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Antón Castro

Escritores

ABRE EL 'DIARIO DE DILLINGER'

ABRE EL 'DIARIO DE DILLINGER'

Recibo la carta de un amigo:

 

Te escribo porque he abierto un nuevo blog, "Diario de Dillinger", un Diario personal y literario, en el que no revelo mi verdadero nombre.

Este es el contacto: diariodillinger.blogspot.com.

Uno de los artículos con los que ha iniciado su andadura es este sobre Clarice Lispector, cuya obra en España está publicando constantemente el sello Siruela.

 

Leo a Clarice Lispector. Prefiero leer a Clarice Lispector que pasar otra tarde deambulando por las calles de este Madrid idiota. Leo a Clarice Lispector hasta que las palabras de Clarice Lispector se quedan pegadas a mis manos y me manchan de tinta los dedos. Leo los cuentos completos de Clarice Lispector en una edición de Siruela que tengo entre las manos. Porque me gusta tener libros de Siruela entre las manos aunque el contenido sea una mierda. Estos cuentos además no son una mierda, son puro oro en forma de palabras. Estos son los cuentos de Clarice Lispector. Y son, por decirlo en términos literarios, la ostia bendita. Lo de Clarice Lispector cuanto más corto mejor. Eso no quiere decir que no sea buena. Nada de eso. Es brillante. Y lo brillante si dura demasiado se queda sin brillo. Se apaga. Hemingway sin parecerse en nada a Clarice Lispector, (ella no llevaba barba, ella no se voló la cabeza, ella era bastante más guapa con él) también era mejor en las distancias cortas que en los novelones. Uf.


Me he dado cuenta de que en pocas líneas he escrito nueve veces Clarice Lispector y con esta última ya son diez. Recomiendo leer a Clarice Lispector, aunque yo no soy nadie para recomendar, pero recomiendo leer a Clarice Lispector como recomiendo si sales por ahí beber alcohol bueno y no mierda en vasos de plástico para adolescentes. Lo de beber y lo de Clarice no tienen nada que ver, pero como este es mi diario puedo escribir lo que quiera. Eso es lo bueno. Pero mejor continúo con lo de Clarice Lispector. Hay escritores que mientras los lees puedes escuchar su voz, su suavidad o su gravedad. A Clarice yo la escucho contarme las palabras que leo. Imagino sus labios tan bien dibujados dejando escapar las frases que estoy leyendo. Sus labios en mi oreja. El aire caliente de su voz. Sus palabras que me acarician el cuello y me dan descargas eléctricas en la espalda y en los riñones. Habla, Clarice. Hazlo para mí. Habla, Clarice, con tu boca perfecta, para que no escuche más la voz de los idiotas en este Madrid idiota.



Clarice mirándome entre las páginas de sus cuentos.

 

Al escribir "Clarice Lispector" me acuerdo de Clarice, la de “El silencio de los corderos”, que era Jodie Foster, y después me acuerdo de Jodie Foster en “Taxi Driver”, que debía tener catorce años y hacía de una puta, y eso me lleva a Cybill Sheperd en “Taxi Driver”, que parecía un auténtico ángel. Y pienso que me gustaría salir a la calle y ver a un ángel como ese. Pero sigo leyendo a Clarice, porque sé que eso no va a pasar. Sigo leyendo a Clarice Lispector, que no era un ángel ni una puta, era una escritora que a los de Siruela les gusta mucho y a mí todavía más.

 

Miro su fotografía y acaricio, con los dedos, su boca. Esa boca perfecta que está hablando para mí.

 

Hasta escribir su nombre me gusta. Hasta pronunciar su nombre me llena la boca de literatura.

Clarice Lispector.

Clarice Lispector.

Clarice Lispector.

*Elijo esta foto de la jovencísima Clarice, ucraniana de nacimiento. Nació en 1920 y falleció en 1977.

 

FCO. ARANGUREN: 'LAS NOCHES BLANCAS'

FCO. ARANGUREN: 'LAS NOCHES BLANCAS'

LAS NOCHES BLANCAS

 

Por Francisco ARANGUREN

Mi tío Daniel venía de Barcelona una o dos veces cada año, para ver al abuelo y a nosotros. Fue él el que me regalo el libro (quizás tuviera yo quince años). Era uno de esos libros en piel, caros, de Editorial Aguilar. Yo ya era, según me dijo, lo suficientemente mayor para cuidarlo. Era el primero y podría ir comprando otros y hacerme con una colección de libros “buenos” (era por tanto, un regalo inaugural, con todo lo que ello tiene de promesa y de iniciación a un nuevo periodo –adulto- de la vida).


Se trataba del primer tomo de las obras completas de Dostoievsky. Allí, sus primeras novelas y sobre todo, el preámbulo de su biografía. Ese hombre había estado ante el pelotón de fusilamiento, había vivido la deportación y los trabajos forzados, había estado atrapado en el infierno del juego, gastando en la mesa los anticipos del editor, y luego escribía a destajo y sin descanso, día y noche, para poder cumplir los perentorios plazos de entrega, a pesar de lo cual fue capaz de crear obras maestras. Ese hombre, de un cristianismo emocional, místico…era la encarnación del “alma eslava”.


En las páginas de aquél libro descubrí la Prespectiva Nevski y las “noches blancas” de San Petesburgo, esas noches en las que todos se echan a la calle para disfrutar de una nueva vida luminosa. En esos puentes sobre el Neva se desarrollaban las pasiones de seres “humillados y ofendidos”. La miseria, la dignidad, la locura (como la de ese hombre del “subsuelo”, cuya personalidad acaba por desdoblarse en un sosias, alguien como él, idéntico a él, que va ocupando poco a poco parcelas de su vida, hasta sumirle en la inexistencia). Dostoievsky, en sus primeras obras, se fijaba en ese hombre inexistente, el hombre insignificante, que aparentemente trabaja en su oficina y deambula por las calles, pero cuya alma ha muerto y ya no existe ni para sí mismo.


Ahora voy allí. A encontrar la huella de esas lecturas juveniles que me hicieran llorar. A recordar esa cordialidad humana de Dostoievsky, débil y fuerte. Fuerte en la debilidad y débil en la fortaleza. Ese hombre que creía en el hombre como religión. Y voy al encuentro de los personajes que poblaron aquellas calles y de las “noches blancas” y de ese hombre que ha perdido el alma y que deambula por la ciudad en busca de una nueva vida luminosa.

 

*El escritor y editor Francisco Aranguren -responsable del sello El Desembarco donde publicó Marta Navarro, una de las damas de Entrenómadas- posee un sugerente blog: franciscoaraguren.blogspot.com. Estupendo su comentario de la entrevista con Otero Lastres, que se publicaba esta misma semana en ‘La vanguardia’; Otero Lastres, por cierto, es de Cée, en plena Costa de la Muerte. Viajando por su página he encontrado este texto que alude al libro ‘Las noches blancas’ de Dostoievski y a su tío Daniel. Yo tengo un tío Daniel, que era como un ídolo misterioso de mi niñez: trabajaba en un taxi, tenía una mujer joven y enigmática que apenas hablaba y de vez en cuando nos llevaba en su coche. Años después, cambió el taxi por un camión y en una de sus visitas a Zaragoza, me trajo un saco de patatas (las patatas en Galicia siempre han sido como una obsesión y un símbolo; en mi familia, una divisa, plantar patatas era como estar vivo y volcado hacia la tierra) y un cajón de libros que mi madre le había dado. En ese cajón, venía una edición de ‘El jugador’ y otra de ‘Humillados y ofendidos’ de Dostoievski, dos libros que me habían interesado mucho a los 18 años. Recuerdo cuánto me impresionó en TVE una serie dedicada a esa novela, interpretada por Ramiro Oliveros y la inolvidable Inma de Santis. Copio el texto de Francisco Aranguren, que vive en Sevilla, y le envío un abrazo luminoso. (La foto es de Martin Munkacsi.)

NOTAS DE LECTURAS / 23

NOTAS DE LECTURAS / 23

Las manos cortadas

Luisgé Martín. Alfaguara. Madrid, 2009. 464 páginas.

 

Para algunos Salvador Allende encarna el Anticristo, otros dicen que era nazi y que pensaba matar a los homosexuales de su país. Para Luisgé Martín es “uno de los cuatro o cinco políticos más brutalmente nobles del siglo XX” que intentó transformar la sociedad en medio de traiciones y “antagonistas feroces”. Esta novela no es una hagiografía: arranca cuando el autor, el propio Luisgé, recibe una llamada en enero de 2006 de alguien que quiere hacerle entrega de unas cartas que acabarían con el mito Allende. La cita es el inicio de un viaje por Chile y de una novela que mezcla la ‘road movie’, la política, el thriller y el amor, encarnado por una fascinante mujer ciega.

 

Una bendición

Toni Morrison. Traducción de Jordi Fibla. Lumen. Barcelona, 2009. 190 páginas.

 

“Para llegar a ti debo abandonar el único hogar, la única gente que conozco” escribe Florens, la joven de 16 años que toma su propia voz y narra la aventura de su vida: la búsqueda del doctor, “un hombre libre” para ella, que vino a la granja para salvar a una esclava. Aquel hombre también se llevó su corazón, y ella emprende una travesía para ofrecérselo para siempre. El viaje está lleno de peligros, de encuentros, de dificultades, de injusticias, de momentos de gran ternura. Al fin y al cabo, esta nueva obra de la Premio Nobel Toni Morrison es una novela con ira y melancolía sobre los siglos oscuros, y es, ante todo, una exaltación de la locura de amor y de la utopía.

 

La extraña desaparición de Esme Lennox

Maggie O’Farrell. Trad. de Sonia Tapia. Salamandra, 2009. 220 páginas.

La crítica se ha volcado con Maggie O’Farrell (Irlanda del Norte, 1972), y esta novela ha sido elegida “mejor novela del año” por ‘The Washington Post’. Es una novela sobre la relación entre dos mujeres, una joven y una madura, es una narración sobre los secretos del pasado, la animadversión entre hermanas, una novela sobre la libertad de decisión y la tiranía familiar. Y es un bello e intenso ejercicio literario sobre la memoria y la ocultación. La joven Iris quiere saber por qué su tía abuela Esme fue encerrada en un psiquiátrico durante 60 años y por qué no se entendió con su propia hermana, la abuela Kitty.

 

Lluvia roja

Cees Nooteboom, Trad. de Isabel Clara-Lorda Vidal.

Siruela, Madrid, 2009. 206 páginas.

Llevaba Cees Nooteboom preparando este libro hace algún tiempo: es un libro de retazos, de páginas del diario del caminante, de bocetos que evocan el paraíso, de notas sobre gastronomía, los hoteles o el pasado del escritor. Historias, recuerdos, crónicas con muchos personajes. Algunos de los textos recrean la vida en Menorca, los secretos del jardín, la complicidad y el recelo hacia algunos vecinos, la poderosa imagen de los desiertos. El autor busca la paz consigo mismo y puede recordar a algunos amigos muertos. En el texto que da título al conjunto se lee: “Uno de los aspectos más curiosos de hacerse mayor es que todo casi todo evoca un recuerdo”.

*Una refrescante foto de verano tomada de la revista Life.

CARLOS BOZALONGO: 'LIBACIÓN'

CARLOS BOZALONGO: 'LIBACIÓN'

LIBACIÓN

 

 

Debe de ser mayo por la luz, porque está llena de

insectos y de pájaros, luz líquida que cae de lo alto como un

torrente. Quizá estemos en un prado, rodeados de setos

donde brillan los espinos, los rosales silvestres, los fresnos. O

quizá estemos en el alto puerto donde danzan los grillos

como pequeños demonios. Debe de ser mayo porque la luz

huele a miel y vibra como la cuerda de un salterio.

Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven

descuidado, tendido, dormido al sol. Es bello como las

montañas, lozano como los brotes que crecen entre sus

miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un

trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio

lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y

definitiva. Adán en el Paraíso, que duerme en la luz como si

fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin

puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y

piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos.

Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote

nudoso de la higuera.

...

El vuelo de una mariposa sobre la yerba: diminuta

cometa exploradora. Papilio macaon que planea sobre las

flores, como en vilo en la luz; que planea sobre la yerba,

sobre el brote de carne viva que se alza en el prado, hasta

posarse en el glande, yema rotunda donde se agolpa la

sangre.

Y ahora bate las alas como un resorte: una, dos veces,

como dudando, hasta desplegar con deleite su delicada

trompa, muelle de reloj, lengua que penetra poco a poco en

la uretra como una larga sonda, golosa, exploradora,

buscando el fondo, la raíz oscura donde espera el néctar.

Con inquietud de insecto persevera en su afán resbalando

sobre el glande que brilla como un pétalo. Y al fin una gota,

una lágrima de látex brota en la uretra, mana y resbala de

la abertura, donde la sonda del insecto sorbe con renovada

avidez.

Debe de ser mayo porque el prado huele a flores, huele

a miel, huele a leche; huele a boj y a hombre joven, y el olor

y la luz lo llenan todo.

 

 

*Carlos Bozalongo, poeta y editor, y magnífico investigador bajo el nombre de Carlos González Sainz, presentará el 19 de septiembre en la FNAC su libro "Textículos: acotaciones y palimpsestos", de la colección Perineos. Este es un pequeño avance de este proyecto no venal, pero muy sugerente, preñado de erotismo y de poesía. la foto corresponde a la revista Life.

DIANA VARELA PUÑAL: DOS POEMAS

DIANA VARELA PUÑAL: DOS POEMAS

O poeta e amigo, viaxeiro e crítico literario e artístico, Xulio López Valcárcel remitiume onte dous libros de poesía: a súa escolma de poesía mapuche, ‘Lúa de xemas frías’, en versión bilingüe, un traballo meticuloso que naceu dos seus viaxes a Latinoamérica, e o poemario da nova poeta Diana Varela Puñal, ‘Fíos’, que acaba de ser recoñecido co premio Uxío Novoneyra de poesía. Ambos volumes foron publicados en Espiral Maior, o selo do poeta Miguel Anxo Fernán-Vello.

 

Transcribo aquí dous poemas de Diana Varela, á que non coñezo pero que me enviou o libro cunha fermosa dedicatoria.

 

NA DIÁSPORA

 

Descubrín a diáspora

no deserto dun baile,

ecoando aillado

o meu nome

 

Aprendín a debuxar

coa boca

o teu recendo a madeira

percorrendo a liña

 da ausencia.

 

Aceptadas as mans,

amnistiada a palabra,

agradezo a sombra

da túa voz,

na viaxe.

 

EN LA DIÁSPORA

 

Descubrí la diáspora

en el desierto de un baile,

retumbaba aislado

mi nombre.

 

Aprendí a dibujar

con la boca

tu perfume a madera,

que recorría la línea

de la ausencia.

 

Aceptadas las manos,

amnistiada la palabra,

agradezco la sombra

de tu voz,

en el viaje.

 

NOS XARDÍNS DE PLÁTANOS

 

I

O seu corpo tiña o tacto do impermeable,

vapor que non traspasa o cristal,

calor condensada.

 

quería ensinarme a bailar descalza.

 

II

Con delicadeza fundiches a lingua de colibrí

no meu peito,

e deleitámonos co manxar divino

da flor de plátano

que levaches voiando contigo.

 

O teu beberaxe de paxaro

pousouse na ferida que quedou aberta

ó arrincares a flor,

e paseniño sandou aquela dor acumulada.

 

Pasaremos xuntos séculos dourados,

pasearemos xuntos os xardíns do mundo,

camiñar,

será camiñar contigo.

 

EN EL JARDÍN DE PLÁTANOS

 

I

Su cuerpo tenía el tacto de lo impermeable,

vapor que no traspasa el cristal,

calor condensada.

 

Quería enseñarme a bailar descalza.

 

II

Con delicadeza fundiste la lengua de colibrí

en mi pecho,

y nos deleitamos con el divino manjar

de la flor de plátano

que llevaste flotando contigo.

 

Tu pócima de pájaro

se posó en la herida que quedó abierta

al arrancar la flor,

y lentamente curó aquel dolor acumulado.

 

Pasaremos juntos siglos dorados,

pasearemos juntos en los jardines del mundo,

caminar,

será caminar contigo.

 

Fíos. Diana Varela Puñal. Espiral Maior: Poesía. A Coruña, 2009. 56 páxinas. (Traducción mía).

*Foto para un nuevo 'Álbum de verano': ella es Charlotte Rampling.

 

 

¿POR QUÉ SE SUICIDAN LOS POETAS?

¿POR QUÉ SE SUICIDAN LOS POETAS?

 

 LOS EXPLORADORES DEL ABISMO

Ricardo Fernández Moyano analiza el aura de misterio y desesperación de los poetas suicidas en un libro de Olifante, redactado en la Casa del Poeta de Trasmoz

 

 

El suicidio ha hecho correr ríos de tinta. Siempre es un enigma doloroso en busca de respuestas. Y mucho más cuando hablamos del universo de las artes y las letras. Hace pocas semanas, Carlos Janin publicaba un ‘Diccionario del suicidio’ (Laetoli, Pamplona, 2009) de más de 400 páginas en cuyo prólogo puede leerse: “Tan malo me parece condenar a muerte como condenar a vivir”. En Olifante, en su colección Papeles de Trasmoz, Ricardo Fernández Moyano (nacido en Minaya, Albacete, 1954, pero afincado en Zaragoza desde 1992) presenta ‘Poetas suicidas: sensibilidad o supervivencia’, donde analiza las oscuras razones y la compleja casuística del suicidio de un puñado de autores. Moyano empezó a obsesionarse por este asunto a raíz de la muerte de Hilario Camacho en 2006, tras ingerir un envase de ansiolíticos, y de una conferencia sobre Violeta Parra, que puso fin a sus días de un disparo en 1967.

“El suicidio por sí solo es un tema que llama la atención, que una persona decida quitarse la vida es algo terrible. Desde que fui descubriendo que muchos poetas se habían suicidado, me rondaba en la mente profundizar en este tema, y averiguar las causas que pudieron llevarlos a ello y si en sus obras podría haber indicios que aclararan algo del asunto”, dice.

Hace pocos años tuvo éxito una ‘Antología de poetas suicidas, 1770-1985’ (Ardora, 2005), preparada por José Luis Gallero. ¿Por qué se suicidan los poetas? Responde Moyano: “Las causas son las mismas que en el resto de mortales: desengaños, hastío de vivir, vacío interior... En la mayoría de los casos suele haber asociado algún tipo de enfermedad mental. Los escritores suicidas fueron personas con una sensibilidad tan desbordante que los llevó a su propia autodestrucción”. Por lo regular, según el autor, existen dos tipos específicos: los ocasionales, que se suicidan en un momento de ofuscación, depresión o desengaño, y los ‘vocacionales’, que siempre “han tenido en mente la idea del suicidio, e incluso lo han intentado en varias ocasiones. Al final, acaban por hacer realidad sus planes”. Moyano es esencialmente poeta y por eso se ha centrado en ellos. Matiza de inmediato: “También nombro a Hemingway, Larra, Ganivet o Virginia Woolf. De ella transcribo la conmovedora carta que dejó a su marido, Leonard”, antes de acabar con su vida en el río Ouse tras llenar los bolsillos de piedras. Quizá exista otra razón sencilla, cuantitativa: “son muchos los poetas suicidas, algunos de ellos con casos muy complicados. El caso que más me ha conmovido es el de Sylvia Plath: era una mujer guapa, inteligente, con éxito, parece que nadie pensaría que quisiera acabar con su vida, pero su infelicidad matrimonial unida a un trastorno bipolar que padecía la llevó a tomar esa decisión. La fría mañana del 11 de febrero de 1963, preparó el desayuno de sus hijos, abrió la llave del gas y cocinó su propio cadáver”. Plath ocupa la tercera parte del libro junto a los de la portuguesa Florbela Espanca, la brasileña Ana Cristina Cesar, que se tiró desde un séptimo piso, y Pedro Casariego Córdoba. “Me he interesado mucho este último por ser un gran poeta español casi desconocido, con una extensa obra, y además gran pintor. Se arrojó a un tren en 1993. Uno de los pocos que ha puesto sus ojos en él ha sido Bunbury”. Esa vindicación se ha visto enturbiada por la polémica y una precipitada acusación de plagio.

Las formas de suicidio son muy diferentes. En algunos escritores de una contumacia increíble, como sucede con el ensayista Ángel Ganivet, del que también se habla. “Se arrojó al Duina desde un barco y  volvió a tirarse al río después de ser rescatado; Kostas Karyotakis intentó suicidarse ahogándose en el mar pero como era un buen nadador no lo consiguió, al salir escribió una nota desaconsejando a los que sabían nadar intentar suicidarse de esa forma. A la mañana siguiente se pegó un tiro. Cesare Pavese se tomó dieciséis tubos de somníferos. Yávorov, ciego a resultas de un anterior intento de suicidio, ingirió veneno y, por si alguien lo salvaba, se voló la tapa de los sesos”.

En ‘Poetas suicidas’ se recuerda la extremada juventud de Chatterton, que tomó arsénico a los 17 años, y con él “inicia el suicidio la edad moderna”; la locura alcohólica de Dylan Thomas, que murió tras beber 18 whiskies; otros se arrojaron al Sena como Paul Celan o al Mar de la Plata como Alfonsina Storni, y hallaron su cadáver en la playa de la Perla. “Hay ejemplos para todos los gustos y algunos muy retorcidos pero no hay un denominador común, cada cual tenía sus ‘motivos’: huían de su propia vida, de sus fracasos artísticos, de sus deseos siempre insatisfechos, de su sensibilidad. Eran exploradores de vastos territorios del alma”.

‘Poetas suicidas’ fue redactado en La Casa del Poeta de Trasmoz. “Solo estuve una semana, pero fue una experiencia muy gratificante. Vivir aislado del ruido de la ciudad y, sobre todo, dejarse invadir por el profundo silencio de la noche me ayudaron mucho a poner en orden las ideas para que éste fuera un libro con sentido”, resume Fernández Moyano.

 

FICHA DEL LIBRO

Poetas suicidas: sensibilidad o supervivencia. Ricardo Fernández Moyano. Olifante: Papeles de Trasmoz. Tarazona, 2009. 50 páginas. (En la foto, un joven Paul Celan).

 

MICROCUENTO DE MARIO BENEDETTI

MICROCUENTO DE MARIO BENEDETTI

Desde hace años adquiero y amontono, con bastante desorden, libros sobre sirenas: libros, monografías, estudios, libros que lleven el título de sirena en la portada o ilustrados por uno de estos animales de maravilla, bestiarios en los que aparezca la sirena. Cuando miraba un estante, encuentro una antología de relatos de Mario Benedetti: ‘La sirena viuda’, recopilación que toma su título de una historia de amor con la sirena de Copenhague. Repaso otras piezas y encuentro este microrrelato:

 

SU AMOR NO ERA SENCILLO

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, no amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

 

Recogido en ‘La sirena viuda’ de Punto de Lectura. Pertenece al volumen ‘Despistes y franquezas’ (1989). Mario Benedetti. (Esta foto de Gregory Crewdson es de 2004).

 

ADIÓS A PABLO ANTOÑANA

ADIÓS A PABLO ANTOÑANA

 

Miguel Sánchez-Ostiz despide así al escritor navarro Pablo Antoñana (1927-2009)

 

Por Miguel SÁNCHEZ-OSTIZ. http://vivirdebuenagana.blogspot.com/

 

"Me consuela saber que cuanto escribí, mientras estuve sonámbulo entre los vivos, lo fui recogiendo, con paciencia de monje, de boca de los campesinos de mi pequeño país." Pablo Antoñana.

 

ESTA mañana, como muchos particulares y gente de la política, del periodismo, del arte o la literatura en Navarra, bajé caminando al cementerio de Pamplona para despedir a Pablo Antoñana.

Una mañana triste. He pasado por la puerta de Socorro de la Ciudadela, escuchado a lo lejos el melancólico acordeón de un gitano rumano y me he dicho que hay árboles muy hermosos en el terreno polvoriento donde de niño vi hacer instrucción a los soldados. Vi. Estuve. Nos vamos yendo. Los árboles han crecido. Pablo escribía muy bien de esa superposición de las imágenes del pasado en el presente.


Hacía un tiempo zakarro, de bochornera, con nubes espesas y sol a ratos. Y allí, en Berichitos, nos fuimos encontrando gente que no nos habíamos visto hacía tiempo. Se puede decir que Pablo era hoy un puente que nos unía a los presentes y que hacía aflorar más lo que nos une, lo que tenemos en común, que lo mucho o poco que nos separa. Manos en la manos. Sueños compartidos. Ideales no del todo quebrados.
Delante del féretro, dos dantzaris, él y ella, han bailado un aurresku. Ella apenas ha podido terminar la danza y se ha deshecho en lágrimas. Hoy he visto llorar a bastante gente adulta, no solo a su hermano Xabier. Y me he dado cuenta de algo que tiene un hondo valor y que flotaba entre los que allí estábamos. Algo más que admiración o respeto, o reconocimiento por una vida de honestidad.


Pablo Antoñana pudo tener mala suerte con su literatura, ser un preterido y un olvidado a conciencia, pero era una persona querida, muy querida. Y eso es un misterio, porque no consiste en gustar ni en seducir, ni en dar para así comprar. Es otra cosa. Dar se da, pero qué, y quien recibe, agradece con ese sentimiento intenso de afecto que el pudor impide expresar.


Y además, me he dado cuenta de que tenía lectores entre la gente que cuenta poco para las estadísticas de los bestsellers, de los premios amañados hasta el delirio, de las trapisondas en las que él no estuvo jamás. Lectores, esto es, gente que se emocionaba con esas páginas que hablaban del presente desde el pasado o viceversa, de una manera seductora, poco complaciente. Lectores que se reconocían en esas páginas que les despertaban memorias olvidadas, familiares o no.


En unas exequias civiles, han hablado el sacerdote Xabier Irigaray, que ha hecho un hermoso elogio de Pablo, de los valores humanos que cultivó e hizo gala, su hija Blanca que ha leído un fragmento de Testamento, un vibrante texto autobiográfico publicado hace años, en el Pablo pedía que no le encerraran en un nicho y lo devolvieran ceniza a la tierra, y su hermano Xabier que dijo algo muy certero: no se podrá entender de manera cabal esta tierra, sus trastiendas, sin acudir a la obra de Pablo.

Se cantó Txoria txori – si le hubiese cortado las alas habría sido mío-, la canción de Mikel Laboa, y el Agur Jaunak, acompañado por un txistu. Hasta un chaparrón que cayó de pronto y repiqueteó en la techumbre de la sala parecía hacer eco al gusto expresado por Pablo por el tris-tras de tela descosida de la lluvia menuda”.


Eso fue todo. “Nos queda su obra”, decía su hija. Y tanto.
“Adiós, os espero en el misterio de la muerte”, terminaba Pablo su Testamento.
Supongo que visto desde fuera o desde lejos, o desde vaya usted a saber dónde –¿desde dónde vemos las cosas ajenas?-, estas cosas sonaran raras, anacrónicas. Son las nuestras. Me limito a hablar de lo que he visto y de lo que vivo y comparto con otra gente, en la tierra en la que he nacido y vivo. Es lo que hizo Pablo.

 

*Julio José Ordovás, que se entera de casi todo antes que los demás, me escribe. Me dice que Miguel Sánchez-Ostiz ha dedicado hermosos textos al escritor Pablo Antoñana, que tenía algunos devotos aragoneses, que acaba de fallecer. Tomo este texto de despedida, esta hermosa crónica del adiós, que es a la vez una vindicación de un escritor cuidadoso, con un mundo muy interesante, que arrancaba del carlismo y se proyectaba, con brillantez, hasta nuestros días. Creo recordar que una de las personas que mejor me habló de Antoñana fue Fernando Sanmartín. Esta foto es del Diario Noticias de Alava.