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Antón Castro

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CEES NOOTEBOOM: EL HOLANDÉS DE ZARAGOZA

CEES NOOTEBOOM: EL HOLANDÉS DE ZARAGOZA

Arcadi Espada y Cees Nooteboom se cruzan en el Guggenheim de Bilbao, y el periodista le confiesa que tenía ganas de conocer al escritor más aragonés del mundo nacido en Holanda. Le recuerda cuánto le marcó ‘Desvío a Santiago’, ese viaje por España que le lleva a la catedral de Jaca, a las mudéjares tierras de Teruel o a la soledad del Museo de Zaragoza en un día de calor, entre monjas. El peregrino Cees, el viajero curioso, es ampliamente citado en el reportaje ‘Ebro/Orbe’, en el que Espada recorre el río desde su desembocadura hasta su nacimiento y sigue, además, el curso de las tuberías del trasvase. Nooteboom está a punto de reeditar su libro ‘Las montañas de Holanda’, que tiene algo de cuento de hadas donde ensancha la geografía de su país, pero lo curioso es que en esa novela aparece la cartuja de Aula Dei y un inspector zaragozano de carreteras secundarias llamado Alfonso Tiburón de Mendoza, que se parece al escritor Javier Tomeo y que realizó estudios de ingeniería. Aragón aparece una y otra vez en los libros de este eterno candidato al Nobel. En ‘Hotel Nómada’ recuerda que no estuvo en el incendio del hotel Corona de Aragón por un día y ahora, en un libro de cuentos que está terminando, ha decidido rendirle un homenaje: en ese drama desaparece una jugadora empedernida de póquer, Paola, y su amante, un mafioso colombiano. Hace treinta años exactamente, Cees Nooteboom también conoció a su mujer, la fotógrafa Simone Sassen (con quien firmó ‘Tumbas’), y con ella recorrió Zaragoza y parte del mundo. Sigue haciéndolo: tarde o temprano, en un coche de alquiler, vendrán a ver la exposición ‘Goya y el mundo moderno’.

 

*Estuve con Cees Nooteboom y simona Sassen el pasado día seis en Bilbao. Conversamos ante el público, en compañía del traductor Mikel Vidal, en el Museo Guggenheim, tras una espléndida, lúcida y sincera intervención de Arcadi Espada, dentro de la programación del Festival de las Letras. Por la noche cenamos en Casa Rufo e hicimos muchas fotos. Cees Nooteboom publicará próximamente en Siruela su libro ‘Lluvia roja’, que habla de su relación con el jardín que tiene en Menoría y con los isleños. Cees me contó historias de sus viajes, de sus libros y de su amigo Hugo Claus, que perdió la memoria y decidió irse del mundo antes de olvidarse de todo. Lo anunció a sus amigos y así lo hizo. Una historia conmovedora.  (Este retrato a lápiz de Cees Nooteboom está firmado en 1959, como diría una película, el año que nací yo. Y Miguel Mena, Fernando Sanmartín, Antonio Pérez Lasheras o Fernando García Mongay, entre otros.)

UNA ANTOLOGÍA DE TERROR, CIENCIA FICCIÓN Y PULP

UNA ANTOLOGÍA DE TERROR, CIENCIA FICCIÓN Y PULP

Octavio Gómez Milián elige a un combinado de once autores para el volumen Al final del pasillo. Una antología de terror, ciención ficción y literatura pulp de Aragón. Dice el poeta, antólogo y divulgador cultural en prensa, radio y televisión:

 

Me encargo de coordinarla yo y publica Editorial Comuniter. La portada es de Álvaro Ortiz y Víctor Montalbán. Los autores son:

 

* Ángel Gracia
* Daniel Gascón
* Eva Puyó
* Ignacio Escuín
* Juan Luis Saldaña
* Magdalena Lasala
* Manuel Vilas
* María Frisa
* Miguel Serrano
* Oscar Sipán
* Patricia Esteban Erles

Pronto os mando fechas de presentación
aquí blog y facebook para más información
http://alfinaldelpasilloantologia.blogspot.com/
http://www.facebook.com/group.php?gid=51996942234

MANOLO MARTÍNEZ FOREGA: LABIOS Y BESOS DE POESÍA

MANOLO MARTÍNEZ FOREGA: LABIOS Y BESOS DE POESÍA

Hace unos días, el poeta, traductor y editor Manuel Martínez Forega ofreció una  charla-recital muy sugerente. No pude asistir, pero Manolo ha dejado esta entrada en su blog y algunas fotos. Detrás de esta bella joven veo al poeta Emilio Quintanilla Buey, que acaba de publicar su Primera Antología Poética.

 

NO HAY LABIOS COMO TUS BESOS

 

Manuel MARTÍNEZ FOREGA

Bueno, amigas y amigos y público en general: mi gratitud por vuestra participación, por vuestra presencia y por el ánimo que supuso veros a todos allí. Me sentí no sólo besado, sino acompañado, arropado y conectado a un experimento que, gracias a vosotras, cumplió sus objetivos: uno, someter a prueba aquellas capacidades que nadan a duras penas en un mar de dudas (con esta imperiosa contingencia sé que muchos no estarán de acuerdo); otro, dotar de veracidad a la experiencia. La experiencia que, usada como sintagma preposicional, califica lo incalificable, revela lo irrevelable postpuesta a una corriente que sí es sustantiva: la poesía. Decir "poesía de la experiencia" es lo mismo que decir, por ejemplo, "el agua es líquida", o "la tierra es elíptica", o "la sangre es roja". Definiciones inútiles y viciosas. Tautologías que descerebran el pomposo solio de la intelectualidad que lo sugirió e insultan la inteligencia de un elemental receptor. Decir "poesía de la experiencia" es afirmar lo que en sí misma es. Sobra, por consiguiente, el sintagma prepositivo. ¿Cuál es el argumento de la poesía? La experiencia, naturalmente, es el argumento de la poesía; de toda poesía, de la Poesía, del género. Cualquier ensayo delimitador, toda nomenclatura conceptual en este sentido busca acotar perversamente los intereses de unos cuantos, vedar el círculo formal, restringir las cotas formales y plegar las aspiraciones poéticas a una sola propaganda modal.
Siguen, pues, siendo rabiosamente actuales (aunque las dirigiera a otra generación de poetas) las palabras de Leopoldo María Panero: poesía de la experiencia es viciosa invención —y cito a continuación las palabras de Panero— "de unos cuantos malos poetas de universidad que, aprovechándose de la incultura de este país, van dándoselas por ahí de grandes hombrecitos."
Ayer, con un poquillo de pretenciosidad y un muchillo de ludismo, quise con vuestros besos abandonar el fanum conceptual y salir de él, convertirme junto a todas vosotras en uno más de los profani y ponerme manos a la obra profanando el sacro imperio de la pospostmodernidad. Ésa fue la primera parte; la constatación de la "experiencia" tendrá su conclusión material en la composición de tantos textos como besos. Me he puesto condiciones —como la técnica laboratoria exige— y me he sometido a la dura "experiencia" de no visionar las imágenes que se grabaron para que la "experiencia" sea la que debe ser: el resultado de un proceso experiencial en el que sólo la sensualidad (un conjunto de sentidos aleatorios) dé con su final determinación empírica. No obstante, lo tengo fácil porque fuisteis, en vuestra generosa colaboración, diversas, heterogéneas. Viva la polimorfía de este juego dispuesto para la gravedad, y al carajo con las descontextualizaciones interesadas extraídas por unos cuantos usureros del viejo texto de Robert Langbaum (1).


(1) The Poetry of Experience (The Dramatic Monologue in Modern Literary Tradition), 1957.

 

DANIEL MOYANO: TRES MICROCUENTOS

DANIEL MOYANO: TRES MICROCUENTOS

La escritora gaditana Ángeles Prieto me envía estos tres relatos del escritor Daniel Moyano, el autor argentino que acaba de rescatar Tropo. Daniel Moyano (y no Manuel, como ha estado aquí el fin de semana: mis disculpas) es un extraordinario narrador: novelista, cuentista, y un enamorado de la música. Los textos ya tienen casi 20 años (Moyano murió en 1992), y aquí siguen, lozanos e inteligentes. (La foto es de Annie Leibovitz, ella es Nicole Vaidisova, tenista, y se la dedico a al director de orquesta y trompetista Carlos Roldán que dio a entender ayer que entraba en este blog en busca de bellas mujeres.)

 

MICROCUENTOS DE MANUEL MOYANO

 

 

HELIOTROPOS

 

         El hombre es bípedo y andante por error biológico. De lo contrario, volaría. La evolución tiende a las congruencias, y el volar con naturalidad hubiera sido una de ellas. Todo estaba preparado para ese brillante comienzo. Porque volar era lo suyo. Una oportunidad única que le daba el Tiempo, entonces lento y generoso.

         Por error o inclinación, prefirió el largo y tortuoso hecho de erguirse para reptar como un inválido (está a la vista que caminar sólo con dos pies es una de las costumbres más absurdas y antiestéticas) recorriendo el planeta, que, de paso, depredó escrupulosamente. A partir de entonces, el resto de los vivientes le llamó Dos Patas, triste nombre con el que lo reconoce la memoria biológica.

         Pegado a la Tierra, a la que, por su naturaleza de evadido, no pertenece cabalmente, su comportamiento, debido a esta circunstancia, es el de un parásito, o como el de un pequeño y pernicioso gusano del universo, según la vio la implacable lupa del irlandés Jonathan Swift.

         La Tierra estaba lista, como un regalo del tiempo en su primer milenio, para ser el descanso del vuelo, la mesa tendida llena de alimentos, un árbol en el diluvio. Pero él prefirió convertirla en cárcel, y como tal la ama, aunque a veces, en sueños, añora los espacios planetarios.

         Cada vez que es consciente de la pérdida, dice que aquí abajo tiene como sustituto el consuelo del amor, y lo esgrime como respuesta a esa carencia fundamental. Ignorante de que en el espacio hubiera tenido acceso a esas casi increíbles mujeres descubiertas por el poeta y astrónomo argentino Oliverio Girondo, que hacen el amor en vuelo y que cada mañana, mientras desayunas terrícolamente, si te asomas un poco a la ventana puedes ver haciéndote señas desde las nubes bajas invitándote a un regreso.

         Para cazarlas inventó unos sucedáneos metálicos del vuelo, de los que ellas huyen asustadas y como olas que desde la playa se alejasen mar adentro.

         Acuciado por la nostalgia del paraíso perdido, últimamente construyó artefactos capaces de viajar por el cosmos. En el espacio, que pudo ser del hombre para siempre, estos pergeños, con o sin astronautas, actúan como intrusos.

         En sueños, estos hombres que perdieron el espacio pueden a veces ver la Tierra-Jardín como desde lejos, ostentosa de mares azules mezclados con crepúsculos, salpicada por ínsulas extrañas, aguas súbitas, flores espasmódicas y mujeres en vuelo.

         Y además verse a sí mismos, muy por encima de ese globo envuelto en luz, tal como hubiera podido ser, flotando, volando, renaciendo, arriba y abajo, como enormes mariposas transparentes y con consentimiento de los grandes heliotropos.

 

VISIÓN DEL MUNDO   

 

         Las gallinas, encerradas para siempre en su inmutable naturaleza, no pueden ni siquiera atisbar el sentido de lo que hay más allá de su casi nulo entendimiento.

         Tras unos inútiles esfuerzos de sus ancestros para intentar un cambio de situación -que sólo sirvió para verificar la imposibilidad de conseguirlo-, y no pudiendo ir más allá de sí mismas, se refugiaron obstinadamente en su gallinidad, la idealizaron poniéndola en el centro de su mundo, la convirtieron en su verdad más profunda y aceptaron el sacrificio permanente de sus vidas a cambio de la continuidad de esta creencia.

         Su incapacidad de entendimiento las puso en esta penosa situación, pero a la vez las liberó, aciagamente, de advertir que aquella creencia tenida por razón vital no es más, en la tremenda realidad que ignoran, que una simple mecánica alimentaria impuesta por un verdugo desconocido, a quien ellas consideran su protector y al que apenas pueden ver a causa de la poco favorable posición de sus ojos.

 

EL INCENDIO IMPOSIBLE  

 

         El incendio que por razón aún desconocidas se declaró en el Cuerpo de Bomberos pudo ser sofocado debido a que al personal, sin experiencia de un hecho semejante, le pareció que, aunque tenían el fuego ante los ojos, éste era imposible en razón de la naturaleza del cuerpo y de su función.

         Entonces, mientras la alarma sonaba enloquecida, se quedaron de brazos cruzados hasta ser consumidos por llamas gigantescas.

         La no existencia, por definición, de bomberos para bomberos favoreció notablemente el desarrollo del evento.

 

                                                                  DANIEL MOYANO

                                                                  Septiembre de 1989

        

 

TEXTO DE LA PRESENTACIÓN DE VÍCTOR JUAN

TEXTO DE LA PRESENTACIÓN DE VÍCTOR JUAN

Víctor Juan Borroy ofició de presentador de Fotografías veladas. Estuvo muy cariñoso, pero eso no sorprendió a nadie, hasta rindió homenaje a Carlos Roldán, director de la Banda de Garrapinillos. Los chicos tocaron durante casi media hora, y luego intervinieron Alonso Martínez y Fernando Bastos. Hubo mucha gente. Este es el texto de Víctor  Juan, caracterizado por el cariño y la complicidad.

 

El señor de las palabras

 

[A propósito de Fotografías veladas de Antón Castro]

 

Me voy a permitir contarles o recordarles algunas circunstancias que nos ayudan a entender quién es Antón Castro. Su manera de fabular y de escribir sólo se explica si atendemos a cómo fue su infancia. Antón nació en Santa María de Lañas, una aldea próxima a Arteixo. Después de veinte años de zozobra intelectual, Pepe Melero ya acepta que los delfines acariciaran las piernas de Antón cuando se bañaba en las playas de Barrañán. También hemos dado por bueno que llovieran ranas cuando Benito, el padre de Antón, volvía de Suiza con un saco de naranjas sanguinas bajo el brazo. Antón era un  niño que todo lo miraba de otra manera. En su casa le decían “Planetas” porque cuando contaba las cosas nunca se sabía bien dónde terminaba la realidad y dónde empezaba el terreno de la fantasía. Antón improvisaba partidos de fútbol con botones y los más bonitos se llamaban Yarza, Violeta, Canario, Santos, Sigi, Marcelino, Villa y Lapetra.

En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón. Así se le conoce en el mundo de la cultura y de la política, en el mundo del arte, en el mundo del deporte. Y por supuesto, aquí, en Garrapinillos.

Antón ha contado en muchas ocasiones que vino a Aragón casi por accidente, huyendo de todo, huyendo de sí mismo. Hace treinta años una tempestad le dejó varado en Zaragoza. Como cuenta en “La estación del adiós” aquí encontró a la mujer de su vida, se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeuves. Se quedó entre nosotros con su mirada de niño perpetuo dispuesto a dejarse conmover por los prodigiosos cotidianos de la vida. Cuando decidió quedarse quizá tuviera una camisa blanca que lavaba cada noche y que tendía al raso para que se la planchara la Luna. Quizá viviera en la calle Estudios o en Casta Álvarez y luego se instalara en una avenida que se estremecía con el paso de los trenes. Quizá tuviera algunos libros o carpetas llenas de recortes y fotografías de los temas que le apasionaban: el cine, el fútbol, el boxeo, el atletismo, la fotografía. Lo que sí es seguro es que tenía las 27 letras del alfabeto. Y con ellas contaba el mundo.

Mientras escribía esta breve presentación recordé un delicioso episodio de El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármenta que refleja la importancia de las palabras para entendernos, para explicarnos, para encontrarnos y para amarnos.

Como recordarán, Mario Jiménez, era un joven que cambió su destino como pescador para llevarle la correspondencia a Pablo Neruda. Un día se armó de valor y le confesó a don Pablo que quería ser poeta.

-Hombre, en Chile –dijo Neruda- todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guantones.

Neruda retomó la varilla de la puerta, y se dispuso a entrar, cuando Mario mirando el vuelo invisible de un pájaro dijo:

-Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.

-¿Y qué es lo que quieres decir?

-Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.

Durante estos años, Antón se ha convertido en el señor de las palabras, en el escritor que sabe qué quiere contar y cómo ha de contarlo.

 

Fotografías Veladas

Catorce años después de publicar Veneno en la boca, un libro de entrevistas que yo he leído decenas de veces, Antón vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas.

Conviene tener claro desde el principio que una fotografía no es la realidad. Una fotografía es una representación y a veces oculta la realidad o la tergiversa o la embellece de tal manera que preferimos la imagen a la realidad misma. La realidad es un concepto permeable, cambiante. Por eso en Fotografías veladas los personajes de Antón saltan a la realidad y se pasean por lugares reales, pero al mismo tiempo los personajes reales invaden el universo que Antón crea con palabras. En los cuentos de Antón la realidad y la ficción se dan la mano en un territorio mágico.

En Fotografías veladas hay homenajes permanentes. Homenaje a Leoncio Gascón, a Teruel, a Urrea de Gaén, al Somontano del Moncayo, a Loarre, a Zaragoza. Hay mucho fútbol y algunos maestros (como don Antonio y Matilde). Hay muchos personajes reales como Miguel Mena, Paco Boisset, Balfagón, José Luis Melero…

Antón tiene una asombrosa capacidad para enamorarse de los paisajes, de la gente que le acompaña cotidianamente, de la tierra en la que vive. Luego lo cuenta con esa pasión tan suya por contar y a todos nos entran unas tremendas ganas de vivir en Cantavieja, en La Iglesuela del Cid, en Urrea de Gaén o en Fisterra para contemplar los cielos que descubre Antón. Creemos que encontraremos seres imposibles o que nos mirarán las sirenas como le miran a él.

Antón ha hecho de Garrapinillos un escenario definitivamente literario. En estas calles sucedió el encuentro de Manuel Martín Mormeneo con Sonia en “La joven y el reportaje imposible”:

“…Vengo a menudo por aquí. Me gustan los huertos, los albérchigos, las higueras, los manzanos. Alargas una mano y coges lo que te apetece. Además hay una casa que me gusta mucho, toda cerrada con mirtos. Se llama El Aleph. Siempre juego a pensar qué ocurre dentro, en los jardines, cuando cae la tarde”.

Les confesaré que yo he paseado por los alrededores del Alehp con la vana esperanza de encontrarme con Sonia, la miseriosa mujer que conduce un Audi y me consta que lo mismo hicieron en más de una ocasión Javier Torres, Pepe Melero o Rodolfo Notivol. Incluso colgué en la web una fotografía de una falsa Sonia sólo para despertar los celos de Antón y la envidia de Pepe Melero.

Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, Loarre, Cantavieja o Ejulve, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los fantasmas, las brujas, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.

Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepárense para sumergirse en este Macondo particular de Antón Castro en donde viven Patricio Julve y Manuel Martín Mormeneo en un  mundo en el que las mujeres huelen a bambú o a manzanas rojas, un universo de seres atrapados en mil pasiones, arrastrados por la melancolía, un universo de seres que miran lo cotidiano como nosotros no seríamos capaces de mirar nunca. (La foto es de Pierre Gonnord.)

 

 

 

 

 

HOY, EN GARRAPINILLOS, 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

HOY, EN GARRAPINILLOS, 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

Este viernes 13 puede ser un gran día.

 

En compañía de Víctor Juan y algunos otros amigos, entre ellos el editor Jusep Raül Usón de Xordica (sello que cumple 15 años), hoy presentamos ‘Fotografías veladas’ (Xordica), mi último libro, una colección de relatos dividida en tres partes que habla de paisajes aragoneses y gallegos, y de un puñado de asuntos que siempre me han interesado: el amor, el cine, la literatura, la fotografía, la pintura, los fantasmas y el arte de contar. En el conjunto reaparece Patricio Julve, el fotógrafo que va y viene por todos mis libros, cobra fuerza Manuel Martín Mormeneo, que reside en Garrapinillos con absoluta discreción, casi como si fuera un fantasma, y aparecen entre otros Javier Cruces, que acaba de recibir un nuevo Premio Goya, el tercero de su carrera, igual que lo ha recibido su nuera asturiana Tamara Hevia por una estupenda foto de boda.

 

El profesor y escritor Víctor Juan Borroy, que también vive en Garrapinillos y monta a caballo, será el encargado de presentar el volumen. Víctor Juan, que debe ser uno de los pocos escritores españoles que monta  a diario en yegua o caballo, acaba de terminar su tercera novela, tras Por escribir sus nombres y Las manos de Julia, aún inédita. El acto tendrá un prólogo y un epílogo: la banda de Garrapinillos, sección más joven, ofrecerá un concierto de alrededor de media hora hacia las 19.30, en el Centro Cívico, que ha diseñado por completo Juan Carlos Roldán. Y después, tras las palabras de Víctor Juan y las mías, actuarán Fernando Bastos ‘El Magras’ (cantante de Vinos Chueca) y Alonso Martínez, que van a realizar un proyecto musical juntos.

 

Fotografías veladas. Centro Cívico Antonio Beltrán de Garrapinillos. A las 19.30. Actúan: Banda Joven de Garrapinillos, que dirige Juan Carlos Roldán y Fernando Bastos & Alonso Martínez. (Esta foto marina, como algunos de mis cuentos, es de Jonas Bendiksen).

RAMÓN ZARAGOZANO: POEMAS DE AMOR, MAR Y MÚSICA

RAMÓN ZARAGOZANO: POEMAS DE AMOR, MAR Y MÚSICA

Recibí hace unos días un curioso correo de Ramón Zaragozano, que es médico y escribe y realiza fotografías. Acaba de publicar en una artesanal edición para amigos la plaquette ‘Poemágenes’ (Bachiana). Una de las pasiones de Ramón es la música clásica, es un sabio melómano, me cuenta Pepito de Antígona.

 

Copio aquí algunos de sus poemas. No así sus fotos (ésta es de Camilla Akrans), que no sé cómo hacerlo:

 

Quién puso esa red

para llegar al mar

 

mi cuerpo se rompe

contra ella

no me puedo acercar

 

las olas!:

ellas la hicieron!

Pero no saben…

que te quiero

 

 

Cómo se pueden tener

¡dos bocas!

 

¿Cómo evitarlo?

 

Medio bajaré los toldos y las persianas

de todos mis ojos… y mis ventanas

de todos mis sentidos

 

Me quedaré así… entreabierto: a ver...

qué pasa

 

Me incrustaré en un árbol y seguiré viéndote toda mi vida

Toda tu vida

 

Partiré

 

el mar en dos:

una mitad para ti,

otra para mí

 

Te doy mi mitad

reconozco

que todo el mar…

 

es tuyo

 

Mezclaré tu sol

y tu sombra

hasta que resulte

un azul perfecto

 

Hasta que se parezca al color

de un sueño

 

hasta que de esa jaula

un beso

levante el vuelo…

SONIA FIDES: UN POEMA CON FONDO DE JAZZ Y HUMO

SONIA FIDES: UN POEMA CON FONDO DE JAZZ Y HUMO

LA MUERTE NO TOLERA LOS EMPATES

 

 

 

Gastados, gastados minutos que no podrían ser peores,

 

Minutos de un barbárico consentimiento.

 

Elisabeth Bishop

 

 

 

 

La vida es siempre

 

una extravagante rueda de prensa,

 

un lugar en el que la gente te mira con tanta fijeza

 

que acaba haciéndote creer que puedes convertirte

 

en un valioso objeto de culto.

 

 

Yo les sigo la corriente

 

e incluso durante un rato finjo estar a gusto,

 

pero llega un momento

 

en que alguna parte de mi cuerpo

 

acaba por recordarme que la muerte no tolera los empates.

 

 

 

Sonia Fides publica en su blog

http://mademoisellejoue.blogspot.com

este poema ilustrado por la bella foto de los objetos de Lester Young, captados por la cámara del gran retratista del jazz y sus atmósferas Herman Leonard en 1948.