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Antón Castro

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ALFONSINA ABRAZÓ EL MAR

ALFONSINA ABRAZÓ EL MAR

A PLENO SOL. Alfonsina Storni (1892-1938) forma parte de esa constelación de poetas suicidas, con Anne Sexton, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik o Virginia Woolf. Visitó España en los años 30 y se carteó con el aragonés Julio Cejador y Frauca. Nórdica publica una antología suya: ‘Las grandes mujeres’. Una canción la ha hecho inmortal.

 

PIES DE FOTOs / NÓRDICA

Ilustración de Antonia Santolaya para el poema ‘Vida’: “Mis nervios están locos”.

 

ARCHIVO HERALDO

Uno de los retratos más conocidos de esta mujer inmortalizada por una canción.

 

Alfonsina, la poeta que abrazó el mar

 

 

Antón CASTRO

Durante muchos años la crítica literaria solía considerar a Gabriela Mistral, a Juana de Ibarbourou y a Alfonsina Storni como las tres grandes poetas de Sudamérica. Ahora la lista es mucho es amplia; sin duda, incluiría a Delmira Agustini, Sor Juana Inés de la Cruz, Ida Vitale, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela o Gioconda Belli, entre otras. Quizá ninguna de ellas arrastre esa leyenda de energía y vulnerabilidad, de misterio y locura, de fatalidad y pasión que enriquece a Alfonsina Storni (1892-1938). Fue una rebelde, una mujer de armas tomar, capaz de desafiar a quien fuese y fue, también, una criatura frágil, cristalina, que lo daba todo por la amistad, por la tertulia y por el sueño. Hay en ella una cierta bipolaridad: amaba el amor, lo buscaba, se entregaba, exaltaba su condición de mujer que anhela el placer, y a la vez es una mujer herida por el desamor y por esos hombres que no parecían entenderla ni, quizá, saciarla: “Hombre pequeñito, te amé media hora, / no me pidas más”, dijo.

Su muerte resulta tan cruel como literaria. Enferma de cáncer, abatida y acosada por los fantasmas que le dictaba su neurosis, en 1938 se trasladó a Mar de Plata. Al cabo de unos días, escribió un poema: ‘Me voy a dormir’, y lo envió a la redacción de ‘La Nación’, donde había publicado a menudo; tomó la dirección del espigón o escollera de la playa de la Perla y se arrojó al mar. Era el 25 de octubre; su cuerpo aparecería al día siguiente en la playa. “Yo tengo el corazón como la espuma (...) Mar, yo soñaba ser como tú eres”, había escrito. Existe otra versión como más poética para una mujer que cantó una y otra vez el embrujo del mar, su lubricidad, sus destellos y su incesante llamada: Alfonsina Storni habría entrado suavemente en las aguas y se había dejado ir sin ofrecer resistencia hasta que perdió pie. Así lo cuenta también la canción que escribieron Ariel Ramírez y Félix Luna y que han cantado, entre otras, Mercedes Sosa, Chabuca Granda, Soledad Bravo... El sello Nórdica publica una antología suya, ‘Las grandes mujeres’, ilustrada por Antonia Santolaya, con prólogo de Clara Sánchez.

Su existencia está entretejida de leyendas. Aunque nació accidentalmente en Sala Capriasca en Suiza, donde vivió hasta los cuatro años, dicen podría haber nacido en un barco. Instalada en Rosario (Argentina), donde sus padres tenían un bar (antes habían tenido una exitosa fábrica de cervezas), lavó los platos, sirvió las mesas y empezó a escribir a los doce años. Tras concluir sus faenas, redactó un poema que hablaba de los cementerios y se lo dejó a su madre, Paulina. Ella se alarmó y a la mañana siguiente le dijo que en el mundo había cosas bellas que invitaban a la alegría. Paradojas de la vida: pronto se separaría de su marido, un hombre extraño y alcohólico que desaparecía de cuando en cuando y que murió pronto.

Paulina rehízo su vida, tenía tres hijos más, dio clases en su domicilio y vio cómo maduraba su hija Alfonsina. Seguía con su antigua obstinación: escribía versos. Además, se matriculó en la Escuela Normal Mixta de Coronda. Ya había dado muestras de su vocación teatral, trabajó en varias compañías y se atrevía a cantar romanzas de ópera; en la ceremonia de entrega de títulos leyó un poema, ‘Un viaje a la luna’, cantó el brindis de ‘La Traviata’ (su biógrafa Josefina Delgado, en ‘Alfonsina Storni. Una biografía esencial’, De Bolsillo, 2010, dice que fue “ovacionada por su pura vocalización”) y le dedicó una composición a la directora de la Escuela, donde decía: “Maestro que del lodo hasta la cumbre / levantas a la plebe embrutecida”.

Su carrera había empezado a andar. Y su talento estaba a punto de destaparse, igual que su osadía: se enamoró de un hombre casado, tuvo un hijo, Alejandro, y asumió en solitario su condición de madre soltera. En busca de discreción, de empleo y de nuevas amistades literarias, se trasladó a Buenos Aires. Escribió en revistas y periódicos, firmó piezas de teatro y libros de poemas (‘La inquietud del rosal’, 1916; ‘Irremediablemente’, 1919; ‘Ocre’, 1925; ‘Mascarilla y trébol’, 1938...) y logró hacerse con un nombre. Y con un núcleo de amigos.

Habría que citar a muchos: los escritores Amado Nervo, Rubén Darío, que fue generoso y halagador con ella, José Ingenieros, Manuel Gálvez... Y a dos más: Leopoldo Lugones, fotógrafo y escritor que jamás le dedicó ni una línea a sus poemarios que recibía dedicados, y Horacio Quiroga, el autor de ‘Anaconda’ o ‘Cuentos de amor, de locura y de muerte’. Tuvieron una relación amistosa y amorosa entre 1919 y 1922, paseaban, iban al cine, escuchaban a Wagner. Se querían. Poco antes de su suicidio en 1937, por envenenamiento, Quiroga la invitó a que fuese a vivir con él a Misiones. Alfonsina no lo hizo. En 1931 estuvo en España: en Madrid, en Barcelona, en Murcia, en Toledo, en distintos lugares de Andalucía. Habló de poesía y de la citada Delmira Agustini. Poco después, Lorca también fue por Buenos Aires y se conocieron; ella no debió interesarle en exceso, aunque lo recibía en el café Tortoni: en una de sus cartas imitaba su lírica de exaltación femenina.

Quizá para entonces ya se había revelado con toda su crudeza el cáncer de pecho de la poeta. Tuvo más decepciones que triunfos, pero también le faltó autocrítica, a pesar de que podía ser simpática, sarcástica, lúcida, divertida e ingeniosa. Su poesía canta al deseo, a la condición de mujer y a la libertad: luchó por sobrevivir y soñar, por amar y ser amada. En los últimos tiempos, se prendaba de los esbeltos muchachos, entre ellos el titiritero Javier Villafañe, que residió en Zaragoza. Desde muy pronto, Alfonsina tuvo la premonición de que moriría joven. Así ocurrió en un océano de agua esmeralda al que tantas veces había cantado.

 

EL ANECDOTARIO

La Casa Rosada. En el imponente palacio de la Casa Rosada de Buenos Aires, el viajero entra, reconoce las estancias y en una de ellas se encuentra con próceres, intelectuales y artistas y creadores argentinos, entre ellos está Alfonsina. Tal como era: menuda, vivaz, chatilla. Cuando la conoció en persona, Gabriela Mistral, a quien se la habían definido como feúcha, se quedó admiraba de su encanto y de su fuerza.

Julio Cejador. En sus inicios prácticamente, cuando era actriz de teatro en gira por su país, a partir de 1908, Alfonsina Storni tuvo correspondencia con el filólogo y escritor aragonés, editor de Baltasar Gracián, Julio Cejador (Zaragoza, 1864-Madrid, 1927. José Luis Melero lo retrata en el libro ‘Oscura turba’), al que le contaba: “A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro clásico y contemporáneo”.

HOY, CON 'SEDUCCIÓN', EN CALACEITE

DOS POEMAS DE 'SEDUCCIÓN' DEDICADOS AL MATARRAÑA

 
Esta tarde, viernes 8, a las 20.00, en el Museo Juan Cabré se presenta mi libro ‘Seducción’ (Olifante, 2014), un poemario de amor, dividido en cuatro tiempos. Me acompañará el profesor de inglés, melómano y amigo desde hace 27 años Juan José Blasco Adé, más conocido como Juanjo Panamá, que es un gran enamorado desde hace años del Matarraña. Suele ir con su madre siempre a pasar unos días de vacaciones y suele pernoctar entre buenos amigos en La Alquería de Ráfales, que se distingue por el buen trato, una atmósfera ideal de tertulia y una estupenda gastronomía. Juanjo es así de sentimental.

Leeré algunos poemas del libro, entre ellos estos dos: uno dedicado a Ángel Crespo y a Pilar Gómez Bedate ( en las dos úlitmas fotos), a los que vi en su casa de Calaceite casi como se cuenta aquí, y otro dedicado a la pintora, decoradora y galerista Gema Noguera (en las dos primeras fotos).Agradezco desde aquí la amable invitación de Carmen Portolés y de Lola Pintado que dan vida al Museo y al Bajo Aragón con su entusiasmo y su pasión por la cultura.

 

UNA BRISA NOCTURNA

[A Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate]

Vivían con las palabras precisas.
Con las suyas y con las de los otros:
con las de Fernando Pessoa y Rilke,
con las de Juan Ramón Jiménez,
con las de Stéphane Mallarmé.
Y esas palabras, en forma de versos,
andaban por la casa como pájaros 
inquietos, como las notas huidizas 
de una ópera o de un río de sílabas.
Vivían entre las piedras y el cielo, 
entre los búcaros y el aleteo
de las telas. Siempre había un olor
a madera y a intimidad cercada.
Los libros estaban cerca. Los discos,
los cuadernos y una cesta de frutas.
Al llegar la noche, él se retiraba 
a un palomar que era su obrador,
su estudio y el oratorio de la poesía.
Hablaba con Ofelia, con Zenobia,
con Beatriz, el delirio de Dante.
Congregaba a los espectros del verbo.
Había un instante en que ella subía
a sentarse a su lado: temblaba la luna
y encendía la fronda de los olivos.
Una brisa retornaba del campo
y entraba por la ventana para ellos.



GEMA NOGUERA

[A Lola Pintado y Carmen Portolés]

Nada era como me lo había imaginado
y a la vez era idéntico a como quería que fuese.
Primero, el río: avanzaba ante tu taller y tu casa
con sus cascadas y sus espejos de agua verde, 
se colaba afanoso bajo el gran puente
que parece temblar en el aire del tiempo.
Luego, la fábrica: antigua, llena de escorchones,
cosida por las cicatrices de la memoria.
Miré un instante la fronda voraginosa,
oí el violín adormecido de las hojas
y pensé que aquel era un paraíso en desorden,
el refugio ideal para los días de lluvia.
Entré. Me encontré con tu bicicleta.
Dime, ¿era más bien morada, granate,
podías pasear en su frágil armazón, 
llevar las primeras frutas del verano? 
Acudí a tu taller, casi sin querer. Y vi 
tus cuadros, esos océanos de rojiza luz,
ese oleaje dormido de la noche en tierra. 
Percibí tu mano en todo: en las paredes,
en los diseños, en la atmósfera de creación.
En la salobre humedad de las galerías.
Más tarde, impregnado de ti y de tus fuegos,
vi las demás salas: la cerámica, la obra en papel,
el círculo de amigos, el solanar de la invención.
Poco después conocí a tu madre. Y la biblioteca
donde solías refugiarte. Hojeé tus dibujos, 
repasé algunas fotos de familia.
Habría llorado. Por ti y por los otros,
por el río que vierte sus lágrimas, 
por la bicicleta ya abandonada.
Tu madre me llevó ante la noguera 
donde yaces para siempre con tu padre, 
hechos ceniza y limo fecundado.
Cerré los ojos y escuché tu silencio.
El olor de la lavanda se mezcló con tu sonrisa: 
va y viene como un ave del jardín.

OTRA FIESTA DE LA POESÍA EN SORIA

OTRA FIESTA  DE LA POESÍA EN SORIA

Los poetas aragoneses protagonistas de la

Séptima Edición de la Feria Expoesía en Soria

 

Los poetas Miguel Labordeta y Manuel Pinillos serán homenajeados mañana 7 de agosto en la ciudad de Soria. Y Miguel Ángel Yusta presentará su poemario “20 + 1 poemas” el sábado 9 de agosto

 

Del 5 al 10 de agosto, Soria, la Ciudad de los Poetas, hace honor a su nombre y llena de poesía cada rincón con recitales, talleres para niños, firmas de libros y clases magistrales

[Nota de Luis Ulargui.] La poesía aragonesa se hará un hueco entre las más de 50 actividades de la Séptima Edición de la Feria Literaria Expoesía de Soria. Una de las ferias literarias más importantes dedicada única y exclusivamente al género de la poesía. Los versos de Miguel Labordeta y de Manuel Pinillos junto con la presentación de la edición bilingüe del poemario de Miguel Ángel Yusta “20 + 1 poemas” serán protagonistas de este año en la ciudad de Soria.

 

El jueves 7 de agosto el escritor y premio de las Letras Aragonesas Ángel Guinda junto a Trinidad Ruiz dedicarán más de dos horas a deleitar con la historia literaria y con los versos de dos grandes poetas zaragozanos: Miguel Labordeta y Manuel Pinillos. Miguel Labordeta, hermano del cantautor, escritor y político José Antonio Labordeta, es posiblemente uno de los poetas más originales que ha dado las letras aragonesas en el siglo XX. Cultivó el surrealismo con un lenguaje barroco y expresivo y de amplios registros. Por su arte Manuel Pinillos fue un autor muy querido en tierras aragonesas y fue uno de los mejores críticos literarios aragoneses.

 

El 9 de agosto Miguel Ángel Yusta presentará la edición bilingüe, castellano gallego, que se ha realizado de su poemario “20 + 1 poemas” por parte de la editorial Lastura. Le acompañarán la escritora orenseana Montserrat Villar y la madrileña Laura Gómez Recas, quienes también presentarán sus poemarios traducidos a la lengua gallega.

 

Otros actos de Expoesía 2014

El programa de Expoesía 2014 cuenta con más de 50 actos y, en él, encontraremos actividades para los seguidores incondicionales de versos, rimas y cuartetos (lecturas, recitales, presentaciones de libros, etc.) y cuyo objetivo fundamental es acercar la poesía a todos aquellos que estén interesados en conocerla, disfrutarla y saborearla con los cinco sentidos.

 

Este año, bajo el lema “Poetas malditos-Malditos Poetas”, la poesía quiere dedicar muchas de sus actividades a esos poetas que fueron defenestrados y olvidados pero que gracias a sus poemarios hicieron más rica y completa, y por qué no, más lúcido un género fundamental de nuestras letras. Leopoldo María Panero, el salmantino Aníbal Sánchez, el granadino Javier Egea o Chico Sánchez Ferlosio serán algunos de los poetas “malditos” que recorrerán los actos de Expoesía 2014.

 

Además debemos considerar como actos centrales la presencia del último Premio de las Letras de Castilla y León Jesús Hilario Tundidor y del Premio Gil de Biedma, Fermín Herreros, los recitales de poetas entre los que destacan el murciano Alberto Caride, el burgalés Carlos de Frühbeck, la orensana Montserrat Villar o el madrileño Javier Expósito con su poemario “Más alto que el aire”. Una última cita de Expoesía 2014 en la que la música y la palabra se darán la mano en la voz de este poeta polémico a veces, excéntrico y genial a la vez y que muchas veces raya lo infantil.

 

Este año en el programa de actividades destaca la unión de teatro y poesía de la mano de un conjunto de teatralizaciones y recitales como la que se celebrará el 4 de agosto (como anticipo de toda la semana de poesía) por la compañía Contando Hormigas, un grupo de teatro compuesto dos actrices invidentes que realizarán una curiosa adaptación de la vida de la santa y poeta alemana Hildegard Von Bigen. “Las Visiones de Hildegard” nos traslada al mundo del medievo para conocer la locura de una abadesa adelantada a su tiempo por sus ideas revolucionarias, científicas y filosóficas. Una obra para disfrutarla con todos los sentidos. Pero no será la única obra teatral de  Expoesía 2014, el grupo extremeño Guirigai será el encargado de traer “Noche Oscura, Ahora” de San Juan de la Cruz (el 5 de agoto) y la actriz suiza Isabelle Stoffel será la encargada de ponerse en la piel de Santa Teresa de Jesús en su obra “Traspasada” (día 7 de agosto). Uno de los actos que Expoesía quiere dedicar al Año de Santa Teresa de Jesús, siendo Soria una de las ciudades teresianas donde la santa carmelita abrió una de sus moradas.

 

Una de las curiosidades de Expoesía son las ubicaciones de los actos que también son verdaderos recuerdos de los poetas que marcaron a esta ciudad. El aula y el claustro del Instituto Antonio Machado donde el poeta daba clases de francés y que será el lugar para las actuaciones y recitales nocturno, la Dehesa donde paseaba el poeta de la Generación del 98 con Leonor o los salones del Casino donde aún se guarda el piano que tocaba el poeta Gerardo Diego. Un lugar muy ligado a la vida social y literaria de la ciudad y donde ahora se ubica el Museo Casa de los Poetas.

 

Para Jesús Bárez, concejal de cultura de Soria, esta edición de Expoesía hace honor a uno de los géneros más interesantes de la literatura. “Soria, la ciudad de la poesía, la musa de poetas como Machado o Gerardo Diego, no puede dar la espalda a este género literario y, como desde hace siete años, nos volcamos en la poesía. Nuestra labor es poner a la poesía en un lugar preferente, donde debe estar, aquí en Soria entre la gente, en la calle, en cada rincón de la ciudad y este año esos poetas que quedaron en el olvido por ser malditos y muy lúcidos a la vez”

 

Además Soria durante estos días se engalanará con una serie de esculturas de grandes dimensiones inspiradas en los poetas “malditos” como Panero, Haro Ibars, entre otros. Un conjunto de obras donde la poesía se hace imagen y la escultura palabra poética. Las obras serán realizadas por el grupo artístico “Latidos del olvido”

 

 

*Miguel Labordeta por Cano.

CARMEN ALIAGA: ALGUNOS POEMAS

 

[Una selección de poemas, sin título, de Carmen Aliaga, poeta y rapsoda, que me ha enviado con generosidad. Las tres fotos son de Esther Bubley.]
Como halcón anillado
que consigue el escape
he llegado a la almena.

Delante de la sombra
de una guerra continua,
detrás del porvenir
y su ropaje en llamas.

La nuca despejada de los niños,
la falda de los pétalos abiertos,
el frío que retira
sus labios de mi puerta,
el dibujo rosado de los pómulos firmes.

El cielo como sábana
ya tibia de algún cuerpo,
los soles replegados
en el hombro más joven,
la sandalia trenzando
empeines y vitrinas,
el mundo a mis espaldas
vencedor y soberbio.

Todo,
todo lo he ido guardando
en la cesta del ojo,
el amirez antiguo,
la mezcla que rebosa,
el carbón y la nieve
de los sucesos.

La antorcha de la voz
que recuerda los golpes,
el hombre que camina
tras enterrar al hombre,
las cenizas abajo
mientras emprendo el vuelo.

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Transitar
el más ingrato túnel
con la venda en los ojos
igual que si jugases
a la gallina ciega.

Arrancar
de la propia baldosa
la sílaba oportuna
soltando de paredes
palabras que se agarran como lapas.

Hacer y deshacer
este puzzle complejo
y una vez acabado
anotar sus medidas,
la altura exacta, el peso,
como a un recién nacido
aún amoratado.

Arriesgarse a mostrarlo
mientras ves como empieza
a cobrar movimiento
y se dirige a ellos.

Hacia el primero,
el que lo arrojará a su vertedero
como un simple desecho,
hacia el segundo,
que pasará junto a él
con la más absoluta indeferencia
y hacia el tercero
que quizá lo amará
hasta darle su nombre.

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O let me be awake, my God!
Or let me sleep alway.
(S.T.Coleridge)

A menudo despierto al borde del espanto.
Tú duermes a mi lado
y sueñas con los peces que se escapan de mí.

Abro la boca como el lobo y el hambre
pero sólo me trago mi propio grito,
tu ropa en la caboa,
mi piel en el perchero,
este dolor que llevo de pijama.

El sueño y sus verdugos me taparán los ojos
mientras el mar se pudra debajo de mi lengua.

Agua.
Agua para el ahogado.

Las olas, al final, me romperán el cuello.
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                                                         Todos vosotros conocéis
                                                          la profunda melancolía que nos sobrecoge
                                                          al recordar los tiempos felices.
                                                                    (Erns Jünger)

En aquel largo tiempo
de promesas y dudas
aprendí a recostar mi cabeza
sobre los acantilados de mármol.

El libro fue la almohada,
lamparilla encendida,
la extensa prolongación
de mi mejilla.

La obra, como un pájaro,
desplegaba sus alas
y anidaba en mi frente,
antesala del sueño.

El reflejo del sol
sobre la flor de fuego,
el silencio en la ermita y el herbario,
el bárbaro menguando
ante el niño creciente.
La gran sabiduría
dominando el veneno.

Y el mármol recubría mis manos extranjeras,
acantilados que se alzaban
ante los pies descalzos de la palabra.

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En las horas más negras
voy pariendo las letras de mis hijos,
los hijos de mis letras.

Es mi voz ese llanto de madre abandonada,
ese grito primero que asoma la cabeza.
La miseria de fuera
tirará de los hombros
para sacar el resto.

Pero decidme ahora,
mientras que me desangro,
quién coserá mi herida,
quién cerrará mi ombligo,
quién dará la palmada
para que el niño llore,
ya huérfano de mí.
*
¿En qué momento fui
expulsado del árbol de la mirra?
¿Por qué no me deshice
bajo el espeso limo del diluvio?

El desierto ha abrasado
mi argolla y sus tobillos.
¿En qué momento el éxodo?
Los cien ojos de Argos
me vigilan de cerca.

¿Por qué no veo el mar
si está llena mi boca
de sal y de cristales
de botella?

No ha de llegar a oído de los dioses
ni el clamor ni la súplica.
La cruel metamorfosis
no admite retroceso.

Me alejaré del templo sin voces y sin flautas
repitiendo, cual Eco,el último sonido.
Cúmplase la palabra de la pitia.
No volveré a mi forma primitiva.

*

La bestia ha regresado
con su carcaj abierto.

Mi pequeño animal anunció su llegada
y el día fue un aullido
de perros en la muerte.

La bestia ha regresado.

El testamento cuelga
de su hocico imponente.
Los pájaros de Ares
excavan persistentes
la mina descubierta.

La bestia ha regresado.

Mi casa arrastra un río
de frutas que se pudren
mientras se quema
la tierra de mi padre.

La bestia ha regresado.

Sobre mi vientre yace
un niño de ceniza,
los huesos de manzana
que lo atragantan.

*


Hoy amanece lento
sobre el tejido limpio
y los astros confunden
las aguas con la tela.
Mar del este,
mar sujeto a una barra de hierro,
estandarte de estrellas de diez puntas.
Mar del este y del norte
sobre flores de hilo,
donde el destello muestra
el esmerado paso de la aguja.

Hoy amanece lento
y el hermoso animal de la luz
se abalanza
sobre la cara y cruz de aquello cuanto nombra,
sobre el faldón del niño que bautiza.
Nada escapa a sus ojos enormes
a su larga pupila hambrienta de matices,
el acero, el cristal,
la madera,
la nívea porcelana
de la pequeña marioneta durmiente.

Hijo de Adán
despierta de tu noche,
de esa mano engañosa que bate palmas
y oculta la canción de la muerta primavera.
Hijo de Adán,
anciano de los días,
afila la tijera de tus dedos pintados
y rasga tu atavío,
ese paño de sombras,
la tela de fantasma
que te recubre.


*

... y todo en movimiento

las aspas del molino,
la cinta del tocado,
la cámara de aire
sobre la extensa
báscula de pesaje,

la luz parpadeante
del viejo fluorescente,
el velo de la novia
como una catarata
de tiempo venidero

...y todo en movimiento

la flor sobre la urna,
la muerte repitiéndose,
los piececitos limpios
de aquel niño minúsculo
que volvía a la vida

la ceniza en la frente,
la tierra prometida,
la imagen de dos rostros
oscilando en el tiempo
como un único péndulo.
*
                                                                A mi padre, el mejor soldado

No hay mieles suficientes
para la boca amarga,
para la boca barco
y el mar como un zumbido
deshaciendo los cuerpos
de los ahogados,
para la boca hinchada
de peces y venenos,
el aguijón anclado de la reina.

No hay mieles suficientes
para la boca amarga,
para la boca tierra
indigesta de trenes,
de un sol que abre en canal
el vientre de los pájaros.

- Un hombre descarrila en medio de la noche-

y el fruto de la vida estalla en los manteles,
una granada roja
como una bomba.

La guerra ha terminado.

Retrocedan soldados a sus celdas
y arrojen de sus mesas
esa pila perfecta
de jugosas manzanas,

pues siempre hay un momento
en que se acaba el hambre.

*

LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR

No podremos tocar
las cien manos del álamo
vertiendo lentamente
el oro de sus hojas,
esa joya que labran
para esculpir su nombre.

No podremos sentarnos
frente a la nueva pérgola
esa que reclamamos
y apuntó a nuestro rostro
con sus armas de fuego.

No podremos medir
la distancia en milímetros
entre los dos amantes
que hayemos suplantándonos,
ni la estatura nueva
del ciprés vigilante.

Pero te juro, amor,
que ellos podrán oír
nuestra voz al unísono,
el contrapunto
resonando sublime
sobre los setos recortados,
sobre la catarata helada
de diciembre,

sobre el grito estruendoso
de esas aves exóticas
aquéllas que exhibían
el multiforme,
el infinito
Cántico de la Vida.
Fotos:
-La 1. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-bab3c8216b076d6ae6e2c507b7788cae.jpg
-2. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e7d9be489c880cc4c3db94d3366d32a0.jpg
-3.https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-3f3bd0325df878c03a33958699837aae.jpg

 

LA PASIÓN DE BIOY Y ELENA GARRO

LA PASIÓN DE BIOY Y ELENA GARRO

[Hoy en mi sección diaria 'A pleno sol', en Heraldo y heraldo.es me acerco a la historia de amor de Elena Garro y Adolfo Bioy Casares, que se prolongó desde 1949 hasta 1969. El enlace este este, aunque aquí falta la historia de amor de Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo.]

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/08/01/

la_pasion_elena_garro_adolfo_bioy_casares_302679_308.html

 

 

A PLENO SOL. El autor de ‘El sueño de los héroes’ o ‘La invención de Morel’ e íntimo amigo de Borges compartió su vida siempre con su esposa Silvina Ocampo. Pese a ello fue un gran mujeriego y vivió una gran historia de amor con la autora de ‘Recuerdos del porvenir’, cuando aún era esposa del Nobel mexicano Octavio Paz.

 

 

La pasión de Elena Garro y Adolfo Bioy Casares

 

 

La literatura, como la vida, está llena de amores imposibles. Algunos fueron la semilla, el núcleo, la espiral de origen de libros maravillosos, de poemas sentidos o incluso de suicidios más o menos grotescos. Adolfo Bioy Casares (1914-1999) fue un escritor personalísimo, inclasificable, solitario: durante años, algunos decían que no existía y que era una invención de Jorge Luis Borges, el amigo inseparable con quien escribió a cuatro manos en varias ocasiones; un diccionario famoso de literatura de Aguilar lo liquidaba en 1985, antes de que ganase el Premio Cervantes en 1990.

 

Bioy pertenecía a una familia acomodada, le apasionaban los deportes, sobre todo el tenis, los coches y era un mujeriego. O uno de esos hombres sensuales y con encanto a los que las mujeres buscan, anhelan, protegen y acaban convirtiendo en amante e hijo a la vez. No le gustaba la noche y era más bien noctámbulo, decían que era intrínsecamente fiel y amó a muchas señoras. La mujer de su vida no ha sido Silvina Ocampo (1903-1993), con quien estuvo casado hasta su muerte. Al parecer tenían una pareja abierta, aunque quien peor lo pasó fue la finísima escritora de cuentos que, según diversos testimonios, sufrió ataques de cólera y de celos. En una ocasión, Bioy Casares le declaró su amor y ella le respondió así: “Lo sé. Has tenido una infinidad de mujeres, pero has vuelto siempre a mí. Creo que eso es una prueba de amor”.

 

Entre esa infinidad de mujeres hay una que destaca por encima de las demás: la escritora y periodista Elena Garro (1916-1998), primera esposa del Premio Nobel Octavio Paz; en 1963 firmaría una espléndida novela, ‘Los recuerdos del porvenir’, de la que muchos dicen que es, con los libros de Juan Rulfo, el anticipo del realismo mágico. Paz y Garro estuvieron casados entre 1937 y 1959 y tuvieron una hija: Helena Paz Garro (1939-2014). La relación entre los dos se deterioraría gravemente y apareció el odio. Elena Poniatowska, Premio Cervantes de 2013, escribió en ‘La jornada laboral’, en 2006, sobre el desencuentro con Paz tras la separación: «A Gabriela Mora le dijo [Elena Garro]: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él.  (...) en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz”».

¿Qué sucedió entre Adolfo Bioy Casares y Elena Garro? Se conocieron en París en 1949, en el hotel George V, durante una visita de la pareja argentina. En esa primera cita, pasó algo entre el seductor y la joven escritora. Hubo una atracción inmediata, una curiosidad recíproca. Bioy hizo lo posible para concertar un encuentro en un bosque de las afueras (Paz era diplomático y estaba ocupado) y se dice que caminaron, que hablaron, que se besaron y que alquilaron una pensión para pasar unas horas juntos. A partir de entonces, Bioy y Garro iniciaron una intensa correspondencia: la remitida por el autor de ‘El sueño de los héroes’, una novela que es casi un documento sobre su relación clandestina y apasionada, consta de 91 cartas, trece telegramas y tres tarjetas postales y se halla en Princeton. Y se prolongará durante veinte años, hasta 1969.

 

Elena Garro y Adolfo Bioy Casares solo se vieron dos veces más: en 1951 en París, de nuevo, y en 1956, en Nueva York. Helena Paz Garro supo por las palabras de su madre las claves de la historia de amor y en cierto modo también la vivió. En sus ‘Memorias’ (Océano, 2003) revela que su madre se quedó embarazada de Bioy y que la situación provocó el enojo de su padre, Octavio Paz, que habría obligado a abortar a su esposa. Según Helena, Paz le dijo a su madre: «Ese niño legalmente es mío. Cuando nazca se lo voy a mandar a mi madreY si tú te vas con Bioy, no vuelves a ver a Helena, pues el diplomático y el que tiene el poder soy yo. La embajada me apoyará, ¡pobre estúpida!». A pesar de este contratiempo, los amantes siguieron escribiéndose. Algunas de las cartas de Bioy son impresionantes. Esta se ha convertido en una de las más famosas: «Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. (...) Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades». Bioy alternaba las cartas literarias con del amante angustiado y halagador; le dice: «tengo tanta necesidad de ti que si no toleras estos monólogos voy a morir de angustia». En 1952 le escribió a Japón en estos términos: «recaigo en la monotonía y en mi amor y te cuento que eres mágica, o que eres la única diosa que he conocido».

 

Dejaron de escribirse tras la matanza de Tlateloco de 1968 y por una cuestión de felinos. Durante un viaje, Garro le pidió a Bioy que le cuidase los gatos porque tenía que irse de México. Se los mandó por avión a Buenos Aires en una caja. Bioy los tuvo algunos días en su casa y luego los llevó a una quinta. Ella se lo reprochó y experimentó una reacción inesperada: «Se me secó el amor», confesaría. También diría: «Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida». Agregó: «Adolfo fue la más feliz aventura de la creación». ¿Por qué no se irían nunca a vivir juntos?

 

 

 

el anecdotario

 

 

Silvina y Alejandra. Adolfo Bioy Casares tuvo infinidad de amoríos y de uno de ellos nació su hijo Fabián, al que reconoció al final de su vida. Pero también su esposa Silvina Ocampo -hermana de Victoria, la directora de la revista ‘Sur’ (que enamoró a Ortega y Gasset y a Tagore)-, vivió alguna relación secreta. Por ejemplo con la poeta Alejandra Pizarnik. Esta le envió numerosas cartas; una de las más efusivas fue de 1972, poco antes de su suicidio: « Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré.  (...) Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves que lo sexual es un “tercero” por añadidura».

 

*La foto de Bioy Casares puede verse aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-a5fcef859f5b570bf77b2c45942e5509.jpg

 

 

 

POEMAS DE EVA ANTÓN

[Conocí el otro día a Eva Antón Bravo en el Festival Internacional de Poesía. Fue una amiga, Katia, quien me dijo que escribía poemas. Le pedí algunos: aquí están. todos pertenecen a su primer poemario, ’Cama de faquires’, aún inédito. Retiro las fotos porque, como se ve, Eva sospecha que se comen sus palabras y este quería ser un homenaje gozoso a su poesía.]

 

CRISIS EN EL OLIMPO

 

 

Con las alas de Ícaro y el ovillo de Ariadna,

he volado al País de Ahora sí.

 

Big Brother me observaba, atentamente,

mientras el Minotauro se removía,

desorientado, en un armario ropero.

 

En la maleza, encontré al lobo,

recogiendo bayas silvestres.

 

Desatada huía Eurídice,

al metamorfosear en marihuana.

 

La bella durmiente sueña con su dosis

de somníferos.

 

 

Clasificados:

 

«Al Jubilarse Júpiter, anticipadamente,

queda una vacante en el Olimpo.

 

Los aspirantes a superhéroes pueden entregar su

currículum en: 

 

El Paraíso  -club nocturno del barrio chino-.»

 

 


REVELACIÓN

 

 

Triple salto vital hacia adentro.

 

Pon los pies en la Luna y

alcanzarás la Tierra.

 

 

EL VIAJE 

      Para Chemi

 

Cables de luz atraviesan un valle remoto,

son dos líneas paralelas de final imprevisto.

 

En la calzada, trotan caballos salvajes.

 

Una vez en la cima,

la niebla invade el sonido: el motor del microbús,

los cascos contra el asfalto y la discusión

                                                                  banal

de una pareja.

 

La lluvia nos recibe en la estación más cercana.

Los viajeros inician el regreso:

                                                  bolsos, maletas,

mochilas, abrazos.

 

Al llegar al origen, la ciudad es la misma

pero uno es diferente.

 

Algunos despiden a las personas que fueron.

  

APERITIVO

 

 

Rocío su cuerpo con nata líquida.

Enciendo el horno.

 

SPLEEN

 

 

Ella gritaba, cada noche,

al ver ese bicho oscuro en su almohada.

 

Abdomen pronunciado, piel morena,

bolsas en los ojos…

 

Arrepentida de una elección errónea,

-treinta años atrás-,

los ronquidos acompasados

ritmaban su rutina.

 

Hastío, soledad

y tedio.

 

La causa:

un marido en esquijama.

 

MUTANDI

 

He dejado a J.

He cortado las uñas al gato.

He afeitado al cactus.

 

Al fin caricias sin dolor.

 

 

ÁNGEL GUINDA: UN POEMA INÉDITO

ÁNGEL GUINDA: UN POEMA INÉDITO

 

[Desde hace más de un año, Ángel Guinda trabaja en un nuevo proyecto poético. Sospecha, pero no lo dice, que puede ser uno de los poemarios de su vida. Por ahora nada se sabe de este libro secreto, trabajo con pasión y calma. Es probable que esta composición pertenezca a ese volumen. Por ahora no está decidido: como Juan Ramón, Ángel ahí anda, concentrado, con la obra en marcha. La foto es de Alexander Bossano.]

 

NOCHE INSOMNE

 

Por Ángel GUINDA

 

La gran bóveda escupe, a la vez, agua y fuego

a través de una anémica sábana de neblina

que el viento agita y la humedad arruga.

¿De qué serán señal esas espinas de agua

entrebordadas con lluvia de estrellas?

El perro pastor ata su mirada perdida

cuando suena en las sombras la esquila de una lágrima.

¿Qué pensarán las cumbres de las negras montañas

tan canosas de nieves y hielos requedados?

¡Están frías las piedras; y mis ojos exploran,

más allá de las nubes, lo lejano visible!

¿Quién atiza los arcos de la magia y del miedo?

¿Quién lanza tempestades de aire sobre el mar?

¿Quién zarandea el bosque mientras danzan los árboles

y los nidos se inclinan con devoción de luto?

(Yo te miro dormida de pie junto a este verso.)

El torrente desliza murmullos de colores

borrados por las manos enrumbadas del sueño.

¿Quién expira escondido entre los matorrales?

Los pájaros descansan y, encogidas, las rocas

esperan a que el sol abra al mundo sus alas,

nos acerque el calor y rebulla la vida,

ocupen los gusanos las tierras requemadas

y aparten los insectos el velo de las flores.

Todo flota en silencio, aletargado, ¿o reza?

PINILLOS, POR LUIS FELIPE ALEGRE

[Luis Felipe Alegre Seró es uno de los grandes divulgadores de poesía española, aquí y en Latinoamérica, como recordó con sincero cariño Manuel Forega ayer en Veruela. Es actor y rapsoda. Hace unos días, con motivo de la publicación el pasado sábado de un artículo sobre Manuel Pinillos, le pedí que me hablase de su relación con el autor de ‘Sentado sobre el suelo’ y de algunos recuerdos del poeta nacido en 1912 y fallecido en 1989. Ángel Guinda acaba publicar una pequeña antología de su obra, que ha titulado con su poema favorito: ‘Realquilados’ (Olifante. La Casa del Poeta, 2014).]

 

LUIS FELIPE ALEGRE HABLA DE MANUEL PINILLOS

 

Traté a Manuel Pinillos y Margarita Sanjuán entre el 75 y 80.

Un día pasamos varias horas buscando hexámetros en los poemas de José Luis Alegre Cudós, que era el poeta de moda entre los jóvenes (había ganado el Adonais y el Boscán), solo por la presunción de que, como José Luis había sido seminarista,  escribiría con pies latinos.

Le gustaba la recitación. Recuerdo sus recitados de Hölderlin, seguramente el poeta que con más frecuencia citaba. Si alguien interrumpía la cita, le salía ese genio brusco que a veces asustaba.

La vehemencia de la conversación hacía que las noches pasaran en un periquete y las despedidas fueran ya a pleno sol con un revuelto en la mano...

A su casa llegaban muchos poetas jóvenes. Pinillos estaba al tanto de todo.

Se contaban de él muchas leyendas, que a veces eran verdaderas, como la boda secreta con Margarita.

A veces hablaba de la guerra. Cuando le oí relatar su encuentro con un soldado enemigo en el frente y la conversación que aquella noche mantuvieron, sentí que aquel diálogo había sido como ’La velada en Benicarló’ de Manuel Azaña pero a pie de obra.

El asunto de la poesía social era tema frecuente. Ante una polémica, Margarita nos mostraba cartas de Aleixandre, o de Celaya, para certificar los puntos de vista de Manolo.

Conocí pronto la poesía de Pinillos porque en la Escuela de Teatro Luis LLagostera nos había propuesto poesías suyas para memorizar. 

He llevado en repertorio varios poemas de Manuel Pinillos como ’Realquilados’, ’Humilde historia de mi cuarto’ o ’Un imprudente ha muerto’.

 

*Tomo la foto de Luis Felipe Alegre de aquí:

 https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-16a194c5d16a1a6bc58bdbe7c779bbe6.jpg

 

DOS POEMAS DE MANUEL PINILLOS 

 

HUMILDE HISTORIA DE MI CUARTO

 

 

Cuando te miro, humilde cuarto mío,

seguro y limpio, lleno de mi vida,

asomado a tus cales, a tu friso,

sentándome en tus sillas de madera,

me veo quietamente desvestido

del que soy en mis pasos, en mi rauda

consecución ajena a tu hondo espejo,

que en ti me configura. Tus arrugas,

tus grietas en los muros, se te han hecho

a través de mis años. ¡Ya las siento

pegadas a mi carne! Son el rostro

frontero que me dice lo que arrastro

de vejez, de tus horas ayudándome

con tu paz, con tus techos protectores;

con la luz que se filtra en tu ventana.

 

Cuando abro tus cristales y entra el día,

y viene el sol, benigno, hasta mis dedos,

como una paloma, con su pico

acariciando mi epidermis; cuando

me levanto del lecho y cojo un libro

y me hundo en sus márgenes calientes,

vuelvo la vista a tus paredes lisas

y sé que estoy mecido por tus brazos,

que me contienen y me arropan. Salgo

-algo me llama, algo me empuja-,

me uno a la ría de los otros, pero

vuelvo, y  me miras con tus ojos claros

y en seguida comprendes lo que tengo

dejando en las aceras, si estoy triste,

si me alegro, si canto por debajo,

indiferente a los raspazos de la lucha.

Pasan los meses, cava el tiempo encima,

furiosamente duele;

pero tú permaneces a mi lado,

envolviéndome, atándome a las cosas

que me guardas solícito (ah, tu armario

repleto de papeles, de recuerdos,

de pequeños detalles expresivos),

y pasa el tiempo en vida, pero duras

como mi cuerpo que me lleva y muestra

lo andado, lo sabido, lo que tengo si sufro.

 

Salgo afuera, me dejo atrás tu puerta

favorable, porque uno se hace al choque

de lo que enfrente a su frontera bulle;

pero tú aquí me aguardas, aquí pones

tu meta de partida y de llegada,

y como un perro noble me saludas

al retorno, lamiendo vas mi mano

cansada, me despojas de la ropa

aparatosa que me viste el hábito

social, y tiernamente me desahogas:

haces comodidad cada minuto,

te echas a mis pies en las alfombras,

me acoges en tu límite callado…

 

Un día pasaré tu dintel último 

y ya no habrá vuelta de las noches,

el pitillo final de la madrugada.

Pero en tu atroz silencio habrá algo íntimo,

como ese en que la esposa nos espera

cuando salimos y tardamos. Todo,

tus cuadros, tus visillos, la baldosa

donde me detenía escuchando tu calma,

tendrá conciencia de su soledad,

me aguardará sin abandono. Y luego,

cuando otro, no sé quién, me sustituya,

sé que tu siempre me oirás mi paso    entrando

en tu porche apretado, en tu paciente

refugio sin declive.

 

Cuarto casi mi voz, casi mi temple,

aquí me quedaré por siempre retratado,

pintado de costumbres que me dieron

mi forma inconfundible, Cuando pasen los años

y si retocan tu tabique o quitan

estos modestos muebles que te sirven,

tendrás mi olor, mi libertad; tu carne

de paredes tranquilas, quietamente,

aguardará el regreso que ya nunca

podré mostrarte,

seguirás esperándome en minutos,

a que encienda la luz sobre la madrugada,

y yo, en la muerte,

te miraré como a la voz tranquila

de alentar donde me he hecho

un hombre, aquí, a tu lado,

pisándote y sabiendo que jamás

te he perdido del todo,

pues eres tiempo mío y suelo de mis ansias.

 

                                             (de Viento y marea)

 

 

REALQUILADOS

 

 

Esposa, mira, toca este suelo, este triste

cuarto que nos cobija tan desnudo;

se parece al momento que nos lleva,  deshecho,

y enseña sus enormes rotos dando

en la calle con nubes una señal muy larga.

 

Sí, es algo parecido al grito del que vive

unido a la intemperie, al mendicante

despojado de todo y cercano a morirse.

      Porque nos han quitado la antigua luz, la

       casa,

mi cuarto –aquel que puse vestido de mi  amarte-

y somos casi unos mendigos que se abrazan

en el lecho que empieza a hundirse y baja a un miedo.

Y algunas noches, lentas cual burbujas

de un mar asolador, no tenemos apenas

fuerzas para sentirnos

unidos a los brazos que se buscan, se oprimen;

al cuerpo que remueve

la voz del corazón. Esposa, escucha

este gran remolino del día, este diluvio

de noticias feroces y dime que aún esperas

algo que nos afiance en el apego:

consigue de los años que crueles se hocican

sobre nuestro destino –terrible suceder-

que se nos hagan bellos como cuando anochece

y quedan astros fuera de la bóveda oscura.

Nos ha puesto la vida su mortífero y hondo peldaño de sufrir.

Estamos sin dinero, sin lámpara en el techo,

y hay que seguir la marcha

porque si nos dejamos arrastrar por la inercia

caeremos en las fauces del dios devorador:

esa muerte que suele irrumpir si te quedas

quieto bajo la sombra

que acecha ávidamente a los pobres que huelen

el convite de lejos y nada obtienen. Dame

la mano y repongamos la confianza.  Escuha

el silbido del campo que desde la ventana

vemos fulgir al sol. Y olvida

que esta casa no es nuestra, que fuimos despojados

de la propia un día

cualquiera, y que ese banco de mármoles y cheques

que compró por tres céntimos su derecho a arrojarnos

estará ahora rompiendo los muros, los

      tabiques

que supieron los besos íntimos, las palabras

que dejamos en ellos colgando cual  pedazos

de nuestro ondear la antorcha que allí nos

alumbraba

en el cada momento del ir a desfallecer.

¡A cambio de eso él les pondrá un oro sucio,

mientras un algo, nuestro, se quedará allí ahogado:

en medio de aquel templo de lujo y zafiedad!

 

Realquilados somos en el mundo habitado

todos los hombres. Álzate,

sigue dando tus hombros

a mi hoy sin apoyo, y bésame muy prieto,

muy dentro de la entraña;

pues que también los despedidos

del banquete podemos ser felices un rato

si sabemos estar en el amor. Oh, déjame

apoyar la cabeza en tu pecho extremado

y miremos los huertos humildes, las ovejas

que comen su hierbilla y a las que desde

       aquí oímos

mover lentas esquilas como un campanito

      hondo.

Pues vivimos al borde del campo, eso que

      abriga.

 

Y olvidemos lo otro, estemos más   cercanos;

estemos olvidando que el porvenir es  mísero.

Porque, al fin, aún seguimos en la tierra

y tu mano me deja un calor, un timbrazo

que me pone despierto el respirar. Y el alma

aquella que te diera requiere todavía

que eternizadamente sigamos el camino,

pisemos la vertiente, muramos sin temblor,

juntos, igual que el río entrelaza sus aguas. 

 

                  (de Viento y marea)