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Antón Castro

Escritores

DOS POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

'De silencio y luz' (Lastura, 2015)

Miguel Ángel Yusta

(Prólogo de Joaquín Sánches Vallés)

 

 

Dos poemas.

 

 

LOS rítmicos compases de la música

-densa nocturnidad de jazz ahumado-–

golpeaban los últimos minutos.

Apurabas momentos de gin tonic

frente a pieles morenas

moviéndose en infiernos de sudor.

Él bebía en tus ojos

lunas del cielo negro de la barra,

a punto de rasgar con su deseo

tu vientre enfebrecido.

Pero de nuevo, envuelta por la noche

dijiste no, y huiste de ti misma.

Tal vez el miedo al sol del nuevo día

paralizó el instinto.

El centinela lienzo de lo oscuro

escoltó tu regreso por las calles desiertas.

Después, entre las sábanas marinas

exploraste, otra vez en la ebriedad,

el húmedo vacío de tus playas.

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

 

 

A la orilla del mundo me aproximo

y lo contemplo entero en este otoño.

Extraigo los colores, las luces y las sombras,

sonidos misteriosos y pálpitos de vida.

Y deseo dormir,

con un sopor eterno

sereno y apacible,

donde no sean claves el tiempo ni el lugar.

Es un dorado exilio

el existir al norte del olvido.

Tan solo unos destellos

que recuerden momentos que afirmaron amores

y amores que acunaron sin cesar los recuerdos.

Vivir, morir en la orilla final,

vestido con la piel del peregrino

que habitado de ausencias

ha recorrido ya todo su espacio.

 

 

*Tomo de aquí esta foto de Michael Somoroff.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0f382ca027b8b31441a81664db0dcfb4.jpg

 

 

PISÓN, PREMIO CÁLAMO: UN DIÁLOGO

PISÓN, PREMIO CÁLAMO: UN DIÁLOGO

LITERATURA. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN. El autor de ‘La buena reputación’ (Seix Barral) recibíA el viernes por la noche el premio Cálamo en el Teatro Principal, junto a Ferrer Lerín y Belén Gopegui.

 

“Los premios que

más valoro son

los de Zaragoza”

 

“Ya no puedo

pedirle más a

esta ciudad”

 

Antón CASTRO

“Después de haber publicado ‘La buena reputación’ (Seix Barral, 2014), en alguna ocasión he pensado que me había pasado de páginas. Redactar más de 500 páginas es un acto de arrogancia y quizá una exigencia excesiva para el lector al que le obligas, más o menos, a que pase muchas horas con tus personajes. Quizá a partir de ahora no vuelva a escribir libros que pasen de las 400 páginas: tengo que ser yo quien ponga antes el fin”, dice Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), recién llegado a Zaragoza para recibir el Premio Cálamo a la mejor novela del pasado año.

¿Por qué cree que escribió tanto?

Porque me interesaban los personajes, sabía mucho de ellos y de su intimidad. Quería contar muchas cosas. Es curioso, porque con ‘Dientes de leche’, una novela donde se cuenta la vida en Zaragoza de tres generaciones de italianos, fui capaz de contenerme.

¿En qué ha cambiado su escritura con respecto a sus libros anteriores?

En algunas cosas. ‘La buena reputación’ es mi libro más decimonónico: quise hacer una novela del siglo XIX de manera consciente, como una propuesta específica. Hasta ahora puede decirse que todos mis libros se movían en dos anclajes: el siglo XIX y muchos autores del siglo XX. Aquí no: rindo homenaje a la narrativa del siglo XIX y reflexiono sobre la tercera personaje, ese narrador omnisciente que le interesa tanto a Tolstói. Como a él, me atraen muchos las historias familiares.

¿Qué le ha sucedido con este libro?

Yo suelo documentarme mucho y también lo he hecho aquí, pero me he permitido fabular bastante. Me he encontrado en mis viajes a Melilla con personajes reales de la novela, con descendientes y con hechos que sucedieron en realidad como si perteneciesen a la ficción que yo había inventado. La fabulación se había hecho real: descubrí que había por ahí criaturas del libro de los que yo estaba hablando, gentes que participaron en operaciones del Mosad (la agencia de inteligencia israelí) o que escalaron jardines y paredes para huir al nuevo estado de Israel.

¿Qué importancia tiene en su libro el incendio del Corona de Aragón del verano de 1979?

Se narra, desde luego. ¡Cómo no vas a darle importancia a grandes acontecimientos que has vivido de cerca! Y ese lo viví: fue una gran tragedia. Mi hermano estaba ahí enfrente y la conmoción también pasó, físicamente, muy cerca de mí. Es algo que todos tenemos en la cabeza. Me ha servido para contar una peripecia de amor inesperado en el hotel.

¿Qué ha supuesto para usted este premio?

Era el que me faltaba de Zaragoza. Me siento muy feliz: los premios que más valoro son los que recibo de mis paisanos y de la ciudad que más amo: Zaragoza. Ya no puedo pedirle más a esta ciudad. Me siento querido y reconocido.

Son muchos los que quieren saber en qué está trabajando...

Soy metódico, ordenado y siempre tengo nuevos proyectos. Acabo de empezar una novela sobre un doble de Demis Roussos...

¿El cantante griego?

Sí, claro. La historia sucede en los años 80, en diversos escenarios, y narra la historia de un hombre, grueso y calvo, que imita a Demis Roussos. En 1985 estaba olvidado, pero de repente fue secuestrado por los terroristas de Hezbollah, en un vuelo de la TWA, y ese pico de gloria también le viene bien a mi personaje. Por ahora no le puedo decir su nombre. El título provisional de la novela es ‘Derecho natural’.

¿Cómo? ¿Por qué ‘Derecho natural’?

Porque la historia la cuento su hijo, que estudia Derecho. Yo hice un curso de Derecho, luego me pasé a Filología Hispánica y, como no quería ser profesor, no me veía dando clases, me fui a Barcelona e hice Filología italiana.

Ha hecho lo contrario que Ferrer Lerín, premiado por ‘Mansa chatarra’ (Jekill&Jill): usted se fue a Barcelona, donde lleva más de treinta años, y él es un barcelonés afincado en Jaca desde hace más de treinta años.

Estoy leyendo su novela ‘Familias como la mía’ (Tusquets) y es realmente divertida. ¡Qué vida ha tenido!

 

*La foto es de Heraldo.es

 

GERARD DUFOUR PRESENTA LIBRO

GERARD DUFOUR PRESENTA LIBRO

[Este jueves, a las 19.30, en la sala Joaquín Costa del Paraninfo, Gerard Dufour, en diálogo con los historiadores Pedro Rújula e Ignacio Peiró, presentatá su libro ’Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso’, que publican las PUZ.]

 

Gerard Dufour, Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2014, colección Vidas, 295 pp.

 

SINOPSIS

Afrancesado de la primera hora, el canónigo de Toledo Juan Antonio Llorente fue el auténtico factótum de José I, a quien sirvió como consejero de Estado, director de Bienes Nacionales, experto en materia de política religiosa, miembro de la Comisión de Cortes, y sobre todo como propagandista con obras entre las cuales destacan sus primeros trabajos sobre la Inquisición. Al seguirle paso a paso desde el mes de mayo de 1808 hasta su exilio a Francia en julio de 1813, vemos cómo funcionaba la corte del Rey Intruso, y los altibajos morales de un hombre movido no solo por la ambición, sino también por el deseo de adaptar a España el modelo de la Francia napoleónica, y cuyo sueño acabó en tragedia.

 

Gérard DUFOUR

Gérard Dufour (París, 1943). Catedrático de civilización española en la Universidad de Aix-Marseille I de 1980 a 2005. Estudioso de la España de los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, se interesó (y sigue interesándose) esencialmente por las relaciones Iglesia/ Estado/ Sociedad, la Guerra de la Independencia y los medios de formación de la opinión pública (sermón y prensa). Es autor de 17 libros y de un centenar y medio de artículos. Destacan Juan Antonio Llorente en France (Ginebra, 1982); Clero y Sexto mandamiento: la confesión en la España del siglo XVIII (Valladolid, 1996) y Goya durante la Guerra de la Independencia (Madrid, 2008) así como sus ediciones de Cornelia Bororquia o la Víctima de la Inquisición (Alicante, 1987; Madrid, 2005) y Moïna o la Aldeana del Mont Cenis (Universidad de Alicante, 2008). Se jubiló en octubre de 2005, pero, como catedrático emérito, sigue formando parte de la Unidad Mixta de Investigación TELEMME, que asocia el CNRS con la Universidad de Aix-Marseille. Acaba de publica, en Prensas de la Universidad de Zaragoza, Juan Antonio Llorente: el factotum del rey intruso (2014) y saldrá también en breve una antología sobre la poesía antinapoleónica durante la Guerra de la Independencia: El Ogro corso.

*La obra es de Francisco de Goya.

'EL ARTISTA' DE JOAQUÍN CARBONELL

 

El Artista. Joaquín Carbonell
395 páginas      14 x 23 cms.
19,00 euros
Voces del Mercado



A comienzos de 1961 llega a Madrid Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Teruel que abandona una prometedora carrera como camarero en Sitges, empeñado en labrarse un hueco y un nombre como actor.

Antuan quiere ser artista de cine.

En Madrid va a rodarse Viridiana, la película que logró el regreso de Luis Buñuel a España, después de 25 años de ausencia, y que fue galardonada con la Palma de Oro en Cannes.

Con estos mimbres se confecciona El Artista, una novela vigorosa, ágil y dinámica, que nos transporta hasta la España de la postguerra, donde convivían dos sociedades desconectadas: una España herida, sumida en un presente rural, roñoso y grasiento, aterrada por las jerarquías caciquiles, y otra que miraba al exterior y aspiraba a la democracia y la cultura. Por esa España pasearon personajes como Ava Gardner y Frank Sinatra, Orson Welles y Hemingway; y unos cuantos jóvenes trataron de elaborar un cine para el futuro, con una mirada distinta.

El Artista es la historia de una vocación. De una obsesión. El relato de la trayectoria de Antonio Zaera, Antuan, colocado por el destino en medio del rodaje de Viridiana y al lado de personajes como Paco Rabal, Silvia Pinal, Fernando Rey o los hermanos Dominguín. En ese Madrid que comienza a mirar a Europa, y donde el régimen vigila con ojo filibustero cualquier desprecio al orden, la moral y la religión. Ese clima por el que discurre El Artista adquiere a menudo un tono surrealista, delirante,
propio de las películas de Berlanga, donde un anarquista furibundo hace negocios con un empresario, o un comunista, consentido por la dictadura, suele tomar café con un exministro amante de los toros. Antonio Zaera es testigo de ese Madrid alocado, ingenuo y a menudo provinciano, que convive con la España interior más cruda y aterrorizada. Una historia que ofrece un desenlace insospechado, sorprendente, de la mano de Joaquín Carbonell, un experimentado escritor, reconocido como cantautor y con una dilatada carrera como periodista.



            El 18 de mayo de 1961, la película Viridiana, de Luis Buñuel, conquistó en Cannes la Palma de Oro. El rodaje celebrado en Madrid supuso un cúmulo de asombrosas incidencias, que algunos tacharon de surrealistas. Como que el gerente de la productora (UNINCI), Domingo Dominguín, conocido comunista, fuera capaz de reunir en su casa, a la misma hora (pero en habitaciones distintas) a Jorge Semprún, líder del PCE en el exilio y a José Antonio Girón, exministro de Franco.

En medio de ese tumultuoso rodaje cayó Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Andorra (Teruel), nieto e hijo de mineros,  que estaba ejerciendo de camarero en Sitges, y al leer en La Vanguardia que Luis Buñuel iba a rodar en Madrid, se dijo que esa era su oportunidad de convertirse en artista de cine. Al fin y al cabo, Buñuel era de Calanda, un pueblo vecino del suyo. No podía fallar.

El Artista nos sumerge en el apasionante rodaje de Viridiana, y nos invita de paso a conocer el Madrid de aquella década de los 60, convulsionada por una sociedad que deseaba escapar de aquella jaula de prohibiciones, morales caducas, y persecuciones políticas. Todo vigilado por una Iglesia anclada en una enfermiza obsesión por el sexo.

Junto a esa España chata y amarga, bullía un Madrid de actores e intelectuales. Por allí circulaban tipos como Paco Rabal, Fernando F. Gómez, junto a diestros de ampulosa celebridad, como Luis Miguel Dominguín (padre del cantante Miguel Bosé), y extranjeros como Orson Welles, Hemingway,  Frank Sinatra, y la deslumbrante Ava Gardner, sumidos en una vorágine de fiestas y alcohol sin límite, que eran reflejadas por la plumilla despierta de jóvenes reporteros como Raúl del Pozo

El Artista es el retrato fiel de esa década, pero es también una novela de epifanía e iniciación. La que goza y padece Antonio Antuan, el protagonista, que se ve impulsado a crecer en un ambiente artístico y mundano, tan alejado del clima de contención y vigilancia que conocía en su pueblo. Amistades nacidas de la repulsa a la dictadura,  compañerismo, sexo desesperado, se unen a un desenlace inesperado que deja el lector sobresaltado, incrédulo ante ese final que rompe el curso de la novela que tiene en las manos.

El Artista plantea un dilema que pesa sobre las espaldas de este muchacho de Andorra: la carga de un destino que se ve infectado por las expectativas que su pueblo ha depositado en la carrera de este vocacional actor. Los hijos de localidades pequeñas, que han logrado escapar del agobiante clima de control, conocen esta palpitación. Antonio Zaera quiere ser el protagonista que su pueblo anhela, el “artista” local. Y para ello, no duda, a veces, en acomodar la realidad a sus propios sueños.



Joaquín Carbonell
Este turolense es reconocido como uno de los más destacados cantautores españoles. Ha publicado numerosos discos y ha visitado varios países con sus canciones. A la par ha desarrollado una extensa carrera como periodista (en El Día, El Periódico, y colaboraciones en radios y TV) y como escritor. En esta faceta destacan las biografías Pongamos que hablo de Joaquín. Una mirada personal sobre Sabina (Ediciones B) y Querido Labordeta (Ediciones B), con un notable éxito de crítica y ventas. Publicó también en Voces del Mercado cuatro libros de humor (junto a Roberto Miranda), que añadieron una mirada socarrona y desenfadada sobre Aragón (Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, Gran encicopledia de Aragón preta, Aragón a la brasa, y Aragón sin empalmes). Es autor de dos libros de temática juvenil, como Las estrellas no beben agua del grifo y Hola, soy Ángela y tengo un problema, así como un par de poemarios, Misas separadas y Laderas de ternero. Joaquín realizó de igual manera, junto a José M. Iranzo, documentales sobre El pastor de Andorra y José A. Labordeta. El Artista es su obra más ambiciosa, una novela con tintes de ensayo y documental, que gira alrededor del rodaje de la celebrada Viridiana de Luis Buñuel.
www.joaquincarbonell.com


OBRAS DE JOAQUIN CARBONELL

DISCOS
· 1 vida & 19 canciones (2014), doble CD recopilatorio.
· Una tarde con Labordeta (2013), junto a Eduardo Paz, grabado en directo en Teruel.
· Vayatrés! (2009), junto a José Antonio Labordeta y La Bullonera.
· Corazón de león (canción para el Real Zaragoza) 2008
· Clásica y moderna (2008)
· Cantautores en directo. El concierto! (2007)
· La tos del trompetista (2005)
· Sin móvil ni coartada (2003)
· Homenage à trois (2000)
· Tabaco y cariño (1998)
· Carbonell canta a Brassens (1996), con Joaquín Sabina y Quico Pi de la Serra.
· Sin ir más lejos (1979)
· Semillas (1978)
· Dejen pasar (1977)
· Con la ayuda de todos (1976)

OBRA LITERARIA
· Misas separadas (poemas, 1987)
· Apaga y vámonos (la televisión: guía de supervivencia, 1992)
· Laderas de ternero (poemas, 1994)
· La mejor tarde de Goyo Letrinas (novela, 1995)
· Las estrellas no beben agua del grifo (novela, 2000)
· Hola, soy Ángela y tengo un problema (novela)
· El Pastor de Andorra, 90 años de Jota (biografía de José Iranzo, 2005)
· Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, (con Roberto Miranda)
· Gran Encicopledia de Aragón Preta (con R. Miranda)
· Aragón a la brasa (con R. Miranda)
· Aragón sin empalmes (con R. Miranda)
· Pongamos que hablo de Joaquín (Una mirada personal sobre Joaquín Sabina, 2011)
· Querido Labordeta (ensayo sobre José Antonio Labordeta, 2012)

DOCUMENTALES
· José Iranzo, el Pastor de Andorra (2007)

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NGUYEN DU, POR RAFAEL LOBARTE

NGUYEN DU, POR RAFAEL LOBARTE

‘La historia de Kieu’ de Nguyen Du, es la obra maestra de la literatura vietnamita. Novela en verso de principios del siglo XIX, con una gran historia de amor como hilo conductor y numerosas aventuras, esta obra, hace tiempo traducida a otros idiomas, ha sido vertida por primera vez al español por el zaragozano, poeta y traductor, Rafael Lobarte. El libro, publicado por Hiperión, incluye el texto original. Rafael, traductor de Keats y Shelley, entre otros, tiene la amabilidad de enviarme este fragmento.

 

 

LA HISTORIA DE KIỀU 

 

CAPÍTULO V

…….

 

Húmedas las cortinas hasta la mitad de nieve, la luna iluminaba por completo la casa.

¿Pero qué paisaje, qué paisaje no aporta tristeza en tales casos? 

Si la persona está triste, ¿cómo o cuándo puede producir un paisaje alegría? 

Muchas veces hubo de recurrir a los trazos del dibujo, a las frases poéticas, 

a las notas del laúd bajo la luna, a partidas de ajedrez junto a las flores. 

Pero su alegría era una alegría forzada, tan sólo una pose,

pues ¿quién podía comprenderla como para hacerle sentir? 

Indiferente a los vientos que mueven los bambúes o a los albaricoqueros bajo la lluvia, 

se sentía melancólica ante los cientos de circunstancias, absorta en sí misma.

Innumerables pensamientos, próximos o remotos, ocupaban los pliegues de su corazón, 

que sin haber sido removidos, se enredaban, que sin haber sido golpeado, estaba herido. 

Recordaba las nueve cuitas, de caracteres gruesos y altos, que debía a sus padres. 

Para ellos, cada nuevo día se inclinaba un poco más hacia la sombra de las moreras. 

Separados de ella por un dificultoso camino, hondos ríos y distantes montañas, 

¿cómo hubieran podido imaginar que la suerte de su hija iba a ser esa?

En el patio de las sóforas, sus dos hermanos eran pequeños y carecían de experiencia,

¿quién iba pues a ayudarlos, a reemplazarla en la tarea de servir dulces a sus padres? 

Recordaba también las palabras, los juramentos que unen durante tres existencias: 

“¿Conocerá él, encontrándose tan lejos, mi situación? 

A su regreso habrá tenido que preguntar por el sauce de Chương,  

si  sus primaverales ramas que otros han roto, han pasado de mano en mano. 

A cambio de su profundo amor espero devolverle mi gratitud con creces.    

La otra flor, ¿habrá sido ya injertada en mi lugar en el árbol de mi amado?” 

 

Los nudos de seda de sus sentimientos se enredaban en los pliegues de sus entrañas.

Y mucho tiempo, al acostarse, soñó con su tierra en las largas guardias nocturnas. 

Tras las cortinas de seda transparente, se sentía sola en ese rincón del cielo. 

Al atardecer dorado de hoy, le sucedía el atardecer dorado del día siguiente, 

y a la luna de plata, un sol de oro. 

Kiều sentía también piedad por sus compañeras de entrañas rotas y se quejaba:

“Pues se os ha otorgado el que toméis el título de muchachas de mejillas color rosa, 

a cambio se os concede la ruina y la destrucción, 

porque una vez exiliadas en este mundo de vientos y polvo, 

sólo os queda la deshonra hasta el final”.

 

CAPÍTULO VI

 

Entre los clientes que buscaban placer había uno 

cuyo nombre era Kỳ Tâm y su apellido Thúc, linaje de letrados. 

Procedente de la subprefectura de Tích, en la provincia de Thường, 

había acompañado a su padre cuando este abrió un puesto comercial en Lâm Truy, 

donde se sintió atraído por la reputación de Kiều, elegida Reina de las Flores. 

Y envió una carta color rosa que pudo adentrarse en la habitación perfumada.

 

Tras la cortina de listas conoció a esa flor de melocotonero 

y, tras sentir pasión por sus maneras, enamorose de sus rasgos: 

la sonrosada y lozana camelia surgía de un tallo vigoroso. 

Y durante esos días primaverales, cuanto más viento, más lluvia, más se embriagaban. 

Y un fuerte  afecto brotó entre esa luna y esas flores, entre esas flores y esa luna, 

pues en las noches de primavera no es fácil contener al corazón, es imposible. 

Por lo demás, nada hay de asombroso en esta simpatía mutua, es algo corriente;

un lazo tan bien atado que nadie puede tirar de él y romperlo. 

Por la mañana se ofrece un melocotón, por la tarde una ciruela y la relación surge. 

Al principio era un amor de luna y viento, pero después fue de piedra y oro. 

 

Y de improviso se produjo una ocasión feliz y extraordinaria, 

pues precisamente entonces, el padre hubo de regresar a su país de origen 

y el muchacho sintió cómo, ya despierta, se decuplicaba su pasión. 

En esos días de primavera incrementó el número de sus visitas a esa otra primavera. 

Unas veces subían a tomar el aire, otras salían a contemplar la luna al patio 

o vertían en una copa el vino de los Inmortales o encadenaban líricos versos; 

aspiraban el perfume del incienso por la mañana y compartían el té por la tarde. 

También jugaban al go apuntando las partidas o tocaban las cuerdas del laúd, 

ambos totalmente absortos en los juegos del placer. 

Y cuanto más se fueron conociendo los caracteres, tanto más se fortalecía su pasión. 

 

Extraordinaria es la ola que la seducción produce. 

Derriba los palacios e inclina las casas como si se tratase de un simple juego. 

El joven Thúc tenía la costumbre de gastar a puñados las monedas, 

despilfarraba cientos y miles sin darle importancia en cada arrebato de alegría. 

La vieja entonces adornaba aún más el verdor de Kiều, se cuidaba más del rosa, 

pues, de carácter codicioso, enloquecía como husmease dinero.

 

Bajo la luna, la gallina de agua ya llamaba al estío 

y en las esquinas de los muros florecía el flamígero granado. 

En su habitación de seda, Kiều solazándose una parte del día, 

1.310.- tras las cortinas rosas, bañaba en agua de orquídeas las flores de su cuerpo: 

de un color tan transparente como el jade y tan blanco como el marfil, 

era, en verdad, un monumento palpable y presto erigido por la Naturaleza. 

Respecto al muchacho, cuanto más descubría sus cualidades, más la admiraba. 

Tales sentimientos le llevaron a escribir en cursiva un poema con la métrica Tang.

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

La poeta Ana Pérez Cañamares acaba de publicar, en el sello Lupercalia, el poemario ‘Economía de guerra’. Dentro de algunos días lo presentará en Zaragoza en La Pantera Rossa y ofrecerá un recital con Inma Luna en La Casa de Zitas. Me envía algunos de los poemas.

 

 

 

‘ECONOMÍA DE GUERRA’ DE ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

Emigro a un país del interior

(del interior de mí misma).

He invitado a la vida

a venir conmigo; el mundo

se ha quedado fuera.

*

Emigro porque se hace difícil

seguir admirando ruinas. Macetas

que ya no dejan ver el bosque.

Emigro porque no soporto que se celebre

o ignore o rife la muerte.

Porque la estupidez y la maldad

se mudaron a mi bloque

y eran hermanas gemelas

y ya no las distinguía.

 

Emigro porque dentro de mí

aún quedan diez centímetros cúbicos

de arena virgen.

Corre, ven, la puerta va a cerrarse.

En la fiesta de inauguración vamos a llorar

por todos los que no ya no bailan.

Me he tragado toda la música.

Varias especies protegidas

anidan en mi estómago.

 

Tú eres una de ellas.

 

*

 

Qué hago si me muere la curiosidad;

ella, por la que he muerto yo

más de siete veces, y cada vez

me abrió un ojo, me dijo arriba

y me guió hasta la siguiente

aventura mortal.

 

Qué hago si se me muere

en plena niñez; ella muerta

y joven; yo vieja para siempre.

Si se me vacían los nombres

de los países, si todo

me huele a humo y me sabe

a leche rancia; y no ando

por las calles preguntándome

cómo se verá el cielo

desde cada ventana.

 

Qué hago si se me muere

la curiosidad; dónde la entierro.

Qué haré el resto de mi vida

sin preguntarme por el olor

y el nombre de las flores

que crezcan en su tumba.

 

 *

 

Hay un lugar entre la impotencia

                               y el heroísmo.

 

Entre el pozo y la cera derretida

                 por la cercanía del sol.

 

Entre el desengaño y la otra mejilla.

 

Hay un lugar. Cada día lo bautizo

                              con mi nombre.

 

 

 

(Todos los poemas de Economía de guerra, Editorial Lupercalia)

GUINDA: 'CATEDRAL DE LA NOCHE'

GUINDA: 'CATEDRAL DE LA NOCHE'

ÁNGEL GUINDA: ’UN HOMBRE FELIZ’ Y ’CATEDRAL DE LA NOCHE’


Dentro de unos días, Ángel Guinda publica en Olifante su nuevo libro ’Catedral de la noche’, "después de 26 meses de trabajo (y de ellos los 7 últimos de revisiones constantes). La cubierta es amarilla porque en el fondo de mi Noche hay mucha luz, pese a todo". Del volumen, que lleva un epílogo de Manuele Masini, adelanto aquí estos dos poemas: ’Un hombre feliz’ y ’Catedral de la noche’.

UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

CATEDRAL DE LA NOCHE


¿No nos oriento? ¡Me llamamos Soy!
Sobrecogido por un claristorio
donde la boca del acatamiento es ciega,
la devoción se enrosca
al vapor alegórico de la iconografía.
Catedral de la Noche erigida a la ausencia.
Ya mi cabeza es un auditorio
con voces diferentes en diversos idiomas.
¿Suenan campanas o grutescos líquidos?
A veces se percibe el aura del Arquitecto,
del maestro de obras y de los albañiles.
A rostro descubierto
posan sin metralleta los apóstoles.
Rompe la orquesta de la oscuridad:
órganos encendidos del océano,
tenores del volcán, barítonos del trueno.
¿Piel o barniz? Lo probable en el rapto.
Alientos acuchillan las columnas.
Redoble incandescente de cerezos.
¡Esta locura de representación
es un embozo que arde embalsamado!
A veces se oye el sudor de los canteros.
¿Por qué mirar ahora que augurios me deslumbran
inflamados por vitrales borrosos
y un combustible rosetón magnético?
Esta noche con pórtico en el cénit
es un árbol de agua:
el asombro sacude sus brazos de cristal.
¡Débil Poder, infierno zoomorfo
con furor en las fauces de las uñas!
Fuegos fatuos de la estulticia
(papas, reyes, famosos, gobernantes, potentados)
como fachadas de polvo caerán.
¡Heroica fortaleza de los frágiles!
El poema ilumina los párpados celestes.
A veces me rodea un efluvio de óleos,
andrajos de mendigos, terror de hostigados
o las mortajas de los enterramientos.
¿Podré alcanzarte aquí, junco lejano y gótico,
blanca como morir?
El amor es sin remedio.
Globos sonda eran las palabras
del libro de nuestra vida que nos edificó.
Vibro traspuesto de olor a incienso y cera
sin que nada me escuche, sin que me hable nadie.
¿Por qué no suenan ya los carillones?
A veces se abren llagas de mártires asaeteados.
El cuerpo es una pira desmembrándose.
¡A la soledad no concierne el clamor!
Pero la duda persiste, llamarada en el mar.
De mármol son las alas del deseo cautivo,
escoplos que se quiebran
contra el tul de un precario respirar.
Mampostería de la separación:
el tiempo es sin retorno,
el adiós no tiene tumba.
¡Clavo de luz hincado en la madera!
El Día y la Noche son también emigrantes.
Cortezón sobre horrores, moratones por los batacazos.
Brota el sufrimiento

donde el silencio se tapa los ojos para no gritar.

El paso de los años no cura del todo.
A veces se diría que cruza un alma en pena.
Los huesos cereales, el corazón de vino,
el ungüento de la transustanciación.
Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio.
Con tinta de fuego escribo en la humedad,
con tiza de esputo corrijo en el resplandor.
Muerte en el hielo, en el aire, en la pólvora.
El cordero me protege tras su balido de lana.
Eres tú mi sepelio, viuda oculta del día,
sublevación del éxtasis dentro de cada hoguera
donde es azul la miel de las ciruelas.
En la honda transparencia interior ya me veo,
redención entre zócalos, frisos, ojivas, panteones.
¡No hay bastantes tempestades de tinieblas
para envolver el sol!

 

*La primera foto de Ángel Guinda es de José Miguel Marco. Las demás pertenecen a su archivo personal.

NACHO ESCUÍN: DOS POEMAS

NACHO ESCUÍN: DOS POEMAS

DOS POEMAS DE NACHO ESCUÍN DE ‘HUIR VERANO’

Isla de Siltolá publicaba recientemente el último poemario de Nacho Escuín Borao (Teruel, 1981), profesor, animador cultural y editor de la Universidad de San Jorge y uno de los coordinadores de proyectos como Los lunes del Principal y de Los Jueves Poesía, en el Centro Cultural de Las Armas. Copió aquí dos de sus poemas de ‘Huir verano’ (La Isla de Siltolá. Colección Tierra).

 

XIX

Fui joven en una época dorada,

y en las tardes tristes preparaba chocolate

me decía “esto no es grave, no pasa nada,

el tiempo lo curará todo o esto también pasará”.

No hay manera de decirle al alma no,

no te acepto, no te aprecio, no te quiero.

No es hacer imposible lo posible,

morder las alas del viento para que cese.

No, no hay, ni habrá.

 

XXXII

 

Solo está el hombre en su agujero,

tan solo como la luz de un faro,

o tan solo como aquel que antes vivía en él.

Solo está el hombre ante la inmensidad,

solo, y sin embargo qué ocupado

y feliz, a veces.

 

 

*La foto es de Lewis W. Hine.