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Antón Castro

Músicos

PILAR LORENGAR: OPINIONES

PILAR LORENGAR: OPINIONES

Pilar Lorengar (Zaragoza, 1928-Berlín, 1996) despertó admiración y cariño. Fue una mujer bondadosa y llena de humanidad. Constituye con Pilar Bayona, Luis Galve, Eduardo del Pueyo, Antón García Abril y Daniel Montorio, por citar nombres incuestionables, una de las figuras capitales que dio la música aragonesa al mundo en el siglo XX. Recogemos aquí algunas de las valoraciones de sus compañeros, de especialistas, de críticos o de seguidores. Algunos testimonios están recogidos en su primera biografía: ‘Pilar Lorengar, una aragonesa en Berlín’ (DGA / Universidad de Zaragoza) de Sergio Castillo y Alejandro Martínez, que también puede verse y leerse como el mejor complemento a la exposición que se exhibe en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos ‘Pablo Serrano’. Por cierto, se presenta este martes.

PLÁCIDO DOMINGO: “Ella y yo nos entendimos enseguida, como era lógico entre dos cantantes españoles que se encuentran en el extranjero, tan lejos de su patria. Pero es que además había entre nosotros un nexo más, ya que Pilar había nacido en Zaragoza, precisamente la ciudad donde yo había pasado algún tiempo de mi infancia y de la que todavía hoy guardo imborrables recuerdos. Mi abuela paterna, nacida en La Codoñera -en Teruel- regentaba un restaurante en el Tubo de Zaragoza y Pilar había crecido no lejos de allí, en el barrio de El Gancho. Mi padre nació de hecho en Zaragoza, en 1907. Siempre he dicho que corre sangre aragonesa por mis venas. Todo aquello hizo que Lorengar y yo nos entendiésemos desde el primer día, como dos auténticos maños. (…) No fueron demasiadas las ocasiones en las que pude compartir el escenario con Pilar Lorengar, pero sin duda todas ellas fueron intensas y han quedado guardadas en mi memoria. (…) Pilar era un ser maravilloso, angelical, su voz y su alma reflejaban un mismo encanto, una misma dulzura. (…) Era una mujer de raza, una persona espléndida y una artista completa”.

 

JESÚS LÓPEZ COBOS. “Mantuvimos una relación muy estrecha, era deliciosa; siempre hacía las cosas en silencio. Pocos antes del 9 de junio de 1990, la fecha de su última representación en Berlín, me llamó para preguntarme si yo podría dirigir ‘Tosca’, pero solo me dijo que sería su última función una semana antes. Y lo mismo ha sucedido con su muerte. No quiso que nadie lo supiera, ni siquiera su hermano. Yo hablé apenas diez minutos antes de su muerte con ella, y no me comentó nada, no se quejó, estuvo como siempre y se ha ido como vivió siempre: sin querer hacer ruido”. “Pilar fue, por lo que toca a su profesión, el perfeccionismo en persona. Y su belleza exterior quedó reflejada siempre en su modo de cantar, en su presencia escénica y en su vida privada. Todo en ella fue bello y su sentido de la estética presidió todos los actos de su vida. Pocas veces me he encontrado con una persona que transmitiese tantas sensaciones positivas, tanta alegría de vivir. (…) Pilar vivió su profesión al máximo y con una dedicación absoluta. Para ello pienso que renunció incluso a la maternidad, por temor a no poderla compaginar con su profesión. Para mí fue el ejemplo perfecto de honestidad artística. Siempre estará en mi olimpo personal de artistas universales”.

ODÓN ALONSO. “Era una mujer luminosa, deslumbrante, que irradiaba paz y dulzura. A ellas le gustaría que la recordáramos siempre con una sonrisa. Tenía Pilar los atributos profundos de la belleza; era bella en su naturaleza, en su espíritu y en su arte”.

ÁLVARO MARÍAS. “Pilar Lorengar es una de esas cantantes que merecen el mayor de los respetos: su carrera es un símbolo de inteligente, de seriedad, de constancia, de profesionalidad en el mejor sentido de la palabra”.

MIGUEL ÁNGEL TAPIA. El pianista y director-gerente del Conservatorio conserva espléndidos recuerdos de Pilar Lorengar. Vivió con ellas algunos momentos imborrables. “Primero. Cuando vino a cantar al Principal, se enteró de que yo era pianista y que le podía hacer algunas escalas. Así lo hacíamos. Aprovechaba para vocalizar, para realizar pequeños ensayos, y yo la oía embelesado. Siempre me fascinó su suavidad, su modo de cantar, su sencillez y, si puedo decirlo así, su piel blanquísima. Segundo. Un día me llamó y me dijo que quería cantar el ‘Ave María’ de Gounod ante la Virgen. Ella siempre tuvo gran cariño hacia la música religiosa. Hablé con el Cabildo y todo se puso en marchar. Me pidió que tocase el órgano. En teoría, nadie había grabado aquel instante mágico. Maravilloso. Histórico. Algunos años después, la periodista de Radio Zaragoza Conchita Carrillo me dijo: “Tengo algo muy especial para ti”. Me dio una cinta de casete. Lo oí y era aquella grabación. Se la llevé a Daniel Ríos, al Laboratorio de Sonido, y repartí algunas copias. Creo que es algo muy entrañable que define a Pilar Lorengar: su amor a la ciudad, a la música y al Pilar”.

 

PILAR TORREBLANCA. Soprano y discípula de Pilarín Andrés, era una de las grandes amigas de Pilar Lorengar. Participó en su homenaje póstumo en el Auditorio, con Miguel Zanetti al piano, y con Alfredo Kraus, Pilar Márquez, Pedro Lavirgen y Sergio García. Estuvo con ella en Berlín, en Madrid y en Zaragoza. “’Loren’, así le decíamos sus amigos, me llamaba siempre. Me daba consejos de todo tipo: de repertorios a elegir, sobre todo. Era sencilla y humilde. Yo estaba siempre a su lado: la acompañé cuando cantó el ‘Réquiem’ de Giuseppe Verdi, luego en un homenaje que recibió en Madrid; estuve con ella cuando dio el pregón, antes de cambiarse y después, y el día que cantó en el Pilar. Había muy poca gente; Pilar Andrés, a la que admiraba por sus métodos de respiración, también. Cantó ante el altar, y yo, llorando, me quedé en el coreto pequeño. Miguel Ángel Tapia estaba como un flan al órgano, y ella igual, nerviosísima y emocionada. Fue algo impresionante, maravilloso. Enferma ya, se estaba despidiendo de su Virgen del Pilar. De Pilar Lorengar me gustaba el color de su voz. Su constancia. Trabajó intensamente. Tenía un pequeño problema que era un poco su secreto: una voz con un trémolo algo mayor que lo natural, y se esforzó en dominarlo. Tiempo después vio que algunos cantantes exageraban esa vibración. Les preguntó por qué lo hacían. Le contestaban que era por parecerse a ella. Y Pilar me dijo una frase de Baltasar Gracián: “Benditos sean mis imitadores porque de ellos serán mis defectos”. Le he visto cantar cosas increíbles: la Desdémona de ‘Otello’, el ‘Don Carlo’, los temas de ‘lied’. Su voz tenía luz, igual que ella. Estaba cargada de sutileza y de luminosidad en la forma de cantar. Era sencilla, humilde y normal. Ella y Alfredo Kraus poseían una normalidad que no he visto en nadie”.

 

MIGUEL ZANETTI. “Pilar Lorengar fue una de las personas con las que mejor me he entendido personal y musicalmente. Era un placer trabajar con ella y se distinguía por una honradez musical excelente. La acompañé en varios de sus últimos recitales: en Berlín, en Murcia y en Oviedo, cuando se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes de 1991”.

PACO CUENCA CANTA HOY 'FEMMES FATALES' EN EL TEATRO DE LA ESTACIÓN

Mi querido y admirado Paco Cuenca ofrecerá hoy en el teatro de la Estación, a partir de las 20.00, un nuevo concierto sobre la música francesa. ’Femmes fatales’. Por diversas razones, que lamento mucho, no podré estar. Con su generosidad habitual, me mandó una explicación comentario de las canciones que va a interpretar con sus grandes amigos, y un poco hermanos, Coco Balasch y Chema Callejero. Me dicen que están todas las localidades agotadas.

’Femmes fatales’, selección de canciones.

Teatro de la Estación. Jueves, 3 de noviembre, 2016

Con Chema Callejero (piano) y Coco Balasch (contrabajo)

 

 EL CONCIERTO, CANCIÓN A CANCIÓN,
CONTADO POR PACO CUENCA

L’accordéon /Juliette Gréco

Canción del gran Serge Gainsbourg.

 

Aunque a mí no me gusta ni la personalidad de Juliette Gréco, ni su forma de cantar, es obvio que casi nadie comparte mis reservas. Gusta a casi todos. Entre las habilidades que le reconozco está la de haber conseguido, muy joven, ser admirada antes de haber hecho nada en absoluto. Cero. Cuando decidió hacerse cantante logró que su primera canción fuera, atención, con letra de Jean-Paul Sartre, que se brindó, y música del gigantesco Joseph Kosma (por recomendación de Sartre). Es prodigioso. Joseph Kosma, aunque no viene al caso, es el que puso música a varios poemas de Jacques Prévert. Cada canción es una maravilla (Les feuilles mortes o Rappelle-toi, Barbara). Luego sus amores turbulentos con Miles Davis, Piccoli y muchos más. Quizá el más sorprendente de todos es el que le llevó a casarse con un genio, su discreto y pusilánime pianista Gérard Jouannest, que fuera compositor, arreglista y pianista de Brel, un tierno que no corresponde al perfil de malotes que se han sucedido en su alcoba. Hasta ese matrimonio de conveniencia me molesta de ella. No me lo tengas en cuenta.

 

 

Les petits papiers / Régine (recreada por Jane Birkin, el grupo Noir désir y mucho/as más)

Canción del gran Serge Gainsbourg.

 

Gainsbourg, antes de atreverse a interpretar sus canciones fue autor-compositor, como se dice en Francia, para los demás. Régine, es muy popular en Francia pero por más cosas que por ser intérprete. Es una gran dama de la noche. Propietaria de salas de fiesta, discotecas, clubs en los que se ha reunido y excedido el “tout Paris”, se ha valido de su personalidad y sus íntimas amistades para saltar a la popularidad. En su mítico “Chez Régine” y en los otros locales de éxito que le siguieron debieron pasar cosas más densas, intensas y trascendentes para la Quinta República que en el Eliseo.

Esta canción la lanzó a la fama entre el gran público. La letra, como siempre en Gainsbourg mezcla juegos de palabras con ocurrentes sonoridades y sentido poético. En esta el juego consiste en la palabra papier, papel (papel moneda, papel para dibujo, papel de regalo, papel de arroz, papel aterciopelado, papel para partituras, etc.) 

 

Sous le ciel de Paris / Édith Piaf (recreada por la cantante Zaz)

Canción de Hubert Giraud

 

De Piaf poco te puedo contar que no sepas.

Hubert Giraud, el autor, debió tener una vida acomodada desde que, en 1950, compusiera su primera canción, esta, y que fuera adoptada por nada menos que la “môme”. Es un buen principio. Hay tres canciones suyas en este concierto. Otra fue, y sigue siendo, un éxito planetario. El texto no es muy bueno. Entonces, como ahora, se podía construir un gran éxito sobre pobres pilares.

 

Ces petits riens / Françoise Hardy (recreada por Zaz y Stacey Kent)

Canción del gran Serge Gainsbourg.

 

Copio de un párrafo anterior: La letra, como siempre en Gainsbourg mezcla juegos de palabras con ocurrentes sonoridades y sentido poético. En esta el juego consiste en la palabra rien, nada (por nada, nada y menos, todo y nada, etc.).

 

Comment te dire adieu / Françoise Hardy

Canción del gran Serge Gainsbourg.

 

François Hardy, rebuscando aquí y allá para encontrar melodías interesantes, descubrió un día este instrumental, sin letra, de Arnold Golan, al que trató sin éxito de construirle un texto. Incapaz de resolver, pidió a Gainsbourg que le ayudara. Este regresó al día siguiente con la canción terminada. Esta vez, la clave no fue ni una palabra, fue la sílaba ex, sobre la que se apoya todo el texto (pretEXto, EXplicar, EX amor, sobreEXponer, silEX, kleenEX, etc.). Una vez más, un juego simple pero inteligente.

 

Ce petit chemin / Mireille

Canción de Jean Nohain y Mireille Hartuch.

 

Mireille fue muy popular como cantante. Más tarde, como era músico y compositora, todos la conocieron por sus programas de radio, primero, y de televisión, después, en los que dirigía concursos destinados a encontrar nuevos talentos de la canción. Unos programas precursores de Operación Triunfo que se llamaron Le petit conservatoire de Mireille. Así, un día descubrió e hizo descubrir a todos a una Françoise Hardy de apenas 16 años que, guitarra en mano, interpretó su canción Tous les garçons et les filles.  También descubrió a Alice Dona (que aparecerá más tarde en este espectáculo), Yves Duteil, Colette Magny y Alain Souchon. Todos se convirtieron en estrellas de la canción.

El propio Charles Trénet, al que se atribuye con frecuencia la introducción del Swing en Francia, reconocía que quien lo hizo en realidad fue Mireille que había pasado una época trabajando y actuando en Estados Unidos en los años treinta gracias a su dominio del inglés. El propio Brassens, al final de su vida, cuando le pidieron que grabara las canciones que más le gustaron en su infancia, escogió varias de Mireille. Este Ce petit chemin entre otras.

Por todas estas razones, no podía faltar.

 

Tellement j’ai d’amour pour toi / Céline Dion

Canción de Hubert Giraud

 

Es la segunda de este autor en este espectáculo. Con apenas 12 años empezaba a destacar una cantante cuya voz y entrega anunciaban grandes cosas. Para su primer LP, Long Play, como se decía entonces (en Francia se diferenciaba entre 33 tours para larga duración y 45 tours para el single, en referencia a las 33 ó 45 vueltas que el disco daba sobre el plato en un minuto), cuando Cérline Dion tenía 15 años, su casa de discos la mimó hasta el punto de pedir a grandes autores que compusieran canciones originales para ella. Huber Giraud escibió esta balada, dedicada a las madres, que siempre me ha emocionado mucho.

Incluyo esta canción porque es bella y, sobre todo, porque casi nadie sabe que la canadiense Céline Dion cantaba solo en francés hasta que, decidida a realizar una carrera internacional, se puso a estudiar inglés en la academia Berlitz de Quebec, como ella misma contó en una entrevista.

 

La vie en rose / Édith Piaf

Canción de Édith Piaf y Louis Gigliemi, llamado Louiguy.

 

Poco se puede contar que no se sepa. Salvo, quizá, que no fue fue Piaf quien la interpretó primero, sino Marianne Michel, en 1945. La letra empezaba de otra manera y fueron las sugerencias de su amante/autor Henri Contet las le dieron la forma que conocemos.

 

 

La javanaise / Juliette Gréco

Canción del gran Serge Gainsbourg

 

Después de una noche de 1962 escuchando mano a mano música delante de la chimenea del enorme salón de Gréco de la que está acreditado que fue larga e inundada en champán, Gainsbourg regresó al día siguiente con esta canción para ella.

La gracia de la letra reside en los juegos de lenguaje, una vez más. A finales del XIX corría por París una lengua encriptada (ha habido otras, después, en Francia, como el verlan, que consiste en invertir al hablar el orden de la sílabas, si son varias en una palabra, o de las letras si solo hay una sílaba. Por ejemplo t’es ouf, para decir t’es fou, o ma meuf para decir ta femme) llamada le javanais. Para hablar javanais y no ser entendido por los demás, había que añadir el prefijo AV a cada una de las síbabas de cada una de las palabras de una frase (o añadir el sufijo DG a todas las palabras acabadas en vocal). El primer verso de la canción j’AVoue j’en ai bAVé pAs Vous, se asemeja a este código y, como todo el resto de versos de la canción es un pequeño y divertido trabalenguas. Trabalenguas, sí, pero con sentido y no falto de poesía. Un genio de la sencillez alambicada.

 

 

Mamy Blue / Nicoletta.

Canción de Hubert Giraud

 

La tercera canción de este autor, el éxito planetario..
Una vez más, nadie sospecha que esta canción es de un compositor francés. La compuso, contaba, en plena atasco al volante de su coche. La primera en interpretarla fue una italiana, Ivana Spagna (lo he tenido que buscar).

Alain Milhaud, el productor francés afincado en España, detectó la canción, adquirió los derechos y se la hizo grabar en inglés a los Top Tops, un grupo inventado por el propio Milhaud, para lanzarla al mundo. La casa de discos francesa Barclay, apoyada por el autor, Giraud, trató de no dejarse ganar en velocidad por Alain Milhaud y se la hizo grabar a Joël Daydé en inglés (es la mejor versión que conozco) y a Nicoletta en francés. Es un caso singular, dos versiones la de los Pop Tops y la de Daydé se disputaron, a la vez, el número uno en las listas de ventas de todo el mundo.

Para el anecdotario, añado que, cuando vivía en Madrid en los ochenta, traté mucho a Alain Milhaud y trabajé un poco con él. Milhaud sumaba a este éxito, haber logrado otro número uno en muchos países del mundo, desde España, con la canción Black is black interpretada por Los Bravos.

La letra no es el fuerte de esta canción.

 

 

L’hymne à l’amour / Édith Piaf

Canción de Édith Piaf y Marguerito Monnot.

 

Dicen, dicen, que la música también podría de ser de Piaf y no de de la compositora Monnot. La creó en la casa que ella y Marcel Cerdán acababan de comprarse y sería al campeón que estaría dedidaca. Parece lógico por las fechas. La estreno un mes antes de que él muriera en el accidente de avión y la grabó al año siguiente. La letra, premonitoria, habla de la muerte de su amado: Si un día la vida te arrancara de mis brazos / Si mueres que sea lejos de mí / Nada importa si tú me quieres / porque yo moriré también. No es poesía de primera división sino rimas de tercera regional, pero funciona muy bien, a los hechos me remito.

El título de himno le conviene. Lo es, o casi, para los franceses.

 

 

 

Éblouie par la nuit / Zaz

Canción de Raphael (Raphaël Haroche)

 

Zaz es un fenómeno musical y, por suerte mediático. Ha alcanzado la popularidad que se merece. Excelente cantante, encantadora, luminosa. Una luz que ilumina los escenarios desde 2010.

Con el belga Stromae, un genio, es par mí lo más relevante de los últimos años en la Chanson française. Así que no quería que faltara.

 

 

Je suis malade / Dalida y Serge Lama

Canción de Serge Lama y Alice Dona

 

Una balada con fuerza. Es muy conocida en voz de Serge Lama, el autor de la letra, pero él mismo reconoce que, sin la interpretación de la cantante Dalida, la canción (y quizá él mismo) no hubiese sido el éxito que fue y es. Hay una versión impresionante de la maravillosa Lara Fabian https://www.youtube.com/watch?v=e1xlhydGUr8 que te invito a ver.

La música es de Alice Dona que, sin ser una de las grandes, ha dejado una contribución importante a la Chanson.

 

 

J’ai la mémoire quif lanche / Jeanne Moreau

Canción de Serge Rezvani

 

Una gran dama. Como a Gréco, no le va mal del todo el apelativo de femme fatale. Me ha fascinado siempre.

Serge Rezvani es un tipo singular. Tocaba muchas teclas, no todas musicales, pues era sobre todo escritor y pintor.Por su amistad con Truffaut, que adoraba sus canciones, reservadas hasta entonces a sus amig 

 

La foule / Édith Piaf

Canción de Enrique Dizeo y Ángel Cabral

 

Esta vez, una canción que vino de fuera para ser adoptada por los franceses. Édith Piaf se encapricho de esta canción original del argentino Ángel Cabral sobre un ritmo peruano y letra de Enrique Dizeo. Le pidió al letrista Michel Rivegauche que la adaptara al francés.os más íntimos entre los que estaba, apareció acompañando a la guitarra a Jeanne Moreau cantando Le tourbillon de la vie en la película Jules et Jim.

 

Est-ce ainsi que les hommes vivent / Catherine Sauvage

Louis Aragon / Léo Ferré

He añadido la canción EST-CE AINSI QUE LES HOMMES VIVENT. Poema de Louis Aragon con música de Léo Ferré. La interpretaba Catherine Sauvage. Ella fue la que divulgó la canciones de Ferré antes de que el propio Ferré se decidiera a cantar. Él pensaba que lo suyo era escribir para otros y recorría los despachos de los agentes para tratar de colocar sus creaciones. Fueron tiempos duros, descorazonadores y de apuros económicos para Ferré..
Yo la cantaré a capela. 
El texto es bello, denso, emocionante. Será mi homenaje a los francófonos que estén en el patio de butacas.

*Tomo la foto de Françoise Hardy de aquí:

http://images.coveralia.com/autores/fotos/francoise-hardy53557.jpg

 

 

EL NOBEL AL DYLAN ELÉCTRICO

EL NOBEL AL DYLAN ELÉCTRICO

Bob Dylan, Robert Zimmerman, recibe el Premio Nobel por “haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción americana” y provoca una ligera conmoción. Es el reconocimiento a la poesía del rock y del folk y también a un hecho al que no había prestado mucha atención el premio: el eco de las canciones y de la música. La popularidad o la fama jamás habían sido una premisa decisiva para el premio, al que también le ha gustado descubrir autores, trayectorias, y ha mantenido cierta tendencia a la sorpresa. Suele decirse que el Nobel de Literatura es uno de los secretos mejor guardados del planeta.


1. Hay que mirar el premio con sosiego. El Nobel no es la panacea de nada: ha premiado a autores mediocres y olvidados, y algunos malísimos (como José Echegaray y algunos más; entre ellos Winston Churchill, memorialista e historiador), y ha ignorado a algunos que han mejorado la literatura y son referentes universales: Tolstói, James Joyce, Marcel Proust, Paul Valéry, Virginia Woolf, Vladimir Nabokov y Jorge Luis Borges, entre otros.

2. Bob Dylan ha aparecido en varias ocasiones en las quinielas. Y en una ocasión anterior ya estuvo cerca del éxito. Ya entonces levantó alguna polvareda; Paco Umbral le dedicó un artículo más bien feroz. Y más tarde, cuando galardonaron a Wislawa Szymborska, dijo: “Y otra mujer, una polaca, gana el Premio Nobel. Solo hubiera faltado que se lo dieran a ese tal Bob Dylan”. Si observamos la casuística, el criterio y la manga ancha de otros galardones -como el Nobel de la Paz, sin ir más lejos-, tampoco es un disparate. Eso sí: abre un debate. Quizá habría que ir pensando en Leonard Cohen que ya tiene más de 80 años y ha anunciado su adiós.


3. ¿Qué se premia al distinguir a Bob Dylan? ¿Se distingue a juglar moderno, al trovador eléctrico que encandila a las masas? ¿La calidad literaria de sus letras, su impacto popular, el modo en qué  sus melodías, hechas de letra y música e interpretación, nos han acompañado y nos han cambiado la vida? ¿La rebeldía? ¿Su inclinación por la protesta? ¿Un discurso más o coherente y versátil, de picos y caídas como la corriente alterna? ¿Cierta nostalgia como ha dicho Irvine Welsh, seguidor de Dylan, aunque contrario a este galardón? Curiosamente, algunos candidatos desde hace tiempo como Joyce Carol Oates o Salman Rushdie se han manifestado muy felices.


4. ¿De qué escribe Bob Dylan? En más de medio siglo de canciones y de actuaciones, en sus numerosos discos, Dylan ha escrito de todo: de amor y desamor, de sus fracasos y sus rupturas, ha reivindicado personajes como el boxeador ’Hurricane’ Carter, ha escrito de recuerdos (esas botas de cuero español), ha escrito del viaje, ha hablado de la sociedad que cambia y de la utopía, ha escrito de la religión, de la trascendencia, de la vida cotidiana de su país. Y al leerlo a veces pensamos también en ese estilo, en esa voz que parece que muerde las sílabas y se las traga, que incurre en leves gallos (sin querer y adrede, sobre todo en los viejos tiempos). Pese a su imperfección vocal, ha llegado a la gente de todo el mundo. Posee el don de la comunicación aunque él, en escena, sea uno de los músicos más antipáticos e indiferentes con el sentir de sus admiradores. No hay más que recordarlo en Zaragoza...


5. ¿Había mejores candidatos? Philip Roth lleva unos años esperándolo y es probable que se muera sin ganarlo, y es sin duda un inmenso narrador de las paradojas del ser humano. Un animal literario de un calado más clásico e indiscutible. Y por ahí andan el poeta sirio Adonis, candidato constante, Ian McEwan, Julian Bames, Claudio Magris, Mircea Cartarescu, Adam Zagajewski, Jean Echenoz, Murakami, Antonio Lobo Antunes o la citada Joyce Carol Oates. O el español Javier Marías, situado desde hace tiempo entre los nominados. Estrictamente literarios sí, había algunos poetas mayores, pero ni siquiera el Nobel premia siempre a los mejores. Y en la creación artística este concepto –el mejor- siempre es un clavo ardiendo y un territorio de incertidumbre. O una pregunta cuya respuesta no está ni en el viento.

 

*En la foto Bob Dylan y Allen Ginsberg ante la tumba de Jack Kerouac.

PILAR LORENGAR: VIDA, OBRA Y LEYENDA EN EL PABLO SERRANO

PILAR LORENGAR: VIDA, OBRA Y LEYENDA EN EL PABLO SERRANO

Ayer se inauguraba la exposición ‘Pilar Lorengar. Una aragonesa en Berlín’, en el espacio 0 del Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) Pablo Serrano, una de esas muestras que nos recuerdan que sabíamos menos de los pensábamos de esta gran soprano, que habíamos visto pocas cosas de ellas, que tenía un mundo fascinante, que había posado para Nicolás Müller, Gyenes, y tantos y tantos otros, y que fue muy reconocida en el Madrid de los 50, antes de empezar su exitosa carrera en Berlín y alrededor del mundo. La muestra está organizada por el Gobierno de Aragón y la Asociación de Amigos de la Ópera ‘Miguel Fleta’.

Sergio Castillo y Alejandro Martínez han montado una estupenda, y nada fácil, casi abrumadora en ocasiones, exposición temática: un ejercicio de justicia poética, una reivindicación y un redescubrimiento de una voz, de una personalidad, de una trayectoria. Lorenza Pilar García Seta (Zaragoza, 1928-Berlín, 1996), que en su día fue Loren Garcy y niña de ‘Ondas infantiles’, estudió en Madrid, se enamoró de un militar de aviación que le costeó sus estudios, vivió un tiempo con el director de cine Antonio Román, fue actriz en dos películas, cantó zarzuela bajo la dirección de Ataúlfo Argenta –de quien se enamoró, según cuentan Castillo y Martínez- y poco a poco, desde Berlín, desde Nueva York, a lo largo y ancho del mundo, realizó una carrera que le permitió ser una especialista en Mozart, pero también cantar ‘La Traviata’ de Verdi o ‘Madame Butterfly’ de Puccini, entre otras muchas óperas.

En la muestra hay diez puntos de audición, un mosaico con sus discos, fotos, programas de mano, carteles de sus películas, cartas (suyas y dirigidas a ellas, por ejemplo una del pianista Miguel Zanetti), objetos personales (broche de perlas, collares, joyeros), elementos de sus constantes vínculos con Zaragoza –sus medallas, diplomas, algunos trajes…- y se proyectan dos secuencias de fotos: una de su vida y otra de sus actuaciones, con más de 40 piezas cada una. Hay muchísimo que ver, que oír, que sentir. Es una exposición temática, detallista, íntima: por ejemplo, en los 50, se le ve con Stravinsky y con Ataúlfo Argenta en Madrid. O, entre 1955 y 1958, fue objeto de un meticuloso reportaje de Juan Gyenes.

La muestra también rinde homenaje a sus actuaciones en Zaragoza –en el Teatro Principal, en el Seminario de San Carlos, en el Pilar, en un acto íntimo, donde cantó el ‘Ave María’ de Gounod, a modo de despedida- y a la lírica en Aragón. En contra de lo que podría parecer, hubo mucha ópera en Zaragoza y los comisarios Sergio Castillo y Alejandro Martínez lo prueban con prolija documentación. Además, como importante novedad, han escrito la primera biografía de la cantante, que ha publicado Prensas Universitarias de Zaragoza.

 

LA ORQUESTA RÍOS: HISTORIA

LA ORQUESTA RÍOS: HISTORIA

La Orquesta Ríos: un siglo de música

popular desde Belver de Cinca

 

Antonio Ríos Ferrer, hijo de campesinos y barbero y albañil, fundó en 1916 un grupo que abarca a cuatro generaciones

 

PIES DE FOTO. ARCHIVO FAMILIA RÍOS

1953. El quinteto Ríos Ballarín. Son: Carlos Ballarín, Luís Ríos Pirla, Antonio Ríos Ferrer (el fundador), Antonio Ríos Pirla y José Ballarín.

 

Antonio Ríos Ferrer con sus hijos y otros músicos antes de salir de gira en los años 50-60.

 

 

 

 

Antón CASTRO

La música es el arte más abstracto que produce las emociones más concretas. Está llena de historias formidables, insólitas, cotidianas, que revelan que las melodías y las canciones están en nuestra existencia y sus pequeños detalles como una banda sonora necesaria y variada. Se cumple un siglo de la Orquesta Ríos, que surgió en la primavera de 1916 en Belver de Cinca, Huesca, no se sabe si por azar o por la determinación de un joven, Antonio Ríos Ferrer (Belver, 1901), que iba para agricultor como su familia.

Un día, con ocho, nueve o diez años, oyó el violín de un ciego, y se quedó traspuesto: sintió que algo le arañaba el alma. En ese instante, le arrebató el instrumento al invidente y oyó que gritaba: “A mí, a mí. Los ladrones me roban el violín”. El niño dijo: “No, no, no se lo voy a robar. Solo quiero tocarlo”. Lo hizo, extrajo algunas notas y el ciego lo invitó a que fuese su lazarillo. A cambio, le enseñaría música, le pagaría un poco y lo llevaría de gira: estuvieron en Pamplona, y allí el joven conoció a Pablo de Sarasate, en Valls, en Barcelona, y en muchos pueblos aragoneses.

Hicieron pequeñas giras, y al final el joven volvió a casa, a pesar de que el ciego, a través de algunos amigos, había conseguido una matrícula gratuita para el Conservatorio del Liceo. Debía echar una mano con las cosas de la vida, y se enteró de que en Ontiñena de Cinca vivía el violinista José Guioni Lebetti, ‘El italiano’, que tenía una orquestina propia: Los Italianos. En 1916, cuando creyó que el muchacho ya sabía lo suficiente, les dijo a sus músicos y discípulos que estaba cansado y que era el momento del adiós, y que dejaba su grupo a cargo de Antonio Ríos Ferrer. Poco después, a sugerencia del propio Guioni Lebetti –que es un personaje de ‘Crónicas del alba’ de Ramón José Sender-, la banda pasó a llamarse Orquesta Ríos. Antonio no podía vivir solo de la música, trabajaba en la construcción y también de barbero, que fue su empleo más estable. Barbero y practicante, oficio que también heredaría su hijo Luis.

Antonio Ríos Ferrer había estudiado poco, pero su vocación y sus ganas de saber eran infinitas. Escribió canciones, enseñó a tocar varios instrumentos y siempre fue un hombre curioso, con ganas de aprender, sin complejos, que animaba los bailes, las fiestas o incluso las proyecciones de cine mudo. Una bisnieta suya ha hecho una película de fin de curso (https://drive.google.com/file/d/0B07_IDlqcqKAcUROckpfc3RIS00/view?ts=5692d583) y recuerda que cada vez que había un cambio de rollo decía: “Ahora pasamos por un túnel”, y poco después: “Ya hemos salido del túnel”.

De su matrimonio con María Pirla Cascarosa, nacieron sus tres hijos: Antonio (Belver de Cinca, 1923), que será un maestro de la trompeta, Luis (Belver, 1925), un virtuoso del saxo, y María Luisa (1935), que aún vive, era una buena intérprete de saxofón y colaboró con las distintas formaciones en varias ocasiones.

La Orquesta Ríos fue cambiando de nombres, cada vez que se sumaba alguien a este empeño familiar: Dakota-Ríos, Ríos-Ballarín, Tony Ryvers, Ríos Sinnos (nomenclatura que nació de una errata de imprenta)… La trayectoria de Antonio Ríos Pirla es muy interesante: tocó en distintos grupos y frecuentó mucho Zaragoza: en Las Palmeras, en el Café Alaska (donde llegaba a realizar hasta cinco sesiones al día con su trompeta), en El Coto, en el Iris, e incluso, con su hermano Luis, trabajó dos años en el Kansas Circus; ellos abrían y cerraban las funciones y cobraban 70 pesetas al día (medio euro). También compuso canciones y en 1951 se fecha una de ellas, creada en los campos de Pinseque.

Luis tardó luego algo más en incorporarse de pleno a la Orquesta Ríos. Era barbero, colaboró con músicos de Zaidín en la orquesta Hilton y asumió labores de representación de artistas en Huesca. Antonio Ríos Pilar tiene dos hijos que siguen la tradición, Antonio (batería) y Miguel Ángel Ríos Palacios (guitarra), y Luis Ríos Pirla es el padre de José Luis Ríos Gabás, pianista y profesor, quien explica: “Mi abuelo solo tenía formación primaria. Escribió varias canciones. Los nietos continuamos la tradición musical, con o sin formación reglada: yo doy clases en Lleida en una Escuela de Música que es también Conservatorio, L’intèrpret, y toco en la Big Band de Lleida. Mi primo Antonio forma parte de la River side Band, que viene a ser una actualización puntual de la Orquesta Ríos, hecha con mis sobrinos y amigos, algunos procedentes de formaciones emparentadas con el maestro Guioni, que tiene una estatua en Sariñena, y da clases en la recién creada Escuela de Música de Belver de Cinca”.

Hace algunas semanas en esa localidad se celebró por todo lo alto, se le ha dedicado una plaza y una muestra, el centenario de esta orquesta, cuyo promotor Antonio Ríos Ferrer admiraba las formaciones de Xavir Cugat, Pérez Prado o Glenn Miller. Los Ríos, a su modo y sin descanso, contagiaron y contagian ritmo y pasión por la alegría y la felicidad.

 

MILES DAVIS: REBELDÍA DE JAZZ

MILES DAVIS: REBELDÍA DE JAZZ

Miles Davis, la revolución del jazz

Don Cheadle le dedica una película al trompetista que experimentó nuevos registros sonoros en bebop, cool, jazzrock y fusión

 

Antón CASTRO

"Sólo soy un trompetista. Sólo sé hacer una cosa: tocar mi instrumento y esa es la base de toda la confusión. No soy un hombre de espectáculo y no quiero serlo. Soy un músico", dijo Miles Davis en 1963, cuando ya era uno de los más grandes del jazz. Algunos lo han considerado el Picasso o el Stravinski de la disciplina, y quizá no sea exagerado. Fue un hombre complicado, posiblemente bipolar, hiperactivo y prolífico, y a la vez estaba lleno de demonios. Tenía en su interior, en parejos porcentajes, la semilla de la autodestrucción y la del talento. Fue un renovador absoluto, alguien a quien le gustaba experimentar, buscar nuevos sonidos, emocionarse. Aunque podía ser irascible, para muchos fue el trompetista del silencio, el jazzmen de las suavidades, de la pausa, de esos sonidos casi inefables –líricos, melancólicos, poseídos por la ambivalencia del drama y la serenidad- que marcaron una época. O  varias épocas. Porque si hay una cosa muy clara con Miles Davis –recuperado ahora por Don Cheadle en ‘Miles Ahead’, a los 25 años de su muerte- es que en él hay muchas tentativas, una personalidad torrencial que persiguió una y otra vez, en las grabaciones y en directo, apresar “el espíritu de la música”.

Miles Davis es un tipo muy contemporáneo. Insatisfecho, radical y cambiante. Enamoradizo e hipercrítico. Nació en 1926, tuvo una vida más o menos fácil en su infancia,  era hijo de un odóntologo y de una profesora de música. Aprendió a tocar desde muy joven, quizá desde los nueve años gracias a Elmood Buchanan. Aunque fue un hombre enrabietado con casi todo, escéptico ante el mundo (sí creyó en Desmond Tutu y en Mandela, a quienes les dedicó su disco ‘Tutu’), vivió plácidamente, sin estrecheces ni grandes amarguras.

No tardaría en hacer sus primeros pinitos y tocar en clubs locales de St. Louis. Cuando dejó atrás de la adolescencia, convenció a su padre para que lo matriculase en Juilliard School of Nueva York. Tenía una obsesión: quería conocer a su admirado Charlie Parker, ‘Bird’, e invirtió casi un mes en dar con él; hasta que lo hizo se bañó en la música y la fantasía de los clubs de jazz, vio tocar a muchos de los grandes y aprendió por observación e inquietud de saber. En esos días, y más tarde, se haría asiduo de las bibliotecas: estudió a Stravinsky y a Rachamninoff, a quienes les destinaría palabras de cariño, o Alban Berg. Parker le dio la oportunidad en su grupo, aunque tenía a otro músico increíble: Dizzy Gillespie. Y allí, a su arrimo, en aquel clima posbélico, Miles Davis asimilaría el sonido de los maestros y un estilo que más adelante trabajaría: el bebop, al que sucedería el cool…

Algún tiempo después, con grupo propio ya, grabó uno de sus primeros grandes discos: ‘Birth of the cool’, la primera obra maestra de Miles Davis, que nació de su colaboración con uno de los grandes arreglistas de jazz: Gil Evans. Será su apoyo permanente, un cómplice, alguien que asimila su deseo de experimentar y de arriesgarse; ayudó a Miles a crear algo que anhelaba: que “el sonido flotase como una nube”.

En 1949, Miles David vino con su banda a Europa. Y se desplazó a París, donde viviría una de los mejores momentos de su vida: su historia de amor con la mujer de negro, la musa del surrealismo, Juliette Grèco. En su ‘Autobiografía’ de 1989, Davis lo explicó así: "La música era toda mi vida hasta que conocí a Juliette Gréco. Me enseñó lo que significaba querer algo distinto a la música. Probablemente, Juliette fue la primera mujer a la que amé como un ser humano, en un pie de igualdad. Era hermosa. Teníamos que comunicarnos mediante expresiones, con el lenguaje corporal. Ella no hablaba inglés y yo no hablaba francés. Nos hablábamos con los ojos, los dedos. Con este tipo de comunicación, uno sabe que el otro no le cuenta mentiras. Tienes que moverte por los sentimientos. Era abril en París. Sí, y estaba enamorado." La cita es larga, pero es oportuna, porque ninguno de los dos perdieron oportunidad de recordar aquel amor que se volvió imposible. Fue Sartre quien le preguntó a Davis por qué no se casaba con ella. Su respuesta fue: “La amo demasiado para hacerla infeliz”.

La carrera de Miles Davis fue formidable, sin duda. Grabó discos excepcionales y fue decisivo para abrirle ventanas al jazz y mezclarlo con otros sones. Él, que odiaba a Los Beatles y a Elvis Presley, descubrió a Jimi Hendrix y eso le ayudó a crear un estilo de jazz rock y también se acercó a la fusión. Fue un inconformista: tocó con todos (Herbie Hancock, John Coltrane, Bill Evans…), aprendió, buscó nuevos sonidos, y no dejaron a aparecer grandes álbumes: ‘Bitches Brew’, ‘Miles in Antibes’, ‘Kind of blue’, anterior a su gran crisis.

En 1975, con 50 años, después de haberse convertido en un mito, atravesó una gran crisis: estuvo seriamente enfermo, aumentó su dependencia de las droga, no hallaba su camino. Fue un lustro de rabia, desesperación y silencio, en el que se ha centrado Don Cheadle. Volvería más tarde con ‘We Want Miles’ y ‘You’re under arrest’, donde colaboró con algunos roqueros. Poco antes de morir cumplió un sueño: grabó algunos temas de Prince. Murió demasiado joven. Con 65 años.

 

*Fotografía de Michel Comte.

LA GRAN NOCHE DE DAVID ANGULO

LA GRAN NOCHE DE DAVID ANGULO

David Angulo es un músico muy completo: como instrumentista, como compositor, como vocalista de temas propios y ajenos, como adaptador y creador de temas paródicos y jugosos, como hace todos los viernes en 'Hoy por hoy' o en 'Oregón Televisión'. Y la pasada noche en el teatro Principal, acompañado del guitarrista Torsten Weber y del percusionista Borja Barrueta, magníficos de principio a final, y de muchos amigos, ofreció un concierto muy especial. Temas propios, de su álbum ‘Habitación 404’, de su nuevo disco, en gestación, y muchas versiones (de Prince, de Steve Wonder, de Javier Ruibal, de Rubén Blades, de Leonard Cohen / Jeff Buckley) fueron la materia central de una exhibición de voces, de ritmos, de emoción.

David se había planteado vivir y contagiar una noche especial, pautada por lo que él denominaba “momentazos”, y tuvo dúos con Mariano Bartolomé a la armónica, con las voces de Sara Comín, María José Hernández, con la guitarra de Alejandro Montserrat, con la gaita de Pepín Banzo, con el banjo de Robbie K. Jones al banjo, Robbie K. Jones de los Track Do,  Robbie K. Jones de los Track Dogs, con su compañera Marisol Aznar (a la que llamó su musa, “la mujer de mi vida”) e incluso con su hija Inés, a la que le dedicó un tema nuevo, ‘Menos es más’, se lo dedicó a ella y a la pequeña Laura. Inés cantó ‘Como el viento’, de De Pedro. También tuvo el gesto de invitar a sus compañeras del grupo teatral Hécate, que subieron para cantar y recitar un poema de Rafael Alberti. Y recordó sus años con el grupo Al son del Sur.

El concierto tuvo de todo: buena música instrumental de tres profesionales compenetrados, ritmo, humor y sobre todo hubo ternura, sentimiento, cercanía, cariño. David, esencialmente un hombre afectuoso, quiso que fuese también un concierto inolvidable y familiar. Los dúos con Sara Comín y María José Hernández fueron espléndidos, tuvieron ‘química’ (así se llama uno de los temas del álbum 'Habitación 404'. Sara Comín dijo que se sentía muy feliz porque subía a cantar con un músico al que admiraba mucho, entonaron ‘Bajo el mismo sol’, y María José Hernández compartió con Angulo el tema ‘Trece rosas’ y dijo que era su favorita y una de las canciones más bellas que se le pueden dedicar a una mujer.

David tras varios bises cerró la noche, alrededor de dos horas, con el ‘Hallellujah’ de Cohen y siguió con fidelidad la versión de Jeff Buckley. Le dedicó el tema a su madre y recordó que le gusta mucho. Fue un epílogo impresionante de un virtuoso de la voz, muy versátil, capaz de llegar a todo y de recordar a quienes le ayudan a diario, ya sea en Oregón Televisión, en sus vídeos (le agradeció a Alfonso Palomares los vídeos de su canción ‘Silencio’), ya se Luis Rabanaque, que le ha hecho las fotos, Bucho Cariñena, responsable de las luces, o a las gentes del Principal, que le han dado toda clase de facilidades. El concierto dio la medida de lo que pueda dar de sí David Angulo y quedará grabado en la cabeza y en el corazón de las más de 300 personas que acudieron a su cita.

 

*Foto de Beatriz Pitarch.

BUNBURY O EL CAMINO DE LA MÚSICA

BUNBURY O EL CAMINO DE LA MÚSICA

Ayer vi el documental ‘El camino más largo’ (2016) de Alexis Morante de una gira por Estados Unidos de Enrique Bunbury que empezó en noviembre de 2009 y concluyó en 2010. Va con su banda Los Santos Inocentes, con su mujer Jose Girl y su gato, y su colección de sombreros y trajes negros, tocados de una flor roja de trébol o de corazones. El grupo viaja en un gran autobús, toca en lugares emblemáticos, para 300 o 400 o para 2000 personas. Bunbury es un hombre lleno de dudas y de certezas. Dice en un momento que “la música es el camino”, que no está en ella haciendo estas giras para ganar dinero, sino porque ambiciona nuevos públicos y emociones, porque intuye que está realizando una aventura vital. Sorprende cómo en muchos lugares, y no solo en México, conocen y tararean sus canciones y lo saludan como un ídolo. En un sitio lo confunden con Joaquín Sabina.

Él es muy profesional. Y un gran director de orquesta, como recuerda su manáger general Nacho Royo. Confía en la gente, es cariñoso y a la vez muy exigente. En la película se ve como antes de concierto se abrazan los músicos, se ve como celebran las fiestas cuando llegan a su casa de Los Ángeles o se perciben sus momentos críticos: cuando se queda sin voz y es atendido en el autobús por un médico o cuando actúa en San Diego, ante 2000 personas, que no está cómodo, anda melancólico y no sabe por qué. Ni lo sabe él del todo ni lo adivinan sus músicos, que lo respetan muchísimo e insisten, una y otra vez, que lo importante para él es la música. Confiesa que desde sus tiempos de Héroes no soporta las discotecas. Se ve cómo se trabaja una canción, cómo dialogan los músicos y cómo despaciosamente se forja el arreglo.

Enrique Bunbury es un tipo reflexivo. Perfeccionista. Obsesivo. Carismático, con madera de estrella de rock, claro, eso es sabido, indaga una y otra vez en sus posibilidades y se arriesga, pero también da la sensación de que es tierno, cercano, muy colega de sus músicos. Jose Girl, su compañera y su fotógrafa favorita, ofrece un contrapunto de serenidad y de ternura, y no reclama ningún protagonismo. Bunbury le da muchas vueltas a las cosas todo el tiempo. Dice que hay momentos claves en su vida: cuando se separó de Héroes y decidió seguir en la música, cuando se deshizo la banda de ‘El Huracán Ambulante’ y en esta gira. El documental, elaborado con mucho gusto, es una ‘road movie’ de diversos ritmos que se cierra con una canción ya legendaria, todo un himno: ‘Apuesta por el rocanrol’.

Aquí puede verse un tráiler y un fragmento.

https://www.youtube.com/watch?v=VItUsM2J7Hk

https://www.youtube.com/watch?v=tWhLOspu-8U

 

*La foto de la banda es de Jose Girl.