Blogia
Antón Castro

Escritores

JOAQUÍN BERGES: 'EL CLUB DE LOS ESTRELLADOS' HOY

JOAQUÍN BERGES: 'EL CLUB DE LOS ESTRELLADOS' HOY

Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC el escritor zaragiozano Joaquín Berges, de 44 años y algunos otros libros secretos, presenta su primera novela: ‘El club de los estrellados’, que ha publicado Tusquets. Cuenta la historia del cartero Francho, que pertenece a una asociación de amigos que contemplan las estrellas y que vive una historia muy particular. Hijo de una mujer que tenía una mercería, se ha quedado atrapado en ese universo: es un tipo irremediablemente feo aunque esbelto que ejercita el fetichismo y los placeres solitarios ante el espejo: se pone bragas y sujetadores y otras prendas íntimas que querría ver en mujeres delgadas y luego se masturba y se vierte en el interior de un preservativo. Y por otra parte está la figura de un innominado barman que está enamorado de Hortensia, compañera de trabajo de Francho. Un día, tras haber golpeado a un policía, Francho da con sus huesos en la cárcel y alguien le entrega un sobre que debe entregar a un tal Koyak. A partir de ahí cambia la vida de los tres amigos: Francho conoce a Chelo (ella le demuestra o le revela que también puede disfrutar con una mujer), conoce a su hija Irene, conoce al turbulento Koyak; el barman, enamorado y observador nato, acompaña a Hortensia en una complicada operación. Y ella, como si fuera Scherezade, le contará, día a día, noche a noche, la historia de su vida, que contiene una dolorosa historia de amor y un regreso inesperado, el de Armando, su padrastro, el cantante de antaño con el traicionó a su propia madre…

 

El libro está muy bien escrito y funciona estupendamente. Tiene diversos niveles de lectura y rinde homenaje, entre otras cosas, a Johan Sebastian Bach. Joaquín reconoce el influjo, en su escritura, de Luis Landero, de David Trueba, de David Logde, con quien se cartea desde hace una década. ‘El club de los estrellados’ es un libro sobre los temas eternos, y las torpezas del amor (¿Por qué no sabemos decirle a alguien que lo queremos?), sobre los submundos y también aborda algo curioso: cómo un pequeño detalle puede cambiarnos la vida. Un sobre, una prenda íntima, un nombre de mujer o nuestra afición al espionaje…

 

En ‘El club de los estrellados’ hay una película. Seguro.

 

El club de los estrellados. Joaquín Berges. Tusquets: colección Andanzas. Presentación esta tarde, a las 19.30, en la FNAC, en compañía del editor Juan Cerezo y del escritor y traductor Daniel Gascón. Esta foto de Jeanloup Sief es una alusión al fetichismo sexual de la obra de Joaquín Berges.

CARMEN ARDUÑA: ALGUNOS POEMAS

CARMEN ARDUÑA: ALGUNOS POEMAS

Carmen Arduña es profesora y poeta. Ana Nos encontramos hace unos días en la presentación de ‘En ese cielo oscuro’ de Sol Acín. Había leído dos libros suyos y le pedí que me enviase algunos pomeas. Seleciono aquí estas piezas de ‘De tiempo de espera’ y de ‘Acariciando el sur’. La fotografía es de Weegee, 'el ojo público'.

 

 

 

De ‘Tiempo de espera’

 

Espejo de la vida

que reflejas un rostro ya surcado.

Reproduce, lejano pero próximo,

otro instante igual o quizá ya distinto

del que se alumbra ahora en esa imagen

como semilla de fruto prohibido.

Se alternan los papeles,

cambia el ritmo.

Lo que en la imagen son líneas de futuro

en el reflejo propio es ya sólo vacío de pasados.

 

 

Cabalga sobre el tiempo la existencia

sin que podamos jamás marcar su paso.

El galope de ayer se torna pronto

en trote fatigado y sin avance.

Cabalga el tiempo para sin darnos cuenta

negarle hasta su paso a la existencia.

Pasa el tiempo.

Y mientras va pasando,

se pierde en el camino la esperanza.

 

 

Rompió de sus cadenas la atadura.

Con cada paso que daba hacia adelante

ataba la del otro en su pasado.

Los ritmos que ensayamos nunca llevan

a  un punto de armonía en el encuentro.

La vida se construye sólo y siempre

de ilusión de vivir, de certeza de muerte.

 

 

En cada respirar huye la vida

como se escurre el agua que tocamos.

No deja casi rastro ni señales.

Sólo la sensación que se evapora

cuando las gotas del agua recogida

vuelven a ser del río que creímos

entre las manos tener por un momento.

 

 

De ‘Acariciando el sur’

 

Su vida era la historia de otras vidas.

Amalgama con forma y ya incolora

de vidas de colores ya apagados.

Silencio palpitar cuando, lejano,

el palpitar es grito que silencia

la vida que se muere tan cercana.

 

 

El silencio mataba las palabras.

Morían las caricias que antes eran

dulce lugar de encuentro en el abrazo.

El calor que antes unía aquellos cuerpos

se tornó fría estancia. Desencuentro.

Rendida por el llanto que ya sólo

mojaba un lecho yermo de caricias,

gritó que el tiempo al fin ya devorara

las presencias ajenas que se huían.

Mas no era nuevo engendrar aquella pena

en lo que fue para dejar de serlo.

 

 

Despertarse de un sueño hoy imposible

donde se hará posible el ya mañana.

Que el llanto silenciado sea grito

y la huida se alumbre en horizonte,

pues donde muere el Sur, nace la vida.

 

 

Y otra vez abrazar el compromiso

de saber que las derrotas propias

engendrarán ajenas las victorias.

Y que los girasoles que hoy son ciegos

 roja verán al fin la luz de amanecida.

 

 

Lo ausente era otra vez presencia que acercaba

en lejano y ausencia lo presente.

Y sólo el Sur se mostraba cobijo

donde poder dar vida a la presencia.

JOSÉ MARÍA CONGET: UN DIÁLOGO SOBRE LA MEMORIA

JOSÉ MARÍA CONGET: UN DIÁLOGO SOBRE LA MEMORIA

 

"Para mí, la gloria sería que un cine

de barrio llevase mi nombre"

 

 

José María Conget (Zaragoza, 1948), premio de las Letras Aragonesas 2007 y premio Cálamo 2005, reedita su novela 'Todas las mujeres' (Paréntesis) y evoca "la Zaragoza de la memoria", una ciudad inolvidable de películas, de música, de libros y tebeos

 

Tiene una memoria prodigiosa. Recuerda el aroma y el tacto de los tebeos, las melodías, los cines de barrio y sus olores. Ha pasado casi 40 años fuera de su ciudad, pero José María Conget (Zaragoza, 1948) siempre ha tenido una relación particular con ella. Fue Premio de las Letras Aragonesas en 2007. Reedita su novela 'Todas las mujeres' (Paréntesis) y se jubila de la enseñanza. Ha sido abuelo.

¿Qué significa Zaragoza en su vida y en su memoria?

Zaragoza es mi infancia, mi adolescencia y mis años de universitario. Terminé la carrera en el año 1970 del siglo pasado, y en 1970 me fui de aquí. Y he vuelto ya solo en verano, en vacaciones, para ver a la familia. Lo que pasa es que yo viví en Zaragoza hasta los 22 años, apenas sin salir de ella más que para ir a casa de mis padres, en verano. Los primeros años iba a Borja, y después iba a Pamplona. Eso marca mucho.

¿Se parece algo esta Zaragoza a la que conoció?

Yo estoy marcado por una Zaragoza que ya no existe, realmente. Esto ha cambiado poco, estamos en la Ciudad Universitaria, y esto ha cambiado poco. Pero la Zaragoza que yo recuerdo, aquellos bares un poco casposos donde tomábamos unas croquetas horrendas y unos pimientos rellenos que nos sabían a gloria. Todo eso ha ido despareciendo, los cines. Mi Zaragoza es una Zaragoza de la memoria ya.

Hablemos un poco de aquellos cines que tanto le embrujaban.

Zaragoza era una ciudad con muchísimos cines de barrio, que eran estupendos, primero, porque eran muy baratos y porque podías pescar no ya las películas de estreno al cabo de unas pocas semanas del estreno que estaban más baratas en algunos cines, sino películas olvidadas, perdidas, muy cortadas en los barrios: el cine Torrero, el Delicias, el Venecia, el Rialto.

¿Qué ocurría en esas salas?

Algunas estaban en el centro. El cine Latino, que estaba un poco maldito entre los estudiantes porque te pedían el carné a la entrada, con lo que si aún no tenías los 18 años -yo aún no los tenía cuando ponían ciertas películas-, no podías pasar. Había ahí un portero que era un Caronte durísimo. Por ejemplo, el cine Coso era un cine guay, porque pasabas a las de mayores y no te pedían el carné. En el Latino ponían siempre reposiciones estupendas. Mi aspiración a la gloria, sería que volvieran a poner un cine de barrio y que uno llevara mi nombre. Me parecería que habría alcanzado realmente la posteridad a la que más puedo aspirar.

También ha escrito mucho de los quioscos y los tebeos, de las librerías de viejo…

En Zaragoza había una librería de viejo que era la de Inocencio Ruiz, era la librería a la que empecé a ir al final del Bachillerato y a lo largo de la carrera. Era un librero que sabía mucho, un librero realmente profesional, de los que casi ya no quedan, aunque Zaragoza creo que ha tenido suerte, siempre ha tenido buenas librerías de librero; en otras ciudades ya no existen. Vivo en Sevilla y en Sevilla ya no existe una verdadera librería. En Zaragoza estaba esta librería de viejo y luego estaban -cuando yo era niño mi pasión eran los tebeos y los libros -, los patios de las casas donde había, no se puede decir quioscos de tebeos, porque no eran quioscos, se ajustaban a antiguas porterías y alrededor de todo el patio, estaba el patio forrado de tebeos, las novedades y algunas montañas de tebeos un poco viejos, antiguos que se vendían a peseta, y junto a los sobres sorpresa, que costaban también una peseta, y yo me encandilaba. Yo era muy aficionado a otra librería donde me llevaba mi abuela, que no era una librería de viejo, la librería Pons, que estaba en el pasaje, en la parte de atrás del cine Dorado. Y en esta librería, a la que iba con mi abuela y mi tía, me compraba las novelas de Salgari, porque Pons tenía un surtido enorme de novelas viejas de Salgari, algunas de antes de la guerra. Aquella era mi imagen ideal de librería que esconde tesoros, un poco la librería platónica, la imagen de todas las otras librerías que me ha quedado es aquella.

¿Qué lugar ocupaba la música en esa Zaragoza? Se lo pregunto por su evocador libro 'Ahora vamos a contar canciones' (Xordica)…

La música es muy importante para mí, primero, porque creo que es el arte más emocionante de todos; a mí me parece que la emoción mayor que cualquier arte me ha podido producir me ha llegado muchas veces a través de las notas musicales, a través de las canciones que oía desde niño. Hubo una vez que, estando con Paco Ibáñez y un grupo de amigos, él pidió que cada uno cantara la primera canción que recordaba y fue estupendo, aunque la gente cantaba muy mal. Yo la primera canción que recuerdo es 'Doce cascabeles', me la cantaba mi padre cuando íbamos de Maleján, donde era secretario del ayuntamiento. No voy a muchos conciertos, pero sí escucho música en casa.

Como todos, ¿no?

En casa el que plancha soy yo y antes de ponerme a planchar prefiero que haya una gran colada porque me preparo varios discos y me preparo verdaderos programas de música, hasta tal punto que mi mujer me ha grabado discos especiales en los que pone 'Música para planchar' y ha hecho selecciones de canciones, de fragmentos, de óperas o de sinfonías que sabe que me gustan mucho y que yo ya sé que cuando llegue a la camisa beige me va a tocar la VII de Beethoven.

¿Cómo fue su vida universitaria?

Bueno, yo no iba mucho a la Universidad; al principio, yo entré con una vocación, quería ser una especie de gran humanista, menos mal que se me fue pronto la vocación, y creía que una carrera como Filosofía y Letras te proporcionaba los medios para ser un humanista. En seguida, la verdad, tuve la lucidez suficiente, a pesar de que era bastante lelo, inexperto, etc., pero tuve la lucidez suficiente como para darme cuenta de que un gran humanista de aquí no iba a salir. Mis recuerdos son malos. Tuve algún profesor que recuerdo como absolutamente extraordinario, a mí me tocó ser alumno uno de los primero años en que daba clase José-Carlos Mainer y Mainer realmente valía la pena como profesor; pero la mayoría era terrible.

¡Pero, hombre! Si usted ha sido profesor tantos años…

Algunos eran ideológicamente nefastos y dictatoriales; me acuerdo de uno, y no voy a decir el nombre, que en primero de carrera nos diezmó; creía que hablábamos mucho en clase y decidió que todos los alumnos cuyo número de matrícula terminaba en uno estaban suspendidos de antemano. Luego, en un acto de amnistía imperial, que era casi tan lamentable como el castigo, nos perdonó. Pero bueno, ¿alguien se puede imaginar a un profesor de ahora diezmando a una clase? En fin, no, no tengo buen recuerdo de la Universidad. Todos éramos al final un poco autodidactas.

¿Y la política?

En mi novela 'Gaudeamus' se y cuenta el curso 68-69, o 67-68, no me acuerdo bien. Pero, en fin, yo quería que la novela contara el 68 de la Universidad de Zaragoza, el mayo del 68 que no existió, aquí nadie se enteraba de nada. La principal muestra que hubo en esta facultad de Filosofía y Letras, que tengo ahí enfrente, de protesta estudiantil fue una pintada, que alguien puso ahí, que ponía "los exámenes son la leche". Y a eso se redujo el mayo del 68 zaragozano. Seguramente habría gente implicada clandestinamente en otro tipo de actividades más interesantes que poner la pintada "los exámenes son la leche", pero yo que estaba en la babia política en esa época. No me enteré.

Se reedita ahora, en Paréntesis, su novela 'Todas las mujeres'...

Es un libro al que yo le he tenido siempre una manía extraña. Es un libro que no se titulaba 'Todas las mujeres', se titulaba 'Anoche soñé con el juicio final' y mis editores de Alfaguara, Manolo Rodríguez Rivero y Luis Suñén, de los que luego me hice amigo y a los que tengo mucho afecto, decidieron que el título mío era siniestro, que en la novela había humor, que no era comercial, no se iba a vender, y me dijeron que lo tenía que cambiar, sino no se publicaba. Y sacaron el título de la dedicatoria; la novela está dedicada a mi mujer, a Maribel Cruzado, que es todas las mujeres y pusieron 'Todas las mujeres'. Lo he tenido que leer otra vez, con un poco de aprehensión, la verdad, no me gusta nada leer lo que yo he escrito hace años. Sin embargo la publicación del libro sí que tiene para mí buenos recuerdos porque la presentación de Zaragoza sirvió para que yo conociera a mucha gente que ahora mismo forma parte de mi círculo de amigos.

¿No ha sido el cine un compañero constante como la literatura?

Bueno, yo en esa época creía que era verdad la frase de François Truffaut de que el cine es más hermoso que la vida, yo ahora no lo creo. Creo que la vida no siempre es hermosa, esa es la verdad, pero creo que mucha gente de mi generación, desde luego a mí me pasaba, se fijaba en el cine y en los libros porque la vida fuera era demasiado fea, dura, o no estábamos preparados, no teníamos el suficiente aprendizaje como para enfrentarnos a muchas cosas y entonces vivías la vida de forma vicaria a través de algunas películas y de algunas novelas.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Ahora el cine para mí un entretenimiento como leer, no he dicho ni siquiera un arte. El cine me gusta mucho, sigo yendo al cine, no lo veo en vídeo ni en televisión porque me duermo, yo soy espectador de sala y voy bastante. Me sigue estimulando y me divierte.

Usted era un escritor de culto, minoritario, asentado en un sello como Pre-textos. ¿Qué trajo a su calma y a su casa el Premio de las Letras Aragonesas de 2007?

Estoy muy agradecido a este premio, pero es sobre todo una cuestión afectiva porque yo tuve la sensación de que me lo daba -no me lo daba Aragón, que es una abstracción-, de que me lo daban los amigos. Conforme me hago mayor, valoro menos el cine y la literatura y valoro más la vida y los afectos. La amistad me parece que es algo extraordinariamente valioso. A mí no me pasa como eso que decía Baroja que no le entusiasmaba la amistad. A mí, sí.

 

 

‘VIENTO DE CINE’, LECTURAS, EL PROFESOR

 

Si algo caracteriza a José María Conget, más que la cinefilia (editó una estupenda antología de poesía y cine en 'Viento de cine' en Hiperión, 2002), es su pasión por la lectura. Ha sido un gran lector de Dostoievski, de Borges, de Chesterton, de Kipling, de la literatura latinoamericana. Es un rastreador, un curioso. Suele decir: "Fascinados por las tres primeras novelas de Mario Vargas Llosa y la primera de Bryce Echenique, 'Un mundo para Julius', mi mujer y yo nos fuimos a Perú: sin dinero, sin trabajo, sin conocer a nadie. Allí tuvimos a nuestra hija. El grado de libertad era mayor que en España. Allí podías ver 'El acorazado Potemkin' o cine erótico sueco sin ningún problema".

Conget es autor, además, de tres magníficos libros de narrativa en Pre-textos: 'Palabras de familia', 'Hasta el fin de los tiempos' y 'Bar de anarquistas', volumen de relatos que le supuso el premio Cálamo de 2005. En la hora del adiós de la enseñanza, dice: "Cuando empecé suspendí a algún alumno, luego no porque yo daba clase de literatura y pensaba que la literatura se relaciona con el placer. Me decía: '¿Cómo vas a suspender a alguien?'. Creo que la literatura debería enseñarse como un juego, que es lo que es, como un placer  y no como una obligación".  (Esta foto de José María Conget pertenece al Centro del Libro de Aragón).

 

JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO: UNA CITA HOY EN LA FNAC

JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO: UNA CITA HOY EN LA FNAC

Esta tarde, a las 20.00 horas, en la FNAC, José Luis Gracia Mosteo presenta dos nuevos libros: el poemario erótico ‘Blues de los bajos fondos’, con el que ganó el I Premio Internacional de Poesía José Verón, y la reedición de su novela ‘La saga de los Pirineos’, editada por vez primera en 1999. El primer libro está dedicado a José Luis Melero Rivas y es un viaje en 24 poemas, a ritmo de blues, sobre el mundo de las putas y los proxenetas, y nace de los viajes y visitas del escritor de Calatorao a lupanares, garitos, clubs de alterne. El libro tiene algo de reportaje muy narrativo y tiene algo de volumen de la épica del desgarro cotidiano y de la supervivencia. ‘La saga de los Pirineos’ está dedicada a Luis Alberto de Cuenca y cuenta la historia de un éxodo del campo a la ciudad y la historia de un hombre: Martín Abarca, que será juzgado por asesinato.

Éste es uno de los poemas de ‘Blues de los bajos fondos’, un poemario que tiene un precio inusual, tres euros. El volumen se inspira en la realidad, en personajes que ha conocido Gracia Mosteo y alterna la miseria, la desesperación, la ironía, una cierta ternura y la sátira. También hay un diálogo con la poesía erótica de otros autores: desde Kavafis, Gil de Biedma, César Vallejo u Oscar Wilde, entre otros. la foto es de Sam Haskins.

 

 

POR QUÉ NANCY TASIGUANO APALEÓ

 A UN CLIENTE

 

Su culo caribeño causaba sensación

entre los camioneros: un culo con tres hijos

y un negro en Costa Rica; así que diez o doce

clientes cada día en aquel club de la 2,

ya sabe, la Autovía de Madrid-Barcelona,

no era exactamente un sacrificio para ella

sino una carga digna: mantener a los suyos.

Cuando desayunaba, se comía dos huevos

con bacon y un café, además de un cubata

y un porro de maría que le ponía el chichi

como una pera de agua, los de la GCT

 lo habían comprobado, ellos ya conocían

la piel de esa mulata que cantaba boleros

en las mañanas frescas y saludaba riendo,

por eso no aceptaban que hubiera apiolado

a aquel plumilla incauto haciendo un reportaje

sobre los bares esos de carretera y putas.

 “Cuatro costillas rotas y un moratón de Cristo

y Señor en el cóccix”, diagnosticó un cliente

 que resultó ser médico. ¡A la calle con ella!,

añadió el propietario, ¡que folle en otro sitio!

 Nancy no dejó escapar una maldita lágrima:

subió a la habitación, cogió las fotos mustias

de sus hijos y el lápiz de labios, y bajó

cuando estaba arrancando la ambulancia. ¿Seguro

 que no te ha hecho nada raro?, dijo el pitufo,

¿no te habrá amenazado, se obstinó, para que hagas

algo sucio? Fue cuando pensó en Carlitos, en James,

en su negro, en Édison bebito; cuando dijo:

¡El muy hijo de puta: me paga un especial

 y sólo quiere hablar! ¡Hijo de mala madre!

¡A una profesional! ¿Pero ustedes son hombres,

papafritas chingados? Causaba sensación

lejos de sus tres hijos y de su negro en paro.

 

EMILIO GASTÓN: POESÍA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

EMILIO GASTÓN: POESÍA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

El lunes 15 de junio, a las 19 horas, el abogado, escultor y poeta (entre otras muchas cosas), Emilio Gastón hará una lectura poética dentro del ciclo “Poetas en vivo”, organizado por la Obra Social Caja Madrid en colaboración con la Biblioteca Nacional, y coordinado y presentado por Enrique Gracia Trinidad.

Emilio Gastón es poeta en castellano y aragonés, perteneció al grupo Niké y ha sido el primer Justicia de Aragón. Es un estupendo rapsoda de sus versos, que mezclan el manifiesto social, el humanismo y un cierto surrealismo.

Salón de actos de la Biblioteca Nacional (Paseo Recoletos, 20, de Madrid). Entrada libre, aforo limitado. Esta foto de Emilio Gastón la tomó José Antonio Melendo.

NOTAS DE LECTURAS / 32

NOTAS DE LECTURAS / 32

Bajo el león de San Marcos

Ana Alcolea. Algaida. Sevilla, 2009. 480 páginas.

 

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962) había publicado hasta ahora tres novelas juveniles. La segunda de ellas, ‘El retrato de Carlota’, transcurría en Venecia. En su primera y ambiciosa novela para adultos, vuelve a la ciudad de los canales. En realidad, quien vuelve es la escritora zaragozana Ángela Casanova, que jamás lleva cámara fotográfica, porque quiere escribir una novela sobre Caterina Contaro, una mujer que fue reina de Chipre y retratada por grandes artistas como Bellini, Tiziano o Hayez, entre otros. Alcolea propone una cuidadosa trama, vinculada a un cuadro, y a la vez redacta la novela de Caterina, protagonizada por la joven Angelica, que despierta al amor, al deseo y al espionaje. El libro, como suele ocurrir en las ficciones de Ana Alcolea, presenta un interesante tejido culto, artístico y literario, que incluye a cinco hombres: de algún modo, Ángela Casanova es una mujer seducida por cinco hombres: Luis, Pablo, Roberto, Alfredo Milos (un experto en arte, decisivo en la intriga de la historia, que incluye un muerto: una estudiosa rusa) y el comisario Moretti, que hace pensar en el Brunetti de Donna León.

 

 

El brumario de Emilio

Jorge Cortés Pellicer. Mira editores. Zaragoza, 2009. 381 páginas.

 

Jorge Cortés, el autor de ‘La savia de la literesa’, se ha inspirado en un título de Carlos Marx para ‘El brumario de Emilio’, novela y biografía del restaurador, actor y político Emilio Lacambra, propietario de Casa Emilio. El libro, de escritura impresionista, elaborado a lo largo de cuatro años, propone un viaje por la vida del protagonista, de la ciudad que vivió, del núcleo familiar, de los cines, de su actividad teatral (con personajes de la talla de Mariano Cariñena o Juan Antonio Hormigón, entre otros), de sus estudios en Madrid y de un importante núcleo de amigos zaragozanos, entre ellos José Antonio Rey del Corral, ‘Boris’, Adolfo Burriel, ‘el Lorcas’ o Vicente Cazcarra. También hay inesperadas revelaciones, relativas a historias de ‘topos’ o a una pasión juvenil de Miguel Labordeta.

 

La playa de los ahogados

Domingo Villar. Siruela: Col. Policiaca. Madrid, 2009. 446 páginas.

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) es uno de los escritores españoles de novela negra más sorprendentes. Debutó con ‘Ojos de agua’ (Siruela, 2006), que cosechó un importante éxito. Allí, junto al sobrio inspector Leo Caldas, colaborador en un programa de radio, estaba su ayudante, el aragonés somarda Rafael Estévez. Ambos regresan ahora en un libro mucho más extenso y ambicioso: ‘La playa de los ahogados’, que narra la llegada de un cuerpo, con las manos atadas, hasta la orilla, empujado por la marea. Es Justo Castelo, un marinero. La investigación conduce a los lugares de lo inverosímil y del asombro. Caldas, por otra parte, vive numerosas tensiones y anda algo sombrío; los desencuentros con el aragonés Estévez también le afectan, no tanto desde luego como el extraño crimen, no tanto como su ánimo desasosegado.

 

Cuentos de la Disciplina Clericalis

Versión de Magdalena Lasala. Prólogo de María Jesús Lacarra. Ilustraciones de David Guirao. PUZ: Larumbe Chicos. Zaragoza, 2009, 128 páginas.

 

Este precioso libro aúna a cuatro autores: a Pedro Alfonso de Huesca, un pionero del relato corto, un judío converso del que se sospecha que nació en 1065 y falleció en 1121; a la mujer que más sabe de él, María Jesús Lacarra; a la escritora que se prendó de los cuentos de la ‘Disciplina clericalis’ y los adaptó para niños algo crecidos, Magdalena Lasala; y a uno de los estupendos ilustradores jóvenes de Aragón: David Guirao, que ha intentado realizar su propia interpretación y que los dibujos y su colorido también hablasen, también contasen historias de un sabio y un joven, historias de amor y misterio, de pozos misteriosos, de animales, cuentos sensuales, metafísicos, paradigmas. He aquí el resultado: este espléndido volumen en Larumbe chicos que ha quedado realmente bonito.

*La foto es de Sophie Pawlak.

 

 

 

 

FERNANDO LALANA: CIEN TÍTULOS DE FICCIÓN

FERNANDO LALANA: CIEN TÍTULOS DE FICCIÓN

Fernando Lalana (Zaragoza, 1958) es un caso insólito. Con ‘El círculo hermético’ (San Pablo, 2009), ha alcanzado una cifra redonda e increíble en su bibliografía: ha publicado cien libros a lo largo de poco más de 25 años. Empezó con ‘El secreto de la arboleda’ (1981), lo redactó durante el servicio militar, y uno de sus superiores, cuando se enteró, le dijo: “Ande, ande. Llévese esto de aquí, y no se lo cuente a nadie, no vaya a afectar la noticia a la moral de la tropa. ¡Un artista entre nosotros!”. Heredero de Jardiel Poncela y de Carlos Arniches, urde tramas todo el rato, solo o en compañía de José María Almárcegui, con quien ha colaborado en una veintena de volúmenes. Almárcegui es el encargado del trabajo de documentación y a veces de la ilustración. Tras el bombardeo de ideas entre ambos, Fernando le da sentido a la historia: le confiere coherencia, complejidad, misterio, amenidad e ironía. Es uno de los autores que ha convertido Zaragoza en un territorio de ficción con mayor intensidad y la puebla de sectas, de asesinos, de anticuarios, de bailarines, de fabricantes de cañones, de policías clásicos como Germán Bareta o de jóvenes curiosos como Nico Martín, que, en ‘El círculo hermético’, vive entre dos amores, Malva y Desdémona, en medio de un crimen ritual. El mundo del libro, como el del teatro, siempre está en crisis, a la caza de lectores. Fernando, coleccionista de plumas y paseante de su ciudad, se pasa media vida fuera de casa: contando historias, hablando del placer de la lectura y la escritura, y así, de aula en aula, de hotel en hotel, conoce a futuros protagonistas de sus libros y a lectores adolescentes e inconformistas. Es un asiduo de la Feria del Libro, y en esta edición que finaliza con más razón. Aúna la cantidad, la calidad y el humor con una inmensa pasión por la literatura.

*La foto es de Pascal Abadie.

 

RAÚL HERRERO: POEMAS Y MÚSICA EN ÁMBITO CULTURAL

RAÚL HERRERO: POEMAS Y MÚSICA EN ÁMBITO CULTURAL

Día: 10 de junio de 2009

Lugar: El Corte Inglés (Ámbito Cultural) de Zaragoza:

Hora: 19:30 h.

 

Tema: Ceremonia-literaria, recital de Raúl Herrero.

 

Raúl Herrero, escritor, pintor y editor, acometerá la ceremonia-recital que lleva por título “En un lugar de la Mancha…”

Durante la ceremonia el autor evocará la palabra, acompañado por música del compositor Josep Soler , tanto de  poemas propios como de autores cuya obra ha sido publicada por la editorial Libros del Innombrable.

Entre los autores a los que pondrá voz se incluyen: Fernando Arrabal, Antonio Fernández Molina, José María de Montells, Mariano Esquillor, Federico González,  Eduardo Chicharro, o Juan Eduardo Cirlot.  También recogerá algún texto clásico de poetas incluidos en la Antología de poesía mística española (preparada por Antonio Fernández Molina y publicada por Libros del Innombrable en el año 2006).

 

Durante su intervención aparecerán enigmáticas figuras  que aportarán al sonido y la música la dimensión que los textos precisan. El año pasado con motivo del décimo aniversario de la editorial Raúl Herrero llevó este montaje a diversos puntos de España. A lo lardo de estas ceremonias el autor llevó más de cien poemas de una media de quince autores.

 

El acto lo presentará el poeta José Antonio Conde.

 

Tras el acto se podrán adquirir los libros de los que proceden los textos .  Además Raúl Herrero firmará gustosamente los ejemplares de su autoría a todo aquel que lo desee.

 

Para más información: 976 423247

www.librosdelinnombrable.com

*Esta información pertenece al gabinete de prensa de la editorial Libros del Innombrable. (La foto es de Lisa Larsen).