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Antón Castro

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BASILIO BALTASAR HABLA DEL II CONGRESO DE PERIODISMO CULTURAL

ENTREVISTA. Basilio Baltasar. Director del II Congreso de Periodismo Cultural de Santander y de la Fundación Santillana.




El periodista cultural es la mejor

compañía del artista”



Los periodistas culturales debemos

ser críticos y mensajeros fiables”







Antón CASTRO

Basilio Baltasar (Mallorca, 1955), director de la Fundación Santillana y de las Conversaciones de Formentor, es el responsable del II Congreso de Periodismo Cultural que se celebra en Santander los días 16 y 17 de junio, y que ha arrancado hoy.

A perspectiva de pájaro, ¿qué significó el I Congreso de Periodismo Cultural del pasado año 2015?

Definir las obligaciones y ambiciones del periodismo cultural, una mirada crítica compartida con colegas que nos encontramos por primera vez. Inventario de males y penas. Propósitos de enmienda.

Si tuviese que hacer un balance, ¿cuáles diría que fueron las conclusiones o algunas cuestiones palpitantes?

Nuestro deber es ofrecer al lector una visión dinámica, crítica y ecuánime de la creatividad cultural. No ser voceros de la propaganda y buscar, indagar: ser buenos mensajeros. Si la cultura es el mejor fermento de la cohesión social, los medios hacen una contribución ineludible.

¿Cómo se vive una cita así, cómo la vive usted?

La alegría de ver de nuevo a los viejos amigos, descubrir nuevos colegas y compartir su inteligencia.

¿Cuál ha sido el criterio para organizar el II Congreso de Periodismo Cultural, qué buscaba?

No repetir un ejercicio endogámico y redundante para lamentos ya conocidos. Hacer del congreso un foro abierto e invitar a los innovadores que nos contarán sus sorprendentes proyectos. Vamos a dibujar el mapa de la innovación cultural.

¿Qué quiere decir 'Nueva Ingeniería Cultural', título general del congreso?

Ya conocemos a las instituciones culturales y sus programas (conciertos, exposiciones, libros), pero no sabemos nada de lo que hace la creatividad en la periferia de lo ya establecido. Los innovadores inventan artefactos que no existían. Nuevos usos y funciones, nuevas maneras de pensar y crear.

También ha habido un cambio de metodología. ¿Podría concretarla un poco más?

Los periodistas somos esencialmente curiosos y activos mensajeros: en el congreso somos los anfitriones y los innovadores, los invitados y los que vamos a preguntar una y otra vez. La gestión cultural no puede afrontar la complejidad de nuestro siglo. Necesitamos una nueva ingeniería para encauzar la creatividad que renovará nuestra cultura.

¿Cómo se ha organizado la convivencia de los formatos más clásicos con las nuevas tecnologías y su desarrollo tan plural?

Las nuevas tecnologías conviven con el teatro, la ópera, las bibliotecas… Incrementan su difusión y los hacen más accesibles por encima de cualquier impedimento (económico, geográfico, etc). Pero además, la tecnología en manos de la creatividad abre nuevos canales: cauces para un flujo impetuoso de invención e innovación.

Todo es importante, pero ¿querría llamar la atención sobre algo en concreto, fijar el foco?

La 'Nueva Ingeniería Cultural' nos invita a abandonar nuestro rol de espectadores pasivos y a convertirnos en co-creadores. Ya no seremos consumidores, sino la mejor compañía del artista.

-Hay dos aragoneses participantes y, además, bien diferentes: Ferrer Lerín, poeta, narrador, ornitólogo, gramático y todo un espectáculo en sí mismo, y la joven booktuber zaragozana Marta Álvarez. ¿Por qué están ahí, qué le ha atraído de ellos?

Ferrer Lerín acuñó el concepto de “Arte casual”: una nueva manera de mirar y descubrir dónde se encuentran las obras de arte desapercibidas. Marta Álvarez es una creadora de voces, entusiasmo y habilidad lectora.

¿Cuál será en esta edición la función de los periodistas? ¿Observadores, analistas, críticos, litigadores, informadores?

Usted lo dice: todo eso y más. Un ejercicio de sagacidad crítica para ser lo que debemos ser: mensajeros fiables. Somos un servicio de mensajería exprés, pero calmada, sosegada y, sobre todo, absolutamente fiable.

¿Cómo es el periodismo cultural español y cuál sería, según usted, la función del periodista cultural?

Algo raro: un conocedor de todo, interlocutor de los expertos en cualquier cosa, con habilidades para traducir la complejidad de las artes y las ciencias.

¿Cuánta gente va a participar, cuántos inscritos hay?

Hay un primer bloque en el que se dará cuenta de los que han hecho algunas instituciones innovadores: la fundación de las Naciones Unidas para el Arte, la Fundación Botín, el CCCB de Barcelona… Hay 70 participantes, 20 ponentes y unos doscientos inscritos.

Un último asunto. ¿Por qué Santander, qué tiene la ciudad, qué ofrece?

El alcalde Santander es ingeniero, lidera la conversión de la ciudad en un nudo informatizado para optimizar los recursos ecológicos, los servicios vecinales, el ahorro energético… Nos acoge como anfitrión y entusiasta de la ‘Nueva Ingeniería Cultural’.

*En la foto, de las Conversaciones de Formentor, que también coordina, el editor y escritor y periodista Basilio Baltasar.

 

4 TEXTOS DE ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

ENTRE ZARZAS Y ASFALTO

 

Por Alejandro LÓPEZ ANDRADA

 


Editorial Berenice

 

 

 

 

(Selección de textos)

 

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

 DESDIBUJANDO EL TIEMPO:

 

Voy caminando dentro de una sombra. La luz sutura el cielo oscurecido dejando sobre el parque cicatrices de hojas mojadas. Sale y muere el sol: entre las nubes juega al escondite como si fuera un niño abandonado en medio de un gran bosque. En las pupilas de un perro que se cruza hallo el amor de un árbol deshojado. Lo dibujo dentro de mí y veo temblar un cable lejano de telégrafos. Vencidos se van durmiendo todos los semáforos. Antaño en su lugar crecían las zarzas; hoy ya no están, pero las veo, no obstante, si cierro la mirada, fantasmales, desdibujando el tiempo, junto al río. 

 

 

 TEXTURAS:

 

Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer. Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia. Esta mañana la límpida textura del silencio es una mezcla dulce de hojas muertas, movidas por la brisa de los parques, de cáscaras de pipas y cacahuetes que, en este instante, picotean dos mirlos erguidos, majestuosos, frente a mí bordando una emoción casi sagrada en un rincón sin luz de la ciudad.

 

 

SEMILLA:

 

Doy vueltas a una semilla de retama. Es como un pensamiento diminuto que, en este instante, llevo entre los dedos. Al pie de la alambrada hay un mastín que me vigila. Su sigilo es dulce. El rojo de las nubes se condensa en la humedad de los escaramujos que, hacia el oeste, trazan garabatos. Llovió ayer noche. Hoy todo es redondo. Yo llevo una semilla de retama aquí, en mi mano. El campo solo y húmedo se va desdibujando a mis espaldas. Delante, hacia el oriente, el cielo me habla. Todo se va tornando circular, eternamente blando en torno a mí, como si en mi silencio entrara Dios. 

 

 

MIENTRAS PASEO:

 

A medida que avanzo por el parque, la vida se va haciendo más minúscula. Con cinco o seis palabras elevo el mundo, y luego voy dejándolo caer. Entre las celosías de un recuerdo escondo la humildad de los lagartos, la ceremonia exacta de lo azul. Mientras paseo, se unen las ideas y los conceptos más heterogéneos. Mi corazón es una sinestesia. El tiempo es la pestaña de un relámpago, la liebre acorralada por la luz.

 

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES
Diario de un cínico / Basilio Baltasar.
’El País de Cataluña’.
URNAS Y VOTOS: MANUAL DE INSTRUCCIONES
El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contratro social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones

Entender de qué se trata. La conversación con George Steiner que publica Siruela, Un largo sábado, nos ayuda a recordar sus grandes tratados literarios y cómo ha vivido la pasión intelectual este venerable profesor de Cambridge. Mientras recapitula sus ejemplares ejercicios de reflexión crítica, Steiner se detiene en el más aleccionador consejo recibido de su padre. Cuando la turba grita por las calles de París “¡Muerte a los judíos! ¡Muerte a los judíos!”, el señor Steiner levanta las persianas, hace que el joven George se asome al balcón y le dice: “Eso se llama historia y nunca debes tener miedo”.

El origen de la política. El filósofo James Mill lamentaba a principios del siglo XIX que los agitadores sociales inflamaran las mentes de las clases bajas (sic) haciéndoles creer que el gobierno podría ayudarlas. Intentaba demostrar que pertenece al orden de las cosas eximir al gobierno de su responsabilidad. En contra de esta tendencia, extrañamente rescatada del pasado, el Premio Nobel de economía Amartya Sen, profesor en Harvard, articula su Idea de la justicia (Taurus, 2010). Reconoce en la sociedad una resistencia natural a la injusticia y demuestra que ésta vocación brota tanto de la indignación como del argumento. Como la vida de tantas personas en este mundo sigue siendo “desagradable, brutal y breve” (Thomas Hobbes), hay que evaluar las realizaciones sociales, fijarse en lo que realmente sucede y confiar en el razonamiento público. La frustración y la ira, dice Amartya Sen, pueden motivarnos pero debemos apoyarnos en el razonado escrutinio. Ante la precariedad humana cabe desarrollar una triple habilidad: comprender, simpatizar, razonar.

Los que van por libre. En su ensayo sobre Nadine Gordimer, (Las manos de los maestros, Random House), Coetzee hace un interesante ejercicio de vidas paralelas entre la escritora sudafricana, Iván Turgéniev y su propia e ineludible literatura. Cita a Jean Paul Sartre —“el escritor puede ser leal a un grupo político pero nunca deja de criticarlo”— y a Isaiah Berlin cuando evalúa el drama de los liberales rusos: “sufrían formas complejas de culpa, porque simpatizaban con la izquierda, con una fe más humana que la gélida, burocrática y cruel derecha, aunque sólo fuera porque siempre es mejor estar con los perseguidos que con los perseguidores”. Coetzee comprende la encrucijada de fuerzas que pueden destruir la libertad intelectual: “el artista tiene una vocación especial, un talento que le mataría si lo mantuviese oculto”. Escribir, dice Coetzee, es un oficio solitario, pero escribir contra la comunidad en la que uno ha nacido es aún más solitario.

Cómo discernir lo que nos concierne. Ya se ha dicho todo sobre la necesidad de consultar los programas electorales antes de decidir a quién se va a votar. El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contrato social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones (algo que la ley, por cierto, no penaliza). Como no parece que la precaución arraigue en los hábitos de una ciudadanía confiada a sus propias intuiciones, habrá que recomendar un ejercicio inteligente que sustituya a la credulidad. La revista Investigación y Ciencia (460) publicó los estudios de un grupo de neurocientíficos: la práctica de la meditación modifica procesos cognitivos y emocionales, incrementa el procesamiento de la atención, disminuye la influencia del miedo, mitiga la inflamación del estrés biológico y auspicia el conocimiento de la consciencia. La idea de que un ciudadano entrene su mente antes de elegir al depositario de su confianza parece un consejo razonable.

*La foto es de Tolo Ramón

BUSUTIL: ELOGIO DE ANTONIO SOLER

HÉROES DE LA FRONTERA

 

Del escritor Antonio Soler. 


Guillermo Busutil* 'Cuaderno de mano'. La Opinión de Málaga.

Un escritor no se titula en la Universidad. Licenciarse en escribir es imposible. La escritura nunca deja de examinarse a sí misma. En cada libro y en su voz, en el viaje por la piel y el interior de lo que se quiere contar, en el proceso de otorgar carnalidad a los personajes en los que se busca y a cuyo retrato uno se va pareciendo. Lo mismo que ellos se van pareciendo a él. El único título del escritor es el de fugitivo de la realidad. Su única especialidad es la frontera. De la primera deserta y escapa, y en la segunda acomoda la identidad en su refugio. El verdadero escritor siempre tendrá la asignatura pendiente de la inseguridad. Esa que precisamente le ayuda a retarse con el lenguaje, con el tiempo sucesivo de su mirada sobre lo que despierta su imaginación en la realidad y sus desequilibrios. También con el tiempo de permanencia en las zonas oscuras de su memoria, donde residen las amenazas que cuelgan como estalactitas. Igual que en los jardines botánicos donde la vida tiene sus pájaros de lo cotidiano, los árboles del bosque a los que encontrarles sus vuelos y sus esquinas.

Es difícil enseñar la manera en la que el rigor de la realidad y las posibilidades de la ficción se ahorman entre sí. Lo mismo que las puede ahormar en su trabajo el escritor. En los estudios académicos, además de la excelencia de los clásicos en su lectura, como mucho se puede encontrar la suerte un profesor que enseñe a mirar, a interrogar, a cruzar por dentro del lenguaje con pasión y honestidad, ambición y humildad. A sacudirse lo accesorio y ajustar el toque de plasticidad.

Escribir no es una disciplina cum laude. Al contrario, es un trabajo cognitivo y sensible que obliga permanentemente a perseverar. Aún así, de vez en cuando, un escritor entra en la Universidad porque sus doctores reconocen la trayectoria y singularidad de una mirada, los territorios de una voz y un lenguaje como mundo y como bisturí de la sociedad. Acaba de suceder merecidamente con Antonio Soler, gaudeamus igitur por « la trasmutación de un espacio extraído de Málaga y convertido en un universo literario con identidad propia, que en su globalidad conforma una sola y poliédrica obra», como lo apadrinó el profesor Hipólito Esteban. E igualmente asintieron en el acto los doctores en su lectura, amigos y compañeros de la tribu. Admiradores también de su capacidad para administrar la temperatura de la escritura y de la historia su reloj; su habilidad para la asistencia decisiva del lenguaje.

Hace muchos años que conocí a Soler, aunque el nombre que ahora digo también respondía entonces al de Solé Vera. Fue en una estación de tren a la que habíamos llegado tarde o tal vez demasiado temprano. En la ciudad, había una feria. Le hacían un homenaje. Alguien debía llegar a recogerlo pero no esperaba nadie. Nadie en la hora que pasó de largo. En ese tiempo, no hablamos demasiado. Él es de los que prefiere observar, de cerca o de lejos. Cuando habla sabe medir las palabras, pie chico, pie largo. Saborea los silencios y las sombras que suceden en una frase. Pienso que así fumaba Solé Vera, las caladas al cigarro que daba a solas en la nieve o en la memoria, ese barrio al que uno siempre regresa solo a ajustar cuentas con sus sueños y sus derrotas. Palabras cortas, intensas, sin ningún escarceo, moviéndose a contraluz, como el humo del cigarrillo en primer plano americano. Igual que en la pantalla del cine Cayri al que iba Soler, sesión de tarde, estreno de El sueño del caimán, aquel invierno donde cada uno de la pandilla ponía color al pelo de la mujer que sería su modelo de pasión.

El humo sí, hipnotizado por una música de fondo desenvolviendo en blanco y negro el rostro de Serena Vergara, las voces de Miguelito Dávila, de Murphy, de la Pegaso, de Paco el Textil, de Róvira el fotógrafo, hablando entre ellos de las bailarinas muertas en el cabaret Bilmore. El local al que nunca regresó desde la muerte del mago Rafael. Su amigo y maestro. Otro que al igual que Solé Vera es una de sus criaturas de sombra y hueso en la delgada línea roja que separa la realidad de la ficción, prófugos que entran y salen de su memoria, marcando a navaja en las páginas de los libros las iniciales de los rebeldes. Soler nunca les pregunta por qué llegan a esas horas, de dónde vienen o si esconden sus jirones de niebla y sueños en la pensión Ríos España donde no importa qué noches esperan sus regresos para empezar de nuevo.

Lo supe enseguida. Sé leer entre las palabras de un hombre y los silencios por los que huye. Cada uno de esos seres fronterizos -sus amigos- son las esquirlas de frío y de culpa que lleva dentro, un naipe en la bocamanga de su partida contra el miedo, las dudas, la muerte a la que un día, en Lausana, soñó como una máquina de coser que cargaba sobre los hombros. Uno siempre carga con algo, generalmente con su pasado. Y también con el destino, al que a veces le falta el dedo de una mano. De la pérdida lo que importa es la manera de contarla. Se lo explicó Marsé, en un taller de relojería en el camino de los ingleses. Lo mismo que Faulkner le enseñó a sudar la furia del lenguaje; Conrad a sacudirse las nieblas del corazón y Onetti que todo es ficticio, hasta uno mismo. El viejo Baroja le dijo que ninguna aventura llega lejos sin unas buenas botas que corran sobre el barro, que se hundan en la hierba. De cada uno de ellos me contó despacio Soler o Solé Vera aquella noche en la que él parecía redondear las palabras con sus manos, dándole forma a una esfera que resultó ser su barrio, el mundo del que un día se marchó Gustavo Sintora en busca de Soledad Rubí.

Cada escritor corta la literatura a su medida. Es como ajustar el asiento del coche y el volante, antes de empezar lo que realmente importa: la manera de conducir y el viaje. La travesía y su espíritu, aquello que la nutre y la certifica por encima de qué son el éxito, la fama, el fracaso, el grado de justicia o de injusticia con que se valora a un escritor. Ese tipo que en su tarea con las palabras se interroga a sí mismo y a sus obsesiones, a los ruidos y quemaduras de la realidad, al mundo que lo empuja nunca se sabe a qué destino. En la trama de la vida y en la cicatriz de su memoria, en la cultura, en los libros y en la prensa, en la calle y en las batallas. Esas son las fronteras a las que siempre vuelve, aunque de tarde en tarde el santuario de la Universidad lo reconozca como un profesor en lo de ser a veces conciencia y siempre fugitivo.

Igual que Solé Vera, eterno niño Salgari al abordaje del horizonte por el que apareció, entre los destellos de unos faros, una voz femenina. Serio, sin prisa, agitó una mano hacia el automóvil de la literatura y me tendió la otra, antes de alejarse. De perfil el rostro, erguida la gabardina, un instante de soslayo en el que me pareció un espiritista melancólico.

Así es como recuerdo aquella noche del escritor y sus novelas sobre las que les he contado.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

 

ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, que combatió en la Guerra Civil y visitó a La Pasionaria

 

 La terrible experiencia del Holocausto ha dado lugar a libros inolvidables y estremecedores de autores tan distintos como Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún o Jean Améry, entre los más conocidos. El cuidado sello ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, comunista y combatiente en la Guerra Civil española, Nico Rost, que ingresó en el campo de Dachau el 10 de junio de 1944, y permaneció allí hasta el 30 de abril del año siguiente. Se titula ‘Goethe en Dachau’, y ha sido traducido por Núria Molines Galarza.

Nico Rost (Groninga, 1896- Ámsterdam, 1967) sobrevivió y durante su estancia, a escondidas, logró redactar (y tomar notas) un diario que ofrece una mirada distinta y que concluyó en 1946. En la nota de la editorial, María Martínez Carro se pregunta: “¿Puede un intelectual sobrevivir a un campo de concentración? ¿Le es útil en algún sentido al individuo la cultura adquirida cuando se encuentra sometido a maltrato, hambre y muerte?”. El texto es una perfecta respuesta: “Nico Rost sobrevive no como mero cuerpo, sino como ser humano. La lengua de sus verdugos, su lengua, es justo lo que le permite mantener su humanidad y respuesta”, dice la traductora Núria Molines Galarza. Y añade que, pese a todos los esfuerzos para deshumanizar al prisionero, “es la literatura, la palabra, lo único que logra salvarle, lo único que le permite apartar sus pensamientos de la muerte, el hambre, la nostalgia, el frío y los cadáveres”.

El viaje que propone Nico Rost a Dachau contiene todos los ingredientes ya conocidos: la gente muere a diario, se hacinan las liendres y los piojos, se multiplican el miedo y la crueldad, la fiebre y el hambre, y el cautivo –activo en la defensa de sus ideas, solidario con sus compañeros de viaje y traductor de Alfred Döblin y Joseph Roth, entre otros- va contando cuanto sucede, pero no se regodea en la calamidad, sino que intenta elevarse y pensar, sentir, dialogar con los maestros y con sus compañeros, que también le ceden algunos libros, entre ellos ‘Egmont’ de Goethe, que va a ser un constante compañero de cautiverio. Tras leer su final, “¡Centellean las espadas! ¡Amigos, levantad vuestro ánimo!”, escribe Rost: “En el fondo es cierto: la literatura clásica puede ayudar y dar fuerzas”.

Goethe (también lee su novela ‘Wilhem Meister’) y la literatura alemana en general lo acompañarán. Nico Rost habla de Novalis, recuerda anécdotas poéticas y amorosas del poeta Friedrich Hölderlin, retrata, en diálogo con el sabio E. A. Reinhardt, uno de los grandes personajes del libro, a Bettina Brentano, poeta y todo un personaje que frecuentó a Goethe, a Carolina von Günderrode, poeta suicida, etc. El libro está lleno de reflexiones literarias, de comentarios de lectores y de conversaciones, mientras la muerte –filosa e implacable- se cuela por todas partes. Rost informa de quién perece, de las enfermedades, de los arrestos o de la visita de diez o doce mujeres que acuden al dentista. Rost escribirá: “Fue un acontecimiento de los más sensacional para todos nosotros: ¡mujeres holandesas en Dachau!”. Al día siguiente, el 19 de octubre de 1944, anotará: “Lo que sucedió ayer todavía sigue temblequeando en nosotros. De repente, hay un nuevo elemento en nuestras vidas”.

Nico Rost combatió en la Guerra Civil española. Los prisioneros le preguntaban. Un amigo quería saber cosas del clero español: “Le he estado hablando del padre Lobo, de la postura de algunos religiosos que no se pusieron del lado de Franco y a los que, por tanto, los republicanos dejaron en paz”. Y añade: “También le he relatado mi visita a La Pasionaria y cómo ella, cuando una multitud de monjas en Madrid pidió un edificio para una nueva capilla –pues la suya había sido destruida por las bombas-, hizo que el Partido investigara el caso y se preocupó de que este deseo se cumpliera rápidamente. Luego también le he mencionado que, por aquel entonces, había comunistas que llevaban a las monjas breviarios, rosarios, recipientes con agua bendita y cosas por el estilo (…) Además, le he recomendado encarecidamente que, cuando volvamos a estar libres, se lea los libros de Bergamín”.

Poco a poco la esperanza se hace certeza. El 29 de abril, por la mañana, escribe: “¡Las SS han izado una bandera blanca! A la entrada del Lager (campo de concentración). ¡La emoción entre nosotros es indescriptible!”. Y al día siguiente tomó la última nota: “La gran fuerza de tropas americanas se espere que llegue hoy, como tarde, mañana”. El libro añade un epílogo de la historiadora Rosa Toran, donde habla de los 755 españoles que sufrieron “esclavitud y muerte” con Nico Rost, y entre ellos cita al calandino Pascual Castejón Aznar, que “emprendió camino hasta Dachau desde Mauthausen en uno de los llamados transportes fantasmas”, o al oscense Joaquín Ibarz Ballester, “nacido en la oscense Albelda, La Litera, que constituye un caso peculiar, porque su nombre no aparece en ninguna de las listas publicadas con las identidades de los españoles que sufrieron deportación a los campos nazis durante el período de 1940 a 1945”. La escritora Anna Seghers dijo que “este es el libro, el libro que necesito, el libro que he estado esperando”, el libro donde la palabra, página a página, línea a línea, “le gana terreno a la muerte”.

 

 

LA FICHA

‘Goethe en Dachau’. Nico Rost. Traducción de Núria Molines Galarza. ContraEscritura. Barcelona, 2016. 336 páginas. [El libro se presenta esta tarde, en los Portadores de Sueños, a las 20.00 horas.]

 

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

CINCO MICRORRELATOS DE MARÍA PILAR PUYUELO ALFARO

-De ‘Un mundo de naderías’.

 

 

 

Los ojos de mi primo

 

     Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salté el muro del castillo. Debía averiguar que envolvía a aquella hechizante belleza. Los siete perros que ella amaba se lanzaron contra mí, pero en los ojos de uno de ellos reconocí a mi primo, que llevaba desaparecido muchos años. Me miró con lástima, mientras los demás perros seguían ladrando con rabia; mostrando sus afilados colmillos.

     Ella apareció semidesnuda y gritó suavemente a los perros, estos se paralizaron enroscándose como serpientes. Me cogió de la mano y subimos hacia su alcoba, donde me deshice en una lujuria de placer inmenso. Al amanecer salté por el balcón y me uní a ellos, escondiendo el rabo entre mis patas.

 

 

Accidente en el jardín

 

     Mamá me dice que tenga cuidado cuando me encuentre vasos llenos de líquido. Y entonces me contó:

«No se dio ni cuenta, hija mía, solo su olor dulzón la embriagó hasta caer, y una vez dentro nadó revoloteando fuertemente, plegada ante ese líquido amarillo. Las risas de aquel joven, ante el rítmico aleteo negro en la cerveza de su amigo hizo que este la derramara al suelo, justo encima de un hormiguero».

 

 

Venganza

 

     Entré en mi cuarto para vestirme, ese día era especial. Había quedado con Luis. Quería sorprenderle con mi nueva minifalda y aquella camis ta blanca que dejaba muy poco para la imaginación.

Abrí mi armario. Toqué mis blusas de seda, recuerdo de mi viaje a Tailandia, y todas llevaban m´s agujeros que la capa de ozono.

Eché un vistazo a mis pañuelos y bragas. ¡Se los hab´an comid !

Aunque peor fue lo de la minifalda… Me qued´ aterrada, pues era un auténtico colador, carcomida por aquellos miserables insectos.

    No eran polillas, debían de ser el resultado de la mutación de algún gen, que las convirti´ en aquellas miserables ratas con alas. Por supuesto anulé la cita.

    He colocado en todos los caj nes y armarios de mi casa montones de bol tas de naftalina . Pero creo que han volado a mi relato y se lo están comiendo a él tambi´n.

¡Ay..., pero por aquí sí que no paso!

    En cuanto compre la tinta de imprenta, repetiré el microrrelato, (me han dicho que es aut´ntico veneno). 

¡Sí, señor..., para que se den un buen banquete de consonantes y vocales!

«Las pienso fumigar hasta la ext nci´n».

 

                                  

La sopa boba

       —Disculpe, señor, se le ha caído su ojo en mi sopa.

El hombre se palpa la cuenca de su impulsivo ojo.

—¡Por Dios!, ¿Qué dice? —grita con gesto de horror.

—No se preocupe, póngase mis gafas de sol y cambie su plato de sopa por el mío —le sugiere—; nadie se dará cuenta. Mientras tanto, el huevo de codorniz se hace sitio entre los fideos, eso sí, los vigila muy de cerca.

 

 

 En el bosque

 

      Hunde el fuego de su arma eléctrica en el centro de mi cuerpo indefenso. Jamás provoqué su ira, ni cada tajo, cada cuchillada salvaje en mi carne. Los míos me dijeron que no opusiera resistencia. Él, mientras tanto, penetra en mi blanca savia. Qué puedo hacer yo, ante tal agresión que contradice la ley de la naturaleza, sino es sentir aquí, bajo el cielo atormentado, el momento en que me desplome, sin más. Las ramas de mi cenizo cuerpo lloran golpeando contra el suelo.

  

 

Cinco microrrelatos seleccionados del libro: UN MUNDO DE NADERIAS de Mª Pilar Puyuelo Alfaro.

*La foto es de Ferdinando Scianna. Ella es Asia Argento.

 

 

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

EDUARDO RIESTRA HOY EN CÁLAMO: 40 VIAJEROS POR ÁFRICA
Esta tarde, a las 19.30, en la librería Cálamo, Eduardo Riestra presentará su edición de ‘Exploradores y viajeros por África’ (Ediciones del Viento, 2016. La Coruña, 683 páginas), una selección de 40 personajes, desde el madrileño Francisco Páez, un personaje del siglo de Oro, hasta el fotorreportero y escritor Alfonso Armada, autor de ‘Cuadernos africanos’. En medio hay personajes fascinantes que viajaron al continente, vivieron aventuras de todo tipo, se citaron con los indígenas y las tribus (algunos caníbales, como los fang), contemplaron los paisajes, soñaron y contaron lo que vieron y lo que les perturbó.
Hay famosos viajeros, claro, como Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’ o del ‘Kama Sutra’ y buscador de las fuentes del Nilo, rival de Speke; están Roger Casement, que inspiró ‘El sueño del celta’ a Vargas Llosa, el político y escritor Winston Churchill, autores como André Gide (que viaja con su amante, un joven fotógrafo), Evelyn Waugh, Karen Blixen (Kenia es uno de los países que más llama al viajero), están Livingstone y Stanley, dos españoles tan poco conocidos como José Mas y Ramón Tatay, interesados por Guinea, o Javier Reverte, el autor de ‘Vagabundo en África’ y ‘El sueño de África’. Eduardo Riestra también ha incorporado a Enrique Meneses, periodista y fotógrafo. Y, cómo no, también aparece Kapuscinski: el autor selecciona un fragmento de ‘Ébano’. Y están Arthur Conan Doyle o el poeta Arthur Rimbaud, que murió a los 37 años. Y está el coronel norteamericano Geo W. Williams que estuvo en el Congo belga y mandó una carta al rey Leopoldo.
Entre las mujeres, además de Karen Blixen, figuran Mary Kingsley, Sheila MacDonald, Elspeth Huxley, que se casó con un primo de Aldous Huxley, y Osa Johnson, norteamericana de Chanute, Kansas, que firmó ‘La aventura de mi vida’, donde se puede leer: “A menudo regresaba a casa con los brazos cargados de espárragos y espinacas. Había un arándano negro muy bueno y dulce; café nativo; setas en abundancia; una fruta que parecía un cruce de albaricoque y manzana; una ciruela amarga silvestre que servía para preparar exquisita mermelada; y una espléndida miel marrón. ¡África!”

Eduardo Riestra dice: “Es cierto que África simboliza como ningún otro continente los sueños de la infancia, la evocación de la aventura, el temor y la atracción del peligro. Los viajeros que aquí se reúnen abarcan cuatro largos siglos que, en realidad, son casi toda la historia de la exploración, pues ellos han ido llenando los espacios vacíos de los mapas que mucho antes ya habían sido perfectamente trazados en el resto del mundo”.

*En la foto Osa Johnson. Cortesía de Ediciones del Viento. 

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

EXPLORADORES Y VIAJEROS POR ÁFRICA. EN CÁLAMO
[Hoy, 7 de junio y martes, a las 19.30 horas, en la librería Cálamo se presenta el libro ’Exploradores y viajeros por África’, con edición de Eduardo Riestra, en su sello Ediciones del Viento. El libro tiene casi 700 páginas. Eduardo Riestra estará acompañado por el escritor y periodista Antón Castro.]

FRAGMENTO DE ENRIQUE MENESES

V
Mientras estábamos en Juba se hablaba de un cargamento humano que fue hundido ante la orden de un navío inglés de detenerse y dejarse abordar. Días más tarde, en las playas sudanesas, aparecieron los cadáveres encadenados de cientos de esclavos. Los mercaderes, por supuesto, habían tenido tiempo de desaparecer.
Pero Jaime y yo también nos sentimos atrapados. Estábamos con cinco libras esterlinas en el bolsillo, a igual distancia de El Cairo que de El Cabo, un poco más cerca del océano Indico que del Golfo de Guinea. La primera solución que se nos ocurrió fue pedir ayuda económica a Jose María Cavero, duque de Bailén y padre de Jaimito. “He abusado tanto de él que dudo que nos eche una mano”. Quedaba otra: el rey Federico Mutesa II. Este había sido exiliado a Europa por el Gobernador británico Sir Andrew Cohen en 1953, cuando el kabaka se negó a unir Uganda con Kenia y Tanzania para formar la East Africa Federation. El rey baganda, al que todo el mundo llamaba King Freddie, tenía razones poderosas para no aceptar la propuesta. Los ingleses estaban en Uganda a petición de su abuelo, Mutesa I. El régimen colonial sólo era aplicable para Kenia y Tanzania pero no para Uganda que siempre fue un protectorado. Esto significaba que unos territorios dependiesen del Colonial Office de Londres y Uganda del Foreign Office. “Sólo me uno con mis pares”, había respondido Mutesa II al diktat del Gobernador. Y salió de la reunión para Europa en un avión de la RAF.
Durante su exilio, Freddie quiso visitar España y voló desde Londres a Madrid. Allí, el padre de Jaimito, entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores, montó un show en Barajas al enterarse de que llegaba un rey. Guardia de Honor, banda de música, búsqueda apresurada de bandera e himno, etc… La Embajada británica protestó en el acto y el ministro de Asuntos Exteriores desautorizó a su jefe de protocolo que tuvo que alojar a King Freddie en su cigarral de Toledo, la Quinta Maribel. El monarca baganda nunca olvidó aquella acogida, máxime cuando había llegado a España en clase turista y sin esperar ningún trato especial.
Jaime y yo optamos por llamar a Kampala, gastándonos el último dinero en la comunicación. La cuenta del hotel la resolveríamos, cuando fuese, saliendo sin pagar por la ventana del Hotel Juba. Afortunadamente se trataba una planta baja. Mutesa II fue receptivo a nuestra petición de ayuda pero, transferirnos dinero sólo se podía hacer a través de Londres y aquello podía tardar un mes hasta llegar a Juba. La solución que nos propuso fue alcanzar por cualquier medio Kampala donde seríamos sus invitados. Era lo más sensato y lo más rápido.
Aquella misma noche descubrimos un italiano que iba a recoger una mercancía al puerto de Nimulé, a 280 kilómetros de Juba, en la misma frontera sudano-ugandesa. Aceptó llevarnos en su pick-up. La hora de salida nos era muy favorable ya que, a las cuatro de la madrugada, todo el mundo dormía en el Hotel Juba. Nos encontraríamos en la esquina de la calle con nuestras mochilas listas.
El viaje duraba, pese a la corta distancia, unas seis horas por una pista de mala muerte. No tuvimos incidentes en el camino excepto cuando deseé detenerme para fotografiar un pastor que, siguiendo la tradición, se apoyaba en una sola pierna y un bastón mientras la otra reposaba el pie a la altura de la rodilla de la primera. Aquello era tan típico que no quise marcharme sin fotografiarlo. Salí del vehículo y corrí, perpendicularmente a la pista, durante un centenar de metros. El italiano estaba cabreado, tenía prisa. Llegué junto al pastor que no se había inmutado viendo un blanco corriendo como un loco, cámara en mano, hacia él. Me dispuse a hacer la foto. Entonces reparé en que el hombre no seguía la costumbre de los pastores de la región. Sencillamente le faltaba una pierna, probablemente perdida por culpa de alguna fiera. Balbuceé una excusa incomprensible para el hombre y regresé corriendo sin haber hecho la foto.
En Nimulé, nos despedimos de nuestro italiano. Eran las primeras horas del día. En el muelle, flanqueado por dos barcazas, se encontraba el SS Luger II, el vapor que hacía el recorrido hasta Butiaba y vuelta. Nos acercamos a una cabina de madera donde se despachaban los billetes. Jaimito pidió dos billetes de tercera. Nuestras 5 libras sólo daban para eso y nos sobraba 1. El negrito borró su sonrisa inicial del rostro y corrió a llamar al capitán, un inglés escapado de una novela de Sommerset Maugham. Parecía el modelo de las cajas de cigarrillos Navy Cut. Cuidada barba rubia, ojos azules, uniforme blanco almidonado con pantalón corto y medias largas. Por supuesto, pipa y aromático tabaco inglés. Escuchó nuestras explicaciones y dio orden de que se nos cobrasen dos billetes de tercera y se nos instalase en primera. Antes de irse, se volvió hacia nosotros: “You are a disgrace to the white race” (Son ustedes la desgracia de la raza blanca).

*El dibujo de Eduardo Riestra es de Pablo Gallo.