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Antón Castro

Escritores

POEMAS DE MANUEL RUIZ AMEZCUA

POEMAS DE MANUEL RUIZ AMEZCUA

El libro ‘Del lado de la vida. Antología poética(1974-2014)’, de Manuel Ruiz Amezcua, con prólogo de Antonio Muñoz Molina, publicado por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, contiene mucha poesía social y política, mucha indignación contra quienes nos gobiernan. Ahí va una muestra. Además, el autor, muy gentilmente, me envía dos poemas más.

 

 

LA GLORIA SE PUDRE SOLA

 

La calumnia, que adorna vuestras bocas.

La injuria, que ampara vuestros labios.

La mentira, que os hizo miserables.

 

Esa vileza crónica

curtida en la rapiña del poder.

Esa mirada, tan vacía

de ideas como ahíta de miseria.

Esas palabras, huecas como el aire.

Esa infamia, cocida a cieno lento.

Ese astuto rosario de maldades

de antiguos perros de siempre,

hoy con distintos collares.

 

Esa sabiduría en el engaño.

Esa lenta basura programada

de mugre vuestra con cabal conciencia.

Esa cucaña. Esa maldad siniestra…

 

Todo lo que me empuja a contestaros

que vuestra vida es una ofensa,

que habéis perdido la memoria y la vergüenza.

 

 

 LA  ESPAÑA  ETERNA

 (Y  PROFUNDA)

 

                                                 [A   Juan  Mengíbar]

 

 

Tienen el alma impermeable,

creo que escribió Machado.

Devotos y matuteros,

les dejó como epitafio.

Cambian siempre de chaqueta,

si les ofrecen buen caldo.

Los conozco hace ya tiempo.

Los sufro hace muchos años.

A los que van como pícaros

y a los que ejercen de santos.

A los que van de rebeldes

y viven como vasallos.

A los que ejercen de nobles

y actúan como villanos.

Reconozco a los hundidos

y conozco a los salvados.

Oteo a los redimidos

y veo a los condenados.

Me asustan los poderosos

que aumentan siempre lo malo.

 

Sé de esas leyes eternas.

Sé de esa casta de sobra.

Sé de esa noche y sus sombras.

De los que roban a solas

y de los que en las tribunas,

con mucha y buena tramoya,

engañan a sus esclavos.

 

Como  a buenos feligreses,

a ellos todo les da igual.

Su único Dios: el dinero.

Su única patria: medrar.

 

Como buenos parroquianos

siempre fueron muy taimados

y durante cuarenta años

glorificaron a Franco

con sus mismísimas manos.

Y nunca  contra el tirano,

ni  contra nada del clero,

que nada manifestaron.

Cultivaron el silencio,

y los que nunca callaron

esos fueron muy poquitos

y lo acabaron pagando.

Esos fueron unos cuantos

y lo pagaron muy caro.

De los otros, los de Franco,

ahora gobiernan sus hijos

hace casi cuarenta años,

como lo hicieran sus padres.

Y siguen los mismos pasos.

Y siguen libres las manos

para robarnos los cuartos.

 

Siempre tuvieron muy cerca

la intención de la venganza

para convertirse en amos.

 

Se vengaron como siempre

y disfrutaron odiando.

 

Se vengarán cuando puedan,

llevándose lo que quieran.

 

Y cuando no puedan vengarse en ti,

lo harán  en tu descendencia.

 

 

 

 

 

FUEGO EN LO OSCURO

 

                               [Para Sara, nuestra perra.]

 

 

 

 

Acaba de nacerle un hijo.

Lo ha llevado en su vientre

dos meses y unos días.

 

Va de acá para allá

con la locura del instinto,

con el desasosiego de la sangre,

con el temor de la tristeza.

 

Gruñe y jadea, mueve

el cuerpecillo inmóvil.

Sus ojos son el reino del espanto.

 

Hay algo que la enloquece,

que no entiende,

que no puede comprender.

 

Y mira desde otro mundo…

 

Se queda quieta, esperando a la vida.

Se queda sola, lamiendo a la muerte.

 

*La foto es de Virxilio Vieitez.

 

MARTÍN CASARIEGO, PREMIO CAFÉ GIJÓN

Esta mañana se ha hecho público el fallo del Premio de novela Café Gijón 2014, dotado con 20.000 €, resultando ganadora El juego sigue sin mí de Martín Casariego.

El jurado -compuesto por Mercedes Monmany, Antonio Colinas, José María Guelbenzu, Marcos Giralt Torrente y Rosa Regás, en calidad de presidenta, y actuando como secretaria Patricia Menéndez Benavente - ha querido destacar "la fluidez con la que el autor maneja esta historia de aprendizaje que se establece entre dos jóvenes de hoy día. Ambos crean una relación que se resuelve en una tensión dramática perfectamente desarrollada y de final abierto".

El autor, que ha estado presente en la rueda de prensa, ha agradecido a todos los asistentes el premio y ha avanzado la trama de la novela: El narrador, al que podemos llamar Ismael, un joven de catorce años, va mal en los estudios. Sus padres contratan a Rai, cuatro años mayor que él y tan admirado como atormentado, para darle clases particulares. Tras una primera sesión poco productiva, establecen un pacto: el alumno estudiará por su cuenta y el profesor le hablará de libros, de películas, de música, de la vida. Y le va contando, por partes, la historia de Samuel, un joven que se citó por carta con su ex novia, con la amenaza de que si no se presentaba se suicidaría. (Nota de Siruela).

MARGA CLARK: TRES POEMAS

MARGA CLARK: TRES POEMAS

’OLVIDADA DE MÍ’: TRES POEMAS DE MARGA CLARK
[Marga Clark es una estupenda fotógrafa y un meticulosa poeta. Acaba de publicar ’Olvidada de mí’ y ha tenido la cortesía de enviarme tres poemas. El libro se presentará en Madrid próximamente en compañía de Ángel Guinda. Marga, que debe su nombre a su tía Marga Gil Röesset, aquella escultora y pintora que se suicidó por amor a Juan Ramón Jiménez, y le dedicó una hermoso libro: ’Amarga luz’. La crónica de una revelación, de una sensibilidad, de un destino trágico.]

*
La noche en que te perdí
vislumbré a la muerte 

su mano helada
estranguló tu indefensa 
y aún tibia garganta
y se precipitó 
por la puerta entreabierta
de tu alma.

Aún pienso en la muerte
la tenía tan cerca
al alcance de mi mano
pero se escapó sigilosa
dejando su hálito derramado
en tus sábanas de anémonas
manchadas.

Aún pienso en la muerte
tan grave
tan solemne
tan perversa

tan bella 
en su transparencia.

Me mintió la muerte
me prometió vida
a cambio de dolor

y ahora
cuando ya he borrado
con mi llanto 
tu imagen tatuada en mi mente
cuando intento recordar
tu nombre
y tu armonía
sólo pienso en ella

la muerte

la infame
la seductora
la furtiva
la que nos sorprendió 
en la noche
la que nos abandonó
en lo más blanco del día.

Hoy la muerte me cogió desprevenida
se deslizó por mi boca entreabierta
buscando mi hálito exhausto.

Me escondí en mi sueño
de cigarras y abedules
en un vano intento por eludir
mi destino

pero ella me ofreció sus brazos
azabaches
y me oprimió en su gélido
regazo.

Atisbé por un instante
su magnética espesura
y sucumbí en mi sueño. 

Cómo iba a rechazarte 
Oh muerte!

Cómo iba a despertar 
sin tu infalible consuelo
sin tu abnegado silencio
sin tu constante desvelo. 

Hoy la muerte me acogió 
en mi sueño.

Me abandoné hace tiempo
dejé a un lado mi cuerpo
y seguí hacia adelante.
Me perdí.

Siguiendo el canto blanco de la escarcha 
me perdí.

Ahora sigo en mi búsqueda 
me sobrecoge
la inquietante quietud que me rodea 

el silencio que tiembla en la penumbra.

Me olvidé de mí hace tiempo
renuncié a mi cuerpo
me despojé de su piel
de su entraña
lo devolví a la tierra
su raíz
lo abandoné a la intemperie

pero prosigo en mi búsqueda.

Del poemario: Olvidada de mí
www.margaclark.com



*Una de las fotos de Marga Clark. Un trabajo muy personal.

 

ECO, MADRILEÑO, DE FÉLIX ROMEO

ECO, MADRILEÑO, DE FÉLIX ROMEO

UNA CASA CON MÚSICA DE BATTIATO

 

 

Durante algunos años, cuando iba a Madrid a ver exposiciones o a realizar entrevistas para ‘ABC’ o para ‘El Periódico de Aragón’, siempre dormía en casa de Félix. En su casa de la plaza de España: en un piso modesto y con vistas donde se sentía especialmente cómodo. Yo dormía en un sofá-cama de colchón delgado, rodeado de libros, y oía respirar a Félix en la habitación de al lado. Leía hasta deshora. Tenía la casa tapizada de libros: libros nuevos que acababan de mandarle, libros viejos tocados por el oro sucio del tiempo, revistas. En el baño había una montaña de tebeos de todas las estéticas y de todos los temas, incluidos los eróticos. A Félix parecía interesarle todo: los arquitectos madrileños, los escritores menores del 27, la vida en la Residencia de Estudiantes de Pepín Bello, Luis Buñuel, Sánchez Ventura, o de la pianista Pilar Bayona, que siempre fue uno de sus mitos. Había encontrado un folleto insólito de Goya, un manuscrito vinculado a los reyes de Aragón, un libro dedicado, una colección de revistas de poesía de época, había encontrado el poemario ‘La voz apasionada’ de Julio Alejandro Castro, ilustrado por Timoteo Pérez Rubio y fechado en 1931, nada menos. En cuanto salías a la calle con él, y era la época en que le gustaba comer en restaurantes italianos, siempre te presentaba a alguien en la cuesta de Moyano o en sus librerías secretas: “Esto te interesará: es de bandoleros”. Apenas parábamos en casa, entonces trabajaba en ‘La Mandrágora’ y sus amigos más constantes eran Pepa Bueno y Chimi, José Antonio Labordeta, los Trueba, el núcleo aragonés de Madrid, entre ellos Luis Alegre que codirigía con Concha García Campoy ‘La gran ilusión’. De vuelta intentabas curiosear todo lo posible en su mundo en desorden. Él siempre iba por delante. Trabajaba en cualquier parte y sin notas, aunque alguna vez le he visto algún cuaderno y dibujos de arte bruto de monigotes que parecían los de Javier Tomeo, a quien mimaba como mimaba a José Antonio Labordeta. Había otra cosa que me gustaba mucho de su casa: su aparato de música y sus discos de Portugal y su órbita: Mariza, Mísia, Cesária Évora, Carlos do Carmo, Amalia Rodrigues. Le hacía rabiosamente feliz Franco Battiato y especialmente una canción ‘Yo quiero verte danzar’. Y también ‘Nómadas’. Ponía un disco y cuando se iba de casa lo dejaba sonando. “Así la casa también se pone algo más contenta y, además, espanta a los ladrones. Piensan que hay alguien dentro”, decía, mientras giraba la llave.

 

*Esta foto de Félix es de Daniel Mordzinski. Me la envió poco después de la muerte del amigo imprescindible de tanta y tanta gente. AC

 

ÁNGEL ARTAL: 'LA BIBLIOTECA DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA'

ÁNGEL ARTAL: 'LA BIBLIOTECA DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA'

[En el libro ‘Salón Habana’, ese homenaje que José Manuel Pérez Latorre, Gerardo Alquézar, Ángel Artal y Jorge Gay rinden a José Antonio Labordeta, ángel Artal, bibliófilo y cardiólogo, escribe este texto sobre la biblioteca del político, poeta y cantautor.]

 

Por Ángel ARTAL BURRIEL

En su biblioteca se congregan tanto una buena parte de los libros de su hermano Miguel como todos los suyos propios. Distribuida materialmente entre Zaragoza y Villanúa (Huesca), la biblioteca alberga algo más de 5.000 obras de literatura, entre las cuales la poesía ocupa un lugar harto preferente. José Antonio Labordeta no pertenecía al exquisito club de los bibliófilos; su relación con los libros venía originada por su amor a la cultura, al conocimiento, a la historia de la lectura y al trabajo derivado de su predisposición creadora y de su quehacer profesional. Cabría calificársele, primordialmente, como un lector; un lector al que no le fascinaba nada de cuanto atañe al mundo de la bibliofilia.

Al igual que Borges, lo único que le preocupaba era no ser un lector ecuánime o, en el peor de los casos, un sensible y agradecido lector. Al final de sus días, me contaba cómo iba recordando aquellos libros cuya lectura significó una verdadera dicha para él.

Y tras los pasos de su admirado Borges, mientras su pensamiento le iba conduciendo por los caminos del recuerdo, fue esbozando su biblioteca ideal —disparatada las más de las veces—, pero muy personal y a todas luces conmovedora. Cuando, cada domingo de estos últimos años, los dos nos dirigíamos a la tertulia que manteníamos en el despacho de José Manuel Pérez Latorre —que Gerardo Alquézar o Jorge Gay, o quizá el propio José Manuel, habían bautizado con el nombre de Salón Habana, en razón a la lámpara que iluminaba la habitación que, naturalmente, procedía de la capital cubana—, Labordeta iba desgranando historias de sus lecturas y de los libros que le fueron acompañando a lo largo de su vida; entre los que la literatura sudamericana ocupaba, sin duda, un lugar preferencial, con Juan Rulfo y su Pedro Páramo a la cabeza de todos ellos, cuya lectura recomendara años atrás a sus alumnos de bachillerato en Teruel; sin olvidar a Borges, García Márquez, Múgica Laínez, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Miguel Ángel Asturias, César Vallejo y otros varios de los que me hablaba sin parar. En estas conversaciones dominicales mi relación con José Antonio se fue estrechando más y más, y en recuerdo de las mismas acuden a mi mente los versos de Rosendo Tello: «Recuerdas José Antonio/ aquellas horas locas de exaltaciones íntimas…»

Luego, en el último año, y debido a su precario estado de salud, esas impagables tardes dominicales las trasladamos a su casa y, allí, proseguimos y prolongamos nuestras confidencias, al tiempo que le escuchábamos evocar, con aquella sonrisa tan labordetiana que tantas cosas insinuaba, viejos recuerdos del pasado: «En mi casa había oleadas de libros y yo saqueaba las estanterías de la biblioteca de mi hermano Miguel para encontrar libros y autores que serían importantes en mi formación: Sartre (Las moscas), Thomas Mann (La montaña mágica), John Steinbeck (Las uvas de la ira), Freud, Jung, Pepe Hierro, Celaya, Blas de Otero, Cervantes, Beckett, Aldecoa, Hermann Hesse, Paul Verlaine y tantos otros».

Igual que sabía que su amigo Pepe Melero era un confeso admirador de Andrés Trapiello y no dudó en pedirle que le trajera el último de sus diarios, acabado de salir de prensas por aquellos día, y que no temía seguir las recomendaciones de Félix Romeo con respecto a los libros de Herta Muller; no le importaba tampoco, más bien al contrario, deshacerse de un libro con el que pudiera hacer feliz a un amigo. Buena prueba de ello lo constituyen los manuscritos de sus obras que se encuentran diseminados en las bibliotecas de grandes bibliófilos y fetichistas del libro. Hace poco tiempo descubrí, en una librería de ocasión, la primera edición de Paradiso, la novela mediante la que José Lezama Lima, a través de José Cemí, su protagonista, nos da una visión de la vida cultural y social de Cuba. Ejemplar que llevaba la firma de José Antonio Labordeta. Sin duda lo prestó a un amigo y nunca le fue devuelto. Hoy está a buen recaudo en la biblioteca de su gran amigo Pepe Melero. Es el discurrir de la vida de los libros. Y, sin duda, el de las personas.

 

*Esta caricatura la realizó Luis Grañena.

JULI CARO, EL BAROJA MÁS SABIO

A PLENO SOL. Académico de la Lengua y Premio Príncipe de Asturias, fue uno de los grandes antropólogos del siglo XX en España. Le apasionaron tantos los mitos nacionales y los problemas de España como los de Navarra y el País Vasco. Fue el sobrino preferido de Pío Baroja y un sabio apasionado por casi todo.]

  

Julio Caro, el Baroja más sabio

 

“La figura de Julio Caro Baroja es enorme, lo mismo que la cantidad de ciencia y conocimiento que constituyen su reserva”, dijo a mediados de lo años 80 el poeta y director de la RAE Dámaso Alonso del polígrafo vasco, del que se cumplen en noviembre cien años de su nacimiento. Decir Julio Caro Baroja (Madrid, 1914-Vera de Bidasoa, Navrra, 1995) es invocar, de entrada, a un sabio, a un antropólogo esencial, a un historiador, a un pintor y dibujante, a un etnógrafo y a un bibliófilo que amaba a Homero, a Tólstoi y los libros de viajes. Decir Julio Caro Baroja es enfrentarse a un Baroja y lo que eso significa: la casa de Itzea en Vera de Bidasoa, vivienda de cuatro plantas de 336 metros cuadrados que adquirió Pío Baroja en 1912 y que tiene mas de 30.000 volúmenes, un museo de objetos populares y una valiosa pinacoteca; decir los Baroja es invocar uno de los libros más hermosos de Caro Baroja, ‘Los Baroja’, publicado en 1972 y reeditado en 1986, la crónica minuciosa de una familia apasionante en la que se cuentan marinos, editores e impresores (como su padre Rafael Caro Raggio), artistas (como su tío Ricardo Baroja), cineastas (como su hermano Pío Caro Baroja que llegó a dirigir ‘El mayorazgo de Labraz’ para TVE) y escritores como Carmen Baroja, madre del antropólogo, y Pío Baroja, el gran escritor que perteneció a la Generación del 98.

“Los Baroja hemos vivido de una manera anómala o no común, un poco aislados y con falta de acomodo a la vida social. Hay en todo esto un poco de…, bueno, de miedo social”, le confesaba Julio Caro Baroja a Baltasar Porcel para su ‘Retrato’ de la serie Galería de Grandes Contemporáneos de Círculo de Lectores (1987). El autor de ‘Memorias de un hombre de acción’ siempre se sintió muy cercano a su sobrino: habló con los antropólogos José Miguel Barandiarán y Telesforo Aranzadi para que trabajase con ellos en los veranos que pasaba en Vera de Moncayo, entre 1931 y 1936, y luego convenció a Walter Starkie, director de Instituto Británico en Madrid, para que le diese un  empleo; lo hizo y Julio Caro se convirtió en su secretario personal entre 1941 y 1946.

Aunque había nacido en Madrid en 1914, Vera de Bidasoa fue su paraíso. Le permitió acceder a la fabulosa biblioteca de su tío y, además, se convirtió en su mejor compañero. Julio Caro vivió la Guerra Civil en la casa familiar, tras aquel incidente terrible en el que Pío Baroja estuvo a punto de ser paseado por los requetés; el autor de ‘El árbol de la ciencia’ se fue a París y residió allí hasta que los nazis tomaron Francia; malvivió de sus colaboraciones con ‘La Nación’ de Buenos Aires. El joven Julio se doctoró en Historia Antigua en 1942 y empezó a publicar de inmediato: si a los 20 años debutó con ‘Tres estudios etnográficos relativos al País Vasco’, en 1941 aparecería ‘Algunos mitos españoles’, uno de sus temas preferidos, y en los años siguientes ‘Los pueblos ibéricos del Norte de la Península Ibérica (1943) y ‘La vida rural en Vera de Bidasoa’ (1944). Solía realizar dibujos del natural que enriquecían sus aportaciones. Lo dibujaba todo: aperos de labranza, la fachada de una casa, el retrato de un campesino en su labrantío o una escalera interior. Una selección de esa obra gráfica aparecería en 1979 con el título de ‘Cuadernos de campo’. Entre 1943 y 1953, además de trabajar con Walter Starkie, dirigió el Museo del Pueblo Español de Madrid. Recorría España de punta a punta e hizo de cicerone de un personaje como el estudioso George M. Foster que entre 1949 y 1950 recorrió 16.000 kilómetros con el objeto de analizar el eco de España en América.

Julio Caro Baroja vivió por entonces dos historias de amor con final desdichado. Se enamoró de una inglesa “muy graciosa y muy guapa” que trabajaba en el Instituto Británico: Caro Baroja confesó que le dio “unas calabazas rotundas”. Y también tuvo una novia formal madrileña pero su complicada vida familiar le acabó alejando de las pasiones y del deseo. “Yo soy de temperamento de animal de sangre fría, como de reptil”, diría.

En ese período, poco antes de la muerte de su tío, con quien vivía ya en solitario en un piso grande la calle Alarcón, el escritor le mostró un cajón de su armario de luna donde tenía un montón de dinero: “Habrá como 40.000 pesetas”, le dijo el escritor. Había 700.000 pesetas (alrededor de 4.000 euros de hoy), que les permitieron hacer algunas inversiones y vivir “holgadamente durante todo el tiempo de la enfermedad de mi tío”.

Trabajador metódico y audaz, apasionado de la filosofía y de la historia de España, especialmente de los perseguidos, 1961 es un año clave en su producción: publicó ‘Los judíos en la España moderna y contemporánea’ y ‘Las brujas y su mundo’. Baltasar Porcel recuerda que siempre le atrajeron los mundos ocultos y acosados, así como la literatura popular y los oficios un tanto insólitos, de ahí volúmenes como ‘Vidas mágicas e inquisición’ (1967) o ‘El señor inquisidor y otras vidas por oficio’ (1968). Caro Baroja es autor de ‘Romances de ciego’ (1966), ‘Pliegos de cordel’ (1969), ‘Ensayo sobre literatura de cordel’ (1969) o ‘Teatro popular y magia’ (1974). Los temas vascos y navarros le interesaron desde muy joven (les dedicó alrededor de una veintena de títulos), casi tanto como las teorías antropológicas, la religión y el ateísmo, el folclore, las fiestas o el análisis “del carácter nacional” en toda su complejidad.

Tímido, reservado, de una curiosidad intelectual inagotable, publicó casi un centenar de libros sobre todas las épocas y analizó, con agudeza e intensidad, al hombre corriente y sus problemas más fieramente humanos.

 

El anecdotario

 

Viajes con su tío. Julio Caro Baroja fue un gran viajero. Discípulo de Hermann Trimborn y Hugo Obermaier, visitó numerosos países europeos (Italia fue su gran debilidad) y en el Sahara. En 1930, con su tío Pío Baroja, realizó un viaje por las tierras aragonesas: salieron de Morella y recorrieron el Bajo Aragón histórico y llegaron hasta Zaragoza; también estuvieron en el Maestrazgo. De esa ruta realizada en marzo de 1930 nacieron al menos dos novelas de su tío: ‘Los confidentes audaces’, que narra un trayecto que pasa por Peñarroya de Tastavíns e Híjar, y ‘La venta de Mirambel’, novela de misterio que le permitía hacer una visita a la historia y los mitos de Cantavieja, La Iglesuela, Mirambel, etc. De Mirambel dijo Baroja que “parece un animal muerto dentro de su concha”. 

 

 

-Tomo la primera foto de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-394107c4789e7e8a02053b22441eac19.jpg

-Tomo la segunda foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-ab14d2575fd3cd34297f60809d2ce5d5.jpg

 

EFC: ELOGIO DE PEPE BADA

EFC: ELOGIO DE PEPE BADA

[En el sello eCícero de Fernando García Mongay, Eloy Fernández Clemente publica el libro de artículo ’Ante Cataluña’. Su editor, muy gentilmente, me envía este texto sobre el exconsejero José Bada. Es un artículo reciente, de este 2014 que apareció en ’El Periódico de Aragón’, en el que trabajé desde 1990, su fundación, hasta 2001.]

 

ELOGIO DE PEPE BADA (2014)

 

Por Eloy FERNÁNDEZ CLEMENTE

 

Hace unas cuantas semanas me invitó Pepe Bada a acompañarle a su pueblo natal, Favara (ellos prefieren escribirlo en su lengua catalana), e intervenir en un encuentro de fondo religioso aunque profundamente humano, sobre “La crisis como reto global”…

Pensé al regreso… considerar si no se equivocaba una vez más esta sociedad aragonesa nuestra, todos nosotros (a los políticos habría ya que dejarles en su paz, estos y aquéllos, y no pedirles cosas que no les gustan, entienden, interesan), olvidando darle a José Ramón Bada la atención, respeto, cariño que merece, que le damos privada pero no públicamente.

He visto pocas personas tan profundamente religiosas, de un cristianismo que no juzga ni ataca, sino abraza; no impone sino interroga. Pepe, una de las mejores cabezas del muy selecto grupo de profesores del Seminario zaragozano en los sesenta, era doctor en Teología por la Universidad de Munich y licenciado en Filosofía por la de Valencia. Tan buena cabeza que pronto chocaría con la reacción nacional–católica que repudiaba el Vaticano II, con su revista Eucaristía, matraz del progresismo católico, a la que Cantero retiró autorización en 1975; cuando publicaba libros “para una enseñanza crítica de la Religión”, cuando se preguntaba con otros colegas sobre la izquierda aragonesa, concluyendo que muchos éramos, claro, de origen cristiano. Lo fue cuando, con otras muchas y generosas mentes (Miret, Laín, Aranguren, etc.) acudió a algunos encuentros del instituto Fe y secularizad.

Fue fundador del PSA, hacia el que atrajo a Reconstrucción socialista, su grupo político y sindical de origen cristiano. Tuvo actuaciones decisivas. Y cuando, tras largos debates que ayudó a formular, formó parte del PSOE unificador, fue consejero de Cultura y Educación en el Gobierno de Santiago Marraco (1983-1987), el primero autonómico salido de las urnas. Y sin apenas medios materiales ni humanos, supo concebir con altura lo que debería ser la Cultura en una comunidad autónoma como la nuestra.

Lo hizo suscribiendo un Convenio sobre el Patrimonio Histórico, Artístico y Documental de la Iglesia Católica en Aragón; comprendiendo la importancia de recuperar los papeles de Joaquín Costa y estudiarle a fondo; participando en estudios sobre el Conde de Aranda; logrando de los duques de Alba la cesión del archivo de Híjar-Aranda al Gobierno aragonés; auspiciando ediciones tan importantes como el Aragón, reino de Cristo, del P. Faci, o La restitución del cristianismo, de Server que tradujo Ángel Alcalá: ayudando, en crisis profunda, a morir con dignidad a la revista Andalán. Muchos no lo olvidamos. Y, como alguna vez bromeo con él, creo que le criticamos mucho más que a sus sucesores, que lo merecieron muchísimo más. Así era la izquierda: depresiva y autocrítica…

Muy en especial destacó defendiendo con leyes, actos, escritos, palabras, la lengua catalana hablada en Aragón, promoviendo la enseñanza también de las modalidades propias. Cuando al fin se constituyó el Consejo Superior de Lenguas de Aragón en 2010 fue su primer presidente como miembro de mayor edad (y yo añadiría mayor respeto y mérito). Ay, como vemos languidecer todo lo relativo a nuestras lenguas.

El Periódico de Aragón, 26 de marzo de 2014.

JORDI DOCE: 'ZONA DE DIVAGAR'

JORDI DOCE: 'ZONA DE DIVAGAR'

JORDI DOCE: DE ’ZONA DE DIVAGAR’ Y LA CREACIÓN


No tengo el gusto, aún, de conocer al poeta, traductor, ensayista y editor Jordi Doce (Gijón, 1967), pero sí soy un lector de su poesía, de sus diarios (me encantó y me encanta, ‘Perros en la playa’, La Oficina, 2011). Ahora, en Vaso Roto, cuya oficina española coordina, publica ‘Zona de divagar’, en la cuidada colección Cardinales, un libro de libros que “nace pura y llanamente del placer de leer”. El autor habla de poetas esencialmente, pero también de narradores (Cortázar, Houellebecq, Alejandro Rossi, autor de un memorable título, ‘Manual del distraído’, de Canetti), de músicos como Luis de Pablo, de series de televisión. Uno de los poetas más nombrados e interpretados es el premio Nobel Czeslaw Milosz (otro sería Tomas Tranströmer y su ’Visión de la memoria’), de quien dice esto: 
«Hay, desde luego, muchos otros Milosz: un sensualista que canta los placeres del arte y la buena comida, un erotómano que se autoincrepa, burlonamente, cuando ve pasar un cuerpo hermoso, un viajero atento, un aprendiz de eremita que celebra los instantes en que la naturaleza nos ilumina y nos consuela, el polemista que dialoga a través de las tradiciones poéticas de Allen Ginsberg o Robert Lowell, un barroco tardío que se complace en la alianza de ‘eros y thanatos’, “el baile de los esqueletos” que late bajo los cuerpos “arropados en sedas abundantes"».

Por cierto, al glosar a Cortázar y la importancia del azar en su obra, recuerda uno de sus textos, ’Instrucciones.ejemplos sobre la forma de tener miedo". Dice Cortázar, casi a la manera de Borges: "En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere".

*La foto de Jordi Doce es de Ricardo Solís y apareció en ’La Nueva España’.