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Antón Castro

Escritores

DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Uno de los proyectos poéticos más fascinantes y trabajados de la lírica española en los últimos años en España lo lleva a cabo el editor y poeta Javier Sánchez Menéndez con su libro ‘Fábula’, que son, serán, diez entregas. Contienen un poco de todo: una meditación general sobre la vida, la escritura y la poesía misma, el viaje al pasado y el presente, la belleza, y también –por decirlo de algún modo- una crítica general al mundo en que vivimos. En sus poemas hay crónica, apunte de trayectos, alusiones a los otros (los poetas, los libros, los pensadores…), aforismos, intuiciones. Aparece ahora la sexta entrega, ‘De cuna y sepultura’ (El Gallo de Oro). Y de ahí copio este texto.

 

EN VENECIA

 

La armonía nunca engaña, es como esa fortuna que todos poseemos y a ninguno convence. La armonía equilibra, disipa nuestras dudas, majestuosamente hace que nos amemos. La armonía nos recorre.

 

Hay dos grandes poetas: el oscuro y el de la voluntad. En la edad inocente vuelve a nacer la vida.

 

Y le digo a la vida que venga, que me plazca, que le espero sentado como Pound y Mann en Venecia.

 

BUENOS DÍAS

 

He bajado corriendo por esas escaleras para buscar un nombre, pero tú ya no estabas. Me quedan la razón y la palabra. Esas que en las mañanas te despiertan con un beso en la frente y dicen ‘buenos días’.

 

MIEDO

 

El miedo es necesario, como lo es el silencio, la soledad, la atención y el alimento. Sin miedo no hay respeto, sin respeto no existe literatura y sin ella la poesía no tendría sentido.

 

Tiro al suelo del cuarto rojo el libro de Bloom. Llamo a Barrie y le pregunto. Responde que le complace el respeto, y le desagrada la soberbia.

ADIÓS A PACO CAMARASA

ADIÓS A PACO CAMARASA

HA MUERTO PACO CAMARASA, DE NEGRA Y CRIMINAL


[Hace algo más de un año, en diciembre de 2016, con Sergio Vila-Sanjuán de embajador de la amistad, visité a Paco Camarasa en su librería Negra y Criminal, que creó con su mujer Montse Clavé. Ya estaba enfermo, pero tenía entereza, serenidad y unas ganas inmensas de contar su vida y de explicar sus encuentros con muchísimos autores. Acaba de fallecer. Por ello recupero el texto que le dediqué en 'Artes & Letras' en diciembre de 2016. La foto es de Carles Ribas del diario 'El País'. En 2017 recibió un premio de Aragón Negro.]


Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).

Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco : «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».

De Dupin y Holmes a Carvalho

Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».

En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».

Para Camarasa, poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».

Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».

Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.

Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.

Autores que vienen y van

Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.

Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».

Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.

 

 

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

De la serie ’Cuentos de domingo’. Día del Padre. Heraldo 

Padre e hijo

 

Mi primer recuerdo es un viaje en bicicleta hacia Larín, el pueblo de mi madre; allá, al fondo, divisé por primera vez el mar: Barrañán, luego Caión, el umbral de la Costa de la Muerte. Mi padre llevaba un pedalear tranquilo que no le impedía cantar, al son de la melodía de las retamas y la queja de los pinos: “A Santiago voy, ligerito…”. En casa de mi abuelo paterno tuve otras certezas: el embrujo del huerto, donde vi cerezos, ciruelos, manzanos y una parra trepadora. Otro día, algunos años después, antes de que partiese a la emigración, me veo por el monte, recogiendo leña. Mi padre, que podía ser muy silencioso, me indicaba ramas, troncos rotos, musgos y el vuelo de algunos pájaros. Yo me sentía seguro, pero de repente dijo: “Ahí está la cueva del tesoro, donde se ocultan los fantasmas. Nunca me he atrevido a entrar”. Llegamos a una cumbre agreste, alfombrada de pedruscos. “Aquí, cuando era chaval, jugué al fútbol. No quería ser como Zamora o Lerín. Yo era de Juanito Acuña”.

Volvíamos a casa y a veces me decía que, antes de entrar, me asomase a la fuente de las salamandras, donde recogíamos el agua para beber. Era el mejor espejo del mundo. “Que tu madre te vea bien peinado”. Otro día se marchó a trabajar a Suiza, y empezaron a llegar sus cartas. Preguntaba por todo: por las vacas y las fincas y las tormentas, por los mendigos Xosé y Lelo, por una tía minusválida, Pilar, a la que él llevaba en su espalda a las verbenas que tanto le gustaban, “adora a Pucho Boedo, el vocalista de Los Satélites”; al final cerraba con otro interrogante: “¿Cómo está el rey de la casa?”. Volvía en vísperas de navidades, con bolsas de naranjas, caramelos de menta y una armónica nueva. Contaba cosas de su vida allá lejos: en un año había sido barbero, jardinero, albañil, ebanista, y no sé cuántas cosas más.

Hay cientos de recuerdos pero el que más me impresiona es otro: su padre, Jesús, tratante de ganado, contrajo una enfermedad incurable y él, tras salir del trabajo, iba con su bicicleta a verlo. Se sentaba a su lado y le daba plátano, zumo de naranja, y le hablaba de los animales. Un día, no sé por qué, me impactó tanto la escena que quede al acecho, como si se me revelase un gran secreto. Aún hoy, medio siglo después, me sigue pareciendo una bella forma de ser padre e hijo a la vez y en perfecta reciprocidad.

*En la foto, mi madre Carmen Castro (1928-2014) y mi padre Benito Rodríguez (1925-2007).

SEGUNDA NOVELA DE MIGUEL A. ZAPATA

SEGUNDA NOVELA DE MIGUEL A. ZAPATA

CERO

Un fragmento de Miguel A. Zapata de su nuevo libro: ’Arquitectura secreta de las ruinas’, perteneciente al capítulo Cero, su segunda novela publicada por Baile del sol.

 

Por Miguel A. ZAPATA

 

                 Un rasguño. Antes de cualquier cicatriz. Una mínima marca que procede apenas del desgaste, tal vez de la desidia o de una mala intención.

                 Las rodillas de los niños, por ejemplo. Algo hay en ellas de proyecto de suicidio, o quizá ponen a prueba la consistencia de la piel. Cuando un niño se cae, siempre mira sus rodillas, antes que codos, tobillos o manos. El paisaje en blanco de sus piernas es la perfecta diana para constatar que el mundo duele. Galones. Epidermis condecorada. Certificados de un lugar en el planeta.

                 O la forma en que un anciano rasca, obsesivo, esa verruga cuyos perfiles olvidó, como acosado por la inercia de tantas imperfecciones ya sin relevancia. Al sangrar su verruga, se le ensancha la boca en un suspiro: aún hay vida dentro, aún algo que fluye y llena de tiempo rojo los cuellos de su pijama.

                Pero las cosas no.

                Las cosas avisan su primer momento de derrumbe, aunque no siempre haya orejas cerca que escuchen un crujido o un desgarro. Ésa es la mala suerte de las cosas, de algunas cosas: dependen del hombre para ser o dejar de ser.

 

* Inicio de ’Arranque secreto de las ruinas’ de Miguel A. Zapata. Baile del Sol. 2018.

UN DIÁLOGO CON JAVIER LOSTALÉ

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/26/javier-lostale-escribo-para-ser-joven-alimentar-una-esperanza-radical-1232160-1361024.html

 

Javier Lostalé, autor de 'Cielo', visita el martes 27 el Museo Pablo Serrano y el escenario de Teatro Tranvía, donde leerá versos con Cristina Yáñez. 

 

Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha sido, durante muchos, en ‘El ojo crítico’ y en ‘La estación azul’ de RNE, la voz de la lírica en la radio, pero también es un poeta con voz propia, entre neorromántica, mística y carnal, marcada por el amor y el desamor, la memoria y la belleza. El martes 27, a las 19.30, en la sala 00 del IAACC Pablo Serrano, en el teatro de la exposición de Tranvía Teatro, presenta su último poemario: ‘Cielo’ (Fundación Lara: Vandalia), que cierra un ciclo abierto por ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’. El acto cuenta con la colaboración de la librería Los Portadores de Sueños.

¿Cómo nació a la poesía o cómo surgió su pasión por la poesía?

Leí poesía desde muy temprano, pero como creador comencé a escribirla en serio a partir de los veinte años. Fue la lectura de ‘Sombra del paraíso’ de Vicente Aleixandre y su incardinación en mi vida lo que me impulsó a hacer de la escritura poética una forma, como diría mi gran amigo Antonio Colinas, de ser y estar en el mundo.

Empezó siendo un poeta caudaloso, más cerca del barroco que de la contención. ¿Aspiraba a abarcar la plenitud del mundo?

Las primeras tentativas poéticas, todo acto creador es siempre una tentativa, tuvieron un componente biográfico muy grande, como suele suceder, y lo que vas viviendo pasa al poema directamente. Luego, se va produciendo un distanciamiento de la propia biografía, aunque, claro, siempre está latente y un desnudamiento mayor de la expresión. Se produce un proceso de resta más que de suma. Como dice otra gran amiga, también poeta y en la actualidad directora gerente de la Fundación Gerardo Diego, Pureza Canelo, lo que no suma resta. Muchas imágenes gratuitas sobran. Por otro lado en mi proceso de creación tienen mucha importancia los elementos sensoriales, y las imágenes, las metáforas que lo fecundan tienen un gran peso en mi primera etapa. Imágenes que no han desaparecido, pero que se han atenuado o han estado más ligadas a un proceso de reflexión con el paso de los años. Siempre desde luego en todo poema debe haber una transformación del lenguaje, transformación que en la actualidad se dirige a la búsqueda de lo esencial.

Ha sido un poeta incesante, y a la vez de grandes silencios. ¿Cómo se explica eso? A veces me hace pensar en José Hierro...

Creo que el proceso de creación poética es constante, incluso sin escribir se está escribiendo. Otra cosa es pasar muchos años sin publicar, lo que me ocurrió desde 1981 en que publiqué ‘Figura en le paseo marítimo’ hasta 1995 en que resucité a la poesía con ‘La rosa inclinada’. En la escritura muy lenta y en la falta de publicación influyó mucho mi dedicación sin tiempo a la radio. A partir de 1995 ha habido una continuidad, pero siempre entre libro y libro transcurrieron tres o cuatro años. Desde la jubilación esta continuidad ha aumentado.

¿Cabría decir que el amor ha sido la pulsión más constante de su lírica?

El amor, o el desamor que sigue siendo amor de otro modo, es en efecto el núcleo vivificante de mi poesía. Un amor más allá de la figura, en el que el deseo es fundamental y existe cierto grado de sublimación. Amor hasta en su negación.

¿Qué ha significado para usted el romanticismo?¿En qué medida es un neorromántico del siglo XXI?

El romanticismo más como era entendido por los poetas anglosajones que por los españoles me interesa mucho. El romanticismo como un estado de espíritu, como una energía que potencia la transformación de la realidad, fertiliza los sentimientos y crea un grado de idealidad. Entendido así no me importa ser un poeta romántico del siglo XXI.

Ha sido, y es, claro, un gran rapsoda en las ondas. Emotivo, intenso, creaba climas y aún lo hace en 'El Ojo crítico' o en 'La estación azul'. ¿Cómo ha sentido la poesía y cómo ha querido decirla?

La poesía se siente interiormente y, por tanto, al decirla no debe recitarse sino leerse de dentro hacia fuera. Y sin música de fondo que distorsione el propio ritmo del poema que tanto contribuye a su significado.

¿Cómo funciona el binomio poesía y radio?

Creo que funciona muy bien porque en la radio, como en la poesía, son fundamentales la palabra, la música y la imaginación. Es un medio excelente para la transmisión de la poesía.

¿Qué han significado en su vida Rilke, San Juan de la Cruz y Aleixandre? ¿Serían ellos sus grandes maestros?

Son tres poetas medulares pra mí. Rilke logra llegar siempre, como afirma el poeta ucraniano Adam Zagajewski, al límite de lo expresable. San Juan de la Cruz representa la más alta espiritualidad y entrega a lo divino, pero de un modo profundamente también carnal. En cuanto a Vicente Aleixandre es el gran poeta amoroso del siglo XX, tanto en su dimensión cósmica como metafísica, en el que lo auroral y solidario tienen una gran presencia, y el cuerpo es alma.

Vicente Aleixandre es casi un mito en su vida. ¿Por qué?

Más que un mito fue para mí un auténtico padre que me enseñó a entender que el único pecado es el de no respetar la libertad de los demás. Durante mis visitas a Velintonia prolongadas durante varios años comprendí también el profundo latido de la amistad.

Es un poeta místico. Y quizá no exista mayor voluptuosidad que la de los místicos. ¿Qué ha heredado de ellos?

De los poetas místicos he heredado eso: la voluptuosidad. La entrega a la persona amada hasta desparecer en ella, hasta llegar a decirle como reza el título de una película “llámame por tu nombre”.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

'Cielo' (Fundación José Manuel Lara: Colección Vandalia) cierra una trilogía. Recuérdenos el espíritu de los dos tomos anteriores...

‘Cielo’ dialoga desde su propio ser con los dos libros anteriores, ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’ . En los tres, siempre avanzando en la depuración, lo invisible, el acto de borrar y la consumación son elementos esenciales, y lo atmosférico contribuye a esta esencialidad buscada.

¿Sería 'Cielo' un canto de amor y desamor, tamizado por la memoria y la depuración estilística?

Sí, es un canto de amor y desamor. Un acto de consumación en lo perdido, incluso en lo no existente, pero con la serenidad de la transparencia o del cielo.

¿Cabría decir que es el final de un ciclo o un nuevo camino?

A partir de ahora quizá se abra un camino nuevo, aunque sin abandonar la esencialidad. Quizá a pertir de ahora estén más presentes los demás y se desdibuje el yo.

¿Cuánto hay de dolor o desgarro en el libro, y cuánto de serenidad?

‘Cielo’ es un libro en el que, pienso, predominan la aceptación y la serenidad sobre el dolor. Este existe, pero se asume como consumación en su sentido más positivo. La muerte también está presente, pero no de un modo trágico.

Uno de los poemas más conmovedores es el primero: 'Regresas'. ¿A dónde vuelve Javier Lostalé?

Regreso a lo vivido a través del amor. Hago del olvido el más profundo recuerdo, y del sueño la más honda realidad.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

Aleixandre tiene un poema que se titula ‘Para quien escribo’. ¿Para quién escribe Javier Lostalé?

Escribo, como reza uno de mis textos, ‘Confesión’, porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.

JAVIER LOSTALÉ EN ZARAGOZA: 'CIELO'

JAVIER LOSTALÉ EN ZARAGOZA: 'CIELO'

 

El martes 27, en la sala 00 del  Museo Pablo Serrano, a las 19.30, en el teatro que ha montado Tranvía Teatro, el poeta y periodista y rapsoda Javier Lostalé (Madrid, 1942) presenta su último libro de poesía: ‘Cielo’ (Fundación Lara: colección Vandalia), un libro sobre el amor y desamor, la memoria, el paso del tiempo, la espiritualidad y el deseo, expresado todo ello con una poesía desnuda, depurada, próxima a la lírica del silencio. Javier Lostalé, que ha trabajado más de 35 años en RNE, ha sido la voz de la poesía en la radio durante años con una característico modo de leer. Admira a Paco Brines, Vicente Aleixandre y Rilke, entre otros poetas. En Zaragoza, hablaremos sobre su trayectoria, su libro, y ofrecerá luego un pequeño recital en ese teatro tan maravilloso que ha instalado Tranvía Teatro. Cristina Yáñez leerá también algunos textos. Estos días, Javier Lostalé (retratado aquí por César Toro) ha estado en varios lugares presentando su libro. Ha dicho, entre otras cosas:

  1. “En mi poesía, la columna vertebral es el amor, o quizás el desamor, y siempre intento ir más allá de una presencia convirtiéndolo en una indagación sobre el acto de existir, apoyada tanto en elementos emocionales como sensoriales y reflexivos”.
  2. “El buen lector de poesía –dice- es fiel a sus poetas y tiene la capacidad de amanecer con cada nuevo libro. Y aunque no figuran en las estadísticas, son muchos los que leen en las bibliotecas públicas, o sacan de ellas un poemario. Un mismo libro de poesía pasa de unas manos a otras con más asiduidad que una novela. En fin: soy optimista sobre este género del que es devota una inmensa minoría”
  3. “El poeta siempre es único en su creación, aunque no pueda aislarse de su contexto histórico y personal. El poeta verdadero tiene su propia voz, y por ella debe ser reconocido. Conoce sus limitaciones y su verdad se mide por la capacidad para admirar la obra de los demás”.

-La presentación está organizada por el Museo Pablo Serrano y Tranvía Teatro y la librería Los Portadores de Sueños. Colabora la Fundación Lara. Intervendrán el autor, Cristina Yáñez y Antón Castro.

 

UN POEMA. ‘REGRESAS’

REGRESAS

La luz que envuelve hoy tu casa,
mientras a ella regresas,
es la misma que un día te borró
en la dicha pasajera de saberte amado.
Tanto es así que no eres tú
el que ahora en soledad camina,
sino aquel que nunca acabó de llegar
extraviado en el único paisaje
de la memoria encendida de otro ser.
Por eso un momento te detienes 
para, separado del mundo, 
escuchar de nuevo la voz
de quien ya no existe,
pero que ahora te otorga
el don inmortal
de volver a nacer dentro de su olvido.

https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/aleixandre/lostale.htm

Yo conozco un jardín…

Por Javier Lostalé

«“No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos”, solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser»

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor. Muchas tardes empujé la verja que me introdujo en un ámbito donde todo era misteriosa propagación y, traspasado el umbral, vi al fondo un rostro batido por la luz de unos labios cuyo hálito los años no borraran, que reflejase continuo un fuego y secreta vida a la sangre comunicara, y unos ojos que sin tiempo ahondaban la luz, a pesar de ser mortales. Esos ojos eran los de Vicente Aleixandre que, recostado en un sofá testigo de tantas confidencias, brillaban con el pulso de gran parte de la poesía española del siglo xx bautizada en Velintonia. Las sombras de Neruda, Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, José Luis Cano o Claudio Rodriguez, caldeaban ese habitáculo de la creación poética donde la palabra alentaba existencia, se tornaba conocimiento, en alguien se encendía solitaria y brotaba tan pura como la amistad: «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser. Jóvenes o viejos todos resonaban en él a través de la única edad: la del amor. El latido de su vivir depurado convertía cada respuesta al interlocutor, siempre protagonista, en algo esencial, iluminador de su existencia. Y en su diálogo, nunca tertulia (el número mágico era el dos), había una demora, una pausa impuesta por el significado de lo dicho, que hilaba voz, mirada y gesto hasta el punto de alumbrar la desnuda condición humana. Ningún tema se sustraía a su nombrar dignificado: desde la publicación de un libro hasta el advenimiento o la pérdida de la persona amada, pasando por la inauguración de un club o la última película estrenada. Todo era materia viva surcada por la sangre de unos sonidos.

Y se repetía siempre el respeto emocionado al que en silencio escuchaba, que se veía así reconocido dentro del misterio último presente en la comunicación humana. «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», pronunciaba quedo Vicente Aleixandre. ¡Y cómo los enaltecía en su ausencia! ¡A cuántos verdaderamente conocí desde la altitud de su nombrar! Su memoria del ausente era canto propagador de sus virtudes, desaparecido cualquier espacio entre maestro y discípulo. Y es que continuamente su personalidad se desvanecía al ponerse en el lugar del otro. Actitud del poeta que no era sino la confirmación de la solidaridad que respira toda su obra, de ese fluido amoroso que irriga su poesía, principio de un mundo en el que una única y sucesiva criatura resplandece con la luz de lo habitado. Hasta el seno de esa luz llega la escritura del premio nobel y, tras besar la pulpa humana, se retira para que cada lector encuentre en libertad su destino, pues la obra aleixandrina crea destino. Lectores con nombre y apellido y, por tanto, con rostro: «Tú que me lees eres tan amigo mío…», decía, y de nuevo sonaba la música de la amistad. Sentimiento que, como expresa en una de las cartas de su inabarcable epistolario, dirigida a José Luis Cano, se caracteriza por su «serenidad y afinamiento», por escoger «sin ceguedad, y en virtud precisamente de los valores que le individualizan. Tanto es así, que se puede tener más de un amigo simultáneamente, porque más de uno puede tener los valores individuales que le hacen meritorio para nuestro cariño. Si el amigo muere —añade Aleixandre—, él no será sustituido. Su personalidad era lo que veíamos y amábamos, con sus precisos contornos».

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor, donde habitaba la soledad más poblada que era la de la amistad, pues no había despedida y siempre se esperaba al que nunca dejó de estar, donde decir te quiero es irse quedando un día sin aire y más hondamente respirar. Yo conozco un jardín, el de Velintonia, del que no se podía salir sin sentir que unos ojos más allá de la vida una piadosa mirada enviaban al corazón del hombre.

'LITERATURA NUESTRAS': NOTAS DE LIBROS DE ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

Literaturas nuestras

Una selección de comentarios a diversos libros en 'andalán.es' del historiador, economista y escritor Eloy Fernández Clemente.

 

Por ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

La Literatura aragonesa sigue dando sorpresas, tan gratas e importantes como la del último libro de Manolo Vilas, los incansables escritos maravillosos de Antón Castro, y una serie de novedades que apenas alcanzamos a anunciar y resumir.

 

 

El fenómeno Vilas. Es preciso referirse, a estas alturas, a un auténtico fenómeno, casi “viral”, que se dice ahora, el ocurrido en la práctica totalidad de los grandes medios escritos españoles, y en muchos audiovisuales, que coinciden en que “Ordesa” (Alfaguara) es un libro (no hay acuerdo en si novela, ensayo, memorias) singular, muy grande, quizá el libro del año. Vilas, que entra en este Olimpo mediático consagrado (por El País que, con olfato, le contrata para reportajes, artículos, opiniones) es inteligente, listo, sorprendente, desinhibido. El libro, que nos tiene siempre al borde de la tensión máxima, habla sobre todo de su padre, obsesivo recuerdo con lagunas nunca ya rellenables; de su soledad tras el divorcio, de la madre muerta mucho más recientemente y también ya inalcanzable para renovar afectos mal expresados, de los hijos, lejanos, desinteresados, de otro mundo. Hay una introspección desenfadada, sin pudores, que recuerda una época en que el escritor (yo creo que exagera) vive mal, bebe en exceso, camina confundido. Ese acento acre y duro, ese lacerarse con un gran estilo, es lo que da al texto, acaso algo largo y repetitivo (pero es una técnica impecable), aire magistral como pocos en la España de las últimas décadas, tan revisada tópicamente.

 

El escritor y periodista cultural Antón Castro y el naturalista, escritor y fotógrafo Eduardo Viñuales presentaron no ha mucho el libro “Excursiones a lugares mágicos” (Ed. Sua), una guía con 30 rutas por Aragón, diez recorridos por cada provincia ligados a leyendas y tradiciones, por lo que para Antón Castro es “un libro para ver, leer y viajar”. Porque está pensado y hecho “buscando bellos parajes, monumentos y recogidos rincones en los que se ambientan mitos y prodigios, leyendas o sucesos fabulosos, y no pocas creencias ancestrales protagonizadas por personajes épicos o seres que uno puede creer que son fruto de la imaginación de otro tiempo pasado”. Eduardo Viñuales ha aportado tanto la información práctica (el trayecto y mapas de las excursiones, consejos para realizarlas, datos de lugares próximos…), así como las 150 fotografías. Por su parte, Antón Castro escribe con su mágica mano derecha glosando tantos fenómenos inexplicables o no explicados, como las cuevas de fertilidad entre Los Monegros y Hoya de Huesca, las psicofonías de Belchite o el dragón de Bronchales, la Casa de Dios de Julio Basanta en Épila, o tradiciones de Daroca o Teruel.

 

Como en otras ocasiones, permitan que aportemos un montoncico más de noticias, más o menos recientes, de las que al menos queremos dejar constancia.

Nos escribe Jesús Jiménez, viejo compañero en Andalán de papel. Se jubiló hace unos meses después de una tarea magnífica como profesor e inspector de Enseñanzas primaria y media; pero sigue, nos dice, “con temas educativos, aunque casi todo fuera de esta tierra”. Escribe una columna semanal en Escuela desde hace varios años, colabora habitualmente y coordina algunos números de Cuadernos de Pedagogía, hizo la tesis sobre transferencias educativas de que publicó un resumen en un libro que editaron las Cortes de Aragón;  participa en actividades en varias universidades, está en el Foro de Sevilla que forma un grupo de profesores universitarios de Pedagogía de todo el país… Nos alegra mucho todo eso, y saludamos la edición de su libro “¿Qué es la Primaria?” (Octaedro Editorial) en que resume medio siglo de experiencias y reflexiones.

El Goya de Félix Teira es una pulcra edición auspiciada por la DGA que, como ya contamos en el caso de Mariano Gistáin que escribió sobre Buñuel, ubica a un gran personaje aragonés en los lugares que frecuentó, explicando con ellos su figura y obra. El texto, como todo lo que escribe el fino y riguroso Teira, es impecable, sugeridor, profundo y a la vez ameno. La edición es manifiestamente mejorable: añade a una portada minimalista en exceso, una ruta gastronómica, dualidad que algo despista y distrae.

Ricardo Serna ha publicado una nueva novela, “Sombras de Madrid” (Editorial Sapere Aude, de Oviedo), que ya lleva un trimestre de buena lectura entre sus incondicionales.

Javier Aguirre, no nos da abasto para noticiarle de tanto como escribe, y bueno: ha publicado un interesante libro “Tirando de dedo” (Im-pulsa), sobre el mundo del autostop, que tantos utilizamos hace décadas, con ilustraciones expresivas de Quintín García Muñoz. Javier presenta y reseña, generoso, a otros escritores. Lo hizo hace poco con esmero con “La casa de la encina”, de María Jesús Fuentes (Onix), a la que ofrece un hermoso Preludio.

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La poesía cuenta, en verso o prosa, con magníficos ejemplos recientes: Fernando Sanmartín sigue, en “Ciudades que se posan como pájaros” (Xordica), obsequiándonos a sus fans con una escritura pulcra, honda, sentida, perfeccionista hasta justo el límite. Uno piensa, al tener sus libros en las manos, en Aleixandre o Gil Albert, pero con más vida, más hondura.

Impecable, como siempre, llena de resonancias y esfuerzos comprensivos, la selección, traducción de Paco Úriz, de “Y la palabra se hizo poesía” (Libros del Innombrable), del finlandés de habla sueca Claes Anderson. Hace también el magnífico Prólogo en el que nos habla de este psiquiatra, pianista de jazz, futbolista, diputado, ministro, uno de los poetas más conocidos y queridos de su país. Y explica (reconociendo siempre la sombra protectora de Marina Torres, su ayuda y compañía) las claves de este espléndido, deslumbrante libro.

Yusta ha visto, rara avis, reedición de su “Ayer fue sombra” y ediciones de “Cuaderno de damas” (La fragua del trovador), con dibujos de Alberto Calvo, poesía popular, ligera (50 textos que son codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus…). Y “Des-concierto”, su último poemario, un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta. Y un blog muy estimulante. Ojo con él, que se está convirtiendo en eso tan hermoso y peligroso que es ser un poeta de culto…

Poeta reciente, aunque de bullicioso entusiasmo, es José Luis Martín-Retortillo, que publica de nuevo en Huerga-Fierro, unos “Geranios helados”, que cuando se acerca la primavera reviven y nos hablan de la inmensa montaña pirinaica (“Hermosamente bella te contemplo, Telera”; “Peña Montañesa, Monte Perdido”, “En las hayas de Ordesa”), de sentimientos sutiles (“Un viernes por la tarde se asomó la eternidad por tu ventana”; “Nos encontraremos bajo la brisa del río, al sol, merendando con Renoir”; “Bajaron de repente todas las estrellas a la cuneta del camino”), crítica política y social (“Ya te escribí lo que sabías: a la guerra siempre van los mismos”, “Hambre no tiene nombre”; “Nacemos tras las rejas. No te detengas a contemplarlas”; “Por los suelos se arrastran las verdades de la inteligencia… El odio mana de la tierra, el miedo la riega…”, “ Síndromes masivos de sometimiento, claudicaciones continuamente aceptadas). Y tantas otras evocaciones, que encontramos, del fallecido Emilio Gastón, que provocó el día de su muerte nuestro último abrazo.

TELLO, PILAR RUBIO, DAVID LORENZO

Tres poetas  para el Día Mundial de la Poesía

 

Rosendo Tello, Pilar Rubio Montaner y David Lorenzo Cardiel publican tres poemarios

 

 

“En Zaragoza hay un boom espectacular de la poesía, de gente escribiendo, leyendo y recitando poesía. Lo cual es bueno porque de la cantidad siempre ha de surgir alguien que trascienda”, dice el poeta Fernando Sarría, coordinador con Fran Picón del ciclo ‘Poesía para perdidos’, que cumple una década y que se celebra en la Bóveda del Albergue a partir del día 24 de marzo. Hoy es el Día Internacional de la Poesía y el sábado y el domingo, por poner otro ejemplo, el festival Marzo Poético de Fraga rinde homenaje a la editora de Olifante y poeta Trinidad Ruiz-Marcellán.

Heraldo.es se suma a la conmemoración y recomienda y selecciona algunos poemas de libros recientes.

 

 

1. ROSENDO TELLO: ‘APOLOGÍA SIMBÓLICA DEL JARDÍN’

Hace algunas semanas, Rosendo Tello, Premio de las Letras Aragonesas, publicaba su libro ‘Apología simbólica del jardín’ (Gara d’Edizions), que es una síntesis expresiva de sus grandes temas: la música, la naturaleza, la memoria, la familia, el amor y la poesía misma. Ahí publica un texto que viene muy bien para hoy, un poco a la manera de Rainer María Rilke, ‘A un muy joven poeta’.

 

A UN MUY JOVEN POETA

 

Si te expresas en prosa, crearás el verso,

si crees que puedes llegar más allá.

Si sabes que el poeta se centra en el silencio

de la noche que acaba con luz solar,

no dudes y consiente.

 

La aventura que vendrá, lenta, muy despacio,

cuando tengas los ojos y oídos despiertos

con la pureza transparente del pensar

y del sentir, anudará el sentimiento

a la medida de tu alma.

 

Crea el secreto el ritmo como puente,

y oirás cantar en medio de la gracia

sobre el tiempo mojado en la radiante luz.

Si la magia está en ti, no temas el error

de salvar la técnica.

 

No te distraigan ni la fama ni el brillo

ni los deseos de gloria; vendrán cuando

tengan que venir en la hora justa

o en la hora tardía, y tendrás suerte,

pues es tu vocación.

 

¿Y qué será perder, en el resguardo concome la ocasión

en el momento terrible del olvido?

Cuando al fin, reanudas lo que has perdido,

si llenas el vacío de tu corazón

con este osado afán.

 

¿Y qué será más fuerte que lo deseado

para hallarse al final? Solo los vencejos

se hallan en otros cielos, nuestro existir,

y los vemos señorear el aire sensible

 

 

 

 

 

 

 

 

en su cosmovisión.

 

 

2. PILAR RUBIO MONTANER: ‘DICCIONARIO PERSONAL’

La escritora y profesora zaragozana que reside y trabaja en Valladolid desde hace muchos años publica un poemario cuyo título lo indica casi todo: ‘Diccionario personal’ (Difácil), qu es un homenaje a la memoria, a la emoción, al sentimiento y a las palabras con las que uno invoca la vida, una de ellas es ‘Apacible’, y otra es ‘Poesía’, títulos de dos poemas. La autora, personalísima, incorpra algunas de sus fotografías. Dice:

 

APACIBLE

 

Quieto. En calma.

 

Plácido. Sereno. Sosegado. Tranquilo.

 

Aplicado a personas y a cosas, aplicado a la vida y al tiempo, aplicado al viento sin violencia, aplicado al mar sin oleaje.

 

Asi lo recoge María Moliner.

 

POESÍA

 

‘Paterson’.

 

Una ciudad. Una película.

 

Un conductor de autobuses que sonríe al escuchar los fragmentos de historias que suben a bordo, saca a su perro cada noche, endereza el buzón, habla con su mujer y el dueño del bar, y escribe en su libreta sobre las cosas sencillas de la vida.

 

Unos versos de William Carlos Williams:

 

“Durante tres años al anochecer

ha venido el gorrión

a dormir bajo el tejado del porche”.

 

3. DAVID LORENZO CARDIEL: ‘TIERRA DE NADIE’.

El joven poeta David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993) publica su primer poemario, ‘Tierra de nadie’ (Anorak: Amo los lunes), que refleja una mirada personal, la interiorización de muchas experiencias y lecturas y el intento de crear un lenguaje propio. Seleccionamos el poema ‘La luz es la caverna o cuev a platónica vuelta de piel inversa’, casi todos los títulos son así de extensos, salvo los de un texto más conciso y breve: ‘Vida de escarabajo’

 

LA LUZ ES LA CAVERNA

O LA CUEVA PLATÓNICA VUELTA

DE PIEL INVERSA

 

El amor es una estría olvidada

que incluso disipada en contra de la apariencia

penetra la carne y la agrieta

como una bomba de fragmentos desgarra

miles de miembros de sus cuerpos candentes.

 

La amistad es la palabra que cura

cuando todas las asperezas nos han arrancado

las vísceras

y ya no nos quedan uñas con las que combatir la vida.

 

La luz es un bálsamo que quema e inunda

y que da vida y muerte en iguales proporciones.

 

Por eso los plátónicos miral al sol,

para quedarse ciegos al volver a la caverna,

y los cautivos inventamos bombillas

para hacerlos tímidos compañeros de la indulgencia.

 

VIDA DE ESCARABAJO

 

Consciente de que todo tiene un final,

miro mis huellas y las guardo en la retina,

una imagen invertida que es sueño

y que luego se convertirá en silencio.