Blogia
Antón Castro

Escritores

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO

Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela 'Derecho natural' (Seix Barral). Aquí explica las claves del libro. En 2015 ganó el Premio Nacional de Narrativa con 'La buena reputación'. El libro se presentó el pasado viernes en la librería Los Portadores de Sueños.

-¿Cómo nació esta novela? ¿Por qué apareció el doble de Demis Roussos? ¿Qué pasó y cuándo te diste cuenta de que ahí, en ese doble, había otra novela familiar?

Las historias de familia son mi debilidad. Si además el padre es un tarambana, disfruto más con la historia. Que luego el personaje acabara ganándose la vida haciendo de doble de Demis Roussos fue casi casualidad. En realidad, quería contar cómo vivían los actores de cine B español de los años sesenta. De hecho, mucho antes de convertirse en el doble de Demis Roussos, el personaje había trabajado en un montón de películas malas: spaghetti westerns españoles, películas de hombres lobo de Paul Naschy... Su momento de gloria le llega cuando le contratan para hacer un pequeño papel en Las petroleras, una película con Claudia Cardinale y Brigitte Bardot que se rodó parcialmente en la provincia de Burgos.

-¿Pensaste en algún momento que Derecho natural era un puente con Carreteras secundarias?

Lo normal es que mis libros compartan cierto aire de familia. Lo raro sería que no se parecieran en absoluto. El padre de Carreteras secundarias tenía unos aires de grandeza que le emparentan con el de esta novela, un hombre que tiene un elevado concepto de sí mismo y que cree que en cualquier momento le llegará el golpe de suerte que le hará justicia.

-¿Y con El tiempo de las mujeres, tal vez?

En El tiempo de las mujeres tenía una relevancia especial el golpe de estado del 23-F. En ésta también aparece, aunque de forma más secundaria. Pero, aparte de lo circunstancial, hay parecidos más profundos. La familia de El tiempo de las mujeres tiene que reorganizarse tras la muerte del cabeza de familia; la de Derecho natural tiene que adaptarse a una realidad marcada por las reiteradas fugas del padre. En ambos casos es la ausencia del padre la que pone en marcha el motor de la narración.

-Vayamos primero con el narrador. ¿Has tenido claro siempre que iba a ser una novela contada en primera persona? Una primera persona que evoluciona pero que casi se convierte en una suerte de tercera...

Quería escribir una autobiografía fingida. La novela es el mejor género para hablar de las otras vidas, las vidas que pudimos vivir y no vivimos. En Derecho natural he reconstruido la vida de alguien que podría ser yo si mis padres y hermanos no fueran los míos sino los del narrador. En ese sentido, la novela es inagotable como género, porque nos permite vivir multitud de vidas distintas de la que nos ha tocado vivir.

-Como otros de tus héroes o jóvenes, tiene la sensación de orfandad. En la página 32 dices: “Mi padre era un vacío. Mi padre era el vacío que había dejado en nuestras vidas”. ¿Es ese el tema esencial del libro, la orfandad, o también has querido hacer una novela de formación? Lo digo porque es muy importante cómo el joven descubre la literatura o el amor...

Es sin duda una novela de formación. Pero el narrador no tiene nadie cerca de quien aprender. Más bien se impone a sí mismo el criterio de no hacer nada de lo que hicieron sus padres, evitar cometer los mismos errores. Desde ese punto de vista, es peor que un huérfano, porque un huérfano carece de la referencia paterna, pero él lo que tiene es una referencia paterna negativa.

-Quizá sea esta, de tus familias, las más peculiares. Él, Ángel Ortega, va de escapada en escapada… ¿Es el pícaro perfecto, el mentiroso, el fugitivo de sí mismo y de su familia?

Cuando alguien huye constantemente de los suyos, es que en el fondo no está satisfecho con su propia vida, consigo mismo. Uno de los grandes temas de la literatura realista es el de la búsqueda de la felicidad. Hasta el siglo XIX ese tema no existía como tal. A partir de Emma Bovary o Anna Karenina son muchos los personajes que deciden perseguir su felicidad personal, al precio que sea. En realidad, el padre de mi novela es una Madame Bovary pero al revés, y la novela, que tiene mucho de humorística, funciona como una parodia de ciertas novelas de la mejor tradición realista.

-A la vez es un personaje muy del cine español y de los tebeos: cutre, soñador, con amistades importantes, capaz de meterse en proyectos… ¿Pensaste en alguien, ha sido fácil hacer verosímil un tipo así? ¿Sería también un alter ego de Paul Naschy? Lo digo porque él se hace pasar por Ray Ronson...

Leí algunos libros de memorias de gente que trabajó en esas películas de serie B. Era todo de lo más zarrapastroso, y eso me atraía. En aquellos años, debido al complejo de inferioridad propio de la España franquista, se hacían muchas películas con actores de nombre extranjero. Algunos eran actores de tercera fila nacidos vete a saber dónde. Otros, como el propio Paul Naschy, que en realidad se llamaba Jacinto Molina, utilizaban esos nombres artísticos para dar un aire más cosmopolita a sus producciones. Con mi personaje, que en un momento dado decide llamarse Ray Ronson, ocurre algo parecido.

-¿Qué le aporta ser amigo de Fernando Rabal, Fernando Sancho (que parece uno de tus guiños zaragozanos) o de Emma Cohen en aquella España y en su propia familia?

A diferencia de otras novelas mías, ésta no está ambientada en Zaragoza, pero es verdad que hay algunos guiños aragoneses: Fernando Sancho, la novia monegrina del narrador, los autobuses que salían hacia Zaragoza desde la barcelonesa plaza Universidad... La amistad con esos actores reales, con los que alguien como él pudo perfectamente trabajar en alguna película, le permite sentirse parte de la industria cinematográfica, un miembro más de la gran familia del cine español. Sólo que apenas le llegaban ofertas de trabajo y las que le llegaban eran bastante lamentables...

-¿En qué medida has querido hacer, a fuerza de pequeños detalles de música, cine y sociología, una pequeña crónica cultural española? Se nota que has estudiado muchos detalles, hasta los nombres de las lavadoras, de los coches...

Nada más lejos de mi intención que explotar la nostalgia, hacer algo parecido a Yo fui a EGB. Pero la realidad era la que era: los coches eran de unos modelos determinados, los niños jugaban al Scalextric... Para mí ese aspecto es secundario. Digamos que forma parte de la escenografía y no afecta al núcleo de la historia. Pero es verdad que esa historia no pudo suceder más que en esa etapa determinada de la historia de España, cuando la democracia estaba a medio hacer y, por ejemplo, se había aprobado la Constitución pero aún no existía una ley de divorcio...

-¿Cuándo te diste cuenta de que el humor iba ser importante? ¿Cómo lo administras? Aquí hay muchos detalles: la historia de Paloma y Cristina, la peseta que se caga años después en el orinal...

Las primeras páginas de una novela suelen marcar el tono de lo que luego acabará siendo el libro. Y las primeras páginas de ésta son eminentemente humorísticas: un actor malo que al engordar se acaba pareciendo a Demis Roussos, una familia que vive a merced de las sinvergonzonerías del cabeza de familia... Con un comienzo así, la novela tenía que tener grandes dosis de humor.

-Háblame de la madre… ¿Como tiene tanta paciencia, tanto aguante, cómo se deja hacer hijos con esa facilidad?

Recuerda cómo era la España de entonces. Durante el franquismo, la mujer era algo así como una eterna menor de edad, que necesitaba el permiso del marido para cualquier gestión. Con la democracia todo empezó a cambiar, pero muchas mujeres seguían teniendo interiorizado cuál era su condición y se debatían entre las ataduras del pasado y el nuevo papel que empezaba a ofrecerles la sociedad.

-¿Ha sido España, o el franquismo, un periodo de impostores y caraduras?

La mayoría de la gente, sin ser entusiasta del régimen, se había acomodado a él. La oposición al franquismo era débil y minoritaria. Que, a los pocos meses de la muerte de Franco, España se hubiera quedado casi sin franquistas tiene que ver con la reconstrucción que cada cierto tiempo se hace del pasado. La Transición tuvo algo de barra libre, en la que cualquiera podía impugnar su propio pasado, reinventarse, empezar a ser quien quería ser a partir de entonces.

-Me encanta el personaje de Manolo. Hay una frase suya, impresionante y a la vez de realismo mágico. Se pierde y dice, cuando lo encuentran: “Sólo quería ver dónde está la gente cuando se pierde”. ¿Cómo ves a este personaje? ¿Qué papel juega? Tiene algo de perversidad constante…

Frente al narrador, que intenta siempre ponerse del lado de las soluciones, a Manolo le ha tocado estar del lado de los problemas. Junto a una de sus hermanas, es el que más sufre las consecuencias de la irresponsabilidad paterna.

-¿Qué te apetece defender de la Transición, qué hay que reivindicar?

Escribo novelas sobre la Transición porque fue mi época, la época en la que fui joven. Pero también creo que el origen de muchas de las cosas, buenas y malas, del presente hay que buscarlo en esos años. No soy un defensor a ultranza de la Transición pero tendremos que reconocer a sus protagonistas el mérito de intentar diseñar la convivencia de los españoles sin recurrir al garrotazo. Cuando me preguntan sobre la Transición suelo recordar una frase de mi amigo Miguel Aguilar que me parece muy sensata: “Admiramos a nuestros abuelos, que trataron de solucionar sus problemas a tiros, y nos avergonzamos de nuestros padres, que intentaron solucionarlos dialogando.” Creo que, por muchas cosas que se hicieran mal en la Transición, sale bastante favorecida en la comparación con otros momentos convulsos de la historia de España.

-Me ha parecido que este libro, frente a La buena reputación, te ha salido no más ligero, sino más ameno, rápido, con muchas incidencias, más divertido. ¿Es este el libro de la felicidad del escritor?

Por lo menos disfruté mucho escribiéndolo, y eso por fuerza tiene que notarse.

 

CORTÁZAR Y RULFO, EN CÓMIC

 

 

El mundo onírico y creativo de Cortázar

 y Rulfo es trasladado a la novela gráfica

 

Jesús Marchamalo y Marc Torices retratan al autor argentino; Pantoja y Camargo, al mexicano

 

Dos de los más grandes escritores del ‘Boom’ latinoamericano en los años 50 y 60 son el argentino Julio Cortázar (1914-1984) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986), del que se cumple ahora un siglo. Los dos vivieron 69 años, fueron huérfanos de padre (a Cortázar, en realidad lo abandonó el suyo; el de Rulfo fue asesinado a balazos) y firmaron una obra maestra que les ha hecho autores de culto: ‘Rayuela’ (1963), Cortázar; ‘Pedro Páramo’ (1955), Rulfo. Ambos realizaron distintos empleos hasta alcanzar la gloria. Cortázar no dejó de escribir hasta el fin de sus días y Rulfo se envolvió en una nube de silencio y de misterio, y abandonó la escritura. Otro rasgo común: a los dos les encantaban la fotografía. Rulfo es uno de los grandes artistas de América; a veces sus fotos parecen el documento geográfico y onírico de Comala o de los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953).

Nórdica publica ahora el cómic ‘Cortázar’, del escritor Jesús Marchamalo y del dibujante Marc Torices, y la editorial Rey Naranjo ofrece en España ‘Rulfo. Una vida gráfica’ de Óscar Pantoja con dibujos de Felipe Camargo. El escritor, experto en series y guionista de cómic Jorge Carrión, que estuvo el jueves en la librería Antígona, dijo que era «la mejor biografía en viñetas que he leído, aunque tal vez sería mejor decir “interpretación biográfica”, porque la vida de Juan Rulfo es sometida a una lógica narrativa espectral y metafórica, sin las servidumbres que imponen las cronologías ».

Habrá que ver qué opina Carrión de la de Cortázar porque es igualmente fascinante: todas las páginas son distintas. Es un cómic literario y parece hilvanado como montó Cortázar su libro ‘Rayuela’. Aunque tiene un discurso más o menos cronológico, también aborda al personaje según diversos temas: la historia de su familia, sus viajes (a España, a París, a Italia, a Cuba, a Nicaragua…), la pasión por el boxeo (Torices recrea el combate de Jack Dempsey y Luis Firpo) y por el libro ‘Opio’ de Jean Cocteau, sus años de maestro, el amor por el jazz y los gatos, cómo nacieron algunos libros, o sus amores: su primera esposa Aurora Bernárdez, la convivencia con Ugné Kurvelis, la historia de la Maga o el encuentro final con la joven Carol Dunlop, enferma como él y viajeros del libro ‘Los autonautas de la cosmopista’.

La famosa conversación en el programa ‘A fondo’ de Joaquín Soler Serrano, en TVE, hace de hilo conductor, aunque la propuesta es tan libre que tiene secuencias deslumbrantes cómo cuando se queda solo en el entreacto del teatro y se le viene a la cabeza la palabra ‘cronopios’, que daría lugar a uno de sus libros más conocidos: ‘Historias de cronopios y famas’. Si el texto de Jesús Marchamalo, que ha sido depurado poéticamente, es espléndido, divertido e inspirado, no lo es menos el trabajo del joven Torices: imaginativo, variado, con gran sentido de las atmósferas, del color y con muchos registros narrativos y visuales. Y posee un gran dominio de la iconografía cortazariana.

‘Rulfo. Una vida gráfica’ se inicia con una cita que produce escalofrío. “De los seis a los doce años solo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a mis abuelos: era una casa enlutada”. Óscar Pantoja, como si manejase la estructura abierta de ‘Pedro Páramo’, crea su propio discurso, aunque se sigue bien la vida del escritor. Felipe Camargo, en un bitono próximo al blanco y negro, desarrolla su vida con secuencias de espejismo y el impacto del desierto, de la violencia y de la crisis de creación. Pantoja y Camargo ahondan en la impotencia y la frustración del escritor y su descenso a los infiernos del alcoholismo (bebía mezcal con absoluta desesperación), que superó con un tratamiento de choque en los años 60 tras ser internado en un centro de rehabilitación.

También hay espacios para la luz: su amor por la joven Aurora, que sería la Susana San Juan de ‘Pedro Páramo’, y años después surgió la relación con su futura esposa, Clara, madre de sus cuatro hijos y destinataria de una intensa correspondencia, donde “le expresaba su amor, sus miedos, sus inseguridades, sus angustias, su admiración infinita por ella”. Dentro de esa estructura tan abierta, el cómic concluye en 1955, cuando Juan Rulfo acaba su original de 127 páginas de ‘Pedro Páramo’, que redactó en un cuaderno. A partir de entonces, la tierra soñada de Comala ya “vivía por sí sola”.

 

PIES DE FOTOS

Los espectros de un autor. Juan Rulfo fue un escritor inseguro y frágil. No soportaba las malas críticas, y sus libros fueron objeto de debate nacional. A pesar de que grandes escritores lo elogiaron sin tapujo alguno (entre ellos el mismo Cortázar, Onetti o García Márquez), sus detractores lo destrozaban en las tertulias. Quizá de ahí derive su pavor, algo que Pantoja y Camargo explican bien. Rulfo era un autor poblado de los fantasmas de sus libros y había vivido la violencia ambiental en sus carnes.

 

El cuentista de 1.93. Julio Cortázar fue novelista, poeta, ensayista, creador de textos híbridos, pero ante todo fue un cuentista prodigioso. Aquí se recuerda cómo Jorge Luis Borges le publicó, fascinado, ‘Casa tomada’, un relato deslumbrante, la historia turbadora de “un matrimonio entre hermanos”.

 

*http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/5/6/pagina-del-comic-cortazar-jesus-marchamalo-marc-torices-1491241821865.jpg

 

DIÁLOGO CON AGUSTÍN SÁNCHEZ vIDAL

[Esta entrevista con Agustín Sánchez Vidal se publicó en 2010. Entonces iniciaba su jubilación y su dedicación absoluta a la escritura. Experto en Luis Buñuel, Lorca y Dalí, y en la figura de Miguel Hernández, entre otros asuntos, aquí hablaba de su vida, de su formación, de sus inquietudes. Agustín acaba de ser galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas-2016. La foto es de Esther Casas, que trabajó muchos años en 'Heraldo']

"La sociedad no respeta ni mima

ni admira a los profesores"

"En Internet hay que exigir las mismas responsabilidades que en la vida civil"

"Cuantas más historias te cuentan más quieres que te sigan contando"

"Mi próxima novela, 'Esclava de nadie', aborda la naturaleza profunda del sexo"

El catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, estudioso de Buñuel, Dalí y Miguel Hernández, deja la docencia a los 61 años para dedicarse a la narrativa

 

Podríamos decir que he impartido clases de literatura española y contemporánea durante 20 años y de cine otros 20 años. En realidad, han sido 38 años de dedicación exclusiva. No he tenido nunca descarga docente. Eso quiere decir que he dado todas las clases que me correspondían, aunque a veces he concentrado toda la docencia en un cuatrimestre. Hubo algunos años en que daba las dos cosas", confiesa Agustín Sánchez Vidal (Cilleros de la Bastida, Salamanca, 1948), catedrático de Historia del cine, que acaba de jubilarse a los 61 años.

¿Cuál es el balance de sus años en literatura en la universidad?

La asignatura tiene algo muy positivo: te obliga a leerte prácticamente toda la literatura española de una forma sistemática. Eso ha sido muy bueno como profesor y como escritor porque así conoces la tradición del idioma, ese sustrato, esa especie de humus. Ahora cuando escribo de una época concreta, sé cómo se hablaba, cómo se ha escrito, cómo se pensaba.

¿Cómo vivía la literatura en clase, cómo la enseñaba?

Lo que más di era literatura contemporánea. Y me encontraba con la mentalidad muy abierta de los alumnos. Recuerdo que terminé la carrera en septiembre de 1971 y empecé a dar clases como 'penene' en octubre. Tenía 23 años, pero parecía más joven de la edad que tenía. Iba a dar clases en el Aula Magna de Filosofía y Letras, me tocaba explicar las jarchas, y recuerdo que estaban los alumnos esperando. Entré en el aula y nadie entró detrás porque nadie se imaginó que yo fuera el profesor. Salí y dije: "Soy el profesor". Me contestaron: "Anda ya", ja, ja, ja. He estado aprendiendo siempre. En una conferencia que di en Burgos sobre Dalí, al final vinieron tres alumnos y me dijeron que de lo que se acordaban de mis clases era de las historias que les contaba. Me hizo muy feliz oír algo que me parece de lo más bonito de mi oficio.

¿Y en el cine le ha pasado igual?

Más todavía, porque yo ya era consciente de esto. El cine tiene una enorme ventaja respecto a la literatura. La atención, el interés, todo eso te venía dado. No necesitabas rodaje específico, por decirlo así. Cuesta mucho más leer 'La Regenta' de Clarín, que es una novela extraordinaria, que ver los capítulos de Méndez Leite o la versión de Gonzalo Suárez. Por otra parte, cuando dicen que los alumnos no están bien formados, que tienen una formación muy deficiente, yo no estoy en absoluto de acuerdo…

¿No es así, entonces?

Vamos a ver. Es cierto que tienen una redacción deficiente, que tienen problemas de comprensión de lectura, pero a mí lo que me deslumbraba en clase eran las destrezas que tenían en la lectura audiovisual. Eso era impresionante.

Pero, Agustín, ¿eso no es un mito, una vuelta de calcetín o el elogio fácil al alumnado?

Le aseguro que no. En absoluto. Piense que he tenido clases en las que ha habido 300 alumnos. ¡Cuántos cines quisieran tener 300 espectadores, y más de las películas que veíamos allí! Y ahí ves las reacciones, los sentimientos, los comentarios, el calado del cine. Le pongo un ejemplo: hubo claramente una 'Generación Tarantino', criada a los pechos del realizador, que tiene una actitud distinta ante la violencia, por ejemplo. Incluso en películas donde la violencia no estaba ironizada ni en definitiva era de risa, se reían mucho. Estos jóvenes reaccionaban así, estaban crecidos, tenían conciencia de ser un grupo especial. Y ahí tenías que demostrar un tipo de destrezas narrativas…

O sea que usted es optimista sobre los alumnos.

Absolutamente. ¡Por Dios! Tampoco se trata de remitir todas las responsabilidades al maestro armero, decir que lo que falla es el sistema. En España la educación ha tenido un deterioro creciente y sistemático y es evidente que en la educación no es el lugar donde están ahora no solo los intereses de los gobernantes sino de la sociedad. La sociedad hoy no respeta, ni mucho menos admira, ni mima, a los profesionales de la enseñanza. Es una profesión con muchas deserciones, sobre todo en las enseñanzas medias. La enseñanza supone un desgaste tremendo pura y simplemente para hacerte oír, para que haya un clima de convivencia mínimo, es verdad, pero hay que tener en cuenta los cambios sociales que se han producido, y que los alumnos hoy tienen la posibilidad de obtener unas informaciones que antes eran imposibles, costosísimas de lograr, están al alcance de la yema de los dedos. Mis apuntes están colgados en Internet…

Hay gente que no quiere hacer eso…

Da lo mismo. Aunque ellos no quieran, los van a colgar los alumnos. Internet es un invento extraordinario. Va a ser un modelo de reescritura de todo nuestro modelo civilizador. Eso está claro. Lo único que hay que hacer es poner orden. Lo que no puede ser es que sea como el salvaje oeste.

¿Qué quiere decir poner orden?

Poner orden es que en Internet a la gente se le exijan las mismas responsabilidades que en la vida civil. Poner orden no es lo que hace China o lo que hacen determinados países que censuran todos los contenidos que les estorban. En el mundo virtual lo que no puede ser es que es la gente, amparándose en el anonimato, diga las barbaridades que dice en los comentarios de los artículos de los periódicos, por ejemplo. Que firme con los nombres y apellidos como lo hace quien firma el artículo. Creo que no hay que ir mucho más lejos.

A usted le apasionan las ciencias y las nuevas tecnologías. ¿Qué le ha dado Internet?

Todo. Para mí lo que no aparece en Internet es que no existe. O casi no existe. Durante dos años hice una columna en el portal Terra y recibía comentarios de los países más lejanos del mundo. Hoy ya no podemos estar fuera de Internet.

Cerremos el capítulo de la enseñanza. ¿Qué ha sido lo mejor?

Lo más importante es que tenías que conectar con una nueva generación todos los días, y hacerlo en serio. Eso te obliga a un esfuerzo de estar al día, no solo a la hora de elaborar la información, sino de sensibilidad, de tener las antenas puestas. Eso es impagable. En estos 40 años, solo un alumno pidió la revisión de un examen.

¿Por qué lo deja siendo tan joven?

Porque suscribo el espíritu de esta nueva normativa, que tiene dos preámbulos muy claros: uno, el rejuvenecimiento de plantilla, y creo que es un buen momento con los cambios que va a haber en el modelo universidad. Me puedo ir porque llevo más de 35 años y tengo más de 60. El otro preámbulo es que le ahorramos dinero a la Universidad, gracias a que nos hemos ido unos cuantos, nos hemos ido 40 de los 200 que estábamos en condiciones de hacerlo. Los que no se han ido no es por una razón de dinero. Te compensan para que lo hagas. También es verdad que yo quiero hacer otras cosas. Soy de una generación en la que hemos sido muy estrictos y hemos tenido mucho sentido de lo público. Me voy tranquilo: me sustituye una persona absolutamente solvente como Amparo Martínez Herranz.

Se va a dedicar a la narrativa, supongo...

Por supuesto. Pero la escritura no es algo unilateral. Pide respuesta del público. A mí lo que me gusta es contar historias. A mí siempre me ha preocupado el tema: "¿Para qué sirven las historia, por qué los humanos necesitamos que nos cuenten historias, por qué es una especie de hambre o sed nunca saciada?" Cuantas más historias te cuentan, más quieres que te sigan contando.

¿Cuál es su respuesta?

Creo que la respuesta es uno de los núcleos de 'Nudo de sangre' (Premio Primavera, 2008). Yo creo en las historias tramadas. Nosotros vivimos en un mundo físico que compartimos con las otras especies, y en un mundo virtual, un mundo simbólico al que solo tenemos acceso nosotros, y está hecho gracias a que por las historias tenemos capacidad a plantear alternativas a lo que nos viene dado. Yo creo que la capacidad de evolución y la libertad de elegir varias opciones se debe a la capacidad de imaginar lo que no existe y que bien podría existir. Creo que la necesidad de tener historias es ordenar esta realidad en bruto mediante una retícula o una trama, y luego el poder plantear alternativas a las vidas que vivimos.

¿Ese es el tema de la aventura de 'Nudo de sangre'?

Son las dos cuestiones básicas. Me parece muy notable que existiese una sociedad así, con su proceso de simbolización. Además se dio la revolución de las cuerdas, que no se considera tan importante como las pinturas rupestres, el fuego, la rueda. Y lo es. De ahí procede todo el sistema de tramas. De repente hay una civilización importantísima que puede hacer lo que nosotros hacemos con la escritura con las cuerdas. Y en el fondo ese tipo de tramas es lo que estamos haciendo en Internet.

Ha publicado dos novelas de largo aliento: 'La llave maestra' (Suma de Letras) y la la citada 'Nudo de sangre' (Espasa Calpe) y ha valorado mucho el encuentro con los lectores. ¿Por qué?

Con 'La llave maestra', traducida a doce lenguas, me salió una obra demasiado ambiciosa sobre los sueños, la criptografía, el origen del universo y de la conciencia, etc. El encuentro con los lectores fue, y es, una experiencia interesantísima. Con 'Nudo de sangre', un día estabas en Málaga, otro Gijón, al siguiente en Castellón, Vigo o en Bilbao. Pedí que me llevasen al Club de Lectura de La Almunia. Es un grupo fantástico. Ahí me ocurrió una cosa preciosa. Durante la presentación, entraron diez o doce indios del altiplano del Perú, y se sentaron al fondo de la sala. Me empezó a dar un poco de apuro. Al final desaparecieron, habría querido hablar con ellos. La concejala me dijo con misterio: "Vamos a tomarnos algo aquí a la Casa de la Cultura". Entro y estaba toda la colonia de peruanos de La Almunia, y seis estaban vestidos con el traje típico e iban a tocar la 'Danza de las tijeras' a modo de homenaje. Yo pensé que se dedicaban a la recogida de frutas; en La Almunia qué vas a pensar. Pregunté. Y yo, que había hablado tanto de tramas, de tender redes, de cuerdas y todo eso y de sus antepasados incas, descubrí que se dedicaban al tendido digital telefónico… Increíble, ¿no?

Hablemos de su próxima novela.

'Esclava de nadie' saldrá a finales de febrero. Es una historia del tiempo de Felipe II, entre 1545 y 1578, la etapa de las guerra de las Alpujarras contra los moriscos, y narra la historia de un personaje hermafrodita. Le ocurre algo extraordinario: se casa como mujer, tiene un hijo, y luego se casa como hombre, y está tres años de soldado en las Alpujarras, y es cirujano. Es una novela sobre el sexo, sobre la naturaleza profunda del sexo.

 

Hernández, Serrat, el hijo de la luz y la sombra

Agustín Sánchez Vidal es uno de los grandes especialistas de la obra de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Miguel Hernández, de quien en 2010 se celebra el centenario de su nacimiento. A los tres los ha editado. ¿Qué, y cómo, debemos celebrar en un centenario de un escritor o de un intelectual? Dice: "Aquello que el protagonista tiene de específico e irrepetible, aquello que o se busca en él o no se encontrará en otros. Esas deberían ser sus bases, los cimientos, lo permanente. Y, a partir de ahí, establecer los elementos de actualización. Cada generación debería hacer sus lecturas y revisiones de lo consagrado por otras, ver en qué medida se han producido mermas patrimoniales o han dejado de interesar determinados aspectos, mientras que otros resultan vigentes o pueden cobrar una perspectiva renovada y pasar a primer plano desde las actuales coordenadas". En el caso de Miguel Hernández, "siguen muy vigentes su preocupación por el hambre, la explotación infantil que se ha agravado más que lo que él denunciaba con 'El niño yuntero', y otros asuntos como el compromiso político: él fue comunista pero no fue un estalinista como Alberti o Neruda, y estuvo en las trincheras. La vinculación más clara de Miguel Hernández con Aragón es que abandonó la batalla de Teruel para ir a ver a su primer hijo, el que se murió. Creo recordar que llevaba en un paquete los primeros ejemplares de 'Viento del pueblo". El proyecto que más le ilusiona a Agustín es el álbum de Serrat 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que ha colaborado mucho e incluso ha dirigido un corto sobre el poema 'Las abarcas desiertas', igual que han hecho cineastas como David Trueba, Garci, Coixet...

 

SERGIO VILA-SANJUÁN: S. PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

SERGIO VILA-SANJUÁN: S. PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

Este perfil de Salvador Pániker realizado con motivo de su fallecimiento apareció en la edición en papel de La Vanguardia el día 2 de abril, y ha sido reelaborado y ampliado para el blog de Antón Castro.

  

SALVADOR PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

 

Sergio VILA-SANJUÁN*

 

 

Barcelona no será la misma sin Salvador Pániker, fallecido la noche del 31 de marzo “tranquilo, en su casa y sin sufrimiento”, según informó su hijo Agustín .

El filósofo del encuentro entre Oriente y Occidente, el gran entrevistador de los años sesenta, el activista por el derecho a una muerte digna, el cerebro de editorial Kairós, fue también un personaje mundano, seductor y coqueto, amante de las conversaciones inteligentes, de las reuniones sofisticadas y el contacto con el saber y el poder. Hombre de muchas facetas, una de ellas ha sido elevar el nivel de la discusión intelectual española ayudándole a incorporar la complejidad ideológica del mundo posterior al mayo del 68, y su pluralismo espiritual.

Nacido en 1927, su padre era un industrial indio que se había instalado en España en 1916, y su madre pertenecía a la burguesía catalana. En su educación pesó el cristianismo progresista materno y la influencia del hermano mayor, Raimundo, uno de los primeros intelectuales del Opus Dei. Pániker pertenecía a la brillante generación de los cincuenta, la de Barral y Gil de Biedma, a los que ha sobrevivido casi treinta años. También la de los cineastas Jaime Camino y Pere Portabella, o el filósofo Manuel Sacristán.

 

Entrevistador y editor de la contracultura

 

Su formación tuvo un carácter muy plural y pronto se hizo camino en el mundo de los negocios, asegurándose una posición acomodada. Casado con la futura escritora y dibujante Nuria Pompeia, con quien tuvo cinco hijos, en 1965 funda editorial Kairós, desde la que lanzó en España los principales textos de la contracultura estadounidense (Theodore Roszack, Alan Watts, Abraham Maslow), y posteriormente a los teóricos de la escuela de Palo Alto, del pensamiento transpersonal, del mindfulness…

En 1966, en la contraportada de su primer libro importante, Conversaciones en Cataluña, Pániker se definía con las siguientes palabras: “Licenciado en filosofía, ingeniero industrial, promotor de empresas, músico y escritor; mide un metro sesenta y ocho, pesa 75 kilos y tiene la presión sanguínea baja” (una reconocida hipocondría le acompañó siempre). “Salud, trabajo intelectual, mundo afectivo: todo eso en un saco revuelto, motivos permanentes de mi vida”, escribiría en sus diarios de la época.

Conversaciones en Cataluña recogía 25 entrevistas con personajes como Josep Pla, Salvador Espriu, Adolfo Marsillach, Pedro Duran Farrell o el alcalde Porcioles: figuras del franquismo, figuras con futuro y figuras de la contestación más o menos tolerada del momento. Fue un best seller, “le livre dont on parle le plus a Barcelone”, según Le Figaro. Le siguió, intensificando el tono político, Conversaciones en Madrid (1969), por el que desfilaban ministros como Fraga o López Rodó y opositores como Tamames o Tierno Galván; también escritores como Cela o Buero Vallejo. Ambos, libros indispensables para entender la fase final del franquismo.

 

Aproximación al origen”, obra clave

 

Convertido en una estrella del mundo cultural y social, Pániker colaboró regularmente en La Vanguardia (de la que recibió el premio de periodismo Godó Lallana) y se integró en la escena de la entonces boyante gauche divine. Ello no le impide consagrarse a sistematizar una visión del mundo en la que se integran sus inquietudes e influencias. En 1982 publica su ensayo clave, Aproximación al origen, donde se propone romper con la supuesta antagonía entre la espiritualidad oriental y el mundo desarrollado y técnico de Occidente. Para Pániker no hay conflicto: uno puede aprovechar las aportaciones del taoísmo, el budismo o el zen, y al mismo tiempo servirse de los puntos de vista de la entonces naciente informática, la cibernética o la teoría de los sistemas. Y como telón de fondo, la atención permanente a los teóricos contraculturales y a su evolución.

Claves del pensamiento panikeriano: asumir la complejidad, apuntar simultáneamente al origen y hacia el futuro, ser más primitivos y también más refinados. Desconfiar de las ideologías y de los dogmas, de la división izquierdas/derechas; buscar en lo supuestamente sencillo el mayor grado de elaboración; sumergirnos en lo interdisciplinario y pensar la diferencia. Las tesis de este volumen las completaría en sus Ensayos retroprogresivos, donde abunda en conceptos como el paradigma ecológico y también el holográfico: cada individuo es la totalidad de las cosas, cada parte contiene el todo.

Coqueteó con la política y fue diputado en la lista de UCD en 1977, hasta que renunció para ceder su escaño al diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia. Comprometido con la lucha por la eutanasia, presidió la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

 

Los diarios y el reencuentro con Raimon

 

Tras publicar dos volúmenes de memorias (Primer testamento y Segunda memoria), en la última etapa de su vida Salvador Pániker se lanza con espíritu juvenil a una singular aventura creativa. Ya cumplidos los setenta comienza a publicar unos dietarios reelaborados, en los que combina reflexión íntima, vida social, retratos de sus amigos, historias sentimentales (se había separado tiempo atrás de Nuria Pompeia) y, por supuesto, una sucesión de pensamientos en la clave “retroprogresiva”. A Cuaderno amarillo, y Variaciones 96 sigue Diario de otoño, mucho más grave y marcado por la enfermedad y muerte de su hija Mónica. En 2015 publicó Diario de un anciano averiado, y hace algunos meses me confesó que estaba acabando una nueva entrega. Estos libros de su última etapa le aseguran por sí solos un lugar de honor en la literatura española contemporánea.

Le traté con cierta regularidad, lo entrevisté con motivo de sus libros y se prestó amablemente a presentar uno mío. A fines de los años 90 pensé que sería buena idea propiciar una reunión de Salvador con su hermano Raimundo, que en su madurez había dejado el Opus para desarrollar una brillante carrera, como teólogo del encuentro entre hinduísmo y cristianismo, en las universidades americanas. También se había catalanizado el nombre e indianizado el apellido. Las relaciones entre ellos no eran buenas y llevaban varios años sin verse.

Me costó varios meses de complicadas gestiones, pero finalmente ambos accedieron a encontrarse y protagonizar un debate sobre sus respectivas ideas. Tenía que ser en algún lugar a medio camino entre sus domicilios, ya que ninguno quería desplazarse al del otro. Y así acabamos quedando en un no-lugar, un funcional hotel de cadena en Vic, relativamente equidistante entre el chalet de Salvador en el barrio barcelonés de Pedralbes y el nido de águilas de su hermano Raimon Panikkar en Tavertet. El hermano mayor apareció con su habitual túnica de santón oriental y el más joven, con una de las bufandas con que atemperaba sus reiteradas afonías.

¿De qué hablaron? De la conciliación entre Oriente y Occidente, a través de una perspectiva que no fuera monocultural; de la crisis del capitalismo, evidente y definitiva para Raimon, matizable y hasta superable para Salvador; de los valores universales y de los que no pueden serlo; de las Iglesias -Raimon seguía siendo sacerdote, aunque sin duda muy a su manera, entre otras cosas porque se había casado-; Salvador abogaba por una "religión a la carta"… Intentaron honestamente, creo, entenderse aquella mañana y también se lanzaron más de una pulla: Salvador reprochó a Raimon su "postura demagógica" en la denuncia de la ciencia, y Raimon a Salvador su "fe supersticiosa" en ella… Hubo una conclusión: "Raimundo y yo somos homo religiosus,cada cual a su manera" (Salvador dixit).

El encuentro transcurrió con fluidez y aparente cariño; el extracto de la conversación, ilustrado con magníficas fotos de Pedro Madueño, apareció en el suplemento Libros de La Vanguardia del 28 de abril del 2000. Tras transcribirla me reafirmé en que, como ocurre con los Mann o los Machado, el pensamiento de los Pániker es en cierta forma complementario, y desde luego más comprensible cuando se aborda en clave de familia.

 

Un señor de Barcelona

 

Salvador fue también un “señor de Barcelona”. Este concepto lo acuñó Josep Pla a propósito del industrial Rafael Puget y sirvió para definir una tipología de caballeros burgueses de antes de la guerra, arraigados a la ciudad, con historia y con eso que se suele llamar “clase”. Salvador Pániker y algunos otros miembros de esa generación de la que ha sido un gran superviviente, le dieron una nueva formulación. Pániker supo conectarla con las grandes corrientes intelectuales de su época, le añadió ciudadanía del mundo, trascendencia espiritual y sensualismo; incrementó notablemente su sentido del humor y, un poquito, su coquetería.

Con todo esto Pániker ha sido un gran señor de la Barcelona renovada y postmoderna, en la era anterior y posterior a los Juegos Olímpicos; alguien que ha sabido utilizar a fondo su capacidad económica en favor de la cultura y elevar, con mucha elegancia, el tono ciudadano. Barcelona, lo decía al principio, no será la misma sin el filósofo de Pedralbes.

Salvador, ha sido un privilegio conocerte, leerte, reír contigo y reflexionar sobre tus ideas, a veces tan provocativas, siempre iluminadoras. Que el gran Cosmos te sea leve.

 

*Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Teórico del periodismo cultural y director de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, acaba de publicar ’El informe Casabona’ en Destino, un gran homenaje a la cultura, al periodismo, a la Barcelona desde la Guerra Civil a nuestros días y a esos mecenas entusiastas, de perfil complejo.

 

F. M. LÓPEZ SERRANO: UN DIÁLOGO

F. M. LÓPEZ SERRANO: UN DIÁLOGO

[Esta tarde, en la librería Cálamo, a las 19.30, Francisco Miguel López Serrano (Épila, 1960) presenta su nueva novela: 'Diario de un asesino melancólico' (Ediciones del Viento), que fue galardonada con el Premio Salamanca de novela. Conversará con Eduardo Riestra y Antón Castro]

 

¿‘Diario de un asesino melancólico’ (Ediciones del Viento) nace de una decepción, de una reflexión, o sencillamente se te ha impuesto como un tema literario? 

Es la reflexión sobre un hecho decepcionante: la imposibilidad de comunicarse en el ámbito de la pareja y la falta de competencia en el terreno emocional de toda una generación de discapacitados emocionales nacidos sub Franco en la que me incluyo. También pone de relieve otra terrible discapacidad de algunos individuos entre los que, por suerte, cada vez me incluyo menos: la incapacidad para decir “no”.

¿Es una indagación en el mundo de la pareja o del matrimonio, vistos como una guerra civil, o no hay que leerlo con esa literalidad?

Como trato de señalar en la novela, el guerracivilismo constituye el ethos de nuestro país. Las microguerras civiles están presentes en todos los ámbitos de la sociedad española, desde las tertulias televisivas, a las guarderías y, desde luego, en el ámbito doméstico.

 ¿Por qué has elegido la forma de diario para contar el deseo de un hombre de matar a su esposa, antes de ser asesinado por ella, como sospecha?

El diario es como un agujero negro capaz de tragarse la vida entera. En él tienen cabida todos los géneros, desde la reflexión filosófica a los pasajes narrativos, del aforismo al epigrama. En este caso concreto quería además que la historia se contara desde la subjetividad de un narrador en primera persona por razones que no puedo revelar aquí sin poner en peligro el desenlace.

 ¿Qué les diría a los que pueden ver en el libro una broma pesada vinculada a la violencia de género?

En la novela no se habla de la violencia de género sino de la soledad del género humano.

 ¿Qué es para ti el humor negro y cuál es su importancia en tu literatura?

El humor negro y la ironía son una especie de anestésico para soportar el impacto de la realidad. Sin el humor y la ironía la existencia sería algo bastante parecido a una operación en vivo.

 ¿Por qué has elegido a un escritor como protagonista y das unas cuantas pistas que nos invitan a pensar que podrías ser tú? ¿La sátira, en realidad, empezaría por uno mismo?

Me interesaba un escritor que mantuviera una relación problemática con el mundo y con su propia obra en el más amplio sentido, y que a la vez fuera profesor de escritura creativa a distancia, porque de ese modo podía insertar en la narración otras voces y otros textos y establecer algún que otro contrapunto humorístico. Todas las pistas que un autor da en su obra sobre sí mismo suelen ser falsas, pero a menudo es a través de esas pistas falsas (y esta paradoja la expresó muy bien Pessoa) como mejor se le identifica. Creo que casi todos los hombres (casados o no) podrán reconocerse en algunos rasgos del narrador de la novela e identificar como propias más de una situación o anécdota.

¿Cuándo y por qué dejan de quererse las parejas? ¿Por qué se comportan como si fueran extraños que duermen juntos y se masturban en silencio?

Creo que las parejas dejan de quererse cuando ya no son capaces de verse el uno al otro de una forma extrañada, es decir, cuando se convierten en parte del paisaje domésticoEn ese momento cada uno de sus miembros desaparece para el otro.

Da la impresión de que la trama es un divertimento más o menos sombrío o escacharrante, pero que has querido ir más allá. ¿A dónde o hasta dónde? ¿Has querido hablar del desamparo más absoluto del ser humano, por ejemplo?

Creo que ya lo anticipé más arriba, la novela trata de la soledad, del desamparo y del conflicto del ser humano con ese monstruo que él mismo construye y que llamamos realidad.

¿Por qué la imaginación es tan activa y creativa desarrollando ideas para matar y tan poco fértil para entenderse o decirse las cosas a la cara?

En el terreno de la geopolítica la respuesta resulta obvia. En el de la pareja, resulta un misterio. En el de la narrativa de misterio, resulta inevitable.

¿Cómo has logrado sostener la intriga, qué recursos has empleado?

Como en toda novela de misterio que en principio juega a no serlo, el autor va dando alguna pista aquí y allá, en el pasado del narrador o en algunas anécdotas concretas que al lector, avezado a resolver novelas de misterio que aparentemente no lo son, no le pasarán por alto.

 ¿Tenías algunos libros concretos en la cabeza?

Volví a ver una película bastante convencional, aunque con cierta gracia, La guerra de los Rose (1989) que no me aporto gran cosa. La principal referencia, que además se cita a menudo en la obra como una especie de leitmotiv, es Happy days de Beckett, una de las obras más desoladoras sobre la muerte del amor.

¿Quiénes son los autores de referencia a los que acudes?

En los últimos tiempos leo y releo con frecuencia y placer a algunos escritores americanos de los llamados posmodernistas, como Don Delillo y Thomas Pynchon. Creo que en nuestro país no existe nada parecido a la obra de estos autores.

¿En qué momento literario estás: eres poeta, traductor, cuentista, narrador?

En este momento estoy dedicando parte de mis energías a terminar una novela que cerrará una trilogía no planeada que se inició con Retrato del asesino en prácticas y cuya segunda entrega es la novela de la aquí hablamos.

 ¿Tienes la sensación de que la literatura importa cada vez menos?

Creo que en nuestro país la literatura, desde siempre, solo nos ha interesado a unos cuantos individuos de esos a los que ahora llaman frikis.

 

LANDERO, PROTAGONIZA 'TURIA'

SUMARIO, COMENTADO, DEL NUEVO NÚMERO DE TURIA

12 AUTORES DE DISTINTOS PAÍSES RINDEN

HOMENAJE A LUIS LANDERO EN EL MONOGRÁFICO CENTRAL

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE ANDRÉS TRAPIELLO, GONZALO HIDALGO BAYAL, MANUEL LONGARES, LUCIANO CANFORA

Y MANUEL ANTONIO PINA

 

ÁLVARO VALVERDE PRESENTA HOY “TURIA” EN EL

MEIAC DE BADAJOZ

 

 

El escritor Luis Landero es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Un total de 12 autores de distintos países participan en un atractivo monográfico que permitirá a los lectores conocer más y mejor las claves de su obra y su personalidad. Se trata de una aproximación plural, interesante y completa al autor que nos fascinó con novelas como “Juegos de la edad tardía” y que continúa haciéndolo con su reciente “La vida negociable”.

 

El nuevo número de TURIA en homenaje a Luis Landero será presentado hoy en Badajoz por el poeta Álvaro Valverde. El acto, que contará con la presencia del propio Landero, tendrá lugar a las 20 horas y en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). 

 

A través de un sumario de 500 páginas, TURIA no sólo analiza y fomenta la lectura de la obra de Luis Landero, también realiza una plural aproximación a la literatura extremeña actual a través de textos inéditos (relatos, poemas, aforismos, artículos, ensayos y críticas de libros) de un total de 25 autores.

 

Internarse en la obra de Luis Landero –reconoce Elvire Gomez-Vidal, hispanista francesa que ha coordinado el monográfico de TURIA- es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podría llamar un ‘estilo’ inimitable, dotado de una agradable fluidez pero también de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible.  Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa española actual”.

 

Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra época y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. “Landero –según asegura la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no había captado en un primer momento”.

 

UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTERÉS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Luis Landero, el nuevo número de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de interés.  Así,  las páginas de la revista se enriquecen con textos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan el escritor mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, el portugués Manuel Antonio Pina o el italiano Luciano Canfora. 

 

Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Javier Cercas, Lorrie Moore o Iñaki Uriarte, sobre cuya obra se publican artículos originales.

 

También da a conocer textos narrativos inéditos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes y Patricia Esteban Erlés. Tres autores que, por su calidad, figuran entre los más valorados dentro de las letras españolas de nuestros días. 

 

TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas inéditos de Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Álvaro Valverde, Ana Rossetti, Jordi Doce y Basilio Sánchez. 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes: Rosa Montero y Gonzalo Hidalgo Bayal.  Ambos conversan con Fernando del Val  acerca de un amplio repertorio de temas de interés. Así, con la periodista y escritora hablamos sobre el sexo y la muerte, la novela y la madurez. Igualmente analizamos el presente y el futuro de los medios de comunicación, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia. Por lo que se refiere a la entrevista con el profesor y autor de “Nemo”, repasamos sus devociones literarias: Kafka, Faulkner, Juan Ramón Jiménez o Rafael Sánchez Ferlosio. Se habla también de Buñuel y de la tristísima realidad que mostró en “Las Hurdes, tierra sin pan”, de la situación de la enseñanza o de la atracción que siente hacia las ruinas.

 

Este nuevo número de TURIA ha sido ilustrado por el poeta visual Antonio Gómez. 

LUIS LANDERO, ENTRE CERVANTES Y KAFKA

Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948)  es uno de los escritores más reconocidos y leídos tanto en España como en otros países. De ahí que, en el monográfico que TURIA le dedica, se publiquen textos originales sobre su obra de las más diversas procedencias.  Ha sido coordinado por Elvire Gomez-Vidal, profesora emérita de Universidad de Burdeos y reconocida experta en Landero. También participan con artículos inéditos: Luis Beltrán Almería (Universidad de Zaragoza), Raúl Nieto de la Torre, Fernando Valls (Universidad de Barcelona), Irina Enache (Universidad de la Sorbona-París IV), Analía Vélez de la Villa (Universidad Católica Argentina), Alfonso Ruiz de Aguirre, Epicteto Díaz Navarro (Universidad Complutense), Natalie Noyaret (Universidad de Caen), Antonio Rivas (Fairleigh Dickinson University, USA) y Gonzalo Hidalgo Bayal.

Además,  TURIA  publica  un  ensayo  inédito  de  Luis  Landero:  “Devaneos  de  lector” y una xtensa y reveladora entrevista realizada por la periodista cultural Emma Rodríguez. En ella, Landero nos dirá que “la cultura ha pasado a ser un suburbio del entretenimiento”. Y también que “no hay nada peor que la complacencia para un escritor”.  Cierra el monográfico una exhaustiva biocronología.

En TURIA nos gusta Luis Landero porque, como ha escrito Elvire Gomez-Vidal,  “sin grandilocuencia alguna, con extremada humildad, el autor deja asentada la figura del escritor en tanto conciencia ética, en tanto guardián de  un patrimonio literario, de una cultura popular  que corren a la par con valores esenciales para la humanidad y su supervivencia: una simbiosis entre la ética, la estética y el juego”. 

Para Fernando Valls, “si la primera letra del alfabeto literario de Luis Landero es la C de Cervantes, la segunda quizá sea la K de Franz Kafka”. No en vano, y según ha afirmado el propio Landero, “Kafka es el escritor del siglo XX para mí más querido”.

Por otro lado, y según Luis Beltrán Almería, más allá de la tendencia de Landero al autobiografismo, a elementos de educación, al cervantismo, hay que subrayar que es un “autor de novelas biográficas, de novelas de educación o de novelas humorísticas”.

 Entre los artículos inéditos que TURIA publica sobre Landero, sobresale el texto del también escritor extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal: “El héroe y sus heterónimos”. En él reconoce que no hay mejor guía de lectura que “aventurarse en los escritos de Landero con la avidez y la inocencia del lector afín”. No obstante, para Hidalgo Bayal “la obra de Landero es, sin duda, más ambiciosa, pero es también la memoria literaria de la difícil aclimatación del siglo XIX rural en el siglo XX urbano, del ensamblaje de esos dos mundos en vías de desaparición, si es que ‘en vías’ no es una locución en exceso optimista y estamos en realidad a estas alturas ante el emotivo testimonio de dos mundos extintos”.

 Lograr que literatura y vida se confundan, que lleguen a ser la misma cosa, que puedan ser  afrontadas con el mismo sentimiento de realidad y de plenitud es el afán que Luis Landero persigue con su obra”, asegura la profesora argentina Analía Vélez de Villa.

 Por su parte, Raúl Nieto de la Torre opina que “no se puede entender la obra de Landero sin la conflictiva y todopoderosa figura del padre, motor inmóvil que, desde un más allá impreciso, influye decisivamente en la vida del hijo”. Y también da cuenta de otra clave que descubrimos al leer cualquier libro de Landero: “hay una verdadera vocación, de corte cervantino, por integrar la literatura oral en la textura de la literatura escrita”.

Alfonso Ruiz de Aguirre concluye su artículo en TURIA afirmando que “la representación de la sexualidad sirve a Landero para proyectar sobre el mundo una mirada traviesa y aguda”.

Según Epicteto Díaz Navarro, Landero sería un escritor que innova la tradición y en cuya trayectoria debe subrayarse cómo sus narraciones muestran “con una rara originalidad el poder transformador de la palabra, una intensa imagen del hombre como individuo libre y una sutil ironía que no deja al margen la autocrítica”.

  

 JAVIER CERCAS, LORRIE MOORE E IÑAKI URIARTE

 

El  sumario  de  TURIA  se  abre,  en  esta  ocasión,  con  un  sugerente  artículo  de Domingo Ródenas de Moya sobre la trayectoria literaria de Javier Cercas. En él se subraya la condición esencialmente autobiográfica de su obra: “desde “El móvil” (1987) hasta “El monarca de las sombras” (2017) los reflejos de su propia biografía son permanentes y crecientes aunque siempre enmascarados con artificios diversos, y no es el menor el de fingir que el narrador de sus libros, a veces con su propio nombre, es él mismo”. 

 

Además, según Ródenas de Moya, la preocupación constante de Javier Cercas “por el modo en que se construyen y carburan los artefactos literarios hace de él un escritor ajeno a la espontaneidad y a salvo de la ingenuidad, lo que no significa que sea cerebral ni intelectual ni, aún menos, gélido”.

Mención destacada en el sumario de la revista merece un sugerente artículo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, uno de los nombres propios más relevantes de la narrativa de nuestros días. Bajo el título de “Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia”, el profesor de la Universidad de Oviedo Javier García Rodríguez analiza la obra de una escritora que es un buen ejemplo de la “calidad y variedad de la cuentística norteamericana contemporánea”.

 La sección que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un artículo sobre uno de los diaristas españoles actuales más valorados por la crítica y los lectores: “La quinta rueda del carro. Los diarios de Iñaki Uriarte”, de Manuel Arranz. 

ANDRÉS TRAPIELLO, MANUEL LONGARES, CARLOS DÍAZ DUFÓO, MANUEL ANTONIO PINA, LUCIANO CANFORA Y RAMÓN CARANDE

 

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresalen los 25 epigramas del mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, todo un célebre raro de las letras latinoamericanas. Y es que este escritor de vida breve (nació en Ciudad de México en 1888 y se suicidó en la misma urbe cuando contaba con 44 años) se ha convertido en referente de sucesivas generaciones de lectores y escritores como autor de unos magistrales “Epigramas” que, como bien subraya Luis María Marina en su nota introductoria, constituyen “una auténtica ética del fracaso”.

 

Además, TURIA publica textos narrativos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes, Patricia Esteban Erlés y un fragmento de los diarios de José Luis García Martín.

No menos interesantes son los aforismos inéditos de tres de sus más relevantes cultivadores: Manuel Neila, José María Cumbreño y Elías Moro. Sus textos confirman la notable pujanza creativa que goza actualmente el género del aforismo en España. 

En poesía, TURIA publica un breve antología del portugués Manuel António Pina, con traducción de Antonio Sáez Delgado. Y  también se ofrecen versos originales de, entre otros: Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Ana Rosetti, Álvaro Valverde, Jordi Doce, Basilio Sánchez, Javier Lostalé, Jorge Riechmann, Eduardo Moga e Inma Chacón. 

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura un fragmento de la  nueva obra del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: “Libro y libertad”, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder. 

No menos recomendable es el homenaje que, bajo el título de “Ramón Carande, un humanista singular”, rinde Manuel Pecellín a esta gran personalidad de la cultura y la economía españolas del siglo XX.

 

ENTREVISTAS A ROSA MONTERO Y GONZALO HIDALGO BAYAL

 

Rosa Montero  y Gonzalo Hidalgo Bayal forman, sin duda, una extraña pareja por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso vínculo: son dos de los más relevantes escritores españoles de nuestros días. De ahí que la revista TURIA no haya dudado en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.

 En la amplia conversación con Rosa Montero (Madrid, 1951) que publica TURIA  descubriremos a una autora que está “harta de ser periodista” y que reconoce que “en periodismo hablas de lo que sabes y en ficción de lo que no sabes que sabes”. Confiesa Rosa Montero que, para ella, “escribir es un camino zen” y que “la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sueños”. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura más mestiza: “la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantasía y divulgación”. Además, “de la unión de lo fantástico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que él hizo repercutió en todos”. 

Para  la  autora  de  títulos  como  “La  ridícula  idea  de no volver a verte” o “La carne”, “la gente carga el amor de cosas que no son. Lo hemos trascendentalizado”. Y respecto al sexo nos dirá: “no me cabe la menor duda de que el sexo es una vía de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra –una conversación profunda, por caso-. No a la primera, pero sí una forma rápida y efectiva de conocer una parte muy íntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser”.

 De Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, Cáceres, 1950), se ha dicho que es uno de los “Bartlebys” de nuestra narrativa, de esos escritores escondidos centrados en su obra y alejados del espectáculo mediático. Quien durante años diera clases en un instituto de secundaria, duda que la enseñanza pueda crear lectores literarios: “El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede enseñar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser autónomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comunión: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse”. 

Preguntado por aquellos primeros deslumbramientos que tuvo como lector y escritor no duda en reconocerse juanramoniano y ferlosiano, y que “Faulkner me hizo pasar de los endecasílabos a la prosa”. Asegura también que Kafka te puede afectar personalmente y que “si no hay nada que aportar, mejor callarse”.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, RAMÓN J. SENDER Y JOSÉ RAMÓN ARANA

Respecto a sus dos secciones dedicadas a  los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA  publica un artículo sobre la presencia de Teruel en la narrativa de Vicente Blasco Ibáñez, el gran escritor valenciano universal del que se celebra este año el 150 aniversario de su nacimiento. Su autor, Francisco Lázaro Polo, nos recuerda los vínculos familiares de Blasco Ibáñez con Aragón y con Teruel (su padre era originario de Aguilar de Alfambra y su madre de Calatayud) y cómo la presencia de personajes procedentes de tierras turolenses tiene un notable protagonismo en sus novelas de tema regional valenciano como “Arroz y tartana”, “Cañas y barro” y en algunos de sus “Cuentos valencianos”. Se certificarían así literariamente los vínculos históricos entre las gentes de Teruel y las tierras valencianas, siempre vistas por los habitantes del sur de Aragón como lugar de promisión y de futuro.

 

 

Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Ramón J. Sender y José Ramón Arana, ocupan también las páginas de TURIA. En este caso, y a través de un artículo de Olga Pueyo Dolader, se indaga acerca del papel de la Iglesia en la guerra civil española  mediante el análisis de dos célebres novelas publicadas originalmente en el exilio: “Réquiem por un campesino español” (titulada inicialmente “Mosén Millán”) de Sender y “El cura de Almuniaced” de José Ramón Arana. Resulta interesante comprobar cómo, desde el posicionamiento republicano y anticlerical de ambos autores, se perfila la labor de la Iglesia en el Aragón rural a través de dos curas de aldea: mosén Millán y mosén Jacinto. Sin duda, sus posicionamientos divergentes marcan su perfil humano ante el conflicto fraticida.

 

Asimismo, TURIA contiene  la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

*El texto pertenece a comunicación de 'Turia' y a su director Raúl Carlos Maícas. La foto de Luis Landero la tomo de aquí:

http://www.huffingtonpost.es/2017/02/10/entrevista-luis-landero_n_14675196.html

 

CICLO DE 'ENCUENTROS EN EL MUSEO'

CICLO DE 'ENCUENTROS EN EL MUSEO'

El Museo de Ciencias Naturales estrena una nueva actividad de divulgación que se celebrará el último miércoles de cada mes en el Paraninfo

El escritor zaragozano Eduardo Viñuales inaugura “Encuentros en el Museo” el próximo 29 de Marzo con una charla sobre cómo ser naturalista en Aragón

La sesión, con entrada libre, tendrá lugar a las 19h en la sala Joaquín Costa

(Zaragoza, viernes, 24 de marzo de 2017).  El Museo de Ciencias Naturales y el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza estrenan el próximo 29 de Marzo una nueva actividad de divulgación “Encuentros en el Museo”, que se va a desarrollar en el Paraninfo universitario.
 
El escritor Eduardo Viñuales inaugurará este ciclo con la charla “La suerte de ser naturalista en Aragón”, que se celebrará en la sala Joaquín Costa a partir de las 19 horas con entrada libre. Se trata de un ciclo de divulgación abierto a todos los públicos que pretende acercar las Ciencias Naturales a todos los interesados, independientemente de sus conocimientos y su edad. En los próximos meses se podrá disfrutar de charlas con temas tan variados como las abejas, la extinción de los dinosaurios o la problemática de los incendios forestales.
 
“Para esta primera charla se ha elegido a un gran conocedor de la naturaleza aragonesa como es Eduardo Viñuales. A través de sus magníficas fotos nos mostrará el mundo que puede ver cualquier persona cuando pasea por nuestra tierra, simplemente bajándose del coche y paseándose por sus montañas y ríos. Disfrutaremos con el viaje que nos va a plantear en su charla y de paso aprenderemos un poco”, destaca José Ignacio Canudo, paleontólogo y director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza.
 
Eduardo Viñuales es escritor naturalista de Zaragoza es un “todo terreno” lleva casi 30 años demostrando en sus reportajes periodísticos una exposición de gran rigor en la información especializada, haciéndolo casi siempre sin necesidad de utilizar términos científicas que no puedan ser comprendidos claramente por los lectores, el público en general. Además, sus libros y artículos sobre conservación de la biodiversidad, espacios naturales, rutas naturalistas, historia de la Tierra, etnobotánica, fauna y fauna, desarrollo sostenible y un largo etcétera medioambiental, casi siempre van acompañados de excelentes fotografías e imágenes propias que Eduardo ha obtenido pacientemente en el campo, en el monte, y que dejan constancia de que los temas abordados han sido trabajados in situ, con mucha observación, pacie! ncia, dedicación y buen hacer. 
 
Es muy destacable su compromiso incansable en amplios temas de la conservación y la divulgación científica del medio natural, pero muy notablemente en temas referidos a la biodiversidad y la pérdida de especies animales y vegetales que conviven con nosotros, como pueden el quebrantahuesos, el oso pardo, invertebrados o plantas en peligro de extinción, etc.
*Nota de prensa de la Universidad de Zaragoza. La foto: Eduardo Viñuales. 

PACO CAMARASA Y SUS AUTORES

PACO CAMARASA Y SUS AUTORES

"LA NOVELA NEGRA ES UNA ATMÓSFERA"
-Un diálogo con Paco Camarasa-.
Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).
Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco: «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».
De Dupin y Holmes a Carvalho
Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».
En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».
Para Camarasa , poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».
Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».
Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.
Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.
Autores que vienen y van
Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.
Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».
Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.