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Antón Castro

Escritores

FERRER LERÍN : DE 'BESOS HUMANOS'

FERRER LERÍN : DE 'BESOS HUMANOS'

[Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en la carpa de la Feria del Libro de Zaragoza, su libro 'Besos humanos' (Anagrama), a las 20.00, en compañía de Ignacio Escuín Borao, director general de cultura, editor y poeta. Ferrer Lerín es un puro show.]

 

De entrada, ¿cómo definiría ‘Besos humanos’: una antología de sus relatos, un tratado de la frialdad o de la crueldad?

‘Besos humanos’ es el resultado de un trabajo del crítico Ignacio Echevarría en el que selecciona, ordena y epiloga textos míos éditos e inéditos para que sean publicados en una editorial, Anagrama, distinta, en cuanto a tirada y difusión, de las que de modo habitual recogen mis escritos breves en prosa. ¿Con frialdad?, quizá con asepsia.

¿Qué le debe a usted, en cuanto a selección, organización y estructura el libro?

Echevarría, como editor en términos anglosajones, me pasa el manuscrito final para que yo lo sancione, pero la idea de cómo ha de ser el ‘artefacto’ es solo suya. Incluso una cuestión a menudo pantanosa y sobre la que puede haber surgido cierta disparidad, la consideración como inéditos de textos no publicados en papel pero sí en digital, no va a condicionar la presencia de ningún texto por su carácter más o menos virginal.  

¿En qué medida este libro podría ser una síntesis de sus temas?

En gran medida lo es. ‘Besos humanos’ recoge muchos de mis temas habituales, pero, yo diría que más que una síntesis de temas es una síntesis de estilos; desde el aforismo a la ponencia congresual, desde los ‘casos’, esos textos breves en prosa, de notable carga onírica, que se prodigan en mi blog, hasta relatos convencionales en su extensión y poemas que gráficamente parecen prosas pero son vocacionalmente poesía.   

Sus libros acostumbran a llevar peculiares títulos. ¿Por qué en esta ocasión recurre a ‘Besos humanos’?

En Madrid, en el año 2008, negociando duramente con empresarios chinos la posible introducción en su mercado de una de las más conocidas marcas vinícolas del Somontano oscense, me pareció que uno de nuestros abogados, Antonio Erena Camacho, en un intento meritorio pero infecundo de expresarse en mandarín, utilizaba un sintagma que sonaba así:  ‘Besos humanos’.

¿Cuáles son sus poderes: la bestialidad, la inclinación al crimen, la escatología o el hecho mismo de devolver la vida a algunos monstruos?

Mi poder es la curiosidad, el estar en permanente estado de vigilia, una actitud, sin duda fundamental para seguir vivo, y que, además, permite procesar las señales que emiten las más tiernas criaturas, del averno y de lo cotidiano, a las que siempre atiendo.  

Uno de los textos se titula ‘El mirón’. Se diría que Ferrer Lerín es un perfecto espía y un fetichista.

A veces me pregunto si hubiera podido ser otra cosa que observador de aves. En este sublime oficio convergen la postura erguida, fundamental para la salud emocional, y el contacto crítico con la naturaleza, también llamado distancia ornítica, la que permite descubrir la presencia lejana de aves para de inmediato identificarlas con aparatos ópticos.  

Aparece varias veces en forma onírica, como si fuera otro. ¿Le gusta desdoblarse?

Juego una vez al día al tute perrero. Me desdoblo en cuatro jugadores, aunque el que da las cartas no participa en la jugada. Juego (jugamos) durante la cena, imaginando naipes y sus combinaciones.     

¿Existen los monstruos? ¿Andan por ahí o son una creación de nuestros terrores?

La anomalía casi siempre es contemplada desde el desprecio o, como mucho, desde el estudio científico; artes divagatorias poco recomendables, porque el monstruo anida en nosotros mismos y nadie querría tirar piedras contra su propio tejado. Recomiendo el recogimiento, la espera, la atención puesta en las variaciones, al principio mínimas, que experimenta nuestro rostro o incluso la piel del dorso de nuestras manos a medida que transcurren los años; en esas leves mutaciones se esconden las garras del monstruo que pugna por emerger, y acabará devorándonos.  

¿Qué le debe a Drácula, que viaja por el libro?

Para mí Drácula son las cubiertas del libro de Bram Stoker en la cochambrosa edición mexicana que guardo en mi biblioteca. Como ocurre con muchos de los hitos de la literatura, el contenido no responde a las expectativas; se trata sólo de una buena idea que no fue literariamente bien plasmada; la novelita nunca conseguí terminarla.

¿Qué le asusta?

La muerte, mi muerte, o más exactamente los preámbulos de la misma. Las residencias de ancianos, el trato de los enfermeros, la agonía, la sensación de inutilidad y sinsentido que se va generando al envejecer. Lo irreversible.

¿Quién le ha aportado más: Kafka, Borges, Sheridan Le Fanu o Lem?

Sheridan Le Fanu y Lem no me han aportado nada porque apenas me he acercado a ellos. Kafka ha trascendido ya definitivamente de lo literario para convertirse en paradigma de casi todo. Borges sigue siendo mi referencia aunque tanto me he dejado influir por él que ya dudo de si los aportes son suyos o son míos. 

El sexo siempre está presente. ¿Cuál es su visión?

He entrado en una etapa en la que empiezo a desconfiar del sexo, y no digamos de las personas que hacen gala de su consumo desmedido. Mi relación con la experiencia sexual, todavía centrada en la figura femenina, ha sufrido un traslado, quizá un cambio en sus objetivos; me horroriza la idea del cuerpo a cuerpo, de los contactos gimnásticos y sudorosos; me encanta ahora solicitar permiso para acariciar a una mujer por encima de la ropa, y, si lo obtengo, ya en el paroxismo, sujetarla por el brazo para que, por ejemplo, cruce segura el paso de cebra.

¿Existe belleza en la fealdad y en el horror?

Cuando nuestra consultora ambiental ganó un concurso para la ordenación turística de determinada comarca aragonesa comprendí que no era posible utilizar el mismo criterio para valorar el poder de sugestión de cada pueblo. Existía una fuerza tradicional, muy aparente, en la estructura, en el pintoresquismo de muchos de ellos, que no requería mayor reflexión al publicitarlos en folletos, guías y demás propaganda, pero, luego quedaba un remanente, una especie de listado delirante donde con una mirada convencional era imposible encontrar algo que ofrecer al siempre ávido y exigente turista. Robé entonces un término propio del Arte Contemporáneo, el Feísmo, e intenté utilizarlo para explicar, para llamar la atención sobre el poderío estético de la uralita sucia, caída y resquebrajada, sobre las bolsas de plástico de supermercado que coronaban estacas y vallados y, en general, sobre todo un horizonte de normalidad rural degradada y degradante que quizá debería ser objeto de pausada atención por parte del dominguero. Pero la propuesta fue poco apreciada

¿Escribe en trance, tras la pesadilla o con una calculada distancia?

La verdad es que soy un tipo de gran simpleza o, si se quiere, para no sentirme ofendido, de gran sencillez. Escribo cuando se dan una serie de circunstancias que lo permiten, diría mejor que casi me obligan. Son ligeras conjunciones astrales en las que prima el hallazgo de una historia interesante, de un sintagma llamativo o de un repentino estado de tensión creativa. El problema es que esas conjunciones son cada vez más renuentes, que así, de modo natural, se van espaciando cada día. Me dicen que tome no sé qué substancias. Pero, además de simple, resulta, que también, soy algo pusilánime.

 

BUSUTIL ESCRIBE DE GARCÍA LORCA

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/06/03/maleficio-mariposa/1011145.html

 

Guillermo Busutil recuerda, de nuevo, a su admirado Federico García Lorca en 'La Opinión de Málaga'.

VÍCTOR JUAN: PASIÓN POR ENSEÑAR

VÍCTOR JUAN: PASIÓN POR ENSEÑAR

La educación y los maestros, según Víctor Juan*

 

El escritor y director del Museo Pedagógico de Aragón publica ‘La pequeñez de los días’, 30 entrevistas con profesores, y la novela ‘Memoria inesperada’

 

 

Se ha escrito unas cuantas veces que Víctor Juan Borroy (Zaragoza, 1964) es una de las personas más bondadosas (el el estricto sentido machadiano del adjetivo), apasionadas y trabajadoras de la Comunidad Autónoma de Aragón. Es director del Museo Pedagógico de Aragón, en Huesca, donde da sus clases, es escritor de diversos géneros y es colaborador asiduo de HERALDO. Es un pedagogo con todas las letras y todos los matices, y es un investigador y estudioso que rezuma generosidad y curiosidad por el trabajo de los otros. Ahí están sus estudios de maestros como Ramón Acín, Paco Ponzán, Santiago Hernández, Félix Carrasquer, Palmira Pla o María Sánchez Arbós, entre otros.

Siempre está atento a su propio corazón y al trabajo de los demás. La educación le interesa tanto, o más, que la memoria, la cultura, el valor de la palabra, la inclinación a construir historias. Publica nuevo libro: ‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’, que publica Rolde de Estudios Aragoneses, en su colección Val de Bernera, con prólogo de la consejera Maite Pérez Esteban. Son historias humanas y una exaltación, sin énfasis, de la importancia de los maestros, del valor del aula, de las posibilidades del conocimiento, de la palabra. Fernando Pablo Urbano, profesor en Épila, dice: “Las escuelas no bastan para cambiar el mundo, pero son necesarias para cambiarlo”.

Son entrevistas muy pensadas, muy bien editadas, que se publicaron en el suplemento ‘Heraldo Escolar’ que hace todos los miércoles Lucía Serrano. Cada entrevista tiene una introducción personal, hilvanada con intención, y todas ellas atienden a diversas orientaciones: la legislación, las tecnologías, los idiomas, la lectura, el cine, la música, etc. El libro es muy interesante porque agrupa existencias, sensibilidades, opciones, formas de trabajar, de sentir y de enseñar y, por supuestos, biografías y experiencias individuales.

Sin ir más lejos, llama la atención este fragmento de Esther Escorihuela Landa, profesora de Literatura en el IES Mar de Aragón de Caspe, que dice: “Creo en las palabras. Las palabras son la materia prima de la literatura y también son las palabras de la vida. Somos un río incesante de palabras, que nos recorre. Nosotros nos contamos a nosotros mismos y contamos a los otros a través del lenguaje. Por eso, soy muy crítica con la devaluación del lenguaje de nuestros jóvenes o de lagunas canciones que escuchan. En el ámbito educativo debemos ser muy cuidadosos al comunicarnos para ofrecer palabras de entusiasmo y confianza y prescindir de las palabras limitadoras”.

La lista de entrevistados es la siguiente: Inés Aguareles Abós, Lourdes Alcalá Ibáñez, Ana Alcolea Serrano, Ricardo Arguís Rey, Antonio Bernat Montesinos, Javier Blasco Zumeta, Carolina Cajal García, Carmen Carramiñana de la Vega, Carmen Castán Saura, Noelia Cebrián Marta, Esther Escorihuela Landa, Eva Fañanás Banzo, Carolina Ferrer Leal, Teresa Fontoba Maza, Javier Garcés París, Soledad García García, Ángel Gonzalvo Vallespí, Eduardo Guillén Catalán, Jesús M.ª Jiménez Sánchez, Alfonso Lázaro Lázaro, Javier Lerendegui Ilarri, Juan Lorenzo Lacruz, Esperanza Mañas Viejo, Carmen Martínez Urtasun, Lorenzo Oro Giral, Fernando Pablo Urbano, Ana Belén Pardo Leganés, Juan Luis Pueyo Sánchez, Domingo Santabárbara Bayo y Agustín Sanz Vituri.

 

Otra novela de la educación

Unos días antes, Víctor Juan publicaba en Sibirana una nueva novela, la quinta tras ‘Por escribir sus nombres’ (2007), ‘María’ (2010), ‘Las manos de Julia’ (2012) y ‘Aquellos días de luz y palabras’ (2013): ‘Memoria inesperada’, la historia de Carmen Pardo. El libro empieza en un cementerio, tras la muerte de su padre. “El día de mi entierro quiero que llueva como en las películas –repetía Joaquín Pardo Montañés cada vez que hacía recuento de sus deseos póstumos”, dice Víctor Juan en el inicio del libro. Ella, fiscal y enamorada de joven de un estudiante de Derecho llamado Fernando Sanmartín, autor ahora de uno de sus libros de cabecera, ‘La Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica), hace recuento de las relaciones difíciles con su padre, especialmente entre los 13 y los 23 años.

Un día, entre sus recuerdos y objetos, descubre una caja y dentro hay un mundo inesperado: el de su abuelo, Santiago Pardo Julián, ateneísta, nacido en 1888 (como Ramón Acín, escultor, pedagogo y anarquista), que fue maestro, que estuvo en París, que vivió una amorosa relación con Pilar, etc. Carmen Pardo lee sus cartas, sus diarios, y se interesa por su aventura. Y encontrará una complicidad inesperada en un experto en educación, Fernando Ríos, que es objeto de una contraportada en HERALDO. Se la hace Chaco R. Morais, y ahí descubre su personalidad y su amor a la pedagogía y a la historia de tantos educadores de infausto destino.

Fernando Ríos, tras investigar el destino del abuelo Santiago, le dice a Carmen Pardo, que es fiscal, que le va a doler lo que ha encontrado: “Es un texto hermoso y valiente, cargado de dignidad. Cuando lo leas estarás orgullosa de llamarte Pardo, de ser la nieta de don Santiago, el director de la escuela de Ramón y Cajal, de haber heredado el carácter de tu abuelo. Y también te dolerá este país que condenó a sus mejores hijos a la muerte, al exilio o al silencio, un miserable país que nos condenó a todos a vivir huérfanos en la oscuridad”.

Y solo hasta aquí se puede contar de esta novela de la emoción, de la sensibilidad y del ennoblecimiento del tiemplo perdido, esta novela de vidas pequeñas, hechas a mano, que se agigantan en el espejo del tiempo.

 

LA FICHA

‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’. Víctor Juan Borroy. Rolde: Val de Bernera. Zaragoza, 2018. 195 páginas. 

 

*Este texto aparecía ayer en la edición digital de Heraldo de Aragón.

LLAMAZARES VUELVE A AINIELLE

JULIO LLAMAZARES SIEMPRE VUELVE A AINIELLE
El escritor visita el territorio del Sobrepuerto oscense donde sucede 'La lluvia amarilla', que cumple 30 años de su publicación en Seix Barral
Ainielle es un territorio de la literatura universal. Es un lugar imaginario, gracias a ‘La lluvia amarilla’ de Julio Llamazares, que se publicó en Seix Barral hace ahora 30 años, y es un enclave real, físico, como una concavidad de piedra, tierra y fronda entre Escartín, Oliván y Susín, en el Sobrepuerto de Huesca, que parece “una inmensa caracola de resonancias” como escribió Miguel Torga de sus paisajes de Tras-os-Montes. Aludimos a este autor porque es uno de los escritores más amados por el autor leonés (o más bien aragoleonés), que acude a otra frase que explica el éxito de la novela sobre el último habitante, imaginario, del Ainielle: “Lo universal es lo local sin paredes”. El autor de ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ y ‘Las rosas de piedra’, también acude a otro narrador luso, Antonio Lobo Antunes: “La literatura es la memoria fermentada”. “Esa frase también me define a mí. Todos tenemos trastornos emocionales que nos persiguen, que nos asedian, y que acaban convirtiéndose en novelas, merced a la palabra y a la destilación de la memoria”, dice julio Llamazares.

Julio Llamazares acaba de regresar a Ainielle. Son las once de la mañana del miércoles 23 de mayo. “En los últimos 30 años habré estado aquí más de 20 veces. La última vez fue en 2016, en esa suerte de peregrinación ritual que se hace aquí el primer domingo de octubre, que se llama ‘La senda amarilla’. Vienen entre 250 y 500 personas. Yo solo escribí una novela, no he escrito ‘La Biblia’. ‘La lluvia amarilla’ has sido importante para mucha gente, capital incluso, y a veces me siento como responsable porque para mucha gente se ha convertido en un libro sagrado”, decía el miércoles. Volvió a Ainielle con un equipo de cine, capitaneado por el realizador zaragozano Javier Calvo, el productor y fotógrafo Ernesto Tejedor (autor de la galería de este reportaje) y el operador de cámara José Carlos Ruiz, para revivir la historia de la novela y, en el fondo, la historia de su propia existencia, su biografía de escritor.

El escritor había participado el martes, en Huesca, en la presentación de un documental de Eduardo de la Cruz sobre Ainielle, acompañado por el director y por el etnógrafo Enrique Satué Oliván. En el palac
o de Villahermosa y en Ainielle contó varias veces cuánto le debía a él y a su libro ‘El Pirineo abandonado’.

Orígenes de una novela sagrada

“Tras la publicación de ‘Luna de lobos’, una novela sobre la memoria histórica, los maquis y el paisaje, una novela de acción, que también tenía su lirismo, empecé a interesarme por los pueblos abandonados de España. Y entre 1985 y 1988 di muchas vueltas. Anduve por pueblos de Lugo, de Guadalajara, de Teruel y de Soria. Mis libros nacen de las preguntas que me hago. Creo que recordar que fue en Sarnago (Soria), ante la desolación general, ante esa soledad que casi te asusta, que pensé: “¿Cómo viviría el último habitante del pueblo?”. Así nació la novela. No lo recuerdo muy bien, pero más tarde, en un pueblo de Guadajalara, o viajando por carreteras secundarias, se me apareció la frase: ‘La lluvia amarilla’. Para escribir necesito una voz, un escenario y un tiempo verbal”. Y, por supuesto, un título tan contundente y polisémico como este.

Julio Llamazares cuenta ante la escuela de Ainielle, que tuvo de profesoras a María, Eulalia y Leonor, entre otras, que al principio la protagonista de ‘La lluvia amarilla’ no era Andrés, sino su mujer, Sabina, que se ahorcará con una soga en el molino del pueblo, el único edificio restaurado y el único que se mantiene en pie. “El término ‘La lluvia amarilla’ es una metáfora y las metáforas tienen muchos significados. Por ejemplo, alude a las cosas, el polvo y los cuadernos que amarillean, alude al paso del tiempo, alude al otoño, alude al desamparo. ¡Quién sabe!”, dice. Y desmiente que “sea una novela escrita en estado de gracia, si lo fue no era consciente”. Lo que parece claro es que es un libro que evoca el paraíso perdido, que contiene drama y evocación, que habla de la muerte y del miedo, que también es un símbolo de la despoblación y quizá de la ecología.

“¿Sabe cómo escribí el libro? En la calle Gravina de Madrid, en el barrio de Chueca, sobre una sala de fiestas, Madrid la Nuit, donde la apoteosis era una canción de Sara Montiel, ‘Mi hombre’. Yo lograba concentrarme y, poco a poco, a lo largo de dos años salió el libro”. Inmerso en su redacción, salía a diversos lugares, como si fuera un cineasta (el director de cine zaragozano, con ecos riojanos y donostiarras, se reía) que iba a localizar. Y por indicación de un amigo jacetano dio con el libro ‘El Pirineo abandonado’ de Enrique Satué, que hablaba de Ainielle, donde había vivido su familia hasta finales de los años 50. Ainielle le gustó por casi todo y antes, muchos antes de visitar la localidad, -“antes incluso de haber estado en él; lo vi desde lejos y escribí la novela antes de haberlo visitado”, confiesa el escritor-, decidió que allí sucedería la acción de su novela, de su monólogo dramático. “Soy un escritor intuitivo, trabajo sin mapas, sin planos. Todo lo que pasó luego se me escapó de las manos. Ni en el mejor de los sueños, te pasa algo así”.

Con Rosalía, de Casa Juan, y Ángel, de Casa Botero

Las novelas hacen milagros. Y eso se ve en el interior de la iglesia destejada y ruinosa. Allí, Enrique Satué Oliván - “fue muy generoso conmigo, siempre, de los que más me han ayudado, y el auténtico especialista de Ainielle, como probó de nuevo ‘La memoria amarilla’”, dice Llamazares- suele poner cuadernos donde la gente va dejando sus mensajes: frases, dedicatorias, recuerdos, dibujos o acuarelas. Los hay de niñas que se llaman Ainielle, de gentes de Francia, Barcelona, Madrid, Albacete. “El libro en castellano ha tenido más de 50 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. Y me pasan cosas curiosas todo el tiempo”. Hay muchos fanáticos de Ainielle y del espíritu del libro. El fotógrafo y naturalista Eduardo Viñuales Cobos recordaba hace unos días: “Tras la aparición de la novela, fui hasta siete veces y me quedaba a dormir. Me impresionaba aquella atmósfera”.

Rosalía Ramón Azón, de 82 años, de Casa Juan, y Ángel Azón Miranda, de 81, de Casa Botero, acompañaron al autor en su viaje a Ainielle. Ahora residen en Sabiñánigo. Rosalía partió del pueblo en 1959; Ángel, en 1948. “Creo que lloré al irme, claro, y que he llorado alguna vez al volver. Ainielle significa mucho. ¡Son tantos recuerdos! Los días de nieve, los juegos en las calles, las vacas, las cabras, la matacía y el mondongo”, dice Rosalía, que se acerca al cementerio y acaricia la lápida de su madre, Jovita Azón, y asiente Ángel. “Nos bautizaron el mismo día, hemos vivido en diversos pueblos, nos casamos, y de vez en cuando nos reencontramos aquí. Yo he leído la novela de Julio Llamazares dos veces. Ha colocado a un lugar tan humilde como este en el mundo”, matiza Ángel.

El fin del mundo y las ruinas

Julio Llamazares dice que avanzan las ruinas cada vez más. “El paso del tiempo hace de las suyas y es como si la naturaleza volviese a dominarlo todo. Ya no queda ningún edificio en pie salvo el molino. El pueblo no da miedo, exactamente, aquí la mejor línea de fuga es el cielo. Estamos en el fin del mundo, con esa música de la corriente. Lo que da miedo de veras son esos pueblos donde parece que la gente acaba de irse, que las camas están recién hechas. Es como si desde las ventanas un montón de ojos te mirasen”, dice. Con todo, Ainielle, de flora variada y fascinante, tiene algo de región espectral, donde conviven los pájaros, los murciélagos, los saúcos del olvido y las palabras.

Allí, si cierran bien los ojos, parece oírse: “Cuando lleguen al alto de Sobrepuerto estará, seguramente, comenzando a anochecer. Sombras espesas avanzarán como olas por las montañas, y el sol, turbio y deshecho, se arrastrará ante ellas...”. Es decir, el inicio de ‘La lluvia amarilla’ que suena maravillosamente en la voz del actor José Sacristán en la película 'Ainielle' de Eduardo de la Cruz.

CARME RIERA: UN DIÁLOGO

Carme Riera: "El aullido de la Manada viene de lejos y es terrible"

La escritora y académica mallorquina fue pregonera en la Feria del Libro de Teruel y este viernes presentó su novela ‘Vengaré tu muerte’ (Alfaguara) en Los Portadores de Sueños.

Antón Castro12/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.José Miguel Marco

Carme Riera publicó en 2016 ‘Las últimas palabras’, su novela sobre el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primo de la emperatriz Sissí, ese personaje que dejó una gran huella en Mallorca. Ahí contaba su vida, su condición de espía, sus amores con Catalina de Homar y exploraba algunos enigmas: entre ellos su compleja sexualidad y la existencia de algunos hijos, que quizá fuesen bastardos (¿eran del jardinero?), así como sus complejos: se sentía feo y gordo, recibió un intenso epistolario y fue un pionero, sin saberlo, del movimiento hippie.

¿Cómo le fue con ese libro?

En Mallorca tuvo mucho éxito. No he querido molestar a nadie y no sé si hubo enfados entre los descendientes o allegados. Si fuera así no me he enterado.

Y poco después decidió volver a la novela negra. ¿Que pasó?

Que no me gusta dejar los libros a medias. En 2004 empecé ‘Vengaré tu muerte’. Me embarranqué, la retomé en 2006 y se me fue quedando por ahí con 125 páginas. La retomé en 2016 y logré culminarla al año siguiente…

¿Ya estaba esa impugnación general que hace usted a la sociedad actual?

No exactamente. No vivíamos aún la situación tan crítica que vivimos de corrupción. Pero sí estaba ese personaje, Elena, esa primera persona que cuenta, esa mujer charnega, mestiza, divertida, fresca, que posee un gran sentido del humor y que cuestiona algunos estereotipos: por ejemplo, la tacañería de los catalanes.

Usted va más allá…

Lo intento. Esta mujer que estudia en los ateneos populares es la que, a través de su mirada, protagoniza una novela de denuncia, que suele ser una característica del género negro. La denuncia y la crítica. El ambiente general de la crisis es oscuro y terrible.

También es una novela sobre la culpa, ¿no?

Desde luego. Elena es una mala detective, se ha equivocado en un caso anterior y por esa equivocación suya dos personas han sido acusadas y encarceladas por un crimen que no cometieron. La culpa es muy femenina: la mujer es la culpable de que al hombre lo expulsasen del paraíso, se dice...

Aborda la violencia de género. Es difícil no pensar en la Manada… ¿Cómo vivió la sentencia?

Fatal. Con indignación, casi como todo el mundo. Pensé en el mito de Dafne y Apolo. Ya desde la antigüedad y desde los mitos, la mujer es carne de violación. El aullido de la Manada viene de lejos y, claro, ahora, en nuestro tiempo, nos parece un horror más que nunca. Es terrible.

¿Qué nos ha querido decir sobre la pedofilia?

Esta no es una novela de tesis, ni una novela didáctica, pero sí se toca el tema. Ese es un lugar oscuro, sórdido, son auténticas cloacas y se percibe con mucha nitidez en las redes sociales. Es un mundo peligroso que no emerge como debiera, y creo que los padres debieran estar más vigilantes de todo lo que hacen sus hijos en Facebook, Instagram, Twitter o Whatsapp. El espanto anida en las redes sociales y se manifiesta de manera impune.

También aborda la corrupción. Habla del 3% que aplicaba el presidente Jordi Pujol. ¿Cómo vive la situación de Cataluña?

Fatal. Estoy muy contrariada, aburrida, triste. No estoy segura de que tenga solución. A veces pienso que España ha sido el primer país europeo que perdió las colonias y sospecho que también va a ser el primero en desmembrarse, y luego seguirá el resto de Europa. A veces, no pienso eso.

¿Le diría algo al señor Rajoy?

Sí, claro. Él y otros, desde el Gobierno central, han sido incapaces de negociar y de explicar a los catalanes los beneficios que tiene estar integrados en la nación. También es un poco su fracaso.

Acaba de ser pregonera en la Feria del Libro de Teruel. ¿Cómo le ha ido?

Muy bien. Es la capital del amor y, ahora, la ciudad de los libros. Me he sentido muy bien tratada. En casa tenemos un gran vínculo con Aragón: se lee desde hace muchos años HERALDO todos los días. Mi marido, Paco Llinàs, escritor y científico, ya jubilado, es un enamorado de Aragón.

 

ABDLEÁ TAIA: UN DIÁLOGO

Abdelá Taia: "El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible"

Invitado por el Instituto Francés y su directora Laure Vazquez, presentó en el Teatro de la Estación su novela ‘El digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire) de elegía y homosexualidad, amor y emigración.

Antón Castro10/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.Cabaret Voltaire

¿Una persona, un escritor, un ser humano puede escapar en Marruecos del impacto de la persecución de la homosexualidad?

Seamos escritores o no, no podemos escapar de la persecución y la violencia permanentes, porque la literatura, por desgracia, no resuelve todos los problemas ni nos protege de todo. Al fin y al cabo, soy escritor pero solo soy un ser humano. No tengo poder. Padezco la misma vulnerabilidad que cualquiera.

Se lo preguntaba porque parece que es un tema que no puede eludir nunca en su obra.

¿Por qué iba a escapar de ello si es lo que soy? Ja, ja, ja.

¡Parece tan implacable la persecución!

Desde luego. En cualquier caso, la homosexualidad sigue siendo un gran problema en todas partes, incluso en Europa. Aun en países como España o Francia, los derechos de los homosexuales no están aceptados por completo. La lucha continúa. Todas las religiones condenan la homosexualidad, no solo el islam. Pero tampoco es que yo quiera anclar o basar toda mi obra en ese tema. Y en esta novela, ‘El que es digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire), especialmente hay más asuntos.

Vayamos con ellos. Me ha llamado la atención la carta del protagonista a la madre. ¿Es una especie de ajuste de cuentas?

Creo que cualquiera cuando pierde a una madre pierde la cabeza, pierde el norte. Es algo a lo que resulta difícil sobrevivir. En el caso de mi personaje, Ahmed, aún es más difícil porque se da cuenta de que está muy solo en la vida, y ahora, huérfano de padre y madre, mucho más. En vez de intentar entender, quiere quedarse en el furor que siente por esas ausencias. Y escribe a partir de este furor. Furor sí, no dolor.

Esta carta de Ahmed a su madre muerta, ¿tiene algo que ver con la vida de Abdelá Taia?

Es la carta más autobiográfica de todo el libro. Me salió de una manera primitiva y brutal pero también de una forma muy elaborada. No quería perder el tono de enfado ni de este dolor. Y no me importa maltratar a este personaje de la madre para llegar a la verdad. Porque se trata de eso: de la verdad. Aunque en el libro parezca una mujer tiránica, dictatorial, es una mujer que actúa, que está en acción. No es una mujer árabe como se la espera: sometida o temerosa, sino valiente.

El libro también aborda la historia de un amor perdido del que uno no acaba de liberarse...

En realidad, yo quería hablar de por qué un joven marroquí que reside en París desde hace quince años, que ahora es un joven intelectual, que vive libremente su homosexualidad, de golpe se siente perdido en Francia y en París. Es una novela sobre el desarraigo. ¿Por qué su corazón, en vez de ser libre, se vuelve duro? ¿Qué ha hecho París de él? De todo se habla en un libro de cartas. Me marcaron las ‘Cartas de la monja portuguesa’, del XVII, de Mariana de Alcoforado…

Critica la actitud de Francia respecto a ustedes. Habla de colonización.

La colonización sigue viva. La élite marroquí habla francés, envía a sus hijos a escuelas francesas, muchas cosas de la vida cotidiana copian la vida francesa. Los escritores árabes cuando son reconocidos es cuando son publicados en Francia o en París, en concreto, y si hablamos francés...

De ahí la desazón de su protagonista...

Claro. En el fondo, mi novela, con ecos autobiográficos, habla de gente como yo, pobre, que sueña con Francia, la idealiza, y cuando llega no es recibida de esta misma manera. Francia no nos concede las mismas libertades que a los demás. A partir de este punto, ¿qué tiene que hacer ese personaje, el protagonista, para ser digno ante Francia? ¿A qué debe renunciar, además?

¿No exagera usted?

Basta con pasear por las calles. Y aunque esta gente no esté de acuerdo conmigo, ni acepte mi condición homosexual (más que por el islam, yo tengo fe, es la política misma), tengo que hablar de ellos. El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible y que está en minoría, y es oprimida. La gente que no tiene voz.

 

ALFREDO CASTELLÓN: 'ESCOMBROS SELECTOS'

ALFREDO CASTELLÓN: 'ESCOMBROS SELECTOS'

Huerga & Fierro publica ‘Escombros selectos’,

los cuentos póstumos de Alfredo Castellón

 

El libro, marcado por la Guerra Civil, la fantasía, el amor y el cine, se ha presentado en la Biblioteca de Aragón

 

 

Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1930-Madrid, 2017) fue guionista y director de cine, fundador de TVE y creador de un sinfín de programas, dramaturgo y director teatral. Dio casi la vuelta al mundo a mediados de los años 60. Se sentía, quizá por encima de todo, escritor de cuentos y de microcuentos. Solía decir que salía a pasear y que aprovechaba para volver a casa con el poema o el cuento ya hecho. Antes de morir publicó dos de sus mejores libros: ‘El ruido de la memoria’ (STI, 2012), una colección de relatos de carácter autobiográfico en buena parte, y ‘Apólogos’ (STI, 2016), una mezcla pensamientos, aforismos y microcuentos. Poco antes de su adiós, el pasado diciembre, Alfredo había puesto punto y final a su libro de cuentos ‘Escombros selectos’ (Huerga & Fierro), que lleva un prólogo de Mariano Gistaín.

En este volumen hay un poco de todo: algunos recuerdos de la Guerra Civil y de sus días en el entorno de un naranjal de Burriana, y varios relatos sobre su madre, entre ellos una carta. Al período doloroso de la contienda pertenece el cuento más extenso, más doloroso, ‘La mano’, en el que una madre le revela a su hija la historia de la ejecución de su padre; la obra tiene mucho que con los recuerdos del director de ‘Platero y yo’ y ‘Las gallinas de Cervantes’ vinculados con sus familiares de Morés, donde él pasó varias temporadas. Una de las piezas más turbadoras se titula ‘Obsesión’ y es el relato de una mujer y el hombre que la violó, resuelto con un final espeluznante. La obsesión, las historias de amor y la relación de parejas, en particular en el seno del matrimonio, protagonizan diversos cuentos, en los que casi siempre hay una salida para el humor, aunque sea negro, el sarcasmo y la ironía.

Destaca en el conjunto el cosmopolitismo: hay piezas que suceden en la India, en Alemania, en Polonia, en Francia, en Austria, pero también en Marraquech o en Nueva York, donde vivió entre 1929 y 1930 el poeta Federico García Lorca, a quien recuerda y cita. Y por supuesto, suceden en Zaragoza, adonde volvía siempre.

Castellón se maneja en varios registros: compone algunos cuentos fantásticos como ‘El amante volador’, que parte de un verso de Miguel Hernández, “solo quien ama vuela”. Se siente muy cómodo en los textos dialogados; rinde tributos al teatro y al cine, especialmente a Marlene Dietrich, vestida de cíngara; también ofrece varias narraciones de atmósfera religiosa, o más bien bíblica, y hay al menos dos piezas que transcurren en manicomios. La locura siempre anda por ahí con sus fantasmas.

‘Escombros selectos’ también es un libro de homenajes, entre ellos al escritor Félix Romeo Pescador, al bailarín Antonio Canales o a Enrique Gómez Padrós, ‘Harry’, “que con tanto cariño pellizcaba la yugular del amigo”, que fue uno de los grandes impulsores de la literatura y del cine en Barbastro. Uno de los textos más bellos es ‘Amores obstinados’, dedicado a las pasiones y a la terquedad de su amiga Pilar Miró. Ella, como confiesa otro personaje, podría haber dicho: “Tengo que confesar que desde niña me gustaron los hombres guapos”.

 

*La foto es de Guillermo Mestre, de Heraldo.

 

 

RTVE: ADIÓS A JOSÉ MARÍA ÍÑIGO

RTVE: ADIÓS A JOSÉ MARÍA ÍÑIGO

Adiós a José María Iñigo, histórico periodista de RTVE*

 

  • Se convirtió en la cara de TVE en los 70 gracias a programas como ‘Directisimo’ o ‘Estudio Abierto’

 

  • Colaboraba desde hace 18 años en ‘No es un día cualquiera’ de RNE y actualmente también en ‘Aquí la tierra’ y ‘Hora punta’ de La 1

 

  • De 2011 a 2017 comentó el Festival de Eurovisión

 

  • Dolor y consternación entre sus compañeros de profesión

 

RTVE lamenta profundamente el fallecimiento del histórico periodista José María Iñigo, fallecido hoy en Madrid a los 75 años, y que desarrolló la mayor parte de su dilatada carrera profesional en la radio y televisión públicas, desde sus comienzos y hasta sus últimos momentos.

 

Precisamente la noticia de su fallecimiento la ha dado a conocer esta mañana Pepa Fernández, directora y presentadora de 'No es un día cualquiera', programa de RNE en el que el mítico comunicador colaboraba desde hace 18 años. El espacio ha comenzado como cada sábado a las 8:30 horas pero sin su sintonía habitual y con la voz de su presentadora, que ha hablado desde el corazón y con gran dolor. "Soy una persona en estado de shock (...), qué les puedo contar. Hace solo unos minutos hemos sabido que mi amigo, mi compañero, mi cómplice, mi maestro José María Íñigo ha fallecido", ha dicho emocionada tras confesar que habló con él anoche. Pepa Fernández ha dicho que Íñigo "ha dejado una huella profunda" en el programa y, ha recalcado que "nos ha ayudado muchísimo a diseñarlo y mantenerlo en antena".

 

Por su parte, Carlos Santos, subdirector de ‘No es un día cualquiera’, ha manifestado que “delante del micrófono y de la cámara era el mejor; se crecía, se transfiguraba, resplandecía, se convertía por ensalmo en personaje aunque ese día la persona estuviera cansada, aburrida, hambrienta o enferma”. “Era el mejor, sí, pero lo extraordinario es que haya sido el mejor durante tantísimo tiempo. Porque Iñigo fue Iñigo, con toda su popularidad a cuestas, durante más de cincuenta años”, ha señalado. “Ahora que ha muerto, con 75, consuela pensar que estuvo activo hasta el final, que entre quimio y quimio seguía viviendo a tope (trabajos, viajes, amaneceres, sonrisas, conversaciones, afectos) y que, menos mal, no ha tenido que afrontar el doloroso deterioro físico que se le venía encima, más doloroso todavía para quien, como él, ha sido joven todos los días de tu vida”, ha añadido.

 

El realizador de televisión y consejero de RTVE Fernando Navarrete ha calificado a José María Iñigo como “un gran hombre, un leal amigo y el más completo comunicador que he conocido”. “Trabajar con él siempre daba seguridad y su agilidad mental y su ingenio norteño gratificaron los cincuenta años de su amistad , que he disfrutado siempre que he podido”, ha dicho. 

 

"No nos llegan las palabras para explicaros lo maravillosa persona que era, humilde, divertido y gran trabajador. La voz de Eurovisión y la alegría de la delegación. Le adorábamos", ha señalado en twitter el equipo de Eurovisión de RTVE.es. La jefa de la delegación de RTVE del festival, Ana María Bordas, ha manifestado su tristeza por la muerte del querido periodista. 

 

Intensa trayectoria

 

Nacido en Bilbao en junio de 1942, Íñigo trabajó en distintos medios de comunicación, aunque la mayor parte de su trayectoria profesional estuvo vinculada a TVE. Sus inicios fueron en la radio -comenzó en Radio Bilbao cuando tenía solamente 15 años- y se centró en programas musicales como ‘El gran musical’. Además, fue uno de los creadores de ‘Los 40 Principales’. En Televisión Española (TVE) su primer programa musical fue ‘Último grito’, en 1968.

 

Se convirtió en el rostro de Televisión Española en la década de los 70 y 80 gracias a ‘Fiesta’, ‘Directísimo’ o ‘Estudio Abierto’, programas míticos de esta casa. Contaba con una dilatada experiencia en televisión, radio y era, sobre todo, un experto en periodismo musical. Entre 2011 y 2017 fue el comentarista del Festival de Eurovisión para TVE.

 

Como escritor publicó una veintena de libros y colaboraba, entre otros, en el programa ‘No es un día cualquiera’, de RNE, ‘Aquí la Tierra’ y  ‘Hora Punta’, de La 1. Recibió numerosos premios durante su carrera, entre ellos el Premio Ondas al mejor presentador de televisión en 1971, así como seis TP de Oro, una Antena de Oro (2010) y el Premio a Toda una Vida 2010 de la Academia de Televisión.

 

*Esta es la nota oficial de RTVE.