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Antón Castro

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SERGIO VILA-SANJUÁN: DIEZ AÑOS DE PERIODISMO CULTURAL

Periodismo cultural: diez años de encuentros


  
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El reciente Congreso de Santander sobre linchamiento digital ha culminado un ciclo de reflexiones profesionales, desarrollada antes en Zaragoza, Pendueles (Asturias) y Sevilla


Periodismo cultural: diez años de encuentrosDiez años de encuentros de periodismo cultural (ERphotographer / Getty)
Actualizado a 05-05-2018 07:29

Cuando, el pasado 27 de abril, Basilio Baltasar clausuraba en Santander el IV Congreso de Periodismo Cultural, dedicado al “linchamiento digital”, la opinión de los congregados era bastante unánime: ha sido el mejor de los celebrados hasta ahora.

Las ponencias de expertos como el politólogo Miguel Arias Maldonado, los periodistas Lluis Bassets y Marta Peirano o el sociólogo Miguel del Fresno, junto con la sucesión de mesas redondas, nos proporcionaron a los allí convocados un panorama general y una guía de mano para no perdernos en los vericuetos, abismos, espejismos y trampas, también entre los tesoros, del nuevo mundo digital en que la profesión y la ciudadanía viven ya inmersas.

Con el Congreso, también, culminaba un ciclo para los periodistas culturales españoles. Se había abierto diez años antes, en Zaragoza.

Una cita aragonesa

El 27 y 28 de marzo del 2008 se celebraban en el Edificio Pignatelli unas “Jornadas de Fomento de la Lectura y Medios de Comunicación” organizadas por el Ministerio de Cultura y patrocinadas por el Gobierno de Aragón. El programa quería discutir cómo estaban impulsando la práctica lectora las revistas culturales, la prensa, la radio, la televisión y el formato Internet ya en auge.

Una de las cuestiones que surgió fue el crecimiento que el periodismo cultural había experimentado en España tras la muerte de Franco. Antes de 1975 las secciones de cultura eran prácticamente inexistentes en los diarios. El periodismo cultural especializado no existía. Treinta años más tarde, raro era el rotativo que no contaba con una sección de cultura potente y que no había creado sus suplementos de libros y de arte, al tiempo que el espacio destinado a este tipo de información no paraba de aumentar en otros ámbitos mediáticos.

Por otra parte, constatábamos que, en el terreno de la lectura, el papel prescriptor tradicional que en épocas anteriores desempeñaron los críticos literarios había ido pasando, crecientemente, a los periodistas culturales, personajes con otro perfil, otra formación y otras estrategias. Sin embargo, tanto en el plano profesional como en el propio terreno de la cultura, los implicados no habíamos desarrollado un discurso consistente sobre nuestro propio trabajo ni habíamos creado unas redes de relación acordes con este peso.

El programa de ZaragozaEl programa de Zaragoza (LV)

En ese encuentro zaragozano coincidimos, y en algunos casos nos conocimos, periodistas que a lo largo de los años repetiríamos contacto de forma habitual y colaboraríamos en preparar algunos de los que vendrían más tarde: especialmente Antón Castro, jefe del suplemento del Heraldo de Aragón y por aquel entonces también del programa televisivo Borradores; el malagueño Guillermo Busutil, director de la revista Mercurio; Manuel Pedraz, de RNE en Sevilla, impulsor del programa Historias de Papel, y Basilio Baltasar, al frente de la pionera revista digital de literatura El Boomerang. Yo asistía como responsable del suplemento Cultura/s de La Vanguardia.

También participaban Ignacio Elguero, codirector en Madrid de La estación azul de RNE; Óscar López, que dirigía desde Barcelona el programa de TVE Página 2; Javier Rioyo, al frente de Estravagario en La 2; Jesús Vigorra, director de El Público en la televisión de Andalucía, o Jorge de Cominges, responsable de Qué Leer.

De la reflexión sobre la necesidad de un mayor reconocimiento de la disciplina surgió la primera propuesta. Una conversación en el AVE de Barcelona a Zaragoza con Rogelio Blanco, entonces director general del Libro del gobierno de Rodríguez Zapatero, y la buena influencia de Alfonso García, coordinador del suplemento Filandón del Diario de León, hicieron posible que el Ministerio de Cultura convocara por primera vez el Premio Nacional de Periodismo Cultural. César Antonio Molina, ministro entonces, dio enseguida su visto bueno.

Pocos meses más tarde tenía lugar la primera convocatoria, que recayó (2009) en el periodista de El País Jacinto Antón. En años posteriores lo obtendrían Fabricio Caivano, de Cuadernos de Pedagogía; Ana Borderas, de RNE; Juan Cruz, de El País; Antón Castro; Diego Manrique, de El País; Ana Mendoza, de la agencia Efe; Jaume Figueras, de TV3· y, el más reciente, Blanca Berasategui, directora de El Cultural de El Mundo.

Junto a la playa asturiana

Lo cierto es que los factótums del Ministerio, y especialmente Rogelio Blanco –hombre próximo al entonces presidente del Gobierno- , se habían tomado en serio el reto planteado, y durante el mismo 2009, además de convocar el premio, decidieron dedicar al Periodismo Cultural un Encuentro de Verines. Estas convocatorias, celebradas en una casa histórica de Pendueles, cercana a la playa asturiana de La Franca –espectacular enclave en cuyas aguas nos mojábamos los pies a primera hora de la mañana-, habían acogido anualmente desde los 80, bajo la tutela de Victor García de la Concha, a autores y profesores de las distintas autonomías españolas para discutir cuestiones literarias de amplio espectro, desde las más generalistas a las más especializadas.

Verines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio BlancoVerines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio Blanco (LV)

García de la Concha había dejado ya la dirección en manos del profesor y escritor Luis García Jambrina, quien moderó nuestros temas, que han sido los que han marcado el último decenio: la difícil (o fácil) convivencia entre el formato papel y el formato digital; el paso sin retorno a la red con nuevas fórmulas informativas o la cautela frente al nuevo medio y la perseverancia actualizada en fórmulas clásicas. También la pugna entre apocalípticos e integrados, o entre los periodistas elitistas y los populares, en la información literaria.

En Verines se comunicó el nacimiento de la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía “José María Bernáldez” (en homenaje a la memoria de un querido y recién fallecido colega). Y, junto a veteranos de la anterior convocatoria se dieron cita en la casona asturiana Antonio Iturbe, de Qué Leer, David Castillo del Avui; Jesús García Calero de ABC; Peio H. Riaño de Público; Aurelio Loureiro de Leer; Tino Pertierra de La Nueva España; Winston Manrique de El País; Miguel Barrero; Nieves Fontova de El Correo; Teresa Peces de Delibros…

En la Feria de Sevilla

La siguiente cita tuvo lugar en Sevilla, el año 2011. La organizó la joven Asociación andaluza, que presidía Manuel Pedraz, con la colaboración de la catalana, que había surgido poco después y que dirigía Toni Iturbe. Dos sesiones sobre los nuevos caminos de la profesión, en un momento en que la crisis económica ya había enseñado los dientes. Se celebró dentro de la Feria del Libro, con patrocinio del Ministerio de Cultura, la consejería de Cultura de la Junta y la Fundación José Manuel Lara.

Se abordaron allí las innovadoras experiencias en la blogosfera; la (entonces proyectada) transformación de TVE2 en Canal Cultural, o el boom de libros de periodismo. Maruja Torres fue la invitada estrella. Nuevos participantes se incorporaron a la red de colegas en construcción: Sergi Doria de ABC (a partir de entonces, otro puntal de nuestras convocatorias); Llàtzer Moix de La Vanguardia; Alejandro Luque de El Correo de Andalucía; Guillermo Altares de El País; Eva Díaz Pérez, entonces en El Mundo...; Carlos del Amor de TVE; Pilar Vera del Diario de Cádiz; Montse Mompó del programa Continuará; Amalia Bulnes…

Encuentro en SevillaEncuentro en Sevilla (Archivo)

Como apuntó en su blog Felix Modroño, “estas reuniones, además de servir de terapia colectiva contra las vicisitudes por las que atraviesan los profesionales y el arrinconamiento a que se han visto sometidas sus secciones en los últimos años en los respectivos medios, han dejado charlas y mesas redondas en las que se ha reivindicado el papel fundamental del periodismo cultural en la sociedad actual”. Efectivamente había llegado la crisis. Y tras una época, como hemos apuntado, de fulgurante ascenso, el periodismo cultural estaba perdiendo peso y espacio en los medios, que entraban en una fase de austeridad y recortes, cuando no de clara precarización.

Santander, giro decisivo

Un giro decisivo en el desarrollo de los encuentros se produce con la aparición y consolidación de Santander como espacio de acogida.

El mallorquín Basilio Baltasar, director de El Boomerang, era y es también director de la Fundación Santillana, vinculada al grupo Prisa. Baltasar, que además de como periodista y novelista tiene experiencia en el mundo editorial, es hombre capaz de desarrollar y dar coherencia a proyectos complejos y ambiciosos desplegando para ello gran suavidad de formas. “Suaviter in modo, fortiter in re”. Se trata del personaje fundamental en la segunda fase de esta historia.

Seminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio BaltasarSeminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio Baltasar (LV)

A principios de esta década la Fundación Santillana convocó, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander, dos seminarios sucesivos sobre la relación entre periodismo y narrativa. Se trataba de una cuestión muy en auge por el éxito de cronistas latinoamericanos allí presentes como Leila Guerriero, Juan Villoro, Leonardo Faccio o Silvia Paternostro. En el seminario del 2011, en el que participé junto con Lluis Bassets, Roberto Herrscherr y José María Calleja, se discutió la relación entre periodismo narrativo y periodismo cultural. Dos disciplinas próximas pero con objetivos diferentes. En las habituales conversaciones peripatéticas por la península de la Magdalena y el Sardinero, dimos vueltas con Basilio a la posibilidad de consagrar allí, en la misma UIMP, un seminario monográfico anual al Periodismo Cultural que recogiera el testigo de las reuniones de Zaragoza, Verines y la de Sevilla (que había tenido lugar unos pocos meses antes), dando regularidad a la reflexión.

Y así se hizo. En julio del 2012, la Fundación Santillana convocaba en la UIMP de Santander, con la colaboración del TEC de Monterrey, el “Primer Seminario de periodismo cultural”. El tema: “Periodismo cultural en los nuevos medios: periódicos digitales, blogs y redes sociales”. Junto a rostros conocidos de reuniones anteriores acudieron Jesús Ceberio y Juan Cruz de El País; Ana Borderas de RNE; Montserrat Domínguez del Huffington Post; Antonio Lucas de El Mundo; Ignacio Vidal-Folch de Nostromo; Guillermo Balbona del Diario Montañés; Joana Bonet de Marie Claire; Laura Revuelta de ABC… Jesús Ruiz Mantilla, de El País, por su vinculación cántabra, sus crónicas y su implicación operativa, sería otro personaje importante en este proceso.

El entorno había cambiado. Del gobierno proclive a la cultura de José Luis Rodríguez Zapatero –con todos los matices y pegas que se quiera-, se había pasado a un gobierno del Partido Popular que de entrada eliminó el ministerio del ramo –fundiéndolo con Educación y Deportes- y después había tomado una serie de medidas económicas que muchos considerábamos perjudicial para el sector. Por eso, y excepcionalmente, un grupo de los presentes en ese encuentro de 2012 –no todos- firmamos y publicitamos el siguiente manifiesto:

“Los periodistas culturales reunidos en el seminario de Periodismo Cultural celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo manifestamos nuestro rechazo hacia la decisión del Gobierno de gravar la asistencia a teatros, conciertos de música y salas de cine con el 21% de IVA. Lo grave de la decisión es que no se trata de una subida del impuesto, sino de un cambio de categoría, ya que estas manifestaciones artísticas pasan de soportar el IVA intermedio a ser penalizadas con el IVA máximo del 21%. Queremos dejar constancia de que la cultura no es un privilegio, sino que forma parte indispensable del desarrollo intelectual y afectivo de las personas. Nos negamos a aceptar que se nos diga que pensar es un lujo.”

De seminario a Congreso

En los años siguientes, Basilio Baltasar y su equipo, encabezado por la incansable Giselle Etcheverry Walker, continuaron trabajando con el formato seminario para la UIMP. El de 2013 respondía al título “Nuevos medios, nuevas pantallas, nuevos lectores”, e incorporaba por primera vez a Alfonso Armada, Fernando Rodríguez Lafuente (ABC) y Paul Ingeenday (Frankfurter Allgemaine). ¿Cómo cambia la lectura en las pantallas móviles? ¿cómo escribir para los nuevos lectores?, eran algunas de las preguntas sugeridas.

En 2014 el seminario se consagró a “Los suplementos literarios y su versión digital”. Pregunta: la capacidad de influencia que los suplementos en papel han ejercido durante mucho tiempo, ¿se mantendrá en la era de las pantallas? Tuvo como voces nuevas a Blanca Berasategui; Angélica Tanarro (El Norte de Castilla); Berna González Harbor (El País) y Ramón González Férriz (Letras Libres).

En 2015 se da el gran paso. De seminario pasamos al “Primer Congreso de Periodistas Culturales”. Convocantes: la Fundación Santillana, la UIMP y la Fundación Botín, con apoyo del Ayuntamiento y la Fundación Santander Activa. Cerca de cincuenta asistentes/participantes. En el discurso inaugural Basilio pide para España una “excepción cultural” en la fiscalidad de las industrias del sector al estilo de la que aplica el gobierno francés.

Una primera pregunta: la botella ¿está medio llena o medio vacía? Es decir, la profesión, ¿va relativamente bien, o está tirando a fatal? Entran en escena Pepe Ribas (Ajoblanco); Borja Cassani (El estado mental); Xavi Ayén (La Vanguardia); Toni Puntí (TV3); Xesus Fraga (La voz de Galicia); Valerie Miles (Granta), Martín Caparrós…

Se discute si es lícito que un crítico literario sea amigo del autor criticado, y si se leen “los libros enteros”; si el periodista cultural debe ser, además de informador, un contador de historias; si las secciones de cultura viven atrapadas por el marketing, y si hoy hay que centrarse en publicar lo que otros no quieren que publiques, porque de otro modo trabajas en relaciones públicas… Mi pequeña aportación, aparte del parlamento, consiste en llevar a Santander los primeros ejemplares del libro Una crónica del periodismo cultural, en el que intento desarrollar una breve síntesis histórica de la disciplina.

Carteles del congresoCarteles del congreso (LV)

Puesto que el congreso del 2015 resulta catárquico, autorreferente, y de sus sesiones los participantes salimos llorados, el segundo congreso, de 2016, se abrirá al mundo exterior. Abordamos “La nueva ingeniería cultural”. Periodistas presentan a creadores de nueva generación en el campo del teatro, la música, el diseño, la plástica… Concha Barrigós, de la agencia Efe, introduce al consultor de Tekne, Pepe Zapata. Jordi Nopca, del diario Ara, hace los honores al artista y diseñador de interacción Daniel González Franco. Esperanza Rabat, de La maleta de Portbou, introduce al fundador de un Antimuseo, Tomás Ruiz Rivas. Carmen Lobo, de La Razón, y César Coca de El Correo participan en distintas meses.

En las ponencias centrales contamos con el arquitecto Carlos García Delgado (sobre el método cibernético memoria-conciencia, nada menos), el filósofo Josep Ramoneda (“copiar o inventar”) y el exministro de Exteriores Miguel Angel Moratinos (hablando sobre la cúpula de Miquel Barceló en la sede suiza de la ONU).

Tanto el primer como el segundo año los congresos cuentan con la presencia entusiasta del alcalde santanderino Iñigo de la Serna, aunque ya no acudirá al tercero al ser nombrado ministro de Fomento. Y las convocatorias son difundidas por unos comentados carteles de impronta surrealista.

2017 es el año de “El arte de la diplomacia y la diplomacia del arte”. “Mientras los espacios políticos, jurídicos y comerciales gestionan sus propias reglas de colaboración, el mundo de la cultura establece los vínculos dinámicos de una diplomacia transversal en nombre de los grandes valores intelectuales y estéticos”, reza el programa. Hay ponencias del director del Instituto Cervantes Juan Manuel Bonet, el embajador de Italia Roberto Toscano, la responsable de la Secretaría General Iberoamericana Rebeca Grynspan y el ensayista Jordi Amat, autor de un libro sobre la “guerra fría cultural” en España. Asistimos a discusiones con el alcalde de Málaga, propulsor de su nuevo eje museístico, y con el diplomático Ion de la Riva, que ideó la Casa Asia.

Nuevos colegas en la cita santanderina: Pilar Argudo (Radio Barcelona); Ignacio Peyró (La Nueva Revista); David Felipe Arranz (El marcapasos); Daniel Gascón (Letras Libres); Felix Riera (Hansel i Gretel); Vivian Murcia (El PortalVoz); Luis Martínez (El Mundo); Charo Ramos (Diario de Sevilla); Silvia Viñas (Radio Ambulante); Maria Jesús Espinosa de los Monteros (Podium Postcast), Patricia Soley-Beltran….

Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018.Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018. (LV)

Y llegamos al 2018 con el que abríamos esta (ya larga) crónica. Otra oportunidad para el reencuentro, para la afirmación de lazos amistosos, para la diplomacia blanda. Para el autoanálisis crítico matizado por la ironía, los buenos modales (imprescindibles en la República de las Letras, como nos ha recordado Marc Fumaroli) y el paisaje de la Bahía, que contemplamos embobados en el auditorio a la espalda de los ponentes. Se nos suman entre otros Álex Salmon (El Mundo); Ángel Luis Fernández (Jot Down); Inés Martín Rodrigo (ABC); Leandro Pérez (Zenda); Paula Quinteros (The Objective); Iñigo Picabea (RNE), Joseba Elola (El País); Karina Sanz, Anna Maria Iglesias; Pere Ortín (Altaïr Magazine); Carolina Isasi; Margarita Yakovenko (Playground), Mar Abad (Yorokobu)…

Culminación de una larga trayectoria: diez años de encuentros -y de progresiva toma de conciencia- sobre el periodismo cultural, con la participación de un centenar de profesionales de distintas ciudades españolas. Discutiendo cuestiones de contenido, de procedimientos y de futuro; aspectos éticos y también laborales. Una trayectoria favorecida por el apoyo inicial de Rogelio Blanco y el Ministerio de Cultura; por el nacimiento, después, de las asociaciones andaluza y catalana, y, a partir del 2012, por el empuje decisivo de Basilio Baltasar y la Fundación Santillana.

Hoy el Congreso constituye una cita anual esperada. Aparece ligado a la capital cántabra y a la silueta recortándose sobre el agua del Centro Botín. El interés de sus propuestas va en aumento. Y que así sea por muchos años más.

 

GUILLERMO BUSUTIL: 'ENREDADOS', ECOS DEL CONGRESO DE SANTANDER

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/04/28/enredados/1003294.html

 

Enredados

Guillermo Busutil*  29.04.2018 | 05:00 

La red o la vida. La elección no es tan simple ni su respuesta depende de un clic. Declararse analógico o disidente con respecto a internet es tan sólo un acto de ingenuidad rebelde. Si usted ha introducido su tarjeta de crédito en un cajero o tiene un teléfono móvil su privacidad es rehén del capitalismo que convirtió a los ciudadanos en clientes. Y si posee uno de los 8.485 millones de móviles del mundo conectado a internet es también un usuario usado. Usted hace su vida normal, repite sus hábitos y es más o menos feliz desconociendo los ecos de lo que teclea en google, de lo que dice en facebook, en whatsapp, twitter o instagram, pero en realidad cuando se maquilla o se afeita la identidad frente al espejo, al otro lado tan sólo es un algoritmo. Un problema que sólo una máquina puede entender. No es una distopía, esa palabra de género con la que muchos escritores sueñan acercarse a Philip K. Dick o a Asimov, es una realidad con software en la que ya no hay sitio para Alicia ni para Robinson Crusoe. Ahora todos somos un digito con una huella de cristal. La culpa la tienen los babilonios que afilaron las matemáticas a través del álgebra y las ecuaciones con escritura cuneiforme en tablillas de arcilla húmeda. Y también Alan Turing, quien les reventó a los nazis el enigma de sus mensajes y advirtió de que en un futuro –ya estamos en su seno y combinaciones- las máquinas podrían pensar e incluso escribir poemas de amor. Otros no muy diferentes con los que se nos declara a diario la publicidad.

 

Aquel héroe que pensaba que el cerebro tenía muchas hojas en blanco –sobre las que internet traza hoy sus inputs- terminó suicidándose con una manzana envenenada. No se inspiró en él Apple, pero sí que tuvo en sus inicios la seducción de la red algo de atrayente manzana. Ese fruto de apariencia esférica que podría ser la bola de cristal medieval convertida hoy en el Palantí creado por Peter Thile donde desembocan nuestras relaciones Apps, nuestros secretos ADSL o en fibra óptica y los datos que utiliza la compañía Cambridge Analógica de su amigo Robert Mercer para que sus servicios evolucionen en función de nuestro comportamiento y demanda. Por no hablar de las piezas del tablero geopolítico que pueden mover a su antojo: el Brexit, el triunfo electoral de Trump o hackeando el destino de sabor dulce o ácido y del que sólo somos las minúsculas pepitas que escupe la sonrisa voraz del diablo con esmoquin de millonario. Nos lo contó Marta Peirano con el desparpajo de quien no quiere atemorizarnos de lo vampirizados que estamos, a los periodistas reunidos en el IV Congreso nacional de Periodismo cultural, organizado por la Fundación Santillana, para hablar del Linchamiento en las redes.

 

En Santander la realidad analógica es la hermosa postal de matices de grises calcáreos, sales azules y verdes spartinas de su bahía. También es el fondo de pantalla de ordenador donde Basilio Baltasar ejerce de chamán y proyecta cada año un ingenioso jeroglífico de temas que resolver. Este año le ha tocado a todo lo que sucede en el enjambre digital: celebración de la mentira, el acoso y la difamación, la imposibilidad del desmentido, el mercado de datos personales, el envenenamiento tóxico de la opinión, las noticias falsas, la credibilidad y el mundo off line en el que ningún hogar ni sueño de identidad están conectados. Siempre son disecciones inteligentes y amistosas donde convergen la experiencia y el cuestionamiento de veteranos y jóvenes profesionales. Nunca defraudan la intensidad, la polémica ni el análisis. Tampoco las de esta edición cuyo eje de lo anterior era el modelo de información entre la frontera de papel, el rigor, el poso reflexivo, el espíritu crítico y la creatividad del periodismo cultural y la urgencia, la competitividad por la inmediatez y la creciente banalización de los contenidos monetizados por el clic de los usuarios. La dicotomía entre la exigencia de ser periodismo o estar en la primera línea de la red, olvidando, como defendieron Joseba Elola y Sergio Vila-San Juan en el WMagazine presente en las sesiones-, que los medios deben apostar por la difusión del conocimiento, la elevación cultural de la sociedad sin plegarse a las exigencias de audiencia, y que el periodismo cultural requiere al contrario profundización, matices y respeto en la plasmación de informaciones complejas, haciéndolas comprensibles.

El ajedrez siempre es batalla: la del dominio del clic con rápida propagación frente al rigor del argumento. El profesor y articulista Manuel Arias Maldonado lo explicó más o menos igual y advirtió acerca de la necesidad de que el nivel de civilicidad domine la conversación pública porque en la red todos hablamos con todos pero no todos sabemos hablar con todos. La causa es que, evocando a Manuel Castells, hemos pasado de la comunicación de masas vertical, la prensa, a la autocomunicación de masas horizontal, donde cualquiera emite un mensaje. Aunque en muchas ocasiones se trate del ruido y de la furia de las emociones, de la percepción distorsionada de la mentira, de aquello que creemos verdadero porque lo sentimos verdadero, de estereotipos, intolerancias o simplemente desahogos. Contra este habitual trazo grueso de la red nada como el periodismo cultural o informativo, contrastado y veraz, basado en ni una raya más ni una raya menos. El mejor antídoto ante las mentiras que cosechan mucha más publicidad, el aplauso sobredimensionado en las redes, y el corifeo de la bronca o el linchamiento como el de la adolescente Amanda Todd que terminó suicidándose y sobre el que se acaba de estrenar en el Teatro Fernán Gómez de Madrid una reflexión en tablas de Alex Mañas e interpretada por Greta Fernández.

Pasiones; brecha inter generacional; las manipulaciones televisivas; el periodismo de compromiso y movilización, como el de Los artistas y su farola en defensa del litoral y del suelo público amenazado por la especulación de un rascacielos a pie de ola en Málaga; la desinformación heredada de la propaganda totalitaria y sofisticada hoy por las democracias liberales; la necesidad de una alfabetización digital; la importancia de lo que supuso el éxito del Me too o la disidencia de la red bulímica, adictiva y gregaria. Muchas controversias y reflexiones en interesantes conferencias, como las del doctor Carles Armengual acerca del acoso farmacéutico y de algunos medios a la homeopatía, o la del sociólogo Miguel del Fresno en relación a la frivolización de contenidos y la conversión de todo en modelos de negocio. Igualmente en mesas redondas escenificadas con dramaturgia radiofónica como la de Ana Borderas; la capacidad de interactuar con el público como Alex Salmón o los faros culturales de Eva Díaz que planteó sobre la red el interrogante gongorino de humo, polvo, sombra, anda, aludiendo a la simbología del cartel del Encuentro, o de Antón Castro que lo cerró con la lectura de un bello poema.

El fututo está a la vuelta. Es absurdo dudar de que seremos seres humanos guiados por algoritmos electrónicos, igual que afirma el historiador Yuval Noah Harari en Homos deus. Beve historia del mañana, dependientes de una inmortalidad sujeta a la nanotecnología, de una felicidad basada en tratamientos químicos y de una divinidad favorecía por la ingeniería cyborg. No sé si entonces, como predice Blockchain los periodistas habremos desarrollado plataformas tipo Uber con contenido en la red con unos criterios de calidad en las que nuestros lectores nos remunerarán directamente, o si sólo existirá el consenso de una única información como verdad. Ignoro si la libertad dependerá de nuestro streaming o ancho de banda, o de qué tipo de bosque habítamos virtualmente o en clandestinidad Huxley. También cuánto tiempo le queda en papel y en la red al buen periodismo y al respeto hacia los receptores sujeto a la conciencia del lenguaje, el rigor de los conocimientos y a la educación expositiva con la que cada uno hace su edición de la realidad.

Lo que sé es que de momento la creatividad y las emociones humanas no están sujetas a ningún algoritmo. Nuestra única ventaja en el incierto desenlace de la carrera entre Aquiles y la tortuga. ¿Quién lo desenredará?

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

GALDÓS EN ARAGÓN

GALDÓS EN ARAGÓN

Aragón y Zaragoza despertaron sinceras emociones en numerosos creadores, pero una de las más vívidas la sentía el escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). Escribiría: “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”. Si seguimos la huella de sus vínculos, desde 1868 a 1908, como lo hicieron Jesús Rubio y Brian Dendle en ‘Galdós y Aragón’ (Ibercaja, 1993), y otros especialistas como Luis Horno Liria, Javier Barreiro o Juan Domínguez Lasierra, entre otros, vemos que la frase podría ser muy exacta.

Galdós amó Aragón, vino muchas veces, le dedicó varios textos, dos capítulos de sus ‘Episodios nacionales’, como ‘Zaragoza’ y parte de ‘Napoleón en Chamartín’, estrenó en el Principal teatro y adaptó para la ópera su novela ‘Zaragoza’ con música de Arturo Lapuerta. Y ya puestos, podemos decir algo más: Galdós fue desde joven un más que correcto dibujante; a la luz de la realidad, de sus paseos y de los grabados de Gálvez y Brambila, se atrevió a retratar diversos lugares de Zaragoza como el Seminario de san Carlos, la Puerta del Carmen o una estampa sugestiva del Pilar desde la ribera y el Puente de Piedra.

Quizá sea Galdós uno de los escritores nacionales de fama, que fue propuesto para el Nobel, que más veces visitó Aragón, especialmente la capital del cierzo. La primera vez lo hizo en octubre de 1868 como joven periodista del diario madrileño ‘La Nación’. Formaba parte de la comitiva de los generales Serrano y Topete, y oyó discursos en calles y plazas, en balcones y en lo alto de un farol, en el pedestal de una estatua, tal como cuentan Jesús Rubio y Brian Dendle. En esa primera visita acudiría al Teatro Principal. Ya entonces como si fuese un agrimensor o un topógrafo descubrió muchas cosas de Zaragoza: estuvo en el Pilar y en la Seo, paseó por san Pablo y reparó en la Torre Nueva, que era uno de los monumentos más llamativos. Rccordaría que aprendió mucho en aquel viaje y conoció a Mariano Garcia, “el hombre más simpático, más ameno, que ha nacido a orillas del Ebro”. Años después, Mariahno Gracia publicó entre 1905 y 1907 unas ‘Memorias’ en Heraldo de Aragón en 70 entregas. De aquella visita parece más claro que nacería la novela ‘Zaragoza’ de los ‘Episodios Nacionales’ con sus tránsitos, acciones t aventureras de Gabriel Araceli, durante los Sitios. El libro apareció en 1874.

Casi 20 años después, Benito Pérez Galdós visitó el valle de Ansó, donde ubicó su drama ‘Los condenados’, que pasó con más pena que gloria. Se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, narra la historia de la pasión entre Salomé (que tenía un novio más formal) y el bandolero José, y las actrices principales, Elisa Méndez y Carmen Cobeña iban vestidas de ansotanas en la pieza. La pieza parece que salió de gira y llegó a Zaragoza en 1896. Galdós, más allá del éxito y de los discursos que le pedían, era feliz en Zaragoza. Solía acudir a la taberna y tienda La Reja, donde se reunía con muchos de sus amigos y por donde aparecían desde el cantante de jotas El Royo del Rabal, que era una de sus debilidades, al torero Lagartijo. Tuvo otros grandes amigos zaragozanos como Mariano Miguel de Val, que residía en Madrid y estaba muy vinculado con el Ateneo, y Mariano de Cavia. En un discurso de algunos años después, diría: “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”.

En 1903, el autor de ‘Fortunata y Jacinta’ estrenó en el Teatro Eldorado de Barcelona, el 16 de julio de 1903, una drama familia en cinto actos, ‘Mariucha’. La obra toma el nombre de la hija de una familia de clase alta venida a menos. Cuando todo se desmorona, ella decide ponerse a trabajar con el consiguiente escándalo. La obra se estrenó en el Teatro Principal el 1 de de diciembre.

Pocos años después, el ya autor de ‘Doña Perfecta’, ‘Marianela’ o ‘Nazarín’, empezará a trabajar en un nuevo proyecto: la preparación de la ópera Zaragoza, en el que se implicó en cuerpo y alma. Zaragoza formaba parte de su afectividad. Jesús rubio y Brian Dendle dicen que ya empezó a venir en 1907, aunque el estreno sería el 4 de junio de 1908. Antes, la banda del Hospicio interpretará el ‘Himno de Riego’ y ‘La marsellesa’. Finalmente, sefijó el estreno para el siete de junio, y Pérez Galdós regresó acompañado por Ortega Munilla, director de ‘El Imaparcial’ y con un joven José Ortega y Gasset. Galdós se hospedó en el hotel Europa, y la gente lo aclamó y le pidió que saliese al balcón. Lo hizo y vio la muchedumbre se agolpaba bajo la lluvia.

Aquellos fueron días muy intensos: un día comió con Basilio Paraíso, otro día asistió a un banquete en la Quinta Julieta y asistió al apoteósico estreno del drama lírico en cuatro actos, donde sonaba la ‘Jota de los Sitios’. Él dio las gracias con un discurso, que se publicó en estas páginas y dijo, entre otras muchas cosas, que tenía la sensación de hallarse en “el país de la verdad”.

 

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

[Daniel Gascón firmará mañana en el Día del Libro su nueva publicación: 'El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia'' (Debate). Por la mañana lo hará en la librería Antígona, y por la tarde en Los Portadores de Sueños.]
Del lenguaje a la política de la identidad, pasando por los mitos fundacionales del independentismo, sus utopías contradictorias o la dureza del encontronazo con la realidad, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981. Escritor y traductor, responsable de la edición española de 'Letras Libres') analiza un fenómeno que ha traído de regreso amenazas que creíamos superadas -la discusión por las fronteras, el conflicto étnico, la posibilidad de la violencia-, y que muestra las fragilidades y fortalezas de nuestra democracia.

SINOPSIS DEL LIBRO. CONTRAPORTADA
La deriva ilegal del independentismo catalán es el mayor desafío al que se ha enfrentado la democracia española contemporánea. Un fenómeno local pero también global: puso en cuestión nuestra forma de convivencia, mostró una tentativa de repliegue en un mundo cada vez más interconectado, explotó la confusión entre hechos y opiniones, y empleó sin escrúpulos la mentira y la manipulación.

Un proceso inédito que podría considerarse incluso un curso de política en tiempo real, un experimento donde se enfrentan dos concepciones de la democracia: una liberal pluralista, la otra iliberal y plebiscitaria. 'El procés' combina el énfasis en una identidad única con la percepción de que España es un proyecto agotado, el imaginario 'kitsch' del nacionalismo con una apuesta aparentemente hiperdemocrática, la sentimentalización de la política con las nuevas formas de comunicación, la reivindicación de la condición de víctima con la sensación de superioridad.
EL TEXTO DEL QUE ARRANCA EL LIBRO, PUBLICADO EN LETRAS LIBRES

Un golpe posmoderno

El gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende.
21 Septiembre 2017

En el número de septiembre de Letras Libres, Miguel Aguilar explica un malentendido de la cuestión catalana. Por un lado, argumenta, está la cuestión de la financiación y del encaje de Cataluña en España. Por otro, la aventura ilegal en la que se ha embarcado el gobierno catalán.

Esa deriva ilegal es la que ha provocado la actuación de la justicia. Se puede discutir el momento o la habilidad del gobierno estos años, pero no parece que el error haya sido el exceso o la pirotecnia. La mejor manera de conservar la autoridad es no tener que imponerla. Y habla bien de nuestras sociedades la prevención ante el uso de la coerción por parte del Estado. Pero, con el respeto más escrupuloso a la ley, prudencia y firmeza, el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos y la legalidad democrática.

La aventura ilegal, que no se reduce al referéndum suspendido, es un golpe posmoderno. Revestido con una pátina entre kitsch y cool, ha surgido un movimiento nacionalpopulista, que se ha servido con eficacia de algunos conceptos. Entre ellos están el sintagma del derecho a decidir como eufemismo de autodeterminación, la confusión entre el voto y la democracia, el prestigio de la rebelión contra el establishment (Por supuesto, como en el Brexit, quien orquesta la rebelión contra el establishment es otro establishment, pero eso no es importante), la extraña idea de que una democracia se convierte en una autocracia cuando no ganan los tuyos. Y, como ha escrito Fernando Vallespín, se ha generado la posibilidad de que cada uno proyectara en la independencia su utopía particular, seleccionando la parcela de la realidad que menos le gustara, impulsando la causa que más le importase.

Era, para algunos, una protesta contra las políticas de austeridad, aunque los impulsores del procés fueran los primeros en implementar políticas de austeridad; era un movimiento de izquierdas aunque se presentara en forma de una alianza entre la derecha, los comunistas y una formación asamblearia, y aunque fuera un movimiento contra la redistribución, donde los ricos se pretenden liberar de los pobres; una manera de estar más integrados en Europa, aunque la UE dijera que una hipotética Cataluña independiente estaría fuera de la Unión; una protesta contra la corrupción, aunque el nacionalismo en Cataluña había creado tramas clientelares corruptas; la única salida ante la incapacidad de reformarse de España, aunque las fuerzas políticas catalanas habían sido corresponsables; un movimiento de derechos civiles, aunque el único derecho que se reclamaba era privar a los demás de su ciudadanía; una ilusionante apuesta democrática, aunque se asaltaran sedes de partidos contrarios a la independencia, cargos de la Generalitat atacaran a periodistas, la ley de transitoriedad rompiera la separación de poderes, en el Parlament se arrollara a la oposición y fuerzas políticas independentistas dijeran que hay que señalar a quien tenga las ideas equivocadas.

Existía la percepción de que todo eso era una especie de declaración de intenciones, una cosa expresiva. La táctica era que esa transgresión en cierto momento fuera para el Estado evidentemente en serio, y provocara una respuesta. La respuesta, pensaban los independentistas, siempre se presentaría como algo desproporcionado: algo que permitiera a quienes habían asaltado el Estado de derecho presentarse como mártires democráticos. (La foto de un arresto es más comprensible y reproducible que algo abstracto como el atropello de los derechos políticos de los ciudadanos.)

El secesionismo ha luchado contra un enemigo imaginario: una España autoritaria, no democrática, una país donde Cataluña no tendría un gran nivel de autonomía, una España que no es una democracia avanzada, comparable a los países de su entorno. En un momento que habría hecho sonreír a los guionistas del Saturday Night Live de los setenta, Gabriel Rufián ha dicho que el 1 de octubre sería el día de la muerte de Franco. Ese país imaginario es una España (un "Madrid", básicamente, con Castilla y algún descampado parar a echar gasolina y mear) tosca y subdesarrollada, pero al mismo tiempo maquiavélica e implacable. La imagen folclórica de España encaja con una concepción que todavía muestra parte de la prensa extranjera: una idea pintoresca de país atrasado que hace pensar que algunos editorialistas y corresponsales se han quedado en la época de Hemingway, pero que no sería tan fácil vender si nosotros mismos no la hubiéramos creído y promocionado.

Esa es la imagen de España que querían activar. Esa imagen es falsa y debemos luchar contra ella. Es un marco heredado de la guerra civil, pero el paralelismo que presenta al Estado heredero del franquismo aplastando la democracia está mal hecho. En este caso, y pese a enormes diferencias, el gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende. Al hacerlo defiende en primer lugar los derechos de los catalanes.

Como los defensores del Brexit, los promotores de la secesión han recurrido sistemáticamente a la mentira y han hecho promesas que saben falsas. El País desmonta hoy el relato falaz que hizo Puigdemont de la actuación de la guardia civil. Artur Mas se jactó de una estrategia que consistía en engañar al Estado. Pero eso lleva aparejado engañar a los catalanes no independentistas, y también a los partidarios de la secesión. Se les engaña ahora cuando se habla de Estado autoritario, de presos políticos, de movimiento democrático, de supresión de la libertad de expresión. Es posible que, como los mejores mentirosos, algunos de los que propagan esas falsedades las crean ciertas. En ocasiones han conseguido imponer su lenguaje a quienes opinan de forma distinta: hablamos de “catalanes” como si los catalanes no independentistas no fueran catalanes, y de “unionistas” como si fueran opciones simétricas. La distorsión del lenguaje indica que, cuando llegue el momento de buscar una solución, no solo necesitaremos sentido común, respeto a la ley y las minorías, buena fe e inteligencia política. También harán falta diccionarios que nos recuerden lo que significan las palabras.

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

La nueva censura cultural

Con la intención de proteger sensibilidades, sectores de todo el espectro ideológico piden la retirada o prohibición de obras de arte. Estamos ante una nueva censura cultural.
01 Febrero 2018

Los niños ya no pueden leer Matar a un ruiseñor, el bestseller de Harper Lee publicado en 1960. Palabras como nigger son demasiado insultantes y ofensivas, según varios padres que obligaron a un colegio del estado de Misisipi (Estados Unidos) a quitar esta novela de las lecturas escolares. Los visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York tampoco deberían admirar el cuadro Thérèse dreaming, pintado por Balthus en 1938. Para once mil personas, aquellas que firmaron un manifiesto exigiendo su retirada, es “sexualmente sugerente” y arroja una mirada ¿sucia? sobre el cuerpo de los menores. Tampoco es lícita la pintura que realizó la artista blanca Dana Schutz sobre la fotografía de Emmett Till, un adolescente linchado por dos hombres blancos en Misisipi en 1955. Varios artistas y comisarios de exposiciones pidieron incluso su destrucción cuando fue expuesta en la Biennial del Museo Whitney de Washington.

Todas estas manifestaciones ocurrieron en 2017 y son muestra de una nueva censura cultural. Si bien los impulsos censores siempre han estado presentes, en los últimos tiempos han tomado una mayor relevancia, en parte debido al gran altavoz que suponen las redes sociales, que consiguen agrupar a un mayor número de personas en torno a una protesta, y también al rumbo político y social que han tomado algunos de los países más desarrollados en los últimos meses. No obstante, son muchos los interrogantes que se abren en torno a estas nuevas posturas que no pueden limitarse al análisis fácil de las redes o a triunfos de políticos reaccionarios. ¿Por qué hay voces que hoy persiguen libros, cuadros, fotografías de hace más de medio siglo? ¿Qué ha cambiado para que entonces no supusieran ningún problema y hoy sean pasto de linchamientos y prohibiciones?

Causas de la “nueva censura”

Desde un punto de vista político, Manuel Arias Maldonado, profesor de ciencia política de la Universidad de Málaga y autor de libros como La democracia sentimental (Página Indómita, 2016), ofrece principalmente dos causas. La primera tiene que ver, precisamente, con su tesis sobre el nuevo sentimentalismo, es decir, “con un deseo de proteger a quien puede sentirse ofendido, que es una patología de las sociedades ricas, porque cuando hablamos de sentimentalización de los conflictos no deja de ser un lujo. Son preocupaciones no materialistas porque ya se habla menos de la distribución de los salarios, y se habla más de los códigos a partir de los cuales nos comunicamos”, argumenta. Dicho de otra manera: cuanto más ricos somos, más fina tenemos la piel. O aún más llano: cuando no hay una problemática muy grave hay que hacer un drama de cualquier cosa, a priori banal.

La segunda causa estriba en “la articulación identitaria de los grupos sociales. Uno se adscribe a un grupo y siente atacada su autoestima en la medida en la que es criticado ese grupo. Se establece un vínculo entre el sentido de nuestra autoestima y el grupo al que nos ligamos”, sostiene. Este razonamiento explicaría, por ejemplo, que, en el caso de los artistas que se manifestaban contra el cuadro de Schutz o en el caso de la novela Matar a un ruiseñor, por motivos de raza, estas personas se sintieran ofendidas por una imagen de un joven negro mutilado o unas palabras que consideran ofensivas.

En este sentido es donde cobran importancia las redes sociales como trampolín de los ofendidos y las enseñanzas de la psicología. Según Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains y autor del blog Evolución y neurociencias, en el que tiene colgados varios posts sobre la nueva indignación moral y el supuesto derecho a no ser ofendido, para explicar la relevancia que hoy cobran las “ofensas” también habría que acudir a dos motivaciones psicológicas que han tenido un enorme auge recientemente: el poder del cotilleo y la fuerza de la reputación. “El cotilleo no ha sido suficientemente estudiado y da para mucho. De hecho, los programas de cotilleo están ahí por algo. Entretienen a la gente, pero además tienen una función moral, ya que hacen que el individuo acepte la norma, transmiten unos límites y coartan la libertad individual para que el sujeto se someta a las reglas. No hay cultura que no tenga cotilleo. En la sociedad moderna nos habíamos hecho muy individualistas, habíamos perdido esa vigilancia del cotilleo. Pero con las redes nos vigilamos unos a otros. Gracias a esta posibilidad que han dado Twitter y Facebook nos hemos lanzado todos a ser los más buenos y a criticar a todo el mundo. Estamos haciendo tribu, en el fondo es un pegamento moral”, explica el psiquiatra. La reputación iría ligada a esta hipervigilancia, puesto que es el cotilleo el que destruye las reputaciones. “Si la pierdes estás muerto. Como ahora estamos todos en la famosa aldea global, tu reputación es muy importante”, añade Malo.

Los nuevos ofendidos

Ahora bien, ¿quiénes son los nuevos ofendidos? Porque ya no es (solo) un ultraconservador el que decide tapar el seno de una estatua sino que, paradójicamente, la mayoría de los nuevos ataques proceden de grupos que, en principio, han querido actuar desde la buena fe y de lo considerado “bueno” para la sociedad (no insultos a los negros, no imágenes que “sexualicen” a los menores). De hecho, este maremágnum de emociones, sentimentalismo, de preocupación por lo “políticamente correcto” que acaba llevando al lado oscuro de las libertades, a una especie de cara b –soy libre de exigir que se prohíba algo porque me ofende– y a la aparición del victimismo (otra fórmula para definir la nueva ofensa) es una copia mala de lo que ya hicieron los políticos estadounidenses conservadores en los ochenta. Así al menos lo entiende Daniel Gamper, profesor de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala que este fenómeno fue creado por los republicanos estadounidenses en las guerras culturales. “Era un proyecto de victimización, decían ser víctimas de una censura liberal (de izquierdas) que quería imponer un lenguaje. Si en una sociedad se llega a un consenso compartido para dejar de usar determinadas palabras, sería ético, y por tanto decir que eso es censura es una beatería de la libertad. Lo que se ha producido ahora es la perversión de la otra beatería, la de las minorías, con ese paternalismo excesivo”, sostiene.

Como explica Arias Maldonado, “la izquierda antaño era un movimiento ofensivo para acabar con los tabúes, garantizar derechos humanos, etc. Y eso ya está hecho, por lo que ahora hay que cambiar el pie: ser conservador para mantener el Estado del bienestar. Cuando centras el debate en que lo personal es lo político y piensas que los sujetos se forman a partir de las experiencias que tienen, y que están inermes a la hora de reaccionar a esas influencias, te conviertes en alguien extremadamente sensible. Es el asunto de la heterosubjetividad. Tienes el temor a que se produzca el daño psicológico y emocional. La izquierda posmoderna es un poco estudiantil y adolece de una sobrerreacción, ya que cuando tus valores son hegemónicos, se compite por la atención”. O lo que es lo mismo: tocar “Imagine” al piano después de un atentado terrorista.

Para Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de autora de libros como El gobierno de las emociones (Herder, 2011), esta sobrerreacción de la izquierda se observa incluso en el lenguaje y en ejemplos como los cuentos infantiles, “que se han querido cambiar porque las historias son patriarcales o no son animalistas… Hay gente que se queja del uso metafórico de la palabra cáncer o del uso metafórico del término autismo. Con todos estos fenómenos solo empobrecemos el lenguaje y eso es negativo”, afirma. Para ella, esta discusión hace tiempo que está sobre la mesa y no siempre adquiere un carácter positivo. “Ya no decimos que alguien es subnormal. Pero al cambiarlo ocurre una paradoja: el nuevo nombre que damos a la causa acaba siendo tan despreciativo como el anterior, y tenemos que cambiarlo. Hoy ya no se acepta discapacitado sino diversidad disfuncional. El desprecio y el carácter despectivo dependen también del contexto”, alega.

Coincide con su colega Arias Maldonado en el rizo de los valores progresistas. “Hoy ningún partido deja de ser feminista o de hablar de políticas sociales. Y hacer cambios en temas sociales es mucho más complicado. Acabo de ver la serie The crown y en la segunda tempo- rada dicen que uno de los personajes es ‘marica’ porque entonces, en los años cincuenta, era la única palabra para designar a los gais. Hoy nadie la pronunciaría porque es despectivo y porque le hemos dado a la homosexualidad un reconocimiento que antes no existía. Y eso es lo importante y lo progresista. Insistir demasiado en un lenguaje correcto es falta de imaginación. Un ejemplo es el artículo neutro. En parte ha contribuido a visualizar a las mujeres, pero ahora roza el ridículo”, comenta.

España no es (todavía) país para censuras (pese a Twitter)

“Aquí no tenemos guerras culturales. Las tuvimos con el matrimonio gay, el aborto, etc., pero ahora mismo no. La sociedad española es muy tolerante con respecto a ese tipo de cosas. Con el tema de las razas, por ejemplo, no hay ningún partido que haya cogido la bandera de la xenofobia. No sé si porque somos católicos o porque nos hemos secularizado bastante. También se ha individualizado mucho la sociedad”, reconoce Gamper. “Puede que también porque en Estados Unidos son menos homogéneos. Es verdad que las redes sociales por su naturaleza polémica están contribuyendo a que esto se reproduzca aquí y hay determinadas fracturas culturales como las del animalismo con los toros y las ideológicas, el centro-periferia, izquierda-derecha. Pero hay otras que parece difícil que se reproduzcan: no creo que tengamos esa hipersensibilidad de los campus universitarios de Estados Unidos o la de los grupos étnicos. En todo caso no ha llegado a España”, añade Arias Maldonado.

Pero estos pequeños casos sí abren, al menos, el debate sobre la libertad de expresión, principalmente en las redes sociales. “Es que ahí se mezclan cosas. En las redes es una comunicación muy agresiva y una reacción hipersensible puede estar justificada. Aquí tenemos la Ley Mordaza, que es un error, porque no vamos a avalar que se pueda decir cualquier cosa, pero tampoco se puede prohibir. Hay determinadas mofas del sentimiento religioso que me parecen innecesarias porque el catolicismo ya ha perdido. Igual ofendes a mi abuela que va a mi misa, y qué necesidad. Pero esto no avala que solo un escritor negro pueda escribir sobre los negros”, dice Arias Maldonado. También Camps entiende que uno no puede decir todo lo que quiera. Existen los límites. “La autocensura es ideal en un mundo plural, abierto y libre, debe haberla antes de pronunciarse”, afirma.

Lo que viene a ser puro sentido común: pensárselo dos veces antes de ofender o sentirse ofendido. ~

*http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/la-nueva-censura-cultural

**oObra de Egon Schiele.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: 'ORDESA'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) publica quizá el mejor libro de su carrera: ‘Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, su identidad y el poder del amor y la memoria.

Antón Castro21/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Manuel Vilas:
Manuel Vilas presentará su novela el sábado próximo por la mañana en Cálamo. Asís G. Ayerbe

¿Sabía que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional?

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio.

¿Qué ha significado Ordesa en su vida? ¿Es una de sus magdalenas de Proust?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro.

En varios libros, sobre todo en los poemarios, venía avanzando este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se le ha impuesto?

Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado.

¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa?

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías 19. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión.

¿En qué medida ha visto, al escribir el libro, que tenía muchos vanos o vacíos sobre su propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarse a sí mismo?

Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

¿Sería este su libro más filosófico o reflexivo?

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad.

¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.

Tenía una curiosa complicidad con su padre, pero a la vez hay entre los dos una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

Su madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva.

Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

¿Qué le enseñan sus hijos? ¿Le ayudan ellos a usted a entender mejor su condición de hijo?

Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

¿De qué se arrepiente?

El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos?

Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde ‘El rey Lear’ hasta ‘Los hermanos Karamazov’. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puede meter en ella?

Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

¿Qué aportan los poemas del final, la mayoría ya publicados?

Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un ‘making-of’ de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

En la última entrevista decía que quizá le hubiesen faltado lectores. ¿Ha mejorado eso?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta.

Ha dicho que es un libro sobre España. ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron sus padres, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico.

 

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

Nacido en Zaragoza en 1989, José María Albalad publica ‘Periodismo slow’ (Editorial Fragua) donde analiza tres proyectos de periodismo digital marcados por el rigor. la fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de Heraldo, donde se publicó una pequeña parte de la entrevista.

 

1. ¿Cuál ha sido tu idea de partida, qué querías averiguar o probar?

 

En la corta historia de internet, la información de los medios digitales se ha asociado con cantidad más que con calidad. Una tendencia que ha llevado a vincular el mundo online con textos breves, apresurados y, en definitiva, poco cuidados. Sin embargo, pese a la existencia de lo que podríamos llamar un “McDonald’s de la información”, también hay sitio para proyectos prémium en los que no caben las informaciones elaboradas para ser consumidas como la comida chatarra. El libro se centra, precisamente, en mostrar la existencia de un revitalizado periodismo de producciones lentas y consumo reposado que contrarresta la fugacidad de la última hora y demuestra falsa la ecuación que equiparaba periodismo en internet con instantaneidad. Frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva, encontramos medios –poco ruidosos pero sensatos– que luchan por llevar a las autopistas digitales el mejor periodismo de siempre.

 

2. ¿Qué sería el periodismo lento?

 

Se trata de una nueva etiqueta que designa una vieja práctica: la del periodismo que investiga en profundidad y narra con intencionalidad estilística, y que se le conoce de distinta manera según las manifestaciones culturales de cada país. En general, los proyectos de periodismo lento priorizan el rigor frente a la cantidad, desafían la superficialidad de la inmediatez con análisis, datos e investigación sobre el terreno, configuran sus calendarios editoriales fuera de la esclavitud de la agenda diaria y apuestan por relatos de largo aliento. El slow journalism invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad.  

 

3. ¿En qué ha cambiado el periodismo con internet y con la edición digital?

 

En qué no ha cambiado, podríamos decir (risas). Por un lado, la tendencia periodística en el ciberespacio va unida a la novedad permanente, lo que provoca una competición extrema por la primicia. Esto ha puesto en jaque géneros y formatos tradicionales como la propia noticia, en pos de un periodismo social, de redes al alcance de cualquiera, cuya obligada concisión tiende a fragmentar realidades complejas. Por otro lado, internet ha transformado las cuatro variables clásicas del marketing mix (precio, producto, distribución y promoción). Cuando los consumidores se vuelven autores y se repiensan procesos tan básicos como la lectura y la escritura, existe un nuevo paradigma. Hoy, el lector-usuario ya no es un sujeto pasivo, sino un actor de primer orden con capacidad de influir en el discurso público desde el rincón más inhóspito del mundo.

 

4. Hay una cierta obsesión por la narratividad, por llevar las técnicas literarias y cinematográficas al periodismo. ¿Por qué? ¿No será por qué el periodista, en el fondo, quiere ser escritor?

 

Literatura y periodismo han mantenido una estrecha relación desde el nacimiento de los periódicos en el siglo XVIII. La prensa dio refugio a muchos literatos, a quienes proporcionaba nombre, fama y dinero, mientras que los periódicos se beneficiaron del incremento de ventas que suponía la firma de escritores consagrados. No seré yo quien te niegue esa mística de algunos periodistas, que a lo largo de la historia han utilizado las redacciones de periódico como una escuela de paso, porque, en el fondo, la novela encerraba sus aspiraciones más hondas. Pero el incremento actual de la narración en las piezas periodísticas, encumbrada bajo el término storytelling, pienso que es una respuesta natural a la “enfermedad del algoritmo” que provoca la obsesión por las métricas. Frente a la réplica de contenidos, el corta-pega al que conduce la trituradora de la inmediatez, la rehumanización del periodismo se presenta como un verdadero reclamo. Salir de las redacciones y gastar suela de zapato en busca de historias ordinarias parece una propuesta razonable para dar respuesta al “hambre de realidad” que existe en esta cultura de pantallas, en la que lo real obsesiona porque, como indica David Shields, apenas se experimenta. Ya en 2012, el filósofo japonés Uchida Tatsuru advirtió que los medios “necesitan volver a convertirse en seres vivos” si quieren sobrevivir. Es una receta inteligente, porque la narración activa numerosos registros cerebrales y atrapa. ¿A quién no le gusta una historia bien contada?

 

5. ¿Es la crónica la panacea de algo, es una forma contrastada e incuestionable de llegar antes al lector? Recuerdas que la crónica “supera la capacidad de cualquier ávido lector”.

 

La crónica no es la panacea de nada, sino un género más que sufre una profunda inflación. Yo defiendo sus múltiples posibilidades, sobre todo narrativas, pero, tras este estudio, me veo obligado a denunciar esa especie de vanidad que se está imponiendo en torno al género, tanto en el ámbito profesional como académico. No todos los temas, personajes y situaciones requieren textos de 5.000 palabras ni una inmersión de meses. Algo que obvian quienes elevan la crónica a una liga superior y buscan situarse en una especie de Champions League periodística en la que poco o nada importa el espíritu de servicio. Olvidemos, como asegura el chileno Cristian Alarcón, que cualquier cosa con un adjetivo al lado de un sustantivo es una crónica. Salirse de la pirámide invertida no es garantía de nada. De hecho, reivindico a aquellos periodistas de agencia y de diario que fabrican cada día, en la sombra, toneladas de buena prensa. Con crónicas, perfiles, noticias, entrevistas… A la postre, con buen periodismo. Es ahí donde debe focalizarse el debate. ¿Cómo podemos servir mejor a la sociedad desde nuestro oficio?

 

6. De manera sencilla, ¿por qué has elegido estos tres medios digitales, qué novedades crees que aportan? 

 

Las revistas emblemáticas del literary journalism anglosajón surgidas en el siglo XX –The New Yorker (1925), Esquire (1933), Rolling Stone (1967), Mother Jones (1976), etc.– inspiraron la creación de los medios de referencia latinoamericanos de periodismo narrativo: El Malpensante (1996); The Clinic (1999); Letras Libres (1999); Gatopardo (1999); o Etiqueta Negra (2002). A su vez, estas publicaciones impresas, de una y otra tradición, constituyeron ejemplos a imitar –por su calidad periodística– para los medios digitales surgidos en América Latina y Estados Unidos en el siglo XXI. Pero, además, los proyectos del continente americano tienen una influencia directa en España, un país en el que el periodismo literario se ha practicado históricamente en el articulismo/columnismo y no han existido antecedentes de calado como los señalados en las otras dos áreas geográficas. De ahí que los nuevos medios digitales españoles, a la hora de plantear una cabecera centrada en narración periodística, pongan sus ojos en las apuestas editoriales del otro lado del Atlántico. En este contexto global, de influencias mutuas y evolución permanente, el libro ahonda en los modelos editoriales y de negocio de tres medios nativos digitales que ilustran la tendencia mencionada: uno de España, FronteraD, por el florecimiento del periodismo narrativo al albur de internet, y dos de América Latina y Estados Unidos –Anfibia y Narratively, respectivamente– porque es en estos territorios, por la influencia de la crónica latinoamericana y del New Journalism anglosajón, donde se inspiran las nuevas cabeceras españolas. La selección encarna, pues, diferentes prácticas culturales, lingüísticas y periodísticas, al tiempo que facilita un diálogo entre tradiciones.

 

7. ¿En que es diferente ‘Anfibia’, la publicación argentina? ¿Cuáles serían sus grandes aportaciones?

 

Anfibia sorprendió en mayo de 2012 con un proyecto que lleva a internet la rica tradición latinoamericana de periodismo narrativo y aporta un sello propio: la anfibiedad, término utilizado para referirse a las piezas elaboradas –a cuatro manos– entre periodistas y académicos. Esta característica implica la creación de duplas, parejas de narradores e investigadores, académicos o expertos que generan piezas periodísticas atractivas –con gancho narrativo– sin descuidar el sustento teórico. El objetivo, como indica su director, es que la crónica sea el resultado de un proceso de investigación que emerja no con el lenguaje árido de los papers y códigos académicos, sino de una manera más accesible, más universal, más viralizable en el mundo digital. Por otro lado, y esto no es habitual en internet, Anfibia sigue el estilo de las revistas emblemáticas de papel (como Etiqueta Negra, en Latinoamérica, o The New Yorker, en Estados Unidos) y cuenta con exigentes editores online que aseguran la calidad de los contenidos mientras despliegan una labor formativa –de investigación y escritura– entre sus autores.

 

8. ¿Qué le debe esta publicación a figuras como Gabriel García Márquez?

 

La influencia es tal, sobre el equipo y los colaboradores, que no me atrevería a cuantificarla. ¿A qué periodista o escritor latinoamericano no influye la magia y el legado de Gabo? Desde su creación, Anfibia cuenta con el respaldo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez en 1994. Siguiendo su estela, la FNPI ofrece un programa de seminarios y talleres que enseña a contar historias a las nuevas generaciones de periodistas: fomenta la excelencia narrativa, el riguroso reporterismo, el ejercicio ético y la innovación. No es casual que el director del proyecto argentino, Cristian Alarcón, se encuentre entre la amplia nómina de maestros de la FNPI, porque los objetivos son compartidos. De algún modo, Anfibia se ha convertido en una escuela, en un laboratorio de periodismo, que forma y proyecta a los jóvenes valores con la única misión de elevar la calidad del periodismo en habla hispana.    

 

9. ¿Es sostenible algo así? ¿Tiene sentido regalar un trabajo tan minucioso y elaborado?

 

Anfibia no es una empresa periodística al uso, ya que incardina su modelo en una universidad pública que respalda la iniciativa del mismo modo que financia investigaciones experimentales en laboratorios. De esta manera, a diferencia de los proyectos emergentes que nacen sin auspicios o de los grandes conglomerados mediáticos que trabajan con la presión de la cuenta de resultados, el medio tiene garantizados los recursos económicos necesarios para desempeñar su actividad. Sus lógicas trascienden lo monetario y ello permite cultivar un periodismo extraordinario con cierto halo romántico, porque la realidad es que las revistas de periodismo narrativo o literario siguen siendo un producto de lujo y marginal. Luchan por convertirse en un modelo de negocio rentable, pero aún no lo logran. En casi todos proyectos de este tipo, la calidad no es sinónimo de ingresos y los periodistas, fotógrafos e ilustradores se ganan la vida gracias a los malabares del autoempleo. Enfocan sus colaboraciones como un pasatiempo en el que desarrollan su vocación, acumulan experiencia y, en el mejor de los casos, consiguen ingresos adicionales.

 

10. ¿Qué es lo que tiene de particular o excepcional ‘Narratively’? ¿Por qué has elegido esta publicación?

 

Narratively, lanzada en septiembre de 2012, consiguió reunir más de 50.000 dólares en una campaña de crowdfunding para contar historias de la ciudad de Nueva York. Desde marzo de 2013 funciona con una mirada internacional, pero mantiene el espíritu primigenio: abordar un tema a la semana a través de cinco piezas (una por día, de lunes a viernes, en diferentes formatos). Con esta filosofía, ocupó en 2013 la sexta posición del ranquin que la revista TIME elabora cada año con las mejores webs del mundo. Asimismo, aporta un punto novedoso en cuanto a la financiación. En Estados Unidos, el literary journalism lleva consolidado más de 50 años, por lo que allí no se discute la vigencia del género, como en el ámbito hispanoamericano: su batalla está en hacer rentable el modelo. Para ello, este medio ha creado Narratively Creative Group, una vía de negocio paralela –con auspiciosos resultados– que presta servicios de comunicación a medios, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs; y que pretende dar el salto a industrias como la del libro, el cine y la televisión adaptando los contenidos de la revista. 

11. ¿Qué podríamos trasladar de ella a España, qué elementos prácticos podemos aprender?

 

Sin duda, la visión empresarial. No podemos quedarnos con la idea romántica de muchos emprendedores. El buen periodismo cuesta dinero y los periodistas también tienen que pagar las facturas a final de mes. Urge encontrar modelos de negocio sostenibles para garantizar un trabajo decente, que humanice y realice a la persona. A veces sucede todo lo contrario. En este sentido, Narratively habla sin complejos de una clara visión de negocio. Lejos de improvisaciones, la plataforma digital neoyorkina nació en el New York’s Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism, un centro de la Universidad de Nueva York que ayuda a diseñar medios de comunicación sostenibles. El contenido es el rey y la estrategia editorial es fundamental, pero hace falta una estrategia empresarial avanzada para no nacer con la tumba cavada. Narratively ha encontrado en su grupo creativo la inyección económica que no le reporta el periodismo, aunque no todo pasa por prestar servicios de comunicación a empresas e instituciones. En Estados Unidos está funcionando muy bien el “periodismo filantrópico”: mecenas anónimos o grandes magnates dispuestos a financiar proyectos periodísticos con un espíritu de servicio social. Quizá el caso más sonado, a pesar de su singularidad, sea el de Jeff Bezos con The Washington Post.   

 

12. FronteraD es un proyecto de Alfonso Armada, que es un periodista de medios poderoso como ‘El País’, durante años, o ‘ABC’ ahora… ¿Cómo valoras tú que un hombre como él, bien situado, con una gran voz y una gran personalidad, cree un formato así? ¿Revela un fracaso de los medios tradicionales clásicos?

 

La revolución tecnológica ha puesto en crisis a la industria tradicional. El modelo de negocio clásico (publicidad y venta al número) ya no funciona, porque la información fluye por las redes pero no da el rédito económico que hasta hace unos pocos años brindaban los periódicos en papel. Sin embargo, no todo es negativo. El carácter multimedia e interactivo del nuevo formato ofrece la oportunidad de hacer un mejor periodismo. Además, las bajas barreras de entrada de internet, que elimina los costes de papel, tinta y distribución, favorecen la puesta en marcha de nuevos modelos. Alfonso Armada, un periodista tenaz y apasionado, ejemplo de integridad periodística, ha decido aprovechar este contexto para experimentar con su propio medio. Esa valentía le ha permitido ejercer el oficio de un modo paralelo, casi soñado, sin las presiones políticas, económicas e ideológicas que suelen rodear a los grandes medios. A cambio, le ha tocado sufrir lo que es no disponer de una mínima solidez financiera para pagar dignamente el trabajo periodístico. Su modelo, como admite con resignación, se sustenta en la autoexplotación y el entusiasmo.

 

13. ¿Qué aporta esta publicación, tan variada, versátil, pero profunda e intensa?

 

FronteraD busca explicar el mundo lejos del ruido y nos recuerda la importancia de escapar del alfilerazo fácil de las redes sociales. Huye de la actualidad instantánea, lo que le permite centrarse en la práctica de un periodismo de verdad, riguroso y apasionado. No siempre se tiene material para gritar, ni tan siquiera para hablar. Hace falta tiempo para leer, para reportear, para pensar y meditar. Eso hoy, en una época de expresión continua y visceral, es una gran enseñanza. De hecho, el lema de la cabecera, “una revista para estimular la inteligencia”, lleva consigo una coletilla reveladora: “de las inmensas minorías”. Es el precio a pagar por dirigirse a quien se hace preguntas, intuye el director, que anima constantemente a sus periodistas a sumergirse en los hechos desde perspectivas inexploradas y luego escribir sin limitaciones de espacio. De este modo, la revista intenta parar, escuchar y combatir la contaminación que hay en internet.  

 

14. FronteraD está en seis dominios de redes sociales. ¿Hay que estar en todas partes para sobrevivir?

 

Quien mucho abarca poco aprieta, dice el refrán. Mejor pocos mensajes, muy bien escritos y encajados al medio. La investigación advierte la necesidad de aportar valor a audiencias de nicho. Ante la sobreabundancia informativa, conviene hacerse imprescindible ofreciendo unos contenidos que el público no encuentre en otro lugar. La receta no es copiar y pegar lo mismo en distintas plataformas. Para ello, es fundamental confeccionar estructuras ligeras pero profesionales, con al menos un profesional de alto nivel en cada una de las cuatro parcelas clave: periodismo, empresa, márquetin y tecnología. Se trata de mejorar la experiencia y comprensión de los usuarios utilizando los recursos hipertextuales, multimedia e interactivos que más se adapten al canal y soporte de consumo.    

 

15. Después de repasar el libro entero, y viendo cómo se trabaja en los periódicos, intentando rentabilizar los esfuerzos, ¿qué crees que se debe hacer? ¿Vamos con estas prisas a la muerte del periodismo?

 

El periodismo es más necesario que nunca. El auge de las fake news pone de manifiesto la necesidad de marcas periodísticas solventes. Cabeceras marcadas por su credibilidad y buen hacer. La libre publicación que permite la Red es una oportunidad para el oficio. Cuando un zaragozano recibe por WhatsApp una imagen del puente de Piedra partido en dos, acude a la versión digital de Heraldo de Aragón para conocer la última hora. Si no encuentra la noticia, no se la cree. Eso es muy positivo para el periodismo. Mucha gente se siente ahogada en el océano digital, lleno de ruido y contaminación. Sin medios capaces de seleccionar y jerarquizar con criterio, estamos muertos, pues nos resulta imposible procesar todos los datos que la tecnología pone a nuestro alcance. Fiel a su esencia y valores, el periodismo está llamado a ocupar un lugar destacado en la esfera pública, donde cada vez resulta más fácil aportar valor, fruto de la infoxicación. Pienso que el drama para la profesión es caer en las lógicas de cualquier usuario analfabeto. 

 

16. ¿Será el nuevo periodista un hombre multitarea: escritor, investigador, fotógrafo, editor, experto en redes sociales? ¿No avanzamos hacia el estrés desmesurado?

 

No creo en el periodista orquesta ni en el trabajador multitarea. Pese a la moda de estos sintagmas, varios estudios neurocientíficos advierten que el también conocido como multitasking compromete la eficiencia y la creatividad. Pensamos que podemos estar viendo la tele mientras hablamos con nuestros hijos y consultamos incesantemente el móvil, pero la realidad es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas. ¿De verdad somos buenos en hacer cinco cosas a la vez? Sin concentración, con fugas constantes de energía, perdemos eficiencia cognitiva. Así resulta difícil dar nuestra mejor versión en el periodismo y en la vida, por más que tranquilicemos nuestras conciencias pensando que somos superhombres o supermujeres. El buen periodista o comunicador, en palabras del profesor Paco Sánchez, “no es aquel que domina unas técnicas o destrezas más o menos mecánicas, sino quien es capaz de saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que ha mirado, escuchado y pensado”. Esto exige leer mucho y ahondar en la condición humana, para tener, como apunta el propio Sánchez, “un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea”. El estrés desmesurado no facilita la tarea, de ahí que el movimiento slow sea hoy un gran aliado. No se trata de defender lo lento en toda circunstancia, sino de reivindicar el control de la persona para que pueda elegir en cada situación el ritmo adecuado. Es contraproducente ir siempre a 200 por hora.

 

17. ¿Existe un lector lento que sostenga un periodismo lento?

 

La vida moderna es rápida por naturaleza, a veces por inercia y por miedo al silencio, a encontrarse con uno mismo. Vamos de un sitio para otro, sin parar, pegados a una pantalla. Miramos el móvil hasta en el cuarto de baño o en el ascensor. No hay tiempos muertos y así resulta difícil pensar. Nunca antes había proliferado tanta información, ni se había recibido con la simultaneidad actual. Hay tanta oferta que se ha instaurado la política del picoteo. Estamos en todo y en nada al mismo tiempo. Parece difícil hablar de la existencia de un consumo lento en este contexto. Sin embargo, quiero pensar que siempre va a haber un lector ávido de historias bien contadas, con necesidad de claves que le permitan comprender un mundo complejo, lleno de cambios abrumadores. El ciudadano necesita formarse e informarse para tomar decisiones prudenciales y encauzar su vida. Esa ha sido, es y será una función insustituible del periodismo: convertirnos en ciudadanos mejor informados, en personas cabales con capacidad de decisión y crítica. Quizá sea necesaria una nueva alfabetización mediática que permita a cada persona encontrar un equilibrio en su dieta informativa.