugar donde baja a enfrentarse a sus fantasmas, y también donde, al parecer, estuvo secuestrado un hombre que apareció muerto años atrás. En su relación con sus alumnos, Montenegro se enamora de una adolescente a la que imparte clase, al tiempo que mantiene un affaire con una compañera de trabajo adicta a la cocaína. En la novela es importante el tema de este tipo de adicciones, que, más que liberarnos, nos acercan a lo animal. De hecho, Montenegro visita a menudo Gibraltar, donde experimenta con los monos entregándoles pequeñas botellas de whisky. Un día, encuentra un manuscrito en el sótano, escrito por el hombre secuestrado y asesinado. La lectura de ese libro interno, que es un canto a la pureza bajo una situación de tortura, transforma íntegramente al protagonista, que inicia a partir de ese instante una búsqueda del asesino.

 Parece un juego peligroso.

 Decía Nietzsche que el juego es uno de los fundamentos del ser humano, un juego realizado con el poder de creación de un niño, también con su falta de responsabilidad. Nuestra sociedad se ha entregado a esta visión del mundo en nuestra época más que en ninguna otra. En este sentido, el protagonista de esta novela, Montenegro, toma conciencia de las consecuencias nefastas de este juego, y lo hace gracias a un mono, un primate jugador por excelencia.

 ¿Qué tipo de consecuencias?

 Nuestra aparente falta de responsabilidad, el abandono de la ética en nuestra forma de vivir. Sin ella somos poco más que monos. Durante la no- vela, en algunas ocasiones Montenegro encuentra en los monos un brutal espejo, la soledad de los animales desvalidos. El ser humano también puede llegar a serlo, un animal desvalido, y un animal peligroso.

 ¿En Gibraltar, en la Línea de la Concepción especialmente?

En absoluto. La Línea de la Concepción no era más que otra víctima de la sociedad, una ciudad en la frontera de Europa. Viví allí en el 97. Ahora ha cambiado mucho, pero entonces resumía muchas de las contradicciones de nuestro mundo: un paro brutal, jóvenes con la única prosperidad posible en el contrabando, aceras abandonadas a los vientos del Estrecho. Al mismo tiempo, un lugar de una belleza natural apabullante. Allí fui profesor y fui consciente de la inmensa responsabilidad que tiene la educación, y cómo muchas veces está en manos de personas que no creen en ella, o que han sido vencidas por la desilusión y el desencanto. Por eso quise retratar a Montenegro como un profesor irresponsable, aunque en el fondo se da cuenta de lo fundamental que es cambiar las cosas. Sus alumnos apenas saben leer y escribir con solvencia. Esto es un hecho en muchos institutos de secundaria de España, aunque cueste trabajo admitirlo. En España urge una reforma del sistema educativo, contenidos, métodos para motivar a los alumnos, medios, formación y seguimiento del profesorado. Los profesores sacan unas oposiciones, son contratados, y se enfrentan a una clase que puede estar llena de alumnos muy conflictivos, ya sea por su actitud o por su bajo nivel de conocimientos, algo que muchas veces está ligado, por supuesto. Son una especie de llaneros solitarios, abandonados por la propia estructura a la que pertenecen, y que poco a poco dejan de creer en su trabajo. He conocido casos de profesores que no creyeron nunca en él. Eso es también inadmisible.

 ¿Te documentaste entonces en directo?

 Fue una época feliz. Conocí a personas maravillosas, entre los profesores y entre los alumnos. Hablé también con algunos pequeños contrabandistas, me contaron a su manera cómo trabajaban. Yo iba haciendo memoria literaria de todo. De hecho, fue ese año, el 97, cuando dejé de vivir en Andalucía para venir a Madrid, la ciudad donde nací y a la que siempre había querido volver, para centrar mi vida en la escritura. Hasta entonces sólo había escrito poemas. A partir de entonces, comencé con la narrativa. Esta novela dio los frutos de aquel mundo diez años después. La comencé en el 2007. De alguna manera cierro un círculo con ella. De las tres que he escrito, es con ésta con la que estoy más satisfecho.

En ella haces varios homenajes literarios.

 Empezando por el protagonista. Montenegro es el apellido de la madre de Valle-Inclán, y uno de los míos, el quinto o el sexto, quizá el séptimo o el octavo, pero me gusta pensar que soy descendiente del escritor que más quiero. Montenegro tiene algo del Marqués Bradomín de las Sonatas, cierta perversidad y cierto lirismo en su manera de hacer memoria. Luego la novela tiene homenajes a la Santa María de Onetti, a perdedores lúcidos como el doctor Díaz Grey, o a las fantasías psicológicas de Murakami, a las Mil y una Noches, a la literatura oriental, a Nabokov, muchos otros. Todo escritor es una suma voces, toda novela contiene otras. Los mejores amigos de Montenegro son seres de ficción. Yo creo que la mejor literatura nos salva y nos acompaña en la vida con una complicidad y una fuerza similares a la amistad, y esta novela sostiene esta idea y de alguna manera la celebra.

*Cuelgo aquí esta entrevista que me ha remitido Mar Portela y la editorial Alianza. Conozco a Ernesto Pérez Zúñiga, hemos coincidido en un par de ocasiones, nos hemos intercambiado correos y no sabía que tenía una vida tan historiada. El libro es realmente estupendo, las críticas en diversos medios lo corroboran a diario.

OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN ENTREVISTA A DANIEL GASCÓN EN SU BLOG

El poeta, rapsoda moderno, crítico musical y editor, entre otras muchas cosas, Octavio Gómez Milián publica en su blog, leocamaleon.blogspot.com, esta entrevista con Daniel Gascón a propósito de su último libro: ‘La vida cotidiana’ (Alfabia), que presentará en breve en Madrid, Barcelona y San Sebastián, en varias de sus FNAC. Octavio Gómez Milián, columnista de ‘Heraldo’ y colaborador de los programas de Miguel Mena y Alberto Guardiola, se ha convertido en una importancia referencia en la actividad cultural de Aragón en los últimos años. Tres de sus poetas favoritos son Sergio Algora, Ángel Guinda y Manuel Vilas. Se caracteriza por su hiperactividad y por su curiosidad. También es disc jockey.

 

Daniel en su casa, retratado por la artista neozelandesa Philippa Susan Tetley.

Daniel Gascón acaba de publicar su tercer libro en la editorial Alfabia: La vida cotidiana. Después de ser nombrado Nuevo Talento FNAC y presentar en Zaragoza, inicia una gira por distintos FNAC´s de la geografía española. Un libro que me ha fascinado y en el que toda una generación puede verse reflejada, sin impostaciones ni desesperanza (sólo la justa, claro)

Preséntate en tres líneas.

Soy Daniel Gascón. Nací en Zaragoza en 1981. Soy el mayor de cinco hermanos. He vivido en el Bajo Aragón y el Maestrazgo, en Inglaterra, Francia y Madrid, y ahora vivo en Zaragoza. Acabo de publicar mi tercer libro, La vida cotidiana.

Define tu libro en una frase.

Es un libro que habla de hacerse mayor, del amor, la infidelidad y el aprendizaje, y que oscila entre el humor y la tristeza.

El relato corto o el cuento tiene, aunque sea generalizar mucho, dos escuelas (si no estás de acuerdo me añades alguna tendencia más): los de “planteamientonudoydesenlace” con final sorprendente y los que son más evocadores, dando un final no cerrado o para que el lector cierre. En este libro aparecen tanto de los unos como de los otros ¿deliberado? ¿te sientes más cómodo con una de las dos vías?

Me apetecía que en el libro hubiera cuentos distintos formalmente, y también que se repitieran elementos entre diferentes relatos. En general, creo que me siento más cómodo con los cuentos más evocadores. Y mi tipo de final favorito es el que termina con una imagen que revela algo del personaje, el que –por usar una frase de Vila-Matas- cierra con una fotografía que contiene una vida entera. Pero creo que la gracia de esos finales también está en no abusar de ellos. Y me apetecía divertirme con algún final sorpresa (además, como el libro habla de la vida cotidiana, trata también de los malentendidos, que producen finales sorpresa). La idea, de todos modos, era que la sorpresa final no fuera la única justificación del relato: que el final no sea un truco y se pueda releer el cuento aunque se conozca aunque se sepa cómo termina.

Me sorprendió durante la presentación en Zaragoza cuando comentaste que en un momento “empezaste a escribir relatos que se ajustaran al tono del libro”. Me dio la sensación de que, de alguna manera, buscabas una especie de unidad interna en el libro, una especie de novelización fragmentaria (aunque ahora la fragmentación en la novela se aplique a otros manuscritos)¿es posible?

Como lector, me gusta que los libros de relatos tengan una unidad, que se puede conseguir de muchas formas. En este caso, buscaba cuentos que tuvieran un tono realista, con humor y melancolía, centrados en un personaje, una edad determinada y unas experiencias: el amor, los primeros trabajos, la amistad, la escritura. He escrito otros cuentos que se iban un poco y no los he incluido. Y luego, creo que otro elemento importante para esa unidad es el narrador en primera persona. Así que hay otros cuentos que pasé de la tercera a la primera persona.

Además de la novela fragmentada y la sitcom, cuando estructuro los libros pienso mucho en los discos que me gustan, en cómo alternan temas más potentes con otros más intimistas y crean una especie de arco dramático.

Jonás Trueba y Daniel repasan el guión de 'Todas las canciones hablan de mí'.

Hubo muchas referencias al guión de “Todas las canciones hablan de mí” en la presentación, incluso en la solapa del libro lo usan de “promoción”. Pero al leerlo veo más una continuidad con tu obra narrativa que hermanamiento con la película. Es decir, una unidad aparte, nada de relatos que hubiera podido ser parte del guión o elementos paralelos... ¿Cómo ves esa simultaneidad entre cine y literatura, justo ahora?

Me gustan los dos medios y espero seguir trabajando en los dos. Creo que hay algunos puntos de contacto con la película y algunos cuentos, como “Abdominales”, formaban parte de los relatos, novelas o películas en los que pensábamos cuando empezamos a escribir el guión. Pero es verdad, el libro se parece más a mis otros libros. Es lógico, porque el guión lo escribí con Jonás Trueba y entre los dos escribimos cosas que no escribiríamos en solitario: de hecho, por eso escribimos juntos. Y luego él dirigió la película, y las películas siempre son del director.

Me gusta la frase: “mientras no se diga explícitamente lo contrario, estoy escribiendo una novela”. ¿es necesaria una novela para consagrarse? ¿Tienes miedo de alargar algún relato por la “ansiedad” de ser novelista?

Parece la prueba de fuego de muchos escritores. Aunque también hay otros escritores que solo escriben cuentos. Me gustaría escribir una novela, porque también quiero probar ese género. Tengo ese miedo a estirar un relato como si fuera un chicle, claro, pero de momento me ha pasado al revés: textos que había pensado como novelas se quedaban en cuentos largos. Es lo que me ocurrió con “La generación perdida”, el primer cuento de El fumador pasivo.

En tu blog eres, en mi opinión, un escritor político. En este libro hay un relato muy incisivo sobre la penúltima generación politizada en España, tienes el colmillo bastante afilado, la verdad... ¿crees en el compromiso intelectual de crítica al poder?

Me interesa la política y me gusta participar en la discusión, para defender las cosas que creo que hay que defender: la libertad, la democracia, la razón. En el libro he intentado que también estuviera eso, pero en el blog es el tema principal. Aunque me equivoque muchas veces, creo que es bueno decir lo que uno piensa e intentar analizar las cosas.

Sé que es una pregunta tópica, pero...¿escuchas música mientras escribes? En una época de referencias pop constantes en la literatura tus cuentos no se salpican de esas incursiones rockeras, son muy asépticos en ese sentido...

Sí, escucho música mientras escribo. Bastante variada: desde cosas de jazz a americana o pop. Pero es verdad que hay pocas referencias musicales en mis cuentos. Me encanta la música y muy pocas cosas me hacen tan feliz como algunas canciones, pero no tengo la erudición pop que tienen muchos de mis amigos y esas referencias no me surgen con la misma naturalidad que a ellos. Por otro lado, también me gustan mucho el cine y la literatura y generalmente no hay muchas referencias cinematográficas o literarias.

La última canción que has tarareado

“Yo soy como Portugal”.

La última frase que te ha gustado

“La gran mayoría de las gente está mucho mejor alimentada, alojada, entretenida y protegida contra las enfermedades y tiene más posibilidades de llegar a una edad avanzada que sus antepasados”. De Matt Ridley, El optimista racional. Y leí el próximo libro de Ismael Grasa, La flecha en el aire, y lo subrayé casi entero.

¿El libro digital matará a la estrella de la Underwood? ¿te preocupa?

No lo sé: a veces pienso que habrá una convivencia, otras me parece que el libro digital tarda más de lo que parecía que iba a tardar hace unos meses. Me preocupa, porque la industria editorial tendrá que adaptarse y muchos amigos y yo trabajamos en esa industria, pero creo que la literatura seguirá existiendo y eso es lo más importante.

La última copa que te has bebido

Un gin-tonic en el Penguin, cerca de casa.

La última persona que te queda por besar

Mi novia tiene que estar a punto de llegar del trabajo, voy a saludarla con un beso.

La última noticia que te ha hecho pensar: “Alguien debería escribir sobre esto”

Se ha escrito mucho de las dos, pero me han impresionado lo de las lenguas cooficiales en el Senado y la revolución en Túnez. Y también que Belloch se gastara 3.700 euros del ayuntamiento de Zaragoza en invitar al equipo de fútbol de una localidad que lo había hecho hijo adoptivo.

El último libro que has leído y el próximo que tienes ganas de leer.

El optimista racional, de Matt Ridley. Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri.

Portada del libro realizada por Clara León.

 

 

EL AMOR DE PAUL ELUARD Y NUSCH

 

*Las fotos proceden de Man Ray y otros autores.

ÁNGEL GUINDA HABLA DE 'ESPECTRAL'

ÁNGEL GUINDA HABLA DE 'ESPECTRAL'

 

“NO DEJO DE SUFRIR CON LOS QUE SUFREN”

Ángel Guinda señala que "Espectral’ (Olifante) es un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir”.

 

Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) recibía el pasado mes de diciembre el Premio de las Letras Aragonesas por “el valor de una obra poética importantísima dentro de la historiografía literaria aragonesa, fundada en la poesía española pero expresada con un lenguaje renovador adherido a su compromiso estético y humano”. Ese galardón coincidía casi con la aparición de la antología ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’ (Olifante), preparada por él. Ahora, el autor de ‘Vida ávida’, ‘Claustro’ o ‘Conocimiento del medio’ publica uno de sus libros más complejos y ambiciosos, de un elevado nivel léxico y conceptual:’Espectral’ (Olifante. La Casa del Poeta. Zaragoza, 2011. 96 páginas), que llega estos días a las librerías y que se presentará el día tres de febrero en el Teatro Principal. El poeta, profesor, crítico literario y traductor explica las claves del poemario, de su escritura, de su vida y de las sombras que le persiguen.


¿Cómo se gestó ‘Espectral’?

Una noche de enero del año pasado, en Madrid. En una cafetería próxima al Museo Sorolla, mientras bebía un gintónic, contemplaba fijamente la calle a través de una imponente cristalera. Veía los enormes los faros de los coche, como fanales estallándome en los ojos, y recordé un poema de hace veinte años que ha sobrevivido a mis retractaciones; se llama ‘Desierto’ y dice: “Camino / sobre antorchas de silencio. / Oigo sombras: / son los pasos del sol.” Comencé a escribir.


¿Cuál era su estado de ánimo, qué zozobras le marcaban? ¿Dónde quería ir?
Mi estado de ánimo era y es feliz y vitalista… La procesión va por dentro. Desde niño tengo muchos miedos, cada vez más con el paso del tiempo: pánico a mí mismo, sobre todo; a las apariciones (que las he tenido), a desaparecer, a la voz de los muertos, miedo a abandonar, a ser abandonado, a la soledad, al dolor, a la decrepitud, a molestar a quienes amo, a soñar, a desear, a viajar solo por el mundo sin conocimientos de inglés… Quería ir al infinito, a la eternidad, a la nada.


¿Qué ocurrió durante la escritura? ¿Cómo fue en un sentido físico, de horarios, a mano o a máquina, qué leía, etc.?

Este poema lo he escrito en estado de trance, de arrebato, poseído por mis fantasmas, obsesiones y recuerdos personales. Lo he reescrito numerosas veces. Me levantaba temprano y comenzaba a pensar, a sentir, a evocar, a redactar a mano en el primer papel que encontraba y, permanecía atrapado hasta las diez de la noche. También en el Metro, en el autobús, en plena calle… De madrugada, me despertaba sobresaltado por una pesadilla y volvía a la carga: me levantaba, y a seguir. En esa época leía ‘Introducción a la metafísica’, de Bergson; ‘Manual del perfecto ateo’ (Anónimo), libros de parapsicología como ‘El otro lado del hombre’, de Miguel Lucas; libros de astrofísica… En poesía he releído a Dante (una de sus versos encabeza el libro), Pere Gimferrer, el Leopoldo María Panero de la primera época, Dylan Thomas, y también me he releído. Sigo el programa radiofónico ‘Milenio 3, de Iker Jiménez’.

Me quedo un poco desconcertado. ¿En qué momento supo qué libro quería hacer?
Aquella misma tarde de invierno en la cafetería.


Vayamos con el resultado final. ¿Qué libro cree que ha escrito?

Tal vez un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir, desde el vitalismo más atroz y despiadado. Un memorámdum existencial y poético, un testamento: “Os dejo a todos cuanto no he vivido”.


¿Cabría decir que aquí está Ángel Guinda, por completo, pero de otro modo?

Sí, pero fundamental y literariamente aquí está el dramatismo de mi propia experiencia de la poesía frente al anecdotario de la poesía de la experiencia como corriente actual.
De entrada podríamos decir que el libro es un autorretrato, un vómito, un ejercicio de desnudez y a la vez el libro de alguien que pertenece a un contexto social (un paisaje exterior y una época), y a sus sombras.Todo eso más la interiorización del mundo exterior, más determinados aspectos inexplicables que surgen del proceso evocador, de la exploración del misterio y de lo desconocido que llama a nuestro espíritu para un mayor reconocimiento propio.


¿Es consciente de que se trata de su libro más complejo, sobre todo de imágenes y de estilo literario, de metáforas, de enumeraciones, de registros verbales?

Lo he intentado. Por una parte he querido combatir uno de los tópicos de la literatura aragonesa: su carencia de imaginación. Por otra, he procurado expresarme y comunicarme en un lenguaje radicalmente poético, con figuras del realce expresivo como las citadas por usted más la sinestesias o confusiones sensitivas (secuela de mi experiencia con el LSD y otras sustancias psicotrópicas), las paradojas, antítesis, hipérboles, comparaciones…

Es un libro de imágenes de un observador del dolor ajeno, ¿no?
Toda imagen es una reproducción pero también una modificación idealizadora del referente. No dejo de sufrir con los que sufren.


Es un libro de lo cotidiano, de las pequeñas cosas, pero también de la trascendencia, del más allá. Un libro donde se habla mucho de la eternidad.
‘Espectral’ es una peregrinación meditativa desde lo natural a lo sobrenatural pasando por lo preternatural y paranormal.


Después de escribir un libro así, ¿ya se puede contestar qué es la poesía?
Además de palabras sin apenas palabras, intensidad frente a extensión, la poesía, como la belleza, es una aparición: unas veces constatación de la realidad, otra conspiración contra ella; a veces espejo y a veces espejismo y, siempre, una iluminación.

Dice: ‘Yo vivo en una nube de tabaco, la más lenta estrategia de suicidio. Oigo desafinar la orquesta de mis bronquios. El humo que respiro raspa como estropajo, lija como flor de alquitrán, tapona la roja arboleda de mi pecho y me ahoga’. ¿Es un homenaje a la ley antitabaco o expresas el drama del fumador que no puede dejar de fumar?

Más bien esto último. Patológicamente, desde hace cuatro décadas soy fumador compulsivo de dos paquetes diarios de cigarrillos. Una adicción terrible para la salud. Una instintiva técnica de autodestrucción. Es la única droga que no he conseguido superar.

¿Cuál es su postura ante la ley? ¿Es, como dicen algunos, una nueva forma de inquisición?

Conflictiva y contradictoria: como el poeta, como la vida misma. El ácrata idealista que llevo dentro se rebela contra determinadas leyes (de tráfico: me quedan cuatro puntos en el carné de conducir; antitabaco: fumo a escondidas en algunos lugares públicos) Pero el demócrata que soy me invita a respetar la ley y a pagar las multas cuando la incumplo.

Todo el libro posee un tono de búsqueda desesperada. ¿Por qué?

Búsqueda del yo, del yo épico disuelto en el yo lírico. Necesito ser dueño de mi identidad personal en tiempos en los que el Estado deshace individuos para hacer ciudadanos, el Poder nos anestesia para debilitarnos y la globalización nos uniforma para desunificarnos, desunirnos, y, en definitiva, desintegrarnos en seres despersonalizados.

El libro tiene la atmósfera de un diario, de un diario de viaje al interior y con el exterior. ¿Ha sido adrede?

Se trata de una expedición desde la oscuridad a las tinieblas por caminos de luz y ruido; desde el estruendo hacia el silencio, desde aquí y ahora al más allá y al mañana. Un libro testimonial, un memorial de sucesos personales tan impactantes como inolvidables, una agenda de acontecimientos que me han fundado, de técnicas de escapismo (como ciertas drogas) que me han confundido y colocado al borde del abismo.


Dice usted: “¿Mi vida es ya ese torpe buey tan lento, este viejo tractor que no se pone en marcha?” ¿Es esto pesimismo, retórica, temor a la vejez?

Pesimismo lúcido. Un eufemismo del acabamiento.


Siempre identifica la palabra y la vida. ¿Ha vivido así? ¿Qué habría sido de Ángel Guinda sin palabras?

Exactamente: escribir como se vive, escribir como se es. He intentado hacer vida la palabra y hacer palabra la vida. Vivo el silencio y convivo con las palabras. Sin ellas no sería nada, sería nadie, o acaso el misterio y la suprema sencillez de una piedra o una gota de lluvia.

¿Con cuántas sombras, con cuántos fantasmas, con cuántos espectros viaja Ángel Guinda?
Las sombras de cuanto he tenido y arrojé al pasado, de cuanto he perdido por no saber encontrarlo hacia el futuro; y todo lo presente me parece espectral como un mundo en el que no quiero vivir. No paseo, floto; y más que pensar necesito, como Larra, aniquilar para transformar.

Siempre me llama la atención por qué un hombre como usted, rebelde, pícaro, con mucho sentido del humor, es también un hombre trágico, atormentado, que convive con la muerte… ¿Tiene una respuesta Ángel Guinda?

Ante los demás, para no torturarles con mis tormentos, despliego la sonrisa, la carcajada y la ironía desdramatizadoras. Ante mí mismo me muestro cejijunto y torturado, como en el fondo soy.


¿Tiene la sensación de que ‘Espectral’ es el gran libro de su vida, el gran libro de su producción lírica?

Salvador Espriu me enseñó a vivir la creación poética como un aprendizaje. Intento hacerlo mejor constantemente. ‘Espectral’ no deja de ser un libro pequeño repleto de grandes cuestiones. Lo que me preocupa más es pensar qué puedo escribir, si es que sigo escribiendo, en adelante.


Siempre ha sido un defensor de la poesía útil. A la luz de ‘Espectral’, ¿dónde se asienta la utilidad de la poesía?

En su incitación al desconocimiento de la realidad adversa mediante la fuerza y posibilidades de la imaginación. En la invitación a la serenidad en los temas y momentos más graves de nuestra existencia.


¿Por qué ha escrito? ¿Por qué escribe? ¿Para seducir a sus cuatro mujeres, para contentar a sus suegras, para ser más famoso y tener discípulos…, para enloquecer con la belleza de algunas palabras? ¿Para encontrarse?

Para sofronizarme y para no morir. Para enloquecer de lucidez, para huir de la realidad con la imaginación y la existencialidad de las palabras. Las palabras son seres vivos, semillas cargadas con el silencio de los mundos. Rosendo Tello no se cansa de decir que soy un seductor; Carmen Sender, que fue mi profesora, dijo que soy un creador de lenguaje; Manuel Martínez Forega: un romántico; el escritor y periodista Roberto Miranda: un heterodoxo; mis mujeres: un anciano muy niño; y mis suegras: un yerno cariñoso.

 

*La foto de Ángel Guinda pertenece a José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo.

ELÍAS MORO CUÉLLAR Y SU INVENCIÓN

ELÍAS MORO CUÉLLAR Y SU INVENCIÓN

Elías Moro Cuéllar es un estupendo escritor. De muchos tramos. Le apasionan especialmente los tramos cortos, la literatura que se mezcla, la literatura que enreda, la literatura que tira del relato corto, del poema, del aforismo, de la cita. Acaba de publicar un libro realmente estupendo, al que se puede entrar desde cualquier página, casi al azar: ‘El juego de la taba’ (Calambur, 2010), donde reconoce le influjo y los consejos y las afinidades con dos buenos amigos: Cristina Grande y Fernando Sanmartín. Con la gentileza habitual, Elías Moro (que ya tiene muchos, muchos amigos en Zaragoza) me envía unos fragmentos de un volumen que se fue amasando, expandiendo y consolidado en el blog del mismo título.

 

 

El juego de la taba

(fragmentos)

 

 

Elías Moro Cuéllar

 

Te asalta un pensamiento, un aforismo brillante, un argumento certero acerca de cualquier asunto; lo construyes en tu mente, lo ordenas sintácticamente, lo catalogas en una u otra categoría. Pero te pones a escribirlo y, a poco que te descuides, todo ese andamiaje se viene abajo con estrépito arrastrándote en su caída.

Y sales de la nube de polvo y cascotes sacudiéndote el fracaso a manotazos y sabiendo que tampoco era esto, que tampoco era este.

 

*

 

Siento, en la sien, latirme un verso.

 

*

 

Sostén

Sostiene tu mirada un instante más esta vida en derrumbe.

 

 

*

 

Días como islas, tan iguales, tan distintos.

 

*

 

Últimamente, echo mucho de menos el buen carácter, esa antigualla.

 

*

 

Todo hombre es su pasado, todos los pasados de todos los hombres. Mientras intentamos ser, sólo conseguimos -fiera y torpemente- haber sido.

 

*

 

Merienda

Pela una naranja en la tarde, y ese aroma que se esparce por todo el cuarto te acompañará para siempre.

 

*

 

Naturalismo y poesía

No me digáis que no es poético que una medusa tóxica se llame “carabela portuguesa”.

 

*

Menos mal que, disimulado entre otras muchas cosas, aprendemos el idioma de pequeños, casi sin esfuerzo, apenas sin darnos cuenta.

Porque como tuviéramos que hacerlo de mayores a base de estudio, el porcentaje de mudos y analfabetos crecería de modo espectacular.

 

*

 

Aviso

Cada vez que te dicen “es por tu bien”, prepárate a sufrir.

 

 

*

Variación sobre Sócrates

Ya no sé si sé lo que sé.

                                                      

*

 

Toda la poesía se acaba cuando llego con mi guadaña.

 

*

 

Mal de ojo

Mirar de rebote, al zigzag, al bies, al tresbolillo…

Y al poco tiempo, empezar a sentir los síntomas de algo malo.

 

*

 

Esa castiza expresión de mujer de bandera, digo yo que vendrá por las ganas de quitarse la camisa y ondearla cuando pasa a nuestro lado, como un espontáneo y peculiar homenaje a sus magníficas hechuras.

 

*

 

 Caigo ahora en la cuenta de cómo en muchas ocasiones, en las frases que pronunciamos a diario, utilizamos de continuo características o rasgos de animales para referirnos a cosas que no tienen nada que ver con ellos.

Piel de sapo, por ejemplo, para citar una variedad de melón; panza de burro para nombrar el color de algunas nubes preñadas de nieve y frío; color de hormiga para describir la tonalidad del rostro de los enfermos…

   Y así.

 

*

 

Cielo

Guarda el cielo en sus azules la memoria de las aves, las formas infinitas del vuelo.

 

*

 

La ironía y la inteligencia, una del brazo de la otra, guapísimas las dos, han salido juntas de fiesta.