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Antón Castro

Escritores

MÓNICA OJEDA HABLA DE 'MANDÍBULA'

MÓNICA OJEDA HABLA DE 'MANDÍBULA'

Mónica Ojeda “El sexo es una

especie de resumen de la vida”

  

Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona 

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas.

¿Desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?

GUILLERMO BUSUTIL: DE LOS LIBREROS

[El artículo de Guillermo Busutil, en el 'Diario de Málaga', sobre el XXIII Congreso de Libreros de Sevilla.]

Tutores de la lectura

Guillermo Busutil*  17.03.2018 | 22:13 

Ser librero es una vocación abierta de par en par. A la pasión de leer, al arte de la conversación, al oficio de vender un mundo desconocido como una promesa que casi nunca se equivoca. La lectura de un libro empieza en la voz del librero que cuenta y enrola al lector. A veces pensamos con razón que la crisis, las nuevas tecnologías, los ocios sin recogimiento, y el híper encantamiento de la imagen, han ido desahuciando este perfil de los tutores de lectura. Que sólo quedan algunos náufragos en esos establecimientos de penumbra y madera, entre mapas, ediciones antiguas y volúmenes de segunda mano con dedicatoria extraviada. Los otros, los libreros de novedades semanales, se etiquetan desde la mirada de los amantes del libro como meros dependientes entre ordenadores, barras de cafetería y estanterías de diseño con wifi gratis; sin ninguna marca que delate su oficio ni sus preferencias. Los hay. De los unos, y de los otros. Sobreviven los lobos de mar que llevan tatuados en su memoria el anaquel donde duerme cada una de sus joyas con exlibris, y los que sólo atienden sin criterio alguno sobre el autor ni esa huella de tinta perenne en las yemas de los dedos. Pero son más los que disfrutan de su pasión. Unos mantienen la idea de su empresa como un ultramarino de barrio en el que se fían cuentas de clientes; otros la han convertido en la equis de un territorio alrededor de la que crecen otras formas de ocio compartido alrededor de la cultura de la vida.

 

Libreros, muchos, sin parecerse entre ellos, que sueñan con que las librerías sean nuestra tercera casa. Qué bonita definición de François Dubruille, directora de la Federación Europea e Internacional de Libreros en el Magazín que desliza con guante blanco por los hoteles el periodista cultural Winston Manrique. Él y yo hemos disfrutado a muchos de estos emprendedores de la lectura en su XXIII Congreso celebrado en Sevilla, los pasados 8, 9 y 10 de marzo. Trescientos en activo, herederos de saga como la homenajeada Concha Quirós al frente de la Cervantes de Oviedo, y Juancho Pons, presidente de la Confederación española de gremios y asociaciones de libreros (Cegal); profesionales de bonanzas y de crisis -entre las caídas de ventas y los libros de texto que se llevaron las grandes superficies-, emparejados algunos por dos amores hacia lo mismo –el otro, y los libros- igual que la vicepresidenta Eva Cosculluela y Félix, de Portadores de Sueños, o Diana y Antonio Rivero de Canaima, y positivos en su oficio y sus retos como su director técnico Javier López Yáñez. En sus labores cada uno, y pendiente de todos Lourdes García, en un Congreso fecundo de ideas y sin mácula alguna.

 

Cada vez que un gremio se junta en un congreso es fácil recordar aquellos ejercicios espirituales de encierro y reflexión, y pensar en el presente en el que todo lo que tiene que ver con la cultura es una acrobacia entre el alambre, la terapia y la extremaunción. No ha sido así bajo la lluvia de Sevilla y la participación animosa de distribuidores, editores y escritores proponiendo interesantes alternativas; decididos a mejorar la colaboración entre sectores; a exigir políticas inspiradas en las culturas del libro en Europa donde todo pasa por la educación, y tan ausentes en España aunque existan iniciativas como Mi libro favorito, desarrollada por la Fundación Lara de Sevilla en los institutos andaluces. Un apoyo fundamental en la formación, sobre la que Jesús Trueba propuso la introducción en los planes educativos de un tiempo de lectura. Iniciativas con las que hacer realidad que «la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso» como escribió Francis Bacon.

No faltó inteligencia, humor ni crítica constructiva en el debate de las jornadas, en las que hubo muchos momentos de brillantez argumental en torno al ecosistema del libro. Se habló de agilizar el trabajo diario que los encadena al ordenador sin apenas tiempo para leer, que es lo suyo; del avance de sus redes en conexión con más de 690 librerías; de la labor del portal loslibrerosrecomiendan que lleva Juan Marqués o el potencial de todostuslibros.com, con un millón de consultas al mes y la posibilidad de convertirse en una plataforma de defensa frente a las grandes dentelladas de Amazon y las ventas online en torno al 15%. Se admitió el error de las campañas que metieron el libro en la caja de entretenimiento. Lo mismo que el de mantener vigente la sentencia del ensayista Samuel Johnson, la gente no lee si tiene otra gente con la que entretenerse, cuando los libros están llenos de tipos con los que irse de aventura, disfrutar de sus enseñanzas e imitar sus vidas. Igualmente se decidió acordar canales de comunicación más eficaces entre las editoriales y el gremio, y una colaboración más estrecha con los suplementos literarios, revistas o programas, algunos de los cuales como Arte y Letras del Heraldo con más de 600 números, el ABCD o Mercurio, de cumpleaños en abril con 200 números, que recomiendan librerías y su trabajo. Cada uno debe tener la suya o varias, a propuesta de Javier Pascual, una de las voces oportunas del congreso junto a las de Juan Miguel Salvador y Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid entre otras que destacaron el auge de las librerías de autor, centradas en ofrecer títulos de editoriales independientes, como las de Impedimenta o Libros del Asteroide que conforman el grupo Contexto, que contribuyen a segmentar público, a fidelizarlo y atraer clientes y un tiempo nuevo.

Una fórmula con la que Antonio de Marco reivindicó ofrecer lo de siempre, alma: trato personalizado, calidad, actividades variadas, y también debate y construcción política y social, tan necesarios actualmente. La bitácora de aquellos jóvenes militantes de la Transición que abrieron en 1969 la malagueña Prometeo-Proteo, dos nombres de rebeldía contra los dioses y estrategia de confusión contra la censura, y la sevillana Antonio Machado. Ágoras de literatura y de política de izquierdas encabezadas por Francisco Puche y Alfonso Guerra en un estupendo debate sobre utopías del 68; los ataques de los grupos fascistas; el reconocimiento a Ruedo Ibérico, a Losada y a Alianza bolsillo, imprescindibles en la educación sentimental del exilio, de la poesía y de la literatura europea. Oficio con olfato para saber empujar a cada libro hacia su lector, y recuerdos sobre el cuarto secreto de títulos prohibidos de Prometeo, que la Machado tuvo en un Dos Caballos aparcado en frente de su puerta, o de vacíos legales como el que llevó a la policía a detener a Guerra en la frontera francesa por el libro Marxismo y anti marxismo de Besteiro, que encontró a su regreso expuesto en su escaparate. Dos fabulosos conversadores y lectores que, al igual que Borges, podrían decir «me enorgullezco por lo que he leído». Ambos, al igual que muchos de los asistentes y de los que conozco como José Antonio Ruiz, Juan Manuel Cruz o Enrique del Río dejaron claro que ser librero también es un género.

Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen. Estaría bien recordar esta frase del poeta brasileño Mario Quintana en las escuelas, y también en la universidad tan de espaldas hoy a la lectura de libros y de prensa, para que los jóvenes aprendan con las palabras a tomar el pulso a la vida. A convertir con ellas la imaginación en una cometa, la realidad en una conciencia que interrogue, y el lenguaje en la voz de nuestra identidad. No olvidemos que, frente al trading topi de la banalidad, la manipulación y las posverdades que nos cercan, los libros nos refugian, nos cruzan fronteras y nos habitan la mirada, porque la literatura es el lugar más seguro del mundo como dice Muñoz Molina.

Sin la lectura los por qué difícilmente se abrirían paso. Y sin las librerías las ciudades serían urbanizaciones. Hay muchas, con magnéticos escaparates, con tantos mundos dentro y tan fantásticos, que dan ganas de entrar y quedarse a vivir en ellas. Seamos sus cómplices, nos necesitamos. Su futuro y el nuestro son de libro.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

'CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA': ZARAGOZA

JORNADAS

CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA

Comunicación cultural en España

 

  • Fecha y lugar: 3 y 4 de mayo. IAACC Pablo Serrano (Pº María Agustín, 20, Zaragoza)

 

  • Organización: Gobierno de Aragón (Nacho Escuín, Belén Aso, José Luis Acín, Estrella Setuáin)

 

  • Coordinación: Alfredo Saldaña y Víctor Silva (Universidad de Zaragoza) y Javier Hernández y Victor Manuel Pérez (Universidad San Jorge)

 

  • Exposición ARCE (Asociación Revistas Culturales de España): 4 abril al 6 de mayo de 2018.

 

 

PROGRAMA

3 de mayo

9.30h-10.00h. Bienvenida a inscritos y entrega de materiales

10.00h-10.30h. Inauguración oficial.

10.30h-11.30h Crítica y comunicación cultural

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h. Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutemberg

13.00h-14-00h. Estéticas y tendencias en la crítica actual

14.00 o 14.30h Comida

16.30h-17.30h Presentación de revistas culturales ARCE.

17.30-18.30h Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón

19.00-21.00h Jam Session poética

21.00h Cena

 

4 de mayo

9.30h-10.30h Sobre la verdad y la ficción

10.30h-11.30h Un nuevo público para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h Humillados y ofendidos

13.00h-13.30h Clausura del seminario

14.00h Comida.

 

PROGRAMA 3 DE MAYO DE 2018

 

MESA 1. “Crítica y comunicación cultural”. (Modera: Ana Segura)

 

La crítica no puede desprenderse de sus contextos de crisis. Si la cultura se adjetiva, dejando de considerarse, en marcos postmodernos, como sustantiva, no es casual que se produzca con el auge de los medios de comunicación. En un principio de masas y contemporáneamente atravesada por otros significantes: de multitud, de redes. El actual peso de lo tecnológico, coloca diversas interrogantes sobre la comunicación cultural, en momentos en que se vive una crisis del periodismo cultural, de las imágenes de lo estético y del simulacro de las redes. Los referentes culturales son sustituidos por figuras mediáticas, por simulacros de artistas y por una cultura pop que todo lo absorbe. En ese contexto en la mesa se debatirá sobre la crisis de la crítica y el incremento de los medios, las redes y lo tecnológico como nuevos constructores de imaginarios culturales.

 

MESA 2. «Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutenberg» (Modera: Maica Rivera)

 

La complejidad semántica del término «cultura» es una constante en la historia; pero, en la actualidad, todo parece indicar que la complejidad y los entresijos de qué es cultura es cada vez mayor: incluso la idea de cultura se suele aparcar y se prioriza la idea de culturas o metacultura. Los cambios sociales que han ocurrido desde finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI han impulsado una evolución cultural que refleja sus matices en áreas específicas, generando convergencias y divergencias sobre su impacto en la vida social. La crítica cultural no es ajena a estos avatares de la historia, del pensamiento y, por supuesto, de la influencia de los avances tecnológicos: en lo que tienen de expresión cultural y en aquello que la hace generadora de cultura por el uso que la humanidad hace de la misma. Marshall McLuhan planteaba que «no podemos pensar en sonidos sin pensar en letras; creemos que las letras tienen sonido»; hoy, no podemos pensar en un mensaje sin pensar en interactividad, multimedia e inmediatez. En su momento «la invención de la imprenta difundió el lenguaje impreso y dio a lo impreso el grado de autoridad»; en la era digital quién aporta la autoridad, ¿la otorga la tecnología o el consumidor de cultura? La imprenta era para McLuhan la «tecnología del individualismo», la llegada de la cultura audiovisual aportó nuevos códigos y con ellos la construcción de otros relatos culturales. ¿Qué ocurre con el individualismo en el entorno digital? ¿Cómo pensamos la cultura digital? ¿Cómo asumimos la cultura generada por la inteligencia artificial? ¿La cultura cyborg?

 

La cultura digital aporta la simultaneidad; el acceso a fuentes de información de diversas tendencias y enfoques; la capacidad, al menos potencialmente, de que los individuos comprendan cada vez más la diversidad cultural en la sociedad. Sin embargo, otros aspectos parecen ser menos comprendidos en la sociedad de la información y del conocimiento: el tiempo se fragmenta, la fe en las instituciones es menor, la comunidad humana se traslada al entorno online y los modelos de referencia ser desvirtúan en la inmediatez de lo social media y la denominada «posverdad».

 

¿Revolución o evolución de la crítica cultural? El discernimiento sobre la cultura tiene vigencia en el entorno digital y convive con la diversidad que el ciberespacio público aporta a la forma de comprender el hecho cultural. El ciberespacio abre nuevos escenarios para el debate con una manera diferente de sociabilizar del ser humano, una forma distinta de acercarse a la cultura, de complementar su experiencia cultural y discernir sobre el valor que la cultura tiene en su existencia. Escenarios participativos, interactivos, anónimos y en donde la opinión libre se puede enarbolar como reivindicación errónea de autoridad: lo importante es la opinión, más no, el razonamiento y la argumentación propio de la crítica.

 

Esta mesa tiene la peculiaridad de plantear, por una parte, algunos fundamentos que requieren ser recordados o redefinidos; desde otra perspectiva, plantea interrogantes novedosos sobre cómo discernir sobre las manifestaciones culturales en los tiempos de la era digital ¿El impacto de los cibermedios y de la cultura digital ha cambiado o estarán cambiando las bases de la cultura y nuestra capacidad de comprensión de esa cultura? ¿Cómo puede la crítica abordar la cultura en la era digital, diversa, multimedia, transmedia, interactiva, efímera o inmediata?

 

MESA 3. Estéticas y tendencias en la crítica cultural (Moderador Túa Blesa)

La estética otrora orgullo de la alta cultura y de las “bellas artes”, padece una crisis en las prácticas culturales actuales. Si en sus inicios (siglo XIX) fue una nueva manera de entender la crítica (Kant) -y crítica y crisis son conceptos que vienen de la misma etimología- la emergencia de la cultura popular activó nuevas tendencias en la literatura, la música, y en sus productos más apreciados: el cine, la fotografía, el cómic y los medios de comunicación. En un comienzo la Cultura como sustantivo y con mayúsculas y lo Cultual como culto, se instalaba en el altar del museo y en la sala de conciertos, pero fue –ya entrado en el siglo XX y aún más en este nuevo siglo- que la crítica adjetivó la cultura hacia lo cultural y más que de estética se comienza a perfilar variadas y plurales tendencias. En esta mesa se reflexionará y discutirá sobre ese pasaje, en la España actual, de la estética a lo estético y a la variedad de tendencias que se intenta problematizar desde la crítica cultural. Es conocida la frase que a España han llegado tardíamente las tendencias culturales rupturistas, a diferencia de Francia, Alemania o Estados Unidos, donde la postguerra implicó un nuevo modo de interrogar a los productos culturales. Sin embargo, en un contexto de mundialización cultural, España no se ve aislada de tendencias que ponen en crisis las formas de producir y consumir cultura. La frase de Néstor García Canclini “el consumo ayuda a pensar”, movilizó los debates de la crítica cultural, pero, ¿es posible referirse al consumo cultural o son significantes contradictorios? ¿Qué ocurre cuando se institucionalizan? Si Joyce ingresó a las universidades y Stockhausen, Cage, Varèse o Zappa son estudiados en las escuelas de música, qué cambios se han ido produciendo y cómo afectan a una crítica cultural cada día más impotente frente a los cambios que se van produciendo. La globalización ¿ha mediocre-tizado la cultura? ¿La crítica cultural se ha rendido a la avalancha globalizadora-post pop? ¿Dónde están las grietas y sus intersticios?

 

MESA 4. Presentación Revista ARCE. Manuel Ortuño.

 

MESA 5. Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón (Moderador: Elena Puértolas)

¿Qué papel desempeña aquella crítica vinculada con unas literaturas que se gestan y componen en lenguas minorizadas? ¿Y qué papel, en verdad, le corresponde? Es más, ¿qué tipo de crítica se puede, o acaso se debe, ejercer, cuando dichas literaturas ocupan el segundo plano en el seno productivo de unas lenguas que, de por sí, están ya en un segundo plano? Y, en todo caso, crítica… ¿para qué destinatarios? Porque –discúlpese la tardía intertextualidad– ¿quién es su público y dónde se encuentra exactamente? ¿Y cuál es el lugar –en más de un sentido– de la crítica literaria, en tesituras tales? ¿Hay objetividad ceñida al texto y sus contextos, voluntarismo militante o quizás ambas cosas en una? ¿Qué se hace en los medios tradicionales? ¿Son alternativa eficaz las profusas vías telemáticas? En esta(s) encrucijada(s), ¿no será la crítica víctima de alguno de aquellos “provincianismos” socioculturales a que tan agudamente se refería, hace ya algunos años, Milan Kundera?

 

Muchos interrogantes, sin duda, que apuntan a un estado de cosas movedizo. O tal vez inmóvil. El caso de la comunidad autónoma de Aragón resulta sumamente ilustrativo, si no paradigmático, de cómo la crítica va, viene, va, siempre en el telar, hecha hilos que apenas llegan a ser urdimbre. La coexistencia en Aragón de una lengua “maior”, el castellano, junto a otras dos, minoritarias y minorizadas, que a su vez presentan un distinto grado de incardinación social y de vitalidad comunitaria, ofrece con todo ello un sugestivo terreno para la reflexión sobre las prácticas del ejercicio crítico.

 

 

PROGRAMA 4 DE MAYO DE 2018

 

MESA 6. "Sobre la verdad y la ficción. Amenazas y oportunidades en el espacio abierto" (Moderador: María Angulo)

 

Vivimos tiempos de ambigüedad, de confusión dirían otros. La virtualidad que ha impuesto la era digital afecta también a la percepción de eso que hemos venido llamando desde siempre “realidad”. El “giro narrativo”, asimilado por las intelligentsia y la academia desde los años noventa del siglo XX, ha llegado a imponerse en el tejido social sin que la mayoría sea consciente. Ya nadie duda de que todo es relato, quizá como corresponde a una de las más inveteradas tendencias de este simio sabio que domina el mundo. Por eso se habla del relato de tal o cual partido, del storytelling subyacente en tal línea de ventas, de las historias y mitos que sustentan disciplinas como la economía… Y en medio de semejante desconcierto posmoderno o transmoderno llegó la postverdad. Quid est veritas? Dicen que dijo Pilatos, pero también esta inquietante pregunta parece un invento literario, vamos una fake new que fabricaron los primeros cronistas cristianos.

 

Todo parece ser consecuencia de una crisis de credibilidad que afecta a todos los órdenes de la actividad humana. A estas bajuras ya nadie confía en nadie. Los cánones dominantes se desmoronan al mismo tiempo que los tradicionales argumentos de autoridad. La cultura ya no tiene norte, solo lotes en venta. En este bazar de Estambul, caótico e imprevisible, en el que se ha convertido el mundo el único canon lo dictan las masas, empoderadas por la tecnología al alcance de todos. Unos lo llaman democratización digital, algunos otros, desde la tribuna horkheimeriana, cultura neopop de estúpidos desinformados o incluso Apocalypse Now. Todo está disponible en el bazar… Porque en medio de este río revuelto el único beneficiario parece ser el mercado, que es un alien polimorfo que se adapta a todas las circunstancias. Quizá por eso el canon es el mercado, quizá por eso los bestsellers contemporáneos los escriben celebrities que salen en la televisión o en un canal de Youtube. En cualquier caso, la verdad hace tiempo que yace asesinada en un callejón de Shangai o Nueva York.

 

 

MESA 7. "Un nuevo espacio para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers" (Moderador: Daniel Montserrat)

Como consecuencia de la democratización que conlleva la llamada “cultura digital participativa” los centros de opinión, hasta ahora canalizados y catalizados por los grandes medios especializados, están siendo sustituidos por otros agentes salidos de la masa democrática. Si antes predominaban como valores la supuesta competencia, conocimiento y excelencia, en principio garantizada por la cabecera de un medio cultural consagrado, ahora se premia la frescura, la capacidad de conectar con el gran público, la ocurrencia, la extravagancia... Es más empoderado aquel comentarista cultural que tiene más likes y más seguidores asomados a sus nuevas cibertribunas. Así pues, las masas congregadas en la aldea global regida por las redes sociales marcan las directrices de lo que es tendencia –esta es la palabra talismánica- entre los productos culturales. Las grandes corporaciones, que siguen influyendo bajo mano con su enorme poder, han tomado nota y cortejan a estos nuevos arúspices de la cultura digitalizada. Estamos en tiempos de cambio y eso ni es bueno ni es malo, simplemente se presenta como desconcertante para los no nativos digitales y como normalizado para los millenials y postmillenials por venir. Por eso es tan pertinente como higiénico oír la voz de los nuevos críticos de la cultura que, sin duda, han ganado en frescura y espontaneidad y traen nuevos vientos. También aportan nuevos canales de comunicación y nuevas perspectivas; muchas corrientes hasta ahora soterradas -ecologistas, feministas, animalistas, esotéricas…- y no pocas de las múltiples tendencias de un mundo tan variado como globalizado, han saltado al primer plano de la palestra.



MESA 8. Humillados y ofendidos (Moderador: Gabriel Sopeña)

Una crítica de la crítica no siempre es asumida por la hegemonía cultural. Esa supuesta contradicción también es característica de la crítica actual. La economía política de la cultura, se refiere a nuevas concentraciones de capitales, esta vez, cultural. Si los medios de comunicación reducen, cada vez más, sus contenidos de crítica cultural, en ese reducido espacio que queda para actuar, en muchas ocasiones se han practicado formas de exclusión, censura y auto-censura, para colocar contenidos que tengan el beneplácito de la industria e hiperindustria cultural. En las últimas décadas, en España, críticos culturales se han sentido “humillados” y “ofendidos” y han alzado su voz sobre esas prácticas de la industria. En otros casos, han intentado mantener esa incómoda posición que implica ejercer la crítica cultural. Sobre esas incómodas actuaciones se reflexionará y discutirá en esta mesa.

 

UNA CARTA PARA UN MAESTRO DECISIVO

https://elpais.com/elpais/2018/03/05/eps/1520254675_389612.html

Recuerdos para el porvenir

Una semblanza del curso 1975-1976, en el que el autor intimó con la gran literatura. Su maestro tenía nombre. Y también una mujer bella y enigmática.

QUERIDO XOSÉ Toba Quintáns: eras de Muxía, en plena costa de la Muerte, de la que se contaban historias de romerías y naufragios. Lo dijiste un día como quien no quiere la cosa. Acababas de terminar la carrera de Letras en Santiago de Compostela y tenías ese aire tímido, jerséis ajustados y pantalón acampanado, de quien había trabajado mucho, porque en tu casa no sobraba nada. Gracias a ti, en aquel curso puente de FP-1 a FP-2, aprendimos mucho de literatura. En tus clases, con la fuerza del torrente, aparecían Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, y más tarde los grandes poetas del 27: Jorge Guillén, que parecía ser tu favorito, en concreto el poema ‘Sol en la boda’, que nos leíste y nos hiciste leer a ver cuánto entendíamos; García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y dos malabaristas del verso, Gerardo Diego y Rafael Alberti.

Ir a tus clases era algo especial. Ofrecías gestos de complicidad y eras uno de los nuestros: te gustaba el fútbol, jugabas de interior, te definiste como pundonoroso más que estilista. Entendías con una sonrisa condescendiente y pícara nuestros desafueros y parecías sentir una indefinible afinidad con los que éramos chicos de aldea como tú. De vez en cuando se te escapaban algunas palabras en gallego y parecías disfrutar cuando recitábamos alineaciones de fútbol o contábamos algún combate de boxeo. Un compañero (creo que era Cazus) escribió un cuento ingenioso donde unía un accidente de coche y la derrota del púgil Perico Fernández por “la puta calor”. Los cuentos nos llevaron a Julio Cortázar y nos enseñaste a leer su relato ‘Todos los fuegos el fuego’, cuyo tema central, dijiste, era la pasión amorosa y el deseo sexual en los tiempos de Roma y en el moderno París.

Y de repente, inolvidable Xosé Toba Quintáns, que solías recordar que la novela La hija del mar, de Rosalía de Castro, sucedía en tu pueblo, nos hablaste del boom latinoamericano: de Borges, Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Fue como si alguien nos arrojase en el territorio de las maravillas y los prodigios. Un día me invitaste a tu casa en la calle de San Andrés, me mostraste los apuntes de la carrera, los mismos que usabas para impartir las clases, y tu biblioteca. Tu pasión parecía ser Ernesto Sabato, en particular Sobre héroes y tumbas, aunque también tenías El túnel y Abaddón el exterminador. Creo que estaban encima del armario de tu dormitorio. La casa estaba llena de libros.

En un instante, apareció tu mujer: bella, enigmática, joven, con el pelo oscuro muy largo y no sé si tímida o más bien indiferente. Cuando salí a la calle con una edición de Cien años de soledad, tuve la sensación de que aún te admiraba mucho más. Miro hacia atrás, hacia aquel curso 1975-1976, en la Universidad Laboral Crucero Baleares de A Coruña, y me doy cuenta de que fuiste determinante, auroral: el primer gran maestro para la vida que me esperaba. 

 

 

*Antón Castro es escritor, periodista y dramaturgo. Dirigió los encuentros literarios de Albarracín durante siete años. Ahora coordina el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo. Uno de sus últimos libros es Golpes de mar (Ediciones del Viento).

 

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA CON JOSÉ OVEJERO

 

“La realidad es el apuntador que me sopla

algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”

 

José Ovejero regresa al cuento con ‘Mundo extraño’ en Páginas de Espuma

 

 

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor de todos los géneros y en los últimos años, con su compañera Edurne Portela, también ha sentido la atracción del cine documental. Publica el libro de relatos ‘Mundo extraño’ (Páginas de Espuma, 2018) y va de aquí para allá para presentarlo. “¿Qué cómo se escriben los cuentos? Yo no escribo cuentos, salvo alguno que me piden, sino libros de cuentos. Proyectos unitarios que tienen una atmósfera, un tono, estados de ánimo. Y cada uno de los textos del libro, claro, exige su propia atención o concentración”.

Dice que también ha cambiado su concepción del cuento: no le importa que haya muchos personajes, muchas acciones. “‘Mundo extraño’ nace de la confusión, de la desorientación existencial, del dolor. Uno a veces no sabe cómo relacionarse con el mundo ni con los demás, y eso les ocurre a mis personajes. Uno, en el fondo, siempre es un perfecto extranjero en el mundo. Estamos como detrás una máscara, todos somos personajes, seres que creamos como un ‘avatar’”.

En los cuentos de este libro, los personajes se descubren a sí mismos, acceden a lugares recónditos de los que sabían poco. Revelan su envés, en materia de afectos, de sexo o de inesperadas metamorfosis. Se confiesan abruptamente. A José Ovejero no le preocupa que sus criaturas tengan o no empatía con el lector. “A veces se dan cosas curiosas: alguien te revela un secreto personal que habrías preferido no saber. También sucede, claro, en ‘Mundo extraño’”. Agrega que le interesan cada vez más esos cuentos, poco ortodoxos, que ofrecen extravíos, que se dilatan en historias pequeñas, como sucede con el cuento ‘Bienvenido Bob’ de Juan Carlos Onetti. “Ese cuento es uno de mis favoritos. Y Onetti, el de la novela corta ‘El astillero’ o ese cuento tan perturbador que es ‘El inferno tan temido’, el relato donde le envían a un marido las fotos de la relación de su mujer con otros, me gusta mucho. A mí me interesa el universo onettiano por dos razones: por su ámbito desesperanzado, por decirlo así, y su sentido del juego con la estructura y el lenguaje, algo que es muy estimulante en la literatura”. José Ovejero también juega y usa el microrrelato o el cuento de cuentos a la manera del ‘Decamerón’ como sucede en la última pieza ‘Todo da vueltas’.

“Necesitaba sentirme más libre. Hay dos líneas muy claras del cuento contemporáneo: el de Carver, cotidiano e impregnado de realismo sucio, y el cuento latinoamericano, en la línea de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y algunos otros. Ahora prefiero buscar mi propia estética, me doy una libertad que antes no tenía”. Quizá por ello, cada vez le interesan más los autores jóvenes. “Sin duda. Ya se están haciendo cuentos más libres, menos ortodoxos con ciertas exigencias del cuento clásico. Pienso en autores como Liliana Colanzi o Antonio Ortuño. A medida que me hago mayor me interesan más los jóvenes y menos los clásicos. Quiero leer cosas que me ayuden a mejorar, a arriesgarme, que me alejen de la zona de confort de la relectura de los grandes maestros. Aprendo mucho de los jóvenes porque son audaces y buscan nuevas voces, otros lenguajes y puntos de vista”, señala.

José Ovejero se siente un escritor de su tiempo, comprometido con lo que sucede, atento a las paradojas de la historia y de la vida. “Mi literatura no nace de los sueños, sino de la realidad en un sentido amplio. La realidad es el apuntador que me sopla algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”. Esa es, cuando menos, una de las tareas del auténtico escritor. Imaginar. Y José Ovejero, premio Primavera de novela con ‘Las vidas ajenas’ y Premio Alfaguara con ‘La invención del amor’, lo hace como pocos.

 

*La foto es de Heraldo.es

 

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/01/mario-los-santos-pasado-poco-como-mafia-acaba-siendo-carcelero-vida-1227708-1361024.html

[Aquí puede verse un pequeño vídeo donde Mario de los Santos revela más claves de su novela, entre ellas la pasión por Alejandra Pizarnik.]

 

Hace unos días, en el IAACC Pablo Serrano, Mario de los Santos (Zaragoza, 1977), exeditor de Tropo y novelista, presentaba su nueva novela: 'Noche que te vas, dame la mano' (Candaya), donde cuenta cuatro historias turbadoras con un foto de religión, culpa y sexo.

 

¿Qué es ‘Noche que te vas, dame la mano'?

Como todo lo que escribo, un intento de entenderme en el mundo. A veces, estos escritos toman forma de novela y pueden ser disfrutables por más gente.

 

-¿Has querido hacer una novela experimental, una novela juego con un fondo duro?

De alguna manera, tal vez por venir académicamente del mundo de la ciencia, siempre me he sentido un intruso en la escritura. Cuando publiqué mi primera novela en 2004, me propuse darme unos diez años para aprender, hacer lo que denominé la “primaria” en escritura, y me compré libros de escritura, descubrí autores, probé a copiar en ejercicios de estilo, y este libro representa de alguna manera el proyecto de fin de primaria, lo aprendido estos años, de ahí la forma coral, donde cada parte tiene sus propios retos técnicos. Ahora queda la secundaria y la universidad. Para los setenta, si sigo vivo, espero escribir algo que pueda llamarse literatura.

 

-Me llama la atención la atmósfera; sexual, turbadora, de acosos. ¿Ha sido eso muy importante para ti?

Son facetas y vivencias que me han impresionado, efectivamente. Comencé a escribir el libro en el 2008, el tiempo parece demostrar que no soy el único. El sexo, nuestra relación con él, y cómo lo traspasamos con nuestros equilibrios de poder, están detrás de muchos de los temas de debate más actuales.

 

Podemos huir del pasado?

-¿El pasado es un poco como la mafia. Si le debes algo, te encontrará, y si no deseas que te lo cobre, tendrás que vivir como Roberto Saviano, oculto de ti mismo, protegido por muchos guardias y, al final, ese pasado será el carcelero de tu vida. Huir, no sé. Tal vez, enterrarlo, esconderlo, aceptarlo…

 

¿Qué te ha llevado a escribirla, qué débito tiene con algunos hechos reales?

 Todos los personajes tienen un reflejo en la realidad. Noticias, conocidos... Algunos se han llevado al extremo buscando la intensidad, otros, por el contrario, se han tenido que rebajar. Desde esa perspectiva, existe una gran dosis de realidad camuflada entre la ficción.

 

¿Quiénes son los protagonistas, cómo has urdido esa especie de dobles pareja?

Los protagonistas son cuatro personas que ya no se sirven a sí mismos. Han agotado sus estrategias vitales de supervivencia y deben plantearse otras. En ese desbrozar, se encuentran unas con otras, aunque a veces no lleguen a conocerse.

 

-Explícanos un poco más… Cómo son, qué anhelan, hay relaciones viciadas, extremas…

Los personajes sufren asimetrías emocionales en sus relaciones que no saben equilibrar. Todos tienen la sensación de haber dado más que la otra parte, comienzan colocados en un posición victimista que observo demasiado frecuente en el momento actual. Bien hablemos de política, de relaciones personas, en las redes sociales, pareciera que nos encante ser víctimas de algo. La historia de los cuatro personajes, en el fondo, es el camino para escapar de ese victimismo.

 

Donde sucede, cómo has elegido los escenarios…

En realidad, no existe un escenario físico concreto. Podría ser Zaragoza, pero no me apetecía circunscribirme a una geografía conocida. Es, digamos, una Zaragoza que triangula entre el mapa, las necesidades de la acción y mi comodidad de no salir a la calle.

 

Es una novela que mezcla muchas cosas: la novela negra, la novela psicológica, la intriga... la novela de atmósferas desapacibles.

Son cuatro historias, cinco en realidad, y quería distinguirlas. En cada una, la psicología del personaje marca hacia dónde se inclina. En todo caso, como elemento de continuidad, quería que todos los personajes avanzaran en un mundo donde donde ellos mismos no son capaces de darse las gracias, o pedirse las cosas por favor, un mundo en el que falta la educación y el cariño para con uno mismo.

 

Recuérdanos la época histórica y también la época social, que es tan importante...

De nuevo, podría situarse en la Zaragoza anterior a la Expo, pero esta exposición es universal. El lienzo social se toma del momento actual, o del que vivimos en la última década y media. La escasa separación entre instituciones y empresas ha generado un fango de corruptelas que nos tienen permanentemente enfadados, tanto con los hechos, como, tal vez, y eso me interesaba en los personajes, con nosotros mismos por haberlo permitido.

 

-¿Cómo has integrado la cultura, tantas referencias y ecos?

Cuando definí los personajes, sus centros obsesivos, me apetecía que uno de ellos tuviera una relación muy íntima con la lectura. No quería caer en el tópico de la lectura como “salvación”, pero sí como espacio de refugio y de relación con los demás. También, me apetecía que tuviese cercanía con autores y autoras actuales a los que tengo cariño, o me encantan, y de este modo rendirles un pequeño homenaje.

 

-¿Por qué Los Suaves?

Por magia. Haberla, hayla. Estaba pensando escenas para los personajes y del ordenador salió la canción “Si yo fuera Dios” de los Suaves. La letra, de repente, entró en la historia, en el imaginario emocional, oscuro, terminal, que estaba preparando para la novela, y encajó como una llave en una cerradura. Ese día me puse la canción en bucle, con cascos, unas seis o siete horas, mientras trabajaba en la novela. Casi puede decirse que la canción me regaló los paisajes interiores desesperados en los que se mueven los personajes, por lo que decidí homenajear a la canción y, por supuesto, a Los Suaves, introduciéndolos en la novela como una correa de transmisión de la historia.

 

-¿Hay ahí, en sus letras, un guiño sentimental, casi una broma?

Creo que hay una deuda inconsciente. Los Suaves conforman gran parte de la banda sonora de mi adolescencia. Algunas canciones se quedaron allí y otras han permanecido en mis listas de reproducción y representan el mejor ejemplo de cómo la música puede moldear a una persona golpeando en caliente, durante esas épocas en las que te construyes como persona, como personaje y como historia. Las letras de los Suaves poseían todo lo que mi yo adolescente quería escuchar: dolor, incomprensión, rocanrol, mujeres malas pero tiernas y derrota.

 

-Es esta tu novela más compleja y ambiciosasqué hay en ella del ex editor Mario de los Santos?

Dentro de ese proceso de aprendizaje, la edición me enseñó muchísimo. Los malos ejemplos, los buenos, qué busca un editor en un libro, cómo les gusta que nos acerquemos los autores… Por ejemplo, yo dejé de acudir a presentaciones en Madrid porque la celebración posterior se convertía en un pasamanos de gente ofreciéndote una obra.

Cada vez que editábamos un libro, cuando hablabas con la gente en las ferias, con los distribuidores, con los libreros, siempre había detalles, estilo, trucos, que guardabas para tu faceta de escritor. De hecho, Paco, de Candaya, en la última presentación, contó cómo esa experiencia de editor ayudó a que leyeran el manuscrito anónimo que les envié. Lo acompañaba una carta breve, mostrando respeto, conocimiento del catálogo, humildad. Vamos, lo que esperábamos recibir en Tropo cuando abríamos los sobres de los manuscritos.

 

-¿Has tenido otras novelas en la cabeza, escritores?

He tenido intenciones estilísticas, argumentales y estructurales que provienen de muchas lecturas, pero no puedo tener un autor o una obra concreta en la cabeza mientras escribo, o diseño mis obras, porque tiendo a imitarla. En una novela, un trabajo que se arrastra durante al menos uno o dos años, no puedes depender de tu estado de ánimo o de tus lecturas. Prefiero tener épocas de muchas lecturas, disfrutarlas, analizarlas, digerirlas y reposarlas, para después volcar esa mezcla en mis trabajos.

 

¿Qué buscas con la escritura?

Cantaba Aute que vivir es más que un derecho, es el mandato de reflexionar. Ahora parece que sea el mandato de opinar. En realidad, creo buscar lo mismo que el ser humano buscó al inventar la primera historia: entender. A él mismo y al mundo que le rodea. Crear ayuda a reflexionar, abre nuevos caminos, plantea las cosas de otro modo, nuevas soluciones, otros modelos. Desde esa perspectiva, la escritura, la química, las ciencias, la filosofía me resultan herramientas de entendimiento similares. Parte de ese proceso se plasma en una historia y ahí está la conexión con la literatura.

 

FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: UN DIÁLOGO CON NAPOLEÓN DE FONDO

“‘Napoleón. El emperador que adoraba a España pero no a los españoles’ empecé a escribirla en 2007, pensando en el bicentenario de Los Sitios de Zaragoza, pero me resultaba muy dificultoso, de modo que abandoné la novela cuando llevaba 18 páginas y me dediqué a otros proyectos. Diez años más tarde, me sentí capaz de retomar y acabar esta narración. El libro cuenta cómo Napoleón se adueñó de España, las circunstancias de la Familia Real, los intrigantes palaciegos que sustentaron los hechos, y los movimientos populares y de defensa en distintos lugares de España que finalmente desembocaron en el 2 de Mayo de Madrid y en los dos Sitios de Zaragoza”, dice el editor y narrador Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952), que lleva más de treinta años afincado en Zaragoza, al frente de sellos como Zócalo y ahora Onagro, que dirige con su mujer Victoria Picó.

¿Diría que es una novela coral o con protagonista específico?

Es una novela coral, donde van apareciendo y actuando muchos personajes ya conocidos de la historia, y algunos menos conocidos, con el telón de fondo del pueblo.

¿Qué ha descubierto? ¿Qué equívocos se mantienen sobre el período?

Ya se sabe que algunos historiadores apodaron a Fernando VII ‘el rey felón’, pero yo no sabía que lo era hasta el punto de intentar envenenar a sus padres para arrebatarles el trono. También su relación epistolar con Napoleón revela lo repugnantemente rastrero que fue, y lo que resultó para la Historia de España.

Díganos en qué casos concretos.

Entre otros equívocos he descubierto que la mentira y los bulos, como arma de propaganda, ya funcionaban estupendamente. Por ejemplo, José Bonaparte, a quien el pueblo llamaba Pepe Botella era abstemio. Se decía que los franceses traían la barbarie y el ateísmo, cuando en realidad hubieran aportado el espíritu de la revolución francesa, y de hecho lo primero que hicieron fue abolir la Inquisición; se entiende que hubiera “afrancesados” que defendían este espíritu de cierta apertura.

¿Redime entonces usted a Napoleón?

No. Desde luego que Napoleón era un dictador que ocupó el país valiéndose de engaños, y visto desde nuestro lado, efectuó una ocupación extranjera que fue rechazada por el pueblo, instigado y azuzado por la aristocracia y el clero, que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

¿Cómo fue la Guerra de la Independencia en Madrid, qué le debe su visión a Goya?

Aunque Francisco de Goya no aparece como personaje, sí le puedo decir que Madrid se alzó contra Murat, el general francés de la zona, y al principio el ejército español era reticente al alzamiento. Fueron los madrileños, no se sabe bien por quiénes estaban azuzados, los que se enfrentaron con lo que tenían a mano para usarlo como armas contra las tropas francesas. Si bien Daoiz y Velarde, los dos capitanes que murieron en los primeros combates, pasaron a la Historia como héroes, no fueron los primeros en luchar, sino que se unieron al alzamiento empujados por la masacre que vieron desarrollarse en las calles. Los libros de historiadores de la época, escritos entre 1830-1860, que toman sus fuentes de supervivientes y recortes yu notas de las batallas escritos por los participantes, así lo cuentan. Por tanto, y creo que esto responde a su pregunta, los famosos cuadros y grabados de Goya pueden considerarse reflejo fiel de lo que, efectivamente, son ‘Los desastres de la guerra’.

¿Qué le llamó la atención de la Guerra de los Sitios, en Zaragoza?

Hay mucho ya sabido por los que vivimos en esta ciudad, y más después de la conmemoración del Bicentenario en el año 2008. Sin embargo, a mí me gustaría resaltar la participación de las mujeres en los dos Sitios. Mucho se sabe de Agustina de Aragón, claro, pero a mí me ha impresionado la actuación de la labradora Casta Álvarez, en su actitud de verdadera guerrera, que con su pica (una bayoneta unida a un palo de escoba) se enfrentaba en combate cuerpo a cuerpo contra el enemigo. También es conmovedora la historia de María Agustín, que se quedó inválida del brazo izquierdo a consecuencia de un balazo luchando en Puerta del Carmen (una de las ocho puertas de entrada a Zaragoza).

O sea que la defensa de Zaragoza fue descarnada y cuerpo a cuerpo...

Mucho se ha escrito de la defensa de Zaragoza en la ‘superficie’ de la ciudad, defendiendo casa a casa y habitación por habitación, pero también había una guerra subterránea. En el subsuelo de la ciudad, tanto franceses como españoles, dirigidos por los ‘ingenieros’ de la época, desarrollaron una labor de zapa, es decir, abrían minas y túneles para llevar explosivos con que reventar las zonas ocupadas por el contrario. A veces, ambas fuerzas llegaron a encontrarse en los subterráneos que iban picando y se enfrentaban cuerpo a cuerpo bajo tierra.



Impresiona cómo cuenta la destrucción del Monasterio de Santa Engracia.

Parte de la gran destrucción de la ciudad, por ejemplo el convento de San Francisco cuyo espacio ocupa ahora la Diputación de Zaragoza en la Plaza de España, se debió a estos ‘reventones’. Junto con la destrucción del Monasterio de Santa Engracia (del que se perdió todo el monasterio y claustro gótico-plateresco quedando solo la fachada de la iglesia), así como otros muchos edificios, supusieron la pérdida de un patrimonio artístico irrepetible, pues no en vano a Zaragoza algunos textos de la época la consideraban como la ‘Florencia de España’.

¿Quiénes serían los grandes personajes de Aragón para usted?

Sobre los grandes personajes, está claro que Palafox, como capitán general, y Boggiero como su mentor, fueron las cabezas visibles. Todos sabemos que el Tío Jorge, con sus trescientos escopeteros, tuvo un papel importantísimo en la defensa, pero hay un personaje, Mariano Renovales, que para mí merece que se escriba un libro dedicado a su vida y sus aventuras (ya fuera de la guerra de Independencia). Para mí, un hombre de acción digno de figurar como protagonista de alguna novela de Pio Baroja.

¿Cómo se explica el título, qué no le gustaba a Napoleón de los españoles?

No le gustaba la ‘clericalla’ y el poder que tenía sobre la gente, sobre sus vidas, sus conciencias y sus bienes. No le gustaba nuestra forma de ser, especialmente la indisciplina, y particularmente, nos consideraba serviles y embusteros, en franca contradicción con nuestro fanatismo en la defensa de ideas que él consideraba equivocadas. Le fascinaba el país, su naturaleza y su paisaje, pero no su paisanaje.

¿Pensaba que España era una pura contradicción?

Sí. En cambio, a sus generales les sorprendió y admiraron la entrega, el valor y el coraje de los españoles, hasta el punto de que el general Lefevre dijo: “¡Qué lástima que tenga que morir tanto valiente!”. Desde luego, no se imaginaban ni esperaban la resistencia y las dificultades que encontraron.

¿Les gustaba a los españoles algo de él?

Sólo a los afrancesados. A los ilustrados de la época les gustaba el ideario de “libertad, igualdad y fraternidad”. Y la Constitución de 1812 reflejó este espíritu. Pero para el pueblo, como ya he dicho, Napoleón era un invasor que venía a echar a los reyes españoles para quedarse él mismo y su familia con todo “lo nuestro”, convirtiéndonos en provincia francesa, como en los tiempos del Imperio Romano.

¿Hubiera salido ganando España?

En realidad, lo que propugnaban Napoleón y los suyos era el despotismo ilustrado, pero claro que con un avance en la libertad de ideas respecto al absolutismo reinante en España. Yo me pregunto si quizá no nos habría ido mejor, como país, al convertirnos en “provincia” de su imperio…

¿Se lo pregunta? ¿Qué se responde?

No lo sé.

 

 

 

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

[Un fragmento del libro, 'Un final para Benjamin Walter' de Alex Chico, que se presenta esta tarde en Antígona. David Mayor hablará del libro y conversará con el lector, poeta, narrador y crítico literario.]

 

Subir hacia la colina, pasear por las aduanas y observar el paisaje se convirtió, pasados los días, en una especie de rutina, un camino que repetí varias veces mientras estaba en Portbou. En ocasiones, me quedaba un buen rato mirando el pueblo desde arriba. Las vistas son espléndidas. Aunque la temperatura descendiera a medida que avanzaba la tarde y tuviera que abrigarme por culpa de los golpes de viento, podía pasarme unas cuantas horas allí, observando la quietud tan apacible de la zona, sobre todo cuando anochecía. Otras veces miraba hacia el otro lado, hacia Cerbère. El Hotel Belvédère du Rayon Vert aparecía a lo lejos, como una presencia enigmática que me acechaba en la distancia. En medio quedaba una tierra de nadie, un lugar de paso en el que pocas veces me crucé con ninguna persona.

Un poco más arriba, siguiendo un camino que se desviaba de la carretera, había unos cuantos paneles con imágenes. Eran fotografías de refugiados españoles, republicanos, perseguidos y proscritos que continuaban la larga marcha del exilio. En realidad, aquellas imágenes no eran muy distintas a otras instantáneas que podemos ver hoy en día. Tanto da que huyan de un país llamado España que de otro país con un nombre distinto. De Siria, por citar un solo ejemplo. Es el mismo trayecto, el mismo recorrido. Todos mantienen una cadencia parecida, un ritmo silencioso y cansino, el que les lleva a dar un paso, luego otro, y después les sobreviene el mismo agotamiento y más tarde se hacen fuertes, porque han visto a lo lejos algo similar a una salida, y detrás de ella otra distinta y más lejana. Me recuerda a uno de los poemas de Elegía en Portbou, de Antonio Crespo Massieu, unos versos escritos entre paréntesis, como si fueran pronunciados a media voz: «(allá siempre hay una línea inasible / que es surco, pospuesto horizonte, promesa, / una inabarcable singladura)».