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Antón Castro

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FIDEL SEBASTIÁN EDITA Y EXPLICA LAS CLAVES DE TERESA DE JESÚS

FIDEL SEBASTIÁN EDITA Y EXPLICA LAS CLAVES DE TERESA DE JESÚS

[Hoy, exactamente hoy, 28 de marzo de 2015, se cumplen cinco siglos exactos del nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila o Teresa de Jesús. Hoy en Heraldo.es se publica una amplia entrevista con el filólogo Fidel Sebastián Mediavilla, bilbilitano nacido en 1948, que es el editor del 'Libro de la vida' (RAE / Galaxia Gutenberg). Aquí está la entrevista por entero.]

 

¿Qué significa la figura de Teresa de Jesús en la literatura española?

Es una de sus cumbres. Afirmaba fray Luis de León que dudaba que existiera en nuestra lengua quien se pudiera igualar a ella en la forma del decir y en la pureza y facilidad del estilo. Si en Cervantes admiramos la perfección en el uso del español ya hecho, en santa Teresa nos deleita la maestría en un castellano que aún se está haciendo.

 

¿Cómo se explica su vocación tan temprana, esa pasión por el martirio, por jugar a eremitas, esa obsesión por Dios?

Su vocación fue más bien tardía, según los parámetros de su tiempo: no ingresó en el convento hasta los veinte años, después de resistirse lo que pudo a la llamada interior. Su vocación por lo grande y arrojado se forjó al contacto con los libros de santos y de caballerías que leía a la par, y con el ejemplo de sus hermanos varones que embarcaron armados para las Indias o se batieron con los tercios españoles en Italia. Al tiempo de aprender a leer, seguro que atrajeron su mirada y despertaron su imaginación y deseos unas viñetas muy expresivas sobre la Pasión de Jesús que venían al principio de las vidas se santos (el Flos sanctorum) que manejaba.

 

Su vida tiene algo de relato inverosímil: por ejemplo esa fuga de casa para ingresar en un convento o esa parálisis de casi dos años. ¿Cómo se explica? ¿Qué hay de realidad y de leyenda?

La fuga de su casa a los veinte años se explica porque de esta manera evitaba a su padre viudo tomar una decisión que le costaba sobremanera. De hecho, al día siguiente de la escapada, el padre se presentó en el convento para negociar la dote que habría de aportar para el sostenimiento de su hija. La parálisis es un hecho: lo cuenta ella misma en el Libro de la vida y lo cuentan sus compañeras. Hay diversas hipótesis acerca de las causas. El hecho es que se produjo después de estar sometida a un cruel tratamiento a base de purgas por la curandera de Becedas y un posterior colapso que la hizo pasar por muerta durante tres días. Contaba entonces veinticuatro años.

 

¿Quién la curó en realidad: su fe, San José (?), una hechicera? ¿Cómo se explica su recuperación?

Ella misma cuenta que, habiendo fallado los médicos de la tierra, se encomendó a los del cielo. Se lo había pedido a san José y le quedó muy agradecida. En toda Ávila corrió la voz de que se trataba de un milagro y menudearon las visitas al monasterio de la Encarnación para ver a la curada. El hecho es que, después de estar tres años postrada en un cama, empezaba a moverse, y a caminar a gatas.

 

Hay un momento en que parece que se va a inclinar por la vida más mundana. ¿Qué le lleva a cambiar de opinión?

Dios la favorecía en la oración con vivencias muy intensas. Por otra parte no sabía negarse a recibir a las muchas visitas que la venían a ver, y esto la disipaba: se debatía entre el coro y el locutorio. Esto le causaba una tensión que pensó superar eliminando la oración mental. Más tarde reconocería que este fue el mayor peligro que pasó en su vida, y recomienda que no la abandone nadie que haya empezado a tenerla, por mal que se esté portando, porque es el medio más eficaz para poderse enmendar.

 

¿Cuál es la aportación del 'Libro de la vida', que redactó en dos ocasiones y completó la segunda edición a los 50 años?

Lo escribió para sus asesores porque buscaba por encima de todo la verdad, y quería saber con certeza si andaba bien con su modo de hacer oración, en la que menudeaban los fenómenos místicos que Dios le daba sin ella buscarlos. Lo escribe con intención de anonimato, por lo que evita nombres o detalles que la puedan identificar si el libro escapara de las manos de sus destinatarios. El resultado es una obra maestra de la literatura en general, y de la mística en particular; un retrato humano y psicológico donde se han inspirado los más altos creadores artísticos y donde han encontrado un banco de pruebas los analistas de la salud física y mental.

 

Háblenos de esas visiones del Cristo resucitado, de los ángeles. ¿Se podría entender eso en alguien que no sea un místico?

Parece, por la historia, que también las han tenido ocasionalmente personas que no han alcanzado la santidad. Santa Teresa, en todo caso, insiste en que no está la santidad en tener visiones ni revelaciones. Ella no las quería, y pidió a Dios que se las quitara, sobre todo cuando estaba delante de otras personas: no quería llamar la atención ni que la tuvieran por santa. No obstante, todo lo que Dios le mandaba lo agradecía. Tenía por regla segura no guiarse por esas visiones (donde podría ser engañada por sí misma o por el demonio), sino por lo que dispone la Iglesia para todos y de lo que le mandaban sus confesores.

 

Otro asunto que describe con precisión es la levitación. ¿Era verdadera o era soñada?

Cuenta en el Libro de la vida que algunas veces, en oración, se elevaba todo su cuerpo; pero –precisa—“esto ha sido pocas”. También lo cuentan las testigos, aunque ella les mandara que no lo dijeran. Para evitar que lo notasen, si estaba en la iglesia, pedía que la sujetaran, o se tendía en el suelo. Pero pidió a Dios que no le diese levitaciones en adelante, y no las tuvo más.

 

¿Cuáles serían los principios fundamentales de Teresa? ¿Sus ideas, su poética, por decirlo así? [Aquí te invito a decir cuatro o cinco cosas en breve para un lector de calle]

Santa Teresa participó de las inquietudes espirituales de su tiempo que buscaban un modo de vivir la religión más interior: en concreto la práctica del recogimiento, de la oración mental. En su caso, frente al derrotero que tomaron los luteranos o los alombados, Teresa se atenía siempre a la autoridad de la Iglesia, como criterio seguro. Muy amiga de los libros (para entretenerse, cuando pequeña; para nutrir su oración, de mayor), lamentó mucho la prohibición (arbitraria y transitoria) de muchos de sus autores preferidos, pero Dios, según ella cuenta, le dijo que Él le daría libro vivo: empezó a tener vivos coloquios con la Humanidad de Cristo, y a verle a veces con los ojos del alma. Teresa supuso una cumbre en la mística y es maestra en el conocimiento de Dios por experiencia. Para ella, la piedra de toque, con todo, era la Sagrada Escritura y lo que le decían los teólogos competentes. De su oración salían sus decisiones y sus libros. Escribió, aparte escritos sueltos, diez libros importantes, y fundó en quince años diecisiete conventos de monjas y dieciséis de frailes. Y, antes de morir, pudo ver su fundación, el Carmelo Descalzo, dotado de jurisdicción propia, con independencia de los calzados.

 

¿Qué vínculos tiene con San Juan de la Cruz [y con el quietismo]?

Santa Teresa, después de emprender la reforma de las monjas, entendió que necesitaba el apoyo de frailes de la misma institución, y encontró en fray Juan de la Cruz el primer candidato adecuado, que llevó tan a la perfección su espíritu de reforma. Tuvieron largos coloquios, en que ambos se enriquecían de las profundidades de la oración del otro. San Juan de la Cruz fue el hombre que la santa escogió, cuando tuvo que volver, por obediencia, al monasterio de la Encarnación como priora, para que hiciera de confesor de aquellas monjas, y las llevara por caminos de contemplación. De allí salieron muchas monjas para los carmelos descalzos de la madre Teresa. Literariamente, san Juan de la Cruz es el primer poeta en español, sin lugar a dudas. En la mística, comparte podio con la santa.  

 

¿Cuál ha sido su trabajo específico en este libro?

En primer lugar, fijar el texto, a partir del manuscrito autógrafo que se conserva en El Escorial y revisando las ediciones impresas anteriores. Se han resuelto algunas erratas que se arrastraba desde la primera edición. Se ha devuelto el sentido y la coherencia a frases que quedaban inacabadas o que presentaban irregularidades sintácticas: hay que tener en cuenta que la santa no puntuaba prácticamente sus manuscritos, y que el personal de la imprenta donde se estampó por primera vez hizo lo que pudo, puntuando muchos pasajes difíciles inadecuadamente (todas estas divergencias se justifican en el “Aparato crítico”). Mis estudios sobre la puntuación en el Siglo de Oro español me han servido mucho  en este empeño. Por otra parte, por primera vez se anota exhaustivamente el texto, con todas las aclaraciones que el lector necesita sobre el contexto cultural, social, espiritual y filológico. La notas se estructuran en dos niveles: a pie de página, lo que se considera indispensable para el buen entendimiento de lo que refiere el texto; en un apartado específico de “Notas complementarias” lo que el erudito o el curioso quiera saber más acerca de ello. Los estudios que acompañan al texto ofrecen al lector el estado de la cuestión a día de hoy respecto a la crítica histórica y literaria y a los diferentes aspectos de la investigación sobre la santa y su obra. Dos índices, uno onomástico y otro de notas, permite buscar fácilmente aquel asunto sobre el que se quiere consultar.

 

¿En qué medida la persiguió la Inquisición? ¿En qué dificultades reales le puso?

La Inquisición no la persiguió en ningún momento. Tan solo, el Libro de la vida fue retirado para examen, a partir de una denuncia de parte de la princesa de Éboli, que actuó por despecho cuando la santa decidió que sus monjas abandonaran el monasterio que ella les había regalado y en el que no dejaba de interferir. Fue una suerte, porque el escrito se conservó estupendamente hasta que se fue a buscar doce años después para ser impreso, y poco después, reclamado por Felipe II, colocado en lugar de honor como reliquia en la biblioteca de El Escorial. Una denuncia con poco fundamento y menor sustancia de una novicia que entró con ínfulas de señora y de santa en el monasterio de Sevilla, y que hubo de salir de él porque no servía para descalza, motivó un interrogatorio a la santa y a otras religiosas, resolviéndose en nada. Tanto la denuncia de la de Éboli como la de Sevilla apuntaban maliciosamente al modo de hacer y enseñar a hacer oración de recogimiento, como si tuviera que ver con la desviación del quietismo o alumbradismo, que era la máxima preocupación, por entonces, de la Inquisición.

 

¿Qué otros libros le parecen capitales para conocerla?

El fundamental es este, que ella llamaba a veces “mi alma”. Naturalmente, se expresa también toda su intimidad en las “Cuentas de conciencia” que escribió antes y después del Libro de la vida para sus confesores. Y las cartas, que es un terreno sobre el que queda pendiente llevar a cabo una tarea de edición que las comente adecuadamente. Por lo demás, todos sus libros son importantísimos. La cumbre literaria y espiritual de ellos la constituye el Castillo interior también llamado Las moradas.

 

¿Cómo definiría su estilo, su vocabulario, su modo de escribir?

Su estilo es la sencillez. Escribe como se habla; como hablaba una hidalga castellana vieja del siglo xvi, que había leído mucho y que estaba acostumbrada a hablar y escribirse, del rey abajo, con todos. Tengo comprobado que aprovecha y, sobre todo, place mucho más leerla en voz alta. Mejor: oír que la leen bien. No se olvide que tanto ella, como Cervantes, por ejemplo (que también procuraba escribir como se habla), vivían en un medio cultural en el que lo más común era la lectura en voz alta; en parte, porque eran pocos los que sabían leer; y en parte por hábitos culturales y sociales como las reuniones familiares para leer o las lecturas en común de los refectorios.

 

Leyendo tus estudios, parece una obsesa de las fundaciones de conventos... ¿Con qué objetivo?

Al principio no pensó sino en fundar un monasterio donde se viviera la regla del Carmen como la vivieron los primeros carmelitas en Palestina, en pobreza y silencio y meditación, siendo pocas. Luego, cuando el general de todos los carmelitas la visitó en el recién fundado monasterio de San José, la animó a fundar tantos cuantos pudiese con el mismo espíritu. Y ella obedeció a su superior y a Dios, que le empujaba a ello en su oración. Pensó que era cuanto ella podía hacer para ayudar con sus oraciones a los que trabajaban por escrito y de palabra en defensa y propagación de la religión. Luego sería ella misma la que pediría al general que le permitiera fundar monasterios de hombres que las pudieran confesar y gobernar con su mismo espíritu, y así comenzaron los frailes descalzos, extendiéndose prodigiosamente por toda España y saltando fuera de España antes de acabar el siglo.

 

Teresa le ha interesa mucho a la literatura, al cine, al teatro, a las jóvenes generaciones: Ray Loriga, Espido Freire, Carolina Morales, entre otros. ¿Qué tiene esta mujer de particular, por qué ejerce esa atracción hacia nuestros contemporáneos?

Teresa ofrece muchas facetas que pueden atraer la atención de diferentes sensibilidades: la escritora, la mística, la fundadora, la doctora. Desde el mismo momento de su muerte empezó a abastecer de materia a poetas como Góngora, Argensola o Cervantes; a Jacint Verdaguer, Gabriel y Galán o Manuel Machado; a dramaturgos como Lope, Catulle Mendès o Eduardo Marquina; a novelistas como Ramón J. Sender, Olaizola, Bárbara Mújica o Sánchez Adalid. Y todos los que Vd. cita más arriba y tantos otros más que ahora, con motivo del V Centenario están presentando nuevas obras de su producción.

 

Una última cuestión: Fernando Delgado, en su próxima novela, fabula acerca de la relación de amor entre Teresa y Jerónimo Gracián. ¿Se sabe algo real?

Es un disparate. En el estudio que acompaña a mi edición cuento toda la historia de cómo unas monjas inquietas del monasterio de Sevilla, después de que se hubo marchado la santa, a instancias de los calzados y con la connivencia de su problemático confesor, denunciaron no solo que hubo trato carnal entre la madre y Jerónimo Gracián, a quien llevaba nada menos que treinta años (tenía la santa entonces sesenta y tres) sino que Teresa había tenido varios hijos que había despachado para América con la colaboración de su hermano Lorenzo. A pesar del absurdo, la cosa hizo ruido en Sevilla. Finalmente, una de las causantes se desdijo y la Inquisición acabó no tomando en consideración las acusaciones, sin abrir siquiera las diligencias. Lo que es cierto es que la sintonía y el aprecio mutuo entre la fundadora y el que sería primer provincial de la descalcez fue altísimo, como revelan los escritos de una y otro. Confío poder editar próximamente la vida del padre Gracián escrita por él mismo, ciertamente ejemplar y apasionante.

 

El retrato de Teresa de Jesús, mejorado, lo tomo de François Gerard.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9c/Teresa_of_%C3%81vila.jpg

Lo publicado hoy en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/03/28/teresa_jesus_una_las_cumbres_las_letras_espanolas_348215_308.html

EL 'BÉCQUER' DE RUBIO Y PALOMO

EL 'BÉCQUER' DE RUBIO Y PALOMO

Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1834-Madrid, 1870) es un poeta lleno de hojarasca y de tópicos. Esa imagen de escritor del amor, enfermizo, que fallece de tuberculosis es completamente inexacta. Jesús Rubio Jiménez lleva más de un cuarto de siglo estudiando la vida y la obra del poeta y de sus familiares, y concluye que murió de pulmonía. Dice en la nueva edición de ‘Rimas. Leyendas y relatos orientales’ (Fundación Lara. Colección Clásicos Andaluces, que dirige José Lara Garrido), que se acaba de presentar en Madrid: “La enfermedad que lo llevó a la tumba fue una bronquitis cogida en el trayecto de la Puerta del Sol a su casa en Claudio Coello sentado en la terraza descubierta de uno de los nuevos tranvías tirados por caballos que hacían el recorrido y de los que por cierto acababa de proporcionar información la revista ‘Madrid moderno’. Fueron los días más fríos vividos en Madrid en mucho tiempo”. Añade en su límpida biografía, basada en textos administrativos y en las escasas cartas del poeta, que el día de su entierro, en la Sacramental de san Lorenzo, “el sol, que había palidecido ligeramente por un eclipse el día de su muerte, ya había recobrado su brillo habitual”.

Esta nueva edición está llena de novedades. María del Pilar Palomo, que había editado el ‘Libro de los Gorriones’ en 1977, ordena de nuevo las ‘Rimas’ y explica la complejidad del vate sevillano: afirma que su labor poética es un acto de lucidez, de conciencia y no un desahogo sentimental. Bécquer tenía la visión de la poesía como amada y del poeta como amante. Fue un poeta de insatisfacción permanente, que intentaba dominar y domar el lenguaje y que fue un teórico de la poesía, “su auténtico amor inalcanzable”.  Para Pilar Palomo, Bécquer “intentó expresar la belleza y el sentimiento del mundo a través de la poesía y la razón. Y de ahí deriva su modernidad: es un poeta popular, moderno y de gran profundidad”. Asimiló diversas tradiciones: los ecos del Renacimiento, el romanticismo alemán, la poesía popular andaluza. María del Pilar Palomo, que estuvo dos años en la Universidad de Zaragoza, donde contó con alumnos como el poeta Ángel Guinda, ha reordenado las ‘Rimas’ (que habían adulterado sus amigos) y les ha dado coherencia y una lectura simbólica más precisa. Sitúa al escritor sevillano, tan vinculado con el Moncayo y con Veruela, a la altura de Charles Baudelaire, Mallarmé o Arthur Rimbaud. “Sus campos semánticos fueron la luz, el aire y el pensamiento”.

Jesús Rubio Jiménez ha estudiado a casi toda la familia, al padre Joaquín y al tío José del escritor, ha editado a Bécquer en varias ocasiones, ha dirigido la revista ‘El gnomo’ y ahora trabaja en un proyecto muy ambicioso ‘Valeriano y Gustavo Adolfo. Vidas paralelas’. Dice: “En la introducción del volumen, lo que he hecho es ajustarme a los datos. En cierta forma, intento deconstruir al personaje para saber quién era de verdad y recompongo su biografía a partir de los documentos. Me alejo de los testimonios de sus amigos, que ofrecieron tantas manipulaciones e idealizaciones”, señala.

Se especuló mucho con los amores de Bécquer; Rubio es preciso: “Hay que acabar con la leyenda y con la visión ‘angelizada’ del poeta. Solo hay dos mujeres en su vida: Julia Espín, de la que se sabe muy poco, y su esposa Casta Esteban, de la que se separaría. En cambio, hay algo muy importante: su faceta de periodista, de escritor de periódicos, determinante”. Bécquer lo fue todo en la prensa: desde redactor de un suelto, de una necrológica, de reportajes y crónicas hasta director de una cabecera y, también, un creador de ficciones en el periódico, algo que se analiza al estudiar sus ‘Leyendas’ y los relatos orientales. “Por ejemplo, una historia como ‘El caudillo de las manos rojas’, heredera de los testimonios de los viajeros a Oriente y de los ecos de ‘Las mil y una noches’, tuvo hasta tres versiones. Las ‘Leyendas’, por otra parte, tienen un gran atractivo para los estudiosos de la literatura fantástica moderna, que lo consideran un clásico del género”, resumió Jesús Rubio. 

 

*Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, realizado por su hermano Valeriano en 1862.

JUANCHO PONS Y EVA COSCULLUELA, PRESIDENTE Y VICEPRESIDENTA DE CEGAL

JUANCHO PONS Y EVA COSCULLUELA, PRESIDENTE Y VICEPRESIDENTA DE CEGAL

LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE GREMIOS Y ASOCIACIONES DE LIBRERÍAS (CEGAL) RENUEVA SU JUNTA DIRECTIVA

[Nota de CEGAL] La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías, en las elecciones celebradas el pasado día 23, ha renovado su junta directiva. La composición de la nueva junta es la siguiente:Presidente: Juancho Pons (Librería Pons, Zaragoza). Vicepresidenta: Eva Cosculluela (Librería Los Portadores de Sueños, Zaragoza). Tesorero: Juan García (Librería Anabel, Valverde del Camino, Huelva). Secretario: Pedro González (Librería Hipérbole, Ibiza). Vocal: Antoni Daura (Librería Parcir, Manresa). Vocal: Nacho Larraz (Librería El Cresol, Valencia) Vocal: Alvaro Manso (Librería Luz y Vida, Burgos). Vocal: Ricardo Martínez (Librería Fábula, Madrid). Vocal: Zaida Pérez (Librería Liberespacio, Madrid). Vocal: Pilar Pérez-Canales (Librería El Espolón, Burgos). Vocal: Antonio Rivero (Librería Canaima, Las Palmas).

Este nuevo equipo afronta este reto con ilusión y con el objetivo de trabajar para fortalecer el gremio de libreros. Queremos que las librerías tengan presencia en la vida de los ciudadanos, que sean consideradas como alternativas de ocio y queestén integradas en las rutinas de compras habituales. La nueva directiva trabajará duro para que así sea y se esforzará en recordar que las librerías son el mejor lugar para comprar libros.

CEGAL está desarrollando proyectos muy valiosos que esta junta quiere reforzar. Estamos muy orgullosos de haber puesto en marcha iniciativas como la web "Todostuslibros", que permite obtener información bibliográfica y saber en qué librerías hay existencias de un título; el "Club Kirico", que anima la lectura entre los más jóvenes, realiza selecciones temáticas y que reúne más de 96 librerías que trabajan la literatura infantil de calidad; la web "Los libreros recomiendan", que ofrece recomendaciones semanales realizadas por los propios libreros y una selección mensual con libros destacados; el premio "Librería Cultural" que distingue el buen hacer de las librerías que, más allá de su faceta comercial, tienen un marcado perfil de dinamizadoras culturales; "Zona Cómic", una web con información sobre cómics elaborada por libreros especializados; o el "Día de las librerías" que celebramos en noviembre como un reconocimiento a nuestro oficio.También se han puesto en marcha en los últimos años herramientas que facilitan la gestión diaria de las librerías, como Cegal en Red, las normas CSL o la implantación de los estándares de transmisión de datos SINLI. Hemos promovido estudios como el "Mapa de Librerías", el "Barómetro" y el "Observatorio de librerías", que retratan el panorama actual que viven nuestros negocios.

En este tiempo que ahora empieza, la nueva directiva de CEGAL tiene como objetivo fortalecer los proyectos en marcha, impulsar otros nuevos y, sobre todo, estar al servicio de los libreros y de los gremios locales.La nueva Junta Directiva quiere agradecer a la directiva anterior, y de manera muy especial a su presidenta Pilar Gallego y a su secretario Juan Miguel Salvador, su trabajo y su implicación personal por el gremio. Nos atrevemos a decir sin temor a exagerar que Cegal no estaría viva ahora mismo sin el buen hacer de Pilar Gallego y de Juan Manuel Salvador estos dos últimos años, una época difícil que ellos consiguieron superar.

CEGAL representa a 1600 librerías de toda España y está a vuestra disposición para todo aquello que necesitéis.Podéis contactar con nosotros en el teléfono 91 5 33 64 07, o por correo electrónico: cegal@cegal.es

PREGÓN DE LA XI FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA, 2015

PREGÓN DE LA XI FERIA DEL LIBRO VIEJO Y ANTIGUO DE ZARAGOZA, 2015

PREGÓN

 

El canto libre del tiempo: memoria y palabra

 

Antón CASTRO

El primer libro que compré en mi vida fue por correo. Debió de ser hacia 1975 y a través de una revista, quizá fuese el As Color de los miércoles, ofrecían Humillados y ofendidos de Dostoievski, Salambó de Gustave Flaubert y Papá Goriot de Balzac por 199 pesetas. Acababa de ver en televisión una pequeña serie sobre la obra de Dostoievski, con Inma de Santis y Ramiro Oliveros en el reparto, y otra sobre la obra de Balzac con un Carlos Lemos genial. Casi por entonces, tuve un profesor, Xosé Toba Quintáns, que nos daba lecciones de literatura con sus apuntes manuscritos de la Universidad de Santiago. Le apasionaban Ernesto Sábato, especialmente Sobre héroes y tumbas, y García Márquez. Nos dijo: «Es bueno que vayáis a una librería. Un libro es como una puerta al mar».

La frase podría parecer inventada, pero no lo es: él era de Muxía y nos recordó otro detalle que entonces me pareció ideal. En su pueblo transcurría La hija del mar de Rosalía de Castro, que había pasado una temporada muy cerca del Santuario da Virxe da Barca, donde las olas son como deshilvanados gigantes de espuma; había estado con la hermana de Eduardo Pondal, el bardo galaico-céltico de la Costa de la Muerte que Ángel Petisme sacó en su canción Golpes de mar. Decidí hacerle caso: fui a la librería más famosa de A Coruña, Arenas, que aún existe en los Cantones, y compré la edición de Círculo de Lectores de Cien años de soledad. En aquel agosto de 1976 leí la novela cinco o seis veces: yo era un zagal de aldea y aquella me pareció una experiencia increíble. La literatura podía ser eso: una puerta abierta al mar, a la imaginación, a la aventura, a la historia, a la reflexión; podía contener historias fascinantes, historias que parecían contadas por mi abuela Emilia. La literatura era una puerta abierta al mar y a algo un poco indeterminado para mí entonces: el deseo y el sexo. Releía con pasmo absoluto aquella noche de amor de José Arcadio, el hermano del coronel Aureliano Buendía, con una gitana y me parecía que salía de la novela el vago olor de lodo o salobre de la tierra, de la lluvia, de la carne estremecida como si el mundo estuviese a punto de deshacerse para siempre.

Aquel libro fue una revelación. Y una pesadilla. Y un sortilegio, que me condujo a otros libros. Debo citar especialmente tres: Rimas y leyendas de Bécquer, que aún me acompaña, otra invitación a soñar, a viajar en el tiempo, a enamorarme de palabras como montería o rayo de luna; una antología de prosa, poesía y teatro de Lorca, en Círculo de Lectores, que fue como una conmoción, empezando por el léxico. Si García Márquez me mandaba directamente al terreno de la incredulidad, Lorca me envió al diccionario. Recuerdo que anotaba, a lápiz, con impoluta caligrafía entonces, palabras que parecían brotar del hechizo: pámpanos, nardo, polisón, miriñaque, adelfa, arrayán, o algo que parecía más terrible como sarmentosa por calentura de varón. Y el tercer título fue El extranjero de Albert Camus: la historia de un extraño ante sí mismo, ante la vida y el sol, y ante la muerte de su madre. Ese libro es, en algún instante de nuestra existencia, un perfecto autorretrato. Todos nos sentimos desconocidos alguna vez ante el espejo.

 

A partir de entonces, me hice visitante asiduo de las librerías, y amplié los establecimientos: Lume, sobre todo. Más tarde, Couceiro y Follas Novas, de Santiago de Compostela. En el verano de 1978 iba a marcharme de mi casa siempre. Me dije: «Si muero joven, como los poetas, no habrá ningún testimonio de mi paso por la tierra». Di un paseo de seis horas por un bosque y escribí 36 poemas breves, a la manera de Diario de un poeta reciéncasado de Juan Ramón Jiménez, un libro que compré en una librería de viejo y ocasión que instalaron por poco tiempo en la plaza de Pontevedra.

Como la de muchos de ustedes, mi vida se construyó con lecturas, con libros, con autores, con quimeras. Y, con el magisterio constante de libreros que leían, que amaban los libros, que contagiaban pasión y hechizo por los escritores y sus circunstancias. Los libros son democráticos: responden a una idea de fraternidad universal indiscriminada. No importa que sean grandes, medianos o pequeños, rojos, grises o negros, alargados, rectangulares o cuadrados, no importa el tipo de letra, el diseño, la portada, la textura, el olor, el uso. No importa en lo esencial, aunque la forma sirve para hacer legible el contenido, el texto, esa caligrafía de conocimiento y emoción. Sean como sean, objetos impecables para las almas y las conciencias, tratados de material sensible, los libros enamoran, enseñan, detienen, envuelven, informan, desanudan el hilo de los sueños, abren las puertas condenadas, eliminan rejas a cualquier prisión, son pájaros de papel. Aves de libertad. El canto libre del tiempo: memoria y palabra.

Cuando llegué a Zaragoza en septiembre de 1978, como muchos otros, empecé a frecuentar Librería Pérez en el Tubo: allí me hice asiduo de uno de mis géneros favoritos. Las biografías. Y adquirí, lo recuerdo bien, una biografía ilustrada de Greta Garbo. Me volvió loco. Uno de los primeros sueños literarios que tuve fue redactar la biografía definitiva de Greta Garbo; luego acumulé muchos libros para hacer lo propio con Luis Buñuel, con Ramón María del Valle-Inclán, la pianista Pilar Bayona, el escultor y pintor y periodista Ramón Acín o Urbano Lugrís, el artista del mar.

Inocencio Ruiz Lasala fue un maestro para mí. Un incitador al que costaba ponerlo de tu lado. Exigía estratagemas de conquista: te examinaba de curiosidad y formación. Le compré muchos libros; por ejemplo, una amplia selección de volúmenes de Akal, que debieron salvarse de un incendio. Y aquel Rilke en España, de Jaime Ferreiro Alemparte, que me ha acompañado siempre. Después de Inocencio, o casi a la par, me habitué a otros lugares y otros libreros: Muriel, Contraseña, Pórtico, Gómez Pastor, Gacela, Hesperia, la Librería General, donde robé un Hacia un teatro pobre de Jerzy Grotowski en una época en que quería ser director teatral y dramaturgo. Salí corriendo y creo que aún no he dejado correr por la mala conciencia.

Desde entonces no ha cesado mi pasión por los libros. No soy bibliófilo, soy un lector entusiasta. He hecho microbibliotecas, desordenadas e incompletas, de casi todo: de las Olimpiadas, de boxeo, de cuentos de fútbol, de bandoleros, de bestiarios, de historia del libro y de la lectura, de sirenas y hadas, de epistolarios, de mujeres escritoras, de álbumes ilustrados, de crímenes y, por supuesto, del mar: durante años coleccioné libros del mar en la poesía, y más específicamente de ballenas.

He hecho modestos anaqueles de Borges, Cortázar, Mercè Rodoreda, Kafka o de William Shakespeare, por ejemplo, y eso significaba comprar todas las traducciones de sus libros, en español, en gallego, en portugués... Fue mi escritor preferido antes de que lo suplantasen Borges, Marguerite Yourcenar, Isak Dinesen, Mercè Rodoreda y, por supuesto, Miguel Torga, Ramón José Sender y Bécquer, que es un autor aragonés nacido en Sevilla con el que me reencontré en Veruela. A veces me sorprendo a mí mismo pensando cuántos libros he querido escribir, cuántos autores me han embrujado, cuántos fotógrafos me están esperando. Soy fetichista, me apasionan las dedicatorias, las rarezas, los catálogos de artistas, las ediciones ilustradas, los cuentos infantiles, las enciclopedias y los diccionarios. Y las compilaciones de reportajes y entrevistas. Soy periodista porque leí cuando era cajero de bingo Inventario de otoño de Manuel Vicent.

Los libros han sido una incitación, un estímulo, una travesía y una forma de vivir en constante desvelo y en la mejor compañía: con los autores, los editores, los distribuidores, los impresores y con los libreros. Ahora ya son otros: Antígona, Cálamo, Pórtico, Los Portadores de Sueños, París, Pons, Librería Central, Prólogo, Luces de Bohemia, ... Merecen un cariño especial los libreros de viejo: son los depositarios de un arsenal infinito de tesoros que rescatan del olvido, que miman y comparten. «Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu», ha escrito Borges, que se confesó «incapaz de imaginar un mundo sin libros». El libro es una forma continua de felicidad. Siempre podemos encontrar cualquier cosa en su interior. Un murmullo, un misterio, una voz necesaria; de día y de noche, las páginas y sus criaturas cuchichean. El libro es uno de esos objetos perfectos que nos deslumbran y que nos sojuzgan: por su contenido, por su continente, por su épica sigilosa, porque nos llevan de paseo hacia la realidad de cada día y hacia las estrellas. Ya está aquí el libro digital y su auténtico sueño es alcanzar la escultura sensual del papel.

Quiero dar aquí fe de tres de mis volúmenes favoritos: el Latassa en tres tomos, que me consiguió nuestro inolvidable Félix Romeo Pescador, la primera edición de Poeta en Nueva York, de García Lorca, que me trajo de Argentina el rapsoda Luis Felipe Alegre y la primera edición, ilustrada por Timoteo Pérez Rubio, de La voz apasionada de Julio Alejandro de Castro, que me regaló el bibliófilo José Luis Melero. El libro, como ven, también es una hermosa proyección de la amistad. 

 

*La foto es de André Kertész.

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

ÁNGEL GRACIA: SOBRE 'CAMPO ROJO'

[Heraldo.es, dirigido por Esperanza Pamplona, publica hoy esta entrevista con el escritor Ángel Gracias. La foto es Heraldo.es]

 

“Todos los chavales sienten miedo”

“No existe nada más tremendo que la realidad”

 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

Ángel Gracia (Zaragoza, 1970) es poeta y narrador. Acaba de publicar ‘Campo rojo’ (Candaya), una novela de infancia sobrecogedora y salvaje que sucede en un territorio de suburbio que parece “un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos”. Allí se mezclan la violencia, el insulto o la desesperación con la obsesión del sexo y el pegamento. El libro acaba de presentarse en la FNAC.

¿Cómo nace ‘Campo rojo’? ¿De qué recuerdos o dolorosas experiencias nace? 

Desgraciadamente, todos hemos tenido alguna experiencia, ya sea como víctimas o como verdugos, marcada por la violencia. Todos hemos sido testigos de escenas injustas que no hemos intentado o no hemos sabido detener. No hay nada más terrible que ver a varios niños pegando a otro en el patio de un colegio o un grupo de niños insultando a otro por la calle. He escrito esta novela, ‘Campo rojo’, pensando en aquellos que alguna vez han sentido en sus carnes la barbarie de los brutos. La he escrito para situarme del lado de los solitarios, de los marginados, de los diferentes que nunca han podido o querido formar parte de la manada. 

-De entrada, parece una novela coral, pero es importante, muy importante Cuatroojos o El Gafarras... ¿Es el retrato de un crecimiento difícil, de un incomprendido, en un mundo de supervivientes?

Sí, es una novela coral con dos bandos aparentes: los verdugos y sus víctimas. Sin embargo, el conflicto más inquietante surge cuando uno de los matones “cae” y se convierte también en víctima, o cuando una de las víctimas alza la cabeza y se convierte en un verdugo aún más cruel por su afán de venganza. El Gafarras, como otros muchos, sobrevive a duras penas bajo ese fuego cruzado. Elabora mentalmente listas de los chavales más débiles para saber qué lugar ocupa él y cuándo llegará su turno de recibir una paliza.

¿Existían infancias tan tremendas o ha querido mirar hacia el tremendismo?

Existían y existen infancias tan duras como las que narro. Si soy sincero, he intentado suavizar la narración para no herir la sensibilidad del lector. La novela se sitúa a principios de los años 80. Entonces todavía no se había acuñado el término “acoso escolar”, pero claro que había violencia en todos los ámbitos, agigantada por los conflictos sociales de la época (paro, drogadicción, etc.). En la actualidad hay una mayor sensibilidad social contra el maltrato infantil. Los medios muestran con frecuencia el drama de muchos niños y adolescentes que sufren acoso dentro y fuera del colegio. Casi todos llevan esas heridas en el alma el resto de sus días. Otros no pueden soportarlo y dan fin a su vida. Nada más tremendo que la realidad.

¿Qué falla en la educación para que se dé un ambiente tan desesperado y violento?

La violencia en el ámbito escolar no es un hecho aislado de la sociedad. Siempre hay personas (casi siempre varias) maltratando a otra (casi siempre una que está sola). En el trabajo, en el familia, en la iglesia, en el ejército. Lo que sucede en la escuela es aún más doloroso porque implica el sufrimiento de seres inocentes, mentes todavía en construcción. Es verdad que el ambiente cerrado e irrespirable del colegio fomenta la violencia de los machitos, pero ellos solo reproducen los esquemas que viven a diario en sus familias y en el resto de la sociedad.

¿Entonces?

No creo que haya ninguna solución para anular la agresividad instintiva del ser humano, pero sería bueno que hubiese planes de actuación en favor de los niños que sufren, que no saben a quién o adónde acudir en busca de protección. El silencio de padres y educadores, ese mirar para otro lado, solo sirve para que las víctimas asuman incluso que se merecen lo que les está pasando.

Aquel era un mundo machista, brutal, de impostores, de macarras... ¿Lo vivió de cerca?

Claro que sí. El mundo actual es la consecuencia de aquel mundo. Disfrazados con otros lenguajes, permanecen el machismo, la intolerancia y el matonismo mafioso. Todavía hay quien se echa las manos a la cabeza ante la falta de ética en las instituciones y cuando afloran los casos de corrupción. Aquellos chavales de los 80 están ahora imputados porque ya estaban corruptos cuando eran niños.

¿Qué lugar ocupa el miedo?

El miedo es el eje de la novela. Todos los chavales sienten miedo. Los más cobardes no son las víctimas, sino los chulitos del barrio, por eso crean esa red de poder en torno a ellos, para protegerse. Al grupo de los más débiles se les llama en la novela, con una ironía cruel, ‘Maravillas del Saber’. Son alumnos con un ritmo de aprendizaje diferente, eso los margina y los convierte en blanco de risas. Los pobres viven aterrados, en alerta constante ante un golpe inminente. Solo aquellos que han vivido algo así pueden comprender qué horrible es ese martirio.

Otro tema capital es el sexo. ¿Se vivía con esa crudeza?

El sexo es poder. En la novela, los chavales que llegan a él antes que los demás están revestidos con la aureola de los vencedores. Y el sexo también es violencia, una forma más de sometimiento y humillación, sobre todo a las niñas.

¿Dónde hay cabida para el romanticismo? Lo digo porque sugiere algunos centelleos...

Sí, pero quizás un romanticismo nihilista y desesperanzado. Sin embargo, creo que en la novela no todo es amargura, también hay mucho amor, sobre todo en la familia del Gafarras. Su relación con los padres y los abuelos está llena de ternura y, por tanto, de esperanza. Este amor lo sostiene, es su único aliento.

¿Qué libros ha tenido en la cabeza durante la redacción, qué autores, qué mundos concretos?

En mi imaginario pesan las imágenes crueles del director de cine Michael Haneke, sin duda, pero desde el punto de vista literario me ha influido mucho la mirada violenta de Donald Ray Pollock. También tengo siempre presente a Agota Kristof y su trilogía publicada en España con el título de ‘Claus y Lucas’. Brutal. También leo con inquietud a la perturbadora Elfriede Jelinek, Premio Nobel. Y en España, leo con admiración a Sara Mesa.

¿Cómo se ven los ídolos? Pienso por ejemplo en El Manta...

Los chavales necesitan ídolos. En la novela El Manta es el puto amo porque tiene dos novias. La máxima aspiración de los chulitos del barrio es, como dice uno de los capítulos “follar, follar y follar”.

¿De qué Zaragoza sería metáfora ‘Campo Rojo’?

No he pretendido ofrecer una estampa localista o costumbrista de ninguna ciudad en concreto. El escenario es el suburbio de cualquier ciudad española de principios de los años 80. El Campo Rojo es un descampado lleno de ratas, escombros y cadáveres de electrodomésticos, uno de los espacios míticos de la periferia de aquella época. Es también un campo de batalla y un campo de concentración jerarquizado en verdugos, capos y parias.

Nunca había sido tan descarnado con el lenguaje. ¿Qué dificultades has tenido de todo, de vocabulario e incluso de interiorización?

Un tema esencial del libro es la violencia del lenguaje. Los insultos son también una forma de linchamiento público. No es suficiente con golpear y machacar físicamente, no es suficiente con expulsar del grupo al chivo expiatorio de turno, también hay que denigrarlo verbalmente. Cosificarlo con apodos denigrantes. Reducirlo a la nada mediante las palabras.

B. BALTASAR: LECCIÓN DE FILOSOFÍA

LECCIÓN DE LOS FILÓSOFOS PARA UN FUTURO PERFECTO

Por Basilio BALTASAR

Tomado del blog http://www.elboomeran.com/blog-post/3/15898/basilio-baltasar/leccion-de-los-filosofos-para-un-futuro-perfecto/

 

 

Tres han sido las impetuosas fuerzas que han trastornado a nuestra generación: la inesperada amenaza de la pobreza, el sometimiento voluntario a la opinión ajena y la amarga sensación de haber sido despojados y derrotados.
Más notable y sanitaria será por ello la lectura de Epicteto (55-135) que nos sugiere Errata Naturae y el filósofo francés Pierre Hadot (1922-2010). Vale la pena destacar lo que hay en esta filosofía de manual de uso para una vida imperturbable y meditar un texto compuesto como ejercicio de austeridad tan deliberadamente elegida como inteligentemente celebrada.
El estoico griego nos sugiere algo que hoy adquiere una formidable actualidad: no hay más camino de dignidad que la ausencia de servidumbre. ¿Qué nos esclaviza? se pregunta el filósofo. Ante todo: vivir pendiente de la opinión de los demás. ¿Qué nos humilla? Cultivar deseos que no podemos satisfacer. ¿Qué nos derrota? El afán de gobernar las fuerzas de un destino indescifrable.
La sociedad del espectáculo y del consumo nos ha educado en una quimérica promesa: que podemos satisfacer los deseos y saciar la voluntad. Este alarde nos empuja hacia la más desagradable de las sensaciones: la insatisfacción perenne y la frustración incesante. ¿Nos hace falta aprender alguna otra lección?
Si te conformas con lo que de verdad es tuyo, dice Epicteto, "nadie podrá coaccionarte, nadie podrá obligarte a hacer nada, no harás más reproches, no formularás más acusaciones, no volverás a hacer nada contra tu voluntad, no tendrás más enemigos, nadie podrá perjudicarte y no sufrirás más perjuicios".
Ciertamente, hace falta una perspectiva filosófica, espiritual, para entender la magnanimidad de esta libertad de ánimo (y de ánima). La óptica materialista que han consolidado las tendencias del siglo -los epígonos de la civilización industrial- no concibe semejante soberanía individual. Para hacerla posible, es necesario restaurar el linaje de los hombres libres de la pesadumbre de vivir. Esos que sólo por renunciar, adquieren ya la más alta distinción.

[Publicado el 16/3/2015 a las 14:23]

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es escritor, editor y periodista. Autor de la novela "Pastoral iraquí" (Alfaguara, 2013). Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo

 

*Tomo de aquí la foto de Pierre Hadot.

http://harvardpress.typepad.com/.a/6a00d8341d17e553ef0133ed0559b0970b-pi

 

MIGUEL CARCASONA: UN DIÁLOGO

MIGUEL CARCASONA EXPLICA LAS CLAVES

DE 'UN OJO SIEMPRE PARPADEA'

El escritor Miguel Carcasona acaba de publicar 'Un ojo siempre parpadea' en el sello Tropo de Mario de los Santos Y Óscar Sipán. Lo presentó en la librería Anónima de Huesca y en la FNAC de Zaragoza, en diálogo con el profesor y escritor Ramón Acín Fanlo. Se trata de una colección de cuentos de atmósfera culturalista: el cine, las canciones, los libros, todo ello constituye el paisaje de un libro que explora distintos períodos de la existencia, sin eludir un carácter onírico. Miguel Carcasona es poeta y narrador y fue presidente, durante un tiempo, de la Asociación Aveletra. Reside en Villamayor y desde allí, sin prisa pero sin pausa, alienta y desgrana sus narraciones. Y algunas de ellas, como apuntó ya algún crítico, son deslumbrantes. Aquí explica algunas de las claves de su trabajo.

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/03/13/miguel_carcasona_escribe_como_345199_308.html

MARISA LÓPEZ MOSQUERA CUENTA SU CITA CON JULIAN BARNES

MARISA LÓPEZ MOSQUERA CUENTA SU CITA CON JULIAN BARNES

[Mi amiga la escritora coruñesa Marisa López Mosquera cuenta así de bien su encuentro con Julian Barnes en Galicia, en Compostela, y ese instante de complicidad con la cocina por medio. Aunque la auténtica complicidad, en realidad, fue la literatura. Marisa no solo es una estupenda escritora, compleja, intensa, poética, sino una gran lectora. Y aquí, con sus suaves pinceladas, lo deja patente. Y además, más allá del barniz de la melancolía, siempre tiene un punto de humor y de atrevimiento.]

 

A TIRO DE PIEDRA

 

Por Marisa LÓPEZ MOSQUERA

Fue hace unos días, por sorpresa. Julian Barnes en Santiago, para recoger un premio, a tiro de piedra como quien dice, o al otro lado de una carrera vigorosa (la mía, para llegar a tiempo). Al margen del acto en sí, tedioso y aburrido, pude contemplarle algo más de dos horas y escuchar los escasos cuatro minutos que le concedieron para dirigirse a un público dividido entre escolares, autoridades de postín, padres orgullosos, curiosos y admiradores. Desde donde me encontraba, Julian Barnes se veía imponente. Alto, pausado, exquisito en sus movimientos, ocupó un asiento en primera fila antes de ser el centro del evento en el estrado. Comedido, estoico en el impertinente, largo e inútil bombardeo de flashes y clicks (apenas consta en internet que estuvo en mi tierra recibiendo un premio), seguí sus movimientos desde mi atalaya como quien descifra un mapa. Los cortos tragos de agua, la sonrisa fugaz, su sordera en el oído izquierdo le hacía girar la cabeza continuamente para escuchar con el otro (no pude evitar estremecerme viendo ese gesto y recordé su cuento "Vigilancia", en el que aunque ironiza, airado, con el "allegro" de toses y estornudos del público en un concierto de música clásica, se nota su amor por ésta a través de Shostakóvich, Mozart, Bach..). Los aplausos de sus manos grandes, las que ejecutan el dictado de su mente brillante.

Desde mi rincón seguro para mí era un alma amiga, cómo explicarle cuando al fin lo tuve delante, firmando mi ejemplar de "Niveles de vida", que él estuvo conmigo aquella noche funesta hace unos años, cuando me dormí llorando abrazada a "La mesa limón", tras un intento fallido de distraer mi mente exhausta y abatida por motivos completamente ajenos a él. Cómo decir en un suspiro, un segundo, mientras trazaba unas letras seguras con mi nombre y el suyo en la primera hoja del libro, que desde hace años, cada vez que alguien me daña en lo más vivo recuerdo su cuento "La historia de Mats Israelson". Aquella imagen tan gráfica de que el corazón se parte como la madera. Que en ésta, como en él, lo único que hay que buscar es la veta. Y con un giro implacable, un pequeño movimiento, la madera se parte de un extremo a otro, como nos parten el corazón con un gesto, una palabra, una duda cuando esperábamos una certeza. También movió la cabeza el señor Barnes cuando le dije mi nombre antes de la firma, hacia el oído derecho.

Y entonces nos ví en la cocina, él midiendo las endivias y exclamando enfadado que todas las recetas mienten, en "El perfeccionista en la cocina", yo sentada en una encimera, con un trapo en la mano y harina en la nariz. Le expresé en inglés mi admiración como lectora, le conté brevemente que he leído ocho de sus libros, que de este último destacaría la tercera parte, conmovedora. Y recordé el "Raynaud" que padece (como yo) una mujer en un cuento de "Pulso". La genialidad de "El loro de Flaubert". La interesante "Arthur & George". Miré con ternura su cabello mientras escribía, visualizando en sus libros la eterna dedicatoria "A Pat". Es un hombre mayor. Una mente sensible y brillante. Qué importa que el tiro de piedra fuese realmente media hora en tren, o que mis viajes por sus novelas solo existan en mi imaginación mientras leo. Lo cierto es que puedo vivirlas, respirar el aire de su interior mientras recorro sus cuentos, sentarme junto a uno de sus personajes y compartir un silencio difícil o escucharlo a él, en "Nada que temer" o "Niveles de vida", desgranando sus recuerdos, mientras nuestras piernas se balancean en el tejado de mi mente, cómodamente instalados, a nuestros pies el infinito.

Cuando me devolvió el libro le di las gracias. Nunca sabrá que no estaba agradeciendo la firma, sino que en su día eligiese esta profesión, escritor, para deleite de cuantos le consideramos un referente.