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Antón Castro

Escritores

LA JOVEN Y BELLA CLARICE LISPECTOR

LA JOVEN Y BELLA CLARICE LISPECTOR

Una preciosa foto de una joven escritora, Clarice Lispector (1920-1977), una de las más grandes del siglo XX. Ahora se cumplen 40 años de su muerte, a consecuencia de un cáncer de ovarios. Benjamin Moser publica en Siruela su espléndida biografía: 'Clarice Lispector. Por qué este mundo'. Muy recomendable y arriesgada su visió, a veces casi unilateral, de sus vínculos con el misticismo judío. El libro se abre con una cita de Abulafia.

'LETRAS LIBRES': LA REVOLUCIÓN RUSA

'LETRAS LIBRES': LA REVOLUCIÓN RUSA

LA REVOLUCIÓN RUSA, EN EL NÚMERO DE OCTUBRE DE LETRAS LIBRES 

El aniversario de la Revolución rusa, la transformación digital y sus repercusiones en el trabajo, las contradicciones de Hugh Thomas y la poesía de John Ashbery, entre los temas del número de octubre de Letras Libres.

La Revolución rusa, ha escrito Orlando Figes, fue el mayor experimento en ingeniería social de la historia. Combinaba influencias occidentales, tradiciones rusas, aspiraciones científicas y una esperanza mesiánica. La búsqueda de la utopía condujo al terror y al sufrimiento, y también fue una fuente de inspiración para revolucionarios de todo el mundo. El número de este mes de Letras Libres, cuando se cumple un siglo de la Revolución, estudia sus orígenes, su influencia y su fracaso.

Juan Francisco Fuentes escribe sobre la Revolución, Lenin y Stalin y el voluntarismo. Victor Sebestyen se acerca a la personalidad de Lenin. Orlando Figes y Mira Milosevich ofrecen dos miradas panorámicas. Figes describe la influencia de la Revolución en las revoluciones del tercer mundo, y Milosevich analiza las transformaciones de un régimen que “se pasó agonizando buena parte de su existencia”.

El número de la revista que dirige Enrique Krauze, y que cumple este mes 16 años, incluye muchos otros temas. El historiador Paul Preston escribe un largo perfil de Hugh Thomas, que fue quien lo introdujo en la historia de la España contemporánea. Miguel Otero-Iglesias escribe sobre el futuro del trabajo. Según el investigador, es necesario proteger a quienes van a ser perjudicados por las transformaciones de la economía.

Mariano Peyrou analiza la poesía y la forma de entender la palabra del recientemente fallecido John Ashbery.

Manuel Alberca escribe sobre Fred Cabeza de Vaca, de Vicente Luis Mora. Mercedes Cebrián reseña La ciudad solitaria y Ricardo Dudda La mirada de los peces de Sergio del Molino. María Jesús Espinosa de los Monteros escribe sobre Los colores de nuestros recuerdos de Michel Pastoureau y Valeria Villalobos de Seres queridos de Vera Giaconi. Aloma Rodríguez lee El club de los mentirosos de Mary Karr y David Medina Portillo repasa el periodismo de José Emilio Pacheco.

Julia Tena escribe sobre “las fronteras del Brexit”: o cómo va a afectar la salida de la Unión Europea a la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. Gonzalo Torné relee a Vladimir Nabokov. Vicente Molina Foix escribe sobre el cine de terror y Jimena Néspolo de la adaptación cinematográfica de Zama, mientras que Mariano Gistaín busca la manera de salir de la realidad, que puede empezar por apagar el móvil.

VIDA, AMOR Y MUERTE DE ANNE SEXTON

VIDA, AMOR Y MUERTE DE ANNE SEXTON

[RITUALES DE SOL. La poeta norteamericana, ganadora del premio Pulitzer y autora de diez poemarios que publica Linteo, encarna la lírica de la intimidad, la veta autobiográfica y confesional que habla de la condición de la mujer y de la enfermedad de vivir]

 

 

El cuerpo descarnado de una dama

 

 

Hay mujeres que parecen marcadas por un destino desgarrador. Por una amenaza constante, por las sombras de la enfermedad, de la locura y de la muerte. Entre ellas, a lo largo del siglo XX, Anne Sexton (Massachussets, 1928-Boston, 1974) ocupa un lugar central, dentro de la historia de la literatura. En su vida, desde muy pronto, irrumpió una ronda de espectros, un silencio de puñales, la terquedad de la desgracia que no cesa. Era hija de un fabricante de lanas de Massachussetts, pero tampoco nunca se sintió cómoda en su familia burguesa: tenía otras dos hermanas mayores y fue, desde niña, una criatura casi abisal, inextricable, presa de un dolor insoportable que se reveló con toda su crudeza en su primer postparto. Se había casado muy joven, en una huida hacia adelante, con 19 años, y decidió llamar a su primera hija Linda; la segunda fue Joyce, aunque para ella siempre fue Joy. El nombre era casi un deseo: la necesidad de que la felicidad y la alegría se instalasen en su existencia.

La relación con Alfred Muller Sexton, con quien había escapado de casa, tampoco le iría demasiado bien. En su adolescencia había dado muestras de talento poético, de pasión por las palabras. Uno de sus médicos –y fueron bastantes lo que aparecieron en sus días- le recomendó que se dedicase a la poesía: que le relajaría, que le ayudaría a sobrellevar la incertidumbre y algo clínicamente peor: la depresión. Y así fue. Empezó a escribir, a asistir a talleres de poesía; en el de John Holmes conoció a Maxine Kumin, poeta también y una de sus mejores amigas, es ella quien firma el prólogo de su ‘Poesía completa’ que publica el sello Linteo con traducción de José Luis Reina Palazón, autor de una enjundiosa introducción; en otro de esos cursos, impartido por Robert Lowell en Boston en 1959, coincidió con Sylvia Plath: disfrutarían y rivalizarían. Las dos, parecidas en muchas cosas, incluso en la fragilidad, intentaban escribir el mejor poema.

La poesía sería decisiva en la trayectoria de Anne Sexton. Fue su curación, más efímera de lo que hubiéramos deseado, fue su terapia y un estímulo permanente de supervivencia. Era muy rigurosa y perfeccionista: corregía y corregía y a veces realizó hasta una veintena de versiones para culminar un texto. Debutó en 1960 con ‘Al manicomio y casi de vuelta’ (‘To Bedlam and part way back’), que se abre con versos para uno de sus doctores: “Usted, Doctor Martin, pasea del desayuno a la locura”. Y anuncia: “Y yo soy reina de este hotel de verano / o la abeja que ríe en un tallo / de muerte. (...) Yo soy reina de todos mis pecados / olvidados. ¿Estoy aún perdida? / Una vez fui bella. Ahora soy yo misma, / contando esta hilera y hilera de mocasines / que esperan en el instante silente”.

Tenía entonces 32 años y, por supuesto, seguía siendo guapa. En algún momento de su juventud ejerció de modelo. Era una mujer atractiva e interesante, aunque también debía dar algo de miedo, como dijo el narrador John Cheever. Era alta, estilizada, tenía los ojos claros y penetrantes y el pelo negro. Elegante, casi siempre llevaba un cigarrillo en los dedos, tacones y perfume francés. Poseía una voz ronca y peculiar: le gustaba mucho recitar, y cada concierto era una función con admiradores y detractores que no se cortaban un pelo ante los silencios y el carraspeo de sus teatrales vocalizaciones.

Desde ese primer libro no dejó de publicar: ‘Todos mis seres queridos’ (1962), ‘Vive o muere’ (1966), ‘Poemas de amor’ (1969), ‘Transformaciones’ (1971), ‘El libro de la locura’ (1972)... En las cosas de cada día no encontraba sosiego; sus dolencias, sus pesadillas, sus pequeñas aventuras y su hontanar inacabable de tinieblas se volvían literatura. Anne Sexton se convirtió, libro a libro, en una maestra de la literatura confesional y de la escritura de mujer. En sus poemas aparecen asuntos más bien infrecuentes como el incesto, la maternidad (a su hija Joyce, o Joy, le dedicó varios textos e intentó esclarecer qué parentesco definitivo, qué ‘herencia’ hay entre la joven y ella misma, algo que también quiso desvelar durante toda su vida con respecto a sus propios padres), el aborto, la culpa, la masturbación, el amor, el deseo, las drogas, el orgasmo o la intensidad de las experiencias sexuales, que tampoco resultaron dichosas. En el fondo, la escritura de Anne Sexton, rica en metáforas e imaginación, nacía de la insatisfacción, de la búsqueda dolorida, de la perplejidad y de la locura. Siempre le preocupó Dios, pero hubo un instante que, en medio de la nada y de la sinrazón, fue como un interlocutor y una obsesión. Buscaba la plenitud y hallaba el vacío.

Con todo, Anne Sexton fue una mujer de éxito social. Fue becada, viajó por Europa, dio clases en la Universidad y le concedieron cuatro ‘honoris causa’ en varias universidades. Ganó el premio Pulitzer, escribió la novela ‘Deliverance’, firmó libros para niños con su amiga Maxine Fumin, y fue jurado de los Pulitzer. Leída y elogiada (también hubo críticos que no entendían su poesía descarnada, casi fisiológica, de apabullante sinceridad...), acabó cumpliendo lo que prometía en sus poemas. Cuando le tomó la delantera Sylvia Plath en 1963 para suicidarse con el gas, ella se lo reprochó. En octubre de 1974, a los 45 años de edad, se bebió dos vodkas, se puso el abrigo de piel de su madre, se encerró en el garaje y encendió el motor de su coche Cougar. Dicen que tenía otro vaso entre sus dedos huesudos y largos como espadas. Y que encendió la radio: quizá quisiera oír el último jazz.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La mujer enferma. Anne Sexton padeció depresiones, crisis nerviosas, fue hospitalizada varias veces y paseó por varios psiquiátricos. Como le había sucedido a Sylvia Plath, ella también percibió la alargada sombra del padre. Era muy inteligente y tenaz, y se reveló como una mujer insumisa con gran capacidad de trabajo. Adoraba la poesía de Pablo Neruda.

 

El malvivir. Escribe su gran amiga Maxine Kumin en ‘Poesía completa’: “Al poco tiempo cayó escaleras abajo y se rompió su cadera –en su cumpleaños. Con el próximo doctor creció su hostilidad. Psiquiatras y psicólogos intermediarios iban y venían. Parecían no ser adecuados para el trato con esta mujer talentosa y espiritual (...) En la primavera de 1974 tomó una sobredosis de barbitúricos y más tarde me hizo muchos reproches por haber abortado ese intento de suicidio”.

 

NUEVA NOVELA DE SUSANA FORTES

¿Qué fue de la escritora Emily J. Parker

en un Londres atestado de nazis?

 

Susana Fortes investiga la historia de la desaparición de una joven novelista en ‘Septiembre puede esperar’

 

A Susana Fortes (Pontevedra, 19599 le interesan las historias propias y a las ajenas. Su vida y sus recuerdos se cuelan sutilmente en sus ficciones, y le atraen personajes tan distintos como Corto Maltés y Hugo Pratt (les dedicó la novela ‘Querido Corto Maltés), Robert Capa (que protagoniza ‘Esperanza a Robert Capa’, adquirida por Hollywood) o el poeta Pedro Salinas: se inspiró en él y en su pasión por la joven estudiante Katherine Withmore para su novela ‘El amor no es un verso suelto’. Profesora de historia, cinéfila y enamorada de la literatura, todo ello anda y desanda los paisajes de sus libros. Y esa manera de proceder o de trabajar, con humor e ironía, con citas, le encanta.

“Pero jamás como un ejercicio de erudición, como algo pesado o como una exhibición: son guiños humorísticos y juegos para el lector, travesuras de escritor. Aquí, por ejemplo, rindo homenaje a uno de mis profesores en Compostela como el historiador Ramón Villares”, advierte. En ‘Septiembre puede esperar’ (Planeta) hay dos historias distintas, que convergen: la de la escritora Emily J. Parker, británica, parecida en algunas cosas a Ingrid Bergman o Greta Garbo, que desaparece en Trafalgar Square, en Londres, en 1955, tras haber recibido algunas buenas críticas, entre ellas una de Leonard Woolf, el marido de Virginia. Para entonces había ganado algún concurso de la BBC y había publicado algunos cuentos, entre ellos ‘Historias del Blitz’, y una novela. Y la otra historia la protagoniza Rebeca Aldán, que vive en Compostela, tiene un novio de Lugo y una bellísima y práctica hermana Bea. Un día se entusiasma con Emily J. Parker y decide dedicarle una tesis, que dirigirá el profesor octogenario Robert Whelan. “Rebeca tiene algunas cosas de mi infancia y de mi adolescencia gallega”, recuerda. Dice Susana por voz de la estudiosa Rebeca: “Yo también había tenido mi infancia campestre con caballos salvajes”.

Rebeca se traslada a Londres y ahí se funden dos épocas. “El Londres de la II Guerra Mundial, que ofreció resistencia a los nazis, y el Londres multirracial actual, que es el que acoge a la joven”, indica Susana Fortes, que no sabía que Kim Philby, citado y recordado en su novela, fue herido en Teruel y convaleció de sus heridas en el Gran Hotel de Zaragoza. “No lo sabía. Y sería bonito decir que he dormido en Zaragoza en la habitación de Philby. Esta novela se coció a fuego lento y tuvo un origen gracioso: arrancó de una revista de moda, donde vi unos zapatos de los 40. Pensé quién podría llevar zapatos así, en medio de una ciudad bombardeada. Así nació Emily J. Parker, la mujer enigma. Luego pensé también en algo que me atrae y me perturba mucho. La desaparición de personas, la desaparición de escritores. Pensé en Jean Rhys, la autora de ‘Ancho mar de los Sargazos’, en la propia Agatha Christie o, claro, en Harper Lee, la autora de ‘Matar a un ruiseñor’. Y así, con todo eso en la cabeza, fui moldeando a Emily J. Parker”. De esa escritora vamos sabiendo algunas cosas: era hija de militar, quizá era una mentirosa redomada, estaba casada con el brillante matemático Alan Pearson, compañero de Alan Turing, resultó proclive a la enfermedad. “En el libro hay muchas cosas: el clima de la Segunda Guerra Mundial cuando “el suelo británico estaba plagado de agentes nazis”, el mundo de los hospitales, cómo se hace una escritora, y vemos un universo de héroes y canallas, de grandeza y miseria, de hitos históricos específicos como los bombardeos y la agitación en la base de comunicaciones de Bletchley Park, donde trabajaba Emily, entre 10.000 personas más”.

Eso sí, Emily J. Parker, aunque se nos diga que publicó una novela en Seix Barral, no existió, pero ya se sabe, algunos escritores, como pedía John Irving, tienen un don: crean personajes de ficción que resultan tan auténticos como los de carne y hueso. Quizá no se debe desvelar más de “esta historia de investigación y misterio, de intriga y de desaparición, de terror psicológico y de amenaza”, donde nada es lo que parece. Ni siquiera el amor.

“¿Cataluña? No soy quién para arreglar el mundo, pero me gustaría decir, como creo que decía Rafael Azcona: muchas de estas cosas se solucionarían cediendo el asiento en el autobús”.

 

*Tomo la foto de Susana Fortes de aquí

http://image.afcdn.com/dossiers/D20140109/Susana2-105442_L.jpg

-2. Portada: https://www.planetadelibros.com/usuaris/libros/fotos/254/m_libros/portada_septiembre-puede-esperar_susana-fortes_201706061755.jpg

 

'LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD'. DANIEL GASCÓN EN 'LETRAS LIBRES'

'LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD'. DANIEL GASCÓN EN 'LETRAS LIBRES'
LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD
Artículo de Daniel GASCÓN, publicado el 29.09.2017 en ’Letras Libres’.
La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o su propaganda, se ha convertido en una agresión a las personas.
 

En un texto dedicado al humor somarda, José Luis Cano contaba la anécdota de un funcionario del ayuntamiento de Calanda, Teruel, que le indicaba a una señora: “Aquí tendrá que firmar alguien de la familia”. “¿Y quién de la familia?”, contestaba ella. “No sé, cualquiera, su marido mismo.” “¡Uy, mi marido de la familia, si ni siquiera es del pueblo!”

Las bromas las carga el diablo y lo que lleva tiempo ocurriendo en Cataluña puede verse como una farsa que se repite en forma de tragedia: como si demasiada gente al mismo tiempo se hubiera tomado en serio el chiste.

Hay investigadores que señalan que existe un componente biológico en el nacionalismo, además de elementos de construcción cultural y de intereses de las élites. No está claro que eso lo haga irremediable: hay otros impulsos biológicos que hemos conseguido domesticar y en buena parte de Europa durante décadas se ha conseguido acallar o tener una versión relativamente suave de algo que, como dijo Mitterrand en un discurso inolvidable, es la guerra.

Aurora Nacarino-Brabo ha escrito en esta revista sobre la alianza entre nacionalismo y populismo. Además, el nacionalismo ha disimulado (aunque, a decir verdad, tampoco disimula tanto) sus elementos anacrónicos, un poco decimonónicos y rancios, y su sustrato supremacista, en una época que mostraba una actitud comprensiva hacia el discurso de las identidades, y en particular hacia identidades autonómicas, que en algunos casos habían sido oprimidas durante la dictadura franquista.

La identidad no siempre tiene articulación política, y tampoco tiene necesariamente una relación conflictiva con el sentimiento de pertenencia a una unidad mayor. Pero es útil para el nacionalismo. Aunque la identidad es compleja, cambiante y azarosa, el nacionalismo privilegia una sola variedad homogénea y esencialista por encima de las demás. Los nacionalistas periféricos españoles tienden a hablar de la asignatura de Formación de Espíritu Nacional. Pero al observar sus acciones, no es difícil detectar cierta admiración: parece que lo que les molesta no es el adoctrinamiento sino que este se hacía en los mitos y símbolos equivocados.

Facilita el paso a una implicación emocional. La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o sus mecanismos de propaganda, se convertía en una agresión a las personas. Si es un sentimiento íntimo, todo ataque es una ofensa: la nación (o la pertenencia regional) ya no se ve como una idea sino como una parte del sujeto, y se olvida que las tradiciones culturales son en buena medida una mezcla de falsificación y robo: en su divertido texto sobre el humor aragonés, el sabio Cano cita como ejemplos a Chuang Tzu y Buster Keaton. En los casos extremos, la discusión se desliza hacia lo religioso y todo desacuerdo se vuelve blasfemia.

Propicia también el desarrollo de lo que podríamos llamar una política del agravio. Este no es un elemento despreciable. Todos nos sentimos ofendidos y el deseo de reconocimiento es una poderosa fuerza política.

Existen injusticias mensurables que se pueden rectificar. Hay reparaciones y gestos simbólicos que pueden ser útiles, y se pueden hacer por buena voluntad o cuestiones pragmáticas. Pero esta política tiene sus límites y problemas.

Entre ellos está el regreso constante al pasado. Una de sus tentaciones más frecuentes es proyectarlo en el futuro, como ha escrito Manuel Arias Maldonado: a ver si esta vez sale bien. Quienes no conocen la historia, escribió Christopher Hitchens, están condenados a recrearla.

Otro es que el agraviado, en ese repositorio cambiante del pasado, tiene siempre motivos para sentirse herido. “Nadie quiere ser víctima, pero todos quieren haberlo sido”, escribía Todorov. Así, por ejemplo, cuando un escritor español, en un texto de propósito conciliador, publicó un artículo explicando lo importante que era para él la cultura catalana, un narrador en catalán le reprochó que los nombres que citaba en su artículo fueran clásicos: eso demostraba, a su juicio, su falta de interés por la cultura catalana contemporánea.

Otro problema de la política del agravio es que, cuando uno está muy preocupado por las ofensas reales e imaginarias que recibe, tiene menos capacidad para detectar las ofensas reales e imaginarias que produce. Es bastante frecuente leer o escuchar a gente que muestra una extraordinaria sensibilidad para lo propio y una espeluznante falta de sensibilidad hacia los demás.

El énfasis en la identidad y los agravios produce un discurso emocional que dificulta llegar a acuerdos. No creo que haya que despreciar las emociones ni pasarlas por alto, pero conviene mantenerlas a raya antes de la discusión. No porque no sean importantes, sino, entre otras cosas, por respeto a su poder y relevancia.

Un poco de ironía –en el sentido de tener conciencia de la propia contingencia– puede resultar útil. No significa renunciar a los propios principios; al contrario, puede ayudarnos a distinguir lo que de verdad importa.

 

*Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es el editor de la edición española de la revista mexicana ’Letras Libres’. Ilustración de José Luis Cano para su libro de Servet. Es Calvino.

SÁBADO 30, JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS EN LA CASA DEL TRADUCTOR

JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS 

DE LA CASA DEL TRADUCTOR

Inicio: 30-09-2017

Fin: 30-09-2017

Hora: 11-18h.

Lugar: Casa del Traductor

Organiza: Comarca de Tarazona y el Moncayo

Jornada de puertas abiertas de la casa del traductor

11:00h. Origen, historia y misión de la Casa del Traductor por Enrique Alda coordinador y asesor técnico de la Casa.

11:15h. Intervención del director de la Casa del Traductor: Juan Antonio Fuentes.

11:30h. Intervención de Ahmed Abdullatif traductor de 'Tonto, muerto, bastardo e invisble' de Juan José Millás.

12:30h. Mesa redonda en torno a la traducción, la formación y la profesión con Enrique Alda, Maria Pilar Cardos, Kenneth Jordan, e Inés Ramia Latorre.

14:00h. Comida de fraternidad.

17:00h. Mesa redonda, editoriales y traducción con Trinidad Marcellán, editora de Olifante, y Julián Lacalle, responsable de Pepitas de Calabaza de Logroño.

18:00h. Mesa redonda, el escritor y el traductor literario. Intervienen Rada Panchovska, Antón Castro, Alfredo Saldaña, y Ricardo Diez. [La escritora y editora búlgara acaba de traducir a su lengua tuna antología poética de cada uno de los autores.]

Más información e inscripciones: ealda@ealda.com

*http://www.larioja.com/noticias/201412/20/media/cortadas/leyendas--575x323.jpg.

 

BENJAMIN, EL PENSADOR DE LA CULTURA

BENJAMIN, EL PENSADOR DE LA CULTURA

Walter Benjamin, el pensador de la cultura

 

Pequeña historia del escritor, filósofo y crítico de arte que se suicidó en Portbou en 1940, acuciado por el miedo a la Gestapo

 

 

Quizá no sea el escritor más popular de su siglo ni el más fácil de leer, pero la historia de la cultura habría sido distinta sin Walter Benjamin (Berlín, 1892-Portbou, 1940). Ofrece un perfil complejo y a la vez subyugante: se trata de un hombre que piensa y debate, rodeado de “libros hasta las orejas”, al que se le unen el día y la noche: traduciendo, reflexionando sobre los cuentos populares ilustrados que tanto le gustaban, pensando en la obra de pintores como Paul Klee o Kandinsky, que eran sus favoritos, o repasando su formidable colección de fotos de Germaine Krull, una de sus debilidades. Y no solo eso: es un crítico de arte y de la cultura, un ensayista y un escritor que se mueve con mucha comodidad en el texto breve como el dietario o el microrrelato, como se ve en ‘Obra de los pasajes’, que publica Abada en dos volúmenes.

Hijo de buena familia, su padre había trabajado de banquero en París y regresó a su ciudad para dedicarse al comercio de antigüedades y de arte. Walter Benjamin, sensible y lúcido, era el mayor de tres hermanos. En la Universidad, una vez que había decidido apostar por el ala más radical de la juventud socialista y por el estudio de Marx, Engels, Bergsonb y Fichte, descubrió que era discriminado por ser judío. Contó con un amigo fundamental como Gershom Scholem, que le sugirió que analizase la vasta tradición histórica del pueblo judío; una de sus obsesiones fue vincular el judaísmo y el marxismo. Además optó por el estudio de la crítica de arte en el romanticismo.

Poco después estallaba la I Guerra Mundial. Iba a alistarse, pero se enteró de que dos de sus mejores amigos se habían suicidado en la contienda, y prefirió esperar. Algo que haría de nuevo más tarde: rechazó la llamada a filas, se vinculó a posturas antimilitaristas y eso le llevaría a vivir lejos de su país: en la neutral Suiza, en distintas ciudades. En 1917 se casaría con Dora Kellner, divorciada e hija de buena familia, y al año siguiente tendrían a su único hijo: Stefan Rafael. La convivencia estuvo salpicada de dificultades y de terceras personas a veces; vivieron en distintos lugares, Walter estudiaba hebreo, redactaba ensayos minuciosos, se entusiasmó con Charles Baudelaire al que traducirá y logró su doctorado. Algo más tarde apareció en su vida Asja Lacis, “una bolchevique letona, cristiana, actriz y directora de teatro, y con quien había conversado toda la noche”, según escribió en una carta. Fue otro de sus grandes amores, sin duda.

En 1925, viajó a España; interesado por el comunismo, en 1926, lo hizo a Rusia (Abada edita su ‘Diario de Moscú’). Siempre pendía del alambre; a principios de los años 30 consiguió un empleo como locutor de radio, y eso le permitió estudiar la cultura de masas. Escribía sobre Goethe, Kafka, Karl Kraus o Marcel Proust, al que también tradujo en compañía de Frank Hessel; se citaba con Brecht, con quien jugaba al ajedrez en Dinamarca. Le incomodaba el ascenso del nazismo. Intuía la barbarie que se avecinaba.

Se marchó de París, donde había vivido a menudo, poco a antes de la llegada de los nazis. A finales de septiembre, con un pequeño grupo, se dirigió a las montañas para cruzar España. El camino, de unos 25 kilómetros, era duro. Benjamin estaba débil (nunca le sobró la salud) y tenía miedo a la Gestapo. “Pasó la noche sin protección contra el frío o los animales de la mañana. Al día siguiente el resto del grupo re reunió de nuevo”, dice Esther Leslie en su biografía ‘Walter Benjamin: la vida posible’ (Universidad Diego Portales, 2015). El 26 de septiembre de 1940, tres policías del régimen franquista le negaron la entrada a España. Su permiso no estaba en regla, aunque sí tenía autorización para recorrer el país y para irse luego a Estados Unidos, donde le esperaba el filósofo Adorno.

Se retiró a una habitación del Hotel Francia y allí se suicidó con morfina. En una nota que dejó a su compañera de viaje Henny Gurland, fotógrafa y futura esposa de Erich Fromm, Walter Benjamin escribió: “En una situación sin salida, no tengo otra elección que la de terminar”. Lo enterraron en un ritual católico con el nombre Benjamin Walter. Era el extranjero de la maleta que cinco años después sería trasladado a la fosa común.

 

LA ANÉCDOTA

 

La muerte de Walter Benjamin sigue envuelta en el misterio: ¿se suicidó, murió de enfermedad y cansancio, o fue asesinado por los nazis y los comunistas, que entonces habían firmado un pacto de no agresión? La incertidumbre continúa y abarca también a su famosa maleta. ¿Había dentro algo especial, su último libro, apuntes, direcciones, algo comprometedor, aquellos cuadernos que cuidaba con tanto mimo? De todo ello se sigue hablando y sigue apareciendo libros y documentales. O revistas alusivas a su muerte como ‘La maleta de Portbou’. En la Universidad de Gerona, existe una cátedra dedicada a Walter Benjamin. El autor de ‘Infancia en Berlín hacia 1900’ es una figura que se agiganta día tras día, y que encarna el sentido crítico, el periodismo cultural y la pasión del conocimiento.

 

 

 

 

TONO MASOLIVER: TRES POEMAS

TONO MASOLIVER: TRES POEMAS

[El poeta, narrador y profesor Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939), crítico de narrativa en el suplemento ‘Culturas’ de ‘La Vanguardia’, publica un nuevo libro: dos poemarios en un solo volumen: ‘La negación de la luz’, que da título al conjunto, y ‘El cementerio de los adioses’. Poesía de la memoria y la melancolía, poesía de los sueños, de la antesala de la despedida, de los amores perdidos o soñados, del amor que irrumpe en la madurez como un relámpago. Poesía del paso del tiempo, de homenajes, de la intimidad, y poesía narrativa a menudo, con personajes y homenajes (a Antonio Gamoneda, entre ellos). Copio aquí tres poemas suyos.]

 

1

 

Lo que escribo en este instante

que acaba de desvanecerse.

Lo que mi corazón y sus flores

efímeras. Y lo que vieron

mis ojos en la rubia playa

de las mujeres evanescentes

que hoy lloran el tiempo.

Y llora el tiempo

por todos nosotros.

 

2

 

Hay una sombra que me acongoja,

un vello ajeno a mí, a mis ojos

que sufren, ven pérdidas.

Tu desnudez me abruma,

nunca estuve en aquella playa,

en aquella arena del pubis.

Amor saciado como un vaso vacío.

Estériles luces de agua en la memoria.

 

3

 

Estoy en una calle tan larga

que no cabe en mi corazón.

Por ella ceo alejarse a mi padre

y no puedo gritar

porque si grito

despertaré del sueño

y desaparecerá la calle

para siempre.

 

De ‘La negación de la luz’. Juan Antonio Masoliver Ródenas. Acantilado. Barcelona, 2017. 205 páginas.