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'TURIA' DEDICA UN MONOGRÁFICO A JAVIER TOMEO

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 JAVIER TOMEO, EL KAFKA ARAGONÉS, PROTAGONIZA “TURIA”

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS, MARTA SANZ, BERTA VIAS MAHOU Y CARLOS CASTÁN

                                                                                           

CARME RIERA PRESENTA HOY “TURIA” EN HUESCA

 

 

El escritor Javier Tomeo, considerado por muchos como una suerte de Kafka aragonés, es el principal protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Cuando apenas han transcurrido seis años de su muerte, Tomeo es objeto de análisis y reivindicación por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que gozó también de éxito notable no sólo en España sino, especialmente, en  Francia y Alemania. Un homenaje colectivo que, a través de textos inéditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos de distintos países y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras españolas.

 

El nuevo número de TURIA será presentado hoy en Huesca, a las 20 horas y en el salón de actos de la Diputación de Huesca. La tarea corresponderá a Carme Riera, escritora, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputación de Huesca ha apoyado económicamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable.

 

TURIA pretende descubrir a los lectores el interés del universo literario de Javier Tomeo.  Y es que, según declara su editor Jorge Herralde en la revista; “Sólo un alien como él pudo escribir inolvidables obras maestras”. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extrañeza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus más celebrados títulos fue Amado monstruo, que obtuvo una clara repercusión internacional. 

 

El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y crítico Ramón Acín, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su artículo introductorio subraya la condición de Tomeo como corredor de fondo de la literatura española contemporánea y subraya que su mundo literario es el de un autor  “outsider, marginal, extraño, raro, insólito o inclasificable”.

 

Las casi 150 páginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximación a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monográfico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros países así como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.  

 

UN ESPECTACULAR SUMARIO REPLETO DE TEXTOS INÉDITOS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Javier Tomeo, el nuevo número de TURIA brinda un espectacular sumario repleto de lecturas y autores de interés. Así, las páginas páginas de la revista se enriquecen con textos originales protagonizados por importantes autores internacionales. Entre ellos destaca la presencia, por primera vez en español, de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días.

 

También TURIA ofrece a los lectores amplios e interesantes artículos inéditos sobre dos destacadas escritoras contemporáneas: la británica Doris Lessing, premio Nobel de Literatura en 2007, de la que se cumple este año el centenario de su nacimiento, y la francesa Fred Vargas, indiscutible reina europea de la novela negra y galardonada el pasado año con el Premio Princesa de Asturias.

 

La mejor narrativa española también está presente en las páginas de TURIA con nuevos textos de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán.

 

No hay que olvidar que TURIA ofrece a los lectores poemas inéditos de Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Juan Marqués, David Mayor y Begoña Ugalde Pascual, entre otros.

 

Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos de los autores más valiosos y singulares del panorama literario europeo: Gonçalo M. Tavares y Francisco Ferrer Lerín. Con Tavares, que es el autor portugués más internacional con 39 libros traducidos en 50 países, conversamos sobre la importancia que damos al presente o  nuestra relación con la tecnología, o sobre la incomunicación cultural existente entre España y Portugal. Exploramos también su interés por Europa y su fascinación por Japón.  Además, en la entrevista se analiza la evolución de la sociedad actual, la lucha por la igualdad de las mujeres, la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis económica.

 

Francisco Ferrer Lerín combina la literatura con la ornitología, que ha ejercido durante décadas en el Pirineo aragonés. En la entrevista se repasan distintos episodios insólitos de su  vida y es que, por ejemplo, durante treinta y tres años no escribió nada pero desarrolló actividades que le suministrarían abundante material cuando retornó al mundo literario. También se conversa en torno a cuestiones como la vanidad, la supervivencia o el oficio de escribir y, en todos los casos, Ferrer Lerín siempre brinda las opiniones contundentes de quien ha conseguido hacer de su vida una obra de arte.

 

Las ilustraciones de este nuevo número de TURIA han sido realizadas por el Estudio Brosmind, integrado por los hermanos Juan y Alejandro Mingarro. Dos oscenses radicados en Barcelona que, en pocos años, han convertido su estudio creativo en uno de los más solicitados y premiados a nivel internacional, sobre todo en el ámbito de la publicidad.

 

TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 años de trayectoria, en una de las revistas culturales de referencia en español. Tiene difusión nacional e internacional por suscripción y una edición en papel y otra  digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este nuevo número ha contado con el apoyo económico de la Diputación de Huesca.

 

CONOCER A FONDO A JAVIER TOMEO Y SU OBRA 

 

Una aproximación plural, rigurosa y necesaria a Javier Tomeo es la propuesta central que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Las 150 páginas que TURIA dedica a Tomeo puede decirse que constituyen uno de los más completos análisis que sobre su trayectoria y su obra literaria se han publicado nunca.

 

Ramón Acín, uno de sus principales estudiosos y que ha coordinado el monográfico de TURIA, escribe que Tomeo fue “un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente  e  intranquilizador,  divertido  y  trágico...  La  extrañeza,  lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y demás aspectos practicados por él, en cohabitación con varios elementos más, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risueña. Sin duda, por todo ello, el monstruo Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, además de servir a la vez como textos teatrales”.

 

Antón Castro, en su artículo “El lugar de un escritor distinto y solitario”, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo “ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepción caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficción y de sus fábulas morales”.

Además de los ya citados, en el monográfico que la revista dedica a Tomeo, escriben  textos inéditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (“Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo”) o la profesora francesa Sylvie Fournié-Chaboche,  autora  de  una  tesis  doctoral  sobre  el  autor  aragonés.  También  ha dedicado una tesis al libro “Amado monstruo” de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco González García, que estudia ahora su relación con el teatro.

 

Otros artículos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (“Los contornos del monstruo”), Agustín Faro Forteza (“Tomeo y el cine: un encuentro puntual”), Antonio Pérez Lasheras y María Pérez Heredia (“Aragón en Tomeo, Tomeo y Aragón”), Fernando Valls (“Monstruos y prodigios: imágenes de Javier Tomeo”), Daniel Gascón (“Javier Tomeo: una grieta en la realidad”), Mariano Gistaín (“La Cobertera de Quicena”) y Ángel Rodríguez Abad (“Lúdico, lateral, lírico: Tomeo”).

 

Uno de los testimonios más relevantes que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que publicó en Anagrama buena parte de los títulos elaborados por Tomeo y que asegura que el impacto de las dos primeras novelas (El castillo de la carta cifrada y Amado monstruo)  fue muy fuerte, quizá, aparte de su gran calidad,  por la sorpresa de un tipo de literatura que no tenía nada que ver con lo que se hacía en España ni en ningún otro lugar.  Ya tenía entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matarían por Javier Tomeo”.

 

No faltan artículos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (“Tomeo, raro entre los raros”) y Juan Casamayor (“Editar a un clásico”). Y en el capítulo de testimonios destacan los de amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (“Tomeo y yo fuimos napoleónicos por derecho propio”), Luis Alegre (“Planeta Tomeo”) o Joan de Sagarra. 

 

Por último, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista “Camp de l’Arpa” (“El  prelado acuático y otras pequeñas historias”).  Cierra el monográfico una pormenorizada y útil biocronología elaborada por Pablo Pérez Rubio.

 

DORIS LESSING, FRED VARGAS Y VICENTE GAOS 

 

La escritora Carme Riera, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, es la autora del artículo inédito sobre Doris Lessing que abre el sumario del nuevo número de la revista TURIA. Lessing, que obtuvo en 2007 el Premio Nobel de Literatura y en 2001 el Premio Príncipe de Asturias, fue una escritora muy prolífica, cultivó todos los géneros literarios y su producción la integran más de setenta títulos. Según Carme Riera, en Lessing “cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora”. 

 

Carlos Zanón, cultivador también del género, es el autor del artículo inédito que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria creativa de la Fred Vargas, considerada como la actual reina de la novela negra europea. Buena prueba de ello es el éxito espectacular que tienen sus libros, así como el reconocimiento crítico que avalan su trabajo con premios como el Princesa de Asturias de las Letras 2018, un galardón que de acuerdo a su legendaria timidez no acudió a recoger.

 

Un merecido rescate y resdescubrimiento es lo que consigue el artículo que TURIA publica sobre el poeta, ensayista y profesor Vicente Gaos. Cuando este año se cumple el centenario de su nacimiento, sobre Gaos escribe Manuel Rico un texto que lo reivindica como una de las figuras de la poesía y la cultura española de la segunda mitad del siglo XX. Un poeta que, en opinión de Dámaso Alonso, fue “agudo, apasionado, pero sobrio, como si supiera que su fuerza está en la lucidez”.

 

La sección que TURIA dedica a los estudios literarios incluye también un artículo de Anna María Iglesia en el que analiza las claves del éxito arrollador de Manuel Vilas con su novela “Ordesa”, que ha conseguido algo tan poco frecuente como la perfecta sintonía entre crítica y público.

 

JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS Y MARTA SANZ

 

Entre  el  buen  surtido  de  lecturas  inéditas  que  ofrece  TURIA  sobresale  una antología de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días. Esta selección de poemas  forma parte de un próximo libro que, editado por Pre-Textos, se titulará “Todo lo que es pensable”. Al fin, el lector español podrá descubrir a una escritora que según su traductor Ronald Brouwer, “posee una voz al margen de cualquier movimiento o corriente literaria, y solamente se la suele comparar, por expresarse en un registro cercano, con Wisława Szymborska”.

 

Además, TURIA da a conocer una selección de textos inéditos de algunos de los mejores autores de momento. Así, la revista narraciones originales de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán. También publican relatos Oscar Sipán y Marta Armingol.

Y además se ofrecen poemas de, entre otros, Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Begoña Ugalde Pascual, Joaquín Sánchez Vallés, Juan Marqués, David Mayor, Angélica Morales, Luz Rodríguez, Francisco Grasa, José Gabarre, Bibiana Collado y Javier Fajarnés Durán.

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura la tercera entrega de la serie de artículos de Jesús Briones sobre el futuro que nos aguarda: “Humanización de la era digital. III. Una ética de las cosas”. 

 

ENTREVISTAS A GONÇALO M. TAVARES Y FRANCISCO FERRER LERÍN 

 

El nuevo número de TURIA ofrece también dos conversaciones exclusivas y de lectura muy provechosa. Las protagonizan dos destacados nombres propios de nuestra actualidad cultural: Gonçalo M. Tavares, el autor portugués más internacional y Francisco Ferrer Lerín, escritor, ornitólogo y uno de los creadores más originales de las letras españolas

La entrevista con Tavares, realizada por Luis Sáez Delgado, va mucho más allá de hablar de sus libros o su trayectoria. El escritor portugués tiene siempre otras preocupaciones sobre las que quiere tratar: del papel de la máquina al mundo de los creyentes,  de la lucha por la igualdad al Holocausto, de la fascinación por Japón o el interés por Europa.

 

Preguntado por un asunto tan central como la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en su obra, Tavares lo tiene claro: “Es importante que el arte y la ficción no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. (…) Encuentro un asunto esencial cómo otorgar un espacio literario o artístico a las minorías, y ahí aparece la pobreza. La gran discriminación es la pobreza"

 

Francisco Ferrer Lerín muestra, en la conversación que mantiene con Fernando del Val, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su método al escribir, declara: “Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. Donde no pasa nada. O sobre una nimiedad. Ahí está el embrujo. Escribir con argumento no tiene mérito. Además, es aburrido de leer y pesado de escribir”. Tambiénasegura Ferrer Lerín que “es mentira aquello de que hay poetas magníficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto”.

 

RECUERDO DE SERGIO ALGORA, MIGUEL DE MOLINOS Y THOMAS MANN 

Entre los contenidos que habitualmente TURIA dedica a los temas y autores vinculados a Aragón, destaca la publicación de un amplio artículo en el que se  rinde homenaje al escritor y músico zaragozano Sergio Algora, fallecido en 2008 y del que este año se el cumple el 50 aniversario de su nacimiento. Además de analizar su trayectoria creativa, TURIA brinda una grata sorpresa a los interesados en la obra de Algora: publica un capítulo de una novela inédita cuya finalización quedó truncada por su repentina muerte

 

Por otro lado, TURIA estudia también la relación entre Miguel de Molinos y Thomas Mann. Y es que la influencia de gran pensador aragonés, muy notable en aquellos países afectados por la reforma luterana, puede detectarse nada menos que en una de las principales obras del autor alemán: “La montaña mágica”, todo un clásico de la literatura universal.

 

Asimismo, TURIA contiene la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

 

*La Foto de Javier Tomeo es de la agencia EFE.

18/06/2019 07:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREGÓN DE IRENE VALLEJO: FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

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La escritora Irene Vallejo fue la pregonera de la Feria del Libro de Zaragoza. Este es su texto.

 

 

Buenas tardes. Bienvenidos todos y cada una.

Feliz feria, autoridades.

Feliz feria, autores, autoras, autónomos, autoeditores, autodidactas, autoestopistas (un poco de todo eso somos las gentes del libro).

Felices quienes estáis aquí porque los libros os llaman con sus voces silenciosas, con su invitación muda, con su bullicio inaudible.

A los libreros, editores, escritores e instituciones que han confiado en mí, quiero expresarles mi asombrada gratitud. Me hace inmensamente feliz pregonar la alegría de esta Fiesta en mi ciudad natal, junto al río Ebro y el río de libros que en estas casetas fluye y corre y serpentea.

El viejo nombre de Cesaraugusta incluye la palabra “gustar”. Zaragoza, la palabra “gozar”. No hace falta decir más: somos la ciudad de los placeres. Y eso incluye el gusto de leer y hacer libros.

Si, como dice el refrán, las palabras se las lleva el viento, aquí tenemos cierzo para todos los relatos del mundo.

Nuestra ciudad ha estado desde siempre en el atlas de las letras viajeras, de los encuentros aventureros, de los mestizajes literarios, de las posibilidades infinitas.

Abrid un antiguo libro y podréis beber vino añejo en la mesa del poeta Marcial, que hace un par de milenios inventó el epigrama junto al Moncayo, y se convirtió sin saberlo en el padre de todos los tuiteros de hoy.

Acompañaréis al viajero egipcio Al-Qalqasandí que describió Zaragoza (o, para ser exactos, Saraqusta) con palabras rebosantes de poesía: “La ciudad parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda –sus jardines– sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos transformándola en un mosaico de piedras preciosas”.

Escucharéis por un momento los versos del rey poeta al-Muqtadir, el Poderoso, constructor de la Aljafería, a la que llamó “Palacio de la Alegría”.

Sentiréis que el suelo zaragozano vibra bajo el galope de los caballeros de la Chanson de Roland y el caballo del Cid. Podréis espiar al Marqués de Santillana, cuando se fijó en una moza atractiva cerca de Trasmoz y quiso camelarla con versos. El poema nos cuenta cómo ella, chica recia, muchos siglos antes del Me Too, le amenazó con una pedrada si se propasaba.

Voces de otros tiempos os hablarán de esta tierra sedienta, tierra de río grande, de frontera, de puentes y pasarelas, de mestizos y traductores. La frontera es el lugar donde se escuchan las voces procedentes del otro lado, donde se forja el entendimiento, donde convive lo extranjero junto a lo propio. Somos el eco del musulmán Avempace; del judío Ibn Paquda –que tituló su libro Los deberes de los corazones–; de los traductores de Zaragoza y Tarazona: Hermán el Dálmata, Hugo de Santalla; de los artistas mudéjares, que crearon belleza en el umbral de dos civilizaciones.

Acariciad libros y os transportarán a aquella Zaragoza donde aterrizó la imprenta, una de las primeras capitales europeas en conocer el invento que cambiaría el mundo. Desembarcaron en la ciudad artesanos flamencos y alemanes, como Mateo Flandro y Jorge Cocci, que editó aquí algunos de los libros más bellos del siglo xvi. La fiebre de la letra impresa invadió el territorio. En el siglo xvii hubo 20 libreros y 63 impresores en Aragón, cifra asombrosa en España. Algunas maravillas de la literatura, como La Celestina de Rojas o el corrosivo Buscón de Quevedo, vinieron a nacer entre nosotros. Las imprentas zaragozanas publicaban libros prohibidos en Castilla, libros perseguidos, libros deslenguados, libros que ardían fácilmente. Los rebeldes, los inconformistas, lo tenían un poco más fácil aquí.

Quizá por eso Don Quijote puso rumbo a Zaragoza, y se miró en el Ebro, y soñó una ínsula, y soñó Sansueña. En Pedrola, el caballero y su escudero volaron hasta las estrellas a lomos de un caballo de madera con una clavija en la cabeza, y todo para auxiliar a unas doncellas barbudas. Es una de las aventuras más surrealistas del libro y, si no, que baje Buñuel y lo vea. Cervantes comprendió que la nuestra es una ciudad imaginaria, una ciudad que cabalga entre constelaciones, una ciudad soñada.

A estas tierras vino Quevedo para casarse a la tierna edad de 53 años. Poco duró el matrimonio pero no se puede decir que el escritor no conociese aquí una gran pasión. Se enamoró para siempre de las salchichas de Cetina; de ellas dijo que eran ‘celestiales’.

María de Zayas, la primera mujer que firmó una novela en nuestra lengua, vivió en Zaragoza y por sus calles imaginó un frenesí de pasiones terribles y oscuras. Aquí situó alguna de sus ficciones, como El jardín engañoso, que es un enloquecido menàge à quatre con posesiones diabólicas incluidas.

Nuestra montaña mágica podría ser el Moncayo, que acunó a Gracián, como a Marcial, y sedujo a Machado.

Hubo una vez un ilustrado polaco que imaginó el Manuscrito encontrado en Zaragoza, con sus sueños de la razón y sus monstruos. Y hubo también un seductor llamado Giacomo Casanova, que se decía descendiente de un tal Jacobo Casanova, zaragozano aventurero que ya apuntaba maneras, pues de él se cuenta que raptó a una monja de un convento y huyó con ella a Italia.

Y Goya, Bécquer, Verdi, Victor Hugo, Galdós, Baroja.

Galdós nos dedicó varios episodios: el nacional patriótico y otro más erótico en la novela Fortunata y Jacinta, cuando imaginó a Jacinta y Juanito persiguiéndose para besarse en la boca por los rincones solitarios de una traviesa Zaragoza durante su viaje de novios.

También en su luna de miel, algún oculto magnetismo trajo a Virginia Woolf a una pensión zaragozana. Desde esa habitación (que no era propia) escribió una larga carta a una lejana amiga inglesa. Dijo que estaba leyendo con ferocidad. Más adelante diría a su biógrafo que la desnudez y la belleza del paisaje la dejaron atónita.

Cuántas veces pasearía por esta ribera la inolvidable María Moliner, bibliotecaria asombrosa, jardinera de palabras, discreta hortelana del idioma, que cultivó a solas un diccionario entero. Y en el párrafo final de su enorme obra, se despidió diciendo: “La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente”.

Cuántas veces se detendría aquí el cronista del alba, Sender, que nos contó la historia de la Quinta Julieta y de su primer amor, Valentina. Y así cartografió para la literatura Torrero y Tauste.

Y cuántas veces miraría esta perspectiva de cielo abierto Miguel Labordeta, que desde el Café Niké fundo la “Oficina poética internacional”, donde hizo famosas sus pipas y el carnet de ciudadano del mundo. Leemos en sus versos que quería agarrar la luna con las manos, que dudaba a menudo, que solo estaba seguro de llamarse Miguel y de no haber aprobado ninguna oposición honorable al Estado. Cincuenta años después de su muerte lo seguimos añorando, como él mismo dijo: con sus pelos difíciles, con su ternura polvorienta, con su piojoso corazón.

Todos ellos, también ellas, han tejido nuestros sueños. Y los escritores vivos, demasiados para nombrarlos uno a una, aún siguen imaginando historias que se adhieren a la ciudad como rocío, como los espejismos del sol o como la hierba esmeralda entre las grietas del cemento. Estad tranquilos, aquí siempre hay algún juntapalabras de guardia, para inventar mares y lejanías que ensanchen nuestros horizontes.

La risa de Marcial, Jorge imprimiendo belleza, Baltasar en su Moncayo mágico, María en su jardín de palabras, el poeta Miguel intentando abrazar la luna, y otros tantísimos, han demostrado que aquí los libros nos importan. Que se puede viajar al País de las Maravillas y al Fin de la Noche desde cualquier sitio, también desde la Plaza de los Sitios. Que las historias flotan a nuestro alrededor, son un cierzo que nos acaricia, nos revuelve el pelo y nos arrastra con su fuerza invisible.

Gracias a las palabras sobrevivimos al caos de vendavales que es el mundo. Aquí nos bebemos el viento, lo hacemos vibrar en las cuerdas vocales, lo acariciamos con la lengua, el paladar, los dientes o los labios: y de esa operación tan sensual nacen nuestras palabras. Los libros son nuestra manera de cabalgar huracanes.

En esta ciudad yo recibí el regalo del lenguaje y de los cuentos. No recuerdo la vida antes de que alguien me contase el primer cuento. Antes de que me enseñasen a bucear bajo la superficie del mundo, en las aguas de la fantasía. Durante esos años olvidados tuvo que ser duro –supongo– seguir una dieta tan estricta, solo realidad. El caso es que, cuando descubrí los libros, por fin pude tener doble, triple, séptuple personalidad. Y ahí empecé a ser yo misma.

Fui una niña a la que contaban cuentos antes de dormir. Mi madre o mi padre me leían todas las noches, sentado el uno o la otra en la orilla de mi cama. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos: nuestra íntima liturgia. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso pequeño y provisional –después he aprendido que todos los paraísos son así, humildes y transitorios.

Y yo me preguntaba ¿cómo caben tantas aventuras, tantos países, tantos amores, miedos y misterios en un fajo de páginas claras manchadas con rayas negras, con patas de araña, con hileras de hormigas? Leer era un hechizo, sí, hacer hablar a esos extraños insectos negros de los libros, que entonces me parecían enormes hormigueros de papel.

Después aprendí yo misma la magia de leer patas de araña. Qué maravilla entonces acompañar a mis padres a las librerías y elegir mis propios libros: flores de papel, cordilleras plegables, letras minúsculas, mares mayúsculos, planetas portátiles.

No había ya vuelta atrás. Desde entonces tengo que zambullirme a diario en el océano de las palabras, vagar por los anchos campos de la mente, escalar las montañas de la imaginación.

Como escribió Ana María Matute: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo. Hay que crear peldaños que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo de verdad”.

Los gatos, con sus famosas siete vidas, son solo principiantes, meros aprendices. Quien lee, tiene a su disposición cientos, miles de vidas. Varias en cada libro.

Esta feria del libro que hoy empieza quiere acogernos a todos (incluidas nuestras vidas paralelas en otras dimensiones). Acoger a la gran comunidad que formamos los viajeros y las exploradoras del universo mágico de las ficciones.

Acoger a las librerías, claro: las que resisten, las nuevas -también cobijar el recuerdo de las que han cerrado-.

Acoger por supuesto a la gente lectora. La que curiosea, la que colecciona marcapáginas, la que pregunta, la que pide una dedicatoria. La que se tiene que rascar el bolsillo y por eso compra libros de bolsillo. La gente menuda y grande que, además de bocadillos de jamón, merienda bocadillos de tebeo.

Sin olvidar a los hombres y mujeres (cada vez son más las mujeres) que vuelcan su talento en todos los oficios del libro: novelistas, poetas, ensayistas, editoras, traductoras, ilustradoras, maquetadoras, distribuidoras, libreras, críticas literarias, bibliotecarias, bibliófilas, cuentacuentos y narradoras orales, amigas de los clubs de lectura.

Acoger a los niños de todas las edades. A los zaragozanos de todo el mundo. A los que aquí nacen o pacen. A los viajeros que recalan en esta tierra de paisajes inhóspitos y gente hospitalaria. A las personas de palabra. A los ciudadanos de varios universos.

Disfrutad, cesaragustaos, zaragozad. Aquí encontraréis páginas donde bullen historias, versos, conocimiento, anécdotas, esperanzas, laberintos, desengaños, misterios, sueños. Es decir, placeres a nuestro alcance. Como escribió un poeta argentino, los libros se pulen como diamantes y se venden a precio de salchichón. O, como diría Quevedo, al precio de las celestiales salchichas de Cetina.

Y acabo ya, con unas últimas palabras y una memoria emocionada.

Es maravilloso encontrar los libros en la calle, los lunes y los martes y los viernes al sol. Durante muchos siglos permanecieron guardados en los palacios de los ricos, en los grandes conventos, en las mansiones más suntuosas, en los pisos principales de las casas nobles. Eran emblema de lujo y privilegio. Las bibliotecas solían ser estancias en mansiones con techos pintados y escudos heráldicos. Exigían un conjunto de accesorios básicos: muebles de madera con volutas y puertas acristaladas, escaleras de mano, atriles giratorios, enormes mapamundis, mayordomos con plumero.

Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso.

Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo.

Tres de mis abuelos fueron maestros rurales. Conocieron una época en la que no todos aprendían a leer, y mucho menos podían tener libros.

Ellos, mis dos abuelos y mi abuela, se ganaron la vida humildemente enseñando las letras, las cuatro cuentas y muchos cuentos.

Quiero recordar a la gente de esa generación, que vivió los años duros de guerra y posguerra, y tuvo que trasplantar sus esperanzas a la vida de sus hijos y nietos.

Nos quisieron más listos, más libres, más sabios, más lectores, más viajeros, con más estudios que ellos.

Nos enseñaron que la cultura no es adorno sino ancla.

Se vieron obligados a podar sus ilusiones, pero regaron las nuestras. Nos animaron a crecer, a leer y a levantar el vuelo.

Somos su sueño.

Por eso, por ellos, por nosotros, por el futuro, bienvenidos todos, bienllegadas todas, a la feria de las dobles y las triples vidas.

A la feria de los libros y de los libres.

Gracias.

*Irene Vallejo en un retrato de Santiago Basallo.

16/06/2019 09:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RICARDO DÍEZ PELLEJERO HABLA DE 'PORNAI EN EL HOSTAL ROMA'

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¿Qué es ‘Pornai en el Hostal Roma’ (Los Libros del Gato Negro,) el poemario que acaba de publicar? ¿Qué quería hacer?

 

La intención con la que nace el poemario es la de generar un instrumento para el cambio, esa sería la poética. En la primera parte, que es la que da título a la obra ‘Pornai en el Hostal Roma’, el cambio que se pretende tiene carácter social, mientras que en la segunda ‘Once poemas para un decálogo’ el cambio al que se invita es un cambio personal. Creo que la poesía -el arte, la cultura en general- debe reaccionar frente al estado de las cosas, frente al marco referencial que asumimos como “normal” y desafiar (aunque sea tan tímidamente como con un verso) al mundo que tendemos a asumir sin cuestionamiento.  

 

¿Quiénes lo protagonizan, quiénes son los sujetos literarios? Como si fuera una novela o un relato ha creado un sujeto protagonista…

 

El ‘Pornai’ lo protagoniza Ilinca, un personaje heterónimo con el que he tratado de acercar al lector el drama de la trata, invitarle a empatizar conmigo, con Ilinca, llevar el dolor y la belleza de un alma culta y resistente que, a pesar de su desgracia, no se abandona y mantiene en pie un universo complejo frente a la brutalidad. A modo de contrapeso, de luz y sombra que proporcione contraste y profundidad a la lectura, en la segunda parte, la voz cambia y desde los textos nos habla un yo más clásico, algo más etéreo, una voz de narrador que nos interpela para que el protagonista sea el propio lector.

-Es decir, una como dos voces: una, íntima, del yo; otra, más coral, casi social o la del nosotros.

- La primera parte ha sido la más complicada para mí: templar una voz distinta a la mía, pero una voz real, lejos de la banalización y los estándares admitidos en los que encuadrar estas historias y sus voces, me ha supuesto una constante reformulación, un continuo ajuste y pulido, que ha llevado a alargar el proceso creativo de estos pocos textos más allá de dos años. El tiempo y la distancia frente a lo escrito ha favorecido, sin lugar a dudas, poder confrontar los poemas con una mirada más limpia y una intencionalidad irreductible, para dar a Ilinca una oportunidad de hablarnos, de hacernos ver el dolor que arrastran algunos placeres poco inocentes que nuestra sociedad oculta y silencia para ocultar sus monstruos.

 

¿Cómo se ha planteado literariamente el libro y en cuanto a estructura?

 

La estructura es de contrapunto, de luz y de sombra, de voz y silencio. Con ello he pretendido dar dimensión y volumen a la propuesta que se hace desde el texto: ver, sentir, interiorizar para poder afrontar un cambio, un paso adelante en el eterno desarrollo personal, que debería ser la vida, o al menos una vida con aspiración de crecimiento y progreso. Pero, y volviendo a la respuesta anterior, el protagonista último de este poemario es el lector: él y solo él, su emoción y capacidad de sumergirse en los versos, de interpretarlos, son los motores que hacen latir sus páginas. 

 

-No me ha respondido a dónde se sitúa literariamente…

 

Me resultaría complicado enmarcar esta obra dentro del espectro literario y sus tendencias. Me considero independiente (asumiendo la utopía), alguien que arrastra su ignorancia como Sísifo su roca, sabiendo que cuanto más se desgaste menor será el esfuerzo para volver a ascender, para contemplar con mayor placer los horizontes lejanos que ofrece la cima. El momento poético actual, esa poesía inmediata y cotidiana, me recuerda al panorama que observé en Florida hace veinte años. Yo considero que la poesía se emparenta, por nacimiento, con la música y la danza, pero por evolución con el pensamiento y la filosofía. Me gusta penar que, con mi trabajo, soy capaz de respetar esa opción, esa tradición de la poiesis que transmuta el no-ser en ser y, por tanto, es el mayor de los cambios posibles.

 

 

¿Por qué este libro vinculado con el amor, el sexo, la historia?

 

Pornaitrata de personificar y dar voz a una de las 30 o 40.000 mujeres que, según los imprecisos datos oficiales, viven la trata y la esclavitud sexual en España. He rescatado este término usado en la Grecia de Pericles porque era el vocablo con el que designaban a las esclavas bárbaras -es decir, extranjeras- sometidas a la prostitución. El ver que esta misma realidad se repite siglo tras siglo hasta la era de los viajes espaciales, la nanotecnología y la revolución de la inteligencia artificial y la conectividad, me causó sonrojo. Pensar que Teruel tiene menos habitantes que la esclavitud en nuestro país me puso los pelos de punta: no es este el futuro que soñaba cuando era niño y pensaba en el siglo XXI. En aquellos días la esclavitud era algo del pasado y que ya solo tenía lugar en nuestra flamante televisión con dos canales, en la que el pobre Kunta Kinte trataba de desafiar a un destino sobre el que quería tener la última palabra.

 

Esta primera parte del libro, de algún modo, casi funciona como un guión, como una serie de escenas a través de las cuales vamos filmando con nuestra lectura un thriller. Recuerdo que hace por lo menos treinta años, mi hermano Oskar me pasó un libro de Benjamín que estaba leyendo, ahora no recuerdo cual. En él afirmaba que, frente a la novela, prefería al relato pero antes que al relato prefería la poesía, por ser capaz de condensar y traer más emoción esta que las otras, lo que -como lector- le parecía una gran ventaja. De alguna forma, esa visión me ha acompañado en el proceso creativo. 

Los versos de Once poemas para un decálogo  están vinculados al cuestionamiento del, por así decirlo, “episteme personal”, del marco referencial en el que nos situamos, desde el que divisamos, actuamos, nos identificamos y llevamos a todas partes de nuestro pensamiento, como un caracol surcando el mundo de las ideas. 

 

¿Dónde sucede, cómo te has planteado ese viaje en el tiempo?

 

Pornai  tiene lugar en el Hostal Roma. Este es un guiño a Pavese. Cesare Pavese abandonó su vida en Turín, en un hostal homónimo. Esas últimas horas de encierro, de desesperación, me parecieron semejantes -de algún modo-  y pude ver a Ilinca mirando a los hombres traspasar el umbral de la puerta con su verso más celebre en los labios: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Simbólicamente me pareció muy potente. Luego los versos ocurren en otras partes: en la Rumanía natal de Ilinca, en la que no he estado -y que me ha obligado a documentarme y buscar ubicaciones y referentes- pero también la acción se traslada y se comunica en otros textos con los que, abierta o más ocultamente, dialogan los poemas.

 

¿En qué región de la poesía te sitúan: lírica, narrativa, etc.?

 

El poemario es poesía sin concesiones. Sin concesiones porque no se renuncia a la belleza, a la musicalidad, al ritmo, a la emoción, a la estética, al compromiso, a reflejar el tiempo en el que vivimos..., porque el arte también la literatura-, no pueden ser sino reflejo del momento social, cultural, muestra de las luces y sombras de la civilización en la que y desde la que se crea. Pero la poesía, además, tiene la función de ser memoria sensible de un periodo y de las vidas que en él pueden o pudieron desarrollarse.

 

¿Cuál ha sido tu evolución poética, qué lugar ocupa este libro en tu lírica?

 

Mi anterior obra, El cielo del sol mecido -Olifante. 2007-, es un poema (todo el libro puede leerse, si se me permite la licencia, como un mantra) de carácter iniciático, es un viaje odiséico a través de uno mismo, con la intención de resurgir transformado de su lectura (como ves el cambio, el viaje, el movimiento, son -hasta la fecha- no sé si obsesión o única poética...). Supuso para mí un reto tremendo. Lo ideé durante meses sin levantar el bolígrafo y luego lo escribí siguiendo un mismo ritual durante algo menos de cuarenta días. Creo que fueron treinta y siete. Tras extraer esa enorme roca estuve años, literalmente, esculpiendo en el texto, descartando y reformulando los versos para que, al sonar, emitieran las notas de la melodía que había sentido antes de sentarme a escribir el primer día. 

Con este trabajo el proceso ha sido completamente distinto porque la intención y la idea lo eran también. Ha sido más semejante a pintar miniaturas, a tallar retablos: un trabajo con visión global pero en el que se avanza pieza a pieza, y en cada cuadro o en cada talla -de igual modo- detalle a detalle, a veces con lupa y dejando algún tesoro oculto para los más observadores.

 

 

08/06/2019 14:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALEJANDRO PALOMAS HABLA DE 'EL SECRETO'

Alejandro Palomas: “La infancia debería ser un territorio libre de agresión”


El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 y Premio Nadal de 2018 publica ‘Un secreto’ (Destino), una nueva aventura del joven Guille.


-¿Recuérdenos quién y cómo es Guille?
Guille es un niño de 9 años cuyo mayor anhelo es convertirse en Mary Poppins cuando sea mayor. Es además el mejor amigo de Nazia, una compañera pakistaní que ejerce de cómplice necesaria en sus aventuras y que, como él, encarna por encima de todo la resistencia, la magia, la inocencia y la pureza necesarias para que los adultos sigamos manteniendo la fe en nosotros mismos. 
¿Qué te da este personaje y qué hay de ti en él, si pudiera decirse eso?
 Guille es un personaje profundamente generoso, y a mí como autor me da una fuerza que ningún otro personaje me ha dado hasta ahora. Guille me da fe en la condición humana. Y sobre todo me devuelve al Alejandro que sigue estando y que afortunadamente no parece que vaya a perder ya. Hay mucho de mí en Guille, mucho de mi mirada sobre la realidad, mucha de mi fe en lo que podemos llegar hacer.
-¿Por qué ha regresado a una novela en apariencia juvenil…? ¿Cómo conviven en ti los ambientes para adultos y para jóvenes?
 Este es un registro -el de esta trilogía- que me resulta imprescindible para trabajar voces, escenarios y personajes que de otro modo me serían absolutamente inaccesibles. Tanto ‘Un hijo’ como ‘Un secreto’ son novelas destinadas por igual a un público juvenil y adulto. En realidad, confluyen en una franja de ficción que calificaría de “familiar”. La convivencia del público en estas dos novelas es muy inusual y se produce cuando las novelas comparten miembros de generaciones distintas. Cuesta que ocurra, es cierto, pero cuando lo hace es prácticamente un milagro.
.-¿Qué le dan las familias, por qué hurgas tanto y tanto en su interior?
 Las familias son el principio de todo. Siempre he tenido la sensación de que si viera mi carrera como una columna vertebral, cada vértebra desvelaría una mirada distinta de lo que es el universo familiar. Me interesa especialmente el entorno de la familia porque en ella se trabaja una intimidad muy específica: la de las relaciones no elegidas y por tanto reactivas. La familia es un microcosmos demasiado rico en matices, emociones y músicas particulares como para desperdiciarla. Es una fuente de inspiración única y sobre todo infinita.
-¿Qué te preocupaba, de partida, para armar ‘El secreto’: la inmigracion, la injusticia, las medias verdades, el horror que no se muestra?
 Me preocupaba sobre todo la orfandad de una niña que prefiere vivir en el silencio y acorazarse en él para no sufrir ni hacer sufrir a quienes la rodean. Me preocupaba la incapacidad de los adultos a la hora de escuchar los silencios de los niños y sobre todo me interesaba Dar protagonismo al colectivo de los docentes: maestros, maestras, orientadoras, orientadores y profesores cuya labor e implicación pasa muchas veces desapercibido.
-Aváncenos quién es Nazia… ¿Qué puede decir de ella sin ‘spoiler’?
 Nazia es una niña pakistaní de 9 años que ha tenido la fortuna de evitar ser víctima de un matrimonio por conveniencia. Se ha salvado de un futuro terrible y ahora, mientras sus padres están en manos de la justicia, ella vive en régimen de acogida en casa de Guille. Nazia es una superviviente, pero es también una niña que vive una doble realidad: la que muestra a los adultos que la rodean, y la que esconde en la oscuridad de su miedo más atroz.
-¿Ha sido fácil manejar las cuatro voces que usa en ‘Un secreto’?
 Ha sido muy fácil, sí. Y, como ya lo fuera en un hijo, muy enriquecedor. Contar una historia desde las voces de su protagonista proporciona las ventajas de una perspectiva múltiple y de un ritmo y una riqueza narrativa que raramente se consigue con otras fórmulas. Es casi como si el lector/lectora estuviera dentro de la acción y fuera una voz más: la que escucha.
-¿Qué es más perturbador: la ausencia de la madre de Guille o el mundo inaccesible, herido, a primera vista, de Nazia?
 Creo que son dos paisajes igual de perturbadores. Ambos reflejan la orfandad de dos niños con una sensibilidad extraordinaria, y reflejan asimismo el valor de la diferencia. Las dos novelas y sus dos protagonistas son, en suma, un canto a esa diferencia, A esa capacidad de convertir la oscuridad en luz gracias al poder de la imaginación y de la ficción.
-¿Qué le debe este libro a los cuentos de hadas y en particular a ‘La Cenicienta’?
 Yo diría que ‘Un secreto’ es, en parte, una revisión de el cuento de ‘La Cenicienta en la medida en que nos presenta un nuevo modelo de niña invisible que brilla a pesar de toda la oscuridad que parece rodearla ya no hay necesidad de un príncipe que de sentido al sufrimiento de la niña. La niña es capaz de salvarse sola, siempre con la ayuda de una mujer -la maestra y/o orientadora- que sabe verla y sacarla de su silencio a tiempo.
-¿Qué ansía cuándo miras hacia la infancia, qué tienen los niños que no tengan los mayores o qué revelaciones salen a la luz?
 Cuando miro hacia la infancia ansío poder evitar con mi obra aquellas cosas que yo sufrí en carne propia y que, desafortunadamente, moldearon parte de lo que ahora soy: ese Alejandro que nunca consiguió encajar con su entorno y que se sintió castigado por su diferencia. Cuando miro hacia la infancia ansío poder proteger a quienes lo necesitan de un entorno que no siempre sabe mirar bien.
-¿Consideras que la infancia es un territorio de sombras, más que de luz?
 No debería serlo. La infancia debería ser un territorio libre de agresión, un refugio en el que el prejuicio quedará fuera, y con él también las voces de los adultos que siguen siendo niños no sanados. Los niños que consiguen evitar la intervención de los temores de sus adultos tienen su propia luz, derrochan luz. La oscuridad no les pertence, no nace en ellos.
-¿De qué le sirve a un escritor andar de aquí para allá, de feria en feria, qué aprendes, cómo revierte todo ello en tu trabajo, en tus libros?
 Sirve de mucho más de lo que parece: compartes experiencias con colegas de otros países, con otras miradas, conoces a editores de sellos con los que de otra manera jamás tendría relación y aprendo a paladear el panorama literario global. Sin embargo, mentiría si dijera que eso influye en mi trabajo como tal. Afortunadamente mi escritura está blindada del exterior. Si eso no fuera así, estaría perdido
-Da la sensación de que cada vez se lee menos y la literatura importa menos. Los políticos en su campaña apenas han citado a un escritor. ¿Cómo lo lleva, cómo lo ha vivido?
Desafortunadamente, estamos cada vez más acostumbrados a que los políticos no se acuerden de nosotros salvo en contadas excepciones. No es tanto que no nos mencionen ni nos citen, sino que muchas veces tenemos la triste impresión de que la mayoría viven de espaldas a la cultura. No soy muy optimista en ese sentido. Pero  yo sigo escribiendo por el mismo motivo que me llevo a escribir desde el primer día: escribo para que me quieran.

 

 

 

06/06/2019 17:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA FERNÁNDEZ HABLA DE 'BIENVENIDO A WELCOME'

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La escritora y periodista Laura Fernández publica 'Bienvenido a Welcome' en Literatura Random House. Presentó el libro en Cálamo, en diálogo con Pedro Bosqued.

-¿Quién es y qué le debe a John Fante?

Es un escritor norteamericano que me cambió la vida. Yo era muy dramática, muy en la onda de Sylvia Plath. Pura tragedia. Cayó en mis manos la novela ‘Pregúntale al polvo’ de Fante, publicada en Anagrama con prólogo de Charles Bukowski, que lo reconocía como su maestro. y me fascinó. Me sentía muy próxima a Arturo Bandini, ese antihéroe que decía por aquí que un día se haría famoso. Era como su manera de encarar el fracaso en el presente. Desde niña, yo siempre diría que de mayor sería famosa, ja ja ja.

-¿Como nació ‘Bienvenidos a Welcome’, la novela que acaba de publicar Literatura Random House?

A raíz de ese libro. En 2006. Y también gracias a la novela ‘Duluth’ de Gore Vidal, un novelista que tiene una parte muy seria y otra más loca, desternillante, vinculada con el travestismo. Eso también me gustó, me resultó muy divertido y decidí apostar por eso: por el humor, la transgresión, el delirio.

-La novela tuvo una edición hace una década y una insólita peregrinación. ¿Qué le gusta y qué le disgusta recordar de ella?

Es una novela que publiqué en Elipsis hace diez años. No se distribuyó. El editor me mandó todos los ejemplares y solo algunos, muy pocos, han llegado a escritores amigos. Me gusta porque es una novela que contiene muchas de mis obsesiones y está escrita con mucha libertad. Y me disgusta que es una novela donde hay mucho sexo. Entonces yo leía muchos libros de sexo, y casi siempre desde una órbita masculina: Henry Miller, el citado Bukowski; todas las escenas sexuales me han salido desde esa perspectiva. Ahora no escribiría una novela tan masculina.

-¿Es una novela visionaria o un divertimento un poco gamberro?

Creo que las dos cosas. De entrada le diría que es una novela hija de su tiempo. Sí, sí, es muy gamberra. Y a la vez es visionaria: el futuro es un pasado exagerado.

-¿Creía ya entonces, o lo cree ahora, que la vida es como un plató de televisión, una gran escenificación donde todo pasa de prisa de prisa?

Trabajé un tiempo en Europa Press haciendo reportaje con una cámara. Yo le diría que es más bien una ‘sit com’. Pienso con el gran narrador Kurt Vonnegut que “el estilo parte de tus limitaciones”. Como a mi no me gustan las descripciones, me aburren y me pierdo, lo que hago es dialogar. Me sirve para contar personas y personajes. Me gusta mucho la gente y creo que todos los personajes tienen algo o mucho de mí.

-¿Tiene esa visión tan descarnada del periodista, qué le debe el libro a sus cuatro meses en ‘Super Pop’?

Fue un verano muy curioso. En 2006, apenas había Internet. Ya lo había pero en la revista había solo un o dos ordenadores que lo tuvieran porque el director que no quería que nos distrajésemos. Vivías como en un mundo de ficción donde ni siquiera Angela Skipper, una famosa redactora, era auténtica. Allí aprendí que todo es un decorado en la vida. Y ahora mi visión del periodismo es peor todavía. Crear ficciones de la realidad con cosas muy serias, como estamos haciendo, es muy peligroso. El exceso de informacion nos está llevando a la desinformación más absoluta.

-¿Cree en los ovnis, quiénes serían los extraterrrestres de nuestro tiempo?

Siempre me han interesado, sí. No deja de resultar curioso la mirada a nuestro mundo de alguien que llega de fuera, sin prejuicios. Cuando era niña me encantaba una cosa que nos decía el profesor: Antonio Machado estaba dentro y fuera a la vez, miraba hacia su corazón y hacia el exterior, era el perfecto contemplador. Eso me parecía fascinante. Con los extraterrestres pasa un poco igual. Los escritores somos un poco extraterrestres: gente que observa para ofrecer una imagen del mundo y que puede estar dentro y fuera a la vez.

-¿Por qué ha elegido el método de diálogo para que avance la novela?

A mí me gusta mucho un escritor posmderno como William Gaddis, que detestaba la descripción. Me gusta mucho que mis textos tengan un sentido oral. Lo sé todo de mis personajes, aunque de vez en cuando recapitulo lo que han dicho. Los conozco bien. En ‘Bienvenidos a Welcome’ habrá como 100.

-¿Sería un ejemplo de novela-collage?

¿Usted cree? En cierto modo sí… Es una novela de la fragmentación, con personajes que van dejando apuntes, esbozos, escenas. Me encantan los libros de humor. Siempre llevo alguno, y también llevo un cuaderno donde voy tomando notas: lo apunto todo, mis ocurrencias, sensaciones, e incluso frases de los libros. Luego todo ello se lo voy atribuyendo a los personajes. En ese sentido, sí hago libros-collage.

-¿Para qué le sirve el humor y cómo lo entiende usted?

El humor es fundamental. Y está todo el rato en mis libros. Me gustan mucho los personajes y los autores que se ríen de sí mismos, de su propia ridiculez. Ahora ya no leo nada que no sea humorístico, salvo por cuestiones de trabajo. Para ser invencible hay que sentirse ridículo. Hay que conocer lo que te hace débil. De pequeña me llamaban gorda. Gorda. Gorda. Un día contesté: “Sí, eso ya lo sé. ¿Es eso todo lo que puedes decirme de mí? ¿Es ese el único insulto que tienes para mí?”. Me encanta el absurdo. Boris Vian, por ejemplo, me ha marcado mucho.

-Por cierto, ¿Welcome es Barcelona?

-Sï, claro. Una vez, en un anticipo de lo que ahora sería ‘El mundo today’, ‘El muñeco Whisky’, dijeron que en el futuro Barcelona pasaría a llamarse Welcome. Y he jugado con ello, con una ciudad de supermercados numerados, de trepidante acción, por decirlo así.

 

*La foto de Laura Fernández es de Noemí Elias.

06/06/2019 17:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ARTURO SAN AGUSTÍN: UN DIÁLOGO SOBRE 'PLUMA DE BUITRE'

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Arturo San Agustín: “El aragonés no sabe aparecer en las fotos”*

 

Arturo San Agustín es escritor y periodista. Estos días ha estado en Zaragoza, en la Feria del Libro, donde firmaba su libro ‘Pluma de buitre’ (Los libros del gato negro), un gran homenaje a su familia, a Aragón y a la fabulación pura y dura.

-¿Cuál es su vinculación con Aragón? En el libro alude varias veces a “la tierra de los míos”…

-Mis cuatro abuelos eran de Riglos. Y vivieron ahí. A mi abuelo materno lo adoptó una familia de Riglos y allí vivió. Mis abuelos maternos acabarían marchándose a Gurrea de Gállego. Mis dos abuelos trabajaron en el ferrocarril, por eso se habla tanto de varios trenes.

-¿Es cierto que usted tuvo una bisabuela irlandesa?

-Tengo esa sospecha. Si viera las fotos de mi abuelo paterno lo entendería. Era rubio, royo, parece irlandés, y estoy intentando probarlo. Mis familiares me han preguntado si me he vuelto loco, pero tengo esa corazonada. Mi abuelo era un tipo muy especial: cantaba, bailaba, le apasionada la música.

-Bueno, usted dice en ‘Pluma de buitre’ que tenía una amante con la que tuvo una hija, Irene. ¿Es verdad’

-Sí, desde luego. No es una invención. Lo supe cuando me puse a escribir la novela. ¿Sabe una cosa? Me emocionó cuando Leonard Cohen incorporó en sus conciertos la bandurria con la presencia de Javier Mas. Casi lo vi como un homenaje a mi abuelo.

-Usted dice que este libro se lo debe a José Antonio Labordeta.

-Es cierto. Cuando lo conocí y oyó mis apellidos, Sanagustín Garasa, me dijo: “Tú eres de allá arriba, de Huesca”. Le dije que sí. Y agregó: “Tienes que dedicarle un libro singular a la tierra de los tuyos”. Quise saber a qué se refería con ‘singular’. “Lo sabrás cuándo lo escribas”. Cada vez que nos veíamos me preguntaba por ello. “He tomado notas, estoy trabajando, he escrito un capítulo…”, le decía cosas así. Y hace dos años empecé a hacer el libro.

¿En qué consistiría su singularidad? El libro es un viaje, una crónica familiar, un diálogo con fantasmas, una aventura surrealista, un homenaje a Aragón…

-De partida, quería hacer un libro convencional. Un libro que busca un lector, que piensa en él. Creo que las mejores novelas las firman los escritores que son periodistas también, porque están más atentos al detalle, a la actualidad, y buscan un lector.

-Con todo, en la novela hay bastante realismo mágico. Podría haber algunos ecos de las ‘Crónicas del sochantre’.

-Sí. Una vez conversé con García Márquez y me dijo: “Aquí hablamos mucho de realismo mágico. En el Caribe es fácil. Lo que no saben u olvidan ustedes es que el gran maestro del realismo mágico es Álvaro Cunqueiro”. Pienso lo mismo, lo admiro mucho y me encanta que ‘Pluma de buitre’ pueda evocar a ese escritor.

-Hay más cosas en el libro…

-Sí, claro. Está Riglos. Y por ello, por su grandeza y porque me evoca a las películas de John Ford, creo que también he escrito un western. Un western que sucede en Huesca, y en Zaragoza o en Calanda. Cuando llegué a Riglos me impresionaron la gatera de las puertas y los buitres. La gatera es la demostración de que el gato va y viene a su aire y que no ha podido ser domesticado. Los buitres tienen el vuelo más bello y elegante, no matan y son muy beneficiosos porque evitan enfermedades.

Dice que el libro está escrito a la sombra de Ramón Acín.

Ramón Acín es el García Lorca de Aragón. Y su muerte es conmovedora. La conocía, pero me la contó su nieto Ramón García Bragado. Y me recordó que habían reconocido su cadáver porque llevaba lápices de colores en los bolsillos. Era un ser fascinante al que tenemos que seguir reivindicando.

¿Cómo ve usted a los aragoneses? Labordeta le dijo que ser aragonés estaba reñido con la posteridad.

- No se sabe vender. El aragonés es humilde, no le gusta exhibirse. No sabe aparecer en las fotos, y para triunfar es necesario atreverse a salir en las fotos.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de 'La Razón'.

03/06/2019 06:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA DE JORGE MARTÍNEZ

[Olifante publiCa un nuevo poemario, ‘General Invierno‘, de Jorge Martínez, que lleva un prólogo de la poeta y narradora Olga Bernad.El libro se presentará en el IAACC Pablo Serrano el próximo 14 de junio.]

La metáfora de la fría batalla que nos acompaña desde el título se mantiene en la intención del libro, que lidia con sus monstruos con la esperanza no muy convencida de vencerlos: «Estos monstruos son de la familia./ Heredarán la tierra por­que son/ mejor que los que comen en la mesa»; peleando con su sombra «Porque quiere ver el mundo y no la dejo marchar./ Porque nunca la escuché cuando me hablaba». Y así, avan­zando marcialmente o tropezando, recorre espacios interiores y ciudades, escenarios y nombres propios por los que vamos a pasear junto a él mientras lo leemos. Y eso es unirse a una campaña peligrosa. Y a una fiesta.

(fragmento del Prólogo)

Olga Bernad



Poema



DE TUS HOJAS

¿Cómo fue que se cayó la casa

que clavaste en aquel roble milenario?

De tu bosque soñado nada queda,

de tus hojas cuando fuiste árbol.

 

30/05/2019 07:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESTEBAN NAVARRO HABLA DEL ATENTADO DE ROGER TUR

Esteban Navarro «Sentí la obligación de rescatar a Roger Tur del olvido»

El autor de novela negra y policía, afincado en Huesca, publica ‘El cónsul infiltrado’ (Doce Robles), sobre el diplomático francés que murió en 1972 en Zaragoza tras un atentado



-¿Qué le llamó la atención de la historia del cónsul francés en Zaragoza, Roger Tur (1904-1972)?

El que apenas hubiera nada escrito sobre lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Lo afronté como un reto, porque me pareció fascinante escribir sobre lo que todavía no se había escrito, apenas.

-¿Qué se propuso hacer?

En principio solo iba a escribir sobre el atentado en el consulado, y la muerte posterior. Pero cuando comencé a recopilar información supe que tenía que centrarme en la figura de Roger Tur, y así lo hice. Fue tal el sigilo con el que se movió que alguna persona de su entorno me ha llegado a decir que siempre creyeron que él era un franquista. Sentí la obligación de rescatar su figura del olvido.

-¿Cuál ha sido tu documentación de la prehistoria del personaje: su llegada a Zaragoza, su negocio, su participacion en la vida social, el eco de su consulado…?

Alguna entrevista con gente que lo conoció, pero la principal ha sido un laborioso buceo en la hemeroteca, donde la dificultad estriba en que la documentación de esos años no está listada, sino que son escaneos en PDF que me obligaron a leerlos uno por uno buscando lo que me interesaba sobre el personaje.

-En el libro, se ve claramente su condición de espía. ¿Lo ha elaborado a partir del trabajo de Eduardo Martín de Pozuelo, brota de su imaginación o surge de otros datos contrastados en sus pesquisas?

El trabajo de Martín de Pozuelo ha influido, fue quién me puso sobre la pista, pero la mayoría ha sido investigación propia siguiéndole el rastro en reuniones diplomáticas donde coincidía con otros cónsules o embajadores de países que estaban en guerra en fechas más que coincidentes, como para pensar que fuese una casualidad. No obstante, las reuniones en el hotel Ritz de Barcelona están exhaustivamente documentadas. Evidentemente, como autor de ficción que soy, he tenido que rellenar lo que la documentación no abarcaba.

-Los falangistas recelaban de él y estuvieron a punto de matarlo, ¿no?

Es una causa lógica que supuse visto lo visto. En algún momento alguien tuvo que recelar. El algún momento alguna persona de su entorno debió sospechar algo. Y en esos años no era menester ninguna orden proveniente de arriba del todo para quitar de en medio a alguien que molestara o del que se sospechara. El cónsul de Alemania o el director del Colegio Alemán seguramente lo aceptarían como un colega, pero los falangistas tenían su propio servicio de información y vigilancia y sometían a investigación a todo el mundo, cónsules incluidos. Es conocido el poco o escaso respeto que tenían por las valijas diplomáticas. La realidad, siempre, supera a la ficción.

-¿Qué le llamó la atención de las reuniones con las fuerzas nazis en San Miguel y otros sitios? Hacen pensar en la película ‘Encadenados’, de Hitchcock, más que en ‘Casablanca’, de Michael Curtiz…

Lo de ‘Casablanca’ ha sido una licencia literaria heredada del hecho de que el nombre en clave de Roger Tur fuese Ric, cuando en un principio pensé que estaba revestido del romanticismo de Bogart. Ahí ha intervenido más la imaginación del escritor, que la historia o posible historia verdadera. Ric, definitivamente, era un acrónimo con el que lo bautizó la OSS: Roger Infiltrate Cónsul.

-¿Le ha resultado difícil o doloroso narrar la noche del atentado, el 2l de noviembre de 1972? Tur falleció cinco días más tarde a consecuencia de las graves quemaduras que sufrió en el asalto.

No me apetecía, la verdad, porque fue un ‘estúpido asesinato’, por eso la puse al principio, para que el lector se olvide de ese día y se centre en la figura del cónsul.

-¿Qué le han dicho los integrantes del colectivo La Hoz y el Martillo?

Han colaborado en aportar todos los detalles sobre los que les he preguntado. Pero, francamente, creo que no quieren recordar este asunto, especialmente porque ha pasado mucho tiempo y ya está, o debe, estar olvidado.

-A veces da la sensación de que los disculpa y de que considera el hecho como un infausto accidente…

No he hallado ningún motivo que me lleve a pensar lo contrario. Hasta donde he llegado, todo me ha parecido así, de esta forma.

-¿Cuál es su reflexión general sobre Roger Tur? ¿Cómo lo ve, qué le conmueve o le aleja de él?

Esa respuesta está en la novela, porque lo he descrito como yo lo veo; que no tiene por qué ajustarse a la realidad más estricta. Me acerca su capacidad de ubicarse en su tiempo y en su cargo y hacer lo que en su momento creyó tenía que hacer. Me distancia, en cierta forma, que años después de aquello, no hubiera sido él mismo quién lo hubiera explicado, a su modo. Quizá murió demasiado pronto (1972) y la sombra del franquismo no se había debilitado y nos perdimos una especie de memorias donde hubieran salido estas cosas y muchas más que seguro no he sido capaz de descubrir.

-¿Ha barajado la posibilidad de haber escrito una novela policiaca con el tema…?

Era mi intención. Pero desviarme demasiado del thriller histórico hubiera sido una ofensa al personaje. Lo había planteado, pero en tal caso debería ser con un personaje inventado, no con una real.

-¿Qué le ha ocurrido después de la publicación del libro, cuál ha sido el eco?

Teniendo en cuenta de que es mi primer thriller histórico y que es un terreno que no domino, estoy, de momento, muy contento con la aceptación que está teniendo la novela. Y en lo personal me siento cómodo con este tipo de narrativa. Tanto, que ya estoy trabajando en otro thriller histórico.



 

30/05/2019 07:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON THOMAS B. REVERDY

El escritor Thomas B. Reverdy ha estado hace unos días en Zaragoza, en el Instituto Francés, que dirige Laure Vazquez. Ella fue su anfitriona y la traductora de este diálogo en torno a su novela, ‘El invierno del descontento’, que publica ADN y que finalista del Goncourt. Cuenta la historia de una joven actriz, Candice, y del ascenso de Margaret Thachter, en un tiempo en que el mundo bailaba al son del estrépito del punk.

¿Es usted un escritor político?

Ja, ja. Esta es de todas mis novelas la más frontalmente política. Con seguridad.

Parece que sus libros tienen una documentación muy intensa, muy preparada… ¿Cómo la aligera?

Aquí hay más que la documentación del entramado histórico, hasta las canciones forman parte de la novela. De todo ello me quedo con citas, que voy dejando por aquí y por allá y que van comunicándose entre ellas, y de ello sale un subtexto.

-¿Por qué quiso hacer este viaje al año 78/79 y al ascenso de Margaret Thahtcher? ¿Y en qué medida está haciendo una reflexión sobre ahora mismo?

-Yo jamás tuve la sensación de estar escribiendo una novela histórica, sino que tenía la sensación de que la estaba escribiendo desde hoy, desde ahora mismo. Eso era importante para mí. Hasta la idea de ir a buscar en esa época de Margaret Thatcher… Parece que estamos, de nuevo, en el mundo thatcheriano.

-¿Eso piensa?

-Vivimos en una época bastante caótica, con sobresaltos por todas partes, y parece el final de un ciclo. Y ese ciclo de de globalización y de capitalismo se abrió con ella. Y todo eso hoy no funciona. Estamos en una época como de dibujos animados corriendo ante el precipicio. Sigue habiendo algunos ultraliberales que dicen: “Sigue corriendo más rápido”, pero la gente que tiene un poco de sensatez o de clarividencia grita: “Socorro”.

-Da la sensación de que en su novela hay un eco del cine de Ken Loach. ¿Podría ser?

-Sí, sí, más bien de sus primeras películas. Cuando él era un poco optimista y había como un feliz desorden. Cuando la música era capital, se vivía de cualquier modo con grandes ilusiones.

¿Por qué sucede la acción en Londres y no París?

-Yo creo que en París no se dieron cuenta de que el mundo estaba cambiando con Margaret Tchatcher. En 1981 se eligió un presidente socialista, iba a contracorriente de lo que estaba sucediendo en Inglaterra, y este presidente, Miterrand, nacionalizó muchas cosas, protegió en sus inicios a Francia de la llegada de la globalización.

-¿Por qué eligió a Candice, una mujer que además quiere ser una actriz?

Lo de actriz es muy sencillo: es una joven que está buscando su sitio, y eso es un poco como buscar tu papel. Es una correspondencia. Eso me permitía, además, establecer un vínculo con Shakespeare y con el trasfondo social cambiante ¿Por qué una mujer? Eso es más misterioso: no sé por qué elegí a una mujer…

-Una mujer que es casi la única, en medio de muchos actores, y que va a hacer un papel de hombre, Ricardo III…

-Esta historia señala muy bien porque la novela es política. Y eso me sobrepasa en mi voluntad de escritura. En cuanto tiene a su heroína hace teatro y va a hacer su papel en Ricardo III. Y a partir va a haber un tema feminista, esos papeles y esos juegos de poder los va a encarnar una mujer.

-Me ha parecido que la novela tiene dos preocupaciones muy claras: cómo una mujer se hace a sí misma y la identidad.

-Hay cosas que proceden de mi novela anterior, inmersa en el mundo empresarial. Ahora reflexiono sobre el inicio de la caída del capitalismo con personajes que permiten también abordar el poder y el empoderamiento. Pero también se habla de amistad, de luchas y abusos de poder que llevan a la ruina.  

-¿Aborda también la construcción de la juventud?

-Sí, la cultura permite eso: buscar quiénes somos, liberarse, tener ídolos en distintos campos, la música punk nos sitúa inmediatamente, fue un período corto… Es una música revolucionaria, hecha por gente joven que no son músicos como los Sex Pistols… El eslogan de los Sex Pistoles era ‘no future’. La reacción era decir: “Muy bien, entonces hago exactamente lo que me da la gana”.

-Funcionan muy bien los capítulos cortos y rápidos...

-En ‘El invierno del descontento’ hay varias líneas de narrativa a la vez: el poder, el ascenso de Tachter, una joven actriz en Londres buscando su sitio. Escribir consiste en frenar los caballos y que vayan todos en sintonía, hasta que todas líneas del relato, intenso y breve, queden armoniosas. Me interesa también el trabajo y la colaboración del lector. Deseo que él sea capaz de conectar las distintas líneas, historias y conceptos que hay en el libro. Y que ocurra algo al leer.

¿Qué opina de los Chalecos Amarillos de Francia?

-No es una oleada de la extrema derecha, una cosa es que la extrema derecha o izquierda quieran asimilar y adueñarse de ese movimiento, pero los Chalecos Amarillos son gente que se está sintiendo que vive en un mundo caótico e injusto. Está claro que no podemos retroceder en la globalización, sería absurdo, pero tampoco debemos  contentarnos con correr cada vez más rápido hacia el vacío. Eso también es absurdo… Los Chalecos Amarillos son un grito contra la una precariedad, la miseria o la injusticia; son la expresión de un caos social. Y nadie sabe lo que va a salir de ahí. Y en Francia podría haber perfectamente una catástrofe en 2022.

¿Está preocupado?

Claro. Vivimos una de las épocas más increíbles de desamparo. La globalización ha creado paro en Europa, miseria en Asia y mi vaquero sigue siendo tan caro como siempre. Así que algo no funciona. Alguien ha cogido el dinero en alguna parte y en algún momento, y no se sabe dónde está. Nosotros damos dinero a los bancos para que ellos no vayan a la bancarrota. Es incomprensible.

 

 

20/05/2019 11:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SALVADOR TRALLERO: WARHOL ZARAGOZA

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ttps://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/05/02/zaragoza-te-quiero-multiplicada-a-todo-color-1312479.html 

Salvador Trallero es, de entrada, el pastelero de Sariñena. Desde hace unos años también es el fundador y responsable de Sariñena Editorial y Salvador Trallero editor. Ha publicado una treintena de libros de fotografías antiguas de Barcelona, Huesca, Zaragoza, Sariñena, libros de la República, memorias y viajes, homenajes a gentes como el antropólogo oscense Manuel Benito. Ha recibido el premio al libro mejor editado por ‘Alas rojas’. Entre sus proyectos más curiosos, entre juguetones y transgresores, está ‘Sariñena Warhol’, un homenaje a todo color a su localidad en diálogo con el artista Andy Warhol. Tras ese primer ensayo, ha cogido su cámara de fotos y durante varios meses retrató Zaragoza, y ahora aparece ‘Warhol Zaragoza’.

 

¿Qué has querido hacer?
He querido hacer algo diferente. He hecho un libro que es una explosión de color, un libro que alegra la vista, la mente y el alma. Una manera diferente de contemplar la Zaragoza actual, tomando como inspiración la filosofía del estadounidense Andy Warhol y sus repeticiones de imágenes.

¡Por qué Andy Warhol? ¿Qué te atrae de él? ¿Qué te gusta en particular de su mirada?
Siempre me ha atraído su obra; fue capaz de reinventar la relación entre imagen y colores a través de algo tan sencillo pero contundente como es la combinación repetitiva entre ambos elementos. La sencillez concebida y pensada como elemento clave del arte creativo. Si además a ello sumamos la originalidad del Arte Popular (Pop Art) de mostrar elementos cotidianos de nuestro día a día considerándolos como elemento artístico, estamos dando otra mirada a nuestro entorno. ¿Quién no conoce el bote de sopa Campbell´s, o el roscón de san Valero? Estamos convirtiendo en arte objetos que nadie habría definido como tal.

¿Cómo te has planteado el libro?
Quería que fuera una mezcla de elementos arquitectónicos, detalles de la ciudad, y por supuesto también personas, no podemos olvidar que son ellas las que con su participación e implicación, o no, determinan en gran parte el futuro de una ciudad o villa. También hay una reflexión importante en su conjunto: el paso del tiempo, de ahí la aparición de los relojes. Carpe Diem, “aprovecha el momento” y llena de color tu vida. Hay que hacer. El libro desprende optimismo.

¿Qué ve el lector?
Ve todo un poema cromático. En estos tiempo actuales de cambio total, con tantos elementos grises, he querido introducir esta sinfonía visual de elementos de la ciudad conocidos y habituales en el día a día zaragozano, e incluso de su historia, pues hay imágenes que por el cambio urbanístico u otras razones ya no se pueden realizar, como el dibujo de Goya en la calle Francisco Bayeu, junto a la plaza del Pilar, que un nuevo edificio ha tapado; o la fuente de los calderos, de la que alguien arrancó un par de ellos, no se sabe si con los dientes o a cabezazos. Los bailarines colores juegan con la mirada del lector, que tendrá una sensación muy particular al visualizar las imágenes coloreadas, pero seguro que alegre y positiva. El color es vida, es sueño.

¿Quieres otorgarle modernidad a Zaragoza, otra modernidad?
Si. Hay que impulsar el avance en las ciudades. La apuesta por la Cultura y el Conocimiento tiene que ser clara tanto por las instituciones como por los ciudadanos; las ciudades que destaquen por sus infraestructuras y elementos culturales, y por sus artistas, tendrán un protagonismo en este presente y futuro del siglo XXI y del XXII.

¿Qué ha sido lo más bonito que te ha pasado haciendo este libro?
El reencuentro creativo con Zaragoza, recorrer de nuevo sus calles con la mirada del fotógrafo, buscando esos detalles, captando esos instantes. Tenía material de mis trabajos anteriores sobre la ciudad, a la que me siento muy unido y a la que tengo que agradecer la gran acogida entre los zaragozanos de los dos volúmenes de fotografía Zaragoza Antigua. Ha sido una experiencia muy curiosa a nivel personal el transitar del pasado en blanco y negro al colorido presente. Hay una imagen muy simbólica con el letrero de la estación intermodal y una pintada en un murete del parque Castillo Palomar: Zaragoza Te quiero. Las líneas del destino se entrecruzan.

¿Cuál es tu relación con la fotografía?
Me parece maravilloso poder captar un instante de una persona o un elemento arquitectónico que permanecerá en esa imagen inalterable para siempre, si ello lo unimos al formato del libro impreso, completamos un proyecto de arte, imagen y difusión.

 

07/05/2019 14:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ VERA: ARTE, SUEÑO Y CREACIÓN

*Acaba de fallecer Juan José Vera (1926-2019).

 

JUAN JOSÉ VERA: EL PINTOR INCONFORMISTA

 

Antón CASTRO

“A mí me gusta gozar la pintura con lentitud: me despierta la pasión enseguida”, dijo en una ocasión en su estudio Juan José Vera (Guadalajara, 1926). Él es un hombre de frases, de intuiciones que se transforman en aforismos, y de emociones. Siempre ha sido hiperactivo, ya era rebelde e inconformista de niño, y a la vez vitalista. Uno de sus cuadros se titula ‘La alegría de vivir’ (1987) y quizá sea esa frase su mejor retrato. Vivir en el arte, en la creación, en el silencio, en el taller. Vivir en el puro desbordamiento de la materia y los materiales. Hay otro cuadro que también da claves de su inclinación sombría: ‘Rasgos de dolor’ (1974), que acaso sea un intento de ordenar el caos de la memoria, el tormento que viene de lejos con su lluvia de espanto.

Juan José Vera, el octavo de nueve hermanos, tuvo que aprender a vivir con el desgarro: su hermana Carmen murió a los cinco años; el mejor profesor de su infancia, Félix, fue ejecutado por republicano; también mataron a su tío Manuel, que era pintor, y a su propio padre -al que admiraba tanto como quería porque era cálido y había creado un paraíso de educación, convivencia y cultura en su casa-, lo denunciaron varias veces y finalmente lo fusilaron un de agosto en Torrero en 1936. “Anhelaré hasta la muerte el amor inseparable por mi padre”, le diría el artista a uno de sus mejores estudiosos y amigos, Manuel Val Lerín. Él fue niño en la retaguardia de Robres, en un período marcado por el hambre, el pánico y la incertidumbre. El círculo de muertes, o de ausencias notables, registra otro nombre clave: su cuñado Juan Valdivia, médico. Me dijo Juan José Vera en su taller: “Él me descubrió la poesía: me recitaba de memoria todo Bécquer, la poesía clásica española. Tenía la memoria más prodigiosa que yo he conocido nunca, y era un humanista integral. Cuando se murió, hacia 1948, le dediqué un cuadro: ‘Arlequín muerto’, realizado tras ver su cadáver”. Ese cuadro es importante en la trayectoria de Vera, y está en la exposición: para entonces ya había conocido a Fermín Aguayo, en el Servicio Militar en la Brigada de Topógrafos, que formaría con Santiago Lagunas y Eloy Giménez Laguardia el trío más famoso del Grupo Pórtico. Se hicieron amigos y sería el propio Aguayo, un admirable pintor abstracto, quien le pondría el nombre al cuadro, algo que también hizo con otro buen lienzo: ‘Bodegón azteca’.

Aquel Juan José Vera, que se balanceará durante toda su carrera entre la angustia y la exaltación de la vida, entre la tristeza y la búsqueda constante de la felicidad, había quemado etapas con celeridad, entusiasmo y una imaginación frondosa y voraz. Descubrió su inclinación al dibujo a los trece años, hizo sus primeros juguetes con una completa carpintería infantil que le regalaron, realizó sus pinitos con los materiales que le cedía su hermano Fernando, futuro arquitecto, con quien trabajaría de delineante, y un cuñado suyo, Miguel Goyeneche, le haría un obsequio con toda la intención del mundo: le dio los instrumentos y los óleos de pintor de un hermano aviador, que acababa de fallecer en un accidente. Y no solo eso, en 1942, se había matriculado en la Escuela de Artes y Oficios. Por si le faltaran elementos al leyendario del artista: en 1945, cayó en sus manos un catálogo de Picasso de una exposición en 1936 y queda fascinado. El pintor autodidacto y ya torrencial encontró un maestro, un referente, el fogonazo que le dará alas a esa invención suya tan turbulenta y vivaz, a esa imaginación que siente, que sueña y que reflexiona.

En 1948 conoció a Santiago Lagunas, clave en su prehistoria, como toda la estética del Grupo Pórtico. En 1975 le dedicaría un estupendo cuadro. ‘Homenaje a Santiago Lagunas’. Vera no tardará en lanzarse a campo abierto, con arrojo y muchas cosas que pintar. Desembocó en la abstracción con esa energía y esa vehemencia que siempre ha tenido. Se atrevió a trabajar en el desorden del lienzo, a arañar en el bosque de las incitaciones, a buscar entre las manchas de color y las líneas negras, más o menos anchas, un calambre de luz, un vano a la esperanza. Trabajó sin descanso, en todos los formatos y técnicas: óleos, dibujos, collages, en una producción intensa y extensa que tiene su sello y que tampoco renunciará ni al expresionismo ni a rasgos cubistas, con ecos de Pórtico en ocasiones. Juan Manuel Bonet diría que “continuó de modo más fiel por el sendero abierto por sus predecesores”.

En 1958 conoció a Ricardo Santamaría, que también era un agitador y elaboraría proclamas y teorías, entre ellos el Manifiesto de Riglos. Y en 1962 a Daniel Sahún, que sería algo así como un hermano, un camarada, un cómplice y casi un álter ego; juntos realizaron muchas exposiciones conjuntas, y destaca su Antológica de la Lonja de Zaragoza en 1987. Con ellos Santamaría formaría el colectivo Escuela de Zaragoza, que recogía el testigo de Pórtico. Y a él se sumarían dos artistas más: Hanton González, que acabaría marchándose a París y realizaría allí el grueso de su obra, y Julia Dorado, que entró por la puerta grande y por ahí sigue, con sus colores y luces de espejismo. Cabe decir que la Escuela de Zaragoza duró más o menos hasta 1967.

Los 60 fueron años capitales para Vera: pintó mucho y creó sus famosas escultopinturas, de las que aquí hay una buena muestra. Vera ha recordado que esa obra, tan impresionante y variada, ese ejercicio de libertad incansable, surgió de la búsqueda de residuos, materiales de derribos, objetos industriales, ruinas o escombros de las afueras. Y luego, en un acto de ensamblaje y pintura, hacía unas piezas personalísimas donde se gobierna todo con armonía, fuerza, ingenio, plasticidad y quizá brutalidad, la desenvoltura del collage y, por supuesto, con belleza; figuran entre lo más feliz y acertado de su obra. Juan José Vera no ha parado nunca. Una de sus frases, tan sencillas como elocuentes, es: “¡Qué misterio tan grande es el arte!”. Y matizaba: “Yo siempre pinto lo que vivo: soy un gran paseante, me encanta la ciudad, descubrir rincones, andar por los bosques, coger determinadas luces cuando llega la noche: algunas luces misteriosas y blancas”, me confesó Juan José Vera en su taller.

Él se ha sentido poseído por la creación y ha continuando pintando, esculpiendo y avanzando por diversos vericuestos: ha experimentado todo el tiempo, ha ensayado colores y formas informes, ha realizado dibujos deslumbrantes (aquí hay varias tintas) y ha sabido ser fiel a un estilo, a una luz, a coordenadas de inspiración y arrebato: es capaz de ser tenebroso y a la vez de un lirismo que casi hace pensar en Cy Twombly: vean, por ejemplo, ‘La demora del silencio’ (1995). El pintor ha tenido momentos maravillosos, ha expuesto en Aragón, España y en diversos lugares del extranjero. En 2001 vio coronada su trayectoria con una inolvidable exposición en el Palacio de Sástago: La Abstracción como presencia. Juan José Vera. Retrospectiva 1950-2001, cuyo comisario fue Manuel Val Lerín. En 2011 se hizo acreedor al Premio Aragón-Goya. Fue en ese año cuando realizó la última obra de esta muestra: ‘Enjambre’, que acaso pudiera resumirse así: el artista en estado puro, con sus símbolos, sus manchas, la fragmentación del lienzo y sus gamas de color con un claro en la selva de amarillo.

No hemos hecho aquí hincapié en otro aspecto decisivo en la personalidad de Juan José Vera: la música. Estudió piano y solfeo y llegó a tocar con un gran amigo, el tenor Adolfo Barbacil, entre otros. Dijo en una ocasión: “Yo no le pido a nadie que entienda mi pintura: la pintura hay que sentirla, hay que verla en silencio. El silencio es la atmósfera del arte y no existe silencio más elocuente que el de la música”. También suele decir: “No aspiro a la posteridad”. Eso ya no depende de él, de Juanjo Vera, el enamorado de la belleza y de la inspiración: los cuadros están ahí y caminan por las comisuras del tiempo a su libre albedrío.

 

 

 

 

 

29/04/2019 23:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL MENA HABLA DE SU NUEVA NOVELA: 'CANCIONES LIGERAS' (PREGUNTA)

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[Miguel Mena (Madrid, 1959) acaba de publicar su novela más extensa y más ambiciosa: la historia de Irene Abós, una joven secretaria que acabará dedicándose al mundo de la música en el trío Los 3 del Mediterráneo’. Fue uno de los libros más demandados ayer en el Día del Libro en Zaragoza. Miguel cuenta aquí las claves de la novela. Una parte de la entrevista se publicó en ’Heraldo’ de Aragón’ el pasado lunes. La foto es de Oliver Duch.]

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/22/miguel-mena-las-buenas-canciones-son-eternas-siempre-suenan-igual-de-bien-1310552.html

-¿Cuál era el objetivo de ‘Canciones ligeras’: contar una aventura musical o una vida de mujer en la música?

Mi primera intención fue escribir una novela de aventuras con el trasfondo de la música y los cambios sociales de los años 60, luego la personalidad de su protagonista, Irene Abós, fue adueñándose de relato y ambas cosas se mezclaron. La vida de Irene, su crecimiento, su transformación, van avanzando en paralelo a esa aventura social y musical.

-¿En qué momento decidiste contar esta historia en primera persona?

Comencé esta narración hace dieciséis años como la historia de un trío musical y en tercera persona, pero me atasqué cuando llevaba unos cuarenta folios y abandoné el proyecto. Diez años después, al revisarlo, me di cuenta de que debía ser la historia de ella, de la cantante, y que ella misma debía contarla, que todo girase a su alrededor. Entonces retomé el proyecto y lo llevé hasta el final.

--¿Cómo definirías a Irene Abós: una mujer romántica, soñadora, una joven estudiante que de repente, casi antes de saber qué quiere, ya es madre, con determinación, pero sobre todo cantante, de variados registros?

Irene es tan soñadora como somos todos a los veinte años, pero su temprana maternidad, las zancadillas de la vida y el mundo real al que deberá enfrentarse la transformarán poco a poco, sin perder su determinación ni su pasión por la música, pero cambiando de criterio y de objetivos, sin perder la ilusión, encontrando alicientes más realistas.

 -¿En qué medida quiere ser ‘Canciones ligeras’ una novela sobre la condición humana, la importancia de la amistad (pienso en Susana, en Encarni…) y una crónica de los encuentros y desencuentros amorosos de la protagonista?

Es obvio que la novela habla de la vida, de los vaivenes a los que nos somete, y en esa vida, como en cualquiera, tienen mucha importancia la familia, los amigos y los amores; también el trabajo, que en este caso lleva a la protagonista a viajar de un lado a otro, a conocer gentes diversas y a experimentar la pasión y el deseo pero también el desconcierto y la duda. Quizá la única certeza de Irene es avanzar siempre, nunca quedarse quieta.  

-Luis, Nick, Roberto, Jorge Jánovas o Yorgos… ¿Los amores del pasado siempre reaparecen?

No todos y no siempre con la misma fuerza. Irene se interroga muchas veces sobre la naturaleza del amor, sobre las diferentes maneras de amar; compara sus amores con los de su entorno: su madre, su amiga Susana, su compañera Encarni. En el amor no hay modelos a imitar; cada cual encuentra su camino, o  no lo halla jamás. 

-¿Cuál ha sido la importancia de las bases americanas en la vida española, y en particular en la música?

En mi caso particular, ninguna. Yo me eduqué musicalmente por otros caminos, pero recuerdo a figuras como Rocky Khan, que se forjó musicalmente en la base americana de Zaragoza, o alguien más joven como Santiago Auserón que también ha contado lo mucho que le influyó escuchar la emisora de los americanos. 

-La narración empieza en 1959 y duraría una década, más o menos, concluye poco después de la llegada del hombre a la luna. ¿Qué significó ese período en la historia de la música en España?

La novela comienza cuando está a punto de iniciarse la década de los 60 y concluye poco después de que haya finalizado. Es el tránsito de la música melódica, orquestal, un tanto pastelosa y remilgada, al dominio del pop y del rock. Supone un gran cambio porque en esa década los hijos comenzarán a escuchar una música que los diferencia claramente de sus padres y que además lleva aparejada una moda y una estética que rompen con los modelos anteriores. Cambia la música como anticipo de un cambio social que también está empezando a producirse en un país que aún vive bajo una férrea dictadura. 

-¿Y qué importancia tuvieron las salas de fiestas y la televisión?

Las salas de fiestas todavía vivían aferradas a un modelo muy tradicional, pero curiosamente en la televisión empiezan a colarse programas de una estética más juvenil o más colorista, aunque fuera en blanco y negro, como Escala en Hi-Fi o los distintos proyectos dirigidos por Chicho Ibáñez Serrador. 

-¿Cómo era y qué buscaban Los 3 del Mediterráneo y que le deben a Los 3 Carino y a un reportaje que publicaste sobred ellos hace años en Heraldo?

Descubrí a Los 3 Carino cuando hacía el programa El Desván en la programación nacional de Cadena Dial. Años después rastreé su pista hasta localizar a uno de ellos, Joaquín Solanes, y en 2002 escribí un largo reportaje en Heraldo sobre sus andanzas por Oriente Medio. El grupo de mi novela, Los 3 del Mediterráneo, está inspirado en ellos y toma prestadas muchas de las anécdotas que les sucedieron y que me contó Joaquín, pero también bebe de otras fuentes como una persona de mi familia, Mercedes Bóveda, que también formó parte de un conjunto que actúo por todos esos países. 

-¿Eran frecuentes estas aventuras musicales en el extranjero? ¿Por qué el Medio Oriente (Teherán, Bagdad, Beirut, luego Ammán) qué vínculos tenían hacia la música española?

No he descubierto nada nuevo porque Manuel Iborra lo contó muy bien en Orquesta Club Virginia, una película de 1992 con Antonio Resines, Jorge Sanz y Emma Suárez, basada en las memorias del percusionista Santi Arisa. Aunque ahora nos parezca insólito, desde los años 50 hasta mediados de los 60, las orquestas, ballets y conjuntos españoles tenían mucho éxito en el circuito de casinos, salas de fiestas y  hoteles de lujo de aquellos países. Grupos que aquí no le suenan a nadie hacían largas giras por todos aquellos países y ganaban muchísimo más de lo que podían obtener en el nuestro. Beirut era el centro de todo, la gran ciudad cosmopolita de la zona. Aquello se quebró a partir de 1967, conflicto tras conflicto, y ya no se recuperó jamás.

-Da la sensación, no sé si es querencia de la cantante o del propio autor, que la música italiana entonces era tan importante como la norteamericana…

Creo que es una percepción objetiva, después de manejar muchas revistas y libros de la época: antes de la penetración avasalladora de la música norteamericana, los músicos italianos tenían muchísima presencia en nuestro país e influyeron poderosamente en los artistas nacionales. También los franceses, aunque un escalón por debajo. Ahora es un poco triste que apenas escuchemos música procedente de esos países que son tan cercanos a nosotros. 

-¿Te ha llevado mucho preparar la documentación?

Nunca doy por finalizada la documentación. Siempre incorporo lo último que encuentro. Para esta novela dispuse de cientos de discos de la época, también me fueron de utilidad muchos libros como las memorias de Jesús Franco, Alfonso Santiesteban o Miguel Ríos y un magnífica colección de la revista Fonorama que me facilitó mi suegra, y por supuesto los periódicos de aquellos años. 

-Sin avanzar nada, ¿has querido recordar también que muchos músicos españoles han sucumbido a la fatalidad de la carretera?

La carretera ha sido una auténtica plaga para los músicos. Siempre recuerdo a Leandro, Cecilia, Nino Bravo, Poncho y José Luis de Los Ángeles, Jesús de la Rosa de Triana, Bruno Lomas, Tino Casal o Eduardo Benavente, que se mató viniendo a Zaragoza.  

-¿Qué podríamos avanzar del joven fenómeno Tony Castán?

Es un personaje inspirado en algunos prototipos de la aquella época; gente que tenía un trabajo normal y grandes cualidades para la música, pero no todos se atrevían a jugársela en un terreno tan resbaladizo como es el artístico. 

-Un detalle: ¿por qué siendo Los 3 Carino, citados por cierto en el libro, de origen aragonés has convertido tu trío en madrileña y  dos murcianos (Benjamín y Ramón Vera), y has situado la acción de partida en Madrid?

Aunque Los 3 Carino fueron el primer impulso y la principal fuente de inspiración, la novela no es su historia, es una ficción, y necesitaba crear unos personajes con su propia personalidad. Madrid en aquel momento era el epicentro musical del país y tenía cierta lógica que la novela partiera de allí y no de un lugar más pequeño. Ahora mismo no recuerdo por qué decidí que los hermanos Vera fueran murcianos, sería algo casual. A Irene la hice hija de un aragonés y se apellida Abós porque estaba con los primeros capítulos cuando falleció el entrador del CAI, José Luis Abós, y quise rendirle ese pequeño homenaje.

-Leyendo el libro, un retrato musical de la época, con el sello Zafiro por ahí rondando, uno se siente llamado a preguntar: ¿En qué ha cambiado la música?

Sobre todo ha cambiado la forma de consumir música, el acceso masivo a ella, y también se ha perdido una cierta ingenuidad que había en la forma de componer, de actuar y de promocionarse en los años 60. Por lo demás, las buenas canciones son eternas y suenan igual de bien ahora como hace cincuenta años.  

-¿Qué hay de ti, de tus gustos y pasiones, de tus investigaciones, en este novela?

Me interesan mucho los músicos como personajes, quizá porque los veo desde fuera, porque  he conocido a muchos a través de mi trabajo y el suyo me parece un mundo tan apasionante como difícil. No es la primera vez que los uso como protagonistas porque ya lo hice en Foto movida, entonces con los 80 y la Transición como trasfondo.

24/04/2019 05:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DEL LIBRO

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Publicado en 'La Opinión de Málaga' por el escritor y periodista cultural Guillermo Busutil, quedirigió durante doce años y más de 200 números la revista 'Mercurio', que se acaba de cerrar con un espléndido número centrado en Ita Vitale.

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2013/04/21/hombre-libro/582455.html?fbclid=IwAR2iNNIa6MPBVe4Y0tnyw5MNtojxGb3HZacLlvvodjDRlCMwTjVZoC6BWZg

UN HOMBRE, UN LIBRO

Guillermo Busutil  21.04.2013 | 05:00 

Leer en presente es un indicativo de cultura. Yo leo, tú lees, él lee, nosotros leemos, vosotros leéis, ellos leen. En los autobuses, los metros, los trenes, los aviones, los barcos, las bibliotecas, los parques, las salas de espera, las cafeterías, en las casas de este día que celebraremos libro adentro. Y también libro afuera, porque cada calle es una página de la ciudad por la que transitamos como personajes, como la huella impresa de una forma de sentir y de pensar. Lo mismo que las que nos dejaron las lecturas con las que aprendimos a emanciparnos de la realidad, a tener más amplitud de miras y a soñarnos héroes a la vuelta de la esquina, donde siempre empieza la imaginación. Todos somos el producto de nuestros juguetes, nuestros viajes y nuestras lecturas. Incluso, cada amor que igualmente me hizo, además de su marea en la memoria de mi piel, tiene también sus libros, su poema en mi escritura. Sé de gente que todo lo ha vivido en ellos, que su error fue abrir uno un día o que su retrato es una biblioteca. Y proceso afecto admirativo a Caballero Bonald, Cervantes de Argónida, por su manera de marinar el lenguaje, por enseñarnos sobre el imposible oficio de leer y recordarnos que siempre habrá un libro esperando.

 

El próximo martes es el día perfecto para buscarlo. Puede ser un título de moda o premiado; alguno de Defoe, Salgari, Kipling o Verne para recuperar la infancia y defender la memoria de lo leído; el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, En la Orilla de Chirbes o el de Bonilla acerca de Maiakovski, el mejor subversivo colocando bombas para hacer estallar el poema. Libros adecuados, peligrosos o inoportunos, según quién los lea, en este tiempo de crisis en el que alguien del PP puede llamar a la puerta para comprobar nuestro ayuno, la ducha fría, el cinturón apretado y nuestra austeridad también en la lectura- el ideal orden doméstico del gobierno-. También hay cuentos, poemarios, diarios, ensayos o Las aventuras de un libro vagabundo de Paul Desalmand. La narración autobiográfica y picaresca de un libro que nació el 7 de junio de 1983 con 224 páginas, 230 gramos de peso, unas medidas de 16,5x 12,5 cm, tipografía Garamond y cuerpo 12. Toda una declaración de buena salud y de libro de clase media, cuya voz nos desvela sus peripecias, otras historias, como la de un taxista que convierte su coche en una biblioteca ambulante o la de una chica que lo utiliza para cubrirse el sexo cuando hace nudismo en la playa, y que los libros hablan de noche sobre su miedo a la guillotina. El futuro condenado de una gran parte de los títulos que el martes estarán en las calles de Barcelona, llena de rosas y de escritores, en las de Madrid con interminables lecturas de noche, en las de otras capitales con un 10% de descuento, deseando ser escogidos. Pero como en el cuento de los Grimm, a las doce y una campanada o un par de copas más tarde, el libro se volverá Cenicienta y sin príncipe que lo salve poniendo en la puerta el cartel: No molesten, estoy leyendo.

 

La burbuja editorial estalló hace tiempo pero empezamos a darnos cuenta el pasado año, cuando la venta cayó un 40%. Y éste, sigue pendiente abajo, llevándose por delante librerías, algunos sellos independientes, otros pequeños, títulos que no pasaron la ITV y los anticipos de más de cuatro cifras para los autores. También amenaza a los escritores más literarios, cuyos lectores fieles los mantienen vivos en el mercado. Ya se sabe, en este país, la literatura vende poco. Aunque el cine diga lo contrario, nadie busca a Nemo. Menos aún la maravillosa biblioteca del Nautilius. A las editoriales le interesan más los mega sellers y, mientras los encuentran, las intrigas, dramas, batallas épicas, amores, enigmas esotéricos, fábulas sexuales y aventuras con fondo histórico que se vendan bien en las grandes superficies. Poco espacio queda para la literatura como un golpe al estómago, armada con un lenguaje de atmósfera y orfebre, que explore otra manera de contarnos historias. Conseguir que un libro, como dijo Kafka, sea como el hacha que rompe el mar de hielo de nuestro corazón. Hace lustros que la sociedad demostró que, en España, la lectura no goza de un apoyo mayoritario. Baja es la cifra de personas que la entienden como una forma de progreso, un espacio íntimo, el tiempo en el que uno está menos solo. Si se mantiene el hábito en el alambre es porque existen mujeres, clubs femeninos donde se lee mensualmente y bibliotecas rurales en las que se han esforzado en hacer de la lectura una forma de superación, de libertad y de placer. Pero en la enseñanza es, desde hace décadas, la asignatura pendiente de alumnos y profesores poco dados a valorar que con los libros se aprende a leer el mundo, la vida, el misterio de las personas. Sin olvidar a muchos jóvenes autores convencidos del éxito del escritor buen salvaje, ignorantes de que escribir es una lectura eterna. A estos síntomas graves, hay que añadir el poder de sugestión de la televisión y de la red. Artífices de la inmediatez, del impacto, de la brevedad, de la estética de la aparición que paradójicamente también es la estética de la desaparición, y de la primacía de la imagen como una representación del mundo que no conlleva la necesidad de razonar un argumento. La nueva cultura líquida de la imagen, representación poderosa del mundo cada vez más victoriosa sobre la comunicación a través de la palabra.

 

La salud del libro tiene un pronóstico reservado. Un mal desenlace conlleva la desaparición del discurso, de la crítica, de la opinión fundada en el pensamiento, en el lenguaje y en la escritura. La creencia en el libro como tierra firme en épocas de naufragio e incertidumbres. En la lectura como una forma de felicidad y un acto de resistencia en los tiempos del miedo a pensar, del farenheit 451 que siempre acecha un viento favorable. No podemos dejar que nos desahucien de leer. Hay que contraatacar. Este 23 de abril, con 103 años de antigüedad, hagamos que en la paz -al igual que en la guerra- se repita la consigna: un hombre, un libro; un clavel en el fusil.

Leámonos!!

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*Retrato del joven escritor, en 1982.

24/04/2019 05:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOMINGO VILLAR EXPLICA LAS CLAVES DE 'EL ÚLTIMO BARCO'

Domingo Villar: “Explico mejor Galicia gracias a un aragonés”

 

Tras diez años de silencio, el escritor de novela negra vuelve con sus policías Caldas y el zaragozano Estévez en ‘El último barco’

 

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) está más feliz que asustado ante la aparición de su tercera novela: ‘El último barco’ (Siruela, 2019. 707 páginas), que vuelve a transcurrir en las costas de Vigo, en Tirán, como sus dos primeras apariciones: ‘Ojos de agua’ y ‘La playa de ahogados’, que llevó al cine Gerardo Herrero en el papel de Leo Caldas, su detective y locutor radiofónico en ‘Patrulla en las ondas’, y Antonio Garrido, como Rafael Estévez, un policía zaragozano que intenta entender la sinuosidades de pensamiento y de mentalidad de los gallegos.

“Es muy estimulante saber que había tanta gente que te estaba esperando y la recepción que está teniendo el libro. Piense en el Real Zaragoza: ¿no es mejor que esté el campo lleno y que intente dar ahí, con todo a favor, lo mejor de sí mismo? Me sucede un poco igual”, dice el escritor.

Domingo Villar ha usado el símil de La Romareda con toda la intención del mundo. Sus vínculos con Aragón son inequívocos: está casado con la turolense Beatriz Lozano, Bea, con quien tiene tres hijos, y por eso Rafa Estévez “me viene muy bien. Me permite explicarle a un forastero cómo somos en Galicia, cómo sentimos y cómo lo celebramos todos con la comida: la alegría y la tristeza, aunque entonces ya no se cante. Explico mejor Galicia gracias a un aragonés que es más frontal y directo y a veces no nos entiende”.

Quizá, en la nueva novela, que presentaba en la librería Cálamo el 21 de marzo, Estévez esté algo más apagado en humor e ironía. “Yo no diría eso -tercia el escritor-. Suceden dos cosas: está un poco asustado porque va a ser padre con su novia y, además, le duele mucho la espalda, y en esas condiciones no es fácil ser gracioso o irónico. Pero yo creo que es un tipo especial, un grandullón compasivo e inteligente. De una gran humanidad. En el fondo, es como un protector de Leo Caldas que ahora necesita ser protegido”.

‘El último barco’ se ha dilatado en el tiempo. Diez años.  “Lo sé. Creo que en 2013 arrojé a la basura, literalmente, la novela. Tenía 400 páginas. Sufrí una doble crisis: por una parte, me parecía que le faltaba emoción, y no quería entregar algo que me conmoviese a mí en primer lugar, y se había muerto mi padre. Todo aquello me trastornó. Volví a empezar, me quedé con algunas páginas, apuntes y detalles, y creo que ahora he hecho el libro que quería”, explica el escritor gallego, que reside en Madrid. El padre del protagonista Leo Caldas, bodeguero, anda siempre por ahí, y el inspector siempre está preocupado por él.

Más que una novela policiaca o negra al uso, Domingo Villar dice que ha “escrito una novela costumbrista de personajes”. Añade: “Yo me reconozco en Manuel Vázquez Montalbán, que da una visión maravillosa de la Transición; en Andrea Camilleri, que cuenta la vida y los secretos de Sicilia. Galicia lo es todo para mí, aunque vivo en Madrid desde 1989. Ahí tengo un lugar ideal para situar mis ficciones, en Vigo, Cangas, Moaña, Tirán: hay puerto de mar, que es el lugar por donde entran y salen tantas mercancías y se dan tantas aventuras, tengo un mar misterioso a veces, encrespado otros, playas multitudinarias y playas solitarias, casi secretas, pero también hay montañas, un paisaje de gran belleza. En ese sentido, me siento privilegiado”. Quizá en esta novela, además de Vázquez Montalbán y Camilleri, se perciben los métodos deductivos de Georges Simenon, esa caligrafía despaciosa de la investigación.

“La novela funciona como a oleadas: hay olas tranquilas y hay olas más furiosas. El ritmo es importante. Escribo simultáneamente en gallego y castellano, sin que haya propiamente una lengua de fondo. En ‘El último barco’ se perciben como dos partes, entrelazadas: una de capítulos más descriptivos, vinculados al paisaje, a la belleza de Galicia, a la evocación del mar, sin olvidarme jamás de la acción; y otra parte donde fluyen los diálogos de la investigación, las preguntas. Esta parte la suelo escribir en castellano, llevo años fuera de Galicia y me sale mejor. Es fundamental oír la lengua cada día. Y la parte más afectiva e íntima la redacto en gallego. Sigo con el libro en función de donde haya dejado la acción el día anterior”. Otra estética: dice que no quiere abrumar al lector, que le deja que piense y que penetre los sueños poco a poco en la cabeza del lector.

‘El último barco’ cuenta el tumulto que se crea cuando el doctor Andrade, padre de Mónica Andrade, la ceramista y profesora de cerámica, pide ayuda porque ella no fue a comer el domingo y no ha dejado mensaje ni coge el teléfono. A partir de ahí entran en acción Leo Caldas y Rafa Estévez, y con ellos otros muchos personajes: sus compañeros de investigación o vinculados con la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, donde conviven la cerámica y la fabricación de instrumentos musicales.

Revela Domingo Villar: “Entre los personajes de ficción he usado a dos verdaderos: Rasal y Miguel Vázquez. “Les advertí que, en la ficción, podían estar implicados en un crimen. No les ha importado. Al contrario. Uno de ellos, durante muchos tramos de la novela, es el principal sospechoso de un crimen. Son los primeros en mandarme todos los recortes, opiniones y entrevistas. Están muy felices de ser criaturas de ficción”. Dice que el libro también defiende la necesidad del sosiego, de la placidez. “La lentitud es necesaria para todo en esta vida enloquecida: para soñar, para hacer violas, para investigar o para que un escritor escriba su novela”.

Domingo Villar desliza una última confesión: “Mónica Andrade tarda en aparecer, en caso de que aparezca, claro. Y me gusta que durante muchas páginas, tantos personajes, con sus recuerdos e impresiones, con sus retratos, acaben creando un personaje singular, inquietante, complejo. Creo que, de algún modo, tenía en la cabeza a la Rebeca de Daphne du Maurier”.

Entre los personajes secundarios, con sus enigmas a cuestas, hay un mendigo, “o esmoleiro”, que se llama Napoleón y habla en latín; un fotógrafo enamorado que retrata aves y animales del mar y un dibujante, naturalista, que retrató a Mónica Andrade y firma sus obras con una espiral.

 

12/04/2019 10:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO ITURBE ESCRIBE DE 'MUJERES SOÑADAS' EN 'LIBRÚJULA'

http://www.librujula.com/actualidad/2396-del-amor-nunca-se-sabe-nada

Antonio Iturbe escribe en 'Librújula' de nuestro libro 'Mujeres soñadas' (Aladrada), 28 fotos de Rafael Navarro y 28 textos de Antón Castro.

Texto: Antonio Iturbe

Se reúnen en este libro de edición magnífica y elegante las fotografías de Rafael Navarro acompañadas de textos de Antón Castro inspirados por las imágenes. Castro es sobre todo poeta, también periodista cultural de larguísimo recorrido, escritor de lo que haga falta, ciclista de fin de semana y admirador de todas las bellas artes. Un Antón Castro que en estas páginas entra en estado de trance al contemplar las mujeres esquivas y sensuales que capta la mirada de Navarro. Dice en el prólogo Fernando Sanmartín que Castro “sin sus pasiones renunciaría a la vida”. Y las mujeres le gustan más que el jamón. Y habla de ellas con la admiración, el respeto y la entrega con que los mortales miran a las diosas.

En Mujeres soñadas se habla mucho de amor: “del amor nunca se sabe nada aunque creamos saberlo todo”. Y, sobre todo, del enamoramiento, de ese estado de trastorno que se puede producir de un instante a otro, de un incendio descomunal que arranca con la chispa de una sola mirada.
Las mujeres de este libro de relatos, tanto en las fotos en blanco y negro de Navarro como en los fogonazos de Antón castro, tienen la volubilidad de los fantasmas pero su suave carnalidad empapa las páginas, como esa Irene que paseaba bajo la lluvia de la alameda. En más de una ocasión siente uno la irrefrenable pulsión de ir a Google a comprobar si son reales o imaginarias porque todas ellas, incluso en su textura escurridiza de amores que se escurren entre los dedos, resultan vivamente veraces, como esa pianista Olimpia Olvés que tiene ademán de bailarina y que lo hipnotiza en el patio de butacas en cada concierto. O Clara, la librera de El Relato Perpetuo. Tal vez sean mujeres verdaderas con los nombres cambiados, o personajes inspirados en personas reales o simplemente sean ficciones verdaderas surgidas de la sensibilidad de Antón castro, que sueña con los ojos abiertos. No importa. Estos relatos tienen su propia verdad interna, su propio contagio de emociones que se nos cuela dentro.

portada mujeres soñadas 1Viajamos en busca de Gloria Petriz, ese eterno amor de adolescencia cuyo rescoldo nunca se apaga. Son mujeres soñadas como esa legendaria Clara Setién que recoge conchas, agua de mar y arena en la playa del Sardinero de la que le había hablado un periodista santanderino con la cabeza llena de corcheas y que creyó entrever una mañana mientras nadaba. Viajamos al pequeño pueblo aragonés de La Muela para una sesión de fotos que resulta más ardiente de lo esperado, a pequeñas localidades alrededor de Zaragoza como la Almunia de doña Godina o Mezalocha, pero también a Oropesa, el Matarraña, La Coruña… Es un libro de lugares mentales y de enamoramientos que se evaporaron. Un libro sobre mujeres pero donde también hay hombres hermosos que admira, como el fotógrafo Alberto García-Alix, Rafael Navarro que presidió la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, el campeón de motociclismos que murió demasiado pronto Víctor Palomo, el pintor Ignacio Mayayo, el actor Cherma Mazo, el artista Pedro Avellaned o el imprevisible Fernando Arrabal. Y junto al licor de la poesía también está esa sorna galaico-aragonés de Castro, que se filtra en las páginas, como ese canalla seductor llamado Sandro Laporta que igualo ve uno ya visiones pero es un nombre compuesto por dos ex presidentes del Barça que no acabaron bien. Seduce y engaña este Sandro Laporta a Selva Langa, que tiene nombre de heroína de cómic y recita poemas eróticos de Gioconda Belli. Un libro para mirar, para leer y para dejarse llevar.

 

11/04/2019 19:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS RUBIO ABORDA VERUELA A LA MANERA DE MARCEL SCHWOB

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Jesús Rubio, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, es muchas cosas: especialista en epistolarios, en Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ricardo Baroja, Antonio Machado y, sobre todo, Gustavo Adolfo Bécquer y sufamilia. Es juguetón, con cara de pocos amigos, burlador e irónico, y lo practica casi todo: el ensayo, el cuento, el poema, los géneros periféricos (el aforismo o el microcuento). Ahora acaba de publicar 'Vidas reales e imaginarias en el Monasterio de Veruela' (Los Libros del Gato Negro), que acaba de presentar en Zaragoza.

En esta entrevista en Heraldo.es avanza sus claves. 

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/10/jesjus-rubio-al-monje-jeronimo-tris-lo-mataron-a-palos-en-el-moncayo-1308402.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1SvbFoaJFvrtWDdTvcoI8wezHJJc7Bm31Cv2JW365D-tTBVeOm8Ae5h9Q

11/04/2019 18:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON PATRICIA ESTEBAN EN TORNO A 'FONDO DE ARMARIO'

Patricia Esteban Erlés: “La columna es un micrófono”.

 

[La escritora, autora de 'las madres negras', publica una selección de sus columnas quincenales de 'Heraldo de Aragón', de la sección 'Las naturales', que alterna con Aloma Rodríguez: 'Fondo de armario'. El libro lo ha publicado el sello Contraseña y se presentó en pasado martes en el Teatro Principal de Zaragoza.

 

-¿Qué pensaste cuando Picos Laguna te invitó a colaborar?

Me halagó mucho que quisiera contar conmigo, que hubiera pensado en mí para esa cita quincenal que es Las naturales, una columna que aparece en el periódico los domingos, un día que yo misma reservo para el café infinito y la lectura de la prensa. Me hizo mucha ilusión pensar que muchos aragoneses se encontrarían con mis textos ese domingo en que me toca publicar. Al mismo tiempo pensé en la responsabilidad que entraña opinar, mostrarte al hablar de un tema concreto. Procuro dialogar mucho conmigo misma antes de plasmar esa toma de postura por escrito, darle solvencia desde el punto de vista estético y desde luego procurando huir de obviedades si atendemos al contenido. 

 

¿Como entiendes la columna? ¿Qué exigencias, posibilidad y secretos tiene para ti?

 

La columna es un micrófono. Un espacio que suena, que graba mis pensamientos. Creo que es una suerte disponer de ese lugar, de ese foro en el que puedo ordenarme por escrito, recoger quién soy, cómo afronto la relación con el mundo que me rodea, un mundo complejo, que me fascina y me horroriza. Puedo refugiarme en mi columna y contarlo, sin la necesidad de mantener la objetividad de la noticia, manifestando mi emoción cuando hablo de un gesto noble, mi espanto ante el triunfo frecuente del mal. La columna está ahí, puedo ser yo en ella y consuela saber que en muchas ocasiones hay lectores que se ponen de tu lado, que se emocionan o indignan casi a coro contigo. 

 

 

¿Tienes una poética, una idea de la columna?

Admiro mucho a Capote, que inoculó el lenguaje literario en el periodismo y que, desgraciadamente, encontró la idea de lo que debe ser una columna antes que yo. Cito sus palabras: me gustaría que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía. Casi nada. Defiendo como él que cada autor, cada autora, es su estilo. No renuncio a él, a ese ropaje que me define cuando escribo, ni en mis cuentos, ni en la novela, ni en mis columnas. 



¿Se parece en algo a un microrrelato, del que eres una consumada maestra?

 

Para mí desde luego que sí. Concibo mis textos literarios breves y mis columnas como un desafío, como el reto que supone luchar contra el espacio que ambos pueden ocupar.  No puedo escribir un microcuento de tres páginas ni una columna que exceda los 1750 caracteres. Esa limitación tan prosaica, sin embargo, conlleva un beneficio. He aprendido a entrenarme en la búsqueda de estructuras, en el recorte de lo innecesario. Me esfuerzo por analizar los matices que debe poseer un adjetivo antes de colocarlo. Busco la eficacia lingüística y estética obsesivamente. Quiero golpear al lector y que se acaricie la mejilla dañada pensando en lo bonita que ha quedado esa herida.

Además, el concepto de tensión es fundamental en estas dos tipologías. Yo imagino cada texto como un goma negra muy  tensa, de la que alguien tira a ambos lados. Si se suelta por una de las dos partes el texto pierde interés, ritmo. Hay que lograr  que los recupere. 

 

¿La periodicidad quincenal, te da más tiempo o no para trabajarla?

A veces viene bien, otras lo que ocurre es que una noticia que te interesaba, que hubieras elegido como tema para la columna, queda ya lejos para la memoria del lector y hay otras más recientes llamando a la puerta. Procuro ceñirme a cuestiones de estricta actualidad, de ahí que en ocasiones apure hasta los últimos segundoa antes de mandarle a la sufrida Picos el texto. Cuando nada de lo que ocurre me resulta lo suficientemente interesante pienso en mí, en lo que leo, en las series que veo, en mi trabajo como profesora, en canciones o personajes que encierran un significado especial. Son mis homenajes, textos con nombre propio que disfruto mucho escribiendo.  

 

¿Cuál sería el vínculo de tus textos con la actualidad?

 

En determinados temas muy evidente. Me manifiesto sin ambages ante cuestiones como el feminismo, la defensa de los animales, apuesto  por un gobierno que defienda la educación y la sanidad pública... Suelo ceñirme a ejemplos concretos relacionados con estos  temas, nombro a sus protagonistas para que nadie los confunda con una fría cifra estadística, para que cuando se cite la violencia de género, por ejemplo, pensemos en Nagore, que era una chica joven que estaba cumpliendo su sueño de convertirse en enfermera cuando se cruzó en el camino de su agresor, un médico que ha vuelto a ejercer su profesión al salir de  la cárcel. Quiero traer de vuelta a la víctima, que pensemos en ella como en nuestra hermana, en nuestra hija, para que sea imposible reaccionar tibiamente ante la crudeza del caso. A Nagore la recuerdan los suyos como una herida abierta. El olvido no debería cerrar esa herida. 

 

 

¿Tienes columnistas mujeres de referencia?

Sí. Admiro a Leila Guerriero, a Marta Sanz, a Cristina Grande, a Irene Vallejo, entre otras. Me gusta leerlas porque son ellas en sus columnas y no se esconden ni asumen máscaras. Hablan de lo que quieren como quieren, convirtiendo sus textos en auténticos ejercicios literarios, en textos muy libres de ataduras, originales, llenos de reflexiones sobre la memoria personal. 

 

¿Cómo defines tu ‘fondo de armario’? ¿Cómo es?

 

Es un libro lleno de amor por las palabras. El lenguaje es un arma, como puede serlo la ropa. Elegimos prendas que nos protejan de la desnudez, que abriguen cuando sopla el maldito cierzo, que aligeren el bochorno del verano.  El armario nació como mueble en el que se guardaban las armas y creo que ha mantenido ese papel. Las palabras son también cálidas o refrescantes, podemos mostrarnos ante el mundo con ellas. Yo compro con frecuencia prendas de un verdeconcreto  del mismo modo que retorno a ciertos temas, los transito a menudo, bien porque me preocupan especialmente, bien porque simplemente disfruto hablando de ellos. 

 

¿En qué medida sería un autorretrato: ahí se ve tu feminismo, combativo, tu coraje, tu sentido del desafío?

Lo es, sin duda, pero no es un selfie complaciente, no es la foto en la que me obligo a sonreír para la posteridad. Hay fondos, paisajes contra los que no me sale mostrar alegría. No quiero autorretratarme impasible mientras hablo de mujeres asesinadas por sus parejas, silenciadas por la Historia. No me apetece fingir que todo va bien cuando en nuestro país sigue ahorcándose a los galgos de un árbol cuando termina la temporada de caza como si fuera un gesto rutinario, inocuo, que nos habla de una maldad enquistada, de una violencia admitida. No quiero que mi autorretrato se quede al margen de ese mundo que hacemos detestable tan a menudo. En esas fotos que son mis columnas no escondo las emociones que siento al hablar de la injusticia, de la crueldad, de la indiferencia, que es una forma secreta de sadismo. 

 

¿Eres más rebelde en las columnas que en los libros?

No lo creo. Debo ir más al grano, limitar el alcance metafórico que en textos más largos sí me permito sin trabas. Soy rebelde porque creo que debemos aceptar el mal como componente básico del ser humano, ese lado oscuro está, claro que sí, pero debe combatirse denunciándolo, atajándolo, reduciéndolo a su mínima expresión. Si admitimos que se materialice y extienda su poder, si no se actúa de forma personal y social contra él, estaremos perdidos. 

Y también estás tú, claro: la novelista, cuentista y lectora, la apasionada del cine. ¿De qué modo dirías tú?

Todo lo que soy aparece en las columnas porque el arte me ha enseñado que la belleza está en el mundo y disfrutarle  es una buena razón para seguir viva. La literatura y el cine, también la fotografía, aparecen en muchos de mis textos como sustancia vital. No son aficiones: son argumentos irrefutables. Mientras un párrafo de una novela se quede con nosotros, mientras la escena de una película nos cuente quiénes somos, mientras necesitemos escuchar una canción para sentirnos a salvo, habrá esperanza. 

 

-¿Qué cosas especiales te han pasado con tus columnas, te escriben mucho, te aplauden, se quejan?

Muchas agradables. Personas que no conozco me saludan en una tienda, me dicen que hace años que me siguen. Compañeros docentes han convertido mis textos en objeto de comentario de temas candentes en sus aulas.  Una anciana dama me dijo el otro día, al final de una presentación, que aplaude a veces y se ríe mucho con mis ocurrencias, que soy muy tremenda. 

 

¿Cuál es tu columna favorita o tus favoritas?

 

Me gusta mucho la que dediqué a Marilyn Monroe, una breve semblanza biográfica donde intenté contar la ternura que siempre me ha producido una mujer tan despampanante y frágil como ella, la protagonista de una novela muy triste, en realidad. 

 

 

10/04/2019 19:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIANO GISTAÍN: PURO TALENTO

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Mariano Gistaín publica su novela más ambiciosa y la presenta mañana 29 de marzo en Huesca, en el Palacio de Villahermosa de Ibercaja

Retrato de un visionario con avatar

 

[Se busca persona feliz que quiera morir. Mariano Gistaín. .Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 255 páginas.]

Mariano Gistaín (Barbastro, 1958) ha vuelto a la ficción en solitario, a su modo, con un personaje errático, desdibujado por la nada, de 44 años y orillado por el amor y el sexo, que decide casi por accidente, o seducido por la publicidad, someterse a la criogénesis, algo que no es una invención.

Mariano Gistaín, que siempre va por delante y tiene la facultad de anticipar el futuro tecnológico, y quizá empresarial (sería el mejor asesor en materia de nuevas tecnologías y periodismo, pero nadie lo ha puesto a pensar en libertad porque es demasiado independiente), constató ya en 2016 que ese sector dedicado a la congelación de cuerpos era un sector emergente e incluso, y no es ciencia ficción o surrealismo, contaban con una web con diferentes ofertas.

El experimento al que se somete el personaje innominado del libro –acuciado por las urgencias o escalofríos de su «yo digital»– le va a llevando hacia diversas mujeres y pruebas. Él no solo es un solitario, sino también alguien atraído por asuntos muy frecuentes en la Zaragoza en que vive: «Inteligencia artificial, drones, impresión 3D, coches eléctricos, hidrógeno, física cuántica, huertos ecológicos verticales, empatía, lanzaderas para emprendedores, consejos y mentorizaciones, energías limpias, aceleradoras de ‘startups’, inversores…». Este es su mundo.

Su curiosidad es mayor que su escepticismo y subraya: «He acabado por creer todos esos preceptos que forman el espíritu –o la materia– de mi tiempo». Su curiosidad también es superior a su escepticismo: «Confieso que las decisiones, en un 99% de los casos, las toma la vida por mí: el Banco Mundial, la empresa, la familia, la tradición, la moda, la publicidad, Hacienda, el navegador del móvil…»

A este sujeto lo citan en un lugar de la calle Bolonia, el Contenedor Creativo, que está dividido en varios contenedores de barco, donde en teoría le harían la criogenización. Así arranca la novela, y podría decirse que el método o la estrategia es genuinamente «made in Gistaín», pero a partir de ahí empieza una suerte de travesía, aventuras y quizá de zozobras, de este ser que va conociendo muchos cosas: la humillación, la esperanza, el desconcierto, la persecución de Hacienda y el amor. La novela mezcla esos diálogos delirantes, hilvanados con constantes hallazgos y juegos de palabras, con una ternura, sentimental, salvaje y secreta.

El personaje descubre que la empresa, que no tardará en contar con socios mexicanos, ha estado haciendo pruebas con gatitos o con un grupo de pobrones. El protagonista se enfrentará a un sinfín de incidencias. Las mujeres serán quienes le llevarán de prueba en prueba: primero Irene, luego Rossi, más tarde Claudia, o Linda, y Edita, y en las fases de la criopreservación, el primer paso para hacia la inmortalización, la novela se empieza a llenar de tramas y subtramas que avanzan como la sinapsis de Cajal. Aquí todo mancha: hasta la soledad del pensamiento. Aparece una secta de escritores negros y un cuento más o menos enigmático de apenas tres folios que perturba las conciencias y los destinos, y el autor crea una especie de laberinto policiaco y científico donde es tan importante un detective que se llama Luciano Gracia, con un hombre vinculado con la base aérea norteamericana, Santos Palacián, como los cuentos de Jorge Luis Borges o ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

Identidad y frío

Mariano Gistaín mezcla muchos registros. Uno de sus temas es, siempre, la identidad. Se plantea la dimensión metafísica y existencialista del sujeto, y reflexiona sobre ello una y otra vez, casi a la manera de Javier Tomeo: con un desvío hacia el absurdo y la anticipación. Es un escritor visionario, realista y fantástico. El protagonista es un sujeto a la deriva, a merced de los otros y de esos avatares interiores que lo convierten en una piltrafa (o ya lo era), magullado en un universo ‘matrix’. Es también un libro de afectos, de paisajes, de humor e ingenio permanentes, y un relato de la vanguardia tecnológica, de los avances científicos, y un prodigio de talento y plasticidad.

Mariano Gistaín y sus editores acuñan un término feliz: «Cibercostumbrismo». El estilo mezcla brillantez, erotismo, ironía y lirismo, y deslumbra por su arsenal de recursos y de talento. Nadie escribe en España como Mariano Gistaín. Lean: «Paseamos con Irene. Nos acariciamos despacio, casi sin pulso, como si fuéramos de cristal. Nos vamos excitando lentamente mientras baja el sol por las colinas del fondo y reverbera en los depósitos cromados de las granjas de cerdos que ocupan todos los horizontes. El olor a purines se clava en el cerebro. Te acostumbras y al final ni lo notas, dice Irene, pasando a la fase B, que todavía es preliminar, pero avanzada. Un tractor enorme curva la tarde».

Antón Castro

 

*Este texto aparecía hoy en ’Artes & Letras’ de HERALDO.

CHESÚS BERNAL: RETRATO DE UN HUMANISTA

Chesús, el intelectual, el filólogo, el escritor

 

 

El político escribió del occitano, de Braulio Foz y Buñuel, hizo enrevistas y firmó un ‘Dicconario aragonés’

 

Chesús Bernal (1960-2019) pertenecía no solo a la Chunta, fue una de sus figuras más emblemáticas, pura pasión y resplandor, sino que también fue un activo constante del Rolde de Estudios Aragoneses y del Consello d’a Fabla Aragonesa. Muchos de sus amigos coinciden en su condición de intelectual: poseía una sólida formación que le llevaba hacia la literatura española y francesa, hacia el aragonés y la literatura aragonesa. Era amigo de muchos escritores de antaño y de hogaño, y a lo largo del tiempo mostró su interes por Joaquín Costa y Braulio Foz. Ya en Rolde, en 1981, publicó el artículo ‘La vida de Pedro Saputo’, y al año siguiente aparecía ‘El araragonés residual de Valtorres’, la localdad de la comarca de Calatayud donde había nacido. O más tarde, aludía a la normalización gráfica del occitano.

Se doctoró con un trabajo sobre el occitano. José Domingo Dueñas recuerda que alguna vez “Chesús decía que le estaba costando hacer la tesis, pero al final la leyó. Siempre le atrajo Francia. No llegó a publicar un libro de la tesis al completo, pero sí publicó varios artículos sueltos”. En ‘Rolde’, en los primeros ños 80, redactó un artículo sobre la normalización gráfica del occitano, tal como recuerda Carlos Serrano, secretario y coordinador de la revista. Antes de que la política le devorase, y el sueño de ocupar espacio en las Cortes de Aragón, donde ofreció siempre lecciones de dialéctica, de preparación política y de pasión por los otros, “con más vehemencia que radicalidad”, hizo diversas colaboraciones en torno a la literatura, la filosofía y la lengua. Con José Luis Melero firmó entrevista José Antonio Labordeta, José Bada o el grupo de pop Alta Sociedad, en el que participaba entonces el escritor Javier Sebastián. En los años 80 escribió sobre el Estatuto de Autonomía y la situacion histórica y contemporánea de Aragón, y firmó algunas introducciones o presentaciones de artículos de Agustín Sánchez Vidal sobre Luis Buñuel.

Carlos Serrano en el número 15 de ‘Rolde’, en el que publica un poema en aragonés, ‘Cutiana ibernada’, con poemas de Ignacio Martínez de Pisón y de José Ignacio de Diego. Chesús decía que se poema estaba trducico del libro desconocido ‘Tiempo de anaya’.

A finales de los años 90, un soplo de Cruz Barrio, la bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona, le hizo saber, a él y a Francho Nagore Laín, de la existencia de un diccionario apócrifo de voces aragoneses. Lograron adquirirlo, intentaron serguir la pista de su recopilaldor anónimo; hallaron una palabra, ‘Petarruego’ (que quiere decir ‘explosión roja’ y que alude a una estrella de la constelación de Orión’, que daría nombre a una colección de Rolde donde se publicará el ‘Diccionario aragonés’, en 1999, con introducción y notas. Carlos Serrano, coordinador de ‘Rolde’, dice: “Veinte años después, hace muy pocos días, en el Paraninfo se presentó en ‘Diccionario de voces aragoneses’ de Josefa Massanés Masnou y se recordó aquel trabajo de Chesús y Francho. En este momento, los dos estaban trabajando en la edición de ‘Razón feita d’amor’ y Chesús estaba muy ilusionado en ese nuevo proyecto”.

Razón feita d’amor’, o ‘Razón de amor’, es uno de los poemás más antiguos de lírica de la Península, hecha la salvedad de las jarchas y las cantigas galaico-portuguesas de amigo, de amor y de escarnio y maldecir. El texto, que se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de París, posee numerosas pala bras aragoneses. Lo firma el aragonés Lope de Moros, Moros es una localidad próxima a Valtorres, y si no se sabe con certeza si el creador o un mero copista. Este poema juglaresco tiene 264 versos.

Chesús Bernal ha sido siempre un gran lector. “Siempre me ha gustado leer mucho, rápido y variado. Me encanta leer cuatro o cinco libros a la vez. Ahora, con tanta trabajo, me es más difícil gozar con la lectura”. Pisón, Miguel Mena, Cristina Grande, Ismael Grasa, Julio Llamazares, su amigo del alma José Luis Melero, Javier Tomeo, José Antonio y Miguel Labordeta y Emilio Gastón, entre otros, fueron algunas de sus debilidades. Mimaba su biblioteca y se sentía muy orgulloso de ella. En otra dirección, otra de sus pasiones era el arte aragonés. Le encantaba mostrar los papeles, los óleos, los grabados que había ido atesorando a lo largo de los años: era una forma de sumarse al cab allo de la historia, de la memoria viva y la sensibilidad creadora de Aragón.

 

POEMAS DE RADA PANCHOVSKA

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RADA PANCHOVSKA

[Búlgara, nacida el 16 de agosto de 1949, es poeta, editora y traductora de poetas aragoneses, españoles y latinoamericanos. Ha estado muy vinculada a la Casa del Traductor de Tarazona, al que suele venir una o dos veces cada años. Por cortesía suya, ofrezco aquí una selección de sus poemas, traducidos al castellano por ella.]

 

 

 

 

DESDE EL BALCÓN

 

                Cuando se nubla la vista

                todo se ve definitivamente claro.

                                               Ángel Guinda

 

En la tienda china de una pequeña

ciudad, abrigada en las faldas pirenaicas,

una mujer árabe velada hasta los talones,

compró para sí misma un teléfono móvil,

con una alegría no disimulada escuchó hasta el fin

las instrucciones de la vendedora

en el idioma extranjero común para ambas,

y lo sujetó bajo el velo/la almalafa al lado de su oreja.

 

Una estudiante ha sido arrastrada en la Tele

lejos de las urnas de un voto no reconocido,

una mujer de edad gritaba en arrebato/abnegación

en medio de la avenida apoderada de trance.

La vecina de enfrente, su cabeza cubierta de un pañuelo,

con dos niñas, todo el tiempo/siempre lava, tiende la ropa,

parece que es feliz a su manera,

no protesta y saluda sonrientemente/alegremente.

 

Una chica y un chico llegaron en taxi

a la estación de autobuses. Mientras pagaba

la chica, el chico encendía un cigarrillo

y después ella corrió para los billetes.

Así es, cada cosa con su tiempo,

los tiempos también cambian.

¡Y en medianoche pasó bajo el balcón

un joven, llevando bajo el brazo un libro!

 

SOLO

 

                Bien lo sé, es mi destino: urdir fantasmas,

                temblorosos perfiles, formas huecas,

                curiosos arabescos que aquí dejo

                sorprendidos, clavados en la hoja.

                Y también estar solo. Estar muy solo.

                                                               Víctor Botas

 

No toda la sinceridad es justa.

Sin un poquitín de mofa se vive difícilmente.

El poeta a menudo se burla del destino

y la soledad se vuelve un iceberg de sueños.

 

Ser solo se sobreentiende por principio.

Solo con todos, simplemente superpoblado.

No sólo le son cercanos, sino son una parte de él.

porque él es el/un ciudadano de toda la tierra.

 

No le es apretada la soledad, le es a medida.

Esclavo de la hoja, él salva del olvido

lo dejado por atrás y lo venidero, pequeño y grande.

Y paga sin cicatear con la vida suya.

 

 

 

RADA PANCHOVSKA - poemas del libro Elegías cósmicas (2018)

 

 

 

 

TODAVÍA

 

Los problemas planetarios están a punto de reemplazar los sociales.

La humanidad se esquiva avergonzadamente de su pasado,

la Tierra madrecita se convierte en una madrastra.

El campo de tiro cósmico que habitamos en el cosmos

impasible, resquebraja la cascara de la civilización,

la cuenta atrás ha empezado. Para un despegue o para un acabamiento,

dime tú, todavía depende todo de cada uno.

 

 

 

 

SOBREVIVENCIA

 

Mientras las capas de hielo del planeta se desploman,

los desiertos avanzan, las fábricas vomitan un humo

del que el aire se asfixia,

 

mientras de los bosques han quedado unos paisajes,

los bienes naturales se hunden más abajo,

las plantas y los animales pierden posibilidades,

 

mientras el harto no cree al hambriento / en tiempos de higos no hay amigos,

los ricos desprecian los pobres o viceversa,

mientras unos pocos lo apilan todo, miles de millones amontonan hijos,

 

el planeta está en sus postrimerías.

 

Estalla en volcanes dormitados,

dibuja flores glaciales sobre los cristales,

 

¿será que ha llegado el tiempo de volvernos a las cavernas

o como los vagamundos cósmicos

fijarnos la mirada en el confín celeste?

 

 

 

 

EL LLAMAMIENTO

 

 

 

¡Oigan!, los políticos,

¡no me toquen el clima!

Es vuestro asunto con su país

que vais a hacer,

pero mientras estáis en este planeta,

habrá que tenérselo en cuenta.

 

Es que La Tierra no es ni nuestra madre, ni madrastra,

y no somos nosotros su preocupación, sino ella a nosotros.

 

Diremos simplemente que ella es un hogar

acogedor por ahora, para todos.

Y nosotros somos unos inquilinos ilimitados

por herencia.

 

Puesto que no habrá quien nos pida cuentas a nosotros,

es preciso firmar un contrato

con nosotros mismos, para seguir viviendo aquí.

Ya que allí de dónde sea que hemos venido,

no podremos volver

algún día.

 

 

 

 

'EL SUEÑO DE LA RAZÓN' DE BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

Las ‘Pinturas Negras’ de Goya son el mejor infierno para activar una mente criminal”



Berna Gonzáles Harbour publica ‘El sueño de la razón’ (Destino), una novela negra sobre el pintor aragonés





Berna González Harbour (Santander, 1965) es una de las damas del crimen en España. Alterna el periodismo en prensa, radio y televisión con la novela negra. Hoy presenta en el Museo del Prado ‘El sueño de la razón’, una novela inquietante de varios delitos que siguen un ritual vinculado a los dibujos y pintura de Francisco de Goya. Uno de los primeros crímenes es el de unos pavos; otro el de un perro semihundido, y otro, el que activa la imaginación de la comisaria María Ruiz -que acaba de volver de Soria, donde ha estado castigada-, es la muerte de un joven: una becaria, Sara Muñoz, Saramú, nacida en Zaragoza y obsesionada con la obra de Goya, tanto que lleva escritos sus lemas o textos en su piel: ‘Volaverunt’, ‘El sueño de la razón produce monstruos’... “’El sueño de la razón’ es una novela dedicada a Goya y recorrida por montones de detalles, algunos más visibles y otros menos, conectados con Goya. Que la becaria sea zaragozana es uno. Goya vino a Madrid y arrancó con pasión y dificultad, como ella”, explica Berna González Harbour.

La novela, en el fondo, es como un laberinto. O una sucesión de laberintos: los personajes recorren casas de okupas como La Dragona, pero también los subterráneos y las alcantarillas de Madrid, y a la vez hay un rastro, nada inocente, de la obra de Goya, desde los cuadros de ‘La pradera de San Isidro’ (1788) y ‘La romería de San Isidro’ (1820-1823) hasta el dibujo ‘¿Por liberal?’ (1810-1881). “Goya para mí es España, el genio que mejor representa lo que podemos ser o frustrar, lo que podemos brillar o ennegrecer, amar u odiar, manchar o admirar. En su obra y en su vida están todas las contradicciones que hoy también han aflorado y estallado en nuestro país”.

Hay novelas de trasfondo goyesco e incluso biografías novelas de la vida del pintor de Fuendetodos, pero nunca se había visto tan claro que su producción pudiese albergar un código secreto para los malvados o los asesinos en serie. Añade la escritora cántabra y subdirectora del diario ‘El País’: “Escribir es crear a partir de la realidad, a partir de deformar los contrastes. Y mi estado de ánimo, el estado de ánimo de mi novela, de mi comisaria María Ruiz y de este país creo que sufre precisamente la distancia entre esos contrastes que Goya nos enseñó. Goya es el mejor telón de fondo posible para una novela negra, la mejor inspiración. Goya es España hoy, no sé cómo no había ocurrido antes. Y las ‘Pinturas Negras’, el mejor infierno para desarrollar o activar una mente criminal”.

Al fin y al cabo, a Goya también le inspiraron el mal y los malvados. Así lo explica la autora: “Son el mal y los malvados de ese tiempo los que precisamente le inspiraron a él a viajar desde las bellas pinturas que hizo para los tapices en sus primeros tiempos hasta las ‘Pinturas Negras’. A lo largo de ese tiempo, cada vez más, fue reflejando los ‘Desastres’, el canibalismo, la muerte, el abuso, el desprecio, la ignorancia”. La novela no es ajena a los ecos de la Inquisición “porque él mismo la sufrió por su ‘Maja desnuda’, porque fue víctima de lo que él y otros de su época intentaban evitar, el oscurantismo, el absolutismo de nuevo”.

En la novela hay muchas más cosas: una fauna de desclasados que la crisis ha descocolado, entre ellos Eloy, que parece un ángel adolescente y enigmático en medio de la inmundicia, y Yago, “un hombre que se obsesiona con el arte hasta el punto de que quiere participar de él a través de la destrucción y no de la creación”. También se habla del impacto de las nuevas tecnologías y del ambiente universitario: “Me interesa el ambiente cainita que se respira a veces en la universidad, la endogamia, la falta de meritocracia. El profesor Salas, experto en Goya, nace de ahí, de intentar plasmar la arbitrariedad en la contratación de una becaria de la que se ha enamorado”.



 

ENTREVISTA CON RAY LORIGA

Ray Loriga (Madrid, 1967) tiene vínculos casi secretos con Aragón. Revela, por ejemplo, que su abuela Concepción Echevarría era de Jaca y que se exilió en Venezuela. En ese país, tan convulso ahora, vivió también su madre, entre los 10 y los 23 años. Como nada es inocente, esos detalles familiares van y vienen en su novela ‘Sábado, domingo’ (Alfaguara), que presentó ayer en Cálamo.

¿Qué recuerdos tiene de su abuela?

Muchos. Pasábamos algunos veranos en Jaca, en casa de algunos familiares. Íbamos al huerto a coger cebolletas y otras hortalizas. Nuestra abuela nos llevaba a mis hermanos y a mí a comprar pasteles típicos de allí. Era una merienda deliciosa. También cosas de sus años en Venezuela.

Que aparece y reaparece en su novela.

Bueno. Hay cosas que están basadas en mi vida y en relatos de mi familia. Muchas cosas que son inventadas: un narrador no puede dejar huérfanos a los personajes y les inventa vidas, hechos, memoria.

Fernanda, una de las mujeres del libro, capital en un miserio del pasado, nació en Venezuela. ¿Hay algún Federico, nombre del protagonista, en su existencia?

No, no. Soy muy amigo de las tres hijas de Francisco García Lorca, Laura, Gloria e Isabel, y he querido hacerle un guiño y recordar a un poeta que siempre me ha emocionado. Por cierto, Federico, cuando era niño, me sonaba como un diminutivo. Lo que sí existió fue una prima que se llamaba Virginia.

-¿Se enamoraba usted de sus primas, como le sucede al protagonista?

-No, no. Estaba muy cómodo con ella, me gustaba su mundo, sus cosas, su sofisticación y su misterio. Más allá de que yo sea un heterosexual más o menos perfecto, me gustaban mucho las amigas de mis primas, su conversación y también sus tebeos. Las chicas leían ‘Judit’, llenas de amor y alegría, y nosotros leíamos a ‘Marvel’, relatos de héroes, peleas y aventuras, pero con poco amor.

-El Chino, el amigo de Federico, tiene algo de héroe turbio.

-Pertenece a ese grupo de gente que hacen las cosas y no piden permiso. Arrambla con todo, parece seguro de sí mismo y de su destino. Lo daba todo por hecho.

Me ha hecho pensar en usted en sus inicios: parco, no sé si desafiante, se ponía el mundo por montera.

Imagino que habla usted de los días de ‘Lo peor de todo’. Era una timidez enfermidad más que un exceso de seguridad o un pecado de arrogancia.

-Chino le llama ‘tontita’ a su amigo Federico...

-Sí. A mí eso casi me resulta encantador, un acto un poco inquietante de sofisticación y a la vez un juego entre los dos amigos. El libro también se plantea cómo a veces los débiles se protegen deliberadamente detrás de los fuertes.

-Sin embargo, aquí cuenta una historia de amor en dos tiempos. Hace 25 años y ahora.

Es cierto. Creo que esta, más que una historia de la culpa, es una historia de la duda, y aquí he buscado una voz natural, la del joven que yo era hace 27 años, para mirar al pasado. Esa voz no he tenido que forzarla: solo la he tenido que recordar. He mirado atrás sin ira. Me gusta decir una frase de Fred Astaire: está escrita como los bailarines que van a bailar como si no hubieran ensayado.

Regrese: Federico es candoroso y se enamora de su prima…

Sí. Y ella se le burla un poco. Antes, cuando pensaba que ella era la mujer de su vida, y ahora. Lo sigue toreando. Él la sublima y ella le advierte, se burla, le dice que no es necesario.

¿Es necesario la sublimación en el amor?

Claro. Si no hay algo de sublimación el amor no es divertido, no tendría el impulso que tiene, esos vaivenes tan gozosos, que animan tantas conversacionwes, esa especie de juego de ping-pong que es la pasión y la seducción. Amar también consiste en entretenerse mucho.

¿Tuvo algún libro en la cabeza?

No. pero sí el mundo de J. D. Salinger, todos sus libros, no solo ‘El guardián entre el centeno’, y los cuentos de John Cheever. Aquí también hay un clima de inquietud.

-Usted es guionista de cine, trabajó con Carlos Saura.

-Fue una experiencia maravillosa. Un productor me encargó el guión de ‘El séptimo día’, sobre los crímenes de Puerto Hurraco. Me pidió que pensáramos en un director y yo elegí a Carlos Saura. Soy seguidor suyo, de veras. Le mandé el texto y quedamos en el café Gijón. Me hacía mucha ilusión colaborar con él. Nos sentamos y me dijo: “¿Te importaría que cambie una secuencia de orden?”. Esa fue nuestra colaboración casi. Durante la presentación de la película fue cariñoso y amable. Ahora acabo de escribir un guión sobre el rey Faysal, joven, para Agusti Villaronga. ‘Born king’ (‘Nacido rey’).

 

JESÚS RUBIO HABLA DE MACHADO

Jesús Rubio Jiménez publica en las Prensas Universitarias de Zaragoza uno de sus libros más exhaustivos: 'La herencia de Antonio Machado'. Aquí explica algunas de las claves del volumen, que aparece cuando se cumplen 80 años de la muerte del poeta en Collioure.

 

-"La herencia de un poeta son sus versos". ¿Cómo son los de Antonio Machado, qué tienen de especial, por qué han llegado tanto?

Seguramente porque inciden en las grandes preocupaciones humanas y lo
hacen con una cercanía que solo los grandes poetas tienen.
Pero también porque se convirtió para unos y otros en modelo -de eso
trata el libro- con lecturas interesadas por unas u otras razones.
Es indudable, además, qu epara los ciudadanos medios tuvo enorme
importancia la labor de los cantautores en unas circunstancias muy
concretas.

-Aunque el libro abarca del impacto del poeta entre 1939 y la muerte de Franco... De manera sencilla, ¿qué significaron en su vida Leonor y Guiomar, bautizada esta por cierto en Zaragoza?

Machado llega a Soria después de una juventud complicada. Encuentra más
que una pensión, una familia acogedora. Y allí una adolescente que lo
conmovió. Se le abrió un proyecto de vida fascinante, que se truncó y
que le afectó profundamente de por vida, acorde con la importancia que
tuvo. El caso de Guiomar es bien distinto.Una mujer con experiencia, pero
indecisa. Un Machado maduro a quien le debió tentar todo aquello. Una
interlocutora interesada en la literatura.
-¿Cómo y por qué se produjo la santificación de Antonio Machado?
Un aparte del libro trata sobre la creación de la imagen modélica de
Machado en distintos aspectos. Construida sobre lo más cotidiano a
diferencia de otros casos en que se construye sobre lo excepcional.
Cercano, inteligible (al menos en apariencia), no desligado d elos
problemas más cotidianos.

-¿Qué es un poeta cívico, cómo se comporta, cómo se lee su obra?
Entramos en el debatido asunto del lugar del intelectual y del artista
en general en su sociedad. En su caso, con creciente preocupación por
los problemas españoles y comprometido en la búsqueda de soluciones;
continuador de la buena tradición liberal institucionista; importancia
del hombre interior y a la vez de la mejora social en los diferentes
ámbitos d ela vida social; con sensibilidad para los menos favorecidos y
crítico con instituciones anquilosadas.

-Antonio Machado decía que ´"la poesía es palabra en el tiempo". ¿Qué quería decir exactamente, por qué es tan importante esa frase?

Somos tiempo, el tiempo que nos queda. La vivencia del tiempo con
conciencia es uno de los grandes temas de la filosofía contemporánea. El
tiempo no como abstracción, sino como vivencia (al fondo filósofos como
Bergson) con sus más y sus menos, con el compromiso suficiente con lo
que ocurre alrededor. Con la intimidad suficiente para hacerse e
intentar responderlas las grandes preguntas de toda existencia.

-Aunque es un poeta que ha influido en mucha gente: el propio Juan Ramón, el 27 o la generación del 50, una de las cosas que llama la atención es que Machado influyó en muchos artistas... De manera global, cómo se podría explicar eso, a quién marcó, por qué ejerció esa especie de protección ética...

Es la antítesis del poeta engreido; era cercano, silencioso y misterioso
a la vez (Rubén Darío dixit); a su alrededor se desarrollo una imagen de
hombre bueno, que además sus circunstancias acenbtuaron y en especial su
destino último.
-Citas y reproduces el gran retrato de Pablo Serrano. ¿Te parece una de las obras más impresionantes dedicadas al escritor?

Sin duda, por su propia potencia estética y por las circunstancias que
rodearon su creación y sobre todo su difusión con el fallido homenaje de
1966; la prohibición hizo que internacionalmente se interesaran mucho
por ella desde Rusia o desde Estados Unidos y que se hicieran diferentes
copias.
-Estás trabajando aquel Palacio, al que cita Machado. ¿Qué te lleva hasta él y qué has descubierto?

Preparando un comentario sobre el célebre poema carta que le envió
empezaron a llamarme la atención algunas cosas: su parentesco por parte
de sus esposas; su coincidencia en algunas ideas y sobre todo que fueron
"hermanos en el dolor" (así se refiere Palacio a Machado más de una vez:
a él se le murieron dos niñas pequeñas (Carmen y Rosario), una antes y
otra después que Leonor; tuvo cerca a don Antonio al igual que él lo
estuvo al morir Leonor; esto creó unos lazos fortísimos entre ellos.
De ahí pasé a intentar saber más de Palacio: su biografía: era aragonés
(nacido en Rasal, Huesca), llegó en 1901 a Soria como funcionario de
Montes y vivió allí hasta 1922 en que se trasladó a Valladolid, muriendo
en noviembre de 1936, de muerte natural). Tengo un dosier ya muy amplio
de documentos desde su nacimiento a su muerte y todos los destinos que
tuvo o los numerosos periódicos españoles y hasta americanos (La Nación
de Buenos Aires) donde colaboró.
Su obra como periodista es enorme; he censado ya uno 1200 artículos de
temática amplia, desde el intimismo más estricto, a la crónica social o
a una preocupación constante por asuntos regeneracionistas: la educación
(era maestro y fue profesor en escuelas de magisterio), las
comunicaciones (ferrocarriles), agricultura (pantanos, riegos, reforma
agraria, comercio de cereales); un costista trasplantado a Castilla
donde fue sin duda uno de sus mejores periodistas de temas agrarios; con
un nivel de escritura más que aceptable.

-¿como ves esa confrontación que algunos han querido hacer entre el conservador Manuel y el republicano Antonio?¿Cuál es tu valoración de ambos como poetas?

Forma parte de la discutida herencia con bandos enfrentados, familia
escindida (unos hermanos en el exilio, otros en España). Son dos buenos
poetas, aunque Manuel más interesante en los primeros años, después
perdió impulso.

-¿Les importan a las nuevas generaciones poetas como Machado?

Quiero pensar que sí, pero sin duda menos que a generaciones anteriores
como la mía, la nuestra.

-¿En qué invita a pensar su muerte en el exilio?

En cuan difícil es la convivencia en nuestro país donde la tolerancia no
acaba de enraizar. Basta mirar otra vez un poco alrededor. Hay quienes
se reservan el derecho a decir qué es ser español y qué no. Y la
facilidad en que están dispuestos a cambiar las palabras por pistolas.
Diálogo (pero no apariencias de diálogo urdidas por impostores) y
tolerancia son indispensables para la convivencia. Y diría más, para la
supervivencia. Diálogo con el otro y con uno mismo.

 

MARIANO GISTAÍN: UN DIÁLOGO CON SU NUEVA NOVELA DE FONDO

OCIO Y CULTURA

Mariano Gistaín: "Para un escritor la realidad

es fascinante, lo peor es tener que vivirla"

El autor barbastrense, nacido en 1958, columnista de HERALDO, del diario '20 minutos' y de 'Letras libres', regresa a la novela con ‘Se busca persona feliz que quiera morir’ (Limbo errante).

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¿Qué pasó con el escritor Mariano Gistaín de libros como ‘El polvo del siglo’ o ‘La mala conciencia’ en todos estos años?

He publicado con mi mujer, María Pilar Clau, que sigue vendiendo ejemplares de su longseller ‘La sobrina’. Juntos habíamos publicado ‘Agua y cielo’ o el ensayo ‘Lo mejor de Zaragoza’. No es fácil publicar este subgénero que me gusta –parece ciencia ficción casera pero luego sale un chino y edita el genoma en vivo–, y por eso agradezco a los editores de Limbo Errante, Víctor y Beatriz, su entusiasmo. Los veo tan contentos que hasta a mí me parece que el libro es bueno.

-Usted ha sido un precursor de internet, de los blogs, de la apuesta por las nuevas tecnologías, el ‘big data’, tan presente en su novela. ¿Cómo le ha afectado, qué le ha dado y qué le ha quitado?

Lo mejor de aprender HTML fue publicar en 10lineas.com la web de Labordeta y de tantos amigos en el año 2000 (aún se pueden ver esas páginas arqueológicas en Archive.org, incluyendo la antología de Alfredo Saldaña y Antonio Pérez Lasheras sobre Miguel Labordeta, con dibujo de Cano). Lo mejor de aquel frikismo fue poder frecuentar a Forges en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca, que ahora anuncia su XX edición.

“He de decir que tengo 44 años y que me dedico a desaprender”. Así se define el protagonista de su novela… ¿Qué es lo que quiere desaprender?

Es admirador de Carlos Barrabés, que en alguna ponencia recomienda y practica desaprender con humildad.

Por cierto, he visto que la criogénesis, que sale en la novela como un tema central, es algo más que un delirio futurista, que existen investigadores y empresas que la ofrecen…

En 2016, cuando transcurren los hechos que cuenta el narrador, ya había en Valencia una web con ofertas. Hay varias empresas, es un sector emergente. Congelar la cabeza es más barato que el cuerpo entero. Nuestro mito de Walt Disney de la infancia se hace realidad, al menos en la primera parte. Ya veremos si resucitan.

¿Qué ha significado el Contenedor Creativo para usted y para Zaragoza, el de la calle Bolonia?

Un local alucinante que crearon dos amigos románticos: Fernando Vicente y Santi Jiménez solo quieren disfrutar de la vida, aprender, ser felices sin machacar a nadie… son unos santos laicos. Trajeron el mar a la calle Bolonia en forma de contenedores de barco. Tomeo, Labordeta y Félix Romeo hubieran disfrutado en ese hangar.

El protagonista de “Se busca persona feliz que quiera morir” dice que lleva cinco años sin hacer el amor y aquí parece resarcirse con varias mujeres: Irene, Rossi, quizá Claudia, Linda... ¿Cuál es el papel que juegan las mujeres en el libro en la vida de un hombre que parece conocer todas las derrotas?

Jóvenes científicas que operan al margen de los circuitos oficiales (esto ya lo inventó Mary Shelley) y que dependen de la financiación siempre azarosa, nada nuevo. En cierto modo es una novela empresarial, como todo ahora, o sea, realismo cuántico. Claudia, inversora global muy respetada en la ciudad, impone su ley a las jóvenes científicas. En esta novela las mujeres ya mandan. Linda, por ejemplo, dirige una agencia que fabrica realidades. El protagonista está desbordado por los hechos… y por Hacienda… pero le llega una buena racha sexual, lo que aumenta su perplejidad. Por ‘espoilear’, al final triunfa el amor, pero en otro formato.

Con la aparición de Claudia aparece también un giro capital en el libro: la presencia de Santos Palacios, que trabajó para Estados Unidos y conserva las llaves de la Base Aérea.

Ese hombre existe, yo hablé con él. Llevaba la compra a las mujeres de los pilotos americanos de la base, y a ellos los llevaba de juerga por Zaragoza. Pero nunca tuvo un contrato. Ese hombre escribió un informe delirante y luego desapareció.

Y surge un cuento que conduce a una sociedad o hermandad literaria secreta… ¿Ha querido meter una investigación policial, con homenaje incluido a Chandler y su libro ‘El largo adiós’, o plantear un texto que es tan literario como científico?

La vida misma, que se mezcla ella sola, y eso es lo bueno, la variedad, lo inesperado. Hay un personaje que tiene una empresa de limpieza y como se aburre ejerce de detective cultural: colecciona bombas de la guerra, busca el cráneo de Goya y usurpa el nombre de un poeta porque no le gusta el suyo.

¿Esa forma tan peculiar de ver el mundo, es del protagonista o del propio narrador? ¿Vivimos en una época de máxima deshumanización?

Al revés, nos estamos esforzando más que nunca en ser humanos, cuidadosos… Ahora matar o tirar colillas al suelo está muy mal visto socialmente. Quizá porque somos más civilizados, o porque nos sentimos vigilados. Creo que esta novela es hiperrealismo mental, cosas que pensamos o que nos piensan, cosas que nos pasan o nos van a pasar.

¿Cuál es para usted la importancia del humor?

El humor sale solo y nadie sabe lo que es. Como decía Buñuel, hay que dejar algo al misterio. Mi mujer se ha reído leyendo un párrafo de la novela así que ya estoy bendecido. La novela es buena y soy feliz.

El personaje principal es un auténtico fracasado… Cita a Ignatius Reilly. ¿Vivimos en un mundo que nos despersonaliza y nos roba el alma?

Yo no lo veo fracasado. De hecho, sería un personaje dichoso si le tocara la lotería. La ansiedad existencial y la angustia nihilista se pasan yendo de compras o tomando una cerveza. Houellebecq, que puede hacer ambas cosas, es un impostor. Pero no hay tiempo, no hay dinero… o no hay ninguna de las dos cosas. Eso lo refleja bien la novela, creo.

¿Qué pretende con la novela?

Todo lo saco de los periódicos y de los ensayos gordos que me pasan para acercarme a las corrientes de pensamiento. Desde el 11-S las agencias secretas privatizadas de Estados Unidos, y luego de los demás países, son el mayor negocio. La vigilancia da más empleo o subempleo que todo lo demás. Facebook tiene decenas de miles de precarios subcontratados censurando cosas a toda velocidad. Tienen treinta segundos para decidir si eliminan o no una foto o un texto. Para un escritor la realidad es fascinante. Lo malo es tener que vivirla.

¿Sabe dónde nos lleva este mundo cibervanguardista y no sé si utópico o distópico?

De momento estamos esperando a que la inteligencia artificial o seres de otros mundos nos den alguna pista. No vemos futuro.

Mariano Gistaín.José Miguel Marco

¿Cómo definiría a la Zaragoza de la novela? ¿Es tan moderna como parece proponer?

Zaragoza, que tiene una base americana dormida, utilizable en cualquier momento, y un campo de maniobras (gratis) de la OTAN es pieza esencial de la defensa de la Metrópoli y de Occidente. Zaragoza y Aragón son un mundo increíble. Paco Bono lo explica muy bien en su libro “El discreto encanto de la economía aragonesa”. Noticia de hoy: Saica ha comprado una fábrica en Turquía. Hay mucho talento investigando a tope. Tengo en el móvil la frase de Paul Knapp en Heraldo el otro día: “Zaragoza tiene todo para ser feliz, por eso me quedé”. Y si hay dudas, recurrir siempre a Labordeta.

FICHA DEL LIBRO

‘Se busca persona feliz que quiera morir’. Mariano Gistaín. Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 253 páginas. 

ELOY FERNÁNDEZ DESPIDE A GONZALO MÁXIMO BORRÁS EN ANDALÁN

Ha muerto Gonzalo M. Borrás Gualis

Eloy Fernández Clemente

Andalán.es

En la muerte de nuestro gran amigo y compañero en mil batallas (incluida este humilde web, como puede el lector consultar en nuestro archivo), uno de sus más antiguos compañeros evoca su figura, obra y pensamiento.

Conocía y quería a Gonzalo Borrás desde hace más de sesenta años, cuando el futuro catedrático e investigador, aragonés de Valdealgorfa, era un brillante seminarista en el Mayor de Zaragoza y su padre teniente de la Guardia Civil en Andorra, mi pueblo. Frecuentaba a sus tíos Pedro Mompel y Carmen Gualis, él maestro en el poblado de la Calvo Sotelo, como los míos, Manolo Franco y Josefina Clemente, que vivían al lado. Hicimos juntos los comunes de Filosofía y Letras. Y largas conversaciones sobre todo lo divino y humano nos acompañaron: sólo hace unas semanas han terminado, al verle marchar, sereno y lúcido hasta el final. 

De su carrera profesional, en la que ocupaba uno de los más respetados y prestigiosos lugares entre los catedráticos españoles de su especialidad, baste decir que, discípulo de Francisco Abbad y luego colaborador íntimo de Federico Torralba, al que sucedió, contribuyó decisivamente a crear y consolidar la rama de Historia del Arte, promover un valioso equipo de profesores, desarrollar excelentes cursos de estudios propios, defender como pocos nuestro rico pero expoliado y ruinoso patrimonio artístico, y analizar desde muchas perspectivas y en todas sus épocas el arte aragonés.

Tras su tesis de licenciatura en 1971 sobre La Guerra de Sucesión en Zaragoza (lo mejor sobre ese decisivo hecho), llegaron sus trabajos de campo, inventariando archivos o monumentos de Soria, Teruel, Calatayud, Borja, el arte románico en Aragón, los capítulos de 1982 sobre la Zaragoza musulmana y La ciudad gótico-mudéjar en la Guía que dirigía G. Fatás, o el análisis en 1984 de los Catálogos e Inventarios Artísticos de Aragón; sus monografías sobre pueblos y ciudades de Aragón.  Una de sus mayores preocupaciones fue la de divulgar con rigor, publicando a veces en colaboración libros de enorme éxito como el Vocabulario de términos de arte (con G. Fatás), Saber ver el arte (con Isabel Álvaro y Juan F. Esteban); su aportación al tomo Introducción General al Arte (Istmo, 1980); sus cursos en el ICE y en la Universidad de la Experiencia y las conferencias de los eméritos, en la serie “Mirar un cuadro” de TVE, en su Teoría del arte de Historia 16, sus tomos sobre El arte gótico para Anaya, traducido al italiano, para Espasa y para Alianza, su estudio con Fatás del célebre dibujo de Wyngaerde en el libro Zaragoza 156.

 

Fue sabio en muchas cosas, por lo que es difícil reexaminar su vasta y dilatada obra, de profundos y bien transmitidos conocimientos. Publicó, generoso, en una amplia serie de revistas de prestigio (mimó Artigrama donde publicó “La Historia del Arte, hoy” o “El papel del historiador del arte en la conservación y restauración de monumentos y obras artísticas”) y participó en numerosos encuentros, seminarios, simposios; en libros en homenaje a muchos profesores jubilados amigos. Sus alumnos recuerdan sus magníficas clases, sus legendarias visitas guiadas, las tesis doctorales que dirigió, su capacidad de entusiasmo y laboriosidad, que le llevaban a desempeñar numerosos trabajos de mucha más responsabilidad y esfuerzo que reconocimiento o retribución.

Pero, sobre todo, ha sido el gran estudioso del mudéjar, descubridor de su enorme interés y singularidad, difusor en bellísimas y decisivas publicaciones de lo que ha logrado sea hoy, declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad. Citemos desde su primera síntesis en 1978, Arte mudéjar aragonés (Guara), los fastuosos tres volúmenes que, con el mismo tìtulo, editaron el Colegio de Arquitectos y la CAZAR en 1985, con cientos de planos, dibujos y fotografías; y una docena de importantes libros hasta la  Guía del mudéjar en Aragón, DGA, 1990, de la que hay versión francesa) hasta 1991 en que coordina y redacta el Epílogo del libro Teruel mudéjar, patrimonio de la Humanidad (Ibercaja) y en 1996 coordina El arte mudéjar, que editan la UNESCO e Ibercaja. Y desde ahí, por vínculos y explicaciones, se convertiría en un gran especialista en el arte islámico en general, análisis sobre el arte musulmán, desde su celebrado y singular libro sobre La Alhambra y el generalife (1989) a varios títulos prestigiados, algunos con colegas como Juan Sureda y Joaquín Yarza.

No rehuyó Gonzalo ningún compromiso cultural o político. Miembro de la Junta de Fundadores de Andalán, del Partido Socialista de Aragón, teniente de alcalde en el célebre primer ayuntamiento democrático que presidía Ramón Saínz de Varanda. Colaboró decididamente conmigo en cuanto le pedí: en Los Aragoneses (1977), la Guía Secreta de Zaragoza, director de sección en la Gran Enciclopedia Aragonesa y autor de dos espléndidos tomos (la primera, feliz síntesis, de Historia del Arte en Aragón) en la Temática. Durante diez años dirigió con ejemplaridad, delegando, fiándose de su gente, logrando respeto y anuencia en los políticos, el Instituto de Estudios Turolenses, al que dio brillantez y eficacia. Luego hizo lo mismo como director de la Institución Fernando el Católico, en la que reclamó mi colaboración para realizar una idea suya: la Biblioteca Aragonesa de Cultura. Amaba Aragón con racionalidad y hondura; la cultura aragonesa, sin adjetivos, sin capillas, sin provincialismos ni localismos cerrados.

Escribí hace veinte años que reunía Gonzalo una serie muy estimable de virtudes humanas y científicas contrapesadas por sus opuestos no menos importantes: viva inteligencia y excelente memoria, entusiasmo por las cosas y tempero, claridad de ideas y firmeza en defenderlas, empeño decidido por aquello en que creía pero sin alharacas ni fanfarrias, excelente buen humor y seriedad absoluta en lo profesional. Y tuvo, además de la compañía de un mujer amorosa y sencilla, culta y divertida, buenas costumbres de ser humano asequible y cercano, como haber siempre tiempo para atender a un amigo, pasear por parques y canales, dormir siesta religiosamente, y jugarse la cena en un buen guiñote.

Le recordaremos siempre, añorando sus consejos, su buen humor y su gran sentido de la amistad.

 

 

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EN LA MUERTE DE GONZALO BORRÁS. BREVE AUTOBIOGRAFÍA

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BREVE AUTOBIOGRAFÍA

DE GONZALO BORRÁS

 

Natalio Bayo, que lo retrató en varias ocasiones, ha sido uno de los grandes amigos artistas de Gonzalo Borrás; De él decía hace unos días en HERALDO: "Gonzalo Borrás ha sido clave en mi vida y en mi obra. De él destacaría dos cosas: lo mucho que sabe, y lo cercano que es; qué bien narra la creación, con claridad y sabiduría.Él y Federico Torralba han sido para mí quienes mejor han sabido contar el arte”. Sánchez Vidal, Concha Lomba o Amparo Martínez, pongamos por caso, lo han reconocido como uno de sus maestros. Gonzalo Borrás, que acaba de fallecer a los 78 años, era uno de los grandes expertos del mundo en arte mudéjar, pero también ha sido un estudioso de la obra de Goya y comisarió, entre otros proyectos, una exposición del grupo ‘Pórtico’. A continuación, se ofrece una suerte de autobiografía, elaborada a partir de varias entrevistas con él, la última para el libro de los 75 años de la Institución ‘Fernando el Católico’, que dirigió entre 2001 y 2005 con el deseo de proyectar su gran sueño imposible: la creación del Instituto Aragonés de la Cultura.

 

EL HISTORIADOR. “Empecé a trabajar en el curso 1967-1968 en el Instituto de Calatayud como profesor adjunto interino de Geografía e Historia. Era un puesto de trabajo que me ofrecieron y que acepté porque en ese año había iniciado la realización de mi tesis doctoral sobre el Mudéjar en los valles del Jalón y del Jiloca. La inicié en el año 1966, y dejé de pertenecer al departamento de Historia Contemporánea, de Carlos Corona Baratech. No eran exactamente departamentos, eran cátedras. Pasé de la cátedra de Historia Contemporánea a la cátedra de Historia del Arte de Francisco Abbad Ríos, que había sido profesor mío y tenía un método muy peculiar: los alumnos le dábamos clase a él. Y yo, porque él era un profesor difícil y exigente, le di un curso completo.

 

DE LA HISTORIA AL ARTE. “El cambio fue muy sencillo. Bajando por las escaleras de la facultad me preguntó don Francisco Abbad Ríos: ‘Borrás, ¿quieres ser ayudante de Arte?’. Le dije: ‘Sí, don Paco, porque es lo primero que me ofrecen’. Decidí, de acuerdo con Abbad y con el grupo de personas que estábamos en la cátedra, renovar los estudios de Arte mudéjar en Aragón. Para ello acoté una cuenca mudéjar al valle del Jalón y del Jiloca. La tesis se titulaba: ‘Mudéjar en el Valle del Jalón y del Jiloca’. La defendí en marzo del año 1971 antes de que falleciera Abbad, que murió en enero de 1972. Él estuvo en el acto de defensa de la tesis, entonces los directores estaban en el tribunal.

 

FEDERICO TORRALBA. “Mi vinculación con la institución empezó en 1972 con la llegada a Zaragoza, como catedrático, de Federico Torralba. Era el director de la cátedra Goya, de la IFC. Le tenía mucha admiración. Sobre todo en su visión de la Historia del Arte, en sus planteamientos; podían considerarse poco académicos desde una perspectiva tradicional, la habitual en los catedráticos de universidades. Era un hombre que estaba interesado en el arte contemporáneo, en el arte actual, en las artes decorativas, en las artes extremo-orientales, especialmente en el arte japonés. Era una persona que cubría un amplio espectro de la historia del arte que yo no había visto hasta entonces.

 

INSTITUTO DE ESTUDIOS TUROLENSES. “Dirigí el Instituto de Estudios Turolenses de 1985 a 1995. Desde el punto de vista organizativo, la coordinación de todos los centros culturales de la provincia de Teruel. No necesariamente comarcales ni territoriales sino los que había. Se integró en todos los estudios turolenses desde el de Alcañiz y el del Jiloca, hasta gentes como el arqueólogo Paco Burillo, y sobre todo la revista Turia, con Ana María Navales y su actual director, Raúl Carlos Maicas. La revista ‘Turia’ ha podido sobrevivir gracias a la negociación para que se alojara en el seno del Instituto de Estudios Turolenses. Eso para mí es una gran satisfacción: haber podido integrar a todo el mundo. Con cualquier tipo de criterio que estuviera trabajando en cultura. Desde el punto de vista creativo, sin duda las ‘Cartillas Turolenses’”.

TERUEL. “En Teruel he recibido todos los reconocimientos posibles. Estoy muy agradecido. En 1995 me hicieron un acto de despedida cuando me marché. Y me regalaron un cuadro muy bonito que está en el Instituto, lo hizo Natalio Bayo”.

 

INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO. “Dirigí la Institución ‘Fernando el Católico’ de 2001 a 2005. Ahí hice una labor continuista y leal. Guillermo Fatás dejó más de 200 libros comprometidos en la IFC. Todos se publicaron. Para que se haga una idea, yo me pasé casi todos mis años en la dirección publicando los compromisos de Guillermo Fatás Cabeza, que puede estar bien tranquilo. Tuvo un sucesor que, con una fidelidad absoluta,  cumplió todos los compromisos que se habían adquirido. (…) Yo tampoco introduje ni creé ninguna distorsión ni a los jefes de sección ni a nadie. Procuré incentivar a todo el mundo y que todo el mundo se sintiese plenamente representado en la nueva dirección y que nadie tuviera ningún problema y, de hecho, todo eso funcionó maravillosamente”.

 

LA BIBLIOTECA ARAGONESA DE CULTURA. “Le pedí a José Antonio Labordeta que nos preparase en la Bolsa de Madrid una comida con Manolo Pizarro, porque le quería plantear un proyecto de Biblioteca Aragonesa de Cultura. Labordeta aceptó porque tanto él como Eloy habían sido profesores de Manuel. Pizarro se ofreció de manera inmediata, porque a mí no me conocía prácticamente pero a ellos les tenía auténtica veneración. En la comida le expuse el proyecto y él aceptó, me dijo: ‘Eso está hecho, poneos a trabajar’. Eloy en estos momentos, en el seno de la Institución FC, se abrió una nueva sección que se llama Biblioteca Aragonesa de Cultura, que no iba a depender de nadie, ni siquiera de la IFC. Eloy iba a ser el director plenipotenciario, con presupuesto de Ibercaja. El proyecto era para hacer 50 volúmenes bajo su dirección. (…)Una vez desarrollado el proyecto, que empezó en septiembre de 2001, le di a Eloy una de las pocas cosas que me parecían fundamentales, la tesis de Salvador Victoria, en la que era muy importante la etapa de París”.

 

INSTITUTO ARAGONÉS DE LA CULTURA. “Acabé con la IFC simplemente con una carta de dimisión al presidente Javier Lambán. Le decía que al no poder impulsar mi proyecto de Instituto Aragonés de la Cultura, desde la IFC, y acuciado por otras obligaciones académicas ponía mi cargo a su disposición. Tan a su disposición que estuvo más de un año sin nombrar a nadie. Lo cual demuestra que no hacía falta”. 

 

LECCIONES DEL PARANINFO. “Yo siempre había admirado las famosas lecciones que dan en universidades norteamericanas profesores de mucha sabiduría.  Hicimos tres ciclos. El primero de Juan José Carreras, de Historia, que fue maravilloso. Otro, de Domingo González, de Física, sobre los fractales, que fue una cosa excepcional; lo que pasa es que este es un territorio a físico y acientífico. Hicimos también uno de Medicina con Rafael Gómez Lux. Es decir, profesores de reconocido prestigio que se iban jubilando y que daban lecciones en el Paraninfo”.

 

EL MUDÉJAR. “Lo defino como el que se queda, el que permanece, aquel al que se le autoriza a quedarse mediante un pacto, un vasallo tributario. Los mudéjares eran, por lo regular, moros vencidos de origen aragonés, aunque también había árabes de diversas procedencias. “Básicamente, era una población autóctona la que se expulsó del país, cuya historia se remontaba al año 710, incrementada con población bereber y de otras etnias. El período mudéjar se iniciaría entre 1085, cuando se produjo en Toledo la capitulación islámica ante Alfonso VI, y concluiría en 1610, el año de la expulsión de los moriscos”.

 

EL ARTE MUDÉJAR. “Se trata de un legado de calado y amplitud. Hasta ahora se había despreciado lo más importante: la decoración. El arte mudéjar es decoración. En el arte mudéjar todo está revestido, sobre cualquier material y a cualquier escala, con inscripciones (el árabe es la forma de la palabra divina), con decoración geométrica, y ahí abundan los lazos, las estrellas, las formas vegetales, siempre estilizadas. El ciudadano, ante esta representación, no tiene que pensar ni discurrir: disfruta, se emociona”.

 

AUTORRETRATO. “Natalio Bayo  nunca se ha conducido como un artista, sino como un trabajador gráfico (…) Para mí ha sido un privilegio compartir tantas tardes de colaboración con él, en las que se iban consolidando nuestras afinidades electivas, y durante las que ambos nos autodenominamos ‘obrericos’ del libro y de la ilustración, con nuestro habitual saludo de entonces de ’obrerico’ uno(Natalio) y  ‘obrerico’ dos’ (un servidor)”.

 

SOLEDAD PUÉRTOLAS: UN DIÁLOGO

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“Un escritor nunca está sosegado”

“En literatura nadie, nunca, te regala nada”

“Los enfermos morales, por lo general, son los otros”

“Tengo una sensación de extranjería con el mundo”

“Los relatos familiares son de misterio y a menudo escalofriantes. Y están envueltos en silencio”

“Escribir no es solo escribir: es dejar la mente un poco en el vacío”

“La memoria parece que es más detallada, más ajustada, y el recuerdo lo escoges tú, de ahí que muchos de mis libros sean como ráfagas”

 

Antón CASTRO

Es jueves en la Real Academia Española de la Lengua y todas las salas están ocupadas. Nos reservan para charlar la deslumbrante biblioteca de Antonio Rodríguez Moñino y María Rey. Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947), académica desde 2010, aparece con un tomo menudo sobre Baroja, Lúcida melancolía (Ipso, 2017), un título que también se ajusta bien a la fragilidad de esta mujer que ganó el Premio Planeta en 1989 con Queda la noche y el Premio Anagrama de ensayo con La vida oculta (1993), un libro que la define. Ella es enferma crónica, misteriosa y solitaria. Huye de la escritura torrencial, le gusta envolverse de silencio y tiene un vínculo secreto con el azar.

-Dejemos hablar al azar. Empecemos por Pío Baroja. He leído que le marcó la niñez.

-La niñez, no sé. Más bien la adolescencia. Fue un descubrimiento. Nunca lo tomé como un autor clásico, sino como una continuación de mis lecturas, no me enfrenté a él con la sensación de que era de otro tiempo.

-¿Era un autor de su época madrileña ya?

-No, no. Es de mi época en Pamplona. Lo leí en ese entorno, en aquellos felices y largos tres meses de verano que solía pasar con mi familia en Pamplona. Era alguien que vivía cerca de la casa de mi madre en Vera de Bidasoa, como un personaje de mi familia, se hablaba de él en mi casa. Creo que empecé por Zalacaín, el aventurero y El mayorazgo de Labraz. Me gustó tanto que empecé a comprarme con mis ahorros, que no sé donde salían, los libros de Biblioteca Nueva, encuadernados en rojo, y a veces mi tía Sole, mi madrina y tan decisiva en mi vida, me regaló varios. Hacia los 20 años tenía toda la colección.

-¿Qué le atrajo de él?

-Entré en él a continuación de los libros iniciales, de los cuentos, de la novela policial de Agatha Christie, etc., hacia el filo de los 16 años. Me encontré con un lenguaje que era muy cercano, entendía esa voz barojiana.

-¿Por qué se titula el libro Lúcida melancolía?

-Porque eso es un poco Baroja, no. Yo quería buscar un título que expresara lo que para mí significa Baroja, y vi una lucidez en él y una melancolía, y a la vez también hay muchas otras cosas, pero creo que predominan esos asuntos. Es una mirada melancólica de quien no está contento, del que busca otra cosa. La melancolía es algo que se añora y no sabes qué es, es una enfermedad dura. La melancolía es la añoranza de lo imposible. Pero luego lucidez es lo que te permite, a partir de esa melancolía, percibir que tampoco es para tanto, que hay otras cosas, que no conviene desesperarse. Hay humor, hay poesía, hay mucha poesía en Baroja, mucha, interés por la vida; los tipos que desfilan por sus libros son descritos con enorme vivacidad.  Baroja está más interesado en la vida de lo que él cree. O de lo que él dice creer.

-La vida, dicho sea de paso, es la materia de Soledad Puértolas. Lo repite siempre.

-A Rosa Chacel le preguntaron de qué tratan las novelas, y dijo: “Las novelas no tratan de nada”. Está muy bien la contestación, pero quiere decir que las novelas tratan de todo. ¿Una novela es una historia, es un desenlace? Es una especie de mirada a la vida. Y de eso va mi narrativa.

-¿En qué momento se dio cuenta de que quería ser novelista propiamente? De niña ya escribía historias terribles de incendios, catástrofes, de terror…

-Quizá a la vuelta de Estados Unidos, de California, ya con un hijo, Diego, poco antes de morir Franco, fue cuando vi que la narración, la narración novelística, era el terreno que me interesaba mucho. De repente, me encuentro escribiendo una novela y percibo que eso me alivia, que me abre un camino para dirigir todas las inquietudes literarias que tenía. Hasta entonces había escrito poesía, cuentos, fragmentos de no sé sabía qué.  La novela era un cauce.

-¿Cómo fue la época americana en cuanto a formación, a experiencia, a percepción del mundo? ¿Qué aprendiste en Estados Unidos?

-Fueron tres años y son difíciles de resumir. Entre 1971 y 1974. Aunque se han quedado como en un paréntesis en mi existencia, tengo la impresión de que la vida se amplificó en todos los sentidos. Aquello no era mi familia, no era mi ciudad, no era mi pequeño mundo con mis dificultades, pero era muchísimo más que todo eso. Y se impuso una alegría de vivir mucho más palpable en todos los que me rodeaban. O así lo percibí yo.

-¿Percibía más alegría de vivir en California que en España?

-Muchísima más, sí. ¿Se puede imaginar la tristeza del contexto español? Nosotros llegamos a California, aún existía el movimiento hippie y entonces veías la música, los bailes, la naturaleza. Sí, sí. El mundo era distinto, no se parecía nada al laberinto de conspiración que vivíamos aquí. Aquí era Franco y contra Franco, y punto. Eso era todo. Aquí era aquello de “cómo se hace la revolución, cómo nos oprimen”, etc. Todo era verdad, pero era tremendo. Llegué allá y te encontrabas con más cosas: poder cantar, poder andar en bicicleta, disfrutar de la naturaleza. Disfrutar de la naturaleza creo que es de las cosas que más me dio California. Yo vivía en Isla Vista en Santa Bárbara, un barrio de estudiantes… Está arriba de un acantilado, en un barrio de casas bajas, sofás en la calle, música a todas horas, aquello era alegre, implicaba querer disfrutar de la vida. Íbamos a conciertos importantes: los Grateful Dead, Pink Floyd … Había muchos conciertos en el campus, nos sentábamos en el césped, con el niño recién nacido y, claro, era como desembarcar en un mundo inusitado…

-¿Qué leyó en esa época?

-Literatura española, ja, ja, ja. Como me metí en el Departamento de español, por fortuna, eso me permitió subsistir. Me dieron un trabajo y una beca para estudiar. Estuve con José Luis Aranguren y con Arturo Serrano Plaja. Fue cuando leí yo toda la literatura clásica española, de la que solo había leído fragmentos. Ahí me metí en El Quijote, en Don Juan, en San Juan de la Cruz, en Quevedo, en todos los clásicos.

-No deja de ser paradójico que se fuese al extranjero a descubrir la literatura española.

-¡A quién se le ocurre! Pero me vino bien, gracias al entusiasmo que te contagiaban aquellos profesores. Tuve una relación muy especial con los dos. Ellos estaban deseosos de tener alumnos interesados en la literatura española, alumnos que no fueron solo los americanos y, además, yo ya tenía la pulsión literaria. Fue estupendo. Ambos se tenían mucha simpatía pero no participaban del mismo mundo. Serrano Plaja era muy estricto, vivía en la propia ciudad de Santa Bárbara, mientras que Aranguren vivía en el barrio de estudiantes y era mucho más poroso con los estudiantes. Eran dos mundos en los que me sentí muy aceptada y muy estimulada. Tuve mucha suerte.

-¿Cómo fue el regreso a España?

-Fue poco antes de la muerte de Franco, y ya atisbé la España que iba hacia la Transición y no me dediqué, durante un año, más que añorar California, a maldecir el momento en que decidí volver. No se puede imaginar qué decepción volver a este país tan triste, en el que todo costaba tanto. Mi marido Leopoldo Pita pensaba lo mismo. Estábamos perplejos los dos. Fue horrible, pero fue una decisión que tomamos.

-¿Tuvo mucha participación en la Transición? La llamó el ministro Javier Solana.

-Eso fue mucho más adelante. Yo me sentía lejos de todo lo que estaba pasando en España, tenía esa nostalgia californiana que me duró mucho tiempo.  Lo que usted dice fue en 1982 y ya tenía otro hijo. Yo andaba en busca de trabajo, siempre haciendo remiendos, artículos, entrevistas, reseñas, comentarios, asomaba la cabeza por donde podía, para ayudar a subsistir. Y entonces ganaron los socialistas, y me dijeron que llamara yo al ministerio, que estaba Javier Solana preguntando por mí, y entonces efectivamente me dieron una cita. Me recibió y me dijo que iba a ser la encargada de hacerle los discursos, con otras personas. Me dejó atónita…

-¿Se conocían mucho?

-No, qué va. Nos conocíamos un poco por la familia. Tenía mucha amistad con un hermano suyo. Estuve con él creo que unos tres años. No llegué a completar la legislatura. Publiqué Burdeos (Anagrama, 1986) y creo que ya me fui porque, verdaderamente, yo no tengo ninguna vocación para estar cerca del  poder. No es lo mío. Empecé ayudando a hacer los discursos y poco a poco fui abriendo un campo nuevo que era el español en el mundo, me responsabilicé de esa área… Estaba contenta y aislada de la política, pero con todo veía que me quitaba mucho tiempo, y decidí que no valía la pena y que prefería centrarme en los libros.

-En 1980, si me permite decirlo así, casi como fogonazo apareció El bandido doblemente armado, que había ganado el premio Sésamo en 1979.

-Bueno, un fogonazo para los demás, para mí no. Bueno, estaba dentro de lo que yo estaba buscando. Menos mal que ocurrió. Yo estaba ahí, escribiendo y escribiendo como una posesa. Desde que llegué de Estados Unidos no paré de escribir. Tenía que darme a conocerme a conocer. El bandido doblemente armado fue la gran sorpresa y lo que yo andaba buscando. Tenía que salir, por narices. Y salió. El premio Sésamo era muy importante entonces.

-¿Le marcó caminos, le abrió muchas puertas, no?

-Esas cosas no se saben. Las puertas se volvieron a cerrar inmediatamente. En la literatura nunca he tenido la sensación de que los caminos estén allanados, ni que haya puertas abiertas. La puerta se abre y se cierra inmediatamente.

- Yo he tenido la sensación de que ha sido muy importante lo mucho que la ha mimado, la ha querido y la ha admirado Jorge Herralde, el editor de Anagrama.

-Ya, claro, sí, pero eso más tarde de El bandido doblemente armado. Tener un editor que te motiva, te estimula, y que le gusta lo que haces es impagable. Nunca me ha metido ninguna prisa, no es ese editor que te dice: “¿Qué estás haciendo ahora?”. No, jamás. Conmigo no lo ha sido. Solo que cada vez que le ha presentado un libro le ha gustado y eso me ha permitido seguir publicando y quizá algo más segura. Es un alivio inmenso.

-¿Y no se está como más sosegado?

-No crea. Yo no estoy sosegada nunca. Un escritor nunca está sosegado. Nadie te regala nada y nunca están las puertas abiertas. Lo creo y lo he vivido así, y además me parece lógico. La literatura nadie te la pide. No escribes una novela, pues no pasa nada. Saldrá otra. ¿Sabe usted cuántos novelistas hay en España? Vivimos rodeados de escritores. En España casi todos somos escritores. ¿Entonces? Sí, me ha dado mucha alegría que cada vez que he entregado un manuscrito lo ha aceptado y lo ha publicado. Y siempre he recibido esa aceptación con sorpresa. No he perdido mi capacidad de sorprenderme por eso. Escribir y que me publiquen aún me asombra. Tengo muchas decepciones, y quién no las tiene, es cierto, pero también tengo la alegría de gustar siempre o casi siempre. A Jorge Herralde, claro. Con todo, en este oficio nunca hay que dar nada por sentado.

-Ha dicho que todas las claves, todas las obsesiones, los temas, que ha tenido a lo largo de los años ya estaban en esa primera novela.

-Sí, claro, es normal. Es un compendio de todo lo que llevaba en mi cabeza. Estuve escribiendo desde que llegué desde Estados Unidos, que no acababa de cuajar. Es una novela sintética, breve, está todo muy comprimido, y de cada capítulo ves que hay un germen de muchísimo más. De mi mundo, de mi contención, de lo que me interesa: las relaciones, las admiraciones no correspondidas, los misterios de las personas que viven a nuestro lado, y por qué se suicidan o se enamoran o esperan, o qué se llevan con ellos cuando se mueren. La contención era una reacción contra un tipo de literatura que aún estoy en contra, que es la del torrente.

-De repente la infancia, la juventud, la adolescencia, empiezan a aparecer con mucha fuerza. Sobre todo en los cuentos: Recuerdos de otra persona, Gente que vino a mi boda, La corriente del golfo.

-Ya en El bandido doblemente armado están mis historias, retazos enmascarados de mi vida. Lo que sucede es que el cuento es un espacio mucho más manejable y puedo centrar el interés en un corto espacio de tiempo y en un lugar concreto, suelo escribir de cosas más pegadas a mi realidad, menos simbólicas. El cuento, al menos para mí, es menos simbólico. Tiene ese punto más realista. La novela, al ser una construcción, una casa, una arquitectura, siempre adquiere unas características más simbólicas. Podía ser al revés… Podía ser un cuento simbólico, que los hay.

-En 1982 publicó La enfermedad moral (1982), su primer volumen de relatos. Es un título que la define muy bien.

-Sí. No es mío: me lo dio mi marido Polo Pita. A veces es él quien me da los títulos. Un día, hablando de un pintor, Andrea del Sarto, en una biografía suya, se decía que su mujer tenía una potente enfermedad moral. Le impresionó tanto que me lo contó, y yo me pregunté qué misterio era aquel. ¿Qué sería? No lo explicaba más. Y me quedó eso como algo que definía mi propia relación con el mundo. Yo tengo que decir que los enfermos morales, por lo general, son los otros. Yo soy muy moralista, en el fondo. Tengo una moral muy fuerte.

-¿Qué quiere decir, qué implica eso?

-En que juzgo. Y una persona me parece que hace bien o hace mal. Y soy severa. Juzgo mucho, internamente; otra cosa es que me obligue a ser comprensiva a partir de ahí. Pero yo juzgo, y tengo más intolerancia interna de la que luego trato de manifestar.

-Usted, que recuerde, no ha tenido polémicas con nadie, ni disputas…

-Pero por eso. Como soy intolerante, en el fondo tengo que esforzarme por no ser así. Sí, sí, soy tremenda. Y para mí el enfermo moral es el que no sabe discernir entre el bien y el mal. Yo, desgraciadamente, lo sé, lo que pasa es que luego relativizo y tengo una potencia mental, o lo que sea, para convencerme de que todo esto es producto mío, de que es algo emocional. Tengo que luchar contra eso porque no sé por qué me arrogo la capacidad de juzgar.

-Pienso en su último libro, Chicos y chicas (Anagrama, 2016), y veo que hay muchos seres que tienen enfermedades morales.

-Sí, casi todos. Claro, y por eso me interesan esos personajes. Porque no los entiendo. Los enfermos morales son los que yo no entiendo… La enfermedad moral es no saber lo que es el bien y el mal. Y eso es una cosa difícil de saber. El bien y el mal es una convención. Los personajes pues se van haciendo con sus pequeñas enfermedades morales. Los más enfermos son aquellos que no entienden nada, que son fríos como témpanos, y que o hacen ningún esfuerzo por comprender a los demás. Yo no me considero una enferma moral porque me esfuerzo mucho por entender. Primero juzgo, tengo una opinión, y luego me esfuerzo para no juzgar, tengo que limar mucho mis juicios. La vida te marca mucho, y mis circunstancias también.

-Su segunda novela fue Burdeos (Anagrama, 1988).

-Burdeos es el extranjero. Es la ciudad extranjera. La idea del extranjero está en todo lo que escribo. Yo tengo una sensación de extranjería con el mundo. Burdeos es la ciudad que no conozco y que quiero desentrañar a través de mis personajes. Eso ya aparecía en El bandido doblemente armado, con nombres californianos y con cosas de Zaragoza, que es una combinación rara. Fuimos una vez con mi padre a Burdeos. Íbamos de camping pero rara vez de hotel, y en Burdeos estuvimos en un hotel. Recuerdo la imagen de asomarme al balcón y decir: “Estoy durmiendo en una ciudad francesa”. Era una sensación curiosa y casi la increíble.

-Otro de sus asuntos es la familia.

Siempre aparecen las familias. Es muy difícil prescindir de ellas.

-Sí, claro, pero en su caso es casi más importante lo que no cuenta que lo que cuenta.

-Desde luego. En las familias hay más misterio del que se dice. El misterio está en el seno de la familia, no solo en el exterior. Para mí el misterio empieza por la familia. Y yo soy una escritora del misterio. Los relatos familiares son de misterio y a menudo escalofriantes. Y a menudo están envueltos en el silencio.

-Para entonces ya había asimilado una determinada literatura, europea y norteamericana, Tabucchi, Stendhal, Salinger, el mundo del cine la había calado…

-El lenguaje del cine más que el mundo del cine. La manera con que el cine cuenta las historias sí. Nos da retazos, fragmentos. Yo no escribo como Tólstoi, contándolo absolutamente todo, que es maravilloso, por cierto, ya quisiéramos, hoy ya contamos con muchas imágenes, no solo el mundo del cine. Estamos rodeados de imágenes, no nos podemos regodear en las imágenes cuando las vemos ya. Hay un tipo de cosas que escribo que funcionan más con imágenes que con palabras.

-¿Nunca ha escrito guiones de cine?

No. En principio no me interesa nada. Hay tanta gente metida en el tinglado que yo no me veo capaz de lidiar ahí. Soy muy solitaria. Por eso a lo mejor me dedico a escribir. Me pierdo, no sé, me disuelvo. Necesito estar a solas. No me siento recluida para toda la vida, soy comunicativa, pero ese mundo me supera.

-Abordemos la aventura Planeta, ganó el premio en 1989 y publicó otra novela, Días del arenal, ¿qué significó para usted?

-Me dio más dinero del que yo nunca me imaginé que podría ganar con un libro. Y lo agradezco. Fue importante. La sensación de no ganar dinero es una de las sensaciones que tenemos todos los escritores. Para mí aquello fue una satisfacción personal. Me sentí gratificada. Y luego tuve la sensación de ser leída. Por otra parte, es verdad, me expuso en primera línea en la línea de la publicidad y la promoción, entrevistas, y eso es muy insatisfactorio porque nunca te encuentras reflejado del todo. Ni por lo que dices tú ni por lo que escriben o interpretan los otros. También ahí te sientes extranjera.

¿Tuvo la sensación de que perdía prestigio?

No. Esas son cosas que no me planteaba entonces ni ahora. No le dedico ni un segundo.  

-En 1993, ganó el premio Anagrama de ensayo con La vida oculta.  Ese libro es de mis preferidos con Una vida inesperada (Anagrama, 1997) y La señora Berg. (Anagrama, 1999). Fue como regreso a casa, ¿no?

-Se ajustaba al premio y volví.  Nada traumático. Jorge Herralde lo entendió. La vida oculta es un libro meditativo, de confesiones. Es un libro que surge del silencio. Creo que lo necesito para escribir y para vivir. Las reflexiones me centraron mucho y fueron capitales para mi escritura. Y Una vida inesperada y La señora Berg, novelas de ficción, también surgieron del silencio. En el fondo, yo no soy del todo yo, soy una persona que escribo. No voy a mostrarme a los demás. Me guardo lo que escribo. ¿Soy yo lo escribo? Sí y no. Hay una especie de mundos paralelos, lo que escribo y lo que vivo, y ambos son como una extraña doble vida. El azar es muy importante, me pesa. Me cuesta una barbaridad salir de mi mundo. Espero más. Me esfuerzo mucho. Yo soy una enferma.

¿Por qué aceptó ser académica en 2010?

Si te lo ofrecen, no vas a decir que no. Es bonito, me gustan muchos las palabras, escribo reflexiones, algún día publicaré mis cosas sobre el lenguaje. Pero venir aquí todos los jueves es muy duro para mí. Soy una enferma crónica desde niña. Tuve tifus a los tres años. No tengo defensas, lo cojo todo. Estoy siempre enferma. Rara vez me encuentro bien. En plenitud. Entonces, viajar, ir a los sitios, salir de mi casa me cuesta mucho. Hay enfermedades peores que la mía, por supuesto, pero eso no me quejo de nada.

La enfermedad, a secas, sin adjetivo, está en casi todos sus libros.

Una vida inesperada gira alrededor de la enfermedad. Y muchos relatos míos giran en torno a la enfermedad. Sin embargo, no me lo suelen recalcar. Creo que la enfermedad no se acepta. A mí me dicen que tengo cuento. No me acaban de creer. Me duele todo. Y tengo mis diagnósticos.

-Hablemos de la La señora Berg…

Es una novela sobre la admiración, el deseo, lo estimulante… Lo que de verdad no estimula son las personas. Eso es así. La Señora Berg es uno de mis personajes a los que les tengo mucho cariño. Sí, yo, como el joven, también siendo admiración por ella. Te causa como un alivio. Ese personaje me acompaña y es un motivo de vida también.

-Muchos de sus libros son autobiografías enmascaradas.

-Este de Baroja mismo, Lúcida melancolía. Bueno, en realidad, a veces hago libros de recuerdos. Yo no les llamaría ni libros de la memoria o diarios, son de recuerdos. El recuerdo es la invención, es lo que escoges. La memoria parece que es más detallada, más ajustada, y el recuerdo lo escoges tú, de ahí que muchos de mis libros sean como ráfagas. Confío mucho en la mente en reposo. Escribir no es solo escribir: es dejar la mente un poco en el vacío. Necesita silencio y apartamiento, y ahí, en ese territorio, cuajan las cosas. Sigo escribiendo. Acabo de entregar una novela, esencialmente de mujeres, que transcurre entre 1934 y 1969; creo que saldrá en otoño. Tengo 70 años y sigo en la brecha, con la sensación de que ya soy una señora a la que debe mimarse un poco. Soy mayor, con mis dolores y una nueva sensación de libertad.

 

*Esta entrevista se publicó en la revista 'Eñe', en 2018, cuando la dirigía Luisgé Martín.

 

JESÚS RUBIO HABLA DE 'LA HERENCIA DE ANTONIO MACHADO'

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2019/02/12/jesus-rubio-jimenez-antonio-machado-antitesis-del-poeta-engreido-1292083-1361024.html

"La herencia de un poeta son sus versos". ¿Por qué llegan tanto los de Antonio Machado?

Seguramente porque inciden en las grandes preocupaciones humanas y lo hacen con una cercanía que solo los grandes poetas tienen. Pero también porque se convirtió para unos y otros en modelo –de eso trata el libro– con lecturas interesadas por unas u otras razones. Es indudable, además, que para los ciudadanos medios tuvo enorme importancia la labor de los cantautores.

Aunque el libro abarca de 1939 a 1970. ¿Qué significaron en su vida Leonor y Guiomar?

Machado llega a Soria después de una juventud complicada. Encuentra más que una pensión, una familia acogedora. Y allí, una adolescente que lo conmovió: Leonor. Se le abrió un proyecto de vida fascinante, que se truncó y que le afectó profundamente de por vida. El caso de Guiomar es distinto. Era una mujer con experiencia, pero indecisa, y una interlocutora interesada en la literatura. Y él, un Machado maduro a quien le debió de tentar aquello.

¿Cómo y por qué se produjo la santificación del poeta?

Una parte del libro trata sobre la creación de la imagen modélica de Machado en distintos aspectos. Construida sobre lo más cotidiano, a diferencia de otros casos en que se construye sobre lo excepcional. Cercano, inteligible (al menos en apariencia), no desligado de los problemas más cotidianos. Tuvo sensibilidad para los desfavorecidos y fue crítico con instituciones anquilosadas.

Antonio Machado influyó en muchos artistas... ¿Por qué?

Es la antítesis del poeta engreído; era "cercano, silencioso y misterioso a la vez" (Rubén Darío ‘dixit’); a su alrededor se desarrolló una imagen de hombre bueno, algo que, además, sus circunstancias acentuaron y en especial su destino último.

Reproduce el retrato de Pablo Serrano. ¿Le parece una de las mejores obras que le dedicaron?

Sin duda, por su propia potencia estética y por las circunstancias que rodearon su creación y, sobre todo, su difusión con el fallido homenaje de 1966. La prohibición hizo que internacionalmente se interesaran mucho por la obra desde Rusia o Estados Unidos y que se hicieran diferentes copias.

Trabaja sobre José María Palacio, al que cita Machado. ¿Qué le llevó hasta él y qué ha descubierto?

Preparando un comentario sobre el célebre poema-carta que le envió, empezaron a llamarme la atención su parentesco por parte de sus esposas; su coincidencia en algunas ideas y, sobre todo, que fueron "hermanos en el dolor". Así se refiere José María Palacio a Machado más de una vez: a él se le murieron dos niñas pequeñas, Carmen y Rosario, una antes y otra después que Leonor; tuvo cerca a Marco al igual que él lo estuvo al morir Leonor; había unos lazos fortísimos entre ellos.

¿Qué ocurrió luego?

De ahí pasé a intentar saber más de Palacio. Era aragonés (nacido en Rasal, Huesca), llegó en 1901 a Soria como funcionario de Montes y vivió allí hasta 1922 en que se trasladó a Valladolid. Murió en noviembre de 1936, de muerte natural. Su obra como periodista es enorme; he censado ya unos 1.200 artículos de temática amplia, desde el intimismo más estricto, a la crónica social o a una preocupación constante por asuntos regeneracionistas y agrarios.

¿Cómo ve esa confrontación que algunos han querido hacer entre Manuel y Antonio Machado?

Forma parte de la discutida herencia con bandos enfrentados, familia escindida (unos hermanos en el exilio, otros en España). Son dos buenos poetas, aunque Manuel, más interesante al principio, después perdió impulso.

Importan a las nuevas generaciones poetas como Machado?

Quiero pensar que sí, pero sin duda menos que a generaciones anteriores como la mía, la nuestra.

¿En qué le invita a pensar su muerte en 1939 en el exilio?

En lo difícil que es la convivencia en nuestro país, donde la tolerancia no acaba de enraizar. Hay quienes se reservan el derecho a decir qué es ser español y qué no. E invita a pensar en la facilidad con que están dispuestos a cambiar las palabras por pistolas.

 

*La foto es de Guillermo Mestre.

 

DIÁLOGO CON SANTIAGO LORENZO

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Santiago Lorenzo: "Uno tiene que aspirar a
pasárselo bien en el cielo y en el infierno"

El escritor (Portugalete, Vizcaya, 1964) autor de una de las novelas del año, ‘Los asquerosos’, recibió el viernes, en el Teatro Principal, uno de los premijos Cálamo.

 

 

Dice usted que no sufre, que es un escritor del placer y la diversión…

¿Eso ha leído de mí? En ocasiones, en mi vida personal, me han pasado muchas cosas… Cada vez menos dramáticas. Y cada vez que las recuerdo se me hace gracioso ese tío que está sufriendo ahí. Por eso me salen las novelas así. Yo me lo paso fenomenal escribiendo, en efecto, me cuesta trabajo no hacerlo. Pero sí, en mi vida pasada me han pasado cosas muy chungas y se me hace divertido recordarlas.

¿Se le hace divertido, se ríe de usted mismo?

Sí, me pasa que me acuerdo de cafradas que me han pasado, que me hecho yo o que me han hecho y que, cuando ya han pasado, me provocan grandes carcajadas. 

¿Usted tiene referencias, escritores que le ayuden?

A mí me gusta mucho leer a Benito Pérez Galdós y a Ramón Pérez de Ayala. Mucho. No sé por qué. Me parecen muy graciosos, grandísimos cómicos los dos, con esa cara tan seria que tenían…

¿Le divierten sus textos, de verdad?

Me parece que hay textos de ambos que son mucho más graciosos que el programa de Alfonso Arús, que no tiene ninguna gracia.

Ahora que dice eso, ¿cuando se está en un pueblo importa la televisión?

Yo no tengo tele. Veo un poco la tele en el ordenador pero de forma muy restringida. Todo te parece como si no consiguieras darle visos de realidad. Como si fuera una gran mentira.

¿Por qué se fue al pueblo? ¿Para encontrarse a sí mismo, por tranquilidad?

Por todo un poco. Me fui el 1 de agosto de 2012. Llevo seis años.

¿En qué se parece usted a Manuel, el protagonista de ‘Los asquerosos’?

En el afecto por la austeridad y en poco más. Él es un valiente y yo no lo soy. Él es mucho más joven que yo, le doblo la edad, y él está empeñando en investigar cómo es la soledad. A mí la soledad no me preocupa y me parece una gozada. Cuando voy a una ciudad, Valladolid, Bilbao o Zaragoza, llamo a mis amigos y me lo paso muy bien, claro, pero en realidad paso más tiempo solo que acompañado. Y soy feliz. Uno tiene que aspirar a pasárselo bien en el cielo y en el infierno.

Su libro, al margen de sus elementos satíricos y de esa propuesta de una vida extrema, también  parece que tenga algo de vuelta a la Arcadia…

En el libro se dice que no hace falta vegetación ni vida animal para construir la Arcadia de la que se habla en el libro. Se llega incluso a decir que el páramo de Chernobil, donde ya no hay nadie, también valdría. Hay un bucolismo de la soledad, pero creo que no hay un bucolismo de la naturaleza. Para disfrutar del placer de la naturaleza, mucho mejor que leerlo en un libro, es meterse en ella de cabeza. No hay una reivindicación sobre la naturaleza. No hay que ser bobos leyendo sobre ella, cuando la tienes ahí al lado y te está esperando. Es fabuloso ir a no mancharla y a disfrutarla.

Vamos a ver, usted en el libro cuenta la historia de un hombre, Manuel, que se despoja de cosas y cosas, y que hace un canto a la sobriedad, y a la vez surge algo y tampoco es tan feliz.

A la mitad exacta de la novela todo esto se quiebra por varias razones. ‘Los asquerosos’ no es un manual de supervivencia, es una novela de ficción donde, a un sujeto que está muy a gusto, le rompen el escaparate, le cagan los pájaros en la cabeza, todo se le tuerce. A mí me gustan las novelas en las que pasan cosas, en las que hay cambiazos y giros, y en efecto, en la mitad exacta de la novela, todos los logros del protagonista se van a ir por el sumidero. Pero va a tener suficiente corazón para responder a ello y hacer frente a la situación nueva.

Su libro, que es muy divertido y desternillante, es difícil de leer, hasta que se le coge el tranquillo. Hace usted creación de lenguaje, recupera palabras, fuerza la sintaxis… ¿Por qué hace todo eso?

Creo que tiene algo de razón, sí. Y la respuesta es que uno acepta su repipismo (de repipi) de la mejor manera posible.

Pero un repipi es como un afectado sin sustancia, ¿no?

Ese soy yo. Yo soy de lenguaje barroco y me tengo que dejar llevar. Intenté leer a Mújica Láinez y lo tuve que dejar. No podía con él. Yo he sido muy feliz leyendo ‘El Buscón’ de Quevedo, por ejemplo. El lenguaje me sale así de manera espontánea, lo fundamental para mí es no forzar absolutamente nada. No busco palabras en desuso, están en mi cabeza y salen. Si mi lenguaje distancia al lector, qué le voy a hacer. Las novelas están ahí para quien las quiera coger. Siempre vendo más de lo que pensaba.

¡Hombre!

A veces tengo la sensación de que el editor me paga más de lo que me debe.

Explíquenos que quiere decir ‘mochufa’, esa palabra que acuña.

La ‘mochufa’ sería como una celebración, sería como la sacramentalización de la horterada. Es la gente que grita y la gente que se cuela. Los caseros cabrones que están ahí intentando chuparte la sangre. La ‘mochufa’ es esa especie de dominguero al cubo.

Veo en su libro observación sobre la sociedad en la que se percibe la mirada de alguien que desconfía…

Eso está muy bien. Más que crítica de la sociedad, yo tengo desconfianza de la sociedad. Con la dosis de miedo que significa la desconfianza. Sí, ese es Manuel, alguien que desconfía de la sociedad.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/12/30/santiago-lorenzo-uno-tiene-que-aspirar-pasarselo-bien-cielo-infierno-1285034-1361024.html

*La foto es de Guillermo Mestre.

SERGIO ROYO: UN DIÁLOGO

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[El zaragozano, profesor de inglés, publica su segundo libro, ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018) y traduce a la poeta norteamericana Lyn Coffin en la antología ’Esta vida verde’ (Pregunta).]

-Si piensas en la literatura, ¿qué imágenes iniciales te vienen a la cabeza?

Una taza de café, una ventana abierta en un piso y una librería con los libros desordenados

-¿Cuál ha sido la importancia del deporte en tu vida?

Me ha ayudado en momentos difíciles y en el día a día hace que me desahogue. No me imagino lejos del deporte, del mismo modo que no me imagino lejos de la literatura.

-¿Cómo has vivido tu adolescencia y la ciudad, que está muy presente en tus relatos?

Creo que hablo mucho de la adolescencia y de la juventud porque la tengo (las tengo) todavía recientes.  Se forja mucho de lo que somos y vas encontrando tu forma de mirar el mundo. En mi caso, la intensidad siempre ha estado ahí. Respecto a la ciudad, soy inevitablemente urbano. Eso hace que tenga muchas lagunas, claro, pero también que me fije en quien camina por la calle, en cómo será su piso, en su día a día laboral en la ciudad. Observo la ciudad como quien se detiene en un paisaje de montaña y exploro lo que me causa.

-¿Cómo dirías que nace el escritor, qué sucedió, cuáles fueron los estímulos más importantes?

Creo que tú no encuentras a la literatura, sino que la literatura te encuentra. Hubo cosas en mi vida que no comprendí, y cuando no comprendes algo, tienes que explorar cómo te sientes. A partir de ahí surgen inquietudes, formas de ver el mundo, y las sacas. En mi caso, la literatura es consecuencia. No sé muy bien de qué.

-Eliges magisterio y eliges ingles. ¿Por qué?

Todavía no lo sé. Suena ambicioso, pero creo que cuando eliges enseñar, es porque te crees que tienes algo que enseñar. Algo distinto. Eso es lo que solía decir. Poder hacer mella en la gente es algo bonito, muy bonito. No es tan distinta la enseñanza de la literatura: buscas llegar. Respecto al inglés, siempre me ha apasionado su ritmo, su expresión, sus letras. Cada día veo series en versión original y combino una lectura en castellano con una en inglés. De momento, no hay otro idioma que me haya gustado lo mismo.

-¿Cómo nació tu primer libro, ‘El dolor del cristal’ (Pregunta, 2016)? Era un libro intimista, un tanto desgarrador, lírico…

De dentro, de muy dentro. Cuando no tienes experiencia para contar historias, lo que cuentas son tus miedos, tus inquietudes más reales. En el último cuento narro el fallecimiento de mi abuelo, le pongo voz a lo que creo que él me habría dicho en su final, cuando ya no podía. Unos días más tarde, en el complejo, imprimí unas treinta copias y desaparecieron al momento. Todo el mundo se emocionaba, reconocía a mi abuelo. Entonces me planteé en serio que tenía que intentar publicar, que, de verdad, podía llegar a la gente.

-¿Por qué adoptaste el género del cuento como expresión?      

Porque el cuento es un fogonazo, una idea brillante, que permite focalizar tus esfuerzos durante un tiempo y después pasar a otra historia. Cuando eres poco constante o no tienes demasiado tiempo, como es mi caso, es el género ideal. Esto implica, por otro lado, que tienes que tener varias ideas buenas y que se sostengan, mientras que en la novela, tal vez, con desarrollar una y ser estructurado, te puede bastar.

-En un sentido estético, ¿cómo entiendes el cuento, cuál sería tu poética, si la tuvieras, quiénes serían tus modelos?

A nivel local, tengo que nombrar a Carlos Castán y Óscar Sipán. Son dos escritores de relato que me apasionan en su concepción de la nostalgia. Expandiendo horizontes, dos de los cuentistas que más me llegan son Raymond Carver y Alice Munro. Creo que los cuatro se fijan en lo cotidiano y en lo que a todos nos inquieta aunque lo hagan desde perspectivas muy distintas. El cuento, para mí, tiene que rasgar.

-¿Para quién se escribe? ¿Se hace desde la sinceridad, de la necesidad o desde la conciencia artística?

En mi caso, la sinceridad y la necesidad son clave. No tanto la conciencia artística, no me siento y digo “estoy creando arte”. Sí que desnudo mis pensamientos, o lo que creo que cualquier persona puede pensar. Soy sincero incluso en la mentira, porque creo que incluso al ser falso y al ocultar, estamos desvelando nuestra forma de entender la vida. Y la necesidad, por supuesto, lo he dicho varias veces, escribir me salva cuando siento que nada más lo puede hacer.

-De repente, das un salto y con ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018), sales de ti mismo y miras el exterior. ¿Qué pasó, habías crecido, habías madurado?

Creo que mis dos libros publicados, sin duda y literariamente hablando, “Viviendo en tiempo brutal” tiene más calidad. Me parece que soy más inteligente en mi forma de contar las historias y que también exploro más temas. La infidelidad, las dobles caras, el cambio y la incertidumbre, nuestras propias contradicciones. Hay un personaje que dice “sí” cuando quiere decir “no” y viceversa.  Hay más relatos de personajes, más trama, manteniendo la reflexión que creo que es lo que me define como autor. Como persona no lo sé, pero literariamente, creo que “viviendo” es más maduro.

-¿En qué es brutal para ti este tiempo?

Podríamos ir a lo obvio, la situación precaria y las dificultades para la juventud, la esclavitud tecnológica, la poca personalización, los conflictos ideológicos…pero más allá de eso, creo que lo brutal de este tiempo no es distinto a lo “brutal” en tiempos de Baroja: ese “de repente” que te cambia la vida, ese imprevisto que te deja con la palabra brutal en la boca. Por mucho que nos cueste admitirlo, en un segundo puede cambiar todo. Es lo que le pasa a los personajes, por eso ese verso, por eso brutal.

-Ensanchas atmósferas y escenarios, amplías los temas y los personajes… hay una mirada exterior. Y a la vez dices que todo eso no es lo esencial en ti. ¿Qué es lo esencial para Sergio Royo?

Encontrar momentos en los que eres tú mismo, sin tener que pensar nada más. Conectar con lo que quieres conseguir, que no te falten los tuyos, estar de acuerdo con uno mismo. Supongo que sería eso, con todo lo que conlleva que es mucho.

-Se habla mucho de la juventud. Que si está formada, que si no, que si no está comprometida, que si es esclava de las nuevas tecnologías. ¿Cómo ve un joven a los jóvenes?

Es una enorme pregunta. Con recelo, claro, con algo de desconfianza. No sé qué nos lleva a comportarnos como nos comportamos, en redes sociales, en el día a día. Pero creo en el talento y también creo que no todo está perdido: conozco a mucha gente comprometida y que se cuestiona las cosas. Creo que eso es lo primero, cuestionarse el mundo.  A partir de ahí, todo es posible.

¿Temes eso que se repite tanto, que vais a ser mucho más pobres que vuestros padres y vuestros abuelos?

No me lo planteo, de verdad. Hago cada día un ejercicio de vivir el día a día, aunque no lo consiga, y desconozco la situación de generaciones pasadas. Intentaré no serlo, claro, poder vivir bien.

-¿Qué te aporta Zaragoza, cómo la vives?

Durante una época, le cogí manía. Se me quedaba pequeña, no me encontraba. Pero cómo ves la ciudad en la que vives no es más que un reflejo de cómo te ves a ti mismo. Quiero mucho a Zaragoza, sé que sus calles me siguen sorprendiendo, es una ciudad cómoda. La vivo preguntándole “qué me deparas hoy”.

-¿Cómo surgió la idea de traducir a la poeta norteamericana Lynn Coffin en 'Esta tierra verde' (Pregunta)?

Mis editores en Pregunta me lo propusieron.  Yo no la conocía, pero ellos sabían de mis “estudios ingleses”, que me gustaba traducir algún poema por hobby. Surgió como un favor personal, después se convirtió en un proyecto ambicioso.

-¿Cómo defines a esa escritora?

Traduje una antología, con todo lo que eso conlleva. Muchas voces en una, evolución en la obra, diferentes etapas. Pero diría que es una autora ambiciosa y que bebe mucho de las referencias, muy rica intertextualmente. Creo que ese sería un buen resumen.

-¿Qué le aporta a un escritor un trabajo de traducción, cómo has vivido la experiencia?

Escuché en una entrevista que “la traducción es imposible” pero, al mismo tiempo, “todo puede ser traducido”. Traducir es reescribir, es jugar y explorar el lenguaje. En este sentido, creo que traduciendo creces como escritor, como quien entrena sin darse cuenta de que lo está haciendo.

Estamos en vísperas de Reyes. ¿Qué tres libros eligirías y por qué?

Esta pregunta es muy complicada, pero como está tan de moda lo de las listas, diré tres de las lecturas que más he disfrutado en 2018:  ¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?, de Laura Ferrero, “Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente, y “La pasión”, de Jeanette Winterson. Podría nombrar la última novela de Miguel Ángel Zapata, “arquitectura secreta de la ruinas, “mundo extraño” de José Ovejero… muchos libros que me han gustado por muchas razones. Y, por qué no, ya que tengo este espacio, recomendar “el dolor del cristal” y, especialmente “viviendo en tiempo brutal”, cuya promoción caduca con 2018. Regaladlos, que así conoceréis nuevas voces. Y leed, leed mucho, que nos hace mejores, o al menos nos hace cuestionar lo que somos.

 

*La foto es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de HERALDO. 

05/01/2019 18:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

AITOR GABILONDO: DE LA SERIE 'PATRIA'

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Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974) está de moda. O parece un elegido por los dioses de las series televisivas. Hace no demasiados días se estrenaba ‘Permiso para vivir’, con “un exuberante y carismático José Coronado”, y a la vez trabaja en un proyecto que no le deja vivir: ‘Patria’, la novela de Fernando Aramburu, que se acerca al millón de ejemplares vendidos; la última edición lleva un prólogo del propio Gabilondo, que tiene muchos más proyectos en la cabeza y en el ordenador, y que acaba de crear una nueva productora: Alea Media.

-También, a usted, le han interesado los narcotraficantes. Aún tenemos frescos ‘Fariña’ y ‘Narcos’…

-Es cierto, pero ‘Permiso para vivir’ es bastante distinto. La maldad pura es muy interesante y matizada, aún más. Llegué a este tema un poco por casualidad. Conocí a Manolo Rivas, estuve con él en La Coruña y hablamos un poco de todo: sin ir más lejos del impacto que había tenido en Galicia el narcotráfico y cómo él, en otras épocas de su carrera como periodista, se interesó por el tema.

-Hablará usted de los años 80 y 90. ¿No?

-Sí. Manolo se puso en marcha y le salió un texto estupendo y breve, que acaba de publicar Alfaguara. El relato del narcotraficante que lo ha tenido todo, Nemo Bandeira, y que ahora tiene el mal de Alzheimer. Esa historia da para muchas cosas: es el relato de un hombre que lo tuvo todo, que fue sanguinario por capricho, que sembró la maldad y ahora está postrado, luchando con sus recuerdos y con los recuerdos de su pasado oculto. El personaje te hace pensar en Pinochet, del cual dicen que en los últimos años no recordaba sus fechorías y crímenes.

¿El malvado quiere conservar su memoria?

Sí, claro. Esa fragilidad, esa condición mortal, tan estimulante y terrible, son importantes para un guionista y en ello nos aplicamos. El narcotraficante percibe la pérdida y se rebela. Manolo Rivas me dio libertad para trabajar con su texto. Fue de una gran generosidad.

-Contar con José Coronado es casi un éxito seguro.

-Está maravilloso. Pasa por un período increíble. Es un actor en estado de gracia, pleno de inspiración, de madurez y de talento. ¡Qué fuerza posee! Es un animal de cine, de televisión o de teatro. Mientras rodaba esta serie sufrió el infarto y, en cierto modo, se produjo una especie de paralelismo entre la serie y la vida: el protagonista en la ficción y el Coronado real se encontraban. Da gusto trabajar con él. Aprendes mucho.

-Y ahora ‘Patria’.

-Ya llevo meses trabajando en ellas. Serán ocho guiones de 50 minutos y se rodará en varias localizaciones de Euskadi, entre ellas  San Sebastián, y también barajamos rodar en Zaragoza, ciudad importante para Fernando Aramburu, como se ve en la novela y como él acaba de recordar en ‘El mundo’.

-Aquí estudió, aquí se enamoró de Gabriele, su mujer…

Zaragoza es importante para Fernando Aramburu, así me lo contó, y saldrá aunque no está claro de qué manera. Los guiones están escritos, y aquí Fernando ha sido elegante y rotundo: él no quiere saber nada del guión. Dice que no es su mundo. Es sumamente colaborador y generoso. Me dijo que el cine y la literatura son lenguajes diferentes, y que él no quería intervenir.

-¿Qué le interesó de ‘Patria’?

-De entrada que es una novela que cuenta algo que hemos vivido y hemos sufrido todos. La historia de los protagonistas es la historia del dolor de todos. De muchos. Y también es la historia del miedo, del silencio, de la vergüenza. Ha habido muchas maneras de vivir el dolor y la rabia de ETA, y eso también lo cuenta el libro. Quiero narrar la vida de la gente de la calle y esa escisión brutal que se produjo en la convivencia en Euskadi.

-Usted es el guionista y el productor y ha elegido a dos directores… Pablo Trapero y Félix Viscarret.

-Yo he intentado hacer una buena adaptación de un relato histórico, brillante y valioso, como el de Fernando Aramburu. Tenía clara una cosa: aquí a veces da la sensación de que de la ETA lo sabemos todo, y quería introducir otra mirada, una mirada desde fuera como la de Pablo Trapero, argentino, que se alejase de los tópicos, de los lugares comunes, y que explicase el conflicto a su modo, con una mirada más libre, más desprejuiciada, con otro modo de entender. La historia de ‘Patria’ es un drama local, si se quiere, pero esencialmente es universal.

-Y con él estará Viscarret, biógrafo de Carlos Saura y autor de ‘Bajo las estrellas’, basada en ‘El Trompetista del Utopía’.

-Sí, Viscarret es vasco, donostiarra y harán cada uno cuatro capítulos. Pablo Trapero marcará el tono, el estilo, los planteamientos de cada episodio, y Félix seguirá su estela, con su propia personalidad. Esta es una historia de matices, que ahondará en la percepción de la calle y en la intimidad de las casa y, por supuesto, en la energía de los personajes. Es una historia que exige atención, cuidado en los detalles, sutileza y también coraje. Todos hemos sido víctimas de ETA.

¿Qué se siente usted más guionista o productor?

-A mí lo que me gusta es escribir. Componer guiones, dar vuelo y vida a las historias. Me siento un contador de historias que intenta despertar emociones y narrar acontecimientos que vayan directos al corazón.

-¿Cuál es el secreto de las series?

-No creo que haya uno, pero le diría que las series deber ser historias que cuenten historias, que rezumen autenticidad, verdad, con personajes variados, de diversos tipos, buen ritmo e intensidad. Algo que acabamos de ver con ‘El día de mañana’, la adaptación de Mariano Barroso de la novela del zaragozano Ignacio Martínez de Pisón.

05/01/2019 18:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON SERGIO VILA-SANJUÁN

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-sergio-vila-sanjuan-los-catalanes-no-deberiamos-vernos-instigados-escoger-entre-dos-tradiciones

Una entrevista con Sergilo Vila-Sanjuán.

27/11/2018 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RODOLFO NOTIVOL RETRATA A PEPE MELERO

Texto de Rodolfo Notivol Gascón en la presentación de "El lector incorregible" en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, 12 de noviembre de 2018.

Y este es el texto que leyó Rodolfo Notivol, que, a mi costa, hizo reír a toda el Aula Magna. Gracias, amigo.

 

 

Presentar este libro me ha permitido descubrir a un Pepe Melero distinto, desconocido para mí.

Hace unos días, después de un inocente comentario mío en Facebook en el que hacía referencia a este acto, recibí la siguiente contestación de su parte:

«Te recuerdo que yo hablo el último. Y el que ríe el último…»

Como ustedes comprenderán, tan palmario intento de coacción me dejó desconcertado y me hizo plantearme algunas cosas.

¿Es habitual en Melero extorsionar a los presentadores de sus libros? ¿Es posible que, con su cara de buen chico, de comulgante aplicado, diría yo, Melero nos tenga a todos engañados?

Por supuesto, al principio, me dije que no, que no era posible, que era mi amigo y que le conocía bien.

Pero luego me vino a la cabeza la presentación de otro de sus libros, la de Los libros de la guerra, cuando nuestro querido y añorado J.A. Labordeta soltó aquella frase memorable que bien merecería pasar a los anales de la historia de las presentaciones.

«Si no me hubiera visto obligado a presentarlo —dijo—, yo jamás hubiera leído este libro».

¿Fue solo un arranque de franqueza aragonesa?, me pregunté. ¿O acaso José Antonio había sido ya víctima de las intrigas meleristas y estaba respondiendo a las mismas con su acostumbrada rebeldía?

No supe ni quise contestarme.

Ahíto de preocupación, comencé la lectura de El lector incorregible y a las pocas páginas di con las siguientes líneas:

«En mis lecturas de este verano sobre Joyce —nos dice Melero— me encontré con algunas cosas curiosas. Por ejemplo, con que no le gustaba a Juan Benet, lo que llamó mi atención, pues siempre pensé que los amigos de lo abtruso se sentirían cómodos en la misma cofradía.»

Como pueden imaginar, al acabar de leerlo me temblaban las piernas bajo la mesa ¿Si era capaz de decir semejantes cosas sobre Joyce o Benet, qué no sería capaz de decir sobre este humilde juntaletras?

En fin. Les cuento todo esto para que, si encuentran excesiva la lista de halagos y alabanzas que viene a continuación, sean comprensivos conmigo y tengan en cuenta que estoy sometido a una gran presión.

Empecemos pues:

Pepe Melero es el Woody Allen de las letras aragonesas.

¿Te parece bien así, Pepe?

Y lo es, no solo porque si dices las palabras médico u hospital en su presencia se marea, que también, sino porque, como el director neoyorkino con sus películas, ha logrado que cada dos años sus seguidores esperemos ávidos, ansiosos, hasta con síndrome de abstinencia diría yo, puestos ya a exagerar, una nueva entrega de sus artículos.

¿Y por qué ocurre esto?, se preguntarán.

Pues ocurre porque todos sus libros se parecen, pero todos nos sorprenden.

Porque todos están hechos de pequeños detalles, de esos con los que se hace la buena literatura y con los que se conoce a la buena gente.

Porque cada uno de sus textos es una celebración de la vida que más nos gusta: la ciudadana, la culta, la más libre.

Porque en sus textos la vida pequeña puede siempre con las grandilocuencias.

Porque lo que le gusta de Joyce no es el Ulisses, sino las cartas llenas de cochinadas que escribía a su esposa Nora.

Porque aunque le mire el culo a las hijas de sus amigos es solo en las películas y porque él se debe a su público.

Porque nos enternece que piense que es un buen actor cuando el bueno de verdad es Ismael Grasa.

Porque a este paso antes ganará un Goya que verá al Zaragoza otra vez en primera.

Porque si hubiera un Oscar a la amistad bien entendida él estaría siempre nominado.

Porque, según él, «el valor de los amigos no depende de lo que piensen, sino de cómo y cuánto nos quieran».

Porque cualquiera que leyera sus libros querría ser amigo suyo. Salvo Joyce y Benet, claro.

Porque nos recuerda cómo fantaseaba Félix Romeo con las apasionadas noches zaragozanas de Virginia Woolf y su marido.

Porque sus libros están llenos de celebraciones, de recuperaciones y de homenajes, como los que hace en este libro a José María Matheu, a Fernando Ferreró, a Rosendo Tello, a Juan Antonio Gómez o, sobre todo, a nuestro querido Alfredo Castellón.

Porque, como diría Pich i Pon, algunos de sus textos «nos erizan los pelos del corazón».

Porque es capaz de escribir dos artículos sobre verdugos para el mismo libro y quedarse tan ancho.

Porque es capaz de escribir dos artículos sobre verdugos y aclararnos que todos ellos antes que verdugos fueron delincuentes, lo cual explica muchas cosas.

Porque sabe cómo escribir del Zaragoza actual sin que las lágrimas salpiquen las páginas.

Porque a su Zaragoza en este libro solo le dedica un artículo. Uno menos que a los verdugos. Y eso demuestra que sí, que es un buen zaragocista, pero no el mayor, porque ese soy yo.

Porque, como en aquellos chistes antiguos, es capaz de relacionar a Durruti, a un comisario de policía y a Mi vaca lechera.

Porque le gusta hablar bien de su editor y no comprende que así nunca será en un escritor maldito.

Porque cuenta como nadie lo absurdo y cruel de la guerra.

Porque nos recuerda al tenor Carlos Lizondo y cómo cantaba el Adiós a la vida delante de la tapias del cementerio, frente al pelotón de fusilamiento.

Porque nuestras vidas no hubieran sido las mismas si no nos hubiera descubierto al gran Josep Puyol, el «pedomano», y si no nos hubiera detallado que actuaba con calzones de satén negro, que a veces los cambiaba por un frac, que en su repertorio incluía el pedo del cañonazo y el pedo la modista, y que este último imitaba a la perfección el ruido de la tela al rasgarse y duraba exactamente 10 segundos. Muchas gracias, Pepe. Después de saberlo todos dormiremos más tranquilos.

Porque para él la erudición no es un fin, sino una herramienta que usa para relacionarse con el mundo.

Porque aunque habla de libros y de autores, lo que a él le interesan son la vida y sus misterios.

Porque sus libros demuestran que la literatura y la vida son como el azogue y el espejo, se necesitan la una a la otra.

Porque, cuando escribe, nunca se pone tan estupendo como acabo de hacerlo yo.

Porque en sus libros tienen voz las “sinsombrero” del mundo. Todas esas mujeres a las que, como él dice, algunos quisieron sepultar bajo “pesadas losas de silencio”.

Porque escribe sobre la historia de Zaragoza como si la ciudad hubiera sido su primera novia.

Porque quiere tanto a Zaragoza y a Aragón que le quema la racanería con que, a veces, se comportan con sus hombres más ilustres. ¡Por favor una placa ya en todas las casas zaragozanas de Goya!

Porque le perdono que no haya incluido a Montemolín entre los viejos barrios de Zaragoza.

Porque es compasivo con los humildes e implacable con los petulantes y los pelmazos.

Porque no aguanta a los solemnes.

Porque hay que leer sus textos con gafas de soldador para prevenir las pedradas inesperadas.

Porque utiliza la ironía como un maestro de esgrima, para pegar estocadas. Y es que es muy amigo de Ángel Artal y, claro, todo se pega.

Porque con su trajín de libros antiguos y primeras ediciones nos recuerda que la vida es un continuo que no ha empezado ni acabara en nosotros.

Porque los libros que compra han pasado de mano en mano y como diría Ismael Grasa, respira en ellos «el transcurso de las décadas.»

Porque hay que leer sus libros sin fijarse mucho, con relajación, no vaya a ser cosa que localicemos una errata y le demos un disgusto.

Porque por saber sabe hasta dónde perdió la virginidad Ildefonso Manuel Gil.

Porque algunos amigos quisimos titular el libro El lector empalmado y, afortunamente, él se negó.

Porque, como diría Antón Castro, hay que leer sus textos con un pañuelo cerca para empapar la ternura.

Porque, sí, en el fondo es un tierno y blando y se emociona con la historia de Adelina, aquella lectora casi ciega que le regaló una edición muy especial del Saputo. O con la de Royo Villanova que visitaba la tumba de su mujer cada mañana antes de ir a dar clase.

Porque no le gusta que los limpiabotas le limpien las botas.

Porque aunque le preocupe qué será de su biblioteca cuando él no esté, lo que de verdad le inquieta es el paso del tiempo, como a todos.

Porque aunque le gustaría tener tantos apellidos aragoneses como Moneva, él calza siempre castellanos... y es un hombre abierto, de mundo y cosmopolita.

Porque se codea igual con el Pastor de Andorra y Perico Fernández que con Karen Blixen o Marilyn Monroe.

Porque en sus textos lo mismo aparecen reyes y catedráticos que payasos.

Porque escribe y vive contra la amargura.

Porque nos recuerda, como diría Miguel D´Ors, que la felicidad consiste «en no ser feliz y que no te importe».

Porque cuando escribe sobre sí mismo, en realidad, lo hace sobre todos nosotros.

Porque cree que la risa está infravalorada.

Porque le gusta reírse de sí mismo.

Porque nos gusta que escriba que por un artículo es capaz de jugarse el matrimonio.

Porque todos sabemos que eso no se lo cree ni él harto de moscatel.

Porque le queremos a pesar de lo que hace sufrir en sus escritos a su vicerrectora favorita.

Porque ha hecho de su vicerrectora favorita un personaje gruñón y un tanto tacaño, pero muchos sabemos que sin la de verdad, sin su Yolanda, no sabe ni por dónde salir de un ascensor.

Porque, como buen bibliófilo, aunque a veces leyéndole parezca que está un poco trastornado, no es que lo parezca, sino que lo está, y a él le encanta reconocerlo.

Porque viene de participar en una tertulia llamada «Ojalá se te apolille» y eso demuestra lo que acabo de decir.

Porque Yolanda, Iguácel y Jorge aceptaron vivir con él dentro de una biblioteca y él se lo agradece con una espléndida dedicatoria.

Porque con sus libros ha creado un género propio.

Porque no solo ha creado un género propio con sus libros, sino también con sus presentaciones y esta se parece mucho a una que hizo en este mismo edificio hace un par de años y de la que yo me acuerdo muy bien.

Porque las presentaciones de sus libros dan mucho juego y para mucho rato, pero esta tiene que terminar. Porque si no nuestra vicerrectora favorita nos echará a todos a la calle. Porque espero que todos ustedes salgan corriendo a comprar el libro. Porque Pepe y yo, como buenos masoquistas, tenemos prisa por irnos a ver al Zaragoza y porque, aunque me siguen temblando las piernas y me temo lo peor, siento curiosidad por lo que tenga que decir a continuación.

 

16/11/2018 00:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERIA DEL LIBRO DE TARAZONA

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Un total de 43 autores, doce casetas de editoriales, librerías de la ciudad e instituciones y una treintena de actividades componen la programación de la V Feria del Libro de Tarazona organizada por el Ayuntamiento y que se celebrará los días 9, 10 y 11 de noviembre en el Recinto Ferial.

 

La concejala de Cultura Waldesca Navarro y los coordinadores de la feria José Luis Corral y Manuel Martínez Forega han presentado hoy los detalles de la programación llena de presentaciones, firmas de libros, mesas redondas, encuentros literarios, actividades y talleres infantiles y cuentacuentos.

 

En esta edición, el periodista y escritor Antonio Pérez Henares más conocido como Chani será el encargado de inaugurar la feria pronunciando el pregón en un acto que tendrá lugar el viernes a las 18.30 horas.

 

Nuestro objetivo con esta feria es acercar las letras y la lectura al público y apoyar al sector y al talento creativo, contribuyendo además a hacer ciudad e intentando que se convierta en un fin de semana lleno de actividad para el sector servicios”, ha apuntado la concejala, que ha agradecido también la colaboración de los libreros de la ciudad.

 

Navarro ha destacado “la apuesta que venimos haciendo un año más por este evento que se ha convertido en un referente cultural con un programa de calidad que incluye la participación de numerosos escritores de primera línea”, entre los que destacan Isabel San Sebastián, José Calvo Poyato, Isabel Abenia, Luis Alberto de Cuenca, Francisco Ferrer Lerín o Javier Lostalé, junto con autores locales y escritores jóvenes, a los que se vuelve a apoyar en esta nueva edición.

 

En este sentido, cabe destacar la presencia de los autores locales Alejandro Puche y Jorge Martínez que presentarán el sábado a las 20.30 horas “Dos poetas en el Moncayo”.

 

La feria vuelve a ser un año más escenario de presentaciones en primicia como “La mañana descalza” de Inés de Ramón e Irene Vallejo, y “León Felipe: de la soledad española al definitivo exilio mejicano: 1884-1938” de Manuel Martínez Forega que tendrán lugar el sábado a las 18.00 y a las 20.00 horas respectivamente.

 

Durante la presentación, Corral ha animado “a los turiasonenses asumir como propia esta feria que tiene que ser de todos y para todos, convirtiéndose en un referente cultural”. 

 

Por su parte, Forega ha incidido en la calidad del programa y ha puesto de manifiesto los temas a tratar en las mesas redondas como la del viernes sobre periodismo y literatura y la del sábado sobre la aportación de los “Novísimos” y de la “Generación del lenguaje” a la poesía de fin de siglo.

 

La feria abrirá el viernes en horario de 18.00 a 21.00 horas, el sábado de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas, y el domingo de 11.00 a 14.00 horas.


*Nota de la organización. En la imagen Manuel Martínez Forega, uno de los organizadores con José Luis Corral.

 

06/11/2018 17:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA PARA ÁNGEL GUINDA

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RETRATO CON PLACER Y LUTO

 

Antón CASTRO

 

Ángel de la luz y de la tiniebla.

Ángel negro, ahijado de Baudelaire y de Ungaretti.

Ángel exiliado en el centro de la soledad,

te recuerdo hecho verso de amor y desesperación:

pasarían los aviones, en medio de la guerra y la angustia,

y seguirías queriendo, te abrirías en canal

para ofrecer estancias a los desesperados, a los vencidos,

a los esclavos del crimen, de la intemperie y del poema.

Te recuerdo como eras, sí: cristal oscuro contra el cielo

en la voz del juglar Luis Felipe Alegre,

al que le habías dado tus últimos borradores

y aquel verso casi procaz que tanto te divertía:

imprímanse, por favor, en vaginas y no en páginas. Diosas jóvenes.

 

Más tarde, te vi, tenaz y enigmático, en un restaurante de pobres,

el Benjamín, donde te hacías el interesante

o te sentías el centro de la fiesta mucho antes de que empezases

a beber como un leñador soviético o un andariego sin destino.

La embriaguez era el estado ideal para capturar metáforas.

Luego, cuando ya eras el profeta de la noche y de las rebeldías,

volví a verte entre la multitud de los rapsodas sin verso propio.

Te pedían, Ángel, condúcenos, llévanos de la mano,

enciéndenos ese latido turbio de tu corazón,

haznos sentir esparto, dentellada, tormenta en los Monegros.

Y un día, habitado de nuevo por el amor,

viniste a mi casa. Hablaste por los codos. De todo: de Salinas,

de Lorca, de Quasimodo, de Cecco Angiolieri, de la noche entera,

de tu alma líquida y abisal, a punto de hundirse en un pozo.

Recuerdo la escena: aquel nuevo amor, aquel suave amor

(tus amores son, esencialmente, uno: el amor volcánico que exiges

y das hasta el temblor de las ideas, la locura y la sinrazón del deseo)

te cogió, te besó, te abrazó y te sacó a los jardines del Edén.

Recuerdo tus ojos de náufrago. Recuerdo tu voz resquebrajada

de terrores y de llanto sin lágrimas. Te ibas lejos.

Te ibas un poco más allá de casa para recuperar lo mejor

de ti mismo: lo que siempre has sido. Un ángel incierto.

Una criatura de bondad irreductible. Pasión de ortigas.

Un relámpago de luz, de sensibilidad y de emoción rabiosa.

El amanuense que ansía hospitales de reposo para su lírica

o catedrales de humo y de piedras tan antiguas como un jadeo.

 

Eras otro y tú mismo. Eras un profeta de silencio.

Un traductor de escarchas con una lengua de puñales en las sienes.

Eras el pensador brillante que ibas a pescar el sol en la noche.

Eras lo que eres cada vez más: un poeta astral. O espectral.

Un fugitivo de las sombras, el niño asombrado que una y mil veces

vuelve a la casa del padre para hallar el tesoro perdido:

aquel rostro de la madre muerta que te llamaba con su voz

de ultratumba, aquel crepitar de la lumbre donde la poesía

se hacía santuario, refugio, tálamo, espejo, corredor de extravíos,

oleaje decisivo, intimidad del grito inaudible.

 

Ángel Manuel Guinda Casales, no despilfarres el don esencial:

en ti la vida se vuelve lascivia, lucidez, alegría, flor de inmortalidad.

En ti la vida es cierzo, melancolía, violencia del sentir.

No te resistas a ser ángel, o Ángel, esclavo del placer y del luto.

 

 

Garrapinillos, 27-28 de diciembre de 2017.

 

*El retrato de Ángel Guinda es de Enrique Cidoncha...


UN DIÁLOGO CON IGNACIO PEYRÓ

Otra entrevista de la contraportada, con grabación de vídeo incluida, con Ignacio Peyró, con motivo de la publicación de su libro 'Comimos y bebimos' en Libros del Asteroide.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/10/25/ignacio-peyro-no-gusta-cocina-que-mete-medio-conversacion-1273764-1361024.html

MARCOS GIRALT TORRENTE: UN DIÁLOGO

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Hoy, en la contraportada de Heraldo de Aragón, publico esta entrevista con Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968), que acaba de publicar ’Mudar de piel’, en Anagrama. Nueve cuentos de trasfondo familiar.

 

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/2018/11/02/marcos-giralt-torrente-soy-hijo-unico-creo-que-mirado-vida-desde-balcon-1275263-2261126.html

02/11/2018 08:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORGE CORTÉS: UN CUENTO INÉDITO

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EL PARQUE

 

Un cuento inédito del escritor Jorge Cortés

 

 

          Zaragoza, Febrero, 1.964

                    Le decíamos Jefe, sin artículo. Era un señor de muy poco pelo, de estatura mediana tirando a bajito y que siempre llevaba los mismos pantalones, unos pantalones azules, desgastados y con manchas de grasa en las perneras.

                    Jefe vigilaba el tiempo y no nos dejaba salir del contorno de la arboleda; nos prohibía circular por el carril de la avenida de San Sebastián y que ni se nos ocurriera traspasar el seto que separaba del paseo de Renovales el camino terroso y bacheado por donde debíamos movernos. Si era media hora, no podíamos excedernos ni un minuto y si era una hora, bueno, si era para una hora entonces sí, entonces toleraba alguna demora. Algunas tardes le acompañaba su esposa, una mujer que entretenía las horas con labores de punto y que controlaba nuestro tiempo de alquiler, haciendo la vista gorda y permitiéndonos unas pedaladas de más, mientras su marido se sumergía en el cuidado de aquellas bicicletas que mimaba como a los hijos que no tuvo.

                    Jefe me enseñó aquella tarde de pirola. Una tarde que tocaba clase de Formación del Espíritu Nacional, y quien cuidaba de la asignatura (me niego a recordarlo como profesor y menos como maestro), era un energúmeno que contaba pormenores de la guerra civil, una guerra en la que no participó, pero que detallaba como si hubiese estado en cada frente de batalla. Aquel hombre con sus gafas ahumadas y delgadez de mala uva, tras enardecerse con el manual de Ediciones Doncel, cuyos párrafos leía muy mal, nos hacía subir por orden alfabético a la tarima mientras él permanecía sentado en su mesa y desde allí nos preguntaba. Si la contestación le parecía bien, te mandaba al pupitre y si sucedía lo contrario correspondía un fuerte palmetazo en cada mano, tres si te quejabas, además de abochornarte con sus comentarios ante el resto de compañeros, que siempre observaban, observábamos, en un silencio que contagiaba el miedo. Ya había pasado varias veces por ese trance y el alfabeto ordenaba que me tocaba subir a la tarima, y decidí no ir; mi madre me firmó una nota inventando unas décimas de fiebre y ese papel justificó mi inasistencia.

                    Y me fui al Parque. Jefe, como si fuera cosecha propia, y en buena parte lo era, me animaba. Nunca se te olvidará chaval, nunca se te olvidará. Y desde luego que no me olvidé, tampoco del batacazo.

                    Venga, no tengas miedo y no mires al suelo; de frente, siempre mira al frente. Y así comencé a balancearme, y con los pedales fui enderezando el rumbo, tomando impulso con el izquierdo y siguiendo con el pie derecho, una vez y otra, y otra más. Me trastabillé un poco, un poco más y me caí. La bicicleta me golpeó en la pierna y el roce con la tierra me ensució el jersey, arañándome la mano derecha. Me levanté, volví al sillín y Jefe me lo sujetó. Reinicié el pedaleo y me sentía tranquilo porque estaba convencido de que Jefe, corriendo y sujetando el sillín, aseguraba mi equilibrio. Ya era mía la bicicleta, grité y me volví hacia él. Pero él se había quedado frente al ferial permanente que había al otro lado del paseo, donde años después se construiría una clínica. De la impresión volví a caerme, aunque no me hice daño. Ya sabía, ya sabía montar. Jefe quedó junto a las bicicletas, allá al fondo, quieto y con la mano levantada, saludándome.

                    Por fin di la vuelta a la arboleda. Me incliné un poco para tomar la curva frente al Polideportivo Salduba, enfilé despacio la recta llena de socavones, que dejaba a la izquierda la selva donde dos veranos atrás enterré un cofre con cromos, postales y unas cuartillas con mis ideas tras mi primer pecado contra el sexto mandamiento, un cofre que alguien desenterraría cuando años después arrancaran aquella frondosa maleza, hermosa, matizada de arbustos, matorral alto y de pequeños chopos y acacias, todo devorado para reinstalar el insípido y mal empleado Quiosco de la Música cuando lo trasladaron desde la plaza de Los Sitios, aquellos años nombrada como plaza de José Antonio, y donde sí alegraba su presencia.

                    Incluso me atreví con la pequeña rampa que quedaba a la derecha, cerca del asfaltado que flanquea la avenida de San Sebastián. Y en ese talud hasta serpenteé, me recreé con la palanca del freno, dirigía a placer el manillar y me parecía que los radios seguían al dedillo mis intenciones. Ahí y en ese momento fui consciente de dominar la bicicleta. La bicicleta carecía de faro y de piloto trasero, su esqueleto denotaba el frecuente uso y su manillar correspondía a lo que llamábamos bicicleta de paseo. No me importaba porque para mí era un descubrimiento, un descubrimiento que suponía una gozada, una explosión de entusiasmo como nunca antes había disfrutado.

                    Me adentré entre los pinos y sus agujas, que al alfombrarse mullían un suelo limpio, con alguna briznas de matorral. Me paseé entre ellos, reduciendo la velocidad y con la precaución de esquivar sus troncos. Regresé al camino y a la altura del quiosco del belga, a quien mis padres lo nombraban como el quiosco del nazi, apareció el pastor alemán. Aquel perro que obligaba a todos los niños a esquivar esa parte del camino y del pinar. Un perro que me ladró cuando crucé entre las mesas de la terraza, vacía aquella tarde, vacía como toda la arboleda. Realmente era el único que había alquilado una bicicleta y el único que paseaba por allí. Y, seguro de mí, al perro no le tuve ningún temor. Estiré hacia él la pierna izquierda, una y más veces, retándole, y se retiró, se retiró con un algún ladrido, pero se retiró. Y Jefe esperaba al final.

                    Qué chaval, ¿ya te has espabilado?, me gritó. Y el perro lobo quedó confinado en el límite del quiosco, junto a una de las mesas de tijera. A Jefe no le gustaba ese perro y mucho menos su amo. Una tarde que todavía iba en bicicleta de cuatro ruedas, le oí advertir al señor belga, un hombre rubio y de bastante envergadura, que como su perro se llegase hasta su puesto y asustase a algún crío, no volvería a verlo con vida.

                    Jefe era de hablar rápido y nunca lo recuerdo ocioso. Siempre hinchando ruedas, asegurándose de los cambios de velocidad, revisando llantas y palomillas, engrasando piñones y cadenas, limpiándolas con detalle, con ese puntillo con que se hacen las cosas que gusta hacer. Cuidaba de unas treinta bicicletas, la mitad llevaban barra y las utilizábamos los chicos, las demás carecían de ella y en ellas montaban las chicas. Además, disponía de una docena con el manillar que utilizaban los ciclistas de competición, que las llamábamos bicicletas de carreras, las que más gustaban a todos, aunque esa tarde todavía no las había estrenado. Bien chaval, te has portado como hay que portarse. Y tras aquellas palabras, sacudiéndome la ropa, regresé exultante a casa.

 

*El escritor Jorge Cortés me ha enviado, a petición mía, este relato inédito.

La foto la tomo de la red. Es de Carlos Carreter.

27/10/2018 13:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA MADRE EN LA LITERATURA. UNA VISIÓN

Federico García Lorca, en su ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, aludía a “las madres terribles”; en sus obras dramáticas especialmente retrató a madres de gran fortaleza y en algunos casos despóticas: ahí están la madre de ‘Bodas de sangre’, que encarnó Luisa Gavasa en ‘La novia’ de Paula Ortiz, y la intransigente Bernarda Alba del drama. Para otros escritores también hubo madres terribles: el escritor francés Michel Houllebecq dijo de la suya que era una “histérica y vieja fulana” y siempre tuvo con ella una relación de odio, algo que también le sucedió a Marguerite Duras, como se ve en ‘El amante’; solía ofrecerla a hombres mayores sin contemplación alguna.

Truman Capote también sintió buenas vibraciones hacia la mujer que le dio la vida. No es lo habitual. Y, sin duda, hay mucho donde elegir: Máximo Gorki le dedicó páginas llenas de ternura y de complejidad a la suya en ‘La madre’, una mujer revolucionaria y atrevida; John Kennedy Toole, que se suicidó tras pasear su manuscrito de ‘La conjura de los necios’ por un sinfín de editoriales, logró la fama y el éxito póstumo gracias a la terquedad de la suya; siempre creyó en su talento y logró que le publicasen la novela. Jorge Luis Borges tuvo una relación de dependencia constante y misteriosa hacia su madre: vivió muchos años con ella y fue su protectora y su mejor compañía, incluso en los tiempos en que se enamoraba de María Esther Vázquez, Estela Canto, o cuando intentó sacar adelante su matrimonio con Elsa Astete.

El solitario Marcel Proust, que vivía a oscuras y escribía en el lecho en sus cuadernos alargados, siempre veneró a su madre; el dibujante Tulio Pericoli le hizo un retrato que no deja lugar a dudas. El refinado Marcel le daba la mano a una figura que le ampara que no es otra que su madre.

El escritor norteamericano Richard Ford narra en ‘Mi madre’ que enviudó pronto y que una noche, cuando tenía 17 años, fue a buscarlo a casa de su amante y truncó la relación para siempre; con todo, explicó que la redacción de ese texto era “un acto de amor” y dijo: “Los padres nos conectan -por encerrados que estemos en nuestra vida- con algo que nosotros no somos pero ellos sí; una ajenidad, tal vez un misterio, que hace que, aun juntos, estemos solos”. 

Famosos escritores dieron muestras de su máxima ternura, humana y literaria, en la exaltación y recuerdo de su madre. Un caso ejemplar fue el controvertido Georges Simenon: asistió a la suya en su agonía, durante una larga semana en 1970, y le dedicó uno de sus mejores libros: ‘Carta a mi madre’. Peter Handke, que viajó por Aragón, firmó el libro ‘Desgracia impeorable’, donde recuerda, entre otros asuntos, que su madre se suicidó, pero antes le mandó una carta a su esposa donde le decía: “No lo comprenderías, pero no puedo pensar en seguir viviendo”. También se suicidó la madre del gran autor israelí Amos Oz. Albert Cohen, reconocido por ‘Bella del señor’, es autor de un breve e intenso ‘Libro de mi madre’, para algunos el mejor de los suyos. Allí se puede leer: “Alabadas seáis, madres de todos los países (…) Os saludo, madres llenas de gracia, santas centinelas, valor y bondad, calor y mirada de amor”. Gustavo Martín Garzo es autor de 50 retratos de mujer en ‘Todas las madres del mundo’. Escribe con ironía: “Algunas madres de comportaban como las actrices de la época dorada de Hollywood. Estaban convencidas de haber venido al mundo para ser adoradas”.

Algunas mujeres escritoras han contado historias bastante trágicas. Isabel Allende le dedicó una novela a su hija, titulada ‘Paula’, una narración del duelo. James Ellroy jamás ha podido desembarazarse de un hecho espantoso: su madre fue asesinada cuando él tenía diez años. Y Delphine de Vigan cuenta en ‘Nada se opone a la noche’ el suicidio de su madre. En cambio, Virginia Woolf siempre se sintió muy cercana a la hermosa Julia Jackson. Varios autores aragoneses han escrito en abundancia de su madre: Sender, Ángela Labordeta, que firmó el libro de relatos ‘El novio de mi madre’, Cristina Grande, Manuel Vilas (que le dedicó un poema impresionante), Rodolfo Notivol y, entre otros, Soledad Puértolas, en su libro ‘Con mi madre’, que cerraba así su homenaje a su Ana María Villanueva: “Le agradezco ahora a mi madre todas sus cartas, sus cartas casi diarias. Supongo que le dieron a su vida un significado. A mí me dieron mucha felicidad”.

 

22/10/2018 09:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CHARLA EN EL PARANINFO EN EL 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

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HOY, EN EL PARANINFO, HABLO DE 'ZARAGOZA Y LA LITERATURA'
Esta tarde, lunes 22 de octubre, a las 19.30, dentro del ciclo ‘Zaragoza en el corazón’, que me resulta tan enternecedor (uno de mis libros más queridos fue ‘Galicia no corazón’ de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao), que coordina y dirige José Luis Melero Rivas, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, Medalla de Santa Isabel de la Diputación de Zaragoza e Hijo Predilecto de Zaragoza, pronunciaré una conferencia sobre ‘Zaragoza y la literatura’, donde repasaré algunas porciones y algunos detalles de la obra de autores como Benjamín Jarnés, Ramón José Sender, Jesús Moncada, José Antonio Labordeta, Ana María Navales, Manuel Derqui, Soledad Puértolas, Ángeles de Irisarri, José María Conget, Ignacio Martínez de Pisón, José Giménez Corbatón, Cristina Grande, Fernando Sanmartín, Félix Teira, María Frisa, Sergio del Molino, Ana Alcolea, Ángela Labordeta, Patricia Esteban Erlés, José Luis Rodríguez, Javier Delgado, Rodolfo Notivol, Julio José Ordovás, Féñix Romeo, Eva Puyó, Miguel Serrano, Ángel Gracia o Ismael Grasa, entre otros.
Por supuesto que estáis invitados.

*Una obra de Ángel Aransay, 1976. 

El programa completo:
https://cultura.unizar.es/actividades/zaragoza-en-el-corazon

DIÁLOGO CON JULIO ESPINOSA, DIRECTOR DEL ESTUDIO DE ESCRITURA

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Julio Espinosa es un poeta y narrador chileno, afincado en Zaragoza desde hace años, que dirige el Estudio de Escritura. Aquí explica su trayectoria, sus libros, su pasión por enseñar y por aprender. 

-¿Qué hace un chileno en Zaragoza?

Digamos que me trajo la vida y me he quedado porque uno necesita siempre un lugar desde el cual construir. El 2006 comencé a salir con una jienense que vivía aquí y un año después decidimos dar un paso más en la relación. Venir a Zaragoza era lógico, porque Madrid estaba lleno de psicólogas y escritores. Era un buen sitio para intentar construir algo. Han pasado once años, seguimos juntos y ahora nos acompañan en esta aventura Lluvia, que pronto cumplirá cuatro años y Mario, que tiene uno y medio. Zaragoza ya es nuestra ciudad. Desde aquí trazamos líneas hacia el resto del mundo.

-¿Cómo le ha acogido la ciudad, qué clima has encontrado aquí?

Mi objetivo al llegar a Zaragoza fue sacar adelante mis primeros talleres literarios, que se han consolidado con el Estudio de Escritura. Efectivamente con los niños, la vida pública se hace complicada. A eso hay que sumarle que los cursos son a última hora de la tarde y que llega un momento en que uno comprende que la labor del escritor está en eso, escribir, se produce una inclinación natural hacia vivir “para dentro”. Hoy en día me basta con quedar de vez en cuando con los buenos amigos que tengo. El resto del tiempo es para la familia, el trabajo y la escritura.

-Ha practicado varios géneros: novela, poesía, sobre todo poesía. ¿Cómo te ves como escritor?

Hablar de uno siempre es incómodo. Puedo decir que, con 44 años, he cumplido casi todas las metas que me propuse para este tiempo, por decirlo de alguna forma. Publiqué una novela en Alfaguara y un libro de poemas en Pre-Textos antes de los cuarenta. Le di continuidad con De lo inútil, editado por Candaya. No se trata de que haya “triunfado”, pero yo nunca vi la escritura como una carrera en la que superar a otros o llegar a un determinado número de ventas. Soy un trabajador de las palabras, con pico y pala. Me he mantenido fiel a mí mismo. Creo que eso es lo que me marca como escritor.

-Cuando uno piensa en Chile, y sobre todo en poetas, le vienen a la cabeza autores insoslayables: Neruda, Mistral, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas… ¿les debe algo?

De manera directa, no. Me interesan más otros poetas y entre los chilenos, indudablemente Diego Maquieira y Omar Lara. Incluso Lihn y Teillier. No me cabe duda de que algo habré heredado, al fin y al cabo creo que existe una genética poética y ellos son mis bisabuelos. Pero me interesan más Vallejo, ese peruano extraordinario, Borges, el García Lorca de Poeta en Nueva York, Montale, Celán y los poetas anglosajones, desde W. C. Williams en adelante. De Whitman estoy aún más lejos que de Neruda. Por el contrario, me interesan mucho más Leopardi y Williams Wordsworth.

 

-Cómo nace ‘De lo inútil’?

Cuando concluí sintaxis asfalto sabía que debía girar en otra dirección, pero no sabía hacia dónde. Entonces tuve que viajar a Chile para despedirme de mi padre, que padecía un cáncer terminal. Aún recuerdo cuando me despedí de él para volver a España. Un taxi esperaba a las puertas de la casa y el me abrazó y me dijo “Hijo, no se preocupe. Ya verá cómo estaré mucho mejor cuando vuelva en unos meses”. Sabía antes de eso que ya no lo vería vivo nunca más. Pero esas palabras, del padre protegiendo al hijo hasta el final de los finales me partió el corazón literalmente: fue una rajadura que aún preservo. Lo volví a abrazar con la certeza de que era el último abrazo. Murió a los tres meses. Cuando lo vi de nuevo estaba dentro del ataúd. Cuando regresé a España, en una semana escribí La casa amarilla. No me costó nada y era una poesía totalmente diferente a la anterior. Tuvo que morir mi padre para poder volverme a poner como ser humano en un libro de poemas. Y es allí donde nace la voluntad de escribir un libro equilibrado entre esa humanidad reencontrada y la complejidad del mundo, construido mediante las palabras. Ese libro, que para mí es un hallazgo, pues es mucho más complejo que todo lo anterior, es De lo inútil.

 

Diría que este es un libro de las emociones más íntimas, de todo y nada a la vez: de la vida, del silencio, de la palabra, de la piedra, del viaje que hacemos casi sin darnos cuenta, de la luz de los días…

Eso es. Así de simple. Así de difícil de comprender, de darle peso en nuestra existencia. Es un libro que quiere ser un faro. Un faro en la palma de tu mano, para que no pierdas el horizonte en las noches de insomnio.

-Hasta ahora cuál es tu balance de tus experiencias  en el aula. ¿Qué aprende un creador, qué le enseñan los alumnos?

Tengo la satisfacción de tener a un buen número de alumnos de poesía que ahora son poetas reconocidos –y hablo de diez o más-. Y en narrativa, ya se comienzan a ver los frutos. Luis Salvago fue finalista del Nadal de este año, Marta Armingol acaba de publicar en Pregunta su primera novela, Los días blancos, que escribió y corrigió en el Estudio, y hay otro grupo de autores que anda en busca de una oportunidad, que ya tienen como poco una novela escrita.

Toda esta gente ha pasado por el Estudio y claro que ha dejado una huella. Son ellos los que me obligan a pensar en el proceso de escritura, doy más para ofrecerles más.

-¿Cuáles son los objetivos de Estudio de Escritura? ¿Para quién está concebido?

Es un lugar físico, pero también mental, un lugar donde se reúne gente con las mismas inquietudes, de encuentro, de diálogo y crecimiento. La única condición para participar es querer aprender de verdad. Si alguien quiere que le digan que es bueno, que le den golpecitos en la espalda, este sitio no es el adecuado. Al Estudio se viene a disfrutar y a aprender. En el Estudio pagas, aprendes y también te diviertes, pero de manera intelectual, sintiendo que tu escritura se desarrolla y cada día es más potente. En cuanto a las personas que nos dirigimos, el espectro es amplio. Quien quiera puede venir. No hay una prueba de acceso. No tienes que “querer” ser un escritor. Basta con querer aprender.

-Este año tenéis un programa completo y complejo…Recuérdanos las apuestas y también tus deseos, qué buscas, qué salto querrías dar…

Traemos a nueve escritores de proyección internacional a dar clases a los grupos de escritura creativa, relato y novela, y a participar en nuestro Club de lectura, una propuesta única en Zaragoza, donde también participarán nueve escritores locales. Vienen Andrés Neuman, Andrés Barba, Juan Bonilla, Marta Sanz, Sara Mesa, Belén Gopegui, Carlos Castán, Alejandro Palomas y Care Santos, todos escritores de primerísimo nivel, ganadores de los premios más importantes del panorama español, autores diversos, que abordan el hecho literario de maneras diferentes.

Nuestra idea es que ellos hablen de su escritura, les enseñen a nuestros alumnos claves que no están en nuestro poder y que ellos lean y vean cómo funcionan esas herramientas, esas estructuras dentro del libro.

-Recomiéndanos tus tres poemarios y tus tres novelas para estas fiestas y para siempre…

Los Sea-Harrier, de Diego Maquieira. Poemas humanos, de César Vallejo. Cualquier antología de Charles Simic y Mark Strand. En cuanto a narrativa, Austerlitz, de Sebald. Corrección, de Bernhard. Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy.

19/10/2018 20:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PILAR: LA FELICIDAD DE LOS OTROS

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Cuentos de otoño *

 

La felicidad

de los otros

 

Pilar se llamaba aquella vecina que parecía bruja. Vivía enfrente, en una casa grande de cuento sombrío de ETA Hoffmann, y asomaba por la ventana para absorber la primera luz del día. Deambulaba por bosques, fincas y caminos de carro, horneaba pan para una semana y tomaba un poco de anís y de coñac cuando la tarde se volvía lágrima y melancolía. Pilar era el nombre de mi abuela materna; había tenido doce hijos y trabajaba de sol a sol, entre las acequias, en el prado y en el maizal, en cualquier estación. Le gustaba oír la radio y narraba historias fascinantes de caballos, de molinos y aparecidos. Contaba al calor del fuego, mientras se ahumaban suavemente los jamones. Pilar, hace 40 años, era una diseñadora y pintora que tenía su estudio al lado de canódromo y miraba la ciudad con desparpajo y el arrebato de una moderna que hacía pensar en la Dominique Sanda de ‘Novecento’. A ella, tan requerida y desenvuelta, le oí decir por primera vez: “El arabesco del lápiz me descubre cómo es Zaragoza”. Casi por entonces, apareció otra Pilar. La pianista Pilar Bayona: la oí por primera en un salón de la calle Blancas donde ofreció un concierto. Quizá sea un recuerdo inventado. Subí, me senté entre una veintena de personas y tocó ella. Encorvada, octogenaria, de una elegancia inefable. Electrizó el ambiente de sensualidad y sueño con aquellos dedos vertiginosos que aceleraban la velocidad del mundo. Pilar era aquella muchacha filosa, altísima, que vivía en Ramón y Cajal en un piso tapizado de objetos y soñaba con un amor romántico y perfecto; mientras lo esperaba, bordaba, cosía y ponía canciones de María Dolores Pradera. Pilar era Pilar Carasol, la mujer del poeta Ildefonso-Manuel Gil: se enamoraron cuando ella era una adolescente que quería ser actriz y le acompañó con su belleza suave, de mujer de cine clásico, por tierra, mar y aire. Y él fue dichoso “viendo el tiempo en el rostro de la amada”. Hay tantas Pilares en una vida, íntimas y secretas, cercanas y familiares (Pilar Perla, Pilar Ostalé, Mapi Rodríguez, Pilar Puebla, en la misma redacción…), que al final entendemos que existir es encadenar nombres y seres, instantes y miradas. Entre todas las Pilares que no caben aquí y están, recuerdo a otra, que pintaba desnudos y pájaros a orillas del Ebro, y decía: “De estos días lo que más me gusta es la felicidad de los otros”. 

 

*Este artículo se publicó en Heraldo el 12 de octubre. Día del Pilar.

17/10/2018 01:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IRENE X: UN DIÁLOGO ALREDEDOR DE 'LA CHICA NO OLVIDA'

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Irene X “A casi todas las mujeres nos duele

no poder ser lo que realmente somos”

 

“En este libro el dolor es un

recuerdo, no una herida que escuece”

 

La poeta zaragozana, que triunfa en las redes sociales, presentó su poemario ‘La chica no olvida’ (Espasa)

 

 

Antón CASTRO

La poeta Irene X (Zaragoza, 1990), todo un fenómeno en las redes sociales, presentó en Ámbito Cultural de El Corte Inglés su poemario ‘La chica no olvida’, Premio Espasa de Poesía, dotado con 20.000 euros, que ha recibido con “muchísimo agradecimiento”.

¿Desde cuándo escribe y cómo se ha ido gestando esa pasión y esa pulsión?

Escribir desde que sé escribir, escribir con la intención de que algo sirva para algo, desde los 8 o 9 años. Empecé imitando la poesía que leía para impresionar a mi padre, y acabé escribiendo poesía; una parte por admiración a las primeras obras que leí y otra por una necesidad de catarsis. 

¿Es escritora porque es lectora o por qué tiene muchas cosas que decir?

Soy escritora porque soy lectora y porque necesito contestarme muchas cosas. 

¿Ha sido un estímulo el éxito en las redes, el encuentro con los lectores y seguidores?

No, ha sido más complicado porque a mayor exposición más difícil es ser sincero sobre lo que siente uno mismo, aunque el público ha sido siempre un tremendo apoyo.

Se siente próxima a poetas concretos? Parece que hay en usted cosas de Sylvia Plath, Anne Carson, Anne Sexton …

Esos nombres se me quedan demasiado grandes. Aunque han sido grandes compañeras de mi vida. De momento solo me siento próxima a mí. 

Me ha llamado la atención esa manera de llamarse ‘La chica’. Entiendo que es usted, que una proyección suya y que a la vez es como un personaje…

La chica somos un montón de chicas, cada chica es un universo, pero un universo conectado por un hilo muy finito que es la etiqueta que nos ha puesto la sociedad. 

¿Cómo surgió este libro, en qué es distinto a otros?

No surgió de ninguna manera. Un día escribí algo, otro día otra cosa, relacionada con la anterior, poco a poco varios poemas iban sobre la misma chica. La diferencia con otros es que en este el dolor es un recuerdo, no una herida que escuece. 

Ya que lo dice: hay una palabra que vertebra casi todos sus textos. Dolor. Y sus derivaciones. ¿Qué le duele tanto, qué le hace sentir no sé si un poco como excluida y con ganas de huir a otro país, y de ahí a otro, como dice en un poema?

Creo que lo mismo que a casi todas las mujeres: no poder ser lo que realmente somos. El silencio. El disimulo. Callar cada traición por vergüenza. No ser capaz de reconocer que aguantar el dolor ha sido un triunfo. 

El libro empieza con una poética y quizá con una llamada a la humildad. “La poesía es un género literario”. Si solo es eso, ¿para qué sirve? ¿O a dónde no puede llegar la poesía?

Durante estos últimos años, se ha abusado de la poesía, casi se podría decir que se ha prostituido. La poesía es un género literario capaz de convertir una mota de polvo en algo bello, pero nada más. No le demos más importancia que a cualquier otro género literario maravilloso.

 Dice, también, “mi existencia es solo una evidencia de lo efímero”. ¿Le preocupa la fugacidad, que nada se eternice, que vivamos de prisa, que seamos pasajeros en la vida? 

Ahí estaba hablando de eternizar mis depresiones. O de que las depresiones de muchas mujeres se sumen a la tasa de suicidios anuales, que, por cierto, la de este año ha superado la de accidentes en carretera. Y de esto no se habla en la tele. 

Hay varias líneas en el libro: la identidad, matizada por el dolor y la oscuridad; la pasión, con sus desengaños y su épica del recuerdo; y la mirada solidaria hacia otras mujeres… ¿Fue eso lo que se pasó por la cabeza o se fue organizando así el libro?

Creo que siempre escribo en base a lo que estoy viviendo, no fue planeado. Por mi cabeza y por mi corazón pasa absolutamente lo mismo de siempre, solamente es que este mayo cumplí 28 años. ¿Acaso no es verdad que cada año perdemos uno? 

Combina esos poemas largos, casi narrativos, con los breves, a veces incluso de un único verso. ¿Qué busca?

No busco nada. Hago catarsis conmigo misma y, a la vez, intento que el libro tenga una misión. Para mí dentro de la poesía un libro solo puede tener las siguientes misiones: que te atrevas de una vez siendo mujer a expresar sin pudor el dolor que llevas dentro, que te preguntes algo, o que encuentres una mísera respuesta. Un buen rato se puede pasar en cualquier otro sitio.  

¿Cuáles son sus hábitos de escritura? ¿Cuánto desecha?

Escribo en la cama; las ideas las recojo en cualquier sitio y en el móvil, desecho cualquier cosa que se me pasa por la cabeza porque no tiene un botón de guardar. Unas 3597 notas del móvil al año. Cuando me apetece escribir suele ser en un día muy malo y suele ser en la cama, fumando y con ocho almohadas.

¿Sabe Irene X el estilo que busca?

No busca ninguno porque ya lo tiene. El suyo. 

 

*La foto es de Asís G. Ayerbe. 

17/10/2018 00:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DÍA DE LAS ESCRITORAS. 15 DE OCTUBRE. TEXTO DE JOANNA BONET

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Día de las Escritoras 2018

 

Rebeldes y transgresoras

 

Por Joanna Bonet

 

Lunes 15 de octubre de 2018

 

 

Hace ciento sesenta y cuatro años, en 1854, la escritora argentina Juana Manso planteaba, no exenta de ironía, los padecimientos a los que estaba sometida la vida de una mujer “educada con un tutor perpetuo que a veces está lleno de vicios y estupidez”. Y añadía: “¡Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre”. Manso tocaba el nudo gordiano de la emancipación femenina: la anulación de la conciencia de las mujeres y su sometimiento a una existencia de segunda. No solo se les arrebataba la libertad, sino que se las consideraba negadas para el conocimiento y el ejercicio de la razón. Pero las hubo que no callaron y mostraron su desacuerdo negro sobre blanco. Historiar la rebelión de las mujeres, rendir homenaje a sus protestas escritas, es un modo de recordar que la libertad actual, el lugar que hoy ocupamos en la sociedad, es el resultado de sucesivas rupturas. Por ello hemos querido dedicar el Día de las Escritoras de 2018 a la insumisión intelectual de aquellas autoras rebeldes y transgresoras que remaron a contracorriente, y en diferentes épocas y circunstancias cuestionaron el orden que les era impuesto desde la ficción, la poesía o el ensayo. Su aportación fue tremendamente valiosa: hallaron palabras nunca dichas y vertebraron una senda donde la libertad ondeaba y transcendía cualquier bandera.  

Hasta el Romanticismo, las mujeres sólo podían escribir si eran monjas o nobles. Únicamente desde la virtud o el poder se contrarrestaba dicha anomalía de su conducta. Las primeras corrientes de emancipación hicieron posible que algunas féminas de clase media iniciaran una carrera literaria y que incluso aspirasen a premios. “¿Cómo creer que ellas pudieran escribir tales cosas?”, se pregunta Rosalía de Castro en un artículo de 1856, Las literatas, que recogemos en esta antología; mujeres a quien, asegura, “los hombres miran peor que mirarían al diablo”.   Su techo, entonces, no era de cristal, sino de durísima roca silícea. Algunas buscaban ocultarse tras un pseudónimo masculino, la mayoría trataba de no llamar la atención, vigilando no publicar de seguido en la misma provincia. Escribir significaba arriesgarse, pero la suya era vocación indómita, casi religiosa. A la poeta gallega Teresa Juana Juego, su novio le disparó cuatro tiros por haberse atrevido a publicar. Creyéndola muerta, él se suicidó. Juego sobrevivió, pero quemaría casi toda su obra y no volvería a escribir.    Ángela Figuera Aymerich resumía la inseguridad inoculada a las mujeres durante siglos en unos versos que se leen cual diagnóstico:

 

“¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve una mujer viviendo en puro grito? ¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres y van desmoronándose las frentes alzadas como diques orgullosos cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla rodando las provincias del pecado, trepando por las dunas, resbalándome por todos los problemas sin remedio?”.

 

  Eran pocas, pero muchas más de las que han transcendido. La tinta de su escritura iba dibujando otra verdad: no solo los hombres eran los hacedores del mundo, ellas sostenían numerosas estructuras, a pesar de ser privadas de voz y voto. La periodista Magda Donato escribía a comienzos del siglo XX: “Deseamos el sufragio para realizar estos ideales, lo mismo que la gente desea el dinero para satisfacer sus necesidades. ¿Le parece a usted que la correlación entre el sufragio y ‘todo eso’ es poca, siendo el sufragio la condición sine qua non para la obtención de ‘todo eso’?”.   No solo su intelecto estaba cuestionado, también su ‘yo’ público se recortaba mediante un constructo social que las asfixiaba. Aurora Bertrana se lamentaba de la ociosidad impuesta que les era asignada por su sexo: “Una vida de pereza, de inutilidad, lujo, sensualismo e ignorancia”. La condescendencia con la que muchas autoras eran tratadas merecía ser contestada con indiferencia. Así lo afirmaba – mucho antes de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo– Carmen de Burgos, la célebre Colombine, que vivió y escribió con solvencia y humildad, pero a la vez con transgresión y desafío: “No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas inquebrantables”, asegura en su autorretrato.   Mientras, Rosario de Acuña escribía al político, periodista y escritor Ramón Chíes: “Tal vez no venzamos, pero habremos sostenido, una generación tras otra, los ideales de la humanidad a través del tiempo y del espacio”, evidenciando, por encima de todo, sus ideales humanistas. Hoy, cuando el feminismo ha sido incorporado en las agendas de gobiernos e instituciones, se entiende con mayor profundidad, si cabe, el pensamiento de María Zambrano, comprometida avant la lettre, cuando una filósofa formaba parte de una anomia, ya que a las mujeres se las ubicaba en la periferia del saber: “Mas mi cabeza en tanto que tal ni es de mujer ni de hombre, es Mente. Albergue del Logos, movida por el nous poetikós”, le escribió a su amigo.    Igualdad de derechos y de oportunidades, pero también libertad individual, libertad sexual, la constatación de las contradicciones entre el ser y el parecer, emergen de los textos de estas autoras que abordaron su condición de mujeres con poética e ironía, así como una gran solvencia creativa. La toma de conciencia del traje que las constriñe y asfixia, del escaso catálogo de roles impuestos, supone un punto de inflexión que tan bien expresara Josefina Aldecoa: “Todo lo que vino después me había llevado hasta esta Gabriela que yo era sin remedio, buena esposa, buena madre, buena ciudadana. La trampa se cerraba sobre mí”. La trampa de la sumisión, de la que había que escapar. Por mucho que abriese una lucha dubitativa y dolorosa, como de la que deja constancia poética Ángela Figuera: “¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, / con sólo esta canción, esta porfía / limando y escociéndome la boca?”.   Claro que, como reflexionó con eficaz prosa Victoria Ocampo, las mujeres estaban educadas para callar: “Toda conversación entre el hombre y la mujer, apenas entra en cierto terreno, empieza por un: ‘No me interrumpas”. Reducidas casi a siluetas sin dimensión intelectual, y apenas sentimental, a pesar de que históricamente les fuera cedido el patrimonio afectivo y el manejo de las relaciones, debían de bregar contra el aislamiento. “Nunca se preocupó nadie de mi corazón. Mi corazón y yo crecimos extrañamente, dentro de un mundo frío y distante”, en palabras de Ana María Matute.   También se rebelaron contra el amor, empezando por Idea Vilariño en su muy célebre poema “Ya no”. Contra el ideal romántico que heredaron y que les exigía sumisión y paciencia, adoración e intendencia. “El amor es este viaje inútil, pero muy suave”, como lo definió Alejandra Pizarnik. Lo importante era despertar, reconocer la propia identidad sexual, vivirla, gozarla. Escribir desde la diferencia con un calor cotidiano, como Maria Mercè Marçal: “T’estimo quan et sé nua com la navalla, com una fulla viva i oferta, com un llamp que la calcina, cec. Com l’herba, com la pluja”.   O bien liberar al amor de sus ataduras terrenales para sublimarlo hasta el arrobamiento, como Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, santa Teresa de Jesús: “Muchas veces me parecía me dejaba el cuerpo tan ligero, que toda la pesadumbre de él me quitaba, y algunas era tanto, que casi no entendía poner los pies en el suelo”.   Durante siglos fueron silenciadas, desdeñadas, subestimadas, eclipsadas, pero hoy, desde la Biblioteca Nacional y desde muchas ciudades españolas y latinoamericanas que secundan la iniciativa, leemos fragmentos de sus obras, pronunciamos alto su nombre y grabamos su memoria en la nuestra, pioneras en tiempos borrosos que abrieron claros de luz. En estas palabras de Filomena Dato hay una oda a la fortaleza, al ingenio y a la sabiduría que han detentado generaciones y generaciones de mujeres escritoras, a pesar de todo, gracias a todo:

 

“Las mujeres fueron sin duda de clarísimo talento, que divinizaría la admiración y el tiempo. Y  éste, una innegable señal de que las mujeres tuvieron siempre voluntad de saber y demostraron ingenio. Cientos de mujeres sabias pueden ponerse de ejemplo”.

 

 

 

Joana Bonet

 

Comisaria del Día de las Escritoras 2018

 

*En la foto, Rosalía de Castro.

 

MERCEDES CORRAL: "TRADUCIR ES UNA PASIÓN"

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Traducción. Mercedes Corral, madrileña, es traductora del italiano y del francés. Dirigió varios años la Casa del Traductor de Tarazona. Con gentileza, responde a algunas preguntas sobre el oficio.

-¿Qué supone traducir?

Supone meterte en la piel del autor y desentrañar su universo para recrearlo en el idioma del lector con la máxima fidelidad posible al propósito del escritor.

-¿Cómo vive este oficio?

Para mí, como para la mayoría de los traductores literarios profesionales, es una pasión, por eso podemos dedicarle tantas horas de nuestra vida, la pasión de construir meticulosamente cada día un puente para que los lectores puedan transitar por él y contemplar otros mundos. Y, como toda pasión, tiene su precio, que en nuestro caso sigue siendo bajo. Somos muy pocos los que, mal que bien, podemos vivir de ello, aunque con dificultad.

-¿Ha cambiado en algo la consideración del profesional?

Menos mal que el panorama empieza a cambiar un poco a este respecto. Algunas editoriales de reciente creación llegan al mercado con esta conciencia de que hay que cuidar al máximo la traducción, lo que significa que hay que tratar al traductor en consonancia con el importante valor de su trabajo. De hecho, cuántas obras de éxito entre los lectores, deben este a una buena traducción.

-¿Qué celebramos y reivindicamos hoy?

Celebramos que siga habiendo un gran número de personas, los traductores, que consagran su vida a que los seres humanos se entiendan  sin que los idiomas no sean fronteras, sino puentes. Reivindicamos un mayor respeto social y laboral hacia nuestra figura.

-¿Dos o tres traducciones, propias, que la sigan haciendo feliz?

-Me sigue haciendo feliz mi traducción de ‘Léxico familiar’, de Natalia Ginzburg, mi primer trabajo como traductora. Un libro que sigue cosechando un gran éxito entre los lectores. Lo hice poniendo mi vida en ello, quería ser traductora y empezar con buen pie, y creo que lo conseguí. Como recompensa a ese esfuerzo, tuve el enorme privilegio de conocer a Natalia Guinzburg en su casa de Roma.

-¿Alguno más?

También ‘El secreto del bosque viejo’, de Dino Buzzati, escrita para los niños y para los adultos que siguen tratando de ver las cosas con ojos de niño, me sigue animando desde mi librería a vivir la vida de la forma más mágica posible. Me entusiasmó, entre otros muchos, el pasaje de la lucha entre los dos vientos. De hecho, cada vez que el viento sopla con fuerza, pienso que esos dos han vuelto a las andadas…

-¿Se reconoce en alguien, en algún maestro o modelo?

Todos los colegas comprometidos en este oficio son mis maestros y mis modelos. Los veo seguir con ilusión en el tajo, a pesar de todos los pesares, y eso me anima a continuar. A veces les pido que me ayuden con alguna frase que se me resiste y ellos lo hacen con mil amores, lo cual es muy de agradecer. Lo que demuestra una vez más que todos vivimos en este oficio con una verdadera vocación.

*La foto de Mercedes Corral es por cortesía de la traductora.

30/09/2018 14:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL VILAS EN CARIÑENA

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MANUEL VILAS: “OS INVITO A HACER DE CARIÑENA UNA DE LAS MEJORES, SINO LA MEJOR, DENOMINACIÓN DE ORIGEN DEL MUNDO”

[Nota de Santiago Martín y Maszoom.] 

El “Invitado de Honor” de la 52ª Fiesta de la Vendimia resaltó el “maravilloso trabajo” que realizan los vitivinicultores de la Denominación y ha reinvidicado el vino como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental”

 

El autor ha incidido durante su intervención en el acto central de la Fiesta en que en el vino, como en la literatura, “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida” y por eso “adorna la vida” y  es “sinónimo de civilización y de progreso”

 

El presidente de la D.O.P., Ignacio Casamitjana, ha anunciado en la celebración los dos grandes objetivos inmediatos del Consejo Regulador para impulsar la comercialización de sus vinos: la reforma del Museo del Vino y la promoción internacional de la uva Cariñena

 

La vendima de este año estará “por encima del 15 % o incluso del 20 % de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva

 

El acto de Exaltación del Vino ha incluido el tradicional pisado del primer mosto y su ofrenda al Santo Cristo de Santiago y ha culminado con el encendido de la Fuente de la Mora a cargo del “Invitado de Honor”, quien posteriormente ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas

 

(Domingo, 23 de septiembre de 2018).- El vino es como el arte porque celebra la vida y adorna la existencia. Este es el mensaje que ha transmitido el escritor Manuel Vilas en la 52ª Fiesta de la Vendimia de Cariñena, donde este año ha sido el “Invitado de Honor” y el encargado de hacer manar vino de la Fuente de la Mora, en el acto más característico de esta celebración.

 

El escritor aragonés, que este año ha logrado un gran éxito literario con su novela “Ordesa”, ha protagonizado así en el acto central de la emblemática Fiesta de la Vendimia de la Denominación de Origen Protegida Cariñena, reconocida desde 2016 como Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Por su parte, el presidente del Consejo Regulador la D.O.P. Cariñena, Ignacio Casamitjana, ha destacado la transformación del Museo del Vino y la promoción de la variedad de uva Cariñena, como principales apuestas en las que se trabaja actualmente.

 

Manuel Vilas ha comenzado su intervención agradeciendo su nombramiento como Invitado de Honor “porque celebrar la fiesta del vino de Cariñena es lo mismo que celebrar la vida, la amistad y la alegría” para luego destacar en su discurso cómo el oficio de escritor “tiene que ver mucho con el vino”. Así, ha realzado que el vino es “sinónimo de civilización y de progreso” y que en él, como en la literatura “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida”.

 

“HACER VINO ES AMAR LA VIDA Y LA LIBERTAD”

 

Repasando las virtudes del vino, Vilas lo ha relacionado con el nacimiento de la cultura cuando el hombre “vio en el vino un motivo de celebración y de exaltación de la naturaleza”. Ha destacado que los pueblos que se dedican a la viticultura, como los de la Denominación de Origen Protegida Cariñena “aman la vida y la libertad” y ha subrayado cómo el vino “está relacionado con la tolerancia, la amabilidad y la educación”; además de su papel en “realzar la gastronomía, una forma inteligente de entender la vida”.

 

Como ejemplo de todas estas virtudes, Manuel Vilas ha contado cómo recientemente en una comida con un amigo escritor famoso, este, saboreando su copa de vino, le explicó en qué se parecen el arte y el vino: “ni el vino ni el arte son necesarios. Precisamente por eso los amamos tanto, porque nos adornan la vida, y porque sin adornos y sin placeres y sin lujos la existencia sería un infierno y un enorme aburrimiento”.

 

Vilas ha resaltado que esta historia expresa la “radical humanidad” del vino, y su papel como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental que existen”, por lo que ha concluido sus palabras invitando a “la perfección en el trabajo de hacer vino” y a “difundir por el mundo entero y consolidar el maravilloso trabajo que hay detrás de la Denominación Cariñena”.

 

El reconocido escritor ha concluido así su intervención: “Os invito a la perfección en el trabajo de hacer vino. El vino exige conocimiento, ciencia, técnica, investigación, arte, entrega, sacrificio, trabajo constante. Os invito a hacer de Cariñena una de las mejores, sino la mejor, denominación de origen del mundo”.

 

“APOYAR LA COMERCIALIZACIÓN”

 

Por su parte, el presidente del Consejo Regulador, Ignacio Casamitjana, ha aprovechado la Fiesta de la Vendimia para repasar los objetivos y proyectos en un año en el que se calcula que la cosecha va a estar “por encima del 15 % o incluso del 20% de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva.

 

Casamitjana ha incidido en que este punto de partida “quedaría incompleto si no conseguimos que nuestros vinos alcancen un posicionamiento económico acorde con la calidad que estamos ofreciendo” para destacar el reto de “apoyar entre todos a la parte industrial, de producción y comercialización”, para lo que ha destacado dos grandes proyectos: el posicionamiento internacional de la variedad de uva Cariñena y la reforma del Museo del Vino.

 

Sobre el primer objetivo, el presidente ha destacado que se aspira a “convertir en un icono internacional” la uva cariñena, “que tiene el mismo nombre que nuestra ciudad, nuestra comarca y nuestra Denominación”, para que sea “una figura de exclusividad, un referente que nos distinga del resto de territorios vinícolas y nos coloque un escalón por encima”.

 

Sobre la transformación del Museo del Vino, el presidente de la D.O.P. ha resaltado que el Gobierno de Aragón ha financiado la redacción del proyecto y que se trabaja para que pronto sea una realidad “un Museo del Vino del siglo XXI, que manteniendo la esencia de la tradición esté también a la vanguardia"”. Además, también ha citado la Ruta enoturística del Campo de Cariñena – El Vino de las Piedras como un medio de promoción e imagen ya consolidado.

 

A la vez, Ignacio Casamitjana ha resaltado la importancia de “estar siempre innovando, porque la vid y el vino son un trabajo de 365 días al año” y ha recordado cómo la D.O.P. Cariñena fue pionera en técnicas como el uso de feromonas para combatir la polilla del racimo “y seguiremos implantando las novedades más vanguardistas para conseguir la excelencia en la producción” y seguir manteniéndose “en el top ten de los vinos de calidad”.

 

El presidente ha recordado finalmente que en la Denominación de Origen Protegida Cariñena trabajan más de 1.500 viticultores y 35 bodegas y sus 14.000 hectáreas de viñedos concentran el 50% de todo el vino que se elabora y comercializa en la Comunidad Autónoma de Aragón.

 

PISADO DE LAS UVAS, BENDICIÓN DEL MOSTO Y ENCENDIDO DE LA FUENTE

 

Los actos de la Fiesta de la Vendimia han comenzado con el tradicional pisado ante el público de las uvas para recoger el primer mosto del año, bendecirlo y ofrecérselo al patrón de Cariñena, el Santo Cristo de Santiago. En esta edición, han sido dos vecinos de la localidad de Alpartir, Ángela del Val y Francisco Pérez, los encargados de esta tarea. Como novedad, se ha recuperado este año la presencia de la imagen del Santo Cristo en el escenario de la plaza, donde se ha realizado la bendición del mosto por el párroco de la localidad, en lugar de en la ermita al finalizar el acto.

 

Tras los discursos del “Invitado de Honor” y del presidente del Consejo, se ha vivido uno de los momentos más esperados, cuando el primero ha puesto en marcha el interruptor que permite que durante todo el día manen miles de litros de vino de la Fuente de la Mora, la original seña de identidad de la Fiesta de la Vendimia de la Denominación.

 

A continuación, y una vez concluido el acto institucional, Manuel Vilas ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas, que desde 2014 luce las huellas de los personajes que han visitado la Denominación de Origen Protegida Cariñena. El escritor se ha sumado así a una ya larga lista de nombres como José Ramón de la Morena, Santiago Segura, David Trueba, Eduardo Noriega, Elvira Lindo, Paula Ortiz, Miguel Ángel Lamata, Gabino Diego y Luisa Gavasa.

 

El programa ha continuado con la apertura de la Feria del Vino, en la plaza Campo del Toro, donde se han podido degustar los Vinos de las Piedras de la Denominación Cariñena junto con sabrosas tapas y raciones, y actuaciones musicales. Además, se han realizado visitas gratuitas al Museo del Vino y, como novedad también de este año, el Tren del Vino  ha permitido a algunos zaragozanos viajar y regresar a la fiesta en vagones históricos, como se hacía en los años 90.

 

En el acto central de la Fiesta de la Vendimia 2018 han estado presentes, entre otras autoridades, el secretario general técnico del Departamento de Desarrollo Rural del Gobierno de Aragón, José Luis Castellano; el vicepresidente de la Diputación de Zaragoza, Martín Llanas, y el alcalde de Cariñena y presidente comarcal, Sergio Ortiz.

 

Castellano ha destacado el apoyo del Gobierno de Aragón y que “la producción diferenciada y de calidad se ha convertido en el eje central de la Denominación Cariñena”. En su opinión, “en esta Denominación hay una industria y unas bodegas que están en primera línea con sus poderosas campañas nacionales y de internacionalización en los principales mercados del vino”.

 

Por su parte Sergio Ortiz, invitó a todos, y de todos los lugares a disfrutar de “una fiesta que une pueblos y culturas y especialmente este año con el protagonismo del escritor Manuel Vilas, ya que la literatura es un lenguaje universal como es el del vino”.

 

25/09/2018 18:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL HIDALGO ESCRIBE DE MI LIBRO 'CARIÑENA' (PREGUNTA, 2018)

https://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2018/09/la-vendimia-literaria-de-anton-castro/

La vendimia literaria de Antón Castro

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Atiborrado de Gelocatil y Fluimucil por una gripe caprichosa que no termina de dar la cara –quizá no debería haberlo dicho, pero dicho queda-, me dispongo a escribir aquí, desde el corazón de la niebla, de uno de los libros más luminosos, bonitos y sencillos que he leído últimamente: Cariñena(Pregunta Ediciones), de Antón Castro.

En 1978, a los 19 años, el entonces Técnico Especialista en Electrónica y hoy reputadísimo periodista cultural y exquisito escritor, nacido en la parroquia de Santa Mariña de Lañas, en el coruñés “concello” de Arteixo, abandonó su casa familiar y se largó a Zaragoza escapando del cumplimiento del servicio militar. Instalado en la capital aragonesa, en una especie de comuna okupa integrada por objetores como él, vio la conveniencia de ganarse unos dineros como vendimiador en Cariñena.

Leemos en la contraportada: “A medio camino entre la realidad, la memoria y la autoficción, Cariñena es una novela autobiográfica…” Vale. El etiquetado referencial nos queda claro. Novela o no, Cariñena es un relato confesional, de experiencia, de iniciación a la vida, narrado en primera persona con una ingenuidad y una naturalidad desarmantes y cautivadoras.

Un chico raro, miedoso, inexperto, sin fuste físico, emocionalmente frágil, iniciado mucho más en la vida cultural propia de su edad y su tiempo que en la vida misma, incierto aspirante a poeta y pegado a un cuaderno Sagitario –en el que anota cuanto le pueda convenir a su incipiente propósito de escribir- llega en solitario, con dos duros y en auto-stop a Cariñena a ver si consigue “engancharse” como vendimiador. Ni idea de lo que se le avecina.

Cariñena cuenta primero la expectante búsqueda de trabajo y, después, las jornadas como vendimiador en los viñedos. Todo el relato es un continuo, un río tranquilo que fluye con quietud, al paso de los días y las noches, de las horas, de las incertidumbres, de los contactos y de las tareas.

Con muy significativas alusiones al terruño abandonado, a la infancia y juventud que han quedado atrás, a la figura bifronte del padre, Castro se sumerge en el paisaje y en el paisanaje de Cariñena. Queda simple –incluso feo- decirlo así, pero así es (para entendernos): la tierra y la gente.

El Gallego –como enseguida le llaman- va estableciendo relaciones en el pueblo: gente que le ayuda, gente que le puede dar el trabajo que anhela –ya se verá-, gente que aspira a su mismo empleo; un formidable elenco de tipos humanos, cada uno con sus pequeñas historias detrás y delante, en los escenarios de la plaza, el bar, una nave, un cobertizo, unos barracones… En Cariñena y en Paniza. Tres amigos que se consolidan –Miguel, Andrés, Pepe- y dos chicas –Cris y Mar-, que también aparecen por allí en busca de trabajo. Conversaciones, anécdotas, confidencias, indagaciones, puesta en común de gustos –tal película, tal libro, tal cantante- y proyectos, afectos, aprendizaje.

Y, con la misma prosa limpísima, delicada, apacible como la solidaridad sin énfasis y la complicidad soleada que se va abriendo paso, la descripción, al fin, del durísimo trabajo farcino (cuchillo) en mano en los viñedos hasta deslomarse al sexto día, con párrafos bellísimos sobre la tierra, la uva, la técnica, la tarea y el esfuerzo de cobrarla, de sumarla a los cuévanos (cestos) hasta quedar tronzado, abatido por el lumbago del cierzo. “Molinicos de poca agua. Así se le dice por aquí a la gente como tú que flaquea cuando menos se espera”, le dirá al Gallego con cariño uno de los amigos.

Completado ahora por un relato inédito, Una artista en el viñedo, que, sobre el mismo escenario trae resonancias de la película Tierra (1996), de Julio Medem, y de las zonas de misterio y fábula que suelen agazaparse en la narrativa de Castro, Cariñena, que ya había tenido una anterior edición hace años -¿cuatro?-, es un libro bellísísimo y de una originalidad inesperada y sorprendente.

Sí. Resulta que a todos los ingredientes nombrados se suma de soslayo y con discreción, mediante referencias culturales –que no excluyen a la cultura popular y callejera-, el retrato de un tiempo y de una generación. Lo insólito es que este retrato, que suele hacerse con ambición programática y con solemnidad, se haga en Cariñena con la ingenuidad y la naturalidad desarmantes que he mencionado más arriba, que son las herramientas –propias de ciertos poetas- con las que Castro cuenta su historia y se desnuda.

Escribe Castro: “Mis padres son labradores e hijos y nietos de labradores. Mi infancia está vinculada por tanto al campo. He ido con mi padre al monte en busca de leña y desde allí contemplaba un furioso mar de delfines; he estado con mi madre horas y horas recogiendo patatas, plantando judías y deshojando maíz. Me gustaba internarme en el corazón del maizal y aislarme del mundo, tanto que a veces mi madre se asustaba: pensaba que me había perdido o que había huido hacia las antiguas minas de wólfram, donde se decía que había demonios y precipicios sombríos que conducían al más allá. Por eso cuando nos íbamos a las fincas siempre me metía un diente de ajo en el bolsillo del pantalón. Era un amuleto infalible contra los malos espíritus…”.

Este párrafo sobre el niño misántropo se prolonga todavía más. En fin, no sabemos ni nos importa cuánto hay de rigurosamente exacto en todo ello, pero lo que es seguro es que Antón Castro, el responsable del suplemento cultural de Heraldo de Aragón, el autor de El testamento de amor de Patricio Julve (1995) y, en fin, el poseedor de tantas erudiciones, tiene la suerte y el privilegio de poder seguir escribiendo con la mirada del niño aislado en un maizal. Ya me toca otro Gelocatil.

*Mil gracias a Manuel Hidalgo por este texto tan generoso y lleno de cariño.

 

CRISTINA GRANDE: 'NIEBLAS ALTAS'

Cristina Grande escribe, columna a columna, la novela de la vida

La escritora recoge sus textos de prensa que publica los martes en HERALDO en ‘Nieblas altas’ (Olifante)

  
   
 
La escritora Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO.
Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO. Guillermo Mestre

Cristina Grande Marcellán firma todos los martes en HERALDO una columna de culto. Esta mujer, que querría ser de mayor como la cineasta Jane Campion, “con su melena blanca recogida en una coleta ladeada”, escribe de las pequeñas cosas, de lo invisible, que lo que por pura obviedad da la impresión de que ni esté. Dice en la primera frase de su nuevo libro ‘Nieblas altas’ (Olifante. La Casa del Poeta): “Lo bueno de tener un pasado es que puedes olvidarlo casi a voluntad, por trozos”.

Ella, en realidad, olvida pocas cosas. Esta cronista del presente asume muy bien una frase de la escritora Nélida Piñón: “Lo que da trascendencia al arte es la maravillosa banalidad de lo cotidiano”. Lo cotidiano de hoy, de anteayer, de ayer o de hace años. Cristina tiene un especial radar de percepción, y en ese don para captar sutilezas, hechos inaprensibles, emociones sigilosas o los pequeños detalles que agigantan el arte de vivir, se parece a Alice Munro, Mercè Rodoreda, Natalia Ginzburg y Soledad Puértolas. Pertenece a ese estirpe innominada y emparentada por enigmáticos vínculos y una prosa limpia y luminosa, suave y sin gritos.

¿Qué es ‘Nieblas altas’ y que hace ese libro en una colección de poesía, más bien? Son 49 de sus columnas de los últimos años, que complementan las que ya había publicado en ‘Flores de calabaza’ (Anorak). Y aquí, también aquí, está esta escritora extraña, inquietante y familiar con sus temas. Y con esas frases que te dejan temblando o escribiendo mentalmente una novela: “Mi hermana soñaba con una piscina de mercurio”. También a ella le encantan las piscinas.

Cristina Grande es autora de libros de cuentos como ‘La novia parapente’, ‘Dirección noche’ y ‘Tejidos y novedades’ y de una novela, ‘Naturaleza infiel’, que dio mucho que hablar. Son bastantes los lectores que esperan, desde hace años, su segunda novela. Cristina la escribe sin escribirla: con sus columnas, martes tras martes, enhebra una narración frondosa, veteada de afluentes y personalísima, donde la protagonista es ella, ella y su mirada y su sensibilidad, y ese modo magistral de no darse ninguna importancia. Escribe como camina, escribe como sueña, escribe como bebe un vino o como pasea en moto, abrazada a su amor Antoine y desafiando el cierzo en Lanaja, en Calatayud, en Paracuellos de la Ribera o si hiciera falta en el Himalaya, ante sus fantásticos cedros.

Cristina escribe de sí misma y escribe de todo: de Sol Acín y de sus versos, le conmueve ese que dice: “Miedo me da la estría del aire que adivino en su infinito”. Escribe del lenguaje y visita el ‘Tesoro de la lengua castellana’ de Covarrubias para saber que significa exactamente el vocablo ‘musarañas’, que le responde: “Vulgarmente solemos llamar musarañas a unas nubecillas que imaginamos en el aire”. Puede explicar la atmósfera de una chopera en Aranda de Moncayo o recordar la película de ‘Rocky II’, contempla el descenso del Ebro, glosa un paseo en el autobús 39 y rinde homenaje a la gente que le ayuda a sobrevivir y la empuja a ser más feliz: Luis Alegre, Pepe Melero, Fernando Sanmartín, José María ‘Cuchi’ Gómez, su primo Alfredo, que la lleva en coche a un funeral, etc., y su propia madre, claro, que ella ha convertido en una misteriosa e inagotable criatura de novela.

Cristina escribe de aromas, de blusas (en concreto de la blusa roja de la actriz Luisa Gavasa), de las estrellas o de la última nieve que queda en el Moncayo. En el texto que da título al conjunto, escribe Cristina Grande Marcellán (Lanaja, 1962): “Mi madrina no quiere ver que las cosas son más complicadas. También ella, como mi madre, ve nieblas altas aun cuando se esté generando una gran tormenta”.

Esa madre, por cierto, es la misma que se pregunta o que comenta: “¿Cuándo pasarán las perdices?”. Cristina, que tiene los cinco sentidos en alerta, parece saberlo.

 

 

LA FICHA

‘Nieblas altas’. Cristina Grande Marcellán. Olifante: Papeles de Trasmoz. Zaragoza, 2018. 109 páginas.

15/09/2018 20:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARMELA TRUJILLO LEE 'LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA'

https://libroscarmelatrujillo.blogspot.com/2015/10/para-tener-en-cuenta.html

La leyenda de la ciudad sumergida, 

de Antón Castro
Ilustraciones de Javi Hernández
Si se hiciera una encuesta sobre por qué leemos o qué buscamos en los libros, creo que un alto porcentaje de nosotros diríamos que es para encontrar tesoros. Y por tesoros me refiero a descubrir una obra que nos llena por completo, que nos hace creer en mundos paralelos y que nos transforma en compulsivos (desesperados que buscan cualquier momento para seguir leyendo la historia).
Pues de un tesoro recién descubierto quiero hablar hoy. Se trata de La leyenda de la ciudad sumergida, publicado por Ediciones Nalvay(pequeña editorial aragonesa que solo edita “aquello que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en las librerías”). Un libro escrito por Antón Castro e ilustrado por Javi Hernández. Una novela (¿juvenil?) que comienza así:
Sabela Camelle estaba a punto de dar a luz el día en que Cidre Oután, el ciego de Baladouro, se detuvo ante ella frente al lavadero, le cogió el vientre y se lo palpó amorosamente para comprobar hacia qué lado le abultaba más. La mujer, que conocía su fama de adivino, se dejó tocar por aquí y por allá como si nada.
-Parirás mañana al amanecer un muchacho que, a medida que pasen los días, se volverá un poco brujo- le dijo el ciego.
Y ya es imposible detener la lectura. Una lectura que, para mí, ha sido como un estadillo de sabores. Ha sido algo así como cuando te comes un bombón relleno, que explota en la boca, y todos los sabores se mezclan. El sabor del mundo rural de Rosalía de Castro, por ejemplo, o esa reminiscencia de libros clásicos como “Lazarillo de Tormes” o “Don Quijote de la Mancha”. ¿Recordáis que encabezaban sus capítulos con largas frases que explicaban lo que iba a acontecer? Pues aquí, igual. Un ejemplo:
III
DE CÓMO EN BALADOURO LLOVÍA SIN PARAR
O EL INICIO DE LA AVENTURA
Después del primer domingo de otoño se había desatado una inmensa tormenta y ya hacía más de tres días que llovía sin cesar. El río Bolaño se salió de su cauce e inundaba los prados y las vegas de frutales. Illó Oscuro amenazaba también con salirse de sus límites y extenderse por las fincas de siembra, la propiedad inmensa de Ferreño, y por los huertos protegidos por muros de laja a lo largo del río. En los caminos nacían riachuelos que bajaban enloquecidos desde las cumbres y desembocaban en la era del tío Xosé do Nacho, donde formaban barrizales, lagunas de lodo y un mar de agua con residuos, espantapájaros y aparejos de labor.”
Las aventuras, en este libro, ocurren una tras otra, con todo tipo de personajes (muchos, propios de la mitología gallega). Y nosotros, como lectores envueltos en la magia de Antón Castro, nos lo creeremos todo. Todo. Incluso que los animales hablen. O que existan seres como los nuberios. También las meigas, por supuesto, que las hay. Y seguiremos leyendo para conocer qué le ocurre a Esteban, un chaval que posee ciertos dones únicos desde que fue obsequiado con un libro escrito a tres tintas y que le iba a proporcionar la capacidad de“arreglar las mayores catástrofes, de curar las más punzantes y dolorosas heridas y de vivir las aventuras más increíbles”. El amor por la lectura, por los libros, por las historias que cuentan esos libros o los relatos que se narran en voz alta, todo eso, tiene cabida en La leyenda de la ciudad sumergida.
¿Y qué decir de las ilustraciones? Pues que forman una perfecta simbiosis con el texto, acompañándolo de una manera sutil, delicada.Javi Hernández, el ilustrador, me cuenta que se siente muy cómodo realizando este tipo de dibujos, con el lápiz “porque me permite de un modo sencillo expresar mucho, construyendo atmósferas y a la vez conseguir  precisión en los detalles”. Me cuenta que no le atraen las técnicas digitales porque necesita “tener un contacto táctil con los materiales sobre el papel”. Las imágenes que acompañan esta reseña, repletas de detalles y de color, son un ejemplo del buen hacer de este artista argentino afincado en Huesca.
El autor, Antón Castro, nació en La Coruña y reside en Zaragoza. Es escritor, periodista (ganó en 2013 el Premio Nacional de Periodismo Cultural) y traductor. Y nos habla a continuación de La leyenda de la ciudad sumergida. Preguntas y respuestas para conocerle mejor.
…….
¿Qué supuso, para ti, que este libro tuviera una segunda oportunidad? Me refiero a que, casi diez años después de su publicación en gallego, la editorial aragonesa Nalvay te dijera que se había enamorado de la historia.
Tras publicar ‘El niño, el viento y el miedo’ en la editorial Nalvay, le di a David González, el editor, el ejemplar en gallego de ‘A lenda da cidade asolagada’, sin ninguna intención oculta. Él sabe poco gallego, me confesó, pero se zambulló en el libro, le interesó la historia y me dijo: “Antón, esta novela me ha encantado. Me gustaría que la tradujeses”. Y ahí empezó todo: la reescribí un poco, la “desbarroquicé”, la hice algo más fluida y mantuve sus constantes: la fantasía, el enigma, el bestiario, etc.
Hay un personaje, un animal, que me ha gustado mucho: la yegua Pindusa (quizá porque cuando yo era niña tuve un caballo imaginario que también hablaba). Y tú, ¿con qué personaje te sientes más identificado o cuál te resulta más atrayente? ¿Tal vez el bibliotecario don Darío Barrerio, por eso de que en los años 80 buscabas un empleo de bibliotecario en Arteixo?

El libro nació en una época en que yo trabajaba en un bingo y fui a La Coruña a realizar un curso de tres meses de biblioteconomía. A mí me gustan mucho Pindusa, la yegua, que tiene la propiedad del habla y que es como la protectora del héroe, y por supuesto Don Darío Barreiro, que es el bibliotecario ideal, implicado, que entiende que los libros son seres vivos y que deben ayudar a vivir. O incluso a solucionar un conflicto tan urgente como una inundación por tormenta incesante.  
Me han impresionado los dibujos de Javi Hernández. Puesto que ya habíais trabajado juntos en “El niño, el viento y el miedo”, saber que él te acompañaría en “La leyenda de la ciudad sumergida” ¿te dio cierta seguridad respecto a los resultados?
Sin duda. Con Javier Hernández, desde ese primer proyecto, surgió una corriente de cariño y de afinidad. Tiene un trazo personalísimo, sutil, lírico e imaginativo, y aquí, de nuevo, lo resuelve muy bien. Con él siempre estoy en buenas manos y en mejores trazos. Me encanta trabajar con él y creo que no será nuestro último trabajo; tenemos por ahí dos sueños en marcha: uno sobre el tango y otro sobre el jazz. Le apasiona la música y a mí también.
  
En tu historia se habla de la superación del miedo. ¿Crees que lo que mueve al mundo es esta sensación de angustia que provoca el peligro real o imaginario? ¿O tal vez es, “simplemente”, la clave para las novelas de aventuras?
El miedo está en nuestras vidas, en la convivencia diaria, todo el rato. Sí, esa es una parte importante: es una invitación al atrevimiento, a la confianza, al riesgo. La vida, incluso cuando te vienen muy torcidas, te da segundas y terceras oportunidades. Y por supuesto, la angustia, el pánico, la incertidumbre, la pasión, querer saber, todo ello es muy útil en el desarrollo de la intriga de las novelas. 
El bestiario que aparece al final del libro, ¿es real,  pertenece a la mitología gallega, o algunos de esos seres han sido creados expresamente para que se asomaran a tu historia?
Sustancialmente es imaginario, pero forma parte de la mitología gallega. Hay cosas inventadas que forman parte de ese fabulario de prodigios que te cuentan las abuelas, los ancianos o algunos libros en la niñez. Y he intentado usarlo todo. De niño me hablaban de ‘Los moros de Larín que salían del trasmundo para ayudar a la gente del campo en sus tareas con las vacas’. Me lo dijo un pariente de mi abuela Emilia, o quizá ella misma, y lo he utilizado. Así se trabaja: con lo que pasó, con lo que pudo pasar, con lo que te cuentan que ocurrió, desdibujado por la imprecisión de la leyenda, y lo que sueñas, lo que imaginas. Aquí hay varias figuras inventadas.
………

-La biblioteca-

Mientras leía La leyenda de la ciudad sumergida (Nalvay, 2014) me he sentido como el rey que se mantenía despierto sólo para seguir escuchando las historias que contaba, noche tras noche, Scheherezade. Y esta sensación me ha hecho recordar un pensamiento que Carmen Martín Gaite dejó escrito en su libro “Cuaderno de todo” y que habla de la importancia de contar bien las cosas. La escritora dijo: Así pasa en muchas narraciones que embriagan, las amorosas, de preferencia. Se pide, en definitiva, que le cuenten a uno las cosas bien. Y para contar bien hay que mirar fuera de sí, insertar lo propio en lo ajeno.
      
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13/09/2018 11:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISMAEL GRASA EXPLICA SU LIBRO 'LA HAZAÑA SECRETA' (TURNER)

Ismael Grasa: "No tenemos la respuesta de todo"

El escritor y profesor de Filosofía publica 'La hazaña secreta', un tratado sobre la felicidad, el amor, la belleza y la vida buena en Turner

 
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.José Miguel Marco.

¿Cuál es el origen del libro?

Unas cartas que no llegué a enviar, la intención de expresar cierto ideario de vida, o de reflexionar sobre él. También el deseo de transmitir que los valores que nos mueven no son más débiles que, por ejemplo, los de un integrista.

¿Qué le debe a ‘La flecha en el aire’? ¿En qué medida podría ser un conjunto de lecciones cortas de clase, casi un tratado de urbanidad, idóneas para los alumnos?

Aquel libro era un diario de profesor. Este es un libro que parte de los manuales de urbanidad, que es un género bastante desprestigiado, para conducir al lector a otros lugares y preguntas.

Una de las frases que más se usa es ‘la buena vida’. ¿Qué sería para usted la buena vida?

Aunque parezca una respuesta circular, la vida buena es aquella que la persona buena reconoce como tal. Y es una combinación de participación en lo público y, a un tiempo, una individualidad ganada, conquistada. Hay que pensar, por otra parte, que la idea de los derechos humanos fue abriéndose paso a la par que ciertos usos domésticos, de indumentaria o de mobiliario: los asientos individuales en los teatros, el mueble secreter, la lectura de novelas en silencio, etc. De todo esto hablan autores como Lynn Hunt, que es una de las referencias que aparecen en el libro.

Por curiosidad, ¿qué ha sido más determinante en la redacción del libro: su condición de escritor, su condición de profesor o la de padre?

Todas ellas, supongo, han pesado algo. Como escritor, he pretendido que esté bien escrito, que los capítulos sean lecturas limpias; como profesor, son cosas que trato habitualmente; como padre… lo cierto es que mi pareja estaba embarazada cuando lo escribí, y quizá haya influido en el deseo de transmitir algo.

Isamel Grasa: No tenemos la respuesta de todo

¿Cuál es el significado de las citas? ¿Qué buscaba ahí y cómo las ha organizado? ¿Cuánto hay en ellas de azar y de homenaje de cariño a autores y amigos que le marcan?

Decidí que todos los capítulos terminasen con una cita, de modo que el libro es, a su vez, una selección de textos, recogidos en la bibliografía final, y que el lector puede continuar por su cuenta. Contiene un compendio de reflexiones, de Montaigne a Camus, de Natalia Ginzburg a Savater, que apuntan hacia la dignidad de lo cotidiano.

He pensado que ‘La hazaña secreta’ tiene algo de meditaciones de un lector… ¿Qué son primero las reflexiones o los textos ajenos?

Primero fue la reflexión, no es un libro de citas en ese sentido. El primer término que se extiende en nuestro mundo cultural con la Transición es el del “desencanto”, como si la vida en paz, la democracia común, fuese algo insatisfactorio para nosotros. Herzen decía que a los latinos no nos gusta vivir en libertad, que lo que nos satisface es luchar por la libertad. El motor de la reflexión de mi libro es rebelarse contra esto.

El libro parece un inventario de la sensatez, pero también tiene sus extravíos o sus desafueros, su discurso contra la lógica. Pienso en la frase de Mariano Gistaín: “Escuchar equivale a buscar vida extraterrestre, pero en la cocina”.

A mí me parece que está muy en la lógica, en el sentido en que lo dice Gistaín. Buscar ciertas formas de iluminación y de sentido forma parte de lo humano. Lo que es ilógico es pensar que tenemos la respuesta de todo.

¿No hay algunos elementos de provocación, o de ironía, o de puro juego, como eso de tener un sastre propio?

Sí, hay algo de provocación anacrónica. El caso es que reivindico en el libro los oficios, y los locales donde se arreglen y restauren cosas, no sólo donde se vendan nuevas.

¿En qué consiste de verdad ser un héroe para usted, o cuáles son los heroísmos inadvertidos que nos pautan la vida y la engrandecen?

Para ver héroes no hay más que girarse y mirar entre quienes tenemos al lado. Albert Camus decía que los nazis nos habían obligado entonces a ser héroes para tener que sobrevivir, pero que el heroísmo así entendido es poca cosa, que lo difícil es la felicidad.

Ismael Grasa: No tenemos la respuesta de todo

Aristóteles pareció intuir el mundo contemporáneo mejor que nadie. Escribió: “que no cabe que la misma cosa sea y no sea simultáneamente”. ¿Es una lección también para la política?

Ese principio de no contradicción del que hablas me parecía apropiado como introducción a un libro que quiere ser moderno pero no posmoderno.

¿Por qué defiende cosas tan sencillas, en apariencia, como hacer la cama, coleccionar algo, fomentar la amistad, aprender idiomas…?

Porque son las cosas con las que nos desenvolvemos, y las que quizá más contribuyan al progreso. Estoy entre los que creen que se ha progresado más levantando el sombrero de nuestras cabezas para saludar con cortesía que cortando cabezas.

¿Qué hacemos mal, por lo regular y no todos, claro, en el afecto, en el amor, en el sexo, en la vida en pareja?

No lo sé, no soy terapeuta ni psicólogo. Mi campo es más filosófico, y la filosofía no cura, sino que enferma, por más que sea en un sentido bueno.

“La casa de uno debe estar dispuesta para tener invitados”. ¿También en estos tiempos?

Una casa que no esté abierta no puede contener la felicidad.

El otro día alguien tras leer su libro, me dijo: “Muy interesante y bonito, pero no estoy en esa época”. ¿Para quién ha pensado este trabajo?

Quizá aquel lector sea demasiado antiguo. En todo caso, hay cosas en el libro, referidas a la indumentaria o la distribución de la casa, que no tienen por qué ser compartidas literalmente. Entiendo que lo que importa en el libro es la reflexión cívica que está tras ello, con la que se puede discrepar, pero que afecta a todos.

¿Cuál es su relación con el pensamiento que se puede dar en España? Pienso en Esquirol, Marina Garcés, Amelia Valcárcel, Arias Maldonado, Javier Gomá… ¿Los sigue, le interesan?

Soy lector de ensayo, y lo cierto es que se está publicando mucho y de buen nivel. Incluso la narrativa parece inclinada hacia cierta forma de testimonio, investigación o reflexión autobiográfica. No hay que mirar más que a las obras recientes de autores aragoneses como Sergio del Molino, Daniel Gascón, Martínez de Pisón o Manuel Vilas.

Ramón Gómez de la Serna dijo: “No hay más que la hazaña secreta, la aventura del atardecido”. ¿Qué quiere decir, cómo asumes la frase que la conviertes en el título del libro?

Como dice Montaigne, tanto valor requiere morir en la cama como en la gloria del campo de batalla.

 

11/09/2018 18:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN SENDER BARAYÓN RECUERDA A SU MADRE AMPARO BARAYÓN

LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE

DE AMPARO BARAYÓN

 

El sello Postmetropolis reedita ‘Muerte en Zamora’ de Ramón Sender Barayón, la historia de su madre y primera esposa de Ramón J. Sender, apresada y fusilada en octubre de 1936

 
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.Archivo Concha Sender

El músico y artista Ramón Sender Barayón (Madrid, 1934), hijo del escritor Ramón José Sender (1901-1982) y de la pianista Amparo Barayón (1904-1936), siempre tuvo una sombra en su vida: el destino de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, después de haber sido arrestada dos veces, una de ellas bajo la acusación de espionaje. También fueron ejecutados sus hermanos Antonio y Saturnino, cuyos cuerpos no se encontraron jamás. Esa sombra lo llevó a escribir un libro, ‘Muerte en Zamora’, que se publicó en Plaza & Janés en 1990 y que ahora, con prólogo de Paul Preston, ha sido reeditado, ampliado y con nuevas aportaciones, por Postmetropolis editorial.

Ramón Sender Barayón, que acaba de ser objeto de un documental de Luis Olano en su faceta de gurú de la música electrónica, siempre había estado intrigado con el destino aciago de su madre. Cuando ella fue fusilada, él tenía dos y años y medio, y su hermana Andrea, meses. Luego ellos, con la ayuda del periodista Jay Allen, fueron recogidos por la Cruz Roja Internacional y acabarían viviendo con un matrimonio norteamericano; Julia Davis sería como su segunda madre.

Ramón hizo algunas pesquisas en su familia, pero todo se difuminaba. Al autor de ‘Contraataque’ y ‘Los libros de Ariadna’ el asunto lo incomodaba mucho, tanto que jamás quiso contárselo a su hijo más allá de lo que ya aparece en sus novelas. Poco antes de la muerte de su padre, con quien había vivido muy poco, lo llamó por teléfono y le pidió que le dijese qué había sucedido con su madre. El diálogo se convirtió en una discusión y Sender le dijo: “Lo único que quieres es sacar dinero a costa de los huesos de tu madre”. El tono se agrió más, el escritor llamó a su hijo “imbécil” e “idiota”, y acabó colgándole el teléfono. Ramón escribió al ‘El País’ pidiendo información sobre su madre. Y le mandó otra carta a su padre: “Me duele en el alma pelearme contigo. ¿Por qué tenemos que ser enemigos? ¿Por qué hemos de repetir el destino de tantas generaciones”. Jamás le respondió y aquella encendida y áspera conversación ya sería la última.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

Fue entonces cuando Ramón Sender Barayón, que había olvidado el castellano, vino a España. Fue en 1982. Se trasladó a Zamora, habló con familiares y registró algunas desagradables opiniones que se habían vertido sobre su madre. Todo eso lo aclara el texto de Francisco Espinosa Maestre y algunos de los interesantes apéndices.

Ramón reconstruye la vida su madre. Tenía seis hermanos, su padre fundó la cafetería Iberia, donde detrás de una suerte de terraza con balcón ella tenía piano, instrumento que solía tocar. Luego se trasladó a Madrid, frecuentaba cines de la Gran Vía y las salas del Ateneo, y allí oyó un día a Senderleyendo su novela ‘Imán’.

Finalmente entrarían en contacto, se enamorarían y tendrían dos hijos, sin estar casados. La Guerra Civil los cogió en la colonia veraniega de San Rafael, en El Espinar, en la Sierra de Guadarrama. Como la posición de Sender era comprometida, según Conchita Sender, su hermano le dijo a su mujer:“Recuerda, si las cosas se ponen mal, vete a Zamora. En Zamora nunca pasa nada. ¡Ojalá hubiera sido así!”.

Ramón Sender Barayón habló con mucha gente, con familiares, con amigos, con compañeras de su madre, con periodistas e historiadores. Reconstruye sus últimos momentos, su paso por la cárcel, las penalidades que pasó y el último instante, en el que el cura le negó la absolución, porque no estaba casada por la iglesia.

Dos de sus compañeras de celda cuentan su final. Dice Pilar: “A las seis de la tarde Justo, el secretario del administrador de la cárcel, le arrancó a la niña de los brazos, diciendo entre otras gracias, que ‘los rojos no tienen derecho a criar hijos’”.

Poco antes de la tragedia, Amparo le había escrito a su marido: “Mi querido Ramón: No perdones a mis asesinos que me han robado a Andreína, ni a Miguel Sevilla, que es culpable de haberme denunciado. No lo siento por mí, porque muero por ti. Pero, ¿qué será de los niños? Ahora son tuyos. Siempre te querré. Amparo”. Sender tuvo otras muchas virtudes, pero no fue un padre precisamente ejemplar. Con -Elisabete Altube tuvo un tercer hijo, Emmanuel.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

LA FICHA

’Muerte en Zamora’. Ramón Sender Barayón. Prólogo de Paul Preston. Introducción de Helen Graham y de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Apéndices: Francisco Espinosa Maestre. Traducción de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Postmetropolis Editorial.

Madrid. 296 páginas.

Iconografía. El libro aporta mucho material gráfico: cartas, fotografías, certificados de defunción, notas íntimas. Amparo le manda una foto y le dice: “A mi Ramón con la locura de las locuras, con mi entusiasmo todo y más. ¡¡Siempre más!! Tu Amparo”.

11/09/2018 17:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

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Vida, libros y exilo de María Dolores Arana

 

La escritora vasca, que vivió dos décadas con el escritor zaragozano José Ramón Arana, ha sido objeto de una tesis de Mar Trallero

 

Antón CASTRO

La profesora Mar Trallero (Barcelona, 1975), que reside actualmente en Pensilvania, Estados Unidos, leyó hace unos meses una tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la escritora María Dolores Arana (Zumaya, Guipúzcoa 1910-Hermosillo, México, 1999), que vivió durante dos décadas con el escritor aragonés José Ramón Arana (1905-1973), con quien tuvo dos hijos: Federico y Juan Ramón.

Cuenta Mar, que está vinculada con Samper de Calanda: “Fui a México DF a hacer la investigación para un trabajo sobre el exilio femenino de 1939 e hice muchas entrevistas a mujeres refugiadas. A María Dolores Arana no se la pude hacer porque ya hacía algunos años que había fallecido, pero me habló de ella James Valender, yerno de Paloma Altolaguirre, hija de los poetas Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, y gran estudioso de la poesía del exilio republicano español de 1939. Yo le comentaba lo que había encontrado en las entrevistas y él me habló de Arana como la persona que aglutinaba todas aquellas circunstancias que habían sufrido las distintas mujeres españolas en México, de manera esporádica o parcial”. Mar Tralleró pensó que a través de la autora de ‘Canciones en azul’ (Cierzo, Zaragoza, 1935), se podía explicar muy bien el caso diferenciado de la mujer refugiada de 1939 en México.

“El hecho también de tener unas conexiones tan intensas con algunos personajes de renombre la hacía más interesante. Luego, el extraordinario paralelismo con su amiga Concha Méndez terminó de fascinarme”. Además de Concha Méndez, poeta del 27, tuvo contacto con Luis Cernuda, al que admiraba mucho y fueron buenos amigos, con Manuel Altolaguirre, con Octavio Paz y con Camilo José Cela, con quien se carteó en los años 60 y le publicó textos en ‘Papeles de Son Armadáns’.

Fue clave su conexión zaragozana, especialmente antes de la Guerra Civil. Explica Mar Trallero: “El poeta, libreto y galerista Tomás Seral y Casas la introdujo, seguramente a iniciativa de otro colaborador, en ‘Noreste’, una revista literaria de calidad y reconocida. Por lo tanto, ello hizo posible que a Arana se la conociera y se la considerara en buena medida como promesa de la poesía, algo que la guerra truncó por completo”. Sería aquí, en Zaragoza, donde publicó su primer libro, con ecos de la poesía popular y Góngora, filtrado un poco por Gerardo Diego. El dibujante y arquitecto Federico Comps le hizo un retrato.

“No creo que María Dolores se estableciera nunca en Zaragoza, aunque cabe esa posibilidad porque los años de la República, en su vida, permanecen muy oscuros, desconocidos. Ella estudió para formar parte del cuerpo de aduanas, y consiguió entrar como funcionaria en el cuerpo auxiliar de aduanas, pero la plaza que tenía cuando estalló la guerra era la de Irún. A causa de la toma franquista del territorio, la trasladaron a Barcelona”. Parece más que probable que fuese allí donde conociera a José Ramón Arana, que entonces era sindicalista y usaba su auténtico nombre: José Ruiz Borau. El futuro autor de ‘El cura de Almuniaced’ era primo del escritor y cineasta José Luis Borau.

 “Podrían haber coincidido en Barcelona o Zaragoza, pero no creo que hubiera pasado de un encuentro más bien casual. Durante la guerra fue cuando se conocieron bien e iniciaron su relación, que tuvo que ser apasionada en un principio por lo menos”. Se fueron juntos de España porqué tenían muchas posibilidades de ser represaliados. “Ella, con una familia franquista que la pudiera avalar, quizás lo tenía más fácil para quedarse. María Dolores amaba profundamente su tierra, pero se fue con él y, pese a las extremas dificultades (embarazada, sin recursos monetarios, con el miedo a la detención, con el ingreso de Ruiz Borau en un campo de refugiados) desoyó los ruegos de su familia y se marchó a América. Él, casado con Mercedes Gracia y con cuatro hijos pequeños a los que dejó cerca de Barcelona, cambió su identidad para crear una nueva”. Pasó a ser José Ramón Arana, y decía que era periodista y nacido en San Sebastián.

La vida no fue nada fácil. José Ramón Arana fue recluido en un campo de concentración en Francia, y María Dolores hizo lo indecible para ayudarlo a salir. Al fin lograron instalarse en México. José Ramón creó diversas librerías (como contó Simón Otaola en ‘La librería de Arana’) y fundó varias revistas y mantuvo su actividad política. “Ella se dedicó a sacar las castañas del fuego de la familia. Hacía mil y un trabajos para poder subsistir (vender colonia, coser muñecas, dar clases de piano...) y aún así sacaba fuerzas para continuar escribiendo poesía, y colaborando gratuitamente en revistas del exilio, fundadas por su marido, para no perder aquel primer atisbo de compromiso literario que había adoptado en España”. En 1953 publicó, con prólogo de Concha Méndez, su segundo poemario: ‘Árbol de sueños’, de lírica intimista y un tanto pesimista.

En 1960 María Dolores y José Ramón se separaron. El escritor tuvo otro hijo, Veturián, con su nueva compañera: la profesora de música Elvira Godás. Con esta pudo hablar Mar Trallero y le contó su inmensa desolación tras la ruptura. En 1966 publicaría ‘Arrio y su querella’, una historia de la filosofía cristiana, y en 1987 una insólita novela: ‘Zombies. El misterio de los muertos vivientes’, que obedecía a su interés por el vudú y el recuerdo de unos meses en La Martinica.

“MDA era una mujer con una extraordinaria capacidad intelectual, pero pese a ello con muchas inseguridades que explicaban un carácter más bien tosco, muy introvertido, muy vasco según me han dicho varias personas vascas. Era una mujer muy exigente, con ella misma y con los demás, también enormemente honesta y generosa en la amistad”, resume Mar Trallero.  Era tan humilde que fue el bibliófilo José Luis Melero quien le mandó a su hijo Federico la fotocopia del primer libro: ‘Canciones en azul’, del que no sabía nada.

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón.

 

RETRATO DE CONCHA MÉNDEZ

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Concha Méndez, siete años de amor con Buñuel

 

Se publica una nueva edición de las ‘Memorias habladas, memorias armadas’ de la poeta de la generación del 27 que fue novia del cineasta

 

Concha Méndez Cuesta (1898-1986) es una de las poetas del 27 y una mujer que vivió intensamente una existencia tumultuosa y rica: nació en Madrid, fue la mayor de once hermanos, se educó con una institutriz francesa (escribió poemas en francés antes que en castellano), veraneaba en Santander y San Sebastián, fue campeona de natación, aunque era una fumadora compulsiva, viajó desde pequeña a París con una de sus hermanas, estudió en el Liceo Club Femenino y, poco a poco, se convirtió en una de las voces de la Generación del 27. Fue amiga entrañable de Vicente Aleixandre, de Pablo Neruda y de Federico García Lorca, tuvo un sueño premonitorio de su asesinato en la presentación del libro ‘La realidad y el deseo’ del raro Luis Cernuda, y de algunos nombres más: Maruja Mallo y Rafael Alberti, que eran pareja, Manuel Altolaguirre, que sería su marido, y Luis Buñuel, que fue su novio a lo largo de casi siete años. Un amigo aragonés, cuyo nombre no recordaba, se lo presentó en San Sebastián y no tardaron en formalizar su noviazgo.

Así se lo contó ella a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre (Ciudad de México, 1957), que le grabó sus recuerdos durante varios sábados, octogenaria ya y víctima de los desaires del exilio, donde “permaneció aislada”. Esas impresiones se recogieron en el libro ‘Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas’ (Renacimiento. Biblioteca del Exilio, 2018). Paloma escribe: “Después de la guerra se quedó al margen, desilusionada de todo. Al reflexionar sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido víctimas de una trampa impuesta desde el exterior, que bajo pretexto de defender ideales se habían asesinado entre hermanos, amigos y vecinos. Sumada a esta desesperanza, a esa tristeza por haber visto tanta muerte, estaba la misoginia de sus compañeros”, con el poeta y antólogo Gerardo Diego a la cabeza.

En este libro, breve pero enjundioso, sincero y descarnado en ocasiones, Concha Méndez habla de todo sin rencor en una narración elegante que explica la importancia de la cultura española anterior a la Guerra Civil, de las angustias de la contienda (el miedo, las fugas, las bombardeos, el éxodo definitivo) y de una vida errante, que la llevó a Buenos Aires, Londres (allí dio una conferencia sobre la relación entre Goya y su maestro y suegro Bayeu), Cuba, donde coincidió con la pensadora María Zambrano, autora de un cariñoso prólogo, y finalmente a México, período último en el que mantuvo una amistad muy especial con los Arana, los aragoneses José Ramón Arana, nacido en Garrapinillos, y su segunda esposa María Dolores, que le guardó sus animales mientras construían su casa de Coyoacán. Concha Méndez quiso ser, sin aspavientos, una mujer emancipada, una ‘sinsombrero’ en aquel Madrid de la Residencia de Estudiantes, y acabó siendo en España y en México, hasta su separación en 1944, la compañera del poeta, impresor y tipógrafo Manuel Aguirre, que un día, cuando ya asomaba otra mujer a su vida, le dijo que “sería mejor que estuvieras sola, porque él me daba sombra”. “Ni eres sombra, ni eres largo”, le contesté”.

Así cuenta su relación con Buñuel, “el director de cine”. “En aquel tiempo éste se interesaba solo por los insectos. Nos pusimos en relaciones, teníamos la misma edad [Buñuel era dos años más joven], estuvimos juntos durante siete años. Nos veíamos todos los días, pero no podíamos salir solos (…) Buñuel vivía en la Residencia de Estudiantes, junto con García Lorca, Dalí, Moreno Villa y otros. Vivía y asimilaba, porque era un chico inteligente. Y yo, en el inconsciente, seguramente me iba enterando de la posibilidad de otro mundo, que no fuera la familia, los hermanos: cada dos años nacía uno”.

Recuerda que Luis empezó a estudiar entomología. “Me regalaba insectos y ratones blancos. Yo misma leía los libros de Faber. Curiosamente, he visto que en algunas de sus películas aparece como detalle de gracia un insecto. En nuestra juventud estaba de moda ir a bailar y a tomar el té por las tardes a los grandes hoteles: el Ritz y el Palace. (…) Cuatro veces por semana íbmos a bailar y los demás días al cine y al Retiro”. Dice que Buñuel llevaba doble vida. “Nunca nos reunimos juntos con los chicos de la Residencia de Estudiantes. La vida dividida entre los amigos y la novia era una costumbre de la época; me hablaba de ellos, pero nunca me los presentó. Me pregunto cómo podía conciliar ambos mundos: uno más frívolo, nuestra vida en común, y el otro artístico, en el que se filtraban rasgos surrealistas”. Cuenta que tenía la misma caligrafía, que en San Sebastián iban a las carreras de coches y a la playa. A Buñuel le gustaba mucho la música, “sabía leerla y al asistir llevaba las partituras”. Él le regaló una radio, “era emocionante escucharlo, pero tenía que disfrutarlo a solas. Al novio se le hablaba por teléfono o se le veía en la calle, para que entrara en la casa, tenía que pasar el tiempo. Me regalaba muchas cosas, era espléndido”.

A Luis Buñuel le ofrecieron un puesto en la Sociedad de Naciones de París. “Lo quería para que pudiéramos casarnos”, dice, pero eso marcaría el fin. “No volvió y yo tampoco volví: no volví, aunque todavía no me había ido. Aquella relación la comparo ahora con un vicio”. Se encontrarían algunos años después, en Madrid y San Sebastián. “Con Buñuel había quedado como amiga; cada verano que él volvía a San Sebastián nos encontrábamos. Recuerdo que una de las veces se hospedó en un hotel elegante, al que me invitó a tomar el té”. Más tarde, convertida ya en poeta, Concha Méndez Cuesta viajó a París, se enteró Luis Buñuel, la citó. “Me llevó a ver sus películas, ‘El perro andaluz’ y ‘La edad de oro’, que llevaban tiempo exhibiéndose en una cine-club; después comimos juntos y caminamos por la ciudad hasta despedirnos”. En esos días, oyó hablar del que iba a ser su marido, Manuel Altolaguirre, poeta e impresor de revistas como ‘Lola’, ‘Litoral’, ‘Héroe’ o ‘Caballo verde para la poesía’.

 

11/09/2018 09:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER PLAZA EXPLICA SU NOVELA 'CANCIÓN DE OTOÑO'

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Javier Plaza (Pamplona, 1974) habla de su segunda novela, ’Canción de otoño’, que transcurre en los Pirineos y en Zaragoza en el siglo XIX.
Habías publicado una novela anterior. ‘La urraca en la nieve’, muy distinta: era una novela de París, del arte… ¿Qué te llevó allí?
Fue mi pasión por el Impresionismo y el hecho de que coincidieran, en las calles del París de la Belle Époque, maestros de la talla de Monet, Manet, Renoir o Cezanne Creo que tal acumulación de genios es un momento único en la historia del arte, aunque en su época, salvo excepciones, eran tenidos por artistas de segunda o tercera fila. Para mí aquel momento tenía un gran valor literario

-Ahora das un salto bien distinto. Te trasladas a las guerras napoleónicas… ¿Por qué?
La época la elegí porque quería escribir una novela de valles y pueblos del Pirineo llenos de vida, de niños jugando en las calles y de hombres y mujeres en las casas, en los campos y en los caminos.
Partiendo de eso escogí los años de la Guerra de la Independencia porque me permitía enlazar la novela con los Sitios de Zaragoza, con las partidas que guerreaban por el alto Aragón y, en el caso concreto del valle de Vió, con el privilegio que tenían los mozos del valle, durante la guerra, de poder volver a sus pueblos durante el verano, con el fin de defender los boquetes de Góriz, es decir, los pasos a Francia desde aquel lugar.

-Aunque la novela también transcurre en Zaragoza, lo esencial es el Pirineo: Fanlo, Burgasé, Aínsa… ¿Por qué los Pirineos?
Bueno, desde que comencé a recorrer el Pirineo, siendo niño, me ha cautivado el paisaje, y también sus gentes y su historia. Disfruto recorriendo sus valles y pueblos y montañas, y también conociendo los vestigios de quienes lo poblaron, o visitaron, antes que nosotros: los dólmenes, como el de Aguas Tuertas o el de Tella, el arte románico que recorre todo el Pirineo, con edificios de espectacular belleza como San Pedro de Larrede o Santa María de Iguacel, el Monasterio de San Juan de la Peña, que es un lugar único. También me encanta recorrer los pueblos deshabitados, algunos de visita obligada, como Otal o Escartín, y conocer los oficios tradicionales, especialmente los navateros y los pastores, con la trashumancia. Para mí escribir esta novela era devolver al Pirineo un poco de lo mucho que me ha dado.

-¿Cuál fue la importancia de la guerrillas ante los invasores franceses?
Creo que es un tema bastante desconocido, pero las partidas sometían a un hostigamiento continuo y efectivo a las tropas ocupantes, aportaron mucho. Estaban bien organizadas, dentro de sus posibilidades, y contaban con el conocimiento del terreno y en general, con el apoyo de la población. En las ciudades los franceses mantuvieron el control durante años, pero en los caminos sus columnas eran atacadas continuamente, causándoles grandes pérdidas. Algunas partidas incluso cruzaron los Pirineos y atacaron pueblos del sur de Francia. Goya nos dejó un precioso testimonio del nivel de organización al que llegaron las guerrillas, con sus dos tablas sobre la fabricación de pólvora y balas en la Sierra de Tardienta. En ellas refleja los trabajos de la partida del zapatero José Mallén. Para escribir sobre las partidas me ha resultado imprescindible el libro “Guerrilleros y patriotas” de Ramón Guirao.

-¿Has querido hacer una novela de paisajes o de guerra? Dices en un determinado momento: “La guerra no acaba nunca”.
Para mí es una novela de paisajes, pero para Rosa no. Ella ha regresado a su pueblo desde Zaragoza, donde lo ha perdido todo, y en Fanlo se encuentra con la misma guerra. Conforme avanza el tiempo la guerra se va terminando, y eso le ayuda a lograr algo de paz interior.

-Es, en el fondo, una novela de mujeres y una novela del dolor y la pérdida… El relato de dos hermanas…
Sí, es el retrato del reencuentro de Rosa con la vida, con la casa, con sus raíces, incluso con sentimientos que no esperaba que volvieran a germinar en su interior, y en ese proceso tiene especial importancia el esfuerzo y los cuidados de su hermana Inés.

¿Cómo rehace su vida Rosa, la protagonista?
Su regreso al pueblo es casi obligado y al principio no encuentra allí ninguna motivación. Ella dice que solo le quedan los recuerdos, que hacia adelante no hay nada. Inés es quien tira de ella tratando de reincorporarle a la vida y a la casa. Poco a poco, Rosa se va reencontrando con gente que la conocía y la quería, aunque ella apenas los recuerda. Por otro lado ella es la heredera, y su familia es una de las familias principales del valle, así que comienza a sentir de nuevo las obligaciones que le inculcó su padre, siente que debe ponerse al frente de la casa, y tratar de gobernarla con mano firme.

¿Has querido reflexionar sobre la importancia de los Sitios en la historia de Aragón, y sobre todo en la vida cotidiana de las gentes?
Realmente cualquier análisis sobre las consecuencias de aquel conflicto es demasiado complejo para mis conocimientos, aunque resulta evidente que durante la guerra se produjeron grandes avances sociales, manifestados en las Cortes de Cádiz, y que el final de la misma trajo de regreso a un rey lamentable que anuló todo lo que se había hecho y, mientras pudo, llevó a cabo un gobierno absolutista. Pero yo tan solo he tratado de reflejar la dureza de la vida cotidiana en el interior de la Zaragoza sitiada. Si se habla de la situación general del país, o incluso de la marcha de la Guerra, es tan solo en lo que pueda importar a Rosa.

El amor siempre es un estímulo en las novelas. También aquí. ¿Qué dimensión le has querido dar?
En esta novela el amor es un elemento más significativo que en la anterior. Es una novela de amor, de mi amor al Pirineo, del amor de Rosa a su esposo y su hijo, y del amor que siente de nuevo a su tierra sus raíces y su familia. No estoy seguro de que yo quisiera darle esa dimensión cuando comencé a escribir, no esperaba de mi ese punto romántico, pero ese es el resultado.

¿Qué te dice el Pirineo para ti, cómo lo ves?
Para mí es un lugar de contemplación, una fuente de conocimiento y, en ocasiones, el mejor retiro para meditar, para pasar un tiempo conmigo mismo.

Creo que ha sido muy importante la documentación. ¿Qué buscabas, es el Pirineo un buen escenario novelesco?
El Pirineo es un buen escenario porque su belleza te sirve de fondo, es un marco incomparable para decorar cualquier historia. Y el documentarme para “Canción de otoño” ha sido un auténtico placer: he visitado en numerosas ocasiones el valle de Vió y sus alrededores, y he leído cuanto he podido sobre el Pirineo y su pasado, como digo, un placer. Ha habido algunos libros me han aportado mucho, especialmente “Navateros” de Severino Pallaruelo y “La Solana” de Carlos Baselga.

-¿Por qué escribes novelas? ¿Qué te permiten hacer o imaginar?
Escribir es mi expresión artística, y es un esfuerzo intenso que me hace sentir satisfecho, es un reto mental. En esta novela he tratado de cuidar hasta el más mínimo detalle, desde el texto hasta el color de las páginas o la calidad de las tapas. Soy muy perfeccionista, pero cuando consigo terminar una novela la leo y a mi me gusta.

-Estamos en verano. ¿Podrías recomendarnos tres o cuatro libros que te hayan conmovido y hacernos una ruta por los Pirineos?
Como novelas que haya leído últimamente recomendaría “Ordesa” de Manuel Vilas, una excelente novela, intimista, de prosa precisa y preciosa y también “El Gran Dragón Negro”, de Clara Fuertes, sobre los niños que vivieron en el campo de concentración de Terezín. Y, por hacer una recomendación pirenaica, sin duda “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares, que es una obra maestra y con la que es imposible no emocionarse. Dos ejemplos de rutas de gran belleza en la zona del Pirineo en la que transcurre “Canción de otoño” serían, por un lado, el recorrido de los Miradores de Ordesa, que parte de Nerín o Torla, y, por otro, un paseo por Plana Canal y las Sestrales, por encima del Cañón de Añisclo. Son dos excursiones maravillosas, no muy frecuentadas y que están al alcance de todo el mundo, se pueden realizar en familia.
*La fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de 'Heraldo', donde se publicó una selección de esta entrevista...


 

03/08/2018 08:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANDREA PITZER: 'UNA LARGA NOCHE'. LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

UNA LARGA NOCHE Historia global de los campos de concentración ANDREA PITZER. La Esfera de los libros.

 

Una historia original, apasionante y profundamente conmovedora sobre una de las grandes tragedias contemporáneas: los campos de concentración Durante más de un siglo, en todo momento, ha habido al menos un campo de concentración en funcionamiento en algún lugar del mundo. Al principio, los campos se utilizaron como parte de la estrategia militar, pero con el paso de los años fueron evolucionando en la dimensión de sus consecuencias y en el salvajismo con que los gobiernos los utilizaron. Ya bien entrado el siglo xxi, mientras seguimos calculando la magnitud y el horror del Holocausto, la Historia nos recuerda que hemos roto la promesa del «nunca más». Con este estremecedor trabajo, basado en documentos, registros, archivos y entrevistas realizadas por todo el mundo, Andrea Pitzer pone de manifiesto por primera vez la historia cronológica y geopolítica de los campos de concentración. Partiendo de la última década del siglo XIX, la autora documenta este tipo de centros en todo el mundo y a lo largo de más de cien años. Desde Filipinas y Sudáfrica, en las primeras décadas del XX, al gulag soviético y los campos de detención en China y Corea del Norte durante la Guerra Fría, los sistemas de campos de concentración se han utilizado como herramientas para la «relocalización» civil y, sobre todo, para la represión política.

A menudo se  han justificado como una medida para proteger a una nación, e incluso para salvaguardar la integridad de los internos, pero en realidad siempre han sido emplazamientos brutales e inhumanos que han acabado con la vida de millones de personas. A partir de testimonios de primera mano, con una investigación meticulosa y haciendo gala de una gran erudición histórica, Andrea Pitzer saca a la luz los orígenes de este espantoso fenómeno, escudriñando y revelando finalmente la terrible herencia de los campos: atrocidades impensables, la fortaleza de los supervivientes e incluso los momentos íntimos y privados que también fueron parte de la vida en los campos de concentración durante el siglo pasado.

EL LIBRO

La primera investigación de Pitzer comenzó en la primavera de 2008. Entre 2011 y 2016, la autora visitó diversos archivos y lugares de detención, en funcionamiento o ya cerrados: Tule Lake, en California; Oświęcim y Varsovia, en Polonia; Dachau, Hamburgo y Berlín, en Alemania; San Petersburgo, en Rusia; Praga y Šumperk en la República Checa; Gurs y París en Francia; Ginebra en Suiza; Tallín y Klooga, en Estonia; Santiago, en Chile; Buenos Aires, en Argentina; Yangon y Sittwe, en Birmania; y la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo. También habló con historiadores, activistas, soldados y abogados, así como con vigilantes en activo y antiguos, y con supervivientes de los campos de detención. Aunque los testimonios de los entrevistados pueden tener errores, también los tienen los registros oficiales. Pero unos y otros son útiles. Y allí donde las presiones políticas han impedido el testimonio de los detenidos, he procurado eliminar las distorsiones o los pasajes que se veían afectados en este sentido. La crítica más detallada de los campos de concentración procede a veces de las naciones enemigas; en estos casos, lo que se dice en ocasiones es cierto, pero no siempre en su totalidad. Algunas fuentes son solo propaganda o informes para legitimar determinados actos.

TEMAS DEL LIBRO

1. Nacido entre generales 2. Muerte y genocidio en Sudáfrica 3. La Primera Guerra Mundial y la guerra contra los civiles 4. El nacimiento del gulag 5. La arquitectura de Auschwitz 6. El mal sin límites 7. Hijastros del gulag 8. Ecos del imperio 9. Hijos bastardos de los campos de concentración 10. Guantánamo y el mundo 

 

HAN DICHO DEL LIBRO… «Una larga noche es un relato riguroso y objetivo de la historia de los campos de concentración, una narración valiente y sólida sobre la crueldad, pero también sobre el valor humano. Y está contada con una inquebrantable claridad ética tan firme que esta historia servirá para recordarnos que nunca es tarde para defender lo que es justo. Deborah Blum, novelista (The Poisoner’s Handbook), periodista y Premio Pulitzer

«Andrea Pitzer tiene la elegancia de un poeta y el rigor de una periodista curtida en su oficio. En esta obra también demuestra su increíble habilidad para traducir un siglo de espantosos sufrimientos en un innovador relato que resulta fluido, lúcido y comprensivo con el dolor humano. Conseguirá que el lector vea el pasado —y el presente— con otros ojos». Beth Macy, periodista y escritora, autora de Truevine y Factory Man

«Un relato poderoso y agudo sobre los horrores de los campos de concentración, y no solo de los que conocemos, sino también de aquellos que pasamos por alto o preferimos ignorar. Los esfuerzos de Andrea Pitzer en su investigación y en su composición sin duda han dado resultados muy reveladores». Annie Jacobsen, periodista autora de Phenomena y finalista del Pulitzer con The Pentagon’s Brain

«Una larga noche, el perspicaz trabajo de Andrea Pitzer, funciona realmente como un poema épico aderezado con el horror de los campos de concentración que ha habido a lo largo de la historia en todo el mundo. Es un relato lleno de profundidad y violencia, que por desgracia resulta muy reveladoro y significativo. “Los viejos campos vuelven a abrirse, otros nuevos se crean”: Pitzer nos cuenta con una prosa limpia y clara una historia objetiva, apasionante, intensa y profundamente perturbadora». Peter Davis, ganador de un Oscar por Hearts and Minds y autor de la novela Girl of My Dreams

DE LA INTRODUCCIÓN…

Un ferry de dos pisos transporta a los visitantes hasta la parte de barlovento de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo y los deja a los pies de una colina, a escasa distancia del llamado Camp Justice. Hay unas cuantas instalaciones destinadas a albergar detenidos; son actuales y antiguas, con nombres como Camp Echo o Camp Delta, y se agrupan cerca del extremo suroriental de la base, resguardadas tras unas verjas de tela metálica coronadas con rizos de alambre de espino. Esas instalaciones aún están operativas, y acogen a un pequeño número de detenidos que esperan la resolución de sus casos, aparte de otros que jamás verán evaluados sus casos en Camp Justice. El ferry atraca junto a un pequeño aparcamiento en Fisherman’s Point, pero el pavimento puro y duro del lugar no refleja su azarosa historia: en 1898, los soldados de Estados Unidos desembarcaron en este mismo lugar durante la guerra hispano-americana; pusieron pie a tierra en la mañana del 10 de junio, abriendo fuego contra una población costera y apoderándose antes del mediodía de la guarnición que la custodiaba. La colina se convirtió en un campamento militar, luego en una base permanente y las fuerzas estadounidenses ya nunca lo abandonaron. Una placa de bronce encastrada en un hito de piedras blancas junto a la orilla conmemora una invasión bastante anterior. Durante el segundo viaje de Cristóbal Colón a las Indias, en 1494, el almirante visitó Fisherman’s Point también, después de reclamar la isla de Cuba para el Reino de España. La placa dice que Colón y sus hombres llegaron allí buscando oro, pero «no encontrando lo que pretendían, se fueron al día siguiente». Durante más de cuatrocientos años tras la expedición de Colón, Cuba siguió siendo colonia española. Pero en la última década del siglo XIX, España creó los primeros campos de concentración del mundo en esa isla. Semejante decisión desató masacres sin cuento que, al final, acabaron con la pérdida de la colonia y con los soldados americanos desembarcando en el mismo punto en el que Colón había estado buscando oro siglos atrás. Hasta hace solo unos años, jamás se me había pasado por la imaginación viajar a Guantánamo. Mi interés se reducía a escribir una historia de los campos de concentración. El campo de detención de Guantánamo, típico del siglo XXI, podría resultar perturbador, pero no se me había ocurrido pensar en esas instalaciones como en un campo de concentración. Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba investigando las detenciones masivas y los arrestos indiscriminados a lo largo de la historia, más se revelaba la espantosa identidad y realidad de Guantánamo. No se me pasó por la cabeza pensar que pudiera escribir sobre ese lugar sin haber estado allí. Y por eso, en 2015 hice dos visitas a Guantánamo. La primera me proporcionó la posibilidad de asistir a vistas preliminares contra cinco  acusados por los acontecimientos del 11 de septiembre.

Dado que yo no tenía la obligación de entregar mi trabajo en una fecha concreta, como otros periodistas que viajaban conmigo, opté por ocupar el lugar del artista invisible que dibuja bocetos del juicio y absorber —tanto como me fuera posible— lo que ocurría en aquella especie de tribunal que iba a los casos de los prisioneros en la «guerra contra el terror». Había llegado a aquel lugar quince años después de los atentados del 11-S, y tenía que ponerme al día. Mi segundo viaje me permitió acceder a los campos de detención, o, al menos, a las instalaciones que me dejaron ver. En ambos casos, poner el pie en Guantánamo era como entrar en otro mundo. Resultaba abrumador comprobar que había miles de personas empleadas y decenas de edificios destinados a mantener en marcha la maquinaria de la detención: en aquel momento, el centro ya solo albergaba a un pequeño grupo de prisioneros, poco más de un centenar. Lo que más me perturbaba a mí —la legitimidad o no de mantener a sospechosos sin juicio durante más de una década— no era en absoluto ninguna preocupación acuciante para los soldados y marinos que estaban allí, ocupados, haciendo su trabajo. Las grandes cuestiones se habían decidido ya en otra parte. Los detenidos estaban allí y allí se quedarían hasta nueva orden.

Después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, la decisión estadounidense de utilizar Guantánamo como un emplazamiento perfecto para las detenciones extrajudiciales se había saludado en los círculos internacionales con la misma consternación que suscitó el proceso español de «reconcentración» (detención masiva de civiles) en 1896. En términos generales, los campos de detención americanos del siglo XXI en Guantánamo son hijos de los campos españoles del siglo XIX. Pero han transcurrido muchas décadas entre unos y otros, y cada nueva instalación de barracones y celdas de castigo arrastra elementos clásicos de los viejos campos al tiempo que evoluciona con características nuevas. La historia de los campos de concentración parte de Cuba, se disemina como ondas concéntricas por el mundo y regresa luego a la isla: sus ecos alcanzan a los seis continentes y casi a todos los países del mundo. Los campos de concentración han estado presentes continuamente en uno u otro lugar del globo durante más de un siglo. Los barracones y el alambre de espino siguen siendo sus símbolos más conocidos, pero un campo de concentración se define más ajustadamente por sus detenidos que por cualquier otra característica física. Un campo de concentración existe allí donde un gobierno quiere mantener a ciertos grupos de civiles fuera de los procesos legales normalizados, a veces para segregar a personas que se consideran extranjeras o marginales y en otras ocasiones para castigarlos. Si las prisiones están concebidas para albergar a sospechosos acusados de crímenes tras un juicio, un campo de concentración alberga a aquellos que, en la mayoría de los caso, no se han sometido a un juicio justo en absoluto.

La palabra «detenido» es el término más específico que se puede aplicar a la persona retenida de este modo, pero para lo que nos interesa en este libro, también pueden ser considerados prisioneros, presos o cautivos. A veces, como ocurre en Guantánamo, la definición de las categorías de los detenidos se vincula a determinadas consideraciones legales. Llamarlos «prisioneros» podría implicar la necesidad de garantizarles los derechos obligados a los prisioneros de guerra según la Convención de Ginebra, así que los mandos del campo suelen llamarlos simplemente «detenidos». Los campos de concentración albergan a civiles más que a combatientes, aunque en bastantes casos, desde la Primera Guerra Mundial a Guantánamo, los administradores de los campos no siempre han hecho el esfuerzo de distinguir entre unos y otros. Los detenidos se han visto en esos lugares esencialmente por razones raciales, culturales, religiosas o políticas, y no tanto por delitos tradicionalmente perseguidos por la ley, aunque algunos estados han remediado este defecto legislando de tal manera que la mera existencia de la disidencia fuera prácticamente imposible. Esto no significa que todos los detenidos sean inocentes de acciones criminales contra un gobierno en un sistema dado; más bien, significa que tanto los inocentes como los culpables son encerrados sin ninguna distinción ni consideración. Los campos de concentración se instauran por decisiones políticas estatales, o menos frecuentemente, los organizan gobiernos provisionales durante un conflicto o guerra civil. Representan el ejercicio del poder estatal contra los ciudadanos, individuos particulares u otros sobre los cuales el gobierno tiene algún grado de responsabilidad. Al contrario que en las prisiones, los campos de concentración a menudo albergan a prisioneros sin una fecha de liberación prevista. Y cuando se ofrece esa fecha, se ha decidido arbitrariamente y se puede modificar sin previo aviso. En algunos —pocos— sistemas de campos, la detención se ha establecido como una medida protectora, supuestamente para proteger a un grupo de la ira popular, y en alguna ocasión realmente han sido lugares en los que los detenidos han estado protegidos. Pero lo más habitual es que la detención se considere como una medida preventiva, para mantener a un grupo sospechoso a buen recaudo con el fin de evitar que cometa posibles «crímenes.» Muy rara vez los gobiernos han admitido públicamente que han utilizado los campos de concentración como castigo; sobre todo, los han presentado como parte de una misión civilizadora para mejorar el nivel de ideologías, culturas y razas supuestamente inferiores.

Andrea Pitzer

 

*Dossier del libro. Remite Mercedes Pacheco.

27/07/2018 12:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LUIS ALEGRE: NIÑA MAMÁ. EN EL ADIÓS DE FELICITAS SAZ

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Ayer, en el Hospital Nuestra Señora de Gracia, fallecía Felicitas Saz, viuda de Luis Alberto Alegre y madre de Luis Alegre y de sus hermanos Carmen y Salvador. Luis le ha dedicado algunos de sus mejores textos, que es mucho decir, entre varios miles desde sus años de ’Andalán’, hasta ahora con colaboraciones en ’Heraldo’, ’Marca’, antes ’As’, ’The Huffington Post’ o ’El País’, por citar algunos. Este artículo lo publicó en hace cinco años, cuando su madre cumplió 88. Ha fallecido con 93.

 

[Luis Alegre le dedica hoy su extenso y elaborado artículo de la contraportada a su madre Felicitas Saz. Una mujer de una increíble humanidad, capaz de decirle costas tan atinadas como, en medio de la crisis de Bárcenas, esta: "¿Será verdad tanta mentira?". O, tras leer un libro: "Qué rápido pasa el tiempo aquí dentro". Escribe todos los días una o dos páginas, lee varios periódicos, tiene 88 años y parece que no se haya aburrido jamás. Entenderla a ella es también entender un poco mejor a su hijo: profesor, cineasta, cinéfilo empedernido, conductor de programas de televisión, periodista...]

HASTA LOS 14 AÑOS MI MADRE VIVIÓ LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA, EL REINADO DE ALFONSO XIII, LA II REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y UN POQUITO DE FRANCO Y LA POSGUERRA. MENUDA GENERACIÓN LA SUYA.

 

 

NIÑA MAMÁ

 

Por Luis ALEGRE. De Heraldo.es

 

 

Tengo un amigo que, en las biografías y libros de memorias, se salta la parte de la infancia y la adolescencia. Él sostiene que todas las infancias y adolescencias se parecen demasiado y le aburre leer los mismos traumas, complejos, conflictos y amores contrariados. A mí, en cambio, me sucede al revés. En esos años en los que uno se abre al mundo, recibe los primeros estímulos, crece y se empapa de toda clase de vivencias y personas suelen residir las claves más decisivas para conocer a alguien. Y si comparo mi infancia con la que vivieron mis padres o con la que acaban de vivir mis sobrinos, veo tres mundos que no se parecen en casi nada.

 

La niñez de mi madre Felicitas, por ejemplo, quedó muy lejos de la niñez soñada. Nació en Lechago, nuestro pueblecito de Teruel, en 1925. El 18 de junio de 1939 cumplió 14 años. Hasta ese momento vivió la dictadura de Primo de Rivera, el reinado de Alfonso XIII, la II República, la Guerra Civil y un poquito de Franco y la posguerra. Menuda generación la suya.

 

Los padres de mi mamá, Pedro y Carmen, tuvieron cinco hijas y dos hijos. Mi mamá era la más joven de las chicas. La mayor, Francisca, murió a los siete años y el pequeño de los hijos, Salvador, murió a los 23. Eso fue algo muy común en la España de mis abuelos: tener muchos hijos y sufrir la pérdida de alguno de ellos. Entonces, la ropa negra que señalaba el luto se llevaba durante años. En las fotos de mi familia de aquel tiempo, siempre hay alguien que viste de negro. Mi madre era una de las niñas más queridas de Lechago. Cada vez que había un funeral, iba a la Iglesia y lideraba el rezo del rosario. Eso lo agradecían mucho las familias de los difuntos.

 

En Lechago los más pudientes tenían un pastor en exclusiva para sus ovejas. Pero los de medio pelo se tenían que asociar con otros para permitirse un pastor. Mi abuelo Pedro llegó a un acuerdo con otros dos amigos para que un pastor cuidara de las ovejas de los tres. Así hizo mi madre sus dos primeras amigas, María y Josefina, las hijas de esos dos amigos de mi abuelo. Las tres niñas se dijeron que mientras sus ovejas siguieran juntas, ellas serían amigas. Las ovejas se separaron pero María, Josefina y mi madre continuaron su relación toda la vida. Mi madre se distingue por su espectacular facilidad para la amistad. Después de María y Josefina, sus siguientes amigas íntimas fueron Rosario y Agustina. María murió hace unos años pero Josefina y Rosario y Agustina –que son hermanas-, siguen ahí. Todo el rato están pendientes unas de otras. Uno de los grandes momentos del verano en Lechago es cuando ahora se reencuentran esas amigas eternas. Al verlas juntas las visualizo, juntas también, en el Lechago de los primeros años 30 y me sacude una alegría inmediata. Mi madre me ha enseñado que la amistad es un sentimiento capaz de resistir los golpes del paso del tiempo durante 80, 90 o los años que haga falta. Mamá nunca ha dejado de hacer amigas. Paquita, Gonzalina y Pilar son otros de sus imprescindibles apoyos cotidianos. A algunas amigas las encuentra en las iglesias o en las habitaciones de los hospitales. Un día, en el hospital Miguel Servet, me presentó a su compañera de cuarto, otra Paquita. Se habían conocido esa misma mañana pero ya la consideraba su amiga. Han pasado diez años y aún se llaman. Mi madre, si se cruza con alguien por la calle, siempre sonríe, mira a los ojos y saluda, aunque no le conozca.

 

A mamá le gustaba tanto fregar los platos que, si sus hermanas mayores no le dejaban, se echaba a llorar. También le encantaba ir a la escuela. Los maestros pegaban duro a los chicos y chicas de Lechago pero mi madre asegura que a ella jamás le ha pegado nadie. Otra cosa que le perdía era cantar jotas. Mi abuelo Pedro tocaba la guitarra y ella le acompañaba. Cantaba mientras fregaba o en la era, durante la trilla. Aún hay gente de Lechago que recuerda cómo, al salir a la calle, escuchaban a mi madre cantar.

 

Mi madre tenía once años cuando estalló la Guerra Civil y, desde entonces, ya fue muy poco a la escuela. Lechago fue un lugar de retaguardia. En la casa de mamá se alojaron soldados gallegos y, también, algunos italianos, que le descubrieron el café y los macarrones. Uno de esos chicos, el zapatero, cantaba tonadas italianas y le escribía una carta diaria a su mujer. Mi madre cuenta, orgullosa, cómo su padre, alcalde de Lechago durante la guerra, se negó a delatar a los rojos del pueblo cuando los franquistas le presionaron para que lo hiciera. “En Lechago no hay nadie malo”, dijo mi abuelo. Mi madre recuerda muy bien el frío del invierno de 1938: los burros se caían al resbalar en el hielo que cubría las calles. Y, sobre todo, mi madre recuerda el miedo de cada uno de aquellos días y cómo ella temblaba cuando se oía el ruido de los aviones y alguien gritaba “¡Que vienen los rojos”¡. Un día mi mamá tropezó con una mula mientras corría hacia el campo de su padre para avisar de eso, de que venían los rojos. Su hermano mayor, Cristóbal, estaba en el frente y, hasta que no regresó al final de la guerra, en su casa no respiraron tranquilos. Mamá odia la palabra “guerra”.

 

Mi abuela Carmen y otras madres con hijos en el frente hicieron una promesa: si al acabar la guerra sus hijos habían salvado el pellejo, ellas caminarían desde Lechago hasta la Basílica del Pilar para darle las gracias a la Virgen. Poco después del uno de abril de 1939 se organizó la expedición. Pero mi abuela se puso enferma y, en su lugar, fue mi madre, con 13 años. El grupo lo formaban unas 20 personas, de Lechago y Navarrete. Tardaron tres días en recorrer los 112 kilómetros, más o menos, que hay entre Lechago y la Plaza del Pilar. La primera noche durmieron en Daroca, la segunda en Longares y la tercera en María de Huerva. La gente salía a recibirles y les ofrecían sus casas para dormir y sus botijos para beber. Mamá evoca esa experiencia –una road movie- como una gran aventura.

 

A menudo me preguntan cómo es que tengo tantos amigos, cómo es que me gusta tanto cantar, por qué doy tantos besos. Mamá es la que me ha pegado todos esos vicios. Cuando su padre ya había salido de casa para ir al campo, mi madre corría tras él, para darle dos besos más, una costumbre que han heredado mis sobrinos Pablo y María. Ahora, a sus casi 88 años, al despertar, lo primero que hace es besar las fotos de los seres queridos y las estampas de sus santos favoritos que tiene colocadas por toda la casa. Somos besucones hasta más allá del empalago. Si alguien me demostrara que mi madre y yo, de momento, nos hemos dado un millón de besos no me extrañaría nada. Felicidades, mamá.

 

*Felicitas es la segunda por la izquierda, a su lado está Salvador, hermano de Luis y Carmen. Y con ellos familiares.

PILAR FRAILE: 'LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO'

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LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile Amador

SINOPSIS

En una fría mañana de invierno Alicia conduce hacia el pueblo al que se ha mudado con su marido y su hija cuando choca con algo salido de la nada. Aterrorizada, se baja del coche, creyendo haber atropellado a una persona, para descubrir que es un perro. Su momentáneo alivio desaparece cuando se da cuenta de que el perro es el de su vecino, un viejo con el que llevan meses teniendo una relación cada vez más tensa.

A partir de este momento el enfrentamiento con el viejo se recrudecerá y se irá desvaneciendo la posibilidad de construir la vida que Alicia y su marido habían soñado cuando decidieron abandonar la ciudad. Asistiremos entonces al descenso a los infiernos de la pareja, que verá cómo se desmoronan tanto sus expectativas sociales, como la imagen que cada uno se había construido del otro y de sí mismo.

Las ventajas de la vida en el campo funciona desde lo más epidérmico: el suspense, la pregunta abierta al lector, que hace que quiera seguir leyendo, a lo más profundo: la crítica social, el ruido de fondo, el desencuentro entre el lenguaje que cuenta lo que nos pasa y lo que realmente pasa.

La obra logra este doble juego con un estilo que sugiere más que muestra. Un estilo que la autora ha madurado en su obra poética y sus relatos y con el que consigue crear una atmósfera de inminente colapso que no decae a lo largo del libro. No estamos, no obstante, frente a una novela de suspense típico sino que se hace uso del esquema clásico del thriller para acabar dándole la vuelta por completo.

Las ventajas de la vida en el campo es, en su lectura más profunda, una cruda radiografía de los miedos propios de la condición contemporánea: el miedo a quedarse fuera, a no pertenecer, a perder la propia identidad, y las terribles consecuencias de los mismos para nuestra vida

 

AVANCE EDITORIAL

 

LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile

Título original: Las ventajas de la vida en el campo

© Pilar Fraile, 2018

 

 

El golpe fue seco, como un disparo.

Se aferró al volante, los ojos fijos en el asfalto. Frente a ella se extendía la carretera que unía el pueblo con la estación de servicio, un tramo de la antigua nacional.

Miró hacia delante intentando moverse, pero no pudo. El paisaje apareció en toda su crudeza a través de la luna del coche: había escarcha sobre la planicie que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, su manto blanco solo se veía interrumpido por la mancha de algunos arbustos y a lo lejos, casi a la altura del pueblo, una encina solitaria. Hacía tanto frío como uno podía esperar de mediados de diciembre.

Intentó mover la cabeza de nuevo, aterrorizada, atisbando el abismo que se extendería ante ella si no era capaz de hacerlo. Esta vez el cuello respondió. No le dolía. Parecía estar intacto. Aún sin mucha confianza estiró un poco las piernas, movió los dedos de los pies dentro de las botas. No estaba herida. Se miró en el espejo retrovisor y repitió su nombre mentalmente, como para infundirse ánimo. «Alicia, tienes que salir —se dijo—, tienes que ver qué ha sucedido».

Por la magnitud del impacto sabía que había chocado con algo enorme, pero con qué. La nacional estaba muy poco transitada, apenas algunos del pueblo circulaban por allí, más por nostalgia que por otra cosa.

Quizá había sido por la escarcha, había oído que podía producir ese efecto. En los días de intenso frío se daban en el campo fenómenos extraños, espejismos, como en el desierto. En el pueblo contaban la historia de una anciana que había salido a buscar leña en un día de invierno. Al parecer, mientras caminaba sobre el suelo helado creyó ver a lo lejos a su difunto marido, corrió hacia él y acabó en una poza congelada. La encontraron horas más tarde y la sacaron, pero el hielo había hecho mella en el cuerpo y murió a los pocos días jurando que su esposo estaba allí, que había tocado su mano.

Tendido delante de las ruedas delanteras del coche había un cuerpo inmenso y peludo. Al principio, por los nervios y el aturdimiento, le costó reconocer la forma, pero enseguida comprendió: era un perro. Soltó un suspiro de alivio, no era un ser humano.

La cabeza del animal estaba ladeada de una forma extraña, seguramente, porque tenía el cuello fracturado. Los ojos, abiertos, eran oscuros, sin expresión alguna, como si fueran dos canicas de cristal negro. Así, extendido como estaba, paralelo al vehículo, era casi tan largo como el parachoques del coche.

Se separó de él. El alivio que acababa de sentir dejó paso a una nueva inquietud. Salió de la carretera y caminó unos metros, tratando de retomar el ritmo de su respiración entrecortada. La escarcha crujía bajo sus botas y el agua, atrapada debajo, salía a la superficie.

Mientras contemplaba cómo el hielo se quebraba y los reflejos del sol sobre los pedazos, la golpeó una certeza: era el perro del viejo. Tenía su mismo pelo negro con mechones rubios, típico de los pastores alemanes, el morro negro, la cola larga y peluda.

«Maldito animal», pensó. Si el viejo se enteraba iba a enloquecer. Tenía que hacer algo y rápido. A pesar de que era mediodía y no se oía un alma, era posible que alguien del pueblo pasara y entonces, se dijo, si la encontraban allí, sí que no habría manera de arreglarlo.

Cabía la posibilidad de sortearlo y huir. Pero dejarlo ahí, en medio de la carretera, podía provocar otro accidente.

Se aseguró de que nadie se aproximara, volvió donde estaba el perro e intentó arrastrarlo fuera de la calzada. Era muy pesado, casi tanto como ella. Iba a tardar mucho en moverlo, pero había que hacerlo. Estaba convencida de que si llamaba a la policía para que lo retiraran el viejo se iba a enterar y, además, le pondrían una multa, o incluso tendría que ir a juicio por haberlo atropellado. Las leyes eran estrictas respecto de los animales. Andrés estaba en el trabajo y aún iba a tardar una hora en llegar, así que no había nadie a quien acudir.

Por su mente pasó la escena de un juicio, se vio excusándose, explicando que el perro había salido de la nada, que ella no había tenido tiempo de reaccionar, que nadie lo habría tenido, que iba a la velocidad reglamentaria. El juicio, de todos modos, iba a

ser lo de menos, no creía que el viejo fuera a denunciarla. Si se enteraba, iba a ser peor, mucho peor que una denuncia. De eso estaba segura.

No quedaba otra opción que apartarlo. Miró en torno, comprobando que no la viera nadie, y se dedicó al empeño con todas sus fuerzas. Al segundo intento estaba empapada en sudor. Se sacó el anorak, se lo había enfundado al salir de casa y no se había molestado en quitárselo porque solo pensaba ir a la estación de servicio. Lo tiró dentro del coche. ¿Por qué se le habría metido en la cabeza ir a la gasolinera a por el pan? Podría haber ido a la tienda del pueblo y se hubiera ahorrado el disgusto.

Después de varios tirones consiguió sacar por completo el cuerpo del animal de la calzada. Delante del coche, por donde lo había arrastrado, se veía una mancha oscura y reluciente, con irisaciones verdes y azules.

Ahora que casi había conseguido lo que quería, sus músculos se relajaron un tanto y el olor del animal muerto la golpeó: era un olor acre, no solo por la sangre, sino porque el abdomen se le había reventado y algunas de las vísceras habían quedado a la intemperie. Formaban una amalgama de color amarillento y rojizo.

Aguantando las arcadas hizo un último esfuerzo y empujó al animal hacia la cuneta. El cuerpo se quedó un segundo en el borde, pero acabó cayendo al hueco y sonó como un chasquido, seguramente, de algún hueso que se había quebrado.

Alicia intentó recomponerse para salir de allí lo antes posible.

Antes de arrancar volvió a mirar en derredor. Parecía que había tenido suerte. Nadie la había visto.

Aceleró con el cuerpo aún temblando, la boca pastosa, como si se le hubiera llenado de la sangre del animal, y una sensación de desasosiego. «La sensación que debían sentir los criminales», pensó.

 

*Retrato de la escritora Pilar Fraile Amador.

 

'TURIA' VIAJARÁ A LA FIL DE LIMA

 LA REVISTA TURIA PRESENTARÁ EN LA FIL DE LIMA

UN NÚMERO ESPECIAL DEDICADO A “LETRAS DE ESPAÑA Y PERÚ”

 

MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y

FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO

DE MÁS DE 100 AUTORES 

 

 

El próximo mes de julio, la revista TURIA presentará en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un número especial denominado “Letras de España y Perú”. Este espectacular sumario contiene textos inéditos de más de 100 autores españoles y peruanos y ocupa 500 páginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizará España como país invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo económico del Ministerio de Cultura. Sin duda, supone una magnífica oportunidad de fomentar la colaboración cultural entre ambos países.

 

El Parque de los Próceres de la Independencia en Lima, será el lugar donde se ubique la FIL y en dicho recinto ferial será donde el día 25 de julio se presente el nuevo número de TURIA. Previamente, el 27 de junio se realizará una presentación en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.

 

Con dicho acto promocional en Perú,  TURIA confirma su condición de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensión nacional e internacional. Una difusión que comenzó en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y México. En España, además de su presentación anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, Córdoba, Soria, Badajoz  y Salamanca.

 

A partir de ahora la revista TURIA tendrá mayor visibilidad y difusión en Perú y dará a conocer allí una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace más de tres décadas. Como elemento central de este nuevo número de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva  aproximación a las letras españolas contemporáneas. Destacados autores de nuestros días aportan material inédito, tanto en el ámbito de la narrativa, como en el de la poesía y el ensayo. No falta una amplia sección de crítica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales españolas más notables.

 

TURIA abre este número especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil  de Biedma, autores a los que se dedican amplios artículos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.

 

En narrativa, la revista ofrece textos inéditos de Fernando Aramburu, Eloy Tizón, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erlés.

 

En poesía, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta español radicado en Perú como Julio Garcés. Además, la revista publica poemas inéditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, José Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, Álvaro Valverde, Almudena Guzmán y Fernando Sanmartín.

 

En el ámbito del ensayo, Valentí Puig analiza lúcidamente la problemática cuestión de las migraciones en un artículo que titula “Sociedades abiertas o guettos”. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia española del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversación a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad poética.

 

Otro de los contenidos destacados de la revista es un monográfico dedicado a “Literatura peruana actual” de más de 100 páginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales características y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros días. Una aproximación que permitirá fomentar la lectura en España de los autores más destacados del Perú en el siglo XXI y que brinda textos inéditos de todos ellos. Este monográfico se abre con un artículo elaborado por el especialista peruano Félix Terrones; doctor en literatura, escritor y crítico radicado en Francia.

 

Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica artículos inéditos sobre Mario Vargas Llosa, César Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ramón Ribeyro. Se entrevista al gran crítico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA). Y se publican textos inéditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Carmen Ollé, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Patricia de Souza, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza y Martín Rodríguez Gaona.

 

 

“TURIA”, 35 AÑOS DE TRAYECTORIA

 

TURIA, que este 2018 celebra sus 35 años de trayectoria,  ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en español. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta también con una versión digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusión entre el público lector: su página en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y más de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel y su edición cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de España en 2002.

 

LA FIL LIMA 2018

 

La   Feria  Internacional  del  Libro  de  Lima  (FIL LIMA)  es  el  evento  cultural  y  editorial, de periodicidad anual, más grande e importante del Perú, cuya organización está a cargo de la Cámara Peruana del Libro. Este año se desarrollará del 20 de julio al 5 de agosto.

Desde 1995, la FIL LIMA ofrece lo mejor y más reciente de la producción editorial. Además es el espacio donde los lectores de todas las edades pueden conocer a sus autores favoritos, tanto nacionales como internacionales. En su edición del pasado año, la feria obtuvo 547.300 visitantes

Todos los años, la FIL LIMA ofrece un conjunto de jornadas profesionales, en donde escritores, editores, libreros, agentes literarios, distribuidores, maestros y otros profesionales del libro, encuentran espacios de discusión y aprendizaje, así como un clima favorable para los negocios.

En cada edición, la FIL LIMA rinde homenaje a un País Invitado de Honor, el cual presenta una muestra de su producción editorial, una comitiva de autores representativos del país y profesionales del libro, así como también un programa artístico, cultural y profesional que trasciende el espacio ferial. El País Invitado de Honor de la FIL LIMA 2018 será el Reino de España. Entre los autores españoles que han confirmado su presencia destacan: Rosa Montero, Luis García Montero, Marta Sanz, Luisgé Martín y Sergio del Molino. (Nota de prensa de 'Turia').

 

MÓNICA OJEDA: DE 'MANDÍBULA'

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Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas. 

¿Qué desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?

MIGUEL DE UNAMUNO POR ARAGÓN

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*De la serie ’Pasaron por aquí’, que sale en el suplemento de los sábados que coordina Ana Usieto, especialista en moda y tendencias.

 

El inicio del rodaje de la película ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar ha devuelto a la actualidad a Miguel de Unamuno y a su confrontación con el general Millán Astray. El poeta, narrador, filósofo y ensayista,  nacido en Bilbao en 1864 y fallecido en Salamanca el último día del año 1936, es una de las grandes figuras de la Generación del 98, que formaron autores incuestionables como Ramón María del Valle-Inclán, Antonio Machado, Azorín y Pío Baroja. Todos eran muy diferentes, versátiles, y tenían una obsesión común: la preocupación por España y la defensa de la inteligencia y la sensibilidad.

Unamuno es el filósofo del grupo y como todos ellos fue un gran viajero. Una de sus aficiones indisimuladas fueron los Pirineos oscenses, que visitó en agosto de 1918 por primera vez. A un amigo suyo, por entonces, le escribió una carta en la que le decía: “Me siento cansado y anhelo que acabe el curso para descansar. Nada mejor en efecto para ello que una escapada por los riscos pirenaicos”.

Ese primer viaje a Aragón lo historió el propio Miguel de Unamuno –que se escribía con Santiago Ramón y Cajal y con Ramón de Lacadena, que le envío su libro ‘Toros y toreros’-, primero a través de siete postales que remitió a su familia y luego en un artículo que publicó en ‘La Nación’ de Buenos Aires. En el epistolario íntimo y breve, el día 15 le escribió a su hijo Fernando desde Zaragoza y le mandó una tarjeta del Puente de Piedra. Le dijo que se quedaba a pernoctar en la ciudad y le pedía que le escribiese a la Fonda San Ramón de Barbastro. En otro lugar, Unamuno dirá que pasaba siempre de largo por Zaragoza, y vemos que en esa tarjeta parecía fundamentar con severidad esa decisión: “No me gusta nada Zaragoza. El Pilar parece una sesión de baile y la Seo está estropeada con desaforadas barroquerías”. El texto da a entender que sí se detuvo en la ciudad y que paseó por la plaza de las catedrales. Lástima de su decepción.

Se trasladó a Huesca y se enfrentó a las cumbres. Desde Benasque, durante una visita al lago de Renclusa, le escribió a su mujer Concha Lizárraga (con la que tuvo nueve hijos) y, además de elogiarle el paisaje que ve ante sus ojos, le recordaba que en Barbastro no pudo ver a una amiga de la familia, Mercedes. Y ese mismo día, 19 de agosto, también le envió otra postal a su hijo desde el santuario de Guayente. Anduvo casi 15 días por las montañas y los ibones: a su esposa y a sus hijos Fernando, Ramón y Rafael les contaba sus excursiones por la Cabaña de la Renclusa o la falda de la Maladeta. Le decía a Rafael: “Vamos a hacer noche hoy en esta casa que ves a la vuelta, más de 500 metros más alta que la Peña de Francia, aunque menos que la de encima de Candelario”. Parece que con el paso de los días convirtió a Benasque en su cuartel general, y desde allí le refirió a su esposa una excursión a Castejón de Sobrarbe, una visita a un catedrático aragonés de Medicina en Salamanca, Enrique Nogueras Coronas, y una descripción de Campalets. “Esto es una aldea de pocas casas. Llevo unos días con una fuerte indisposición de vientre. Por lo demás bien. Hace un calor terrible”.

Miguel de Unamuno, “el ilustre e infatigable excursionista”, como lo llamó lo llamó Manuel García Guatas, regresó a Aragón en agosto de 1932. El día 27 ofreció una conferencia en el Teatro Unión Jaquesa,  en los Cursos de Lengua y Cultura para Extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca. Lo acompañaron, además de alumnos y profesores, el rector de la Universidad, Gil Gil y Gil, y el director de los cursos Domingo Miral, que había sido compañero suyo en Salamanca. Durmió en el hotel Mur y realizó una visita, “en privada romería”, con el polígrafo Ricardo del Arco y profesor Vallejo, al  monasterio de San Juan de la Peña. La excursión dará lugar a un artículo, ‘San Juan de la Peña’, que se publicó el 4 de septiembre de ese año en el diario ‘El Sol’ de Madrid y que se recogió luego en el libro póstumo ‘Paisajes del alma’ (1942).

Miguel de Unamuno se zambulle en el espíritu de San Juan de la Peña, en su historia, en su carácter legendario. “Cruzamos arboledas de leño, de madera, no de frutos, donde el acebo hacía brillar sus erizadas hojas, como un arma. Y bajamos al viejo y venerable santuario. En un socavón de las entrañas rocosas de la tierra, en una gran cueva abierta, una argamasa de pedruscos que se corona con cimera de pinos. Y allí, en aquella hendidura, remendado con sucesivos remiendos, el santuario medieval en que se recogieron monjes benedictinos…”.

Uno de los personajes, vinculados con el recinto, que más le impresiona es el Conde de Aranda: “Entre las tumbas, a su pie, en el suelo, rota la losa, la de aquel Don Pedro Abarca de Bolea, recio aragonés de rancio linaje, aquel conde de Aranda que llena el reinado de Borbón.  (…) Allí el conde de Aranda enciclopedista, gran maestre de la masonería española, amigo de Voltaire, el que primero expulsó a los jesuitas de España y consiguió, con Floridablanca, que el Romano Pontífice disolviera la Compañía de Jesús. Y allí, desterrado en su nativa tierra, rindió su espíritu el último año del siglo XVIII”. Resume así su impresión del lugar: “San Juan de la Peña era la boca de un mundo de roca espiritual revestida de bosque de leyendas”.

El artículo se cierra con un homenaje a Fermín Galán, a la insurrección de Jaca y al paisaje: “Sin detenernos en el monasterio de arriba, el del siglo XVIII, más que a tomar un tente en pie, nos volvimos a Jaca. Y luego, pasado Hecho y aquel rudo monasterio de Siresa (…) oímos a uno de los protagonistas de la última proeza leyendaria, la de la sublevación de Fermín Galán, narrar lo que soñó que hizo mientras lo hacía y soñaba. Y todas las figuras legendarias, todas las que soñamos para poder vivir historia, se perdieron en el bosque augusto que nos ceñía y que soñaba la Tierra perdida en el cielo”.

El bibliófilo y escritor José Luis Melero ha glosado la visita de Unamuno a través de un amigo, que tenía 15 o 16 años entonces: “Este amigo, Juan, recordaba aquella conferencia con gran emoción y me la contaba con todo lujo de detalles a finales de los años 70 en Jaca. Siempre me decía: “Yo tuve el privilegio de asistir a un momento histórico: la visita de Unamuno a Jaca”. Y se enorgullecía mucho de ello”.

MARTA QUINTÍN: DE 'EL COLOR DE LA LUZ'

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[Este fin de semana, Marta Quintín (Zaragoza, 1989), firmará ejemplares de su segunda novela, ’El color de la luz’ (Suma de Letras), una novela sobre la obsesión, la pasión imposible, el arte y la creación.

¿Cómo nació en ti la pasión por la literatura? Ganaste muchos concursos de cuentos.    

Es una pasión innata. Hay testimonio gráfico de que, antes siquiera de aprender a leer, ya me dedicaba a hojear cuentos y a inventármelos sobre la marcha mientras pasaba las páginas. De la mano de ese fervor por la lectura vino, como no pocas veces, la pulsión de escribir mis propias historias. Eso me llevó a presentarme a varios concursos de relatos, y ganar algunos, como el Tomás Seral y Casas de la Biblioteca de Alagón, me dio fe para pensar que la literatura podía ser lo mío.

¿Quién te marcó, quién te despejó el camino y cómo lo hizo?

Supongo que los escritores a los que he leído. Ellos son mis maestros, los que me han enseñado cuanto sé. Y un poco más pegado al día a día, mi familia, amigos y profesores siempre me han alentado a escribir, y esa confianza lo es todo.

-¿Qué fue primero, el periodismo o la literatura?

La literatura. El periodismo sólo fue una forma de profesionalizar mi vocación por la escritura. Y es cierto que encontré en ello un oficio muy bonito, puede que el mejor del mundo, que diría Gabriel García Márquez, siempre y cuando se practique en condiciones.

-Desde cuándo el arte es una de tus  pasiones?

Cursé el Bachiller de Humanidades, y una de las asignaturas era Historia del Arte. Entonces descubrí lo mucho que me interesaba, y quise profundizar mis conocimientos durante la carrera, escogiendo más asignaturas relacionadas con él. Además, siempre me ha gustado visitar museos y exposiciones. Con esa base acometí la novela, aunque luego tuve que documentarme mucho más, y me reafirmé en que es un mundo fascinante. 

-Todo empieza en Nueva York con una subasta de ‘El grito’ de Munch. ¿Qué pensaste, qué se te ocurrió?

Estaba trabajando en esa ciudad, en una agencia de noticias, y me habían asignado cubrir las subastas que se celebran en Christie’s, Sotheby’s... un cometido que, por mi afición al arte, me encantaba. Aquella noche de mayo, se subastaba la última versión que quedaba en manos privadas de esa obra tan emblemática, y las expectativas sobre el precio que iba a alcanzar eran altísimas. Y, efectivamente, se cumplieron, ya que se batió el récord de cotización: 120 millones de dólares. Esa anécdota me llevó a meditar sobre qué impulsa a alguien a desembolsar una cantidad tan exorbitante por un cuadro, y aunque los motivos suelen ser especulativos, opté por darle una vuelta de tuerca y fabular acerca de una historia de amor que recorre todo el siglo XX, y que explica por qué alguien querría, no sólo conseguir, sino recuperar una obra de arte a todo trance.

-Hay tres personajes claves. La galerista, el pintor y una periodista. ¿Cómo decidiste unirlos, qué te interesó, cómo quería anudarlos o mezclarlos?

A través de esa anciana que puja por el cuadro y del pintor quise tratar el amor imposible, el que emana de la propia naturaleza humana, de nuestros miedos, inseguridades, incongruencias y debilidades, y no ése tan manido y, a mi juicio, artificial, que fracasa por culpa de un condicionante externo, como una diferencia de clase social, unos padres que se oponen, un malentendido, un iceberg... En cuanto a la periodista, es un catalizador para que se cuente la historia, de una manera más ágil y fresca, tejiendo también una relación intergeneracional con la anciana, y reflexionando, por medio de ella, sobre el proceso creativo y la escritura.

¿Tuviste algún modelo real en la cabeza, Pollock y Peggy Guggenheim, por ejemplo?

Cualquier pintor de vanguardia, visionario e incomprendido puede ser un trasunto del protagonista, Martín Pendragón. Quizás al que tuve más en mente fue a Picasso, con su potentísimo caudal de genio y sus relaciones tormentosas. 

-Dinos un poco cómo son cada uno de ellos…

El personaje más complejo es la musa, Blanca Luz Miranda. Quise dotarla de muchos claroscuros, que fuera voluble, egoísta, caprichosa, incoherente... A riesgo de que cayera mal y de que costara empatizar con ella, mi intención era que el lector honesto pudiera decir: "Jolín, si, en el fondo, en algunas cosas, me parezco a ella". Aunque siempre prefiramos identificarnos con el héroe, en realidad todos, en algún momento, somos tan inconsistentes como esta mujer y, así, hacemos daño a quienes nos rodean, aun sin pretenderlo. Y eso no obsta para que también se pueda sentir compasión por ella, porque, al final, sabotea su propia felicidad con ese carácter tan complicado que tiene, del que es su primera víctima. El pintor, Martín Pendragón, es un hombre más de una pieza, entregado a sus pasiones, que ve más allá, un adelantado para su época, y que sufre por ser consecuente. 

-¿La novela es una meditación sobre el vínculo entre el artista o la musa, o la ligazón, casi enfermiza, entre la galerista y su artista, con dominios casi alternos?

Hablo de dos pasiones: la pasión por el arte y la pasión por una persona, y cómo a veces eso choca. Te tiran ambas con la misma fuerza, cada una de un brazo, y te acaban descoyuntando. Ambas corren en paralelo a lo largo de la vida de Martín Pendragón, revelándose incompatibles muchas veces, pero al mismo tiempo, nutriéndose la una de la otra. Establezco una analogía entre el amor y una vocación artística. Por ejemplo, en un momento dado, él dice que el ser humano se dedica a cosas tan poco prácticas como pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarse de gente que jamás le corresponderá.

-¿Querías hacer una novela sobre la complejidad del amor, sobre las pasiones imposibles, casi sobre la sinrazón?

Sí, sobre esos amores que son imposibles por nosotros mismos, y que aun así, sobreviven al tiempo, de una manera irracional, sí, pero también inevitable. En este caso, se trata de un primer amor que marca la vida de los protagonistas, que los lastra y los condiciona, y que los aboca, con una suerte de fatalidad, a buscarse y a rehuirse a lo largo de los años, a encarnar el refrán de "arrieros somos y en el camino nos encontraremos". Un no pasar página que los condena, pero del que también nace algo bello, como es el arte de Martín.

-¿Qué significa el París del arte para ti?

Es una época que me encantó recrear, aquellos años veinte en los que París era el centro del mundo, con toda su bohemia, pero también su penuria, y, sobre todo, el empuje creador que entró en ebullición allí, con esa fuerza; esa ingenuidad incluso, que llevaba a los artistas a atreverse a todo, a subvertir y a cuestionar con tanta audacia; y esa camaradería que hacía que unos y otros se estimularan a intentar cosas nuevas, a desafiarse... Siempre me fascinan esos periodos de la Historia en los que, en unos años y en un lugar, convergen los mejores. Entonces, la humanidad siempre da un paso adelante.

-¿Por qué es Marc Chagall tu artista favorito?

Lo digo en la novela: porque en sus cuadros parece que estás dentro de un sueño. Su forma de usar los colores, que la gente vuele por el espacio y esté cabeza abajo... Además, la cultura rusa me gusta mucho, y él plasma esas influencias muy bien, aunando tradición y modernidad de una manera muy personal. Es de esos pintores que logró crear un mundo propio.

-La novela es una reflexión sobre la obsesión, la fatalidad y tal vez la mentira. En su noche de bodas, a blanca Luz se le escapa un nombre sorprendente…

Sí, en la novela, el pasado nunca acaba de pasar, está constantemente volviendo a por los personajes, porque no han sabido, o no han querido, cerrar bien las heridas. Y eso pasa siempre que no eres honesto contigo mismo. Cuando te engañas, acabas engañando a los demás, y sembrando dolor. Por ejemplo, sí, pronunciando el nombre menos indicado en el momento más inoportuno... Y hasta aquí puedo leer.

¿Qué le debe la novela al periodismo?

Es su punto de partida, ya que la génesis de la novela se produce cuando yo estoy trabajando de corresponsal. Le rindo homenaje a eso a través del personaje de la periodista, en la que algunos pueden encontrar cierto alter ego. Ella presencia la subasta, le pica la curiosidad sobre por qué la anciana ha pagado semejante montante por el cuadro y decide comenzar a investigar, y a utilizar una técnica periodística como la de la entrevista. Eso le confiere dinamismo al libro y un toque de misterio, a medida que va descubriendo qué se esconde tras esa adquisición, que todo no es lo que parece, y que las cosas suceden, al final, según las cuentas. Y, en eso, ella tiene mucho que decir.

‘El color de la luz’ es una novela sobre la creación y los secretos del arte. ¿Qué has aprendido de la pintura y de los pintores?

Trato la pintura, y el arte en general, como un reducto que nos permite redimirnos. Un bastión hermoso y con valor que nos sitúa por encima de nuestras miserias, y que dota de sentido a lo que no lo tiene. Al final, el arte nos salva, nos recuerda que somos capaces de crear algo que nos trasciende. O, al menos, nos mantiene ocupados en un propósito por el camino, y lo embellece. Que no es moco de pavo. 

-Cuál es tu relación con el lenguaje, cómo quieres escribir, qué buscas?

Busco que la vida se vea de otra manera a través de las palabras. Crear imágenes, mirar lo que miramos todos los días desde otra perspectiva, por medio del juego, explorando los límites del lenguaje, sus maravillosas posibilidades. Emocionar. También hacer pensar. Dar vida a una historia, en definitiva. Ser esa narradora a la que le pides que te cuente un cuento al calor de la hoguera. No más.

¿Cuál será tu próximo proyecto?

Todavía no lo sé. Tengo otra novela terminada, pero en un cajón, no sé qué ocurrirá con ella, si habrá alguna oportunidad de que vea la luz. Y luego tengo ideas... Falta trasladarlas al papel. A ver si me pongo.

 

*La foto de Marta Quintín apareció en el 'Diario de Navarra'.

FERRER LERÍN : DE 'BESOS HUMANOS'

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[Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en la carpa de la Feria del Libro de Zaragoza, su libro 'Besos humanos' (Anagrama), a las 20.00, en compañía de Ignacio Escuín Borao, director general de cultura, editor y poeta. Ferrer Lerín es un puro show.]

 

De entrada, ¿cómo definiría ‘Besos humanos’: una antología de sus relatos, un tratado de la frialdad o de la crueldad?

‘Besos humanos’ es el resultado de un trabajo del crítico Ignacio Echevarría en el que selecciona, ordena y epiloga textos míos éditos e inéditos para que sean publicados en una editorial, Anagrama, distinta, en cuanto a tirada y difusión, de las que de modo habitual recogen mis escritos breves en prosa. ¿Con frialdad?, quizá con asepsia.

¿Qué le debe a usted, en cuanto a selección, organización y estructura el libro?

Echevarría, como editor en términos anglosajones, me pasa el manuscrito final para que yo lo sancione, pero la idea de cómo ha de ser el ‘artefacto’ es solo suya. Incluso una cuestión a menudo pantanosa y sobre la que puede haber surgido cierta disparidad, la consideración como inéditos de textos no publicados en papel pero sí en digital, no va a condicionar la presencia de ningún texto por su carácter más o menos virginal.  

¿En qué medida este libro podría ser una síntesis de sus temas?

En gran medida lo es. ‘Besos humanos’ recoge muchos de mis temas habituales, pero, yo diría que más que una síntesis de temas es una síntesis de estilos; desde el aforismo a la ponencia congresual, desde los ‘casos’, esos textos breves en prosa, de notable carga onírica, que se prodigan en mi blog, hasta relatos convencionales en su extensión y poemas que gráficamente parecen prosas pero son vocacionalmente poesía.   

Sus libros acostumbran a llevar peculiares títulos. ¿Por qué en esta ocasión recurre a ‘Besos humanos’?

En Madrid, en el año 2008, negociando duramente con empresarios chinos la posible introducción en su mercado de una de las más conocidas marcas vinícolas del Somontano oscense, me pareció que uno de nuestros abogados, Antonio Erena Camacho, en un intento meritorio pero infecundo de expresarse en mandarín, utilizaba un sintagma que sonaba así:  ‘Besos humanos’.

¿Cuáles son sus poderes: la bestialidad, la inclinación al crimen, la escatología o el hecho mismo de devolver la vida a algunos monstruos?

Mi poder es la curiosidad, el estar en permanente estado de vigilia, una actitud, sin duda fundamental para seguir vivo, y que, además, permite procesar las señales que emiten las más tiernas criaturas, del averno y de lo cotidiano, a las que siempre atiendo.  

Uno de los textos se titula ‘El mirón’. Se diría que Ferrer Lerín es un perfecto espía y un fetichista.

A veces me pregunto si hubiera podido ser otra cosa que observador de aves. En este sublime oficio convergen la postura erguida, fundamental para la salud emocional, y el contacto crítico con la naturaleza, también llamado distancia ornítica, la que permite descubrir la presencia lejana de aves para de inmediato identificarlas con aparatos ópticos.  

Aparece varias veces en forma onírica, como si fuera otro. ¿Le gusta desdoblarse?

Juego una vez al día al tute perrero. Me desdoblo en cuatro jugadores, aunque el que da las cartas no participa en la jugada. Juego (jugamos) durante la cena, imaginando naipes y sus combinaciones.     

¿Existen los monstruos? ¿Andan por ahí o son una creación de nuestros terrores?

La anomalía casi siempre es contemplada desde el desprecio o, como mucho, desde el estudio científico; artes divagatorias poco recomendables, porque el monstruo anida en nosotros mismos y nadie querría tirar piedras contra su propio tejado. Recomiendo el recogimiento, la espera, la atención puesta en las variaciones, al principio mínimas, que experimenta nuestro rostro o incluso la piel del dorso de nuestras manos a medida que transcurren los años; en esas leves mutaciones se esconden las garras del monstruo que pugna por emerger, y acabará devorándonos.  

¿Qué le debe a Drácula, que viaja por el libro?

Para mí Drácula son las cubiertas del libro de Bram Stoker en la cochambrosa edición mexicana que guardo en mi biblioteca. Como ocurre con muchos de los hitos de la literatura, el contenido no responde a las expectativas; se trata sólo de una buena idea que no fue literariamente bien plasmada; la novelita nunca conseguí terminarla.

¿Qué le asusta?

La muerte, mi muerte, o más exactamente los preámbulos de la misma. Las residencias de ancianos, el trato de los enfermeros, la agonía, la sensación de inutilidad y sinsentido que se va generando al envejecer. Lo irreversible.

¿Quién le ha aportado más: Kafka, Borges, Sheridan Le Fanu o Lem?

Sheridan Le Fanu y Lem no me han aportado nada porque apenas me he acercado a ellos. Kafka ha trascendido ya definitivamente de lo literario para convertirse en paradigma de casi todo. Borges sigue siendo mi referencia aunque tanto me he dejado influir por él que ya dudo de si los aportes son suyos o son míos. 

El sexo siempre está presente. ¿Cuál es su visión?

He entrado en una etapa en la que empiezo a desconfiar del sexo, y no digamos de las personas que hacen gala de su consumo desmedido. Mi relación con la experiencia sexual, todavía centrada en la figura femenina, ha sufrido un traslado, quizá un cambio en sus objetivos; me horroriza la idea del cuerpo a cuerpo, de los contactos gimnásticos y sudorosos; me encanta ahora solicitar permiso para acariciar a una mujer por encima de la ropa, y, si lo obtengo, ya en el paroxismo, sujetarla por el brazo para que, por ejemplo, cruce segura el paso de cebra.

¿Existe belleza en la fealdad y en el horror?

Cuando nuestra consultora ambiental ganó un concurso para la ordenación turística de determinada comarca aragonesa comprendí que no era posible utilizar el mismo criterio para valorar el poder de sugestión de cada pueblo. Existía una fuerza tradicional, muy aparente, en la estructura, en el pintoresquismo de muchos de ellos, que no requería mayor reflexión al publicitarlos en folletos, guías y demás propaganda, pero, luego quedaba un remanente, una especie de listado delirante donde con una mirada convencional era imposible encontrar algo que ofrecer al siempre ávido y exigente turista. Robé entonces un término propio del Arte Contemporáneo, el Feísmo, e intenté utilizarlo para explicar, para llamar la atención sobre el poderío estético de la uralita sucia, caída y resquebrajada, sobre las bolsas de plástico de supermercado que coronaban estacas y vallados y, en general, sobre todo un horizonte de normalidad rural degradada y degradante que quizá debería ser objeto de pausada atención por parte del dominguero. Pero la propuesta fue poco apreciada

¿Escribe en trance, tras la pesadilla o con una calculada distancia?

La verdad es que soy un tipo de gran simpleza o, si se quiere, para no sentirme ofendido, de gran sencillez. Escribo cuando se dan una serie de circunstancias que lo permiten, diría mejor que casi me obligan. Son ligeras conjunciones astrales en las que prima el hallazgo de una historia interesante, de un sintagma llamativo o de un repentino estado de tensión creativa. El problema es que esas conjunciones son cada vez más renuentes, que así, de modo natural, se van espaciando cada día. Me dicen que tome no sé qué substancias. Pero, además de simple, resulta, que también, soy algo pusilánime.

 

BUSUTIL ESCRIBE DE GARCÍA LORCA

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/06/03/maleficio-mariposa/1011145.html

 

Guillermo Busutil recuerda, de nuevo, a su admirado Federico García Lorca en 'La Opinión de Málaga'.

03/06/2018 19:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR JUAN: PASIÓN POR ENSEÑAR

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La educación y los maestros, según Víctor Juan*

 

El escritor y director del Museo Pedagógico de Aragón publica ‘La pequeñez de los días’, 30 entrevistas con profesores, y la novela ‘Memoria inesperada’

 

 

Se ha escrito unas cuantas veces que Víctor Juan Borroy (Zaragoza, 1964) es una de las personas más bondadosas (el el estricto sentido machadiano del adjetivo), apasionadas y trabajadoras de la Comunidad Autónoma de Aragón. Es director del Museo Pedagógico de Aragón, en Huesca, donde da sus clases, es escritor de diversos géneros y es colaborador asiduo de HERALDO. Es un pedagogo con todas las letras y todos los matices, y es un investigador y estudioso que rezuma generosidad y curiosidad por el trabajo de los otros. Ahí están sus estudios de maestros como Ramón Acín, Paco Ponzán, Santiago Hernández, Félix Carrasquer, Palmira Pla o María Sánchez Arbós, entre otros.

Siempre está atento a su propio corazón y al trabajo de los demás. La educación le interesa tanto, o más, que la memoria, la cultura, el valor de la palabra, la inclinación a construir historias. Publica nuevo libro: ‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’, que publica Rolde de Estudios Aragoneses, en su colección Val de Bernera, con prólogo de la consejera Maite Pérez Esteban. Son historias humanas y una exaltación, sin énfasis, de la importancia de los maestros, del valor del aula, de las posibilidades del conocimiento, de la palabra. Fernando Pablo Urbano, profesor en Épila, dice: “Las escuelas no bastan para cambiar el mundo, pero son necesarias para cambiarlo”.

Son entrevistas muy pensadas, muy bien editadas, que se publicaron en el suplemento ‘Heraldo Escolar’ que hace todos los miércoles Lucía Serrano. Cada entrevista tiene una introducción personal, hilvanada con intención, y todas ellas atienden a diversas orientaciones: la legislación, las tecnologías, los idiomas, la lectura, el cine, la música, etc. El libro es muy interesante porque agrupa existencias, sensibilidades, opciones, formas de trabajar, de sentir y de enseñar y, por supuestos, biografías y experiencias individuales.

Sin ir más lejos, llama la atención este fragmento de Esther Escorihuela Landa, profesora de Literatura en el IES Mar de Aragón de Caspe, que dice: “Creo en las palabras. Las palabras son la materia prima de la literatura y también son las palabras de la vida. Somos un río incesante de palabras, que nos recorre. Nosotros nos contamos a nosotros mismos y contamos a los otros a través del lenguaje. Por eso, soy muy crítica con la devaluación del lenguaje de nuestros jóvenes o de lagunas canciones que escuchan. En el ámbito educativo debemos ser muy cuidadosos al comunicarnos para ofrecer palabras de entusiasmo y confianza y prescindir de las palabras limitadoras”.

La lista de entrevistados es la siguiente: Inés Aguareles Abós, Lourdes Alcalá Ibáñez, Ana Alcolea Serrano, Ricardo Arguís Rey, Antonio Bernat Montesinos, Javier Blasco Zumeta, Carolina Cajal García, Carmen Carramiñana de la Vega, Carmen Castán Saura, Noelia Cebrián Marta, Esther Escorihuela Landa, Eva Fañanás Banzo, Carolina Ferrer Leal, Teresa Fontoba Maza, Javier Garcés París, Soledad García García, Ángel Gonzalvo Vallespí, Eduardo Guillén Catalán, Jesús M.ª Jiménez Sánchez, Alfonso Lázaro Lázaro, Javier Lerendegui Ilarri, Juan Lorenzo Lacruz, Esperanza Mañas Viejo, Carmen Martínez Urtasun, Lorenzo Oro Giral, Fernando Pablo Urbano, Ana Belén Pardo Leganés, Juan Luis Pueyo Sánchez, Domingo Santabárbara Bayo y Agustín Sanz Vituri.

 

Otra novela de la educación

Unos días antes, Víctor Juan publicaba en Sibirana una nueva novela, la quinta tras ‘Por escribir sus nombres’ (2007), ‘María’ (2010), ‘Las manos de Julia’ (2012) y ‘Aquellos días de luz y palabras’ (2013): ‘Memoria inesperada’, la historia de Carmen Pardo. El libro empieza en un cementerio, tras la muerte de su padre. “El día de mi entierro quiero que llueva como en las películas –repetía Joaquín Pardo Montañés cada vez que hacía recuento de sus deseos póstumos”, dice Víctor Juan en el inicio del libro. Ella, fiscal y enamorada de joven de un estudiante de Derecho llamado Fernando Sanmartín, autor ahora de uno de sus libros de cabecera, ‘La Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica), hace recuento de las relaciones difíciles con su padre, especialmente entre los 13 y los 23 años.

Un día, entre sus recuerdos y objetos, descubre una caja y dentro hay un mundo inesperado: el de su abuelo, Santiago Pardo Julián, ateneísta, nacido en 1888 (como Ramón Acín, escultor, pedagogo y anarquista), que fue maestro, que estuvo en París, que vivió una amorosa relación con Pilar, etc. Carmen Pardo lee sus cartas, sus diarios, y se interesa por su aventura. Y encontrará una complicidad inesperada en un experto en educación, Fernando Ríos, que es objeto de una contraportada en HERALDO. Se la hace Chaco R. Morais, y ahí descubre su personalidad y su amor a la pedagogía y a la historia de tantos educadores de infausto destino.

Fernando Ríos, tras investigar el destino del abuelo Santiago, le dice a Carmen Pardo, que es fiscal, que le va a doler lo que ha encontrado: “Es un texto hermoso y valiente, cargado de dignidad. Cuando lo leas estarás orgullosa de llamarte Pardo, de ser la nieta de don Santiago, el director de la escuela de Ramón y Cajal, de haber heredado el carácter de tu abuelo. Y también te dolerá este país que condenó a sus mejores hijos a la muerte, al exilio o al silencio, un miserable país que nos condenó a todos a vivir huérfanos en la oscuridad”.

Y solo hasta aquí se puede contar de esta novela de la emoción, de la sensibilidad y del ennoblecimiento del tiemplo perdido, esta novela de vidas pequeñas, hechas a mano, que se agigantan en el espejo del tiempo.

 

LA FICHA

‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’. Víctor Juan Borroy. Rolde: Val de Bernera. Zaragoza, 2018. 195 páginas. 

 

*Este texto aparecía ayer en la edición digital de Heraldo de Aragón.

01/06/2018 08:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LLAMAZARES VUELVE A AINIELLE

JULIO LLAMAZARES SIEMPRE VUELVE A AINIELLE
El escritor visita el territorio del Sobrepuerto oscense donde sucede 'La lluvia amarilla', que cumple 30 años de su publicación en Seix Barral
Ainielle es un territorio de la literatura universal. Es un lugar imaginario, gracias a ‘La lluvia amarilla’ de Julio Llamazares, que se publicó en Seix Barral hace ahora 30 años, y es un enclave real, físico, como una concavidad de piedra, tierra y fronda entre Escartín, Oliván y Susín, en el Sobrepuerto de Huesca, que parece “una inmensa caracola de resonancias” como escribió Miguel Torga de sus paisajes de Tras-os-Montes. Aludimos a este autor porque es uno de los escritores más amados por el autor leonés (o más bien aragoleonés), que acude a otra frase que explica el éxito de la novela sobre el último habitante, imaginario, del Ainielle: “Lo universal es lo local sin paredes”. El autor de ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ y ‘Las rosas de piedra’, también acude a otro narrador luso, Antonio Lobo Antunes: “La literatura es la memoria fermentada”. “Esa frase también me define a mí. Todos tenemos trastornos emocionales que nos persiguen, que nos asedian, y que acaban convirtiéndose en novelas, merced a la palabra y a la destilación de la memoria”, dice julio Llamazares.

Julio Llamazares acaba de regresar a Ainielle. Son las once de la mañana del miércoles 23 de mayo. “En los últimos 30 años habré estado aquí más de 20 veces. La última vez fue en 2016, en esa suerte de peregrinación ritual que se hace aquí el primer domingo de octubre, que se llama ‘La senda amarilla’. Vienen entre 250 y 500 personas. Yo solo escribí una novela, no he escrito ‘La Biblia’. ‘La lluvia amarilla’ has sido importante para mucha gente, capital incluso, y a veces me siento como responsable porque para mucha gente se ha convertido en un libro sagrado”, decía el miércoles. Volvió a Ainielle con un equipo de cine, capitaneado por el realizador zaragozano Javier Calvo, el productor y fotógrafo Ernesto Tejedor (autor de la galería de este reportaje) y el operador de cámara José Carlos Ruiz, para revivir la historia de la novela y, en el fondo, la historia de su propia existencia, su biografía de escritor.

El escritor había participado el martes, en Huesca, en la presentación de un documental de Eduardo de la Cruz sobre Ainielle, acompañado por el director y por el etnógrafo Enrique Satué Oliván. En el palac
o de Villahermosa y en Ainielle contó varias veces cuánto le debía a él y a su libro ‘El Pirineo abandonado’.

Orígenes de una novela sagrada

“Tras la publicación de ‘Luna de lobos’, una novela sobre la memoria histórica, los maquis y el paisaje, una novela de acción, que también tenía su lirismo, empecé a interesarme por los pueblos abandonados de España. Y entre 1985 y 1988 di muchas vueltas. Anduve por pueblos de Lugo, de Guadalajara, de Teruel y de Soria. Mis libros nacen de las preguntas que me hago. Creo que recordar que fue en Sarnago (Soria), ante la desolación general, ante esa soledad que casi te asusta, que pensé: “¿Cómo viviría el último habitante del pueblo?”. Así nació la novela. No lo recuerdo muy bien, pero más tarde, en un pueblo de Guadajalara, o viajando por carreteras secundarias, se me apareció la frase: ‘La lluvia amarilla’. Para escribir necesito una voz, un escenario y un tiempo verbal”. Y, por supuesto, un título tan contundente y polisémico como este.

Julio Llamazares cuenta ante la escuela de Ainielle, que tuvo de profesoras a María, Eulalia y Leonor, entre otras, que al principio la protagonista de ‘La lluvia amarilla’ no era Andrés, sino su mujer, Sabina, que se ahorcará con una soga en el molino del pueblo, el único edificio restaurado y el único que se mantiene en pie. “El término ‘La lluvia amarilla’ es una metáfora y las metáforas tienen muchos significados. Por ejemplo, alude a las cosas, el polvo y los cuadernos que amarillean, alude al paso del tiempo, alude al otoño, alude al desamparo. ¡Quién sabe!”, dice. Y desmiente que “sea una novela escrita en estado de gracia, si lo fue no era consciente”. Lo que parece claro es que es un libro que evoca el paraíso perdido, que contiene drama y evocación, que habla de la muerte y del miedo, que también es un símbolo de la despoblación y quizá de la ecología.

“¿Sabe cómo escribí el libro? En la calle Gravina de Madrid, en el barrio de Chueca, sobre una sala de fiestas, Madrid la Nuit, donde la apoteosis era una canción de Sara Montiel, ‘Mi hombre’. Yo lograba concentrarme y, poco a poco, a lo largo de dos años salió el libro”. Inmerso en su redacción, salía a diversos lugares, como si fuera un cineasta (el director de cine zaragozano, con ecos riojanos y donostiarras, se reía) que iba a localizar. Y por indicación de un amigo jacetano dio con el libro ‘El Pirineo abandonado’ de Enrique Satué, que hablaba de Ainielle, donde había vivido su familia hasta finales de los años 50. Ainielle le gustó por casi todo y antes, muchos antes de visitar la localidad, -“antes incluso de haber estado en él; lo vi desde lejos y escribí la novela antes de haberlo visitado”, confiesa el escritor-, decidió que allí sucedería la acción de su novela, de su monólogo dramático. “Soy un escritor intuitivo, trabajo sin mapas, sin planos. Todo lo que pasó luego se me escapó de las manos. Ni en el mejor de los sueños, te pasa algo así”.

Con Rosalía, de Casa Juan, y Ángel, de Casa Botero

Las novelas hacen milagros. Y eso se ve en el interior de la iglesia destejada y ruinosa. Allí, Enrique Satué Oliván - “fue muy generoso conmigo, siempre, de los que más me han ayudado, y el auténtico especialista de Ainielle, como probó de nuevo ‘La memoria amarilla’”, dice Llamazares- suele poner cuadernos donde la gente va dejando sus mensajes: frases, dedicatorias, recuerdos, dibujos o acuarelas. Los hay de niñas que se llaman Ainielle, de gentes de Francia, Barcelona, Madrid, Albacete. “El libro en castellano ha tenido más de 50 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. Y me pasan cosas curiosas todo el tiempo”. Hay muchos fanáticos de Ainielle y del espíritu del libro. El fotógrafo y naturalista Eduardo Viñuales Cobos recordaba hace unos días: “Tras la aparición de la novela, fui hasta siete veces y me quedaba a dormir. Me impresionaba aquella atmósfera”.

Rosalía Ramón Azón, de 82 años, de Casa Juan, y Ángel Azón Miranda, de 81, de Casa Botero, acompañaron al autor en su viaje a Ainielle. Ahora residen en Sabiñánigo. Rosalía partió del pueblo en 1959; Ángel, en 1948. “Creo que lloré al irme, claro, y que he llorado alguna vez al volver. Ainielle significa mucho. ¡Son tantos recuerdos! Los días de nieve, los juegos en las calles, las vacas, las cabras, la matacía y el mondongo”, dice Rosalía, que se acerca al cementerio y acaricia la lápida de su madre, Jovita Azón, y asiente Ángel. “Nos bautizaron el mismo día, hemos vivido en diversos pueblos, nos casamos, y de vez en cuando nos reencontramos aquí. Yo he leído la novela de Julio Llamazares dos veces. Ha colocado a un lugar tan humilde como este en el mundo”, matiza Ángel.

El fin del mundo y las ruinas

Julio Llamazares dice que avanzan las ruinas cada vez más. “El paso del tiempo hace de las suyas y es como si la naturaleza volviese a dominarlo todo. Ya no queda ningún edificio en pie salvo el molino. El pueblo no da miedo, exactamente, aquí la mejor línea de fuga es el cielo. Estamos en el fin del mundo, con esa música de la corriente. Lo que da miedo de veras son esos pueblos donde parece que la gente acaba de irse, que las camas están recién hechas. Es como si desde las ventanas un montón de ojos te mirasen”, dice. Con todo, Ainielle, de flora variada y fascinante, tiene algo de región espectral, donde conviven los pájaros, los murciélagos, los saúcos del olvido y las palabras.

Allí, si cierran bien los ojos, parece oírse: “Cuando lleguen al alto de Sobrepuerto estará, seguramente, comenzando a anochecer. Sombras espesas avanzarán como olas por las montañas, y el sol, turbio y deshecho, se arrastrará ante ellas...”. Es decir, el inicio de ‘La lluvia amarilla’ que suena maravillosamente en la voz del actor José Sacristán en la película 'Ainielle' de Eduardo de la Cruz.

25/05/2018 00:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARME RIERA: UN DIÁLOGO

Carme Riera: "El aullido de la Manada viene de lejos y es terrible"

La escritora y académica mallorquina fue pregonera en la Feria del Libro de Teruel y este viernes presentó su novela ‘Vengaré tu muerte’ (Alfaguara) en Los Portadores de Sueños.

Antón Castro12/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.José Miguel Marco

Carme Riera publicó en 2016 ‘Las últimas palabras’, su novela sobre el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primo de la emperatriz Sissí, ese personaje que dejó una gran huella en Mallorca. Ahí contaba su vida, su condición de espía, sus amores con Catalina de Homar y exploraba algunos enigmas: entre ellos su compleja sexualidad y la existencia de algunos hijos, que quizá fuesen bastardos (¿eran del jardinero?), así como sus complejos: se sentía feo y gordo, recibió un intenso epistolario y fue un pionero, sin saberlo, del movimiento hippie.

¿Cómo le fue con ese libro?

En Mallorca tuvo mucho éxito. No he querido molestar a nadie y no sé si hubo enfados entre los descendientes o allegados. Si fuera así no me he enterado.

Y poco después decidió volver a la novela negra. ¿Que pasó?

Que no me gusta dejar los libros a medias. En 2004 empecé ‘Vengaré tu muerte’. Me embarranqué, la retomé en 2006 y se me fue quedando por ahí con 125 páginas. La retomé en 2016 y logré culminarla al año siguiente…

¿Ya estaba esa impugnación general que hace usted a la sociedad actual?

No exactamente. No vivíamos aún la situación tan crítica que vivimos de corrupción. Pero sí estaba ese personaje, Elena, esa primera persona que cuenta, esa mujer charnega, mestiza, divertida, fresca, que posee un gran sentido del humor y que cuestiona algunos estereotipos: por ejemplo, la tacañería de los catalanes.

Usted va más allá…

Lo intento. Esta mujer que estudia en los ateneos populares es la que, a través de su mirada, protagoniza una novela de denuncia, que suele ser una característica del género negro. La denuncia y la crítica. El ambiente general de la crisis es oscuro y terrible.

También es una novela sobre la culpa, ¿no?

Desde luego. Elena es una mala detective, se ha equivocado en un caso anterior y por esa equivocación suya dos personas han sido acusadas y encarceladas por un crimen que no cometieron. La culpa es muy femenina: la mujer es la culpable de que al hombre lo expulsasen del paraíso, se dice...

Aborda la violencia de género. Es difícil no pensar en la Manada… ¿Cómo vivió la sentencia?

Fatal. Con indignación, casi como todo el mundo. Pensé en el mito de Dafne y Apolo. Ya desde la antigüedad y desde los mitos, la mujer es carne de violación. El aullido de la Manada viene de lejos y, claro, ahora, en nuestro tiempo, nos parece un horror más que nunca. Es terrible.

¿Qué nos ha querido decir sobre la pedofilia?

Esta no es una novela de tesis, ni una novela didáctica, pero sí se toca el tema. Ese es un lugar oscuro, sórdido, son auténticas cloacas y se percibe con mucha nitidez en las redes sociales. Es un mundo peligroso que no emerge como debiera, y creo que los padres debieran estar más vigilantes de todo lo que hacen sus hijos en Facebook, Instagram, Twitter o Whatsapp. El espanto anida en las redes sociales y se manifiesta de manera impune.

También aborda la corrupción. Habla del 3% que aplicaba el presidente Jordi Pujol. ¿Cómo vive la situación de Cataluña?

Fatal. Estoy muy contrariada, aburrida, triste. No estoy segura de que tenga solución. A veces pienso que España ha sido el primer país europeo que perdió las colonias y sospecho que también va a ser el primero en desmembrarse, y luego seguirá el resto de Europa. A veces, no pienso eso.

¿Le diría algo al señor Rajoy?

Sí, claro. Él y otros, desde el Gobierno central, han sido incapaces de negociar y de explicar a los catalanes los beneficios que tiene estar integrados en la nación. También es un poco su fracaso.

Acaba de ser pregonera en la Feria del Libro de Teruel. ¿Cómo le ha ido?

Muy bien. Es la capital del amor y, ahora, la ciudad de los libros. Me he sentido muy bien tratada. En casa tenemos un gran vínculo con Aragón: se lee desde hace muchos años HERALDO todos los días. Mi marido, Paco Llinàs, escritor y científico, ya jubilado, es un enamorado de Aragón.

 

13/05/2018 13:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ABDLEÁ TAIA: UN DIÁLOGO

Abdelá Taia: "El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible"

Invitado por el Instituto Francés y su directora Laure Vazquez, presentó en el Teatro de la Estación su novela ‘El digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire) de elegía y homosexualidad, amor y emigración.

Antón Castro10/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.Cabaret Voltaire

¿Una persona, un escritor, un ser humano puede escapar en Marruecos del impacto de la persecución de la homosexualidad?

Seamos escritores o no, no podemos escapar de la persecución y la violencia permanentes, porque la literatura, por desgracia, no resuelve todos los problemas ni nos protege de todo. Al fin y al cabo, soy escritor pero solo soy un ser humano. No tengo poder. Padezco la misma vulnerabilidad que cualquiera.

Se lo preguntaba porque parece que es un tema que no puede eludir nunca en su obra.

¿Por qué iba a escapar de ello si es lo que soy? Ja, ja, ja.

¡Parece tan implacable la persecución!

Desde luego. En cualquier caso, la homosexualidad sigue siendo un gran problema en todas partes, incluso en Europa. Aun en países como España o Francia, los derechos de los homosexuales no están aceptados por completo. La lucha continúa. Todas las religiones condenan la homosexualidad, no solo el islam. Pero tampoco es que yo quiera anclar o basar toda mi obra en ese tema. Y en esta novela, ‘El que es digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire), especialmente hay más asuntos.

Vayamos con ellos. Me ha llamado la atención la carta del protagonista a la madre. ¿Es una especie de ajuste de cuentas?

Creo que cualquiera cuando pierde a una madre pierde la cabeza, pierde el norte. Es algo a lo que resulta difícil sobrevivir. En el caso de mi personaje, Ahmed, aún es más difícil porque se da cuenta de que está muy solo en la vida, y ahora, huérfano de padre y madre, mucho más. En vez de intentar entender, quiere quedarse en el furor que siente por esas ausencias. Y escribe a partir de este furor. Furor sí, no dolor.

Esta carta de Ahmed a su madre muerta, ¿tiene algo que ver con la vida de Abdelá Taia?

Es la carta más autobiográfica de todo el libro. Me salió de una manera primitiva y brutal pero también de una forma muy elaborada. No quería perder el tono de enfado ni de este dolor. Y no me importa maltratar a este personaje de la madre para llegar a la verdad. Porque se trata de eso: de la verdad. Aunque en el libro parezca una mujer tiránica, dictatorial, es una mujer que actúa, que está en acción. No es una mujer árabe como se la espera: sometida o temerosa, sino valiente.

El libro también aborda la historia de un amor perdido del que uno no acaba de liberarse...

En realidad, yo quería hablar de por qué un joven marroquí que reside en París desde hace quince años, que ahora es un joven intelectual, que vive libremente su homosexualidad, de golpe se siente perdido en Francia y en París. Es una novela sobre el desarraigo. ¿Por qué su corazón, en vez de ser libre, se vuelve duro? ¿Qué ha hecho París de él? De todo se habla en un libro de cartas. Me marcaron las ‘Cartas de la monja portuguesa’, del XVII, de Mariana de Alcoforado…

Critica la actitud de Francia respecto a ustedes. Habla de colonización.

La colonización sigue viva. La élite marroquí habla francés, envía a sus hijos a escuelas francesas, muchas cosas de la vida cotidiana copian la vida francesa. Los escritores árabes cuando son reconocidos es cuando son publicados en Francia o en París, en concreto, y si hablamos francés...

De ahí la desazón de su protagonista...

Claro. En el fondo, mi novela, con ecos autobiográficos, habla de gente como yo, pobre, que sueña con Francia, la idealiza, y cuando llega no es recibida de esta misma manera. Francia no nos concede las mismas libertades que a los demás. A partir de este punto, ¿qué tiene que hacer ese personaje, el protagonista, para ser digno ante Francia? ¿A qué debe renunciar, además?

¿No exagera usted?

Basta con pasear por las calles. Y aunque esta gente no esté de acuerdo conmigo, ni acepte mi condición homosexual (más que por el islam, yo tengo fe, es la política misma), tengo que hablar de ellos. El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible y que está en minoría, y es oprimida. La gente que no tiene voz.

 

13/05/2018 13:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALFREDO CASTELLÓN: 'ESCOMBROS SELECTOS'

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Huerga & Fierro publica ‘Escombros selectos’,

los cuentos póstumos de Alfredo Castellón

 

El libro, marcado por la Guerra Civil, la fantasía, el amor y el cine, se ha presentado en la Biblioteca de Aragón

 

 

Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1930-Madrid, 2017) fue guionista y director de cine, fundador de TVE y creador de un sinfín de programas, dramaturgo y director teatral. Dio casi la vuelta al mundo a mediados de los años 60. Se sentía, quizá por encima de todo, escritor de cuentos y de microcuentos. Solía decir que salía a pasear y que aprovechaba para volver a casa con el poema o el cuento ya hecho. Antes de morir publicó dos de sus mejores libros: ‘El ruido de la memoria’ (STI, 2012), una colección de relatos de carácter autobiográfico en buena parte, y ‘Apólogos’ (STI, 2016), una mezcla pensamientos, aforismos y microcuentos. Poco antes de su adiós, el pasado diciembre, Alfredo había puesto punto y final a su libro de cuentos ‘Escombros selectos’ (Huerga & Fierro), que lleva un prólogo de Mariano Gistaín.

En este volumen hay un poco de todo: algunos recuerdos de la Guerra Civil y de sus días en el entorno de un naranjal de Burriana, y varios relatos sobre su madre, entre ellos una carta. Al período doloroso de la contienda pertenece el cuento más extenso, más doloroso, ‘La mano’, en el que una madre le revela a su hija la historia de la ejecución de su padre; la obra tiene mucho que con los recuerdos del director de ‘Platero y yo’ y ‘Las gallinas de Cervantes’ vinculados con sus familiares de Morés, donde él pasó varias temporadas. Una de las piezas más turbadoras se titula ‘Obsesión’ y es el relato de una mujer y el hombre que la violó, resuelto con un final espeluznante. La obsesión, las historias de amor y la relación de parejas, en particular en el seno del matrimonio, protagonizan diversos cuentos, en los que casi siempre hay una salida para el humor, aunque sea negro, el sarcasmo y la ironía.

Destaca en el conjunto el cosmopolitismo: hay piezas que suceden en la India, en Alemania, en Polonia, en Francia, en Austria, pero también en Marraquech o en Nueva York, donde vivió entre 1929 y 1930 el poeta Federico García Lorca, a quien recuerda y cita. Y por supuesto, suceden en Zaragoza, adonde volvía siempre.

Castellón se maneja en varios registros: compone algunos cuentos fantásticos como ‘El amante volador’, que parte de un verso de Miguel Hernández, “solo quien ama vuela”. Se siente muy cómodo en los textos dialogados; rinde tributos al teatro y al cine, especialmente a Marlene Dietrich, vestida de cíngara; también ofrece varias narraciones de atmósfera religiosa, o más bien bíblica, y hay al menos dos piezas que transcurren en manicomios. La locura siempre anda por ahí con sus fantasmas.

‘Escombros selectos’ también es un libro de homenajes, entre ellos al escritor Félix Romeo Pescador, al bailarín Antonio Canales o a Enrique Gómez Padrós, ‘Harry’, “que con tanto cariño pellizcaba la yugular del amigo”, que fue uno de los grandes impulsores de la literatura y del cine en Barbastro. Uno de los textos más bellos es ‘Amores obstinados’, dedicado a las pasiones y a la terquedad de su amiga Pilar Miró. Ella, como confiesa otro personaje, podría haber dicho: “Tengo que confesar que desde niña me gustaron los hombres guapos”.

 

*La foto es de Guillermo Mestre, de Heraldo.

 

 

07/05/2018 21:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RTVE: ADIÓS A JOSÉ MARÍA ÍÑIGO

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Adiós a José María Iñigo, histórico periodista de RTVE*

 

  • Se convirtió en la cara de TVE en los 70 gracias a programas como ‘Directisimo’ o ‘Estudio Abierto’

 

  • Colaboraba desde hace 18 años en ‘No es un día cualquiera’ de RNE y actualmente también en ‘Aquí la tierra’ y ‘Hora punta’ de La 1

 

  • De 2011 a 2017 comentó el Festival de Eurovisión

 

  • Dolor y consternación entre sus compañeros de profesión

 

RTVE lamenta profundamente el fallecimiento del histórico periodista José María Iñigo, fallecido hoy en Madrid a los 75 años, y que desarrolló la mayor parte de su dilatada carrera profesional en la radio y televisión públicas, desde sus comienzos y hasta sus últimos momentos.

 

Precisamente la noticia de su fallecimiento la ha dado a conocer esta mañana Pepa Fernández, directora y presentadora de 'No es un día cualquiera', programa de RNE en el que el mítico comunicador colaboraba desde hace 18 años. El espacio ha comenzado como cada sábado a las 8:30 horas pero sin su sintonía habitual y con la voz de su presentadora, que ha hablado desde el corazón y con gran dolor. "Soy una persona en estado de shock (...), qué les puedo contar. Hace solo unos minutos hemos sabido que mi amigo, mi compañero, mi cómplice, mi maestro José María Íñigo ha fallecido", ha dicho emocionada tras confesar que habló con él anoche. Pepa Fernández ha dicho que Íñigo "ha dejado una huella profunda" en el programa y, ha recalcado que "nos ha ayudado muchísimo a diseñarlo y mantenerlo en antena".

 

Por su parte, Carlos Santos, subdirector de ‘No es un día cualquiera’, ha manifestado que “delante del micrófono y de la cámara era el mejor; se crecía, se transfiguraba, resplandecía, se convertía por ensalmo en personaje aunque ese día la persona estuviera cansada, aburrida, hambrienta o enferma”. “Era el mejor, sí, pero lo extraordinario es que haya sido el mejor durante tantísimo tiempo. Porque Iñigo fue Iñigo, con toda su popularidad a cuestas, durante más de cincuenta años”, ha señalado. “Ahora que ha muerto, con 75, consuela pensar que estuvo activo hasta el final, que entre quimio y quimio seguía viviendo a tope (trabajos, viajes, amaneceres, sonrisas, conversaciones, afectos) y que, menos mal, no ha tenido que afrontar el doloroso deterioro físico que se le venía encima, más doloroso todavía para quien, como él, ha sido joven todos los días de tu vida”, ha añadido.

 

El realizador de televisión y consejero de RTVE Fernando Navarrete ha calificado a José María Iñigo como “un gran hombre, un leal amigo y el más completo comunicador que he conocido”. “Trabajar con él siempre daba seguridad y su agilidad mental y su ingenio norteño gratificaron los cincuenta años de su amistad , que he disfrutado siempre que he podido”, ha dicho. 

 

"No nos llegan las palabras para explicaros lo maravillosa persona que era, humilde, divertido y gran trabajador. La voz de Eurovisión y la alegría de la delegación. Le adorábamos", ha señalado en twitter el equipo de Eurovisión de RTVE.es. La jefa de la delegación de RTVE del festival, Ana María Bordas, ha manifestado su tristeza por la muerte del querido periodista. 

 

Intensa trayectoria

 

Nacido en Bilbao en junio de 1942, Íñigo trabajó en distintos medios de comunicación, aunque la mayor parte de su trayectoria profesional estuvo vinculada a TVE. Sus inicios fueron en la radio -comenzó en Radio Bilbao cuando tenía solamente 15 años- y se centró en programas musicales como ‘El gran musical. Además, fue uno de los creadores de Los 40 Principales’. En Televisión Española (TVE) su primer programa musical fue ‘Último grito’, en 1968.

 

Se convirtió en el rostro de Televisión Española en la década de los 70 y 80 gracias a ‘Fiesta’, ‘Directísimo’ o ‘Estudio Abierto’, programas míticos de esta casa. Contaba con una dilatada experiencia en televisión, radio y era, sobre todo, un experto en periodismo musical. Entre 2011 y 2017 fue el comentarista del Festival de Eurovisión para TVE.

 

Como escritor publicó una veintena de libros y colaboraba, entre otros, en el programa ‘No es un día cualquiera’, de RNE, ‘Aquí la Tierra’ y  ‘Hora Punta’, de La 1. Recibió numerosos premios durante su carrera, entre ellos el Premio Ondas al mejor presentador de televisión en 1971, así como seis TP de Oro, una Antena de Oro (2010) y el Premio a Toda una Vida 2010 de la Academia de Televisión.

 

*Esta es la nota oficial de RTVE.

 

05/05/2018 21:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: DIEZ AÑOS DE PERIODISMO CULTURAL

Periodismo cultural: diez años de encuentros


  
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El reciente Congreso de Santander sobre linchamiento digital ha culminado un ciclo de reflexiones profesionales, desarrollada antes en Zaragoza, Pendueles (Asturias) y Sevilla


Periodismo cultural: diez años de encuentrosDiez años de encuentros de periodismo cultural (ERphotographer / Getty)
Actualizado a 05-05-2018 07:29

Cuando, el pasado 27 de abril, Basilio Baltasar clausuraba en Santander el IV Congreso de Periodismo Cultural, dedicado al “linchamiento digital”, la opinión de los congregados era bastante unánime: ha sido el mejor de los celebrados hasta ahora.

Las ponencias de expertos como el politólogo Miguel Arias Maldonado, los periodistas Lluis Bassets y Marta Peirano o el sociólogo Miguel del Fresno, junto con la sucesión de mesas redondas, nos proporcionaron a los allí convocados un panorama general y una guía de mano para no perdernos en los vericuetos, abismos, espejismos y trampas, también entre los tesoros, del nuevo mundo digital en que la profesión y la ciudadanía viven ya inmersas.

Con el Congreso, también, culminaba un ciclo para los periodistas culturales españoles. Se había abierto diez años antes, en Zaragoza.

Una cita aragonesa

El 27 y 28 de marzo del 2008 se celebraban en el Edificio Pignatelli unas “Jornadas de Fomento de la Lectura y Medios de Comunicación” organizadas por el Ministerio de Cultura y patrocinadas por el Gobierno de Aragón. El programa quería discutir cómo estaban impulsando la práctica lectora las revistas culturales, la prensa, la radio, la televisión y el formato Internet ya en auge.

Una de las cuestiones que surgió fue el crecimiento que el periodismo cultural había experimentado en España tras la muerte de Franco. Antes de 1975 las secciones de cultura eran prácticamente inexistentes en los diarios. El periodismo cultural especializado no existía. Treinta años más tarde, raro era el rotativo que no contaba con una sección de cultura potente y que no había creado sus suplementos de libros y de arte, al tiempo que el espacio destinado a este tipo de información no paraba de aumentar en otros ámbitos mediáticos.

Por otra parte, constatábamos que, en el terreno de la lectura, el papel prescriptor tradicional que en épocas anteriores desempeñaron los críticos literarios había ido pasando, crecientemente, a los periodistas culturales, personajes con otro perfil, otra formación y otras estrategias. Sin embargo, tanto en el plano profesional como en el propio terreno de la cultura, los implicados no habíamos desarrollado un discurso consistente sobre nuestro propio trabajo ni habíamos creado unas redes de relación acordes con este peso.

El programa de ZaragozaEl programa de Zaragoza (LV)

En ese encuentro zaragozano coincidimos, y en algunos casos nos conocimos, periodistas que a lo largo de los años repetiríamos contacto de forma habitual y colaboraríamos en preparar algunos de los que vendrían más tarde: especialmente Antón Castro, jefe del suplemento del Heraldo de Aragón y por aquel entonces también del programa televisivo Borradores; el malagueño Guillermo Busutil, director de la revista Mercurio; Manuel Pedraz, de RNE en Sevilla, impulsor del programa Historias de Papel, y Basilio Baltasar, al frente de la pionera revista digital de literatura El Boomerang. Yo asistía como responsable del suplemento Cultura/s de La Vanguardia.

También participaban Ignacio Elguero, codirector en Madrid de La estación azul de RNE; Óscar López, que dirigía desde Barcelona el programa de TVE Página 2; Javier Rioyo, al frente de Estravagario en La 2; Jesús Vigorra, director de El Público en la televisión de Andalucía, o Jorge de Cominges, responsable de Qué Leer.

De la reflexión sobre la necesidad de un mayor reconocimiento de la disciplina surgió la primera propuesta. Una conversación en el AVE de Barcelona a Zaragoza con Rogelio Blanco, entonces director general del Libro del gobierno de Rodríguez Zapatero, y la buena influencia de Alfonso García, coordinador del suplemento Filandón del Diario de León, hicieron posible que el Ministerio de Cultura convocara por primera vez el Premio Nacional de Periodismo Cultural. César Antonio Molina, ministro entonces, dio enseguida su visto bueno.

Pocos meses más tarde tenía lugar la primera convocatoria, que recayó (2009) en el periodista de El País Jacinto Antón. En años posteriores lo obtendrían Fabricio Caivano, de Cuadernos de Pedagogía; Ana Borderas, de RNE; Juan Cruz, de El País; Antón Castro; Diego Manrique, de El País; Ana Mendoza, de la agencia Efe; Jaume Figueras, de TV3· y, el más reciente, Blanca Berasategui, directora de El Cultural de El Mundo.

Junto a la playa asturiana

Lo cierto es que los factótums del Ministerio, y especialmente Rogelio Blanco –hombre próximo al entonces presidente del Gobierno- , se habían tomado en serio el reto planteado, y durante el mismo 2009, además de convocar el premio, decidieron dedicar al Periodismo Cultural un Encuentro de Verines. Estas convocatorias, celebradas en una casa histórica de Pendueles, cercana a la playa asturiana de La Franca –espectacular enclave en cuyas aguas nos mojábamos los pies a primera hora de la mañana-, habían acogido anualmente desde los 80, bajo la tutela de Victor García de la Concha, a autores y profesores de las distintas autonomías españolas para discutir cuestiones literarias de amplio espectro, desde las más generalistas a las más especializadas.

Verines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio BlancoVerines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio Blanco (LV)

García de la Concha había dejado ya la dirección en manos del profesor y escritor Luis García Jambrina, quien moderó nuestros temas, que han sido los que han marcado el último decenio: la difícil (o fácil) convivencia entre el formato papel y el formato digital; el paso sin retorno a la red con nuevas fórmulas informativas o la cautela frente al nuevo medio y la perseverancia actualizada en fórmulas clásicas. También la pugna entre apocalípticos e integrados, o entre los periodistas elitistas y los populares, en la información literaria.

En Verines se comunicó el nacimiento de la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía “José María Bernáldez” (en homenaje a la memoria de un querido y recién fallecido colega). Y, junto a veteranos de la anterior convocatoria se dieron cita en la casona asturiana Antonio Iturbe, de Qué Leer, David Castillo del Avui; Jesús García Calero de ABC; Peio H. Riaño de Público; Aurelio Loureiro de Leer; Tino Pertierra de La Nueva España; Winston Manrique de El País; Miguel Barrero; Nieves Fontova de El Correo; Teresa Peces de Delibros…

En la Feria de Sevilla

La siguiente cita tuvo lugar en Sevilla, el año 2011. La organizó la joven Asociación andaluza, que presidía Manuel Pedraz, con la colaboración de la catalana, que había surgido poco después y que dirigía Toni Iturbe. Dos sesiones sobre los nuevos caminos de la profesión, en un momento en que la crisis económica ya había enseñado los dientes. Se celebró dentro de la Feria del Libro, con patrocinio del Ministerio de Cultura, la consejería de Cultura de la Junta y la Fundación José Manuel Lara.

Se abordaron allí las innovadoras experiencias en la blogosfera; la (entonces proyectada) transformación de TVE2 en Canal Cultural, o el boom de libros de periodismo. Maruja Torres fue la invitada estrella. Nuevos participantes se incorporaron a la red de colegas en construcción: Sergi Doria de ABC (a partir de entonces, otro puntal de nuestras convocatorias); Llàtzer Moix de La Vanguardia; Alejandro Luque de El Correo de Andalucía; Guillermo Altares de El País; Eva Díaz Pérez, entonces en El Mundo...; Carlos del Amor de TVE; Pilar Vera del Diario de Cádiz; Montse Mompó del programa Continuará; Amalia Bulnes…

Encuentro en SevillaEncuentro en Sevilla (Archivo)

Como apuntó en su blog Felix Modroño, “estas reuniones, además de servir de terapia colectiva contra las vicisitudes por las que atraviesan los profesionales y el arrinconamiento a que se han visto sometidas sus secciones en los últimos años en los respectivos medios, han dejado charlas y mesas redondas en las que se ha reivindicado el papel fundamental del periodismo cultural en la sociedad actual”. Efectivamente había llegado la crisis. Y tras una época, como hemos apuntado, de fulgurante ascenso, el periodismo cultural estaba perdiendo peso y espacio en los medios, que entraban en una fase de austeridad y recortes, cuando no de clara precarización.

Santander, giro decisivo

Un giro decisivo en el desarrollo de los encuentros se produce con la aparición y consolidación de Santander como espacio de acogida.

El mallorquín Basilio Baltasar, director de El Boomerang, era y es también director de la Fundación Santillana, vinculada al grupo Prisa. Baltasar, que además de como periodista y novelista tiene experiencia en el mundo editorial, es hombre capaz de desarrollar y dar coherencia a proyectos complejos y ambiciosos desplegando para ello gran suavidad de formas. “Suaviter in modo, fortiter in re”. Se trata del personaje fundamental en la segunda fase de esta historia.

Seminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio BaltasarSeminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio Baltasar (LV)

A principios de esta década la Fundación Santillana convocó, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander, dos seminarios sucesivos sobre la relación entre periodismo y narrativa. Se trataba de una cuestión muy en auge por el éxito de cronistas latinoamericanos allí presentes como Leila Guerriero, Juan Villoro, Leonardo Faccio o Silvia Paternostro. En el seminario del 2011, en el que participé junto con Lluis Bassets, Roberto Herrscherr y José María Calleja, se discutió la relación entre periodismo narrativo y periodismo cultural. Dos disciplinas próximas pero con objetivos diferentes. En las habituales conversaciones peripatéticas por la península de la Magdalena y el Sardinero, dimos vueltas con Basilio a la posibilidad de consagrar allí, en la misma UIMP, un seminario monográfico anual al Periodismo Cultural que recogiera el testigo de las reuniones de Zaragoza, Verines y la de Sevilla (que había tenido lugar unos pocos meses antes), dando regularidad a la reflexión.

Y así se hizo. En julio del 2012, la Fundación Santillana convocaba en la UIMP de Santander, con la colaboración del TEC de Monterrey, el “Primer Seminario de periodismo cultural”. El tema: “Periodismo cultural en los nuevos medios: periódicos digitales, blogs y redes sociales”. Junto a rostros conocidos de reuniones anteriores acudieron Jesús Ceberio y Juan Cruz de El País; Ana Borderas de RNE; Montserrat Domínguez del Huffington Post; Antonio Lucas de El Mundo; Ignacio Vidal-Folch de Nostromo; Guillermo Balbona del Diario Montañés; Joana Bonet de Marie Claire; Laura Revuelta de ABC… Jesús Ruiz Mantilla, de El País, por su vinculación cántabra, sus crónicas y su implicación operativa, sería otro personaje importante en este proceso.

El entorno había cambiado. Del gobierno proclive a la cultura de José Luis Rodríguez Zapatero –con todos los matices y pegas que se quiera-, se había pasado a un gobierno del Partido Popular que de entrada eliminó el ministerio del ramo –fundiéndolo con Educación y Deportes- y después había tomado una serie de medidas económicas que muchos considerábamos perjudicial para el sector. Por eso, y excepcionalmente, un grupo de los presentes en ese encuentro de 2012 –no todos- firmamos y publicitamos el siguiente manifiesto:

“Los periodistas culturales reunidos en el seminario de Periodismo Cultural celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo manifestamos nuestro rechazo hacia la decisión del Gobierno de gravar la asistencia a teatros, conciertos de música y salas de cine con el 21% de IVA. Lo grave de la decisión es que no se trata de una subida del impuesto, sino de un cambio de categoría, ya que estas manifestaciones artísticas pasan de soportar el IVA intermedio a ser penalizadas con el IVA máximo del 21%. Queremos dejar constancia de que la cultura no es un privilegio, sino que forma parte indispensable del desarrollo intelectual y afectivo de las personas. Nos negamos a aceptar que se nos diga que pensar es un lujo.”

De seminario a Congreso

En los años siguientes, Basilio Baltasar y su equipo, encabezado por la incansable Giselle Etcheverry Walker, continuaron trabajando con el formato seminario para la UIMP. El de 2013 respondía al título “Nuevos medios, nuevas pantallas, nuevos lectores”, e incorporaba por primera vez a Alfonso Armada, Fernando Rodríguez Lafuente (ABC) y Paul Ingeenday (Frankfurter Allgemaine). ¿Cómo cambia la lectura en las pantallas móviles? ¿cómo escribir para los nuevos lectores?, eran algunas de las preguntas sugeridas.

En 2014 el seminario se consagró a “Los suplementos literarios y su versión digital”. Pregunta: la capacidad de influencia que los suplementos en papel han ejercido durante mucho tiempo, ¿se mantendrá en la era de las pantallas? Tuvo como voces nuevas a Blanca Berasategui; Angélica Tanarro (El Norte de Castilla); Berna González Harbor (El País) y Ramón González Férriz (Letras Libres).

En 2015 se da el gran paso. De seminario pasamos al “Primer Congreso de Periodistas Culturales”. Convocantes: la Fundación Santillana, la UIMP y la Fundación Botín, con apoyo del Ayuntamiento y la Fundación Santander Activa. Cerca de cincuenta asistentes/participantes. En el discurso inaugural Basilio pide para España una “excepción cultural” en la fiscalidad de las industrias del sector al estilo de la que aplica el gobierno francés.

Una primera pregunta: la botella ¿está medio llena o medio vacía? Es decir, la profesión, ¿va relativamente bien, o está tirando a fatal? Entran en escena Pepe Ribas (Ajoblanco); Borja Cassani (El estado mental); Xavi Ayén (La Vanguardia); Toni Puntí (TV3); Xesus Fraga (La voz de Galicia); Valerie Miles (Granta), Martín Caparrós…

Se discute si es lícito que un crítico literario sea amigo del autor criticado, y si se leen “los libros enteros”; si el periodista cultural debe ser, además de informador, un contador de historias; si las secciones de cultura viven atrapadas por el marketing, y si hoy hay que centrarse en publicar lo que otros no quieren que publiques, porque de otro modo trabajas en relaciones públicas… Mi pequeña aportación, aparte del parlamento, consiste en llevar a Santander los primeros ejemplares del libro Una crónica del periodismo cultural, en el que intento desarrollar una breve síntesis histórica de la disciplina.

Carteles del congresoCarteles del congreso (LV)

Puesto que el congreso del 2015 resulta catárquico, autorreferente, y de sus sesiones los participantes salimos llorados, el segundo congreso, de 2016, se abrirá al mundo exterior. Abordamos “La nueva ingeniería cultural”. Periodistas presentan a creadores de nueva generación en el campo del teatro, la música, el diseño, la plástica… Concha Barrigós, de la agencia Efe, introduce al consultor de Tekne, Pepe Zapata. Jordi Nopca, del diario Ara, hace los honores al artista y diseñador de interacción Daniel González Franco. Esperanza Rabat, de La maleta de Portbou, introduce al fundador de un Antimuseo, Tomás Ruiz Rivas. Carmen Lobo, de La Razón, y César Coca de El Correo participan en distintas meses.

En las ponencias centrales contamos con el arquitecto Carlos García Delgado (sobre el método cibernético memoria-conciencia, nada menos), el filósofo Josep Ramoneda (“copiar o inventar”) y el exministro de Exteriores Miguel Angel Moratinos (hablando sobre la cúpula de Miquel Barceló en la sede suiza de la ONU).

Tanto el primer como el segundo año los congresos cuentan con la presencia entusiasta del alcalde santanderino Iñigo de la Serna, aunque ya no acudirá al tercero al ser nombrado ministro de Fomento. Y las convocatorias son difundidas por unos comentados carteles de impronta surrealista.

2017 es el año de “El arte de la diplomacia y la diplomacia del arte”. “Mientras los espacios políticos, jurídicos y comerciales gestionan sus propias reglas de colaboración, el mundo de la cultura establece los vínculos dinámicos de una diplomacia transversal en nombre de los grandes valores intelectuales y estéticos”, reza el programa. Hay ponencias del director del Instituto Cervantes Juan Manuel Bonet, el embajador de Italia Roberto Toscano, la responsable de la Secretaría General Iberoamericana Rebeca Grynspan y el ensayista Jordi Amat, autor de un libro sobre la “guerra fría cultural” en España. Asistimos a discusiones con el alcalde de Málaga, propulsor de su nuevo eje museístico, y con el diplomático Ion de la Riva, que ideó la Casa Asia.

Nuevos colegas en la cita santanderina: Pilar Argudo (Radio Barcelona); Ignacio Peyró (La Nueva Revista); David Felipe Arranz (El marcapasos); Daniel Gascón (Letras Libres); Felix Riera (Hansel i Gretel); Vivian Murcia (El PortalVoz); Luis Martínez (El Mundo); Charo Ramos (Diario de Sevilla); Silvia Viñas (Radio Ambulante); Maria Jesús Espinosa de los Monteros (Podium Postcast), Patricia Soley-Beltran….

Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018.Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018. (LV)

Y llegamos al 2018 con el que abríamos esta (ya larga) crónica. Otra oportunidad para el reencuentro, para la afirmación de lazos amistosos, para la diplomacia blanda. Para el autoanálisis crítico matizado por la ironía, los buenos modales (imprescindibles en la República de las Letras, como nos ha recordado Marc Fumaroli) y el paisaje de la Bahía, que contemplamos embobados en el auditorio a la espalda de los ponentes. Se nos suman entre otros Álex Salmon (El Mundo); Ángel Luis Fernández (Jot Down); Inés Martín Rodrigo (ABC); Leandro Pérez (Zenda); Paula Quinteros (The Objective); Iñigo Picabea (RNE), Joseba Elola (El País); Karina Sanz, Anna Maria Iglesias; Pere Ortín (Altaïr Magazine); Carolina Isasi; Margarita Yakovenko (Playground), Mar Abad (Yorokobu)…

Culminación de una larga trayectoria: diez años de encuentros -y de progresiva toma de conciencia- sobre el periodismo cultural, con la participación de un centenar de profesionales de distintas ciudades españolas. Discutiendo cuestiones de contenido, de procedimientos y de futuro; aspectos éticos y también laborales. Una trayectoria favorecida por el apoyo inicial de Rogelio Blanco y el Ministerio de Cultura; por el nacimiento, después, de las asociaciones andaluza y catalana, y, a partir del 2012, por el empuje decisivo de Basilio Baltasar y la Fundación Santillana.

Hoy el Congreso constituye una cita anual esperada. Aparece ligado a la capital cántabra y a la silueta recortándose sobre el agua del Centro Botín. El interés de sus propuestas va en aumento. Y que así sea por muchos años más.

 

05/05/2018 14:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: 'ENREDADOS', ECOS DEL CONGRESO DE SANTANDER

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/04/28/enredados/1003294.html

 

Enredados

Guillermo Busutil*  29.04.2018 | 05:00 

La red o la vida. La elección no es tan simple ni su respuesta depende de un clic. Declararse analógico o disidente con respecto a internet es tan sólo un acto de ingenuidad rebelde. Si usted ha introducido su tarjeta de crédito en un cajero o tiene un teléfono móvil su privacidad es rehén del capitalismo que convirtió a los ciudadanos en clientes. Y si posee uno de los 8.485 millones de móviles del mundo conectado a internet es también un usuario usado. Usted hace su vida normal, repite sus hábitos y es más o menos feliz desconociendo los ecos de lo que teclea en google, de lo que dice en facebook, en whatsapp, twitter o instagram, pero en realidad cuando se maquilla o se afeita la identidad frente al espejo, al otro lado tan sólo es un algoritmo. Un problema que sólo una máquina puede entender. No es una distopía, esa palabra de género con la que muchos escritores sueñan acercarse a Philip K. Dick o a Asimov, es una realidad con software en la que ya no hay sitio para Alicia ni para Robinson Crusoe. Ahora todos somos un digito con una huella de cristal. La culpa la tienen los babilonios que afilaron las matemáticas a través del álgebra y las ecuaciones con escritura cuneiforme en tablillas de arcilla húmeda. Y también Alan Turing, quien les reventó a los nazis el enigma de sus mensajes y advirtió de que en un futuro –ya estamos en su seno y combinaciones- las máquinas podrían pensar e incluso escribir poemas de amor. Otros no muy diferentes con los que se nos declara a diario la publicidad.

 

Aquel héroe que pensaba que el cerebro tenía muchas hojas en blanco –sobre las que internet traza hoy sus inputs- terminó suicidándose con una manzana envenenada. No se inspiró en él Apple, pero sí que tuvo en sus inicios la seducción de la red algo de atrayente manzana. Ese fruto de apariencia esférica que podría ser la bola de cristal medieval convertida hoy en el Palantí creado por Peter Thile donde desembocan nuestras relaciones Apps, nuestros secretos ADSL o en fibra óptica y los datos que utiliza la compañía Cambridge Analógica de su amigo Robert Mercer para que sus servicios evolucionen en función de nuestro comportamiento y demanda. Por no hablar de las piezas del tablero geopolítico que pueden mover a su antojo: el Brexit, el triunfo electoral de Trump o hackeando el destino de sabor dulce o ácido y del que sólo somos las minúsculas pepitas que escupe la sonrisa voraz del diablo con esmoquin de millonario. Nos lo contó Marta Peirano con el desparpajo de quien no quiere atemorizarnos de lo vampirizados que estamos, a los periodistas reunidos en el IV Congreso nacional de Periodismo cultural, organizado por la Fundación Santillana, para hablar del Linchamiento en las redes.

 

En Santander la realidad analógica es la hermosa postal de matices de grises calcáreos, sales azules y verdes spartinas de su bahía. También es el fondo de pantalla de ordenador donde Basilio Baltasar ejerce de chamán y proyecta cada año un ingenioso jeroglífico de temas que resolver. Este año le ha tocado a todo lo que sucede en el enjambre digital: celebración de la mentira, el acoso y la difamación, la imposibilidad del desmentido, el mercado de datos personales, el envenenamiento tóxico de la opinión, las noticias falsas, la credibilidad y el mundo off line en el que ningún hogar ni sueño de identidad están conectados. Siempre son disecciones inteligentes y amistosas donde convergen la experiencia y el cuestionamiento de veteranos y jóvenes profesionales. Nunca defraudan la intensidad, la polémica ni el análisis. Tampoco las de esta edición cuyo eje de lo anterior era el modelo de información entre la frontera de papel, el rigor, el poso reflexivo, el espíritu crítico y la creatividad del periodismo cultural y la urgencia, la competitividad por la inmediatez y la creciente banalización de los contenidos monetizados por el clic de los usuarios. La dicotomía entre la exigencia de ser periodismo o estar en la primera línea de la red, olvidando, como defendieron Joseba Elola y Sergio Vila-San Juan en el WMagazine presente en las sesiones-, que los medios deben apostar por la difusión del conocimiento, la elevación cultural de la sociedad sin plegarse a las exigencias de audiencia, y que el periodismo cultural requiere al contrario profundización, matices y respeto en la plasmación de informaciones complejas, haciéndolas comprensibles.

El ajedrez siempre es batalla: la del dominio del clic con rápida propagación frente al rigor del argumento. El profesor y articulista Manuel Arias Maldonado lo explicó más o menos igual y advirtió acerca de la necesidad de que el nivel de civilicidad domine la conversación pública porque en la red todos hablamos con todos pero no todos sabemos hablar con todos. La causa es que, evocando a Manuel Castells, hemos pasado de la comunicación de masas vertical, la prensa, a la autocomunicación de masas horizontal, donde cualquiera emite un mensaje. Aunque en muchas ocasiones se trate del ruido y de la furia de las emociones, de la percepción distorsionada de la mentira, de aquello que creemos verdadero porque lo sentimos verdadero, de estereotipos, intolerancias o simplemente desahogos. Contra este habitual trazo grueso de la red nada como el periodismo cultural o informativo, contrastado y veraz, basado en ni una raya más ni una raya menos. El mejor antídoto ante las mentiras que cosechan mucha más publicidad, el aplauso sobredimensionado en las redes, y el corifeo de la bronca o el linchamiento como el de la adolescente Amanda Todd que terminó suicidándose y sobre el que se acaba de estrenar en el Teatro Fernán Gómez de Madrid una reflexión en tablas de Alex Mañas e interpretada por Greta Fernández.

Pasiones; brecha inter generacional; las manipulaciones televisivas; el periodismo de compromiso y movilización, como el de Los artistas y su farola en defensa del litoral y del suelo público amenazado por la especulación de un rascacielos a pie de ola en Málaga; la desinformación heredada de la propaganda totalitaria y sofisticada hoy por las democracias liberales; la necesidad de una alfabetización digital; la importancia de lo que supuso el éxito del Me too o la disidencia de la red bulímica, adictiva y gregaria. Muchas controversias y reflexiones en interesantes conferencias, como las del doctor Carles Armengual acerca del acoso farmacéutico y de algunos medios a la homeopatía, o la del sociólogo Miguel del Fresno en relación a la frivolización de contenidos y la conversión de todo en modelos de negocio. Igualmente en mesas redondas escenificadas con dramaturgia radiofónica como la de Ana Borderas; la capacidad de interactuar con el público como Alex Salmón o los faros culturales de Eva Díaz que planteó sobre la red el interrogante gongorino de humo, polvo, sombra, anda, aludiendo a la simbología del cartel del Encuentro, o de Antón Castro que lo cerró con la lectura de un bello poema.

El fututo está a la vuelta. Es absurdo dudar de que seremos seres humanos guiados por algoritmos electrónicos, igual que afirma el historiador Yuval Noah Harari en Homos deus. Beve historia del mañana, dependientes de una inmortalidad sujeta a la nanotecnología, de una felicidad basada en tratamientos químicos y de una divinidad favorecía por la ingeniería cyborg. No sé si entonces, como predice Blockchain los periodistas habremos desarrollado plataformas tipo Uber con contenido en la red con unos criterios de calidad en las que nuestros lectores nos remunerarán directamente, o si sólo existirá el consenso de una única información como verdad. Ignoro si la libertad dependerá de nuestro streaming o ancho de banda, o de qué tipo de bosque habítamos virtualmente o en clandestinidad Huxley. También cuánto tiempo le queda en papel y en la red al buen periodismo y al respeto hacia los receptores sujeto a la conciencia del lenguaje, el rigor de los conocimientos y a la educación expositiva con la que cada uno hace su edición de la realidad.

Lo que sé es que de momento la creatividad y las emociones humanas no están sujetas a ningún algoritmo. Nuestra única ventaja en el incierto desenlace de la carrera entre Aquiles y la tortuga. ¿Quién lo desenredará?

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

29/04/2018 10:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GALDÓS EN ARAGÓN

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Aragón y Zaragoza despertaron sinceras emociones en numerosos creadores, pero una de las más vívidas la sentía el escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). Escribiría: “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”. Si seguimos la huella de sus vínculos, desde 1868 a 1908, como lo hicieron Jesús Rubio y Brian Dendle en ‘Galdós y Aragón’ (Ibercaja, 1993), y otros especialistas como Luis Horno Liria, Javier Barreiro o Juan Domínguez Lasierra, entre otros, vemos que la frase podría ser muy exacta.

Galdós amó Aragón, vino muchas veces, le dedicó varios textos, dos capítulos de sus ‘Episodios nacionales’, como ‘Zaragoza’ y parte de ‘Napoleón en Chamartín’, estrenó en el Principal teatro y adaptó para la ópera su novela ‘Zaragoza’ con música de Arturo Lapuerta. Y ya puestos, podemos decir algo más: Galdós fue desde joven un más que correcto dibujante; a la luz de la realidad, de sus paseos y de los grabados de Gálvez y Brambila, se atrevió a retratar diversos lugares de Zaragoza como el Seminario de san Carlos, la Puerta del Carmen o una estampa sugestiva del Pilar desde la ribera y el Puente de Piedra.

Quizá sea Galdós uno de los escritores nacionales de fama, que fue propuesto para el Nobel, que más veces visitó Aragón, especialmente la capital del cierzo. La primera vez lo hizo en octubre de 1868 como joven periodista del diario madrileño ‘La Nación’. Formaba parte de la comitiva de los generales Serrano y Topete, y oyó discursos en calles y plazas, en balcones y en lo alto de un farol, en el pedestal de una estatua, tal como cuentan Jesús Rubio y Brian Dendle. En esa primera visita acudiría al Teatro Principal. Ya entonces como si fuese un agrimensor o un topógrafo descubrió muchas cosas de Zaragoza: estuvo en el Pilar y en la Seo, paseó por san Pablo y reparó en la Torre Nueva, que era uno de los monumentos más llamativos. Rccordaría que aprendió mucho en aquel viaje y conoció a Mariano Garcia, “el hombre más simpático, más ameno, que ha nacido a orillas del Ebro”. Años después, Mariahno Gracia publicó entre 1905 y 1907 unas ‘Memorias’ en Heraldo de Aragón en 70 entregas. De aquella visita parece más claro que nacería la novela ‘Zaragoza’ de los ‘Episodios Nacionales’ con sus tránsitos, acciones t aventureras de Gabriel Araceli, durante los Sitios. El libro apareció en 1874.

Casi 20 años después, Benito Pérez Galdós visitó el valle de Ansó, donde ubicó su drama ‘Los condenados’, que pasó con más pena que gloria. Se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, narra la historia de la pasión entre Salomé (que tenía un novio más formal) y el bandolero José, y las actrices principales, Elisa Méndez y Carmen Cobeña iban vestidas de ansotanas en la pieza. La pieza parece que salió de gira y llegó a Zaragoza en 1896. Galdós, más allá del éxito y de los discursos que le pedían, era feliz en Zaragoza. Solía acudir a la taberna y tienda La Reja, donde se reunía con muchos de sus amigos y por donde aparecían desde el cantante de jotas El Royo del Rabal, que era una de sus debilidades, al torero Lagartijo. Tuvo otros grandes amigos zaragozanos como Mariano Miguel de Val, que residía en Madrid y estaba muy vinculado con el Ateneo, y Mariano de Cavia. En un discurso de algunos años después, diría: “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”.

En 1903, el autor de ‘Fortunata y Jacinta’ estrenó en el Teatro Eldorado de Barcelona, el 16 de julio de 1903, una drama familia en cinto actos, ‘Mariucha’. La obra toma el nombre de la hija de una familia de clase alta venida a menos. Cuando todo se desmorona, ella decide ponerse a trabajar con el consiguiente escándalo. La obra se estrenó en el Teatro Principal el 1 de de diciembre.

Pocos años después, el ya autor de ‘Doña Perfecta’, ‘Marianela’ o ‘Nazarín’, empezará a trabajar en un nuevo proyecto: la preparación de la ópera Zaragoza, en el que se implicó en cuerpo y alma. Zaragoza formaba parte de su afectividad. Jesús rubio y Brian Dendle dicen que ya empezó a venir en 1907, aunque el estreno sería el 4 de junio de 1908. Antes, la banda del Hospicio interpretará el ‘Himno de Riego’ y ‘La marsellesa’. Finalmente, sefijó el estreno para el siete de junio, y Pérez Galdós regresó acompañado por Ortega Munilla, director de ‘El Imaparcial’ y con un joven José Ortega y Gasset. Galdós se hospedó en el hotel Europa, y la gente lo aclamó y le pidió que saliese al balcón. Lo hizo y vio la muchedumbre se agolpaba bajo la lluvia.

Aquellos fueron días muy intensos: un día comió con Basilio Paraíso, otro día asistió a un banquete en la Quinta Julieta y asistió al apoteósico estreno del drama lírico en cuatro actos, donde sonaba la ‘Jota de los Sitios’. Él dio las gracias con un discurso, que se publicó en estas páginas y dijo, entre otras muchas cosas, que tenía la sensación de hallarse en “el país de la verdad”.

 

28/04/2018 10:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

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[Daniel Gascón firmará mañana en el Día del Libro su nueva publicación: 'El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia'' (Debate). Por la mañana lo hará en la librería Antígona, y por la tarde en Los Portadores de Sueños.]
Del lenguaje a la política de la identidad, pasando por los mitos fundacionales del independentismo, sus utopías contradictorias o la dureza del encontronazo con la realidad, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981. Escritor y traductor, responsable de la edición española de 'Letras Libres') analiza un fenómeno que ha traído de regreso amenazas que creíamos superadas -la discusión por las fronteras, el conflicto étnico, la posibilidad de la violencia-, y que muestra las fragilidades y fortalezas de nuestra democracia.

SINOPSIS DEL LIBRO. CONTRAPORTADA
La deriva ilegal del independentismo catalán es el mayor desafío al que se ha enfrentado la democracia española contemporánea. Un fenómeno local pero también global: puso en cuestión nuestra forma de convivencia, mostró una tentativa de repliegue en un mundo cada vez más interconectado, explotó la confusión entre hechos y opiniones, y empleó sin escrúpulos la mentira y la manipulación.

Un proceso inédito que podría considerarse incluso un curso de política en tiempo real, un experimento donde se enfrentan dos concepciones de la democracia: una liberal pluralista, la otra iliberal y plebiscitaria. 'El procés' combina el énfasis en una identidad única con la percepción de que España es un proyecto agotado, el imaginario 'kitsch' del nacionalismo con una apuesta aparentemente hiperdemocrática, la sentimentalización de la política con las nuevas formas de comunicación, la reivindicación de la condición de víctima con la sensación de superioridad.
EL TEXTO DEL QUE ARRANCA EL LIBRO, PUBLICADO EN LETRAS LIBRES

Un golpe posmoderno

El gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende.
21 Septiembre 2017

En el número de septiembre de Letras Libres, Miguel Aguilar explica un malentendido de la cuestión catalana. Por un lado, argumenta, está la cuestión de la financiación y del encaje de Cataluña en España. Por otro, la aventura ilegal en la que se ha embarcado el gobierno catalán.

Esa deriva ilegal es la que ha provocado la actuación de la justicia. Se puede discutir el momento o la habilidad del gobierno estos años, pero no parece que el error haya sido el exceso o la pirotecnia. La mejor manera de conservar la autoridad es no tener que imponerla. Y habla bien de nuestras sociedades la prevención ante el uso de la coerción por parte del Estado. Pero, con el respeto más escrupuloso a la ley, prudencia y firmeza, el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos y la legalidad democrática.

La aventura ilegal, que no se reduce al referéndum suspendido, es un golpe posmoderno. Revestido con una pátina entre kitsch y cool, ha surgido un movimiento nacionalpopulista, que se ha servido con eficacia de algunos conceptos. Entre ellos están el sintagma del derecho a decidir como eufemismo de autodeterminación, la confusión entre el voto y la democracia, el prestigio de la rebelión contra el establishment (Por supuesto, como en el Brexit, quien orquesta la rebelión contra el establishment es otro establishment, pero eso no es importante), la extraña idea de que una democracia se convierte en una autocracia cuando no ganan los tuyos. Y, como ha escrito Fernando Vallespín, se ha generado la posibilidad de que cada uno proyectara en la independencia su utopía particular, seleccionando la parcela de la realidad que menos le gustara, impulsando la causa que más le importase.

Era, para algunos, una protesta contra las políticas de austeridad, aunque los impulsores del procés fueran los primeros en implementar políticas de austeridad; era un movimiento de izquierdas aunque se presentara en forma de una alianza entre la derecha, los comunistas y una formación asamblearia, y aunque fuera un movimiento contra la redistribución, donde los ricos se pretenden liberar de los pobres; una manera de estar más integrados en Europa, aunque la UE dijera que una hipotética Cataluña independiente estaría fuera de la Unión; una protesta contra la corrupción, aunque el nacionalismo en Cataluña había creado tramas clientelares corruptas; la única salida ante la incapacidad de reformarse de España, aunque las fuerzas políticas catalanas habían sido corresponsables; un movimiento de derechos civiles, aunque el único derecho que se reclamaba era privar a los demás de su ciudadanía; una ilusionante apuesta democrática, aunque se asaltaran sedes de partidos contrarios a la independencia, cargos de la Generalitat atacaran a periodistas, la ley de transitoriedad rompiera la separación de poderes, en el Parlament se arrollara a la oposición y fuerzas políticas independentistas dijeran que hay que señalar a quien tenga las ideas equivocadas.

Existía la percepción de que todo eso era una especie de declaración de intenciones, una cosa expresiva. La táctica era que esa transgresión en cierto momento fuera para el Estado evidentemente en serio, y provocara una respuesta. La respuesta, pensaban los independentistas, siempre se presentaría como algo desproporcionado: algo que permitiera a quienes habían asaltado el Estado de derecho presentarse como mártires democráticos. (La foto de un arresto es más comprensible y reproducible que algo abstracto como el atropello de los derechos políticos de los ciudadanos.)

El secesionismo ha luchado contra un enemigo imaginario: una España autoritaria, no democrática, una país donde Cataluña no tendría un gran nivel de autonomía, una España que no es una democracia avanzada, comparable a los países de su entorno. En un momento que habría hecho sonreír a los guionistas del Saturday Night Live de los setenta, Gabriel Rufián ha dicho que el 1 de octubre sería el día de la muerte de Franco. Ese país imaginario es una España (un "Madrid", básicamente, con Castilla y algún descampado parar a echar gasolina y mear) tosca y subdesarrollada, pero al mismo tiempo maquiavélica e implacable. La imagen folclórica de España encaja con una concepción que todavía muestra parte de la prensa extranjera: una idea pintoresca de país atrasado que hace pensar que algunos editorialistas y corresponsales se han quedado en la época de Hemingway, pero que no sería tan fácil vender si nosotros mismos no la hubiéramos creído y promocionado.

Esa es la imagen de España que querían activar. Esa imagen es falsa y debemos luchar contra ella. Es un marco heredado de la guerra civil, pero el paralelismo que presenta al Estado heredero del franquismo aplastando la democracia está mal hecho. En este caso, y pese a enormes diferencias, el gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende. Al hacerlo defiende en primer lugar los derechos de los catalanes.

Como los defensores del Brexit, los promotores de la secesión han recurrido sistemáticamente a la mentira y han hecho promesas que saben falsas. El País desmonta hoy el relato falaz que hizo Puigdemont de la actuación de la guardia civil. Artur Mas se jactó de una estrategia que consistía en engañar al Estado. Pero eso lleva aparejado engañar a los catalanes no independentistas, y también a los partidarios de la secesión. Se les engaña ahora cuando se habla de Estado autoritario, de presos políticos, de movimiento democrático, de supresión de la libertad de expresión. Es posible que, como los mejores mentirosos, algunos de los que propagan esas falsedades las crean ciertas. En ocasiones han conseguido imponer su lenguaje a quienes opinan de forma distinta: hablamos de “catalanes” como si los catalanes no independentistas no fueran catalanes, y de “unionistas” como si fueran opciones simétricas. La distorsión del lenguaje indica que, cuando llegue el momento de buscar una solución, no solo necesitaremos sentido común, respeto a la ley y las minorías, buena fe e inteligencia política. También harán falta diccionarios que nos recuerden lo que significan las palabras.

22/04/2018 20:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

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La nueva censura cultural

Con la intención de proteger sensibilidades, sectores de todo el espectro ideológico piden la retirada o prohibición de obras de arte. Estamos ante una nueva censura cultural.
01 Febrero 2018

Los niños ya no pueden leer Matar a un ruiseñor, el bestseller de Harper Lee publicado en 1960. Palabras como nigger son demasiado insultantes y ofensivas, según varios padres que obligaron a un colegio del estado de Misisipi (Estados Unidos) a quitar esta novela de las lecturas escolares. Los visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York tampoco deberían admirar el cuadro Thérèse dreaming, pintado por Balthus en 1938. Para once mil personas, aquellas que firmaron un manifiesto exigiendo su retirada, es “sexualmente sugerente” y arroja una mirada ¿sucia? sobre el cuerpo de los menores. Tampoco es lícita la pintura que realizó la artista blanca Dana Schutz sobre la fotografía de Emmett Till, un adolescente linchado por dos hombres blancos en Misisipi en 1955. Varios artistas y comisarios de exposiciones pidieron incluso su destrucción cuando fue expuesta en la Biennial del Museo Whitney de Washington.

Todas estas manifestaciones ocurrieron en 2017 y son muestra de una nueva censura cultural. Si bien los impulsos censores siempre han estado presentes, en los últimos tiempos han tomado una mayor relevancia, en parte debido al gran altavoz que suponen las redes sociales, que consiguen agrupar a un mayor número de personas en torno a una protesta, y también al rumbo político y social que han tomado algunos de los países más desarrollados en los últimos meses. No obstante, son muchos los interrogantes que se abren en torno a estas nuevas posturas que no pueden limitarse al análisis fácil de las redes o a triunfos de políticos reaccionarios. ¿Por qué hay voces que hoy persiguen libros, cuadros, fotografías de hace más de medio siglo? ¿Qué ha cambiado para que entonces no supusieran ningún problema y hoy sean pasto de linchamientos y prohibiciones?

Causas de la “nueva censura”

Desde un punto de vista político, Manuel Arias Maldonado, profesor de ciencia política de la Universidad de Málaga y autor de libros como La democracia sentimental (Página Indómita, 2016), ofrece principalmente dos causas. La primera tiene que ver, precisamente, con su tesis sobre el nuevo sentimentalismo, es decir, “con un deseo de proteger a quien puede sentirse ofendido, que es una patología de las sociedades ricas, porque cuando hablamos de sentimentalización de los conflictos no deja de ser un lujo. Son preocupaciones no materialistas porque ya se habla menos de la distribución de los salarios, y se habla más de los códigos a partir de los cuales nos comunicamos”, argumenta. Dicho de otra manera: cuanto más ricos somos, más fina tenemos la piel. O aún más llano: cuando no hay una problemática muy grave hay que hacer un drama de cualquier cosa, a priori banal.

La segunda causa estriba en “la articulación identitaria de los grupos sociales. Uno se adscribe a un grupo y siente atacada su autoestima en la medida en la que es criticado ese grupo. Se establece un vínculo entre el sentido de nuestra autoestima y el grupo al que nos ligamos”, sostiene. Este razonamiento explicaría, por ejemplo, que, en el caso de los artistas que se manifestaban contra el cuadro de Schutz o en el caso de la novela Matar a un ruiseñor, por motivos de raza, estas personas se sintieran ofendidas por una imagen de un joven negro mutilado o unas palabras que consideran ofensivas.

En este sentido es donde cobran importancia las redes sociales como trampolín de los ofendidos y las enseñanzas de la psicología. Según Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains y autor del blog Evolución y neurociencias, en el que tiene colgados varios posts sobre la nueva indignación moral y el supuesto derecho a no ser ofendido, para explicar la relevancia que hoy cobran las “ofensas” también habría que acudir a dos motivaciones psicológicas que han tenido un enorme auge recientemente: el poder del cotilleo y la fuerza de la reputación. “El cotilleo no ha sido suficientemente estudiado y da para mucho. De hecho, los programas de cotilleo están ahí por algo. Entretienen a la gente, pero además tienen una función moral, ya que hacen que el individuo acepte la norma, transmiten unos límites y coartan la libertad individual para que el sujeto se someta a las reglas. No hay cultura que no tenga cotilleo. En la sociedad moderna nos habíamos hecho muy individualistas, habíamos perdido esa vigilancia del cotilleo. Pero con las redes nos vigilamos unos a otros. Gracias a esta posibilidad que han dado Twitter y Facebook nos hemos lanzado todos a ser los más buenos y a criticar a todo el mundo. Estamos haciendo tribu, en el fondo es un pegamento moral”, explica el psiquiatra. La reputación iría ligada a esta hipervigilancia, puesto que es el cotilleo el que destruye las reputaciones. “Si la pierdes estás muerto. Como ahora estamos todos en la famosa aldea global, tu reputación es muy importante”, añade Malo.

Los nuevos ofendidos

Ahora bien, ¿quiénes son los nuevos ofendidos? Porque ya no es (solo) un ultraconservador el que decide tapar el seno de una estatua sino que, paradójicamente, la mayoría de los nuevos ataques proceden de grupos que, en principio, han querido actuar desde la buena fe y de lo considerado “bueno” para la sociedad (no insultos a los negros, no imágenes que “sexualicen” a los menores). De hecho, este maremágnum de emociones, sentimentalismo, de preocupación por lo “políticamente correcto” que acaba llevando al lado oscuro de las libertades, a una especie de cara b –soy libre de exigir que se prohíba algo porque me ofende– y a la aparición del victimismo (otra fórmula para definir la nueva ofensa) es una copia mala de lo que ya hicieron los políticos estadounidenses conservadores en los ochenta. Así al menos lo entiende Daniel Gamper, profesor de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala que este fenómeno fue creado por los republicanos estadounidenses en las guerras culturales. “Era un proyecto de victimización, decían ser víctimas de una censura liberal (de izquierdas) que quería imponer un lenguaje. Si en una sociedad se llega a un consenso compartido para dejar de usar determinadas palabras, sería ético, y por tanto decir que eso es censura es una beatería de la libertad. Lo que se ha producido ahora es la perversión de la otra beatería, la de las minorías, con ese paternalismo excesivo”, sostiene.

Como explica Arias Maldonado, “la izquierda antaño era un movimiento ofensivo para acabar con los tabúes, garantizar derechos humanos, etc. Y eso ya está hecho, por lo que ahora hay que cambiar el pie: ser conservador para mantener el Estado del bienestar. Cuando centras el debate en que lo personal es lo político y piensas que los sujetos se forman a partir de las experiencias que tienen, y que están inermes a la hora de reaccionar a esas influencias, te conviertes en alguien extremadamente sensible. Es el asunto de la heterosubjetividad. Tienes el temor a que se produzca el daño psicológico y emocional. La izquierda posmoderna es un poco estudiantil y adolece de una sobrerreacción, ya que cuando tus valores son hegemónicos, se compite por la atención”. O lo que es lo mismo: tocar “Imagine” al piano después de un atentado terrorista.

Para Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de autora de libros como El gobierno de las emociones (Herder, 2011), esta sobrerreacción de la izquierda se observa incluso en el lenguaje y en ejemplos como los cuentos infantiles, “que se han querido cambiar porque las historias son patriarcales o no son animalistas… Hay gente que se queja del uso metafórico de la palabra cáncer o del uso metafórico del término autismo. Con todos estos fenómenos solo empobrecemos el lenguaje y eso es negativo”, afirma. Para ella, esta discusión hace tiempo que está sobre la mesa y no siempre adquiere un carácter positivo. “Ya no decimos que alguien es subnormal. Pero al cambiarlo ocurre una paradoja: el nuevo nombre que damos a la causa acaba siendo tan despreciativo como el anterior, y tenemos que cambiarlo. Hoy ya no se acepta discapacitado sino diversidad disfuncional. El desprecio y el carácter despectivo dependen también del contexto”, alega.

Coincide con su colega Arias Maldonado en el rizo de los valores progresistas. “Hoy ningún partido deja de ser feminista o de hablar de políticas sociales. Y hacer cambios en temas sociales es mucho más complicado. Acabo de ver la serie The crown y en la segunda tempo- rada dicen que uno de los personajes es ‘marica’ porque entonces, en los años cincuenta, era la única palabra para designar a los gais. Hoy nadie la pronunciaría porque es despectivo y porque le hemos dado a la homosexualidad un reconocimiento que antes no existía. Y eso es lo importante y lo progresista. Insistir demasiado en un lenguaje correcto es falta de imaginación. Un ejemplo es el artículo neutro. En parte ha contribuido a visualizar a las mujeres, pero ahora roza el ridículo”, comenta.

España no es (todavía) país para censuras (pese a Twitter)

“Aquí no tenemos guerras culturales. Las tuvimos con el matrimonio gay, el aborto, etc., pero ahora mismo no. La sociedad española es muy tolerante con respecto a ese tipo de cosas. Con el tema de las razas, por ejemplo, no hay ningún partido que haya cogido la bandera de la xenofobia. No sé si porque somos católicos o porque nos hemos secularizado bastante. También se ha individualizado mucho la sociedad”, reconoce Gamper. “Puede que también porque en Estados Unidos son menos homogéneos. Es verdad que las redes sociales por su naturaleza polémica están contribuyendo a que esto se reproduzca aquí y hay determinadas fracturas culturales como las del animalismo con los toros y las ideológicas, el centro-periferia, izquierda-derecha. Pero hay otras que parece difícil que se reproduzcan: no creo que tengamos esa hipersensibilidad de los campus universitarios de Estados Unidos o la de los grupos étnicos. En todo caso no ha llegado a España”, añade Arias Maldonado.

Pero estos pequeños casos sí abren, al menos, el debate sobre la libertad de expresión, principalmente en las redes sociales. “Es que ahí se mezclan cosas. En las redes es una comunicación muy agresiva y una reacción hipersensible puede estar justificada. Aquí tenemos la Ley Mordaza, que es un error, porque no vamos a avalar que se pueda decir cualquier cosa, pero tampoco se puede prohibir. Hay determinadas mofas del sentimiento religioso que me parecen innecesarias porque el catolicismo ya ha perdido. Igual ofendes a mi abuela que va a mi misa, y qué necesidad. Pero esto no avala que solo un escritor negro pueda escribir sobre los negros”, dice Arias Maldonado. También Camps entiende que uno no puede decir todo lo que quiera. Existen los límites. “La autocensura es ideal en un mundo plural, abierto y libre, debe haberla antes de pronunciarse”, afirma.

Lo que viene a ser puro sentido común: pensárselo dos veces antes de ofender o sentirse ofendido. ~

*http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/la-nueva-censura-cultural

**oObra de Egon Schiele.

16/04/2018 09:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: 'ORDESA'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) publica quizá el mejor libro de su carrera: ‘Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, su identidad y el poder del amor y la memoria.

Antón Castro21/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Manuel Vilas:
Manuel Vilas presentará su novela el sábado próximo por la mañana en Cálamo. Asís G. Ayerbe

¿Sabía que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional?

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio.

¿Qué ha significado Ordesa en su vida? ¿Es una de sus magdalenas de Proust?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro.

En varios libros, sobre todo en los poemarios, venía avanzando este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se le ha impuesto?

Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado.

¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa?

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías 19. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión.

¿En qué medida ha visto, al escribir el libro, que tenía muchos vanos o vacíos sobre su propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarse a sí mismo?

Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

¿Sería este su libro más filosófico o reflexivo?

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad.

¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.

Tenía una curiosa complicidad con su padre, pero a la vez hay entre los dos una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

Su madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva.

Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

¿Qué le enseñan sus hijos? ¿Le ayudan ellos a usted a entender mejor su condición de hijo?

Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

¿De qué se arrepiente?

El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos?

Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde ‘El rey Lear’ hasta ‘Los hermanos Karamazov’. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puede meter en ella?

Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

¿Qué aportan los poemas del final, la mayoría ya publicados?

Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un ‘making-of’ de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

En la última entrevista decía que quizá le hubiesen faltado lectores. ¿Ha mejorado eso?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta.

Ha dicho que es un libro sobre España. ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron sus padres, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico.

 

16/04/2018 01:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

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Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

16/04/2018 01:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

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Nacido en Zaragoza en 1989, José María Albalad publica ‘Periodismo slow’ (Editorial Fragua) donde analiza tres proyectos de periodismo digital marcados por el rigor. la fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de Heraldo, donde se publicó una pequeña parte de la entrevista.

 

1. ¿Cuál ha sido tu idea de partida, qué querías averiguar o probar?

 

En la corta historia de internet, la información de los medios digitales se ha asociado con cantidad más que con calidad. Una tendencia que ha llevado a vincular el mundo online con textos breves, apresurados y, en definitiva, poco cuidados. Sin embargo, pese a la existencia de lo que podríamos llamar un “McDonald’s de la información”, también hay sitio para proyectos prémium en los que no caben las informaciones elaboradas para ser consumidas como la comida chatarra. El libro se centra, precisamente, en mostrar la existencia de un revitalizado periodismo de producciones lentas y consumo reposado que contrarresta la fugacidad de la última hora y demuestra falsa la ecuación que equiparaba periodismo en internet con instantaneidad. Frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva, encontramos medios –poco ruidosos pero sensatos– que luchan por llevar a las autopistas digitales el mejor periodismo de siempre.

 

2. ¿Qué sería el periodismo lento?

 

Se trata de una nueva etiqueta que designa una vieja práctica: la del periodismo que investiga en profundidad y narra con intencionalidad estilística, y que se le conoce de distinta manera según las manifestaciones culturales de cada país. En general, los proyectos de periodismo lento priorizan el rigor frente a la cantidad, desafían la superficialidad de la inmediatez con análisis, datos e investigación sobre el terreno, configuran sus calendarios editoriales fuera de la esclavitud de la agenda diaria y apuestan por relatos de largo aliento. El slow journalism invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad.  

 

3. ¿En qué ha cambiado el periodismo con internet y con la edición digital?

 

En qué no ha cambiado, podríamos decir (risas). Por un lado, la tendencia periodística en el ciberespacio va unida a la novedad permanente, lo que provoca una competición extrema por la primicia. Esto ha puesto en jaque géneros y formatos tradicionales como la propia noticia, en pos de un periodismo social, de redes al alcance de cualquiera, cuya obligada concisión tiende a fragmentar realidades complejas. Por otro lado, internet ha transformado las cuatro variables clásicas del marketing mix (precio, producto, distribución y promoción). Cuando los consumidores se vuelven autores y se repiensan procesos tan básicos como la lectura y la escritura, existe un nuevo paradigma. Hoy, el lector-usuario ya no es un sujeto pasivo, sino un actor de primer orden con capacidad de influir en el discurso público desde el rincón más inhóspito del mundo.

 

4. Hay una cierta obsesión por la narratividad, por llevar las técnicas literarias y cinematográficas al periodismo. ¿Por qué? ¿No será por qué el periodista, en el fondo, quiere ser escritor?

 

Literatura y periodismo han mantenido una estrecha relación desde el nacimiento de los periódicos en el siglo XVIII. La prensa dio refugio a muchos literatos, a quienes proporcionaba nombre, fama y dinero, mientras que los periódicos se beneficiaron del incremento de ventas que suponía la firma de escritores consagrados. No seré yo quien te niegue esa mística de algunos periodistas, que a lo largo de la historia han utilizado las redacciones de periódico como una escuela de paso, porque, en el fondo, la novela encerraba sus aspiraciones más hondas. Pero el incremento actual de la narración en las piezas periodísticas, encumbrada bajo el término storytelling, pienso que es una respuesta natural a la “enfermedad del algoritmo” que provoca la obsesión por las métricas. Frente a la réplica de contenidos, el corta-pega al que conduce la trituradora de la inmediatez, la rehumanización del periodismo se presenta como un verdadero reclamo. Salir de las redacciones y gastar suela de zapato en busca de historias ordinarias parece una propuesta razonable para dar respuesta al “hambre de realidad” que existe en esta cultura de pantallas, en la que lo real obsesiona porque, como indica David Shields, apenas se experimenta. Ya en 2012, el filósofo japonés Uchida Tatsuru advirtió que los medios “necesitan volver a convertirse en seres vivos” si quieren sobrevivir. Es una receta inteligente, porque la narración activa numerosos registros cerebrales y atrapa. ¿A quién no le gusta una historia bien contada?

 

5. ¿Es la crónica la panacea de algo, es una forma contrastada e incuestionable de llegar antes al lector? Recuerdas que la crónica “supera la capacidad de cualquier ávido lector”.

 

La crónica no es la panacea de nada, sino un género más que sufre una profunda inflación. Yo defiendo sus múltiples posibilidades, sobre todo narrativas, pero, tras este estudio, me veo obligado a denunciar esa especie de vanidad que se está imponiendo en torno al género, tanto en el ámbito profesional como académico. No todos los temas, personajes y situaciones requieren textos de 5.000 palabras ni una inmersión de meses. Algo que obvian quienes elevan la crónica a una liga superior y buscan situarse en una especie de Champions League periodística en la que poco o nada importa el espíritu de servicio. Olvidemos, como asegura el chileno Cristian Alarcón, que cualquier cosa con un adjetivo al lado de un sustantivo es una crónica. Salirse de la pirámide invertida no es garantía de nada. De hecho, reivindico a aquellos periodistas de agencia y de diario que fabrican cada día, en la sombra, toneladas de buena prensa. Con crónicas, perfiles, noticias, entrevistas… A la postre, con buen periodismo. Es ahí donde debe focalizarse el debate. ¿Cómo podemos servir mejor a la sociedad desde nuestro oficio?

 

6. De manera sencilla, ¿por qué has elegido estos tres medios digitales, qué novedades crees que aportan? 

 

Las revistas emblemáticas del literary journalism anglosajón surgidas en el siglo XX –The New Yorker (1925), Esquire (1933), Rolling Stone (1967), Mother Jones (1976), etc.– inspiraron la creación de los medios de referencia latinoamericanos de periodismo narrativo: El Malpensante (1996); The Clinic (1999); Letras Libres (1999); Gatopardo (1999); o Etiqueta Negra (2002). A su vez, estas publicaciones impresas, de una y otra tradición, constituyeron ejemplos a imitar –por su calidad periodística– para los medios digitales surgidos en América Latina y Estados Unidos en el siglo XXI. Pero, además, los proyectos del continente americano tienen una influencia directa en España, un país en el que el periodismo literario se ha practicado históricamente en el articulismo/columnismo y no han existido antecedentes de calado como los señalados en las otras dos áreas geográficas. De ahí que los nuevos medios digitales españoles, a la hora de plantear una cabecera centrada en narración periodística, pongan sus ojos en las apuestas editoriales del otro lado del Atlántico. En este contexto global, de influencias mutuas y evolución permanente, el libro ahonda en los modelos editoriales y de negocio de tres medios nativos digitales que ilustran la tendencia mencionada: uno de España, FronteraD, por el florecimiento del periodismo narrativo al albur de internet, y dos de América Latina y Estados Unidos –Anfibia y Narratively, respectivamente– porque es en estos territorios, por la influencia de la crónica latinoamericana y del New Journalism anglosajón, donde se inspiran las nuevas cabeceras españolas. La selección encarna, pues, diferentes prácticas culturales, lingüísticas y periodísticas, al tiempo que facilita un diálogo entre tradiciones.

 

7. ¿En que es diferente ‘Anfibia’, la publicación argentina? ¿Cuáles serían sus grandes aportaciones?

 

Anfibia sorprendió en mayo de 2012 con un proyecto que lleva a internet la rica tradición latinoamericana de periodismo narrativo y aporta un sello propio: la anfibiedad, término utilizado para referirse a las piezas elaboradas –a cuatro manos– entre periodistas y académicos. Esta característica implica la creación de duplas, parejas de narradores e investigadores, académicos o expertos que generan piezas periodísticas atractivas –con gancho narrativo– sin descuidar el sustento teórico. El objetivo, como indica su director, es que la crónica sea el resultado de un proceso de investigación que emerja no con el lenguaje árido de los papers y códigos académicos, sino de una manera más accesible, más universal, más viralizable en el mundo digital. Por otro lado, y esto no es habitual en internet, Anfibia sigue el estilo de las revistas emblemáticas de papel (como Etiqueta Negra, en Latinoamérica, o The New Yorker, en Estados Unidos) y cuenta con exigentes editores online que aseguran la calidad de los contenidos mientras despliegan una labor formativa –de investigación y escritura– entre sus autores.

 

8. ¿Qué le debe esta publicación a figuras como Gabriel García Márquez?

 

La influencia es tal, sobre el equipo y los colaboradores, que no me atrevería a cuantificarla. ¿A qué periodista o escritor latinoamericano no influye la magia y el legado de Gabo? Desde su creación, Anfibia cuenta con el respaldo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez en 1994. Siguiendo su estela, la FNPI ofrece un programa de seminarios y talleres que enseña a contar historias a las nuevas generaciones de periodistas: fomenta la excelencia narrativa, el riguroso reporterismo, el ejercicio ético y la innovación. No es casual que el director del proyecto argentino, Cristian Alarcón, se encuentre entre la amplia nómina de maestros de la FNPI, porque los objetivos son compartidos. De algún modo, Anfibia se ha convertido en una escuela, en un laboratorio de periodismo, que forma y proyecta a los jóvenes valores con la única misión de elevar la calidad del periodismo en habla hispana.    

 

9. ¿Es sostenible algo así? ¿Tiene sentido regalar un trabajo tan minucioso y elaborado?

 

Anfibia no es una empresa periodística al uso, ya que incardina su modelo en una universidad pública que respalda la iniciativa del mismo modo que financia investigaciones experimentales en laboratorios. De esta manera, a diferencia de los proyectos emergentes que nacen sin auspicios o de los grandes conglomerados mediáticos que trabajan con la presión de la cuenta de resultados, el medio tiene garantizados los recursos económicos necesarios para desempeñar su actividad. Sus lógicas trascienden lo monetario y ello permite cultivar un periodismo extraordinario con cierto halo romántico, porque la realidad es que las revistas de periodismo narrativo o literario siguen siendo un producto de lujo y marginal. Luchan por convertirse en un modelo de negocio rentable, pero aún no lo logran. En casi todos proyectos de este tipo, la calidad no es sinónimo de ingresos y los periodistas, fotógrafos e ilustradores se ganan la vida gracias a los malabares del autoempleo. Enfocan sus colaboraciones como un pasatiempo en el que desarrollan su vocación, acumulan experiencia y, en el mejor de los casos, consiguen ingresos adicionales.

 

10. ¿Qué es lo que tiene de particular o excepcional ‘Narratively’? ¿Por qué has elegido esta publicación?

 

Narratively, lanzada en septiembre de 2012, consiguió reunir más de 50.000 dólares en una campaña de crowdfunding para contar historias de la ciudad de Nueva York. Desde marzo de 2013 funciona con una mirada internacional, pero mantiene el espíritu primigenio: abordar un tema a la semana a través de cinco piezas (una por día, de lunes a viernes, en diferentes formatos). Con esta filosofía, ocupó en 2013 la sexta posición del ranquin que la revista TIME elabora cada año con las mejores webs del mundo. Asimismo, aporta un punto novedoso en cuanto a la financiación. En Estados Unidos, el literary journalism lleva consolidado más de 50 años, por lo que allí no se discute la vigencia del género, como en el ámbito hispanoamericano: su batalla está en hacer rentable el modelo. Para ello, este medio ha creado Narratively Creative Group, una vía de negocio paralela –con auspiciosos resultados– que presta servicios de comunicación a medios, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs; y que pretende dar el salto a industrias como la del libro, el cine y la televisión adaptando los contenidos de la revista. 

11. ¿Qué podríamos trasladar de ella a España, qué elementos prácticos podemos aprender?

 

Sin duda, la visión empresarial. No podemos quedarnos con la idea romántica de muchos emprendedores. El buen periodismo cuesta dinero y los periodistas también tienen que pagar las facturas a final de mes. Urge encontrar modelos de negocio sostenibles para garantizar un trabajo decente, que humanice y realice a la persona. A veces sucede todo lo contrario. En este sentido, Narratively habla sin complejos de una clara visión de negocio. Lejos de improvisaciones, la plataforma digital neoyorkina nació en el New York’s Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism, un centro de la Universidad de Nueva York que ayuda a diseñar medios de comunicación sostenibles. El contenido es el rey y la estrategia editorial es fundamental, pero hace falta una estrategia empresarial avanzada para no nacer con la tumba cavada. Narratively ha encontrado en su grupo creativo la inyección económica que no le reporta el periodismo, aunque no todo pasa por prestar servicios de comunicación a empresas e instituciones. En Estados Unidos está funcionando muy bien el “periodismo filantrópico”: mecenas anónimos o grandes magnates dispuestos a financiar proyectos periodísticos con un espíritu de servicio social. Quizá el caso más sonado, a pesar de su singularidad, sea el de Jeff Bezos con The Washington Post.   

 

12. FronteraD es un proyecto de Alfonso Armada, que es un periodista de medios poderoso como ‘El País’, durante años, o ‘ABC’ ahora… ¿Cómo valoras tú que un hombre como él, bien situado, con una gran voz y una gran personalidad, cree un formato así? ¿Revela un fracaso de los medios tradicionales clásicos?

 

La revolución tecnológica ha puesto en crisis a la industria tradicional. El modelo de negocio clásico (publicidad y venta al número) ya no funciona, porque la información fluye por las redes pero no da el rédito económico que hasta hace unos pocos años brindaban los periódicos en papel. Sin embargo, no todo es negativo. El carácter multimedia e interactivo del nuevo formato ofrece la oportunidad de hacer un mejor periodismo. Además, las bajas barreras de entrada de internet, que elimina los costes de papel, tinta y distribución, favorecen la puesta en marcha de nuevos modelos. Alfonso Armada, un periodista tenaz y apasionado, ejemplo de integridad periodística, ha decido aprovechar este contexto para experimentar con su propio medio. Esa valentía le ha permitido ejercer el oficio de un modo paralelo, casi soñado, sin las presiones políticas, económicas e ideológicas que suelen rodear a los grandes medios. A cambio, le ha tocado sufrir lo que es no disponer de una mínima solidez financiera para pagar dignamente el trabajo periodístico. Su modelo, como admite con resignación, se sustenta en la autoexplotación y el entusiasmo.

 

13. ¿Qué aporta esta publicación, tan variada, versátil, pero profunda e intensa?

 

FronteraD busca explicar el mundo lejos del ruido y nos recuerda la importancia de escapar del alfilerazo fácil de las redes sociales. Huye de la actualidad instantánea, lo que le permite centrarse en la práctica de un periodismo de verdad, riguroso y apasionado. No siempre se tiene material para gritar, ni tan siquiera para hablar. Hace falta tiempo para leer, para reportear, para pensar y meditar. Eso hoy, en una época de expresión continua y visceral, es una gran enseñanza. De hecho, el lema de la cabecera, “una revista para estimular la inteligencia”, lleva consigo una coletilla reveladora: “de las inmensas minorías”. Es el precio a pagar por dirigirse a quien se hace preguntas, intuye el director, que anima constantemente a sus periodistas a sumergirse en los hechos desde perspectivas inexploradas y luego escribir sin limitaciones de espacio. De este modo, la revista intenta parar, escuchar y combatir la contaminación que hay en internet.  

 

14. FronteraD está en seis dominios de redes sociales. ¿Hay que estar en todas partes para sobrevivir?

 

Quien mucho abarca poco aprieta, dice el refrán. Mejor pocos mensajes, muy bien escritos y encajados al medio. La investigación advierte la necesidad de aportar valor a audiencias de nicho. Ante la sobreabundancia informativa, conviene hacerse imprescindible ofreciendo unos contenidos que el público no encuentre en otro lugar. La receta no es copiar y pegar lo mismo en distintas plataformas. Para ello, es fundamental confeccionar estructuras ligeras pero profesionales, con al menos un profesional de alto nivel en cada una de las cuatro parcelas clave: periodismo, empresa, márquetin y tecnología. Se trata de mejorar la experiencia y comprensión de los usuarios utilizando los recursos hipertextuales, multimedia e interactivos que más se adapten al canal y soporte de consumo.    

 

15. Después de repasar el libro entero, y viendo cómo se trabaja en los periódicos, intentando rentabilizar los esfuerzos, ¿qué crees que se debe hacer? ¿Vamos con estas prisas a la muerte del periodismo?

 

El periodismo es más necesario que nunca. El auge de las fake news pone de manifiesto la necesidad de marcas periodísticas solventes. Cabeceras marcadas por su credibilidad y buen hacer. La libre publicación que permite la Red es una oportunidad para el oficio. Cuando un zaragozano recibe por WhatsApp una imagen del puente de Piedra partido en dos, acude a la versión digital de Heraldo de Aragón para conocer la última hora. Si no encuentra la noticia, no se la cree. Eso es muy positivo para el periodismo. Mucha gente se siente ahogada en el océano digital, lleno de ruido y contaminación. Sin medios capaces de seleccionar y jerarquizar con criterio, estamos muertos, pues nos resulta imposible procesar todos los datos que la tecnología pone a nuestro alcance. Fiel a su esencia y valores, el periodismo está llamado a ocupar un lugar destacado en la esfera pública, donde cada vez resulta más fácil aportar valor, fruto de la infoxicación. Pienso que el drama para la profesión es caer en las lógicas de cualquier usuario analfabeto. 

 

16. ¿Será el nuevo periodista un hombre multitarea: escritor, investigador, fotógrafo, editor, experto en redes sociales? ¿No avanzamos hacia el estrés desmesurado?

 

No creo en el periodista orquesta ni en el trabajador multitarea. Pese a la moda de estos sintagmas, varios estudios neurocientíficos advierten que el también conocido como multitasking compromete la eficiencia y la creatividad. Pensamos que podemos estar viendo la tele mientras hablamos con nuestros hijos y consultamos incesantemente el móvil, pero la realidad es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas. ¿De verdad somos buenos en hacer cinco cosas a la vez? Sin concentración, con fugas constantes de energía, perdemos eficiencia cognitiva. Así resulta difícil dar nuestra mejor versión en el periodismo y en la vida, por más que tranquilicemos nuestras conciencias pensando que somos superhombres o supermujeres. El buen periodista o comunicador, en palabras del profesor Paco Sánchez, “no es aquel que domina unas técnicas o destrezas más o menos mecánicas, sino quien es capaz de saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que ha mirado, escuchado y pensado”. Esto exige leer mucho y ahondar en la condición humana, para tener, como apunta el propio Sánchez, “un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea”. El estrés desmesurado no facilita la tarea, de ahí que el movimiento slow sea hoy un gran aliado. No se trata de defender lo lento en toda circunstancia, sino de reivindicar el control de la persona para que pueda elegir en cada situación el ritmo adecuado. Es contraproducente ir siempre a 200 por hora.

 

17. ¿Existe un lector lento que sostenga un periodismo lento?

 

La vida moderna es rápida por naturaleza, a veces por inercia y por miedo al silencio, a encontrarse con uno mismo. Vamos de un sitio para otro, sin parar, pegados a una pantalla. Miramos el móvil hasta en el cuarto de baño o en el ascensor. No hay tiempos muertos y así resulta difícil pensar. Nunca antes había proliferado tanta información, ni se había recibido con la simultaneidad actual. Hay tanta oferta que se ha instaurado la política del picoteo. Estamos en todo y en nada al mismo tiempo. Parece difícil hablar de la existencia de un consumo lento en este contexto. Sin embargo, quiero pensar que siempre va a haber un lector ávido de historias bien contadas, con necesidad de claves que le permitan comprender un mundo complejo, lleno de cambios abrumadores. El ciudadano necesita formarse e informarse para tomar decisiones prudenciales y encauzar su vida. Esa ha sido, es y será una función insustituible del periodismo: convertirnos en ciudadanos mejor informados, en personas cabales con capacidad de decisión y crítica. Quizá sea necesaria una nueva alfabetización mediática que permita a cada persona encontrar un equilibrio en su dieta informativa.

15/04/2018 15:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Uno de los proyectos poéticos más fascinantes y trabajados de la lírica española en los últimos años en España lo lleva a cabo el editor y poeta Javier Sánchez Menéndez con su libro ‘Fábula’, que son, serán, diez entregas. Contienen un poco de todo: una meditación general sobre la vida, la escritura y la poesía misma, el viaje al pasado y el presente, la belleza, y también –por decirlo de algún modo- una crítica general al mundo en que vivimos. En sus poemas hay crónica, apunte de trayectos, alusiones a los otros (los poetas, los libros, los pensadores…), aforismos, intuiciones. Aparece ahora la sexta entrega, ‘De cuna y sepultura’ (El Gallo de Oro). Y de ahí copio este texto.

 

EN VENECIA

 

La armonía nunca engaña, es como esa fortuna que todos poseemos y a ninguno convence. La armonía equilibra, disipa nuestras dudas, majestuosamente hace que nos amemos. La armonía nos recorre.

 

Hay dos grandes poetas: el oscuro y el de la voluntad. En la edad inocente vuelve a nacer la vida.

 

Y le digo a la vida que venga, que me plazca, que le espero sentado como Pound y Mann en Venecia.

 

BUENOS DÍAS

 

He bajado corriendo por esas escaleras para buscar un nombre, pero tú ya no estabas. Me quedan la razón y la palabra. Esas que en las mañanas te despiertan con un beso en la frente y dicen ‘buenos días’.

 

MIEDO

 

El miedo es necesario, como lo es el silencio, la soledad, la atención y el alimento. Sin miedo no hay respeto, sin respeto no existe literatura y sin ella la poesía no tendría sentido.

 

Tiro al suelo del cuarto rojo el libro de Bloom. Llamo a Barrie y le pregunto. Responde que le complace el respeto, y le desagrada la soberbia.

07/04/2018 11:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADIÓS A PACO CAMARASA

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HA MUERTO PACO CAMARASA, DE NEGRA Y CRIMINAL


[Hace algo más de un año, en diciembre de 2016, con Sergio Vila-Sanjuán de embajador de la amistad, visité a Paco Camarasa en su librería Negra y Criminal, que creó con su mujer Montse Clavé. Ya estaba enfermo, pero tenía entereza, serenidad y unas ganas inmensas de contar su vida y de explicar sus encuentros con muchísimos autores. Acaba de fallecer. Por ello recupero el texto que le dediqué en 'Artes & Letras' en diciembre de 2016. La foto es de Carles Ribas del diario 'El País'. En 2017 recibió un premio de Aragón Negro.]


Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).

Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco : «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».

De Dupin y Holmes a Carvalho

Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».

En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».

Para Camarasa, poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».

Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».

Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.

Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.

Autores que vienen y van

Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.

Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».

Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.

 

 

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

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De la serie ’Cuentos de domingo’. Día del Padre. Heraldo 

Padre e hijo

 

Mi primer recuerdo es un viaje en bicicleta hacia Larín, el pueblo de mi madre; allá, al fondo, divisé por primera vez el mar: Barrañán, luego Caión, el umbral de la Costa de la Muerte. Mi padre llevaba un pedalear tranquilo que no le impedía cantar, al son de la melodía de las retamas y la queja de los pinos: “A Santiago voy, ligerito…”. En casa de mi abuelo paterno tuve otras certezas: el embrujo del huerto, donde vi cerezos, ciruelos, manzanos y una parra trepadora. Otro día, algunos años después, antes de que partiese a la emigración, me veo por el monte, recogiendo leña. Mi padre, que podía ser muy silencioso, me indicaba ramas, troncos rotos, musgos y el vuelo de algunos pájaros. Yo me sentía seguro, pero de repente dijo: “Ahí está la cueva del tesoro, donde se ocultan los fantasmas. Nunca me he atrevido a entrar”. Llegamos a una cumbre agreste, alfombrada de pedruscos. “Aquí, cuando era chaval, jugué al fútbol. No quería ser como Zamora o Lerín. Yo era de Juanito Acuña”.

Volvíamos a casa y a veces me decía que, antes de entrar, me asomase a la fuente de las salamandras, donde recogíamos el agua para beber. Era el mejor espejo del mundo. “Que tu madre te vea bien peinado”. Otro día se marchó a trabajar a Suiza, y empezaron a llegar sus cartas. Preguntaba por todo: por las vacas y las fincas y las tormentas, por los mendigos Xosé y Lelo, por una tía minusválida, Pilar, a la que él llevaba en su espalda a las verbenas que tanto le gustaban, “adora a Pucho Boedo, el vocalista de Los Satélites”; al final cerraba con otro interrogante: “¿Cómo está el rey de la casa?”. Volvía en vísperas de navidades, con bolsas de naranjas, caramelos de menta y una armónica nueva. Contaba cosas de su vida allá lejos: en un año había sido barbero, jardinero, albañil, ebanista, y no sé cuántas cosas más.

Hay cientos de recuerdos pero el que más me impresiona es otro: su padre, Jesús, tratante de ganado, contrajo una enfermedad incurable y él, tras salir del trabajo, iba con su bicicleta a verlo. Se sentaba a su lado y le daba plátano, zumo de naranja, y le hablaba de los animales. Un día, no sé por qué, me impactó tanto la escena que quede al acecho, como si se me revelase un gran secreto. Aún hoy, medio siglo después, me sigue pareciendo una bella forma de ser padre e hijo a la vez y en perfecta reciprocidad.

*En la foto, mi madre Carmen Castro (1928-2014) y mi padre Benito Rodríguez (1925-2007).

30/03/2018 17:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SEGUNDA NOVELA DE MIGUEL A. ZAPATA

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CERO

Un fragmento de Miguel A. Zapata de su nuevo libro: ’Arquitectura secreta de las ruinas’, perteneciente al capítulo Cero, su segunda novela publicada por Baile del sol.

 

Por Miguel A. ZAPATA

 

                 Un rasguño. Antes de cualquier cicatriz. Una mínima marca que procede apenas del desgaste, tal vez de la desidia o de una mala intención.

                 Las rodillas de los niños, por ejemplo. Algo hay en ellas de proyecto de suicidio, o quizá ponen a prueba la consistencia de la piel. Cuando un niño se cae, siempre mira sus rodillas, antes que codos, tobillos o manos. El paisaje en blanco de sus piernas es la perfecta diana para constatar que el mundo duele. Galones. Epidermis condecorada. Certificados de un lugar en el planeta.

                 O la forma en que un anciano rasca, obsesivo, esa verruga cuyos perfiles olvidó, como acosado por la inercia de tantas imperfecciones ya sin relevancia. Al sangrar su verruga, se le ensancha la boca en un suspiro: aún hay vida dentro, aún algo que fluye y llena de tiempo rojo los cuellos de su pijama.

                Pero las cosas no.

                Las cosas avisan su primer momento de derrumbe, aunque no siempre haya orejas cerca que escuchen un crujido o un desgarro. Ésa es la mala suerte de las cosas, de algunas cosas: dependen del hombre para ser o dejar de ser.

 

* Inicio de ’Arranque secreto de las ruinas’ de Miguel A. Zapata. Baile del Sol. 2018.

30/03/2018 11:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON JAVIER LOSTALÉ

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/26/javier-lostale-escribo-para-ser-joven-alimentar-una-esperanza-radical-1232160-1361024.html

 

Javier Lostalé, autor de 'Cielo', visita el martes 27 el Museo Pablo Serrano y el escenario de Teatro Tranvía, donde leerá versos con Cristina Yáñez. 

 

Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha sido, durante muchos, en ‘El ojo crítico’ y en ‘La estación azul’ de RNE, la voz de la lírica en la radio, pero también es un poeta con voz propia, entre neorromántica, mística y carnal, marcada por el amor y el desamor, la memoria y la belleza. El martes 27, a las 19.30, en la sala 00 del IAACC Pablo Serrano, en el teatro de la exposición de Tranvía Teatro, presenta su último poemario: ‘Cielo’ (Fundación Lara: Vandalia), que cierra un ciclo abierto por ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’. El acto cuenta con la colaboración de la librería Los Portadores de Sueños.

¿Cómo nació a la poesía o cómo surgió su pasión por la poesía?

Leí poesía desde muy temprano, pero como creador comencé a escribirla en serio a partir de los veinte años. Fue la lectura de ‘Sombra del paraíso’ de Vicente Aleixandre y su incardinación en mi vida lo que me impulsó a hacer de la escritura poética una forma, como diría mi gran amigo Antonio Colinas, de ser y estar en el mundo.

Empezó siendo un poeta caudaloso, más cerca del barroco que de la contención. ¿Aspiraba a abarcar la plenitud del mundo?

Las primeras tentativas poéticas, todo acto creador es siempre una tentativa, tuvieron un componente biográfico muy grande, como suele suceder, y lo que vas viviendo pasa al poema directamente. Luego, se va produciendo un distanciamiento de la propia biografía, aunque, claro, siempre está latente y un desnudamiento mayor de la expresión. Se produce un proceso de resta más que de suma. Como dice otra gran amiga, también poeta y en la actualidad directora gerente de la Fundación Gerardo Diego, Pureza Canelo, lo que no suma resta. Muchas imágenes gratuitas sobran. Por otro lado en mi proceso de creación tienen mucha importancia los elementos sensoriales, y las imágenes, las metáforas que lo fecundan tienen un gran peso en mi primera etapa. Imágenes que no han desaparecido, pero que se han atenuado o han estado más ligadas a un proceso de reflexión con el paso de los años. Siempre desde luego en todo poema debe haber una transformación del lenguaje, transformación que en la actualidad se dirige a la búsqueda de lo esencial.

Ha sido un poeta incesante, y a la vez de grandes silencios. ¿Cómo se explica eso? A veces me hace pensar en José Hierro...

Creo que el proceso de creación poética es constante, incluso sin escribir se está escribiendo. Otra cosa es pasar muchos años sin publicar, lo que me ocurrió desde 1981 en que publiqué ‘Figura en le paseo marítimo’ hasta 1995 en que resucité a la poesía con ‘La rosa inclinada’. En la escritura muy lenta y en la falta de publicación influyó mucho mi dedicación sin tiempo a la radio. A partir de 1995 ha habido una continuidad, pero siempre entre libro y libro transcurrieron tres o cuatro años. Desde la jubilación esta continuidad ha aumentado.

¿Cabría decir que el amor ha sido la pulsión más constante de su lírica?

El amor, o el desamor que sigue siendo amor de otro modo, es en efecto el núcleo vivificante de mi poesía. Un amor más allá de la figura, en el que el deseo es fundamental y existe cierto grado de sublimación. Amor hasta en su negación.

¿Qué ha significado para usted el romanticismo?¿En qué medida es un neorromántico del siglo XXI?

El romanticismo más como era entendido por los poetas anglosajones que por los españoles me interesa mucho. El romanticismo como un estado de espíritu, como una energía que potencia la transformación de la realidad, fertiliza los sentimientos y crea un grado de idealidad. Entendido así no me importa ser un poeta romántico del siglo XXI.

Ha sido, y es, claro, un gran rapsoda en las ondas. Emotivo, intenso, creaba climas y aún lo hace en 'El Ojo crítico' o en 'La estación azul'. ¿Cómo ha sentido la poesía y cómo ha querido decirla?

La poesía se siente interiormente y, por tanto, al decirla no debe recitarse sino leerse de dentro hacia fuera. Y sin música de fondo que distorsione el propio ritmo del poema que tanto contribuye a su significado.

¿Cómo funciona el binomio poesía y radio?

Creo que funciona muy bien porque en la radio, como en la poesía, son fundamentales la palabra, la música y la imaginación. Es un medio excelente para la transmisión de la poesía.

¿Qué han significado en su vida Rilke, San Juan de la Cruz y Aleixandre? ¿Serían ellos sus grandes maestros?

Son tres poetas medulares pra mí. Rilke logra llegar siempre, como afirma el poeta ucraniano Adam Zagajewski, al límite de lo expresable. San Juan de la Cruz representa la más alta espiritualidad y entrega a lo divino, pero de un modo profundamente también carnal. En cuanto a Vicente Aleixandre es el gran poeta amoroso del siglo XX, tanto en su dimensión cósmica como metafísica, en el que lo auroral y solidario tienen una gran presencia, y el cuerpo es alma.

Vicente Aleixandre es casi un mito en su vida. ¿Por qué?

Más que un mito fue para mí un auténtico padre que me enseñó a entender que el único pecado es el de no respetar la libertad de los demás. Durante mis visitas a Velintonia prolongadas durante varios años comprendí también el profundo latido de la amistad.

Es un poeta místico. Y quizá no exista mayor voluptuosidad que la de los místicos. ¿Qué ha heredado de ellos?

De los poetas místicos he heredado eso: la voluptuosidad. La entrega a la persona amada hasta desparecer en ella, hasta llegar a decirle como reza el título de una película “llámame por tu nombre”.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

'Cielo' (Fundación José Manuel Lara: Colección Vandalia) cierra una trilogía. Recuérdenos el espíritu de los dos tomos anteriores...

‘Cielo’ dialoga desde su propio ser con los dos libros anteriores, ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’ . En los tres, siempre avanzando en la depuración, lo invisible, el acto de borrar y la consumación son elementos esenciales, y lo atmosférico contribuye a esta esencialidad buscada.

¿Sería 'Cielo' un canto de amor y desamor, tamizado por la memoria y la depuración estilística?

Sí, es un canto de amor y desamor. Un acto de consumación en lo perdido, incluso en lo no existente, pero con la serenidad de la transparencia o del cielo.

¿Cabría decir que es el final de un ciclo o un nuevo camino?

A partir de ahora quizá se abra un camino nuevo, aunque sin abandonar la esencialidad. Quizá a pertir de ahora estén más presentes los demás y se desdibuje el yo.

¿Cuánto hay de dolor o desgarro en el libro, y cuánto de serenidad?

‘Cielo’ es un libro en el que, pienso, predominan la aceptación y la serenidad sobre el dolor. Este existe, pero se asume como consumación en su sentido más positivo. La muerte también está presente, pero no de un modo trágico.

Uno de los poemas más conmovedores es el primero: 'Regresas'. ¿A dónde vuelve Javier Lostalé?

Regreso a lo vivido a través del amor. Hago del olvido el más profundo recuerdo, y del sueño la más honda realidad.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

Aleixandre tiene un poema que se titula ‘Para quien escribo’. ¿Para quién escribe Javier Lostalé?

Escribo, como reza uno de mis textos, ‘Confesión’, porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.

27/03/2018 12:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER LOSTALÉ EN ZARAGOZA: 'CIELO'

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El martes 27, en la sala 00 del  Museo Pablo Serrano, a las 19.30, en el teatro que ha montado Tranvía Teatro, el poeta y periodista y rapsoda Javier Lostalé (Madrid, 1942) presenta su último libro de poesía: ‘Cielo’ (Fundación Lara: colección Vandalia), un libro sobre el amor y desamor, la memoria, el paso del tiempo, la espiritualidad y el deseo, expresado todo ello con una poesía desnuda, depurada, próxima a la lírica del silencio. Javier Lostalé, que ha trabajado más de 35 años en RNE, ha sido la voz de la poesía en la radio durante años con una característico modo de leer. Admira a Paco Brines, Vicente Aleixandre y Rilke, entre otros poetas. En Zaragoza, hablaremos sobre su trayectoria, su libro, y ofrecerá luego un pequeño recital en ese teatro tan maravilloso que ha instalado Tranvía Teatro. Cristina Yáñez leerá también algunos textos. Estos días, Javier Lostalé (retratado aquí por César Toro) ha estado en varios lugares presentando su libro. Ha dicho, entre otras cosas:

  1. “En mi poesía, la columna vertebral es el amor, o quizás el desamor, y siempre intento ir más allá de una presencia convirtiéndolo en una indagación sobre el acto de existir, apoyada tanto en elementos emocionales como sensoriales y reflexivos”.
  2. “El buen lector de poesía –dice- es fiel a sus poetas y tiene la capacidad de amanecer con cada nuevo libro. Y aunque no figuran en las estadísticas, son muchos los que leen en las bibliotecas públicas, o sacan de ellas un poemario. Un mismo libro de poesía pasa de unas manos a otras con más asiduidad que una novela. En fin: soy optimista sobre este género del que es devota una inmensa minoría”
  3. “El poeta siempre es único en su creación, aunque no pueda aislarse de su contexto histórico y personal. El poeta verdadero tiene su propia voz, y por ella debe ser reconocido. Conoce sus limitaciones y su verdad se mide por la capacidad para admirar la obra de los demás”.

-La presentación está organizada por el Museo Pablo Serrano y Tranvía Teatro y la librería Los Portadores de Sueños. Colabora la Fundación Lara. Intervendrán el autor, Cristina Yáñez y Antón Castro.

 

UN POEMA. ‘REGRESAS’

REGRESAS

La luz que envuelve hoy tu casa,
mientras a ella regresas,
es la misma que un día te borró
en la dicha pasajera de saberte amado.
Tanto es así que no eres tú
el que ahora en soledad camina,
sino aquel que nunca acabó de llegar
extraviado en el único paisaje
de la memoria encendida de otro ser.
Por eso un momento te detienes 
para, separado del mundo, 
escuchar de nuevo la voz
de quien ya no existe,
pero que ahora te otorga
el don inmortal
de volver a nacer dentro de su olvido.

https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/aleixandre/lostale.htm

Yo conozco un jardín…

Por Javier Lostalé

«“No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos”, solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser»

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor. Muchas tardes empujé la verja que me introdujo en un ámbito donde todo era misteriosa propagación y, traspasado el umbral, vi al fondo un rostro batido por la luz de unos labios cuyo hálito los años no borraran, que reflejase continuo un fuego y secreta vida a la sangre comunicara, y unos ojos que sin tiempo ahondaban la luz, a pesar de ser mortales. Esos ojos eran los de Vicente Aleixandre que, recostado en un sofá testigo de tantas confidencias, brillaban con el pulso de gran parte de la poesía española del siglo xx bautizada en Velintonia. Las sombras de Neruda, Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, José Luis Cano o Claudio Rodriguez, caldeaban ese habitáculo de la creación poética donde la palabra alentaba existencia, se tornaba conocimiento, en alguien se encendía solitaria y brotaba tan pura como la amistad: «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser. Jóvenes o viejos todos resonaban en él a través de la única edad: la del amor. El latido de su vivir depurado convertía cada respuesta al interlocutor, siempre protagonista, en algo esencial, iluminador de su existencia. Y en su diálogo, nunca tertulia (el número mágico era el dos), había una demora, una pausa impuesta por el significado de lo dicho, que hilaba voz, mirada y gesto hasta el punto de alumbrar la desnuda condición humana. Ningún tema se sustraía a su nombrar dignificado: desde la publicación de un libro hasta el advenimiento o la pérdida de la persona amada, pasando por la inauguración de un club o la última película estrenada. Todo era materia viva surcada por la sangre de unos sonidos.

Y se repetía siempre el respeto emocionado al que en silencio escuchaba, que se veía así reconocido dentro del misterio último presente en la comunicación humana. «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», pronunciaba quedo Vicente Aleixandre. ¡Y cómo los enaltecía en su ausencia! ¡A cuántos verdaderamente conocí desde la altitud de su nombrar! Su memoria del ausente era canto propagador de sus virtudes, desaparecido cualquier espacio entre maestro y discípulo. Y es que continuamente su personalidad se desvanecía al ponerse en el lugar del otro. Actitud del poeta que no era sino la confirmación de la solidaridad que respira toda su obra, de ese fluido amoroso que irriga su poesía, principio de un mundo en el que una única y sucesiva criatura resplandece con la luz de lo habitado. Hasta el seno de esa luz llega la escritura del premio nobel y, tras besar la pulpa humana, se retira para que cada lector encuentre en libertad su destino, pues la obra aleixandrina crea destino. Lectores con nombre y apellido y, por tanto, con rostro: «Tú que me lees eres tan amigo mío…», decía, y de nuevo sonaba la música de la amistad. Sentimiento que, como expresa en una de las cartas de su inabarcable epistolario, dirigida a José Luis Cano, se caracteriza por su «serenidad y afinamiento», por escoger «sin ceguedad, y en virtud precisamente de los valores que le individualizan. Tanto es así, que se puede tener más de un amigo simultáneamente, porque más de uno puede tener los valores individuales que le hacen meritorio para nuestro cariño. Si el amigo muere —añade Aleixandre—, él no será sustituido. Su personalidad era lo que veíamos y amábamos, con sus precisos contornos».

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor, donde habitaba la soledad más poblada que era la de la amistad, pues no había despedida y siempre se esperaba al que nunca dejó de estar, donde decir te quiero es irse quedando un día sin aire y más hondamente respirar. Yo conozco un jardín, el de Velintonia, del que no se podía salir sin sentir que unos ojos más allá de la vida una piadosa mirada enviaban al corazón del hombre.

25/03/2018 20:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LITERATURA NUESTRAS': NOTAS DE LIBROS DE ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

Literaturas nuestras

Una selección de comentarios a diversos libros en 'andalán.es' del historiador, economista y escritor Eloy Fernández Clemente.

 

Por ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

La Literatura aragonesa sigue dando sorpresas, tan gratas e importantes como la del último libro de Manolo Vilas, los incansables escritos maravillosos de Antón Castro, y una serie de novedades que apenas alcanzamos a anunciar y resumir.

 

 

El fenómeno Vilas. Es preciso referirse, a estas alturas, a un auténtico fenómeno, casi “viral”, que se dice ahora, el ocurrido en la práctica totalidad de los grandes medios escritos españoles, y en muchos audiovisuales, que coinciden en que “Ordesa” (Alfaguara) es un libro (no hay acuerdo en si novela, ensayo, memorias) singular, muy grande, quizá el libro del año. Vilas, que entra en este Olimpo mediático consagrado (por El País que, con olfato, le contrata para reportajes, artículos, opiniones) es inteligente, listo, sorprendente, desinhibido. El libro, que nos tiene siempre al borde de la tensión máxima, habla sobre todo de su padre, obsesivo recuerdo con lagunas nunca ya rellenables; de su soledad tras el divorcio, de la madre muerta mucho más recientemente y también ya inalcanzable para renovar afectos mal expresados, de los hijos, lejanos, desinteresados, de otro mundo. Hay una introspección desenfadada, sin pudores, que recuerda una época en que el escritor (yo creo que exagera) vive mal, bebe en exceso, camina confundido. Ese acento acre y duro, ese lacerarse con un gran estilo, es lo que da al texto, acaso algo largo y repetitivo (pero es una técnica impecable), aire magistral como pocos en la España de las últimas décadas, tan revisada tópicamente.

 

El escritor y periodista cultural Antón Castro y el naturalista, escritor y fotógrafo Eduardo Viñuales presentaron no ha mucho el libro “Excursiones a lugares mágicos” (Ed. Sua), una guía con 30 rutas por Aragón, diez recorridos por cada provincia ligados a leyendas y tradiciones, por lo que para Antón Castro es “un libro para ver, leer y viajar”. Porque está pensado y hecho “buscando bellos parajes, monumentos y recogidos rincones en los que se ambientan mitos y prodigios, leyendas o sucesos fabulosos, y no pocas creencias ancestrales protagonizadas por personajes épicos o seres que uno puede creer que son fruto de la imaginación de otro tiempo pasado”. Eduardo Viñuales ha aportado tanto la información práctica (el trayecto y mapas de las excursiones, consejos para realizarlas, datos de lugares próximos…), así como las 150 fotografías. Por su parte, Antón Castro escribe con su mágica mano derecha glosando tantos fenómenos inexplicables o no explicados, como las cuevas de fertilidad entre Los Monegros y Hoya de Huesca, las psicofonías de Belchite o el dragón de Bronchales, la Casa de Dios de Julio Basanta en Épila, o tradiciones de Daroca o Teruel.

 

Como en otras ocasiones, permitan que aportemos un montoncico más de noticias, más o menos recientes, de las que al menos queremos dejar constancia.

Nos escribe Jesús Jiménez, viejo compañero en Andalán de papel. Se jubiló hace unos meses después de una tarea magnífica como profesor e inspector de Enseñanzas primaria y media; pero sigue, nos dice, “con temas educativos, aunque casi todo fuera de esta tierra”. Escribe una columna semanal en Escuela desde hace varios años, colabora habitualmente y coordina algunos números de Cuadernos de Pedagogía, hizo la tesis sobre transferencias educativas de que publicó un resumen en un libro que editaron las Cortes de Aragón;  participa en actividades en varias universidades, está en el Foro de Sevilla que forma un grupo de profesores universitarios de Pedagogía de todo el país… Nos alegra mucho todo eso, y saludamos la edición de su libro “¿Qué es la Primaria?” (Octaedro Editorial) en que resume medio siglo de experiencias y reflexiones.

El Goya de Félix Teira es una pulcra edición auspiciada por la DGA que, como ya contamos en el caso de Mariano Gistáin que escribió sobre Buñuel, ubica a un gran personaje aragonés en los lugares que frecuentó, explicando con ellos su figura y obra. El texto, como todo lo que escribe el fino y riguroso Teira, es impecable, sugeridor, profundo y a la vez ameno. La edición es manifiestamente mejorable: añade a una portada minimalista en exceso, una ruta gastronómica, dualidad que algo despista y distrae.

Ricardo Serna ha publicado una nueva novela, “Sombras de Madrid” (Editorial Sapere Aude, de Oviedo), que ya lleva un trimestre de buena lectura entre sus incondicionales.

Javier Aguirre, no nos da abasto para noticiarle de tanto como escribe, y bueno: ha publicado un interesante libro “Tirando de dedo” (Im-pulsa), sobre el mundo del autostop, que tantos utilizamos hace décadas, con ilustraciones expresivas de Quintín García Muñoz. Javier presenta y reseña, generoso, a otros escritores. Lo hizo hace poco con esmero con “La casa de la encina”, de María Jesús Fuentes (Onix), a la que ofrece un hermoso Preludio.

***

La poesía cuenta, en verso o prosa, con magníficos ejemplos recientes: Fernando Sanmartín sigue, en “Ciudades que se posan como pájaros” (Xordica), obsequiándonos a sus fans con una escritura pulcra, honda, sentida, perfeccionista hasta justo el límite. Uno piensa, al tener sus libros en las manos, en Aleixandre o Gil Albert, pero con más vida, más hondura.

Impecable, como siempre, llena de resonancias y esfuerzos comprensivos, la selección, traducción de Paco Úriz, de “Y la palabra se hizo poesía” (Libros del Innombrable), del finlandés de habla sueca Claes Anderson. Hace también el magnífico Prólogo en el que nos habla de este psiquiatra, pianista de jazz, futbolista, diputado, ministro, uno de los poetas más conocidos y queridos de su país. Y explica (reconociendo siempre la sombra protectora de Marina Torres, su ayuda y compañía) las claves de este espléndido, deslumbrante libro.

Yusta ha visto, rara avis, reedición de su “Ayer fue sombra” y ediciones de “Cuaderno de damas” (La fragua del trovador), con dibujos de Alberto Calvo, poesía popular, ligera (50 textos que son codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus…). Y “Des-concierto”, su último poemario, un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta. Y un blog muy estimulante. Ojo con él, que se está convirtiendo en eso tan hermoso y peligroso que es ser un poeta de culto…

Poeta reciente, aunque de bullicioso entusiasmo, es José Luis Martín-Retortillo, que publica de nuevo en Huerga-Fierro, unos “Geranios helados”, que cuando se acerca la primavera reviven y nos hablan de la inmensa montaña pirinaica (“Hermosamente bella te contemplo, Telera”; “Peña Montañesa, Monte Perdido”, “En las hayas de Ordesa”), de sentimientos sutiles (“Un viernes por la tarde se asomó la eternidad por tu ventana”; “Nos encontraremos bajo la brisa del río, al sol, merendando con Renoir”; “Bajaron de repente todas las estrellas a la cuneta del camino”), crítica política y social (“Ya te escribí lo que sabías: a la guerra siempre van los mismos”, “Hambre no tiene nombre”; “Nacemos tras las rejas. No te detengas a contemplarlas”; “Por los suelos se arrastran las verdades de la inteligencia… El odio mana de la tierra, el miedo la riega…”, “ Síndromes masivos de sometimiento, claudicaciones continuamente aceptadas). Y tantas otras evocaciones, que encontramos, del fallecido Emilio Gastón, que provocó el día de su muerte nuestro último abrazo.

TELLO, PILAR RUBIO, DAVID LORENZO

Tres poetas  para el Día Mundial de la Poesía

 

Rosendo Tello, Pilar Rubio Montaner y David Lorenzo Cardiel publican tres poemarios

 

 

“En Zaragoza hay un boom espectacular de la poesía, de gente escribiendo, leyendo y recitando poesía. Lo cual es bueno porque de la cantidad siempre ha de surgir alguien que trascienda”, dice el poeta Fernando Sarría, coordinador con Fran Picón del ciclo ‘Poesía para perdidos’, que cumple una década y que se celebra en la Bóveda del Albergue a partir del día 24 de marzo. Hoy es el Día Internacional de la Poesía y el sábado y el domingo, por poner otro ejemplo, el festival Marzo Poético de Fraga rinde homenaje a la editora de Olifante y poeta Trinidad Ruiz-Marcellán.

Heraldo.es se suma a la conmemoración y recomienda y selecciona algunos poemas de libros recientes.

 

 

1. ROSENDO TELLO: ‘APOLOGÍA SIMBÓLICA DEL JARDÍN’

Hace algunas semanas, Rosendo Tello, Premio de las Letras Aragonesas, publicaba su libro ‘Apología simbólica del jardín’ (Gara d’Edizions), que es una síntesis expresiva de sus grandes temas: la música, la naturaleza, la memoria, la familia, el amor y la poesía misma. Ahí publica un texto que viene muy bien para hoy, un poco a la manera de Rainer María Rilke, ‘A un muy joven poeta’.

 

A UN MUY JOVEN POETA

 

Si te expresas en prosa, crearás el verso,

si crees que puedes llegar más allá.

Si sabes que el poeta se centra en el silencio

de la noche que acaba con luz solar,

no dudes y consiente.

 

La aventura que vendrá, lenta, muy despacio,

cuando tengas los ojos y oídos despiertos

con la pureza transparente del pensar

y del sentir, anudará el sentimiento

a la medida de tu alma.

 

Crea el secreto el ritmo como puente,

y oirás cantar en medio de la gracia

sobre el tiempo mojado en la radiante luz.

Si la magia está en ti, no temas el error

de salvar la técnica.

 

No te distraigan ni la fama ni el brillo

ni los deseos de gloria; vendrán cuando

tengan que venir en la hora justa

o en la hora tardía, y tendrás suerte,

pues es tu vocación.

 

¿Y qué será perder, en el resguardo concome la ocasión

en el momento terrible del olvido?

Cuando al fin, reanudas lo que has perdido,

si llenas el vacío de tu corazón

con este osado afán.

 

¿Y qué será más fuerte que lo deseado

para hallarse al final? Solo los vencejos

se hallan en otros cielos, nuestro existir,

y los vemos señorear el aire sensible

 

 

 

 

 

 

 

 

en su cosmovisión.

 

 

2. PILAR RUBIO MONTANER: ‘DICCIONARIO PERSONAL’

La escritora y profesora zaragozana que reside y trabaja en Valladolid desde hace muchos años publica un poemario cuyo título lo indica casi todo: ‘Diccionario personal’ (Difácil), qu es un homenaje a la memoria, a la emoción, al sentimiento y a las palabras con las que uno invoca la vida, una de ellas es ‘Apacible’, y otra es ‘Poesía’, títulos de dos poemas. La autora, personalísima, incorpra algunas de sus fotografías. Dice:

 

APACIBLE

 

Quieto. En calma.

 

Plácido. Sereno. Sosegado. Tranquilo.

 

Aplicado a personas y a cosas, aplicado a la vida y al tiempo, aplicado al viento sin violencia, aplicado al mar sin oleaje.

 

Asi lo recoge María Moliner.

 

POESÍA

 

‘Paterson’.

 

Una ciudad. Una película.

 

Un conductor de autobuses que sonríe al escuchar los fragmentos de historias que suben a bordo, saca a su perro cada noche, endereza el buzón, habla con su mujer y el dueño del bar, y escribe en su libreta sobre las cosas sencillas de la vida.

 

Unos versos de William Carlos Williams:

 

“Durante tres años al anochecer

ha venido el gorrión

a dormir bajo el tejado del porche”.

 

3. DAVID LORENZO CARDIEL: ‘TIERRA DE NADIE’.

El joven poeta David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993) publica su primer poemario, ‘Tierra de nadie’ (Anorak: Amo los lunes), que refleja una mirada personal, la interiorización de muchas experiencias y lecturas y el intento de crear un lenguaje propio. Seleccionamos el poema ‘La luz es la caverna o cuev a platónica vuelta de piel inversa’, casi todos los títulos son así de extensos, salvo los de un texto más conciso y breve: ‘Vida de escarabajo’

 

LA LUZ ES LA CAVERNA

O LA CUEVA PLATÓNICA VUELTA

DE PIEL INVERSA

 

El amor es una estría olvidada

que incluso disipada en contra de la apariencia

penetra la carne y la agrieta

como una bomba de fragmentos desgarra

miles de miembros de sus cuerpos candentes.

 

La amistad es la palabra que cura

cuando todas las asperezas nos han arrancado

las vísceras

y ya no nos quedan uñas con las que combatir la vida.

 

La luz es un bálsamo que quema e inunda

y que da vida y muerte en iguales proporciones.

 

Por eso los plátónicos miral al sol,

para quedarse ciegos al volver a la caverna,

y los cautivos inventamos bombillas

para hacerlos tímidos compañeros de la indulgencia.

 

VIDA DE ESCARABAJO

 

Consciente de que todo tiene un final,

miro mis huellas y las guardo en la retina,

una imagen invertida que es sueño

y que luego se convertirá en silencio.

 

 

22/03/2018 08:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MÓNICA OJEDA HABLA DE 'MANDÍBULA'

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Mónica Ojeda “El sexo es una

especie de resumen de la vida”

  

Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona 

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas.

¿Desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?

19/03/2018 16:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: DE LOS LIBREROS

[El artículo de Guillermo Busutil, en el 'Diario de Málaga', sobre el XXIII Congreso de Libreros de Sevilla.]

Tutores de la lectura

Guillermo Busutil*  17.03.2018 | 22:13 

Ser librero es una vocación abierta de par en par. A la pasión de leer, al arte de la conversación, al oficio de vender un mundo desconocido como una promesa que casi nunca se equivoca. La lectura de un libro empieza en la voz del librero que cuenta y enrola al lector. A veces pensamos con razón que la crisis, las nuevas tecnologías, los ocios sin recogimiento, y el híper encantamiento de la imagen, han ido desahuciando este perfil de los tutores de lectura. Que sólo quedan algunos náufragos en esos establecimientos de penumbra y madera, entre mapas, ediciones antiguas y volúmenes de segunda mano con dedicatoria extraviada. Los otros, los libreros de novedades semanales, se etiquetan desde la mirada de los amantes del libro como meros dependientes entre ordenadores, barras de cafetería y estanterías de diseño con wifi gratis; sin ninguna marca que delate su oficio ni sus preferencias. Los hay. De los unos, y de los otros. Sobreviven los lobos de mar que llevan tatuados en su memoria el anaquel donde duerme cada una de sus joyas con exlibris, y los que sólo atienden sin criterio alguno sobre el autor ni esa huella de tinta perenne en las yemas de los dedos. Pero son más los que disfrutan de su pasión. Unos mantienen la idea de su empresa como un ultramarino de barrio en el que se fían cuentas de clientes; otros la han convertido en la equis de un territorio alrededor de la que crecen otras formas de ocio compartido alrededor de la cultura de la vida.

 

Libreros, muchos, sin parecerse entre ellos, que sueñan con que las librerías sean nuestra tercera casa. Qué bonita definición de François Dubruille, directora de la Federación Europea e Internacional de Libreros en el Magazín que desliza con guante blanco por los hoteles el periodista cultural Winston Manrique. Él y yo hemos disfrutado a muchos de estos emprendedores de la lectura en su XXIII Congreso celebrado en Sevilla, los pasados 8, 9 y 10 de marzo. Trescientos en activo, herederos de saga como la homenajeada Concha Quirós al frente de la Cervantes de Oviedo, y Juancho Pons, presidente de la Confederación española de gremios y asociaciones de libreros (Cegal); profesionales de bonanzas y de crisis -entre las caídas de ventas y los libros de texto que se llevaron las grandes superficies-, emparejados algunos por dos amores hacia lo mismo –el otro, y los libros- igual que la vicepresidenta Eva Cosculluela y Félix, de Portadores de Sueños, o Diana y Antonio Rivero de Canaima, y positivos en su oficio y sus retos como su director técnico Javier López Yáñez. En sus labores cada uno, y pendiente de todos Lourdes García, en un Congreso fecundo de ideas y sin mácula alguna.

 

Cada vez que un gremio se junta en un congreso es fácil recordar aquellos ejercicios espirituales de encierro y reflexión, y pensar en el presente en el que todo lo que tiene que ver con la cultura es una acrobacia entre el alambre, la terapia y la extremaunción. No ha sido así bajo la lluvia de Sevilla y la participación animosa de distribuidores, editores y escritores proponiendo interesantes alternativas; decididos a mejorar la colaboración entre sectores; a exigir políticas inspiradas en las culturas del libro en Europa donde todo pasa por la educación, y tan ausentes en España aunque existan iniciativas como Mi libro favorito, desarrollada por la Fundación Lara de Sevilla en los institutos andaluces. Un apoyo fundamental en la formación, sobre la que Jesús Trueba propuso la introducción en los planes educativos de un tiempo de lectura. Iniciativas con las que hacer realidad que «la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso» como escribió Francis Bacon.

No faltó inteligencia, humor ni crítica constructiva en el debate de las jornadas, en las que hubo muchos momentos de brillantez argumental en torno al ecosistema del libro. Se habló de agilizar el trabajo diario que los encadena al ordenador sin apenas tiempo para leer, que es lo suyo; del avance de sus redes en conexión con más de 690 librerías; de la labor del portal loslibrerosrecomiendan que lleva Juan Marqués o el potencial de todostuslibros.com, con un millón de consultas al mes y la posibilidad de convertirse en una plataforma de defensa frente a las grandes dentelladas de Amazon y las ventas online en torno al 15%. Se admitió el error de las campañas que metieron el libro en la caja de entretenimiento. Lo mismo que el de mantener vigente la sentencia del ensayista Samuel Johnson, la gente no lee si tiene otra gente con la que entretenerse, cuando los libros están llenos de tipos con los que irse de aventura, disfrutar de sus enseñanzas e imitar sus vidas. Igualmente se decidió acordar canales de comunicación más eficaces entre las editoriales y el gremio, y una colaboración más estrecha con los suplementos literarios, revistas o programas, algunos de los cuales como Arte y Letras del Heraldo con más de 600 números, el ABCD o Mercurio, de cumpleaños en abril con 200 números, que recomiendan librerías y su trabajo. Cada uno debe tener la suya o varias, a propuesta de Javier Pascual, una de las voces oportunas del congreso junto a las de Juan Miguel Salvador y Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid entre otras que destacaron el auge de las librerías de autor, centradas en ofrecer títulos de editoriales independientes, como las de Impedimenta o Libros del Asteroide que conforman el grupo Contexto, que contribuyen a segmentar público, a fidelizarlo y atraer clientes y un tiempo nuevo.

Una fórmula con la que Antonio de Marco reivindicó ofrecer lo de siempre, alma: trato personalizado, calidad, actividades variadas, y también debate y construcción política y social, tan necesarios actualmente. La bitácora de aquellos jóvenes militantes de la Transición que abrieron en 1969 la malagueña Prometeo-Proteo, dos nombres de rebeldía contra los dioses y estrategia de confusión contra la censura, y la sevillana Antonio Machado. Ágoras de literatura y de política de izquierdas encabezadas por Francisco Puche y Alfonso Guerra en un estupendo debate sobre utopías del 68; los ataques de los grupos fascistas; el reconocimiento a Ruedo Ibérico, a Losada y a Alianza bolsillo, imprescindibles en la educación sentimental del exilio, de la poesía y de la literatura europea. Oficio con olfato para saber empujar a cada libro hacia su lector, y recuerdos sobre el cuarto secreto de títulos prohibidos de Prometeo, que la Machado tuvo en un Dos Caballos aparcado en frente de su puerta, o de vacíos legales como el que llevó a la policía a detener a Guerra en la frontera francesa por el libro Marxismo y anti marxismo de Besteiro, que encontró a su regreso expuesto en su escaparate. Dos fabulosos conversadores y lectores que, al igual que Borges, podrían decir «me enorgullezco por lo que he leído». Ambos, al igual que muchos de los asistentes y de los que conozco como José Antonio Ruiz, Juan Manuel Cruz o Enrique del Río dejaron claro que ser librero también es un género.

Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen. Estaría bien recordar esta frase del poeta brasileño Mario Quintana en las escuelas, y también en la universidad tan de espaldas hoy a la lectura de libros y de prensa, para que los jóvenes aprendan con las palabras a tomar el pulso a la vida. A convertir con ellas la imaginación en una cometa, la realidad en una conciencia que interrogue, y el lenguaje en la voz de nuestra identidad. No olvidemos que, frente al trading topi de la banalidad, la manipulación y las posverdades que nos cercan, los libros nos refugian, nos cruzan fronteras y nos habitan la mirada, porque la literatura es el lugar más seguro del mundo como dice Muñoz Molina.

Sin la lectura los por qué difícilmente se abrirían paso. Y sin las librerías las ciudades serían urbanizaciones. Hay muchas, con magnéticos escaparates, con tantos mundos dentro y tan fantásticos, que dan ganas de entrar y quedarse a vivir en ellas. Seamos sus cómplices, nos necesitamos. Su futuro y el nuestro son de libro.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

18/03/2018 09:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA': ZARAGOZA

JORNADAS

CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA

Comunicación cultural en España

 

  • Fecha y lugar: 3 y 4 de mayo. IAACC Pablo Serrano (Pº María Agustín, 20, Zaragoza)

 

  • Organización: Gobierno de Aragón (Nacho Escuín, Belén Aso, José Luis Acín, Estrella Setuáin)

 

  • Coordinación: Alfredo Saldaña y Víctor Silva (Universidad de Zaragoza) y Javier Hernández y Victor Manuel Pérez (Universidad San Jorge)

 

  • Exposición ARCE (Asociación Revistas Culturales de España): 4 abril al 6 de mayo de 2018.

 

 

PROGRAMA

3 de mayo

9.30h-10.00h. Bienvenida a inscritos y entrega de materiales

10.00h-10.30h. Inauguración oficial.

10.30h-11.30h Crítica y comunicación cultural

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h. Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutemberg

13.00h-14-00h. Estéticas y tendencias en la crítica actual

14.00 o 14.30h Comida

16.30h-17.30h Presentación de revistas culturales ARCE.

17.30-18.30h Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón

19.00-21.00h Jam Session poética

21.00h Cena

 

4 de mayo

9.30h-10.30h Sobre la verdad y la ficción

10.30h-11.30h Un nuevo público para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h Humillados y ofendidos

13.00h-13.30h Clausura del seminario

14.00h Comida.

 

PROGRAMA 3 DE MAYO DE 2018

 

MESA 1. “Crítica y comunicación cultural”. (Modera: Ana Segura)

 

La crítica no puede desprenderse de sus contextos de crisis. Si la cultura se adjetiva, dejando de considerarse, en marcos postmodernos, como sustantiva, no es casual que se produzca con el auge de los medios de comunicación. En un principio de masas y contemporáneamente atravesada por otros significantes: de multitud, de redes. El actual peso de lo tecnológico, coloca diversas interrogantes sobre la comunicación cultural, en momentos en que se vive una crisis del periodismo cultural, de las imágenes de lo estético y del simulacro de las redes. Los referentes culturales son sustituidos por figuras mediáticas, por simulacros de artistas y por una cultura pop que todo lo absorbe. En ese contexto en la mesa se debatirá sobre la crisis de la crítica y el incremento de los medios, las redes y lo tecnológico como nuevos constructores de imaginarios culturales.

 

MESA 2. «Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutenberg» (Modera: Maica Rivera)

 

La complejidad semántica del término «cultura» es una constante en la historia; pero, en la actualidad, todo parece indicar que la complejidad y los entresijos de qué es cultura es cada vez mayor: incluso la idea de cultura se suele aparcar y se prioriza la idea de culturas o metacultura. Los cambios sociales que han ocurrido desde finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI han impulsado una evolución cultural que refleja sus matices en áreas específicas, generando convergencias y divergencias sobre su impacto en la vida social. La crítica cultural no es ajena a estos avatares de la historia, del pensamiento y, por supuesto, de la influencia de los avances tecnológicos: en lo que tienen de expresión cultural y en aquello que la hace generadora de cultura por el uso que la humanidad hace de la misma. Marshall McLuhan planteaba que «no podemos pensar en sonidos sin pensar en letras; creemos que las letras tienen sonido»; hoy, no podemos pensar en un mensaje sin pensar en interactividad, multimedia e inmediatez. En su momento «la invención de la imprenta difundió el lenguaje impreso y dio a lo impreso el grado de autoridad»; en la era digital quién aporta la autoridad, ¿la otorga la tecnología o el consumidor de cultura? La imprenta era para McLuhan la «tecnología del individualismo», la llegada de la cultura audiovisual aportó nuevos códigos y con ellos la construcción de otros relatos culturales. ¿Qué ocurre con el individualismo en el entorno digital? ¿Cómo pensamos la cultura digital? ¿Cómo asumimos la cultura generada por la inteligencia artificial? ¿La cultura cyborg?

 

La cultura digital aporta la simultaneidad; el acceso a fuentes de información de diversas tendencias y enfoques; la capacidad, al menos potencialmente, de que los individuos comprendan cada vez más la diversidad cultural en la sociedad. Sin embargo, otros aspectos parecen ser menos comprendidos en la sociedad de la información y del conocimiento: el tiempo se fragmenta, la fe en las instituciones es menor, la comunidad humana se traslada al entorno online y los modelos de referencia ser desvirtúan en la inmediatez de lo social media y la denominada «posverdad».

 

¿Revolución o evolución de la crítica cultural? El discernimiento sobre la cultura tiene vigencia en el entorno digital y convive con la diversidad que el ciberespacio público aporta a la forma de comprender el hecho cultural. El ciberespacio abre nuevos escenarios para el debate con una manera diferente de sociabilizar del ser humano, una forma distinta de acercarse a la cultura, de complementar su experiencia cultural y discernir sobre el valor que la cultura tiene en su existencia. Escenarios participativos, interactivos, anónimos y en donde la opinión libre se puede enarbolar como reivindicación errónea de autoridad: lo importante es la opinión, más no, el razonamiento y la argumentación propio de la crítica.

 

Esta mesa tiene la peculiaridad de plantear, por una parte, algunos fundamentos que requieren ser recordados o redefinidos; desde otra perspectiva, plantea interrogantes novedosos sobre cómo discernir sobre las manifestaciones culturales en los tiempos de la era digital ¿El impacto de los cibermedios y de la cultura digital ha cambiado o estarán cambiando las bases de la cultura y nuestra capacidad de comprensión de esa cultura? ¿Cómo puede la crítica abordar la cultura en la era digital, diversa, multimedia, transmedia, interactiva, efímera o inmediata?

 

MESA 3. Estéticas y tendencias en la crítica cultural (Moderador Túa Blesa)

La estética otrora orgullo de la alta cultura y de las “bellas artes”, padece una crisis en las prácticas culturales actuales. Si en sus inicios (siglo XIX) fue una nueva manera de entender la crítica (Kant) -y crítica y crisis son conceptos que vienen de la misma etimología- la emergencia de la cultura popular activó nuevas tendencias en la literatura, la música, y en sus productos más apreciados: el cine, la fotografía, el cómic y los medios de comunicación. En un comienzo la Cultura como sustantivo y con mayúsculas y lo Cultual como culto, se instalaba en el altar del museo y en la sala de conciertos, pero fue –ya entrado en el siglo XX y aún más en este nuevo siglo- que la crítica adjetivó la cultura hacia lo cultural y más que de estética se comienza a perfilar variadas y plurales tendencias. En esta mesa se reflexionará y discutirá sobre ese pasaje, en la España actual, de la estética a lo estético y a la variedad de tendencias que se intenta problematizar desde la crítica cultural. Es conocida la frase que a España han llegado tardíamente las tendencias culturales rupturistas, a diferencia de Francia, Alemania o Estados Unidos, donde la postguerra implicó un nuevo modo de interrogar a los productos culturales. Sin embargo, en un contexto de mundialización cultural, España no se ve aislada de tendencias que ponen en crisis las formas de producir y consumir cultura. La frase de Néstor García Canclini “el consumo ayuda a pensar”, movilizó los debates de la crítica cultural, pero, ¿es posible referirse al consumo cultural o son significantes contradictorios? ¿Qué ocurre cuando se institucionalizan? Si Joyce ingresó a las universidades y Stockhausen, Cage, Varèse o Zappa son estudiados en las escuelas de música, qué cambios se han ido produciendo y cómo afectan a una crítica cultural cada día más impotente frente a los cambios que se van produciendo. La globalización ¿ha mediocre-tizado la cultura? ¿La crítica cultural se ha rendido a la avalancha globalizadora-post pop? ¿Dónde están las grietas y sus intersticios?

 

MESA 4. Presentación Revista ARCE. Manuel Ortuño.

 

MESA 5. Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón (Moderador: Elena Puértolas)

¿Qué papel desempeña aquella crítica vinculada con unas literaturas que se gestan y componen en lenguas minorizadas? ¿Y qué papel, en verdad, le corresponde? Es más, ¿qué tipo de crítica se puede, o acaso se debe, ejercer, cuando dichas literaturas ocupan el segundo plano en el seno productivo de unas lenguas que, de por sí, están ya en un segundo plano? Y, en todo caso, crítica… ¿para qué destinatarios? Porque –discúlpese la tardía intertextualidad– ¿quién es su público y dónde se encuentra exactamente? ¿Y cuál es el lugar –en más de un sentido– de la crítica literaria, en tesituras tales? ¿Hay objetividad ceñida al texto y sus contextos, voluntarismo militante o quizás ambas cosas en una? ¿Qué se hace en los medios tradicionales? ¿Son alternativa eficaz las profusas vías telemáticas? En esta(s) encrucijada(s), ¿no será la crítica víctima de alguno de aquellos “provincianismos” socioculturales a que tan agudamente se refería, hace ya algunos años, Milan Kundera?

 

Muchos interrogantes, sin duda, que apuntan a un estado de cosas movedizo. O tal vez inmóvil. El caso de la comunidad autónoma de Aragón resulta sumamente ilustrativo, si no paradigmático, de cómo la crítica va, viene, va, siempre en el telar, hecha hilos que apenas llegan a ser urdimbre. La coexistencia en Aragón de una lengua “maior”, el castellano, junto a otras dos, minoritarias y minorizadas, que a su vez presentan un distinto grado de incardinación social y de vitalidad comunitaria, ofrece con todo ello un sugestivo terreno para la reflexión sobre las prácticas del ejercicio crítico.

 

 

PROGRAMA 4 DE MAYO DE 2018

 

MESA 6. "Sobre la verdad y la ficción. Amenazas y oportunidades en el espacio abierto" (Moderador: María Angulo)

 

Vivimos tiempos de ambigüedad, de confusión dirían otros. La virtualidad que ha impuesto la era digital afecta también a la percepción de eso que hemos venido llamando desde siempre “realidad”. El “giro narrativo”, asimilado por las intelligentsia y la academia desde los años noventa del siglo XX, ha llegado a imponerse en el tejido social sin que la mayoría sea consciente. Ya nadie duda de que todo es relato, quizá como corresponde a una de las más inveteradas tendencias de este simio sabio que domina el mundo. Por eso se habla del relato de tal o cual partido, del storytelling subyacente en tal línea de ventas, de las historias y mitos que sustentan disciplinas como la economía… Y en medio de semejante desconcierto posmoderno o transmoderno llegó la postverdad. Quid est veritas? Dicen que dijo Pilatos, pero también esta inquietante pregunta parece un invento literario, vamos una fake new que fabricaron los primeros cronistas cristianos.

 

Todo parece ser consecuencia de una crisis de credibilidad que afecta a todos los órdenes de la actividad humana. A estas bajuras ya nadie confía en nadie. Los cánones dominantes se desmoronan al mismo tiempo que los tradicionales argumentos de autoridad. La cultura ya no tiene norte, solo lotes en venta. En este bazar de Estambul, caótico e imprevisible, en el que se ha convertido el mundo el único canon lo dictan las masas, empoderadas por la tecnología al alcance de todos. Unos lo llaman democratización digital, algunos otros, desde la tribuna horkheimeriana, cultura neopop de estúpidos desinformados o incluso Apocalypse Now. Todo está disponible en el bazar… Porque en medio de este río revuelto el único beneficiario parece ser el mercado, que es un alien polimorfo que se adapta a todas las circunstancias. Quizá por eso el canon es el mercado, quizá por eso los bestsellers contemporáneos los escriben celebrities que salen en la televisión o en un canal de Youtube. En cualquier caso, la verdad hace tiempo que yace asesinada en un callejón de Shangai o Nueva York.

 

 

MESA 7. "Un nuevo espacio para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers" (Moderador: Daniel Montserrat)

Como consecuencia de la democratización que conlleva la llamada “cultura digital participativa” los centros de opinión, hasta ahora canalizados y catalizados por los grandes medios especializados, están siendo sustituidos por otros agentes salidos de la masa democrática. Si antes predominaban como valores la supuesta competencia, conocimiento y excelencia, en principio garantizada por la cabecera de un medio cultural consagrado, ahora se premia la frescura, la capacidad de conectar con el gran público, la ocurrencia, la extravagancia... Es más empoderado aquel comentarista cultural que tiene más likes y más seguidores asomados a sus nuevas cibertribunas. Así pues, las masas congregadas en la aldea global regida por las redes sociales marcan las directrices de lo que es tendencia –esta es la palabra talismánica- entre los productos culturales. Las grandes corporaciones, que siguen influyendo bajo mano con su enorme poder, han tomado nota y cortejan a estos nuevos arúspices de la cultura digitalizada. Estamos en tiempos de cambio y eso ni es bueno ni es malo, simplemente se presenta como desconcertante para los no nativos digitales y como normalizado para los millenials y postmillenials por venir. Por eso es tan pertinente como higiénico oír la voz de los nuevos críticos de la cultura que, sin duda, han ganado en frescura y espontaneidad y traen nuevos vientos. También aportan nuevos canales de comunicación y nuevas perspectivas; muchas corrientes hasta ahora soterradas -ecologistas, feministas, animalistas, esotéricas…- y no pocas de las múltiples tendencias de un mundo tan variado como globalizado, han saltado al primer plano de la palestra.



MESA 8. Humillados y ofendidos (Moderador: Gabriel Sopeña)

Una crítica de la crítica no siempre es asumida por la hegemonía cultural. Esa supuesta contradicción también es característica de la crítica actual. La economía política de la cultura, se refiere a nuevas concentraciones de capitales, esta vez, cultural. Si los medios de comunicación reducen, cada vez más, sus contenidos de crítica cultural, en ese reducido espacio que queda para actuar, en muchas ocasiones se han practicado formas de exclusión, censura y auto-censura, para colocar contenidos que tengan el beneplácito de la industria e hiperindustria cultural. En las últimas décadas, en España, críticos culturales se han sentido “humillados” y “ofendidos” y han alzado su voz sobre esas prácticas de la industria. En otros casos, han intentado mantener esa incómoda posición que implica ejercer la crítica cultural. Sobre esas incómodas actuaciones se reflexionará y discutirá en esta mesa.

 

15/03/2018 14:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA CARTA PARA UN MAESTRO DECISIVO

https://elpais.com/elpais/2018/03/05/eps/1520254675_389612.html

Recuerdos para el porvenir

Una semblanza del curso 1975-1976, en el que el autor intimó con la gran literatura. Su maestro tenía nombre. Y también una mujer bella y enigmática.

QUERIDO XOSÉ Toba Quintáns: eras de Muxía, en plena costa de la Muerte, de la que se contaban historias de romerías y naufragios. Lo dijiste un día como quien no quiere la cosa. Acababas de terminar la carrera de Letras en Santiago de Compostela y tenías ese aire tímido, jerséis ajustados y pantalón acampanado, de quien había trabajado mucho, porque en tu casa no sobraba nada. Gracias a ti, en aquel curso puente de FP-1 a FP-2, aprendimos mucho de literatura. En tus clases, con la fuerza del torrente, aparecían Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, y más tarde los grandes poetas del 27: Jorge Guillén, que parecía ser tu favorito, en concreto el poema ‘Sol en la boda’, que nos leíste y nos hiciste leer a ver cuánto entendíamos; García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y dos malabaristas del verso, Gerardo Diego y Rafael Alberti.

Ir a tus clases era algo especial. Ofrecías gestos de complicidad y eras uno de los nuestros: te gustaba el fútbol, jugabas de interior, te definiste como pundonoroso más que estilista. Entendías con una sonrisa condescendiente y pícara nuestros desafueros y parecías sentir una indefinible afinidad con los que éramos chicos de aldea como tú. De vez en cuando se te escapaban algunas palabras en gallego y parecías disfrutar cuando recitábamos alineaciones de fútbol o contábamos algún combate de boxeo. Un compañero (creo que era Cazus) escribió un cuento ingenioso donde unía un accidente de coche y la derrota del púgil Perico Fernández por “la puta calor”. Los cuentos nos llevaron a Julio Cortázar y nos enseñaste a leer su relato ‘Todos los fuegos el fuego’, cuyo tema central, dijiste, era la pasión amorosa y el deseo sexual en los tiempos de Roma y en el moderno París.

Y de repente, inolvidable Xosé Toba Quintáns, que solías recordar que la novela La hija del mar, de Rosalía de Castro, sucedía en tu pueblo, nos hablaste del boom latinoamericano: de Borges, Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Fue como si alguien nos arrojase en el territorio de las maravillas y los prodigios. Un día me invitaste a tu casa en la calle de San Andrés, me mostraste los apuntes de la carrera, los mismos que usabas para impartir las clases, y tu biblioteca. Tu pasión parecía ser Ernesto Sabato, en particular Sobre héroes y tumbas, aunque también tenías El túnel y Abaddón el exterminador. Creo que estaban encima del armario de tu dormitorio. La casa estaba llena de libros.

En un instante, apareció tu mujer: bella, enigmática, joven, con el pelo oscuro muy largo y no sé si tímida o más bien indiferente. Cuando salí a la calle con una edición de Cien años de soledad, tuve la sensación de que aún te admiraba mucho más. Miro hacia atrás, hacia aquel curso 1975-1976, en la Universidad Laboral Crucero Baleares de A Coruña, y me doy cuenta de que fuiste determinante, auroral: el primer gran maestro para la vida que me esperaba. 

 

 

*Antón Castro es escritor, periodista y dramaturgo. Dirigió los encuentros literarios de Albarracín durante siete años. Ahora coordina el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo. Uno de sus últimos libros es Golpes de mar (Ediciones del Viento).

 

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

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ENTREVISTA CON JOSÉ OVEJERO

 

“La realidad es el apuntador que me sopla

algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”

 

José Ovejero regresa al cuento con ‘Mundo extraño’ en Páginas de Espuma

 

 

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor de todos los géneros y en los últimos años, con su compañera Edurne Portela, también ha sentido la atracción del cine documental. Publica el libro de relatos ‘Mundo extraño’ (Páginas de Espuma, 2018) y va de aquí para allá para presentarlo. “¿Qué cómo se escriben los cuentos? Yo no escribo cuentos, salvo alguno que me piden, sino libros de cuentos. Proyectos unitarios que tienen una atmósfera, un tono, estados de ánimo. Y cada uno de los textos del libro, claro, exige su propia atención o concentración”.

Dice que también ha cambiado su concepción del cuento: no le importa que haya muchos personajes, muchas acciones. “‘Mundo extraño’ nace de la confusión, de la desorientación existencial, del dolor. Uno a veces no sabe cómo relacionarse con el mundo ni con los demás, y eso les ocurre a mis personajes. Uno, en el fondo, siempre es un perfecto extranjero en el mundo. Estamos como detrás una máscara, todos somos personajes, seres que creamos como un ‘avatar’”.

En los cuentos de este libro, los personajes se descubren a sí mismos, acceden a lugares recónditos de los que sabían poco. Revelan su envés, en materia de afectos, de sexo o de inesperadas metamorfosis. Se confiesan abruptamente. A José Ovejero no le preocupa que sus criaturas tengan o no empatía con el lector. “A veces se dan cosas curiosas: alguien te revela un secreto personal que habrías preferido no saber. También sucede, claro, en ‘Mundo extraño’”. Agrega que le interesan cada vez más esos cuentos, poco ortodoxos, que ofrecen extravíos, que se dilatan en historias pequeñas, como sucede con el cuento ‘Bienvenido Bob’ de Juan Carlos Onetti. “Ese cuento es uno de mis favoritos. Y Onetti, el de la novela corta ‘El astillero’ o ese cuento tan perturbador que es ‘El inferno tan temido’, el relato donde le envían a un marido las fotos de la relación de su mujer con otros, me gusta mucho. A mí me interesa el universo onettiano por dos razones: por su ámbito desesperanzado, por decirlo así, y su sentido del juego con la estructura y el lenguaje, algo que es muy estimulante en la literatura”. José Ovejero también juega y usa el microrrelato o el cuento de cuentos a la manera del ‘Decamerón’ como sucede en la última pieza ‘Todo da vueltas’.

“Necesitaba sentirme más libre. Hay dos líneas muy claras del cuento contemporáneo: el de Carver, cotidiano e impregnado de realismo sucio, y el cuento latinoamericano, en la línea de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y algunos otros. Ahora prefiero buscar mi propia estética, me doy una libertad que antes no tenía”. Quizá por ello, cada vez le interesan más los autores jóvenes. “Sin duda. Ya se están haciendo cuentos más libres, menos ortodoxos con ciertas exigencias del cuento clásico. Pienso en autores como Liliana Colanzi o Antonio Ortuño. A medida que me hago mayor me interesan más los jóvenes y menos los clásicos. Quiero leer cosas que me ayuden a mejorar, a arriesgarme, que me alejen de la zona de confort de la relectura de los grandes maestros. Aprendo mucho de los jóvenes porque son audaces y buscan nuevas voces, otros lenguajes y puntos de vista”, señala.

José Ovejero se siente un escritor de su tiempo, comprometido con lo que sucede, atento a las paradojas de la historia y de la vida. “Mi literatura no nace de los sueños, sino de la realidad en un sentido amplio. La realidad es el apuntador que me sopla algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”. Esa es, cuando menos, una de las tareas del auténtico escritor. Imaginar. Y José Ovejero, premio Primavera de novela con ‘Las vidas ajenas’ y Premio Alfaguara con ‘La invención del amor’, lo hace como pocos.

 

*La foto es de Heraldo.es

 

05/03/2018 17:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/01/mario-los-santos-pasado-poco-como-mafia-acaba-siendo-carcelero-vida-1227708-1361024.html

[Aquí puede verse un pequeño vídeo donde Mario de los Santos revela más claves de su novela, entre ellas la pasión por Alejandra Pizarnik.]

 

Hace unos días, en el IAACC Pablo Serrano, Mario de los Santos (Zaragoza, 1977), exeditor de Tropo y novelista, presentaba su nueva novela: 'Noche que te vas, dame la mano' (Candaya), donde cuenta cuatro historias turbadoras con un foto de religión, culpa y sexo.

 

¿Qué es ‘Noche que te vas, dame la mano'?

Como todo lo que escribo, un intento de entenderme en el mundo. A veces, estos escritos toman forma de novela y pueden ser disfrutables por más gente.

 

-¿Has querido hacer una novela experimental, una novela juego con un fondo duro?

De alguna manera, tal vez por venir académicamente del mundo de la ciencia, siempre me he sentido un intruso en la escritura. Cuando publiqué mi primera novela en 2004, me propuse darme unos diez años para aprender, hacer lo que denominé la “primaria” en escritura, y me compré libros de escritura, descubrí autores, probé a copiar en ejercicios de estilo, y este libro representa de alguna manera el proyecto de fin de primaria, lo aprendido estos años, de ahí la forma coral, donde cada parte tiene sus propios retos técnicos. Ahora queda la secundaria y la universidad. Para los setenta, si sigo vivo, espero escribir algo que pueda llamarse literatura.

 

-Me llama la atención la atmósfera; sexual, turbadora, de acosos. ¿Ha sido eso muy importante para ti?

Son facetas y vivencias que me han impresionado, efectivamente. Comencé a escribir el libro en el 2008, el tiempo parece demostrar que no soy el único. El sexo, nuestra relación con él, y cómo lo traspasamos con nuestros equilibrios de poder, están detrás de muchos de los temas de debate más actuales.

 

Podemos huir del pasado?

-¿El pasado es un poco como la mafia. Si le debes algo, te encontrará, y si no deseas que te lo cobre, tendrás que vivir como Roberto Saviano, oculto de ti mismo, protegido por muchos guardias y, al final, ese pasado será el carcelero de tu vida. Huir, no sé. Tal vez, enterrarlo, esconderlo, aceptarlo…

 

¿Qué te ha llevado a escribirla, qué débito tiene con algunos hechos reales?

 Todos los personajes tienen un reflejo en la realidad. Noticias, conocidos... Algunos se han llevado al extremo buscando la intensidad, otros, por el contrario, se han tenido que rebajar. Desde esa perspectiva, existe una gran dosis de realidad camuflada entre la ficción.

 

¿Quiénes son los protagonistas, cómo has urdido esa especie de dobles pareja?

Los protagonistas son cuatro personas que ya no se sirven a sí mismos. Han agotado sus estrategias vitales de supervivencia y deben plantearse otras. En ese desbrozar, se encuentran unas con otras, aunque a veces no lleguen a conocerse.

 

-Explícanos un poco más… Cómo son, qué anhelan, hay relaciones viciadas, extremas…

Los personajes sufren asimetrías emocionales en sus relaciones que no saben equilibrar. Todos tienen la sensación de haber dado más que la otra parte, comienzan colocados en un posición victimista que observo demasiado frecuente en el momento actual. Bien hablemos de política, de relaciones personas, en las redes sociales, pareciera que nos encante ser víctimas de algo. La historia de los cuatro personajes, en el fondo, es el camino para escapar de ese victimismo.

 

Donde sucede, cómo has elegido los escenarios…

En realidad, no existe un escenario físico concreto. Podría ser Zaragoza, pero no me apetecía circunscribirme a una geografía conocida. Es, digamos, una Zaragoza que triangula entre el mapa, las necesidades de la acción y mi comodidad de no salir a la calle.

 

Es una novela que mezcla muchas cosas: la novela negra, la novela psicológica, la intriga... la novela de atmósferas desapacibles.

Son cuatro historias, cinco en realidad, y quería distinguirlas. En cada una, la psicología del personaje marca hacia dónde se inclina. En todo caso, como elemento de continuidad, quería que todos los personajes avanzaran en un mundo donde donde ellos mismos no son capaces de darse las gracias, o pedirse las cosas por favor, un mundo en el que falta la educación y el cariño para con uno mismo.

 

Recuérdanos la época histórica y también la época social, que es tan importante...

De nuevo, podría situarse en la Zaragoza anterior a la Expo, pero esta exposición es universal. El lienzo social se toma del momento actual, o del que vivimos en la última década y media. La escasa separación entre instituciones y empresas ha generado un fango de corruptelas que nos tienen permanentemente enfadados, tanto con los hechos, como, tal vez, y eso me interesaba en los personajes, con nosotros mismos por haberlo permitido.

 

-¿Cómo has integrado la cultura, tantas referencias y ecos?

Cuando definí los personajes, sus centros obsesivos, me apetecía que uno de ellos tuviera una relación muy íntima con la lectura. No quería caer en el tópico de la lectura como “salvación”, pero sí como espacio de refugio y de relación con los demás. También, me apetecía que tuviese cercanía con autores y autoras actuales a los que tengo cariño, o me encantan, y de este modo rendirles un pequeño homenaje.

 

-¿Por qué Los Suaves?

Por magia. Haberla, hayla. Estaba pensando escenas para los personajes y del ordenador salió la canción “Si yo fuera Dios” de los Suaves. La letra, de repente, entró en la historia, en el imaginario emocional, oscuro, terminal, que estaba preparando para la novela, y encajó como una llave en una cerradura. Ese día me puse la canción en bucle, con cascos, unas seis o siete horas, mientras trabajaba en la novela. Casi puede decirse que la canción me regaló los paisajes interiores desesperados en los que se mueven los personajes, por lo que decidí homenajear a la canción y, por supuesto, a Los Suaves, introduciéndolos en la novela como una correa de transmisión de la historia.

 

-¿Hay ahí, en sus letras, un guiño sentimental, casi una broma?

Creo que hay una deuda inconsciente. Los Suaves conforman gran parte de la banda sonora de mi adolescencia. Algunas canciones se quedaron allí y otras han permanecido en mis listas de reproducción y representan el mejor ejemplo de cómo la música puede moldear a una persona golpeando en caliente, durante esas épocas en las que te construyes como persona, como personaje y como historia. Las letras de los Suaves poseían todo lo que mi yo adolescente quería escuchar: dolor, incomprensión, rocanrol, mujeres malas pero tiernas y derrota.

 

-Es esta tu novela más compleja y ambiciosasqué hay en ella del ex editor Mario de los Santos?

Dentro de ese proceso de aprendizaje, la edición me enseñó muchísimo. Los malos ejemplos, los buenos, qué busca un editor en un libro, cómo les gusta que nos acerquemos los autores… Por ejemplo, yo dejé de acudir a presentaciones en Madrid porque la celebración posterior se convertía en un pasamanos de gente ofreciéndote una obra.

Cada vez que editábamos un libro, cuando hablabas con la gente en las ferias, con los distribuidores, con los libreros, siempre había detalles, estilo, trucos, que guardabas para tu faceta de escritor. De hecho, Paco, de Candaya, en la última presentación, contó cómo esa experiencia de editor ayudó a que leyeran el manuscrito anónimo que les envié. Lo acompañaba una carta breve, mostrando respeto, conocimiento del catálogo, humildad. Vamos, lo que esperábamos recibir en Tropo cuando abríamos los sobres de los manuscritos.

 

-¿Has tenido otras novelas en la cabeza, escritores?

He tenido intenciones estilísticas, argumentales y estructurales que provienen de muchas lecturas, pero no puedo tener un autor o una obra concreta en la cabeza mientras escribo, o diseño mis obras, porque tiendo a imitarla. En una novela, un trabajo que se arrastra durante al menos uno o dos años, no puedes depender de tu estado de ánimo o de tus lecturas. Prefiero tener épocas de muchas lecturas, disfrutarlas, analizarlas, digerirlas y reposarlas, para después volcar esa mezcla en mis trabajos.

 

¿Qué buscas con la escritura?

Cantaba Aute que vivir es más que un derecho, es el mandato de reflexionar. Ahora parece que sea el mandato de opinar. En realidad, creo buscar lo mismo que el ser humano buscó al inventar la primera historia: entender. A él mismo y al mundo que le rodea. Crear ayuda a reflexionar, abre nuevos caminos, plantea las cosas de otro modo, nuevas soluciones, otros modelos. Desde esa perspectiva, la escritura, la química, las ciencias, la filosofía me resultan herramientas de entendimiento similares. Parte de ese proceso se plasma en una historia y ahí está la conexión con la literatura.

 

04/03/2018 10:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: UN DIÁLOGO CON NAPOLEÓN DE FONDO

“‘Napoleón. El emperador que adoraba a España pero no a los españoles’ empecé a escribirla en 2007, pensando en el bicentenario de Los Sitios de Zaragoza, pero me resultaba muy dificultoso, de modo que abandoné la novela cuando llevaba 18 páginas y me dediqué a otros proyectos. Diez años más tarde, me sentí capaz de retomar y acabar esta narración. El libro cuenta cómo Napoleón se adueñó de España, las circunstancias de la Familia Real, los intrigantes palaciegos que sustentaron los hechos, y los movimientos populares y de defensa en distintos lugares de España que finalmente desembocaron en el 2 de Mayo de Madrid y en los dos Sitios de Zaragoza”, dice el editor y narrador Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952), que lleva más de treinta años afincado en Zaragoza, al frente de sellos como Zócalo y ahora Onagro, que dirige con su mujer Victoria Picó.

¿Diría que es una novela coral o con protagonista específico?

Es una novela coral, donde van apareciendo y actuando muchos personajes ya conocidos de la historia, y algunos menos conocidos, con el telón de fondo del pueblo.

¿Qué ha descubierto? ¿Qué equívocos se mantienen sobre el período?

Ya se sabe que algunos historiadores apodaron a Fernando VII ‘el rey felón’, pero yo no sabía que lo era hasta el punto de intentar envenenar a sus padres para arrebatarles el trono. También su relación epistolar con Napoleón revela lo repugnantemente rastrero que fue, y lo que resultó para la Historia de España.

Díganos en qué casos concretos.

Entre otros equívocos he descubierto que la mentira y los bulos, como arma de propaganda, ya funcionaban estupendamente. Por ejemplo, José Bonaparte, a quien el pueblo llamaba Pepe Botella era abstemio. Se decía que los franceses traían la barbarie y el ateísmo, cuando en realidad hubieran aportado el espíritu de la revolución francesa, y de hecho lo primero que hicieron fue abolir la Inquisición; se entiende que hubiera “afrancesados” que defendían este espíritu de cierta apertura.

¿Redime entonces usted a Napoleón?

No. Desde luego que Napoleón era un dictador que ocupó el país valiéndose de engaños, y visto desde nuestro lado, efectuó una ocupación extranjera que fue rechazada por el pueblo, instigado y azuzado por la aristocracia y el clero, que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

¿Cómo fue la Guerra de la Independencia en Madrid, qué le debe su visión a Goya?

Aunque Francisco de Goya no aparece como personaje, sí le puedo decir que Madrid se alzó contra Murat, el general francés de la zona, y al principio el ejército español era reticente al alzamiento. Fueron los madrileños, no se sabe bien por quiénes estaban azuzados, los que se enfrentaron con lo que tenían a mano para usarlo como armas contra las tropas francesas. Si bien Daoiz y Velarde, los dos capitanes que murieron en los primeros combates, pasaron a la Historia como héroes, no fueron los primeros en luchar, sino que se unieron al alzamiento empujados por la masacre que vieron desarrollarse en las calles. Los libros de historiadores de la época, escritos entre 1830-1860, que toman sus fuentes de supervivientes y recortes yu notas de las batallas escritos por los participantes, así lo cuentan. Por tanto, y creo que esto responde a su pregunta, los famosos cuadros y grabados de Goya pueden considerarse reflejo fiel de lo que, efectivamente, son ‘Los desastres de la guerra’.

¿Qué le llamó la atención de la Guerra de los Sitios, en Zaragoza?

Hay mucho ya sabido por los que vivimos en esta ciudad, y más después de la conmemoración del Bicentenario en el año 2008. Sin embargo, a mí me gustaría resaltar la participación de las mujeres en los dos Sitios. Mucho se sabe de Agustina de Aragón, claro, pero a mí me ha impresionado la actuación de la labradora Casta Álvarez, en su actitud de verdadera guerrera, que con su pica (una bayoneta unida a un palo de escoba) se enfrentaba en combate cuerpo a cuerpo contra el enemigo. También es conmovedora la historia de María Agustín, que se quedó inválida del brazo izquierdo a consecuencia de un balazo luchando en Puerta del Carmen (una de las ocho puertas de entrada a Zaragoza).

O sea que la defensa de Zaragoza fue descarnada y cuerpo a cuerpo...

Mucho se ha escrito de la defensa de Zaragoza en la ‘superficie’ de la ciudad, defendiendo casa a casa y habitación por habitación, pero también había una guerra subterránea. En el subsuelo de la ciudad, tanto franceses como españoles, dirigidos por los ‘ingenieros’ de la época, desarrollaron una labor de zapa, es decir, abrían minas y túneles para llevar explosivos con que reventar las zonas ocupadas por el contrario. A veces, ambas fuerzas llegaron a encontrarse en los subterráneos que iban picando y se enfrentaban cuerpo a cuerpo bajo tierra.



Impresiona cómo cuenta la destrucción del Monasterio de Santa Engracia.

Parte de la gran destrucción de la ciudad, por ejemplo el convento de San Francisco cuyo espacio ocupa ahora la Diputación de Zaragoza en la Plaza de España, se debió a estos ‘reventones’. Junto con la destrucción del Monasterio de Santa Engracia (del que se perdió todo el monasterio y claustro gótico-plateresco quedando solo la fachada de la iglesia), así como otros muchos edificios, supusieron la pérdida de un patrimonio artístico irrepetible, pues no en vano a Zaragoza algunos textos de la época la consideraban como la ‘Florencia de España’.

¿Quiénes serían los grandes personajes de Aragón para usted?

Sobre los grandes personajes, está claro que Palafox, como capitán general, y Boggiero como su mentor, fueron las cabezas visibles. Todos sabemos que el Tío Jorge, con sus trescientos escopeteros, tuvo un papel importantísimo en la defensa, pero hay un personaje, Mariano Renovales, que para mí merece que se escriba un libro dedicado a su vida y sus aventuras (ya fuera de la guerra de Independencia). Para mí, un hombre de acción digno de figurar como protagonista de alguna novela de Pio Baroja.

¿Cómo se explica el título, qué no le gustaba a Napoleón de los españoles?

No le gustaba la ‘clericalla’ y el poder que tenía sobre la gente, sobre sus vidas, sus conciencias y sus bienes. No le gustaba nuestra forma de ser, especialmente la indisciplina, y particularmente, nos consideraba serviles y embusteros, en franca contradicción con nuestro fanatismo en la defensa de ideas que él consideraba equivocadas. Le fascinaba el país, su naturaleza y su paisaje, pero no su paisanaje.

¿Pensaba que España era una pura contradicción?

Sí. En cambio, a sus generales les sorprendió y admiraron la entrega, el valor y el coraje de los españoles, hasta el punto de que el general Lefevre dijo: “¡Qué lástima que tenga que morir tanto valiente!”. Desde luego, no se imaginaban ni esperaban la resistencia y las dificultades que encontraron.

¿Les gustaba a los españoles algo de él?

Sólo a los afrancesados. A los ilustrados de la época les gustaba el ideario de “libertad, igualdad y fraternidad”. Y la Constitución de 1812 reflejó este espíritu. Pero para el pueblo, como ya he dicho, Napoleón era un invasor que venía a echar a los reyes españoles para quedarse él mismo y su familia con todo “lo nuestro”, convirtiéndonos en provincia francesa, como en los tiempos del Imperio Romano.

¿Hubiera salido ganando España?

En realidad, lo que propugnaban Napoleón y los suyos era el despotismo ilustrado, pero claro que con un avance en la libertad de ideas respecto al absolutismo reinante en España. Yo me pregunto si quizá no nos habría ido mejor, como país, al convertirnos en “provincia” de su imperio…

¿Se lo pregunta? ¿Qué se responde?

No lo sé.

 

 

 

28/02/2018 13:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

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[Un fragmento del libro, 'Un final para Benjamin Walter' de Alex Chico, que se presenta esta tarde en Antígona. David Mayor hablará del libro y conversará con el lector, poeta, narrador y crítico literario.]

 

Subir hacia la colina, pasear por las aduanas y observar el paisaje se convirtió, pasados los días, en una especie de rutina, un camino que repetí varias veces mientras estaba en Portbou. En ocasiones, me quedaba un buen rato mirando el pueblo desde arriba. Las vistas son espléndidas. Aunque la temperatura descendiera a medida que avanzaba la tarde y tuviera que abrigarme por culpa de los golpes de viento, podía pasarme unas cuantas horas allí, observando la quietud tan apacible de la zona, sobre todo cuando anochecía. Otras veces miraba hacia el otro lado, hacia Cerbère. El Hotel Belvédère du Rayon Vert aparecía a lo lejos, como una presencia enigmática que me acechaba en la distancia. En medio quedaba una tierra de nadie, un lugar de paso en el que pocas veces me crucé con ninguna persona.

Un poco más arriba, siguiendo un camino que se desviaba de la carretera, había unos cuantos paneles con imágenes. Eran fotografías de refugiados españoles, republicanos, perseguidos y proscritos que continuaban la larga marcha del exilio. En realidad, aquellas imágenes no eran muy distintas a otras instantáneas que podemos ver hoy en día. Tanto da que huyan de un país llamado España que de otro país con un nombre distinto. De Siria, por citar un solo ejemplo. Es el mismo trayecto, el mismo recorrido. Todos mantienen una cadencia parecida, un ritmo silencioso y cansino, el que les lleva a dar un paso, luego otro, y después les sobreviene el mismo agotamiento y más tarde se hacen fuertes, porque han visto a lo lejos algo similar a una salida, y detrás de ella otra distinta y más lejana. Me recuerda a uno de los poemas de Elegía en Portbou, de Antonio Crespo Massieu, unos versos escritos entre paréntesis, como si fueran pronunciados a media voz: «(allá siempre hay una línea inasible / que es surco, pospuesto horizonte, promesa, / una inabarcable singladura)». 

19/02/2018 12:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁLEX CHICO EN ZARAGOZA, EL LUNES

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El lunes, 19, a las 20.00, en la librería Antígona (Pedro Cerbuna, 25) el poeta y profesor David Mayor presenta el nuevo libro de Álex Chico: ’Un final para Benjamin Walter’, que publica el sello Candaya.

 

Durante los últimos días de septiembre de 1940, un grupo de emigrados abandona Francia por un paso clandestino de los Pirineos. Se proponen atravesar España y seguir su ruta hacia América, huyendo de la terrible amenaza que se cernía sobre Europa. Su primera parada es un pequeño pueblo fronterizo, Portbou, una bahía perdida entre collados y senderos y un lugar clave en la larga marcha del exilio. Sin embargo, no todos consiguen continuar su camino. Uno de ellos, un apátrida sin nacionalidad al que las autoridades españolas rebautizan como Benjamin Walter, aparece muerto unas horas más tarde. Setenta y cuatro años después, el narrador de esta historia decide viajar a Portbou con el propósito de averiguar qué pasó durante las últimas horas de Walter Benjamin. No obstante, su investigación inicial se va ramificando y comienza a abarcar otros espacios. El propósito de esclarecer una muerte deja paso a nuevas cuestiones que afectan a ese ensimismado pueblo fronterizo y a los sucesos que han ocurrido allí desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.  

   

A medio camino entre el ensayo, la novela o la crónica de viajes, Un final para Benjamin Walter propone una lectura en dos direcciones, de Portbou a Walter Benjamin y viceversa, como si ambos, escritor y territorio, se hubieran construido para explicarse mutuamente.

Álex Chico (Plasencia, 1980) es licenciado en Filología Hispánica y DEA en Literatura Española. Ha publicado el cuaderno de notas Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016), la novela de ensayo ficción Un hombre espera (Libros en su tinta, 2015) y los libros de poemas Habitación en W (La Isla de Siltolá, 2014), Un lugar para nadie(De la luna libros, 2013), Dimensión de la frontera (La Isla de Siltolá, 2011) y La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, 2008), además de las plaquettes EscrituraNuevo alzado de la ruina y Las esquinas del mar. En 2016, la editorial chilena Andesgraund publicó Espacio en blanco, una antología que reúne parte de su obra poética desde 2008 hasta 2014.

 

Sus poemas han aparecido en varias publicaciones (TuriaEspiral, Cuaderno ático, Suroeste, Litoral, Estación Poesía, Librújula Paralelo Sur, entre otras), y en diferentes antologías (Punto de partida. Jóvenes poetas en España, UNAM; Matriz desposeída. Últimas voces de la poesía extremeña, El Brocense; Todo es Poesía en Granada, ed. Esdrújula; Antología de poesía joven: Doce nuevos poetas, revista AlgaPiedra de toque, Editora Regional de Extremadura). Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios, como ÍnsulaCuadernos HispanoamericanosNayaguaEl Cuaderno, Excodra, Revista de Letras, Clarín o Ex Libris. Fue cofundador de la revista de humanidades Kafka. En la actualidad forma parte del consejo de redacción de Quimera. Revista de Literatura.  

   

De la literatura de Álex Chico la crítica ha dicho: 

 

   

Se sitúa dentro de lo que Bachelard llamaba la tradición del «realismo expandido», un realismo abierto no sólo a la memoria y a la experiencia de lo cotidiano, sino también a los impulsos del subconsciente”, Luis García JambrinaABC Cultural 

 

“Chico nunca renuncia al juego con la tradición literaria, a la referencialidad continua, a tender puentes y túneles con otras obras en juego casi interminable”, Martín López-VegaEl Cultural de El Mundo.

 "La literatura de Álex Chico es tan inclasificable como las novelas nebulosas de Vila-Matas” Luis Bagué QuílezArte y Letras diario Información.  

“La voz de Alex Chico nos resulta tan atrayente porque ofrece una mirada distinta sobre las cosas y una forma prosódica capaz de emocionarnos”, Carlos AlcortaLiteratura y arte 

17/02/2018 22:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VARGAS LLOSA POR PESTANA

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Una foto del gallego Baldomero Pestana, cuya obra se expone en el Instituto Cervantes.Una de sus fotos más sugerentes. La del joven Mario Vargas Llosa. Nació en 1917 y murió en 2015.

17/02/2018 01:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALOMA RODRÍGUEZ: DE RITA LEVI-MONTALCINI

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Nuevo artículo de Aloma Rodríguez en 'Letras Libres'

http://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/la-imperfeccion-en-la-vida-y-en-el-trabajo

 

La imperfección en la vida y en el trabajo

Rita Levi-Montalcini, que ganó el Premio Nobel de Medicina en 1986, publicó en 1987 unas memorias donde compagina el relato de la vida y el del trabajo con emoción y rigor.
15 febrero 2018

Un moño inolvidable. Una de las cosas por las que casi todo el mundo recuerda a Rita Levi-Montalcini es por esa imagen de sus últimos años: un moño de pelo blanco y ondulado, un poco ladeado, los ojos verde-gris y un cuerpo pequeñísimo. Había nacido en Turín en 1909 y murió en 2012. Vivió 103 años, y cuando llegó a los 100 ya dijo que no había ningún mérito en eso de hacerse centenaria. Era verdad. En su caso, sus méritos residían en otro sitio: en 1986 obtuvo el Premio Nobel de Medicina, junto a Stanley Cohen, por el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso. Sus investigaciones habían empezado en la década de los treinta, en Turín. Desde entonces, la acompañaron en Bélgica, San Luis o Río de Janeiro.

Las pioneras. Hace poco se celebró el día de la mujer en la ciencia y Levi-Montalcini fue una de las protagonistas, uno de los nombres de referencia cuando se piensa en mujeres en la ciencia. También se habló de Ada Lovelace: hija de Lord Byron, se la reconoce como la primera programadora de la historia. Era matemática y escritora y trabajó en la máquina analítica, la primera calculadora mecánica de uso general diseñada por Charles Babbage, en las notas a la máquina de Babbage escribió el primer algoritmo para ser interpretado por una máquina. De Hedy Lamarr se decía que era la mujer más bella del mundo. Judía, como Levi, austriaca de nacimiento y nacionalizada estadounidense, llegó a Estados Unidos huyendo del nazismo y de su matrimonio con un magnate que comerciaba con los nazis y la tenía encerrada en casa y pasando por París y Londres. Fue una estrella del Hollywood dorado. Decía que para tener glamur lo único que había que hacer era “quedarte quieta y poner cara de tonta”. En su casa tenía una habitación para sus inventos, entre los que destaca la teoría del salto de frecuencia, precursora del sistema de comunicación inalámbrica de los teléfonos móviles, el GPS o el WiFi. Su descubrimiento es de 1942, pero no se usó hasta 1957. Hedy Lamarr y Ada Lovelace son solo algunas de las pioneras, con vidas extraordinarias y novelescas, también.

El cerebro del Homo sapiens. En 1987 Rita Levi-Montalcini publicó un extraordinario libro de memorias, Elogio de la imperfección (publicado en español por Tusquets en 2011). Es un libro breve y emocionante. El título está inspirado por un poema de Yeats: “El intelecto del hombre ha de escoger / entre la perfección de la vida y la del trabajo”. Así, Levi-Montalcini explica en el prólogo: “Sin seguir un plan preestablecido, pero guiada en cada caso por mis inclinaciones y por el azar, en mi vida he procurado […] conciliar dos aspiraciones inconciliables […] Es decir, que he realizado lo que podríamos llamar la “imperfection of the life and of the work”. Levi-Montalcini explica que parte de la gracia del cerebro humano es que es imperfecto: “el cerebro del primer vertebrado aparecido en nuestro planeta, hace entre trescientos y cuatrocientos millones de años, se vio sometido a la presión selectiva de la evolución, y dio origen a tantas variaciones (mutaciones) como cerebros vertebrados hubo y hay. El más reciente es el maravilloso pero imperfecto cerebro del Homo sapiens.

Una infancia italiana. El libro está dividido en partes y capítulos que separan de manera didáctica las etapas de su vida: la infancia y primera juventud, la guerra, el exilio, los avances de sus experimentos o el regreso a Italia. Lo que me gusta de este libro es la humildad con que está escrito. En parte, toda memoria tiene algo de examen de conciencia. En este caso está muy claro qué se reprocha Levi-Montalcini: no haberle dado más besos a su padre cuando este se los pedía. El primer capítulo, “Herencia y ambiente”, habla sobre todo de su familia. El libro está dedicado a su hermana gemela Paola, “en recuerdo de nuestro padre, a quien ella adoró en vida y yo he amado y venerado después de muerto”. El padre de Levi-Montalcini murió cuando ella tenía 23 años, poco después de que ella hubiese comenzado los estudios de Medicina. Paola Levi-Montalcini fue una importante pintora italiana. Hay mucho de homenaje y agradecimiento en sus memorias: las lecturas compartidas con la hermana mayor, Anna, la guía y sostén de su hermano Gino, la compañía cómplice de Paola, las diferencias con el padre y cómo la madre reconoce en ella a su madre, muerta demasiado pronto. Habla de los casi novios y de los amigos de la facultad. Luego llegan los años difíciles, Mussolini, el edicto contra los judíos y las peripecias: montar el laboratorio en su habitación, “a lo Robinson Crusoe”, la vida clandestina, la guerra y, después, la nueva vida al otro lado del Atlántico. La sombra de Ramón y Cajal planea por todo el libro. Elogio de la imperfección compagina el relato de la vida y el del trabajo, como en el poema de Yeats, con emoción y rigor. El resultado es impecable, pero no perfecto, como le habría gustado a Levi-Montalcini.

El mundo es pequeño y bonito. Puede que este libro me guste tanto porque me parece que dialoga con uno de los libros de una de mis escritoras favoritas: Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. El padre de la escritora, Giuseppe Levi, era el profesor de Rita Levi-Montalcini, quien la inició en el camino de la investigación y a quien recuerda con cariño, ternura y agradecimiento en sus memorias. Las relaciones con los padres siempre son complicadas, y siempre queda la duda o el remordimiento de no haber demostrado el afecto hacia los padres. (El último disco de Christina RosenvingeUn hombre rubio, es espectacular y surge en parte de esa idea. También Ordesa, de Manuel Vilas, y Entre ellos, de Richard Ford, hablan de la imposibilidad de saber quiénes fueron nuestros padres.) Me gusta pensar que la premio Nobel quizá estuvo más cerca de tener la relación que habría querido con su padre con el de Natalia Ginzburg. Las imagino en una especie de hermandad basada en el afecto hacia el profesor y en el que a mí me despiertan.

Elogio de la imperfección

Rita Levi-Montalcini.

Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona.

Barcelona, Tusquets, 2011, 296 pp.

16/02/2018 14:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAUME VALLCORBA: LECCIONES DE EDITOR

[Ayer por la mañana conversé un rato con Sandra Ollo, directora de Acantilado y compañera y esposa durante algunos años de Jaume Vallcorba, a quien invitamos a las Jornadas de Literatura de Albarracín. Se trata de una apasionada de su oficio, alguien que ha venido para quedarse, que ama la belleza del libro, el contenido, su poder para intervenir y cambiar el mundo. hoy, hace un instante mismo, me reencuentro con este reportaje que se publicó 'El confidencial'.]
https://www.elconfidencial.com/cultura/2014-07-16/las-lecciones-de-amor-de-jaume-vallcorba-a-un-joven-editor_162582/
EL LEGADO DEL CREADOR DE LA EDITORIAL ACANTILADO

Las lecciones de amor de Jaume Vallcorba a un joven editor

Jaume Vallcorba, el editor más elegante de este país, fundador de Acantilado, escribió una conferencia a los editores del futuro, donde detalla lo que es su legado


El editor Jaume Vallcorba en la exposición que conmemoró en 2010 30 años de Quaderns Crema. (EFE)
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TIEMPO DE LECTURA6 min
16.07.2014 – 05:00 H.

El último informe de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) no habla del amor. Ni de cómo mantener incorrupta la pasión por los libros, a pesar de la debacle, de las ventas en picado, de la falta de solución para remontar el batacazo, de la facturación dramática en un país empobrecido, ni del libro convertido en un objeto de lujo. El amor en tiempos del cólera lo pone el profesor Jaume Vallcorba, el editor más elegante de este país, desde que en 1999 fundara la editorial Acantilado.

Hace unos días hizo llegar una conferencia a los editores del futuro, que se forman en el Instituto de Educación Contínua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en el marco de clausura del Máster de Edición, que dirige Javier Aparicio Maydeu, donde el maestro esboza su legado en forma de código de buenas prácticas del editor sin fisuras. El texto al que este periódico ha tenido acceso contiene las claves de la supervivencia de un oficio, en las que no oculta los peligros a los que el propio sector ha arrastrado a su amada tarea.

UNO: EDITAR ES AMAR

La última palabra de Jaume Vallcorba escrita en su conferencia es la mayor lección de todas: “amor”. El amor es irrenunciable para el editor. No hay nada que se le interponga, que le distraiga de sus tareas, que le haga perder su tesón y su voluntad, al menos en aquellos editores cuya voluntad es la de crear libros que acompañen toda una vida, no unas paradas de metro. El amor por sus autores está por encima de todo, para conseguir de ellos “el máximo de sus posibilidades”. “Ayudarle a mejorar, créanme, no significa adaptar el texto a los gustos imperantes, en aras de una mayor popularidad o una mayor venta, sino ayudar a limar las asperezas que lo afean o lo desfiguran”. Con ellos en los aciertos y en los éxitos, en los errores y los fallos. El amor no se agota nunca. Ni siquiera treinta años después.

DOS: UN EDITOR TIENE RESPONSABILIDADES

Y no sólo con su empresa. Sobre todo, con la sociedad en la que interviene. Para Vallcorba un editor debe asumir ciertas responsabilidades, porque de su oficio deriva la construcción de una personalidad, ya sea individual o social. El editor tiene alcance al pensamiento humano, dice. “Editar, ha sido para mí, desde el principio, proponer a unos amigos que no conocía una lectura que pensaba que les podía gustar, estimular y enriquecer. Estoy convencido de que un libro es capaz de modificar a su lector por el simple hecho de haberlo leído; que puede cambiar, en el lector, algo importante”. Nadie es la misma persona antes y después de la lectura.

TRES: LAS VENTAS NO LO SON TODO

De hecho, si el libro no tiene ningún atractivo, aún con muchas ventas, “se verá fuera del ámbito personal de interés y actuación de un editor tal como yo lo concibo”. Y lo concibe como un oficio en el que confluye el trabajo intelectual y artesanal, desde la idea a la publicitación, distribución y venta. Vallcorba nunca ha renunciado al “tino empresarial”, ni a la visibilidad del libro. Porque “sin visibilidad, no hay existencia”.

CUATRO: UN TRABAJO INVISIBLE Y TRANSPARENTE

El editor está escondido tras las páginas, se hace “invisible” y “transparente”. “Me habrán oído decir que creo que un libro debe ser como una pantalla cinematográfica, en la que la acción se desarrolle sin que ésta sea percibida: una errata, una mala traducción, una mala edición, una mala tipografía son manchas en esa pantalla”. Vallcorba recomienda que sólo en un punto el libro y el editor deben hacerse visibles: en la librería, compitiendo con el resto de novedades. Ojo con el diseño: “Creo que un libro, más que llamar la atención por su estridencia, lo debe hacer por su silencio”. 

CINCO: EL CATÁLOGO ES UN GRUPO DE AMIGOS

El marco al que se refiere Vallcorba es el catálogo, donde se relacionan autores que entran en diálogo. “Lo más importante será el grado de sintonía, la amistad que pueden establecer los libros entre ellos, fruto de esa simpatía espiritual que habrá sabido poner de relieve su editor”. “Con los libros pasa lo mismo que con las personas. Y no es lo mismo encontrar a Stefan Zweig por la calle en compañía de cualquiera que en la de Joseph Roth, que fue un amigo cercano en vida, o en la de Chateaubriand, con quien dialogo desde la distancia en el mundo del espíritu”.

Con ser un clásico no basta, asegura. El autor necesita de sus amigos, necesita sentirse a sus anchas en una conversación civilizada. “Es esa conversación la que ayuda a construir un marco y la que da forma a cualquier catálogo editorial”. El editor es el responsable de su coherencia, de las amistades, es la persona responsable de poner en contacto a autores en común, con lectores que se reconozcan de golpe en ellos.

SEIS: EL DESIERTO ES INTERNET

“El mejor de los libros puede hacerse invisible a sus hipotéticos lectores sin el trabajo fundamental que sobre él debe ejercer su editor. Cada día aparece un número indeterminado de libros nuevos, algunos de ellos verdaderamente valiosos, que son destruidos al cabo de un tiempo por una guillotina implacable. Y muchos otros que aparecen colgados en internet, como ahorcados mecidos por el viento, sin que nadie les preste atención. Lo infinito de internet se asemeja peligrosamente al desierto. A un desierto estéril”, dice. ¿Los hay fértiles? El énfasis contra la autoedición le hace redundar al editor, que define su tarea como salvador de libros interesantes al darles un marco.

SIETE: MEJOR EL PAPEL

Como la forma cuenta en la configuración del marco, “una manera de subrayar esta comunión, sin duda, reside en el aspecto que adquiere el objeto en el que el libro toma cuerpo”. “Es quizás por esto que soy tan poco amigo de las pantallas electrónicas”. Vallcorba subraya la importancia de la forma que toman los libros de una editorial como “algo fundamental”. Hacer lo contrario, hacer cada libro distinto a los demás, tender al pelotazo puntual y la desintegración de la imagen de colección, es “darle un protagonismo material, es tender a lo excéntrico y a lo raro”. Es una de las claves del éxito comercial, pero “privarlo de estar en una sala en conversación con sus potenciales amigos”.  

 

16/02/2018 10:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALOMA RODRÍGUEZ: MERCÉ RODOREDA Y 'LA MUERTE Y LA PRIMAVERA'

31 enero 2018

Mercè Rodoreda

La muerte y la primavera

Traducción de Eduardo Jordá

Barcelona, Club Editor, 2017, 350 pp.

 

Un adolescente se adentra en el bosque, después de darse un baño en el río, y ve cómo su padre abre el tronco de un árbol y se mete dentro para morir. Sin embargo, no le dejan morir tranquilo. No se le permite saltar la tradición hecha ya norma: a los moribundos hay que rellenarlos de cemento antes de que fallezcan para que no se les vaya el alma. El chico ve por error dos tragedias: el suicidio de su padre y la brutalidad de su muerte. Es La muerte y la primavera, la novela que Mercè Rodoreda escribió en la década de los sesenta, corrigió durante años, pero que abandonó y fue publicada póstumamente en 1986.

Desde su solitario exilio en Ginebra, Rodoreda se convirtió en la escritora más leída en catalán. Dejó Barcelona en 1939 y allí se quedaron su marido y tío carnal, con el que se había casado presionada por su familia, y su hijo. En París conoció al crítico Armand Obiols, que sería su pareja y su lector y crítico fiel. Juntos huyeron de la ocupación nazi. Obiols fue capturado y recluido en un campo de concentración –donde trabajó como administrador– y Rodoreda logró llegar a Limoges. Tras los años de miseria y sufrimiento, Obiols consiguió trabajo como traductor en la unesco y se mudaron a Ginebra. Allí, cuenta Eduardo Jordá en el posfacio de la novela, se acabaron las penurias económicas, pero el aislamiento del mundo aumentó: en Ginebra no conocían a nadie. Cuenta Jordá que Rodoreda le dijo al editor Josep Maria Castellet: “No te extrañes de que para mí Cataluña haya quedado reducida a esta habitación.” Después, Obiols se trasladó a Viena, aunque la escritora no le acompañó. Su relación se convirtió en epistolar: ella le mandaba todo lo que escribía. Cuando Rodoreda se fue de España ya había publicado cuatro novelas en catalán y era una firma frecuente de la prensa. Como ha recordado Andreu Jaume, Rodoreda fue la primera escritora española que habló de los campos nazis, en el cuento “Noche y niebla”. En 1962 publicó La plaza del diamante, que se convirtió en un éxito total. En 1961 le escribió a Joan Sales: “La muerte y la primavera es muy bueno. Terriblemente poético y terriblemente negro. Es mi estilo actual: primera persona y procurando decir las cosas de la manera más pura e inesperada [...] Será una novela de amor y de soledad infinita.” Rodoreda siguió trabajando en este libro y en otros: en 1974 publicó Espejo rotoLa muerte y la primavera quedó sin corregir, que no sin terminar. Núria Folch, viuda de Sales, hizo un gran trabajo editorial para ofrecer la versión definitiva de la obra, que presentó con tres apéndices (variantes, un añadido final y capítulos alternativos, sobre todo en estilo). Una de las obsesiones de la escritora era la espontaneidad. En una carta a Sales dice: “La muerte es una novela en la que he trabajado un año y medio y que será muy buena pero de momento está atascada por una multitud de razones. Entre otras porque no acaba de estar lo suficientemente viva ni ser lo bastante espontánea, porque le falta la ‘soberana espontaneidad’.” La traducción de Jordá es impecable y, como el propio estilo de Rodoreda, que suena pegado a la conversación y absolutamente vivo, esconde un trabajo ingente en el que la tarea más difícil es hacer que no se note el esfuerzo que lleva. Los dos lo logran.

Rodoreda tenía razón: su novela es terrible y poética y oscura. Y triste. Es en parte una distopía. Todo sucede en una geografía concreta –tiene, además, un papel determinante en la novela– que no podemos identificar, en un tiempo indeterminado. Es una sociedad tribal donde la ley nace de leyendas y mitos y se ejerce de una sola manera: el linchamiento. Podría ser la cara oscura y seria de Amanece que no es poco. Como en la película de Cuerda, las funciones del pueblo –que son las que dan nombre e identidad a los personajes: el herrero, el preso, el señor– tienen que estar cubiertas, no importa cómo se decida quién hace qué. Siempre tiene que haber además alguien que cruce el río, aunque eso suponga su muerte casi segura. En ese entorno cerrado y hostil abandona la adolescencia el protagonista y narrador, esa voz hipnótica construida con repeticiones, una puntuación peculiar y una sintaxis de ritmo variado pero que siempre marca el compás. Explica Jordá: “Rodoreda usa un registro del idioma que en un primer momento suena perfectamente natural y vivo, pero enseguida desconcierta al lector. Es como si utilizase una variante de la lengua que solo se hubiera usado en una comarca aislada del resto del país y del mundo–, pero lo curioso del caso es que el vocabulario que emplea es el mismo que se usa en cualquier conversación normal de una ciudad cualquiera –sin apenas vocablos arcaicos o rebuscados–, solo que las palabras parecen tener un sentido distinto del que le damos los hablantes.”

La trama no es compleja y puede resumirse en una frase: el chico no se conforma. Tiene curiosidad. Desea ver cómo duerme su madrastra, también ver qué hay al otro lado del río, desea ver la casa del señor, desea hablar con el preso, saber por qué está preso. Desea, en fin, otra vida. Pero en esa sociedad, en cualquier sociedad autoritaria, el más mínimo atisbo de deseo de libertad individual tiene que ser castigado y reprimido: “En el bolsillo llevaba el punzón con que mi madre me había agujereado las orejas cuando era pequeño. Todo lo que quieras lo tendrás, pero con dolor, hasta que un día te acostumbrarás a no querer nada”, dice el narrador. Nadie puede saltarse las normas, ni siquiera la autoridad, como se verá en la novela. Por eso, el chico tendrá que conformarse con construir figuras de barro una y otra vez –las construye y las rompe–. Son lo más parecido que tiene al amor: “Volví a hacer figurillas: al día siguiente. Quería tener muchas. Todo un pueblo de figurillas, todas la misma, con dos brazos… para poder hablarles con una voz que no era mi voz de lo baja y llena de suspiros que me salía. La ternura me hacía de agua y dentro del agua estaba todo lo que huía y no sé por qué y no sé qué eran aquellos amaneceres porque no hay palabras. No. No hay palabras… se tendrían que hacer”. En la novela hay muerte y destrucción, hay un incendio que casi acaba con todo. También hay deseo, sexo en elipsis y normas rígidas: por ejemplo, las embarazadas llevan los ojos vendados para que los hijos que llevan en su vientre no se parezcan a los hombres a los que miran. En el pueblo solo se come grasa de caballo, a veces también sangre. Los peces del río se pescan para chafarles la cabeza y devolverlos al río, se cultivan alfalfa y algarrobo pero no se comen. Hay otras tradiciones extrañas e incomprensibles, además de la peculiar manera de enterrar a los muertos para conservar el alma o la alimentación: hay unos seres a los que nadie ha visto pero a los que todos temen, los hombres sin rostros, los caramenos. No hay escuelas, iglesias ni lugares de reunión social en el pueblo. Y, sin embargo, no son completamente extraños, más bien, como explica Jordá, “gente muy parecida a nosotros aunque haya optado por una extraña forma de conducta”. En ese sentido, la lectura de la novela produce una extraña sensación, como la que provoca la lectura del famoso cuento de Shirley Jackson “La lotería”.

La novela de Rodoreda nos instala en una sociedad cruel y asfixiante. Se ha querido ver en La muerte y la primavera una metáfora del franquismo. Pero, como sostiene Jordá en el posfacio, “eso sería reducir la novela a una simple alegoría política que no dejaría ver la compleja alegoría social –y hasta metafísica– que también esconde en ella”. La muerte y la primavera es una defensa de la libertad individual ejecutada con maestría y envuelta en una trama sencilla con belleza formal y exuberancia estilística. Ese adolescente que crece somos nosotros, los curiosos, los que queremos saber cuántas vidas son posibles. Esos cuyo deseo es lo más peligroso para las sociedades represoras. ~

 

*Tomo la foto de Mercè Rodoreda de aquí.


15/02/2018 01:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON LEONARDO PADURA

Aragón Negro.

Entrevista con Leonardo Padura, premiado en el Festival Aragón Negro, que coordina Juan Bolea. Acaba de publicar la novela 'La transparencia del tiempo' en Tusquets.

Antón Castro25/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Leonardo Padura visita Zaragoza para recibir el Premio de Honor del Festival Aragón Negro.Oliver Duch

"Mario Conde es mis ojos, y es un hombre que se parece mucho a mí, un año mayor que yo. Refleja muchos de mis gustos, de mi sensibilidad y de mis preocupaciones", dice Leonardo Padura (La Habana, 1955), que recibe hoy en el Teatro Principal el premio del Festival Aragón Negro y edita ‘La transparencia del tiempo’.

Parece que España y Zaragoza le traen buena suerte.

España ha sido importantísima en mi carrera. Empecé a venir, como periodista, en 1988, a la Semana Negra de Gijón. Y cerca de allí, en Oviedo, me concedieron el premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015. Me produjo una gran emoción; no lo había ganado un hispanoamericano desde 2002, cuando lo obtuvo Augusto Monterroso.

¿Y Zaragoza?

De entrada, tiene un parentesco muy bello para mí con Cuba a través de José Martí, pero además aquí me han dado el premio de Novela Histórica ‘Ciudad de Zaragoza’ por ‘Herejes’ y ahora recibo este premio. Me gustan las ciudades con mar; Zaragoza no tiene, pero sí tiene río, o ríos, y eso me encanta y, además, es una ciudad con historia bimilenaria.

Ha citado a José Martí. ¿Qué otros autores cubanos le han marcado?

Hice como dos carreras, por decirlo así. La académica, donde te aproximabas a los autores habituales: Homero, Dante, Shakespeare; la gran novela francesa, inglesa y rusa del siglo XIX, y dimos también toda la literatura española, desde el ‘Poema de Mío Cid’ hasta la Generación del 27. Y luego estaba la carrera de las lecturas. Aquellos eran los años del ‘boom’, y tenías que leer a García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Juan Rulfo, Borges, etc., pero también mis paisanos. Entre ellos destacaría dos influencias clave: Alejo Carpentier y Cabrera.

¿Por qué?

Alejo Carpentier, el autor de ‘El siglo de las luces’ , me contagió la pasión por la novela y por el sentido de la historia del Caribe, de Cuba, de la música, etc., y Guillermo Cabrero Infante, por el lenguaje, en concreto, por el uso del lenguaje habanero. Creo que él escribe en habanero.

¿Cómo y cuándo descubrió la novela negra?

En Cuba, por decirlo así, la novela policiaca se puso de moda. Pero importaban más la historias, la trama, los detectives, que la novela en sí, la escritura, el estilo. Descubrí en los años 70 y 80 a algunos autores de novela negra contemporánea que fueron muy importantes para mí por su carga estética también: pienso en Rubem Fonseca, en Leonardo Sciascia y en Manuel Vázquez Montalbán, al que conocí más tarde. Hacían grandes libros de ámbito negro. Eso era lo que yo buscaba.

Apostó fuerte por la novela policiaca y creó a Mario Conde…

Sí, eso fue en 1990 con ‘Pasado perfecto’, ahí nació la serie, pero también me ha interesado siempre la buena documentación y la ficción histórica, como sucede en ‘La novela de mi vida, ‘El hombre que amaba los perros’ y ‘Herejes’. A mí me interesa la historia y sus circunstancias pero no en un sentido arqueológico, sino porque interviene y matiza el presente.

Explíquenos...

Eso se ve muy bien en ‘La transparencia del tiempo’, con esa Virgen negra que desaparece. Ahí cuento dos historias complementarias: la de la investigación de Mario Conde, que busca la pieza desaparecida, y una indagación en el tiempo, desde la Guerra Civil española, hasta los orígenes de la Corona de Aragón a través de otra criatura, un tanto enigmática, Antoni Barral. La novela, por decirlo así, analiza el impacto de la historia en los individuos.

Usted siempre piensa el presente. Suele decir que los cubanos se merecen mucho más.

Sin duda. Hemos vivido un gran experiencia, un largo proceso, una revolución, a lo largo de 60 años. En los últimos 20 o 25, las circunstancias han sido muy complejas. Se ha resistido como se ha podido, hemos conocido el doloroso exilio. Hemos vivido y sobrevivido. La vida de las personas es una sola y ya es hora de que este sacrificio tenga una recompensa y de que los cubanos tengan más conquistas en todas las direcciones: en cuanto a libertad individual, a desarrollo intelectual, político y económico. Y es hacia ahí donde debemos ir.

Otro tema fundamental del libro es la amistad, ¿no?

Creo que es el tema más o menos subterráneo: la amistad entre Mario Conde y su amigo de la universidad, Roberto Roque Rosell, Bobby. A Conde le pasa como a mí: siente mucha ternura por sus compañeros de la universidad. Aquí se trata de la amistad traicionada, que es el tema de una de mis novelas favoritas: ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

‘La transparencia del tiempo’ (Tusquets) incorpora otros temas, algunos ya tópicos en la narrativa cubana desde Reinaldo Arenas: la homosexualidad.

Nunca ha sido bien considerada en una sociedad tan machista como la nuestra. En los 60, además, fue rechazada desde una visión política. En los 80 y 90 se avanzó en las libertades. Aunque ha mejorado la situación, sigue siendo una asignatura pendiente y esa represión marcó a Bobby, y le llevó a practicar la dolorosa ocultación. Fue una víctima.

Quizá este tema nos dé para hablar de amor y sexo.

Hablaría más bien de sensualidad que es una parte de la esencia de la espiritualidad cubana. La sensualidad que también da paso a la sexualidad. En Cuba, de 100 pensamientos, 99 son de sensualidad o de sexualidad, y el otro 1% de otras cosas. Ja, ja, ja.

¿Cómo ha abordado la santería, tan presente en la novela?

Ahora ya se habla de religiones cubanas africanas. Los dioses de la santería son más humanos e intentan dar soluciones a cosas muy concretas vinculadas con la economía doméstica, le enfermedad, la justicia, el desamor.

 

15/02/2018 00:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.