Blogia
Antón Castro

Escritores

INESPERADO ADIÓS A FRANCISCO CASAVELLA

INESPERADO ADIÓS A FRANCISCO CASAVELLA

Ni era amigo ni creo que haya sido un buen lector de Francisco Casavella. Creo que no coincidimos apenas. No forma parte, no sé por qué, de los muchísimos autores que haya entrevistado; sin embargo sí pertenecía a los que respetaba. Sabía de él menos que lo justo, había leído algunas de sus novelas, me interesaba su mundo, su pasión por el horizonte del barrio y de esos seres más bien marginales, un tanto friquis, en la línea de algunas criaturas de Marsé y de Antoni Soler, y me atraía su desdén por la sociedad literaria y su afición al cine, al cómic, a la música y a la literatura de Inglaterra y Estados Unidos. Esta mañana, en el bar Juliqui, cuando me enteré de su muerte me quedé un tanto estupefacto. Me dio una infinita pena: leí los artículos de Javier Calvo, ‘El último salvaje’, los de Matías Néspolo y Silvia Taulés, en ‘El Mundo’, y el de Ignacio Vidal Folch en ‘El País’. Me impresionó una frase de Javier Calvo: “Siempre fue pobre. Odiaba hablar en público”. Me impresionó saber que de cuando en cuando se retiraba, en otoño o en invierno, a esas urbanizaciones de playa a escribir, a esas urbanizaciones que tienen algo de casas fantasmales mientras braman las aguas. Javier Calvo dice: “Adiós, Francis: nunca me he portado tan mal en compañía de nadie como en la tuya, y ya nunca lo volveré a hacer con nadie más”.

 

Copio aquí el artículo de Ignacio Vidal-Folch, en El País, otro escritor a quien no conozco, pero que sigo con mucho gusto.

 

FRANCISCO CASAVELLA, GANADOR

DEL PREMIO NADAL

 

[Un infarto se llevó ayer, a los 45 años, al autor de ‘Lo que sé de los vampiros’]

Francisco Casavella era un espíritu independiente y un hombre libre. Era también un escritor de raza, lleno de talento y ambición, autor de novelas logradas, de larga extensión, la última de las cuales, Lo que sé de los vampiros, magníficamente ambientada en España, Roma, Alemania, Dinamarca y otros países europeos durante el siglo XVIII y con la que daba un sorprendente cambio de registro temático, fue distinguida con el último Premio Nadal. Tenía además un exquisito gusto literario, como saben los lectores de EL PAÍS que durante los últimos años han podido disfrutar de los comentarios y análisis, especialmente sobre literatura anglosajona, que él redactaba con enorme placer, placer que luego el lector compartía. Ayer, Casavella -cuyo verdadero nombre era Francisco García Hortelano- falleció a los 45 años a causa de un infarto en Barcelona.

Su compromiso con la escritura le llevaba a retirarse y permanecer recluido durante largas temporadas en uno de esos pueblos de veraneo, llenos de bloques de apartamentos, que durante el resto del año -precisamente cuando allí se instalaba Casavella con su ordenador y su manuscrito- se vacían y se convierten en pueblos fantasmales.

Pero, periódicamente, pasaba algunos días en Barcelona. Entonces sus amigos disfrutaban de su agudo sentido del humor, de su espíritu crítico agudo pero sin acidez, de su enorme y cabal humanidad, de una forma de ser alérgica a todas las bajezas de la vida social, que le producían una especie de aversión natural, y de su conversación, en la que sin alardes ni pretensiones brillaba con un ingenio rapidísimo, impostadamente canalla, y sólo cuando le preguntabas desplegaba sus conocimientos sobre literatura, música popular y cine, que eran mucho más vastos y profundos de lo que pudieran creer los que no le preguntaban. Pero esos lapsos barceloneses se espaciaban cada día más y Casavella se dejaba ver cada vez menos.

Su irrupción en la literatura fue deslumbrante, con una novela, El triunfo, de 1990, ambientada en el Paralelo barcelonés y las calles contiguas que por un lado suben la ladera de Montjuich y por otro llevan al barrio chino, ahora llamado El Raval. En sus páginas recreaba la vida del barrio, la música rumbera de los gitanos barceloneses, las ambiciones de promoción y de una vida mejor de los jóvenes y marginales protagonistas, el más conmovedor de los cuales, parecido a un personaje de Calvino pero empujado por una fatal misión hamletiana, vivía en los tejados de esas callejas tortuosas.

El ritmo veloz y magistralmente sostenido del relato, el fino tejido lingüístico y el suspense policial de la trama llamaron la atención de varios productores cinematográficos, pero la película no se llegó a filmar hasta muy recientemente. A partir de entonces Casavella colaboró durante varios años con varios cineastas españoles, surtiéndoles de guiones, el más conocido de los cuales fue el de Antártida, una road movie que empieza en Barcelona, cruza España y termina en Galicia, la región de la que procedía la familia y el padre de Casavella, maestro de escuela también recientemente fallecido.

Sin embargo, le apartaron del cine las exigencias de redacción de El día del Watusi, fresco colosal de la historia reciente de España compuesta por Los juegos feroces, Viento y joyas y El idioma imposible, narrada sobre la peripecia de la vida de Fernando Atienza, un advenedizo en el mundo de los negocios y la política. Dotada de una compleja y brillante estructura formal, de mil peripecias y de algunos pasajes de una comicidad inolvidable, El día del Watusi vino a confirmar su talento y ha sido traducida a las lenguas europeas más importantes. Entre El triunfo y El día del Watusi, Casavella publicó otras dos novelas: Quédate -ambientada en el mundo de la música pop y con vetas humorísticas y experimentales- y Un enano español se suicida en Las Vegas, otra historia del barrio chino, en el que dos hermanos, el uno más inclinado que el otro a la mala vida y a la deslealtad, cruzan sus destinos. Recientemente se ha publicado también El secreto de las fiestas, reescritura de una deliciosa novela que le fue encargada para un público infantil.

Es una gran lástima que se haya muerto tan pronto un escritor tan bueno y ejemplar, y un hombre tan digno. Yo le echaré mucho de menos.

*Esta estupenda foto es de Carmen Secanella y pertenece al diario El País.

 

'VOLVER A CASA', PREMIO MIGUEL LABORDETA DE POESÍA

'VOLVER A CASA', PREMIO MIGUEL LABORDETA DE POESÍA

El Departamento de Educación, Cultura y Deporte ha dado a conocer el fallo de la convocatoria de tres premios: el Miguel Labordeta, el Guillem Niocolau y el Arnal Cavero.

 

El primero de ellos, de periodicidad anual, ha tenido un gran éxito de convocatoria, siendo más de 100 los proyectos que han querido alzarse con él. Este premio reconoce la obra literaria en castellano en género de poesía y tiene una dotación económica de 6.000 euros. Los miembros del jurado han dado a conocer la obra ganadora: se trata de Volver a casa del autor Francisco García Marquina.

 

En el segundo de los casos, el premio Guillem Nicolau, con una dotación de 3.000 euros, ha recaído en  la obra D’un sol Esclop, del autor Juli Micolau i Burges. Este premio  reconoce creaciones literarias en cualquier género (narrativa, poesía, teatro, ensayo, traducción, etc.) escrita en cualquiera de las variantes del catalán hablado en Aragón, tanto de autor aragonés como relacionado con la Comunidad.

 

El tercero de los premios fallados es el Arnal Cavero, dotado también con 3.000 euros. Estos galardones, convocados por la dirección general de Cultura del Gobierno de Aragón, premian obras de creación literaria en géneros como la narrativa, el ensayo o el teatro, entre otros, escritas en cualquiera de las variantes del aragonés. En este caso el premio ha sido para la obra En l’altro canto d’a güega, del autor Rubén Ramos Antón. [Rubén Ramos trabaja en el gabinete de prensa del Real Zaragoza.]

 

*Nota del Gabinete de Comunicación del Gobierno de Aragón. La interpretación al retrato es de José Luis Cano.

 

SONIA LLERA: POEMAS DEL LATIR DE LA TIERRA

Hace algunos años, cuando vivía en Zaragoza y ya empezaba a deambular por el mundo en busca de aventura y de experiencias solidarias con su cámara al hombro, el fotógrafo Rogelio Allepuz le hizo un puñado de fotografías a Sonia Llera para la contraportada de El Periódico de Aragon. Siempre he sido coleccionista de los retratos de Rogelio. Me dijo: “Seguro que te gusta este retrato y aún más el modelo. Tiene un aire indefinible de artista”. Hace algunos meses, Sonia Llera, poeta también, viajera pertinaz, estuvo en Borradores. Traía sus documentales y algunos de sus poemas. Ayer me mandó su nuevo libro: Voces en el espejo (Cerai y Marnilú Ediciones), una colección de fotopoemas que es “la crónica sentimental de un viaje cristalizado en la serie documental Los Latidos de la Tierra que, cámara en mano, recorrió el planeta retratando a los campesinos pobres del mundo”. Añade más adelante, Sonia: “Eran ráfagas de eternidad que secuestraban el tiempo con una voz misteriosa. El de los versos que sólo pueden reflejarse en el espejo. Algunos han dormido soledades infinitas en anaqueles de olvido, esperando que el verbo se hiciera cuerpo. Otros surgieron con el de la luz en la mirada. Sea como fuera, cuerpo y palabra están en este espejo”. Se pueden conocer más detalles del proyecto y de Sonia Llera en www.loslatidosdelatierra.org.

 

Copio algunos poemas:

 

GALIMATÍAS

 

Tiene mil ojos la noche

Mil astros ciegos

Que no pueden mirarte

Y que tú miras.

Mil búhos de Hera

Que anidan

La honda mirada

Del tiempo consumido.

 

En ese túnel de la desaparición

Entre tú y el fulgor,

Persiste la estrella con su luz;

Extinta y ya olvidada,

Que no puede mirarte

Y que tú miras.

 

CONFESIÓN

 

Dice mi madre que nací en gris.

Marzo de invierno

A las cinco menos cuarto en el albero.

Lento hora,

Desapacible río,

Viento y presagio.

¡Qué frágil es el yacer de la amapola!

 

Dice mi madre que nací tarde.

Que no llegué a mi muerte.

Que perdí el reloj de la primavera

En el columpio roto de la escuela.

Había una estatua entre violetas,

Un tirabuzón de niña muerta,

Una fotografía del tiempo

Y una sombra inacababa.

¡Qué frágil es el yacer de la amapola!

*Sonia Llera en Madrid con Ángel Guinda. La foto pertenece a los archivos de la Asociación Conde de Aranda que dirige el infatigable Felicianos LLanas.

TOMÁS SERAL Y CASAS: UN POETA EN EL ARTE

TOMÁS SERAL Y CASAS: UN POETA EN EL ARTE

Se cumplen cien años del nacimiento del nacimiento del escritor, periodista, editor y galerista-librero de Libros, de Clan y de Cairel

 

 

El año 2008 que culmina ha sido el del centenario de Pedro Laín Entralgo, Pablo Serrano, Luis Galve, González Bernal, Inocencio Ruiz Lasala y, entre otros, el de otro personaje decisivo de la cultura española y aragonesa del siglo XX: Tomás Seral y Casas (Zaragoza, 1908-Madrid, 1975). Los Sitios, Goya y la Expo 2008 han eclipsado las efemérides de todos ellos. En Tomás Seral y Casas se congregan distintas facetas: hijo de un fabricante de harinas de Alagón, fue director de cuatro números de la publicación ‘Vida alagonesa’, de 1927 a 1928, fue redactor jefe en 1930 del periódico ‘Cierzo’, que dirigía Valero Muñoz-Ayarza y ejerció como periodista en ‘La Voz de Aragón’, donde igual realizaba reportajes o entrevistas que escribía de cine, de literatura o de artes. Y fue un joven poeta de su tiempo, un autor vanguardista que firmaría distintos poemarios muy distintos entre sí. ‘Masticando goma de estrellas (poemas bobos)’ (1931) es un poemario de iniciación y de asuntos variados: la búsqueda de la pureza, el eco del cine (desde Bebe Daniels y Clara Bow a Chaplin), el repaso de las huellas de la I Guerra Mundial. En ‘El amor violento’ (1933) adopta el tono de la composición neopopular, casi al modo de Rafael Alberti o Lorca, en un volumen impregnado de lirismo, de denuncia del mundo burgués y de pasiones contemporáneas. Y ‘Cadiera del insomnio’ (1935) es un poemario próximo a la exaltación de los afectos amorosos de Pedro Salinas. En ese mismo año apareció también ‘Chilindrinas’ (las reeditó Larumbe Chicos con dibujos de Elisa Arguilé), un libro de greguerías -esa aleación de metáfora, ingenio y humor-, a la manera de Ramón Gómez de la Serna, que le envío su bendición y elogió varias de ellas, como ‘El bombo estornuda por los platillos’.

La actividad en vísperas de la Guerra Civil de Tomás Seral y Casas fue constante: codirigió con Ildefonso-Manuel Gil y Antonio Cano catorce números de la revista ‘Noreste’, desde 1932 a 1936, publicó manifiestos poéticos y creó una colección, ‘Cuadernos de poesía’, donde editará a Gil Comín Gargallo, Juan Eduardo Cirlot, Maruja Falena, Juan Gil-Albert, una antología de Pierre Reverdy y ‘Violento idílico’ de Miguel Labordeta, en 1949. José Enrique Serrano, uno de los grandes estudiosos de su obra, valoró así su poesía: “Nuestro autor no fue un gran poeta evidentemente, pero supo como pocos escribir con dignidad y dolor máximos”.

         Tras la Guerra Civil, en 1940, Tomás Seral abriría en la zaragozana calle Fuenclara la librería-galería Libros, donde realizará una increíble labor cultural; luego, Víctor Bailo se haría cargo de ese establecimiento. Escribía más o menos en secreto, pero la actividad más importante de entonces sería la de promotor del arte contemporáneo: en el acogedor espacio del palacio expondría a Ángel Antonio Mingote (una muestra suya inauguró el cautivador local), Baqué Ximénez, Santiago Lagunas, Alberto Duce, Julián Gállego, Ortega Muñoz, Menchu Gal, etc., y se enfrentó a las adversidad de la crítica y de la incomprensión con absoluta dignidad. En 1945, fundó en Madrid la librería-galería Clan, que tuvo dos sedes: una en la calle Arenal, adornada con un mural de Luis Castellanos, y a partir de 1948 se ubicó en Espoz y Mina, cuyo local decoraron dos de sus mejores amigos: Juan Pérez Páramo y Alfonso Buñuel.

Por los dos espacios pasaron los más importantes artistas españoles (Álvaro Delgado, Zabaleta, Benjamín Palencia, el fotógrafo Nicolás Muller, incluso el Cela pintor), y organizó varias colectivas, una de ‘Jóvenes pintores españoles’ y otra de artistas consagrados de renombre universal como Picasso, Klee, Chagall, Calder, y aquella de ‘Arte fantástico’ que preparó Antonio Saura. La muestra de Ahmed el Yacoubi contó con la presencia del narrador Paul Bowles; la conexión tangerina le llevó a vivir una experiencia amarga con Truman Capote en el café Gijón junto a unos amigos y a su mujer Gloria Aranda: oyó como alguien, según Emilio Sanz de Soto, lo llamaba ‘maricón’.

Más tarde, Tomás Seral probó la experiencia parisina con la librería Cairel, donde expuso a Manolo Millares. En los últimos años de su vida, con una indecible e injusta sensación de fracaso, Tomás Seral y Casas se dedicó a la edición de libros de caza. Falleció en Madrid en 1975. José-Carlos Mainer, que acaba de recordarlo en ‘Turia’, y Chus Tudelilla le rindieron merecido homenaje en 1998 en la ambiciosa muestra ‘Tomás Seral y Casas. Un galerista en la posguerra’, que se presentó en el Centro Conde Duque de Madrid. Seral y Casas fue un galerista, un escritor, un promotor incesante de la creación, un hombre de acción de la cultura.

*Este texto lo publiqué en Heraldo de Aragón ayer martes.Tengo el sistema estropeado y apenas puedo actualizar. Pequeña portada de la edición de 'Chilindrinas' de Tomás Seral y Casas, que ha ilustrado para Larumbe Elisa Arguilé.

TERESA WILMS: UN POEMA Y NOTAS DEL DIARIO

TERESA WILMS: UN POEMA Y NOTAS DEL DIARIO

[El pasado sábado no pude ver los periódicos nacionales. Ayer vi el suplemento ABCD y leí el artículo de Félix Romeo. Citaba a Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, Chile, 1893-París, 1921), una mujer que me interesa mucho. Copio este poema y este fragmento de su diario en el que anticipa en cierto modo su pronta muerte a consecuencia de la desesperación y del veronal. Era una mujer de una inagotable belleza que fue rebelde, que huyó de su marido, que fue acusada de espía y encerrada en un convento, y que pugnó por su libertad.]

 

 

BELZEBUTH

Mi alma, celeste columna de humo, se eleva hacia

la bóveda azul.

Levantados en imploración mis brazos, forman la puerta

de alabastro de un templo.

Mis ojos extáticos, fijos en el misterio, son dos lámparas

de zafiro en cuyo fondo arde el amor divino.

Una sombra pasa eclipsando mi oración, es una sombra

de oro empenachado de llamas alocadas.

Sombra hermosa que sonríe oblicua, acariciando los sedosos

bucles de larga cabellera luminosa.

Es una sombra que mira con un mirar de abismo,

en cuyo borde se abren flores rojas de pecado.

Se llama Belzebuth, me lo ha susurrado en la cavidad

de la oreja, produciéndome calor y frío.

Se han helado mis labios.

Mi corazón se ha vuelto rojo de rubí y un ardor de fragua

me quema el pecho.

Belzebuth. Ha pasado Belzebuth, desviando mi oración

azul hacia la negrura aterciopelada de su alma rebelde.

Los pilares de mis brazos se han vuelto humanos, pierden

su forma vertical, extendiéndose con temblores de pasión.

Las lámparas de mis ojos destellan fulgores verdes encendidos

de amor, culpables y queriendo ofrecerse a Dios; siguen

ansiosos la sombra de oro envuelta en el torbellino refulgente

de fuego eterno.

Belzebuth, arcángel del mal, por qué turbar el alma

que se torna a Dios, el alma que había olvidado las fantásticas

bellezas del pecado original.

Belzebuth, mi novio, mi perdición...

 

FRAGMENTOS DE SU DIARIO

 

Madrid (enero 1920)

¡Me muero! Al decirlo no experimento emoción alguna, por el contrario, me inclino curiosamente a contemplar el hecho como si se tratase de un desconocido.

Si tuviera la capacidad de estudiar el fenómeno, podría asegurar que es mi conciencia la que ha desaparecido debilitando mis sensaciones corporales, hasta hacerme creer que el cuerpo sólo vive por recuerdo.

No hay médico en el mundo que diagnostique mi mal; histeria, dicen unos, otros hiperestesia. Palabras, palabras, ellas abundan en la ciencia.

Al escribir estas páginas una fuerza sobrenatural me ordena que imprima en ellas un nombre. ¡No, no lo diré, me da miedo!
Cuando aparece este nombre en mi círculo nebuloso, se levantan mis manos con lentitud profética y fulguran bajo la noche con estremecimientos sagrados.

¿Me muero estando ya muerta, o será mi vida muerte eterna...?

Madrid


Extraño mal que me roe, sin herir el cuerpo va cavando subterráneos en el interior con garras imperceptibles y suaves.
¡Me muero!

París

Quiero reposar en la tierra solamente envuelta en una sábana o si es posible en un pedazo de tierra de la fosa común...
Dejo a mis hijas Elisa y Sylvia todas mis buenas intenciones, es lo único que poseo y mi único tesoro.

 

 

ROLANDO MIX TORO: HOMENAJE CON DISCO

ROLANDO MIX TORO: HOMENAJE CON DISCO

Rolando Mix Toro, Juanita y sus amigas envían el siguiente recordatorio:

 

Hola a todos y todas:


Este próximo 20 de diciembre obsequiaremos, entre artistas
profesionales, a las 19 horas, en el Centro Cívico Teodoro Sánchez 
Punter, sito en la Plaza Mayor, 2, camino Puente Virrey, un espectáculo de triple intencionalidad:

1.- Que lo paséis y lo pasemos bien.

2.- Presentación de la Asociación Cultural “Poeta Rolando Mix”.
3.- Presentación del CD “Tu sello es ser mujer” con la exquisita música de guitarra de Jorge Berges y los poemas en la voz de Rolando Mix.


El espectáculo durará una hora, aproximadamente, a las 20 horas, se
finaliza para que podáis seguir con vuestras labores. Sabemos que colaboraréis a llenar esa gran sala y a que estemos felices todos, porque hay un programa gratuito y a la vez impagable, lleno de sorpresas que nos ayudarán a  mejorar el ánimo.     

 

 ¡Bienvenidos! ¡Felices Fiestas!

 

*El desierto de Atacama, en Chile.



CLARICE LISPECTOR: UN CUENTO INOLVIDABLE

CLARICE LISPECTOR: UN CUENTO INOLVIDABLE

Siempre me ha interesado mucho la obra de Clarice Lispector. Siruela ha publicado muchos de sus libros en una labor realmente encomiable y arriesgada. Ahora aparecen sus Cuentos reunidos, en traducciones del portugués de Cristina Peri Rossi, Juan María García Gayó, Marcelo Cohen y Mario Morales. La edición y el prólogo corresponde a Miguel Cossío Woodward.

 

He leído varias piezas, y me ha sorprendido especialmente ésta:

 

 

RUIDO DE PASOS

 

Tenía ochenta y un años de edad. Se llamaba doña Cándida Raposa.

Esa señora tenía el deseo irreprimible de vivir. El deseo se sustentaba cuando iba a pasar los días a una hacienda: la altitud, lo verde de los árboles, la lluvia, todo eso la acicateaba. Cuando oía a Lisz se estremecía toda. Había sido bella en su juventud. Y le llegaba el deseo cuando olía profundamente una rosa.

         Pues ocurrió con doña Cándida Raposa que el deseo de placer no había pasado.

         Tuvo, en fin, el gran valor de ir al ginecólogo. Y le preguntó, avergonzada, con la cabeza baja:

         -¿Cuándo se pasa esto?

         -¿Pasa qué, señora?

         -Esta cosa.

         -¿Qué cosa?

         -La cosa, repitió. El deseo de placer –dijo finalmente.

         -Señora, lamento decirle que no pasa nunca.

         Lo miró sorprendida.

         -¡Pero ya tengo ochenta y un años de edad!

         -No importa, señora. Eso es hasta morir.

         -Pero ¡esto es el infierno!

         -Es la vida, señora Raposo.

         Entonces, ¿la vida era eso? ¿Esa falta de vergüenza?

         -¿Y qué hago ahora? Ya nadie me quiere…

         El médico la miró con piedad.

         -No hay remedio, señora.

         -¿Y si yo pagara?

         -No serviría de nada. Usted tiene que acordarse de que tiene ochenta y un años de edad?

         -¿Y… si yo me las arreglo solita? ¿Entiende lo que le quiero decir?

         -Sí –dijo el médico-. Puede ser el remedio.

         Salió del consultorio. La hija le esperaba abajo, en el coche. Cándida Raposo había perdido un hijo en la guerra. Era un soldado de la fuerza expedicionaria brasileña en la Segunda Guerra Mundial. Tenía ese intolerable dolor en el corazón: el de sobrevivir a un ser adorado.

         Esa misma noche se dio una ayuda y solitaria se satisfizo. Mudos fuegos de artificio. Después lloró. Tenía vergüenza. De ahí en adelante utilizaría el mismo proceso. Siempre triste. Así es la vida, señora Raposo, así es la vida. Hasta la bendición de la muerte.

         La muerte.

         Le pareció oír ruido de pasos. Los pasos de su marido Antenor Raposo.

 

*Este texto, tan sorprendente, pertenece al volumen El viacrucis del cuerpo, que tradujo Mario Morales.

 

**Cuentos reunidos. Clarice Lispector. Edición y prólogo de Miguel Cossío Woodward. Traducción: Cristina Peri Rossi, Juan García Cayó, Marcelo Cohen y Mario Morales. Siruela: Los Libros del tiempo. Madrid, 2008. 542 páginas.

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN: TRES POEMAS

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN: TRES POEMAS

Siempre me gusta descubrir poetas. Ayer me llegó un poemario de Irene Sánchez Carrón (Navaconejo, valle del Jerte, Cáceres, 1967), que ya fue premio ‘Hermanos Argensola’ en 1997 con Porque no somos dioses. El libro se titula Ningún mensaje nuevo (Hiperión. XII Premio Internacional de Poesía ‘Antonio Machado en Baeza’), y podríamos decir que es un poemario de amor: un intento constante de diálogo con el otro, de exaltación de la memoria y de lo cotidiano. Posee una atmósfera nítida y veraz, y un lenguaje transparente, matizado de juego, de duende y de ironía.

 

Esta mañana, el volumen rosáceo nos acompañó a la parada a Sara y a mí. Leímos primero un cuento infantil de una vaca que quiere ser otra cosa –Qué presumida eres, Paca, una edición aún inédita de Blanca BK y Jesús Aznar-, y uno de los textos de Irene Sánchez. Al terminar de leerlo, Sara me dijo: “Ah, pero eso era poesía, ¿no?”. Era poesía, es poesía.

 

Transcribo algunos poemas:

 

TRUCOS

 

Y también si dudar

Me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Ángel González

 

Tras lavarte la cara, te has sentado frente al espejo

 

y con un algodón empapado en un líquido misterioso

te has borrado los ojos y las pestañas.

Después he visto cómo retirabas la nariz de tu rostro.

La boca te ha costado despegarla,

pero al final lo has conseguido.

Por último, te has sacado los ojos

y, a tientas,

has regresado al mundo.

 

 

VINISTE

Y SALIMOS AL BALCÓN

A VER LA LUNA

 

Los dos vemos la luna.

 

La tuya está muy lejos,

a miles de kilómetros del suelo.

La mía se pasea

por todos las orillas de la Tierra.

 

La tuya está compuesta

de no sé qué metales, me comentas.

La mía es miel helada,

fría plata, dolor, desasosiego.

 

Tu luna es un satélite

que gira solitario en su sistema.

La mía es una diosa

que agita el corazón y las mareas.

 

Tu luna está en el cielo,

con cráteres, océanos, desiertos.

La mía está en tu cuerpo

con fuego, sal y sed, hambre y deseo.

 

MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO

 

Sentada en la piedra de siempre

te esperaba.

A la orilla del tiempo

escribía mis versos en el suelo

mientras atardecía el valle

y la línea de sombra

ascendía despacio

por la otra ladera.

 

Inmóvil deshojaba la solitaria flor del desaliento.

Vendrá. No vendrá.

Cuando lleguen las sombras a la casa,

cuando el último rayo acaricie la cumbre…

  

 

Y tú volvías siempre

con los bolsillos llenos de calor

cuando empezaba el frío.

*La fotografía es de Leonardi di Caprio y de Kate Winslet. Casi una historia de amor en el cine.