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Antón Castro

Escritores

HOMENAJE A ÁNGEL LÓPEZ GARCÍA / 2

HOMENAJE A ÁNGEL LÓPEZ GARCÍA / 2

JAVIER QUIÑONES APOSTILLA:

 

Me sumo, desde aquí, al homenaje al profesor López García. Dejo este comentario para subsanar un olvido. Además de su encomiable labor intelectual como Catedrático de Lingüística General de la Universidad de Valencia, Ángel López García es también un estupendo narrador de narrativa infantil y juvenil. Nos ha dejado, que yo tanga memoria, dos estupendos títulos que recomiendo a manos llenas ‘Atrapados por las palabras’ y ‘Los poderes de Meme’, ambos publicados en Albajoven, de la Editorial Alba.

Ambos son estupendos, divertidos, pedagógicos, interesantes...


Un abrazo para ti, querido Antón y otro para López García, animándole a que la saga de Meme no se quede cortada, muchos se lo agradecerán.

 

*Mi admirado y querido Javier Quiñones –narrador en largo y en corto, estudioso de Max Aub y de José Ramón Arana, ensayista y estupendo blogger- ha hecho esta hermosa matización sobre el trabajo de Ángel López García. La foto es de Bruce Weber.

 

 

ÓSCAR BRIBIÁN: DOS CUENTOS

ÓSCAR BRIBIÁN: DOS CUENTOS

El boxeador

 

El boxeador permanecía en el sofá de su casa, horas después de la tunda de golpes que había recibido durante el combate. Ahora estaba más nervioso que antes de subir al ring. Aquel último golpe, ese martillazo directo en su sien que había noqueado sus esperanzas de conseguir el cinturón dorado, había variado seriamente su percepción de la realidad. Frente a él descansaba el par de guantes que no le había ayudado a vencer. La televisión estaba apagada y un periódico deportivo yacía en el suelo. Pese al silencio, el boxeador seguía nervioso, y sabía por qué; tenía miedo. La corrompida realidad lo mantenía helado de frío. No temía volver a pedir una revancha y enfrentarse a su rival. No temía la oscuridad de su salón sin ventanas. Ni siquiera se acobardaría si una panda de macarras se plantara ante él pidiéndole dinero con sus navajas.

En su realidad alterada, el boxeador sólo temía a esos guantes rojos que habían decidido matarle.

 

La hoja (un relato sobre la hipocresía y la perversión humana)

Un golpe de viento facilitó la caída de la hoja seca y ésta se precipitó al suelo asfaltado de la avenida. Consciente del peligro que corría tras haber visto durante meses el paso continuo de los vehículos, intentó rodar con la ayuda del mismo viento que la había arrebatado de su familia, allá en la copa del árbol. Buscó la manera de alcanzar la acera para sentirse segura. Rodó y rodó, esquivando con fortuna la rapidez de una motocicleta y los gruesos neumáticos de un camión. Al final, un súbito remolino la elevó en el aire y ella se desplegó como un pájaro pese a su rigidez otoñal. Consiguió llegar a la acera y se sintió feliz de su proeza. Las demás hojas de la avenida, conmocionadas por aquella heroicidad, temblaron al unísono en un imposible intento por aplaudir. Al momento llegaron unos niños que se divirtieron en pisotearla y partirla en varios pedazos. Y la hoja, triste ya, esperó a que el barrendero acabara con su sufrimiento y la distanciara de allí, lejos de las risas de sus hermanas, que todavía colgaban de los árboles.

 

*Dos textos de Óscar Bribián, autor de ‘Mentes perversas’, libro de relatos que ha publicado en el sello Mira.

HOMENAJE A ÁNGEL LÓPEZ GARCÍA

HOMENAJE A ÁNGEL LÓPEZ GARCÍA

La Universitat rinde homenaje a Ángel López García,

catedrático de Lingüística General

· Definió la teoría de la “gramática liminar”, que revolucionó los estudios sobre el lenguaje en los años 80

La Universitat de València rendirá homenaje el próximo 16 de diciembre a Ángel López García, catedrático de Lingüística General, con motivo de su 60 cumpleaños. López García lleva más de 30 años dedicado a la docencia en la Universitat y, desde Valencia, ha desarrollado una intensa labor intelectual que le han convertido en uno de los referentes europeos en los estudios sobre el lenguaje. Su formulación de la teoría de la Gramática Liminar, en la que establece las relaciones entre la lengua y la conciencia lingüística a partir de un desarrollo matemático, revolucionó los estudios sobre lingüística en los años 80 y abrió diversas líneas de investigación en numerosas universidades internacionales.

Desde la publicación de Para una gramática liminar (1980), López García ha profundizado en su estudio del lenguaje, creando un importante colectivo en la Universitat (conocido como la Escuela de Valencia), e impartiendo clases y seminarios en las universidades de Virginia y Minnesota (EE.UU.), Mainz (Alemania) y Aarhus (Dinamarca), entre otras. Sus investigaciones recientes se han orientado hacia el estudio del lenguaje desde una perspectiva bioquímica: en su obra Fundamentos genéticos del lenguaje (2002), establece un paralelismo entre las leyes del código genético y las del código lingüístico.

López García también se ha destacado, a lo largo de los años, como un intelectual preocupado por los conflictos lingüísticos en España y la cultura hispánica. A este asunto ha dedicado dos de sus libros más conocidos, El rumor de los desarraigados (1985, XIII Premio Anagrama de Ensayo) y El sueño hispano ante la encrucijada del racismo contemporáneo (1991, VIII Premio Constitución). En sus obras, López García apuesta por la tolerancia lingüística y el respeto entre las culturas como paso ineludible en la modernización de España.

El acto de homenaje se llevará a cabo el 16 de diciembre a las 12 h. en el Salón de Grados de la Facultat de Filologia y está organizado por quienes han sido discípulos de López García a lo largo de los años, entre los que se incluyen catedráticos, profesores y antiguos alumnos. En el acto de homenaje se presentarán dos volúmenes con contribuciones científicas en las que han colaborado un centenar de prestigiosos lingüistas de todo el mundo.

 

Más información:

Ricardo Morant

ricardo.morant@uv.es

*Gracias a algunos amigos comunes, como Ramón Acín o Rosendo Tello o Sergio Gaspar, he conocido en los últimos tiempos a Ángel López García. Hemos coincidido en Benasque en un par de ocasiones y, recientemente con Teresa Garbí y Carmen Gascón, Vicente Almazán y Rosa, estuvimos en Rubielos de Mora. Vicente Almazán, uno de mis fotógrafos favoritos, el hombre insomne que todo lo ve, le tomó este retrato en el pueblo turolense que vio nacer a Salvador Victoria y afirmar su trabajo a José Gonzalvo. Este texto me lo ha remitido Ricardo Morant y su hijo Guillermo López.

TERESA GARBÍ: LEONARDO Y CREACIÓN

TERESA GARBÍ: LEONARDO Y CREACIÓN

Teresa Garbi, profesora zaragozana afincada en Valencia, es ensayista, narradora en breve y en largo. Y una apasionada del teatro. Hace algunos meses publicaba en el sello DVD, que dirige el poeta Sergio Gaspar, su novela ‘Leonardo Da Vinci: Obstinado rigor’. Así me ha explicado Teresa su trayectoria y las claves de su libro. La foto es de mi admirado Vicente Almazán, gran amigo de Teresa y de su marido Ángel López García, a quien están a punto de rendirle un homenaje por el conjunto de su trayectoria.

 

-¿Cómo y cuándo nació la fascinación por Leonardo da Vinci?

Siempre me había impresionado la figura de Leonardo --¿a quién no?--, pero desde que trabajé en Arte Dramático y empecé a manejar más bibliografía para mis clases comprobé que, a pesar de que se conservan tantos escritos suyos, y a pesar de lo que se había escrito sobre él, seguía siendo un personaje enigmático. Poco sabemos sobre su personalidad o sus emociones porque Leonardo parece tener vocación de sombra. Ni siquiera tenemos un retrato suyo fiable. Por todo esto y por algunas frases que aparecen en sus escritos, que yo utilizo para encabezar los capítulos de mi libro, me sentí interesada en una búsqueda profunda en torno a su personalidad.

 
-¿Cuándo se te impuso el personaje como tema?

 Después de indagar durante varios años, manejar bibliografía, visitar los lugares que él visitó, pasear los museos en donde están sus obras, me encontré con una especie de borrón del que había que entresacar las líneas esenciales que dieran forma a una sombra de Leonardo. A él le gustaba partir de ahí: de un magma de líneas de las que entresacaba un boceto. Era esto, el boceto, lo que más le interesaba, porque concebía la pintura como un poema, algo inacabado.


-¿Qué tipo de libro quisiste escribir?

No tenía una idea preconcebida. Quería acercarme a la sombra de Leonardo con respeto, con rigor. Me interesaba cómo pudo ser en medio de tanto trabajo, en medio de una vida complicada y solitaria, en la que parece imposible hacer tantas cosas como él hizo. Me interesaba, también, cómo podía ser esa persona que escribía: “Por qué sufres tanto Leonardo”, “Dime si algo se ha cumplido”, “Creía estar aprendiendo a vivir y lo que realmente hacía era aprender a morir”, “El tiempo es el ser de la nada”, “Cuanto mayor es la sensibilidad, mayor es el tormento, un tormento terrible”, que delatan a una persona compleja, llena de contradicciones, generosa y buena, solitaria, distante, hipersensible…

Por todo esto no tenía una idea de lo que iba a escribir, sabía lo que intentaba buscar: la personalidad profunda de Leonardo y lo que le llevó a afrontar sus obras tal y como él lo hizo, con una originalidad tan radical. Elegí su faceta de pintor, consciente de que trabajó en ámbitos muy diversos: arquitectura, escultura, anatomía, ingeniería militar, hidráulica, matemático, organizador de espectáculos teatrales, inventor, además de otros intereses: jinete, alpinista, músico…

 

-El libro es de un género fronterizo: es una novela, sin duda, pero también tiene algo de biografía novelada, de libro de estética artística y de viaje.

Estoy totalmente de acuerdo. Sigo un hilo argumental que pretende ahondar en los momentos que considero decisivos en la vida de Leonardo: infancia, formación con Verrocchio, estancia en Milán, con César Borgia, encuentro con Mona Lisa, estancia en Roma y enfermedad, viaje a Francia. Pero en cada momento insisto en sus ideas estéticas, en su trabajo como pintor, en sus fracasos. En cuanto a los viajes, es cierto, tienen importancia, pero es que la vida de Leonardo, por necesidad, fue itinerante, aunque afronto esa itinerancia desde un punto de vista interior.

 
-¿Cómo se concreta ese viaje interior?

Me interesa responder a una serie de preguntas: ¿Por qué se fue de Florencia?; ¿qué pensaba Leonardo cuando tuvo que abandonar Milán?; ¿por qué abandona a César Borgia?; ¿qué sintió en Roma?; ¿cómo se sentía al viajar a Francia, sabiendo que sería su último viaje? Para responder a esas preguntas me baso en sus obras, en sus ideas sobre lo que debía ser un artista y en sus reflexiones personales.

 

-¿Cuáles serían para ti esos dos o tres momentos, vivenciaS o anécdotas, que definen al personaje? El aprendizaje con Verrocchio, la elaboración de Mona Lisa…

El aprendizaje con Verrocchio me parece fundamental. Leonardo tuvo la suerte de tener un maestro como Andrea Verrocchio, que lo alentó a la dispersión, que le infundió su gran humanidad y también su capacidad de trabajo, su espíritu libre. En el encuentro con Mona Lisa intento expresar algo que se observa en la obra de Leonardo: la fusión de lo masculino y lo femenino en un ideal andrógino.

 
 -¿En qué consiste la modernidad de Da Vinci?

Sólo hay que ver el refectorio de Santa Mª delle Grazie para comprobar cómo tuvieron que sorprender sus obras. Enfrente hay un mural de Giovanni Donato, pintado al mismo tiempo que la Cena y parece mucho más antiguo. Cada obra de Leonardo es sorprendente, pensemos en el boceto de la Adoración, por ejemplo. Pero creo que lo que le hace ser moderno actualmente es su concepción del artista como alguien independiente, que no tiene que terminar sus obras siquiera, porque lo importante para él debe ser la investigación, el proceso. “La pintura es la poesía que se ve”, “Mira la luz y considera su belleza”, dice. Si a eso añadimos que cuando afrontaba una obra nueva hacía una labor de investigación que lo conducía a elaborar verdaderos tratados y que además intentaba desarrollar sus obras pictóricas o escultóricas con procedimientos nuevos para cada ocasión, nos quedamos verdaderamente anonadados ante su respeto --obstinado rigor--, por la labor artística.

 
-Hablemos de estilo, de relación con la lengua, de textura poética. ¿Cómo te planteas la escritura, la caligrafía del texto?

 Leonardo era un poeta, entre muchas otras cosas. No hay más que leer sus ideas sobre el aire azul o sus descripciones de tormentas. Por eso mi aproximación debía ser en un estilo semejante. Digamos que he caminado excavando, a veces, en el agua, en la naturaleza o buscando su sombra en los muros vacíos, en las ruinas, o en el curso de las nubes que es, al fin y al cabo, adonde él iba extraer sus dibujos 


-¿Cómo ves, cómo sientes Aragón desde lejos?

No estoy lejos. La siento cerca, porque vamos a Benasque o a Montanejos, al lado de Rubielos. Pero comprendo que la visión que tengo ahora es privilegiada porque puedo distanciarme, sentirme también mediterránea que es, al fin y al cabo lo que sentirían los que vivieron el esplendor de la Corona de Aragón en otros tiempos. En Valencia hay mucho afecto por todo lo aragonés y eso es muy agradable.

 

-¿Cuál es tu mejor o tu más obsesivo recuerdo de Zaragoza?

Me gustaba pasear de adolescente, ver iglesias, recorrer la ciudad, pisar las hojas secas en otoño en el parque. Me gustaba saborear el colorido de los días mirando desde las ventanas del colegio Politécnico o del Instituto Miguel Servet, en donde estudié. Pero recuerdo, sobre todo, el campo en la torre de mis abuelos, en Miralbueno y el Moncayo, en Tarazona, en donde pasé tantos veranos.

JUAN MARQUÉS Y SU POESÍA

JUAN MARQUÉS Y SU POESÍA

Juan Marqués (Zaragoza, 1980), poeta y ensayista, estudioso y editor de Luys Santa Marina, ganaba hace pocas semanas el premio Gerardo Diego de poesía con ‘Abierto’, volumen que publicará en breve Pre-Textos. Antes había publicado ‘Un tiempo libre’ en La Veleta. Estas son sus respuestas a algunas preguntas. Una parte de la entrevista aparecía ayer en ‘Heraldo’.

 

“La poesía no se escribe: el poeta

obedece y encuentra poemas”

 

 

¿Quién es el poeta, el sujeto poético, quién es Juan Marqués?

 

Ésta es una pregunta muy difícil porque apenas me la hago. Yo no me intereso demasiado a mí mismo: todavía no sé quién soy pero por lo menos ya he llegado a comprender que eso no importa. Y, como poeta, también busco mucho más fuera que dentro. La poesía es un camino de ida y vuelta: al poeta le llegan cosas, que él ha de digerir y después entregar ordenadas, sintetizadas, con toda la precisión que sea posible. En una de sus cartas, Rilke, hablando de no sé quién, decía que “aquél sí que era un poeta: odiaba todo lo que fuera inexactitud”. Es difícil pero en eso estamos. La verdadera poesía exige muchísimo trabajo, pero no se debe notar cuando se lee: es bueno que parezca fácil, limpia, inmediata, natural...

 

¿Desde qué estética, desde qué punto de vista lo has escrito?

 

Una de mis pocas convicciones es la de la sencillez. Todo lo que sea grandilocuencia, palabrería, retórica, solemnidad, afectación, “posturitas”... es enemigo de la poesía. A todo presunto poeta se le debería preguntar: “Usted, ¿tiene algo que decir? Bueno, pues entonces dígalo aquí y ahora, y rápidamente, con brevedad”. Si un poeta no puede decir aquello que tenga que decir en cinco o seis versos tampoco va a conseguir decirlo en cincuenta. Al contrario: todo se enfangará más si se infla. Yo defiendo el “poema pequeño”, más que el breve. Pequeño quiere decir sencillo, modesto, en voz baja, aunque después pueda o deba ser, si hay suerte, profundo, rico, inagotable... Y, naturalmente, lo normal es que el poema pequeño sea también breve, aunque yo he leído poemas pequeños de varias páginas (pienso, por ejemplo, en Juan Ramón Jiménez). Y, por otra parte, los poemas de “usar y tirar” no suelen ser buenos poemas, y éste fue uno de los principales problemas de la poesía española de los 80 y vuelve a serlo ahora entre los circuitos de esa “poesía hiperrealista, sucia, directa, cruda...” que practican y predican muchos poetas de mi edad. Un poema tiene que ir ganando y creciendo cada vez que se vuelve a él, tiene que decir cada vez más cosas. Esos poemas que lees y entiendes totalmente a la primera y ya los has leído para siempre... no sirven para mucho, aunque puedan contener mucho talento o una buena porción de verdad.

            Me gustaría continuar o incorporarme al trabajo necesariamente solitario de algunos poetas españoles que creo que son especialmente conscientes de lo que hacen, que tienen muy clara cuál es su voz y su aportación, y que en buena medida están depurando toda la tradición (y no sólo española, ni mucho menos), desbrozando y reciclando todo lo heredado para brindarlo al presente y, tal vez, al futuro. Mis modelos inmediatos y, por así decirlo, “vivos”, están en Luis Muñoz, Álvaro García, Isabel Bono, Lorenzo Oliván, el libro ‘Así procede el pájaro’ de Juan Antonio Bernier, o, por nombrar a dos poetas zaragozanos jóvenes cuya poesía no sólo me interesa sino que me importa, el admirable libro de David Mayor (el mejor poemario que ha dado nuestra tierra en lo que llevamos de siglo XXI) y el precioso y robustamente delicado ‘Libro de los ibones’ de Ángel Gracia. Todo éstos son buenos ejemplos de lo que se puede llegar a conseguir, aunque yo necesitaría vivir y esforzarme durante cuatrocientos años para alcanzar la sensibilidad o el temblor de alguno de ellos.

 

¿Dónde transcurre, en qué marco, físico, mental o simbólico?

 

Si en ‘Un tiempo libre’ había sólo un “poema zaragozano”, y el resto eran ya posteriores al 1 de septiembre de 2oo5, cuando me fui a Madrid, todos los poemas de ‘Abierto’ son ya, claro, posteriores a aquello. El poema más antiguo, un boceto de poética que se titula “Casa roja en la nieve” (y que lleva una cita de Simic que me parece una definición impresionante de lo que desde cierto punto de vista es la poesía), lo escribí en una escapada a Reykjavik hace ahora exactamente dos años, en noviembre de 2oo7, y el más reciente de los que se van a publicar en ese libro es de este pasado septiembre (aunque todavía no he enviado la versión definitiva a Pre-Textos y tengo tiempo para pensarlo todo mejor). Es decir, que el libro se ha escrito a lo largo de veintidós meses. ‘Un tiempo libre’ se publicó en diciembre de 2oo8, pero yo lo había entregado en febrero, así que mis dos primeros libros no van a ser realmente tan próximos como le pueda parecer a quien sólo lea los colofones.

 

¿Por qué has escrito este libro, qué quieres decir?

 

No se puede no escribir, es inevitable. Yo podría dejar sin ningún problema la crítica literaria, mis timidísimos intentos narrativos, los ensayitos... pero la poesía no se escribe. Jamás (o al menos desde que cumplí veinte años) me he sentado a escribir un poema. Todos nacen en otros momentos, generalmente cuando camino. No quiero ponerme demasiado “espiritual” ni “gamonedista” porque no me caen bien esas magias ni esas homilías, pero es verdad, hasta cierto punto, que el poeta obedece. No es, por supuesto, un antipático “demiurgo” entre la fuente de la poesía y el papel, sino un autor consciente y soberano, pero la inspiración existe, las “epifanías”, lo recibido... Yo, más que de escribir, tengo la sensación de encontrar poemas. E incluso intuyo que los poemas que escriba dentro de siete, diecisiete o treinta años ya existen de algún modo, ya están ahí, pero yo todavía no soy capaz o no estoy preparado para detectarlos, reconocerlos, descifrarlos, aislarlos, hacerlos míos..., escribirlos.

 

¿En qué momento, con qué estado de ánimo has escrito ‘Abierto’?

 

No quiero ni presumir de cosas que no he recibido por méritos propios ni fingirme parte de un ambiente que me sobrepasa por todos lados, pero, siendo estrictamente sincero y haciendo repaso cabal de lo que me ha convertido en el que poeta que al parecer empiezo a ser, mi formación no se explica sin la Residencia de Estudiantes. Yo leo vorazmente desde que tengo uso de razón, y escribía tímidamente y mal desde que empecé Filología Hispánica en 1998, pero nunca pensé en publicar (aunque Ana María Navales quiso para ‘Turia’ un poema que ahora ya no me representa y mi querido amigo Nacho Escuín incluyó en ‘Noreste’ cinco o seis textos de los que tampoco puedo estar ahora satisfecho). Pero desde que llegué a la Residencia, gracias a un informe incontestable de José-Carlos Mainer, a quien se lo debo casi todo, el tiempo y el espacio se dilató: los días duraban unas cuarenta horas y, por primera vez en mi vida, tenía una pequeña habitación para mí. El contacto con el resto de compañeros becarios hizo mucho, e ir consiguiendo después otros amigos, encontrar otras lecturas, aprender a mirar de otro modo... me llevó a que un día Andrés Trapiello me preguntase si yo escribía poemas, y un año después conseguí ordenar un primer libro que le gustó lo suficiente como para quererlo en la colección que dirige en Granada (una ciudad en la que, por cierto –y me avergüenza tener que confesarlo, a mis veintinueve años...–, todavía no he estado).

 

¿Cómo se vive en la Residencia de Estudiantes, que es lo más emocionante, lo más bello?

Es vivir en uno de los corazones de Madrid, con todos los beneficios que eso implica pero sin ninguno de los inconvenientes. Nadie se podría creer el silencio que puede llegar a existir entre los delirios paralelos del Paseo de la Castellana y la calle Serrano, y es impagable. Pero lo mejor son los compañeros y muchos de los visitantes, y todo lo que enseñan. Han sido cuatro años de crecimiento constante, que continúan en buena medida porque sigo viniendo todos los días. Y me alegra poder devolver con este libro algo de lo que aquí he recibido, incrementando humildemente la literatura escrita en este lugar.

¿Qué se siente cuando a uno le toca el bote en poesía y gana 12.000 euros en tiempos de crisis?

Uno de los poemas premiados dice, precisamente, que “no hemos sido creados para hablar de dinero”, pero te puedo decir que, desde luego, ese cheque tranquiliza bastante. El dinero es lo más detestable y sucio que existe, pero también es tiempo, y libros, y algún viaje... Me presenté al premio antes de verano, cuando se terminaba la beca y todavía no era seguro lo del contrato que ahora disfruto. Ahora todo ha ido saliendo bien y estoy plenamente contento, aunque mucho más por el libro que por el premio. No sé por qué, pero la verdad es que siempre he tenido buena suerte.

 

*He tomado esta foto de una información elaborado por Beatriz Pablos, de la Residencia de Estudiantes.

EL PERRO DALÍ Y OTRAS HISTORIAS

EL PERRO DALÍ Y OTRAS HISTORIAS

En las últimas semanas, Víctor M. Juan Borroy, el sabio de la pedagogía, había proclamado su añoranza por Mariano Gistaín y su mundo. Una añoranza unánime. Mariano ha vuelto en poblada compañía y con su mejor prosa y con muchas novedades en su Texto Casi Diario - María Pilar Clau y Mariano Gistaín. Acabo de encontrar este relato real con perro, de nombre Dalí:

 

Dalí es el nuevo perrito de Joaquín.

Es un podenco de cinco meses y tiene el mejor amo del mundo.

Antes de Dalí, fueron Karen, Sara y Óscar.

Joaquín tuvo también un águila, Pepito. Un bello ejemplar de rapaz que al que salvó, crió y cuidó con esmero. Pepito volaba en libertad, pero acudía sin excepción cada vez que lo llamaba Joaquín.

Todo un espectáculo: la llamada del hombre, la llegada del águila que aterrizaba en su brazo, el mutuo halago, la ternura que rezumaban sus miradas; dulce depredador con una elegancia que no le abandonaba en ninguno de sus movimientos.

Joaquín ha bautizado a todos los animales que ha tenido con nombres de persona, y todos han mostrado cualidades humanas.

¿Conseguirá que Dalí aprenda a pintar?

En esta ocasión, el nombre se lo ha puesto Marga. Como ella es una magnífica pintora, quizá esté dispuesta a enseñarle.

MiniManifiesto

Que haya un Plan E para poetas

Escribimos juntos

Escribimos juntos. Tenemos un libro a punto de entrar en la imprenta.

También hemos escrito una novela.

Tenemos otra en camino.

Y nos amamos más que ayer.

 

ELÍAS MORO: 'YO ME ACUERDO'

ELÍAS MORO: 'YO ME ACUERDO'

Elías Moro estuvo en Zaragoza y yo no lo pude ver ni conocer. Me dio mucha pena. Acabo de recibir, dedicado, su libro: ‘Me acuerdo’, que es un homenaje a Georges Perec y un viaje, más o menos aleatorio por su propia vida: Elías, madrileño afincado en Mérida, habla de lo que recuerda, habla de los recuerdos inventados, y poco a poco, relato a relato, recuerdo a recuerdo, aforismo a aforismo, completa un libro estupendo, en el que puedes entrar y salir y volver a entrar a tu antojo. Siempre hay algo que es también tu autorretrato, las maletas de tu memoria. Lo leí entre anoche y esta mañana en la cama, mientras caía la lluvia –no caía: sollozaba- y me lo he pasado muy bien.

 

Me encantó esta pieza maravillosa:

ME ACUERDO de un día de Reyes en me regalaron un caballo de cartón, un caballo similar a los que usaban entonces los fotógrafos por la calle. Monté en él y desaparecí. Me encontró mi madre tres horas más tarde con el festín a punto de acabar; faltaba medio caballo y en ese preciso momento me estaba comiendo una oreja, tan ricamente.

 

Y esta:

ME ACUERDO de Gaspar, un zapatero cojo y remendón que tenía dos hijas preciosas. Era paisano de mi madre y yo aprovechaba el medio parentesco para acercarme todo lo que podía a aquellas dos beldades.

 

Y esta:

ME ACUERDO de un álamo temblón en la  vega de un arroyo en cuya corteza grabé tu nombre.

 

Y esta, que me impresiona (siempre he estado un poco enamorado de Lee Remick):

YO ME ACUERDO de Lee Remick diciéndole a Jack Lemmon en ‘Days of wine and roses’: “Un día soñé que me mataron. Fue allí, junto al embarcadero. Mi padre vino a recoger mi cuerpo en su vieja furgoneta de reparto”.

 

‘Yo me acuerdo’ (Calambur, 2009) de Elías Moro es una invitación constante a recordar, a soñar y a escribir. Es un libro realmente delicioso. (En la foto, Lee Remick en 'Anatomía de un asesinato', 1951. Moderna, misteriosa y guapa, casi una 'femme fatale'.)

ÁLEX NORTUB: EL ARTE Y LA MADRE

ÁLEX NORTUB: EL ARTE Y LA MADRE

Descubrí un día, por puro azar, buscando una foto de pintores, el blog de Alex Nortub (Ordino, Andorra, 1970) y me encantó. Me encantó esa fusión de literatura, música y arte, esa capacidad de sorprender al lector. Lo he seguido desde entonces. Alex reside en Mataró y es autor de dos libros: ‘El triste festín’ (2002) y ‘Tras el pinar un grito’ (2007). Reside en Mataró y de vez en cuando, a hurtadillas o en secreto, se acerca por Zaragoza a ver exposiciones. Estuvo en la muestra de Pepe Cerdá en la Lonja. Esta mañana he entrado en su página y he descubierto este texto y una selección de pinturas sobre madres, un tema que me fascina. Me encantan los libros sobre la figura de los padres: las novelas, los poemas. Me gustan muchos los cuadros sobre los padres. Traigo el texto, el link (http://hoteljuntoalavia.blogspot.com), aunque ‘Hotel junto a la via’ de Álex Nortub está linkado aquí. En la foto, vemos un retrato de la madre de  Vincent van Gogh, que le hizo su hijo en 1888.

 

MADRE MÍA DEL AMOR HERMOSO!

Por Álex NORTUB

Madre mía del amor hermoso! Acabo de descubrirlo! Sí, lo he descubierto yo solito, sin ayuda de nadie, sin la ayuda de google ni de la wikipedia. Madre mía del amor hermoso! Lo he descubierto así, de pronto, ha sido como una revelación celestial, divina. Sí, creo que ha sido una revelación celestial, seguro, algo a tenido que ver el cielo en todo esto, en el hecho de ser el elegido para descubrir una nueva corriente artística, un movimiento velado, un nuevo ismo que ha permanecido oculto durante siglos, un nuevo ismo que es en realidad el más antiguo de los ismos. Madre mía del amor hermoso! Sí, así es, estoy hablando, señoras y señores, del Maternalismo. Sí, han leído bien, creo, Ma-ter-na-lis-mo. En qué consiste, se preguntarán todos ustedes mientras rascan sus mentones. Pues digamos que muchos han sido los artistas que han captado las miradas, gestos y acciones cotidianas de sus madres. Así es, de eso hablo, de una corriente artística que consiste, simplemente, en retratar a la persona que a uno le trajo al mundo, esto es lo que une a Los Artistas Maternalistas, la desmedida devoción que sienten por sus madres, el haberlas retratado en alguna ocasión y un exagerado complejo de Edipo. Madre mía del amor hermoso! Sí, así es, deberíamos hablar de un arte maternal. Madre mía del amor hermoso! Un movimiento heredado, de siglo en siglo, que ha ido conformándose ocultamente. Sí, algo así como la Masonería, pero en corriente artística, claro, sí. Madre mía del amor hermoso! Desde Alberto Durero hasta Andy Warhol muchos han sido los artistas que se han sumado al carro del Maternalismo. Aunque haya permanecido oculto es, sin duda, un movimiento que debería se tan valorado como el dadaísmo, el surrealismo, el cubismo, el futurismo, el fauvismo o el expresionismo. Miembros de esta extraña secta han sido artistas tan famosos como Rembrandt, Reni, Whistler, Van Gogh, Hopper, Picasso, de Chirico, Dalí, Freud o Hockney.

Madre mía del amor hermoso! Lo que he descubierto. Sí. No cabe duda, nadie puede negarlo.

Pero, al fin y al cabo, como bien dijo Tristan Tzara:

¡Miradme bien!

Soy un idiota, soy un farsante, soy un bromista.

¡Miradme bien!

Soy feo, mi cara es inexpresiva, soy bajito.

¡Soy como todos vosotros!