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Antón Castro

Escritores

MICRORRELATOS DE SERRANO CUETO

 

Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1965) es profesor de latín, está muy vinculado al Instituto de Estudios Humanísticos de Alcañiz y alterna, en su faceta creadora, cada vez más intensa, la narrativa y la poesía. Por ahora, el género en el que reclama más atención es en el del microrrelato. Para Antonio parece claro que el microrrelato no tiene nada que con la ocurrencia, el chiste enmascarado o el aforismo. El microrrelato puede ser, para él, una forma breve, brevísima, a veces de cuatro, cinco o seis líneas, donde se cuenta una historia con personaje o personaje, con acción y atmósfera y con un desenlace que puede ser un suspiro, un fogonazo o una puerta condenada que se abre hacia el asombro. Lo primero que llama la atención de los microrrelatos de su libro ‘Fuera pijamas’ es la sensación de pieza perfecta y completa, la tensión y la armonía con la que están escritos. Si hubiese que buscarles un parangón, quizá podría decirse que Serrano Cuento aspira a la redondez elaborada del soneto. A partir de ahí, se maneja a la perfección en el mundo cotidiano, donde irrumpe de súbito un haz de fantasía, de perplejidad o de pura sencillez. Serrano Cueto es un escritor imaginativo, que maneja muchas situaciones y puntos de vista, y que logra piezas espléndidas como ‘El hombre desparejo’, sobre el doble y la sombra, ‘Deseo fatal’, ‘Seducción’, ‘Quirófano número 4’, donde combina el humor y el terror, ‘La audición’, la historia de un hombre que ‘toca’ el piano antes de nacer. Podrían citarse muchos otros, el premiado ‘El autobús circular’, tan inquietante y enigmático a la vez, o ‘Dos emisiones simultáneas’, sobre las sorpresas de un orgasmo. ‘Fuera pijamas’ es un libro plenamente consciente en todos sus extremos, culto, variado, de trazado sutil y poético, que ensalza el género con calidad, imaginación y voluntad de estilo.

 

Fuera pijamas. Microrrelatos. Antonio Serrano Cueto. De Barris. Barcelona, 118 páginas.

PASEO POR BARCELONA

Ando por Barcelona. Llegué ayer por la tarde. Me encuentro con algunos amigos entrañables:

 

-Quedo con Sergio Vila Sanjuán, el escritor y periodista que dirige ‘Culturas’ en ‘La Vanguardia’. Hablamos de todo: de literatura, de periodismo, y asoman a nuestra charleta un montón de nombres: Juan Ramón Masoliver, su sobrino Tono Masoliver, Jesús Moncada y su pasión por el Ebro, Tomás Salvador (Sergio y Marcos Ordóñex publicaron sus primeros textos policíacos en ‘La prensa’, en un proyecto que coordinaba Salvador) y recordamos a un mito de nuestra juventud: el esquiador y campeón de motociclismo Víctor Palomo.

 

-Cita de editores en el Caixaforum. Llego muy tarde, y no puedo asistir al acto. Ignacio Martínez de Pisón dice que ha estado muy bien. Por allí andaban, entre otros, Malcom Otero Barral, Luis Solano, Esther Tusquets (que conservaba muy buen recuerdo de su paso por ‘Borradores’ con la novela autobiográfica ‘Bingo’), Miguel Aguilar, Mónica Martín, Mónica Carrasco y, entre otros, Paula Cifuentes, recién regresada de París y punto de terminar su nueva novela histórica, y María Lynch, agente literaria, compañeras de Malcom y Miguel. Conocí en ‘El Giardinetto’ al encantador hijo de Leopoldo Pomés. Hablamos de su padre, de la fotografía, de su madre Karin y de que Leopoldo Pomés prepara una gran exposición para Londres a principios de 2011.

'CERRADO POR MELANCOLÍA': BLAISTEN

 

TROPO EDITORES PRESENTA CERRADO POR MELANCOLÍA,

DEL CUENTISTA ARGENTINO ISIDORO BLAISTEN




«Cerrado por melancolía» fue el cartelito que el ocurrente escritor Isidoro Blaisten puso al clausurar, en 1981, la librería que tenía en una galería en San Juan y Boedo, Buenos Aires. Fue su modo de reconocer uno de sus fracasos profesionales y comerciales, que, afortunadamente para sus lectores, terminaron llevándolo a volcar su energía en el oficio de escribir. A partir de entonces destacará como cuentista. Cuando se le preguntó por qué eligió escribir relatos, Blaisten sentenció: «No sé si el cuento es una manera de vivir como la poesía, pero sé que escribir cuentos es una manera de mirar».


El libro de igual título que el cartel es una de las obras más aplaudidas de Blaisten. Un libro de relatos, género que cultivo el autor casi en exclusividad, que susurra desde el humor, desde el absurdo, desde la carcajada.




SOBRE EL AUTOR



El argentino Isidoro Blaisten (1933-2004) combinó el ejercicio de la literatura con su oficio de librero de barrio. Está considerado uno de los mejores cuentistas de finales del siglo XX. Entre sus libros, destacan La felicidad (1969), La salvación (1972),  El mago (1974), Dublín al Sur (1980) (Premio Nacional de Literatura), Cerrado por melancolía (1982), A mí nunca me dejaban hablar (1985), Carroza y reina (1986) y Al acecho (1995), así como de la novela Voces en la noche (2004).

 

*Nota de Tropo, dirigida por Mario de los Santos y Óscar Sipán. La foto de Isidoro Blaisten la tomé de este blog toca-yos.blogspot.com

ELOGIO ARREBATADO DE LA AMADA

La última vez que estuve en A Coruña dormí en casa de Xoan Abeleira, muy cerca del mar. Uno de mis antiguos sueños es tener una vivienda en la ciudad de cristal cerca del mar. Aquel día visitamos librerías, nos encontramos con amigos, paseamos. Y al final de la noche, cuando llegamos a casa (una casa de artista, llena de detalles: fotos, arte, libros por doquier, instrumentos musicales) casi sin previo aviso Xoán Abeleira comenzó a leerme un poema. Un poema estremecedor, de amor y locura, del amor y sus abismos, del amor y de sus dolorosos secretos, de amor y de la súbita corriente de destrucción o de sombra que envuelve la vida de dos amantes. Un poema que por un instante me resultó casi insoportable: percibí que allí había una historia real, una inmersión en lo indecible, acaso en lo inconfesable, una liberación de una pesadilla. Nunca un poema en gallego me pareció tan hermoso, tan descarnado, tan terrible, una doliente exaltación de la pasión, el volcán del desespero. Hace unos días me llegó a casa ‘As nosas sombras no Xardín de Serralves’ de Xoán Abeleira –poeta, fotógrafo, narrador, rapsoda, traductor de Syliva Plath, de Ted Hughes, de Rimbaud, etc.- y comprobé que lo que me había leído era exactamente la primera parte del poema que da título al conjunto. Ese poemario inaugura la colección Maldoror del sello Franouren.

Creo que pocas veces había leído un poemario tan intenso de amor. De complicidad, de tragedia, de presencias acechantes que vienen desde el fondo del tiempo para aniquilarlo todo: la belleza del mundo, la intensidad de la convivencia, la sed de creación, la caligrafía del paisaje de una intimidad. El amor con todos sus matices. ‘As nosas sombras no Xardín de Serralves’ es una mirada a la perplejidad, al enigma que envuelve a los seres humanos. Es un viaje al fuego y su envés, es una declaración inmensa de afecto a una amada que huye y que parece disolverse en las invencibles tinieblas que germinan desde el pretérito. Es un paseo por la palabra como instrumento de redención y de catarsis. Y es también una forma de entender la poesía: quizá nunca haya escrito con tanta verdad Xoán Abeleira. Ha abierto su corazón y brota la sangre, el desgarro, la pérdida. No es frecuente encontrar un libro así: los sentimientos de tan intensos se palpan, exudan la luz y las heridas, estallan como el oleaje ante el roquedal. Y hay algo que llama poderosamente la atención: la escritura, el gallego empleado, su textura moderna, sin duda, pero a la vez llena de juegos de palabras y poseído, en ocasiones, por expresiones antiguas, coloquiales, que dan una idea de intemporalidad y de vinculación a una lengua de raíz, rural, que  acentúa el diálogo con la naturaleza y con la materia misma.

Xoán Abeleira ha escrito el libro de su vida. Más que escribirlo, ha vuelto a vivir el libro de su vida, de una intensa relación, de un amor que se agiganta en cada verso mientras se pierde y se desmorona. No es un libro fácil: ni fácil en su escritura, ni fácil en la exposición de los afectos -descarnados, violentos, humanísimos: de un enigma turbulento- y sus numerosos meandros, ni es fácil de asimilar: es bello y maldito a la vez, es esperanzador y desesperado, es un canto y un llanto, son las palabras de un poeta que ha hecho arte del desconsuelo tras haber querido tanto, tras seguir queriendo mucho. Isak Dinesen decía que “todas las penas del mundo pueden aliviarse si se meten en un buen relato”. Xoán Abeleira parece haber hecho eso exactamente. Ha querido fijar para siempre la historia de un amor roto. Un amor oceánico. El elogio arrebatado de la amada.

 

Autorretrato de Xoán Abeleira.

 

As nosas sombras no Xardín de Serralves. Xoán Abeleira. Ediciones Franouren. Colección Maldoror. Ourense, 2010. 160 páxinas.

HISTORIA DE UNA AMISTAD LITERARIA

HISTORIA DE UNA AMISTAD LITERARIA

Vargas Llosa: el Nobel generoso

 

Mario Vargas Llosa, el premio Nobel de Literatura, siempre se ha destacado por su generosidad: es un lector apasionado de Flaubert, Victor Hugo, John Dos Passos... O del recién galardonado Javier Cercas. Y también de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960). Cuando el narrador publicó su libro ‘Enterrar a los muertos’ (Seix Barral, 2005), uno de sus primeros y más entusiastas lectores fue Vargas Llosa: adquirió el volumen, lo leyó fijándose en pequeños detalles y llamó a Toni Munné –responsable de la edición de sus ‘Obras Completas’ para Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg- para que le concertase una cita con el novelista. Mario Vargas y Patricia Llosa los recibieron en su casa de Madrid, solicitaron el servicio de un restaurante peruano y departieron de lo divino y lo humano con Pisón, con Toni Munné, con la traductora y agente literaria Mónica Martín y con Javier Cercas. Mario Vargas Llosa preguntó numerosos detalles del protagonista del libro, el escritor y traductor José Robles Pazos, represaliado por los suyos y desaparecido, y por Dos Passos, al que había vertido al español. Vargas Llosa siempre hace sentir importante a su interlocutor: apela a la inteligencia y se manifiesta con sensibilidad. En septiembre de 2007, cuando lo hicieron doctor honoris causa por la Universidad de La Rioja, cuyo rector es su hermano José, Pisón estuvo con él en Logroño y visitaron algunas bodegas. Al año siguiente, Pisón y Vargas coincidieron en el Hay de Segovia y posaron para Daniel Mordzinski. Se han vuelto a ver en Barcelona, con la pareja Munné-Martín, en restaurantes casi siempre de comida latinoamericana. Vargas Llosa habla del autor de ‘Manhattan Transfer’, de la red de represión estalinista en la guerra civil, de sus lecturas, y habla, sobre todo, de literatura, que para él es el fuego de la vida.

*Ignacio Martínez de Pisón, Mario Vargas Llosa y Bernardo Atxaga en el Hay de Segovia. La foto es del fotógrafo de los escritores por excelencia: el infatigable Daniel Mordzinski. Este artículo apareció ayer en mi sección 'Cuentos de domingo' de Heraldo de Aragón. 

VERÓN: LA MÚSICA, EL SILENCIO, LA LUZ

VERÓN: LA MÚSICA, EL SILENCIO, LA LUZ

José Verón Gormaz ha sido atleta, es fotógrafo que persigue luces y brumas, y es escritor. Podríamos decir de él que es esencialmente poeta. Un poeta de palabras precisas que mira hacia el paisaje y hacia sí mismo, hacia la naturaleza indómita de su raíz más honda. Esa, de manera simplificada, es una de las constantes de su poética: en algunos libros se ha inclinado más hacia el exterior, el lenguaje de las estaciones; en otros se ha tornado un poeta metafísico, incluso doliente, capaz de expresar el desgarro del naufragio (la enfermedad) o las incertidumbres de vivir. José Verón Gormaz viaja siempre, escribe, fotografía: es un ladrón de luz, es un calígrafo insomne. Su nuevo poemario ‘El viento y la palabra’ (Centro de Estudios Bilbilitanos/ IFC, 2010, 88 páginas) es quizá su libro más perfecto, más intenso, un poemario que resulta una exaltación del lenguaje, de la emoción, del ritmo y de la metafísica. Es un libro directo, accesible, pero está más allá del paisaje y del cuerpo, de la emoción y de lo cotidiano. El poeta dialoga con el paisaje con afán de trascendencia, el poeta se desnuda desde la claridad y la sombra, el poeta camina sereno y a la vez estupefacto, el poeta se enfrenta al tiempo. Al tiempo inmortal: a la memoria, al presente, a lo que seremos después de transformarnos en polvo. Como señala el escritor y profesor Javier Barreiro es un libro con un protagonista definitivo: el silencio. El silencio está en todas partes como un escenario o un estado de ánimo en medio de tantos escenarios. El silencio es una aspiración y a la vez es una certeza: “…y el silencio se viste de silueta”, dice, o cierra así el volumen, “Después vuelve a buscarse entre las sombras // y se entrega al silencio para siempre”. Como son certezas el lenguaje, la soledad, la nostalgia y la música, que ocupa la tercera parte de un libro medido, inspirado, que explora lo inefable y que está dedicado a José Verón Goyeneche, su primer nieto.

 

*Esta fotografía de José Verón Gormaz está tomada en Calatayud y se llama ’El regreso’.

MI PRIMER RECUERDO

MI PADRE, EL VIAJE Y EL MIEDO

 

Mi primer recuerdo:

Voy con mi padre en su bicicleta.

Es una tarde apacible y sin llovizna.

Oigo el rumoroso cantar de los bosques

y noto la agitación de su corazón.

Tengo miedo en las curvas y en los baches

a caerme en la cuneta. Y a la vez  estoy

feliz: agárrate fuerte, agárrate a mí,

agárrate bien que llegamos pronto,

dice mi padre. A lo lejos se ve el mar.

El viento peina las retamas y tumba

la maleza con la fuerza de un oleaje.

 

Luego todo es confuso. Y doloroso.

La casa de mi abuelo me pareció

gigantesca, un caserón con huerto,

 jardín, dos establos y un hórreo.

De golpe, oigo voces, discusiones,

Percibo una furia inaudita. Rabia.

Aquel hombre no puede ser mi abuelo.

Me echo a llorar. Me abrazo a mi padre.

Nadie me consuela. Y los gritos se elevan

por los aires, más allá de la chimenea,

con el estruendo de un vendaval.

 

No tardamos en irnos. Yo aún no sabía

qué era el pánico: aquella noche pensé

que mi abuelo quería matar a mi padre,

que mi padre quería matar a mi abuelo.

Me abracé a él con un temblor animal.

Todo era oscuridad: el débil faro

alumbraba el final de la pesadilla.

Volvíamos a casa. Jamás podría olvidar

mi primer viaje. Aquel día borroso

en que mi padre me llevó en bicicleta.

Aquella noche en que noté cómo

le temblaban la piel y la sangre.

Mi primer recuerdo.

 

De ‘El paseo en bicibleta’. Borradores y notas para un libro futuro. La fotografía es de Elliott Erwitt.

FERNANDO ARAMBURU: POEMAS

La editorial Demipage, que dirige David Villanueva, siempre sorprende en su catálogo. Ahora acaba de publicar la poesía de Fernando Aramburu, un novelista espléndido que estudió en Zaragoza. Reside en Alemania, y ha redactado, también, poesía para niños. El libro se titula ‘Yo quisiera llover’. La siempre amable Paloma Mendoza, jefa de comunicación de Demipage, me envía una selección de poemas de Fernando Aramburu.

 POEMAS DE FERNANDO ARAMBURU

 

 

Entras al agua. Tu adolescencia lisa

apetece a la ola. Se aferra todo el mar a tu desnudo,

su lengua fresca con vaivén ligero

lame las piernas. Gritas con deleite

en tanto el agua blanca sube

por los redondos muslos, volviendo el rostro

hacia la playa, con juvenil melindre

mientras te moja la vagina, el talle, y gozas

sumergiéndote.

Te envuelve la marea de amanecer azul,

en la que como un rayo más del sol flotas

y te ofreces, hermosa y libre criatura

que das placer a cuanto en torno a ti resbala.

Surgen, desaparecen en la espuma

los pechos húmedos que estamparás

después contra otro pecho, donde se altera un

corazón durmiente.

Y mientras tiemblas por el frío,

dando forma al deseo,

te secarán mis manos, harás crecer la vida

que tu boca salobre suave siente.

 

 

También eres dolor, lo sabes.

Lentamente alguna caducidad

vierte su ácido en el rostro.

Los días raen la ilusión y un muro

negro te aleja de las gentes.

Así comprendes que al amar

piadosa compañía es lo que anhelas,

buscas testigo de las lágrimas,

alguien que ayude a levantar tu roca.

Residuo de tu vida reluciente,

verás la juventud sin disimulo

retirarse como arena entre dedos.

Pero no eres tristeza,

porque no hay culpa en ti por esta infamia.

 

HIJA

Conocerás la luz, el mar variable

que precede al origen y es ulterior al mundo,

las laboriosas hormigas dispersas por la senda

repitiendo el afán inútil de los hombres.

Conocerás la sed del agua y la del vino

y aquella de los cuerpos más terrible

que no querrás saciar ni acaso puedas nunca.

Conocerás la llama, la rosa y el cristal.

La dicha desde luego conocerás un poco,

suave nube sin aire que pasó

y no ha pasado, la desatada música

que es, igual que el tiempo, un artificio.

No podría olvidar las injusticias que harás y que han

de hacerte,

el grito, la pared, la muchedumbre,

las incontables horas de ajetreo

precisas cada día si quieres resolver

un ínfimo momento sosegado,

y esa noche de lluvia en que estarás muy sola.

Conocerás también la estatua, el libro,

el espejo, el relámpago y la taza,

la sangre que discurre buscando una salida,

la mosca pertinaz, la inapartable muerte

que no ha de consentir que te conozcas.

Un sueño sin piedad sabe tus días.

Números, padres, ríos, sombras, luna

–espléndido dolor– te aguardan. Nace.

 

EN LENGUA MUERTA

Las tantas en mi tumba y el amor,

pobre diablo, de qué me va a salvar

si ni mecha le queda

para velarse

a sí mismo.

Embáucame, le dije,

si puedes, si te atreves. Pon

muleta al alba, resplandor

en su orla al rojo engaño de poniente,

antes que se me olvide

seguir mañana estando vivo dentro

de mi pecho. Le dije: pues ya que tienes alas,

lávame estas cenizas paulatinas,

y luego le juré, a cambio del favor,

colgarme un sol azul de vez en cuando

en el centro absoluto de mi frente.

 

19 de enero de 1996

 

Quien sigue a su deseo y deja que más tarde

apagado el deseo lo persiga;

quien dio su juventud violentamente

en pos de unos fervores momentáneos,

falsos como la propia vida al fin es falsa,

abandonando padre y madre envejecidos

y a su ciudad nativa allá en la costa

borrada en los confusos recuerdos del ausente;

con segura fatiga en que concluye la ilusión de un

hombre,

cuando no con fastidio en soledad desengañado,

ante un paisaje de gentes tan extrañas,

apaciguando su derrota, sin duda silencioso,

sobre la arena acaso escriba:

ya que un azar me cupo en esta nave,

concédame el destino la sola muerte apetecida,

la muerte que antes de la muerte

en brazos de sirena hace olvidarse.

Adónde conduces, labio, con violencia; a qué gozo

te sigo, la voluntad entre aromas suspendida.

Un rostro quieres, un cuello fino en que una quemadura

sella tu llama. Raptado por tu afán, no te resiste

el ser sumiso que arrastras por lugares de deseo.

 

*Las fotos son, por este orden, de Gilles Peress, Silvia Plachy, Dorothea Lange, y las dos últimas de Sylvia Plachy, de nuevo.