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MARÍA PÉREZ HEREDIA: UN DIÁLOGO

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[El pasado viernes, en Los Portadores de Sueños, María Pérez Heredia, acompañada de Ignacio Escuín Borao, su editor anterior, presentaba su segunda novela: ‘Starman’ (Reservoir Books), la historia de un joven actor que logra conquistar el Óscar y decide ocultarse. Se relaciona con varias mujeres: Leigh, su primera novia, Jennifer Jones, su nuevo amor, Daphne de Havillond, su compañera de reparto, su propia madre, algo lejana, o su agente Stanley, todo un personaje. Se convierte en un personaje a la deriva, desubicado, que viaje, que huye, que narra su vida en primera persona. Así lo cuenta ella.]

-¿Qué significa para ti James Dean? James Dean es un icono, el símbolo del rebelde sin causa, con su chupa de cuero y su cara de pocos amigos. Además, al morir tan joven y de aquella manera, encarnó su propio lema de vivir deprisa. 

  

-¿En qué medida podría ser el referente de Clay Cassidy? Es curioso que, a pesar de ser un actor de cine de los años cincuenta, James Dean sea un referente para gente de mi generación. Para Clay, encarna esa manera de actuar sin dejar de ser uno mismo. 

 

-¿Cómo nace esta novela, querías contar un personaje más o menos errabundo, desubicado, o realizar un viaje por Estados Unidos? Esta novela nace, como tantas otras, de una anécdota: escuché la historia del jugador de baloncesto Lamar Odom, que un día decidió largarse y dejar de lado su vida, y me llamó la atención la posibilidad de que alguien tan famoso pudiera desaparecer sin que nadie tuviese muy claro su paradero. A partir de ahí, quise explorar esa huida y sus antecedentes.

 

 

-¿Qué te preocupaba: la vida de un personaje que no asimila el éxito, el espejismo de vivir, el dolor de existir? ¿Por qué parece que los personajes, casi todos, estén siempre enojados? Creo que esos tres temas sobrevuelan siempre la novela. Al final, esta es una historia de sentimientos humanos, de emociones que todos hemos sentido alguna vez. Es una historia sobre la soledad, sobre el dolor. No es que los personajes estén siempre enojados, es que es así cómo Clay los ve, quizá porque él sí que está enfadado con el mundo. 

 

-¿Has pensado en alguien que ganase un Oscar al mejor actor y le entrase una especie de pánico y acabase ocultándose? Bueno, hay muchas historias así, ¿no? Se me ocurre el caso de Penélope Cruz, pero seguro que ella tenía las cosas mucho más claras que mi personaje. Es distinto desaparecer unos días para huir del acoso mediático a estar fuera del mapa durante meses para escapar de uno mismo. 

 

-¿Por qué Estados Unidos de nuevo, algunos ecos del realismo sucio y, sobre todo, de John Fante? ¿Qué encuentras ahí, en caso de que encuentras algo especial? Bueno, es la primera vez que viajo a Estados Unidos en una novela. Encuentro allí muchísimos referentes cinematográficos y literarios, por ejemplo. Pero, en este caso, fue una elección práctica, impuesta por la historia que quería contar. Mi protagonista tenía que ser alguien que alcanzase un éxito arrollador de manera mi rápida, y pensé que Hollywood era el marco perfecto para esa historia. 

  

-Parece que te sientes muy cómoda en la primera persona. Lo haces aquí como en la novela anterior. ¿Es el lugar más cómodo o más sincero para contar la vida o lo que nos pase? Ni siquiera pensé que estuviese haciendo una elección: me parecía la mejor opción para contar la historia que quería contar. La primera persona, además, me permite cederle mi voz al personaje, algo que siempre me ha interesado mucho. No es que sea más cómodo, ya que te obliga a conocer todo lo bien que puedas al personaje en cuestión.  

 

-Hablemos de la estructura. ¿Por qué has utilizado esos capítulos desordenados, que no atienden a la cronología? ¿Qué buscabas? ¿Querías que la escritura definitiva del libro la hiciese el lector? Con esa estructura desordenada, quería recrear la forma caótica en la que los recuerdos acuden a la mente, a ráfagas, en fogonazos de imágenes. No pensamos de forma ordenada, o, por lo menos, Clay y yo no lo hacemos; de ahí la estructura.  

 

-No se sabe si Clay Cassidy es enamoradizo o en realidad no le importan mucho las mujeres. ¿Cómo ves su relación con Jen (Jennifer Jones), Leigh, la propia Daphne o esos amores fugaces tan curiosos como Marie, pongamos por caso? En toda la novela, solo vemos a Clay enamorado cuando se trata de Leigh. Y quizás ese es el problema que condiciona el resto de sus relaciones: no ha sido capaz de pasar página. Jen es para él algo conveniente, no cómodo pero sí excitante, mientras que con Daphne todo es más natural. El resto de chicas que pasan por la novela, muchas veces de forma fugaz, no son más que una sombra.                

  

-Hay un personaje clave en el libro. El agente Stanley Salomon. ¿Es  prototipo de Hollywood? Stan es uno de tantos otros agentes de Hollywood, con sus luces y sus sombras, con su obsesión enfermiza por el dinero y por el éxito. Para mí, es uno de los personajes fundamentales de la novela y también uno de los que estoy más orgullosa. No es que sea un prototipo de Hollywood, es que él y los tipos de su calaña son Hollywood. 

 

-Hay algunos juegos de espejos con el propio Hollywood. ¿Puede leerse en libro en clave de parodia de algún modo? Es una parodia o un retrato sobre el Hollywood frío y artificial, pero también intento reflejar el Los Ángeles más amable, con sus playas, sus drive-thru y todo lo demás. Es la ciudad en la que Clay se crió más que el Hollywood peligroso y descarnado al que luego se enfrentará. 

 

-Al final se impone un personaje nihilista, un buscavidas errante y con un corazón vulnerable y egoísta. ¿Tienes tú una visión negativa o dramática del mundo? Supongo que sin una visión dramática del mundo es difícil escribir, pero no creo que sea negativa. Tampoco creo que Clay lo sea, aunque a veces se empeñe por verlo todo muy negro. En el fondo, es optimista: ¿por qué iba si no a seguir intentándolo? No quiero revelar el final, pero, al final, así se presenta. 

  

-Formas parte de una nueva generación de narradores. ¿Crees que traéis una estética nueva, otra forma de mirar o de denunciar los males de la realidad? Espero que sí. Necesariamente, cada generación tiene que traer algo nuevo. Los tiempos cambian, también lo hacen los referentes estéticos y, de algún modo, ideológicos. Estoy deseando leer lo que está por venir, toda esa hornada de nuevos narradores, jóvenes, que aporten una manera distinta para mirar la realidad y lo que se escapa de ella. 

 

 

13/02/2017 00:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SUSAN SONTAG POR PETER HUJAR

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Esta foto de Peter Hujar, cuya obra se expone en la Fundación Mapfre de Barcelona, es de Susan Sontag.

 

01/02/2017 11:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en diálogo con Antón Castro, uno de sus últimos libros: ’Edad del insecto’ (Sd Edicions?, una amplia selección de su poesía de adolescencia y posadolescencia, que incorpora también sus dibujos.

-A propósito de ti se han ensayado muchas definiciones y retratos. Aquí Javier Ozón acuña otra: “Hombre de genio”. ¿Cómo debe entenderse, cómo lo entiendes tú?

 Deseo entenderlo tal como reza la 4ª acepción del Diccionario de la Academia: GENIO: “Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”.

 

-¿Qué es y qué quiere ser Edad del insecto’ (SD Edicions)?

 Edad del insecto es un libro muy bien editado que contiene dibujos y textos de adolescencia.

 

-¿Cómo entendías la poesía y la literatura en tu primera juventud?

 Poesía era sinónimo de literatura y la empleaba, como certero bálsamo, para acallar un molesto ruido que asolaba mi cerebro.

 

-¿Cuáles eran tus lecturas de ese instante? Aquí se cita a Saint John-Perse, a quien le haces un homenaje, pero a qué autores leía un raro como tú?

En principio leí lo que tenía a tiro, lo que me resultaba más atractivo de la biblioteca de mi padre (tratados de teratología, manuales de higiene castrense, atlas de anatomía, un opúsculo en el que se enseñaba a embalsamar), luego me interesé por la Historia Natural y, finalmente, llegué a Camilo José Cela y a Primera memoria de Ana María Matute. Perse y Borges vinieron después, fruto de laboriosas indagaciones en las librerías de viejo y de nuevo.

 

-Da la sensación de que eres un poeta experimental y lúdico. Jugabas no solo con el lenguaje, sino con la erudición, con la parodia y a veces creo que hasta con tu sombra.

El sentido del humor ha sido causa de que algunos coetáneos me colocaran en no sé qué listas negras; no estaba bien visto que un joven escritor burgués empleara esa herramienta. En cuanto a poeta experimental y lúdico he de decir que lo que nunca pretendí ser es un poeta original, la originalidad es cosa que conduce al aburrimiento y denigra a sus practicantes.

 

-Qué vínculos tenías con los ‘Novísimos’? ¿Qué les debes y qué te deben? Gimferrer dijo de ti que eras el “ala extrema de la escritura novísima”.

En 1962, cuando termino mi primer libro, De las condiciones humanas, no me consta que nadie escribiera de esa manera. Que los autores que se agruparon bajo el manto protector de Gimferrer y Castellet en la antología de los nueve Novísimos coincidieran conmigo en el modo de tratar la escritura es lo que se llama una confluencia; factores ambientales convierten a individuos morfológicamente diferentes en individuos etológicamente parecidos, es el caso del zopilote y el buitre, aves de alejada taxonomía pero de hábitos similares; han aprendido que para localizar la carroña lo mejor es remontarse en el aire y agudizar la vista.

 

-¿En qué medida para ti la literatura era un campo de pruebas y de transgresión?

La literatura era un empleo que me resultaba de fácil desarrollo y que me procuraba algunas satisfacciones. Recuerdo al profesor Pedro Piulachs, un reconocido cirujano del Hospital Clínico de Barcelona que ensayaba, entre amputación y amputación, la escritura de versos, cuando leyó lo que yo escribía y dijo en público, a voz en grito, en la salíta contigua al quirófano, que él daría una pierna, o un brazo, para logar escribir tal como lo hacía Ferrer, entonces estudiante de tercero de Medicina.

 

-¿Qué porción hay de humor negro en tu obra, te interesa, es algo que vemos los lectores solo, es una pequeña obsesión para ti?

Ese año estuve interno en la morgue del Hospital Clínico y, por otra parte, mi abuelo materno, de origen aragonés (todavía sigue en pie el caserón familiar en Uncastillo), tenía un sospechoso interés por la onomástica fúnebre, cosa que he heredado de él y de Cela, y para ejercitarla recitábamos las esquelas de La Vanguardia Española. También me aficioné de niño a los cementerios y en más de una ocasión soborné, ayudado por un condiscípulo aragonés (ahora me doy cuenta de mis inapelables vínculos con esta región), a las monjas que velaban los cadáveres, para abrirlos y extraerles vísceras para las prácticas de anatomía.

 

-¿Desde cuándo te han interesado tanto los animales, incluido los insectos, y por qué?

 

Desde niño la naturaleza, en especial la fauna salvaje europea, ha sido objeto de mi atención, despertada quizá por los libros alemanes que tenía mi padre profusamente ilustrados y por mi mismo padre que, pese a su condición absolutamente ciudadana, se sentía atraído por el campo, lo que supuso disponer de una masía y de un Land Rover para aventurarnos por los bosques.

 

-En una obra tan intensa y abierta como la tuya, ¿serían las bestias una metáfora de algo?

 Cuando en los años sesenta inicio el estudio de las grandes aves necrófagas y transporto semanalmente, desde el zoo de Barcelona, cabezas de caballo partidas, alimento para las fieras enjauladas, hacia el prepirineo de Lérida y Huesca, me acompaña en un par de ocasiones mi amigo Javier Marías. Nunca entendió por qué hacía aquello. Me preguntaba, desesperado, si yo ‘buscaba la cifra de algún desajuste emocional’ o ‘trataba de aniquilar mi mala conciencia’. Algo tan simple, para mí, como sentir placer contemplando el majestuoso descenso de esas criaturas o el proceso de eliminación de la carroña gracias a sus picos azulados, era algo que escapaba a sus presupuestos. Decididamente no soy un ser metafórico, voy siempre al grano.

 

-¿Cómo te ves a ti mismo al mirar atrás, al releerte aquí, cómo eres ahora como poeta, en qué has cambiado?

Veo que pintaba y escribía ungido por la ingenuidad, cosa mala; la ingenuidad es una forma de ignorancia. Ahora me preocupa no repetirme, estoy tensando demasiado la cuerda para desdecir el tópico de que en la vida sólo escribimos un poema. A ver si soy capaz de tirar pronto la toalla y no convertirme en un grotesco abuelito escribano.

 

-¿Te condicionó a ti la censura de algún modo específico?

 Cuando se habla de censura todos se refieren a ese periodo llamado franquismo en el que yo nací y en el que desarrollé la primera parte de mi vida literaria. No tuve problema alguno. Sin embargo en 2005 y 2006, años de la terminación e intento de publicación en Barcelona de mi novela Níquel, fui conminado, por mi agente literario, a modificarla y adaptarla al credo que imperaba e impera en Cataluña si quería que alguna editorial la sacara. Escribí hasta tres versiones y al ser todas rechazadas opté por guardar el manuscrito en un cajón hasta que conocí al editor aragonés que tuvo a bien publicarla. Esa versión, perfectamente edulcorada, se republicó más adelante por una conocido sello barcelonés.

 

-¿Desde cuándo dibujas y cómo defines tus tentativas? El libro tiene algo de libro objeto también. ¿Cómo lo ves?

Dibujé entre 1958 y 1970, mimetizando a los artistas de los movimientos de vanguardia, aunque también podría haber algo del automatismo de los garabatos que algunos alucinados trazan en las márgenes de las libretas del colegio y en los devocionarios. La edición de Edad del insecto es decididamente pulcra, fascinante; pienso que este libro sólo podía publicarse en estas condiciones, sólo podía publicarse de la mano de la diseñadora María Luisa Samaranch de Lacambra.

 

-A veces da la sensación de que Ferrer Lerín no para de crecer: en su obra y en su leyenda. ¿Tienes a veces la sensación de que has perdido un poco el tiempo y de que la fama y el reconocimiento te llega algo tarde?

Mi leyenda, a Dios gracias, parece que ya no crece más, o al menos intento que no siga creciendo de manera exagerada; estoy convencido que me ha perjudicado, que ha ocultado las posibles virtudes de mi escritura. El reconocimiento no llega tarde, ya que sólo llevo una docena de años como escritor profesional, pero sí es verdad que me llega tarde como ser vivo, porque, no nos engañemos, ¿cuántas entrevistas más podrás hacerme, amigo Antón Castro? Lástima que no sepamos con certeza si esta es la última, tendría un notable valor añadido.

 

*La fotografía es de Fran Ferrer.

31/01/2017 14:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA AMÉRICA DE TRUMP. POR GUILLERMO BUSUTIL

[La elección de Donald Trump meparece uno de los peores síntomas del lugar hacia donde va el mundo.  Es un personaje que representa lo peor -esencialmente no cree en los derechos humanos y lo ha vuelto a demostrar en su discurso de investidura-, pero algo tendrá para tantos estadounidenses que lo han elegido. Guillermo Busutil, en esos artículos-río, intenta aproximarse a su figura y lo vincula con el peor cine norteamericano. Me envía su artículo y lo traigo aquí. Lo que más me impresiona es cuando leo en la prensa española elogios hacia este personaje, que tendrá que cambiar mucho para ser un buen presidente. Elogios y esperanza. De entrada, el mundo desde sus últimas palabras parece un poco peor.]

Capitán América

Guillermo Busutil*  

'La Opinión de Málaga'.

Todo está en el cine. No existe amenaza o certidumbre de cualquier felicidad o apocalipsis que no tengan en la pantalla grande una producción de taquilla o una historia de autor. No hay abismo de la naturaleza humana que no posea un rostro inolvidable con el que recordar la crueldad, el miedo, la venganza, la locura o la muerte. Tampoco quedan posibilidades o consecuencias del poder político, económico, cultural, bélico o medio ambiental, sin una película cuyo título no haya acertado a ser un cristal visionario, la espesura carnal de la memoria, un contorno esquivo de la Historia o un viaje más allá de los límites intuidos. Adelantándose a su época en ocasiones, o documentando en otras, el poliédrico pretérito nos ha mostrado todo lo que somos y todo lo que podemos ser por mucho temor que tengamos a la pesadilla de imaginarlo.

El cine es el séptimo arte que no sólo sabe que la Historia es cíclica y se repite. También es la industria que nos vende los más impensables terrores y escenarios, que pueden aguardarnos al otro lado del viejo mapa de la felicidad o en el peor callejón de la realidad de atrás, cobrándonos la entrada y sin que nos demos cuenta de en qué nos están adiestrando. Ni siquiera le hace falta hacerlo con una cadencia de más de 14 imágenes por segundo, como con la leyenda del famoso experimento de James Vicary con el anuncio de Coca-Cola. Fahrenheit 451, Odisea espacial 200, La Naranja mecánica, Blade Runner, Minority Report, Gattaca, Los Juegos del hambre, Hijo de los hombres, La zona, El día después de mañana o Langosta nos han adelantado con décadas de diferencia hologramas narrativos de los tiempos que nos van llegando de soslayo, avisándonos de los modelos de sociedad en los que habrá que sobrevivir y reinventar un inestable modelo de convivencia. Incluso de fuga.

Lo de Donald Trump no iba a ser menos. Después de tener a un galán secundario y pésimo actor de Hollywood como Ronald Reagan a los Estados Unidos sólo le faltaba tener como cabeza oval a un rey del béisbol, a un descendiente de los sioux –bastante improbable porque se les reconoce menos que a los afroamericanos su identidad nacional– y a multimillonario. Trump ha sido el elegido, tenía más dinero a su favor. Y curiosamente algunas de sus facetas como su perfil de predicador que abduce el alma del profundo pueblo norteamericano, el que erige la biblia y el rifle a dos manos como raíces fundacionales de su concepto de lo patriótico, y su odio visceral hacia la inmigración y en concreto a la mexicana, podemos encontrarlas en El Duelo de Kieran Darcy-Smith. Un interesante western –el género que recoge la tragedia clásica y define más el concepto del héroe y lo fronterizo– en el que Woody Harrelson está inconmensurable en el papel de un predicador que rige un pueblo de Texas donde los habitantes siguen ensimismados sus predicciones, sus dogmas y cuyo odio a sus vecinos mexicanos e indios lo lleva a convertirlos en presas para cacerías humanas pagadas por gente de dinero.

 

No hará Trump ese tiro al plato pero veremos qué harán sus huestes policiales cuando se cierre el paso a la inmigración de la pobreza a la que no hay muro que la contenga, sin bajas de todo tipo a ambos lados. De momento su populismo a favor de los cabreados con las élites políticas de la capital y de los damnificados por la gran recesión económica ha tenido frutos y una fractura. La presidencia y un el país dividido en dos. Igual que ocurre con Gran Bretaña, con Europa y con España. El mundo fragmentado entre la clase rica y los pobres que, sin darse cuenta ni tampoco poder evitarlo, han sido divididos por los ricos en dos clases de pobres. Los que necesitan creer en senderos de gloria y en el Bienvenido Mr. Marshall de los que llegan a devolverles lo que le quitaron, y los que saben que los seguirá convirtiendo cada vez más en furtivos del bienestar y en excluidos de la sanidad como acaba de hacer Trump.

No entiendo cómo los ciudadanos continúan creyendo al lobo disfrazado de pastor. Y menos si éste se rodea de un gobierno que tiene más que ver con un consejo de accionistas de una gran multinacional -en el fondo es lo que Estados Unidos- que con un sanedrín de expertos curtidos en política. Hacia dentro poco importa su déficit en exigencias de equilibrios y justicias sociales. Las promesas son un espejismo o ¿acaso va a resultar que el gobierno Trump va a ser un gobierno de filántropos a favor del pueblo? Y hacia fuera el dinero es políglota, diplomático, agente secreto y sicario, si hace falta. Poco importa que el mundo financiero administre el poder porque el poder hoy es el mundo financiero.

Ha nacido una estrella. El nuevo Capitán América cuyo escudo protector contra el enemigo es el muro de la exclusión con el que pretende blindar la inmigración del vecino pobre, al grito de Estados Unidos para los norteamericanos. Stop a la carnicería. Sólo Trump entiende los eslóganes de Trump no se sabe acusando a quien. Tampoco sus votantes saben más allá de mascar tabaco, bailar country con cerveza las noches del sábado y formar rápido una patrulla armada hasta los dientes si le roban el banco el día de cobro, como refleja ese otro espléndido western contemporáneo que es Comancheria. Lo que importa es que la pasión del domador del demonio enardezca al pueblo y Trump imita a Burt Lancaster en feo pero con mayor convencimiento que el protagonista de El fuego y la palabra. Es difícil no acordarse de Hitler y de Jesús Gil al escucharle hablar de "madres y niños atrapados en la pobreza de nuestras ciudades, en fábricas como lápidas en el paisaje de nuestra nación€. han robado a nuestro país mucho potencial que no ha salido adelante", y contemplar el rostro emocionado de sus votantes. Muy parecido al de los campesinos y pescadores del Brexit. O al de los franceses que marcharán pronto contra la Bastilla de la République siguiendo el seno del Frente Nacional de Marina Le Pen, que veló armas de victoria ayer advirtiendo a la prensa que podría vetar a la que quisiera sin dar explicaciones. Conocemos la amenaza porque allí estaban los medios de comunicación, a calzón bajado sin rebelarse una vez más frente a la chulería antidemocrática. Nos hemos contagiado y creemos que la información a cualquier precio es nuestra patria.

Erase una vez América ya no existe. Entrar será más indagado policialmente. Ya no les bastará con preguntar en verde si uno tiene intenciones de atentar contra el presidente o con ser apartado de la fila si suena hispano su apellido. Las fronteras se irán blindando sibilinamente cada vez más. Cuando el poder escruta tan intimidatoriamente la prensa debería mantenerle al menos la mirada. Sin embargo resulta que no. El fantasma de la tibieza lo rige todo. Nadie quiere mojarse el primero. Los debates, como en España, más valientes a toro pasado. Incluso con Trump frente al que todos parecen inclinarse a dejar qué haga con el mundo en sus manos. Algunos periodistas piensan qué el establishment frenará decisiones extremas a nivel interior pero que otra cosa es si lo conseguirán en su tensión con China, con Oriente Medio, en las medidas que empleará en su batalla contra el terrorismo islámico y en sus enigmáticas relaciones con una Rusia cuya actuación en la sombra sigue cuestionando la legalidad del triunfo electoral de Trump. Dentro tiene sublevadas a las mujeres que marcharon ayer en su contra y fuera el mundo entero preguntándose si las barras y las estrellas no terminarán convirtiéndose en cenizas y diamantes. Capitán América o Gengis Trump.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

 

22/01/2017 19:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

KIRMEN URIBE: UNA ENTREVISTA

ENTREVISTA. Kirmen Uribe

El escritor vasco, nacido en Ondárroa (Vizcaya) en 1970, es Premio Nacional de Narrativa de 2009 por su novela  ‘Bilbao-New York-Bilbao’ (Elkar / Seix Barral). Ahora publica una ambiciosa novela familiar, de luchas y exilios, ‘La hora de despertarnos juntos’, que presenta hace unos días en la librería Cálamo de Zaragoza. (Aquí lo vemos en una foto con Aritz Aduriz, el goleador del Athletic de Bilbao).

-¿Quién es Antonio Gezala? ¿Cuál es su importancia en el arte vasco? 

Antonio Gezala, aunque desconocido, es para mí uno de los grandes pintores de los años 20 en el País Vasco. Es un autor que pinta escenas de ciudad, en este caso Bilbao, pinta accidentes de tranvía, cargueros descargando su carga en el puerto de Bilbao... No pinta escenas de campo costumbristas. Además, introduce el movimiento en sus cuadros. Es muy moderno, fue amigo de los Delaunay y se nota su influjo.

 

-¿Qué encontraste en ese cuadro, ‘Noche de artistas en Ibaigane’, 1927, qué tiene de particular para ti? 

Primero, el cuadro me enamoró cuando se mostró por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, porque representaba una escena nocturna, una fiesta de disfraces de los años 20 con un grupo de jazz al fondo... Me recordaba la atmósfera de El gran Gatsby de Fitzgerald. Y la gran sorpresa fue descubrir, años más tarde, que el que tocaba la trompeta en ese grupo de jazz era precisamente Txomin Letamendi.

 

-En realidad, según el leve prólogo o introducción, parece que todo empezó hacia el 2010 al recordar a una amiga de la familia. ¿Qué encontraste en su historia que no te había interesado antes? 

Así es, fue en un viaje que hice a la Universidad de Brown junto al escritor Iñaki Uriarte y su mujer. Me apetecía escribir una novela más extensa, más ambiciosa literariamente y que tuviese como centro la vida de una mujer y pensé en cómo mi madre me hablaba de lo que había vivido una señora del pueblo Karmele Urresti, casi un siglo de vida, con la Guerra Civil y la II Guerra Mundial como trasfondo, dos exilios, la conexión con los servicios secretos americanos... Y empecé a investigar.

 

-La presentación de los personajes te permite contar la historia de las navieras vacas: los Urresti, los de la Sota. ¿Cuál es la importancia del mar, también en un sentido simbólico, del mar para Euskadi? 

El mar para mi es fundamental. Creo que en parte soy escritor por haber nacido pegado al mar. Mi padre y mis abuelos eran marinos. El mar hace que puedas soñar con otros mundos. Cuando eres niño te regala cosas, unas veces te trae un delfín a la playa, una foca, un barco que embarranca en la playa después de una tormenta. El mar siempre te da algo diferente, algo extraordinario que te saca de la cotidianidad. Son muchos los estímulos. Y eso para la imaginación de un niño es una bomba.

 

-Hablemos de Txomin Letamendi: trompetista, elegante, más o menos reconocido, un tanto utópico y comandante del ejército republicano. ¿Qué te atrapó del personaje? 

 Me atrajo que era un artista, un bohemio que por circunstancias de la vida tiene que meterse a miliciano y luego es captado para los servicios secretos. Tuvo una vida muy novelesca aunque sufrió muchísimo y acabó en las cárceles de la dictadura, en los años más oscuros. Pero creo que ante todo era un idealista que amaba la vida. Tuvo mala suerte, fue un "perdedor", pero es que a mí me interesa mucho más contar la historia de la gente que ha sido dejada de lado, de gente olvidaba que hablar de los que les va bien en la vida.

 

-¿Cabría decir de él que fue un soñador, un resistente, un temerario o un cultivador de la utopía? 

Las cuatro cosas a la vez, por eso me gustaba como personaje. No creo en los personajes planos, lineales, me gusta hablar del ser humano en su complejidad, con sus luces y sus sombras.

 

Para mí el gran personaje del libro, el que me fascina todo el tiempo, incluso en su compleja relación con las mujeres (que se explica en una ocasión al menos), es Manu de la Sota. ¿Qué hay de ese personaje, fue así o hay un proceso de sublimación por parte del autor? 

Bueno, los familiares me dijeron que lo había puesto mejor de lo que era en realidad. De la manera en que yo lo veo es una personaje increíble, es de los que más me gusta de la novela: culto, elegante, cosmopolita... Fue una persona que creyó realmente en la democracia y la libertad y luchó por ella, fue uno de los primeros en establecer contactos con la administración Roosevelt, se presentó el día de Navidad de 1940 en la Casa Blanca con unos niños vascos que cantaron un villancico en euskera al presidente y su mujer, conoció a Hemingway, a Thomas Mann... Y luego viene la decepción porque los EEUU apoyan a Franco en los 50, se retira a su casa en Biarritz, cerca de faro, a estudiar clásicos vascos... Un personaje maravilloso.

  

-Otro gran personaje –más allá de los protagonistas, claro- es Agirre, el lendakari: refinado, conciliador, perfeccionista y con un gran amor por su tierra. ¿Es como el líder de un país imposible, el hombre que lo da todo por un ideal? 

Pero el Agirre que aparece en la novela es un Agirre humano, que está aterrado porque su inglés no es bueno y se tiene que entrevistar con el rector de Columbia William Butler, un Agirre nervioso, que fuma mucho... Y también un luchador por la democracia y las libertades que nunca dejó de lado a su pueblo. Es el drama de un hombre que creyó ciegamente en los aliados pero que luego lo dejan de lado por razones de geopolítica mundial.

 

-¿Has tenido siempre claro que querías plantear el libro como una suerte de novela-reportaje, con diarios, en la que ibas a intervenir como autor a la manera de Cercas, Carrère o Coetzee, por poner algunos ejemplos? 

Sí. Me gustan mucho esos autores, también Siri Hustvedt o Laurent Binet. Creo que era necesario mantener los nombres reales en la novela, si no, no hubiera sido creíble o verosímil. Podría haber hecho ficción con la misma historia, una novela al uso, pero no hubiera sido honesto conmigo mismo. Quería que en el libro apareciera lo que vivió esta generación, la gente que luchó durante la II Guerra Mundial y el duro franquismo, que la hubo, y también los nombres de los "inquisidores", de los represores.

 

‘La hora de despertarnos juntos’ es una novela de espías, de un pugnaz y torpe espía, Txomin Letamendi. ¿Fue así el espionaje contra Franco, se corrían tantos riesgos, había también tanta ingenuidad? 

 Creo que eran los que eran y no tenían otra salida. Era luchar o conformarte con lo que había, que era la dura dictadura. Imagínate, un músico fue comandante de gudaris en la Guerra. Pero es que todos eran así... era un ejército sin ninguna formación, que en ningún caso pudo oponerse a la fuerza del ejército sublevado, con formación, con el apoyo de Alemania e Italia...  La única guerra que podían ganar era la de la opinión pública, sobre todo fuera, en Europa y EEUU, y esa sí que la ganaron, hasta que llegó la Guerra Fría y los EEUU se obsesionaron con el comunismo.

 

-¿Es una novela sobre los sueños rotos o sobre los exilios, la pérdida de la patria una y otra vez? 

Es así. Pero creo que nunca se rindieron totalmente. Me gusta la idea de Susan Sontag cuando dice que ninguna lucha por la libertad es vana, uno puede tener la sensación que no tiene nada que hacer, que no va a conseguir nada, pero esa misma lucha luego puede tener su reflejo en otros sitios del planeta o en otros tiempos... Es así como hemos avanzado en los derechos civiles, a base de batallas perdidas.

 

Tú también eres poeta. ¿Cuál es la importancia de la poesía en un texto que parece claramente épico? 

 Es un texto que tiene de todo. Tiene 178 capítulos con diferentes lenguajes, pueden ser poéticos, con un lenguaje más de crónica, otros son científicos... Hay de todo. A mi me gustan las novelas plurales, coincido con Milan Kundera cuando decía que las novelas tenían que combinar la narración con el reportaje, el pensamiento, la autobiografía y la ensoñación. Y la novela tiene estos cinco elementos.

 

Ahora que se debate tanto sobre la realidad y los usos de la ficción, ¿cuál es o debiera ser la mirada del novelista sobre la historia? 

La mirada del novelista es siempre su propia mirada, es una mirada individual que se fija sobre todo en los seres humanos más que en los grandes acontecimientos humanos. El escritor está siempre junto a la persona que sufre, y retrata siempre su complejidad. Me interesaba contar como la Historia condiciona fatalmente la vida particular de estas personas y contarla yo mismo, como individuo. En la novela yo no dirijo a mis personajes como un narrador omnisciente, es todo lo contrario, son los personajes los que me van guiando.

 

Hablar de la memoria es casi un tópico, pero quizá sea otro elemento capital. ¿Qué relación existe para ti, o cómo la desarrollas tú, entre literatura y memoria? 

 La memoria es fundamental en literatura, creo que la literatura se nutre de memoria e imaginación, y cómo el novelista va modificando aquello que recuerda para crear ficción.

-Por cierto, leí una cosa que me interesó mucho: “La literatura es lo que se lee entre líneas”. ¿Podrías aplicarlo esta novela? 

 Yo creo en un lector inteligente que va completando las novelas. En mi novela hay muchas cosas que no se cuentan pero que el lector intuye y hace su propia lectura. Además, lo que ha pasado es que mucha gente ha empezado a hablar del pasado de sus familias a raíz de la novela, hay historias increíbles en cada familia, y es bueno que se hable de ellas.

 

-Escribes en vasco y tienes un inequívoco compromiso con la lengua y con el territorio. ¿Cómo ves y cómo sientes el País Vasco, qué queda de ese espacio lleno de sombras, que aquí narras, y cómo se remonta la gran herida del terrorismo?

Primero hay que ponerse en el lugar de los que más han sufrido, las víctimas, compartir su dolor y luego tratar de comenzar un diálogo entre diferentes, basado siempre en el respeto al otro.

 

*La foto http://www.elcorreo.com/noticias/201511/04/media/cortadas/aduriz-kirmen--575x323.jpg

21/01/2017 11:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAGDALENA LASALA Y LOS AMANTES DE TERUEL: MITO Y NOVELA

Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958) fue la primera sorprendida cuando desde los Libros de la Esfera le invitaron a escribir una novela sobre Los Amantes de Teruel. “Pensaba que estaba todo dicho, pero acepté y me sumergí en un minucioso trabajo de documentación, como se ve en la bibliografía. He invertido un año. En enero empecé la redacción y entregué el libro en septiembre. He escrito una historia realista, con carne, huesos y emociones, de dos jóvenes que transgredieron las convenciones de su tiempo y que intuyeron que estaban unidos por el destino”, dice, y añade que con la presentación de ‘El beso que no te di’ el próximo 26 de enero en Teruel arrancarán los actos de conmemoración de los 800 años de la de la muerte de Isabel de Segura (1197-1217) y Diego Marcilla (1190-1217).

-Hace unos días, en la contraportada de HERALDO, Francisco López Rajadel decía que la historia de los Amantes es ficción.

-Podría ser. Para mí no es sustancial. Lo poderoso es el mito y en ese sentido Diego e Isabel existieron. En mi novela he mantenido sus nombres porque la leyenda es muy poderosa. Y lo que yo he pretendido es dar a su relato una justificación histórica, un contexto social, con todos los elementos y los personajes principales y secundarios. Teruel estaba naciendo, contaba con sus fueros, empezaba a ser un burgo y a la vez era un territorio de frontera.

-Ha elegido tres voces…

-Sí. La de Isabel, la de Diego y la de Elvira, que es el aya de Isabel, la criada de su madre que, poco a poco, se convierte en decisiva en la vida de la familia Segura hasta el punto de que asiste al nacimiento de la niña. Elvira, por decirlo así, es esa voz omnisciente, testigo y confidente, de cuanto ocurre.

-¿Como es la voz de Diego y cómo es él?

-A mí me gustan mucho las voces que salen de adentro. La voz de Diego es epistolar: está relacionada con las cartas que le envía a su amada desde la distancia, en esos casi cinco años en que está lejos, al servicio de Pedro II. Piense que los Marcilla habían caído en desgracia ante el rey Alfonso II y su esposa doña Sancha, y tanto Diego como su hermano mayor quieren resarcirse y aumentar su consideración social. Dicho esto, Diego es apuesto y audaz, es distinto y destaca en su entorno.

-¿Qué diría de Isabel?

-Creo que era una mujer inteligente que tenía una mirada espiritual que iba más allá de la religión. Poseía una capacidad especial de penetración que le permitía entender el momento que vivía, su situación personal. Es una mujer adelantada a su tiempo, por decirlo de algún modo. Su voz es más íntima: ella habla de sí misma, de su intimidad, de su pasión (a través de cartas que no le manda a su amado) y de su familia y de sus amigas.

-¿Cuál sería la novedad de sus enamorados, en qué son diferentes de la tradición?

-En la novela funcionan como lo que son: dos arquetipos. En el libro se habla mucho de los orígenes de la ciudad de Teruel y de su fundación, y yo vinculo a Diego y a Isabel con el mito fundacional del toro y la estrella. En cierto modo, hay una identificación del toro y de la estrella con ellos. Habló aquí de un ritual de origen cretense vinculado con el toro: un día, mientras intentaba someter al animal, el habilidoso Diego mira a través de la medialuna que hacen los cuernos con la cervizx a Isabel y se queda prendado. Lo impresionante es que todo Teruel se da cuenta de ello. Es un enamoramiento público. Y ahí empieza la historia…

-Creo que usted dice que, en realidad, se habían conocido de niños.

-Es una de mis suposiciones, sí, pero con el paso del tiempo se olvidaron. Una de mis teorías, creo que fundamentadas en la novela, es que ambos fueron gente formada, que conocían la poesía de los juglares, la lírica cortesana, los ‘Libros de Horas’ de la reina Sancha y que recibieron ambos clases de los maestros reales.

-¿Se olvidan?

-Sí. Y se reencuentran en ese ritual del toro, que tiene mucho que ver con los recortadores de ahora. Desde entonces empieza su historia de amor.

-¿Qué quiere decir?

-Que se amaron, que se citaron, que se besaron alguna vez, que disfrutaron de un momento muy especial en el jardín. He intentado que ‘El beso que no te di’ sea un libro carnal, vibrante, sin sexo, claro, una novela marcada por el ‘fatum’, por el destino. Y, en cierto modo, podría decirle que la novela es una tesis sobre el amor y los amantes.

-¿Tanto?

-Es una licencia literaria. Piense que Diego e Isabel estuvieron cinco años separados, sin posibilidad real de comunicación. Si el amor es comunicación esencialmente, ¿cómo mantuvieron firme su llama? Imaginar esa ausencia y desarrollarla ha sido toda una experiencia para mí. Este esun libro de encargo pero puedo decirle que ha sido una de las experiencias más estimulantes que he tendido en mi vida de escritora. Además, he tenido que hacer un camino inverso…

-¿Un camino inverso? ¿A qué se refiere?

-El lector ya sabe el final. Y ahí tampoco me he esforzado mucho. He aceptado lo que se supone y lo cuento con contención. En cambio, intento seducir al lector de otro modo: que cada paso que dan los personajes sea interesante, que atrape. Ahí he trabajado mucho y creo que puede haber momentos en que al lector le habría encantado modificar las historia: salvar a los amantes, alejarlos de la tragedia. Yo he seguido aquí una estructura shakesperiana: prólogo, presentación, desarrollo del conflicto, deselance y epílogo. Una novela en cinco actos. Si dices “Isabel y Diego”, también piensas en ‘Romeo y Julieta’, pero yo he tenido más en la cabeza a Hamlet. En algunos aspectos, Diego puede hacer pensar en Hamlet.

-¿Ha tenido otros libros en la cabeza?

No. Cuando escribo prosa no leo prosa, leo poesía. Y durante la redacción de la novela leí mucho la poesía de Idea Vilariño, una poesía dramática e intensa marcada por sus desencuentros con Juan Carlos Onetti, y también los ‘Sonetos’ de Shakespeare. Los Amantes de Teruel pertenecen a los primeros turolenses y ellos son el primer recuerdo que Teruel puede considerar propio.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.aragondigital.es/not/2013/6/5/img/img1084013s.jpg

20/01/2017 11:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO FERRERÓ: UN DIÁLOGO

[Recupero esta entrevista publicada en 'Heraldo de Aragón' en 2007 con Fernando Ferreró, que cumplirá este año 90 añosa, porque Prensas Universitarias de Zaragoza, en la colección Larumbe, publica su 'Obra poética completa', con edición de Julio del Pino Perales.]

Clásicos y modernos

FERNANDO FERRERÓ

"Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace más rica"

"En mi poesía, hay una descripción de lo que veo y de lo hay en mí. Es una poesía en drama y una escritura seca"

"Miguel Labordeta me había llevado, de niño, en su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano"

"Descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para los basureros, la gente llana, para el pueblo"





Fernando Ferreró (Zaragoza, 1927) es poeta, pintor y escultor. Y, acaso, uno de los hombres más misteriosos del llamado grupo Niké. Ha publicado diez poemarios y ha realizado varias exposiciones. Estos días aparece su libro "Secuencias y escenarios" (PUZ).

Sabemos muy poco de usted. Siempre ha sido como escurridizo, discreto, tímido.

Nací en Zaragoza en diciembre de 1927. Acabo de estrenar los 79 años. Mi padre, Ángel Ferreró, era de Valjunquera, pero tenía tierras en Fórnoles (Teruel). Era maestro, había estudiado Pedagogía y había asistido a cursos específicos en Madrid de Ortega y Gasset y María de Maeztu. Daba clases en el colegio Ramón y Cajal y tuvo de alumno a Manuel Alvar, del cual fui muy amigo, igual que de su hermano.

¿Julio Alvar, dibujante, antropólogo...?

Sí, recuerdo que con él y con José Luis Pomarón nos íbamos de tabernas de cuando en cuando. Nos poníamos a dibujar, luego dábamos los dibujos al dueño y él no nos cobraba la merienda. Mi madre, Paulina Gloria Tolosa, era maestra en el Buen Pastor. Vivíamos en la plaza de San Cayetano.

¿Cómo fue su infancia?

Estuvo marcada por la Guerra Civil, por una accidentada preguerra y por mi carácter. Piense usted que estábamos cerca del Mercado Central, que era zona problemática, una zona de frontera. Hacia un sitio estaba la revolución; hacia el otro, la vida burguesa y apacible. Siempre había escaramuzas, manifestaciones, huelgas. En la puerta de mi casa, hubo un piquete de soldados con ametralladora. Mis padres vivían en el colegio del Buen Pastor. Más tarde, nos trasladamos a la calle Ramón y Cajal, donde están ahora los bomberos.

Señala, también, que de su carácter derivó su desdicha. ¿Qué quiere decir?

Yo era un niño inclinado hacia la melancolía. Distingo entre temperamento y carácter. El primero nace contigo, forma parte de ti, y el carácter lo vas moldeando tú. Creo que logré cierta superación de la melancolía, y esa superación también se percibe en mi poesía. Yo me siento optimista, alegre, vital en muchos momentos, aunque siempre sea de una manera sesgada.

¿Sesgada?

Soy un hombre que no me comprometo nunca demasiado. Pero también pienso que la poesía puede acabar en sí misma, que no es imprescindible que tenga una proyección social.

¿Por qué nunca se compromete?

El gato escaldado del agua fría huye. Pues yo, igual. He tenido algunas experiencias amargas. Quizá Pío Baroja tenga una parte de culpa: he sido un gran lector suyo y me contagió su desconfianza. Parecía estar escarmentado del mundo, con desagrado, como si estuviera mal hecho.

¿Halló remedio a la melancolía?

Sí, creo que sí. Con el tiempo, con un poco de sentido común y con algunos libros. Primero descubrí, con diez años, "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez y me conmovió. Yo estudié en Corazonistas y un año en el colegio de Santo Tomás. Allí, descubrí un poema de Bécquer que me trastornó: "Cuando ves en el azul horizonte...". Tenía trece años. Empecé a escribir poemas. En la Guerra recibí clases en mi casa.

¿Cómo le fue en el colegio de Santo Tomás?

Muy bien. Allí, coincidí con Miguel Labordeta y con Ildefonso-Manuel Gil, que me abrieron los caminos de la literatura. A Miguel ya lo conocía del barrio. Nos habíamos criado juntos casi, puerta con puerta. Él era seis años mayor que yo. Y más de una vez me había llevado en el sillín o en el asiento trasero de su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano.

¿Y luego?

Hice Letras aquí, con profesores como Francisco Ynduráin y Eugenio Frutos. A la vez, colaboraba en revistas y escribía algunos poemas. Teníamos una tertulia en el café Levante, organizada por el periódico "Domingo". Estábamos el crítico de cine Manuel Rotellar, el poeta y anticuario Fermín Otín, etc. De Zaragoza marché a Salamanca, donde permanecí tres años. Y allí me empapé de la poesía del 27, de la de la generación de los años 40... En uno de los cursos estuve pensionado, en el verano, en Perugia, Italia. Y descubrí al gran poeta Eugenio Montale, en quien sigo hallando una afinidad y una sintonía con mi poesía.

¿Tuvo un significado especial la estancia en Salamanca?

Significó un encuentro más profesional con la poesía y la literatura. Los compañeros casi todos eran chicas, así que fui un estudiante perpetuamente enamorado. Me identifiqué con Castilla por amor a la Generación del 98. Hice el doctorado, pero no llegué a realizar la tesis. Fui auxiliar de Gustavo Bueno y de Fernando Lázaro Carreter, que siempre me trataba de usted, a pesar de que ambos éramos de Zaragoza y de una edad parecida.

He leído que dio clases en el colegio de Santo Tomás de los Labordeta.

Di clases de filosofía un curso. Dos horas a la semana. Miguel tenía un trato de favor hacia mí. Recuerdo que me regaló su primer poemario: "Sumido 25". Luego trabajé como ayudante de Eugenio Frutos, pero descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para basureros, para la gente llana, para el pueblo. No era un especialista y veía que la enseñanza literaria estaba demasiado sujeta a la investigación y a la erudición.

Y consiguió una plaza de profesor de Literatura en Benicarló.

Sí. Permanecí seis cursos. Entre 1955 y 1960. Aquello supuso el descubrimiento del Mediterráneo, otro tipo de vida, una nueva sensualidad, otra luz. Colaboraba en algunas revistas como "Orejudín" y "El molino de papel". Un día, José Antonio Labordeta, de quien era muy amigo, me pidió un libro para su editorial, y le di "Acerca de lo oscuro" (1959). Y al año siguiente, me llamó Joaquín Mateo Blanco y me pidió otro para Coso Aragonés del Ingenio, y le entregué "Hacia tu llanto ahogado" (1960).

¿Cómo era esa poesía?

Acusaba la falta de formación. Yo no tenía una visión clara de la lírica. Se veía el influjo de Juan Ramón Jiménez, Rainer Maria Rilke y Pedro Salinas. Creo que eran libros un poco ininteligibles.

Ya frecuentaba el café Niké, ¿no?

Sí, sí, claro. Venía los fines de semana y me integraba. En vacaciones, casi todos los días. Nos instalábamos al fondo, y hablábamos de todo menos de poesía. Había jóvenes poetas que sólo acudían el sábado y el domingo, y para ellos era muy importante. A veces, se leían poemas, pocas veces, y se oía una voz al fondo que decía: "¡Vaya mierda!". Miguel Labordeta venía los sábados por la noche: hablábamos, reíamos y salíamos a pasear por la ciudad a las tres de la mañana. Era una vida alegre.

He oído decir que durante el noviazgo de José Antonio Labordeta y el de Juana Grandes usted hacía casi de carabina.

Éramos grandes amigos, sí. A la madre de José Antonio le gastaron la broma de decir que para la luna de miel ya habíamos sacado los billetes para los tres. Los acompañaba a la playa en Tarragona, también venía Miguel. Era una relación entrañable.

En "Poetas aragoneses del grupo del Niké", Lorenzo de Blancas lo elogia y alude a su boda y a "la curación de todos sus psicológicos males". ¿A qué se refiere?

Siempre pensaba que me pasaba algo malo. Un día pensé que tenía leucemia. Tenías las manos amarillas y me asusté. Era porque me había puesto unos guantes amarillos, ja, ja, ja. Para entonces, ya vivía en Alfaro. Obtuve allí una plaza de profesor y permanecí hasta 1975.

Allí, descubrió el amor definitivo.

Llevaba una vida somática, placentera, de campo. Jugaba mucho al dominó, iba al café, paseaba, disfrutaba de buenas merendolas. De nada me arrepiento. Además, pintaba, algo que he hecho toda la vida. Y empecé a hacer escultura. He pasado por distintas fases: el expresionismo, el cubismo abstracto, el arte naïf, el arte bruto.

Hablemos de amor.

Conocí allí a una joven profesora de Zaragoza, Pilar Nogales, 20 años más joven que yo, y me enamoré. Fue un noviazgo largo e intermitente, que me llevó a cometer algunas locuras. Me casé con 50 años. He conducido literalmente de pie para no dormirme, cantaba, berreaba, abría las ventanas. No creo que me lleven a la cárcel por esto: una noche volvía a Alfaro y me pasé en la autopista, un kilómetro exactamente. Eran las tres de la mañana, y regresé a la salida marcha atrás. Hice un kilómetro completo. No venía nadie, eso sí.

Regresó a Zaragoza, trabajó de profesor de Lengua y Literatura en un instituto y recuperó su carrera poética.

Estuve más de 20 años sin publicar nada. En 1982, recogí y rescribí mis dos primeros libros, con nuevos poemas, en "De la cuestión y el gesto" (1982). Pero mi carrera literaria empezó de verdad en "La densidad implícita" (1988), que se completó con "El texto mínimo y Perfiles" (1988) y "El paisaje continuo" (1989). Ya conocía bien a los expresionistas alemanes como Paul Celan. Vaciaba lo que estaba dentro de mí.

¿Para quién ha escrito?

No he hecho una poesía asequible, es verdad. En mi poesía, hay una descripción de lo que veo en el exterior y de lo que hay en mí. La mía es una poesía en drama y una escritura seca: siempre hay una lucha con el ámbito, con una serie de elementos que dialogan entre sí, que tienen sus sentimientos, sus opiniones y sus esperanzas.

Su obra plástica es muy diferente a su obra poética. ¿Por qué?

Soy un hombre escindido. Pero he visto que no hay tanta diferencia. Mis libros se van organizando mediante fragmentos con un sentido claro en la estructura. Y en la obra plástica me ocurre algo semejante: encuentro cosas, utilizo fragmentos acabados e independientes y los voy uniendo en un todo. Mis objetos son construcciones, como mis poemas.

Camina hacia los 80 años. ¿Que desea?

Vivir más. Estoy satisfecho de la vida. Soy moderadamente feliz y Zaragoza me encanta, incluso creo que ha mejorado el clima. No tengo resentimiento hacia nada ni hacia nadie. La música clásica me llena, paseo con mis amigos, escribo. Soy completamente anárquico. ¿Una retrospectiva de mi obra artística? Ni lo pienso. Soy demasiado perezoso, salvo que me lo dieran todo hecho... Tampoco soy tan vanidoso. Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace mucho más rica.

 

 

16/01/2017 22:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRES POEMAS DE JAVIER RAMÓN JARNE

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Francisco Javier Ramón Jarne publica en Olifante 'La lentitud del frío'. Al libro pertenecen estos tres poemas.

 

 

 

Una vez tuve sueños

 

Me he desperdigado por los cuarteles de invierno

con mi gemelo inverso en la consagración del bosque

olvidado, como viento adolescente cuajado de polen

sanguíneo, dándome, como pasto a feroces arpías,

como señuelo a  clérigos acostados en cal viva

al otro lado de las puertas dolientes, a la intemperie

de dios.

 

Me he derramado como vino sobre losas sabatinas,

irremediable, alcanzándome en la huida, he volcado los cántaros

que el amor había puesto en las estancias donde

me cobijaba la noche.

 

He roto el sello que el secreto de unos labios azules

había puesto en el hipocampo a los abandonados huesos.

Para que naufragasen los pensamientos asesinos,

extendí las brújulas en los horarios de los trenes,

y puse veletas entre sabanas hasta desbocarme

con palabras que me esperaban

rebotando en el vacío.

 

Nada he logrado y mi memoria se pudre en un camino de silencio,

como los sueños de juventud.

 

 

Bulimia

 

Sé que eres adicta al vómito

por tus brillantes lágrimas sobre la piel blanca,

porque lloras con todo tu cuerpo  como las serpientes,

desde la humedad de la noche inmóvil

hasta la  abrasadora luz  que hierve en los delirios,

eres un avefría llena de soledad.

Huyes de los espejos porque en ellos se refleja la carne mórbida,

la exuberancia de las viejas concubinas,

la grasa flotando en los estanques amarillos de la pereza.

 

Te acuchillas con palabras oxidadas en la infancia,

concupiscencia,  molicie, ociosidad,  inflaman el vientre.

Tu nombre aparece en el libro de las violaciones,

pero en tu piel no florece la sífilis.

Me conmueven las heridas abandonadas

en la  luz.

 

Viajas hasta el fondo de cántaros llenos de angustia.

Tus caballos sin freno y el sexo aspirando el mar.

Buscas la culpa en  lavabos anónimos,

devoras la sustancia del hastío.

 

 

Me conmueven tus vómitos

porque flotan  en  la oscuridad  como peces muertos,

alargan el viaje en el insondable invierno,

hacen más deseable la fruta de tu boca,

de tu herida.

 

Tus vómitos son el llanto que corta como un cuchillo.

 

 

Reptiles

Como la iguana en la roca, el viejo inclinado

sobre el cuerpo blanco huye del frio,

también de la sequedad,

por eso busca el agua de su boca y de su lengua,

el olvido en el vientre deshabitado de la mujer autómata.

Piensa, ella es un animal que me ha visto desnudo,

y siente asco de sí mismo.

Ella piensa, este cuerpo en su decrepitud

está desnudo junto a mi desnudez, y siente asco de él.

Pero tras las máscaras el rito se consuma en los desagües,

sobre desesperadas sábanas sin memoria,

y en los mostradores venéreos,

el sello de las transacciones deja  una huella amarilla

sobre la piel elefantiásica.

 

¡Ah, soledad de los viejos, amorosa lujuria

en el invierno!

 

 

*En la foto, Silvana Mangano en 'Arroz amargo' de Giuseppe de Sanctis.

 

12/01/2017 10:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS DIARIOS DE VALENTÍN CARDERERA

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Publican los ‘Diarios de viaje por Europa’ del

erudito y artista oscense Valentín Carderera 

 

Entre 1841 y 1861 viajó seis veces a París, Londres, Bélgica y Alemania con el deseo de publicar las láminas de su ‘Iconografía española’

 

FEDERICO DE MADRAZO / F. ALVIRA

Este retrato de Federico de Madrazo, buen amigo del aragonés, es el motivo de portada de la edición de Valentín Carderera.

 

 

Es casi un lugar común afirmar que Aragón posee más ilustres e ilustrados por kilómetro cuadrado que casi ninguna otra región. Si Irlanda es el país de los escritores, Aragón es el territorio de personajes insólitos y tenaces que cultivan la utopía. Ahí están, entre otros, Martín Cortés, Miguel Servet, Pedro Porter y Casanate, Félix de Azara, Goya, Cajal, Pilar Bayona, Buñuel o María Moliner. Y entre ellos figura un oscense  como Valentín Carderera (Huesca, 1797-Madrid, 1880) que poseía una “personalidad multifacética” y destacó, según lo define el profesor José María Lanzarote Guiral, como “artista, erudito, académico, coleccionista de arte y bibliófilo, facetas entre las que queremos resaltar aquí la de viajero”.

Ese ‘aquí’ alude a la edición de los ‘Diarios de viaje de Valentín Carderera y Solano por Europa (1841-1861). París, Londres. Bélgica y Alemania’ (Institución Fernando el Católico, 2016), que ha preparado el doctor oscense en Historia del Arte, responsable también de la lujosa edición del ‘Viaje artístico por Aragón de Valentín Carderera (IFC, 2013). Se trata de un volumen de 600 páginas, con otro centenar de introducción y bibliografía, que constituyen un testimonio de época, una cita con los grandes impresores, intelectuales y artistas de su tiempo y, también, “las vivencias de un artista” pugnaz que perseguía un sueño: editar los dibujos y las notas de las vistas de monumentos españoles; al fin, tras mucho batallar en negociaciones y búsquedas de apoyos (entre ellos los de la reina María Cristina), las publicó en París en 1861.  “Si por algo se caracterizan los diarios de Carderera (…) es por la voluntad recopilar información, por encima de la evocación literaria o la reflexión erudita. Sus páginas son ante todo un apoyo a la memoria”, señala el editor. Y algo más adelante, redondea las intenciones del erudito: “Carderera dibuja con la pluma el panorama de una época y da así la réplica a célebres viajeros extranjeros por España, como Prosper Mérimée o Richard Ford, a quienes tuvo la ocasión de tratar con cercanía en sus propios países”.

De hecho, Mérimée, al que conoció en 1840, fue capital en su biografía: lo ayudó constantemente en sus visitas a museos y en sus citas con profesionales de la edición en Francia, en un tiempo que se califica como “la edad de oro de las artes gráficas”. José María Lanzarote se apoya en otras voces para retratar la rica personalidad de Carderera. Su amigo Vicente Poleró dijo: “No había biblioteca que dejase de visitar, ni documento importante que no leyese y anotase, lo que permitió reunir una importantísima y numerosa colección de apuntes, hoy de suma importancia”.

José María Lanzarote ha dejado fuera del libro la primera estancia del aragonés, de 1822 a 1831, en Italia, sobre todo en Roma y Nápoles, becado por el duque de Villahermosa. Allí realizó vistas, o ‘vedutes’, a la acuarela. A su regreso a España, fue acogido en el palacio de su mecenas, ingresó como académico de mérito en la Real Academia de San Fernando y recibió, casi de inmediato, encargos de la nobleza y de la Casa Real. Sería a partir de 1835, “con las leyes desamortizadoras”, en pleno período crítico para el legado arquitectónico y artístico español, cuando Carderera emprendería una de sus grandes aventuras estéticas y de conocimiento: la reproducción de obras de arte y monumentos, ese material que constituirá luego el proyecto ‘Iconografía española’, que se define como una “colección de retratos, estatuas, mausoleos y demás monumentos inéditos de reyes, reinas, grandes capitanes, escritores, etc., desde el siglo XI hasta el XVII”.

Como la España pintoresca y romántica de Carmen y los bandoleros estaba de moda en Europa, Valentín Carderera consideró que en París o Londres podría vender su proyecto, aunque había otras razones para su salida al extranjero, entre ellas “un exilio forzado por la situación política y económica de España”. El primer viaje lo llevó a París (y luego, por espacio de dos meses, a Londres y durante algunos días a Bruselas), allí frecuentó al barón Isidore Taylor -al que le intentó vender dos cuadros del Divino Morales, exhibido hace pocos meses en el Museo del Prado-, al citado Mérimée y a la reina madre María Cristina de Borbón (viuda de Fernando VII y casada en secreto con Fernando Muñoz, guardia de corps) y a exiliados españoles que esperaban allí “tiempos bonancibles”. Estuvo muy cerca de la soberana, que le encargó y le pagó varios retratos. El lunes 17 de julio de 1843 anotó: “Pinté en el retrato de la reina, boceto”. En el libro se incluye un buen retrato clásico de la soberana de 1842. Carderera volvió a España tras la caída de Espartero.

En 1845, y durante ocho meses, regresó a París, Londres y a Bruselas. Tampoco hubo suerte. Siempre se quedaba a medio camino pero aprovechaba el tiempo: iba al Museo del Louvre o al de Cluny, al Museo Británico o la National Gallery, a galerías privadas, asistía a subastas, visitaba la Biblioteca Nacional e iba dejando minucioso registro de sus pasos.

En 1855, atraído por la Exposición Universal de París y por su viejo afán, retornó a la capital del Sena. Volvería en 1859 y en 1861, época que logró culminar la edición de su ‘Iconografía española’ en francés y español. En una ocasión hubo que repetir la tirada por completo. En todo este tiempo, la vida de Valentín Carderera fue un torbellino de empeños, compras, libros, proyectos y amigos, entre ellos artistas aragoneses como Ponciano Ponzano y Juan García Martínez, y fue un gran promotor de la obra gráfica de Francisco de Goya. “En 1855 Carderera llevó a París un lote de dibujos del genio de Fuendetodos, que enseñó a sus amigos y colegas. Además, regaló algunas estampas de Goya a sus colaboradores y a aquellas personas que le ayudaron en su proyecto editorial”. Ricardo Centallas editó sus ‘Estudios sobre Goya’ (IFC, 1996).

A la vez este curioso de casi todo fue forjando una gran colección de arte, que adquirió sobre todo en París. En 1867 vendió parte de sus posesiones al Estado. Dice José María Lanzarote: “Se adquirieron 45.761 obras, que corresponden a 1.805 dibujos. 8.130 grabados dentro de libros y 35.826 grabados sueltos”, colección que fue a parar a la Biblioteca Nacional.

 

09/01/2017 21:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ANTONIO CABRERA

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[Un gran escritor, el poeta Antonio Cabrera, un gaditano de Medina Sidonia afincado en Valencia, publica ‘El desapercibido’ en Pepitas de calabaza. Un buen amigo me regaló este volumen delicado, intenso y hermoso, un libro sobre el acto de pensar y sentir, un libro en prosa donde se atrapa la vida en una de sus formas más perfectas: la palabra. Copio aquí dos textos.]

 

MÁS QUE BIEN

Propuse a mis alumnos un comentario sobre esta sentencia de Santayana: “Los filósofos contemplan estrellas que se desplazan lentamente”. Uno de ellos entendió más que bien: “La filosofía –contestó- es una actividad inocente que busca explicarse las cosas con calma”. Una ‘actividad inocente’. Qué fina o casual inteligencia.

NOS SALVAMOS

La vida interior es abstrusa, un embrollo de ideas en inminencia, en uso o en descomposición. La vida interior puede ser asfixiante. Menos mal que algo venido de fuera, una percepción, alguna cosa vista, puede aliviarla momentáneamente, puede permitirle respirar hondo. La vida interior –el pensamiento a solas- abandonada a su puro bullir nos sofocaría. Para que no quedemos cegados por nuestra mente es necesario mirar. Gracias a las ventanas no odiamos nuestra casa. Gracias al mundo nos salvamos.

 

-De ‘El desapercibido’ de Antonio Cabrera. Pepitas de Calabaza. Libro galardonado con el premio Café Bretón.

 

*La foto es de Juan Manuel Castro Prieto y pertenece a su proyecto 'Cespedosa'.

 

07/01/2017 15:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUERE RICARDO PIGLIA

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SOBRE RICARDO PIGLIA

Crónica de la entrega del Premio Formentor en 2015 a Ricardo Piglia.

Nota sobre las 'Conversas de Formentor'. La foto de Ricardo Piglia, que acaba de morir, es de Alejandra López y se publicó en la prensa argentina.

 

Participantes: Eduardo Becerra (profesor de Literatura Hispanoamericana), Jorge Herralde (editor de Anagrama), Juan Antonio Masoliver (escritor, crítico literario y traductor), Guillermo Schavelzon (agente literario) y Pola Oloixarac.

 

Había llegado la hora de Ricardo Piglia, distinguido con el Premio Formentor de las Letras 2015 por un jurado compuesto por Basilio Baltasar, Darío Villanueva, Félix de Azúa, Marta Sanz y José Ángel González Sainz. El autor de Formas breves o Los diarios de Emilio Renzi, de los que se iba a hablar, no había podido acudir: está enfermo de ELA. Eduardo Becerra dio el turno de palabra a Jorge Herralde, a quien se le escapó no se sabe si un chiste o la constatación de una fatalidad: “El hombre llegará a Marte pero los micrófonos seguirán sin funcionar”. Risas. Herralde dijo que quería narrar sus encuentros con Piglia y que iba a ofrecer algunas frases del autor, Piglia par lui meme. La historia de su relación se remonta a abril de 1993, en el bar del hotel Alvear de Buenos Aires, en la Recoleta. Hablaron largo rato y Herralde acarició una idea: publicar un libro de Piglia. Entonces, dijo, aún no sabía lo difícil que era que diese un libro por terminado; en cierto modo, pensó, Piglia también padecía el síndrome de Tito Monterroso. Y también podría haber dicho que el de Juan Rulfo. Algunos años después, en 1999, Herralde visitó la librería Central en Madrid y allí vio una edición mexicana de Pasión perpetua, “prologada por el amigo Juan Villoro. Lo empecé a leer durante el vuelo y ya no pude parar. Le escribí a su agente para ver si había algún libro disponible de tan gran autor: aunque fuera solo uno quería incorporarlo al catálogo”. Ante su sorpresa estaban todos los títulos disponibles, salvo La pasión perpetua, que había sido contratado por Lengua de Trapo. Herralde puso “el operativo Anagrama en marcha y a partir del año 2000, en que aparecieron Plata quemada y Formas breves, más tarde Prisión perpetua, cumplió su sueño. “Hemos publicado prácticamente toda su obra: cinco novelas, tres libros de cuentos, dos libros de textura ensayística, una Antología personal y ahora Los diarios de Emilio Renzi –recuerda Herralde-. Desde entonces, Piglia ha tenido una presencia constante en nuestro país donde se le consideró inmediatamente un gran escritor y se le ha ido considerando un clásico indiscutible de nuestro tiempo. Para mí, publicar a Piglia ha sido una fuente de gratificaciones personales”. Herralde contó que ha aprendido y que ha disfrutado mucho en sus charlas, debates, ruedas de prensa o presentaciones. Y aún más en sus diálogos, “regados por buenos tintos”. “El Piglia oral brilla al máximo nivel: es agudo, irónico, de vasta cultura, es nutritivo y ameno, realiza asociaciones inesperadas. Ofrece un espectáculo exaltante de pensamiento. Sus performances tienen una parte de representación y mantienen el aura de la función única”, agregó. Jorge Herralde se reveló no solo como el editor de Piglia, sino como un lector muy atento: repasa libros, desmenuza aforismos, habla de sus conexiones con Witold Gombrowicz, Borges, Macedonio Fernández y Robert Arlt, y recuerda que este, muy alto, falleció con poco más de 40 años y su cadáver, según relató el autor de Plata quemada, hubo que sacarlo por una ventana. También recordó que Piglia tenía por libros fetiches El oficio de vivir de Cesare Pavese, La peste de Albert Camus y Stendhal per lui meme de Stendhal. Dijo, a propósito de su última publicación, Los diarios de Emilio Renzi, que Piglia era un gran lector. Por eso, el propio autor decía: “Ese diario es la historia de los libros de mi vida”. Y recordó el origen de su escritura: “Si me hice escritor fue a causa de los relatos que circulaban en mi familia y su poder de atracción”, anotó Piglia.

Tras Herralde, tomó la voz el agente literario Guillermo Schavelzon. Una voz suave y precisa, tocada de melancolía, sencillez y hondura. Empezó hablando de sí mismo y de su oficio con una frase que casi sonó a Enrique Vila-Matas, galardonado en Formentor el año anterior. “Los agentes literarios parecemos gente extraña, tal vez nuestro trabajo consiste en hacer sin aparecer (…) Un buen agente literario es aquel que es capaz de absorber y amortiguar lo más álgido de la tensión entre escritor y editor que no es otra cosa que un conflicto de intereses”. Schavelzon recordó que Piglia y él se conocían desde hace cincuenta, cuando trabajaban para la editorial Jorge Alvear de Buenos Aires. “Yo tenía diecinueve años y él veinticuatro. Desde entonces siempre me beneficié de la asimetría de nuestra relación: aprendí de sus sus lecturas, de su trabajo de editor, de sus escritos y de sus ideas”. Confesó que cuando más había aprendido de él había sido en el último año y medio cuando, ya enfermo del cuerpo pero no de la mente, le había visto trabajar en los diarios con pasión renovada, que “eran el proyecto de su vida al que se quería jubilar cuando se jubilara en Princeton”. Schavelzon recordó que Piglia ha dicho: “Hay que escribir mucho y publicar poco”.

Analizó Los diarios de Emilio Renzi con serenidad y precisión. “Emilio Renzi, el nombre de su abuelo materno, ni es un alter ego ni es otro yo. Es un protagonista de la obra de Piglia, y su más importante intelocutor y un enorme conocedor del verdadero Piglia. Renzi es quien más sabe de él. Dice cosas que Piglia jamás hubiera dicho ni siquiera sabe de sí mismo. Su nombre, Emilio Renzi, es una autorreferencia, creemos leer datos autobiográficos cuando Piglia nos introduce en la ficción”. Guillermo Schavelzon es, en cierto modo, víctima de una escisión. “Me hice agente literario con Piglia: fue el primer contrato que firmé y el primer autor de la agencia. Hemos pasado muchas horas sentados en los cafés. Y ahora, a la luz de los Diarios, me vuelto a preguntar: ¿a cuál de los representaré yo?”.

Le tocó el turno a la escritora argentina Pola Oloixarach, poseída sin duda por el espíritu y la personalidad del autor de Plata quemada. Quizá por ello, en un claro juego de espejos, leyó un diario. “Devorar a Piglia, leer todo de nuevo en sus tapitas amarillas, en el sistema Piglia; tirar la llave afuera”. Pola, en clave de ficción y a través de sucesivos diálogos con amigos, profesores, críticos o lectores del escritor, o de aforismos, recorre distintos aspectos de su producción. Recuerda frases suyas: “La traducción es un campo de batalla” o “Y, bueno, la vanguardia también es un género”. Alude al peronismo, recuerda la figura de Osvaldo Lamborghini, lo compara con César Aira y escribe: “Toda su escritura está organizada como una catábasis, de la oscuridad a la luz. En sus textos se pasa de Macedonio Fernández a Bertolt Brech, y los dos iluminados por Kafka, para encontrarse con Borges”. Piglia, según Pola, “decide exhibir la literatura argentina en términos de una tradición universal”. A la hora de definir su personalidad literaria, subraya la importancia de su pensamiento: más que un contador de historias, como podría ser Aira, es un volcán de pensamiento, un volcán-pensamiento que “junta el barro más exquisito, haciendo de la lava turba y diamante”. Para él la literatura es una máquina de pensar. Pola Oloixarac afirma: “Su pasión por las ideas obliga a tener ideas propias o a pensar”. Con respecto a Los diarios de Emilio Renzi, dice: “Se entra y se sale de los Diarios como se atraviesan las paredes del sueño. La literatura tiene ese espesor de radiante de realidad en rayos”.

Juan Antonio Tono Masoliver conoció a Ricardo Piglia en Buenos Aires. Arrancó con su peculiar sentido del y humor: “Con este micrófono en la mano me siento como Elvis Presley”. Risas. Lo conoció cuando “era un fenómeno joven que había publicado Respiración artificial”. Para Tono, toda su obra “se mueve entre el ensayo, la reflexión y la ficción”. Poco a poco, sin papeles apenas, la fue caracterizando: son capitales en él las lecturas, le interesan mucho escritores heterodoxos (definió a Borges “como un escritor radical”) y se siente hondamente argentino. “Él ha sabido integran todo ese universo de nueva literatura", que integra al citado Borges, a Fogwill, a Bioy Casares, a Lambhorgini, a José Bianco, a Enrique Pezzoni, etc. Para Masoliver, Piglia tiene una vocación inmensa de escritor y de lector, “y para mí el escritor ideal es el lector ideal. Piglia realiza una escritura de mucha cultura y, sin embargo, no es un escritor culto, por decirlo así, de exhibición de cultura. Todo en él es vida”. Afirmó que hay un libro fundamental, Las formas breves, clave para su descubrimiento en España. Lo emparienta con el Dietario voluble de Enrique Vila-Matas y con El arte de la fuga de Sergio Pitol. “En su literatura se mezcla la invención, la imaginación, la historia, el pensamiento crítico y la defensa de ciertos escritores. Él defendió a Roberto Arlt como Borges defendió a Macedonio Fernández. Piglia es un hombre serio al que le interesan los personajes extravagantes, excéntricos, los personajes tocados por la locura”. Masoliver añadió otras constantes: la impureza, la historia dramática de su país, un elemento onírico y un arrebato de visionario, la presencia de la fragmentación, la destrucción de la novela convencional, la inclusión de la crítica (“puede ser crítico con otros escritores; a Cortázar lo respeta pero lo crítica”). “Los Diarios de Emilio Renzi representan la escritura total. Aquí la vida no es cronológica, no es lineal; la vida son fragmentos y a través de cada uno de ellos, Ricardo Piglia va buscando la solución final a este laberinto”. El de la existencia, el de la creación, el de la memoria.

Juan Antonio Masoliver se despidió con humor: “No quiero hablar mucho más porque me canso”. Eduardo Becerra tomó el pulso: recordó que había tenido contacto el escritor en su faceta de editor de Lengua de Trapo, a través del seminario del cuento en la Universidad Autónoma de Madrid y a través de la dirección de varias tesis doctorales sobre Piglia. Elogió Los Diarios de Emilio Renzi. “El diario es como el laboratorio de la escritura. El emblema de su obra. En el diario experimenta. Es la forma narrativa que mejor difunde su poética de la ficción. Es una obra metaliteraria y autorreflexiva. Aquí están la ficción y la vida real. Y está la experiencia, y en medio hay un zona de nadie donde experimentar vidas posibles. Para Piglia vivir y contar son lo mismo”.

Eduardo Becerra, que tenía la sensación de que el tiempo le perseguía como un monstruo indomable, resumió: “Esos diarios solo se justifican en el porvenir. Si Ricardo Piglia no hubiese empezado a escribir un diario no se hubiera convertido en escritor”. Lo más fascinante es que son el origen y el punto de llegada. Agregó: “Los Diarios de Emilio Renzi son un libro lleno de análisis deslumbrantes de la teoría de la narración sin ser jamás una escritura abstracta”.

 

Cuando empezaba a caer la noche, en los jardines del hotel Formentor Barceló, Ricardo Piglia volvió a ser protagonista: en la voz de Basilio Baltasar, en la de Jorge Herralde, que leyó un precioso texto con ráfagas de humor (“estoy un poco embromado de salud, nada grave, sólo tengo algunas dificultades para movilizarme, lo cual no ha hecho más que agudizar mi tendencia a no salir de casa”) y en de su nieta Carlota, con quien Piglia ha “mantenido diálogos extraordinarios”. Carlota estuvo lacónica y dulce. Y en ella el cronista reconoció a la misteriosa nadadora que por la mañana sintió pavor del oscuro fondo del mar.

Por emoción y por la sombra del aire entre los pinos, el ambiente se fue fraguando en la noche más hermosa.

06/01/2017 22:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ESTACIÓN LIBERTAD' Y LAS HERMANAS BOUZA DE RIBADAVIA

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HISTORIA DE LAS HERMANAS TOUZA

 

Por Emilio RUIZ BARRACHINA

«Andaba yo en Orense hace unos años rodando un documental sobre el caso Metílico, un envenenamiento masivo que se produjo en los años sesenta, con más de cinco mil afectados, cuando, de regreso al hotel, Fernando Méndez, al paso por Ribadavia, me habló sobre las hermanas Touza y su hazaña en los años cuarenta para salvar a cientos de judíos. Fernando es periodista y había estudiado en profundidad la vida de las hermanas. Rápidamente supuse que aquella historia tenía todos los ingredientes para convertirla en una película. Le solicité más información y poco tiempo después me la proporcionó.

Realizamos un primer boceto de la historia con un reconocido guionista: Ángel Aranda. El argumento funcionaba, tenía muchas trazas de convertirse en algo grande. Después, llamé a mi buen amigo y cineasta Raúl Romera y le propuse desarrollar un guion cinematográfico para rodar la película… Con semejante historia entre las manos no deberían faltar productores interesados. Trabajamos en el guion durante varios meses y, cuando lo consideramos terminado, se lo dimos a Nicholas Aikin para su traducción al inglés, quien, en su buen hacer, también colaboró con acertadas sugerencias. Efectivamente aparecieron productores interesados y las posibilidades de rodaje se pusieron en marcha. El distribuidor consideró que al guion le sobraban algunas escenas porque la película iba a quedar muy larga para lo que actualmente se exige. Las salas de exhibición necesitan al menos cuatro pases diarios para hacer las películas rentables… Cosas de la industria.

Así que recortamos la versión original. Sin embargo, para la novela he trabajado sobre la historia completa, de manera que en estas páginas hay mayor información y contenido que en la película. También hay un ejercicio literario, como es lógico, ya que en una pantalla vemos todo y no hace falta describirlo, es una comunicación unilateral. Al igual sucede con los pensamientos de los personajes, prácticamente imposibles de transmitir si no es a través de la acción. La historia ha sido ficcionada, pues no hay datos fehacientes del día a día de las hermanas, salvo comentarios de familiares y vecinos que las recuerdan, y se han cambiado nombres para no herir susceptibilidades. En cualquier caso, una película es una película. Otra cosa distinta hubiera sido plantearse un documental, con la rigurosidad en la exposición informativa que ello requiere. Este libro es un guion novelado. La vida y la heroicidad de las hermanas Touza está reconocida por la comunidad judía, entre otras, tal como se puede ver en el apéndice del libro. Y ya son bastantes los artículos y libros escritos sobre ellas.

Mucha gente compara su historia inmediatamente con la de Oskar Schindler, conocido gracias a la película de Steven Spielberg. Incluso algún periódico gallego se refiere a las hermanas Touza como las «Schindler españolas». Podría ser. Yo creo que además en la película desempeña un papel fundamental Martín, el niño limpiabotas, con lo que habría que hacer referencia a otra cinta mítica: Cinema Paradiso. Sean cuales sean los referentes, Estación Libertad es un canto a la solidaridad y a la defensa de unos principios íntegros y cabales. Es también una propuesta para vencer el miedo con el que políticos, religiosos y financieros quieren hacernos vivir y con el cual nos quieren someter desde hace siglos, desde que existen… Son como los malos sueños de los que no podemos despertar.» 

LA NOVELA

'Estación Libertad', del escritor y cineasta Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963), cuenta una de esas historias tan fascinantes y conmovedoras que solo puede provenir de la realidad: la aventura de tres hermanas gallegas que regentaban la humilde cantina de la estación de Ribadavia, en Orense, en los años cuarenta. Tres mujeres valientes que burlaron a las autoridades franquistas y a los agentes de la Gestapo para salvar la vida de cientos de refugiados que, gracias a ellas, lograron cruzar la frontera entre España y Portugal y partir rumbo a la libertad.

Título: 'Estación Libertad' (Tres hermanas en Galicia ayudaron a escapar a miles de perseguidos por la Gestapo) de Emilio Ruiz Barrachina. 211 páginas.

 

«Esta historia, basada en hechos reales, representa un homenaje a tres mujeres, las hermanas Touza, quienes con su sacrificio hicieron posible que cientos de judíos salvasen su vida durante la Segunda Guerra Mundial, huyendo desde la estación de ferrocarril de Ribadavia (Orense, España) a América y África, a través de Portugal. Su implicación en la causa no fue política, ni ideológica, ni tan siquiera económica. Solo las movía el más noble instinto del ser humano: la solidaridad, el arma más poderosa que alguien puede utilizar ante la barbarie.

Se cumplen ahora setenta años del final de la guerra más cruenta de la historia de la humanidad. Una fecha que vale la pena recordar para que nunca olvidemos, pero sobre todo para que aprendamos que las bombas nada arreglan, si acaso, sirven para hacer aflorar sentimientos como los que este libro describe, donde no hay sitio para el rencor ni los lamentos, solo bondad extrema, aquella que únicamente los grandes corazones son capaces de albergar. Si por un momento viajásemos en el tiempo y nos sentáramos en el andén de la estación de Ribadavia un día cualquiera de invierno a principios de los años cuarenta del siglo pasado, veríamos apearse a algunos viajeros con el rostro cruzado por el sufrimiento, desorientados, sucios y atemorizados como solo se puede estar cuando la muerte es tu compañera de viaje.

Mujeres, hombres y niños que llegan con ansia de libertad para sacudirse el veneno del fanatismo y que encuentran a tres hermanas que, además de rosquillas y un reconfortante caldo caliente, les ofrecen la oportunidad de salvar su vida. ¿Y qué consiguieron a cambio las hermanas Touza? Sin pretenderlo lograron que hoy, siete décadas después de aquella hazaña salvadora, los descendientes de todos aquellos a los que ellas les regalaron la vida mantengan su recuerdo como ejemplo sublime de la solidaridad del ser humano. Metámonos de lleno en este relato que, a buen seguro, removerá conciencias y generará reflexiones y debates. Todos y cada uno de los seres anónimos que, como víctimas, han protagonizado los tristes acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial merecen que así sea. Los otros, aquellos que han pasado a la historia por sus uniformes, condecoraciones y devastadoras acciones, sea cual sea el lugar en el que estuviesen, no merecen ni una sola línea, entre otras cosas porque este libro habla de amor, un sentimiento que no cabe ni en el cañón de un fusil ni en los bolsillos de muchos trajes militares que durante aquel dramático episodio bélico borraron la sonrisa a los niños y el porvenir a sus mayores. Bienvenidos al territorio de la solidaridad.»

Fernando Méndez

 

«Era una lluviosa mañana de finales de octubre cuando conocí a Emilio Ruiz Barrachina. Yo era un guionista y director novel que, con su primera película bajo el brazo, se había plantado en la capital con más hormigas en el estómago que pájaros en la cabeza y con un sueño que cumplir: hacer cine. Crucé media España para estar aquella mañana en Madrid. Emilio quería conocer el proyecto cinematográfico en el que estaba embarcado y me citó en una oficina de una céntrica calle madrileña. Fue así como aquella mañana, nuestras vidas, alejadas personal y geográficamente, se cruzaron y dio comienzo una relación personal y profesional que perdura hoy día y que me ha llevado a descubrir no solo la obra cinematográfica, periodística y literaria de Emilio, sino a la persona que hay detrás de todo ese universo creativo. Y es que, si algo define su pluridisciplinar creación, es que está impregnada de un genio y estilo únicos. Inteligente, mordaz, reflexivo, culto, gran conversador y con una amplia y dilatada experiencia vital y profesional que lo ha llevado por medio mundo…

Así es el hombre detrás de la obra. Emilio ha logrado crear un microcosmos donde historia, ficción, magia, realidad, poesía y pasión forman un imaginario tan personal como singular. Raúl Romera

 

EL AUTOR

Emilio Ruiz Barrachina (1963) es escritor y director de cine. Ha publicado las novelas Calamarí, A la sombra de los sueños, adaptada al cine, El arco de la luna, ganadora del X Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, No te olvides de matarme, de la que en 2005 se estrenó la adaptación teatral, y La venta del Paraíso, cuya adaptación al cine ganó en 2013 el New York City International Film Festival; los ensayos Brujos, reyes e inquisidores, Tinta y piedra. Calaceite, el pueblo donde convivieron los autores del Boom y Le ordeno a usted que me quiera; y los poemarios Arroyo, que en 2007 ganó el III Premio Internacional de poesía Rubén Darío y La huella eterna, que ganó el Premio Internacional Sial-Pigmalión en 2014. Ha dirigido documentales para cine y televisión como Luz, espacio y creación, Tinta y piedra, Niñas soldado, Desminadoras en Sudán, Emigrantes, Lorca. El mar deja de moverse, sobre la muerte del poeta Federico García Lorca, que ha obtenido numerosos galardones internacionales, Orson Welles y Goya y La España de la copla. En 2010 dirigió el polémico largometraje El discípulo, que también se convirtió en novela. En 2011 rodó la película musical Morente, finalista de los Premios Goya. En 2015 dirigió El violín de piedra, sobre la despoblación rural. En 2016 rodó Yerma, adaptación modernizada de la obra de Federico García Lorca y primera parte de la trilogía que va a dedicarle al poeta granadino.

 

*Este es el dossier de La Esfera de los Libros.

 

HASIER LARRETXEA: DOS POEMAS

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No tengo el gusto  de conocer al poeta Hasier Larretxea, que estuvo hace poco en el ciclo ‘Los jueves, poesía’, invitado por David Mayor y Sebas Puente en Las Armas. Sin embargo, hace poco conocí a su editora Elizabeth de Stendhal Books en Barcelona y me ha hecho llegar su poemario ‘De un nuevo paisaje’. Una cuidada y elegante edición para un poemario intenso, muy trabajado, lleno de sensaciones, de plasticidad y de imaginación metafórica. Copio aquí algunos poemas (“Escribir, / la única manera de atravesar el valle/ sin pisarlo”)

 

ESCRIBIR

es el paisaje desde donde contemplar.

 

El mirador

desde donde ver

a través de la niebla,

a través de los límites del horizonte,

sorteando y volando sobre ermitas, pastos y portillos.

 

Escribir la visión

en lo alto del monte,

el sendero, el helecho recién pisado,

la bellota que lanzamos hasta el riachuelo.

 

Escribir es insuflar (el viento del norte),

acunarlo al sonido del cencerro

y a las gotas de lluvia que se ahogan

en el charco del prado,

el movimiento del tractor

y la soledad del perro.

 

Escribir,

la única manera de atravesar el valle

sin pisarlo.

 

*****

[A Cristina Iglesias]

 

LA LUZ es el techo de hierro

que amordaza el paisaje.

 

Agujeros que emanan brillo

en la apertura del hormigón.

 

Fisura que equilibra su sombra en el horizonte

de ecos con significados cristalinos.

 

El recuerdo de las ausencias

y su distancia de cedros.

 

Vidas que penden de las sombras

que se alejan de la invocación de camposanto.

 

La inmortalidad de las ramas que saben

trepar al cielo y su laberinto

de pasos sobre lo eterno.

 

No es el paisaje lo que reluce.

Es la proyección de su sombra.

 

-De ‘De un nuevo paisaje’. Hasier Larretxea. Prólogo de Chus Pato. StendhalBooks. Barcelona, 2016. 148 páginas.

 

*La foto es de Elliott Erwitt y está tomada en Dublín en 1962.

 

30/12/2016 22:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ENCUENTRO DE ASOCIACIONES DE ESCRITORES: MEDIDAS

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Aquí pueden verse la síntesis de los debates y 30 demandas del sector.

http://acescritores.com/primer-encuentro-estatal-asociaciones-escritores-se-aprueba-una-declaracion-treinta-demandas-del-sector/

 

*En la foto, Juan Ramón con Jorge Guillén y Pedro Salinas.

30/12/2016 10:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX TEIRA: UN DIÁLOGO SOBRE 'EL ÚLTIMO SOL' (FUNAMBULISTA)

[Félix Teira Cubel presentaba hace algunos días su nueva novela: ‘El último sol’ (Funambulista). Aquí explica algunas de sus claves el autor de Belchite.]


 -¿Qué lugar ocupa la pintura en tu pasado, en tu formación?

La pintura siempre ha sido una pasión. ¿Quién no queda turbado la primera vez que ve un Van Gogh o un Zabaleta? De joven, aunque carezco de técnica, pinté algo. Los pintores me fascinan porque intentan extraer un paisaje o una persona de la corriente del tiempo, hacerlos inmortales. Inocencio X, de Velazquez, con su expresión taimada, nunca envejecerá.

-¿Cómo surgió el libro, qué ideas, imágenes o reflexiones te planteaste?

Esta novela es una vieja idea que siempre dejas para el final, hasta que un día se impone y brota incontenible. Se dice que los novelistas mejoramos con el colesterol, las canas y la edad. Al menos es una bonita mentira que nos contamos para justificarnos. Desde luego es una novela de madurez, donde sopesas qué es lo importante en la vida… ¿De madurez o de vejez? Ja, ja.

-¿Te habías planteado una novela sobre el adiós del mundo, sobre la enfermedad y el regreso al paraíso del ayer?

¿Y quién no se ha planteado esa reflexión? Algunos la escriben, como Julian Barnes, otros la relegan por incómoda… El paraíso de la niñez gana presencia conforme vamos cumpliendo años.

-También me ha parecido una novela sobre la amistad...

El personaje repasa su vida y se da cuenta de que el amor, la amistad y la pintura ha sido la trilogía que ha marcado su existencia. Nada habría sido igual si aquel muchacho de ciudad, que se convertiría en su amigo del alma, no hubiera llegado a la aldea a los doce años. Le abrió caminos, le contagió aficiones y le descubrió la pintura. Y esa amistad sigue siendo un abrigo y un desgarro, porque ambos aman a la misma mujer.

-¿Cómo te has planteado algunos asuntos como la vocación y la renuncia? Al fin y al cabo Pablo Monfort se negó en un determinado momento a seguir su camino...

Monfort, el protagonista, está obsesionado con la pintura pese a los reiterados fracasos. Su obstinación le lleva a olvidar incluso a la familia, por lo que él mismo comprende que ha sido un mal hijo, un esposo egoísta y un mal padre. A veces la vocación de los genios se convierte en una ceguera que los conduce al abismo.

-Ayer comenté ‘Qué verde era mi valle’ en Calatayud. Hay un personaje muy complejo: la hija. Aquí la hija también es muy compleja o el desencadenante de  diversas historias y tensiones.

Elena ama tanto como odia a su padre, y estos sentimientos contrapuestos la destrozan. Odia al padre colérico que apartó a la esposa de su lado. A la vez, vigila cariñosamente al padre enfermo, empeñado en retirarse a la aldea donde nació, y de esta vigilancia va a surgir un sentimiento que cambiará su vida.

-Aunque la verdadera intrusa es Martine... ¿Por qué has caracterizado así a este personaje?

Dicen que las mujeres tienen en mente a su hombre ideal, al príncipe azul. Desde luego Martine es la mujer ideal: apasionada, bellísima, entregada al amor, el soporte de la vocación de su marido... Y sorda. Aunque esta discapacidad le da fuerza para abordar la vida. Martine es uno de los ejes de la novela porque los dos amigos, desde la adolescencia, están enamorados de ella. La locura de este triángulo amoroso, que se mantiene hasta el final, centra el argumento.

¿Qué le debe esta novela al paisaje? ¿Has querido decir algo sobre eso?

Al paisaje de la niñez. A veces se cree que la cultura es mayoritariamente libresca, pero hay una cultura por inmersión y vivencias. Es mi caso es una cultura rural, que aquí he revivido: el mundo de las caballerías, la dureza del campo, la seducción del olivar… El protagonista, al repasar su vida, revisa los últimos cincuenta años del país. Y comienzan en aquella España arcaica y en trance de desaparición, cuyo representante en la novela es Ramiro.

Es una novela con mucho diálogo. ¿Te ha resultado cómodo, diría que es muy deliberado, claro?

Siempre he prestado oído al habla de la calle, tanto en las novelas juveniles como en las de adultos. Elena, la hija del protagonista, habla por Skype con el médico que ha enviado a la aldea. La manera de hablar dice más de un personaje que una descripción prolija. Además, la introducción de capítulos alternos totalmente dialogados aligeran y dan frescura a la narración.

¿Qué pintor sería Monfort y cómo has hallado sus fotos?

Monfort es un pintor nacido a mediados de los cincuenta, y es pintor de su tiempo. Casi lo definirían los pintores que él mismo cita en la novela: Canogar, Genovés, Antonio López, Hockney… Aunque lo fascina la manera de dibujar de Caravaggio. Al editor y a mí nos sorprenden los cuadros que hemos visto de Pablo Monfort.

-¿Qué novelas tenías en la cabeza? ¿Has pensado en alguna?

Cada novela que lees y que te impresiona, te influye. Esta podría tener alguna similitud, por el ambiente rural, con La lluvia amarilla o con Allá lejos y tiempo atrás, de Hudson, donde evoca su niñez en Argentina. Pero procuro no leer ninguna novela poderosa mientras estoy en plena creación, porque un estilo enérgico se contagia. Cuando escribo novela, leo ensayo.

 ¿Qué ha sido de aquel Félix Teira contestatario, de denuncia, incluso rabioso? ¿Te contienes o buscas otras cosas en la literatura?

Ah, ¿y quién no está lleno de contradicciones? Tan enriquecedoras, por cierto. No, no ha muerto la vena de literatura social. Es cierto que hasta ahora he escrito tomándole el pulso a mi sociedad. Cuando empezó el fenómeno de Le Pen escribí La ciudad libre, al estallar la crisis narré el malestar en laciega.comEl último sol es diferente, incluso he serenado la prosa. Pero ya he vuelto a las andadas, estoy escribiendo una nueva novela sobre estos tiempos convulsos: ‘Brexit’, Trump…



26/12/2016 20:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA TORRE DE HÉRCULES

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO TORRE DE HÉRCULES,
'A LÁMPADA DO MUNDO'

de Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustrador)
 
El próximo jueves 29 de diciembre, a las 12,30 horas, en el Centro de Interpretación de la Torre de Hércules, de A Coruña, va a ser presentado el libro A TORRE DE HÉRCULES. A LÁMPADA DO MUNDO, del que son autores Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustraciones), publicado por la Editorial Trifolium.
 
Estarán presentes en el acto de presentación: Ramón Loureiro (autor del texto); Antonio Seijas (autor de las ilustraciones); Ana Santorun (directora de la Torre de Hércules) y Xan Arias (editor)
 
El libro nace con la intención de situar la Torre de Hércules en el centro de la literatura y el arte de nuestro país. Se trata de un volumen de diseño extraordinariamente cuidado, de un auténtico objeto artístico llamado a perdurar, con el que se rinde tributo al más bello de los faros del mundo, y a través de él, a la ciudad de A Coruña y a Galicia entera. 
 
Escrito por Ramón Loureiro, Premio Julio Camba, e iluminado por el ilustrador Antonio Seijas, se publica en gallego, castellano e inglés, y su eje vertebrador es un relato de conmovedora belleza, auténtica poesía en prosa, que viaja por la historia de la Torre de Hércules desde la antigüedad hasta nuestro tiempo, celebrando la grandeza del faro a través de su arquitectura, de la luz con que brilla entre los grandes mitos de Europa y, sobre todo, de su capacidad para hacernos soñar.
*Nota de Trifolium... 

 

26/12/2016 16:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'APÓLOGOS' DE ALFREDO CASTELLÓN

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’APÓLOGOS’ de Alfredo Castellón. STI. Zaragoza, 2016.

[El escritor y cineasta acaba de publicar el libro ’Apólogos’ en STI, el sello de Javier Cinca, que tiene la amabilidad de pasarme algunos textos.En la foto de 1959, en Collioure, Alfredo Castellón es el primero, sentado, por la derecha. Con él están; arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente; abajo: Gil de Biedma, Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.]

 

Una selección de Javier Cinca Monterde

 

El escritor es el enemigo

de la mentira y de la servidumbre

Albert Camus 

 


LO QUE FUE

 

A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

 

LAS CAMPANAS

  

A José Luis L. Z.

  

Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.

Un caos.

 

EVOCACIONES

 

Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

 

SEÍSMO ESPIRITUAL

 

No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

 

COMPARACIÓN

 

Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

26/12/2016 10:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA CITA CON LECTORES EN UTEBO

http://arablogs.catedu.es/blog.php?id_blog=1194&id_articulo=191475

Hoy, a las 15.00, después de entrevistar a Antonio Muñoz Molina, tengo una cita en el Colegio Parque Europa de Utebo..

 

Foto sacada de la web

“El musgo del bosque” es uno de los últimos libros de Antón Castro, parece que el escritor hubiera intuido la temática de nuestra Biblioteca para este curso “Leemos en verde. Latimos en verde” al elegir su título. Antón Castro tenía que venir al colegio “Parque Europa” de Utebo, un ilustre de la cultura aragonesa que vive en el vecino Garrapinillos, no podía faltar a nuestro “Leer Juntos”. El verde ha sido la excusa para que nos visite el próximo martes 13 de diciembre. No sólo nos viene al pelo el título de su libro poético “El musgo del bosque” sino seguramente gran parte de su bibliografía. Antón Castro es un hombre pegado a sus paisajes y paisanajes de infancia, su Galicia rural, y de juventud, ese Teruel profundo de los diferentes destinos profesionales de su compañera de vida; paisajes y paisanajes verdes y grises, presentes o inspiradores en muchos de sus libros.

 

Durante este mes hemos leído algunos de sus libros, seguramente una pequeña parte: “El dibujante de relatos”, “El fin de los dinosaurios”, “El musgo del bosque”, “El niño, el viento y el miedo”, “Paseo en bicicleta”, “Golpes de mar”, “Jorge y las sirenas”, “La leyenda de la ciudad sumergida”, “Los pasajeros del estío”, “Los seres imposibles”, “Retratos imaginarios”, “Vivir del aire”... Hemos descubierto un autor prolífico para todo tipo de público de todos o casi todos los géneros literarios (poesía, ensayo, novela, relato...). Como todo buen escritor que se precie, ha sido y es un lector empedernido desde su niñez. Su recorrido en el mundo de la letra escrita, tanto en el campo literario como periodístico, ha sido de formación autodidacta, impulsado por un deseo de superación permanente, hasta convertirlo en un erudito sobre muchos temas.

Si la producción bibliográfica de Antón Castro nos abruma, que decir de la periodística. Desde 2001 es responsable del suplemento cultural “Artes y Letras” del Heraldo de Aragón, considerado como uno de los mejores de España. Su actividad divulgativa diaria en las redes sociales es frenética, mostrando todo evento cultural que llega a su conocimiento. También desde su blog, creado en el 2004, escribe sobre todo tipo de temas culturales, siempre interesantes (pintura, cine, fotografía, música, literatura…), desde adentro, cuidando la precisión de las palabras y el buen gusto en la redacción, y por supuesto con un profundo respeto y cariño a las personas mentadas, siempre desde una gran generosidad.

En 2013, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concedió el Premio Nacional de Periodismo Cultural, en reconocimiento a su labor periodística –información, opinión,  divulgación- en pro de la cultura en todos los medios de comunicación, especialmente en el diario Heraldo de Aragón y en el programa televisivo Borradores, de Aragón Televisión, contribuyendo con ello al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. Más que merecido premio que reconoce sus desvelos por la cultura, considerada por él y por muchos de nosotros como “un instrumento fundamental para vivir".

Si la producción escrita de Antón Castro rezuma "perfección, belleza e intento de seducción"oírlo en una presentación literaria o en una conferencia, es una experiencia encandiladora. Debió de heredar el arte de los transmisores orales de su tierra, cultivándolo en esta nuestra, seca y dura; la cadencia de su lengua materna mece nuestros oídos acostumbrados a la ruda musicalidad del acento aragonés ¡Interesante combinación, sin duda!  Le escucharemos muy pronto, el martes 13 de diciembre de 15 a 16,30 en la Biblioteca del Colegio “Parque Europa” de Utebo.

 

13/12/2016 09:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEDRO GARCÍA CUETO: ADIÓS AL POETA ADOLFO CUETO

 

EN HOMENAJE A ADOLFO CUETO

 

 

LUZ QUE SE EXTINGUIÓ COMO UNA LLAMA

 

 

PEDRO GARCÍA CUETO* Escritor, profesor y crítico literario.

   Parece difícil escribir cuando está caliente su mirada, sus ojos atónitos ante el desconcierto del  mundo, parece complejo expresar el dolor si es tan hondo y oscuro, como un túnel donde tropezamos a ciegas, ebrios de vida pero, sin quererlo, asustados, temerosos, recordando a Darío, ante “la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”.

    Adolfo Cueto, de origen asturiano, pero nacido en Madrid, vino al mundo un 31 de enero de 1969, comenzó a escribir pronto y en Diario Mundo (2000) recopiló medio centenar de poemas galardonados en distintos premios.

   Fue Premio Emilio Alarcos entre otros, Cueto logró en Dragados y construcciones hacer del poema un sedimento, una semilla donde se cultiva el opio de la vida, esa sed incesante del decir que lleva el poeta, pleno de angustias y soledades, que, a duras penas, entrevé lo luminoso del día, como el sol que filtra las vidrieras de nuestro pensamiento.

    Cueto fue un hombre de sonrisa franca, de pensamiento sobrio, de gran calado existencial. Juntos, como dos náufragos, hablamos del apellido coincidente, él proveniente de Asturias, yo, quizá de un antepasado norteño que no adivino a reconocer. Juntos leímos un día de lluvia en el mes de Junio del 2015, en plena Feria del Libro, en una carpa donde oíamos el estruendo de las gotas, como si llorara el cielo, poemas de Aleixandre y Jorge Guillén, junto a amigos tan queridos como Fernando Delgado o Javier Lostalé. Cueto era preciso como un pensamiento, decía el verso con el eco de los que ya han perdido la niñez y enfrentan la vida adulta como una estoica aventura hacia ninguna parte, pero latía vida, entusiasmo, sin dejar el rigor que siempre le caracterizaba.

   Parece que le escucho, mientras las gotas de lluvia acariciaban la lona de aquella carpa, mientras Lostalé cerraba los ojos, como acostumbra, para que las palabras fueran más hondas, para que el lenguaje poético de los grandes del 27 llegase como un viento fuerte que empuja y acaricia a la vez a sus espectadores, había en Cueto una ternura de niño mayor, que ya sabe que el tiempo lo destroza todo.

   Me gustaría recordarlo en dos poemas, pertenecientes a Palabras subterráneas, porque las palabras de Adolfo lo eran, penetraban más allá del eco, envolviendo su dicción en una fuga del mundo, se hacían armonía, cuando él las conjugaba con su voz grave, de hombre que buscaba la niñez en cada paso.

    En el poema “Huérfanos a medianoche”, dice:

“Juguetes rotos por / la resaca de la vida, colillas / azotadas, por el viento / cuando la soledad se apodera del mundo y un dolor / en mí-más grande, madre / que mis días- sobre un /tráfico mudo”

   En el poema vemos al hombre solo, que lleva la “resaca violenta de la vida”, también al hombre que fuma para vencer al dolor, haciendo volutas de humo, como pensamientos heridos por la vida: “colillas / azotadas por el viento”, vive en el poeta la infancia, el deseo de invocar a la madre, siendo ya huérfano, abandonado a la vida, despegado para siempre de la felicidad de la niñez.

   Cueto sabe que toda vida es ruptura, quiebra, cesura, que tras la niñez se abre un camino insondable, donde lo hosco y lo violento lo asolan todo.

   El ruido, ese “tráfico mudo”, porque el exterior no es nada, desprendido de la niñez, hombre en su guarida, protegido por los versos del mundo.

   El poeta busca a la madre, hambriento de besos en un mundo desolador: “dejando esa fractura del adiós / en que te busco”.

    Esa “fractura del adiós” es el despojamiento de la niñez, el ser huérfano para siempre, porque es un hombre que ya no tiene padres, son solo querencias del ayer, cuando realmente vivió la vida, hay un eco de César Simón, del hombre ensimismado que el poeta valenciano nos dejó en “Extravío”, pero también del Brines de “Las brasas”, ese hombre que se ve a sí mismo viejo, hecho ya ceniza cuando fue luz. Vive también ese mundo de Javier Lostalé, ese resplandor del beso, cuando hay un hueco entre dos seres, los que se aman y se pierden en la hondura de la noche.

  En el poema “Marina habla con los árboles”, la protagonista habla con los árboles, ya que la Naturaleza es eterna y nos reconcilian con el mundo, con el niño que fuimos, sabe Cueto que hay una niñez añorada y dice:

“Marina habla con los árboles, entiende / su alta edad, su estremecimiento / del verano en sus hojas. Por su espina dorsal / como a esa rama tierna, recién / brotada, asciende / este coro danzante, sonajero del viento / que le canta al oído”.

   Dice el poeta que el viento lleva un sonido, como aquellos pastores que cantaban a la amada en los antiguos poemas pastoriles, también recorre el físico del árbol, eterno, frente al ser humano, siempre complejo por su mortalidad. El árbol habla, musita, es “coro danzante”, porque se cimbrea en su esplendor de hojas que lo hacen “sonajero del viento”.

   Sin duda, Cueto hace un guiño a la niñez, ese sonajero que acuna al niño pequeño, hay, sin duda, un lenguaje en el árbol, porque para el poeta todo es lenguaje, todo es eco de una voz niña, la de la Naturaleza en su esplendor.

   Dice el poeta: “Pecho alado y en paz, / criatura tan adentro / como un cielo de agosto / hacia arriba, en lo alto, / donde canta la vida, donde la vida es / bella aún”.

   Esplende el mundo y el poeta nos invita a sentir el canto de las cosas, todavía hay eco del verano, la infancia perdida aún late en esa estación de sortilegios.

    Valga este homenaje a Adolfo Cueto, quizá ahora encuentre al niño que fue, lejos del dolor adulto, quizá vuelva su tono grave a la Naturaleza, se haga espacio en ese mundo que amó, el de las flores, los árboles, las montañas de esa Asturias añorada, viva en su interior, como un desterrado en un Madrid de coches y de sombras.

   Parece que lo veo aquel día, recitando, mientras  el día iba dejando su torrente de agua, en aquellas lágrimas del cielo que se hacían armonía con los poemas de Aleixandre y Guillén, había un presagio, el del tiempo que cumple su condena, hoy más triste rindo este homenaje a un gran poeta y, mejor aún, un buen amigo.

 

Tomo lala foto de Adolfo Cueto de aquí:

http://fotos01.laopiniondemalaga.es/2016/05/24/318x200/x011ma02.jpg

08/12/2016 12:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ BECERRA: UN DIÁLOGO

 

En ‘El espectáculo del tiempo’ creo que lo que quise hacer es reflexionar narrativamente sobre el tiempo. En todos los niveles, el tiempo interviene sobre las personas. En el nivel biográfico, por supuesto, que es como el nivel más bajo, pero también en el nivel más alto que sería el nivel de físico o astronómico”, dice Juan José Becerra (Junín, Argentina, 1965), que presentaba el pasado lunes en Cálamo un libro que ha sido calificado como “una obra maestra” o “la novela total”, editado por Candaya, y que él reconoce que “es exigente y cómo todo libro voluminoso siembra la inquietud”

-¿Sería la memoria o el recuerdo lo que se impone como elemento fundamental?

-Nunca he sido un fetichista de la memoria. La memoria es una máquina que falla constantemente, la memoria es lo que viene a editar la cosa deshilachada del recuerdo. Y al mismo tiempo uno recuerda por estructuras de ficción. Y el recuerdo, como es imagen más lenguaje, tiene sus formas. Mi idea era relacionarme con esas formas del recuerdo a través de lo que podríamos llamar el episodio, que no termina de ser un relato, que es algo que anda por ahí, que puede ser incompleto, que se agota en el curso de su presencia.

¿Entonces, cómo evoluciona su novela?

En ese sistema, de muchas ramificaciones y de entradas y salidas, uno empieza como a enloquecer y termina sin saber quién. Y eso le sucede a mi narrador…

-El narrador es un señor que se llama Juan Guerra, que tiene una sala de cines, que es de Junín como usted, que tiene su edad. ¿En qué medida podría ser Juan José Becerra?

-En realidad escribí el libro muy confiado de que tuviese la ilusión de que estaba hablando de mí porque me parece que solo hay que tener confianza en lo inexistente y lo ilusorio, y eso es la autobiografía. Cuando uno quiere contar su vida, lo que ocurre es que va a terminar desplazándose hacia la ficción. Con esa tranquilidad me lancé a contar con profundidad cuestiones personales. El resultado es la composición, no la extracción de la verdad personal.

-En ese sentido ‘El espectáculo del tiempo’ es un elogio de la fragmentariedad, juega usted con los números, con la cronología y la falsea…

-Yo creo que la vida no tiene continuidad, las cosas no duran en la experiencia material de la vida pero tampoco duran en la imaginación. La ruptura me parece que es la clave sintáctica de la biografía de cualquier persona. Cosas que empiezan y no se terminan, cosas que uno está no viviendo y parece que no las estuviese viviendo.

-En libro hay muchas cosas: cartas, informes, cuentos, mucho cine, las salas Lumière... ¿Cuál es la importancia del cine en la novela?

-De joven fui cinéfilo pero ahora ya no voy al cine. El cine tal como lo conocíamos hace 20 o 30 años ya no existe. El cine, en sentido artístico, desapareció y lo matan las películas. Me parece también que la literatura tiende a desaparecer o a replegarse y es víctima de los libros. La producción industrial de cultura hace que el índice de arte, que nunca fue muy elevado en cualquier disciplina, esté en este momento a su mínimo nivel. Quise hacer eso: un homenaje al cine y ha escenas terminales: cines que empiezan a no tener espectadores, la voluntad del director de cine de cambiar su deseo de formar sentimentalmente a los espectadores en su ciudad por el de cobrar el seguro por incendios.

-Cuando hablamos de algunos referente suyos parece que están detrás Macedonio Fernández, un poco Proust, Juan José Saer, el ‘2666’ de Bolaño.

-Sí, sí, sí. Ojala fuese así porque cuando te dicen que hay varios escritores dando vueltas por él es como una fiesta de cumpleaños a la cual uno invitó a grandes personajes… Obviamente es un libro proustiano pero de Proust me hace desconfiar un narrador que no sufre ninguna modificación sentimental, mental o ideológica a lo largo de 3500 páginas. Mi narrador no siempre es el mismo.

¿Qué importancia le da en el libro al sexo?

El sexo es como el núcleo que sostiene la cultura de los personajes. La escena más importante de sexo que tiene el libro es la concepción. De ahí a pensar que es la que sostiene la familia apenas hay un trecho. Y yo creo que ese es un principio ideológico del libro. El sexo no es un deporte es una necesidad familiar. Lo digo en la tierra de Luis Buñuel, Aragón, Zaragoza, nada menos.

¿Y el estilo?

Yo hace muchos años que escribo. Pasé por muchas etapas. Ahora pienso que hay que cuidar el aspecto artístico pero con la voluntad de que sea legible.

Escribe artículos deportivos en ‘Olé’...

He aquí nuestro drama: hoy se puede decir que Argentina es un país que no quiere a Messi. Con eso está dicho todo. ¿Qué se puede esperar?

http://www.losinrocks.com/images/image.php?image=http://www.losinrocks.com/wp-content/uploads/2013/03/juan-jose-becerra.jpg&cropratio=false&%20alt=

03/12/2016 10:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN EDUARDO ZÚÑÌGA: UN DIÁLOGO

[Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1992) recibía la pasada semana el Premio de las Letras Españolas. Estuve con él, en su casa, hace algunos años. Recupero aquí esta entrevista que se publicó en 'Abc Cultural'.]

Está referenciada en su biografía en Wikipedia:

 https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Eduardo_Z%C3%BA%C3%B1iga

CITA CON JUAN EDUARDO ZÚÑIGA EN SU CASA

Juan Eduardo Zúñiga escribe sin prisa con los ojos puestos en el Parque del Retiro. De ahí su breve obra, en la que predomina el cuento. Como si fuese Chejov o Turgueniev, sus maestros, mira las cosas, surge la primera idea, la envuelve en sutileza, en dolor y psicología, y brotan las páginas: piezas breves, estilizadas, con temblor interior. Una anécdota que ahora se torna asombrosa marcó su vocación: cuando era niño y vivía en un chalet de las afueras de Madrid, alguien arrojó por la verja del jardín un folleto que anunciaba una nueva colección editorial y que contenía la novela completa de Ivan Turgueniev, Nido de nobles, que le produjo una honda emoción a pesar de contar "una relación entre hombre y mujer, de fracaso vital, de presentimiento de ruina". Si a eso le sumamos que en su cuarto tenía dos estampas rusas --representaban un episodio de la lucha de los zares contra los cosacos y la discusión entre Pedro I el Grande y su hijo Alejo-- es fácil de comprender su pasión por la literatura rusa, a la que le ha dedicado dos libros, Los imposibles afectos de Ivan Turgueniev (1977) y El anillo de Pushkin (1989). Aprendió el idioma en una gramática para franceses que encontró en la Biblioteca Nacional; luego también tradujo a narradores y poetas búlgaros y la prosa del portugués Antero de Quental. El otro detonante que le hizo escritor fue la Guerra Civil. En medio de aquel horrible acontecimiento de desconcierto y dolor, comenzó a redactar sus primeros cuentos con vocación de estilo, con el afán de culminar algo bellamente escrito. Si hubiese hurgado más en los secretos de su familia habría descubierto que en la farmacia de su padre trabajó un joven mancebo de botica llamado Ramón José Sender.

         --Usted empezó su carrera como novelista con El coral y las aguas (1962), que transcurría en la Grecia clásica pero que abordaba asuntos actuales.

         --Lo que hacía yo eran esas trasposiciones a ese mundo tan lejano como el mundo griego, y aprovechaba para contar circunstancias personales de los vencidos y de los vencedores. Creo que había en ella una gran riqueza de experiencia de la actualidad. Utilicé un sistema de símbolos y no fue percibida en su totalidad la carga de crónica social que había. La novela pasó sin pena ni gloria.

         --Su siguiente libro de ficción tardó en llegar fue Largo noviembre de Madrid (1980): cuentos sobre la Guerra Civil que se alejaban de la narración de trinchera al uso.

         --Yo me encontré con un pequeño tesoro de recuerdos de aquella época, pero a mí lo que me interesaba era la reacción a la lucha en la psicología de la población civil, o de la gente sin voz, en una ciudad sitiada, amenazada por el bombardeo, la falta de alimentos y todas las incomodidades de la vida cotidiana. Y comprobar qué perduraba del ser humano y de las pasiones eternas en unas circunstancias tan adversas.

         -La tierra será un paraíso (1989) se centraba en la lucha clandestina de posguerra y tenía algo de texto complementario. ¿La concibió así?

         --Creo que sí, era la continuidad histórica de los vencidos. La dolorida peripecia de los que no se resignaron a quedar vencidos. Ellos ponían en práctica un tipo de lucha y de oposición a lo que les rodeaba y yo quise recogerlo en los distintos cuentos. Recogí, por decirlo así, el pensamiento clandestino, la conciencia clandestina de oposición política, generalizada, al margen de cualquier partido.

         --Madrid seguía siendo su territorio de ficción. ¿Le ha interesado especialmente la imagen literaria de la capital, igual que ha ocurrido con autores como Mesonero, Pío Baroja, Ramón Gómez de la Serna?

         --Claro que sí, me siento muy unido y muy identificado con estos  cronistas que ha tenido Madrid. No obstante, echo a faltar el cantor de Madrid como lo ha habido en otras capitales, porque aquí lo que ha habido son cronistas, una escuela de madrileñistas, que son más bien más bien casi casi costumbristas. A Madrid le ha faltado un exaltado amoroso que la cante.

         --El grueso de su producción es el cuento, el relato, la narración breve. ¿A qué se debe?

         --Para mí el cuento está relacionado con algo de la fisiología, lo mismo que se decía de Proust acerca que su obra está relacionada con el asma que sufría, yo tengo así como una curva de creación, y hago cuentos que no pasan de equis número de folios de una manera automática. No es que me lo proponga, es que cuando termino el cuento aquello está en diez folios o menos. Probablemente mis neuronas no dan para más. Me veo encantado por esa brevedad como si estuviese esclavizado por la sensación de emotividad con que está cargada la poesía. No sé si tengo una inclinación lírica de poeta frustrado.

         --Esa concentración poética es más que evidente en Misterio de los días y las noches, y le emparenta claramente con Turgueniev y Chejov. ¿No sé si está de acuerdo?

         --Turgueniev es el gran conocedor del alma humana y de esos matices finísimos de los sentimientos, de la psicología y de la unidad del hombre con el paisaje. Eso es lo que más me ha atraído de él. Chejov posee una gran sensibilidad para la percepción del sufrimiento humano, que yo también he sentido. Es lógico que me sienta muy próximo a ambos. Con ese libro me propuse hacer como un experimento porque yo me había considerado siempre como un documentalista de la realidad y ahí asumí el reto de la fantasía, de lo imposible, de lo irreal. Y también quise tender hacia el poema en prosa. 

         --Con Flores de plomo persiste en el cuento. O en esa técnica de la fragmentación: la del cuento o secuencia que, por acumulación, acaba formando un conjunto unitario. ¿Cómo definiría este libro: una gavilla de cuentos o una novela coral en torno al suicidio de Larra?

         --Tanto Larra como el suicidio casi son dos elementos secundarios, en realidad lo que motiva el libro y lo orienta es una meditación acerca de la repercusión que tiene nuestro comportamiento en el alma ajena, en la sensibilidad que nos rodea. Estamos responsabilizados de nuestros actos no sólo con nuestra propia vida sino también con la de aquellos que conviven con nosotros o que, más o menos, nos contemplan. Y tomé esa figura pública que tuvo una importancia muy grande en el Madrid del siglo XIX porque vi que era máxima su responsabilidad. Al matarse era como si no fuera consciente que desencadenaba un dolor o cualquier reacción plenamente emotiva en las personas de su entorno. Es cierto que no son cuentos aislados, porque hay como una trama con un personaje fundamental que es un suicida, cuya sombra se percibe siempre.

         --En los años 50, ya publicó una selección de Artículos sociales de de Larra. ¿Por qué le atrae tanto su figura?

         --El libro apareció en los años 50 o 60 cuando no era muy conveniente recordar lo que Larra decía sobre la policía o la justicia social. No es que me atrajese el suicidio, no, lo que me atraía era su capacidad asombrosa de escribir sobre temas interesantes, apasionantes, humanos, con una gran belleza porque el estilo de Larra es de unas proporciones espléndidas.

         --En Flores de plomo Larra sólo aparece en el tercer cuento, en esa tarde con aguanieve de lunes de carnaval, cuando Dolores Armijo, acompañada de su amiga María Manuela, le va a pedir sus cartas de amor.

         --Ahí hay una clara referencia a la vida de la mujer en aquella época y esa travesía es como el calvario que ellas van a sufrir para ir a recoger las cartas de Dolores Armijo, que son el determinante del suicidio. A la vez expreso la idea que yo tengo de Dolores Armijo: era una muchacha de su época en el sentido de que no tenían preparación, puramente pasional, se quedó huérfana muy pronto, se casó muy joven con el hijo del Cambronero, el famoso abogado, y debía de ser un poco frívola, ligera, acaso no dramatizaba la relación con Larra como él exigiría.

         --La narración sucede prácticamente en un único día de aguanieve. ¿Y por qué ha incluido a Felipe Trigo en el capítulo final, no teme que ese relato extemporáneo rompa la estructura del volumen?

         --Quizá, pero era una forma de sugerir que unas circunstancias análogas podían motivar reacciones parecidas en dos momentos históricos diferentes. Había razones sentimentales equiparables. Trigo es el posible equivalente de un Larra actual, con algunas diferencias. Ambos fracasaron en política, y en su vida amorosa. Y en cierto modo en su propia obra: uno no pudo solucionar los problemas de España, a pesar de ser el periodista mejor pagado y más prestigioso, y otro nunca logró auténtica consideración literaria.

         --El libro también tiene una lectura política, casi contemporánea. Un personaje de clase baja dice que a Larra lo han matado los fanatismos de España.

         --Es un testigo y a la vez un conjurado de clase baja, frente a tantos personajes de clases acomodadas. Este es un hombre del pueblo, y su reacción inmediata es desconfiar y pensar que esta muerte puede ser puramente política. La historia está dada como trasfondo. Hago referencias a hechos históricos del momento como la muerte del general Quesada, el ahorcamiento de Riego, el fusilamiento de Torrijos.

         --Y también hay personajes reales como Zorrilla y Roca Togores, marcados por la muerte de Larra.

         --Zorrilla comenzó a hacerse famoso en el funeral de Larra con un poema que no pudo acabar de leer y sí lo hizo Roca Togores, diplomático,  autor efímero en nuestra literatura, que estaba disgustado por el éxito de Larra. Cuando sabe que ha muerto, se da cuenta de que el espectador de su triunfo ha desaparecido, por tanto es como si quedara inutilizada su posible victoria literaria al no tener este odiado rival. He querido poner estas figuras para sugerir el acompañamiento que realmente tuvo Larra en su época, aunque he tenido que contener la erudición.

         --¿No ha querido también meditar explicítamente sobre el poder de la literatura?

         --La importancia de la literatura me preocupa a mí como a todos los escritores: hasta qué punto lo que se hace es válido, es permanente y puede aportar algo al lector: conocimiento, placer, satisfacción de aventura puramente o bien alguna educación íntima. Eso lo que me propongo con cada uno de los libros. No me atrevo a decir que la literatura puede ser educadora, pero sí es como un amigo íntimo que nos puede servir para momentos de confidencia y de apoyo moral. Trato de escribir con el rigor que exige la literatura, que es un producto de nuestra propia conciencia.

         --Usted se ha definido como una persona más bien solitaria, ajena a capillas. Por su condición de testigo imparcial, ¿ha reflexionado sobre el actual momento de la narrativa española?

         --Estoy convencido de que ahora España tiene un movimiento literario portentoso, yo lo comparo con lo que era la literatura que se hacía aquí en los 40, 50 y 60, y es que no tiene punto de comparación. Me siento muy contento de ser contemporáneo de escritores como Antonio Muñoz Molina, Javier Marías o Belén Gopegui, que ha escrito tres novelas que indican una personalidad de escritor. El otro día pensaba yo en Juan Marsé, que es un hombre discreto, que está metido en un barrio barcelonés, que se ha salvado de cierta decadencia que había en su torno. Yo estoy contento de que Marsé haya hecho su obra con esa seriedad y esa dignidad. Vuelvo la vista atrás y pienso en Delibes, al que también admiro. Sin embargo aún no ha surgido la obra grande y genial que caracterice nuestra época. Estoy convencido de que tiene que surgir de estos talentos jóvenes.

         --Siempre había pensado que con quien más se identificaba era con Baroja...

         --Es para mí el gran escritor del siglo XX español: fue un hombre sedentario, inmóvil en su ciudad, pero con una gran fantasía y una gran capacidad de introspección y cultura. Ha dejado una obra espléndida sin necesidad de haber llevado una vida de aventurero ni de grandes peripecias como se ha alegado que es fundamental para el escritor. Es el antagonista de Blasco Ibáñez o Hemingway. Y ahí están proyectos como Memorias de un hombre de acción, sus Trilogías. Para mí es una figura excelsa, siento un gran respeto por él y creo que su estilo es irrepetible. Trabajaba mucho más de lo que aparenta. 

*La foto la tomo de aquí: 

http://www.manoloyague.com/wp-content/uploads/2014/05/20-Juan-Eduardo-Z%C3%BA%C3%B1iga_mini.jpg

30/11/2016 09:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCOS ANA: UNA ENTREVISTA

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[LITERATURA / MARCOS ANA. Escritor y político nacido en Salamanca en 1920, que pasó 23 años en la cárcel y recogió su vida en ‘Decidme cómo es un árbol’, que Almodóvar llevará al cine. Lo entrevisté hace algunos años en el Parque José Antonio Labordeta. Acaba de fallecer.]

 

“No alimento ni el odio ni la venganza”

“Sigo siendo comunista y marxista”

 

 

 “Yo no tuve nunca una relación muy especial ni muy directa con Miguel Hernández –declara el poeta y político Marcos Ana (Salamanca, 1920), que permaneció 23 años en la cárcel, como narró en ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel)-. La primera vez que lo vi fue en el año 1937, vivía yo en el Alcalá de Henares, era responsable de la Juventud Socialista Unificada de la región y él era de la unidad del ‘Campesino’, era su agregado cultural, y paraba muchas veces allí. Luego lo fuimos  a buscar para que hiciera un recital y lo conocí. Me impresionó mucho, primero por su poesía, ha sido uno de los grandes, y luego le vi, ya de paso, en la cárcel de Conde de Toreno, donde Miguel estaba condenado a muerte. Me lo presentaron, le di un abrazo y le recordé que nos habíamos visto años atrás, cuando yo era un chaval en Alcalá de Henares. Fue un hombre que murió de franquismo cuando se abría a la juventud”. 

Usted fue el promotor de un homenaje especial a Miguel Hernández en la cárcel.

Sí, sí, en 1960 en la cárcel de Burgos pensamos en hacerle un homenaje a Miguel Hernández con motivo de su 50 aniversario. Era un montaje insólito, clandestino. Construimos un escenario con sábanas y con mantas, muy bien organizado, y unos compañeros, cuatro o cinco relatores, iban narrando su homenaje a Miguel: su vida y sus versos. No crea que era una cosa fugaz: tenía tres actos que tomaban el título de sus libros principales. El primero, ‘El rayo que no cesa’, era sobre el amor; el segundo, ‘Vientos del pueblo’, sobre la política, y el tercero, ‘Cancionero y romancero de ausencias’, sobre la cárcel y la muerte. La obra se llamaba ‘Homenaje a voz ahogada para Miguel Hernández. Sino sangriento’. Ahogada por dos razones: no podíamos levantar mucho la voz para no ser sorprendidos por los centinelas, que estaban algo alejados, y ahogada porque estábamos emocionados. Yo creo que nunca se hará un homenaje con tanta pasión y tanto riesgo.

¿Cuándo se hizo?

Era octubre. No recuerdo si era noche lunada o no, pero sí que los presos estaban sentados en el suelo con una pasión casi religiosa. Teníamos un pequeño coro, habíamos hecho unos instrumentos, a modo de flautas, con  los rabos de las escobas, y detrás del escenario estaba la banda. Cuando en el segundo acto llegaban las Brigadas Internacionales y los franceses sonaba ‘La marsellesa’; cuando aparecían los muralistas mexicanos, sonaba ‘la Cucaracha’; cuando venían los rusos sonaba ‘la Internacional’. En medio del silencio de la cárcel lo único que se oía era la alerta de nuestros centinelas. Yo era el director y redacté el guión. Ahora la función se ha vuelto a montar y da vueltas por España.

Cuando usted entró en la cárcel tenía 18 años. No sabía lo que era la vida, ni el amor…

Era hijo de campesinos muy pobres, analfabetos, y yo sabía leer y las cuatro reglas y poco más. La cárcel sería mi universidad. A los doce años mi familia me puso a trabajar en una tienda de cordelería e iba por los sitios con un carrito vendiendo cosas: hoces por los segadores, cuerdas. Me sorprendió la guerra y me marché al frente desde el primer momento como mascota al batallón Libertad.

Ha dicho usted que un día un día oyó a alguien que daba un mitin y pensó: “Este hombre habla para mí”.

En mi juventud yo era muy católico, mi padre también lo era. Un día fui a un acto a repartir la revista católica ‘Hosanna’, y mientras repartía me quedé a escuchar a un joven socialista que estaba hablando: era Federico Melchor. Me di cuenta de que estaba hablando de mí, de mi familia, de las condiciones de pobreza que rodeaban nuestra. Y me quedé enganchado, e iba a los mítines de los partidos socialistas hasta que ya di el paso al comunismo. Fue un paso difícil porque durante el día cumplía con las obligaciones de militante, y por la noche rezaba a solas.

¿Sigue siendo comunista?

Sí, no un comunista de cuartel o de secta, sino un comunista abierto, que quiere vivir su tiempo y escuchar a los demás, porque desgraciadamente a veces veo compañeros honorables que siguen utilizando hasta el mismo lenguaje que teníamos hace años. No te puedes dirigir a los jóvenes como lo hacías antaño, con una especie de catecismo político. Hay que oír a la juventud y hablarle. Ahí nace todo. Si no somos capaces de entender y de escuchar a la juventud no seremos capaces de cifrar los signos del futuro. Sigo siendo comunista y marxista.

Cuenta usted que le estaban torturando y alguien le tiró el retrato de Lenin…

Eso fue así. Yo estaba en los calabozos la dirección General de Seguridad en Madrid, soportando una paliza terrible y alguien arrojó un papel con el rostro de Lenin. Me pareció una señal. Eso es que hay una mística revolucionaria también.

¿Quién le tiró el retrato?

No lo sé. No fue un sueño. Tras recibir las palizas y hacerme con aquel papel doblado con el rostro de Lenin, me sentí fortalecido y comprometido con aquel retrato. Como por la mañana nos sacaban a hacer nuestras necesidades, al pasar ante otro calabozo lo tiré por la ventanilla a otro compañero para que siguiera luchando. Yo sé que existe una mística revolucionaria, y la he vivido cuando he sido torturado –con máscaras antigás, con corrientes eléctricas, con palizas brutales-: de repente te haces fuerte, lo resistes casi todo hasta perder la conciencia. No querías volverte indigno o delator de tus compañeros.

¿Cómo pudo resistir tanto dolor?

Teníamos nuestros trucos. Pero, después, nunca he cultivado el odio ni la venganza. A mí no se me ocurrió buscar a quien me torturó para romperle la cabeza. Una vez me preguntó uno de mis agresores: “Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?”. Yo les dije: “Yo lucho por una sociedad donde, entre otras cosas, no le puedan hacer a usted lo que usted me está haciendo a mí”. En la cárcel también escribí poesía sobre el dolor y la esperanza de mis compañeros, para despertar la conciencia a los compañeros.

Publicó usted ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel) y ese libro cautivó a Almodóvar, especialmente la historia de la prostituta Isabel de Peñalva. ¿Cómo está el proyecto?

Va adelante. Tenemos un contrato firmado por tres años. A Pedro le gustó mucho la historia: salí de la cárcel después de 23 años de reclusión y dos condenas a muerto. Un amigo me dio mil pesetas para que conociera el amor y me lo gastase con una prostituta. Fui, ella se quedó fascinada con mi historia, salimos a cenar y me estrené con ella. A la mañana siguiente me dejó las mil pesetas y me decía que le gustaría volverme a ver esa noche. Salí a la calle y le compré mil pesetas en flores. Esta escena va a ser el hilo rojo del libro: todo va a suceder en una noche. Pedro y yo somos amigos, nos vemos con frecuencia, y yo creo que se hará la película.

 

*Marcos Ana por Danilo di Marco.

29/11/2016 08:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEPE MELERO ESCRIBE DE 'VACIAR LOS ARMARIOS' DE RODOLFO NOTIVOL

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[José Luis Melero, Hijo Predilecto de Zaragoza, copresentó ayer en el Paraninfo con Fernando Sanmartín la nueva, y primera, novela de Rodolfo Notivol: ’Vaciar los armarios’, que publica Xordica. Recurrió a su ingenio, a su sentido del humor y al magisterio de Georges Perec, y dijo esto sobre una novela ambiciosa y familiar que abarca 80 años de vida y de amistad en Zaragoza.]

 

 

RECUERDOS

A PROPÓSITO DE ’VACIAR LOS ARMARIOS’ DE RODOLFO NOTIVOL

 

Texto de José Luis MELERO RIVAS. Escritor y bibliófilo.

 

Recuerdo que cuando conocí a Rodolfo un día en Albarracín pensé: “En esas patillas no se pone el sol”.

Recuerdo que aquel día, sólo con ver la mirada limpia y serena de Mari Burges me dije: “Esta mujer lo tiene que hacer feliz”.

Recuerdo que luego he pensado siempre qué sería de Rodolfo sin Mari. Bueno, en realidad  lo que he pensado es qué sería de todos nosotros sin Mari. Y de mí sin Yolanda.

Recuerdo que a la mañana siguiente compré en Albarracín almojábanas, esa especie de rosquillas propias de allí, de origen árabe, que -hace poco me enteré- fueron llevadas por los conquistadores al otro lado del Atlántico y que aparecen citadas en algunos libros de Gabriel García Márquez como Los funerales de la Mama Grande o El amor en los tiempos del cólera.

Recuerdo que una de esas tardes en Albarracín, todos los amigos organizaron y jugaron un partido de fútbol, menos Fernando Sanmartín y yo, que éramos de verdad los únicos intelectuales del grupo y que andaríamos hablando de Saint John Perse o de Dylan Thomas. Que bien está que Fernando y yo seamos del Zaragoza, pero eso no quiere decir que tenga que gustarnos el dichoso fútbol.

Recuerdo que en seguida Rodolfo me habló de sus parientes anarquistas y, en especial, de Antonio Ejarque.

Recuerdo que a Antonio Ejarque lo llamaban “Barrilete” porque el hombre tenía algo de sobrepeso. Y recuerdo que leí en un libro sobre la fuga del penal de Ocaña que “Barrilete” no cabía por el túnel que excavaron para fugarse de esa cárcel en 1948. Y que casi se queda sin poder escaparse por esa tripa de los demonios.

Recuerdo que me estuve acordando todo el rato de Ejarque cuando leí la primera parte de Vaciar los armarios, en la que se le recuerda a él y se recuerda el fusilamiento y el exilio de otros hermanos suyos.

Recuerdo que la madre de la narradora de la novela, hermana de esos anarquistas, protesta airadamente cuando la policía detiene a uno de sus hijos por comunista. “¡Y encima con los comunistas!”, exclama. “¡Si llegan a enterarse mis hermanos”!

Recuerdo a nuestro llorado Félix discutiendo con Chusé Raúl, con Rodolfo, con Mari y conmigo la cubierta de Autos de choque, y decidiendo al fin cómo debía ser ésta.

Recuerdo cómo me gustó aquel libro.

Recuerdo a un reseñista de un periódico criticar la larga lista de agradecimientos que Rodolfo incorporó a Autos de choque.

Recuerdo a Rodolfo decir, más cabreado que un mono, que él agradecía a quien le salía de los cojones.

Recuerdo que a José Luis Violeta, el jugador aragonés más legendario de la historia, también le gusta mucho ese libro.

Recuerdo que hice muy feliz a Rodolfo el día que le presenté a José Luis Violeta.

Recuerdo que Rodolfo y Santiago Gascón fueron alumnos de Félix.

         Recuerdo un viaje que Rodolfo y yo hicimos a Santander con Félix y Cristina, con Mari y con Yolanda. Y recuerdo una comida maravillosa en un mirador frente al mar.

Recuerdo que su coche iba delante del mío y que le di una pegatina con la “A” de Aragón para que la pusiera junto a la matrícula y así verla yo durante todo el camino.

Recuerdo que ese domingo nos fuimos al rastro de Santander por la mañana. Y no recuerdo que comprara nada, así que nada compraría. Si hubiera comprado algo, vaya si me acordaría.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo sea amigo de Pablo y de Roger.

Recuerdo que a Rodolfo siempre le gusta presumir de los años que lleva de socio del Zaragoza y del fútbol que ha visto; y recuerdo que siempre le gusta decirme que soy el segundo mejor zaragocista de la historia, porque está convencido de que él es el primero.

Recuerdo que siempre le digo que no sabe lo que dice: que el primero soy yo con mucha diferencia.

Recuerdo que durante algunos años estuvimos yendo Rodolfo y yo juntos a La Romareda con otros grandes amigos: Labordeta (que pagaba su abono, pero no venía casi nunca), Miguel Mena, Antonio Pérez Lasheras, Félix, Ismael Grasa y Fernando Sanmartín. Y Pisón cuando estaba en Zaragoza. Y recuerdo que nos llamábamos la Peña Milito.

Recuerdo que la noche que le metimos 6-1 al Madrid estábamos todos juntos en La Romareda. Y recuerdo los abrazos que nos dimos Rodolfo y yo con Félix y la alegría desbordada de éste y de los demás.

Recuerdo que el estar juntos en el campo se terminó cuando me hicieron Consejero. Y recuerdo que yo todas las tardes sin excepción miraba desde el palco aquella localidad y me decía: “Allí están mis amigos”. Y trataba de reconocerlos entre la multitud.

Recuerdo que una noche en La Romareda, en un partido de Copa de la UEFA, me marché del campo avergonzado de lo que veía y dejé a mi hijo, que era entonces bien pequeño, con Rodolfo; y recuerdo que luego tuve que volver a buscarlo avergonzado de mí mismo.

Recuerdo que siempre me ha gustado su manera apasionada de querer a Zaragoza; y recuerdo que me gusta ver cómo despotrica sin piedad de quienes no la quieren como nosotros.

Recuerdo que si Rodolfo pudiera instauraría el cantón de Montemolín, lo que no está mal pues el cantonalismo responde a una vieja tradición republicana y federal y fue uno de los precedentes del anarquismo en España.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo me llame a veces Pepico.

Recuerdo que cuando leí el manuscrito de Vaciar los armarios esperaba que me gustara, pero nunca imaginé que me iba a gustar tanto.

Recuerdo que mientras la leía me decía todo el rato: A Pisón le va a encantar.

Recuerdo que después hablé con Ignacio y me dijo: “Me ha encantado”.

Recuerdo que cuando la leía pensaba que frente a los que sólo escriben novelas para narrar cosas, Rodolfo ha escrito una novela para contar sus cosas y entender su vida.

Recuerdo que me llamó desde el principio la atención la estructura de la novela, en la que la narradora, Marina, cuenta la historia de su familia a una de sus sobrinas, la hija de su hermana pequeña Gloria. Y que en seguida me vino a la cabeza Natalia Ginzburg.

Recuerdo la lectura de algunos pasajes con tanta emoción que a veces me entraban ganas de llorar. Por ejemplo en la narración de la triste vida que tenía que llevar la abuela chica en un cuchitril de San Pablo o en la de los últimos días de Celia.

Recuerdo que pocas veces uno puede encontrarse tantos personajes y tan bien caracterizados en una novela. Y recuerdo que la leí con lápiz y papel, para no perderme nada.

Recuerdo que tuve que apuntarme los personajes como hice con los de Cien años de soledad; y recuerdo que me dije: no es mala cosa que ambas novelas anden juntas y que haya que leerlas del mismo modo.

Recuerdo que me decía todo el rato: qué pocas novelas de sagas familiares alcanzarán seis generaciones: la bisabuela María (en la novela “la abuela grande”, la madre del abuelo materno), la abuela materna (en la novela “la abuela chica”, la nuera de la abuela grande), la madre y el padre, los nueve hijos, los hijos de éstos y los biznietos de la madre y el padre. Seis generaciones.

Recuerdo que pensé: “Menos mal que Eva Cosculluela sabe lo que son los choznos”. Y recuerdo que pensé que esta es una novela perfecta para usar esa hermosa palabra: chozno, el cuarto nieto o el hijo del tataranieto. Dani es chozno de la abuela grande.

Recuerdo que cuando leí que la voz de Paquita, una de las protagonistas, sonaba como “un sonajero de arena”, me dije: “¿Estoy leyendo a Rodolfo o la sombra de Antón Castro es de verdad tan alargada?”

Recuerdo con emoción cómo quería arreglarse Celia cuando iba a visitarla el novio de su hermana.

Recuerdo que el padre canta en la novela la novena sinfonía de la jota: la fiera antigua, la jota cumbre de José Oto: “Nadie le tema a la fiera, que la fiera ya murió, que al revolver una esquina, un valiente la mató”.

Recuerdo que pensé: si tengo huevos la cantaré en la presentación.

Recuerdo que no tengo huevos.

Recuerdo que la novela me hizo recordar a tantas personas con pequeños retrasos que en aquellos años fueron ingresadas en manicomios y que hoy vivirían felizmente con sus familias. Y recuerdo las visitas que hacía Rodolfo a uno de esos siquiátricos para visitar a un familiar próximo.

Recuerdo que la novela me hizo recordar cómo eran los viajes de novios de los pobres: en este caso, cuatro días en el barrio de La Cartuja.

Recuerdo que hay un homenaje a Cuchi (cuchicuchicuchi, se lee en la página 13), otro a Artal (ese doctor Burriel…) y otro a Pisón (el piso de la calle Rufas, 12), y que me dije “Coño y a mí qué, que encima le tengo que presentar el libro”.

Recuerdo que me gustó que escribiera que Álvaro cogió a su hijo a corderetas.

Recuerdo que el gran Javier Aguirre, el ídolo de tantos, me preguntó qué tal estaba la novela; y que cuando le dije que era buenísima me contestó con cariño aragonés: “Parece mentira que la haya escrito ese “matután” de Rodolfo”.

Recuerdo que estuvimos hablando de si “matután” se utilizaba más allá del Alto Aragón; y recuerdo que lo miré en el diccionario de la RAE y no viene; y que tuve que mirarlo en el “Diccionario aragonés” de Rafael Andolz: “Matután”: grandón y sin sustancia. Y otra acepción: terco, tozudo, duro de juicio.

Recuerdo que me dije: lo contaré en la presentación para que a la salida Rodolfo le ajuste las cuentas a ese “matután” de Javier Aguirre. Con cariño aragonés, eso sí.

Recuerdo que pensé que “matután” debe de ser aragonesismo relativamente reciente, pues no aparece ni en el Diccionario de Mariano Peralta de 1836, ni en el de Jerónimo Borao de 1859, ni en su reedición de 1908.

Recuerdo que el suicidio de Álvaro me recordó al de Víctor Mira.

Recuerdo que sentí compasión por los últimos años juntos de Juan y Marina, porque no merecían ese final.

Recuerdo que cuando Miguel acortó su viaje de novios por Andalucía, recordé el caso de un amigo que recortó el suyo para llegar a La Romareda a ver un partido del Zaragoza. Su mujer lo dejó al poco tiempo.

Recuerdo que me gustó que recordara las taquillas de la plaza del Carbón.

Recuerdo que a Yolanda también, como a Charlie, le daban en el Gancho pan con vino y azúcar.

Recuerdo que la escena de los hermanos comiendo en silencio arroz con leche, sin levantar apenas la cabeza, después de haberse repartido lo poco que dejó su madre al morir, me pareció maravillosamente cinematográfica y me hizo pensar en Buñuel y en la cena de Viridiana.

Recuerdo que me gustó que la novela empezara con dos citas de los Labordeta: una de José Antonio y otra de Miguel; y que me dije: Rodolfo es un hombre de bien y no juega a la impostura de poner una cita de Eliot o de Ezra Pound, que tan fáciles serían de encontrar. Pone de sus amigos y de los de casa. A algunos les parecerá provinciano y a mí me parece enternecedor.

Recuerdo que pensé: si tenemos suerte y salen por ahí un par de buenas críticas y la movemos lo suficiente, esta novela debería ser un bombazo, porque es literatura en estado puro, literatura de la mejor.

Recuerdo que luego pensé que la editaba y la tenía que mover Chusé Raúl.

Recuerdo que después de hacer el chiste, me dije: Sanmartín, Notivol y yo tenemos la suerte de que nos edite el mejor editor.

Recuerdo que Rodolfo y Mari siempre han estado a mi lado. Hasta cuando he ido a Madrid a presentar mis libros. Y recuerdo que me dije: mi amigo merece que me esmere en hacerle una presentación cojonuda. Entre otras cosas, porque si no igual tengo que esperar trece años más, que son los años que hace que salió su libro anterior, y ya me cogerá un poco mayor.

Recuerdo que pensé que recurrir al Je me souviens de Georges Perec me dotaría de un marco cómodo para contar cosas de forma poco solemne.

Recuerdo que deseé acertar en la forma y en el fondo.

Recuerdo que pensé que como los chicos de barrio suelen ser los mejores y los más leales, seguro que Rodolfo me seguiría queriendo un poco, la presentara como la presentase.

Recuerdo que pensé: pero qué me importa a mí que me quiera o no Rodolfo, si yo en el fondo a la que quiero es a Mari.

Recuerdo que debo terminar ya porque Rodolfo tiene que firmar los muchos libros que todos ustedes van a comprarle.

Recuerdo que debo darles las gracias por escucharme.

 

*La foto de Rodolfo Notivol es de Lara Albuixech.

26/11/2016 12:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA RECUERDA EN CAIXAFORUM A JULIO CORTÁZAR

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HOY, MARTES 22, UN DIÁLOGO SOBRE JULIO CORTÁZAR
[CaixaFórum. Martes 22 DE NOVIEMBRE, 19.00H. Julio Cortázar. 'Siguiendo los pasos de la Maga'. CARLES ÁLVAREZ GARRIGA, editor y compilador del libro 'Cortázar. De la A a la Z', con Aurora Bernárdez. Dialogará con ANTÓN CASTRO, escritor y periodista, coordinador de 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

¿Qué motivó el particular universo literario de Julio Cortázar? ¿Qué relación tuvo con las ciudades de Buenos Aires y París? Existió realmente la Maga? Entrar en el mundo de Julio Cortázar, hecho de ensoñaciones, personajes que buscan y encuentran, ideas brillantes y juegos infantiles, es entrar en el fundamento mismo de su obra.

22/11/2016 12:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CONGRESO DE 'PENSAMIENTO CRÍTICO Y FICCIONES...'

Carmen Peña Ardid explica el Congreso Internacional "Pensamiento Crítico y ficciones en torno a la Transición española (1975-2016)", que tendrá lugar los días 23,24 y 25 en la
Universidad de Zaragoza.

 

Dice: En él participarán más de 70 especialistas en la historia y la cultura (novela, teatro, cine, televisión) de la España democrática, procedentes de numerosas Universidades de España, Francia, EE.UU., Reino Unido o Nueva Zelanda. Entre las figuras destacadas  se encuentran el historiador Santos Juliá, la historiadora Paloma Aguilar, las escritoras Marta Sanz y Ana Rodríguez Fischer, la cineasta Josefina 

Molina o el dramaturgo aragonés Alfonso Plou, aparte de otros
distinguidos miembros del mundo académico
  El Congreso, inaugurado por el Sr. Rector el día 23, se celebrará en el
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y colabora con la Fundación
Manuel Giménez Abad en la realización de una mesa redonda (viernes, 25
de noviembre, !8:15) titulada "La Transición. Visones 40 años después"
en la que intervienen El Ex-Senador Constituyente, Lorenzo Martín
Retortillo, La filósofa Amelia Valcárcel, la escritora Marta Sanz y José
Tudela Aranda (Letrado en Cortes de Aragón y Secretario de la Fundación
Manuel Giménez Abad).
  También estará Antígona con una selección de libros.
  El Congreso está organizado por el Proyecto de investigación
"TRANSLITEME (Transición: literatura.Teatro.Medios)", del Departamento
de Filología Española de la Universidad de Zaragoza

 

 

 

PROGRAMA

Miércoles, 23 de noviembre

8:30 Entrega de documentación.

9:00-9:40h Acto inaugural.

 

9:40-11h Sesión 1: LA TRANSICIÓN Y LA MEMORIA DE LA GUERRA Y EL EXILIO

Paloma Aguilar (Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid) Memoria y transición en España a nivel local. Exhumaciones de fusilados republicanos y homenajes en su honor. Sarah Leggott (Universidad Victoria de Wellington. Nueva Zelanda)

Los ex-exiliados en la transición española: Representaciones literarias

contemporáneas.

11:30-12:40h Conferencia plenaria.

Santos Juliá (UNED. Madrid) Transición: lo que fue, lo que queda.

 

12:40-14:00h Sesión 2. INTELECTUALES ANTE LA CULTURA DEMOCRÁTICA

José Luis Calvo Carilla (Universidad de Zaragoza)

La era de las reacomodaciones: el caso de Torrente Ballester.

Carlos Femenías Ferrà (Universidad Pompeu Fabra. Barcelona) Gramática

intelectual en la Transición. Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio.

Elena Lázaro Ruiz (Universidad de Barcelona) El reflejo de la Transición en la

obra de Ana María Moix.

 

16:00-16:40h Sesión 3. MEMORIA CULTURAL DE LA TRANSICIÓN. PRESENTACIÓN DEL PROYECTO TRANSLITEME

Ana Esteban (Universidad de Zaragoza) Colaboración interdisciplinar en la

elaboración de una base de datos destinada a una difusión en abierto.

Carmen Agustín y Begoña Gimeno (Universidad de Zaragoza)

Nombrar la Transición. Fuentes de información para un estudio documental de la

terminología sobre la Transición española.

 

16:40-18h- Sesión 4. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN LA NARRATIVA DE LA DEMOCRACIA.

Juan Carlos Ara (Universidad de Zaragoza) Un periodo extraño y extrañado. La

Transición como tormenta y trauma (1984-1992).

Mª Ángeles Naval (Universidad de Zaragoza) Memoria de la Transición en la

novela (2000-2010).

Gonzalo Pasamar (Universidad de Zaragoza)

La Transición española en la novela negra (1977-2015)

 

18:20-19:15h Sesión 5. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN EL TEATRO Y EL CINE DE LA DEMOCRACIA

Teresa García-Abad (C.S.I.C. Madrid)

Representaciones de “la Cosa” o el monstruo reprimido: Transición y teatro.

Carmen Peña Ardid (Universidad de Zaragoza) Una historia de mala conciencia.

La imagen de la Transición en el cine español de la democracia.

19:20-20:30h Conferencia plenaria.

Carlos F. Heredero (Historiador y crítico de cine).

Espejos que se miran: el cine de la Transición frente a la España de la

Transición /1975-1982).

20:30h Recepción de bienvenida. Cafetería Paraninfo.

Jueves, 24 de noviembre

 

SESIONES PARALELAS

9:00-10:45h Sesión 6A. TESTIGOS DEL CAMBIO POLITICO SOCIAL: LITERATURA Y PERIODISMO

Jean-Pierre Castellani (Universidad François Rabelais de Tours).

Francisco Umbral protagonista y narrador de la Transición.

Bénédicte de Buron-Brun (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour )

Rojos, ultras y pasotas: la juventud en los años de la Transición según Francisco

Umbral.

Ana Rodriguez Fischer (Universidad Barcelona) Aquellos chicos de Argüelles:

poesía y crítica en la obra narrativa de José María Guelbenzu.

Claire Lafaille (Univ. Pau et des Pays de l´Adour) Los vencidos de la Transición

en Luz de la memoria de Lourdes Ortiz.

 

Sesión 6B. TESTIGOS DEL CAMBIO POLÍTICO SOCIAL: CINE Y LITERATURA

Silvie Ricouard (Universidad Grenoble-Alpes) Autopsia del cambio o el coste de

la libertad. La Transición en la trilogía de José Luis Garci: Asignatura pendiente

(1977), Solos en la madrugada (1978), las verdes praderas (1979).

Santiago Morales-Rivera (Universidad California-Irvine) ¿Quién teme a

Cristina Fernández Cubas? Humor, horror y memoria durante la Transición.

Ernesto Viamonte (Universidad de Zaragoza) “La cuestión vasca” en la novela de

la Transición española.

Ana Gandara Sorarrain (Universidad UPV) La Transición y sus relatos en la

literatura vasca. Silencios, polifonía y transtextualidad como instrumentos redentores.

11:15-13:00h

 

Sesión 7A. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL TEATRO

Fanny Blin (Universidad Bordeaux Montaigne. Francia) ¿Transición o traición?

Cuando Luis Riaza denuncia a una generación en Antígona… ¡cerda!.

Diego Santos Sánchez (Universidad de Alcalá. Madrid) ¿Libertad en escena?

La censura teatral en la transición.

Anne Laure Feuillastre (Universidad Paris Ouest) Transición, monarquía y

sucesión el teatro colectivo durante la agonía del franquismo.

Claire Dutoya (Univ. Sorbonne Nouvelle - París III ) Recordar para conjurar la

repetición trágica: Mañana, aquí, a la misma hora (1979) de Ignacio Amestoy.

 

Sesión 7B. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL CINE

José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca)

El cine biográfico durante la Transición.

Carmen Gustrán (Universidad de Zaragoza) En la España de las maravillas.

Representaciones cinematográficas disidentes sobre la Transición (1975-1982).

María Camí-Vela (Universidad of North Carolina at Wilmington, EE.UU.)

Cine y Transición en España: La incómoda mirada de Helena Lumbreras.

Rafael Robles, Rafatal (director de cine) El quinqui cinematográfico: alegre

bandolero y pícaro burlón. El buscón de la Transición española.

 

13:00-14:00h Sesión 8. (RE)VISIONES CRÍTICAS DE LA TRANSICIÓN EN LA LITERATURA

Carmen Valcárcel (Universidad Autónoma de Madrid) El lienzo de Penélope:

identidad/es femenina/s en T(t)ransición

Dolores Thion Soriano (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) Desmemoria,

posturas e imposturas en la Transición en las primeras obras de Rafael Chirbes.

16:00-17:20h

 

Sesión 9A. RECONSTRUCCIONES DE LA HISTORIA

Manuel J. Ramos Ortega (Universidad de Cádiz)

La otra transición. La novela El impostor de Javier Cercas.

Lucas Merlos (Universidad de Grenoble. Francia) Entre documento y monumento:

la defensa de la Transición en Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Pilar Esterán Abad (Universidad de Zaragoza) Estrategias narrativas en la ficción

histórica. De Pérez Galdós a Javier Cercas

 

Sesión 9B. EL NUEVO ESPACIO DEMOCRÁTICO Y LAS ARTES

Igor Barrenetxea (Universidad País Vasco) Una metáfora de la transición a través

de ¡Arriba Hazaña! (1978) de José María Gutiérrez Santos.

María Villamarín (Universidad Santiago de Compostela) Impugnar la escritura de

la historia desde el archivo. Iniciativas artísticas hegemónicas y colectivos en el olvido

(Galicia, 1975-1985).

David García Ponce (Universidad de Barcelona) Fotografías con dedicatoria: la

(re)construcción memorialística del extrarradio como nuevo espacio democrático.

ç

17:45-19:35h Sesión 10A. LA DIALÉCTICA MEMORIA/OLVIDO. CRÍTICA DE LA TRANSICIÓN DESDE LA NOVELA

Irene Gonzalez y Reyero (Universidad de Sevilla) Transición: el espejo roto de

Los viejos amigos de Rafael Chirbes.

Víctor Manuel Muñoz (Universidad de Sevilla)

Rafael Reig o los p(r)ecios de la Transición.

Violeta Ros (Universidad de Valencia) “Siempre hace sol en el país de la

nostalgia”. Los afectos en el reciente corpus narrativo sobre la Transición española.

Denis Vigneron (Universidad d´Artois, Arras. Francia) Testimonio(s),

herencia(s), secreto(s): de la transición democrática a la transición narrativa.

 

Sesión 10B. MEMORIA/OLVIDO. REVISIÓN DEL PASADO EN EL CINE Y EL TEATRO ÚLTIMOS

Isabel Carabantes de Las Heras (Universidad de Zaragoza)

La CT evita el drama, pero el drama se vuelca con la CT. Ana Prieto Nadal (Escritora y miembro del Grupo de Investigación del SELITEN@T / UNED. Madrid) La Transición española en el teatro del siglo XXI: El

bordell (2008) de Lluïsa Cunillé, Transición (2012) de Alfonso Plou y Julio Salvatierra,

y El Rey (2015) de Alberto San Juan.

Javier Rodríguez Hidalgo (Universidad Angers. Francia)

La “red” invisible. La tortura en el cine de la Transición.

Christelle Collin (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) La transición a la democracia en el cine español reciente: La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez.

 

19:40h-21:00h Mesa redonda: LA TRANSICIÓN EN LA LINEA DEL TIEMPO. CREACIÓN Y COMPROMISO

Intervienen: Alfonso Plou (dramaturgo), Josefina Molina (directora de cine y de Televisión).

22:00h Cena del Congreso (opcional) Restaurante Teatro

Principal de Zaragoza

Viernes, día 25 de noviembre

 

SESIÓN PARALELA

8:45-9:40h

Sesión 11A. LA IMAGEN DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA EN EL EXTERIOR Y EN EL ARTE

Cristina Giménez (Univ. de Zaragoza) Reposicionamientos y prácticas

artísticas durante la Transición. La ruptura de un relato hegemónico.

Naftalí Paula Veloz (Univ. Carlos III. Madrid) La construcción de la

imagen de la transición española en América latina: Entre España y Juan Carlos I.

 

Sesión 11B. POESÍA: DISIDENCIAS EN LA TRANSICIÓN Y NORMALIZACIÓN DEMOCRÁTICA

María Beas Marín (Universidad de Granada) Sin saber cómo nos quedamos solos

en mitad de la historia: Una poesía otra en la Transición. Javier Egea.

Alejandro Simón Partal (Universidad du Littoral / IEMYR) Transición hacia el

tercer milenio: revisión e interpretación del periodo transicional en la poesía española

a partir de 1989

9:40:11:00h

 

Sesión 12. TELEVISIÓN Y PERSPECTIVAS INTERMEDIALES

Luis Miguel Fernández (Universidad de Santiago de Compostela)

1977-1982. Marco encuentra a su madre y los españoles sus males. Las transiciones

pendientes a través del relato televisivo y literario de los años ochenta.

David R. George, Jr. (Bates College. EE.UU.)

Dagoll Dagom en televisión: transición y transferencia intermedial.

Elena Cueto Asín (Bowdoin College, EE.UU.) En torno a Guernica como victoria

institucional y patrimonio: desde El Ministerio del Tiempo

11:30-12:40 Conferencia plenaria

Manuel Palacio Arranz (Universidad Carlos III. Madrid)

Transición y democracia. La televisión constructora de símbolos

culturales para el espacio público.

 

12:40-14:00h Sesión 13. TRANSICIONES PENDIENTES: LA ORIENTACIÓN DE GÉNERO

Ana Corbalán (Univ. Alabama. EE.UU.) Estereotipos femeninos en el cine sobre

la Transición: cuerpos silenciados y objetos deseados.

VÍctor Mora (Universidad Carlos III. Madrid) Política y sexo en transición: la

construcción de la normatividad sexual desde las nuevas narrativas cinematográficas.

Natalia Martínez Pérez (Univ. Carlos III. Madrid) Leyendo entre líneas: la ficción

televisiva de Miró, Molina y Salvador durante la Transición.

______________________

17:00h Visita al Palacio de la Aljafería

18:15-19:30h Sala Goya. Palacio de la Aljafería

Mesa redonda: La Transición. Visiones 40 años después.

Intervienen: Lorenzo Martín Retortillo, Amelia Valcárcel, José Tudela Aranda y Marta

Sanz. Modera: Carmen Peña Ardid

19:30h Clausura del Congreso

________________________

 

18/11/2016 13:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO. UN CUENTO

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[Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es un creador de lenguaje, de situaciones, un narrador con ingenio y ternura. Publica ’La vuelta al día’, en Páginas de Espuma, y divide el volumen en cinco partes. El conjunto se cierra con este texto precioso, evocador, dramático, feliz...]

 

La poda y la tala de los árboles frutales

 

Hipólito G. Navarro

 

 

«Los libros son muy importantes, hijo mío; un libro es la cosa más importante del mundo, por lo menos eso apréndelo bien.» Que recuerde ahora, mi padre no fue nunca hombre dado a máximas y consejos. Él fue más que nada un hombre dado al alcohol, regalado al alcohol, en sus variantes más primitivas del vino blanco barato y el coñac de garrafa. Verdadero artista de su oficio, alimentó una sola y hermosa borrachera durante años y años. Como esos poetas secretos que entretienen toda su existencia en pulir los versos de un poema privado y único, así mi padre trabajó de manera ininterrumpida los de su particular soneto, aquella su melopea dulcísima que atravesó como un suspiro con estrambote mis dieciséis primeros años, que fueron a la vez los últimos suyos. Baste decir, para que se entienda de una vez, que apenas llegué a conocerlo sobrio, con lo que se me perdonará también que me burle un poquitín si aseguro que él fue, muchísimo más que otros bardos, absoluto dueño del don de la ebriedad.

Mi infancia son recuerdos de un... bar. Mi padre tuvo un bar. O un bar tuvo a mi padre, no lo sé. Las estanterías de los bares son muy distintas de las de las bibliotecas. No tienen libros. Ostentan infinidad de botellas. Esas botellas no contienen literatura, contienen alcohol, rotulado con títulos y colores muy atractivos.

«Un libro es lo más importante del mundo, hijo mío», me repetía él desde su delirio cada vez que tenía oportunidad. Me llevaba a un aparte en esos momentos, a la semioscuridad de la bodega, echándome el brazo por el hombro como si fuese un amigo, y sacaba entonces del fondo más secreto de unos estantes entelarañados su más preciado tesoro: una pequeña caja fuerte portátil donde guardaba bajo llave un libro, su único libro, el libro. Aún recuerdo sus manos temblorosas sacando el volumen de aquella breve cárcel blindada, sus dedos retirando con muchísimo cuidado el forro de papel de estraza con que protegía una cubierta ya bastante ajada por aquel entonces, su prevención ante el peligro de mis ansiosas manos infantiles, que nunca pudieron sin embargo ni tan siquiera sopesar el volumen. Enseguida recorría él, emocionado junto a su pequeño vástago, aquellas páginas apretadas de ilustraciones técnicas del oficio de su juventud, aquellas láminas donde convivían sin miedo, en instantes congelados, los troncos y las ramas de los frutales con las hoces, las hachas y las tijeras de podar. Pasaba las hojas con parsimonia, deteniéndose en la sobriedad de los gráficos, sin la más mínima intención de leer, pero contemplando las letras con la misma delectación que los dibujos, como si las letras fuesen dibujos también. Acurrucado en su regazo, me dejaba caer entonces en una dulce soñolencia, mientras él pasaba las hojas y de forma incansable, con su aliento de vino, musitaba el sempiterno consejo: «un libro es lo más importante del mundo, hijo mío».

Luego, andando el tiempo, cuando uno ya ha aprendido que nada es más peligroso en el mundo que el hombre de un solo libro, he reflexionado muchas veces sobre aquella obsesión suya. No sabría explicar lo que pienso. Tampoco es completamente cierto, debo confesar, que fuese mi padre hombre de un solo libro, pues además de ese que celosamente guardaba bajo llave he sabido que tuvo otros dos, hasta que me los regaló cuando aprendí a leer: un Quijote muy trabajado, casi hecho menuzos, y un fragante ejemplar encuadernado en tela de Los viajes de Marco Polo, con bellísimas ilustraciones a todo color. Durante mucho tiempo ignoré que antes hubiesen sido suyos; cuando lo descubrí, lamentablemente, ya no existían sobre la Tierra, como tampoco él. Todos los quemó mi madre tras el sepelio, para evitar el contagio al parecer, junto al resto de pertenencias de aquel borracho que tanto me quiso y a quien tanto amé.

Por eso mismo, porque sé que me quiso y que yo lo amé, es por lo que todavía no termino de comprender del todo por qué me eligió a mí su cantinela. Siendo dos sus hijos, ¿por qué libró a mi hermano de esta pesadilla de los libros, por qué quiso castigar tan sólo a su primogénito animándolo de manera tan inconsciente a la borrachera eterna del veneno de lo impreso? Antes de ponerme a escribir estas líneas pensaba en tres o cuatro libros de mi adolescencia, los que yo creía que me habían marcado para siempre, así sean bastante inocentes en verdad: uno de vampiros, el Drácula de Bram Stoker; otro de aventuras carcelarias, Papillón, la famosa autobiografía de Henry Charrière, y aquel descacharrado divertimiento de Woody Allen, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Tenía hasta un título simpático para estas páginas, «Chupadores de sangre, de coca y de clarinete», pero ahora, y como me ocurre siempre, la línea de comienzo le dio la vuelta al argumento que quería expresar y caigo en la cuenta de que el libro más importante de mi vida ha sido precisamente aquel de mi padre que jamás leí, aquel que ni siquiera pude tener nunca entre las manos. Es curioso.

Siempre será para mí un misterio ya imposible de descifrar la obsesión de mi padre por aquel libro que no era ni Quijote ni Biblia, pero que en él operaba un efecto tan místico y arrebatador. ¿Un ejemplo de lo que digo? Conservo un recuerdo muy nítido de aquel entonces, cuando debía de tener yo doce o trece años: mi padre se había ensimismado más que otras veces, mientras me revolvía descuidadamente el pelo, en los capítulos dedicados a la vid; puedo ver aún los dibujos de las cepas retorcidas antes de que él cerrara el libro y lo guardase en su caja, antes de salir al bar, aquel negocio suyo venido muy a menos en los últimos años, cuando a él ya lo atacaba a veces el delirium tremens. Amuebló entonces la barra de vasitos, alineándolos como en una procesión, y los fue llenando hasta el borde con aquel vino blanco rasposo, pendenciero y sin marca que tanto le gustaba. No los conté, pero fueron más de cuarenta, y colmaron el mostrador entero; él aseguró más tarde que puso el número que contaba su edad. Los contempló un rato excesivamente largo en silencio, me miró con aquellos ojos suyos tan tristes, y luego se los fue bebiendo uno tras otro, apurándolos hasta el fondo. Los bebió de la misma manera que en la penumbra de la bodega se bebía junto a mí cada una de las páginas de su libro, en una relectura infinita, supongo ahora, del tiempo ido de su juventud.

Tengo un hermano. Siempre toma un whisky después de las comidas. No lee libros, y es feliz.

Yo tengo aquí detrás los estantes a rebosar de volúmenes. Cometo un texto como quien comete un crimen para llenar estas páginas. Soy abstemio. Y lloro, me cago en la literatura, como ya no me creía que fuese capaz de llorar.

 

[De La vuelta al día. Páginas de Espuma, 2016]

17/11/2016 13:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO: PASIÓN POR EL CUENTO

Hipólito G. Navarro regresa a

su género favorito:  el cuento

 

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es, según su editor, el zaragozano Juan Casamayor, “el más importante de nuestros cuentistas actuales”. Se le emparienta con los autores latinoamericanos (Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Juan Rulfo, “a los que he leído mucho”, dice), pero ante todo es un escritor sorprendente, con personajes cotidianos y a la vez extravagantes, un tanto impredecibles. En su niñez y adolescencia encuentra asideros de narrador: su padre tenía bares y era un fabuloso aficionado al boxeo: “Perico Fernández y Urtain figuraban entre sus dioses. Entonces, en los 60 y 70 el boxeo era importante en España, formaba parte de las conversaciones de los adultos, pero  a mí  no me gustaba quizá porque no lo entendía”, dice.

Su padre era alcohólico y esa condición fue fuente de desdichas en casa. Murió cuando su hijo mayor tenía 16 años. Hipólito G. Navarro le rinde un homenaje en el último cuento del volumen ‘La vuelta al día’ (Páginas de Espuma), que presentó en Los Portadores de Sueños. “Ese cuento, ‘La poda y la tala de los árboles frutales’, vale por todo un libro y quizá una vida. Hay muchas cosas dentro de él y hay una historia familiar que me marcó mucho: en casa solo había esa guía práctica con dibujos. He encontrado una foto donde mi padre está talando con otros compañeros y la incorporo”.

Cuando mira hacia atrás, Hipólito G. Navarro, halla otras fuentes del narrador que es: su abuelo, que había sido herrero en Nueva York, le surtía de historias de personajes, de puentes, de hechos inverosímiles. Y también está su condición de niño desubicado en el colegio: malo en el fútbol, algo enfermo, con dolencias inesperadas, que se mezclaba con las chicas y oía sus historias. Quizá la suma de todas estas incidencias haya hecho de Hipólito G. Navarro, que trabaja de corrector en el Boletín Oficial de Andalucía, un autor desconcertante y original. Como ha ido probando en diversos libros. Llevaba casi una década sin publicar relatos inéditos, tras ‘Los últimos percances’ (Seix Barral, 2005). “Con ese libro y con ‘El pez volador’ (Páginas de Espuma, 2008), que preparó Javier Sáez de Ibarra, me pasó algo increíble: recibí muchas críticas y cartas positivas de los lectores y de los colegas. Fue como una tormenta de cariño. No exagero. Y en todo este tiempo me entró miedo, más miedo que sentido de la responsabilidad: temía decepcionar a tanta gente que había sido tan maravillosa conmigo. A este hecho se sumó otro: en 2005 murió mi madre, que ha sido siempre la primera lectora de mis cuentos”.

Por fin, aquí está ‘La vuelta al día’, un volumen de 22 piezas, repartidas en cinco partes, que toma el título de un cuento donde le rinde homenaje a Julio Cortázar. “Esto también responsabiliza. No puedes hacer cualquier cosa pensando en Cortázar. A mí me marcó mucho sobre todo ‘Historias de cronopios y famas’, un libro que leí con mucha pasión a la vez que leía ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ de Woody Allen”. Ese cuento, ‘La vuelta al día’ es un viaje a la juventud de amor, paseos y cine, y es también la constancia de que ni en la pasión ni en el sexo el tiempo avanza en vano.

“En mi vida y en mi familia hay muchas historias que parecen fábulas, magia, que son dramas, pero yo escribo para no aburrirme. Escribo de lo que no sé. Si lo tengo todo previsto me aburro y lo dejo. Improviso como un músico de jazz y corrijo y corrijo luego porque un cuentista, que se mueve en poco espacio, no puede desperdiciar dos frases. Soy perfeccionista y busco que la frase tenga un sonido natural en el oído”, agrega.

Le interesan los pequeños y grandes temas. Los seres  modestos y quizá un tanto alucinados. Raros. “Locos, no. Me da mucho miedo la locura. Y también huyo del drama. Me inclino por el humor y por el leve disparate. De hecho, tres de mis escritores de cuentos favoritos son Álvaro Cunqueiro, Antonio Pereira y mi paisano Fernando Quiñones, que poseían mucho humor. No tengo una teoría del cuento: exploro, experimento, juego y me divierto”, resume. 

14/11/2016 08:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ROSA MONTERO Y 'LA CARNE'

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«El amor físico puede ser una cárcel» 

 

Rosa Montero presentó ayer ‘La cárcel’ (Alfaguara), una novela de amor, soledad y miedo a la vejez, en la librería Los portadores de sueños

 

Rosa Montero presenta esta tarde, en diálogo con Luis Alegre, su nueva novela: ‘La carne’, la historia de una mujer madura que pierde la cabeza por un prostituto. Soledad es comisaria de exposiciones, prepara un proyecto sobre escritores excéntricos para la Biblioteca Nacional, y decide contratar a un joven, Adam, para dar celos a un amante que la acaba de abandonar. A partir de ahí sobreviene lo inesperado. La escritora madrileña resume -en una charla en su casa madrileña, próxima al Retiro, con sus dos perras-, algunas claves del libro y de su escritura a través de diversas palabras significativas.

Vivir. «El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo».

Madurez. «Ya soy suficientemente mayor para contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre».

‘La carne’. «Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. ‘La carne’ es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho…»

El amor. «He llegado a la conclusión como persona, y además recientemente aunque parezca extraño, que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor. El amor mueve el mundo en general. Y en ‘La carne’ quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, sino llevarlo al extremo de preguntar “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”, que es lo que hace Soledad. Por otro lado, ‘La carne’ es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso la que ha tenido relaciones, más o menos satisfactoria, más o menos prolongadas, que no ha conseguido del todo ser feliz».

Juventud y deseo.  «Soledad, la protagonista de ‘La carne’, comisaria de exposiciones, se vuelve loca. Se enamora. Aunque había tenido otras relaciones, regresa con decepción de una historia de amor con un hombre más joven también, aunque casado, y dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puede ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula ‘La carne’ porque es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, y a la vez es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión; es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida. Di de inmediato con el título y me pareció que era el más exacto, que aludía a todo lo que yo quería aludir».

Literatura. «Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, la literatura, pero supongo que todo el arte es así…»

Adam, el prostituto. «Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló, un inmigrante que busca su sitio como puede».

«¿Por qué escribo?». «Busco el sentido de la existencia. La escritura para mí es un viaje del conocimiento, del descubrimiento. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepa».

 

FICHA

‘La carne’. Rosa Montero. Alfaguara. Madrid, 2016. 240 páginas. (La foto es de Heraldo).

 

08/11/2016 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CALVO CARILLA: PICASSO EN EL BURDEL

José Luis Calvo Carilla estudia los orígenes de las vanguardias

 

Publica en Calambur ’Picasso en el burdel’

 

Como si fuera un aforismo definitivo, José Luis Calvo Carilla (Huesca, 1952) dice: “Nada nace de la nada”. Eso explica su libro ‘Picasso en el burdel’, que es una colección de textos de los precedentes de las vanguardias, “o las vanguardias antes de las vanguardias”, que fue el tema de una conferencia y el punto de partida de un libro, más o menos misceláneo, que reconstruye desde los orígenes del cubismo, con el cuadro ‘Les demoiselles de Avinyó’, hasta la interpretación de los sueños que tanto interesó y perturbó a Santiago Ramón y Cajal, en diálogo diferido con Sigmund Freud. Pero hay muchas más cosas, como suele ocurrir en los libros de este catedrático experto en el piropo, en los ecos de Quevedo en el 27, en Braulio Foz y su ‘Pedro Saputo’ o, entre otros asuntos, en el Modernismo, al que le dedicó su tesis doctoral.

“El concepto de modernismo, que abarca a todas las artes y la vida cotidiana, se va gastando y en la revista ‘Paraninfo’, de los hermanos Alcrudo, en la que colaboró el pintor uruguayo Rafael Barradas, casado en Luco de Jiloca, ya se habla del ultramodernismo –dice-. He intentado estudiar el período anterior a la I Guerra Mundial donde se dan muchos fenómenos modernos, gérmenes de la vanguardia: la radio, ya se hablaba de la televisión, de las máquinas, Joaquín Costa había dibujado, años antes, un modelo de bicicleta en París y la remitiría a sus amigos oscenses para que hiciesen una”. La pasión por las máquinas tuvo en el poeta futurista italiano Filippo Marinetti a uno de sus apóstoles. Dijo que valía un coche de carreras que la Victoria de Samotracia. “Entonces, en circuito cerrado de una milla o un kilómetro, en Milán ya se había puesto un bólido a casi 200 kilómetros por hora, o eso se decía. Quiero decir con este preámbulo que las cosas no aparecen de un día para otro, que todo cambia de golpe en un día o en unas horas. Y que poco a poco, esa aceleración de las cosas, se traslada a las obras de arte: Pardo cuenta como se acaricia una pared y se enciende la luz, habla de un frigofírico, Guillermo de Torre le dedica un poema a una avioneta y cuenta como abraza el motor como si hiciera el amor”.

Un instante capital de la historia del arte y de la modernidad lo marca Picasso. El pintor a principios del siglo solía frecuentar un burdel en la calle Avinyó 44, al que se accedía por unas escaleras que tenía un ventanal parisino, de planos y estrías, que pudo dar lugar a un arte nuevo: el troceamiento y la descomposición del cuerpo humano, que también empezaría a verse pronto en los atlas médicos, que explicaría su famoso cuadro de 1907 y el cubismo mismo. “Es una suposición plausible. Ese cuadro fue importantísimo porque anticipaba aspectos del expresionismo, que no tardaría en llegar, y contenía una propuesta sobre violencia que los franceses, durante la I Guerra Mundial, casi la verían como una agresión. Algunos escribieron que les recordaba a cuando una granada estallaba dentro de la trinchera”.

José Luis Calvo Carilla habla de un personaje aragonés “fuera de serie”: Mariano Miguel de Val. “Es todo un personaje. Fue periodista en HERALDO y dedicó una gran atención, a veces excesiva, a lo aragonés e incurrió en el costumbrismo baturro. Fue un divulgador constante del modernismo literario: desde Madrid, a donde se fue a vivir, enviaba sus notas y crónicas al periódico y se estaba al corriente de lo que sucedía. Y fue un dinamizador cultural, conectado con los Reyes. Era sobrino de Romualdo Nogués, escritor y militar, y estaba muy bien conectado. Trajo a Rubén Darío a Zaragoza en el verano de 1908, lo acogió en su casa y asumió el coste de la publicación de la revista ‘Ateneo’ del Ateneo madrileño”. Mariano Miguel de Val aparece en el libro porque fue el promotor de un congreso internacional de poesía, que contó con el apoyo real, y que había invitado a Marinetti. “Al final ni vino el poeta italiano ni se celebró”. Otros personajes capitales de la época fueron dos oscenses: José María Llanas de Aguilaniedo y Silvio Kossti. “En ‘Llanas Aguilaniedo firma en ‘Alma contemporánea’ un tratado de estética que defiende la fragmentariedad, una prosa nerviosa, atomizada. Y en otro de sus libros, ‘Pityusa’ anticipa una crueldad que prefigura a Luis Buñuel. Y en ‘Las tardes del sanatorio’, Silvio Kossti habla del cuerpo humano como una máquina, entre otras cosas”.

Santiago Ramón y Cajal es el sabio poliédrico, el científico obsesivo que, pugnaz y seguro, decía: “Tengo derecho a utilizar mi cerebro para pensar”. Y lo hizo contra viento y marea. Parece un hombre antidogmático, un explorador de la ciencia y de las sensaciones. “Todo empezó, en cierto modo, en Ayerbe cuando su padre lo encerró en un cuarto oscuro e inventó la fotografía, que ya estaba inventada. Luego publicaría el libro de las fotografía en color. Llegó a la misma conclusión que Leonardo. Quiso saber cómo trabajaba una pitonisa o bruja; llenó su casa de pacientes hasta que no pudo más y ensayó la hipnosis con su mujer en un parto”. Y no solo eso: llegó a conclusiones parejas a las de Freud respecto al subconsciente y al lenguaje de los sueños, e intentó darles coherencia científica. Una de sus intuiciones fue: “El creador se tiene que regir por el subconsciente”.  

En 'Picasso en el burdel' hay muchos otros asuntos: habla de Pío Baroja, de Ramón Gómez de la Serna, de la pasión de Alfonso XIII por los Ballets Rusos de Serge Diaghilev y por algunas mujeres.

 

*Tomo la foto de ’Les demoiselles de Avignon’ (como se conocen ahora) de aquí:

 http://farm3.static.flickr.com/2671/4210061809_789f666947.jpg

30/10/2016 17:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: EL TALENTO DE LAS MUSAS

EL TALENTO DE LAS MUSAS

 

guillermo busutil* 29.10.2016 | 23:58

Publicado en La Opinión de Málaga

Una mujer pinta en negro. Su trabajo carece de nombre. No firma su pincel en el ángulo inferior derecho del cuadro donde el talento rubrica su trazo. Nadie sabe si el color, los volúmenes, la profundidad, la luz, el gesto, le pertenecen a ella o son, en cambio, las pautas de un maestro que finalmente enriquece la obra con su toque ejecutor. La historia del arte está llena de obreros profesionales que armaban el cuerpo de la escultura o el universo del cuadro según un boceto del artista que les enseñaba, que se ocupaba a solas de un reto y que culminaba con su estilo el resto de las piezas de otros. No existen noticias de que alguien se rebelase. Aprender de los grandes exige humildad silencio, respeto. El discípulo esperando la muerte del maestro o metafóricamente cometiéndola. Hace un mes, la japonesa Fumiko Negishi denunció haber pintado 221 cuadros de la obra pop firmada por Antonio de Felipe, al que algunos críticos denominan el Warhol español. La batalla legal entre la idea y la ejecución seguirá su curso, pero la noticia coincidió en el mes con la publicación de Ellas mismas. Autorretratos de pintoras. Un excelente libro de Ángeles Caso acerca de 80 mujeres artistas seleccionadas con el propósito de mostrar los obstáculos que la sociedad del arte puso a estas mujeres para poder expresar su talento y siendo relegadas a la invisibilidad. El colofón a estas noticias es que el Prado dedica por vez primera una muestra a una pintora, la flamenca Clara Peeters, una pionera de las naturalezas muertas y pescados trazados al óleo con precisión fotográfica. Un museístico desagravio de género. El primero, que responde décadas después al famoso grito de Guerrilla Girls. ?¿Es que las mujeres han de desnudarse para entrar en el Metropolitam Museum??. El cartel contra las paredes de los museos fue un grito de combate, a mediados de los ochenta, contra centros de artes y museos. La estadística certifica 30 años después que sólo se cuelga, en la oficialidad de los templos de la cultura, el 5% de la obra de mujeres artistas, mientras que el 83% de los desnudos tienen como protagonistas a mujeres. Cenicientas de la bohemia, odaliscas turgentes, damas seducidas al óleo y ninfas desvestidas en el baño; el ingenuo deseo de la carne desflorado por un lápiz o de un pincel la piel enamorada. Cuerpos de mujeres poseídas por la mirada plástica de los hombres que tienen menos conciencia del cuerpo como pentagrama de los sentidos y del tiempo. La mujer enmarcada como belleza y enigma. Pero si es su mirada la que interpreta y narra, el espacio que expone su obra se estrecha demasiado. La Historia la ha preferido siempre como musa, y parece que todavía le cuesta abrirle acceso como artista. La exigencia del mercado y sus sanedrines es mayor a la hora de evaluar el discurso estético de ellas frente al del hombre.

¿A qué se debe esa falta de visibilidad en las artes plásticas? El machismo es la respuesta evidente. Un ejemplo moderno: los poetas y pintores de la Generación del 27 ocultaron a las pintoras y poetas de su misma Generación y afectos. El interrogante se abre más el extrañamiento si contraponemos que a lo largo del siglo XX no ha sido despreciable el número de mujeres mecenas, galeristas y comisarias como Peggy Guggenheim, Juana Mordó, Oliva Arauna, Soledad Lorenzo, Juana de Aizpuru, Rosina Gómez Baeza, Helga de Alvar o Elena Hernando, y nos preguntamos en qué medida han combatido, consensuado o sucumbido a las exigencias del mercado.

La toma de la Bastilla sigue estando en París. Sucedió de nuevo en 2009 cuando el Centro Pompidou reunió bajo el epígrafe Elles@centrepompidou a Louise Bourgeois, Sonia Delaunay, Meret Oppeheim, Tamara de Lempika, Natalia Goncharova, Niki de Saint Phalle, Frida Kahlo, María Blanchard y Cristina Iglesias. Si hubiesen vivido en ese año, a Renoir y a Ernt Gombrich se les hubiese caído la cara de vergüenza y de ira. El primero dijo que consideraba a las mujeres escritoras y juristas, como George Sand, tan absurdas como monstruosas; que la mujer artista era meramente ridícula, aunque él estaba a favor de las bailarinas. El segundo, en su Historia del Arte de 1950 no citó a una sola mujer. La misoginia es miope, y el machismo una falocracia fetichista. En esas mismas fechas, el Centro Valón de Bruselas, exponía la muestra Gritos y susurros en la que se exploraban los temas de identidad e intimidad de la mujer con obras de Kiki Smith, Sophie Calle, Nancy Spero y Ana Mendieta. Ambas exposiciones coincidían en el tiempo con la que el Museo Picasso Málaga mostraba sobre los trabajos de Sophie Taeube-Arp en pintura, dibujo y danza cercanos al dadaísmo y a la abstracción. Ser la esposa de Jean Arp, uno de los fundadores del dadaísmo, jugó en su contra. Cuatro años después el museo malagueño volvía a apostar por la espléndida obra de Hilma alf Klimt, pionera del abstracto. Las mujeres artistas cobraban actualidad en la noria del tiempo y del ostracismo. Sus voces plásticas también reclamaron atención este año en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla con la exposición Nosotras.

Espero que estas conquistas no sean efímeras. Y las celebro por su talento, porque entre ellas tengo predilecciones intelectuales y afectos de carrera, y porque su merecido éxito reivindica a las pintoras secretas como artistas con una creatividad deslumbrante e independiente. Autoras de un universo propio, innovador en la vanguardia o acorde con el triunfo del canon clásico de su época, pintado a la contra de costumbres y de una economía precaria y furtiva. Talentos inconformistas las de antes y las de ahora que hoy ya no tienen que quejarse como hacía en 1879 la rusa Maria Bashkirstelle en su diario, ?lo que más deseo es la libertad de salir sola, ir y venir, sentarme en las sillas de Tullerías, caminar por las viejas calles de noche. Esa es la libertad sin la que nadie puede llegar a ser artista?. Sus palabras, recogidas por Ángeles Caso, explican su pugna, al igual que la de muchas de las citadas, por dejar de ser invisibles y ocupar el mismo plano de la pintura que los hombres que las miraban como piezas de su cetrería artística. Nada lo explica mejor que la exposición, maravillosa por otra parte, de la Fundación Mapfre Renoir entre mujeres.

Ser y no representar. Una aspiración antigua. No hay más que ver las manos femeninas tatuadas en las paredes de la Cueva del Castillo de 25 mil años de tiempo en rojo y conjuro. O el divertimento de la monja Claricia, columpiándose del rabo de la Q capital en un Libro de salmos realizado en un monasterio de Augsburgo del siglo XII. Un selfie medieval como lo llama Ángeles Caso en el libro que nos acerca a unas pintoras soberbias, con una obra con la que entrar en un dialogo que enriquece la sensibilidad. Igual que hacen Berthe Morisot con la cotidiana naturalidad del impresionismo; Mary Cassat que siempre me hace soñar con ser ladrón de guante blanco para besarla en un palco de 1879 y robarle sus perlas, o con Marie Laurencin por cuyas jeunes filles de suave atmósfera cubista y chagalliniana hubiese aprendido a bailar con una copa de champagne en la mano.

Aún así no podemos brindar del todo. La batalla contra la invisibilidad del talento femenino no terminará hasta que sólo importe el valor de su discurso en diálogo con el mundo, sus interrogantes y misterios. Su conquista es la asignatura pendiente de la plástica y de las empresas. En literatura, en el ensayo y en el teatro, al igual que en la política, su talento, su inteligencia, su arte, no son un caso. Al contrario, son un presente que nos define, nos inspira y nos enmarca.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

30/10/2016 16:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA: DISCURSO DEL CERVANTES CHICO 2016. ALCALÁ DE HENARES

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DISCURSO PREMIO CERVANTES CHICO 2016

20 DE OCTUBRE DE 2016ALCALÁ DE HENARES

 

Ana Alcolea


Autoridades, miembros del jurado, premiados de este y de otros años, colegas, amigos, señoras y señores, niños, niñas, buenos días. Y digo buenos días en mi nombre y en el Miguel de Cervantes, cuyo nombre y cuya obra honramos aquí por encima de todo y de todos, en el teatro que lleva su nombre, en la ciudad que lo vio nacer. Buenos días a la palabra. Buenos días a la literatura sin adjetivos. Pues literatura es algo que no tiene edad, porque las palabras no envejecen, ni los cuentos, ni las historias. Y esos cuentos que nos leyeron cuando aún no teníamos la capacidad de distinguir las letras, son los mismos que leemos o escribimos cuando somos adultos, jóvenes, o ancianos. 

Porque los escritores y los lectores SIEMPRE creamos las mismas historias a través de los SIGLOS de la Historia, y a través de los AÑOS de  nuestra vida. Creamos historias que hablan de nosotros mismos: de nuestras alegrías, de nuestras tristezas, de nuestros amores, de nuestros desamores. De nuestra melancolía, de nuestra felicidad. Por eso nos gusta leer. Y escribir. Porque al hacerlo, nos unimos a lo más íntimo del resto de la humanidad. Aquello que tenemos todos  en común. Aquello que es universal. Aquello que todos somos capaces de sentir, y a veces, no siempre, de expresar. 

Los escritores y los lectores somos MAGOS. Sí, sí. Habéis oído bien. Hacemos magia con las palabras. Una magia que, con el debido respeto a los prestidigitadores, tiene mucho más mérito que sacar un conejo de una chistera. Que lo tiene, eh, yo no se lo quito. Pero al fin y al cabo, el prestidigitador lo que hace es sacar algo de donde está. ¿Y los escritores? ¿Y los lectores? Hacemos algo mucho más mágico y fascinante: porque leemos letras, signos arbitrarios, diferentes a través de siglos y de culturas. Los leemos y cada uno de nosotros crea, en su individual imaginación un mundo diferente. Si yo os contara la historia de Romeo y Julieta, esos dos  enamorados de los que escribió Shakespeare, cada uno de nosotros se imaginaría a Julieta con un color de pelo, de ojos, de vestido, diferente. Porque las palabras tienen ese maravilloso don: hacen que cada lector las viva de una manera diferente. Y cree en su imaginación, lo más íntimo y secreto que tenemos, algo también distinto.

Y al hacerlo, va creando aquí dentro, en la cabeza, la capacidad de imaginar, de pensar. Por tanto, va creando la posibilidad de tener pensamiento propio, crítico, reflexivo. Para no creerse lo que le digan los demás, y así poder ser LIBRES. La lectura nos hace libres. No sé si mejores o peores, pero libres porque nos abre ventanas al mundo exterior, ese que ahí fuera, y que es casi infinito. Y al mundo interior: ese que tenemos aquí dentro y que es tan infinito como nosotros queramos. 

Como don Quijote. Aquel Alonso Quijano que había leído mucho. Tanto como Cervantes, no olvidemos a su creador. Ambos habían leído mucho. Y don Quijote, NO OS CREÁIS,  no se había vuelto loco de tanto leer. No. Igual que Cervantes, que tampoco estaba nada loco. Tenía la cabeza muy bien amueblada. Don Quijote ha leído tanto que su mundo se ha hecho mucho más grande que su casa en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre nadie se acuerda. Su mundo es el universo entero. Por eso quiere ser un personaje como los de las novelas que ha leído. Quiere ser un caballero de novela. Enamorado, compasivo, aventurero. Bueno. Quiere ser un hombre bueno. No consigue ser caballero, y tampoco tiene éxito en el amor. Pero sí que consigue ser un hombre bueno, y sí que consigue ser un personaje de novela. Cervantes, el mago Cervantes, lo ha convertido en el personaje más universal de la literatura. ¿Y por qué? ¿Porque estaba loco? No. Don Quijote es universal porque don Quijote somos todos. Tú, yo, ese señor de ahí, ese otro que lleva traje y corbata, esa señora tan elegante de ahí detrás. Las señoras que han limpiado el suelo de la sala en la que estamos. Todos somos don Quijote, porque todos queremos hacer de nuestra vida algo especial. Esa fue la enseñanza más hermosa que nos enseñó don Miguel de Cervantes. 

Esa, y que la palabra es el don más importante que nos ha sido concedido. Un don que alimenta al pensamiento, y que se alimenta de literatura, de teatro, de música, de poesía, de filosofía, de cine, de CULTURA. Eso que algunos piensan que no sirven para nada, porque no ven más allá de sus muy pequeñas narices. Todas las lámparas de la CULTURA, de la SABIDURÍA,  son las columnas en las que se asienta el ser humano. Y así lo ha hecho a lo largo de los siglos de la Historia con mayúscula. No alimentar la cultura en todas sus variantes es “pan para hoy, y hambre para mañana”, por usar un refrán, de los que tanto le gustaban a Sancho Panza. Eso lo supo bien Cervantes. Y don Quijote, que se alimentó de cultura para poder amar y seguir amando, a su inexistente Dulcinea, a las gentes con las que se encontraba en su camino, pero sobre todo, a la palabra, siempre creadora, sanadora y dadora de vida. 

Muchas gracias a lectores, libreros, comerciales, editores. Todos los que hacen y han hecho posible que hoy estemos aquí. Gracias especialmente a Pablo Cruz, editor de Anaya Infantil y Juvenil, que fue la primera persona que creyó en mi primera novela, y su “sí” significó el comienzo de este camino.Muchas gracias a los miembros del jurado por haber pensado que mis humildes novelas son merecedoras de este premio a la palabra creadora, que lleva el nombre de Cervantes. Es un honor inmenso para un escritor recibir este premio. Aquí, en este Teatro Salón Cervantes en el que tantas veces me senté para asistir a espléndidas representaciones. En esta calle, tan cercana a la casa en la que nació don Miguel. En esta ciudad, en la que viví dieciséis años, en la que me casé frente al catafalco de Cisneros, en la capilla de la Universidad. En Alcalá de Henares, donde di clase a quizás más de mil jóvenes que ahora están trabajando por el mundo. En Alcalá, mi casa, en  la que guardo muy queridos amigos. Y amigas. Para mí, recibir este premio en Alcalá de Henares, donde además escribí mis primeros libros, tiene mucho de esa magia maravillosa, y muchas veces inesperada, que nos da la fuerza creadora e inspiradora de la palabra. 

Por ella, por la palabra, por todos ustedes que hacen posible este premio en el que se  honra a un escritor, a maestros, a padres, a alumnos, a toda una comunidad educativa y CULTURAL, y que es el barco que TODOS compartimos, MUCHAS GRACIAS de todo corazón, y con toda mi emoción, que les aseguro que es MUCHÍSIMA. Muy BUENOS DÍAS a todos. 

23/10/2016 20:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RÚJULA: 'EL DESAFÍO DE LA REVOLUCIÓN'

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Pedro Rújula, director de las PUZ e historiador (es autor de una monografía sobre Ramón Cabrera y del volumen 'Contrarrevolución', entre otros textos), organiza el ciclo esta próxima semana un coloquio internacional que se titula 'El desafío de la Revolución. Reaccionarios, antiliberales y contrarrevolucionarios', con la participación de importantes especialistas nacionales e internacionales sobre el tema. Las sesiones serán abiertas al público, así que todo el mundo podrá asistir a las conferencias.

Las jornadas serán el 26 y 27 y están organizadas por la Institución Fernando el Católico.

 

file:///D:/Users/Usuario/Downloads/El%20DESAFIO%20de%20la%20REVOLUCION%20web.pdf

21/10/2016 08:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SOLEDAD PUÉRTOLAS: UN DIÁLOGO

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Soledad Puértolas: “La tarea del escritor

es explorar la complejidad y contar la vida”

 

“A través del mar respiramos

los personajes, la trama y yo"

 

  

“La vida es mi tema, es lo que hay.

¿O es que hay algo más?”

 

 

La escritora y académica zaragozana publica el volumen de once relatos ‘Chicos y chicas’ (Anagrama), que salió a la venta en toda España el pasado día 10 y que presentó en Barcelona 

 

 

¿Cómo surgió ‘Chicos y chicas’?  

De manera muy natural. Tras terminar la novela ‘El fin’, se me impuso un libro de cuentos. Elegí la tercera persona, esa voz omnisciente, no exactamente como las de antaño sino algo más moderna, y los cuentos iban saliendo, con fluidez. Uno me llevaba a otro. Escribía sobre la perplejidad, la búsqueda, como si quisiera ampliar el campo de posibilidades de la ficción. He disfrutado mucho.  

Hay cuentos que son como una novela completa, con largas elipsis de años…  

Es cierto. Eso es nuevo en mí. Tampoco quería ir más allá de lo que exige un cuento. He escrito cuentos con la perspectiva general de la novela, pasan muchas cosas, hay saltos en el tiempo, pero todo se acomoda a la sensación y a la atmósfera de un relato breve. 

¿Hubo una idea de partida, sabía qué buscaba? Parece que hay un poso de melancolía, una visión de la pérdida y los amores que se esfuman…

Quizá escriba de las imágenes o de las impresiones de lo que no hemos vivido. Yo niego la melancolía en mi obra. Me parece insana, no nos ayuda a nada y no siento melancolía por nada. Soy del presente, tengo muy mala memoria, vivo sin ancla, y en el fondo el pasado me resulta un poco borroso y desdibujado. Me interesa lo que queda en el presente y los hilos que va derramando por aquí y por allá. Los once cuentos son el resultado de eso: el presente es mucho más rico de lo que parece a simple vista.

Vuelve a aparecer la familia…

Sí claro. Hablo del núcleo de la relación de la familia y los extranjeros, por decirlo así, los que llegan de fuera, los que se incorporan de golpe. En el fondo, es como la curiosidad del niño ante lo que viene de lejos. A veces te fascina, a veces te produce envidia su mundo, a veces se observa con un poco de distancia e incluso te incomoda. Y todo ello anda por aquí. La familia siempre es un territorio lleno de secretos.

¿Y el mar, tan presente, qué significa para usted?

Me gusta mucho, cada vez más. Paso muchas horas ante él o cerca. Y, sí, está muy presente en el libro. El mar un símbolo de la vida y de la naturaleza. Me reconforta, me estimula. A través de él respiramos los personajes, yo y la trama. El paisaje es clave en este libro. Te da muchas cosas. Es fundamental en la atmósfera y en el desarrollo de acciones.

Hablemos de algunas relatos como ‘Tarot’, la historia de Luz y de Félix Unceta, donde parece que se impone una idea de fatalidad.

Existe. Este es un cuento, tremendo, sobre la relación de madres e hijas. Me sorprende que haya gente tan obstinada que parece estar llamando por la fatalidad. La madre comete un grave error y eso le lleva a situación de desconcierto y perplejidad y a la ruptura con su hija. Yo creo que en la vida hay que dejar que fluyan las cosas, confiar en el otro y no empecinarse en estropearlo. No es necesario abrir todas las puertas ni atosigar. ‘Chicos y chicas’ habla de traiciones y lealtades, de lo inesperado, del dolor, generados a menudo por los más cercanos.

En otro cuento, ‘Incendios’, protagonizado por las gemelas Paz y Mar, se impone un gran personaje: Joaquín, el contador de historias, ese extraño que se vuelve decisivo.

Me gusta ese personaje. Es el que entretiene a todos con su capacidad para contar historias, el fabulador, el amigo que está un poco al margen y que de repente, no sé sabe muy bien por qué, es capital: es el que los alivia un poco a todos. La palabra es una forma de consuelo.

Del consuelo a Consuelo. El cuento que da título al conjunto está protagonizado por Consuelo Quintana, que trabaja en una tesis doctoral. ¿No sería un poco la quintaesencia de sus criaturas, extraviados y a la deriva?

‘Chicos y chicas’ es un cuento complicado. Es el relato de una mujer que está suelta, que anda errática sin saber muy bien qué busca ni qué espera de la vida. Alguien que va y viene con sus sueños en un cuento lleno de circularidad, técnica recurrente en el volumen. Emprende un viaje, vuelve sola a casa, parece colgada del abismo. No sabe muy bien hacia dónde va.

¿No encarnaría ella encarna una idea del fracaso, tan recurrente en el libro?

Se alude a ello, sí, en varias ocasiones, pero para mí el fracaso no existe. Es una categoría que no contemplo. ¿Qué quiere decir fracasar? ¿En qué, con respecto a qué…? Los demás pueden pensar que uno ha fracasado, pero ¿quién les da derecho a juzgarnos? Prefiero verla como una mujer errante e indecisa que busca su sitio en el mundo.

“No tengo un solo punto de apoyo”, dice uno de los personajes. ¿Sucede a menudo eso, que nos sentimos irremediablemente desamparados?

Consuelo podría ser una mujer desamparada. Solitaria. Es una idea bonita esa del punto de apoyo, de la palanca de Arquímedes, que era un auténtico genio, por eso y por su principio tan conocido. Es algo simbólico. Nos pasamos la vida buscando un punto de apoyo que moviese el mundo y nos sujetase, que nos diese equilibrio. Es bonito pensarlo, es consolador.

En el último cuento, ‘Arkímedes’, esa palanca podría ser el perro…

Es mi cuento preferido. Habría querido titular el libro ‘Arkímedes’. Uno elige su compañía, su punto de apoyo, y ¿por qué no podría serlo un perro?

Otro asunto clave parece el azar. ¿Qué le sugiere, cómo interviene en sus ficciones?

El azar está en todas partes. Es lo que te mantiene alerta, lo que te lleva a pensar que la vida siempre da sorpresas y que la vida misma podrá desaparecer algún día, también, por azar.

En qué momento literario se encuentra? ¿Segura, relajada?

Relajada, es posible. Segura, no. Lo que me define, en realidad, es la inseguridad, que siempre es preferible a tener confianza y es el mejor agente para explorar la complejidad y contar la vida, que es la tarea del escritor. La vida es mi tema. Es lo que hay. ¿O es que hay algo más?

 

*Soledad en una foto de Heraldo.

17/10/2016 23:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MÓNICA OJEDA, UN DIÁLOGO

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[La escritora Mónica Ojeda presenta su novela ’Nefando’ (publicada por Candaya) en la librería Antígona, en esos sábados de cultura, amistad, tertulia y gastronomía de diversos continentes. Ejerce de presentadora la poeta y narradora Luisa Miñana.]
Puede leerse esta entrevista en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2016/10/14/literatura-cigarrillo-que-quema-mano-1112740-1361024.html


 

ENTREVISTA CON MÓNICA OJEDA. Escritora



La literatura es un cigarrillo

que quema la mano”



La literatura es un arte que nos obliga a abrir los ojos”



La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, nacida en Guayaquil en 1988, presenta hoy en Antígona su novela ’Nefando’, inspirada en un videojuego y en los foros de ’deep web’



Antón CASTRO / Zaragoza

-Empecemos por la palabra ‘Nefando’ (Candaya). Estaba asociado a aquello del ’vicio nefando’… ¿Cómo se le ocurrió la palabra y la novela?

Nefando es una palabra que designa aquello que es tan abominable, tan repulsivo, que nos deja sin palabras para describirlo. Es decir, que nos deja en silencio. Me pareció que era la palabra apropiada para esta novela, pues ’Nefando’ trata de las experiencias abyectas del cuerpo, experiencias conflictivas en torno a la sexualidad como un espacio no sólo de placer, sino de violencia. Se me ocurrió usar esa palabra para el título mientras leía una nota sobre una exposición pornoerótica. La nota recogía que una persona calificó lo que allí se mostraba como "nefando". Me hizo gracia y supe que así se tenía que llamar lo que estaba escribiendo.


-¿Qué ideas, qué imágenes se le pasaron por la cabeza?

Cuando escribí ’Nefando’ sabía que me interesaba explorar los límites del lenguaje frente a determinadas experiencias de dolor y de placer. Las experiencias extremas del cuerpo, que son materiales, a veces resultan obscenas para nosotros. No es verdad que ya no nos escandalizamos con nada: todavía hablar de la sexualidad de los niños es un tabú, por ejemplo, o de la pornografía infantil, o del incesto. Hay deseos secretos y actos del cuerpo que nos repugnan, pero que son parte de lo que somos. Por eso ’Nefando’ no habla de monstruos, sino de humanidad descarnada.


-¿Quiso escribir la historia de una novela o de un juego?

-’Nefando’ se articula alrededor de un videojuego online que ha sido creado por algunos personajes de la novela y subido a la deep web. Este videojuego nos pone delante un planteamiento ético sobre su contenido, que es terrible, real y doloroso. De hecho, en la trama ha sido eliminado ya de la red por la policía. Sin embargo, es una novela sobre las huellas de las primeras veces que supimos que éramos frágiles y mortales. Esas primeras veces ocurren en la infancia: por eso los personajes retornan a su niñez de una u otra forma para recordar aquello que los marcó y poder intentar enfrentarlo lo mejor posible.

-¿Q
uiso hacer una novela coral bastante demoledora?

-La forma coral de la novela me ayudó a formar un mosaico. Varias escenas intensas de distintos personajes que, cuando se unen, forman un todo: una imagen potente sobre el lenguaje y el horror.

-¿Qué sucede en esos foros de internet de videojuegos, de friqis, de deep web
?

-La ’deep web’ es un espacio virtual en donde proliferan todo tipo de expresiones, pero lo que me interesaba era cómo es también un agujero negro en donde el daño que se le hace a algunas personas se extiende. Allí hay hackers, foros de pedófilos en donde circula pornografía infantil, torturas a animales, venta de armas y de droga... hasta se puede contratar a sicarios. Es un lugar en donde algunas personas se esconden y, a la vez, se desnudan ante otros. 

-¿Cuáles serían los temas de la nov
ela, qué le preocupaba: el amor, el sexo, la muerte, la soledad?

-Todo. El cuerpo y lo que queremos narrar de él está atravesado por todas esos temas que mencionas. Aunque pienso que ’Nefando’ se enfoca más en una lucha de unos personajes por encontrar un lenguaje que les permita compartir lo que cargan en su espalda. Y eso que cargan es la huella de una violencia: a veces perpetrada a través del sexo, a veces a través de la familia como concepto o, a veces, a través de nosotros mismos.


-Háblenos de los personajes: gentes de distintos países, un tanto extremadas y frágiles, en Barcelona.

-Sí, son seis personajes en sus veintitantos: tres hermanos ecuatorianos, dos mexicanos y un español. Comparten piso en Barcelona y cada uno se ellos tiene intereses muy particulares: una escribe una novela pornoerótica, otro es un hacker, otro desea mutilarse y, por ello, se lastima físicamente, etc. Sin embargo, todos tienen en común el haber sido marcados profundamente por sucesos que les ocurrieron cuando eran niños.


-¿En qué medida la novela es un ejercicio de estilo, de sublenguajes, de voces incomodadas?

-Era necesario trabajar con distintas voces y con un estilo que respondiera a las necesidades de cada apartado de la novela. Por ejemplo, los mexicanos tenían que hablar como mexicanos, el español como español y los ecuatorianos como ecuatorianos. Hay capítulos en formato de entrevista en los que el lenguaje es más coloquial, pero también hay capítulos en primera, segunda y tercera persona que juegan con un tono más poético, o más ágil, o irónico. ’Nefando’, además, contiene una ’nouvelle’ que uno de los personajes escribe, por lo tanto esa parte requería de otro estilo y tono. Trabajar con el lenguaje según las necesidades del texto me parece fundamental.


-¿Cómo entiende usted la literatura: como una exploración verbal, como un arte de la complejidad?

-Hay un documental de Harun Farocki en el que, para hablar de las quemaduras del napalm (y con ello del horror de la guerra), él se apaga un cigarrillo en la mano. Asegura que eso es lo más cerca que estaremos jamás de conocer en dolor de una persona que haya sobrevivido a una quemadura con napalm. Esto nos recuerda lo lejos que estamos de las experiencias de los otros y, por lo tanto, de lo reducida que es nuestra capacidad de empatía. Pues bien: para mí, la literatura es ese cigarrillo quemando la mano de Farocki. Es un intento de imaginar lo que hay más allá de nuestro reducido campo de experiencias. No es sólo una exploración verbal, aunque la palabra sea el instrumento y, a veces, el tema. Es un arte que nos obliga a abrir los ojos y a pensar fuera de nosotros para, así, encontrarnos con la humanidad. Pero esto no es privativo de la literatura: todo arte hace eso de una u otra manera.



-¿Qué autores le interesan o le han marcado de algún modo?

-Me interesan y me han marcado muchos autores. Los que ahora se me vienen a la mente son Raúl Zurita, Enrique Verástegui, Juarroz, Jabès, David Foster Wallace, J. M. Coetzee, Roberto Bolaño, Marosa di Giorgio, Borges, Pizarnik... y podría seguir hasta el infinito. Todas las buenas lecturas que he hecho me han marcado hondo de alguna manera.

-Da la impresión de que se ha formado en talleres de escritura. ¿Se puede aprender a escribir?

Uno no puede aprender a hacer literatura. Eso no se puede enseñar. Lo que sí se puede hacer es crear espacios en donde personas que están buscando escribir literatura compartan sus experiencias, pero escribir es un camino personal e intransferible. Y no hay fórmulas. Cada escritor debe hallar su propio lenguaje y construir sus propias preguntas. Sólo así podemos hacer verdadera literatura.

-¿Qué relación tiene con la literatura española?

La literatura española tiene una tradición brutal que admiro y que sigo descubriendo. Antonio Gamoneda y Loepoldo María Panero, por ejemplo, son dos poetas que me estremecen. Javier Cercas me parece un autor al que le gusta hacerse preguntas incómodas y por eso lo leo, porque es valiente al respecto. Sobre Vila-Matas hice mi tesina de grado, así que es un autor al que sigo. Otras poetas que me interesan son Elena Medel y Chantal Maillard. Me encanta, también, Rafael Sánchez Ferlosio y los ensayos de Rafael Argullol; ’Librerías’ de Jorge Carrión es un ensayo literario imperdible. Y me faltan muchos autores actuales por descubrir. Me llevo a Ecuador, por ejemplo, libros de Miguel Ángel Hernández, Leonardo Cano, Marta Sanz, Luci Romero, Rubén Martín Giráldez, publicado por el sello zaragozanoJekyll & Jill, Elvira Navarro o el zaragozano Miguel Serrano Larraz, entre otros.



LA FICHA

’Nefando’. Mónica Ojeda. Candaya. Barcelona. 2016. Presentación, sábado 15 de octubre, a las 13.00, en la librería Antígona. Con Luisa Miñana y Julia Millán.

15/10/2016 10:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL MARRAKECH DE WIESENTHAL

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Ayer me llegó un libro bonito y sugerente de un escritor tan personal e inclasificable como Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943): ‘Marrakech. Fantasía en el palmeral’, que apareció antes, integrado en el relato, en ‘El esnobismo de las golondrinas’ (Edhasa, 2007). Es un libro de viajes que contiene muchos elementos autobiográficos y oníricos, y se mueve entre la fascinación, el conocimiento, el intento de explicar la belleza. Y el deseo. El joven que viaja y cuenta está hechizado por la hermosa Zohra. Y le dedica fragmentos como este:

 

ZOHRA

Zohra adoraba también el baño y los maquillajes. Sabía que me gustaba espiarla entre las celosías cuando, después del baño caliente, se acariciaba el cuerpo con una especie de arcilla que allí llaman ‘algasul’ y que dejaba su piel satinada y limpia. Luego se lavaba sus cabellos, siempre suaves y brillantes, gracias a unas misteriosas hierbas. Y, al final, se sentaba en un taburete, cruzaba las piernas y, sosteniendo con una mano el espejo, se maquillaba con albayalde blanco y ‘dakkar’: polvos de colorete que se vendían en unos papeles pintados de rojo. Ella los iba disolviendo con un poco de agua, antes de aplicárselos a la cara.

[…]

Le sentaba sentir que la miraba cuando estaba delante de su espejo y, a veces –fingiendo un descuido-, descubría bajo el albornoz los botones de sus pechos, porque yo le había dicho que estaba celoso de dos esclavos negros que había visto esconderse en el jardín de mis azucenas.

Salía cada tarde del baño convertida en una princesa y sus labios –enrojecidos por la pintura de corteza de nogal- olían a bosque y a hojas de otoño, como un embriagante coñac.

 

-De ‘Marrakech. Fantasía en el Palmeral’. Mauricio Wiesenthal. Páginas 52 y 53. Ilustraciones de Ánxela Pérez Meilán. Editorial Trifolium. Litterae. 74 páginas.

12/10/2016 14:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SÁNCHEZ VIDAL HABLA DE 'VIÑETAS'

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Agustín Sánchez Vidal acaba de publicar su novela más personal, 'Viñetas', en Harper Collins. En esta conversación da algunas claves sobre un libro que indaga en la familia, en el peso del pasado, en los vínculos con la tierra y en los valores del arte como el elemento de conocimiento y de transformación. La foto es de José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo, donde apareció una amplia selección del texto.

-¿Qué novela te habías planteado: una novela sobre la tierra, sobre la memoria o sobre la familia?

--No tenía una idea deliberada en la temática o en el tratamiento que iba a darle. Si acaso, recrear cómo era este país en el momento en que empezó a cambiar en los años 1960. Lo que más pesó es lo agotado que quedé por la documentación que me habían exigido las tres novelas anteriores. Lo que buscaba era no distraer energías en esa parte preparatoria, sino sacarlo todo o casi todo de mi memoria o de aquello que conocía

-¿O quizá sobre la presencia del arte en nuestra vida: el cómic, la fotografía y el cine? 

--Es que una historia como esta --que trata de las gentes de a pie, y de una España donde casi todo escaseaba--  había que contarla en sus propios términos, con materiales pobres. Y lo que normalmente tenías a mano eran los tebeos, la radio y el cine. Las fotografías no eran tan de diario, sólo se hacían en momentos especiales.

  

¿No puede leerse como una novela de formación: la de Miguel, sin duda, la de Toño, su hermana, la de Candela, la de otros como el Ceuta, el Carioco, el infausto Salva…?

--Aunque no me lo propuse, al final creo que ha quedado así. Casi todos esos personajes están entre la infancia y la adolescencia, que es una edad muy inestable. Y supongo que todo deriva del hecho de que la propia España se encontraba en uno de esos procesos de cambio.

  

-¿De qué imágenes o percepciones u obsesiones ha nacido este texto?

--Traté de hacer aflorar todas esas sensaciones que se te quedan grabadas cuando las tienes por primera vez, y que luego se desgastan por la costumbre. Tienen que ver con la vida en el campo, con el descubrimiento de las primeras escaramuzas de todo tipo, cómo empieza a entreverse de un modo nebuloso la amistad, el sexo, el mundo adulto…

 

-Me resulta difícil leer 'Viñetas' al margen de tu propia vida y de tu propia formación. Sé que es una pregunta absurda y tópica, pero ¿qué habría por aquí vinculado a tu propia vida, a tu biografía?

--Más que una novela autobiográfica, trata sobre todos nosotros. He recogido cosas que me han pasado o que he visto a mi alrededor, u otras que me han contado.

 

-Hablemos de los protagonistas: por lo regular, están envueltos en el misterio, en la intriga. ¿Sería la novela en el fondo un viaje hacia la luz?

--Seguramente, pero tras haber ahondado primero en lo más oscuro, todo lo que hay de opaco en la tierra, en la ciénaga de ese barrio y sus personajes.

 

Llama la atención la estructura del libro: las voces y los flash backs, ¿Qué estructura buscabas?

--Supongo que el libro terminó teniendo esa forma porque no me quedó otra. Es una estructura fragmentaria, llena de elipsis y sobreentendidos, porque trabaja en los intersticios. El lector debía sentirse obligado a implicarse para completar la historia, haciendo aflorar sus propios recuerdos. He tratado en todo momento de rehuir las identificaciones de tipo melodramático, que son casi inevitables cuando hablas de la familia. Quería un tono sobrio, seco y preciso. Pero, claro, el que lo lee tiene que tener alicientes para seguir pasando las páginas, debe sentir que aquello le concierne.

 

Una de las frases que explica los equívocos del libro podría ser: “pueblo pequeño, infierno grande”.

--Si, es un detonante que termina disparando, a su vez, otros mecanismos, como las fichas de un dominó.

 

Uno de los grandes personajes del libro es Toño. ¿Como lo definirías, qué representa? Esa pasión por el cómic, por el cine…

--Es un manitas, alguien que hereda del padre su capacidad de expresarse, más que a través de las palabras, a través de las imágenes y las cosas. Le cuesta arrancarse, pero es muy tenaz y de largo recorrido.

 

El gran personaje femenino, más que Julia o la misteriosa madre de Miguel y Toño, ¿sería Candela, esa chica explosiva que acaba regentando un prostíbulo?

--Candela quizá sea el personaje más fascinante, el más turbio e imprevisible y con mayor capacidad de hacer gravitar todo en torno suyo.

 

¿En qué medida has querido hacer arquetipos?

--En los personajes, desde luego, no. Lo que sí hay es un trasfondo ambiental que desde otra óptica podría considerarse “telúrico”. Y digo desde otra óptica porque no es la mía. Lo que yo percibo en la tierra es la riqueza inagotable de la cultura agraria, que para mí es algo muy concreto y tangible, surco a surco.

 

Me encanta ese fotógrafo don Godo. Es quizá la historia más fantástica y poética del libro…

--El personaje procede del mundo de Rafael Azcona, es hijo suyo, y por eso lleva su apellido. Está inspirado en uno real, que nunca terminaba de hacer su gran foto porque la ciudad y el paisaje no acababan de estar bien compuestos. Lo he emparejado con un barquero manco, Paco, que también era un personaje real, y en más de una ocasión Rafael Azcona y yo hablamos de lo que había en ellos de leyenda.

 

¿Por qué has dado, de manera tan decidida, un salto hacia lo contemporáneo, que estaba en una de las historias de ‘La llave maestra’?

--Es que lo que se cuenta en Viñetas sólo tenía sentido en las épocas en las que transcurre, y vistas desde la óptica actual, de ahora mismo.

 

También hay en la novela un componente telúrico, de lirismo seco. ¿Te has sentido cómodo en este nuevo registro?

--Totalmente cómodo. En otras novelas anteriores era mucho más complicado porque tenía que recrear el castellano del siglo XVI o del XVIII, mientras que aquí puedo escribir tal cual.

 

Nunca se dice donde sucede la historia... Parece deliberado y citas Zaragoza... ¿Debe pensar que sucede cerca de Zaragoza, que has pensado en un pueblo de Logroño tal vez?

--Es deliberado. Puede deducirse que la parte que transcurre en el pueblo está cerca de la frontera con Portugal y tiene que ver con Salamanca. La del barrio y la ciudad está situada a orillas del Ebro y he tenido presentes lugares de mi infancia y adolescencia en Logroño. Pero podría ser cualquier otro lugar.

 

¿Cómo va tu libro sobre Orson Welles en España?

--Es una novela y ya está acabada la primera versión. En el fondo habla de lo mismo que Viñetas, del cambio de todo un país que es el nuestro, pero desde un punto de vista totalmente diferente.

 

*Agustín Sánchez Vidal acaba de publicar su novela más personal, 'Viñetas', en Harper Collins.

08/10/2016 09:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA HABLA DE SU NUEVO LIBRO: 'EL SECRETO DEL ESPEJO'

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Han pasado ya algunos meses del Premio Cervantes Chico. ¿Cómo lo ha asimilado?

Es un premio importante. Honorífico. Me ha hecho mucha ilusión: he vivido 16 años en Alcalá de Henares, y allí nació Miguel de Cervantes. En la nómina de galardonados hay muchos amigos: Fernando Lalana, César Mallorquí, Concha López Nárvaez. O Montserrat del Amo, que me dio muchos consejos cuando yo empezaba. Y hay otro detalle simpático: una de mis peluqueras de Alcalá, Ramoni, me dijo que yo sería escritora y que tenía que dedicarme a eso cuando le pasé una cosa que había escrito de un viaje a Noruega.

¿Qué le debe a Cervantes?

Se lo debo todo. En mi obra siempre hay homenajes a él y a su forma de entender la literatura como un juego de espejos.

¿Qué persigue como escritora?

Soy una escritora intuitiva. No planifico, no hago estructura o esquema, improviso. Empiezo y sigo. Mi trabajo nace de la emoción y del deseo de contar una historia. Y me van pasando cosas que intento solucionar y de las que sé poco. Por ejemplo, en mi nueva novela aparece una esfinge original en la bota de un abuelo muerto. En mis novelas busco y me encuentro con sorpresas: la novela es como la vida, nunca sabes lo que te puede pasar.

¿Qué mensaje general quiere transmitir?

Mi estado de ánimo contamina mi novela. Todo está conectado, el presente con el pasado, y el pasado con el futuro. A mí me apasionan los objetos: su historia en el tiempo, quién los tocó, quién se emocionó ante ellos, a quién pertenecía.

¿Qué ha aprendido de los lectores jóvenes?

Que no son unos imbéciles como a veces los consideran algunas editoriales. Yo no me planteo nada especial: cuento. Escribo lo que quiero y lo que siento. Sin otras fórmulas. Cuido el lenguaje, que sea rico pero asequilble, y la estructura. Si escribes con emoción, eso se transmite al lector. Es posible que él sienta y se emocione por lo mismo. Ni soy de cálculos: no me saldrían. El adolescente busca y encuentra.

 ¿Qué tiene de especial para usted la adolescencia? Es el terreno en el que se mueven la mayoría de sus criaturas.

Es una época de crisis, entre la infancia y la juventud, pero no es un tema en sí mismo. Yo no hablo de la crisis: hablo de gente que hace cosas, que vive aventuras, que investiga, que se enamora, en una época de su vida en la que esté un momento especial, convulso, lleno de contradicciones que es la adolescencia.

Empezó con una historia familiar, convulsa… como 'El medallón perdido'.

Ese libro fue decisivo por muchas razones. Es un libro que nace del dolor, de la tragedia: un primo mío, al que yo adoraba, murió en un accidente de avión en Gabón. Aprendí que incluso en los momentos más dramáticos se puede hallar belleza, algo en lo que sigo creyendo.

 'El secreto del espejo' (Anaya), su nueva novela, insiste en mezclar dos historias diferentes: la de una joven que huye de los druidas y llega a Cesar Augusta y la de una pareja joven, que de hoy, que se busca a sí misma y halla un espejo…

Acabo de entrar aquí al Museo de Zaragoza, donde sucede el libro, y me gusta mucho. Aquí sucede una parte de la historia contemporánea, veo los mosaicos y pienso que en otro tiempo alguien estuvo ante él; a lo largo del tiempo lo ha venido a ver mucha gente. Y con la otra historia, la de la joven Yilda, que ha vivido con los druidas, podríamos decir que es una reescritura de 'Blancanieves'. Hay una película que me impactó mucho: 'La mujer del teniente francés'. Padezco fascinación por los objetos, los seres y los lugares. Mis libros son un viaje en el tiempo y son un ejercicio de conocimiento interior. En realidad, yo soy una aventurera: vivo la misma expedición que mis lectores.

¿Cuál cree que es el secreto del éxito? ¿Qué hay que hacer para ser escritora?

La palabra éxito es excesiva; no es mi caso. Me he tomado, sí, una excedencia en la enseñanza. Trabajo muchas horas, doy muchas charlas, he llegado a dar hasta siete al día. Me apasiona mi oficio. La clave de todo es creer ciegamente en lo que haces y hacerlo lo mejor posible, con entusiasmo y con ganas.

Una de sus obsesiones es la II Guerra Mundial. ¿Por qué?

Me inquieta que uno de los pueblos más refinados del mundo cometiese aquella barbaridad: la maldad más absoluta. Volvemos a movernos en un peligroso muy peligroso que, en algunas cosas, se parece mucho al convulso periodo de entreguerras. No quiero ser pesimista, pero la actual situación debería movernos a reflexionar.

 

*La foto es de Oliver Duch, de Heraldo.

 

30/09/2016 21:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIQUI OTERO HABLA DE 'RAYOS'

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 [Miqui Otero (Barcelona, 1980) presenta esta tarde, a las 20 horas, su nueva novela ’Rayos’ (Blackie Books), una historia de formación, de dos pasiones, de identidad, de búsqueda y de estilos y lenguajes muy elaborados y meditados. Lo presentará el escritor Sergio del Molino. Hoy sale una entrevista en las páginas de Cultura. Aquí está el texto más amplio.]

-Cuando escribes de los padres, ¿de qué quieres escribir: de la nostalgia, de la morriña, de la saudade o de todo a la vez? 

 Describo un pasado muy fotogénico y hasta tragicómicamente épico, para intentar entender un presente que, en el inicio de la novela, no lo es. Nadie escribe para otros, del mismo modo que no se regala algo a otra persona: lo que escribes y lo que regalas, en realidad, es para ti. En este caso, para Fidel Centella. Él quiere entender el porqué de sus hipocondrías y zozobras y acomoda una explicación en la educación de un colegio católico o en unos padres casi canonizables (como todo, mirados por él con los filtros necesarios para lograr ese efecto) que paraliza un poco sus impulsos (en el último tramo hay una cita de Venciste, Rosemary, de George Orwell, que lo explica bien). La de sus padres es la generación que luchó contra sus limitaciones y, sin aspavientos, las superó. La suya es la que a lo sumo lidia con sus deseos y los ve frustrados. Las cosas se entienden también por contraste: para explicar que el Cantábrico es un mar frío, se puede describir un baño en el Mediterráneo. Eso es lo que hace Fidel.

Bien, eso y la necesidad de documentar algunos flashes de la juventud de una generación que, en principio, poco tiene que ver con la suya. Entre un escritor barcelonés y una mujer, la madre, cuyo primer trabajo fue en una aldea de Ponferrada sin luz eléctrica, hay un salto sideral. Intentar narrar esa elipsis, que a mí se me antoja tan gigante como la de 2.001 Odisea en el espacio, era una de las intenciones. La nostalgia me interesa precisamente por lo que tiene de reaccionaria y tóxica. El nostálgico es como el turista o el pijo: por muy turista o muy pijo que seas, jamás reconocerás serlo y siempre apuntarás a alguien que lo es más. Así que: no me interesa la nostalgia, en realidad, sino qué nos lleva a ser nostálgicos. La morriña por un territorio al menos es más solventable (regresando al lugar) que la nostalgia (al menos hasta que no se democraticen los viajes en el tiempo). Si algo odio es la nostalgia babosa y sin objeto alguno, pero sí entiendo la magia de los objetos como tiempo concentrado, como el manual de lectura que el padre de Fidel le regaló de niño y con el que aprendió a leer, a su vez regalado por un maestro republicano que lo redactó en una cárcel de Burgos... Y así hacia atrás. Si eso es nostalgia, me interesa.

 

El viaje al pasado no como excursión de nostalgia babosa, sino para recoger las pistas con las que entender el presente y roturar el futuro. Y, por qué no, como meollo de miga cómica: Fidel dice que la nostalgia es como ponerte camisetas que te gustaban mucho y que ya no te caben (ese gesto aún más patético que tierno o cómico).

-¿Qué significa el desarraigo de la familia pero también el del protagonista?

 

 En la novela hay un par o tres de mitos fundacionales. De imágenes que me empujan a escribirla. Una de ellas es mi padre en un bar pakistaní, señalando al camarero cuando éste tiraba la caña de barril, y diciéndome: "En realidad nosotros no éramos tan distintos de ellos; lo que pasa es que no se nos notaba hasta que abríamos la boca". Evidentemente, sí eran muy distintos, pero ese detalle me servía para establecer determinados paralelismos. Por cierto, otra es unos carteles que aparecieron en el Raval donde se leía: "Esto es un barrio, no un escenario". La familia de Fidel Centella ha viajado por todo el mundo, de La Habana a Ellis Island. Todos sus antepasados tienen algo en común: se fueron con lo puesto y volvieron mintiendo, entre otras cosas, sobre lo que habían logrado. Eso es lo que me interesa: en el desplazamiento crece la necesidad de fabular, de mentir, de inventarse una vida que justifique el esfuerzo. Ya sea ese reloj de oro del tío-abuelo que fue taxista en La Habana de las orquestas como esa tía que alquilaba un Mercedes para llegar al pueblo diciendo que era suya.

Del mismo modo, y lo intento en Rayos, que me interesan los personajes fuera de lugar, toda la tradición de personajes arribistas, en la clase social, también me interesa el desplazamiento meramente geográfico (porque comporta otros). 

En cuanto a Fidel, es demasiado gallego para ser catalán y demasiado catalán para ser gallego. Esto es lo que dijo un dj muy famoso cuando salió Elvis: demasiado blanco para los negros y demasiado negro para los blancos. En fin, que es perfecto que se sienta un híbrido porque de ahí surgen las historias. 

-¿Se puede estar tan desorientado con 24 años? ¿Tiene Centella mucho que contar o no tiene nada que decir? 

Toda la novela intenta explicar todo lo que pasaba cuando pensábamos que no pasaba nada. Es decir, antes de la crisis, cuando veíamos síntomas pero seguíamos bailando hasta que, pum, nos dimos con los dedos en la jamba de una puerta.

 Pero, en el caso de Fidel, va de alguien que quiere que le pasen cosas, pero que aprende pronto que es cuando te suceden verdaderamente cosas cuando empiezas a saber decir: "No pasa nada". 

La novela arranca en ese punto, con un personaje que es casi como un receptáculo pasivo, como una bola de pinball sin carácter y por tanto sin destino. Pero Rayos, o eso intenté, va mutando hacia otro tipo de novela cuando verdaderamente empieza a enfrentarse a conflictos reales. Ese revelado paulatino está en la vocación de la novela. De lo estático a la acción. 

Empieza en lo íntimo pero luego se convierte en una especie de sátira en clave con determinados personajes de la ciudad, y del país, como motores de la acción. Fidel trabaja como becario en el periódico ‘La Verdad’. El nombre de la cabecera, claro, tiene intención. Mientras intenta escribir el relato oficial en este diario de su ciudad, descubre toda una serie de historietas o leyendas clandestinas tanto en su barrio como en las zonas altas. Ahí empiezan sus dudas y ahí se expone a su cobardía. 

-¿Qué clase de novela te habías planteado: la del éxodo, la del desubicado, la de la identidad, la de la confusión permanente? 

Supongo que quería escribir una novela de formación tramposa. Una novela de formación donde pareciera que más que formación hay deformación. Una novela de deformación. Pero luego quería huir de relatar solo el cambio a la edad adulta de un personaje solo atendiendo a sus relaciones personales o incluso laborales (la novela de formación burguesa). Así que de repente me vi intentando expicar cómo Fidel, que va de noble o eso dice, ve cómo él, su familia, sus amigos, su piso ruinoso, su barrio, su ciudad, su país (párame, podría seguir) se va corrompiendo un poco. Sí, suena megalómano: fue ahí cuando, como Julio César, empecé a hablar de mí mismo en tercera persona (es broma). Pero en reliadad, como todo, suena pomposo o pretencioso, pero no lo es según cómo lo expliques.

 

-¿Son Galicia y Barcelona, dos personajes más, dos personajes-escenarios a los que se mira sin contemplaciones? 

Eso han dicho los lectores... Galicia para mí (y creo que tú eres gallego) es el territorio mítico idealizado. No es una descripción de Galicia, sino de la Galicia tal y como la vive un niño de Barcelona que viaja a ese lugar donde se va en burro y se apañan berberechos. Ni siquiera eso: es la Galicia que explica ese niño cuando, pasados treinta años, quiere escribir. En Barcelona me gusta detectar esas aventis o leyendas urbanas. En Galicia, también. Como cuando un antepasado trajo una radio de Alemania. Cuando llegó avisó a toda la aldea, ya arremolinada alrededor del aparato: "Este cacharro habla raro, pero yo os lo puedo traducir". Claro, cuando la encendió, la radio hablaba en un perfecto castellano franqista y no en el alemán que imaginaba el emigrante que la había traído.

 Bueno, pues yo pienso que las novelas son como las radios: se fabrican en un lugar y en un tiempo, pero si saben hablar el idioma del lugar de destino y sintonizar con su tiempo. 

En cuanto a Barcelona, sí, es un retrato de la Barcelona posolímpica. O lo intenta. La ciudad se emborrachó en las Olimpiadas y luego llegó la resaca amnésica. Yo pensaba: vaya birria de Barcelona me ha tocado comparándola con la de Marsé o Casavella. Pero solo hay que esperar un tiempo.

 

 

-Llama la atención el estilo: trufado de voces, mezcla el pasado y el presente, parece atropellarse de citas y referencias deliberadamente o parece que has querido desatar el flujo de la conciencia, la palabra torrencial. ¿Hablamos y vivimos en una especie de pastiche? 

 

Creo que la novela es un macrogénero híbrido que devora Y regurgita todo lo que se proponga para captar la calidad de la experiencia. La novela es como un amor adolescente (una primera chica, una primera novela favorita, un primer disco que te habla a ti y solo a ti): es lo que quieras que sea.

 Yo creo que las novelas, como las vidas que merecen ese nombre, se deben armar con materiales nobles y de derribo. Ese bochinche me interesa, esa cacofonía. Pero sí es cierto que la novela, como te comentaba antes, arranca más en ese tono embarullado para ir definiéndose con el paso de las páginas.

 

¿Qué le debe un libro como el tuyo a las series, al mestizaje cultural? 

 Bueno, las relaciones entre disciplinas y géneros se han vuelto muy promiscuas, ¿verdad? Yo puedo decir que el comportamiento estereotipado de los compañeros de piso en las primeras páginas (luego cambia) tiene que ver con las comedias de situación televisivas. O que se me ocurren algunos tratamientos gracias a ‘La ciudad desnuda’, de Jules Dassin, pero es que no sé si se me corre por esta película o por ‘The Wire’ o por John Dos Passos. No se puede escribir una novela enmarcable más o menos en el realismo sin tomar voces y estrategias narrativas de otros lenguajes.

 

Hay también una especie de estilo sincopado, basado en repeticiones y énfasis, muy meditado, con enumeraciones, con juegos de palabras. ¿A qué obedece? ¿Has querido que toda la novela fuese como un aparente ejercicio de estilo? 

Con el ejercicio de estilo me sucede como con el ejercicio, a secas. En teoría es bueno para el vigor y la salud de quien lo hace, pero me cansa rápido. Ese ejercicio (correr, por ejemplo) y ese ejercicio de estilo no lo entiendo mucho si no sirve para llegar a algún sitio.

Creo que el estilo es una forma absoluta de ver el mundo (bueno, en realidad esto lo dijo Flaubert, lo admito) y me preocupa y me concierne y me dejo la camiseta en cada cadencia y en la elección de cada adjetivo. Hay escritores sobrios que me gustan mucho, pero por lo general intento huir de la escritura IKEA, muy limpia y de líneas rectas, que no comete errores porque no arriesga.

La repetición y el estilo sincopado están ahí. Quizás tienen que ver con la música pop, que sabe decir cosas complicadas en frases simples y luego las repite trotonas. Preguntado sobre por qué grababa mil capas de guitarras y violines en sus canciones, el productor Phil Spector contestó: "Nunca has sido adolescente? No es así cómo sentías las cosas?". 

¿Es ’Rayos’ una historia de amor desconcertante, o quizá dos? 

O más, según quien la lea. A una ciudad. A un residuo del antiguo barrio: el afilador Tinet, tan a punto de extinguirse como su oficio. A Bárbara, la chica que roba y silba y que representa su memoria, su pasado, de donde viene. A Diana, la chica pija de familia corrupta que representa la promesa de todas las vidas posibles en el momento en qué puedes decidir en qué tipo de persona te vas a convertir. Nada me emociona más que algunos lectores que se alinean con una o con otra y me preguntan que dónde anda ahora Bárbara, por ejemplo.

 

¿En qué medida, incluso en la pasión, no es Fidel Centella un embaucador que se compadece a sí mismo o que forma parte de una representación? 

 

Bárbara, que lo conoce mejor que yo y que es la que le regalaba novelas cuando eran adolescentes, intenta definirlo echando mano de un arquetipo de la literatura rusa. Le dice que es un "mediocre brillante". En otras traducciones: "el hombre superfluo". Mucha palabrería y, en el momento de actuar, humo. No sé si Bárbara tiene razón, la verdad, pero Centella (insisto, especialmente al principio) es un tipo increíblemente autoconsciente y de una vanidad pasivoagresiva. Como dices, casi está declamando delante de un auditorio. ¿Es un arribista que va de vulnerable sensible o es un tío noble un poco acobardado? Bueno, pues ahí está el asunto.

 

¿Cuál es la importancia de la amistad en la novela y en la vida? 

 Uy, no sé, es importante, ¿verdad? Supongo que al principio lo que te gusta y odias de tus amigos es lo que te gusta y odias de ti. La amistad a la edad de Fidel es como una especie de familia de adopción, en la que tú eliges a tus hermanos. Esos amigos del colegio son como las pastas de un surtido de Reglero o de Cuétara: están hechos de la misma pasta, pero con acabados y sabores diferentes. La amistad es, también, un campo de pruebas en el que ensayas un poco la vida antes de vivir los problemas y triunfos con desconocidos. En esa época, y sobre todo en la infancia, se viven decepciones o miedos como quien pasa gripes: para inmunizarse poco y para crecer. 

¿Qué libros has tenido en la cabeza? 

Muchos, claro... Y algunos están de un modo u otro. Fidel piensa citando algunas frases de Las ilusiones perdidas, imagínate, pobre infeliz. O cuando se pone estupendo y dice "nunca pero que nunca nunca" está citando el Rey Lear (creo que él no lo ha leído, quizás se lo chivó Bárbara). Una escena como la del Observatori Fabra, cuando descubre todo el lío de la familia de Diana, está inspiradísima en la narrativa inglesa cómica y muy especialmente en Kingsley Amis. Las citas que encabezan los capítulos (Dickens, Fante, Orwell) dan pistas... Nuevos autores como Junot Díaz me parecen alucinantes y sabrosos. Pero al final, se dice sobre todo que ‘Rayos’ es una novela en la tradición de la novela de Barcelona. Y ahí, claro, solo puedo decir que leer ‘Últimas tardes con Teresa’ comprada a los 15 en el mercadillo de Sant Antoni, me voló la cabeza; que tardé algo más en disfrutar ‘Vida Privada’ pero ya ves cómo lo hice; que Francisco Casavella es tan importante para mí que solo lo cuento cuando voy borracho o me piden un prólogo, y muchos más. No nos gusta que nos digan que nos parecemos a otros, menos cuando ese otro nos gusta demasiado como para negarlo.

 

*La foto es de Elena Blanco Benito.

29/09/2016 10:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

1916-1956: JUAN RAMÓN Y ZENOBIA

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El amor inagotable de Zenobia

y el poeta Juan Ramón Jiménez

 

‘Diario de un poeta recién pasado’ cumple un siglo y a la vez hace 60 años que el escritor recibió el Nobel, tres días antes de la muerte de su esposa

 

Antón Castro

Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-Puerto Rico, 1958) fue un poeta depresivo y neurasténico con una inmensa capacidad de trabajo. Aquel “muchacho despatriado”, como lo llamó Ignacio Prat, tenía la cabeza en las nubes y en las más hermosas regiones de la poesía, pero los pies y el cuerpo en el suelo. Fue enamoradizo y vivió grandes historias de amor, algunas tan literarias como la de Georgina Hübner, la mujer inventada por unos poetas peruanos, o de sexo sencillamente como se ve en su poemario ‘Libro de amor’: no tenía reparos en seducir a monjas (algunas aragonesas: Pilar Ruberte, de Zaragoza; Amalia Murillo, de Sariñena, y la madre superiora, Susana López, de Mallén) o la esposa del director del hospital. Luego en la soledad de su estancia les dedicada hermosos poemas de trasfondo erótico. En 1913, casi por casualidad, conoció a Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956) y decidió que iba a ser la mujer de su vida. Ella era todo un carácter: había vivido en Mallorca, Barcelona y Estados Unidos, hablaba inglés, era traductora y escritora y se manejaba en diversos negocios, sobre todo de artesanía popular y de inmobiliaria. Era una mujer moderna e independiente, que escribía cuentos, poemas y diarios en inglés y castellano, y que había tenido algunos novios. Uno de ellos, norteamericano, aún andaba por ahí al acecho; deseaba casarse con ella. Exhalaba vitalidad y energía. Ya de joven había escrito: “Estoy tan encantada y tan entusiasmada con todo, que no creo que haya ni una persona que disfrute de la vida más que yo”,

Al principio a Zenobia el poeta Juan Ramón Jiménez no le hacía mucha gracia. Tenía fama de raro, pero él se armó de paciencia y de poesía, y logró sus sueños: seducirla y convencerla para que se casasen, pese a la oposición materna. Ella lo llevó en secreto, consultó con algunas amigas y con su hermano, siempre cauteloso, pero al final accedió y fijaron la fecha de la boca el 3 de marzo en Nueva York. A la madre de Zenobia le costó aceptar la noticia: a ella el novio le gustaba nada.

En febrero de 1916, hace ahora un siglo, Juan Ramón Jiménez decidió viajar a Estados Unidos y empezó un libro: ‘Diario de un poeta recién casado’, que se inicia con su salida de Madrid hacia Cádiz, continúa con el viaje en barco, sigue en Nueva York, contempla una nueva travesía, ahora en el buque Montevideo, el retorno a Madrid y el recuerdo de muchos instantes. Ese libro se publicó a principios de 1917, pero la primera edición de Calleja lleva en portada la fecha de 1916. Es uno de los grandes textos de Juan Ramón, de gran unidad: un libro de viaje, un volumen de confesiones y emociones, la crónica de una luna miel donde se explora una nueva poesía, más desnuda, con ecos simbolistas en ocasiones, que se alza sobre tres elementos: el amor, el cielo y el mar.

La Universidad de Huelva publicó un precioso estuche de ‘Diario de dos recién casados’, donde la editora Emilia Cortés Ibáñez recoge el texto de Juan Ramón y las distintas notas del diario de Zenobia. Por ejemplo, escribe: “Juan Ramón y yo tenemos un gran disgusto y luego mayor comprensión y mucho más cariño verdadero”. Y un domingo anota: “Voy a misa, luego me encuentro mal y me meto en la cama. Por la tarde mamá viene a hacerme compañía y me lee cuentos”. Zenobia y Juan Ramón colaboraron en varias traducciones: la más famosa fue la de Rabindranath Tagore. Juan Ramón, perfeccionista hasta la exasperación, fue nombrado director de publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

En 1936 se fueron de España. Juan Ramón firmó un documento de adhesión a la II República. Al poeta le concedieron un puesto de agregado cultural en la Embajada de España en Estados Unidos. Vivieron allí, luego en Cuba, más tarde en Marylanda y en Nueva York, de nuevo, y en 1951 llegaron a San Juan de Puerto Rico. Ambos daban clases y el poeta afinaba sus grandes libros: ‘Romance de Coral Gables’, ‘Animal de fondo’, ‘Dios deseante y deseado’ o el famoso poema en prosa ‘Espacio’. Zenobia no le dejaba ni un instante: a su modo, con ese código secreto que tienen todas las parejas, se amaron con locura. A Zenobia se le descubre un cáncer. Y un 25 de octubre de 1956 le dan la gran noticia de su vida: la concesión del Premio Nobel de Literatura por “por su poesía lírica, que constituye un ejemplo de elevado espíritu y pureza artística en lengua española”. Como su esposa está muy enferma, JRJ se plantea no decírselo. Al final se lo dijeron y quizá fue el mejor regalo en el momento del adiós. Ella había escrito: “A Juan Ramón no se le puede dejar solo en absoluto. Él es queridísimo aunque me vuelva loca”. Apenas dos años después falleció el poeta. No se acostumbraba a estar sin su amor, su mujer, su cómplice, su enfermera. Al fin y al cabo aquella mujer le impulsó a escribir: “Yo solo vivo dentro / de la primavera”.

 

31/08/2016 08:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VIDAS Y ÉXODOS DE ARANA

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Las vidas y los éxodos de José Ramón Arana

 

[El escritor y sindicalista fue librero ambulante en México, creó varias revistas, escribió poesía y novela, y jamás se pudo olvidar de Aragón]

 

Antón CASTRO

La vida no le dio tregua a José Ruiz Borau (Garrapinillos, 1905- Zaragoza, 1973), José Ramón Arana para la literatura, y él vivió con pasión, con peligro y audacia, a salto de mata, entre el amor, la mala conciencia y el afán de sobrevivir. Siempre sintió la huella de una doble ausencia: Aragón, la tierra, el paisaje inicial de campos, serranías, desiertos y ríos como el Ebro lodoso, y su madre Petra Borau, esposa del maestro Ventura Ruiz, que falleció de tuberculosis en 1913 cuando José tenía ocho años. Petra murió en 1956 y su hijo soñó con volver a casa para acompañarla en su último viaje: lo haría algunos años después, en 1972, enfermo ya de un tumor cerebral. Logró que sus restos pasasen al cementerio de Monegrillo y ahora comparten tumba y lápida.

José Ruiz Borau nació en la escuela de chicos de Garrapinillos, cuya biblioteca ahora lleva su nombre. Pronto empezó a trabajar de aprendiz en una imprenta, en un almacén, quiso ser maletilla, y lo era, de capea en capea, hasta que una vaca, Chorreada, le produjo una gran herida. Quizá la afición derivase de uno de los empleos de su madre: era modista y solía coser capotes. El joven, tras el desengaño y el disgusto que ocasionó en casa, se marchó a Barcelona a trabajar en una fundición, de lo que habla en profusión en su libro ‘Can Girona. El desván de los recuerdos’ (1973), que era su proyecto de memorias. Aquel fue un período interesante: frecuentó bibliotecas y ateneos, descubrió el anarquismo, se afilió a la CNT y se casó, en 1925, con Mercedes Gracia Argensó, con quien tendría cinco hijos (o quizá seis porque el primero habría muerto muy pronto): Augusto, Alberto (que es escritor y narra la historia familiar en ‘La piel de la serpiente’, 2001), Marisol, Rafael y Mercedes. Por aquellos días, tal como documentó uno de sus mejores estudiosos, Javier Barreiro -Arana ha sido estudiado, entre otros, por José Luis Melero, Javier Quiñones, Luis Esteve, Eloy Fernández Clemente y Alejandro Díez Torre- publicó sus primeros poemas en la revista ‘Pluma aragonesa’. En 1931, la familia regresó a Zaragoza porque José consiguió un modesto empleo en el Banco Hispano Americano, y eso le condujo al sindicalismo: representó a UGT en la Federación de Banca y Bolsa y llegaría a ser uno de sus principales líderes.

La Guerra Civil le cogió en Zaragoza y decidió llevar a su familia a Monegrillo, donde no tardaría en volver y ejercería, nombrado por los anarquistas, de maestro de pueblo. Poco después se trasladó a Lérida y, en medio de tantas convulsiones, sería nombrado Consejero de Obras Públicas y luego de Hacienda del Consejo de Aragón, con sede en Caspe. Su familia intentó seguirle pero solo encontró acomodo en Mequinenza, Javier Barreiro, en la edición de sus más que interesantes ‘Poesías’ (Rolde, 2005), dice que en este cargo “proyecta la creación de un órgano regional de cajas de ahorros y ejerce una labor febril”. A finales de abril se desplazó a Rusia, viaje que dio lugar al libro ‘Apuntes de un viaje a la URSS’ (1938). Tras dejar embarazada a su esposa de la niña Mercedes, a la que no llegaría a conocer y a la que dedicaría una sincera elegía, se marchó a Bayona y finalmente al exilio. Estuvo en el campo de concentración de Gurs, que le inspiró muchos poemas. Para entonces ya había conocido a la que iba a ser su segunda compañera: la poeta María Dolores Arana, con quien se reunirá primero en Francia y luego, definitivamente, en Mèxico. A ella le debe el seudónimo que le ha dado fama: José Ramón Arana.

Con María Dolores vivirá hasta 1959. Casi una década antes había conocido a la profesora de música y republicana Elvira Godás, con la que se casaría en 1960. La primera cita, el día de Reyes de 1950, la contó así Javier Quiñones para ‘Artes & Letras’ de HERALDO: “Arana, vestido toscamente, se presentó con un paquetito de bombones en un cucuruchito humilde de papel y fueron a sentarse a un banco de la alameda y allí conversaron hasta las tres de la mañana”. En México, Arana fue librero ambulante que cargaba sus volúmenes e iba de lugar en lugar, de café en café, y a veces de pueblito en pueblito. Fueron años de estrecheces; con María Dolores tuvo dos hijos más: Juan Ramón y Federico. Simón Otaola abordó la ingente labor cultural del zaragozano en un libro muy recomendable, que recuperó para Ediciones el Imán su primo José Luis Borau: ‘La librería de Arana’. Allí puede leerse este retrato: “[José Ramón Arana] es fuerte y cuadrado. Tiene porte exterior de capataz. Tiene cara de palabrotas, de hombre feroz, de sargento Malacara. Le rascas, de corazón a corazón, y se observa que las apariencias se ceban en él porque es, lo que se dice, un niño, un niño gigantón y admirable. Vendiendo libros, hablando y escribiendo de España, sufriendo y soñando se le va la vida.” Vivía por España, ebrio de melancolía, y se acordaba una y otra vez de Aragón. Alentó tres revistas literarias: ‘Aragón’, que realizó cinco entregas, entre 1943 y 1945; ‘Ruedo Ibérico’, con un único número en 1944, y ‘Las Españas’, 25 números a lo largo de ocho años, entre 1946 y 1953.

En 1950 publicó la que muchos consideran su obra maestra: ‘El cura de Almuniaced’, que narra la historia de un sacerdote, hondamente humanista, que se enfrenta al poder, a la tiranía fascista y al descontrol de los milicianos en el contexto de la Guerra Civil. Publicó otros textos, tuvo un hijo con Elvira Godás, Veturián, título también de su única obra teatral. En 1968 se le descubrió un tumor cerebral y empezó a barajar el regreso a España, algo que hizo en 1972. Se afincó en Casteldefells y murió en la clínica Quirón, donde se sometió a un famoso tratamiento del doctor Blanco Cordero, que no tuvo éxito. Su hijo Alberto lo vio poco antes del adiós, en el lecho, y entrevió la humedad de unas lágrimas en su último rostro.  

 

*La Ilustración es de José Luis Cano para el libro 'Zaragoza' de Media Vaca.

30/08/2016 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

50 AÑOS DE FIESTA DE LA VENDIMIA DEL CAMPO DE CARIÑENA

LA D.O.P. CARIÑENA CELEBRARÁ SU 50ª FIESTA DE LA VENDIMIA CON ELVIRA LINDO DE INVITADA DE HONOR

[Nota de prensa de la DOP Cariñena]- La 50ª edición de la Fiesta de la Vendimia de la Denominación de Origen Protegida Cariñena, que tendrá lugar los días 24 y 25 del próximo mes de septiembre,  contará con la escritora y periodista Elvira Lindo como invitada de honor. En esta edición especial se amplía la celebración a todo el fin de semana, con numerosas actividades dirigidas a todo tipo de público. En la Plaza del Vino, centro neurálgico de la fiesta, y en el Museo del Vino habrá actuaciones musicales de grupos aragoneses como la Big Band de Muel, Bufacalibos de Biella Nuei, el grupo de jotas “Carallana”, el cantautor Celino Gracia o Los Tres Norteamericanos. Además, se recupera la tradición del Tren del Vino desde Zaragoza a Cariñena y se continúa otra de más reciente creación, la del Paseo de las Estrellas de Cariñena. Varios programas de radio de ámbito regional y nacional emitirán en directo desde el Museo. La Denominación ha creado una imagen especial para conmemorar el medio centenar de ediciones de la Fiesta.  

 

Los actos se concentrarán en la jornada del domingo 25, pero comenzarán ya el viernes 23 con el programa de Radio Marca "Intermedio", de 16 a 19 horas, que se emitirá desde Cariñena para toda España. El sábado por la mañana (de 12 a 14 h) será el turno del programa dirigido por Miguel Mena "A vivir Aragón", de la Cadena SER. La fiesta tendrá a las 19,00 horas del sábado otro momento destacado con la apertura de la Plaza del Vino -donde se pueden degustar los Vinos de las Piedras y tapas y raciones- y la actuación del cantante Toño Julve y su grupo “Emociones a la Carta”, además del espectáculo de animación infantil a cargo de la compañía “La Percuta” que recorrerá también otros puntos de la ciudad desde las 20 horas. 

 

El domingo a las 10,45 horas de la mañana el Tren Azul del Vino, que habrá partido de Zaragoza a las 10 h, llegará a la estación de Cariñena, donde será recibido por la Banda de Música de Muel. La Denominación recupera así esta tradición, que se realizará además con material histórico, de la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT). La restaurada composición podrá ser visitada durante la jornada del domingo en la estación de Renfe.

 

A las 11,30 horas tendrá lugar el Acto de Exaltación del Vino y la ofrenda del primer mosto del año al Santo Cristo de Santiago. El momento culminante se producirá cuando la invitada de honor active el interruptor que enciende la Fuente de la Mora y de sus caños comiencen a manar miles de litros de vino. La escritora y periodista Elvira Lindo, conocida por su serie juvenil “Manolito Gafotas” o novelas como “Lugares que no quiero compartir con nadie” o la más reciente “Noches sin dormir”, será  la encargada de hacerlo este año. Una función que en ediciones anteriores han protagonizado otros destacados personajes de diferentes ámbitos como los entonces Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía -coincidiendo con el 75 aniversario de la Denominación-; el entrenador de la selección española de fútbol, Vicente del Bosque; el cocinero Juan Manuel Sánchez, primer ganador de MasterChef; el actor y gastrónomo Juan Echanove; la exministra Carmen Chacón, el cineasta David Trueba o el actor Gabino Diego, invitado de honor de la pasada edición.

 

Una vez terminado el acto central de la Fiesta de la Vendimia, a las 12,15 horas está previsto que la escritora y periodista Elvira Lindo plasme sus manos en una placa de granito natural con  una silueta de hoja de vid de cemento, en el Paseo de las Estrellas de Cariñena. Este paseo, a modo del famoso bulevar hollywoodiense, alberga desde hace dos años las manos de las personalidades que visitan la Denominación de Origen Protegida. Sus huellas se sumarán así a las de David Trueba, que inauguró la iniciativa, a las de los directores de cine aragoneses Miguel Ángel Lamata y Paula Ortiz y a la del actor Gabino Diego.

 

La Fiesta de la Vendimia continuará también como ya es tradicional en la Plaza del Vino. Desde las doce del mediodía, los visitantes podrán degustar los mejores caldos de las bodegas que componen la Denominación de Origen Protegida y exquisitas tapas elaboradas con productos aragoneses. También a partir de las 12 y hasta las 13 h se desarrollará la ronda callejera de San Martín.

 

A las 12,30 horas en el Quiosco de la Música de la Plaza, la Banda de Muel pondrá otra nota musical y a las 13 horas la comparsa de Gigantes y Cabezudos iniciará su recorrido por las calles de la ciudad. Por la tarde, de 17,30 a 19,00 horas la animación infantil estará presente en varias calles de la ciudad, a las 18,30 h el Tren Azul del Vino efectuará su salida de vuelta a Zaragoza. El domingo por la tarde se concentran la mayoría de actuaciones musicales. A las 18,30 h, en el Quiosco de la Música el cuarteto Bufacalibos de Biella Nuei interpretará algunos de sus temas. También el Grupo de Jotas Carallana a las 20 horas en la Plaza de España, el cantautor Celino Gracia en el Museo del Vino a esa misma hora y “Los tres Norteamericanos” a las 20,30 horas en el Quiosco de la Música.

 

El colofón de esta 50º edición de la Fiesta de la Vendimia llegará a las 22 horas en las inmediaciones del campo de fútbol donde tendrá lugar un espectáculo de Fuegos Artificiales.

 

Coincidiendo con el año de celebración de su medio centenar de ediciones, el Ayuntamiento de Cariñena ha solicitado al Gobierno de Aragón la declaración de este tradicional acto como fiesta de interés turístico regional.

 

LA VENDIMIA DISMINUYE UN 25% DEBIDO A LA CLIMATOLOGÍA, PERO SE MANTIENE EN LA MEDIA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

Un año más, las viñas cargadas de uvas esperan a ser recogidas en las más de 14.459 hectáreas que componen la Denominación de Origen Cariñena. El Consejo Regulador prevé este año una cifra de cosecha en torno a un 25% menos que en 2015 -excepcional por las condiciones especiales que reunió-, pero dentro de la media de los últimos diez años. “La climatología desde hace tres meses ha sido muy seca, con un calor bastante agobiante, pero pese a ello estaremos en torno a los 83 millones de kilos", explica el presidente de la Denominación, Antonio Ubide. No obstante, la cifra final dependerá de cómo evolucione el tiempo en las próximas semanas.

 

En cualquier caso, las previsiones para esta cosecha continúan así el buen balance de los ejercicios anteriores. La calidad de la uva ha sido en este tiempo muy buena o excelente, como pone de manifiesto la calificación oficial de las añadas:

 

2010

Excelente

2011

Excelente

2012

Muy Buena

2013

Muy Buena

2014

Muy Buena

2015

Muy Buena

 

La uva también presenta este año unas características muy buenas. Las primeras variedades (Chardonnay o Merlot) empezarán a recogerse a comienzos de septiembre aunque el grueso de la vendimia arrancará en la segunda quincena de ese mes. En un 80 % de la superficie de la Denominación se hace ya con máquinas vendimiadoras.

 

ELVIRA LINDO, UNA POLIFACÉTICA AUTORA EN CINE, TEATRO Y LITERATURA ESPAÑOLA

 

         La gaditana Elvira Lindo, cosecha de 1962, es una de las escritoras más consagradas de la literaturaespañola. Comenzó la carrera de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid alternando su trabajo como locutora para Radio Nacional de España, donde interpretaba al niño madrileño Manolito Gafotas, que más tarde se convertiría en protagonista de su primera novela y en un clásico de la literatura infantil en España. Las aventuras de Manolito han sido traducidas a más de 20 idiomas, entre ellos, el chino, el japonés, el turco y, actualmente, su versión inglesa. Merecedora del Premio Nacional de literatura Infantil y Juvenil en 1996, a lo largo de los años su actividad ha abordado el periodismo, la novela y el guión televisivo y cinematográfico.

 

Ha escrito novelas para adultos como “Algo más inesperado que la muerte”, “Una palabra tuya”-XIX Premio Biblioteca Breve-, “Lo que me queda por vivir” y “Lugares que no quiero compartir con nadie” y “Noches sin dormir”, un diario muy personal de su último invierno en Nueva York. También es autora de teatro y de los guiones para las películas “La primera noche de mi vida” junto al director Miguel Albaladejo, “Manolito Gafotas”, su popular personaje llevado a la gran pantalla, “Plenilunio”, adaptación de la novela de su marido, el escritor y académico Antonio Muñoz Molina, y “La vida inesperada” dirigida por Jorge Torregrosa y protagonizada por Javier Cámara y Raúl Arévalo.  

 

         Su prolífera carrera como escritora le sirve para colaborar asiduamente en medios como El País con la columna veraniega “Tintos de verano”, en la que caracterizó su vida de “intelectual progre” y que más tarde ha sido publicada en forma de libros. Actualmente publica dos columnas a la semana, en El País, “Don de gentes” los domingos y la de la última página los miércoles. También escribe un artículo semanal en la revista Elle y colabora en la Cadena SER en el programa “La Ventana” dirigido por Carles Francino. 

18/08/2016 09:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GARCÍA LORCA: 80 AÑOS DESPUÉS

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GARCÍA LORCA: ASÍ QUE PASEN 80 AÑOS*

El verano de 1976, creo que fue por entonces, me trajo toda una revelación: la figura de Federico García Lorca y la generación del 27. Un día en una revista, ‘Semana’ o ‘As color’, vi una oferta del Círculo de Lectores con sus ‘Obras’. Me llegó por correo aquel volumen ahuesado de más de 300 páginas con ‘Impresiones y paisajes’, ‘Libro de poemas’, ‘Romancero gitano’, ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ y algunas obras de teatro, entre ellas ‘Yerma’ y ‘La casa de Bernarda Alba’. También iba en el lote ‘Diván del Tamarit’. Pensé que no había que saltarse nada, aunque el deslumbramiento se produjo con ‘Romancero gitano’, por el universo dramático y misterioso, aquellos seres marcados por la fatalidad, la presencia de la luna, las pasiones imposibles, tan sexuales, tan absorbentes, la atmósfera de cine (“El día se vas despacio, / la tarde colgada a un hombro, / dando una larga torera / sobre el mar y los arroyos”), la profusión de metáforas que procedían de la tradición popular, de los cantares andaluces, de la modernización de la mirada poética y de un sentido musical impresionante. El ‘Romancero gitano’ tenía algo de novela fragmentada: el lector la tejía poco a poco en su cabeza. Me impresionaron su lenguaje, la elección de palabras, su latido y su melodía, la belleza sonora, la épica intemporal. Leí el libro una y otra vez, lo llené de notas del diccionario, de subrayados. Me cautivó especialmente el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, esa elegía tan espectacular y sentida con su fraseo taurino y la percepción de la muerte en la tarde insondable. Lorca fue una escuela de castellano, un laboratorio de imaginación y de quimeras, era la fluidez, la inspiración, la facilidad increíble del armador de metáforas y símbolos. Con el paso del tiempo, ‘Diván del Tamarit’ se convertiría en mi libro preferido: el amor hecho embrujo y plenitud, plasticidad árabe y dolor, nube de oro y vapor de sueño. Poco a poco, como otros compañeros, descubrí más cosas de Lorca: su pasión por el flamenco, su compromiso con la II República, su tarea en las Misiones Pedagógicas, su encanto personal, sus amores tempestuosos, su candor, su surrealismo, su concepto de la amistad, el libro del espanto que fue ‘Poeta en Nueva York’, y su muerte incivil, aciaga, que nació de la sangre turbia que se encona aún más y se envenena de odio. Han pasado 80 años.
*Este texto se publicó el domingo en 'Cuentos de domingo' en Heraldo de Aragón.

JESÚS JIMÉNEZ: UN DIÁLOGO

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Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970) es una de las voces más personales de la lírica española de los últimos años. Con la llegada de l a primavera publicaba en La Bella Varsovia su libro ’Contras las cosas redondas’, que pronto llegó a su segunda edición. Aquí el autor explica algunas de las claves del libro, su poética y recomienda algunos libros para leer en verano. O en cualquier momento del año. Ayer sábado se publicaba un amplio fragmento; hoy aparece al completo.

 

¿Cuál es el ánimo esencial de ‘Contra las cosas redondas’? 

Una exaltación -siquiera indirecta, siquiera digresiva- de la vida mediante la observación de personas y cosas que la acompañan y un día la dejan. Sigo preguntándome por los asuntos de siempre: quién soy yo y cómo es este mundo. En qué consiste esto de vivir cuando la vida nos viene dada sin garantía ni manual de instrucciones. Hay muchas preguntas en este libro y pocas certezas. 

 

Dice en el primer poema: “Los días, llegando de uno en uno, / rebosan las orillas del corazón y lo desbordan”. ¿Eso qué es: aceptación gozosa del presente u otra cosa?  

 Beneplácito, aceptación dichosa del presente; pero también asombro y fascinación ante ese caudal salvaje y desordenado que es la suma de instantes: la vida.

 

En el poema que da título al libro, dice que prefiere las cosas informes, las imperfectas, con taras. ¿A qué tipo de imperfección se refiere?

 Hay una cierta rebeldía ante la tiranía de lo bello, perfecto y armónico a favor de lo imperfecto, raro y aparentemente vulgar. Un “camino de imperfección”, como sugiere el poeta, ensayista y crítico Antonio Rivero Taravillo. Una versiónlight de aquellos versos de Rimbaud: “Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié”. Y también una invitación a dudar de los dogmas de fe, de las verdades supuestamente inalterables.

 

¿Cómo se fue armando y organizando el libro, cómo surgieron los poemas?  

 Suelo decir que no escribo libros de poesía, sino poemas sueltos a lo largo de varios, bastantes años. Solo cuando dispongo de un buen puñado de ellos (alrededor de treinta y cinco o cuarenta poemas) intento armar un libro, ordenándolos de una manera estratégica, buscando afinidades entre ellos. En realidad, pienso que los poemas nacen con vocación de singles, pero el mercado editorial de la poesía (si es que tal existe) requiere elepés y hasta dobles elepés, así que les envío un montón de poemas dentro ese engañoso formato.

 

 

¿Hay que leer sus partes en una clave especial, como una sinfonía con sus partes o es un orden un poco azaroso?  

El orden de los poemas es bastante fortuito. Cada poema tiene su propio status independiente: puede leerse por separado y en un orden no prefijado. En principio, por eso mismo de ir contra un libro “redondo”, no concebí una estructura cerrada para el libro, pero luego se me ocurrió el juego tonto de las preposiciones: “Ante” (que se abre con el poema “Credenciales” y que es la parte más metapoética del poemario), “Bajo”, “Cabe”, “Con” y “Contra” (que arranca con el poema que da título al libro). 

 

  

Uno de los poemas más emocionantes del libro es ‘La luz’. ¿Podríamos decir que es un pequeño manifiesto o la clave del conjunto? ¿Una apuesta por la felicidad?  

 No soy muy amigo de manifiestos y panfletos ni siento la necesidad de pontificar o teorizar. Para mí, la poesía tiene más de pregunta e indagación que de respuesta y aseveración. Por supuesto, cada poema es una manifestación. Y me gusta pensar que la poesía es el periódico de lo invisible y lo fugaz, de esas pequeñas cosas cotidianas en las que apenas reparamos porque hemos hecho de nuestra vida un río vertiginoso. Los poemas que me interesan son aquellos que dan noticia íntima de cada uno de nosotros, aunque sea a mi manera, de forma alegórica.

 

  

¿Por qué es la poesía la alumna aventajada de la luz?  

 Allí donde la objetividad de la ciencia no llega, lo hace la subjetividad de la poesía. Esta pone bajo su foco aspectos del mundo y de nosotros mismos que no conocíamos o que habíamos olvidado. La poesía nos muestra la cara oculta de las cosas, las ilumina. Es un gran caer en la cuenta, como decía Valente.

 

  

Este también es el libro de las pequeñas cosas, de los actos inadvertidos, ¿qué te da la observación de lo cotidiano, en qué radica su poesía?  

Con las cosas más cotidianas y a primera vista insignificantes puedes armar un gran poema que hable del mundo. No necesitas palabras ostentosas, ni palacios marmóreos, ni grandes verdades universales. Dame al azar dos o tres objetos muy humildes y, con tiempo, te descubriré unas rencillas o unos amores recónditos entre ellos. Y lo que es mejor: hallarás en sus asuntos privados tus mismos asuntos. Así funcionan gran parte de mis poemas. 

 

  

¿Qué supone para ti alcanzar una segunda edición de poesía?  

Supone la existencia de una confianza firme por parte de la editora, Elena Medel, al apostar por una vida prolongada del libro cuando la misma dinámica del mercado editorial parece señalar lo contrario. Dupone la sospecha, aunque suene muy inmodesto por mi parte, de que en muchos rincones del país hay un puñado nada desdeñable de lectores, muy fieles y exigentes, que esperan durante años la publicación de un libro mío y que compran a ciegas, como si Jiménez Domínguez fuera una marca de confianza.

 

  

Llevas casi dos décadas en la poesía. ¿Cuál ha sido tu evolución, cómo ves tu camino?  

Aunque empecé a escribir poemas a los 9 años, solo publiqué mi primer libro (a los 30 años) cuando pensé que era una edad apropiada. Ahora que nadie nos oye, me confesaré: ojalá hubiera esperado algunos años más para hacerlo. He estado aprendiendo todo el tiempo y sigo haciéndolo, por eso siempre tengo la impresión de estar empezando. Comencé muy imbuido por las vanguardias y todos los ismos de principios del siglo XX. Con el tiempo he sabido, creo, subrayar lo esencial del hecho poético sin preocuparme de retóricas retorcidas ni de parecer moderno. ¿Quién querría ser moderno pudiendo elegir ser eterno? Esa sería una noble, aunque utópica, aspiración.

 

  

¿Cómo se construye un lenguaje poético personal?  

No tengo ni idea. Todos andamos tras la piedra filosofal del “estilo propio”, pero no existe una fórmula mágica. Supongo que no queda otra solución que leer mucho y diverso, intentar ser permeable y no temer a las influencias. Todo ese maremágnum de influencias adquiridas a lo largo del tiempo y un prolongado, incansable trabajo de indagación personal, ayuda a la construcción de un estilo, de un lenguaje poético personal. Ah, y correr algunos riesgos, buscar tu propio camino sin pensar si va en una dirección contraria al de los demás. 

 

  

¿Ha vuelto la poesía a nuestras vidas y a nuestras noches de una manera natural o es un espejismo?  

 ¿Se fue alguna vez? Esencialmente no. Si la pregunta va en la dirección de cuál es el momento actual de la poesía en España, tengo que señalar que esta sigue demostrando su mala salud de hierro frente a cualquier crisis.  hay una actividad frenética todas las semanas: publicaciones de libros, presentaciones, recitales, blogs, festivales… empieza a haber tantos festivales de poesía como de música.

 

  

¿Podrías decirnos por qué debemos leer poesía?  

Hace unos años la Universidad inglesa de Liverpool llegó a la conclusión de que la poesía estimula la mente y resulta más beneficiosa terapéuticamente que los libros de autoayuda. No hacían falta tantos estudios para llegar a esa conclusión. Yo podría dar otras muchas razones, todas ellas muy personales, pero me quedo con esta, muy poderosa y primordial: no olvidar quiénes somos. 

 

  

Recomiéndanos tres o cuatro libros de poesía para leer en verano.  

  Estuve el verano pasado en un festival de poesía en Rumanía y me traje de allí dos nombres ineludibles: Ion Mureşan e Ioan Es.Pop. En verano, tiempo de amores desordenados, suelo serle infiel a la poesía para arrimarme más a la novela. Para los que deseen recorrer el camino inverso recomiendo en esta época del año la poesía llena de viajes (geográficos e interiores) de Adam Zagajewski (Mano invisible) o de Martín López-Vega (Adulto Extranjero). Y, sobretodo, la poesía de Wislawa Szymborska, que es amena, luminosa y siempre fresca. He veraneado más veces en los poemas de Wisława que en el Mediterráneo.

 

*La foto es de Joaquín Puga.

 

CUATRO POEMAS DEL LIBRO

 

CUATRO POEMAS DE “CONTRA LAS COSAS REDONDAS”

(ED. LA BELLA VARSOVIA, 2016)

 

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

LA LUZ

 

Ranas, quietos budas pequeños

sobre los troncos, sobre las rocas,

bajo las cenefas rojas y naranjas del atardecer,

¿cuál es el objeto de vuestras meditaciones?

¿Qué guarda vuestra pupila que a la deriva flota

en el ojo como una gota de aceite sobre la leche,

como una nube vacilante sobre la fe?

 

Acaso veis brincar en el aire demorado del instante

la raspa de un pez, sus galas de carne y lentejuelas

bajo el biombo del agua donde vivimos y morimos juntos,

donde las piedras del fondo —pequeñas y redondas—

son cuentas huidas de un rosario o blancas tacitas de té.

 

Cantáis y cantáis sin descanso, hasta que el sol

con el perfil gastado del emperador deja de rodar.

Y la Poesía, la alumna aventajada de la luz,

¿adónde se retira cuando cae la noche?

La buscamos a tientas en la oscuridad

frotando una palabra contra otra, torpemente,

como esas cerillas húmedas o descabezadas

que, en mitad de un largo velatorio,

tratamos en vano de encender.

 

PARQUE DE ATRACCIONES

 

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, se ha hecho tarde y estás solo.

¿Dónde quedaron aquellos que te acompañaban?

 

El fuego azul de la lluvia desmanteló la noria.

El sol se largó con los colores rojos del tiovivo.

La indolencia y los días, mano a mano, puño a puño,

hicieron otro tanto y se encargaron del resto.

 

Aquí el viento empuja el ojo caído de una muñeca

y lo invita a recorrer la cara oscura de la vida,

esa que nunca se ríe porque —de hacerlo—

te asustaría su feo agujero con solo dos dientes o tres.

 

Un vencido chicle de junio del noventa y siete,

antes emblema de una juventud dulce y perdurable,

ahora sujeta en la puerta del urinario este cartel:

Hallados manojo de llaves y zapato ortopédico

en la Casa Magnética. Preguntar en Mantenimiento.

 

En el viejo puesto de algodón de azúcar solo queda,

abierto como una flor carnívora, un paraguas negro.

Debajo está la mancha cenicienta del hombre

al que un gran anhelo —o la falta de él— consumió.

 

Los volcados contenedores de la basura

son vagones descarrilados del trenecito chu-chú.

En lo alto de un pino, en la cabeza decapitada

de Mickey Mouse, anidan los cuervos de Poe.

 

Cuarenta y tantos años, cincuenta: pasaron veloces.

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, estás ya en la Casa del Terror.

 

CUERPO

 

En esta bolsa de viaje, madre, guardaste

lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.

Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.

Con unas pinzas de cocina, del más grande

al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.

Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas

del camino los anudaste con tendones y venas,

los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.

Terminada la tarea, dejaste un corazón

al cuidado de todo: esta es mi herencia, hijo,

no la derroches; aunque escasa, habrá de bastarte.

 

Madre, nunca pensé que fuera tan caro este viaje.

Todo en este mundo cuesta un ojo de la cara

y el otro no me alcanza para ver los precios.

Tratando de ganarle la mano al tiempo, pierdo la cabeza.

En cada caricia que extendí me voy dejando la piel.

Pago con los cinco sentidos por la cuarta hoja del trébol.

En busca de las peras del olmo caigo despechado,

me desgañito, me descorazono, me deslomo.

 

Madre, para desvivirme por esta vida y estos deseos

en cada aduana tengo que echar mano del cuerpo.

Cuando llegue —¿a dónde? ¿cuándo?— ignoro

qué quedará de cuanto me diste, en qué estado.

¿Sabrá el destino, apostado en un oscuro callejón

sin salida, que soy yo cuanto largo tiempo esperó?

¿Montará en cólera al comprobar, albarán en mano,

que nada llega completo, intacto ni nuevo?

¿Tendré que desembolsarle algo más, madre,

por cada desperfecto, por cada mengua, por cada desfalco?

 

El viento hace danzar el envoltorio viejo de un caramelo.

El halcón lleva consigo la urgencia del vuelo y nada más.

La pera que cae de la rama deja su sitio a la pera futura

sin mediar notario alguno, herencia ni aflicción.

Al menos he de guardar dentro de mí algo de todos ellos,

hallar un sentido que haga frente a cuanto voy dejando.

En esta lucha sin cuartel todo me sirve y poco me alcanza.

En este cuerpo a cuerpo nada tiene el alma que perder.

 

CONTRA LAS COSAS REDONDAS

 

Amamos las cosas redondas pensando

que han de ser eternas y amables y perfectas:

el pomelo bajo el rotundo sol de agosto,

la pulsera que orbita alrededor del pulso,

la moneda con dos caras y ninguna cruz,

el balón de playa en cuyo interior aún se respira

un paciente aire de mil novecientos ochenta y dos.

 

Hay días redondos en los que todo cuadra

y la vida parece marchar sobre ruedas:

alguien, lija en mano, se encargó

de sustraerle al mundo todas las esquinas,

todas las aristas, todos los bordes.

 

Pero basta que atravieses por un declive

o que todo se vuelva cuesta arriba de repente,

para comprobar que son las cosas redondas

las primeras en abandonar y en echar a correr:

el pomelo, la pulsera, la moneda y el balón.

 

Me niego en redondo a aceptar tales desplantes.

Ante las formas esféricas opongo las cosas informes.

Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares.

Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces.

Hermosas y singulares, sin plegarse a ningún centro,

solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.


14/08/2016 00:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL FABULADOR JESÚS MONCADA

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Jesús Moncada, el fabulador

universal del río Ebro

 

El escritor  de Mequinenza, nacido en 1941 y fallecido en 2005, fue un modelo de convivencia entre Aragón y Cataluña y fue distinguido en las dos comunidades

 

 

Antón CASTRO

Uno de los grandes escritores aragoneses y catalanes del último medio siglo ha sido, y sigue siéndolo, Jesús Moncada (Mequinenza, 1941-Barcelona, 2005), hijo de tendero y niño curioso, hambriento de historias y sortilegios, que creció en el pueblo viejo de Mequinenza, anterior a la inundación y al pantano. Fue un joven marcado por la huella del campo, la minería y las navegaciones por el Ebro y el Segre, ríos que solían desbordarse a menudo y fundirse y mezclar sus aguas, prácticamente ante la casa del muchacho. Jesús encarnó como pocos la convivencia natural entre catalanes y aragoneses: fue un escritor aragonés que escribió en catalán, y a su modo creó una lengua enraizada en los registros de su pueblo, y fue un escritor catalán que nació en Aragón y que jamás renunció ni a su memoria, ni a la huella de sus antepasados ni al vínculo, interiorizado, con un paisaje de fondo y con su historia. En 2004 recibió en Teruel el Premio de las Letras Aragonesas, que tanto le enorgulleció.

Jesús Moncada se formó, y casi se forjó, en el colegio Santo Tomás, en el entorno de la plaza de San Cayetano, como alumno interno. Allí descubrió la misteriosa figura del poeta Miguel Labordeta y tuvo de profesor a Rosendo Tello. El autor recordaba en 1998: “Rosendo Tello me decía: “Escríbeme para mañana una octava real. O un soneto, estrofas de pie quebrado, lo que quiera”. Escribí una leyenda mequinenzana, Miguel Labordeta la premió y la publicó en la revista escolar ‘Sampasarana’. Y me regaló los ‘Recuerdos de infancia y juventud’ de Ramón y Cajal de la colección Austral, libro que todavía conservo”.

Aprovechó su estancia en Zaragoza para conocerla bien y para transformarla, muchos años después, en la imaginaria Torrelloba de ‘La galería de las estatuas’, una novela que es un poco su propia historia y una cartografía sentimental de sus paseos y quizá de su melancolía esencial de Mequinenza. Más tarde, tras estudiar Magisterio, dio clases un tiempo en su pueblo y se aficionó a la pintura, algo que desarrollaría entre finales de los años 60 y principios de los 70 en Barcelona, aunque en realidad desde niño solía dibujar en un papel de estraza que le preparaba su padre; logró tal destreza que con nueve años ilustró su primera tentativa literaria: una imitación de ‘Cinco semanas en globo’ de Julio Verne. Se trasladó a Barcelona y realizó varias exposiciones con una obra expresionista, surrealista y un tanto metafísica, que rescató el sello Prames, en una edición de Pedro Pablo Azpeitia: hacía figuras inquietantes, campesinos, sueños. Si poco a poco abandonó la pintura, jamás dejó de dibujar y de colorear: fue un maestro de las dedicatorias y las caricaturas (que editó Mercé Biosca), y solía utilizar hombres con gorra que se le parecían, y algunos animales, pájaros y especialmente cocodrilos, que él, en sueños o en sus fabulaciones, veía surcar el Ebro.

El Ebro fue el auténtico hontanar de sus fabulaciones a través de los cafés de sus orillas, donde se reunían los marinos. Veía ir y venir los ‘llauts’ y oía narraciones de contrabando y aventuras de amor, y a veces de prostíbulo, de cabareteras francesas o de fútbol (fue el escribiente de un cronista ciego) que poblarían, elaboradas a su manera, muchas de las páginas de sus cuentos y de su obra capital: ‘Cami de sirga’ (1988), un friso narrativo ambicioso poblado por navegantes como Honorato del Rom y Arquímedes Quintana o aquella delicada Carlota. Para llegar ahí, a una obra tan madura, había publicado dos libros: ‘El cafè de la Granota’ (1981; ‘El café de la rana’, en la edición de Xordica) e ‘Històries de la má esquerra’ (1985; ‘Historias de la mano izquierda’ en castellano), relatos muy trabajados que reflejan la asimilación del magisterio de Manuel Berdún Torres y su ‘Destierro 6’, “el primer escritor que yo conocí”, de Edmón Vallès y de Pere Calders, el gran cuentista de ‘Crónicas de la verdad oculta’, con quien coincidió en la editorial Montaner y Simón.

A ‘Cami de sirga’, le siguieron la citada ‘La galería de les estatuas’ (1992) y luego ‘Estremida memòria’ (1997) -los tres títulos aparecieron en Anagrama con el título de ‘Camino de sirga’, ‘La galería de las estatuas’ y ‘Estremecida memoria’- y son los libros de un gran escritor, perfeccionista hasta la exasperación, capaz de hacer hasta ocho o diez versiones, que admiraba a Balzac, Lampedusa, Álvaro Cunqueiro o Alejo Carpentier, y que convirtió a Mequinenza en una región universal de la ficción. Él asumió la cita más célebre de Miguel Torga, “lo universal es lo local sin paredes” y estaba feliz porque había sido vertido a una veintena de lenguas, “entre ellas el coreano”, decía. Amaba tanto su idioma que se dedicaba a traducir –con nombres como Maximus Minimus, Cornelius Pi y otros seudónimos- para sobrevivir, claro, y porque estaba seguro de que eso le permitía, día a día, construir una lengua más rica, matizada y sonora, idónea para su escritura llena de humor, sensualidad y una fantasía que invade lo cotidiano y se hace mito.

 

*Autorretrato de Moncada. Este texto ha aparecido en 'Letras estivales' de Heraldo.

 

08/08/2016 19:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORGE RODRIGUEZ DIALOGA CON MIGUEL PARDEZA SOBRE 'TORNEO'

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Jorge Rodríguez entrevista a Miguel Pardeza en ’Letras Libres’ con motivo de la publicación de su libro ’Torneo’, en el sello Malpaso.

 

http://www.letraslibres.com/blogs/polifonia/un-pais-donde-se-considera-que-leer-es-una-rareza-padece-una-enfermedad-social-grave?page=full

Por Jorge Rodríguez Gascón.

Estudiante y administrador del blog Gol Olímpico.

Miguel Pardeza Pichardo (La Palma del Condado, Huelva, 1965) es un personaje insólito. Futbolista internacional, campeón de la Recopa de Europa con el Real Zaragoza en 1995 y miembro de La Quinta del Buitre, es un lector culto y apasionado, especialista y editor de la obra de González Ruano. Acaba de publicar Torneo (Malpaso, 2016), un “ensayo autobiográfico” en el que repasa sus inicios como deportista profesional y el descubrimiento de la literatura.

En la nota aclaratoria presenta el libro como una especie de desafío. ¿En qué sentido lo era? ¿Se puede leer Torneocomo un libro de formación?  

Era, o eso creo, un doble desafío. Uno básico, gimnástico, poner a prueba mi resistencia física delante de un ordenador. Escribir no es solo un ejercicio intelectual, cerebral, es también físico. Escribir requiere resistencia fisiológica como mantener un ritmo respiratorio adecuado, e incluso tener un culo a prueba de callos, salvo que seas Dickens, Hemingway o Nabokov que escribían, al parecer, de pie, lo que es, o eso me parece a  mí, mucho peor. De aquí que tantos escritores se hayan ayudado con café, alcohol, drogas, o hayan abusado de la meditación zen o hagan curas depurativas como Vargas Llosa en una clínica famosa de Marbella. Y por otro, quería, o pretendía, conocer hasta dónde era capaz de alcanzar mi memoria, por lo común muy perezosa. Desde estos dos puntos de vista, sí que Torneo encaja en la literatura de formación, o mejor dicho de iniciación, aunque no quiero olvidarme lo que el libro tiene, por supuesto, de autoconocimiento.  

Hay un acontecimiento fundamental en su juventud, que es la apertura de una biblioteca en su pueblo, La Palma del Condado. ¿Cómo se produce el descubrimiento de la literatura y qué importancia ha tenido en su vida?

Mi estancia aquí en la tierra no me la explico sin libros. Como tampoco me la explicaba sin fútbol mientras estaba en activo. A los unos y al otro he dedicado casi toda mi vida hasta el momento. La apertura de la biblioteca de mi pueblo, La Palma del Condado, fue crucial porque me mostró que la abundancia de libros en un mismo espacio era factible. Tuvo el encanto de una revelación aritmética. Un contraste emocionante porque en mi casa solo había una enciclopedia Larousse, Guerra y pazincompleto, libros de higiene corporal, un tocho titulado más o menos Un niño va a nacer y tres o cuatros tomos sobre mecánica. Muy poco más. Es decir, nada. Como era aún casi un niño aquel impacto, como decía, fue solo visual, pues mis intereses del momento no pasaban de Astérix. Pero quiero creer que allí en la sala de lectura, al lado de una ventana que daba a Ronda de los Legionarios, mientras oía los motores de los camiones Pegaso que por allí cruzaban, concebí la ilusión de tener algún día algo parecido a una biblioteca, uno de los lugares más queridos por mí.

Usted hizo la tesis doctoral sobre César González Ruano. ¿Qué es lo que le interesó de él?

Creo que Ruano, como algún otro, resume casi a la perfección las contradicciones y los despropósitos de la primera mitad del siglo xx. En cincuenta años Europa se desangró dos veces, humilló y avergonzó a la raza humana. En un momento de grandes avances científicos, subversiones culturales y alucinaciones políticas, como el fascismo y el comunismo, solo quedaba opción para la militancia o para el cinismo. Ruano prefirió esta segunda opción. Tenía una frase que me gusta repetir: “sobre mi conciencia todo, sobre mi espalda nada”. Vivió con la inconsciencia y el placer con que se fumaba sus cigarros. Su ética cabía en su tintero, que era negro y espeso. Llevaba sangre del Lazarillo, pero le gustaba el refinamiento de Paul Morand. Con un ojo miraba las luces de nuestro Siglo de Oro mientras con el otro vigilaba las tetas de una ninfa de Montmartre. Mi impresión es que tenía el alma vendida al diablo, aunque en la intimidad se sintiera culpable y soñara con la salvación. Indudablemente, perdió esa guerra de anhelos encontrados. Creo que todos al final la terminamos perdiendo. Entre tanto, nos ha dejado algunas páginas inigualables. Respiraba literatura por todos los botones de sus chaquetas oscuras. La época no lo ayudó; de haberlo hecho, hoy sería algo más que una rareza para bibliófilos y para promesas del articulismo literario.

¿Cree que su afición por la literatura le convertía en un personaje atípico en el mundo del fútbol? ¿Fue la lectura un refugio para aliviar la soledad en sus años en la residencia del Madrid?

Un país donde se considera que leer es una rareza padece una enfermedad social grave. Lo raro debería ser no leer. Pero aquí, la cultura, el conocimiento siempre han levantado sospechas y el recelo no solo del poderoso, ojo, sino también del pueblo. El primero ha tenido al lector como un tipo peligroso al que había que tener vigilado o domesticado, el segundo como un cursi y un pedante. La literatura ha sido considerada siempre por el poder y la fácilmente manipulable gente corriente una cosa de señoritas hiperestésicas,  vagos de atar y académicos. El fútbol es un fenómeno en el que la inteligencia se pone al servicio del músculo o al revés. Las actitudes reflexivas son raras en un deporte que premia la testosterona en un contexto de radical fugacidad. Yo, como me ha gustado ir por libre, jamás me he planteado a mí mismo en términos de raro o normal. Jugué y leía como si fuera las dos caras de una misma personalidad. Y por supuesto, a los libros siempre les estaré agradecido, pues me ayudaron y me ayudan a estar en este malparido teatro que es el mundo.

 En el libro le interesa también el relato de aquellos que no lograron llegar e incluso el perfil desgraciado de los personajes que le rodeaban en la residencia, ¿por qué? ¿hay algo de ficción en esas historias?

Sentir compasión por el perdedor y cierta tirria por el triunfador es la peor tentación de un escritor, diría de casi cualquier hombre. Nunca he entendido por qué quien pierde es más digno de nuestra conmiseración que quien gana. Cualquiera de los dos merecería nuestras lágrimas y nuestro perdón. Ganar y perder son nociones confusas y normalmente intercambiables. El éxito según lo entendemos hoy día compone un cuadro con dos colores únicos, que son  el material y el social, o lo que es lo mismo: el dinero y la fama. Dejo al margen el poder, porque en sí mismo es odioso. Como la vida se las arregla a su manera para compensar tanta desigualdad, se reserva la libertad para que el triunfador engendre sus propias derrotas y que el perdedor encuentra en el fracaso su manera de triunfar. Pero como no soy una excepción, es obvio que me dejo atraer por los desterrados de la ruleta de la fortuna. Por una discutible tradición cultural vemos más literatura en un tirado perdedor que en el exitoso hortera que luce yates y tías buenorras, a las que la gente imagina como la quintaesencia del furor erótico. Y sobre si a esos personajes los adorné con los andrajos de la literatura, solo puede decir que sí. A la tristeza le van muy bien los adjetivos.

Usted fue uno de los jugadores más prometedores del país ya en su adolescencia. El famoso Torneo que da título al libro, en el que le nombraron mejor jugador, le llevó a la cantera del equipo más poderoso de España. En el libro parece que tuvo episodios de inseguridad y de dudas, ¿hasta qué punto le pesó esa responsabilidad? ¿Cómo supo canalizarla para convertirse en el jugador que fue y cómo afectó a su educación sentimental?

Mi problema adolescente no fue de responsabilidad, sino de un exceso de responsabilidad. La vida hay que vivirla, y merece la pena de que así sea, asumiendo todos los riesgos inherentes. Me obsesioné tanto con la idea del triunfo o, aún peor, con el temor a fracasar, que me olvidé de mí y de quién era. Sencillamente, me encerré en una pocilga donde se respiraba un aire fétido y donde solo se oían los gritos desesperados y de dolor de mi adolescencia frustrada. Fue un episodio lamentable, por desconocimiento y una exacerbación de los miedos casi diría metafísicos. En fin. Sobre cómo logré canalizarla, diría que no lo logré, salió adelante como pudo, a duras penas, envuelta en complejos y pánicos de todos los matices. Lo recojo en el libro. Pero si algo le tengo que agradecer a aquel cacao mental –contestando a la tercera pregunta– fue el acercarme más a los libros, de los que ya no me he separado nunca.

¿Han mejorado las estructuras de cantera de los equipos? Ahora, los equipos disponen de mayores recursos y, sin embargo, el Madrid no encuentra emblemas como en su época de jugador. ¿A qué se debe?

No tengo ni idea. Trabajar se trabaja mejor que hace años. Las instalaciones son inmejorables, los entrenadores y monitores están más preparados que los de antes, los de mi época, aunque pueden que les falten más intuición y más amor, sí, por más cursi que suene, un amor por ese niño que quería llegar a algo y al que prestaban no solo conocimientos técnicos, sino también apoyos afectivos. Dicho esto, el talento no es manufacturable, de modo que este viene cuando le da la gana.

¿En qué medida la Quinta del Buitre y el Mundial del 82 pueden servir para hacer un retrato sociológico de la España de la transición?

No lo sé, esa es la verdad, me refiero a la medida exacta. Sin embargo, sí sé que las cosas ocurren y que con el tiempo tendemos a darles un significado histórico o social. A la Quinta se le ha dado, sin duda. Yo mismo he perpetrado esa petulancia. Quise verla como un reflejo del cambio político y social de los años ochenta. Algo parecido le sucedió a la movida madrileña, entendida esta como un movimiento de liberación y sintonización cultural, aunque tengo la impresión de que esta ha quedado como una algazara y un desbocamiento hormonal cuyos resultados no superaron lo anecdótico cuando no lo chocante. El fútbol español venía del letargo de la furia, inventada por algunos periodistas del régimen y fomentada por el Estado franquista, tan aficionado a ver símbolos de la raza en cualquier manifestación por irreal que fuera. Una generación tomó el testigo del fracaso del 82 y se postuló con aire fresco. Aquella la formaban chicos a los que la dictadura les pilló en su decadencia. Su mejor legado tal vez haya consistido en que cambió la mirada del aficionado. De allí surgió una sensibilidad algo más refinada, de la que, quiero pensar, surgieron años de una renovación que concluye en los éxitos de la selección española de estos últimos años.

En Zaragoza no solo encontró la estabilidad, sino también el reconocimiento unánime de la hinchada y los éxitos. ¿Qué importancia tuvo la ciudad y el equipo en su vida?

Mucha, casi todo lo que fui se lo debo a Zaragoza y al club en el que milité durante once temporadas. En Zaragoza, encontré un hogar y un temperamento con el que me identifiqué desde el primer día. Allí nacieron mis hijos. Allí logré títulos junto a compañeros que reconfortan mi memoria. En Zaragoza, mi recién adquirido deslumbramiento literario se fomentó gracias a la compañía de amigos que me abrieron los ojos a un mundo que en mis turbios años de Madrid solo era un presentimiento. Me enseñaron una lección impagable: los libros podían ser una diversión, pero también una forma de vida. Futbolísticamente además fui un privilegiado, coincidí con una etapa brillante de un equipo cuya tradición venía de la excelencia.

¿Quiénes son los jugadores que más le han impresionado?

De todos, Maradona.

Ha vivido en primera línea grandes transformaciones en el mundo del fútbol. ¿Cuáles han sido para usted los mayores cambios? ¿Cree que el fútbol es un negocio sobredimensionado que, de alguna forma, vive por encima de sus posibilidades?

El fútbol es un fenómeno sobredimensionarlo porque vivimos una época sobredimensionada. El poder económico de algunos países está sobredimensionado, así como el poder militar. El hambre está sobredimensionada, la desigualdad entre naciones está sobredimensionada, la ceguera ideológica y el extremismo religioso están sobredimensionados. Todo se ha salido de madre y el fútbol no es más que una consecuencia de un momento histórico en el que lo único que importan son las cifras. Hoy día se celebran los traspasos millonarios como si fuera un récord que al año siguiente hay que batir. Es de locos. La calidad del jugador, por lo general, ha cedido ante el valor de la estadística. En alguna medida, el fútbol se ha vulgarizado porque el triunfo se ha hecho la única causa posible. El aficionado traga con todo, porque le hemos dicho que se olvide de la sensibilidad y que se ponga en la cola para aplaudir los puntos conseguidos. Todo está muy bien siempre que los protagonistas así lo quieran; no soy ningún integrista guardián de idealizaciones subjetivas, pero en muchas ocasiones mientras veo un partido de fútbol lo único que recuerdo cuando termina es la última frase del libro que estaba leyendo.

Hay algo especial en la primera parte del libro. Me refiero a la belleza del fútbol de provincias, sin tantos ejemplos de corrupción o excesos de responsabilidad. ¿Siente nostalgia de ese fútbol?

Sinceramente, no. No siento nostalgia. El fútbol nunca es inocente, ni siquiera en el idealizado fútbol base o aficionado. Puedo decirlo porque he pasado por todas las etapas posibles. Fui canterano, fui profesional y, una vez retirado, fui jugador dominguero en un campeonato laboral. Recuerdo que durante un partido de este último en un campo de la Federación de Fútbol en Zaragoza, tuve que parar el juego y quedarme mirando a un rival para recordarle que lo que estábamos haciendo era únicamente un entretenimiento, no una competición de la que dependiera el pan de nuestros hijos. A la jugada siguiente ese mismo rival volvió a darme una patada. ¡Y qué decir del fútbol infantil y juvenil! ¡Esos padres que se ponen en la banda para dirigir a sus hijos! ¡Esos padres que no dudan en arremeter contra rivales de 12 o 15 años por cualquier nadería, o que discuten con otros padres o insultan a los árbitros! Una calamidad. La única nostalgia que siento verdaderamente de aquel fútbol es la que surge de los cándidos sueños de entonces que a uno le hacían vivir en un estado de excitación y vitalidad permanentes. Lo demás son solo miserias de la condición humana. 

 

 

*Cromo de un jovencísimo Miguel Pardeza. La foto de Miguel Pardeza es de Maite Santonja de Heraldo.

08/08/2016 12:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

16 CUENTOS DE 'LETRAS LIBRES'

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16 escritores recuerdan un verano de juventud en el número de agosto de Letras Libres.

 

A diferencia de los veranos de la niñez, los veranos de juventud no suelen ser un paréntesis. Tienen un aire dedespedida que nos recuerda que, como decía Milan Kundera, la nostalgia es más fuerte cuando el volumen de la experiencia es menor. Pero, al igual que los veranos de la infancia, los veranos de juventud conservan la posibilidadde la aventura. Son una exploración: del sexo, del trabajo, de la vocación. A menudo propician el descubrimientode un límite, o el encuentro de una amistad o un amor decisivos.

 

Este número de la revista que dirige Enrique Krauze es una continuación de Veranos de infancia (2011) y Veranos deadolescencia (2014). Como esos números, tiene ilustraciones de Clara León. La serie –a la manera de las películas de Antoine Doinel de Truffaut, o de Boyhood de Richard Linklater– puede verse como un conjunto de catas en la experiencia de un grupo de autores. 

 

En “Delirio de amor en universidad de verano”, Andrés Barba reflexiona acerca del aprendizaje y la búsqueda, más o menos desesperada, de sexo. Jorge Carrión escribe sobre la educación sentimental en “La estación lluviosa”. Le interesan el descubrimiento de un país y un continente y también la construcción de una identidad a través de los viajes y los encuentros amorosos. En “Hubo veranos barrocos”, Mercedes Cebrián describe su experiencia en cursos de verano dedicados a la música antigua. En “Viaje o psicólogo”, el viaje que emprende Borja Cobeaga se convierte en una terapia contra la ansiedad. 

 

En “Cansarse de Londres”, Ricardo Dudda cuenta sus veranos en Londres y su trabajo como becario en Esquire. Daniel Gascón recuerda a Félix Romeo en “La estación de los amores”. Ismael Grasa cuenta su primer verano en Madrid, su trabajo como camarero en una terraza de La Latina y el desarrollo de su vocación de escritor. Enriquede Hériz cuenta cómo perdió una novela entera por un problema informático y Nuria Labari escribe sobre un verano de juventud y el descubrimiento del “sexo en serio” y el “amor en serio”.

 

Miguel Ángel Muñoz cuenta la emoción extraña que supuso terminar su primer libro. Elvira Navarro se despide dela ciudad de su adolescencia en “Una casa fuera de ruta”. En “Antigua”, Eva Puyó combina la crónica de un viaje con la descripción de dos relaciones sentimentales. Llucia Ramis retrata la intensidad incomparable del amor juvenil en “El amigo de las tortugas”.

 

Aloma Rodríguez escribe sobre la amistad en “Mis veranos con Rebeca”. Gonzalo Torné escribe sobre el deporte, la vocación y el cómic, y en “Río turbio” Berta Vias recrea una excavación arqueológica junto al Danubio y su atmósfera inquietante. 

 

Director: Enrique Krauze 

 

Editor responsable en España: Daniel Gascón

05/08/2016 13:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JACK LONDON, DESPUÉS DE UN SIGLO

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La aventura extrema de Jack London

 

Se cumple un siglo de la muerte del autor de ‘La llamada de lo salvaje’: un modelo de escritor profesional que sentía pasión por el mar, el boxeo y la fiebre del oro

 

PIES DE FOTO. 

Jack London y su segunda esposa Charmian a bordo del velero ‘Snark’ hacia 1907

 

 

 

Antón CASTRO

Jack London (1876-1916) es uno de los escritores más apasionantes de todos los tiempos, incluso en sus contradicciones: se le iban la mano y los ojos demasiadas veces hacia textos ajenos y acababa, de formas sutiles o descaradas, apropiándoselos. Fue denunciado por ello, y en ocasiones lo asumió con entereza. Con el paso del tiempo, este joven aventurero, de padre incierto y criado por una mujer que había sido esclava, Virginia Prentiss, se convirtió en un escritor profesional, que ganaba mucho dinero con sus cuentos, sus reportajes, sus crónicas de pugilismo –en 1910 narró el combate entre Jack Johnson, el campeón negro al que despreció, y James Jeffries; venció Johnson, el mismo que combatió en Barcelona con Arthur Cravan- y, sobre todo, con sus novelas.

John Griffith Chaney London sería hijo del astrólogo William Chaney, se piensa, y de la profesora de música y espiritista Flora Wellman. Aquel, porque nunca asumió su paternidad, y ella, por enfermedad, no se hicieron cargo del joven, que se formó en la Biblioteca Pública, leyendo como un descosido, y realizando distintos empleos: fue repartidor de prensa, trabajó en el ferrocarril, en un molino de yute, patrullero de costa y fue también un auténtico vagabundo que pasó un mes en la cárcel en Búfalo. Una de sus grandes pasiones fue la navegación: en 1893, a los 17 años, justo cuando había empezado a hacer sus primeros pinitos en revistas y periódicos, se enroló en la goleta ‘Sophia Sutherland’, que navegó hasta las costas de Japón. El viaje le daría satisfacciones y un rico material narrativo. Algún tiempo después, repetirá experiencia en otra goleta y se dedicará a la búsqueda de ostras. Entre sus ocupaciones figura la de traficante y, también, la de buscador de oro: entre 1897 y 1898 se trasladó a Klondike, Canadá, cerca de la frontera de Alaska; tuvo que abandonar porque fue presa del escorbuto. Allí acentuó su impresión de pertenencia a la naturaleza, uno de sus temas básicos.

En 1903 publicó por entregas, a modo de serial o folletón, en ‘Saturday Evening Post’ su primera novela: ‘La llamada de la selva’, también titulada ‘La llamada de lo salvaje’, el relato de un perro Buck, del juez Miller, que fue secuestrado y vendido como perro de trineo, durante la fiebre del oro. Nórdica acabe de publicar una edición ilustrada por Javier Olivares. Es un relato de supervivencia en condiciones adversas, asunto central de las ficciones de London, que no dejará de publicar desde entonces: ahí están ‘El lobo de mar’ (1904), ‘Colmillo blanco’ (1906) o ‘Martin Eden’, que sería su primer bosquejo autobiográfico, algo que repetiría años después con ‘John Barleycorn’ (1913), la historia de un hombre prisionero del alcohol, como él.

En todos estos años, instalado ya en Oakland, se casó dos veces: una, en 1900, con Bess Maddern; fue un matrimonio civilizado, sin pasión, de antiguos amigos, y tuvieron dos hijas, Joan y Becky; ella fue su amanuense, su consejera y su correctora, y aceptó con sosiego que London amase a una antigua novia: Anna Strunsky. En 1905 volvería a casarse, ahora con Charmian Kittredge. Una de los episodios más hermosos que vivieron juntos fue su gran odisea a bordo del velero ‘Snark’, algo que cuenta el escritor y viajero Martin Johnson (1884-1937) en el libro ‘Por los mares del sur con Jack London’ (Ediciones del Viento, 2016). London acoge a Johnson como cocinero y le dice: “Y por cierto, en caso de que te guste el boxeo, te diré que todos nosotros boxeamos y vamos a llevarnos los guantes. Te daremos ventaja. También debo decir que todos pasaremos juntos muy buenos momentos nadando, pescando, viviendo todo tipo de aventuras, haciendo mil y una cosas”. Johnson lo define “como un niño grande afable, sincero, generoso”.

Como las cosas le iban bien, hacia 1910 compró el racho Glenn Ellen. Se hizo socialista y teorizó sobre ello. Y acuñó una poética: “La verdad esencial de la vida es la naturaleza”. Y dijo también: “El hombre se distingue de los demás animales por ser el único que maltrata a su hembra”.

Poco a poco fue víctima de los desórdenes y el alcohol y se vio acosado por las deudas. Aún le dio tiempo a publicar uno de sus libros más originales, ‘El vagabundo de los estrellas’, la exaltación de la imaginación, la fantasía y la reencarnación. En noviembre de 1916, hace ahora un siglo, tomó morfina y adropina. No se sabe si fue un error o un suicidio, pero así fallecía quien había sido un romántico y un escritor que hizo de su existencia la materia de una ficción universal. En una entrevista confesó los secretos del éxito: “Mucha suerte. Buena salud. Buen cerebro. Buena correlación mental y muscular. Pobreza. Leer ‘Signa’ de Ouida a la edad de ocho años. Y la influencia de ‘Philosophy of Style’ de Herbert Spencer”.

LOS LIBROS

 

La noche que Tronnia cambió su mundo

M. C. Arellano /Blanca BK

 

Un divertido libro de aventuras de Nalvay con hadas, druidas y basiliscos. M. C. Arellano Cuenta la historia de la troll Tronnia que desea competir en los Juegos Féericos. Allí deberá hacer acrobacias imposibles o cazar estrellas fugaces. Y a ello se dispone. Blanca BK ilustra con humor y ternura.

 

Alicia en el País de las Maravillas

Lewis Carroll

Esta edición de ‘Alicia’ es más que especial: cuidadísima, trabajada con meticulosidad por Ramón Buckley e ilustrada por Benjamin Lacombe, con muchos recursos. Edelvives tira la casa por la ventana y ofrece belleza sobre belleza, fantasía de impresión y sueño. Un libro onírico y ya clásico.

 

 

 

31/07/2016 14:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: 'ARGONAUTAS'

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2016/07/31/argonautas/867206.html

El artículo de los domingos de Guillermo Busutil.

 

Cuaderno de mano

Argonautas

Guillermo Busutil  31.07.2016 

 


No es lo mismo ser atleta olímpico que emigrante sin vocación. Unos se marchan con alas rojas y el sueño de convertirse en héroes elegidos. Los otros sólo aspiran a ser héroes anónimos de espaldas grises. El esfuerzo de los primeros tal vez lo recompense el triunfo de una marca y posar en alto con una medalla de laurel simbólico. Los segundos sólo pugnan por un empleo digno con su sueldo correspondiente. Sus conquistas no se valorarán de igual manera en su mismo país de origen. Nada en común tiene el adiós a su embarque. A los emigrantes nadie los avala en su rumbo. Sin alas, sin federaciones, sin preservativos anillados en la maleta y sin reportajes periodísticos que los animen a su gesta. Ni siquiera les silbarán el himno cuando coronen la meta de un empleo por encima de los mil euros brutos. Ese deseo de buena suerte susurrado con un abrazo o un beso casi a solas en una terminal aérea sin reportaje fotográfico. A los heraldos, en cambio, los despide el presidente enrocado en la ambigua soledad de su investidura y los celebra como españoles de una gran nación de españoles que los respaldarán con ánimo si no superan la prueba. A los emigrantes sólo su familia los absolverá de su fracaso. Y en su despedida sólo son para Rajoy una cifra social que cuestiona el ave fénix de su reforma laboral. Los 100.000 emigrantes que salieron el pasado año, sumándose a los 833.339 españoles que lo hicieron entre 2008 y 2015, nunca competirán con su recuerdo de los hijos del viento, de las sirenas sincronizadas, de los guepardos azules de agua a 24º y de los fondistas que, junto con otros atletas, vuelan rumbo a Río. Volver con una medalla prestigia a España. Quedarse a trabajar en el extranjero es un fracaso nacional que no se vende en el hemiciclo ni en portada.

De ninguno de los 2,4 millones de españoles que sudan su trabajo, en otros estadios de competición laboral del mundo, se puede presumir como producto interior de una buena política. Tampoco dan las satisfacciones del deporte. La disciplina que anualmente nos ofrece un ídolo generacional, un modelo al que imitarle el corte de pelo y su canción de karaoke. Estrellas de Zeus de ese mercado donde cada verano se sueña con un cromo de 100 millones de euros, sin detenerse a pensar en la inmoralidad de pagar esa cantidad por unas cualidades que nunca son ejemplo de nada que fomente el valor del conocimiento, del coraje o la creatividad. Hace mucho tiempo que el mundo se convirtió en un balón de fútbol. Religión de pobres y de ricos, de dioses y de pícaros, cuya economía se mueve por detrás y por debajo, y alrededor también de los espectáculos de élite deportiva. Un negocio como el que va a inaugurarse en la capital de Brasil, con 14 millones de analfabetos, según los datos de la UNESCO de 201, y 40 millones de personas viviendo en la pobreza.

Las Olimpiadas van a ser el oasis de agosto. A su manera se lo dijo Felipe VI a la muchachada olímpica: «Sois la ilusión de la sociedad española». Lo hizo a la hora en punto en la que Madrid se había convertido en la capital mundial de Pokémon Go. Más de 5.000 personas concentradas en la misma zona de la capital, en la que hace meses también se citaron decenas de improvisados manifestantes a favor de dos concursantes de Gran Hermano, para cazar estas criaturas de Nintendo y cuyos ejemplares más difíciles capturó también el viernes Nick Johnson. Un neoyorkino de 28 años que ha tardado 17 días y muchas horas de sueño en conseguirlo. Ahora únicamente le faltan Mr. Mime, Kanaskhan y Farfetch´d, los pokémon sólo disponibles en Europa y para cuyo safari ya busca patrocinadores.

 

Al ritmo que se idiotiza la infantilización social no tardará este juego en catalogarse categoría olímpica. Es increíble lo que moviliza el absurdo como se dijo en un programa de Radio 3 en el que no recuerdo quien espetó que «menos salir a la calle a cazar pokémon y más a salir a la calle a protestar». Lo triste es que hacerlo tampoco sirve de mucho a juzgar por lo que sucede en este país abochornado entre el espectáculo de los líderes de sus partidos secuestrando entre todos el Estado de Derecho y la necesidad de una dialéctica política de altura; el error de los responsables de la Seguridad Social que ha pagado jubilaciones a 30.000 personas fallecidas; el profesor de la Facultad de Económicas de Santiago de Compostela, Luciano Méndez, al que el escote sensual de María le turbaba las clases y a los 3.500 periodistas en paro, según la actualización informativa de la EPA. Firmas, voces e imagen que se añaden a los 31.800 que han perdido el oficio de preguntar y contarnos que hay detrás de la batalla. Unos datos a los que pronto habrá que sumar los mil despidos del ERE que prepara Iberia y el 20% de la plantilla del Banco Popular en su estrategia de reducir costes con medidas no traumáticas y en aras de ganar eficiencia. Qué manera más sibilina tienen algunos de manejar conceptos con tono hidalgo, molestándose en cambio cuando alguien les responde educadamente con la inteligente esgrima del lenguaje quevediano, y el coraje romántico de los que toman solos y a pie de letra el combate de llamar a las cosas por su nombre, sin artículos cómplices ni disfraces de ninguna clase.

Maracaná no luce su fuego olímpico en la noche. La flecha de la llama encenderá los sueños heráldicos el próximo viernes de la fiesta. Mientras, aquí continúa la carrera de fondo de la precariedad laboral. El 91,01% de los contratos temporales se traducen en casos de ansiedad, de estrés y depresión. Da igual el sector. En hostelería el sueldo medio es de 600 euros, y hay hoteles que pagan a las camareras euro y medio por cada habitación de las que tienen que hacer 30 en 4 horas. Otros empleos ofrecen 400 euros por diez horas en jornadas con turnos variables, que impiden otra ocupación de la misma índole. Tampoco se salva la sanidad andaluza sobre la que un médico, Juan Toral, denuncia en una carta sus sueldos mileuristas con guardias maratonianas, el elevado cierre de camas en verano y la imposibilidad de garantizar una asistencia de calidad. Según los estudios realizados por Josep María Blanch, catedrático de psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, mientras que un parado se centra en las esperanzas de encontrar trabajo, en un precario laboral esta ilusión se desvanece y su actitud se desmoraliza cada vez que se enfrenta a perores condiciones laborales.

En agosto, si puedo, me gusta regresar a mi infancia. Estoy releyendo Las aventuras de Huckleberry Finn de la editorial Sexto Piso, traducidas por Mariano Peyrou. Su destino es un río por el que emigra huyendo de la orfandad y buscándose la vida. Me alegrará la suerte contra el crono, la altura, la distancia y las dianas de los paisanos olímpicos, pero el éxito de verdad se lo deseo a los emigrantes que se marchan hacia la difícil prueba de su futuro. A solas, en otro idioma, sin cobertura social de ninguna clase ni pisos de acogida. Ni un corifeo de orgullo en el caso de su regreso. Aunque su vellocino no sea de oro, su manera de batirse el cobre a diario los convierte en mis auténticos argonautas. Lo mismo que Huck, con el que prosigo mi lectura rebelde contra el allanamiento político de nuestra inteligencia y nuestra fantasía.

 

*Tomo la foto de aquí.

31/07/2016 14:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CÁLAMO, PREMIO BOIXAREU GINESTA

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Librería Cálamo de Zaragoza galardonada con el Premio "Boixareu Ginesta" al Librero del Año

 

La librería Cálamo de Zaragoza ha sido reconocida con el Premio "Boixareu Ginesta" al Librero del Año que otorga la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). El jurado ha concedido el galardón a esta librería aragonesa "por ser un arquetipo de librería de fondo independiente que desarrolla iniciativas innovadoras que le han convertido en un centro de irradiación cultural dentro de su entorno". 
El Premio "Boixareu Ginesta" reconoce públicamente desde 1995 la labor de aquellas librerías y libreros que realizan una importante labor en el fomento y desarrollo de la cultura escrita y que contribuyen a la consolidación de la cadena del libro en sus ámbitos de actuación. 
Librería Cálamo, dirigida por Ana Cañellas y Paco Goyanes, es una librería independiente de fuerte compromiso cultural fundada en 1983 con dos objetivos: ofertar y vender buenos libros, cuidando la selección de sus fondos bibliográficos bajo el único criterio de la calidad, y participar de manera activa en la vida social y cultural de la ciudad de Zaragoza a través de la realización de numerosas actividades ligadas al mundo del libro y de la cultura.

A lo largo de sus más de 30 años de existencia ha recibido diversas distinciones por su labor y participado en eventos dentro y fuera de España. Recientemente ha sido reconocida con el Sello de Calidad de Librerías que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en colaboración con la Asociación de Cámaras del Libro de España y está destinado a proteger a las pequeñas librerías y reconocer su importancia en la cadena del libro y su papel como agentes culturales. Algunos medios de comunicación la han incluido también en el ranking de las mejores librerías del mundo.

En la actualidad mantiene abiertos dos espacios en la capital aragonesa: Librería Cálamo (Plaza San Francisco 4) especializado en literatura, ciencias sociales y libros de viaje y Cálamo Infantil (Plaza San Francisco 5) de literatura infantil y juvenil que le permiten presentar una amplia oferta editorial a su público. Asimismo, cuentan con tienda on-line a través de la que atienden pedidos nacionales e internacionales.

En el apartado cultural, la Librería Cálamo organiza infinidad de actos como presentaciones de libros, conferencias y debates, exposiciones bibliográficas, conciertos, lecturas públicas, teatro, actividades para niños, cursos de escritura creativa, catas y venta de vinos. Convoca también los Premios Cálamo, que anualmente premian libros y autores elegidos por los clientes. Cálamo es también una empresa de gestión cultural que elabora y realiza proyectos relacionados con el mundo del libro en los ámbitos local, nacional e internacional, de manera especial en México, Colombia y Guinea Ecuatorial. Entre ellos, la organización de los Encuentros Talento Editorial para el Hay Festival América y los Encuentros de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas "Otra Mirada".

En ediciones anteriores del "Boixereu Ginesta" fueron premiadas, las librerías Laie de Barcelona (2015), la Antonio Machado de Madrid (2014) y la Marcial Pons (2013), con sedes en Madrid y Barcelona (2013). La entrega del galardón se realizará en 13 de octubre en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) en el marco de las actividades de Liber 2016, la feria internacional más importante del libro en español.

En el mismo acto se entregarán, además, los Premios Liber al Fomento de la Lectura en medios de comunicación y en bibliotecas abiertas al público a la periodista de Radio Nacional de España Pepa Fernández quien dirige el magacín de fin de semana "No es un día cualquiera" y a la Red de Bibliotecas Municipales de la provincia de Barcelona, respectivamente. Asimismo, también se concederá el Premio a la mejor adaptación audiovisual de una obra literaria a la película Un día perfecto, dirigida por Fernando León de Aranoa y basada en la novela Dejarse llover, de Paula Farias. Además se premiará al autor hispanoamericano más destacado y se homenajeará a un editor por su trayectoria en el mundo del libro, ambos pendientes de conocer.
 
Barcelona, 26 de julio de 2016
Nota de Maria Dolors Herranz. Prensa Liber.
*Esta foto pertenece a los archivos de Heraldo en internet.

 

 

EN 2013, CÁLAMO FUE SELECCIONADA ENTRE LAS LIBRERÍAS MÁS BELLAS DEL MUNDO. PUBLIQUÉ ESTE ARTÍCULO EN 'EL PAÍS SEMANAL'

 

LA ESCALERA DE AUTOR DE CÁLAMO

 

Una librería es un mundo y un compendio del mundo. Francisco Goyanes lo tenía muy claro desde que fundó Cálamo en octubre de 1983, hace treinta años. Un mundo propio, trazado con el laberinto infinito de las Humanidades, en cierto modo un autorretrato impreciso que empezaba a dibujarse en el espacio y en sus contenidos. Cálamo ha querido ser siempre un teatro acogedor, un santuario, una casa habitada por la curiosidad, la sorpresa y las distintas formas de belleza. Paco Goyanes siempre ha sido partidario de los cambios, de la mudanza, de emprender aventuras, y eso explica qué ha sido y qué es Cálamo. Una librería apacible, cómoda, envolvente con sus propuestas y a la vez un teatro en marcha; de ahí que haya tenido un sello editorial, o incluso dos, o que haya realizado numerosas apuestas, visibles a lo largo del tiempo. Viajero insomne e infatigable, Goyanes y su equipo han apostado por los viajes, y lo siguen haciendo, por los idiomas (abrieron otro local dedicado, sobre todo, a los libros en francés), y por la literatura infantil y juvenil, por los álbumes ilustrados, por tantos y tantos libros que buscan la armonía perfecta entre innovación, beldad (o lo que Paco llama, en sus estantes, “libros especiales y muy especiales”), embrujo y calidad. Cálamo ha querido ser una casa de libros y el espacio donde los escritores hablasen y contasen sus libros. De ahí que así, como quien no quiere la cosa, diga que a lo largo de estas tres décadas por Cálamo hayan pasado más de 2.000 escritores. Cálamo ha querido ser una casa de citas para la amistad, para la inquietud intelectual, para el compromiso y una forma de mirar y entender los tiempos que pasan.

A Paco Goyanes y a su equipo –conformado ahora por sus hermanos Jorge y María José, por su compañera Anna Cañellas y por el librero León Vela- siempre le ha interesado lo diferente. La otra mirada. Libros que proponen travesías de lugar, de conocimiento, de temblor inesperado y de rebeldía. Quizá por ello creó los Premios Cálamo, que han sido un acontecimiento en Zaragoza y en España, porque han distinguido autores, volúmenes y propuestas de diversos lugares del planeta. Y ha establecido vínculos permanentes con las ferias y editoriales sudamericanas, con jóvenes editores, algo que ahora se concreta muy especialmente en su relación con el grupo Contexto y con su pasión por Acantilado, la editorial que exhibe al completo como si fuera uno de sus mejores autorretratos. Y puesto a innovar, o a buscar afinidades, o lo que él llama “maridajes”, ha incorporado los discos de músicas selectas, músicas del mundo, desde el jazz a las sendas del new age, y ha establecido una modesta vinacoteca: vinos infrecuentes, cuidados, de exquisita manufactura, que anuncian la singularidad del local. El vino de las palabras, el vino de la imaginación, el vino como estímulo de creación y tertulia. Y cuando se habla de Cálamo ahora hay que citar dos cosas esenciales: ese conjunto de más de 40 jaulas que tienen en su interior poemas, aforismos, sueños y que recuerdan la jaula de Ramón Acín y Conchita Monrás, y su característica escalera. Allí ha impreso los nombres de los ganadores de los Premios Cálamo, casi siempre tres por edición, y ha bautizado cada peldaño con nombres que resumen la trayectoria de Cálamo: los escritores José Luis Rodríguez y Manuel Vilas, los impresiones Stella y Paco Boisset. Cálamo siempre ha tenido como una hornacina o una alcoba interior: allí están los libros de pensamiento, allí tiemblan las palabras que viajan en el tiempo con un latido de verdad, de búsqueda y de delirio.

 

26/07/2016 11:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FIN A LA POESÍA DEL MONCAYO

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    ECOS DE POESÍA, HISTORIA Y CARIÑO DESDE VERUELA
    Almudena Vidorreta, poeta y profesora en Nueva York, alumna dilecta de Aurora Egido, está pasando unos días en la casa familiar de Los Fayos. El sábado estuvo en Veruela, entre amigos. No pudo asistir el debate en torno a Blas de Otero de Manuel Forega, Luis Tamarit y Amador Palacios, coordinado por Inés Ramón, pero sí estuvo en la sesión vespertina. Oyó a los músicos -el juglar y trovero Claudio López, Luigi Maráez y Alime Huma, Rafa...el Lechowski, poeta, rapero y editor, El Sharif y la nueva formación de El Galgo: liderada por Jesús López, que ahora se parece un poco a Franco Battiato- y asistió también al espléndido y emocionante recital de El Silbo Vulnerado, 'Aquí tenéis', que ofrecieron Luis Felipe Alegre, rapsoda, actor y cantante, y Dolores Miravete, 'Dolos', en honor y recuerdo de Blas de Otero (1916-1979). Muchos amigos y artistas le regalaron a Trinidad Ruiz-Marcellán una cajita llena de sorpresas y cariño, y un niño le ofreció un ramo de flores. Así se despidieron quince años del Festival Internacional de Poesía del Moncayo y también al coeditor Marcelo Reyes, alguien que anda por ahí al aire de su vuelo.

    Almudena tomó esta foto de la iglesia de Santa María de Veruela y la colgó en su muro de Facebook. Que se sepa, nadie de ninguna institución ha acompañado a Trinidad y su equipo en la despedida. La vida sigue, y la poesía también.

25/07/2016 08:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BLAS DE OTERO: POESÍA PARA TODOS

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Blas de Otero, del tormento

místico a la voz del pueblo *

 

Blas de Otero o la poesía para todos

 

El autor de ‘Pido y la paz y la palabra’ es homenajeado en su centenario (1916-1979), hoy en Veruela, por El Silbo Vulnerado

 

Foto en color con boina. FUNDACIÓN BLAS DE OTERO

En poeta en plena madurez, cuando vivía en Madrid con Sabina de la Cruz.

 

ARCHIVO ALFREDO CASTELLÓN / ASUNCIÓN CARANDELL

1959. Visita a Collioure, a la tumba de Machado. Arriba, primero por la izquierda, Blas de Otero; primero por la derecha, el zaragozano Alfredo Castellón. [Con ellos están: J. A. Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente. Abajo: Gil de Biedma, Costafreda, Carlos Barral y Caballero Bonald.]

 

Antón CASTRO

Blas de Otero es autor de la poética más breve de todos los tiempos: «Escribo / hablando». También observó: «Hundí las manos en el fondo de las palabras». Y ensayó esta breve biografía: «Mi terquedad es indomable, dirigida siempre hacia los cuatro puntos cardinales de mi vida: el arte, la mujer, la justicia y pasear por la calle». El arte, esencialmente, fue la literatura, y más en concreto la poesía. La mujer es la llama constante de su producción: el amor y el desamor, el cuerpo del deseo carnal, el faro y el sueño que persiguió y que encontró en Concha Quintanar, en la cubana Yolanda Pina y en Sabina de la Cruz. La justicia fue una profesión más que una vocación y también una pesadilla. Un quiero y no puedo que le ayudó a sobrevivir; como cosa curiosa, en 1935 se licenció en Derecho en Zaragoza, ciudad donde publicaría ‘Mientras’ (Javalambre, 1970) y donde lo retrataría Joaquín Alcón, y donde ha tenido lectores y glosadores entusiastas como Ángel Guinda y José Luis Melero. ¿Y pasear por la calle? Poeta con Dios en un principio, poeta del yo luego, acabó sintiéndose poeta del oído y de la música del idioma, poeta del nosotros, y buscó en los bares, en los mercados, en distintos paisajes españoles la voz de la gente, el desgarro de existir y el sentir del pueblo.

Blas de Otero, que nació en Bilbao hace ahora un siglo, fue un hombre atormentado, inclinado a la duda y a las depresiones. Nieto de un hombre que tenía barcos y de otro que era médico, su casa fue su refugio y el santuario inicial de la seguridad y la imaginación, donde contó con una mademoiselle, Isabel, a la que cantó en varias ocasiones. Estudió en Jesuitas y se sintió el habitante de una cruel pesadilla. Las cosas no iban demasiado bien para los suyos, y la familia se trasladaría a Madrid. Siendo un adolescente, se murió su hermano y poco después su padre. Cuando se repasa su biografía, parece un constante ir y venir, un desacomodarse febril, y eso le deja herida y hemorragia en su interior. Aprobó letras, dio clases particulares, combatió en los dos bandos en la Guerra Civil. Después, en 1941, trabajó como asesor jurídico y dos años más tarde se trasladó a Madrid para cursar Filosofía y Letras. Soñó entonces ser «un poeta profesor», pero la universidad lo decepcionó. Volvió a Bilbao con un gran sentimiento de culpa: había dejado a una de sus hermanas al frente del negocio familiar y estaba seriamente enferma. Intentó relevarla y lo hizo un tiempo hasta que sus contradicciones fueron tan intensas que se autoexilió en París.

Para entonces ya era poeta: había pertenecido a círculos católicos, había escrito su ‘Cántico espiritual’, de claro influjo místico y con perfecto dominio de la métrica española. Era un joven inseguro, un náufrago en el centro de su angustia, y ya había ensayado pasos más hondos y estremecedores, más humanos con dos libros: ‘Ángel fieramente humano’ (1950) y ‘Redoble de conciencia’ (1951), que reaparecerían en 1958 en un solo tomo, ampliado: ‘Ancia’, uno de esos libros que anuncian a un poeta mayor. El poeta que pasa del diálogo con Dios al diálogo consigo mismo y que ya intuye que está a punto de descubrir una nueva actitud: el compromiso, la solidaridad, la firmeza de la poesía social, que cristalizará en otros títulos claves como ‘Pido la paz y la palabra’ (1954) y ‘Que trata de España’ (1964).

Blas de Otero era un poeta que había asimilado muchas lecturas: desde Rosalía de Castro a Juan Ramón Jiménez o Lorca, desde Pablo Neruda y César Vallejo a Walt Whitman. La experiencia parisina le cambió la vida: amó a Tachia Quintanar, actriz y rapsoda, y novia de García Márquez durante casi un año, se hizo marxista y se afilió al Partido Comunista. Preso de la nostalgia regresó a España y se curó recorriendo Castilla y sus pueblos, aquel viaje era como el autosacramental del peregrino en su patria. El militante comunista, que tuvo muchos problemas de censura, viajó en 1960 a Rusia y a China; en 1964 se trasladaría a La Habana, donde contrajo nupcias con Yolanda Pina, y finalmente regresó a Madrid en 1967. Se reencontró con una amiga de juventud, la profesora Sabina de la Cruz, y vivieron felices. Blas de Otero alcanzó la plenitud como enamorado, como hombre y como poeta.

Este mismo año aparecía en Galaxia Gutenberg la edición en rústica de ‘Obra completa (1935-1979), de 1274 páginas, en edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández. Y hoy, a los pies del Moncayo, en el XV y último Festival Internacional de Poesía de Veruela, se le rinde un homenaje a cargo de El Silbo Vulnerado con ‘Aquí tenéis’. Luis Felipe Alegre, su director, recuerda el consejo del poeta: «En 1977 me acerqué a él y le pedí consejo para recitar ‘Hombre’. Lo recitamos ambos y luego sentenció: “sigue las reglas y trabaja los encabalgamientos. Escucha a Pío (Fernández Cueto). Mis sonetos los puedes recitar como quieras, hasta gritarlos. Pero no recites para los círculos literarios, porque esa es la minoría de siempre y la poesía debe llegar a todos”». En la función se escenificará uno de sus poemas claves: ‘A la inmensa mayoría’. Quizá su poética más rotunda. 

 

*Este texto apareció el sábado en ’Heraldo de Aragón’.

25/07/2016 08:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CON CLARA USÓN, EN JACA

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[Mañana jueves, si el tiempo no lo impide, conversaré a las 18.30 en Jaca con la escritora Clara Usón en torno a su novela 'Valor', que transcurre en buena parte en Jaca. Rescata la figura de un tío suyo, Luis Duch, fusilado en 1936. Aquí dejo una entrevista que le hice hace algún tiempo y que se publicó en Librújula, la revista que dirige Antonio G. Iturbe.]

http://www.librujula.com/entrevistas/1087-clara-uson-valor-entrevista

 

*La foto es de Marta Calvo.

20/07/2016 21:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALBERTO CONEJERO: 'ESCRIBIR TEATRO'

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Encuentro este texto tan personal de Alberto Conejero, dramaturgo jienense, autor de 'La piedra oscura', galardonada con cinco premios Max en 2015. Conejero visita esta mañana de domingo, 17 de julio, a las doce, el Teatro de las Esquinas para conversar sobre la escritura teatral, dentro de la programación Zaragoza Escena.

 

Escribir (para el) teatro

por Alberto Conejero

Tomo este texto de aquí:

http://madridesteatro.com/escribir-para-el-teatro-por-alberto-conejero/

Escribir (para el) teatro

Considero que escribir teatro es imaginar historias en los otros y para los otros. No existe teatro que no sea un encuentro con los otros y por esa razón nunca se está solo cuando se escribe teatro, aun cuando la escritura acontezca en soledad. Se escribe teatro y se anhela intimidad con otros seres humanos. Porque como dice Enzo Cormann, los dramaturgos no escribimos teatro sino que escribimos para el teatro. Y por eso la escritura teatral contiene siempre la vocación de encuentro con otros imaginarios: con el del director, con el de los actores, con el del escenógrafo, etc. y, por último (o quizá antes que nada), escribir teatro es convocar el encuentro con el imaginario de los espectadores. Todos ellos, de un modo fantasmagórico, acompañan al dramaturgo cuando genera sus historias.

Quizá escribir teatro es en primer lugar citarse con quien uno quisiera o teme o intuye ser. O de otro modo: escribir teatro es concertar una cita con el desconocido que nos habita. Porque los personajes no dejan de ser las otras voces que encierra nuestra voz. Están allí, dentro, y cuando la escritura las libera, aparecen inextricablemente libres. Muchos dramaturgos insistimos en ese momento en que los personajes cobran voz propia y la mano se afana en el teclado (o el bolígrafo) por no quedarse atrás.

Escribo para lanzar preguntas para las que no tengo respuestas. La escritura me cuestiona como individuo y como ciudadano. Escribo porque dudo. Escribo también porque no aprendí a rezar pero tengo la necesidad de algo que no está pero a lo que debemos atender. Al igual que Perseo utilizaba el escudo para enfrentar a Medusa, yo empleo la escritura teatral para enfrentar mis miedos, mis anhelos o mis pasiones ingobernables. Escribo teatro y doy una forma a lo provisional e inestable. Dispongo ordenadamente una fuerza caótica. Cada obra es un laberinto donde espera un Minotauro que nos recuerda que, como todo misterio, la vida siempre tiene algo maravilloso y monstruoso a la vez. Y escribo teatro porque me hace profundamente feliz y siento la ilusión de libertad y plenitud escribiéndolo.

 

De dónde surgen las historias y cómo es el proceso de escritura

Como el escultor que intuye lo que la piedra esconde y la golpea y cuando termina descubre por fin la imagen anhelada pero nunca vista, el escritor libera con la escritura una obra que aún no conoce pero que presiente. Por mucho que la técnica nos ayude, por mucho que contemos con estructuras, estrategias, ideaciones de todo tipo, la escritura siempre es descubrimiento. La obra siempre sabe más de nosotros que nosotros de la obra. Por eso sentimos la necesidad de escribirla. Hay algo de acto de fe cuando se inicia un proceso de escritura. Se confía y hay un momento en que la obra se desvela, aparece finalmente. La escritura es acontecimiento que culmina en epifanía.

Las obras nacen de diferentes lugares. A veces surgen de la reunión de otras obras que has visto / leído y algo de tu vida las aglutina y genera una nueva; otras veces nacen de una imagen que contiene el germen de una historia o son provocados por una experiencia concreta. A veces brotan de un lugar más eidético o intelectual. Los encargos nos hacen habitar historias inesperadas pero no menos personales. En todo caso, la historia ya está ahí, se está incubando, es inútil poner resistencia porque sus síntomas se multiplican, se extienden por tu imaginación e incluso el cuerpo siente algo parecido a la fiebre. Como un zahorí, pasas esos días atendiendo a las señales, a los indicios de tu historia diseminados en todo lo demás. Pero entonces hay que decidir las coordenadas básicas: los personajes, el espacio, el tiempo, la situación… Hay una lucha de “número y poesía” como dijo Federico García Lorca, entre la técnica y las pulsiones no domeñadas, entre las limitaciones que impone la escritura/praxis teatral y la naturaleza impetuosa de su contenido. Existen manuales de escritura dramática, existen consejos a los nuevos dramaturgos, existen y son tan necesarios como prescindibles si no se siente la necesidad de escribir.

 

¿Cuándo se termina de escribir una obra de teatro?

Por último, al igual que es difícil saber cuándo se empieza a escribir una historia cada vez me es más difícil saber cuándo se termina de escribirla. Los ensayos, las puestas en escena y los espectadores han hecho que reescriba textos incluso después de su publicación. Durante los ensayos de la lectura dramatizada que dirigí de Ushuaiadescubrí algunas zonas que podían (y debían) amplificarse de un personaje gracias a las preguntas de Eva Rufo, la actriz que lo interpretaba. Y el texto ya se había editado…Estos días Pablo Messiez está ensayando La piedra oscura para el Centro Dramático Nacional y sé que la puesta en escena me hará descubrir lo que esconden los pliegues del texto y que quizá traiga una nueva versión que atienda tanto a sus fortalezas como a sus zonas más débiles. No se trata nunca de modificaciones radicales pero sí de ajustes que, por otro lado, también provoca el tiempo. Acabo de terminar, mientras escribo estas líneas, un texto nuevo después de siete borradores y de dos años de teatro. Siento la misma incertidumbre y alegría que cuando hace quince años terminé Húngaros, mi primera obra. Y como entonces comparto el deseo de Koltès: “solamente deseo que algún día pueda contar bien, con las palabras más sencillas, la cosa más importante que conozca y que pueda contarse: un deseo, una emoción, un lugar, luz, sonidos, cualquier cosa que sea un fragmento de nuestro mundo y que pertenezca a todos“.

 

 Alberto Conejero

*La foto la tomo de aquí: http://www.elcultural.com/imgNoticias/2015/8341_1.jpg

17/07/2016 08:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DEBATE SOBRE EL AUTOR DE TEATRO

[Mañana domingo, a partir de las doce, en el Teatro de las Esquinas, se  celebrará un encuentro-debate en torno a la autoría teatral en España. Participarán Paloma Pedrero, Ignacio del Moral, Alberto Conejero, Yolanda Dorado y Alfonso Plou. El acto se abrirá con una reflexión general de Esteban Villarrocha y moderará el acto Antón Castro, en el también intervendrán otros autores, actores, profesionales de la escena.]

Generando Dramaturgos

La autoría teatral en España en el período democrático

Del autodidactismo a la enseñanza reglada

Un autor de teatro ¿nace o se hace?

El dramaturgo como literato versus el dramaturgo como escritor de compañía.

Editar teatro, leer teatro.

 

Por Alfonso PLOU

 

Si el trabajo del poeta es el de ver una multitud de seres alados que vuelan a su alrededor, el trabajo del dramaturgo es además el de convertirse en ellos.

Nietzsche

En estas cuatro décadas de período democrático en España la dramaturgia ha pasado del autodidactismo a impartirse como una especialidad contemplada y reglada en la Escuelas Superiores de Arte Dramático. De tal forma que los incipientes dramaturgos han pasado de surgir de sus torres de marfil y los premios literarios a comenzar con un título oficial que les acredita como dramaturgos. En medio de ambas situaciones, como antes y como siempre, los dramaturgos han surgido de la propia actividad escénica, como actores, directores, productores… que acaban siendo también dramaturgos, en solitario o en colectivo, de sus propios espectáculos.

En los años 80 y 90 tuvieron mucha importancia los talleres de escritura teatral que importantes dramaturgos de la generación anterior (José Sanchis Sinisterra, Fermín Cabal, Marco Antonio de la Parra, Jesús Campos…) impartían a los recién llegados. También fueron importantes determinadas iniciativas como el premio Marqués de Bradomín y algunas becas de escritura. Ahora juegan un papel importante iniciativas de los centros dramáticos como Escritos desde la escena del Centro Dramático Nacional o el T6 del Teatro Nacional de Catalunya o el Fomento de la Literatura Dramática del extinto Centro Dramático de Aragón. Dichos programas propician facilitar la relación de los dramaturgos con un proceso de creación dramatúrgica más cercano a la escena.

En todo caso, a parte de estas propuestas institucionales más o menos logradas y bienintencionadas, la gran mayoría de la escritura teatral del país se sigue produciendo, como siempre, desde los márgenes; desde lo que antes se llamaba de otra manera y ahora se llama teatro emergente, microsalas o búscate-la-vida-para-sacar-adelante-tu-proyecto-como-sea.

De todo ello queremos hablar desde la realidad del teatro aragonés y nacional. Con dramaturgos de diferentes generaciones aragonesas y la presencia de cuatro  figuras de la dramaturgia española de la generación de los ochenta y de la generación más reciente: Paloma Pedrero e Ignacio del Moral (por un lado) y Alberto Conejero y Yolanda Dorado (por el otro), que juntan unos cuantos importantes reconocimientos públicos.

Organizan y moderan el acto: Anton Castro, periodista cultural, Alfonso Plou, dramaturgo aragonés y Esteban Villarrocha, editor de la Editorial Arbolé, entre otras muchas cosas.

Colaboran:

-         La Asociación de Autores de Teatro

-         La Asociación Aragonesa de Escritores

-         Y unos cuantos dramaturgos aragoneses:

El lugar: El Ambigú del Teatro de las Esquinas

El día: el domingo 17 de julio.

La hora: De 12 a 14 horas

Al terminar el encuentro se servirá un vermú.

 

*Este retrato de Paloma Pedrero lo tomo de aquí:

https://mujeresresenando.files.wordpress.com/2015/01/399-paloma-pedrero-590.jpg

 

16/07/2016 18:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE 'LA SOMBRA ERECTA' DE LAMBERTO ALPUENTE

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[Una pequeña selección de textos del libro ’La sombra erecta’ del joven poeta turolense Lamberto Alpuente Torres, por cortesía del autor.]

 

Pescando furtivos (pag.23)

  

Nadie sabe de dónde viene la batería de magnetismo, pero los temporales eléctricos aconsejan cerrar parques, jardines y moradas si se adora a los trofeos de plástico.

Una cruz de casi dos metros es quizás el mejor ejemplo de mecanismo revelador.

Una fuente de ilusión comprometida con los salones clandestinos y las limosnas.

Se alimenta una vez al día y no hace ascos a la quincuagésima cerveza.

Nutre al uniforme de vómitos, saliva, y dedos acusadores.

Habla claro y extenso, con gorrito, o con el morado en el pincel.

 

Aunque viniera de largo, disfrutar provocando al cizañero, al señorito, al cobardica, y a la foto de perfil mal follada, manteniendo maniqueas conversaciones por lo callado e infame cuando la bestia ronca, reconozco mi casamiento con la diferencia, para en los buffets, fornicar a los hijos de las verdades absolutas, y sé que, en ocasiones, no veía muertos, pero tampoco merecía el perdón, mi perdón, ajeno o propio.

Desde luego me esperaban en el corredor, por vidas de plomo, pescando furtivos.

 

 

SolEdad (pag.30)

 


La soledad es un armario de abrigos apolillados.
Recordatorio de la versatilidad del bastón en batalla.
Un péndulo que fluctúa progresivamente maniatando al equilibrio nonato.
La soledad es la viuda negra que, sin pestañear, ama y odia oscilando entre la adulación al pesebre y los conocimientos anatómicos que declinan en la antropofagia.
La soledad es la quimera del Dorado.
El descendimiento del explorador hacia cromáticas bragas salvajes, y la descarnada huida sin brújula, víveres ni cantimplora.
La soledad consume aberración en gramos de alto standing, practicando populismo con la aristocracia de bote, los duendecillos en goce, y las traviesas alimañas del túnel de perpetuo alimento. 
La soledad es una ducha de agua fría esperando el roce del ilusorio cuerpo amado que nunca llega.
Sabe de tretas pero no vaticina soluciones, lucha con la mente hasta agotar existencias.
La soledad es el solsticio arado que esclarece a los amantes y pensadores.
La soledad tiene tu número...Y el mío...

  

El espía con notas (pag.54)



1 -El sol descansa-

Los ojos fotografían lo que nuestro interior desea ver...
Aviones de papel errando en el balcón de infancia.
Planetas girando en trance alrededor del chiquillo de nebuloso tejido cósmico y lengua salvaje, manos de aventura, café con leche y galletas.
Anaranjados mares ondulándose al cerrar los párpados.
Invisibles invasores dejando el poso del paraíso sanador de poniente.
“Yo sabía quién era”


2 -La luna crea-

“Todo está permitido” susurra el abstracto garabato de tinta china nocturna para la calle de mandolinas y escuela.
El espía protege sugestivas notas contra la pared en llamas, por la creencia de la coincidencia un día en su conciencia.

Sus pequeños pies en punta clavan dardos del perfume de agua fresca.
(El jurado de jaqueca y migraña no podrá con su marfil de paciencia).
De mi aprensión, las caricias de seda sorprenden al muerto de arrugas de lastres en pena. 
Labios de unicornio que secuestran miradas desnudas penetrando en la casa de ceniza.
¿Tendrás un segundo antes que la sombra erecta desaparezca?
“Yo sabía quién eras”


3 -Lamberto escribe-

Nunca seré como los demás, y por eso escribo a tu sonrisa con mis lágrimas de miedo, para que recuerdes hasta el fin del tiempo, que nunca nos equivocamos al soñar despiertos.

Te esperaré. 

 

 

El libro del Chamán (pag.62)

  

Entre las hojas sueltas de un libro muy deteriorado, coexisten el traficante de armas y esclavos, perdido en la duna sin pierna, y el superhombre que abraza y solloza a los pies del caballo, en plazas ansiosas de paseo moderno.

Biografía de la castración.

Áspera, receptiva y estucada.

Mostrar un dibujo del hipódromo, y también del tanatorio, a la incultura.

Espirales de peta-zeta para la tubería del desagüe.

Terma iconoclasta

Olvido, y después…Rebaño…

 

La polisemia no ha conocido antros de comida rápida.

Admira los manjares que esconden la verdad oculta: Conocimiento.

 

Saborea la magia que aborrece dogmas para aprender los nombres.

Etnia, antropología, ficción, y el humor de un corazón, no uno más, quizás como el tuyo, siendo maestros y neófitos, y mandrágora, inhibidora de los prejuicios.

 

¿Conoces la realidad?

 

 

Etílico III (pag.68)

 

 

En Melilla, agarrado con dientes y uñas a una valla, un inmigrante cae y es apaleado por la policía.

Las pateras son un macabro negocio de mentiras, desenfrenado y criminal trasiego. 

¿Quieres llevar algo al gaznate? Aprende a nadar.

 

La procesión dispara su crecimiento en busca de la aguja en el pajar.

El estado nos envenena de vicios “menores” pero no hipoteca sus impuestos para mejorar en sanidad y cultura. 

El pez grande no se muerde la cola.

Sin plantas, árboles, ríos, abejas…No hay futuro…

Los vampiros, como los insectos, han empezado a beber sangre de jóvenes vírgenes cada noche.

Muertes rápidas, muertes lentas, muertes silenciosas…

 

Vivo en una ciudad tan pequeña, que es peligroso procurar un grito.

Vivo en un país donde nadie entiende nada.

¿Cuánto de lo que nos han contado es cierto? ¿Acaso nos llenamos el paladar de ilusorias prometidas?

Podrás llamarlo “el próximo cementerio” o, quizás, “matadero del siglo 21”

Estimulan la educación de los perros para después deshacerse de ellos.

Un día cualquiera, elige de los 365, nadie puede convencerse de haber apostado correctamente.

 

Desgracia llamada “utopía”. Brega sin importar su nombre.

Sobresaltado ante un espejo, extraño, ridículo y enfermo.

Enciendo la televisión, abro el periódico, siento las distancias.

Sostener con vida mi proyecto de las responsabilidades creadas para ser cadenas, presiones internas para mitigar la represión. 

Saltar al ruedo sin blancas banderas.

 

Éste, este es un país corrupto, injusto y odioso, salpicado por ladrones, embaucadores y holgazanes, sentados en sus retretes neoliberales defecando democracias violadas, manejando el silencio de la manzana agusanada.

 

Mordaza y grillete, y laureles para los dictadores pasados.

Suyos son los triunfos de la pandilla basura.

Transformación de mariposa en larva.

Educación medieval para neandertales. Tecnología para gilipollas inhumanos.

Puestos de trabajo en barcos de esclavistas. Materialismo para no ser un don nadie en esta tierra de zafios.

Control de masas.

 

Cocerán habas. Partirán nueces. Lloverán palos.

Pero saldremos a la calle por nuestra dignidad y libertad, pese a los que lían el prospecto aún durmiendo en el convento. Pese a los juerguistas que terminan volviendo a su madre, y a sus pañales. Pese a hablar a las paredes de la revolución de las flores.

Pese a estar adormilados por los golpes del estado, y sus amigos, siempre confundiendo los ideales con el peligro.

 

Y no puedo mentir. No tengo un móvil. Más que un espíritu que se acelera con cada asesinato diario.

El pueblo habla. No puedo mentir. Me siento un extraterrestre pronunciando un testamento subido a un andamio. Con lecciones muy pesadas que hablan de un tipo experimentado que sigue buscando un abrazo en los polos, o en la desmemoria por no saber expresar las incontables razones que nos pierden en lodazales, ultrajes, e innumerables pérdidas.

 

Ten cuidado y preocúpate al verme callado.

Antes, tomaremos la penúltima. Parece que las luces no se han apagado.

 

-Del libro ’La sombra erecta’ de Lamberto Alpuente Torres. Edición de autor, ilustrada por varios artistas. Lleva un prólogo de Javier Sabe, músico de hip hop. Lamberto dice: "Una persona, antes de marchar,me confío un secreto, no dejar de luchar y soñar hasta que marchemos a otr4o reino".

15/07/2016 17:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PACO URIZ: TEATRO Y POESÍA

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Francisco J. Uriz:

«La cultura siempre está en crisis»

 

Francisco J. Uriz (Zaragoza, 1932) es escritor y traductor, tarea por la que ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción: en 1996, por su antología de ‘Poesía Nórica’, y en 2012 por toda su trayectoria. Ha traducido a Gunnar Ekëloff, Ingmar Bergman, Artur Lundkvist y August Strindberg, entre otros muchos, en solitario o con su mujer Marina Torres. Entre sus méritos figura el de ser el fundador de la Casa del Traductor de Tarazona, en 1989, y de haber acompañado en varias ocasiones a Olof Palme, empeño que le regaló una bella nominación: «el poeta de Olof Palme». Alterna su residencia en Zaragoza y en Suecia. Ahora, en Libros del Innombrable, el sello zaragozano donde ha publicado varios poemarios y su lírica completa, presenta un volumen de teatro, compuesto por tres piezas - ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ y ‘Decidme cómo es un árbol’, que da título al conjunto-, y a la vez traduce a la poeta Lina Ekdahl (Gotemburgo, Suecia, 1964), su libro 'En estos tiempos'.

 

Siempre le ha preocupado Vietnam -cuya guerra comenzó hacia 1960 y concluyó quince años después-, no solo en el teatro, sino también en la poesía.

Seguí con atención y entusiasmo la guerra de liberación de los vietnamitas contra los restos del imperialismo francés y su victoria tras la batalla de Dien Bien Phu, el David que derrotó al orgulloso Goliat. Tal vez venga de ahí mi inclinación por los más débiles (también en el fútbol), seguí las negociaciones de paz, la violación de los acuerdos por parte de Vietnam del sur y el inicio de la salvaje intervención norteamericana y su derrota.

¿Qué vio en ese conflicto, qué le perturbó tanto?

Me perturbó porque creo que nunca se ha utilizado tanta violencia y crueldad contra un pueblo que no les amenazaba por nada. Fue la batalla del país más industrializado y rico del mundo, Estados Unidos, contra un pequeño país campesino.

La obra se titula ‘Vietnam no está en la Edad Media’. ¿Cuál es su mirada dramática en esa obra, qué había y qué no había de Edad Media en ese conflicto?

El título de mi pieza surge de la frase de aquel humanista norteamericano que proponía bombardear a Vietnam «hasta la Edad de Piedra». Yo coloqué la acción en la Edad Media, por razones teatrales. Era la dejación y traición de las «patrióticas» clases dominantes para defender su país y la voluntad y astucia del pueblo para suplir a las clases dominantes en la noble misión de defensa de la independencia.

La segunda pieza del libro, ‘Mear contra el viento’, está redactada en colaboración con el cubano Jorge Díaz. ¿Es un grito, una forma de rebeldía? ¿En qué contexto fue escrita?

La pieza, subtitulada ‘Teatro infantil para adultos’, obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas y unas generosas palabras de Max Aub, el escritor español en el exilio. En esta obra también el imperialismo norteamericano, esta vez el de las grandes corporaciones, era el objeto de nuestra crítica. Nos basábamos en los documentos secretos que se acababan de publicar de la ITT (empresa que fue fundada en 1920 bajo el nombre International Telephone & Telegraph). La filmó la televisión sueca y obtuvo un premio en Bulgaria.

En la tercera pieza hace una interpretación de las memorias del poeta Marcos Ana: ‘Decidme cómo es un árbol’. ¿Qué le interesó de él? El cineasta Pedro Almodóvar compró ese libro.

La pieza de Marcos Ana la escribí mucho antes de que se publicasen sus memorias. Utilicé una excelente entrevista publicada en la revista ‘Por Favor’ y lo que me había contado él en Estocolmo, en una de sus visitas a Suecia. Y también me basé en algunos libros de experiencias carcelarias durante el franquismo.

¿Qué quería hacer en su acercamiento a ese personaje que había conocido la cárcel?

¿Salvar algo de memoria histórica, tal vez? Podría ser la respuesta. Para que no se borre todo.

Acaba de traducir a la poeta sueca Lina Ekdahl, en Libros del Innombrable, en la antología poética ‘En estos tiempos’. De entrada, da la sensación de que es una poeta social, de denuncia, marcada por su compromiso y su beligerancia.

La mayor parte de poetas que traduzco son sociales. Ella es una sucesora en la línea del feminismo combativo: Sonja Åkesson, en los 60-70; Kristina Lugn, en los 70-90; y Lina Ekdahl, de los 90 a nuestros días.

Usted ha defendido una lírica no sé si panfletaria o inmediata, pero desde luego crítica. ¿Cuál es la misión de la poesía?

Soy partidario de una poesía impura, como decía Pablo Neruda, y de su verso: «Quien huye del mal gusto cae en el hielo».

¿Está la cultura en crisis, ha perdido su impacto social? Vive entre España y Suecia. ¿Ha sucedido ahí algo semejante?

Me da la impresión de que la cultura siempre está en crisis y en la revista ‘Crisis’, de Zaragoza, porque siempre hay en todo el mundo entusiastas impenitentes.

 

LAS FICHAS

Decidme cómo es un árbol. Tres piezas de teatro de Francisco J. Uriz . ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ (con Jorge Díaz) y ‘Decidme cómo es un árbol’. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 242 páginas.

En estos tiempos. Antología poética. Lina Ekdhal. traducción de Francisco J. Uriz . Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 113 páginas.

 

*La foto de Paco Uriz, en su casa de la Avenida de Valencia de Zaragoza, la tomó para Heraldo Esther Casas.

14/07/2016 01:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR DEL ÁRBOL: UN DIÁLOGO

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Víctor del Árbol se confiesa admirador de Camus, Dostoievski y Miguel Delibes. El escritor barcelonés, todo un acontecimiento en Francia, presentó hace unos días en la librería Central de Zaragoza su libro ‘La víspera de casi todo’ (Destino), galardonada con el Premio Nadal 2016

 

Víctor del Árbol «Mis personajes buscan

la reconciliación consigo mismos y el perdón»

 

«He sido policía hasta hace cinco años y he hecho un poco de todo. He trabajado con menores, he ayudado en mil cosas, he trabajado en prisiones. Esa sí que es una experiencia intensa y fundamental para entender la psicología del monstruo. Los reclusos, dentro, están controlados; algunos, por instinto de supervivencia, se convierten en seres normales, pero en cuanto rebasan la barrera de la prisión se les despierta de nuevo el monstruo. Y de eso va un poco ‘La víspera de casi todo’: hablo de personajes con un pasado traumático que, a veces, esconden a un asesino», dice Víctor del Árbol (Barcelona, 1968), ganador del premio Nadal de 2016.

 

Sospecho que una novela con tantas historias extremadas, parte de la realidad.

Mis libros se alimentan de lo que ocurre. Supe de un joven que había quemado su casa. Y mientras leía ‘Lolita’ de Nabokov, me enteré de una historia parecida a la que cuento: una profesora se enamoró de un joven alumno de 17 años, se quedó embarazada, huyó con él y dejó a su marido. Poco después, cuando el joven creció, la dejó a ella.

Su historia es un poco distinta…

Sin duda. En mi novela una mujer, fotógrafa, que ha sufrido una experiencia terrible, se deja seducir por el muchacho. Aquí la inocencia conquista a la experiencia, y ella, la mujer, en la primera peripecia sexual que tienen, se pregunta cómo sabe él todo eso.

Ese joven es esquizofrénico…

La enfermedad le sobreviene, poco a poco, tras haber arrojado al vacío a una niña, Martina...

Sigamos con su reflexión sobre la realidad.

La realidad es inverosímil y la ficción tiene que ser verosímil. En la vida real las cosas no se resuelven del todo, no tienen coherencia, no tienen un nudo, un desarrollo y un desenlace. Eso es algo que tenemos que hacer los novelistas.

Sorprende un poco que un escritor de Barcelona ubique su narración en la Costa de la Muerte.

No se crea. He estado casado doce años con una mujer gallega, de Orense. Galicia forma parte de mi vida. Para mí la novela es, esencialmente, una puerta abierta al horizonte y también simbología. La Costa de la Muerte contiene muchos símbolos que son decisivos en el libro: el paisaje, el faro, los nombres, Ave del Paraíso, Ojos de Agua, Nicosia (que es un barco y un centro y una radio vinculados a las enfermedades mentales), y Punta Caliente, que es mi Macondo gallego. La Costa de la Muerte también alude a la idea del salto, del precipicio, del drama rural y, por supuesto, es un escenario de naufragios. Aquí todos los personajes son náufragos.

Son náufragos, pero también parecen perseguidos por el mal...

Los seres humanos tendemos a la negación del mal. A veces no queremos ver las evidencias, hacemos el relato que nos conviene y no queremos interferencias. Hablo de la gente normal que deja de serlo y comete aberraciones inesperadas, como el inspector Germinal Ibarra. No me interesan la bondad o la maldad como verdades absolutas. Nadie es bueno ni malo del todo.

En realidad, sus criaturas quizá sean supervivientes…

Sin duda. Mis personajes tienen un punto de partida oscuro, con fantasmas… Mis personajes son supervivientes, buscan la reconciliación consigo mismos, buscan la redención, el perdón.

¿La encuentran?

Bueno. Ahí entra la literatura, que cuestiona la realidad aparente y explora el alma humana: encuentra espejos que nos explican o nos reflejan en nuestras contradicciones, en la búsqueda de la felicidad; encuentra la luz y la oscuridad, el bien y el mal.

Hablemos de su estilo, tan cuidado. ¿Sabe para quién escribe?

Escribo por los personajes. Escribo para mí y deseo que en ese ejercicio, o tentativa, me encuentre con lectores cómplices que me interpelan a mí y a los personajes. Tengo clara una cosa: la literatura puede prescindir del escritor, pero jamás del lector.

 

*Esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón, en la sección de Cultura. La foto de Marcos Budiño la he tomado de ABC en la red. Víctor está en la Costa de la Muerte. 

 

14/07/2016 01:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO LALANA: UN DIÁLOGO

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A Fernando Lalana (Zaragoza, 1958), Premio Cervantes Chico, le gusta experimentar con los géneros narrativos. Publica ‘Kansay city’ (Bambú / Casals), del oeste, y ‘A contraluz’ (Mira editores), de erotismo para jóvenes.

 

“El verano es un tiempo

 de euforia y la estación

del amor y el ligue”

 

-En este primer semestre del año ha publicado tres libros.

-Sí. A veces se concentran en torno al Día del Libro, que resulta maravilloso, y la Feria del Libro, que fue decepcionante. Vender un libro ha sido más costoso que nunca y, además, había poca gente.

-Aparece en el volumen coral: ‘Diez miradas. Para quienes nos enseñan a leer’ (Loqueleo). ¿Quién le enseñó a leer?

- Mi padre, que era constructor, tenía un cuarto con biblioteca. Era socio de Aguilar, pagaba una cuota y cada cierto tiempo aparecía por casa un comercial para ofrecerle las novedades y era un buen cliente de la librería Universal. Mi pasión por la literatura, y por la lectura, se la debo a él.

-A sus padres les dedicó su primera novela del oeste, y acaba de publicar la segunda: ‘Kansas City’.

-Es cierto. Aparece en Bambú/ Casals, de nuevo. Y nació de una especie de proyecto al que llevaba dándole vueltas algún tiempo. Quería escribir subgéneros que no había abordado: el terror, la novela empalagosamente romántica, el western y la novela erótica para jóvenes.

-Quedémonos un instante en el western.

- Un día mi editor Jordi Martín me dijo: “Empieza por el western. He soñado que se ponía de moda”. Y así nació ‘Una bala perdida’, que es una historia detectivesca que transcurre en Nebraska, protagonizada por George Macallan. Allí moría la mujer de su vida, Alicia Camarasa. ‘Kansas City’ es la continuación de su historia ocho años después. Es una novela más crepuscular, llena de aventuras y de acción, clásica, aunque también hay detectives a través de la agencia Pinkerton.

-¿Qué le interesa del oeste?

-Es un género que no había tocado. Me apasiona la tarea de documentarme: investigar para escribir de algo que no sabes me parece un privilegio. Y hay otro factor casi sentimental: yo soy muy admirador de Francisco González Ledesma, que empezó escribiendo novelas del oeste, bajo el seudónimo de Silver Kane. Decía que ahí había aprendido a escribir. Ya de mayor, recordó aquella época y publicó una novela deliciosa: ‘La dama y el recuerdo’. Cuando la leí, me entró el gusanillo.

-A la vez que ‘Kansas City’ también aparece en Mira editores ‘A Contraluz’, que es su novela de erotismo para jóvenes.

-No era fácil que les interesase a mis editores habituales. Poligone Education de Pamplona hizo una edición digital. Joaquín Casanova siempre me había pedido un libro y pensé que este podía ser el idóneo. Y aquí  está.

-¿Qué dificultades ha tenido?

-Escribir erotismo para jóvenes entraña sus riesgos. No puedes ni irte por la tangente, ni ser blando o irreal, tienes que interesarle. Y a la vez los jóvenes son más bien románticos y les gustan que los libros acaben bien, que las historias de amor se cierren. Aquí he contado la historia de un joven, Eduardo, enamorado de una chica, Elisa, pero todo se complica un poco más.

-¿Se dan esas ‘nude partys’ de las que habla en el libro?

-Sé que existen, claro, aunque esta es inventada. Recuerdo perfectamente que en los años 70, poco antes de la muerte de Franco, en Zaragoza yo participé en una de ellas. Una o dos veces, en una de esas casas con piscina, rodeado de amigos y todos desnudos, de 16, 17, 18 años. Aunque allí no sucedían las cosas que pasan aquí, donde hay un muerto.

-¿Qué vínculo existe entre el verano y el amor?

-Yo creo que el verano es la estación del amor, del ligue. Mis primeros amores fueron en verano: es un período de euforia, de entusiasmo, de las salidas de casa y es el tiempo de la playa, que también es un buen escenario para el amor.

-Se ha encontrado, en sus visitas a colegios e institutos, en chicos tan leídos como los de ‘A contraluz’.

-La verdad es que no mucho. Eso sí, cuando alguien te pregunta por Stanley Kubrick, es maravilloso.

-¿Qué libros nos recomendaría para este verano?

-‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda, que me sigue pareciendo un libro deslumbrante y que contiene todo el amor. Recomendaría un autor, Pierre Lemaitre, del que recomiendo ‘Nos vemos allá arriba’, sensacional, y ‘Camille, y ‘La isla de Bowen’ de César Mallorquí, con quien me siento muy identificado.

 

*Este texto ha aparecido en la contraportada de HERALDO. La fotografía es de Oliver Duch.

07/07/2016 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MIGUEL Á. HERNÁNDEZ

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[El pasado viernes, el narrador murciano Miguel Ángel Hernández presentaba su nueva novela, 'El instante de peligro' en la librería Antígona, en compañía del narrador Sergio del Molino. He aquí una entrevista a propósito de la novela que fue finalista del Premio Herralde de novela.]

 «Escribir es una forma de frenar el tiempo»

-¿Qué le debes o cómo te marca Walter Benjamin?

Le debo un modo de relación con la historia. Sobre todo la intuición de que el pasado está aquí, es tangible y se nos aparece en imágenes que nos aluden y se nos clavan un momento antes de desaparecer para siempre.

 

-¿Qué tiene de particular este escritor que cada vez más parece un precursor de la modernidad o una figura que está muy presente?

Benjamin fue un cartógrafo de su tiempo, entendió como nadie la modernidad, pero también supo ver las transformaciones y los retos del mundo que se había abierto frente a él. Imaginó a qué nos íbamos a enfrentar en el futuro. Y esbozó modos de resistir y luchar frente a lo que no tardó demasiado en llegar (la dominación fascista y tecnológica, el capitalismo integrado, la estetización y espectacularización de la política…).

 

-¿Cómo te sientes bajo esa etiqueta de novelista de ideas?

Relativamente cómodo, aunque es cierto que todas las novelas están llenas de ideas. En mi caso la teoría tiene un peso central como una especie de reflexión crítica acerca de lo que mueve las historias. Novela de ideas, novela reflexiva, de pensamiento, intelectual… no me desagrada. Siempre, claro está, que eso no sea sinónimo de “novela aburrida o pestiño filosófico”.

 

-¿Cuáles son los asideros reales de la novela, cómo surgió: de una imagen específica, de un intento de explicar la memoria y el arte…, de una intuición, de la necesidad de regresar a un lugar?

Curiosamente surgió de una imagen: una sombra proyectada sobre un muro en mitad de un bosque. Un día me vino esa imagen a la cabeza. Y a partir de ahí comenzó a nacer la historia. Por alguna razón, quizá porque soy historiador del arte, el germen de mis historias siempre está en una imagen. La historia, las ideas, el tono, la justificación teórica… todo eso viene después. Lo esencial es la imagen.

 

-¿Podría leerse como una carta, una indagación, como un viaje que hace el protagonista alrededor de sí mismo?

Una carta o una confesión para intentar comprender el pasado y el presente. El protagonista escribe para poder explicarse cómo ha llegado hasta ahí y qué es lo que merece la pena salvar. Escribir, muchas veces, es necesario para poder situarnos en el mundo.

 

-Explícanos un poco a Martin y a la artista Anna. ¿Son tan raros y tan complejos los creadores?

Martín es un profesor y escritor que ha fracasado en lo que se proponía. Creo que su manera de enfrentarse al mundo es más cotidiana que la de Anna Morelli, que sí que responde al modelo de “artista genial”, obsesionada hasta el límite por el arte y la creación. Para ella el arte es una cuestión de vida y muerte. Para Martín, el arte o la escritura son de gran importancia, pero nunca deja de tener los pies en el suelo.

 

-¿Has querido, en realidad, escribir una novela de amor y de amores más o menos recordados, evocados, que siempre están ahí, desde el fondo del tiempo?

Creo que El instante de peligro es un historia de amor o, como dices, de amores; de diferentes tipos de amor. Para mí es eso por encima de cualquier otra cosa; por encima incluso de una reflexión sobre el arte y la memoria. El amor es lo que atraviesa la novela. Y es lo que está incluso en el origen de esa sombra proyectada sobre un muro.

 

-¿Qué significa para ti escribir una novela, cómo la vives? Da la sensación de que es un proceso lento, muy meditado, que no tienes prisa, que te importa más el trabajo riguroso que el éxito más o menos inmediato.

Nunca tengo prisa en escribir. Comenzar una novela es abrir un mundo –a veces un abismo– del que ya no puedo escapar hasta que pongo punto y final a la historia. Pocas cosas me producen más placer que habitar ese mundo propio durante años. Por eso intento demorarlo todo lo que puedo. Transitar cada frase, cada giro, cada imagen. Como si el mundo no existiera. Escribir es para mí una forma de frenar el tiempo.

 

-¿Cuál es tu percepción de la autoficción, cómo te mueves en ella?

Me resulta tremendamente productiva. Es una manera de conectar el espacio de la ficción con el espacio real y de producir algo que para mí es fundamental en la novela: incertidumbre. Ficcionalizar lo real e introducir realidad en la ficción es una manera de generar desconfianza. Ya nos creemos demasiadas cosas en este mundo y quizá sea necesario desconfiar de todo. La duda literaria como espacio de resistencia.

 

-El libro también es una reivindicación del arte contemporáneo y de sus pequeños gestos y quizá de la obsesión. ¿Cuál es tu actitud ante la creación más contemporánea, qué te conmueve y qué te disgusta?

Soy historiador del arte y mi relación con las prácticas artísticas contemporáneas es muy cercana. De hecho, gran parte de mi visión del mundo se ha configurado a través de las experiencias artísticas. Me interesa el arte y me parece fundamental. Lo que me cansa, sin embargo, es el mundo del arte, las exposiciones que siempre hablan de lo mismo, las prácticas institucionalizadas… Creo que al arte le falta vida. Y curiosamente las novelas muchas veces sirven como ensayos en los que el arte recupera ese nivel vital: los protagonistas se obsesionan con las obras, su vida se transforma… el arte funciona.

 

-¿Qué lugar ocupa en tu vida el cine?

Me gusta, por supuesto, pero siento que estoy algo más alejado de lo que debería. Las series de televisión y las novelas ocupan mucho más tiempo en mi vida que el cine. Fue una gran pasión en mi adolescencia. Ahora no lo tengo tan presente, aunque hay directores que me obsesionan, como Michael Haneke, Lars von Trier o David Lynch.

 

-¿De qué autores de tu tiempo y de cualquier instante te siente afín, próximo o sencillamente un admirador?

Me interesan los escritores que entienden la literatura como modo conocimiento y reflexión. De entre mis contemporáneos: Patricio Pron, Ricardo Menéndez Salmón, Sergio del Molino, Ben Lerner o Gonçalo Tavares. Entre los maestros, sin duda, Enrique Vila-Matas, y también Paul Auster, Javier Cercas, Don DeLillo, Michel Houellebecq o Siri Husvedt. Y entre los de otro tiempo: Thomas Bernhard, Samuel Beckett o Borges. Lo que escribo está en deuda con todos ellos. 

 

*Tomo la foto de Miguel Ángel Hernández de aquí: 

http://revistaparaleer.com/agenda-eventos/presentacion-en-madrid-de-el-instante-de-peligro-de-miguel-angel-hernandez/

07/07/2016 01:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ: 'INCIDENCIAS'

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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PRESENTA 'INCIDENCIAS' EN ANTÍGONA
José Luis Rodríguez presenta hoy, a las 20.00 horas en Antígona, su nuevo libro de cuentos, inspirado en los músicos del Titanic: 'Incidencias' (Los libros del Señor James, el sello editorial de David Mayor y Pablo Lópiz, que lo acompañarán; Nacho Escuín y León Vela).
Copio algunos textos. Y abajo dejo la entrevista que se publicó el pasado lunes en 'Heraldo de Aragón'. [José Luis Rodríguez visto por Pascual Berniz.]

 

LA ENTREVISTA
José Luis Rodríguez García explora
la vida de los músicos del Titanic

 


El escritor publica ‘Incidencias’, una colección de microcuentos, acompañada de acuarelas suyas

 

Antón CASTRO
José Luis Rodríguez García (León, 1949) había estado un tiempo en silencio creativo. En realidad, más editorial que creativo. Este año ha publicado dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ (PUZ), que tiene algo de estremecedora elegía, y ahora aparece un libro diferente e imaginativo, inspirado en los músicos del Titanic, compuesto por microcuentos: ‘Incidencias’ (Los libros del señor James. Zaragoza, 2016. 160 páginas).
El escritor, biógrafo de Jean-Paul Sartre y catedrático de filosofía, explica: “El Titanic era la expresión del nuevo orden mundial. Era la pirámide indestructible de nuestra modernidad. Lo me atrajo de la historia de los músicos, que se han convertido en leyenda del siglo XX, es su serenidad, su aceptación de la vivencia del desastre. Creo que todos habían leído a Epicuro o Boecio. Lo digo en serio. Eran tipos fabulosos que ensayaban antes de distribuirse por el barco para agradar a ricos y pobres...” Dice que le habría gustado conocer a algunos de ellos, “pero creo que me va a resultar imposible”.
De manera especial, se sintió atraído por el director de la orquesta, que era pianista y cellista también, Percy Cornelius Taylor, “el personaje que más me inquieta del Titanic. He rebuscado por aquí y por allá, buscando anécdotas de su vida, el número de identificación que deben tener los muertos y el destino de algún cuaderno en el que escribiera sus afectos y angustias”. Y él es como el nexo de unión o la espiral de partida. “He querido hacer un libro de microrrelatos que están fusionados por la sensación de lo que queda después del diluvio, después del Titanic, después de la devastación moral que hemos vivido aceleradamente a lo largo del XX”, señala.
El volumen está dividido en seis partes, cada una de ellas encabezada por un personaje. Son Infancias, Más allá, Aventuras, Ucronías, Apocalipsis y Fragmentos de diarios, y a todo ello se le añade una selección de acuarelas del propio escritor. “Inicialmente, no planifiqué partes –matiza José Luis Rodríguez-. Ni mucho menos. Escribí con mal medida ansia muchos textos. Muchos de ellos han desaparecido. Se mantienen los que resultan menos malos. ¿Las partes? Pues no lo sé con certeza. Me parece que era necesario dedicar alguna referencia a la infancia, que es la hora en que el mundo de valores comienza a desmoronarse. La infancia inocente lo padece. A mí me avergüenza... Pero si hay niños vencidos o menospreciados hay que concluir que los adultos y los sabios somos una puñetera mierda”.
En este libro, vinculado según sus editores a Gilles Deleuze, llama la atención por su libertad creativa, por la variedad de registros en piezas a veces de dos, tres o diez líneas tan solo. “En literatura todo puedo conjugarse. Pero me quedaría con que se trata de fantasía a partir de lo real asumido libremente con humor negro y, en fin, rabia. No cantaré la última melodía de los músicos del Titanic que suponían ascender, como Josué, hacia el encuentro con Yahvé”.
Este espíritu de ‘Incidencias’ bien podría reflejarlo esta pieza, ‘Catástrofes’: “Las lágrimas del perro blanco, y entonces llegó la ola”. O quizá esta, ‘Juegos’: “La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada”.

 

NO COMPRENDE NADA
La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

JUEGOS
La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

FANTASMA
Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

CRIMEN IMPERFECTO
Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA
La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.

 

30/06/2016 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ ESCRIBE DE 'LA ZARAGOZA INADVERTIDA'

 

http://www.andalan.es/?p=12388

 

Eloy Fernández Clemente, en sus colaboraciones en andalan.es, habla de 'Los Sitios de la Zaragoza inadvertida', un proyecto que concibió el fotógrafo Andrés Ferrer y que lleva textos míos. 121 fotos y 81 textos. Escribe Eloy:

 

ZARAGOZA INADVERTIDA

 

Por Eloy Fernández Clemente

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El periodista Antón Castro y el fotógrafo Andrés Ferrer han publicado un bellísimo, importante libro,  “Los Sitios de la Zaragoza inadvertida”, que diseña y edita el segundo de ellos. Versan, el doble juego de fotografías de gran perfección y sugestivos encuadres y los comentarios sutiles, a veces emocionados, sobre una ciudad que “tiene muchos rostros e historias secretas”.

Porque, se nos dice, Zaragoza es una ciudad con vistas, aunque el fotógrafo es aficionado a los escombros, los detalles escondidos, rincones y edificios preferidos, puentes y callejones, rastros, plazas por las que iba Rosendo Tello, las de Santa Cruz o San Cayetano, viejos y nuevos hoteles, alturas y escondrijos, pasajes y urbanizaciones desalmadas, barrios rurales, estatuas de césares y reyes, parques como el de José Antonio Labordeta con su paseo “neblinoso, incierto”.

Viejos bares que eran “santuario de confidencias y de provisiones”; una Casa Grande que diseñó Fernando García Mercadal; un cementerio de Torrero que “no es La Recoleta, pero tiene sus muertos”. La vieja Escuela de Artes y la luminosa Expo. Calles emblemáticas, como Espoz y Mina, por sus bares, comercios, museos como el Camón o el Gargallo; nuevos rascacielos como el de Aragonia y descampados o edificios inacabados –“emblema del abandono, la fantasmagoría viva de un fracaso”, de los que es capaz de remontarse hasta un cuadro de Edward Hopper o una novela de Salinger; y pasajes abandonados que le hacen evocar a Cortázar y a Conget.

Iglesias y torres como san Fernando o La Magdalena (del Pilar apenas una vista de los picos de sus torres o de un rincón de su plaza), o la singular atmósfera de la plaza de san Bruno; teatros como el romano o el Principal; lugares mágicos o históricos, rincones inesperados, o la casa del Heraldo donde viviera Buñuel. O fábricas legendarias, como la de La Zaragozana, el mito de los Escoriaza, la droga Alfonso y la Adriática, La Equitativa, Caixaforum, El Pequeño Catalán o un anuncio de Coca-Cola; viejos cines y teatros como el Elíseos y el Fleta, ambos denunciando olvidos culpables, y El Plata, mito y leyenda. También hermosas historias de amor, poemas, monólogos de estudiantes imaginarios.

Son evocados muchos amigos, en el entorno de Víctor Bailo, de casa Emilio o del mismo Antón, que tanto los quiere: pintores y escritores, bibliófilos. Hay personajes imaginarios que hablan de sus vidas como maletillas, leones que hablan…

Como escribe Agustín Sánchez Vidal en el prólogo, “esta alfombra mágica es de doble trenzado. Las imágenes de Andrés Ferrer conducen hasta parajes a veces familiares, otras desatendidos e insólitos. Y los textos de Antón Castro, tras referencias perfectamente reconocibles, tampoco tardan en internarse en los territorios más neblinosos de la memoria y la leyenda”.

En el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón donde se presentó, puede verse hasta el próximo 12 de junio una exposición de 25 de esas fotografías acompañadas de textos literarios.

25/06/2016 08:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL GUINDA, EN EL CENTRO CÍVICO RÍO EBRO DEL ACTUR

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ANTOLOGÍA ESENCIAL DE ÁNGEL GUINDA


[Una pequeña antología de los mejores, o de los más conocidos, poemas de Ángel Guinda, Premio de las Letras Aragonesas 2010. Esta tarde, a las 19.00, en el Centro Cívico Rio Ebro de Actur, dentro del ciclo ’Poetas con calle’, conversaré con él y leeremos algunos textos. la foto es de Enrique Cidoncha, colaborador habitual de 'Heraldo'.]

 

 

SER JOVEN

Ser joven
era abrazar la noche en llamas
hasta el amanecer,
tomar las curvas rectas
como quien tiene prisa por llegar a sí mismo.
Ser joven
era atropellar la vida,
un ejercicio de funambulismo.
Estrellarse contra el azul del cielo,
contra el aire, contra la realidad.
A veces, ser joven
era un deseo temerario de envejecer,
como quien echa un pulso al tiempo
y sólo arriesga el instante de una detonación.
Ser joven fue,
y no volverá a serlo nunca más.

(de Conocimiento del medio)

LO MEJOR DE LA VIDA

No fue olvidar que estábamos viviéndola
lo mejor de la vida.
Lo mejor de la vida vino después,
cuando supimos
que no habría otra oportunidad para vivirla;
y cada trago que de ella bebimos
lo apuramos al máximo, buscando
más allá de los posos nuestro fondo.

EN RESPUESTA A UNA JOVEN

Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve más oscura.

Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre: pierde altura,
oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las ganas de salir de viaje.

Con el paso de los años te haces menos suspicaz a todos y a casi todo,
nada te escandaliza, no esperas ningún milagro y sospechas que tú también morirás.

Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño, más manías,
más decepciones y miedos.

Con el paso de los años todo se deteriora: el mundo se viene abajo.

Mas no te preocupes, esto sólo sucede con el paso de los años.


(de La llegada del mal tiempo)

AUTOBIOGRAFÍA

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?
Martín Adán

Me preguntas por mi vida a bocajarro.
¿Qué puedo responder? ¿Con qué y de qué modo?
Lo que sé de mi vida lo borra cuanto no sé de ella:
las palabras no alcanzan, los recuerdos confunden.
Mi vida es lo que he hecho,
he deshecho, he dejado de hacer.
Para saber de mi vida piensa en la muerte;
piensa en ti que estás viva y has de sobrevivirme.
No sé si tendré tiempo
para vivir lo no vivido, para matar lo que viví,
para vivir la muerte antes de que me muera.
Mi vida recibe instrucciones de otras vidas
anteriores a mí, a las que sirvo
como fiel sucesor, y en mí reviven
–no tengo ojos sino para lo que no veo.
Mi vida es una noche que a la luz no se adapta,
un astro fugitivo extraviado en la tierra;
es también la palabra que aún no me encontró,
el mensaje misterioso que no descifraré.
Aunque mi verdadera vida tal vez se inventará.


(de La llegada del mal tiempo)

*

De niño yo veía en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola, hombres con cabeza de falo, hombres con cabeza de copón, hombres con cabeza de mardano, con cabeza de buey, de jíbaro; hombres cabezones, cabezudos, hombres con la cabeza en los pies. Ovejas con cabeza de mujer, mujeres con cabeza de cuna, mujeres con cabeza de cierva, mujeres con cabeza de fogón, mujeres con cabeza de basílica, con cabeza de virgen, de holocausto; mujeres con cabeza de piedad, mujeres con la cabeza entre las manos. Manadas de mujeres y de hombres con cabeza sin ojos, boca, orejas, nariz. Hombres y mujeres sin cabeza. Y cabezas rodando por las calles.

(de Espectral)

***

ESCRIBIR

Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

***

NUEVO ORDEN

Urge cambiar el desorden del mundo.
Se declara el estado de crisis permanente.
Desde ahora los niños nacerán con vivienda.
Toda la población es emigrante.
La sociedad prioriza al individuo.
Se legalizan las drogas naturales.
Se subvenciona la solidaridad.
Se concede a los jóvenes pensión devolutiva.
Los ancianos serán privilegiados.
La vida se proclama asignatura.
La muerte recupera valor espiritual.
Se restringe el presupuesto de defensa.
Fronteras franqueables hasta su desaparición.
Si la fidelidad daña la salud mental,
se desbloquea la fórmula pareja.
El ejercicio del Poder se renueva anualmente.
Se habilitan las islas eclesiásticas.
Se suprime el consumo más superfluo.
Se debe trabajar para vivir.
Nadie viva para trabajar.
Se permite soñar con otra realidad.
Etcétera, etcétera, etcétera.


(de Poemas para los demás)

***


UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

(de Catedral de la Noche)

24/06/2016 11:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS JIMÉNEZ: CUATRO POEMAS

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CUATRO POEMAS DE “CONTRA LAS COSAS REDONDAS”

(ED. LA BELLA VARSOVIA, 2016)

 

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

LA LUZ

 

Ranas, quietos budas pequeños

sobre los troncos, sobre las rocas,

bajo las cenefas rojas y naranjas del atardecer,

¿cuál es el objeto de vuestras meditaciones?

¿Qué guarda vuestra pupila que a la deriva flota

en el ojo como una gota de aceite sobre la leche,

como una nube vacilante sobre la fe?

 

Acaso veis brincar en el aire demorado del instante

la raspa de un pez, sus galas de carne y lentejuelas

bajo el biombo del agua donde vivimos y morimos juntos,

donde las piedras del fondo —pequeñas y redondas—

son cuentas huidas de un rosario o blancas tacitas de té.

 

Cantáis y cantáis sin descanso, hasta que el sol

con el perfil gastado del emperador deja de rodar.

Y la Poesía, la alumna aventajada de la luz,

¿adónde se retira cuando cae la noche?

La buscamos a tientas en la oscuridad

frotando una palabra contra otra, torpemente,

como esas cerillas húmedas o descabezadas

que, en mitad de un largo velatorio,

tratamos en vano de encender.

 

PARQUE DE ATRACCIONES

 

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, se ha hecho tarde y estás solo.

¿Dónde quedaron aquellos que te acompañaban?

 

El fuego azul de la lluvia desmanteló la noria.

El sol se largó con los colores rojos del tiovivo.

La indolencia y los días, mano a mano, puño a puño,

hicieron otro tanto y se encargaron del resto.

 

Aquí el viento empuja el ojo caído de una muñeca

y lo invita a recorrer la cara oscura de la vida,

esa que nunca se ríe porque —de hacerlo—

te asustaría su feo agujero con solo dos dientes o tres.

 

Un vencido chicle de junio del noventa y siete,

antes emblema de una juventud dulce y perdurable,

ahora sujeta en la puerta del urinario este cartel:

Hallados manojo de llaves y zapato ortopédico

en la Casa Magnética. Preguntar en Mantenimiento.

 

En el viejo puesto de algodón de azúcar solo queda,

abierto como una flor carnívora, un paraguas negro.

Debajo está la mancha cenicienta del hombre

al que un gran anhelo —o la falta de él— consumió.

 

Los volcados contenedores de la basura

son vagones descarrilados del trenecito chu-chú.

En lo alto de un pino, en la cabeza decapitada

de Mickey Mouse, anidan los cuervos de Poe.

 

Cuarenta y tantos años, cincuenta: pasaron veloces.

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, estás ya en la Casa del Terror.

 

CUERPO

 

En esta bolsa de viaje, madre, guardaste

lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.

Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.

Con unas pinzas de cocina, del más grande

al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.

Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas

del camino los anudaste con tendones y venas,

los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.

Terminada la tarea, dejaste un corazón

al cuidado de todo: esta es mi herencia, hijo,

no la derroches; aunque escasa, habrá de bastarte.

 

Madre, nunca pensé que fuera tan caro este viaje.

Todo en este mundo cuesta un ojo de la cara

y el otro no me alcanza para ver los precios.

Tratando de ganarle la mano al tiempo, pierdo la cabeza.

En cada caricia que extendí me voy dejando la piel.

Pago con los cinco sentidos por la cuarta hoja del trébol.

En busca de las peras del olmo caigo despechado,

me desgañito, me descorazono, me deslomo.

 

Madre, para desvivirme por esta vida y estos deseos

en cada aduana tengo que echar mano del cuerpo.

Cuando llegue —¿a dónde? ¿cuándo?— ignoro

qué quedará de cuanto me diste, en qué estado.

¿Sabrá el destino, apostado en un oscuro callejón

sin salida, que soy yo cuanto largo tiempo esperó?

¿Montará en cólera al comprobar, albarán en mano,

que nada llega completo, intacto ni nuevo?

¿Tendré que desembolsarle algo más, madre,

por cada desperfecto, por cada mengua, por cada desfalco?

 

El viento hace danzar el envoltorio viejo de un caramelo.

El halcón lleva consigo la urgencia del vuelo y nada más.

La pera que cae de la rama deja su sitio a la pera futura

sin mediar notario alguno, herencia ni aflicción.

Al menos he de guardar dentro de mí algo de todos ellos,

hallar un sentido que haga frente a cuanto voy dejando.

En esta lucha sin cuartel todo me sirve y poco me alcanza.

En este cuerpo a cuerpo nada tiene el alma que perder.

 

CONTRA LAS COSAS REDONDAS

 

Amamos las cosas redondas pensando

que han de ser eternas y amables y perfectas:

el pomelo bajo el rotundo sol de agosto,

la pulsera que orbita alrededor del pulso,

la moneda con dos caras y ninguna cruz,

el balón de playa en cuyo interior aún se respira

un paciente aire de mil novecientos ochenta y dos.

 

Hay días redondos en los que todo cuadra

y la vida parece marchar sobre ruedas:

alguien, lija en mano, se encargó

de sustraerle al mundo todas las esquinas,

todas las aristas, todos los bordes.

 

Pero basta que atravieses por un declive

o que todo se vuelva cuesta arriba de repente,

para comprobar que son las cosas redondas

las primeras en abandonar y en echar a correr:

el pomelo, la pulsera, la moneda y el balón.

 

Me niego en redondo a aceptar tales desplantes.

Ante las formas esféricas opongo las cosas informes.

Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares.

Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces.

Hermosas y singulares, sin plegarse a ningún centro,

solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.

 

*La fotografía es de Joaquín Puga. 'Contra las cosas redondas' ya tiene en la calle su segunda edición.

21/06/2016 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BASILIO BALTASAR HABLA DEL II CONGRESO DE PERIODISMO CULTURAL

ENTREVISTA. Basilio Baltasar. Director del II Congreso de Periodismo Cultural de Santander y de la Fundación Santillana.




El periodista cultural es la mejor

compañía del artista”



Los periodistas culturales debemos

ser críticos y mensajeros fiables”







Antón CASTRO

Basilio Baltasar (Mallorca, 1955), director de la Fundación Santillana y de las Conversaciones de Formentor, es el responsable del II Congreso de Periodismo Cultural que se celebra en Santander los días 16 y 17 de junio, y que ha arrancado hoy.

A perspectiva de pájaro, ¿qué significó el I Congreso de Periodismo Cultural del pasado año 2015?

Definir las obligaciones y ambiciones del periodismo cultural, una mirada crítica compartida con colegas que nos encontramos por primera vez. Inventario de males y penas. Propósitos de enmienda.

Si tuviese que hacer un balance, ¿cuáles diría que fueron las conclusiones o algunas cuestiones palpitantes?

Nuestro deber es ofrecer al lector una visión dinámica, crítica y ecuánime de la creatividad cultural. No ser voceros de la propaganda y buscar, indagar: ser buenos mensajeros. Si la cultura es el mejor fermento de la cohesión social, los medios hacen una contribución ineludible.

¿Cómo se vive una cita así, cómo la vive usted?

La alegría de ver de nuevo a los viejos amigos, descubrir nuevos colegas y compartir su inteligencia.

¿Cuál ha sido el criterio para organizar el II Congreso de Periodismo Cultural, qué buscaba?

No repetir un ejercicio endogámico y redundante para lamentos ya conocidos. Hacer del congreso un foro abierto e invitar a los innovadores que nos contarán sus sorprendentes proyectos. Vamos a dibujar el mapa de la innovación cultural.

¿Qué quiere decir 'Nueva Ingeniería Cultural', título general del congreso?

Ya conocemos a las instituciones culturales y sus programas (conciertos, exposiciones, libros), pero no sabemos nada de lo que hace la creatividad en la periferia de lo ya establecido. Los innovadores inventan artefactos que no existían. Nuevos usos y funciones, nuevas maneras de pensar y crear.

También ha habido un cambio de metodología. ¿Podría concretarla un poco más?

Los periodistas somos esencialmente curiosos y activos mensajeros: en el congreso somos los anfitriones y los innovadores, los invitados y los que vamos a preguntar una y otra vez. La gestión cultural no puede afrontar la complejidad de nuestro siglo. Necesitamos una nueva ingeniería para encauzar la creatividad que renovará nuestra cultura.

¿Cómo se ha organizado la convivencia de los formatos más clásicos con las nuevas tecnologías y su desarrollo tan plural?

Las nuevas tecnologías conviven con el teatro, la ópera, las bibliotecas… Incrementan su difusión y los hacen más accesibles por encima de cualquier impedimento (económico, geográfico, etc). Pero además, la tecnología en manos de la creatividad abre nuevos canales: cauces para un flujo impetuoso de invención e innovación.

Todo es importante, pero ¿querría llamar la atención sobre algo en concreto, fijar el foco?

La 'Nueva Ingeniería Cultural' nos invita a abandonar nuestro rol de espectadores pasivos y a convertirnos en co-creadores. Ya no seremos consumidores, sino la mejor compañía del artista.

-Hay dos aragoneses participantes y, además, bien diferentes: Ferrer Lerín, poeta, narrador, ornitólogo, gramático y todo un espectáculo en sí mismo, y la joven booktuber zaragozana Marta Álvarez. ¿Por qué están ahí, qué le ha atraído de ellos?

Ferrer Lerín acuñó el concepto de “Arte casual”: una nueva manera de mirar y descubrir dónde se encuentran las obras de arte desapercibidas. Marta Álvarez es una creadora de voces, entusiasmo y habilidad lectora.

¿Cuál será en esta edición la función de los periodistas? ¿Observadores, analistas, críticos, litigadores, informadores?

Usted lo dice: todo eso y más. Un ejercicio de sagacidad crítica para ser lo que debemos ser: mensajeros fiables. Somos un servicio de mensajería exprés, pero calmada, sosegada y, sobre todo, absolutamente fiable.

¿Cómo es el periodismo cultural español y cuál sería, según usted, la función del periodista cultural?

Algo raro: un conocedor de todo, interlocutor de los expertos en cualquier cosa, con habilidades para traducir la complejidad de las artes y las ciencias.

¿Cuánta gente va a participar, cuántos inscritos hay?

Hay un primer bloque en el que se dará cuenta de los que han hecho algunas instituciones innovadores: la fundación de las Naciones Unidas para el Arte, la Fundación Botín, el CCCB de Barcelona… Hay 70 participantes, 20 ponentes y unos doscientos inscritos.

Un último asunto. ¿Por qué Santander, qué tiene la ciudad, qué ofrece?

El alcalde Santander es ingeniero, lidera la conversión de la ciudad en un nudo informatizado para optimizar los recursos ecológicos, los servicios vecinales, el ahorro energético… Nos acoge como anfitrión y entusiasta de la ‘Nueva Ingeniería Cultural’.

*En la foto, de las Conversaciones de Formentor, que también coordina, el editor y escritor y periodista Basilio Baltasar.

 

17/06/2016 00:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

4 TEXTOS DE ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

ENTRE ZARZAS Y ASFALTO

 

Por Alejandro LÓPEZ ANDRADA

 


Editorial Berenice

 

 

 

 

(Selección de textos)

 

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

 DESDIBUJANDO EL TIEMPO:

 

Voy caminando dentro de una sombra. La luz sutura el cielo oscurecido dejando sobre el parque cicatrices de hojas mojadas. Sale y muere el sol: entre las nubes juega al escondite como si fuera un niño abandonado en medio de un gran bosque. En las pupilas de un perro que se cruza hallo el amor de un árbol deshojado. Lo dibujo dentro de mí y veo temblar un cable lejano de telégrafos. Vencidos se van durmiendo todos los semáforos. Antaño en su lugar crecían las zarzas; hoy ya no están, pero las veo, no obstante, si cierro la mirada, fantasmales, desdibujando el tiempo, junto al río. 

 

 

 TEXTURAS:

 

Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer. Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia. Esta mañana la límpida textura del silencio es una mezcla dulce de hojas muertas, movidas por la brisa de los parques, de cáscaras de pipas y cacahuetes que, en este instante, picotean dos mirlos erguidos, majestuosos, frente a mí bordando una emoción casi sagrada en un rincón sin luz de la ciudad.

 

 

SEMILLA:

 

Doy vueltas a una semilla de retama. Es como un pensamiento diminuto que, en este instante, llevo entre los dedos. Al pie de la alambrada hay un mastín que me vigila. Su sigilo es dulce. El rojo de las nubes se condensa en la humedad de los escaramujos que, hacia el oeste, trazan garabatos. Llovió ayer noche. Hoy todo es redondo. Yo llevo una semilla de retama aquí, en mi mano. El campo solo y húmedo se va desdibujando a mis espaldas. Delante, hacia el oriente, el cielo me habla. Todo se va tornando circular, eternamente blando en torno a mí, como si en mi silencio entrara Dios. 

 

 

MIENTRAS PASEO:

 

A medida que avanzo por el parque, la vida se va haciendo más minúscula. Con cinco o seis palabras elevo el mundo, y luego voy dejándolo caer. Entre las celosías de un recuerdo escondo la humildad de los lagartos, la ceremonia exacta de lo azul. Mientras paseo, se unen las ideas y los conceptos más heterogéneos. Mi corazón es una sinestesia. El tiempo es la pestaña de un relámpago, la liebre acorralada por la luz.

 

16/06/2016 20:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

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Diario de un cínico / Basilio Baltasar.
’El País de Cataluña’.
URNAS Y VOTOS: MANUAL DE INSTRUCCIONES
El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contratro social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones

Entender de qué se trata. La conversación con George Steiner que publica Siruela, Un largo sábado, nos ayuda a recordar sus grandes tratados literarios y cómo ha vivido la pasión intelectual este venerable profesor de Cambridge. Mientras recapitula sus ejemplares ejercicios de reflexión crítica, Steiner se detiene en el más aleccionador consejo recibido de su padre. Cuando la turba grita por las calles de París “¡Muerte a los judíos! ¡Muerte a los judíos!”, el señor Steiner levanta las persianas, hace que el joven George se asome al balcón y le dice: “Eso se llama historia y nunca debes tener miedo”.

El origen de la política. El filósofo James Mill lamentaba a principios del siglo XIX que los agitadores sociales inflamaran las mentes de las clases bajas (sic) haciéndoles creer que el gobierno podría ayudarlas. Intentaba demostrar que pertenece al orden de las cosas eximir al gobierno de su responsabilidad. En contra de esta tendencia, extrañamente rescatada del pasado, el Premio Nobel de economía Amartya Sen, profesor en Harvard, articula su Idea de la justicia (Taurus, 2010). Reconoce en la sociedad una resistencia natural a la injusticia y demuestra que ésta vocación brota tanto de la indignación como del argumento. Como la vida de tantas personas en este mundo sigue siendo “desagradable, brutal y breve” (Thomas Hobbes), hay que evaluar las realizaciones sociales, fijarse en lo que realmente sucede y confiar en el razonamiento público. La frustración y la ira, dice Amartya Sen, pueden motivarnos pero debemos apoyarnos en el razonado escrutinio. Ante la precariedad humana cabe desarrollar una triple habilidad: comprender, simpatizar, razonar.

Los que van por libre. En su ensayo sobre Nadine Gordimer, (Las manos de los maestros, Random House), Coetzee hace un interesante ejercicio de vidas paralelas entre la escritora sudafricana, Iván Turgéniev y su propia e ineludible literatura. Cita a Jean Paul Sartre —“el escritor puede ser leal a un grupo político pero nunca deja de criticarlo”— y a Isaiah Berlin cuando evalúa el drama de los liberales rusos: “sufrían formas complejas de culpa, porque simpatizaban con la izquierda, con una fe más humana que la gélida, burocrática y cruel derecha, aunque sólo fuera porque siempre es mejor estar con los perseguidos que con los perseguidores”. Coetzee comprende la encrucijada de fuerzas que pueden destruir la libertad intelectual: “el artista tiene una vocación especial, un talento que le mataría si lo mantuviese oculto”. Escribir, dice Coetzee, es un oficio solitario, pero escribir contra la comunidad en la que uno ha nacido es aún más solitario.

Cómo discernir lo que nos concierne. Ya se ha dicho todo sobre la necesidad de consultar los programas electorales antes de decidir a quién se va a votar. El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contrato social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones (algo que la ley, por cierto, no penaliza). Como no parece que la precaución arraigue en los hábitos de una ciudadanía confiada a sus propias intuiciones, habrá que recomendar un ejercicio inteligente que sustituya a la credulidad. La revista Investigación y Ciencia (460) publicó los estudios de un grupo de neurocientíficos: la práctica de la meditación modifica procesos cognitivos y emocionales, incrementa el procesamiento de la atención, disminuye la influencia del miedo, mitiga la inflamación del estrés biológico y auspicia el conocimiento de la consciencia. La idea de que un ciudadano entrene su mente antes de elegir al depositario de su confianza parece un consejo razonable.

*La foto es de Tolo Ramón

12/06/2016 20:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: ELOGIO DE ANTONIO SOLER

HÉROES DE LA FRONTERA

 

Del escritor Antonio Soler. 


Guillermo Busutil* 'Cuaderno de mano'. La Opinión de Málaga.

Un escritor no se titula en la Universidad. Licenciarse en escribir es imposible. La escritura nunca deja de examinarse a sí misma. En cada libro y en su voz, en el viaje por la piel y el interior de lo que se quiere contar, en el proceso de otorgar carnalidad a los personajes en los que se busca y a cuyo retrato uno se va pareciendo. Lo mismo que ellos se van pareciendo a él. El único título del escritor es el de fugitivo de la realidad. Su única especialidad es la frontera. De la primera deserta y escapa, y en la segunda acomoda la identidad en su refugio. El verdadero escritor siempre tendrá la asignatura pendiente de la inseguridad. Esa que precisamente le ayuda a retarse con el lenguaje, con el tiempo sucesivo de su mirada sobre lo que despierta su imaginación en la realidad y sus desequilibrios. También con el tiempo de permanencia en las zonas oscuras de su memoria, donde residen las amenazas que cuelgan como estalactitas. Igual que en los jardines botánicos donde la vida tiene sus pájaros de lo cotidiano, los árboles del bosque a los que encontrarles sus vuelos y sus esquinas.

Es difícil enseñar la manera en la que el rigor de la realidad y las posibilidades de la ficción se ahorman entre sí. Lo mismo que las puede ahormar en su trabajo el escritor. En los estudios académicos, además de la excelencia de los clásicos en su lectura, como mucho se puede encontrar la suerte un profesor que enseñe a mirar, a interrogar, a cruzar por dentro del lenguaje con pasión y honestidad, ambición y humildad. A sacudirse lo accesorio y ajustar el toque de plasticidad.

Escribir no es una disciplina cum laude. Al contrario, es un trabajo cognitivo y sensible que obliga permanentemente a perseverar. Aún así, de vez en cuando, un escritor entra en la Universidad porque sus doctores reconocen la trayectoria y singularidad de una mirada, los territorios de una voz y un lenguaje como mundo y como bisturí de la sociedad. Acaba de suceder merecidamente con Antonio Soler, gaudeamus igitur por « la trasmutación de un espacio extraído de Málaga y convertido en un universo literario con identidad propia, que en su globalidad conforma una sola y poliédrica obra», como lo apadrinó el profesor Hipólito Esteban. E igualmente asintieron en el acto los doctores en su lectura, amigos y compañeros de la tribu. Admiradores también de su capacidad para administrar la temperatura de la escritura y de la historia su reloj; su habilidad para la asistencia decisiva del lenguaje.

Hace muchos años que conocí a Soler, aunque el nombre que ahora digo también respondía entonces al de Solé Vera. Fue en una estación de tren a la que habíamos llegado tarde o tal vez demasiado temprano. En la ciudad, había una feria. Le hacían un homenaje. Alguien debía llegar a recogerlo pero no esperaba nadie. Nadie en la hora que pasó de largo. En ese tiempo, no hablamos demasiado. Él es de los que prefiere observar, de cerca o de lejos. Cuando habla sabe medir las palabras, pie chico, pie largo. Saborea los silencios y las sombras que suceden en una frase. Pienso que así fumaba Solé Vera, las caladas al cigarro que daba a solas en la nieve o en la memoria, ese barrio al que uno siempre regresa solo a ajustar cuentas con sus sueños y sus derrotas. Palabras cortas, intensas, sin ningún escarceo, moviéndose a contraluz, como el humo del cigarrillo en primer plano americano. Igual que en la pantalla del cine Cayri al que iba Soler, sesión de tarde, estreno de El sueño del caimán, aquel invierno donde cada uno de la pandilla ponía color al pelo de la mujer que sería su modelo de pasión.

El humo sí, hipnotizado por una música de fondo desenvolviendo en blanco y negro el rostro de Serena Vergara, las voces de Miguelito Dávila, de Murphy, de la Pegaso, de Paco el Textil, de Róvira el fotógrafo, hablando entre ellos de las bailarinas muertas en el cabaret Bilmore. El local al que nunca regresó desde la muerte del mago Rafael. Su amigo y maestro. Otro que al igual que Solé Vera es una de sus criaturas de sombra y hueso en la delgada línea roja que separa la realidad de la ficción, prófugos que entran y salen de su memoria, marcando a navaja en las páginas de los libros las iniciales de los rebeldes. Soler nunca les pregunta por qué llegan a esas horas, de dónde vienen o si esconden sus jirones de niebla y sueños en la pensión Ríos España donde no importa qué noches esperan sus regresos para empezar de nuevo.

Lo supe enseguida. Sé leer entre las palabras de un hombre y los silencios por los que huye. Cada uno de esos seres fronterizos -sus amigos- son las esquirlas de frío y de culpa que lleva dentro, un naipe en la bocamanga de su partida contra el miedo, las dudas, la muerte a la que un día, en Lausana, soñó como una máquina de coser que cargaba sobre los hombros. Uno siempre carga con algo, generalmente con su pasado. Y también con el destino, al que a veces le falta el dedo de una mano. De la pérdida lo que importa es la manera de contarla. Se lo explicó Marsé, en un taller de relojería en el camino de los ingleses. Lo mismo que Faulkner le enseñó a sudar la furia del lenguaje; Conrad a sacudirse las nieblas del corazón y Onetti que todo es ficticio, hasta uno mismo. El viejo Baroja le dijo que ninguna aventura llega lejos sin unas buenas botas que corran sobre el barro, que se hundan en la hierba. De cada uno de ellos me contó despacio Soler o Solé Vera aquella noche en la que él parecía redondear las palabras con sus manos, dándole forma a una esfera que resultó ser su barrio, el mundo del que un día se marchó Gustavo Sintora en busca de Soledad Rubí.

Cada escritor corta la literatura a su medida. Es como ajustar el asiento del coche y el volante, antes de empezar lo que realmente importa: la manera de conducir y el viaje. La travesía y su espíritu, aquello que la nutre y la certifica por encima de qué son el éxito, la fama, el fracaso, el grado de justicia o de injusticia con que se valora a un escritor. Ese tipo que en su tarea con las palabras se interroga a sí mismo y a sus obsesiones, a los ruidos y quemaduras de la realidad, al mundo que lo empuja nunca se sabe a qué destino. En la trama de la vida y en la cicatriz de su memoria, en la cultura, en los libros y en la prensa, en la calle y en las batallas. Esas son las fronteras a las que siempre vuelve, aunque de tarde en tarde el santuario de la Universidad lo reconozca como un profesor en lo de ser a veces conciencia y siempre fugitivo.

Igual que Solé Vera, eterno niño Salgari al abordaje del horizonte por el que apareció, entre los destellos de unos faros, una voz femenina. Serio, sin prisa, agitó una mano hacia el automóvil de la literatura y me tendió la otra, antes de alejarse. De perfil el rostro, erguida la gabardina, un instante de soslayo en el que me pareció un espiritista melancólico.

Así es como recuerdo aquella noche del escritor y sus novelas sobre las que les he contado.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

12/06/2016 09:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

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NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

 

ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, que combatió en la Guerra Civil y visitó a La Pasionaria

 

 La terrible experiencia del Holocausto ha dado lugar a libros inolvidables y estremecedores de autores tan distintos como Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún o Jean Améry, entre los más conocidos. El cuidado sello ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, comunista y combatiente en la Guerra Civil española, Nico Rost, que ingresó en el campo de Dachau el 10 de junio de 1944, y permaneció allí hasta el 30 de abril del año siguiente. Se titula ‘Goethe en Dachau’, y ha sido traducido por Núria Molines Galarza.

Nico Rost (Groninga, 1896- Ámsterdam, 1967) sobrevivió y durante su estancia, a escondidas, logró redactar (y tomar notas) un diario que ofrece una mirada distinta y que concluyó en 1946. En la nota de la editorial, María Martínez Carro se pregunta: “¿Puede un intelectual sobrevivir a un campo de concentración? ¿Le es útil en algún sentido al individuo la cultura adquirida cuando se encuentra sometido a maltrato, hambre y muerte?”. El texto es una perfecta respuesta: “Nico Rost sobrevive no como mero cuerpo, sino como ser humano. La lengua de sus verdugos, su lengua, es justo lo que le permite mantener su humanidad y respuesta”, dice la traductora Núria Molines Galarza. Y añade que, pese a todos los esfuerzos para deshumanizar al prisionero, “es la literatura, la palabra, lo único que logra salvarle, lo único que le permite apartar sus pensamientos de la muerte, el hambre, la nostalgia, el frío y los cadáveres”.

El viaje que propone Nico Rost a Dachau contiene todos los ingredientes ya conocidos: la gente muere a diario, se hacinan las liendres y los piojos, se multiplican el miedo y la crueldad, la fiebre y el hambre, y el cautivo –activo en la defensa de sus ideas, solidario con sus compañeros de viaje y traductor de Alfred Döblin y Joseph Roth, entre otros- va contando cuanto sucede, pero no se regodea en la calamidad, sino que intenta elevarse y pensar, sentir, dialogar con los maestros y con sus compañeros, que también le ceden algunos libros, entre ellos ‘Egmont’ de Goethe, que va a ser un constante compañero de cautiverio. Tras leer su final, “¡Centellean las espadas! ¡Amigos, levantad vuestro ánimo!”, escribe Rost: “En el fondo es cierto: la literatura clásica puede ayudar y dar fuerzas”.

Goethe (también lee su novela ‘Wilhem Meister’) y la literatura alemana en general lo acompañarán. Nico Rost habla de Novalis, recuerda anécdotas poéticas y amorosas del poeta Friedrich Hölderlin, retrata, en diálogo con el sabio E. A. Reinhardt, uno de los grandes personajes del libro, a Bettina Brentano, poeta y todo un personaje que frecuentó a Goethe, a Carolina von Günderrode, poeta suicida, etc. El libro está lleno de reflexiones literarias, de comentarios de lectores y de conversaciones, mientras la muerte –filosa e implacable- se cuela por todas partes. Rost informa de quién perece, de las enfermedades, de los arrestos o de la visita de diez o doce mujeres que acuden al dentista. Rost escribirá: “Fue un acontecimiento de los más sensacional para todos nosotros: ¡mujeres holandesas en Dachau!”. Al día siguiente, el 19 de octubre de 1944, anotará: “Lo que sucedió ayer todavía sigue temblequeando en nosotros. De repente, hay un nuevo elemento en nuestras vidas”.

Nico Rost combatió en la Guerra Civil española. Los prisioneros le preguntaban. Un amigo quería saber cosas del clero español: “Le he estado hablando del padre Lobo, de la postura de algunos religiosos que no se pusieron del lado de Franco y a los que, por tanto, los republicanos dejaron en paz”. Y añade: “También le he relatado mi visita a La Pasionaria y cómo ella, cuando una multitud de monjas en Madrid pidió un edificio para una nueva capilla –pues la suya había sido destruida por las bombas-, hizo que el Partido investigara el caso y se preocupó de que este deseo se cumpliera rápidamente. Luego también le he mencionado que, por aquel entonces, había comunistas que llevaban a las monjas breviarios, rosarios, recipientes con agua bendita y cosas por el estilo (…) Además, le he recomendado encarecidamente que, cuando volvamos a estar libres, se lea los libros de Bergamín”.

Poco a poco la esperanza se hace certeza. El 29 de abril, por la mañana, escribe: “¡Las SS han izado una bandera blanca! A la entrada del Lager (campo de concentración). ¡La emoción entre nosotros es indescriptible!”. Y al día siguiente tomó la última nota: “La gran fuerza de tropas americanas se espere que llegue hoy, como tarde, mañana”. El libro añade un epílogo de la historiadora Rosa Toran, donde habla de los 755 españoles que sufrieron “esclavitud y muerte” con Nico Rost, y entre ellos cita al calandino Pascual Castejón Aznar, que “emprendió camino hasta Dachau desde Mauthausen en uno de los llamados transportes fantasmas”, o al oscense Joaquín Ibarz Ballester, “nacido en la oscense Albelda, La Litera, que constituye un caso peculiar, porque su nombre no aparece en ninguna de las listas publicadas con las identidades de los españoles que sufrieron deportación a los campos nazis durante el período de 1940 a 1945”. La escritora Anna Seghers dijo que “este es el libro, el libro que necesito, el libro que he estado esperando”, el libro donde la palabra, página a página, línea a línea, “le gana terreno a la muerte”.

 

 

LA FICHA

‘Goethe en Dachau’. Nico Rost. Traducción de Núria Molines Galarza. ContraEscritura. Barcelona, 2016. 336 páginas. [El libro se presenta esta tarde, en los Portadores de Sueños, a las 20.00 horas.]

 

11/06/2016 01:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

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CINCO MICRORRELATOS DE MARÍA PILAR PUYUELO ALFARO

-De ‘Un mundo de naderías’.

 

 

 

Los ojos de mi primo

 

     Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salté el muro del castillo. Debía averiguar que envolvía a aquella hechizante belleza. Los siete perros que ella amaba se lanzaron contra mí, pero en los ojos de uno de ellos reconocí a mi primo, que llevaba desaparecido muchos años. Me miró con lástima, mientras los demás perros seguían ladrando con rabia; mostrando sus afilados colmillos.

     Ella apareció semidesnuda y gritó suavemente a los perros, estos se paralizaron enroscándose como serpientes. Me cogió de la mano y subimos hacia su alcoba, donde me deshice en una lujuria de placer inmenso. Al amanecer salté por el balcón y me uní a ellos, escondiendo el rabo entre mis patas.

 

 

Accidente en el jardín

 

     Mamá me dice que tenga cuidado cuando me encuentre vasos llenos de líquido. Y entonces me contó:

«No se dio ni cuenta, hija mía, solo su olor dulzón la embriagó hasta caer, y una vez dentro nadó revoloteando fuertemente, plegada ante ese líquido amarillo. Las risas de aquel joven, ante el rítmico aleteo negro en la cerveza de su amigo hizo que este la derramara al suelo, justo encima de un hormiguero».

 

 

Venganza

 

     Entré en mi cuarto para vestirme, ese día era especial. Había quedado con Luis. Quería sorprenderle con mi nueva minifalda y aquella camis ta blanca que dejaba muy poco para la imaginación.

Abrí mi armario. Toqué mis blusas de seda, recuerdo de mi viaje a Tailandia, y todas llevaban m´s agujeros que la capa de ozono.

Eché un vistazo a mis pañuelos y bragas. ¡Se los hab´an comid !

Aunque peor fue lo de la minifalda… Me qued´ aterrada, pues era un auténtico colador, carcomida por aquellos miserables insectos.

    No eran polillas, debían de ser el resultado de la mutación de algún gen, que las convirti´ en aquellas miserables ratas con alas. Por supuesto anulé la cita.

    He colocado en todos los caj nes y armarios de mi casa montones de bol tas de naftalina . Pero creo que han volado a mi relato y se lo están comiendo a él tambi´n.

¡Ay..., pero por aquí sí que no paso!

    En cuanto compre la tinta de imprenta, repetiré el microrrelato, (me han dicho que es aut´ntico veneno). 

¡Sí, señor..., para que se den un buen banquete de consonantes y vocales!

«Las pienso fumigar hasta la ext nci´n».

 

                                  

La sopa boba

       —Disculpe, señor, se le ha caído su ojo en mi sopa.

El hombre se palpa la cuenca de su impulsivo ojo.

—¡Por Dios!, ¿Qué dice? —grita con gesto de horror.

—No se preocupe, póngase mis gafas de sol y cambie su plato de sopa por el mío —le sugiere—; nadie se dará cuenta. Mientras tanto, el huevo de codorniz se hace sitio entre los fideos, eso sí, los vigila muy de cerca.

 

 

 En el bosque

 

      Hunde el fuego de su arma eléctrica en el centro de mi cuerpo indefenso. Jamás provoqué su ira, ni cada tajo, cada cuchillada salvaje en mi carne. Los míos me dijeron que no opusiera resistencia. Él, mientras tanto, penetra en mi blanca savia. Qué puedo hacer yo, ante tal agresión que contradice la ley de la naturaleza, sino es sentir aquí, bajo el cielo atormentado, el momento en que me desplome, sin más. Las ramas de mi cenizo cuerpo lloran golpeando contra el suelo.

  

 

Cinco microrrelatos seleccionados del libro: UN MUNDO DE NADERIAS de Mª Pilar Puyuelo Alfaro.

*La foto es de Ferdinando Scianna. Ella es Asia Argento.

 

 

07/06/2016 09:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

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EDUARDO RIESTRA HOY EN CÁLAMO: 40 VIAJEROS POR ÁFRICA
Esta tarde, a las 19.30, en la librería Cálamo, Eduardo Riestra presentará su edición de ‘Exploradores y viajeros por África’ (Ediciones del Viento, 2016. La Coruña, 683 páginas), una selección de 40 personajes, desde el madrileño Francisco Páez, un personaje del siglo de Oro, hasta el fotorreportero y escritor Alfonso Armada, autor de ‘Cuadernos africanos’. En medio hay personajes fascinantes que viajaron al continente, vivieron aventuras de todo tipo, se citaron con los indígenas y las tribus (algunos caníbales, como los fang), contemplaron los paisajes, soñaron y contaron lo que vieron y lo que les perturbó.
Hay famosos viajeros, claro, como Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’ o del ‘Kama Sutra’ y buscador de las fuentes del Nilo, rival de Speke; están Roger Casement, que inspiró ‘El sueño del celta’ a Vargas Llosa, el político y escritor Winston Churchill, autores como André Gide (que viaja con su amante, un joven fotógrafo), Evelyn Waugh, Karen Blixen (Kenia es uno de los países que más llama al viajero), están Livingstone y Stanley, dos españoles tan poco conocidos como José Mas y Ramón Tatay, interesados por Guinea, o Javier Reverte, el autor de ‘Vagabundo en África’ y ‘El sueño de África’. Eduardo Riestra también ha incorporado a Enrique Meneses, periodista y fotógrafo. Y, cómo no, también aparece Kapuscinski: el autor selecciona un fragmento de ‘Ébano’. Y están Arthur Conan Doyle o el poeta Arthur Rimbaud, que murió a los 37 años. Y está el coronel norteamericano Geo W. Williams que estuvo en el Congo belga y mandó una carta al rey Leopoldo.
Entre las mujeres, además de Karen Blixen, figuran Mary Kingsley, Sheila MacDonald, Elspeth Huxley, que se casó con un primo de Aldous Huxley, y Osa Johnson, norteamericana de Chanute, Kansas, que firmó ‘La aventura de mi vida’, donde se puede leer: “A menudo regresaba a casa con los brazos cargados de espárragos y espinacas. Había un arándano negro muy bueno y dulce; café nativo; setas en abundancia; una fruta que parecía un cruce de albaricoque y manzana; una ciruela amarga silvestre que servía para preparar exquisita mermelada; y una espléndida miel marrón. ¡África!”

Eduardo Riestra dice: “Es cierto que África simboliza como ningún otro continente los sueños de la infancia, la evocación de la aventura, el temor y la atracción del peligro. Los viajeros que aquí se reúnen abarcan cuatro largos siglos que, en realidad, son casi toda la historia de la exploración, pues ellos han ido llenando los espacios vacíos de los mapas que mucho antes ya habían sido perfectamente trazados en el resto del mundo”.

*En la foto Osa Johnson. Cortesía de Ediciones del Viento. 

07/06/2016 08:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

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EXPLORADORES Y VIAJEROS POR ÁFRICA. EN CÁLAMO
[Hoy, 7 de junio y martes, a las 19.30 horas, en la librería Cálamo se presenta el libro ’Exploradores y viajeros por África’, con edición de Eduardo Riestra, en su sello Ediciones del Viento. El libro tiene casi 700 páginas. Eduardo Riestra estará acompañado por el escritor y periodista Antón Castro.]

FRAGMENTO DE ENRIQUE MENESES

V
Mientras estábamos en Juba se hablaba de un cargamento humano que fue hundido ante la orden de un navío inglés de detenerse y dejarse abordar. Días más tarde, en las playas sudanesas, aparecieron los cadáveres encadenados de cientos de esclavos. Los mercaderes, por supuesto, habían tenido tiempo de desaparecer.
Pero Jaime y yo también nos sentimos atrapados. Estábamos con cinco libras esterlinas en el bolsillo, a igual distancia de El Cairo que de El Cabo, un poco más cerca del océano Indico que del Golfo de Guinea. La primera solución que se nos ocurrió fue pedir ayuda económica a Jose María Cavero, duque de Bailén y padre de Jaimito. “He abusado tanto de él que dudo que nos eche una mano”. Quedaba otra: el rey Federico Mutesa II. Este había sido exiliado a Europa por el Gobernador británico Sir Andrew Cohen en 1953, cuando el kabaka se negó a unir Uganda con Kenia y Tanzania para formar la East Africa Federation. El rey baganda, al que todo el mundo llamaba King Freddie, tenía razones poderosas para no aceptar la propuesta. Los ingleses estaban en Uganda a petición de su abuelo, Mutesa I. El régimen colonial sólo era aplicable para Kenia y Tanzania pero no para Uganda que siempre fue un protectorado. Esto significaba que unos territorios dependiesen del Colonial Office de Londres y Uganda del Foreign Office. “Sólo me uno con mis pares”, había respondido Mutesa II al diktat del Gobernador. Y salió de la reunión para Europa en un avión de la RAF.
Durante su exilio, Freddie quiso visitar España y voló desde Londres a Madrid. Allí, el padre de Jaimito, entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores, montó un show en Barajas al enterarse de que llegaba un rey. Guardia de Honor, banda de música, búsqueda apresurada de bandera e himno, etc… La Embajada británica protestó en el acto y el ministro de Asuntos Exteriores desautorizó a su jefe de protocolo que tuvo que alojar a King Freddie en su cigarral de Toledo, la Quinta Maribel. El monarca baganda nunca olvidó aquella acogida, máxime cuando había llegado a España en clase turista y sin esperar ningún trato especial.
Jaime y yo optamos por llamar a Kampala, gastándonos el último dinero en la comunicación. La cuenta del hotel la resolveríamos, cuando fuese, saliendo sin pagar por la ventana del Hotel Juba. Afortunadamente se trataba una planta baja. Mutesa II fue receptivo a nuestra petición de ayuda pero, transferirnos dinero sólo se podía hacer a través de Londres y aquello podía tardar un mes hasta llegar a Juba. La solución que nos propuso fue alcanzar por cualquier medio Kampala donde seríamos sus invitados. Era lo más sensato y lo más rápido.
Aquella misma noche descubrimos un italiano que iba a recoger una mercancía al puerto de Nimulé, a 280 kilómetros de Juba, en la misma frontera sudano-ugandesa. Aceptó llevarnos en su pick-up. La hora de salida nos era muy favorable ya que, a las cuatro de la madrugada, todo el mundo dormía en el Hotel Juba. Nos encontraríamos en la esquina de la calle con nuestras mochilas listas.
El viaje duraba, pese a la corta distancia, unas seis horas por una pista de mala muerte. No tuvimos incidentes en el camino excepto cuando deseé detenerme para fotografiar un pastor que, siguiendo la tradición, se apoyaba en una sola pierna y un bastón mientras la otra reposaba el pie a la altura de la rodilla de la primera. Aquello era tan típico que no quise marcharme sin fotografiarlo. Salí del vehículo y corrí, perpendicularmente a la pista, durante un centenar de metros. El italiano estaba cabreado, tenía prisa. Llegué junto al pastor que no se había inmutado viendo un blanco corriendo como un loco, cámara en mano, hacia él. Me dispuse a hacer la foto. Entonces reparé en que el hombre no seguía la costumbre de los pastores de la región. Sencillamente le faltaba una pierna, probablemente perdida por culpa de alguna fiera. Balbuceé una excusa incomprensible para el hombre y regresé corriendo sin haber hecho la foto.
En Nimulé, nos despedimos de nuestro italiano. Eran las primeras horas del día. En el muelle, flanqueado por dos barcazas, se encontraba el SS Luger II, el vapor que hacía el recorrido hasta Butiaba y vuelta. Nos acercamos a una cabina de madera donde se despachaban los billetes. Jaimito pidió dos billetes de tercera. Nuestras 5 libras sólo daban para eso y nos sobraba 1. El negrito borró su sonrisa inicial del rostro y corrió a llamar al capitán, un inglés escapado de una novela de Sommerset Maugham. Parecía el modelo de las cajas de cigarrillos Navy Cut. Cuidada barba rubia, ojos azules, uniforme blanco almidonado con pantalón corto y medias largas. Por supuesto, pipa y aromático tabaco inglés. Escuchó nuestras explicaciones y dio orden de que se nos cobrasen dos billetes de tercera y se nos instalase en primera. Antes de irse, se volvió hacia nosotros: “You are a disgrace to the white race” (Son ustedes la desgracia de la raza blanca).

*El dibujo de Eduardo Riestra es de Pablo Gallo.

07/06/2016 00:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CUENTOS DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

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José Luis Rodríguez García (León, 1949) ha regresado a la literatura con dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ y los microcuentos de ‘Incidencias’ (Los libros del señor James). El libro de poemas lo presentará en Cálamo el día 16 de junio y el 30, en Antígona, los cuentos. ‘Incidencias’ es un libro muy imaginativo, con muchos registros y recursos, al que incorpora algunos de sus dibujos y pinturas.

Copio algunos textos.

 

NO COMPRENDE NADA

La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

 

JUEGOS

La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

 

FANTASMA

Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

 

CRIMEN IMPERFECTO

Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

 

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA

La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

 

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.

 

06/06/2016 08:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FLAVIA COMPANY: DIÁLOGO SOBRE 'HARU'

El pasado martes, en Los Portadores de Sueños, en diálogo con Eva Cosculluela, Flavia Company (Buenos Aires,1963, aunque afincada en España desde hace muchos años) presentó su última novela, ‘Haru’, la más ambiciosa de todas las suyas y quizá la cristalización de 35 años dedicados a la literatura. El libro ha aparecido en el sello Catedral y tiene edición en catalán y en castellano; la original es en castellano y la traducción al catalán, que tiene algo de reescritura, también la ha hecho Flavia, cuyo padre vive ahora en Zaragoza con su esposa Carmen, una burgalesa afincada a orillas del Ebro.

 

-¿Desde cuándo tenías en la cabeza a Haru? ¿Y cómo era?

HARU llega tras muchos años dedicados a la literatura, a una literatura que ha intentado siempre quedarse con la esencia, con lo mínimo, con lo necesario pero a la vez suficiente para decir. Digo esto porque, tras la publicación de HARU me he visto obligada a pensar de dónde surgió y por qué. Mi conclusión es que HARU es esa esencia a la que me refiero. Y si me permites la broma, te diré que no puede ir una cuestionándole a la esencia su forma. Llegó y la acepté. La asumí tal como llegó.

 

-¿Qué has querido hacer con esta novela, exactamente: contar una vida entera, hallar una voz, viajar en el tiempo y en un espacio concreto?

No he "querido hacer" nada. Y menos "exactamente". He escrito una novela que abarca una vida, sí, con una voz hallada a través de toda una trayectoria, también, y deudora de una tradición literaria en donde se encuentran no pocos ejemplos de obras clásicas que sitúan sus historias en lugares imaginarios inquietantemente reconocibles o en tiempos lejanos sospechosamente próximos. También supone la creación de un personaje, HARU, con el que lectores y lectoras se sienten identificados, sí, y acompañados. Si Flaubert pudo decir “Madame Bovary c'est moi”, a mí me gusta decir que Haru somos todos. He escrito la historia de todos. Ese ha sido mi trabajo. Me encargado de escribir-nos.

 

-¿Desde cuándo te sientes tan atraída por Oriente y de qué modo se concreta esta pasión?

Nada humano nos es ajen. Si hay algo que me resulta interesante en este mundo es la curiosidad. Que no juzga, no aplica prejuicios, no funciona con saberes preconcebidos. La pregunta, para mí, sería, ¿por qué puede a alguien no atraerle Oriente? Oriente, Occidente, o Marte, o Júpiter, o el fondo del mar, o la cúspide del planeta. Si pudiera, escribiría sobre todo. Procuro escribir sobre todo, en realidad. Intento escoger lo que al hablar de lo particular permite hablar de lo general. Aquello sobre lo que se escribe se elige por muchísimas razones que sería complicado sintetizar en unas cuantas palabras, pues responde a lo que cuadra con el proyecto literario que se lleva a cabo. Todos somos orientales. Todos somos todo. A nadie le sorprendió que en mi novela ‘La isla de la última verdad’ escribiera sobre un médico de Nueva York, Mathew Prendel que navega hacia las costas africanas en un velero. ¿Acaso es posible pensar que me queda más cerca Prendel que una mujer oriental que se aplica a una disciplina como el arte del tiro con arco?

  

-La novela quiere ser una vida completa, pero también es una novela de formación.

Imposible escribir una novela que abarque una vida entera y no hablar de aprendizaje, de formación. En este sentido, HARU es una novela de amor por los maestros, los referentes, la transmisión de conocimiento, el esfuerzo (en mi opinión sinónimo de cultura), la elección y el compromiso. El crecimiento personal es una opción. En esta novela se habla de que nuestra vida es consecuencia de nuestros actos. De que podemos elegir nuestros actos, es decir, de que podemos elegir nuestra vida.

  

-¿Qué tiene de particular el tiro con arco? ¿Por qué has elegido esta disciplina? De entrada parece un poco inmóvil y a la vez te hace pensar en Zenón de Elea.

El tiro con arco se parece asombrosamente a la vida y a la literatura. ¿Por qué? Porque solo cuando se aprende que no hay finalidad se comprende su verdadera esencia. Como en la vida, como en la literatura, insisto. Me parece una clara metáfora, muy ilustrativa. La diana no es lo que importa. Lo que importa es que el tiro se haga desde el corazón. El tiro hecho desde lo genuino, desde lo verdadero, desde lo necesario y suficiente es el que consigue crear una diana a su alrededor. Como en la vida. Como en la literatura. Hace falta tiempo para comprenderlo, como en el tiro con arco.

 

 

-La novela rezuma plasticidad y belleza y una gran capacidad de sugerencia. Por ejemplo, ¿cuál es tu relación con la caligrafía?

Soy amante de la caligrafía. Curiosa respecto a ella. No la he estudiado, pero me gusta tomar un pincel, fabricar la tinta, trazar sobre el papel rugoso los trazos. La plasticidad de la que hablas creo que tiene que ver en gran parte con el intenso e importante contacto que hay en toda HARU con la naturaleza. Esa característica, además, es la que permite dar a la historia la sensación de intemporalidad o de dilatación del tiempo.

  

-¿Cómo definirías esos cinco años de aprendizaje?

¿Los del dojo, los del tiro con arco? Solo como los que permiten al arquero saber si lo es, si lo siente, si puede ser coherente con su vida, si está dispuesto a comprometerse. Los años imprescindibles para saber si quiere conocerse. Los años que descubren si quien estudia quiere estudiar y ser o prefiere el camino de tener y acumular. Lo esencial frente a lo cuantificable.

 

-Tras el paraíso, o la concentración, Haru sale al mundo real. No quiero que nos cuentes el argumento, pero sí, dinos, en un sentido simbólico, qué sucede…

HARU se da cuenta de que para Ser hay que dejar de pensar en Tener. Y hasta aquí puedo contar.

 

¿En qué medida has querido desplegar una filosofía, una pasión distinta por la palabra?

Tienes razón al pensar que en HARU subyace una filosofía. Así es. Una filosofía, una ideología, una propuesta de vida, de mundo, de mirada. HARU propone sumar en vez de restar. Unir en lugar de segregar. Conocer en vez de rechazar. Ser en vez de tener. Interesarse por la diferencia en lugar de condenarla. Creo en la palabra. Creo que es posible cambiar las cosas y que para ello hay que SER CONSCIENTES, DARSE CUENTA de que hemos de abandonar el concepto de propiedad, no solo material sino también emocional. Es necesario abandonar las identificaciones para abrazar las identidades. Ser quien se es. Y comprender que se es lo mismo que y con todo. Ser en vez de pertenecer. Son extremos muy distintos. 

 

 

-La novela aborda temas capitales, pero especialmente una idea compleja del amor. ¿Cómo defines ese amor que busca y halla o pierde Haru?

El amor lo es todo. El amor no es una experiencia, es un estado. El estado de la no violencia y la no pertenencia. El estado que permite comprender que todo lo vivo forma parte de ti y que tú formas parte de todo lo vivo. De nuevo, mi estimado Antón, tus preguntas son profundas y requerirían de un espacio mucho mayor para abarcarlas con una respuesta.

-Has citado a Iris Murdoch. Yo también he pensado en Siddharta de Hermann Hesse. ¿Andan por ahí?

Todos los literatos que permanecen andan por ahí. La esencia que nos unifica es lo que permite a una obra ser universal e intemporal. Todo proyecto literario procura dar con la piedra filosofal de la literatura: nombrar lo que es, lo que somos, el misterio. Aunque sea con el silencio que se deja entre líneas.

 

-¿Qué es el estilo y cómo es aquí el tuyo?

El estilo es una mirada sobre el mundo y no se aplica solo a la obra sino también a la vida. Como en el tiro con arco. Cuando se alcanza el estilo verdadero, deja de notarse. Como dicen los maestros de HARU: los discípulos se distinguen por el modo en que tiran. Los maestros no se distinguen. 

 

-¿Por qué insistes tanto que esta novela es la culminación de un sueño, que concentra, en cierto modo, 35 años de escritura?

Bueno, no es que haya yo insistido en ello. Lo que digo es que mis libros siempre se han parecido mucho, muchísimo a lo que yo quería escribir y que HARU no se parece, sino que ES. Y que esto me ha ocurrido después de treinta y cinco años dedicada a la literatura en cuerpo y alma. 

 

*Esta foto pertenece a Heraldo y Heraldo.es

 

05/06/2016 01:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

4 POEMAS DE DANIEL RABANAQUE

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Hace unos días, durante el recital de Parnaso 2.0, el poeta (y diseñador y publicista Daniel Rabanaque, que continúa la tradición de su padre Julián) me regaló una de sus últimas plaquettes poéticas: ‘Sal para nuestra sed’ (2016). Copio algunos poemas breves.

 

4 POEMAS DE DANIEL RABANAQUE

 

1

el secreto de tu cuerpo

frente a todos los demás cuerpos

una de esas apoteosis

que cada tanto regalaba el sol

 

2

 

tanto amor nos escapaba entre los dedos

a nosotros que esquivábamos porqués

 

entre gatos y desechos

de ese mar que te bebías por la piel

Leías mis manos que no podía entender

Y llorabas al saber que estabas sola

 

3

ya nada te pertenecía

ni siquiera tu huella en la arena

 

4

el amor era sal para nuestra sed

y es ahora estas algas en tu rostro

 

*La foto es de Ferdinando Scianna. 

26/05/2016 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGELES MORA: CUATRO POEMAS

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[Ángeles Mora, la poeta de Rute, Córdoba, 1952, pero afincada en Granada, ha sido galardonada días atrás con el Premio de la Crítica por su libro ‘Ficciones para una autobiografía’, que ha publicado el sello Bartleby, de Pepo Paz Saz, con portada de Xoan Abeleira. Copio aquí cuatro poemas breves que prolongar el sentido del título y la experiencia que late en todo el poemario, la experiencia y la hondura expresiva, y quizá cierto pesimismo o temor a la fatalidad o a la derrota.]

 

INSOMNIO

 

Quise seguir durmiendo,

prolongar la línea

de mi sueño

roto.

Pero una sombra

enemiga

me arrastraba al abismo

de mis propias

voces.

 

DINERO DE BOLSILLO

 

Se aconseja no cotizar en bolsa.

Una mujer no aprende

el ínfimo valor de su moneda

hasta que no circula

en el devaluado

mercado de las letras

de cambio.

 

EL AYER

 

El ayer que me hizo

no sé dónde está.

El que me deshizo, sí:

está aquí, conmigo,

presente todos los días.

 

MEDIODÍA

 

Dejándose mecer sobre las olas,

en el papel del aire

escribía una carta al cielo,

o tal vez a la muerte,

esa nube viajera que guarda

el último mañana,

el instante final.

 

*Este desnudo es de Willy Ronis.

 

 

22/05/2016 21:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ANTONIO LUCAS

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[Antonio Lucas acaba de publicar su poesía en un volumen en Visor: ‘Fuera de sitio’. El periodista del diario ‘El mundo’, editor de Francisco Umbral para Círculo de tiza, me envía dos poemas: ‘Hombre a oscuras’, que pertenece al capítulo final de inéditos, y ‘Fuera de sitio’, que pertenece a su libro ‘Los desengaños’ y que da título al conjunto de cinco libros y 360 páginas.]

  

                      HOMBRE A OSCURAS

 

 

                                                        [A Vera y Jesús Ruiz Mantilla]

 

                            De la noche recuerda lo que no ha sido el sueño.

                            Tu cuerpo y su cuerpo, el cataclismo de abrazos.

                            Las voces de afuera.

                            La vida creciendo con su infernal abalorio

                            y su ruido en nosotros.

 

                            Va para un año que estamos aquí

                            sin avistar aún naufragios,

                            y somos despacio la fundación de otra selva,

                            el caldero que acoge lo que dos se descubren,

                            las palabras rehenes,

                            el contigo que avanza de mi noche a tu lumbre.

 

                            Te he visto a mi lado, rumbo ciego a deshoras,

                            enmudecer como un pecho.

                            En redonda unidad

                            dibujar una infancia

                            para amarme otra vez

                            o hasta odiarme despacio.

 

                            Este íntimo hambre de saber que aún no duermes,

                            pero estás a mi lado.

                            Esta arteria de sombra.

                            El sanar en lo oscuro la herida del día

                            con secreta herramienta de voces,

                            con cruda progenie de manos.

 

                            Qué falta de ti en lo callado del cuarto.

                            Cómo insiste el idioma en lo que nunca se ha escrito.

 

                            Hay certezas que calman sin ocupar el espacio,

                            y calientan los vientres,

                            y retardan la nieve en la provincia del daño.

                            Hay una esbelta piedad en la nunca aprendido,

                            mundos de sol donde ya no amanece.

 

                            No muy lejos de ti un hombre respira con casera intemperie.                     

                            Su insomnio es amor,

                            lento oficio y remedio.

                            Aceptar la pendiente de una luz que se apaga

                            es su sólo ademán de estar quizá solo.

                            Y pregunta a su sangre.

                            Y responde a sus ecos.

                            Y es un árbol vibrando.

                            Y al callar se rebela.

                            Y se sabe memoria

                            de otras noches en vilo

                            extrañando en lo hondo (con ojos abiertos)

                            un contorno templado,

                            un nocturno calor o lingote de cuerpo.

 

                            Y es el más alto don ese estado de alerta,

                            ese tiempo tan quieto.                                                

                            Pues quien no conoció la tristeza

                            ignora que amar no hace ruido.

 

                            (Inédito)

 

 

 

 

                                        FUERA DE SITIO

 

 

                            Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:

                            unas pocas palabras, unos seres exactos,

                            unas horas muy lisas, una playa (quizá)

                            donde el daño no acecha.

 

                            Imagina la vida como no lo es ahora,

                            no quiero decir como algo perfecto,

                            sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,

                            un tributo al azar sin otro destino

                            que el confín fugitivo de un eco sin rostro.                       

                            Y después cualquier cosa. 

 

                            Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.

                            Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,

                            celebrar lentamente que aniquile mi huella,

                            mi escritura de hombre, mi certeza de surco,

                            ser la alta misión de lo que nunca concluye

                            como no cierra el mar su recado en la orilla.

 

                            Pero no es estar quieto la razón ni la meta,

                            sino un querer más pequeño, una conquista más clara:

                            ver la vida llegar de su noche a tu noche

                            en un cuerpo ajeno,

                            pronunciar su silencio,

                            abrazar su alambrada,

                            desear su vacío,

                            delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,

                            hasta el tiempo sin tiempo

                            del país que no haremos.

 

                             (De Los desengaños)

 

*La foto es de Begoña Rivas.

RETRATO DE LUIS GARCÍA-ABRINES

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[Hoy, en herado.es, se publica este artículo mío sobre Luis García-Abrines Calvo (Zaragoza, 1923-Conneticutt, 2016), a quien conocí en Teruel con sus hijas Linda y Alicia.]

http://www.heraldo.es/noticias/heraldo-premium/cultura-ocio/2016/05/20/muere-los-anos-luis-garcia-abrines-creador-fecundo-inabarcable-heterodoxo-870959-2091033.html#!kalooga-14969/~arte%20~vanguardias%5E0.75%20~surrealismo%5E0.56%20~Zaragoza%5E0.42%20~literatura%5E0.32

 

Adiós al ciudadano del mundo y surrealista

aragonés Luis García-Abrines

 

Antón CASTRO

Ha muerto en Estados Unidos Luis García-Abrines Calvo (Zaragoza, 1923- Conneticutt, 2016) a los 92 años de edad. Era un espíritu inquieto y transgresor, uno de los últimos surrealistas aragoneses clásicos, vinculado a los hermanos Luis y Alfonso Buñuel, este fue su maestro en el arte del collage. Era escritor, ante todo poeta, musicólogo (editó a Gaspar Sanz y a Juan del Valle y Caviedes) e intérprete de piano, profesor de literatura y amaba el teatro. Vinculado a la Peña Niké, practicó el ‘happening’ y se convertía en un actor improvisado y contador de historias que sorprendía a los compañeros de aquella tertulia.

Estudió en los Jesuitas, en el Miguel Servet y el Instituto Goya y en 1948, tras probar suerte con el piano, se licenció en Filología Románica en Madrid. Por esos años empezó a frecuentar a Alfonso Buñuel, arquitecto y artista del collage, y al grupo de Pilar Bayona (que fue su amor platónico algunos años), entre ellos el narrador de ‘Meterra’ Manuel Derqui, con quien fundaría la sociedad musical Sansueña, vinculada a la Sociedad Filarmónica de Zaragoza. Acerca del vínculo de Pilar Bayona y Luis García-Abrines, cuentan Antonio Bayona y Julián Ruiz: “De cosas de Luis García-Abrines estaba llena la casa de Pilar  Bayona. Desaparecieron el hueso de oliva tallado, la sombrerera con el interior dividido en cuadrantes, y en cada uno de ellos una escena de La boîte à joujoux’ (Debussyana), con sus muñecos, pero queda una pequeña maqueta del rincón de los pianos de la casa del Paseo de la Independencia, con una espléndida caricatura de Pilar, que hace de retrato en la pared, sus sorprendentes y provocadoras cartas, un cuadro, y más cosas”. A la vez también tendía sus lazos hacia los hermanos Miguel y José Antonio Labordeta y a los poetas del Niké, y a esa época pertenecen algunas de sus mejores y más inverosímiles anécdotas. El joven Labordeta le publicaría en el sello Orejudín su libro ‘Así sueña el poeta en sus palabras’ (1960), que sería reeditado en el año 2000 por el Gobierno de Aragón.

Acerca de Luis García-Abrines se comentaban muchas historias. Podía aparecer, se decía, en el mítico café de la calle Requeté Aragonés (hoy Cinco de marzo) con un niño extraviado y lloriqueando que había encontrado en la calle. Ildefonso-Manuel Gil, con el que coincidió en Estados Unidos, contaba que un día, en su casa, recibió a una joven –“debidamente alertada por sus dos hijas gemelas”- en un sarcófago como si fuese la reencarnación de un Drácula aragonés. “Ahora duerme con esa caja de muerto debajo de la cama”, agregaba Gil entre risas, como quien revela una travesura libresca de un buen amigo.

Luis García-Abrines, que se nacionalizó norteamericano en 1959 y llegó a ser juez de paz de New Haven, era un hombre ingenioso y libre, que cultivaba la ironía, una amable idea del sacrilegio, la escatología, el humor, la poesía y la paradoja. Madrugaba mucho para oír el canto del ruiseñor y redactas versos como este: "Una buena palabra es un poema". No podemos olvidarnos de un viaje que hizo a París entre 1951 y 1952, que le permitió saludar a algunos de los aragoneses que vivían en la ciudad como el escultor Honorio García Condoy y el pintor Fermín Aguayo, y a otros surrealistas y grandes figuras de la creación como Picasso, Pierre Boulez y Óscar Domínguez. En aquella estancia conocería a su primera mujer Margaret Jounakos, con quien se casó en 1954 y con quien tendría un hijo, David. Años después, en 1967, se casó con Marie Elle Branchini, la madre de las gemelas Linda y Alicia.

   
Profundamente culto y amante de las lenguas, escribió en inglés, francés, italiano. Quizá sea ‘Ciudadano del mundo’ (1980) el libro que mejor le define. Hay poemas, teatro, poesía visual, fogonazos eróticos, bromas y la somardería aragonesa (José Luis Cano publica ahora una monografía en la Institución Fernando el Católico sobre el humor aragonés); dedica composiciones a sus amigos: Pérez Páramo, Camilo José Cela, Jorge Guillén, Joan Miró, Luis Buñuel, al actor Vincent Price (que encarnó a Drácula y muchas obras de Edgar Allan Poe en el cine) o al gramático Fernando Lázaro Carreter. Hallamos esta perla en una composición para Alfonso Buñuel: "La poesía es una ciencia exacta // puesto que la integral de Marilyn es ella misma // y no hay poema más perfecto que una mujer cojonuda // como, por ejemplo, Gina Lollobrigida".

      A finales de los años 50 se marchó a Estados Unidos, a Yale, donde fue profesor de Literatura Española hasta su jubilación. Otro de sus libros capitales es ‘Crisicollages para Luis Buñuel(1980), que le editó con todo lujo su gran amigo el librero y editor José Alcrudo. Luis García-Abrines despliega un homenaje al realizador calandino, al surrealismo más o menos delirante y al propio collage como técnica fragmentaria que casi todo lo permite, hasta la irreverencia, la provocación, el disparate o el puro juego. García-Abrines pintó algunos cuadros, hacía muchos dibujos en sus personales cartas, como puede verse en su correspondencia con Pilar Bayona, pero el grueso de su producción es el collage, como se verá, de nuevo, en 1988 en su libro ‘Variaciones sobre la donna e mobile. Solo --de gaita-- para hombre’, que le publicó Ildefonso-Manuel Gil en un volumen de gran formato. García-Abrines elaboraba con humor y provocación una mirada sobre la misoginia a lo largo de la historia.

En la Zaragoza de la transición, en 1982, en los tiempos de Ramón Sáinz de Varanda, fue nombrado Hijo Predilecto de Zaragoza en 1982 y en el año 2000 la Diputación Provincial de Zaragoza le otorgó (no pudo venir a recogerla) la distinción Isabel de Portugal, precisamente en el año en que se celebraba el centenario de Luis Buñuel (1900-1981). Con él había recordado a Pilar Bayona (1797-1979) con inmensa ternura, como se puede leer en el disco póstumo que Plácido Serrano recuperó de la intérprete en 1980 y en los documentos del Archivo Pilar Bayona, que Antonio Bayona y Julián Gómez han cedido al Gobierno de Aragón. “Me llamó usted por teléfono. Le oía mal pero imaginé que el objeto de su llamada obedecía a comunicarme la muerte de nuestra queridísima amiga Pilar Bayona. Como buen zaragozano estuve enamorado de ella cuando tenía catorce años, y ello duró hasta los dieciocho. Después tuve una sincera amistad y admiración por su maravilloso arte. Sé que aproximadamente los mismos sentimientos ha tenido usted por ella. Que no descanse en paz en nuestro recuerdo, que siga siempre vivo”.

Que siga vivo también el recuerdo de Luis García-Abrines, el provocador, el surrealista, el artista, el profesor, el enamorado incesante de las lenguas y la música. El poeta que se sentía ciudadano del mundo.

 

*Esta foto de un joven Luis García-Abrines pertenece al Archivo Pilar Bayona que dirigen Antonio Bayona y Julián Gómez, y que acaban de ceder al Gobierno de Aragón.

21/05/2016 10:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO LUIS GARCÍA-ABRINES

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HA MUERTO EL SURREALISTA LUIS GARCÍA-ABRINES

 

Ha muerto en Estados Unidos Luis García-Abrines (1923-2016), uno de los personajes más legendarios de la Peña Niké. Era profesor, poeta, artista especializado en el collage, musicólogo (editó y comentó al guitarristas Gaspar Sanz), etc. Nació en Zaragoza en 1923, estudió en los Jesuitas, residió en Madrid y en Estados Unidos, aunque siempre retornaba a Zaragoza.

Se casó con Margaret Jounakos, con quien tuvo un hijo, David, y luego con Marie Ellen Branchini, con quien fue padre de dos gemelas, Alicia y Linda, a las que trajo a Teruel a aquellas Jornadas de Surrealismo que se celebraron a finales de los 80 y principios de los años 90. Estuve en varias de ellas y él, simpático y surrealista, les mostraba a sus hijas, con inmenso orgullo, a sus amigos, entre ellos Eugenio Fernández Granell. Eran realmente guapas.

Es autor de libros muy curiosos de poesía y collage como ’Ciudadado del mundo’, ’Así sueña el profeta en sus palabras’ o ’Crisicollages’, entre otros, que le publicó su gran amigo Pepe Alcrudo. Tenía una gran amistad con Pilar Bayona y fundó con Manuel Derqui, y otros, aquella sociedad musical llamada Sansueña. Estuvo muy enamorado de la pianista (se llevaban un cuarto de siglo; se ocultaba detrás de una cortina del estudio de la calle Almagro para oírla) y con ella y con Alfonso Buñuel realizaron un viaje por Sevilla en 1943, se dieron circunstancias simpáticas: Luis amaba a Pilar; Pilar quizá amase a Alfonso y este a su vez se sentía atraído a Luis, que era más joven. O eso sugería un poco Pilar. El poeta y profesor Ildefonso-Manuel Gil era muy amigo suyo (como lo fue Luis Buñuel: ambos lloraron la muerte de Pilar Bayona, arrollada por un turismo, en el actual Paseo de la Constitución en diciembre de 1979) y, tras su regreso de Estados Unidos, se escribían a menudo; fruto de esa amistad fue la publicación en la Institución Fernando el Católico de ’Variaciones sobre La Donna è Mobile. Solo -de gaita- para hombres’ (Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1988), que al poeta de ’Las colinas’ le hizo muy feliz. En 1982. Luis García-Abrines Calvo recibió la medalla de Zaragoza y en 2000 el Premio Isabel de Portugal, aunque entonces ya no vino a recogerlo.

 

*https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/b4/Luis-Garc%C3%ADa-Abrines-Calvo.jpg/300px-Luis-Garc%C3%ADa-Abrines-Calvo.jpg

21/05/2016 07:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE LEE 'EL MUSGO DEL BOSQUE' (PUZ)

Siempre es un gran año para Antón Castro

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Antón, que acaba de editar un soberbio extra sobre Cervantes de su premiado suplemento literario del Heraldo, A&L, y de sacar un gran libro, Los Sitios, con fotografías de Andrés Ferrer (su densa lectura nos llevará a otra reseña, en breve), ha publicado en las Prensas Universitarias de Zaragoza un primoroso libro,El musgo del bosque, en que mezcla recuerdos y sueños, poemas y ensayos biográficos, rumores de viento y de personas. Muchas cosas nos llaman la atención en este libro de madurez, que recolecta escritos dispersos durante años:

“Un poeta se alimenta de recuerdos”, nos dice. También de alusiones musicales (he buscado de inmediato, mi incultura musical es enorme, y he escuchado a King Crimson y Eyes wide open…). Y he casi visto esa “loca del bosque” que muestra una Rosalía de Castro que perdió la cabeza; y a seguido, Amancio Prada, el trovador de las neblinas y las espigas.

Canta a su primera radio, “un arsenal de sonidos, de músicas del mundo, de voces envolventes”. A un amor inesperado, quizá soñado de tan hermoso. A los álbumes de fotos, el cine y la cercana y temblorosa prima en la penumbra, que “desordena y paraliza el deseo”. A esos fotógrafos, quizá Leopoldo Pomés, “que van más allá de la luz, alquimistas de la imagen, calígrafos del aire”.

Trata de muchas gentes que conoció, leyó, entrevistó, amistó: de García Pavón a Torrente Ballester, en unos deliciosos encuentros; José Hierro que, como Baudelaire, cree en la ebriedad de la poesía; Gabriel Celaya, “paladín de la metáfora” y su musa cotidiana, Amparitxu. Recuerda su viejo gusto por Mercè Rodoreda, devorada en cualquier sitio, a la que homenajearía llamando Aloma a la hija recién llegada, como uno de sus personajes. La “Razón de amor” de Salinas, evocada al encontrar el definitivo, de la compañera para siempre.

Se siente “el hombre más impertinente e inoportuno del mundo”. Y cree en “un mundo de mujeres bonitas y de obreros rebeldes donde todos seríamos irremediablemente libres”. Y hace también alusiones muy cercanas, como la del pintor aragonés Pascual Blanco, “rodeado de tórculos y planchas, entregado a la materia”, o los caminos paralelos de Eduardo Laborda e Iris Lázaro. En fin, comparecen el deslumbramiento ante Rembrandt en el Prado, un Moscú en un viaje inesperado, con toda su enorme carga cultural. O la fascinación de un último concierto en el Maestrazgo, emocionante recuerdo de José Antonio Labordeta.

Un libro para disfrutar, pensar, sentir. Un nuevo paso, en esta gran literatura por entregas que es la obra, ya ingente, de nuestro tan querido y admirado amigo.

 

*En la foto, la actriz Edwige Fenech que aparece en 'La isla del cine'. La tomo de aquí: http://images2.corriereobjects.it/methode_image/2013/12/24/Spettacoli/Foto%20Gallery/07spe10f1-068_MGzoom.jpg?v=20131226163925

14/05/2016 13:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIANO ANÓS: TRES POEMAS

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Mariano Anós es actor, director de teatro, pintor y poeta, entre otras cosas. Acaba de publicar un nuevo poemario, 'Sitios Saragosse' en el sello Lastura. Ayer, en el ciclo Parnaso 2.0, leyó varios poemas. Entre ellos, el primero que aparece aquí. Me ha mandado, con su cortesía habitual, tres textos de su nuevo libro. 

 

EL CORO DE LOS HÉROES MUERTOS

 

 

Pero nosotros cánticos y honores: eso recibiremos.

Cánticos y honores, nosotros, los héroes muertos de la muerte

natural de la guerra.

Retumbar de tambores, estridor de trompetas y también:

Rimas, nombres de calles, sesiones académicas, medallas.

Cataratas de frases rimbombantes donde chorrillos era mísera la

sangre.

Hace frío.

Hay ruinas de sudores,

excrementos del miedo,

cascotes de los tímpanos del héroe

donde el cantar, donde el amor, donde la risa había,

donde la tregua del escalofrío

o el trémulo mirarse de los atardeceres a la vera del río del otoño.

Agujeros el héroe, agujeros de piedra sin paisaje,

agujeros el cuerpo, los ojos, la camisa, la muerte de los héroes

 muertos.

Cordilleras de cuerpos como piedra reventada,

atronados de oír no sonidos triunfales ni espantosos: sólo ecos,

remotísimos ecos de tormentas de tiempos imposibles,

memoria desollada de cráneos sin memoria:

que el estruendo del héroe consiste en perder toda memoria

para memoria sólo de los otros no mudos, no sordos, no inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la historia,

material de silencio.

Callad pues. Sólo fluyan océanos y ríos y gotitas de niebla sigilosa.

Propáguense agujeros llenando las palabras una a una

y llenando las pausas, el aliento, los músculos del verbo.

Y las admiraciones: ¡por favor, agujeros en las admiraciones!

Hablen los agujeros de la Historia,

la Historia de la Muerte universal, de la Peste universal, del Heroísmo

universal:

la estúpida Maestra de Muerte y de Peste y de Heroísmo.

Por eso se hablará pero no hablará nadie.

El teatro hablará. El teatro que no es nadie.

El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo.

Hablará la memoria ardiendo sola.

Hablarán cuerpos mudos, sordos, inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la Historia,

material de silencio.

 

 

 

GALERÍA DE PERSONAJES: EL EBRO Y EL MAR

  

EBRO.- Galería de personajes: el Ebro.

Si digo yo, ¿quién digo? Si digo río, si digo Ebro,

¿digo sólo fluir de lo que es otro?

¿Digo sólo miradas que me hayan recorrido?

¿Hablo sólo de sueltos chapoteos bulliciosos gozando del rigor de los

agostos

que me han hecho creer en el sueño de la vida como un río?

Dicen Ebro y me cantan soltando a chorro el aire los pulmones,

vibrando enrojecido en gargantas, en lenguas, en encías,

en dientes que dejaran por cantarme de apretarse.

Ah cráneos, cartílagos y músculos de aquellos que, en el río que era

otro,

en hermoso desorden saltaban en batallas de amores ruborosas,

aquellos cuyas pieles relucían al sol de los agostos

recamadas de gotas que no fueron a dar en la mar.

Yo sordo los escucho, yo olvido los recuerdo

cuando ahora me cantan con un aire muy otro, con odio y con pavor,

marchando estupefactos a tareas de matarse.

Y yo ciego contemplo la sangre que me crece

y la arrastro hasta el mar.

 

MAR.- Galería de personajes: el mar.

 

EBRO.- El mar, el mar, el mar, el mar, el mar:

el personaje ausente que es siempre el personaje verdadero,

el que tiene razón, el que vigila, el que calla por nosotros,

el que dice la muerte sin objeto, el peor, el incesante, el que faltaba.

 

MAR.- Sí vigilo, sí callo, sí falto estrepitoso interrogando,

me inmiscuyo, me estrello, me encrespo de romperme como antiguo

oleaje de la muerte.

Remota Zaragoza, tú, personaje ausente.

Tú Ebro que no existes, tú me vienes con cárdena memoria.

Tú deyección de memoria podrida, tú desagüe estentóreo de sangre,

tú diario de espectros como todos los diarios,

tú me quitas el sueño sin tregua en mi tarea de engullir la basura del

mundo,

excremento de industrias de codicia,

cementerio de vida envenenada.

 

EBRO.- Sí, yo te llevo, yo nadie, yo sucia comitiva de la muerte,

yo borbotón de lágrimas de madres antiguas como lágrimas de

mármol.

Tú bálsamo de brea, tú amoroso perfume de salitre.

Yo te alimento sin cesar de los restos del naufragio de la tierra,

naufragio  de los hombres afanados en tareas de tener,

en tareas abyectas de tenerse,

en tareas de un tiempo medido por batallas, por huesos calcinados,

por relojes de lágrimas en punto.

 

MAR.- Sí, yo remoto, yo nadie, yo sacudo, yo arrastro las noticias de la

nada,

yo pálido clemente recojo la furia de la piedra de los días

y vuelvo suave arena, consejera de nadie, minúscula advertencia

que cae entre los dedos de nadie y que cae en los oídos de nadie y

nadie escucha.

Sólo la estridente gaviota se escucha, la más cruel, la del pico

ensangrentado.

Sólo las noticias se escuchan estridentes, las noticias

que son siempre noticias de la guerra.

Nadie lee la música que escribo con arena sobre arena,

la música de arena.

Nadie escucha la música que toco con olas sobre olas,

la música de olas.

Tú, Ebro, tú emisario de la sangre,

tú que vienes y vienes y no vuelves, vuelve por una vez

y llévales que lean mi música de arena y que escuchen mi música de

olas.

 

EBRO.- Yo no leo, no escucho, no vuelvo, no sabe, no contesta, no

existe.

Yo sé lo que no existe y yo sé lo que existe demasiado.

El resto se evapora y se evapora la memoria y Zaragoza se evapora

para siempre.

Yo soy lo que no ha sido y ya se ha ido para siempre.

Soy lo que todo el mundo sabe: soy tú, mar, somos el líquido teatro de

la muerte.

 

PREGUNTAS A LOS MUERTOS

 

 

Vosotros que estáis fuera descansando de este circo de estúpidos horrores,

vosotros que estáis muertos, ¿tenéis sueño?

Vosotros que no andáis a grandes pasos entre ratas hambrientas,

¿sabéis si va a haber siempre emperadores?

¿Oís vosotros, azaroso público,

las pausas que permiten distinguir las heridas de los besos?

Vosotros que no sois, ¿tejéis bufandas?

¿Habéis hecho, vosotros que no tenéis bandera,

recuento de gusanos victoriosos?

¿Sudáis vosotros ciegos si amanece?

¿Podéis desconocer, vosotros sin recuerdo,

la muerte de uno solo de los vivos?

Vosotros sin palabra, ¿tenéis tiempo?

Vosotros que estáis muertos,

¿soñáis como nosotros con la vida?

 

 

*Mariano Anós en 'Sigue la tormenta'.

13/05/2016 10:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA POESÍA DE ZAVATTINI, EN BARTLEBY

Selección de poemas de Cesare Zavattini/Cobijarme en una palabra (Bartleby, 2016. Traducción de Juan Vicente Piqueras)

 

MEI TASÉR

Véta véta, cus’èla? Mei tasér.

An vrés mia disturbà chi du là

chi è dré a gusars’ in mès a l’erba.

 

MEGLIO TACERE

Vita vita, cos’è? Meglio tacere.

Non vorrei disturbare quei due là

che si stanno chiavando in mezzo all’erba.

 

MEJOR CALLAR

Ay, la vida, ¿qué es? Mejor callar.

No quisiera molestar a aquellos dos

que están gozando en la hierba.

 

 

DIU

Diu al ghé.

S’a ghé la figa al ghé.

Sul lö al pudeva invantà

na roba acsé

cla pias a töti a töti

in ogni luogo,

ag pansom anca s’an s’ag pensa mia,

apena ca t’la tochi a cambióm facia.

Che mument! long o curt al saióm gnanca.

La fa anc di miracui,

par ciamala

an möt

a ghé turnà la vus.

Ah s’a pudés spiegaram ma

l’è dificil

cme parlà dal nasar e dal murir.

 

DIO.

Dio c’è.

Se c’è la fica c’è.

Solo lui poteva inventare una cosa così,

che piace a tutti a tutti

in ogni luogo,

ci pensiamo anche se non ci pensi,

appena tu la tocchi cambi faccia.

Che momento, lungo o corto non si sa.

Fa anche dei miracoli,

un muto

per chiamarla

gli è tornata la voce.

Ah se potessi spiegarmi ma

è difficile

come parlare del nascere e del morire.

 

DIOS

Dios existe.

Si existe el coño, existe.

Sólo él podía inventar una cosa así,

que les gusta a todos, a todos

en todas partes,

que piensas en él hasta cuando no piensas

y si lo tocas te cambia la cara.

¡Qué momento! Largo, corto, no se sabe.

Hace incluso milagros:

sé de un mudo

que recobró la voz

para nombrarlo.

Ay, si pudiera explicarme,

pero es difícil

como hablar del nacer y del morir.

 

 

LA BASA

O vést an funeral acsé puvrét

c’an ghéra gnanc’al mort

dentr’in dla casa.

La gent adré i sigava.

A sigava anca mé

senza savé al parché

in mes a la fümana.

 

LA BASSA

Ho visto un funerale

così povero

che non c’era neanche

il morto nella cassa.

La gente dietro piangeva,

piangevo anch’io

senza sapere il perché

in mezzo alla nebbia.

 

LA BASSA

Una vez vi un funeral tan pobre

que no había ni muerto en el ataúd.

La gente iba detrás llorando.

Iba llorando yo también

sin saber por qué

a través de la niebla.

 

CHI PASA DAL ME PAES AD NOT

Chi pasa dal me paes ad not al pensa

costi i é fora ad töt, in dn’atar mond.

Nisön inguinarés in stu silensi

che dés chi stava propria in sti ca ché,

tant zuvan ch’i é ancor viv li madr’e i padar,

i ià impicà

pochi dé pröma della pace.

 

CHI PASSA DI NOTTE DAL MIO PAESE

Chi passa di notte dal mio paese pensa

questi sono fuori di tutto, in un altro mondo.

Nessun indovinerebbe

in tanto silenzio

che dieci che stavano proprio in queste case qui,

tanto giovani che sono ancora vivi madri e padri,

li hanno impiccati

pochi giorni prima della pace.

 

SI ALGUIEN PASA DE NOCHE POR MI PUEBLO

Si alguien pasa de noche por mi pueblo

puede pensar éstos viven lejos de todo, en otro mundo.

Nadie imaginaría en medio de este silencio

que a diez de los que habitaban estas casas,

tan jóvenes que aún viven

sus padres y sus madres,

los colgaron

pocos días antes de que llegara la paz.

 

*Tomo la foto de aquí: 

http://gazzettadireggio.gelocal.it/polopoly_fs/1.13020124.1456406607!/httpImage/image.jpg_gen/derivatives/detail_558/image.jpg

10/05/2016 08:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LIBRO DE PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA

Una lectura imprescindible para quienes aman la lengua.

"Tenemos aquí un libro singularísimo que, a través de una serie de animados y refrescantes enfoques sobre rincones de la lengua, nos lleva a reflexionar con provecho sobre lo mucho que puede esconderse detrás de cada palabra, de cada frase que sale de nuestros labios o recogen  nuestros oídos. Eso significa enriquecer nuestra mente. Lo mejor que podemos pedir a un libro"

Prólogo de Más que parabras, por el académico Manuel Seco.

Este libro nace de la pasión por las palabras y por la determinación de asediarlas filológicamente, de escrutar cómo surgen y cómo viven en el único medio en que cabe atraparlas: los textos. Cada capítulo trasciende lo aparentemente anecdótico con el fin de reflexionar sobre asuntos que atañen a la lengua de todos, como por ejemplo: la norma y el uso, la variabilidad y vida de las palabras, el presunto empobrecimiento del léxico...

En los ensayos de Más que palabras se adoptan posturas de tolerancia y de cierto relativismo en materia normativa; mas, aun situándose un poco a contracorriente, no cae el autor en el laxismo del «todo vale». Son mayoría los que están relacionados con el vocabulario, pero también los hay de tema gramatical, y otros se ocupan de problemas ortográficos, discrepando en ocasiones, con denodado afán razonador, de ciertas decisiones de la Academia.

Puedes leer el primer capítulo de Más que palabras en este enlace.

Copia de pedroPedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953) es catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de número de la Real Academia Española, en la que dirigió la 23ª edición del Diccionario y es actualmente bibliotecario y director de la Escuela de Lexicografía Hispánica. Perteneció durante trece años al Seminario de Lexicografía que en dicha Academia elaboraba, bajo la dirección de don Manuel Seco, el Diccionario histórico de la lengua española. También ha sido presidente de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII y en la actulidad es vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas. Pertenece al patronato de la Fundación Menéndez Pidal. Ha dado cursos y conferencias en numerosas universidades de España, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá.

En su obra abundan los temas lingüísticos, literarios y de historia cultural. Muchos de ellos versan sobre la historia del léxico y los repertorios lexicográficos. Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España (1680- 1760) obtuvo el Premio Rivadeneira en 1992. Los diccionarios del español moderno (2011) recoge sus trabajos sobre lexicografía española de los siglos XVIII al XX.

09/05/2016 20:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL VILAS: DISCURSO DE RECEPCIÓN DEL P. DE LAS LETRAS ARAGONESAS

[El pasado viernes, en el IAACC Pablo Serrano, Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) recibía el Premio de las Letras Aragonesas de 2015. Pronunció un emocionante discurso que rendía homenaje a su padre, a algunos escritores, a Barbastro, a Aragón, al humor y, por supuesto, a la democracia, a la libertad y a la literatura. Manolo tiene la gentileza, a petición mía, de enviarme el texto. Un rotura de fibras me impidió oírlo en directo. Algunos amigos, Pepe Melero, entre ellos, me habían anunciado que era conmovedor y muy hermoso, y aquí está la constatación. Mil gracias a Manolo y enhorabuena. Aquí vemos una foto suya de Daniel Mordzinski.]

 

Por Manuel VILAS

 

Excmo. Sr. D Javier Lambán, Presidente del Gobierno de Aragón

Ilma Sra Censejera de Educación, Cultura y Deporte, María Teresa Pérez

Autoridades

Señoras y Señores

Amigos todos

 

       Es para mí un honor y una alegría la concesión de este Premio, pues se trata de la máxima distinción que otorga Aragón al mundo de la literatura, y se hace además al conjunto de una trayectoria. Y es un honor también unirme a la nómina de prestigiosos escritores que lo ganaron en anteriores convocatorias y entre los que se encuentran muy buenos amigos míos. Por tanto, vaya mi más sincero agradecimiento a los miembros del Jurado, al Gobierno de Aragón en su conjunto y a todos los que han hecho posible este premio y luchan por la muy necesaria y necesitada dignificación del ejercicio de la literatura en nuestra comunidad.

       Comencé a escribir con quince años. Mi primer libro lo editó la zaragozana Institución Fernando El Católico en 1982, como consecuencia del fallo del Premio San Jorge de Poesía de 1980, en donde mi manuscrito titulado El Sauce mereció una mención honorífica. Fue un libro que escribí cuando tenía diecisiete años.

       En el azar de ese Premio anidó mi vocación futura de escritor. Porque en el azar vive la misteriosa belleza de las cosas. En el jurado de ese premio de 1980 estaban escritores que, muchos años después, serían buenos amigos míos, como Rosendo Tello y Ana María Navales.

       En el verano del 2015 me encontraba trabajando en la edición del volumen de mi Poesía Completa, que se editó este pasado mes de febrero, y revisando este libro adolescente, me acordé de que cuando murió mi padre descubrí en su cartera un recorte de prensa de “Heraldo de Aragón” del mes de marzo de 1980, en donde se daba noticia del fallo del Premio San Jorge y aparecía mi nombre.

       Era la primera vez que mi padre veía el nombre de su hijo escrito en un periódico. En estos últimos meses he pensado mucho en ese día en que mi padre vio por primera vez el nombre de su hijo escrito en un periódico, pues ese día existió y ese pensamiento también existió. Pienso que debió de darse cuenta de que los tiempos estaban cambiando, de que se movían las cosas. Y digo todo esto porque mi padre no pudo estudiar. A los doce años le quitaron del colegio y, como a tantos otros jóvenes de la posguerra, lo pusieron a trabajar. Y digo igualmente todo esto porque estoy íntimamente convencido de que si mi padre hubiera podido estudiar, habría sido escritor. Hace tal vez más de treinta años, descubrí unas cuartillas en un armario con la caligrafía de mi padre: contenían un listado inacabable de palabras que comenzaban por la letra “a”. Mi padre, casi en una tarea borgesiana, se estaba aprendiendo de memoria el diccionario. Me quedé pasmado cuando vi esas cuartillas. Por eso adoro los diccionarios. Con un diccionario en la mano, la mentira se desvanece.

       Si yo he acabado siendo escritor fue por el enorme esfuerzo histórico que hizo gente como mi padre, que ayudó con su sacrificio silencioso a que este país cambiara. En España todo ha costado un enorme esfuerzo, cosa que la gente olvida. Hay que ser agradecido, muy agradecido con los que tuvieron menos suerte que nosotros. Millones de seres humanos tuvieron menos suerte que nosotros. A veces me preguntan los periodistas que si se viven hoy malos tiempos para la lírica. Yo siempre contesto esto: malos tiempos para la lírica, infinitamente malos, los vivieron Federico García Lorca y Antonio Machado.  Si tenemos escritores hoy en España, y en particular en Aragón, se debe a la justicia social y a la extensión de la educación pública y la cultura a todas las clases sociales. Si no fuera así, yo no estaría aquí en este momento.  

       Cuando era joven mi padre se compró con gran esfuerzo las obras completas de Franz Kafka, de Ernest Hemingway, de John Dos Passos, de Lajos Zilahy, de Pearl S. Buck y de Stefan Zweig. El mayor tesoro bibliográfico y sentimental que conservo son las obras completas de Kafka editadas en piel.

       ¿Dónde compró esos libros mi padre?, nunca se lo pregunté. No lo entiendo por qué no le pregunté eso nunca. Creo que la Historia avanza, lentamente pero avanza. O al menos avanzaba hasta el año 2008. Para eso está la literatura, para hacer avanzar la Historia. Mi padre nunca leyó a Kafka, pero lo acabé leyendo yo, de cabo a rabo, en las obras completas en edición de lujo que él compró. Kafka revolucionó mi mundo literario, pero lo hizo por la mano de mi padre, eso quería decir, porque me parece otro hermoso azar y el azar es el dueño de la vida.

       Mi padre me transmitió el amor a esta tierra, a Aragón. Lo he dicho en muchos poemas y en muchas ficciones. A él le gustaban los pueblos de la provincia de Huesca. Le gustaban los Pirineos. Le gustaba mirar las montañas. Le gustaban mucho Jaca y Benasque. Tenía amigos en Teruel y en Alcañiz. Una vez, hace muchos años, me llamó un amigo de mi padre desde Alcañiz para decirme que había leído un artículo mío en el Heraldo de Aragón y que le había gustado mucho. Conocía todos los pueblos de montaña. Conocía a todos los sastres de Teruel. En 1988 se empeñó en que un sastre del pueblo de Alagón me hiciera un traje a medida. Y me acuerdo de ese viaje: mi padre y yo yendo a Alagón, con el extraño cometido de que un sastre de allí me hiciera un traje a medida. No era cualquier traje, tenía que ser un traje de alpaca. Parecía un relato de Franz Kafka. Y le fascinaba Barbastro. No he visto a nadie en mi vida tan fascinado con su ciudad natal. Mi padre conocía muy bien a la gente de Barbastro, seres humanos que ya no están en este mundo, pero que representan el tránsito de la vida sobre la tierra. Mi padre parecía un Marqués sin marquesado, o con el marquesado abolido, como bien pudiera haber dicho el poeta Jaime Gil de Biedma. Todos estos años que han pasado desde su muerte a veces me parecen irreales, y reales solo los años que viví a su lado.

       Cada vez que piso la ciudad de Barbastro es como si mi padre volviera de entre las sombras. Y con él, regresan decenas de otras sombras, y mezclo la vida y la muerte. Mi padre viene con las sombras de sus viejos amigos. Y hay mucha belleza en todo esto.

       He viajado mucho en esto últimos tiempos, he estado en ciudades maravillosas de medio mundo, he estado en las grandes urbes y he escrito sobre ellas, pero mi enigma, el gran enigma de mi existencia está en Barbastro. Todo cuanto aún no sé está escondido en Barbastro. Todo cuanto sé me lo dijo Barbastro.

       He vivido muchos años en Zaragoza. He escrito mucho sobre Zaragoza. La conozco mejor que un taxista. Para conocer bien una ciudad, hay que recorrerla con tu coche, hay que pisarla con cuatro ruedas debajo. Y hay que andarla. Y yo lo hice. He estado en sitios de Zaragoza fantasmagóricos, irreales, teatrales, góticos, inenarrables. Llevé Zaragoza a mi literatura, pero permitidme la inmodestia, lo hice desde planteamientos literarios nuevos o personales. Ni mejores ni peores que los planteamientos literarios que otros escritores han utilizado a la hora de ubicar sus ficciones en Zaragoza, sino distintos. Zaragoza, en mis ficciones, dejaba de ser la Zaragoza histórica, realista, amable, sentimental, entrañable y pequeñoburguesa, para convertirse en una ciudad impersonal, inhumana, hostil, ácida, simbólica, provocativa y posmoderna. Lo hice por amor, para que no la perdiéramos, para que Zaragoza no se quedara varada en el tiempo, como un hermoso reloj decimonónico que ya no da la hora pero que nos gusta contemplar.

       Yo quise que el reloj diera la hora. Ese fue mi intento, tal vez no lo conseguí, probablemente no lo conseguí, pero intentarlo sí valía la pena. Al fin y al cabo, la literatura que a mí me gusta es la literatura que se atreve, aunque pierda la partida. Yo siempre he escrito por amor. Si no, nada tiene sentido. Pensé que había que modernizar la representación literaria de Aragón, y eso hice. Y lo hice por amor a mi vida y al lugar donde mi vida sucedía. Pero en literatura todo suma, y cualquier punto de vista es compatible y enriquecedor. Eso es lo bueno de la literatura y de la cultura: que es un sumatorio de voluntades artísticas que dan la medida de la civilización y de refinamiento de una comunidad. Cuantas más y variadas representaciones literarias haya de Aragón, más compleja y fértil será nuestra literatura.

       Bien sabe Dios que no me gustan los victimismos políticos, pero creo que Aragón es una tierra maltratada históricamente. Una tierra deshabitada, amordazada y olvidada. En Barbastro aun estamos esperando que la Generalitat catalana devuelva los bienes eclesiásticos expoliados. Somos una tierra robada. Aragón es casi un desierto humano, y lo digo con  dolor y con rabia. Veo la despoblación, esos inmensos territorios sin nadie, y veo mucha injustica. Aragón es casi un gran monumento a la injusticia. Hemos sido demasiadas veces la España que no le importa a nadie. Llevamos encima la soledad de los Monegros. Pero es imposible explicar España sin Goya y sin Buñuel. Tal vez la cultura y la literatura puedan ser una forma de reclamar protagonismo y redención histórica. Creo, en ese sentido, que la literatura en Aragón vive, desde hace ya unos cuantos años, un buen momento. Mucha gente me lo pregunta en Madrid, ¿pero qué pasa en Aragón que hay tantos escritores? Siempre contesto lo mismo: pasa que Aragón existe, eso pasa, que no estamos muertos. Creo que en otros momentos nos ha faltado la autoestima y nos han sobrado las zancadillas.

       Cuántas veces en mi vida, cuando estaba por ahí, viajando, me he encomendado a San Luis Buñuel, porque San Luis Buñuel es nuestro protector. No lo he dicho todavía, y ya es hora de decirlo, los aragoneses tenemos un arma de destrucción artística de dimensiones atómicas, y es nuestro sentido del humor. Yo me siento nieto de Luis Buñuel. Y aquí sí quiero ponerme un poco dogmático, solo un poco. El humor aragonés no se basa simplemente en la idea del humor somarda. No es un humor grueso ni tosco ni fácil. El humor aragonés es metafísico, culto, despiadado, y extremadamente inteligente.

       Es muy difícil que nadie iguale a un creador aragonés en  el cultivo de la ironía, la ironía es la forma más saludable de la expresión de la inteligencia.  En literatura no hay nada más serio que el sentido del humor.

       Y en el humor, se empieza siempre por uno mismo. Cuando sabes reírte de ti mismo, pero de una forma inteligente, y si eres aragonés, entonces San Luis Buñuel siempre te auxiliará, nunca te dejará en la estacada.

       Creo en el humor que nos legó Luis Buñuel, y que desde el humor un hombre o una mujer puede alcanzar incluso la libertad. Porque de eso estamos hablando cuando hablamos de literatura, hablamos en última instancia de la libertad.

       He tenido la suerte de poder escribir en una democracia. He escrito en libertad. No puedo dejar de acordarme de los países en donde esto no es posible. Y soy muy consciente de que mi país es libre y sé que esa libertad fue ganada con la sangre de mucha gente. Por respeto a esa sangre, siempre defenderé la libertad y la democracia contra todos aquellos que quieren derribarla con demagogias de todo tipo, de toda procedencia. Si no me han metido nunca en la cárcel por lo que escribo, es gracias a la democracia. Porque en realidad la literatura y la democracia son la misma cosa. Y a la vez que un escritor debe explorar la literatura hasta los límites de la inteligencia humana, también un pueblo debe explorar la democracia, desarrollándola hasta donde sea posible, hasta donde pueda alcanzar la libertad. He ejercido mi libertad en mis libros. He escrito toda clase de libros. He escrito poesía, novela, relatos, ensayo, periodismo. He escrito libros tristes y libros divertidos. Libros de todos los colores. Me gusta escribir. Reinventarme en cada libro. Ahora bien, abras el libro mío que abras, casi seguro que te encuentras con alguna calle de Zaragoza o con alguna montaña de Huesca.

       Y, después del tiempo, me gustará pensar que, en el fondo, solo soy o solo he sido un aragonés más que ha intentado hacer bien su trabajo. Mi trabajo son las palabras, luchar a muerte con las palabras, y domarlas. Mi trabajo es escribir frases perfectas. La vida puede ser imperfecta, pero me dejaría matar antes de escribir una página imperfecta. Prefiero el fuego del infierno a la imperfección de una página salida de mi mano. Ese es el oficio de escritor. Ese es mi trabajo.

 

MUCHAS GRACIAS

BUSUTIL: SIRENAS DE AURORA LUQUE

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La traductora de sirenas

Por Guillermo BUSUTIL* [La Opinión de Málaga]

 

La estación del mar acaba de abril. Es mayo el primer azul que cantan sus sirenas invitándonos a encontrar el deseo de su regazo. Un viaje que exige, ante las posibilidades de la muerte y del placer, leer a fondo a Aurora Luque. Cualquiera de sus bitácoras poéticas, Hiperónida, Las dudas de Eros, Carpe mare, Camarada de Ícaro o Personal y Político entre otras, y en especial Los limones absortos: una caracola de sus voces elegidas derramándonos su poesía del mediterráneo. Una antología editada por la Fundación Málaga y que anda orillada en las casetas de la malagueña Feria del Libro venida a menos. Casi hasta el punto de naufragio. Un destino que amenaza curiosamente cuando su enclave es hermoso e idóneo para entablar una buena relación entre libros y lectores. El paseo del Palmeral tan de moda en el trasiego de nativos y turistas, y donde atracan frente a las retinas digitales de los selfies el yate de recreo de Bill Gates, los balandros de la marina griega con su esbeltos Ulises de azul abotonado o un submarino turco que parece huir del desguace. Hay otras tardes en las que las gaviotas levantan al crepúsculo olas envioletadas y destellos anaranjados al costado de los 64 metros de eslora de La Sultana, el elegante barco espía que en los sesenta surcó el mar Negro, consignado hoy en yate de lujo por la agencia Pérez&Cía que oferta travesías de amor a 17 nudos.

Este es el paisaje escénico que alberga las blancas casetas de las librerías, cuyo número mengua como si cada año una enigmática mano las comiese del tablero de una partida económica y en jaque presupuestario entre lo público y lo privado, el oficio de librero y la desgana de la feria. En ese encuadre de cada tarde sureña despeinada en sombras, la literatura es una tristeza a dieta, el compungido rostro de los autores cada vez más locales o auto publicados que firman a lo largo de las horas solas en las que los lectores trabajan o apuran la playa. No tiene sentido, bajo el calor de Málaga, ofertar actos a las cinco y a las seis de la tarde ni echar el cierre a las nueve, cuando la brisa se pone sus zapatos blancos y las conversaciones se van de terrazas. También se echan en falta, al margen de la presencia de escritores de talla, solventada con Vicente Gallego y Ricardo Menéndez Salmón, actividades -más allá de los talleres de encuadernación y de escritura que tan poco dan en una semana- que tomen el pulso a lo que sucede actualmente en la literatura o su diálogo con estos tiempos que desarman a diario el talento, el precio y la necesidad de la palabra. Y tampoco se entiende que a nadie de la administración de esta feria se le haya ocurrido organizar algún evento de las letras en torno al mar que la apaisa al socaire del muelle. Quién sabe si algún cercano mayo, al pie de sus escaleras de embarque, el Palmeral será realmente el oasis del libro y su fiesta.

En esta destemplanza cultural adquieren mayor protagonismo Los limones absortos de Aurora Luque y su poesía emergente de las aguas matriarcales que impregnan la estirpe clásica de su lenguaje y su actualización coloquial, sobre las que habla Chantal Maillard en las primeras páginas de este libro. Igual que si su prólogo fuese la rosa de los vientos del mapa que nos viaja al desencanto de los sueños y del tiempo. Y a un heterodoxo posicionamiento lírico en relación con la cultura de los mitos, la realidad carnal y el intimismo de la batalla en compromiso ético. En el fondo y en la piel, la poesía de Aurora Luque es su diálogo con el oleaje de su propia vida. También con lo que sucede dentro del poema como construcción formal y música de fondo. Siempre lo ha hecho. Poema a libro, en público y en confidencia: celebrar la experiencia vital a través de la poesía. Y en ese propósito (fecundado por sus lecturas de Cernuda, de Sophia de Mello y de Emily Dickinson junto a la helenística impronta clásica) embarca en lo cotidiano la emoción y su misterio, la sensualidad y la reflexión, el conocimiento y la convicción. Al igual que el lenguaje como erótica y como política.

En este bilingüe libro (español y traducido al italiano por Paola Laskaris) balneario de la edad que se renueva, Aurora Luque es más que nunca Ariadna de un mar que ovilla en sus versos, que ata y desata en los poemas con los que lo apresa, lo desnuda, lo ama, lo consume, lo conduele y lo libera. Ariadna de un mar en cuyo laberinto de mitos se adentra de nuevo –imposible le resultaría no hacerlo-, argonauta y maga en busca de las sirenas del deseo que, muchas mareas más tarde, danzan en su naufragio; de las islas sumergidas que emergen cada noche para que sus lectores escuchemos, entre el aire y el silencio, la belleza que estalla en las palabras. Espuma, vino y viento, la vieja ebriedad de los marineros contra la muerte y la amnesia que provocan los disturbios del tiempo y sus pretéritos fugaces entre los dedos. Nos susurra Aurora Luque sobre Platón y las Musas; acerca de Greta y de su metamorfosis al fondo de los espejos; de criaturas abisales y del Minotauro cautivo en su melancolía; de litorales límbicos y de los mares urbanos de Leteo; de otras temperaturas de la soledad en perfecto estado; de los bares en los que se pone la noche; del saldo de los mitos en anuncios por palabras; de los mapas que se dejan sin cruzar a proa y de silencios que nos apagan y deshacen.

No faltan en sus versos acuerdos de paz con los años, hedonismos de invierno y algún que otro masaje de aceite filipino después de mil caricias y de saborear la muerte y sus ecos entre las lenguas y los oídos. No hay tristeza ni renuncias ni despedidas en los versos de este hermoso libro. Su poesía, fiel a su esencia estética y moral, nos seduce y nos baña, nos desintoxica de la realidad y su hydra, drogándonos con Grecia. A la vez que supone el historial de un itinerario sobre la forja de una pasión que madura y sobrevive, que combina el sentido de la ironía, la aceptación de la pérdida y la generosidad de gozar la vida. Sin celos, sin tortura, sin derrotas, con sus ojos metidos dentro de los de ella y mirando siempre hacia delante. Nunca dejará Aurora Luque de navegar la vida a través de la poesía y de hacernos cómplices de ese viaje con conciencia de la incesante metamorfosis que somos y nos explica. Seguirá dejándonos en nuestras manos, como lo hace con Los limones absortos, las sílabas húmedas del mediterráneo que nos narran de memoria de cuerpos como naves, de espejismos y de equipajes, de oráculos y de embarcaderos, de la enfermedad mortal del lenguaje y del amor que juega al azar con el universo. Hasta que se le marchitan los labios y en arena se tornen las palabras. Será entonces cuando la poesía de Aurora Luque la canten las sirenas, y cuando las historias que suceden en sus poemas se bailen de blanco y de noche en las cubiertas de todos los trasatlánticos del mediterráneo.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista

www.guillermobusutil.com

 

*La actriz Emilia Clarke, de ’Juego de tronos’, transformada en sirena.

08/05/2016 09:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN FRAGMENTO DE 'EL APALABRISTA'

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José Francisco Mendi dice: "Te paso un pasaje del libro al que le tengo cariño y que guarda relación con la foto de la biografía, el resumen y uno de los temas del contenido más llamativos como es el bombardeo del Pilar de Zaragoza que en agosto cumple 80 años. Te adjunto la portada con dibujo de Dani García Nieto".

 

SINOPSIS

 

El fin de semana más tórrido del año, Zaragoza se encuentra casi desierta. La ciudad ha sido abandonada por la mayoría de sus habitantes que huyen del Ferragosto maño. Es el momento que siempre había esperado Fulgencio para tener sus merecidos minutos de gloria. Este acomplejado político de tercera fila consigue acceder temporalmente al mando de la ciudad en las horas del año en las que nunca pasa nada ni casi nadie. Pero gracias a la habilidad de sus torpezas comienzan a suceder demasiadas cosas. Y no todas buenas.

¿Estamos ante una novela de ficción real o ante un ensayo con episodios novelados? ¿Lo que nos describe el autor va a ocurrir o ya ha pasado? En este libro, con humor más que de humor, tendremos la oportunidad de recorrer algunos retazos de nuestra historia que al fin podrían quedar resueltos gracias a la perspicacia inconsciente del protagonista.

¿Cuáles fueron las verdaderas razones del misterioso bombardeo en agosto de 1936 sobre la basílica del Pilar? ¿De verdad Paco Martínez Soria fue un actor al servicio del régimen franquista? ¿Se firmó un acuerdo secreto en la estación de Canfranc que haría cambiar el rumbo de la historia? ¿Podría sufrir Zaragoza una inundación aún mayor que la que asoló la ciudad en 1961? ¿Qué relación existe entre la estatua de Cesar Augusto junto a las murallas y los escudos esculpidos junto al puente de Santiago de Zaragoza?

El lector tendrá que descubrir todo esto y mucho más. Deberá aprender a discernir entre la historia y la histeria. Pero cuidado. Asegúrese antes de criticar al autor por su exceso de ficción, no vaya a ser realidad. Y no se emocione mucho con las certezas, no vayan a ser ficción.  

 

 

 

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Editorial 1001 Ediciones

 

Por José Francisco MENDI

 

El padre Ángel Luis no se inmutó ante esas palabras que ya esperaba. El eclesiástico seguía pensando que esa distinción a una persona tan buena como Onésimo tenía toda la lógica. Sabía que siempre iba a quedar en el recuerdo de los cronistas su heroicidad en una madrugada de agosto de 1936, cuando el Pilar de Zaragoza fue bombardeado por los “rojos”. Incluso conservaba, en el archivo de la sacristía, una de las fotos que le hicieron al finalizar la manifestación que, en desagravio, recorrió las calles de la ciudad aquél fatídico 3 de agosto, al inicio de aquella cruzada contra las hordas comunistas. Al finalizar el clamor popular en las calles, la alegría se desbordó entre cánticos y oraciones a la Virgen. En medio de aquél frenesí, Onésimo ascendió a los cielos. Lo hizo manualmente gracias a la energía manteadora de aquella multitud, ebria de éxtasis religioso, tras certificar lo que ya se denominaba como milagro de las bombas incorruptas del Pilar. Tras aquel episodio, y fruto de un abrupto descenso terrenal a manos de sus admiradores, Onésimo arrastró una ligera cojera a consecuencia de la mal curada dislocación que se hizo al caer de la manta tras las embestidas de sus conciudadanos. La alegría de las calles se había desbordado en su honor como héroe del Pilar. Los no creyentes lo habían apodado, con algo de socarronería, “bombésimo”. Aquella historia había dejado poso en la cristiandad en momentos de persecución como los que sufría el clero. El testimonio del difunto, su arrojo en aquel episodio, fueron decisivos para que se elevara el hecho a categoría de milagro, aunque el Vaticano se hubiera negado siempre a su reconocimiento oficial. Esta negativa tuvo como protagonista a un joven historiador, Julián Casanova. Sus estudios sobre la mala calidad de los explosivos que los rusos vendían al gobierno de la República truncaron la carrera milagrosa de este suceso en Roma. A pesar de todo, lo ocurrido aquella madrugada de agosto seguía siendo un capítulo desconocido de la guerra civil, un episodio lleno de incógnitas y misterios, a pesar de las arduas investigaciones desarrolladas por este profesor aragonés.

 Mientras regresaba de sus recuerdos, el clérigo intuyó el regalo en forma de reconocimiento que le haría el Alcalde. Seguro que lo proponía como hijo “predoptivo” (nunca entendió muy bien la diferencia entre hijo predilecto y adoptivo).

 Fulgencio prosiguió con la parte dispositiva, y a la vez concluyente, de su discurso. Se deslizó hacia un tono de energía castrense para dar más realce a su dicción

 -          ¡En correspondencia a los servicios prestados por el difunto y en prueba de eterna gratitud como ilustre ejemplo de dedicación hacia nuestra ciudad, tengo el gusto de anunciarles que Onésimo Martínez Blasco será nombrado Hijo predilecto de Zaragoza! ¡A título pésimo!

 Cuando terminó de escuchar sus propias palabras, Fulgencio fue consciente de que por mucho que el talento de Goya fuera sordo, no lo eran la mayoría de los asistentes. Unos le miraban impávidos. El padre Ángel Luis, que ya adivinaba sin capacidad de sorpresa la propuesta, le miraba aturdido con el bonete negro de su cabeza a punto de levitar. El murmullo se tornaba en risas y algunos de los infanticos del coro comenzaban a ejercer de contorsionistas dominados por un supuesto gas hilarante mientras se tronchaban como soldados romanos escuchando a Poncio Pilatos en La vida de Brian. Todo ese jaleo hizo inaudible la apresurada corrección del alcalde.

 -          Perdón, perdón, a título póstumo quería decir...

 Pero el arrepentimiento no fue capaz de apagar la indisimulada algarabía del público.

 El prelado, presa de un enfado del que tendría que confesarse, decidió tomar el micrófono e intentar reponer una calma y una seriedad que en nada acompañaban a tan lúgubre momento.

 -          ¡Hermanos, hermanos! ¡Por favor, por favor, un poco de silencio! A continuación, nuestro alcalde leerá una carta manuscrita del finado, que en su última voluntad nos ha querido trasladar a los presentes. Les ruego le escuchemos todos respetuosamente como último homenaje a Onésimo antes de proceder al traslado del féretro para su santo entierro.

Los ánimos se calmaron algo. No mucho.

 

-          Cuando quiera Alcalde, puede proceder –continuó el sacerdote mientras atravesaba a Fulgencio con una mirada venenosa que no concordaba con el tono de paz de sus palabras

 

 

 

06/05/2016 14:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LETRAS LIBRES': MÉXICO Y SU DESALIENTO

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La revista Letras Libres aborda en su número de mayo los tres grandes problemas del México actual: la corrupción, la violencia y la impunidad. Enrique Krauze habla sobre el desánimo generalizado en el país. Jordi Gracia escribe sobre la poesía de Jaime Gil de Biedma. Guadalupe Nettel homenajea al premio nobel húngaro Imre Kertész, fallecido el pasado 31 de marzo. El número incluye también un ensayo de María del Carmen Horno que explica cómo se relacionan las lenguas en nuestro cerebro y los efectos cognitivos del bilingüismo.

El número 176 de la revista Letras Libres examina el estado político y social de México. El ensayista e historiador Enrique Krauzehabla sobre el desánimo y el escepticismo en el país. Analiza la violencia, la corrupción y la impunidad como los tres grandes problemas del país y propone unas bases para recuperar la confianza en las instituciones democráticas, haciendo un llamado a las generaciones jóvenes.

Jordi Gracia analiza el vínculo entre la prosa y la poesía de Jaime Gil de Biedma, y descubre que el escritor agotó su energía lírica en la primera madurez. Guadalupe Nettel recuerda la trayectoria de Imre Kertész, el premio nobel húngaro que narró su experiencia en los campos de concentración: “La tarea que me he impuesto ha sido transformar toda esa negatividad en creatividad”, afirmaba el escritor.

Aproximadamente entre el 60% y el 75% de la población conoce y usa dos o más lenguas. La psicóloga y profesora de lingüísticaMaría del Carmen Horno explica los efectos del bilingüismo en nuestro cerebro y la relación que se establece entre estas lenguas. El escritor Patricio Pron habla de las notas a pie de página: esos “piojos en el cabello de la literatura”, según Alfred Lord Tennyson, son desdeñadas por muchos autores y editores, y a veces exageradamente sacralizadas en la academia, pero también pueden crear un espacio de complicidad entre el creador y el lector.

Jimena Canales y Lee Smolin hablan de la vida privada y la evolución de Albert Einstein. Ioan Grillo escribe sobe el crimen organizado en América Latina. El número también incluye una conversación entre Bernat Hernández y el veterano historiador mexicano Miguel León-Portilla, autor de obras fundamentales sobre la cultura prehispánica y la conquista.

José Antonio Millán reseña Altos estudios eclesiásticos I de Rafael Sánchez Ferlosio y Ricardo Dudda Oona y Salinger, la novela de Frédéric Beigbeder que cuenta el romance brevísimo entre los dos en el Nueva York de los años cuarenta. Mercedes Cebriánescribe sobre El oro blanco de Edmund de Waal. Daniel Capó reseña Las manos de los maestros, de J. M. Coetzee y José Miguel Oviedo lee Cinco esquinas, la novela más reciente de Mario Vargas Llosa.

Vicente Molina Foix escribe sobre Koreeda. Rodrigo Fresán repasa la historia de The Replacements, los pioneros del rock alternativo en los Estados Unidos de los años ochenta. Paula Arantzazu Ruiz recuerda los principales artistas del Divisionismo y del Futurismo: de Moribelli a Luigi Russolo. Mariano Gistaín teoriza sobre un posible nuevo “superyó” aumentado en la era post-Snowden: “Podremos imprimir en 3D en casa a nuestro clon digital y así tendremos a alguien con quien charlar, alguien que por fin nos conozca mejor que nosotros mismos”.

Director: Enrique Krauze

Editor responsable en España: Daniel Gascón

dgascon@letraslibres.com

 

05/05/2016 13:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ, UN POEMA

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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PUBLICA ‘ESTADO DE SITIO’

José Luis Rodríguez (León, 1949) es un estupendo escritor. Y una prueba más es su nuevo poemario: ‘Estado de sitio’, que acaba de publicar en las PUZ (La Gruta de las palabras), editorial que dirigió con éxito durante años, y que tiene algo de homenaje a Albert Camus. Es un libro, sobre la terca vecindad del adiós, un libro que nace de la experiencia, de la enfermedad y de una sensibilidad honda, estremecida, que fluye con variedad y ritmo, con una gran sensibilidad.

Copio aquí uno de sus poemas.

 

****

Se tiene pasión por la autobiografía

y el invierno,

se tiene pasión por la lápida estúpida

y la interesada charla de los otros.

Se siente ternura por el pájaro que está a punto de morir

y por el maniquí que dormirá

en el estercolero hasta el holocausto.

 

Qué orgullo sienten

quienes han venido al mundo sombrío

para intentar comprender el misterio

de la Vía Láctea

y las rutas perplejas de los colores

sabiendo que desaparecerán como las lágrimas

y el barro, como la ola

y el amor

mientras el gato seguirá maullando

y crecerá la sonrisa del bosque.

 

Inútiles e increíblemente dichosos

contemplando la arena y chupando limones

mientras el cáncer avanza.

Qué orgullo sienten los que vienen de la niebla

y se encogen como condenados

sobre su autobiografía, sobre la frialdad del último diciembre.

 

*La foto es de Pepi Merisio.

05/05/2016 10:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LA ISLA DEL CINE': POEMA DE MI LIBRO 'EL MUSGO EN EL BOSQUE' (PUZ, 2016)

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LA ISLA DEL CINE

 

El Cine Real era un paraíso en la oscuridad.

El centro de todas las fantasías, la isla del tesoro,

el campo de pruebas de las primeras pasiones imposibles:

íbamos al cine en los fines de semana a enamorarnos

irremediablemente. Antes de conocer el amor,

y quizá antes de haber saboreado el mar y sus mareas,

en la plenitud de la inocencia a punto de quebrarse,

quisimos a Ava Gardner, Edwige Fenech, Claudia Cardinale, Elsa Martinelli,

amábamos los ojos negros de Concha Velasco

y sus muslos deslumbrantes que no exigían ningún desnudo.

El Cine Real era como un refugio, tierra adentro,

mientras caía la lluvia y se encenagan las calzadas

y los campos de maíz y nuestras arboledas pobladas de caballos.

Todo podía suceder en el cine. En la pantalla, en nuestra

quimérica cabeza, en el temblor inesperado de la entrepierna

o quizá dos butacas más adelante, más atrás o en las de al lado.

O en aquel gallinero sombrío que olía a incertidumbre

y tentación. A veces solo batallaba la asfixia de los besos.

 

Todo podía suceder. Y un día, sábado, tercera y última sesión,

la de las diez, se estremecieron los planetas

y el silencio oscuro y mi corazón, zarandeado de súbito.

De repente, con su faldita breve y sus ojos encendidos,

apareció Isabel, mi prima, la que tenía molino y furgoneta,

la que había perdido un novio en el servicio militar,

allá en las marismas de Cádiz. La llamé y se sentó a mi lado.

Aproveché el NO-DO. Y le dije al oído las triviales confidencias

de quienes llevan algunas semanas sin verse.

Luego le hablé de lo poco que sabía de la película.

Se titulaba El día de la ira y la protagonizaba uno de mis actores favoritos: Giulianno Gemma.

El malo malísimo era Lee Van Cleef. Un pistolero torvo.

 

No tardó en empezar la sesión.

Yo la miraba de reojo sin ser visto, o eso creía,

pero pronto me di cuenta de que ella hacía algo parecido.

Un brillo lateral parecía despertar centellas en su rostro.

O una luna gigante de misterio que irrumpe tras el vendaval.

Ladeó la cabeza hacia mi rostro y percibí su piel suave,

la olorosa textura de su media melena negra y arbolada de leves rizos.

Hubo un instante en que me cogió las manos, quizá fuese

solo la mano izquierda. La memoria me duele y me traiciona.

La llevó a su boca y la acarició con los labios.

Juraría que noté la humedad de su lengua.

El terciopelo de su saliva. La carnal densidad de mi propia lumbre.

La apretó, cedió en su presión, jugueteó con los dedos,

uno a uno, de dos en dos, no sé si recuerdo bien o lo invento.

Y entonces, cuando se levantaba el polvo y retumbaba

en el centro del desierto que avanza con su silbo de sierpe,

condujo mi mano hacia su pierna y allí la dejó, a solas,

con el afán quizá de que llegase hasta el centro inexpugnable.

La mano y mi pánico se quedaron indecisos, perplejos,

como quien teme arrojarse hacia el fondo de un precipicio.

 

Isabel, diez o veinte minutos después, me besó la oreja.

Me digo ahora, me justifico tal vez, tantos años después:

se impacientó de esperar y de mala conciencia.

Me sentí su amante secreto. El galán clandestino de la función

que aún no sabe cómo pecar en la penumbra.

Me puso una moneda en la mano y me la cerró con suavidad.

Era el tesoro inesperado de la isla del cine.

«Tengo que irme –dijo-. No soporto las películas del oeste.

Espero que sepas guardarme el secreto, primo».

 

 

Ha pasado más de media vida. El doble del tiempo del olvido.

A veces en la oscuridad, aún la siento: cercana, temblorosa, con los pies descalzos

y la falda corta de una actriz que desordena y paraliza mi deseo.

 

*La foto es de Nikola Borissov (Sofía, Bulgaria, 1990).

-De 'El musgo del bosque' de Antón Castro. Prensas Universitarias de Zaragoza: La Gruta de las palabras. Zaragoza, 2016. 81 páginas.

 

04/05/2016 08:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CALASSO, PREMIO FORMENTOR 2016

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[En la foto del jurado podemos ver a Victoria Cirlot, Ramón Andrés, Francisco Ferrer Lerín, Basilio Baltasar y Vicente Verdú. Están en el espléndido hotel Barceló-Formentor.]

 

Desde hace unos años, se ha recuperado el Premio Formentor de las Letras. Hasta ahora lo habían recibido Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, Javier Marías, Enrique Vila-Matas y Ricardo Piglia. Este año se ha ensanchado, además de a las lenguas hispánicas, al portugués, italiano y francés, y el galardón de 2016 ha recaído en el editor, ensayista y novelista italiano Roberto Calasso en reconocimiento al conjunto de su obra, una distinción dotada con 50.000 euros. Se entregará en las próximas Conversaciones Literarias de Formentor que están previstas para el mes de septiembre.

El jurado, presidido por el escritor y editor Basilio Baltasar, ha reconocido la «prosa alumbradora». de Calasso, cuya obra «integra en un ambicioso discurso corrientes filosóficas, estéticas y morales de muy diversa procedencia».

El jurado de la edición 2016 -que completan la catedrática y ensayista Victoria Cirlot, el historiador del arte y de la música Ramón Andrés, el poeta y narrador Francisco Ferrer Lerín, un barcelonés afincado en Jaca desde hace más de treinta años, y el ensayista y sociólogo Vicente Verdú-, ha resaltado de Roberto Calasso que «la amplitud de campos de conocimiento que abarca su mirada constituye el fundamento mismo de la cultura humanista tal y como será rescatada por la posmodernidad».

Algunos libros destacados del intelectual italiano, que en los últimos años ha impartido clases en la universidad de Oxford, son ‘Los cuarenta y nueve escalones’, ‘La literatura y los dioses’, ‘Cien cartas a un desconocido’, ‘Ka’ y ‘Las bodas de Cadmo y Harmonía’, casi todos ellos publicado por el sello Anagrama de Jorge Herralde. Otro de sus libros es ‘K’, un estudio sobre Franz Kafka; con ‘El rosa Tiépolo’ se acercó a la pintura con originalidad. Roberto Calasso nació en Florencia en 1941 y vive en Milán, está casado con la escritora suiza Fleur Jaeggy y es editor del prestigioso sello Adelphi; primero fue editor, luego consejero delegado y actualmente es presidente.

Para los miembros del jurado «el arte del ensayo alcanza en Roberto Calasso una de sus más altas expresiones». El escritor Pieto Citati dice que posee «una cultura inmensa» y el inolvidable Leonardo Sciascia, poco dado a la lisonja, dijo poco antes de su desaparición: «Sus obras están llamadas a no morir. Calasso es uno de los pocos escritores de raza que tenemos».

02/05/2016 12:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERIA DEL LIBRO EN TAUSTE

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He pasado buena parte del día en Tauste, que celebraba su Feria del Libro. He ido con David Francisco y Reyes Guillén, editores de Pregunta y distribuidores. A ellos, como siempre, les ha ido bastante bien; suelen decir que se conforman con poco. He firmado tres libros de ‘Los Sitios de la Zaragoza inadvertida’ y uno de ‘El dibujante de relatos’ (Pregunta) en Librería Central donde compartí firma con José Antonio Bernal y con Jose Videgain y con todo el equipo de Casanova senior y junior. Y de Olifante se vendió 'Seducción' (2014).

Andaban por allí algunos de los habituales: Pablo de librería Prólogo, a quien le compré el libro ‘La vaca’ de Augusto Monterroso; la escritora Sandra Araguás, que me firmó dos de sus últimos libros; Fernando Jiménez Ocaña, que llevaba los fondos de Onagro y algunos de los libros de viejo, adquirí un volumen coral de ‘Zaragoza’ de 1967 de la IFC y él me regaló ‘La Segunda Guerra Mundial’ (Círculo de Lectores) de Manu Leguineche y me dijo que está a punto de salir un libro suyo sobre historias asombrosas y sorprendentes del Antiguo Testamento; en Taula compré el nuevo libro que han sacado de Xaudaró, el primer cómic de España: ‘Fantásticas aventuras de Tifo y Tif’, que prologa el especialista Antonio Martín y que cumple 101 años. Al lado estaba Malavica con el activísimo Xcar, entre otros títulos tenía ‘Los guionistas’, la novela gráfica de Roberto Malo y Moratha, muy divertida sobre el mundo del cine porno.

También andaban por allí Pepito y Julia y Eloy, de Librería Antígona, y la ilustradora y Premio Nacional de Ilustración Elisa Arguilé, que dio un taller de dibujo de dos horas con los niños; todos ellos, además, ofrecieron los fondos de sinPretensiones con la nueva edición de ‘Seis leones’ de Daniel Nesquens y Alberto Gamón… Y también había otras librerías de Tauste, la Asociación Boira de Ejea o la Asociación el Tapiaz de Tauste, tan activa siempre con sus publicaciones, actas y revistas. Se ha rendido homenaje a Cervantes y Shakespeare, cuyos espectros han pronunciado el pregón. Mariano Lasheras, que encarnó a Shakespeare, ofreció una sesión de cuentacuentos para los niños… Hubo más cosas, sin duda. Hablé largo y tendido con Trinidad Ruiz-Marcellán con vistas a un libro sobre Marcelo Reyes, que saldrá en vísperas del verano.

Y cuando nos íbamos, llegaban los Titiriteros de Binéfar para preparar su concierto musical y festival para la caída de la tarde. Cerca ya de Garrapinillos, en Torre Medina, hemos parado a tomar un café con David y Reyes y un señor, Félix Ferrer, me pidió si le podía firmar un autógrafo. David Francisco ha salido al coche y ha vuelto con un ejemplar de ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante, 2011) y ese ha sido el regalo para Félix del Primero de mayo.

01/05/2016 20:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TEXTO DE LOS V PREMIOS SIMÓN

120 AÑOS. LA GRAN NOCHE DE LA ILUSIÓN*

Soñadores, distinguido público, queridos telespectadores:

La película de esta noche tiene 120 años y empieza con el titilumundi, con El Farrusini o con el Cinematógrafo Coyne. Más tarde aparecen Los Jimeno y retratan a la multitud, en 1899, a la salida del Pilar de una misa de doce. Segundo de Chomón irrumpe desde Teruel con trucos de mago, Luis Buñuel inventa el surrealismo en Calanda y sus descampados, y dice que entiende el cine como instrumento de poesía. Florian Rey logra el más difícil todavía y encuentra la piedra filosofal del cine popular.

Luego, con esa suave terquedad del país, aparecen, entre muchos otros, Saura desde Huesca, Forqué, Artero, Borau, Castellón, Moncayo Films, Eduardo Ducay, que acaba de irse de puntillas, justo a tiempo para volver a ser recordado en los premios Simón. Era el hombre total del cine y esta tierra de polvo, niebla, viento y sol es el territorio inagotable de las fantasías y los sueños.

Nuestra película de 120 años avanza por escenarios inverosímiles y tan reales como las montañas, los humedales o los desiertos. Hemos sido plató de aventuras como se empeñó en demostrar Félix Zapatero, que conversó con Sancho Panza-Johnny Depp en las grutas del monasterio de Piedra. Somos protagonistas y secundarios imprescindibles. Y ahí seguimos ensanchando la luz, buscando historias, personajes, atmósferas, con otras miradas, con nuevos profesionales, llenando de imágenes y más imágenes el álbum de todos los deseos. Hay equipos, salas, festivales, proyectos, públicos, algunos apoyos: Aragón alimenta, gozosamente, la enfermedad del cine.

Estamos como nunca. Se cimbrea un arbusto y detrás hay un cineasta; sopla el cierzo en las esquinas y aparecen actrices y actores, fotógrafos, operadores de cámara, maquilladoras, directores de arte, guionistas, productores, músicos; pasea uno por Independencia y se encuentra con Luisa Gavasa, recién coronada con el Goya. Te tomas un café en Gambrinus, vienen los del Academia del Cine Aragonés (ACA) y gritan: “Más cine e industria, más cine aragonés, por favor”. Esto es un sinvivir. Y ahora, por fin, llega la tele. Felicidades por esta primera década.

 

Esta es una gran velada. El ritual de la creación, la ceremonia donde nos reconocemos todos. La noche de un sinfín de creadores vivísimos, ambiciosos, que burlan la crisis y el IVA. Tienen mucho que decir, tenéis mucho que decir, y que dar a ver. El cine es la mejor ilusión. Es el arte para todos. Un espacio para vivir y una forma de respirar. Así que sigamos trabajando para el desenlace más feliz: en la oscuridad casi siempre percibimos la compañía más segura. ¡Anda, anda, bésame tonto!, le dice Luisa Gavasa a Fernando Esteso, la extraña pareja soñada. 120 años. Qué peliculón.

 

*Texto de la gala de los V Premios Simón.

30/04/2016 18:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RECUERDO DE ALEJANDRA PIZARNIK

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[Ayer se cumpían 80 años del nacimiento de una gran poeta, dietarista y traductora de vida breve, Alejandra Pizarnik, a la que siempre he admirado y leído con mucho gusto. Este texto glosa, en buena medida, su 'Diarios' que publicó Lumen. Fue muy amiga de Julio Cortázar y se escribieron mucho.]

Amor, miedo y locura de una poeta

 

“El invierno da miedo, miedo a que se vaya”, escribió la poeta y traductora Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972), una de esas mujeres que pertenece al que algunos han llamado “el club de las poetas suicidas”, que acoge a autoras tan importantes como Sylvia Plath, Anne Sexton, Marina Tsvetaieva, Ana Cristina César, Florbela Espanca o a su propia compatriota, a la que tanto admiró en sus inicios, Alfonsina Storni; dice de ella: “Pienso en su muerte y me acongojo”. Alejandra Pizarnik fue una mujer especial, con mucha fuerza en medio de la inclinación hacia la melancolía: una gran lectora desde niña, capaz de hablar de su pasión por César Vallejo (glosaba sus poemas y en un momento lo comparó con Antonio Machado, de quien dijo: “Me aburre”), por Proust, por la citada Storni o por los poetas Mallarmé y Rimbaud, muy especialmente, y los surrealistas. Y también Vicente Huidobro. Y Neruda. Ya desde muy joven aseguraba que sus modelos o referentes eran Dante, Shakespeare, Goethe, Bach y Goya, casi un quinteto insuperable. También podría haber añadido a Van Gogh, de quien escribe con mucho cariño.

Pizarnik llevó desde los 18 años un “diario de escritora”. Hace algunos años, Ana Becciú, publicó una amplia selección de este proyecto. Luego apareció una nueva edición de más de mil páginas de sus ‘Diarios’ (Lumen) con otras aportaciones, aunque la prologuista dice que ha sido respetuosa con Pizarnik, con su familia y con terceras personas. Es decir, aún quedarían textos íntimos sin publicar.

Alejandra Pizarnik es una escritura de culto. Obsesionada por la palabra y por encontrarse a sí misma. La escisión del yo es su tema capital. Vivía en la incertidumbre y en el vacío. Bebía agua sin parar, quería estar siempre muy delgada, tendía a compararse con su hermana y estaba dispuesta a abordarlo casi todo: el periodismo, la pintura, la filosofía y las letras, sobre todo la poesía. Dijo: “Poesía es lirismo, es experiencia de la palabra”. La relación con sus padres, sus historias de amor (con chicos y con chicas; declara en varias ocasiones que se siente atraída por ellas) y sus orgasmos, su búsqueda constante, su atracción hacia Buenos Aires, su doliente impresión de soledad.

Todo el rato, a los 18 y poco antes de la despedida, sigue buscando su ser. Era capaz de escribir así: “El viento es un trozo de oxígeno disfrazado de fantasma que vaga silbando una canción que nunca pasa de moda”. Y, de repente, con insólita lucidez, confesaba: “La miopía exalta la individualidad. Verme a mí perfectamente y a los ‘otros’ como pobres seres borrosos”. Cursó varias carreras, pero no acabó ninguna. Y finalmente convirtió a la literatura en su pasión. Le interesaron el periodismo, la filosofía pura, que no abandonaría jamás, y las letras. Mostrará un obsesivo intento de componer un libro perfecto, una novela. Escribió: “Quisiera pensar en algo sublime”.

Quizá por ello siempre tenía una sombra: “Me duele la existencia”, era una de sus frases favoritas. También era sincera: “Siento un espeso vacío y una gran oleada de euforia sexual”. Entre 1960 y 1964 vivió en París y allí hizo de todo: colaboró y publicó en revistas, redactó poemas, tradujo a grandes poetas como Aimé Cesaire, Henri Michaux o Antoni Artaud, se sintió afín a Paul Celan y estableció algunas amistades muy hermosas y fructíferas con Octavio Paz, Julio Cortázar o Rosa Chacel. Años más tarde, se cartearía con el escritor y artista manchego, afincado en Aragón, Antonio Fernández Molina.

Al principio, la novela en marcha de la existencia de esta mujer peculiar -que leyó con gusto al místico aragonés Miguel de Molinos y que sentía la urgencia de “apaciguar mi furiosa necesidad del amor”- era prolija en detalles y sensaciones. Poco a poco la prosa fue adelgazándose como su propia poesía: lo mismo escribía “dormí todo el día” que confeccionaba listas, decía en forma de telegrama que había leído a Djuna Barnes, que sufría “desequilibrio” o que debería “conseguir un empleo”. Poco antes de tomar 50 pastillas de barbitúricos (Veronal), intuyó: “El arma del poeta es la locura”. No en vano, uno de sus mejores libros es ‘Extracción de la piedra de locura’ (1968).

 

30/04/2016 10:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLOS MONTERO, UN DIÁLOGO

Carlos Montero (Celanova, Ourense, 1975) ha ganado el Premio Primavera con 'El desorden que dejas', una novela sobre la ausencia, el acoso escola y la obsesión que sucede en un lugar imaginario que bien podría ser un cruce entre Mondariz y Allariz. Conversé con él hace algunas semanas en Zaragoza.

-¿Qué le da y qué le quita como novelista ser guionista de series de televisión?

-Me da más que me quita. El guion es un principio y la herramienta para que todo un equipo se ponga en marcha y la novela es un fin.

-¿Cuándo redacta los guiones, cómo trabaja?

-En compañía de otros, mediante la tormenta de ideas. Nos reunimos cuatro, cinco o seis guionistas. Estamos dos o tres o cuatro semanas pergeñando tramas y decidiendo, y ahí hacemos los momentos fuertes, (esta se queda embarazada, esta se muere, esta vive un amor secreto…) y luego vamos trabajando los guiones de cuatro en cuatro, por ejemplo. Cada guion lo escribe un guionista. Si yo soy el creador y el coordinador de la serie todo pasa por mí y soy el encargado de darle unidad evidentemente. Un tono.

-En su novela percibo una obsesión por las tramas.

-Llevo quince años escribiendo tramas para televisión. Es algo innato en mí. Me siento muy seguro escribiendo tramas y, francamente, creo que no soy malo haciéndolo. Y te apoyas en lo que sabes que más o menos manejas bien. He sido un buen lector desde niño de todo. De adolescente me atrevía con obras que no eran para mi edad, yo leía 'Trópico de Cáncer' y 'Trópico de Capricornio' de Henry Miller con trece o catorce años… Imagínese qué pasaría, sobre todo, con 'Trópico de Cáncer': unos calores rarísimos e intensos. Henry Miller fue un descubrimiento para mí. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que me ha marcado mucho más de lo que yo había pensado nunca.

-¿Por qué?

-Todas mis series siempre han tenido un componente sexual porque para mí el deseo es muy importante. Y también es muy importante para los jóvenes: como no tienen límites, y los están probando, se atreven con todo y van a muerte. Como personajes son poderosísimos.

-¿Existe algún otro escritor como más sofisticado o literario que le haya marcado?

-No. Yo he sido un lector bastante normalito. Me gustaría presumir de leer a Enrique Vila-Matas, que lo he leído y que me gusta, sí, pero mentiría si le dijera que me ha influenciado o que ha sido capital en mi formación. Y de mis paisanos los gallegos, mi escritora favorita es Emilia Pardo Bazán, y en concreto 'Los Pazos de Ulloa'. Esa novela la he vuelto a leer el verano pasado y me encanta. Me gusta muchísimo también Gonzalo Torrente Ballester: 'La saga-fuga de JB' o 'Los gozos y los sombras'. Conecto muy bien con él… Tiene una literatura muy transparente que espero yo tener algún día. Torrente quiere muchísimo a sus personajes y eso a mí también me pasa. Incluso los malos y perversos me interesan…

 

-¿Usted será como un príncipe en esto no, 'Física y química', 'Al salir de clase', la adaptación de 'Entre costuras'…?

-No me quejo, pero aquí te miden por el último trabajo que hiciste. Si fracasas, tienes que volver a luchar para recuperar tu prestigio.

-Vayamos con 'El desorden que dejas'. ¿Cómo nació la novela?

-Pensé en esa nota de la profesora, le dicen: “Tú no vas a tardar en morir”. Esa imagen me vino a la cabeza. Y me dije: ¡Ostras! Y esos chavales, ¿por qué le están diciendo eso? Voy a tejer toda la trama que cada vez se iba intrincando e intrincando más como exige todo buen thriller. Inventé un lugar imaginario, para evitar suspicacias. Soy muy fan de la novela escandinava, de la novela negra, y me apetecía un poco coger ese paisaje, que muchas veces exterioriza el interior de esos personajes. Esa tormenta interior que está en el paisaje. Y qué mejor que Galicia, que además es mi tierra y la conozco bien. Y a todo ello se suma ese elemento opresivo que tienen los pueblos.

-El personaje que genera la acción y el misterio es Elvira, la profesora muerta, aunque usted aborda más asuntos...

-La profesora Raquel, que llega al colegio, tiene mucho miedo de acabar convirtiéndose en Elvira, Viruca. No se sabe bien qué pasa: Raquel se sumerge en esas aguas procelosas, turbias en las que acabó muerta misteriosamente Viruca, la profesora que tanto intrigará a Raquel, la protagonista.

-¿Qué tema quería abordar en la novela?

-La ausencia.

-¿La ausencia? Puede parecer que el acoso escolar.

-No, no, no. Es la ausencia. Yo me valgo de esa trama para contar lo que a mí me interesa, el desorden que deja una ausencia, el desorden que deja la ausencia de Viruca y el desorden que va a dejar la ausencia que todos los personajes están sufriendo. La propia Raquel siente de manera especial la ausencia, la paraliza y teme que esa ausencia sea también la de su marido, con quien no se entiende del todo… Yo comparo la ausencia de la muerte con la ausencia de una ruptura amorosa. Es igual de dolorosa y de incomprensible, sobre todo cuando rompen contigo y tú no lo querías, ahí se produce un trauma horroroso. A veces, claro, las rupturas son una liberación. Esa ausencia es demoledora y tienes que aprender a reordenarlo… Raquel y Germán están en crisis: hay cariño, hay amor, pero no acaba de funcionar. Raquel se aferra a él porque tiene mucho miedo a estar sin él.

- Y a la vez surge por ahí otro amor…

-Se obsesiona tanto con Viruca que se acabará enamorando de su marido. Raquel es, en ciertomodo, una doble de Viruca y se parece un poco a mí. En su situación yo haría cosas muy parecidas. Entiendo esa fragilidad emocional… Mi reto era hacer una novela apasionada con gente muy poco apasionada

 

-Perdone que insista. Si la ausencia es el tema central, ¿qué me dice del acoso escolar?

-El acoso escolar es una cosa muy brutal. Siempre se cuenta el acoso de alumnos a alumnos, pero se cuenta menos el de los alumnos a los profesores. Si se ven las estadísticas, resultan brutales e inconcebibles el acoso de alumnos a profesores.

-¿Tienen alguna responsabilidad los profesores en el acoso que sufren?

-Alguna tienen, sí. La debilidad de carácter muchas veces ayuda, no se imponen en clase, no muestran autoridad, no se hacen respetar… De hecho en un instituto hay profesores que son acosados y otros que no. Hay algo de responsabilidad. Y también de los padres desde que se ponen incondicionalmente de parte de los alumnos. Hace veinte años alguien te decía, “su hijo es un cafre” y al llegar a casa le reñías. Ahora es al revés; los padres le dicen al profesor: “el cafre será usted”. Se ha roto la corriente de respeto y de admiración.

-¿Ha querido hacer sociología de la juventud?

-Para nada. No quiero que los tres jóvenes implicados en el acoso sean un modelo de nadie. Es verdad que yo los hago muy perversos y muy manipuladores. Son nativos digitales que tienen un control absoluto de las redes sociales. Ellos han nacido con eso y se sienten muy seguros. Son adolescentes y exhiben esa fuerza y ese poder que tienen en la vida.

 

¿Cuáles son sus preocupaciones de estilo y lenguaje?

Me gustaría  que la historia fuese tan poderosa que diese la sensación de que el escritor desaparece. Yo a eso lo llamo un estilo transparente. Yo adoro a John Irving porque sus historias me encantan. Es uno de los escritores más amados. Por otra parte, le debo mucho a Stieg Larsson…

 

¿En qué medida se siente un cronista o un sociólogo?

Tienes que estar pegado a la actualidad y alerta de que lo está sucediendo en el mundo. Escribo para ir abriendo puertas en vez de ir mirando por atrás. Me gusta estar a la vanguardia, anticipar cosas que van a suceder. Por eso me gustan tanto series como ‘Turno de oficio’ o ‘Segunda enseñanza’: fueron pioneras, se adelantaron a cosas que iban a pasar.

 

*La foto de Carlos Montero pertenece a 'La Razón', es de la fotógrafa Connie G. Santos, zaragozana y ex modelo (de Andrés Ferrer y javier Cebollada, entre otros), la tomo de aquí: 

http://www.larazon.es/documents/10165/0/498x332/0c0/0d0/none/10810/OIFV/image_content_4417658_20160219023634.jpg

30/04/2016 09:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREMIOS SIMÓN: OTRA GRAN NOCHE DE 'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ

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La Novia, de Paula Ortiz, gran vencedora

de los Premios Simón 2016

 

·         La película de Paula Ortíz, La Novia, se lleva cinco estatuillas: Mejor LargometrajeMejor Dirección, Mejor Interpretación (por el papel de Luisa Gavasa), Mejor Dirección Artística  y Mejor Vestuario dentro de la Categoría Especial. 

·         Mejor Documental para Eduardo Ducay. El cine que siempre estuvo ahí de Vicky Calavia.

·         Milkshake Expres, dirigido por Miguel Casanova, Simón al Mejor Cortometraje.

·         Ritmo veraniego del grupo Dadá se alza con el Simón al Mejor Videoclip.

 

El cine aragonés volvió a vestirse de gala este viernes con motivo de la celebración de los Premios Simón 2016 con los que la Academia del Cine Aragonés (ACA) ha querido rendir homenaje a la primavera del cine de la tierra. Por vez primera el lugar encargado de albergar el evento ha sido la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza que ha tenido que colgar el cartel de No hay entradas en esta ocasión. Se trata también de laprimera edición retransmitida por Aragón Televisión, el mismo viernes 29, a las 22.30.

 

En esta ocasión, la velada, con tintes mucho más televisivos que en ediciones anteriores, ha contado con la actriz Irene Alquézar como presentadora e hilo conductor del evento, quien contó sobre el escenario con las actuaciones de la Joven Orquesta de Bandas Sonoras de Zaragoza -que interpretó varios temas creados por Jesús Aparicio-, Los Tres Norteamericanos, que protagonizó dos actuaciones, y unas palabras del periodista Antón Castro.

 

Sin duda, uno de los grandes protagonistas de la velada ha sido Fernando Esteso, que ha recibido el Simón de Honor de la mano del realizador aragonés Ciro Altabás. Minutos antes, José Ángel Delgado, presidente de la ACA, y Antonio Tausiet, vicepresidente, dedicaban un emotivo discurso dedicado a los académicos y a la prolija industría del cine aragonés en uno de sus años más fructíferos.

 

Los ganadores de la quinta edición de los Premios Simón, alusivos a Luis Buñuel y su obra Simón del Desierto, han sido: La Novia, película dePaula Ortíz, que se ha alzado además de con el premio a Mejor Largometraje, con los galardones a Mejor DirecciónMejor Interpretaciónpara Luisa Gavasa, Mejor Dirección Artística para Jesús Bosqued y Pilar Quintana y Mejor Vestuario dentro de la Categoría Especial para Arantxa Ezquerro; convirtiéndose así en la gran premiada de la noche con un total de cinco galardones de los ocho que se entregaron.

En cuanto al Premio Simón al Mejor Documental fue para Eduardo Ducay. El cine que siempre estuvo ahí de Vicky Calavia. Una obra dedicada al productor recientemente fallecido y homenajeado con el Simón de Honor en la tercera edición de los premios, Eduardo Ducay. 

El Simón al Mejor Cortometraje recayó sobre Milkshake Expres del joven Miguel Casanova, mientras que el premio a Mejor Videoclip fue para Ritmo veraniego del grupo zaragozano Dadá.

 

A la fiesta del cine aragonés acudieron, como viene siendo habitual, los académicos y miembros de la ACA, productores, realizadores, actores y profesionales del sector audiovisual, así como autoridades de Zaragoza, Huesca y Teruel. Más de 1.600 personas que no han querido perderse la velada en la que se ha rendido homenaje al duro esfuerzo de quienes integran el sector del cine aragonés.

 

Los V Premios Simón, cuya dirección evento ha corrido cargo de Carlos Val y Raúl Ortega, han sido posibles gracias al patrocinio del Gobierno de Aragón, los Ayuntamientos de Zaragoza, Huesca y Teruel, Aragón Televisión, la Asociación de Comerciantes Don Jaime, Ámbar, el Sindicato de Actores y Actrices de Aragón, AISGE, CPA Salduie, Los Enlaces, Universidad San Jorge, la Filmoteca de Zaragoza, Global Make up, el Instituto Francés, SOMMOS, Topi, Petronila, Ana Isabel Marco, Bogaloo, Empanadilla, Tartaruga, Un Perro Andaluz, Teatro de la Estación, Madmouse, Chilindrón, Cosmos Fan, Cubit y Bahnhof.

Una edición muy glamurosa

Este año, la Academia del Cine Aragonés ha querido dotar de más glamour a sus premios de la mano de unas invitadas muy especiales: seis bloggers de moda aragonesas que han seleccionado a los más elegantes de la noche. Finalmente el Simón Glamour ha recaído sobre la actriz Iris de Campos y el operador de cámara Alberto Martín. El jurado ha estado formado por Mary Carmen Bozal (Curvasg); Beatriz Farjas (Preppyandpretty), Susana Tejedor (Masqueropa), Isabel Carrasco Berges (Isabelberges), Beatriz Ibañez (beatrizibanez85) y Patricia Pallarés (Trendyshopper).

Las chicas han ido vestidas por las tiendas Skandalo Deluxe, Cuatro 2, Martha Peters, Gloria Visiedo, Cruz Temprado y Dolores Promesas.El maquillaje y los peinados correrán a cargo de Eva Pellejero.

 

La foto es de Aránzazu Navarro. Y la noticia la remite Camino Ivars. La redacción es suya.

 

30/04/2016 09:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TACHIA BELLA, EL OTRO AMOR DE GABO

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TACHIA BELLA: UN AMOR EN PARÍS
DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

El gran amor de Gabriel García Márquez fue Mercedes Barcha, una joven de Sucre, de cabello liso y moreno, a la que se le declaró cuando tenía trece años. Se casaron en 1958 y han vivido juntos hasta el último instante. García Márquez la llamaba “el cocodrilo sagrado”. Pero en su vida hubo otros amores: una prostituta que le descubrió el placer en la adolescencia y, sobre todo, Concha Quintanar, a la que su amante Blas de Otero llamo Tachia.
Se conocieron en 1955, cuando García Márquez trabajaba de corresponsal de ‘El Espectador’ en París. Sobrevivió como pudo, gracias a la generosidad de Madame Lacroix, la dueña del Hotel de Flandre, y a la de Tachia, que cuidaba niños, limpiaba casas y hacía radio. Esta historia la han revelado Plinio Apuleyo Mendoza, Gerald Martin, sus biógrafos, y la propia Tachia, que ha recordado que Gabo no era su tipo pero que poseía un verbo florido y una capacidad increíble de seducción. Se amaron durante nueve meses, y fue una relación apasionada, vibrante: Tachia se quedó embarazada y sufrió un aborto. Pasaron tantas penurias que el escritor las trasladaría a ‘El coronel no tiene quien le escriba’, donde ella era “la coronela”. Tachia era actriz y solía recitar poesía por cafés y pequeños teatros, y García Márquez le daría un texto fundacional: ‘Isabel viendo llover en Macondo’. Le escribió: “Por eso me alegra tanto de que tú lo digas por ahí, por el mundo, porque todo fue como una premonición. Te mando, pues, un beso de bendición con todo el amor”. Tras la pérdida de la criatura, y comprometido Gabo con Mercedes, se separaron. Iría a despedirla a la estación de París. Allí estaba Tachia con sus ocho maletas, o dieciséis, según él; luego regresaría a París y se casaría con un ingeniero.
Gabo no la olvidaría nunca, y en ‘El amor en los tiempos del cólera’ volvería a recordarla: hace que su heroína padezca sordera de un oído como la actriz de Eibar y a la vez le dedicó la edición francesa del volumen. Podría ser la Nena Daconte de ‘El rastro de tu sangre sobre la nieve’, que se pincha con las espinas de una rosa. La llamaba “Tachia bella” y acabaría siendo gran amiga de Mercedes Barcha. Gabo la invitó a acompañarlo cuando le dieron el Nobel.
[El texto lo publiqué en 'Cuentos de domingo' en Heraldo.]
La foto de Concha Quintanar, Tachia, la tomo de aquí.
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29/04/2016 16:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREMIO DE POESÍA ERÓTICA EN LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA

AYUNTAMIENTO DE LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA
SERVICIO DE CULTURA Y JUVENTUD.


BASES DEL I CONCURSO NACIONAL DE POESÍA ERÓTICA
“VILLA DE LA ALMUNIA”

El Servicio de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina a iniciativa del Club de Lectura de La Almunia de Doña Godina, convoca el presente Concurso de Poesía Erótica con arreglo a las siguientes BASES:
1ª.- Objeto de la convocatoria
Dar a conocer nuestra localidad a través de una vía literaria que posibilita la participación de todos aquellos poetas que deseen intervenir en el concurso.
2ª.- Tema
Poema erótico de métrica y estilo libre.
Deberá ser inédito, no hallarse pendiente de fallo en cualquier concurso, no haber sido premiado en otros certámenes, ni publicado en cualquier tipo de soporte (gráfico o digital), ni estar sujeto a compromiso alguno de edición.
Los poemas tendrán una extensión máxima de 40 versos y se presentarán en tres ejemplares, escritos en el tipo de letra Times New Roman, tamaño 12 puntos a un espacio de dos líneas. No serán consideradas las composiciones escritas a mano o enviadas por vía cibernética y sólo se admitirá 1 poema por persona. Podrán adjuntarse poemas escritos en CD o USB.
3ª.- Participantes
Podrán concurrir personas de cualquier parte de España que presenten poesías en español y que hayan cumplido los 18 años.
Se exceptúan de participar los miembros del Jurado calificador y del Club de Lectura de La Almunia de Doña Godina así como parientes que se ubiquen dentro del 4º grado de consanguinidad y 2º de afinidad. El concursante responde de la autoría y originalidad de la obra presentada al Premio, asimismo responde de que la obra presentada no es copia ni modificación de obra ajena.



4ª.- Premios
El concurso conlleva los siguientes premios:
Primer premio: 500,00 € *
Segundo premio: 250,00 €*
*Los premios están sujetos a la retención del IRPF correspondiente, según la legislación aplicable.
La concesión de los Premios se efectuará, a propuesta del Jurado, por Resolución de Alcaldía-Presidencia del Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina.
5ª.- Presentación de los trabajos
En el exterior del sobre se hará constar: Primer Concurso de Poesía Erótica “Villa de La Almunia”. En su interior tres ejemplares del poema firmados con un lema o seudónimo para su identificación, estando prohibida cualquier señal que pueda identificar al concursante. En el sobre presentado se incluirá una plica en cuyo exterior deberá figurar el mismo lema o seudónimo y que sólo se abrirá para conocer la identidad del premiado/a, y que contendrá nombre completo y apellidos legales, dirección completa, teléfono y dirección electrónica del autor, así como el título del poema. Una fotocopia del Documento de Identidad y una declaración de que el poema cumple los requisitos exigidos.
Podrán presentarse, directamente o por correo, en el Registro General del Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina – en horario de 9,00 a 14,00- o por cualquiera de los otros medios previstos en el art. 38.4 de la Ley 30/92. (Plaza de España, 1, 50100 La Almunia de Doña Godina- Zaragoza-).
6ª.- Plazo de presentación
El plazo de presentación de solicitudes y trabajos finaliza el día 1 de junio de 2016.
7ª.- Resolución
La Alcaldía-Presidencia del Ayuntamiento de La Almunia designará el Jurado, a propuesta del Club de Lectura de La Almunia. El Jurado estará integrado por tres escritores de reconocido prestigio, un profesor de literatura, 1 miembro del servicio de Cultura del Ayuntamiento de La Almunia y dos miembros del Club de Lectura de dicha localidad, uno de los cuales hará las funciones de secretario.
El Jurado actuará con total libertad y discrecionalidad y tendrá las facultades normales de interpretar las presentes Bases y de emitir el fallo de los premios, otorgándolos o declarándolos desiertos. El fallo del Jurado será inapelable.
El fallo del Jurado se hará público en el Tablón de Edictos del Ayuntamiento de la Almunia, en la Biblioteca Municipal, en la página web del Ayuntamiento, y se notificará individualmente a los premiados.
Transcurrido un año desde la fecha del fallo, el autor tendrá libre disposición de editar su poema.

Los originales premiados y no premiados quedarán a disposición del Club de Lectura.
8ª.- Entrega de premios
Para la entrega de los premios se convocará a los premiados para el día 1 de julio de 2016, y la entrega de los mismos será en el transcurso del XIII Recital de Poesía Erótica. Los ganadores se comprometen a asistir al acto de entrega de los premios, siempre y cuando las circunstancias personales así lo permitan.
9ª.- Normativa aplicable
El concurso se regirá por lo dispuesto en la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones (LGS), en el real Decreto 887/2006, de 21 de julio, por el que se aprueba el Reglamento General de Subvenciones (RGS), y por la Ley 5/2015, de 25 de marzo, de Subvenciones de Aragón.
Participar en este concurso supone la total aceptación de las Bases.
Lo que se hace público para general conocimiento
En La Almunia de Doña Godina, a………. de febrero de 2016. La Alcaldesa- Presidenta- Marta Gracia Blanco.

 

 

*La foto de Bette Davis es de George Hurrell y la tomo de aquí:

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**La foto de A. May Wong es de 1938, de George Hurrell.

http://www.soulcatcherstudio.com/images/hurrell/Wong_Lrg1.jpg

*** La foto de Susan Hayward es de George Hurrell. La tomo de aquí: 

http://www.pulpinternational.com/images/postimg/sometime_sweet_susan.jpg

**** La cuarta foto es de Jane Russell. De George Hurrell. 

La tomo de aquí: 

http://paulpalettigallery.com/wp-content/uploads/2014/03/Russell.jpg

28/04/2016 21:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARINA HEREDIA EXPLICA EL LIBRO DE 12 MUJERES: 'HABLARÁN DE NOSOTRAS'

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ENTREVISTA CON MARINA HEREDIA.

EDITORA Y COMPILADORA DE ‘HABLARÁN DE NOSOTRAS’

 

 

Los Libros del Gato Negro publica su primer libro colectivo: ‘Hablarán de nosotras’, que recoge doce cuentos de otras tantas escritoras aragonesas que abarcan cuatro generaciones, de 1950 a 1994, Ellas son Teresa Garbí, Magdalena Lasala, Ana Alcolea, Cristina Grande, Ángela Labordeta, Olga Bernad, Patricia Esteban Erlés, Laura Bordonaba, Eva Puyó, Irene Vallejo, Aloma Rodríguez y María Pérez Heredia. Marina Heredia es la responsable de la selección y de la edición. El libro se presentaba el pasado jueves.

 

-¿Qué es ’Hablarán de nosotras? ¿Es una vindicación de la mujer, es una llamada de atención, una apuesta?

Es un poco todo eso y más cosas. Vindicación porque creo que hay que hacer esfuerzos por dar visibilidad a las mujeres escritoras. Solo algo más de un 25 % de los libros que se publican están firmados por mujeres. Por no hablar de los manuales de literatura, en los que las mujeres desaparecen. Llamada de atención, porque intenta acercar a estas escritoras a los posibles lectores. Un libro colectivo de cuentos como este puede lograr que se interesen por lo que estas escritoras y otras más están publicando. Y una apuesta, claro que sí. Personal, pero no intransferible. Me gustaría que más agentes culturales apostaran por la producción literaria, artística, y cultural en general de las mujeres.

 

-El título hace pensar en la película de Agustín Díaz Yanes. ¿A qué alude en general?

Sí, claro que es inevitable pensar en la magnífica película ‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’. Aunque la inspiración para el título está en una cita de Safo que abre el libro y que creo explica muchas cosas: “Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro”. Me gustaría ayudar, desde mi pequeña y modesta editorial, a darle la vuelta a estas dos imágenes, ayudar a que hablen de las mujeres que hacen cosas y de las cosas que hacen las mujeres, ya, mientras estamos vivas.

 

-Explíquenos cómo se ha hecho la selección. ¿Qué buscaba? 

Buscaba hacer una foto de grupo, intergeneracional. En ‘Hablarán de nosotras’ hay autoras nacidas en cinco décadas diferentes (de los cincuenta a los noventa). Todas son aragonesas, todas han publicado y todas siguen escribiendo. La mayoría se ha formado y vive en el entorno de la literatura, de los libros. Sin embargo, son muy diferentes a la hora de escribir. Para mí un requisito muy importante ha sido la voluntad y la conciencia de ‘ser’: son escritoras y lo saben.

 

-¿Cuál es el momento de la literatura de mujer en Aragón? 

No creo que exista una literatura de mujer. Hay libros escritos por mujeres, literatura hecha por mujeres. Por otra parte, creo que este es un buen momento para la literatura en Aragón. Hay muchos y muy buenos escritores, hombres y mujeres, y mucha parte de ese buen momento se debe a las mujeres que escriben, que editan, que recomiendan libros, que los venden, que los compran, los leen y los disfrutan.

 

-¿Qué destacaría de los textos? 

La libertad. Creo que la libertad de las autoras impregna el libro, lo hace dúctil y apetecible. Cada una se ha expresado en su medida, hay micro cuentos y cuentos de una extensión media. Yo invité a las autoras a participar y cada una de ellas aportó el texto que quiso. Eso se ve incluso en las biografías, de extensión y estilo diferentes, algunas nos cuentan en primera persona qué es para ellas la literatura y otras han preferido que sus obras hablen por ellas.

 

-¿Cuál es la singularidad de los temas?

Cada cuento de este libro es un mundo. Cada autora tiene y refleja su mundo, imaginario o real. Muestran estilos literarios distintos, experiencias y sueños o pesadillas diferentes. Me ha llamado mucho la atención la variedad. La diferencia. La riqueza de mundos literarios que nos muestra este libro, pese a las semejanzas sociológicas que tiene este grupo de escritoras entre sí.

 

-Es tu primer libro coral. ¿Vas a mantener este tipo de apuestas colectivas? 

Desde luego. Ha sido y está siendo una experiencia muy enriquecedora, aunque complicada a ratos. De hecho, ya estoy dándole forma (todavía en mi cabeza) a la próxima y tendiendo las complicidades necesarias.

 

-¿Aún es necesario reivindicar la literatura de género? 

No sé si un libro colectivo de cuentos escritos por mujeres es literatura de género… No ha habido una consigna de género en este libro, sí la voluntad de mostrar lo que escriben las escritoras aragonesas que aparecen en él. ¿Qué es la literatura de género? Para mí, hay literatura es buena, mala o regular, escrita por personas, hombres y mujeres. Además, a veces, es de género, cuando existe en ella esa voluntad. De género, pues, sería el objetivo, porque sí que existe en mí esa voluntad como editora.

 

-¿Por cierto, por qué se presentó en el estudio NOVO de la diseñadora Ana Bendicho, en colaboración con la librería Los Portadores de Sueños?

Porque NOVO es el estudio de Ana Bendicho, autora de la preciosa cubierta de este libro. Además, es un sitio mágico y precioso en el que pasamos un buen rato y brindamos por las escritoras, por sus obras y por la literatura. Fue una presentación muy especial.

ELÍAS MORO CUÉLLAR: UN ELOGIO INCONDICIONAL DE LA LECTURA

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[Recibo esta carta y este hermoso texto de Elías Moro Cuéllar, escritor: Este año me han nombrado, por así decir, "pregonero" del Día Mundial del Libro en Extremadura a través del Plan de Fomento de la Lectura; quiero decir que me han encargado que escriba el texto que tengo que leer mañana, viernes 22, en la Biblioteca de Extremadura. Me ha publicado un cuadernillo con el mismo que se repartirá por bibliotecas, clubes de lectura, centros educativos, etc. Así que estoy muy contento.]

 

¡DESENFUNDA, FORASTERO!

 

Un elogio de la Lectura

 

Por Elías ELÍAS MORO CUÉLLAR





Para Isabel Sánchez, bibliotecaria y amiga,

destinataria original de estas letras.




Cuando un libro choca con una cabeza

y suena a hueco, ¿se debe sólo al libro?

Georg Christoph Lichtenberg




Me resulta muy difícil, casi extraño, catalogarme como escritor. Aunque, bien mirado, y si hacemos caso a la definición que de escritor da el diccionario en su primera acepción, cualquier persona no analfabeta lo sería y yo, por tanto, al igual que vosotros, estaría incluido en ese rol. Bien es cierto que me gusta escribir y que de vez en cuando (muy de vez en cuando, si queréis que os sea sincero) me sale un poema que no va a dar directamente a la papelera; o un texto que junto con otros van dando forma, poco a poco, a un pequeño volumen; o relleno algún viejo cuaderno con historias que se me ocurren…

Pero si de algo puedo estar seguro, es de que soy un lector: fervoroso, impenitente, caprichoso, vago, pasional, infiel, desordenado… Un puñetero pajarillo (algunos dicen que de pajarillo nada, que pajarraco y gracias) que va picoteando de aquí y de allá, que salta de autor en autor, que revolotea de género en género y que, como no podía ser menos, alguna que otra vez aterriza herido por la belleza o el horror, por la levedad o la contundencia, por el placer o el dolor de lo leído. Y si no hay libros a mano pues revistas o periódicos o folletines o manuales… o qué sé yo. Haciendo caso, en un momento de debilidad, a un amigo mío, que un poco raro sí que era, para qué nos vamos a engañar, hasta prospectos de medicinas me he metido para el cuerpo de principio a fin, de pe a pa, de cabo a rabo: posología, composición, contraindicaciones, efectos secundarios… toda la parafernalia y retórica de la “literatura farmacéutica”. Pues bien: este sujeto sostenía que semejantes espantos acaso sean lo más importante que podamos leer porque en determinadas circunstancias pueden acabar salvándonos la vida. Una teoría, como podéis suponer, completamente absurda, cercana al desatino y, sin embargo, y aunque parezca contradictorio, no carente de su pizca de razón.

Porque si uno de los mejores destinos que puede tener el ser humano es el de la adquisición de conocimientos que, al fin y al cabo, conformarán su acervo cultural para mejor enfrentarse al mundo y que en la mayoría de los casos también le harán mejor persona, albergo pocas dudas acerca de que el camino de la lectura es uno de los más atinados y agradables de transitar. Hay más, por supuesto; así, a bote pronto, yo diría también que el cine o la música o el teatro… O la simple y llana conversación, que como todos sabéis es el arte de opinar con mesura y saber escuchar a los demás. Pero ese sendero de la lectura goza, al menos en mi caso, de un estatuto propio que lo hace mi preferido, el que tomo y recorro más a menudo para que me lleve hacia no sé qué, hacia no sé quién, hacia no sé dónde.

La lectura es un hecho transgresor, rebelde, un acto, aparentemente pasivo, que sin embargo lleva implícito una gran valentía: la de la búsqueda en vez de la aceptación, la de osar antes que la de rendirse, la del querer saber frente a ese permanecer en la ignorancia que nos empobrece como personas. Leer, por tanto, no es sólo instrucción, conocimiento; también es la otra cara de la realidad, esa que, tantas veces dura y terrible, se nos oculta por espurios intereses y a la que sólo se consigue acceder con la imaginación y el sueño. Y es que mientras se lee tenemos la aspiración de ser otro nuevo y distinto, acaso, y llevando al extremo tal anhelo, de ser uno mismo de otra manera. Ya decía el maestro Goethe que “Cuando se lee no se aprende algo, sino que se convierte uno en algo”.

Borges, que imaginó el universo como una biblioteca, nos dejó dicho que gracias a los libros tenemos recuerdos que no hemos vivido. Pues eso, que gracias a ellos, leyendo sus páginas, podemos ser todo lo que queremos y ansiamos, aquello que soñamos y anhelamos y que de otra forma nos sería casi imposible de conseguir.

Porque aquí donde me veis yo he sido faraón en Egipto, escudero de Aquiles en la guerra de Troya, gladiador en Roma, arquero en las Cruzadas, vikingo en Islandia, pícaro en Flandes, cortesano en Versalles, minero en Polonia, explorador en África, samurái en Japón…

he sido señor y vasallo, leal y traidor, víctima y asesino, esposa y amante, erudito y charlatán, prostituta y heroína, ladrón y policía…

he bajado al centro de la Tierra, subido a la Luna, navegado por el Amazonas, peregrinado a la Meca, buceado en el Pacífico, escalado el Everest, cabalgado las estepas, caminado los desiertos…

he pilotado una nave interestelar, un submarino, una locomotora, un biciclo, un dirigible…

he viajado en junco con los piratas chinos, en diligencia junto a tahúres y jueces de paz, traqueteado caminos en carreta con los pioneros, en un convoy de derrotados camino de alguna frontera…

he tocado la cítara, el ukelele, el tam tam, la zanfoña, el banjo…

he estado con Darwin en las Galápagos, con los reos que fundaron Australia, peleando contra los bóers o los zulúes, recolectando algodón en los campos esclavistas, con Robert Falcon Scott en su enorme decepción antártica, con Espartaco en su amarga derrota…

En fin, no sigo, ya os hacéis una idea; y es que desde que me adentré en esa terra incognitae que siempre es la lectura mi vida no ha sido una sino múltiple como la rosa de los vientos. Y todo esto tan ricamente, sin sufrir ni un rasguño y por obra y gracia de esos libros y autores que por deseo de la diosa Fortuna -¡bienaventurada por siempre sea!-, los hados pusieron en mi camino.

¿Qué cómo empezó todo esto? Paciencia, amigos, ahora os lo cuento.

“Me acuerdo de las novelas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, mi banderín de enganche en la lectura”.

Y no me duelen prendas en reconocer que después de los tebeos (entonces no se llamaban cómics ni novelas gráficas), aquellas historias del nuevo mundo en formato de bolsillo, papel pobre y coloristas portadas, llenas de tiros y estampidas, de vaqueros y pieles rojas, de carretas renqueantes y desiertos que ya conocíamos por las películas, con un protagonista que siempre medía seis pies de alto, jinete de común solitario vagando por praderas y poblachos, un artista con el revólver (donde ponía el ojo, allá que iba la bala) y un imán para las mujeres, fueron las que crearon en el mocoso que entonces yo era el hábito de leer. Poco después, claro, el paso siguiente y lógico fue entrar de lleno en las más eclécticas lecturas. Aún recuerdo con nitidez las novelas de aventuras de autores como Verne, Salgari, London, Dumas, Stevenson… Aún camino con frecuencia, entre otros muchos, junto a Lázaro de Tormes, Ana Orantes, los hermanos Karamazov, Fortunata y Jacinta, Sherlock Holmes… Aún percuten blandamente en mi memoria los versos de Quevedo, de Bécquer, de Machado, de Neruda… con los que me inicié, gozoso y estupefacto, en el territorio maravilloso y magnético de la poesía, ese extraño y atrayente laberinto verbal en el que sigo atrapado sin remedio ni ganas de escapar de él. Con muchos de aquellos episodios, con varios de esos compinches, con tantos de esos poemas, el mundo se ensanchaba a ojos vista ante mis ojos: me figuraba partícipe y protagonista de tantas y tantas aventuras hechas vida por el misterio de la palabra escrita que no dejaba de anhelar el momento de volver a abrir las tapas de alguno de esos volúmenes y sumergirme hasta el fondo entre sus páginas.

A ojo de buen cubero, llevo leyendo de manera continuada alrededor de cuarenta años y pocos habrán sido los días en que algún libro no haya pasado por mis manos y ante mis ojos dejándome su particular estela en los adentros. Con cada uno de ellos, no tengo ninguna duda, se ha multiplicado mi capacidad de asombro, se ha ido satisfaciendo mi ansia de conocimiento, se ha ensanchado mi amplitud de miras, mi cuota de indignación o complacencia. Miles serán, y no exagero, los que conserven en su tapa y sus páginas mis huellas dactilares, el rastro humilde de mi mirada en su papel, una lágrima o una caricia entre sus líneas.

Debió de ser muy poco después de aquella época “westerniana” de que antes hablaba cuando llegaron a mi manos dos volúmenes que desde entonces dejaron en mí una huella perenne e indeleble: Ilíada y Odisea, de Homero (este fue el primer libro que compré con mi propio y escaso dinero en una edición en tapa dura del Círculo de Lectores, volumen que aún me acompaña en mi vagar): la crónica de la guerra de Troya y el regreso de Ulises a Ítaca escrita por el inmortal poeta ciego me sigue pareciendo unas de las más altas cimas de la literatura de todos los tiempos. En sus páginas encontramos lealtad, traición, amor, heroísmo y cobardía, seres fantásticos y terribles, lances fabulosos…

Casi al mismo tiempo que Aquiles y Helena, que las sirenas y el cíclope, que el tejer y destejer de Penélope, llegaron a mis manos los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda; era, recuerdo, un ya baqueteado ejemplar de la editorial Losada que me regaló un amigo de adolescencia casi por compromiso sin sospechar ni remotamente lo que aquellos versos torrenciales, llenos de pasión y sensualidad (¡Ah, vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose… Ebrio de trementina y largos besos… Eras la boina gris y el corazón en calma…), significarían para mí en aquel entonces y ya para siempre. Todavía no he logrado averiguar a ciencia cierta qué vería en mí aquel colega (recuerdo que se llamaba Gonzalo y poco después desapareció de mi vida, esto tampoco lo he olvidado), por qué le parecí yo el destinatario propicio para obsequiarme con semejante regalo. Este ejemplar, ay, al igual que mi amigo, también desapareció de mi vida sin saber muy bien cómo, pero fue sustituido por otro igual en cuanto caí en la cuenta de su pérdida.

Después de tantos años leyendo a diario es más que evidente que he tenido otros amores no menos intensos e importantes, tanto o más ardorosos y pasionales (pienso, por ejemplo, en Whitman, en Poe, en Tonino Guerra, en Tolstoi, en Campos Pámpano o Viñals Correas, en Cunqueiro o Pessoa… en tantos y tantos) pero estos dos que he citado expresamente, al igual que esos amores adolescentes y de verano que uno nunca olvida porque ni quiere, ni puede, permanecerán para siempre en mi corazón.

La lectura, ya se ha dicho pero lo repito, es un hecho transgresor, libre y rebelde hasta el punto de que sacude, a veces de manera casi violenta, las convicciones que uno pueda tener con respecto a algo, a alguien, incluso hacia sí mismo. Y esto es bueno: las doctrinas inamovibles, las certezas absolutas, los dogmas de cualquier tipo no suelen ser, en su rigidez de miras y modos, más que antesalas del desastre.

Aquellos de nosotros que gozamos o sufrimos con su lectura y compañía, que amamos con pasión (¿se puede amar de otra forma?) los libros que, llegados a nuestras manos por tantos diferentes caminos, vamos acumulando con trazas de invasión por todos los rincones de la casa en espera de su ocasión, corremos el riesgo de que nos suceda lo que ya apuntaba el poeta mexicano José Emilio Pacheco en este breve texto de “Desde entonces”: Lo compré hace más de quince años. Pospuse la lectura para un momento que no llegó jamás. Moriré sin haberlo leído. Y en sus páginas estaban el secreto y la clave.

Pero ahí seguimos pese a todo: olfateando el rastro de esas miguitas de pan que nos conducirán al banquete de la lectura, a la orgía de lo escrito, al paraíso de las palabras, a la gozosa bacanal del verbo (En el principio era el Verbo) con que todo comenzó. Desde entonces y para siempre, ahí seguimos en pos del secreto y la clave.  

¡Bendita locura ésta de la lectura: nunca olvidéis que Don Quijote, aquel loco maravilloso, desfacedor de entuertos, paladín de damas en apuros, sostén del afligido, luchador incansable contra la injusticia y la crueldad, muere cuando recobra la razón y deja de serlo!

 

*La foto es de André Kertesz.



'HABLARÁN DE NOSOTRAS': UNA ANTOLOGÍA DE DOCE ESCRITORAS

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[Los Libros del Gato Negro publica ’Hablarán de nosotras’, una antología de relatos de doce autoras aragonesas. Marina Heredia Ríos firma este prólogo.]

NOTA DE LA EDITORA MARINA HEREDIA RÍOS

Editar una antología siempre es complicado. Requiere ciertas justificaciones: ¿por qué se incluye a unas autoras y no a otras…?, ¿qué criterios se han seguido…? Pero esto, amigos, no es una antología, es una «reunión» de escritoras aragonesas, de voces que están a nuestro alcance, que nos cuentan historias, que nos regalan mundos. El único criterio es el de esta editora que, simplemente, ha querido reunir a este puñado de autoras en un libro amable. La elección de las autoras responde a la voluntad de mostrar en una foto de grupo (que algún día se hará) que son muchos los nombres de mujer (aquí están solo unos pocos) que pueblan nuestro panorama literario. Y esto no precisa justificación alguna, porque lo necesario no se justifica. Es cierto que las mujeres que escriben ya no tienen que esconderse tras un seudónimo masculino. Pero, aunque ya no sean heroínas como las Brontë o no tengan que firmar con el nombre de sus maridos, como Colette, las mujeres que escriben en el siglo xxi, todavía tienen difi- 10 cultades.

La realidad es terca y nos demuestra que, aún hoy, las mujeres lo tienen difícil para dejar de ser personajes secundarios en la cultura, también en la literatura. De los libros publicados, solo algo más del 25 % están firmados por mujeres, por no hablar de los manuales de literatura, en los que las escritoras «desaparecen» por arte de magia, generación tras generación. Si has leído esto es que este libro ha llegado hasta tus manos. Así que, sin más preámbulos, te contaré alguna de las cosas que encontrarás en él.

’Hablarán de nosotras’ muestra doce voces distintas y personales, que viven la literatura, que son, y lo saben, escritoras.

Teresa Garbí nos regala dos breves cuentos, de prosa limpia y clara. En ellos nos habla de la vejez, de la muerte y de la pobreza. Pero también del amor, del deseo de vivir y de esa incansable fe en el ser humano que destilan sus obras.

El cuento de la polifacética Magdalena Lasala nos deja una sonrisa en los labios al final de esta historia de amor más allá del tiempo. El amor y su recuerdo es capaz de pintar una vida paralela capaz de someter a la vida real. Y todo con una prosa elegante y cuidada.

Ana Alcolea vive la literatura como un viaje. Es fácil imaginarla tejiendo caminos que nos llevan de un lugar a otro, despacio, cuidadosamente, con mimo en los detalles. Este cuento es un viaje a través del 11 tiempo que nos conecta con la vida de otros que habitaron los espacios que ahora ocupamos nosotros.

Cristina Grande cree en las segundas oportunidades, y nos lo cuenta con la misma precisión con la que el agua discurre en su cauce. Este cuento nos muestra la vida vista como un paseo en el que cada paso puede ser mejor que el anterior.

En el «cuento sin más» de Ángela Labordeta no pasa nada y pasa todo. Lo que tú, lector, lectora, imagines. Sugerente y breve. Concentrado y potente. La vida en un instante, en un suspiro. Leones en el corazón, que rugen, que quieren liberarse y cárceles de amor o de rutina.

Olga Bernad nos habla en su bella metáfora felina del desasosiego, de la vida atenazando nuestros deseos, nuestros sue- ños con rígidas cadenas.

Patricia Esteban Erlés construye con maestría un universo perturbador en su cuento y nos atrapa en él desde la primera línea. Una historia de cómo el deseo o la curiosidad es capaz de aniquilarte, o no... Esta casa repleta de gatos consigue arañarte el alma. ¿Ser únicamente nosotros o ser también la imagen que nos devuelve el espejo? ¿Cuántas vueltas hay que dar para encontrarse?

Laura Bordonaba hila una historia futurista con una conclusión clara: no podemos ser más que nosotros mismos.

El relato de Eva Puyó nos devuelve a la atmósfera de los misterios familiares, a nuestros ojos y nuestros 12 oídos infantiles exageradamente abiertos para intentar entenderlo todo, aunque ahora sepamos que eso era imposible.

En el cuento de Irene Vallejo un abducido por la teoría de la conspiración y un adolescente que indaga el mundo a través del objetivo de una cámara, mientras su madre renuncia a pelear por conservar el espacio en el que se sintió a salvo, cruzan sus caminos. Podrían haberse hecho mucho daño, pero, esta vez, ha habido suerte.

Aloma Rodríguez parte de un suceso real de su vida para construir su relato. Podemos sentir su desolación infantil por perder su camiseta preferida o su alegría ante la llegada de sus padres... La autora consigue que su historia sea también un poco nuestra.

La protagonista del cuento de María Pérez Heredia emprende un viaje en solitario, deja atrás todo cuanto conoce, todo lo que tan cuidadosamente otros han dispuesto para ella y se echa al mundo en busca de un nuevo nombre. Lo encuentra y, al igual que para su creadora, su viaje no ha hecho más que empezar. Viajes, gatos, amor, clones, recuerdos, leones y misterios... de todo un poco hay en este libro. Editar, queridos lectores, también es de alguna manera emprender un viaje, así que estáis todos invitados a viajar conmigo. La editora

18/04/2016 01:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA JOSÉ PAREJO: UN CUENTO

Hace algunos años, la realizadora de Aragón Televisión María José Parejo me pasó algunos cuentos muy sutiles y variados, con mucha personalidad y buen gusto. Han pasado algunos años y ahora acaba de publicar su primer libro, 'Los nudistas' en el sello Anorak de Sergio Navarro. La joven autora firmará ejemplares en el Día del Libro. He aquí un cuento del libro.

 

RESTAURAR SISTEMA

Por María José PAREJO. De 'Los nudistas' (Anorak).

 

Hoy es sábado 27 de noviembre. Ignorando los consejos de aquellos que afirman que debo animarme y salir, me dispongo a pasar la tarde sola en casa. Después de un café con magdalenas y el visionado de dos películas divertidas, mis emociones están bajo control.

 

Procuro no darle vueltas al asunto, reflexionar demasiado no ayuda a superarlo, sin embargo, Mario es una figura remanente en mi cabeza a la que aparentemente no presto atención. Como saber que tienes lóbulos en las orejas o tibias en las piernas.

 

Enciendo el ordenador. Durante el proceso de inicio, un dibujo sonriente salta de un lugar a otro de la pantalla dando volteretas y haciendo el Moonwalk con sus cortas patitas de marciano clásico. No habla, solo emite algún sonido simpático y lo que podría identificarse con una risa ridícula. Lleva una camiseta con su nombre: Owen.

 

Esta sencilla presentación forma parte de un programa antitristeza que instalé ayer sin darme apenas cuenta. Acepté las condiciones pasando por alto las dos páginas de instrucciones que lo acompañaban. En un foro lo consideran muy eficaz para sobrellevar todo tipo de rupturas sentimentales, dicen, aunque parezca una tontería. Me lo parece, en eso comparto su opinión, aunque reconozco que el icono se mueve con bastante gracia.

 

También te escucha, boquiabierto y parpadeante. Muestra gran diversidad de gestos con matices casi humanos que revelan el ingenio de sus fabricantes. Tiene un diseño brillante.

 

El entretenimiento es otro de sus puntos fuertes. Manteniendo el puntero encima despliego una lista que enlaza con páginas de viñetas humorísticas, chistes, o series que dan en el clavo con mis gustos personales.

 

En ocasiones actúa por su cuenta. Si abres Google, por ejemplo, Owen se sitúa cerca, saca unos prismáticos o sostiene una lupa. Si pones música, aparece con unos auriculares siguiendo perfectamente el ritmo de la canción elegida.

 

Descubro entonces que su cometido va más allá de la simple entrada en escena. En medio del caos recopilatorio encuentro un disco de Cat Power, pulso doble clic sobre The Greatest para comenzar, y Owen gira su diminuta cabeza de un lado a otro haciéndome saber que no está dispuesto a consentir tal disparate. Sorprendida ante esta audaz censura, pruebo con más canciones del mismo estilo, a modo de provocación. Así constato que es imposible reproducir en mi ordenador cualquier melodía lenta o melancólica.

 

Lo intento con Jason Mraz y el marcianito vuelve a manifestar desaprobación. Empiezo a enfadarme, no entiendo qué daño puede causar un poco de funky inofensivo. Lo cierto es que el programa funciona, porque Butterfly me recuerda mucho a Mario; seguramente oírla me entristece por muy bailable que sea. Y en vez de eso estoy concentrada en imaginar la ingeniería necesaria para desarrollar este software.

 

Mi curiosidad sigue aumentando, tanto que necesito desafiar nuevamente a mis guardianes espirituales.

 

Abro el Facebook con la pretensión de visitar su perfil. Tal como imaginaba, no hay manera de acceder. Owen se desplaza de izquierda a derecha con cara de pocos amigos, y en el momento más solemne de su paso por delante de mí, se tropieza como en una comedia de cine mudo. Justo después recibo varios mensajes de gente conocida a través del chat, que contesto durante un par de horas.

 

Owen, además, ha bloqueado algunas carpetas de fotos. Por la forma de discriminar las imágenes deduzco que sabe exactamente de qué va la historia. Quizá a esto se refieren cuando hablan de «inteligencia artificial».

 

Deseo ahora más que nunca contarle a Mario lo que está sucediendo, cojo el teléfono y marco su número. Comunica, mi valentía se esfuma, decido escribirle un email. Quiero sumergirme en ese estado nostálgico que Owen desaprueba.

 

Me explayo en mil especulaciones superfluas porque sospecho que algo impedirá que las lea. Relleno su dirección y, al enviar, mis temores se confirman, el texto adquiere la forma de una hoja de papel que una mano gigantesca arruga sin contemplaciones. La bola resultante rebota por las esquinas hasta que Owen, caracterizado de Maradona, le propina una patada arrojándola al exterior con un contundente sonido de velocidad. Eso me resulta hiriente.

 

Ha llegado el momento de desinstalar el programa. Busco atentamente en el menú principal sin éxito, registro cada rincón rentabilizando al máximo mis básicos conocimientos informáticos, pero no localizo ni un mínimo archivo.

 

Paso un antivirus, quizá Owen no es más que una trampa de las que circulan por el ciberespacio. Después de un rastreo intensivo, emerge de nuevo en el escritorio caminando con un pelín de desgana, ni siquiera se ha quitado la camiseta de la selección argentina. Parece cansado de luchar contra alguien que no quiere ser ayudado. No puedo evitarlo, me hace gracia.

 

Al fin se me ocurre una solución drástica: restaurar el sistema. Mediante este procedimiento, el ordenador recupera un estado anterior, en el que se encontraba en una determinada fecha, antes de que se produjera el mal funcionamiento. Todo lo posterior es eliminado.

 

Me remonto unos meses atrás. Selecciono en el calendario la casilla del 28 de agosto. Reviso las advertencias sobre las consecuencias de esta acción, confirmo, y reinicio para hacerla efectiva.

 

Evalúo las pérdidas: me falta la última temporada de Breaking Bad, varias aplicaciones importantes, y supongo que echaré de menos algún documento más. No me importa, al menos he recuperado mi libertad.

 

Disfruto de la alegría que esto me proporciona, pero ignoro la razón por la que semejante trascendencia me pilla delante del ordenador. Siento confusión, empiezo a agobiarme y sudo. Hace mucho calor y llevo puesto un forro polar que me sobra por completo. Me despojo de los calcetines y, aturdida, deambulo por la casa. El frescor de las baldosas bajo mis pies me alivia considerablemente.

 

Abro la nevera, tengo gazpacho. Abro una ventana, el bochorno se adhiere a mi cuerpo. Inspiro profundamente, la felicidad asciende a mi cerebro.

 

Hoy es sábado 28 de agosto. Me basta con apreciar la atmósfera, la luz e incluso el olor que se cuela en el salón. En cuanto a mí, tampoco hay duda, mi humor es el del verano pasado.

 

Intento afianzar cada recuerdo que se me va escapando por momentos, junto a la certeza de que hace escasos minutos estábamos en noviembre. Me gustaría

 

conservar las experiencias vividas en ese tiempo para no repetir los mismos errores. Pero me cuesta trabajo, no me apetece pensar en el futuro. Prefiero vivir el pasado. Y así, en este instante, vuelvo a la cama para despertar a Mario de su siesta dulcemente.

18/04/2016 01:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IGNACIO DEL VALLE: UN DIÁLOGO

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Ignacio del Valle presentaba hace unos días su novela 'Soles negros' (Alfaguara), la cuarta de la serie de Andrade y Manolete la pasado semana en Los Portadores de Sueños. Explica aquí la claves de su libro y de la serie. 

-¿De qué modo te preocupa España, con la mirada del ciudadano o la del novelista?

La mirada del ciudadano se ve reflejada en mis artículos, y el novelista va el paralelo -y a veces se entrecruza, aunque no necesariamente-. De todas formas ambas tienen meridianamente claro que la memoria es muy frágil y que las cosas han de repetirse en un ritornelo eterno -por eso nunca habrá suficiente artículos y novelas sobre cualquier tema-. La historia no es más que un farol en la popa de un barco en una oscura noche, y en cualquier momento la podemos perder de vista, con los riesgos que conlleva.

-¿En qué medida este es un país de todos los demonios y de una violencia sórdida y subterránea?

No creo que España sea especial en ese sentido. Todos los países tienen lo suyo. Ahora bien, la diferencia reside en cómo nos enfrentamos a esos demonios y esa violencia. Si no sacamos la basura de bajo las alfombras y hablamos sobre un tema como es el robo de niños sistemático y legal en España durante toda la dictadura, todos esos demonios saldrán por otro lado, y no precisamente por el que más nos gustaría. Los alemanes hicieron examen de conciencia respecto al nacionalsocialismo, aquí todavía queda por hacer una revisión de la segunda mitad del siglo XX.

-¿Como nació Andrade, ese bibliotecario culto, extremeño y políglota?

De una manera intempestiva en El arte de matar dragones. Me interesaba el traslado del museo del Prado durante la guerra civil, y me invente un personaje que me permitiese intervenir en la época. No pensaba que fuese a tener continuidad, y ya ves: cuatro novelas ya, y parece que va a recorrer todo el siglo XX hasta los ochenta. Arturo Andrade, un corazón delicado, manos de carnicero, un tipo contradictorio pero lúcido con el cual podré contar episodios poco conocidos de la historia de España pero que resultan esenciales para comprender lo que somos.

-Recuérdanos un poco los tras novelas anteriores: la de la guerra española, la de su estancia en la División Azul y su episodio de amor en con una joven berlinesa…

En El arte de matar dragones trato el traslado del museo del Prado durante toda la guerra civil, y teniendo en cuenta que por chiripa no desapareció en los bombardeos, creo que resulta un pilar de nuestra historia. Imagínate que ahora no tendríamos Velázquez, Patinir, Brueghel, Ribera... En El tiempo de los emperadores extraños hablo de ese episodio silenciado que fue la División Azul, una novela que fue adaptada al cine por Gerardo Herrero, y en Los demonios de Berlín me interesaba el apocalipsis que fue la caída de Berlín en 1945, y también el caos personal que significó para Arturo enamorarse en medio de un conflicto mundial. Luego ya llegó la novela que nos ocupa, Soles negros, por ahora la última de la tetralogía.

-¿Cómo madura, cómo ha evolucionado hasta llegar a 'Soles negros'?

Arturo, como yo mismo, hemos madurado, y si antes era más directo y explícito a la hora de tratar con la realidad, a fuerza de experiencias ha aprendido a negociar con ella. Es una proceso natural comprender que llega un momento en que quizás tengas que acostarte con tu peor enemigo para lograr una pequeñísima victoria. Es la vida.

-Avánzanos un poco la historia… ¿Te has basado en un hecho real, has visto que era un tema sobrecogedor que andaba por ahí?

La primera pista la tuve con una noticia de los años ochenta, una monja llamada Sor María Valbuena que robaba niños en los hospitales y los vendía a cien mil pesetas el crío. Algo que parecía terrible pero insólito, fue lo que sucedió en el país de una manera institucionalizada y legal durante cuarenta años. Eso solo fueron los últimos coletazos del dragón.

-¿Cómo se explica que existiese un terror tan clandestino e inhumano auspiciado por el régimen?

Formó parte de la política del régimen. A medida que Franco ganó la guerra debían encuadrar en el sistema toda la "masa desafecta" de republicanos. De esta manera, el Auxilio Social, mediante un estricto sistema de adoctrinamiento religioso y paramilitar, con castigos de toda índole, se encargaría del lavado de cerebro de los niños. Eso incluía la adopción o prohijamiento de los mismos por parte de personas que comulgaran con el ideario del Movimiento. Para santificarlo se promulgaron dos leyes, la primera en 1940, por la cual las reclusas podían amamantar a sus hijos y tenerlos con ellas en las prisiones hasta los tres años, luego los críos se desalojaban legalmente y eran enviados a instituciones del Auxilio Social sin posibilidad de contacto con las madres hasta el cumplimiento íntegro de las penas. A continuación, en 1941, se complementa la ley anterior y se permite cambiar el nombre de los niños en el registro civil cuando no recordasen el nombre de los padres o estos no fuesen localizables o hubieran sido expatriados. Una vez que los niños ingresaban en la red asistencial, comenzaba el banquete de carne humana.

-¿Está el mal en todas partes y dónde menos te lo esperas?

El mal está tan mezclado con el bien que a veces no puedes distinguir la frontera. Se trata de hacer pactos con tus demonios para que te permitan hacer una vida más o menos digna, cierta coherencia, y que los ángeles puedan respirar. No obstante, este hecho que para una persona puede resultar incómodo, para un escritor es oro en polvo, porque esa ambigüedad es donde hemos de colocarnos para escribir, en esa limes, ese territorio de flujo y reflujo vital.

¿Qué ha sido para ti lo más doloroso o insoportable en la redacción de la novela?

Posiblemente comprobar las condiciones de los niños en los hogares del Auxilio Social: el hambre, la sed, los castigos, las humillaciones, como se ahormaban las mentes y los espíritus de los inocentes...

-Parece que has querido rendir un homenaje a Don Quijote y Sancho en las figuras de Andrade y su viejo amigo, grosero y mujeriego, Manolete… ¿Es así?

Resulta evidente. La pareja conformada por Arturo, nihilista y lúcido, y Manolete, una desgracia como persona, pero también intuitivo y compasivo, me permite establecer una dialéctica que hace que la novela avance como si tuviese un motor de explosión, y cruzar diferentes sensibilidades para, a la manera de un GPS literario, hacer un retrato lo más preciso posible de la España de 1947.

-¿Qué sería más Ignacio del Valle: un escritor épico, de aventuras tremendas, o un narrador de novela negra?

Un escritor que mezcla historia, noir, suspense, ensayo, poesía, épica... En realidad, todo lo que pille.

-¿Qué autores te marcan o tienes de referencia?

Las referencias son infinitas: Herodoto, Doctorow, Ray Bradbury, Scott Fitzgerald, Galdós, Steinbeck, Bernal Díaz del Castillo, Tolstoi, Calvino, Updike, Camus, Plutarco, Don Winslow, Poe, Le Carré, Mishima, Charles Baxter... Somos el resultado de todo lo que leemos, todas las pelis que vemos, la gente que conocemos, incluso la comida y la bebida que tomamos. Es una dialéctica que solo debería terminar cuando llega la Parca, e incluso si se deja, continuar con ella.

-¿Qué relación intentas establecer con el lector, qué ansías decirle o contarle, a modo de poética general?

Intento dar perspectiva y apasionar. Si hablamos de Cervantes, hay una frase de él que resulta categórica: "El escritor ha de ilustrar y entretener a un mismo punto".

12/04/2016 01:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL RARO DANIEL. POETA

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A Daniel Izquierdo Clavero (Barcelona, 1975), profesor y escritor, le gusta aparecer en sus libros con sus dos apellidos. Así sucede con su segundo poemario: ‘Las cicatrices invisibles’ (Los Libros del Gato Negro). Sus padres son turolenses: él, empleado de la Nissan, es de Monteagudo del Castillo y ha realizado 56 viajes a Latinoamérica; ella es de Aguilar de Alfambra, un pueblo de pocos habitantes que se abre hacia la llanura y un horizonte que bien puede recordar a un mar interminable. Allí pasa sus veranos Daniel, que padece desde hace años una de esas enfermedades misteriosas que le complican la vida a una de cada dos mil personas, “una disinergia cerebelosa mioclonica”, vinculada al Parkinson. Daniel ha tenido profesores que le han entendido y han apoyado su sensibilidad, otros no han asimilado su hiperactividad y cuenta con el cariño de la profesora Rosa Navarro Durán, dilecta alumna de José Manuel Blecua, que le deja asistir a sus clases. Daniel siempre ha tenido una pasión: leer, escribir, comprar libros, visitar bibliotecas. Posee una espléndida memoria que le permitía recitar poemas, que son su mejor equipaje; además, es uno de esos seres que cultiva la amistad y se siente estremecido por la hondura de sus afectos, su tío Eugenio, entre ellos. Logró licenciarse en Psicopedagogía y se diplomó en Magisterio; hace dos años se vio obligado abandonar el aula, aunque hizo lo imposible por quedarse, hubiera aceptado una considerable rebaja de sueldo. Es uno de los promotores de encuentros culturales en Aguilar del Alfambra. Y conmueve comprobar el cariño que siente por Aragón y sus escritores. Su libro es un intenso autorretrato: el documento de alguien que pelea contra la amenaza de la muerte, es un canto a la vida, desde la sensibilidad, la belleza y la humildad, contra el dolor, tan demoledor que parece invitarle a la desesperación e incluso al suicidio. El poeta, en su noche y en su soledad, dialoga consigo mismo y con los otros: con los muertos de Angrois, con los que acuden al hospital para una revisión, con un sinfín de autores: desde Alejandra Pizarnik o Anna Ajmatova a John Berger o Patrcik Modiano. Se abraza a las palabras, se abraza a la esperanza, a la música, al arte y a la literatura (su reino: conocimiento, exorcismo y terapia) y resiste. Y escribe: “Mi poesía también es una rara enfermedad”.

 *De la serie 'Cuentos de domingo'. La foto es del autor.

12/04/2016 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN CUENTO DE CLARA OBLIGADO

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Clara Obligado Marcó del Pont (Buenos Aires, Argentina, 1950) es una escritora argentino-española. Es autora de libros como ’El libro de los viajes equivocados’, ’Las otras vidas’ o XX. Es una gran escritora de cuentos y microcuentos.

 

EL MILAGRO

 

Por Clara OBLIGADO 

 

Para Nuria Barrios, Javier Goñi y Carmen Valcárcel.

 

          Sucedió cuando Madrid no era Madrid, ni siquiera Matrice, ni Mayrit, ni la madre de las aguas, millones de años antes de que apareciera ese mono desnudo de frente huidiza al que llamaremos hombre, en el Mioceno Medio, cuando los continentes navegaban hacia su posición actual y el Mediterráneo se llenaba y se vaciaba como si fuese una bañera y todo lo que rodeaba el paraje era relieves montañosos lamidos por las aguas, riachuelos palpitantes como las venas de una mano. La corteza de la tierra había superado la edad de las hierbas y la zona llevaba años convertida en humedal, en una sabana arañada por garras de tortugas gigantes, inmensos roedores, tigres con dientes de sable, úrsidos-cánidos o felices antílopes enanos que correteaban y pastaban entre las gramíneas devorándose los unos a los otros sin plantearse problemas éticos o estrategias de mercado, ramoneando en las praderas y bosques abiertos bajo cielos sin contaminación, (pavorosos, tal vez, durante la noche, tachonados de constelaciones indecibles o amables y transitados por majadas de nubecitas blancas).

                        Allí, en ese Edén del que nadie había sido expulsado, creció un Hispanotherium matritense (hembra) que fue, sin saberlo, el último ser del Mioceno Medio que trotó por esa ciudad inexistente (no sólo porque no había sido construida, sino también porque nadie la podía nombrar, una ciudad sin proyecto, sin romanos, ni visigodos, ni árabes, ni cristianos, ni turistas), un solitario Hispanotherium matritense (hembra) que intuyó que estaba solo en este mundo pero que no alcanzó a decirlo (sin el lenguaje, qué somos) un animal pesado como un tanque de guerra que apenas si sabía decir “Brrr”, grupo consonántico escaso para definir el cielo y la tierra, la angustia y la alegría de vivir, el paso de las estaciones, el pavoroso cosmos, la exaltación de los días de sol, un mamífero con ese nombre tan difícil, pobre Hispanotherium matritense (hembra), acotado ahora por el codicioso mundo de las clasificaciones, incapaz de presentir la desgracia que había acabado con los suyos y que terminaría con él antes de que llegara la noche, antes de que culminara ese día aciago, sólo faltaban algunas horas para el final que en realidad no eran horas porque nadie las había metido en un reloj y un minuto duraba entonces más de cinco mil años.

                        Es decir, un Hispanotherium matritense (hembra) fue el último habitante del barrio, supérstite de  una manada de rinocerontes que, como había nacido antes que los griegos, no sabía que su nombre se refería al cuerno en la nariz y, además, en este caso, era una hembra que ignoraba incluso su sexualidad, (montar o ser montada, competir por el mando, o las fatigas de la reproducción), un ser perdido para la ciencia ya que no se registraría su cerebro (que nadie conoció, porque el cerebro es lo primero que se va, tan lábil, y gomoso, tan volátil), ni siquiera quedaría constancia de lo que habría de suceder bajo el cielo vacío antes del cataclismo, porque la materia gris no fosiliza y, para la ciencia, no existe lo que no se puede demostrar.

                        Así, pues, el Hispanotherium matritense (hembra) comenzó  a trotar calle arriba con la ansiedad de aparearse porque tenía su primer celo (y hay que imaginar el celo descomunal de un rinoceronte prehistórico)  sin saber que el desastre ya había terminado con sus congéneres. Emitió primero una señal bioquímica (un olor hediondo), luego parpadeó con un gesto coqueto propio del ritual del cortejo (esas pestañas sublimes de los rinocerontes, los ojillos brillantes, aceitados) y lanzó el “brrr” que tantas veces había oído en la manada en épocas de reproducción. Como si las estuvieran arreando, las nubes se alejaban hacia el horizonte. Fue entonces cuando el Hispanotherium matritense (hembra) tuvo un primer sentimiento (aunque los paleontólogos se niegan a aceptarlo) y, con la boca sin labios y los dientes fuertes intentó comunicarlo. Para que haya lenguaje, el cerebro necesita cierta capacidad de ordenación y almacenamiento. ¿Lo tenía Hispanotherium matritense (hembra)? No lo podemos aseverar. Lanzó al aire su bramido, que esta vez sonó como una pregunta (¿es el cambio de tono una forma de lenguaje?) e hizo algo inaudito: puso el ápice de su lengua áspera contra los dientes acostumbrados a masticar la vegetación más dura y suplicó: ¡t-brrr! ¡Un prefijo, sí, un prefijo! ¡una oclusiva dental sorda! ¿Proto-sitaxis? ¿Podemos aventurar, acaso, que existen tendencias ancestrales en el lenguaje? Tantos años de evolución desperdiciados, el final de una especie, la soledad de la muerte antes de haber conocido el peso del Hispanotherium matritense (macho) sobre sus ancas. Qué pena. Bajo las sacudidas de alguna placa tectónica temblaba la futura ciudad, en un lugar del planeta estaba surgiendo una montaña. Hispanotherium matritense (hembra) lanzó al cielo la eterna pregunta sobre el sentido de la existencia ¿brrr-t? y comenzó a trotar calle abajo sacudiendo sus caderas brillantes, se tendió núbil en un charco, extendió las patas para acariciar por última vez el lodo, la piel acerada buscando la humedad de la tarde. Como en un lamento, el agua manaba y un sol ominoso se ocultaba tras los bosques achaparrados.

 

                        Varios millones de años más tarde, allí mismo, en una calle que se llamaría Cantarranas, el viento y los diluvios amontonaron magras de color verdoso hasta erigir un túmulo sobre los restos del animal, luego se apelotonó la gravilla, el limo arcilloso, la tierra vegetal del neolítico, las primeras plantas, el destartalado esqueleto de un homínido, restos de fogatas, la punta de una flecha de silex y, por fin, alguien levantó una capilla, la capilla se demolió y sobre ella se construyó un convento. Allí fueron enterrados los restos de Cervantes. Bajo otros muertos sin nombre, mezclada con los detritus de la ciudad, reposa la momia incorrupta, el esqueleto poderoso de la hembra que inventó el lenguaje. Su cuerpo glorioso, con el himen intacto.

 

*La foto de Clara es de Manuel Yllera.

 

 

 

 


09/04/2016 23:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ARA: LA HUESCA QUE LEYÓ A VERNE

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Juan Carlos Ara “dibuja” la Huesca que leía a Verne en la segunda mitad del siglo XIX, en una conferencia

El profesor de Literatura de la Universidad de Zaragoza participa, este jueves, en el ciclo ‘Julio Verne: 3 semanas en Huesca’

‘Cafés literarios’ sobre obras del francés, guiados por investigadores del grupo T3 Axel del Campus de Huesca, y conferencias impartidas por el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón, el especialista en Verne Piero Gondolo della Riva, o los investigadores sobre Tecnologías en Entornos Hostiles, José Antonio Cuchí y José Luis Villarroel, tendrán lugar en esa misma jornada y en los días siguientes

Un amplio programa, que incluye, además, un congreso internacional –el tercero sobre el novelista francés que acoge el Alto Aragón en los últimos seis años–, una decena de exposiciones, actividades infantiles, proyecciones o escaparates dedicados a sus creaciones, convierte a Huesca, durante 20 días, en la ciudad de Julio Verne

(Huesca, 6 de abril de 2017) El profesor de Literatura de la Universidad de Zaragoza Juan Carlos Ara ofrecerá una panorámica de la Huesca que recibía las novelas de Julio Verne, en vida del autor del autor, en la segunda mitad del siglo XIX, en la conferencia que imparte este jueves, 7 de abril, en la capital altoaragonesa.  Este acto, que se desarrollará, a partir de las 19 horas, en el Centro Cultural Palacio Villahermosa, de Ibercaja, forma parte del ciclo ‘Julio Verne: 3 semanas en Huesca’, que impulsa el grupo de investigación T3 Axel, del Campus oscense. ‘Cafés literarios’ y  conferencias, sobre la obra y el impacto del escritor francés, se sucederán en esa y las siguientes jornadas, hasta el día 17, en bibliotecas públicas, centros universitarios y otros espacios culturales de la ciudad. El geógrafo Eduardo Mart&iac! ute;nez de Pisón, el especialista en Verne Piero Gondolo della Riva están entre los ponentes de estos actos.
 
fés literarios’ y más conferencias
El mismo día 7 de abril, Pilar Tresaco, investigadora del grupo T3AxEL del Campus de Huesca, comentará la obra de Julio Verne Paris au XXe siècle. La exposición se desarrollará en del Club de lectura en francés de la biblioteca municipal Durán Gudioltambién a las 19 horas.
 
Otras tertulias sobre la obra del francés se desarrollarán el día 12. Ana Claverespecialista en la figura femenina en Verne y miembro del citado grupo de investigación oscense, introducirá un ‘café literario’ sobre el relato Mistress Branican. Será a las 17,30 horas, también en la biblioteca municipal Durán Gudiol. A la misHuesca, segunda mitad del siglo XIX: una ciudad donde leer a Verne”es el título de la ponencia que desarrollará Juan Carlos Ara. En ella revisará los aspectos urbanísticos, sociales, políticos y culturales de la vida de una ciudad que se sentía inmersa en el “progreso”, en ese periodo, por hechos como la llegada del ferrocarril. Esa percepción, señala el profesor oscense, favorecían la recepción de una obra, como la de Julio Verne,  que hablaba de avances maravillosos. El recorrido de su exposición, que concluirá con el nuevo siglo, se iniciará en 1864. Es el  año en el que llega el tren. Y también, añade el conferenciante, el momento en que se instala en Huesca  “otro autor anticipatorio”, importante en esa etapa,  como Joaquín Costa.
 

 

De la Huesca del XIX, al París del XIX. ‘Ca

ma hora, en la Biblioteca Ramón J. Sender, se analizará, en un acto similar, la obra del autor de Veinte mil leguas de viaje submarino.
 
El 13 de abril tendrán lugar dos conferencias. Una mirada al centro de la tierra se titula la que impartirán, a las 12 horas, en la Escuela Politécnica Superior de Huesca (Carretera de Cuarte, s/n) los oscenses José Antonio Cuchí y José Luis Villarroel Salcedo, integrantes del grupo de investigación en Tecnologías en Entornos Hostiles de la Universidad de Zaragoza. Y, a partir de las 19 horas, el coleccionista verniano, Piero Gondolo della Riva, desarrollará su ponencia El Viaje a la Luna de Jules Verne y de los otros autores. Será en el salón de actos del Centro Cultural Ibercaja,Palacio de Villahermosa.
 
El catedrático de Geografía Eduardo Martínez de Pisón ofrecerá sus Viajes por el planeta Verne” el día 14 de abril, en este último lugar y a la misma hora. Previamente, a las 12,30 horas, habrá tenido lugar una presentación de libros relacionados con Julio Verne publicados recientemente. En este acto participarán algunos de los autores.
 
Julio Verne: 3 semanas en Huesca’
Huesca quiere convertirse en la ciudad de Julio Verne durante tres semanas. Y de forma permanente, en uno de los lugares vernianos de España. Comercios, librerías, centros culturales, bibliotecas y edificios universitarios acogen, desde el 30 de marzo, y hasta el 17 de abril, variadas iniciativas sobre el universo literario del autor de La vuelta al mundo en 80 días o Veinte mil leguas de viaje submarino. Un congreso internacional –el tercero sobre el novelista francés que acoge el Alto Aragón en los últimos seis años–, una decena de exposiciones, conferencias, proyecciones, talleres infantiles y escaparates dedicados a Verne forman parte del programaEl grupo de investigación T3 Axel, (Textos-Territorios-Tecnologías: Análisis cruzados entre lenguajes) impulsado por profesorado del Campus de Huesca de la Universidad de Z! aragoza, y dedicado al estudio de aspectos culturales, lingüísticos y científicos relacionados con la obra de Verne, es el organizador de estas iniciativas, que cuentan con la colaboración de numerosas entidades de la ciudad.
  
Más información:
 

 

07/04/2016 02:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IGNACIO DEL VALLE, EN PORTADORES

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Queridos amigos, Alfaguara Editorial y Los portadores de sueños tenemos el gusto de invitaros a la presentación de SOLES NEGROS, de Ignacio del Valle.  El autor conversará con Antón Castro el miércoles 6 de abril a las 20h en Los portadores de sueños (C/Blancas, 4 - Zaragoza).

SOLES NEGROS

«La muerte. La muerte no era solo un cuerpo sin vida, sino un lenguaje con su propio alfabeto, y para eso se encontraba allí, para descifrarlo, para escuchar lo que ella tenía que susurrarles.»

El capitán Arturo Andrade, miembro del SIAEM (Sección de Información del Alto Estado Mayor), es destinado a Pueblo Adentro, una aldea a pocos kilómetros de su Badajoz natal y centro de la resistencia anarquista extremeña. Incapaz de hacer las paces con los demonios del pasado, tendrá que investigar el misterioso asesinato de una niña. Pero el cadáver de la pequeña no es más que la punta del iceberg que lleva a las más altas esferas del régimen, en el que trabajan hombres dispuestos a todo para cumplir los peculiares deseos de algunos poderosos.

Andrade y su amigo Manolete, antiguo compañero de armas en la División Azul, cruzarán sus caminos con el honor del anarquista Ventura Rodríguez y de su familia, en una carrera contrarreloj para salvar la vida de una niña desaparecida y descubrir la verdad.

Ignacio del Valle ha sido ganador del Premio Violeta Negra del Tolouse Polars du Sud 2011 por El tiempo de los emperadores extraños (Capitán Arturo Andrade 2) y del Premio de la Crítica de Asturias en dos ocasiones.


IGNACIO DEL VALLE

Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) vive en Madrid. Ha publicado hasta la fecha seis novelas, Los demonios de Berlín(Alfaguara/Punto de Lectura, 2009. Premio de la Crítica de Asturias 2010), El tiempo de los emperadores extraños(Alfaguara/Punto de Lectura, 2006. Premio de la Crítica de Asturias 2007, mención especial Premio Dashiell Hammett 2007, Premio Libros con Huella 2006), que ha sido traducida a varios idiomas y cuyos derechos han sido comprados para el cine, Cómo el amor no transformó el mundo (2005), El arte de matar dragones (2003. Premio Felipe Trigo), El abrazo del boxeador (2001. Premio Asturias Joven), De donde vienen las olas (1999. Premio Salvador García Aguilar). Además, cuenta en su haber con más de cuarenta premios de relato a nivel nacional. Mantiene columnas de opinión en los diarios El Comercio y Panamá América, ejerce la reseña literaria en el suplemento Culturas y colabora con el suplemento El Viajero del diario El País y diversas publicaciones. También ha trabajado en radio.
¡OS ESPERAMOS!

CUÁNDO: el miércoles 6 de abril a las 20h
DÓNDE: en Los portadores de sueños (Blancas, 4 – Zaragoza)

 
04/04/2016 00:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE MIGUEL Á. MARÍN URIOL

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RELATO DEL POETA PASTELERO

 

La vida está marcada por hilos de continuidad. A veces, en el fluir de una conversación de sábado al sol, piensas en alguien y media hora más tarde aparece por la calle paseando un perro. O está en una terraza, con una cerveza y un cuaderno milimetrado en el que escribe versos, los pule, pauta las sílabas y las rimas que, poco a poco, se vuelven música y canto. Ayer fue el Día Internacional del Libro Infantil: Miguel Ángel Marín Uriol (Zaragoza, 1945) no es un escritor de cuentos para niños aunque alguna vez escribió fábulas con encantamiento. Hablaba, como si fuera un repostero de ‘Las mil y una noches’, de los aromas y especias y de la pastelería universal con sus condimentos e ingredientes. La historia de Miguel Ángel es muy curiosa: siempre amó, y ama, la poesía y, a la par, mantuvo un negocio de tres locales con once trabajadores; servía pasteles a media Zaragoza. Era su esperanza, su pasión, su obra en marcha, y a ese universo de dulces le dedicó recetarios, artículos de prensa, algún que otro relato novelesco que contiene un viaje a los sentidos y una travesía en el tiempo. Hacía preciosas esculturas de chocolate en sus escparates. Un día las cosas se le torcieron: en el trabajo, en el amor y la familia, y en su ánimo. Todo se vino abajo y conoció el fracaso tan inesperado como fulminante. Con tesón, logró salir del abismo, animó tertulias y halló consuelo en otra mujer, Inma, apasionada de las palabras y cómplice de las ilusiones perdidas. Marín Uriol, que escribió versos a cuatro manos con la poeta y pedagoga Mari Carmen Gascón, empezó a hacer libros artesanales, poemarios, solo o con Inma, donde daba cuenta de sí: de sus sueños, de su cultura, de su vitalidad, de su pugna constante contra las derrotas del existir. Ha hecho textos ex profeso para sus hijas y para sus amigos: al poeta Ángel Guinda, cuando se casó por cuarta vez, le regaló un texto de mil versos. Ahora ultima otro libro para el escultor Florencio de Pedro. Ayer, en una terraza, culminaba la última pieza del volumen en su silla de ruedas eléctrica, casi de ciencia ficción, y la leyó de viva voz. Era el maravilloso relato de la supervivencia gracias a la palabra. El deseo de sobreponerse a la arrogancia de la enfermedad con el ímpetu de la primavera. O, dicho de otro modo, con el insobornable sortilegio de la amistad.

 

*Este texto ha aparecido hoy en mi sección 'Cuentos de domingo' y está dedicada a Miguel Ángel Marín Uriol y su compañera Inmaculada Marqueta. En la foto de Heraldo, el editor Joaquín Casanova, el profesor Mariano Ibeas, Miguel Ángel Marín Uriol e Inmaculada Marqueta.

'LO GORRORROI' DE USÓN & IRIGARAY

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[Escribe Saúl M. Irigaray] Estimados amigos, en Garabato Books ya llevamos cinco años editando libros ilustrados, aunque el primero fue como autor, no como editorial, así que este 2016 celebramos nuestro "Casi 5º Aniversario". Por ello, vamos a editar dos libros durante este año.

El primero ya está listo, 'Lo gorrorroi', con texto de Chusé Raúl Usón e ilustraciones de un servidor. Una fantástica historia sobre un diminuto habitante del valle de Bielsa que tendrá que emprender un singular viaje, el del exilio a Francia a causa de la Bolsa de Bielsa.

El segundo libro ya está en preparación y se publicará en otoño, y por supuesto será otra historia aragonesa.

Es un placer invitaros a la presentación de 'Lo gorrorroi' el sábado 9 de abril a las 12:30h en la librería El armadillo ilustrado de Zaragoza.

Contaremos con la presencia de los autores, hablaremos del valle de Bielsa y del libro, y para acabar contaremos el cuento a peques y adultos. Os esperamos. Saúl.

03/04/2016 20:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISMAEL GRASA HABLA DE 'UNA ILUSIÓN'

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ENTREVISTA. Ismael Grasa. Escritor. Publica en Xordica ‘Una ilusión’.

 

 

“Soy un gran defensor de las convenciones,

pero cuando se llega a ellas desde la libertad”

 

Fotografía: Javier Broto. Heraldo de Aragón*

 

Ismael Grasa (Huesca, 1968) presentaba el pasado, en compañía de Ignacio Martínez de Pisón, su nuevo libro: ‘Una ilusión’, un libro autobiográfico en el que narra aspectos su infancia, su pertenencia durante tres años al Opus Dei, su estancia en China, su vida en Madrid cuando se abría camino como joven escritor o la importancia de la amistad. El libro lleva una estupenda portada de José Luis Cano.

-¿Qué le ha llevado a escribir una autobiografía o una memorias fragmentarias como ‘Una ilusión’ (Xordica)?

 Más que una autobiografía o unas memorias –no tengo ni la edad ni la posición para algo así– diría que es un libro compuesto de episodios autobiográficos. Mi editor, Chusé Raúl Usón, me ayudó a descubrir el sentido que estaba latente en ese conjunto de páginas.

 

- “El caso es que aquella nave de cartulina pudo haber sido para mí la de la Muerte”, confiesa en las primeras páginas. Podríamos decir que vive usted de milagro. ¿Qué reflexión le merece esa anécdota o el peso del azar en su vida?

Fue un accidente doméstico con un enchufe, cuando trataba de concebir una nave espacial. El episodio quiere tener una carga metafórica sobre el país y sobre cómo mirábamos a Estados Unidos y su cine. Digo allí que a los norteamericanos la ciencia ficción les trasladaba a otros mundos, mientras que a nosotros nos trasladaba a Norteamérica.

 

-¿De qué ha dependido la elección de los temas o capítulos: de la existencia de un cuaderno previo, como insinúa, de la casualidad, quizá de que quería ajustar cuentas o recordar algo de su pasado?

Si hay ajustes de cuentas es conmigo mismo.

 

-Se recuerda desde los trece años queriendo huir. ¿De qué huía? ¿Cree que ha parado de hacerlo?

Uno no acaba de parar nunca. Pero entonces huía de una vida previsible, estrecha o convencional. Soy un gran defensor de las convenciones, pero cuando se llega a ellas desde la libertad.

 

-¿Qué ha significado la etapa del Opus Dei en su vida? ¿Qué le dio, qué le quitó, en qué medida se siente extranjero de su propia vida?

Durante años más o menos lo ocultaba, luego me daba igual que se conociese esa etapa de mi vida, y, por fin, he querido escribir sobre ella. Realmente uno de los temas del libro es la diferencia que hay entre el proselitismo y la verdadera amistad.

 

Dice que era oyente, silencioso, y que hay un momento en que da el paso siguiente: opina. ¿Cómo se produjo esa mudanza?

 Se produjo cuando pasé a tener pareja y se murieron algunos de mis amigos.

 

-Desmonta algunos mitos. Por ejemplo, asegura que el oficio de escribir no tiene que ver tanto con la soledad como con el hecho de haber visto escribir, con la compañía… ¿Quién le marcó, quién le señaló el camino?

Quizá yo no hubiese sido escritor si en Madrid no llego a compartir piso por azar con un escritor, Juan Gracia Armendáriz. Pero donde creo haber aprendido más sobre escritura es en Zaragoza y junto a Félix Romeo, a quien le dedico el último capítulo del libro, titulado ‘Una ilusión’.

 

Hay un momento en que habla de la importancia de Paco Umbral en su formación. Llegó a hablar con él por teléfono. ¿Cómo fue eso?

Llamaba a nuestra casa porque Gracia Armendáriz hacía una tesis doctoral sobre él. Por eso había libros suyos por todas las habitaciones. El caso es que a día de hoy no he perdido el respeto a Umbral.

 

-Había publicado ’Días en China’, pero aquí vuelve a narrar ese período y tiene algo de realismo mágico o de humor constante y contenido. ¿Qué le enseñó China? ¿Fue allí donde percibió la importancia de la libertad de manera especial?

 Escribí una novela inspirada en mi año en China, ‘Días en China’, que se publicó en Anagrama, y ahora me apetecía reescribirla en clave autobiográfica abordando lo que evité entonces: el romance amoroso y la cuestión política.

 

-Una de las cosas que llama la atención en el libro son las casas: los pisos donde vive, en Madrid, en China, sus casas en Zaragoza, la casa de Maria Kusche en Málaga, la casa familiar de Blecua… ¿Cómo definiría tu relación con ellas? ¿No sé si ha tenido en la cabeza el ’Diario de invierno’ de Paul Auster, donde hace un inventario de las suyas?

 Sí, tiene razón, más que una autobiografía he hecho un inventario de casas. Los escritores no sólo vivimos en ellas, sino que escribimos en ellas. Quizá esto tenga que ver.

 

-Si las casas son importantes, no lo son menos las ciudades. ¿En qué medida ’Una ilusión’ es una autobiografía con ciudades o con espacios?

Creo que nunca he escrito nada que suceda en un espacio ideal o inconcreto. Y no sólo es por falta de imaginación, sino porque mis libros o relatos quieren ser un modo de celebrar ciudades concretas, lugares que han sido importantes para mí. La ciudad es un espacio de liberación.

 

-Otro tema capital es la amistad. ¿Qué le sugiere esa palabra?

Sin los amigos que tengo y que he tenido sería mucho peor de lo que soy. Siempre se habla de la labor del escritor como una tarea solitaria, cuando realmente es algo más compartido de lo que parece. Es un clima, un tipo de conversación, lo que lleva a que haya escritores.

 

¿Qué han supuesto en su vida amistades como José Angel García ‘Chimi’, director del ‘Siete de Aragón’, Pepe Cerdá, Javier Tomeo o Félix Romeo?

De todos ellos hablo en el libro. Con Chimi me inicié en el periodismo, como luego con Genoveva Crespo, aquí en HERALDO; con Cerdá aprendí de pintura, que es lo mismo que decir que aprendí de la vida; Tomeo fue una especie de segundo padre, de quien aprendí el poder alegórico y esencial de la narración; y Félix Romeo ha sido la mente y el corazón más impresionantes con que he dado.

 

Dice: “Nuestra única obligación en el fondo es vivir un poco, no resistirse a que sucedan ciertas cosas, cierta clase de movimiento”. ¿En qué consiste vivir para usted?

Eso de la vida como movimiento es muy aristotélico. Es algo que sucede en el tiempo –que es la medida del cambio, etcétera–. Lo platónico, en cambio, es apuntar hacia la quietud mística y el desprecio por lo terrenal. Lo platónico es en el libro lo satánico. En fin, lo que quiero decir es que por más que a veces no veamos el sentido de las cosas, hay que vencer la tentación de apartarse del mundo.

 

Hay una reflexión un poco a contracorriente sobre la lectura. Declara que leer no es fácil, que exige esfuerzo, incluso una posición física… ¿Es así?

Hay cosas para las que nunca hay tiempo, como es leer o escribir. Leemos o escribimos porque decidimos dejar de hacer otras cosas o de estar con otras personas. Y no eso no siempre es sencillo. Por otra parte, no todo lo que leemos es lectura, ni todo lo que escribimos escritura, en el sentido de que tenga algo de sustancial o transformador.

 

La historiadora del arte Maria Kusche le dice en Málaga, pensando en su amiga la poeta Sol Acín, “¡Cómo sois los aragoneses!”, en alusión al carácter soñador y dado a la elucubración de los aragoneses... Y en otro lugar, a propósito de su relación con Tomeo, alude a la contención, al pudor aragonés… ¿Qué ha aprendido de los aragoneses en su vida y en la redacción del libro?

Hay una parte de lo aragonés que me atrae, y otra que no: la que sí, su tradición racionalista, legalista, pedagógica y universal; la que no me atrae, la reaccionaria, es la que se desentiende de hacer de esta parte del mundo un espacio bello y donde vivir plenamente.

 

*Esta entrevista apareció, en versión resumida, en Heraldo de Aragón y esta versión, más larga, ayer por la noche en Heraldo.es.

03/04/2016 19:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LEONARDO CANO, UN DIÁLOGO

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[Este texto aparecía ayer en Heraldo.es. La foto del autor es del colectivo LA MANO ROBADA]

ENTREVISTA. Leonardo Cano. Escritor. Publica la novela ’La edad media’ (Candaya)

 

 

El sistema judicial español da para varias novelas”

Mi novela muestra una realidad cruda y desalmada”

 

Leonardo Cano (Murcia, 1977), Licenciado en Derecho y Máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, publica su primera novela y está logrando lo que sueña cualquier autor: conquistar lectores, cosechar buenas críticas y suscitar interés. Presenta su novela en Antígona en diálogo con el escritor, librero y gestor cultural Ángel Gracia.

 

-¿De dónde viene Leonardo Cano, que aparece como una exhalación, con fuerza y osadía?

De mi casa, en Murcia. De muchas lecturas en una habitación abarrotada de libros, de unos primeros poemas y relatos, de algún premio, de mucho tiempo de escritura para mí y para otros y de varias novelas en la cabeza, postergadas por trabajo y vida, hasta ahora.

 

-¿Qué le debe a Mario Vargas Llosa, del que tanto se habla estos días y al que tanto se cita al hablar de ‘La edad media’?

Le debo la sensación, durante los primeros años de escritura, de haber encontrado un maestro; porque, con el tiempo, uno se da cuenta de que puede sentirse así: un discípulo de alguien al que no conoce ni conocerá nunca, pero al que ha leído en sus novelas, en sus ensayos literarios y al que también ha seguido en sus conferencias con atención. Cuando le dieron el Nobel, me alegré como si se lo dieran a alguien de mi familia.

 

-¿Qué le pasó por la cabeza, cómo fue cristalizando esta novela, de qué ideas, imágenes y obsesiones ha partido?

Sobre todo, partí de una profunda verdad: la de las pequeñas ambiciones que todos tenemos en la vida y que, irremediablemente, acaban por verse desbaratadas. Me atraen los libros en los que el autor nos enfrenta con nuestros miedos e incertidumbres, y quería plasmar los que cualquiera puede tener a no conseguir lo que había planeado para sí mismo (o los que otros habían trazado para él).

 

 

-¿Por qué tres historias, cómo quería enlazarlas y hacer un todo?

Porque el tema necesitaba de un planteamiento complejo, de varios tiempos (el pasado en el colegio privado y elitista, el presente una vez que se ha accedido al mundo laboral y el interludio que presenta el plano de la pareja estable), y ese tríptico parecía indispensable para dotarlo de vida.

 

 

-Antes de entrar en cada una de ellas, hablemos de algo en lo que se insiste mucho al hablar de ‘La edad media’: el estilo, el lenguaje, la fuerza poética, nada convencional, el sello mismo de muchos poetas… ¿Qué buscaba, cómo ha construido su lenguaje, desde qué premisas?

En todo momento intenté buscar una consonancia entre el fondo y la forma, de tal manera que la forma en que se contaba, el narrador o el tono influyeran en la narración, le concedieran un sentido y fueran personaje y caracterización del argumento. De ahí esos tres narradores singulares y disímiles: un “nosotros” que resumiera el clasismo y el salvajismo de la época estudiantil; el punto de vista objetivo, burocrático, de la parte de la oficina judicial; y el chat de la relación sentimental a distancia.

 

-¿Qué sucede en un colegio tan exigente como el suyo?

Sucede que, desde luego, un colegio privado de curas no parece un “locus amoenus”, ese lugar, idealizado por libros como “Yo fui a EGB”, al que volver. En mi caso, recuerdo pasármelo muy bien, y mis mejores amigos continúan siendo los que hice entonces, pero, a todas luces, un lugar integrado por 1.500 colegiales y adolescentes constituye una pequeña sociedad, una “polis” armada con disciplina, pero que contiene también muchos defectos y transgresiones, y en la que conviene estar alerta.

 

 

-Esa primera parte también es la crónica de una amistad con música. ¿Qué significan ambas en su formación, en su manera de ver la vida?

Durante esos años 90 del grunge, la amistad se forjaba en torno a grupos como Pearl Jam, Nirvana o Blind Melon, como ahora puede que se haga alrededor de textos en Facebook o en Twitter, de videos en Snapchat o Periscope. Algunas canciones de entonces llegaron a emocionarnos más que la vida.

 

-¿Qué es más necesaria para crecer la música o la decepción? ¿Qué grupos le han marcado a usted?

Se crece a través de la derrota, pero también de los logros. Somos, imagino, el resultado de un proceso de ensayo y error a lo largo del tiempo. Los grupos que me marcaron son los de la novela y muchos otros (Led Zeppelin, The Doors, Radiohead, Bjork...). Los errores musicales en la vida sólo se pagan con olvido.

 

-La segunda historia tiene que ver, también, con la frustración. ¿Por qué tiene esa mirada tan crítica sobre la justicia?

El sistema judicial español da para varias novelas. Y a nadie se le escapa que es un sistema arcaico, anquilosado y al que urge modernizar y dotarlo de una gran cantidad de medios físicos, humanos y tecnológicos. A nadie, al menos, que se haya visto obligado a caer por allí.

 

-Desde dentro, ¿qué significa ser funcionario de justicia? ¿Es real ese modelo marcial, tan intolerante y jerárquico?

Es tan real como en cualquier otro trabajo de oficina o empresa. Si bien la posición casi endiosada de algunos jueces favorece en mayor medida ese absolutismoSin embargo, lo que quería contar era algo más extendido: las dinámicas de poder que se dan en cualquier trabajo entre jefes y subalternos y el sometimiento de cualquier trabajador a ellas.

 

-La tercera historia es una historia de amor con sordina. O con ralentí… ¿Qué ha querido probar?

Quería mostrar una relación convencional, a distancia y a través de un chat, casi de manera impúdica. Intenté que pareciese tan inquietante y obsceno como leer los mensajes de whatsapp de alguien al que le hubiéramos robado el móvil. Y que en ellos se pudiera encontrar una verdadera historia.

 

 

-No sé si ha querido hablar del distanciamiento brechtiano con el chat de fondo…

Quizás sí apelar al extrañamiento en un principio, con los primeros capítulos, para pasar a involucrar al lector en una historia de amor más parecida a cualquiera de las que todos tenemos de lo que en un principio se pudiera pensar.

 

-¿Cómo es el amor virtual, el amor a través de las redes? El poeta,San Juan de la Cruz, decía que “la dolencia de amor no se cura sino con la presencia y la figura”?

Y lo decía con razón. La distancia es un arma cargada de infortunio. Pocas relaciones son las que consiguen superarla e, incluso éstas, quedan señaladas de por vida.

 

-¿Se siente un extranjero en el mundo? ¿Iría de eso, en realidad, su novela, del extrañamiento general?

Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir: ya lo decía”, aseguraba el poeta peruano César Vallejo. Y yo, como todo el mundo, también tengo mis días. La novela en verdad muestra una realidad cruda y, a veces, desalmada. Si es insólita o acostumbrada, queda deliberadamente a gusto del lector.

 

-¿Cómo ha influido la crisis en su novela?

De manera decisiva, seguramente. Las aspiraciones desbaratadas, los anhelos que tarde o temprano se empeñan en quedar frustrados pertenecen, seguramente, a la historia del ser humano. Pero la crisis ha venido a potenciar su devastación y a provocar en gran parte la escritura de este libro.

  

-¿Cómo sueña o se imagina su carrera, por dónde querría avanzar?

Sueño, como le leí a Christopher Hitchens, con llegar a poder escribir durante todo el día con la seguridad de que por la noche disfrutaré de compañía interesante. Una sólida carrera, con libros que la gente pueda recordar durante años, no me parecería tampoco una fatalidad.

  

-¿A qué autores españoles, jóvenes o no tan jóvenes, sigue?

En general, me interesa todo lo que se publica. Luego, por supuesto, uno tiene sus inclinaciones. Las mías van más enfocadas hacia la literatura que tiene un estilo o un lirismo intrínseco, la que cuenta con tramas y estructuras arriesgadas, con ideas inteligentes, rompedoras. De ahí que, entre los jóvenes, puede que siga con mayor atención la obra de Belén Gopegui, Alberto Olmos, Unai Elorriaga, Álvaro Colomer, Miguel Ángel Hernández, Sergio del Molino, Javier Gutiérrez o Ángel Gracia.

 

LA FICHA

’La edad media’. Leonardo Cano. Candaya. Barcelona, 2016. 318 páginas. La novela se presenta hoy sábado, a las 13.00, en librería Antígona.

02/04/2016 09:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRASOBARES Y SU EQUIPO

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[Nota de Maszoom Comunicación] El reelegido presidente de la Asociación de Periodistas de Aragón, José Luis Trasobares, ha manifestado, durante la toma de posesión de la nueva Junta Directiva,  su confianza en que el Colegio Oficial de Periodistas sea una realidad dentro de dos años. El equipo directivo ha renovado esta mañana su mandato, en un acto celebrado en la sede de la Asociación.

De pie y de izquierda a derecha: Rafael Bardají, Manuel Lorenzo, Marta Garú, Eva Pérez, Esther Aniento, José Juan Verón, Camino Ivars y Francisco Núñez. Sentados: Mercedes Pérez, José Luis Trasobares, Lola Ester y Ricardo Pereda.

El máximo responsable de la Asociación de Periodistas de Aragón, José Luis Trasobares, considera que es un momento “interesante” para la constitución del Colegio profesional. El reelegido presidente ha indicado que el nuevo Gobierno autonómico “se ha mostrado abierto a poder desarrollarlo”, frente a la parálisis que sufrió el proyecto con el anterior Ejecutivo, y este será uno de los principales objetivos de la nueva Junta Directiva. El presidente ha explicado que con la categoría de Colegio las propuestas y reclamaciones de los periodistas tendrán un carácter “más legalista”.

Trasobares ha explicado que la Asociación va a seguir trabajando por defender tanto a los periodistas como a la profesión y ha lamentado por ejemplo los EREs que han llevado a cabo algunos medios aragoneses en los últimos años o la mala situación laboral de muchos profesionales.

El presidente ha explicado que durante esta etapa van a seguir apostando por que la APA siga acogiendo y colaborando en la celebración de talleres y cursos de formación para periodistas ya que con ellos se han obtenido grandes resultados. Trasobares ha querido destacar la importancia que ha adquirido el Congreso de Periodismo Digital de Huesca, que este año ha cumplido 17 ediciones, y ha adelantado que para la próxima edición se intentará una mayor implicación de las empresas en él.

José Luis Trasobares ha explicado cuáles serán los próximos objetivos de la Asociación de Periodistas

También ha asegurado que se va a seguir trabajando tanto con la Universidad de Zaragoza como con la Universidad San Jorge, aunque ha lamentado la actitud de la pública a la hora de cubrir los puestos de su Gabinete de Comunicación, mediante procedimientos internos y sin exigir el título de graduado en Periodismo o similar.  También ha apostado por mantener las becas para jóvenes periodistas impulsadas junto a instituciones como el Gobierno de Aragón.

 

La Junta Directiva queda constituida de la siguiente forma:

Presidente: José Luís Trasobares Gavín

Vicepresidenta: María Dolores Ester Uruen

Vicepresidente: Ricardo Pereda Matía

Secretaria General y Delegada en Huesca: Mª. Mercedes Pérez Pérez

Tesorero: Manuel Lorenzo Pina

Vocales: Esther Aniento Idoype; Rafael Bardají Pérez; Genoveva Crespo Domeque; Marta Garú Cisneros; Eva Pérez Sorribes; José Juan Verón Lassa y Alicia Royo Marco (Delegada en Teruel)

Suplentes: Francisco Núñez Arcos y Mª Camino Ivars González

 

01/04/2016 01:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO IMRE KERTÉSZ

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[Anoche, a los 86 años, fallecía el gran escritor húngaro y Premio Nobel Imre Kertész, autor de libros como ‘kaddish por el hijo no nacido’, ‘fiasco’, ‘Yo otro’, ‘Liquidación’. Jaume Vallcorba publicó sus libros en el sello Acantilado. Estuvo en Auschwitz y en Buchenwald, como Jorge Semprún, tema capital de sus libros. Desde hacía algún tiempo sufría la enfermedad de Parkinson y ultimaba una novela, ‘La última posada’ (Traducción de Adan Kovacsics), que también es un diario. Dentro de unos días llegará a las librerías. Ofrezco aquí un fragmento: ]

“Soñé con Kafka. Hablaba con él por teléfono. Quedamos a una hora y vino. Su cara no se asemejaba a la de las fotografías conocidas. Era un rostro más bien gris, con una barba espesa. Si no era mi padre, preguntó M. cuando se lo conté. Una pregunta interesante que no puedo pensar hasta las últimas consecuencias. Tal vez barba espesa, la cara levantina… Pero entonces queda la pregunta ¿mi padre en el papel de Kafka o Kafka en el papel de mi padre? Se mostró amable conmigo, fluía una corriente de simpatía entre nosotros. No recuerdo de qué hablamos. Fue un sueño grande, consolador, pálido reflejo de grandes sueños de antaño”.

 

*la foto es de Santos Cirilo, un estupendo fotógrafo de 'El país'.

31/03/2016 11:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HOY, INVITADO DE 'PÁGINA DOS'

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ESTA NOCHE, INVITADO EN PÁGINA DOS, DE ÓSCAR LÓPEZ

Esta noche, en Página Dos, el programa de Óscar López, hablaré de tres libros de William Shakespeare, de Lorca y de Ramón José Sender. Así explica el menú 'Página Dos'
-Hablamos de un hombre con ideas revolucionarias sobre el ser humano: José Morella, autor de 'Como Caminos en la niebla'.
--Conocemos el canon literario del periodista y escritor Antón Castro.
--Visitamos los escenarios de las novelas de Stieg Larsson, en Estocolmo.
Aniversario de Raymond Chandler, uno de los padres de la novela negra.
-tve-2, A las 20.30.

26/03/2016 19:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TERESA AGUSTÍN, UN DIÁLOGO

Teresa Agustín «La poesía es como una caja negra

de misterio: nunca se sabe qué va a salir»

Teresa Agustín*, la poeta turolense de las pequeñas cosas, homenajeada el domingo en Fraga.

 

«No había estado en Fraga en mi vida, pero estoy feliz. Sorprendida y agradecida por esta distinción. Sabía que Fraga celebraba una semana de la poesía y que tiene un paseo de los Poetas, donde moran Mariano Esquillor, Fernández Molina, Carmen Serna, Emilio Gastón, Ángel Guinda... Me siento querida en Aragón. Sé que hay un espacio modesto de cariño hacia mí», dice la poeta y traductora Teresa Agustín (Teruel, 1962), que el pasado domingo protagonizó la clausura del Marzo Poético de Fraga. Hoy es el Día Internacional de la Poesía.

¿Le ha sorprendido que se hayan fijado en usted?

Sí, claro. No me prodigo; a lo mejor en un principio pensé que en Madrid podría organizar mi carrera poética, pertenecer a grupos y revistas. Con el paso del tiempo, he descubierto que no estoy conectada y que tampoco quiero estarlo. Mi obsesión es escribir, no figurar. Quiero escribir y aprender. Crezco paso a paso, libro a libro, e incluso me he ido de las redes sociales.

¿Y eso?

Me estresaba. Lo he dejado todo. Solo me he quedado con el teléfono móvil porque tengo una hija adolescente, Daniela.

Es usted autora de cinco libros…

Sí. ‘Cartas a una mujer’, que publiqué en las PUZ en 1993 y fue el principio; luego apareció ‘La tela que tiembla’ en Olifante, en 1998: me percibía más poeta, y me sentí cuidada, mimada, importante. Tuve la sensación de que había dado un paso decisivo y que la voluntad de estilo se imponía.

¿Y luego?

Publiqué ‘Hombre con lirios, lilas y dos amapolas’ en Prames, en 2003. Y más tarde, ‘Dos pasillos’ (Huerga & Fierro, 2008)…

¿En recuerdo de su padre, no?

Sin duda. El libro empieza en un pasillo, cuando me notifican su enfermedad, y concluye en otro pasillo, cuando me anuncian su muerte. Puede imaginarse que fue un libro especial. Mi padre también lo fue.

¿En qué medida fue peculiar?

Tengo muchos familiares, exiliados, en Francia y yo misma viví cuatro años allí; mi padre, sensible, me apuntó a clases de francés. Cuando volvimos a Teruel, entre los 4 y los 14 años, tuve una profesora particular de francés: se llamaba Jeanne, había sido amiga de Maurice Chevalier y se casó con un hombre de correos de Teruel. Imagínese…

Me cuesta imaginarla…

Era una mujer que se pintaba las uñas de un modo especial y olía muy bien. Todo un espectáculo. Me enseñó a leer poesía en francés, a Jacques Prévert, en particular ‘La pluie et le beau temps’ (‘La lluvia y el buen tiempo’). También leí ‘Le petit Prince’.

El año pasado aparecía otro poemario, quizá el más doloroso.

Si ‘Dos pasillos’ podía leerse como la crónica de la muerte de mi padre, ‘Lantanas’ (Huerga & Fierro) estaba dedicado a mi madre. Sufrió de alzhéimer; como soy hija única, pasó los últimos años de su vida en mi casa. El libro es una reflexión sobre la enfermedad, la muerte y la creación. Ha sido una experiencia muy reveladora, diferente. El alzhéimer es como una puerta directa al abismo…

Con todo, el libro también habla de la luz…

Sin duda. En todos mis libros hay una mirada hacia la luz y la esperanza. Creo que cada vez soy más luminosa. Están el tenebrismo y la incertidumbre y la búsqueda, pero también están la sorpresa y la creación. Cuando acabo un libro tengo la sensación de que no podría volver a escribir algo así jamás. Soy muy durasiana: me encanta Marguerite Duras, a la que he traducido. La idea está en la cabeza y se construye en el libro: el poemario se ordena como un puzle, puede parecer inconexo, sin hilo conductor, pero poco a poco todo va encajando.

Una de sus características más constantes es la fragilidad.

Sí. Es un poco inexplicable. A veces creo que me puede herir hasta el aire. Ja, ja, ja. Es curioso, en literatura quien me ha dado seguridad ha sido Félix Romeo (1968-2011). A mí me hacía sentir escritora. Tenía ese don. Nos conocimos de jóvenes en ‘Andalán’: yo tendría 20 años o así y el 16. Venía a buscarme, salíamos a charlar con mis amigos, hablábamos de literatura y siempre me decía: «Pero, ¿qué haces con este bobo?», ja, ja. Cuando se vino a la Residencia de Estudiantes, en Madrid, nos vimos mucho. En ocasiones sueño que me abraza. Y también frecuenté mucho a José Antonio Labordeta. Ambos fueron muy generosos conmigo.

Volvamos a la vulnerabilidad…

A veces tengo la sensación de que puedo quebrarme. Las palabras me fascinan y construyo mi poesía con la fragilidad misma del lenguaje, como si fuera cristal. Hay escritores que escriben de adentro hacia afuera y escritores que escriben de afuera hacia dentro. Yo soy de los primeros, como Marguerite Duras; a los segundos pertenecería Marguerite Yourcenar, que también me encanta. Soy incapaz de escribir una novela, ni de afrontarla… La poesía se hace con tiempo, con observación, sin prisa, es una terapia y una afirmación. La poesía es como una caja negra de misterios: nunca se sabe lo que va a salir. Escribo: «Distendida y frágil, azul, la lluvia / se suicida / desde el cielo».

¿Por qué le interesa tanto Marguerite Duras?

Jacques Lacan dijo una vez de ella: «Si supiera lo que ha escrito se moriría». Uno de los libros que más me conmueven de los suyos es ‘El mal de la muerte’, pero también ‘Escribir’. Tiene la facultad de convertir cualquier cosa insignificante en algo excepcional, como el relato de una mosca en el último momento de su vida.

¿Qué poetas le atraen?

Además de Duras y Yourcenar, me gusta mucho Virginia Woolf, que tampoco es poeta. Y Antonio Machado, Miguel Hernández y el Lorca de ‘Poeta en Nueva York’, y Yorgos Seferis. Y Antonio Gamoneda, que es una referencia para mí desde hace años. Y nuestro Ángel Guinda, que es un poeta de primer nivel nacional. Me gustan sus poemas: nunca me cansan.

 

*Esta entrevista abría el lunes la sección de Cultura de Heraldo de Aragón en la edición en papel.

 

**La foto de Teresa Agustín la tomo de aquí:

http://www.huesca-filmfestival.com/wp-content/uploads/_imagenes/imagesjurados/teresa-agustin.jpg

24/03/2016 13:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE ALBERT VIGOLEIS THELEN

[El escritor, periodista y director de la Fundación Santillana publica en su sección ’Dietario de un cínico’ este artículo que se centra en el escritor Albert Vigoleis Thelen, autor de ’La isla del segundo rostro’, que publicó en España el sello Anagrama.]

 

DIETARIO DE UN CÍNICO / BASILIO BALTASAR

Artículo publicado en El país de Cataluña.

’El destino de las deudas olvidadas’. Recuerdo de Albert Vigoleis Thelen, autor de ’La isla del segundo rostro’.

En el enloquecido paradigma cibernético sólo un ciudadano obsoleto, recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas se puede encontrar una inevitable ambigüedad

-

-Martes: Habrá que hacer a los líderes políticos otra concesión: nunca ocultan lo que piensan, siempre dicen la verdad. Nos conviene sostener la quimera de un gobernante incapaz de tergiversar su pensamiento. Por ejemplo: cuando les veamos negar con vehemencia lo que han hecho o prometer solemnemente lo que nunca harán, debemos eximirles de cualquier sospecha e imputar su distorsión moral al dogma de los nuevos tiempos. En la sociedad de la información la lógica de lo incierto sustituye al sentido común. Heisenberg finalmente triunfante sobre Aristóteles. A causa de la velocidad cibernética, los desmentidos preceden al error y los asuntos pierden su encanto en medio de una revuelta cognitiva: los acontecimientos podrán ser y no ser al mismo tiempo. En este enloquecido paradigma sólo un ciudadano obsoleto, voluntariamente recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas se puede encontrar una inevitable ambigüedad.

-Miércoles: Envié al responsable de la Marca España una carta que aún hoy sigue sin respuesta: “¿Podrías explicarme cómo lo has conseguido? ¿Cómo has convencido al Gobierno para hacer de España una marca? En las altas instancias, en los mentideros, en las tertulias y en las academias morales no dejan de lamentar que, para hablar de nuestro país, los nacionalistas periféricos utilicen el mote de “Estado español” (un eufemismo franquista, por cierto). Y a ti, sin embargo, te encargan que la conviertas en un logo. Se sabe que un experto en marketing puede vender lo que quiera, pero resulta asombroso que para esta mercancía hayas encontrado comprador. La benemérita satisfacción con que el ministro García-Margallo habla de la Marca España denota la influencia de tus habilidades. Dice el ministro, anticipándose a cualquier reproche, “nunca hemos querido que Marca España fuese un proyecto de relaciones públicas, humo y palabras huecas”. Se ve que una cierta idea de la magia publicitaria sí que la tiene. Ya veremos qué balance hacen el día que se desmonte, pero injertar en la política la jerga de la mercadotecnia es un logro del que debes estar orgulloso. Así que cuenta, ¿cómo lo conseguiste?”.

-Jueves: Cuando el recuerdo de Jaume Matas y el de sus secuaces se haya extinguido y nadie sepa ya cómo demonios podía uno embaucar a tantos durante tanto tiempo, permanecerá en la memoria de las generaciones el testimonio de Albert Vigoleis Thelen.

Antes de que Hitler subiera al poder, el escritor renano huyó de la Alemania nazi y encontró en Mallorca un perecedero refugio temporal. En su apabullante libro La isla del segundo rostro (Anagrama, 1993) cuenta sus memorables andanzas y evoca la fascinación que le produjo aquella extraña sociedad.

Aquí sobrevivió durante cinco años, agobiado por las penurias, pero deslumbrado por los personajes ilustres, excéntricos, picaros o ensimismados que amenizaban una existencia suspendida en las lindes del tiempo. Ningún otro libro supera la minuciosa, barroca, honesta y veraz memoria de aquella ciudad suprimida para siempre por la Guerra Civil. Vigoleis Thelen supo percibir como nadie la naturaleza del espíritu encarnado con tenacidad en una estirpe irónica y elegante. Cuenta el autor que, en cierta ocasión, doliéndole terriblemente una muela y sin una peseta en el bolsillo, acudió a la consulta de un dentista conocido. “No te preocupes, le dijo, ya me pagarás cuando puedas”. Años después, levemente restablecido en su economía de bolsillo, Vigoleis visitó al dentista y éste, sorprendido, respondió: “No puedo cobrar una deuda que había olvidado”.

 

Tomo la foto del escritor Albert Vigoleis Thelen de aquí:http://blocs.mesvilaweb.cat/wp-content/uploads/sites/1616/2011/08/VklHT0xFSVMw_202842_7098_1.jpg

 

22/03/2016 02:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON CHUSÉ RAÚL USÓN

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Chusé Raúl Usón (Zaragoza, 1966) es editor y escritor en aragonés. Publica en Olifante el libro 'Candalieto (Piedra angular)', en edición bilingüe: un libro sobre la vida, el amor, el viaje, la memoria y el aragonés.

  

El aragonés es como una nieve

que aún no ha sido pisada”

  

El diario es un manera de enfrentarte

al inexorable paso del tiempo”

 

Me reescribo: la traducción literal no existe”

 

 

 

-¿Que dificultades o qué satisfacciones entraña escribir en aragonés?

Satisfacciones, todas. Cuando escribo en aragonés siento que por primera vez pueden ser escritas palabras, frases, sentimientos que nunca lo han sido hasta ese momento. Es como un campo que todavía no ha sido labrado, una nieve que aún no ha sido pisada. Me siento un doble creador. Y la sensación es muy placentera. Dificultades, todas. La lengua no está fijada, no hay un diccionario normativo, los campos semánticos no están muy fijados. Por no haber no hay ni una grafía consensuada…

-¿Cómo es su lengua, cómo se construye un imaginario lingüístico y literario, cómo lo has hecho usted?

El aragonés, al que conocí siendo niño y al que hice mío en mi adolescencia, se construye tomando como base Sobrarbe y el aragonés de esta comarca, que es el territorio en el que aprendí la lengua y al que regreso a menudo para reencontrarme con la lengua y conmigo mismo. Es un territorio mítico en el que se entremezclan mis sueños y mis vivencias. En aragonés no hay una tradición literaria en la que insertarse, así que creo que cada uno de los escritores en esta lengua intenta forjar su propio imaginario. Y en todos ellos hay mucho material autobiográfico.

-'Candalieto (Piedra angular)' parece un libro muy abierto… ¿Cómo se ha ido gestando?

Dede hace quince año trabajo en un libro, 'Libro d'as desilusions', una especie de novela total en la que tienen cabida el relato, el diario, los aforismos, los poemas, los fragmentos narrativos. Y de ese 'Libro d'as desilusions', hace diez años, preparé una selección de lo que consideraba más representativo de mi obra. Lo titulé 'Candalieto (Piedra angular)', puesto que ahí estaba la piedra angular de mi vida y de mi literatura. Lo publicó la editorial Cuatro de agosto en una plaquette.

-¿Cómo convive cada una de las tres partes con las demás?

Por un lado hay una serie de retratos, de semblanzas poéticas de gente que en algún momento de mi vida me ha servido de inspiración. Por otro lado están los autorretratos que, desde hace años, siento el impulso de realizar. Es una manera de hacer balance de mí mismo, de enfrentarme al espejo, de saber en lo que me he convertido. Leyendo esos autorretratos se puede entender mi biografía tanto personal como literaria. Y luego están los fragmentos narrativos, que son como pequeñas relatos o mininovelas.

-Este es quizá, de los suyos, el libro que tiene más retratos y autorretratos explícitos. ¿En qué medida es uste o es una creación literaria?

Podríamos decir que soy yo bajo el artificio de la creación literaria.

-Le cito. ¿Qué tiene Chusé Raúl Usón de embaucador?

Todo y nada. En la comedia de la vida todos representamos el papel que nos imponen e intentamos, sin suerte, representar el que a nosotros nos gustaría.

-En el libro, con cierta sutileza, también se acerca al tema de los bestiarios: 'El búho nival', el 'Autorretrato IV'. Sobre todo hay una pieza especialmente conmovedora: 'Tasmania'. ¿Cómo nace, tiene algo que ver esa peripecia con la propia historia del aragonés?

Queda explicado en el propio poema. Me interesan los últimos especímenes, los últimos representantes. En ellos se condensa la existencia de todos sus predecesores, pero también de todos nosotros. 'Tasmania' surgió de un programa de televisión. Y está emparentado con el poema 'El erizo', de Bernardo Atxaga, aunque me di cuenta a posteriori.

-¿Qué quiere ser el poema 'Le petit Trianon': un diálogo con los padres, una autobiografía con Labordeta al fondo, un poema impresionista…?

'Le petit Trianon' es el retrato de una época, de los años setenta. Mis padres eran jóvenes, yo era un niño. Se estaba produciendo un cambio brutal en Aragón y en España y, como digo en el poema, “nadie sabía nada”. Pero también es otro autorretrato.

-Crea un personaje y una amante o compañera como Dominica o Domi. El libro tiene diversos hilos de continuidad, narrativos… ¿Por qué?

En 'Libro d'as desilusions', a pesar de su aspecto fragmentario, en el que se entremezclan los géneros, se cuenta una historia, a través de unos personajes (Domi es uno de ellos), y tiene un comienzo y un final. Me atrevería a decir que es una novela.

-Otro tema: he tenido la sensación como lector de que me enfrentaba a un diario… ¿Sería esa una lectura posible?

Sí, el formato literario del diario está muy presente en 'Libro d'as desilusions,' y por tanto también aparece aquí, en 'Candalieto'. El diario es un manera de enfrentarte, gracias a la literatura, al inexorable paso del tiempo.

-Uno de los textos mas hermosos del libro es 'Hermanas', que parece nacido del azar. ¿Han sido importantes la intuición y la casualidad en la escrituta de 'Candalieto'?

'Hermanas' surge de la observación y de una frase que oí a mi querido Felix Romeo. “Vivir, escribir sin elipsis”. En la literatura, como en la vida, la intuición es muy importante, pero yo no la tengo. Y la casualidad es una manera de explicar aquello que no logramos explicar con la razón.

-¿Qué supone la autotraducción?

Me interesa más bien verter al castellano mi experiencia literaria en aragonés, aunque algunas veces es necesaria la reescritura. La traducción literal no existe. 

-¿Quiénes son los poetas que lo acompañan más a menudo?

Últimamente no leo mucha poesía, la verdad. Mis referentes son los mismos de hace treinta años: Rimbaud, Pessoa, Cavafis, Carver.

 

 

21/03/2016 00:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALOMA, HOY, EN TIPOS INFAMES

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Aloma Rodríguez, escritora y editora cultural del semanal ’Ahora’, presenta esta tarde en Madrid su cuarto libro: la novela fragmentaria ’Los idiotas prefieren la montaña’, título de una canción de Sergio Algora, protagonista absoluto de este libro que publica Xordica. Sergio Algora, poeta, cantante, narrador, empresario del Bacharach y ciudadado afectuoso lleno de interés por la vida y el mundo, fue el líder de tres grupos de música: El Niño Gusano, Muy Poca Gente y la Costa Brava, y deja una personal obra literaria. 

La presentación es hoy en la librería Tipos Infames y Aloma contará con la compañía de la locutora y experta en música, escritora también, Lara López. Habrá música y champán para todos. 

En diario.es puede leerse una amplia entrevista sobre el libro.

 http://www.eldiario.es/cultura/libros/Sergio-Algora-puso-mente-sol_0_494500864.html

 

PEPE MELERO, HOY, EN ANÓNIMA

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Esta tarde, a las 20.00, en la librería Anónima de Huesca, José Luis Melero presenta 'El tenedor de libros' (Xordica), acompañado por el profesor José Domingo Dueñas, especialista en la obra de Ramón José Sender y los escritores anarquistas. He aquí el primer capítulo de este entretenido libro de libros, lleno de sabiduría, de autores, de anécdotas, de curiosidades. Pepe, todos los jueves, cuenta historias menudas, vidas ocultas, con limpidez, humor y clasicismo. Y a veces se burla de sí mismo y de sus manías librescas. Este texto es un buen ejemplo de su forma de trenzar historias.

 

PENSAR EN LAS MUSARAÑAS

Hay gente que se pasa la vida pensando en las musarañas. Pero a veces basta con que lo hagas una sola vez, en el momento más inoportuno, para que tenga trágicas consecuencias. Es lo que le pasó a Gaudí el 7 de junio de 1926 cuando iba a cumplir con su visita diaria a la iglesia de San Felipe de Neri. Iría pensando en las musarañas cuando fue atropellado por un tranvía en la Gran Vía de las Cortes Catalanas, entre las calles de Girona y Bailén. Su aspecto descuidado hizo que lo tomaran por un pordiosero y no fuera atendido de inmediato. Murió tres días más tarde. Si hubiera vestido como un buen burgués (mi amigo José Manuel Pérez Latorre dice con humor británico que los arquitectos deben vestir siempre de forma impecable, pues en cualquier momento pueden ser objeto de homenaje) tal vez las cosas hubieran sido de otro modo. Se cumplían entonces veinte años desde que Pierre Curie había muerto atropellado por un coche de caballos en una calle de París. También andaría despistado Víctor Seix, el gran editor catalán, cuando fue atropellado durante la Feria del Libro de Fráncfort de 1967 junto a la puerta del hotel Frankfurter Hof donde se alojaba. Llegaba tarde a la ópera, se desorientó un instante y otro tranvía acabó con su vida. Lo más increíble es que ese tranvía iba conducido por un sujeto que se llamaba Adolf Hitler. Carlos Barral, su socio en la editorial, que tuvo que encargarse del papeleo tras la muerte de Seix, así lo contó en sus memorias. Cuatro años antes, otro célebre editor también había muerto atropellado por culpa de las musarañas: Kurt Wolff, el primer editor de Kafka y el editor de Robert Walser o Joseph Roth. Wolff editó en 1927 mi libro preferido de Roth: Fuga sin fin. Por aquí tampoco han faltado despistados que murieron por ir pensando en las avutardas: Ricardo del Arco, que tantos libros escribió sobre Aragón, murió el 7 de julio de 1955 en la plaza de Navarra de Huesca, atropellado por un camión del ejército cuando salía de los porches de la Diputación, y la gran pianista Pilar Bayona acabó sus días atropellada por un automóvil en Zaragoza en diciembre de 1979.

                                                                                                          25-X-2012

 

*José Luis Melero, visto por Luis Grañena.

18/03/2016 07:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PATRICIO PRON: UNA ENTREVISTA

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-¿Cómo nace un libro como No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, qué querías probar?

 Un libro nace siempre de impulsos distintos y habitualmente contradictorios. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles [Literatura Random House] nació como una especie de broma privada entre mi esposa y yo cuando, estando en una ocasión en la residencia de Pablo Neruda en Valparaíso (Chile), y viendo el énfasis que se hacía en ella a la participación del chileno en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia de 1937, empezamos a pensar en la posibilidad incongruente de un congreso de signo contrario y más o menos contemporáneo. Un tiempo después, cuando volví a pensar en esa visita y en nuestra broma privada al tiempo que intentaba testeaba sus posibilidades narrativas, me di cuenta de que un Congreso de Escritores Fascistas Europeos en 1945 permitía, por una parte, hablar de la situación actual de la literatura sin pagar los peajes inevitables cuando se habla del presente; y, por otra parte, esbozar la trayectoria de unas ideas artísticas y unos autores que, a lo largo del siglo XX, fue del arte a la política y de la política al crimen. En algún sentido, cuando quise mirar atrás, la novela ya existía, y yo sólo tenía que escribirla en la medida de mis posibilidades.

 

-¿Por qué te interesan los escritores fascistas, en qué medida hay un error de apreciación sobre su vida y su obra, o un prejuicio?

 Mi interés inicial fue por los escritores futuristas, que conformaron la primera vanguardia y la que más lejos llegó en sus intentos de integrar arte y vida (además de la más deliberadamente disparatada de las vanguardias históricas); fue el hecho de que los futuristas se volviesen fascistas lo que hizo que me interesase por esa conversión que a mí al principio me parecía singular y ahora no tanto. Escribir acerca de ellos y hacerlos personajes de una novela también era una forma de invitar al lector a revisar sus juicios acerca de unos autores (no sólo los futuristas, una buena parte de los escritores fascistas) cuyas ideas políticas (erradas, qué duda cabe) los condenaron a habitar la línea de sombra de la literatura, como si sus libros no pudiesen ser leídos al margen de las vidas de sus autores, que es lo mínimo que podríamos hacer por los escritores.

 

-¿El libro es una novela, un ensayo o un continuo juego de apócrifos?

 A mis ojos es una especie de objeto poliédrico, cada una de cuyas caras es un espejo que mira hacia adentro, reflejando las otras caras del objeto, pero también hacia afuera, para reflejar el rostro del lector. Y es una novela, en virtud de la ley no escrita según la cual novela es todo aquello que se publica bajo ese nombre.

 

-La historia comienza en 1978 pero remite a un cadáver de Luca Borrello en 1945. ¿Quién era en realidad y que habría significado para la literatura?

Luca Borrello es quien, convencido de que la literatura futurista será condenada por su vinculación con el fascismo y la derrota militar y cultural de éste, se propone salvar algo y debe decidir si salvará los textos o a sus autores. Por lo general, creo que decide salvar los textos (que son, en mi opinión, lo único que importa de un escritor), pero la verdad es que (como se pone de manifiesto en la pesquisa que en 1977/1978 inicia Pietro o Peter Linden) también salva a algunas personas. No se salva a sí mismo, por supuesto; pero un escritor raras veces puede hacerlo.

 

-Poco a poco veremos, en este inventario de nombres, de hechos, de libros, lo importante que es el narrador. ¿Qué podemos decir de él sin despejar incógnitas? ¿Cómo es su punto, en qué medida no es un especulador?

 Ningún narrador es un observador inocente u objetivo y lo sorprendente no es que el de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles no lo sea, sino el hecho de que, en su mayoría, la literatura contemporánea en español no parezca haberse dado cuenta de ello hace años.

 

-El libro planea todo el tiempo en la relación entre fascismo y vanguardia. ¿Qué vínculos existen, por qué gentes tan reaccionarias se sintieron cautivadas por la modernidad?

 Vanguardia y fascismo se vincularon inicialmente por un rechazo a lo viejo que a mí, personalmente, me parece la forma más inteligente (aunque la más peligrosa) de relacionarnos con el pasado: el tránsito de ambas fuerzas desde la extrema izquierda a la extrema derecha constituye, además, una especie de advertencia, pero es inevitable que esa advertencia sea desoída una y otra vez.

 

-Siempre que se habla de fascistas y conversadores, se piensa en Ezra Pound, presente en el libro. ¿Qué ha significado para las letras y para la reacción este autor?

Una perplejidad, creo. ¿Estaba loco o no lo estaba? ¿Hasta qué punto hacía el payaso y en qué medida era serio? ¿Qué esperaba? ¿Cómo un humanista como él pudo adherir a una de las ideas más deshumanizadoras del siglo XX? Justo Navarro respondió estas preguntas en una novela espléndida y relativamente reciente titulada “El espía”, pero la perplejidad permanece, y no me parece mal que así sea.

 

-Entre los asistentes a ese congreso, que no se celebró, llevas a varios españoles, entre ellos a un zaragozano. ¿Por qué te has fijado en Masoliver?

 Muy posiblemente por la historia de los tres fusilamientos a los que sobrevivió, que es una historia que debería hacernos reflexionar a autores que a menudo no nos creemos capaces de sobrevivir a una reseña.

 

-Santa Marina ha sido objeto de una tesis del poeta aragonés Juan Marqués. ¿Lo sabías? 

No lo sabía. Al igual que sobre Masoliver, yo no sabía demasiado sobre Santa Marina cuando comencé a documentarme para la novela. Pero fue durante ese proceso de documentación que se puso de manifiesto que la literatura fascista europea tenía autores como Masoliver y Santa Marina que merecían lo que podríamos llamar una “segunda oportunidad”. Al menos una parte de su obra me parece relevante, y creo que la literatura española se empobrecerá, al igual que nuestra experiencia como lectores, si no los incorporamos de algún modo.

 

-El gran momento de la novela, el gran secreto, es la convivencia entre un fascista y un partisano y el eco de los libros. ¿Era eso lo que más te interesaba en el fondo?

Me interesaba la pregunta de qué variables determinaron en un período muy trágico de la historia europea de qué lado se estaba y cómo esas variables, al igual que las ideologías que las determinaban, fueron puestas a prueba durante ese período. Me interesaba tratar de averiguar si la ficción podía contribuir a una discusión acerca de qué sucede cuando nuestras ideas políticas y nuestras prácticas se enfrentan y qué debemos hacer cuando esas ideas ya no resultan útiles para actuar de forma ética, que creo que es una pregunta muy contemporánea.

 

-¿Qué le debes a Borges, a Bolaño y a Enrique Vila-Matas? ¿Serían tus referencias?

Los tres fueron/son escritores magníficos, y me alegra que mi trabajo sea asociado con el suyo porque les debo mucho. También le debo mucho a quienes, además de Borges, fueron nuestros maestros: Georges Perec, Flann O’Brien, Italo Calvino, Marguerite Duras, Arno Schmidt, Maurice Blanchot, Heimito von Doderer. Nosotros somos hijos de ellos (y también de Borges, claro).

 

¿Cómo entiendes la novela, cómo la vives?

La entiendo y la imagino como un mundo dentro del mundo, como una especie de vida imaginaria que, para quienes pensamos principalmente en nosotros mismos como lectores, es también vida mejorada, la parte que más nos interesa de este siempre demasiado breve tránsito por el que consuetudinariamente es denominado un “valle de lágrimas”.

 

¿Qué buscas con los títulos?

Advertir al lector de que se encuentra frente a un juego, y que ese juego tiene reglas distintas a las de otros juegos que ha jugado. Si el lector decide jugar, lo hace por un amor por lo poco habitual, por lo que pretende no ser la repetición de lo ya visto y hecho, que es admirable y que yo soy el primero en celebrar: pero que no diga que no está advertido desde el título de mis novelas de que hay aquí un nuevo juego, que exige un nuevo autor y un lector también nuevo.

 

*La foto de Patricio Pron la tomo de aquí: 

http://www.duendemad.com/leer/patricio-pron-leer-y-escribir

18/03/2016 00:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORDI DOCE: UN POEMA

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“La casa como un cuenco / donde limpias tu espera y su deseo. /Se arremolina el polvo ante la puerta. / Tuya la blanca perfección del hueso”, escribe en ‘La espera’ el poeta y traductor Jordi Doce, uno de los poemas que ha incluido en su antología ‘Nada de pierde. Poemas escogidos’ (Zaragoza, 2016.165 páginas), que ha publicado en Prensas Universitarias. Un libro dividido en cinco partes, compuesto por 77 poemas, que exploran una poesía próxima al silencio: cotidiana y concentrada, de una trabajada naturalidad, que igual constata el asombro de existir, que hace un poema a un ‘Nighclub’ o rinde homenaje a escritores como Andrés Sánchez Robayna o Marguerite Yourcenar. Sigue el vuelo del gorrión y dice: “Qué poco necesita y cuánto engendra / su espiral impredecible”. Se trata de un volumen muy especial, trabajado y minucioso de un poeta que también es editor en Vaso Roto y en Galaxia Gutenberg. Jordi Doce estuvo en Zaragoza el pasado fin de semana, en la Escuela de Escritores que dirige Julio Espinosa, el poeta y narrador chileno afincado en Zaragoza, en concreto en el barrio de Miralbueno. Copio aquí un precioso e intenso poema dedicado a Marguerite Yourcenar; su foto es de Sophie Bassouls.

 

LECTURA DE MARGUERITE YOURCENAR

 

[a Juan Ignacio González]

 

La tranquila insistencia del agua en mi ventana
es también, esta noche, la calma del lector,
la intriga del que ha entrado en el secreto.
‘Cartas a sus amigos’: el arco del vivir
y su diana invisible, inalcanzable;
los pasos bailarines de la araña
sobre la red que teje y es el tiempo;
el debe y el haber de cada día
en un libro de cómplices y amigos
que acoge al visitante y no se cierra.

Conocemos los años que estas cartas
no predijeron:
los libros enlazados, los disturbios
del cuerpo y de la edad,
la compañera muerta y el compañero muerto,
los planes que planean su retraso
y se llaman sosiego, deber, resignación.
Los cartas no sabían el futuro
pero su voz, tan plena, algo avistaba,
segura de su rumbo y de su estela.

‘Mi sonrisa no es tanto de alegría
como un gesto cortés o de benevolencia...’
Un arte de la contención, quizá,
entre el orgullo y la elegancia,
o el sesgo con que dice lo que dice,
el hálito tenaz de lo que calla,
‘no abundan los oídos finos...’
El círculo de fuego de los íntimos
era un modo de conversar a solas,
de compartir su soliloquio austero.

Lo que resuena en estas páginas
con un tenue chasquido de hojarasca
-sus pasos al azar sobre la hierba-–
es la necesidad de la conciencia
y la conciencia de lo necesario,
el peso de los hechos que nos hacen
y son historia y son fidelidad,
no la ley excluyente de la sangre
sino el tiempo del fruto y de la herencia,
la cadena central de las generaciones.

Leer es despertar a otra existencia.
Yo regreso esta noche al invierno de Maine
y sus flores de hielo en las ventanas,
plana vegetación que alienta, prisionera,
sobre ‘la fina nieve del jardín’,
imagen del cristal de la memoria
y su rigor indescifrable.
Me guía el eco de un retrato,
el pañuelo que envuelve un rostro inquisitivo
y es un cetro de luz sobre la frente alzada.

La pienso en su retiro, en su fluir discreto:
un techo de rutinas, una isla de viento,
‘soy hija de la tierra y del cielo estrellado’,
la doble dependencia que fue su lema tácito
y puso en equilibrio su vida y sus palabras...
Cierro el libro y mis ojos;
la tinta de la noche se disuelve
y deja al retirarse un gesto, una silueta:
es su sombra que teje nuevas frases,
que palpa sus fetiches y sonríe con Buda.



-De la antología ‘Nada se pierde. Poemas escogidos’ de Jordi Doce. Prensas Universitarias de Zaragoza, colección La Gruta de las palabras.  Zaragoza, 2016.170 páginas.

18/03/2016 00:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CONGET: CARTAPACIO DE TURIA

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’TURIA’ DEDICA UN MONOGRÁFICO A JOSÉ MARÍA CONGET

Y PUBLICA UN TEXTO INÉDITO SUYO

 

-José-Carlos Mainer presenta mañana, en el IAACC Pablo Serrano, le nuevo número de la revista del Instituto de Estudios Turolenses que dedica un monográfico a la revista ’Turia’, en el que participan expertos y amigos del gran narrador zaragozano, que reside en Sevilla.

 

[Nota informativa de Turia] Zaragoza se ha incorporado estos últimos años al circuito de presentaciones que organiza la revista TURIA en diferentes ciudades. Tras más de tres décadas de trayectoria, la publicación cultural editada en Teruel ha consolidado así su vocación de seguir ejerciendo un cosmopolitismo con raíces y convertirse en una revista cultural de referencia en español.

Tras los monográficos dedicados a Ignacio Martínez de Pisón (2013, Teatro Principal) y Benjamín Jarnés (2014, La Aljafería), mañana miércoles 16 de marzo, y a las 20 horas, en el Museo Pablo Serrano tendrá lugar la presentación de una nueva entrega dedicada al escritor José María Conget, Premio de las Letras Aragonesas. 

El citado acto contará con la presencia del homenajeado y tendrá como maestro de ceremonias a José Carlos Mainer, catedrático jubilado de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza y uno de los mayores estudiosos de nuestras letras contemporáneas.