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POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL HERNÁNDEZ

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CUATRO POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL HERNÁNDEZ

 

 

*** 

Inicia la semilla

la ofrenda de su transformación

sin luz,

            en silencio.

 

*** 

 

Entre la tierra

                     que dejaste dentro

y aquella

               que nunca aprendió a verte.

 

Entre el aire

que impulsa,

que no se detendrá,

y aquel que nos abate.

 

Entre las buenas gentes

que alzan en silencio

los astros con sus manos

y aquellas que dibujan

                                  órbitas.

 

Entre quienes precisan, sin saberlo,

lindeles y burbujas,

y aquellos que aventuran

                                     su vacío.

A tientas,

los sueños,

                sin descanso.


***

 

¿Decidimos qué aire

acoge nuestros balbuceos?

¿Decidimos

                 la lengua,

                              su mirada,

símbolos, ritos, lazos?

 

Acerca el ser,

quizá,

cierta ruptura.

 

Si azar y circunstancias lo consienten,

podremos elegir

la tierra que morder,

a cuyo abrigo

                    confiar nuestros huesos,

por cuya levedad

                        se borren nuestras huellas.


****

 

Como un niño

           prendado

                    que descubre

partículas

                   de insólitos colores

                                               sin las cuales

el aire

        no sostiene

                         y en adelante

evitará su tacto,

                       pidiera

                                  comprensión

si no hay susurro

                           en el pasar

                                           de página,

si desoyera

                por entre las palabras

                                                vuestros pasos.

Disculpad

               si aún emprendo

                                       sin armas

ni bagaje

              otras miradas

                        —el único paisaje

de luz

          no detenida.

Inerme,

          en el aire,

                       la semilla acaba.

 

****

 

*Estos poemas aparecen en ’Pavesas’ y ’Lar’, el volumen que José Ángel Hernández Sánchez acaba de publicar en la colección Rayo azul de la Huerga & Fierro, colección dirigida por Enrique Villagrasa y Óscar Ayala. 

Enrique Villagrasa, consultado esta mañana acerca de la colección, me envía este texto.


UN «RAYO AZUL» IRRUMPE EN LA TINIEBLA POÉTICA

 

 

Cuando el otoño empieza a mostrar su rostro más oscuro, una sacudida editorial aspira a iluminar el cielo, más bien plomizo, de la poesía española. Estamos hablando de «Rayo Azul», la nueva colección dirigida por Óscar Ayala y Enrique Villagrasa por la que ha apostado una de las casas editoriales imprescindibles en la poesía española, Huerga y Fierro.

Nada más y nada menos que seis poemarios contundentes han desatado, simultáneamente, esa tormenta: Dije Luz, de Mar Benegas; Placeres y mentiras, de Mercedes Escolano; Pavesas y Lar, de José Ángel Hernández; Vikinga, de Isabel Tejada; Después, de Isabel Bono y En este momento que llamamos lugar, de Juan Antonio Tello. No cabe duda de que los responsables del proyecto han querido dejar constancia de la confianza con que afrontan esta criatura ajena a las modas, corrientes o esclavitudes comerciales, concebida como un «templo» para la poesía donde impera un solo criterio: la calidad. De ello dan muestra los casi dos años que han tardado en seleccionar los primeros libros y en dar con un diseño rotundo, limpio, mimado.

A este respecto, Antonio Huerga reconoce estar emocionado y sorprendido por el resultado. En esta colección se vuelca la esencia de lo que Charo y Antonio han aprendido en cuarenta años de oficio: «la oportunidad de mostrar nuestro grado de compromiso y de innovación que ofrecía dar a luz Rayo Azul precisamente ahora. Esa responsabilidad que obligaba a que el resultado tenía que ser una muestra de que la ilusión y la capacidad de innovar existe a pesar de los años que llevamos en la aventura de editar». Y es que, hay que reconocerlo, el equilibrio, el buen gusto y los detalles de los libros consiguen ser una prolongación de la acción creadora de los autores, no un simple contenedor de sus versos.

En cuanto a la línea de la colección, los coordinadores admiten que solo hay un criterio: la calidad. No hay preferencias ni límites, al menos declarados. Ambos se reconocen, sobre todo, como lectores de poesía, y han sido las reiteradas coincidencias ante la emoción contenida en determinados versos la que les ha llevado a retomar un proyecto que venía de hace tiempo y armarlo desde la casa de Huerga y Fierro. Si bien no faltan ni editoriales ni oportunidades para editar en este país, sí echaban en falta una colección de referencia, una colección a la que acudir sin temor a equivocarse, porque no cabe duda de que cualquier poemario de esta colección será excepcional. «Para publicar buena poesía -dicen- hay muchas editoriales y colecciones en España. Incluso para publicar poesía notable y hasta dudosa poesía hay muchas colecciones. Pero para publicar poesía excepcional no hay tanta, y el lector de poesía debe saber dónde puede acudir». Hay muy buenas colecciones, pero, desde la desaparición de alguna editorial ya legendaria, los catálogos de la gran mayoría se han ido llenando de libros que no son tan buenos. Hay que preservar alguna y no permitir que tenga fisuras. Los coordinadores han diseñado un sistema de selección con decenas de lectores previos que criban poemarios sin ningún tipo de referencia, para que no haya ningún condicionamiento en la selección. Así, autores consagrados podrán convivir perfectamente con jóvenes autores; es más, según confiesan, el único sentido, la única motivación que tiene cargarse con tanto trabajo, es ser los primeros en leer al que pueda ser el gran poeta del siglo XXI y facilitar a los lectores el acceso inmediato a su obra.

En cuanto a la insólita decisión de salir con seis libros de golpe, en noviembre, anunciando que en la próxima primavera se hará la segunda entrega con otros tantos poemarios tan rotundos como los primeros, los responsables confiesan que es totalmente premeditada. Su pretensión no es entrar en el mercado y competir por un lugar en una estantería semanal de algunas librerías escogidas, sino crear un fondo de libros siempre accesible y atemporal, como debe ser la buena poesía. ¿Para qué empeñarse en publicar un libro excelente que luego no va a ser distribuido o que en apenas unos meses va a ser inencontrable? Eso no tiene sentido. Un buen libro de poesía debe quedar al margen de la oportunidad, del interés, la moda e incluso de su tiempo y de su espacio, así que hay que preservarlo en un lugar construido específicamente para él. En cuanto al nombre de la colección, reconocen también, llegó solo, tras una noche memorable en que podrían haberse bautizado otras cien colecciones: cuando llegaron a «Rayo Azul» y se percataron de que, además de todas sus connotaciones, precisamente un rayo azul (blu-ray) fue lo que vino a sustituir al DVD, y que este era el nombre de la ya legendaria editorial que dirigió Sergio Gaspar, decidieron homenajear también, aunque fuera muy lateralmente, a un proyecto como aquel. «Debemos la vida —dicen— a los que han dedicado la suya a la poesía, tanto a crearla como a hacérnosla llegar. Todos ellos forman parte de este equipo».

 

 

 

 

 

 

 

21/06/2020 06:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUERE RUIZ ZAFÓN EN LOS ÁNGELES

Fallece a los 55 años Carlos Ruiz Zafón. 

Amplia nota de Planeta.

Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964-Los Angeles, 2020)

 

Carlos Ruiz Zafón es uno de los escritores más reconocidos de la literatura contemporánea y el escritor español más leído en todo el mundo después de Cervantes. Sus obras han sido traducidas a más de cincuenta idiomas y han recibido los principales galardones literarios.

 

Carlos Ruiz Zafón nació en Barcelona, el 25 de septiembre de 1964. Tras estudiar en los Jesuitas de Sarrià, cursó estudios de Ciencias de la Información y fue un brillante director creativo de agencias de publicidad, hasta que a principios de los noventa decidió trasladarse a Estados Unidos y dedicarse de lleno a la literatura.

 

En 1993 se da a conocer con El Príncipe de la Nie­bla, Premio Edebé, considerada como una de sus mejores novelas juveniles y que conforma, junto a El Palacio de la Medianoche y Las Luces de Septiembre, la Trilogía de la Niebla. En 1998 publicará Marina, quizás la más personal de todas sus obras.

 

En 2001 publica la novela La Sombra del Viento, obra que le encumbrará a nivel mundial y que es el primer libro del cuarteto El Ce­menterio de los Libros Olvidados. Esta saga literaria incluye: La Sombra del Viento (2001), El Juego del Ángel (2008), El Prisionero del Cielo (2011) y El Labe­rinto de los Espíritus (2016); todo un universo literario que se ha incorporado a la literatura universal. 

 

«La voz de Ruiz Zafón es de una originalidad a prueba de bomba. La Sombra del Viento anuncia un fenómeno de la literatura popular española». La novela llevaba escasas semanas en las librerías cuando Sergio Vila-Sanjuán escribió esta afirmación en La Vanguardia en junio de 2001. Ese mismo año se imprimieron cinco ediciones, pero el auténtico fenómeno no había hecho más que empezar. Durante varios años La Sombra del Viento fue el libro más vendido en España y su publicación vendría acompañada de una enorme popularidad y acogida de la crítica en Italia, en Francia, en Holanda, en Alemania, en Reino Unido, donde The Times y The Guardian coincidieron en calificarlo como un nuevo “clásico contemporáneo”… y así hasta un total de cincuenta países, incluido Estados Unidos, donde The New York Times comparó a Zafón con García Márquez, Umberto Eco y Jorge Luis Borges.

 

Cuando se publicó la segunda entrega de la tetralogía, La Sombra del Viento había superado los diez millones de lectores, y se había hecho un lugar en la historia de la literatura. Tanto es así que, en 2014, Penguin Classics al escoger 26 clásicos de la historia de la literatura universal (tantos como letras del abecedario) para una colección conmemorativa, otorgó la Z a La Sombra del Viento. Ruiz Zafón, en compañía de Charles Dickens, Jane Austen, Marcel Proust y James Joyce, entre otros.

 

Autores de primer orden saludaron la personalidad de su literatura, como Stephen King, que escribió: «Si alguien pensaba que la auténtica novela gótica había muerto en el XIX, este libro le hará cambiar de idea. Una novela llena de esplendor y de trampas secretas donde hasta las subtramas tienen subtramas. En manos de Zafón, cada escena parece salida de uno de los primeros films de Orson Welles. Hay que ser un romántico de verdad para llegar a apreciar todo su valor, pero si uno lo es entonces es una lectura deslumbrante.»

 

El recibimiento de El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo no fue distinto: «Proclamo a Zafón, el Dickens de Barcelona, el escritor actual más dotado para el arte narrativo.» afirmó el Corriere della Sera. Y el Usa Today añadió, «Ha reinventado lo que significa ser un gran escritor. Su habilidad visionaria para narrar historias ya es un género en sí misma».

 

En 2016 se publicó su última novela y colofón de la tetralogía. Se trata de El Laberinto de los Espíritusuna magistral obra que dota a todo el proyecto narrativo de una fuerza arrebatadora y le da pleno sentido al personal universo zafoniano. Aplaudida en todo el mundo, le valió, entre otros, uno de los recibimientos más cálidos que se recuerdan en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, con el homenaje de miles de lectores.

 

El Cementerio de los Libros Olvidados se ha convertido en un símbolo universal de la defensa de la lectura, de la pervivencia de la memoria a través de los libros y del refugio de aquellos que creen en ellos.

 

Además del entusiasmo de millones de lectores y del aplauso de la crítica, los libros de Carlos Ruiz Zafón han recibido numerosos premios en todo el mundo.

19/06/2020 10:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORDI DOCE: DIARIO DE LA PANDEMIA

Jordi Doce, ocho semanas en el territorio hostil de la pandemia

 

El poeta, ensayista y traductor publica ‘La vida en suspenso. Diario del confinamiento’ en el sello Fórcola

 

 

Jordi Doce (Gijón, 1967) es un estupendo poeta y traductor y uno de esos escritores que siempre tienen muchos proyectos entre las manos: compilaciones, antologías, entrevistas, reseñas, textos para revistas. Es un admirable, sin exageración alguna, dietarista: ha recogido sus impresiones, aforismos y crónicas particulares de su intimidad y su observación en libros como ‘Hormigas blancas’, ‘Perros en la playa’. Son de esos libros en los que apetece entrar y quedarse, o salir para volver a zambullirse al puro azar. Hay en sus textos sinceridad, reflexión, voluntad de contemplación, conocimiento y una forma serena de sentir y decir.

Jordi Doce, que vive en Madrid y es un paseante asiduo de su perra Layla, inició con el estado de alarma un diario, que se ha prolongado hasta mayo y que acaba de aparecer en Fórcola. Es el libro de alguien que habla de su perplejidad sin precipitarse, que mira en derredor, que lee la prensa, que lee a algunos columnistas -a los que parece, considera, que el coronavirus les haya atacado de manera especialmente personal, casi como una afrenta en exclusiva-, y dice qué le incomoda, qué le desconcierta, en particular de Mario Vargas Llosa o Almudena Grandes.

A la vez, con un admirable equilibrio de vida privada y vida pública, habla de lo que ve: de la policía, de los traperos que buscan residuos, de la pestilente huella de algunos caballos, de las nuevas formas de civilización y de los saludos. “Me da que esconder la cara o mirar para otro lado cuando nos crucemos en la calle será pronto una evidencia de buenos modales”, anota.

Habla de la gente en las terrazas y balcones, de los que salen a tomar un café caliente como él, de los se ponen el fosforescente traje de ciclista y apuran la pedalada. Habla de los libros que lee, o que aparca, como los diarios de Cioran, textos de Yeats, de frases que huelen a Beckett, de cómo le impresiona el disco ‘Alina’ de Arvo Pärt, que escucha su hija, de la escritura de Tomás Sánchez Santiago, y uno siente deseos de ir a leerlo de inmediato. Habla de sus terrores, de la imposibilidad de dormir, de un extrañamiento que es físico y psicológico dentro de la reclusión.

Habla de la meteorología: de las tormentas, de las distintas clases de lluvia, de las nubes, del dominio del dios sol. Y habla, muy especialmente, de los pájaros y sus diversos cantos. De entrada, casi sorprende que haya tantas aves en su derredor, por la calle Bailén de Madrid, pero las hay y Jordi Doce no solo las escucha, sino que las observa, las describe, las nombra: mirlos, gorriones, vencejos, torcazas. Dice: “Esta vida en suspenso, a la expectativa, en la que no dejamos de trabajar y cumplir con lo que se espera de nosotros. Esta vida de encierro que, sin embargo, no puede abdicar de lo que sucede fuera en un tiempo -pasado, presente-, del que apenas tenemos vislumbres. Como un coche parado con el motor en marcha”.

Este libro está lleno de recodos, de hallazgos, de sensaciones, de lecturas, de autores, de confesiones (su pasión en otro tiempo por la ciencia ficción, por ejemplo; su afición al cine catastrofista, que promete corregir; la difícil relación con su padre, que le dijo que sería un “matafiebres”, y al final, como el autor, también nosotros sabremos a qué se refiere ese sustantivo), y está lleno de belleza, de preguntas que buscan respuesta y, por supuesto, de intuiciones. He aquí una de ellas: “Me gusta la expresión con que el poeta mexicano Hernán Bravo Varela definió ayer estas notas: ‘diario de un náufrago interior’. Podría ser un buen título, a condición de darle otra salida: ‘Náufrago de interior’”.

En el libro, despojado de énfasis, está casi todo lo que vivimos: el desconcierto, el miedo, las mascarillas, los cambios de hábitos, la gimnasia, los juegos, la enfermedad, la muerte, la ira, los vaivenes de la prensa, la psicosis. Y a la vez hay fogonazos de imágenes que parecen intemporales, enigmáticos de tan sencillos y luminosos. “Ayer por la tarde, cuando subí al balcón con la taza de café en la mano y sentí el viento de paso entre los árboles, eran las cuatro y diez”, dice Jordi Doce.

La vida en suspenso’ nos retrata a todos y nos pide: lean, lean y lean, y si lo hacen con calma, aún mejor. El autor nos enseña a conversar con el mundo en que vivimos y los límites que nos impone. Sin pretenderlo, este es un libro humilde y para siempre donde “la primavera toca a rebato”.

 

13/06/2020 09:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVAS CULTURAS A TRAVÉS DE LAS REDES SOCIALES

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Las nuevas culturas

a través de las redes sociales desde Aragón

 

[El coronavirus ha obligado a desarrollar y a presentar la actividad artística de otro modo. De forma virtual, con toda la imaginación posible. Durante 80 días, Facebook, Instagram, Whatsapp, las webs y los canales de Youtube han sido fuente constante de creación en la música, la literatura, el arte, el cine, y de búsquedas de nuevos públicos. Quizá sea el inicio de otros métodos que han venido para quedarse.]

 


 

La pandemia ha cambiado los usos de la cultura. No es que haya traído cosas que no se hubieran hecho antes, como el chat simultáneo, la videollamada, la transmisión en directo a través de Facebook, Instagram o Youtube, pero sí ha puesto en acción otros sistemas para hacerlo. Y la presentación, el concierto en directo, la entrevista, la conversación a varias bandas o la emisión diaria de contenidos ‘online’ ha sido algo que hemos visto muchísimo a lo largo de estos 80 días de crisis.

Por poner algunos ejemplos en el ámbito nacional: Elvira Lindo, en contacto con su editorial y una librería, presentó la novela de su vida y de sus padre, ‘A corazón abierto’ en la red; otro tanto hizo Almudena Grandes, con su relato sobre Aurora Rodríguez Carballeira, la madre y asesina de Hildegart, ‘La madre de Frankestein’. En la misma esfera de la literatura, el poeta Fernando Beltrán, el hombre que pone nombres a las cosas (Faunia, Opencor, Rastreator, Amena, Musa a las 9), ofrecía todos los días uno de sus poemas. El escritor y periodista Guillermo Busutil leía y comentaba, y aún lo hace, un texto ajeno desde su ventana del ‘Diario del Nautilus’ en Facebook; el crítico literario Fernando Clemot, vinculado a la revista ‘Quimera’, abría todos los días su Facebook para contar un autor, un libro, una época, casi como un ritual. Algo semejante, en otras esferas, lo han hecho Bruce Springsteen, el escurridizo Bob Dylan o Elton John, que organizó un festival virtual con muchos protagonistas.

Canciones, orquestas, libros

Ejemplos de este tipo se han dado en Aragón desde distintas órbitas. Una de las novedades que más han llamado la atención ha sido la grabación simultánea de temas musicales y la cuidada edición en vídeo en un múltiple de voces y de instrumentistas. Pensemos en la versión aragonesa de 16 voces del ‘himno oficial’ de la crisis del coronavirus, ‘Resistiré’, del Dúo Dinámico, canción traducida por Fernando Bravo, mezclada por Carlos Estella y editada en vídeo por José Estella. Este procedimiento, que tenía también algo de caleidoscopio de diversas intimidades, ha sido constante con la covid-19. Lo hemos visto en grabaciones de folk, en la celebración del Día Internacional de los Museos, en piezas de música clásica o de pop.

Distintos artistas han conectado desde casa para hablar de su último disco y leer poemas, como ha hecho Ángel Petisme con ‘Pilar’, o David Angulo, que aprovechó los días de reclusión para componer y grabar su primer tema propio una década después de ‘La habitación 404’: ‘Nos pilló desprevenidos’, que ha tocado con una formidable banda y con dos voces de la familia: Marisol Aznar e Inés Angulo Aznar. En otros territorios, en la escena, los Titiriteros de Binéfar combatieron el estado de alarma con dobles sesiones diarias de música y teatro que han sido muy seguidas. El pasado 23 de abril, la Orquesta Reino de Aragón ofreció con 52 músicos de forma virtual la pieza ‘Aragonaise’ de la ópera ‘Carmen de Bizet’.

La celebración del Día del Libro en Zaragoza ha sido virtual. Y ha tenido distintas opciones, que se han podido seguir en el canal de Youtube de Copeli, en la web de la Biblioteca de Aragón, en la web de las Cortes de Aragón y en la Fundación Ibercaja, por citar algunas referencias. Algunos autores conectaron con sus lectores a través de las ‘firmas virtuales’: la narradora Margarita Barbáchano, la ilustradora Vera Galindo, el dibujante Óscar Sanz, la poeta Sandra Santana, y los novelistas Chesús Yuste y Sergio del Molino. El autor de ‘La España vacía’ y ‘La hora violeta’ publica uno de sus libros más ambiciosos e híbridos, de claro calado autobiográfico y de mirada social a la vez, ‘La piel’, que acaba de presentar virtualmente, el pasado jueves, desde el Instagram de Casa del Libro y la editorial Alfaguara, en diálogo con Edu Galán. El lector puede hacer comentarios y plantear preguntas, y a menudo el entrevistador las recoge y las integra en la charla.

Cálamo, Bunbury, diálogos

Este procedimiento también lo está planteando la librería Cálamo en los pasos hacia una ‘nueva normalidad’. En las últimas semanas ha presentado, entre otros, los últimos libros de Héctor Abad Faciolince, Marta Sanz, Ricardo Menéndez Salmón, Peio H. Riaño y Miguel Albero. Paco Goyanes, codirector de Cálamo, está muy contento con el procedimiento.

Enrique Bunbury eligió el viernes un sistema semejante para la puesta de largo de su nuevo álbum, ‘Posible’, del que ha ido ofreciendo píldoras en forma de canciones, como si quisiera animar el camino hacia la desescalada. Otro instante especial, sin duda, fue el pasado ‘Martes de libros’, que organizó la Fundación Ibercaja, donde Nuccio Ordine (desde Calabria), Irene Vallejo (en Zaragoza) y Emilio del Río (en Madrid) debatieron sobre el mundo clásico en un diálogo vivaz que ahondó en la necesidad de recuperar la cultura grecolatina, la educación, y unieron el tema a la democracia y los muertos de la pandemia. En las próximas semanas, la Fundación mantendrá citas en la red con Manuel Vilas y Javier Cercas.

Todo ha sido empezar. Aunque reclamamos el roce, el contacto, el vis a vis con el público, para laibercaja crisis económica que viene encima a lo mejor es otra salida.

 

 

*Sergio del Molino presentaba ‘La piel’ el pasado jueves en diálogo con Edu Galán en la Casa del Libro. heraldo. Este artículo aparece hoy domingo en la página 3 de Cultura de 'Heraldo de Aragón'.

31/05/2020 10:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

OTRA CAMPAÑA DE APOYO A LAS LIBRERÍAS

Más de una treintena de escritores participan en una campaña de apoyo a las librerías 

 

  • Rosa Montero, Fernando Aramburu, Almudena Grandes, Isabel Allende y Bernardo Atxaga se unen a la nómina de participantes

  • La iniciativa ha partido de Elvira Sastre y Beatriz Luengo con el objetivo de visibilizar al tejido librero de las ciudades
     
  • ‘Mis libros en tu librería’ es el lema de la campaña que arranca hoy en redes sociales

[Nota de María José de Acuña] Hoy arranca una campaña en redes sociales coordinada por la escritora y traductora Elvira Sastre (Segovia, 1992) y por la cantante y escritora Beatriz Luengo (Madrid, 1982). El objetivo es concienciar a la población de la importancia que tiene comprar los libros en las librerías para contribuir a que estas sobrevivan. En este empeño han conseguido verse acompañadas por una treintena de escritores y escritoras de distintos géneros y perfiles, entre los que se encuentran Rosa Montero, Fernando Aramburu, Almudena Grandes, Isabel Allende y Bernardo Atxaga.

Con el lema Mis libros en tu librería convertido en hashtag (#MisLibrosEnTuLibrería), los usuarios de las redes sociales tendrán la ocasión de escucharlo de boca de muchos de los participantes en esta campaña, como una especie de mantra en formato audiovisual; otros han optado por decir a cámara qué es para ellos una librería. 


Tanto Elvira Sastre como Beatriz Luengo están convencidas de que existe mucho desconocimiento acerca del papel que juegan las librerías, sobre todo a nivel local. Son conscientes de que, como el resto del pequeño comercio, necesitan ayuda para paliar las negativas consecuencias de la grave crisis provocada por la pandemia de la Covid-19. Ellas han querido servirse de su visibilidad para devolverles todo el apoyo recibido a lo largo de su trayectoria como creadoras, sobre todo en el caso de Elvira Sastre.

Les mueve el deseo de ayudarlas a que recuperen su normalidad y que consigan mantenerla en el tiempo. El apoyo a las librerías redunda, además, en beneficio para toda la cadena del libro, ya que, gracias a su trabajo cotidiano, se revitaliza todo el sector, integrado también por distribuidoras, editoriales, autores y un sinfín de profesionales autónomos.

Elvira Sastre: “No somos nadie sin los libreros”

Y es que,  sin recurrir a algoritmo alguno, los escritores saben que las librerías les miman durante todo el año: les hacen un hueco en sus calendarios de eventos culturales para organizar sus presentaciones; exhiben en sus mesas de novedades sus últimos proyectos editoriales hechos realidad; recomiendan sus libros por todos los medios que tienen a su alcance; y les hacen partícipes de la dinamización cultural de los barrios en los que están radicadas. “Creo que los escritores no somos nadie sin los libreros, y lo mismo digo de los bibliotecarios, cuyo apoyo es fundamental, y qué menos que darlo de vuelta ahora”, afirma la autora de Días sin ti, Premio Biblioteca Breve 2019


Un porcentaje importante de sus seguidores está integrado por público joven y a este quieren llegar especialmente con esta campaña, sirviendo de atracción a esa parte de lectores que menos visita las librerías. A este respecto, lamentan el enfoque que tradicionalmente ha caracterizado a los planes de lectura en la enseñanza secundaria basados en su mayoría en la obligatoriedad. “A lo mejor se puede crear el gusto por la lectura, o de la poesía, en este caso, enseñando autores contemporáneos, como Luis García Montero, Benjamín Prado, Raquel Lanseros, Idea Vilariño o Alejandra Pizarnik”, apunta Sastre, “y luego ir para atrás para descubrir a los clásicos”. Para atraer al público joven a las librerías ambas consideran fundamental “escucharles, organizar presentaciones de autores que les gusten, darles lo que quieren y potenciar eso”, aseguran. Lo cierto es que, “guste más o guste menos, la relación con las redes sociales es vital para cualquier negocio. Creo que una buena estrategia de comunicación en redes podría ayudar muchísimo a las librerías”, añade Elvira Sastre.


Por otro lado, durante el estado de alarma aseguran haber percibido una gran preocupación por la cultura, en general, a nivel institucional. Pero también piensan que es un trabajo de todos porque “al final el que va a ayudar en esto y el que va a salvar a las librerías —aparte, obviamente, de las ayudas institucionales que son, por supuesto, más que necesarias—, es la persona de a pie, la que decide bajar a la librería de su calle a comprar un libro. Y a esa es a la que nosotros tenemos acceso, a la que podemos concienciar y convencer de que esto es necesario. Ese es nuestro papel en esta campaña, y ojalá funcione”, concluye Sastre.


La campaña Mis libros en tu librería se alargará en el tiempo, dado que la idea de sus organizadoras es que poco a poco se sumen más autores y autoras. También han colaborado en su organización la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), que reúne a 1.400 librerías en toda España, y que tiene como colectivo asociado mayoritario al Gremio de Librerías de Madrid.





Vídeo de la campañahttps://we.tl/t-FPDv1FSc82
25/05/2020 09:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN PUBLICARÁ EL 11 DE JUNIO 'UN HIPSTER EN LA ESPAÑA VACÍA'

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DANIEL GASCÓN PUBLICA 'UN HIPSTER EN LA ESPAÑA VACÍA'

A primeros de junio, en concreto el 11, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) publicará su nuevo libro: 'Un hipster en la España vacía' (Literatura Random House), un relato lleno de humor e ironía sobre el mundo rural. Daniel pasó tres veranos inolvidables en Camarena de la Sierra, y vivió en Urrea de Gaén, y un tiempo en Cantavieja, otros dos veranos, y un par de años en La Iglesuela del Cid.

NOTAS EXPLICATIVAS SOBRE EL LIBRO Y EL AUTOR
Enrique se instala en una casa familiar en La Cañada, un pueblo de Teruel, para alejarse del ritmo de la vida en la ciudad, montar un huerto colaborativo y olvidar a su exnovia. Hace yoga en el corral por las mañanas, busca quinoa en la tienda, intenta encontrar cobertura en las eras para alimentar su Instagram y monta un taller con sobre nuevas masculinidades. Es -aunque él no estaría a favor de la comparación especista- un pulpo en un garaje, pero se comporta como una especie de extraterrestre en el Maestrazgo o de Quijote moderno.

Para sorpresa de todos, encuentra su sitio, se enamora y se convierte en alcalde del pueblo, dispuesto a resolver algunos conflictos: problemas con las localidades vecinas, el rodaje de una película sobre la Guerra Civil que hace pensar a unos miembros de Vox que la revolución anarquista ha estallado en Teruel, el secuestro de Greta Thunberg durante la cumbre del clima o que una cantante estadounidense utilice en un concierto el traje tradicional de La Cañada, en un caso flagrante de apropiación cultural.

'Un hipster en la España vacía' es una historia de aventuras y un retrato irónico del choque de la sensibilidad urbana y la visión rural. La Cañada es una galería de excéntricos dotados de una rara humanidad, pero también un microcosmos que refleja los debates centrales de la actualidad con una perspectiva reveladora.

Sobre 'Entresuelo':
«En esta apuesta de Gascón por lo común, lo autobiográfico y lo cercano, el elemento decisivo para que el engranaje de las tramas funcione es el prisma realista desde donde lo cuenta. Después de acabar de leer el libro, uno tiene la enriquecedora sensación de haberse reconocido en sus páginas en más de una ocasión.»
Robert Sendra, Culturamas

Sobre 'La vida cotidiana':
«Sorprende por su humor y su realismo, pero la mayor novedad está en el argumento: soledad, por una vez, no es sinónimo de sequía.»
El País

Sobre 'El golpe posmoderno':
«Un breve y contundente ensayo sobre el independentismo catalán -Gascón es un gran admirador de George Orwell y Christopher Hitchens, y se nota- en forma de quince lecciones que los demócratas pueden aprender de él.»
Ramón González, El Confidencial

«Hace la vivisección de este proceso, lo abre en vivo y mete el bisturí en sus conceptos, trucos, eufemismos, remix e inventos.»
Mariano Gistaín, 20 Minutos

25/05/2020 07:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

80 AÑOS DE 'POETA EN NUEVA YORK'

El grito de García Lorca en ‘Poeta en Nueva York’

 

La editorial Norton publicó, 24 de mayo de 1940, el libro en edición bilingüe y unos días después, Bergamín lo publicó en Séneca

 

En 1979, en el Barrio Oliver, acudí a un recital de El Silbo Vulnerado y aún hoy no he podido olvidar cómo Luis Felipe Alegre entonaba la ‘Oda a Walt Whitman’ de ‘Poeta en Nueva York’, de Federico García Lorca (1898-1936), ni el instante en que decía: “Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño. / Este es el mundo, amigo, agonía, agonía” y poco después, “y la vida no es buena, ni noble, ni sagrada”.

Más tarde, ese texto sonaba en ‘A un dios desconocido’, la película de Jaime Chávarri, y muy pronto aquel poemario tan moderno, actual y estremecedor, se convirtió en un libro talismán. De cabecera. Ahí, el poeta daba un salto de calidad, de ambición y de expresión, esquivaba los metros tradicionales en los que se había movido, y hablaba del caos y del desgarro del mundo exterior que era una gigantesca metáfora de su corazón ofendido y de su desconcierto vital, como les diría a sus padres en una carta: “La culpa es de la vida y de las luchas, crisis y conflictos de orden moral que yo tengo”.

García Lorca, el gran amor de Dalí, el amigo entrañable de Buñuel (que diría “la obra maestra era él”), se fue de España en junio de 1929 con el alma en vilo y la decepción en vena: su amante, el escultor Emilio Aladrén (que era hijo de un militar zaragozano y había sido amante de Maruja Mallo), le había dejado; sus dos amigos de la Residencia de Estudiantes habían criticado su ‘Romancero gitano’ y el cineasta de Calanda pensaba en él cuando tituló su primera película ‘Un perro andaluz’. En Nueva York fue bien acogido por la colonia española (entre ellos el poeta León Felipe), hizo amistades, tuvo amores, conoció Harlem y la colonia de los negros, las atmósferas del jazz, la noche loca y los garitos de homosexuales y, por supuesto, la Universidad de Columbia, donde fue acogido. La alegría inicial dio lugar al arrebato, a la angustia, a la crítica: aquel era un mundo deshumanizado e industrializado, vertiginoso e injusto, la exaltación de la máquina desalmada, el país vivía el ‘crack’ de 1929, y empezó a escribir poemas distintos.

Fue la explosión del surrealismo con imágenes brutales de dolor, de aspereza y de misterio, donde se mezclan la exploración de su intimidad, la perplejidad absoluta ante lo que acontecía en su derredor y la denuncia de alguien que aboga por la hermosura, la justicia y la armonía, pero percibe el vacío, la violencia y la inmensa soledad de la ciudad, de la que dice: “un símbolo patético: sufrimiento”. Lorca habla de su pena, de lo que ve alrededor e incorpora algunas historias que le contaron, levemente falseadas o ficcionadas como ‘El niño Stanton’ y ‘Niña ahogada en el pozo’.

En marzo de 1930, crucificado por tantas contradicciones, se fue hacia el mundo sensual de Cuba, y atisbó nuevas alegrías. Estuvo en La Habana y en Santiago de Cuba y pronunció varias conferencias, y se asomó a un mundo nuevo de ritmo, trópico y exuberancia. De esas dos experiencias (de junio de 1929 a junio de 1930) nacería ‘Poeta en Nueva York’, sito en Nueva York y alrededores, en Cuba y redactado también en Granada. Un libro muy trabajado, de muchos asuntos, desenfadado e intuitivo, de una imaginería radiante, dividido en diez partes o secciones.

El poeta barajó publicar dos libros: ‘Poeta en Nueva York’ y ‘Tierra’. Seguir el rastro de los textos y las intenciones de Federico García Lorca sería materia novelesca, y lo han contado de maravilla Eutimio Martín, Andrew A. Anderson, Mario Hernández y María Clementa Millán, entre otros. También pensó en ilustrarlo con fotografías y con dibujos. La edición de Cátedra, Letras Hispánicas, realizada por la citada María Clementa en 1992, incluye 18 fotografías.

El poemario quedó inédito. Lorca se lo entregó al poeta José Bergamín, director de la revista ‘Cruz y raya’ (al parecer se lo hizo llegar, “volveré mañana”, le decía, pero no se lo dio en persona) poco antes de partir hacia Granada donde sería fusilado el 19 de agosto de 1936. El libro saldría de España en 1939 en dirección a París de la mano de Pilar Sáenz de García Ascot, que era secretaria de José Bergamín. Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, y por tanto cuñado de Borges, publicaría algunos poemas en 1938 en la edición en varios volúmenes de las ‘Poesías completas’ de Losada de Federico García Lorca.

Tal día como hoy, en 1940, apareció The poet in New York and other poems’ (W.W. Norton Company. Nueva York), en una versión bilingüe de Rolfe Humphries. Tres semanas después, en México y sin autorización de su familia, José Bergamín publicaba y redondeaba, puntuaba de otro modo los versos, en la editorial Séneca ese poemario inolvidable en un volumen con cuatro dibujos originales, un poema de Antonio Machado y un prólogo suyo. ‘Poeta en Nueva York’ ha tenido muchos ilustradores como Juan Carlos Eguillor y Luis Martínez Comín, en Prames; Fenando Vicente en Reino de Cordelia, Carles Esquembre en Panini en cómic, y el aragonés Santiago Arranz, que le ha dedicado muchas obras y varias exposiciones a ese conjunto de 35 poemas, tildado por algunos de “quincallería surrealista”, donde Federico García Lorca aún grita: “Quiero mi libertad. (…) ¡Mi amor humano!”.

 

24/05/2020 23:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETROSPECTIVA. DIÁLOGO CON MANUEL VILAS Y 'EL LUMINOSO REGALO'

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--¿No habrías sentido celos del éxito de ‘Las sombras de Grey’?

No, en absoluto, aunque tanto “La sombras de Grey” como “El luminoso regalo” tratan el mismo tema: el erotismo. Creo que la gente quiere leer novelas sobre sexo, está en el ambiente.

 --¿Qué es lo que te lleva a escribir un libro tan descaradamente sexual, incluso pornográfico si eso se puede sostener en estos tiempos?

El erotismo, en mi opinión, es un asunto todavía sin resolver, y de eso se habla en “El luminoso regalo”. El sexo sigue ocupando un lugar central en las relaciones humanas y en la búsqueda de la felicidad, he intentado poner el dedo en esa llaga. Hemos resuelto muchas cosas a lo largo de la Historia, pero el erotismo es una fuerza atávica y ancestral que nos devuelve al origen de la especie.

 --Más allá de los términos del Apocalipsis o de tus habituales desafueros, que quizá sea tu modo de escribir en libertad, ¿qué reflexiones querías abordar? ¿Cuál es la importancia del sexo en nuestra vida y en nuestra imaginación?

Supongo que por desafueros tengo que entender imaginación y libertad radical en mi escritura; y efectivamente, en esta novela insisto en mi senda habitual de indagación sin prejuicios ni límites en aquellos aspectos que alienan la felicidad de los hombres y de las mujeres. En cuanto a la importancia del sexo, diré que no me invento nada que no esté en Sade, Freud, Jung, Bataille o Lacan, lo único que hago es narrar el misterio del erotismo. Es un libro muy influido por Lacan en el plano teórico. En mis anteriores novelas había tratado la alienación del capitalismo en los ámbitos sociales, económicos y culturales. Me faltaba el erotismo. Como dice Bataille, la civilización ha domesticado el sexo; pero su pulsión está allí y aparece inesperadamente. Es un monstruo dormido. 

--Vayamos con los personajes. El libro se abre con un capítulo casi apabullante y febril protagonizado por Ester, una ninfómana... ¿Cómo ves a este personaje, cuál es su función en la novela?

Ester es una ninfómana sumamente hermosa. Es sexo en estado puro, pero también es amor. Ella representa la compleja relación entre el sexo y el amor. Es un personaje muy voluble. A veces es una mujer terriblemente enamorada y su abyección desaparece. Hay un capítulo muy complejo en donde Ester se transforma en una mujer bondadosa y humilde y conmovedoramente enamorada. He jugado con distintos planos de ficción. Ester es un enigma en “El luminoso regalo”, es una pregunta al lector.

 --Entre las definiciones que le concedes, dices que es una Bruja y “una incandescencia carnívora que vuelve locos a los hombres”.Su primer antagonista, al que quizá haya que interpretar en clave irónica, es un psiquiatra o psicoanalista de vida sexual bastante disoluta, como iremos viendo. ¿Esto es broma o nadie, nadie, se escapa a poder del sexo?

Nadie se escapa del poder del sexo. La gente, simplemente, lo domestica o lo encauza o lo racionaliza o le da un sentido moral o lo convierte en amor o en matrimonio o en relaciones de pareja. El amor a veces parece una construcción cultural encaminada a dar al sexo un sentido civilizador. De todo eso se habla en la novela. El sexo sin ley es destrucción, pero Sade no estaría de acuerdo. El sexo normalizado es un pacto social necesario para que exista la civilización.

 --El protagonista es Víctor Dilan. ¿Has querido que este hombre de 49 años, escritor de éxito, sea un ejemplo de Don Juan Tenorio o de Giaccomo Casanova?

He querido actualizar el mito de Don Juan, que es un mito importantísimo en la cultura europea. Víctor Dilan es un adicto al sexo. La adicción al sexo es la manera contemporánea de calificar al donjuanismo. 

--Dilan está casado con Elena, pero tiene una obsesión: la mujer, no dormir solo, el deseo...¿Es posible que tantas y tantas y tantas mujeres pierdan la cabeza por un hombre como él? ¿Qué les atrae: saberse queridas, la seducción, la fama, el poder, cierta animalidad, saber que estado?

Allí es donde la novela tiene su toque de esoterismo. Víctor Dilan es un brujo, un donjuán con poderes. De hecho al final de la novela se revela su identidad. Se revela quién es en realidad. “El luminoso regalo” pasa entonces de ser una narración erótica a ser una narración sobre el enigma de la vida y el lector tiene suficientes elementos de juicio para deducir la verdadera identidad de Víctor. 

--Por cierto, ¿es posible ser fiel o leal en este mundo, sexualmente hablando? 

En mi novela la fidelidad es una construcción cultural más. Ahora bien, yo he escrito una novela; es decir, una obra de ficción. Creo que fidelidad y lealtad son dos cosas distintas. La fidelidad es una construcción cultural de la masculinidad. En “El luminoso regalo”, todos los personajes son promiscuos. La promiscuidad, históricamente, estaba reservada para la aristocracia. Porque como dice el psicoanálisis de inspiración marxista si se trabaja no se puede ser promiscuo. La promiscuidad solo era posible para quienes no trabajaban. En nuestra sociedad, la promiscuidad está reservada para la clase alta, para empresarios, políticos, artistas, etc. La monogamia procede del culto al trabajo. En la aristocracia no hay ni “cornudos” ni “cornudas”.

--Dilan hace el amor con casi todas sus amantes con la música de Bob Dylan de fondo. ¿Eso qué es: vicio, perversión, una excentricidad, una de tus pasiones ocultas?

Es una ironía cultural. Es un juego. Es también un homenaje inesperado a la figura más emblemática del Pop de todos los tiempos. Quería también resaltar la importancia que la cultura Pop tuvo a la hora de liberalizar el sexo. 

--¿Qué relación existe entre coito y desesperación? muchas veces tus personajes parecen irremediablemente desesperados... 

Bataille llamaba discontinuidad a la imposibilidad de dejar de ser “yo” y entrar en “el otro”. Víctor Dilan no soporta la discontinuidad, pero el sexo no alivia su discontinuidad, su soledad. De ahí su desesperación. El coito es el momento en que se produce la pérdida de la identidad y se alcanza la fusión con el otro. Ocurría algo parecido en la película “Shame”, estrenada hace poco. 

--¿Qué tiene todo el libro de parodia, de gran broma? 

Yo creo que por primera vez en mucho tiempo no he utilizado el humor. Creo que “El luminoso regalo” es una novela muy dura. Es un libro sobre la relación entre el Erotismo y el Mal. No es paródico ni hay humor; o en todo caso, muy poco humor. Esa ausencia se compensa con el morbo y la atracción que producen la lectura de las abundantes escenas eróticas que hay en “El luminoso regalo”.

 --¿Qué le debe a Sade y a Bataille, sobre todo? ¿Y a ‘2001. Una odisea en el espacio’ o a las novelas románticas del siglo XIX y XX?

 He leído mucho a Sade y más a Bataille. A este último la novela le debe mucho en los planos filosóficos o teóricos; en los literarios no le debe nada. A Kubrick le debo la búsqueda de lo absoluto. Y a Emily Brontë le debo la locura en el amor, el amor convertido en fantasma, en enfermedad. Todas esas cosas impulsan la acción en “El luminoso regalo”. 

--¿Has querido llevar al lector a un territorio más bien desapacible: el territorio del mirón que contempla todas las guarrerías posibles y soñadas entre los amantes?

Guarrería” es un término de jerga juvenil o masculina que banaliza el sexo. “El luminoso regalo” sitúa el sexo en el centro de la desesperación y la soledad humanas. El sexo es de una complejidad humana infinita, y eso quiere mostrar mi novela.

--¿Crees que falta aquí alguna práctica sexual, incluso alguna depravación?

No es para tanto. No hay orgías. No hay zoofilia. No hay nada que no sea normalito. Quizá lo anormal sea llamar a las cosas por su nombre, eso puede extrañar en un país como el nuestro, muy dado a no hablar de sexo o hablar de sexo de una forma codificada, artificial y roma. 

¿Tiene Manuel Vilas una desolada visión del mundo? Parece que aquí no se salva nadie, ni siquiera el sexo…

Manuel Vilas aquí no pinta nada, es inexistente y carece de interés lo que piense. Desde que el lector entra en la novela, son los distintos narradores de “El luminoso regalo” quienes deciden lo que se cuenta y lo que no se cuenta; para eso se inventaron las novelas. La ficción nos hace más libres, no tiene sentido moralizar la ficción. Moralizar la ficción es tanto como quitarle la gracia y la fuerza a la literatura. Es verdad que ha habido lectores, a lo largo de la historia, que por juzgar y moralizar han sido capaces de condenar al infierno a la mismísima Madame Bovary. Imagino que Flaubert aún se debe reír desde su tumba.

 

23/05/2020 23:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETROSPECTIVA. VILAS HABLA DE 'GRAN VILAS'

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Diálogo de 2012 con Manuel Vilas con motivo del poemario 'Gran Vilas' (Visor, 2012), que recibió el Premio Ciudad de Melilla. 

 

Gran Vilas’. ¿A qué alude el título: al poeta, a un planeta, al culto a la personalidad?

A la construcción de la identidad como un laberinto y a la vez a la liberación de nuestra propia identidad. También es llevar la célebre autoficción hasta el límite de sus posibilidades.

¿Has querido un poemario de megalomanía o hay que leerlo todo con ironía, con humor?

Es todo humanidad. Es un ofrecimiento. He escrito un evangelio un poco hippie, que en efecto usa la ironía y la provocación.

¿En qué se parece ese personaje Vilas al ciudadano y escritor Manuel Vilas?
Flaubert dijo “Madame Bovary soy yo”. Y lo era. Pessoa era Alvaro de Campos. Yo soy también Gran Vilas. La literatura nos da la libertad que la historia nos niega.

¿Es este el libro de una escisión, de una esquizofrenia, de una enfermedad misteriosa, como dirían los portugueses?

Es muy pessoano, muy Alvaro de Campos. Sí que hay algo portugués en el libro, una especia de suave desesperación.

¿Cuál es la huella real del hombre contemporáneo, kafkiano, desamparado, contradictorio, en el poemario?

El libro afirma que el Amor es el único sentido de la vida humana, que todo lo que no es Amor es alienación y sufrimiento. El libro dice que los seres humanos venimos a este mundo a amar y a ser amados. Es muy whitmaniano.

Vilas quería ser santo, Cristo, Lenin, San Pablo... ¿Has intentado crear, como Nietzsche, una idea del superhombre?

Me gusta Nietzsche, era un provocador. Necesitamos figuras históricas que rompan el rito de la usura y de la economía especulativa. Necesitamos volver a repensar el sentido de la vida colectiva. El capitalismo se está suicidando.

¿Te propones suplantar a Dios?

No, Dios me libre. Creo en la literatura, en eso sí. Dios es literatura, y de la buena, o lo fue históricamente.

Vilas está en todo, es un poco todo. ¿Cómo definiríamos el mundo Vilas?

Es una identidad que se esparce sobre la vida, sobre el mundo. Es un derramamiento generoso. Es un “darse”.

Una de las cosas que más llaman la atención es el cosmopolitismo del libro: los viajes, las ciudades, incluso la palpitante actualidad.

Las ciudades me fascinan. He sido muy feliz en ellas. Me fascina viajar, y temo viajar. Me da miedo viajar. Siempre que emprendo un viaje, pienso que no regresaré jamás. Es muy contradictorio. Me gusta que la poesía hable de política y de lo que está pasando ahora mismo. Me gusta que la poesía diga el mundo con palabras sencillas.

¿En qué medida el libro quiere ser una radiografía de la actualidad?

Ahí se habla mucho del dinero...

Del amor y del sexo, del desamor, a veces te aproximas casi a la misoginia... De la infancia y de los coches de nuevo...

Todo el mundo habla de dinero. Es el gran tema de nuestro tiempo. El sexo también. Deberíamos hablar más de sexo y menos de dinero. Es más importante el sexo que el dinero, eso sí lo afirma mi libro. Los coches, bueno, están allí. Todo el mundo quiere tener un coche. En mi poesía no hay distinción de géneros. No hay ni hombres ni mujeres. Solo hay seres humanos. Es metafísicamente imposible la misoginia en mi libro. La misoginia me ha repugnado siempre. De hecho, yo me siento mujer. Hay un poema en el que se dice que el Gran Vilas es, en realidad, una mujer.

¿Qué quieres decir cuando dices que el amor es la razón de tu escritura, la clave de tu poesía?
El Amor es el lugar donde no es posible la mentira ni la alienación. Mi poesía quiere estar allí, en ese sitio donde no se miente ni se explota a nadie.

¿Has llegado a ese punto, de extravagancia o de provocación calculadas, que todo tiene cabida en tu escritura?Intento decir lo que veo en mi escritura. A unos les gustará más, a otros menos. Yo hago lo que creo que tengo que hacer. Ya no me importa demasiado lo que se diga de mi literatura. Estoy a punto de hacer lo que hace mi amigo Antonio Orejudo: no leer las críticas de mis libros.

¿Qué escritores estarían detrás del libro: Walt Whitman, Bukowski, Gil de Biedma?

Sobre todo Whitman, que es el que más me interesa. También algo de Alvaro de Campos, y algunas cosas de Gil de Biedma y de Octavio Paz. Bukowski no me interesa demasiado, pero lo respeto.

¿Qué le pides a un poema?

Que te haga temblar de amor.

¿Cuál es el cometido de la poesía ahora? ¿Sigue siendo un arma cargada de futuro?

La poesía debe regresar a la vida pública. Mi poesía lo hace. La poesía es útil y necesaria. La poesía tiene que volver a ser social y a ser política, pero en el marco del siglo XXI. Creo que existe una nueva poesía social, que está a punto de estallar.

Me ha dado la sensación de que con este libro has llegado a un cierto límite... ¿Qué pasará ahora con el personaje poético Vilas?

Al final del libro, en un poema muy importante que se titula “The End”, Vilas muere. Se ha acabado un ciclo, sí. Ya no volveré a escribir así. Vilas se marcha de este mundo. Dice adiós aquí. Ya no lo veremos nunca más. Me da pena que se marche. Era un buen tipo. Te reías con él y siempre te pagaba una copa.

 

*Manuel Vilas, retratado por Daniel Mordzinski.

 

23/05/2020 08:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

2013. RETROSPECTIVA. JOSÉ VERÓN GORMAZ RECIBE EL PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS

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*El azar me ha llevado a encontrarme en un correo con esa noticia y un diálogo, en indirecto, con José Verón Gormaz. Premio de las Letras Aragonesas en 2013.

 

El poeta, narrador y fotógrafo José Verón Gormaz (Calatayud, 1946) fue ha sido distinguido con el Premio de las Letras Aragonesas 2013 por “su dilatada trayectoria multidisciplinar”. El jurado precisó que “la obra de José Verón refleja una dimensión humana y su enraizamiento con la sociedad de su tiempo”. Desde Calatayud, sentado primero en el bar Goya, donde suele escribir, y luego en una terraza de un paseo, el escritor asimilaba con emoción y orgullo el galardón, que carece en esta legislatura de asignación económica.

No me esperaba el premio -declara-. Sabía que me había propuesto la Asociación de Escritores Aragoneses tras una votación democrática, y estoy muy feliz. Muy contento. Es un orgullo y un reconocimiento a una labor que tiene muchos momentos duros, ingratos, y otros de placer y de felicidad. Y también siento que esta distinción servirá para impulsar las pequeñas cosas que estamos haciendo en Calatayud: los ciclos de cine, las actividades culturales, las ediciones y recitales de poesía.

Vivimos un período especialmente duro: la cultura está herida”.

Precisa Verón, autor de una treintena de libros, que no solo está herida por la precariedad de presupuestos o la política de subvenciones. Matiza: “La cultura está herida en su consideración, en su presencia en la vida pública. La pérdida de importancia de la cultura es un problema social, y tenemos todos que luchar por curar esas heridas porque en ello también se nos van la vida y el futuro”.

Verón ha escrito relato y novela, ensayo poético, crónicas, ha sido reconocido aquí y allá por sus fotos, de atmósfera lírica y sutil, pero donde “he dado lo mejor de sí mismo” ha sido en la poesía. “Me siento poeta por encima de todo. Esa es mi condición esencial. Desde joven, lo primero que escribí fueron poemas. Soy poeta del paisaje abierto, de las montañas y los llanos, de las vegas, pero también me siento poeta del paisaje urbano. Y soy poeta del tiempo. Nuestra verdadera patria es el tiempo”. En un acto de sinceridad confiesa que en los demás géneros se queda en uno o varios escalones más abajo. “Soy vanguardista y clásico, experimento y soy aficionado a la copla y al epigrama, y creo que la poesía es, ante todo, misterio. Misterio, adivinación, conciencia, palabras y muchas cosas más”.

José Verón es un poeta del amor, del paisaje, de la intimidad y de la enfermedad. Algunos de sus poemarios constatan la fragilidad de la existencia y su constante combate con el cáncer. “La enfermedad me ha marcado a mí y a mi poesía. La enfermedad es uno de esos caminos bruscos que tiene la existencia. Da la sensación de que tienes fecha de caducidad y a la vez debes oponerle la esperanza. Yo aprendí de Omar Kayyam la exaltación del ‘carpe diem’, disfruta del momento. Y eso lo he intentado hacer ante las tormentas del dolor”.

José Verón está feliz. De repente confiesa: “Creo en la amistad y más que en la solidaridad, creo en la fraternidad”. La poesía, en cierto modo, desde su visión de la literatura, tiene una función social. “La función de la poesía, a lo largo del tiempo y en diversas culturales refinadas aunque no elitistas (que no es lo mismo), ha sido clara: servía para abrir las mentes, para establecer nexos y para responder a preguntas sin respuesta. Es una forma de aproximarnos a temas fundamentales”.

También sostiene que la poesía debe ser introspectiva y crítica, y debe esclarecer los aciertos y errores de la sociedad y de las diversas formas del poder. Apostilla: “¿Y la belleza? Es uno de los elementos de salvación que tenemos. La belleza de la poesía nos ayuda a sentir, mirar y ver, y nos ayuda a poder escaparnos del tedio y de los lugares oscuros de nuestra existencia”. Escritor de café, escritor de cuaderno con bolígrafo o pluma, se atreve a sugerir sus mejores libros, o los libros claves, a futuros lectores. “¿Mis libros decisivos? Eso es muy difícil, pero le diría la trilogía sobre la enfermedad, 'Trilogía del tránsito y la duda', compuesto por tres libros: 'El exilio y el reino', 'El jardín transparente' y 'En las orillas del cielo'. Y también recomendaría mi último poemario: ‘Ritual del visitante’ (Olifante, 2012), donde se ven nuevos caminos y una senda hacia la luz y la esperanza”. Puesto en la tesitura de elegir algunos de los vates que más le han marcado, Verón cita a Francisco de Quevedo, Pablo Neruda, García Lorca y por supuesto Marcial, al que le dedicó hace poco una novela: 'Las puertas de Roma' (Mira, 2012).

Añade de inmediato: “Debería decirle muchos, muchos más. En Aragón estamos viviendo un espléndido momento: ahí están Pisón, Carlos Castán, Santiago Gascón, que me interesa mucho, o Fernando Sanmartín, si hablamos de narradores. La lista de poetas es muy amplia: Guinda, Toni Tello, Jesús Jiménez, Manuel Vilas, David Mayor, Joaquín Sánchez Vallés, etc. Y me quedo corto”.

José Verón Gormaz ha cosechado numerosos galardones a lo largo de sus más de 40 años de producción literaria y artística: ha sido premio San Jorge en 1984 y Premio Hermanos Argensola en 1991. Está en posesión de la Medalla de las Cortes, de 2006, y es Premio Honorífico de la Asociación Aragonesa de Escritores. El jurado que le concedido el premio ha estado formado por el director general Humberto Vadillo, el editor y librero Joaquín Casanova, los escritores Jordi Martínez Brotons, Emilio Quintanilla Buey y José Luis Melero, el escritor y profesor y músico Gabriel Sopeña y la funcionada de cultura Palmira Vicente Sanz. 

23/05/2020 07:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIX, MAX Y MEX, DE LUIS SEPÚLVEDA

ps://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/20/el-ultimo-canto-a-la-amistad-y-al-arte-de-contar-de-luis-sepulveda-1376013.html

21/05/2020 13:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MIGUEL MENA: 'CANCIONES TRISTES QUE TE ALEGRAN EL DÍA'

Miguel mena. ‘Canciones tristes que alegran el día’. Pregunta.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/21/miguel-mena-el-motor-que-me-mueve-es-la-curiosidad-siempre-la-he-sentido-1376030.html

¿Las más bonitas canciones son tristes y alegran el día? ¿Suele sucederle eso?

Me gusta todo tipo de música, pero hay algo que me produce un placer especial: conducir por carreteras solitarias mientras escucho música suave, canciones melancólicas con el fondo de paisajes solitarios. En esa situación encuentro una paz y una serenidad inigualables.

¿Qué le ha dado la música a lo largo de 40 años o más?

Para empezar me dio una profesión: me contrataron como locutor de radio para hacer programas musicales y en ello estuve más de quince años. Por esa gatera entré a otro tipo de programas, ya en 1988 con Estudio de Guardia, pero todavía siento una emoción especial cuando alguien me comenta que me escuchaba en los tiempos de Parafernalia o Los 40 Principales. La música me acompaña, me arropa y me produce una curiosidad infinita.

¿Qué le tiran más a un periodista: las historias o los secretos que hay detrás de la vida?

A mí me gustan las pequeñas historias que están detrás de gente corriente. Todo el mundo tiene algo interesante que contar, lo sé muy bien porque he hablado con miles de personas en treinta y siete años de radio. El periodismo que encaja conmigo no es de primicias, exclusivas y grandes titulares. Me atrae la cara B de la vida cotidiana, lo que sin ser trascendente puede ser muy emocionante.

Acababa de publicar ‘Canciones ligeras’ (Pregunta), casi la novela de media vida, y casi en un año arma este libro. ¿Qué quería? ¿Es una reivindicación del escritor que también es periodista o del cronista que también es fabulador?

Canciones tristes que te alegran el día” es un libro de lenta maduración. Su relato más antiguo se remonta a 2002, con la historia de Los 3 Carino que publiqué en Artes y Letras, y el último tiene fecha de hace unos meses. Por el medio hay textos de épocas muy diversas. Es un libro breve escrito a lo largo de dieciocho años, nada que ver con una novela, que tiene un proceso muy distinto. Este último es una apuesta por la indagación, por el reportaje y por el valor literario de pequeñas historias reales.

Uno de los textos más impresionantes del libro, y hay varios, es el del futbolista Badiola. ¿Qué le conmovió del personaje?

En 2007, Félix Romeo me pidió un relato para el libro que conmemoraba el 75 aniversario del Real Zaragoza. Siempre había tenido la duda de qué había sido de aquel futbolista herido en el incendio del Hotel Corona. Por entonces no se había escrito nada sobre él y me puse a investigar. Llamé a gente de aquí y de allá, periodistas, directivos, futbolistas, y fui averiguando la triste historia que había detrás. Valdano fue especialmente amable conmigo y reveló por primera vez que el motivo de su ausencia aquella noche en Zaragoza fue por discrepancias con el Alavés. Luego, a base de hacer muchas llamadas a Ondárroa, conseguí localizar a la madre de Badiola y el testimonio de aquella mujer, por entonces octogenaria, me conmovió profundamente. El relato finaliza con una frase suya, lo bastante demoledora como para no añadir ni una letra más.

Y no se queda a la zaga el relato del joven oscense Josefo Alcazo, asesinado en Madrid, en el Retiro por los ultras… ¿Se acordaba de la historia o le han puesto tras la pista?

Yo estudiaba en la Complutense cuando mataron a José Luis Alcazo y sufrí varias agresiones de grupos de Fuerza Joven que aparecían de repente en la facultad y arrasaban con todo. Hablo de 1979, 1980, esos años. También los sufrí un par de veces en el Rastro madrileño, cuando aparecían dando cadenazos y empezaban a volar sillas, mesas y tenderetes, con cientos de personas en pánico corriendo a lo loco. Siempre tuve muy presente a Josefo y otros estudiantes muertos entonces. El pasado mes de septiembre, al cumplirse cuarenta años de su asesinato por un grupo de chavales procedentes de Fuerza Joven, realicé un reportaje para la radio. Visité su pueblo, Albero Bajo, muy cerca de Huesca, hablé con sus amigos, y lo más impactante para mí: localicé por teléfono al que fue condenado como autor del golpe mortal. La conversación duró poco más de un minuto y aún tiemblo cuando la recuerdo.

¿Qué crees que pensaría Javier Tebas, jefe provincial de Fuerza Joven de Huesca en 1979, si leyese su texto?

Me gustaría creer que tiene un minuto de compasión para aquel joven paisano suyo apaleado hasta la muerte con bates de béisbol.

¿Por qué le han conmovido y le han posicionado siempre tanto las historias de violencia tan gratuita?

Deploro la violencia de cualquier clase, venga de donde venga, incluida la violencia verbal. Hay que ponerse siempre en el lugar de las víctimas, sentir que su dolor podría haber sido nuestro dolor en cualquiera de esas muertes absurdas.

¿En qué medida en este libro recupera el espíritu de ‘Piedad’?

En toda. Son otras historias, pero el mismo tipo de libro: relatos reales y fotografías. La única diferencia es que en este último los textos son más largos, pero las temáticas vienen a ser las mismas: la violencia, la familia, el azar, la música, el amor, la discapacidad, las paradojas de la vida. Todo eso ya estaba en “Piedad” y vuelve a ocupar su sitio en estas canciones tristes.

En 2011, el día de la muerte de Félix, empezó el ‘Diario de Daniel’, que no tiene muchas entradas. Has pasado del dolor a la emoción y a la aceptación, si me permite decirlo asi. ¿Qué le ha enseñado Daniel, que padece el síndrome de Angelman, o de los niños felices?

Daniel me ha enseñado a aceptar la vida como viene, a saber convivir con la dificultad, a asumir que tu tiempo no te pertenece, a conocer de cerca a toda esa gente maravillosa que tiene como vocación trabajar con la discapacidad, con la enfermedad o con la senectud. Para mí ya eran un ejemplo mucho antes de que apareciera el coronavirus.

¿Qué no sabías de tu familia que te llamaba y has descubierto con ese material histórico y novelesco tan conmovedor?

Me impresionó descubrir el ámbito tan reducido en el que se había desarrollado la vida de mi familia materna durante siglos, sin moverse de dos pequeños valles de la Rioja Baja. Supongo que habrá sido así en la mayoría de las familias, pero verlo corroborado en un documento, con treinta antepasados de cuatro generaciones nacidos durante el siglo XIX en un radio de once kilómetros, me impactó mucho.

¿Un nombre como Ulpiano puede abrir toda una espiral a la memoria?

Era el hermano mayor de los ocho que tenía mi padre. Zapatero de profesión. Contaba 31 años cuando desapareció. En casa nunca se hablaba de él, te ibas enterando por algún primo. También fue un primo quien descubrió los documentos de su encarcelamiento y su orden de traslado de Burgos a Palencia el 3 de agosto de 1936, adonde nunca llegó.

Con lo pudoroso que sueles ser, ¿cuándo y por qué se atrevió a denunciar al religioso Briñas?

Ya había comentado que sufrí abusos en un libro de 2005 (‘1863 pasos’). Lo que ocurrió fue que en la última década mi abusador apareció varias veces en los medios de comunicación por haber sido el fundador de la Escuela de Fútbol del Atlético de Madrid. Aquello me alteró bastante. Hace un par de años, hice gestiones, conseguí su teléfono y mantuve con él la conversación que reproduzco en el libro. Probablemente no habría pasado nada más de no haber sido porque pocos meses después apareció en todos los informativos, junto al presidente atlético, en la presentación del fichaje de Álvaro Morata. Esa continua exhibición pública me llevó a denunciar el caso. Tras de mí aparecieron varias víctimas más, con casos que iban desde los años 60 a los 90. Todos coincidieron en señalar que verlo convertido en un personaje público les resultaba especialmente doloroso, pero ninguno hasta entonces se había atrevido a comentarlo con nadie.

Es como un cazador-fotógrafo sentimental de emociones, de paradojas, de instantes… El libro está lleno de todo ello. ¿No?

El motor que me mueve es la curiosidad. Siempre la he sentido y no mengua con los años, al contrario. Y a menudo la curiosidad por pequeños detalles, por cosas que me resultan emotivas, chocantes o divertidas.

Cuenta varias historias del camposante de Torrero. ¿Qué encuentra en los cementerios?

A mí me parecen un gran archivo de vidas. Unas pocas palabras en una lápida pueden contar muchas cosas. En un pequeño cementerio del Moncayo vi dos nichos contiguos ocupados por dos hermanos fallecidos entre los años 30 y 40. Cotejando las fechas que aparecían allí, comprobé que el segundo había nacido nueve meses y medio después de la muerte del primero. Sus padres lo engendraron días después de perder a un hijo de apenas año y medio. Seguramente fue la manera de enjugar su pena. Detalles así veo a cientos cuando paseo por un cementerio.

Leyendo y releyendo el libro, ¿se ha parado a pensar cuántas vidas hay en una vida?

Es algo que pienso con frecuencia, los vaivenes que da, las identidades que nos va aportando, la responsabilidad que tenemos ante la vida de los demás y cuáles son las cosas que merecen verdaderamente la pena.

¿Cómo debe ser el periodismo de hoy y el del futuro?

Honesto y compasivo.




 

21/05/2020 09:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ MALVÍS: "PREFIERO LA POESÍA EN LA CALLE"

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José Malvís: “Prefiero que la poesía esté en la calle”

 

El poeta vallisoletano, afincado en Zaragoza, publica en Olifante su nuevo libro ‘[Vatios Azul Pálido]’

 

¿Qué es el poemario ‘[Vatios Azul Pálido]’? ¿Cómo lo ha planteado, qué buscaba?

Con este libro he intentado mostrar un viaje por esas pequeñas cosas que nos arañan y nos pueden hacer grandes o diminutos. Lo he estructurado a través del vuelo y lo que significan, las sondas Voyager, cuya potencia de emisión con respecto a nosotros es de 20 vatios aproximadamente. Una de las premisas fundamentales que intento buscar con estos poemas, es el redescubrimiento, la exploración y el interrogante acerca de lo que nos encontramos en nuestras vidas. Si consigo que sonrías, dudes o te entristezcas, habré conseguido estar cerca de lo que pretendo, mucho más allá de mi posible creatividad.

 

¿Tiene algo experimental, de juego, provocación, denuncia, de indagación espacial...?

Yo más que experimental, lo llamaría sondeo. Los capítulos son dos sondas que viajan por la reformulación de los espacios, la puntuación, las imágenes y metáforas que hacen de lo tangible y sólido, algo no sustancial ni corpóreo, algo que existe y se mueve. La provocación siempre es parte de mi verso pero siempre condicionada a la observación y cierta coherencia, no todo vale, hay reglas que no son capricho ni azar.

 

¿Qué significa este poemario en su carrera, cabría decir que es su libro más importante?

Para mí es el más ambicioso desde una perspectiva madura. Hace poco (un par de años), me otorgaron el Premio Internacional Antonio Machado de Literatura en Collioure por una obra que me llevó muchos años corregir. Siempre le guardaré un cariño muy especial pero sin embargo, son poemas que tratan acerca de sentimientos y percepciones muy instintivas, muy básicas aunque lleven a cierta profundad.

¿En qué evoluciona aquí?

En ‘[20 Vatios Azul Pálido]’ hay un desarrollo, una madurez que aunque conserva la infancia entre sus páginas, sacude o pretendo que sacuda al lector con más lógica, más desarrollo. Ojo, no lo planteo como una obra pedante o rebuscada, me gusta pensar que soy claro. Desde luego, los versos de este libro son los más cercanos a la piel de este poeta, pese a que nunca publique libros siquiera parecidos, este es el que más facetas abarca de mí.

Qué es la para usted la poesía?

La destrucción del tiempo, siempre. Mi verdadero idioma. Mi hija y el humanismo que asume quiénes somos con pureza, casi con ingenuidad, para poder tender la mano y subir cualquier montaña.

 

¿Qué supone publicar en Olifante para alguien que también es editor?

Un regalo, un poema perfecto dentro de las páginas que he recorrido. Para mí significa pertenencia a la historia viva de Aragón y sus callejones, junto a Guinda, Trinidad y otros poetas inmensos. Como editor y ex autor de Zoográfico también estoy muy muy contento. Sé que la editorial Zoográfico tal vez no sea tan mediática como otras, pero si tiene una calidad muy auténtica, prácticamente insustituible. Pero ahora, tras moralmente no aceptar publicar en la editorial en la que trabajo, he tenido muchísima suerte.

¿Por qué lo dice?

Pertenecer al catálogo de Olifante me hace sentir dichoso y feliz, es un gran honor teniendo en cuenta que es poseedora inequívoca de una parte muy importante de mi vida. Y además también es auténtica y una gran maestra sobre lo que se comprende por tiempo. Por otro lado, sin Ángel Guinda, que firma el epílogo (el prólogo es de Mar Sancho), este libro no se hubiera construido. Todo son luces.

 

Usted es promotor de encuentros y de recitales. ¿Qué pasa con la poesía?

Pues una impresión que tengo, es que estaba en manos de unos pocos y ahora no es así (aunque también estoy notando como poco a poco todo vuelve a ser como antes). Se han abierto un montón de canales de difusión, lo que ha provocado que llegue a más gente. La calidad varía pero no verá en mí a alguien que se queja al respecto, porque prefiero que la poesía esté en la calle, cada vez más al alcance todos, que de unos pocos. Las probabilidades de encontrar obras buenas aumentan y/o fomentan que en el futuro las siga habiendo. Pese a nuestros gustos o criterios, hay que respetar siempre. No sabemos qué puede nacer de un tiesto o de un bosque. Nunca lo sabemos.

¿Qué le dice el binomio poesía y pandemia?

Me dice que la poesía también es una herramienta. Que la gente suele desconocer el tremendo poder que tiene y que cuando yo al fin pueda dar un beso, ese beso significará galaxias enteras con cometas y matices estelares, muchos versos revoloteando alrededor. Lo que estamos viviendo o hemos vivido nos debería de enfocar a una aceptación o empatía que todavía no tenemos. Eso no significa que no se vaya a conseguir mejorar, significa que la poesía es tan imprescindible como dar un beso o confiar. Esto no es nuevo, lo nuevo es avanzar en la dirección correcta. Como sugiero en el primer poema del libro, ‘Tecnología Avanzada’, hay que “vindicar el origen / recuperar el valor de la palabra / tener palabra / emplearla / no olvidar los matices que lleva en su sonido / ni el aire / antes magnánimo y reluciente”.

 

 *La fotografía es de Alberto Martín.

 

 

15/05/2020 07:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN ARTÍCULO DE ANTONIO HERRAIZ (1946-2020)

EL LIBRO DE UN REGENTE

Así nacen y mueren los periódicos en España’. Roberto Pardos. Prólogo de Antón Castro. Doce Robles. Zaragoza, 2015.

Por Antonio Herraiz Soler (1946-2020)

La noche del 24 al 25 de septiembre de 1993 un linotipista del Heraldo de Aragón apuñaló durante la jornada laboral al regente de dicho periódico, Antonio Fuertes Pablo. La primera herida, asestada de abajo arriba, rozó el hígado de Antonio por debajo de las costillas; la segunda, recibida de arriba abajo cuando Antonio se desplomaba, fue un auténtico descabello: les eccionó la médula entre la primera y la segunda vértebra. Caído en el suelo del taller, en medio de un gran charco de sangre, el regente del Heraldo de Aragón decía que no se podía mover. Había quedado tetrapléjico. En el hospital, a los pocos días, le practicaron una traqueotomía para enchufarlo a una máquina de respirar. Desde entonces tampoco podía hablar. Y, finalmente, Dios quiso ahorrarle una vida desufrimientos a él y a su familia y se lo llevó el 20 de octubre. Al día siguiente, el de su entierro en el cementerio de Torrero, hubiera cumplido 53 años.

Y pese a tratarse el suyo de un caso único, le ha sucedido lo mismo que atodos los regentes que he conocido durante mi vida profesional transcurridaen diarios de distintas ciudades españolas. Joaquín, Juanjo, Chomin, JuanAntonio, Arsenio, Florencio y Justo gobernaron sus talleres, se aliaron conla divina providencia para hacer el inexplicable milagro diario de componer, editar e imprimir un periódico año tras año, y después, si te hevisto no me acuerdo. El relevo de las generaciones arrastra consigo la desmemoria y el olvido, de manera que los ahora llamados trabajadores de los diarios no saben ni quienes fueron sus padres ni sus madres, profesionalmente hablando. Debe de ser eso que llamamos “ley de vida”.

Pues para pasarse esa ley de vida por el arco del triunfo ha escrito este libro Roberto Pardos, el segundo regente que tuve en El Noticiero después del inigualable Justo Olloqui, que fue el primero. La edición vigésima segunda del ‘Diccionario de la lengua española’ (DRAE), publicada en 2001, entre las acepciones de la palabra ‘regente’ incluye esta: “En las imprentas, boticas, etc., hombre que sin ser el dueño dirige inmediatamente las operaciones”. Y se queda corta, porque las más de las veces, el regente mandaba más que el amo. La vigésima tercera edición le enmienda la plana a la anterior y no incluye esta acepción. Así que ni con algún pequeño añadido de tipo sexual la dejan sobrevivir para que también regenten las imprentas, las boticas y los etcéteras las mujeres;aunque la cosa podría ir más lejos si se extiende esa corriente antizoológica que cree que los hombres y las mujeres no tenemos sexo sino género:masculino, femenino, neutro, cambiante, doble, según, a veces y angelical.

No lo explica el Diccionario, pero sí hay otra razón para suprimir la acepción. Y es que, quitando el caso de las boticas y los etcéteras que caen fuera de lo que yo conozco, los ingenieros y otros técnicos que ahora dirigen inmediatamente las operaciones sin ser los dueños de las imprentas,se verían muy mermados en su imagen si los denominaran oficialmente ‘regentes’. ¿Dónde se ha visto que un garañón se rebaje a mulo?, ¡por Dios!Roberto Pardos, además de compañero de trabajo y amigo, fue, como yo, maqueto en el País Vasco y charnego en la capital del principado de Cataluña, Barcelona.

Así que, aunque cada uno por separado, hemos tenido vivencias paralelas durante nuestra etapa de emigrantes y eso, quieras queno, une. Pero es que antes de eso -lo he sabido al leer su libro-, ya teníamos algo de vecindad común. Roberto nació en un piso de la calle San Miguel número 50 el año 1940, y en ese mismo número de esa misma calle –aunque supongo que sería un inmueble anterior- vivió uno de mis bisabuelos cuando fue destinado cuarenta años antes a la Caja de Reclutas de Zaragoza, y allí nacieron dos de los cuatro hijos de su segunda mujer.

De las experiencias adolescentes y juveniles de Roberto en el Frente de Juventudes me libré porque en mi casa no tragaban a los falangistas, pero mi amigo y admirado conocedor de todos los intríngulis de la corrección gramatical, Ángel Hernández Mostajo, disfrutó de lo lindo el día que los reuní en una comida de trabajo y descojonamiento al contarse uno y otro las vivencias joseantonianas y callejeras de sus respectivas infancias. Casi me daban envidia. Roberto ha escrito muy inteligentemente una biografía personal vinculada asu desarrollo profesional. Es lo mismo o parecido que debieron de hacer los redactores del Antiguo y el Nuevo Testamento: en proyección. Es decir,que de mayor, y gracias a lo que aprendió y fue de pequeño, actuó comouna flecha en dirección fija sabiendo bien dónde estaba el centro de la diana a la que se dirigía. ¿Resultado?: ¡blanco! Por si me lee algún niño, lo traduciré al lenguaje de las maquinetas: ¡target!

Roberto ha sido testigo del nacimiento, la resurrección y la muerte de diversos diarios y sabe de qué habla cuando relata cómo y por qué mueren los periódicos en España. Desde su visión como regente de un taller tipográfico clásico, pero también con su puesta al día en los nuevos procedimientos y aplicaciones editoriales tanto de composición como de impresión, se convirtió –como él mismo cuenta en este libro- en una de las personas más preparadas en España para aconsejar a las empresas editoras en el difícil arte de la supervivencia durante los apasionantes años de la transición. Acudieron a él como los náufragos se aferran a una tabla en alta mar. Unosse ahogaron y otros sobrevivieron: ¿por no hacerle caso o por seguir sus consejos? Júzguelo el lector. Por lo que a mí respecta, la lectura de estas memorias de Roberto Pardos me hace pensar que muchas veces Dios da pan a quien no tiene dientes, y no sé si dientes a quien no tiene pan. No es el caso del autor. Tal vez sí el de algunos de los amos, no de todos.

Antonio Herraiz Soler

 

 

14/05/2020 17:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVAS ENTRADAS EN 'ARTES & LETRAS'. HERALDO.ES

'ARTES & LETRAS' EN LA RED: SEIS NUEVAS RESEÑAS...
[Víctor Mira en A del Arte; libros de Ángel Olgoso, Nickolas Butler, Daniel Nesquens; cuento real que parece fantástico de Óscar Sipán, duelo del elegante y el toro, una entrevista con José Malvís...]

EL MICROCUENTISTA ÁNGEL OLGOSO. Por Pedro M. Domene.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/13/el-minimalismo-barroco-de-angel-olgoso-1374618.html

DANIEL NESQUENS. 20 AÑOS DE LIJ. Por JULIA MILLÁN

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/14/daniel-nesquens-20-anos-de-buena-literatura-1374621.html

VÍCTOR MIRA Y ‘ANTIHÉROES’. Por ALEJANDRO RATIA.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/14/victor-mira-la-pintura-como-potro-de-tortura-1374727.html

'ALGO EN QUE CREER’ DE NICKOLAS BUTLER. Por SONIA FIDES

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/14/una-historia-de-amor-absoluto-y-otras-sombras-1374788.html

DUELO DEL ELEFANTE BIZARRO Y LOS TOROS. Por ÓSCAR SIPÁN

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/14/bizarro-visita-aragon-duelo-del-elefante-el-toro-en-huesca-y-zaragoza-1374787.html

ENTREVISTA CON EL POETA JOSÉ MALVÍS. Por ANTÓN CASTRO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/14/jose-malvis-prefiero-que-la-poesia-este-en-la-calle-1374773.html

14/05/2020 16:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ELENA PALLARÉS

TIEMPO SIN CORAZÓN

 

A Helena Santolaya

 

Y la muerte de blanco soltará sus jaurías

Pere Gimferrer

 

 

 

Una clara mañana

sopló un viento del sur, no sé, del norte.

Suave corrió un aliento,

un airecillo apenas,

poco más que un suspiro

de tristeza, no sé, de gozo.

 

Vino no sé de dónde una mañana clara.

Fue revoloteando por la alcoba

hasta elegir, no sé por qué, aquel sitio

en el que te gustaba latir a contratiempo

y esa brisa ligera

que enloqueció de amor nada más verte

—¡cómo no iba a entenderlo si me pasó lo mismo!—

tomó tu corazón de abrevadero.

 

Los cuchillos del día cayendo sobre ti

—¡qué bien sabes matar a una mujer

de pena, mala estrella!—

escribieron la historia a sangre y fuego.

Y vi tu corazón entre sus garras

pintado de amapolas

cuando el viento del norte,

no sé, del sur,

salió por la ventana

bajo forma de pájaro.

 

La sombra de su ala oscureció el paisaje

y aún le vi recorrer las lejanías

y arrojar su botín en un mañana

donde habita el miedo

mientras tú, insistente,

escucha, escucha, escucha,

te habla mi corazón y no mi boca.

 

De todas las palabras que dijiste

sólo recuerdo la palabra

adiós y el gesto de tu mano.

 

Tiempo de corazón, no sé,

tiempo sin corazón.

 

 ***

 

VENUS Y ADONIS

 

A María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho

 

tú te repartes como el lenguaje espacio dios descuartizado

Octavio Paz

 

 

 

 

I

 

Fusilaron los hombres a los pájaros

y el cielo se llenó de pétalos heridos.

 

Anochece la carne de los días, dijiste,

y flotan en el aire partículas de muerte.

¡Había tanto adiós aquella noche

en nuestra alcoba!

 

Llameaba en los parques tu tristeza

—cuando llameas tú llamea el universo—,

llamada era de amor tu vuelo azul,

tus ayes y tus llamas, corazón,

mientras caías

del encendido cuerpo al nombre calcinado

como ahora caes, rebelde ángel de fuego,

sobre esta línea en que al nombrarte

arde la línea y arde el nombre.

 

De noche, sentenciabas, arden todos los nombres.

 

Hubo después unánime caída

de palabras y pájaros

indeclinables.

 

II

 

¡Tu tránsito a la rosa!

 

Igual que por la tarde se hunde el día

tras de los horizontes

para volver a renacer mañana,

en mitad del jardín de mi escritura

cada noche, amor mío, resucitas

salvado en una rosa casi muerta

de tantas muertes tuyas escritas en sus hojas

ahora color de mar de sangre o vino.

 

Y son los mismos hombres

que arriba asesinaban a los pájaros

—yo vi llenarse el cielo de picos y de alas—

los que hoy van al banquete de tu cuerpo

y se toman tu nombre en copas de mentira.

 

III

 

Yo soy la sed del peregrino,

déjame que en tus pétalos abreve

 

— de desierto en desierto

cuelgan pasos de arena

del árbol de la errancia,

de duna en duna—,

 

yo soy el hambre de la llama viva

 

—pétalos son incendio, son infierno,

son horno crematorio en donde arde inmortal

la carne de que habré de alimentarme,

pétalos son teatro de las resurrecciones—,

 

soy el deseo de la zarza ardiente

 

— de desierto en desierto

colgué mi corazón

del árbol del exilio,

de duna en duna—,

 

déjame que en tus pétalos abreve,

ya conocen mis labios la lengua del destierro.

 

IV

 

Ya no estás en la línea, estás inscrito

en un paisaje por venir

como un pretexto de existencia

más que como una huella de tu paso.

Apenas queda llama sobre llama,

unas brasas de letras ilegibles

de tu carnet de identidad hechas cenizas.

Tú ya no tienes nombre, amor.

No sé cómo llamarte.

Adónde.

 

V

 

Me paró la serpiente en medio del camino.

Tu nombre, me ofrecía, la llave al otro lado

de este río, esta noche, este dolor:

 

El nombre es el reverso de la muerte,

dijo, la cara oculta de la caducidad.

 

¡Me vendí al diablo

por cuatro promesas al aire!

 

Ahora estás al alcance de mi boca,

dije dando un mordisco a la manzana.

 

Y después no hubo nada. O hubo tanto.

 

VI

 

¿Ya no me reconoces?

No me llames amor, llámame sombra,

dime espejismo.

Soy la mujer de tierra,

soy la mujer sin tierra,

el ave pasajera que no cuelga su nido,

los horizontes del deseo

una estrella fugaz que reescribe la historia,

los horizontes del deseo,

lo vagabundo.

 

Yo, la viajera

—la extranjera me dicen donde vaya—,

soy aquella que corre

tras el amado muerto en flor

como corren las otras viudas

por las arquitecturas de la ausencia

cuando buscando al hombre

—escultura de arena en las playas del aire—

suben calvarios

y en su lugar encuentran

sangre de dios

y un nombre.

 

 

*Los poemas pertenecen a su poemario ’Mala estrella’.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2019/02/07/elena-pallares-canta-amor-libro-donde-palabra-vence-muerte-1291479-1361024.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

El vendedor de vida

me ofrecía tu sangre en una taza de té.

 

Al apurar tu nombre

—dije tomando un sorbo ceremoniosamente—,

estallan en mi pecho las bodas de la sangre

—mira mi nombre hecho tu nombre,

mira dos corazones hechos un corazón—

y aletea en mis venas tu latido.*

 

Sobre los mostradores del lenguaje

extendía la noche tu carne imaginaria

que parten y reparten cuchillos de teatro

en letras, letras, letras… ¡Tú eras todas las letras

en los abecedarios del amor!

 

Y cuando al fin tu nombre deletreo

—A-m-o-r, A-m-o-r, A-m-o-r, conjuro—

floreces en mis días y en mis páginas

y yo atrapo el milagro

al vuelo.

mientras te me comulgo, amor, te me comulgo.

 

Suenan en la campana voces de anunciación.

Y entonces llegas tú aunque no tú.

O te inventa el poema.

 

 

 

* Latido es la promesa de días venideros.

 

 



 

 

 

 

 

13/05/2020 16:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ANTONIO ALTARRIBA / II

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/entrevista-antonio-altarriba-puede-que-cuando-dobleguemos-la-curva-infecciones-se-dispare-la-divorcios?fbclid=IwAR1ybJexG9yexILG9uYRDl10QaYbzCHF3fYhgI2LwpqxQSef_IvGJkytZqc

 

Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) es guionista de cómic y de fotografía, donde trabaja al alimón con su compañera Pilar Albjar, es novelista e historiador del cómic. Es autor con Kim de El arte de volar, Premio Nacional de Cómic en 2010, y El ala rota, donde cuenta la historia de sus padres; con Keko firmó Yo, loco, Yo, asesino, publicados los cuatro en Norma Editorial, y El perdón y la furia, también con Keko; este último lo editó y lo presentó el Museo del Prado.

¿Cómo está viviendo el confinamiento?

Estoy confinado en buenas condiciones. Solo, en un piso espacioso, con escasos pero muy amistosos contactos y con una buena reserva de lecturas.

¿Qué ha pensado en estos 50 días de reclusión? ¿Qué reflexiones se le han pasado por la cabeza?

En realidad, pocas reflexiones distintas a las habituales. Comparto esa línea de pensamiento por la que han transitado Pascal, Cyrano de Bergerac, La Rochefoucauld, Schopenhauer, Baudelaire, Beckett, Cioran… y que rebajan cualquier pretensión demiúrgica del ser humano. Así que estas circunstancias han venido a reforzar, en cierta medida a escenificar, todo aquello de la fragilidad humana, nuestra insignificancia ante el Universo y hasta el absurdo de la existencia. Han sido, pues, confirmaciones más que revelaciones. Naturalmente, esa sonrisa, estilo Oscar Wilde, para sobrellevar las miserias de la humana condición se me ha descompuesto un poco, pero, en lo sustancial, la pandemia no está cambiando mi visión del mundo ni de las personas.

¿En alguno de sus libros o sus cómics se le había ocurrido algo semejante?

No. Como recurso narrativo la epidemia está muy identificada con escenarios del pasado, las siete plagas de Egipto, la peste negra, la gripe española… Si buscamos escenarios apocalípticos, tendemos a explicarlos por conflicto nuclear, crisis climática, algo que tenga connotaciones más actuales. Soy hijo de la vacunación generalizada contra el sarampión, la polio, la viruela. Creíamos que la ciencia nos había liberado de estas infecciones universales y catastróficas. Sin embargo, exploré las posibilidades dramáticas de una situación de enclaustramiento. Hasta pensé en hacer mi tesis sobre este tema cuando nadie aceptaba dirigirme una tesis sobre cómic.

¿A dónde nos lleva el aislamiento?

El aislamiento por epidemia empuja a la ficción como demuestra Giovanni Bocaccio en su Decamerón. Además, como en este caso, a una ficción vital y gozosa. La vida con contacto es la mejor fórmula para exorcizar la muerte por contagio. Y es lo mismo que pasa hoy, que no paramos de intercambiarnos o suscribirnos a las más diversas ficciones. También investigué algunas obras literarias cuya historia se basa en las posibilidades y, sobre todo, las imposibilidades de un encierro. El existencialismo o el llamado “teatro del absurdo” ofrecen muchos ejemplos. A puerta cerrada de Sartre, La peste de Albert Camus, Esperando a Godot de Samuel Beckett… También hay películas magistrales que explotan este tema como El ángel exterminador de Luis Buñuel, Quién teme a Virginia Woolf de Mike Nichols, El sirviente de Joseph Losey o la reciente saga Saw, que ha tenido varios directores. Un grupo de personajes sin posibilidad de salida constituye un cóctel explosivo. Metes en la redoma del relato envidias, resentimientos, ambiciones, amores y frustraciones, lo agitas bien y casi siempre sale una historia intensa, a menudo desgarradora. Ni siquiera nos imaginamos la cantidad de situaciones dramáticas que se estarán viviendo estos días.

¿Qué es lo que le impresiona más: la psicosis general, la certeza de la fragilidad del ser humano, o que, en realidad, no somos los dueños del mundo?

El vacío, las ausencias, el silencio… Contemplar los espacios públicos sin público, todo lo que ha sido concebido para la cohabitación bulliciosa convertido en un desierto me tiene muy desconcertado. Hay una especie de “a-funcionalidad” surrealista, estilo Giorgio De Chirico, que me fascina. Y, como consecuencia colateral, escuchar los pájaros y sospechar que la naturaleza, sin nosotros, recuperaría rápidamente su feracidad planetaria.

Cuando pasan cosas así, ¿cabe pensar que nuestra libertad es un espejismo?

No hace falta que pasen cosas así para comprobar que nuestra libertad es un espejismo. Basta con desear algo con la suficiente intensidad para sentir los límites de la libertad, porque demasiado a menudo no conseguimos lo que deseamos. Nuestra vida está llena de frustraciones por la distancia entre lo que queremos y lo que podemos. La imposibilidad de lograrlo proviene casi siempre de nuestra falta de libertad, de prohibiciones o de sutiles bloqueos que, a veces, son circunstanciales y otras, esenciales. Luego o, al mismo tiempo, viene la resignación, la distracción o el simple entretenimiento que nos ayudan a desdramatizar esta permanente insatisfacción. Vienen, incluso, esas filosofías de la resiliencia y la autoayuda que, con una argumentación de juego malabar, nos convencen de que lo que tenemos es lo que queremos. Pero eso no son filosofías sino estrategias, a menudo muy estudiadas, para fomentar la alienación y extender el conformismo.

Algunos dicen que la pandemia es el fin del estado del bienestar, que saldremos de aquí hechos unos zorros, entre ERTES y recortes, más desamparados que nunca. ¿Cómo lo ve usted?

No creo que sea para tanto. Existen recursos y sobre todo políticas monetarias para paliar los daños. Al capitalismo le gusta mucho meter miedo. Y le funciona. Solo pensar en la posibilidad de perder lo poco que tenemos ya nos amedrenta. Hay muchos intereses económicos en juego y muchas voluntades decididas a que se mantengan. No creo que se vaya a producir una catástrofe. Tampoco creo que estemos aprendiendo la lección y que, como algunos vaticinan, se vayan a abrir las puertas del paraíso con la desaparición de la explotación, las injusticias y las desigualdades. Después de un periodo de crisis y reajustes volveremos a las andadas. Es lo que hemos hecho desde el comienzo de la historia y no creo que sepamos hacer otra cosa. Después de toda gran crisis surge un firme propósito de no volver a hacer lo que nos llevó a ello. Ninguno más firme que el de la sociedad de naciones después de la Primera Guerra Mundial. Todos estaban firmemente convencidos de que, después de semejante masacre, no habría más guerras. A los pocos años el propósito se diluyó y nunca ha dejado de haber guerras. Somos dóciles, olvidadizos y con una gran predisposición a dejarnos engañar, una y otra vez, con las mismas mentiras.

Pasar el virus en Vitoria, lejos de su compañera Pilar Albajar, ¿supone algo especial, más doloroso si cabe?

No. Somos una pareja que siempre hemos vivido nuestra relación con mucha libertad y con gran respeto de la individualidad del otro. De hecho, hace tiempo que vivimos separados. Esta es una modalidad de relación en auge en la sociedad actual. Quererse no tiene por qué obligar a compartir el mismo retrete. Mantenemos muy buena relación y estamos en contacto casi constantemente.

Algunos dicen “mi trabajo lo hago en reclusión, en soledad. O sea que esto es llevadero”. ¿También le sucede algo semejante?

No. Debería haber sido la realización del sueño de mi vida, abandonar todo compromiso social para ponerme al día en trabajos, proyectos, lecturas y otros deberes solitarios. Sin embargo, la terrible dimensión de lo que ocurre se infiltra en mi confortable cobijo y me desanima. Me siento desmotivado. Rindo poco. Me parece que hay demasiado dolor alrededor como para mantenerme imperturbable en mis tareas. Leo más, duermo más… Actividades pasivas, pero emprendo con gran dificultad las activas o creativas.

¿Qué se hace mal desde el Gobierno? ¿Se ha reaccionado tarde, se improvisa mucho o al final, como vemos en Italia, en Francia, en Estados Unidos y otros lugares? ¿Tan difícil es tomar decisiones?

No es fácil tomar decisiones en estas circunstancias. Tuvimos mala y tardía información de los orígenes de la pandemia y no reaccionamos con la suficiente rapidez. Vivimos en una época en la que cuesta dar malas noticias, aún más desde la política por el temor electoral, y eso, seguramente, también influyó. Ahora no queda otro remedio que improvisar vista la dudosa fiabilidad de cifras, la escasa experiencia y el desconocimiento científico. Pero no cabe duda de que algo se habrá hecho mal cuando España tiene la tasa de mortandad más alta del planeta. Eso, desde luego, no justifica las posturas del PP y mucho menos las mentiras de Vox y de sus granjas de ‘bots’.

¿Existiría en España algo que nos uniese a todos o estamos condenados a confirmar el verso de Gil de Biedma: “España, este país de todos los demonios”?

El fútbol. Eso es lo único, al menos lo que más, une a todos los españoles, salvo los pocos disidentes que quedamos. Pero no creo que esta escenificación constante del enfrentamiento político sea estructural, histórica e indefectiblemente arraigada en la sociedad. Hay quien se encarga de afilarlo y envenenarlo todos los días. Tenemos una oposición controlada ideológica y estratégicamente por FAES. José María Aznar ha sido una de las peores cosas que nos ha ocurrido en los últimos treinta años de vida política. Y sigue controlando el PP, ahora más que nunca. Aprendió que solo una sociedad en shock cambia de gobierno y no duda en mantenernos en la confrontación, aunque la situación sea tan difícil como la actual. Mientras dure su influencia, la política del PP alimentará la tensión. Distinto es el caso de Vox, que llevan el odio y el sometimiento ya de serie, desde los tiempos de Franco.

¿Cómo deben ser las críticas o las enmiendas de la oposición en situaciones como esta?

Naturalmente, deberían hacer una crítica más constructiva, dejar de pensar que todo sirve para ganar elecciones e impregnarse de la solidaridad requerida por una emergencia mundial como esta. Desafortunadamente, en los sectores más conservadores la lucha por el poder se impone por encima de cualquier noble renuncia.

¿Le ha sorprendido la reacción de los españoles: el aplauso a las ocho, los diálogos de ventana a ventana, la música, las corrientes de solidaridad, el torrente de actuaciones y lecturas en las redes sociales?

Sí. Y no solo para bien. Soy de poco escenificar y de más hacer. Se aplaude a los sanitarios desde muchos balcones que aún exhiben la bandera española de apoyo al PP en la crisis catalana, una crisis que sirvió de cortina de humo para ocultar corrupción y recortes, en sanidad de manera muy especial. No creo que los sanitarios quieran ser héroes sino profesionales bien equipados y amplia plantilla. En cuanto a la avalancha de recursos culturales “desinteresadamente” puestos on line, hay de todo. Hay alguna iniciativa interesante, pero también flagrante voluntad de recolocar productos desechables, que no quisimos consumir hace diez años. Para este tipo de males, enclaustramiento, aburrimiento, sufrimiento me parecen más eficaces las búsquedas personales, lamerse las heridas con recursos propios. Desde luego, mejor que buscando bálsamos ajenos. En el mejor de los casos pueden proporcionar distracción, pero no fuerza ni aprendizaje frente a la adversidad.

¿Cuál es el lugar de la cultura en un momento así?

La soledad, el tiempo libre, la voluntad de hacer es un magnífico caldo de cultivo para acercarse a la cultura. Pero siempre he entendido el acercamiento a la cultura como una pulsión individual, no como una consigna colectiva. En la mayor parte de sus modalidades funciona como placer solitario, no como distracción coyuntural para soportar, sin mucho trauma, un problema como este. En cualquier caso, plantearla como paliativo a la epidemia o a la desocupación no me parece buen punto de partida. De hecho, una buena parte de la efervescencia cultural que abunda hoy en las redes funciona más como acontecimiento social que como enriquecimiento cultural o estímulo de la inteligencia.

No sé si firmó el manifiesto de los Premios Nacionales. Usted lo fue de cómic en 2010 por El arte de volar, la impresionante historia de su padre que se arrojó al vacío. ¿Qué le ha parecido esa llamada de atención desde el mundo de la cultura?

No firmé. Nadie se puso en contacto conmigo para hacerlo. Pero me parece bien la iniciativa. La cultura está clamorosamente ausente del discurso político, incluso cuando se trata de salvar los muebles en una emergencia. Hay una incompatibilidad de fondo entre política y cultura. Y no lo digo solo por la evidente falta de formación de una buena parte de nuestros políticos. Consecuencia de la adquisición de cultura es el pensamiento crítico, la resistencia a la uniformidad ideológica, incluso la transgresión creadora. Y eso no suele gustar a la “autoridad competente”. De hecho y como puede comprobarse fácilmente, en España el PP la considera enemiga y la yugula cuando está en el poder y el PSOE le da mucha coba, pero pocos recursos.

¿Ha sido la cultura, la creación, la gran olvidada en el paquete de medidas? ¿De qué se queja y qué pediría usted?

Sí. Y así lo han tenido que reconocer. Ahora se apresuran a enmendar la pasividad del ministro del ramo. Las políticas culturales no se construyen a partir de la financiación de actos o de infraestructuras, iniciativas puntuales y casi siempre con pretensiones electoralistas. Se trata de crear un estado de opinión, una actitud generalizada de interés por la cultura. Eso es el resultado de unas políticas transversales, duraderas en el tiempo, que van desde los planes de estudios, una educación concebida no tan solo para la empleabilidad, apoyo de medios de comunicación que den cobertura a los actos culturales, discursos y prácticas políticas basadas en la argumentación, en el fomento del criterio y no en la descalificación o el vitoreo. Crear un circuito de difusión y una aureola de dignificación haría crecer la sed de cultura, que es un impulso (repito una vez más) individual y escaso en este país.

Ha escrito mucho de erotismo, fue galardonado en el Premio La Sonrisa Vertical. ¿Qué nos recomienda? ¿Es la reclusión la prueba del nueve para las parejas o puede ser el pretexto ideal para recuperar el tiempo perdido?

Puede que cuando dobleguemos la curva de infecciones, se dispare la de divorcios. Para las parejas que conviven en esta situación resultará una prueba importante. Les reforzará o les distanciará. En cualquier caso, estoy convencido de que, en este nivel sentimental-sensual, se están viviendo situaciones muy intensas. Dicen que el tiempo libre, incluso la proximidad de la muerte estimula la libido. Puede que algunas parejas hayan convertido el encierro en una orgía perpetua. Viéndolo desde el lado positivo, podemos tomarnos el tiempo y el placer de explorar una sexualidad con tendencia a la rutina, hasta descubrir alguna satisfactoria perversión, al menos una pequeña innovación. Hasta quienes pasamos el confinamiento en solitario podemos encontrar maneras distintas de darnos placer. Los Satisfyer ya estaban conociendo un auge de ventas antes de la epidemia. Ahora se han disparado. Desde la perspectiva contraria puede que contribuya a extender la creciente tendencia a la asexualidad.

06/05/2020 06:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. AMPARO MARTÍNEZ, HISTORIADORA DE CINE

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Hoy en Heraldo.es y en la página 5 de Heraldo

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/03/amparo-martinez-es-muy-peligroso-en-tiempos-de-crisis-entregarse-al-populismo-politico-1372753.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1niI7QtQPaKpMwrvwCDF4-3rSQYiw40zTBy1x6bp30qOkXqbIyW8vAxrk

Amparo Martínez Herranz:

 

“Es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político”



Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI”



Amparo Martínez Herranz es profesora de Cine y otros medios de la Universidad de Zaragoza. Ha publicado, entre otros tíutlos, ‘Los cines de Zaragoza (1896-1936)’, ‘Los cines de Zaragoza (1939-1975), ‘Teatro Principal’, ‘La arquitectura teatral de Zaragoza’ (2 volúmenes) y ha coordinado libros corales como ‘La España de Viridiana’. Ha comisariado exposiciones de Buñuel, Goya, Carlos Saura, Ramón Masats, y trabaja desde hace varios años en un ambicioso proyecto de investigación sobre Luis Buñuel.

¿Se habría imaginado alguna vez que una fuerza invisible, tan instalada en nuestras vidas pero invisible, podría detener así el mundo y paralizar las vidas?

Desde luego que no. Solo hay que pensar cómo estábamos viviendo hace pocos meses. Probablemente sí a cualquiera de nosotros nos hubieran descrito la situación por la que ahora estamos pasando, la reacción había sido pensar que era una broma pesada o que la persona que nos la contaba era un excéntrico amigo de las teorías de la conspiración. Sin embargo, si lo pensamos con más calma, no nos tiene que resultar tan extraño. Hay una especie de temor atávico qué hace que desde tiempo inmemorial nos contemos historias sobre desastres de origen misterioso, desde el Apocalipsis a las películas de catástrofes. Tal vez sea una manera de exorcizar los miedos o de entrenarnos psicológicamente para los infortunios. Quizás las dos cosas.

Cuando alguien habla de que el Apocalipsis ha llegado, ¿está diciendo una frase o la pandemia en realidad refleja la vulnerabilidad de la sociedad y del planeta por completo?

Hablar de Apocalipsis creo que es exagerado. Pero lo que está claro es que esta situación nos ha obligado a hacernos conscientes de que somos vulnerables. Son terribles todas las pérdidas humanas que se han producido y también los proyectos empresariales y personales que se han quedado en el camino. Pero sospecho que a muchos nos sirve para aprender de lo que está pasando, incluso con toda su dureza. Es un buen ejercicio caer en la cuenta que no lo tenemos todo controlado, que no somos infalibles.

Desde hace algún tiempo, está haciendo un proyecto de investigación en torno a Luis Buñuel. ¿En qué medida estamos viviendo tiempos buñuelescos?

A Luis Buñuel le tocó vivir situaciones mucho más terribles que las que nosotros estamos experimentando. Era un adolescente cuando estalló la I Guerra Mundial, sufrió en primera persona la Guerra Civil Española y también los efectos de la II Guerra Mundial, ya como exiliado en los EEUU. Consideraba que el ser humano después de la aniquilación de los campos de exterminio nazi y de l os bombardeos de Hiroshima y Nagasaki había quedado anestesiado para la sorpresa o el escándalo. Todas estas experiencias le llevaron al desencanto por las ideologías políticas concretas y a confiar exclusivamente en los valores y principios personales. Le tocó vivir cambios tremendamente importantes dentro de la historia del siglo XX: el fascismo, el nazismo, el franquismo, la constitución de la URSS, la reconstrucción quebradiza del mundo y de sus valores tras dos guerras de dimensiones globales. Él mismo fue partícipe de los cambios operados en la cultura por las vanguardias, que transformaron nuestra manera de entender el arte y la realidad. Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI.

Él ya fue un poco precursor de una situación así con ‘El ángel exterminador’. ¿Qué le ha hecho pensar esa película en estos días?

Me coge trabajando sobre ella, precisamente. Buñuel tenía una inteligencia intuitiva verdaderamente admirable qué le permitía sintetizar en imágenes los problemas o las grietas claves de la sociedad, para ponerlos en cuestión. En ‘El ángel exterminador’ fue capaz de identificar el peor de todos los encierros posibles, el que se impone uno a sí mismo. Retrató una sociedad burguesa encerrada en sus propias convenciones, ciega a los problemas que le rodeaban, limitada por el miedo. Lo que el encierro de ‘El ángel exterminador’ cuestiona es el encierro al que nos someten las inercias establecidas, la pérdida del espíritu crítico con nosotros mismos y con lo que nos rodea. Es fácil trasladar parte de este diagnóstico a la sociedad de consumó en la que ahora vivimos, que ya había empezado a emerger con toda su fiereza a comienzos de los sesenta. Eso es lo que puede tener en común la película con la situación que estamos viviendo, mucho más allá de la materialidad de no poder salir de nuestras casas. ‘El ángel exterminador’ nos obliga a revisar nuestras propias inercias personales y sociales. Esas inercias cotidianas o estructurales que tal vez deberíamos pensar y cambiar cuando salgamos. Sí no, terminará sucediéndonos lo mismo que a los personajes de la película de Buñuel, saldremos para volver a estar encerrados en nuestras desidias y en nuestros errores.

¿Cuáles serían las lecciones de Luis Buñuel para entender el presente?

Cuando pienso en Luis Buñuel me lo imagino resistiéndose a ser maestro de nada o a impartir doctrina. Pero es inevitable extraer del conjunto de su obra y de su actitud vital aprendizajes que ahora pueden ser valiosos. No renunció nunca al espíritu crítico, tampoco al humor, ni a la curiosidad, ni a la libertad de la imaginación. Concedió siempre una enorme importancia a la amistad, que fue uno de sus asideros vitales, especialmente en el exilio. Y se preocupó de cuidar de sus amigos, discretamente, sin alardes ternuristas. Les apoyó especialmente cuando pasaron por momentos difíciles, tal y como hizo con Rubia Barcia, José Bergamín y también con Katia y Sol Acín, las hijas de Ramón Acín, que le pagó con la lotería la película ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’.

Seguro que ha dado un repaso al mundo del cine y del arte para acercarse y entender mejor la pandemia. ¿Qué ha encontrado, qué títulos, en el cine, qué situaciones le han interesado especialmente?

Las epidemias y los confinamientos son un tema recurrente en el arte, pero te pongo algunos ejemplos de obras con las que he estado trabajando últimamente. En pintura hay dos piezas íntimamente vinculadas a lo que estamos viviendo. La primera es ‘Peste en Roma’ (1869) de Jules Elie Delanuy, protagonizada por el ángel justiciero y destructor que ya estaba en la Antiguo Testamento y que vuelve a aparecer en el Apocalipsis. En esta obra misteriosa y dramática, para Delanuy lo importante no era hablar de una enfermedad que ya estaba erradicada a mediados del XIX, lo que de verdad le interesaba era reflexionar, utilizando la enfermedad como coartada, sobre conceptos más elevados como la divinidad, el poder, la vida y la muerte, todo ello dentro de un simbolismo de tono fantástico.

¿Algún cuadro más?

Por otro lado, asociada a la idea de encierro y de naufragio de la civilización está ‘La balsa de la Medusa’ (1819) de Géricault. Buñuel la utilizó como una de sus fuentes de inspiración para construir el guion de ‘El ángel exterminador’. No debe sorprendernos porque, tal y como ha señalado sabiamente Agustín Sánchez Vidal, ambos creadores Géricault y Buñuel compartieron una fascinación casi obsesiva por explorar los límites de la conciencia humana. De ahí su interés por trabajar con la restricción espacial, que generaba una situación extremadamente compleja en términos narrativos, un reto similar al que Hitchcock se propuso en 1944 en ‘Náufragos’, y que Buñuel llevaría todavía más lejos en ‘El ángel exterminador’.

Vayamos, pues, con el cine...

En el territorio del cine convendría distinguir entre aquellas películas que hablan de epidemias o pandemias y las que se refieren a encierros de todo tipo. Entre las primeras están ‘La amenaza de Andrómeda’ de Robert Wise, protagonizada por un germen mortífero de procedencia misteriosa. O ‘Contagio’ de Soderbergh, producida en 2011, que nos sitúa ante un virus tremendamente contagioso y difícil de controlar, una distopía futurista que ha terminado haciéndose cierta con la covid-19. Pero creo que todavía puede ser más interesante aquellas películas que especulan sobre el comportamiento humano en confinamiento.

¿En qué otros títulos se ha fijado?

Por ejemplo, ‘La ventana indiscreta’ de Hitchcock, en la que el protagonista ha de desenvolverse en un espacio restringido. Todo para explicar y explorar nuestra condición innata de ‘voyeurs’ en situaciones de hastío, como las actuales. También merece la pena mencionar ‘La zona’ de Rodrigo Plá que aborda el aislamiento voluntario en una urbanización residencial por miedo a lo que sucede en el exterior. Da que pensar. Y por supuesto ‘Canino’ de Lanthimos, una historia terrible de encierros en el ámbito familiar a medio camino entre el mito de la caverna de Platón y ‘El ángel exterminador’.

¿Qué le emociona de la reacciones de la gente, de esa nueva vida de balcón a balcón? A veces parece que nace una nueva forma de narrativa o de oralidad…

Me emociona cada día salir aplaudir y ver a mis vecinos y a la gente que vuelve de su trabajo aplaudiendo mientras camina. Me gusta como ejercicio colectivo en el que reconocemos que nos necesitamos unos a otros. Y en el que damos las gracias. Todo esto sin importarnos a quien vota el del balcón de enfrente.

Ensalzamos mucho al sector sanitario, a los profesionales en general, y luego parece que están un poco solos ante el peligro, sin equipos adecuados. ¿Qué piensa, conoce casos cercanos de entrega que le conmuevan?

Tengo buenos amigos y sobrinos médicos o sanitarios al pie del cañón que se lamentan de la escasez de medios materiales, pero no por eso dejan de esforzarse en su trabajo, invirtiendo mucha energía física y emocional. Por ejemplo, Menchu, que asistió a uno de los primeros casos de coronavirus en su centro de salud y que tiene que enfundarse en un buzo sanitario para asistir a domicilio a sus pacientes. Jose Mari, que trabaja muchas más horas de las que le corresponde y todavía le parece que hace poco. Y que nunca deja de estudiar para hacer las cosas mejor. O Rocío, que estaba contratada en un colegio como enfermera y acudió a la petición de ayuda de una residencia de ancianos, que necesitaba refuerzos. Seguro que les está revitalizando con su energía. Sospecho que cada uno de nosotros tiene una Menchu, una Rocío o un Jose Mari de los que sentirse orgulloso y de los que aprender.

El Gobierno de España ha sido criticado con severidad. Para algunos actúa regular y tarde, se ha equivocado con las Comunidades Autónomas, dice y se desdice… ¿Somos muy rigurosos o jugamos siempre a la política con el adversario, aunque Italia lleve 20.000 muertos, y Estados Unidos también sea cuestionado?

Yo solo sé que cuando veo comparecer algunos de nuestros responsables políticos en una rueda de prensa, pienso que por nada del mundo me gustaría estar en su lugar. Lo que nos está sucediendo era algo difícil de prever y creo que es complicado de gestionar. No obstante, tengo que confesarle que me parecen escandalosos actitudes como las de Donald Trump, toda una contradicción en sí mismo y obsceno tomando decisiones como la de suspender la ayuda a la Organización Mundial de la Salud. Un gesto populista muy dañino.

Es profesora universitaria… ¿Cuál es su relación con los alumnos?

Con otros muchos compañeros de la Universidad de Zaragoza hemos continuado con la docencia a través de distintas plataformas. Está siendo toda una experiencia que nos ha obligado a reciclarnos y transformar nuestro sistema de enseñanza. Pero de todo se aprende. Las clases ‘online’ a veces resultan duras porque es mucho más difícil sentir la reacción de los alumnos. Pero en esta situación se ha producido un curiosos estrechamiento de las relaciones con nuestros estudiantes. Muchos de sus mensajes comienzan o acaban preguntado si te encuentras bien. Los alumnos también nos cuidan. Todos estamos haciendo un enorme esfuerzo por adaptarnos y quiero pensar que ambos, profesores y alumnos, sentimos que es nuestra forma de contribuir a superar esta crisis. Para algunos alumnos la situación está siendo especialmente complicada, porque han tenido que hacerse responsables de sus mayores en casa. Otros se han quedado solos en sus pisos de estudiantes. Hace un par de semanas, en una clase de máster, una de las alumnas nos confesó que la hora de docencia era su único evento social de la semana.

También es madre de tres hijas. ¿Cómo lo llevan ellas, qué le dicen, y cuál es su reflexión sobre los jóvenes?

Estoy aprendiendo de la capacidad de adaptación de mis hijas. Ya se habían marchado a trabajar o a estudiar fuera de casa, pero han tenido que volver a Zaragoza. Al principio les costó situarse, pero han terminado estableciendo sus rutinas y construyendo una sólida complicidad entre hermanas. Procuran hacerse el día a día llevadero entre ellas y nos lo hacen llevadero a los demás. A través del teléfono y de las videollamadas están pendientes de sus abuelos. Esta situación les ha enseñado a valorarlos todavía más.

¿Qué libros, qué autores le están haciendo compañía?

Como los días son poco variados, hago variadas mis lecturas, que van de los ‘Cuentos desde el confinamiento’ del HERALDO a los cuentos de Gabriel García Márquez y también la poesía de José Luis Puerto, que es profundamente humanista e invita a confiar. Para seguir ahondando en cuestiones artísticas estoy disfrutando de ‘Los hijos del agobio’, de Antonio Ansón y de ‘Las ciudades históricas y la destrucción del legado urbanístico español. Fernando Chueca Gotia’, escrito por Ascensión Hernández Martínez. Y me queda poco para terminar ‘El orden del día’ de Eric Vuillard, una novela que resulta escalofriante leer estos días, porque habla de la inacción social que permitió el ascenso del nazismo en Alemania. Merece la pena tener bien presente que es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político, sea del signo que sea.

¿Tiene miedo, inquietud, desánimo?

Lo que más miedo me da es el miedo, porque nos paraliza.

 

03/05/2020 07:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CEES NOOTEBOOM, PREMIO FORMENTOR

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EL HOLANDÉS CEES NOOTEBOOM GALARDONADO CON EL PREMIO FORMENTOR 2020
Mallorca, Barcelona, Edimburgo, Nueva York29 de abril 2020.- El jurado del Premio Formentor de las Letras, ha decidido conceder el galardón de este año 2020 al escritor holandés Cees Nooteboom que como poeta, novelista, ensayista y crítico de arte “ha desbordado con su incesante creatividad el límite que proponen los géneros literarios”.
 

Los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras 2020 formado por Judith Thurman, Alberto Manguel, José Enrique Ruiz Doménec, Alexis Grohmann y su presidente Basilio Baltasar, tenían previsto reunirse en la sede de la Fundación Saramago de Lisboa. Ante la imposibilidad de desplazarse han deliberado desde sus respectivos lugares de residencia: Manhattan, Barcelona, Edimburgo y Mallorca.

Para el jurado, el galardonado con el Premio Formentor 2020 es un escritor viajero que ha hecho del nomadismo una actitud filosófica, estética y espiritual que trasciende las fronteras y revela la naturaleza expansiva de los horizontes humanos.

Nooteboom es un escritor universal que escribe con la conciencia de pertenecer a la gran tradición cultural europea. Ha vivido de cerca los espectaculares momentos de la historia de nuestro continente y lo ha contemplado desde lejos: conoce muy bien los dilemas que Europa debe resolver. Su obra es el resultado de una indagación penetrante en ese espíritu que nunca nos ha hecho tanta falta como hoy.

Una fértil trayectoria literaria
En el acta de la reunión el jurado destaca que su mirada minuciosa revela el sentido de un mundo en perpetúa transformación y su curiosidad no deja lugar alguno libre de la inquietud creativa que lo ha llevado de un lugar a otro desde los comienzos de su fértil trayectoria literaria.

En su opinión Nooteboom ha dado a la ficción la certeza de una presencia personal y al relato existencial de sus viajes la delicadeza narrativa de la gran literatura. Nooteboom es uno de los más grandes cronistas de nuestro tiempo, capaz de convertir las experiencias de sus viajes en una sabia percepción de los elementos latentes del cosmopolitismo estoico.

A lo largo de un prolongado empeño creativo Cees Nooteboom ha sabido evitar las convenciones que aceleran el envejecimiento del mundo, ha podido renovar la inspiración que lo vivifica y con la formidable energía narrativa de sus libros ha conseguido restaurar la intensidad del gran viaje de la vida. Su obra alienta con una límpida mirada de escritor nómada la belleza de un mundo inabarcable.

Cees Nooteboom
Cees Nooteboom (La Haya, 1933) es uno de los mayores y más originales escritores holandeses contemporáneos: traductor de poesía española, catalana, francesa, alemana y de teatro americano; autor de novelas, poesía, ensayos y libros de viaje. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Europeo Aristeon de Literatura (1993) por La historia siguiente, el Premio Bordewijk (1981), el Premio Pegasus de Literatura (1982), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2003), el Premio Europeo de Poesía (2008), el Premio de Literatura Neerlandesa (2009) y el mayor premio que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010). En Francia ha sido nombrado Caballero de la Legión de Honor y es Doctor Honoris Causa por la Freie Universität de Berlín. Vive en constante nomadismo entre Holanda, España y Alemania. Cabe destacar en su bibliografía el importante papel que ha jugado Menorca (Islas Baleares) en algunos de sus libros.

Premio Formentor
El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.
El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…).
En Formentor fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu.y Annie Ernaux.

Las Conversaciones Literarias de Formentor
Las Conversaciones Literarias de Formentor, se organizaron por primera vez en la década de los años treinta auspiciadas por Adan Diehl, creador del Hotel Formentor.
Continuaron en la década de los sesenta con el patrocinio de Tomeu Buadas.
Desde el año 2008 las Conversaciones Literarias cuentan con el mecenazgo de Simón Pedro Barceló, actual propietario del hotel.

La Fundación Formentor
La Fundación Formentor ha sido creada para organizar el Premio Formentor de las Letras y las Conversaciones Literarias que se celebran cada año en Formentor. La entidad, auspiciada con el mecenazgo de la familia Barceló, da continuidad a los encuentros culturales iniciados en 1930 y al premio literario convocado por los editores europeos desde 1961.
29/04/2020 15:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. ÁNGEL GUINDA

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/26/angel-guinda-de-aqui-saldremos-mas-recelosos-del-futuro-por-la-puerta-de-atras-o-con-los-pies-por-delante-1371609.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR3uDPIXPXo0qe3lkQStk44QTgV9EpnZqXHua_djdFX1z4mlHv9vQaH3bDw

Ángel Guinda: “Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…”

Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños”

 “De aquí saldremos más recelosos del futuro, por la puerta de atrás o con los pies por delante”

¿Cómo está viviendo el coronavirus?

Con resignación y alevosía. Ronroneando constantemente lo que decía mi abuelo Guinda en Uncastillo: “¡Qué preparo! ¡Vaya panorama!”

¿Dónde le ha cogido y cuáles son sus rutinas?

En Madrid, en casa. Aunque llevo así desde hace muchos años, excepto en los buenos tiempos cuando iba al Moncayo, a Valladolid o a contemplar el mar (Cantábrico y Mediterráneo.) Ahora, claro, no salgo nada a la calle porque no me dejan. Estoy peripatético como aquellos filósofos aristotélicos: camino por la terraza y voy de punta a punta del piso mientras pienso. Leo biografías: ahora estoy enfrascado en la vida de la pintora Tamara de Lempicka. Escucho continuamente sonatas, sinfonías y minuetos de Beethoven.

¿Se ha reencontrado con algo, con alguien, qué pensamientos le han pasado por la cabeza?

Todas las noches me levanto dos veces y, a oscuras, por el pasillo, cada vez que rebaso una puerta entreabierta pienso que me va a tocar una mano. La mano de mi padre. Paso miedo. Incluso me acuerdo del peligro amarillo del que nos hablaban cuando éramos niños.

En cierto modo por su enfermedad y por la necesidad de descanso ha estado recluido bastante tiempo. Sabíamos poco de Ángel Guinda. ¿Qué ha pasado en su vida durante esto año en que apenas le hemos visto?

Ha sucedido lo que vaticiné hace más de tres décadas en un poema que comienza: “Me he fumado la vida /como el tiempo se me ha fumado a mí.” Ha pasado la vida. Mucha meditación. Constantes revisiones del proyecto poético en el que he trabajado a lo largo estos últimos seis años. Durante 2019 he visto mucho buen cine actual de distintos países. Después de cada sesión de quimio o de radio veía una película en la gran pantalla de los cines Golem, Renoir, Princesa, Verdi…

Estaba escribiendo el libro de su vida, o uno de ellos, jaja. ¿En qué momento estaría? ¿Cómo lo lleva? ¿Qué es exactamente?

He estado escribiendo el libro de la existencia de cualquier ser humano: vida, salud, felicidad, amor, enfermedad, vejez (“Envejecer es un catálogo de averías, un repertorio de reparaciones.”) El libro está en encuadernación. Trinidad Ruiz Marcellán, mi editora, me comunicó hace un mes que se presentaría en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza el 21 de abril. Ya ves, el coronavirus forzó la cancelación del acto. Recuerdo que el 23 de febrero de 1981, iba a presentar mi primer libro asumido (‘Vida ávida’), pero un teniente coronel intentó un Golpe de Estado y por orden gubernativa se prohibió el acto en el teatro Oasis. Cuando tengo que presentar nuevo libro me pongo a temblar.

Cuando mira al balcón o desde el balcón, ¿qué ve, qué le conmueve? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de los vecinos o, por extensión, de los españoles?

Desde el largo balcón de casa, en la Plaza Arturo Barea, veo a ambos lados de mí una legión de vecinos aplaudiendo y, a pie de calle, seis sanitarios del Centro de Salud que tenemos enfrente saludándonos cuando se retiran. Me ha sorprendido favorablemente la espontaneidad de su gesto, su fervor y constancia.

¿Hay algo en lo que no cree demasiado, que le suscita desconfianza o prevención?

En la realidad más real. En las promesas del poder y más aún de la oposición, hoy más ilusa, arisca y mentirosa que nunca. En la buena voluntad de algunos políticos, más inmaduros y menos preparados que el pueblo. Unos y otros olvidan que el problema del Poder es no poder.

 

Un tema de debate nacional que hace pensar otra vez en las dos Españas es la gestión de la crisis. ¿Qué le aplaude y le reprocha al Gobierno de Pedro Sánchez?

Soy demócrata republicano. Respeto y me alegra el gobierno de coalición que se formó tras las últimas elecciones. Le aplaudo más que le reprocho. No es fácil gestionar inmediatamente la eliminación de lo que llega de pronto, ataca por sorpresa y mata. Cuando la Dictadura que padecimos todos íbamos contra el enemigo común. Ahora vemos enemigos en los propios compañeros y amigos.

Hace años, Ángel Petisme cantaba: “Ahí vienen los bárbaros” ¿Ya han llegado y son invisibles?

Ha llegado, digamos, un dictador que advierte de nuestros excesos y no tenemos aún las armas ni estrategias para reducirlo. Me pregunto si ese dictador vírico se ha escapado de China o lo han soltado con malas intenciones antipoblacionales para Asia y para muchos países.

¿Cómo saldremos de esta?

Más recelosos del futuro. Saldremos por la puerta de atrás o con los pies por delante.

Ha sido durante 40 años profesor de literatura. ¿Qué les diría, qué les dice a los alumnos que nunca habían vivido nada parecido?

Que estudien mucho y se preparen más, que para ellos será. Cuanto más sepan menos podrán ser engañados ni manipulados y mejores posibilidades laborales tendrán.

¿Considera como dicen algunos que este es un tiempo apocalíptico, un castigo divino…?

Es una época opaca, un tiempo de siniestras competencias para conseguir hegemonías.

Se habla mucho de la fragilidad del hombre y de la sociedad. ¿Nunca hemos sido tan frágiles como grupo?

Nos creemos colosos. / ¡Somos insignificantes! / ¡Tenemos esta vida en alquiler!”



¿Cómo convive un poeta con la ciencia?

Son muchas las ciencias que conviven en los poemas. Por ejemplo las Matemáticas: por el número de sílabas de los versos que crean la musicalidad, la armonía, el ritmo. La geometría formal de esos versos. La Física, la Química (el aire, el agua…), las Ciencias Naturales (Geología, Botánica, que componen el paisaje), la Zoología, la Astronomía (“Es necesario visitar el cielo”, decía el poeta uruguayo Ricardo Paseyro…

Es traductor, biógrafo, en mayor o menos extensión, crítico literario… ¿Ha pensado en cómo las pandemias, las maldiciones, las pestes o las reclusiones han afectado a los poetas, a los escritores?

Bueno, esas adjudicaciones a mi trayectoria son excesivas. Llevo años dedicado en exclusiva al pensamiento y a la poesía. Fuerzas que han moldeado mi conocimiento, sensibilidad, comportamientos y emociones.

El poeta era como un profeta, una voz que tenía razones. ¿Ha perdido el poeta su condición de visionario? ¿Cuál es su lugar ahora?

Tal vez hoy el poeta está excesivamente ocupado en el conocimiento de lo inmediato, de lo no remoto. La invasión de la realidad enturbia su capacidad visionaria. Pero, en su interior más profundo, está muy interesado en el compromiso con la Belleza, la Verdad, la bondad, la soledad, la solidaridad…

En este tiempo habrá pensado mucho. Mirando hacia atrás, ¿qué cree que ha hecho bien? ¿Se arrepiente de algo?

Es cierto. He pensado y pienso mucho: pensar nos mueve y nos conmueve. El pensamiento y el aire son invisibles pero están ahí, necesarios para la vida. Y me he hecho muchas preguntas. He hecho bien haberme sensibilizado y comprometido ideológicamente con los más desfavorecidos. De joven milité en el PCE-Aragón cuando su Secretario General era Vicente Cazcarra. Y las Juventudes Comunistas de Aragón estaban lideradas por Violeta Ibáñez. Conservo dos carnets del Partido: uno firmado por Dolores Ibárruri y otro por Carrillo. Cuando el PCE se alineó con el eurocomunismo (Marchais, Berlinguer…), abandoné la militancia. Me arrepiento de mis viejos radicalismos. Mi primera suegra –Josefina Marcellán- me decía que “el que vive a todo llega”. Ya en la vejez regreso a lo sagrado, a la religiosidad por el enigma, incluso por el miedo.

¿La literatura, en estos tiempos de coronavirus, para qué nos puede servir?

La literatura, y todas las artes, nos ayudan a sobrevivir, a sacarnos de este mundo tan bello y a la vez tan miserable (como la condición humana) y transportarnos a la esfera de lo sagrado donde el misterio es suprarreal, inefable.

¿Podrías recomendarnos cuatro o cinco libros de poemas que le hayan marcado la vida?

Cántico espiritual’ y ‘Poesías, de San Juan de la Cruz; ‘Rimas’, de Bécquer; ‘La voz a ti debida’, de Pedro Salinas; ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, de Neruda; ‘Vida de un hombre’, de Ungaretti; y poemas concretos de Rosalía de Castro, Baudelaire, Salvatore Quasimodo, Dino Campana, Jacobo Fijman, Montale y de los aragoneses Rosendo Tello Aína, Miguel Labordeta, Pinillos, Julio Antonio Gómez y otros tantísimos genios poéticos.

 

*La ilustración de Ángel Guinda es de Josema Carrasco.

 

 

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. MANUEL VILAS

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/04/19/manuel-vilas-la-politica-tiene-que-ser-el-lugar-de-la-palabra-y-de-la-razon-1370307.html

El coronavirus le cogió en un momento de promoción del premio Planeta. ¿Qué ha supuesto para usted, qué ha dejado de hacer?

Tenía un montón de actos programados, y tenía la promoción de mi novela “Alegría” en México, Colombia y Argentina. Un montón de viajes suspendidos. También se han retrasado las traducciones, ahora tenía que salir la traducción al portugués, italiano y alemán, que se han retrasado para después del verano.

-¿Cómo está viviendo la reclusión, cómo la enfrenta y la supera?

A mí me afecta mucho. Intento trabajar, pero cuesta escribir con un mundo cercado por la pandemia y por el sufrimiento de miles de muertos y por la desesperación de tanta gente que ha perdido a sus seres queridos.

-¿Le estimula para la escritura? ¿Piensa el escritor que aquí podría haber un gran metáfora de la vulnerabilidad universal o algo semejante?

Sí, de hecho estoy escribiendo sobre la pandemia. Porque la pandemia va a cambiar muchas cosas. Efectivamente, nos hemos dado cuenta de que somos de una vulnerabilidad terrible. Además, hay un tema oculto del que no se habla porque nos aterra: pensar que el Covid-19 es el comienzo de otras pandemias que vendrán. De modo que la vida puede llegar a convertirse en una convivencia perpetua con los virus. El virus además es invisible y exige un acto de fe. Creer que existe un virus es también un acto de fe. La ciencia dice que los ve, pero yo no los veo. La ciencia a veces se parece a la religión. La ciencia no puede sustituir a la filosofía. Quiero decir que la gente tiene que seguir pensando más allá de lo que diga la ciencia. El virus es una construcción científica, revalidada de acuerdo a unos protocolos de verificación que son también construcciones intelectuales, son modelos. Dentro de 50 años estos modelos se revelarán ingenuos y de época. La ciencia es también contexto cultural.

-¿En quién ha pensado más estos días, en Kafka, uno de tus dioses, el autor de la sinrazón, el absurdo y la imposibilidad, o en Javier Tomeo, el escritor de los espacios cerrados?

Pues yo creía que volvería a Kafka o a Tomeo, pero lo que hago es releer el Quijote. Todavía no entiendo qué me ha llevado a releer el Quijote. Y lo recomiendo en estos días. Hay algo en Cervantes, puede que una infinita misericordia, que puede servirnos en esto días. También Cervantes es la duda permanente.

-Sorprendió cuando Le pidieron una palabra para definir el momento y elegió: ‘Alegría’. ¿Era autopromoción o un ejercicio de sinceridad? ¿Es de veras la palabra clave de una crisis como ésta?

Alegría era el sentimiento que yo tenía antes del confinamiento, y es el sentimiento que tendré después. También he dicho que durante el confinamiento lo que tengo es un sentimiento de alegría congelada. Siempre la alegría, es una obligación moral.

-Todo hemos mirado en la historia de la literatura y del cine donde se había anticipado un hecho semejante. ¿A usted qué le ha interesado? Me suena que hace años, era lector de ‘La peste’.

Pues he intentado en el cine que veo estos días alejarme de películas de pandemias y de distopías. Ayer vi ‘La Strada’ de Federico Fellini, y me quedé fascinado. Contra la pandemia, recomiendo a Federico Fellini. Además se cumplen los cien años de su nacimiento.

-¿Qué poetas que hayan escrito su obra en reclusión le conmueven y ha dialogado más que nunca con ellos?

Tal vez los místicos, que vivían en una reclusión filosófica. Por ejemplo, soy muy lector de Teresa de Jesús. También soy muy lector de Proust, que pasó sus últimos años recluido en su casa. Hay un dato biográfico en Proust que me fascina: su pasión por el silencio. Colocó corchos en las paredes de su apartamento parisino. Estoy leyendo estos días un ensayo magnífico de Alain Corbin titulado “Historia del silencio”.

-¿Qué diferencia hay entre una reclusión forzada, casi cósmica o apocalíptica, y la que decide un escritor para redactar ‘Ordesa’ y ‘Alegría’, por ejemplo?

La reclusión forzada tiene mucho de penal, de cárcel. La escritura de libros como “Ordesa” y “Alegría” fue una exploración de la memoria, hecho en soledad. El denominador común puede ser la soledad. Pero yo escribí ambas novelas en medio de un montón de viajes. Para mí viajar es un acto de conocimiento. Ahora el único viaje que hago es al supermercado una vez a la semana. Es curioso, porque aun cuando estoy en el supermercado, rodeado de gente con mascarilla, tengo la sensación de que estoy viajando. Pero no sé adónde estoy viajando, y me parece que no me gusta el destino final.

-¿Qué está suponiendo ‘Ordesa’ y ‘Alegría’ en su vida? ¿De qué modo le han afectado y le transforman?

Ordesa’ y ‘Alegría’ me han cambiado la vida. Muchas veces es abrumador. Yo llevo escribiendo toda la vida. Hay un azar en la literatura, y en la vida en general. Menos mal que el éxito me ha pillado en la edad madura. Te pasa de joven y puede idiotizarte.

-Hace un tiempo en una conversación, decía que le habían faltado lectores. ¿Tiene la sensación al fin de que tiene los suficientes y que eso le hace feliz, o la ambición del escritor de más y más no acaba nunca?

Concibo la literatura como comunicación. A mi amigo Javier Cercas le gusta decir que en las novelas un 50% lo pone el escritor y el otro 50% lo pone el lector. No puedo estar más de acuerdo. Estoy infinitamente agradecido a los lectores de mis libros. Sin lectores, ya no podría escribir. La literatura comienza cuando un lector abre un libro tuyo, lee una página y se emociona. Hasta ese momento, la literatura no existe. La literatura es un encuentro.

-‘Alegría’ es un libro que nace, dentro de su introspección en la memoria de sus padres, de sus viajes, de ese ir de hotel en hotel. ¿Qué supone para usted este parón, qué le roba?

Ayer estuve comprando comida en el supermercado. Lo de menos ya es el parón, pensé. Lo peor es el miedo. Gente con su mascarilla. Los dos metros de distancia. El miedo en los gestos. El miedo por todas partes. La compra a toda velocidad. Me dejé los limones y los tomates. Compras con sofoco. A mí siempre me ha gustado hacer la compra, sonreír a los dependientes, a las cajeras. Ahora hacer la compra es algo terrorífico. Para mí comprar en un supermercado siempre fue una fiesta, ahora es un horror. Me acuerdo de cuando compraba en los supermercados de Estados Unidos: me podía pasar dos horas mirando cosas. Luego compraba poco, me gustaba mirar los precios, las marcas. He vivido en Roma unos meses, y allí hacía lo mismo: iba a los supermercados a mirar precios y cosas. No le pido mucho a la vida. Con dar un paseo y entrar en una tienda a mirar y no comprar nada me conformo.

-¿Qué le emociona especialmente de la reacción de la gente?

La solidaridad. La gente que arriesga su vida por los demás. Especialmente los médicos, los enfermeros y enfermeras, todo el personal sanitario, y todos los trabajos esenciales, desde cajeros de supermercado a repartidores, limpiadores, etc.

-¿Qué le enoja y le desconcierta?

Enojo no, más bien perplejidad o desconcierto. Me desconcierta que hayamos renunciado a la libertad de una forma tan rápida. Me desconcierta que la vida de repente esté sucia, se haya ensuciado. Y el miedo.

-¿Percibe en este conflicto la vieja trifulca de las dos Españas? ¿Existirá en este país algo que nos lleve a todos a remar en la misma dirección o estamos condenados a la maldición de no entendernos?

Sí, eso es lamentable. Casi es una maldición bíblica. No obstante, veo que en otros países también hay desencuentros, como en Francia y Reino Unido. El problema es que nuestros desencuentros tienen un pasado sangriento, como fue la guerra civil. Las broncas políticas en otros países no tienen detrás una guerra civil. La política tiene que ser el lugar de la palabra y de la razón.

-¿Lo hace bien el Gobierno?

Creo que sí. Y hay que estar con el gobierno y apoyarlo en todo, eso es fundamental. Ya están bajando el número de muertos y de contagios. Las medidas están dando sus frutos. Todos los países están viviendo lo mismo. No obstante, hay un hecho que me preocupa: por qué España es el país, en proporción con el número de habitantes, más perjudicado de todo el mundo por la pandemia. Ese dato es terco, porque es un hecho y los hechos no son opinables. ¿Qué le ha pasado a España para que arroje las peores cifras del planeta?

A Manuel Vilas siempre le han interesado las lecturas simbólicas. ¿De qué sería sinónimo esta plaga?

Es símbolo de que los estados y las naciones y la civilización y la ciencia son frágiles, muy frágiles. Son creaciones humanas que ante los misterios de la naturaleza se revelan como inútiles. La naturaleza sigue conservando sus misterios letales. No la hemos dominado del todo. Ha irrumpido con una fuerza devastadora.

-El mundo cultural le ha reprochado al ministro Uribes el olvido del sector. ¿Qué le reprochas used?

Yo creo que si algo ha demostrado la pandemia es la utilidad de la cultura. Podríamos empezar por reconocer que la cultura es un bien absoluto, imprescindible. España necesita cultura, necesita ciudadanos cultos. Un ciudadano culto no se va de vacaciones en plena pandemia, como hemos visto. La cultura también produce bondad y compromiso cívico.

-¿Cuál es la importancia de la cultura siempre, claro, y más ahora en tiempo de confinamiento?

La cultura es civilización. Es un espejo de la vida. Sin ese espejo, la vida es pobre.

-Manuel Vilas un cronista de lo cotidiano, un observador. ¿Qué rescataría, qué cree que podrá pasar a sus ficciones de todo lo que estamos viviendo?

Las ciudades desérticas son un espectáculo que habrá que contar en las novelas que vengan. Bob Dylan ha elegido estos días para publicar su canción sobre Kennedy. No trata directamente del coronavirus, pero indirectamente sí. Es una canción bellísima. La belleza tiene que seguir allí, en lo más alto de la vida.

-¿Cómo le cuentas a sus hijos lo que está sucediendo y cómo se lo contaría a sus padres?

Mis hijos tienen ya su propia visión de lo que está pasando. Me gusta más escucharles a ellos, porque tienen una visión nueva del mundo que me deslumbra. Mi madre era una anarquista cósmica. No hubiera aceptado que nadie atentara contra su libertad de tomar el sol en medio del campo. Hubiéramos tenido que atarla para que no saliera a la calle. En realidad, llevo un montón de días intentando averiguar cómo se hubiera tomado esto mi madre, y no acabo de verlo. No acabo de visualizarlo, tal vez eso pasa porque ya le estoy diciendo un adiós completo. Ya no consigo verla allí donde está, entre los muertos. Ya no la veo. Los muertos se mueven dentro del tiempo de los vivos. Va a hacer seis años de la muerte de mi madre, ella ya está entrando en la muerte profunda. Cuando un ser amado entra en la muerte profunda, ya no puedes verlo.

-Vive con una escritora. Profesora, poeta y narradora como usted, Ana Merino. Mo en sus ficciones. Mo de Mozart. ¿Cómo se lleva eso en una situación tan insólita? ¿Cómo modifica o enriquece el virus la convivencia de las parejas?

Pues lo llevamos con un poco de pragmatismo y resignación. Comentamos lo que pasa, las noticias, los datos, la información diaria. Hablamos de libros, de películas. A ella esto le ha sorprendido en mitad de la promoción de su novela “El mapa de los afectos”, con la que ganó el último Nadal. Es una estupenda compañera de aislamiento.

-Recuérdenos dos o tres libros, dos o tres canciones, dos o tres circunstancias (viajes, conciertos, amistades) que le hayan cambiado un poco la vida.

Me parece que estoy en ese momento de las relecturas. Necesitaba releer el Quijote. Me gusta recomendar literatura en español. Por ejemplo, recomendaría ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo, o cualquier novela de Miguel Delibes, porque este abril se tenía que celebrar los 100 años del nacimiento del autor de ‘Los santos inocentes’ . Ahora estoy escuchando mucho a Vangelis, es música electrónica de una belleza extraordinaria. En cuanto a países, he de decir que vivir en Estados Unidos cambió mi manera de ver el mundo. Aunque lo más importante que me ha pasado en la vida se llama ‘Barbastro’, mi pueblo. Ahora en Barbastro reinará la primavera, que en el Somontano es la estación más hermosa.

-¿Qué nos pasará cuando pase todo?

La verdad es que no lo sé. No sé cuál es el tamaño histórico de esto. La cancillera alemana Merkel dijo el otro día que desde la Segunda Guerra Mundial no había habido nada comparable. Mucha gente está repitiendo eso como un mantra. Todo dependerá de la recuperación económica. Todo dependerá de que sepamos recuperar un sentimiento, el de la alegría.

 

 

 

19/04/2020 09:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD/4. LA POETA Y PROFESORA ALMUDENA VIDORRETA

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Almudena Vidorreta: “Estamos todos en el agujero”



La escritora y profesora, residente en Nueva York desde 2016, ha podido salir del pais y pasar la reclusión en Zaragoza



Almudena Vidorreta Torres (Zaragoza, 1986) es poeta y profesora y doctora en Filosofía Hispánica. Reside en Nueva York desde 2016 y da clases en Filadelfia. Por motivos familiares pudo regresar a Zaragoza cuando Estados Unidos empezó a sentir la pandemia, hace en torno a un mes. Es autora de los poemarios ‘Lengua de mapa’, ‘Días animales’ y ‘Nueva York sin querer’, entre otros. Estaba en Nueva York, donde vive, pero pudo venir a España, a Zaragoza. ¿Qué pasó, por qué ha vuelto?

En cuanto suspendieron las clases presenciales en varias universidades y colegios privados, se recomendó a las personas con riesgos de salud quedarse en casa, y así lo hice. Trabajo en Filadelfia, donde viajo dos veces por semana para dar clase en Haverford College, y en los trenes se veía cada vez más gente con mascarillas. Mientras, en Manhattan, como si nada: pocos practicaban distancia social…, era una tragedia anunciada. Desgraciadamente he visitado las urgencias de distintos hospitales varias veces por otras razones. Si un día cualquiera son caóticas, intuía que esto sería infernal.

-Sus padres estaban allí con usted. Creo que han vivido una odisea para poder volver. ¿Cómo la resumiría?

Mis padres estaban pasando una temporada con nosotros. Cuando la situación se puso peor, pensé que era una suerte que estuviéramos juntos. Pero su seguro allí no cubre pandemias (¿quién piensa en esa letra pequeña?) y la situación parecía ir para largo. Si sobrepasas los tres meses de turista allá, no puedes regresar al país durante años, y en la embajada me dijeron que no me molestara en pedir una prórroga de visados (que sirve un mes más) porque pronto iban a interrumpirse los vuelos indefinidamente. Que salieran cuanto antes. Así que el nuevo plan fue huir con ellos. Conseguí billetes diez horas antes de nuestro viaje a España. No sabía si mi esposo podría acompañarnos, no había autobuses, el tren se averió…, pero lo logramos.

-Estados Unidos ya tiene un buen puñado muertos. ¿Cuál era el estado de ánimo del país?

El país está muy dividido. Las diferencias sociales no hacen sino quedar más en evidencia debido a esta situación: hay gente muy pobre, desinformada, sin posibilidades de seguro médico. Por otra parte, mientras el resto del mundo alertaba de que era un virus muy contagioso y aparecían los primeros casos en Norteamérica, se estaban celebrando elecciones primarias en varios estados. Una locura. Al mismo tiempo, hay quienes aplauden la preocupación del presidente por los mercados y les parece que la economía sigue siendo lo más importante, cueste lo que cueste. A mí me duele Nueva York. Es mi casa.

-Estados Unidos no tiene una sanidad pública como la española o la europea… ¿Aumenta eso la psicosis general?

Absolutamente. Muchos no entrarán en las estadísticas porque no pueden permitirse poner un pie en urgencias o no quieren endeudarse de por vida. Nueva York es una excepción porque ofrece seguros a las personas de bajos recursos, pero normalmente es una pesadilla. Aunque es difícil explicarlo, incluso con una buena cobertura sanitaria, en caso de enfermedad, uno se convierte en supervisor y gestor de su propio tratamiento. Si no, las facturas te arruinan la vida. Es demencial.

- ¿Cómo vive estos días de confinamiento en Zaragoza?

Sufro, como todo el mundo. Es triste ver lo que está pasando, perder gente querida, temer la enfermedad. Mientras tanto, atiendo a mi hija y a mis estudiantes. Reprogramar el semestre a distancia de la noche a la mañana ha sido una tarea ímproba (sin contar con el desfase horario). Pero en ese esfuerzo, tengo el apoyo de mi familia, y me siento muy afortunada por su compañía.

-¿Qué piensa de la pandemia? ¿Es como un castigo apocalíptico?

Procuro no pensar en esos términos, ni sucumbir a la tentación de las teorías conspirativas.

-¿Qué es lo que más le perturba?

Lo que venga después. Pensar en qué clase de futuro le espera a mi hija. El deseo de vivir lo más posible para verla crecer.

-¿En algún momento se le pasó por la cabeza que podía surgir un ente invisible y maléfico, como de película de ciencia ficción, que paralizase el mundo?

No. O, si se me pasó, al ver alguna película o leer algún libro, no quise creerlo, como la mayoría.

-Aunque parezca una pregunta frívola. Usted es poeta. ¿Qué lugar ocupa ahora la poesía, qué nos puede dar en un momento en que todo se viene abajo?

La poesía siempre ha sido un bálsamo para mí. No he tenido mucho tiempo estas semanas para buscar su consuelo, la verdad, con tanto ajetreo. Aun así, he compartido poesía en las redes sociales y he participado en las microlecturas de La Bella Varsovia, donde se publicó mi último libro, ‘Nueva york sin querer’. No caí en la cuenta de que volver a esos poemas en los que hablo de sus lugares y sus gentes iba a ser tan doloroso. Este es un punto de no retorno que nos hará leer y escribir de manera diferente, como decía Adorno.

-Por extensión, ¿qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

El arte es importante para distraernos, entretenernos, hacernos sentir mejor. Los libros siempre han sido una vía de escape fácil, objeto cómplice del intimismo y la soledad. Este puede ser su mejor momento. Espero que cuando todo pase, la gente acuda a las librerías independientes a seguir comprando.

-¿Cómo podemos seguir manteniendo los valores de la educación?

Como profesora, estoy dando todo lo mejor de mí para dar respuesta a las necesidades de mis estudiantes en estas circunstancias, que son extrañas y limitadoras para todos. Hay que tener en cuenta que muchos regresaron a su país de origen, desde Chile hasta India, se enfrentan a escenarios completamente distintos en los que el virus se manifiesta con la misma crudeza, pero se conectan sin falta para nuestras reuniones semanales. Comparecer con buena cara, animarles y ofrecerles flexibilidad es lo único que está en mi mano para ayudar a hacer la situación más soportable a la gente con la que me relaciono en mi trabajo. El esfuerzo de educadores, investigadores y sanitarios es un pilar esencial de cualquier sociedad que adquiere protagonismo estos días, pero que debería ser siempre la prioridad de cualquier gobierno, de cualquier país. Desgraciadamente, esta es una oportunidad de oro para darnos cuenta.

-Emilio Lledó se preguntaba hace unos días, ¿quién nos dice la verdad? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Alguien nos está diciendo la verdad?

Es difícil saberlo. Hay muchos periodistas haciendo un esfuerzo increíble por contarnos la verdad, trabajando sin descanso, y también merecen el aplauso. Pero las guerras económicas y tecnológicas se han organizado en bandos que los ciudadanos de a pie ni siquiera percibimos. A veces, ni los gobiernos: hemos estado haciendo cálculos y echando cuentas con modelos erróneos, con datos falsificados. La verdad y la mentira son armas de destrucción masiva, y hoy en día cualquiera puede jugar a la ruleta rusa con un teléfono en la mano.

-¿La consuelan algunos libros ahora, quién le ayuda, hay deseos de crear en esta cautividad forzadas?

Quiero crear, siento pulsiones a veces en estos días, pero no sé si seré capaz. Veremos si las ocupaciones familiares y académicas dejan espacio para la poesía. El mejor consuelo, ahora mismo, son los libros ilustrados que dejan a mi hija boquiabierta en medio de tanta incertidumbre.

-¿Ha rastreado, aunque sea por curiosidad profesional, la huella de la peste, la gripe y otras calamidades en la poesía?

Investigué el tratamiento burlesco de la sífilis en la literatura del siglo XVII, a partir del poeta aragonés José Navarro. Me pregunto si algún día, dentro de siglos, alguien estudiará de la misma forma nuestras ocurrencias sobre el coronavirus. Siempre vale la pena volver la vista atrás; ‘Historia, magistra vitae’, hoy más que nunca.

-¿Para qué sirven’ el humor, la ironía, los chistes en este momento?

Conocer de qué forma nuestros predecesores hicieron humor sobre las epidemias me ha hecho poner en perspectiva algunos memes que circulan por las redes. Me parece esencial hacer sonreír al personal sanitario que sale llorando cada día del trabajo, que recicla materiales con ingenio, o a quienes se están jugando la vida incomunicados en residencias u hospitales. Y no deprimirse: hay que intentar sonreír, aunque sea a la fuerza.

-¿Cree que este es uno de los mayores períodos de fragilidad del ser humano?

Es uno de los momentos en los que más claramente percibimos nuestra fragilidad, que siempre ha estado ahí. Yo tuve mi episodio personal hace unos meses, un toque de atención que me hizo poner las cosas en perspectiva. No somos infalibles, aunque se nos olvide la mayor parte del tiempo.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

Se tendrían que haber suspendido todos los eventos multitudinarios desde mucho antes. La ciudadanía no tenía los datos, pero los gobiernos y los inversores, sí (miren las sesiones confidenciales en enero tras las que varios senadores estadounidenses vendieron sus acciones en Bolsa). Nadie quiso creer que las advertencias que desde diciembre llegaban de China y, pronto, de la OMS, les afectaban.

-¿Cuál es tu opinión acerca de la política sanitaria y de comunicación del Gobierno?

Sinceramente, no me gustaría estar en el pellejo de ningún gobernante ahora mismo. Es muy fácil opinar desde el sofá, a posteriori. Creo que no es momento de desacreditar a quienes, además, se están apoyando en expertos sobre la materia. Estamos todos en el agujero, y es fácil adivinar que la frontera entre la información y la alarma social puede ser finísima. Pero también le diré que, hace unas semanas, una amiga anestesista me decía que se sentía como si viera a cámara lenta dos trenes que van a chocarse, y no se pudiera evitarlo. Me pareció una metáfora exquisita de la precariedad laboral que llevan años denunciando. Ojalá que esto haga que nos preparemos mejor para la próxima, que la habrá.

-No se habla mucho del lugar de los niños. Usted es madre. ¿Eso la hace sentir más responsable, más solidaria?

Es durísimo explicarle a un niño que no puede ir al parque junto a su casa, aunque brille un sol espléndido. Tengo una niña de año y medio que habla por los codos y cada día suelta una retahíla de elementos de la calle y se prepara en la puerta para ir a pasear, a ver si alguien la saca. En Harlem conozco a muchas familias con hijos de su edad en situaciones muy desfavorecidas, y ahora no puedo quitármelos de la cabeza.

-En su vida cotidiana de confinada, ¿se ha reencontrado con hábitos u objetos?

Con el balcón de mi adolescencia en casa de mis padres. Salimos dos veces al día, a cantar y bailar con mis vecinos por la mañana, y a aplaudir por la tarde.

-¿Qué le dicen esas manifestaciones improvisadas de ventana a ventana, esas canciones, esos aplausos…?

Ese sentido de comunidad es muy de nuestra cultura, no existe en EEUU. Se siente una unidad que está por encima de doctrinas y credos.

-¿Seremos, somos, capaces en momentos como estos de olvidar nuestras diferencias políticas y aceptar que estamos todos en un único barco a la deriva?

Parece que no. Es curioso; si se piensa bien, la mayoría le echa la culpa a los mismos políticos a los que ya culpaba antes del virus, algo querrá decir. Pero, aunque aceptemos que esto está por encima de leyes e ideologías, somos seres sociales y nuestros cuerpos son materia política. Solamente deseo que esto provoque mayor empatía y solidaridad en el mundo.

-En un sentido puramente físico, ¿tiene miedo?

Sí. Muy físico. Real y patológico. Lamentablemente, la salud no me ha acompañado en los últimos meses, así que el miedo y las hormonas me paralizaban justo antes de montar en el avión que me trajo a Madrid. A pesar de la situación, aquí me siento más segura. Y, físicamente, también lo noto; estoy mucho mejor desde hace una semana.

16/04/2020 23:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD / 1. EL FARMACÉUTICO Y ESCRITOR PEDRO BOSQUED

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DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD



PEDRO BOSQUED. Farmacéutico y escritor



La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado”



 Pedro Bosqued (Zaragoza, 1970) es farmacéutico y escritor y crítico literario. Es autor de ‘Pieles de Italia’ (Confuencias). Vive la pandemia con serenidad y dolor desde su farmacia.

-¿Cómo está viviendo estos días, cada vez más largos, de coronavirus?

-Por decirlo con suavidad, como una de esas épocas de junio llenas de exámenes y ninguna certeza. Con franqueza, como un algodón que absorbe tantas reacciones humanas a un solo hecho nunca visto antes por nosotros.

-Así, de entrada, como farmacéutico y como escritor, ¿qué reflexiones ha hecho? ¿Vivimos un castigo bíblico o divino?

-Que nada es imposible, que lo que suceda es naturaleza, pase o pese lo que pese. Como dice mi amigo el catedrático de historia Enrique Solano, ahora es cuando habla la historia y cae con todo el peso que tiene. Implacable. A lo mejor por eso existe la historia divina o la bíblica o la sanitaria o…

¿Qué le conmueve, cómo cambia la actitud de la gente, cómo percibe la psicosis?

-Me conmueve que ahora haya tantas dudas fruto de la incertidumbre y que curiosamente son bien compensadas por la certeza de los profesionales sanitarios, en que lo que solo y siempre cabe, es la lucha por la salud. La gente pregunta cosas más transcendentes y la divagación se ha evaporado, hasta la de los que se mueven por las estanterías de los supermercados. La psicosis consume mucha energía, y a la vez, hace que más personas, al llegar a la cama, de verdad necesiten reposar.

-¿Ha indagado en fenómenos semejantes del pasado a través de la literaria o la farmacia?

-Sí, en la literaria, hay muchas, nadie puede obviar ‘La peste’ de Albert Camus, un humanista por encima de lo exterior. En la farmacia, por lo que me toca, mi bisabuelo, Juan Ramón Bosqued, que fue hijo adoptivo de Aguarón y reconocido por la Diputación Provincial por su contribución en la epidemia del cólera en 1885. Hay muchos más e importantes, e invito a buscarlos a los lectores, les ampliará las miras, ahora que hay más tiempo.

-¿Le parece que, en algún momento de la historia, más allá de las grandes guerras, ha sido tan evidente la fragilidad, la vulnerabilidad humana?

-Quizá en cosas tan suaves como la venida de los Reyes Magos, puede sonar a inocentada; pero sabernos tan vulnerables, ayuda a ello, más que el mejor regalo de la noche de Reyes. Pero una vez pasados los Reyes, es evidente que la vulnerabilidad tiene un peso en nuestra mochila que tenemos que aprender a llevar. Y se puede. O por estar siete años en Segunda, no puede subir ya el Real Zaragoza.

-¿Qué significa para un escritor la reclusión forzosa?

-Darte cuenta una vez más que la realidad supera a la ficción, y por eso así nos va a los que creamos la ficción. También puede ser un deseo hecho realidad, la oportunidad única para dar aliento a los demás sin saberlo, y siempre, la capacidad de ir más allá, de comprender algo más y al ponerlo en líneas, ofrecer a los demás nuevas puertas que ayuden sin saber que estaban ahí esperando a ser franqueadas.

-¿Qué casos le conmueven más de escritor en cautividad: Cervantes, Shakespeare, por la peste, Genet, Oscar Wilde, González Ruano, Marcos Ana…?

-No es justo elegir, pero sin duda, si la gente conociese bien la vida de Cervantes, apreciaría no solo más el Quijote, sino la categoría y capacidad de trabajo del autor. Si nada es casual, en este caso, es aún más manifiesto.

-Cuando hay pandemias como ésta, también se produce la superstición, la búsqueda del medicamento fetiche o talismán. ¿Ve que la gente quiere algo insistentemente porque lo ha oído, lo ha leído? ¿Ha cambiado la actitud de sus clientes-pacientes?

- Sí, casi siempre ocurre, ante las inseguridades, se abren ventanas que no tienen fundamento pero que dan una tranquilidad de alquiler, una tranquilidad hipotecada a la que acaba venciendo la razón, es cuestión de tiempo. Y sí que cambia la actitud, porque ante algo nunca visto, se necesitan nuevas referencias, algo de conocimiento que ayude a comprender lo que hace unas semanas parecía imposible. Y esa labor de los farmacéuticos de oficina de farmacia es necesaria, agradecida y reconocida por las personas. Ahora y a lo largo de la historia. Y eso da sentido al quehacer, reconforta. Como decía estos días Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía, cómo se disfruta de esos minutejos de comentario antes de despedirse al llevarte la medicina si hablas con el profesional que te lo ha servido. No he parado de advertir a mis contactos desde hace un tiempo de que venía algo que no habíamos visto nunca y ojalá no volvamos a ver. Pero estamos obligados a atravesarlo. No queda otra.

-¿Se venden más ansiolíticos?

-Más que eso, se piensa más en la ansiedad, curiosamente. Y eso aunque parezca un contrasentido, hace que la mente se ejercite más en reducirla.

-¿Se tenía que haber suspendido la manifestación del 8-M?

-Eso decían las autoridades sanitarias europeas, ahora es fácil decirlo. La cuestión ahora es, se hará si las circunstancias se repitiesen. La respuesta, sea cuál sea, la tenemos todos en la mente.

-¿Cuál es su opinión acerca de la respuesta del Gobierno, de los diversos pasos, se equivoca, acierta?

-En una pandemia como esta, aunque parezca irónico, es inteligente que el Gobierno deje a la Sanidad que tome el gobierno de la situación. Y lo más rico de una sociedad, es tener profesionales cualificados y entregados conocedores de lo que tienen enfrente. Los profesionales sanitarios saben bien lo que tienen que hacer, nunca se cansan de hacer el bien, lo que no siempre un Gobierno conoce.

¿Era posible pensar que en tiempos de internet y de tanta realidad virtual podía pasar algo así?

-Por supuesto, y se pone de manifiesto que gracias a internet y los demás medios que hace veinte años, por poner una fecha, no estaban; posibilitan seguir sabiendo en todo momento del otro, en espera de saldar los besos y abrazos aplazados. Llevo anotados en el debe mental un montón de abrazos pendientes.

-¿Ha recuperado alguna de sus pasiones o hobbies del pasado durante el confinamiento?

-Sí, algunas que parecían olvidadas. Por ejemplo, gracias a un amigo también enamorado del arte italiano, que cada día nos manda un documental con un paseo por los rincones de Roma. Ver cada noche la luz plena de la ciudad abierta a la gente antes de la pandemia, hace que irremediablemente piense en que esos tiempos volverán.

-¿Tiene miedo, estrés, agobio, cómo lo definiría?

-Miedo como en ‘Edipo Rey’, a queriendo ser inocente, llevar el contagio inconsciente y convertirte en culpable. Es imposible no sentirlo, es imposible que seas plenamente culpable. Pero es lo que tiene la pandemia y el virus, la invisibilidad, como los valores que de verdad nos alimentan y constituyen.

-Decía Muñoz Molina que este es el momento de los profesionales… ¿Tiene esa sensación de que ahora ya no nos interesa nada ese discurso grotesco de los charlatanes que antes nos parecía intrascendente pero lo consumíamos?

- Ese artículo de Muñoz Molina es delicioso, no me cansé de reenviarlo, por obvio, por sencillo, por claro. El pecado es que no sea así más veces. El regalo, que ahora los discursos vacuos se han mitigado y eso hace que consciente o inconscientemente, muchas personas busquen el conocimiento, aunque solo sea el del virus y las medidas preventivas. Ya es un gran paso alejado de la acera de la vacuidad.

-¿Cómo debemos encarar un tiempo así? Aunque sea solo por la idea de la supervivencia, ¿debemos afrontarlo con grandes esperanzas?

-Aceptando lo que ha llegado, asumiendo que lo podemos modificar para controlar el impacto, y esa es una esperanza de verdad sólida. Porque vendrán muchas cosas que creíamos sólidas y a la vuelta, veremos que se han licuado, pero otras, estarán y tendrán el sabor del primer turrón de navidad, inconfundible. Estos días cuando voy a trabajar en con las calles vacías, a veces, en una acera, hay un par de metros de baldosas a las que le da el sol. Entonces me paro, cierro los ojos, miro al sol, escucho el silencio de los coches, de las pisadas, la ausencia de ruidos, es otra música. No todo es malo, es una barandilla para apoyarse cuando falte el resuello.

-¿Qué respuesta da la literatura a una situación como esta?

-Muchas, los clásicos siempre nos iluminan aunque no cejemos en el empeño de generar vanguardias, y una novedad que será un clásico y que los lectores de Heraldo bien conocemos, ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo. Pero al margen de las escritas, como me dijo hace muchos años el escritor Manuel Vilas, el hombre si hace falta, vivirá en Marte, se aclimata a todo. Sea o no el humor lo que impere.

-¿Para qué sirve el humor en una época así?

-Para dejar atrás la hiperventilación, sin ir más lejos. Para ver el lado humano de lo inhumano, sin ir más cerca. Para saber que volveremos a reír porque lo necesitamos más que el comer, sin ir más bebidos.

-Eres crítico literario y un lector incansable. ¿Podría recomendarnos tres libros que pueden cambiarnos un poco la vida?

-Con sumo gusto. Para quien quiera tomarse un caramelo, ‘Helena o el mar del verano’ de Julián Ayesta, nunca me cansaré de recomendarlo, se lo debo al escritor Eloy Tizón; creo que si me pidiesen un último deseo antes de morir, pediría un nuevo lector de este libro joya, tomémonoslo con un poco de humor. Para quien necesite ayuda, ‘Viaje alrededor de mi habitación’ de Xavier de Maistre, o de cómo sin salir de cuatro paredes se puede estar en cualquier mundo sin acabar loco, como también recomienda el lúcido de Enrique Vila-Matas, lleve las zapatillas de deporte que lleve. Y el tercero, es muy difícil, pero quizá simple. Ver reírse en cada capítulo a una octogenaria con las andanzas de Alonso Quijano y Sancho Panza, hace que el Quijote siga siendo imprescindible. ¿Cómo de duras serían las pestes antes del Quijote?

 

11/04/2020 11:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA

'XL SEMANAL' PUBLICA 'Y TE IRÁS DE AQUÍ' DE LORENZO SILVA
https://www.xlsemanal.com/conocer/cultura/20200331/gratis-novela-lorenzo-silva-te-iras-de-aqui-pdf-mobi-descarga.html

FRAGMENTODE 'Y TE IRÁS DE AQUÍ'
Ha sido Milena, era de esperar, quien me ha llamado a mí. No ha querido aguardar a que yo me decidiese, a que mi deseo se impusiera a la frágil barrera
que podían oponerle mi edad y mis conveniencias.
Ella es joven y le conviene todo: quizá ha creído,
no sin cierta generosidad, que era su obligación. Me
ha exigido más que propuesto una cita a solas en la
que podamos continuar, camino del abismo, que es
nuestra única meta concebible, lo que empezó la otra
noche entre nosotras. No tenía preparada una manera de desengañarla, y no por no haber intentado dar
con una, sino porque todas las que ensayé fui yo misma quien las echó abajo a hachazos antes de que ella
marcara mi número. Así las cosas, me he limitado a
discutir sobre la hora y el lugar. Ella, comprensiva, o
acaso velando también por su propia comodidad, que
le aconseja alguna discreción, me ha dejado elegir en
función de mis limitaciones. He preferido un día la-
- 25 -
borable, a media mañana, porque por suerte no estoy
uncida a una mesa de oficina: mi trabajo me permite
entrar y salir sin que las explicaciones sean pormenorizadas. Le he propuesto un lugar recóndito, poco
conocido incluso para los madrileños: el jardín del
Príncipe de Anglona, en La Latina, que a esas horas
estará vacío, salvo por algún jubilado. Todo le ha venido bien, como si quisiera hacerme sentir que nada
va a privarme de mi regalo, este regalo extraño y tan
bien envuelto que la vida me pone en las manos para
descomponerme. Antes de colgar ha creído necesario
tener un detalle más. Con esa voz aterciopelada y serena que gasta me ha asegurado, toda zalamera:
—No puedo esperar a tenerte otra vez delante.
En ese momento, o quizá un minuto después,
mirando su número en la memoria de mi teléfono,
he pensado que debía desconfiar de ella y de lo que
me invita a hacer; no porque ella pueda ser una embaucadora a sueldo con el encargo de destruir mi reputación o algo por el estilo, ni porque tenga alguna
voluntad oscura de estafarme o servirse de mí, sino
porque nuestra conversación se parecía demasiado a
las que suelen tener las personas que en coyunturas
diversas, a conciencia o sin ella, se conciertan para
embaucarse, estafarse y destruirse a sí mismas.

08/04/2020 15:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVAS CONVERSACIONES DE FORMENTOR

A la atención de los lectores asiduos a Formentor, a los autores que intervienen, a los editores y críticos que participan en las Conversaciones Literarias.

Os hacemos llegar la convocatoria de las jornadas que se celebrarán el próximo otoño. Podéis reservar en vuestra agenda la fecha anunciada: 18, 19 y 20 de septiembre.
El rótulo que preside nuestro encuentro -Bagaudas, goliardos y estilitas. Acróbatas del mundo antiguo y moderno- os permitirá, como cada año desde hace doce, seguir el rastro que las obras de estos personajes han dejado en la biblioteca universal.
Recordareis que en enero anunciamos la presencia del Premio Nobel J.M. Coetzee y la conmemoración de su aniversario. También tendremos ocasión de acoger un encuentro de editores independientes y de asistir al acto de entrega de la X edición del Premio Formentor de las Letras.

Basilio Baltasar
Director
Fundación Formentor


Converses Literàries a Formentor

18, 19 y 20 de septiembre de 2020

***

Bagaudas, goliardos y estilitas
Acróbatas del mundo antiguo y moderno

 
Revolotean por la superficie del mundo personajes de los que todo el mundo ha oído hablar. Su presencia ameniza la conciencia del tiempo presente o fomenta el tedio de un feroz aburrimiento. Aunque más allá de esta celebridad podemos vislumbrar a lo lejos el fugaz destello de unas formidables personalidades.
Los bagaudas de la antigüedad permanecen agazapados en la bruma de una leyenda maltratada por los cronistas y descuidada por la epopeya europea. Los escurridizos personajes, irritables y levantiscos, han sido frecuentemente omitidos, pero de su difuso recuerdo emanan aquellas cualidades místicas iluminadas por la intuición de las grandes corazonadas.
Los goliardos, cofradía de poetas ambulantes, llevaron su ironía y jactancia a todos los rincones de la Europa de las catedrales. A menudo actuaban como estudiantes pobres que mendigan conocimiento de ciudad en ciudad. A veces, como herederos medievales de los sátiros o figuras pícaras salidas del tinglado teatral. Lo cierto es que cultivaron el arte de versificar con sarcasmo y supieron elevar la lírica amorosa de las tabernas a las altas estancias de la gran literatura. 
Los estilitas son la metáfora filosófica del funambulismo. Conciben la existencia del hombre como una ocasión para instruirse en la sobriedad, entrenar el equilibrio y adiestrar el vértigo que resistirá la visión de todos los abismos. El estilita fue el maestro de la acrobacia interior y el profeta que alertó contra la glotonería bulímica de la sociedad contemporánea.
Bagaudas, goliardos y estilitas se contorsionan bajo la carpa del circo errante, subidos al columpio y colgados del trapecio. Con el disfraz de su vestimenta artística, festejados por su encanto, entretienen a un público que no sabe de dónde vienen ni a dónde van. 
 

Con motivo del 80 aniversario del autor, las Conversaciones Literarias de Formentor organizan el homenaje a
J. M. Coetzee
 
El escritor sudafricano, Premio Nobel de Literatura 2003, intervendrá en las Conversaciones de Formentor y departirá sobre una de sus fructíferas ocupaciones: la autobiografía como género literario.
Escritores, críticos y profesores especializados en la obra de J.M. Coetzee participarán en la mesa dedicada a la trayectoria del Premio Nobel y comentarán los aspectos de su extensa obra narrativa y ensayística.

Encuentro de editores independientes
 
La crónica cultural habla con respeto de los editores “independientes”. La designación suele ser elogiosa, pero ha llegado a encubrir una cierta condescendencia… Como si fueran un apéndice, un lugar marginal en la periferia de las editoriales verdaderamente notorias en la industria cultural.
¿Qué dimensión debe poseer una editorial para ser considerada independiente?
¿Se medirá su rango por el volumen de su facturación?
¿Por el número de ejemplares que coloca en el mercado?
¿Por el número de empleados que contrata?
Los criterios economicistas permiten evaluar la estructura de las empresas de la industria cultural, pero no dan cuenta de la verdadera personalidad de las editoriales… independientes.
Las editoriales de las que estamos hablando tienen clara conciencia de una dependencia muy especial: 
del talento de sus autores, de la inteligencia de sus lectores, de la atención de los críticos, de la delicadeza de los libreros.  
Dejando de lado la cuestión del tamaño (que no siempre importa) 
¿Cómo identificar a estas editoriales? 
¿No se trata más bien de reconocer su personalidad? 
Por el estilo y carácter de sus ediciones, por la manera de pensar los libros, de sostener la conversación creativa con los autores, por el modo en que se dirigen a los lectores.
Por el cuidado puesto en todo ello.
¿Cómo podemos nombrar entonces a las editoriales llamadas independientes?
¿Convendrá buscar un adjetivo más adecuado, encontrar un nombre que aluda a su verdadera naturaleza y al papel que ocupan en la vitalidad de la cultura? 
¿Un nombre que las identifique por la solvencia de su compromiso intelectual y estético?

El gran juego de la imaginación literaria
Desde el año 2008 Formentor nos invita a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.
Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.
El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.
El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas. 
Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones. 
Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.
La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos. 
Durante tres días de otoño, en Formentor, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.
02/04/2020 16:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN ACÍN HABLA DE SUS VIAJES

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Ramón Acín Fanlo (Piedrafita de Jaca, 1952) es escritor, profesor y viajero. Durante años fue el coordinador de los ciclos ‘Invitación a la lectura’, un proyecto inolvidable de difusión de la literatura en el aula. Ahora ha publicado en Fórcola algunos textos de sus viajes: ‘Un andar que no cesa’.

 

-¿Qué importancia tienen los textos de viajes en tu producción general?

 Desde mi primera adolescencia, siempre he reflexionado antes, durante y después de cada uno de mis viajes atendiendo a impresiones, emociones y asombros. Incluso podría decir que los viajes están al fondo de algunos textos narrativos que he publicado. Como ejemplo diáfano puede servir el primer capítulo de mi novela “Cinco mujeres en la vida de un hombre” que, al fondo, traduce un viaje a Huesca en compañía de mi abuelo. La diferencia en el caso de “Un nadar que no cesa” es que en esta ocasión me he lanzado a concretar la experiencia viajera libre de otros arrabios para que sea sólo un libro en esencia de viajes y no telón de fondo de un texto narrativo. El viaje, pues, no me es ajeno, pero sí  ahora cambia su importancia que es la de explorar otra vertiente de escritura hasta el momento no experimentada por mí. Es pues, un reto que, una vez cumplido, puedo decir que me satisface. 

 

-¿Los textos de viajes son formas de autobiografía o, más bien, formas de mirar, de enfrentarse al mundo y de contar?

 Son todo lo que apuntas y a la vez. Autobiografía, sin duda, por cuanto conllevan de experiencia de viaje personal y, por supuesto, de almacén de meditaciones ante todo cuanto me sale al encuentro en cada uno de los viajes que relato en el libro. Lógicamente, autobiografía matizada y pasada por cedazos varios para evitar  la simpleza plana de contar lo visto, traspasando fronteras y buscando alcanzar una buscada cota literaria. Y, para ello, lógicamente, el uso de una mirada especial, atenta al detalle físico del paisaje, del arte y de la gente que puebla ese paisaje y crea  con todo sus bagajes. Una mirada capaz de proporcionar (y, sobre todo, proporcionarme) una comprensión que permita entender lo que antes no conocía o no comprendía. Una mirada que permita también saber del “otro” y aquilatar las diferencias frente al mundo conocido y  asentado en la costumbre del existir cotidiano. El viaje, como la vida, es precisamente enfrentarse a lo desconocido, conocerlo y comprenderlo a la vez que ensanchas tu persona.A la postre, como reza el viejo precepto griego, es conocer y conocerte a ti mismo o comprender y comprenderte, circunstancias que resumen el verdadero existir. Por eso, al menos para mí, los viajes enseñas, curten y te hacen más persona engrandeciendo, en todas la dimensiones, los límites personales amén del análisis y conocimiento subsiguiente.

 

-Se insiste en la fragmentariedad de los textos. ¿Se refieren al libro, hecho de artículos y crónicas, o de las piezas en sí mismas, en su estructura interna?

 Lo fragmentario en “Un andar que no cesa” es normal y lógico. No sólo porque el mundo en sí y la vida misma sean un acumulo de espacios y tiempos, de sucesos y momentos vitales, sino porque cada viaje del libro es un fragmento más de los bastantes viajes que he realizado. El conjunto de “Un andar que no cesa” es también un viaje personal en busca de un logro literario. Y es, por supuesto, un conjunto pequeño de fragmentos que resume algo de mis andanzas que no cesan por Europa y África especialmente. Andanzas con impacto desde diferentes perspectivas y búsquedas que se abren al pensarlos y programarlos, primero, y al realizarlos y transcribirlos, después. Son, por tanto, válidos uno  a uno, individualmente, y también en su conjunto porque traducen momentos vitales y formas de entender o de buscar, tanto desde la esfera más íntima de lo personal, como desde la esfera de quien observa y reflexiona sobre lo colectivo y desde lo colectivo.

 

-¿Cuál es el espíritu con que emprendes un viaje, tienes claro lo que vas a contar o te dejas arrastrar por la intuición?

En todos los viajes que conforman el libro, sin importar si hay o no desplazamiento físico (pues, leyendo, se puede viajar desde el sillón) hay fases concretas, todas ellas necesarias. Por supuesto, la intuición juega su partido, pues, para que algo se lleve a cabo, previamente tiene que haber una conmoción, una atracción, una sorpresa...que, al final, accione la mente y la perentoriedad de ejecutar el viaje. Y, cuando sucede, la preparación es obligada. Viajar conlleva perder el suelo firme de lo que se conoce, de la costumbre y, en consecuencia, uno debe armarse como protección mínima  ante las inclemencias venideras. La preparación da confianza antes y durante el viaje. Javier Reverte acertó cuando dijo aquello de que  hay “un buen viaje, si antes hay un buen libro”. Después de la fase preparatoria llega la degustación (paisaje y geografías, paisanaje y su cultura e historia, etc.) y, por supuesto, el impacto  tanto emocional como meditativo, lo que es propio del “durante” del viaje ejercitando la mirada a fondo. Una mirada que cambia y ensancha la percepción como ya dijo Proust: “Viajar no es cambiar de sitio, es cambiar de mirada”. Mirada que acompaña al placer cuando se degusta durante el viaje y, sobre todo, en el “después” al rememorarlo que, a la definitiva, es otro gran viaje por la recuperación meditada de lo visto y sentido. Es decir, la vivencia más glamurosa del viaje de la que habla Paul Theroux.

 

-¿Qué te interesa de los sitios: el paisaje, el espíritu, la cultura, los personajes, el propio azar?

 Me interesa casi todo, pero lo que me pone en funcionamiento “durante” el viaje es el asombro, aspecto que, sin duda, se acompaña del azar. Ese azar que puede estar donde menos se espera, y que, además, manifiesta al viajero atento los detalles que mueven su necesidad de ahondar en lo desconocido. Sitios, personas, sucesos, paisajes, historia...capaces todos ellos  de mostrarte al “otro” y sus circunstancias. Es decir, detalles que chocan ante lo conocido o la costumbre. Por eso, al viajar hay que estar en estado de alerta, asombrado e interesado, además de acompañado (lecturas precedentes). Sólo así, inmerso en ese conglomerado, se paladea y se vive a fondo el trayecto con emoción, sentimiento, placer ...y hasta con dolor como ocurre en los dos recorridos bélicos de “Un andar que no cesa”.

 

-¿Tienes a veces la sensación de que desandas, sobre todo en Venecia, las huellas de otros viajeros?

Sí, en la mayoría de los viajes, al tiempo que los llevo a cabo, “desando” caminos hechos por otros que han recorrido los mismos caminos. Y aciertas en el caso de Venecia, pues las principales fuentes de documentación previa fueron, entre otros, “Los esbozos de Venecia” (1906) y “Los cuentos de Venecia” (1927) de Henri de Régnier.  Son textos que dirigieron mi quimera. Y digo quimera porque Venecia, como otros viajes míos (Niágara, Titicaca, Machu Pichu, Alma Ata, San Petersburgo. La selva mexicana de Lacandona...) vienen de lejos, casi desde la infancia. Por cierto, ese “desandar” los viajes de otros da algunos momentos excelentes, especialmente cuando la memoria del pasado relatada por otros entra en colisión con el presente del viaje que uno lleva a cabo. El contraste de cómo fue un espacio, un paisaje, un pueblo frente a cómo es en la actualidad ofrece un contraste que levanta enormes olas para el análisis, y no digamos para la meditación.  


 -¿Qué te dio un país como Egipto, qué te conmovió?

En cuanto a Egipto, otra de mis fijaciones infantiles, el asombro desencadenante ante las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos casi quedó en nada al lado de la historia y el arte vistos por doquier, tan abundantes y jugosos, ante el desierto a veces de ensueño, ante sus mares transparentes del Índico, ante la mezcla de religión y costumbres, ante el padre Nilo y su grata navegación... pero, sobre todo, ante la estética de lo inacabado y ante la real plasmación  (al tiempo que funcional) del caos y de lo incomprensible. Egipto, lo digo en el texto, es un mundo repleto de otros muchos mundos que, a veces, conmueven y, otras, te dejan noquedado. Viajar por Egipto es como una lucha sin cuartel.

 

-Hay un viaje, o unos viajes, que parecen alimentar tu propia obra de ficción. ¿Fuiste a los lugares de la guerra civil para documentarte, para buscar huellas, rastros del horror, escenarios del espanto?

 Sí, hay viajes en “Un andar que no cesa” que derivan de la necesidad de cuadrar otros textos creativos míos. A ello responde el apartado de “Viajes bélicos”, por ejemplo. Cuando comencé a escribir mi novela “Siempre quedará parís” quise documentarme a conciencia (una documentación que duró 8 años) no sólo en los libros, sino en espacios físicos y reales, acompañado incluso de algunos protagonistas del incivil guerra del 1936 en España. Realicé un viaje lento por la “cicatriz” bélica de Aragón, partido en dos durante la contienda, de norte a sur y desde Biescas, en Huesca, a Sarrión el Teruel. De aquel viaje mana el que se recoge en el libro que comentamos. Un viaje lento y minucioso, a lomos de cambios de tiempo (frío, calor, lluvia, viento) y de estaciones (invierno, verano) para intentar comprender la actuación de los soldados, su obediencia, etc. en tan absurda situación. Y, además, con el calor próximo de algunos protagonistas que, al tiempo, que destilaba dolor, me propiciaba también miradas hacia el entorno y que yo non había previsto. Así me dí cuenta del viaje que no trata ya sólo de entender la historia, sus sucesos, ponerse en la piel de los protagonistas, sino también de “mirar” el entorno que acogió aquellos sucesos y a sus protagonistas. Por eso, es un viaje repleto de matices, perspectivas, documentación anécdotas, meditaciones, supercherías, toponimía...Algo semejante me empujo a realizar otro de los viaje bélicos: Por Normandia, a la caza y captura de aspectos, paisajes, sucesos, estampas, etc., que pudieran aclararme la extrema violencia que se desató en las costas normandas durante el desembarco aliado, principio del fin del nazismo.

Ambos son viajes duros y dolorosos que, sin embargo, con la “mirada” abierta, aunque el corazón supure dolor, permiten abrir horizontes con las instantáneas que proporciona el paisaje y quienes lo pueblan y poblaron.  Viajar así, a lomos de una cruda idea, para calmarla, posibilita la necesidad de endulzar el viaje, de atemperar el dolor dando rienda suelta al asombro, al azar, a la emoción que acalle un tanto el dolorido sentir de la herida inicial que promovió el viaje.. 

  

-¿Qué tiene de peculiar Fuendetodos? ¿Crees que el fantasma de Goya se reanima por allí y que es lo que buscan autores como Berger, Grass y algunos otros?

No sé si el fantasma de don Francisco de Goya está presente  en los posibles recorridos que relato en el libro, pero sí que creo que lo está su “mirada” sobre el paisaje en bastantes de sus creaciones pictóricas. Su mirada se cuela al fondo de los cuadros y en los temas. Pienso en la sequedad del paisaje, en las líneas de horizonte, en la vegetación sedienta... Al menos así lo pensé al recorrer  a pie y en coche los espacios por los que  Goya transitó para ver familia o para  cumplir encargos en determinadas geografías de Aragón. De John Berger y Gunter Grass, a los que invité a Zaragoza, no me atrevp a poner mi voz, a suplantar sus opiniones, pero supongo que sí, que buscaban el alma de Goya en el territorio. Ambos, admiradores confesos del pintor lo llevaban en el corazón. Berger escribió una obra de teatro con Goya como elemento central (por cierto, estrenada en Zaragoza por el teatro de la Estación cuando lo invitamos a visitar Fuendetodos) y disfrutó de lo lindo con aquel recorrido aragonés. Lo mismo que G. Grass también visitante de Fuendetodos y, por supuesto, del espacio aledaño de Belchite, preocupado como estaba por temas de la guerra civil española. De ellos aprendí y con ellos disfrute, incluyendo la temática de Goya y la visión que ellos tenían de sus pinturas.

 

-¿Sería Julio Llamazares el escritor de viajes que más te ha marcado?

 De Llamazares puedo decir que es como un hermano. Y los hermanos marcan a fuego cuabndo fluye el cariño de verad. Además de Llamazares citaría otros hermanos como Jesús Moncada, Alfons Cervera, Luis Mateo Diez, José Giménez Corbatón...con quienes tengo hilos en común: una infancia rural, un transtierro urbano y el crecimiento en ese espacio como persona, la melancolía de un espacio infantil perdido que, entre otros aspectos más, nos lleva a todos, creo, a explicar mediante la literatura cuanto dejamos atrás. Es decir, a explicar la vida en espacios dormidos, “amortados”(por citar la palabra aragonesa justa y que se decía en el Altoaragón) o deshabitados (tan lejos de los términos “vacío”y “vaciado” de moda) a los que escribiendo sobre ellos y convirtiendo en protagonistas se les da nueva vida o, cuando menos, se deja constancia de lo que fueron y cuanto fueron.

 

-Si escribir es llorar, como decía Larra, ¿qué es viajar? ¿Una forma de curar el alma, la cerrazón, los nacionalismos, como decía Baroja?

Lo habitual es viajar por placer y olvidar el agobio diario del faenar, para romper con la costumbre que nos ata y buscar una panacea momentánea y falsamente liberadora. No lo dudo: es bueno y aconsejable, pero viajar de verdad va mucho más allá. Viajar es entrar en relación con lo que se descubre, se ve, se observa, se analiza, se comprende, se asume. Viajar es dialogar con uno mismo ante espacios, personas, paisajes, sucesos o historia, por ejemplo. Y como dices, a la vez, es curar tu alma y conocerse uno mismo, superando barreras que van desde lo personal a lo social, y que curan del chauvinismo, de la costumbre, del nacionalismo... porque, viajando,  se ahonda en la observación de los demás y en lo desconocido. Es, en suma, el viaje hace cierto el adagio clásico de que “nada de lo humano nos es ajeno”.

 

-¿De qué siente melancolía un peregrino como tú en Bruselas, en Sicilia, etc.?

Ante Bruselas o Sicilia como me sucedió (y sucede) en otros territorios, más que melancolía, que si la puede haber, abundan otros sentimientos que creo son importantes. Al menos, para mi. Sentimientos que mueven el corazón y el pensamiento. No obstante, confieso que sí hay melancolía porque, en lontananza, por sus paisajes, costumbres e historia aflora el pasado español (Países bajos) bueno y malo. Y con el viaje a Sicilia también al aflorar el pasado de la Corona Aragonesa desovando a lo largo de todo el Mediterráneo.

Melancolía y mucho más al recorrer huellas muy visibles que hablan de arte e historia, de relaciones y convivencia, de guerras y paz, de costumbres... Melancolía que, sin duda, resume vida, la vida y el viaje mudable de la vida.

 

-¿Cómo quieres que sea el lenguaje de tus textos viajeros, cómo crees que debe ser?

Intento buscar el vocablo ajustado o preciso a cada emoción sentida. La retrospectiva del viaje permite, junto a la degustación, meditar con lentitud y desechar aquello que es o se piensa innecesario. Viajar no sólo es holganza, observación, mirada, comprensión, reflexión...es, también, como ya he dicho, emoción. Una emoción múltiple y de amplia gama  que exige cuidar el lenguaje y sus formas (metáforas, figuras literarias...) a lo largo de cuanto se relata para que, como disparos directos al corazón y al pensamiento den en la diana. Intento buscar un lenguaje que resuma la documentación, la emoción, la meditación, el placer, la sorpresa, el azar, el conocimiento...Difícil, pero lo intento siempre. Es el gran reto.

 

*Ramón Acín rodeado de amigos. Arrodillado, a la derecha del todo, con traje gris.

21/03/2020 00:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ALFONSO DESENTRE

Alfonso Desentre: “El amor está en todas partes y al alcance de casi todos”

 

El actor y director Alfonso Desentre presenta el jueves 20, a las 19.30, en el Centro de Historias de Zaragoza, su cortometraje ‘Intimidad’, basado en un relato de Raymond Carver, con producción de Cosmos fan y colaboración de DSF-Teatro Imaginario. Esta historia de amor y desamor está interpretada por María José Pardo y el propio Desentre.

¿Por qué Raymond Carver? Ya había trabajado con sus textos en otra ocasión...

A mí me interesa mucho la narrativa y la literatura en general norteamericana, novela, poesía, teatro... Acabamos de llevar a escena un espectáculo con una selección de poemas que van desde Sylvia Plath, Sephard, el propio Carver, hasta jóvenes como Dorothea Larsky o Ana Carrete, junto a poetas aragoneses que comparten en cierto modo un modo de hacer poesía llamemos realista, y el gusto por. lo fronterizo.  Dentro de esa atracción, Carver, que algunos consideran el mejor escritor de relato breve después de Hemingway, es para mi mucho más interesante que Hemingway.

¿Se lo parece? Hemingway era un cuentista formidable.

Es fantástico cómo Carver convierte en poético lo aparentemente más prosaico, como convierte en héroes, a personajes anónimos, en situaciones cotidianas, a menudo en lucha contra si mismos, contra sus seres queridos, o alguna vez queridos. Es fascinante cómo los define, cómo en sus historias todo parece a  punto de suceder y a veces nada sucede. Un poco como Antón Chéjov.

¿Por qué el amor, de nuevo?

Precisamente uno de nuestros  espectáculos recientes tomaba prestado el titulo de otro texto de Carver. ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’. Un personaje se pregunta eso. El amor tiene muchas formas, puede ser insano o sublime. Habla del amor entre los viejos como una de sus formas más tiernas: dos viejos que bailan todas las noches juntos en su hogar junto al fuego. Eso debe de ser maravilloso. Y dificilísimo.

¿Es el amor ese sentimiento del que tanto hablamos y del que sabemos muy poco?

El amor es una lucha, una batalla constante. Buscamos muchos de nosotros el amor duradero, que significa compañía, lealtad, solidaridad, buscamos también la pasión... Todo eso es amor, pero hay formas menores, distintas, o fugaces de amor, sin tanto conflicto:  alrededor de una mesa de amigos, en una mirada casual, una sonrisa de un desconocido, el calor de tu perro… El amor está en todas partes y al alcance de casi todos. El amor es el motor y la recompensa a casi todos nuestros  actos, al menos para muchos de nosotros. Y es el tema por excelencia de la literatura y el arte.

¿Qué supone para usted dirigir un corto, que tantos habías protagonizado?

Es un reto. Después de dirigir tanto teatro, tenía esa necesidad y me he lanzado a ello con la misma osadía que cuando empecé en la escena. Me impliqué mucho en el último cortometraje, ‘Help’, que partía de un guión propio y de una necesidad personal de contar esa historia sobre el olvido, pero no la dirigí. Quedé muy satisfecho del resultado  y de lo que aportó la dirección, pero me quedé con las ganas de hacer algo sobre lo que tuviera toda la responsabilidad del resultado. Para ello me he ido a una historia técnicamente sencilla, intentando hacer el cine que me gusta, con buenas interpretaciones, buenos diálogos y una atmósfera y una estética cuidada y coherente.

Háblenos de la atmósfera, del ambiente, precisamente.

Hemos intentado crear un conjunto coherente. La naturaleza es el marco, casi un personaje más, todo transcurre mientras las hojas caen, en el viejo jardín de la antigua casa en común de la pareja que se reencuentra.  Le hemos dado un aire atemporal, pero claramente retro, o como gusta decir a mí, camp, como pasado de moda. Hemos cuidado el cromatismo, la música…, la sencillez  y la humildad de medios no tiene que conllevar dejar nada a la intrascendencia.

¿Qué manda más en ‘Intimidad’: el cinismo o la ironía?

No sé bien la respuesta. Supongo que la ironía conlleva alguna forma de humor, y el cinismo alguna forma de maldad. En este caso hay ambas cosas, pero el cinismo del personaje es una máscara.

¿Cómo definiría el trabajo de los dos actores: María José Pardo y el señor Desentre?

Ja ja... Lo cierto es que estoy muy contento. Con María José Pardo he trabajado mucho pero nunca en cine; su personaje es muy excesivo , visceral, histriónico, y la interpretación es acorde con eso, francamente buena. El mío es un tipo que esconde o transforma sus verdaderos sentimientos, y se ha acostumbrado a ocultarlos. Es por tanto más sobrio en la interpretación.

Se han separado hace tiempo, ¿no?

Paradójicamente, o no, es ella  la que ha pasado página, la que ha rehecho su vida, mientras él, el aparente hombre de éxito, admirado y envidiado, que viaja tanto en su flamante coche, no consigue dejar atrás la casa en común, el jardín perdido, presente siempre en su retrovisor. No consigue, como ella le propone, “borrar toda la pizarra y empezar de nuevo”. Y acaso no lo conseguirá.

 

LA FICHA

 

Intimidad’. Dirección: Alfonso Desentre. Productor: José Ángel Delgado. Directora de produccion: Clara Vallés. Guión original: Raymond Carver. Guión adaptado: Alfonso Desentre. Intérpretes: María José Pardo, Alfonso Desentre. Directora de produccion: Clara Vallés. Fotografía: Beltrán García Valiente. Vestuario: Ana Sanagustín. Maquillaje y peluquería: Delagua asesores. Musica y efectos Lord Sassafras.

Estreno: jueves, 20 de febrero. 19.30. Centro de Historias de Zaragoza.

 

25/02/2020 16:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

FRANCISCO FERRER LERÍN. ENTREVISTA

 

 

“Pocos perdonan que machaques

 la convención y el orden”

 

“Si sobreviví al marchamo de raro ahora

también lo haré al de autor revelación”

 

 

Antón CASTRO

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, inventor de palabras y de climas literarios. Es observador de animales y creador de un Bestiario (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2007). Es autor de un libro misceláneo como Papur (Eclipsados, 2008). Su prosa más o menos autobiográfica se recoge en una novela como Níquel (Mira, 2005), ampliada más tarde con Familias como la mía (Tusquets, 2012), que resume su universo literario, su formación, la habilidad con el póquer y la atracción por las aves carroñeras. Su poesía completa se recogió en  Ciudad propia (Artemisa, 2006), pero posteriormente ha publicado dos poemarios más: Fámulo (Tusquets, 2010) y ahora Hiela sangre (Tusquets, 2013). A la erudición y al sarcasmo, a su facilidad y audacia, une su curiosidad y su inmensa ironía. Publicó las entradas de su blog en el libro Gingival del sello Menoscuarto (2012).

 

-En primer lugar, ¿cómo has llevado pasar del anonimato y del silencio a la revelación, al rescate, por decirlo así?

-En mi adolescencia, casi en mi niñez, cuando comencé a escribir no necesitaba ser leído, escribía para mí o, quizá, para nadie, aquello era un ejercicio físico de fácil ejecución, que me producía placer y al que no le daba la más mínima importancia. Luego, cuando volví a la escritura tras más de treinta años de silencio, las cosas cambiaron; de una forma no meditada pero rigurosa reclamé la presencia del lector, sin lector no existía la literatura. Ahora, sumido en la estupefacción ante la avalancha de minoritarios seguidores, reacciono como puedo; en palabras de mi editor y poeta Antoni Marí corro el riesgo de desaparecer, aunque pienso que si sobreviví al marchamo de raro ahora también lo haré al de autor revelación.    

 

-¿En qué medida Níquel te ha devuelto a la escritura, te ha rescatado, por decirlo así?

-Níquel fue sin duda el pistoletazo visible de salida de esta segunda etapa. Invitado a pronunciar una conferencia en Barcelona en el año 2000 asistí, asustado en un principio, al vitoreo y tocamiento de un sector del público que solicitaba de manera urgente mi vuelta al ruedo; eran hooligans durmientes que habían aguardado todos aquellos años para poder comprobar si yo existía. Animado, escribí un guión cinematográfico, Die Rabe, y de él, de modo natural y apenas evolutivo, surgió la novela Níquel. A partir de su publicación en 2005, en Mira editores, no he parado, y aún habrá más.

 

-Por una parte pareces contrario al mito, a la mitificación de tu figura, y a la vez das pequeños datos para crear una suerte de aureola de Bartleby (a la manera de Vila-Matas): evocas ese mundo del póquer, una España de secretos, evocas tu formación literaria que parece casi de película... ¿Quieres hacer tú, de ti mismo, un personaje literario nítido y a la vez difuso, que se acerca y se aleja, que se muestra y que desaparece?

-En la novela Níquel, o mejor en la novela Familias como la mía que la recoge y la acompaña de una segunda parte, los elementos autobiográficos son utilizados de manera descarada, exhibicionista a veces, dándose además la circunstancia de que, en mi caso, esa biografía puede tener matices y circunstancias que se apartan de la del común de los mortales. Ningún narrador, en su sano juicio, despreciaría ese filón, y yo no lo hago. Otra cosa es que me atenga a la realidad más rigurosa; precisamente ese sano juicio me impide desarrollar en profundidad determinados sucesos. Ahí en ese estado pendular de realidad y realidad amputada, de realidad y realidad sustituida por ficción, radica, quizá, la sensación pantanosa del relato, algo que no gusta a muchos lectores que prefieren saber con quién se juegan los cuartos.     

 

-¿Cómo se explica tu fascinación por las aves carroñeras? ¿Qué encuentras en ese mundo?

-A mediados de los sesenta, mientras España empieza a salir del subdesarrollo, descubro la existencia de unas estructuras de 2,7 metros de envergadura que sobrevuelan a gran altura nuestras cabezas a la búsqueda de carroña. Este hecho que no es que sea propio de los cuarenta y cincuenta sino del medioevo, me produce una especial fascinación. Está claro que pertenezco a una estirpe ciudadana y que la vida natural, salvaje, que puede encontrarse en el ámbito rural, la veo con ojos sofisticados, curiosos y por lo tanto científicos. Tengo ocasión de ir a trabajar al Pirineo y es allí donde doy rienda suelta al estudio y fomento de la necrofagia... en la fauna carroñera. 

 

-A veces da la sensación de que estás muy próximo a Ambroise Paré, a Cunqueiro, a Borges, a Perucho... ¿Les debes algo, son maestros tuyos de alguna forma?

-De los autores que citas identifico como inspirador de mis primeros y brumosos versos a Álvaro Cunqueiro, y de mi siguiente obra, a partir de los relatos poéticos de La hora oval, a Jorge Luis Borges. Conocí personalmente a Juan Perucho pero era hombre de cofradía gastronómica y tertulia pueblerina; se ha dicho que mi bestiario es deudor de sus Historias naturales, pero no lo veo así.

 

-Me llama la atención tu sentido del humor: es delirante en ocasiones y a la vez seco; es corrosivo y contenido... Alguien me dijo una vez leyendo una entrevista tuya: qué antipático me resulta... ¿Cómo defines tu humor, tu ironía, tu sarcasmo?

-Debe de ser fruto de mi aversión por el tópico, por cualquier forma de lugar común verbal o en el campo de la acción. De modo ¿inconsciente? me aparto de lo previsible, evito aburrir a mi interlocutor, procuro no repetir; soy un tipo sintético, y lo exijo en los demás. Y en cuanto a la antipatía recuerdo las palabras, del que fue durante tres años mi director en determinado Centro de Estudios, a raíz de la preparación de un curso en el que yo iba a participar como profesor y, en general, acerca de la disciplina en la que trabajábamos: “la ciencia, la investigación, la inteligencia, no deben someterse al imperio de la simpatía, de la condescendencia, del populismo, deja las complacencias para los que carecen de argumentos”. 

 

-Son algunos escritores los que dicen que escriben para que los amen más... ¿Es tu caso?

-Nunca había oído eso. Desde luego es pretencioso porque al decir que los amen más presuponen que ya los aman. El amor es materia reservada, venal, trabajosa, incómoda; no hablo, por supuesto, del amor hacia los hijos; eso es un asunto serio.

 

-Acabas de publicar ‘Hiela sangre’ ¡Vaya título para un poemario! ¿Adónde querías ir a parar?

-Este sintagma procede de la depuración de otros en los que la sangre está presente y que son paráfrasis de un rótulo de mi admirado Antonio Gamoneda.

 

-Uno de los temas capitales, o más constantes del libro, es el de las mujeres. ¿Qué lugar han ocupado en tu vida?

-Un lugar central, que supone comodidad, placer, comunicación verbal, mercantilismo. 

 

-En el libro hay muchas: historias sugeridas, pasiones convulsas, amores carnales, mujeres que quisiste a tu manera... ¿Por qué regresan en este libro?

-Como es sabido a medida que se aproxima la hora final van acudiendo los recuerdos de las personas que conformaron nuestra vida útil. Muchas ya han fallecido, otras agonizan y las que aún pueden moverse han de hacerlo en condiciones de precariedad; ante un panorama de nichos, camas de hospital y sillas de ruedas prefiero recuperarlas mediante el verso que, al menos, resulta más higiénico.  

 

-El sexo anda siempre por aquí como un lugar al que llegar, como un friso de picardías... ¿Qué hay del seductor Francisco Ferrer Lerín? ¿Cómo es la presencia del sexo en tus ficciones?

-El sexo explícito, quizá el único sexo posible, es un material que apenas he utilizado en mi escritura. Quizá en el díptico Familias como la mía, concretamente en su primera parte, Níquel, se cuelen algunas secuencias eróticas que, como ya he dicho en otras ocasiones, no formaban parte del plan inicial de la obra; fue mi mujer Concha Jiménez, ávida lectora experta en márquetin, quien me obligó a incluirlas.

 

-Hablemos de algunas mujeres: empecemos por Leonor...

-Leonor es Leonor Fini, pintora surrealista argentina que, en mi época francesa, disfrutaba del favor de editores como Jean-Jacques Pauvert lo que propició mi conocimiento, no personal, y su influencia en mi entonces incipiente carrera literaria; su obsesión por la forma huevo se refleja en el poema que le dedico en Hiela sangre y pudo ser el germen del título de mi segundo libro de poemas, La hora oval, aunque este aserto, surgido ahora al responder este cuestionario debería verificarse.

 

-Sigamos con Marta Loverdos (“hallo en el arcón esta foto de boda”)...

-Marta Loverdos de Altimira es un monstruo de Frankenstein que vengo arrastrando desde los tiempos en que, gracias a Antonio Fernández Molina, colaboraba en la revista Papeles de Son Armadans, dirigida por Camilo José Cela. Entonces creé a la heroína a partir del apellido griego Loverdos que ostentaba el cónsul de ese país en Barcelona, amigo de mi familia, y de Altimira, leve variación del apellido de una compañera de colegio con la que jugueteaba. Que luego la reutilizara en el blog y en varios libros demuestra la consistencia interna del personaje o, mejor, la necesidad de materializar ciertos impulsos no cumplidos. De hecho le doy imagen en Familias como la mía a través de una fotografía en la que se me ve, en la boda de un familiar, acompañado por una muchacha que se muerde una comisura de la boca, lo que luego me permitió construir una historia de autoingesta facial.

 

 -¿Quién fue, si existió, Mulata o Culata? Pareces sugerir que fue alguien a quien conociste en tu época del póquer...

-Fue una mujer espléndida, de carnes planetarias, experta en artes marciales y filatélicas.

 

-Llama la atención la ironía o el descaro. Dices: “He soñado con la más hermosa de mis cuñadas...” ¿Cuánto hay de provocación, de sinceridad o de revelación en un texto así?

-El profesor de la universidad de Valencia José Luis Falcó está preparando un libro que será una antología de mis textos de carácter onírico. Con los años se duerme menos y, sobre todo, se duerme fragmentariamente, lo que permite, por una simple ley estadística, tener mayor número de posibilidades de recordar lo último que se ha soñado. El texto a que haces referencia tiene ese origen.

 

- Incluso hay un poema dedicado a tu madre. Creo que te he oído decir que parecía una actriz de cine. “A veces pienso que mi madre era una sombra...” ¿Cómo te ha marcado y qué espacio ocupa en tu imaginario y en este libro?

-La frase exacta es “A veces pienso que madre era una sombra”, pertenece al poema ‘Madre estaba allí’ de la sección ‘Prosas’ del libro de poemas Hiela sangre. Se trata de otro sueño, recurrente, en este caso, y, curiosamente, ‘Madre’ no es mi madre sino la de mujer. La mía, María Luisa Lerín, fue actriz de teatro, amateur.

 

-¿Qué diferencias hay entre este nuevo poemario y Fámulo? ¿Qué novedades? Lo digo porque sigues jugando con tus temas: el pasado, la Edad Media o Antigua (aquí aludes a los celtas), creación de lenguaje, pájaros, libros reales y apócrifos...

-Alguien (de mi confianza) ha dicho que Hiela sangre es Fámulo concentrado, y yo añadiría que sus poemas son un repaso a las diversas técnicas que he empleado en mi escritura, de hecho las secciones del libro van de un ‘Postfámulo’ a un ‘Experimenta’.

 

-Dices: “Regresé a los treinta años de mi muerte”. No sé si hablas de un regreso post-mortem o de tu propia experiencia de escritor mudo durante casi treinta años...

-Hablo de un regreso físico post-mortem. La verdad es que no había reparado en la coincidencia con los treinta y tres años de mutismo.

 

- ¿Podrías escribir sin que tus poemas estuvieran llenos de referencias, de citas enmascaradas, de emboscadas al lector?

-Pues sí, y de hecho lo hago. Los dos textos que acabas de aludir ‘Madre estaba allí’ y ‘La casa’ carecen de referencias culturales evidentes. Aunque esto nos llevaría a una ardua disquisición sobre si las referencias no perceptibles deben considerarse. 

 

-¿Podrías explicarnos una parte como ‘Experimenta’ y un poema como ‘Lorra’, por ejemplo?

-El título lo explica; ‘Experimenta’ es una parte de Hiela sangre, la parte final, en la que trato de tensar la cuerda de la experimentación. En una de las solapas se dice que el libro lleva al límite la exploración formal. ‘Lorra’ es un hápax, un vocablo único en determinado contexto, en este caso la obra del Padre Sarmiento Sobre el animal cebra que se criaba en España, y esta condición única promueve la escritura de un poema, su discusión con una persona real y el acompañamiento léxico correspondiente. En todo caso el texto más experimental es ‘El botocudos’, homenaje al concepto próximo a Jorge Luis Borges de la “productividad de la mala traducción”, aquí centrado en la proyección versicular de la traducción, efectuada por un robot, de un artículo sobre los indios botocudos. Pero la experimentación tiene un precio; soy consciente del castigo a que se somete al pionero, pocos perdonan que machaques la convención, el orden.

 

- ¿Qué buscas en tu poesía? ¿Para quién escribes?

-La poesía y cualquiera de los géneros que abordo intento que sirvan como laboratorio del lenguaje; espero que las diversas formas que pueden conseguirse en ese empeño proporcionen placer a mis lectores. Se ha dicho que la poesía sólo es leída por poetas, y esto es una excelente noticia al tratarse de una especie, que como la tórtola turca, está en fase de expansión.

 

-¿Has superado tu condición de raro, crees que la sociedad literaria ha asimilado ya una voz como la tuya?

-Lo de raro es un latiguillo que conviene a los teóricos poco laboriosos. Una simple consulta a los manuales deja ver que un grueso sector de músicos, artistas plásticos y escritores tuvieron una difícil o nula recepción crítica porque se apartaban del canon imperante; otra cuestión, está claro, es la calidad intrínseca de su obra.

 

-Dinos, con la modestia o arrogancia que consideres necesarias, ¿qué te deben de verdad Félix de Azúa o Pere Gimferrer? Ellos siempre te consideran su maestro o un cómplice... ¿Cómo has vivido esa experiencia?

-Félix de Azúa y Pere Gimferrer no me deben nada. Hubo unos años, los que me mantuve alejado de la escritura, que convino considerarme como mentor de esos dos excelentes escritores; yo estaba lejos, dedicado a menesteres no editoriales y parececía que no iba a regresar, por lo que era una referencia no competitiva. Cuando regresé se apagaron esas proclamas. En el fondo la cosa se reduce a probar quién fue el primero.

 

-Tus libros de poesía a veces proponen viajes: viajes en el tiempo, expediciones a la naturaleza. ¿Cómo son tus viajes reales, qué te gusta?

En mi libro Gingival  aparece un texto, ‘Fue feliz’, que dice lo siguiente: “Nunca necesitó viajar. Nunca necesitó expresarse en una lengua que no fuera la suya”.

 

-Es casi una autobiografía. ¿En qué andas ahora, qué prepara el narrador, qué prepara el poeta?

-Ando dándole vueltas a un viejo proyecto: un libro, el breviario ahora llamado Vórtice, que cierre los capítulos que aún mantengo abiertos en los campos de la poesía, la novela y el relato. Y, en el ínterin, estoy metido en la colaboración con quienes preparan tres antologías de mis textos, una de ellas sobre textos inéditos y casi perdidos.

 

 -¿Cuál de todos es el poema que mejor te retrata, el que podría ser tu autorretrato y tu epitafio?

-Mi libro Gingival se cierra con un poema en prosa, si es que existe este género literario, llamado ‘La vida’, que aquí reproduzco:

‘La piel ya quebradiza (ni gota de sol le dijo el médico). Las rodillas machacadas por kilos y kilos de carroña en sacos cargados a la espalda por duras pendientes. Sentado. En la silla de ruedas. Ante el gran ventanal. Que da a la sierra de Onete donde los milanos reales planean al sol. Y ahora, un grupo de estólidas vacas llevan días pastando en el claro del bosque. Pide ayuda al enfermero. Cazador. Corrupto. Que le facilita el arma. El viejo ornitólogo ajusta los pernos. Apoya lento el brazo de trapo. El frío rifle pegado a la cara. Y dispara. Al amanecer una nube de buitres cae del cielo sobre la carne vacuna. Vísceras. Huesos. Ferrer Lerín cree que sueña. Felicidad olvidada. En esta agonía”.

 

-Cualquiera de tus libros está lleno de referencias y autores, pero querría saber quiénes son tus poetas de referencia.

Saint John Perse, Rimbaud, Góngora, Gamoneda, Claudio Rodríguez, Sharon Olds y T. S. Eliot.

 

-Sigo con las preguntas incómodas. ¿Cuáles son esos dos o tres libros de poemas que recomiendas siempre o que más veces relees?

-Citaría los siguientes: Alianza y condena de Claudio Rodríguez. Prólogo de Luis García Jambrina. Ediciones Cálamo. Palencia, 2009. Antología Poética de Saint-John Perse. Selección, traducción y prólogo de Jorge Zalamea, Los Poetas. Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires. 1960. Y Los muertos y los vivos, Sharon Olds. Traducción de Juan José Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas. Edición bilingüe. Bartleby Editores, Madrid, 2006.

17/02/2020 05:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS CAMBIOS EN LA FUNDACIÓN SANTILLANA

COMUNICADO 
 
Los Cambios
en la Fundación Santillana

Diciembre 26, 2019

 

 

 

Basilio Baltasar
Director
Fundación Santillana
Cultura
 
 
Estimados amigos:
 
La Fundación Santillana reorganiza su estructura operativa para dedicarse en exclusiva al ámbito que le fue propio desde sus comienzos en 1979: la educación.

Concluye así la programación cultural desarrollada por la Fundación durante los diez últimos años. Una intensa década en la que hemos podido desplegar un amplio abanico de iniciativas y colaborar con la extensa nómina de profesores, editores, pensadores, escritores, críticos, periodistas, juristas y profesionales que han prestado a los programas de la Fundación su talento y generosidad. A todos ellos debo dar las gracias por el entusiasmo con que se han sumado a nuestras propuestas.

A lo largo de esta prolífica década hemos tenido la buena fortuna de dedicar tiempo y energía a las ideas rectoras de nuestra programación: la cultura como calidad, estilo y personalidad de una sociedad abierta; y el pensamiento crítico como ejercicio de una mentalidad exigente y pacífica.

La red de complicidades tejida por la Fundación ha sido tupida y nos ha permitido convocar encuentros que han generado interés en una ciudadanía distinguida por la curiosidad de sus inquietudes culturales.

De ahí que nos parezca excelente el poder anunciar ahora la continuidad de las iniciativas puestas en marcha por la Fundación Santillana.


El Foro de Industrias Culturales, El Festival de Filosofía, el Congreso de Periodismo Cultural, las Conversaciones Literarias de Formentor, El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, El Boomeran(g), y la Red de Industrias Creativas, estarán a partir de ahora bajo la custodia de los responsables encargados de su desarrollo.

Con los acuerdos de cesión se mantendrá activo el patrimonio intelectual acumulado en estos años y no se desperdiciarán los esfuerzos invertidos en sostener proyectos de tan gratos resultados.

El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, cuyo décimo aniversario tendrá lugar el próximo mes de abril de 2020 -una de las principales actividades de la Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco- se mantendrá obviamente como actividad de la Fundación Santillana y en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid.

El Foro de Industrias Culturales será tutelado por la Fundación Alternativas.

El Festival de Filosofía lo organizará el Departamento de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

El Congreso de Periodismo Cultural lo llevará a cabo la revista Jot Down.

La Red de Industrias Creativas desarrollará sus cursos y seminarios siguiendo el formato habitual durante estos últimos cinco años.

Las Conversaciones Literarias de Formentor convocarán en breve la cita del otoño 2020, la 13 edición de unos encuentros dedicados a celebrar la admiración por las buenas letras.

Una despedida como ésta debe concluir con el capítulo de los agradecimientos.  Hemos subrayado la gratitud a los colaboradores que han formado parte de nuestras convocatorias. Nos corresponde también mencionar a los que desde la propia Fundación han hecho posible un programa tan ambicioso. Ignacio Polanco y Emiliano Martínez, Presidente y Vicepresidente de la Fundación Santillana, han alentado y amparado con su compromiso personal la consecución de nuestros propósitos. El equipo humano de la fundación (Giselle Etcheverry, Adriana Jaramillo y el personal del Grupo Timón) ha auspiciado con su buen hacer el camino que nos trazamos hace diez años.

Diez años. Una frase de dos palabras que se pronuncia en un segundo, pero que contiene el recuerdo de los inolvidables momentos conseguidos.

Un cordial abrazo y hasta pronto.
  

***

Para los interesados en contactar con los programas puestos en marcha en su día por la Fundación, adjuntamos los siguientes correos electrónicos:
 
Foro de Industrias Culturales,
Fundación Alternativas
Inmaculada Ballesteros
inmaballesteros@falternativas.org
 
Festival de Filosofía
Departamento de Filosofía.
Universidad Complutense de Madrid
José Luis Villacañas Berlanga
josluisvillacaasberlanga@gmail.com
  
Congreso de Periodismo Cultural
Ángel Fernández, editor de Jot Down
angel.fernandez@jotdown.es
 
Conversaciones Literarias de Formentor
El Boomeran(g)
 Adriana Jaramillo       
secretaria@formentorlitterae.com
 
Red de Industrias Creativas
Juan Pastor Bustamante
juanpasbus@gmail.com
Camila Cela
camilacmarty@gmail.com
 
Máster de Gobernanza y Derechos Humanos
 secretaria@fundacionsantillana.com
masterderechoshumanos@uam.es 
        

26/12/2019 23:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'PASARON POR AQUÍ' EL 10 EN EL PRINCIPAL

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’PASARON POR AQUÍ’, EL MARTES 10 EN EL TEATRO PRINCIPAL
El próximo martes, 10, en el ambigú del Teatro Principal de Zaragoza se presenta el libro ’Pasaron por aquí’, que lleva por subtítulo ’Famosos que cruzaron las tierra de Aragón’. Es un libro de perfiles, crónicas, reportajes que se publicaron sábado tras sábado en el suplemento de Heraldo de Aragón que coordinó Ana Usieto hasta su desaparición.

El libro lo publica Pregunta (Reyes Guillén y David Francisco), lo presentarán Elena de la Riva y Pilar Rodríguez, de documentación, y José Luis Melero. Cantará tres o cuatro temas María José Hernández. Y es un libro, también, lleno de amigos que han colaborado con sus recuerdos y testimonios: Ramón Acín, Mariano Anós, Miguel Ángel Tapia, Trinidad Ruiz-Marcellán, Miguel Mena, Luis Sol, Paco Giménez, José Miguel Tafalla, Santiago Paniagua, Matías Uribe, Manuel García Guatas, Félix Zapatero, Carmen Puyó, Pedro Pablo Fernández, Chema Rodríguez Morais, Juanjo Blasco Panamá, Gabriel Sopeña, Chema Fernández, Leo Tena, Pablo Ferrer, Plácido Serrano, José María ’Cuchi’ Gómez, Luis Alegre, Enrique Vázquez, Luis Felipe Alegre, José Luis Melero, Yolanda Polo, Xabier Maceiras Rodríguez, Vicente Merino, Santiago Gascón, Ángel Giner, Ana Bendicho, José María Enguita, Canario, José Luis Rico, Violeta, Pablo Rico, Luis Rabanaque, Cristina Yáñez, Rafael Campos, etc.

*Estáis invitados...

04/12/2019 21:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DE 'VINO DEL MAR'

https://www.laopiniondemalaga.es/libros/2019/11/29/vida-piedras/1129985.html

Marcapáginas

La vida entre las piedras

"No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras"

Guillermo Busutil  29.11.2019 | 17:36 

Vinos del mar

  • Antón Castro
  • Olifante
  • Ediciones de poesía 
  • 14,25 €

El lenguaje es vino en los labios. Lo dijo Virginia Woolf como si recordase los rubaiyats de Omar Khayyan al que tanto bebimos de jóvenes, soñándonos poetas entre versos de seda roja para seducir la copa de los labios femeninos. De esa estirpe cuyo mundo de palabras en torno a los placeres de los sentidos se va derrumbado despacio y en barbarie, pertenece el escritor y periodista Antón Castro. Un buen tipo mestizo de la Galicia cunqueironiana del Merlín que fabula historias con gajos de naranja navegando en aguas de infancia, y de una Zaragoza de la que es su generoso corazón cultural, antes y después de que otro amigo de su misma grandeza sencilla nos dejase huérfanos de risas, debates y recomendaciones de lectura, Félix Romeo. Valgan estos antecedentes del autor de "Los seres imposibles" y el maravilloso libro "El testamento de amor de Patricio Julve", publicados en Destino, y Premio Nacional de Periodismo Cultural, para adentrarse en su último libro "Vino del mar" Un cuaderno de viaje a través del elixir de Cariñena, oscuro y desnudo que carraspea y deja huella en el sabor de su abrazo. La raíz y el caldo de un tema con el que Antón Castro decanta no sólo el paisaje y las excelencias del Aylés, del Niño Mimado o de La Virgen del Águila, sino que trenza un dietario de personajes y escenarios que se van alternando con piel de poema y con trama de relato. Géneros de los que es un reconocido maestro de sobremesas en las que se desenvuelve con la voz calma del antiguo narrador de historias, humanas en su magia. Una de las mejores cualidades del escritor que siempre regala a sus lectores hermosos libros encuadernados, con títulos que siempre invitan a enrolarse en su lectura y un contenido donde su estilo rezuma sensibilidad exquisita, profundo conocimiento, las dotes de seducción del buen poeta y mejor narrador, y la esencia que cada trama le exige. Igual que en este caso es el vino el lenguaje con el que lo celebra y nos lo sirve feliz en su misterio y su bouquet.

 

No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras. Y menos aún si en el homenaje a Cariñena, surco, mar y oleaje, el autor opta igualmente por elaborar un cuaderno de protagonistas secundarios de la labor de recoger la uva y alquimiarla. Nos cuenta Antón Castro de bodegueros, de viticultores, del portador der cuévanos, del ladrón goloso de racimos, de los distribuidores zamoranos del Nieve en las Eras, del vino de sirenas y del cierzo en los riñones. Cunqueiro, ya lo dije, en evocar las texturas y el alma del brindis sobre el que poetiza y nos cuenta, jugando entremedias a encantarnos con relatos de fantasmas como el de la motorista que se baña sílfide de noche en los pantanos, contempla horizontes desangrándose, que visita cementerios y fotografía el cada día distinto de los campos. Lo mismo hace, abrazo siempre de encuentro y ánimo de amigos, de personajes de literatura como Marín Bosqued, amigo de Octavio paz y de Buñuel; de Pilar Bayona para la que el vino es la melodía de los sentidos; de Simón Tapia violinista de la belleza primitiva de las hojas; sobe Idelfonso-Manuel Gil, consuegro de Pepe Hierro con el que el gusta conversar acerca de la poesía y los recuerdos que silba el buen vino. Hay también fotógrafos como Thomas Ryder y poetas de nombre Oceania, referencias a Whitman y una mujer que de su mano y entre ellos se convertía siempre en Scheherezad

 

No faltan en estas páginas con textura de palabras ovaladas en tacto como la uva, suaves igual que su paladar en este caso en el oído, la evocación de los amores difíciles, una maleta de los secretos, espejismos, de andariego, diálogos que se agitan audaces y terciopelo, relatos alisos que se explican avanzándolos entre la gestualidad de los dedos, sueños de mundos y mujeres cuyos besos supieron a mora y oxígeno.

 

Vino del mar la embriaguez gustosa con la que Antón Castro nos llena la copa de su lectura.

 

04/12/2019 10:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS SORIA LEE 'VINO DEL MAR'

http://www.elpollourbano.es/letras/2019/12/vino-de-mar-en-la-sangre-de-la-tierra/?fbclid=IwAR2pK6hUnHqhBw7PiHClefn19OtOCXpceJhHMIcC7yGVckqIfXfpED1StUw

 

Vino de mar en la sangre de la tierra.


Por Jesús Soria Caro

     En Cariñena, entre las viñas, cada sorbo de vino sabe a cada gota de instante en una vida madurada en el barril del alma. 

    El aroma del ahora y su química del deseo, la tierra casi desértica del silencio regada por la lluvia del ayer, las uvas sin la ira, el viento de sus sueños. Todo es parte del zumo de lo eterno que emborracha a quien se bebe la existencia con la pasión de buscar en ella toda su embriaguez. Antón Castro ofrece un homenaje a Cariñena, por su vendimia de recuerdos pasan todos los instantes reales e imaginados que componen lo afrutado del amor a esta tierra.

    “Una mujer se asoma al infinito” poetiza el paisaje de la viña como un mar, que es el de la tierra de la que brota el vino, casi a modo de caballo de Troya en el que la sangre de esta surge como mar interno que solo quien la bebe puede hacer suyo. Las cepas son como un vientre oculto de las de uvas en la tierra. Sus ondulaciones son animalizadas como víboras, hay algo atávico que conecta al vino con lo bíblico, con la serpiente de los deseos; es la religión del placer que nos hace paladear el sabor de la intensidad:

 No tengo ante mis ojos el mar infinito del viñedo,

la ovalada longitud de los racimos,

el primer oro del moscatel.

No tengo ante mis ojos esa claridad

del horizonte que se agiganta

y luego desaparece en la niebla

o se vuelve víbora y sendero.

Imagino por un instante cómo miras,

cómo acodas tu alma y tus ojos claros en el alféizar,

cómo sueñas viajes hacia la luz

por esos caminos que se adelgazan,

que se cuajan de tentación.

No tengo ante mis ojos ese faro

desde el que ves el mundo. (Castro, 2019: 17),

 

                Por el poemario circula el recuerdo de personas que conoció el autor en sus años de trabajo en la villa vitícola. El poema anterior “Mujer asomada al infinito” es la poetización de una mujer que amó y que se sublima en metáforas que exprimen la intensidad del momento que pudo serlo todo, sin necesidad de que nada más hubiera sido. El absoluto de ese encuentro amoroso se revive cuando el yo lírico se acerca a la tierra y, al hacerlo, le parece oír de nuevo los pasos de esa mujer que le invita a que ambos de nuevo se escondan entre los sarmientos, indicándole que vayan: “donde se oculta la noche oscura del deseo”. “Navarro” es otro texto que recuerda a un vendimiador amado por todos: bodegueros, taberneros, mujeres.  Era libre, perdido en sus laberintos en los que huía de sí mismo:

Lo querían sus compañeros de faena.

Parecían reírse de él, así como iba,

disfrazado de pordiosero, sin prisa,

triscando entre los surcos y los sarmientos.

Pero no. Nadie se burlaba de él,

lo protegían como a un moribundo

cuyo pensamiento era un secreto y un laberinto. […]

El niño sin edad que despreciaba la malicia.

Navarro a secas. El porteador de cuévanos.

El prófugo de sí mismo que se llevaba

una botella de vino oscuro a los labios

entre los residuos del Mercado central. (Castro, 2019: 19-20).

      La retrospectiva permite recordar el amor de su padre hacia el vino. El esmero como lo elaboraba, lo guardaba en barriles para su mejor fermentación. Amaba la fiesta de su sabor, lo que es, a su vez, casi una metonimia de alguien que amaba el emborracharse de vida. Su padre se fue, como se dice en la hermosa metáfora a “las regiones remotas del sueño y del olvido”. Es de gran belleza lírica este poema que casi funciona como una carta hacia quien reside en el otro lado del tiempo, para decirle que ahora ama el vino, que conoce muchas variedades, que le gustaría volver a verle.  Nos encontramos ante una apelación hermosa, intertextual, con referencias a Claudio Rodríguez: “Ahora me quedaría a tu lado, entre el asombro/y el silencio, para descubrir el don de la ebriedad” (Castro, 2019: 24).

      Especialmente erótico es el poema “Sirena de la vid”. Ella aparece y es el sabor del deseo. El yo lírico quisiera ser capaz de hacer un vino con la esencia de su piel, del fuego de su deseo en el que arde su placer. Teniendo en cuenta la idea de Jung de que los mitos son símbolos del insconsciente colectivo, de ese sustrato que puede explicar pulsiones compartidas y soterradas fuera de la consciencia, vemos como aquí de la sirena le emborracha su cuerpo, para ser su sexo el naufragio de su yo en el que muere como navegante de los placeres:

Me entregas tu gozo extremo, el grito

que se levanta por el llano y el monte

como un clamor de intenso deseo.

¿A qué sabes, sirena, a que huelen

tus cabellos y esa espalda lisa,

a qué saben tu piel y tu dulce boca?

A garnachas, a arándonos frescos,

a frutas del bosque y a suaves violetas.

El alarido de tus orgasmos escala

el mapa de las nubes en el cielo

y alza temblando un rosal de ansiedad,

la acidez salobre de un oleaje,

Si supiera haría un vino con la esencia

de tu escalofrío y el salvaje adiós

a tu espesura, arsenal de racimos,

piel, explosión, apetito de estrellas. (Castro, 2019: 28-29)

      Una de las secciones del libro es “Personajes” en las que se poetiza la presencia de figuras relevantes del arte que habitaron Cariñena y que vivieron en su entorno cercano. El yo lírico suplanta la voz de aquellos que dejaron sus huellas en los caminos del ayer, entre las eras y las viñas. En el “El manifiesto apócrifo de Martín Bosqued” se nos dice que Aguarón es la raíz de la belleza hecha luz y autorretrato, surge con la savia de aquel tiempo de la infancia en aquella tierra:

Jamás he podido olvidar sus calles,

su santuario, el fuego de sus crepúsculos,

la infinita extensión de sus colinas,

y cuando buscaba la inspiración.

toda la raíz del sentir, el núcleo

de la belleza hecha luz y autorretrato,

regresaba a la niñez y a la adolescencia

-y me quedaba ahí, absorto, varado,

en el umbral de sus fincas de viña.

Ese espacio ondulante de verdor

insaciable, el bodegón de los campos. (Castro, 2019: 36)

      “Pilar Bayona en Cosuenda” es un canto a esa tierra en la que aparece un latido de fantasía que recorre la tierra y salta con su silencio del campo a las ramas. La sinestesia “brillo seco” advierte de la imposibilidad del lenguaje lógico para retratar su pasión hacia ese paisaje, que es irracional y la lógica del pensamiento y del lenguaje no bastan para evocarlo, en el sentir hay una necesidad superior a los límites del decir:

El verano comenzaba en las eras.

Lo recuerdo muy bien. Con el trillo,

con las aves huidizas en bandadas

y ese calor pegajoso en las ropas.

 

Cosuenda tenía una luz propia, un brillo

seco que trepaba por los sarmientos,

un latido de fantasía y de silencio

que saltaba de las ramas al campo (Castro, 2019: 35-36).

 

     De Ildefonso Manuel Gil se recuerda una comida entre el autor, el poeta y su mujer. No había vino de Paniza. El camarero al reconocer que estaba allí la persona que daba nombre a la calle en la que vivía, hizo todo lo posible por traer una botella, yendo a una tienda cercana. Describiendo, desde una voz lírica que asume la perspectiva del citado poeta, que beber era el instante en el que la tierra y su sangre de vino recorrían su alma, siendo como si esta le besara por dentro con el aliento del viento:

¿A quién le importaba si era de una botillería cercana?

La abrió y nos sirvió con satisfacción. Estabas radiante.

Metiste el dedo índice en la copa y lo humedeciste.

Y dibujaste un árbol o un sendero en tu dedicatoria.

“como hace el que fue mi consuegro, Pepe Hierro”, dijiste.

“Gracias, llevo Paniza en el corazón desde niño.

Cada vez que bebo sus vinos, tengo la sensación

de que el viñedo canta su canción antigua dentro de mí

y resuena por toda mi sangre como el silbido del cierzo” (Castro, 2019: 42).

       “Alrededor del mundo” es una sección en la que la prosa poética presenta episodios a lo largo del mundo en los que el vino de Cariñena y sus tierras están presentes en algún momento. Scheheredaze es una poetización biográfica de una historia de amor, paralela en su homenaje irónico a la de la hija del sultán que con sus relatos pasó de ser concubina a reina. Hay fuerza lírica en ese instante de unión amorosa en el que se nos dice: “tus manos parecían pájaros lentos y cautivos”. (Castro, 2019: 47). “Los amores difíciles” es un cruce amoroso en el que después de haber llevado a los amantes imposibles por Venecia, Praga y Nueva York, el vino es testigo de un final sorprendente. “La maleta de los secretos” alude a un ebanista que le regala a su hija una maleta de madera para guardar sus recuerdos. Ella, pasado el tiempo, al marchar a otra ciudad se la enseña y juntos evocan el ayer. Su padre le habla de un farcino que es lo que le permite habitar el pasado, vendimiar las uvas de un tiempo anterior que siempre sabe a la fruta más embriagadora. Ambos son el símbolo de una historia pasada, y uno termina dentro del otro como en la estructura narrativa de las cajas chinas.

     “La despedida”, la última sección, contiene tres poemas, uno dedicado a Ángel Guinda. Es una etopeya que recorre los caminos más abismáticos del poeta: “hablaste de tu alma líquida y abisal, a punto de hundirse en un pozo”. Imagen potente en la que podemos visualizar la caída del yo en las profundidades de su alma, líquida y abisal en un descenso a lo más intenso del dolor y la belleza.  “Envío” es un poema metapoético que alude a cómo viaja el vino y el poeta que escribió un libro sobre este. “Soliloquio del enólogo” es un agradecimiento a todos los agentes del vino, el viento, la lluvia, las aves, los hombres que cultivan la tierra, el sol.

El vino es el zumo de la tierra en el que arde lo más atávico. Es como el hades de nuestra psique colectiva en el que navegar hacia el otro lado del recuerdo; el de nuestro origen casi inmortal, el que nace de la belleza embriagadora de la luz, el viento, el sabor de la sangre de la eternidad de quien bebe y vive mirando la belleza de la poesía. El aroma de lo que en los recuerdos queda de esta, la versión que asume lo que fue y la que cuenta lo que debería haber sido. Todo es reescritura con tinta de sangre, con tinta de vino, sueño de lo que fue y lo que tal vez sin haber sido también es, porque queda en la borrachera de los deseos. Son los ingredientes que forman parte también de lo embriagador de lo vivido.

BIBLIOGRAFÍA:

Castro, Antón (2019): Vino de mar. Olifante, Zaragoza.

04/12/2019 10:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL 'ARTE CASUAL' DE FERRER LERÍN

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Arte Casual. Por Francisco Ferrer Lerín.

  

Manifiesto (1984):

 

 

¿Qué es Arte Casual?

 

 

1) El que se da en objetos o grupo de ellos, materiales sin vocación artística, que por su ubicación, colocación o combinación producen en el observador un placer visual sin haberlo pretendido el responsable de la situación.

 

2) Todo lo que es capaz de crear una “emoción estética” partiendo de elementos no “naturales” pero no “pensados”, en su construcción y/o en su colocación, con “mentalidad artística”.

  

Características:

 

1) Casualidad, espontaneidad, involuntariedad de la Obra.

 

2) Transitoriedad, temporalidad, fugacidad del Hecho Artístico.

 

3) Adogmático, abierto, subjetivo, infinito, impredecible, aleatorio.

 

4) Popular, libre, democrático, público, comunitario.

 

 

Reflexiones sobre el Arte Casual:

 

 

1) No es sarcástico; no se burla (del arte actual).

 

2) No es revanchista; no venga una afrenta al arte.

 

3) No es crítico.

 

4) No es iconoclasta.

 

5) Sino que es deudor del arte último porque éste nos ha enseñado a ver, a apreciar la descontextualización, las series, los nuevos agrupamientos de objetos, los acotamientos del espacio, los empaquetamientos, los apilamientos, el azar como fuente de placer estético.

 

Consideraciones (1992 y 1994)

  

A mediados de los ochenta defino el Arte Casual (A.C.) dentro de un periodo de gran efervescencia artística (sensibilidad e investigación por lo plástico) en el

que también abordo las primeras Acciones y proyecto los primeros Táctiles.

A.C. es dado a conocer a diversas personas que señalan su genialidad pero también su fragilidad conceptual y su dificultad en la materialización. Se trata de una formulación que necesita un soporte fotográfico (o vídeo) para ser mostrada o una visita urgente al escenario en el que se está produciendo. Esta urgencia obligada, dado el carácter efímero de la manifestación, convierte el soporte fotográfico en una trampa para los observadores apresurados: la foto no es el Arte Casual (foto artística, etc.) sino un medio para acercar al espectador la manifestación de A.C., convirtiendo a este nuevo espectador en Artista Casual, ya que el Hecho Artístico se produce siempre en el ojo del descubridor (aunque en este caso sea un descubridor forzado).

 

Son muchas las cuestiones que suscitan la sistematización de A.C., no siendo las de menor importancia las que atañen a la Propiedad de la Obra Artística y su Autoría. Emparentado con otra actividad de gran raigambre en los países anglosajones como es el Bird-Watching, se proponen parejos desarrollos de la idea: es decir prospecciones, no aquí a la búsqueda de nuevas especies orníticas sino de nuevas manifestaciones de Arte Casual. Centrado, en principio, en el ámbito rural, es obvia la potencialidad de otros paisajes como el fabril, el urbano y el suburbial. Repito, siempre A.C. se manifiesta en objetos, grupos de objetos, instalaciones, acotamientos, etc., en los que no haya una intencionalidad artística por parte del humano que los fabricó, manipuló y/o colocó. 

 

Comentarios (actuales):

 

 

 

“Aceptada la falsa o sincera complejidad del arte contemporáneo, a los artistas y especialistas no les gusta que alguien, y además desde otros terrenos creativos, se les diga que aquello que han labrado con tanta dificultad se encuentra ‘casualmente’ al pasear por ahí.” Jesús Martínez Clará

 

“Yo veo A.C. desde otro punto de vista. Cuando Ferrer Lerín acuña el término define muy bien - como en un poema- de qué se trata. No hay que buscarle un ismo, ni siquiera referencias en el campo del arte; decir que una obra se parece a otra es siempre incierto porque se trata de reducir lo que no es susceptible de serlo.” Elena Ruiz Sastre

 

“La belleza no es una cualidad de los objetos, sino un atributo del sujeto: es una cualidad de la persona cuando esta es capaz de reconocer la belleza donde otros no ven nada." Antoni Marí

 

“A mi también me gusta el Arte Casual (‘esa nueva visión del territorio’), y mucho. Frente a la idea duchampiana del objeto encontrado, ‘extraer’ y ‘colocar’ en la galería, y convertirlo en obra de arte sólo porque ha sido elegido por la mano del artista, el Arte Casual no se descontextualiza sino que es en su lugar donde tiene valor artístico, pero claro tiene que ser fotografiado y este hecho -de ‘reproductibilidad técnica- imprime autoría. Entonces es arte porque ha sido elegido por la mirada del artista.” Luis Ordóñez

 

“No había leído el manifiesto que, por cierto, también está presente en alguno
de tus textos, aunque en éstos se trate del encuentro entre dos
miradas en el tiempo sobre uno o más objetos (territorios).
Es la mirada que se acuñó como "gesto semántico" o lectura (función
y valor) que alguien o una comunidad hace de cualquier objeto
en un determinado momento (normativo).” José Luis Falcó

 

“Arte Casual es la configuración artística, por parte de la mirada del receptor, de un objeto o acontecimiento que no tenía esa previa finalidad.” Pedro José García Ruiz

 

“El Arte Casual certifica formas que no existen en la NATURALEZA sino en el ARTE (Contemporáneo).” F.L. (Ferrer Lerín en los medios)

 

“La aplicación de las directrices acuñadas por el Arte Casual supone obtener un nuevo valor añadido (un nuevo rendimiento) del entorno, sea este agrícola, urbano o fabril, al descubrir elementos de arte contemporáneo en espacios, a priori, sin vocación artística.” F.L.

 

“La búsqueda de manifestaciones de Arte Casual no perturba el entorno; nos hallamos ante una actividad, como el bird-watching, de condición sostenible. La caza y el grafitismo constituyen la otra cara de la moneda.” F.L.

 

“A.C. se mueve en el terreno del significante. No interesa lo que hay detrás de cada manifestación de A.C., lo que, a través de la mano del hombre, ha causado dicha manifestación: envolvimiento de la alfalfa para su fermentación, cubrimiento de la paja para evitar que se pudra por la lluvia, paralización de las obras públicas por la recesión económica, optimización del almacenamiento para reducir costes, construcción de barricadas en conflictos callejeros, etc. Digamos que el significado, la razón por la que se dan las circunstancias para que el ojo del observador avisado descubra manifestaciones de A.C., es irrelevante. Utilizando un término del pasado; en el Arte Casual no existe  ‘mensaje’. F.L.

 

“El Arte Casual supone una nueva mirada, una nueva visión de la realidad, una nueva visión del territorio.” F.L.

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Correos electrónicos:

 

“Infructuosa inserción en el canon artístico y cultural. No carece de referencias el hombre, pero la potencia del arte casual no está precisamente en la filiación, sino en todo lo contrario. Ahora, cumplirá el texto su cometido, así que bienvenido sea.” (Comentario de Antonio Viñuales Sánchez al texto de Enrique Juncosa Cirer para el catálogo Ibiza) 23.09.16

 

“Bueno, podría considerarse que sin background no es posible definir el A.C., y tampoco convertirse en artista casual. Me refiero, claro está, a un grado de conocimiento y de entusiasmo suficientes hacia el arte contemporáneo; de hecho una dependencia (filiación) de dicho arte contemporáneo.” (Mi comentario al comentario de Viñu) 23.09.16

 

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Una nueva perspectiva desde la que abordar “lecturas personales”. Otra forma de “lectura”.

 

El grado de conocimiento y aprecio del Arte Contemporáneo (y me atrevería a decir del Arte en general) va a condicionar nuestro acercamiento al entorno (la “lectura” del entorno), quiero decir que va a resultar inevitable comparar las obras casuales que surjan en nuestro camino con la obra de los artistas plásticos aunque, y esto es algo de especial importancia, podría suceder que no contando con ese bagaje cultural pero sí con una especial sensiblidad artística también descubriéramos y disfrutáramos ante determinadas estructuras (manifestaciones), conviertiéndonos, en este caso, en precursores de algunas corrientes artísticas.

 

 

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Ruinas y manchas de humedad / suciedad

 

Conviene posicionarse ante las posibles preguntas sobre si las ruinas y las manchas en las paredes son A.C.

 

Las manchas de humedad no son A.C. porque no son obra de la mano del hombre aunque siempre cabría argumentar que están ahí porque fue el hombre quien levantó la pared, o la superficie en la que aparecen, e incluso, yendo más allá, cabría atribuir al hombre la responsabilidad de un escape de agua o de una mala orientación o falta de cuidado.

 

Las manchas de suciedad podrían ser consideradas A.C. si la suciedad es fruto de una acción directa del hombre como es el caso de las paredes u otras superficies utilizadas para limpiarse la grasa u otras porquerías de las manos.

 

Las ruinas son estructuras complejas resultado del abandono y/o degradación de edificios que fueron pensados funcionalmente y, a veces, estéticamente. La ruina ha sido considerada secularmente como un elemento cargado de significados que van de lo tenebroso, de lo gótico, a lo generoso, a lo romántico. La fuerza iconográfica de la ruina reside en esa carga literaria, pictórica, fruto de los efectos de los meteoros sobre un lugar abandonado en el que descansan todo tipo de elementos fantasmagóricos y que, a menudo, necesita integrarse en un marco de naturaleza desbordada. Ningún postulado del A.C. se da en ella como conjunto, como estructura compleja; otra cosa es el estudio de los detalles, donde cabe el descubrimiento de manifestaciones de A.C. como ocurre en cualquier otro tipo de estructura.     

 

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Las fotos son mero soporte de las manifestaciones de A.C. ¡No existen!

 

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No todo vale. Exigencia de armonía, proporcionalidad, ¿simetría?

El ser racional es un ser simétrico (¿proporcionado?, busca la proporción)

La asimetría duele

 

Amontonamientos caóticos

La basura como desconcierto

Aspecto innoble de los materiales > escayola, yeso

17/11/2019 18:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON FERNANDO SAVATER

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/11/16/fernando-savater-el-amor-es-algo-que-va-por-dentro-y-no-se-puede-describir-1344215.html

 

Entrevista en la contra de 'Heraldo de Aragón' con Fernando Savater sobre su libro 'La peor parte' (Ariel).

17/11/2019 17:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'FRONTERIZOS'. TEMA DEL FESTIVAL EÑE

SERGIO DEL MOLINO, DIRECTOR LITERARIO DE LA NUEVA EDICIÓN DEL FESTIVAL EÑE QUE CONTARÁ CON MÉXICO COMO PAÍS INVITADO
 
El festival se desarrollará entre el 11 y el 23 de noviembre en Madrid y Málaga

Fronterizos es el título de la propuesta literaria de Sergio del Molino, que profundiza en los límites entre ficción y realidad en la literatura y la relación de ésta con el resto de las artes

Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Marta Sanz, Edurne Portela, Héctor Abad Faciolince, Leila Guerriero, Juan José Millás, Manuel Vilas, Fernanda Melchor, Víctor Manuel, Elvira Sastre, Andrés Suarez, Paula Bonet, Sabina Urraca, Los Peligro o Luisgé Martín, participarán en el festival  

México será el primer país invitado de Eñe y tendrá presencia a lo largo de todo el festival en sus sedes habituales a las que se suman Casa de México y el Instituto de México con la visita de autores como Fernanda Melchor, Elda Cantú o Luis Jorge Boone, representantes de las nuevas voces literarias mexicanas

Javier Cercas, Premio Planeta 2019, recibirá el Premio Festival Eñe, que reconoce la obra y trayectoria de un escritor en español

El lunes 11 de noviembre arrancará la Semana Eñe con actividades en el Instituto Cervantes, la Real Academia Española, la Biblioteca Nacional de España, Casa de América o la Biblioteca Regional de Madrid

Por primera vez la propuesta literaria de Eñe se extenderá hasta la Navidad con el espacio Macondo en la Casa del Lector - Matadero Madrid

Varias librerías de Madrid se sumarán al festival con presentaciones, encuentros y mesas redondas

Por segundo año consecutivo el Centro Cultural Generación del 27 acogerá Festival Eñe Málaga el 22 y 23 de noviembre con un programa que contará con Héctor Abad Faciolince, Antonio Soler, Carlos Zanón, Pablo Aranda, Vicente Luis Mora, Guillermo Busutil, Teodoro León Gross, Paula Ortiz o Rodrigo Cortés

Descarga el resumen del programa.

Solicitud de acreditaciones en el correo isabel.cisneros@lafabrica.com


La ciudad de Madrid volverá a poner el foco en la literatura entre el 11 y el 21 de noviembre en una nueva edición del Festival Eñe que reunirá a 135 autores en 92 actividades que entrada libre, que se celebrarán en 22 sedes.

El escritor Sergio del Molino firma la dirección literaria de un programa que profundizará en los Fronterizos. Un concepto aplicado tanto a los límites dentro de la propia creación literaria y sus géneros, como a su relación con otras disciplinas.

Como señala el autor: “Para no convertirnos en lectores omniscientes y amargados, buscamos más allá de la ficción razones que nos recuerden por qué leemos… Los libros fronterizos, los que no proclaman una vocación clara y unívoca de ser ficciones, los que juegan a engañar, los que cuentan mentiras que parecen verdades… los que a veces son poesía y a veces no se sabe qué son…. Esa literatura, siempre un paso más allá de la ficción, aunque relacionada de algún modo con ella (mediante el amor o el odio), es la que nos recuerda el poder chamánico de la palabra y por qué seguimos contándonos historias después de tantos siglos. El Festival Eñe 2019 será una cueva donde recrearemos ese placer sobrenatural y a veces clandestino de contar historias y escucharlas… Periodistas, poetas, ensayistas, monologuistas y artistas inclasificables demostrarán que la literatura sigue siendo una fiesta viva que se resiste a la disección del filólogo y la mortaja del museo.”

Así, el festival abordará cuestiones tan literarias y a la vez, en la frontera de la literatura como la relación entre ficción y realidad; la mezcla entre los géneros o los juegos de narradores que se disfrazan de cronistas.

Y a la vez plasmará ese carácter fronterizo reuniendo la literatura con formas de expresión tan diversas como la música, la ilustración, el periodismo, la gastronomía o incluso el fútbol.

Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Javier Cercas, Edurne Portela, Marta Sanz, Héctor Abad Faciolince, Leila Guerriero, Juan José Millás, Manuel Vilas, Darío Adanti, Elvira Sastre, Andrés Suárez, Karina Sainz Borgo, Paula Bonet, Manuel Jabois, Carlos Alsina, Sabina Urraca, Víctor Manuel o Juan Carlos Ortega serán algunos de los protagonistas.

México primer país invitado de Festival Eñe

Una de las grandes novedades del Festival será la incorporación de México como país invitado de la edición. El país americano estará presente a lo largo del festival, a través de las nuevas voces de su literatura. Fernanda MelchorElda CantúLuis Jorge Boone, Jorge Valdés Díaz Vélez, Liliana Blum Carlos Velázquez son los autores mexicanos que participarán en el festival.

Liliana Blum y Fernanda Melchor conversarán con Jorge F. Hernández, en Casa de México, precisamente sobre el concepto de frontera. Una palabra de gran peso para el país no ya solo en la literatura, sino en su vida cotidiana. Frontera como realidad, como concepto, como tema literario y como obsesión nacional.

Y otro de los rasgos fundamentales de la esencia mexicana, el idioma será el hilo conductor de una mesa redonda que reunirá en el Círculo de Bellas Artes Luis Jorge BooneFernanda Melchor y Jorge Valdés Díaz- Vélez, moderados por el escritor y periodista, también mexicano Jorge F. Hernández. Con más que 500 millones de hablantes en el mundo, estos autores reflexionaran sobre el español, su riqueza recorriendo los muchos rostros de nuestro idioma.

Por su parte el Instituto de México acogerá diversos talleres exprés de literatura con estos autores mexicanos.

Javier Cercas Premio Festival Eñe

Eñe reconocerá con el Premio Festival Eñe, la trayectoria profesional de Javier Cercas, Premio Planeta 2019. La entrega del premio se celebrará el sábado 16 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes. Tras recibir el premio, el autor mantendrá una conversación con Sergio del Molino en la que analizarán las fronteras del género literario.

Un Festival organizado junto a las grandes instituciones culturales de Madrid

Eñe involucra desde hace ya tres ediciones a las principales instituciones culturales de Madrid, que abren sus puertas a la programación del festival. Así, junto al Círculo de Bellas Artes, corazón del festival, participan con programación el Instituto Cervantes, la Real Academia Española, la Biblioteca Nacional de España o Casa de América, entre otras.

En el Instituto Cervantes, Héctor Abad Faciolince y Leila Guerriero conversarán con Sergio del Molino. Estos dos grandes autores han sabido retratar como nadie las esencias de Colombia y Argentina en escritos que trascienden sus países de origen para convertirse en crónicas de un continente entero.  Los periodistas, su oficio y su capacidad de “hablar de todo sin saber de nada” será el punto de partida de la segunda propuesta que acogerá el Cervantes en la que participarán Rubén AmónRosa Belmonte y Guillermo Altares, moderados por Edu Galán.

La Real Academia Española abrirá sus puertas al público en una sesión en vivo y directo de RAE informa en la que los académicos José Manuel BlecuaPedro Álvarez de Miranda y José Antonio Pascual, moderados por la periodista Marta Flich resolverán dudas lingüísticas a los asistentes.

En la Biblioteca Nacional de España, Miguel PardezaValentín Roma y Juan Tallón, moderados por Ignacio Martínez de Pisón, hablarán de fútbol, libros y de cómo el fútbol ha dejado de ser una afición vergonzante para convertirse en un asunto de ficción literaria. Una mesa “fronteriza” en la que descubriremos como el “deporte rey” ya es una cuestión literaria.

Casa de América recogerá también el concepto de la frontera entre los géneros en dos propuestas. Santiago RoncaglioloElda Cantú Joseph Zárate, moderados por Sergio del Molino, profundizarán sobre la figura del cronista en Cuando la ficción no basta: cronistas del siglo XXI. Esta sede recibirá también a María HesseDarío Adanti y Flavita Banana que en Cuando la palabra no basta: el cómic y la realidad, moderada por Jesús Marchamalo, explorarán las interpelaciones de la realidad en un género literario como el cómic.

En la Biblioteca Regional de Madrid Víctor ManuelMikel IturriagaXabier Gutierrez y Sergio del Molino como moderador, explorarán los “sabores” de la literatura en Lo que hemos comido: escrituras deliciosas. En esta misma sede, Andres Trapiello y Pilar Álvarez conversarán sobre metaliteratura, aquella que se inspira en los propios libros o en los escritores que los engendran.

Además, en el hotel Iberostar La Letras Gran Vía, hotel oficial del festival Berna González Harbour conversará con la argentina María Moreno, tomando como referencia su última novela Black out, un desgarrado relato de memorias.

Eñe en el Círculo de Bellas Artes

El viernes 15 y el sábado 16 de noviembre la actividad del festival se concentrará en el Círculo de Bellas Artes con una amplia propuesta, de acceso libre, que reunirá a las principales voces de la literatura en español en mesas redondas, encuentros y otros formatos en los que la literatura irá de la mano de otras disciplinas.

En el acto inaugural el director literario de Festival Eñe 2019, Sergio del Molino, reunirá a una de las parejas de escritores más importantes de nuestro país: Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina. Una oportunidad única para “meterse en la cocina” de dos grandes de la literatura y poder acercarnos un poco a las sinergias o conflictos que surgen al reunir a dos voces literarias bajo el mismo techo.

La dura y cruda realidad sin la pátina de la ficción literaria, la violencia en estado puro y las historias más desgarradoras desde el prisma mas crudo nos han llegado de la mano de autores como Miguel Ángel Hernández Navarro, Adolfo García Ortega y Julian Hebert. Tres voces diferentes, pero con códigos compartidos que profundizarán en la no-ficción de la mano de la periodista Laura Barrachina que moderará el encuentro.  

La violencia será también el punto de partida del encuentro entre Martín CaparrósEdurne Portela y Carlos Velázquez. En Contar lo que nadie quiere saber: violencia y literatura, profundizarán en tres voces narrativas que, más allá de los géneros policiacos, combinan crónica, narrativa y ensayo para mirar de frentes a cuestiones a las que cuesta enfrentarse. La mesa redonda contará con la periodista Eva Cruz como moderadora.

La tecnología, su desarrollo y su influencia en el futuro de la Humanidad serán algunas de las cuestiones que abordarán Luisgé MartinMarta Garcia Aller y Ramón del Castillo, moderados por Daniel Arjona en la mesa redonda ¿Hacia el Apocalipsis o hacia la Arcadia? Tecnología y pohumanismo y cultura en el futuro que ya es presente. El encuentro, que cuenta con el patrocinio de Movistar, analizará como los avances en tecnología y ciencia quirúrgica hacen casi posible que nos planteemos que el homo sapiens tal y como lo conocíamos está dando paso a algo nuevo.

Testimonios en primera persona en los que la voz narrativa remite a los propios infiernos del autor; memorias familiares, reales o inventadas serán claves de Entre visillos: escrituras contra el pudor que reunirá a María MorenoMargarita Leoz Rodrigo Muñoz Avia, moderados por el periodista Luis Alemany. Por su parte Sabina Urraca ofrecerá en Escríbete algo una reflexión en clave de monólogo sobre los efectos que las historias reales tienen en las gentes que salen en ellas.

La maternidad como asunto literario será la protagonista en Las madres que nos parieron en la que Nuria LabariIguázel Elhombre y Lea Vélez, tres autoras que recientemente han publicados obras en las que la maternidad era el hilo conductor. Estas tres voces, moderadas por Silvia Nanclares presentarán tres maneras modernas de ser madres en la sociedad actual.

En La ciudad y sus alrededores tendremos la oportunidad de adentrarnos en los rituales de tres escritores: Marta SanzJacobo Armero y Jorge Luis Boone, que moderados por Valerio Rocco, descubrirán su faceta de “paseantes de ciudades”. Paseos ya sean reales o inventados pero que guían al lector por paisajes urbanos desde la mirada del narrador.

La literatura de la mano de disciplinas como la performance, la ilustración la música o la radio

Más allá de los “juegos” con los propios límites de la creación literaria y sus géneros, su esencia fronteriza se pondrá de manifiesto en varias propuestas que la reunirán con lenguajes tan diversos como la performance, la ilustración, la música o la radio.

Radio y literatura tienen un indiscutible vínculo y de este vínculo tratarán dos de las mesas redondas que acogerá el Círculo de Bellas Artes. Karina Sainz Borgo conversará con Carlos Alsina, una de las voces más destacadas de la radio en España, sobre la delgada línea que separa la conversación del arte literario. Por su parte, La tabarra como una de las bellas artes reunirá a Juan Gómez JuradoRodrigo Cortés y Arturo González Campos que con podcasts como Todopoderosos Aquí hay dragones retan las fronteras entre géneros llevando a la radio, la literatura, el cine o la televisión.    

La poesía se abordará e interpretará desde muy diversos lenguajes. Poesía, música e ilustración se darán la mano en Abrir la boca y decir lo nuestro en la que los versos de Lara Moreno serán “reescritos” en el momento en clave de ilustración de la mano de Paula Bonet y música en directo con Dani Llamas.

Poesía y performance se reunirán en la propuesta de Los Peligro, Polipoesía rabiosa y de actualidad. Un espectáculo de poesía escénica en el que se repasan en clave de humor duras realidades de la sociedad actual como la situación de los trabajadores autónomos, el paso del tiempo o el mito del emprendimiento.

Ángela Segovia y Maria Cabrera harán un recorrido, acompañado de la música de la chelista Lucía GonzálezDe Joan Brossa a la joven poesía actual (pasando por Chema Madoz) recuerda uno de los textos mas destacados del poeta catalán el Fotopoemario, un mano a mano con el fotógrafo Chema Madoz en el que uno ofrecía una imagen y el otro respondía con un poema.

Y de nuevo la poesía, pero esta vez reunida con la música y la tradición vasca de los aizkolaris llegará en Camino de retorno, un impactante espectáculo que reunirá al poeta Hasier Larretxea con sus padres Patxi Larretxea y Rosario Gortari y el musico Zuri Negrin.

El periodismo y sus géneros llegará de la mano de dos mesas redondas organizadas en colaboración con el diario El País. Luz Sánchez MelladoManuel Jabois y Leila Guerriero, moderados por Jesús Ruiz Mantilla, nos adentrarán en el género de la columna de opinión periodística. Estos tres grandes autores del género hablarán sobre cómo se enfrentan a esta cita y acerca de lo que buscan al escribir sus columnas. Además, en La familia bien, graciasJuan José Millas y Manuel Vilas – finalista del Premio Planeta 2019- moderados por Berna González Harbour discutirán sobre la familia como asunto literario poniendo de manifiesto como los conflictos, encuentros y desencuentros que se producir en el reducido universo de la familia, pueden trasladarse a los que pasa en el mundo.

La performance será es el lenguaje escogido por Nuria Figueras en la propuesta Rostros. Esta artista Ásperger es capaz de componer obras únicas a través de cientos de letras aplicadas, una a una, con sellos de tinta, correspondientes a poemas, canciones o textos literarios. El acto cuenta con el apoyo de Fundación Repsol.

El brasileño Adão Iturrusgarai conversará con la periodista María Martin sobre el poder narrativo de la viñeta un género con el que el autor ha recorrido y contado la historia reciente de su país.

Miguel Espigado mostrará en Vacaciones en Babia su fusión entre la narración oral, la música electrónica y la performance. Mientras que Fidel Moreno ofrecerá una escucha guiada de canciones en español que invitan a transgredir las fronteras.

Humor, música y poesía para despedir las jornadas en el Círculo de Bellas Artes

Las dos jornadas de Eñe en el Círculo de Bellas Artes se cerrarán con sendas propuestas que sumarán la literatura con otras disciplinas como el humor o la música.

El viernes el humorista Juan Carlos Ortega dará voz a cientos de personajes con los que nos invitará a reírnos de nosotros mismos y de nuestra existencia cotidiana.

Por su parte, el cantautor Andrés Suarez y la poeta Elvira Sastre, moderados por la periodista Arancha Moreno ofrecerán un pequeño aperitivo del espectáculo Desordenados, con el que llevarán la poesía al WiZink Center el próximo 21 de noviembre. Poesía y música se reúnen en un binomio en el que, más allá de musicar textos, Sastre y Suarez desordenan y reconectan sus voces para así dar lugar a algo nuevo y único donde demuestran la unión entre palabra, verso y música.

Eñe, punto de encuentro entre lectores y autores

Festival Eñe ofrecerá la oportunidad a los lectores de aproximarse a los autores y compartir con ellos charla y café. Con ese espíritu el festival contará con varios cafés literarios que tendrán lugar en el Iberostar Las Letras Gran Vía. Sergio del Molino, Edurne Portela o Leila Guerriero serán algunos de los autores que participen. Además, en este mismo espacio, como cierre de la primera sesión del festival en el Círculo de Bellas Artes, el público podrá compartir un encuentro informal con los autores que participan en el festival.

Las librerías de Madrid se suman al Festival Eñe

Por primera vez el sector privado del libro en Madrid ha querido sumarse al festival que contará con un recorrido por varias librerías madrileñas que abrirán sus espacios para que los lectores puedan participar en encuentros, mesas redondas, presentaciones, performances, talleres y recitales. Luis Garcia MonteroJosé OvejeroIsidoro Valcárcel MedinaLucia BaskaránMercedes CebriánRemedios Sánchez y Raquel Lanseros serán algunos de los autores que participen.

Festival Eñe en Málaga

Gracias a la Diputación de Málaga, Festival Eñe volverá a Málaga con un completo programa de actividades en torno a la literatura que se celebrarán el 22 y 23 de noviembre en el Centro Cultural Generación del 27. El espíritu fronterizo de la literatura se pondrá de nuevo de manifiesto en la propuesta de Eñe en Málaga en un programa que reúne a autores como Sergio del MolinoHéctor Abad FaciolinceAntonio SolerCarlos ZanónPablo ArandaVicente Luis MoraGuillermo BusutilTeodoro León GrossMónica Zgustova o Mohamed el Morabet con protagonistas de otras disciplinas como el cine o la ilustración con creadores como Adão IturrusgaraiPaula Ortiz o Rodrigo Cortés.

Las rutas entre imaginación y realidad en la literatura; el valor de los escritores que crean en una lengua que no es la materna; la relación entre el cine y la literatura; o la crónica como género, serán algunos de los temas que se recorrerán en Eñe Málaga. Además, el festival contará con dos cafés literarios con Sergio del Molino y Carlos Zanón y con un taller exprés impartido por el dibujante Adão Iturrusgarai.

Eñe para público familiar y también en Navidad

El público infantil y familiar tendrá también la oportunidad de acercarse a Eñe con propuestas especiales que además por primera vez se extenderán hasta la Navidad.

Gracias a Fundación Repsol Eñe renueva su compromiso de apoyar y visibilizar a colectivos en situación de vulnerabilidad con un programa de auxiliares culturales con discapacidad intelectual que servirán de personal de apoyo. También tendremos la posibilidad de descubrir el talento musical de los más pequeños con un concierto de la Camerata Tetuán de Acción Social por la Música: una agrupación que reúne a los niños de nivel más avanzado de las Orquestas de Paz para interpretar un repertorio que abarca desde el barroco hasta nuestros días. Además, el público infantil, con el taller La Aventura de Aprender Espacios. ¿Y si no lo escribimos y dibujamos no existe?, de Rebeca Barrón, podrán trabajar la creatividad, la imaginación y la expresión de las emociones, a través del cuento.

Por su parte, durante las Navidades el universo mágico de Macondo llegará a la Casa del Lector- Matadero MadridEspacio Macondo, un programa creado en colaboración con la Campaña de Navidad del Ayuntamiento de Madrid desde la empresa municipal Madrid Destino, pondrá el foco en Colombia y su literatura bajo el lema "Madrid Ciudad de Encuentro".

Se trata de un punto de encuentro en el que narradores latinoamericanos y españoles introducirán a los participantes, a través de espectáculos y talleres literarios, al mundo de la tradición oral. Durante ocho días, y a través de un programa de actividades dirigidas a todos los públicos, se trabajará en torno a la narración a través de distintos sentidos, en cuatro capítulos: escuchar Macondo, tocar Macondo, imaginar Macondo y contar Macondo. Con la coordinación literaria de Ana Griott, Espacio Macondo contará con la participación de autores como Sol Alonso, Alekos, Daniel Tornero, Lilián Pallarés, Nelson Calderón, La Parcería, Estrella Ortiz, Anaïs González, Willo, Alex Flórez, Mike T., Chambimbe, Malú Cayetano, María García Méndez, entre otros

Organizadores y patrocinadores

El Festival Eñe está organizado por La Fábrica, Fundación Contemporánea y el Círculo de Bellas Artes. Es posible gracias al Ministerio de Cultura y Deporte-Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, Madrid Destino y la Diputación de Málaga. La presencia de México como país invitado del festival es posible gracias a la Embajada de México, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el Instituto Cultural de México en España y la Casa de México en España. El Festival cuenta con Fundación Repsol, Iberia, El País y Movistar, como patrocinadores principales. Fundación Banco Sabadell es colaborador principal y el hotel Iberostar Las Letras Gran Vía es el hotel oficial del festival. Festival Eñe cuenta con la colaboración de la Fundación Cultural Hispano Brasileña, el Gremio de Libreros de Madrid, rlm, Rasdio Círculo y la Librería Antonio Machado. Círculo de Bellas Artes, Instituto Cervantes, Real Academia Española, Biblioteca Nacional de España, Casa de América, Casa del Lector, Club Matador y el Centro Cultural Generación del 27, de Málaga son las sedes del festival.
 
29/10/2019 13:23 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESTA TARDE, EN EL PARANINFO, A LAS 19.30, SE PRESENTA 'VINO DEL MAR'

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-‘Vino del mar’ es un homenaje al vino, a los viticultores, a las bodegas, al paisaje y al campo de Cariñena. Es un libro de canto a la tierra, a la viña, al vino de las piedras y a la mudanza de las estaciones sobre el viñedo.

Es un poemario que se ha ido puliendo y creciendo con el paso del tiempo, desde 1978 cuando trabajé en la vendimia en los campos del Riojano en Alfamén, hasta ahora mismo. Mi padre hacía vino, con uvas que le traían de Zamora, cuando yo era niño.

 

‘Vino del mar’ es un diálogo con mi  padre, ya fallecido, que hacía vino, con los enólogos modernos, con los caldos y con una tradición clásica: el vino es tan antiguo como el hombre. Es una manufactura, un sueño, un excitante, una sabrosa compañía. Y el tema ha sido glosado por muchos escritores, desde Marcial a Borges, pasando Gibran Kalhil Gibran, Pablo Neruda, Rosalía de Castro, Miguel Torga, y tantos y tantos otros, hasta por Ildefonso-Manuel Gil, enamorado de los vinos de Paniza, su lugar de origen, al que nunca renunció.

 

El título del libro alude a varias cosas: esos campos verdes o pardos que, cuando se levanta el viento o el cierzo, parece el mar con un deslumbrante y rítmico oleaje. Alude también al vínculo de los vinos aragoneses con los gallegos –los mencía, los godellos, los ribeiro, los albariños- y, en cierto modo, es un libro que en buena parte se escribió a la orilla del mar. A veces, en algunas copas, el vino es como un micromar. Y es también el libro de alguien que ha crecido a la orilla de la costa y que ha visto alzarse los parrales, que alargan sus racimos hacia el caminante, con su embeleso, su belleza tranquila, sus granos que concentran el sabor, el aroma, la paleta de de colores de un pintor.

El libro está dividido en cuatro partes: la parte pura de naturaleza, los surcos, las plantas, las lomas, la sensación de raíz y de latido del tiempo. La parte de los personajes, gentes que vivieron y sintieron el campo de Cariñena como la pianista Pilar Bayona, el compositor y violinista Simón Tapia Colman, el pintor Luis Marín Bosqued, el citado Ildefonso-Manuel Gil, entre otros. La tercera parte alude a los viajes del vino, el comercio, la sorpresa de que en un lugar distante del planeta alguien celebra el amor o el sueño o la melancolía con una copa de vino de Cariñena. Y la última parte, la despedida de ese espacio de viña e historia, en el que un enólogo como Jorge Barbería explica qué le produce su labor, cómo es el vino, qué sensaciones genera; pero también se recuerda y se retrata a un personaje que siempre ha sido un enamorado del vino: como Baudelaire, Ángel Guinda defiende un estado de embriaguez, poética, creativa o etílica, para vivir y escribir.

 

‘Vino del mar’ es, sobre todo, un libro de poesía, un arsenal de lenguaje y emociones, y contiene sucesivas notas de amor: amores posibles e imposibles, distantes o cercanos, amores soñados, como el de esa sirena que parece vivir entre los pámpanos, amores que se expresan en verso, sobre todo en endecasílabos o verso libre, pero también en poemas en prosa e incluso en amagos de microcuentos.

 

‘Vino del mar’ quiere ser un documento de una tarea colectiva, que incluye la modernización del sector, y un libro que habla esencialmente de la emoción que suscita del vino, de la belleza y del deseo que despierta en cualquier instante.

 

*José Luis Solanilla, compañero de Heraldo y coordinador de 'Con mucho gusto' publica hoy una entrevista sobre el libro. Mil gracias.

18/10/2019 12:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LLADOSA HABLA DE 'UN AMOR DE REDON'

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Ricardo Lladosa (Zaragoza, 1972) publica en Fórcola su novela ’Un amor de Redon’, y la presenta hoy en el Museo Pablo Serrano con Pepe Melero y Ana Segura. Mañana hace lo propio en la librería Alberti de Madrid.

 

-¿Quién es Odilon Redon?

Es un pintor simbolista francés nacido en 1840 que anticipó las vanguardias de comienzos del siglo XX, en particular el surrealismo. Quizá por adelantarse a su época es un artista secreto, poco conocido pese a su relevancia en la historia del arte.



-¿Por qué te pareció que era materia de novela? ¿Qué idea se te pasó por la cabeza?

Al igual que “Madagascar”, mi primera novela, la idea de “Un amor de Redon” surge de un coleccionable de kiosco de los años ochenta. Yo tenía unos doce años y me llamó la atención un número de “Los genios de la pintura” dedicado a Odilon Redon, editado por Sarpe, cuya portada era el retrato femenino en naranja que hoy es la portada de mi novela. Le pedí a mi padre que lo comprara y él lo adquirió. Pero no volví a hacerle caso al libro hasta el verano de 2017, cuando volví a abrirlo y me di cuenta de que Redon merecía ser protagonista de mi segunda novela.



-¿Querías rendir un homenaje a los poetas malditos y a ese universo tan variado de los simbolistas y postimpresionistas?

Sí, el final del siglo XIX y los comienzos del siglo XX en el arte y en la literatura me apasionan. Son un momento de ruptura. Frente al realismo, el arte se libera e impera la creatividad absoluta.

Ya que aludes a los poetas malditos, Baudelaire, que fue el inspirador de todos ellos, es todavía hoy un autor actual. No solo por sus “Flores del mal” o sus “Paraísos artificiales”, sino por obras tan anticipatorias como “El pintor de la vida moderna”, donde inventa la figura del “flâneur”, el observador oculto que espía la vida sin participar en ella.

Redon amaba la literatura desde que su querido amigo y maestro Armand Clavaud, un sencillo botánico que gastaba su poco dinero en libros de lujo, le abrió las puertas de su biblioteca. Allí tenía ediciones encuadernadas en piel de los cuentos de Edgar Poe, de “Madame Bovary” de Flaubert; pero también del “Bagavad Ghita” o de “El origen de las especies” de Darwin. Redon quedo extasiado leyendo todos aquellos libros.



-¿Qué te atrae de esa época?

Como te contaba al comienzo, la primacía de la creatividad sobre lo académico que revolucionó el arte. Redon murió en 1916. No hay que olvidar que, por aquel entonces, Picasso vivía también en Paris y había pintado hacía ya diez años “Las señoritas de Aviñón”, el cuadro donde, por primera vez, descompuso las formas y creó el cubismo. A casi nadie le gusto el cuadro, lo consideraron de mal gusto, feo, monstruoso, inmoral. Se pasó más de quince años enrollado en una esquina de su estudio. Era demasiado novedoso como para ser entendido. Solo se comprendió su importancia décadas más tarde, cuando fue adquirido por el MOMA de Nueva York.



-¿Qué le debes a Poe, Baudelaire y a la novela ‘A contrapelo’ de Huysmans?

Mucho. Les debo los ambientes de mi novela. Mientras la escribía leía a Poe, a Baudelaire y a Huysmans y me contagiaba, a la hora de escribir, de su decadentismo y de su fuga de la realidad.

En concreto, “A contrapelo” fue una novela revolucionaria, una obra sin argumento protagonizaba por un aristócrata sibarita que vive en su castillo absolutamente solo, sin hablar con nadie, contemplando bellos objetos. La novela fue un éxito inmediato entre las clases acomodadas de la época y provocó la ira de Zola, de quien Huysmans era discípulo. Zola espetó a Huysmans que había asestado un golpe mortal al naturalismo. Éste le respondió en una carta diciendo: “Quería sacudir los prejuicios, hacer entrar en la novela al arte, la ciencia, la historia (…) Quería suprimir la intriga tradicional, incluso la pasión, y realizar a toda costa algo nuevo”.

Redon se hizo famoso precisamente porque uno de los objetos que poseía el aristócrata de Huysmans eran sus famosos grabados negros de la serie titulada “En el sueño”, entre los cuales había uno, por ejemplo, de una araña con cabeza de hombre.



-¿Aludes a los nabis? ¿Quiénes fueron?

Fue un movimiento pictórico francés que se originó durante los últimos años de la vida de Redon y que lo consideró su maestro. La característica principal del movimiento era la primacía del color sobre el dibujo y las formas. A Redon nunca le importó demasiado el dibujo, se consideraba un mal dibujante, le interesaban sobre todo las temáticas misteriosas y oníricas, los claroscuros en los grabados, y la potencia del color en los cuadros. Por eso amaba a Delacroix y detestaba a Ingres.



-¿Cómo te planteaste la novela: como la aventura de amor de un hombre tranquilo, como el relato de un proyecto tan ambicioso como voluptuoso, que dialoga con el mito y la historia del arte, o como una novela gótica?

Como una mezcla de todo ello. La novela es básicamente una historia de amor entre Redon y una mujer llamada Ainhoa Levy, esposa de un banquero judío que hace al pintor el lujurioso encargo de pintar, para el comedor de su castillo a las afueras de Burdeos, tres grandes óleos que representen a las mujeres más sensuales de la Biblia: Betsabé, Judit y Salomé.

El resto de temas: los mitos, la novela gótica fueron surgiendo conforme escribía, sin que yo lo hubiera planificado a priori. Eso es lo que más me seduce de escribir, como a Picasso, como a Redon: inventar sobre la marcha, sin un plan previo, sin preocuparme de si el conjunto queda bonito o feo y, al final, encontrarme a mí mismo en el relato.

 

-¿Qué hay de ese castillo tan decisivo en la narración?

Me inspiré en un alojamiento rural de las afueras de Burdeos donde pasé unos días de vacaciones con Marta, mi mujer y nuestros hijos. El alojamiento era un castillo del siglo XIX. El dueño era un señor normal, pero extremadamente educado que, al poco de llegar, me entregó una tarjeta de visita donde se leía: “Vizconde Thierry de…” Encima del nombre había una coronita dorada. De este modo, la novela comenzó a gestarse en mi imaginación.



-El gran personaje del libro, más allá del propio Odilon, es Ainhoa, una mujer de la Baja Navarra -como se conoce también al País Vasco francés-, casada con alguien más viejo, el banquero, al que no desea, que hace fotografía. ¿Te has basado en alguien real?

Sin duda Ainhoa es el gran personaje del libro. Fue una decisión personal. Al comienzo ella iba a ser solo la musa de Redon, la mujer bella y silenciosa que inspira al gran artista. Pronto me di cuenta de que esa visión de las mujeres estaba desfasada. La doté de voz propia, la convertí en narradora en primera persona y en artista pionera de la fotografía. De este modo transformé la novela en algo más actual.

Ainhoa admira a Redon y le pide que le deje fotografiarlo mientras él pinta los cuadros para su marido el banquero. Quiere observarlo en silencio, contemplar su rostro mientras pinta, registrar sus dudas y sus momentos de entusiasmo… Haciéndolo, esta creando al mismo tiempo obras de arte fotográficas. Entre la pareja se entabla una relación especular: el uno se mira en el otro… Y poco más puedo contar, so pena convertirme en spoiler.



-¿Por qué has introducido las dos voces narrativas, la de Odilon y la de Ainhoa? ¿Qué te dan, qué esfuerzos te han exigido?

Siguiendo mi reflexión anterior, quería dos puntos de vista distintos sobre los mismos hechos, el femenino y el masculino, la mujer mirando al hombre y el hombre mirando a la mujer en capítulos alternos. Al principio me costó un poco. Me resultaba más fácil meterme en la piel masculina de Redon. Quizá por ello el primer capítulo narrado por Ainhoa es breve, ella se va incorporando al relato tímidamente…



-¿Cómo has alternado la parte narrativa, la puramente estética, los hechos reales de la vida de Redon (el uso de su vida y de sus diarios) y la evolución de un argumento dinámico, donde siempre suceden cosas?

Me dejé llevar por la intuición. Lo mismo me daba pasarme dos páginas describiendo un cuadro o una fotografía, que dejar un relato a mitad y continuarlo tres capítulos más tarde, o no continuarlo nunca. Sentía en todo momento el placer de una libertad absoluta, y lo más curioso es que cuando terminé de escribir, pese al caos aparente, todo parecía encajar y apenas corregí nada.

Tengo un sentido dinámico del relato, me gusta que permanentemente sucedan cosas, me abruma aburrir al lector. Deseo que todo esté en permanente movimiento o cambio inesperado. Quizá se deba a que durante mi juventud vi mucho cine y televisión, aunque ahora la literatura no me deje tiempo para hacerlo. Me encantan las imágenes: la pintura, la fotografía, el cine, la televisión.



-A Odilon Redon le interesaban mucho las atmósferas mágicas, misteriosas. ¿Fue por eso que también has escrito una novela de fantasmas?

Probablemente tenga que ver. Al documentarme sobre Redon supe que fue muy aficionado al ocultismo, pero no pude obtener más datos al respecto. La novela de fantasmas surgió del propio ambiente del castillo. Me gusta reciclar los géneros de la literatura popular y transformarlos en algo distinto. Lo hice en “Madagascar” con la novela de aventuras y lo repito ahora en “Un amor de Redon” con la novela gótica, siempre me han apasionado los relatos de fantasmas.



-Da la sensación de que estás haciendo una apuesta por la novela artística… Ésta, tu serie sobre Pablo Picasso en heraldo.es. ¿Te has propuesto seguir en esta línea?

La serie de artículos sobre Picasso en Heraldo, que he titulado “El reproductor de arte”, tiene un parecido sutil con “Un amor de Redon”. En los artículos describo cómo, a lo largo de su carrera, Picasso reprodujo cuadros como “Mujeres de Argel” de Delacroix, “El almuerzo en la hierba” de Manet o “Las meninas” de Velázquez. Nunca los copiaba, sino que los reinterpretaba, los hacía suyos convirtiéndolos en cuadros de Picasso.

Cuando Redon aborda sus pinturas murales de Betsabé, Judith y Salomé, observa antes fotografías de cuadros de Rubens, de Caravaggio, de Tiziano, de Cranach… que también pintaron a las tres mujeres bíblicas; pero en modo alguno los copia, lo que hace es inspirarse en ellos e interpretarlos a su propio estilo, al igual que Picasso. Del mismo modo que hoy hablamos de metaliteratura, ellos practicaron una suerte de “metapintura”.

 

*La foto de Ricardo Lladosa es de Marta Oliván.

17/10/2019 15:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IV EDICIÓN DEL DÍA DE LAS ESCRITORAS

 El lunes día 14 de octubre se celebra en toda España la IV Edición del Día de las Escritoras bajo el lema Mujeres, amor y libertad, una conmemoración promovida por Clásicas y Modernas (Asociación por la igualdad de Género en la Cultura) y la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, profesiones y Empresarias (Fedepe).

       Las socias de Clásicas y Modernas en la comunidad aragonesa, junto con la Facultad de Filosofía y Letras y el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza han querido sumarse de nuevo a esta celebración que consistirá en la lectura pública de textos de escritoras españolas e hispanoamericanas de diversas épocas a cargo de numerosos miembros de la comunidad universitaria, de escritoras y escritores, así como de personas de otros ámbitos profesionales.

      El acto tendrá lugar en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, de 18h a 21h, a lo largo del cual se leerán textos de Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Feliciana Enríquez de Guzmán, Concepción Arenal, Carmen de Burgos, Josefina de la Torre, Gioconda Belli, Alfonsina Storni, María Teresa León, Gabriela Mistral, Almudena Guzmán, Alejandra Pizarnik, entre muchas otras autoras.

         Abrirán la sesión de lecturas Yolanda Polo (Vicerrectora de Proyección Social y Cultural), Eliseo Serrano (Decano de la Facultad de Filosofía y Letras), María Goikoextea (Directora del Instituto Aragonés de la Mujer), Antón Castro (escritor y crítico literario), junto a las socias de Clásicas y Modernas, organizadoras del acto, Carmen Peña Ardid (profesora de la Universidad de Zaragoza), Pilar Pastor Eixarch (gestora cultural), Cristina Martínez de Vega (gestora cultural e investigadora) e Irene Vallejo Moreu (escritora)

 

13/10/2019 17:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREGÓN Y POEMA PARA CARIÑENA

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PREGÓN DEL DÍA DE LA VENDIMIA EN CARIÑENA

 

Hace 40 años, casi antes de saber muy poco del Cariñena y sus vinos, llegué  a esta plaza exactamente. Tenía 19 años recién cumplidos y un temor infinito a casi todo. Estuve cuatro días deambulando de aquí para allá, esperando enganchar en el viñedo. Dormí en las grutas de las afueras, me enamoré de una aspirante a vendimiadora y no fui correspondido, supe de un crimen cerca de la estación de tren y aprendí el nombre de unos cuantos bodegueros. Curiosamente, mi padre hacía vino con uvas que le traían de Zamora, pero a mí sus caldos jamás me enamoraron, cosa que ahora lamento. Vi trujales, barricas, toneles, los más exuberantes que había visto jamás. Y un universo nuevo me entró por los ojos y los sentidos, y se fijó como un mapa de sensaciones y perfumes en mi cabeza.

En Cariñena no me dieron tajo, pero sí en Alfamén. En las fincas del Riojano. Viví una experiencia iniciática: un despertar a la viña, a la vida e incluso a la amistad. Me fascinó aquel mundo con sus ritos: las plantas, los racimos, las uvas, los cuévanos, el trabajo en sí, tan artesanal, y por supuesto lo que se contaba. Eran las tertulias del viñedo (Virginia Woolf ha dicho que “el lenguaje es vino en los labios”), que se suspendían en la tradición, en la memoria, en la defensa del oficio y en el amor a las calizas, arcillas, yesos, pizarras, a estas piedras que yo aún no era consciente que resultaba auténticamente milagrosas. Milagrosas para la garnacha, la cariñeña, el macabeo, la syrah, el tempranillo. Todas esas uvas son una y muchas: un arsenal de sensaciones, de hábitos, de sueños, y, también, una industria en marcha. Una industria que no cesa con 450 puestos directos, 35 bodegas y 24 embotelladoras.

Desde entonces no me he olvidado de Cariñena jamás. He disfrutado de su viñedo, de su historia, de ese mar verde que se ofrece al pasajero que va y viene a Teruel. Esa sensación no me la quito de la cabeza: el modo en que el viento peina los tallos, como si de un trampantojo visual se tratara, me da la sensación de que la viña se mueve al ritmo de un oleaje. Cuando digo Cariñena, quiero decir el campo de Cariñena: la ciudad que visitó Felipe II, la Fuente de la Mora, el museo del Vino, pero quiero decir muchas más cosas: Pilar Bayona y Mata y Cosuenda; Marín Bosqued, Simón Tapia Colman, Eugenio Arnao y Aguarón; Ildefonso Manuel Gil, María Moliner, Julio Palacios y Paniza; Mariano Lagasca y Encinacorba. La lista sería mucho más larga.

Cuando digo campo de Cariñena quiero decir Aguarón, Aladrén, AlfaménAlpartirAlmonacid de la SierraCariñenaCosuendaEncinacorbaLongaresMezalochaMuelPanizaTosos y Villanueva de Huerva. Aunque no ha sido mi especialidad, gracias a profesionales como Juan Barbacil, José Miguel Martínez Urtasun, José Luis Solanilla o Jesús ‘El Vaso Solanas’, entre otros, he seguido la evolución de la Denominación de Origen Protegida Cariñena y he visto su crecimiento, la consolidación de una bella forma de hacer vino, elaborado con todos sus matices, elegante, de suaves y matizados sabores, de poderosas sugerencias que brotan del llano, del sotobosque o de las frutas. He visto desde cerca y desde lejos el inmenso trabajo, el anhelo de proyección, las conquistas, ese lema feliz que ha hecho fortuna: El Vino de las Piedras, que encarna los prodigios del azar. La precisión de la poesía hecha verdad y futuro. En los últimos años Cariñena ha sufrido metamorfosis que la ha situado donde tiene que estar. Bien arriba, con honores, alegrando la vida y provocando la felicidad allá donde llega, y alcanza más allá del horizonte, en la misma región de los sueños y de los imposibles.

El campo de Cariñena es un laboratorio de caldos, la conciencia de la naturaleza, una continua afirmación del vino y su artesanía. El vino es conversación y magia, placer y sorpresa, colorido y bouquet. El vino es intimidad, tertulia, confidencias de familia en la alta noche. El vino es fantasía, delirio, sensualidad. El vino es una forma de percibir los latidos de la tierra y de encomendarse a sol del verano, a las lluvias del otoño, a los fríos y las nieves del invierno, a los vientos que gimen o ululan o se vuelven brisa de la primavera.

Si hay algo que me emociona especialmente es la viña en sí misma. Hojas, pámpanos, sarmientos, tallos, pasillos de sombra, racimos, ecos de una uva cariñena de casi seis siglos. Y me emocionan los hombres y mujeres que la cuidan y nos la ofrecen, trasformada en emoción y en ese líquido tan estimulante que ha llevado a decir a Eduardo Galeano: “Todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino”.

 

Querría terminar el pregón con un poema inspirado en un enólogo. El azar ha hecho que sea de Alfamén. Jorge Barbería Romeo. El texto simboliza el amor al campo de Cariñena, la vino y al trabajo bien hecho.

 

SOLILOQUIO DEL ENÓLOGO

 

1

 

Esta tierra es mi tierra. Cariñena.

El centro del mundo. Casi podría

afirmar que nací en una bodega.

Mis abuelos venían de Navarra

y hallaron aquí casa y solanar,

un territorio infinito de sueños,

la lisura del futuro entre guijarros.

Mirase donde mirase, ahí estaba

el viñedo, con su ondulación verde.

Con el lenguaje de las estaciones:

nieve, añoranza, alegría y llama,

ante mis ojos galopaba el viento

y graznaban las picarazas al sol.

Me fascinaba la geometría

de los campos, la distribución

de cada arbusto, el vigor cristalino,

la sólida salud de su belleza.

Ahí me crié. Imaginé a los dioses

antiguos, como héroes del llano,

a los trabajadores desvelados

que ansiaban una bodega feliz.

¡Qué mundo en movimiento, qué temblor

de escarcha, de pulpa fresca, de mostos!

¡Qué continente de olores, qué luz

de luna y crepúsculo derramándose!

La naturaleza me atrapó en su vahído

y se hicieron familiares palabras

con su propia expresión y melodía:

garnacha, hollejo, majuelo, poda,

pero también floración, irisado,

maridar, frescor de fuente helada.

No supe resistirme. Decidió

más nuestra sangre que la primavera, 

decidió la esencia de los sabores,

el misterio del bosque hecho viña.

Apliqué mi corazón a la tierra

y oí el rumor de mis antepasados.

Me sentí traspasado. Una voz dijo:

«Esta tierra es tu tierra. Cariñena.

Quédate y oye la confesión del vino».

 

2

 

No sé si me lo reveló mi abuelo,

artesano de las viñas y enólogo,

mi padre, investigador de vendimias,

o el trasiego entre piedra y tierra:

a las cepas hay que hablarles como

se habla a un hijo o a la soledad.

Mimarlas, sentir su respiración,

observar sus sarmientos y sus pámpanos,

y probarlos como un rico postre.

A las cepas hay que verlas cada día,

acariciar esas hojas perfectas,

admirar su color verde brillante.

Ya sé que dirán que me he vuelto loco,

pero las viñas sonríen y sugieren

qué vino debemos hacer y cómo:

si uno joven, lleno de sensaciones

-fresco, alegre, de paladar suave,

impregnado de moras y frutas-,

u otro, acaso irresistible, marcado

por ese olor tan hondo que enamora.

El vino es un arte de seducción.

 

3

 

¡Hay tanta gente aquí, tantos agentes

que embellecen y matizan el oficio!

Le doy las gracias a todo: a las nieves,

al vendaval, a las lluvias de abril,

a los jabalíes que visitan la viña,

a los pájaros fugitivos que cantan,

a tantos y tantos viticultores

que hacen del viñedo su oxígeno,

su pasión, su secreto bien guardado.

Miro estos labrantíos de Alfamén

y los veo a todos ellos y soy feliz

porque saben inventar la alegría

más exultante que llena una copa.

Esta bodega es cuánto sé de mí.

 

En cada vino o añada hago un brindis

con mi madre ya desaparecida.

Un brindis, un diálogo, mi quimera.

Yo me siento, agito este terciopelo

audaz, aspiro, me concentro y digo:

«Escucha, mamá, el cuento interminable

de nuestros campos: el vino y la vida.

Savia perdurable de amor y tiempo».

 

 

*Este texto está incluido en mi libro ‘Viña del mar’, que ha publicado el sello Olifante y que se presentará en el Paraninfo el 18 de octubre de 2019.

 

24/09/2019 06:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PATRICIA ESTEBAN: UN DIÁLOGO DE SOMBRAS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/09/18/patricia-esteban-erles-me-gusta-la-belleza-que-contiene-una-maldicion-1334390.html

 

Patricia Esteban Erlés.
Patricia Esteban Erlés, escritora de lo inquietante y de la sutilezas sombrías.Beatriz Pitarch.

Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) presenta la reedición de su primer libro: ‘Manderley en venta y otros cuentos’, que publica el sello Páginas de Espuma, galardonado ayer con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial de 2019. El acto será hoy miércoles 18, a las 19.30, en el Paraninfo, en compañía de la periodista Ana Segura, directora del programa ‘La torre de Babel’, de Aragón Radio. El volumen había aparecido anteriormente en Tropo Editores.

Dice que de ‘Manderley en venta’ lo primero fue el título, la carpeta que se abre… ¿Qué quería guardar ahí?

 

El día en que la abrí, en que surgió el título, casi como una revelación, solo supe que iba a contener historias, cuentos que reflejaran mi fascinación por algunos seres, reales o fantasmales, y los lugares por los que se pasean, arrastrando vidas ingratas o maldiciones. Esa querencia a los personajes abismados, a los que guardan secretos, amores y odios inconfesables, sumada a la que siento por los espacios cómplices, por esos sitios que se quedan con parte de nosotros cuando nos mudamos, que nos arrancan jirones de vida, hizo que decidiera que el núcleo temático de ese libro del que solo tenía el título fuera un homenaje a la mejor historia que, en mi opinión, se ha escrito sobre una casa y el espectro que nunca la abandonó del todo.

¿Qué escritora era entonces, o cuentista, y cuál es ahora?

Era una autora que envidiaba a muchos escritores por haber encontrado antes que yo esas historias prodigiosas que se iban quedando conmigo. Leía con una vocación predadora, quería alimentarme de novelas y relatos, filtrarlos, convertir en otra cosa, en algo mío, toda la literatura que me interesaba. Me sigue pasando, leo para crecer como autora, porque en otros y otras encuentro personajes, líneas, a veces una atmósfera, que activa algo dentro de mí que me permite contar a mi manera. Es un proceso de sugestión apasionante, en ocasiones un estímulo inmediato, exprés. Sigo admirando con pasión, que es como debe hacerse, y procuro avanzar, dar pasos hacia mí misma, hacia la que quiero ser como escritora. Entonces dudaba todavía entre la realidad tal cual y sus recovecos inusitados, las rendijas por las que se cuela lo fantástico. Me he decantado casi definitivamente por la fractura de lo mimético, prefiero desde hace tiempo ese mundo insólito que creo que se encuentra contenido en otro en apariencia prosaico, más previsible, por el que transitamos cada día, creyendo que estamos más o menos a salvo. Me siento más cómoda en las galerías y pasadizos de lo inusual, que diría la profesora Carmen Alemany.

¿Qué le debe a Hitchcock y a su película ‘Rebeca’?

La fascinación por el espacio como personaje. Cualquiera que vea o lea ‘Rebeca’ entiende eso, lo intuye. Manderley es un lugar hermoso, lleno de lujo, de objetos bellos. Rige en él un orden ilusorio, porque en realidad es la mansión que siente para siempre el dolor de una pérdida. Manderley es una casa enferma, que añora a Rebecca y contagia su mal a quien entra en ella. Eso me fascinó siempre, la habilidad con la que la autora primero y el director de cine después supieron insuflarle vida, una vida patológica, tristísima y peligrosa, a ese lugar de escalinatas, alcobas infinitas y corredores llenos de retratos.

Patricia Esteban Erlés.
Patricia Esteban Erlés vuelve a la casa hechizada y dolorosa de Manderley.Beatriz Pitarch.

En los últimos tiempos ha adoptado una inequívoca postura de defensa de las mujeres en la vida y en la literatura. ¿Cuál es su vínculo con Daphne Du Maurier, autora de la novela, y a quién coloca a su lado entre sus influjos?

Creo que hay una caterva de autoras interesantísimas que han sabido contarnos la historia de la mujer como pájaro encerrado en una jaula, la casa, a través de la ficción. Me interesan mucho esas escritoras que saben mirar el ámbito doméstico e interpretarlo no como refugio, como lugar en el que sentirse a salvo, sino presa del cuidado de una familia, del propio hogar. Cuando esto consigue expresarse utilizando un molde fantástico me fascina especialmente, porque lo que se logra es perfilar el personaje/mansión casi como ente con una personalidad (y a menudo una maldad) propia. Hay cuentos magníficos  en este sentido de Silvina Ocampo, que escribió un relato, ‘La casa de azúcar’, donde el hogar blanco y brillante como un terrón de azúcar al que se mudan unos recién casados se rebela contra ellos, ya que guarda aún la memoria de su anterior propietaria. Es una historia acerca de la mujer, sus aspiraciones, la dificultad de encontrar su propia identidad, todos ellos temas candentes ahora mismo, en la que la casa maldita y el doble aparecen como aliados fantásticos de la trama. Ni que decir tiene que Shirley Jackson, auténtica señora de las casas encantadas, borda el mismo asunto en novelas muy conocidas como ‘La maldición de Hill House’ o un texto a medio camino entre la autobiografía y el cuento fantástico, ‘Una casa vieja’, que aparece en el volumen que contiene toda su narrativa breve. Creo que la amargura de Jackson al tener que ser solo una escritora a tiempo parcial, cuando sus muchas obligaciones como esposa y madre de cuatro hijos se lo permitían, sobrevuela toda su obra, refleja un problema acuciante: seguramente nos hemos perdido muchas grandes historias porque sus autoras debían anteponer una colada o la limpieza de armarios a su escritura.

¿Resaltaría a alguna más Patricia Esteban?

Cristina Fernández Cubas también es una maestra en la creación de atmósferas y lugares fatídicos, pero recientemente he conocido también cuentos de una escritora, Cecilia Eudave, que añade al espacio doméstico simbólico el jardín, casi como remedo del bosque, de la libertad femenina, en sus relatos, muy muy singulares.

¿Tienen todas las casas un fantasma? ¿Cómo es el suyo?

Hay casas que lamentablemente no lo tienen. Son casas nuevas, con armarios precintados y que huelen a nuevo. Esas no me interesan nada. Yo prefiero las otras, esas en las que entras y percibes que guardan esqueletos, cartas que nadie puede leer, objetos malditos porque seguramente pertenecieron a alguien que ya no está. El mío eme sigue en cada mudanza, un poco más crecido que en la anterior. Está bien alimentado de recuerdos, de miedos que prefiero que no me abandonen porque son un vivero constante de historias. Podría decirse que estamos muy bien avenidos, él y yo. 

¿O una vecina borde, casi psicópata, como en el libro?

Sí, me curé de ese mal gracias a Ada Neuman, que da nombre a uno de los cuentos, donde de alguna forma relaté la historia del miedo que llegué a sentir cuando me di cuenta de que los vecinos de la vida real no son siempre los buenos samaritanos que nos guardan una llave o nos riegan las plantas. Es inquietante lo cerca que vivimos de otros, las cosas que podemos saber de ellos, lo fácil que es traspasar el espacio ajeno y provocar el terror tan solo, por ejemplo, dejando todas las luces de la casa encendidas.. 

¿Cómo nos damos cuenta de que en la rutina o en la normalidad también hay inquietud, la posibilidad de un crimen mismo?

Estando muy atentos. Muchas de las cosas que escribo no surgen de mi imaginación calenturienta, qué va. En realidad estoy siempre pendiente de lo que me cuentan personas de mi entorno, de esos casos inexplicables, de esas casualidades o enigmas que nos salen al paso cada día. Por qué desaparece alguien y no vuelve a saberse de él. Por qué entramos en un edificio y empezamos a sentirnos mal como si sus cimientos rezumaran un mal contagioso. Por qué a veces alguien nos lee el pensamiento o nos cruzamos por la calle con alguien que se nos parece mucho. Por qué nos confunden con otros. Son innumerables los motivos que nos da la realidad para ser fantásticos.

Patricia Esteban Erlés.
Patricia Esteban Erlés.Josian Pastor

En sus cuentos, en sus libros, en sus columnas dominicales en HERALDO, que ha recogido en ‘Fondo de armario’ (Contraseña), hay una explícita pasión por los hombres. Una inclinación al amor. ¿Puede suceder que imagine al hombre ideal e irrumpa en su vida?

Me atrae el ser humano en general, en todo lo que escribo suelo reparar en lo singular de algunos hombres y mujeres difíciles de olvidar. Curiosamente suelen gustarme las fragilidades, los rincones oscuros, la belleza que contiene en sí misma una maldición. Muy lejos, como ves, del idealismo, de la perfección. Nada me gusta más que una cicatriz o una sonrisa irregular. 

¿Qué le da la sombra, no temes que un día se pierda en esas oscuridades que fabrica y no sepa salir?

Corro el riesgo muy a gusto, me parece el tema más apasionante sobre el que escribir, el lado sombrío que todos tenemos y su aceptación. Creo que siempre hay una luz que nos permite encontrar el camino de vuelta. Seguramente tiene que ver con la calma que da comprender lo ambivalentes, lo luminosos y oscurísimos que somos todos, según quién y cuándo nos mira. 

¿Cómo se maneja en esa alianza entre realismo escrupuloso y fantasía, visión onírica o imaginación, y los mezclas con fragmentos de su autobiografía?

Siempre me han pasado cosas extrañas, inexplicables, a veces directamente absurdas, que me han llevado a integrar el componente de lo inesperado, de lo que no sabré comprender nunca, como elemento de mi propia vida y que desde allí pasa a lo que escribo en un proceso natural. Me gusta lo poliédrica que es la realidad, como macroestructura, los misterios que encierra, y combinarlos con los de mi propia cosecha. Es en ese mundo nada seguro pero honesto donde más a salvo me siento. 

¿Tiene la sensación de que está en estado de gracia: ‘Las madres negras’, ‘Fondo de armario’, y de que los lectores y editores ya saben quién es Patricia Esteban Erlés?

Pienso que soy alguien muy afortunado, que creyó que era posible escribir y se ha encontrado con una fantástica realidad que le da palmadas en la espalda, toquecitos de ánimo para que siga haciendo lo que le apetece al escribir. Me siento respetada y cada día doy las gracias por eso, y procuro trabajar en la misma dirección, para que la buena racha dure y pueda seguir disfrutando tanto como lo hago gracias a la literatura. 

¿Podrías darnos dos o tres definiciones del cuento, cómo lo vive, cómo lo siente, qué es para usted?

Es el género de los silencios inteligentes. Allí donde la novela es generosa, a veces excesiva, el cuento calla, te obliga a pensarlo, a escribir algunas de sus partes.  

Es un lugar en el que me siento a salvo como lectora. En el que encuentro mis propios caserones llenos de fantasmas, como autora.

¿Cómo define su idilio con la premiada Páginas de Espuma?

Como un salto al otro lado del espejo. Siempre recuerdo cuando miraba los libros de cuentos de Páginas en la mesa de novedades de la librería Cálamo, sin sospechar que un día publicaría allí. Este es mi tercer libro como autora en el mejor de los lugares, en esta casa donde se acoge a mis criaturas oscuras con auténtico entusiasmo. Páginas de Espuma es el hogar de los cuentistas porque allí nos sentimos huéspedes de primera, invitados de lujo. El trato personal, la pasión que se pone en cada obra, en cada momento del proceso de creación, son oro puro para quienes tenemos la suerte de formar parte de un catálogo deslumbrante, que apuesta por las autoras decididamente, que une orillas del mundo y nos recuerda que el cuento no es el hermano menor de nadie.

18/09/2019 06:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/09/16/ferrer-lerin-en-mis-libros-no-hay-nunca-complacencia-con-el-mal-1334243.html

 

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es unos de los escritores más insólitos de las letras españolas. Afincado en Jaca desde hace más de 30 años, es ornitólogo, poeta, narrador, amante de la filología y de los bestiarios, y teórico del Arte Casual. Publica en Tusquets, en su colección Nuevos Textos Sagrados, un nuevo libro de poemas: 'Libro de la confusión'.

Me gustaría empezar por la cita inicial de John Ashbery. ¿Cree que ha logrado esa idea de que la preocupación principal del poeta es dar vida a la obra de arte de tal manera que resulte imposible tratar de explicarla? ¿Qué te resulta difícil o imposible contar o explicar? 

Esa es una preocupación que se le supone a algunos poetas, no sé si yo he llegado a ella, pero si así fuera todo ocurriría de modo inconsciente, ya que tengo claro que en mi proceso creador no existe esa intención. Un proceso creador que no se rige por normas, el poema surge, como decía Milosz, sin que nadie sepa de dónde, el poema viene dado, pero nadie sabe quién lo da, y la búsqueda de cripticismo no ha entrado nunca en mis planes aunque lo oscuro pueda surgir al utilizar como herramientas principales ciertos recursos automáticos apoyados en las citas de los Padres de la Iglesia.  

Dice que querías hacer un libro unitario, cerrado. ¿En torno a qué, qué Le preocupaba de partida?

El libro iba a llamarse 'Senilidad y muerte', pero al final ese fue el título de una sección del mismo, quizá porque resultaba demasiado obvio para un empeño mayor. 

Afirma que, durante la escritura, tenía la sensación de que era el fin de tu obra poética. ¿Por qué? ¿Tiene la sensación de que ha cerrado un ciclo?

Ese ejemplo de que el poeta sólo escribe un poema en su vida y luego no hace más que repetirlo podría servir para contestar en parte a tu pregunta. Es decir, la conciencia de que lo que debía escribir ya lo había escrito y de que la liturgia que continúa la escritura, las cuitas editoriales, las presentaciones en público, el aguarde de las reseñas, todo ello, también entra en la categoría de lo repetitivo. Además, el lugar común de que a cierta edad conviene retirarse actuaba como una losa durante la redacción de ‘Libro de la confusión’, hasta el punto de que me molestaba componer un nuevo poema, pensaba que debía actuar al dictado del sentido común, era hora de cerrar. Luego, al poco tiempo de finalizar, tuve unos días de intensa fiebre creadora, lo que me sorprendió, pero al analizar el fenómeno comprendí que se trataba de los estertores que anuncian la muerte, no sé si de la muerte creativa o de la muerte en sentido más amplio.         

Francisco Ferrer Lerín.
Francisco Ferrer Lerín, raro, talentoso y desconcertante.Rafael Gobantes

 Asegura que el libro quizá tenga un tono balbuciente, de búsqueda… ¿En qué cree que ha cambiado o evolucionado con respeto a ‘Fámulo’ o ‘Hiela sangre’, sus anteriores poemarios en Tusquets?

El tono balbuciente lo percibo en el bloque de textos surgidos tras la escritura de ‘Libro de la confusión’, son textos de carácter juvenil, inexpertos, necesitados de una mano correctora. ‘Hiela sangre’ y buena parte de ‘Fámulo’ son libros experimentales, proyectados en una época en que mi estro poético refulgía como los ojos del quebrantahuesos. ‘Libro de la confusión’ es el resultado de un gigantesco esfuerzo por retener el poso de una vidadedicada a la poesía, y los poemas escritos tras este último poemario me trasladan a los orígenes, a finales de los años cincuenta en que daba rienda suelta a las palabras desordenadas que brotaban como fruto de un ruido en la cabeza, de la influencia de algunos autores recién descubiertos y del inmejorable estado de salud que procuran la infancia y la  adolescencia.    

No deja de escribir nunca: ni tus microrrelatos, ni tus bestiarios, ni tus diccionarios o ensayos lingüísticos… ¿Qué ha pasado en estos seis años? ¿Cómo evoluciona un libro de poesía, cómo crece, qué recoge y qué deja fuera?

Queda claro que todo es intercambiable. Cuando escribo un texto no tiene destino definido, puede servir como poesía, como prosa e incluso como pía hoja parroquial. Una de las secciones de Libro de la confusión tiene por título "Cuatro prosas y un informe", y estamos hablando de un poemario. Quiero decir que no sólo el solapamiento de géneros es un hecho comprobado en mi obra sino que dicho solapamiento ya no es tal dada la indiferenciación entre unos y otros géneros.  

Cabría decir que el gran tema del libro, sobre todo en el epígrafe de ‘Libro de la confusión’ es la muerte. Hay varios poemas… ¿Se impuso el tema, es una preocupación que acecha, ha querido despejar sombras, abrirse paso con la palabra en esa hojarasca de incertidumbre que es el paso del tiempo?

La muerte siempre nos acecha, pero en mi caso me acechan más los prolegómenos de la misma y, en especial, las situaciones y los comparsas que enmarcan y condicionan la agonía. Es lógico que estas realidades tengan un cauce sólido y que configuren un libro con vocación terminal.  

¿De qué y de quién estaría más cerca del surrealismo o de Lautréamont?

El surrealismo, en las artes plásticas, me cautivó en la juventud. El surrealismo literario siempre me pareció un mero divertimento; pese a algunas tentativas no caló en mi manera de ver las cosas. Hoy, de las proclamas y manifiestos de la época sólo me interesa la fisicidad de sus recipientes, las primeras ediciones, los libros, algunos de ellos tontamente no adquiridos en un viaje a Bucarest, a primeros de los setenta, cuando aún era posible hacerse con prodigiosos botines a precios de saldo. Lautréamont es un castillo de fuegos artificiales; como tantos líderes de la creación de esa época, cuenta más su nombre, su biografía, que su producción literaria que, pocas veces, es leída y apreciada en su totalidad; en mi caso poseo las obras completas publicadas en París, en 1973, por José Corti, en un ejemplar intonso, y ahí sigue, en ese estado. A Lautréamont lo ingiero mediante la capilaridad, sé que hay algo ahí, de lo que los hiperbólicos hablan bien, pero temo que esté sobredimensionado, prefiero no certificarlo.       

¿Nacen sus imágenes del extrañamiento, del culturalismo, de unas claves casi herméticas o de tu intuición? Casi siempre sorprende al lector.

Vaya, “casi siempre", qué fracaso, esperaba sorprender al lector permanentemente. Bromas aparte diré que mis imágenes surgen casi siempre del poder del lenguaje, de los sintagmas escritos o pronunciados, a menudo sin intencionalidad literaria, que capturo en la calle y en los libros. Son enunciados que a mí sí me sorprenden y que tengo la obligación, si no moral al menos ética, de preservar; otra cosa es la fortuna en su nueva contextualización, por lo que opto, cada vez más, por dejarlos tal como están en su emisión original, tiendo al plagio como mecanismo seguro de éxito: si hay algo no mejorable, preservémoslo, recojámoslo y mostrémoslo combinado con alguna ligera aportación propia.    

Hay en usted una imaginación que se atreve con la crueldad, con la crudeza. ¿Por qué?

Con la crudeza, que no es más que la realidad inalterada, sí, con la crueldad no, que en mis libros no hay nunca complacencia en el mal, el sadismo es una muestra palmaria del despilfarro energético.

¿Tiene Paco Ferrer Lerín una voluntad explícita de provocar, de epatar? ¿Es para usted el mundo un lugar inhóspito?

Es obvia mi dificultad, creciente, para estar en el mundo, dificultad para permanecer dentro del sistema, ese sistema que propugna repetir hasta el desfallecimiento determinados postulados, repetir secuencias, intrincadas selvas de actitudes y lugares comunes. Procuro escapar de las tertulias, de las conversaciones de sobremesa, deseando acudir, desesperado, a ese rincón de mi estudio donde profiero singulares alaridos y ensayo nuevas contorsiones del cuerpo y el lenguaje.   

 Aparecen muchas cosas de su vida, reales y transfiguradas, y sin embargo están desdibujadas, no es fácil ver o intuir qué sucedió. ¿Por qué usa ese distanciamiento o incluso enmascaramiento?

Cuando se publicó la hagiografía ‘Familias como la mía’ ya señalé que se trataba de una recopilación de hechos alejados de la ficción, pero hasta donde lo permitían las ordenanzas, no fuera a ingresar prematuramente en presidio. Ahora, enredado en la confección de ‘Vórtex’, un viejo proyecto que espero culminar algún día, me encuentro con que el componente biográfico resulta obligatoriamente magro, desde la terminación de ‘Familias como la mía’ no me han sucedido suficientes aventuras y lo que quedó en el tintero no es susceptible, como ya he señalado antes, de utilización; tendré que tergiversar, casi fabular. 

Me ha dado la sensación de que el erotismo -presente, sin duda, pero menos vitalista, más sombrío-, ha sido aquí vencido por la muerte.

Francisco Ferrer Lerín.
Francisco Ferrer Lerín posee una imaginación muy peculiar e irreductible.Vicente Almazán.

Al llegar a Jaca, en 1968, yo era un joven impetuoso que combinaba el trabajo de campo, para una respetable institución, con la relación entusiasta con los miembros más conspicuos de la sociedad civil y militar. En uno de esos intercambios me llamó la atención el comentario de un bregado taxista local, hombre conocedor de los arcanos de la vida, que rezaba así: "ya no me interesan las titis, te las regalo, prefiero un par de huevos fritos con chistorra".      

En los agradecimientos, entre otros, recuerda a Alberto Moravia y a Henry Miller. ¿Qué leS debe, cómo lo han marcado?

Moravia y Henry Miller intervinieron directamente en la configuración de mi universo literario. Moravia con ‘Agostino’, descripción del despertar sexual de un joven burgués, ‘La romana’, que convierte a una prostituta en protagonista, y ‘El conformista’, en especial la transcripción cinematográfica a cargo de Bertolucci de la atmósfera mussoliniana; las tres novelas contribuyeron eficazmente a la construcción de mi sexualidad y, en el caso de Mussolini,  al redondeo del conjunto de referentes aportados por mi madre, que vivió en esos años en Génova. Y en cuanto a Henry Miller, traducido brillantemente en Argentina, marcó mis comienzos como prosista; sin embargo, lo más notable de mi relación con este autor fue el ejemplar de ‘Trópico de Capricornio’, algo magullado, hay que decirlo, procedente del infierno de la librería Argos del barcelonés Paseo de Gracia, que tuve permanentemente prestado, a novísimos y protonovísimos, como guía argumental masturbatoria, gracias a las oportunas anotaciones en las guardas sobre las páginas de contenidos más elocuentes.  

-Cita a Seferis. ¿Quiénes son los poetas de hoy o de ayer que aún Le siguen conmoviendo? 

Seferis es un guiño al pasado, una precisión cronológica, hoy ya casi nadie lo lee y, me atrevería a asegurar, casi nadie lo recuerda. A la lista de poetas que me conmovieron –Saint John Perse, Rimbaud, Eliot, Góngora, Pound- añadiría a Sharon Olds, Gamoneda y Claudio Rodríguez, autor cuya revisión me está resultando especialmente grata. 

Ya no es un poeta desconocido, aunque sí con aureola mítica. ¿Eso Le favorece, Le perjudica, Le inquieta, condiciona Su poesía?

“Ferrer Lerín es un conocido autor perteneciente al subgrupo de los escritores desconocidos” y “Ferrer Lerín es una celebridad subterránea” son dos aseveraciones, publicadas en los medios, que me permiten esbozar una sonrisa en estos días veraniegos de cólera. Sin embargo, esa “aureola mítica”, el peso abrumador de la biografía, no sólo distorsionan la valoración crítica de mi escritura sino que procuran excesivas dosis de tedio, no sólo a mí, sino a mis lectores. ¿Condiciona mi poesía?, en absoluto, y, ahora, llegado a este punto, tendría que preguntarme, una vez más, por qué escribo y, sobre todo, para quién escribo, y ahí, en el ejercicio de la sinceridad, responder que no lo sé, pero que no puedo dejar de intentarlo.  

Acabo con la pregunta casi escolar… ¿Qué es para usted la poesía, qué le da, qué le pide, y qué quiere darle usted todo el tiempo?

La poesía es, para mí, una reescritura. Una reescritura de lo normal, de la normalidad, ese estado carente de imaginación, de creatividad. La poesía es una reescritura de la estética imperante. La poesía es una reescritura del orden. Quizá la poesía podría definirse como eso, como una alteración del orden, o quizá, mejor, como una exaltación del ritmo, del ritmo responsable del fogonazo poético, de la transformación del significado y del comportamiento de las palabras.

POEMA

'Libro de la confusión'

Yo era así

sincero

gozaba de gran popularidad entre las chicas del barrio

comía dátiles en Cuaresma

conversaba con una paralítica anónima en la fuente de Barrancofondo

y reescribía el epitafio de Rufino

aquel que fuera

abatido por ladrones.

Ahora rezo mucho

prospero en la oración

visito en verano extensos pantanales

buscando incasable la fuente

la perla de gran precio que me ayude a concluir

Libro de la confusión

para el que ya dispongo

de dos inicios

‘Edith lo ama (luego volveremos a ello)’

y ‘Muchas aves hay allí’.

Un protagonista

pérfido vástago

hijo del rayo de la guerra

compadre de Tumbalobos, Culocontento, Moniche y Tío Momo

describe el animal llamado “Gran Bestia”

superior al perro de arbusto

pero tengo miedo

no sea que las palabras de Sócrates de Atenas

‘nada extravagante perdura’

caigan sobre mí como losa férrea.

Quizá el éxito

venga de la mano

de Susan Trombino

de sintagmas como

‘Tere, la cuñada, nunca fríe de noche’

habituales hallazgos de la vida diaria.

Qué angustia no dar con la clave

no hallar el camino

el desarrollo fácil de conceptos como “Besos humanos”

o “Razón y combate”

que me abran las puertas del cielo

que hagan buena la expresión coloquial

“Deo volente

será un gran libro”. 

 

17/09/2019 05:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EVOCACIÓN Y OBRA DE RAMÓN J. SENDER

Eloy Fernández Clemente recuerda la vida, la obra y los avatares de un gran narrador, Ramón José Sender.

 

https://derehistoriographica.wordpress.com/2019/08/31/ante-sender-lecturas-escritos-ideas/

02/09/2019 08:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON EL PINTOR SEVERINO DE LLANZA

Severino de Llanza: “Lo único que cambia

en la historia de la humanidad es la tecnología”

 

 

Fue una hace una década, en 2009, cuando Severino de Llanza (Borja, 1964) expuso por última vez en Zaragoza. En la galería que le lleva, A del Arte. Ahora presenta un nuevo proyecto: ‘Unidad en ella’, una colección de 62 cuadros de puntas de plata, una técnica antigua y sutil que emplearon artistas tan distintos como Leonardo Da Vinci o Durero.

-Entonces, en 2009, ‘El eco de los sueños’, era pintura. Ahora apuesta decididamente por esta técnica delicada…

-Esa sería la palabra: delicada. Y laboriosa. A del Arte es la galería que me lleva mi obra y es quien pone en el mercado mi trabajo. Hablamos con Montse Navarro de la idea de hacer una exposición solo de puntas de planta. He trabajado durante cuatro años, muy centrado.

-¿Qué le da esta técnica?

-Me siento cómodo. Feliz. Me pasa como con el grabado: me engancha, y es como si tuviera mono. La punta de plata es como si estuviera viva. En la muestra veo las piezas de hace cuatro años y las de hoy, o del año pasado, y veo una evolución. La punta en contacto con el aire se va oxidando, y la de 2016 o 2017 adquiere un tono más aterciopelado, color tabaco o sepia.

Dicen que es una técnica exigente…

Sí, claro. Pide técnica, paciencia, búsqueda de la belleza, obsesión por los detalles y las líneas. Y de todo ello surge una de sus virtudes: la delicadeza.

Todas sus obras son mujeres. ¿Hay alguna razón?

No sabría decirle. Me gusta la mujer, me interesa su mundo, su misterio, su hermosura. Me siento más cómodo pintando mujeres. El universo femenino está para mí, entre otras cosas, conectado con la búsqueda de la belleza y es una forma de conocimiento. Quizá debiera someterme al psicoanálisis para responder a la pregunta.

¿Es usted surrealista, metafísico, mira hacia el renacimiento e incluso el gótico?

El movimiento al que me siento más próximo es a los prerrafaelitas, con Rossetti a la cabeza, pero también me interesan Vermeer, al que hecho homenajes, Caravaggio, Piero della Francesca o Mantegna, entre otros.

Bueno, y le interesa el futurismo, la robótica.

-Desde luego. Varias de mis obras se llaman ‘Robótica’, y creo que tiene su sentido. Para mí lo único que cambia en la historia de la humanidad, no son las pasiones, las quimeras, las aventuras, las guerras, la creación, sino que es la tecnología. Y me gusta que todo eso se perciba de formas muy distintas en mi obra.

Había pensado que era un usted un hombre nostálgico...

Me interesan mucho los problemas sociales, la crisis económica, la injusticia, y todo eso está en mi obra. Con mis mujeres. Hay un cuadro, ‘La mujer del cambista’, que alude a una obra clásica, pero también al paisaje que yo veo desde la ventana de mi taller: se ve una grúa, un edificio interrumpido, la soledad y el abandono que sobrevino a la crisis. Un drama que os afecta a todos. Y eso pasa en otras obras.

¿Qué le da el Moncayo?

Mucho. Siempre está ahí. Me dice muchas cosas: es Bécquer, es naturaleza, me interno por el Bosque de las Hayas, camino, pienso, evoco su mundo de cuentos y de gnomos, me relajo, y luego todo ello aparece en mi obra, donde hay mujeres sí, idealizadas o reales, pero también naturaleza, arquitectura, ecos de lo invisible.

Por cierto, ¿por qué son tan impactantes los ojos de sus mujeres?

Quizá porque quiero que cuando el público entre en mis exposiciones sienta que mis criaturas le miran a los ojos y que le devuelven su mirada.

 

19/07/2019 05:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON RAFEL NADAL

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Rafel Nadal, periodista y escritor ampliamente galardonado, pasó porZargoza para hablar de su novela 'El hijo del italiano' (Planeta), con cuya edición en catalán ganó el Premio Ramon Llull.

¿Quiénes son los Nadal y qué huella han dejado en Gerona?

-Hice un libro sobre eso, ‘Cuando éramos felices’. Los Nadal somos una familia numerosa de entrada, doce hermanos, con lo cual hay de todo y por tanto cubren muchas cosas en la ciudad durante mucho tiempo. De ahí ha surgido eso del ‘poder Nadal’ en Gerona, que creo que es leyenda. Sí es cierto que hay una persona concreta, que es Joaquim, que fue alcalde durante más más de 20,  y luego fue candidato del PSC a la Generalitat y luego consejero de Obras Públicas, pero ser alcalde en los primeros años de la transición, que estaba todo por hacer, sin duda marca la ciudad.

¿Y su hermano, el rector?

Josep Maria. Pep. Es filólogo y un entusiasta, lo mismo puede estar dinamizando la universidad, desde su nacimiento, que montando relaciones con universidades extranjeras, escribiendo libros y artículos, dando conferencias, que montando tertulias y de todo. Es un hiperactivo tierno. Todos los profesores de la Universidad de Gerona deben tener confituras y mermeladas preparadas por mi hermano, y cada verano reciben tomates y berenjenas de su huerto…

-¿Cómo es Rafel?

Yo como soy el sexto y estoy en la mitad, soy un puro observador de la familia y por ende de la posguerra tardía. Nací en 1954, no nací en la posguerra más dura, y soy observador d esta posguerra de una ciudad de provincias,  y de una clase social que es la pequeña burguesía que crece muy en contacto con las bases populares.

-Usted es un escritor conocido, consagrado, premiado. ¿Qué le caracterizaría a usted como escritor? ¿Cuál cree que sería la clave de su mirada?

-Creo que tengo una mirada muy detallista, de imágenes, cinematográfica, estoy marcado por la literatura francesa y también por la italiana, pero también el cine. Intento transmitir de una manera muy detallada las imágenes y escenas que intento describir… Y después estoy muy en contra del tópico de que lo local es lo más global.

El portugués Miguel Torga dijo aquello de que “lo universal es lo local sin paredes”.

-Sí, totalmente. Creo muy poco en esta voluntad de hacer cosmopolitismo porque no hay cosa más cosmopolita que mimar lo que tú dominas. Y transmitirlo con profundidad y con detalle. Y luego están las pasiones y emociones, que son universales. Amor, odio, abuso y rebelión contra el abuso.

¿Qué le debe el escritor Rafel Nadal al periodista, que dirigió ‘El Periódico de Cataluña’ y que es columnista de ‘La Vanguardia’?

-Yo le diría que dos cosas: una cierta capacidad para escoger buenas historias, para detectarlas, y una cierta técnica para documentar las historias, e incluso acercarme a personajes reales en los casos en ‘El hijo del italiano’. Creo que tengo la capacidad de acercarme con paciencia, de observar. He estado 40 años haciendo periodismo directo, me ha tocado cubrir desgracias, catástrofes naturales, incendios, inundaciones con muertos, atentados terroristas. Y al final aprendes que no es nada eficaz transmitir el morbo porque no cuentas nada.

-¿Entonces?

Si tú eres capaz de escribir alejado del dolor, observándolo, yendo a fuentes un poco más indirectas, que conocen bien la situación pero que no están partidas por el dolor, al final acabaras teniendo una información de contexto que es la que los periodistas tenemos que darle a la gente. El periodismo enseña a acercarte con lentitud, a tener paciencia, a saber escuchar… En ‘El hijo del italiano’ he deducido más cosas con el silencio del personaje que con sus palabras.

¿De quien hablamos de Mateu o de su padre Ciro? Parece hable reescrito ‘La odisea’ de Virgilio.

De Mateu, el protagonista, que busca su rostro, busca su identidad. En realidad, yo digo que hay dos odiseas en ‘El hijo del italiano’: la de Ulises, que son los marineros italianos que intentan regresar a casa, y pasan todo un año para poder volver, primero en Mallorca y luego en Caldas, y la odisea de Telémaco que busca a su padre…

Bueno, ya que nos lo brinda así, está Joana, la madre, Penélope…

Yo creo que Joana, que es una perdedora de la guerra, no por motivos ideológicos, sino de clase porque es una miserable, y en aquella época los miserables no dejaban atrás la miseria hasta la siguiente generación, y es una perdedora de género porque está casada con un hombre que le pega, y en 1944 no se podía ni soñar con rebelarse, no. Pero con su aventura con Ciro, que es una historia de amor, de necesidad, de compañía, y que tiene un punto de utilidad, ya descubre que hay gente distinta, que la respeta, que le cuenta historias, que le enseña otro mundo y que ella habría podido ser distinta si hubiera vivido en otras circunstancias.

¿Cómo le llegó la historia, el relato del acorazado Roma, destruido por Hitler, y ese exilio de los italianos en medio de la Guerra en Mallorca y luego en Caldas?

En un club de lectura sobre un libro anterior: ‘La maldición de los Palmisano’. Al final, se levantó un hombre, se me acercó y me dijo: “¿Te gustaría que te contase la historia de mil marineros italianos que se refugiaron en Caldas en plena Segunda Guerra Mundial? Yo no entendía nada porque conozco bien la zona y no había oído hablar de eso. Le dije que contara, a los cinco minutos me había enamorado de la historia, quedé para comer con él al día siguiente

-¿Cree que la Guerra Civil también nos dejó otra herida: la de los sentimientos, la alegría sexual inesperada…?

Primero le diría que en cada pueblo y en cada familia, hay una novela llena de hijos secretos que se taparon, y que ahora muchos nietos están recuperando, los pocos que están recuperando su memoria.  Hace unos días me llamaba una librera de Mallorca para decirme que había encontrado un hijo de un italiano de los que fueron a parar a la isla. Y hasta mi ha primera novia formal, de los 17 a los 22, ella se casó e integró la colonia italiana de Gerona, me escribió y me dijo: “Has escrito la historia de los italianos en Caldas. Y esta historia te tocó de jovencito y ni te enteraste. Esa también es mi historia”. La realidad casi siempre es más inverosímil e imaginativa que la ficción…

-Aquí hay un libro la mirada tan amarga sobre la miseria, la posguerra…

-La posguerra fue mucho más grave de lo que hemos contado, de los que nos hemos contado los unos y los otros, porque había el dolor material, la miseria, pero había también la arbitrariedad, el abuso de los vencedores.  Parte del dolor de la posguerra es que era en color. Había familias que vivían en blanco y negro, pero veían a través de la ventana que el mundo era en color. Y ellos no podían acceder a él.

-.¿Tiene la sensación de que estamos volviendo a eso a la precarización y a una actitud frívola de la política?

La izquierda no se da cuenta y está haciendo más caridad que política. Hoy en día en un parlamento como el nuestro no aprobaría ni la Seguridad Social, ni el subsidio de desempleo ni las pensiones.

 

Versión corta aparecida en Heraldo.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/07/06/rafel-nadal-no-es-eficaz-transmitir-el-morbo-porque-no-cuentas-nada-1324002.html

09/07/2019 06:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ DANIEL ESPEJO, PREMIO JUAN REJANO

JOSÉ DANIEL ESPEJO, CON SU LIBRO LOS LAGOS DE NORTEAMÉRICA, OBTIENE EL I PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA FUNDACIÓN JUAN REJANO-PUENTE GENIL. 4 de julio 2019: Esta mañana a las 11 h, el alcalde de Puente Genil Esteban Morales Sánchez y Antonio Roa Amador han dado a conocer en rueda de prensa el nombre del ganador. Esta fecha conmemora el 43 aniversario del fallecimiento del escritor pontanés miembro de la Generación del 27 Juan Rejano. El día 10 de junio a las 22:30 h un jurado presidido por Juan de Dios García y compuesto por Manuel Borrás en representación de la editorial Pre-Textos, Concha García, Guillermo Busutil, Cecilia Quílez, y actuando en nombre de la organización, sin voto, Antonio Roa Amador, declaró ganador por unanimidad en la segunda votación el libro presentado con el título Los lagos de Norteamérica, del que resultaría ser autor José Daniel Espejo. El jurado destaca que Los lagos de Norteamérica es un libro definido por la sinceridad de una voz propia que registra la vida como literatura desde el desgarro y la belleza del realismo de lo cotidiano. Sin artificios, con coraje, el autor construye un relato poético de la supervivencia, el diálogo desnudo con las exigencias del dolor y el compromiso con un amor que se hiere, que tiembla, que resiste y se crece en un enorme ejercicio de entrega y sacrificio. Al premio se presentaron un total de novecientas tres obras –dos recibidas fuera de plazo– de las que treinta y ocho fueron descalificadas por incumplir alguna de las bases. Un comité de lectura compuesto por los poetas Inés Ramón, Lola Nieto y Alejandro Céspedes, tras leer las 865 obras admitidas al I Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil, seleccionó los 13 libros sobre los que el jurado deliberó en la fase final. Tanto la comisión lectora como el jurado del premio destacaron la altísima participación y el gran nivel de calidad de los libros finalistas. Esta primera convocatoria del Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil ha contado con el apoyo firme del Ayuntamiento de Puente Genil, donde su alcalde es un ferviente enamorado de la poesía, La Fundación Juan Rejano, La Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba y, sobre todo, del generoso esfuerzo de Antonio Roa Amador, presidente de la Asociación Cultural Poética – entidad organizadora del premio que lleva a cabo una inagotable programación durante todo el año– y que junto al poeta Alejandro Céspedes se hizo cargo de la coordinación de premio. El Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil, creado con una inequívoca voluntad de limpieza, imparcialidad, transparencia, paridad de género en la composición de los miembros del jurado y enorme diversidad estética de sus componentes, ha obtenido un incontestable aceptación del mundo literario como demuestra el altísimo número de obras presentadas, convirtiéndolo desde su nacimiento en uno de los premios con más participación de los existentes en España. Hay que destacar la numerosa presencia de poetas hispanoamericanos, aspecto que contribuye muy notablemente a la visibilidad de Puente Genil y de su escritor más ilustre: Juan Rejano, poeta, periodista y destacado miembro de la Generación del 27 en el exilio al que este premio rinde homenaje. La ceremonia de entrega del premio, así como la presentación del libro editado por la prestigiosa editorial Pre-Textos, contará con la presencia del autor y tendrá lugar el día 26 de octubre de 2019 durante el VII Encuentro de poesía, música y plástica “Versos en el mapa”, un ambicioso programa de actividades diarias que la Asociación Cultural Poética llevará a cabo del 18 al 26 de octubre. José Daniel Espejo (Orihuela, 1975), ha publicado con anterioridad los poemarios Los placeres de la meteorología (Nausícäa, 2000), Quemando a los idiotas en las plazas (Editum, 2001), Música para ascensores (Tres Fronteras, 2007), Mal (Balduque, 2014) e id (Ediciones del 4 de Agosto, 2016). Mantiene un espacio semanal de periodismo social y político en el diario La Opinión de Murcia, y dirige el suplemento literario de la edición regional murciana de eldiario.es.

05/07/2019 23:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL MONCAYO' DE DEL VAL & VIÑUALES

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Eduardo Viñuales Cobos y Roberto del Val publican ’El Moncayo. El paraíso de los naturalistas’ (IFC), donde incluyen textos de mucha gente, dibujos, fotos, testimonios, etc. En el apartado ’Testimonios’, pueden leerse algunos de estos textos. 

Decía Longinos Navás que el Moncayo es un auténtico paraíso para los naturalistas. Cuando los autores de esta guía decidimos trabajar para la Institución Fernando el Católico en la realización de una nueva publicación más sobre la Sierra del Moncayo, sabíamos que todavía quedaban muchas cosas de su paisaje, su fauna y flora, nuevas por contar y por mostrar.

Deseábamos hacer algo distinto a lo ya editado hasta el momento. Más allá de hablar de los sabidos pisos de vegetación o de que la silueta del Moncayo inspiró a Bécquer o Machado, pretendíamos que en esta voluminosa guía natural se hablara de muchos otros aspectos aún poco conocidos y dispersos: que el camino a la cumbre lo trazaron unos astrónomos para observar en 1860 un eclipse en lo más alto, que en estas laderas hay plantas, insectos y una seta que llevan el nombre del Moncayo, que por aquí han pasado viajeros y grandes estudiosos de las Ciencias Naturales -como el propio Navás-, que nuestra montaña pudo ser el tercer Parque Nacional de España, que se han hallado pisadas de dinosaurios y restos fósiles de leopardos que en otro tiempo habitaron sus laderas… Y más, mucho más, porque en este libro hablamos también de rocas muy antiguas, de trilobites y del brillo de los minerales, de frías aguas que hacen un trasvase subterráneo, de hielos glaciares desaparecidos, de nieves y nubes cargadas de humedad, de flores endémicas, de árboles singulares, hayas y robles, de chordones, de setas, de águilas reales, mariposas, murciélagos y lobos, de cuevas y muelas calizas, de los pueblos y su historia… o de carboneo, neveras y viñedos.

Así mismo queríamos mirar con lupa el latido silvestre de cada uno de los ecosistemas, y que este libro rebasara las fronteras impuestas por reyes o seres humanos mirando igualmente a la vertiente de Soria, no sólo a la de Zaragoza. Nuestra intención final era que el libro estuviera ilustrado con bonitas fotografías que hemos ido realizando a lo largo de los últimos años de trabajo y dedicación, contando con el apoyo gráfico de otros fotógrafos que han retratado la vida salvaje de tan maravillosa montaña.

Y, por último, pretendíamos que el libro que tienes en tus manos fuera un compendio donde la Naturaleza del Moncayo fuera la gran protagonista, pero en cuyas páginas colaboraran muchas personas, desde los expertos que mejor conocen sus secretos o la gente del Moncayo, hasta a los niños que lo miran cada mañana al despertarse.

Todos esos empeños ya están materializados en tus manos, amigo lector, y nuestro deseo final ya sólo es uno: que este libro te guste, que lo disfrutes y te ayude a amar con pasión esta montaña viva, el Moncayo.


HEMOS LEÍDO

 “Innumerables son los espectáculos sublimes y de arrobadora belleza que nos ofrece el Moncayo. Unas veces se posa la niebla a nuestras plantas, mientras nos envuelve la luz solar; se la ve subir por las escarpadas vertientes a las que se adhiere caprichosamente para disiparse, como por encanto, al acercarse a nosotros, o juguetear con nuestro cuerpo al que arrebuja o del que se desprende a intervalos; otras, mirando a lo lejos las nubes que se dilatan en el firmamento muéstranse blancas, iluminadas por los rayos del sol, semejando olas espumosas en un océano sin límites”.

 

José María Sanz, El Moncayo, 1935.“La rueda de la estaciones es más perceptible en el Moncayo. Con los chaparrones primaverales los pueblos despiertan del letargo y salen de romería, plantan mayos y comen, beben y cantan al aire libre; al tiempo que el campo, los frutales y los sotos acaparan blancos, rosas, verdes y añiles que inundan la retina. El verano es una granada cosecha de siestas en zaguanes de la infancia y jubileos en bodegas de ultratumba. La alegre vendimia reina en el otoño y el rebollón en el pinar, cuando la apoteosis del oro viejo se adueña de los sotos del Huecha para anunciar con trazos violetas la aparición del invierno al calor de la lumbre, el trasiego del oro líquido en el trujal y la exaltación del buda porcino”.

 

José Antonio Román, La Montaña marina (Monte Sólo), 2005.“Veruela es un milagro en piedra. Centro y albergue de cultura medieval, símbolo y documento esencial de uno de los más importantes movimientos del arte universal. El monasterio constituye un bello y artístico cenobio. Es un museo de arte. Veruela es la gran fundación aragonesa, albergue del romanticismo artístico y literario, de las leyendas del Moncayo que zumban sobre la vegetación y los riscos de sus aledaños y correntías: romanticismo exprimido por Bécquer en su celda monacal junto a la Cruz negra que también cantaran otros soñadores”.

 

Emilio Poyo, Moncayo de Aragón y Castilla, 1962.“Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu de su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre”.

 

Gustavo Adolfo Bécquer, Los ojos verdes, Rimas y leyendas.

Cuando anochezca en mí como un día cualquiera, acércame a Trasmoz para ver el Moncayo bajo el bosque de estrellas.

Quiero sentir muy dentro los chopos vigilantes del último crepúsculo, el aire transparente, la grama en los caminos, los tormos en los surcos, el olor de la alfalfa, el trigo entre los ruejos.

Llévame de tu brazo a oír trotar el cierzo, balar a las ovejas; contemplar bajo el cielo las nubes pasear o la geometría del vuelo de las aves y de los aviones, sus gentes tan sencillas, los huertos despegados como un museo abierto, la rudeza elegante del castillo, la iglesia con sus piedras dormidas, La Casa del Poeta y el sobrio cementerio que en silencio me espera”.

 

Ángel Guinda, poesía Trasmoz.“He visitado el tan renombrado valle de Ordesa, declarado ya Parque Nacional, y también Covadonga; y sin quitar nada de los encantos de estos dos parques nacionales de primera fila, en la parte científica tengo por muy superior al Moncayo”.

 

Longinos Navás, Informe “El Moncayo, Parque Nacional”, 1926.

Hacía mucho tiempo que deseaba ascender al Moncayo; desde el día en que, en momentos de atmósfera muy clara, lo había entrevisto desde uno de los picos del Pirineo, a más de 170 kilómetros, y me quedé impresionado por la majestad de su imponente macizo. Cuando pude verlo de nuevo, en mejores condiciones climatéricas, le dirigí, con un amistoso saludo, el deseo de conocerle de cerca. Este deseo iba a realizarse ahora”.

 

Aymar d’Arlot, conde de Saint Saud, 1891



· Carta para Aitana, sobre el Moncayo soriano.

Carmelo Romero Salvador, originario de Pozalmuro y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

 

Habrás de saber, Aitana, que tu abuelo nació mirando al Moncayo. Y que ello, claro está, le ha marcado. Al fin y al cabo, estamos hechos de naturaleza y de paisajes y ninguno deja más huella que aquellos que vimos y asumimos como nuestros en la infancia.

Contemplada desde la orilla soriana –mi orilla de nacimiento, Aitana- la mole del Moncayo, como escribía Antonio Machado, varía y entremezcla, según los días y según las luces, el blanco y el rosa, el azul, el gris y el verde. Pero siempre, siempre –con cualquier color de su arco iris-, es tan hermosa como altiva.

Comprobarás, Aitana –porque estoy seguro de que muchas veces clavarás tu vista y pondrás tus pies en el Moncayo-, que su cumbre acostumbra a estar cubierta, incluso con cielos despejados y claros, por alguna nube. Es, como decían los ancianos de mi pueblo, la particular “boina” del Moncayo. Y comprobarás también, Aitana, si sabes mirar no solo con los ojos de la cara, sino con los ojos del alma, que el Moncayo es un hilo umbilical entre el Aragón donde naciste y la Castilla de la que proceden tus padres y todos tus abuelos.

Hay llanuras, Aitana, que separan a los pueblos y a sus gentes, y hay montañas que los unen, porque no es la geografía la que determina las relaciones entre los seres humanos, sino la voluntad de éstos. Afortunadamente el Moncayo es, desde hace mucho tiempo, una prueba de ello. Quizás, por encima de cualquier cuestión, esa sea la principal lección, Aitana, que debemos extraer, preservar y cultivar quienes nacieron mirando al Moncayo desde la linde aragonesa y quienes lo hicimos, como te decía, desde la tierra castellana.

 

 

*La fofo es de Eduardo Viñuales.

27/06/2019 14:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'TURIA' DEDICA UN MONOGRÁFICO A JAVIER TOMEO

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 JAVIER TOMEO, EL KAFKA ARAGONÉS, PROTAGONIZA “TURIA”

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS, MARTA SANZ, BERTA VIAS MAHOU Y CARLOS CASTÁN

                                                                                           

CARME RIERA PRESENTA HOY “TURIA” EN HUESCA

 

 

El escritor Javier Tomeo, considerado por muchos como una suerte de Kafka aragonés, es el principal protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Cuando apenas han transcurrido seis años de su muerte, Tomeo es objeto de análisis y reivindicación por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que gozó también de éxito notable no sólo en España sino, especialmente, en  Francia y Alemania. Un homenaje colectivo que, a través de textos inéditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos de distintos países y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras españolas.

 

El nuevo número de TURIA será presentado hoy en Huesca, a las 20 horas y en el salón de actos de la Diputación de Huesca. La tarea corresponderá a Carme Riera, escritora, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputación de Huesca ha apoyado económicamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable.

 

TURIA pretende descubrir a los lectores el interés del universo literario de Javier Tomeo.  Y es que, según declara su editor Jorge Herralde en la revista; “Sólo un alien como él pudo escribir inolvidables obras maestras”. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extrañeza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus más celebrados títulos fue Amado monstruo, que obtuvo una clara repercusión internacional. 

 

El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y crítico Ramón Acín, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su artículo introductorio subraya la condición de Tomeo como corredor de fondo de la literatura española contemporánea y subraya que su mundo literario es el de un autor  “outsider, marginal, extraño, raro, insólito o inclasificable”.

 

Las casi 150 páginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximación a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monográfico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros países así como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.  

 

UN ESPECTACULAR SUMARIO REPLETO DE TEXTOS INÉDITOS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Javier Tomeo, el nuevo número de TURIA brinda un espectacular sumario repleto de lecturas y autores de interés. Así, las páginas páginas de la revista se enriquecen con textos originales protagonizados por importantes autores internacionales. Entre ellos destaca la presencia, por primera vez en español, de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días.

 

También TURIA ofrece a los lectores amplios e interesantes artículos inéditos sobre dos destacadas escritoras contemporáneas: la británica Doris Lessing, premio Nobel de Literatura en 2007, de la que se cumple este año el centenario de su nacimiento, y la francesa Fred Vargas, indiscutible reina europea de la novela negra y galardonada el pasado año con el Premio Princesa de Asturias.

 

La mejor narrativa española también está presente en las páginas de TURIA con nuevos textos de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán.

 

No hay que olvidar que TURIA ofrece a los lectores poemas inéditos de Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Juan Marqués, David Mayor y Begoña Ugalde Pascual, entre otros.

 

Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos de los autores más valiosos y singulares del panorama literario europeo: Gonçalo M. Tavares y Francisco Ferrer Lerín. Con Tavares, que es el autor portugués más internacional con 39 libros traducidos en 50 países, conversamos sobre la importancia que damos al presente o  nuestra relación con la tecnología, o sobre la incomunicación cultural existente entre España y Portugal. Exploramos también su interés por Europa y su fascinación por Japón.  Además, en la entrevista se analiza la evolución de la sociedad actual, la lucha por la igualdad de las mujeres, la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis económica.

 

Francisco Ferrer Lerín combina la literatura con la ornitología, que ha ejercido durante décadas en el Pirineo aragonés. En la entrevista se repasan distintos episodios insólitos de su  vida y es que, por ejemplo, durante treinta y tres años no escribió nada pero desarrolló actividades que le suministrarían abundante material cuando retornó al mundo literario. También se conversa en torno a cuestiones como la vanidad, la supervivencia o el oficio de escribir y, en todos los casos, Ferrer Lerín siempre brinda las opiniones contundentes de quien ha conseguido hacer de su vida una obra de arte.

 

Las ilustraciones de este nuevo número de TURIA han sido realizadas por el Estudio Brosmind, integrado por los hermanos Juan y Alejandro Mingarro. Dos oscenses radicados en Barcelona que, en pocos años, han convertido su estudio creativo en uno de los más solicitados y premiados a nivel internacional, sobre todo en el ámbito de la publicidad.

 

TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 años de trayectoria, en una de las revistas culturales de referencia en español. Tiene difusión nacional e internacional por suscripción y una edición en papel y otra  digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este nuevo número ha contado con el apoyo económico de la Diputación de Huesca.

 

CONOCER A FONDO A JAVIER TOMEO Y SU OBRA 

 

Una aproximación plural, rigurosa y necesaria a Javier Tomeo es la propuesta central que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Las 150 páginas que TURIA dedica a Tomeo puede decirse que constituyen uno de los más completos análisis que sobre su trayectoria y su obra literaria se han publicado nunca.

 

Ramón Acín, uno de sus principales estudiosos y que ha coordinado el monográfico de TURIA, escribe que Tomeo fue “un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente  e  intranquilizador,  divertido  y  trágico...  La  extrañeza,  lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y demás aspectos practicados por él, en cohabitación con varios elementos más, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risueña. Sin duda, por todo ello, el monstruo Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, además de servir a la vez como textos teatrales”.

 

Antón Castro, en su artículo “El lugar de un escritor distinto y solitario”, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo “ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepción caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficción y de sus fábulas morales”.

Además de los ya citados, en el monográfico que la revista dedica a Tomeo, escriben  textos inéditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (“Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo”) o la profesora francesa Sylvie Fournié-Chaboche,  autora  de  una  tesis  doctoral  sobre  el  autor  aragonés.  También  ha dedicado una tesis al libro “Amado monstruo” de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco González García, que estudia ahora su relación con el teatro.

 

Otros artículos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (“Los contornos del monstruo”), Agustín Faro Forteza (“Tomeo y el cine: un encuentro puntual”), Antonio Pérez Lasheras y María Pérez Heredia (“Aragón en Tomeo, Tomeo y Aragón”), Fernando Valls (“Monstruos y prodigios: imágenes de Javier Tomeo”), Daniel Gascón (“Javier Tomeo: una grieta en la realidad”), Mariano Gistaín (“La Cobertera de Quicena”) y Ángel Rodríguez Abad (“Lúdico, lateral, lírico: Tomeo”).

 

Uno de los testimonios más relevantes que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que publicó en Anagrama buena parte de los títulos elaborados por Tomeo y que asegura que el impacto de las dos primeras novelas (El castillo de la carta cifrada y Amado monstruo)  fue muy fuerte, quizá, aparte de su gran calidad,  por la sorpresa de un tipo de literatura que no tenía nada que ver con lo que se hacía en España ni en ningún otro lugar.  Ya tenía entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matarían por Javier Tomeo”.

 

No faltan artículos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (“Tomeo, raro entre los raros”) y Juan Casamayor (“Editar a un clásico”). Y en el capítulo de testimonios destacan los de amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (“Tomeo y yo fuimos napoleónicos por derecho propio”), Luis Alegre (“Planeta Tomeo”) o Joan de Sagarra. 

 

Por último, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista “Camp de l’Arpa” (“El  prelado acuático y otras pequeñas historias”).  Cierra el monográfico una pormenorizada y útil biocronología elaborada por Pablo Pérez Rubio.

 

DORIS LESSING, FRED VARGAS Y VICENTE GAOS 

 

La escritora Carme Riera, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, es la autora del artículo inédito sobre Doris Lessing que abre el sumario del nuevo número de la revista TURIA. Lessing, que obtuvo en 2007 el Premio Nobel de Literatura y en 2001 el Premio Príncipe de Asturias, fue una escritora muy prolífica, cultivó todos los géneros literarios y su producción la integran más de setenta títulos. Según Carme Riera, en Lessing “cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora”. 

 

Carlos Zanón, cultivador también del género, es el autor del artículo inédito que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria creativa de la Fred Vargas, considerada como la actual reina de la novela negra europea. Buena prueba de ello es el éxito espectacular que tienen sus libros, así como el reconocimiento crítico que avalan su trabajo con premios como el Princesa de Asturias de las Letras 2018, un galardón que de acuerdo a su legendaria timidez no acudió a recoger.

 

Un merecido rescate y resdescubrimiento es lo que consigue el artículo que TURIA publica sobre el poeta, ensayista y profesor Vicente Gaos. Cuando este año se cumple el centenario de su nacimiento, sobre Gaos escribe Manuel Rico un texto que lo reivindica como una de las figuras de la poesía y la cultura española de la segunda mitad del siglo XX. Un poeta que, en opinión de Dámaso Alonso, fue “agudo, apasionado, pero sobrio, como si supiera que su fuerza está en la lucidez”.

 

La sección que TURIA dedica a los estudios literarios incluye también un artículo de Anna María Iglesia en el que analiza las claves del éxito arrollador de Manuel Vilas con su novela “Ordesa”, que ha conseguido algo tan poco frecuente como la perfecta sintonía entre crítica y público.

 

JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS Y MARTA SANZ

 

Entre  el  buen  surtido  de  lecturas  inéditas  que  ofrece  TURIA  sobresale  una antología de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días. Esta selección de poemas  forma parte de un próximo libro que, editado por Pre-Textos, se titulará “Todo lo que es pensable”. Al fin, el lector español podrá descubrir a una escritora que según su traductor Ronald Brouwer, “posee una voz al margen de cualquier movimiento o corriente literaria, y solamente se la suele comparar, por expresarse en un registro cercano, con Wisława Szymborska”.

 

Además, TURIA da a conocer una selección de textos inéditos de algunos de los mejores autores de momento. Así, la revista narraciones originales de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán. También publican relatos Oscar Sipán y Marta Armingol.

Y además se ofrecen poemas de, entre otros, Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Begoña Ugalde Pascual, Joaquín Sánchez Vallés, Juan Marqués, David Mayor, Angélica Morales, Luz Rodríguez, Francisco Grasa, José Gabarre, Bibiana Collado y Javier Fajarnés Durán.

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura la tercera entrega de la serie de artículos de Jesús Briones sobre el futuro que nos aguarda: “Humanización de la era digital. III. Una ética de las cosas”. 

 

ENTREVISTAS A GONÇALO M. TAVARES Y FRANCISCO FERRER LERÍN 

 

El nuevo número de TURIA ofrece también dos conversaciones exclusivas y de lectura muy provechosa. Las protagonizan dos destacados nombres propios de nuestra actualidad cultural: Gonçalo M. Tavares, el autor portugués más internacional y Francisco Ferrer Lerín, escritor, ornitólogo y uno de los creadores más originales de las letras españolas

La entrevista con Tavares, realizada por Luis Sáez Delgado, va mucho más allá de hablar de sus libros o su trayectoria. El escritor portugués tiene siempre otras preocupaciones sobre las que quiere tratar: del papel de la máquina al mundo de los creyentes,  de la lucha por la igualdad al Holocausto, de la fascinación por Japón o el interés por Europa.

 

Preguntado por un asunto tan central como la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en su obra, Tavares lo tiene claro: “Es importante que el arte y la ficción no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. (…) Encuentro un asunto esencial cómo otorgar un espacio literario o artístico a las minorías, y ahí aparece la pobreza. La gran discriminación es la pobreza"

 

Francisco Ferrer Lerín muestra, en la conversación que mantiene con Fernando del Val, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su método al escribir, declara: “Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. Donde no pasa nada. O sobre una nimiedad. Ahí está el embrujo. Escribir con argumento no tiene mérito. Además, es aburrido de leer y pesado de escribir”. Tambiénasegura Ferrer Lerín que “es mentira aquello de que hay poetas magníficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto”.

 

RECUERDO DE SERGIO ALGORA, MIGUEL DE MOLINOS Y THOMAS MANN 

Entre los contenidos que habitualmente TURIA dedica a los temas y autores vinculados a Aragón, destaca la publicación de un amplio artículo en el que se  rinde homenaje al escritor y músico zaragozano Sergio Algora, fallecido en 2008 y del que este año se el cumple el 50 aniversario de su nacimiento. Además de analizar su trayectoria creativa, TURIA brinda una grata sorpresa a los interesados en la obra de Algora: publica un capítulo de una novela inédita cuya finalización quedó truncada por su repentina muerte

 

Por otro lado, TURIA estudia también la relación entre Miguel de Molinos y Thomas Mann. Y es que la influencia de gran pensador aragonés, muy notable en aquellos países afectados por la reforma luterana, puede detectarse nada menos que en una de las principales obras del autor alemán: “La montaña mágica”, todo un clásico de la literatura universal.

 

Asimismo, TURIA contiene la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

 

*La Foto de Javier Tomeo es de la agencia EFE.

18/06/2019 07:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREGÓN DE IRENE VALLEJO: FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

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La escritora Irene Vallejo fue la pregonera de la Feria del Libro de Zaragoza. Este es su texto.

 

 

Buenas tardes. Bienvenidos todos y cada una.

Feliz feria, autoridades.

Feliz feria, autores, autoras, autónomos, autoeditores, autodidactas, autoestopistas (un poco de todo eso somos las gentes del libro).

Felices quienes estáis aquí porque los libros os llaman con sus voces silenciosas, con su invitación muda, con su bullicio inaudible.

A los libreros, editores, escritores e instituciones que han confiado en mí, quiero expresarles mi asombrada gratitud. Me hace inmensamente feliz pregonar la alegría de esta Fiesta en mi ciudad natal, junto al río Ebro y el río de libros que en estas casetas fluye y corre y serpentea.

El viejo nombre de Cesaraugusta incluye la palabra “gustar”. Zaragoza, la palabra “gozar”. No hace falta decir más: somos la ciudad de los placeres. Y eso incluye el gusto de leer y hacer libros.

Si, como dice el refrán, las palabras se las lleva el viento, aquí tenemos cierzo para todos los relatos del mundo.

Nuestra ciudad ha estado desde siempre en el atlas de las letras viajeras, de los encuentros aventureros, de los mestizajes literarios, de las posibilidades infinitas.

Abrid un antiguo libro y podréis beber vino añejo en la mesa del poeta Marcial, que hace un par de milenios inventó el epigrama junto al Moncayo, y se convirtió sin saberlo en el padre de todos los tuiteros de hoy.

Acompañaréis al viajero egipcio Al-Qalqasandí que describió Zaragoza (o, para ser exactos, Saraqusta) con palabras rebosantes de poesía: “La ciudad parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda –sus jardines– sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos transformándola en un mosaico de piedras preciosas”.

Escucharéis por un momento los versos del rey poeta al-Muqtadir, el Poderoso, constructor de la Aljafería, a la que llamó “Palacio de la Alegría”.

Sentiréis que el suelo zaragozano vibra bajo el galope de los caballeros de la Chanson de Roland y el caballo del Cid. Podréis espiar al Marqués de Santillana, cuando se fijó en una moza atractiva cerca de Trasmoz y quiso camelarla con versos. El poema nos cuenta cómo ella, chica recia, muchos siglos antes del Me Too, le amenazó con una pedrada si se propasaba.

Voces de otros tiempos os hablarán de esta tierra sedienta, tierra de río grande, de frontera, de puentes y pasarelas, de mestizos y traductores. La frontera es el lugar donde se escuchan las voces procedentes del otro lado, donde se forja el entendimiento, donde convive lo extranjero junto a lo propio. Somos el eco del musulmán Avempace; del judío Ibn Paquda –que tituló su libro Los deberes de los corazones–; de los traductores de Zaragoza y Tarazona: Hermán el Dálmata, Hugo de Santalla; de los artistas mudéjares, que crearon belleza en el umbral de dos civilizaciones.

Acariciad libros y os transportarán a aquella Zaragoza donde aterrizó la imprenta, una de las primeras capitales europeas en conocer el invento que cambiaría el mundo. Desembarcaron en la ciudad artesanos flamencos y alemanes, como Mateo Flandro y Jorge Cocci, que editó aquí algunos de los libros más bellos del siglo xvi. La fiebre de la letra impresa invadió el territorio. En el siglo xvii hubo 20 libreros y 63 impresores en Aragón, cifra asombrosa en España. Algunas maravillas de la literatura, como La Celestina de Rojas o el corrosivo Buscón de Quevedo, vinieron a nacer entre nosotros. Las imprentas zaragozanas publicaban libros prohibidos en Castilla, libros perseguidos, libros deslenguados, libros que ardían fácilmente. Los rebeldes, los inconformistas, lo tenían un poco más fácil aquí.

Quizá por eso Don Quijote puso rumbo a Zaragoza, y se miró en el Ebro, y soñó una ínsula, y soñó Sansueña. En Pedrola, el caballero y su escudero volaron hasta las estrellas a lomos de un caballo de madera con una clavija en la cabeza, y todo para auxiliar a unas doncellas barbudas. Es una de las aventuras más surrealistas del libro y, si no, que baje Buñuel y lo vea. Cervantes comprendió que la nuestra es una ciudad imaginaria, una ciudad que cabalga entre constelaciones, una ciudad soñada.

A estas tierras vino Quevedo para casarse a la tierna edad de 53 años. Poco duró el matrimonio pero no se puede decir que el escritor no conociese aquí una gran pasión. Se enamoró para siempre de las salchichas de Cetina; de ellas dijo que eran ‘celestiales’.

María de Zayas, la primera mujer que firmó una novela en nuestra lengua, vivió en Zaragoza y por sus calles imaginó un frenesí de pasiones terribles y oscuras. Aquí situó alguna de sus ficciones, como El jardín engañoso, que es un enloquecido menàge à quatre con posesiones diabólicas incluidas.

Nuestra montaña mágica podría ser el Moncayo, que acunó a Gracián, como a Marcial, y sedujo a Machado.

Hubo una vez un ilustrado polaco que imaginó el Manuscrito encontrado en Zaragoza, con sus sueños de la razón y sus monstruos. Y hubo también un seductor llamado Giacomo Casanova, que se decía descendiente de un tal Jacobo Casanova, zaragozano aventurero que ya apuntaba maneras, pues de él se cuenta que raptó a una monja de un convento y huyó con ella a Italia.

Y Goya, Bécquer, Verdi, Victor Hugo, Galdós, Baroja.

Galdós nos dedicó varios episodios: el nacional patriótico y otro más erótico en la novela Fortunata y Jacinta, cuando imaginó a Jacinta y Juanito persiguiéndose para besarse en la boca por los rincones solitarios de una traviesa Zaragoza durante su viaje de novios.

También en su luna de miel, algún oculto magnetismo trajo a Virginia Woolf a una pensión zaragozana. Desde esa habitación (que no era propia) escribió una larga carta a una lejana amiga inglesa. Dijo que estaba leyendo con ferocidad. Más adelante diría a su biógrafo que la desnudez y la belleza del paisaje la dejaron atónita.

Cuántas veces pasearía por esta ribera la inolvidable María Moliner, bibliotecaria asombrosa, jardinera de palabras, discreta hortelana del idioma, que cultivó a solas un diccionario entero. Y en el párrafo final de su enorme obra, se despidió diciendo: “La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente”.

Cuántas veces se detendría aquí el cronista del alba, Sender, que nos contó la historia de la Quinta Julieta y de su primer amor, Valentina. Y así cartografió para la literatura Torrero y Tauste.

Y cuántas veces miraría esta perspectiva de cielo abierto Miguel Labordeta, que desde el Café Niké fundo la “Oficina poética internacional”, donde hizo famosas sus pipas y el carnet de ciudadano del mundo. Leemos en sus versos que quería agarrar la luna con las manos, que dudaba a menudo, que solo estaba seguro de llamarse Miguel y de no haber aprobado ninguna oposición honorable al Estado. Cincuenta años después de su muerte lo seguimos añorando, como él mismo dijo: con sus pelos difíciles, con su ternura polvorienta, con su piojoso corazón.

Todos ellos, también ellas, han tejido nuestros sueños. Y los escritores vivos, demasiados para nombrarlos uno a una, aún siguen imaginando historias que se adhieren a la ciudad como rocío, como los espejismos del sol o como la hierba esmeralda entre las grietas del cemento. Estad tranquilos, aquí siempre hay algún juntapalabras de guardia, para inventar mares y lejanías que ensanchen nuestros horizontes.

La risa de Marcial, Jorge imprimiendo belleza, Baltasar en su Moncayo mágico, María en su jardín de palabras, el poeta Miguel intentando abrazar la luna, y otros tantísimos, han demostrado que aquí los libros nos importan. Que se puede viajar al País de las Maravillas y al Fin de la Noche desde cualquier sitio, también desde la Plaza de los Sitios. Que las historias flotan a nuestro alrededor, son un cierzo que nos acaricia, nos revuelve el pelo y nos arrastra con su fuerza invisible.

Gracias a las palabras sobrevivimos al caos de vendavales que es el mundo. Aquí nos bebemos el viento, lo hacemos vibrar en las cuerdas vocales, lo acariciamos con la lengua, el paladar, los dientes o los labios: y de esa operación tan sensual nacen nuestras palabras. Los libros son nuestra manera de cabalgar huracanes.

En esta ciudad yo recibí el regalo del lenguaje y de los cuentos. No recuerdo la vida antes de que alguien me contase el primer cuento. Antes de que me enseñasen a bucear bajo la superficie del mundo, en las aguas de la fantasía. Durante esos años olvidados tuvo que ser duro –supongo– seguir una dieta tan estricta, solo realidad. El caso es que, cuando descubrí los libros, por fin pude tener doble, triple, séptuple personalidad. Y ahí empecé a ser yo misma.

Fui una niña a la que contaban cuentos antes de dormir. Mi madre o mi padre me leían todas las noches, sentado el uno o la otra en la orilla de mi cama. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos: nuestra íntima liturgia. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso pequeño y provisional –después he aprendido que todos los paraísos son así, humildes y transitorios.

Y yo me preguntaba ¿cómo caben tantas aventuras, tantos países, tantos amores, miedos y misterios en un fajo de páginas claras manchadas con rayas negras, con patas de araña, con hileras de hormigas? Leer era un hechizo, sí, hacer hablar a esos extraños insectos negros de los libros, que entonces me parecían enormes hormigueros de papel.

Después aprendí yo misma la magia de leer patas de araña. Qué maravilla entonces acompañar a mis padres a las librerías y elegir mis propios libros: flores de papel, cordilleras plegables, letras minúsculas, mares mayúsculos, planetas portátiles.

No había ya vuelta atrás. Desde entonces tengo que zambullirme a diario en el océano de las palabras, vagar por los anchos campos de la mente, escalar las montañas de la imaginación.

Como escribió Ana María Matute: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo. Hay que crear peldaños que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo de verdad”.

Los gatos, con sus famosas siete vidas, son solo principiantes, meros aprendices. Quien lee, tiene a su disposición cientos, miles de vidas. Varias en cada libro.

Esta feria del libro que hoy empieza quiere acogernos a todos (incluidas nuestras vidas paralelas en otras dimensiones). Acoger a la gran comunidad que formamos los viajeros y las exploradoras del universo mágico de las ficciones.

Acoger a las librerías, claro: las que resisten, las nuevas -también cobijar el recuerdo de las que han cerrado-.

Acoger por supuesto a la gente lectora. La que curiosea, la que colecciona marcapáginas, la que pregunta, la que pide una dedicatoria. La que se tiene que rascar el bolsillo y por eso compra libros de bolsillo. La gente menuda y grande que, además de bocadillos de jamón, merienda bocadillos de tebeo.

Sin olvidar a los hombres y mujeres (cada vez son más las mujeres) que vuelcan su talento en todos los oficios del libro: novelistas, poetas, ensayistas, editoras, traductoras, ilustradoras, maquetadoras, distribuidoras, libreras, críticas literarias, bibliotecarias, bibliófilas, cuentacuentos y narradoras orales, amigas de los clubs de lectura.

Acoger a los niños de todas las edades. A los zaragozanos de todo el mundo. A los que aquí nacen o pacen. A los viajeros que recalan en esta tierra de paisajes inhóspitos y gente hospitalaria. A las personas de palabra. A los ciudadanos de varios universos.

Disfrutad, cesaragustaos, zaragozad. Aquí encontraréis páginas donde bullen historias, versos, conocimiento, anécdotas, esperanzas, laberintos, desengaños, misterios, sueños. Es decir, placeres a nuestro alcance. Como escribió un poeta argentino, los libros se pulen como diamantes y se venden a precio de salchichón. O, como diría Quevedo, al precio de las celestiales salchichas de Cetina.

Y acabo ya, con unas últimas palabras y una memoria emocionada.

Es maravilloso encontrar los libros en la calle, los lunes y los martes y los viernes al sol. Durante muchos siglos permanecieron guardados en los palacios de los ricos, en los grandes conventos, en las mansiones más suntuosas, en los pisos principales de las casas nobles. Eran emblema de lujo y privilegio. Las bibliotecas solían ser estancias en mansiones con techos pintados y escudos heráldicos. Exigían un conjunto de accesorios básicos: muebles de madera con volutas y puertas acristaladas, escaleras de mano, atriles giratorios, enormes mapamundis, mayordomos con plumero.

Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso.

Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo.

Tres de mis abuelos fueron maestros rurales. Conocieron una época en la que no todos aprendían a leer, y mucho menos podían tener libros.

Ellos, mis dos abuelos y mi abuela, se ganaron la vida humildemente enseñando las letras, las cuatro cuentas y muchos cuentos.

Quiero recordar a la gente de esa generación, que vivió los años duros de guerra y posguerra, y tuvo que trasplantar sus esperanzas a la vida de sus hijos y nietos.

Nos quisieron más listos, más libres, más sabios, más lectores, más viajeros, con más estudios que ellos.

Nos enseñaron que la cultura no es adorno sino ancla.

Se vieron obligados a podar sus ilusiones, pero regaron las nuestras. Nos animaron a crecer, a leer y a levantar el vuelo.

Somos su sueño.

Por eso, por ellos, por nosotros, por el futuro, bienvenidos todos, bienllegadas todas, a la feria de las dobles y las triples vidas.

A la feria de los libros y de los libres.

Gracias.

*Irene Vallejo en un retrato de Santiago Basallo.

16/06/2019 09:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RICARDO DÍEZ PELLEJERO HABLA DE 'PORNAI EN EL HOSTAL ROMA'

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¿Qué es ‘Pornai en el Hostal Roma’ (Los Libros del Gato Negro,) el poemario que acaba de publicar? ¿Qué quería hacer?

 

La intención con la que nace el poemario es la de generar un instrumento para el cambio, esa sería la poética. En la primera parte, que es la que da título a la obra ‘Pornai en el Hostal Roma’, el cambio que se pretende tiene carácter social, mientras que en la segunda ‘Once poemas para un decálogo’ el cambio al que se invita es un cambio personal. Creo que la poesía -el arte, la cultura en general- debe reaccionar frente al estado de las cosas, frente al marco referencial que asumimos como “normal” y desafiar (aunque sea tan tímidamente como con un verso) al mundo que tendemos a asumir sin cuestionamiento.  

 

¿Quiénes lo protagonizan, quiénes son los sujetos literarios? Como si fuera una novela o un relato ha creado un sujeto protagonista…

 

El ‘Pornai’ lo protagoniza Ilinca, un personaje heterónimo con el que he tratado de acercar al lector el drama de la trata, invitarle a empatizar conmigo, con Ilinca, llevar el dolor y la belleza de un alma culta y resistente que, a pesar de su desgracia, no se abandona y mantiene en pie un universo complejo frente a la brutalidad. A modo de contrapeso, de luz y sombra que proporcione contraste y profundidad a la lectura, en la segunda parte, la voz cambia y desde los textos nos habla un yo más clásico, algo más etéreo, una voz de narrador que nos interpela para que el protagonista sea el propio lector.

-Es decir, una como dos voces: una, íntima, del yo; otra, más coral, casi social o la del nosotros.

- La primera parte ha sido la más complicada para mí: templar una voz distinta a la mía, pero una voz real, lejos de la banalización y los estándares admitidos en los que encuadrar estas historias y sus voces, me ha supuesto una constante reformulación, un continuo ajuste y pulido, que ha llevado a alargar el proceso creativo de estos pocos textos más allá de dos años. El tiempo y la distancia frente a lo escrito ha favorecido, sin lugar a dudas, poder confrontar los poemas con una mirada más limpia y una intencionalidad irreductible, para dar a Ilinca una oportunidad de hablarnos, de hacernos ver el dolor que arrastran algunos placeres poco inocentes que nuestra sociedad oculta y silencia para ocultar sus monstruos.

 

¿Cómo se ha planteado literariamente el libro y en cuanto a estructura?

 

La estructura es de contrapunto, de luz y de sombra, de voz y silencio. Con ello he pretendido dar dimensión y volumen a la propuesta que se hace desde el texto: ver, sentir, interiorizar para poder afrontar un cambio, un paso adelante en el eterno desarrollo personal, que debería ser la vida, o al menos una vida con aspiración de crecimiento y progreso. Pero, y volviendo a la respuesta anterior, el protagonista último de este poemario es el lector: él y solo él, su emoción y capacidad de sumergirse en los versos, de interpretarlos, son los motores que hacen latir sus páginas. 

 

-No me ha respondido a dónde se sitúa literariamente…

 

Me resultaría complicado enmarcar esta obra dentro del espectro literario y sus tendencias. Me considero independiente (asumiendo la utopía), alguien que arrastra su ignorancia como Sísifo su roca, sabiendo que cuanto más se desgaste menor será el esfuerzo para volver a ascender, para contemplar con mayor placer los horizontes lejanos que ofrece la cima. El momento poético actual, esa poesía inmediata y cotidiana, me recuerda al panorama que observé en Florida hace veinte años. Yo considero que la poesía se emparenta, por nacimiento, con la música y la danza, pero por evolución con el pensamiento y la filosofía. Me gusta penar que, con mi trabajo, soy capaz de respetar esa opción, esa tradición de la poiesis que transmuta el no-ser en ser y, por tanto, es el mayor de los cambios posibles.

 

 

¿Por qué este libro vinculado con el amor, el sexo, la historia?

 

Pornaitrata de personificar y dar voz a una de las 30 o 40.000 mujeres que, según los imprecisos datos oficiales, viven la trata y la esclavitud sexual en España. He rescatado este término usado en la Grecia de Pericles porque era el vocablo con el que designaban a las esclavas bárbaras -es decir, extranjeras- sometidas a la prostitución. El ver que esta misma realidad se repite siglo tras siglo hasta la era de los viajes espaciales, la nanotecnología y la revolución de la inteligencia artificial y la conectividad, me causó sonrojo. Pensar que Teruel tiene menos habitantes que la esclavitud en nuestro país me puso los pelos de punta: no es este el futuro que soñaba cuando era niño y pensaba en el siglo XXI. En aquellos días la esclavitud era algo del pasado y que ya solo tenía lugar en nuestra flamante televisión con dos canales, en la que el pobre Kunta Kinte trataba de desafiar a un destino sobre el que quería tener la última palabra.

 

Esta primera parte del libro, de algún modo, casi funciona como un guión, como una serie de escenas a través de las cuales vamos filmando con nuestra lectura un thriller. Recuerdo que hace por lo menos treinta años, mi hermano Oskar me pasó un libro de Benjamín que estaba leyendo, ahora no recuerdo cual. En él afirmaba que, frente a la novela, prefería al relato pero antes que al relato prefería la poesía, por ser capaz de condensar y traer más emoción esta que las otras, lo que -como lector- le parecía una gran ventaja. De alguna forma, esa visión me ha acompañado en el proceso creativo. 

Los versos de Once poemas para un decálogo  están vinculados al cuestionamiento del, por así decirlo, “episteme personal”, del marco referencial en el que nos situamos, desde el que divisamos, actuamos, nos identificamos y llevamos a todas partes de nuestro pensamiento, como un caracol surcando el mundo de las ideas. 

 

¿Dónde sucede, cómo te has planteado ese viaje en el tiempo?

 

Pornai  tiene lugar en el Hostal Roma. Este es un guiño a Pavese. Cesare Pavese abandonó su vida en Turín, en un hostal homónimo. Esas últimas horas de encierro, de desesperación, me parecieron semejantes -de algún modo-  y pude ver a Ilinca mirando a los hombres traspasar el umbral de la puerta con su verso más celebre en los labios: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Simbólicamente me pareció muy potente. Luego los versos ocurren en otras partes: en la Rumanía natal de Ilinca, en la que no he estado -y que me ha obligado a documentarme y buscar ubicaciones y referentes- pero también la acción se traslada y se comunica en otros textos con los que, abierta o más ocultamente, dialogan los poemas.

 

¿En qué región de la poesía te sitúan: lírica, narrativa, etc.?

 

El poemario es poesía sin concesiones. Sin concesiones porque no se renuncia a la belleza, a la musicalidad, al ritmo, a la emoción, a la estética, al compromiso, a reflejar el tiempo en el que vivimos..., porque el arte también la literatura-, no pueden ser sino reflejo del momento social, cultural, muestra de las luces y sombras de la civilización en la que y desde la que se crea. Pero la poesía, además, tiene la función de ser memoria sensible de un periodo y de las vidas que en él pueden o pudieron desarrollarse.

 

¿Cuál ha sido tu evolución poética, qué lugar ocupa este libro en tu lírica?

 

Mi anterior obra, El cielo del sol mecido -Olifante. 2007-, es un poema (todo el libro puede leerse, si se me permite la licencia, como un mantra) de carácter iniciático, es un viaje odiséico a través de uno mismo, con la intención de resurgir transformado de su lectura (como ves el cambio, el viaje, el movimiento, son -hasta la fecha- no sé si obsesión o única poética...). Supuso para mí un reto tremendo. Lo ideé durante meses sin levantar el bolígrafo y luego lo escribí siguiendo un mismo ritual durante algo menos de cuarenta días. Creo que fueron treinta y siete. Tras extraer esa enorme roca estuve años, literalmente, esculpiendo en el texto, descartando y reformulando los versos para que, al sonar, emitieran las notas de la melodía que había sentido antes de sentarme a escribir el primer día. 

Con este trabajo el proceso ha sido completamente distinto porque la intención y la idea lo eran también. Ha sido más semejante a pintar miniaturas, a tallar retablos: un trabajo con visión global pero en el que se avanza pieza a pieza, y en cada cuadro o en cada talla -de igual modo- detalle a detalle, a veces con lupa y dejando algún tesoro oculto para los más observadores.

 

 

08/06/2019 14:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALEJANDRO PALOMAS HABLA DE 'EL SECRETO'

Alejandro Palomas: “La infancia debería ser un territorio libre de agresión”


El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 y Premio Nadal de 2018 publica ‘Un secreto’ (Destino), una nueva aventura del joven Guille.


-¿Recuérdenos quién y cómo es Guille?
Guille es un niño de 9 años cuyo mayor anhelo es convertirse en Mary Poppins cuando sea mayor. Es además el mejor amigo de Nazia, una compañera pakistaní que ejerce de cómplice necesaria en sus aventuras y que, como él, encarna por encima de todo la resistencia, la magia, la inocencia y la pureza necesarias para que los adultos sigamos manteniendo la fe en nosotros mismos. 
¿Qué te da este personaje y qué hay de ti en él, si pudiera decirse eso?
 Guille es un personaje profundamente generoso, y a mí como autor me da una fuerza que ningún otro personaje me ha dado hasta ahora. Guille me da fe en la condición humana. Y sobre todo me devuelve al Alejandro que sigue estando y que afortunadamente no parece que vaya a perder ya. Hay mucho de mí en Guille, mucho de mi mirada sobre la realidad, mucha de mi fe en lo que podemos llegar hacer.
-¿Por qué ha regresado a una novela en apariencia juvenil…? ¿Cómo conviven en ti los ambientes para adultos y para jóvenes?
 Este es un registro -el de esta trilogía- que me resulta imprescindible para trabajar voces, escenarios y personajes que de otro modo me serían absolutamente inaccesibles. Tanto ‘Un hijo’ como ‘Un secreto’ son novelas destinadas por igual a un público juvenil y adulto. En realidad, confluyen en una franja de ficción que calificaría de “familiar”. La convivencia del público en estas dos novelas es muy inusual y se produce cuando las novelas comparten miembros de generaciones distintas. Cuesta que ocurra, es cierto, pero cuando lo hace es prácticamente un milagro.
.-¿Qué le dan las familias, por qué hurgas tanto y tanto en su interior?
 Las familias son el principio de todo. Siempre he tenido la sensación de que si viera mi carrera como una columna vertebral, cada vértebra desvelaría una mirada distinta de lo que es el universo familiar. Me interesa especialmente el entorno de la familia porque en ella se trabaja una intimidad muy específica: la de las relaciones no elegidas y por tanto reactivas. La familia es un microcosmos demasiado rico en matices, emociones y músicas particulares como para desperdiciarla. Es una fuente de inspiración única y sobre todo infinita.
-¿Qué te preocupaba, de partida, para armar ‘El secreto’: la inmigracion, la injusticia, las medias verdades, el horror que no se muestra?
 Me preocupaba sobre todo la orfandad de una niña que prefiere vivir en el silencio y acorazarse en él para no sufrir ni hacer sufrir a quienes la rodean. Me preocupaba la incapacidad de los adultos a la hora de escuchar los silencios de los niños y sobre todo me interesaba Dar protagonismo al colectivo de los docentes: maestros, maestras, orientadoras, orientadores y profesores cuya labor e implicación pasa muchas veces desapercibido.
-Aváncenos quién es Nazia… ¿Qué puede decir de ella sin ‘spoiler’?
 Nazia es una niña pakistaní de 9 años que ha tenido la fortuna de evitar ser víctima de un matrimonio por conveniencia. Se ha salvado de un futuro terrible y ahora, mientras sus padres están en manos de la justicia, ella vive en régimen de acogida en casa de Guille. Nazia es una superviviente, pero es también una niña que vive una doble realidad: la que muestra a los adultos que la rodean, y la que esconde en la oscuridad de su miedo más atroz.
-¿Ha sido fácil manejar las cuatro voces que usa en ‘Un secreto’?
 Ha sido muy fácil, sí. Y, como ya lo fuera en un hijo, muy enriquecedor. Contar una historia desde las voces de su protagonista proporciona las ventajas de una perspectiva múltiple y de un ritmo y una riqueza narrativa que raramente se consigue con otras fórmulas. Es casi como si el lector/lectora estuviera dentro de la acción y fuera una voz más: la que escucha.
-¿Qué es más perturbador: la ausencia de la madre de Guille o el mundo inaccesible, herido, a primera vista, de Nazia?
 Creo que son dos paisajes igual de perturbadores. Ambos reflejan la orfandad de dos niños con una sensibilidad extraordinaria, y reflejan asimismo el valor de la diferencia. Las dos novelas y sus dos protagonistas son, en suma, un canto a esa diferencia, A esa capacidad de convertir la oscuridad en luz gracias al poder de la imaginación y de la ficción.
-¿Qué le debe este libro a los cuentos de hadas y en particular a ‘La Cenicienta’?
 Yo diría que ‘Un secreto’ es, en parte, una revisión de el cuento de ‘La Cenicienta en la medida en que nos presenta un nuevo modelo de niña invisible que brilla a pesar de toda la oscuridad que parece rodearla ya no hay necesidad de un príncipe que de sentido al sufrimiento de la niña. La niña es capaz de salvarse sola, siempre con la ayuda de una mujer -la maestra y/o orientadora- que sabe verla y sacarla de su silencio a tiempo.
-¿Qué ansía cuándo miras hacia la infancia, qué tienen los niños que no tengan los mayores o qué revelaciones salen a la luz?
 Cuando miro hacia la infancia ansío poder evitar con mi obra aquellas cosas que yo sufrí en carne propia y que, desafortunadamente, moldearon parte de lo que ahora soy: ese Alejandro que nunca consiguió encajar con su entorno y que se sintió castigado por su diferencia. Cuando miro hacia la infancia ansío poder proteger a quienes lo necesitan de un entorno que no siempre sabe mirar bien.
-¿Consideras que la infancia es un territorio de sombras, más que de luz?
 No debería serlo. La infancia debería ser un territorio libre de agresión, un refugio en el que el prejuicio quedará fuera, y con él también las voces de los adultos que siguen siendo niños no sanados. Los niños que consiguen evitar la intervención de los temores de sus adultos tienen su propia luz, derrochan luz. La oscuridad no les pertence, no nace en ellos.
-¿De qué le sirve a un escritor andar de aquí para allá, de feria en feria, qué aprendes, cómo revierte todo ello en tu trabajo, en tus libros?
 Sirve de mucho más de lo que parece: compartes experiencias con colegas de otros países, con otras miradas, conoces a editores de sellos con los que de otra manera jamás tendría relación y aprendo a paladear el panorama literario global. Sin embargo, mentiría si dijera que eso influye en mi trabajo como tal. Afortunadamente mi escritura está blindada del exterior. Si eso no fuera así, estaría perdido
-Da la sensación de que cada vez se lee menos y la literatura importa menos. Los políticos en su campaña apenas han citado a un escritor. ¿Cómo lo lleva, cómo lo ha vivido?
Desafortunadamente, estamos cada vez más acostumbrados a que los políticos no se acuerden de nosotros salvo en contadas excepciones. No es tanto que no nos mencionen ni nos citen, sino que muchas veces tenemos la triste impresión de que la mayoría viven de espaldas a la cultura. No soy muy optimista en ese sentido. Pero  yo sigo escribiendo por el mismo motivo que me llevo a escribir desde el primer día: escribo para que me quieran.

 

 

 

06/06/2019 17:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA FERNÁNDEZ HABLA DE 'BIENVENIDO A WELCOME'

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La escritora y periodista Laura Fernández publica 'Bienvenido a Welcome' en Literatura Random House. Presentó el libro en Cálamo, en diálogo con Pedro Bosqued.

-¿Quién es y qué le debe a John Fante?

Es un escritor norteamericano que me cambió la vida. Yo era muy dramática, muy en la onda de Sylvia Plath. Pura tragedia. Cayó en mis manos la novela ‘Pregúntale al polvo’ de Fante, publicada en Anagrama con prólogo de Charles Bukowski, que lo reconocía como su maestro. y me fascinó. Me sentía muy próxima a Arturo Bandini, ese antihéroe que decía por aquí que un día se haría famoso. Era como su manera de encarar el fracaso en el presente. Desde niña, yo siempre diría que de mayor sería famosa, ja ja ja.

-¿Como nació ‘Bienvenidos a Welcome’, la novela que acaba de publicar Literatura Random House?

A raíz de ese libro. En 2006. Y también gracias a la novela ‘Duluth’ de Gore Vidal, un novelista que tiene una parte muy seria y otra más loca, desternillante, vinculada con el travestismo. Eso también me gustó, me resultó muy divertido y decidí apostar por eso: por el humor, la transgresión, el delirio.

-La novela tuvo una edición hace una década y una insólita peregrinación. ¿Qué le gusta y qué le disgusta recordar de ella?

Es una novela que publiqué en Elipsis hace diez años. No se distribuyó. El editor me mandó todos los ejemplares y solo algunos, muy pocos, han llegado a escritores amigos. Me gusta porque es una novela que contiene muchas de mis obsesiones y está escrita con mucha libertad. Y me disgusta que es una novela donde hay mucho sexo. Entonces yo leía muchos libros de sexo, y casi siempre desde una órbita masculina: Henry Miller, el citado Bukowski; todas las escenas sexuales me han salido desde esa perspectiva. Ahora no escribiría una novela tan masculina.

-¿Es una novela visionaria o un divertimento un poco gamberro?

Creo que las dos cosas. De entrada le diría que es una novela hija de su tiempo. Sí, sí, es muy gamberra. Y a la vez es visionaria: el futuro es un pasado exagerado.

-¿Creía ya entonces, o lo cree ahora, que la vida es como un plató de televisión, una gran escenificación donde todo pasa de prisa de prisa?

Trabajé un tiempo en Europa Press haciendo reportaje con una cámara. Yo le diría que es más bien una ‘sit com’. Pienso con el gran narrador Kurt Vonnegut que “el estilo parte de tus limitaciones”. Como a mi no me gustan las descripciones, me aburren y me pierdo, lo que hago es dialogar. Me sirve para contar personas y personajes. Me gusta mucho la gente y creo que todos los personajes tienen algo o mucho de mí.

-¿Tiene esa visión tan descarnada del periodista, qué le debe el libro a sus cuatro meses en ‘Super Pop’?

Fue un verano muy curioso. En 2006, apenas había Internet. Ya lo había pero en la revista había solo un o dos ordenadores que lo tuvieran porque el director que no quería que nos distrajésemos. Vivías como en un mundo de ficción donde ni siquiera Angela Skipper, una famosa redactora, era auténtica. Allí aprendí que todo es un decorado en la vida. Y ahora mi visión del periodismo es peor todavía. Crear ficciones de la realidad con cosas muy serias, como estamos haciendo, es muy peligroso. El exceso de informacion nos está llevando a la desinformación más absoluta.

-¿Cree en los ovnis, quiénes serían los extraterrrestres de nuestro tiempo?

Siempre me han interesado, sí. No deja de resultar curioso la mirada a nuestro mundo de alguien que llega de fuera, sin prejuicios. Cuando era niña me encantaba una cosa que nos decía el profesor: Antonio Machado estaba dentro y fuera a la vez, miraba hacia su corazón y hacia el exterior, era el perfecto contemplador. Eso me parecía fascinante. Con los extraterrestres pasa un poco igual. Los escritores somos un poco extraterrestres: gente que observa para ofrecer una imagen del mundo y que puede estar dentro y fuera a la vez.

-¿Por qué ha elegido el método de diálogo para que avance la novela?

A mí me gusta mucho un escritor posmderno como William Gaddis, que detestaba la descripción. Me gusta mucho que mis textos tengan un sentido oral. Lo sé todo de mis personajes, aunque de vez en cuando recapitulo lo que han dicho. Los conozco bien. En ‘Bienvenidos a Welcome’ habrá como 100.

-¿Sería un ejemplo de novela-collage?

¿Usted cree? En cierto modo sí… Es una novela de la fragmentación, con personajes que van dejando apuntes, esbozos, escenas. Me encantan los libros de humor. Siempre llevo alguno, y también llevo un cuaderno donde voy tomando notas: lo apunto todo, mis ocurrencias, sensaciones, e incluso frases de los libros. Luego todo ello se lo voy atribuyendo a los personajes. En ese sentido, sí hago libros-collage.

-¿Para qué le sirve el humor y cómo lo entiende usted?

El humor es fundamental. Y está todo el rato en mis libros. Me gustan mucho los personajes y los autores que se ríen de sí mismos, de su propia ridiculez. Ahora ya no leo nada que no sea humorístico, salvo por cuestiones de trabajo. Para ser invencible hay que sentirse ridículo. Hay que conocer lo que te hace débil. De pequeña me llamaban gorda. Gorda. Gorda. Un día contesté: “Sí, eso ya lo sé. ¿Es eso todo lo que puedes decirme de mí? ¿Es ese el único insulto que tienes para mí?”. Me encanta el absurdo. Boris Vian, por ejemplo, me ha marcado mucho.

-Por cierto, ¿Welcome es Barcelona?

-Sï, claro. Una vez, en un anticipo de lo que ahora sería ‘El mundo today’, ‘El muñeco Whisky’, dijeron que en el futuro Barcelona pasaría a llamarse Welcome. Y he jugado con ello, con una ciudad de supermercados numerados, de trepidante acción, por decirlo así.

 

*La foto de Laura Fernández es de Noemí Elias.

06/06/2019 17:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ARTURO SAN AGUSTÍN: UN DIÁLOGO SOBRE 'PLUMA DE BUITRE'

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Arturo San Agustín: “El aragonés no sabe aparecer en las fotos”*

 

Arturo San Agustín es escritor y periodista. Estos días ha estado en Zaragoza, en la Feria del Libro, donde firmaba su libro ‘Pluma de buitre’ (Los libros del gato negro), un gran homenaje a su familia, a Aragón y a la fabulación pura y dura.

-¿Cuál es su vinculación con Aragón? En el libro alude varias veces a “la tierra de los míos”…

-Mis cuatro abuelos eran de Riglos. Y vivieron ahí. A mi abuelo materno lo adoptó una familia de Riglos y allí vivió. Mis abuelos maternos acabarían marchándose a Gurrea de Gállego. Mis dos abuelos trabajaron en el ferrocarril, por eso se habla tanto de varios trenes.

-¿Es cierto que usted tuvo una bisabuela irlandesa?

-Tengo esa sospecha. Si viera las fotos de mi abuelo paterno lo entendería. Era rubio, royo, parece irlandés, y estoy intentando probarlo. Mis familiares me han preguntado si me he vuelto loco, pero tengo esa corazonada. Mi abuelo era un tipo muy especial: cantaba, bailaba, le apasionada la música.

-Bueno, usted dice en ‘Pluma de buitre’ que tenía una amante con la que tuvo una hija, Irene. ¿Es verdad’

-Sí, desde luego. No es una invención. Lo supe cuando me puse a escribir la novela. ¿Sabe una cosa? Me emocionó cuando Leonard Cohen incorporó en sus conciertos la bandurria con la presencia de Javier Mas. Casi lo vi como un homenaje a mi abuelo.

-Usted dice que este libro se lo debe a José Antonio Labordeta.

-Es cierto. Cuando lo conocí y oyó mis apellidos, Sanagustín Garasa, me dijo: “Tú eres de allá arriba, de Huesca”. Le dije que sí. Y agregó: “Tienes que dedicarle un libro singular a la tierra de los tuyos”. Quise saber a qué se refería con ‘singular’. “Lo sabrás cuándo lo escribas”. Cada vez que nos veíamos me preguntaba por ello. “He tomado notas, estoy trabajando, he escrito un capítulo…”, le decía cosas así. Y hace dos años empecé a hacer el libro.

¿En qué consistiría su singularidad? El libro es un viaje, una crónica familiar, un diálogo con fantasmas, una aventura surrealista, un homenaje a Aragón…

-De partida, quería hacer un libro convencional. Un libro que busca un lector, que piensa en él. Creo que las mejores novelas las firman los escritores que son periodistas también, porque están más atentos al detalle, a la actualidad, y buscan un lector.

-Con todo, en la novela hay bastante realismo mágico. Podría haber algunos ecos de las ‘Crónicas del sochantre’.

-Sí. Una vez conversé con García Márquez y me dijo: “Aquí hablamos mucho de realismo mágico. En el Caribe es fácil. Lo que no saben u olvidan ustedes es que el gran maestro del realismo mágico es Álvaro Cunqueiro”. Pienso lo mismo, lo admiro mucho y me encanta que ‘Pluma de buitre’ pueda evocar a ese escritor.

-Hay más cosas en el libro…

-Sí, claro. Está Riglos. Y por ello, por su grandeza y porque me evoca a las películas de John Ford, creo que también he escrito un western. Un western que sucede en Huesca, y en Zaragoza o en Calanda. Cuando llegué a Riglos me impresionaron la gatera de las puertas y los buitres. La gatera es la demostración de que el gato va y viene a su aire y que no ha podido ser domesticado. Los buitres tienen el vuelo más bello y elegante, no matan y son muy beneficiosos porque evitan enfermedades.

Dice que el libro está escrito a la sombra de Ramón Acín.

Ramón Acín es el García Lorca de Aragón. Y su muerte es conmovedora. La conocía, pero me la contó su nieto Ramón García Bragado. Y me recordó que habían reconocido su cadáver porque llevaba lápices de colores en los bolsillos. Era un ser fascinante al que tenemos que seguir reivindicando.

¿Cómo ve usted a los aragoneses? Labordeta le dijo que ser aragonés estaba reñido con la posteridad.

- No se sabe vender. El aragonés es humilde, no le gusta exhibirse. No sabe aparecer en las fotos, y para triunfar es necesario atreverse a salir en las fotos.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de 'La Razón'.

03/06/2019 06:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA DE JORGE MARTÍNEZ

[Olifante publiCa un nuevo poemario, ‘General Invierno‘, de Jorge Martínez, que lleva un prólogo de la poeta y narradora Olga Bernad.El libro se presentará en el IAACC Pablo Serrano el próximo 14 de junio.]

La metáfora de la fría batalla que nos acompaña desde el título se mantiene en la intención del libro, que lidia con sus monstruos con la esperanza no muy convencida de vencerlos: «Estos monstruos son de la familia./ Heredarán la tierra por­que son/ mejor que los que comen en la mesa»; peleando con su sombra «Porque quiere ver el mundo y no la dejo marchar./ Porque nunca la escuché cuando me hablaba». Y así, avan­zando marcialmente o tropezando, recorre espacios interiores y ciudades, escenarios y nombres propios por los que vamos a pasear junto a él mientras lo leemos. Y eso es unirse a una campaña peligrosa. Y a una fiesta.

(fragmento del Prólogo)

Olga Bernad



Poema



DE TUS HOJAS

¿Cómo fue que se cayó la casa

que clavaste en aquel roble milenario?

De tu bosque soñado nada queda,

de tus hojas cuando fuiste árbol.

 

30/05/2019 07:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESTEBAN NAVARRO HABLA DEL ATENTADO DE ROGER TUR

Esteban Navarro «Sentí la obligación de rescatar a Roger Tur del olvido»

El autor de novela negra y policía, afincado en Huesca, publica ‘El cónsul infiltrado’ (Doce Robles), sobre el diplomático francés que murió en 1972 en Zaragoza tras un atentado



-¿Qué le llamó la atención de la historia del cónsul francés en Zaragoza, Roger Tur (1904-1972)?

El que apenas hubiera nada escrito sobre lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Lo afronté como un reto, porque me pareció fascinante escribir sobre lo que todavía no se había escrito, apenas.

-¿Qué se propuso hacer?

En principio solo iba a escribir sobre el atentado en el consulado, y la muerte posterior. Pero cuando comencé a recopilar información supe que tenía que centrarme en la figura de Roger Tur, y así lo hice. Fue tal el sigilo con el que se movió que alguna persona de su entorno me ha llegado a decir que siempre creyeron que él era un franquista. Sentí la obligación de rescatar su figura del olvido.

-¿Cuál ha sido tu documentación de la prehistoria del personaje: su llegada a Zaragoza, su negocio, su participacion en la vida social, el eco de su consulado…?

Alguna entrevista con gente que lo conoció, pero la principal ha sido un laborioso buceo en la hemeroteca, donde la dificultad estriba en que la documentación de esos años no está listada, sino que son escaneos en PDF que me obligaron a leerlos uno por uno buscando lo que me interesaba sobre el personaje.

-En el libro, se ve claramente su condición de espía. ¿Lo ha elaborado a partir del trabajo de Eduardo Martín de Pozuelo, brota de su imaginación o surge de otros datos contrastados en sus pesquisas?

El trabajo de Martín de Pozuelo ha influido, fue quién me puso sobre la pista, pero la mayoría ha sido investigación propia siguiéndole el rastro en reuniones diplomáticas donde coincidía con otros cónsules o embajadores de países que estaban en guerra en fechas más que coincidentes, como para pensar que fuese una casualidad. No obstante, las reuniones en el hotel Ritz de Barcelona están exhaustivamente documentadas. Evidentemente, como autor de ficción que soy, he tenido que rellenar lo que la documentación no abarcaba.

-Los falangistas recelaban de él y estuvieron a punto de matarlo, ¿no?

Es una causa lógica que supuse visto lo visto. En algún momento alguien tuvo que recelar. El algún momento alguna persona de su entorno debió sospechar algo. Y en esos años no era menester ninguna orden proveniente de arriba del todo para quitar de en medio a alguien que molestara o del que se sospechara. El cónsul de Alemania o el director del Colegio Alemán seguramente lo aceptarían como un colega, pero los falangistas tenían su propio servicio de información y vigilancia y sometían a investigación a todo el mundo, cónsules incluidos. Es conocido el poco o escaso respeto que tenían por las valijas diplomáticas. La realidad, siempre, supera a la ficción.

-¿Qué le llamó la atención de las reuniones con las fuerzas nazis en San Miguel y otros sitios? Hacen pensar en la película ‘Encadenados’, de Hitchcock, más que en ‘Casablanca’, de Michael Curtiz…

Lo de ‘Casablanca’ ha sido una licencia literaria heredada del hecho de que el nombre en clave de Roger Tur fuese Ric, cuando en un principio pensé que estaba revestido del romanticismo de Bogart. Ahí ha intervenido más la imaginación del escritor, que la historia o posible historia verdadera. Ric, definitivamente, era un acrónimo con el que lo bautizó la OSS: Roger Infiltrate Cónsul.

-¿Le ha resultado difícil o doloroso narrar la noche del atentado, el 2l de noviembre de 1972? Tur falleció cinco días más tarde a consecuencia de las graves quemaduras que sufrió en el asalto.

No me apetecía, la verdad, porque fue un ‘estúpido asesinato’, por eso la puse al principio, para que el lector se olvide de ese día y se centre en la figura del cónsul.

-¿Qué le han dicho los integrantes del colectivo La Hoz y el Martillo?

Han colaborado en aportar todos los detalles sobre los que les he preguntado. Pero, francamente, creo que no quieren recordar este asunto, especialmente porque ha pasado mucho tiempo y ya está, o debe, estar olvidado.

-A veces da la sensación de que los disculpa y de que considera el hecho como un infausto accidente…

No he hallado ningún motivo que me lleve a pensar lo contrario. Hasta donde he llegado, todo me ha parecido así, de esta forma.

-¿Cuál es su reflexión general sobre Roger Tur? ¿Cómo lo ve, qué le conmueve o le aleja de él?

Esa respuesta está en la novela, porque lo he descrito como yo lo veo; que no tiene por qué ajustarse a la realidad más estricta. Me acerca su capacidad de ubicarse en su tiempo y en su cargo y hacer lo que en su momento creyó tenía que hacer. Me distancia, en cierta forma, que años después de aquello, no hubiera sido él mismo quién lo hubiera explicado, a su modo. Quizá murió demasiado pronto (1972) y la sombra del franquismo no se había debilitado y nos perdimos una especie de memorias donde hubieran salido estas cosas y muchas más que seguro no he sido capaz de descubrir.

-¿Ha barajado la posibilidad de haber escrito una novela policiaca con el tema…?

Era mi intención. Pero desviarme demasiado del thriller histórico hubiera sido una ofensa al personaje. Lo había planteado, pero en tal caso debería ser con un personaje inventado, no con una real.

-¿Qué le ha ocurrido después de la publicación del libro, cuál ha sido el eco?

Teniendo en cuenta de que es mi primer thriller histórico y que es un terreno que no domino, estoy, de momento, muy contento con la aceptación que está teniendo la novela. Y en lo personal me siento cómodo con este tipo de narrativa. Tanto, que ya estoy trabajando en otro thriller histórico.



 

30/05/2019 07:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON THOMAS B. REVERDY

El escritor Thomas B. Reverdy ha estado hace unos días en Zaragoza, en el Instituto Francés, que dirige Laure Vazquez. Ella fue su anfitriona y la traductora de este diálogo en torno a su novela, ‘El invierno del descontento’, que publica ADN y que finalista del Goncourt. Cuenta la historia de una joven actriz, Candice, y del ascenso de Margaret Thachter, en un tiempo en que el mundo bailaba al son del estrépito del punk.

¿Es usted un escritor político?

Ja, ja. Esta es de todas mis novelas la más frontalmente política. Con seguridad.

Parece que sus libros tienen una documentación muy intensa, muy preparada… ¿Cómo la aligera?

Aquí hay más que la documentación del entramado histórico, hasta las canciones forman parte de la novela. De todo ello me quedo con citas, que voy dejando por aquí y por allá y que van comunicándose entre ellas, y de ello sale un subtexto.

-¿Por qué quiso hacer este viaje al año 78/79 y al ascenso de Margaret Thahtcher? ¿Y en qué medida está haciendo una reflexión sobre ahora mismo?

-Yo jamás tuve la sensación de estar escribiendo una novela histórica, sino que tenía la sensación de que la estaba escribiendo desde hoy, desde ahora mismo. Eso era importante para mí. Hasta la idea de ir a buscar en esa época de Margaret Thatcher… Parece que estamos, de nuevo, en el mundo thatcheriano.

-¿Eso piensa?

-Vivimos en una época bastante caótica, con sobresaltos por todas partes, y parece el final de un ciclo. Y ese ciclo de de globalización y de capitalismo se abrió con ella. Y todo eso hoy no funciona. Estamos en una época como de dibujos animados corriendo ante el precipicio. Sigue habiendo algunos ultraliberales que dicen: “Sigue corriendo más rápido”, pero la gente que tiene un poco de sensatez o de clarividencia grita: “Socorro”.

-Da la sensación de que en su novela hay un eco del cine de Ken Loach. ¿Podría ser?

-Sí, sí, más bien de sus primeras películas. Cuando él era un poco optimista y había como un feliz desorden. Cuando la música era capital, se vivía de cualquier modo con grandes ilusiones.

¿Por qué sucede la acción en Londres y no París?

-Yo creo que en París no se dieron cuenta de que el mundo estaba cambiando con Margaret Tchatcher. En 1981 se eligió un presidente socialista, iba a contracorriente de lo que estaba sucediendo en Inglaterra, y este presidente, Miterrand, nacionalizó muchas cosas, protegió en sus inicios a Francia de la llegada de la globalización.

-¿Por qué eligió a Candice, una mujer que además quiere ser una actriz?

Lo de actriz es muy sencillo: es una joven que está buscando su sitio, y eso es un poco como buscar tu papel. Es una correspondencia. Eso me permitía, además, establecer un vínculo con Shakespeare y con el trasfondo social cambiante ¿Por qué una mujer? Eso es más misterioso: no sé por qué elegí a una mujer…

-Una mujer que es casi la única, en medio de muchos actores, y que va a hacer un papel de hombre, Ricardo III…

-Esta historia señala muy bien porque la novela es política. Y eso me sobrepasa en mi voluntad de escritura. En cuanto tiene a su heroína hace teatro y va a hacer su papel en Ricardo III. Y a partir va a haber un tema feminista, esos papeles y esos juegos de poder los va a encarnar una mujer.

-Me ha parecido que la novela tiene dos preocupaciones muy claras: cómo una mujer se hace a sí misma y la identidad.

-Hay cosas que proceden de mi novela anterior, inmersa en el mundo empresarial. Ahora reflexiono sobre el inicio de la caída del capitalismo con personajes que permiten también abordar el poder y el empoderamiento. Pero también se habla de amistad, de luchas y abusos de poder que llevan a la ruina.  

-¿Aborda también la construcción de la juventud?

-Sí, la cultura permite eso: buscar quiénes somos, liberarse, tener ídolos en distintos campos, la música punk nos sitúa inmediatamente, fue un período corto… Es una música revolucionaria, hecha por gente joven que no son músicos como los Sex Pistols… El eslogan de los Sex Pistoles era ‘no future’. La reacción era decir: “Muy bien, entonces hago exactamente lo que me da la gana”.

-Funcionan muy bien los capítulos cortos y rápidos...

-En ‘El invierno del descontento’ hay varias líneas de narrativa a la vez: el poder, el ascenso de Tachter, una joven actriz en Londres buscando su sitio. Escribir consiste en frenar los caballos y que vayan todos en sintonía, hasta que todas líneas del relato, intenso y breve, queden armoniosas. Me interesa también el trabajo y la colaboración del lector. Deseo que él sea capaz de conectar las distintas líneas, historias y conceptos que hay en el libro. Y que ocurra algo al leer.

¿Qué opina de los Chalecos Amarillos de Francia?

-No es una oleada de la extrema derecha, una cosa es que la extrema derecha o izquierda quieran asimilar y adueñarse de ese movimiento, pero los Chalecos Amarillos son gente que se está sintiendo que vive en un mundo caótico e injusto. Está claro que no podemos retroceder en la globalización, sería absurdo, pero tampoco debemos  contentarnos con correr cada vez más rápido hacia el vacío. Eso también es absurdo… Los Chalecos Amarillos son un grito contra la una precariedad, la miseria o la injusticia; son la expresión de un caos social. Y nadie sabe lo que va a salir de ahí. Y en Francia podría haber perfectamente una catástrofe en 2022.

¿Está preocupado?

Claro. Vivimos una de las épocas más increíbles de desamparo. La globalización ha creado paro en Europa, miseria en Asia y mi vaquero sigue siendo tan caro como siempre. Así que algo no funciona. Alguien ha cogido el dinero en alguna parte y en algún momento, y no se sabe dónde está. Nosotros damos dinero a los bancos para que ellos no vayan a la bancarrota. Es incomprensible.

 

 

20/05/2019 11:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SALVADOR TRALLERO: WARHOL ZARAGOZA

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ttps://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/05/02/zaragoza-te-quiero-multiplicada-a-todo-color-1312479.html 

Salvador Trallero es, de entrada, el pastelero de Sariñena. Desde hace unos años también es el fundador y responsable de Sariñena Editorial y Salvador Trallero editor. Ha publicado una treintena de libros de fotografías antiguas de Barcelona, Huesca, Zaragoza, Sariñena, libros de la República, memorias y viajes, homenajes a gentes como el antropólogo oscense Manuel Benito. Ha recibido el premio al libro mejor editado por ‘Alas rojas’. Entre sus proyectos más curiosos, entre juguetones y transgresores, está ‘Sariñena Warhol’, un homenaje a todo color a su localidad en diálogo con el artista Andy Warhol. Tras ese primer ensayo, ha cogido su cámara de fotos y durante varios meses retrató Zaragoza, y ahora aparece ‘Warhol Zaragoza’.

 

¿Qué has querido hacer?
He querido hacer algo diferente. He hecho un libro que es una explosión de color, un libro que alegra la vista, la mente y el alma. Una manera diferente de contemplar la Zaragoza actual, tomando como inspiración la filosofía del estadounidense Andy Warhol y sus repeticiones de imágenes.

¡Por qué Andy Warhol? ¿Qué te atrae de él? ¿Qué te gusta en particular de su mirada?
Siempre me ha atraído su obra; fue capaz de reinventar la relación entre imagen y colores a través de algo tan sencillo pero contundente como es la combinación repetitiva entre ambos elementos. La sencillez concebida y pensada como elemento clave del arte creativo. Si además a ello sumamos la originalidad del Arte Popular (Pop Art) de mostrar elementos cotidianos de nuestro día a día considerándolos como elemento artístico, estamos dando otra mirada a nuestro entorno. ¿Quién no conoce el bote de sopa Campbell´s, o el roscón de san Valero? Estamos convirtiendo en arte objetos que nadie habría definido como tal.

¿Cómo te has planteado el libro?
Quería que fuera una mezcla de elementos arquitectónicos, detalles de la ciudad, y por supuesto también personas, no podemos olvidar que son ellas las que con su participación e implicación, o no, determinan en gran parte el futuro de una ciudad o villa. También hay una reflexión importante en su conjunto: el paso del tiempo, de ahí la aparición de los relojes. Carpe Diem, “aprovecha el momento” y llena de color tu vida. Hay que hacer. El libro desprende optimismo.

¿Qué ve el lector?
Ve todo un poema cromático. En estos tiempo actuales de cambio total, con tantos elementos grises, he querido introducir esta sinfonía visual de elementos de la ciudad conocidos y habituales en el día a día zaragozano, e incluso de su historia, pues hay imágenes que por el cambio urbanístico u otras razones ya no se pueden realizar, como el dibujo de Goya en la calle Francisco Bayeu, junto a la plaza del Pilar, que un nuevo edificio ha tapado; o la fuente de los calderos, de la que alguien arrancó un par de ellos, no se sabe si con los dientes o a cabezazos. Los bailarines colores juegan con la mirada del lector, que tendrá una sensación muy particular al visualizar las imágenes coloreadas, pero seguro que alegre y positiva. El color es vida, es sueño.

¿Quieres otorgarle modernidad a Zaragoza, otra modernidad?
Si. Hay que impulsar el avance en las ciudades. La apuesta por la Cultura y el Conocimiento tiene que ser clara tanto por las instituciones como por los ciudadanos; las ciudades que destaquen por sus infraestructuras y elementos culturales, y por sus artistas, tendrán un protagonismo en este presente y futuro del siglo XXI y del XXII.

¿Qué ha sido lo más bonito que te ha pasado haciendo este libro?
El reencuentro creativo con Zaragoza, recorrer de nuevo sus calles con la mirada del fotógrafo, buscando esos detalles, captando esos instantes. Tenía material de mis trabajos anteriores sobre la ciudad, a la que me siento muy unido y a la que tengo que agradecer la gran acogida entre los zaragozanos de los dos volúmenes de fotografía Zaragoza Antigua. Ha sido una experiencia muy curiosa a nivel personal el transitar del pasado en blanco y negro al colorido presente. Hay una imagen muy simbólica con el letrero de la estación intermodal y una pintada en un murete del parque Castillo Palomar: Zaragoza Te quiero. Las líneas del destino se entrecruzan.

¿Cuál es tu relación con la fotografía?
Me parece maravilloso poder captar un instante de una persona o un elemento arquitectónico que permanecerá en esa imagen inalterable para siempre, si ello lo unimos al formato del libro impreso, completamos un proyecto de arte, imagen y difusión.

 

07/05/2019 14:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ VERA: ARTE, SUEÑO Y CREACIÓN

*Acaba de fallecer Juan José Vera (1926-2019).

 

JUAN JOSÉ VERA: EL PINTOR INCONFORMISTA

 

Antón CASTRO

“A mí me gusta gozar la pintura con lentitud: me despierta la pasión enseguida”, dijo en una ocasión en su estudio Juan José Vera (Guadalajara, 1926). Él es un hombre de frases, de intuiciones que se transforman en aforismos, y de emociones. Siempre ha sido hiperactivo, ya era rebelde e inconformista de niño, y a la vez vitalista. Uno de sus cuadros se titula ‘La alegría de vivir’ (1987) y quizá sea esa frase su mejor retrato. Vivir en el arte, en la creación, en el silencio, en el taller. Vivir en el puro desbordamiento de la materia y los materiales. Hay otro cuadro que también da claves de su inclinación sombría: ‘Rasgos de dolor’ (1974), que acaso sea un intento de ordenar el caos de la memoria, el tormento que viene de lejos con su lluvia de espanto.

Juan José Vera, el octavo de nueve hermanos, tuvo que aprender a vivir con el desgarro: su hermana Carmen murió a los cinco años; el mejor profesor de su infancia, Félix, fue ejecutado por republicano; también mataron a su tío Manuel, que era pintor, y a su propio padre -al que admiraba tanto como quería porque era cálido y había creado un paraíso de educación, convivencia y cultura en su casa-, lo denunciaron varias veces y finalmente lo fusilaron un de agosto en Torrero en 1936. “Anhelaré hasta la muerte el amor inseparable por mi padre”, le diría el artista a uno de sus mejores estudiosos y amigos, Manuel Val Lerín. Él fue niño en la retaguardia de Robres, en un período marcado por el hambre, el pánico y la incertidumbre. El círculo de muertes, o de ausencias notables, registra otro nombre clave: su cuñado Juan Valdivia, médico. Me dijo Juan José Vera en su taller: “Él me descubrió la poesía: me recitaba de memoria todo Bécquer, la poesía clásica española. Tenía la memoria más prodigiosa que yo he conocido nunca, y era un humanista integral. Cuando se murió, hacia 1948, le dediqué un cuadro: ‘Arlequín muerto’, realizado tras ver su cadáver”. Ese cuadro es importante en la trayectoria de Vera, y está en la exposición: para entonces ya había conocido a Fermín Aguayo, en el Servicio Militar en la Brigada de Topógrafos, que formaría con Santiago Lagunas y Eloy Giménez Laguardia el trío más famoso del Grupo Pórtico. Se hicieron amigos y sería el propio Aguayo, un admirable pintor abstracto, quien le pondría el nombre al cuadro, algo que también hizo con otro buen lienzo: ‘Bodegón azteca’.

Aquel Juan José Vera, que se balanceará durante toda su carrera entre la angustia y la exaltación de la vida, entre la tristeza y la búsqueda constante de la felicidad, había quemado etapas con celeridad, entusiasmo y una imaginación frondosa y voraz. Descubrió su inclinación al dibujo a los trece años, hizo sus primeros juguetes con una completa carpintería infantil que le regalaron, realizó sus pinitos con los materiales que le cedía su hermano Fernando, futuro arquitecto, con quien trabajaría de delineante, y un cuñado suyo, Miguel Goyeneche, le haría un obsequio con toda la intención del mundo: le dio los instrumentos y los óleos de pintor de un hermano aviador, que acababa de fallecer en un accidente. Y no solo eso, en 1942, se había matriculado en la Escuela de Artes y Oficios. Por si le faltaran elementos al leyendario del artista: en 1945, cayó en sus manos un catálogo de Picasso de una exposición en 1936 y queda fascinado. El pintor autodidacto y ya torrencial encontró un maestro, un referente, el fogonazo que le dará alas a esa invención suya tan turbulenta y vivaz, a esa imaginación que siente, que sueña y que reflexiona.

En 1948 conoció a Santiago Lagunas, clave en su prehistoria, como toda la estética del Grupo Pórtico. En 1975 le dedicaría un estupendo cuadro. ‘Homenaje a Santiago Lagunas’. Vera no tardará en lanzarse a campo abierto, con arrojo y muchas cosas que pintar. Desembocó en la abstracción con esa energía y esa vehemencia que siempre ha tenido. Se atrevió a trabajar en el desorden del lienzo, a arañar en el bosque de las incitaciones, a buscar entre las manchas de color y las líneas negras, más o menos anchas, un calambre de luz, un vano a la esperanza. Trabajó sin descanso, en todos los formatos y técnicas: óleos, dibujos, collages, en una producción intensa y extensa que tiene su sello y que tampoco renunciará ni al expresionismo ni a rasgos cubistas, con ecos de Pórtico en ocasiones. Juan Manuel Bonet diría que “continuó de modo más fiel por el sendero abierto por sus predecesores”.

En 1958 conoció a Ricardo Santamaría, que también era un agitador y elaboraría proclamas y teorías, entre ellos el Manifiesto de Riglos. Y en 1962 a Daniel Sahún, que sería algo así como un hermano, un camarada, un cómplice y casi un álter ego; juntos realizaron muchas exposiciones conjuntas, y destaca su Antológica de la Lonja de Zaragoza en 1987. Con ellos Santamaría formaría el colectivo Escuela de Zaragoza, que recogía el testigo de Pórtico. Y a él se sumarían dos artistas más: Hanton González, que acabaría marchándose a París y realizaría allí el grueso de su obra, y Julia Dorado, que entró por la puerta grande y por ahí sigue, con sus colores y luces de espejismo. Cabe decir que la Escuela de Zaragoza duró más o menos hasta 1967.

Los 60 fueron años capitales para Vera: pintó mucho y creó sus famosas escultopinturas, de las que aquí hay una buena muestra. Vera ha recordado que esa obra, tan impresionante y variada, ese ejercicio de libertad incansable, surgió de la búsqueda de residuos, materiales de derribos, objetos industriales, ruinas o escombros de las afueras. Y luego, en un acto de ensamblaje y pintura, hacía unas piezas personalísimas donde se gobierna todo con armonía, fuerza, ingenio, plasticidad y quizá brutalidad, la desenvoltura del collage y, por supuesto, con belleza; figuran entre lo más feliz y acertado de su obra. Juan José Vera no ha parado nunca. Una de sus frases, tan sencillas como elocuentes, es: “¡Qué misterio tan grande es el arte!”. Y matizaba: “Yo siempre pinto lo que vivo: soy un gran paseante, me encanta la ciudad, descubrir rincones, andar por los bosques, coger determinadas luces cuando llega la noche: algunas luces misteriosas y blancas”, me confesó Juan José Vera en su taller.

Él se ha sentido poseído por la creación y ha continuando pintando, esculpiendo y avanzando por diversos vericuestos: ha experimentado todo el tiempo, ha ensayado colores y formas informes, ha realizado dibujos deslumbrantes (aquí hay varias tintas) y ha sabido ser fiel a un estilo, a una luz, a coordenadas de inspiración y arrebato: es capaz de ser tenebroso y a la vez de un lirismo que casi hace pensar en Cy Twombly: vean, por ejemplo, ‘La demora del silencio’ (1995). El pintor ha tenido momentos maravillosos, ha expuesto en Aragón, España y en diversos lugares del extranjero. En 2001 vio coronada su trayectoria con una inolvidable exposición en el Palacio de Sástago: La Abstracción como presencia. Juan José Vera. Retrospectiva 1950-2001, cuyo comisario fue Manuel Val Lerín. En 2011 se hizo acreedor al Premio Aragón-Goya. Fue en ese año cuando realizó la última obra de esta muestra: ‘Enjambre’, que acaso pudiera resumirse así: el artista en estado puro, con sus símbolos, sus manchas, la fragmentación del lienzo y sus gamas de color con un claro en la selva de amarillo.

No hemos hecho aquí hincapié en otro aspecto decisivo en la personalidad de Juan José Vera: la música. Estudió piano y solfeo y llegó a tocar con un gran amigo, el tenor Adolfo Barbacil, entre otros. Dijo en una ocasión: “Yo no le pido a nadie que entienda mi pintura: la pintura hay que sentirla, hay que verla en silencio. El silencio es la atmósfera del arte y no existe silencio más elocuente que el de la música”. También suele decir: “No aspiro a la posteridad”. Eso ya no depende de él, de Juanjo Vera, el enamorado de la belleza y de la inspiración: los cuadros están ahí y caminan por las comisuras del tiempo a su libre albedrío.

 

 

 

 

 

29/04/2019 23:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL MENA HABLA DE SU NUEVA NOVELA: 'CANCIONES LIGERAS' (PREGUNTA)

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[Miguel Mena (Madrid, 1959) acaba de publicar su novela más extensa y más ambiciosa: la historia de Irene Abós, una joven secretaria que acabará dedicándose al mundo de la música en el trío Los 3 del Mediterráneo’. Fue uno de los libros más demandados ayer en el Día del Libro en Zaragoza. Miguel cuenta aquí las claves de la novela. Una parte de la entrevista se publicó en ’Heraldo’ de Aragón’ el pasado lunes. La foto es de Oliver Duch.]

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/22/miguel-mena-las-buenas-canciones-son-eternas-siempre-suenan-igual-de-bien-1310552.html

-¿Cuál era el objetivo de ‘Canciones ligeras’: contar una aventura musical o una vida de mujer en la música?

Mi primera intención fue escribir una novela de aventuras con el trasfondo de la música y los cambios sociales de los años 60, luego la personalidad de su protagonista, Irene Abós, fue adueñándose de relato y ambas cosas se mezclaron. La vida de Irene, su crecimiento, su transformación, van avanzando en paralelo a esa aventura social y musical.

-¿En qué momento decidiste contar esta historia en primera persona?

Comencé esta narración hace dieciséis años como la historia de un trío musical y en tercera persona, pero me atasqué cuando llevaba unos cuarenta folios y abandoné el proyecto. Diez años después, al revisarlo, me di cuenta de que debía ser la historia de ella, de la cantante, y que ella misma debía contarla, que todo girase a su alrededor. Entonces retomé el proyecto y lo llevé hasta el final.

--¿Cómo definirías a Irene Abós: una mujer romántica, soñadora, una joven estudiante que de repente, casi antes de saber qué quiere, ya es madre, con determinación, pero sobre todo cantante, de variados registros?

Irene es tan soñadora como somos todos a los veinte años, pero su temprana maternidad, las zancadillas de la vida y el mundo real al que deberá enfrentarse la transformarán poco a poco, sin perder su determinación ni su pasión por la música, pero cambiando de criterio y de objetivos, sin perder la ilusión, encontrando alicientes más realistas.

 -¿En qué medida quiere ser ‘Canciones ligeras’ una novela sobre la condición humana, la importancia de la amistad (pienso en Susana, en Encarni…) y una crónica de los encuentros y desencuentros amorosos de la protagonista?

Es obvio que la novela habla de la vida, de los vaivenes a los que nos somete, y en esa vida, como en cualquiera, tienen mucha importancia la familia, los amigos y los amores; también el trabajo, que en este caso lleva a la protagonista a viajar de un lado a otro, a conocer gentes diversas y a experimentar la pasión y el deseo pero también el desconcierto y la duda. Quizá la única certeza de Irene es avanzar siempre, nunca quedarse quieta.  

-Luis, Nick, Roberto, Jorge Jánovas o Yorgos… ¿Los amores del pasado siempre reaparecen?

No todos y no siempre con la misma fuerza. Irene se interroga muchas veces sobre la naturaleza del amor, sobre las diferentes maneras de amar; compara sus amores con los de su entorno: su madre, su amiga Susana, su compañera Encarni. En el amor no hay modelos a imitar; cada cual encuentra su camino, o  no lo halla jamás. 

-¿Cuál ha sido la importancia de las bases americanas en la vida española, y en particular en la música?

En mi caso particular, ninguna. Yo me eduqué musicalmente por otros caminos, pero recuerdo a figuras como Rocky Khan, que se forjó musicalmente en la base americana de Zaragoza, o alguien más joven como Santiago Auserón que también ha contado lo mucho que le influyó escuchar la emisora de los americanos. 

-La narración empieza en 1959 y duraría una década, más o menos, concluye poco después de la llegada del hombre a la luna. ¿Qué significó ese período en la historia de la música en España?

La novela comienza cuando está a punto de iniciarse la década de los 60 y concluye poco después de que haya finalizado. Es el tránsito de la música melódica, orquestal, un tanto pastelosa y remilgada, al dominio del pop y del rock. Supone un gran cambio porque en esa década los hijos comenzarán a escuchar una música que los diferencia claramente de sus padres y que además lleva aparejada una moda y una estética que rompen con los modelos anteriores. Cambia la música como anticipo de un cambio social que también está empezando a producirse en un país que aún vive bajo una férrea dictadura. 

-¿Y qué importancia tuvieron las salas de fiestas y la televisión?

Las salas de fiestas todavía vivían aferradas a un modelo muy tradicional, pero curiosamente en la televisión empiezan a colarse programas de una estética más juvenil o más colorista, aunque fuera en blanco y negro, como Escala en Hi-Fi o los distintos proyectos dirigidos por Chicho Ibáñez Serrador. 

-¿Cómo era y qué buscaban Los 3 del Mediterráneo y que le deben a Los 3 Carino y a un reportaje que publicaste sobred ellos hace años en Heraldo?

Descubrí a Los 3 Carino cuando hacía el programa El Desván en la programación nacional de Cadena Dial. Años después rastreé su pista hasta localizar a uno de ellos, Joaquín Solanes, y en 2002 escribí un largo reportaje en Heraldo sobre sus andanzas por Oriente Medio. El grupo de mi novela, Los 3 del Mediterráneo, está inspirado en ellos y toma prestadas muchas de las anécdotas que les sucedieron y que me contó Joaquín, pero también bebe de otras fuentes como una persona de mi familia, Mercedes Bóveda, que también formó parte de un conjunto que actúo por todos esos países. 

-¿Eran frecuentes estas aventuras musicales en el extranjero? ¿Por qué el Medio Oriente (Teherán, Bagdad, Beirut, luego Ammán) qué vínculos tenían hacia la música española?

No he descubierto nada nuevo porque Manuel Iborra lo contó muy bien en Orquesta Club Virginia, una película de 1992 con Antonio Resines, Jorge Sanz y Emma Suárez, basada en las memorias del percusionista Santi Arisa. Aunque ahora nos parezca insólito, desde los años 50 hasta mediados de los 60, las orquestas, ballets y conjuntos españoles tenían mucho éxito en el circuito de casinos, salas de fiestas y  hoteles de lujo de aquellos países. Grupos que aquí no le suenan a nadie hacían largas giras por todos aquellos países y ganaban muchísimo más de lo que podían obtener en el nuestro. Beirut era el centro de todo, la gran ciudad cosmopolita de la zona. Aquello se quebró a partir de 1967, conflicto tras conflicto, y ya no se recuperó jamás.

-Da la sensación, no sé si es querencia de la cantante o del propio autor, que la música italiana entonces era tan importante como la norteamericana…

Creo que es una percepción objetiva, después de manejar muchas revistas y libros de la época: antes de la penetración avasalladora de la música norteamericana, los músicos italianos tenían muchísima presencia en nuestro país e influyeron poderosamente en los artistas nacionales. También los franceses, aunque un escalón por debajo. Ahora es un poco triste que apenas escuchemos música procedente de esos países que son tan cercanos a nosotros. 

-¿Te ha llevado mucho preparar la documentación?

Nunca doy por finalizada la documentación. Siempre incorporo lo último que encuentro. Para esta novela dispuse de cientos de discos de la época, también me fueron de utilidad muchos libros como las memorias de Jesús Franco, Alfonso Santiesteban o Miguel Ríos y un magnífica colección de la revista Fonorama que me facilitó mi suegra, y por supuesto los periódicos de aquellos años. 

-Sin avanzar nada, ¿has querido recordar también que muchos músicos españoles han sucumbido a la fatalidad de la carretera?

La carretera ha sido una auténtica plaga para los músicos. Siempre recuerdo a Leandro, Cecilia, Nino Bravo, Poncho y José Luis de Los Ángeles, Jesús de la Rosa de Triana, Bruno Lomas, Tino Casal o Eduardo Benavente, que se mató viniendo a Zaragoza.  

-¿Qué podríamos avanzar del joven fenómeno Tony Castán?

Es un personaje inspirado en algunos prototipos de la aquella época; gente que tenía un trabajo normal y grandes cualidades para la música, pero no todos se atrevían a jugársela en un terreno tan resbaladizo como es el artístico. 

-Un detalle: ¿por qué siendo Los 3 Carino, citados por cierto en el libro, de origen aragonés has convertido tu trío en madrileña y  dos murcianos (Benjamín y Ramón Vera), y has situado la acción de partida en Madrid?

Aunque Los 3 Carino fueron el primer impulso y la principal fuente de inspiración, la novela no es su historia, es una ficción, y necesitaba crear unos personajes con su propia personalidad. Madrid en aquel momento era el epicentro musical del país y tenía cierta lógica que la novela partiera de allí y no de un lugar más pequeño. Ahora mismo no recuerdo por qué decidí que los hermanos Vera fueran murcianos, sería algo casual. A Irene la hice hija de un aragonés y se apellida Abós porque estaba con los primeros capítulos cuando falleció el entrador del CAI, José Luis Abós, y quise rendirle ese pequeño homenaje.

-Leyendo el libro, un retrato musical de la época, con el sello Zafiro por ahí rondando, uno se siente llamado a preguntar: ¿En qué ha cambiado la música?

Sobre todo ha cambiado la forma de consumir música, el acceso masivo a ella, y también se ha perdido una cierta ingenuidad que había en la forma de componer, de actuar y de promocionarse en los años 60. Por lo demás, las buenas canciones son eternas y suenan igual de bien ahora como hace cincuenta años.  

-¿Qué hay de ti, de tus gustos y pasiones, de tus investigaciones, en este novela?

Me interesan mucho los músicos como personajes, quizá porque los veo desde fuera, porque  he conocido a muchos a través de mi trabajo y el suyo me parece un mundo tan apasionante como difícil. No es la primera vez que los uso como protagonistas porque ya lo hice en Foto movida, entonces con los 80 y la Transición como trasfondo.

24/04/2019 05:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DEL LIBRO

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Publicado en 'La Opinión de Málaga' por el escritor y periodista cultural Guillermo Busutil, quedirigió durante doce años y más de 200 números la revista 'Mercurio', que se acaba de cerrar con un espléndido número centrado en Ita Vitale.

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2013/04/21/hombre-libro/582455.html?fbclid=IwAR2iNNIa6MPBVe4Y0tnyw5MNtojxGb3HZacLlvvodjDRlCMwTjVZoC6BWZg

UN HOMBRE, UN LIBRO

Guillermo Busutil  21.04.2013 | 05:00 

Leer en presente es un indicativo de cultura. Yo leo, tú lees, él lee, nosotros leemos, vosotros leéis, ellos leen. En los autobuses, los metros, los trenes, los aviones, los barcos, las bibliotecas, los parques, las salas de espera, las cafeterías, en las casas de este día que celebraremos libro adentro. Y también libro afuera, porque cada calle es una página de la ciudad por la que transitamos como personajes, como la huella impresa de una forma de sentir y de pensar. Lo mismo que las que nos dejaron las lecturas con las que aprendimos a emanciparnos de la realidad, a tener más amplitud de miras y a soñarnos héroes a la vuelta de la esquina, donde siempre empieza la imaginación. Todos somos el producto de nuestros juguetes, nuestros viajes y nuestras lecturas. Incluso, cada amor que igualmente me hizo, además de su marea en la memoria de mi piel, tiene también sus libros, su poema en mi escritura. Sé de gente que todo lo ha vivido en ellos, que su error fue abrir uno un día o que su retrato es una biblioteca. Y proceso afecto admirativo a Caballero Bonald, Cervantes de Argónida, por su manera de marinar el lenguaje, por enseñarnos sobre el imposible oficio de leer y recordarnos que siempre habrá un libro esperando.

 

El próximo martes es el día perfecto para buscarlo. Puede ser un título de moda o premiado; alguno de Defoe, Salgari, Kipling o Verne para recuperar la infancia y defender la memoria de lo leído; el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, En la Orilla de Chirbes o el de Bonilla acerca de Maiakovski, el mejor subversivo colocando bombas para hacer estallar el poema. Libros adecuados, peligrosos o inoportunos, según quién los lea, en este tiempo de crisis en el que alguien del PP puede llamar a la puerta para comprobar nuestro ayuno, la ducha fría, el cinturón apretado y nuestra austeridad también en la lectura- el ideal orden doméstico del gobierno-. También hay cuentos, poemarios, diarios, ensayos o Las aventuras de un libro vagabundo de Paul Desalmand. La narración autobiográfica y picaresca de un libro que nació el 7 de junio de 1983 con 224 páginas, 230 gramos de peso, unas medidas de 16,5x 12,5 cm, tipografía Garamond y cuerpo 12. Toda una declaración de buena salud y de libro de clase media, cuya voz nos desvela sus peripecias, otras historias, como la de un taxista que convierte su coche en una biblioteca ambulante o la de una chica que lo utiliza para cubrirse el sexo cuando hace nudismo en la playa, y que los libros hablan de noche sobre su miedo a la guillotina. El futuro condenado de una gran parte de los títulos que el martes estarán en las calles de Barcelona, llena de rosas y de escritores, en las de Madrid con interminables lecturas de noche, en las de otras capitales con un 10% de descuento, deseando ser escogidos. Pero como en el cuento de los Grimm, a las doce y una campanada o un par de copas más tarde, el libro se volverá Cenicienta y sin príncipe que lo salve poniendo en la puerta el cartel: No molesten, estoy leyendo.

 

La burbuja editorial estalló hace tiempo pero empezamos a darnos cuenta el pasado año, cuando la venta cayó un 40%. Y éste, sigue pendiente abajo, llevándose por delante librerías, algunos sellos independientes, otros pequeños, títulos que no pasaron la ITV y los anticipos de más de cuatro cifras para los autores. También amenaza a los escritores más literarios, cuyos lectores fieles los mantienen vivos en el mercado. Ya se sabe, en este país, la literatura vende poco. Aunque el cine diga lo contrario, nadie busca a Nemo. Menos aún la maravillosa biblioteca del Nautilius. A las editoriales le interesan más los mega sellers y, mientras los encuentran, las intrigas, dramas, batallas épicas, amores, enigmas esotéricos, fábulas sexuales y aventuras con fondo histórico que se vendan bien en las grandes superficies. Poco espacio queda para la literatura como un golpe al estómago, armada con un lenguaje de atmósfera y orfebre, que explore otra manera de contarnos historias. Conseguir que un libro, como dijo Kafka, sea como el hacha que rompe el mar de hielo de nuestro corazón. Hace lustros que la sociedad demostró que, en España, la lectura no goza de un apoyo mayoritario. Baja es la cifra de personas que la entienden como una forma de progreso, un espacio íntimo, el tiempo en el que uno está menos solo. Si se mantiene el hábito en el alambre es porque existen mujeres, clubs femeninos donde se lee mensualmente y bibliotecas rurales en las que se han esforzado en hacer de la lectura una forma de superación, de libertad y de placer. Pero en la enseñanza es, desde hace décadas, la asignatura pendiente de alumnos y profesores poco dados a valorar que con los libros se aprende a leer el mundo, la vida, el misterio de las personas. Sin olvidar a muchos jóvenes autores convencidos del éxito del escritor buen salvaje, ignorantes de que escribir es una lectura eterna. A estos síntomas graves, hay que añadir el poder de sugestión de la televisión y de la red. Artífices de la inmediatez, del impacto, de la brevedad, de la estética de la aparición que paradójicamente también es la estética de la desaparición, y de la primacía de la imagen como una representación del mundo que no conlleva la necesidad de razonar un argumento. La nueva cultura líquida de la imagen, representación poderosa del mundo cada vez más victoriosa sobre la comunicación a través de la palabra.

 

La salud del libro tiene un pronóstico reservado. Un mal desenlace conlleva la desaparición del discurso, de la crítica, de la opinión fundada en el pensamiento, en el lenguaje y en la escritura. La creencia en el libro como tierra firme en épocas de naufragio e incertidumbres. En la lectura como una forma de felicidad y un acto de resistencia en los tiempos del miedo a pensar, del farenheit 451 que siempre acecha un viento favorable. No podemos dejar que nos desahucien de leer. Hay que contraatacar. Este 23 de abril, con 103 años de antigüedad, hagamos que en la paz -al igual que en la guerra- se repita la consigna: un hombre, un libro; un clavel en el fusil.

Leámonos!!

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*Retrato del joven escritor, en 1982.

24/04/2019 05:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOMINGO VILLAR EXPLICA LAS CLAVES DE 'EL ÚLTIMO BARCO'

Domingo Villar: “Explico mejor Galicia gracias a un aragonés”

 

Tras diez años de silencio, el escritor de novela negra vuelve con sus policías Caldas y el zaragozano Estévez en ‘El último barco’

 

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) está más feliz que asustado ante la aparición de su tercera novela: ‘El último barco’ (Siruela, 2019. 707 páginas), que vuelve a transcurrir en las costas de Vigo, en Tirán, como sus dos primeras apariciones: ‘Ojos de agua’ y ‘La playa de ahogados’, que llevó al cine Gerardo Herrero en el papel de Leo Caldas, su detective y locutor radiofónico en ‘Patrulla en las ondas’, y Antonio Garrido, como Rafael Estévez, un policía zaragozano que intenta entender la sinuosidades de pensamiento y de mentalidad de los gallegos.

“Es muy estimulante saber que había tanta gente que te estaba esperando y la recepción que está teniendo el libro. Piense en el Real Zaragoza: ¿no es mejor que esté el campo lleno y que intente dar ahí, con todo a favor, lo mejor de sí mismo? Me sucede un poco igual”, dice el escritor.

Domingo Villar ha usado el símil de La Romareda con toda la intención del mundo. Sus vínculos con Aragón son inequívocos: está casado con la turolense Beatriz Lozano, Bea, con quien tiene tres hijos, y por eso Rafa Estévez “me viene muy bien. Me permite explicarle a un forastero cómo somos en Galicia, cómo sentimos y cómo lo celebramos todos con la comida: la alegría y la tristeza, aunque entonces ya no se cante. Explico mejor Galicia gracias a un aragonés que es más frontal y directo y a veces no nos entiende”.

Quizá, en la nueva novela, que presentaba en la librería Cálamo el 21 de marzo, Estévez esté algo más apagado en humor e ironía. “Yo no diría eso -tercia el escritor-. Suceden dos cosas: está un poco asustado porque va a ser padre con su novia y, además, le duele mucho la espalda, y en esas condiciones no es fácil ser gracioso o irónico. Pero yo creo que es un tipo especial, un grandullón compasivo e inteligente. De una gran humanidad. En el fondo, es como un protector de Leo Caldas que ahora necesita ser protegido”.

‘El último barco’ se ha dilatado en el tiempo. Diez años.  “Lo sé. Creo que en 2013 arrojé a la basura, literalmente, la novela. Tenía 400 páginas. Sufrí una doble crisis: por una parte, me parecía que le faltaba emoción, y no quería entregar algo que me conmoviese a mí en primer lugar, y se había muerto mi padre. Todo aquello me trastornó. Volví a empezar, me quedé con algunas páginas, apuntes y detalles, y creo que ahora he hecho el libro que quería”, explica el escritor gallego, que reside en Madrid. El padre del protagonista Leo Caldas, bodeguero, anda siempre por ahí, y el inspector siempre está preocupado por él.

Más que una novela policiaca o negra al uso, Domingo Villar dice que ha “escrito una novela costumbrista de personajes”. Añade: “Yo me reconozco en Manuel Vázquez Montalbán, que da una visión maravillosa de la Transición; en Andrea Camilleri, que cuenta la vida y los secretos de Sicilia. Galicia lo es todo para mí, aunque vivo en Madrid desde 1989. Ahí tengo un lugar ideal para situar mis ficciones, en Vigo, Cangas, Moaña, Tirán: hay puerto de mar, que es el lugar por donde entran y salen tantas mercancías y se dan tantas aventuras, tengo un mar misterioso a veces, encrespado otros, playas multitudinarias y playas solitarias, casi secretas, pero también hay montañas, un paisaje de gran belleza. En ese sentido, me siento privilegiado”. Quizá en esta novela, además de Vázquez Montalbán y Camilleri, se perciben los métodos deductivos de Georges Simenon, esa caligrafía despaciosa de la investigación.

“La novela funciona como a oleadas: hay olas tranquilas y hay olas más furiosas. El ritmo es importante. Escribo simultáneamente en gallego y castellano, sin que haya propiamente una lengua de fondo. En ‘El último barco’ se perciben como dos partes, entrelazadas: una de capítulos más descriptivos, vinculados al paisaje, a la belleza de Galicia, a la evocación del mar, sin olvidarme jamás de la acción; y otra parte donde fluyen los diálogos de la investigación, las preguntas. Esta parte la suelo escribir en castellano, llevo años fuera de Galicia y me sale mejor. Es fundamental oír la lengua cada día. Y la parte más afectiva e íntima la redacto en gallego. Sigo con el libro en función de donde haya dejado la acción el día anterior”. Otra estética: dice que no quiere abrumar al lector, que le deja que piense y que penetre los sueños poco a poco en la cabeza del lector.

‘El último barco’ cuenta el tumulto que se crea cuando el doctor Andrade, padre de Mónica Andrade, la ceramista y profesora de cerámica, pide ayuda porque ella no fue a comer el domingo y no ha dejado mensaje ni coge el teléfono. A partir de ahí entran en acción Leo Caldas y Rafa Estévez, y con ellos otros muchos personajes: sus compañeros de investigación o vinculados con la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, donde conviven la cerámica y la fabricación de instrumentos musicales.

Revela Domingo Villar: “Entre los personajes de ficción he usado a dos verdaderos: Rasal y Miguel Vázquez. “Les advertí que, en la ficción, podían estar implicados en un crimen. No les ha importado. Al contrario. Uno de ellos, durante muchos tramos de la novela, es el principal sospechoso de un crimen. Son los primeros en mandarme todos los recortes, opiniones y entrevistas. Están muy felices de ser criaturas de ficción”. Dice que el libro también defiende la necesidad del sosiego, de la placidez. “La lentitud es necesaria para todo en esta vida enloquecida: para soñar, para hacer violas, para investigar o para que un escritor escriba su novela”.

Domingo Villar desliza una última confesión: “Mónica Andrade tarda en aparecer, en caso de que aparezca, claro. Y me gusta que durante muchas páginas, tantos personajes, con sus recuerdos e impresiones, con sus retratos, acaben creando un personaje singular, inquietante, complejo. Creo que, de algún modo, tenía en la cabeza a la Rebeca de Daphne du Maurier”.

Entre los personajes secundarios, con sus enigmas a cuestas, hay un mendigo, “o esmoleiro”, que se llama Napoleón y habla en latín; un fotógrafo enamorado que retrata aves y animales del mar y un dibujante, naturalista, que retrató a Mónica Andrade y firma sus obras con una espiral.

 

12/04/2019 10:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO ITURBE ESCRIBE DE 'MUJERES SOÑADAS' EN 'LIBRÚJULA'

http://www.librujula.com/actualidad/2396-del-amor-nunca-se-sabe-nada

Antonio Iturbe escribe en 'Librújula' de nuestro libro 'Mujeres soñadas' (Aladrada), 28 fotos de Rafael Navarro y 28 textos de Antón Castro.

Texto: Antonio Iturbe

Se reúnen en este libro de edición magnífica y elegante las fotografías de Rafael Navarro acompañadas de textos de Antón Castro inspirados por las imágenes. Castro es sobre todo poeta, también periodista cultural de larguísimo recorrido, escritor de lo que haga falta, ciclista de fin de semana y admirador de todas las bellas artes. Un Antón Castro que en estas páginas entra en estado de trance al contemplar las mujeres esquivas y sensuales que capta la mirada de Navarro. Dice en el prólogo Fernando Sanmartín que Castro “sin sus pasiones renunciaría a la vida”. Y las mujeres le gustan más que el jamón. Y habla de ellas con la admiración, el respeto y la entrega con que los mortales miran a las diosas.

En Mujeres soñadas se habla mucho de amor: “del amor nunca se sabe nada aunque creamos saberlo todo”. Y, sobre todo, del enamoramiento, de ese estado de trastorno que se puede producir de un instante a otro, de un incendio descomunal que arranca con la chispa de una sola mirada.
Las mujeres de este libro de relatos, tanto en las fotos en blanco y negro de Navarro como en los fogonazos de Antón castro, tienen la volubilidad de los fantasmas pero su suave carnalidad empapa las páginas, como esa Irene que paseaba bajo la lluvia de la alameda. En más de una ocasión siente uno la irrefrenable pulsión de ir a Google a comprobar si son reales o imaginarias porque todas ellas, incluso en su textura escurridiza de amores que se escurren entre los dedos, resultan vivamente veraces, como esa pianista Olimpia Olvés que tiene ademán de bailarina y que lo hipnotiza en el patio de butacas en cada concierto. O Clara, la librera de El Relato Perpetuo. Tal vez sean mujeres verdaderas con los nombres cambiados, o personajes inspirados en personas reales o simplemente sean ficciones verdaderas surgidas de la sensibilidad de Antón castro, que sueña con los ojos abiertos. No importa. Estos relatos tienen su propia verdad interna, su propio contagio de emociones que se nos cuela dentro.

portada mujeres soñadas 1Viajamos en busca de Gloria Petriz, ese eterno amor de adolescencia cuyo rescoldo nunca se apaga. Son mujeres soñadas como esa legendaria Clara Setién que recoge conchas, agua de mar y arena en la playa del Sardinero de la que le había hablado un periodista santanderino con la cabeza llena de corcheas y que creyó entrever una mañana mientras nadaba. Viajamos al pequeño pueblo aragonés de La Muela para una sesión de fotos que resulta más ardiente de lo esperado, a pequeñas localidades alrededor de Zaragoza como la Almunia de doña Godina o Mezalocha, pero también a Oropesa, el Matarraña, La Coruña… Es un libro de lugares mentales y de enamoramientos que se evaporaron. Un libro sobre mujeres pero donde también hay hombres hermosos que admira, como el fotógrafo Alberto García-Alix, Rafael Navarro que presidió la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, el campeón de motociclismos que murió demasiado pronto Víctor Palomo, el pintor Ignacio Mayayo, el actor Cherma Mazo, el artista Pedro Avellaned o el imprevisible Fernando Arrabal. Y junto al licor de la poesía también está esa sorna galaico-aragonés de Castro, que se filtra en las páginas, como ese canalla seductor llamado Sandro Laporta que igualo ve uno ya visiones pero es un nombre compuesto por dos ex presidentes del Barça que no acabaron bien. Seduce y engaña este Sandro Laporta a Selva Langa, que tiene nombre de heroína de cómic y recita poemas eróticos de Gioconda Belli. Un libro para mirar, para leer y para dejarse llevar.

 

11/04/2019 19:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS RUBIO ABORDA VERUELA A LA MANERA DE MARCEL SCHWOB

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Jesús Rubio, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, es muchas cosas: especialista en epistolarios, en Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ricardo Baroja, Antonio Machado y, sobre todo, Gustavo Adolfo Bécquer y sufamilia. Es juguetón, con cara de pocos amigos, burlador e irónico, y lo practica casi todo: el ensayo, el cuento, el poema, los géneros periféricos (el aforismo o el microcuento). Ahora acaba de publicar 'Vidas reales e imaginarias en el Monasterio de Veruela' (Los Libros del Gato Negro), que acaba de presentar en Zaragoza.

En esta entrevista en Heraldo.es avanza sus claves. 

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/10/jesjus-rubio-al-monje-jeronimo-tris-lo-mataron-a-palos-en-el-moncayo-1308402.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1SvbFoaJFvrtWDdTvcoI8wezHJJc7Bm31Cv2JW365D-tTBVeOm8Ae5h9Q

11/04/2019 18:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON PATRICIA ESTEBAN EN TORNO A 'FONDO DE ARMARIO'

Patricia Esteban Erlés: “La columna es un micrófono”.

 

[La escritora, autora de 'las madres negras', publica una selección de sus columnas quincenales de 'Heraldo de Aragón', de la sección 'Las naturales', que alterna con Aloma Rodríguez: 'Fondo de armario'. El libro lo ha publicado el sello Contraseña y se presentó en pasado martes en el Teatro Principal de Zaragoza.

 

-¿Qué pensaste cuando Picos Laguna te invitó a colaborar?

Me halagó mucho que quisiera contar conmigo, que hubiera pensado en mí para esa cita quincenal que es Las naturales, una columna que aparece en el periódico los domingos, un día que yo misma reservo para el café infinito y la lectura de la prensa. Me hizo mucha ilusión pensar que muchos aragoneses se encontrarían con mis textos ese domingo en que me toca publicar. Al mismo tiempo pensé en la responsabilidad que entraña opinar, mostrarte al hablar de un tema concreto. Procuro dialogar mucho conmigo misma antes de plasmar esa toma de postura por escrito, darle solvencia desde el punto de vista estético y desde luego procurando huir de obviedades si atendemos al contenido. 

 

¿Como entiendes la columna? ¿Qué exigencias, posibilidad y secretos tiene para ti?

 

La columna es un micrófono. Un espacio que suena, que graba mis pensamientos. Creo que es una suerte disponer de ese lugar, de ese foro en el que puedo ordenarme por escrito, recoger quién soy, cómo afronto la relación con el mundo que me rodea, un mundo complejo, que me fascina y me horroriza. Puedo refugiarme en mi columna y contarlo, sin la necesidad de mantener la objetividad de la noticia, manifestando mi emoción cuando hablo de un gesto noble, mi espanto ante el triunfo frecuente del mal. La columna está ahí, puedo ser yo en ella y consuela saber que en muchas ocasiones hay lectores que se ponen de tu lado, que se emocionan o indignan casi a coro contigo. 

 

 

¿Tienes una poética, una idea de la columna?

Admiro mucho a Capote, que inoculó el lenguaje literario en el periodismo y que, desgraciadamente, encontró la idea de lo que debe ser una columna antes que yo. Cito sus palabras: me gustaría que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía. Casi nada. Defiendo como él que cada autor, cada autora, es su estilo. No renuncio a él, a ese ropaje que me define cuando escribo, ni en mis cuentos, ni en la novela, ni en mis columnas. 



¿Se parece en algo a un microrrelato, del que eres una consumada maestra?

 

Para mí desde luego que sí. Concibo mis textos literarios breves y mis columnas como un desafío, como el reto que supone luchar contra el espacio que ambos pueden ocupar.  No puedo escribir un microcuento de tres páginas ni una columna que exceda los 1750 caracteres. Esa limitación tan prosaica, sin embargo, conlleva un beneficio. He aprendido a entrenarme en la búsqueda de estructuras, en el recorte de lo innecesario. Me esfuerzo por analizar los matices que debe poseer un adjetivo antes de colocarlo. Busco la eficacia lingüística y estética obsesivamente. Quiero golpear al lector y que se acaricie la mejilla dañada pensando en lo bonita que ha quedado esa herida.

Además, el concepto de tensión es fundamental en estas dos tipologías. Yo imagino cada texto como un goma negra muy  tensa, de la que alguien tira a ambos lados. Si se suelta por una de las dos partes el texto pierde interés, ritmo. Hay que lograr  que los recupere. 

 

¿La periodicidad quincenal, te da más tiempo o no para trabajarla?

A veces viene bien, otras lo que ocurre es que una noticia que te interesaba, que hubieras elegido como tema para la columna, queda ya lejos para la memoria del lector y hay otras más recientes llamando a la puerta. Procuro ceñirme a cuestiones de estricta actualidad, de ahí que en ocasiones apure hasta los últimos segundoa antes de mandarle a la sufrida Picos el texto. Cuando nada de lo que ocurre me resulta lo suficientemente interesante pienso en mí, en lo que leo, en las series que veo, en mi trabajo como profesora, en canciones o personajes que encierran un significado especial. Son mis homenajes, textos con nombre propio que disfruto mucho escribiendo.  

 

¿Cuál sería el vínculo de tus textos con la actualidad?

 

En determinados temas muy evidente. Me manifiesto sin ambages ante cuestiones como el feminismo, la defensa de los animales, apuesto  por un gobierno que defienda la educación y la sanidad pública... Suelo ceñirme a ejemplos concretos relacionados con estos  temas, nombro a sus protagonistas para que nadie los confunda con una fría cifra estadística, para que cuando se cite la violencia de género, por ejemplo, pensemos en Nagore, que era una chica joven que estaba cumpliendo su sueño de convertirse en enfermera cuando se cruzó en el camino de su agresor, un médico que ha vuelto a ejercer su profesión al salir de  la cárcel. Quiero traer de vuelta a la víctima, que pensemos en ella como en nuestra hermana, en nuestra hija, para que sea imposible reaccionar tibiamente ante la crudeza del caso. A Nagore la recuerdan los suyos como una herida abierta. El olvido no debería cerrar esa herida. 

 

 

¿Tienes columnistas mujeres de referencia?

Sí. Admiro a Leila Guerriero, a Marta Sanz, a Cristina Grande, a Irene Vallejo, entre otras. Me gusta leerlas porque son ellas en sus columnas y no se esconden ni asumen máscaras. Hablan de lo que quieren como quieren, convirtiendo sus textos en auténticos ejercicios literarios, en textos muy libres de ataduras, originales, llenos de reflexiones sobre la memoria personal. 

 

¿Cómo defines tu ‘fondo de armario’? ¿Cómo es?

 

Es un libro lleno de amor por las palabras. El lenguaje es un arma, como puede serlo la ropa. Elegimos prendas que nos protejan de la desnudez, que abriguen cuando sopla el maldito cierzo, que aligeren el bochorno del verano.  El armario nació como mueble en el que se guardaban las armas y creo que ha mantenido ese papel. Las palabras son también cálidas o refrescantes, podemos mostrarnos ante el mundo con ellas. Yo compro con frecuencia prendas de un verdeconcreto  del mismo modo que retorno a ciertos temas, los transito a menudo, bien porque me preocupan especialmente, bien porque simplemente disfruto hablando de ellos. 

 

¿En qué medida sería un autorretrato: ahí se ve tu feminismo, combativo, tu coraje, tu sentido del desafío?

Lo es, sin duda, pero no es un selfie complaciente, no es la foto en la que me obligo a sonreír para la posteridad. Hay fondos, paisajes contra los que no me sale mostrar alegría. No quiero autorretratarme impasible mientras hablo de mujeres asesinadas por sus parejas, silenciadas por la Historia. No me apetece fingir que todo va bien cuando en nuestro país sigue ahorcándose a los galgos de un árbol cuando termina la temporada de caza como si fuera un gesto rutinario, inocuo, que nos habla de una maldad enquistada, de una violencia admitida. No quiero que mi autorretrato se quede al margen de ese mundo que hacemos detestable tan a menudo. En esas fotos que son mis columnas no escondo las emociones que siento al hablar de la injusticia, de la crueldad, de la indiferencia, que es una forma secreta de sadismo. 

 

¿Eres más rebelde en las columnas que en los libros?

No lo creo. Debo ir más al grano, limitar el alcance metafórico que en textos más largos sí me permito sin trabas. Soy rebelde porque creo que debemos aceptar el mal como componente básico del ser humano, ese lado oscuro está, claro que sí, pero debe combatirse denunciándolo, atajándolo, reduciéndolo a su mínima expresión. Si admitimos que se materialice y extienda su poder, si no se actúa de forma personal y social contra él, estaremos perdidos. 

Y también estás tú, claro: la novelista, cuentista y lectora, la apasionada del cine. ¿De qué modo dirías tú?

Todo lo que soy aparece en las columnas porque el arte me ha enseñado que la belleza está en el mundo y disfrutarle  es una buena razón para seguir viva. La literatura y el cine, también la fotografía, aparecen en muchos de mis textos como sustancia vital. No son aficiones: son argumentos irrefutables. Mientras un párrafo de una novela se quede con nosotros, mientras la escena de una película nos cuente quiénes somos, mientras necesitemos escuchar una canción para sentirnos a salvo, habrá esperanza. 

 

-¿Qué cosas especiales te han pasado con tus columnas, te escriben mucho, te aplauden, se quejan?

Muchas agradables. Personas que no conozco me saludan en una tienda, me dicen que hace años que me siguen. Compañeros docentes han convertido mis textos en objeto de comentario de temas candentes en sus aulas.  Una anciana dama me dijo el otro día, al final de una presentación, que aplaude a veces y se ríe mucho con mis ocurrencias, que soy muy tremenda. 

 

¿Cuál es tu columna favorita o tus favoritas?

 

Me gusta mucho la que dediqué a Marilyn Monroe, una breve semblanza biográfica donde intenté contar la ternura que siempre me ha producido una mujer tan despampanante y frágil como ella, la protagonista de una novela muy triste, en realidad. 

 

 

10/04/2019 19:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIANO GISTAÍN: PURO TALENTO

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Mariano Gistaín publica su novela más ambiciosa y la presenta mañana 29 de marzo en Huesca, en el Palacio de Villahermosa de Ibercaja

Retrato de un visionario con avatar

 

[Se busca persona feliz que quiera morir. Mariano Gistaín. .Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 255 páginas.]

Mariano Gistaín (Barbastro, 1958) ha vuelto a la ficción en solitario, a su modo, con un personaje errático, desdibujado por la nada, de 44 años y orillado por el amor y el sexo, que decide casi por accidente, o seducido por la publicidad, someterse a la criogénesis, algo que no es una invención.

Mariano Gistaín, que siempre va por delante y tiene la facultad de anticipar el futuro tecnológico, y quizá empresarial (sería el mejor asesor en materia de nuevas tecnologías y periodismo, pero nadie lo ha puesto a pensar en libertad porque es demasiado independiente), constató ya en 2016 que ese sector dedicado a la congelación de cuerpos era un sector emergente e incluso, y no es ciencia ficción o surrealismo, contaban con una web con diferentes ofertas.

El experimento al que se somete el personaje innominado del libro –acuciado por las urgencias o escalofríos de su «yo digital»– le va a llevando hacia diversas mujeres y pruebas. Él no solo es un solitario, sino también alguien atraído por asuntos muy frecuentes en la Zaragoza en que vive: «Inteligencia artificial, drones, impresión 3D, coches eléctricos, hidrógeno, física cuántica, huertos ecológicos verticales, empatía, lanzaderas para emprendedores, consejos y mentorizaciones, energías limpias, aceleradoras de ‘startups’, inversores…». Este es su mundo.

Su curiosidad es mayor que su escepticismo y subraya: «He acabado por creer todos esos preceptos que forman el espíritu –o la materia– de mi tiempo». Su curiosidad también es superior a su escepticismo: «Confieso que las decisiones, en un 99% de los casos, las toma la vida por mí: el Banco Mundial, la empresa, la familia, la tradición, la moda, la publicidad, Hacienda, el navegador del móvil…»

A este sujeto lo citan en un lugar de la calle Bolonia, el Contenedor Creativo, que está dividido en varios contenedores de barco, donde en teoría le harían la criogenización. Así arranca la novela, y podría decirse que el método o la estrategia es genuinamente «made in Gistaín», pero a partir de ahí empieza una suerte de travesía, aventuras y quizá de zozobras, de este ser que va conociendo muchos cosas: la humillación, la esperanza, el desconcierto, la persecución de Hacienda y el amor. La novela mezcla esos diálogos delirantes, hilvanados con constantes hallazgos y juegos de palabras, con una ternura, sentimental, salvaje y secreta.

El personaje descubre que la empresa, que no tardará en contar con socios mexicanos, ha estado haciendo pruebas con gatitos o con un grupo de pobrones. El protagonista se enfrentará a un sinfín de incidencias. Las mujeres serán quienes le llevarán de prueba en prueba: primero Irene, luego Rossi, más tarde Claudia, o Linda, y Edita, y en las fases de la criopreservación, el primer paso para hacia la inmortalización, la novela se empieza a llenar de tramas y subtramas que avanzan como la sinapsis de Cajal. Aquí todo mancha: hasta la soledad del pensamiento. Aparece una secta de escritores negros y un cuento más o menos enigmático de apenas tres folios que perturba las conciencias y los destinos, y el autor crea una especie de laberinto policiaco y científico donde es tan importante un detective que se llama Luciano Gracia, con un hombre vinculado con la base aérea norteamericana, Santos Palacián, como los cuentos de Jorge Luis Borges o ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

Identidad y frío

Mariano Gistaín mezcla muchos registros. Uno de sus temas es, siempre, la identidad. Se plantea la dimensión metafísica y existencialista del sujeto, y reflexiona sobre ello una y otra vez, casi a la manera de Javier Tomeo: con un desvío hacia el absurdo y la anticipación. Es un escritor visionario, realista y fantástico. El protagonista es un sujeto a la deriva, a merced de los otros y de esos avatares interiores que lo convierten en una piltrafa (o ya lo era), magullado en un universo ‘matrix’. Es también un libro de afectos, de paisajes, de humor e ingenio permanentes, y un relato de la vanguardia tecnológica, de los avances científicos, y un prodigio de talento y plasticidad.

Mariano Gistaín y sus editores acuñan un término feliz: «Cibercostumbrismo». El estilo mezcla brillantez, erotismo, ironía y lirismo, y deslumbra por su arsenal de recursos y de talento. Nadie escribe en España como Mariano Gistaín. Lean: «Paseamos con Irene. Nos acariciamos despacio, casi sin pulso, como si fuéramos de cristal. Nos vamos excitando lentamente mientras baja el sol por las colinas del fondo y reverbera en los depósitos cromados de las granjas de cerdos que ocupan todos los horizontes. El olor a purines se clava en el cerebro. Te acostumbras y al final ni lo notas, dice Irene, pasando a la fase B, que todavía es preliminar, pero avanzada. Un tractor enorme curva la tarde».

Antón Castro

 

*Este texto aparecía hoy en ’Artes & Letras’ de HERALDO.

CHESÚS BERNAL: RETRATO DE UN HUMANISTA

Chesús, el intelectual, el filólogo, el escritor

 

 

El político escribió del occitano, de Braulio Foz y Buñuel, hizo enrevistas y firmó un ‘Dicconario aragonés’

 

Chesús Bernal (1960-2019) pertenecía no solo a la Chunta, fue una de sus figuras más emblemáticas, pura pasión y resplandor, sino que también fue un activo constante del Rolde de Estudios Aragoneses y del Consello d’a Fabla Aragonesa. Muchos de sus amigos coinciden en su condición de intelectual: poseía una sólida formación que le llevaba hacia la literatura española y francesa, hacia el aragonés y la literatura aragonesa. Era amigo de muchos escritores de antaño y de hogaño, y a lo largo del tiempo mostró su interes por Joaquín Costa y Braulio Foz. Ya en Rolde, en 1981, publicó el artículo ‘La vida de Pedro Saputo’, y al año siguiente aparecía ‘El araragonés residual de Valtorres’, la localdad de la comarca de Calatayud donde había nacido. O más tarde, aludía a la normalización gráfica del occitano.

Se doctoró con un trabajo sobre el occitano. José Domingo Dueñas recuerda que alguna vez “Chesús decía que le estaba costando hacer la tesis, pero al final la leyó. Siempre le atrajo Francia. No llegó a publicar un libro de la tesis al completo, pero sí publicó varios artículos sueltos”. En ‘Rolde’, en los primeros ños 80, redactó un artículo sobre la normalización gráfica del occitano, tal como recuerda Carlos Serrano, secretario y coordinador de la revista. Antes de que la política le devorase, y el sueño de ocupar espacio en las Cortes de Aragón, donde ofreció siempre lecciones de dialéctica, de preparación política y de pasión por los otros, “con más vehemencia que radicalidad”, hizo diversas colaboraciones en torno a la literatura, la filosofía y la lengua. Con José Luis Melero firmó entrevista José Antonio Labordeta, José Bada o el grupo de pop Alta Sociedad, en el que participaba entonces el escritor Javier Sebastián. En los años 80 escribió sobre el Estatuto de Autonomía y la situacion histórica y contemporánea de Aragón, y firmó algunas introducciones o presentaciones de artículos de Agustín Sánchez Vidal sobre Luis Buñuel.

Carlos Serrano en el número 15 de ‘Rolde’, en el que publica un poema en aragonés, ‘Cutiana ibernada’, con poemas de Ignacio Martínez de Pisón y de José Ignacio de Diego. Chesús decía que se poema estaba trducico del libro desconocido ‘Tiempo de anaya’.

A finales de los años 90, un soplo de Cruz Barrio, la bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona, le hizo saber, a él y a Francho Nagore Laín, de la existencia de un diccionario apócrifo de voces aragoneses. Lograron adquirirlo, intentaron serguir la pista de su recopilaldor anónimo; hallaron una palabra, ‘Petarruego’ (que quiere decir ‘explosión roja’ y que alude a una estrella de la constelación de Orión’, que daría nombre a una colección de Rolde donde se publicará el ‘Diccionario aragonés’, en 1999, con introducción y notas. Carlos Serrano, coordinador de ‘Rolde’, dice: “Veinte años después, hace muy pocos días, en el Paraninfo se presentó en ‘Diccionario de voces aragoneses’ de Josefa Massanés Masnou y se recordó aquel trabajo de Chesús y Francho. En este momento, los dos estaban trabajando en la edición de ‘Razón feita d’amor’ y Chesús estaba muy ilusionado en ese nuevo proyecto”.

Razón feita d’amor’, o ‘Razón de amor’, es uno de los poemás más antiguos de lírica de la Península, hecha la salvedad de las jarchas y las cantigas galaico-portuguesas de amigo, de amor y de escarnio y maldecir. El texto, que se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de París, posee numerosas pala bras aragoneses. Lo firma el aragonés Lope de Moros, Moros es una localidad próxima a Valtorres, y si no se sabe con certeza si el creador o un mero copista. Este poema juglaresco tiene 264 versos.

Chesús Bernal ha sido siempre un gran lector. “Siempre me ha gustado leer mucho, rápido y variado. Me encanta leer cuatro o cinco libros a la vez. Ahora, con tanta trabajo, me es más difícil gozar con la lectura”. Pisón, Miguel Mena, Cristina Grande, Ismael Grasa, Julio Llamazares, su amigo del alma José Luis Melero, Javier Tomeo, José Antonio y Miguel Labordeta y Emilio Gastón, entre otros, fueron algunas de sus debilidades. Mimaba su biblioteca y se sentía muy orgulloso de ella. En otra dirección, otra de sus pasiones era el arte aragonés. Le encantaba mostrar los papeles, los óleos, los grabados que había ido atesorando a lo largo de los años: era una forma de sumarse al cab allo de la historia, de la memoria viva y la sensibilidad creadora de Aragón.

 

POEMAS DE RADA PANCHOVSKA

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RADA PANCHOVSKA

[Búlgara, nacida el 16 de agosto de 1949, es poeta, editora y traductora de poetas aragoneses, españoles y latinoamericanos. Ha estado muy vinculada a la Casa del Traductor de Tarazona, al que suele venir una o dos veces cada años. Por cortesía suya, ofrezco aquí una selección de sus poemas, traducidos al castellano por ella.]

 

 

 

 

DESDE EL BALCÓN

 

                Cuando se nubla la vista

                todo se ve definitivamente claro.

                                               Ángel Guinda

 

En la tienda china de una pequeña

ciudad, abrigada en las faldas pirenaicas,

una mujer árabe velada hasta los talones,

compró para sí misma un teléfono móvil,

con una alegría no disimulada escuchó hasta el fin

las instrucciones de la vendedora

en el idioma extranjero común para ambas,

y lo sujetó bajo el velo/la almalafa al lado de su oreja.

 

Una estudiante ha sido arrastrada en la Tele

lejos de las urnas de un voto no reconocido,

una mujer de edad gritaba en arrebato/abnegación

en medio de la avenida apoderada de trance.

La vecina de enfrente, su cabeza cubierta de un pañuelo,

con dos niñas, todo el tiempo/siempre lava, tiende la ropa,

parece que es feliz a su manera,

no protesta y saluda sonrientemente/alegremente.

 

Una chica y un chico llegaron en taxi

a la estación de autobuses. Mientras pagaba

la chica, el chico encendía un cigarrillo

y después ella corrió para los billetes.

Así es, cada cosa con su tiempo,

los tiempos también cambian.

¡Y en medianoche pasó bajo el balcón

un joven, llevando bajo el brazo un libro!

 

SOLO

 

                Bien lo sé, es mi destino: urdir fantasmas,

                temblorosos perfiles, formas huecas,

                curiosos arabescos que aquí dejo

                sorprendidos, clavados en la hoja.

                Y también estar solo. Estar muy solo.

                                                               Víctor Botas

 

No toda la sinceridad es justa.

Sin un poquitín de mofa se vive difícilmente.

El poeta a menudo se burla del destino

y la soledad se vuelve un iceberg de sueños.

 

Ser solo se sobreentiende por principio.

Solo con todos, simplemente superpoblado.

No sólo le son cercanos, sino son una parte de él.

porque él es el/un ciudadano de toda la tierra.

 

No le es apretada la soledad, le es a medida.

Esclavo de la hoja, él salva del olvido

lo dejado por atrás y lo venidero, pequeño y grande.

Y paga sin cicatear con la vida suya.

 

 

 

RADA PANCHOVSKA - poemas del libro Elegías cósmicas (2018)

 

 

 

 

TODAVÍA

 

Los problemas planetarios están a punto de reemplazar los sociales.

La humanidad se esquiva avergonzadamente de su pasado,

la Tierra madrecita se convierte en una madrastra.

El campo de tiro cósmico que habitamos en el cosmos

impasible, resquebraja la cascara de la civilización,

la cuenta atrás ha empezado. Para un despegue o para un acabamiento,

dime tú, todavía depende todo de cada uno.

 

 

 

 

SOBREVIVENCIA

 

Mientras las capas de hielo del planeta se desploman,

los desiertos avanzan, las fábricas vomitan un humo

del que el aire se asfixia,

 

mientras de los bosques han quedado unos paisajes,

los bienes naturales se hunden más abajo,

las plantas y los animales pierden posibilidades,

 

mientras el harto no cree al hambriento / en tiempos de higos no hay amigos,

los ricos desprecian los pobres o viceversa,

mientras unos pocos lo apilan todo, miles de millones amontonan hijos,

 

el planeta está en sus postrimerías.

 

Estalla en volcanes dormitados,

dibuja flores glaciales sobre los cristales,

 

¿será que ha llegado el tiempo de volvernos a las cavernas

o como los vagamundos cósmicos

fijarnos la mirada en el confín celeste?

 

 

 

 

EL LLAMAMIENTO

 

 

 

¡Oigan!, los políticos,

¡no me toquen el clima!

Es vuestro asunto con su país

que vais a hacer,

pero mientras estáis en este planeta,

habrá que tenérselo en cuenta.

 

Es que La Tierra no es ni nuestra madre, ni madrastra,

y no somos nosotros su preocupación, sino ella a nosotros.

 

Diremos simplemente que ella es un hogar

acogedor por ahora, para todos.

Y nosotros somos unos inquilinos ilimitados

por herencia.

 

Puesto que no habrá quien nos pida cuentas a nosotros,

es preciso firmar un contrato

con nosotros mismos, para seguir viviendo aquí.

Ya que allí de dónde sea que hemos venido,

no podremos volver

algún día.

 

 

 

 

'EL SUEÑO DE LA RAZÓN' DE BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

Las ‘Pinturas Negras’ de Goya son el mejor infierno para activar una mente criminal”



Berna Gonzáles Harbour publica ‘El sueño de la razón’ (Destino), una novela negra sobre el pintor aragonés





Berna González Harbour (Santander, 1965) es una de las damas del crimen en España. Alterna el periodismo en prensa, radio y televisión con la novela negra. Hoy presenta en el Museo del Prado ‘El sueño de la razón’, una novela inquietante de varios delitos que siguen un ritual vinculado a los dibujos y pintura de Francisco de Goya. Uno de los primeros crímenes es el de unos pavos; otro el de un perro semihundido, y otro, el que activa la imaginación de la comisaria María Ruiz -que acaba de volver de Soria, donde ha estado castigada-, es la muerte de un joven: una becaria, Sara Muñoz, Saramú, nacida en Zaragoza y obsesionada con la obra de Goya, tanto que lleva escritos sus lemas o textos en su piel: ‘Volaverunt’, ‘El sueño de la razón produce monstruos’... “’El sueño de la razón’ es una novela dedicada a Goya y recorrida por montones de detalles, algunos más visibles y otros menos, conectados con Goya. Que la becaria sea zaragozana es uno. Goya vino a Madrid y arrancó con pasión y dificultad, como ella”, explica Berna González Harbour.

La novela, en el fondo, es como un laberinto. O una sucesión de laberintos: los personajes recorren casas de okupas como La Dragona, pero también los subterráneos y las alcantarillas de Madrid, y a la vez hay un rastro, nada inocente, de la obra de Goya, desde los cuadros de ‘La pradera de San Isidro’ (1788) y ‘La romería de San Isidro’ (1820-1823) hasta el dibujo ‘¿Por liberal?’ (1810-1881). “Goya para mí es España, el genio que mejor representa lo que podemos ser o frustrar, lo que podemos brillar o ennegrecer, amar u odiar, manchar o admirar. En su obra y en su vida están todas las contradicciones que hoy también han aflorado y estallado en nuestro país”.

Hay novelas de trasfondo goyesco e incluso biografías novelas de la vida del pintor de Fuendetodos, pero nunca se había visto tan claro que su producción pudiese albergar un código secreto para los malvados o los asesinos en serie. Añade la escritora cántabra y subdirectora del diario ‘El País’: “Escribir es crear a partir de la realidad, a partir de deformar los contrastes. Y mi estado de ánimo, el estado de ánimo de mi novela, de mi comisaria María Ruiz y de este país creo que sufre precisamente la distancia entre esos contrastes que Goya nos enseñó. Goya es el mejor telón de fondo posible para una novela negra, la mejor inspiración. Goya es España hoy, no sé cómo no había ocurrido antes. Y las ‘Pinturas Negras’, el mejor infierno para desarrollar o activar una mente criminal”.

Al fin y al cabo, a Goya también le inspiraron el mal y los malvados. Así lo explica la autora: “Son el mal y los malvados de ese tiempo los que precisamente le inspiraron a él a viajar desde las bellas pinturas que hizo para los tapices en sus primeros tiempos hasta las ‘Pinturas Negras’. A lo largo de ese tiempo, cada vez más, fue reflejando los ‘Desastres’, el canibalismo, la muerte, el abuso, el desprecio, la ignorancia”. La novela no es ajena a los ecos de la Inquisición “porque él mismo la sufrió por su ‘Maja desnuda’, porque fue víctima de lo que él y otros de su época intentaban evitar, el oscurantismo, el absolutismo de nuevo”.

En la novela hay muchas más cosas: una fauna de desclasados que la crisis ha descocolado, entre ellos Eloy, que parece un ángel adolescente y enigmático en medio de la inmundicia, y Yago, “un hombre que se obsesiona con el arte hasta el punto de que quiere participar de él a través de la destrucción y no de la creación”. También se habla del impacto de las nuevas tecnologías y del ambiente universitario: “Me interesa el ambiente cainita que se respira a veces en la universidad, la endogamia, la falta de meritocracia. El profesor Salas, experto en Goya, nace de ahí, de intentar plasmar la arbitrariedad en la contratación de una becaria de la que se ha enamorado”.



 

ENTREVISTA CON RAY LORIGA

Ray Loriga (Madrid, 1967) tiene vínculos casi secretos con Aragón. Revela, por ejemplo, que su abuela Concepción Echevarría era de Jaca y que se exilió en Venezuela. En ese país, tan convulso ahora, vivió también su madre, entre los 10 y los 23 años. Como nada es inocente, esos detalles familiares van y vienen en su novela ‘Sábado, domingo’ (Alfaguara), que presentó ayer en Cálamo.

¿Qué recuerdos tiene de su abuela?

Muchos. Pasábamos algunos veranos en Jaca, en casa de algunos familiares. Íbamos al huerto a coger cebolletas y otras hortalizas. Nuestra abuela nos llevaba a mis hermanos y a mí a comprar pasteles típicos de allí. Era una merienda deliciosa. También cosas de sus años en Venezuela.

Que aparece y reaparece en su novela.

Bueno. Hay cosas que están basadas en mi vida y en relatos de mi familia. Muchas cosas que son inventadas: un narrador no puede dejar huérfanos a los personajes y les inventa vidas, hechos, memoria.

Fernanda, una de las mujeres del libro, capital en un miserio del pasado, nació en Venezuela. ¿Hay algún Federico, nombre del protagonista, en su existencia?

No, no. Soy muy amigo de las tres hijas de Francisco García Lorca, Laura, Gloria e Isabel, y he querido hacerle un guiño y recordar a un poeta que siempre me ha emocionado. Por cierto, Federico, cuando era niño, me sonaba como un diminutivo. Lo que sí existió fue una prima que se llamaba Virginia.

-¿Se enamoraba usted de sus primas, como le sucede al protagonista?

-No, no. Estaba muy cómodo con ella, me gustaba su mundo, sus cosas, su sofisticación y su misterio. Más allá de que yo sea un heterosexual más o menos perfecto, me gustaban mucho las amigas de mis primas, su conversación y también sus tebeos. Las chicas leían ‘Judit’, llenas de amor y alegría, y nosotros leíamos a ‘Marvel’, relatos de héroes, peleas y aventuras, pero con poco amor.

-El Chino, el amigo de Federico, tiene algo de héroe turbio.

-Pertenece a ese grupo de gente que hacen las cosas y no piden permiso. Arrambla con todo, parece seguro de sí mismo y de su destino. Lo daba todo por hecho.

Me ha hecho pensar en usted en sus inicios: parco, no sé si desafiante, se ponía el mundo por montera.

Imagino que habla usted de los días de ‘Lo peor de todo’. Era una timidez enfermidad más que un exceso de seguridad o un pecado de arrogancia.

-Chino le llama ‘tontita’ a su amigo Federico...

-Sí. A mí eso casi me resulta encantador, un acto un poco inquietante de sofisticación y a la vez un juego entre los dos amigos. El libro también se plantea cómo a veces los débiles se protegen deliberadamente detrás de los fuertes.

-Sin embargo, aquí cuenta una historia de amor en dos tiempos. Hace 25 años y ahora.

Es cierto. Creo que esta, más que una historia de la culpa, es una historia de la duda, y aquí he buscado una voz natural, la del joven que yo era hace 27 años, para mirar al pasado. Esa voz no he tenido que forzarla: solo la he tenido que recordar. He mirado atrás sin ira. Me gusta decir una frase de Fred Astaire: está escrita como los bailarines que van a bailar como si no hubieran ensayado.

Regrese: Federico es candoroso y se enamora de su prima…

Sí. Y ella se le burla un poco. Antes, cuando pensaba que ella era la mujer de su vida, y ahora. Lo sigue toreando. Él la sublima y ella le advierte, se burla, le dice que no es necesario.

¿Es necesario la sublimación en el amor?

Claro. Si no hay algo de sublimación el amor no es divertido, no tendría el impulso que tiene, esos vaivenes tan gozosos, que animan tantas conversacionwes, esa especie de juego de ping-pong que es la pasión y la seducción. Amar también consiste en entretenerse mucho.

¿Tuvo algún libro en la cabeza?

No. pero sí el mundo de J. D. Salinger, todos sus libros, no solo ‘El guardián entre el centeno’, y los cuentos de John Cheever. Aquí también hay un clima de inquietud.

-Usted es guionista de cine, trabajó con Carlos Saura.

-Fue una experiencia maravillosa. Un productor me encargó el guión de ‘El séptimo día’, sobre los crímenes de Puerto Hurraco. Me pidió que pensáramos en un director y yo elegí a Carlos Saura. Soy seguidor suyo, de veras. Le mandé el texto y quedamos en el café Gijón. Me hacía mucha ilusión colaborar con él. Nos sentamos y me dijo: “¿Te importaría que cambie una secuencia de orden?”. Esa fue nuestra colaboración casi. Durante la presentación de la película fue cariñoso y amable. Ahora acabo de escribir un guión sobre el rey Faysal, joven, para Agusti Villaronga. ‘Born king’ (‘Nacido rey’).

 

JESÚS RUBIO HABLA DE MACHADO

Jesús Rubio Jiménez publica en las Prensas Universitarias de Zaragoza uno de sus libros más exhaustivos: 'La herencia de Antonio Machado'. Aquí explica algunas de las claves del volumen, que aparece cuando se cumplen 80 años de la muerte del poeta en Collioure.

 

-"La herencia de un poeta son sus versos". ¿Cómo son los de Antonio Machado, qué tienen de especial, por qué han llegado tanto?

Seguramente porque inciden en las grandes preocupaciones humanas y lo
hacen con una cercanía que solo los grandes poetas tienen.
Pero también porque se convirtió para unos y otros en modelo -de eso
trata el libro- con lecturas interesadas por unas u otras razones.
Es indudable, además, qu epara los ciudadanos medios tuvo enorme
importancia la labor de los cantautores en unas circunstancias muy
concretas.

-Aunque el libro abarca del impacto del poeta entre 1939 y la muerte de Franco... De manera sencilla, ¿qué significaron en su vida Leonor y Guiomar, bautizada esta por cierto en Zaragoza?

Machado llega a Soria después de una juventud complicada. Encuentra más
que una pensión, una familia acogedora. Y allí una adolescente que lo
conmovió. Se le abrió un proyecto de vida fascinante, que se truncó y
que le afectó profundamente de por vida, acorde con la importancia que
tuvo. El caso de Guiomar es bien distinto.Una mujer con experiencia, pero
indecisa. Un Machado maduro a quien le debió tentar todo aquello. Una
interlocutora interesada en la literatura.
-¿Cómo y por qué se produjo la santificación de Antonio Machado?
Un aparte del libro trata sobre la creación de la imagen modélica de
Machado en distintos aspectos. Construida sobre lo más cotidiano a
diferencia de otros casos en que se construye sobre lo excepcional.
Cercano, inteligible (al menos en apariencia), no desligado d elos
problemas más cotidianos.

-¿Qué es un poeta cívico, cómo se comporta, cómo se lee su obra?
Entramos en el debatido asunto del lugar del intelectual y del artista
en general en su sociedad. En su caso, con creciente preocupación por
los problemas españoles y comprometido en la búsqueda de soluciones;
continuador de la buena tradición liberal institucionista; importancia
del hombre interior y a la vez de la mejora social en los diferentes
ámbitos d ela vida social; con sensibilidad para los menos favorecidos y
crítico con instituciones anquilosadas.

-Antonio Machado decía que ´"la poesía es palabra en el tiempo". ¿Qué quería decir exactamente, por qué es tan importante esa frase?

Somos tiempo, el tiempo que nos queda. La vivencia del tiempo con
conciencia es uno de los grandes temas de la filosofía contemporánea. El
tiempo no como abstracción, sino como vivencia (al fondo filósofos como
Bergson) con sus más y sus menos, con el compromiso suficiente con lo
que ocurre alrededor. Con la intimidad suficiente para hacerse e
intentar responderlas las grandes preguntas de toda existencia.

-Aunque es un poeta que ha influido en mucha gente: el propio Juan Ramón, el 27 o la generación del 50, una de las cosas que llama la atención es que Machado influyó en muchos artistas... De manera global, cómo se podría explicar eso, a quién marcó, por qué ejerció esa especie de protección ética...

Es la antítesis del poeta engreido; era cercano, silencioso y misterioso
a la vez (Rubén Darío dixit); a su alrededor se desarrollo una imagen de
hombre bueno, que además sus circunstancias acenbtuaron y en especial su
destino último.
-Citas y reproduces el gran retrato de Pablo Serrano. ¿Te parece una de las obras más impresionantes dedicadas al escritor?

Sin duda, por su propia potencia estética y por las circunstancias que
rodearon su creación y sobre todo su difusión con el fallido homenaje de
1966; la prohibición hizo que internacionalmente se interesaran mucho
por ella desde Rusia o desde Estados Unidos y que se hicieran diferentes
copias.
-Estás trabajando aquel Palacio, al que cita Machado. ¿Qué te lleva hasta él y qué has descubierto?

Preparando un comentario sobre el célebre poema carta que le envió
empezaron a llamarme la atención algunas cosas: su parentesco por parte
de sus esposas; su coincidencia en algunas ideas y sobre todo que fueron
"hermanos en el dolor" (así se refiere Palacio a Machado más de una vez:
a él se le murieron dos niñas pequeñas (Carmen y Rosario), una antes y
otra después que Leonor; tuvo cerca a don Antonio al igual que él lo
estuvo al morir Leonor; esto creó unos lazos fortísimos entre ellos.
De ahí pasé a intentar saber más de Palacio: su biografía: era aragonés
(nacido en Rasal, Huesca), llegó en 1901 a Soria como funcionario de
Montes y vivió allí hasta 1922 en que se trasladó a Valladolid, muriendo
en noviembre de 1936, de muerte natural). Tengo un dosier ya muy amplio
de documentos desde su nacimiento a su muerte y todos los destinos que
tuvo o los numerosos periódicos españoles y hasta americanos (La Nación
de Buenos Aires) donde colaboró.
Su obra como periodista es enorme; he censado ya uno 1200 artículos de
temática amplia, desde el intimismo más estricto, a la crónica social o
a una preocupación constante por asuntos regeneracionistas: la educación
(era maestro y fue profesor en escuelas de magisterio), las
comunicaciones (ferrocarriles), agricultura (pantanos, riegos, reforma
agraria, comercio de cereales); un costista trasplantado a Castilla
donde fue sin duda uno de sus mejores periodistas de temas agrarios; con
un nivel de escritura más que aceptable.

-¿como ves esa confrontación que algunos han querido hacer entre el conservador Manuel y el republicano Antonio?¿Cuál es tu valoración de ambos como poetas?

Forma parte de la discutida herencia con bandos enfrentados, familia
escindida (unos hermanos en el exilio, otros en España). Son dos buenos
poetas, aunque Manuel más interesante en los primeros años, después
perdió impulso.

-¿Les importan a las nuevas generaciones poetas como Machado?

Quiero pensar que sí, pero sin duda menos que a generaciones anteriores
como la mía, la nuestra.

-¿En qué invita a pensar su muerte en el exilio?

En cuan difícil es la convivencia en nuestro país donde la tolerancia no
acaba de enraizar. Basta mirar otra vez un poco alrededor. Hay quienes
se reservan el derecho a decir qué es ser español y qué no. Y la
facilidad en que están dispuestos a cambiar las palabras por pistolas.
Diálogo (pero no apariencias de diálogo urdidas por impostores) y
tolerancia son indispensables para la convivencia. Y diría más, para la
supervivencia. Diálogo con el otro y con uno mismo.

 

MARIANO GISTAÍN: UN DIÁLOGO CON SU NUEVA NOVELA DE FONDO

OCIO Y CULTURA

Mariano Gistaín: "Para un escritor la realidad

es fascinante, lo peor es tener que vivirla"

El autor barbastrense, nacido en 1958, columnista de HERALDO, del diario '20 minutos' y de 'Letras libres', regresa a la novela con ‘Se busca persona feliz que quiera morir’ (Limbo errante).

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¿Qué pasó con el escritor Mariano Gistaín de libros como ‘El polvo del siglo’ o ‘La mala conciencia’ en todos estos años?

He publicado con mi mujer, María Pilar Clau, que sigue vendiendo ejemplares de su longseller ‘La sobrina’. Juntos habíamos publicado ‘Agua y cielo’ o el ensayo ‘Lo mejor de Zaragoza’. No es fácil publicar este subgénero que me gusta –parece ciencia ficción casera pero luego sale un chino y edita el genoma en vivo–, y por eso agradezco a los editores de Limbo Errante, Víctor y Beatriz, su entusiasmo. Los veo tan contentos que hasta a mí me parece que el libro es bueno.

-Usted ha sido un precursor de internet, de los blogs, de la apuesta por las nuevas tecnologías, el ‘big data’, tan presente en su novela. ¿Cómo le ha afectado, qué le ha dado y qué le ha quitado?

Lo mejor de aprender HTML fue publicar en 10lineas.com la web de Labordeta y de tantos amigos en el año 2000 (aún se pueden ver esas páginas arqueológicas en Archive.org, incluyendo la antología de Alfredo Saldaña y Antonio Pérez Lasheras sobre Miguel Labordeta, con dibujo de Cano). Lo mejor de aquel frikismo fue poder frecuentar a Forges en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca, que ahora anuncia su XX edición.

“He de decir que tengo 44 años y que me dedico a desaprender”. Así se define el protagonista de su novela… ¿Qué es lo que quiere desaprender?

Es admirador de Carlos Barrabés, que en alguna ponencia recomienda y practica desaprender con humildad.

Por cierto, he visto que la criogénesis, que sale en la novela como un tema central, es algo más que un delirio futurista, que existen investigadores y empresas que la ofrecen…

En 2016, cuando transcurren los hechos que cuenta el narrador, ya había en Valencia una web con ofertas. Hay varias empresas, es un sector emergente. Congelar la cabeza es más barato que el cuerpo entero. Nuestro mito de Walt Disney de la infancia se hace realidad, al menos en la primera parte. Ya veremos si resucitan.

¿Qué ha significado el Contenedor Creativo para usted y para Zaragoza, el de la calle Bolonia?

Un local alucinante que crearon dos amigos románticos: Fernando Vicente y Santi Jiménez solo quieren disfrutar de la vida, aprender, ser felices sin machacar a nadie… son unos santos laicos. Trajeron el mar a la calle Bolonia en forma de contenedores de barco. Tomeo, Labordeta y Félix Romeo hubieran disfrutado en ese hangar.

El protagonista de “Se busca persona feliz que quiera morir” dice que lleva cinco años sin hacer el amor y aquí parece resarcirse con varias mujeres: Irene, Rossi, quizá Claudia, Linda... ¿Cuál es el papel que juegan las mujeres en el libro en la vida de un hombre que parece conocer todas las derrotas?

Jóvenes científicas que operan al margen de los circuitos oficiales (esto ya lo inventó Mary Shelley) y que dependen de la financiación siempre azarosa, nada nuevo. En cierto modo es una novela empresarial, como todo ahora, o sea, realismo cuántico. Claudia, inversora global muy respetada en la ciudad, impone su ley a las jóvenes científicas. En esta novela las mujeres ya mandan. Linda, por ejemplo, dirige una agencia que fabrica realidades. El protagonista está desbordado por los hechos… y por Hacienda… pero le llega una buena racha sexual, lo que aumenta su perplejidad. Por ‘espoilear’, al final triunfa el amor, pero en otro formato.

Con la aparición de Claudia aparece también un giro capital en el libro: la presencia de Santos Palacios, que trabajó para Estados Unidos y conserva las llaves de la Base Aérea.

Ese hombre existe, yo hablé con él. Llevaba la compra a las mujeres de los pilotos americanos de la base, y a ellos los llevaba de juerga por Zaragoza. Pero nunca tuvo un contrato. Ese hombre escribió un informe delirante y luego desapareció.

Y surge un cuento que conduce a una sociedad o hermandad literaria secreta… ¿Ha querido meter una investigación policial, con homenaje incluido a Chandler y su libro ‘El largo adiós’, o plantear un texto que es tan literario como científico?

La vida misma, que se mezcla ella sola, y eso es lo bueno, la variedad, lo inesperado. Hay un personaje que tiene una empresa de limpieza y como se aburre ejerce de detective cultural: colecciona bombas de la guerra, busca el cráneo de Goya y usurpa el nombre de un poeta porque no le gusta el suyo.

¿Esa forma tan peculiar de ver el mundo, es del protagonista o del propio narrador? ¿Vivimos en una época de máxima deshumanización?

Al revés, nos estamos esforzando más que nunca en ser humanos, cuidadosos… Ahora matar o tirar colillas al suelo está muy mal visto socialmente. Quizá porque somos más civilizados, o porque nos sentimos vigilados. Creo que esta novela es hiperrealismo mental, cosas que pensamos o que nos piensan, cosas que nos pasan o nos van a pasar.

¿Cuál es para usted la importancia del humor?

El humor sale solo y nadie sabe lo que es. Como decía Buñuel, hay que dejar algo al misterio. Mi mujer se ha reído leyendo un párrafo de la novela así que ya estoy bendecido. La novela es buena y soy feliz.

El personaje principal es un auténtico fracasado… Cita a Ignatius Reilly. ¿Vivimos en un mundo que nos despersonaliza y nos roba el alma?

Yo no lo veo fracasado. De hecho, sería un personaje dichoso si le tocara la lotería. La ansiedad existencial y la angustia nihilista se pasan yendo de compras o tomando una cerveza. Houellebecq, que puede hacer ambas cosas, es un impostor. Pero no hay tiempo, no hay dinero… o no hay ninguna de las dos cosas. Eso lo refleja bien la novela, creo.

¿Qué pretende con la novela?

Todo lo saco de los periódicos y de los ensayos gordos que me pasan para acercarme a las corrientes de pensamiento. Desde el 11-S las agencias secretas privatizadas de Estados Unidos, y luego de los demás países, son el mayor negocio. La vigilancia da más empleo o subempleo que todo lo demás. Facebook tiene decenas de miles de precarios subcontratados censurando cosas a toda velocidad. Tienen treinta segundos para decidir si eliminan o no una foto o un texto. Para un escritor la realidad es fascinante. Lo malo es tener que vivirla.

¿Sabe dónde nos lleva este mundo cibervanguardista y no sé si utópico o distópico?

De momento estamos esperando a que la inteligencia artificial o seres de otros mundos nos den alguna pista. No vemos futuro.

Mariano Gistaín.José Miguel Marco

¿Cómo definiría a la Zaragoza de la novela? ¿Es tan moderna como parece proponer?

Zaragoza, que tiene una base americana dormida, utilizable en cualquier momento, y un campo de maniobras (gratis) de la OTAN es pieza esencial de la defensa de la Metrópoli y de Occidente. Zaragoza y Aragón son un mundo increíble. Paco Bono lo explica muy bien en su libro “El discreto encanto de la economía aragonesa”. Noticia de hoy: Saica ha comprado una fábrica en Turquía. Hay mucho talento investigando a tope. Tengo en el móvil la frase de Paul Knapp en Heraldo el otro día: “Zaragoza tiene todo para ser feliz, por eso me quedé”. Y si hay dudas, recurrir siempre a Labordeta.

FICHA DEL LIBRO

‘Se busca persona feliz que quiera morir’. Mariano Gistaín. Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 253 páginas. 

ELOY FERNÁNDEZ DESPIDE A GONZALO MÁXIMO BORRÁS EN ANDALÁN

Ha muerto Gonzalo M. Borrás Gualis

Eloy Fernández Clemente

Andalán.es

En la muerte de nuestro gran amigo y compañero en mil batallas (incluida este humilde web, como puede el lector consultar en nuestro archivo), uno de sus más antiguos compañeros evoca su figura, obra y pensamiento.

Conocía y quería a Gonzalo Borrás desde hace más de sesenta años, cuando el futuro catedrático e investigador, aragonés de Valdealgorfa, era un brillante seminarista en el Mayor de Zaragoza y su padre teniente de la Guardia Civil en Andorra, mi pueblo. Frecuentaba a sus tíos Pedro Mompel y Carmen Gualis, él maestro en el poblado de la Calvo Sotelo, como los míos, Manolo Franco y Josefina Clemente, que vivían al lado. Hicimos juntos los comunes de Filosofía y Letras. Y largas conversaciones sobre todo lo divino y humano nos acompañaron: sólo hace unas semanas han terminado, al verle marchar, sereno y lúcido hasta el final. 

De su carrera profesional, en la que ocupaba uno de los más respetados y prestigiosos lugares entre los catedráticos españoles de su especialidad, baste decir que, discípulo de Francisco Abbad y luego colaborador íntimo de Federico Torralba, al que sucedió, contribuyó decisivamente a crear y consolidar la rama de Historia del Arte, promover un valioso equipo de profesores, desarrollar excelentes cursos de estudios propios, defender como pocos nuestro rico pero expoliado y ruinoso patrimonio artístico, y analizar desde muchas perspectivas y en todas sus épocas el arte aragonés.

Tras su tesis de licenciatura en 1971 sobre La Guerra de Sucesión en Zaragoza (lo mejor sobre ese decisivo hecho), llegaron sus trabajos de campo, inventariando archivos o monumentos de Soria, Teruel, Calatayud, Borja, el arte románico en Aragón, los capítulos de 1982 sobre la Zaragoza musulmana y La ciudad gótico-mudéjar en la Guía que dirigía G. Fatás, o el análisis en 1984 de los Catálogos e Inventarios Artísticos de Aragón; sus monografías sobre pueblos y ciudades de Aragón.  Una de sus mayores preocupaciones fue la de divulgar con rigor, publicando a veces en colaboración libros de enorme éxito como el Vocabulario de términos de arte (con G. Fatás), Saber ver el arte (con Isabel Álvaro y Juan F. Esteban); su aportación al tomo Introducción General al Arte (Istmo, 1980); sus cursos en el ICE y en la Universidad de la Experiencia y las conferencias de los eméritos, en la serie “Mirar un cuadro” de TVE, en su Teoría del arte de Historia 16, sus tomos sobre El arte gótico para Anaya, traducido al italiano, para Espasa y para Alianza, su estudio con Fatás del célebre dibujo de Wyngaerde en el libro Zaragoza 156.

 

Fue sabio en muchas cosas, por lo que es difícil reexaminar su vasta y dilatada obra, de profundos y bien transmitidos conocimientos. Publicó, generoso, en una amplia serie de revistas de prestigio (mimó Artigrama donde publicó “La Historia del Arte, hoy” o “El papel del historiador del arte en la conservación y restauración de monumentos y obras artísticas”) y participó en numerosos encuentros, seminarios, simposios; en libros en homenaje a muchos profesores jubilados amigos. Sus alumnos recuerdan sus magníficas clases, sus legendarias visitas guiadas, las tesis doctorales que dirigió, su capacidad de entusiasmo y laboriosidad, que le llevaban a desempeñar numerosos trabajos de mucha más responsabilidad y esfuerzo que reconocimiento o retribución.

Pero, sobre todo, ha sido el gran estudioso del mudéjar, descubridor de su enorme interés y singularidad, difusor en bellísimas y decisivas publicaciones de lo que ha logrado sea hoy, declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad. Citemos desde su primera síntesis en 1978, Arte mudéjar aragonés (Guara), los fastuosos tres volúmenes que, con el mismo tìtulo, editaron el Colegio de Arquitectos y la CAZAR en 1985, con cientos de planos, dibujos y fotografías; y una docena de importantes libros hasta la  Guía del mudéjar en Aragón, DGA, 1990, de la que hay versión francesa) hasta 1991 en que coordina y redacta el Epílogo del libro Teruel mudéjar, patrimonio de la Humanidad (Ibercaja) y en 1996 coordina El arte mudéjar, que editan la UNESCO e Ibercaja. Y desde ahí, por vínculos y explicaciones, se convertiría en un gran especialista en el arte islámico en general, análisis sobre el arte musulmán, desde su celebrado y singular libro sobre La Alhambra y el generalife (1989) a varios títulos prestigiados, algunos con colegas como Juan Sureda y Joaquín Yarza.

No rehuyó Gonzalo ningún compromiso cultural o político. Miembro de la Junta de Fundadores de Andalán, del Partido Socialista de Aragón, teniente de alcalde en el célebre primer ayuntamiento democrático que presidía Ramón Saínz de Varanda. Colaboró decididamente conmigo en cuanto le pedí: en Los Aragoneses (1977), la Guía Secreta de Zaragoza, director de sección en la Gran Enciclopedia Aragonesa y autor de dos espléndidos tomos (la primera, feliz síntesis, de Historia del Arte en Aragón) en la Temática. Durante diez años dirigió con ejemplaridad, delegando, fiándose de su gente, logrando respeto y anuencia en los políticos, el Instituto de Estudios Turolenses, al que dio brillantez y eficacia. Luego hizo lo mismo como director de la Institución Fernando el Católico, en la que reclamó mi colaboración para realizar una idea suya: la Biblioteca Aragonesa de Cultura. Amaba Aragón con racionalidad y hondura; la cultura aragonesa, sin adjetivos, sin capillas, sin provincialismos ni localismos cerrados.

Escribí hace veinte años que reunía Gonzalo una serie muy estimable de virtudes humanas y científicas contrapesadas por sus opuestos no menos importantes: viva inteligencia y excelente memoria, entusiasmo por las cosas y tempero, claridad de ideas y firmeza en defenderlas, empeño decidido por aquello en que creía pero sin alharacas ni fanfarrias, excelente buen humor y seriedad absoluta en lo profesional. Y tuvo, además de la compañía de un mujer amorosa y sencilla, culta y divertida, buenas costumbres de ser humano asequible y cercano, como haber siempre tiempo para atender a un amigo, pasear por parques y canales, dormir siesta religiosamente, y jugarse la cena en un buen guiñote.

Le recordaremos siempre, añorando sus consejos, su buen humor y su gran sentido de la amistad.

 

 

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EN LA MUERTE DE GONZALO BORRÁS. BREVE AUTOBIOGRAFÍA

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BREVE AUTOBIOGRAFÍA

DE GONZALO BORRÁS

 

Natalio Bayo, que lo retrató en varias ocasiones, ha sido uno de los grandes amigos artistas de Gonzalo Borrás; De él decía hace unos días en HERALDO: "Gonzalo Borrás ha sido clave en mi vida y en mi obra. De él destacaría dos cosas: lo mucho que sabe, y lo cercano que es; qué bien narra la creación, con claridad y sabiduría.Él y Federico Torralba han sido para mí quienes mejor han sabido contar el arte”. Sánchez Vidal, Concha Lomba o Amparo Martínez, pongamos por caso, lo han reconocido como uno de sus maestros. Gonzalo Borrás, que acaba de fallecer a los 78 años, era uno de los grandes expertos del mundo en arte mudéjar, pero también ha sido un estudioso de la obra de Goya y comisarió, entre otros proyectos, una exposición del grupo ‘Pórtico’. A continuación, se ofrece una suerte de autobiografía, elaborada a partir de varias entrevistas con él, la última para el libro de los 75 años de la Institución ‘Fernando el Católico’, que dirigió entre 2001 y 2005 con el deseo de proyectar su gran sueño imposible: la creación del Instituto Aragonés de la Cultura.

 

EL HISTORIADOR. “Empecé a trabajar en el curso 1967-1968 en el Instituto de Calatayud como profesor adjunto interino de Geografía e Historia. Era un puesto de trabajo que me ofrecieron y que acepté porque en ese año había iniciado la realización de mi tesis doctoral sobre el Mudéjar en los valles del Jalón y del Jiloca. La inicié en el año 1966, y dejé de pertenecer al departamento de Historia Contemporánea, de Carlos Corona Baratech. No eran exactamente departamentos, eran cátedras. Pasé de la cátedra de Historia Contemporánea a la cátedra de Historia del Arte de Francisco Abbad Ríos, que había sido profesor mío y tenía un método muy peculiar: los alumnos le dábamos clase a él. Y yo, porque él era un profesor difícil y exigente, le di un curso completo.

 

DE LA HISTORIA AL ARTE. “El cambio fue muy sencillo. Bajando por las escaleras de la facultad me preguntó don Francisco Abbad Ríos: ‘Borrás, ¿quieres ser ayudante de Arte?’. Le dije: ‘Sí, don Paco, porque es lo primero que me ofrecen’. Decidí, de acuerdo con Abbad y con el grupo de personas que estábamos en la cátedra, renovar los estudios de Arte mudéjar en Aragón. Para ello acoté una cuenca mudéjar al valle del Jalón y del Jiloca. La tesis se titulaba: ‘Mudéjar en el Valle del Jalón y del Jiloca’. La defendí en marzo del año 1971 antes de que falleciera Abbad, que murió en enero de 1972. Él estuvo en el acto de defensa de la tesis, entonces los directores estaban en el tribunal.

 

FEDERICO TORRALBA. “Mi vinculación con la institución empezó en 1972 con la llegada a Zaragoza, como catedrático, de Federico Torralba. Era el director de la cátedra Goya, de la IFC. Le tenía mucha admiración. Sobre todo en su visión de la Historia del Arte, en sus planteamientos; podían considerarse poco académicos desde una perspectiva tradicional, la habitual en los catedráticos de universidades. Era un hombre que estaba interesado en el arte contemporáneo, en el arte actual, en las artes decorativas, en las artes extremo-orientales, especialmente en el arte japonés. Era una persona que cubría un amplio espectro de la historia del arte que yo no había visto hasta entonces.

 

INSTITUTO DE ESTUDIOS TUROLENSES. “Dirigí el Instituto de Estudios Turolenses de 1985 a 1995. Desde el punto de vista organizativo, la coordinación de todos los centros culturales de la provincia de Teruel. No necesariamente comarcales ni territoriales sino los que había. Se integró en todos los estudios turolenses desde el de Alcañiz y el del Jiloca, hasta gentes como el arqueólogo Paco Burillo, y sobre todo la revista Turia, con Ana María Navales y su actual director, Raúl Carlos Maicas. La revista ‘Turia’ ha podido sobrevivir gracias a la negociación para que se alojara en el seno del Instituto de Estudios Turolenses. Eso para mí es una gran satisfacción: haber podido integrar a todo el mundo. Con cualquier tipo de criterio que estuviera trabajando en cultura. Desde el punto de vista creativo, sin duda las ‘Cartillas Turolenses’”.

TERUEL. “En Teruel he recibido todos los reconocimientos posibles. Estoy muy agradecido. En 1995 me hicieron un acto de despedida cuando me marché. Y me regalaron un cuadro muy bonito que está en el Instituto, lo hizo Natalio Bayo”.

 

INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO. “Dirigí la Institución ‘Fernando el Católico’ de 2001 a 2005. Ahí hice una labor continuista y leal. Guillermo Fatás dejó más de 200 libros comprometidos en la IFC. Todos se publicaron. Para que se haga una idea, yo me pasé casi todos mis años en la dirección publicando los compromisos de Guillermo Fatás Cabeza, que puede estar bien tranquilo. Tuvo un sucesor que, con una fidelidad absoluta,  cumplió todos los compromisos que se habían adquirido. (…) Yo tampoco introduje ni creé ninguna distorsión ni a los jefes de sección ni a nadie. Procuré incentivar a todo el mundo y que todo el mundo se sintiese plenamente representado en la nueva dirección y que nadie tuviera ningún problema y, de hecho, todo eso funcionó maravillosamente”.

 

LA BIBLIOTECA ARAGONESA DE CULTURA. “Le pedí a José Antonio Labordeta que nos preparase en la Bolsa de Madrid una comida con Manolo Pizarro, porque le quería plantear un proyecto de Biblioteca Aragonesa de Cultura. Labordeta aceptó porque tanto él como Eloy habían sido profesores de Manuel. Pizarro se ofreció de manera inmediata, porque a mí no me conocía prácticamente pero a ellos les tenía auténtica veneración. En la comida le expuse el proyecto y él aceptó, me dijo: ‘Eso está hecho, poneos a trabajar’. Eloy en estos momentos, en el seno de la Institución FC, se abrió una nueva sección que se llama Biblioteca Aragonesa de Cultura, que no iba a depender de nadie, ni siquiera de la IFC. Eloy iba a ser el director plenipotenciario, con presupuesto de Ibercaja. El proyecto era para hacer 50 volúmenes bajo su dirección. (…)Una vez desarrollado el proyecto, que empezó en septiembre de 2001, le di a Eloy una de las pocas cosas que me parecían fundamentales, la tesis de Salvador Victoria, en la que era muy importante la etapa de París”.

 

INSTITUTO ARAGONÉS DE LA CULTURA. “Acabé con la IFC simplemente con una carta de dimisión al presidente Javier Lambán. Le decía que al no poder impulsar mi proyecto de Instituto Aragonés de la Cultura, desde la IFC, y acuciado por otras obligaciones académicas ponía mi cargo a su disposición. Tan a su disposición que estuvo más de un año sin nombrar a nadie. Lo cual demuestra que no hacía falta”. 

 

LECCIONES DEL PARANINFO. “Yo siempre había admirado las famosas lecciones que dan en universidades norteamericanas profesores de mucha sabiduría.  Hicimos tres ciclos. El primero de Juan José Carreras, de Historia, que fue maravilloso. Otro, de Domingo González, de Física, sobre los fractales, que fue una cosa excepcional; lo que pasa es que este es un territorio a físico y acientífico. Hicimos también uno de Medicina con Rafael Gómez Lux. Es decir, profesores de reconocido prestigio que se iban jubilando y que daban lecciones en el Paraninfo”.

 

EL MUDÉJAR. “Lo defino como el que se queda, el que permanece, aquel al que se le autoriza a quedarse mediante un pacto, un vasallo tributario. Los mudéjares eran, por lo regular, moros vencidos de origen aragonés, aunque también había árabes de diversas procedencias. “Básicamente, era una población autóctona la que se expulsó del país, cuya historia se remontaba al año 710, incrementada con población bereber y de otras etnias. El período mudéjar se iniciaría entre 1085, cuando se produjo en Toledo la capitulación islámica ante Alfonso VI, y concluiría en 1610, el año de la expulsión de los moriscos”.

 

EL ARTE MUDÉJAR. “Se trata de un legado de calado y amplitud. Hasta ahora se había despreciado lo más importante: la decoración. El arte mudéjar es decoración. En el arte mudéjar todo está revestido, sobre cualquier material y a cualquier escala, con inscripciones (el árabe es la forma de la palabra divina), con decoración geométrica, y ahí abundan los lazos, las estrellas, las formas vegetales, siempre estilizadas. El ciudadano, ante esta representación, no tiene que pensar ni discurrir: disfruta, se emociona”.

 

AUTORRETRATO. “Natalio Bayo  nunca se ha conducido como un artista, sino como un trabajador gráfico (…) Para mí ha sido un privilegio compartir tantas tardes de colaboración con él, en las que se iban consolidando nuestras afinidades electivas, y durante las que ambos nos autodenominamos ‘obrericos’ del libro y de la ilustración, con nuestro habitual saludo de entonces de ’obrerico’ uno(Natalio) y  ‘obrerico’ dos’ (un servidor)”.

 

SOLEDAD PUÉRTOLAS: UN DIÁLOGO

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“Un escritor nunca está sosegado”

“En literatura nadie, nunca, te regala nada”

“Los enfermos morales, por lo general, son los otros”

“Tengo una sensación de extranjería con el mundo”

“Los relatos familiares son de misterio y a menudo escalofriantes. Y están envueltos en silencio”

“Escribir no es solo escribir: es dejar la mente un poco en el vacío”

“La memoria parece que es más detallada, más ajustada, y el recuerdo lo escoges tú, de ahí que muchos de mis libros sean como ráfagas”

 

Antón CASTRO

Es jueves en la Real Academia Española de la Lengua y todas las salas están ocupadas. Nos reservan para charlar la deslumbrante biblioteca de Antonio Rodríguez Moñino y María Rey. Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947), académica desde 2010, aparece con un tomo menudo sobre Baroja, Lúcida melancolía (Ipso, 2017), un título que también se ajusta bien a la fragilidad de esta mujer que ganó el Premio Planeta en 1989 con Queda la noche y el Premio Anagrama de ensayo con La vida oculta (1993), un libro que la define. Ella es enferma crónica, misteriosa y solitaria. Huye de la escritura torrencial, le gusta envolverse de silencio y tiene un vínculo secreto con el azar.

-Dejemos hablar al azar. Empecemos por Pío Baroja. He leído que le marcó la niñez.

-La niñez, no sé. Más bien la adolescencia. Fue un descubrimiento. Nunca lo tomé como un autor clásico, sino como una continuación de mis lecturas, no me enfrenté a él con la sensación de que era de otro tiempo.

-¿Era un autor de su época madrileña ya?

-No, no. Es de mi época en Pamplona. Lo leí en ese entorno, en aquellos felices y largos tres meses de verano que solía pasar con mi familia en Pamplona. Era alguien que vivía cerca de la casa de mi madre en Vera de Bidasoa, como un personaje de mi familia, se hablaba de él en mi casa. Creo que empecé por Zalacaín, el aventurero y El mayorazgo de Labraz. Me gustó tanto que empecé a comprarme con mis ahorros, que no sé donde salían, los libros de Biblioteca Nueva, encuadernados en rojo, y a veces mi tía Sole, mi madrina y tan decisiva en mi vida, me regaló varios. Hacia los 20 años tenía toda la colección.

-¿Qué le atrajo de él?

-Entré en él a continuación de los libros iniciales, de los cuentos, de la novela policial de Agatha Christie, etc., hacia el filo de los 16 años. Me encontré con un lenguaje que era muy cercano, entendía esa voz barojiana.

-¿Por qué se titula el libro Lúcida melancolía?

-Porque eso es un poco Baroja, no. Yo quería buscar un título que expresara lo que para mí significa Baroja, y vi una lucidez en él y una melancolía, y a la vez también hay muchas otras cosas, pero creo que predominan esos asuntos. Es una mirada melancólica de quien no está contento, del que busca otra cosa. La melancolía es algo que se añora y no sabes qué es, es una enfermedad dura. La melancolía es la añoranza de lo imposible. Pero luego lucidez es lo que te permite, a partir de esa melancolía, percibir que tampoco es para tanto, que hay otras cosas, que no conviene desesperarse. Hay humor, hay poesía, hay mucha poesía en Baroja, mucha, interés por la vida; los tipos que desfilan por sus libros son descritos con enorme vivacidad.  Baroja está más interesado en la vida de lo que él cree. O de lo que él dice creer.

-La vida, dicho sea de paso, es la materia de Soledad Puértolas. Lo repite siempre.

-A Rosa Chacel le preguntaron de qué tratan las novelas, y dijo: “Las novelas no tratan de nada”. Está muy bien la contestación, pero quiere decir que las novelas tratan de todo. ¿Una novela es una historia, es un desenlace? Es una especie de mirada a la vida. Y de eso va mi narrativa.

-¿En qué momento se dio cuenta de que quería ser novelista propiamente? De niña ya escribía historias terribles de incendios, catástrofes, de terror…

-Quizá a la vuelta de Estados Unidos, de California, ya con un hijo, Diego, poco antes de morir Franco, fue cuando vi que la narración, la narración novelística, era el terreno que me interesaba mucho. De repente, me encuentro escribiendo una novela y percibo que eso me alivia, que me abre un camino para dirigir todas las inquietudes literarias que tenía. Hasta entonces había escrito poesía, cuentos, fragmentos de no sé sabía qué.  La novela era un cauce.

-¿Cómo fue la época americana en cuanto a formación, a experiencia, a percepción del mundo? ¿Qué aprendiste en Estados Unidos?

-Fueron tres años y son difíciles de resumir. Entre 1971 y 1974. Aunque se han quedado como en un paréntesis en mi existencia, tengo la impresión de que la vida se amplificó en todos los sentidos. Aquello no era mi familia, no era mi ciudad, no era mi pequeño mundo con mis dificultades, pero era muchísimo más que todo eso. Y se impuso una alegría de vivir mucho más palpable en todos los que me rodeaban. O así lo percibí yo.

-¿Percibía más alegría de vivir en California que en España?

-Muchísima más, sí. ¿Se puede imaginar la tristeza del contexto español? Nosotros llegamos a California, aún existía el movimiento hippie y entonces veías la música, los bailes, la naturaleza. Sí, sí. El mundo era distinto, no se parecía nada al laberinto de conspiración que vivíamos aquí. Aquí era Franco y contra Franco, y punto. Eso era todo. Aquí era aquello de “cómo se hace la revolución, cómo nos oprimen”, etc. Todo era verdad, pero era tremendo. Llegué allá y te encontrabas con más cosas: poder cantar, poder andar en bicicleta, disfrutar de la naturaleza. Disfrutar de la naturaleza creo que es de las cosas que más me dio California. Yo vivía en Isla Vista en Santa Bárbara, un barrio de estudiantes… Está arriba de un acantilado, en un barrio de casas bajas, sofás en la calle, música a todas horas, aquello era alegre, implicaba querer disfrutar de la vida. Íbamos a conciertos importantes: los Grateful Dead, Pink Floyd … Había muchos conciertos en el campus, nos sentábamos en el césped, con el niño recién nacido y, claro, era como desembarcar en un mundo inusitado…

-¿Qué leyó en esa época?

-Literatura española, ja, ja, ja. Como me metí en el Departamento de español, por fortuna, eso me permitió subsistir. Me dieron un trabajo y una beca para estudiar. Estuve con José Luis Aranguren y con Arturo Serrano Plaja. Fue cuando leí yo toda la literatura clásica española, de la que solo había leído fragmentos. Ahí me metí en El Quijote, en Don Juan, en San Juan de la Cruz, en Quevedo, en todos los clásicos.

-No deja de ser paradójico que se fuese al extranjero a descubrir la literatura española.

-¡A quién se le ocurre! Pero me vino bien, gracias al entusiasmo que te contagiaban aquellos profesores. Tuve una relación muy especial con los dos. Ellos estaban deseosos de tener alumnos interesados en la literatura española, alumnos que no fueron solo los americanos y, además, yo ya tenía la pulsión literaria. Fue estupendo. Ambos se tenían mucha simpatía pero no participaban del mismo mundo. Serrano Plaja era muy estricto, vivía en la propia ciudad de Santa Bárbara, mientras que Aranguren vivía en el barrio de estudiantes y era mucho más poroso con los estudiantes. Eran dos mundos en los que me sentí muy aceptada y muy estimulada. Tuve mucha suerte.

-¿Cómo fue el regreso a España?

-Fue poco antes de la muerte de Franco, y ya atisbé la España que iba hacia la Transición y no me dediqué, durante un año, más que añorar California, a maldecir el momento en que decidí volver. No se puede imaginar qué decepción volver a este país tan triste, en el que todo costaba tanto. Mi marido Leopoldo Pita pensaba lo mismo. Estábamos perplejos los dos. Fue horrible, pero fue una decisión que tomamos.

-¿Tuvo mucha participación en la Transición? La llamó el ministro Javier Solana.

-Eso fue mucho más adelante. Yo me sentía lejos de todo lo que estaba pasando en España, tenía esa nostalgia californiana que me duró mucho tiempo.  Lo que usted dice fue en 1982 y ya tenía otro hijo. Yo andaba en busca de trabajo, siempre haciendo remiendos, artículos, entrevistas, reseñas, comentarios, asomaba la cabeza por donde podía, para ayudar a subsistir. Y entonces ganaron los socialistas, y me dijeron que llamara yo al ministerio, que estaba Javier Solana preguntando por mí, y entonces efectivamente me dieron una cita. Me recibió y me dijo que iba a ser la encargada de hacerle los discursos, con otras personas. Me dejó atónita…

-¿Se conocían mucho?

-No, qué va. Nos conocíamos un poco por la familia. Tenía mucha amistad con un hermano suyo. Estuve con él creo que unos tres años. No llegué a completar la legislatura. Publiqué Burdeos (Anagrama, 1986) y creo que ya me fui porque, verdaderamente, yo no tengo ninguna vocación para estar cerca del  poder. No es lo mío. Empecé ayudando a hacer los discursos y poco a poco fui abriendo un campo nuevo que era el español en el mundo, me responsabilicé de esa área… Estaba contenta y aislada de la política, pero con todo veía que me quitaba mucho tiempo, y decidí que no valía la pena y que prefería centrarme en los libros.

-En 1980, si me permite decirlo así, casi como fogonazo apareció El bandido doblemente armado, que había ganado el premio Sésamo en 1979.

-Bueno, un fogonazo para los demás, para mí no. Bueno, estaba dentro de lo que yo estaba buscando. Menos mal que ocurrió. Yo estaba ahí, escribiendo y escribiendo como una posesa. Desde que llegué de Estados Unidos no paré de escribir. Tenía que darme a conocerme a conocer. El bandido doblemente armado fue la gran sorpresa y lo que yo andaba buscando. Tenía que salir, por narices. Y salió. El premio Sésamo era muy importante entonces.

-¿Le marcó caminos, le abrió muchas puertas, no?

-Esas cosas no se saben. Las puertas se volvieron a cerrar inmediatamente. En la literatura nunca he tenido la sensación de que los caminos estén allanados, ni que haya puertas abiertas. La puerta se abre y se cierra inmediatamente.

- Yo he tenido la sensación de que ha sido muy importante lo mucho que la ha mimado, la ha querido y la ha admirado Jorge Herralde, el editor de Anagrama.

-Ya, claro, sí, pero eso más tarde de El bandido doblemente armado. Tener un editor que te motiva, te estimula, y que le gusta lo que haces es impagable. Nunca me ha metido ninguna prisa, no es ese editor que te dice: “¿Qué estás haciendo ahora?”. No, jamás. Conmigo no lo ha sido. Solo que cada vez que le ha presentado un libro le ha gustado y eso me ha permitido seguir publicando y quizá algo más segura. Es un alivio inmenso.

-¿Y no se está como más sosegado?

-No crea. Yo no estoy sosegada nunca. Un escritor nunca está sosegado. Nadie te regala nada y nunca están las puertas abiertas. Lo creo y lo he vivido así, y además me parece lógico. La literatura nadie te la pide. No escribes una novela, pues no pasa nada. Saldrá otra. ¿Sabe usted cuántos novelistas hay en España? Vivimos rodeados de escritores. En España casi todos somos escritores. ¿Entonces? Sí, me ha dado mucha alegría que cada vez que he entregado un manuscrito lo ha aceptado y lo ha publicado. Y siempre he recibido esa aceptación con sorpresa. No he perdido mi capacidad de sorprenderme por eso. Escribir y que me publiquen aún me asombra. Tengo muchas decepciones, y quién no las tiene, es cierto, pero también tengo la alegría de gustar siempre o casi siempre. A Jorge Herralde, claro. Con todo, en este oficio nunca hay que dar nada por sentado.

-Ha dicho que todas las claves, todas las obsesiones, los temas, que ha tenido a lo largo de los años ya estaban en esa primera novela.

-Sí, claro, es normal. Es un compendio de todo lo que llevaba en mi cabeza. Estuve escribiendo desde que llegué desde Estados Unidos, que no acababa de cuajar. Es una novela sintética, breve, está todo muy comprimido, y de cada capítulo ves que hay un germen de muchísimo más. De mi mundo, de mi contención, de lo que me interesa: las relaciones, las admiraciones no correspondidas, los misterios de las personas que viven a nuestro lado, y por qué se suicidan o se enamoran o esperan, o qué se llevan con ellos cuando se mueren. La contención era una reacción contra un tipo de literatura que aún estoy en contra, que es la del torrente.

-De repente la infancia, la juventud, la adolescencia, empiezan a aparecer con mucha fuerza. Sobre todo en los cuentos: Recuerdos de otra persona, Gente que vino a mi boda, La corriente del golfo.

-Ya en El bandido doblemente armado están mis historias, retazos enmascarados de mi vida. Lo que sucede es que el cuento es un espacio mucho más manejable y puedo centrar el interés en un corto espacio de tiempo y en un lugar concreto, suelo escribir de cosas más pegadas a mi realidad, menos simbólicas. El cuento, al menos para mí, es menos simbólico. Tiene ese punto más realista. La novela, al ser una construcción, una casa, una arquitectura, siempre adquiere unas características más simbólicas. Podía ser al revés… Podía ser un cuento simbólico, que los hay.

-En 1982 publicó La enfermedad moral (1982), su primer volumen de relatos. Es un título que la define muy bien.

-Sí. No es mío: me lo dio mi marido Polo Pita. A veces es él quien me da los títulos. Un día, hablando de un pintor, Andrea del Sarto, en una biografía suya, se decía que su mujer tenía una potente enfermedad moral. Le impresionó tanto que me lo contó, y yo me pregunté qué misterio era aquel. ¿Qué sería? No lo explicaba más. Y me quedó eso como algo que definía mi propia relación con el mundo. Yo tengo que decir que los enfermos morales, por lo general, son los otros. Yo soy muy moralista, en el fondo. Tengo una moral muy fuerte.

-¿Qué quiere decir, qué implica eso?

-En que juzgo. Y una persona me parece que hace bien o hace mal. Y soy severa. Juzgo mucho, internamente; otra cosa es que me obligue a ser comprensiva a partir de ahí. Pero yo juzgo, y tengo más intolerancia interna de la que luego trato de manifestar.

-Usted, que recuerde, no ha tenido polémicas con nadie, ni disputas…

-Pero por eso. Como soy intolerante, en el fondo tengo que esforzarme por no ser así. Sí, sí, soy tremenda. Y para mí el enfermo moral es el que no sabe discernir entre el bien y el mal. Yo, desgraciadamente, lo sé, lo que pasa es que luego relativizo y tengo una potencia mental, o lo que sea, para convencerme de que todo esto es producto mío, de que es algo emocional. Tengo que luchar contra eso porque no sé por qué me arrogo la capacidad de juzgar.

-Pienso en su último libro, Chicos y chicas (Anagrama, 2016), y veo que hay muchos seres que tienen enfermedades morales.

-Sí, casi todos. Claro, y por eso me interesan esos personajes. Porque no los entiendo. Los enfermos morales son los que yo no entiendo… La enfermedad moral es no saber lo que es el bien y el mal. Y eso es una cosa difícil de saber. El bien y el mal es una convención. Los personajes pues se van haciendo con sus pequeñas enfermedades morales. Los más enfermos son aquellos que no entienden nada, que son fríos como témpanos, y que o hacen ningún esfuerzo por comprender a los demás. Yo no me considero una enferma moral porque me esfuerzo mucho por entender. Primero juzgo, tengo una opinión, y luego me esfuerzo para no juzgar, tengo que limar mucho mis juicios. La vida te marca mucho, y mis circunstancias también.

-Su segunda novela fue Burdeos (Anagrama, 1988).

-Burdeos es el extranjero. Es la ciudad extranjera. La idea del extranjero está en todo lo que escribo. Yo tengo una sensación de extranjería con el mundo. Burdeos es la ciudad que no conozco y que quiero desentrañar a través de mis personajes. Eso ya aparecía en El bandido doblemente armado, con nombres californianos y con cosas de Zaragoza, que es una combinación rara. Fuimos una vez con mi padre a Burdeos. Íbamos de camping pero rara vez de hotel, y en Burdeos estuvimos en un hotel. Recuerdo la imagen de asomarme al balcón y decir: “Estoy durmiendo en una ciudad francesa”. Era una sensación curiosa y casi la increíble.

-Otro de sus asuntos es la familia.

Siempre aparecen las familias. Es muy difícil prescindir de ellas.

-Sí, claro, pero en su caso es casi más importante lo que no cuenta que lo que cuenta.

-Desde luego. En las familias hay más misterio del que se dice. El misterio está en el seno de la familia, no solo en el exterior. Para mí el misterio empieza por la familia. Y yo soy una escritora del misterio. Los relatos familiares son de misterio y a menudo escalofriantes. Y a menudo están envueltos en el silencio.

-Para entonces ya había asimilado una determinada literatura, europea y norteamericana, Tabucchi, Stendhal, Salinger, el mundo del cine la había calado…

-El lenguaje del cine más que el mundo del cine. La manera con que el cine cuenta las historias sí. Nos da retazos, fragmentos. Yo no escribo como Tólstoi, contándolo absolutamente todo, que es maravilloso, por cierto, ya quisiéramos, hoy ya contamos con muchas imágenes, no solo el mundo del cine. Estamos rodeados de imágenes, no nos podemos regodear en las imágenes cuando las vemos ya. Hay un tipo de cosas que escribo que funcionan más con imágenes que con palabras.

-¿Nunca ha escrito guiones de cine?

No. En principio no me interesa nada. Hay tanta gente metida en el tinglado que yo no me veo capaz de lidiar ahí. Soy muy solitaria. Por eso a lo mejor me dedico a escribir. Me pierdo, no sé, me disuelvo. Necesito estar a solas. No me siento recluida para toda la vida, soy comunicativa, pero ese mundo me supera.

-Abordemos la aventura Planeta, ganó el premio en 1989 y publicó otra novela, Días del arenal, ¿qué significó para usted?

-Me dio más dinero del que yo nunca me imaginé que podría ganar con un libro. Y lo agradezco. Fue importante. La sensación de no ganar dinero es una de las sensaciones que tenemos todos los escritores. Para mí aquello fue una satisfacción personal. Me sentí gratificada. Y luego tuve la sensación de ser leída. Por otra parte, es verdad, me expuso en primera línea en la línea de la publicidad y la promoción, entrevistas, y eso es muy insatisfactorio porque nunca te encuentras reflejado del todo. Ni por lo que dices tú ni por lo que escriben o interpretan los otros. También ahí te sientes extranjera.

¿Tuvo la sensación de que perdía prestigio?

No. Esas son cosas que no me planteaba entonces ni ahora. No le dedico ni un segundo.  

-En 1993, ganó el premio Anagrama de ensayo con La vida oculta.  Ese libro es de mis preferidos con Una vida inesperada (Anagrama, 1997) y La señora Berg. (Anagrama, 1999). Fue como regreso a casa, ¿no?

-Se ajustaba al premio y volví.  Nada traumático. Jorge Herralde lo entendió. La vida oculta es un libro meditativo, de confesiones. Es un libro que surge del silencio. Creo que lo necesito para escribir y para vivir. Las reflexiones me centraron mucho y fueron capitales para mi escritura. Y Una vida inesperada y La señora Berg, novelas de ficción, también surgieron del silencio. En el fondo, yo no soy del todo yo, soy una persona que escribo. No voy a mostrarme a los demás. Me guardo lo que escribo. ¿Soy yo lo escribo? Sí y no. Hay una especie de mundos paralelos, lo que escribo y lo que vivo, y ambos son como una extraña doble vida. El azar es muy importante, me pesa. Me cuesta una barbaridad salir de mi mundo. Espero más. Me esfuerzo mucho. Yo soy una enferma.

¿Por qué aceptó ser académica en 2010?

Si te lo ofrecen, no vas a decir que no. Es bonito, me gustan muchos las palabras, escribo reflexiones, algún día publicaré mis cosas sobre el lenguaje. Pero venir aquí todos los jueves es muy duro para mí. Soy una enferma crónica desde niña. Tuve tifus a los tres años. No tengo defensas, lo cojo todo. Estoy siempre enferma. Rara vez me encuentro bien. En plenitud. Entonces, viajar, ir a los sitios, salir de mi casa me cuesta mucho. Hay enfermedades peores que la mía, por supuesto, pero eso no me quejo de nada.

La enfermedad, a secas, sin adjetivo, está en casi todos sus libros.

Una vida inesperada gira alrededor de la enfermedad. Y muchos relatos míos giran en torno a la enfermedad. Sin embargo, no me lo suelen recalcar. Creo que la enfermedad no se acepta. A mí me dicen que tengo cuento. No me acaban de creer. Me duele todo. Y tengo mis diagnósticos.

-Hablemos de la La señora Berg…

Es una novela sobre la admiración, el deseo, lo estimulante… Lo que de verdad no estimula son las personas. Eso es así. La Señora Berg es uno de mis personajes a los que les tengo mucho cariño. Sí, yo, como el joven, también siendo admiración por ella. Te causa como un alivio. Ese personaje me acompaña y es un motivo de vida también.

-Muchos de sus libros son autobiografías enmascaradas.

-Este de Baroja mismo, Lúcida melancolía. Bueno, en realidad, a veces hago libros de recuerdos. Yo no les llamaría ni libros de la memoria o diarios, son de recuerdos. El recuerdo es la invención, es lo que escoges. La memoria parece que es más detallada, más ajustada, y el recuerdo lo escoges tú, de ahí que muchos de mis libros sean como ráfagas. Confío mucho en la mente en reposo. Escribir no es solo escribir: es dejar la mente un poco en el vacío. Necesita silencio y apartamiento, y ahí, en ese territorio, cuajan las cosas. Sigo escribiendo. Acabo de entregar una novela, esencialmente de mujeres, que transcurre entre 1934 y 1969; creo que saldrá en otoño. Tengo 70 años y sigo en la brecha, con la sensación de que ya soy una señora a la que debe mimarse un poco. Soy mayor, con mis dolores y una nueva sensación de libertad.

 

*Esta entrevista se publicó en la revista 'Eñe', en 2018, cuando la dirigía Luisgé Martín.

 

JESÚS RUBIO HABLA DE 'LA HERENCIA DE ANTONIO MACHADO'

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2019/02/12/jesus-rubio-jimenez-antonio-machado-antitesis-del-poeta-engreido-1292083-1361024.html

"La herencia de un poeta son sus versos". ¿Por qué llegan tanto los de Antonio Machado?

Seguramente porque inciden en las grandes preocupaciones humanas y lo hacen con una cercanía que solo los grandes poetas tienen. Pero también porque se convirtió para unos y otros en modelo –de eso trata el libro– con lecturas interesadas por unas u otras razones. Es indudable, además, que para los ciudadanos medios tuvo enorme importancia la labor de los cantautores.

Aunque el libro abarca de 1939 a 1970. ¿Qué significaron en su vida Leonor y Guiomar?

Machado llega a Soria después de una juventud complicada. Encuentra más que una pensión, una familia acogedora. Y allí, una adolescente que lo conmovió: Leonor. Se le abrió un proyecto de vida fascinante, que se truncó y que le afectó profundamente de por vida. El caso de Guiomar es distinto. Era una mujer con experiencia, pero indecisa, y una interlocutora interesada en la literatura. Y él, un Machado maduro a quien le debió de tentar aquello.

¿Cómo y por qué se produjo la santificación del poeta?

Una parte del libro trata sobre la creación de la imagen modélica de Machado en distintos aspectos. Construida sobre lo más cotidiano, a diferencia de otros casos en que se construye sobre lo excepcional. Cercano, inteligible (al menos en apariencia), no desligado de los problemas más cotidianos. Tuvo sensibilidad para los desfavorecidos y fue crítico con instituciones anquilosadas.

Antonio Machado influyó en muchos artistas... ¿Por qué?

Es la antítesis del poeta engreído; era "cercano, silencioso y misterioso a la vez" (Rubén Darío ‘dixit’); a su alrededor se desarrolló una imagen de hombre bueno, algo que, además, sus circunstancias acentuaron y en especial su destino último.

Reproduce el retrato de Pablo Serrano. ¿Le parece una de las mejores obras que le dedicaron?

Sin duda, por su propia potencia estética y por las circunstancias que rodearon su creación y, sobre todo, su difusión con el fallido homenaje de 1966. La prohibición hizo que internacionalmente se interesaran mucho por la obra desde Rusia o Estados Unidos y que se hicieran diferentes copias.

Trabaja sobre José María Palacio, al que cita Machado. ¿Qué le llevó hasta él y qué ha descubierto?

Preparando un comentario sobre el célebre poema-carta que le envió, empezaron a llamarme la atención su parentesco por parte de sus esposas; su coincidencia en algunas ideas y, sobre todo, que fueron "hermanos en el dolor". Así se refiere José María Palacio a Machado más de una vez: a él se le murieron dos niñas pequeñas, Carmen y Rosario, una antes y otra después que Leonor; tuvo cerca a Marco al igual que él lo estuvo al morir Leonor; había unos lazos fortísimos entre ellos.

¿Qué ocurrió luego?

De ahí pasé a intentar saber más de Palacio. Era aragonés (nacido en Rasal, Huesca), llegó en 1901 a Soria como funcionario de Montes y vivió allí hasta 1922 en que se trasladó a Valladolid. Murió en noviembre de 1936, de muerte natural. Su obra como periodista es enorme; he censado ya unos 1.200 artículos de temática amplia, desde el intimismo más estricto, a la crónica social o a una preocupación constante por asuntos regeneracionistas y agrarios.

¿Cómo ve esa confrontación que algunos han querido hacer entre Manuel y Antonio Machado?

Forma parte de la discutida herencia con bandos enfrentados, familia escindida (unos hermanos en el exilio, otros en España). Son dos buenos poetas, aunque Manuel, más interesante al principio, después perdió impulso.

Importan a las nuevas generaciones poetas como Machado?

Quiero pensar que sí, pero sin duda menos que a generaciones anteriores como la mía, la nuestra.

¿En qué le invita a pensar su muerte en 1939 en el exilio?

En lo difícil que es la convivencia en nuestro país, donde la tolerancia no acaba de enraizar. Hay quienes se reservan el derecho a decir qué es ser español y qué no. E invita a pensar en la facilidad con que están dispuestos a cambiar las palabras por pistolas.

 

*La foto es de Guillermo Mestre.

 

DIÁLOGO CON SANTIAGO LORENZO

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Santiago Lorenzo: "Uno tiene que aspirar a
pasárselo bien en el cielo y en el infierno"

El escritor (Portugalete, Vizcaya, 1964) autor de una de las novelas del año, ‘Los asquerosos’, recibió el viernes, en el Teatro Principal, uno de los premijos Cálamo.

 

 

Dice usted que no sufre, que es un escritor del placer y la diversión…

¿Eso ha leído de mí? En ocasiones, en mi vida personal, me han pasado muchas cosas… Cada vez menos dramáticas. Y cada vez que las recuerdo se me hace gracioso ese tío que está sufriendo ahí. Por eso me salen las novelas así. Yo me lo paso fenomenal escribiendo, en efecto, me cuesta trabajo no hacerlo. Pero sí, en mi vida pasada me han pasado cosas muy chungas y se me hace divertido recordarlas.

¿Se le hace divertido, se ríe de usted mismo?

Sí, me pasa que me acuerdo de cafradas que me han pasado, que me hecho yo o que me han hecho y que, cuando ya han pasado, me provocan grandes carcajadas. 

¿Usted tiene referencias, escritores que le ayuden?

A mí me gusta mucho leer a Benito Pérez Galdós y a Ramón Pérez de Ayala. Mucho. No sé por qué. Me parecen muy graciosos, grandísimos cómicos los dos, con esa cara tan seria que tenían…

¿Le divierten sus textos, de verdad?

Me parece que hay textos de ambos que son mucho más graciosos que el programa de Alfonso Arús, que no tiene ninguna gracia.

Ahora que dice eso, ¿cuando se está en un pueblo importa la televisión?

Yo no tengo tele. Veo un poco la tele en el ordenador pero de forma muy restringida. Todo te parece como si no consiguieras darle visos de realidad. Como si fuera una gran mentira.

¿Por qué se fue al pueblo? ¿Para encontrarse a sí mismo, por tranquilidad?

Por todo un poco. Me fui el 1 de agosto de 2012. Llevo seis años.

¿En qué se parece usted a Manuel, el protagonista de ‘Los asquerosos’?

En el afecto por la austeridad y en poco más. Él es un valiente y yo no lo soy. Él es mucho más joven que yo, le doblo la edad, y él está empeñando en investigar cómo es la soledad. A mí la soledad no me preocupa y me parece una gozada. Cuando voy a una ciudad, Valladolid, Bilbao o Zaragoza, llamo a mis amigos y me lo paso muy bien, claro, pero en realidad paso más tiempo solo que acompañado. Y soy feliz. Uno tiene que aspirar a pasárselo bien en el cielo y en el infierno.

Su libro, al margen de sus elementos satíricos y de esa propuesta de una vida extrema, también  parece que tenga algo de vuelta a la Arcadia…

En el libro se dice que no hace falta vegetación ni vida animal para construir la Arcadia de la que se habla en el libro. Se llega incluso a decir que el páramo de Chernobil, donde ya no hay nadie, también valdría. Hay un bucolismo de la soledad, pero creo que no hay un bucolismo de la naturaleza. Para disfrutar del placer de la naturaleza, mucho mejor que leerlo en un libro, es meterse en ella de cabeza. No hay una reivindicación sobre la naturaleza. No hay que ser bobos leyendo sobre ella, cuando la tienes ahí al lado y te está esperando. Es fabuloso ir a no mancharla y a disfrutarla.

Vamos a ver, usted en el libro cuenta la historia de un hombre, Manuel, que se despoja de cosas y cosas, y que hace un canto a la sobriedad, y a la vez surge algo y tampoco es tan feliz.

A la mitad exacta de la novela todo esto se quiebra por varias razones. ‘Los asquerosos’ no es un manual de supervivencia, es una novela de ficción donde, a un sujeto que está muy a gusto, le rompen el escaparate, le cagan los pájaros en la cabeza, todo se le tuerce. A mí me gustan las novelas en las que pasan cosas, en las que hay cambiazos y giros, y en efecto, en la mitad exacta de la novela, todos los logros del protagonista se van a ir por el sumidero. Pero va a tener suficiente corazón para responder a ello y hacer frente a la situación nueva.

Su libro, que es muy divertido y desternillante, es difícil de leer, hasta que se le coge el tranquillo. Hace usted creación de lenguaje, recupera palabras, fuerza la sintaxis… ¿Por qué hace todo eso?

Creo que tiene algo de razón, sí. Y la respuesta es que uno acepta su repipismo (de repipi) de la mejor manera posible.

Pero un repipi es como un afectado sin sustancia, ¿no?

Ese soy yo. Yo soy de lenguaje barroco y me tengo que dejar llevar. Intenté leer a Mújica Láinez y lo tuve que dejar. No podía con él. Yo he sido muy feliz leyendo ‘El Buscón’ de Quevedo, por ejemplo. El lenguaje me sale así de manera espontánea, lo fundamental para mí es no forzar absolutamente nada. No busco palabras en desuso, están en mi cabeza y salen. Si mi lenguaje distancia al lector, qué le voy a hacer. Las novelas están ahí para quien las quiera coger. Siempre vendo más de lo que pensaba.

¡Hombre!

A veces tengo la sensación de que el editor me paga más de lo que me debe.

Explíquenos que quiere decir ‘mochufa’, esa palabra que acuña.

La ‘mochufa’ sería como una celebración, sería como la sacramentalización de la horterada. Es la gente que grita y la gente que se cuela. Los caseros cabrones que están ahí intentando chuparte la sangre. La ‘mochufa’ es esa especie de dominguero al cubo.

Veo en su libro observación sobre la sociedad en la que se percibe la mirada de alguien que desconfía…

Eso está muy bien. Más que crítica de la sociedad, yo tengo desconfianza de la sociedad. Con la dosis de miedo que significa la desconfianza. Sí, ese es Manuel, alguien que desconfía de la sociedad.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/12/30/santiago-lorenzo-uno-tiene-que-aspirar-pasarselo-bien-cielo-infierno-1285034-1361024.html

*La foto es de Guillermo Mestre.

SERGIO ROYO: UN DIÁLOGO

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[El zaragozano, profesor de inglés, publica su segundo libro, ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018) y traduce a la poeta norteamericana Lyn Coffin en la antología ’Esta vida verde’ (Pregunta).]

-Si piensas en la literatura, ¿qué imágenes iniciales te vienen a la cabeza?

Una taza de café, una ventana abierta en un piso y una librería con los libros desordenados

-¿Cuál ha sido la importancia del deporte en tu vida?

Me ha ayudado en momentos difíciles y en el día a día hace que me desahogue. No me imagino lejos del deporte, del mismo modo que no me imagino lejos de la literatura.

-¿Cómo has vivido tu adolescencia y la ciudad, que está muy presente en tus relatos?

Creo que hablo mucho de la adolescencia y de la juventud porque la tengo (las tengo) todavía recientes.  Se forja mucho de lo que somos y vas encontrando tu forma de mirar el mundo. En mi caso, la intensidad siempre ha estado ahí. Respecto a la ciudad, soy inevitablemente urbano. Eso hace que tenga muchas lagunas, claro, pero también que me fije en quien camina por la calle, en cómo será su piso, en su día a día laboral en la ciudad. Observo la ciudad como quien se detiene en un paisaje de montaña y exploro lo que me causa.

-¿Cómo dirías que nace el escritor, qué sucedió, cuáles fueron los estímulos más importantes?

Creo que tú no encuentras a la literatura, sino que la literatura te encuentra. Hubo cosas en mi vida que no comprendí, y cuando no comprendes algo, tienes que explorar cómo te sientes. A partir de ahí surgen inquietudes, formas de ver el mundo, y las sacas. En mi caso, la literatura es consecuencia. No sé muy bien de qué.

-Eliges magisterio y eliges ingles. ¿Por qué?

Todavía no lo sé. Suena ambicioso, pero creo que cuando eliges enseñar, es porque te crees que tienes algo que enseñar. Algo distinto. Eso es lo que solía decir. Poder hacer mella en la gente es algo bonito, muy bonito. No es tan distinta la enseñanza de la literatura: buscas llegar. Respecto al inglés, siempre me ha apasionado su ritmo, su expresión, sus letras. Cada día veo series en versión original y combino una lectura en castellano con una en inglés. De momento, no hay otro idioma que me haya gustado lo mismo.

-¿Cómo nació tu primer libro, ‘El dolor del cristal’ (Pregunta, 2016)? Era un libro intimista, un tanto desgarrador, lírico…

De dentro, de muy dentro. Cuando no tienes experiencia para contar historias, lo que cuentas son tus miedos, tus inquietudes más reales. En el último cuento narro el fallecimiento de mi abuelo, le pongo voz a lo que creo que él me habría dicho en su final, cuando ya no podía. Unos días más tarde, en el complejo, imprimí unas treinta copias y desaparecieron al momento. Todo el mundo se emocionaba, reconocía a mi abuelo. Entonces me planteé en serio que tenía que intentar publicar, que, de verdad, podía llegar a la gente.

-¿Por qué adoptaste el género del cuento como expresión?      

Porque el cuento es un fogonazo, una idea brillante, que permite focalizar tus esfuerzos durante un tiempo y después pasar a otra historia. Cuando eres poco constante o no tienes demasiado tiempo, como es mi caso, es el género ideal. Esto implica, por otro lado, que tienes que tener varias ideas buenas y que se sostengan, mientras que en la novela, tal vez, con desarrollar una y ser estructurado, te puede bastar.

-En un sentido estético, ¿cómo entiendes el cuento, cuál sería tu poética, si la tuvieras, quiénes serían tus modelos?

A nivel local, tengo que nombrar a Carlos Castán y Óscar Sipán. Son dos escritores de relato que me apasionan en su concepción de la nostalgia. Expandiendo horizontes, dos de los cuentistas que más me llegan son Raymond Carver y Alice Munro. Creo que los cuatro se fijan en lo cotidiano y en lo que a todos nos inquieta aunque lo hagan desde perspectivas muy distintas. El cuento, para mí, tiene que rasgar.

-¿Para quién se escribe? ¿Se hace desde la sinceridad, de la necesidad o desde la conciencia artística?

En mi caso, la sinceridad y la necesidad son clave. No tanto la conciencia artística, no me siento y digo “estoy creando arte”. Sí que desnudo mis pensamientos, o lo que creo que cualquier persona puede pensar. Soy sincero incluso en la mentira, porque creo que incluso al ser falso y al ocultar, estamos desvelando nuestra forma de entender la vida. Y la necesidad, por supuesto, lo he dicho varias veces, escribir me salva cuando siento que nada más lo puede hacer.

-De repente, das un salto y con ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018), sales de ti mismo y miras el exterior. ¿Qué pasó, habías crecido, habías madurado?

Creo que mis dos libros publicados, sin duda y literariamente hablando, “Viviendo en tiempo brutal” tiene más calidad. Me parece que soy más inteligente en mi forma de contar las historias y que también exploro más temas. La infidelidad, las dobles caras, el cambio y la incertidumbre, nuestras propias contradicciones. Hay un personaje que dice “sí” cuando quiere decir “no” y viceversa.  Hay más relatos de personajes, más trama, manteniendo la reflexión que creo que es lo que me define como autor. Como persona no lo sé, pero literariamente, creo que “viviendo” es más maduro.

-¿En qué es brutal para ti este tiempo?

Podríamos ir a lo obvio, la situación precaria y las dificultades para la juventud, la esclavitud tecnológica, la poca personalización, los conflictos ideológicos…pero más allá de eso, creo que lo brutal de este tiempo no es distinto a lo “brutal” en tiempos de Baroja: ese “de repente” que te cambia la vida, ese imprevisto que te deja con la palabra brutal en la boca. Por mucho que nos cueste admitirlo, en un segundo puede cambiar todo. Es lo que le pasa a los personajes, por eso ese verso, por eso brutal.

-Ensanchas atmósferas y escenarios, amplías los temas y los personajes… hay una mirada exterior. Y a la vez dices que todo eso no es lo esencial en ti. ¿Qué es lo esencial para Sergio Royo?

Encontrar momentos en los que eres tú mismo, sin tener que pensar nada más. Conectar con lo que quieres conseguir, que no te falten los tuyos, estar de acuerdo con uno mismo. Supongo que sería eso, con todo lo que conlleva que es mucho.

-Se habla mucho de la juventud. Que si está formada, que si no, que si no está comprometida, que si es esclava de las nuevas tecnologías. ¿Cómo ve un joven a los jóvenes?

Es una enorme pregunta. Con recelo, claro, con algo de desconfianza. No sé qué nos lleva a comportarnos como nos comportamos, en redes sociales, en el día a día. Pero creo en el talento y también creo que no todo está perdido: conozco a mucha gente comprometida y que se cuestiona las cosas. Creo que eso es lo primero, cuestionarse el mundo.  A partir de ahí, todo es posible.

¿Temes eso que se repite tanto, que vais a ser mucho más pobres que vuestros padres y vuestros abuelos?

No me lo planteo, de verdad. Hago cada día un ejercicio de vivir el día a día, aunque no lo consiga, y desconozco la situación de generaciones pasadas. Intentaré no serlo, claro, poder vivir bien.

-¿Qué te aporta Zaragoza, cómo la vives?

Durante una época, le cogí manía. Se me quedaba pequeña, no me encontraba. Pero cómo ves la ciudad en la que vives no es más que un reflejo de cómo te ves a ti mismo. Quiero mucho a Zaragoza, sé que sus calles me siguen sorprendiendo, es una ciudad cómoda. La vivo preguntándole “qué me deparas hoy”.

-¿Cómo surgió la idea de traducir a la poeta norteamericana Lynn Coffin en 'Esta tierra verde' (Pregunta)?

Mis editores en Pregunta me lo propusieron.  Yo no la conocía, pero ellos sabían de mis “estudios ingleses”, que me gustaba traducir algún poema por hobby. Surgió como un favor personal, después se convirtió en un proyecto ambicioso.

-¿Cómo defines a esa escritora?

Traduje una antología, con todo lo que eso conlleva. Muchas voces en una, evolución en la obra, diferentes etapas. Pero diría que es una autora ambiciosa y que bebe mucho de las referencias, muy rica intertextualmente. Creo que ese sería un buen resumen.

-¿Qué le aporta a un escritor un trabajo de traducción, cómo has vivido la experiencia?

Escuché en una entrevista que “la traducción es imposible” pero, al mismo tiempo, “todo puede ser traducido”. Traducir es reescribir, es jugar y explorar el lenguaje. En este sentido, creo que traduciendo creces como escritor, como quien entrena sin darse cuenta de que lo está haciendo.

Estamos en vísperas de Reyes. ¿Qué tres libros eligirías y por qué?

Esta pregunta es muy complicada, pero como está tan de moda lo de las listas, diré tres de las lecturas que más he disfrutado en 2018:  ¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?, de Laura Ferrero, “Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente, y “La pasión”, de Jeanette Winterson. Podría nombrar la última novela de Miguel Ángel Zapata, “arquitectura secreta de la ruinas, “mundo extraño” de José Ovejero… muchos libros que me han gustado por muchas razones. Y, por qué no, ya que tengo este espacio, recomendar “el dolor del cristal” y, especialmente “viviendo en tiempo brutal”, cuya promoción caduca con 2018. Regaladlos, que así conoceréis nuevas voces. Y leed, leed mucho, que nos hace mejores, o al menos nos hace cuestionar lo que somos.

 

*La foto es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de HERALDO. 

05/01/2019 18:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

AITOR GABILONDO: DE LA SERIE 'PATRIA'

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Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974) está de moda. O parece un elegido por los dioses de las series televisivas. Hace no demasiados días se estrenaba ‘Permiso para vivir’, con “un exuberante y carismático José Coronado”, y a la vez trabaja en un proyecto que no le deja vivir: ‘Patria’, la novela de Fernando Aramburu, que se acerca al millón de ejemplares vendidos; la última edición lleva un prólogo del propio Gabilondo, que tiene muchos más proyectos en la cabeza y en el ordenador, y que acaba de crear una nueva productora: Alea Media.

-También, a usted, le han interesado los narcotraficantes. Aún tenemos frescos ‘Fariña’ y ‘Narcos’…

-Es cierto, pero ‘Permiso para vivir’ es bastante distinto. La maldad pura es muy interesante y matizada, aún más. Llegué a este tema un poco por casualidad. Conocí a Manolo Rivas, estuve con él en La Coruña y hablamos un poco de todo: sin ir más lejos del impacto que había tenido en Galicia el narcotráfico y cómo él, en otras épocas de su carrera como periodista, se interesó por el tema.

-Hablará usted de los años 80 y 90. ¿No?

-Sí. Manolo se puso en marcha y le salió un texto estupendo y breve, que acaba de publicar Alfaguara. El relato del narcotraficante que lo ha tenido todo, Nemo Bandeira, y que ahora tiene el mal de Alzheimer. Esa historia da para muchas cosas: es el relato de un hombre que lo tuvo todo, que fue sanguinario por capricho, que sembró la maldad y ahora está postrado, luchando con sus recuerdos y con los recuerdos de su pasado oculto. El personaje te hace pensar en Pinochet, del cual dicen que en los últimos años no recordaba sus fechorías y crímenes.

¿El malvado quiere conservar su memoria?

Sí, claro. Esa fragilidad, esa condición mortal, tan estimulante y terrible, son importantes para un guionista y en ello nos aplicamos. El narcotraficante percibe la pérdida y se rebela. Manolo Rivas me dio libertad para trabajar con su texto. Fue de una gran generosidad.

-Contar con José Coronado es casi un éxito seguro.

-Está maravilloso. Pasa por un período increíble. Es un actor en estado de gracia, pleno de inspiración, de madurez y de talento. ¡Qué fuerza posee! Es un animal de cine, de televisión o de teatro. Mientras rodaba esta serie sufrió el infarto y, en cierto modo, se produjo una especie de paralelismo entre la serie y la vida: el protagonista en la ficción y el Coronado real se encontraban. Da gusto trabajar con él. Aprendes mucho.

-Y ahora ‘Patria’.

-Ya llevo meses trabajando en ellas. Serán ocho guiones de 50 minutos y se rodará en varias localizaciones de Euskadi, entre ellas  San Sebastián, y también barajamos rodar en Zaragoza, ciudad importante para Fernando Aramburu, como se ve en la novela y como él acaba de recordar en ‘El mundo’.

-Aquí estudió, aquí se enamoró de Gabriele, su mujer…

Zaragoza es importante para Fernando Aramburu, así me lo contó, y saldrá aunque no está claro de qué manera. Los guiones están escritos, y aquí Fernando ha sido elegante y rotundo: él no quiere saber nada del guión. Dice que no es su mundo. Es sumamente colaborador y generoso. Me dijo que el cine y la literatura son lenguajes diferentes, y que él no quería intervenir.

-¿Qué le interesó de ‘Patria’?

-De entrada que es una novela que cuenta algo que hemos vivido y hemos sufrido todos. La historia de los protagonistas es la historia del dolor de todos. De muchos. Y también es la historia del miedo, del silencio, de la vergüenza. Ha habido muchas maneras de vivir el dolor y la rabia de ETA, y eso también lo cuenta el libro. Quiero narrar la vida de la gente de la calle y esa escisión brutal que se produjo en la convivencia en Euskadi.

-Usted es el guionista y el productor y ha elegido a dos directores… Pablo Trapero y Félix Viscarret.

-Yo he intentado hacer una buena adaptación de un relato histórico, brillante y valioso, como el de Fernando Aramburu. Tenía clara una cosa: aquí a veces da la sensación de que de la ETA lo sabemos todo, y quería introducir otra mirada, una mirada desde fuera como la de Pablo Trapero, argentino, que se alejase de los tópicos, de los lugares comunes, y que explicase el conflicto a su modo, con una mirada más libre, más desprejuiciada, con otro modo de entender. La historia de ‘Patria’ es un drama local, si se quiere, pero esencialmente es universal.

-Y con él estará Viscarret, biógrafo de Carlos Saura y autor de ‘Bajo las estrellas’, basada en ‘El Trompetista del Utopía’.

-Sí, Viscarret es vasco, donostiarra y harán cada uno cuatro capítulos. Pablo Trapero marcará el tono, el estilo, los planteamientos de cada episodio, y Félix seguirá su estela, con su propia personalidad. Esta es una historia de matices, que ahondará en la percepción de la calle y en la intimidad de las casa y, por supuesto, en la energía de los personajes. Es una historia que exige atención, cuidado en los detalles, sutileza y también coraje. Todos hemos sido víctimas de ETA.

¿Qué se siente usted más guionista o productor?

-A mí lo que me gusta es escribir. Componer guiones, dar vuelo y vida a las historias. Me siento un contador de historias que intenta despertar emociones y narrar acontecimientos que vayan directos al corazón.

-¿Cuál es el secreto de las series?

-No creo que haya uno, pero le diría que las series deber ser historias que cuenten historias, que rezumen autenticidad, verdad, con personajes variados, de diversos tipos, buen ritmo e intensidad. Algo que acabamos de ver con ‘El día de mañana’, la adaptación de Mariano Barroso de la novela del zaragozano Ignacio Martínez de Pisón.

05/01/2019 18:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON SERGIO VILA-SANJUÁN

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-sergio-vila-sanjuan-los-catalanes-no-deberiamos-vernos-instigados-escoger-entre-dos-tradiciones

Una entrevista con Sergilo Vila-Sanjuán.

27/11/2018 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RODOLFO NOTIVOL RETRATA A PEPE MELERO

Texto de Rodolfo Notivol Gascón en la presentación de "El lector incorregible" en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, 12 de noviembre de 2018.

Y este es el texto que leyó Rodolfo Notivol, que, a mi costa, hizo reír a toda el Aula Magna. Gracias, amigo.

 

 

Presentar este libro me ha permitido descubrir a un Pepe Melero distinto, desconocido para mí.

Hace unos días, después de un inocente comentario mío en Facebook en el que hacía referencia a este acto, recibí la siguiente contestación de su parte:

«Te recuerdo que yo hablo el último. Y el que ríe el último…»

Como ustedes comprenderán, tan palmario intento de coacción me dejó desconcertado y me hizo plantearme algunas cosas.

¿Es habitual en Melero extorsionar a los presentadores de sus libros? ¿Es posible que, con su cara de buen chico, de comulgante aplicado, diría yo, Melero nos tenga a todos engañados?

Por supuesto, al principio, me dije que no, que no era posible, que era mi amigo y que le conocía bien.

Pero luego me vino a la cabeza la presentación de otro de sus libros, la de Los libros de la guerra, cuando nuestro querido y añorado J.A. Labordeta soltó aquella frase memorable que bien merecería pasar a los anales de la historia de las presentaciones.

«Si no me hubiera visto obligado a presentarlo —dijo—, yo jamás hubiera leído este libro».

¿Fue solo un arranque de franqueza aragonesa?, me pregunté. ¿O acaso José Antonio había sido ya víctima de las intrigas meleristas y estaba respondiendo a las mismas con su acostumbrada rebeldía?

No supe ni quise contestarme.

Ahíto de preocupación, comencé la lectura de El lector incorregible y a las pocas páginas di con las siguientes líneas:

«En mis lecturas de este verano sobre Joyce —nos dice Melero— me encontré con algunas cosas curiosas. Por ejemplo, con que no le gustaba a Juan Benet, lo que llamó mi atención, pues siempre pensé que los amigos de lo abtruso se sentirían cómodos en la misma cofradía.»

Como pueden imaginar, al acabar de leerlo me temblaban las piernas bajo la mesa ¿Si era capaz de decir semejantes cosas sobre Joyce o Benet, qué no sería capaz de decir sobre este humilde juntaletras?

En fin. Les cuento todo esto para que, si encuentran excesiva la lista de halagos y alabanzas que viene a continuación, sean comprensivos conmigo y tengan en cuenta que estoy sometido a una gran presión.

Empecemos pues:

Pepe Melero es el Woody Allen de las letras aragonesas.

¿Te parece bien así, Pepe?

Y lo es, no solo porque si dices las palabras médico u hospital en su presencia se marea, que también, sino porque, como el director neoyorkino con sus películas, ha logrado que cada dos años sus seguidores esperemos ávidos, ansiosos, hasta con síndrome de abstinencia diría yo, puestos ya a exagerar, una nueva entrega de sus artículos.

¿Y por qué ocurre esto?, se preguntarán.

Pues o