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Antón Castro

Fotógrafos

FOTOS DE MARIANNE BRESLAUER

Autorretrato de Marianne Breslauer. 1930.

CANNES, VISTO POR LOS TRAVERSO

 

Una selección de fotos del Festival de Cannes de Los Traverso, que puede verse en la FNAC: Liz Taylor, Monica Vitti, Brigitte Bardot, Sofía Loren, el equipo de ’Easy Rider’, Liz Taylor entre marineros...

EL FESTIVAL DE CANNES, EN LA FNAC

EL FESTIVAL DE CANNES, EN LA FNAC

Bajo el título CANNES CINEMA. HISTORIA VISUAL DEL FESTIVAL, Fnac Plaza España expone, del 1 de septiembre al 3 de noviembre, una muestra de 28 fotografías que rinde homenaje a la historia del mítico festival de cine a través de los ojos de la familia Traverso, cuatro generaciones de consumados fotógrafos que han tenido acceso exclusivo a los bastidores de los mejores directores y estrellas de todos los tiempos.

Desde el comienzo del festival en 1939 hasta la actualidad, los Traverso se han ido forjando una reputación sin igual en Cannes. Las primeras imágenes que realizaron captan la intimidad de una manera especial, mostrando a los famosos en sus habitaciones de hotel, relajándose en la playa o posando en yates privados. Henri Traverso degustó cócteles en la habitación de Grace Kelly, mientras que Gilles Traverso es uno de los ocho fotógrafos que goza en la actualidad de acceso a la alfombra roja y perpetúa así el crecimiento del amplio archivo familiar, que ya cuenta con más de 170.000 negativos.

Ordenadas cronológicamente, las bellas imágenes de Cannes Cinema narran la historia del desarrollo del festival: desde el ambiente local e informal que predominaba a finales de los 40, pasando por su eclosión en los 50 (cuando comenzó a atraer a estrellas del ámbito internacional), hasta sus últimos y más consolidados años. Elizabeth Taylor, Orson Welles, Brigitte Bardot, Alfred Hitchcock, Robert De Niro, Sharon Stone y Almodóvar, entre otros, quedan inmortalizados en esta exposición a través de las fotografías de la familia Traverso.

JORGE FUEMBUENA EN COMPOSTELA

I ENCONTRO DE ARTISTAS NOVOS

 

El aragonés Jorge Fuembuena ha recibido una de las becas para participar como ponente en el  I Encontro de Artistas Novos que se celebra entre los días 4 y 9 de septiembre en Santiago de Compostela, donde se reunirán artistas de la talla de Daniel Canogar o Pierre Gonnnord.

La Cidade da Cultura abre sus puertas a jóvenes creadores nacionales e internacionales para que entablen un diálogo constructivo en torno al arte contemporáneo. Este complejo cultural se convierte así en escenario de intercambio donde reflexionar sobre aspectos esenciales de la creación artística y aspectos más concretos relacionados con la construcción de una obra y su proyección en el mundo real.

Los objetivos establecidos son:

  1. La convivencia entre artistas jóvenes gallegos y procedentes de otros lugares.
  2. Recorrer y debatir sobre la situación actual del Arte Contemporáneo.
  3. Proporcionar un espacio de encuentro e intercambio de conocimientos e ideas.
  4. Proporcionar a sus participantes un lugar de acceso directo a artistas y obras consolidadas.
  5. Dar a conocer a los participantes las principales infraestructuras del territorio gallego dedicadas al arte contemporáneo.
  6.  

En aras de fomentar la convivencia entre los distintos participantes,  la Fundación Cidade da Cultura ayuda a los jóvenes artistas a abrir nuevas vías de difusión para sus obras y ofrecerles un espacio de conocimiento, de reflexión y de intercambio de ideas. Además, dentro del programa se establece el “Foro Abierto”, donde le damos a 30 jóvenes creadores la oportunidad de exponer públicamente sus propios proyectos artísticos.

 

Cada jornada se celebran también conferencias con reconocidos actores del Arte Contemporáneo para el enriquecimiento de los nuevos creadores.

En esta primera edición participan destacados agentes culturales como son el prestigioso historiador del Arte Rafael Doctor Roncero e Ignacio Santos Cidrás, director de Acción Cultural de la Cidade da Cultura; Miguel von Hafe, director del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC); David Barro, comisario independiente y director de la editorial Dardo-ds; e Iñaki Martínez Antelo, director del Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO).

Diálogo constructivo sobre  arte contemporáneo

4 - 9 sep
Dirigen: Rafael Doctor Roncero

Ignacio Santos Cidrás

 

*Esta es la información oficial. las fotos son de Jorge Fuembuena.

ROBERT CAPA EN BILBAO

Leyenda de amor y guerra de un fotógrafo

 

Mikel Begoña e Iñaket publican ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ que recrea, también, la apasionada historia del fotorreportero con Gerda Taro, aplastada por una tanqueta en Brunete

 

 

 

Robert Capa (Hungría, 1913-Indochina, 1954) es el fotógrafo más famoso de todos los tiempos. Fue un aventurero comprometido y vitalista que estuvo en algunos de los lugares donde se jugaba el partido de la libertad: en la Guerra Civil española, en la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el Desembarco de Normandía, y en otros muchos lugares donde hervían los conflictos, hasta tal punto que fue víctima de una mina antipersonal en Indochina. Siempre fue un hombre especial: carismático, seductor e inagotable que fundaría la agencia Magnum en 1947 con Henri Cartier-Bresson, George Rodgers y David Seymour ‘Chim’, entre otros.

A Ernest Endré Friedmann lo transformó en “el famoso fotógrafo norteamericano Robert Capa” una mujer, Gerda Taro, el amor de su vida, a la que perdería en Brunete, en 1937, aplastada por una tanqueta. Acababan de separarse en sus misiones: ella partió a Barcelona y acabó en Madrid; él se trasladó a Bilbao, luego estaría en Belchite y más tarde, en aquel invierno inolvidable de nevadas inmemoriales, captaría la batalla de Teruel. Como detalles que redondean su mito, Capa antes de ser Capa trabajó con Eva Besnyo, con André Kertész, conoció a Kati Horna, con la que coincidió en la guerra española, y tuvo una historia de amor con Ingrid Bergman que duró casi tres años. Y otra, más fugaz, con Hedy Lamarr.

Cuando Mikel Begoña empezó a fijarse en él para escribir el guión del cómic ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ (Norma, 2011), recuerda, con ironía y gracia, que “se nos puso un poco terco (…) por los muchos compromisos y compromisos que últimamente le avasallaban. Que si más memorias, que si una película, que si algún romantiquísimo best-seller, más alguna acusación de falsificación de fotografías. Los compromisos sociales persiguen a Capa a perpetuidad”. Pese a ello, Mikel Begoña se atrevió a investigar la vida del fotógrafo durante su estancia en Bilbao durante la batalla de Sollube en mayo de 1937.

El azar y los datos acudieron en la ayuda de Mikel Begoña y del dibujante Iñaket porque descubrieron otros personajes claves. Además de Capa, por supuesto Gerda Taro, cuya ausencia había sumido al fotógrafo en una crisis o cuando menos en un estado de melancolía. Las diversas biografías de Capa y Gerda revelan que ambos tenían otros escarceos amorosos, sobre todo Gerda que quería ser una mujer libre y rechazó en varias ocasiones la propuesta de matrimonio. Pero también se encontraron con la ya citada fotógrafa Kati Horna, que se casó con el dibujante español José Horna y que captó la desolada plaza del Torico tomada por tanquetas tras una secuencia de la batalla; se encontraron con Esther Zibelberg, que trabajó de enfermera en el Batallón Perezagua, fue herida y luego colaboró con la revista ‘Mujeres’ con el seudónimo Juanita Lefévre.

Se encontraron con el combatiente Francisco Artasánchez que, tras la derrota del bando republicano en Sollube, huyó a Gibraltar y luego a Uruguay. Y también descubrieron la figura de Luis Lezama, que pertenecía a la burguesía antifascista vasca: combatió, perdió, fue atrapado, condenado a muerte y finalmente logró huir por el monte.

Estos serían los personajes del drama, así como otros soldados anónimos de los dos bandos. Con todo ello, y con las distintas crónicas de los hechos (el ejército republicano estuvo aquí muy desasistido y dio por perdido el combate antes de tiempo: sería cruelmente vapuleado), Mikel Begoña e Iñaket componen una nueva mirada sobre la Guerra Civil, poco después del bombardeo de Guernica, y sobre un personaje como Robert Capa, que tenía mucho cariño a España: aquí alcanzó renombre, captó todas las trifulcas –Bilbao, Barcelona, Belchite, Teruel, Frente de Aragón y batalla del Ebro…-, aquí perdió a su gran amor (hecho del que derivó un cierto complejo de culpa), aquí coincidió con Ernest Hemingway, que también aparece contando historias e historias sin parar (entre ellas, una en la que ataca a José Robles Pazos, el traductor de John dos Passos, que protagonizó el recomendable libro ‘Enterrar a los muertos’ (Seix Barral, 2005) de Ignacio Martínez de Pisón).

‘Tristísima ceniza’ es, sobre todo, una historia coral de desgarros y enfrentamientos, resuelta en tonos blancos y azules, una historia con muchos matices –temáticos, de estructura narrativa y visual, de aventuras casi imposibles por tierra, por mar y por aire, temporales y de personajes- que ofrece otra mirada sobre los ecos del golpe de Estado de 1936, que aún sigue alimentando corrientes de tinta, de debate y de confrontación. El libro contiene varios apéndices, uno con los personajes y otro dedicado a las tres misteriosas cajas de bombones con los negativos perdidos del Capa.

DIEGO IBARRA EN AFGANISTÁN

DIEGO IBARRA EN AFGANISTÁN

 

[El fotógrafo y periodista zaragozano Diego Ibarra me ha escrito esta mañana con nuevas noticias. Es un trabajador incansable que denuncia la injusticia por doquier. Dice: “Acabo de regresar de Afganistán. Mucho curro. No he parado de trabajar. Poco a poco voy a subir unas historias al blog. De momento he subida esta sobre las mujeres:
http://diegoibarrasanchez.blogspot.com/”.
Aquí la cuelgo. No puedo poner todas las fotos, pero sí algunas. En su blog, todo se entiende mejor... Diego también ha hecho otros trabajos, entre ellos uno sobre prisiones mentales.]

 

CONTRA LAS CUERDAS

Texto y fotos: Diego Ibarra

 

El sonido de unos puñetazos impactando en unos sacos de boxeo parece despertar del pequeño letargo a los pacientes kabulíes que esperan el final del ayuno del Ramadán. Una ráfaga de sonidos se entremezcla entre el gimnasio destartalado que albergan las antiguas gradas del Estadio Ghazi, testigo sin voz de las ejecuciones por lapidación durante el oscuro legado de la era talibán. Por unos instantes la rabia acumulada de la pérdida se torna en esperanza. Cada golpe se trasforma en un revés contra el horror, cada gota de sudor derramada reescribe las páginas de una historia reinventada.

 

Shabnam, de 18 años, lleva cuatro años enfundándose unos guantes de boxeo. Es una de las veinticinco chicas que acuden tres veces por semana al Estadio. El objetivo, convertirse en una boxeadora profesional en un país marcado por más de treinta años de guerra y el legado conservacionista y patriarcal que los talibans inocularon en la sociedad diez años atrás. La mirada de Shabnam refleja  la llama de cambio que Afganistán necesita para despertar del letargo. Es una de las cuatro candidatas, junto con sus hermanas, Fátima, Sadaf y Shudufa, a participar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 representando a Afganistán. 

 

“Con la ayuda de Dios traeré una medalla”, aspira la joven boxeadora mientras critica la situación que tiene que vivir como mujer a diario. “Todavía las niñas se ven presionadas a abandonar la escuela y las obligan a casarse muy jóvenes. La práctica del deporte todavía sigue siendo un “privilegio” reservado a unos pocos.

 

Una hilera de jóvenes mujeres se yerguen pacientes a la espera de las instrucciones del entrenador.  El pitido del silbato rompe de facto la disciplina “castrense” que se respira en el gimnasio. El ruido de las zapatillas trotando  por el lúgubre espacio deportivo se refleja en la luna de los espejos. Las más tímidas se echan las manos al velo. El continuo movimiento ha puesto al descubierto sus cabellos. 

 

Los golpes se repiten una y otra vez. Los guantes azules impactan sin descanso cortando la respiración del “punch”. “Uno, dos, tres, respira, cúbrete y lanza un izquierdazo directo al ángulo vacío que se destapa” grita Mohammad Sabir Sharifi, ex boxeador profesional que entrena a las chicas. A pesar de las amenazas recibidas, Sabir tiene la misión de prepararlas para la cita olímpica. 

“Tengo miedo de las represalias. Me han amenazado en un par de ocasiones, unos tipos que me reconocieron en la calle”, advierte el entrenador que denuncia “las escasas medidas de seguridad en el club” en un momento en el que el país vive una nueva oleada de violencia. “Sólo las familias de clase social alta apoyan y alientan a sus hijas a que hagan deporte. El resto, está en contra”, concluye Sabir.

 

Shahayla, de 14 años, es la más joven del grupo y gracias al apoyo de su familia puede venir al Estadio para entrenarse. El pañuelo blanco que cubre su rostro y los guantes no son suficientes para ocultar su tierna inocencia. “Aunque cuento con el apoyo de mis padres, jamás se me permitiría abandonar el país para ir a competir a los juegos olímpicos”, explica con resignación la joven.

 

Han pasado 15 años desde que el régimen del Mulá Omar extendiese su legado draconiano prohibiendo hacer deporte a la mujer y privándola del trabajo y de la vida pública amparándose en la ley islámica (ley Sharia). 

No obstante, la situación  de la mujer en Afganistán todavía sigue siendo la asignatura pendiente del gobierno pro occidental de Hamid Karzai, que ve como la sociedad afgana continua reinventado los fantasmas no tan olvidados del oscurantismo talibán que continua encerrando en jaulas de azul turquesa,  de árida tierra y miradas perdidas  las esperanzas de la mujer en Afganistán.

 

 

 

EL FOTÓGRAFO ANTONIO TUROK, VISTO POR PABLO J. RICO

EL FOTÓGRAFO ANTONIO TUROK, VISTO POR PABLO J. RICO

[Desde hace algún tiempo he recuperado la correspondencia con Pablo J. Rico, escritor, comisario de proyectos artísticos, soñador del arte, que reside desde hace unos años en México. Pablo trabaja con muchos artistas: publica catálogos, colabora en carpetas de arte y bibliografía, coordina y dirige exposiciones, y como casi siempre busca historias, poemas, imágenes. Me envía este texto sobre uno de los retratos más conocidos del fotógrafo Antonio Turok: “Con Antonio Turok llevo algo entre manos. Antonio es uno de los fotógrafos más ‘decisivos’ de la fotografía mexicana contemporánea. Presenté su última exposición en el Centro Nacional de la Imagen aquí en México”].

  

EL RETRATO DE MARÍA CARTONES:

 

VISIONES Y VIDENCIAS EN UN ROSTRO ENLODADO…

 

Por Pablo J. RICO

 

 

En su magnífico libro monográfico Chiapas. El fin del silencio (1998), Antonio Turok presentaba una cuidada selección de sus fotografías de entre las miles realizadas aquellos años en Chiapas (1973-1995). Confieso que una en especial me cautivó nada más verla por primera vez: el retrato de María Cartones… Antonio Turok escribía allí sobre la dramática historia de esta mujer:

 

María era una mujer indígena de San Juan Chamula que ostentaba un alto cargo religioso en su comunidad: era la esposa del pasión del carnaval, una épica celebración que conmemora la creación del mundo. El marido murió antes de cumplir su encargo y, por costumbre y tradición, María Cartones fue nombrada Martoma Sacramento, “guardián del santo”, el más alto cargo religioso que se concede a una mujer. Significaba que tenía que cumplir con las obligaciones rituales que dejó incompletas su difunto marido. Para que pudiera cumplir con este cometido, la comunidad le otorgó el permiso de viajar a San Cristóbal a vender algunos productos en el mercado y de esa forma pagar sus deudas. En el camino María fue violada por un grupo de jóvenes coletos y resultó embarazada. Cuando nació la creatura, le fue arrebatada de los brazos por un grupo de religiosas. María se hundió en la locura. Se paseaba por las calles con el rostro untado de lodo, gritando en su pobre español y en su tzotzil entrecortado:

            ––¡Por eso uso mi máscara! Me embarro de mugre el rostro para ahuyentar a los hombres que me ofendieron cuando vendía naranjas, piñas y calabazas”…

 

La máscara de María Cartones no es un simulacro ni un disfraz tras el que se esconde esa mujer. No oculta sino manifiesta, es su identidad; como lo es también su mirada mística (que no mira ni ve este mundo ni de lejos ni de cerca), esa ceguera de su locura. La cara enlodada de María Cartones la identifica e individualiza… Rostro más que máscara, transfigurado, transubstanciado, espejo en negativo de su trágica biografía, de la misma materia de sus paisajes atormentados. Todo está fundido, es indesollable, en su rostro…“Un sujeto no elige rostros; son los rostros los que eligen sus sujetos” (…) “Más que poseer un rostro, nos introducimos en él”… ––afirmaba Gilles Deleuze en Mil Mesetas, donde dedica todo un capítulo al rostro y la “rostridad”, la producción social, política y cultural de rostros e identidades…

 

No me interesa la genealogía del “pecado” de locura de María Cartones ni los mares de lágrimas ni los estratos de violencia que moldearon su rostro embarrado. Me conmueve sobre todo su verdad original e inocente, el triunfo de lo orgánico y natural en su rostro. Parece como si Michel Foucault hubiera presentido a María Cartones y escrito para ella estas palabras: “Ahora toda locura y el todo de la locura deberá tener su equivalente externo o, para decirlo mejor, la esencia misma de la locura será objetivar al hombre, empujarlo al exterior de sí mismo, desplegarlo finalmente a nivel de la pura y simple naturaleza” (…) El hombre no se convierte en naturaleza por sí mismo, sino en la medida en que es capaz de locura”… La locura retratada de María Cartones es natural, se mimetiza con la naturaleza, forma parte de ella y la representa en su retrato; es la punta del iceberg de un mundo a la deriva ensimismado en su propia catástrofe.

 

El problema de la locura atraviesa toda la obra de Foucault. Su magna obra Historia de la Locura en la época clásica no fue sino uno de sus remedios homeopáticos. Foucault hizo de su locura un arte de vivir. “Sólo podemos evitar la muerte y la locura si hacemos de la existencia un “modo”, un arte” ––escribe Deleuze refiriéndose a Foucault… Por supuesto que la locura de María Cartones no es la locura del filósofo; su oficio no fue pensar sino sobrevivir tras su máscara de barro. Su rostro era una cuestión de vida o muerte… Así lo supo ver Antonio Turok que sin querer o aun queriendo dio vida a María Cartones más allá de su locura en la cordura de su retrato. ––cordura, soga visual trenzada que nos liga felizmente voluntarios a un rostro, una mirada perdida, su ceguera de este mundo…

 

El retrato de María Cartones es mucho más que su imagen exacta, especular; ha sido fijado y está impreso en su misma materia. Es una fotografía esencial… Como afirma Bergson en el primer capítulo de Materia y Memoria, “la fotografía, cuando la hay, está ya hecha, tomada en el propio interior de las cosas y en todos los puntos del espacio”… Deleuze reivindica esta revolucionaria concepción bergsoniana de la fotografía: “El ojo está ya en las cosas, forma parte de la imagen, es su visibilidad. Bergson lo muestra: la imagen es luminosa o visible en sí misma, solamente necesita una “pantalla oscura” que la impida moverse en todos los sentidos con las demás imágenes, que impida que la luz se propague y se difunda en todas direcciones, que refleje y refracte la luz” (…) ”El ojo no es la cámara sino la pantalla. La cámara, con todas sus funciones preposicionales, es más bien un tercer ojo, un ojo mental”.

 

Me fascina la mirada del artista, cómo no, el hacer del fotógrafo, su ojo mental, cómo logra “presentir” el acontecimiento, suspender el tiempo y captar el instante haciéndolo eterno, recordarlo una vez más en su estudio cuando la producción definitiva de la fotografía… Al respecto Deleuze afirmaba que “no es que haya tiempos muertos antes o después del acontecimiento, sino que el tiempo muerto ––yo diría “ciego”–– está en el acontecimiento”… El retrato de María Cartones es un retrato de artista. Las imágenes indiferenciadas de los media nos convierten en miradas pasivas, a lo peor en mirones ociosos. Pero “no son los media sino el arte quien puede alcanzar el acontecimiento” (…) “el acontecimiento más común nos convierte en videntes”… Ese “acontecimiento” que el artista prevé y presiente en un instante, esa unidad de tiempos, espacios y formas que recompone en su estudio, sus videncias, son entre otros atributos diferenciados del artista, entre sus destrezas, sus principales señas de identidad…

 

El artista es un vidente… ––“evidentemente”. Al respecto no puedo por menos que señalar una de las últimas intuiciones de Jacques Derrida, cuando confiesa que a partir de un cierto momento se percató que el privilegio tradicional de lo visible estaba constantemente sostenido, fundado, incluso él mismo desbordado, por el privilegio del tacto… En Mémoires d’aveugle. L´autoportrait et autres ruines, Derrida reflexiona extensamente sobre todo esto. La convencional diferenciación entre ver y tocar, su especificidad sensorial, la cuestiona al referirse a un “tacto que ve”, esa exploración que suele hacer el ciego con los dedos o ese gesto tan típico de extender las manos para anticipar lo que se va a encontrar, un “prever sin ver”… El gesto del ciego es tender las manos hacia delante, explorar el vacío, anticiparse al peligro. Lo (im)previsible se busca y encuentra palpando. Es “la especulación que se aventura”, que diría Derrida…

 

Lo más sorprendente de esta reflexión de Derrida sobre la ceguera son sus analogías con respecto a la escritura y el dibujo ––¿por qué no también la fotografía?... La escritura va a través de la noche, más lejos que lo visible o lo previsible.” (…) “No (más) saber, no (más) poder: la escritura se entrega más bien a la anticipación”. Una anticipación que no sólo es previsión o predicción sino que va más allá del plan, de lo previsible y predecible; corre riesgos, es pura videncia apenas con la yema de los dedos. Así entiendo el arte, sobre todo las artes visuales, a los artistas, ciegos videntes, cuyo gesto “oscila en el vacío entre la prensión, la aprehensión, la plegaria y la imploración”…

 

El dibujante, en la medida en que dibuja es un ciego, su lápiz es un bastón de ciego, está “interesado por los ciegos”, está “comprometido entre ellos”… Una imagen que representa un ciego ––y María Cartones lo es, tanto por su locura ciega como por el éxtasis de sus visiones–– es algo más que un retrato hecho por un artista. En cualquier retrato artístico hay “una fatalidad del autorretrato”, es decir una necesidad, una especie de obligación, algo funesto, un tropismo inevitable… Al retratar un ciego, el artista retrata al ciego que él mismo es; es pues un autorretrato. El autorretratado se mira y nos mira; se mira a los ojos en los ojos de su modelo y en sus espectadores. Vidente del vidente y no de lo visible, no ve nada.… Todo retrato-autorretrato es de imaginación, pese a los espejos, los mecanismos ópticos y sus operaciones…

 

La palabra castellana “óptica” procede del griego “optikós” ––vista–– y se aplica a las cosas relacionadas con la luz, la visión o los aparatos, lentes, etc., destinados a perfeccionar la visión de las cosas, “ver más y mejor”, es decir sus prótesis… Una imagen artística en realidad  no es más que lo que se ve —como la imagen en un espejo. Sin embargo de algún modo extraordinario una pintura, una fotografía, actúan de prótesis de nuestras miradas, nos hacen ver más de lo que se ve, más lejos, más profundo, hasta ver lo que no se ve, lo invisible… Resulta sorprendente la contigüidad en los diccionarios de otra palabra que nada tiene que ver semánticamente con “óptica” y sin embargo parece que prolongara su significado esotérico. Me estoy refiriendo al término “optimismo”, que en filosofía sería la atribución al universo de la máxima perfección como obra que es de un ser infinitamente perfecto; también es una propensión a ver o esperar lo mejor de las cosas. Ensambladas “óptica” y “optimismo” parece como si nos quisieran revelar que “ver y reconocer” cosas tiene que ver con el optimismo del que mira y quiere ver más allá de lo que ve. Al igual que en el espejo cada uno ve según interpreta, aunque se trata de una imagen aparentemente unívoca, fiel a su objeto original. El espectador pesimista es el que no ve nada, apenas sombras, estrategias de ocultación, extravagancias… Benditos los mirones creativos, los espectadores optimistas conmovidos por su experiencia estética, hasta cierto punto también videntes cegados por el aura de la obra de arte, que no sólo recrean una obra, como diría Duchamp sino que crean su propia obra con fragmentos y despojos de lo que miran… Qué alquimia la de esta ceguera artística. Qué milagro el de estos mirones transformados en videntes… Qué maravilla la de este retrato de María Cartones ––el autorretrato de un fotógrafo vidente, ni más ni menos…

 

Un buen retrato me parece siempre la dramatización de una biografía, o, mejor dicho, el derecho natural inherente a todo hombre”… ––Baudelaire, 1859

 

 

Ciudad de México, mayo 2010

DOLAN MOR: DOS POEMAS

DOLAN MOR: DOS POEMAS

El poeta Dolan Mor, un cubano de escritura versátil y personalísima que reside en Zaragoza desde hace años, está pasando un buen momento de creación y de eco de su poesía. Uno de sus últimos volúmenes es ‘La dispersión’, que publica Amargord. Me manda dos textos que acaban de ser traducidos al italiano y al rumano.

 

FOTOGRAFÍA 

(Traducción al italiano por Gordiano Lupi)

Me vienen a las manos

las baladas

de Johann Bellina,

eran azules,

dos perlas,

como tu ojos,

cuando eras joven

(¿recuerdas?

rusa, de pelo corto),

actriz de un cine mudo

(parecías

una dama violeta,

como las tardes

inglesas de Eliot,

y brillaba tu rostro, era

como de un mármol fino),

subían por mis manos

las letras

de aquella música

(sol de invierno,

en tu casa)

en la foto,

ya gris,

te escuchaba,

la melodía

era el tiempo

sin voz

sobre el papel,

tus rasgos de animal

(¡tu bella sombra!)

un ciclamen del este

(florecido),

y las baladas

de Johann Bellina

que no existe,

su nombre

lo he inventado,

igual que este poema

que refleja una foto,

un perfume

que robé de los dioses.

  

FOTOGRAFIA 

 

Mi trovo tra le mani
le ballate
de Johann Bellina,
erano azzurre,
due perle,
come i tuoi occhi,
quando eri giovane
(ricordi?
russa, con i capelli corti),
attrice di un cinema muto
(sembravi
una dama violetta,
come le sere
inglesi di Eliot,
e splendeva il tuo volto, era
come di un marmo fine),
uscivano dalle mie mani
le parole
di quella musica
(sole d’inverno,
nella tua casa)
nella foto,
ormai grigia,
ti ascoltavo,
la melodia
era il tempo
senza voce
sulla carta,
i tuoi gesti d’animale
(la tua bella ombra!)

un ciclamino dell’est
(fiorito),
e le ballate
di Johann Bellina
che non esiste,
il suo nome
l’ho inventato,
come questa poesia
che riflette una foto,
un profumo
che ho rubato agli dei.

 

 

Pensando en Daedalus en un viaje a China

 

 (Traducción al rumano Dumitru M. Ion)

 

                        

Subes una escalera de mármol

que flota sobre un lago en China

y a medida que te elevas sobre el agua

piensas en el mecanismo del poema.

Cada peldaño que ascienden tus pasos

es igual al misterio que opera

en el verso que construye tu mano.

Cada instante de duda sobre las losas

de piedra, equivale a pisar en el idioma

un artículo, un verbo, un sustantivo.

No te debes fiar de las barandas,

ni de los pasamanos, ni de los adjetivos.

Nunca debes mirar a tus zapatos

ni posar tus dos ojos como pájaros

en el punto de inicio hacia “el arriba”.

(Apréndelo de Lot o de Bataille.)

Una vez que comienzas no hay sentido

que no lleve a escribir el vano oficio.

O llegas a la meta y te deslizas

como un niño con alas sobre

un nuevo pasillo, o te dejan caer

con las palabras regadas como vísceras,

envueltas en la sangre que nadie limpiará

en tu caída, rodando en llamas

hacia las oscuras aguas de la hoja.

 

 

 

Cu gândul la Dedal într-o călătorie în China

 

Urci o scară de marmură

Care pluteşte deasupra unui lac în China

Şi pe măsură ce te ridici deasupra apei

Te gândeşti la mecanismul poemului.

Fiecare treaptă pe care o urcă paşii tăi

E la fel ca misterul care are se-ntâmplă

În versul de mâna ta construit.

Fiecare moment de indecizie pe lespezile

De piatră, e ca şi cum ar păşi în limbă

Un articol, un verb, un substantiv.

Nu trebuie să ai încredere în balustrade,

Nici în ale scărilor, nici în ale adjectivelor.

Niciodată să nu îţi priveşti încălţările

Nici să îţi îndrepţi cei doi ochi ca păsările

În punctul de plecare în ”sus”.

(Învaţ-o de la Lot sau de la Bataille.)

Odată ce începi nu există simţ

Care să nu ducă la scris, îndeletnicirea zadarnică.

Sau îţi atingi scopul şi te desprinzi,

Ca un copil cu aripi, pe

Un nou coridor, sau te lasă să cazi

Cu cuvintele umede ca viscerele,

Îmbibate în sângele pe care nimeni nu îl va curăţa

În căderea ta, rostogolindu-te-n flăcări

Spre întunecatele ape-ale filei.

 

 

*Dolan Mor recibe un premio de manos de Pilar Navarrete, entonces Directora General de Cultura del Gobierno de Aragón. Abajo, varias fotos de Wynn Richards.