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Antón Castro

Escritores

'DOLMEN DA CORVEIRA', UN POEMA DE XOÁN ABELEIRA

'DOLMEN DA CORVEIRA', UN POEMA DE XOÁN ABELEIRA

DOLMEN DA CORVEIRA

 

 

 

Para achegarme a il

Houben de atravesar

Dúas chousas

 

A herba estaba tan húmida

A terra tan lenturenta

Que me enchoupei a feito

Toda a roupa

 

Ecoaban os chíos contra todo

O ceo aquí e aló

Como se fora il mesmo

Unha laverca multiplicada

En diferentes sons

 

Dentro da media lúa

Onde antano medraban os ósos

Cara á seguinte vida

Achou abeiro un palitroque

Dixital

 

Apenas fica nada

Diste sagrario de pedras

Repartidas agora

Polos cerrumes dos prados

 

Mais ó tocalas unha a unha

Agarimando os ocos

Diste ventre nupcial

 

Recoñecín

O pulo exacto das bestas

 

 

 

DOLMEN DA CORVEIRA

 

 

 

Para llegar a él

Tuve que atravesar

Dos prados

 

La hierba estaba tan húmeda

La tierra tan enfangada

Que me empapé completamente

La ropa

 

Resonaban los píos contra todo

El cielo aquí y allá

Como se fuese él mismo

Una alondra multiplicada

En diferentes sonidos

 

Dentro de la media luna

Donde antaño crecían los huesos

Hacia la siguiente vida

Halló cobijo una oscura

Digital

 

A penas queda nada

De este sagrario de piedras

Repartidas ahora

Por los cercados contiguos

 

Pero al tocarlas una a una

Acariciando las oquedades

De este vientre nupcial

 

Reconocí

El pulso exacto de las bestias

 

*Hace muy pocos días, en plena feria del Libro de Madrid, Xoán Abeleira publicada, en edición bilingüe, su libro ‘Animales animales / Animais animais’, en el sello Bartleby de Pepo Paz, editor también de la poesía completa de Sylvia Plath, que ha traducido el escritor. Abeleira, durante mi viaje, me ha hecho llegar este poema, uno de los inéditos que incorpora a su trabajado e inspirado volumen. Aquí está como un pequeño agasajo para los visitantes del blog.


 

JOAQUÍN BERGES: UNA ENTREVISTA CON EL NARRADOR

JOAQUÍN BERGES: UNA ENTREVISTA CON EL NARRADOR

¿De dónde sale el escritor Joaquín  Berges?

De un joven que comenzó los estudios de ingeniería y a los 4 meses de acudir a clase diariamente se dio cuenta de que se había equivocado completamente de orientación. Al año siguiente comenzó a estudiar Filología Hispánica y comprendió que la vocación, en este caso literaria, es un poderoso embrujo muy difícil de evitar.

 

¿Cómo lo llevabas tan en secreto? Me han dicho que solo tu mujer, que además es tu primera lectora, lo sabía…

Lo sabía mi mujer, mi hermana y algún amig@ cercan@. No he querido crear falsas expectativas a mi alrededor. No he querido comprometerme. He preferido concentrar mi esfuerzo en mi labor literaria. Ese secretismo me ha conducido a una operación "salida del armario" que se ha completado esta misma semana. 

 

Además de mi primera lectora, mi mujer ha sido mi correctora y mi crítica más implacable. Su colaboración ha sido determinante. Es una gran lectora y tiene mucho criterio tanto literario como lingüístico.

 

Cómo surgió ‘El club de los estrellados’

 Como la reivindicación de unos personajes habitualmente secundarios que aspiraban a ser protagonistas. Quería contar la historia de dos perdedores que perseguían dos sueños aparentemente distintos, que al final resultan ser el mismo. Me interesaba la vida de dos noctámbulos, desparejados, solitarios y silenciosos personajes que se embarcan en dos aventuras para ellos trepidantes, en los bajos fondos urbanos uno y en un hospital el otro, guiados por el faro que alumbra todas las aventuras trepidantes: el deseo.

 

¿Por qué la mandaste a Tusquets precisamente?

 No puedo ocultar mi admiración por esta editorial. Sigo con entusiasmo la obra de Almudena Grandes y Luis Landero, entre otros autores nacionales. De sus autores traducidos me gustan Murakami, Irving, Grunberg...  Creo que es una editorial con un catálogo de mucho prestigio.

 

Te vinculan con David Lodge y se da la casualidad de que lo conoces, que te escribes con él. ¿Cuál es el influjo real que tiene en ti y qué relación tenéis?

David es amigo mío -electrónicamente hablando- desde hace más de 10 años. Jamás nos hemos visto, pero nos escribimos con regularidad. Ha sido un apoyo y una referencia constante para mí. Su obra es admirable. Sabe conjugar lo cómico con lo emotivo y lo académico y lo filosófico y lo neurótico y lo literario. Es sin duda una gran influencia a la hora de hilar tramas y crear ritmo narrativo. Hay un epígrafe suyo en la novela a modo de pequeño homenaje. Lo elegimos entre los dos.

 

Vayamos directamente con el libro: Narras la historia de un cartero feo feísimo y solitario, que cultiva el fetichismo sexual…

Es un desparejado sin opción a emparejarse. A él le gustaría contemplar la lencería sobre un cuerpo verdaderamente femenino, pero como esa opción es inviable acaba por ponérsela él mismo mientras se mira en un espejo. Es patético y a la vez conmovedor. Y además ese fetichismo es el motor que lo lleva a abandonar su rutinaria vida y adentrarse en los secretos de la plaza de Santa Isabel. Todo ello siguiendo además su intachable vocación de cartero, porque él pretende entregar un misterioso sobre que le han dado en un calabozo.

 

Hablemos del camarero y narrador de la historia: amigo de Francho, enamorado cada vez menos secreto de Hortensia.

El camarero es el verdadero astrónomo. Un tipo acostumbrado a disfrutar de la belleza del firmamento simplemente mirando a través del ocular de su telescopio. Puede ver, pero no puede tocar. Y así encara su relación con Hortensia, como si ella fuera otro objeto estelar de los que admira a través de su telecopio. Por eso es el narrador, porque observa pero casi no participa. De hecho, es el único personaje que acaba como empezó. Todos los demás sufren una metamorfosis. Todos menos él. Incluso yo mismo, que he "salido del armario" delante de amigos, familiares y compañeros de trabajo, he sufrido mi particular metamorfosis.

 

Hortensia es el centro de todas las atenciones. ¿Cuál es su papel? También es una activadora de historias del pasado, sobre todo con la aparición de Armando.

Hortensia es el sueño que persigue el camarero-observador, pero a cambio de dejarse observar por él, ella le cuenta una historia del pasado cargada de culpas y remordimientos. Sufre un proceso de expiación que el camarero-observador tiene que soportar con el mismo estoicismo que si estuviera contemplando la explosión de una lejana supernova o cualquier otro esplendoroso fenómeno del cosmos.

Me doy cuenta de que es difícil referirse al narrador. Lo llamamos camarero, observador, astrónomo. Y esto es así porque deliberadamente no tiene nombre. Cada lector tendrá que ponerle uno, quizá el del propio lector.

 

¿Cuál es tu relación con la música de Bach?

 Bach es el mejor creador de melodías que conozco. Su talento es inacabable. El otro día comentaba con Daniel Gascón que alguien tendría que "remasterizar" algunas de sus melodías para destilar su esencia, dejando al lado los arreglos a veces demasiado barrocos que presentan las versiones más puristas. Es lo que hizo por ejemplo Glenn Gould con las ‘Variaciones Goldberg’. Las pasó de clave a piano y les cambió el ritmo. Eso las renovó.

¿Y con la astronomía?

 Yo también soy astrónomo aficionado desde niño, lo que no sé si me convierte o no en un miembro de ‘El Club de los Estrellados’. De momento llevo calzoncillos, quién sabe si en un futuro también me pasaré a la lencería femenina. El firmamento es bello y asequible, pero poca gente conoce el nombre de las constelaciones y de las principales estrellas. Siempre me he preguntado por qué es tan importante que los niños conozcan todos los nombres de los montes y los ríos (y hasta los afluentes) del mundo  y no aprendan en el colegio a diferenciar las constelaciones del firmamento, que ven cada noche de su vida sobre sus cabezas.

 

¿Cuál es para ti el tema de la novela: la soledad, el amor, la compasión, los secretos del pasado, la búsqueda de un lugar en el mundo?

Todos ellos. La soledad y la camaradería, el silencio y la música, la enfermedad y el pecado, el deseo sexual y el amor platónico, la orfandad y la maternidad, la rutina y la metamorfosis, la realidad y las potencias de la ficción...

 

¿Cómo son las novelas que te gustan, que deben tener, y que tiene esta de esas predilecciones?

 Me gusta que me conmuevan anímicamente, que me exciten, me estimulen, me reclamen desde la mesilla de noche. Que me hagan estar deseando tener un rato libre para volver a ellas. Y que lo hagan además -y esto es lo más difícil porque descarta a muchas candidatas- sin perder la originalidad, la calidad literaria y lingüística. Según me dicen mis primeros lectores, El Club de los Estrellados es una novela ágil, que se lee con fluidez y además conmueve.

 

Has entrado por la puerta grande en el mundo de la edición, en el sello Tusquets que cumple 40 años con un soberbio y envidiable catálogo. ¿Cuál es tu estado de ánimo y tus expectativas?

 Soy demasiado mayor para la euforia y demasiado joven para el escepticismo, así que me encuentro serenamente feliz, muy contento de haber debutado con Tusquets y muy aliviado de haber "salido del armario".

*Joaquín Berges acaba de debutar como novelista a los 44 años con 'El Club de los Estrellados' (Tusquets: Colección Andanzas). Hace unos días, tras leer su novela, cruzamos este diálogo. Aquí está para los interesados de este narrador sólido que tiene un mundo próximo, especialmente en esta novela, a Pedro Almodóvar.

 

CALAMBUR PUBLICA LA POESÍA DE VICTORIANO CRÉMER

CALAMBUR PUBLICA LA POESÍA DE VICTORIANO CRÉMER

La publicación de Los signos de la sangre, de Victoriano Crémer, supone recorrer la historia de la poesía española desde el fin de la Guerra Civil hasta el momento presente. Han sido más de cien años de vida y más de sesenta de poesía. Su vida comenzó en diciembre de 1907; su poesía, en 1944 con la publicación de Tacto sonoro. Periodista, narrador y autor de obras de teatro, su poesía es la faceta que ha merecido mayor atención literariamente.
 
Victoriano Crémer nació en Burgos en diciembre de 1907 dentro de una familia humilde que se trasladó a León en 1917, ciudad en la que el escritor ha vivido el resto de su existencia y en la que falleció el pasado  viernes 26 de junio. Acabada la Guerra Civil, durante la cual sufrió cárcel en dos ocasiones, su vida permaneció ligada al periodismo en distintos medios de la capital leonesa, tanto en radio como en prensa y, a sus más de cien años, ha seguido ofreciendo día tras día su artículo de opinión en el Diario de León. En 1944 fundó y dirigió, con Antonio González de Lama y Eugenio de Nora, la revista Espadaña, que orientó la poesía española en un sentido humanista. En el mismo año 1944 apareció Tacto sonoro, que mostraba algunas de las preocupaciones permanentes del escritor: el dolor humano, el hombre perseguido, el silencio de Dios. Con diferentes tonalidades, son los temas que originan en la misma década libros como Caminos de mi sangre y La espada y la pared. A esta problemática existencial se suma la social (el mundo de los humildes, la experiencia de la guerra, la España del presente), con mayor intensidad en la década del 50 con Nuevos cantos de vida y esperanza y prosigue con poemarios como Furia y paloma y Tiempo de soledad. Trazaba una senda poética por donde también transitaban, entre otros, Gabriel Celaya, Blas de Otero y Eugenio de Nora, con los que formó parte de la histórica Antología consultada de la Joven Poesía Española (1952). Los libros posteriores, más sosegados, emotivos y reflexivos, dan cauce al resto de su poesía, recogida en títulos como Lejos de esta lluvia tan amarga o, más tarde, El cálido bullicio de la ceniza, que impregnará de melancolía los libros sucesivos que se cierran con El último jinete, publicado en 2008 y no recogido en esta antología; son obras de palabra experimentada y serena, pero no resignada, y temas como la vejez, la soledad y la muerte. Entre los numerosos reconocimientos y premios recibidos destacan el Premio Nacional de Poesía en 1962, el Premio Castilla y León de las Letras en 1994 y el nombramiento de Doctor Honoris Causa por la Universidad de León en 1991.


 
La poesía de Victoriano Crémer no varía significativamente a lo largo de los años. Con Tacto sonoro encontró la voz con la que revelar poéticamente su mundo, que era y es el hombre mismo, en soledad o en sociedad. La vida como centro temático, ahondando en él o abriendo perspectivas nuevas que el tiempo iba aportando: los recuerdos del padre y de la madre, los sufrimientos de la guerra, los hijos, los cantos de amor y dolor a la esposa, la vida humilde entre los humildes seres del barrio leonés de Puertamoneda; después, la vejez va imprimiendo huellas en sus poemas, como la temática de la muerte, cuya presencia se torna acuciante tras la agonía de la esposa. El vigor y la fuerza expresiva de sus libros iniciales, muestra externa de la rebeldía interior del hombre, no menguó a lo largo de los años, pero la palabra fue templándose, tornándose más pacífica y reposada, más reflexiva y melancólica.

 
A punto de salir Los signos de la sangre, recibimos la noticia de la muerte de  Victoriano Crémer la noche del pasado 26 de junio. Al dolor por su desaparición se añade el que sentimos al constatar que, por muy pocos días, el poeta no haya podido tener entre sus manos esta recopilación de su obra completa. Ojalá esta edición pueda servir de homenaje al gran poeta, y de recuerdo y consuelo a sus familiares y amigos, a los que transmitimos nuestro más sentido pésame.

 

*Recibí ayer en mi correo esta noche del gabinete de comunicación de Calambur, de Fernando Sáenz, que coincide con la muerte del centenario poeta Victoriano Crémer. Calambur ha sido durante muchos años uno de mis sellos dilectos de poesía. Edita con auténtico primor.

CITA, EN EL MAR DE LA LITERATURA, CON GUILLERMO PIRO

CITA, EN EL MAR DE LA LITERATURA, CON GUILLERMO PIRO

Esta tarde, en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, dentro del ciclo ‘Semana de autor’, tendré un diálogo con el periodista, escritor y traductor Guillermo Piro. El tema de nuestro encuentro lleva por títulos ‘Los escritores del mar. Estelas y nuevas miradas’, que arranca de la publicación de mi libro de cuentos ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006) y de nuestra pasión común por el mar y por autores tan distintos como Julio Verne, Víctor Hugo, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad, Herman melvilla, Ignacio Aldecoa y Rafael Dieste, entre otros. El encuentro será en la sede de la calle Paraná.

 

Coloco aquí una pequeña nota de Guillermo Piro, que procede de su ficha de wikipedia. Guillermo es poeta, autor de varios libros, novelista, ganó el segundo premio Tusquets de novela, y cuentista.

 

[Guillermo Piro es escritor, periodista y traductor. Nació el 16 de agosto de 1960 en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Desde hace años Piro está abocado a la reedición de las obras de Héctor A. Murena de quien el Fondo de Cultura Económica ya publicó una antología a su cuidado titulada Visiones de Babel. Piro se ha desempeñado como periodista free-lance para distintos medios nacionales y extranjeros. Sus artículos, críticas, entrevistas y crónicas de viaje han aparecido en Clarín, La Nación, Diario Perfil, Página/12, First, 3 Puntos, La Stampa, Los Inrockuptibles. Fue director de la revista de libros Gargantúa. Piro integra el consejo de redacción del Diario de Poesía y el consejo de dirección de la revista Confines. Ha traducido, entre otros, a Juan Rodolfo Wilcock, Roberto Benigni, Emilio Salgari, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Andrea Zanzotto, Carlo Maria Cipolla, Enrico Brizzi, Federico Fellini, Paolo Rossi, Melissa P. y Ermanno Cavazzoni. Actualmente es subeditor del suplemento Cultura del Diario Perfil.]

*Los escritores del mar. Estelas y nuevas miradas. Diálogo entre Antón Castro y Guillermo Piro. Centro Cultural de España en Buenos Aires. Semana de Autor. A las 19.00. Calle Paraná. La ilustración, ’Barcas en el riachuelo’, es de Quinquela Martín.

 

DE QUINQUELA MARTÍN A RAMÓN SENDER EN SAN TELMO

DE QUINQUELA MARTÍN A RAMÓN SENDER EN SAN TELMO

Dicen que los domingos por la mañana hay que ir hacia San Telmo y hacia la plaza Dorrego para ver el inagotable mercado. Hay de todo. Salimos muy temprano. Tomamos un taxi y un amable conductor nos enseñó el barrio de Boca, el puerto, los antiguos depósitos, nos llevó hacia Caminito y sus casas pintadas, y posteriormente hacia el estadio de La Bombonera, donde juega el Boca Juniors. A pesar de todo, nos confesó, él era de Huracán y aún recordaba el título de Liga de 1973, cuando jugaban el ‘Loco’ Houseman, Brindisi y Carlos Babington.

 

En esa zona, dando paseos de aquí para allá, bajo el frío, parando a tomar fotos, oyendo sus anécdotas, hablamos del pintor argentino más popular: Benito Quinquela Martín (1890-1977), que fue además un hombre solidario con ese entorno, un filántropo con la ciudad y con sus gentes humildes. Quinquela fue un grandísimo pintor del mar, del río, de los barcos, de las gentes de ese lugar, de origen italiano. He aquí uno de sus impresionantes lienzos, que se remontan a un tiempo de esclavos. Quinquela es un pintor de la luz, del fuego, del trabajo, de la orilla, de los antiguos depósitos del Río de la Plata. Su paleta ha sido incorporada, de algún modo, a las casas y al entorno. La gente pinta sus viviendas modestas con sus colores.

 

Avanzábamos en el taxi hacia la plaza Dorrego, y vimos una biblioteca de viejo ‘El rufián melancólico’. Allí se detuvo nuestro viaje: entramos. La dirige un diseñador chileno, enamorado de España, especialmente de Sevilla. Allí, encontramos una edición, la primera de Argentina, de ‘El rey y la reina’ de Ramón J. Sender, publicada en 1949 por Ediciones Jackson, y una deliciosa conversación, bellamente ilustrada, de Victoria Ocampo y de Eduardo Mallea.

JAVIER QUIÑONES ESCRIBE DE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

JAVIER QUIÑONES ESCRIBE DE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

“Uno no sabe si la vida es un cuento o si los cuentos amontonados unos encima de los otros son la vida.” Estas palabras las dice el narrador de “Historias de la mina” en el inicio de uno de los relatos que integran este volumen y al leerlas, se me da por pensar que Antón Castro ha ido narrando su biografía, literaria y personal, cuento a cuento y que estos que reúne en este volumen de acertado título vienen a ser un poco el resumen y la explicación de muchos de los anteriores, que encontraron su sitio en otros libros suyos, de los que yo he leído tres: El testamento de amor de Patricio Julve (1995), El álbum del solitario (1999) y Golpes de mar (2006), todos ellos editados por Destino. El libro del que me ocupo hoy, Fotografías veladas, lo publica Xordica.


Dice el propio Antón, en una “Nota final”, que estos cuentos están escritos en diferentes épocas y que algunos fueron publicados en periódicos, revistas, libros colectivos o antologías temáticas, pero que al reunirlos ahora comprueba “que quizá haya una unidad de fondo, temas recurrentes: la fotografía, la interferencia entre Aragón y Galicia, la huella del mar y de la naturaleza y la presencia constante de la novia del viento: Zaragoza.” Leyéndolos, y habiendo leído los de sus otros libros, se advierte claramente esa unidad, aunque aquí, quizá más que en los anteriores, lo biográfico, ficcionalizado, cobra mayor protagonismo; como ejemplo de lo dicho, el cuento “Patricio Julve y otros fotógrafos imaginarios”, que podría tomarse por un relato real, en el cual, un narrador de ficción cuenta y da detalles de lo que otros narradores, también de ficción, contaron en otros libros. Y detrás de todos ellos, la figura del autor, que se asoma como pidiendo permiso a sus narradores para desvelar algunos “secretillos” de sus criaturas de ficción. Metaliteratura, pues, y de alto calibre, porque se lee con emoción y con complicidad, por los guiños generacionales, por el paisaje y por el paisanaje también.

Algunos cuentos parecen escapados de otros libros: por ejemplo, “Las mujeres del cuadro”, que podría haber formado parte de El álbum del solitario. La variedad temática del libro es amplia: desde los cuentos con perro –en la memoria, cada vez que leo un cuento con perro, el de Ignacio Martínez de Pisón, “Siempre hay un perro al acecho”-, estupendo “Un perro entre reyes” con la figura de Manuel Martín Mormeneo, que es también protagonista de un cuento muy emotivo, por el desengaño amoroso, “La estación del adiós”, hasta el mundo del fútbol, tan cercano a Antón –siempre leo en su blog las crónicas del Garrapinillos, donde el fútbol tiene aún dimensión humana- en ese cuento un poco en clave que es “La radio y el ídolo”, en el que creo que habla de Arsenio Iglesias, aunque, claro, no lo puedo afirmar. Lo literario está presente en un cuento titulado “Siete noches con Inés de Garza”, que gustará a los muchos becquerianos que andan por el mundo y a quienes, como yo, hayan visitado con frecuencia esa zona: Trasmoz, Veruela, Tarazona y otros lugares por los que en su día anduvo el poeta sevillano.


Uno de los mejores cuentos del libro, si no el mejor, es el titulado “Pabostría”, en el cual el narrador vuelve a una ciudad, Zaragoza, buscando las huellas del pasado de su padre y en el fondo buscándose a sí mismo. Es un cuento extenso y de una intensidad muy bien lograda. A menudo nos buscamos a nosotros mismos en las huellas de los demás e intentamos imaginar cómo fue la vida de los otros para entender un poco quiénes somos. Eso creo que es lo que busca el narrador en este excelente cuento. Y esa búsqueda es, a la vez, un punto final y el inicio de la ficcionalización de esa búsqueda; así acaba el cuento: “Allí, en Pabostría, puso punto final a todas sus fugas y a su soledad. Y ahí, algunas horas después, al alba y a la intemperie, Alberto Gomesende Esmorís decidió la primera frase de la novela que pensaba dedicarle: “Mi padre eligió para morir una calle con gatos en los balcones y un tañido de campanas...” Que Antón, si lee esta entrada, me perdone el revelar el final de un cuento, cosa imperdonable para la que ya le estoy pidiendo indulgencia, pero creo que todos, llegados a una cierta edad nos hacemos la misma o parecida pregunta: ¿quién fue en realidad nuestro padre? La respuesta es o puede ser literatura.


Que Antón escribe muy bien lo sabemos todos sus lectores y repetirlo ahora es ocioso. Sólo me queda invitar a los visitantes de este blog a hacerse con el libro de Antón, sobre todo quienes hayan leído alguno de los anteriores, aunque no es condición imprescindible, desde luego, y disfrutar de estos estupendos relatos.

 

*Javier Quiñones es un estupendo lector y un estupendo escritor. Un conocedor de los grandes escritores del destierro, desde Max Aub a Arana o Sender. Hace algunos meses, el pasado mes de marzo, le dedicó en su blog ‘De ahora en adelante’ -jquinyonesblog.blogspot.com- esta bella nota a mi libro Fotografías veladas (Xordica, noviembre de 2008). No la había traído aquí por pudor; lo hago ahora, cuando ando por Buenos Aires [estoy en el hotel Bel Air, en Arenales1462, mi contacto es mi correo de hotmail: antoncastro_1@hotmail.com] y preparo una conferencia entrevista sobre mis libros y mi pasión por la literatura del mar, y ordena las notas de un taller sobre televisión y cultura, y la reencuentro en ese fondo universal de armario que es internet. En Fotografías veladas reaparece, entre otros asuntos, mi devoción por el mar, los mitos marinos, el cinturón de las playas y las sirenas.

Mil gracias de nuevo, Javier. Es una hermosa y cálida nota. El afecto, aunque hace tiempo que no nos vemos, es recíproco. Acabo de volver del café Tortoni, he visto fotos de aquellas tertulias de amistad y literatura, me he sentado al lado de una de mis poetas-mito favoritas, Alfonsina Storni, también he visto un precioso retrato suyo en la Casa Rosada, quizá el mejor que le conozco.

DIESTE, CASTELAO...; CHARLA ENTRE GALLEGOS

DIESTE, CASTELAO...; CHARLA ENTRE GALLEGOS

Ayer, en el local de la Federación de Asociación de Centros Gallegos de Buenos Aires, en la calle Chacabuco, di la primera charla de las cuatro que tengo que dar aquí. Hablé de la vinculación de cinco escritores con la ciudad: Castelao, Luis Seoane, Lorenzo Varela, Rafael Dieste y Eduardo Blanco-Amor, además de glosar la trayectoria del dinamizador cultural Arturo Cuadrado, nacido en Denia y galeguista decisivo, que estuvo detrás de revistas, editoriales, proyectos culturales y de la intensa vida cultural de la ciudad. Fue una experiencia estupenda: hacía tiempo que no daba una conferencia sobre autores gallegos.

 

La mayoría de ellos firmaron en Buenos Aires algunos de su slibros más importantes: Castelao publicó en 1944 ‘Sempre en Galiza’ y estrenó en 1941 su pieza teatral ‘Os vellos non deben namorarse’, para las que hizo, además, las máscaras; Rafael Dieste leía para sus amigos, en las apacibles tardes del café Tortoni (he estado esta tarde con Carmen: tomamos café, nos hicimos fotos y además acabamos comiendo allí), los relatos que iban a integrar ‘Historias e invenciones de Félix Muriel’; Luis Seoane desplegó una intensa labor pictórica, periodística y literaria, ahora se dice que hay 50 murales suyos en la ciudad, y Lorenzo Varela residió aquí, amó a Estela Canto (vivió con ella siete años sobre todo en Montevideo. Estela fue el amor imposible de Borges) y firmó sus mejores libros. Y Eduardo Blanco-Amor fue corresponsal de ‘La Nación’, trabajó en los periódicos y revistas de los centros gallegos y redactó algunos libros fundamentales de su trayectoria: ‘La catedral y el niño’, ‘A esmorga’ (ayer me regalaron una traducción al castellano en Corregidor) y ‘Os biosbardos’, un espléndido libro de cuentos. Habría en torno a 50 personas: al final se aplaudió, se comió, se bebió, se charló de política y de saudade, y se cantaron canciones gallegas y varios tangos.

 

Se me olvidó decir que leí tres textos en gallego: uno de Curros Enríquez, ‘Cantiga’, y dos sobre la emigración de Seoane y Lorenzo Varela.

 

Fue una noche estupenda. La gente, por lo regular, republicana, tiene un vínculo muy intenso con Galicia. (La foto no es de gallegos sino de Victoria Ocampo, a quien la fotógrafa Sara Facio, retratista de escritores, le dedicó un estupendo libro de imágenes).

JUAN PABLO BUSTAMANTE DE LIMA: DOS TEXTOS

JUAN PABLO BUSTAMANTE DE LIMA: DOS TEXTOS

Autobiografía de lector

 

I

Mi primer libro tenía un tiburón en la portada. Mamá se quedó boquiabierta cuando le pedí que me lo comprar en vez del VHS de Dragon Ball. La verdad es que hacía un par de semanas que acababa de ver la película de Spielberg y mi única intención era encontrar imágenes de un tiburón en esa pequeña novela infantil de terror de la serie Escalofríos de R.L. Stine. Aún no tenía diez años y yom era un niño de la generación Nintendo, así que no pidan demasiado. Grande fue mi decepción al no encontrar en su interior ni una sola imagen. Pero ya estaba hecho, el libro estaba en mi cuarto y mamá no iba a aceptar cambiarlo por el VHS de Dragon Ball; así que ya no me quedaba otra opción y me puse a leer.

 

II

1999. Estaba en quinto de primaria y ya iba camino a convertirme en un devorador de libros. Habían caído en mis manos, por obra y gracia de las amigas de mamá, Fuente Ovejuna, las coplas de Manrique, La vida es sueño, el Cantar del Mío Cid y las Novelas Ejemplares de Cervantes. Me lo soplé todito en dos semanas. Me encantaba leer. Yo era, soy y seré siempre un cero a la izquierda en los deportes, por lo que la lectura era mi única escapatoria a mi mundo de frustración. Ya se sabe que si no eres bueno en el fútbol en el colegio, pasas automáticamente a ser el monse del salón. Y me dediqué a leer, hasta que me di cuenta que las matemáticas se me hacían muy fáciles y que como ingeniero podría ganar más dinero.

 

III

Me siento largamente complacido de haber hecho una adaptación en diez minutos de Don Juan Tenorio manteniendo la estructura en verso. Con mi cara fea y redonda y mi pelo trinchado, hice de Don Juan. Y aprobé literatura con la más alta nota del salón.

 

IV

Papá quiso que lo acompañara a Villa El Salvador. Nosotros vivíamos en el Callao: eran más de dos horas de viaje en bus, solo de ida. Al regresar, me faltaban solo un par de páginas para terminar mi primera lectura de Cien años de soledad.

 

V

El primer poema que escribí tenía en el undécimo verso la palabra “crepúsculo”. Meses después leí los 20 poemas de Neruda y me hizo odiar esa palabra, que me parece la más horrible del castellano. Ese primer poema (bonito pero cebolla, según un comentario anónimo por Internet que nunca llegué a entender) está escondido en u cajón del que ya me olvidé.

 

VI

A veces, en la madrugada, hay una picazón en manos y ojos que le gana al sueño. Me levanto de la cama y camino hasta mi biblioteca personal. ¿Qué quiero leer hoy? ¿Los cómics de Spider-Man o los Diálogos de Platón?

   

 

Viaje en transporte público

 

–¡Baja, conchatumadre! ¿Hasta dónde vas a hacerme pasar?

–Se baja en el paradero.

–Pero acabas de pasártelo.

–Se avisa con anticipación.

–Hace cinco cuadras que te estoy diciendo que bajo en el paradero del grifo.

–Pero no estás en la puerta.

–Si me has arrimado al fondo del carro.

–Si quieres viajar cómodo, chapa un taxi.

–¿Puedo bajar?

–Baja, baja, pie derecho.

 

(Puse el pie derecho en la vereda con el caro en movimiento y me doblé el tobillo).

 

 

Juan Pablo Bustamante. (Callao, 1988). Estudia Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se especializa en Producción Audiovisual. Fue seleccionado en el IV Concurso Nacional de Poesía “Prima Fermata Literaria 2008”. Textos suyos han sido publicados en plaquetas, blogs, fanzines y revistas impresas y electrónicas.

 

*Juan Pablo Bustamante, jovencísimo, tocado de barba, asistió a los dos días de talleres en el Centro Español de Lima. Se veía que tenía un talento especial: ha escrito prosa, teatro, poesía, guiones de cine, guiones de cómic. Hoy, nada más llegar a Argentina, a Buenos Aires, abro el correo y encuentro los dos textos que nos leyó en Lima. Tuvo, además, el hermoso detalle de acudir a la charla-conferencia que compartí con el escritor y profesor José Güich. La foto es de Martin Chambi.