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Antón Castro

Escritores

El martes cumplí 50 años.

Fui al cine con mi hija Sara a ver, en tres dimensiones, la película ‘Up’, que es una deliciosa pieza poética sobre el amor y la aventura.

Y luego, para sorpresa mía, aunque me olía algo, Aloma y Carmen (y también Mary Burges, que no pudo estar, y algunos otros amigos) organizaron una gran fiesta ‘sorpresa’ en casa, con muchos, muchos amigos, algunos de hace 31 años (dos de mis primeros amigos en Zaragoza: Luis Felipe Alegre y Jesús García, que vino desde Sabiñánigo tras acabar su jornada de albañil), y con disc jockey. Fue una noche preciosa, una noche inolvidable con mucha gente que ha sido fundamental en los más de 30 años que llevo en Zaragoza.

 

Mi madre, que les habló a casi todos en gallego, estaba feliz. Eso sí, tuvo uno de sus gestos graciosos: alguien le dio un ‘Nestea’, le preguntó si estaba bueno y ella dijo: “Está mucho mejor el agua”.

 

Una de las sorpresas fue que los disc jockeys pusieron un single de ‘O tren’ de Andrés do Barro.

 

Mil gracias a todos, por tantas cosas. Cumplir 50 años así da gusto: siempre lo he tenido muy claro, los amigos te hacen mejores cada día. La amistad es una de las puertas de acceso a la felicidad: el primer umbral probablemente. No estaban todos los amigos (había muchos fuera, de vacaciones, con compromisos, en la playa, ilocalizables estos días…), desde luego, para había mucha gente, muchísima gente imprescindible en mi vida. Gente a la que quiero y a la que le debo instantes imborrables y entrañables como todos los de ayer.

*La foto es de Gjon Mili: en ella Danny Kaye, Hans Christian Andersen, entretiene a los niños.

EL RUSO ERRANTE. CUENTO

EL RUSO ERRANTE. CUENTO

Relato de Ángeles PRIETO BARBA

EL RUSO ERRANTE

 

¡Cuánto me odiaban! Y eso que yo, como siervo sagrado, calentaba el lecho de sus esposas y les aseguraba el porvenir con mis bendiciones y pócimas, mientras mantenía con vida al heredero hemofílico. Todo me lo debieron aquellos aristócratas, upires insaciables de sangre campesina. Hasta que una noche me acorralaron entre cuatro, me dieron a comer tarta envenenada, me dispararon una bala al corazón, y después, como chacales furiosos por seguir vivo, perdieron la compostura y descargaron sobre mí todo el cargador, metiéronme en un saco que tiraron de mala manera en la limusina del Gran Duque y se deshicieron de mi cuerpo lanzándome al Neva. ¿Fue aquello el final?, ¿muerto yo, como un perro? No, porque mi cuerpo sobrevivió a los ataques, aún me retorcí bastante sobre las aguas frías y se me endureció el miembro descomunal hasta soltar el esperma divino que fue degustado por los peces que se reprodujeron llegando al mar, donde a su vez fueron deglutidos por un escuálido portentoso y mágico, uno como yo. Y así, dentro de aquel tiburón salvaje, mi estirpe marina logró cruzar todos los océanos imaginables del espacio y del tiempo, del horror y de la infamia, para colmar de sed mi existencia interrumpida. Luego, me bañé en las soleadas playas españolas donde se mataron como fieras los unos a los otros, atisbé las costas de la Dinamarca pútrida recorridas por tanques germanos, en el Japón enemigo emergí para verlo explotar en dos grandes setas blancas. Y tras morir en su cama rusa aquel georgiano salvaje que me sucedió, después de caer el muro que nos separó del resto del mundo, aún no, no tengo bastante. No, no está saciada mi ansia, aún no he visto suficiente pues ahora, dentro del pez inmenso, periscopio para tanta injuria, me dirijo a contemplar a la mismísima Libertad, reina del mundo, ya empequeñecida tras quedar sin el abrigo de sus más altos guardianes de acero.

 

*Ángeles Prieto Barba, escritora gaditana, apasionada de Quiñones, Borges y Medardo Fraile, entre otros cientos de escritores, me envía este relato, casi a modo de regalo de cumpleaños. Gracias, Ángeles. La foto es de August Sander.

'CUMPLEAÑOS' DE ÁNGEL GONZÁLEZ

'CUMPLEAÑOS' DE ÁNGEL GONZÁLEZ

CUMPLEAÑOS

Por Ángel GONZÁLEZ

 

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

 

 

*Hace unos días, en una antología del poeta Ángel González, oí y leí este poema del gran poeta asturiano. Hace un rato he cumplido 50 años. He nacido en el establo, en el lugar de Vilarnovo, con vistas a Santa Mariña de Lañas, Armentón y el lejano mar de Barrañán: entre la vaca, los cerdos y los conejos. Siempre había pensado que a mi madre le había sorprendido el parto allí, mientras arreglaba los animales, que no había tenido tiempo a reaccionar. El año pasado, en medio de una reunión familiar, le pedí que nos contara cómo había sido todo. Y, sin temor alguno a restarle romanticismo (le encanta deshacer mis historias reinventadas: ella no sabe mentir), dijo que poco antes de sentir un dolor insoportable, bajó al establo con sábanas y mantas y lo que hiciese falta, y allí se aplicó a la faena, en medio de la sangre, los olores del estiércol y el vaho. Eran las once de la noche del 25 de agosto de 1959. Lo que también ratificó es que unos meses más tarde, cuando yo empezaba a hablar (es decir, podrían haber pasado dos años o más), se iba a buscar comida para la vaca o a trabajar en una finca próxima. Yo bajaba de la cuna, metía la cabeza por la gatera y gritaba a quien quisiera oír: “Mamá, o neno. Mamá, o neno”. Siempre se lo contaban: los de Fillazós, la mujer de Clemente, su suegro Jesús do Touciñeiro, las hermosas rubias de Malage, que parecían dos gemelas de cine, su cuñada Pepita. Un día cuando regresaba con un haz de hierba al lomo de O Limpeiro lo oyó ella: primero una queja lejana en medio de la niebla, luego más nítida a medida que se acercaba: “Mamá, o neno. Mamá, o neno”.

*La foto es de Allan Grant.

'VENENO' DE JULIO JOSÉ ORDOVÁS

'VENENO' DE JULIO JOSÉ ORDOVÁS

 VENENO

 

 

Por Julio José ORDOVÁS

Debe de llevar sus buenas horas arrastrándose bajo el sol. Adivino hacia dónde se dirige, pero no me explico de dónde viene, ni qué le habrá hecho abandonar el agua para deslizarse por un camino de fuego decidida a tragarse todo el polvo del mundo. Acuclillado, admiro sus penosos esfuerzos, y no puedo reprimirme las ganas de putearla un poco. La aguijoneo con una caña, y ella se retuerce con espasmos eléctricos, mostrándome su lengua bífida, diminuta. Por mucho que se esfuerce no va a lograr asustarme. Su fiereza resulta patética: he visto lombrices más grandes y moscardones más temibles.

   Está escrito que cuando el mundo se arrase solo quedarán las serpientes. Ellas serán las únicas que sobrevivirán a todas las devastaciones, y volverán entonces a reinar sobre la tierra. Pero la pequeña culebra que tengo ante mis ojos no disfrutará de ese paraíso infernal. La he cogido con cuidado, para acariciarla. He conocido a mujeres con la piel más suave, más fría y más escurridiza que la de las serpientes. Enfrentamos nuestras miradas como enemigos mortales, sin odio, casi con resignación. Yo estoy esperando a que ella me muerda y ella está esperando a que yo la aplaste. No se hace esperar: su mordedura tiene la dulzura de un último beso. La dejo libre. No se mueve. Sería ridículo y hasta deshonroso que tratara de escapar, y lo sabe. Busco una piedra que no le haga sufrir más allá de lo inevitable. La piedra más grande que encuentro no es lo suficientemente grande, y he de golpearla varias veces hasta que deja de temblar. En un pequeño agujero le doy cristiana sepultura y sigo mi camino, silbando. No me da miedo pensar que esta misma noche la culebra saldrá de su tumba y seguirá mi rastro y no descansará hasta que consiga enroscarse en mi cuello y envenenarme el corazón.

 

 

*La pasada semana el narrador, ensayista y crítico literario Julio José Ordovás publicaba este estupendo artículo-cuento en ‘Heraldo de Aragón’. Me gustó mucho. Muchísimo. Siempre he tenido una relación (una acercanza) muy curiosa con los venenos, o con las culebras. De niño, teníamos un gato, al que yo he llamado Acuña, que traía todos los días un escáncer plateado y lo dejaba en el vertedero; buscaba afanosamente escapar por el desagüe que era un caño que salía a la calle, si lo lograba, el gato volvía a traerlo al cabo de un rato. Mi madre, en verano, me decía de repente: “No fagas ruido e dame un pedrolo”. Y yo se lo daba, todo lo grande que podía: ella, de inmediato, lo arrojaba contra el suelo, y ¡zas! Había matado una culebra o una serpiente. Quizá fuera por eso que en mi adolescencia, medicado por Nitrozepan y cosas así por un amago de depresión, soñaba todas las noches con nidos se culebras o serpientes. Ahora, en Garrapinillos, veo casi todos los días una especie de lagartos o sargantanas que van y vienen por los muros. Los veo de casi todos los tamaños. Jamás se me ha ocurrido matar alguno. Ahora es mi madre, octogenaria y levemente coja de la pierna izquierda, quien me dice: “Nin se ocurra matalos. Comen os mosquitos. Estes mosquitos de merda que me están deixando doente”.

*Una foto de mujer con boa de Flor Garduño.

ISMAEL GRASA: 'PISCINA', UN POEMA

ISMAEL GRASA: 'PISCINA', UN POEMA

Siempre me han gustado mucho esos libros denominados menores. Libros que parecen escritos a favor de la delgadez, de lo  inmediato, casi a vuelapluma, con una ambición diferente, acaso como un exorcismo muy íntimo o con una inusitada libertad. Frente a ‘Bella del Señor’ de Albert Cohen prefiero su ‘Libro de la madre’, frente a novelas tan ambiciosas de Enrique Vila-Matas como ‘El mal de Montano’ o ‘El doctor Pasavento’, prefiero ‘Hijos sin hijos’, ‘París no se acaba nunca’ o ‘Desde la ciudad nerviosa’. O su ‘Dietario voluble’, que siempre me invita a escribir y a leer. Ismael Grasa siempre ha escrito libros más bien delgados, de una extraña intensidad, de un sesgo minimalista. Siempre me ha gustado mucho de él, además de sus relatos y ‘La tercera Guerra Mundial’, el libro ‘Nueva California’ (Xordica, 2003), donde encuentro este poema que retrata muy bien algo que hago casi todos los días: bañarme en la piscina. Por la mañana, al mediodía, a las nueve o a las doce. A veces me siento ‘el nadador’ de John Cheever, a quien está a punto de editar Oscar Sipán en Tropo, rescatará sus cuentos dispersos. Dentro de unos días, tengo que ir a Jaca a participar en un curso sobre la narrativa de José Luis Sampedro.

 

PISCINA

Alguien dijo que no era hora para bañarse, y nos bañamos.

El edificio hacía sombra sobre la piscina

a esa hora de la tarde, pero nos íbamos a bañar.

Una empleada exclamaba por el pasillo:

“¡Está prohibido sacar las toallas de las habitaciones!”,

cuando comprendimos que era preciso aquel baño nuestro,

esa diversión. Cristina nos fotografió en el agua,

nuestras cabezas asomadas como en una orla

académica –azul, vespertina, estival-

de esa residencia universitaria de Jaca.

La silla del director frente al retrato de Unamuno,

esa otra imagen de mil novecientos veintitantos

tomada en la escalera de la entrada del mismo edificio

que proyectaba su sombra sobre el agua. Al menos

las piscinas no dudan en torno a Dios, aún fuera de horario.

*Ayer, cuando moría la tarde, el ilustrador, diseñador y poeta Josema Carrasco, cuyos dibujos ilustran a menudo este blog, me mandaba esta sirena con la siguiente nota: “Antón Castro, Ángel Petisme, Chema Lera y yo estamos convencidos de que hay sirenas en el Ebro, esta no sé de dónde ha salido”.

'EN FILA': PIEZA DE MARIANO ANÓS

'EN FILA': PIEZA DE MARIANO ANÓS

EN FILA

 

 

 

(EMIGRANTES EN FILA ANTE LA COMISARÍA)

 

 

Por Mariano ANÓS

 

- Tengo en el bolsillo una piedra del color de la última noche en que soñasteis con la selva. Cuando salgo a cazar soy el quebrantahuesos. Los reyes me señalan desde lejos y lloran sin motivo. Una vez recogí sobre las olas a doce economistas que ahora respiran con esfuerzo en los mares de plástico. La piedra no es de plástico, es de piedra, como la edad, como los ojos de los reyes.

 

.- Como los barcos, renuncio a hundirme cuando me es posible, cuando tengo bolsillos. Hay que tener bolsillos para meter las manos. Si es preciso, las manos se pueden dar o se pueden vender. Las manos sueñan, ése es su secreto. Los ojos no, por eso los ojos están siempre inquietos, hasta cuando se cierran. Los ojos están en fila, siempre, siempre en fila, sin bailar, como nosotros cuando no bailamos, como cuando  estamos muertos, como barcos sin papeles.

 

.- En la fila, unos ochenta puestos más allá, en dirección al mundo desordenado y ancho, una mujer recibe patadas en el vientre y no es la policía. No es por fuera. El sol la reconoce clemente y le da fuerzas. De noche le da sombra por dentro del vientre a la mujer. No la conozco. Cuando no estamos muertos, incluso cuando aún no hemos nacido, nos ponemos en fila y apenas nos movemos, lentos y curvos, como los girasoles.

 

.- Un girasol me dijo que el mundo andaba mal, equivocándose. Dijo que cuando sean suficientes apagarán el sol y ya nunca habrá ciegos redactando las leyes. Se mezclarán con el azul del cielo y el mundo será verde. Esa mujer lo sabe. Siempre que la interrogan dice que pregunten al sol. Alguna vez la miran unos segundos y entonces hay como una pregunta nunca dicha que echa a volar y ya no saben nada. Durante unos segundos levantan la vista, luego miran su vientre y ya no saben nada. Cuando vuelven a casa lo han olvidado todo. Esa noche no sueñan, o eso creen. Se levantan sintiendo la fatiga del mundo y vuelven al trabajo.

 

.- Yo vendo alfombras voladoras. Cuando lo digo sonríen como creyendo que tienen algo y que saben algo. Sonríen como obispos, casi siempre. Vaya una sonrisa, pienso. Algunas veces compran. Un niño dijo: ah, sí. Su madre: bueno. Subió a la alfombra y le dio igual que no volara. Dijo: me da igual. Su padre sonrió, o algo parecido. Su madre se pintó los labios. No compraron la alfombra.

 

.- Me estoy meando y pienso. Cuando me meo pienso. Estar en fila tiene inconvenientes: ganas de pensar no entran pero entran ganas de mear, casi constantemente, por qué será, y eso lleva a pensar aunque mucho mejor sería no tener que pensar, o cavilar, dar vueltas, marear lo que sea que anda por la cabeza. No sé quién manda en los pensamientos, pero no soy yo. ¿La policía? No sé. En un escaparate vi una alfombra con girasoles. Pensé: qué idea tan idiota. Ahora al acordarme me entran ganas de mear.

 

.- No es cierto que el plástico sueñe con el mar. Mi padre decía: el mar no es más que un gran hijo de puta con sardinas. Si no es por las sardinas, ya podían taparlo y sembrar coles, hierbabuena o buenos campos de fútbol. Tapar el mar, no creo que pudieran. Mi padre tenía sus ideas. Si taparan el mar, a él lo taparían. Ya lloramos por él. Mi madre dijo que el mar lo había castigado, pero yo no lo creo. Sólo pasó, como pasa tantas veces. Yo sigo comiendo sardinas, ¿por qué no? Y sigo cosechando las coles bajo el plástico. Sí, hace mucho calor. Mi padre no aguantaba el calor: se remojaba todo el tiempo. Yo he salido más fuerte. Dicen que la tierra se está calentando. A mí me cogerá preparado.

 

.- Los ojos de mi madre ya no sirven para ver. Ahora, cuando la miro soy un espía doble: del sol y del recuerdo de sus ojos. Aquí, en la fila de los papeles, cuando me mira un policía, ya sé que no es mi madre. Del tiempo no sabemos nada, ni siquiera si pasa de verdad y aún menos para qué. Cuando me miran estoy muy lejos, pero de dónde. Cualquier animal siente la mirada de las moscas. Nosotros olvidamos. Nunca he visto nacer un arroyo de montaña pero precisamente allí es donde estoy cuando me mira un policía. Mi madre casi siempre estaba en casa. Necesito una ducha. Miradme, moscas, y escribid papeles.

 

*El poeta, actor, pintor y director de teatro Mariano Anós me envía este texto, esta suerte de monólogo del que dice que no sabe si “sería representable”. La foto es de Michelle Magdalena.

 

 

 

ISABEL SORIA RUEDA 'LA ORQUESTA DE LAS MARIPOSAS'

ISABEL SORIA RUEDA 'LA ORQUESTA DE LAS MARIPOSAS'

*La guionista y realizadora Isabel Soria encara un nuevo corto: ‘La orquesta de las mariposas’, que se va a rodar en Valpalmas (donde hay una carrasca con su nombre, nada menos) y va a contar con la banda de Magallón. Así explica ella las claves de este proyecto:

 

La orquesta de las mariposas

Dirige Isabel Soria

 

Se trata de un corto inspirado en uno de mis relatos con el mismo nombre. Todo viene gracias a mi prima Laura Pérez Soria, que es directora de orquesta en Viena.

Una vez la vi ensayar y simulaba mediante post-its los instrumentos de su orquesta. El corto trata de un viejo director de banda sinfónica al que unas mariposas le ayudan a aprenderse la obra.

Lo de las mariposas, que al principio iban a ser moscas, fue porque eran más bonitas y porque además, leí hace tiempo una frase de Compay Segundo, poco antes de morir que dijo que cuando muriera le gustaría ser como una mariposa, como si fuera una mariposa de notas en el aire… Y me pareció muy bonito.

Escribí el guión y tuve la suerte de que me dieran una subvención en el Gobierno de Aragón. Ahora, está en fase de preproducción y se va a rodar casi en su integridad en Valpalmas en las Cinco Villas, donde existe uno de los parajes que a mi más me gustan, una gran carrasca en medio de un gran campo de trigo que la familia Arasco mima con esmero.

La imagen de la carrasca que simboliza la soledad de mi personaje eran idóneas para el componente visual y metafórico del corto. La carrasca, un árbol grandioso, separado del resto de la vegetación por un gran campo amarillo me resultaba realmente atractivo. También él hecho de que unos insectos, unos inesperados insectos ayuden o tengan la sensibilidad suficiente como para ayudar a un viejo músico.

Colabora con nosotros la Banda Municipal de Magallón, que tocará La Madrugá, del gran compositor Abel Moreno que me ha brindado su gran obra para el corto.

En el equipo está como productor Fernando Vera –director de mi anterior guión, ONDAS-, Fernando Medel como director de fotografía, José Carlos Ruiz Cantarero como operador de cámara y mucho más y Andrés Cisneros de ayudante de dirección. También colabora en esta producción COSMOS FAN y su gerente y largometrajista José Ángel Delgado.

Rodamos en agosto, si todo va bien.

 

 

 

EL PROXIMO 28 DE AGOSTO. 20:30 horas
LA BANDA MUNICIPAL DE MAGALLÓN (ZARAGOZA)
PARTIPARÁ EN LA GRABACIÓN DEL CORTOMETRAJE
LA ORQUESTA DE LAS MARIPOSAS
EN LOS DOMINICOS DE MAGALLÓN (AUDITORIO RAMÓN SALVADOR)
LA ORGANIZACIÓN DEL CORTOMETRAJE NECESITA FIGURACIÓN PARA REPRESENTAR AL PUBLICO DE UN CONCIERTO. (De todas las edades)
- La organización agradecería que los interesados fueran vestidos de forma discreta y adecuada a un concierto.
Muchas gracias.
POR FAVOR:
Se ruega confirmar asistencia a este mail o a:

laorquestadelasmariposas@live.com

GEMMA PELLICER: UN CUENTO

GEMMA PELLICER: UN CUENTO

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EN AGUAS PANTANOSAS

 
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Por Gemma PELLICER

Bastaba meterse dentro y aguantar la respiración el máximo tiempo posible, hasta que los pulmones se inundaran de agua salubre y la cabeza se me fuera. Así de fácil.

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Cuando tracé el plan, no creí que resultara tan sencillo ejecutarlo, ni mucho menos que fuera a funcionar a la primera. Llegado el momento, me sumergiría en esas mismas aguas que había imaginado en abstracto, aunque ahora me parecían cenagosas e infectas, habitadas por ingentes poblaciones de bichitos invisibles y molestos. Intenté no pensar demasiado en esos organismos microbióticos invadiéndome, ufanos, cuerpo y conciencia, así que reproduje de memoria los pasos de mi ansiado plan, tan rigurosamente trazado.

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Tras empezar a sentir el ahogo, la falta de riego y de oxígeno -alcancé a recordar-, notarás enseguida el abrazo completo y también el latido del agua que te ciñe y rodea por dentro; luego, cuando la cabeza te dé vueltas y te sientas desfallecer, creerás que tu conciencia se ha vuelto leve y volátil hasta lo indecible, flotante para ser más exactos, reconociéndote al borde del abismo, pendiente de un hilo tu salvación. A lo mejor, hasta te consideras capaz de emerger a nado de semejante pesadilla; como si esas mismas olas que empapan el aire que respiras hubieran decidido, milagrosas, acunarte en mitad del desamparo. No lo podrás saber con certeza hasta que suceda, pero en puridad no deberías sentir miedo. Una vez hayas muerto, unos brazos fuertes alzarán tu cuerpo depositándolo en la orilla misma del Leteo. Y eso será todo, a menos que quien te haya recogido sea Mnemósine, y el Hades se apiade de ti.

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* Gemma Pellicer es licenciada en Filología Hispánica y en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha cultivado la crítica literaria en el diario Avui y en las revistas Turia, Quimera y la argentina Olivar. También ha coordinado, junto con Fernando Valls, la sección de microrrelatos "Liebre por gato" en la revista Clarín. Sus propias piezas han aparecido en la revista mexicana Narrativas y en Paralelo 50; así como en las publicaciones electrónicas Delirio, Kafka y Letras de Chile, y en el diario argentino El Liberal, de Santiago del Estero, o en el blog especializado en microrrelatos Ficción mínima. Mantiene una bitácora titulada Sueños en la memoria.

 

**El profesor y crítico Fernando Valls asoma de vez en cuando por este blog. Somos viejos amigos y tenemos una cita pendiente en Berlín; él me ha prometido que hará de buen anfitrión y que me enseñará las maravillas de la ciudad. Ese es un viaje aplazado que un día se hará. Una de las mujeres de su vida es Yelena Isinbayeva, sin duda, otra es Kajsa Bergqvist, maravillosas atletas, pero quizá su preferida sea Gemma Pellicer, que lleva meses, años, confirmándose como una estupenda escritora de microrrelatos. En uno de sus últimos post, Fernando cuelga este texto suyo y redacta esta biografía. Sospecho que Gemma Pellicer pronto recogerá sus estupendas ficciones breves en un libro. Aquí está este hermoso texto… La foto es de Michelle Magdalena.