ELÍAS MORO: UN CUENTO DE BICIS
El sello Vaso Roto, que dirige el traductor, poeta y crítico Jordi Doce, acaba de publicar ‘Antinaufragios’, un extenso poemario de Juan Bufill (Barcelona, 1955): periodista cultural, crítico de arte en las páginas de ‘La Vanguardia’, traductor, fotógrafo y poeta, entre otras cosas. El libro, dividido en cinco partes, es como un viaje interior y exterior en el que el autor refleja algunas de sus obsesiones: una concepción nada sentimental de la belleza, el cine más innovador, la música clásica de la India, el jazz de John Coltrane, la naturaleza, la lentitud y la calma, la búsqueda de imágenes y el juego de palabras, entre otros asuntos y características. Este es el segundo poemario de Buffil, antes había publicado en Península, en 1992, ‘Subespecies humanas’, y dice que todos los poemas están escritos en el siglo XXI. Agrega: “... quiero recordar con gratitud los nombres de tres escritores: María Zambrano, Giuseppe Ungaretti y Fernando Pessoa. Reconozco que no puedo imaginar cómo sería mi poesía si no los hubiera leído hace muchos años y releído más tarde”.
Selecciono aquí algunos de sus poemas:
LA BELLEZA
la belleza es una danza que no vemos
-no por entero o eterno-
es una fuga de la fuga
y en el encuentro un regreso
la belleza siempre fluye, gira o tiembla
es como un relámpago que alumbra
en lo exterior lo interior
es en lo no música la música
y allí el manantial del cantar
el sol de esa luz que hace templos
en cada fragmento o rincón
no existe fuera del sueño
del sentir y del deseo de vivir
y nunca nace sin muerte
ni tiene intensidad sin ese fondo
oculto fondo del ser
LA PIEL
en el clima de la noche de verano
el cuerpo se abre al espacio
al aire húmedo y cálido
a la noche parecida a su interior
entonces los imanes de aguafuego
se reconocen espejos
sedientos de beber esa otra sed
de ser bebidos bebiendo
uniones por la piel
que siente vivo su sueño
y sabe tomar decisiones
durante el juego del cuerpo
ESCUCHANDO ‘NOCTURNOS’
[a F. Chopin y A. Rubinstein]
nada es verdadero sin amor
sin ese modo discreto
de alumbrar vida nueva
en cada encuentro con otro
de ser sol tenue entre ruinas
y propia luz en la noche
con el gesto del saber en la sonrisa
con el brillo del ser en la mirada
EL VERANO, JUGAR (O LA VIDA INMEDIATA)
[A Joan]
un padre con su hijo de tres años
en la risa de las olas
en la frescura del mar
*La foto es de Ed Clark. París.
[El editor comparte este nota emotiva con dos buenos amigos suyos: Sergio Vila-anjuán y yo. La traigo aquí porque los tres compartimos esta pasión por Albert Camus, al que ha editado Jordi en Plataforma. Es un texto íntimo y especial.]
RECUERDO DE ALBERT CAMUS
Por Jordi NADAL
Hace unos días estuve en Lourmarin, el pequeño pueblo en el Luberon, en la provenza, en la que Albert Camus se compró una casa tras ganar el Nobel, en 1957.
Su hija y su secretario me mostraron la casa, el balcón de la terraza, el cielo, inmenso, y los árboles en el horizonte.
Y, sobretodo, su secretario, Alex, me mostró el atril de madera en el que Camus escribió EL PRIMER HOMBRE, una de las novelas más impresionantes que he leído en mi vida,
Puse el pañuelo de mecánico de mi padre en el atril, y estuvieron, juntos, el lugar donde estaban las manos de Camus y las de mi padre.
Del mismo modo que toqué su tumba, y puse el pañuelo de mi padre, porque lo llevo siempre en el bolsillo, y lo es todo para mí, en cierto modo.
Al tocar el atril, me puse a llorar.
La hija me invitó a estar más rato, a pasar otro día, pero le dije que no podía, que tenía una sobrecarga emocional
Alex me mostró una carta manuscrita del gran poeta y miembro de la resistencia, y amigo de Camus, René Char, que decía animando a los guerrilleros resistentes a los alemanes durante la ocupación alemana, algo así como "El enemigo os teme, no debéis decepcionarles…" Y dos líneas más que eran pura maravilla y energía
Me fui, arropado de emoción
Y fui, por un momento, un hombre libre, feliz, solo y acompañado en la tierra.
*La foto de Albert Camus es de Loomis Dean.
A PLENO SOL. Ha pasado a la historia por libros como ‘El cementerio marino’, poema inspirado en el impresionante camposanto de Sète, por ‘La joven para’ o los pensamientos de Monsieur Teste. Además, este maestro de la poesía pura vivió algunas inolvidables historias de amor.
Paul Valéry: el amor y el mar
Paul Valéry (Sète, 1871-París, 1945) es uno de los grandes hombres de letras del siglo XX. Poeta, ensayista, pensador y crítico literario, Valéry es, ante todo, el autor de ‘El cementerio marino’ (1920), un breve poema de 144 versos y 24 estrofas en el que glosa, en clave simbólica, su propia vida, su percepción del mar y las claves de su lírica. Describe un escenario impresionante: un camposanto de piedra, cipreses y gaviotas que mira el mar en Sète, Francia. Antes ese espacio se llamaba ‘Mare Nostrum’; en cuanto apareció el libro, el recinto pasó a ser denominado ‘El cementerio marino’ y se convirtió en una atracción de la ciudad: entre otros, en él reposan el citado Paul Valery, en una modesta y abandonada tumba, el dramaturgo Jean Vilar, autor de ‘Memento’, y el cineasta Henri Colpi (1921-2006), que se definía amigo de Georges Brassens (que nació en Sète y descansa en el otro cementerio, como se advierte aquí) y admirador incondicional de Valéry; recuerda su lápida que ganó la Palma de Oro del Cannes de 1961 y que siempre hizo películas de amor.
El amor fue decisivo en la vida de Paul Valery: perdió la cabeza por varias mujeres, más o menos en secreto, a la vez que mantenía una relación estable con su esposa Jeannie Gobillard. De niño quiso ser marino y se imaginaba capitán de navíos y aventurero. Y así lo reflejaba en sus primeros versos. Sin embargo, no llegó a ingresar en la Escuela Naval como era su deseo, ni en la de Sète ni en la de Montpellier, adonde iría a vivir a partir de 1884. La pintura y el dibujo y, sobre todo, la literatura se imponían a cualquier otro objetivo. Mostró interés por las altas matemáticas e intentó sacar adelante sus cursos de Derecho. Hacia 1890 conoció a Pierre Louys y más tarde a André Gide, y se convertirían en sus grandes amigos. Louys le envió el libro ‘Herodías’ de Stephane Mallarmé, que sería toda una revelación. Lo iría a visitar en varias ocasiones; la última poco antes de su muerte. A Paul Valéry siempre se le consideró el discípulo del poeta simbolista, lo editó y lo estudió, y el maestro de la poesía pura; con él compartía la pasión por Edgar Allan Poe y quizá otro rasgo: ambos buscaban la obra perfecta pero no tenían prisa ni ansiedad en encontrarla.
Uno de los hechos claves en la vida de Valéry fue la que se denomina ‘Noche de Génova’ en 1892. Vio caminar a una joven hermosa y esbelta, catalana, y quedó hipnotizado. O subyugado. Experimentó algo más intenso y extraño que el amor a primera vista. Quedó conmocionado: nunca había visto una criatura tan espectacular. De golpe, su vida anterior perdía su sentido. El poeta diría que vivió su “noche mística bajo el signo de la nada”; fue, dicho sea de paso, una noche de relámpagos. Quizá no se recuperase del todo de la impresión; algunos años después, desesperado de nuevo, preparó una soga para suicidarse, pero al final logró huir de la muerte. Con muchos amigos en las artes y las letras, gracias a Edgar Degas conoció a su futura esposa: Jeannie Gobillard. Se casarían en 1890 y tendrían dos hijas y un hijo. En ese instante, Valéry, que había sido periodista y oficinista entre otros empeños, alcanzó la estabilidad laboral.
Prácticamente entonces iniciaría la redacción de su sólida obra: en 1906 publicó ‘La velada de Monsieur Teste’ (en Zaragoza la ha editado Manuel Forega), ‘La joven parca’ (1917) o el ya citado ‘El cementerio marino’. Se convirtió en el poeta mejor valorado de Francia. En 1921 conoció a la escritora Catherine Pozzi –amiga de Rainer Maria Rilke o Marcel Schwob- y vivieron un intenso amor que iba a durar hasta 1928. Ella lo consideraba el amante, el maestro, “hasta el mismísimo Dios”. Se intercambiaron muchas cartas –el cursó alrededor de 950, ella más de 300- que serían quemadas ante notario, pero gracias a los ‘Diarios’ de ella y a los ‘Cahiers’ de él se han recuperado unas 300 que integran el libro ‘La Flamme et la Cendre’ (La llama y la ceniza. Gallimard, 2011). Cartas de amor, de dolor, de odio y de acusación de plagio: Catherine Pozzi publicaría la novela breve ‘Agnes’ (acaba de traducirla en España el sello Periférica), pero antes le dijo a Valéry que se la había copiado en uno de sus textos. Él le contestó: “Usted era la salvación, así como ahora es la perdición”.
La fama de Valery no hizo más que crecer. En 1925 entró en la Academia Francesa y firmó nuevos libros como ‘Melange’ (1924 y 1928), ‘Mi Fausto’ (1928) o sus impresionantes ‘Cahiers’ (Cuadernos): redactó más de 200, varios miles de páginas, llenos de dibujos, de fotos, de poemas. A Valéry aún le quedaba por vivir una nueva historia de pasión clandestina con la escritora Jeanne Loviton, cuya correspondencia acaba de aparecer en el sello Gallimard. Jeanne Loviton era escritora y se hacía llamar Jean Voilier. El poeta la llamaba “querido” (para disimular), “pichoncito mío” o “querida amiga”. La aventura duró desde 1938 hasta dos meses antes de la muerte de Valéry en julio de 1945: ella le anunció que iba a casarse con otro escritor, Robert Denöel, y él no pudo soportarlo. Le había dedicado muchos poemas de amor. “Un hombre solo siempre está en mala compañía”, había escrito una vez. Murió en París pero lo enterraron en su ciudad. En el cementerio marino de Sète no siempre está solo: una mano caritativa, de tarde en tarde, le deja una piedra sobre la tumba. Alguien ha oído, en la canción de la brisa, una frase el poeta: “He nacido, y descanso para siempre, en uno de los lugares donde me habría gustado nacer”. Sète: la poesía del oleaje.
EL ANECDOTARIO
Barcos de España. Al lado del cementerio marino de Sète está el Museo Paul Valéry. Estos días hay una gran exposición de Joan Miró y el espacio se llena. Los niños se sientan en el suelo e intentan esclarecer que hay detrás de un cuadro que se llama ‘Personaje y pájaro’. En la primera planta está el espacio dedicado al poeta: se muestran sus manuscritos, sus cartas, sus dibujos y acuarelas y óleos, las esculturas que les hizo a amigos como Edgar Degas o André Gide. En el interior de una vitrina se ve una carta que Valéry dirigió a un amigo español, el periodista José María Junoy, que le hizo una reseña de su libro ‘La joven parca’ en Barcelona en 1918. Le agradecía la lectura y los elogios, y le decía que “leía un poco en español”. Añade: “Mi infancia transcurrió viendo llegar los barcos que procedían de España con su carga”.
En el año 1971, el poeta valenciano Francisco Brines publicaba ‘Aún no’, dedicado al poeta y estudioso Carlos Bousoño. Años después, entre otras publicaciones, Tusquets publicaba ‘Ensayo de una despedida. Poesía completa (1960-1997), han pasado casi veinte años. Ahí encuentro este poema de aquel poemario.
CUANDO AÚN SOY LA VIDA
[A Jorge Justo Padrón]
La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, el fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.
¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.
DE ‘EL OTOÑO DE LAS ROSAS’, quizá su poemario más conocido, es este texto.
HUERTO EN MARRAKECH
¿Te acuerdas de aquel sur en el rojo verano?
Entré en la breve noche para gozar de tu huerto:
rincón de madreselva, dos pequeños naranjos,
y aquel jazmín tan negro, de tanto olor, rodando
la falda del ciprés que sube al cielo.
Bañó el árbol la luna, y se mojó mi boca.
Y qué cansados luego las aguas y las rosas,
el ciprés, los naranjos, el ladrón de aquel huerto.
Y todo fue furtivo: el alba, luego el sueño.
*En la foto una obra de Georges Dambier tomada en Mallorca en 1958.
Enrique Vila-Matas ha recibido el Premio Formentor de las Letras 2014
El acto de entrega se celebra ayer sábado en el Hotel Barceló Formentor con la presencia de cerca de 300 invitados
El escritor Enrique Vila-Matas recibe ayer el Premio Formentor de las Letras 2014 en reconocimiento al conjunto literario de su obra. Simón Pedro Barceló y Marta Buadas, representantes de las familias patrocinadoras del premio, entregarán el galardón, dotado con 50.000€, en un acto con la presencia de cerca de 300 invitados.El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea, siendo su principal objetivo contribuir a consolidar y reconocer la posición de los autores que han sabido mantener su esencia literaria. El Premio se recuperó en 2011 con motivo de su cincuenta aniversario y en sus tres últimas ediciones lo han recibido Javier Marías (2013), Juan Goytisolo (2012) y Carlos Fuentes (2011). El galardón está patrocinado por la familia Barceló, propietaria del Hotel Barceló Formentor, y la familia Buadas.Un premio a toda la carreraEl jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Cristina Fernández Cubas, Eduardo Lago, Aurelio Major e Ignacio Vidal-Folch, ha reconocido por unanimidad los méritos de la obra Enrique Vila-Matas subrayando “la elegancia literaria con que Vila-Matas ha renovado los horizontes de la novela, dándole un ímpetu creativo que la ha situado de nuevo como gran crisol de las influencias, las voces e inspiraciones de nuestra cultura”.
Según el acta redactada por el jurado, “Vila-Matas ha desmentido con su prolífica obra narrativa la supuesta decadencia de un género que sigue mostrándose como el más eficaz relato de la conciencia contemporánea. Los procedimientos narrativos inventados por el autor catalán han supuesto una enérgica contribución al vigor de la literatura escrita en español y ha sido reconocida en Europa y Estados Unidos como una de las más significadas creaciones literarias de nuestro país”.“El autor de obras tan destacadas en la reciente historia de nuestra literatura, como La asesina ilustrada, Historia abreviada de la literatura portátil, Hijos sin hijos, Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, Dublinesca, Aire de Dylan o Kassel no invita a la lógica, ha sostenido un empeño coherente que adquirió desde sus primeras creaciones en la década de los setenta una voz propia e inconfundible. Un estilo personal que ha seducido a lectores europeos y americanos, entusiasmados por una imaginación que difumina las fronteras entre realidad y ficción, autor y personaje, lectura y vida”, según continúa el acta del premio.
Uno de los méritos del autor que los miembros del jurado quieren destacar es “el modo en que ha sabido abordar asuntos conflictivos y angustiosos de nuestro tiempo con una destreza literaria que ha hecho del ingenio, el humor y el espíritu lúdico un reconfortante punto de vista. Un estilo narrativo pero también una certeza filosófica que restaura la soberanía del individuo como eje moral de una existencia destinada a la plenitud, la inteligencia y el desenfado”.
Según recoge el acta del jurado, “Enrique Vila-Matas es además uno de los pocos autores españoles adoptados por el público joven latinoamericano, que ha reconocido en su obra cosmopolita la negación de unas fronteras que parecían insuperables. La complicidad y simpatía con que ha sido recibida confirma el territorio estético y lingüístico inaugurado por su narrativa: un relato abierto a la imaginación libre de restricciones costumbristas y fertilizado por el incesante acontecimiento artístico contemporáneo y por las tradiciones literarias que le han precedido”.
“La absorción de autores y obras desapercibidas en nuestra memoria cultural, la perspicaz integración de olvidadas contribuciones literarias, han hecho de la obra de Vila-Matas una polifonía que da a la figura del autor un nuevo significado: creador de formas narrativas inesperadas pero también heraldo de lo que había sido olvidado por la perezosa amnesia de nuestro tiempo”, añaden los miembros del jurado.El acta concluye que “la lectura de la originalísima obra de Vila Matas es también la lectura de una tradición felizmente entregada a la innovación que sólo pueden llevar a cabo los grandes creadores”.
Sobre Enrique Vila-Matas
Nació en Barcelona en 1948. De su obra narrativa destacan Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Bartleby y compañía, El mal de Montano (Seix Barral, 2012), Doctor Pasavento, Exploradores del abismo, Dietario voluble, Dublinesca (Seix Barral, 2010), Chet Baker piensa en su arte y Aire de Dylan (Seix Barral, 2012). Entre sus libros de ensayos literarios encontramos Para acabar con los números redondos, Desde la ciudad nerviosa, Aunque no entendamos nada, El viento ligero en Parma, Perder teorías (Seix Barral, 2010) y El viajero más lento. El arte de no terminar nada (Seix Barral, 2011). Traducido a 32 idiomas, ha obtenido un amplio reconocimiento internacional y ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica, el de la Real Academia Española, el Ciutat de Barcelona, el Herralde de Novela, el Fundación Lara, el Leteo, el Argital, el del Círculo de Críticos de Chile, el Meilleur Livre Étranger, el Fernando Aguirre-Libralire, el Médicis- Roman Étranger, el Jean Carrière, el Ennio Flaiano, el Elsa Morante, el Mondello, el Bottari Lattes Grinzaine y el Gregor von Rezzori. Es chevalier de la Legión de Honor francesa, pertenece a la Orden de Caballeros del Finnegans, y es rector (desconocido) de la Universidad Desconocida de Nueva York (McNally Jackson).
www.enriquevilamatas.com
El Premio Formentor
El Premio Formentor de las Letras reconoce el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea. En su primera etapa (1961/1967), el Premio Formentor fue impulsado por diferentes editores europeos (Carlos Barral, Antoine Gallimard, Einaudi…). Desde 2011, con motivo de su cincuenta aniversario, se vuelve a conceder este prestigioso premio que en las tres recientes ediciones ha recaído en Carlos Fuentes (2011), Juan Goytisolo (2012) y Javier Marías (2013). El premio Formentor está dotado con cincuenta mil euros, y cuenta con el patrocinio de los propietarios del hotel, la familia Barceló, y la familia Buadas.Durante los años 60, Formentor fue una referencia para la vanguardia de la edición europea y uno de los foros literarios más importantes y famosos. Durante varios años, se reunieron a los máximos exponentes de la literatura de la época en tertulias, encuentros y debates recreando una atmósfera singular que atrajo la mirada y la atención de algunos de los nombres propios sin los que hoy no se podría entender la historia de la cultura. Entre los anteriores galardonados se encuentran, entre otros, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Juan García Hortelano, Jorge Semprún, Saul Bellow y Witold Gombrovicz.
*Por cortesía de Basilio Baltasar y su equipo de comunicación con Elisa Álvarez Víctor. La ilustración es de Luis Grañena.

[A PLENO SOL. Xavi Ayén (Barcelona, 1969) ha publicado uno de los libros del verano: ‘Aquellos años del boom’ (RBA. Pemio Gaziel, 2013), donde narra las conexiones de autores como García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa con Barcelona, pero también con la localidad turolense, donde vivió y creó José Donoso.]

Donoso en la ONU de Calaceite
Sergio Vila-Sanjuán, escritor y crítico especializado en novela negra y best-seller, asegura que ‘Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo’ (RBA, 2014) de Xavi Ayén (Barcelona, 1969) es “el mejor libro de periodismo cultural que se ha escrito en España”. Sabe bien de lo que habla el premio Nadal-2012 y director de ‘Culturas’ de ‘La Vanguardia’: entre otras cosas fue alumno de aquellos talleres literarios, muy creativos y de mucho debate, que impartía José Donoso en Sitges en los años 70, poco después de haber vivido en Calaceite. A los años de Calaceite dedica Xavi Ayén un intenso capítulo sobre las ramificaciones del Boom –eso que se conoce como la explosión universal de las letras latinoamericanas y del realismo mágico a través de figuras como Borges, Rulfo, Cortázar, Sábato, García Márquez, Vargas Llosa...- en la localidad del Matarraña: allí vivió y escribió casi cuatro años, entre 1971y 1975, el autor de ‘Tres novelitas burguesas’, ‘Casa de campo’ y ‘El obsceno pájaro de la noche’ con su mujer María Pilar Serrano y allí viviría años después, y moriría de sida, el escritor y traductor Mauricio Wacquez, todo un personaje, como se ve en el capítulo ‘José Donoso y el jardín de la neurosis’.
De Vargas Llosa, “su gran amigo barcelonés”, es una frase antológica: “Donoso cultivaba su neurosis como otros cultivaban su jardín. Diría, asimismo, que su mujer también se dedicaba a abonar las neurosis de su marido”. Ayén, entre otros datos, dice que el novelista es “ciclotímico abrupto” y los Donoso son “enfermos pero también hipocondríacos (...) El punto débil de José era el estómago y el de María Pilar era el útero (...) La úlcera del escritor ha venido martirizándolo desde finales de los años cincuenta”. Ella intentará apoyarse en Mercedes Barcha, la esposa de García Márquez, para acudir a los médicos; él se alía con la agente literaria Carmen Balcells, de la que siempre recelaba. Quizá aquí conviene recordar una frase de Rosa Regàs: “Donoso era torturado, como sus novelas”.
Si algo queda claro en este libro minucioso, lleno de detalles, de personajes, de títulos y de incidencias humanas y literarias, es que José Donoso (1924-1996), que había dado clases en Estados Unidos, es uno de sus personajes más complejos: complejo, atormentado, acaso postergado, invadido de demonios, y uno de ellos era, sin duda, su homosexualidad. De esa pulsión, que se había revelado en varias ocasiones, derivada una sensación de dolor, de desgarro y de clandestinidad; en sus diarios habla de ello y Ayén dice que le contó a su esposa sus inclinaciones antes de casarse.
Escribe el periodista y crítico: “Un día de 1971 Donoso se desplazó por primera vez al ignoto pueblo de Calaceite, en la comarca aragonesa del Matarraña, fronteriza entre Teruel y Tarragona. Iba a visitar a su traductor al francés, el elegante y acaudalado Didier Coste, quien trabajaba para Gallimard”. Donoso quería comentarle algunas dudas de su novela ‘El obsceno pájaro de la noche’ (1970); el novelista iría varias veces a la localidad, “entre viñas y olivares, “de casas de piedra, congelado en el siglo XVII”. Y, junto a Didier Coste, que lleva una cuidada barba de pocos días y luce pajarita, acabará enamorándose del pueblo”.
Donoso y su mujer compraron tres casas por 100.000 pesetas (600 euros), “ruinosas y contiguas”, y se instalaron allí, donde vivirían entre 1972 y 1976 porque reducían sus gastos a “una décima parte”. Dice Ayén: “El jefe de obras es el alemán afincado en el pueblo Klaus Wagner, que también reconstruirá más tarde las casas de la periodista Elsa Arana y del escritor Mauricio Wacquez”. Ayén cuenta otros detalles como algunos recelos “entre carpetovetónicos y xenófobos” que padeció Donoso. Lo eligieron un año pregonero de las fieras de Santa Espina y fue insultado por algunos paisanos: tuvo que oír “comunista”, “rojo” y “lárgate”, entre otras lindezas, y se hablaba de que era enemigo de Pinochet. Entre sus amigos se hizo famosa su casa, y especialmente su jardín. Donoso atrajo a los medios de comunicación al lugar que se convertiría muy pronto en “el Cadaqués de secano” y otros intelectuales y artistas empezaron a comprar casas allí. En sus diversas hornadas, Ayén recuerda al grafista suizo Yves Zimmermann y su esposa Vigna Kuoni, a Luis Buñuel, que iba mucho e intentó adaptar la novela de Donoso ‘El lugar sin límites’, al poeta y editor Antoni Marí, a los pintores Ràfols-Casamada y María Girona, a la historiadora del arte Natacha Seseña, al editor Gustavo Gili y por supuesto a los poetas y profesores Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate. El “bullicio cosmopolita” acentuaba los rumores: Calaceite parecía la ONU, como dijo un vecino. “Se recuerda –dice Xavi Ayén- el paso por el pueblo del actor Pablo Rabal y de Carlos Fuentes, Juan Benet, Luis Goytisolo, Carlos Barral (su prima, la pianista Isabel Rocha Barral, también cuenta con casa allí), Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Luis Rosales, Ana María Moix, Colita...” No figura en esta enumeración Vargas Llosa, pero sus hijos también iban y María Pilar Donoso jugaban con ellos y “hasta bromeaba con casarse, de mayor, con algunos de ellos”.
En la pareja Donoso-Serrano y Pilarcita había demasiadas sombras, como contó la joven en su novela ‘Correr el tupido velo’ (Alfaguara, 2010), donde desveló muchos secretos de familia y la tensión entre sus padres. El libro le costó el divorcio y finalmente el suicidio. Al parecer, José Donoso regresó a Calaceite en 1996 a casa de Mauricio Wacquez, de quien había estado enamorado al menos platónicamente. Ayén dice que “le recuerdan andando despacito, arrastrando los pies, con la cara blanca como la cera y su figura de extrema delgadez”. Poco después moriría “el personaje más trágico del boom”.
EL ANECDOTARIO

Memoria de Wacquez. Para Xavi Ayén, el escritor y traductor Mauricio Wacquez (1939-2000) fue la otra gran figura de Calaceite. Un hombre histriónico, vitalista, arrollador, que vivía con su compañero Francesc, químico, que murió mientras enterraban al autor chileno. Ambos fallecieron de sida, como recuerda Ayén en su excepcional trabajo de 876 páginas. Natacha Seseña dice que gesticulaba como Dalí, que era muy aparatoso. Y el Premio Cervantes Jorge Edwards, que frecuentó la localidad, dice: “Frente a la austeridad donosiana, a su mueca de duda, a su sentido de los límites, Wacquez representaba el sentido de la alegría, la euforia contagiosa, una risa que estallaba y que parecía que se desgranaba escaleras abajo por gradas de piedra redondeadas en inviernos interminables”.
-La foto 1: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-95ab58d72ada665254b9bdaedcc40ffa.jpg
-La foto 2: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5f7293356bcdddf906d0a6bb6c911433.jpg
-La foto 3: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-4d7e49fd913b386cc11319e4bd6ef60f.jpg
El próximo miércoles 13 de agosto, a las 20:30 horas, y dentro de las actividades de la XV Feria del Libro de Jaca, tendrá lugar, en el Salón de Ciento del Ayuntamiento, la conferencia «Memoria de los sueños en Mansa chatarra de Francisco Ferrer Lerín». Junto al autor intervendrán Antonio Armisén (Universidad de Zaragoza) y José Luis Falcó (Universidad de Valencia).