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Antón Castro

Escritores

STEPHENIE MEYER: UNA ENTREVISTA

 

 

 

 

‘LA SEGUNDA VIDA DE BREE TANNER’

 

ENTREVISTA CONCEDIDA POR STEPHENIE MEYER

 

*Por cortesía de Rita López Hernández y el grupo Alfaguara

 

 

 

 

Bree aparece sólo en un par de páginas de Eclipse. ¿Qué hay en el personaje que le  empujó a explorar su historia en mayor profundidad?

 

Al principio no era específicamente Bree quien me fascinaba, sino los neófitos en general. Mientras escribía Eclipse, fuera de cámara estaban pasando muchas cosas, por supuesto, cosas que Bella desconocía. Dado que yo estaba centrada en ella, en Bella, no podía ahondar demasiado en la historia de los neófitos, aunque siempre tuviese en mente una idea general de lo que andaban haciendo. Tuve que pensar en ello al establecer el ritmo de la trama: Bella se encuentra en tal punto y los neófitos están haciendo tal otra cosa. Para mantenerlo todo en su sitio acabé por elaborarme un calendario de los meses de mayo y junio —en los que transcurre todo Eclipse— y anoté en cada celda lo que pasaba en relación con Bella y lo que estaba pasando en Seattle ese día. Así que la historia de los neófitos fue siempre una gran parte de la historia de Eclipse, y en cierto modo me entristecía no hallar forma alguna de plasmar todo eso en el libro.

Bree es el único neófito cuyo nombre se menciona en Eclipse, el único neófito que tiene algún contacto con los Cullen (aparte de los que mueren a manos de ellos), y el único neófito que se encuentra con los Vulturis en el claro del bosque. Ella es la última en morir, de manera que es quien puede narrar toda la historia, era la elección natural como cronista del relato de los neófitos. Una vez que comencé a escribir desde su punto de vista, Bree cobró verdadera vida; tanta, que a medida que se acercaba el inevitable final, más triste me resultaba avanzar. Aunque lo estaba haciendo por segunda vez, matar a Bree fue más duro que matar a cualquier otro personaje de ficción que jamás haya matado (antes de Bree, el caso más triste era el de Walter en The Host (La huésped)).

 

 

¿En qué momento se dio cuenta de que la «breve historia» en que estaba trabajando para la Guía oficial de fans iba a convertirse en un libro independiente?

 

No me percaté hasta que se la entregué a mis editores. Todo lo que sabía era que tenía 80.000 palabras menos que la mayoría de mis novelas. Me quedé sorprendida cuando me dijeron que tenía casi 200 páginas y que no cabía en la Guía. No obstante, siempre había deseado que la gente tuviese la oportunidad de leer la historia de Bree antes de que saliese la película. Así que, cuando me comentaron la idea de publicarla como una novela corta independiente, me pareció una gran oportunidad.

 

¿Por qué le parece importante que la gente lea la historia de Bree antes del estreno de la película Eclipse?

 

Eclipse se narra desde la perspectiva de Bella, y eso tiene ciertas limitaciones; cuando hay tantas cosas que están sucediendo fuera del escenario (por así decirlo), se dejan demasiados misterios. Las películas cuentan con la ventaja de presentar la historia desde fuera de la cabeza de Bella. El espectador puede ver escenas —como a los lobos persiguiendo a Victoria en Luna nueva— de las cuales el lector sólo recibe atisbos. De todos los libros de la Saga Crepúsculo, es en Eclipse donde más cosas suceden lejos del alcance de los ojos de Bella. Para que la película funcione, tenemos que ver y comprender algunas de esas secuencias.

Consciente de que ciertos elementos de la historia de Bree se estaban incorporando a la película, deseaba que de alguna manera el libro pudiese salir antes. En lo que a mí respecta, personalmente, prefiero siempre leer un libro antes de ver su correspondiente película. Me gusta hacerme mis propias imágenes mentales antes de que interfieran las imágenes de otro. Es probable que la mayoría de mis lectores no tenga la misma manía, pero quería ofrecer a aquellos que sí la tienen la oportunidad de crearse sus propias imágenes mentales de Bree y de los demás.

¿Cómo influyó la historia de la novela en la película Eclipse?

Por la época en que empecé a trabajar en la historia para la Guía, Melissa Rosenberg, la guionista de las películas de la saga, comenzó a trabajar con la película Eclipse y vino a mí con una montaña de preguntas acerca de lo que estaba pasando en Seattle. Dado que la película no se hallaba atada a la perspectiva de Bella igual que el libro, Melissa tenía libertad para explorar el lado de los neófitos, pero ella quería conservar la coherencia con la historia que yo había ideado. Le hablé del fragmento del relato de Bree que había escrito, y le entraron unas ganas enormes de leerlo. Su entusiasmo resultó contagioso, y comencé a centrarme de verdad en esa historia. Para cuando se inició la preproducción de la película Eclipse, el relato de Bree estaba terminado. Se lo envié a David Slade, el director, y éste me preguntó si permitiría que lo leyesen los actores que intervenían en la parte de los neófitos en la película. Por supuesto, dije que sí.

De modo que el libro no era responsable de que hubiese escenas sobre los neófitos en la película Eclipse, pero sí era responsable de que esas escenas cuadrasen de alguna manera con lo que yo había creado. Espero que también sirviese para ofrecer a Xavier, Bryce y Jodelle un enfoque extra sobre sus personajes.

Antes de comenzar a leer la historia, ya sabemos que Bree muere. ¿Qué sensaciones le produjo el explorar el universo de Crepúsculo desde un ángulo más oscuro?

Al principio pensé que sería divertido, me hallaba más centrada en la trama que en el personaje —algo muy raro en mí— y lo cierto es que estaba deseando dedicarle tiempo a unos verdaderos vampiros, con todas las de la ley. Tenía en la cabeza muchas escenas de destrucción que quería poner sobre papel, pero al comenzar a ver dichas escenas a través de los ojos de Bree, el personaje comenzó a ser más importante que la diversión al destruir. Cuanto más me enamoraba de Bree y de sus amigos, más doloroso se volvía el hecho de avanzar. La sensación acabó por oscurecerse de un modo totalmente distinto al que yo esperaba.

¿Qué tal fue el hecho de escribir desde el punto de vista de un personaje distinto de Crepúsculo? ¿Hizo esto que viese algo en Eclipse o las novelas anteriores de manera diferente?

Ésta es la tercera vez que escribo desde la perspectiva de un personaje de Crepúsculo distinto de Bella: también he escrito desde la de Edward y la de Jacob. La sensación ha sido, las tres veces, realmente natural; cuando escribo desde la perspectiva de Bella, siempre sé lo que piensa el resto de los personajes que participan, sólo que no llego a contarlo. Por eso me resulta divertido darle salida a esas otras voces. Una de las cosas con las que más disfruto al escribir desde otro punto de vista es con el hecho de mirar con nuevos ojos a los personajes que ya conozco. Todo encajó de verdad cuando llegué con Bree al claro del bosque. Me encantó describir a Bella y a los Cullen a través de su mirada.

En Amanecer, Bella descubre lo que se siente al ser un neófito, y ahora, los lectores podrán ver a Bree hacer lo mismo. ¿Estaba pensando en la experiencia de Bella cuando escribió la de Bree o viceversa?

Sin ninguna duda: no dejaba nunca de compararlas a las dos en mi cabeza conforme escribía, porque ambas tienen experiencias muy distintas como neófitas. Bella se adentra en su nueva vida de vampiro con una gran preparación, expectativas y tozuda determinación. Bree no tiene ni la más remota idea de lo que le está pasando, va a ciegas. Pero ambas lo hacen excepcionalmente bien, dadas las circunstancias. Imagino que el comportamiento de Bella habría sido muy similar al de Bree si hubiera sido creada de un modo similar.

En el transcurso de la Saga Crepúsculo conocemos a una gran variedad de vampiros. ¿Es Bree el único vampiro ajeno al núcleo central de los personajes de Crepúsculo para el cual ha establecido una historia tan sólida? ¿Hay algún otro personaje que le gustaría explorar de un modo tan elaborado?

Si tuviese todo el tiempo del mundo y ninguna distracción, podría escribir una historia breve de todos y cada uno de mis personajes; algunas se convertirían en relatos cortos, otras en novelas y algunas en sagas completas. Varias de esas historias son bastante sólidas —la primera época de Aro, por ejemplo, Marco y Dídima, Jane y Alec, Charlotte y Peter, Alistair, los de Denali— y a otras no les he dedicado mucho tiempo. La mayoría de dichas historias no me parecen tan importantes como la de Bree, porque la suya influye de forma muy directa en la trama central. No sé si alguna vez volveré a escribir otra historia complementaria como ésta, pero ha sido muy divertido, sin duda.

¿Le resultó más fácil o más difícil escribir sobre el universo de Crepúsculo después de haberlo visto cobrar vida en la gran pantalla?

No podría decirle, en realidad, porque escribí todo el núcleo de la historia de Crepúsculo antes de que se estrenase el primer film. Las películas constituyen un suplemento muy divertido e interesante de los libros, pero nunca han afectado a la historia que he ideado.

¿En qué orden recomendaría usted que se leyese la Saga Crepúsculo con el añadido de La segunda vida de Bree Tanner? ¿Se debería leer la novela corta después de Eclipse, o finalizar Amanecer antes de abrir las páginas de La segunda vida de Bree Tanner?

Si fuese a leer la saga por vez primera, es muy probable que leyese entera la historia de Bella antes de lanzarme a leer otros puntos de vista.

 

 

RAQUEL LANSEROS: DOS POEMAS

 

Le pido a Raquel Lanseros dos poemas de su último libro, ‘Croniria’, publicado por Hiperión, que firma este fin de semana en la Feria del Libro de Madrid. Aquí están. las dos fotos son de Robert Doisneau.

 

CANCIÓN DE LA TRINCHERA

 

Señor Amor, dueño del cielo y de la tierra

tú que puedes batirnos a tu antojo

sobre el eje inicial de nuestro impulso.

Tú que te enseñoreas sobre todo lo vivo

entretejiendo un atlas de destinos cruzados.

Tú que puedes auparte a tu albedrío

 y clavar tu aguijón sobre cualquier entraña.

¿Por qué vuelves a mí? ¿Qué vil capricho?

¿Por qué me arrojas de nuevo tu jauría?

 

He aquí, amo mío, lo poco que me queda:

mi sosiego de vidrio

la enmienda frágil de una paz absorta

mi mosaico de heridas mal curadas

                               demasiado recientes para ser cicatrices.

 

Imploro tu piedad desde mi grieta,

donde se han detenido la memoria y el ánimo.

Piénsalo bien: te costaría muy poco

                  concederme una bula de misericordia.

 

Deja a los que me quieren, esta pasión debiera

maldecirme tan sólo a mí, es lo justo.

Ya he visto antes cómo mi avidez arde

en tu hipnótica pira de dios omnipotente.

 

Descuida, soy sumisa

tu adiestramiento previo ha prosperado:

quien lo ha perdido todo varias veces

              reconoce el honor de una derrota.

 

 

 

       22 DE FEBRERO

                           Estos días azules y este sol de la infancia

                                                        Antonio Machado

 

La poesía es azul

               aunque a veces la vistan de luto.

Viento del sur escultor de cipreses

ahoga la tierra honda de dolor y de rabia.

 

Abel Martín, conciencia en desbandada

pájaro entre dos astros

nombrador primigenio de las cosas.

Juan de Mairena íntegro

espejo limpio donde se refleja

                        el rostro que tenemos de verdad.

 

Nos dejaste la vida

la palabra fecunda

la desnudez, la brisa.

Nos dejaste las hojas y el rocío

el mar

las instrucciones

              para aprender a andar sobre las aguas.

 

Y después te marchaste.

Mejor dicho: te echaron a empujones.

Siempre molestan los ángeles perdidos.

 

Dicen que desde entonces en Collioure

   no ha dejado jamás de ser invierno.

 

 

 

HOMENAJE A ROLANDO MIX TORO

HOMENAJE A ROLANDO MIX TORO

Hace unos días, en Italia, el editor y escritor zaragozano publicaba un poemario artesanal de Rolando Mix Toro. Un poemario en treinta volúmenes diferentes que contiene una selección de poemas y una suerte de poética, distribuida en pequeñas píldoras.

Esta mañana, a las doce, en la carpa de la Feria del Libro se rinde homenaje al poeta Rolando Mix Toro de Chile, dentro del ciclo ‘Literatura del mundo. Chile’.

 

Copio aquí uno de sus poemas:

VERAZ           
Tú eres mi verdad.           
Toda tú, entera.           
Y más aún cuando te horado          
y de tu pozo           
extraemos la calidez del alma,           
el hogar de los ojos,           
el relámpago que ilumina nuestras vísceras           
y nos hace ronronear,           
gruñir, contentos,           
felices del amor que nos enlaza,           
del nudo entre las piernas           
y del que liga nuestros vientres           
nuestros pechos,           
mientras lenguas sondean el verbo amar           
en el tubo del esófago del tiempo,           
en ese diapasón donde culmina           
la cuerda que da voz con su vibrato           
al acto de ser radiantes del uno al otro:           
esta bella emoción de células frisadas           
que encadenan divinidad en nuestro cuerpo.  

 

MAÑANA DE LIBROS Y AMIGOS

Chopin, visto por Delacroix en 1839.

José Luis Rodríguez García trae el sol del mediodía. En el interior de un sobre lleva dos objetos: su último libro, ‘El tercer concierto’ (Eclipsados), sobre el pianista romántico Federico Chopin, y un cuaderno que contiene los borradores de la primera parte de su novela, redactados con una apurada tinta negra, que llena aquí y allá de matices, de tachaduras y de pájaros. Agustín Sánchez Vidal firma ‘Esclava de nadie’ (Espasa), y mientras espera hojea una novela gráfica y echa en falta a Antonio Altarriba y a Kim, que han firmado el cómic del año: ‘El placer de volar’ (Ponent), que transcurre en Peñafiel, en Zaragoza, y también en los enclaves básicos de la historia de España: la batalla de Teruel, la batalla del Ebro, el exilio. León Vela, el librero y coeditor de Los Libros del Señor James, se acerca a la caseta de Eclipsados para ver sus dos últimos títulos: ‘Gimferrerías’ de Túa Blesa y ‘Cuaderno de sal’ de Carmen Beltrán. Sonríe con absoluta felicidad: “Son preciosos”, le comenta a Ignacio Escuín. El escritor soriano Raimundo Lozano publica ‘Cuentos varios’ (Eclipsados),  y constata que tiene un auténtico e inesperado club de fans: en menos de dos horas firma más de veinte ejemplares. Chusé Raúl Usón está deslumbrado con el ingenio de Elena Gusano, que escribe en aragonés ansotano, y con ‘Yésica, un abrío d’agora’ (Xordica), “una obra teatral desternillante’. Elena y Quino Villa rivalizan cariñosamente en torno al aragonés: ella escribe en ansotano, él ha firmado ‘Una tremenera de cuentez’ (Xordica) en chistabín. Aparece ‘el hombre de pelo rojo’ Lorenzo Mediano, traducido en Francia y publicado por Grijalbo, que dice que se marcha a una comunión porque “hoy no hay movimiento”. Ángel Guinda está de maravilloso humor y firma sus ‘Poemas para los demás’ (Olifante); a su lado también andan Agustín Porras y Dolan Mor. Ángel se reencuentra con Sánchez Vidal y le un gran abrazo. Le dice: “Te he seguido todos estos años, pero cuánto, cuánto, llevábamos sin vernos”. La Feria del Libro siempre es un lugar de encuentros y de reencuentros en la palabra, en la creación y en la amistad.

CARTA DE VALENTÍN ESCUDERO

CARTA DE VALENTÍN ESCUDERO

Hace unos días, gracias a la conexión Universidad Laboral 1973-1978, encontré una foto de Valentín Escudero, un compañero de BUP. Esta noche, gracias a su hija y a los hermosos misterios de Internet, Valentín entró en el blog y dejó esta nota. Un abrazo para Valentín y para los amigos de entonces:

 

Escribe Valentín Escudero:

Hermosa foto, al verla incluso a mí me ha despertado ternura y cariño. Digo que incluso a mí porque soy yo Valentín Escudero. Hace un rato mi hija (que tiene ahora la edad que yo tenía en esa foto) me ha llamado para decirme que había encontrado una foto mía alucinante en internet con un texto precioso sobre mí. Gracias por ese recuerdo, Antón. No soy filósofo, pero me dedico a dar clases de psicología en la universidad y soy psicoterapeuta (algo que me apasiona). Un saludo afectuoso.

PISÓN: PREGÓN DE LA FERIA DEL LIBRO

PREGÓN DE LA FERIA DEL LIBRO

 

 

Por Ignacio Martínez de Pisón

 

 

 Ciudadanos de Zaragoza:

  Estamos en primavera, la estación de las ferias del libro. En estos días en que unas ferias se clausuran y otras, como la de Zaragoza, se inauguran, no está de más recordar que las ferias nacieron en la España de la Segunda República como un medio para acercar la cultura a los ciudadanos. Algunos de los editores que fundaron entonces la Feria de Madrid crearon también un sistema de librerías itinerantes para que los habitantes de los lugares más remotos no se vieran privados del derecho al saber. Eran los años de las Misiones Pedagógicas y la compañía de teatro La Barraca y, a semejanza de éstas, aquellos hombres montaban en sus camiones-librería y recorrían la geografía peninsular con su cargamento de poemas, novelas, ensayos. Palabras, en definitiva: palabras que buscaban hacer a los seres humanos más sabios, más dignos, más libres.

  De esa época, concretamente de 1935, es un libro del aragonés Benjamín Jarnés titulado precisamente Feria del libro. En él, refiriéndose a una de esas primeras ferias madrileñas, escribe Jarnés: “Nunca en España se vio el libro tan mimado, tan exaltado. En todos los ojos y edades; el viejo, la muchacha y el niño recorrieron despacio las instalaciones, leyeron ávidamente catálogos, folletos; adquirieron no pocos volúmenes; escucharon atentamente las charlas del libro, esparcidas por los altavoces; leyeron las respetables sentencias colgadas de los árboles, como frutos de aquel otro árbol famoso de la ciencia. ¿Qué más puede pedirse?”

  Casi ochenta años después, esta descripción sigue reflejando con bastante fidelidad la atmósfera de una feria del libro: señal de que las cosas no han cambiado tanto. También bastantes de las reflexiones de Jarnés siguen siendo válidas. Con respecto a los “apresuramientos” y las “dispersiones” de la vida moderna, escribió Jarnés lo siguiente: “Hoy un buen libro ha de escribirse con igual lentitud y amor que en la Edad Media. Hoy un buen libro ha de leerse con igual lentitud y amor que en el Renacimiento.”

  Leemos para no olvidar. Leemos para saber más de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Leemos asimismo para saber más de los que no son como nosotros y para tratar de comprenderlos: desde Cervantes, toda buena novela aspira a plantar en nuestras conciencias la semilla del relativismo y la tolerancia. Leemos en definitiva para ser mejores y poder seguir soñando con un mundo mejor.

  Pero también leemos por el simple, honesto y antiguo placer de leer, de disfrutar de las historias que otros nos cuentan. Quienes no tienen el hábito de la lectura no saben lo que se pierden. La literatura es, de verdad, un tesoro inagotable, acaso el único del que dispone el ser humano. Cientos, miles, decenas de miles de magníficos libros de épocas, países, lenguas y culturas diferentes aguardan el momento en que nos decidamos a abrirlos y sumergirnos en su lectura y, aunque fuéramos inmortales y llegara un día en que los hubiéramos leído todos, esa promesa de placer se mantendría intacta gracias a la posibilidad de la relectura. Nada más fácil que obtener la llave que abre el cofre de ese tesoro: basta con decidirse, porque un libro lleva a otro libro y este nuevo libro a otro y a otro... Es el libro el mejor amigo imaginable. Aceptad su compañía y nunca os arrepentiréis.

 

 

 

                                                          

 

MARCHAMALO: 'TOCAR LOS LIBROS'

MARCHAMALO: 'TOCAR LOS LIBROS'

Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) es un enfermo de los libros. Los mima, los cuida, los llena de notas y exlibris, de pequeños recuerdos, de vida, los lee con un placer infinito. Tiene un sinfín de seguidores, empezando por su editora Ofelia Grande, en Siruela: cosecha cariño, complicidad y admiración por doquier. Acaba de publicar uno de sus libros tan particulares: ‘Tocar los libros’ (Fórcola), con prólogo y elogio incondicional de Luis Mateo Díez. Así comienza.

 

TOCAR LOS LIBROS

 

Por Jesús MARCHAMALO

 

Nunca hasta hace poco he sabido los libros que tengo, y de hecho jamás hasta hace poco había tenido la tentación de contarlos. Pero justo hace poco, en un ataque de insomnio recalcitrante, pensé que a efectos de adentrarse en el sopor, el hecho de contar ovejas o libros debiera ser en principio equivalente. Más aún para un tipo urbano, como yo, para quien contar ovejas es algo tan ajeno como para un ruso contar chicas de Wisconsin en un baile.

Así que me planté ante la estantería, casi de madrugada, e hice una primera prospección a tanto alzado.

 

Pongamos que un libro (medio) mida de ancho unos dos centímetros y medio. Comprueben en casa y verán cómo los libros (medios) andan siempre cerca de esa cifra media. Cabe preguntarse después respecto a la equivalencia del centímetro Georges Perec, tan cuidadoso siempre con la medida de las cosas, con el centímetro Boris Vian; o el centímetro del pulcro Azorín comparado con el centímetro del impulsivo Baroja, pero ese es otro tema y merece ser tratado en otra ocasión.

 

Las estanterías de mi casa miden un metro treinta de largo y tengo trece, es decir, casi diecisiete metros lineales, más otras seis baldas de obra de un metro de ancho capaces de contener entre cuarenta y cincuenta libros  cada una de ellas.

 

Un sencillo cálculo matemático permite afirmar que sólo en el estudio de mi casa, el sitio donde trabajo, conviven ahora mismo alrededor de mil volúmenes. Y obsérvese que digo volúmenes y no libros porque la palabra volumen entraña un cierto empaque cultural. A partir de cierta edad uno deja de tener libros, y empieza a tener volúmenes. O ejemplares.

 

El caso es que si hubiera leído todos estos volúmenes, y haciendo un cálculo razonable de una semana de lectura para cada uno de ellos, en mi cuarto tengo, redondeando, todo lo que he leído en los últimos diecinueve años de mi vida; desde Montalbán, Galíndez, hasta La ciudad de los prodigios, de Mendoza, Catedral, de Carver, La música del azar, de Auster, o Ficciones, de Borges, pasando también por ese territorio singular de los libros absurdos; entre otros, la Guía del apicultor moderno, otro sobre el supuesto envenenamiento de Napoleón, con arsénico, en la isla de Santa Helena, una Guía de plantas de interior, e incluso algún libro que negaré haber mencionado, como uno que tengo sobre Jack el Destripador, Los últimos secretos desvelados; una biografía de Pétain, y otro de recetas de Arguiñano.

 

Tampoco crean que me preocupa  excesivamente, porque en todas las bibliotecas, incluso en las de gente fuera de toda sospecha, existe siempre una parcela de libros de difícil justificación. Walter Benjamin, por ejemplo, tenía una selección especial de cuentos de hadas, Pedro Salinas coleccionaba tratados de urbanidad, Aleixandre guardaba en su biblioteca un apartado de novelas policiacas, y también hablaron mucho los contemporáneos del generoso paladar lector de Laurence Sterne, cuya biblioteca reunía desde tratados de fortificación hasta libros de obstetricia, que ustedes me dirán.

 

Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto. Marguerite Yourcenar dijo en una ocasión que reconstruir la biblioteca de una persona es una de las formas más idóneas de informarnos de cómo es. Por supuesto que los libros hablan de nosotros. De nuestras pasiones e intereses. Los libros delimitan nuestro mundo, señalan las fronteras difusas, intangibles, del territorio que habitamos.

Hablan no sólo de los lectores que somos y de los que fuimos en su momento, sino que hablan de los lectores que quisimos ser, y en los que finalmente no nos convertimos.

Se compran libros de manera caprichosa, contradictoria, dispar. Hay temas que provocan vivo interés en determinadas épocas de nuestra vida, y que se abandonan después, igual que se abandonan las certezas. Como en los estratos geológicos de un yacimiento arqueológico, los libros permiten ir desenterrando los restos de todos los naufragios.

 

UN RETRATO DE DAVID FRANCISCO

UN RETRATO DE DAVID FRANCISCO

Ángel Guinda vive una jubilación creativa y reciente. Está trabajando en un nuevo libro de poemas y en sus memorias de poeta. Hace unos días, en Madrid, David Francisco-Panda de Tolos (ese trabajador constante de la poesía en vídeo y foto y de viva voz, como librero accidental) le tomó este retrato ‘autoespecular’. Aquí lo dejo.

Cuelgo uno de los grandes poemas de Ángel Guinda, 'Autobiografía'

Autobiografía

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?
Martín Adán


Me preguntas por mi vida a bocajarro.
¿Qué puedo responder? ¿Con qué
y de qué modo? Lo que sé de mi vida
lo borra cuanto no sé de ella.
Las palabras no alcanzan,
los recuerdos confunden. Mi vida
es lo que he hecho, he deshecho,
he dejado de hacer. Para
saber de mi vida piensa en la muerte,
piensa en ti que estás viva
y has de sobrevivirme. No sé
si tendré tiempo para vivir
lo no vivido, para matar lo que viví,
para vivir la muerte antes de que me muera.
Mi vida recibe instrucciones de otras vidas
anteriores a mí, a las que sirvo
como fiel sucesor, y en mí reviven
–no tengo ojos sino para lo que no veo.
Mi vida es una noche que a la luz
no se adapta, un astro fugitivo
extraviado en la tierra; es también
la palabra que aún no me encontró,
el mensaje misterioso
que no descifraré. Aunque
mi verdadera vida tal vez se inventará.


(de La llegada del mal tiempo)