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Antón Castro

Escritores

'LEER ESPAÑA' DE GARCÍA DE CORTÁZAR

GARCÍA DE CORTÁZAR INTERPRETA

LA HISTORIA A LA LUZ DE LA LITERATURA

 

Crónica de un país tumultuoso

a través de las ficciones literarias

 

 

El escritor e historiador publica ‘Leer España’ (Planeta), donde mezcla el análisis, el viaje en el tiempo y la antología de textos

 

 “Me he acercado a la historia de España desde casi todos los puntos de vista: los mitos, los perdedores, la cultura, el arte, había hecho hasta un atlas. Creí que me faltaba algo: la literatura. En este libro, lo que hago es precisamente eso: acercarme a la historia a través de la imaginación de los escritores”, dice el historiador y Premio Nacional de Historia Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942), que continúa su tarea de estudiar España en toda su complejidad y su riqueza con un nuevo volumen: ‘Leer España. La historia literaria de nuestro país’ (Planeta). Agrega: “Los escritores tienen la facultad de llegar allí adonde no llegan los historiadores: las grandes pasiones, el alma humana, las utopías, los sueños. Me aproximo a ese parpadeo de la libertad y de la creación, y lo hago en un auténtico viaje a través de la palabra y la ficción, desde los antiguos hasta nuestros días, desde escritores clásicos griegos y romanos, hasta numerosos extranjeros y por supuesto españoles de todas las épocas”.

Fernando García de Cortázar explica cómo ha hecho su trabajo: “He organizado este viaje por la historia de España, que es una historia individual y colectiva apasionante, a través de pequeños capítulos, cuyos títulos he seleccionado con mimo. Estoy obsesionado por el estilo. Creo que eso es una marca de la casa”, dice. Los títulos pueden ser desde ‘Los párpados de plata’ a ‘La busca de Averroes’, un diálogo con el cuento famoso de Jorge Luis Borges; desde ‘Oh, capitán, mi capitán’, en alusión a una película y a un verso de Walt Whitman, o ‘Con los ojos anegados de ceniza’, por citar algunos ejemplos. “Cada capítulo está dividido en cuatro partes: casi un minicuento o síntesis del período (‘Todos los sueños son un solo suelo sueño’, así arranca el primero, de apenas diez líneas), un cuadro histórico creo que muy bien elegido, un resumen de los principales sucesos y personajes de cada época, redactado con una prosa cuidada y bella, lo más próxima a los escritores elegidos, y, por último, la selección de textos”, explica. Ha utilizado a multitud de autores: desde Quevedo, Conan Doyle, Flaubert, Polibio, Julio César, Lucano, Manuel Mújica Láinez, Delibes, Cervantes, Valle-Inclán, Blanco White, Savater, Cercas, Juan Marsé, Muñoz Molina o Luis Cernuda, etc. Y, por lo que a Aragón compete, García de Cortázar cita a Marcial, que es el único autor del capítulo tercero, y a Ramón José Sender, que figura en el vigésimo sexto, con una cita de ‘Mr. Witt en el Cantón’, y en el trigésimo primero con unas frases de ‘Imán’.  

“No hay demasiados poetas, quizá porque ellos suelen centrarse más en los aspectos trágicos y parecen aludir una y otra vez a la naufragio, al pesimismo, a la desolación. Que quede claro: intento huir del pesimismo español, en el que suelen reafirmarse. No creo que los poetas, por lo regular, tengan un espíritu histórico, una visión global. Entre otros, están Jorge Manrique, Quevedo, Luis Cernuda…” Otro de los elegidos es Marcial: García de Cortázar traza su biografía y selecciona sus ‘Epigramas’. Dice que Marcial “hace un retrato minucioso y mordaz de la Roma que habitó durante treinta y cuatro años”. Agrega que lo hacía con gracia, con sentido del humor, con picardía y con una personalidad que “se parece en muchas otras cosas a la de un personaje esencial, paisano suyo: Baltasar Gracián”. Marcial también es emblema de las contradicciones: después de vivir y triunfar en Roma, quiso regresar al paraíso de su niñez en Bílbilis, pero en cuanto regresó “no dejó de añorar, sino a Roma Misma, sí la atmósfera del lugar donde un viejo y ávido poeta podía satisfacer todas sus aficiones: la vida culta y elegante, las bibliotecas y teatros, las tertulias y banquetes…”

Aragón está muy presente en el libro: García de Cortázar alude a Miguel Servet, está presente entre los herejes aunque no lo cita específicamente, y a Goya; de Fernando el Católico dice “que impulsa la Corona de Castilla y una nueva España. Es el político más importante y emprendedor de su tiempo. Era un estadista”. García de Cortázar también habla de Carlos II ‘el Hechizado’, un personaje muy literario que ha hecho correr ríos de tinta; la Ilustración la explica con textos de Alejo Carpentier, Gabriel Garía Márquez y Álvaro Mutis.

“Este libro aspira a sugerir una biblioteca ideal que luego el lector irá completando. Se percibe el interés que ha suscitado España en el mundo entero, cómo nos vieron. Somos un país marcado por las guerras civiles. Es curioso: la leyenda negra es un invento español, de Bartolomé de las Casas, y cuando oyes hablar de mal de España te das la vuelta y percibes que es un español. Los extranjeros fueron mucho más ecuánimes y entusiastas con los españoles”. Reivindica a políticos, filósofos, pensadores que pueden orillar la herejía como el turolense Miguel de Molinos (“que es un gran perdedor de vida azarosa que lleva adelante su pensamiento y ocupa un lugar eminente en la disidencia”) y los momentos claves de la historia de España.

Queremos saber cuál es su postura ante la crisis y el momento actual de España. “El presente me da mucha tristeza. El PSOE nos engaña y se reafirma en el engaño. Me sorprende ver cómo se aferra al poder y su capacidad de improvisación. Ahora la mejor ficción es contar lo que pasa, tan inverosímil. ¿Ministro de Cultura, yo? De ninguna manera. No tengo apetencia de poder y soy enemigo de la burocracia. Sí me gustaría influir en el poder con mis libros, con lo que escribo. Solo eso”, concluye.

 

FICHA

Leer España. La historia literaria de nuestro país. Fernando García de Cortázar. Planeta. Barcelona, 2010. 542 páginas. (La foto de Fernando corresponde a Paloma Aguilar).

POEMAS DE ALEJANDRO ALAGÓN

POEMAS DE ALEJANDRO ALAGÓN

LOS ESLABONES PERDIDOS

 

Por Alejandro ALAGÓN. Joven poeta oscense

 

I

 

La vieja habitación se desvela de pronto. Figuras indecisas

tantean las penumbras y apartan las cortinas. Y las mantas humildes

caen sobre la alfombra y la arrogancia gris de un teléfono móvil

ya colecciona avisos de los acreedores.

 

La luz descubre escenas, momentos de abandono, la fregadera sucia,

el grifo demacrado, la avaricia de polvo que envuelve los sillones,

los retratos, las manchas de caldo en las baldosas, el cenicero hostil

que guarda la memoria de las horas gastadas.

 

Y la maleta yace, abierta, en un rincón, resignada a la diáspora

de pisos de alquiler, al remolque de impagos, al alud de denuncias

que incendia los buzones cada vez que el casero se percata del fraude

y maldice su suerte y se agranda su enfado.

 

Y todo se apresura y unas voces nerviosas y unos pasos discretos 

descienden la escalera. Se alejan con sus bultos entre la multitud.

Horas más tarde llega la orden de desalojo y un juez descubre el caos,

el olor a derrota que invade la vivienda.

 

II

 

El técnico repara varios dispensadores de cerveza en su fábrica

perdida en las afueras y a través de la puerta se adivinan los grifos

enfermos, los soportes de metal que pronuncian cada noche sermones

de espuma y murmullos de cebada en los vasos.

 

Todos los surtidores esconden impurezas, residuos, sedimentos,

y espesores de lúpulo que escupen los barriles con su gran insolencia.

 

Algunos no superan las dolencias más crónicas y sus arterias sufren

el tapón de cerumen, los conductos decrépitos.

   

Es extraño advertir su porte decaído, su nariz puntiaguda

goteando mucosa en un fondo metálico y el olor que fermenta

en su sucia garganta, las profundas estrías que dejan cada día

los gargajos espesos y las viejas burbujas.

 

El siguiente poema fue premiado en Boca de Huérgano (León):

 

La cocina parece un lugar triste y sucio,

un espacio carente de vida y de emociones,

con una vieja y frágil lavadora oxidada

que se asemeja a un cíclope chillón, centrifugando

con su ojo enloquecido que deja ver camisas

mareadas y grises, pantalones girando

sin pausa en la penumbra, pañuelos que discuten

acaloradamente en un mar de burbujas.

 

Deprime contemplar el cielo desconchado,

las goteras que, en días húmedos vocalizan

su rencor en los cubos con sílabas de sal,

mientras una fregona se pelea furiosa

con la grasa del suelo, con esta decadencia.

 

La fregadera guarda una ciénaga, guarda

un ejército mudo de sartenes y vasos

vencidos, derrotados, de copas ocupadas.

De los platos emergen sus proas de cerámica

y mangos como mástiles flotando a la deriva.

Los finos espaguetis se esconden como anguilas

en un gran arrecife de espuma y estropajos.

 

*La primera foto es de Kassandra, y las otras dos de Helmut Newton.

 

CON CONGET, EL JUEVES, EN ANTÍGONA

CON CONGET, EL JUEVES, EN ANTÍGONA

Julia Millán, de Antígona, escribe:


Os invitamos a la Presentación de LA CIUDAD DESPLAZADA de José María Conget, una colección de ocho relatos publicada por Pre-textos que celebraremos el próximo jueves, 10 de junio, a las 8 de la tarde.

Para hablarnos del libro contaremos con la presencia de Antón Castro, que acompañará a José María Conget, escritor galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas, residente en Sevilla, y un gran especialista en cómic, en cine [es un gran experto también en ‘Poesía y cine’, como probó en ‘Viento de cine’ (Hiperión)] y, sobre todo, en literatura. Actualmente, Ignacio Martínez de Pisón prepara la edición de sus tres primeras novelas para la colección Larumbe.



FRAGMENTO DEL LIBRO:

“Las encrucijadas del azar, las cuitas del amor desdeñado, también las catástrofes de la pasión compartida en la puesta al día de un célebre relato cervantino, la memoria y sus traiciones, protagonizan algunos de los ocho cuentos de La ciudad desplazada. En otras páginas un hombre se enfrenta simultáneamente a la muerte y a la propia banalidad, un veterano profesor revive las situaciones de tantas películas sobre adolescentes rebeldes en las aulas, y una voz anónima recorre una biografía marcada por la obsesión o enfermedad de la bibliofilia. El volumen se completa con un texto en el que el autor declara todo lo que sabe de fútbol y nunca se atrevió a confesar”. José María Conget

 

 

 

UN ESCRITOR FELIZ: AUGUSTO MONTERROSO

 

Por José María CONGET

 

De todos los escritores que he conocido personalmente, ninguno me produjo la impresión de ser dichoso, pese a todas las ineludibles melancolías que genera el tiempo, salvo Augusto Monterroso, el inolvidable Tito. Hay escritores que viven pendientes de no resbalarse de su pedestal, los hay que se apostaron frente a un simbólico juzgado de guardia para demandar de inmediato a quienes atenten contra su fama; a muchos les atormentan los honores ajenos, nunca tan merecidos como los propios, y unos cuantos, aunque no numerosos, se han resignado a su puesto en el escalafón que, eso sí, defenderán con sátiras y sonetos —los cultivadores del endecasílabo son los que peor llevan, sin cicatrizar siempre, las heridas de la literatura— contra los advenedizos que pretendan usurpar su rincón en la cuarta fila de la foto de la posteridad. Sin embargo, tengo la impresión de que Tito es de los pocos, tan pocos que a bote pronto me cuesta localizar a otro, que en sus textos confiesa padecer deficiencias morales con las que nosotros jamás le habríamos adjetivado. Así, en el prefacio de La letra e declara a propósito de su libro que «escribiéndolo me encontré con diversas partes de mí mismo que quizá conocía pero que había preferido desconocer: el envidioso, el tímido, el vengativo, el vanidoso y el amargado».

Dejemos a un lado la timidez y en esa enumeración descubriremos los atributos de la mayoría de los ciudadanos de la República de las Letras. «Es falso que entre escritores exista la camaradería, es decir que se traten con amistad y confianza», le dice a su mujer Bárbara Jacobs en uno de los diálogos que ésta reproduce en Vida con mi amigo. Mis recuerdos de Tito contradicen de forma radical, en lo que a él atañe, la anterior afirmación; incluso en conversaciones privadas y vinosas, cuando los autores aquilatan su veneno, era generoso con los colegas o, en el peor de los casos, irónico sin acritud. Para mí su personalidad y su obra resultaban de una insólita combinación de inteligencia, humor y escepticismo. Amaba los libros —no he olvidado la mezcla de sensualidad y orgullo con que me mostró su primera edición de Cantos de vida y esperanza—, había leído mucho y muy agudamente pero, tal vez por ser inocente de pedantería, carecía del exhibicionismo cultural al que tan propenso es el gremio. De mis encuentros con él y con Bárbara lo que más me gusta evocar son las risas. Nos reímos en Chicago y muchas veces en Nueva York, nos reímos durante una noche memorable cerca del Zócalo en México y aquella tarde en casa de Álvaro Mutis recitando nuestros pésimos poemas favoritos. En el año 2002 estábamos citados en Cádiz y en París pero la reunión no fue posible. Ahora que sé que no volveremos a reírnos juntos no quiero repetir el juicio, ya inapelable, del magisterio de su obra. Fue un gran escritor y algo mucho más difícil: un escritor feliz.

'EPITAFIO' DE PALOMA GONZÁLEZ

'EPITAFIO' DE PALOMA GONZÁLEZ

Fragmento de la novela 'Epitafio' de Paloma González, una de las que se presenta hoy.

Por Paloma GONZÁLEZ

Durante cuarenta y ocho horas tuve una conciencia plena de la pérdida de amabilidad. Las veinticuatro horas siguientes fui una víctima de mi pérdida. Atribuí a la luz aquel extraño fenómeno que aparejó un cambio de signo en mi vida. No me gusta dejar estos temas abiertos, me refiero a la culpabilidad de la luz y mi propia transformación. Me siento obligado a ofrecer una explicación, porque aunque yo, como todo el mundo, sueño con guardar un mensaje en una botella y dejarla a la deriva, tras regresar al adocenamiento, he comprendido que no podría hacerlo, que formo parte de la legión de náufragos fingidos que si dejaran un mensaje en una botella, no confiarían en el azar, sino que irían detrás nadando, empujando con las puntas de los dedos para que el mensaje llegue exactamente a su destino y, antes de alcanzar la playa, todavía se desviarían al lugar habitado más cercano para redactar un telegrama advirtiendo al destinatario del mensaje del lugar y la hora a la que la botella tocará sus pies.

La luz, me es necesario explicarlo, opera transformaciones asombrosas. La luz diáfana me aterra, recomponer una imagen sobre la que la luz arroja una transparencia perfecta dificulta en gran medida las tareas de reconstrucción de las formas, la reunión o recolección de fragmentos, tarea que se simplifica cuando la luz sesgada no nos confunde, cuando las sombras confieren a las formas un relieve reconocible.

Así, una mañana de luz diáfana yo me antojo un desierto, una masa de agua plana y espejeante. Sin sombras, soy plano. No sé qué fragmentos de mí recoger ni cómo encajan los unos en los otros. La totalidad no dice absolutamente nada. Digamos que nunca he sido un buen cartógrafo. Mas bien un ahechador de sombras, un sepulturero.

El miedo es la nube que siembra los relieves de sombras. Eso y la revelación de que no estamos preparados para leer emociones distintas de las que esperamos de los demás, de modo que mi claudicación no ha sido interpretada desde el ángulo del miedo, sino del arrepentimiento.

El lunes por la mañana mi desamabilidad es un episodio lejano y yo soy de nuevo el objetivo de la cámara. No la mirada.

Vagamente consciente, gracias a las revelaciones que me regalaron los días de desamabilidad, de que mi futuro próximo va a estar regido por el signo de la expiación, siento algo parecido a lo que de niños esperaríamos de la penitencia tras el pecado y la confesión: el alivio, convertirnos en el espacio en blanco sobre el que tal vez se pueda volver un día a pecar sin atraerse la condenación eterna por la acumulación de faltas irredentas.

 

CITA DE LETRAS EN CÁLAMO

CITA DE LETRAS EN CÁLAMO

Tres autores nada discretos presentan

sus últimas novelas en Cálamo

 

 

Fecha: 8 de junio

Hora: 20: horas

 

José García Caneiro, Paloma González Rubio y David Torrejón, tres autores de Ediciones de La Discreta brindarán en Cálamo a los aficionados a la lectura de Zaragoza un acercamiento personal y lleno de sorpresas a sus respectivas obras: La obra completa de Wilfredo Muriente, Epitafio y Tango para un copiloto herido. Colaborará en la presentación el periodista y crítico Antón Castro.

 

Los asistentes descubrirán no solo tres obras solventes, un sorprendente abanico de registros en distintas líneas de la narrativa actual, sino también la casa que les da cabida: La Discreta, un sello editorial riguroso, con más de diez años de andadura a sus espaldas y un catálogo plural, en el que han sido seleccionadas voces muy distintas y siempre de sorprendente calidad.

 

Los autores

 

Los tres autores que visitan Zaragoza son una buena muestra de la pluralidad y calidad del sello. Dos de ellos ya habían publicado anteriormente, en otras editoriales y en La Discreta, Paloma González nos ofrece su primera novela, aunque publicó en La Discreta el relato con el que ganó en 2007 el certamen de relato “José Saramago”.

 

José García Caneiro, coronel de Aviación en la reserva, es de ascendencia gallega, circunstancia ésta que lleva con tanta dignidad que se le nota.

Piloto de combate, ha estado destinado en diferentes unidades de caza. Su último destino militar fue como Adjunto al Subdirector General de Enseñanza Militar del Ministerio de Defensa.  Doctor en Filosofía, en 1975, ganó el Premio “Ciudad de Murcia” con la novela Parálisis (Ed. Marte, 1976). Ha publicado ensayos como La racionalidad de la guerra, borrador para un crítica de la razón bélica (Biblioteca Nueva, 2000) y, en colaboración con F. J. Vidarte, Guerra y filosofía: concepciones de la guerra en la historia del pensamiento (Tirant lo Blanch, 2002).

También ha escrito capítulos de diferentes obras colectivas dedicadas a temas tan disímiles como “Derrida y la deconstrucción” o “La paz y la seguridad internacional”. En 2006, Ediciones de La Discreta le publicó el libro de relatos Una familia de cuentistas y ahora hace otro tanto con esta novela, que ha gozado de una buena acogida por parte de la crítica y que algunos han llegado a enmarcar en la tradición de la novela de tiranos. Lo cierto es que su novela es una interesante exploración de  las obsesiones que ya se apuntaban en la obra anterior del autor. Muriente Vives; Viviente Mortes: ¿pueden la Vida y y la Muerte ser las dos caras de una misma irrealidad? ¿Puede una novela humorística (o no) ser (o no ser), al mismo tiempo, una intensa reflexión sobre la existencia e inexistencia humanas, y sobre cómo enfrentarlas por medio de la literatura? El lector encontrará una respuesta afirmativa (o no) en las páginas de esta obra plural, en la que una tesis de licenciatura se convierte en una narración folletinesca, o la descripción jocosa de unas Fiestas Patrias desvela un intrigante misterio. Y así, lo que comienza con el Gran Temblor se resuelve al final en una sacudida de la imaginación que deja al lector confundido y pensativo. Una novela personalísima, pero que al tiempo viene a enriquecer esa línea imperceptible (tanto como la que relaciona a Muriente con Vivientes) que une a creadores aparentemente lejanos como J.L. Borges y G. Torrente Ballester, o Cunqueiro y Bioy Casares.

 

Paloma González Rubio, que se nos muestra esquiva en la solapa de Epitafio, confirma que estudió Filología Semítica, se dedicó unos años a la música, como solista del grupo de música sefardí “Simane” y ha dedicado la mayor parte de su vida laboral al trabajo editorial, como correctora, traductora, editora y redactora de textos de muy diversa índole. Tras serle otorgado el premio Sierra de Madrid “José Saramago” por su relato, “Con los cinco sentidos”, imparte talleres de multiculturalidad a través de cuentos tradicionales, creatividad literaria y ha comenzado a colaborar con diversas publicaciones. Epitafio es su primera novela publicada, una novela inquietante que indaga en la influencia de los otros en nuestras vidas.

Prologada por el escritor José Ovejero, Epitafio se abre directamente con la frase: “Un día dejé de ser amable.”

Y así comienza Manu, el personaje central, a contar la transformación que se ha operado en él. Una transformación sustancial, aunque aparentemente invisible, que le pone en conflicto con el mundo con el que llegó a un acuerdo que ya no suscribe.

A lo largo de dos jornadas Manu nos ofrece una detallada crónica de sus pasos, asistimos a sus reflexiones, a sus recuerdos; le acompañamos a la oficina, a un entierro, conocemos a algunos de sus compañeros, a su mujer…, y al enumerar estas situaciones podría parecer que desentrañamos parte de la trama. Pero no es así. Todo esto sucede, pero lo que sucede no es lo que ocurre en la novela, al igual que lo que sucede en la vida no es lo mismo que ocurre. Epitafio es realmente una aproximación a las implicaciones, a las consecuencias de la transformación de Manu. A su metamorfosis.

David Torrejón es periodista y publicitario, aunque su vocación más antigua ha sido la de escritor. Hasta la fecha ha publicado un libro de relatos, Cinco casos y un diálogo con Artero (1988) y dos novelas, Más lo siento yo (2000) y Mi querida Don Juan (2002), ambas en Ediciones de La Discreta. Dueño de numerosos registros, ha ido configurando una obra muy personal, caracterizada sobre todo por buscar el disfrute del lector a través del juego literario, la mezcla de géneros y unas tramas extremadamente originales y sugerentes.

Aunque puede calificarse como de intriga, su última novela va más allá en muchos aspectos, como la relación entre los personajes y el riguroso engarce de los acontecimientos en su contexto histórico, algunos tan sugerentes como la famosa Carrera Panamericana México de los años Cincuenta. El lector participará en los progresos de la búsqueda que emprende José Baraña por el tiempo y el espacio (Madrid, Montevideo, Punta del Este, Buenos Aires y México) para encontrar a sus verdaderos padres con la ayuda del insólito investigador de archivos Ulises López de Ayala; mientas es testigo de cómo los acontecimientos del pasado que están en el inicio de su búsqueda se precipitan inexorablemente hacia ellos. Cuando confluyan se producirá el insospechado desenlace. Un desenlace que no concluye en el libro ya que Tango para un copiloto herido es la primera novela española que reserva un capítulo extra en internet a los lectores curiosos por conocer el destino de uno de sus protagonistas. Con una clave que se encuentra en el marcapáginas y una pista que tendrá que descubrir, el lector puede descargarse el capítulo en www.estoybuscandoamispadres.com e incluso proponer uno alternativo.

Editorial

Ediciones de la. La Discreta no es solo una editorial, es todo un proyecto cultural que cuenta con colecciones de narrativa, poesía, teatro, ensayo, grandes textos recuperados, textos universitarios, discos… y una troupe propia, la Troupe de Trapo, que difunde la música y la poesía más exquisita, en espectáculos que combinan la canción, el recitado y la música de composición propia.

 

Entre sus mayores éxitos está la publicación en España de la obra de dos poetas mayores latinoamericanos como la portorriqueña Julia de Burgos (Obra poética I y II) y el dominicano Pedro Mir (Poemas)  y su posterior adaptación musical recogida en sendos CD y espectáculos en directo, que han sido reclamados para girar por sus países de origen. Ha publicado hasta la fecha más de sesenta obras y cuenta con quinientos socios que sostienen sus actividades.

HOY, CON SENDER EN EL PARQUE

HOY, CON SENDER EN EL PARQUE

*Esta tarde en la Feria del Libro de Huesca se presenta la reedición de ‘Solanar y lucernario aragonés’ de Tropo Editores. Este texto es el prólogo al volumen.

SENDER, EL ESCRITOR QUE QUISO SABERLO TODO

 

Ramón José Sender (1901-1982) es, sobre todo, un narrador. Un contador de historias. Alguien que anda y desanda los senderos del tiempo, de aquí para allá, con un sinfín de recuerdos y los derrama con espontaneidad y eficacia, como el mago que levanta el sombrero y convoca la presencia de extraordinarias criaturas. Después de perder la guerra civil y de perder la patria, el escritor reconstruyó su vida como pudo en Francia inicialmente, en México y en Estados Unidos, pero siempre llevó consigo una sombra: Aragón. Y para él decir Aragón era decir Chalamera y Alcolea de Cinca, Caspe, Alcañiz, Huesca y Zaragoza, y era decir los Pirineos, y desgranar el río de la historia, el hontanar de las leyendas, el torbellino de la memoria.

En el exilio, el gran escritor, que ya había firmado novelas como Imán o Mr. Witt en el cantón, galardonada ésta en 1935 con el Premio Nacional de Literatura, consolidó su escritura y firmó nuevas obras como El rey y la reina (1947), Crónica del alba (1942-1966) o Réquiem por un campesino español (1953, como Mosén Millán, y 1960), por citar títulos esenciales de su producción. Se mostró como un escritor a lo largo y a lo ancho, capaz de abordar todas las suertes de la narrativa: lo mismo escribía novelas históricas que psicológicas, políticas, esotéricas, fantásticas, alegóricas o filosóficas. Es difícil encontrar en la literatura española a un autor de registro tan variado, tan desconcertante, proclive, además, a recrear su propia existencia de un modo magistral en la ya citada Crónica del alba, ese libro de libros que hay que situar al lado de los grandes empeños novelísticos y memorialísticos de Max Aub, Arturo Barea, Corpus Barga o Pío Baroja.

En todos esos años de exilio, Sender nunca olvidó sus orígenes. Ni a sus amigos. Ni a su familia. En cuanto el régimen de Franco se lo permitió, regresó a España y a su tierra, en dos ocasiones: en 1974 y en 1976, ya fallecido el general. La vuelta resultó polémica: Sender, septuagenario ya, fue recibido con muchas esperanzas y despedido con algunas críticas por las nuevas generaciones de Andalán. En la segunda visita, estuvo en Chalamera, en Calatorao, en Zaragoza, y vivió experiencias muy emocionantes. Por aquellas fechas fue invitado por Antonio Bruned, director de Heraldo de Aragón, y Eduardo Fuembuena, responsable de Aragón Expréss, a realizar una colaboración en ambos medios. Ramón José Sender inició la publicación de una serie de artículos. Artículos de casi todo: de mitología popular, de historia, de sociología, de literatura, de antropología, divagaciones, apuntes de la niñez. Artículos amenos, escritos con pasmosa seguridad y con un aroma costumbrista, rápidos, textos que esclarecen lagunas de su vida. Una colección de aquellos artículos fueron publicados por el inolvidable Joaquín Aranda, bajo el título Solanar y lucernario aragonés, en el sello de Ediciones de Heraldo de Aragón en 1978.

Se trata de un título muy especial en su producción quizá porque esos artículos, escritos bajo el impulso de los recuerdos que azotan el otoño de la vida, tienen algo de memorias caprichosas, de complemento a libros como Monte Odina (1981) y al Álbum de radiografías secretas (1981). En Solanar y lucernario aragonés, redactado desde la felicidad que fluye como la corriente de un río y desde la tentativa de recobrar el tiempo perdido, Ramón José Sender habla de su familia, de su madre y de su padre, de su aya tía Ignacia, habla de algunas vacaciones con sus hermanas y sus cuñados en Villanúa, de los ríos Guatizalema y Cinca, de pueblos como Alquézar, de libros de autores aragoneses como Jerónimo Borao o Baltasar Gracián. Recuerda los juegos de infancia y a un conjunto de personajes casi siempre pintorescos. Sender tenía una particular afición por “el tonto del pueblo”. Y disfruta acudiendo a las palabras nativas, a sus etimologías, a los diminutivos, se divierte discutiendo con los eruditos. Su conocimiento es tan frondoso que lo mismo habla de ‘Parsifal’, la sierra de Gratal y el Santo Grial que recuerda la leyenda de los duendes de Zaidín, o se extravía por la festividad del Pilar y el impacto histórico de la basílica. Reflexiona sobre el carácter aragonés y el pecado de individualismo que lo caracteriza o analiza la poesía del territorio, que le lleva, páginas más adelante, a glosar la trayectoria de otro poeta y amigo suyo: Francisco Carrasquer Launed. El Premio de las Letras Aragonesas de 2006 acabaría convirtiéndose en uno de los grandes especialistas en la obra de Sender.

En este recuento del libro, que reedita ahora Tropo Editores con gran belleza formal (el sello de Óscar Sipán y Mario de los Santos ya había presentado en 2008 una espléndida edición del Álbum de radiografías secretas), hay un capítulo muy literario: ‘Monte Odina’. Francisco Laguna, amigo de su padre, le dijo al joven: “Estoy restaurando –dijo- y ensanchando una casa de campo que se llama Monte Odina y quiero tener una buena biblioteca allí. ¿Sabes quién va a organizar esa biblioteca?”. La tendría que organizar el escritor, claro, aunque el destino le iba a impedir acudir al “verdadero palacio” de Selgua. Sender confiesa: “Monte Odina, tal como lo soñaba en mis buenos dieciocho años, sigue con vida propia en mi imaginación y es más que probable que lo demuestre literariamente en la medida de mis fuerzas y en un futuro no lejano”. Y añade: “Monte Odina. Quedó en mi imaginación ese nombre como una semilla que debía germinar y fructificar un día”. Así fue, en 1981 publicaría una narración muy abierta con ese título en el sello Guara.

Hay otro texto especialmente divertido que demuestra la insolencia, el orgullo, la bravuconería (“yo [era] era un chico de origen campesino. Los de mi clase aprenden a pelear desde niños y algunos sobreviven”, dice) y la energía del joven periodista Ramón José Sender, cuando estaba de redactor en La tierra. Manuel Casanova, que sería director de Heraldo y el novio más conocido de la pianista Pilar Bayona, escribió en el Diario de Huesca a propósito de Sender de este modo: “Esos jóvenes escritores que no tienen sino pelos en la cabeza”. Sender se sintió muy ofendido, y decidió que “tenía que castigarlo a la vista de la ciudad entera”. Lo fue a esperar en una imprenta próxima al cine Odeón y le soltó una bofetada, y otra y otra y otra, hasta que una voz femenina dijo: “¡Auxilio, que matan a mi hermano!”. La historia continúa, y lo que viene es tan inverosímil o desconcertante como lo que acabamos de contar. Por ejemplo, se dice: “Se restableció el orden y el gobernador, que era un andaluz grande y decorativo, nos puso dos agentes de vigilancia que nos siguieron los pasos algunos días para evitar que nos batiéramos en duelo”.

Solanar y lucernario aragonés es uno de los libros más entrañables de Sender. Es un libro de reencuentros, de citas con fantasmas, del ayer recobrado. Tiene algo de confidencia, de revelación, de secretos de familia y de creador, y a la vez oímos la voz de alguien que se siente integrado en un territorio con historia, en una sensibilidad y en un paisaje. En un libro así, tan íntimo a la vez, tenía que estar la novia de su niñez, la novia de Crónica del alba: Valentina. Dice Sender a propósito de este “verdadero ángel”: “Para Valentina yo era un hombre que lo sabía todo. Para mí ella era un ser sobrenatural que lo merecía todo en la tierra y en el cielo”.

 

VICENT: MEDALLA DE ORO CBBAA

MANUEL VICENT RECIBIRÁ EL PRÓXIMO LUNES

LA MEDALLA DE ORO DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES

 

 

El próximo lunes 14 de junio, a las 19:30 horas, el presidente del Círculo de Bellas Artes, Juan Miguel Hernández León, hará entrega de la Medalla de Oro de esta institución al escritor Manuel Vicent en reconocimiento a su labor literaria y creativa. En años anteriores han obtenido esta distinción autores del prestigio de John Berger, Antonio Gamoneda, Ana María Matute, Claudio Magris, Ernesto Sábato y Juan Eduardo Zúñiga, entre otros.

 

Manuel Vicent, escritor y periodista valenciano, ha publicado en Alfaguara, además de Tranvía a la Malvarrosa (1994) y Jardín de Villa Valeria (1996) -recogidas junto con Contra Paraíso en el volumen Otros días, otros juegos (2002)-, Pascua y naranjas (1966), Los mejores relatos (1997), Las horas paganas (1998), Son de Mar (Premio Alfaguara 1999), La novia de Matisse (2000), Cuerpos sucesivos (2003), Verás el cielo abierto (2005), Viajes, fábulas y otras travesías (2006), Comer y beber a mi manera (2006) y León de ojos verdes (2008).  Colaborador habitual del periódico El País, una selección de sus artículos están recogidos en Nadie muere la víspera (2004). Su última obra es Póquer de ases, un libro de radiografías de grandes escritores contemporáneos.

 

Su obra ha sido reconocida, entre otros galardones, con el premio Alfaguara de Novela 1966 por Pascua y naranjas, el Premio González Ruano por No pongas tus sucias manos sobre Mozart (1979), el Premio Nadal por Balada de Caín, el Premio Francisco Cerecedo de Periodismo otorgado por la Asociación de Periodistas Europeos, y el Premio Alfaguara 1999 por Son de Mar.

 

*Esta nota corresponde a Alfaguara y a su jefa de comunicación Rosa Junquera. Manuel Vicent ha sido el escritor que más determinó mi ingreso en el periodismo: primero en ‘El día’, de 1987 a 1990, luego en ‘El Periódico de Aragón’, de 1990 a 2000, y en ‘Heraldo’, desde 2001 hasta ahora. Leía en ‘El País’ sus textos, especialmente sus reportajes de ‘Inventario de otoño’ y fue como una revelación del periodismo: periodismo de reportaje, de entrevista, de retrato, la historia de España y del mundo contada a través de sus personajes con humor, una prosa magnífica y colorista y un particular sentido de la belleza. ¡Enhorabuena, Manuel!

'SIGLO XXI' EN LOS PORTADORES

'SIGLO XXI' EN LOS PORTADORES

Queridos amigos,

 

  Menoscuarto ediciones y Los portadores de sueños tenemos el gusto de invitaros a que nos acompañéis a la presentación de SIGLO XXI. LOS NUEVOS NOMBRES DEL CUENTO ESPAÑOL ACTUAL, una antología a cargo de GEMMA PELLICER y FERNANDO VALLS.  Para presentar el libro, los editores estarán acompañados por el profesor de la Universidad de Zaragoza JOSÉ LUIS CALVO CARILLA y por algunos de los autores. Será el jueves 10 de junio a las 20h.

 

  Esta antología reúne cuentos de treinta y cinco autores de narrativa breve que han publicado su obra –al menos, su mayor parte- en el siglo XXI. En ella destaca la presencia de seis escritores zaragozanos (de nacimiento o de adopción, pues todos ellos viven en Zaragoza), lo cual habla por sí mismo del excelente momento que vive la literatura en nuestra ciudad. Ellos son CARLOS CASTÁN, PATRICIA ESTEBAN ERLÉS, DANIEL GASCÓN, CRISTINA GRANDE, ISMAEL GRASA y MIGUEL SERRANO LARRAZ.

 

   Como de costumbre, al terminar la presentación tomaremos un vino juntos por cortesía de la D.O. Cariñena.

 

  Os esperamos a todos el jueves 10 de junio a las 20h, no os lo podéis perder.