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Antón Castro

Escritores

JOSÉ VERÓN: 'EPIGRAMAS DE DICIEMBRE'

JOSÉ VERÓN GORMAZ: 'EPIGRAMAS DE DICIEMBRE'

José Verón Gormaz es un poeta lírico y a veces, impulsado por el verbo y la mirada de su paisano Marcial, también es un poeta épico y satírico. Ahora, cuando llega el invierno, trabaja en una nueva colección de epigramas. Esta pequeña entrega, que tiene la generosidad de enviarme, se titula 'Epigramas de diciembre', y en ellos plantea conflictos contemporáneos, de ahora mismo, en vísperas de elecciones. José Verón es fotógrafo y aquí cuelgo una de sus imágenes más conocidas.



EPIGRAMAS DE DICIEMBRE

CONFESIÓN


¿Por qué, Talio, no has logrado acostarte

con Estigia, la bella,

tú, que incendias los catres y persigues las ninfas?

¡Tú, que presumes de ser un amante infalible,

no has logrado acceder al regazo de Estigia!

Pues algo debo confesarte, Talio:

yo, tampoco.

*

SOLO IMPORTAN LAS VENTAS


Dedicado al comercio desde antiguo,

Luculino vendía comestibles,

vestidos y zapatos, cualquier cosa

que pudiera dejarle beneficios.

Hoy vende libros de poemas

que expresan el sentir de la ñoñez.

¿Cómo ha logrado ventas generosas

con un artículo de alcance selectivo?

Luculino ha observado la existencia

de abundantes lectores que son como las moscas:

les encanta la mierda.

*

POLITIQUEOS


¡Oíd su clara voz!

¡Ellos han de salvarnos!

Lo dicen, lo repiten, lo proclaman,

están en todas partes dispuestos a surgir,

hablan, hablan de todo o casi todo,

excepto del movimiento de sus cuentas corrientes

y de algo extraño que ni conocen ni les suena:


la Cultura.


*PROMESA ELECTORAL


Tanto y tanto ha ofrecido Periclinio

bajo la luz oscura de sus mítines,

que ha osado prometer un puente nuevo

a una ciudad que no tenía río.

¿Y cómo terminó tal impostura?

Solemne y casi trágico,

Periclinio les hizo otra promesa:

"¡Pues traeremos un río!", concluyó.

¿Qué añadir a este asunto?

Solo un breve final:

sin comentarios.


PALADÍN DE LA TRAMPA


¡Qué infame embaucador!

El nombre, de King Arthur;

la magia, de Merlín.

Tanta leyenda encierra este individuo

que, por puro egoísmo y pura trampa,

ha transformado con burdos sortilegios

una tierra honorable en un desastre

y el amor en racismo.

Elevado por brazos de compinches,

campa sobre las ruinas de la gente,

sonríe astutamente al reportero

y esconde sus esencias miserables.

Aunque no guarda ni una brizna de vergüenza,

debería pensar en el mañana:

algún día caerá.

*

LA REALIDAD Y EL DESEO


La insoportable y habladora Tiana

asegura que, cuando hace el amor,

apenas nota el peso de su cómplice.

Y no resulta extraño,

porque Tiana solamente se acuesta con el aire.



YIHADISTAS


¿Así queréis ganar la vida eterna?

¿No sois, acaso, seres infernales

que habéis surgido para sembrar la muerte?

Vuestras almas no irán al Paraíso

porque no tenéis alma.

¡Rogad porque el olvido os alcance!

Sería un mal menor para vosotros.

JESÚS RUIZ MANTILLA: UN DIÁLOGO

JESÚS RUIZ MANTILLA: UN DIÁLOGO

 

Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965) es novelista y periodista cultural en las páginas de ‘El país’. Acaba de publicar ‘Contar la música’ en el sello Galaxia Gutenberg. Aquí explica algunas de las claves de un libro apasionante.

-¿Cuál es tu definición favorita de la música? Barenboim, recuerdas, dice que “la música es aire sonoro”; para Anne-Sophie Mutter sería algo así como “una emoción en lucha perpetua con nuestro interior”...

Me quedo con una mezcla de ambas. Añadiría misterio y diálogo continuo con nuestra memoria sensorial.

-Si contar la música es imposible, ¿cómo se puede abordar a través de la palabra, qué vínculo se establece entre ambas?

He escrito Contar la música precisamente para hacer al lector partícipe de ese imposible, pero también de la persecución permanente de un ideal. Dice Elvis Costello que contar la música es algo así como bailar la arquitectura. Brillante. Unir ambos lenguajes, el de las palabras y el de las notas, es algo utópico, pero pueden caminar por senderos paralelos y completarse el uno al otro.

-¿Qué intentas tú hacer aquí, qué cuentas exactamente, desde esa imposibilidad?

En el libro he querido que sean los propios músicos quienes se expresen con sus palabras a través de las conversaciones que con ellos he tenido a lo largo de dos décadas de trabajo. Son quienes mejor lo explican todo. El libro es una memoria testimonial de directores como Abbado, Rattle, Barenboim, Zubin Mehta, Riccardo Muti, compositores de la talla de Philip Glass o Pierre Boulez, pianistas asombrosos: Zimerman, Pollini, Brendel, Sokolov, violinistas, chelistas a los que admiro profundamente. Queda completado por otros a los quienes debo mucho, pero que por razones de espacio / tiempo, no pude conocer: Mozart, Chopin, Mahler, esa gente.

-Me conmueven dos cosas del prólogo: ese regalo de la caja de Beethoven y la historia de tu tío José Francisco Alonso... ¿Qué significaron para ti?

Como explico en la introducción, resultaron revelaciones para mí. La caja fue un regalo de mi padre, sabiendo que no podría despojarme de eso el resto de mi vida. Mi tío José Francisco, gran pianista, era el héroe de la familia, a quien íbamos a ver en vivo cuando yo tenía 8, 9 años. Un héroe trágico…

En el libro, una y otra vez, confiesas tu amor por el piano... Lo comparas con internet y dices, directamente, que el piano es la revolución. ¿Qué tiene de especial el piano, cómo debemos oírlo, qué nos da?

La invención del piano a finales del XVII y principios del XVIII por Bartolomeo Cristofori en Florencia, fue un proceso largo. Representó la persecución de una utopía. Quiso construir un instrumento que aunara una especie de orquesta dentro. Lo consiguió con creces. Y las mejoras que lo han perfeccionado a lo largo de la historia, más. Han pasado más de tres siglos y parece que aún no se han logrado explorar todas sus posibilidades expresivas. No es el instrumento rey, es el instrumento emperador.

¿No exageras cuando afirmas que Mozart enseñó a hablar al piano?

Si trasladamos a un instrumento así una lógica biológica, Clementi o Czerny lo pusieron a andar y Mozart o Haydn, le enseñaron a hablar, con Beethoven vivió una adolescencia más que incendiaria y rebelde y con Liszt, Schubert o Chopin una juventud tan enérgica como oscura y bipolar… ¿Sigo?

¿Por qué fue Liszt casi un precursor de la beatlemanía antes de los Beatles?

Si no te convence que una mujer conservara un puro suyo recogido del suelo después de un recital y dijera que la enterraran con él en el pecho, me tendrás que explicar qué fue la beatlemanía. Las volvía locas. Resultaba algo demoniaco tocando el piano en escena.

Aludes en el retrato de Liszt a una historia de amor con Caroline Sayn-Wittgenstein, fumadora de puros. ¿Qué ocurrió entre ellos?

Se estilaba mucho esa costumbre, George Sand, la amante de Chopin, también. Como en todo en la vida de Liszt durante una época, hablamos de excesos. Tantos que los últimos años se recluyó en un convento, a hacer penitencia y a escribir algunas de las páginas más brillantes que le quedaban aun.

Hay un momento en que confiesas leer las notas, las autobiografías de los compositores e instrumentistas. ¿Qué encuentras ahí de especial, qué mirada peculiar suelen tener?

Una explicación por sí mismos de lo que a mí tanto me cuesta contar. Los músicos hablando de música son reveladores, nos ofrecen claves fundamentales, fuera de nuestro alcance o sensibilidad.

Insisto un poco por ese camino: afirma Yuja Wang que “los pianistas somos más sensibles que el resto de los mortales”. ¿Debemos tomarla en serio?

No creo que sean más sensibles, pero sí distintos en sus percepciones sensoriales, emocionales e intelectuales, también.

Hubo en España un auténtico fenómeno Mahler, tras un elogio de Alfonso Guerra. ¿Cómo era en realidad, estaba loco, qué aporta a la música?

Mahler llevó el sinfonismo hasta lugares que hoy entendemos mejor que sus contemporáneos. Después de él resultó muy difícil componer para esa forma musical. Habla de la angustia y la ecología, predice el abismo del siglo XX, comunica, aúna, busca un ideal, lo destruye. Es plenamente moderno.

Dices que Pierre Boulez es un punk de la música clásica, ¿por qué?

Digo más: que los punk a su lado son la madre Teresa de Calcuta. Él es un incómodo visionario, soberbio, radical, intransigente, ultra vanguardista, otra raza, pero no siempre llevó razón.

Te dice que “la música no debe servir como protesta”. ¿Estás de acuerdo o hay muchos momentos en que la música enciende la llama de la rebeldía, de la transgresión...?

La música es emoción y como tal comporta peligro. Puede ser una llama de rebeldía o puede utilizarse como justificación del Holocausto. Cuidado con ella.

Aquí se plantea otra cuestión: la amoralidad del arte. El ejemplo perfecto podría ser Herbert von Karajan, del que recuerdas su pasado nazi, su huida y su ascenso. ¿Cómo lo ves, es el tipo más complejo del libro?

Yo creo que es el más simple de todos. Lo único que le interesaba era el poder y utilizó la música como medio para obtenerlo. Fácil de entender, ¿no crees?

Anne-Sophie Mutter lo califica como un superhéroe. ¿Qué hay de ello?

La fascinación apenas curada de una niña prodigio a la que él ayudó mucho.

¿Qué relación existe entre la música y el poder?

Puede ser inexistente y omnipresente. Los dirigentes admiran a los directores de orquesta, sobre todo y estos aprovechan esa debilidad para sacar grandes ventajas: lo hizo Karajan, lo hace Gergiev con Putin, lo bordan Mehta o Barenboim con todo quisqui, es así.

Hablas de varios españoles en el libro. ¿Cuál es el lugar de Ataúlfo Argenta en la música de su tiempo y en la historia?

Argenta fue una excepción de talento en bruto en mitad de un desastre generalizado. Reunía todos los atributos de los grandes: rigor, ambición, sensibilidad, carisma, liderazgo. Todo en uno y en mitad de un desierto cultural, como la España y la Europa en guerra y posguerra. No hay que olvidar que triunfó en todo el continente.

¿Podrías contar, de verdad, cómo sucedió su muerte?

Ana Arambarri ha escrito un libro sobre él, aun no publicado, en el que cuenta con detalle lo que sucedió. Resumiendo: estaba con una joven admiradora en su coche y dentro del garaje de su casa. Como les entró frío –era enero- puso el motor en marcha y se intoxicó. Ella se salvó de milagro. Una chorrada que acabó en tragedia cuando estaba en el momento más dulce de su carrera. Imagínate el morbazo y el tabú que supuso aquello.

Te apasionan los pianistas. ¿Podrías definirnos algunos, su estilo, su personalidad, su forma de tocar? Por ejemplo: Brendel, Pollini, Zimerman, Sokolov, Maria Joao Pires... [Una línea, una frase, te lo pregunta también como pedagogía para el lector]

De Brendel destacaría el cálculo y la naturalidad. De Pollini el riesgo y la sensibilidad. De Zimerman su compleja personalidad al servicio obsesivo del piano, hasta el paroxismo. De Sokolov, esa dedicación exclusiva que le lleva a la profundidad y la complejidad absolutas, pero plenamente comunicadas por medio de la música. Pires es sensibilidad, claridad, destreza y ahora absoluta maestría.

Los chinos parecen rivalizar con Lang Lang y Yuja Wang. ¿En qué se parecen, en qué se diferencian?

No rivalizan, son iconos a imitar para ellos. Puro ejemplo. Uno aplica rigor, sensibilidad y una madurez extraña para su edad al mundo sabiéndolo combinar con la tecnología y la comunicación de los aspectos ligados al puro fenómeno. Yuja es una muñeca de hierro, solitaria, independiente, muy fuerte a la hora de tocar el piano, muy frágil y adorable para la vida.

Hablas de varios músicos españoles: Rosa Torres-Pardo, Javier Perianes. ¿Por qué es extraño el caso de Javier Perianes?

Porque sabe controlar de una manera férrea todos los aspectos de una carrera que crece y se ha convertido en todo un modelo en España para los jóvenes que van detrás de él. Todo ello apoyado en un talento descomunal, de grande del piano. Quizás estemos hablando del pianista español que llegará más lejos en una carrera internacional. Pero no de los presentes, de los presentes y de los pasados.

En tu libro glosas una conversación, o varias, con Anne-Sophie Mutter. ¿Sigue encarnando ella el glamur, la voluptuosidad de la música?

Con mucho mérito, porque ya va cumpliendo años, pero conserva esa atracción, sabiamente asentada en un gran talento. Una mujer con la que da gusto hablar.

Si te dijeran quédate con un compositor, con una pieza y con un instrumentista, ¿qué dirías?

No me lo digas…

¿Que perdemos al despreciar la música en la enseñanza?

Perdemos muchísimo, pero lo que más me preocupa es lo que ganamos: un inevitable embrutecimiento.

 

PD. Jesús Ruiz Mantilla ganaba el pasado mes de noviembre el premio Fernando Quiñones de novela. Aquí se puede leer la noticia y algunos avances de 'Hotel Transición'.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/17/actualidad/1447767346_391457.html

MARTA DOMÍNGUEZ, HOY EN CÁLAMO

MARTA DOMÍNGUEZ: ’UNA HOGUERA EN LOS PÁRPADOS’ EN CÁLAMO


Ángel Guinda escribe una solapa para el segundo libro de Marta Domínguez Alonso: ’Una hoguera en los párpados’ (Olifante), que se presenta hoy viernes, a las 19.30 en la librería Cálamo. Dice Guinda: "Marta Domínguez tensa, confirma y manifiesta su caso humano en una decidida fundamentación de identidad. Transforma la representación del tiempo vital en palabra, y la palabra en luz donde encontrar la complicidad del lector". Copio aquí un poema del volumen:

PALIMPSESTOS

ABRE la vida,
léela entre líneas,
y observa:
es un palimpsesto.
Escribimos sobre lo ya escrito.
Lloramos sobre valles de lágrimas,
ocupamos tumbas de los otros muertos,
nacemos en otros vientres que antes nacieron.
Si es verdad que heredamos la memoria,
¿por qué tanto ignorancia?,
¿cómo los engaños?,
¿hasta cuándo estaremos en la ciudad de trampantojos?
Nuestras casas son casas simuladas,
corredores de ilusiones ópticas.
¿Qué mano nos cierra el pergamino
de las letras clarividentes
que trazó el Hacedor?

 

-De ’Una hoguera en los párpados’. Marta Domínguez Alonso. Olifante. 2015. Presentación viernes 11 en Cálamo, en compañía de Antón Castro. (La fotografía de Marta Domínguez la he tomado del blog de Fernando Sarría.)

CINCO POEMAS DE ABEL MURCIA

’DESCONCIERTO INSTRUMENTAL’: CINCO POEMAS DE ABEL MURCIA
De Moscú he traído algunos libros. Uno de ellos se titula ’Desconcierto instrumental’ de Abel Murcia, publicado por los Cuadernos del 4 de agosto. Es un libro muy trabajado, de una poesía esculpida y minuciosa, marcada por la plasticidad, la belleza, la ironía, dentro de eso que se ha dado en llamar genéricamente la poética del silencio. Selecciono aquí algunos poemas breves, que podrían calificarse como versos de amor en forma de haikus.


*
EN la distancia
me duele tu silencio
no cicatrizo

**

EL SOL se pone
la luz va se va tras él
tú permaneces

***

EMPIEZA el día
las sábanas deshechas
no nos engañan

****

CUANDO amanezca
nos dejarán las sombras
si es que amanece

*****

Y tú amaneces
en el fervor del aire
me das tus ojos

-’Desconcierto instrumental’. Abel Murcia. Ediciones del 4 de agosto. Logroño. 2014. Foto: el propio Abel Murcia en el parque de Cracovia donde le han dedicado un banco de escritor: Abel Murcia Soriano.

 

*Tomo la foto de Abel Murcia de aquí: 

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/13/Abel_A._Murcia_Soriano.jpg/420px-Abel_A._Murcia_Soriano.jpg

ADIÓS A XOSÉ NEIRA VILAS

ADIÓS A XOSÉ NEIRA VILAS

Hace algunos días fallecía Xosé Neira Vilas, un escritor gallego –que residió en Buenos Aires y en Cuba, antes de volver a Galicia- que nos marcó a muchos. A muchísimos.  Sobre todo con dos libros: ‘Memorias dun neno labrego’ y ‘Cartas a Lelo’. Todos nos hemos sentido alguna vez Balbino, Balbinoooo, como gritaban por él en mitad de la nieve. Esta foto de David Seymour, confundador de la agencia Magnum, me ha hecho pensar en él y en sus protagonistas...

 

TRES POEMAS MÍOS AL RUSO

TRES POEMAS MÍOS AL RUSO

TRES POEMAS MÍOS TRADUCIDOS AL RUSO POR IRINA CHERNOVA
[Durante la estancia en Moscú tuve la oportunidad de oír las traducciones que ha hecho Irina Chernova de tres de mis poemas. Leí dos textos en español y ella leyó sus versiones al ruso. Irina Chernova es una joven poeta y traductora, apasionada por la lengua española que también tradujo, entre otros, varios textos de Ada Salas. He aquí los originales y sus versiones.]

 

ZARAGOZA

A Fernando Sanmartín

Soy de esta ciudad. La conozco de punta a punta. Puedo cerrar los ojos y pasarme horas, como en un trance, esculpiendo centímetro a centímetro sus contornos y sus rincones: la espesura de Pinares Venecia con sus calvas y sus amantes furtivos, la víbora escuálida del Canal, las torres que apuntalan el cielo, los descampados, las estatuas, la luz enfermiza que se enreda en los puentes, los olorosos callizos del Tubo. Sin embargo, un día un amigo me dijo: “Ve a la Aljafería, vuelve a ese palacio perennal de emociones y observa a un hombre minúsculo, de ojos claros como el color de la almendra. Se pasa los días entre los patios y los aljibes, pintando”. Mi amigo fue misterioso. Deduje que me reservaba algún secreto, la perversión de una sorpresa. Crucé la ciudad completa bajo un manto de boira y el bamboleo de las adelfas. No hablé con nadie durante el trayecto. Recordé mi primera estancia en el pabellón árabe, la torre del Trovador, recordé la caligrafía zigzagueante de los arcos y las cúpulas, la persistencia invisible del moro viejo. La Aljafería abraza entre sus muros el mármol, el ornato fabuloso, el sándalo, todo un edén de zafiros. Cuando traspasé el puente que se eleva sobre el foso, el patio inicial de las esculturas y accedí a los jardines del agua contemplé lo que nunca habría pensado. Ante la curva melodiosa de la piedra, como un miniaturista arcaico, como un monje sagrado que sólo traduce sueños en púrpura y ocre, vi al pintor: breve, traspuesto, concentrado en la huida de las formas, absorto en la recreación de los signos y de las bestias. Me acerqué aún más sorteando flores y columnas, eludiendo pórticos de pórfido y arquerías, hasta que me detuve cerca de su aliento de fiebre y nostalgia. En ese instante, lo vi con total claridad, con un indecible estupor: aquel artista solitario era yo mismo. Me vi a mí mismo como siempre ansié verme algún día: con un indescifrable tormento, viviendo y pintando entre estos muros, aquí dentro donde la sombra es de oro y la música, un hervor de manantiales. En este recinto luminoso de calandrias al alba donde la muerte es un desmayo de suprema hermosura.

*Del libro ‘Versión original’. Antón Castro. Isla de Siltolá, 2012.

 

LOS DOS QUE DUERMEN

No sé si me gusta más levantarme a tu lado al alba
o dormir abrazado a ti. Sentir cómo lates,
cómo te arrugas sobre ti misma 
como quien busca el acoplamiento perfecto de las almas. 
Percibo entonces, antes de que se desaten las tentaciones,
el calor de tu espalda y tus nalgas, el torrente
de la melena y su olor a melocotón o a mora.
Te lo digo a menudo: eres atrabiliaria con el champú.
Quedo un instante así, inmóvil como un barco que siente,
tembloroso como la luz de la sinrazón,
me quedo como si fuera un pájaro abatido
que parpadea y sueña el mejor de todos los vuelos.
A veces te duermes. Y ronroneas. Y musitas palabras
intraducibles, frases completas que me cuentas como
si estuvieras presa en la alucinación del olvido.
Estoy feliz así. En ese instante, cuando el mundo 
se desmaya, le pido a la carne que no se altere,
que apacigue sus ardores, que no enturbie la noche
de gemidos y de risas y de batallas de sudor,
y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido 
es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman 
y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán.

** De ‘Vivir del aire’. Antón Castro. Olifante, 2010.

 

VIVIR DEL AIRE

Nunca he sabido qué me duele. No he sabido ponerle palabras a este vago estupor de existir y resistir. Intento reinventarme a cada hora. Hago acopio de felicidad: si no la atisbo, la creo, la busco afanosamente en cualquier sitio, en cualquier objeto, en un jirón de nubes negras, en los almendros que muestran sus flores deslumbrantes cuando se despereza marzo. Me fajo como un púgil o un erizo furioso contra el airado descontrol de la soberbia. Sueño que la felicidad que ansío está en todo: en cuanto me ve al pasar, en la cigüeña que despliega sus alas en el torreón, en medio de la corriente, en el pato que anda, vuela y nada en el Canal antes de ocultarse bajo el tronco de un gran abedul. Nunca he sabido qué me duele, pero percibo un agobio dentro, un cosquilleo de rabia, una perplejidad de metales en la lengua y en la sangre. Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo: dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos...

*** De ‘Vivir del aire’. Antón Castro. Olifante. 2010.

LAS TRADUCCIONES AL RUSO. Por Irina Chernova.


САРАГОСА (ZARAGOZA)


Это мой город. Я знаю каждый его закуток. Я могу закрыть глаза и часами как в трансе высекать сантиметр за сантиметром его углы и очертание: густой, но местами облысевший Пинарес-де-Венесия с его тайными любовниками, ядовитая змея Императорского Канала, башни, жалящие небо, пустыри, памятники, болезненный свет, опутывающий мосты, пряные улочки квартала Тубо. Как-то, впрочем, друг шепнул мне: «Вгляни на Альхаферию, бессмертный дворец, повидавший все чувства на свете, и увидишь крохотного человечка со светлыми как миндаль глазами. Он целыми днями рисует среди лабиринтов и водоемов». Друг говорил заговорчески. Я догадался: здесь какой-то секрет, какая-то извращенная тайна. Окутанный туманом, я пересек город под шелест олеандров. Всю дорогу я молчал. Мне вспомнился первый поход в Арабский Павильон, на Башню Трубадура, вспомнилась диковинная вязь арок и сводов, невидимое присутствие старого мавра. В объятиях Альхаферии уместилось все: и мрамор, и причудливая мозаика, и сандаловое дерево, и целый сапфировый рай. Я прошел по мосту, протянутому над глубоким рвом, прошел первый дворик со статуями, - и тут же возле фонтанов увидел то, о чем прежде не мог и помыслить. Перед мелодичным изгибом камня, точно средневековый миниатюрист, точно монах-отшельник, одержимый переводом снов на язык пурпура и охры, стоял художник, поглощенный бегством формы, сосредоточенно наблюдающий за отдыхом зодиакальных чудищ. Я начал приближаться, пробираясь сквозь цветы, обходя порфировые колонны, пригибаясь под аркадами, и, когда повеяло жарким дыханием тоски, остановился. В этот миг я осознал со всей ясностью: этот одинокий художник и есть я. Я увидел себя таким, каким всегда желал однажды увидеть: обреченным рисовать и жить с какой-то неведомой болью здесь, в этих стенах, где даже тени из чистого золота, где музыка бьет горячим источником, в этом сияющем гнездовье рассветных жаворонков, где смерть - только обморок при виде совершенной красоты.

 

Двое спящих (LOS DOS QUE DUERMEN)

Не знаю, что лучше. Проснуться с тобой на рассвете?
Спать, обнимая тебя? Слышать твой пульс,
Чувствовать, как ты вся сжимаешься,
Будто в поисках идеального сплетения душ.
Пока желание дремлет, я еще различаю
влажную кожу спины и жар твоих бедер, 
водопад волос, его запах - запах персика и ежевики.
(Вечно твержу: не перебирай с шампунем)
На мгновение я замираю. Я - корабль на мели,
Я - слабый свет незнания
Я бьюсь, как птица в силках,
Тоскуя по самому высокому из полетов.
Когда ты спишь, ты бормочешь
Непереводимые слова, ты шепчешь 
целые истории на языке беспамятства.
И тогда я счастлив. У мира подкашиваются ноги -
А я молю плоть: перетерпи, усмири свой пыл,
Не смущай ночь стоном и хохотом,
Не проливай пот на поле битвы.
Иногда, думаю я, нет ничего более звучного,
Чем тишина и музыка сердца
и дыхание спящих любовников, 
не знающих, суждено ли им проснуться.

Жить одним воздухом (VIVIR DEL AIRE)


Никогда не понимал, что это за болезнь. Как подобрать название смутному чувству оцепенения перед необходимостью жить и сопротивляться? Каждый час я изобретаю себя заново. Я запасаюсь счастьем. Когда его не удается выследить, я создаю его, увлеченно ищу его повсюду, в каждом предмете - в черных лохмотьях туч, в ослепительных цветах миндаля, выглядывающих, когда март только-только потягивается в постели. Я ощетиниваюсь, как рассерженный еж, как боксер защищаюсь от разгула тщеславия. Мне снится, что счастье, которого я жажду, везде: в аисте, сидящем на башне и при виде меня расправляющем крылья, в глубине бурного потока, в неуклюжем селезне, то взлетающем, то ныряющем в Императорский канал, а потом скрывающемся в тени большой березы. Никогда не понимал, что это за болезнь: я ощущаю, как что-то грызет меня изнутри, как щекочет ярость, различаю на языке и в крови металлический привкус растерянности. Иногда жить - значит, уйти от самого себя, отречься от клеветы, оправиться от обморока честолюбия и, грея руки в карманах, налегке пуститься в путь к недосягаемой заснеженной вершине.

 

*En la foto, la traductora Irina Chernova.

 

OLGA BERNAD: DOS POEMAS

OLGA BERNAD: DOS POEMAS

'PERROS DE NOVIEMBRE': DOS POEMAS DE OLGA BERNAD
En la próxima primavera la poeta Olga Bernad publicará un nuevo poemario, ‘Perros de noviembre’, en el sello Isla de Siltolá, de Sevilla, dirigido por el poeta, editor y dietarista Javier Sánchez Menéndez. Se trata de un libro intenso, trabajado, al que le ha dado muchas vueltas. He aquí dos poemas, ‘La vida extrema’ y ‘Duermevela’, en los que asoman, de vez en cuando, el surrealismo (“¿por qué se suicidaban los caballos?”), los poros secretos de la memoria, la fuerza telúrica de las imágenes, la pasión de vivir. Y vivir y vivir con puro arrebato. 
[Ilustro los dos poemas con uno de los cuadros más fantásticos de Ingres en la exposición del Museo del Prado: este 'Sueños de Ossian' de 1813, realizado a los 33 años.]

LA VIDA EXTREMA

Soñé que un animal me perseguía,
¿Has tropezado en sueños con tu miedo,
con la esquina voraz de tu locura?
Y tal vez has caído
al suelo como yo mientras notabas
ese aliento en tu nuca,
su olor caliente a sexo, a vida extrema
viciada por la muerte. 
¿Has masticado
ese miedo al huír? Me perseguía
un animal aullando. Yo era ella,
la pequeña que muere,
yo era ella, la del final,
la de los cuentos tristes.
No podía esconderme, soy la sombra
de la luz que él respira. Recordaba
una lucha en el centro de una cama. 
Sobreviví al abrazo, llegué al bosque
para morir corriendo. 
El corazón me ataba la garganta,
metálico sabor de hierro, río
de mi lengua a la tierra, de su boca
caían mis aullidos, sus canciones. 
Grité para no oírlo, tragué sangre
y me paré por fin. Sobre los charcos
vi el horror de verdad. Me había atrapado
mi memoria borrosa.
Decía que fui yo quien robó algo
esa noche en su cama.
Fui yo quien robó algo; yo, la sombra;
yo, el animal y el luto y el secreto;
y yo, la inexplicable
criatura que lleva entre los dientes
su breve corazón de terciopelo.

DUERMEVELA

Las noches de los pensamientos ciegos
avanzan 
aterradas de mar.
La vela que navega, 
la que ya se ha apagado para siempre;
el mar, como un fantasma,
cede su sangre al viento y la marea
tira y tira de mí.
Mi corazón y el mundo hipnotizados,
los niños en el vientre de sus madres,
la arena de las playas,
los días de verano:
todo acaba danzando,
buceando,
moviendo las caderas de la tierra
agotada e impúdica.
Penélope, perdida la esperanza y el nombre,
es una mujer lenta que recuerda
un baile que olvidó.
Y el baile es ley y número y misterio.

El principio del sueño tiene una voz de coro
de doncellas, caballos y muchachos
que buscaban su muerte en ese mar.
Mis pensamientos dejan su costura,
como bellas y ajadas putas ensimismadas,
sacerdotisas presas
cuyo destino el tiempo envileció,
que no saben si esperan o descansan o son
más allá de este mar y de esta noche larga.
Como si todo fuese una tormenta 
a punto de caer 
sobre una plaza llena
de músicos rotundos y cobardes
(tan rectos, jesuíticos, soberbios)
los condenados santos del reino del rencor.

¿Y de qué me acusaban esos músicos?
¿Y qué les hice yo?
¿Por qué se suicidaban los caballos?
¿Por qué me puse alegre cuando el viento
se llevaba muy lejos los papeles?
Y por qué vuelve ahora la mirada tristísima
de aquel amigo al que insulté en mi infancia,
aquel dolor tan limpio en otros ojos
(si luego ha habido tantos otros ojos).
La carita de niña de la virgen
en los cuadros antiguos.
La mirada de hambre de aquel hombre
que inundó de palomas mis pulmones.
(Fumaba 
como si él estuviera bebiéndose mi alma,
y respiraba yo de su ansiedad asmática
como si el aire fuera de cal caliente y vino).
La vez que me perdí sobre una cama.
La vez que me perdí dentro de un bosque.
Todas las veces que alguien me buscaba.
La vez que te encontré.
La vez que yo miraba fijamente
tu copa de cristal y se hizo añicos.
Sé que me asusté tanto que quería
pensar en otra cosa. Pero nunca
paraba de llover. Nunca paraba.
No sé, todas las veces
que no me has visto hundirme en estas aguas.
Un millón de caballos angustiados
cansados de callarse,
viniendo en avalancha y aún callados,
parecen pronunciar con la mirada
que todo tiene fin salvo el silencio
y las olas del mar.

Y por qué regresar si no podré salvarlos,
si al sueño viene todo menos tú.
Mira otra vez y duerme.
Todo se va cayendo sin ruido al mismo pozo
acogedor y oscuro
como el beso de un príncipe,
como la suavidad de su tiniebla.

OLGA BERNAD

GARCÍA-BADELL, POR SU HIJA OPHÉLIE

[El pasado viernes, Olga Pueyo leía su tesis doctoral sobre Gabriel García-Badell en la Universidad de Zaragoza. La hija del escritor, Ophélie García-Badell, ha escrito este texto para este blog y me lo envía. Aquí está este texto tan entrañable.]

 

NOTAS SOBRE MI PADRE 

 


 Ophélie García-Badell


Hoy te imaginé a mi lado, padre, una tarde de verano, sentado en la terraza de Casa Marraco, con tus ojos negros de azabache, tu nariz aguileña, tus viejas botas de pelo y tu camisa negra de Rimbaud. Sujetabas en tus manos, elegantes y alargadas, un cartapacio azul de cartón que contenía parte de tus pensamientos manuscritos.

 

Canfranc era un lugar atemporal donde no ocurría nada y ocurría todo."Pequeñita, nos vamos a comprar un melón a Benedé, que nos vamos a los neveros del Aspe"- me dijiste.

 

El río Aragón discurría frente a nosotros, junto al camino de Santiago, mientras el calor se instalaba en las faldas de Collarada, con su luminosidad todopoderosa, de diosa griega. Era agosto, un día de sol intenso. Estábamos allí, envueltos los dos, sin apenas darnos cuenta, en un mundo mágico, el tuyo.

 

Divisamos los altos prados de la caseta del Vasco. Luego, después de un rato de silencio, me introdujiste en el teatro de lo absurdo de Beckett, de Pirandello y de Ionesco.

 

Y yo tomaba mi coca cola infantil y mis patatas fritas, al tiempo que te escuchaba atentamente. Como lo hacen conmigo ahora mis hijos -tus nietos- Gabriel y Jimena. Hoy les explico que yo era tu discípulo socrático, que me conducías a tu mundo de estrellas, de búsqueda del sentido de la vida, sin mentiras, sin respaldos, en esa dramática lucha existencial, trágica, contradictoria.

 

Como cada día, me dejaba mecer por tus palabras. Siempre quedaba pendiente un viaje interior nuevo. Viaje a Vallejo, viaje a García-Lorca, Miguel Labordeta, Unamuno, Kierkegaard, Heiddeger, Camus, Jung, Theilard de Chardin, Chejov, Rilke y Bergson.

 

Creaste tu universo propio, heterodoxo, innovador, revolucionario, que ahora es mi legado. Me enseñaste que había que dejar de lado la culpa causada por la conducta impropia, la falsa moral. No quedaba otra opción que desnudarse ante la verdad que abrasa. Y en cuanto a la vida cotidiana, nada más ridículo que presumir de que se trabaja mucho, -¿te acuerdas?. Porque de lo que se trata es de comprar tiempo libre para vivir a cielo abierto. Porque la grandeza consiste en romper con la armonía, lejos de querer encarnarse en ese ser triunfador, tan equilibrado como virtuoso.

 

Hoy también recuerdo, padre, el día que te fuiste. Yo tenía veinte años y no fui a tu entierro. No podía con esa tierra pesada de nicho amargo.

 

Te acompañé a mi manera, y juntos nos sumergimos lentamente en un nuevo mundo, sin perder la identidad compartida con otros miles de hombres prehistóricos. Te transformaste en agua y tierra, viento, árbol, boj. Ese día, recuérdalo, comulgamos los dos, mientras tu ascendías, entre la lluvia de fuego, hacia el Valle de Izas y el ibón de Iserias. Querías “decrocher la lune” y Brassens te propuso un “petit coin de parapluie”, a cambio de “un petit coin de paradis”.

 

Arriba, en las cumbres, el viento agitaba la hierba y los lirios de color añil florecían por las praderas. De entre ellos, un lirio blanco, distinto, crecía solitario. Te fuiste, así,  con un fragmento del concierto para violín y orquesta de Brahms, con nuestras historias compartidas de la casita de Jacobita y el lobo bueno, con un poquito de los Mallos de Riglos y esa luz anaranjada grabada sobre la roca.

 

Nos despedimos, sin angustia. El vaho del fin de la tarde nos adormeció. Me pusiste una flor en el pelo, y me diste tu último beso.

Ophélie García-Badell