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Antón Castro

Escritores

LA ESCRITURA DE MARTINEZ DE PISÓN

LA ESCRITURA DE MARTINEZ DE PISÓN

EL NARRADOR INVISIBLE

DE LA CLASE MEDIA*

 


 

Antón CASTRO

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) dijo en una ocasión, tras ganar el Premio de las Letras Aragonesas en 2011, que escribía “desde el fondo de un rincón sombrío del corazón”. La frase en él es casi insólita: es un narrador natural, diáfano, de la estirpe de Clarín, Galdós, Pardo Bazán o su amado Pío Baroja, y huye de las frases poéticas, complejas o afectadas como de la peste. Martínez de Pisón es un tipo de afectos y de rutinas: sus grandes amigos son los de la universidad (como el bibliófilo José Luis Melero y el gongorista Antonio Pérez Lasheras, dos de sus primeros lectores, o el cinéfilo Luis Alegre) y la primera juventud, a lo que va añadiendo siempre a alguien porque es un embajador constante de la amistad, como lo era su llorado amigo Félix Romeo; es fiel a la ciudad que dejó con poco más de 20 años, Zaragoza, pero a la que siempre vuelve, a la lectura de esquelas (que suele comentar con el escritor Miguel Mena) y al Real Zaragoza, incluso ahora, en Segunda División y lejos de sus días de gloria; Ignacio Martínez de Pisón, casado con la profesora María José Belló, es yerno de Luis Belló, futbolista finísimo del club aragonés en los años 50 y entrenador del Real Zaragoza que consiguió en menos de dos meses, en 1964, la Copa de Feria y la Copa del Generalísimo.

Pisón se marchó a Barcelona a principios de los 80, donde se hizo escritor con sus hábitos insobornables: tres horas de escritura al día, la pasión por los periódicos y la lectura, las partidas de billar, un número concreto de flexiones o de minutos de ‘running’, su suave forma de fumar y las citas noctámbulas con los amigos. Eso es innegociable: en Barcelona, en Zaragoza o en Madrid, donde también tiene casa, Pisón se prepara para el sueño charlando, bebiendo, intercambiando confidencias y chistes, contando y oyendo historias, y cantando si se tercia.

Al principio, este licenciado en Filología Italiana intentó sobrevivir con traducciones del italiano de autores como Daniele del Giudice, Guido Morselli o Marco Lodolli, pero siempre tuvo claro su empeño: quería ser escritor profesional. Empezó con buen pie con dos libros que dan la medida inicial de su talento: la novela Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1984), que tenía más de un eco de su infancia y adolescencia a la sombra de su abuelo materno, en cuyo despacho había leído la Enciclopedia Espasa y a Valle-Inclán, y una colección de cuentos: Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1985), que reflejaba la hondura de su percepción y su dominio del género, con ecos de Chejov, Tabucchi o Natalia Ginzburg; luego, a su aprendizaje, se sumarían otros nombres: John Cheever, Tobias Wolff, Vladimir Nabokov o Richard Ford. Pisón ha publicado un total de cuatro libros de cuentos que ha refundido en una antología, un tanto excluyente por decirlo así: Aeropuerto de Funchal (Seix Barral, 2009). Ahí están los cuentos que considera valiosos de su trayectoria.

Desde esos dos libros, Pisón no ha parado: si en sus años universitarios en Zaragoza había firmado crónicas y críticas de cine y se había interesado por la guerra de África y la figura de Ramon José Sender, incitado por José-Carlos Mainer, todo ello retornará con el paso del tiempo: Pisón se convertirá en guionista para Martínez Lázaro, en Carreteras secundarias y Las trece rosas, y para Fernando Trueba, en Chico y Rita. Y en 2000 publicará la novela juvenil, Una guerra africana (SM); esta disciplina la había ensayado en El tesoro de los hermanos Bravo (Alba, 1996), relato de iniciación con ecos de La isla del tesoro y El viaje americano (SM, 1998), sobre los actores españoles en Hollywood.

Ante todo, Ignacio Martínez de Pisón es narrador. Novelista. Contador de historias. Suele decir que halló su voz en Carreteras secundarias (Anagrama, 1996), el libro la historia de un padre, un tanto pícaro y extraviado entre dos mujeres, y un hijo inconformista, que se enamora de una joven negra en la Base Americana de Zaragoza. La familia es el tema más constante de Pisón, la familia de clase media. Él es huérfano desde los nueve años, y la figura del padre siempre cobra una dimensión especial. Por cierto, esa tensión y ese diálogo, a menudo interrumpido, regresan ahora con su nueva novela: Derecho natural.

Otro libro capital, quizá de los más rotundos y complejos, sea su extensa novela: El tiempo de las mujeres (Anagrama, 2003), el último que publicó en un sello en el que había estado, felizmente, durante veinte años. Es una narración familiar, de nuevo, la historia de tres hermanas, muy distintas. A Pisón siempre le había interesado la historia, el proceso de investigación de sus libros. Ahí también es particularmente minucioso. Y cayó en sus manos la peripecia del traductor José Robles Pazos, traductor de John Dos Passos, trotskista y asesinado en 1937 por los esbirros de Stalin. Pisón contactó con su hija y siguió su rastro, y le salió un espectacular libro de ensayo histórico con aroma de novela: Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005). Marca un antes y un después en su trayectoria, y cosechó elogios y premios. Deslumbró a Mario Vargas Llosa. Desde entonces las novelas de Pisón arrancan de un proceso previo de indagación documental, literaria y oral, y eso se percibe en Dientes de leche (Seix Barral, 2008), otra historia de una estirpe vinculada a los fascistas italianos en la guerra civil española; en El día de mañana (2011), quizá su novela más ambiciosa, un friso coral de voces en torno a un delator en la Barcelona de los 60 y 70, y en La buena reputación (Seix Barral, 2014), que aborda la vida de una pareja y su descendencia, de origen judío y vinculada al Protectorado Español en Melilla. Esa novela de novelas recibió el Premio Nacional de Narrativa de 2012; quizá no sea la más redonda de Martínez de Pisón, sí la más voluminosa, pero resume a la perfección su estética: el estilo invisible, la creación de personajes, el equilibrado desarrollo de la acción, la amenidad y la atmósfera realista. Pisón suele decir que su “oficio consiste en saber captar la realidad y saber transformarla en palabras”. Esa querencia es visible también en sus brillantes artículos de opinión de La Vanguardia.

 

*Este artículo apareció en el suplemento ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, que dirige Sergio Vila-Sanjuán el jueves 18 de marzo.

 

**La foto de Pisón es de Elena Blanco. La otra es de Heraldo.

 

EL VIAJERO PEPO PAZ HABLA DE SORIA Y DE LOS CIELOS DE ESPAÑA

EL VIAJERO PEPO PAZ HABLA DE SORIA Y DE LOS CIELOS DE ESPAÑA

[Pepo Paz es editor de Bartleby y cronista de viajes y fotógrafo. La pasada semana, en Zaragoza, en Cálamo y en el Centro Soriano, presentó dos de sus últimos libros: una ’Guía de Soria’ y un libro sobre ’Los mejores destinos para observar cielos en España’, ambos publicados por Anaya.]

 

-¿Qué hace un editor de poesía metido a viajero y cronista de viajes?

En realidad son dos actividades que se iniciaron y crecieron a la vez desde el verano de 1998: en julio de aquel año fundamos la editorial y fue también durante aquel verano cuando realicé mi primer viaje y colaboración para el desaparecido suplemento Motor & Viajes (que publicaba cada sábado el diario El Mundo). Ellos estaban sacando un coleccionable con rutas por España y recuerdo que me pidieron una escapada por la Sierra de Alcaraz, en Albacete, un destino que yo había visitado tres o cuatro años atrás para hacer una entrevista a una mujer guatemalteca afincada en Letur para mi primer libro Transeúntes (de América Latina). En cierta forma aquel primer viaje estaba señalando el camino que he seguido como viajero durante todos estos años.

-Una persona con esta trayectoria, el editor de Bartleby, ¿tiene una mirada especial sobre lo que ve? ¿Qué buscas en tus viajes, qué te preocupa, qué quieres captar?

Supongo que, en cierta manera, todo está interrelacionado. Sobre todo en aquellos primeros tiempos de colaboraciones en El Mundo, etapa que duró unos 4 años, en la que pude desarrollar mi trabajo de una manera menos condicionada por encargos específicos. Ahí estaban los temas que más me interesaban y, también, empecé a completar el puzle de un gran juego: el que me ha llevado a casi todos los rincones de la geografía española para contar y fotografiar lo que veía; en suma, para incitar al lector al viaje. Pero el viajero no sólo escribe: también fotografía. Quizás ahí es donde más se fundan mis propias obsesiones con las del editor. Una fotografía es siempre una instantánea de un tiempo pasado. En ese sentido me ha preocupado mucho la destrucción del paisaje y de la identidad de las ciudades y pueblos de España: la euforia constructora ha laminado lo que éramos hasta hace muy poco tiempo. Da grima volver a las carreteras y encontrar las afueras de muchas localidades tomadas por el afán especulador y transformadas en colmenas de adosados.

-Has hecho una guía de Soria, capital de la poesía. ¿Muy propio, no? ¿Qué te atrajo de Soria, qué tienen de especial la ciudad y la provincia?

Bueno, esa fue otra de las casualidades que tiene la vida. Personalmente, y mucho antes de dedicarme a la edición o al fotoperiodismo de viajes, ya tenía una vinculación con el territorio soriano que comenzó a los 18 años mientras fregaba platos como recluta en un cuartel del Ejército del Aire. Allí trabé amistad con un compañero cuya familia era originaria de un pueblo de la Ribera del Duero soriana: Langa. Y por allí empecé a viajar y a desenredar la madeja de mi fascinación por esa provincia. Luego, años después, solía escaparme con mi padre a conducir por sus comarcales a modo de desestresante de la vida laboral en una metrópoli como Madrid. Y así fui amando sus colores, sus cielos y sus pueblos. Durante diez años consecutivos acudí a la ceremonia del Paso del Fuego en San Pedro Manrique, volé en globo y encaré el difícil carácter de los viejos castellanos. Así que cuando el editor de guías nacionales de Anaya Touring me preguntó si me gustaría escribir la nueva guía de Soria de la colección Guiarama, no lo dudé. Si iba a escribir una guía… ¿qué mejor destino que el soriano? Además Soria es un destino diverso, con muchas novedades, que había que recontar. A mí me parece que es una provincia que encarna ese modo slow y sostenible hacia el que camina el turista de nuestro siglo. La ciudad es un compendio de vida sosegada, románico y poesía donde las iniciativas culturales del ayuntamiento están dando un auge distinto, como la única feria de poesía del país: Expoesía. Soria, plató cinematográfico, destino micológico y de observadores de aves y estrellas…

-¿Qué tipo de guía has querido hacer? ¿En tiempo de internet aún interesan las guías?

La anterior guía fue obra de un erudito soriano, otro viajero amante de su tierra y de la Vieja Castilla, Avelino Hernández. Escribir una guía de Soria después de la de Avelino, que había fallecido en 2003 víctima de un cáncer, para mí era un reto. Un reto ambicioso: había que darle una cierta vuelta de tuerca sin olvidar que se trata de una guía sujeta a unos criterios establecidos por una colección que tiene una larga trayectoria editorial. Sobre todo he tratado de hacer una guía actual, con una mirada muy del siglo XXI, en la que los propios sorianos se sintieran identificados. Algunos lectores me han  dicho que no se lee como una mera guía repleta de información práctica y es así, se trata, sobre todo, de un libro de viajes donde yo he querido volcar mis experiencias sorianas de los últimos 25 años. En cuanto a la segunda pregunta, bueno, yo creo que Internet nos ha cambiado la vida, la manera de viajar, etc, pero sigue habiendo viajeros que van con una guía de papel en la mano cuando se acercan a sus destinos. En la medida de que los contenidos de las guías sean de calidad, siempre habrá lectores que nos prefieran. En general, yo desconfío mucho de los contenidos de la red, en especial, de los que se suben a través de las RRSS. Sigo creyendo en la capacidad de prescripción de los profesionales.

-¿Cómo te ocurrió el libro ‘Los mejores destinos para observar cielos en España’?

Este libro es una réplica de la guía soriana. En ella ya estaban los cielos estrellados y las rutas de observación de aves. Fue en una reunión con la directora de la editorial (Mercedes de Castro) cuando ella comentó que qué me parecía la posibilidad de escribir un libro dedicado al astroturismo. La idea original fue esa y, en las semanas posteriores, fuimos dando forma al tema de los cielos como propuesta turística. Con esa base, y teniendo en cuenta que el observatorio de Borobia (en la Raya entre Aragón y Castilla) fue el primero de España en funcionar dedicado a la divulgación astronómica, empecé a confeccionar el índice del libro. Y, luego, a escribirlo.

-¿Cuáles son los mejores lugares para ver el cielo? ¿Qué has encontrado en el Observatorio de Javalambre? Parece un territorio de ciencia ficción…

Yo siempre he defendido que el escritor no puede ser neutral. Y en este libro, un libro de viajes, menos aún. A medida que fui avanzando en la primera parte del volumen, la dedicada al astroturismo, me iba dando cuenta de que en realidad estaba hablando de la España deshabitada. Los mejores lugares para observar los cielos peninsulares son, por regla general, aquellos destinos a los que el desarrollo del país ha condenado al abandono. Territorios con una densidad de población en torno a los 3 hab/km2 o incluso menor. Son esos territorios donde la contaminación lumínica es escasa y donde, por ello, las noches estrelladas la contemplación de la bóveda celeste convierte a la Tierra, a ojos del viajero, en esa nave espacial que viaja alrededor del Sol a una velocidad de 30 km por segundo. Uno se siente diminuto contemplando a simple vista la inmensidad del universo. A esos lugares con poca contaminación lumínica hay que sumarle otros parámetros más ponderables científicamente como la visibilidad astronómica  (en términos seeing) y de fondo de cielo y extinción (es decir, en términos de absorción y dispersión de la radiación electromagnética). Esos parámetros convirtieron al turolense pico del Buitre (en el municipio de Arcos de las Salinas) en el lugar ideal para la construcción del Observatorio Astronómico de Javalambre (OAJ). Luego le siguieron una serie de iniciativas para promocionar la comarca de Gúdar-Javalambre como destino astroviajero y conseguir la Certificación como Reserva Starlight y, cuando escribí el libro hace unos meses estábamos a la espera de la inauguración de Galáctica, un magnífico Centro para la Difusión y la Práctica de la Astronomía. Teruel es, por sus características geográficas, demográficas y patrimoniales un gran destino turístico. Y sus cielos estrellados son los últimos en sumarse a esa excelsa oferta. A Teruel hay que ir y regresar una y otra vez, sin duda.

-¿Qué tiene de peculiar para ti el cielo de Gallocanta? -¿Y Monte perdido y Ordesa? ¿Qué te conmovió especialmente?

Gallocanta es la bella desolación del invierno, la fiesta de las grullas. Aquí se sintetiza el enorme papel que juega la Península Ibérica como lugar de paso en las migraciones de las aves. Y Ordesa es un santuario para los amantes de la naturaleza, el destino que conjuga abismo y montaña. Ordesa es el fulgor de las estaciones y, por supuesto, el gran refugio de unos de los grandes de nuestros cielos, el quebrantahuesos. Regresar al Sobrarbe es como volver a casa. Un horizonte de leyenda.

Explícanos, descríbenos algunos cielos que te hayan parecido espectaculares, íntimos o casi sobrenaturales.

Lo genuino de los cielos es que, en función de las condiciones meteorológicas y de las estaciones, todo cambia. Cuando no estoy de viaje suelo acudir cada mañana a fotografiar el amanecer en el embalse de Santillana, en Madrid, que es donde vivo. Y siempre es diferente. Creo que la calificación de cada experiencia tiene que ver mucho con lo personal: a mí me encanta sentir el paso de esas estaciones, percibir cómo varían los colores entre unas y otras, cómo va llegando o yéndose el invierno, la algarabía de las aves acuáticas y cómo, de repente, en el momento en que el sol asoma por el horizonte, todo parece quedarse detenido por un instante. Los cielos de Canarias son los que mejores condiciones nos ofrecen para la observación nocturna pero Doñana, Cabo de Gata, el Delta del Ebro, Fisterra o el Urdaibai, por poner algunos ejemplos, me fascinan igualmente y por cosas distintas.

Pensando en Machado… ¿El que está cerca del cielo, está más cerca de Dios o de la poesía?

Yo creo que tocar el cielo con las manos es un estado de ánimo. Los cielos de “Campos de Castilla” son, por lo general, sombríos, como mucha de esa Castilla soriana que poetizó Machado y que en buena medida también bebió del malestar general y el tópico de los escritores del 98 hacia la meseta. Hoy el cielo está más cerca de la exploración y el avance tecnológico. Pero siempre hay hueco para la poesía: el otro día compartí entrevista en RNE con un geoastrónomo que se encarga de parte del entrenamiento de los astronautas y nos planteó una pregunta no exenta de ella… ¿por qué los amaneceres en la Tierra son rojos y en Marte azules?

¿Cuánto tiempo te ha costado este libro, cuántos viajes, cuántos kilómetros has recorrido?

 Este libro me ha llevado más de 20 años de trabajo. En realidad, cuando viajaba con mi padre por las comarcales sorianas ya estaba escribiendo mis notas para un libro que ni siquiera sabía que un día iba a escribir. En estas páginas están muchas de las líneas que he escrito en mis 18 años de fotoperiodista y también están los amaneceres y atardeceres que nunca he descrito. Están, por supuesto, las reivindicaciones ecologistas de colectivos vecinales y ecologistas que nos han permitido conservar entornos naturales que el afán de ministros y especuladores nos hubieran hurtado. El gran reto que tenemos es transmitir a las generaciones futuras un mundo habitable. Un reto cada vez más lejos de nuestras manos.

¿Para quién es un libro como éste?

Los mejores destinos para observar los cielos en España es un libro pensado para inspirar el viaje. Es un libro de gran formato, con un importante despliegue fotográfico, ideado para aquellos a quienes les gusta planificar sus escapadas. Y, también, para aquellos viajeros a los que les interesan las efemérides astronómicas, geográficas y naturales. Un libro para casi todos, vamos.

POEMAS PARA EL DÍA DEL PADRE

POEMAS PARA EL DÍA DEL PADRE

[Mañana es el Día del Padre. Mi padre, Benito do Touciñeiro, 1925-2007, ha aparecido en varios de mis libros o de mis textos. Estos son algunos poemas que han aparecido en ‘Vivir del aire’, ‘El paseo en bicicleta’ y ‘Seducción’. ‘Monólogo del emigrante’ es una licencia literaria, que quizá no se desajuste en exceso de lo que me contaba mi padre en mi niñez y adolescencia, y lo escribí para el proyecto sobre la emigración, ‘Sueños en el mar’, de Ricardo Calero, a quien va dedicado. La foto es de mis padres. Carmen Castro Barreiro y Benito Rodríguez Ferro.]

 

 

LAS CARTAS DE MI PADRE

Hubo un tiempo de luna llena junto al mar.
Había delfines que se acercaban a la orilla,
justo cuando acariciaba las cartas de mi padre
desde Berna o Basilea o Zurich: todas me parecían
ciudades inventadas con jardín y una autopista.
Las llevaba en mi bolsillo como un tesoro:
qué bonitas, qué íntimas, con la letra de aquel analfabeto
que me llamaba, en la última línea, el rey de la casa.
El rey de su casa, el niño que lo reemplazaba
en el corazón y junto al fuego, al lado de mi madre.
Me acuerdo de mi padre y no lo llamo: está casi sordo
y hablar por teléfono le pone nervioso. Parece que siempre
tenga prisa o que haya dejado un surco abierto en el campo
y parece que se le escapase la luz del día entre las sílabas.
La noche de hoy, con luna llena entre los árboles,
me lleva en volandas a Galicia, junto al niño que espera a su padre,
junto al niño que fui, presa del pánico, que miraba los barcos.
Hay una brisa deliciosa de alta noche. Y hay luna llena.
Y hay un cielo perfecto navegado de estrellas.
Pienso en mi padre y en aquellas madrugadas en la playa
cuando me bañaba entre las olas y esperaba su vuelta.
Me he vuelto mayor de golpe. Y me he vuelto
niño errante y solo que quiso ser un día escritor
y viajero y explorador o púgil fugaz como él. Y ahora está aquí,
tan lejos, pensando en su padre y en el agua.
Y en las cartas de amor que mi madre me leía.
Hubo un tiempo de luna llena, junto al mar, que no se olvida.

 

-De ‘Vivir del aire’. Olifante. 2010.

 

 

MI PADRE, EL VIAJE Y EL MIEDO

 

Mi primer recuerdo:

Voy con mi padre en su bicicleta.

Es una tarde apacible y sin llovizna.

go el rumoroso cantar de los bosques

y noto la agitación de su corazón.

Tengo miedo en las curvas y en los baches

a caerme en la cuneta. Y a la vez  estoy

feliz: agárrate fuerte, agárrate a mí,

agárrate bien que llegamos pronto,

dice mi padre. A lo lejos se ve el mar.

El viento peina las retamas y tumba

la maleza con la fuerza de un oleaje.

 

Luego todo es confuso. Y doloroso.

La casa de mi abuelo me pareció

gigantesca, un caserón con huerto,

 jardín, dos establos y un hórreo.

De golpe, oigo voces, discusiones,

percibo una furia inaudita. Rabia.                           

Aquel hombre no puede ser mi abuelo.

Me echo a llorar. Me abrazo a mi padre.

Nadie me consuela. Y los gritos se elevan

por los aires, más allá de la chimenea,

con el estruendo de un vendaval.

 

No tardamos en irnos. Yo aún no sabía

qué era el pánico: aquella noche pensé

que mi abuelo quería matar a mi padre,     

que mi padre quería matar a mi abuelo.

Me abracé a él con un temblor animal.

Todo era oscuridad: el débil faro

alumbraba el final de la pesadilla.

Volvíamos a casa. Jamás podría olvidar

mi primer viaje. Aquel día borroso

en que mi padre me llevó en bicicleta.

Aquella noche en que noté cómo

le temblaban la piel y la sangre.

Mi primer recuerdo.

 

-De ‘El paseo en bicicleta’. Olifante, 2011.

 

 

MONÓLOGO DEL EMIGRANTE

 

A Ricardo Calero

No quise ser nunca un desterrado. Ni un exiliado en tierra extraña. Para no sentirme extranjero en Suiza recorrí casi todas sus ciudades: Berna, Lausanne, Vevey, Ginebra, Zúrich. En todas encontré acomodo y una rara complicidad. Aprendí lo justo de francés, y menos, bastante menos de italiano y alemán. Amé a algunas mujeres, o soñé que ellas me amaban a mí, que me ofrecían un trozo del jardín donde yo trabajaba; las miraba casi a hurtadillas en su mejor perfil. Hice cuanto pude: me empleé en vialidad y aguas, corté el pelo, hice recados a pie y en bicicleta, levanté fachadas y podé los árboles frutales. No solo eso: a un cerezo lo llamé Jesús y a una acacia, Emilia, como mis padres. Cuando habían pasado cinco años, puse fin a tantos y tantos días lejos de casa. Lejos de mis playas, de mis montañas, de los míos. Lejos de la lluvia que enciende mis bosques de misterio y de música. Antes de irme, con mi letra desgarbada, mandé una carta a cada una de las familias que me habían acogido. Pensaba especialmente en las señoras: Catherine, Marie, Marguerite, Fiorella..., aunque uno de los maridos, Jacques Vivre, me hizo sentir en casa y uno de los suyos. Escribí: «Merci». Solo eso. La auténtica gratitud se concentra y se resume en las palabras justas. Gracias.

 

-De ‘Seducción’ (Olifante, 2014). Segunda edición o reimpresión, marzo de 2017.

 

 

 

 

ELOY TIZÓN: UNA ENTREVISTA

Eloy Tizón “En mis cuentos hay un

fondo de llanto que se escucha a lo lejos”

  

“A veces al escribir

entramos en el verdadero mundo”

  

“Escribir es recobrar una

lucidez que no siempre tenemos”

  

[El escritor madrileño presentó en Zaragoza la reedición ampliada, un cuarto de siglo después, de ‘Velocidad de los jardines’ en Páginas de Espuma]

  

 

‘Velocidad de los jardines’ cumple 25 años. Se escribió en parte en Zaragoza, donde el autor, Eloy Tizón (Madrid, 1964), hacía el servicio militar. Se ha convertido en un mito del relato en castellano.

-En el texto portical ‘Zoótropo’, donde recuerda la historia de ‘Velocidad de los jardines’, dice: “Escribir es como salir de un coma profundo”

-Es una frase que entenderán los escritores. Porque muchas veces tenemos la sensación de que al escribir entramos en el verdadero mundo o que el mundo cobra un relieve que antes no tenía. Es decir, el mundo de las obligaciones cotidianas es un mundo un poco anestesiante y la escritura es salir de ese coma. Recobrar una lucidez que no siempre tenemos.

-El proceso de redacción del libro le cambió por completo, ¿no?

-Bueno, por completo es una palabra muy fuerte. Pero sí, claro, es mi primer libro y es donde tengo conciencia de que puedo ser escritor. Durante los primeros años uno lo que emprende son, sobre todo, tentativas. Yo era consciente de que eran cuentos digamos peculiares, muy literarios, que tal vez tuviera dificultades para publicarlos o que no se publicarían nunca.

-¿Lo dice porque eran cuentos poéticos’

- Sí, son cuentos líricos. Es una apuesta por la narrativa lírica, además en un momento en el que yo creo que la literatura en general no iba por ahí. Los años 90 eran la época del realismo carveriano (de Raymond Carver), el realismo sucio está en pleno apogeo. Y entonces yo salgo con una especie de artefacto lírico que se aparta de eso, que no sé bien como va a ser tomado y que ni siquiera sé si voy a encontrar una editorial.

-La encontró y en Anagrama, nada menos. ¿Recuerda el primer cuento?

- ‘ Los viajes de Natalia’ fue el primero, aunque el primero que aparece en el libro sea ‘La carta a Nabokov’. Pero digamos que ese cuento fue el que me convenció de que yo podía dar el paso de la poesía a la narrativa. Yo hasta ese momento había escrito poesía y ese es el primer cuento en que empiezo a manejarme con personajes, con situaciones donde introduzco cierto movimiento narrativo. Empecé a creerme que yo podría escribir narrativa.…

¿Encontró  eso que se denomina una voz?

-Yo creo que hay una prueba, en diferentes registros, para buscar cuál era mi voz. Y para encontrar la música del libro. Creo que es un libro que se va haciendo un poco en términos musicales. Motivos que desaparecen, que reaparecen, ciertos estribillos, me parece que tiene una estructura que es, en cierto modo, más musical que narrativa. De hecho, cuando apareció se le reprochó (aunque en general fue bien acogido), que era poco narrativo. Uso ambientes que todos reconocemos, pero mirados a través de un filtro fotográfico que los vuelve un poco extraños, y ese es un filtro poético para mí.

-Otra frase: “La imagen como la última de las historias posibles”.

- Es del escritor cubano José Lezama Lima. Trabajaba en un tipo de relato que no es un relato de argumento, no depende de los giros imprevistos, no se trata de descubrir el culpable del asesinato, sino que trabaja más bien con texturas emocionales. Y ahí fue un gran apoyo encontrar esa frase de Lezama que ponía el peso en lo visual. Muchas veces lo que la imagen nos puede transmitir es suficiente.

-Alude a la paciencia, como algo necesario, y dice: “Un cuento se escribe con un poco de música y un poco de sangre”. Y aún ajusta más: “Cuento igual a rigor técnico más compasión”.

-Soy una persona muy paciente, creo. Y ante la literatura me tomo mucho tiempo, me gusta escuchar lo que tengan que decir esas voces, doy tiempo para que los personajes se vayan expresando, hablen, muestren lo que tienen dentro. En la literatura que yo admiro hay música, pero también ese punto de herida. Por eso digo lo de la música y la sangre. Creo que en los cuentos hay un fondo de llanto que se escucha a lo lejos.

- ¿Qué le debe a Nabokov o cómo le ha marcado?

- Nabokov es un escritor de una brillantez casi inigualable. El manejo que tiene de la imagen, pero no solo de eso, la reflexión que hay sobre el tiempo, sobre la identidad… Nabokov muchas veces es conocido por ‘Lolita’, por el morbo y el escándalo, pero es muchísimo más: es un tipo profundo, con muchas capas y creo que para cualquier aprendiz de narrador es un autor que hay que leer.

-El libro se publicó en el 92, han pasado 25 años, ¿cómo le ha marcado? Siguen diciendo que es su mejor libro.

- Ha sido, en ese sentido, un libro un poco vampiro. ’Velocidad de los jardines’ es el libro más recordado, en el que más se insiste. Y muchos lectores es lo único que han leído y luego ya no han leído nada más de lo que he escrito. Cosa que me parece un poco injusta para mis otros libros; creo que ‘Técnicas de iluminación’, publicado también en Páginas de Espuma, es mejor. Pese a todo, le tengo mucha gratitud porque ha sido un proceso muy gradual de reconocimiento, como una larga llovizna a lo largo de muchas décadas, basado en el boca a oreja. Ha sido un discurrir muy natural y gracias a eso yo no he sentido presión a la hora de escribir otros libros.  

 

*La foto es de la agencia Efe.

IRENE VALLEJO EXPLICA 'ALGUIEN HABLÓ DE NOSOTROS' (CONTRASEÑA)

IRENE VALLEJO EXPLICA 'ALGUIEN HABLÓ DE NOSOTROS' (CONTRASEÑA)

Este texto puede seguirse aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/03/13/mision-del-periodismo-arrojar-luz-sobre-realidad-1164043-1361024.html

 

La misión del periodismo es

arrojar luz sobre la realidad”



Irene Vallejo publica un libro con sus columnas sobre los clásicos y la actualidad: ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña)



Irene Vallejo (1979) es escritora y columnista de Heraldo. Uno de sus empeños es difundir el magisterio y los libros de los clásicos: Homero, Platón, Virgilio o Marcial, del que es toda una especialista. Algo que ha hecho en libros como la novela ‘El silbido del arquero’, ‘El inventor de viajes’, con ilustraciones de José Luis Cano, o ‘La leyenda de las mareas mansas’, dibujada por Lina Vila. Acaba de publicar ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña. Zaragoza, 2017. 150 páginas), un libro donde recoge las columnas que publicar en las contraportada de HERALDO.

Entender el mundo es un placer”. ¿En qué medida? ¿Qué no nos reserva el conocimiento del mundo?

Desde muy pequeños, los niños quieren saber las causas y los motivos de las cosas: ‘¿por qué?’ Durante una temporada, nos apabullan con ráfagas constantes de preguntas. Como esos niños que fuimos, todos queremos comprender los misterios que nos envuelven. Lo que no sabemos explicar nos parece amenazador, caótico, inquietante. Descubrir y entender nos calma, es un placer casi físico.

¿Qué pretende con sus columnas? ¿Cuál es su idea general?

Pienso que la misión del periodismo es siempre arrojar luz sobre la realidad. Personalmente, quiero combatir el descrédito de la historia y las humanidades. Creo que debemos reivindicar sin complejos su importancia en democracia. Cuando son apartadas del dominio público, es más fácil que la gente asuma relatos falsificados y soluciones simplistas a graves problemas. Cualquier pequeño espacio de atención que ganemos para el mundo de las ideas es un motivo de esperanza.

¿Qué encuentra en el mundo clásico, sobre todo en Grecia y en Roma?

En el torbellino imperante de modas, tendencias y productos de bajo coste, los clásicos de Grecia y Roma representan lo duradero, lo estable, nuestras raíces. Allí encuentro el punto de partida de lo que somos, el principio del futuro.

¿Cuándo vio que en su pensamiento, en sus libros y en sus actitudes había un correlato claro con lo contemporáneo, que se podían extraer lecciones?

Siendo niña, mis padres me leían mitos antiguos, y los clásicos se convirtieron ya entonces en mi paisaje imaginario favorito. Pero cuando empecé a leerlos en profundidad y a traducirlos durante la carrera de filología clásica, sentí que sus voces sonaban cercanas, íntimas, muy vivas. Podía reconocer nuestro mundo en sus palabras. Por eso he decidido titular esta antología: ‘Alguien habló de nosotros’.

¿Cómo surgen sus columnas?

Las ideas llegan como relámpagos, pero tengo que esperarlas con paciencia y pulirlas con calma. Tras el primer chispazo, las frases se van encadenando una por una. Tomo notas en cualquier papel a mano, emborrono las primeras palabras, empiezo a trenzar la actualidad con las voces antiguas. Trabajo con apasionada serenidad. Este libro ofrece reflexiones tranquilas y suaves que sosiegan la prisa. Cada columna acoge al lector y a la vez lo impulsa a mirar el mundo con nuevos ojos.

Poco a poco has ido incorporando a autores más contemporáneos: Spinoza, Voltaire… ¿Por qué?

En Grecia empezó un diálogo que llega hasta hoy. En él participan gentes de todas las épocas. Me interesan todos los que han querido unirse a esa conversación infinita. En mis columnas, me divierte que Ovidio hable con los ‘Simpsons’.

-Leo una frase que parece una denuncia. “La intimidad está muriendo, dicen”. ¿Qué piensa, más allá de Herodoto, Irene Vallejo?

Creo que la intimidad es un reducto precioso, un rincón para el misterio que es necesario proteger con cuidado. Una parte de nosotros pide permanecer en secreto o ser compartida solo con los más cercanos. Cuando escribo mis columnas, prefiero partir del “nosotros” que del “yo”.

¿Premia la sociedad en que vivimos la agresividad?

La competencia y la obsesión por el éxito han transformado el espacio público en un campo de batalla. Me temo que nos hemos vuelto más agresivos y a la vez más susceptibles. Algunos intentan convertir Internet y las redes sociales en un púlpito del odio. Percibo impaciencia e irritabilidad alrededor. En uno de mis artículos propongo que todos intentemos ser más suaves, más flexibles, escogiendo con más cuidado las batallas que merece la pena emprender.

Leer nos ayuda a hablar”. ¿Cuál es la importancia de la lectura en una época tan marcadamente visual?

La comunicación visual se caracteriza por la rapidez y puede dar la sensación –solo la sensación– de veracidad. Decimos: “lo vi con mis propios ojos” o “lo he visto en televisión”. La lectura nos rescata de esa precipitación y evita que el mundo se reduzca a eslóganes y fórmulas fáciles. Leyendo nos sumergimos en historias complejas y apasionantes.

¿Qué temas le interesan?

Marguerite Duras decía que un escritor es un país extranjero. Me interesa todo lo que tiene que ver con ese sentimiento de extrañeza: el viaje, el amor, el mestizaje, la paradoja, el asombro.

El amor nos vuelve principiantes perpetuos, torpes y trémulos”, dices y añade que “es la ciencia de la inocencia”. ¿Quieren ser sus columnas una colección de aforismos con una evidente carga de profundidad? En otro lugar dice: “Amamos las frases cortas”.

Es cierto, me interesan los aforismos. Así empezó el pensamiento: con refranes, con máximas, con dichos breves. Y hoy a través de Twitter vuelven a ser una forma de expresión rabiosamente actual. Esos fogonazos verbales pueden hacer tambalearse nuestras ideas preconcebidas.

Desde el punto de vista estilístico, ¿qué busca Irene Vallejo?

Por formación soy filóloga, es decir, una enamorada de las palabras. Intento cuidarlas y me preocupa mucho su ritmo, su fluidez, su fuerza. Escribir es una responsabilidad, hay que velar por el lenguaje. Si las palabras no se usan bien, si no están a la altura de las realidades, vamos a tientas por un laberinto.

¿De quién aprende a escribir columnas, quiénes son sus columnistas de referencias, de ayer, anteayer o de ahora?

Cuando empecé a escribir columnas, quería adaptar a la prensa, en clave contemporánea, los ‘Ensayos’ de Montaigne. Me inspiró también Mary Beard con su estilo divulgativo y su talento para encontrar los hilos que entretejen el pasado con el presente. Por otro lado, he crecido con los periodistas de HERALDO que han sido mis maestros: Juan Domínguez Lasierra, Encarna Samitier, Jesús Frago... Todas las semanas espero también con impaciencia las columnas literarias de Cristina Grande y Patricia Esteban. Siempre aprendo con los artículos de mi compañero de sección Víctor Orcástegui. Y si escribiera una carta a los Reyes Magos, pediría el fino humor de David Trueba y la hondura de Leila Guerriero. Me siento en profunda deuda con tantos maestros que, desde las aulas o desde las páginas de un periódico, me han enseñado a explorar territorios nuevos, a mantener la capacidad de asombro, a no bajar la guardia.

 

*La foto es de Santiago Basallo.

 

ALFREDO CASTELLÓN, HOY, CON 'MIS APÓLOGOS' EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

ALFREDO CASTELLÓN, HOY, CON 'MIS APÓLOGOS' EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

    ALFREDO CASTELLÓN PRESENTA HOY 'MIS APÓLOGOS'
    Hoy lunes 13, a las 19.30, en la Biblioteca de Aragón, el escritor, cineasta y cofundador de RTVE Alfredo Castellón Molina, II premio Artes & Letras de cine, presenta su nuevo libro, 'Mis apólogos' (publicado por STI, de Javier Cinca), un volumen de textos breves donde habla de su vida, de sus recuerdos (entre ellos María Zambrano), de algunos amores, de sus padres, de sus experiencias. Lo acompañarán su editor, la profesora Rosa ...Burillo y Antón Castro. Cuelgo aquí, de nuevo, algunos textos de Alfredo Castellón, director de películas como 'Platero y yo' y 'Las gallinas de Cervantes', y autor de piezas teatrales sobre Colón o Costa. 'Mis apólogos' lleva un epílogo de Mariano Gistaín.

    [El escritor es el enemigo
    de la mentira y de la servidumbre.
    Albert Camus]

    *****

    LO QUE FUE

    A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

    ****

    LAS CAMPANAS

    A José Luis L. Z.

    Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.
    Un caos.

    *****

    EVOCACIONES

    Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

    *****

    SEÍSMO ESPIRITUAL

    No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

    ******

    COMPARACIÓN

    Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

    **Esta es la famosa foto realizada en Collioure en 1959, en el homenaje a Antonio Machado. Alfredo Castellón Molina es el primero por la derecha. A veces se le ha quitado de la foto. Están, arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Castellón; abajo, Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.

 

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: TRES LIBROS DE POESÍA. AMOR, RADIO Y MEMORIA

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: TRES LIBROS DE POESÍA. AMOR, RADIO Y MEMORIA

ENTREVISTA. MIGUEL ÁNGEL YUSTA. Poeta y antólogo de la copla.

 

 

“El amor es el eje positivo o negativo

sobre el que gira la Humanidad”

 

El poeta zaragozano, especialista en copla y ópera, publica tres libros, uno de ellos con Alberto Calvo, ‘Supermaño’, ’Damas’

 

 

¿Está usted en un gran momento poético? Coinciden hasta tres libros suyos en el mercado.

Ha sido una casualidad. Debido a mi forzada inmovilidad e inactividad durante más de un año, por intervenciones quirúrgicas, que también afectaron el ánimo, se han acumulado antiguos proyectos que estaban en marcha y que he podido ver finalizados ahora, junto a alguno nuevo que llegará. En consecuencia salen varias publicaciones y, claro, no se puede decir a los editores, cuando deciden publicar, que esperen y espacien los libros. No está el mundillo editorial -y menos en poesía- para ello...

¿Qué es ‘Ayer fue sombra’ (Lastura)?

La reedición de ‘Ayer fue sombra’ era un proyecto antiguo y muy querido por mí. El libro -Primer Premio Delegación del Gobierno de Aragón en su sexta edición- se agotó con rapidez en su edición inicial y no tuvo recorrido fuera de Zaragoza. Ahora, ampliado, lo publica una editorial, Lastura, que tiene una proyección nacional. Además está anotado y prologado, cosa que no tenía la edición del premio. Y con una portada muy sugerente.

¿Cómo ha crecido el libro?

Un poema, un poemario, jamás se puede considerar terminado. Nos dice el poeta y premio Nobel mexicano Octavio Paz que en el poema “no existe la versión definitiva: cada poema es borrador de otro que nunca escribiremos”. Yo considero, también, que jamás un poema está definitivamente terminado, si no en continuo cambio. Por ello, estos versos están vivos y pueden evolucionar y transformarse con el tiempo y, también, percibirse de forma distinta por el lector. La reedición de  ‘Ayer fue sombra’ es buena prueba de ello. 

¿Podríamos decir que es la memoria sentimental de un niño o un joven de posguerra?

Por supuesto, pero contemplada con la serenidad que da el paso de los años, “sin sentimentalismos tópicos ni morbosas nostalgias”, como señala el escritor y poeta Emilio Quintanilla en la nota inicial que acompaña a esta reedición.

¿Qué le ha marcado más: el cine, la noche, la radio, la copla o la represión?

En la época de mi generación hubo circunstancias especiales que nos marcaron de por vida: penuria económica, represión en la enseñanza, en la vida en general, falta de libertad e información, censura... Nos salvaba en parte aquella radio que nos acompañaba en la noche, el cine dominical y el amor, aunque un amor reprimido, temeroso y vigilado. Pero todo acaba y, por fin, pudimos, aunque algo tarde para nosotros, lograr que, como escribió Mario Benedetti “la gente viva feliz aunque no tenga permiso”. Aquel “permiso” que era necesario, entonces, para cualquier cosa...

¿El mejor o el único amor era el soñado?

El amor por el amor es siempre bello, ideal, perfecto. Cuando el amor se proyecta en otro y se refleja con igual intensidad es como un sueño del que, por desgracia, se despierta demasiadas veces. Pero la lucha por el amor debe ser permanente y tenaz. El amor es dádiva y por ello se ha de encontrar la felicidad en verla en el amado. Pero también es necesario respetar el espacio, la libertad del otro. El amor encadenado o dependiente no es sino una obsesión amorosa, de posesión, no de pertenencia, que es lo ideal. Amar, proyectar el amor, es el más hermoso sentimiento de la naturaleza humana. La falta de amor es el origen de todos los males que nos acechan cada día...

¿Es, entonces, el amor su gran tema?

El amor está siempre presente en mi poesía..., y en todo cuanto hacemos. Su falta es la causa de todos los males que nos aquejan. Así pues el amor o su ausencia motivan felicidad, risa, llanto, opresión, desigualdad, odio, envidias, guerras., dolor... Es el eje positivo o negativo sobre el que gira la Humanidad. ¿Cómo no va a estar siempre presente en cualquier obra literaria, aunque algunos autores pretendan negarlo o acusarlo de tópico poético pasado de moda? “Quien lo probó, lo sabe”, como dijo Lope de Vega.

¿Qué ha hecho en el libro ’Damas’ o ’Cuaderno de damas’ (La fragua del trovador), que lleva dibujos en blanco y negro de Alberto Calvo, ‘Supermaño’?

Subrayar mediante poesía popular, ligera -aunque no por ello fácil- los 50 rostros de mujer, 50 misterios magistralmente plasmados por el ilustrador y pintor Alberto Calvo. Son 50 textos (codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus...) que pretenden no distraer al lector, sino conducirle a la imagen, subrayarla y están escritos en esas formas como un apunte que enmarque la expresión gráfica, pero no la solape. Un libro singular, primorosamente editado (la edición es limitada y numerada), en el que los autores hemos puesto mucha ilusión, trabajo y tiempo.

¿’Des-concierto’ (La fragua del trovador), su último poemario, es un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta?

‘Des-Concierto’ es un libro -con un gran prólogo de mi amiga y escritora Luisa Miñana- que hace un recorrido por varias fases poéticas, o tiempos, como si de un concierto se tratase (Allegro, Adagio, Scherzo y Rondó) con diferentes estados y colores poéticos, tal y como se desarrolla la música de una sinfonía. Pero con mi visión especial, “desconcertante”, que no desconcertada. Me conmueven estas frases de la prologuista: “...un conjunto de textos poéticos que le van a provocar temblor en el corazón, relámpagos de sabiduría para alimentar sus neuronas, y hasta algún que otro escalofrío recorriéndole la médula, como si fuera nieve o mariposas que ascienden por ella”. Como en la música -que personalmente me salva muchas veces del naufragio- hay que escuchar tanto las frases como los silencios y reflexionar sobre la arquitectura del libro y su evolución hacia ese “final” con un poema ‘La soledad del nadador de fondo’, que ciertamente es “una frontal llamada de atención sobre la condición existencial humana”, como dice Luisa Miñana.

¿Qué significa la poesía en su vida?

La poesía y la música (la ópera en este caso; escribo textos sobre ella en HERALDO) son pilares fundamentales que sostienen mi existencia.  Y deben enmarcar al amor. Sin amor –lo dije en cierta entrevista y lo repito- no es posible la vida.

 

*La fotografía de Miguel Ángel Yusta es de Columna Villarroya.

EL SIGLO DE JUAN RULFO

EL SIGLO DE JUAN RULFO

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

El siglo de

Juan Rulfo

 

“Me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos, como si fuera el vástago de un racimo de plátanos, y aunque sienta preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo”. Así se presentaba Juan Rulfo (Jalisco, 1917- México D. F.,1986) un año antes de su muerte a los 68 años. Este gran escritor se educó entre Jalisco y San Gabriel, y conoció la violencia constante y el hechizo de la lectura. Vivió algunos años con su abuela, que fue elegida por un cura para que preservase la biblioteca parroquial en su casa hasta que se recuperase la paz. Y así se forjó el gran narrador, que también residió en el orfanato, y publicó sus primeros cuentos en la revista ‘Pan’ de Juan José Arreola. Fue incapaz de concluir los estudios de Derecho y hubo de buscar empleo. Tuvo muchos; dos de los más estables fueron el de agente de inmigración, para la Secretaria de Gobierno, donde tenía la misión de localizar, aquí y allá, a los extranjeros ilegales, y el de fotógrafo (muy bueno), a partir de 1946. Estas dos ocupaciones le permitieron viajar mucho por todo el país, accedió a los grandes páramos y a las ruinas del pasado; bebió el lenguaje en las fuentes y supo del drama de existir, de la miseria, de la violencia. Todo ello, con un estilo peculiar, elaborado y a la vez popular, preñado de coloquialismos, pasó a sus dos libros. Los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953) son increíbles y tienen algo de preparación para su gran novela, ‘Pedro Páramo’ (1955), que posee una atmósfera poética de espejismo y de vida más allá de la muerte, de búsqueda del padre y de exclusión del paraíso. Más tarde, Rulfo anunció que iba a publicar los cuentos de ‘Días sin floresta’ y la novela ‘La cordillera’. Jamás lo hizo, apenas entregó pequeñas cosas, como el guion de ‘El gallo de oro’. Sus textos fueron llevados al cine; en la película ‘Pedro Páramo’, de Carlos Velo, la dirección artística es del oscense Julio Alejandro de Castro, guionista de Buñuel. Rulfo amó a Clara Aparicio, que le dio cuatro hijos y tres se llamaron Juan: Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos. Confesó que no había vuelto a escribir porque había muerto su tío Celerino, viajante y narrador oral, que era quien le regalaba sus historias. Quizá sea esa su ficción más perfecta.