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Antón Castro

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DIÁLOGO CON JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA

DIÁLOGO CON JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA

JUAN DOMÍNGUEZ COMPLETA EL 'ARAGÓN LEGENDARIO'

El pasado jueves, Juan Domínguez Lasierra, redactor jefe de ‘Heraldo’ y jefe de cultura durante años, presentaba en Ámbito el libro ‘Aragón legendario’ (Delsán), que es como su enciclopedia personal, elaborada a lo largo de 25 años, de los mitos aragoneses. El próximo domingo, Juan está de invitado en ‘Borradores’ de Aragón Televisión. Aquí responde a una entrevista  global sobre el libro.

-¿Desde cuándo te interesa el mundo fantástico de Aragón?

 --Si concretamos la fantasía al ámbito aragonés, digamos que ya en los setenta, cuando preparé la antología del cuento aragonés, “Cuentos, recontamientos y conceptillos aragoneses”, surgieron relatos del mundo legendario: de ahí mis otras dos antologías, de aquellos mismos años,  “Cuentos infantiles aragoneses” y “Brujas, demonios y  aparecidos”. Ellas fueron el germen de mi inmersión en el mundo fantástico, mágico y maravilloso que se concreta en el “Aragón legendario”.

 -¿Cómo surgió el proyecto de ‘Aragón legendario’ y cómo ha ido cristalizando?

--Fue un proyecto para el Semanal de Heraldo de Aragón de los años ochenta, que dirigía Ricardo Gil. El inicio fue un domingo 14 de diciembre de 1982. Han pasado desde aquella fecha casi treinta años, que son los mismos que el libro ha tardado en escribirse, reescribirse y publicarse por la editorial Delsan. Luego, en sucesivas entregas, el ”Aragón legendario” fue publicándose en el Semanal hasta el 22 de junio de 1986. Pero el Semanal se interrumpió, y la serie también. Ya en el año 84,  y posteriormente en el 86, la Colección Aragón, de Librería General, dirigida entonces por Luis J. Boya, publicaba en dos volúmenes (64 y 65) los primeros ocho capítulos de aquella serie aparecida en Heraldo: Hércules; Las Piedras Míticas; la Gigantomaquia; Duendes, espíritus y fantasmas; Dragones y otras fantasías animales; Demonios y endemoniados; Brujos, brujas y brujerías, y las Moricas encantadas, también con los dibujos de Natalio Bayo. Estaban anunciados otros dos volúmenes, pero la Librería General pasó por un cambio de propiedad, la Colección Aragón desapareció, y aquellos otras dos entregas anunciadas no vieron la luz. Pero yo seguía empeñado en mi mundo legendario. Era una catársis, si se me permite el término. Del realismo cotidiano del periódico yo pasaba, por las noches, al planeta de lo mítico, la fantasía, la imaginación, lo maravilloso, lo insólito, lo parahistórico...  Y la revista Turia cobijó  los nuevos capítulos, del número 16 al 22 (febrero del 91-octubre del 92): jardines maravillosos,  locuras de amor, el santo Grial, las glorias caballerescas...   

-Defíneme un poco esta edición y cómo la has redondeado.

--Supone, por un lado, la reunión de todos esos capítulos dispersos entre “Heraldo” y “Turia”, y por otro, la actualización y ampliación con nuevas aportaciones, dado que la bibliografía sobre el tema se ha ampliado considerablemente en los últimos años: Aquí debo citar a tantos recopiladores y estudiosos que como Ángel Gari, Rafael Andolz, Antonio Beltrán Martínez, Alfonso Zapater, Alberto Serrano Dolader, Agustín Ubieto Arteta, Chema Gutiérrez Lera, José Antonio Adell y Celedonio García, Enrique Satué Oliván, Adolfo Castán, Javier Sáenz Guallar..., que me han obligado a reescribir, una y otra vez en estos años, el libro ahora publicado.  

-¿Qué ha significado la compañía de Natalio Bayo, cuál ha sido su participación en este ‘work in progress’?

-- Una fidelidad absoluta: estuvo conmigo en la serie del Heraldo, después en los libros de la Colección Aragón y, con nuevas ilustraciones,  en el “Aragón legendario” que ahora aparece. Ha sido un compañero de viaje imprescindible.

-De manera general, ¿cómo podríamos definir el imaginario de las leyendas de Aragón? ¿Es rico, sobrio, a qué estaría más vinculado explícitamente? 

-- Aragón, que siempre se ha definido más por sus historiadores, eruditos, filólogos y científicos, tiene también una veta fantástica menos valorada, que encuentra en el humor socarrón, irónico, filosófico (pensemos en Gracián) del cuento popular, y en el surrealismo, eminentemente representado por Buñuel,  sus dos características más acusadas.

 -De manera más concreta, ¿en qué es más genuino Aragón: en gigantes, en jardines encantados, en brujas y duendes…?

--Hay una riqueza enorme en todo tipo de seres fabulosos e imaginarios. El tema de brujas y endemoniados es infinito, como bien han puesto de manifiesto los estudios de Ángel Gari o María Tausiet, pero los cuentos populares con elementos fantásticos están en cada pueblo y rincón de Aragón. Levantas una piedra y sale una leyenda, un cuento, un milagro, una historia...  

¿De dónde viene el nombre de Aragón?

 -- De Hércules, nada más y nada menos. Según la mitología herculiana, el nombre de Aragón procede de haberle dado ese nombre al río pirenaico, que, a la postre, dio nombre a todo el Reino.  Al río lo denominó Aragonio y a la provincia Aragonia, partiendo de la etimología de ara, o altar de juegos y sacrificios, y de los juegos agonales o agones.  De ahí, de “ara” y “agón”, surgió Aragón. Pero cualquiera sabe lo que dicen a esto los etimologistas...

 -Una de las historias más bonitas del libro es ‘El palacio del encantador Atland. ¿Podrías contárnosla en breve y valorarla?

 -- Es una historia que serviría de excepcional argumento para esas películas de fantasía que tanto triunfan ahora.  Basándose en Ariosto, el francés Florentin Ducos versificó la epopeya tolosana sobre la guerra de los albigenses, la historia del “encantador de las cumbres”, o el “viejo ermitaño de las montañas”, el nigromante o mago Atland, que creó en la cumbre del Monte Perdido el más fabuloso palacio imaginable. Ese Atland no sería otro que un enviado de los dioses para crear al primero de los seres nacidos de la conjunción entre los hijos de la tierra y los hijos del misterio. Una especie de divinidad creadora que hacer surgir, en medio de aquella reedición del paraíso terrenal, la nueva criatura que poblará el universo. En ese palacio se alza más que un palacio una ciudad fortificada de maravillosos jardines, palacios y torres construidas en mármol, y a la que no se puede acceder más que en caballos alados. Allí moran animales salvajes que solo reviven de su inmovilidad cuando Atland agita su varita mágica, y suceden muchas historias, que sería largo enumerar... Un auténtico paraíso terrenal en la cima de las montañas más altas de Aragón. 

-Leyendo con atención el libro, podría dar la sensación de que Aragón es tierra de endemoniados. ¿Lo es realmente? 

-- Si nos atenemos a lo que dicen los procesos inquisitoriales, sí. Los hubo y en cantidades masivas: Los fenómenos de Tena, Luna y Tosos son explícitos, las romerías de Santa Orosia y al monasterio de la Balma, o al Cristo de Calatorao, también. Otra cosa es que esas pobres criaturas fueran poseídas por el diablo o por factores más terrenales.  

-Uno de los capítulos más largos es el de ‘La Casa del Duende’ ¿Por qué? 

-- Porque es un suceso que en su día conmocionó a toda España, y que ha pervivido en el imaginario colectivo zaragozano hasta nuestros días. La casa en que sucedieron los hechos se ha mantenido en pie hasta hace poco, y recientemente me llamaron desde Valencia porque estaban haciendo una película sobre el tema...  

-Parece que Aragón es territorio de locuras de amor…

-- Felizmente. La historia universal de los Amantes de Teruel ha ocultado muchas otras locuras amorosas, pero las ha habido, y un reciente libro se ocupa exhaustivamente de ellas.  

-¿Qué es lo que más te ha sorprendido al recomponer el libro? 

-- La abundancia, la riqueza, la variedad... Como decía Víctor Balaguer hace más de un siglo, no hay edificio que no tenga su historia, peña que no recuerde  una tradición, sitio que no haya dado origen a una crónica. Como decía antes, levantas una piedra y sale una leyenda.   

-¿Cuáles serían las figuras, los mitos genuinamente aragoneses?

--Hay una estrecha relación entre la montaña  y los mitos. Los Pirineos, el Moncayo y las sierras turolenses están íntimamente unidas a interpretaciones legendarias. Hércules es una figura reincidente, como Roldán. El diablo también es protagonista de innumerables historias en las que, por cierto, siempre sale burlado gracias al ingenio de nuestros avispados paisanos. Personajes como Pedro Saputo ejemplifican la sabiduría del pueblo, frente al tópico del baturro  necio e ignorante, que es una creación mucho más moderna.   

 -Algunos han escrito que Aragón es tierra sin imaginación. ¿Se puede sostener esto tras leer este libro? 

--Se puede sostener que hay un sustrato cultural lleno de creencias, leyendas, mitos, cuentos, dichos, tradiciones... Otra cosa es que la imaginación supere ese sustrato y hayamos sido capaces de convertirla en algo sustancialmente creativo y vigente.   

-Por cierto, ¿qué dificultad entraña rescribir una leyenda?

--Salvar la intrincada y espesa retórica de los antiguos narradores, o, al contrario, condimentar la sequedad de los narradores orales. Y todo ello, sin pasarse ni en lo uno ni en lo otro.  

--Si no te parece mal, me gustaría que comentaras el pequeño y bonito párrafo dedicado a Ana María Navales.

-- Este libro se ha revisado, ampliado y concluido tras la muerte de Ana. Le dedico el libro y le dedico las líneas finales de la introducción. Yo creo que ellas hablan por sí mismas y no necesitan más comentario: “Mi recuerdo inevitable e imprescindible a mi hada mágica, a mi bruja maravillosa, a mi encantaria suprema, a mi Ana María siempre, a quien dedico este libro, y todos los libros que pueda hacer. Ella me enseñó a escribirlos”. 

 

Aragón Legendario. Juan Domínguez Lasierra. Ilustraciones de Natalio Bayo. Delsán. Zaragoza, 2009. 458 páginas. (En la foto, un niño, Juan Domínguez Lasierra y su encantaria Ana María Navales, que falleció este verano. Juan prepara ahora la edición de su novela póstuma centrada en Virginia Woolf y en su hermana.)

 

 

LUIS ALEGRE SOBRE '¡VIVA BERLANGA!'

LUIS ALEGRE SOBRE '¡VIVA BERLANGA!'

Conociste a Berlanga en ‘La Vaquilla’, en 1984. ¿Qué es lo que más te impresionó de él?

De entrada, su extraordinaria calidez y amabilidad. Fui a Sos del Rey Católico con el desaparecido Alberto Sánchez para hacerle una entrevista y, sin conocerme de nada, enseguida me invitó a quedarme en el rodaje y hacer de figurante. Y me gustó mucho descubrir el niño pillo, gamberro y tocahuevos que tenía dentro.

¿Qué criterio aplicaste a la selección del libro ‘¡Viva Berlanga!’ (Cátedra), cómo lo pensaste? ¿Qué buscabas?

Quería que el libro aportara algo a lo que se ha publicado sobre Berlanga. Pensé que podía ser interesante confeccionar un retrato de Berlanga a través de las miradas de una serie de cineastas españoles de diversas generaciones. Nadie mejor que un cineasta español para ponerse en el lugar de Berlanga y admirar su extraordinario mérito. Como ocurre con todos los clásicos, cada uno tenemos “nuestro” Berlanga y yo quería que esos cineastas contaran cuál era “su” Berlanga. El libro es, por ese lado, una polifonía de miradas sobre Berlanga. El volumen recoge también cerca de 100 fotos, la mayoría inéditas, que recorren la vida de Berlanga. Y me lo pasé muy bien escribiendo una crónica de su vida salpicada de comentarios del propio Berlanga –o de otros que han escrito o hablado sobre él- que he rastreado por diversos libros y entrevistas. Es muy difícil que Berlanga diga algo convencional. Suele ser muy cáustico y divertido.

Varios aplicáis términos elogiosos a Berlanga: el de genio del cine. E incluso José Luis García Sánchez dice “dirige como Dios”.

En general, es muy difícil hacer una película que casi todo el mundo considere que es una obra maestra. La inmensa mayoría de los cineastas no lo logran nunca. Como decía Fernán Gómez, conseguir eso es una especie de milagro. Bueno, pues Berlanga, en un cine tan endiabladamente complicado como el español, ha logrado ese milagro tres veces: con “Bienvenido Mr. Marshall”, “Plácido” y “El verdugo”. Si quien consigue eso no es un genio, entonces no sé qué es un genio.

 ¿Qué quieres decir cuando dices que no se puede ser más español?

El cine de Berlanga ha hurgado en la personalidad esencial de España y de los españoles apoyándose en tradiciones culturales profundamente españolas: el sainete, la picaresca, la tragicomedia grotesca, el humor negro o el esperpento. Si dentro de 200 años alguien quiere saber cómo era de verdad la España de la segunda mitad del siglo XX, lo mejor que puede hacer es ver algunas películas de Berlanga. Como dice Pepe García Sánchez, España es un país de secundarios y eso, el cine de Berlanga, lo refleja maravillosamente.

¿Qué ha significado Berlanga para el cine español?

La aparición de Berlanga en los años 50 disparó la calidad del cine español hasta niveles inéditos. Sus películas supusieron un enorme subidón de autoestima para nuestro cine. Y, concretamente, su alianza con Rafael Azcona ha sido lo mejor que nunca le ha ocurrido al cine español. Por otro lado, Berlanga también resume algunas de las sombras y debilidades de nuestro cine: es muy revelador que alguien de su talento encontrara tantas dificultades –políticas e industriales- para hacer su cine. Es impresionante saber que más de sus 30 guiones nunca pudieron ser rodados, por la censura y otras causas.

Sexo, humor y libertad parecen oponerse a su concepto más general: “el mundo es una mierda”. ¿Cómo se liga todo eso: la apología de la vida y la certidumbre del horror de vivir, por decirlo así?

En realidad, es una postura muy coherente: Berlanga cree que el mundo y la sociedad son una completa basura. De ahí que el reto sea sacudirnos esa mierda celebrando las mejores cosas de la vida.

Cerramos: Berlanga y Aragón. ¿Cómo defines esa relación, qué vínculos ha tenido con aragoneses?

“Los jueves, milagro” se rodó en el balneario de Alhama de Aragón y “La vaquilla” en Sos del Rey Católico. Berlanga ha tenido y tiene muchos amigos aragoneses: Julio Alejandro o José Luis Borau, por ejemplo. Siempre que yo le he invitado a venir ha venido, con cualquier pretexto. Zaragoza le resulta una ciudad muy confortable. Siempre que hemos cenado los amigos con él –en casa Berna o en Casa Emilio- hemos acabado las cenas con un ¡Viva Berlanga! El título del libro se me ocurrió por eso: es muy exaltante y gamberro, como el propio Berlanga. Además remitía a ¡Vivan los novios¡ y a ¡Viva Rusia!, uno de sus proyectos frustrados.

 ¿Al lado de quien pones a Berlanga? ¿Rossellini, Zavattini, De Sica…?

Lo pongo al lado de Billy Wilder, Jean Renoir, Rafael Azcona, Fernán Gómez o Luis Buñuel. Al lado de los mejores.

¿Cuáles son tus tres películas favoritas de las suyas?

No voy a ser nada original: “Plácido”, “El verdugo” y “Bienvenido Mr. Marshall”. Hay mañanas en las que pienso que su mejor película es “Plácido” y otras en las que creo que es “El verdugo”. Hay otra película de Berlanga por la que siento debilidad: “Calabuch”. Fue la primera película que vi de él. Yo tendría ocho o nueve años y la vi en mi casa de las afueras de Calamocha, al lado de mis padres y hermanos, en la primera tele que mi padre compró. Recuerdo esa noche como si fuera ahora mismo.

*En la foto, Luis Alegre en un dibujo de Josema Carrasco, que presentó hace poco en compañía de Juan Royo su segundo tomo de 'Ciclocirco'.

NUEVO LIBRO DE RAÚL HERRERO

NUEVO LIBRO DE RAÚL HERRERO

El poeta, editor y pintor Raúl Herrero, responsable de Libros del innombrable y editor de Josep Soler, Premio Nacional de Música estos días, me manda este correo. Ese día, a la misma hora, con Luis Alegre y otros amigos, estaré en Castejón, en el valle de Benasque. Aquí queda la convocatoria del acto, junto a la valoración de la trayectoria de Raúl, según autores y amigos.

 

AUDICIÓN-FIESTA-PRESENTACIÓN DE ‘LOS TRENES SALVAJES’


 NUEVO POEMARIO DE RAÚL HERRERO

Día: Viernes, 11 de diciembre de 2009

Hora: 20:30 h. (Para la prensa a partir de las 20:00 h.)


Lugar:
Rock Moog

Espacio de Arte lamalamug


C/ Santa Isabel, local 2

50003-Zaragoza

al lado de la plaza del Justicia en el Casco Histórico




El nuevo poemario de Raúl Herrero cuenta con prólogo del desaparecido
poeta y pintor Antonio Fernández Molina y dibujos de Isabel Fernández
Echeverría. En portada figura un collage realizado por Juan Francisco
Nevado.
Tras una breve presentación del volumen por María José Benedí, seguirá
una audición de hora y media, creada en especial por el autor para la
ocasión con música relacionada con temas del libro. Durante la sesión
se escuchará música de The Beatles, Thelonious Monk, Pink Floyd,
Kroke, Bob Dylan, Robert Johnson, Frank Sinatra, Sammy Davis, Jr.,
Paul McCartney, Melody Gardot, etc.


La audición no consistirá en una sucesión de meros temas, sino en un
río musical con temas engarzados unos con otros que recorrerán todo el
espacio artístico y vital del libro.


La artista plástica Irina Kuznetsova realizará una instalación
especial en la sala acorde con los temas y la estética del libro.
A todos los asistentes se les agasajará con un cóctel de bienvenida.
A los miembros de la prensa que se aproximen al lugar a partir de las
20:00 h. el autor responderá gustoso a las preguntas que tengan a bien
realizarle antes del comienzo de la presentación.

Al final del acto el autor firmará ejemplares de su obra.


“A mí sólo se me ocurren Carlos Edmundo de Ory, original y sorprendente
y mi admirado Antonio Fernández Molina, genial siempre. Algún Gradolí, que se aleja sin desearlo de su mediterraneidad y entre las nuevas generaciones, un extraordinario Raúl Herrero, que va para clásico”. José María de Montells

El poeta se inserta con entusiasmo y duende en los movimientos
literarios más renovadores. Favorecen su imaginación y su rebeldía. Y muy especialmente sus juegos artísticos y su reivindicación del azar.
Luce Moreau-Arrabal


Es precisamente ahí en el choque entre lo concreto y lo abstracto,
donde encuentro la fuerza de los poemas de Herrero, así como en sus imágenes...
Jóhann Hjálmarsson


Herrero nunca sucumbe a la arrogancia ni al dogmatismo, siempre se
muestra reflexivo y pensativo.

Viveca Tallgren


Creador audaz, Raúl Herrero, fracciona su tiempo a modo de tablero de
ajedrez y, amigo de Roberto Goa, escribe con los ojos, mira con las manos y pinta con el corazón.

Antonio Fernández Molina

*La foto es de Bogdan Zwir, un profesional ruso que trabaja muy bien las atmósferas fantásticas y coloristas.




DIALOGO CON JOSÉ LUIS MELERO

DIALOGO CON JOSÉ LUIS MELERO

José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956), bibliófilo, escritor y consejero del Real Zaragoza, presenta ayer en Los Portadores de Sueños su libro ‘La vida de libros’, con Luis Alegre y Félix Romeo. Los artículos se publicaron en el suplemento ‘Artes & Letras’ de HERALDO.

 

- “Siempre procuro que los artículos

salgan enjundiosos pero no solemnes”

-“Siempre me han gustado más los escritores

olvidados que los consagrados”

-“En general el libro apuesta por la bondad,

la alegría y los personajes nobles”

-“Hay que buscar siempre la excelencia

para así quedarse en el notable”

 

¿Cuál es el criterio para la elección de los artículos?

Trato siempre de ponerme en el lugar del lector y de pensar qué me gustaría leer a mí, qué me gustaría que me contaran. A mí me interesan mucho los saberes no codificados, aquellos que no aparecen en los manuales. Porque son los que distinguen a los lectores de raza de los lectores sometidos al dictado de los suplementos culturales y los intereses editoriales.

 ¿Qué busca en cada pieza: lo chocante, lo erudito, el humor, lo desconocido?

 Sobre todo trato de aportar información de primera mano que pienso que puede ser poco conocida. Y siempre procuro que los artículos salgan enjundiosos pero no solemnes. Hay que huir de la solemnidad como de la peste. También en muchas ocasiones me gusta mostrar cuál es mi punto de vista sobre el tema que estoy tratando, es decir, que los artículos no sean sólo descriptivos sino que transmitan opinión. Y si viene a cuento trato de que no falten nunca unas pinceladas de humor y de ironía.

¿Cuál es su campo de acción?

Lo que me ha interesado siempre: la literatura, la historia de España de los siglos XIX y XX, la bibliografía, Aragón, la guerra civil, las historias de bohemios y perdedores…

Aquí está su vieja pasión por los raros y olvidados, por los enterrados de la literatura.

Sí, me han gustado siempre más los escritores olvidados que los consagrados. En literatura mucha gente quiere jugar sobre seguro y leer sólo a los escritores de éxito. Yo, sin desdeñar a éstos, prefiero husmear entre papeles viejos y descubrir o rescatar a los que no tuvieron tanta suerte y nunca ingresaron en el canon.

Vayamos con algunos nombres y asuntos. Por ejemplo, algunos casos extremos…

El libro está lleno de ellos: el espiritista Torres Solanot, Pedro Luis de Gálvez el hampón, el suicida Jacinto Miquelarena,  José Ayala Lorda, que con sólo 17 años fue condenado a más de dos de presidio por escribir un artículo insultante contra Alfonso XIII…

 ¿Por qué lo conmueven tanto las historias de la Guerra Civil?

 Cuando escribí ‘Los libros de la guerra’, que reunía algunos de los libros más raros sobre la guerra civil en Aragón, me di cuenta de que casi en cada familia había una historia trágica de la guerra. Sobre todo, por encima de lo mucho que significó la derrota republicana para el devenir de la cultura española, me conmueven las pequeñas historias personales, aquellas que hicieron que media España acabara odiando a la otra media.

Hay algunas series como los ‘Viajes a Rusia’…

La revolución rusa de 1917 fascinó y conmovió a gentes de toda condición. Por primera vez los parias de la tierra gobernaban un gran país. Y nació un género: el de los libros de viajes al país de los ‘soviets’: mucho intelectuales viajaron a Rusia en los años 20 y 30 y al volver escribieron libros contando sus impresiones. Yo los busqué durante años y localicé medio centenar de ellos. Me interesaron mucho los de Josep Pla, César Vallejo, Pestaña, Chaves Nogales, Zugazagoitia… 

También hay un catálogo de malos: verdugos, críticos asesinos…

Es verdad que hay en el libro algunos artículos dedicados a este tipo de personajes: el catedrático fascista Enrique Suñer, el estalinista Enrique Líster, el crítico literario Antonio de Rivera, que trató de asesinar al marido de Gertrudis Gómez de Avellaneda… Pero en general el libro apuesta por la bondad, la alegría y los personajes nobles.

 Dentro de un tono confesional e intimista, destaca el artículo ‘Los libros prestados’, que es un autorretrato.

Bueno, lo mejor es siempre reírse de uno mismo. Y en ese artículo parodio mi incapacidad genética para prestar libros. Tuve que acabar prestando uno y debo decir que la experiencia no fue tan traumática como imaginaba.

 

Por cierto, ¿cuánto hay aquí de cotilleo literario’

Nada. Hay muchas historias menudas de libros y escritores. Pero de cotilleo nada. Eso no va conmigo.

¿Cuál es la presencia de Aragón?

Fundamental, como no podía ser de otro modo en alguien como yo que se siente aragonesista desde que tuvo uso de razón. Aproximadamente la mitad de los artículos del libro están relacionados con Aragón de una u otra forma.

¿Cómo se ha adaptado un perfeccionista enfermizo como usted al periódico?

Yo soy de los que piensan que hay que buscar siempre la excelencia, para así quedarse en el notable. Si vas sólo a aprobar acaban suspendiéndote seguro. Es verdad que procuro ser cuidadoso con la prosa y que sufro con las erratas. Pero en el periódico, como ya me conocen, han sido siempre muy considerados conmigo.

La portada del libro es de Jorge Gay. ¡Vaya lujo! ¿No? 

Jorge ha hecho una gran portada, inspirada en un ex-libris que me dibujó hace años. Es sin duda lo mejor del libro.

*José Luis Melero, retratado al óleo por Pepe Cerdá.  

 

'CARICIAS PERPLEJAS': LA LUZ Y EL FARO

'CARICIAS PERPLEJAS': LA LUZ Y EL FARO

Olga Bernad (Zaragoza, 1969) abrió un blog de golpe y ocurrió algo especial: sus poemas hallaron eco inmediato, lectores e incluso un constante río de elogios. Impelida por un estado de inspiración vehemente, Olga Bernad dio lo mejor de sí misma y vertió un sinfín de registros, de sensaciones, de metáforas que han dado lugar al libro 'Caricias perplejas'. Un poemario que puede leerse como una novela sobre las emociones, el placer y el dolor de amar, un friso de luz y de tormenta donde, cuando anochece, se agolpan las sensaciones: el delirio, la locura, el desgarro inefable, el afán de vencerse en otro cuerpo de luz.

No es fácil encontrarse con una poeta tan hecha. Tan segura. Tan deslumbrante. Tan personal en sus desvíos y en la elaboración del discurso, tan inconformista en la materia oscura de sus sueños. Sin nombrarlo exactamente nunca, sin ponerle (ni ponerse) un nombre, Olga Bernad crea un sujeto poético, eso que a ella le gusta denominar "una autoficción", y construye un libro armonioso, intenso, repleto de hallazgos y de estados de ánimo. Un libro sobre la vida, sobre la belleza, sobre el dolor y la amistad, sobre la enfermedad, sobre la fidelidad y el olvido, uno de esos volúmenes donde casi todo suena a no oído, a no visto. Hay aquí también una importante potencia alegórica, pienso en 'La miliciana', en 'La isla', en 'Los pájaros crueles'. La mujer que ama, esa mujer que lo quiere todo más allá de la hambruna de amor y la sed de ser, se consume, se desespera y se exalta, y lo hace con una intencionada ambigüedad: "Solamente tu nombre me envenena".

Caricias perplejas. Olga Bernad. Fundación Ecoem: Siltolá Poesía. Sevilla, 2009. 88 páginas. [En la foto, Cecil Beaton y Carole Lombard en 1931.]

 

CIEN AÑOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ

CIEN AÑOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ

MIGUEL HERNÁNDEZ

Regresa el poeta del pueblo

Miguel Hernández (Alicante, 1910-1942) fue un auténtico poeta del pueblo. Se hizo a sí mismo, de forma autodidacta, con una inmensa vocación. En poco tiempo, compuso una obra muy personal, emparentada con lo telúrico, con el combate y con la desesperación que derivaba de su sino, de la fatalidad, del amor y de una incesante búsqueda de un lugar en el mundo contra las ruinas de la guerra. 'Viento del pueblo' fue uno de sus títulos: un libro que, en el fondo, con sus contradicciones y su formidable intensidad que no excluye el panfleto, le define.

El próximo 2010 será el Año Hernandiano, y por lo que ahora se atisba será un año complejo y laborioso de congresos, homenajes y actividades porque ya se perciben desencuentros entre los herederos del poeta, diversas instituciones e incluso algunos particulares, como un apaciguador Joan Manuel Serrat, que le ha dedicado un nuevo álbum, en el que ha colaborado uno de los mejores estudiosos y editores del poeta: Agustín Sánchez Vidal, responsable de sus 'Obras completas' en Aguilar (1979) y en Espasa Calpe (1992), con José Carlos Rovira y Carmen Alemany, y de ediciones de 'Perito en lunas' y 'El rayo que no cesa' (Alhambra), 'Poesías completas' (Aguilar, 1979) o su 'Epistolario' (Alianza, 1986), y autor de un libro fundamental: 'Miguel Hernández, desamordazado y regresado' (Planeta, 1992). En este volumen cuenta su vida, su evolución de joven católico, y casi teólogo, hacia el comunismo, y la complejidad de su obra que abarcó el teatro, con ecos del autosacramental, y la poesía. Sánchez Vidal manejó todos sus manuscritos y estuvo hasta en tres ocasiones con la viuda del poeta, Josefina Manresa, aquella costurera de Quesada (Jaén), hija de guardia civil, con la que Miguel formalizó su noviazgo en 1934 y con la contrajo matrimonio civil en plena contienda bélica: en 1937.

Miguel Hernández fue el tercero de siete hermanos de una familia pobre. A los cuatro años, se trasladó a la que ha quedado como la casa del poeta en la Calle de Arriba: allí, aún ahora, se conserva el jardín de higueras, limoneros y pitas.

En uno de esos cuartos, cuando se encendía la noche y se apagaban las luces, él buscaba una lámpara o un farol para leer: narraciones, leyendas, poemas. Cuando se enteraba su padre, se erguía y se armaba jaleo, y volaban los golpes y los gritos. Miguel Hernández tuvo que irse de cabrero a los catorce años. Empezó a redactar en una libreta aquellos poemas de versos cortos, que presentaban ecos de Gabriel Galán, Vicente Querol, de los cancioneros. Con esa voluntad permanente de creación y rebeldía siguió escribiendo, y hacia 1930 apareció su primer poema en el diario 'El Pueblo de Orihuela'. Para entonces ya había conocido a José Martín, más famoso por su seudónimo Ramón Sijé, con quien mantendrá una relación de amistad y admiración intelectual con altibajos. El más grave fue el de 1935, esencialmente porque en su lírica, carnal, exuberante de deseo y de hondura pagana, Miguel Hernández se escapaba de las propuestas del amigo, que fallecería poco más tarde de una forma bastante dramática, casi inverosímil y conmovedora, según cuenta otro biógrafo, José Luis Ferris, en 'Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta' (Temas de Hoy, 2002).

Con otros poetas

Entre 1931 y la Guerra Civil, Miguel Hernández estuvo varias veces en Madrid. Pidió ayuda, en diversas ocasiones, a Juan Ramón Jiménez, que siempre sintió una gran admiración por él y lo llamó "el extraordinario muchacho de Orihuela"; a García Lorca, que le contestó a una carta primera e impetuosa con sensatez, tras el fracaso de lectores y de crítica de 'Perito en lunas' (1933); a Giménez Caballero, a Vicente Aleixandre y a José María de Cossío, entre otros. Despertó algunos recelos, en el propio Lorca y en Cernuda, que no soportaban su real y afectada rusticidad, y también en Alberti y María Teresa León. Ésta, en plena Guerra Civil, llegó a soltarle una bofetada que lo mandó al suelo: Hernández, que conocía el temor y la sangre de las trincheras, se quedó patidifuso en una fiesta de escritores antifascistas y expresó, airado, su decepción.

En Madrid, también cosechó la complicidad y el cariño de Pablo Neruda, que lo definió "como una patata recién sacada de la tierra", y vivió una pasión amorosa y sexual con Maruja Mallo. Tanto Ferris como Sánchez Vidal se hacen eco de ella, en un periodo de crisis con Josefina y de silencio epistolar de María Cegarra, la poeta murciana. Mallo diría con más desdén que cariño: "Yo he jodido tanto y he conocido a tanta gente que ya se me amontonan un poco en la memoria (…) Miguel Hernández era como un fideo. Cuando llegó a Madrid vivía en un puente. Escribió una poesía y Bergamín le pagó por ella mil pesetas, y le hizo salir del puente".

Cárcel y muerte

De este triple desamor -el de María Cegarra, el de Maruja Mallo y el de Josefina, que se enmendó luego y sería la madre de sus dos hijos, Manuel Ramón, fallecido pronto, y Manuel Miguel- nacería 'El rayo que no cesa' (1936), un libro revelador de sonetos que incluye la 'Elegía' a Ramón Sijé. Miguel Hernández ingresó en el Partido Comunista y hizo la guerra como un soldado. Estuvo en la Batalla de Teruel y le dedicó un inolvidable poema a la ciudad congelada. Luego, intentó irse, pero al final, por imprudente y desesperado, por pura mala suerte, inició una peregrinación por las cárceles que acabaría con su vida.

De esa travesía espantosa de dos largos años quedó como legado su obra maestra: 'Cancionero y romancero de ausencias'. Ese libro excepcional permite entrever lo que habría podido hacer este poeta de faz terrosa, "casi pura arcilla" y "ciegamente generoso", tal como escribió su gran amigo Vicente Aleixandre.

 

*El Silbo Vulnerado que dirige Luis Felipe Alegre representa en el Teatro Arbolé de Zaragoza un montaje sobre Miguel Hernández los días 7 y 8 de diciembre. Actuarán Luis Felipe Alegre y Carmen Orte. La compañía zaragozana se centrará en el 2010 en la difusión del escritor; de uno de sus sonetos de la serie ‘El Silbo Vulnerado’ tomó su nombre.

POEMAS DE CLARA MARÍA DÁVILA

POEMAS DE CLARA MARÍA DÁVILA

*El programa Borradores dedica un monográfico el domingo a la creación de mujer. Tocará Adela Martín, hablará de ‘El violín negro’ la narradora Sandra Andrés Belenguer, y la joven Clara María Dávila hablará de sus poemas del libro ‘La irrealidad nuestra’, publicado por Puente de Letras (La Bañeza. León), un poemario dividido en tres partes que tiene como asunto capital el amor y el desamor, pero también hay cargas de profundidad sobre la libertad y la escritura misma, la sensación de pérdida y el tiempo.

 

He aquí tres poemas de Clara María Dávila (Zaragoza, 1987).

 

 

UNA ROSA DE HOJALATA

 

Y creía olvidada la rosa en el bolsillo,

llamaradas en el silencio nocturno nacieron,

oscuras yacían las cartografías.

Temo a la noche que la siento extrañamente solitaria,

obscena es cuando muere la tarde e intento descifrar el tiempo.

 

Como tatuaje sobre mi piel,

y creía olvidada la rosa en el bolsillo.

La que me ayuda y me borda la finitud de los versos,

umbral de la palabra poética en cuanto a ti se refiere.

De borrar manchas y malos escritos,

espejismo de mi dolor.

 

De fijar la desposesión del ser amado

levantando llagas en su lugar.

De desterrar las tardes muertas tras mis parpados,

para dar paso a mi madrugada nívea.

 

¿Se puede acaso, despegar un beso de amor

de unos labios de chapa?

 

TENERTE CERCA

 

Tiemblo y es porque te tengo.

Me despierto

muy entrada la mañana.

Solo el olor a ti me trae,

el nuevo universo

que me brota y que no es,

jugar a nada desconocido.

 

Desnudar tu pensamiento

con solo mirarte, y me rindo.

Tiemblo y es porque te tengo.

Me duermo de nuevo, y ahora

eres tú el que me tiene.

 

Ya no tiemblo.

 

TRECE VERSOS

 

De poco me sirve

meter las manos

en los bolsillos.

Ni esperar

que los días

se conviertan

en semanas.

No entienden

que para evitar

tal obsesión

debo guardar todo

aquello que deje huella

y esconderme bajo mi cama.

*La foto es de Miss Aniela.

PACHECO, EL TROVADOR LÚCIDO

PACHECO, EL TROVADOR LÚCIDO

HACE muy poco, el cantante y poeta Víctor Manuel Sanjosé decía en Zaragoza que le inspiraba la vida "y un buen poema de José Emilio Pacheco". Pacheco es un poeta muy personal, que hunde sus raíces en el clasicismo grecolatino, pero también en grandes autores a los que ha leído y traducido con rigor como Samuel Beckett, Oscar Wilde, T. S. Eliot o Marcel Schwob. Como su paisano Octavio Paz, ha asimilado muy bien la lírica oriental, y jamás ha ocultado su admiración por los poetas españoles, desde Luis Cernuda, a quien conoció y trató siendo muy joven, a Vicente Aleixandre, con quien se carteó, o el narrador y vate Max Aub. Pacheco es un poeta completo, que se ha curtido en mil tareas: en la dirección de revistas, en la enseñanza, en los viajes y en el trabajo de amanuense constante, que también es un buen manantial de la poesía. Pero la mejor fuente de inspiración de Pacheco ha sido la vida misma, con sus convulsiones, con sus fogonazos de belleza, con su detonación de horror y crueldad. Y eso se percibe en toda su lírica: es un poeta de los elementos, del fuego y de la luz, del desgarro y de la ironía. Es un poeta de las pequeñas cosas y de los animales, de los peces, de los monstruos humanos. Uno de sus poemas más sugerentes se titula 'El pulpo'; otro, concentrado, 'Mosquitos'; otro ‘El rap del salmón’. José Emilio Pacheco observa la crueldad y la denuncia, combate la arrogancia de los poderosos y se emplea con una distancia que es lucidez, pasión fría, medida y entendimiento del mundo. Estos días, Visor, que celebra sus 40 años con una nueva colección, acaba de publicar dos libros suyos: la reedición de 'La edad de las tinieblas', un libro fundamental de prosa donde ensaya la reflexión, la narración y el poema en prosa en la línea de Juan Ramón Jiménez, y 'Como la lluvia', un poemario que compendia su estilo, su intensidad, el elaborado lenguaje que usa con hondura, precisión y ritmo. Todo un maestro, elegante y crítico.