Blogia
Antón Castro

Temas aragoneses

FAYÓN: UN SUEÑO INTERRUMPIDO

Un reportaje de Heraldo.es de Pedro Zapater y un vasto equipo.

http://www.heraldo.es/especiales/fayon-50-anos-de-una-historia-sumergida/

 

Un sueño interrumpido

Los vecinos de Fayón no olvidan su otro pueblo, el que se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse de Ribarroja. Apenas quedan vestigios identificables del antiguo municipio más allá de la torre de la iglesia semisumergida, las antiguas viviendas de los trabajadores del ferrocarril y el cementerio.

Por las noches, los fayonenses que vivieron y crecieron en su emplazamiento original aún sueñan con el viejo pueblo, sus calles, la plaza, la iglesia, las embarcaciones (‘llaüts’) que surcaban el Ebro cargadas de lignito procedente de las minas de Mequinenza, Almatret y Fayón rumbo a la estación de tren, que cubría la línea de Madrid a Barcelona, en un Fayón próspero y alegre que llegó a contar con una población de 1.800 habitantes.

La vida de los vecinos de esta localidad zaragozana se tornó en pesadilla a partir del momento en que se vieron obligados a desalojar el pueblo. La construcción del embalse de Ribarroja, entre 1958 y 1967 dejaría marcado el destino de Fayón. La Enher (Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana) proyectó allí los pantanos de Ribarroja y Mequinenza, una decisión que obligó a las últimas familias de Fayón a abandonar el pueblo para siempre un “20 de noviembre de 1967”, según el testimonio de varios de los fayoneros que vivieron aquel dramático episodio.

  

“Lo inundaron sin avisar y lo peor es que las autoridades gubernativas lo sabían todo"

Sebastián Solé
  

El pueblo fue inundado sin previo aviso, cuando todavía se estaban negociando los convenios de expropiación con la Enher, y sin haber alcanzado un acuerdo sobre las indemnizaciones. En un principio, la empresa hidroeléctrica tampoco tenía intención de construir un nuevo pueblo. No obstante, se vio obligada a modificar su postura ante la presión de los fayonenses que no habían aceptado las condiciones de la empresa e iban a renunciar a marcharse a otro lugar. Con todo, solo 500 de los casi 1.800 habitantes permanecieron en el nuevo Fayón, un proyecto urbanístico desarrollado por los arquitectos zaragozanos Regino y José Borobio.

“Lo inundaron sin avisar y lo peor es que las autoridades gubernativas lo sabían todo, -relata Sebastián Solé, vecino de Fayón, que entonces tenía 30 años-. En aquellos días de mediados de noviembre el nivel del río estaba subiendo; fue una semana de lluvias intensas. Sin embargo, en Mequinenza el nivel había bajado 30 centímetros. Cogimos un taxi tres compañeros y yo, fuimos a Mequinenza y comprobamos que la presa estaba abierta; después llegamos hasta Ribarroja, y allí vimos que estaba cerrada. Lo comunicamos a las autoridades y, delante de mí, el teniente coronel de la Guardia Civil se dirigió a uno de los que venían conmigo y le metió tal bofetón que lo tiró al suelo. Era la 1.00 de la noche y nos dijeron que no era cierto porque ya habían estado allí a las 8.00 de la mañana. Les contesté que no ponía en duda que a las 8.00 estuviese abierta pero que tampoco dudaran de que a la 1.00 de la noche ya no permanecía así”, rememora.

La crecida del embalse comenzó entonces a desdibujar Fayón del mapa pero los vecinos se resistieron a dejar atrás sus raíces. Solé regresó al pueblo cuando las aguas ya habían inundado en buena medida sus casas y otros edificios. “’Eso ya no bajará más’, me dijo un delineante de la Enher al que ayudamos a sacar un coche. En aquel momento, en la plaza el agua llegaba a la altura de la cintura. Y efectivamente, el nivel ya no volvió a bajar”, recuerda.

Mientras, los camiones seguían transportando muebles, enseres y pertenencias de los vecinos del antiguo pueblo al nuevo. Sin embargo, fue todo tan precipitado que los santos patronos se quedaron en la iglesia.

Al rescate de los santos patronos

Un tiempo después, con el pueblo ya prácticamente cubierto por el agua, Solé y otros tres vecinos del municipio regresaron a escondidas para rescatar a los santos que habían quedado en la iglesia. “El día de Navidad de aquel año, en casa, tanto mi mujer como mi madre no comieron. Solo lloraban. Habían estado en misa y no había más que bancos, una mesa de altar y nada más. El cura de entonces dejó caer que algún vecino del pueblo podría intentar rescatarlos o, al menos, acercarse a ver en qué estado se encontraban. “Así que decidimos volver a por los santos”.

Entre aquellos hombres también estaba el tío de Conchita Estrada -vecina de Fayón- y su marido, que “era quien llevaba la barca. Con ellos fue, además, el padre de José Arbonés -exalcalde de Fayón-”, añade Estrada.

This is a modal window.

The media could not be loaded, either because the server or network failed or because the format is not supported.

“Tuvimos que romper con un remo la cristalera del coro. Los santos estaban allí, -retoma Solé-. El cristal se rompió pero hubo que sacar todos los fragmentos uno a uno. Tenía la mano ensangrentada. Como era el más delgado me ataron a una cuerda y entré dentro, en el coro. Allí sabíamos que estaban los cuatro santos de la procesión. Solamente fuimos a inspeccionar pero ya que estábamos allí se intentó y salió bien. Cada vez que recuerdo estar en la oscuridad dentro de la iglesia, rodeado de agua, me dan temblores”, afirma.

Durante los años de construcción del embalse, hubo vecinos que trabajaron para la Enher. Uno de ellos fue Emeterio Cabistany: “Mi mujer y yo fuimos de los primeros en subir al pueblo nuevo, el día 17 de octubre. Teníamos un taller abajo y subimos toda la herramienta y los muebles en un camión que nos proporcionó la empresa. Cabistany tenía 29 años en aquel momento y afirma que en su caso tuvieron suerte ya que “teníamos la casa terminada pero muchos no y tuvieron que ser alojados en barracones. Fue horrible. Aquellos últimos días hubo una fuerte presencia de la Guardia Civil y los vecinos opusieron resistencia. Pero a última hora se tuvieron que subir todos”.

  

"Teníamos la casa terminada pero muchos no y tuvieron que ser alojados en barracones. Fue horrible"

Emeterio Cabistany
  

"Documentos, dinero y salgan"

Conchita Estrada fue una de las vecinas que tuvo que dejar apresuradamente su casa junto a sus padres, una abuela, su marido y sus hijos. “Estábamos comiendo cuando el ‘oncle’ Toni, el alguacil del pueblo, anunció por orden gubernativa que teníamos que salir de casa rápidamente, sin coger nada. La niña tenía fiebre y yo me tuve que ir a casa de unos tíos. Mis padres, mi abuela y mi marido se fueron a una masía que teníamos pero allí tampoco se podía estar. Decidimos volver a por algún mueble, ya que vivíamos en la parte alta del pueblo. Sacamos como pudimos algunos y los metimos en la casa más alejada, donde todavía no llegaba el agua. El último camión que se sacó fue el nuestro. A causa de la impresión mi madre perdió el habla durante un tiempo. Más tarde la recuperó pero en ese momento se quedó sin habla. Un desastre”, comenta Estrada.

Otra vecina que vivió en primera persona el desalojo fue Pepita García. Tenía entonces 17 años y su familia regentaba la Sociedad Recreativa y Cultural Fayonense. “Ya hacía días que el agua llegaba a las paredes de muchas casas, todas las que pegaban al río. Nos resistíamos aunque ya estábamos conformes con subir, por eso creo que no nos merecíamos este trato”, sostiene.

  

"El último camión que se sacó fue el nuestro y a mi madre le causó tal impresión que perdió el habla durante un tiempo"

Conchita Estrada
  

“Aquel 20 de noviembre pasó la Guardia Civil dando la siguiente orden: ‘Recojan documentos, dinero y salgan’. No permitían sacar nada más. La Sociedad estaba tocando el río y nuestra casa, en medio del pueblo. Fuimos a casa pero el agua ya nos empezó a llegar hasta el segundo piso. Llovía mucho. Subimos al pueblo nuevo y fuimos a casa de una tía porque llegamos sin nada. Teníamos la nueva casa terminada pero aún la estábamos acondicionando porque todavía no nos habían dado la orden para ocuparla. Mi madre y mi padre volvieron al antiguo Fayón para recoger, por turno, sus enseres. Fue una experiencia dramática”, asegura García.

“Nos marcó a todos porque fue un cambio de vida total. Antes tenías unos vecinos y ahora eran otros, la relación antes del desalojo era muy buena, muy familiar pero aquello nos dividió entre quienes aceptaron las 50.000 pesetas y renunciaron a tener casa y marcharse y los que nos quedamos, al pensar que si no se hubiera ido tanta gente habríamos tenido más fuerza. En aquel momento no nos dábamos cuenta de que era la Enher quien nos enfrentaba. Esto es algo muy grave que ha durado mucho tiempo pero creo que, afortunadamente, ya ha pasado.

  

"Tenías unos vecinos y ahora eran otros. La relación antes del desalojo era muy buena pero aquello nos dividió"

Pepita García
  

"El primitivo Fayón se habría salvado"

José Arbonés, alcalde del municipio durante 16 años, opina que la historia de Fayón es “un caso de mala suerte” y señala que ya en 1914 se planteó la construcción de un gran embalse aguas arriba, a un kilómetro de Fayón, proyectado por La Canadiense. Si esta obra se hubiera materializado “el primitivo Fayón se habría salvado”, destaca Arbonés.

La idea de realizar aquel primer embalse surgió cuando el ingeniero estadounidense Frederick Stark Pearson hizo un recorrido sobre los ríos que desembocaban en el Ebro y vio las posibilidades eléctricas que ofrecía el aprovechamiento de sus aguas. Pero desgraciadamente Pearson falleció a bordo del transatlántico Lusitania, torpedeado por el submarino alemán U-20 en 1915.

Había proyectados cuatro embalses para el aprovechamiento del Ebro desde Escatrón hasta Flix: en Caspe, Mequinenza, Fayón y en Ribarroja. Eran de cota baja, lo que significaba que las poblaciones tanto de Fayón como de Mequinenza se habrían mantenido intactas.

En la década de los 50, “la importancia de todos estos proyectos llegó al Gobierno y el Instituto Nacional de Industria (INI) se hizo cargo de la explotación del tramo del Ebro entre Escatrón y Flix. Los embalses de cota baja no interesaron por los motivos que fuera al Gobierno y optó por las presas de cota alta”, señala Arbonés.

“Decretaron la construcción de dos embalses, uno en Mequinenza y otro en Ribarroja, en lugar de Fayón. A partir de aquí empezó la discordia cuando se valoraron tanto las fincas rústicas como las urbanas a precios fuera de mercado y, evidentemente, los propietarios no admitieron el justiprecio que habían puesto a sus fincas”, prosigue.

La empresa tenía carta blanca para hacer todo lo que quisiera, -afirma-. Empezaron las obras del embalse de Ribarroja sin tener la curva de nivel marcada, ni las expropiaciones y los justiprecios en regla. Esto fue así durante los diez años que duró la construcción del pantano. Los vecinos de Fayón estábamos mentalizados de que más tarde o más temprano tendríamos que marcharnos pero nunca imaginamos que sería de aquella manera”, apostilla.

Una política "disuasoria"

Arbonés recalca que “la política de Enher fue desde un principio disuasoria. Primero, con las valoraciones que hicieron de las fincas; luego, como no pretendían construir un núcleo de población nuevo indemnizaron con 50.000 pesetas a cada miembro de la unidad familiar que se quisiera ir de Fayón. Y algunas familias, que lógicamente no tenían un futuro en el pueblo porque eran trabajadores que habían venido con la empresa o, por ejemplo, pequeños comercios que había en el municipio y veían poco futuro en el nuevo asentamiento, optaron por marcharse. Aprovecharon el dinero que les daba la empresa para comprarse una vivienda en Reus, en Tarragona, en Zaragoza, en Barcelona o en otros lugares”.

El exalcalde de Fayón tenía entonces 21 años. Y como tantos otros vecinos veía cómo el futuro del pueblo languidecía sin regadíos, ni industria. En el primitivo pueblo se comenzaban a tapiar las viviendas de las familias que se marchaban. “Daba una sensación de soledad, de angustia, de tristeza… Hubo una fractura social importante que solo se ha curado con el paso de las generaciones porque la gente que vivió aquello no lo olvidará jamás”, asevera.

Tras la construcción del pueblo se nombró una comisión para el sorteo de las viviendas, de cinco clases distintas según las circunstancias familiares y agrícolas de cada familia, con diferentes superficies y tamaños. Este proceso generó discrepancias y surgieron enemistades.

A la empresa, por razones económicas, le interesaba empezar a turbinar lo antes posible para producir energía y amortizar costes y por ello “lo que pretendieron fue desalojar Fayón rápidamente. La empresa Enher hizo llegar cartas a todos los vecinos dándoles fecha y hora para su traslado, facilitándoles los medios necesarios, tanto de transporte como de personal, para cargar sus pertenencias.

  

"No queremos dinero para repartir entre los vecinos. Lo que pedimos es lo que perdimos, que se genere industria y se mejoren las comunicaciones"

José Arbonés
  

“Cuando te llegaba esta carta no te quedaba más remedio que acatar y tenerlo todo preparado y embalado. Las viviendas, evidentemente, carecían de muchas cosas. Por ejemplo, los patios. En Fayón había caballerías y carros y aquellos espacios no estaban preparados para albergar este tipo de elementos. Los vecinos se lo iban arreglando cada cual a la medida de sus necesidades”, indica.

Todavía quedaban varias decenas de familias que no habían recibido todavía ninguna indemnización y se resistían a abandonar el viejo Fayón. El 9 de noviembre de 1967 la Guardia Civil intentó desalojarlas por la fuerza pero no lo consiguió. Cuando llegaron, en el viejo Fayón solo encontraron mujeres y niños. Todos los hombres estaban fuera. Opusieron resistencia y hubo quien se tumbó bajo los camiones y delante de las ruedas con el fin de impedir la maniobra.

Arbonés pasó los 21 primeros años de su vida en el primitivo pueblo. “Viví en un Fayón pletórico de vida, con una estación de ferrocarril en la que paraban hasta los expresos, que tenía una gran actividad industrial carbonífera y una cultura de río que, desgraciadamente, se ha perdido”.

De manera precipitada en los primeros días de la inundación “se sacó lo que se pudo y lo que no, allí se quedó para siempre. Creo que el procedimiento que utilizó Enher fue de lo más inhumano y que en la actualidad esto se habría considerado una grave violación de los derechos humanos”, subraya el exalcalde.

El antiguo edil del municipio matiza que “en tiempos de la democracia tampoco se ha subsanado la injusticia cometida con Fayón.Nunca hubo compensación y políticamente tampoco ha interesado que así sea. Lo más lamentable es que los gobiernos, central y autonómico, no han sabido entender lo que Fayón tuvo que entregar. Fayón se sacrificó por el progreso ajeno y ha sido el único que no ha progresado. Es cierto que 50 años después por fin tenemos regadíos. Debería haberse dictado una ley o un decreto que obligara a estas empresas hidroeléctricas a que una parte de sus beneficios se invirtiese en los pueblos afectados para crear empleo”.

“Antes no se podía decir nada pero ahora que sí se puede nadie nos hace caso”, lamenta Pepita García. Ni ahora ni antes. Sebastián Solé apunta que cuando finalizó la construcción del embalse pidieron al gobernador civil, González Sama, que “ya que habían tenido que sacrificar el pueblo, al menos podrían tener gratis o con una rebaja el recibo de luz como compensación. Nos pusimos fuertes con esta petición. ¿Y qué pasó entonces? Que destituyeron al alcalde y apartaron de la causa a nuestro abogado, José Lahoz Tolosa”.

El término municipal de Fayón discurre a ambas márgenes del Ebro, en la confluencia con el río Matarraña y en un enclave limítrofe con las tierras de Tarragona y Lérida. Con la construcción del pantano el término municipal quedó dividido en dos. “Para llegar a la margen izquierda del Ebro tenemos que dar un rodeo de 80 kilómetros. Allí se quedaron 1.700 hectáreas incomunicadas”, señala Arbonés.

“Conseguimos que desde el Ministerio de Economía asignasen 9,6 millones de euros para construir un puente que permitiera acceder a la margen izquierda. Por tanto, el Gobierno de Aragón no tenía que asumir el coste pero cuando cambió el gobierno central la Mesa de la Minería de Aragón rompió el acuerdo y el dinero destinado inicialmente para el puente de Fayón fue utilizado en otros proyectos”,remarca Arbonés.

Otras iniciativas también han quedado aparcadas, como la construcción de una central de ciclo combinado y la instalación de un parque eólico pero según la opinión del exalcalde de Fayón “existe una falta de voluntad política en Aragón”.

“Esperamos que algún día nos llegue lo que por justicia nos tiene que llegar. Una serie de mejoras y de proyectos que se vienen reivindicando desde hace muchos años. No queremos dinero para repartir entre los vecinos. Lo que pedimos es lo que perdimos, que se genere industria y se mejoren las comunicaciones”, concluye.

 

Textos: Pedro Zapater
Vídeo: Rafael Julián
Fotografías: Archivo Heraldo y Pedro Zapater
Documentación: Mapi Rodríguez
Diseño y programación: R. Torres y Silvia Berdejo

ELOY FERNÁNDEZ CLAUSURÓ EL iI CONGRESO JOSÉ A. LABORDETA

ELOY FERNÁNDEZ CLAUSURÓ EL iI CONGRESO JOSÉ A. LABORDETA

CLAUSURA DEL II CONGRESO JOSÉ ANTONIO LABORDETA
Esta mañana se ha clausurado el II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo, que se ha celebrado en las Cortes de Aragón - Palacio de la Aljafería de Zaragoza y que ha abordado durante tres días la transición. El balance es muy satisfactorio, ya que ha contado con 200 asistentes inscritos y un nivel muy alto en todas las ponencias y mesas redondas.
La ponencia de Eloy Fernández Clemente sobre “Andalán” y las palabras de agradecimiento de Juana de Grandes, presidenta de la Fundación José Antonio Labordeta (organizadora del congreso), han cerrado un encuentro que ha recordado, debatido, analizado y criticado ese periodo de la historia contemporánea en el que se selló un gran pacto político para que España pasara de una dictadura a una democracia y en el que también participó con un protagonismo determinante José Antonio Labordeta. (Nota de Ana Rioja y prensa de la Fundación. En la foto Eloy Fernández Clemente y Juana de Grandes, profesora y viuda de José Antonio.).

“El balance de este congreso es muy satisfactorio, con 200 asistentes inscritos, el máximo que podía albergar la sala, y un nivel altísimo en todas las ponencias y mesas redondas. Todos los participantes han aportado su punto de vista sobre la transición, este proceso histórico que estos días se ha visto también muy condicionado por la actualidad política, con la sombra de lo que sucedía en Cataluña muy presente”, afirma Antonio Ibáñez, coordinador de este encuentro.

A pesar de este condicionante, se ha conocido un poco mejor, y de la mano de sus protagonistas y testigos directos, cómo se construyó este proyecto político a partir de unos años convulsos en los que el diálogo y el pacto eran imprescindibles. Con la visión de todas las mesas redondas y ponencias, hoy conocemos un poco mejor algunas de las claves de esa etapa en España y en Aragón.

Para Antonio Ibáñez, "una vez más, el esfuerzo de la Fundación se ha visto correspondido por el cariño y el interés de los asistentes al congreso, que ha abordado los orígenes del compromiso de Labordeta, cuyo legado ha estado bien presente en la intervención de todos los participantes. Especial agradecimiento a las Cortes de Aragón y a sus trabajadores, que se han volcado con el equipo organizador para que todo haya salido a la perfección”.

Algunas conclusiones
Las ponencias y los debates entre políticos que ha organizado este congreso han puesto de manifiesto que la transición española no terminó con la proclamación de una constitución, sino que está “inacabada”, porque estamos ante una nueva transición española para la que es necesario recuperar la ilusión democrática, el diálogo y el consenso que se vivió entonces, porque para hacer política hace falta mucha relación personal. Y se ha recordado la figura y el talante de Labordeta, su capacidad para escuchar, para establecer esas relaciones personales para las que José Antonio Labordeta era un maestro.



También han coincidido en afirmar que la Constitución, cuando nació era homologable con las del resto de Europa, pero hoy, que va a cumplir 39 años, necesita algunas reformas y retoques. En líneas generales se ha valorado la transición como un periodo muy positivo en la historia de España pero con problemas no resueltos como los de Cataluña y el País Vasco.
Respecto a Aragón se ha evidenciado que esta Comunidad no ha tenido, ni en la transición ni ahora, el protagonismo que debía poseer, y que tiene que recuperarlo, porque los aragoneses son pocos pero útiles. Deben ser los interlocutores privilegiados con Cataluña (no en vano medio Aragón está en Cataluña) y ser puerta de Europa, bisagra para articular la economía.
Los periodistas que se han dado cita en este congreso han coincido al afirmar que, como en la transición o en el 23 F, ahora estamos en un momento clave de la historia de España en el que el periodista debe renunciar a sus intereses particulares para ponerse al servicio del bienestar común. Si entonces los periodistas participaron, como portavoces del pueblo, en algo que les superaba, en unos objetivos de gran valor, ahora también están en una época de renuncias.
Especialmente emotiva fue la jornada del viernes por la tarde en la que “Los cantautores de la transición” (Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Marina Rossell, Luis Pastor y Joaquín Carbonell) recordaron a Labordeta y sus canciones que saben a tierra, y el espíritu de la transición, que fue el de la fraternidad de las culturas, y reivindicaron el poder de la palabra y el desafío de cantar en la lengua del otro. Cuatro hombres y una mujer con sus canciones inmortales, con sus palabras fraternales, con su música sin fin.
Andalán, a 30 años de su desaparición
Esta mañana, en la jornada de clausura del congreso, Eloy Fernández Clemente, catedrático de Historia Económica, periodista y fundador del PSA, ha realizado una ponencia sobre la revista “Andalán, a 30 años de su desaparición”, considerada la publicación periódica (primero quincenal y luego semanal) más importante de la Transición en Aragón, caracterizándose sus contenidos por las referencias a la izquierda, el aragonesismo y la cultura.
Fernández Clemente, una figura sin la que no se podría entender el Aragón contemporáneo, una persona comprometida, analista certero, fundador de Andalán e íntimo amigo de Labordeta, ha relatado cómo fue el nacimiento de esta revista y ha realizado una reflexión sobre lo que fue y representó para quienes la hicieron y para la sociedad de entonces, “en aquella dura y difícil transición hacia la democracia hoy tan cuestionada”. Una revista que nació en 1972 pero que soñaron Labordeta y Fernández Clemente en Teruel en los 60. Se han cumplido 45 años de su nacimiento y 31 de su desaparición; 15 años de vida, un tiempo en el que logró hacerse un sitio en la memoria colectiva.
José Antonio tenía una enorme vocación periodística y colaboró en muchos medios. Era muy querido por los periodistas, ha recordado. Pero el medio en el que más escribió y al que se sintió plenamente vinculado fue Andalán. Labordeta creaba y cerraba secciones nuevas y todas tenían éxito. “Con su figura, su aspecto bronco y serio pero a la vez chungón y sencillo, desempeñó por edad y autoridad moral el papel del hermano mayor que siempre está cuando lo necesitas, con un consejo, una broma, un abrazo. Había unanimidad en reconocer y querer al líder natural. Sin él, aquello hubiera estallado unas cuantas veces en mil pedazos”.
Escribió muchas “cosicas”; la mayoría impregnadas de fuerte ironía, pero también de ternura, emoción contenida y melancolía. “Y todo se convertía en esa materia mágica en que sólo algunos elegidos logran convertir cuanto tocan: literatura”. El mundo del Mercado Central, el Colegio que su padre dirigía; la casa, regida por su mítica madre; la admiración enorme hacia su hermano Miguel; los profesores y maestros; los alumnos. Y el mundo de Niké y los amigos… Hizo entrevistas, una magistral a Tuñón de Lara; aportó crónicas viajeras, o de sus años turolenses, recordados con nostalgia; lloró la emigración, como en sus canciones. Y fue contundente cuando hablaba de política. Incluso sobre el querido PSA.Y, sobre todo, nos enseñó a apreciar, vivir, el don de la amistad”.
Fernández Clemente ha citado en su ponencia a las personas que trabajaron y colaboraron en mayor o menos medida con Andalán. “Desde la primera etapa, fueron integrando los diversos consejos de redacción gentes de la cultura, el periodismo y la política, las tres señas trabadas, en generaciones bien diversas”.

Pedro Rújula escribió en la Historia de Aragón de La Esfera: “En sus páginas tuvo lugar la mayor concentración de capital intelectual aragonés de toda la historia… jóvenes intelectuales que con su brillantez irreverente mostraban en cada número de la revista que el recambio de la cultura oficial franquista estaba ya listo. Andalán transmitió una visión crítica con la situación presente, pero también una recuperación del pasado progresista de la región, y una proyección del futuro democrático que estaba a las puertas. Creó, en definitiva, una nueva imagen de Aragón, alternativa a la que había proyectado el régimen durante las últimas décadas, y con la que los aragoneses del momento no tardaron en identificarse.” Además hubo una generación Andalán, que fue mucho más allá de la publicación, interviniendo en numerosos aspectos de la vida cultural, publicando cientos de libros, actuando en política, en periodismo, contribuyendo a una conciencia democrática aragonesa.
“Sin embargo, cuando creamos Andalán no creíamos que 45 años después se habría logrado un aceptable grado de difusión de nuestras señas de identidad, y un claro avance político. (Ya se ha hablado mucho estos días de la transición, sus contradicciones e insuficiencias), ha asegurado. “Pero, en mi opinión, es lo mejor que podía habernos ocurrido. Hay democracia y libertades, aunque siempre incompletas; hubo progreso económico, aunque tras años de crecimiento y hasta esplendor la crisis hundió y maltrata a muchísimas personas; ha habido un gran progreso social en sanidad, educación, seguridades, aunque todo parece tambalearse. Nuestro mensaje estuvo vaciado de pasión por nuestro sentido universalista, nuestro terror al cantonalismo baturro y cazurro, y un exagerado miedo al sentimentalismo y al ridículo (que nos hace evitar cachirulos, excesos de jotas, y nos molesta oír "La Pilarica", "el equipo maño", o ser identificados por signos gastronómicos)”.
“Se ha avanzado, porque hoy sabemos más unos de otros. Los problemas de cada rincón del viejo reino. La semilla democrática ha reverdecido los barbechos y eriales que cantara Labordeta. Y, aunque sea mediante enconados y lamentables enfrentamientos, hay expectación por el futuro, hoy tan vinculado a la suerte de Cataluña, y se ha hecho bandera de un nombre que apenas era una marca débil en la zona amarillenta o verdusca del mapa escolar: Aragón”.
“Por eso, quizá no sea inútil recordar a los más jóvenes que en esta tierra se supo desempolvar valores y avanzar como colectivo. ¿Por qué no habría de volver a hacerse en estos tiempos de grandes dificultades? Queremos alcanzar las máximas cotas de autogobierno, no porque nuestros posibles padres de la patria chica, sean potencialmente mejores que los centrales, sino porque sean elegidos aquí, controlables aquí, conocedores de esta tierra y sus problemas. Y, en fin, porque sólo controlando a fondo aspectos decisivos para el bienestar -como la salud, la educación y la cultura, podremos hacer a nuestro pueblo no sólo más próspero y feliz, también más consciente de ser pueblo, colectivo, nación”, ha concluido Eloy Fernández Clemente.
Tras esta intervención, Juana de Grandes ha agradecido a las Cortes de Aragón y a todos los asistentes a este congreso su colaboración y apoyo, así como a todos los que han participado en las ponencias y mesas redondas. Ha tenido unas palabras muy emotivas para el principio y el final del congreso: la desaparición del PSA y la pérdida de Andalán, que supusieron “dos banderas rotas” para Labordeta. Y con sus palabras ha querido rendir un homenaje a Eloy Fernández Clemente por su “extraordinaria ponencia, su amistad y su “lucha incansable junto a José Antonio para hacer un Aragón mejor”.

VÍCTOR JUAN RECOPILA 66 TEXTOS SOBRE LOS MAESTROS

VÍCTOR JUAN RECOPILA 66 TEXTOS SOBRE LOS MAESTROS

[Recibo esta buena noticia de Víctor Juan: publica un nuevo libro sobre los maestros.] El próximo 16 de octubre, a las 19:30 horas, se presentará en la Biblioteca de Aragón el libro editado por Doce Robles en el que he recogido las 66 columnas que he publicado durante cuatro cursos en Heraldo Escolar. Es un libro cocido a fuego lento. Es un libro en el que, en realidad he invertido casi treinta años, el tiempo necesario para poder recoger los datos pequeños que he ofrecido en las columnas. A mí me hubiera gustado poder consultar esta suerte de diccionario de maestros, escuelas y pedagogía.

 

 

DELANTAL

Se recogen en este libro las sesenta y cinco columnas que han visto la luz desde octubre de 2013 hasta junio de 2017 en la sección «De escuelas & maestros» de «Heraldo Escolar», el suplemento de educación de Heraldo de Aragón. Ni Lucía Serrano, coordinadora del suplemento, ni yo mismo podíamos imaginar que esta colaboración nos llevaría tan lejos. Escribir en el Escolar de Heraldo me ha permitido gozar de un enorme privilegio: llegar directamente al corazón de las escuelas aragonesas. Durante estos cuatro años he intentado contar un cuento —a veces varios— con dos mil quinientos caracteres, letra arriba, letra abajo. No siempre ha sido fácil, pero en todas las ocasiones me ha resultado muy grato porque necesitamos contarnos que hubo maestros cultos, que publicaron libros, dictaron conferencias, escribieron frecuentemente en la prensa, salieron al extranjero con el propósito de conocer los sistemas educativos de otros países y, algunos, pagaron un precio muy alto por su compromiso con la construcción de una sociedad más justa.

Cuando había publicado más de sesenta columnas valoré la posibilidad de reunirlas en un libro, una suerte de diccionario como el que, tantas veces, yo hubiera querido consultar. Las biografías de estos maestros y las breves crónicas sobre iniciativas como las Misiones Pedagógicas, la imprenta Freinet, las colonias y las cantinas escolares o la graduación de la enseñanza, nos permiten asomarnos a una época concreta de nuestra historia. Así desfilan por estas páginas las carencias de las escuelas y de la formación del magisterio durante el siglo XIX, la modernización pedagógica y cultural del primer tercio del siglo XX, la ilusión compartida por muchos maestros durante la II República, el drama que fue, se mire desde donde se mire, la Guerra Civil o la dureza de la dictadura del general Franco que, como cantó el poeta Celso Emilio Ferreiro, sumió al país en «la longa noite de pedra»… En el fondo de estas columnas late la historia de Aragón porque analizar la escuela es, en realidad, analizar la sociedad de cada momento.

Quiero terminar esta breve introducción agradeciendo a Javier Lafuente, editor de Doce Robles, la paciencia con la que ha atendido mis dudas y mis sugerencias durante la gestación de este libro. Él ha hecho que todo sea muy fácil. A las muchas deudas que en los últimos veinticinco años he contraído con José María Hernández Díaz, añadiré ahora la amable presentación que ha escrito para Crónicas de la vieja pizarra. El profesor Hernández Díaz es para mí un referente personal e intelectual por el rigor de sus investigaciones, por su gozosa dedicación a la docencia y por su labor como director de dos publicaciones imprescindibles en nuestro ámbito: Historia de la Educación. Revista Interuniversitaria y Aula. Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca. Por si esto fuera poco, un día me confesó que, después de su pasión por la Unión Deportiva Salamanca, es un seguidor zaragocista porque cuando era niño y compartía patio de recreo con Vicente Del Bosque, en nuestros años magníficos, era muy difícil no ser del Real Zaragoza.

 

Víctor Juan

 

*He aquí uno de los textos.

CUADERNOS ESCOLARES

 

No será la última ocasión que escriba en esta columna sobre los cuadernos escolares de Alfonso Morellón, alumno del Grupo Escolar de la Plaza de Santa Marta de Zaragoza, dirigido por Pedro Arnal Cavero desde 1921 hasta 1929 y en dónde también trabajaron los maestros Ramiro Soláns y José María Fuertes Boira, quien trajo de su viaje por Francia y Bélgica el primer proyector de cuerpos opacos conocido en España. Pero esta es otra historia y de ella me ocuparé otro día.

En el Museo Pedagógico de Aragón se conservan treinta y tres cuadernos del niño Alfonso Morellón, redactados entre 1920 y 1925, cuadernos de sucio y de limpio, escritos a varias tintas y alegremente ilustrados, que son un retrato preciso de lo que los alumnos vivieron en la escuela. Así sabemos que hacían prácticas de solfeo, que habían cultivado un huerto o que habían hecho excursiones por el entorno del río Ebro para recoger hojas y plantas con las que confeccionaron un herbario. Todas estas actividades eran realmente innovadoras en el contexto de unas escuelas presididas por la pasividad, la rutina y la memorización.

 

«Lo que hice yo durante las fiestas del Pilar»

Alfonso Morellón escribió un diario de las fiestas del Pilar de 1923 que, para envidia de todos nosotros, se extendieron del 11 al 22 de octubre. Antes de empezar las vacaciones, este aplicado escolar hacía una promesa en su cuaderno: «como los días son largos y no está bien la holganza continua, dedicaremos cada día un rato a llevar al corriente nuestro diario». Algunas crónicas no son demasiado extensas. El día 14 de octubre, por ejemplo, se resume en un lacónico «Lo pasé muy aburrido».

En aquellas fiestas no faltaron los cabezudos, las ferias, el circo, los caballetes, la retreta, la merienda en la arboleda, el rosario, jugar al pelotón, los fuegos artificiales o la traca final de fiestas. También se montó, acompañado de su madre, en la noria monumental.

Concluía su diario con el dibujo de este gigante del que decía: «Durante las fiestas del Pilar, este ha sido mi mejor amigo».

 

 

 

'TURIA': 'LETRAS DE ESPAÑA Y MÉXICO'

'TURIA': 'LETRAS DE ESPAÑA Y MÉXICO'

JUAN MANUEL BONET  DA A CONOCER EL ESPECIAL 

“LETRAS DE ESPAÑA Y MÉXICO” 

 

20 AUTORES PARTICIPAN CON TEXTOS ORIGINALES 

EN EL MONOGRÁFICO “BUÑUEL EN MÉXICO”

 

UN POEMA DE JOSÉ MORENO VILLA, Y FRAGMENTOS DE LA CORRESPONDENCIA CON CARLOS FUENTES Y GABRIEL FIGUEROA, ENTRE EL MATERIAL INÉDITO QUE DIFUNDE LA REVISTA

 

 

Luis Buñuel es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA que será presentado hoy, a las 19’30 horas, en el Instituto Cervantes de Madrid. Su director, Juan Manuel Bonet, será el encargado de dar a conocer esta interesante publicación. Un total de 20 autores participan en un atractivo monográfico sobre “Buñuel en México” que permitirá conocer más y mejor la etapa más productiva de su carrera como director de cine. Además, esta iniciativa constituye una magnífica oportunidad para sumar más voces mexicanas al actual boom en los estudios sobre Buñuel y fomentar la entrada de nuevos investigadores.

 

El monográfico “Buñuel en México” de TURIA forma parte de un número especial de la revista denominado “Letras de España y México”. Este espectacular sumario contiene textos inéditos de 100 escritores españoles y mexicanos y ocupa 500 páginas. Sin duda, supone una magnífica oportunidad de fomentar la colaboración cultural  entre ambos países.

 

No debemos olvidar que el trabajo fílmico de Buñuel integra a México y España en el reconocimiento a una figura clave de su respectivo patrimonio artístico. Además, una de las etapas más dilatadas, prolíficas y brillantes de Buñuel fue su producción cinematográfica desarrollada en México: 20 de las 32 películas que dirigió fueron hechas en ese país, un lugar donde fijó su residencia desde el año 1946 hasta su muerte en 1983.

 

Entre los materiales inéditos que TURIA pone al alcance de los lectores, además de un poema-canción de José Moreno Villa, destacan las cartas entre Buñuel y Gabriel Figueroa que avalan la buena relación entre ambos: según refiere el propio Buñuel en una de sus cartas, Figueroa sería “su fotógrafo predilecto”. También TURIA presenta una entrevista inédita realizada por Nelson Carro a Figueroa, que confirma hasta qué punto Figueroa se convirtió en confidente de los planes profesionales de Buñuel. Por último, TURIA aborda los proyectos cinematográficos que Buñuel y Carlos Fuentes intentaron realizar juntos a través del análisis de la correspondencia entre ambos que realizan los expertos Jo Evans y Breixo Viejo.

 

Previamente a este evento en el Instituto Cervantes, la revista TURIA presentó su número en homenaje a Luis Buñuel en la propia Ciudad de México los pasados días 8 y 12 de junio, con la participación del escritor Jorge Volpi, actual coordinador de Difusión Cultural de la UNAM.

 

Este  número  especial  de TURIA dedicado a las “Letras de España y México” ha sido posible gracias al apoyo económico de la Secretaría de Estado de Cultura del Gobierno de España y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como del Gobierno de Aragón.

 

 

PANORÁMICA PLURAL Y ATRACTIVA DE LAS LETRAS HISPANO-MEXICANAS

 

El nuevo número de TURIA tiene como objetivo ofrecer no sólo una nueva aproximación a los años de Buñuel en México, una etapa a menudo injustamente valorada o llena de tópicos, sino brindar también una panorámica plural y atractiva de las letras españolas y mexicanas contemporáneas.

 

Un total de más de 100 autores participan en esta entrega de 500 páginas de TURIA marcada por la pluralidad y la calidad. Así se publican artículos originales en homenaje al Ateneo Español de México y a cuatro grandes protagonistas de la cultura en español del siglo XX: los mexicanos Juan Rulfo (de quien se celebra, en este 2017, el centenario de su nacimiento),  Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en 1990) y Mathias Goeritz o el hispano-mexicano Tomás Segovia.

 

En este nuevo número de TURIA participan con textos inéditos relevantes autores de ambos países. Entre los españoles, cabe citar a Juan Marsé, Jaime Siles, Felipe Benítez Reyes, José Carlos Llop, Juana Castro, Sara Mesa, Pilar Adón, Manuel Vilas y Olivia Muñoz Rojas.

 

Entre los autores mexicanos no hay que olvidar a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Pedro Serrano, Carmen Carrara, Antonio Deltoro, Carmen Boullosa, Francisco Segovia, Jeannette L. Clariond, Alberto Blanco, Marco Antonio Campos y Rocío Cerón.

 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes y galardonados ambos con el prestigioso premio Cervantes: Juan Marsé y Elena Poniatowska. Marsé, que confiesa en la conversación que nunca olvidará a Juan Rulfo, declara que “la literatura española actual goza de buena salud” y también que sigue “dando más crédito a la ficción que a eso que llamamos realidad”. Poniatowska, por su parte, asegura que “en México, la realidad nos lleva a la ficción, a la imaginación” y se muestra convencida de que “la palabra es poderosísima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar”.

 

Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra fotográfica de Ricardo Fernández Balbuena (Madrid, 1890 – México, 1966) miembro destacado del exilio español republicano en México. Amigo de Juan Rulfo y conocido como pintor y arquitecto, ahora sus imágenes ilustrarán la portada y las páginas interiores de la revista y servirán para reivindicar su obra y su legado en nuestros días.

¡QUÉ CHULO ES MÉXICO!

 

A  pesar  de  ser  el  periodo  más  productivo de la carrera de Luis Buñuel (1900-1983) como director de cine, no abundan los estudios sobre su etapa mexicana. Por esta razón, el nuevo número de TURIA tiene como finalidad principal conocer mejor un periodo que abarca casi cuatro décadas (desde 1946 hasta 1983).  Un total de 20 autores, tanto especialistas mexicanos y españoles como vinculados personalmente a Buñuel, ofrecen un panorama amplio, diverso y original sobre la trayectoria y el trabajo fílmico realizado en México por nuestro más célebre cineasta.

 

Una de las novedades de este monográfico sobre “Buñuel en México” de TURIA es el que cede el protagonismo a la versión mexicana de los hechos. De ahí que la mayor parte de los autores escriban sobre Buñuel “en” México y “desde” México. Gracias a estas colaboraciones, el periodo más largo y productivo del realizador cuenta con una mirada actual y, en buena parte, hecha en México.

 

La etapa mexicana de Buñuel es objeto en TURIA de un completo análisis, tanto personal como profesional, generando un monográfico repleto de textos inéditos que brindan un amplio abanico de perspectivas interpretativas sobre el autor y su producción: sus obras, su relevancia  dentro del contexto mexicano de la época y el lugar que ocupa en la actualidad. No podemos olvidar que, como escribiera el propio Buñuel, en una de sus cartas de los años 60 al director de fotografía Gabriel Figueroa: “¡Viva México! Paris es magnífico pero ¡que chulo es México!”

 

El coordinador y autor del artículo introductorio del monográfico Buñuel de TURIA es Mario Barro, uno de los más jóvenes y brillantes investigadores latinoamericanos de su cine. Licenciado en Comunicación Audiovisual y doctor por la Universidad Complutense de Madrid , Barro es autor de una tesis titulada “Poética de la obra fílmica de Luis Buñuel: etapa mexicana (1946-1964)” por la que recibió la calificación de sobresaliente cum laude. Ha realizado estudios en México, Cuba y Estados Unidos.

 

Los autores y especialistas que colaboran en este especial “Buñuel en México” son todos ellos buenos conocedores de su filmografía y muchos de ellos están vinculados a la UNAM: Aurelio de los Reyes (“De la vanguardia a la retaguardia. Luis Buñuel: su aprendizaje del oficio”), Eduardo de la Vega Alfaro (“El retrato documental de México DF en ‘La ilusión viaja en tranvía’”, Rafael Aviña (“Luis Buñuel y las zonas de esplendor y de oscuridad del Alemanismo”), Nelson Carro (“El México de Buñuel”, Armando Casas y Leticia Flores Fartán(“’Susana’, el diablo se disfraza de mujer”), Miguel Errazu (“El maravilloso plano de Lorenzana”) y José Manuel García Ortega (“Luis Buñuel y la Filmeteca de la UNAM”). También participan estudiosos españoles como Amparo Martínez (“Crónica de un encuentro. Dancigers y el asentamiento de Buñuel en México”), Javier Millán (“Biocronología de Buñuel en México”) y Breixo Viejo o la hispanista británica Joanna Evans (ambos firman el artículo “No hay creación sin maldición: proyectos cinematográficos de Luis Buñuel y Carlos Fuentes”).

Otros testimonios provienen de personas que trabajaron con él como la célebre actriz mexicana Silvia Pinal; que lo conocieron como Gillian Turner, viuda de Tomás Pérez Turrent, autor  del  más  importante  libro  de entrevistas con Buñuel publicado: “Prohibido asomarse al interior”; o que tuvieron una buena amistad con Buñuel, como el sacerdote Julián Pablo Fernández.

 

JUAN RULFO, OCTAVIO PAZ Y TOMÁS SEGOVIA

 

El sumario de TURIA se abre, en esta ocasión, con un sugerente artículo de José Carlos González Boixo sobre el célebre escritor mexicano Juan Rulfo. Bajo el título “Rulfo en el siglo XXI”, el texto invita a reflexionar, con motivo de celebrarse este año el centenario de su nacimiento, sobre la obra literaria de Rulfo y su proyección en nuestro siglo. Y es que, hoy como ayer, el autor de la novela “Pedro Páramo” sigue siendo uno de los escritores más admirados y leídos, con más de un centenar de traducciones. Además, el artículo muestra como la crítica del siglo XXI  ha contribuido a una mejor comprensión de la obra de Rulfo.

 

Mención  destacada  merece  también  un original artículo titulado “Octavio Paz, cosmógrafo”. En él, su autor Diego Valverde Villena, asegura que el territorio del Premio Nobel de Literatura en 1990 es “esa intersección entre poesía y ensayo. Un lugar donde la palabra lírica es una candela que ilumina, en el que Paz reescribe el mundo en cada lectura”.

 

La sección que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un artículo sobre “Tomás Segovia: la traducción como escritura”. En él, su autor Pedro Serrano argumenta cómo la traducción de poesía dentro de la obra de Tomás Segovia no es una addenda sino una parte sustancial de su propia obra.

 

VOLPI, VILLORO, NETTEL, GOERTIZ Y EL ATENEO ESPAÑOL DE MÉXICO

 

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Jorge Volpi, Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Felipe Benítez Reyes, Sara Mesa, Pilar Adón y Sergio del Molino. Una selección de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en español.

 

En poesía, TURIA ofrece versos originales de autores españoles y mexicanos tan diversos como de indiscutible interés: Jaime Siles, Antonio Deltoro, José Carlos Llop, Alberto Blanco, Enrique Andrés Ruiz, Carmen Boullosa, Juana Castro, Juan Antonio González Iglesias, Francisco Segovia, Manuel Vilas, Marco Antonio Campos, Ana Merino, Abraham Gragera, Jeannette L. Clariond, Juan Carlos Reche, Rocío Cerón, Erika Martínez, Vanesa Pérez-Sahuquillo, José Saborit y Carmen Garrido. 

 

En  el  apartado  que  TURIA  dedica  al ensayo, merece una atenta lectura el artículo de José María Espinasa: “Razón de ser del Ateneo Español de México”. En el se traza una brillante síntesis de la trayectoria y logros de una de las iniciativas más fértiles del exilio republicano español en México. Una entidad que ha cumplido una tarea de puente entre el medio cultural nacional y lo que se ha llamado la generación hispano-mexicana. Como asegura Espinasa, “sin su actividad a lo largo de 65 años la cultura mexicana sería más pobre y no podríamos reconstruir la de la España peregrina. Sin su permanencia como centro de información bibliográfica política y cultural, la comprensión plena de lo sucedido sería imposible”.  No obstante, y aunque “en México el exilio español ya no está en el exilio, en España aún no ha sido comprendido del todo”.

 

No menos recomendables son otros los dos artículos que integran la sección de ensayos: “Las ciudades del Nuevo Mundo. El modelo urbanístico y sus implicaciones culturales. Una visión crítica”, de Olivia Muñoz-Rojas y “Mathias Goeritz, entre bromas y veras”, de Chus Tudelilla.

 

ENTREVISTAS A JUAN MARSÉ Y ELENA PONIATOWSKA

 

En la sección que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este número tiene dos protagonistas estelares de las letras en español. Los premios Cervantes Juan Marsé y Elena Poniatowska. Ambas conversaciones muestran a dos autores de indiscutible personalidad y valiosa trayectoria.

 

En la entrevista que TURIA publica con Juan Marsé, realizada por Sergi Doria, el autor de “Si te dicen que caí”  nos habla de sus conflictos con la censura franquista, de la oportunidad que le brindó ganar el Premio Internacional de Novela México para conocer personalmente a Juan Rulfo (“un genio”) y a Luis Buñuel (“¡qué tío más listo!”) y hace balance positivo de la situación de nuestras letras: “la literatura española actual goza de buena salud”. También reconoce Marsé que se entiende bien con los perdedores y que sigue “dando más crédito a la ficción que a eso que llamamos realidad”. Al fin y al cabo, confiesa que escribe “porque estoy en desacuerdo con un mundo que no está bien parido”.

 

La escritora y periodista Elena Poniatowska protagoniza en TURIA una entrevista llena de complicidades y opiniones clarificadoras sobre cuanto ocurre en México. Así, a las preguntas de Carmen Carrara, responde: “en México, la realidad nos lleva a la ficción a la imaginación”. Reconoce Poniatowska que “ser curiosa y preguntar me ha servido mucho”. También está convencida que “vivimos en un país donde ser mujer es pertenecer a un grupo sin derechos”. Pese a todo, nos dirá que “la palabra es poderosísima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar”.  

 

FRANCISCO AZORÍN Y FERNANDO FERRERÓ

 

Respecto a sus dos secciones dedicadas a  los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA  publica un artículo del historiador Serafín Aldecoa sobre la intensa, poliédrica y productiva vida y obra de un insinge turolense errante: Francisco Azorín (Monforte de Moyuela, Teruel, 1875 – Ciudad de México, 1975). Se traza aquí la rica trayectoria de quien ejerció una valiosa labor política como promotor del socialismo y el sindicalismo en España y fue un reputado arquitecto. Además de un acreditado esperantista, Azorín fue miembro de la masonería y desarrolló una intensa labor profesional y docente en sus años de exilio en México.

 

Un singular nombre propio de las letras aragonesas contemporáneas, Fernando Ferreró, ocupa también las páginas de TURIA. En este caso, y a través de un artículo de Julio del Pino Perales, se indaga acerca la obra poética de Ferreró (Zaragoza, 1927) como merecedora una mayor proyección dentro de la literatura española dada la originalidad de un estilo que parece reparar la unión antaño rota entre poesía y filosofía.

 

Asimismo, TURIA contiene  la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales tanto españolas como mexicanas de mayor interés.

 

“TURIA”, 34 AÑOS DE TRAYECTORIA

 

TURIA, que cuenta ya con 34 años de trayectoria,  ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en español. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta también con una versión digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusión entre el público lector: su página en Facebook cuenta con más de 9.200 seguidores y más de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel y su edición cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

*Retrato de Man Ray de 1930. El dossier lo ha elaborado el propio director Raúl Carlos Maícas.

 

AURELIO GRASA, 1916. FELICITACIÓN

AURELIO GRASA, 1916. FELICITACIÓN
 
La  felicitación con la foto estereoscópica de Aurelio Grasa de 1916. Mira qué interesante es el decorado del balcón, con la Venus de Milo y un maniquí vestido a la griega,... 

PA Z  -  AMOR   -  AMISTAD      LES DESEA  EL  ARCHIVO BARBOZA - GRASA   EN ESTAS NAVIDADES  Y  EN EL AÑO 2017

 

Este año 2016 queremos felicitarles con la imagen de una fotografía estereoscópica realizada por Aurelio Grasa en  1916,  en la que se advierte  la palabra PAZ en un balcón  decorado de la Plazuela de San Felipe. Año 1916, Zaragoza  pidiendo la  paz, ya que estaba en todo su apogeo la Primera Guerra Mundial  y, cien años después, continúan los desastres de la guerra en el  mismo lugar  de Oriente donde nació un niño del que la Comunidad Cristiana celebra este acontecimiento de hace más de dos mil años. Sus palabras continúan en plena vigencia

Paz a los hombres de buena voluntad.

 

Este año 2016 nuestro blog Barboza Grasa  http://barbozagrasa.blogspot.com.es/

contabiliza 346.704 visitas, lo que agradecemos a todos los amigos que hacen que sigamos exponiendo nuestras opiniones y conceptos sobre arte principalmente. 

Este año hemos realizado cuarenta entradas con temas muy diversos sobre arte y fotografía. Entre las páginas hablamos de Goya,  Ribera, Salinas, Marín Bagüés, Gargallo, Saura, Rusiñol,  Zuloaga, Marianito de Goya en Zaragoza, la Pinacoteca  Mauritshuis de La Haya con Rubens, Rembrandt, Vermeer, Hals, Holbein,… Después de nuestro viaje a Miami y Nueva York comentamos sobre sus Museos y artistas: Edgar Degas en los Museos Metropolitan y  MoMa.  En Zaragoza nos visitaron los Venecianos del siglo XVIII, Tiépolo, Guardi, Canaletto,… 

La Fotografía está relacionada con la obra de Aurelio Grasa, sus  fotos estereoscópicas y autocromas, y las actividades de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, RSFZ,  y sus Salón Internacional de Fotografía  que este año alcanza su 92 edición. En Literatura hablamos de Rubén Darío y de Ana María Navales. 

Hemos recordado a amigos queridos que ya no están, como el historiador francés Pierre Gassier, los pintores Ricardo Morales López, de Costa Rica, Eduardo Salavera y Javier De Pedro, de Zaragoza, así como al profesor Fernando Torres Leza. En el campo de la Política, al cubano Fidel Castro y al Presidente de Costa Rica, Luis Alberto Monge, que en un momento de la historia trabajaron juntos. Q.E.P.D.

Que el Año 2017  sea un año de amistad y damos las gracias  a todos los que en el blog y en facebook nos han felicitado y comentado nuestras entradas.  

Gracias amigos y  ¡Buenas Fiestas Navideñas!

 

Carlos Barboza Vargas Teresa Grasa Jordán

Archivo Barboza Grasa 2016-2017

 

http://barbozagrasa.blogspot.com.es/

 

 


Atentamente, 
Teresa Grasa Jordán y Carlos Barboza Vargas

APÈ: PREVENCIÓN DE TRASTORNOS

APÈ: PREVENCIÓN DE TRASTORNOS

[Nota de Jaime García Machín]

Presentación de la fundación APE para la Prevención de los trastornos de la conducta alimentaria. Y en su primer día el anuncio del acuerdo para la eliminación de las webs que fomentan consecuencias como la anorexia o la bulimia.
Un gran número de Zaragozanos
han puesto su nombre en la bola navideña en este árbol de esperanza y entre ellos, regalando un ratico de su tiempo y su imagen, parte de lo mejor de la cultura, el deporte y el audiovisual, como Antón Castro, Miguel Mena, Juan Bolea,Jesús Nadador, Pablo Ferrer,Jaime Fontán, Raquel Anadón Alquézar, Luis Alegre, Luisa Gavasa, María José Moreno, Luis Rabanaque, Ana Sanagustín, Pablo Lagartos, Fran Fraguas, Alfonso Palomares, Jorge Asín, Marisol Aznar, Raquel Carriedo, Ignacio Estaregui, Gloria Sendino, Reynaldo Benito, Jacobo Atienza,Vicky Calavia,Javier Loriente, Enrique Bunbury ..... Y los que también han querido estar desde la distancia, Paula Ortiz,Carmen Paris, Jorge Usón, Laura Gómez-Lacueva y Teresa Azcona
Ahí es nada !!!! Y por supuesto mi mujer, Ana Pilar Gonzalez.

Prevención y educación para evitar tener que curar.

https://www.facebook.com/jaime.garciamachin/posts/1296473803761336?notif_t=like_tagged&notif_id=1482353742982551

 

JOSÉ LUIS MELERO Y ZARAGOZA

JOSÉ LUIS MELERO Y ZARAGOZA

 

[En Heraldo.es, hoy Día del Pilar, publico esta entrevista con José Luis Melero Rivas (Zaragoza,1956), escritor y bibliófilo, autor de sus memorias, ’Leer para contarlo’ y de varios libros de artículos sobre sus grandes pasiones: Aragón y Zaragoza, la cultura, los escritores olvidados, las historias menudas de la literatura, los diarios, la Guerra Civil, la jota.]

Se puede leer aquí

http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/fiestas-del-pilar/2016/10/12/nunca-marchado-zaragoza-durante-las-fiestas-1107697-1711024.html

 

José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956) cumplirá 60 años en diciembre. A modo de cumpleaños anticipado, ha recibido una distinción que le ha conmovido como se vio el sábado en el salón de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza. Fue nombrado Hijo Predilecto de su ciudad: la capital del cierzo, la novia del viento. La ciudad que siempre lleva consigo en esa maleta real e ilusoria, llena de libros, de emociones, de curiosidad, de música y de sentido de la amistad.

 


¿Qué significa ser Hijo Predilecto de la ciudad que uno ama tanto?
Es lo más. Ya lo dije en el Ayuntamiento el día de la entrega de las distinciones. Mejor que si me tocaran la Bonoloto y la Primitiva juntas; mejor que si Elle MacPherson, Naomi Watts o Gisele Bundchen me confirmaran, como todo hacía suponer, que yo era el hombre de sus vidas; mejor que si encontrara por cuatro gordas en el Rastro una primera edición del Quijote; mejor que si el Zaragoza ganara la Champions; mejor -y discúlpeseme la herejía- que el gol de Nayim. Ser hijo predilecto de Zaragoza es lo más.

Dicho eso y así, ¿qué es Zaragoza para usted? ¿Qué le da, qué le ha dado?


Zaragoza es la ciudad de mi vida, el escenario de mis sueños, la ciudad que me lo ha dado todo y en la que me reconozco en cada esquina.


¿Qué es lo que le gusta de ella? ¿Si tuviera que explicarla, cómo la definiría?
A mí las ciudades me gustan por razón de la gente que vive en ellas. Si vives en Nueva York y estás solo, sin familia y sin amigos, Nueva York te parecerá un sepulcro. A mí me gusta Zaragoza porque aquí vive la gente que quiero, porque aquí están mis padres, mis hijos, mis amigos, porque aquí nunca me he sentido solo.

 



Es también un erudito de Zaragoza. ¿Quién la ha cantado mejor, quién la ha glosado de un modo que le conmueve?
Muchos grandes escritores y pintores. Ramón J. Sender, Benjamín Jarnés, Ignacio Martínez de Pisón, Francisco Marín Bagüés, Pepe Cerdá, Ignacio Mayayo… tantos y tantos que sería imposible hacer un listado. Y en los últimos años Zaragoza es ya el escenario de muchos de los libros más importantes de los más destacados escritores aragoneses.

De las historias zaragozanas, y hay cientos, ¿cuáles le seducen más?
A mí me gustan las historias menudas y me interesa poco la épica. Si tengo que elegir una historia me quedo con la de los zaragozanos anónimos que trabajan día a día por hacer esta ciudad mejor.

¿Qué nombres se la evocan especialmente?
Yo siempre quiero unir Zaragoza a la excelencia. Goya y Buñuel deberían ser siempre un símbolo de Zaragoza. Y mi amigo José Antonio Labordeta.

¿Tiene un libro zaragozano preferido, una película sobre Zaragoza, un disco, un cuadro?
Las memorias de José María Castro y Calvo, ‘Mi gente y mi tiempo’, y la vista de Zaragoza de Juan Bautista Martínez del Mazo de 1647. Discos muchos: los de Labordeta, los de Amaral, los de Bunbury, los de María José Hernández, los de la Ronda de Boltaña…

Hablemos de la jota. No solo la canta, sino que la vive de manera especial y la glosa, la divulga y es un hombre fuerte, con criterio, en los concursos como jurado. ¿Qué tiene la jota, qué le gusta de ella?
La jota es una de las señas de identidad más importantes de Aragón. A mí me ha gustado siempre mucho la cultura popular y creo que he sabido hacerla compatible con la alta cultura. Quiero decir que me puede gustar igual escuchar a José Oto o a Cecilio Navarro que leer a Thomas Mann o a Cirlot. Esto no es muy frecuente y normalmente los intelectuales se han preocupado poco de la cultura popular, poco de lo que le interesa al pueblo. Es un error. La jota sigue siendo muy popular, es una manifestación cultural cuatro veces centenaria y si se mantiene viva por algo será. Y se mantiene viva y pujante porque muchos aragoneses de toda condición la llevan muy dentro de sus corazones. Ignorar esto es darle la espalda a la realidad.

¿Sería el canto de Aragón como se dice, o esa apreciación es un lugar común y perezoso?
Bueno, eso es un tópico. La jota es un canto muy importante en Aragón y el verdaderamente autóctono. Pero no se puede decir que sea “el canto de Aragón”, como si no pudiera haber otro. La cultura -tanto la popular como la más académica- tiene afortunadamente muchas vertientes, muchas singularidades y muchas ganas de mezclarse con otras culturas y de enriquecerse. Así que lo deseable es que en Aragón, sin olvidar nunca nuestras culturas, estemos siempre abiertos a todas las culturas del mundo, vengan de donde vengan. O sea: la jota sí, pero las demás músicas también.

Zaragoza también es un escenario de tópicos: que si es una ciudad hostil con los suyos, que si es saturnal o cainita, que si es tan dura como su cierzo. ¿Tiene defectos que se puedan corregir o no?
Zaragoza no es nada especial ni distinta a otras ciudades por sí misma. Es lo que es por razón de la gente que vive en ella. Y aquí vive, como en todas partes, gente de todo ¿O es que aquí somos genéticamente peores tipos que en otros sitios? Zaragoza tiene los mismos defectos y las mismas virtudes que el resto de ciudades del mundo. La soberbia o la envidia, la bondad o la generosidad no son patrimonio de ninguna ciudad. Están repartidas por igual en todas partes. A mí en Zaragoza lo que me gusta es relacionarme con los buenos, que son millares y millares. Con los que no son cainitas, con los que no son hostiles con los suyos, con los que no son duros como su cierzo. Y le aseguro que aquí hay muchos de esos, yo diría que una gran mayoría.

¿Cuáles son sus rincones favoritos?
A mí me gustan los bares de mi ciudad. Yo soy mucho de bares, cafés y restaurantes. Han formado parte de mi educación sentimental. Casa Paricio, el Levante, el Circo, el Nevada, el Universal, Casa Emilio… Y las librerías. Me gustan mucho las librerías. Ir a las librerías es también uno de mis quehaceres favoritos.

Practica el ’carpe diem’ a diario, bien se ve. ¿Es Zaragoza una ciudad de diversión, de buena gastronomía, una ciudad luminosa, un escenario de tertulias?
Claro, lo sabe todo el mundo. Zaragoza es una ciudad maravillosa e integradora en la que nadie se siente forastero. A mí me gusta mucho que Zaragoza acoja tan bien a todos los que vienen de fuera. Es muy enriquecedor para todos.

¿Por qué considera Aragón, y Zaragoza, tan poco a sus artistas, a sus creadores, a sus actores? ¿O por qué se dice eso?
Eso es otro tópico. Yo no creo que Zaragoza considere poco o maltrate a Martínez de Pisón, ni a Antón Castro, ni a Sergio del Molino, ni a Miguel Mena, ni a Agustín Sánchez Vidal, ni a Jorge Gay, ni a Pepe Cerdá, ni a Luisa Gavasa, ni a Paula Ortiz, ni a Miguel Ángel Lamata, ni a tantos otros. Es mentira. Pero Zaragoza, claro, no tiene desgraciadamente, porque somos pocos y no somos ricos, las posibilidades de otras grandes ciudades. Y hay que buscar fuera muchas veces lo que Zaragoza no puede darte. Pero eso no quiere decir que no valoremos a nuestros creadores. La gente con la que yo me relaciono, desde luego, los quiere, los respeta y los valora.

¿Y el Pilar y sus fiestas, tienen un significado especial para usted? ¿Cómo los ha vivido a lo largo del tiempo?
Yo siempre he vivido las fiestas con ilusión. Como fuera de casa no se está en ninguna parte, así que yo me he lanzado siempre a la calle a divertirme. Me gustan las fiestas, me gusta vivir, reírme y estar con los amigos. Nunca me he marchado de Zaragoza durante las fiestas. Mi madre se llama Pilar y aquí celebramos siempre mucho esa festividad.

Cuando le anunciaron la distinción, sinceramente, ¿en qué pensó, de quién o quiénes se acordó?
Pensé: ya tengo un hueco pequeñito en la historia de mi ciudad. Y me hizo mucha ilusión. Y quise celebrarlo con todos mis amigos, así que nos reunimos en una cena multitudinaria en Casa Emilio. La felicidad, estas pequeñas cosas. 

 

*La foto es de Oliver Duch, de Heraldo de Aragón.

JORGE SANZ BARAJAS HABLA DE 'CAPITAL DEL DESIERTO'

CAOUTAK DEK D

El escritor y profesor Jorge Sanz Barajas (Zaragoza, 1967) acaba de publicar su segunda novela: 'Capital del desierto', que transcurre en la Guerra y en la posguerra, en concreto en 1958 cuando en Zaragoza se rueda 'Salomón y la reina de Saba'. Una parte de esta entrevista publicaba ayer en Heraldo de Aragón.

-¿Qué tipo de novela has querido hacer: un relato de la Guerra Civil o de la posguerra, un friso social, la construcción paulatina de la imposible normalidad en la posguerra?

Capital del desierto” es un relato que trata de contar cosas pequeñas en apariencia, a gente que no figura en los libros de historia, en esos años en que la posguerra debería haber terminado ya. Pero lo importante en la narración es hacer que las cosas pequeñas parezcan grandes. Esta gente descubre que sigue viviendo igual o peor que en 1936, que les han engañado y que quienes han ganado la guerra son los grandes terratenientes de siempre, las grandes familias que han gobernado esta ciudad desde la Restauración. Por azar, la vida de esta gente pequeña se cruza con la de la gente importante, y a veces saltan chispas… Hay un puñado de personajes que están mucho más cerca de lo que imaginan, pero no lo descubren hasta que no salen del cascarón en que el Régimen los quiere mantener. No sabría decirte a qué género puede adscribirse, pero seguro que no es otra novela más de la guerra civil o de la posguerra. Hay en ella un cierto análisis de cómo se diseña Zaragoza y cómo vivió ese momento un barrio como el del Las Fuentes. Ficción, sí, pero quizá no tanto.

-¿En qué medida te ha obsesionado o interesado a ti la Guerra Civil?

Siempre me ha interesado. Trabajé durante años la literatura del primer tercio de siglo y me interesé por la estimativa de quienes escribieron a uno y otro lado del frente. Hay heridas sin sanar y me preocupa que haya políticos que insistan en que hay que olvidar: como si no hubiera sucedido nada. Recordar y reconocer es una etapa esencial para la reconciliación. Nuestros mayores problemas presentes (corrupción, política de vivienda, modelo de crecimiento, crisis del modelo político, del sistema educativo y cultural) provienen de una gestión arcaica y feudal tolerada durante cuarenta años y consentida en parte durante la transición. Para salir de este atolladero, hay que conocer qué pasó y quién hizo qué… Y todavía no lo sabemos, mientras Alemania conoce al detalle todo lo que sucedió y ha rasgado todos los veos que había que rasgar. El precio que tuvimos que pagar por la libertad fue el silencio. Esta novela es un intento humilde de dar voz a esa gente que tuvo que callarse.

 -¿Por qué has distribuido la novela en tres tiempos distintos: la Guerra, la posguerra y 1958? ¿Querías hilvanar un continuum?

En realidad intenta ser una novela a escala humana. Como nuestro mayor poder es la imaginación, que suele llevarnos al futuro o al pasado aunque no queramos, eso le pasa a la narración: empieza en los últimos momentos de Primitivo y se va desplegando desde su memoria convulsa, desde los recuerdos de alguien que no quiere que se le escape nada de lo vivido. El continuum existe porque el narrador está convencido de que la posguerra no acaba en 1958 sino que se convierte en otra cosa: lo dice el ministro Arrese: “ya no seremos proletarios, seremos propietarios”. Pensaron que dar una casa acababa con la conciencia de trabajador, pero en realidad lo que estaban haciendo era un gigantesco pelotazo urbanístico a base de recalificaciones cuya magnitud desconocemos aún, pero da el pistoletazo de salida al modelo económico español de fin de siglo (y de la actualidad). Estoy convencido de que aún seguimos ahí en cierto modo. Lo pagamos todos, y lo seguimos pagando.

-¿Qué significó el año 1958 en la ciudad?

 1958 fue un soplo de aire fresco: la llegada de Gina Lollobrigida, Tyrone Power, George Sanders o King Vidor a Valdespartera, una fosa común con más de mil fusilados que se convertía por obra y gracia del séptimo arte en un escenario de cine. Luego vendría la primera ofrenda de flores. La gente empezaba a conocer el movimiento surrealista en torno al Niké, a Miguel Labordeta, a Manuel Pinillos, a Santiago Lagunas, Cirlot había hecho la mili aquí y había dejado impronta, había un puñado de excelentes pintores… Zaragoza era un pequeño oasis en medio del desierto, una ciudad emergente en medio de un país que aún se frotaba los ojos tratando de entender lo que había sucedido. Siempre hemos tenido un punto “perro” en esta tierra, y no siempre lo hemos sabido apreciar. Tampoco desde fueera lo han sabido entender, ciegos de tanto mirar al este y al oeste.

¿Qué trajo de sueño, de despertar, el rodaje de 'Salomón y la reina de Saba o fue una construcción posterior, de carácter casi legendario?

He hablado con mucha gente que conoció ese episodio de cerca: la llegada de los actores al Gran Hotel, el morbo de la presencia de la Lollobrigida, la posibilidad de hacer de extra… Si hoy pidiéramos a todos aquellos que tienen una flecha de goma de aquel rodaje, llenaríamos un almacén. La gente acudía en masa paseando con los niños para ver el rodaje. Todo eso se desvaneció con el tiempo, como si no hubiera tenido importancia. En esta tierra tenemos una cierta tendencia a dejarle hacer al viento, a la resignación y a un encabronamiento tardano. Pero para mí, lo esencial de ese episodio es que quienes recordaban haber enterrado allí tantos cuerpos, callaron por miedo o por desidia. Nadie parecía recordar que ese escenario era una fosa común: eso es abrir la puerta a que se convierta en una autopista o unas ferias.

-Parece una novela coral, aunque hay un personaje más importante como Primitivo, que ha estado en la División Azul… ¿Cómo te has planteado la relación y la psicología de los personajes?

La casa donde sucede la historia es mi casa, uno de esos viejos bloques de sindicatos a la entrada de Compromiso de Caspe. Conviví con decenas de personas que bajaban la persiana, que chistaban cuando alguien levantaba la voz, que se estiraba la falda al sentarse, que miraban con miedo, de reojo. Había muchas historias en ellos y ellas. No he pretendido contarlas todas, obviamente, pero era gente que merecía y esperaba algo más. Y nunca lo tuvieron. Muchos murieron antes de tiempo. Hay muchas voces porque los sentimientos que se despliegan son comunes a muchos hombres y mujeres, no son propios ni propiedad de nadie. La humillación, la vergüenza, la alegría, la esperanza no se consumen cuando se conviven: se multiplican. Todos los personajes tienen algún vínculo que les une a algún otro. Y todos tienen algún atisbo de profundidad. Como decía Dickens, estamos mucho más cerca unos de otros de lo que nos imaginamos. Nos creemos ese cuento del individualismo mientras estamos dándonos codazos en el autobús. El individualismo está pensado para que no seamos conscientes de que somos multitud, somos más. Cada propietario es uno y único, pero cada proletario es todos los proletarios y uno mismo. Primitivo ha vivido desde su vida pequeña todo el siglo, como muchos otros: la pérdida, el desconsuelo, la guerra, la esperanza, la venganza, la libertad… Va creciendo en la novela conforme va viviendo. Es un personaje que fermenta. En la novela, algunos crecen y otros no, pero los que no lo hacen es porque han elegido quedarse como están: les va mejor… Primitivo, en cambio, ha estado en la División Azul por obligación: es un superviviente de esta y muchas otras cosas. Como otros muchos, siente que les invitaron a ir a esa guerra para poder medrar entretanto en la ciudad mientras ellos caían en Rusia: no estaban muy equivocados.

-Zaragoza sería algo más que un escenario… ¿Es también un personaje?

Tienes razón: Zaragoza es una mujer que va recibiendo hijos a oleadas, los va criando, los va empujando al combate, los entierra con más o menos poma, los esconde… Veo la ciudad, salvando la distancia, como la veía Víctor Mira en aquellos poemas de Madre Zaragoza. Es la ciudad más viva y activa que conozco, la que más vibra, la que más alto grita, la que más odia y la que odia con más amargura. En cierto modo, seguro que le duele tener tanto hijo mal enterrado y está necesitando un aquelarre..

-¿Qué supuso el crecimiento de la ciudad? ¿Qué contradicciones levantó, cómo fue?

Zaragoza se estudia en geografía urbana como un modelo de crecimiento caótico. No conozco tan a fondo el tema como para hablar de él, pero parece claro que creció en función de intereses urbanísticos de grandes familias, que ha sido terreno abonado para la especulación y que ese clasismo ridículo que determinaba el barrio en el que habías crecido, sigue existiendo hoy en día. Un dato concreto: hay unos mapas interesantísimos en la red acerca del nivel de estudios y el barrio de procedencia en esta ciudad. Lo explican todo mejor que yo. Esa es la herencia que nos dejó este modelo de desarrollismo tramposo. Es curioso que en el Barrio de Las Fuentes, al estallar la guerra, apenas había media docena de afiliados a Falange, el porcentaje más bajo de toda la ciudad; al repoblarlo con casas de sindicatos, llegan muchos viejos falangistas que ya están desencantados con Franco, añoran la revolución pendiente se consideran mal pagados por la guerra. Pero es gente pragmática y se calla. Casi toda, porque algunos empiezan a agitarse, a encontrar lazos comunes con otra iglesia, con movimientos de izquierda, con gente inquieta, y es el fermento del asociacionismo de barrio que ha sido tan importante para entender esta ciudad.

-Hay un momento en que un personaje se pone a soñar, mira el futuro y ve una ciudad de millón de habitantes. ¿Cuánto tardaremos en llegar a esa cifra y qué piensas que podría pasar entonces?

Ese sueño es una pompa de jabón. Para el desarrollismo, el número “millón” era mágico en muchos sentidos, no todos honorables. Dudo que algún día alcancemos esa cifra. En todo caso, no creo que cambiáramos mucho. Me dijeron hace poco que seguimos teniendo un 60% de ADN ibérico pese a todas las culturas que nos han atravesado. Esa tendencia sigue marcándonos: por desgracia, muchos de los chavales de mi colegio han estado en Paris, Londres o Roma pero jamás han pisado el Barrio Oliver, Las Fuentes o Montemolín; serían incapaces de ubicarlos en un mapa de Zaragoza. Eso sería una ciudad de un millón de habitantes, por desgracia: un archipiélago con una isla central descconectada de sus partes.

-Se ve que ha habido un proceso minucioso de documentación. ¿Cómo ha sido, qué buscabas, qué te ha interesado especialmente?

El trabajo de documentación ha sido minucioso y artesanal. He pasado cuatro años hurgando y leyendo, mirando mapas, consultando planos, leyendo periódicos, memorias...  Me ha costado algún disgusto en casa porque me embebía en exceso. Cuando veo que algunos escritores tienen equipos de documentación que les dan el trabajo masticado, me parece un gravísimo error: conforme buscas un camino, encuentras otros tres más ricos que el primero, pero eso solo lo huele el que busca con toda la artillería narrativa en la cabeza. Me ha interesado especialmente los planos de las casas, los callejeros, la ubicación de los comercios, la vida cotidiana, los problemas sindicales y laborales, las condiciones económicas… Desde ahí podía fermentar cada conflicto. Y luego me interesaba mucho lo que se iba despertando en mi memoria de mis vecinos, de las historias que contaban mis amigos de infancia, las de sus padres. Me interesaba más lo que se callaba que lo que se contaba.

-¿Es tu visión de la política del momento como un pico de chiste, inconsistente, casi frívola, dentro de un clima de desconfianza general y represión?

Creo que tenemos una predisposición al chiste en medio de la represión: cuanto más nos aprietan, más risa nos entra. El ejemplo es esa escena real en la que el ministro Arias Salgado defiende la censura, Eduardo Haro Tecglen le pregunta qué tiene de beneficiosa, Arias le contesta que ha disminuido la masturbación en España… Y cuando Haro, con morbosa curiosidad le pregunta cómo se sabe ese dato, el ministro le espeta: “Pues hombre, por las estadísticas de los confesionarios”. Esa anécdota es cierta: está en las memorias de Haro y yo se la he oído contar de su boca. No es que lo provoquemos, es que el chiste está escondido en los pliegues de la represión, solo hay que darle algo de aire. La política del momento daba para mucho: advenedizos, golfos, crápulas, teóricos de pacotilla, trileros disfrazados de empresario, políticos analfabetos, viejos militares sedientos de otra guerra, como un cuadro de Georg Grosz, esa era la corte del Faraón que pinta Berlanga en La escopeta nacional. Nadie dibujó mejor que Azcona ese tiempo.

-¿Qué hay de esa afirmación de “Zaragoza está llena de furcias”?

Era un dicho de la época: “Zaragoza, la ciudad de las tres pés: Pilar, palomas y putas”. Se trata de una exageración, pero es que al lado de mi casa estaba el Club La Asturiana, y siempre que pasaba de día estaba cerrado con una gruesa reja pero al atardecer entraban tipos que miraban a un lado y a otro antes de pasar adentro, un local con luces rojas y una densa humareda que se adivinaba desde fuera. Las mujeres del barrio convivían con esta realidad desde sus silencios. Una ciudad con tantos militares, con tanta feria agrícola, con tanto terrateniente de paso, era terreno abonado para la prostitución; pero la expresión “furcia” tiene el tono despectivo del varón cliente. En aquellos años de la posguerra, muchas mujeres no tenían otra alternativa que la prostitución y todas tenían una inmensa necesidad de dignidad. En El Coso, todo el mundo sabía de pisos de mantenidas, de queridas, etc. Pero no creo que en esto fuéramos una excepción.

-Aparece el Real Zaragoza pero un poco como un cameo desde el presente. ¿Por qué?

Soy socio y sufridor. La Romareda se estrena en la Liga 57-58. Tener un estadio nuevo y grande significaba tener un equipo con potencial. Pero es verdad, sí, es en cierto modo un conjuro para ver si volvemos a primera de una puñetera vez. Y hay algo de nostalgia: un día, Pepe Melero nos presentó a mi hijo Juan y a mí a José Luis Violeta; le había contado a Juan que mi padre, su abuelo, adoraba a Violeta. El azar quiso que acompañáramos un rato a José Luis por Gran Vía y Juan no entendía cómo la gente no le reconocía y le paraba por la calle. Lo decía con cierto desconsuelo. A mí me parece espléndido tenerlos en la mente: esos viejos jugadores son nuestra memoria y nuestra genética.

-Hablemos de los personajes femeninos...Mercedes, Felisa, Nena Guillén…

Son lo más poderoso de la novela: fueron educadas para ser alguien, se tuvieron que conformar con ser invisibles y cada una tiene su historia y sus sueños. Mercedes es estraperlista todavía, Consuelo vive entristecida con un marido amargado y sediento de venganza, Carmen sueña con ser actriz aunque sabe que nunca podrá serlo, y Felisa es quizá el personaje más elaborado: enviudó demasiado pronto, nunca mira a los ojos pero lo sabe todo de la gente desde su vida gris. Cada día rellena una botellita con agua de la fuente de la Samaritana y riega la acacia de la calle Rusiñol donde se le declaró su novio. Esa acacia existe y tiene una oquedad en su base donde Felisa escondió la medallita que le regaló Baltasar. Es una romántica que espera la mano de nieve y observa a sus vecinas con una extraña mezcla de envidia y nostalgia. He conocido a mujeres como ella, enlutadas y fuertes como el acero, pero discretas y silenciosas, celosas de la virtud y listas como el hambre.

-Entre los personajes pintorescos, aparece José María Zaldívar, 'El vigía de la Torre Nueva'. Explícanos ese personaje

Está quizá demasiado caricaturizado, y fue más importante de lo que pudiera pensar quien lea la novela y o indague más sobre él. Lo uso en un par de momentos y es cierto lo que cuento: gana unos juegos florales con unos versos no demasiado afortunados si los comparamos con lo que estaban escribiendo los poetas del Niké, pero los gustos del régimen eran así. El segundo momento también es histórico: le expulsan del rodaje de Salomón y la reina de Saba porque intentó colarse en el camerino de la Lollobrigida para entrevistarla. Podría haber cambiado su nombre pero me pareció poco honesto hacerlo porque las cosas sucedieron así. En otros personajes sí he alterado su nombre por diversas razones, aunque muchos son fácilmente reconocibles para quien conozca la Zaragoza de aquellos años. Repito que Zaldívar me parece una persona muy interesante, de vasta cultura y grandes conocimientos, y es cierto que la narración tiende a caricaturizarle, pero las novelas no están para hacer justicia y salen como salen.

-Ultimo asunto: ¿fue la posguerra como una letanía ininterrumpida?

Sí. Fue mucho más larga de lo que podamos imaginar. De hecho, estoy convencido de que el plan Arrese fue un intento fallido por darle carpetazo. Nos sacó de ella un poco de aire fresco como las películas de Fellini o el rodaje de Salomón y la Reina de Saba. Creo sinceramente que este rodaje, la ofrenda de flores y unos cuantos eventos más invitaron a mirar hacia delante con una mirada más limpia. El surrealismo maño acabó por revolverlo todo. En cierto modo, estos años fueron un punto de inflexión. Entre 1957 y 1961, Zaragoza dejó atrás muchas cosas y empezó a ventilarse un tanto. Los barrios que se gestaron con estas casas de sindicatos, lejos de ser corrales de ovejas sumisas, empezaron a ser semillero de libertad.

-¿Qué autores te han acompañado durante la redacción del libro?

Muchísimos. Mentiría si dijera que no leo mientras escribo para no contaminar mi estilo. La voz narrativa en una novela se va cuajando a base de lecturas. Por sus páginas quisiera haber atrapado huellas de los diálogos de Max Aub, las voces de Rafael Azcona, la capacidad para convertir lo sencillo en profundo que tiene Martínez de Pisón, el estilo seco de Cheever, la prosa paciente de Berta Vias Mahou, la mirada de García Pavón, la lentitud de García Badell, la chispa verbal de Jordi Soler, muchas viejas historias que cuenta Pepe Melero en sus columnas, las memorias de Luis Horno, de La Cadiera… Miro los archivos de notas que guardo en mis cuadernos y en el ordenador y te podría anotar cientos de autores. A muchos los leo con suma atención, de otros tomo prestado un par de apuntes, a otros los envidio de manera insana. Ha pasado mucha gente por esta historia. Pero la voz ha estado sometida a una depuración exhaustiva. Una vez terminé el primer borrador, lo dejé dormir durante seis meses hasta poder leerlo como si no fuera mío. Luego lo he revisado otras tres veces a partir de consejos de amigos que tuvieron acceso al manuscrito. Los autores están ahí presentes, pero su voz se detuvo hace un año largo para dejar hacer a la del narrador.

1. Tomo la foto del libro de aquí: 

http://static.plenummedia.com/40793/images/20160725181100-9788494398858-web.jpg?dh=NDcweDQ1MA%3D%3D&m=resize

2. http://antoncastro.blogia.com/upload/20140218015205-jorge-sanz-de6aea90.jpg