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Antón Castro

Escritores

GALDÓS EN ARAGÓN

GALDÓS EN ARAGÓN

Aragón y Zaragoza despertaron sinceras emociones en numerosos creadores, pero una de las más vívidas la sentía el escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). Escribiría: “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”. Si seguimos la huella de sus vínculos, desde 1868 a 1908, como lo hicieron Jesús Rubio y Brian Dendle en ‘Galdós y Aragón’ (Ibercaja, 1993), y otros especialistas como Luis Horno Liria, Javier Barreiro o Juan Domínguez Lasierra, entre otros, vemos que la frase podría ser muy exacta.

Galdós amó Aragón, vino muchas veces, le dedicó varios textos, dos capítulos de sus ‘Episodios nacionales’, como ‘Zaragoza’ y parte de ‘Napoleón en Chamartín’, estrenó en el Principal teatro y adaptó para la ópera su novela ‘Zaragoza’ con música de Arturo Lapuerta. Y ya puestos, podemos decir algo más: Galdós fue desde joven un más que correcto dibujante; a la luz de la realidad, de sus paseos y de los grabados de Gálvez y Brambila, se atrevió a retratar diversos lugares de Zaragoza como el Seminario de san Carlos, la Puerta del Carmen o una estampa sugestiva del Pilar desde la ribera y el Puente de Piedra.

Quizá sea Galdós uno de los escritores nacionales de fama, que fue propuesto para el Nobel, que más veces visitó Aragón, especialmente la capital del cierzo. La primera vez lo hizo en octubre de 1868 como joven periodista del diario madrileño ‘La Nación’. Formaba parte de la comitiva de los generales Serrano y Topete, y oyó discursos en calles y plazas, en balcones y en lo alto de un farol, en el pedestal de una estatua, tal como cuentan Jesús Rubio y Brian Dendle. En esa primera visita acudiría al Teatro Principal. Ya entonces como si fuese un agrimensor o un topógrafo descubrió muchas cosas de Zaragoza: estuvo en el Pilar y en la Seo, paseó por san Pablo y reparó en la Torre Nueva, que era uno de los monumentos más llamativos. Rccordaría que aprendió mucho en aquel viaje y conoció a Mariano Garcia, “el hombre más simpático, más ameno, que ha nacido a orillas del Ebro”. Años después, Mariahno Gracia publicó entre 1905 y 1907 unas ‘Memorias’ en Heraldo de Aragón en 70 entregas. De aquella visita parece más claro que nacería la novela ‘Zaragoza’ de los ‘Episodios Nacionales’ con sus tránsitos, acciones t aventureras de Gabriel Araceli, durante los Sitios. El libro apareció en 1874.

Casi 20 años después, Benito Pérez Galdós visitó el valle de Ansó, donde ubicó su drama ‘Los condenados’, que pasó con más pena que gloria. Se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, narra la historia de la pasión entre Salomé (que tenía un novio más formal) y el bandolero José, y las actrices principales, Elisa Méndez y Carmen Cobeña iban vestidas de ansotanas en la pieza. La pieza parece que salió de gira y llegó a Zaragoza en 1896. Galdós, más allá del éxito y de los discursos que le pedían, era feliz en Zaragoza. Solía acudir a la taberna y tienda La Reja, donde se reunía con muchos de sus amigos y por donde aparecían desde el cantante de jotas El Royo del Rabal, que era una de sus debilidades, al torero Lagartijo. Tuvo otros grandes amigos zaragozanos como Mariano Miguel de Val, que residía en Madrid y estaba muy vinculado con el Ateneo, y Mariano de Cavia. En un discurso de algunos años después, diría: “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”.

En 1903, el autor de ‘Fortunata y Jacinta’ estrenó en el Teatro Eldorado de Barcelona, el 16 de julio de 1903, una drama familia en cinto actos, ‘Mariucha’. La obra toma el nombre de la hija de una familia de clase alta venida a menos. Cuando todo se desmorona, ella decide ponerse a trabajar con el consiguiente escándalo. La obra se estrenó en el Teatro Principal el 1 de de diciembre.

Pocos años después, el ya autor de ‘Doña Perfecta’, ‘Marianela’ o ‘Nazarín’, empezará a trabajar en un nuevo proyecto: la preparación de la ópera Zaragoza, en el que se implicó en cuerpo y alma. Zaragoza formaba parte de su afectividad. Jesús rubio y Brian Dendle dicen que ya empezó a venir en 1907, aunque el estreno sería el 4 de junio de 1908. Antes, la banda del Hospicio interpretará el ‘Himno de Riego’ y ‘La marsellesa’. Finalmente, sefijó el estreno para el siete de junio, y Pérez Galdós regresó acompañado por Ortega Munilla, director de ‘El Imaparcial’ y con un joven José Ortega y Gasset. Galdós se hospedó en el hotel Europa, y la gente lo aclamó y le pidió que saliese al balcón. Lo hizo y vio la muchedumbre se agolpaba bajo la lluvia.

Aquellos fueron días muy intensos: un día comió con Basilio Paraíso, otro día asistió a un banquete en la Quinta Julieta y asistió al apoteósico estreno del drama lírico en cuatro actos, donde sonaba la ‘Jota de los Sitios’. Él dio las gracias con un discurso, que se publicó en estas páginas y dijo, entre otras muchas cosas, que tenía la sensación de hallarse en “el país de la verdad”.

 

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

[Daniel Gascón firmará mañana en el Día del Libro su nueva publicación: 'El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia'' (Debate). Por la mañana lo hará en la librería Antígona, y por la tarde en Los Portadores de Sueños.]
Del lenguaje a la política de la identidad, pasando por los mitos fundacionales del independentismo, sus utopías contradictorias o la dureza del encontronazo con la realidad, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981. Escritor y traductor, responsable de la edición española de 'Letras Libres') analiza un fenómeno que ha traído de regreso amenazas que creíamos superadas -la discusión por las fronteras, el conflicto étnico, la posibilidad de la violencia-, y que muestra las fragilidades y fortalezas de nuestra democracia.

SINOPSIS DEL LIBRO. CONTRAPORTADA
La deriva ilegal del independentismo catalán es el mayor desafío al que se ha enfrentado la democracia española contemporánea. Un fenómeno local pero también global: puso en cuestión nuestra forma de convivencia, mostró una tentativa de repliegue en un mundo cada vez más interconectado, explotó la confusión entre hechos y opiniones, y empleó sin escrúpulos la mentira y la manipulación.

Un proceso inédito que podría considerarse incluso un curso de política en tiempo real, un experimento donde se enfrentan dos concepciones de la democracia: una liberal pluralista, la otra iliberal y plebiscitaria. 'El procés' combina el énfasis en una identidad única con la percepción de que España es un proyecto agotado, el imaginario 'kitsch' del nacionalismo con una apuesta aparentemente hiperdemocrática, la sentimentalización de la política con las nuevas formas de comunicación, la reivindicación de la condición de víctima con la sensación de superioridad.
EL TEXTO DEL QUE ARRANCA EL LIBRO, PUBLICADO EN LETRAS LIBRES

Un golpe posmoderno

El gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende.
21 Septiembre 2017

En el número de septiembre de Letras Libres, Miguel Aguilar explica un malentendido de la cuestión catalana. Por un lado, argumenta, está la cuestión de la financiación y del encaje de Cataluña en España. Por otro, la aventura ilegal en la que se ha embarcado el gobierno catalán.

Esa deriva ilegal es la que ha provocado la actuación de la justicia. Se puede discutir el momento o la habilidad del gobierno estos años, pero no parece que el error haya sido el exceso o la pirotecnia. La mejor manera de conservar la autoridad es no tener que imponerla. Y habla bien de nuestras sociedades la prevención ante el uso de la coerción por parte del Estado. Pero, con el respeto más escrupuloso a la ley, prudencia y firmeza, el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos y la legalidad democrática.

La aventura ilegal, que no se reduce al referéndum suspendido, es un golpe posmoderno. Revestido con una pátina entre kitsch y cool, ha surgido un movimiento nacionalpopulista, que se ha servido con eficacia de algunos conceptos. Entre ellos están el sintagma del derecho a decidir como eufemismo de autodeterminación, la confusión entre el voto y la democracia, el prestigio de la rebelión contra el establishment (Por supuesto, como en el Brexit, quien orquesta la rebelión contra el establishment es otro establishment, pero eso no es importante), la extraña idea de que una democracia se convierte en una autocracia cuando no ganan los tuyos. Y, como ha escrito Fernando Vallespín, se ha generado la posibilidad de que cada uno proyectara en la independencia su utopía particular, seleccionando la parcela de la realidad que menos le gustara, impulsando la causa que más le importase.

Era, para algunos, una protesta contra las políticas de austeridad, aunque los impulsores del procés fueran los primeros en implementar políticas de austeridad; era un movimiento de izquierdas aunque se presentara en forma de una alianza entre la derecha, los comunistas y una formación asamblearia, y aunque fuera un movimiento contra la redistribución, donde los ricos se pretenden liberar de los pobres; una manera de estar más integrados en Europa, aunque la UE dijera que una hipotética Cataluña independiente estaría fuera de la Unión; una protesta contra la corrupción, aunque el nacionalismo en Cataluña había creado tramas clientelares corruptas; la única salida ante la incapacidad de reformarse de España, aunque las fuerzas políticas catalanas habían sido corresponsables; un movimiento de derechos civiles, aunque el único derecho que se reclamaba era privar a los demás de su ciudadanía; una ilusionante apuesta democrática, aunque se asaltaran sedes de partidos contrarios a la independencia, cargos de la Generalitat atacaran a periodistas, la ley de transitoriedad rompiera la separación de poderes, en el Parlament se arrollara a la oposición y fuerzas políticas independentistas dijeran que hay que señalar a quien tenga las ideas equivocadas.

Existía la percepción de que todo eso era una especie de declaración de intenciones, una cosa expresiva. La táctica era que esa transgresión en cierto momento fuera para el Estado evidentemente en serio, y provocara una respuesta. La respuesta, pensaban los independentistas, siempre se presentaría como algo desproporcionado: algo que permitiera a quienes habían asaltado el Estado de derecho presentarse como mártires democráticos. (La foto de un arresto es más comprensible y reproducible que algo abstracto como el atropello de los derechos políticos de los ciudadanos.)

El secesionismo ha luchado contra un enemigo imaginario: una España autoritaria, no democrática, una país donde Cataluña no tendría un gran nivel de autonomía, una España que no es una democracia avanzada, comparable a los países de su entorno. En un momento que habría hecho sonreír a los guionistas del Saturday Night Live de los setenta, Gabriel Rufián ha dicho que el 1 de octubre sería el día de la muerte de Franco. Ese país imaginario es una España (un "Madrid", básicamente, con Castilla y algún descampado parar a echar gasolina y mear) tosca y subdesarrollada, pero al mismo tiempo maquiavélica e implacable. La imagen folclórica de España encaja con una concepción que todavía muestra parte de la prensa extranjera: una idea pintoresca de país atrasado que hace pensar que algunos editorialistas y corresponsales se han quedado en la época de Hemingway, pero que no sería tan fácil vender si nosotros mismos no la hubiéramos creído y promocionado.

Esa es la imagen de España que querían activar. Esa imagen es falsa y debemos luchar contra ella. Es un marco heredado de la guerra civil, pero el paralelismo que presenta al Estado heredero del franquismo aplastando la democracia está mal hecho. En este caso, y pese a enormes diferencias, el gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende. Al hacerlo defiende en primer lugar los derechos de los catalanes.

Como los defensores del Brexit, los promotores de la secesión han recurrido sistemáticamente a la mentira y han hecho promesas que saben falsas. El País desmonta hoy el relato falaz que hizo Puigdemont de la actuación de la guardia civil. Artur Mas se jactó de una estrategia que consistía en engañar al Estado. Pero eso lleva aparejado engañar a los catalanes no independentistas, y también a los partidarios de la secesión. Se les engaña ahora cuando se habla de Estado autoritario, de presos políticos, de movimiento democrático, de supresión de la libertad de expresión. Es posible que, como los mejores mentirosos, algunos de los que propagan esas falsedades las crean ciertas. En ocasiones han conseguido imponer su lenguaje a quienes opinan de forma distinta: hablamos de “catalanes” como si los catalanes no independentistas no fueran catalanes, y de “unionistas” como si fueran opciones simétricas. La distorsión del lenguaje indica que, cuando llegue el momento de buscar una solución, no solo necesitaremos sentido común, respeto a la ley y las minorías, buena fe e inteligencia política. También harán falta diccionarios que nos recuerden lo que significan las palabras.

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

La nueva censura cultural

Con la intención de proteger sensibilidades, sectores de todo el espectro ideológico piden la retirada o prohibición de obras de arte. Estamos ante una nueva censura cultural.
01 Febrero 2018

Los niños ya no pueden leer Matar a un ruiseñor, el bestseller de Harper Lee publicado en 1960. Palabras como nigger son demasiado insultantes y ofensivas, según varios padres que obligaron a un colegio del estado de Misisipi (Estados Unidos) a quitar esta novela de las lecturas escolares. Los visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York tampoco deberían admirar el cuadro Thérèse dreaming, pintado por Balthus en 1938. Para once mil personas, aquellas que firmaron un manifiesto exigiendo su retirada, es “sexualmente sugerente” y arroja una mirada ¿sucia? sobre el cuerpo de los menores. Tampoco es lícita la pintura que realizó la artista blanca Dana Schutz sobre la fotografía de Emmett Till, un adolescente linchado por dos hombres blancos en Misisipi en 1955. Varios artistas y comisarios de exposiciones pidieron incluso su destrucción cuando fue expuesta en la Biennial del Museo Whitney de Washington.

Todas estas manifestaciones ocurrieron en 2017 y son muestra de una nueva censura cultural. Si bien los impulsos censores siempre han estado presentes, en los últimos tiempos han tomado una mayor relevancia, en parte debido al gran altavoz que suponen las redes sociales, que consiguen agrupar a un mayor número de personas en torno a una protesta, y también al rumbo político y social que han tomado algunos de los países más desarrollados en los últimos meses. No obstante, son muchos los interrogantes que se abren en torno a estas nuevas posturas que no pueden limitarse al análisis fácil de las redes o a triunfos de políticos reaccionarios. ¿Por qué hay voces que hoy persiguen libros, cuadros, fotografías de hace más de medio siglo? ¿Qué ha cambiado para que entonces no supusieran ningún problema y hoy sean pasto de linchamientos y prohibiciones?

Causas de la “nueva censura”

Desde un punto de vista político, Manuel Arias Maldonado, profesor de ciencia política de la Universidad de Málaga y autor de libros como La democracia sentimental (Página Indómita, 2016), ofrece principalmente dos causas. La primera tiene que ver, precisamente, con su tesis sobre el nuevo sentimentalismo, es decir, “con un deseo de proteger a quien puede sentirse ofendido, que es una patología de las sociedades ricas, porque cuando hablamos de sentimentalización de los conflictos no deja de ser un lujo. Son preocupaciones no materialistas porque ya se habla menos de la distribución de los salarios, y se habla más de los códigos a partir de los cuales nos comunicamos”, argumenta. Dicho de otra manera: cuanto más ricos somos, más fina tenemos la piel. O aún más llano: cuando no hay una problemática muy grave hay que hacer un drama de cualquier cosa, a priori banal.

La segunda causa estriba en “la articulación identitaria de los grupos sociales. Uno se adscribe a un grupo y siente atacada su autoestima en la medida en la que es criticado ese grupo. Se establece un vínculo entre el sentido de nuestra autoestima y el grupo al que nos ligamos”, sostiene. Este razonamiento explicaría, por ejemplo, que, en el caso de los artistas que se manifestaban contra el cuadro de Schutz o en el caso de la novela Matar a un ruiseñor, por motivos de raza, estas personas se sintieran ofendidas por una imagen de un joven negro mutilado o unas palabras que consideran ofensivas.

En este sentido es donde cobran importancia las redes sociales como trampolín de los ofendidos y las enseñanzas de la psicología. Según Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains y autor del blog Evolución y neurociencias, en el que tiene colgados varios posts sobre la nueva indignación moral y el supuesto derecho a no ser ofendido, para explicar la relevancia que hoy cobran las “ofensas” también habría que acudir a dos motivaciones psicológicas que han tenido un enorme auge recientemente: el poder del cotilleo y la fuerza de la reputación. “El cotilleo no ha sido suficientemente estudiado y da para mucho. De hecho, los programas de cotilleo están ahí por algo. Entretienen a la gente, pero además tienen una función moral, ya que hacen que el individuo acepte la norma, transmiten unos límites y coartan la libertad individual para que el sujeto se someta a las reglas. No hay cultura que no tenga cotilleo. En la sociedad moderna nos habíamos hecho muy individualistas, habíamos perdido esa vigilancia del cotilleo. Pero con las redes nos vigilamos unos a otros. Gracias a esta posibilidad que han dado Twitter y Facebook nos hemos lanzado todos a ser los más buenos y a criticar a todo el mundo. Estamos haciendo tribu, en el fondo es un pegamento moral”, explica el psiquiatra. La reputación iría ligada a esta hipervigilancia, puesto que es el cotilleo el que destruye las reputaciones. “Si la pierdes estás muerto. Como ahora estamos todos en la famosa aldea global, tu reputación es muy importante”, añade Malo.

Los nuevos ofendidos

Ahora bien, ¿quiénes son los nuevos ofendidos? Porque ya no es (solo) un ultraconservador el que decide tapar el seno de una estatua sino que, paradójicamente, la mayoría de los nuevos ataques proceden de grupos que, en principio, han querido actuar desde la buena fe y de lo considerado “bueno” para la sociedad (no insultos a los negros, no imágenes que “sexualicen” a los menores). De hecho, este maremágnum de emociones, sentimentalismo, de preocupación por lo “políticamente correcto” que acaba llevando al lado oscuro de las libertades, a una especie de cara b –soy libre de exigir que se prohíba algo porque me ofende– y a la aparición del victimismo (otra fórmula para definir la nueva ofensa) es una copia mala de lo que ya hicieron los políticos estadounidenses conservadores en los ochenta. Así al menos lo entiende Daniel Gamper, profesor de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala que este fenómeno fue creado por los republicanos estadounidenses en las guerras culturales. “Era un proyecto de victimización, decían ser víctimas de una censura liberal (de izquierdas) que quería imponer un lenguaje. Si en una sociedad se llega a un consenso compartido para dejar de usar determinadas palabras, sería ético, y por tanto decir que eso es censura es una beatería de la libertad. Lo que se ha producido ahora es la perversión de la otra beatería, la de las minorías, con ese paternalismo excesivo”, sostiene.

Como explica Arias Maldonado, “la izquierda antaño era un movimiento ofensivo para acabar con los tabúes, garantizar derechos humanos, etc. Y eso ya está hecho, por lo que ahora hay que cambiar el pie: ser conservador para mantener el Estado del bienestar. Cuando centras el debate en que lo personal es lo político y piensas que los sujetos se forman a partir de las experiencias que tienen, y que están inermes a la hora de reaccionar a esas influencias, te conviertes en alguien extremadamente sensible. Es el asunto de la heterosubjetividad. Tienes el temor a que se produzca el daño psicológico y emocional. La izquierda posmoderna es un poco estudiantil y adolece de una sobrerreacción, ya que cuando tus valores son hegemónicos, se compite por la atención”. O lo que es lo mismo: tocar “Imagine” al piano después de un atentado terrorista.

Para Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de autora de libros como El gobierno de las emociones (Herder, 2011), esta sobrerreacción de la izquierda se observa incluso en el lenguaje y en ejemplos como los cuentos infantiles, “que se han querido cambiar porque las historias son patriarcales o no son animalistas… Hay gente que se queja del uso metafórico de la palabra cáncer o del uso metafórico del término autismo. Con todos estos fenómenos solo empobrecemos el lenguaje y eso es negativo”, afirma. Para ella, esta discusión hace tiempo que está sobre la mesa y no siempre adquiere un carácter positivo. “Ya no decimos que alguien es subnormal. Pero al cambiarlo ocurre una paradoja: el nuevo nombre que damos a la causa acaba siendo tan despreciativo como el anterior, y tenemos que cambiarlo. Hoy ya no se acepta discapacitado sino diversidad disfuncional. El desprecio y el carácter despectivo dependen también del contexto”, alega.

Coincide con su colega Arias Maldonado en el rizo de los valores progresistas. “Hoy ningún partido deja de ser feminista o de hablar de políticas sociales. Y hacer cambios en temas sociales es mucho más complicado. Acabo de ver la serie The crown y en la segunda tempo- rada dicen que uno de los personajes es ‘marica’ porque entonces, en los años cincuenta, era la única palabra para designar a los gais. Hoy nadie la pronunciaría porque es despectivo y porque le hemos dado a la homosexualidad un reconocimiento que antes no existía. Y eso es lo importante y lo progresista. Insistir demasiado en un lenguaje correcto es falta de imaginación. Un ejemplo es el artículo neutro. En parte ha contribuido a visualizar a las mujeres, pero ahora roza el ridículo”, comenta.

España no es (todavía) país para censuras (pese a Twitter)

“Aquí no tenemos guerras culturales. Las tuvimos con el matrimonio gay, el aborto, etc., pero ahora mismo no. La sociedad española es muy tolerante con respecto a ese tipo de cosas. Con el tema de las razas, por ejemplo, no hay ningún partido que haya cogido la bandera de la xenofobia. No sé si porque somos católicos o porque nos hemos secularizado bastante. También se ha individualizado mucho la sociedad”, reconoce Gamper. “Puede que también porque en Estados Unidos son menos homogéneos. Es verdad que las redes sociales por su naturaleza polémica están contribuyendo a que esto se reproduzca aquí y hay determinadas fracturas culturales como las del animalismo con los toros y las ideológicas, el centro-periferia, izquierda-derecha. Pero hay otras que parece difícil que se reproduzcan: no creo que tengamos esa hipersensibilidad de los campus universitarios de Estados Unidos o la de los grupos étnicos. En todo caso no ha llegado a España”, añade Arias Maldonado.

Pero estos pequeños casos sí abren, al menos, el debate sobre la libertad de expresión, principalmente en las redes sociales. “Es que ahí se mezclan cosas. En las redes es una comunicación muy agresiva y una reacción hipersensible puede estar justificada. Aquí tenemos la Ley Mordaza, que es un error, porque no vamos a avalar que se pueda decir cualquier cosa, pero tampoco se puede prohibir. Hay determinadas mofas del sentimiento religioso que me parecen innecesarias porque el catolicismo ya ha perdido. Igual ofendes a mi abuela que va a mi misa, y qué necesidad. Pero esto no avala que solo un escritor negro pueda escribir sobre los negros”, dice Arias Maldonado. También Camps entiende que uno no puede decir todo lo que quiera. Existen los límites. “La autocensura es ideal en un mundo plural, abierto y libre, debe haberla antes de pronunciarse”, afirma.

Lo que viene a ser puro sentido común: pensárselo dos veces antes de ofender o sentirse ofendido. ~

*http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/la-nueva-censura-cultural

**oObra de Egon Schiele.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: 'ORDESA'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) publica quizá el mejor libro de su carrera: ‘Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, su identidad y el poder del amor y la memoria.

Antón Castro21/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Manuel Vilas:
Manuel Vilas presentará su novela el sábado próximo por la mañana en Cálamo. Asís G. Ayerbe

¿Sabía que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional?

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio.

¿Qué ha significado Ordesa en su vida? ¿Es una de sus magdalenas de Proust?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro.

En varios libros, sobre todo en los poemarios, venía avanzando este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se le ha impuesto?

Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado.

¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa?

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías 19. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión.

¿En qué medida ha visto, al escribir el libro, que tenía muchos vanos o vacíos sobre su propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarse a sí mismo?

Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

¿Sería este su libro más filosófico o reflexivo?

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad.

¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.

Tenía una curiosa complicidad con su padre, pero a la vez hay entre los dos una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

Su madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva.

Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

¿Qué le enseñan sus hijos? ¿Le ayudan ellos a usted a entender mejor su condición de hijo?

Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

¿De qué se arrepiente?

El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos?

Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde ‘El rey Lear’ hasta ‘Los hermanos Karamazov’. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puede meter en ella?

Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

¿Qué aportan los poemas del final, la mayoría ya publicados?

Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un ‘making-of’ de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

En la última entrevista decía que quizá le hubiesen faltado lectores. ¿Ha mejorado eso?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta.

Ha dicho que es un libro sobre España. ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron sus padres, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico.

 

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

Nacido en Zaragoza en 1989, José María Albalad publica ‘Periodismo slow’ (Editorial Fragua) donde analiza tres proyectos de periodismo digital marcados por el rigor. la fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de Heraldo, donde se publicó una pequeña parte de la entrevista.

 

1. ¿Cuál ha sido tu idea de partida, qué querías averiguar o probar?

 

En la corta historia de internet, la información de los medios digitales se ha asociado con cantidad más que con calidad. Una tendencia que ha llevado a vincular el mundo online con textos breves, apresurados y, en definitiva, poco cuidados. Sin embargo, pese a la existencia de lo que podríamos llamar un “McDonald’s de la información”, también hay sitio para proyectos prémium en los que no caben las informaciones elaboradas para ser consumidas como la comida chatarra. El libro se centra, precisamente, en mostrar la existencia de un revitalizado periodismo de producciones lentas y consumo reposado que contrarresta la fugacidad de la última hora y demuestra falsa la ecuación que equiparaba periodismo en internet con instantaneidad. Frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva, encontramos medios –poco ruidosos pero sensatos– que luchan por llevar a las autopistas digitales el mejor periodismo de siempre.

 

2. ¿Qué sería el periodismo lento?

 

Se trata de una nueva etiqueta que designa una vieja práctica: la del periodismo que investiga en profundidad y narra con intencionalidad estilística, y que se le conoce de distinta manera según las manifestaciones culturales de cada país. En general, los proyectos de periodismo lento priorizan el rigor frente a la cantidad, desafían la superficialidad de la inmediatez con análisis, datos e investigación sobre el terreno, configuran sus calendarios editoriales fuera de la esclavitud de la agenda diaria y apuestan por relatos de largo aliento. El slow journalism invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad.  

 

3. ¿En qué ha cambiado el periodismo con internet y con la edición digital?

 

En qué no ha cambiado, podríamos decir (risas). Por un lado, la tendencia periodística en el ciberespacio va unida a la novedad permanente, lo que provoca una competición extrema por la primicia. Esto ha puesto en jaque géneros y formatos tradicionales como la propia noticia, en pos de un periodismo social, de redes al alcance de cualquiera, cuya obligada concisión tiende a fragmentar realidades complejas. Por otro lado, internet ha transformado las cuatro variables clásicas del marketing mix (precio, producto, distribución y promoción). Cuando los consumidores se vuelven autores y se repiensan procesos tan básicos como la lectura y la escritura, existe un nuevo paradigma. Hoy, el lector-usuario ya no es un sujeto pasivo, sino un actor de primer orden con capacidad de influir en el discurso público desde el rincón más inhóspito del mundo.

 

4. Hay una cierta obsesión por la narratividad, por llevar las técnicas literarias y cinematográficas al periodismo. ¿Por qué? ¿No será por qué el periodista, en el fondo, quiere ser escritor?

 

Literatura y periodismo han mantenido una estrecha relación desde el nacimiento de los periódicos en el siglo XVIII. La prensa dio refugio a muchos literatos, a quienes proporcionaba nombre, fama y dinero, mientras que los periódicos se beneficiaron del incremento de ventas que suponía la firma de escritores consagrados. No seré yo quien te niegue esa mística de algunos periodistas, que a lo largo de la historia han utilizado las redacciones de periódico como una escuela de paso, porque, en el fondo, la novela encerraba sus aspiraciones más hondas. Pero el incremento actual de la narración en las piezas periodísticas, encumbrada bajo el término storytelling, pienso que es una respuesta natural a la “enfermedad del algoritmo” que provoca la obsesión por las métricas. Frente a la réplica de contenidos, el corta-pega al que conduce la trituradora de la inmediatez, la rehumanización del periodismo se presenta como un verdadero reclamo. Salir de las redacciones y gastar suela de zapato en busca de historias ordinarias parece una propuesta razonable para dar respuesta al “hambre de realidad” que existe en esta cultura de pantallas, en la que lo real obsesiona porque, como indica David Shields, apenas se experimenta. Ya en 2012, el filósofo japonés Uchida Tatsuru advirtió que los medios “necesitan volver a convertirse en seres vivos” si quieren sobrevivir. Es una receta inteligente, porque la narración activa numerosos registros cerebrales y atrapa. ¿A quién no le gusta una historia bien contada?

 

5. ¿Es la crónica la panacea de algo, es una forma contrastada e incuestionable de llegar antes al lector? Recuerdas que la crónica “supera la capacidad de cualquier ávido lector”.

 

La crónica no es la panacea de nada, sino un género más que sufre una profunda inflación. Yo defiendo sus múltiples posibilidades, sobre todo narrativas, pero, tras este estudio, me veo obligado a denunciar esa especie de vanidad que se está imponiendo en torno al género, tanto en el ámbito profesional como académico. No todos los temas, personajes y situaciones requieren textos de 5.000 palabras ni una inmersión de meses. Algo que obvian quienes elevan la crónica a una liga superior y buscan situarse en una especie de Champions League periodística en la que poco o nada importa el espíritu de servicio. Olvidemos, como asegura el chileno Cristian Alarcón, que cualquier cosa con un adjetivo al lado de un sustantivo es una crónica. Salirse de la pirámide invertida no es garantía de nada. De hecho, reivindico a aquellos periodistas de agencia y de diario que fabrican cada día, en la sombra, toneladas de buena prensa. Con crónicas, perfiles, noticias, entrevistas… A la postre, con buen periodismo. Es ahí donde debe focalizarse el debate. ¿Cómo podemos servir mejor a la sociedad desde nuestro oficio?

 

6. De manera sencilla, ¿por qué has elegido estos tres medios digitales, qué novedades crees que aportan? 

 

Las revistas emblemáticas del literary journalism anglosajón surgidas en el siglo XX –The New Yorker (1925), Esquire (1933), Rolling Stone (1967), Mother Jones (1976), etc.– inspiraron la creación de los medios de referencia latinoamericanos de periodismo narrativo: El Malpensante (1996); The Clinic (1999); Letras Libres (1999); Gatopardo (1999); o Etiqueta Negra (2002). A su vez, estas publicaciones impresas, de una y otra tradición, constituyeron ejemplos a imitar –por su calidad periodística– para los medios digitales surgidos en América Latina y Estados Unidos en el siglo XXI. Pero, además, los proyectos del continente americano tienen una influencia directa en España, un país en el que el periodismo literario se ha practicado históricamente en el articulismo/columnismo y no han existido antecedentes de calado como los señalados en las otras dos áreas geográficas. De ahí que los nuevos medios digitales españoles, a la hora de plantear una cabecera centrada en narración periodística, pongan sus ojos en las apuestas editoriales del otro lado del Atlántico. En este contexto global, de influencias mutuas y evolución permanente, el libro ahonda en los modelos editoriales y de negocio de tres medios nativos digitales que ilustran la tendencia mencionada: uno de España, FronteraD, por el florecimiento del periodismo narrativo al albur de internet, y dos de América Latina y Estados Unidos –Anfibia y Narratively, respectivamente– porque es en estos territorios, por la influencia de la crónica latinoamericana y del New Journalism anglosajón, donde se inspiran las nuevas cabeceras españolas. La selección encarna, pues, diferentes prácticas culturales, lingüísticas y periodísticas, al tiempo que facilita un diálogo entre tradiciones.

 

7. ¿En que es diferente ‘Anfibia’, la publicación argentina? ¿Cuáles serían sus grandes aportaciones?

 

Anfibia sorprendió en mayo de 2012 con un proyecto que lleva a internet la rica tradición latinoamericana de periodismo narrativo y aporta un sello propio: la anfibiedad, término utilizado para referirse a las piezas elaboradas –a cuatro manos– entre periodistas y académicos. Esta característica implica la creación de duplas, parejas de narradores e investigadores, académicos o expertos que generan piezas periodísticas atractivas –con gancho narrativo– sin descuidar el sustento teórico. El objetivo, como indica su director, es que la crónica sea el resultado de un proceso de investigación que emerja no con el lenguaje árido de los papers y códigos académicos, sino de una manera más accesible, más universal, más viralizable en el mundo digital. Por otro lado, y esto no es habitual en internet, Anfibia sigue el estilo de las revistas emblemáticas de papel (como Etiqueta Negra, en Latinoamérica, o The New Yorker, en Estados Unidos) y cuenta con exigentes editores online que aseguran la calidad de los contenidos mientras despliegan una labor formativa –de investigación y escritura– entre sus autores.

 

8. ¿Qué le debe esta publicación a figuras como Gabriel García Márquez?

 

La influencia es tal, sobre el equipo y los colaboradores, que no me atrevería a cuantificarla. ¿A qué periodista o escritor latinoamericano no influye la magia y el legado de Gabo? Desde su creación, Anfibia cuenta con el respaldo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez en 1994. Siguiendo su estela, la FNPI ofrece un programa de seminarios y talleres que enseña a contar historias a las nuevas generaciones de periodistas: fomenta la excelencia narrativa, el riguroso reporterismo, el ejercicio ético y la innovación. No es casual que el director del proyecto argentino, Cristian Alarcón, se encuentre entre la amplia nómina de maestros de la FNPI, porque los objetivos son compartidos. De algún modo, Anfibia se ha convertido en una escuela, en un laboratorio de periodismo, que forma y proyecta a los jóvenes valores con la única misión de elevar la calidad del periodismo en habla hispana.    

 

9. ¿Es sostenible algo así? ¿Tiene sentido regalar un trabajo tan minucioso y elaborado?

 

Anfibia no es una empresa periodística al uso, ya que incardina su modelo en una universidad pública que respalda la iniciativa del mismo modo que financia investigaciones experimentales en laboratorios. De esta manera, a diferencia de los proyectos emergentes que nacen sin auspicios o de los grandes conglomerados mediáticos que trabajan con la presión de la cuenta de resultados, el medio tiene garantizados los recursos económicos necesarios para desempeñar su actividad. Sus lógicas trascienden lo monetario y ello permite cultivar un periodismo extraordinario con cierto halo romántico, porque la realidad es que las revistas de periodismo narrativo o literario siguen siendo un producto de lujo y marginal. Luchan por convertirse en un modelo de negocio rentable, pero aún no lo logran. En casi todos proyectos de este tipo, la calidad no es sinónimo de ingresos y los periodistas, fotógrafos e ilustradores se ganan la vida gracias a los malabares del autoempleo. Enfocan sus colaboraciones como un pasatiempo en el que desarrollan su vocación, acumulan experiencia y, en el mejor de los casos, consiguen ingresos adicionales.

 

10. ¿Qué es lo que tiene de particular o excepcional ‘Narratively’? ¿Por qué has elegido esta publicación?

 

Narratively, lanzada en septiembre de 2012, consiguió reunir más de 50.000 dólares en una campaña de crowdfunding para contar historias de la ciudad de Nueva York. Desde marzo de 2013 funciona con una mirada internacional, pero mantiene el espíritu primigenio: abordar un tema a la semana a través de cinco piezas (una por día, de lunes a viernes, en diferentes formatos). Con esta filosofía, ocupó en 2013 la sexta posición del ranquin que la revista TIME elabora cada año con las mejores webs del mundo. Asimismo, aporta un punto novedoso en cuanto a la financiación. En Estados Unidos, el literary journalism lleva consolidado más de 50 años, por lo que allí no se discute la vigencia del género, como en el ámbito hispanoamericano: su batalla está en hacer rentable el modelo. Para ello, este medio ha creado Narratively Creative Group, una vía de negocio paralela –con auspiciosos resultados– que presta servicios de comunicación a medios, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs; y que pretende dar el salto a industrias como la del libro, el cine y la televisión adaptando los contenidos de la revista. 

11. ¿Qué podríamos trasladar de ella a España, qué elementos prácticos podemos aprender?

 

Sin duda, la visión empresarial. No podemos quedarnos con la idea romántica de muchos emprendedores. El buen periodismo cuesta dinero y los periodistas también tienen que pagar las facturas a final de mes. Urge encontrar modelos de negocio sostenibles para garantizar un trabajo decente, que humanice y realice a la persona. A veces sucede todo lo contrario. En este sentido, Narratively habla sin complejos de una clara visión de negocio. Lejos de improvisaciones, la plataforma digital neoyorkina nació en el New York’s Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism, un centro de la Universidad de Nueva York que ayuda a diseñar medios de comunicación sostenibles. El contenido es el rey y la estrategia editorial es fundamental, pero hace falta una estrategia empresarial avanzada para no nacer con la tumba cavada. Narratively ha encontrado en su grupo creativo la inyección económica que no le reporta el periodismo, aunque no todo pasa por prestar servicios de comunicación a empresas e instituciones. En Estados Unidos está funcionando muy bien el “periodismo filantrópico”: mecenas anónimos o grandes magnates dispuestos a financiar proyectos periodísticos con un espíritu de servicio social. Quizá el caso más sonado, a pesar de su singularidad, sea el de Jeff Bezos con The Washington Post.   

 

12. FronteraD es un proyecto de Alfonso Armada, que es un periodista de medios poderoso como ‘El País’, durante años, o ‘ABC’ ahora… ¿Cómo valoras tú que un hombre como él, bien situado, con una gran voz y una gran personalidad, cree un formato así? ¿Revela un fracaso de los medios tradicionales clásicos?

 

La revolución tecnológica ha puesto en crisis a la industria tradicional. El modelo de negocio clásico (publicidad y venta al número) ya no funciona, porque la información fluye por las redes pero no da el rédito económico que hasta hace unos pocos años brindaban los periódicos en papel. Sin embargo, no todo es negativo. El carácter multimedia e interactivo del nuevo formato ofrece la oportunidad de hacer un mejor periodismo. Además, las bajas barreras de entrada de internet, que elimina los costes de papel, tinta y distribución, favorecen la puesta en marcha de nuevos modelos. Alfonso Armada, un periodista tenaz y apasionado, ejemplo de integridad periodística, ha decido aprovechar este contexto para experimentar con su propio medio. Esa valentía le ha permitido ejercer el oficio de un modo paralelo, casi soñado, sin las presiones políticas, económicas e ideológicas que suelen rodear a los grandes medios. A cambio, le ha tocado sufrir lo que es no disponer de una mínima solidez financiera para pagar dignamente el trabajo periodístico. Su modelo, como admite con resignación, se sustenta en la autoexplotación y el entusiasmo.

 

13. ¿Qué aporta esta publicación, tan variada, versátil, pero profunda e intensa?

 

FronteraD busca explicar el mundo lejos del ruido y nos recuerda la importancia de escapar del alfilerazo fácil de las redes sociales. Huye de la actualidad instantánea, lo que le permite centrarse en la práctica de un periodismo de verdad, riguroso y apasionado. No siempre se tiene material para gritar, ni tan siquiera para hablar. Hace falta tiempo para leer, para reportear, para pensar y meditar. Eso hoy, en una época de expresión continua y visceral, es una gran enseñanza. De hecho, el lema de la cabecera, “una revista para estimular la inteligencia”, lleva consigo una coletilla reveladora: “de las inmensas minorías”. Es el precio a pagar por dirigirse a quien se hace preguntas, intuye el director, que anima constantemente a sus periodistas a sumergirse en los hechos desde perspectivas inexploradas y luego escribir sin limitaciones de espacio. De este modo, la revista intenta parar, escuchar y combatir la contaminación que hay en internet.  

 

14. FronteraD está en seis dominios de redes sociales. ¿Hay que estar en todas partes para sobrevivir?

 

Quien mucho abarca poco aprieta, dice el refrán. Mejor pocos mensajes, muy bien escritos y encajados al medio. La investigación advierte la necesidad de aportar valor a audiencias de nicho. Ante la sobreabundancia informativa, conviene hacerse imprescindible ofreciendo unos contenidos que el público no encuentre en otro lugar. La receta no es copiar y pegar lo mismo en distintas plataformas. Para ello, es fundamental confeccionar estructuras ligeras pero profesionales, con al menos un profesional de alto nivel en cada una de las cuatro parcelas clave: periodismo, empresa, márquetin y tecnología. Se trata de mejorar la experiencia y comprensión de los usuarios utilizando los recursos hipertextuales, multimedia e interactivos que más se adapten al canal y soporte de consumo.    

 

15. Después de repasar el libro entero, y viendo cómo se trabaja en los periódicos, intentando rentabilizar los esfuerzos, ¿qué crees que se debe hacer? ¿Vamos con estas prisas a la muerte del periodismo?

 

El periodismo es más necesario que nunca. El auge de las fake news pone de manifiesto la necesidad de marcas periodísticas solventes. Cabeceras marcadas por su credibilidad y buen hacer. La libre publicación que permite la Red es una oportunidad para el oficio. Cuando un zaragozano recibe por WhatsApp una imagen del puente de Piedra partido en dos, acude a la versión digital de Heraldo de Aragón para conocer la última hora. Si no encuentra la noticia, no se la cree. Eso es muy positivo para el periodismo. Mucha gente se siente ahogada en el océano digital, lleno de ruido y contaminación. Sin medios capaces de seleccionar y jerarquizar con criterio, estamos muertos, pues nos resulta imposible procesar todos los datos que la tecnología pone a nuestro alcance. Fiel a su esencia y valores, el periodismo está llamado a ocupar un lugar destacado en la esfera pública, donde cada vez resulta más fácil aportar valor, fruto de la infoxicación. Pienso que el drama para la profesión es caer en las lógicas de cualquier usuario analfabeto. 

 

16. ¿Será el nuevo periodista un hombre multitarea: escritor, investigador, fotógrafo, editor, experto en redes sociales? ¿No avanzamos hacia el estrés desmesurado?

 

No creo en el periodista orquesta ni en el trabajador multitarea. Pese a la moda de estos sintagmas, varios estudios neurocientíficos advierten que el también conocido como multitasking compromete la eficiencia y la creatividad. Pensamos que podemos estar viendo la tele mientras hablamos con nuestros hijos y consultamos incesantemente el móvil, pero la realidad es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas. ¿De verdad somos buenos en hacer cinco cosas a la vez? Sin concentración, con fugas constantes de energía, perdemos eficiencia cognitiva. Así resulta difícil dar nuestra mejor versión en el periodismo y en la vida, por más que tranquilicemos nuestras conciencias pensando que somos superhombres o supermujeres. El buen periodista o comunicador, en palabras del profesor Paco Sánchez, “no es aquel que domina unas técnicas o destrezas más o menos mecánicas, sino quien es capaz de saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que ha mirado, escuchado y pensado”. Esto exige leer mucho y ahondar en la condición humana, para tener, como apunta el propio Sánchez, “un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea”. El estrés desmesurado no facilita la tarea, de ahí que el movimiento slow sea hoy un gran aliado. No se trata de defender lo lento en toda circunstancia, sino de reivindicar el control de la persona para que pueda elegir en cada situación el ritmo adecuado. Es contraproducente ir siempre a 200 por hora.

 

17. ¿Existe un lector lento que sostenga un periodismo lento?

 

La vida moderna es rápida por naturaleza, a veces por inercia y por miedo al silencio, a encontrarse con uno mismo. Vamos de un sitio para otro, sin parar, pegados a una pantalla. Miramos el móvil hasta en el cuarto de baño o en el ascensor. No hay tiempos muertos y así resulta difícil pensar. Nunca antes había proliferado tanta información, ni se había recibido con la simultaneidad actual. Hay tanta oferta que se ha instaurado la política del picoteo. Estamos en todo y en nada al mismo tiempo. Parece difícil hablar de la existencia de un consumo lento en este contexto. Sin embargo, quiero pensar que siempre va a haber un lector ávido de historias bien contadas, con necesidad de claves que le permitan comprender un mundo complejo, lleno de cambios abrumadores. El ciudadano necesita formarse e informarse para tomar decisiones prudenciales y encauzar su vida. Esa ha sido, es y será una función insustituible del periodismo: convertirnos en ciudadanos mejor informados, en personas cabales con capacidad de decisión y crítica. Quizá sea necesaria una nueva alfabetización mediática que permita a cada persona encontrar un equilibrio en su dieta informativa.

DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Uno de los proyectos poéticos más fascinantes y trabajados de la lírica española en los últimos años en España lo lleva a cabo el editor y poeta Javier Sánchez Menéndez con su libro ‘Fábula’, que son, serán, diez entregas. Contienen un poco de todo: una meditación general sobre la vida, la escritura y la poesía misma, el viaje al pasado y el presente, la belleza, y también –por decirlo de algún modo- una crítica general al mundo en que vivimos. En sus poemas hay crónica, apunte de trayectos, alusiones a los otros (los poetas, los libros, los pensadores…), aforismos, intuiciones. Aparece ahora la sexta entrega, ‘De cuna y sepultura’ (El Gallo de Oro). Y de ahí copio este texto.

 

EN VENECIA

 

La armonía nunca engaña, es como esa fortuna que todos poseemos y a ninguno convence. La armonía equilibra, disipa nuestras dudas, majestuosamente hace que nos amemos. La armonía nos recorre.

 

Hay dos grandes poetas: el oscuro y el de la voluntad. En la edad inocente vuelve a nacer la vida.

 

Y le digo a la vida que venga, que me plazca, que le espero sentado como Pound y Mann en Venecia.

 

BUENOS DÍAS

 

He bajado corriendo por esas escaleras para buscar un nombre, pero tú ya no estabas. Me quedan la razón y la palabra. Esas que en las mañanas te despiertan con un beso en la frente y dicen ‘buenos días’.

 

MIEDO

 

El miedo es necesario, como lo es el silencio, la soledad, la atención y el alimento. Sin miedo no hay respeto, sin respeto no existe literatura y sin ella la poesía no tendría sentido.

 

Tiro al suelo del cuarto rojo el libro de Bloom. Llamo a Barrie y le pregunto. Responde que le complace el respeto, y le desagrada la soberbia.

ADIÓS A PACO CAMARASA

ADIÓS A PACO CAMARASA

HA MUERTO PACO CAMARASA, DE NEGRA Y CRIMINAL


[Hace algo más de un año, en diciembre de 2016, con Sergio Vila-Sanjuán de embajador de la amistad, visité a Paco Camarasa en su librería Negra y Criminal, que creó con su mujer Montse Clavé. Ya estaba enfermo, pero tenía entereza, serenidad y unas ganas inmensas de contar su vida y de explicar sus encuentros con muchísimos autores. Acaba de fallecer. Por ello recupero el texto que le dediqué en 'Artes & Letras' en diciembre de 2016. La foto es de Carles Ribas del diario 'El País'. En 2017 recibió un premio de Aragón Negro.]


Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).

Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco : «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».

De Dupin y Holmes a Carvalho

Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».

En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».

Para Camarasa, poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».

Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».

Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.

Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.

Autores que vienen y van

Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.

Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».

Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.