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CITA, PÓSTUMA, CON FÉLIX ROMEO

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‘NOCHE DE LOS ENAMORADOS’ DE FÉLIX ROMEO

LLEGA A LAS LIBRERÍAS

Ayer me llegó, y ya está en algunas librerías, ‘Noche de los enamorados’, la novela póstuma de Félix Romeo.  El relato del crimen de Santiago Dulong: mató a su mujer, María Isabel Montesinos, tras una discusión el once de septiembre de 1994. Dulong era bisnieto del primer alcalde republicano de Zaragoza; había estado casado antes con María Pilar, que también murió en extrañas circunstancias. Félix coincidió con él en la cárcel de Torrero, cuando ingresó por su insumisión al servicio militar. La novela es un retrato de los dos personajes, un rastreo en sus vidas, una indagación en las razones del crimen y es también un libro sobre cómo se escriben los libros, sobre cómo se investiga, y es una defensa de una mujer, a la que la vida no le sonría en exceso: bebía en exceso, había ejercido la prostitución. ‘Noche de los enamorados’ tiene todos los ingredientes de la narrativa de Félix: la reflexión, el viaje a los diccionarios, tan importante aquí, la enumeración, la provocación, el lirismo y esa humanidad suave y feroz a la vez de Félix, como escritor, como ciudadano y como insumiso ilustrado constante. Aquí aparecen cuadros, libros, películas, historias de otros personajes, su propia compañera Lina Vila, autora de la portada. Félix vivió con ella, durante cuatro años, una intensa y arrebatada historia de amor. Descolgaba el teléfono y le decía, como si fuera un personaje de novela negra: “Qué tal, rubia”. A veces, decía ante un helado en Independencia con una media sonrisa: “Soy partidario de las rubias peligrosas”. El relato se acompaña de otro libro, ‘Viva Félix Romeo! donde se recogen algunos de los artículos que se han publicado tras la muerte de Félix en periódicos y revistas de todos el país.

A Félix le habría hecho inmensamente feliz esta edición. De formato de bolsillo y en tapa dura, elegante y cuidada, con la letra muy grande. Son dos libros que palpitan de emoción.

14/02/2012 11:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

J. CASANOVA RECUERDA A FRASER

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LA ELEGANCIA NARRATIVA DE RONALD FRASER

[El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza Julián Casanova me envía el artículo que ha publicado hoy en ‘El País’ sobre Ronald Fraser (1930-2012), que fallecía el pasado viernes, el autor de ‘Recuérdalo tú y recuérdalo a otros’ (Crítica) y ‘Mijas. Escondido’ (Alfons el Magnánimo) entre otros textos. Fraser y Casanova eran muy buenos amigos. La foto la he tomado de internet y pertenece a ‘El País’, a Carles Francesc.]

 

Texto de Julián CASANOVA. ‘El País

Su libro Blood of Spain (1979), traducido al castellano como Recuérdalo tú y recuérdalo a otros (Crítica), fue la primera guía para descubrir las historias escondidas de la guerra civil española, la opinión de hombres y mujeres, vencedores y vencidos, que rara vez aparecían representadas en los documentos históricos. Ronald Fraser aportó energía y creatividad a la escritura de la historia. Con las fuentes orales como principal munición, abrió múltiples caminos hasta entonces inexplorados y elaboró una historia “desde abajo”, la primera de ese tipo que se hacía sobre nuestra guerra civil, para captar, según sus palabras, “la experiencia vivida por las personas que participaron en los hechos”.

Fraser, que entonces ya había publicado en inglés la historia de un “topo”, Manuel Cortés, el alcalde republicano de Mijas (Escondido, Institució Alfons el Magnànim), y  después una brillante inmersión en los traumas de ese pueblo malagueño durante el siglo XX, recogió en sus investigaciones los aires renovadores que soplaban entonces en amplios círculos de la historia social marxista británica, el cruce de caminos entre la historia, la sociología y la antropología. Acababan de aparecer dos revistas científicas que ahora nos resultan clásicas, Social History y History Worshop, y Paul Thomson había publicado un año antes de la obra de Fraser The Voices of the Past, (edición española en Institució Alfons el Magnànim), una de las primeras introducciones al método y significado de la historia oral. De ese contexto interdisciplinario y del interés por sacar a la luz las voces ocultas del pasado, que no habían podido expresarse durante la larga dictadura de Franco, salió la obra de Fraser.

Escribió historia con la agudeza de ingenio de un novelista, el método de un antropólogo y la visión crítica de un periodista político. Su última y monumental obra, La maldita guerra de España (Crítica, 2006), una historia social de la guerra de la Independencia, es la mejor muestra de esa pasión intelectual por nuestra historia que atravesaba disciplinas y períodos.

Uno de los principales valores de su obra, y es por lo que muchos la admiramos desde nuestra primera lectura, es que transmitía las entrevistas como narraciones, con un estilo y lenguaje que sintetizaba de forma magistral la doble faceta objetiva y subjetiva de la historia.  Con su obra en  la mano, era más fácil defender que la historia oral era algo más que una sub-disciplina de la historia, luchar frente a la resistencia e indiferencia que las fuentes orales suscitaban, y suscitan, en una profesión dominada por la veneración del documento escrito.

Ronald Fraser era un hombre del mundo, nacido en Hamburgo en 1930, de padre escocés y madre norteamericana, educado en Inlaterra, Estados Unidos y Suiza, que vivió los últimos 25 años en Valencia con la historiadora Aurora Bosch. Ronnie me honró con su amistad, en Londres y en España, y para mí siempre fue un referente en el aprendizaje de cómo imaginar y escribir historias. Yo lo recordaré y se lo recordaré a otros.

 

RONALD FRASER HA MUERTO

Por Jaume FABRE. De La Lamentable.org [Tomo de ahí el texto]

 

 “Quería ir más allá de la historia de los dirigentes, que es la que casi siempre se hace, porque los dirigentes tienen una representación política y sindical que depende y tiende más a la justificación que al recto objetivo. Me interesaba más conocer el punto de vista de la gente del pueblo, la que ha hecho realmente la historia y la que ha sufrido más duramente sus conscuencias. Es gente que dificilmente dejará nada escrito y por ello es importante recoger sus testimonios ahora que aún están vivos”.

Ronald Fraser me explicaba su punto de vista en una entrevista que le hice durante las jornadas del multitudinario Coloquio Internacional sobre la Guerra Civil Española que tuvo sus sesiones en el Palacio de Congresos de Barcelona un fin de semana de abril del año 1979. La sala grande estaba a rebosar, con mucha gente de pie.

Fraser, ex periodista, escritor “manqué” –como acostumbraba a decir— e historiador alejado de los ambientes académicos, había merecido el honor de figurar en aquel coloquio junto a Pierre Vilar y Pierre Broué como responsable de una de las tres únicas ponencias presentadas. Acababa de aparecer en España su libro Recuérdalo tu, y recuérdalo a otros, donde había recogido 250 testimonios de “gente corriente” sobre la guerra civil española. Para escribirlo, había venido a España el verano de 1973. Llevaba en el bolsillo un contrato con doce editoriales que le habían avanzado sus derechos de autor. Con ese dinero pudo trabajar dos años pero se quedó tres años más, sin recursos y pasando serias dificultades económicas. Su libro marcó un antes y un después en la investigación histórica, tanto por las reticencias que existían entonces sobre la denominada “historia oral” como por su mirada sobre los ciudadanos de a pie, dos planteamientos entonces absolutamente novedosos. Para mí, entonces un muy joven historiador/periodista, fue una revelación que marcó también todo mi trabajo futuro.

Ronald Fraser murió el pasado viernes 10 de febrero en Valencia, donde vivía desde finales de los ochenta con la historiadora Aurora Bosch, de quien acaba de aparecer su último libro (Miedo a la democracia, ed. Crítica) una interesante investigación en los archivos norteamericanos sobre el papel de los embajadores de los Estados Unidos en España durante los años de la Segunda República. Un libro que pone en evidencia como no se enteraban, o más bien no se querían enterar, de nada que fuera más allá de los intereses económicos de su pais, y de como el lobby católico estadounidense condicionó las tomas de posición del presidente Roosevelt respecto al franquismo.

 

*La foto es de 'El País'.

12/02/2012 14:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO GAVÍN Y 'EL MONJE' DE LEWIS

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El confesor de La Seo que anticipó ‘El monje’

Genaro Lamarca publica ‘El licenciado Lucindo o el cura canalla’, una novela breve del sacerdote protestante Antonio Gavín, que fue la fuente del libro gótico de Lewis

 

Luis Buñuel redactó un guión de Jean-Claude Carriere que llevaría al cine Ado Kyrou. Dominik Moll dirige una nueva versión con Vincent Cassel

 

 

“Antonio Gavín integra la formidable nómina de heterodoxos aragoneses: Serveto, Miguel de Molinos, Gracián, Goya, Buñuel o, entre otros, José Antonio Labordeta. Todos tenían una gran personalidad, lucidez, genialidad y una cierta inclinación a la bronca. Podían ser desabridos”, explica Genaro Lamarca Langa, historiador de la Universidad de Zaragoza. En Zaragoza y Aragón pocos, muy pocos conocían a este personaje de novela: no sabe con certeza si nació, hacia 1682, en Zaragoza o en Mediana, de donde era su familia, estudió con los jesuitas, se ordenó sacerdote y fue confesor de La Seo y canónigo del Pilar, con interrupciones, entre 1705 y 1711, fecha en la que decidió huir “perseguido por la inquisición más política” a Inglaterra, más tarde a Irlanda, y acabó sus días en Virginia, Estados Unidos, donde tuvo dificultades con sus parroquianos porque se oponía a la esclavitud; casado con Rachel, frecuentó al que sería tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, al que legó su biblioteca cuando era un niño de siete u ocho años.

“Me atrajo este personaje porque lo cita Latassa en su ‘Diccionario’. Casi todos los datos están mal. Me puse a trabajar sobre él y edité en la Institución Fernando el Católico, en 2008, el primer volumen de ‘A Master-Key Popery’ con el título de ‘El antipapismo de un aragonés anglicano en la Inglaterra del siglo XVIII. Claves de la corrupción moral de la Iglesia católica’, un libro de gran éxito, tuvo quince ediciones entre los siglos XVIII y XIX, poco menos que ‘El Quijote’ y las mismas que ‘La Celestina’. El libro nacía de sus experiencias en La Seo y  en el Pilar. Contaba cosas verdaderas, y terribles, y otras inventadas”.

Del segundo volumen, Genaro Lamarca acaba de publicar un fragmento especialmente significativo: la novela corta que ha traducido como ‘El licenciado Lucindo o el cura canalla’ (IFC, 2011), donde Gavín dice que le ha llegado un manuscrito, “escrito por don Juan Chueca”, que incorpora a la nómina de retratos y relatos de curas, de vidas poco ejemplares como la de Lorenzo Armengual, la del deán don Pedro, que promovió una orgía entre damas zaragozanas y militares franceses, la de un capellán salaz, o la de un sacerdote y eunuco como don Manuel, especializado en la perdición de monjas.

La aparición de este libro no debiera pasar inadvertida porque, según Genaro Lamarca, en él está la fuente más directa de la novela ‘El monje’ (1796) de Matthew G. Lewis, un libro considerado como una de las cumbres de la novela gótica, que fue condenado en su día “por impío, libertino, ateo y corrompido”, entre otras cosas por el retrato que hacía del sacerdote Ambrosio, que era un modelo de pureza, y finalmente se entregó a los placeres de la carne y al crimen, y acabaría siendo condenado a muerte por la Inquisición.

Esa novela, excesiva y arrebatada, ha suscitado elogios de Lovecraft y ha atraído numerosas miradas desde el cine. A Luis Buñuel le interesó mucho la historia, que tiene algo de folletín desaforado con un protagonista insólito: un cura muy cruel. Buñuel redactó con Jean Claude Carriere un guión, que rodó un amigo suyo, el griego Ado Kyrou. Más tarde, en 1990, se estrenaría otra versión de Francisco Lara, y ahora está en cartel la última versión de 2011 Dominik Moll, con Vincent Cassel.

“A Gavín se le ha ocultado por sus críticas la iglesia y a los jesuitas. Y además nadie lo ha reivindicado, como sucedió con Blanco White. Podría haberlo hecho Sender, que copió muchas páginas suyas para su ‘Carolus Rex’. La idea de que Lewis conocía esta novela corta, que sucede en Zaragoza y contiene una autobiografía del propio Gavín en sus primeras páginas, no admite demasiadas dudas. Algunos lo habían dicho antes: Menéndez Pelayo, Juan Antonio Molina Foix, traductor de ‘El monje’ o Néstor Luján, que fue quien más afinó”, señala Genaro Lamarca, y precisa que los protagonistas de ambas novelas, Ambrosio y Lucindo se parecen mucho. Ambos son españoles, curas lascivos y sin escrúpulos, hipócritas y asesinos. Tienen muchos puntos en común.

Añade: “El dato más determinante para mí es la figura femenina de la novela: en ambos casos se llama Antonia, las dos jóvenes no saben nada del mundo, son bellísimas y poseen el mismo carácter: admiran a Ambrosio y Lucindo, que las violarán y acabarán con su vida”. Si en ‘El monje’ la historia es complicada, y rica en situaciones, personajes, castillos y pactos demoníacos, en ‘El licenciado Lucindo’ es algo más sencilla: el cura seducirá a la joven, y a dos mujeres más, Flora y Clara, y el autor “ni incurre en moralina ni condena a muerte a Lucindo”. El libro de Gavín, publicado originalmente en inglés, había conocido diversas traducciones al francés y al holandés, y “seguro que Lewis las leyó. Lo único que llama la atención es que no cite esa referencia: es tan obvia que roza el plagio. Hay que pensar que Lewis era un joven de apenas 20 años. Hay incluso en los dos textos una referencia a Murcia como lugar exótico o lejano. ¿Qué iba a saber Lewis de Murcia?”.

¿Por qué ha interesado tanto un texto como ‘El monje’? Gerardo Lamarca afirma: “Por su anticlericalismo y por el morbo. No es frecuente encontrarse con un personaje así, sin escrúpulos, tan desmesurado. Parece de un folletón actual de televisión”. Gavín, que había sido austracista y capellán de mar, amigo del militar inglés James Stanhope, se convirtió al anglicanismo. Hacia 1724, durante su estancia en varias parroquias en el suroeste de Irlanda, miró hacia Zaragoza y se encontró con alguien que acabaría siendo un personaje de terror y que en el fondo era “la síntesis de los clérigos y frailes libidinosos, codiciosos e hipócritas que había conocido mientras era perseguido por los inquisidores”: Lucindo. Una especie de Barbazul aragonés.

 

12/02/2012 12:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESTEL JULIÀ: CINCO POEMAS

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La poeta y traductora Estel Julià acaba de terminar un nuevo poemario, ‘Zapatos imposibles’. Me manda una pequeña selección de textos, que se abre con una ‘Poética’. Dice Estel con humor: “Son una buena muestra para saber de qué trata el poemario, cómo son esos zapatos y cuál debe de ser el príncipe que algún día los calce”. Su foto, la primera, la realizó Toni Balanzà. Las demás son de la británica Kirsty Mitchell.

 

 

POÉTICA IMPOSIBLE

 

Se abren las palabras en el papel

como se abre un camino

que se anda con zapatos imposibles

y conduce al poder de las palabras.

Dejar la puerta abierta, entrar,

o quedarse al otro lado.

Solo un hilo conductor

entre mis dedos y tus oídos.

Andar por el cable de acero

o salir corriendo descalzos

porque las palabras queman,

los sonidos queman,

queman las imágenes.

 

 

 

UNA MUJER DESCALZA

 

Flor desconocida

bifurcada, herida, temblorosa

como sacada de un cuadro,

pintada del natural,

apareció casi imperceptible a los ojos.

Escondida, pequeña, muy niña,

anidó en un lugar olvidado

en el cuerpo de la madre.

Y se elevó, quiso tocar el cielo,

el techo de las hojas,

beber el agua inaccesible,

pero sólo lamió el viento de la memoria

mientras los otros desconocían

el secreto de su lengua.

Como abandonada

fue descubrirla

en un pequeño hueco de la tierra.

 

 

CIUDAD EMBRUJADA

 

Los tulipanes están cerca de las ventanas

puedo verlos a través de los visillos.

Se respira la nostalgia de otros tiempos,

se cuela por las chimeneas

como Embrujada sin zapatos

que llega a una ciudad de cielo tenebroso.

Y todo se ilumina a través de los cristales

con las manos de pintores antiguos

que dibujan las calles de mi cuerpo

y las huellas que han dejado mis pies

en la tibia blancura de la noche.

 

 

ABRIL, 14

 

El día parece

que se prorroga y sobrevive

al recuerdo de los pétalos

arrancados a una fotografía.

Sobrevive también a peces que bailan

al compás del agua que interpreta

el tempo de las horas

(a sabiendas

que sonarán domingo

las siete campanadas)

No quiero que me coja

por sorpresa el día

y me apresuro a guardar

los zapatos de cenicienta.

 

 

SERÉ VIDA

 

Me vestiré de hiedra

germinaré en ti

naufragaré en tus campos

sin que aprecies la leve brisa.

Me enredaré en tu vientre,

por ti, seré primavera

de algas y verde trigo

y cuando el otoño llegue

me anunciaré con luna

de henchida vela

y en el mar de firmamento

nacerá la vida.

 

12/02/2012 11:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISABEL GONZÁLEZ: UNA ENTREVISTA

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Isabel González (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1972) publica ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma), y ofrece una voz muy especial. Sus cuentos transcurren entre la alucinación, el espejismo y una vida cotidiana asaltada por fantasmas o por lo maravilloso. Sus cuentos dejan sin aliento: le gusta contar historias dentro de la historia, y siempre hay un elemento inquietante, un extrañamiento que te deja perplejo y plantado al borde del abismo. [Una parte de este texto aparecía ayer en 'Heraldo de Aragón]

¿Desde cuándo escribe Isabel González?

De forma regular, desde hace siete años. Así de tajante. Lo que siempre he tenido es la sensación de vivir en un proceso de almacenaje de estímulos y de ideas. Esperaba el día en que todo eso se desbordara y me viera obligada a poner un papel debajo para recogerlo.

 ¿’Casi tan salvaje’ es un libro donde se suman diversos cuentos o quiere ser un libro unitario, con una unidad de fondo?

Es un libro con absoluta vocación de ser una obra unitaria. Todos los cuentos han sido escritos el mismo año, con la misma parte del cerebro y con el mismo pijama. Me levantaba muy temprano. A esas horas en que todavía no ha amanecido, cuando el sueño aún colea y las preocupaciones del día quedan lejos. En esas circunstancias, el estado de conciencia es distinto. Se piensa sin tantos condicionantes. Con menos dolor y con más lucidez. De una forma imprudente y también gozosa.

 De entrada, ¿cuál es o cómo defines ese territorio donde te sitúas en el relato? ¿El territorio de lo espectral, de lo cotidiano con sombras, de lo fantástico...?

Me situaría en el territorio de lo espectral en cuanto a la memoria, en cuanto a lo que insiste en volver por mucho que se haya ido, y en el terreno de lo cotidiano con sombras, en cuanto al reverso de las motivaciones a las que creemos responder cuando actuamos. Me resulta curioso, sin embargo, destacar la vertiente fantástica de mis cuentos. Fantásticos y deslumbrantes son, por ejemplo, los cuentos de otra autora zaragozana, Patricia Esteban Erlés. En ellos, lo fantástico penetra de lleno la realidad. La subvierte. Creo que en mis cuentos, si hay algo fantástico, lo único que hace es incidir en lo que ya se da. Remarcarlo. Empujarlo al abismo. Tengo debilidad por lo grotesco, por lo turbio. Para desgracia de mis personajes, creo que lo patético está siempre más cerca de la verdad que lo sublime.

 ¿Cómo quieres que sean tus cuentos? Lo digo porque siempre hay un secreto, una herida, una sombra, una tensión que no se describe pero está ahí.

Honestos. Bastante tenemos con escondernos en nuestra vida cotidiana como para escondernos también cuando escribimos. La escritura es el terreno de la libertad, y si no es así, no es nada. Supongo que la tensión proviene de la colisión entre el deber y el deseo. Cortázar decía que en un buen cuento, siempre debe haber la sensación inminente de que algo va a suceder. Un excelente consejo.

 ¿Quiénes serían tus modelos? Se ven las huellas de Chejov, de Piglia, de Carver, de Alice Munro...

Alice Munro te apuñala a la vuelta de la frase que menos esperas. Carver —o más bien, Gordon Lish— es el maestro del fraseo, pero tal vez prefiera a Cheever por su desgarro lleno de epifanías miserables. Mataría por la mirada inquisitiva de Flannery O’Connor. Por la capacidad de evocación de Clarice Lispector. Por la inteligencia de Herta Müller. Por el ritmo de Amy Hempel… Son legión. En general, muchos de los autores que me atraen podrían encuadrarse en el gótico sureño de Estados Unidos, que a pesar del nombre, nada tiene que ver con la escritura recargada ni con las palmeras.

 

Hablemos de algunas piezas: el amor, con sus cicatrices, está muy presente en ‘No es amor lo que se pide’, en ‘Material...’ o ‘Casi tan salvaje’, por ejemplo... ¿Cómo defines el amor y, en particular, el amor del libro?

El amor —a menudo, también la familia— es la trampa y es el refugio. En nombre del amor se mata. En nombre del amor, alguien entra en una casa en llamas para rescatar a un niño. El amor, como dice el primer cuento del volumen, es un montón de cosas. Es tantas cosas que la palabra se diluye, muta, se deja fagocitar. Un trozo de pan es amor, un bofetón bien dado es amor, dos perros copulando es amor, parir es amor… Desmitifiquemos el amor. Pongamos cada cosa en un estante y escojamos cada instrumento para una cosa. No podemos cargar con toda la caja de herramientas cada vez que hemos de apretar un tornillo. Nos vamos a hacer daño, seguro.

 ¿Cómo surge ‘Casi tan salvaje’, esa historia de una madre y una hija, de los pájaros muertos y de esa inesperada relación de pasión oculta?

Esta historia surge al final. He acabado de escribir el libro, lo leo, me doy cuenta de qué es lo que he querido contar y decido añadir un cuento más, un cuento que por decirlo de algún modo, aglutine el espíritu del volumen.

A menudo, es un recuerdo, una frase o una imagen lo que me sirve de disparadero para comenzar un cuento. Rara vez escribo sabiendo lo que va a suceder y cuando lo hago, procuro violentarme, incluir elementos erráticos que me obliguen a tomar decisiones inesperadas. Esos flecos suelen ser lo más jugoso. Me gustan los cuentos despeluchados. En el relato ‘Casi tan salvaje’, el disparadero fue el recuerdo de un taller; el argumento, una historia que me contaron —por supuesto, completamente desubicada y manipulada— y el tema, la incapacidad de una mujer para ejercer su voluntad. Esta mujer oculta su voluntad tras las palabras amor y felicidad. Tras la palabra destino, incluso. No se atreve a decir: “lo hice porque quise”. Pronuncia: “lo hice para no haceros daño, porque os quería, porque no me quedaba otro remedio”. Sólo cuando reconozca la importancia de su voluntad, podrá asumir su vida.

¿Le debes algo a Ejea de los Caballeros y al mundo rural? Lo digo porque muchos de los cuentos, en su atmósfera de espejismo, parecen transcurrir en el campo.

A Ejea de los Caballeros, a mi familia, le debo sobre todo una infancia feliz. La verdadera patria del ser humano, que decía Rilke. Además, crecí en una gasolinera a las afueras del pueblo, en ese cruce de caminos entre lo silvestre del paisaje y lo industrial del petróleo, de la maquinaría agrícola, del esfuerzo por domar la tierra. Todos los veranos, desde los surtidores, veía la enorme bola del sol rojo ocultarse por el horizonte; olí el gasoil y la tierra tras la tormenta; tuve un cuervo herido convertido en mascota, la madera crujía en las noches de insomnio... Todos esos descubrimientos y también esos temores que sólo el mundo rural puede proporcionar a un niño. Porque el mundo rural es de una riqueza insospechada, una riqueza más latente que explicita. Un mundo de ocultaciones. De secretos a voces, donde lo colectivo sigue pesando mucho frente a lo individual. Dice Herta Müller que la tierra es voraz, que sólo nos alimenta para que ella pueda alimentarse luego de nosotros. Yo no tengo una visión tan macabra del paisaje, pero sí que es cierto que en los pueblos —y eso que Ejea ya tiene su tamaño—, el ciclo de la vida y de la muerte se asume de una forma más cotidiana. Los animales se sacrifican, se visita a los muertos, los conocemos. Eso crea una sensibilidad especial. Una fortaleza y un sentido del humor inimitables. Basta con visitar Ejea para comprobarlo.

Todos los cuentos son inquietantes, no de horror, pero a veces cercanos a una indefinible forma del espanto. ¿Por qué? ¿Es una estética, un punto de vista, una forma de ver el mundo?

Uf, qué cosas tan bonitas me dices: indefinible forma del espanto. Cómo no. El mundo es espantoso y su catálogo de torturas más que indefinible es inabarcable. No es una visión complaciente, no, pero es la mejor definición del mundo en su doble vertiente. Lo espantoso como terrorífico y lo espantoso como asombroso. Lo terrorífico nos pone en contacto con el misterio y el asombro nos salva. Nos salva la curiosidad. Alguien dijo que aceptaría morir sin más problemas si le aseguraban que una vez al año, podría levantarse y leer el periódico.

Hay un cuento, ‘Líneas’, sobre las relaciones de trabajo pero también sobre la prensa, sobre la puesta en página, sobre el diseño y la información. ¿Qué quieres decir, cuál sería ahí tu mensaje, cómo debe ser el equilibrio entre diseño con sus blancos y texto?

Los blancos… Los blancos nos encantan a los diseñadores, pero la gente que no se dedica a esto, en cuanto ve un blanco, dice: “¿no te parece que aquí hay demasiado espacio en blanco, demasiado vacío?” Y es normal. Se produce una especie de “horror vacui”, de miedo al vacío. Es natural. Es más humano. La naturaleza aborrece el vacío. La vida quiere llenarlo todo. También esos espacios en blanco que los diseñadores nos empeñamos en poner para equilibrar los pesos.

El cuento ‘Líneas’ habla precisamente de la tensión entre lo estético-artificial frente a lo ético-vital. En este caso triunfa lo ético-vital, pero que conste que yo adoro los blancos, a ver si ahora me voy a quedar sin trabajo. 

¿Cómo vive una cuentista, una narradora, en la sección de infografía y maquetación de un periódico?

Como en un zoo lleno de especies humanas diversas —y casi en extinción dado el momento que vive la prensa—. Las secciones de diseño son el comedero donde se acercan todos para que les hagan una página o un gráfico. Es el espacio idóneo para la observación del comportamiento humano en condiciones casi de laboratorio. En un periódico habitamos muchos, muchas horas, sometidos a mucha presión en muchas ocasiones. Estallamos, nos odiamos, nos amamos. Como animalicos. 

 Última cuestión: ¿cómo afrontas la escritura, el lenguaje, el ritmo narrativo?

Para mí, la escritura es ese cuarto de juegos —cuanto menos ingenuos mejor— donde todo está permitido porque uno está solo. Solo y en silencio. Es entonces cuando la cabeza se pone en marcha. Una cabeza, que por costumbre, trata de extraer consecuencias de las causas; una cabeza que tengo que mantener a raya porque se esfuerza en subordinar frases de un modo innecesario y hasta artificial. La yuxtaposición libera, desata, selecciona —es inevitable—, pero creo que juzga menos. Que permite esas grietas, esos espacios vacíos que el lector completa con su mirada, sus conclusiones y sus vivencias. Un tipo de escritura así sería inviable sin el ritmo. El ritmo es la columna vertebral.

 

11/02/2012 12:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NURIA RUIZ DE VIÑASPRE: POEMAS

Nuria Ruiz de Viñaspre. Foto: 'Enclave revista'.

 

Nuria Ruiz de Viñaspre (La Rioja, 1969) es poeta y editora del grupo Anaya. Es autora de varios poemarios, entre ellos ‘El pez místico’, que publicó en Olifante. Hace unas semanas publicaba en Luces de Gálibo el libro ‘Órbita cementerio’, un poemario de carácter existencial, de preguntas que no siempre tienen respuesta, de amor, de identidad y pérdida, de incertidumbre y desolación, donde la voz poética busca asideros, certezas, la densidad de los sueños, y los atisba a través de un lenguaje impregnado de hondura, de filosofía y de intensidad. He aquí algunos poemas. Las fotos que la acompañan son de Andreas Ulvo, un excelente fotógrafo de atmósferas y de retratos.

 

 

De ‘Órbita cementerio’ de Nuria Ruiz de Viñaspre.
Luces de Gálibo. Barcelona, 2011. 82 páginas.

 

 

 

 

[pág. 40]

 

Stabat Mater dolorosa

Iuxta crucem lacrimosa

Dum pendebat filius

Cuius animam gementem

Contristantem et dolentem

Pertransivit gladius

Inocencio III

 

mi corazón es un asteroide

a veces es el planeta rojo que bombea sangre a mis

encías

un metal hincado entre mis costillas

una piedra sin padre que atornilla el diámetro

de mi hueso

y consume con carácter el cráter de más adentro

mi corazón es una fractura en mi cuerpo

la carga que soporta mi soporte

el impuesto de mi vida de mi tiento de mi ciencia

una estrella fugaz que cayó de Marte

en alguna guerra malgastada

un dinosaurio entre rocas en este cementerio

de escollos

—estación futura de fósiles y hombres—

 

pero mi corazón es un asteroide de presencia obligada

para deforestar mi espada

porque aunque nuestros cuerpos

estén acuñados para el dolor

yo solicito mi daga para acunar mi herida

 

 

 

 

 [pág. 43]

 

la civilización desemboca

en la degradación de la especie

Ch. Richet

 

prefiero dormir agrietada a la intemperie

que en una aquilatada fosa con un acero a cuestas

prefiero la mosca-cebo en el sedal

antes que el arañazo feroz de tus ojos en mi

espalda

—soledad maciza que abate como hielo rojo—

 

prefiero el óxido de la metralla en vena

al disparo anónimo en este asfalto

prefiero tu madera carcomida

a la armadura de mi cuerpo

—tus astillas destruyendo las paredes

de mi carne—

 

prefiero esa carne mía putrefacta

a mi venidera carne putrefacta

prefiero los gatos fermentados

las ballenas encalladas casi agrias

los caballos malhablados con sus crines desbocadas

prefiero los sin tierra y sin latido

con su azufre suplicando cicatrices

 

prefiero la maraña que le sigue a tu indolente sexo

siendo muralla enmarañada en mi cerebro oblicuo

prefiero lo vil lo más indigno la miseria

lo prefiero para no defraudar ni espíritu ni sexo

ni latido

y tener la certeza casi diaria de que el bienestar

no existe

 

 

 

 

[pág. 55]

 

 in principio erat Verbum

et Verbum erat apud Deum

et Deus erat Verbum

hoc erat in principium apud Deum

 

Evangelio de San Juan

 

animal que nunca hibernas

bestia torpe que aúllas dialectos inauditos

desde el faro que vigila mi trinchera de costillas

asesinas

cíclope voraz que acuchillaste mis narcisos

 

devuélveme las golondrinas    los cuervos

mi zanja

devuélveme esa fosa   mi espada        mi costa

 

hermano del humo      del vértigo       y el lodo

asimétrico chacal con feroz idioma

¡qué estrafalario Caín fuiste de tu furtivo Abel

—y de su costra!

 

no eres más que el producto de este caos tan

inminente

el recién nacido precipicio que avanzó bucle

como avanza el soldado sin linaje en su línea                                                                                  de fuego

 

desciende pues tu mano hacia mi vientre

—balanza oscura de lo raro—

centra mi eje con la escuadra de tu esfera

y no desequilibres mi derrota con tu hueso fino

 

 

 

 

 

 

NICOLÁS MELINI PUBLICA 'LOS CHINOS'

Conocí al escritor y ex futbolista Nicolás Melini, canario y fino, en un viaje a Casablanca. Un viaje inolvidable. Me recordó que jugó en el el Zaragoza juvenil nacional y de división de honor, y que entrenó en alguna ocasión con un jugador que le encantaba: Juan Señor. Nicolás publica un nuevo poemario, ‘Los chinos’, en Vitruvio: me escribe y me lo cuenta. “Querido Antón, la próxima semana sale mi nuevo libro de poemas, ‘Los chinos’ (Vitruvio). Te adjunto alguna información”. El moreno Nicolás, padre en la vida y escritor de mil cosas, es así.

 

El gran Melini, visto por Alexis W.

 

’LOS CHINOS’, NUEVO LIBRO DE NICOLÁS MELINI

 

La editorial madrileña Vitruvio, especializada en poesía, pone en circulación el nuevo libro de Nicolás Melini: “Los chinos”, poesía prosaica, de verso corto y temática cotidiana, que tiene en común con su anterior libro de poemas, “Cuadros de Hopper”, un cierto grado de combinación de géneros, especialmente el poema, la narración muy corta, el diario o la memoria, configurando un libro poco convencional, que poco tiene que ver con la poesía que solemos encontrarnos.

Nicolás Melini es el autor más joven incluido en el volumen “La narrativa española de hoy (2000-2010)”, publicado por la universidad de Caen, Francia.

Su obra literaria se encuentra constituida por una decena de títulos de poesía, cuentos y novela. Su poesía hasta la fecha está recogida en los volúmenes: “Adonde marchaba” (1990-2002) y “Cuadros de Hopper” (1999), siendo “Los chinos” (2002-2004) su tercera entrega.

 

“Como los seres ficticios a los que da vida, Melini es un testigo de la violencia del mundo, de esa verdad tan efímera, tan difícil de alcanzar y más aún de mostrar, que es otra forma de “ambigüedad retorcida”, como la relación entre autor y personaje. Si el escritor sabe que la literatura es incapaz de decir la verdad, lo que él puede hacer es interpelar al lector con imágenes, a veces crueles, otras veces poéticas, para provocar en él emociones auténticas y tratar de instaurar una comunicación verdadera”. Jacques Soubeyroux

 

“Melini se asoma al mundo con poemas tan desgarradores, intensos y cercanos como cualquier cuadro de Edward Hopper. Pero además logra contar historias como si hubiera colocado esos versos en relatos o en pequeños capítulos de novelas que se acercaran al día a día de cualquier biografía. Los géneros literarios deberían enredarse como se enreda la vida en sus luces y en sus sombras sin necesidad de cambiar el orden de los días o los escenarios en los que nos movemos tratando de darle algún sentido al oxígeno que respiramos. Y no es fácil mirar lo que nos rodea. Que qué queda de todo eso.

Ni más ni menos que el sustento que te permite no morir de hastío o de aburrimiento, unos retazos de vida que palpitan cada vez que precisas argumentos para seguir confiando en el milagro diario de la existencia, pinceladas y versos que quedarán a salvo cuando ya no estemos ninguno de nosotros para contarnos”. Santiago Gil

 

“Cuadros de Hopper”, de Nicolás Melini: Para comprobar cómo los jóvenes son capaces de escribir una poesía transparente, en apariencia fría y absolutamente emocionante”. Antonio Gala

 

LOS CHINOS

Nicolás Melini

Los chinos son unos tíos

muy hacendosos

que te venden

un bocata de jamón serrano

a las cuatro de la mañana.

En cualquier esquina...

Se ponen

ahí

adorables,

sobre todo cuando vuelves

a casa

con una copa

de más o de menos y

les dices

que quieres uno, pero

con tomate, y

ellos

no te entienden y tú

repites

tomate, tomate

hasta

que por alguna razón

(nada

que ver con

la palabra que dices

y tu insistencia)

sacan

un

bonito

tomate rojo de

una bolsa

de plástico y

empiezan

a cortarlo en rodajitas

casi perfectas.

En Sol

hay una china

de unos treinta y

pico

que está

muy bien

y tiene

unos ojos rasgados

increíbles que

lo saben todo

de ti y

de la vida.

10/02/2012 19:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

WISLAWA SZYMBORSKA (1923-2012): UN DIÁLOGO CON XAVI AYÉN

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Hace algunos años, el escritor y periodista Xavi Ayén, que trabaja en una historia de los escritores del ‘Boom’ en Barcelona, y el fotógrafo Kim Manresa realizaron un conjunto de entrevistas con distintos premios Nobel de Literatura. El trabajo apareció durante varios domingos, con breves y grandes lapsos de tiempos, en la revista ‘Magazine’ de ‘La Vanguardia’. Y luego se recogieron en un libro: ‘Rebeldía de Nobel’ (El Aleph, 2009). He contactado con Xavi Ayén y le he pedido la entrevista con Wislawa Szymborska, la gran poeta polaca que acaba de fallecer hace unos días en Cracovia. Aquí está. Toda mi gratitud para Xavi. Consigo en internet algunas fotos de Kim Manresa, por ejemplo la de las manos.

 

 

 

WISLAWA SZYMBORSKA

 

“No sabemos nada, y eso es lo fascinante”

 

XAVI AYÉN, Cracovia. Texto.

KIM MANRESA. Fotos

 

Hace frío. Hemos viajado al país donde los poetas “escriben con los guantes puestos” con un poemario de Wislawa Szymborska como única guía. En él leemos que los poetas, aquí, en el antiguo reino de Polonia, “cantan la vida sencilla de los pastores de focas” con “estrofas compuestas de alaridos estruendosos”. Si a alguien le invade la tristeza, no lo tiene fácil: “Quien quiera ahogarse debe de tener un hacha para horadar el suelo”. Nos han dicho que Cracovia, una de las ciudades más literarias de Europa, está repleta de escritores. Pero solamente buscamos a una. Características: mujer, 83 años y, desde 1996, premio Nobel de literatura. Vive aquí, en Cracovia, desde el año 1931.

 

Kim Manresa y Xavi Ayén.

 

“La conozco -nos dice Abel Murcia, director del Instituto Cervantes en Polonia, cuando le mostramos la foto-. He traducido su obra al español. ¿Una entrevista, dicen? Lo tendrán difícil, amigos: no le gusta nada hablar de ella”.

 

La pista Szymborska nos aleja del centro de la ciudad. Ningún turista se acercaría jamás al anodino bloque de pisos donde habita la poetisa. Este barrio humilde que ahora recorremos en taxi -el mismo donde vivía antes de convertirse en millonaria gracias a la Academia Sueca- se compone de altos edificios grises, comunicados entre sí por calles en las que han desaparecido todos los reclamos que atraen a los turistas a Cracovia, una de las ciudades más bonitas de Europa, patrimonio de la humanidad desde 1978. Ni el castillo real, ni el mercado de paños, ni la catedral de Wawel, ni la iglesia de Santa María -donde un señor toca la trompeta cada hora, durante las 24 horas del día-... Alrededor de Szymborska, lo que hay es hormigón y cemento. De los diez premios Nobel a los que ha visitado el “Magazine”, sin duda esta simpática abuelita nacida en la actual Kórnik en 1923 es la que vive en un lugar más austero.

 

A la mujer sencilla que nos abre la puerta, da la impresión, los 1,2 millones de dólares del premio le cayeron encima como una losa, cuando ya pasaba de los setenta años y tenía su vida organizada. “Decidí que, al menos, iba a mantener mi intimidad”, nos contará un poco más tarde, sentada en el sofá de su comedor. Se refiere siempre al Nobel como “la hecatombe” y, modesta, afirma que “sin la labor de  Anders Bodegard, mi traductor al sueco, no me lo habrían dado... Ahora estaría más tranquila, sin esas montañas de cartas que tengo que contestar y todos esos problemas financieros y gestiones con los bancos que antes no tenía. Por eso hago collages, para relajarme”.

 

Acceder a Szymborska no fue fácil. Y, una vez ante ella, acomodados en el sofá de su comedor, nos quiso dejar claras algunas condiciones:

            -Primero, no me gusta hablar de poesía. Segundo, no me gusta hablar de Wislawa Szymborska, es decir, de mí. Tercero, no me gusta hablar de política. ¿Qué nos queda? Puedo hablar con ustedes de animales, de plantas, un poco del amor y un poco de la amistad. ¿Qué quieren tomar? ¿Coñac o martini? ¿Qué hace ahí ese señor? ¿Es fotógrafo? No me 'dispare' a las manos, por favor, las tengo horrorosas, me las rompí hace medio año. Ya no soy una persona para ser fotografiada. Hablando, todavía doy el pego, pero en las fotos...”

 

            Mientras Szymborska se ríe y va a la cocina a servir los vasos, sentados en el sofá, miramos de reojo al director del Cervantes, nuestro intérprete, que pone cara de “ya se lo decía yo...”. Pero la dueña de la casa vuelve enseguida, con unos vasos bien cargados de aperitivo, y algo nos hace intuir que, finalmente, Szymborska no cumplirá su promesa y podremos entrevistarla como es debido. De momento, enciende un cigarrillo y nos felicita: “¿Ustedes no fuman? ¡Qué bien, así van a vivir mucho! Imagínense: yo ya tengo 83 años, fumando, así que ustedes... ¡Ja, ja, ja!”

 

            La risa de Szymborska es contagiosa y juvenil, como de chiquilla traviesa. “Tengo muchísimos defectos, pero una virtud: la curiosidad por todo -revela-. Ese es mi motor. En mi discurso de aceptación del Nobel ya repliqué al Eclesiastés, que afirma que 'no hay nada nuevo bajo el sol'. La vida es tan rica... todo está lleno de variedad”. De ahí que, en su poema inédito “Falta de atención” se riña a sí misma: “Ayer me porté mal en el cosmos. / Viví todo el día sin preguntar por nada, / sin sorprenderme de nada. / Realicé acciones cotidianas / como si fuera lo único que tenía que hacer”.

 

Nos muestra sus collages: pequeñas cartulinas hechas con recortes de diarios, de revistas, de folletos... Obras a caballo entre la ingenuidad y la agudeza que, para ella, suponen “una forma de descanso”. Se interesa por nuestro viaje desde España. Ella casi no viaja, nos cuenta: “Soy totalmente incapaz de aprender lenguas. Puedo leer, más o menos, alemán y francés pero no hablo más que polaco. Así, para viajar, dependo totalmente de la persona que me acompaña y no puedo entrar en contacto directo con la vida de ningún sitio, lo que me resulta frustrante. Mi juventud transcurrió en la época de la ocupación nazi, donde no se estudiaba nada, y mi segunda juventud fue con el comunismo, que no estimulaba mucho el contacto con el extranjero”.

 

El cercano campo de Auschwitz -una de las mayores atracciones turísticas de la zona-  le recuerda a Szymborska aquellos primeros años 40 en la Cracovia ocupada, cuando “los alemanes impedían a los polacos acudir a la escuela pública” y ella tuvo que seguir clases clandestinas mientras trabajaba en una compañía ferroviaria para evitar ser destinada a un campo de trabajo. Aquí en Cracovia duele más que en otros lugares la indiferencia europea ante la suerte de los polacos, porque -no hay más que pasear por sus calles- es una ciudad de Europa central, como Praga o Viena, mientras que Varsovia, la capital, resulta de algún modo más cercana a la Europa del este.

 

El Nobel a Szymborska en 1996 fue totalmente imprevisto. Todavía estaba vivo otro cracoviano ganador del premio, Czeslaw Milosz (1980), y muy reciente el recuerdo de otro galardonado polaco, Isaac Bashevis Singer (1978), que escribía en yiddish. Szymborska solamente tenía publicados una decena de delgadísimos libros, muy poco en comparación con otros aspirantes de su mismo país. En muchos lugares, como España, ni siquiera había sido traducida. Y no era tampoco la escritora polaca internacionalmente más popular, puesto en el que rivalizaban Stanislaw Lem, el autor de “Solaris”, y Ryszard Kapuscinski.

 

La brevedad sigue siendo lo suyo. Dentro de unos meses, se publicará en España “Dos puntos” (Igitur), otro pequeño poemario (80 páginas, a las que hay que descontar 26 de introducción), que ha tardado unos años en ver la luz. ¿Siente que escribe poco? “No trabajo todos los días -confiesa-, no soy nada disciplinada”.

 

Que nadie piense que esta poetisa se aísla del mundo. “Todo es política, incluso los poemas no políticos lo son”, admite. La actualidad -“palabra que no me gusta nada”- ha penetrado a menudo en las páginas de Szymborska. En “Instante”, su anterior libro, de 2002, escribió un poema sobre el atentado contra las Torres Gemelas (“Fotografía del 11-S”), centrado en las víctimas que se arrojaron al vacío desde lo alto de los rascacielos: “Quería fijar ese instante, vi una foto en una revista, con esas personas congeladas en su vuelo hacia la muerte, con las llaves y otros objetos cayéndoles de los bolsillos, y quise hacer lo mismo en un poema, congelar ese momento, para mantenerlos con vida. Cualquier poema es eso: un instante”. Pero ya décadas antes, se había ocupado del terrorismo, con “Un terrorista, él observa” (1976), centrado en qué sucede durante los minutos previos a un atentado: “La bomba explotará en el bar a las trece veinte./ Ahora apenas son las trece y dieciséis./ Algunos todavía tendrán tiempo de salir. / Otros de entrar...”. “Esa es mi forma de hablar de política -explica-. No me gusta la 'actualidad', pero sí aquellos aspectos de la realidad que, a pesar de que hayan acabado de suceder, ya sabemos que son historia pura, mucho más que una noticia del día, cuestiones que nos persiguen desde Caín y Abel. Escribí críticamente sobre el terrorismo, en una época en que en mi país los terroristas eran considerados como héroes, personas honradas y dignas de elogio”.

 

Pero, a la que uno se despista, la conversación huye de los cánones periodísticos y se desvía a lo poético. “¿Cómo veo el mundo de hoy? Lo mejor es mirarlo desde el espacio -afirma, gesticulando como si pudiéramos planear por las galaxias-. Hasta el siglo XX, era un planeta azul que giraba silenciosamente por el universo. Pero, en estos momentos, es una bola que hace un montón de ruido, ¿no lo oyen?, está hablando todo el tiempo, es escandalosa, ¡una bola charlatana con un montón de palabras! Hay un montón de información, que en dos minutos recorre todo el planeta pero, si se fijan, son tonterías absolutas, informaciones que no tienen ninguna importancia”.

 

Y nos cita un ejemplo “de mi propia experiencia. A menudo, cuando voy a algún sitio, me ponen un micrófono en la boca, porque ha sucedido algo en cualquier parte del mundo y me preguntan: '¿qué piensa usted sobre esto?'. Siempre respondo lo mismo: 'Tengo que pensarlo'. 'No, no -me dicen-, lo necesitamos ahora'. 'Necesito tiempo para reflexionar sobre ello, tal vez mañana pueda responderles'. ¡Y nunca lo aceptan! Que alguien se tome un día para pensar qué dice sobre algo importante está fuera de su lógica. Hay mucha gente que acepta dar esa respuesta inmediata, y a menudo se trata de frases estúpidas. Soy de esas personas que todavía creen que todo debe ser pensado un poquito, y que la primera impresión no siempre es la más acertada, la más coherente y la mejor. De hecho, escribo de la misma forma: tengo que andar, pensar, darle vueltas, ir de un sitio a otro...”

 

Aunque poco, se pronuncia de vez en cuando sobre política. Se la sabe opuesta a la visión nacionalista y católica de los hermanos gemelos Kaczynski (uno presidente, el otro primer ministro). “La situación política en la que vivimos no me entusiasma, ni mucho menos -confirma-. Jamás pude imaginar que los tiempos actuales iban a ser como hoy”. Hablamos de los condicionantes históricos que alimentan los demonios de Polonia: es este un país que ha sido borrado del mapa varias veces, y castigado por la Alemania nazi y la Rusia comunista, por lo que en el ADN de todo polaco anida una legítima desconfianza tanto hacia Bruselas como hacia sus vecinos.

 

Ella no abraza el nacionalismo, “pero es que ni siquiera el ecologismo. ¡Cero ismos! No deberíamos someternos jamás a las ideas del grupo. No se puede ser ese insecto clavado en un corcho con una agujita y una etiqueta debajo. Es mejor poder seguir volando”. “Al principio -continúa-, yo admiraba el sistema comunista y escribía poemas de realismo social. Pensaba sinceramente que era una forma de liberar a la gente, había vivido la ocupación nazi, el odio en todo su esplendor, y sentía que era necesario todo lo contrario: amar mucho a la gente, y el comunismo significaba eso, un gran amor hacia todos, sin distinciones de ningún tipo. Después entendí que a la humanidad no había que amarla, en absoluto, ¡no se lo merece! Hay que apreciar y sentir lo que le sucede a la gente, experimentar empatía hacia ellos, y con eso basta. Por desgracia, de esos grandes amores a la humanidad siempre surgen las peores cosas, auténticos infiernos”.

 

En uno de los estantes de su biblioteca, reposa el “Quijote”. “¿Qué les parece a ustedes? -nos pregunta, creo que es una obra maestra, pero que ha cambiado mucho con el tiempo. Cuando se publicó, hace más de 500 años, era un libro enormemente divertido. En estos momentos, al menos para mí, es un libro triste. Cuando lo cierras, lo que queda en el alma del lector es un poso de amargura. Es como si el humor hubiera envejecido, ¿verdad?”.

 

Precisamente, muchos de los poemas de Szymborska son relecturas de la tradición: pinturas, libros, paisajes conocidos que ella mira desde un nuevo ángulo. “Le digo al lector: 'Fíjate en este detalle'. Intento mostrar que la vida es infinitamente rica, incluso en las cosas que parecen más evidentes. Todas las cosas tienen como mínimo seis puntos de vista: desde los cuatro lados y desde arriba y desde abajo”. Se ríe de las interpretaciones que hacen de sus poemas: “Por ejemplo, cuando en mi poema sobre el yeti dicen que se trata de Stalin, o cuando intentan analizar qué simboliza una piedra. ¡Nada! El yeti es el yeti y la piedra es una piedra. Hay una costumbre excesiva de leer entre líneas, de buscar mensajes secretos. Mi poesía no esconde nada. El día que quiera criticar a los gemelos Kaczynski, los llamaré por su nombre, no los compararé con Rómulo y Remo”.

 

A pesar de la omnipresencia de lo católico, ella no es creyente y define a la religión como “la ilusión más elevada de todas las que tiene la gente. No soy una atea militante. Me gusta más plantear preguntas que dar respuestas. Mi divisa es: 'No sé'. Y ya veremos... Todos veremos. Ninguno de nosotros tiene mecanismos para poder saber qué sucede después de la muerte. Las cosas que no se saben son las que convierten la vida en algo fascinante”.

 

Los animales son a menudo protagonistas de sus versos. Ella, que no tiene “porque esto es un pequeño piso en la ciudad”, opina que “no hay poesía sin animales, plantas o piedras, porque estamos todos juntos en la Tierra. Me interesa el trabajo de la naturalista Jane Goodall, que ha estudiado a los monos como individuos y ha descubierto en ellos singularidades como las que nos distinguen a los seres humanos. Todos somos siempre diferentes”. Los niños polacos recitan en las escuelas su poema “Un gato en un piso vacío”, y ella nos descubre ahora que “ese gato -que debe acostumbrarse a vivir en un piso donde ya no está su amo, muerto- es una herida grande en mi corazón. Ahí hablo del dolor por la pérdida de mi compañero, mi gran amor, el poeta Kornel Filipowicz, fallecido en 1990; no es sólo el gato el que está triste sino también yo. Pero, bueno... estoy hablando muchísimo de mí misma, y eso es muy raro. En mi vida hubo varios amores, los de juventud, mi primer marido, Adam Wlodek... Cada amor fue distinto. Sigo siendo amiga de aquellos que todavía viven, porque siempre ha habido algo en cada caso que vale la pena recordar”.

 

Le gusta definirse, coquetamente, como antigua, pero tiene muchísimos seguidores jóvenes. Podríamos decir que, hace 35 años, ya era moderna, cuando, por ejemplo, dedicaba un poema (“Prospecto”) a “la piedad química”, antes de la irrupción masiva de las drogas de diseño en las discotecas: “No tienes más que ingerirme, / ponme debajo de la lengua, / no tienes más que tragarme, / con un sorbo de agua basta. (...) ¿Quién dice / que vivir requiere valor? / Dame tu abismo, / lo acolcharé de sueño...”. ¿Son esos poemas los que le ponen en contacto con la juventud? “Tengo contacto con los jóvenes -admite-, hablo con ellos de muchas cosas. Pero los jóvenes que yo recibo son buenos chicos: estudian un montón y reflexionan sobre el mundo. Los más folloneros no me resultan tan cercanos. A mí me interesan más aquellos que hacen 'lo que hace todo el mundo' y parecen invisibles. ¡Me resultan fascinantes!”.

 

10/02/2012 11:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CHARLES DICKENS, ENAMORADO

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Charles Dickens (1812-1870) es uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Contó la infancia como nadie, creó heroínas como Dora, fue un gran viajero y llevó hasta sus últimas y exitosas consecuencias el arte del folletín. Estos días han aparecido reediciones de sus libros, muchas (citamos, así a vuela pluma, dos: ‘David Copperfield’ en Alianza y ‘La pequeña Dorrit’ en Alba: para algunos quizá sus dos obras maestras), y ha aparecido, casi en vísperas del día de los Enamorados, ‘Dickens enamorado’ de Amelia Pérez de Villar en Fórcola, un libro ameno y documentado que indaga, a las luz de su epistolario, en sus peripecias de amor. Dickens fue un hombre mundano, que frecuentó a numerosas prostitutas, un gran viajero, y vivió tres historias de amor claras: la primera fue con Mary Beadnell, que duró desde 1830 hasta 1833, probablemente la pidió en matrimonio, o cuando menos entre ellos existió una promesa de amor, pero los padres de ella la mandaron fuera, a Suiza, y al final Dickens no fue aceptado por su pobreza. Años después, rico y famoso, ambos se reencontraron ya sin entusiasmo carnal ni afectuoso. Poco después conoció a Catherine Hogarth, con la que se casó: se amaron al principio, convivieron sin demasiado amor durante más de una década (Catherine alumbró a diez hijos), se separaron sin hacer ruido o guardaron las composturas, y finalmente, en los últimos años de su vida, Dickens se encontró con la joven actriz Nelly Ternan, con quien vivió “una historia triste” y clandestina, pero apasionada, aunque según Amelia Pérez de Villar, ahí apareció un Dickens negociador. Nelly lo cuidó en sus últimos años y contó con la complicidad de su propia madre. El libro de Amelia es riguroso y metódico, de gran fluidez, y se lee con placer.

 

*En la fotos: Amelia Pérez de Villar, la portada del libro y Charles Dickens.

10/02/2012 00:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOLA FERREIRA: UN RETRATO

LOLA FERREIRA: UNA MUJER DE LIBROS Y SUEÑOS

Hace unos días, hablé con Lola Ferreira, una gallega en el mundo del libro desde Círculo de Lectores & Galaxia Gutenberg. Ella se despedía de un trabajo que le apasionaba y estaba serena, como siempre, con esa voz tan peculiar. Lola es una mujer de seda y sílabas, una defensora de la cultura y de la edición: conservo muchas de sus notas, de sus cartas cariñosas en las que ponderaba a autores como José Miguel Ullán, José Ángel Valente, José Luis Pardo, Manuel Longares o Juan Eduardo Zúñiga. Ellos, junto a Vassili Grossman, la conmovían a diario, y su deber era que no se rompiesen el hilo del temblor. Se toma un respiro una criatura especial, afable, generosa, de esas que dejan huella. Juan Cruz acaba de hacerle un precioso retrato en una contraportada de ‘El País’. La foto es de Bernardo Pérez.

 

"NUNCA PRETENDÍ ESTAR AL MISMO NIVEL QUE LOS AUTORES"

-LOLA FERRERIA FUE RESPONSABLE DE COMUNICACIÓN DE CÍRCULO DE LECTORES Y DE GALAXIA GUTENBERG

Por Juan CRUZ. El País. 8 de febrero de 2012

Esta mujer que se sienta y pide un cruasán en esta tienda-cafetería ecológica que lleva nombre tan literario es aquí la protagonista de un desayuno. Pero durante más de veinte años no se ha enterado de lo que ha comido; ha estado junto a los autores, “viviendo sin ser vista”. “Han sido tantos, tantas comidas...”. Ella los ha pastoreado como responsable de comunicación de Círculo de Lectores y de Galaxia Gutenberg.

Es Lola Ferreira, un nombre mítico en el sector. Ya no ocupará ese puesto. Seguirá vinculada al Círculo para un proyecto específico: la conmemoración de los cincuenta años de este “centro neurálgico de la apuesta por la lectura en España”.

Fue batalladora (“prochina, eran otros tiempos”) en los años del antifranquismo; en una película de Pere Portabella (El sopar) cuenta su lucha, sus “tres años de cárcel, las discusiones ideológicas desatinadas que tenían en prisión...”).

Luego entró en el mundo editorial, donde tuvo, dice, “la suerte de encontrar a gente como Pancho Pérez González, cuya frase ‘Un libro ayuda a triunfar’ sigue valiendo quizá más que nunca”. Este trabajo la llevó “a conocer gente extraordinaria, como Octavio Paz y José-Miguel Ullán, Peter Esterhazy e Imre Kertesz, José María Ridao o Juan Eduardo Zúñiga, Carlos Edmundo de Ory o Nicanor Vélez, artífice de nuestra maravillosa colección de poesía y fallecido a finales de 2011”.

Referente del mundo editorial, cree que "culturalmente somos hoy más vulnerables"

Se detiene poco en la comida Lola Ferreira; está acostumbrada a ver comer, a nutrir egos literarios, cuyo alimento es el mimo. “Yo no he pretendido dominar el ego; solo he tratado de ser discreta, no pretendí nunca estar al mismo nivel que los autores”. Ayer recordaba, ante la muerte de Tàpies, “la maravillosa conversación que tuvo con Valente, recogida en Conversación ante el muro, iniciativa de la revista La Rosa Cúbica”.

¿Y cómo comían esos autores? “A Valente le encantaba el pescadito frito de Almería, donde tuvo su casa, pero era feliz con la cocina gallega, su tierra...”. ¿Y Paz, tan cotilla? “Era de una vivacidad apasionada. ¡Lo seguía todo al día! Pero solo le vi comer en sitios institucionales”. ¿Y la comida de Lola? “Yo me conformo con las croquetas de El Quinto Vino [su taberna favorita en Madrid]”.

Deja el acompañamiento de escritores —“donde he tenido al lado a compañeros valiosísimos, Miguel Ángel Delgado e Isabel Lerma”— en un momento muy malo para el sector. “¿Cómo saldremos de la vorágine? Lo que sé es que el resultado de lo que pase no me atrevo a calificarlo de mejor o de peor, pero será distinto. Culturalmente, ahora somos más vulnerables”.

Muchos almuerzos, muchas cenas... ¿Y si tuviera que reunir ahora en torno a una mesa a los que forman parte de su memoria? “Uy, hay tantas ausencias. De los que están por aquí llamaría a Esterhazy, a José Luis Pardo, a Miguel Morey, a Azúa, a Ridao, a tantos y tantos, a Longares, a Zúñiga, a Jordi Llovet...”. ¿Y qué les ofrecería de comer? “Todos querrían jamón, croquetas, y cada uno elegiría a su gusto el segundo. Y yo misma creo que elegiría lomo bajo bien hecho. ¡Pero no me lo comería todo!”. Estaría comprobando que los autores estaban felices.

09/02/2012 17:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CLARA OBLIGADO Y SUS VIAJES

Clara Obligado dice que su estado ideal es el de lectora: el diálogo con los clásicos y con los nuevos autores. Ella indaga y explora en las ficciones ajenas, y luego las utiliza para sus clases de escritura creativa. Se sabe a Borges de memoria, y cita una y otra vez relatos como 'Emma Zun', 'El inmortal' o 'El sur', y habla de autores tan diferentes como Bohumil Hrabal, Silvina Ocampo, Alice Munro, Anton Chejov, Isak Dinesen o Marguerite Yourcenar. Todos son autores que forman parte de sus lecciones y a menudo figuran en sus textos.

Clara Obligado, especialista en el microcuento y antóloga de 'Por favor sea breve', presentaba hace unos días en Los Portadores de Sueños' su último libro: 'El libro de los viajes equivocados' (Páginas de Espuma), un volumen con personajes que entran y salen en varios relatos. En 'Monedas de oro' se narra un éxodo a la Argentina, ante el cauce del río Paraná, donde un viajero europeo, escritor y ganadero, llegará a la Academia y hará un inmenso palacio con cincuenta habitaciones y diez baños. “Esa es exactamente la historia de mi familia. El viaje es un símbolo de la vida, y es un viaje equivocado porque termina en la muerte”.

Asegura la escritora bonaerense, que se exilió en España en 1976, que el libro nace de dos encuentros: le pidieron dos cuentos para los periódicos, 'El azar', el primero que mandó, y 'Madison, los puentes de', que es una reescritura de la película de Clint Eastwood con “una apuesta por el marido de la mujer que encarna la bondad, es ese hombre que dice 'Te querré hasta la muerte'”, y por otra parte “nace de una novela fallida: no lograba armarla, pero había muchas cosas que podían funcionar y que funcionan en formas de relatos”.

Agrega que muy pronto los viajes -viajes en el tiempo, viajes interiores, viajes físicos, navegaciones y regresos en avión, en barco, en trenes a menudo espectrales...- se fueron imponiendo como tema y como trasfondo argumental. “Aquí se pasa por cerca de las cosas, no por encima de ellas. Por ejemplo, se toca el nazismo. ¿Por qué? Porque a veces parece que vamos cometer los viejos errores de la historia: no reflexionamos, no aprendemos. Hay varios personajes judíos. Soy feliz en España, me han tratado bien, y a la vez siempre soy extranjera: el sistema literario te excluye, te olvida, no te visualiza, y tampoco podrías volver a Argentina: no puedes volver a recobrar el primer amor. No lo digo con molestia alguna. Es así. Mis personajes viajan, se mueven, están en permanente tránsito”.

Por eso la acción de estas historias, de amor y desamor, de pasiones perdidas, de fugas y aventuras, transcurre en Albania, en Buenos Aires, en el Paraná... “El viaje es un tema, insisto, otro es la extranjería, pero hay otros asuntos muy claros: la violencia y muchas de sus formas, la violencia cotidiana, la violencia caníbal, hay una mujer que está a punto de comerse a su hijo, un hombre viola a su hija, algunos trenes llevan a campos de concentración. Eso sí, todo ello está contado sin énfasis, con suavidad”.

Otros temas que están en los cuentos son el mal, el perdón, la filosofía, la memoria, la belleza, los secretos de amor y la fidelidad y la infidelidad. El libro está lleno de historias de amores soñados, de paradojas y quizá de algunos chascos. “Para mí es mejor ser infiel de veras que soñar con otro y tenerlo ahí todos los días. Prefiero que mi amor me engañe a que se pase la vida soñando con otra, fantaseando con ella”. En 'El libro de los viajes equivocados' se fantasea y asistimos a la revelación de “una vida compleja, abierta, casi inabarcable”.

 

09/02/2012 09:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN EDER: AFORISMOS, DE NUEVO

Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) es uno de los grandes creadores de aforismos de las letras españolas. Es un artista del pensamiento breve que, de cuando en cuando, también escribe poesía. Acaba de publicar en Renacimiento, Sevilla, un estupendo libro de aforismos, ‘La vida ondulante’, que recoge tres secciones: ‘Hablando en plata’, ‘Ironías’ y ‘Pompas de jabón’. Ramón “piensa al caminar y conforme a la verdad de la marcha”.

 

 

 

                            LA VIDA ONDULANTE

 

                              Editorial Renacimiento

 

                                      Ramón Eder

 

  

Nunca hay que enseñar los textos en forma de oruga, sino cuando ya son mariposa.

 

 

El hombre vive hipnotizado por la turgente simetría venusina.

 

 

No sólo hay que ir al Templo del Saber, también es conveniente acudir a la Taberna de la Sabiduría.

 

 

La vida consiste en utilizar bien las palabras “sí” y “no”.

 

 

Enamorarse de viejo es una fiesta en el infierno.

 

 

Ser buena persona es tan difícil que muchos ni lo intentan.

 

 

Cuando alguien nos hace esperar, para distraernos, pensamos mal del que tarda.

 

 

Qué duro tiene que ser ser estatua.

 

 

Se querían pero nunca se tocaron y su amor discurrió como las líneas paralelas.

 

 

Elegantemente vestido de negro se desplomó y murió como un pajarillo en la nieve.

 

 

Los niños nos obligan mágicamente a inclinar la cabeza.

 

 

Le acusaban de que no se mojaba y estaba con el agua al cuello.

 

09/02/2012 09:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADAM ZAGAJEWSKI EVOCA AL PADRE

Desde hace pocos años, soy un buen lector de Adam Zagajewski (Lvov, ahora Ucrania, 1945), que se exilió en París y luego en Estados Unidos. Es poeta y prosista. Acaba de publicar en Acantilado uno de esos libros deliciosos: el poemario ‘Mano invisible’, donde hay un poco de todo: amor y memoria, recuerdo de pasiones pasadas, exaltación de la música y de esa figura casi enigmática e imprescindible que es el afinador de pianos, hay viajes, pensamiento, geografías y atmósferas, pero hay algo muy conmovedor a lo largo del libro: la presencia de su padre, enfermo, con la memoria borrada, hablándoles de su hijo y de sus poemas a sus amigos, etc.

Esos poemas, breves por lo regular, son conmovedores, aunque en realidad es conmovedor todo el libro: elegante, narrativo, lleno de sutileza, de ritmo y de talento. Uno de esos libros de un escritor muy hecho: me ha hecho pensar mucho en Wislawa Szymborska, a la que he estado leyendo y releyendo tras su muerte. Para los amantes de la buena literatura, exquisita y honda, ‘Mano invisible’, en Acantilado y en traducción de Xavier Farré. Este es uno de los poemas que más me gustan:

 

NO PENSABA EN LA ESTÉTICA

Cuando en los años ochenta mi padre copiaba

para sus amigos mi poema ‘Ir a Lvov’

(me lo explicó pasado mucho, mucho tiempo,

un poco cohibido), no pensaba quizá en la estética,

en las metáforas, sílabas, en un sentido más profundo,

sólo en la ciudad que amó y perdió, en la ciudad

donde quedaron detenidos, como un rehén,

su juventud, su revelación, el encuentro con el mundo,

y seguramente golpeaba las teclas de su antigua y fiel

máquina de escribir con tanta fuerza que, si hubiéramos

conocido mejor las leyes de la conservación de la energía,

sobre esta base podríamos

reconstruir al menos una calle

de su primer entusiasmo.

 

*Adam Zarajewski, retratado por Jerry Bauer.

06/02/2012 01:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISABEL GONZÁLEZ, CUENTOS DE ASOMBRO

Recibo esta carta del editor Juan Casamayor, con quien estuve hace unos días en la presentación del nuevo libro de Clara Obligado en la librería Los Portadores de Sueños. Juan me habló de este nuevo título de la escritora e infógrafa de Ejea de los Caballeros, Isabel González, a quien conocía por el blog de Fernando Valls, La nave de los locos. Dice Juan Casamayor:

 

Arranca nuestra apuesta Novel 2012. Nuevamente una escritora, y como el año pasado llamada Isabel, con un primer libro titulado Casi tan salvaje (Páginas de Espuma, 2012)  y de al que ya se ha escrito lo lo siguiente:

“Si algo nuevo se puede encontrar en la literatura actual es la voz de estas mujeres jóvenes que retuercen los viejos temas hasta iluminarlos con un fulgor nuevo. Escritura potente, descarada, nacida de una fuerza elemental donde cerebro y pasión se trenzan. Poética y genital. Si algo nuevo había que decir son estos cuentos, si algo esperábamos los lectores es el deslumbramiento que produce una generación a la que pertenece Isabel González”, Clara Obligado

“Las frases cortas de Isabel, sus imágenes, tienen algo de dentellada por sorpresa, de clavo que atraviesa la carne y nos recuerda, a cada golpe, lo que significa estar vivos. Cuidado, lector, si entras en estos cuentos, porque saldrás temblando”, Patricia Esteban Erlés

“Admiro a Isabel González por su capacidad de hacer alta literatura con las mínimas torpezas cotidianas. Su escritura inesperada, original, nos demuestra que la imaginación está aquí, en este mundo, acechándonos. Me siento muy honrada de darle la bienvenida a su primer libro”, Ana María Shua

 

Este primer libro de Isabel González disfruta del ritmo del cuchillo y del aire en un afán por reconstruir y apuntalar primero para derribar después. Sus personajes luchan por la supervivencia en condiciones adversas, en un campo de batalla que es tanto el propio cuerpo como el paisaje que lo rodea. Alma y fuerzas elementales se dan cita en cada palabra. En sus cuentos no es amor lo que se pide pero se compra todo por amor. El lector desprovisto de presuposiciones no descansará. Isabel González, tampoco, casi tan salvaje y toda una colisión. Isabel González González (1972) creció en una gasolinera a las afueras de Ejea, un pueblo de Zaragoza, se licenció en Periodismo y desde hace más de quince años, reside en Madrid donde se gana la vida como infografista. Dibuja y escribe. Es profesora de microrrelatos y algunas de sus minificciones se han publicado en las antologías Por favor sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2010), Relatos en cadena (2008, 2009 y 2010) y Parafilias ilustradas (2010).

 

*Tomo esta foto de Isabel González del blog de Fernando Valls. Isabel rinde homenaje a Leonard Cohen y su 'I'm your man'.

 

02/02/2012 10:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADIÓS A WISLAWA SZYMBORSKA: UN DIÁLOGO CON FÉLIX ROMEO

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Ayer moría Wislawa Szymborska, probablemente la poeta más admirada por Félix Romeo Pescador. Acompañado de su amigo Abel Murcia, gestor cultural, traductor y poeta, Félix la visitó en Cracovia, publicó la entrevista en ABCD Cultural. Y aquí está una amplia selección de su texto, que define muy bien a esta mujer excepcional, divertida. Szymborska ha tenido varios editores españoles, entre ellos Pepo Paz, Diana Zaforteza y David M. Copé, Jesús Munárriz, etc.

 

Wislawa Szymborska (Kornik, 1923) vive en un departamento en Cracovia y trabaja todos los días en sus poemas. Se le concedió el Premio Nobel, al que entre risas llama "la catástrofe", en 1996.

      En España se acaba de distribuir una antología muy amplia de sus poemas, Poesía no completa (FCE), en traducción de Abel A. Murcia Soriano y Gerardo Beltrán, quienes también volcaron al castellano esta conversación.

—¿Tiene alguna fórmula mágica para escribir? 

Sé lo que quiero escribir, pero no siempre me sale. Trabajo constantemente en los poemas. Hay algunos poemas que surgen de forma espontánea... (Es mi secreto: no voy a decir nunca cuáles salen con facilidad y cuáles salen con esfuerzo.) Pero no siempre salen de forma espontánea.

—¿Y cómo es la Szymborska que narra sus poemas?

Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán malos! (Risas)

—Utiliza un lenguaje muy especial.

Mi lengua es una lengua viva. Utilizo frases hechas, lengua coloquial, juegos de palabras, que no necesariamente funcionan en otras lenguas... La suerte de los poetas en el exterior depende de los traductores.

—¿Hablamos de los temas de su poesía?

Todos mis poemas nacen del amor. Diría incluso que todos los poemas nacen del amor; incluso aquéllos que transmiten el mal tienen en el fondo una forma de amor hacia el mundo. Estoy totalmente convencida... Y si no es así, lo siento por esos poetas.

—¿Y el odio?

Tengo un poema sobre el odio, que es verdaderamente un sentimiento del siglo XX, el más fuerte, el que encuentra más seguidores. Y eso es algo horrible. Quizá en algún momento fue necesario pero ahora el odio es un sentimiento horrible. Aunque parece más fácil que un loco propague sus ideas con los nuevos medios. Antes, alguien llegaba y se subía a un cajón en una plaza y se ponía a hablar con un megáfono... Todo era más pequeño.

—En sus poemas aparecen muchos animales.

No imagino la poesía sin los seres que nos acompañan en la vida: los animales, las plantas... e incluso las piedras. Mi animal preferido es el mono. Me encantó un libro de Jane Goodall, A través de la ventana: treinta años estudiando a los chimpancés, en el que cuenta su investigación en Tanzania con los primates y con los chimpancés. No los estudió como un grupo, sino como individuos. Estuvo años siguiéndolos de uno en uno, investigando cada animal en concreto y descubrió que uno era individualista, otra era una mala madre, otra era muy cariñosa, otro era muy travieso... Se trataba de una forma de estudiar a los animales desde una perspectiva totalmente diferente. No me imagino otro enfoque distinto al del análisis individual. Todos somos un poco diferentes. El hombre se somete a diversas ideas de grupo y no siempre es bueno.

—También aparecen muchos sueños en sus poemas.

Escribo de la realidad y los sueños son una parte de la realidad.

—Además de escribir poemas, está haciendo collages.

Son un juego. Hoy veo muy clara la diferencia entre la forma de hacer literatura y la forma de hacer arte. La escritura requiere soledad, aislamiento, trabajo y cansancio. He visto pintores trabajando mientras hablaban, riéndose, rodeados de gente, y eso es imposible para un escritor. Necesito tiempo y que nadie me moleste. Mis collages son un juego, para que la gente los disfrute. Son mi forma de descansar. Me canso mucho escribiendo.

—Pero sigue escribiendo sin parar.

Aún estoy viva, para extrañeza de algunos y también para la mía. Y soy escéptica ante la poesía, incluso ante la mía.

—Por eso utiliza tanto el humor.

Mi poesía, como la vida, es una moneda: tiene una parte trágica y una parte cómica.

—Y una parte cósmica.

Recuerdo una anécdota de Filipovich, un fabuloso escritor que supera la prueba del tiempo: cuando el hombre llegó a la Luna, mucha gente en Cracovia estaba asombrada. Filipovich estaba pescando y trataba de ver el acontecimiento con prismáticos. (Risas). Una vez, caminando por los alrededores de Cracovia con Filipovich, nos paramos a identificar estrellas, y cuando nos dimos vuelta, había un enorme grupo de gente a nuestro alrededor; tanta, que al día siguiente la prensa publicó que se había producido el avistamiento de un ovni. Una información que nunca fue desmentida. Espero que eso hiciera feliz a alguien. Escribí un poema en el que decía que no hay que mandar bromistas al Cosmos.

—Le fascina el espacio, pero realmente se ha movido muy poco.

No sé si es por mi signo zodiacal —cáncer—, pero no me gusta viajar. Nací un día después (y muchos años después) que Proust, que escribió doscientas páginas para decir cómo se preparaba para ir a la playa. No me gusta viajar, pero me gusta volver.

—¿Es cierto que estudió español?

Hace mucho tiempo iba a unas clases de español. No me acuerdo de nada, pero la estructura de la lengua todavía la controlo. Leíamos fragmentos de El Quijote. Nos daba clase un profesor que no sé si se esmeraba mucho, porque se preparaba la clase el día anterior, pero tenía unos discos maravillosos con música española: canciones populares estupendas. Soy admiradora del Goya luminoso, el de los retratos, el de los tapices, el de las escenas costumbristas y el de las majas. Y he corregido a Velázquez en uno de mis collages: he sacado a una de las meninas al aire libre.

—Hablaba antes del amor. ¿Le puedo preguntar algo de los suyos?

Le contaré algunas historias de mi infancia. A los doce años me enamoré perdidamente del novio de mi hermana, que no me hacía ningún caso. Un día me vendé la cabeza y él dijo: "¿Qué le ha pasado a eso?" Años más tarde lo volví a ver y me pregunté cómo podía haberme enamorado. No era nada interesante. También había otro chico. Me seguía. Era tan tímido que no me dirigía la palabra. Me escribía cartas. En una de ellas, donde me arreglaba toda la vida —"por ti surcaré los mares, subiré a la cumbre más alta..."—, decía al final: "Estaré mañana bajo tu ventana si no llueve". (Risas)

—Leer también es una forma de acabar con las formas puras.

Leo todo el tiempo. Muchos libros de divulgación científica y de antropología, de zoología. Leo a Brodsky, con el que tenía mucha afinidad. Pero como no quiero olvidarme de nadie sólo voy a decir que leo a Rilke. Con él comenzó mi fascinación por la poesía.

 

02/02/2012 10:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREMIO PARA SANDRA SANTANA

El jurado, compuesto por Xavier Antich, Marina Subirats, Alberta Toniolo, Eloy Fernández Porta y Judit Carrera, ha destacado que esta obra es una renovadora aportación a uno de los capítulos fundamentales de la modernidad europea. El ensayo combina diversas ramas del estudio histórico, confirma la centralidad del lenguaje en los debates culturales y aborda la invención de la feminidad en la Viena finisecular. 

Dicho galardón se otorga a una obra de ensayo o de no ficción en sus diferentes ámbitos, escrita originalmente en catalán o en castellano y publicada por una editorial de Barcelona.
El acto de entrega de los Premios Ciutat de Barcelona 2011 se celebrará el lunes 13 de febrero de 2012 a las 19 h en el Salón de Cent del Ayuntamiento de Barcelona.

La singular producción literaria de Karl Kraus (Jicin, Bohemia, 1874 - Viena, 1936), compuesta de ensayos, polémicos artículos, poemas y aforismos, despertó la fascinación de un importante elenco de intelectuales del pasado siglo (autores como Theodor Adorno, Walter Benjamin o Elias Canetti dejaron constancia de ella en sus escritos). Además, las páginas de su publicación, Die Fackel (La antorcha: El Acantilado, 220), resultan un escenario privilegiado en el que observar la gestación de la acuciante crisis lingüística que aquejaba a un Imperio austrohúngaro agonizante. A través de la pintura de Gustav Klimt, la música de Arnold Schönberg, la arquitectura de Adolf Loos, la literatura de Hugo von Hofmannsthal y la filosofía de Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, la presente obra analiza, en el contexto de la Viena de 1900, algunas de las causas de una preocupación por la naturaleza del lenguaje cuya herencia continúa vigente.

Sandra Santana (Madrid, 1978), poeta, traductora y profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza. Es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ha realizado estudios de posgrado en la Universidad de Viena y en la Universidad Humboldt de Berlín. Como traductora ha publicado versiones de los poemas de Ernst Jandl, Karl Kraus (Palabras en versos, 2005) y Peter Handke (Vivir sin poesía, 2009; premio de traducción del Ministerio de Educación, Arte y Cultura austríaco). Es autora de los libros de poemas Marcha por el desierto (2004) y Es el verbo tan frágil (2008). Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías y traducidos al alemán, al inglés y al portugués.

*Esta nota la remitía ayer Acantilado, el sello donde ha publicado su libro Sandra Santana, a través de su amable jefe de prensa, Sergi Masferrer.

02/02/2012 01:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN: ENTREVISTA

"ESCRIBO DESDE EL FONDO DE UN 

RINCÓN OSCURO DEL CORAZÓN"

El Premio de las Letras Aragonesas de 2011, guionista de la película ‘Chico y Rita’, candidata al Óscar, reconstruye su carrera, los años de formación y su decidida apuesta por el realismo

 

Ignacio Martínez de Pisón es un escritor metódico, partidario del ‘footing’ y de la buena tertulia, amigo de sus amigos, enamorado de Zaragoza y seguidor acérrimo del Real Zaragoza, que siempre le tiene en vilo.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es el narrador natural por excelencia y uno de los más internacionales y traducidos entre los aragoneses. Ha ganado el Premio de las Letras Aragonesas en 2011, el año en que publicó la que quizá sea su mejor novela: ‘El día de mañana’ (Seix Barral), el relato coral de un delator en la Barcelona de los 60 y 70. Mario Vargas Llosa leyó ‘Enterrar a los muertos’ (Seix Barral, 2005) y quiso conocerlo de inmediato: el Nobel también ha sido uno de los sojuzgados por esa investigación que seguía los pasos de José Robles Pazos, el traductor español de John Dos Passos, asesinado en 1937 en la Guerra Civil. La vida de Ignacio ofrece un desgajamiento repentino: cuando contaba poco más de nueve años murió su padre, que era militar de profesión. Los Martínez de Pisón vivían entre Logroño y Zaragoza. Tras el fallecimiento, su madre tuvo recomponer su vida y reajustar su estatus. Pisón vivía en el Coso en una casa amplia y vieja con suelos de madera y techos altos; más tarde él y sus hermanos se trasladaron a la calle Zurita a un edificio en el que también vivía su abuelo materno y donde tenía el despacho.

¿Qué pasó tras la muerte de su padre?

Fuimos perdiendo un poco de contacto con la familia paterna, de Logroño. Mi abuelo materno, y su casa de la calle Zurita, se convirtieron en fundamentales para mí. Iba al cine con él y pasaba muchas horas en su despacho, donde miraba la ‘Enciclopedia Espasa’ de cien volúmenes. Esa fue una de las mejores diversiones de mi infancia.

¡Vaya diversión!

Mi abuelo se jubiló y mantuvo el piso; de vez en cuando me dejaban las llaves, me colaba en él y descubría su mundo personal. Mi abuelo había sido carlista y tenía la trilogía ‘La guerra carlista’ de Valle-Inclán; compuesta por tres novelas: ‘Los cruzados de la causa’, ‘El resplandor de la hoguera’ y ‘Gerifaltes de antaño’. Valle no es un modelo literario al que me acoja ahora. Sin embargo, aquella novela me parecía trepidante, con una perfección técnica inigualable, mezclaba la épica y el intimismo con mucha fluidez, y siempre me pareció que esa trilogía no estaba suficientemente valorada.

¿Cómo se hizo escritor?

Entonces el Bachillerato duraba menos, y yo entré en la Universidad de Zaragoza con poco más de 16 años. Pronto empecé a contactar con jóvenes inquietos, a los que les interesaba mucho la literatura. Pienso en José Luis Melero, escritor y bibliófilo; en Gerardo Alquézar, que fue clave en mi aprendizaje de la poesía; en el profesor Antonio Pérez Lasheras. Yo estudiaba Filología Hispánica y coincidíamos en las clases de italiano de Luisa Capecchi, que era muy amiga de Manuel Pinillos, el poeta del Niké y colaborador de HERALDO.

¿Recuerda a algunos profesores en particular?

Me acuerdo de aquellos profesores que sabían transmitir la pasión por el conocimiento. Pienso, por ejemplo, en Juan Manuel Cacho, que nos enseñó con tal entusiasmo la novela de caballerías, que leí muchas con puro deleite. José-Carlos Mainer nos acercaba al siglo XX. Era el autor de un manual de referencia como ‘La Edad de Plata’, que acababa de publicar y que exhibía un conocimiento deslumbrante y globalizador. Mainer siempre fue muy generoso conmigo.

Sin embargo, usted no tardaría en marcharse de Zaragoza.

Uno es de donde estudia el Bachillerato, y yo soy zaragozano hasta la médula. Tras aquellos años de formación, de los primeros escritos, de algunos poemas, pensé que aquella Zaragoza se me quedaba pequeña y decidí cambiar de ciudad. Quería abrirme camino, a solas, sin amigos, quería entrar en la vida adulta. Ya había conocido a María José Belló, que es mi mujer y la madre de mis dos hijos Eduardo y Diego. Nos fuimos a Barcelona, donde me licencié en Filología Italiana, ella aprobó las oposiciones, y yo incluso trabajé unos meses en un instituto. Daba clases de lengua. Se me había olvidado la lengua española de la carrera y me sentía indefenso. No era un buen profesor y lo dejé.

De repente, da el paso a la literatura.

Aquellos eran otros tiempos: de ideales y de libertad. Publicabas en una revista y lo vivías como una consagración, ja, ja. Escribí una novela, basada en algunas cosas de mi infancia, ‘La ternura del dragón’ (Anagrama, 1984), la mandé al premio Casino de Mieres y tuve la suerte de ganar. Aquello me hizo sentirme escritor por primera vez y me dio mucha confianza en mí mismo. Al fin y al cabo, yo opté por la profesionalización: he vivido siempre de la escritura y sus alrededores.

Poco después aparecería en las páginas de ‘El País’ en las escaleras de su casa, con la Olivetti Lettera 32 sobre las rodillas.

Soy un escritor con suerte. Escribí algunos cuentos, que conformarían ‘Alguien te observa en secreto’ (Anagrama, 1985), y recuerdo que hice fotocopias y que tomé un bus que me dejó muy cerca de Anagrama y de Tusquets. En ese momento, los dos sellos buscaban autores jóvenes: era una nueva etapa histórica, empezaban a manifestarse nuevas tendencias, nacía una generación que sería la de la ‘Nueva Narrativa’... Anagrama me contestó dos semanas antes que Tusquets y con ellos publiqué ‘Alguien te observa en secreto’.

¿Cómo fueron los años de Anagrama?

Estuve con ellos durante 20 años. Me sentí muy a gusto. Anagrama era una editorial pequeña, cercana, y escuchabas con mucha atención a tus editores: a Jorge Herralde y a Enrique Murillo.

Aunque usted a quien escucha de verdad es a sus primeros lectores.

Desde luego. Siempre me ha gustado contar con un pequeño núcleo de primeros lectores. Esa primera lectura siempre es muy útil. José Luis Melero y Félix Romeo son dos de mis lectores. Lo eran, porque Félix ha muerto y nos ha dejado un vacío inmenso, imposible de llenar. A él le debo una corrección importante en el final de ‘El día de mañana’: siempre tenía un punto de vista original y brillante. Félix era muy invasivo en todo, te mantenía en tensión intelectual y emocional. Era un animal afectuoso. A veces, cuando leo una noticia, oigo un chiste malo o una cosa pintoresca, tengo la inclinación de llamarlo. Y ya no está: me parece increíble.

Usted se define como un escritor realista.

¡Quién lo iba a decir! No siempre fue así: al principio de los años 80 era al revés. ¿Quién se atrevía a ser realista? Mi primer libro, ‘La ternura del dragón’, tenía algún que otro arrebato fantástico. El realismo, de entrada, sugiere una tradición un poco lúgubre, muy española, alejada de esas tradiciones anglosajonas más luminosas. Desde hace tiempo me he reconciliado con esta tradición tan nuestra. Si es tan duradera y sólida, por algo será. A lo mejor es que nuestros escritores lo han hecho bien.

¿A quiénes se refiere?

La gran novela española de os últimos 200 años es realista. Pienso en ‘La Regenta’ de Clarín, en ‘Los pazos de Ulloa’ de Emilia Pardo Bazán, en Galdós, que es un escritor apasionante, pienso en Baroja. Le hablo de una tradición un tanto intemporal a la que siempre se ha vuelto. Al fin y al cabo la literatura no sirve de nada si no te permite cuestionar la realidad en que vives. Para mí la novela es el arte de la interpretación de la realidad. Mi oficio consiste en saber captar la realidad y saber transformarla en palabras.

¿Cómo se produjo ese paso hacia la objetividad’

Cuando me afirmo cada vez más como novelista. Yo al principio era más cuentista, y nunca he dejado de escribir cuentos. Poco a poco fui intentando hacer crónica de mi tiempo, una ficción contemporánea a través de un estilo transparente. La primera vez que tengo la sensación de que he encontrado lo que andaba buscando es con ‘Carreteras secundarias’ (Anagrama, 1996). Un escritor no nace con un estilo propio: lo busca, lo redondea, lo define libro a libro, y en ‘Carreteras secundarias’, esa historia de un padre y un hijo que viajan en un ‘tiburón’, había encontrado lo esencial. Ese libro significaba la búsqueda de lo sustantivo como categoría vital.

Ese libro insistía también en algo que le obsesiona: el mundo familiar.

Todos tenemos una familia. Y representa, por lo general, tu primer mundo de afectos y de conflictos. Todas las familias tienen un secreto y hemos sido modelados por ella.

Otro de sus temas claves son las mujeres. ¿Por qué?

Uno siempre intenta entender a las mujeres. Tienen una presencia decisiva en el mundo que nos rodea y parecen más misteriosas que nosotros. Por lo demás, no soy un entendido: soy un monógamo más o menos perfecto desde los 18 años.

¿Es ‘El tiempo de las mujeres’ (Anagrama, 2003) su mejor novela?

No lo sé. Solo me siento satisfecho de lo que he escrito a partir de ‘Carreteras’: de ‘Dientes de leche’ (Sex Barral, 2008), de ‘El día de mañana’ y, por supuesto, de ‘El tiempo de las mujeres’. Tengo la sensación de que existen vasos comunicantes, hilos secretos, mundos complementarios entre esos libros.

Sin embargo, hay un libro decisivo en su trayectoria que además supuso su paso a Seix Barral: ‘Enterrar a los muertos’, la investigación sobre de José Robles Pazos, asesinado por los servicios secretos soviéticos...

Es un libro diferente, una investigación, es un libro para un público más exigente, y en el fondo esa pesquisa tiene algo de novela. Yo nunca había hecho algo así, pero la propia vida me fue regalando información y personajes increíbles, como la hija del propio Robles Pazos. Estoy muy a gusto en Seix Barral.

Quería preguntarle por el humor...

Al principio mis libros eran serios, casi tristes, graves, y desde ‘Carreteras secundarias’ hay mayor sentido del humor. Un humor agridulce, claro, y a la vez hay una búsqueda constante de la felicidad.

¿Y el pudor?

Soy pudoroso. Y las novelas acaban siendo como es uno. No me gusta el énfasis o la ostentación, pero eso no quiere decir que no escriba desde el fondo del corazón. Escribo desde el fondo de un rincón oscuro del corazón y quiero que en mis libros aliente la vida. Corrijo mucho, soy metódico y obsesivo, pero no soy de los que creen que la perfección es sinónimo de buena literatura. Un escritor no es un decorador: trabaja con verdades profundas que debe saber transformar en arte. El escritor escribe desde sus heridas, desde aquello que le conmueve hondamente.

Hablemos de cine. Usted es el guionista de ‘Chico y Rita’, la película de Fernando Trueba y Javier Mariscal que compite por el Óscar.

Yo llegué al cine casi por casualidad porque las cosas se aprenden. Cuando Emilio Martínez Lázaro adquirió los derechos de ‘Carretera secundarias’ redacté yo mismo el guión. Se lo pasé, les gustó, lo ajustamos y reajustamos; también redacté el guión de ‘Las trece rosas’. Ahora con Fernando y Javier ha sido sobre todo una colaboración, me sentí muy a gusto. Me gusta mucho el mundo de la música.

¿Qué ha significa Aragón y Zaragoza para usted?

Me siento aragonés por todos los costados. Y muy zaragozano. Fue la literatura de José María Conget la que me enseñó que Zaragoza era una ciudad literaria, y muchos de mis libros transcurren aquí. Zaragoza es el espacio de mi memoria y el lugar donde viven muchos amigos. Y a mí me encanta pasearla, recorrerla y reconocerla.

 

*La primera foto de Ignacio es del Heraldo de Aragón; la segunda de Josean Melendo. Esta entrevista apareció el domingo en la sección 'Heraldo Domingo', que coordina Picos Laguna.

 

 

01/02/2012 08:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PANIZA, CON ILDEFONSO-MANUEL GIL

PANIZA RECUERDA A ILDEFONSO-MANUL GIL EN SU CENTENARIO

Esta tarde, a partir de las 17.00, Paniza rinde homenaje a uno de sus paisanos más ilustres: Ildefonso-Manuel Gil López, poeta, narrador, ensayista, traductor, memorialista. Habrá diversas intervenciones de Juan González Soto, Manuel Hernández, María Antonia Martín Zorraquino, Jesús Lordas y Victoria Gil, bajo la coordinación de Antón Castro. Además se descubrirán dos placas de homenaje, se leerán sus poemas por Pilar Burillo y el poema premiado con el galardón Ildefonso-Manuel Gil. La tarde se cerrará con un recital de piano de David Vega y Nuria Oteo.

28/01/2012 14:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER SEBASTIÁN: UN DIÁLOGO SOBRE 'EL CICLISTA DE CHERNÓBIL'

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[Javier Sebastián, con ‘El ciclista de Chernóbil’ (DVD) y Mauro Corona, con ‘Fantasmas de piedra’ (Altair),  Premios Cálamo 2011. El jurado ha decidido otorgar un Premio Cálamo Extraordinario a la obra ‘Cien mil millones de poemas. Homenaje a Raymond Queneau’. Recupero para el blog una extensa entrevista que le hice a Javier con motivo de la aparición del libro de DVD. Por puro azar de la vida, este año yo he publicado uno de mis libros favoritos, en verso y prosa (con 'Golpes de mar', agotado y descatalogado por Destino, y 'El testamento de amor de Patricio Julve', rescatado hace poco por Xordica). Javier Sebastián es un muy buen escritor, minucioso y ambicioso, y una persona estupenda. La foto de Javier es de Javier Vidal.]

 

 

¿Por qué le ha interesado este tema de Chernóbil, cómo llegó a él?

Me atraen los lugares abandonados, disparan mi imaginación. Lugares como los hoteles vacíos que había antes en Panticosa. Un poco como el hotel Overlook, de ‘El resplandor’. Casas vacías. Imagino vidas, canciones, niños haciendo los deberes en la cocina. Y de pronto todo eso ha desaparecido. El mundo está lleno de sitios de donde se fue la gente y ya nadie sabe dónde está. Un día supe que a tres kilómetros de Chernóbil hay una ciudad vacía, que es Pripyat. Allí vivían casi 50.000 personas, lo dejaron todo creyendo que iban a volver muy pronto. Allí quedaron sus ropas, sus fotografías, las mesas preparadas para la cena. Pero no pudieron volver. Mi novela ‘El ciclista de Chernóbil’ parte de la imagen de esa Pripyat evacuada, y de la de un anciano al que vi cómo abandonaban en un restaurante de París. Tenía que unir las dos cosas: una ciudad vacía y un hombre al que dejan solo. Así empieza todo.


Háblenos un poco de Vasia Nesterenko. Es un personaje real con un pequeño e importante cometido...

Nesterenko fue uno de los físicos nucleares más importantes de la Unión Soviética. Dirigió el ‘Proyecto Pamir’, un asunto militar que consistía en diseñar pequeñas centrales atómicas transportables para dar energía al lanzamiento de misiles intercontinentales. Un mes y medio después de entregar el primer reactor móvil explotó Chernóbil. De inmediato llamaron a Nesterenko. Junto con otros físicos, descubrió que entre 10 y 12 días después del accidente podían darse las condiciones para una explosión de naturaleza nuclear. Pero lo evitaron. Lo contó Nesterenko en el Georges Pompidou de París unos años más tarde. Dejó el ejército y fundó un instituto de asistencia a la gente que todavía hoy vive en zonas contaminadas. Lo amenazaban, intentaron matarlo dos veces. Ese fue Vasia Nesterenko, un hombre que, con sus debilidades, con sus contradicciones, transitó por donde los demás no nos atrevemos.


Resulta muy oportuna la publicación en este momento cuando Japón vive una crisis nuclear, derivada del terremoto, y el mundo reflexiona sobre esa energía.

Empecé a escribir ‘El ciclista de Chernóbil’ después de ver la primera exposición que se hizo en el mundo sobre Chernóbil. Las caras de miedo de los liquidadores cuando volvían de retirar los escombros radiactivos con la mano, la resignación, la voluntad de resistir, la risa a pesar de todo. Todo eso se me quedó dentro. Ya tenía la ciudad vacía que estaba buscando, ya tenía al hombre abandonado. Y me puse a escribir. Hablé con gente que estuvo la zona de exclusión, me entrevisté con las hermanas Zorina, dos colaboradoras de Nesterenko. Algo así, pensábamos todos, no volverá a pasar. Pero el viernes 11 de marzo, de madrugada, empecé a recibir sms en el móvil. Hablaban de la emergencia nuclear que había decretado el gobierno de Japón. Nesterenko, después de sobrevolar en helicóptero la central, dijo que había visto el infierno y que tenía un bonito color azul, tirando a morado.

¿Tiene una postura clara sobre la energía nuclear?

Kofi Annan, ex-secretario general de la ONU, habló de nueve millones de víctimas de Chernóbil, entre muertos, desplazados, enfermos, abortos, suicidios… La Academia Rusa de las Ciencias prevé 270.000 casos de cáncer, aparte de unos 200.000 casos ya diagnosticados atribuibles a la contaminación radiactiva de Chernóbil. El Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Estados Unidos, dice que desde 1944 hasta Chernóbil se produjeron en el mundo 284 accidentes de radiación catalogados como graves. El European Committee on Radiation Risk asegura que la radiación ha producido alrededor de 63 millones de cánceres en el mundo. Puedo seguir. Me remito a lo que dice la comunidad científica independiente. Y lo que dice es devastador.


¿Qué ha significado Chernóbil en la historia reciente del mundo?
En primer lugar, el colapso de la Unión Soviética. El presidente de la Unión de Liquidadores de Chernóbil, Youri Andreïev, que ahora vive en Viena, dice que el accidente fue en realidad un acto de sabotaje de los servicios de inteligencia occidentales, en respuesta al Proyecto Pamir. Aparte de eso, Chernóbil nos demuestra lo pequeño que es el mundo y lo corta que es nuestra vida en relación con este tipo de catástrofes, cuyos efectos son para todos y para siempre. Como dice Josep Ramoneda, director del CCCB, es también una metáfora de la sociedad del riesgo, que debe preguntarse qué está dispuesta a asumir y a cambio de qué beneficios. También es un desafío a los mecanismos de difusión de la verdad, porque la radiactividad y la mentira son hermanas gemelas.


¿Cómo ha sido la escritura, la documentación?

Una vez me entrevisté con un ruso que se inventó todo lo que me contó. Me pareció conmovedor, era la historia de un hombre que quería tener otra vida y yo le escuché. Era un verdadero novelista, de hecho sufría enormemente cuando me hablaba de ciudades subterráneas habitadas por esclavos, minas de uranio en las que enloquecían los hombres. Quizás un día escriba sobre él. Pero aquella charla no me sirvió para esta novela.


¿Entonces?

Sí, en cambio, me sirvieron los informes de la ONU, las entrevistas, he visto cientos de fotografías y vídeos. Valeri Legasov, que fue quien dio la versión oficial del accidente en Viena, se suicidó justo cuando empezaba a publicar en un pequeño diario de provincias sus notas sobre aquellos días de abril de 1986. El físico Chaadayev, que aseguraba que tenía pruebas de que la culpa había sido de un terremoto, desapareció. Hay 110 teorías sobre lo que pasó en Chernóbil. Al final, acumulas tanta información que acaba pesando demasiado sobre un texto que quiere ser una novela. No puedes ponerlo todo, aplastaría la ficción. Y entonces llega el momento de desescribir. Desescribir es tan importante como escribir. Por eso, me gustaría que esta novela se leyera como el principio de una averiguación, que el lector tomara el relevo.


La novela mezcla la ficción y la realidad. Aquí es difícil saber qué es ficción y qué es realidad, me refiero en Chernóbil, y en su novela casi también.

Chernóbil no admite un relato lineal, ni siquiera coherente. La devastación genera una literatura del silencio. Como en los ‘Relatos de Kolimá’, de Varlam Shalámov. Los personajes miran a su alrededor y callan. Individuos ínfimos que parece que se los va a llevar una corriente de aire. Me propuse un acercamiento, porque la radiactividad impone su distancia. Yo creo que cuando concurren en un texto como este los datos, la imaginación, las hipótesis, las voces de la gente que vive en los territorios contaminados y, sobre todo, la literatura, uno acaba haciendo un viaje sin mapas, y los viajes nos cambian. ‘Koba el temible’, de Martin Amis, fue para mí un modelo para este viaje sin mapas.


¿Y esos personajes secundarios, tan novelescos, con vidas que tienen algo de circenses, como de actores de película...?

Leí en un sitio que por la región de Polessia iba una maga diciendo que sabía cómo acabar con el estroncio 90 de los campos. La llamaban la maga Parasca y los alcaldes la tenían en mucha consideración. Y eso es verdad. Pura verdad. En la novela aparece un soldado que, después de ver el famoso gol de Maradona en la televisión, mejoró mucho su puntería matando perros asilvestrados por los alrededores de la central, una mujer que planta cebollas en forma de corazón sobre las tumbas de los muertos. También aparece el flaco Laurenti Bajtiárov, que canta canciones de Demis Roussos con gran sentimiento; Jvórost, el presumido, que viste un ceñido traje color vainilla; el matrimonio Jrienko, que se alimenta de gusanos y está pensando en comercializarlos. Todos ellos viven en la ciudad vacía de Pripyat y allí organizan una comunidad de supervivencia.


Habla de una celebración de la vida, de la alegría. ¿Puede celebrarse eso en este contexto?
Si hoy nos anunciaran el fin del mundo, haríamos un baile. Nos besaríamos. Y haríamos muy bien. Mis personajes tienen altibajos, pero, en general, están contentos. Se enamoran. Cantan. Incluso se arreglan un poco para salir a la calle, siendo que Pripyat es una ciudad desierta. El exsaqueador Jvórost, que en su vida anterior fue empleado en una pastelería de Minsk, suele ir con una flor en el ojal, dice que uno no debe perder nunca las formas.

¿Cómo podríamos definir la novela? Habla de novela de averiguación, de novela que otorga la voz a los muertos, a las víctimas, de novela-informe...
La novela es un relato sobre los resistentes. Sobre la ocultación. Sobre el silencio que dejan los escenarios devastados. Sobre la fragilidad de la vida. Y también en algunos momentos es una novela sobre la alegría, a pesar de todo. Los personajes de mi novela son muy generosos y ofrecen lo que tienen, que es compañía, conversación, poco más. Se tocan y se abrazan, aunque en ocasiones es para comprobar que no están hablando con muertos. Y Vasia Nesterenko va a todos lados en bicicleta porque quiere estar en forma, quiere vivir. ‘El ciclista de Chernóbil’ es una novela sobre la alegría de estar vivo.


¿Qué libros, qué autores le han abierto algunos caminos?

Antes he mencionado a Martin Amis, su manera de aproximarse a los hechos en ‘Koba el temible’ es admirable y literaria. Toda esa escritura de la desolación: el japonés Ibuse, Shalámov. Siempre Juan Rulfo. Un poco Ballard. Pero en mi novela creo que también hay huellas de autores enormemente vitalistas, como Zadie Smith o Julian Barnes. Leí los libros de los periodistas Wladimir Tchertkoff, Galia Ackerman, Alla Yaroshinskaia, Svetlana Alexeievich, Zhores Medvedev y otros, que me ayudaron a saber cosas, incluso a contarlas un poco como ellos. Practicando un distanciamiento que hace que los personajes se levanten solos. Como escritor me veo en los márgenes. En los márgenes se está bastante cómodo. En los márgenes hay menos radiactividad.

VILAS HABLA DE 'LOS INMORTALES'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es muchos otros y él mismo. Su literatura, de atmósfera pop y de exaltación constante de una imaginación libre, está poblada por personajes que adquieren caracteres ambivalentes y por un Manuel Vilas que es un autorretrato y, a la vez, puro delirio y una forma de ironía. Y un ejercicio de autoficción. Vuelve a suceder en su nueva novela, 'Los inmortales' (Alfaguara), de estructura cervantina que presentó la pasada semana en FNAC y ahora lo hace en Madrid y Barcelona.

Ha dicho que este libro arranca de algunas de sus últimas experiencias con la muerte. ¿Por qué, a qué muertes alude?

A la de algunos amigos, que se han quedado por el camino demasiado jóvenes y a la de mi padre, que falleció en 2005. Él quería vivir, y su adiós también me llevó a preguntarme qué es y para qué sirve la vida. No aceptas la muerte: yo, como le sucedía a mi padre, tengo una ilusión por vivir. La vida me entusiasma y me exalta.Es como si, de repente, me diera cuenta de podemos desaparecer. Me he puesto en guardia. Yo también moriré y eso me ha puesto un poco nervioso. A mí me gustaría que la vida durase siempre, pasear al sol. Esa conciencia de la fugacidad me desarmó, y la literatura me ha ayudado a exorcizar esa revelación terrible.

¿No le habrá afectado la crisis también?

No creo. Yo soy optimista. El ser humano, y puede verse a alo largo de la histoira, ha evolucionado para mejor. A pesar de lo que está ocurriendo estamos viviendo el mejor momento histórico. Y dentrod e 300 años se vivirá mejor. Yo soy optimista, vitalista.

Claro. Por eso se entiende que parte de su novela se desarrolle en el año 22001.

Somos seres históricos. La historia del hombre es la de una aritmética constante. Y la imaginación literaria te lleva a explicar lo que sucede, a instalarte en la ciencia ficción, en la distopía, algo que también hacía J. G. Ballard.

Empecemos específicamente con el libro...

'Los inmortales' arranca con un hallazgo: en 22001 se descubre un manuscrito donde se cuentan las andanzas de un conjunto de criaturas escogidas para ser inmortales: el propio poeta o narrador que soy, Saavedra, el protagonista de esta historia...

¿Qué le debe este libro a 'El Quijote'?

A mí me fascina la vida de Cervantes, que encarna a la perfección su espíritu. En segundo lugar, 'El Quijote' es un libro decisivo que habla de los grandes valores de Occidente: en 'El Quijote' se ve el fundamento de la democracia y es una novela sobre la tolerancia. Y por último, a través de la inteligencia de Cervantes, queremos vivir la vida. Cervantes es indulgente y generoso, y la generosidad y la indulgencia son grandes virtudes de la especie humana. Y esa indulgencia la he trasvasado a 'Los inmortales', que es una novela sobre la indulgencia.

¡Nadie lo diría!

No se crea: en mi novela aparece un personaje como el de don Quijote, ese Saavedra vitalista y poliédrico, y otro que emula a Sancho. En el fondo esta es una novela de parejas: Picasso y Vincent Van Gogh, la madre Teresa y el Papa, Virgil y Fede... La novela avanza porque existe un interlocutor que le hace compañía a cada personaje. Eso conlleva otro aspecto: la derrota de la soledad. Querría no estar solo nunca. Con los diálogos intento dar una lección de vida. Soy un vitalista.

Por cierto, una de las grandes parejas del libro es la de Hilter y Stalin. ¿Cómo lo explica?

Eso que hago yo con ellos, distorsionarlos, inventarles otra vida, no es nuevo: los convierto en personajes de la cultura pop, pero eso ya lo hizo antes Andy Warhol. No es frívolo exactamente, eso es la literatura: una vuelta de tuerca más a la realidad. En mis libros se diluye la realidad, se transforma, y eso también es cervantinismo, es la verdad de las mentiras.

Usted establece su propio código que le permite hacer y decir lo que le dé la gana, ¿no?

Hay como un desafío a la lógica y mis libros no hay que leerlos de manera lineal, buscando la estricta verosimilitud: siempre hay un desafío, un riesgo.

Por cierto, sus libros son muy culturalistas, exigentes con el lector. ¿Para quién escribe?

'Los inmortales' es un libro de historias y de personajes de amplio espectro, político y cultural.

Ha dicho que 'Los inmortales' es una novela de caballerías...

Desde luego. Es una novela de caballerías invertida, es decir una parodia, y ahí establece otro vínculo con Cervantes. El personaje que encuentra el manuscrito, Aristo Willas, manda a Corman Martínez, el último comunista, que visite todos los McDonald's del mundo. Y algo así solo puede darse en una novela de caballerías del siglo XXI, donde se produce una reunión de poetas en la luna.

¿Qué valor le da al humor?

Todos mis libros son libros de amor. El humor es otra de las formas del amor, un amor muy libre que rebaja la solemnidad. El humor es una búsqueda del otro y está muy presente aquí. El humor nos hace a todos más humanos.

 

25/01/2012 11:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL ARCHIVO DE MUÑOZ MOLINA, DONADO A LA BIBLIOTECA NACIONAL

Antonio Muñoz Molina dona su archivo personal

a la Biblioteca Nacional de España

 

 

*Nota de la Biblioteca Nacional

 

El patrimonio bibliográfico español se ha visto significativamente  incrementado gracias a la donación del archivo personal de Antonio Muñoz Molina. El escritor y académico ha considerado a la Biblioteca Nacional de España como el lugar más idóneo para albergar algunos de los frutos de su trabajo como escritor. Entre los documentos donados se hallan cuadernos con notas extraídas de sus lecturas, borradores de algunas de sus novelas, papeles preparatorios, poemas inéditos de juventud y una obra de teatro igualmente inédita escrita hacia el año 1974.

 

El generoso gesto de Muñoz Molina tendrá grandes ventajas tanto para la conservación y seguridad del archivo como para su difusión, favoreciendo la investigación de la obra no sólo en el momento presente sino también en el futuro.

 

Desde hace ya varios años la Biblioteca Nacional de España está realizando una campaña de promoción del donativo de archivos entre las personalidades de la cultura hispánica, habiéndose conseguido, entre otros, el de Jorge Guillén, Federico Senén, Gabriel Alomar o Joan Margarit, de más reciente adquisición. La Institución dispone de una aplicación informática creada expresamente para procesar los archivos personales, en la que especialistas bibliotecarios realizan una minuciosa descripción de todos y cada uno de los documentos que los componen. De esta forma, las cartas, fotografías, agendas, notas manuscritas, etc. de un autor no se disgregan sino que siguen integrando un conjunto unido, tal y como estaban en posesión del autor, lo que facilitará la tarea del investigador.      

 

La Biblioteca Nacional de España, como conservadora y difusora del patrimonio bibliográfico español, a la vez que promotora de la investigación hispánica, agradece y felicita a Antonio Muñoz Molina por su acto altruista, así como anima a la comunidad científica y literaria a imitar el ejemplo.

 

*En la foto, Antonio Muñoz Molina con su compañera Elvira Lindo en una foto de internet que pertenece al 'El País'.

 

25/01/2012 11:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO ENRIQUE ASÍN CORMAN, BIÓGRAFO DE FLORENTINO BALLESTEROS

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[Esta noche, a los 64 años de edad, moría el escritor, dibujante y apasionado de los toros Enrique Asín. Hace un par de años, publiqué en ‘Heraldo de Aragón’, este retrato de Enrique Asín Cormán, biógrafo de Florentino Ballesteros y dueño de un espléndido Museo Taurino.]

 

 

ENRIQUE ASÍN CORMÁN HA FALLECIDO

Enrique Asín Cormán era como un caballero de antaño: elegante, señorial, un enamorado de la belleza, del romanticismo y del arte. Halló en la tauromaquia un universo ideal de incitaciones. De niño, su abuelo Jesús Cormán, ‘el Cojo’, lo llevaba al Coso de la Misericordia y le hablaba de la ‘Edad de Oro’ del toreo aragonés, cuando Herrerín y Ballesteros provocaban suspiros de emoción y alguna reyerta a bastonazos en los aledaños de la plaza. Poco después, de estudiante en Madrid, se hizo asiduo del Museo Romántico y era un merodeador insomne de las Ventas, que olía a almizcle y a vaharada espesa de humo. Volvió a casa con el gusanillo de los toros en la cabeza y en la sangre, y a ese mundo le dedicó muchos esfuerzos. Fue adquiriendo una colección de fotos, trajes, carteles, cuadros, dibujos, estampas, maquetas, espadas, periódicos y revistas, y creó el Museo Taurino en Blas Ubide 12+1. Su local era un foco de encuentro y de tertulias donde los aficionados y amigos de Enrique parloteaban, comían y bebían a sus anchas. Su mujer María Jesús era familiar del litógrafo Portabella y así consiguió carteles y pruebas de impresión. Un día, a Enrique la vida empezó a darle latigazos terribles: se murieron su mujer y su propia hermana, se arruinó, y peleó contra la fatalidad. Intentó que su amada colección se quedase aquí, en vano, y para resistir tuvo que vender algunas piezas espléndidas. En 2009, una parte de ese patrimonio se expuso en el Palacio de Sástago. Gusten o no los toros, ahí pudo verse un impresionante legado cultural de casi tres siglos. Enrique, que tiene algo de diletante trágico, ni pudo asistir a la inauguración: sufrió un accidente en una cadera y desde el hospital soñó que contaba a los asistentes el cuento de los toros. Una loca pasión por la fiesta: esa orgía del amago, del vértigo y la muerte.  

EL PÚGIL TOM MOLINEAUX

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[El escritor zaragozano Antonio Cardiel, que reside en Barcelona desde hace años y que viaja constantemente al Pirineo, es un gran aficionado al boxeo. Próximamente publicará un libro, que tiene mucho de crónica y de búsqueda de un púgil, titulado ‘El boxeador’. Estos días, tras un viaje a Londres, me ha enviado esta nota y este dibujo Tom Molineaux. Aquí está la historia completa.]

 

HISTORIA DE TOM MOLINEAUX, BOXEADOR

Por Antonio CARDIEL

 

Siempre que hacemos un viaje al extranjero me gusta traerme algún objeto de recuerdo. Cuando fuimos a Londres a comienzos de 2012, pensé que estaría bien conseguir algún grabado o fotografía de boxeadores, no en vano Inglaterra es la cuna del boxeo moderno, donde se celebran combates con regularidad desde comienzos del siglo XVIII, y Londres, por su parte, la plaza más importante de Europa en anticuarios.

Pues bien, a pesar de todas las expectativas, apenas pude encontrar objetos relacionados con este deporte en los diferentes anticuarios que visité (alguna fotografía ya del siglo XX, cromos sueltos y enmarcados, guantes…). Pude, no obstante, conseguir dos estampas, lo que los ingleses llaman print, ambas de mitad del siglo XIX.

La primera es una lámina de 1840, comprada en el mercado de Portobello el sábado 7 de enero de 2012, que representa al peso pesado negro Tom Molineaux. Es copia de un dibujo en color realizado por el pintor Robert Dighton en 1812 y que se conserva en la National Portrait Gallery de Londres.

Tom Molineaux fue un peso pesado nacido en 1784, en Virginia, Estados Unidos. Era esclavo y fue entrenado por su padre. Tenía un hermano gemelo también boxeador. Peleó contra otros esclavos para entretener a los dueños de las plantaciones de Virginia. Debido a las ganancias que obtuvo con estos combates, pudo comprar su libertad, momento en el que emigró a Gran Bretaña en busca de fortuna.

Pasó gran parte de su carrera pugilística entre Gran Bretaña e Irlanda, países donde protagonizó notables sucesos. Hizo su primer combate en Inglaterra el 24 de julio de 1810, venciendo a Jack Burrows en 65 minutos. El 3 de diciembre de 1810 peleó por el título inglés de los pesos pesados contra Tom Cribb, otro boxeador legendario, que era el favorito del público y en las apuestas y quien finalmente ganó. Ambos boxeadores se enfrentaron de nuevo el 28 de septiembre de 1811 ante 15.000 personas, en otro de esos combates legendarios de la historia del boxeo. En el decimoprimer asalto, Cribb le rompió la mandíbula.

Su carrera como boxeador terminó en 1815. Fue encarcelado por deudas y terminó sus días arruinado y alcoholizado en Dublín, ciudad donde murió a los 34 años.

23/01/2012 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL CENTENARIO DE UN POETA: ILDEFONSO-MANUEL GIL (1912-2003)

ILDEFONSO-MANUEL GIL

El poeta de la autenticidad cumple un siglo

 

 

[Hace cien años, nacía en Paniza el humanista y escritor de la Generación de 1936, que fue condenado a muerte y dirigió la Institución Fernando el Católico]

 

ANTÓN CASTRO / Zaragoza

Tal día como hoy, hace exactamente un siglo, en Paniza, Zaragoza, nacía el humanista, escritor y profesor Ildefonso-Manuel Gil. Poco después, se trasladaría a Daroca. Diría años después Ildefonso: “Mi vida ha sido como la del niño de ‘Cinema paradiso’. Me gustaba el cine mudo y el teatro. Mi padre alquiló, con otros socios, el Teatro Cervantes de Daroca. Yo hacía teatro con un amigo, Luis Bobed, representábamos fragmentos de los libros de preceptiva literaria y cobrábamos la función a unos céntimos”. Recreó su infancia en ‘Un caballito de cartón’ (Xordica, 1996), donde habla de la revelación de la literatura, de sus paseos por las colinas al ocaso con su padre y del clima de amistad y creatividad incesante que vivía con su hermana Victoria, que tocaba el piano y murió joven: hacían juegos de palabras, construían diccionarios de casi todo y leían los poemas de Bécquer.

Pronto se inclinaría hacia las letras. Estudió el bachillerato y decidió matricularse en Derecho, entre otras cosas porque veía que “muchos escritores habían hecho esa carrera”. Se trasladó a Madrid con su madre, que le financiaría su primer libro: ‘Borradores’ (1931), que nacía del deslumbramiento por el poeta sevillano, por Gabriel y Galán, y Campoamor. Madrid fue determinante para él: conoció a Benjamín Jarnés, al que traería de excursión a Daroca, a José Antonio Maravall, a Francisco Ayala, a Ricardo Gullón, que serían sus grandes amigos. Y en 1934, tras haber pasado muchas horas en la Biblioteca Nacional y haber asimilado la lírica de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y la Generación del 27, publicó un poemario mucho más maduro: ‘La voz cálida’. El escritor y bibliófilo José Luis Melero, uno de sus grandes amigos de sus últimos años, dice: “Me gustaba mucho hablar con él, porque no quedaba ya nadie en Zaragoza que pudiera hablarnos, no de oídas, sino de primera mano, por haberlos conocido o mantenido amistad, de escritores como Jarnés, Sender, Juan Ramón, los Machado, García Lorca (a quien conoció con la Argentinita en el Teatro Español de Madrid), Pedro Luis de Gálvez (de quien no se libró del consabido sablazo), Seral y Casas, el vanguardista aragonés Antonio Cano...”

Poco más tarde, obtuvo una plaza de funcionario en Teruel y allí le cogería la Guerra Civil. Fue denunciado, detenido y condenado a muerte, y pasó siete meses y diez días en el Seminario, esperando que le viniesen a buscar para ser ejecutado. Esa sensación de terror diario y de pesadilla la narró en su novela testimonial, ‘Concierto al atardecer’ (DGA, Crónica del Alba, 1992). Al terminar la contienda se trasladó a Zaragoza y trabajó en el colegio Santo Tomás de la familia Labordeta, en Sagrada Familia, en HERALDO de administrador, en los tiempos de su gran amigo Pascual Martín Triep, y en la Universidad de Zaragoza, como ayudante de Francisco Ynduráin. Recuerda Eloy Fernández Clemente, primer premio de las Letras Aragonesas: “Había sido profesor mío en Letras, a comienzos de los sesenta; luego nos escribimos cuando estaba en los Estados Unidos, y el reencuentro fue para siempre, y de tú a tú, pues daba y pedía mucho cariño: muchos miércoles, a media mañana, tomábamos café al que solía acudir Pilar, su esposa. Y volaban mil asuntos, proyectos, ideas... Me gustaron mucho su primeriza novela ‘La moneda en el suelo’ y el tardío ‘Concierto al atardecer’, sobre la espera de la muerte, en el Teruel en guerra. Cuidaba muchísimo los textos, los poemas. Era un artista de la palabra”.  

Entonces, redactaba poemas y escribía ensayos en el café Ambos Mundos o en el Niké, colaboraba con un yugoslavo en la traducción de Lorca, tenía un sastre en la calle San Miguel que le habló de Pessoa, y celebraba distintas tertulias con amigos tan entrañables para él como José Manuel Blecua, José Orús, José Alcrudo o Manuel Alvar. En 1945 publicó el que algunos consideran su mejor libro de versos: ‘Poemas del dolor antiguo’. Señala Antonio Pérez, estudioso de la poesía aragonesa contemporánea: “Se trata de uno de los mayores esfuerzos por la recuperación en la poesía española de una voz personal y sincera. El poeta alcanza un tono comedido pero profundo desde el que poder apenas insinuar las causas de tanto sufrimiento; el poema nace, así, desde el temblor íntimo. Supone, al mismo tiempo, una apuesta por la vida, por la felicidad que radica en las cosas pequeñas y cercanas (la naturaleza, la familia)”. Al año siguiente apareció ‘Homenaje a Goya’.

En aquellos años de posguerra alternó la lírica con la novela: firmó textos en prosa como ‘La moneda en el suelo’ y ‘Juan Pedro el dallador’. En 1962, casado ya con Pilar Carasol, que había sido alumna suya, y padre de cuatro hijos, aceptó una invitación de Francisco Ayala para dar clases en Nueva Jersey. Permaneció más de veinte años como profesor y ensanchando su obra literaria. Y allí nacería su quinta hija, Victoria.

En 1985, regresó definitivamente a Zaragoza; se instaló en la calle Costa, fue nombrado director de la Institución Fernando el Católico. “A mí me emocionaba mucho entrar en su despacho y ver enmarcado y colgado en la pared el sobre de una carta de Juan Ramón a Ildefonso, escrito con su letra picuda e inconfundible, y en el que se leía el nombre y la dirección del poeta en Daroca. Eso no podías verlo en ninguna otra casa de Zaragoza. Eso era un signo de distinción incomparable”, recuerda Pepe Melero.

Ildefonso fallecía en 2003 a los 91 años de edad. Narrador, ensayista, traductor de Camaoens, se había sentido esencialmente poeta. Poeta de la vida y del amor, del paisaje y de la muerte, de la familia. Insiste Pérez Lasheras: “El rasgo más destacado de su poesía es la autenticidad: Ildefonso fue un poeta auténtico en toda su larga trayectoria, lo que supone escribir solo cuando se tiene algo que expresar y hacerlo desde la coherencia vital y estética, personal e intelectual”. Él y Melero coinciden en su importancia: “Escribió mucho y bien. Fue con Miguel Labordeta el más importante poeta aragonés del siglo XX, el de mayor obra y el que más eco ha tenido”. La Fundación Comarca de Daroca le recordó este fin de semana; al siguiente será objeto de otro homenaje en Paniza.

 

*Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón.

23/01/2012 01:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN SIGLO DE ILDEFONSO-MANUEL GIL

EVOCACIÓN DE ILDEFONSO-MANUEL GIL

 

Tal día como hoy, un 22 de enero de 1912, nacía el autor de ‘Concierto al atardecer’ en Daroca [Recupero este artículo publicado hace algunos años en ‘Heraldo’ / Artes & Letras]

 

Ildefonso-Manuel Gil decía: “Mi vida ha sido como la del niño de ‘Cinema paradiso’. Me gustaba el cine mudo y el teatro. Mi padre alquiló, con otros socios, el Teatro Cervantes de Daroca. Yo hacía teatro con un amigo, Luis Bobed, representábamos fragmentos de los libros de preceptiva literaria y cobrábamos la función a unos céntimos”. Aquel periodo de su niñez en Daroca era como el cuento feliz del que no quería desembarazarse. Recordaba una y otra vez los tratos con los gitanos, las visitas al castillo, los relatos legendarios de moros y princesas encantadas, la revelación de la literatura, incluso de la pornográfica como “La novela nocturna”, y sobre todo la presencia de Victoria, su hermana mayor, con la cual hacía juegos de palabras, construían diccionarios portátiles y absurdos, y luego la oía tocar el piano. Otra emoción insustituible eran los paseos con su padre, farmacéutico, por la vega, entre los pinos y el paisaje. Daroca, que se estaba convirtiendo en una región literaria, quedaba atrás como una ciudad ocre e íntima, encerrada entre murallas y torreones altivos. Empardecía en los collados y los cazadores cantaban a lo lejos entre perros y un polvo de oro.



El estudiante de Escolapios se examinaba en Zaragoza. Hubo un momento en que, deslumbrado por Gabriel y Galán, Campoamor y Bécquer, decidió ser escritor. Leía la solapa de los libros o las notas de autor y comprobaba que muchos de ellos se habían licenciado en Derecho, así que optó por esa carrera, que simultanearía, ya en Madrid, con la de Filosofía y Letras. Muertos prematuramente su padre y Victoria, la familia (la madre, Ildefonso y su hermana Antonia, otro ángel tutelar y casi inadvertido de su existencia) se las apañó como pudo. El joven poeta publicó “Borradores” (1931), y se zambulló en aquella orgía de letras que era Madrid. Conoció a Jarnés, al que visitaba con frecuencia en su casa, y vivió de cerca su pasión clandestina y no correspondida por la novelista Rosa Arciniega, conoció a Rafael Alberti y María Teresa León, “la mujer más bella de Madrid, en efecto”, a Maruja Mallo, que había sido novia de Alberti, iba a serlo de Miguel Hernández y era la mujer “que mejor maldecía de todo Madrid”. Y conoció a Juan Ramón Jiménez, hipersensible y frágil, protegido como un niño asustado por su enfermera de amor, Zenobia. Y visitó a Pedro Salinas, que poseía en casa una jaula de oro y una colección enorme de discos de piedra.

Esos amigos y esa literatura en expansión abonaron su segundo libro: “La voz cálida” (1934). El escuálido muchacho de Paniza y Daroca ya no era un “paleto deslumbrado” por la Biblioteca Nacional. Vivir, hasta entonces, había sido un don, con algunas sombras, que le regaló experiencias, nuevos amigos (Seral y Casas, Ayala, Maravall, Mingote, Sender) una vocación para siempre e incluso amores locos. “Siempre he sido muy enamoradizo. Mi fervor por la pasión nace de la felicidad que yo sentía en los enamoramientos”.

Se marchó a Teruel como funcionario del Estado. Apenas llegó, estalló la Guerra Civil y fue encerrado en el Seminario bajo la amenaza incesante del fusilamiento, la suerte que corrieron tantos otros compañeros. El horror se instaló en su cerebro y en la piel como un estigma inevitable. Sobrevivió. Aquellos siete meses y diez días de incertidumbre reaparecerían una y otra vez en el insomnio y en la escritura. Regresó a Zaragoza y se reenganchó a la vida: dio clases en Santo Tomás, Sagrada Familia y particulares a deshoras, escribió manuales de literatura casi a medianoche en el café Niké, ayudó a un yugoslavo a traducir a Lorca, conoció a un sastre esperantista que le condujo a Pessoa, y fundó una familia: otro centro germinal de su existencia, que ahondó su visión de la añoranza y de la vitalidad. Pilar Carasol, una muchacha de instituto, 14 años más joven que él, venció la huella de todas las novias para ser la única novia, la musa de la luz. Ildefonso hizo otras muchas cosas: asentó su poesía, se descubrió narrador, ensayista, traductor de éxito de Camoens. Incluso fue administrador de “Heraldo” a la sombra de Pascual Martín Triep, periodista, fotógrafo y experto gastrónomo bajo el seudónimo de Fabio Mínimo.

En 1962, asumió otro riesgo: emprendió la aventura norteamericana en Nueva Jersey. Allí nacería Victoria, la quinta de sus hijos. Con esas maletas de viajero, regresó en 1985 a Zaragoza, Daroca, Paniza. En estos 17 largos años halló lo que había soñado: amigos (escritores jóvenes y veteranos), reconocimiento oficial, editores y lectores, cariño a espuertas, respeto, y multiplicó su producción literaria con “Concierto al atardecer”, con multitud de poemarios, uno de los más bellos fue “Por no decir adiós”, con sus memorias que aparecieron en Xordica: “Un caballito de cartón” y “Vivos, muertos y otras apariciones”. El cuento de su vida se cerró con un final feliz, hasta que, ya nonagenario, la muerte acudió a cerrarle los ojos. Por eso, entró sereno en el nuevo cielo y en la nueva tierra... Apenas, unos meses más tarde, Pilar Carasol, la musa de sus versos, la luz esencial de su lírica, acudió a su lado.

22/01/2012 13:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA FREIXAS: UNA ENTREVISTA

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[Laura Freixas presentaba el pasado martes, en Cálamo, su última novela: ‘Los otros son más felices’ (Destino, 2011), el relato de una joven manchega que va a pasar el verano con una familia burguesa y cultura de Cataluña. Esta foto es de Dani Duch, un estupendo fotógrafo de 'La Vanguardia'.]

 

“Toda familia tiene una gran

novela en potencia”

  

¿Cómo nace esta novela? ¿Qué relación tiene con sus orígenes?

EL punto de partida es autobiográfico, como en todo lo que escribo. Soy hija de dos familias, una castellana, pobre, de pueblo, y la otra catalana, burguesa y de ciudad. Pero eso es sólo el punto de partida; luego, los acontecimientos de la novela son inventados. E incluso he cambiado la región de origen: sustituí Castilla La Vieja, de donde son originarios mis abuelos (concretamente de la región de la Sierra de Gredos), por La Mancha, porque La Mancha tiene una doble connotación: evoca deshonra (‘mancha’) y a la vez ha producido la mayor obra de arte de la historia de España, el Quijote. Además, su paisaje es mucho más original que el de  Gredos.

 

¿Ha querido escribir una novela de formación?

En efecto. En cierto sentido todas mis novelas hasta ahora son novelas de formación; retratan el paso de la inocencia a la experiencia, de la primera juventud a la madurez, por caminos a la vez sentimentales, intelectuales y sociales.

 

Ha dicho que las personas que han condicionado su formación son tu madre, Franco y Simone de Beauvoir. ¿Podrías explicárnoslo?

Sí, es el título de una conferencia que suelo dar en el extranjero. Elegí ese título porque es pintoresco, pero también responde a la verdad. Mi madre, una mujer que estudió de mayor, que culturalmente se hizo a sí misma, y que es una gran lectora -no sólo porque lee más de cien libros al año sino por su criterio, su gusto, que es infalible-, me abrió las puertas de la literatura. Franco también, en el sentido de que la vida bajo el franquismo era  tan aburrida, gris, mediocre, hasta ridícula, que había que huir de alguna manera; Terenci Moix, Marsé o Maruja Torres soñaban con las películas de Hollywood, pero en mi casa éramos poco cinéfilos, no teníamos televisión, y en cambio devorábamos novelas francesas.

 

¿Y Simone de Beauvoir?

En una España donde no había modelos femeninos que valiera la pena imitar (no íbamos a tomar como referente a Carmen Polo, ¿no?, ni a Lola Flores...), Simone de Beauvoir era mi ideal. 

 

¿Por qué se tiende a creer que las otras familias son más perfectas que la nuestra?

En general no vemos a los otros como son, sino que proyectamos en ellos nuestros sueños, como en una pantalla de cine, y tendemos a creer que tienen lo que nosotros no tenemos.

La novela transcurre entre dos ambientes: uno rural, de escasa cultura, y otro más elevado, con una marcada presencia de la pintura y la creación. ¿Qué quería probar?

Me he movido toda la vida entre dos mundos, muy representativos además de lo que ha sido la Europa de mediados del siglo XX, tan marcada por los ascensos sociales y las migraciones interiores: el mundo rural u obrero y el burgués. Compararlos, evaluarlos, ver qué hay de positivo y negativo en cada uno de ellos, me parece un ejercicio muy enriquecedor. Lo sigo haciendo.

Hay un momento en que dice Áurea: “En mi casa no se hablaba de nada”. ¿De qué habla la gente modesta?

De nada, en efecto, o de nada interesante. Esa es su verdadera pobreza: el esquematismo con que perciben el mundo y a sí mismos; y la verdadera riqueza, para mí, de los ricos, la más valiosa, al menos de los ricos antiguos, es su riqueza cultural, la que les permite disfrutar de un cuadro o de un ópera, interpretar un paisaje o analizar los sentimientos.

La joven, cuando llega a la casa de la familia Soley, está leyendo ‘Jane Eyre’ y Marina, la hija de sus anfitriones, a Pla...

Pla es el escritor que mejor encarna y condensa cierto espíritu catalán conservador, con el que se identifican los Soley por mucho que jueguen a la bohemia. En cambio Jane Eyre es un modelo para Áurea -aunque ella haya elegido la novela por casualidad-: una mujer que no es ni rica, ni noble, ni agraciada, pero que gobernará su propio destino. 

¿Has querido contar, en cierto modo, el acceso de una joven al universo cultural y social de Cataluña?

Áurea vive una suerte de descubrimiento del país: accede al arte, a sus pintores, a los escritores, al propio lenguaje... Sí, yo quiero y admiro mucho a Cataluña, aunque sólo me siento catalana a medias, o tal vez por eso, digamos que la aprecio a medias desde dentro y a medias desde fuera. 

Áurea solo ve a los Soley en tres ocasiones. ¿Qué es lo que ejerce sobre ella esa fascinación?

Áurea se siente imantada no tanto por lo que los Soley son, sino por lo que representan: la libertad, el refinamiento, los viajes, el protagonismo social... Y Marina, concretamente, por ser mujer y de su misma edad, le sirve como un modelo o referente inmediato. Marina representa una cierta España del último cuarto del siglo XX: la progresía, la ‘gauche divine’, el pelotazo... No sé si todas las familias tienen un secreto doloroso, pero estoy segura de que toda familia es una gran novela en potencia; para escribirla sólo necesita un/a novelista.

Muchos y muchas han escrito que “el siglo XX ha sido el siglo de la mujer”. ¿Qué será el siglo XXI?  

La frase es bonita, es rotunda, pero sólo es cierta a medias. La lucha por la igualdad tiene muchos siglos y aunque el XX ha presenciado grandes avances, todavía estamos muy lejos de haber conseguido el objetivo.

Desaparece prácticamente el Ministerio de Cultura y la dirección General del Libro. ¿Es una medida correcta?

Me parece un síntoma del poco interés que la derecha de este país ha sentido siempre por la cultura (excepto si acaso como industria) y por la literatura.

20/01/2012 10:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BRIAN McCABE, EN ANTÍGONA HOY

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Recibo un email del sello zaragozano Jekill & Jill en el que me dicen que acaban publicar un nuevo libro: ‘El otro McCoy’ de Brian McCabe. Aún no he podido ver físicamente la novela. Dicen los editores: “Hoy jueves, día 19, lo presentaremos en Antígona, a partir de las ocho de la tarde; y el sábado 21 lo haremos en Barcelona, en el bar Musical Maria, a las ocho de la tarde, de la mano de la librería Pequod Llibres. En los dos actos contaremos con la presencia de su autor, Brian McCabe, que viene de propio desde Edimburgo para presentar la edición en castellano de su novela (publicada en 1990 por Mainstream, Reino Unido)”. Esta foto está firmada por Marianne Robertson.

19/01/2012 11:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN CRUZ VISITA PORTADORES

[Recibo esta amplia nota de Eva Cosculluela y Félix González de Los Portadores de Sueños. Regresa Juan Cruz a su librería con ‘Contra el insulto’ (Turpial).]

 

Juan Cruz, en una foto de archivo de Alfaguara.

Inauguramos las presentaciones en 2012 con un escritor muy querido para nosotros: el próximo jueves 19 de enero a las 20h, JUAN CRUZ visitará la librería y conversará con Luis Alegre para presentar CONTRA EL INSULTO (Ediciones Turpial), un libro donde reflexiona acerca de como “El insulto se ha instalado como rutina perversa en la sociedad española actual. De la mañana a la noche, a través de diversos medios de comunicación, una cascada de palabras gruesas y afirmaciones ofensivas nos inunda día tras día, con cualquier pretexto y casi total impunidad”. Contaremos también con la presencia de Ediciones Turpial y, como de costumbre, al terminar la presentación tomaremos un vino juntos por cortesía de la D.O. Cariñena.

CONTRA EL INSULTO

“Los amigos de Turpial me pidieron que escribiera sobre el insulto a raíz de un reportaje que publiqué en el periódico El País acerca de la extremada bajeza a la que había llegado el periodismo y la vida española en tiempos recientes. Fue para mí como un desahogo, pues la tendencia a insultar está por doquier, todos caemos en ella, y la educación recibida no parece afectar a quienes protagonizan (protagonizamos) el uso frecuente del descrédito del otro.

 

Aquel reportaje, que es la base sobre la que me pidieron que preparara este pequeño volumen contra el insulto (y así lo he titulado), me llevó a hablar con algunas personalidades preocupadas por el lenguaje y también por la conducta de las personas en relación con los demás; hablamos sobre la raíz del insulto, sobre la impunidad en que éste se produce, por vacíos legales o o por indolencia social, sobre la inmunidad que conlleva el ejercicio avieso de esta mala costumbre social. Es una vieja obsesión mía, como periodista pero sobre todo como ciudadano, como persona: qué permite convertir en insulto la opinión, qué mecanismo psicológico abre en el ser humano la posibilidad de arremeter contra los demás, con palabras, hasta herir su dignidad en lo más íntimo. Qué tiene el hombre que le convierte en una bestia para el otro, qué nivel de odio llega a almacenarse para que lo que se puede decir sin ofender sea exactamente una ofensa.”


El autor se ha rodeado de un nutrido grupo de personalidades como Emilio Lledó, Diego Galán, Manuel Rivas e Iñaki Gabilondo para desentrañar los mecanismos que han permitido que el lenguaje de las injurias se generalice entre nosotros.


Juan Cruz Ruiz nació en el Puerto de la Cruz, Tenerife, el 27 de septiembre de 1948. Periodista, escritor y editor, al hilo de su trabajo se ha convertido en un viajero infatigable. Autor de más de una veintena de libros de distintos géneros, ha recibido, entre otros, el Premio Benito Pérez Armas (Crónica de la Nada hecha pedazos, 1972), el Premio Azorín de novela (El sueño de Oslo, 1988) y el Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias (Egos revueltos. La vida literaria: una memoria personal,2009). Su andadura como periodista comenzó a los trece años y desde 1976 ejerce su profesión en el diario El País, del que es miembro fundador. Colabora también en radio y televisión, imparte conferencias y cursos en numerosos países, y escribe frecuentemente en su blog, denominado Mira que te lo tengo dicho.

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Os esperamos el jueves 19 de enero a las 20h en Los portadores de sueños (Blancas, 4 • ZGZ).

 

14/01/2012 16:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA FREIXASY JAUME CABRÉ VISITAN ZARAGOZA ESTA SEMANA

[Recibo este correo de la librería Cálamo acerca de dos presentaciones de esta semana. Laura Freixas, escritora, editora y experta en literatura femenina, y Jaume Cabré, quien, con su ‘Yo confieso’, ha sido el autor del año para ‘El Cultural’ de ‘El Mundo’.]

 

Martes 17 de enero de 2012  a las 20 horas en Librería Cálamo

Laura  Freixas nos presenta su última novela, Los otros son más felices, obra publicada por Ediciones Destino. Acompañarán a la autora Eduardo Bandrés, catedrático de Estructura Económica de la Universidad de Zaragoza, y Miguel Mena, escritor y periodista.

Sinopsis de Los otros son más felices. Áurea es una chica de 14 años, madrileña de origen manchego, que va a pasar el verano a la casa de unos familiares lejanos en un pueblecito de la costa Brava. El contraste entre los esfuerzos inútiles de su madre por sacudirse de encima la catetez, que la hacen caer en el ridículo, y el aire aparentemente desenfadado, abierto y culto de sus«primos ricos» compondrán el germen de un malestar que hará que su vida cambie de rumbo radicalmente. Muchos años después, Áurea desentraña algunas respuestas a las preguntas que se ha hecho durante todo ese tiempo. Preguntas acerca de un verano rico en acontecimientos y en el que Áurea conocerá el arte, la belleza, el estilo, la elegancia y la cultura. Una vida verdadera que sin embargo esconderá también mentira, fingimiento y decepción, y que encerrará la clave de un secreto vital que no acierta a desvelar.

Laura Freixas. Barcelona, 1958. Hizo el bachillerato en el Liceo Francés y estudió Derecho por equivocación. Su primer empleo fue redactar una novela de aventuras por encargo de un fabricante de embutidos (es una de las cosas que cuenta en este libro). Fue estudiante en París y lectora de español en remotas universidades inglesas. Ahora vive en Madrid y ejerce trabajos varios —editoriales, periodísticos, docentes— con los que compra tiempo para escribir. Es autora de dos libros de relatos, El asesino en la muñeca y Cuentos a los cuarenta, del ensayo Literatura y mujeres, la antología Madres e hijas, y tres novelas, Último domingo en Londres, Entre amigas y Amor o lo que sea.

 Jueves 19 de enero de 2012 a las 19.30 horas en Librería Cálamo 

Jaume Cabré visita Cálamo para hablarnos de su última novela, Yo confieso, publicada por Ediciones Destino. El libro será presentado, diálogo con el autor, por el escritor y periodista Antón Castro.

Sinopsis. Si la tienda de antigüedades de la familia es todo un universo para el niño Adrià, el despacho del padre es el centro de ese universo y su tesoro más preciado un magnífico violín Storioni, en cuyo estuche aún se aprecia la sombra de un crimen cometido muchos años atrás. La infancia y la adolescencia de Adrià, llena de preguntas sin respuesta, de juegos solitarios y de falta de calor, está dedicada al estudio de la historia y de las lenguas, tal como quiere el padre, y a la práctica del violín, siguiendo los deseos de la madre. Pero un accidente acabará con la vida del padre, sumiendo a Adrià en un estado de culpabilidad y llenando su mundo de secretos y turbios misterios que tardará muchos años en despejar. Una novela ambiciosa, monumental y maravillosa que nos habla del poder, el dolor y la penitencia, el mal y la redención, la venganza, el amor, la culpa y la posibilidad del perdón, y que de la mano de una escritura brillante y a través de una imponente historia recorre los momentos estelares de la historia occidental.

El autor. Jaume Cabré (Barcelona, 1947) es un autor fundamental de la literatura catalana contemporánea. Durante muchos años compaginó la escritura con la enseñanza y los guiones para cine y televisión. Su labor literaria está centrada en la novela y el relato, pero también ha publicado teatro y varios libros de reflexión sobre la escritura y la lectura. Su obra, con títulos como La telarañaFray Junoy o la agonía de los sonidosLibro de preludiosSeñoríaLas voces del Pamanoy el libro de relatos Viatge d’hivern, se ha traducido en más de quince países, consiguiendo un éxito arrollador en Alemania, Italia, Francia y Holanda, y convirtiéndolo en uno de los autores imprescindibles del panorama literario actual.

 *La foto de Laura Freixas pertenece a 'El Cultural' y la de Jaume Cabré a 'El País'.

14/01/2012 11:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELÍAS MORO Y SUS 'MORERÍAS'

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Elías Moro Cuéllar es uno de esos seres enfermos de literatura y de palabras, marcado por un especial sentido de la amistad. Residente en Mérida y madrileño de 1959, Zaragoza se ha convertido en su ciudad de los afectos. Aquí tiene ya un montón de amigos, y no hay semana en que no mande algunos de sus mensajes: correos, cartas, portales, libros, folletos o sus publicaciones nuevas. Siempre piensa en los demás, y en eso se parece un poco a Félix Romeo: encuentra en librerías de viejo o en su poblada biblioteca libros que sabe que te van a gustar: a mí me ha mandado cosas de Ramón Acín, de Camilo José Cela (a propósito de su pasión por el fútbol) o de Manuel Rivas. Y de otros autores a Fernando Sanmartín, Pepe Melero, Cristina Grande... Ayer llegó un librito que hizo para los amigos, con colofón del 22 de diciembre de 2011, fecha del nacimiento de Álvaro Cunqueiro Mora. Se titulas ’99 Morerías’ y es su personal homenaje a Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías. Dice por ejemplo: “Las pisadas del hipopótamo son un terremoto para las hormigas”; “Los micrófonos están siempre como a punto de ser besados”; “Los grillos siempre tienen la misma conversación”; “El viento no es más que un aire que ha salido de parranda; eso sí, con unas copas de más”; “A la lavadora le gusta comerse un calcetín de vez en cuando”; “Los pájaros son la banda sonora del aire” o “El periódico se ríe de nosotros todos los días con las mentiras que nos cuenta”... Y así hasta 99, en esta entrega que consta de 99 ejemplares y que está dedicada a Isabel Román.

Otras ’Morerías’:

La tristeza es una risa que no encuentra la puerta de salida

El ojo de la cerradura multiplica la belleza de lo prohibido

El pijama es el traje de faena de los sueños

La cicatriz es la memoria de la herida

 

*Dos fotos de Elías Moro Cuéllar, la segunda es de Jorge Armestar, un retrato de Alfonso de Ramón Gómez de la Serna.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: PUBLICA 'LOS INMORTALES'

El escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962) acaba de publicar en Alfaguara su nueva novela: ‘Los inmortales’, un libro que incorpora fotografías y que sigue la estética de su novela anterior ‘Aire nuestro’. Es un libro inequívocamente culturalista, pero con esa mirada deformadora, grotesca y libre que usa Manuel. Aquí el protagonista se llama Saavedra. Alfaguara me hace llegar esta entrevista con el autor, que presenta su libro el viernes de la semana que viene en Zaragoza.

 

 

“NO PUEDO ACEPTAR LA MUERTE, ME

PARECE UN ERROR DE LA NATURALEZA”

 

Entrevista de ALFAGUARA.

Pregunta. Es Aristo Willas, en el futuro más lejano posible (22011) quien nos abre la puerta a la historia, tras el hallazgo del manuscrito que vuelve innobles a sus antepasados, los primeros inmortales, ¿por qué decidiste utilizar ese marco narrativo?

 

Respuesta. Utilicé de una forma paródica el viejo recurso del manuscrito encontrado. Toda la novela de Los inmortales es un manuscrito encontrado en el año 22.011 por un personaje llamado Aristo Willas. En el año 22.011 la inmortalidad es un bien espiritual del que gozan todos los seres humanos. Es un bien noble y elevado, una conquista espiritual y material. En cambio, en ese manuscrito, que pertenece al siglo XXI, es decir, a nuestra época, la inmortalidad es una aspiración cómica. Con ese contraste entre lo trágico y lo cómico arranca la novela.

 

P. Si en Aire Nuestro se deformaba hasta la carcajada histérica (y maravillosa) una cadena de televisión, aquí se hace lo propio con una novela, que en este caso parece, como dice el propio Aristo Willas, una novela de caballerías invertida, siniestra, innoble para con los futuros inmortales. ¿Dirías que es una novela cervatina deconstruida?

 

R. Hay muchas cosas de Cervantes en Los Inmortales. Cervantes para mí es un misterio. Pero ese personaje de mi novela, llamado Aristo Willas, habla desde un punto de vista shakesperiano. Aristo Willas condena Los Inmortales, porque es una obra cómica. Tragedia y comedia se enfrentan en las primeras páginas de la novela, la galaxia Shakespeare frente a la galaxia Cervantes. Pero, efectivamente, esta es una novela cervantina. Mi cervantismo reside en que no consigo ver la realidad, eso me hace tolerante, y también compasivo. Los Inmortales nace de mi experiencia de ver morir a gente a la que quería. No puedo aceptar la muerte, me parece un error de la naturaleza. Corrijo ese error con la literatura. Me he inventado una inmortalidad made in Vilas. La muerte ya no existe para mí. He escrito esta novela contra la muerte.

 

P. El homenaje a Cervantes está servido desde el arranque (Saavedra). Y vuelven a aparecer algunos de tus ya clásicos: Johnny Cash (aunque esta vez sólo se le mencione), Juan Carlos I, Lorca, Picasso, ¿quién dirías que es el protagonista de esta historia?

 

R. El protagonista es Saavedra, un tipo que da la sensación de que es la reencarnación  de Cervantes; sin embargo, él nunca llega a afirmar tal cosa. Aunque no preside todos los capítulos de la novela, Saavedra es el personaje que más aparece y el que más protagonismo concentra.

 

P. El humor (negro, bizarro) es el motor de cada una de las escenas (encarnado en misiones delirantes que incluyen degustar miles de hamburguesas del McDonald’s y cortar cabezas de directivos de Movistar.), ¿es una suerte de botón que desactiva la realidad o dirías que la hace aún más real?

 

R. Pensé en las misiones de la caballería andante del siglo XV y he intentado buscar el equivalente de esas misiones en el siglo XXI. A un personaje de la novela, Corman Martínez, se le pide que visite todos los McDonald´s de la tierra. Es una prueba heroica. Hay crítica social posmoderna en la novela. Un personaje recibe el encargo de cortar cabezas de directivos de telefonía móvil. Los personajes de mi novela piden justicia, pero no saben cómo lograrla. No saben dónde está la justicia.

 

P. Vuelves a aparecer como personaje, esta vez, camino de la Luna. ¿Hay algo de crítica al delirio de las lecturas poéticas en lugares de lo más insospechado?

 

R. No lo había pensado, pero imagino que sí, que hay una crítica lúdica a ciertos excesos del “estado cultural”. No sé si crítica o celebración. Puede que haya una exaltación enloquecida de la cultura. El último grado al que hemos llegado como civilización es a la creación de estados culturales, creo que eso es de lo que trato en ese capítulo, en el que un poeta llamado Manuel Vilas, en el año 2040, viaja a la luna junto con otros seis poetas, con el encargo de componer un poema sobre la luna a pie de luna. Veremos cosas así en el futuro. La cultura ya no tiene poder transformador, es un espectáculo más, eso he querido decir allí.

 

P. En un momento determinado, Corman Martínez, el personaje que habla con Stalin, ve de forma simultánea El Día de la Bestia y Los Lunes al Sol porque considera que cada una de ellas resume una de las dos Españas, la del esperpento la primera, la de la reflexión la segunda, ¿dirías que tu narrativa hace algo parecido?

 

R. Ese es un capítulo muy bestia. Trata de España a través de dos películas recientes. En las dos se dibuja una visión de España. Sí, yo creo que mi narrativa también busca reflejar la sociedad española, representar el país en el que vivimos. No es una tarea fácil. También se invoca a Larra en ese capítulo, en la medida en que fue uno de los pioneros en tratar el tema de España desde la modernidad. Valle-Inclán y Luis Buñuel también están presentes. Ya nadie sabe quién fue Mariano José de Larra, eso me parece divertido. Pronto no sabremos quién fue Galdós. Y pronto no sabremos quién fue Felipe II. No critico esto, me parece gracioso. Además, todo esto acaba confirmando mi teoría de que la Historia está mutando.

 

P. Ponti (Juan Pablo II) está fascinado por la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés y por el tacto de los neumáticos nuevos, ¿hasta qué punto el consumismo nos está consumiendo?

 

R. Ponti exalta la materia. Ponti es una abreviatura de Pontífice. En la novela hay una exaltación de lo material. Una fascinación por tocar frigoríficos, televisores, microondas, ruedas de automóvil. Ponti entiende que toda esa materia lleva oculto un significado trascendental. Es como si bendijera el avance de la industria. Piensa que los seres humanos están acercándose a Dios. Es una sacralización del consumo, es otra vuelta de tuerca a la crítica del consumismo. Es la divinización del consumismo. Ya casi no hay crítica, sino gozo. Para Ponti la riqueza material de este siglo XXI es un misterio tan grande como el de la Eucaristía.

 

P. La fascinación que sienten todos los viejos inmortales por los avances de la técnica (los ordenadores portátiles, el aire acondicionado, ese tipo de cosas) deshonra la inmortalidad en sí y la convierte en una inmortalidad de saldo (sólo en algunos casos), ¿es el ser humano hoy menos noble de lo que lo era antes (y sitúa ese antes donde lo creas oportuno)?

 

R. No, yo creo que el ser humano está mejor ahora –desde cualquier punto de vista, político, económico, social-- que en cualquier otro momento de la Historia. El problema es que mi novela niega la Historia. Se dice todo el rato que sólo existe el Presente. La muerte es solo un lugar del estadio evolutivo del ser humano. El ser humano acabará siendo inmortal. Tal vez ya lo sea. La muerte es inadmisible. Por eso me interesa la Ciencia Ficción, y mucho. Porque en el futuro nadie morirá. Lo veo clarísimo. A los ojos de los que vendrán, nosotros seremos pobres neardentales. Inspiraremos mucha lástima. Eso ya lo dice Aristo Willas al principio de Los Inmortales. Haber nacido en esta época significa que, desde un punto de vista tecnológico, aún tendrás que morir. Es mejor nacer dentro de 20.000 años. Nos confundimos naciendo ahora. Por la maldita prisa en nacer. Morirse es patético, es como seguir viajando en mula en vez de  viajar en un avión supersónico. Un retraso. Yo lo veo así. Dentro de un par de siglos, la gente vivirá ya 140 años. Nosotros seguimos con la expectativa de vida de 80 años como mucho, que es ridícula. Amo la vida, por eso digo todo esto. Imagínate, poder vivir ya 140 años, eso sí es fuerza y grandeza. Yo no pienso morirme, y en cualquier caso volveré.

 

P. Si Manuel Vilas, el único personaje de la novela que le teme a la muerte, fuese inmortal, ¿a cuál de los escenarios que describes (las playas de Cambrils, Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, la Luna, etc.) se desplazaría y qué demonios haría una vez allí?

 

R. Yo creo que la luna. Intentaría comprender desde allí qué es la vida humana, qué demonios hacemos mientras vivimos. Intentaría ser feliz en la luna, pero buscaría saciar mi curiosidad. En realidad, la novela toca el tema del conocimiento humano. Como no podemos llegar a conocer la verdad, los personajes se refugian en el amor. El amor es la única alternativa siempre. Al final, Los Inmortales se convierte en una novela de amor.

12/01/2012 12:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAÚL ARIZA: UN CUENTO CORTO

El escritor de Castellón Raúl Ariza, especialista en narrativa breve y autor de ’Elefantiasis’, me ha manda un cuento corto casi a modo de bienvenida en este blog al nuevo año.

 

 

LA VIEJA CASA DEL PUEBLO

Por Raúl ARIZA


Todo comenzó hará un mes, cuando descubrí un ligero desconche en una de las paredes del salón. Una pequeña calva en la pintura que tan solo reflejaba la edad de la edificación, el desgaste por el uso y el descuido en estos últimos años, en los que ya no servía ni como vivienda de temporada.

La casa del pueblo era de la robustez y la envergadura que le recuerdo a mi padre. De paredes gruesas y techos altos. Tras mi separación, mis padres me la dejaron en uso porque no podía pagarme una de alquiler. Realmente fue mi madre quien terció por mí, porque con mi padre hacía varios años que no me hablaba y apenas nos veíamos. Siempre nos quisimos pero, o bien dos caracteres encontrados o bien una cabezonería compartida, lo cierto es que el distanciamiento, agravado desde que hace un par de años me casé con quien hoy ya es mi ex, era un hecho.

Lo de la casa comenzó, como he dicho, con una cuestión estética sin mayor trascendencia, sin embargo, en poco menos de un par de semanas el problema se agravó de repente, apareciendo, inesperadamente, enormes e inquietantes fracturas por todas partes. Primero fue en el largo pasillo, que tiene la grisura del carácter que he heredado de mi padre, donde una mañana encontré una grieta que, como una gran falla, cruzaba de este a oeste una extensión de casi seis metros de largo. Después fueron la cocina, en la que cayeron varios azulejos y se descompensaron los armarios, y los dos baños, que acabaron inundados tras la rotura de sus cañerías. Por último, el dormitorio conyugal presentó de un día para otro un estado ruinoso, amenazando desplome en cualquier momento. Su techo amaneció rajado en sentido longitudinal, la pared maestra sucumbió un par de centímetros al menos, y parte de la moldura que circundaba la estancia cedió, llenándolo todo de cascotes. Por miedo a quedar soterrado bajo una pila de escombros, tuve que cambiar de habitación y volver a la que ocupaba de crío cuando veraneábamos aquí. Anoche, mientras trataba de dormir entre tanto crujido amenazante, pensé y luego soñé con el viejo.

Esta mañana no me ha dado tiempo ni a desayunar. Tras un extraño ruido, algo así como el sordo crujido de una rama al partirse, la casa se ha escorado hacia la derecha como el casco viejo de un barco que hace aguas. Ha sido tan brusco el azote, que apenas me ha dado tiempo de coger las cuatro pertenencias que he podido y de salir medio desnudo a la calle. Un par de minutos después, la casa se ha desplomado frente mí.

Al conectar el móvil para llamar a la familia y contar lo sucedido, he comprobado que tenía varias llamadas perdidas de mi hermano mayor. Papá ha fallecido. Me ha dicho. Por lo visto, andaba desde hace más o menos un mes con algún que otro achaque sin demasiada importancia, pero no ha sido hasta estas dos últimas semanas cuando su progresivo deterioro se ha hecho manifiesto y alarmante, hasta que, después de estar un par de días hospitalizado, hoy, con el primer sol de la mañana, su corazón se ha derrumbado.

 

*Arriba, retrato de Raúl Ariza. Y luegos dos retratos de León Riesener: Una de su mujer, otra de Delacroix.

CASTELLÓN Y COLÓN EN EL PRINCIPAL, DÍA 11

Este miércoles, once de enero de 2012, en el Teatro Principal de Zaragoza, Ismael Grasa presentará una obra de teatro de Alfredo Castellón Molina: dramaturgo, cineasta, realizador de televisión, narrador. Se trata de ‘Aquellos pájaros anunciaban tierra’, centrado en la figura de Cristóbal Colón. El texto había sido leído, tiempo atrás, por Alfonso Desentre en la Biblioteca de Aragón. Hace algunos años ya. La profesora y traductora María Rosa Burillo ha escrito este texto sobre Alfredo Castellón, ese hombre de ojos azules que hizo más de 400 programas de ‘Estudio 1’ y que dirigió proyectos como ‘Mirar un cuadro. Ha hecho, además, dos películas: ‘Platero y yo’, basada en el libro homónimo de Juan Ramón Jiménez, y ‘Las gallinas de Cervantes’, que parte del texto breve de Ramón José Sender.

 

 

 

EL ‘COLÓN’ DE ALFREDO CASTELLÓN

 

Por María Rosa BURILLO

 

 

Pasados los años, llegarán tiempos/ en los que el Océano desatará sus lazos,/y aparecerá  una  inmensa tierra,/ y Tifis descubrirá nuevos mundos,/ y no  será ya Thule el fin del orbe.

 

El miércoles 11 de enero de este año 2012 recién estrenado, a las 19.30, se presenta en el Teatro Principal de Zaragoza el libro de Alfredo Castellón, Aquellos Pájaros Anunciaban Tierra, una obra de teatro sobre los avatares de Colón en su empeño por llegar más allá de la mar océana. Cuando pregunté a Alfredo porqué había elegido un personaje del que se ha escrito tanto, me dijo sencillamente: “Siempre me han interesado las personas que miran un poco más allá”.

La historia es muy hermosa, se advierte enseguida que se ha documentado a fondo para escribirla pero lo que más me ha interesado es la humanidad del personaje y la propia estructura del texto. Hay episodios cargados de ternura, la que muestra Colón hacia su hijo Diego. Se reivindica la figura del Rey Fernando de Aragón y su papel crucial en la empresa del descubrimiento, un hecho que las historias populares parecen haber dejado de lado dando todo el protagonismo a Isabel de Castilla. Hay unos pensamientos muy hermosos del propio Colón, sus reflexiones, su tesón, y muchos detalles originales que captan la mente del espectador -la lectura es todo un espectáculo poético visual- y le hacen querer ir hacia delante.

Castellón maneja a la perfección los diálogos, detrás de ellos la experiencia de toda una vida haciendo cine, teatro, televisión… Sabe muy bien dónde colocar el contrapunto humorístico que suavice la tensión y lo hace con el episodio del “santo veedor” una mezcla de ternura, socarronería y sutil crítica social que dice mucho del propio autor del texto. Pero lo mejor es que la disfrutéis por vosotros mismos…

 

 

07/01/2012 22:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE JESÚS TENA, CON DIARIO

Esta mañana, a las doce, en el Centro Cultural de Urrea de Gaén se presenta el nuevo libro de JesúsTena; sus memorias. Me pidió un pequeño prólogo y aquí. Jesús es uno de esos seres entrañables de la localidad bajoaragonesa, cuyo padre también escribió sus ‘Memorias’.

 

Un cuadro de Urrea de Alex Mirasol.

 

HISTORIAS SENCILLAS PARA SIEMPRE

 

Los Tena siempre han sido un poco especiales: se han sentido arraigados en la vida popular, en la tierra y en el paisanaje, y siempre han querido dar cuenta de sí. Contarse y contar lo que ocurría a sus hijos a través de palabras sencillas, transparentes como un hilillo de agua, emocionantes como una tormenta en la primavera florida del río Martín. El abuelo paterno Ángel Tena dejó su testimonio a sus hijos y nietos; lo mismo hizo Bautista con su libro de recuerdos y confidencias, ‘Ni novela’, que era como un diario y un cuaderno de notas a lo largo del tiempo donde hablaba de las historias menudas del pueblo, de la familia y de sí mismo. Jesús Tena Pérez, hijo de Bautista y nieto de Ángel, ha hecho lo mismo: ha querido anotar día a día, mes a mes, año a año, esos acontecimientos minúsculos o no tan minúsculos que han conformado su existencia y la de los sus vecinos: los urreanos. Y no solo eso: también se afirma y se desnuda, como se ve en la confesión de su fe espontánea y en su defensa sin estridencias de los homosexuales.

Conozco a Jesús Tena desde mi llegada a Urrea de Gaén en agosto de 1991, prácticamente. Y siempre me ha parecido un hombre especial: dulce, afectuoso, de convicciones, uno de esos ciudadanos que pasaba por la vida con intensidad, disfrutándola en todas sus dimensiones: en la intimidad, en la cofradía, con el grupo de amigos, en la taberna, en el campo y en la mina. Podríamos decir que Jesús Tena era un hombre de su tiempo y a la vez un hombre inscrito en una buena porción de tradiciones: las romerías, la Semana Santa, los secretos del campesinado como la dula o el ador, e incluso la política. En uno de los fragmentos de su memoria recuerda cuando era concejal de Urrea de Gaén y el viaje que hizo con su corporación al Palacio del Pardo para darle una distinción al general Franco: la emoción, la tensión y el silencio se cortaban con el aliento.

Jesús Tena Pérez empieza el libro de una manera casi inesperada: relatando la historia de ‘Los zapateros’, dos personajes muy peculiares que pertenecía a la Brigada 32 del ejército republicano, que orinaban a través de una caña y que participaron en la vida cotidiana de Urrea de Gaén hasta que apareció un cazador de maquis. Y a partir de ahí evoca al maestro Ángel Gargallo, que era como un segundo padre, afectuoso y próximo, y a la señora Pabla, la maestra de párvulos que les llenaba aquella infancia inicial de cuentos de hadas. La jota ocupa un lugar importante, y entre los joteros, y hay muchos en el libro, está Alfonso Zapater, procedente de Alcañiz, creador de la jota de Albalate y campeón de campeones; Jesús, que siempre lo ha guardado todo, recuerda que tiene en sus manos una poesía de su hijo Alfonso Zapater Gil, escritor y periodista, y la rescata. En ese viaje por la infancia, hay prodigios, historias de personajes pintorescos, bromas y veras, juegos, notas sobre la matacía y sobre algo más insólito: las técnicas para “encorrer buitres”. Más que una técnica quizá fuera una travesura de críos.

Jesús le da libertad al carrete de la imaginación y de la memoria, y realiza un inventario de sucesos y azares como la llegada de aquellos húngaros y titiriteros que traían osos y monos y proyectaban el cine ante una fachada bien encalada. Narra su primer viaje a Zaragoza, y el deslumbramiento que le produjeron las calles y el Pilar; y ya puesto, Jesús, que está en ese momento en que la vida se expande con  auténtico vértigo, recrea sus primeros viajes a Albalate del Arzobispo.

El libro está lleno de criaturas insólitas, de fiestas, de diversos hechos cruciales (como la llegada de la luz a Urrea de Gaén, pongamos por caso), pero hay notas que son verdaderamente jugosas. Recuerda Jesús que en el pueblo había muchos pastores y labradores, pero quizá ninguno tan especial como Tomás ‘el Chirón’, que no solo se iba por aquí y por allá con los rebaños durante el día sino que aprovechaba los días de plenilunio para arar la tierra. Este detalle tan bonito refuerza una idea del libro: se cuentan historias populares, de seres de carne y hueso, de gente que se esforzaba para vivir y para sacar adelante un jornal complementario para los suyos. La última parte del libro está llena de protagonistas así: transidos de humanidad y de ternura, un poco raros también, pero fascinantes. Entre ellos, por ejemplo, aquel campeón de carreras pedestres llamado El Royo de Urrea.

También es un libro sobre cómo se desenvuelve la existencia: las huidas de casa, la pesca, el impacto de la guerra civil y, sobre todo, de la posguerra, la llegada del primer tractor al pueblo o la existencia de un perro blanco, llamado Pegaso, que murió de puro viejo tras dejar una huella indeleble; fue un gran animal de compañía que contrasta en el libro con la descripción de un perro feroz.

Cuando rondaba los 40 años, Jesús Tena, merced a la sugerencia de un familiar, decide entrar en las minas subterráneas que tiene Endesa en Ariño. Cuenta cómo fue la experiencia y cómo supo compatibilizar siempre la mina con la agricultura, con la huerta, con la música, con la pasión por las historias. Cuenta también cómo llega el primer ordenador a su casa y a la de su esposa, María Luisa, el amor de su vida y la madre de sus cinco hijos. Por cierto, Jesús cuando era niño tuvo una novia: un día él dijo que Dolores era su novia y a partir de entonces era acogido en su casa con seis o siete años como si realmente lo fuera. Le daban conversación, dulces y lo que hiciera falta. Ahí asoma ya otra virtud del libro: el candor, la mirada humanista, la ternura, un punto de humor y de confidencia muy sincera. Algo que también se vislumbra en la devoción hacia el personaje más importante nacido en Urrea: Pedro Laín Entralgo, que fue agasajado en la localidad en 1996; con aquella visita se rompió un malentendido. Cuando contaba 83 años, Jesús Tena le mandó una bonita carta de felicitación, que transcribe.

El libro revela algo casi primoroso: Jesús Tena se preocupa de sí mismo, de los suyos, pero también de los demás. Aquí hay muchos paisanos, conocidos y amigos, porque este libro es también la crónica de un pueblo y de sus gentes. Urrea de Gaén. Esa villa que se refleja en la corriente del río Martín y en la historia.

'LA HUELLA DE UNA VIDA' DE JESÚS TENA, MAÑANA SÁBADO, A LAS DOCE, EN URREA

PRESENTACIÓN EN URREA DE GAÉN

DE “LA HUELLA DE UNA VIDA” DE JESÚS TENA

 ‘La huella de una vida: historias y aconteceres de mi pueblo’, con el prólogo de Antón Castro y la introducción de Ángel Gonzalvo, es un libro que recoge multitud de anécdotas ocurridas en la localidad de Urrea de Gaén (Teruel) durante el siglo XX, mezclando la simpatía de curiosos personajes de la villa, con la recopilación de costumbres y tradiciones de nuestros pueblos, la mayoría de ellas ya extinguidas. El autor, Jesús Tena, urreano, minero y hortelano de profesión, lleva plasmando su vida en papel desde hace 50 años. Hace unos años, su padre Bautista Tena también publicó una selección de sus memorias. De la edición del libro se ha hecho cargo el Centro de Estudios del Bajo Martín. La presentación tendrá lugar en la Casa de Cultura de Urrea de Gaén este sábado, 7 de enero, a las 12 de la mañana.

CIRÍACO YÁÑEZ: EL REGALO DE DIOS

EL PADRE VINATERO Y EL REGALO DE DIOS

Por Ciríaco YÁÑEZ

Cuando era niño, mi padre cerraba muy tarde su bar, ‘El humilde rincón’. Yo le esperaba todas las noches y ésta aún con más ilusión. Llegaba como a las doce o la una de la noche y siempre traía algún regalo ocurrente o directamente maravilloso, una radio, un coche teledirigido, unos walkie talkies... Algo muy diferente a lo que yo había pedido y que mi madre ya tenía a buen recaudo presta a colocarlo en el árbol. Yo le preguntaba de donde los había sacado y él indefectiblemente me decía que se había encontrado a los Reyes repartiendo y que le habían dado esos juguetes para mí, por ser buen chico. Yo lo quería aún más. Cuando crecí y mis hermanos esperaban a mi padre con sus regalos especiales, adquiridos en el último momento en un comercio que estaba abierto hasta la una, me sentía casi, casi como su paje. Noche de ilusiones. Despertar y ver el regalo esperando, aparecido de la nada. Un regalo del destino, de la ilusión. Un regalo de Dios.

 

[Veo poco a Ciríaco Yáñez, pero nos tenemos mucho afecto. Acabo de recibir este recuerdo, este cuento de Reyes, y aquí lo cuelgo. Conocí a su padre en la calle Madre Sacramento y me gusta mucho esta historia... Esta foto es de Edouard Boubat.]

 

 

05/01/2012 22:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VILLAGRASA, HOY, EN ÁMBITO CULTURAL

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ENRIQUE VILLAGRASA PRESENTA EN ÁMBITO: ‘MUDANZAS DE LA VOZ’

Esta tarde, a las 19.30, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Enrique Villagrasa (Burbáguena, Teruel, 1957) presenta su nuevo poemario: ‘Mudanzas de la voz’, un libro sobre la poética del silencio, donde el autor habla de amor, de memoria, del miedo, dialoga con una especie de alter ego en torno a la construcción de la poesía, a la manufactura más íntima del poema. Por ejemplo, se lee: “La nada habita,/ concupiscente, / en el no ser / de tu poema”. O dice: “El último verso / de la estirpe del silencio”.  O irrumpe un haiku como este: “Los trinos callan. / Los pájaros conocen / lo que tú sufres”. En el acto, Enrique Villagrasa, crítico de poesía también y vate traducido a diversas lenguas, estará acompañado del editor Raúl Herrero, de la poeta e investigadora Almudena Vidorreta y del escritor Antón Castro. (Las fotos son del fotógrafo Raphael Mazzucco, que también suele pintar sus instantáneas, muy elaboradas).

 

Copio aquí el poema favorito del libro del propio poeta:

 

EL MIEDO

Por Enrique Villagrasa

 

De tanto miedo, miedo no siento,

y es que ritos al miedo

desde el inicio del mundo.

 

El miedo mueve el mundo.

Es la fuerza negra de mi poesía,

la que no puede travestirse,

la que junta a los débiles.

 

Un inmenso pánico en cada poema:

¿es eso el miedo?

¿Y tú me lo preguntas?

Miedo eres tú.

Porque entre lo que parece

y lo que está dentro

el umbral es el miedo.

¿Y el dintel?: tu terror.

 

Además, pensar la vida en prosa

es una manera de definir el miedo.

Es una forma de dejar pasar lo más vivo.

Tú poeta, nunca tendrás paz,

-yo no tengo paz,

-tengo miedo.

Ahí, pues, tienes el pebetero

donde arde tu pavor:

                                 incienso de tu religión.

 

Volver, regresar. ¿Hay olvido

en el noviciado del miedo

o el olvido del novicio es miedo?

Ya es tarde para filosofar. Medianoche.

Pero decidme por último:

dónde ocultaré mi miedo,

porque mi miedo no es fácil de esconder.

 

¿Tú, ya has visto, cada noche,

cuándo el sueño y su luz,

a la hora que el miedo te arropa

a esa vieja araña húmeda que está

en el ángulo oscuro del  techo de la habitación?

 

El miedo no está marcado en mi frente.

Todo se repite y el miedo acaba

con el resplandor de la mañana.

Voy a seguir, voy a volver,

viviré sin miedo,

aunque el epitafio final no está escrito.

 

 

Un rescoldo de miedo remueve

el saber telúrico del poema.

Tus restos quedarán perdidos

en el osario de Burbáguena.

Así, pues, miedo al miedo,

en las puertas de noviembre,

en la casa del pueblo.

 

              

Poema de “Mudanzas de la voz”, en la colección ‘Los libros del señor Nicolás’ (Libros del Innombrable, pp. 30-32, Zaragoza, 2011)

 

04/01/2012 15:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNÁN VELLO: UN POEMA FUNDIDO

Recibo de Miguel Anxo Fernán Vello (Cospeito, Lugo, 1958) un poema y algunas imágenes de la pintora Isabel Pintado, su compañera y su musa y su amor. Miguel Anxo es un amigo muy entrañable, es como un hermano y ha sido mi editor de ‘Vida e morte das baleas’ (Espiral Maior, 1997), un libro de relatos en gallego que luego fue ensanchado y rescrito en ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006), uno de mis mejores libros, completamente agotado ya. Este poema pertenece al libro ‘Diccionario do estremecemento’.

 

 

 

FUNDICIÓN

 

                                                                      

Talvez, pensou, ela era un molde perfecto 

para disipar a soidade,

prototipo ideal para un experimento,

a unión feliz que perseguen os cánones,

porque o corpo precisa, tal marcado destino,

esa extrema alianza.

É condición da especie domesticar as formas

do desexo,

estreitar os sentidos até unha indiferencia

ou limitar o brillo que está escrito na carne.

A dimensión do acto é común, un costume

que xa vén avalado polo remoto eco

do animal,

xeometría interior dunha tensión

e un pálpito mecánico golpeando no ser.

 

A fundición dispón das súas regras tenaces,

baleiro e simulacro, fabricación de espasmo,

asombro nodular, enfriamento lento.

E todo se substancia nese empeño,

na condición do ardor, porque a soidade clama

por posuír o astro, a cámara, o crisol,

a bóveda inflamada, a escuma que despunta

na súa desolación.

 

Talvez, pensou, ela era un molde perfecto,

soleira para afinar a chama e respirar no fondo

contra a dor.

Nada sabía do sopro da cinza

e da devoración profunda dos ácidos

que morden a sede,

as hélices queimadas do tempo,

a zona de fusión que de repente é fenda

pola que foxe a vida e o pracer,

antes de que o metal deseñe definitivamente

o silencio.

 

FUNDICIÓN

 

Quizás, pensó, ella era un molde perfecto

para disipar la soledad,

prototipo ideal para un experimento,

la unión feliz que persiguen los cánones,

porque el cuerpo precisa, tal marcado destino,

esa extrema alianza.

Condición de la especie es domesticar las formas

del deseo,

estrechar los sentidos hasta una indiferencia

o limitar el brillo que está escrito en la carne.

La dimensión del acto es común, una costumbre

que ya viene avalada por el remoto eco

del animal,

geometría interior de una tensión

y un pálpito mecánico golpeando en el ser.

 

La fundición dispone de sus reglas tenaces,

vacío y simulacro, fabricación de espasmo,

asombro nodular, enfriamiento lento.

Y todo se substancia en ese empeño,

en la condición del ardor, porque la soledad clama

por poseer el astro, la cámara, el crisol,

la bóveda inflamada, la espuma que despunta

en su desolación.

 

Quizás, pensó, ella era un molde perfecto,

umbral para afinar la llama y respirar profundo

contra el dolor.

Nada sabía del soplo de la ceniza

y de la devoración profunda de los ácidos

que muerden la sed,

las hélices quemadas del tiempo,

la zona de fusión que de repente es hendidura

por la que huye la vida y el placer,

antes de que el metal diseñe definitivamente

el silencio.

 

*La foto de Miguel Anxo es de La Voz de Galicia; abajo un cuadro de Isabel Pintado. Las tres fotos centrales son de Ralph Gibson.

 

 

TRES POEMAS DE MAYUSTA

[El próximo día doce de enero, Miguel Ángel Yusta, experto en coplas y jotas, rapsoda por aquí y por allá, viajero contumaz de la noche parisina, presenta su nuevo poemario: ‘El camino de tu nombre’, un libro de exaltación de la amada, del amor, del deseo, del erotismo recuperado. Miguel Ángel está enamorado de nuevo y es feliz: este libro tiene ese hálito. El aliento del amor recobrado, la ilusión por encontrar a alguien con quien compartir la primera luz de la mañana.]

 

 

TRES POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

 

 

                        I

 

ESTA NOCHE

 

Te quería decir en esta noche,

cuando ya nadie habita en la distancia

y dormidos los pájaros

es el silencio dueño de las vidas.

Te quería decir, y te lo digo

—aunque a veces me corte las palabras

el saber que tu oído las escucha

y tus ojos las miran–

que esta tarde cuando volvía a casa,

tan silencioso y solo,

mientras sobrevolaba el pensamiento

utópicos lugares,

de pronto, te me has aparecido

con tus ojos profundos

y tus manos repletas de caricias,

abierta la sonrisa,

piernas de adolescente, apresuradas

por llegar a mis brazos

y rodearme fuerte con los tuyos.

Tu cabello jugando con el viento,

extendidas las manos en el aire,

presentidas caricias.

Venías, llegabas y te quedabas...

Entonces he sentido que la tarde

se llenaba de luces

y que toda la gente sonreía.

Que aún era hermoso el mundo

y los taxis, las casas, los semáforos.

Que las tiendas, las calles, las aceras

se llenaban de luces de repente

e íbamos del brazo, felices como niños.

Pero esta tarde no has aparecido.

Por eso te lo digo,

que te he echado de menos en las horas

que otro día mataban poco a poco.

Y aunque al subir a casa

ha sonado el teléfono y me has dicho te quiero

por un momento, amor, por un momento,

las luces se apagaron en mi alma...

Por eso te repito,

pero tal vez callarme debería,

que cada tarde, amor, que cada tarde,

me dejes que la acabe entre tus brazos.

 

 

 

                        II

 

 

 DESLIZABA la tarde sus cuchillos

y penetraba el frío estremeciendo

la nieve de tus hombros.

Miraba con tus ojos la ventana

iluminada de paisajes ocres

y, en la prisión de la melancolía,

uníamos las manos.

Las flores amarillas y marchitas

derramaban sus lágrimas postreras

antes de perecer en el olvido.

Entonces sonreíste

y abrazaste mi entera soledad.

En ese mismo instante

yo deserté por fin de la tristeza.

 

 

 

 

                                   III

 

NO SUELO HACER POEMAS cuando despunta el día,

tal vez mi poesía sólo vive de noche.

Hoy ha sido distinto:

ha quedado en mis sábanas aroma de tu piel,

en mis ojos la huella marina de los tuyos,

sobre mi cuerpo marcas de tu pasión silente

y en mi alma, indeleble, la huella de tu paso.

Cuando te has ido,

todavía dormida la mañana,

has dejado mi ser deshabitado.

Te has llevado jirones de mí mismo

que yo te doy como pobre regalo

porque, a cambio, mujer alada y suave,

han quedado las playas de mi vida

ya para siempre inundadas de ti.

 

 

*Todas las fotos son de Signe Vilstrup, salvo la de Miguel Ángel Yusta que pertenece a su archivo personal.

ALEJANDRO ALAGÓN: DE LA EMOCIÓN

Recibo esta conmovedora carta del poeta oscense Alejandro Alagón: “¡Hola, Antón! Soy Alejandro Alagón y te escribo desde la Clínica Guttmann, un hospital de rehabilitación neuronal situado en Badalona. El día 3 de septiembre contraje matrimonio con mi mujer y esa misma noche su hijo pequeño, Ibrahim, sufrió una terrible caída que requirió dos intervenciones quirúrgicas y de la que se va recuperando poco a poco. Pasó cinco días en coma, una semana en la UCI y tres meses en el Hospital Lozano Blesa de Zaragoza. Ahora estamos en esta clínica de Badalona continuando el proceso de recuperación que se antoja largo pero esperanzador. Durante el proceso de convalecencia en el Lozano Blesa escribí un poemario que acaba de ganar el XV Premio Mario Ángel Marrodán en Portugalete (Vizcaya). Se llama ‘Conversaciones con Ibrahim’, en alusión a las circunstancias de comunicación que vivimos las primeras semanas, ya que sólo movía el párpado derecho. Un parpadeo significaba sí y dos no. ‘Conversaciones con Ibrahim’ fue mi particular manera de explorar el miedo, las vivencias, las esperanzas que se viven en estas situaciones. Durante la entrega de premios hace diez días leí dos poemas. Uno de ellos es éste. Describe el proceso terapéutico de la música, su importancia en el proceso de recuperación”.

 

 

ODA A CAMARÓN

 

Por Alejandro ALAGÓN

 

Aconsejan los médicos que escuches una música

que te resulte grata, alguna melodía

que indique un nuevo rumbo y evite la rutina

de ojos desconectados de la realidad,

el sopor, el letargo, las sólidas columnas

de esta fiel somnolencia que se adhiere a tus párpados.

 

La voz de Camarón resucita, obediente,

desde el disco compacto y su carisma ayuda

al joven Ibrahim a evitar los abismos,

los profundos barrancos de una baja conciencia

y el peligro de pérdida en ese laberinto

oscuro de neuronas heridas y averiadas.

 

Maestro soberano de voces ancestrales,

origen y principio de tantos creadores,

fiel cantaor que invoca solitarios misterios:

Ahora te pedimos que ayudes a un amigo

a abandonar las sombras que encuentra en su trayecto.

 

Vocaliza despacio intensas emociones

que encaminen su espíritu por la senda adecuada.

 

Arrincona sus miedos, retira sus temores

bajo el dosel de palmas, aplausos y guitarras.

 

Acompáñale ahora en esta travesía

con tu voz prodigiosa hacia nuestro horizonte.

 

Escoge en ese mágico rincón de tu garganta

el remedio seguro que ignoran hoy los médicos,

el ritmo poderoso de lo desconocido,

la pócima secreta que dejará perplejos

sus rostros, sus semblantes, su agudo pesimismo.

 

*La primera foto es de Darcy Padilla; abajo, un retrato clásico de Camarón de la Isla.

 

29/12/2011 00:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL MENA: UN RETRATO DE FÉLIX

Ayer, en la librería Antígona, José Luis Melero y Víctor Juan presentaban el número doble de la revista Rolde dedicada a Félix Romeo. Miguel Mena también participó en la presentación y lo hizo como él sabe hacerlo: con ternura, talento, ingenio y un inmenso hacia Félix y su órbita. Cogió una frase de los autores de los textos y armó un nuevo texto: esta biografía fragmentada de Félix, este retrato impresionista).

 

(PALABRAS PARA FÉLIX)

Por MIGUEL MENA

 

Le conocí un domingo de fútbol al salir del estadio, gracias a  mi padre que me dijo que tenía que conocer a este tipo extraordinario.

Los cromos de fútbol fueron el primer afán nominalista que recuerdo de Félix. Recordaba el nombre de todos los jugadores y nos hacía descubrir cómo los uniformes de los últimos fichajes eran un montaje fotográfico.

Soñaba un Zaragoza que implicara a toda la ciudad, un Zaragoza orgulloso de su historia, pero moderno, un club grande que perteneciera a su gente, que fuera lo que los zaragocistas quisieran.

Nunca dejó de soñar con una ciudad mejor.

A Félix entonces le dolía su tierra unamunianamente. Quería arreglarlo todo y lo más rápidamente posible.

Fue el ejemplo a seguir en la conciliación de lo próximo y lo universal.

Fue, además de amigo y fabulador de historias, compañero de viajes, de comidas y de altas horas de la noche junto a muchos de los escritores que participaron en Invitación a la lectura.

Disfrutaba de la vida con la convicción de un búfalo.

Siempre insistía en que era la certeza de que iba a morir lo que le hacía exprimir la vida.

Le hacía rabiosamente feliz la música de Battiato. Ponía un disco y cuando se iba de casa lo dejaba sonando.

Se inventaba también chistes del tipo “Se abre el telón”. Se abre el telón y está Carmen París en una residencia de ancianos, que la abuchean, ¿cómo se llama la película? No es París para viejos.

Recuerdo que el año 2007 celebró su cumpleaños en su casa, en la calle Conde de Aranda. Le regalamos un abrigo entre todos. Ese abrigo era una metáfora. Porque él era quien más nos abrigaba.

Félix siempre estaba allí, en Madrid o en Zaragoza, escudado tras su ordenador, dispuesto a leer y a orientarme sobre todos los originales que le enviaba por vía electrónica. Su opinión me resultaba vital.

El final de Dientes de Leche está directamente inspirado en lo que nos contó esa tarde en casa de José Luis, y quiero pensar que de algún modo refleja el inmenso amor que Félix sentía por sus padres.

Amaba el amor y la familia. La suya, sobre todo, pero también las de los amigos. Creía en la amistad como otros creen en la vida eterna.

Tenía el vicio de empujar a los demás hacia sus anhelos y destinos, insuflándoles la seguridad en sí mismos que les faltaba.

Veía mucho más lejos de lo que vemos los demás.

He visto pocas veces a alguien tan ávido de saberlo todo, de apretujarlo todo.

Le gustaban las mesas redondas porque era más fácil hablar.

Era actitud de verdad, era Morrissey soñando canciones para las chicas de Las Fuentes.

Para Félix no había que pedir permiso para hablar y escribir de las cosas.

Conjugaba vida y cultura porque para él la vida sin cultura no era vida y la cultura sin vida no era cultura.

Echaré en falta al hombre vulnerable, leal, con una capacidad de amor todavía superior a su asombrosa digestión de los mil sabores de la cultura.

Siempre te veo como una sonrisa, un abrazo, una conversación y una biblioteca andantes.

Siempre era una alegría recibir tus postales, divertidas, ingeniosas y siempre animadas con dibujos del Romeo en la playa, del Romeo dibujado en ciudades de todo el mundo y, absurdamente, en 1995, del Romeo preso en la cárcel.

El último día conseguiste encontrar el mejor helado de sabor Liquiriza, el favorito de Lina; qué maravilla saber cuidar a la mujer que tanto amas.

Si fueras un país, serías México: intenso, desproporcionado, con olor a chile y a pólvora, lleno de colores, músicas, sabores y afectos desmedidos.

Dicen que tres nueces al día son buenas para el corazón. Ahora las comemos lentamente, nosotros, con algo de pudor, como si fueran tuyas, llevándote bien dentro de la boca, con el amargor justo.

La desaparición de Félix es la extinción de una gran supernova. El campo gravitatorio que ha generado, un infinito y desgarrador agujero negro, nos va a atraer durante el resto de nuestras vidas.

Hay hombres como Félix que hicieron de cada día una fiesta en la tierra.

Uno de los consuelos que tengo es que la noche anterior a su muerte estuviera cenando y hablando de cine, de literatura, de política y de la vida con algunos de sus mejores amigos.

Amiguito: has evitado el colapso, la agonía, el espanto que nos asedia.

Todas las puertas de la tierra van a llenarse con tu corazón.

 

MARCHAMALO Y LA FELICIDAD

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Ese hombre de acción de letras que es Jesús Marchamalo, escritor, conferenciante, fotógrafo, investigador de la vida íntima del papel y los sueños, es un artista y un artesano de los pequeños objetos: como Isidro Ferrer, como Pepe Cáccamo, como Fernando Aramburu o Xoán Abeleira, entre otros. Todos los años manda sus felicitaciones personalizadas y ayer viernes recibí la mía con un mandato: Marchamalo ha decidido, ha resuelto, que nos conviene a todos ser felices y se apoya en Jaime Gil de Biedma. Hay ideas a las que no puede resistirse, hay amigos entrañables y lúcidos con los que no se puede disentir. He aquí a Gil de Biedma / Marchamalo:

“Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución”.

PREMIO PARA FERNANDO SANMARTÍN

Xordica editorial tiene el placer de comunicarles que el escritor aragonés Fernando Sanmartín, narrador, poeta y crítico literario, ha obtenido un accésit en el Premio Internacional de Relato Breve Julio Cortázar, convocado por la Universidad de La Laguna, por su relato "Crónica de un argumento".

Las narraciones presentadas a este premio, en su XIV edición, han procedido, principalmente, de España, Argentina, Chile, Cuba y México.

Fernando Sanmartín es autor de libros de narrativa como Apuntes de París (Xordica, 2000), La infancia y sus cómplices (Xordica, 2002), o Heridas causadas por tres rinocerontes (Xordica, 2008). En marzo de 2012, Xordica editorial publicará su nueva novela, Te veo triste, cuya sinopsis adjuntamos.

«Dile a Carmen Cabrera que he muerto.» Es la nota que el escritor Luis Sampiero, antes de morir, le deja a su hija, Marta, que vive en Bruselas y ha regresado a Zaragoza con urgencia, que se hace a sí misma la promesa de encontrar a esa mujer «para compensar viejos errores».

Al tiempo que Marta, gracias a las cartas y a los cuadernos de viaje de su padre, va averiguando quién es y dónde puede encontrar a Carmen Cabrera, una mujer de la que nunca había oído hablar, descubre a un Luis Sampiero desconocido, diferente, del que a veces se distanciaba como una equivocación más.

Te veo triste es la narración de la búsqueda que lleva a cabo su protagonista, búsqueda que la llevará a Varsovia, Dublín y Madrid, pero es también la historia de un amor apasionado y la crónica de la reconciliación entre una hija y el recuerdo de su padre.

 

*Esta foto de Fernando Sanmartín es de Vicente Almazán.

MANUEL VILAS: UN POEMA DE 'GRAN V'

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LA ESPAÑA DE LA TRANSICIÓN

 

Inédito. Del poemario 'Gran V'. Premio Ciudad de Melilla.

 

 

 

 

 

El rey Juan Carlos I está algo hinchado,

y algo sordo, no oye a los periodistas.

Fue el dueño de un rato largo de la Historia.

Y ahora habla con los muertos mucho rato,

con su padre, a quien ya ha vuelto a ver en sus sueños.

 

El ex-presidente Adolfo Suárez

se convirtió en el hombre invisible.

Murió su esposa, se entristeció para siempre,

y envejece en un lugar desconocido.

No recuerda nada porque nada hay que recordar.

 

El escritor Camilo José Cela se murió

como muere la gente corriente.

Parecía inmortal y eterno, pero no lo era.

Su viuda aparece muy de tarde en tarde

en la prensa española, pero ya nadie la recuerda.

 

El ex-presidente Felipe González

se divorció y se fue con una más joven.

Sale de vez en cuando en las televisiones.

Parece un hombre bueno,

pero solo es un hombre envejeciendo.

Da consejos y opina de economía y de mercados.

 

La ex-miss del universo Amparo Muñoz

se disolvió tristemente

en un piso de Málaga.

Dijeron que era una drogadicta y que por sus venas

corría la España de los años setenta.

 

El actor Fernando Fernán Gómez

se murió de la misma forma

que Camilo José Cela.

Cuando murió,

murió una forma de ser español.

 

El gran Santiago Carrillo, el último comunista,

se morirá un día de estos,

tal vez ya esté muerto ahora mismo.

Resiste, porque el comunismo latió en su corazón

como una santa campana de penicilina.

 

La gente se muere o está apunto de morirse.

Se murieron poetas a quienes ya nadie lee

como Gerardo Diego y novelistas oscuros

como Torrente Ballester; y Gerardo y Torrente

parecen ahora mismo el mismo muerto,

el mismo fiambre, gemelos españoles.

 

El juez Baltasar Garzón ha engordado

y está envejeciendo.

Persigue a los fantasmas que no persiguieron

aquellos que ya también se volvieron fantasmas.

Fantasmas que no persiguieron

a otros fantasmas más antiguos,

porque entre los fantasmas la antigüedad

en el cargo se llama Historia de España.

 

Me dan pena los muertos españoles.

Oh, sí, qué pena dan los muertos españoles.

  

 

MANUEL VILAS

 

*Este poema, inédito, pertenece al libro 'Gran V' con el que Manuel Vilas acaba de ganar el premio Ciudad de Melilla. En la foto, Gonzalo Torrente Ballester..

 

 

 

20/12/2011 00:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'REVISTA DE LIBROS' DICE HASTA LUEGO

  Amalia Iglesias, poeta, manda esta carta a sus amigos:

“De forma imprevista para nosotros, y por fuerza mayor, la Fundación ha decidido suspender su apoyo económico a ‘Revista de Libros’.  Esto significa que la revista, tal como hemos venido editándola,  aparece por última vez este mes de diciembre.  Han sido quince años de los que estamos profundamente satisfechos, y estimamos que la revista  no concluye tras un periodo de decadencia, sino en un momento de plena vitalidad, tanto por su difusión como por sus contenidos. La crisis profunda está produciendo víctimas,  entre quienes estamos nosotros.

    El camino ha valido la pena. Gracias por tu apoyo y tu colaboración en estos años. Esperamos que esto sea sólo una interrupción, no un final. La crisis pasará, pero la cultura y el debate de las ideas encontrarán otros caminos para expresarse”. Además de Amalia Iglesias, con quien tanto quería Félix Romeo y con quienes coincidí en Dublín hablando de los utensilios de barbero de nuestros padres (el de Amalia, el mío), firman esta nota: Álvaro Delgado-Gal  (Director de Revista de Libros),   Amalia Iglesias Serna  (Luis Gago (Editor)  y  Ada del Moral (Coordinadora Edición Digital y Promoción).

19/12/2011 00:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PRÓLOGO DE HITCHENS A SUS MEMORIAS EN BOLSILLO

 

El escritor y traductor aragonés Daniel Gascón ha traducido dos libros de Christopher Hitchens. Esta es la traducción del prólogo a la edición de bolsillo de sus memorias: ‘Hitch-22’, que publica Debate.

 

 

PREFACIO A ‘HITCH-22’: MEMORIAS DE CHRISTOPHER HITCHENS

Traducción de Daniel Gascón.

 

Hitchens y su amigo Martin Amis.

 

“No aspires a la vida inmortal, pero agota la extensión de lo posible”

Píndaro: Píticas iii

 

            Espero que no parezca presuntuoso asumir que quien haya llegado tan lejos como para adquirir esta reedición en rústica de mis memorias sabrá que fueron escritas por alguien que, sin saberlo en el momento, estaba grave y quizá mortalmente enfermo.

            En todo caso, creo que a algunos lectores les puede sorprender (como ahora le ocurre, muy poderosamente, al autor) que los tres primeros capítulos, así como muchos de los pasajes posteriores, muestren una fuerte preocupación por la muerte inminente, o por muertes en mi familia. Hasta cierto punto, eso es natural y adecuado en cualquier obra autobiográfica. Me puse a escribir cuando me acercaba y cruzaba la pequeña pero perceptible frontera de mi sexta década: un tiempo en el que uno ha empezado a ver los nombres de sus coetáneos en las páginas de obituarios. Cuando se publicó el libro, acababa de cumplir sesenta y un años. Escribo esto en un momento en el que, según mis médicos, no puedo estar seguro de celebrar otro cumpleaños.

            Por otra parte, por decirlo de algún modo, y gracias a la brillantez y habilidad de esos mismos doctores, podría esperar vivir varios años más e incluso encontrarlos disfrutables y provechosos. En el análisis final, ¿en qué se diferencia esto de la vida que llevaba antes? Uno siempre sabe que hay un límite para el tiempo de vida, al igual que uno siempre sabe que la enfermedad, los accidentes o la incapacidad, tanto física como mental, nunca están a más de un suspiro de distancia.

            Para dar una forma narrativa, y para retomar la historia a pesar de todo, me había vuelto consciente, a medida que el libro se acercaba al final, de que cada vez me cansaba más fácilmente. Una o dos veces, gente que me había visto en la televisión escribió para expresar su preocupación por mi aspecto. Pero invariablemente me recuperaba del agotamiento sin demasiados problemas, y todos mis reconocimientos médicos rutinarios me encontraban en un estado de salud excepcional para alguien de mi edad. En todo caso mi vida es mi trabajo, y viceversa, y siempre los he organizado para que se solaparan. Disfrutaba enormemente viajando para cumplir encargos de escritura o compromisos para hablar en público, generalmente una vez por semana. Y nunca me han faltado amigos o compañía, y los seguía buscando vorazmente. Como el hombre del viejo cuento, a veces me reía diciendo que, si hubiera sabido que iba a vivir tanto, me habría cuidado más. Se han exagerado las anécdotas sobre mi “estilo de vida” bohemio, como comentaré en estas páginas, pero quizá no tanto. Había desarrollado un régimen muy productivo y, para mí, satisfactorio. Si parte de él dependía un poco de cócteles y largas noches de lectura, debate o incluso (durante la escritura de este libro) recaídas en el hábito de fumar, pensaba que la apuesta lo merecía.

            De ahí mi estado de relativa despreocupación hasta la primavera de 2010, cuando recibí el calendario previsto para la gira promocional de este libro. Era una cosa brillante y generosa, que se extendía desde Australia a Gran Bretaña, pasando por Estados Unidos y Canadá. No creo en los presentimientos (ahora me parece muy obvio que mi cuerpo intentaba decirme algo), y me limito a señalar el hecho de que leí el calendario y pensé con bastante calma: “No llegaré al final”. Mentalmente, me estaba preparando para tomarme varios meses “libres” (algo que nunca antes había deseado) y concertar una cita seria con un médico. La gira empezó bien pero mi sistema no tardó en imponerse: primero me derrumbé en Nueva York, donde me enteré de que debía pedir una biopsia para el cáncer, y después –tras haberme hecho la biopsia y decidir que mantendría todos los compromisos posibles mientras esperaba el resultado- en Boston. Mi querido amigo Cary Goldstein, que estaba conmigo en ambas ocasiones, es la razón por la que puedo escribir estos párrafos. Desde entonces, he vivido entre una dosis de quimioterapia y otra y, en algunos periodos, entre un analgésico y el siguiente, mientras espero la posibilidad de un tratamiento que sea específico para mis propios genes y mi propia enfermedad. (Sufro un cáncer de esófago en fase cuatro. No existe la fase cinco.)

            Un tema constante en Hitch-22 es el requisito, exigido por una vida de reiteradas contradicciones, de mantener una doble contabilidad. Mi actual condición lo intensifica, en vez de hacer lo contrario. Simultáneamente, me veo obligado a hacer preparaciones para morir y para seguir viviendo. Abogados por la mañana, como dije una vez, y médicos por la tarde. Una de las dimensiones más felices de mi vida, viajar, ha quedado prohibida: una gran tristeza. Pero he descubierto que todavía poseo la voluntad de escribir, así como algo indispensable para cualquier escritor: la ávida necesidad de leer. Incluso aunque esté atenuado por el tiempo más corto en el que estoy consciente cada día, y circunscrito por la idea de una final y completa pérdida de la conciencia, esto es solo un poco menos que aquello por lo que estaba silenciosamente agradecido: la capacidad de ganarme la vida haciendo las dos cosas que más me importan.

            Otro elemento de mis memorias –la gigantesca importancia del amor, la amistad y la solidaridad- se ha vuelto inmensamente más vívido para mí a través de la experiencia reciente. No puedo esperar trasladar el efecto total de los abrazos y las declaraciones. Si un conocido tuyo puede beneficiarse de una carta o una visita, bajo ningún concepto pospongas la escritura o el desplazamiento. Casi con toda seguridad, la diferencia que suponen será mayor de la que has calculado.

            La causa de mi vida ha sido combatir la superstición, lo que entre otras cosas significa combatir los temores de los que se alimenta. Por alguna razón inexplicable, nuestra cultura juzga normal, incluso encomiable, que los devotos aconsejen a quienes consideran que están expirando. Todo un edificio hortera –de inventadas “conversiones en el lecho de muerte” y húmeda literatura devocional- ha surgido a partir de esta asunción altamente discutible. Aunque podía haber elegido ofenderme (cuando me invitaban melifluamente a abandonar mis convicciones in extremis: qué insulto y qué non-sequitur, además), estaba realmente agradecido por la pesada atención que recibí de los fieles. Le dio a mi ateísmo, por así decirlo, nuevas ganas de vivir. También me ayudó a mantener abierto un debate al que estoy orgulloso de haber contribuido. Decir que este debate me sobrevivirá habría sido cierto en cualquier momento.

            En lugar de asistir a “desayunos de oración en mi honor” en lo que realmente se llamó en internet “el Día de Oración por Hitchens”, he pasado gran parte de este último año registrándome como paciente experimental para varios exámenes y “protocolos” clínicos, principalmente basados en el genoma y destinados a ampliar el conocimiento humano y a reducir el área de oscuridad y terror que domina el cáncer. Obviamente, mi objetivo no es por completo desinteresado, pero muchos de los experimentos se encuentran en una fase en la que cualquier resultado está demasiado alejado en el futuro como para servirme de ayuda. En este libro cito la admonición de Horace Mann: “Mientras no hayas hecho algo por la humanidad, debería darte vergüenza morir”. Así que esta es una respuesta modesta y pequeña a su reto, sin duda, pero es la mía. La irrupción de la muerte en mi vida me ha permitido expresar un poco más concretamente mi desprecio hacia el falso consuelo de la religión y la creencia en la centralidad de la ciencia y la razón.

            No todas mis opiniones se han revelado acertadas, ni siquiera para mí. Veo que escribo que: “Personalmente, quiero ‘hacer’ la muerte en voz activa y no pasiva, y estar allí para mirarla a los ojos y estar haciendo algo cuando venga a buscarme”. No puedo mantener esa gallardía a la luz de lo que sé ahora. Si los mejores esfuerzos de mis amigos médicos fueran inútiles, poseo una idea bastante clara de cómo cosecha a sus víctimas el cáncer de esófago en fase cuatro. El proceso terminal no permite mucho en forma de “actividad”, ni siquiera de despedidas serenas, por no hablar de partidas estoicas o socráticas. Por eso estoy tan agradecido por haber tenido, ya, un intervalo lúcido de cierta duración, y por haberlo llenado de los mismos elementos, de amistad y amor, de literatura y dialéctica, con los que espero que esté animado este libro. No nací para hacer ninguna de las cosas que escribo aquí, pero nací para morir y esta coda debe ser mi intento de llevar el relato a su conclusión.

 

Christopher Hitchens

Washington, D.C.,

20 de enero, 2011

           

18/12/2011 22:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAURO ARMIÑO TRADUCE LOS 'CUENTOS COMPLETOS' DE MAUPASSANT

PÁGINAS DE ESPUMA PUBLICA

LOS ‘CUENTOS COMPLETOS’ DE MAUPASSANT

 

En dos volúmenes traducidos por Mauro Armiño.

 

En la historia de la narrativa breve hay un nombre que destaca por encima del resto: Guy de Maupassant (1850-1893), autor considerado el gran maestro del cuento europeo y autor de títulos universalmente conocidos como «Bola de sebo» o «El Horla».

Esta edición en dos volúmenes, preparada y traducida por Mauro Armiño, Premio Nacional de Traducción y el más reputado especialista en la obra de Maupassant, recoge los 301 relatos que forman los Cuentos completos del autor francés. Una edición definitiva que incluye una primera parte donde el lector podrá encontrar lo siguiente:

Introducción. Mauro Armiño dedica un estudio profundo a la vida y a la obra del autor, y nos introduce en los ambientes de fi nales del siglo XIX francés, donde encontraremos personajes como Flaubert, los hermanos Goncourt, Zola...

Clasificación temática. Aquí destacan los siguientes: Adulterio, Amor, Arte de amar, Asesinato, Celos, Cementerio, Diablo, Dinero, Dios, Divorcio, Enfermedad, Familia, Fantástico, Guerra, Herencia, Hijos, Joven seducida, Libertinaje, Matrimonio, Mujer, Muerte, Paternidad, Prostitución, Religión, Suicidio, Vejez, Viaje, Violación...

 

Resumen de las tramas. Valioso instrumento para acercarse a los cuentos y para recordar lo que se ha leído, dispuesto en orden alfabético.

Adaptaciones. Todas los cuentos que han tenido adaptaciones teatrales y cinematográficas.

Cuadro cronológico. La biografía de Maupassant y el marco histórico en el que se produjo.

Bibliografía. Cuándo publicó, y dónde, Maupassant sus cuentos, además de ediciones españolas y estudios sobre el autor y su obra.

Esta edición de los cuentos incluye un aparato crítico en el que siempre se da la fecha de publicación original del cuento, además de referencias a cuestiones culturales, políticas, y de la vida cotidiana de la Francia de finales del siglo XIX.

Apéndice. Después de los 301 cuentos, al fi nal del volumen II se incluyen seis inclasificables textos, que van de la fantasía sin límites hasta un semiensayo sobre la literatura fantástica.

Índice alfabético de títulos en español y en francés, para una fácil localización de los cuentos.

18/12/2011 21:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARTÍNEZ DE PISÓN: ENTREVISTA Y LECTURA DE SU ÚLTIMA NOVELA

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) acaba de ganar el Premio de las Letras Aragonesas de 2011 por unanimidad. Autor de títulos fundamentales en la narrativa española como ‘Carreteras secundarias’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘El día de mañana’, en 2005, después de más de veinte años con el sello Anagrama, se pasó a Seix Barral con un libro que conmovió a mucha gente. El propio Mario Vargas Llosa, tras leerlo, quiso conocer al autor. Publiqué por entonces una entrevista extenso sobre este libro que ha supuesto un punto de inflexión en la trayectoria de Ignacio. La traigo aquí de nuevo. Y abajo, coloco la crítica de la novela ‘El día de mañana’, que publiqué este mismo año en ‘Heraldo de Aragón’. Quizá sea la novela más redonda y ambiciosa de Ignacio con ‘El tiempo de las mujeres’.

 

I

Enterrar a los muertos. Seix Barra. Barcelona, 2005

UNA ENTREVISTA

 

1.-¿Cómo ha llegado a ti esta historia y que te atrajo tanto de ella?
A finales de los setenta se publicó un libro de un argentino, Héctor Baggio, sobre John Dos Passos y la guerra civil. Fue ahí donde por primera vez supe de la existencia de Robles. Pero Baggio no desarrollaba el episodio de la muerte de Robles. Luego, casi siempre por casualidad, fui encontrando alusiones a Dos Passos y a Robles, y la historia iba tomando cuerpo en mi cabeza. Tomaba notas, pensaba en escribir algo pero todavía no sabía si un artículo o un libro... Más tarde descubrí que Miggie, la hija de Robles, vivía en Sevilla, donde se había instalado después de un largo exilio. La llamé, fui a hablar con ella, y entonces supe que el libro saldría adelante.



2--¿Quién fue José Robles Pazos, que es el gran protagonista del libro?
Robles era un hombre culto y progresista, amante de la buena literatura y escritor aficionado él mismo, buen dibujante, amigo de las tertulias de café... Un gallego nacido en Santiago. Robles era también un ferviente republicano, y eso acabó costándole la vida.

3.-Explícanos la trayectoria de Dos Passos, brevemente, y su vinculación española.
John Dos Passos llega por primera vez a España a finales de 1916, y su enamoramiento de nuestro país es inmediato. Le entusiasman las tradiciones y costumbres españolas, la pintura del Greco y de Velázquez, la literatura de la generación del 98. Sus viajes a España serán frecuentes a lo largo de las dos décadas siguientes, y en ellos encontrará inspiración para varios libros de tema español. Escribió por ejemplo un interesante reportaje sobre la II República. Tras la sublevación militar del 36 montó una productora cinematográfica que debía realizar películas de propaganda republicana. Sólo tras el viaje que realiza en abril de 1937 decae su interés por España y lo español, y de hecho pasarán veintitantos años antes de que vuelva a poner los pies en nuestro país.


4.-El libro es, sobre todo, la historia de una gran amistad. ¿Cómo fue esa relación, sostenida desde 1916 de manera definitiva en correspondencia, encuentros…? ¿Qué le sedujo tanto a Robles de Dos Passos y viceversa?

Tenían ambos muchas cosas en común, pero por encima de todo eran buenos amigos de sus amigos. Por eso el asesinato de Robles tuvo tantas consecuencias en la vida de Dos Passos: le enfrentó con el comunismo, provocó la ruptura de su amistad con Hemingway... A pesar de todo, Dos Passos siempre echaría de menos la antigua camaradería que le había unido a Hemingway.


5.-Es muy importante en tu trabajo y en esta historia el libro “Manhattan Transfer” de Dos Passos, cuyo traductor fue Robles Pazos.

“Manhattan Transfer” es probablemente el más importante de los libros de Dos Passos, al menos el más influyente. Incluso en España: “La colmena” de Camilo José Cela debe mucho a la novela de Dos Passos.


6.-De repente Robles, profesor en Estados Unidos, decide regresar a España durante la Guerra Civil y es nombrado traductor del Ministerio de la Guerra en Valencia.
En realidad, Robles estaba ya en España cuando se sublevan los militares, porque la familia tenía la costumbre de pasar en Madrid las largas vacaciones universitarias. Robles no dudó en ponerse al servicio de la República y su conocimiento de idiomas hizo que lo nombraran intérprete de uno de los principales consejeros militares soviéticos...

7.-Ahí aparece un personaje fascinante como Vladimir Gorev, que también será víctima de sus propios compañeros.

Gorev pasa por ser uno de los héroes de la defensa de Madrid. Su prestigio como militar ha sido reconocido por los principales militares republicanos. Pero mientras él y otros como él luchaban por defender la república española, en Moscú se estaba gestando una sangrienta purga dentro del ejército. Muchos, muchísimos de los militares destinados en España fueron poco después llamados a Moscú, condecorados por Stalin e inmediatamente ejecutados. Gorev fue uno de ellos.


8.-Robles Pazos desaparece en diciembre de 1936 y poco después es fusilado. ¿Por qué exactamente?

Las causas concretas son difíciles de precisar. En mi libro propongo varias hipótesis. Su asesinato es, en todo caso, una especie de prólogo a esa purga de los militares soviéticos.

9-Se llegó a decir que era un espía fascista y también que se le fusiló para que no hablara. ¿Qué cosas tan graves o tan inconvenientes para el poder comunista de la II República sabía?

Su condición de intérprete de Gorev le facilitaba el acceso a importantes informaciones secretas. Entre estas informaciones estaba por ejemplo el propósito de Stalin de acabar con los anarquistas españoles. Finalmente no conseguirían eliminar al sindicato anarquista, la CNT, pero sí al POUM, el partido de los comunistas disidentes. En cuanto a lo de que Robles era un espía, no es más que una calumnia con la que se quiso justificar su asesinato.

10. -¿Quiénes mataron en realidad a Robles Pazos? Ese es otro tema fundamental en la obra.

En mi libro doy algún nombre. Pero la cuestión de quién apretó finalmente el gatillo puede resultar secundaria. Lo fundamental es que la orden la dio la NKVD, la policía política soviética.

11. -El autor, tú, no interviene en la obra. Cuenta hechos, lee libros, extrae una reflexión tranquila y nada maniquea, pero es una feroz crítica de algunos comportamientos contra la moral totalitaria de la izquierda.

No quería ser yo quien contara la historia. Quería que la historia se contara a sí misma. Y la historia es por sí misma un alegato contra los totalitarismos: contra el totalitarismo estalinista, que asesinó a Robles, y contra el totalitarismo franquista, que condenó a muerte al hijo de Robles sólo porque se había alistado como soldado raso al ejército republicano.

12. Resulta conmovedora la obsesión de Dos Passos por esclarecer el asesinato de su amigo, cueste lo que le cueste.

Curiosamente, cuando Dos Passos llega a España no tiene ni idea de lo que le ha ocurrido a su amigo Robles. Y quien le informa no es otro que Coco, el hijo de éste, que entonces trabaja en la Oficina de Prensa Extranjera, el despacho por el que todos los periodistas y escritores extranjeros tienen que pasar para acreditarse. La consternación que le provocó la noticia es fácil de imaginar. No sólo luchó entonces por esclarecer lo ocurrido y defender la memoria de su amigo muerto, sino que acabó convirtiéndose en una especie de protector de la viuda y los huérfanos. Un ejemplo: Robles tenía contratado un seguro de vida en los Estados Unidos pero, como su cadáver nunca apareció, la casa de seguros se negaba a pagar, y fue Dos Passos quien pagó las cuotas del seguro para que la viuda, que seguía en España, no perdiera sus derechos.


13. ¿Cuál sería la conclusión general del trabajo? Parece inevitable concluir que este es un libro sobre las víctimas republicanas del comunismo, de la visión estalinista del mundo.

A estas alturas no creo que nadie se sorprenda de los extremos criminales que Stalin llegó a alcanzar. Lo que algunos todavía se resisten a aceptar es que Stalin trató de exportar a la España republicana algo del terror que por esas mismas fechas imperaba en Moscú. Robles fue la primera víctima española de esa barbarie, y Andreu Nin la más conocida. Lo curioso es que, en el exilio mexicano y debido a los matrimonios de las hijas de ambos, Robles y Nin acabarían emparentando póstumamente.

 

 

II

EL DÍA DE MAÑANA. Seix Barral, 2011.

 

UNA LECTURA

 

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

PREMIO PARA MARTÍNEZ DE PISÓN

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MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS 2011

Ignacio Martínez de Pisón ha sido elegido nuevo Premio de las Letras Aragonesas de 2011. Pisón, que vive en Barcelona desde principios de los años 80, es guionista, traductor y narrador. Es autor de libros como ‘La ternura del dragón’, ‘Alguien te observa en secreto’, ‘El fin de los buenos tiempo’, ‘Enterrar a los muertos’, ‘El tiempo de las mujeres’, ‘Carreteras secundarias’, ‘Dientes de leche’ y ‘El día de mañana’, su última novela. Ha sido guionista de ‘Chico y Rita’ de Fernando Trueba y su novela ‘Carreteras secundarias’ ha sido llevada al cine en España y en Francia. Es un escritor de pulso seguro y de un estilo invisible. Ha sido traducido a muchas lenguas: le interesan los secretos de familia, los misterios de la pareja y el enigma de las mujeres, y de la memoria. Su última novela, ‘El día de mañana’, la historia de un delator en la Barcelona de los años 60 y 70 ha tenido un gran éxito.

16/12/2011 23:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAS NOCHES ÁRABES DE PETISME

Antes de que amaneciese he leído ‘La noche 351’ de Ángel Petisme, libro galardonado con el premio Jaén de Poesía que acaba de publicar Hiperión. El volumen se presenta esta tarde, a las 20.00 en El Pequeño Teatro de los Libros: tendrá a Miguel Mena como presentador, que ha confeccionado uno de sus personales ‘Diccionarios’. Se trata de un poemario que tiene algo de diario de una semana: transcurre entre el 23 y el 28 de marzo de 2010 en Iraq, y por sus páginas desfilan los ecos de ‘Las Mil y una noches’, la poesía árabe, el monólogo de distintos personajes, numerosas historias de amor y una actitud del poeta: se trata de un libro comprometido, que habla del dolor y del asedio, que deja bien clara la dialéctica Iraq-Estados Unidos, y que también se acerca al poema ideológico e incluso panfletario en ‘Hijos de América’. Es uno de los libros donde Petisme más ha refrenado su inclinación al exceso, su inmensa facilidad, su imaginación verbal: es un libro emocionante y dolorido, lleno de hechizo y de muerte, lleno de amor y de esperanza. El libro de un trovador comprometido. Copio aquí un poema:

 

 

CASA VACÍA

La vida sólo es
una casa vacía.
Entras por una puerta
y sales por la otra.
No deseo nada.
Todo está oscuro,
todos tienen miedo.
Esto es Iraq,
una profunda herida.
Una herida vacía.

No deseo vivir
ni un día más
en la casa vacía.

 

*La foto de Petisme es de Maurilio de Miguel.

 

 

16/12/2011 13:23 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS PLANETA EN 'BORRADORES'

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Los premios Planeta protagonizan esta medianoche el programa ‘Borradores’, que dirige Antón Castro: Javier Moro e Inma Chacón hablan de sus novelas: ‘El imperio eres tú’ y ‘Tiempo de arena’. El viajero y biógrafo y narrador Moro cuenta la historia del fundador del Brasil moderno, Pedro de Bragança, un personaje poliédrico que se casa con una austriaca y que mantiene relaciones con otras mujeres. Y acaba gritando ‘Independencia o muerte’, antes de convertirse en un tirano. ‘Tiempo de arena’ es el retrato de cuatro mujeres muy diferentes: mujeres que luchan por el sufragio, que militan en la masonería, que se rebelan: son Munda, Alejandra, Mariana, Xisca. El libro también plantea un debate acerca de la España de transición del siglo XIX al XX, la feroz convivencia entre tradicionalismo y modernidad.

 Borradores propone una noche de premios y premiados. También hace un reportaje a María Isabel Cintas, autora del libro ‘Manuel Chaves Nogales, el oficio de contar’, que ha recibido el premio Domínguez Ortiz de biografías, que convocan la Fundación Lara e Ibercaja. E Ignacio Pradilla ganó el Alvar de ensayo con ‘Cervantes en los infiernos’, donde el autor mexicano analiza la vida personal de Cervantes, y los infiernos que vivió en su existencia, y los infiernos simbólicos y alegóricos que pueblan su obra. Borradores, además, ofrece una reportaje sobre ‘Maestros de la Fotografía Húngara’, que se exhibe en la sala central de Ibercaja.

Visitan el plató el violoncelista ejeano, instalado en Madrid desde hace año, Eros Jaca, que se hace acompañar al piano por Patricia Arauzo. Tocan tres piezas: de Faure, de Bach y de Falla, y Eros Jaca explica su trayectoria que le ha llevado a estudiar con Penderecki o a tocar con el pianista Vladimir Askhenazy, entre otros. Y Laura Tejero, actriz de la compañía Teatro Indigesto, y el dramaturgo y actor Félix Martín, responsable de Luna de Arena, hablan de la pieza ‘Desnudos’, que se estrena estos días en el Teatro del Mercado. Se trata de una pieza de Joan Casas, escrita en 1990, que plantea la historia de tres parejas en tres relatos complementarios sobre el enamoramiento, la convivencia, la ruptura y la soledad final.

 

SAUL BELLOW Y SUS CARTAS

 

 

A Yetta Barshevsky

 

 

 

South Harvey, Michigan 28 de mayo de 1932

RESOLUCIÓN [escrita en el dorso del sobre]

Querida Yetta:

Sé que esta carta será inesperada, menos inesperada por supuesto que mi marcha improvisada, pero inesperada. Ni siquiera yo la había previsto. Solo tuve tiempo de coger mi traje de baño y unas hojas de papel. Los acontecimientos del día me han dejado la mente agitada, pero aprovecho la oportunidad para escribirte, Yetta, para decirte algo que durante semanas se ha estado congregando y fermentando en mi pecho, algo que ha estado hirviendo y bullendo en mi interior, sin encontrar una expresión espontánea. Es algo, Yetta, que, más a causa de la incertidumbre y la cobardía que de cualquier otra cosa, no he conseguido mencionar delante de ti. Cierto, soy un cobarde confeso. Todos somos cobardes intrínsecamente, pero la justificación de la cobardía reside en la confesión.

Ahora está oscuro y el viento solitario hace que los árboles susurren y silben suavemente. En algún lugar de la noche un pájaro grita al viento. En la habitación de al lado, mi hermano ronca suave, insistentemente. El campo duerme. Las olas se alzan iracundas ante la casa, no pueden alcanzarla, gruñen y se retiran. Por encima de mí, la luz se mueve hacia delante y detrás, delante y detrás. Produce sombras en el papel, en mi cara. Estoy pensando, pensando, Yetta, vagando en la noche, en el infinito, y todos mis pensamientos tratan de ti. Pero mis pensamientos sobre ti no son totalmente amables, pican, atacan. ¿O debemos ir al grano?

Pensarás, quizá: "Vendedor de palabras". Porque la tuya es una mente de la Liga de la Juventud Comunista. O: "¿Qué le ha dado al sólido y bovino Bellow?".

Pero todo el tiempo tendrás un presentimiento, y todo el tiempo rezarás. (Porque eres devota, Yetta.)

"¿Por qué escribe, por qué el muy idiota no espera hasta volver para que pueda intimidarle?".

Detesto el melodrama. Lo único que odio más intensamente que el melodrama y la espinaca soy yo mismo. ¿Piensas, quizá, que estoy loco? Lo estoy. Pero tengo mi pluma; estoy en mi elemento y te desafío. (Aquí hay una pausa prologada, un suspiro ventoso, y el indomable Bellow irrumpe con toda su plenitud y fuerza.)

Últimamente ha habido una perceptible desavenencia entre nosotros. Parece que el incorregible [Nathan] Goldstein está inquieto. Parece que en presencia de otros eres demasiado pródiga en tu afecto hacia él. La situación es crítica. (Por cierto, Yetta, debes enseñarle esta carta a Goldstein.) Tenlo en cuenta: no hago un sacrificio ni un secreto de entregarte. Aborrezco el sacrificio y el martirio: son la hipocresía dentro de la hipocresía; una expresión de dogmas y fanatismos bárbaros; su motivo, su motivo enmascarado, es repugnante: la mera ocultación del egoísmo y el individualismo.

Así que nos separamos de mutuo acuerdo. Tú a escuchar las arengas marxistas de Goldstein con un interés semifingido; yo a recostarme en los senos de los voluptuosos tiempo y espacio y a sofocar el deseo y la esperanza. El Oriental, como sabes, es un fatalista. Quizá sea el atavismo lo que me impulsa a decir: "Lo que ha de ser será". Y así estoy satisfecho. No me arrepiento de nada. Durante un tiempo me cubriré con una reserva herida. Quizá encuentre consuelo en la calma filosófica del asceta. El hombre siempre intenta justificar sus actos. Ser un recluso es una justificación de lo errado de un acierto. Durante varias semanas con una cínica inclinación del labio y una mirada cansada sobre un mundo sórdido, yo, el joven idealista, rendiré mis congojas y mi corazón a los pies de Pearl. Si los desdeña, me iré a casa, escribiré poesía desgarradora y tocaré el violín. Si no, caeré en una letárgica satisfacción que solo durará mientras el amor dure. Porque el amor idiotiza.

Así que corto las relaciones contigo.

Podemos tener una amistad superficial. Pero algún día, cuando yo esté chocho y tú tengas varias papadas y estés obesa podremos reconciliarnos. En el ínterin sé feliz: si mi infame escepticismo lo permite, yo también intentaré encontrar la satisfacción con Pearl.

Así que, Yetta,

adiós –

Puedes hacer lo que quieras con esta carta.

Claramente de vacaciones con uno de sus hermanos, Bellow acaba de cumplir diecisiete años cuando escribe misiva, las más temprana de sus cartas supervivientes. Nathan Goldstein no tardó en casarse con Yetta. Tras su divorcio en la década de 1940, Yetta se casaría con Max Shachtman. La identidad de Pearl es desconocida.

A Margaret Staats

[Chicago] 7 de abril, 1966

No lo creí posible. Probablemente pensaba que estaba demasiado dañado, o dañado por mí mismo, para esto. Fueran cuales fueran las razones, no esperaba que toda mi alma se abriera a alguien de este modo. Que me acostaría y me despertaría por amor en vez de por el sonido del reloj.

Si estoy ocupado, es porque necesito actividad y secreto. Debería estar agradecido. Y lo estoy. También estoy oprimido y melancólico. Es un caso de amo quia absurdum: el absurdo es mío, no tuyo. ¡Mi edad, mi situación! Es absurdo.

Pero mucho más absurdo sería no amarte. Siento una especie de gratitud mística. Lo haría, aunque tú no me amases después de todo.

Te volveré a escribir para contarte cómo paso el tiempo.

Evidentemente, me corté el dedo en Nueva York para tener un recuerdo. Me ha quedado una cicatriz terriblemente bonita.

 

A Margaret Staats

[Chicago] 12 de abril, 1966

Bueno, absurdo o no, cuando pienso en ti mi corazón se llena. Amo todo lo que puedo recordar de ti. Contigo tengo una sensación que no he tenido nunca antes, la de estar infinitamente satisfecho con otro y aunque no te conozco creo que yendo a lo largo de cualquier distancia y en cualquier dirección contigo no puedo encontrar nada que me decepcione. Espero amarte ocurra lo que ocurra. Aunque te asusten todas estas lúgubres dificultades. Has hecho que la humanidad y el mundo parezcan diferentes. Nunca podré pensar en las mujeres como solía hacerlo, por ejemplo. Ese es mi mensaje esta mañana. En lugar de oraciones. Ahora puedo soportar seguir con mis asuntos.

 

A Eugene Kennedy

Brookline 19 de febrero, 2004

Querido Gene:

Intenté contactar contigo por teléfono ayer. Spurlos: la palabra que empleaban los comandantes de submarino alemanes. Significa "sin dejar rastro": ni siquiera una mancha de petróleo en el seno del Atlántico. (Se me ocurre que debiste estudiar alemán bajo los expertos en alemán de Hollywood.)

No hago nada estos días y paso gran parte del tiempo en casa. De lejos mi diversión más agradable es jugar con Rosie, que ahora tiene cuatro años. Me parece que mis padres querían que creciera deprisa y me resistí, arrastrando los pies. Ellos (mis padres, no mis pies) necesitaban toda la ayuda posible. Siempre decían: "¿Qué dice el hombre?" y yo traducía a un inglés vacilante. Eso tampoco ayudaba mucho. Mis padres eran tan ignorantes del inglés como del francés canadiense. A menudo nos deteníamos ante un escaparate de zapatos de niño. Mi madre deseaba que tuviera un par de sandalias de charol con una elegantissima correa. Finalmente las tuve: las untaba con mantequilla para conservar el cuero. Eso era cuando tenía seis o siete años, un poco mayor de lo que ahora es Rosie. Es sorprendente ver cómo todo se reduce a un par de sandalias de charol.

Te mando una bendición para todo…

12/12/2011 22:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LA CLIENTA' DE MARGARITA BARBÁCHANO

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MARGARITA BARBÁCHANO

Y SUS ‘MUJERES DE EDAD INVISIBLE’

Este miércoles 14, a las 19.30, en el vestíbulo del Teatro Principal, Margarita Barbáchano presentará su nuevo libro: ‘Mujeres en la edad invisible’, cuentos ilustrados por distintas fotógrafas. En el acto de presentación estarán la cineasta Paula Ortiz, la actriz Luisa Gavasa, el editor de Mira Joaquín Casanova, la autora y las trece fotógrafas. Margarita Barbáchano define así su libro: “‘Mujeres en la edad invisible’ (Mira) son doce historias o relatos diferentes de mujeres en tránsito entre la juventud que se pierde y la vejez que llega sin avisar. Mujeres que llenan las calles, los actos culturales, los hospitales, los autobuses, los parques, la vida..., y que, sin embargo, son anónimas, invisibles para la mayoría, incluso para su propia familia muchas veces. Mujeres que hablan con voz propia y nos explican qué les pasa, cómo se encuentran en este preciso momento de su camino. Cada relato tiene una protagonista y cada capítulo se abre con la mirada personal de una fotógrafa que capta el sentimiento de esa historia narrada. En este nuevo libro hay bastante sentido del humor, algo de dolor y mucha complicidad con el género humano. El libro lleva portada de la gran Helena Almedia (Lisboa, 1934), y fotos de Pilar Albajar, Paulina Aleshkina, Cecilia Casas, Cecilia de Val, Virginia Espá, Margarita García Buñuel, Rosane Marinho, Delia Maza, Vicky Mendiz, Peyrotau Sediles, Luisa Rojo y Olga Vallejo.

Al día siguiente de la presentación del libro: el jueves 15 de diciembre a las 20 horas, estas fotógrafas colgarán su obra en la galería Spectrum, de Julio Álvarez Sotos, en una exposición colectiva, titulada ‘Mujeres’”.

Margarita me envía uno de los cuentos, ‘La clienta’, y esta foto de Margarita García Buñuel.

 

 

LA CLIENTA

 

Por Margarita Barbáchano

 

La primera vez que se puso a buscar en Internet «Contactos para

mujeres» le temblaban los dedos. Se sentía sucia o como si estuviera

haciendo algo malo. Le costó varias semanas investigar en la red esta

clase de servicios. Y, sobre todo, descartar la basura entre la no muy

amplia oferta de contactos masculinos. Para Irene todo era desechable:

anuncios de jóvenes musculosos que parecía que iban a destrozarte

entre sus brazos, cifras escalofriantes para ofrecer las medidas de sus

atributos sexuales o frases que eran de todo menos alentadoras para

cerrar un encuentro. Poco a poco fue intuyendo que los anuncios más

discretos: un nombre y un número de móvil, podían ser la pista a seguir.

Al cabo de un mes de investigación pudo hacerse con dos o tres

contactos personales, sin agencias de por medio. Vivir en una gran

ciudad facilitaba la oferta, que aun así era decepcionante para una

mujer necesitada de sexo en algún momento de su vida.

 

Las primeras citas, antes de pasar a la acción, resultaron un auténtico

desastre. O eran un compendio de músculos sin cerebro, o tenían

una pinta de pervertidos que asustaba nada más verlos. No tiró

la toalla y siguió acudiendo a las citas concertadas. En el fondo le divertía

la situación. Se trataba de una elección. Ella era la que elegía el

género. La que pagaba el producto. Descartó a todos los que iban de

profesionales del sexo.

 

Con David tuvo suerte porque en cuanto se sentaron a hablar

en una cafetería supo que aquel chico podía encajar en sus pretensiones.

Discreto, tímido, incluso con un punto de culpabilidad por estar

haciendo estas cosas con mujeres desconocidas y cobrar por ello. Irene

lo llamaba una vez al mes. Trescientos euros por encuentro. Ella ponía

las condiciones.

 

A Irene le iba bien en la peluquería. Tenía tres empleadas y las

hipotecas saldadas desde hacía tiempo. Después de su divorcio, hace

ya diez años de aquello, tuvo algunas relaciones de pareja pero ninguna

duró lo suficiente. Había asumido con total ecuanimidad que lo

mejor era estar sola y vivir su vida sin rendir cuentas a nadie. Pero no

por ello iba a renunciar al sexo. Y estaba ya harta de intentar seducir

a algún posible candidato entre su círculo de amistades, cada vez más

reducido por otra parte. Y siempre con resultados descorazonadores.

Donde Irene ponía pasión, encanto, diversión y generosidad, solo encontraba

frustración, cobardía o prepotencia y vanidad.

 

Unas Navidades hablando con su hermana le dijo: «¿Por qué no

puedo pagar a un hombre para invitarle a cenar y llevármelo a la cama

después? ¿Por qué los hombres se van de putas cuando les place y las

mujeres no tenemos esa opción?». Su hermana le contestó que estaba

loca, que dónde se iba a meter. «Seguro que en algún lío. Con lo tranquila

que vives, hija. Ya son ganas de complicarse la vida». Además, le

reprochó su frialdad. «Sin amor, sin que te guste, al menos un poco…

Follar, por follar. No lo entiendo», concluyó moviendo la cabeza y mirándola

como a un bicho raro.

 

«Pues está muy claro. Estoy cansada de intentar empezar una

relación, aunque solo sea sexual, tener un amante esporádico. Todo

son problemas. A unos les resulto demasiado mayor para pensar en

el sexo; otros quieren una relación estable con lavadora, plancha y comida

gratis todos los días; y hay un tercer tipo de hombre que te mira

como si hubiera perdido el juicio, como si a mi edad únicamente pudieran

interesarme la gastronomía o los viajes exóticos y en grupo.

Estoy harta de llevarme decepciones, de intentar resultar sexi o encantadora

para, al final, agotarme en el intento y fracasar de nuevo.

Ahora quiero pagar para que me hagan bien el amor. Es algo físico y

agradable, ¿no? ¿Por qué no voy a pagar un buen precio por ello?».

Incluso razonaba, con toda la razón, que si se paga por recibir un buen

masaje en la espalda o en los pies, no entendía por qué no se podía

«encargar» un servicio más completo. Para escandalizar más a su hermana,

le recordó una frase de Mae West: «Un orgasmo al día mantiene

lejos al médico».

 

La hermana de Irene escuchaba estos argumentos con un punto

de resignación, pensando que con su forma de ser tan libre y tan lógica

lo que hacía era asustar a los hombres. Vamos, que los acobardaba a

las primeras de cambio. Tampoco entendía muy bien por qué había

optado Irene por esa forma tan poco ortodoxa de tener relaciones sexuales,

puesto que de las dos hermanas, ella era la más agraciada físicamente

y la que desde siempre había atraído a los hombres a primera

vista. Irene conservaba una bonita figura, ágil y esbelta, y un rostro

hermoso y dulce. Razones más que suficientes, creía, para tener éxito

con los hombres, sin necesidad de «utilizar a prostitutos para un revolcón

a precio de oro».

 

Solían quedar en cafeterías distintas y de allí se iban a un hotel

(al principio); a veces frecuentaban su apartamento (muy esporádicamente);

o incluso lo hacían dentro del coche en medio de un aparcamiento

desierto. Dependía del estado de ánimo de Irene, que es la que

llevaba la voz cantante, para eso era la clienta. Por lo general, el día

que quedaba con David, le gustaba invitarlo a cenar en algún sitio agradable,

que no tenía que ser precisamente caro, para después tener la

seguridad de que la noche iba a terminar bien. Es decir, con su cuerpo

acariciado, sus músculos en acción y las hormonas en funcionamiento.

«Una puesta a punto», como solía decirse con sentido del humor. Un

capricho que le salía caro, pero que resultaba mucho más beneficioso

para la salud que gastarse 500 euros en un tratamiento facial. Estos

encuentros también tenían la ventaja de no estar pendiente de las reacciones

del otro. El chico era joven y bien dotado, por lo que cumplía

su papel a la perfección. Sabía cómo trabajar el cuerpo de una mujer.

Con una mezcla sabia de ternura y eficacia.

 

Por su parte, David estaba encantado con Irene. Era su clienta

preferida: guapa, madura atractiva, decidida y con las ideas muy claras.

Una mujer que sabía lo que quería y pagaba por ello. Sin pedir excentricidades

ni cosas raras. Simplemente, que le hiciera bien el amor. Que fuera educado y limpio.

 

Desde que llegó a la gran ciudad había trabajado en todo ese

tipo de cosas que están al alcance de un emigrante, sin poder levantar

cabeza en tres años. Hacía un año que había montado una pequeña

empresa de arreglos informáticos, con un amigo suyo como socio,

que no iba todo lo bien que exigía el pago mensual de la hipoteca.

Necesitaba dinero extra y de forma rápida. Así que se metió en esto

para probar y ganar un dinero fácil. Lo de colgar un anuncio en Internet

se lo aconsejó un amigo parisino que se ganaba sus buenos euros

al mes con cuatro clientas fijas. «Las mujeres no te dan problemas.

Suelen ser señoras con una buena posición económica; para ellas lo

más importante es la discreción y solo piden que se las quiera y se las

contemple durante un par de horas. Es el negocio perfecto, chico. Ni

lo dudes. Anímate», le había dicho Jean Paul. La verdad es que como

trabajo por horas no estaba nada mal, sobre todo para un hombre. El

francés también le había comentado que la clase de mujeres que acuden

a este tipo de contactos por lo general huyen de las agencias, de

los intermediarios y no quieren saber nada de chulos ni de putos (recuerda

que había utilizado esta palabra). Por lo visto, según Jean Paul,

este negocio no tenía nada que ver con la prostitución organizada.

«Esto es algo privé, tremendamente privé», recalcó más de una vez.

 

David se había dado cuenta de que lo más importante en este

asunto en el que andaba metido era mantener una buena forma física,

sin exageraciones de gimnasio (con no tener barriga bastaba), vestir

con discreción y ser educado. Punto. Lo demás quedaba para los gustos

de las clientas en la intimidad del trato acordado. Al principio no

llamaba nadie; pero al cabo de un tiempo empezó a sonar el móvil

con voces de mujeres al otro lado. Unas seguras, las menos, y otras

tímidas, inseguras, con temor a lo que pudieran encontrar, sin saber

muy bien cómo desenvolverse en semejante situación. Su iniciación

empezó con una señora brasileña, esposa de un conocido ginecólogo,

forrada de pasta hasta las cejas. Le citaba dos veces al mes en el

mismo hotel siempre. Y con ella hay que reconocer que se ganaba los

trescientos euros que cobraba. Era insaciable sexualmente, y manejar

un cuerpo de 85 kilos no era precisamente algo agradable; sobre todo

cuando la brasileña se empeñaba en ponerse encima y moverse a

ritmo de samba.

 

Claro que con treinta años se puede casi con todo. Poco a poco,

David fue pagando a su banco atrasos acumulados y el alquiler de su

pequeño apartamento todos los meses. Ahora solo faltaba que la empresa

empezara a funcionar con más alegría. Entonces es cuando se plantearía dejarlo.

Eso es lo que pensaba David cada vez que se subía

los pantalones y se metía los billetes en el bolsillo. Nunca en su corta

vida había ganado dinero de una forma tan sencilla, y prácticamente

sin riesgos: las mujeres a esas edades no se quedan embarazadas, son

personas que se cuidan y no suelen transmitir enfermedades contagiosas,

y la regla de oro es la discreción. Un trueque de necesidades,

sin más.

 

Todavía recordaba Irene lo mal que lo pasó con su último intento

de seducir a un hombre que le gustaba. Todo ello antes de meterse en

Internet para buscar un contacto sexual. Después de aquella decepción,

se prometió que nunca más se humillaría delante de un hombre,

ni se esforzaría lo más mínimo por acaparar su atención. Ocurrió durante

el pasado otoño, en una conferencia sobre filosofía y arte a la

que acudió por llenar una tarde que libraba en la peluquería. El conferenciante

era un señor estupendo que había copado las páginas de

cultura en la semana previa a su charla en el Círculo. Irene se decidió

a ir porque le pareció guapísimo en las fotos. Lo de menos era el contenido

de su conferencia. Quedó con una amiga y para allí se fueron.

Al natural no desmerecía en absoluto. Tendría su misma edad, alrededor

de los sesenta, más o menos. Alto, delgado, con el pelo castaño

y ligeramente canoso, vestía con esa elegancia desenfadada de los intelectuales.

Le gustó su voz y el modo en cómo explicaba sus ideas al

público. Al final de la charla se formó una larga fila de mujeres, sobre

todo, a la búsqueda de la firma de un ejemplar de su libro. Irene pensó,

con acierto, que no merecía la pena ponerse a la cola. Demasiada

competencia. Y él iba a lo suyo: sonrisa, ¿nombre? y a estampar su

firma. Mejor indagar en su página web y mandarle un mensaje algo

misterioso y halagador. A ver si picaba el anzuelo.

 

Al fin y al cabo, era un juego. Y a Irene le gustaba jugar. El

eterno juego de la seducción que tan bien le había funcionado siempre

en sus tiempos jóvenes. ¿Por qué no intentarlo ahora también? Dejó

pasar una semana y le envió un mensaje con un archivo adjunto en el

que se veía una fotografía suya en la que estaba realmente atractiva.

La foto era de hacía un año, pero no había cambiado tanto. Solo que

se la hicieron en estudio y ahí se controla muy bien la iluminación.

Esencial para fotografiar a una mujer madura. Pasaron quince días y

en su bandeja de entrada no había ningún mensaje del escritor. Su sorpresa

fue mayúscula cuando una mañana de domingo entró en su correo

y vio que tenía una contestación de él. Escueta, pero que dejaba

una puerta abierta a seguir manteniendo este tipo de correspondencia

online. Se intercambiaron varios mensajes hasta que Irene creyó oportuno

pasar a la acción: quería verlo. Propuso una cita y que él eligiera

el día y la hora. Ella estaría allí, si accedía.

 

Sonríe con un poco de amargura recordando la ilusión de los

preparativos. Sacar los billetes del AVE, reservar una noche de hotel,

pensar y repensar qué se pondría para la ocasión. Algo sencillo pero

favorecedor. Ya se imaginaba dónde harían el amor, si en su casa, si

no vivía en pareja, o en el hotel. Cómo sería el restaurante elegido

para invitarla a cenar en un ambiente romántico e introductorio de

posteriores desahogos. No le cabía otra posibilidad en la cabeza. Si

no, ¿para qué acceder a una cita en su ciudad para conocerse?, se

preguntaba a sí misma mientras se cambiaba de ropa una y otra vez,

sin encontrar nada adecuado para la situación que había provocado.

 

Ya le inquietó la hora fijada para el encuentro: a las 14:00 h en

una plaza céntrica. «Bueno, será para comer juntos. Aunque hubiera

preferido que nos encontráramos para cenar». Comieron en un pequeño

bistró cercano a la plaza en la que se habían citado. La conversación

fue amena y fluida, aunque Irene estaba nerviosa como una

colegiala. Hablaron de todo un poco, hasta de política. Pero pasaba

el tiempo y no entraban en el terreno personal, lo que a Irene le pareció

algo desalentador. En cuanto trajeron los cafés y se los tomaron,

él se levantó con un «Bueno, yo es que me tengo que ir ya…». Y, justo

antes de salir del restaurante, va el tipo y le pregunta: «¿Has

traído mi libro? Si quieres te lo firmo». Entonces a Irene a poco le entran

las arritmias y el infarto de golpe. «Pues no, no lo he comprado.

Además, pesa bastante para llevarlo en mi bolso de viaje», se le ocurrió

decir, por decir algo. «Pues, nada. Seguiremos en contacto». Un par

de besos etéreos en las mejillas y desapareció el famoso y engreído

intelectual, dejándola descompuesta y tratando de aguantar el tipo y

disimular la frustración que sentía. Eran las cuatro y media de la tarde

de un sábado en una ciudad desconocida. Una hora horrorosa para

irse a la solitaria habitación de un hotel en la que había depositado

tantas esperanzas de goce y de pasión desconocidas.

 

Irene caminó por las calles desiertas de la ciudad reteniendo la

rabia y las lágrimas ante el soberano desprecio infringido a su persona.

«Pero, bueno, este hombre se cree que alguien hace un viaje, coge

trenes, taxis, se gasta una pasta en un hotel de cuatro estrellas, para

verle dos horas en un restaurante de mierda (pagó la cuenta, eso sí),

y me firme un libro que devotamente he debido comprar antes…». Increíble,

pero existen tipos así. Hombres que si no tienen delante a una

mujer joven y espléndida, babeando ante sus prodigiosas dotes intelectuales,

y alabando su obra, reaccionan con el mayor de los desprecios.

Ni siquiera disimula que tiene prisa en irse y dejar con dos palmos

de narices a la admiradora de turno. Si, además, la tal admiradora

tiene su edad, ni te cuento…

 

A partir de entonces, Irene se prometió que nadie la volvería a

humillar así. Esfuerzo cero. Mejor pagar por tener sexo con un hombre

joven y bien dotado. Y, luego, cada uno a sus asuntos. Era triste reconocerlo

pero al parecer la seducción ejercida por una mujer madura e

inteligente no causa los efectos buscados. Y, sin embargo, en sentido

contrario funciona perfectamente. Irene no cerraba las puertas a posibles

encuentros normalizados con un hombre que se pudiera sentir

atraído hacia ella, pero mientras tanto tenía solucionada esa parte de

la vida, que, siendo importante, parece que desaparece del historial

de cualquier mujer cuando va cumpliendo años y carece de pareja estable.

Además, tenía que reconocerlo, le gustaba esa sensación de dominio

que ejercía una vez al mes.

 

10/12/2011 19:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ZARABANDA', POR JULIO JOSÉ ORDOVÁS

[Hoy, en la página tres del suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón, Julio José Ordovás publica este artículo. Por un error mío de edición , el artículo aparece firmado por Julio José Delgado. Por supuesto que es de Ordovás. Lo lamento de veras por Julio, por Javier Delgado y por Miguel Sánchez-Ostiz.]

 

 

La foto de Miguel Sánchez-Ostiz pertenece al 'Diario de Navarra'.

 

 

   CUERPOS DE TEXTO

 

                                                                                               Julio José Ordovás

 

   Zarabanda

 

   La institución medular de la sociedad vasconavarra no es otra que la cuadrilla. La cuadrilla es sagrada, intocable, el tótem de la tribu, la caja de las esencias, el copón de la baraja. “Zarabanda” (Pamiela) es la novela de una cuadrilla que tropieza con el cadáver de un travesti en una vieja calera de la que pronto empiezan a salir toda clase de fantasmas en tétrica procesión. La cuadrilla ya no es aquella alegre, aunque sombría, panda felliniana de “I vitelloni”. Han pasado los años y el tiempo los ha dejado a todos para el arrastre. Los sueños se los comieron los gusanos. Hay demasiadas cruces en la agenda y demasiados agujeros en la memoria. Les queda el alcohol y la comida en el Jai-Alai y están dispuestos a tragar hasta reventar, como en “La grande bouffe”.

   Miguel Sánchez-Ostiz ha vuelto a Humberri, la frontera del país de la niebla, para hacer sonar la flauta shakesperiana del Rumor, donde soplan las sospechas, los recelos y las conjeturas. La zarabanda del título es una melopea de voces cínicas, oscuras, amordazadas, cobardes, lúcidas, derrotadas. Voces que se pisan y se escupen y no pueden parar de ladrar, cotorras de guiñol que se aclaran la garganta apurando la cerveza agria de Flann O’Brien, esa que hace hablar por los codos a los muertos.  

   La calera, la sima, la ciénaga, el pozo negro al que van a parar los sin nombre, los sin papeles, los que sobran porque alguien decide que sobran, los que nunca disfrutaron de la protección de la cuadrilla. La leyenda fúnebre de la sima se remonta al menos a la Tercera Guerra Carlista. Desde entonces ha sido la tapadera de demasiados crímenes, “el aliviadero de la mala memoria de Humberri”, un agujero en el que la mayoría prefiere no meter las narices, por si acaso.   

08/12/2011 17:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVO POEMARIO DE KEPA MURUA

 

Kepa Murua (1962) acaba de publicar un poemario de amor y dolor, la crónica y el recuerdo de una separación, los vaivenes del desamor. Un gato, simbólico y elegante, el movimiento desvelado e incesante, es la imagen alegórica de su dolor, de su resistencia y de su esperanza. María José de Acuña, siempre tan gentil, me manda una selección de textos y una nota portical, algo más que una confesión.

  

CONFESIONES SOBRE EL GATO NEGRO DEL AMOR

 Por Kepa Murua

 

El gato negro del amor es un libro íntimo. Hoy puedo sonreír al verlo, pero cómo escoció al escribirlo, pues son poemas que responden a una separación donde se plasman los juegos del amor o del desamor, el encuentro y el desencuentro entre las personas, la tristeza o la vaga esperanza de los amantes. No obstante, para que no fuera totalmente biográfico escribí un cuento poético con gatos, un juego sentimental con sus maneras de comportarse, como una realidad paralela en clara alusión a nuestras necesidades y anhelos.

 

El gato negro del amor contiene poemas muy personales que cambian el registro de mi escritura para volcarse en la confesión personal. Es un libro con poemas sentidos, pero si cuando los escribí, sufrí en la escritura, también sufrí en el corazón. Menos mal que mis gritos y preocupaciones no se escucharon más que dentro de las cuatro paredes de mi despacho y detrás de los frágiles tabiques de mi casa. Entre medio, en la corrección última del libro, especialmente en la lectura en voz alta de los poemas, he gozado por lo que he sido capaz de escribir y he saltado de alegría, como un niño, ante la sorpresa de una confesión o ante el dibujo logrado de un paisaje descriptivo y, como un hombre sin complejos, he sido consciente de cómo mi vida cerraba sus círculos con una naturalidad pasmosa.

 

Puede que nadie entienda esta confesión, pero, ahora que soy capaz de echar la vista atrás, me río de un Kepa Murua tan serio y al que le preocupaba todo de una manera exagerada. Está bien tener cierta sensibilidad, pero, de la misma manera que no hay que dejar de sorprenderse por lo que se hace, se siente o se escribe, uno no puede ser el mismo ingenuo de siempre, a todas las horas del día y delante de todo el mundo. Podría rematar este apunte diciendo que todo estaba escrito para que así fuera. Podría, además, colocar las razones que envuelven a este tipo de confesiones o análisis –apenas me costaría un segundo–, pero no quiero parecer pretencioso, aunque es así como lo creo. Toda una vida pensando en los libros que voy a escribir en un tiempo futuro y ahora que echo un vistazo atrás, que me paro como nunca antes, veo que todo estaba ahí hasta que pudiera darle forma a mi vida y a la de la gente que me rodea. El presente está para vivirlo, no hay más remedio.

 

Es un libro de amor, autobiográfico, que comenzó a escribirse en Londres, en 2005, y que, tras su paso por Toronto y Nueva York, fue acabado en Vitoria en 2006. Hay un cambio de voz con respecto a mi obra anterior. Creo que aún existe un eco que desvela la escritura íntima que se vislumbra en No es nada, pero, más allá de la referencia filosófica de este poemario, la voz poética de El gato negro del amor se fija en las embestidas del corazón, “a pelo”, como suele decirse. No obstante, para que la pendiente del desamor no me llevara a la tristeza absoluta y arrastrara a los lectores al desconcierto, como equilibrio, coloco el amor de mis padres, su concepción del amor, por lo menos su duración. Lo diré de nuevo: para contraponer el dolor del amor, para que el libro no fuera una caída sin frenos al abismo, coloco, como una parte sustancial de mi biografía, el matrimonio duro y eficaz, tierno y amoroso, a su vez, de los padres, que si bien no nos enseñaron a amar, nos mostraron en cambio su cariño.

 

También he adoptado otros riesgos. En algunos poemas, especialmente en aquellos que habla la amada, por ejemplo, he buscado una voz ingenua y clara, un tanto naif, para sentir la pureza de ese amor o ese deseo trastocado en el mundo de los sentimientos más comunes: el de los celos o la vergüenza, el de la duda o el enfado, el del rechazo o la indiferencia. En otras palabras, el de las tonterías que hacen los amantes. Y he optado por esa voz natural porque no me servían los registros a los que, por lo general, recurre la literatura en estos casos, como los de la locura o el vacío dolientes. Aquí no hay nada de eso, pues aunque se hable de lo que se hable, hay mucho color y, a veces, todo parece una fiesta, un tanto especial, de los sentidos y del cuerpo.

 

La idea de plasmar el amor bajo la influencia del mundo animal, de los gatos, aunque acertada, no es nueva. No tiene mucho mérito, pero he de reconocer que era cuestión de fijarse y dejarse llevar. Y sin embargo, mi fijación por los gatos –podría decir “por las gatas” perfectamente–, fue tan intensa que mientras paseaba observaba los detalles de la vida animal en la ciudad. Los parques, las vías del tren y las calles de los centros urbanos son su refugio. Me pasó en Toronto, donde un gato vivía oculto a los ojos de la gente en el pequeño jardín de la urbanización. Me pasó en Nueva York: estaba solo, abrí el cuaderno y una gata se cruzó en mi camino para que pudiera escribir “El gato desde las alturas”. El poema que da título al libro lo escribí en Carshalton (Londres), en una casa donde un gatazo negro saltaba la valla y me miraba fijamente todas las mañanas cuando a primera hora me acercaba a la ventana de la habitación para mirar qué tiempo hacía. Fue allí cuando comencé a escribir estos poemas autobiográficos en un cuaderno amarillo. Entonces, no sabía lo que me esperaba, pero me he emocionado al leer el libro.

 

 

Kepa Murua, 26 de octubre de 2011

 

 

 

 

EL NOMBRE DE MI VIDA

 

Lo que más me gusta de este mundo

es cómo la vida me llama

por mi nombre. Como si me buscara

o no supiera dónde encontrarme.

 

Mira que la vida se ríe del mundo.

Mira que el mundo no se fía de la vida.

Mira que es difícil que se lleven bien

la fría vida con el áspero mundo.

 

Pero lo que más me gusta es cómo

pese a todo pronuncia mi nombre.

Como si me preguntase sin preguntarme.

Como si me buscase como poeta y como hombre.

 

Así es el nombre de mi existencia.

Para algunos tierno, para otros con hambre.

Todos lo pronuncian diferente.

Pero ella es la única que me responde.

 

MI CORAZÓN DIMINUTO

 

Cuando mi corazón estuvo fuera de mí

yo nunca pude escribir un poema.

Lo intenté, pero no pude.

Tampoco pude escribir una carta

a mi madre por ejemplo

diciéndole que la quería.

Tampoco pude escribir una nota

a mi amigo más cercano

donde le decía que las llaves de la casa

estaban sobre la maceta roja

en la puerta de la entrada.

Cuando mi corazón estuvo perdido

en la inmensidad del tiempo

y la indiferencia eterna

no pude escribir nada.

A mi amor por ejemplo

diciéndole que la echaba de menos

y que esperaba su regreso

como lluvia que suena a diario.

Nada. Ni un poema, ni una carta.

Ni una nota, ni un recuerdo olvidado.

No pude hacer nada más que esperar

que volviera a casa

para escribir ahora este verso

donde digo que de verdad te quiero

aunque nunca te lo haya dicho antes

y sentir mi corazón diminuto

como nunca antes lo sentí

cuando estuvo dentro.

 

SUEÑOS DE LLUVIA

 

¿Dónde queda África mi amor

dónde Egipto?

En el primer continente

te esperaba el gato negro.

En el segundo viaje

el gato gris con ojos

de diamante.

Pero después de la confesión

te fuiste al sol cercano

a recorrer la fatiga

de la vida en el cuerpo

marchito del sueño roto.

¿Dónde las palabras

como promesas?

¿Dónde tu perseverancia?

Esa música que ahora

escuchan tus oídos.

Aquellas palabras

como sueños de lluvia

en medio del océano

taparon las huellas

del último viaje.

La perdición

a la vuelta de la esquina

y no lo sabíamos.

¿Dónde tu anhelo?

¿Dónde lo que siempre

perdura como prueba

irrefutable de una verdad

disuelta en agua marchita?

Desde entonces mis manos

sienten la lluvia

cuando no llueve.

Ven el mar

cuando despierta el día.

Pero no pueden creer

lo que se escucha tras la ventana

cuando no es el silencio

el que se pronuncia.

Cuando no es el tiempo

el que nos delata.

Como una sombra en el mapa

donde la ausencia

no llora su desamparo

que se anuncia

como inevitable.

Sueños de lluvia extraños

porque nunca se cumplen.

Sueños de vida

que nunca se realizan.

¿Llueve en África

ahora mi amor?

¿Llueven en tu corazón

los días de hastío?

 

NICANOR PARRA: ÁNGEL Y BESTIA

Retrato de un antipoeta indomable y vitalista que acaba de ganar el Premio Cervantes con 97 años

 

 

Los Parra son especiales en Chile y en Latinoamérica: desde Nicanor Parra a su hermana Violeta, suicida por amor hacia alguien obscenamente joven, desde Ángel e Isabel Parra a Colombina Parra, la hija del hombre de estatura mediana y estatura mediana, casi aindiados, mapuches, que recibía ayer el Premio Cervantes, galardón que ya poseían otros dos chilenos: Jorge Edwards, que frecuentó mucho en Calaceite a su paisano José Donoso, y Gonzalo Rojas, distinción que se suma a otros dos galardones universales: Gabriela Mistral fue Nobel en 1945 y Neruda, el poeta oceánico del amor y del lenguaje, que lo fue en 1971. En este río arterial de nombres de la poesía, de la cultura y de la canción chilenas (tampoco debemos olvidar a Vicente Huidobro, el poeta creacionista que está en el epicentro de las invenciones de Parra y que fue, con Juan Larrea y Gerardo Diego, un alquimista de las vanguardias. Como Nicanor Parra, Huidobro era un escritor a contrapelo, distinto, un inventor de imágenes felices, de sueños, de delirios de la palabra.

La energía del universo Parra también caracteriza a Nicanor Parra. Su padre era maestro de escuela y músico, y su madre, modista, era una de esas mujeres maternales capaces de eternizar la tarde con canciones y coplas. El joven Nicanor se inclinaría por las Matemáticas y la Física, pero también por la lírica: bebió de la tradición popular, de los romanceros y de la facilidad de Lorca, y su primer libro era un ejercicio deslumbrante y acaso ingenuo de estrofas y rimas en asonante a la manera lorquiana, y a ello volvería en ‘La cueca larga’ (1958). Más tarde, abrazaría otros credos: el canto de Walt Whitman, la ironía de Luciano, la perplejidad y el absurdo de Kafka, la huella indígena con el cóndor, el poncho y sus magias cotidianas. Y un día, tras haber estado en universidades de Estados Unidos e Inglaterra, el científico dio una vuelta de tuerca a la lírica de su país con ‘Poemas y antipoemas’ (1954), un libro germinal, distinto, desmitificador, de poesía redactada con palabras de la calle, con ironía y cinismo, con un humor que empezaba en uno y un prosaísmo controlado.

En cierto modo, Nicanor Parra buscaba el otro lado de la montaña del canto coral de Pablo Neruda: huía de la grandilocuencia y de la brillantez de las metáforas para hablar de las cosas menudas, del destino del hombre, del tiempo y de la ciencia, de la pasión casi primitiva o salvaje por las cholas, por esas mujeres desnudas que eran para él el primer volcán del mundo, el río imparable de la luz y de la belleza. La mujer y su desnudo han sido la llamada inmediata al numen para el poeta. Escribió en ‘La montaña rusa’, un poema de ‘Versos de salón’: “Durante medio siglo la poesía fue / El paraíso del tonto solemne. // Hasta que vine yo // y me instalé con mi montaña rusa. // Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo / Si bajan echando sangre por boca y narices”. Casi un manifiesto de la antipoesía de alguien que ha traducido ‘Rey Lear’ y ‘Hamlet’ de Shakespeare.

Desde entonces, Nicanor Parra, esa voz a la contra, fue ganando adeptos. Y fue ganando adeptos su simpatía inmediata. Y su enigma. Se multiplicó su leyenda de conquistador y de hombre de grandes y violentos amores. En Chile era el amigo y el antagonista de Neruda. Bien mirado, no son tan distintos, sobre todo si pensamos en el Neruda cotidiano de las odas. Incluso tenían ambos casa en la Isla Negra. Pero Parra estaba al margen de todos los partidos: podía ser anarquista y socialista en un mismo día; podía ser clásico y moderno y transgresor en la misma tarde; taoísta y ecologista; se reinventaba a sí mismo anticipando su fin, redactando su autorretrato, o desmadejando su inventiva en chistes, artefactos (breves poemas que funcionan como epigramas y que luego también serán creaciones de poesía visual), nuevos versos, historias telúricas o tratados de buen humor a prueba de hecatombes.

También ha hecho poesía visual, instalaciones, objetos literarios, y ha apoyado con una huelga de hambre a los mapuches. Otros libros capitales de Nicanor Parra son ‘Obra gruesa’ (1969), ‘Artefactos’ (1972), ‘Chistes para desorientar a la po(lic)esía’ (1983) y ‘Hojas de parra’ (1985). El Premio Cervantes de 2011, de 97 años, se ha retratado así para la inmortalidad en su ‘Epitafio’: “Ni muy listo ni tonto de remate. /Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y aceite de comer / ¡Un embutido de ángel y bestia!”. [Ahora, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publican dos tomos de su poesía, con una nota portical de Harold Bloom, entre otros.]

05/12/2011 12:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS ESCRITORES Y SUS ANIMALES

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[Esta mañana, a partir de las once, en ‘A vivir de que son dos días’, en la sección ‘Club de Lectura’, Montserrat Domínguez hablará del libro ‘Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales’ (Errata Naturae, 2011) con tres de los autores que participan en este volumen colectivo: Andrés Trapiello, Marta Sanz y yo, Antón Castro. Montserrat cuenta con la colaboración de Óscar López y Manu Berástegui, lectores, periodistas y apasionados como ella del mundo de los libros. Este artículo apareció en ‘Heraldo de Aragón’]

 

FÉLIX ROMEO VIAJA AL ZOO DE LOS BOWLES

 

Errata Naturae publica el libro colectivo ’Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales’, donde aparece un texto póstumo del escritor y crítico literario recién fallecido, y textos de diez escritores de varias generaciones.

 

 

"Sabemos que a Félix Romeo no le gustaban los animales de compañía, pero su texto es fantástico y decidimos dedicarle el libro porque tanto a Rubén Hernández como a mí nos apetecía mucho y porque era una manera de acercarnos un poquito a él y compensar, si es que se puede decir así, el hecho terrible de que no llegara a verlo impreso. ’Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales’ es un libro especial para nosotros, muy personal", dice Irene Antón, una de las responsables de Errata Naturae, que edita este libro que rinde homenaje, en su pórtico, al escritor, crítico y columnista de HERALDO Félix Romeo Pescador, fallecido el pasado 7 de octubre.

El cuento de una extraña fauna

Participan once escritores: Andrés Trapiello, José Carlos Llop, Andrés Ibáñez, Marta Sanz, Berta Marsé, Pilar Adón, Carlos Pardo, y cuatro aragoneses: Soledad Puértolas, Ignacio Martínez de Pisón, Antón Castro y el citado Félix Romeo, que habla de los animales de compañía de William S. Burroghs y de Jane y Paul Bowles, que tuvieron un auténtico zoo de ratas, loros, gatos, patos, armadillos y coatíes.

 

El cuento de Félix Romeo, ’El hombre invisible y el zoo de los Bowles’, ofrece casi un retrato de grupo y de época en Tánger. Además de los Bowles y de su amigo Burroughs, aparecen Truman Capote, Mohamed Chukri, Jean Genet, Mohammed Mrabet y Gertrude Stein, o el artista Francis Bacon. Y bien podría haber aparecido el zaragozano Julio Antonio Gómez que también anduvo por allí. El relato está lleno de hallazgos que parecen inverosímiles.
 

Escribe Félix Romeo: "Paul Bowles compró en México un ocelote, que allí llamaban tigrillo. Un equipo de televisión fue a grabar un programa con Paul Bowles y Jane Bowles y entre los planos de recurso el equipo decidió fingir la caza de una paloma por el ocelote. El ocelote no falló y se comió de un bocado la paloma. Los huesos de la paloma le atravesaron el estómago y el ocelote murió". He ahí el humor negro de la vida.
 

Irene Antón y Rubén Hernández dicen que se han fijado en autores de "distintas generaciones con proyectos literarios muy diversos", que aceptaron de inmediato. Algunos han escrito sobre sus propios animales, como Andrés Trapiello en ’De la muerte de Mora’, una espeluznante y emocionante crónica de la muerte de su mascota; Soledad Puértolas, que recuerda al buen Moss ("que una mañana de invierno terminó sus días en mis brazos mientras un rayo de sol caía sobre su cabeza") a la par que evoca la pasión por los canes de J. R. Ackerley, en especial por la perra Tulip, y Thomas Mann. Soledad Puértolas anota: "Muchas veces me he preguntado, observando a mis perros, si es verdad que no piensan. Desde luego, es sabido que sueñan. Dormidos, aúllan, agitan el rabo, se estremecen. Tienen sueños, eso es evidente". Marta Sanz recrea el universo, el misterio y la rebeldía de sus propios gatos. Los restantes autores se centran en las mascotas de
autores famosos.

 

La sombra del autor

"Este es un libro sobre los animales y la literatura, los animales y la escritura. Sobre el animal como sombra del escritor, como amigo, como único depositario de unos sentimientos, incluso de unas ideas que el autor no compartiría con nadie", afirman los editores.
 

En el libro, Andrés Ibáñez habla de Julio Cortázar y su gato Teodoro Adorno, con el que mantiene una relación de afectos más o menos intermitentes. Berta Marsé se aproxima a Truman Capote y su perro Charlie, al que trajo a Palamós; cuando estaban lejos le escribía cartas: "Querido Charlie: aquí todos los perros tienen miedo y pulgas, no te gustarían nada. Te echo de menos. ¿Quién te quiere? T (quién si no)". José Carlos Llop aborda en ’Nocturno malgache’ la convivencia de Cyril Connolly con sus lémures y con hurones a los que ponía nombre español como Paco o Chica, a la par que repasa o relee su dietario ’La tumba sin sosiego’.

 

Canto a la fidelidad

Pilar Adón se zambulle en la atracción de Virginia Woolf por un mono minúsculo del Amazonas y por distintos perros: Grizzle, Shag, Tinker o Flush, que en realidad era el perro de la poeta Elizabeth Barret y que le inspiraría la novela ’Flush’.

Carlos Pardo desmenuza, a la luz de su correspondencia, la obsesión del poeta Jules Laforgue por el perro Ariel; dice que es el mejor nombre que puede tener el animal. Ignacio Martínez de Pisón narra los secretos de un can muy particular: Mateo, que posee la facultad del canto. Lord Byron dedicó un inolvidable epitafio a su amado perro Boatswain, donde decía: "Aquí reposan / los restos de una criatura / que fue bella sin vanidad".
 

El resultado es un libro entrañable de "relatos íntimos y sobrecogedores, pero también de cuentos hilarantes", tal como lo definen sus editores, un libro que es un canto a los animales, a su fidelidad y, cómo no, a su enigma.

04/12/2011 09:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEPE MELERO: PRÓLOGO A 'MERCADO CENTRAL' DE JOSÉ A. LABORDETA

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PRÓLOGO A ‘MERCADO CENTRAL’

 

Por José Luis MELERO RIVAS*

 

 

Mercado Central es el único libro completo y preparado

para la imprenta que permanecía inédito de José

Antonio Labordeta, ya que de la novela que había comenzado

en los últimos meses, basada en un crimen

que se cometió en su juventud en la zaragozana calle de

Boggiero, en el corazón del barrio de San Pablo, apenas

llegó a escribir un puñado de folios. Este Mercado Central

lo dejó cerrado y terminado un par de años antes

de morir, pero la edición de sus dos últimos libros de

memorias (Memorias de un beduino en el Congreso de

los Diputados en febrero de 2009, y Regular, gracias a

Dios en mayo de 2010) fue demorando su salida y retrasó

hasta hoy su publicación.

El libro contiene un conjunto de semblanzas, humorísticas

a veces, distorsionadas muchas veces y caricaturizadas

siempre, de algunos de sus mejores amigos. Las

escribió muy rápidamente, quizá en dos o tres meses, y,

con excepción de unas pocas que me entregó en papel

dentro de un estuche o carpeta, con el título definitivo

ya puesto, me las fue enviando a casa, por correo

electrónico, una por una, conforme las iba redactando.

Temía que pudiera exagerar demasiado algunos de los

rasgos de sus amigos, que alguno de estos pudiera molestarse,

y quería que las fuera leyendo para tener la

certeza de que aquellos daguerrotipos divertidos, surrealistas

y disparatados, pero siempre cálidos y amables,

podían acabar convirtiéndose en un libro que bien

podría completar aquel otro de Los amigos contados

que publicara en 1994 en edición no venal preparada

por Félix Romeo y auspiciada por la zaragozana Librería

General, y que sería reeditado por Xordica en

2002. Incluso contempló en alguna ocasión, para reforzar

ese hilo de continuidad entre ambos libros, la

posibilidad de titular este último Los amigos descontados,

que llevaría como subtítulo Por descontado, amigos.

Así consta también en alguno de los originales que

conservo. Pero en esa carpeta de la que antes hablaba,

en la que me entregó las primeras de estas semblanzas,

está escrito de su puño y letra el título que se ha

utilizado para esta edición y que fue siempre su preferido:

Mercado Central, en homenaje al gran mercado

modernista que proyectara el arquitecto turiasonense

Félix Navarro, muy próximo al callejón del Buen Pastor

donde transcurrieron los primeros años de la vida

de José Antonio Labordeta, y en el que sus diferentes

puestos –coloristas y variopintos– vendrían a ser como

sus amigos retratados en el libro: todos próximos, todos

diferentes, todos queridos y necesarios.

Si en Los amigos contados Labordeta hablaba de algunos

de sus más viejos amigos (Pío Fernández Cueto,

Manuel Pinillos, Luis García Abrines, Manolo Rotellar,

Luciano Gracia, Pablo Serrano, Santiago Lagunas,

Emilio Lalinde, Julio Antonio Gómez…) y utilizaba

un tono teñido de melancolía y nostalgia, muy propio

del Labordeta de los años setenta y ochenta cuando

aquellos retratos se publicaron en la revista Andalán,

en Mercado Central casi la mitad de las semblanzas corresponden

a sus amigos más jóvenes y el tono elegíaco

ha dado paso definitivamente al Labordeta más jovial,

vitalista y divertido, al Labordeta somarda, cachondo

y socarrón que tanto nos hizo reír en paseos, tertulias y

cenas interminables.

Así pues el humor, ese humor marca de la casa, tan

delirante en ocasiones y tan buñueliano, tan aragonés

en definitiva, está presente en casi cada una de las semblanzas

del libro: recordemos a su hermano Miguel llegando

siempre tarde al fútbol (pero no un poco tarde,

sino medio partido tarde, pues salía de casa en dirección

al campo cuando terminaba la primera parte); a Luis

García Abrines –el único con Julio Antonio Gómez

que ya aparecía en Los amigos contados y el único de

aquella serie que aún permanece felizmente entre nosotros–

repartiendo bendiciones en París disfrazado de

obispo; a Fernando Ferreró perdiendo deshilachado en

el mar aquel bañador que se compró en los inolvidables

«Saldos Arias» y pidiéndoles a Juana de Grandes

y a José Antonio Labordeta, que estaban con él en la

playa, algo con lo que cubrirse y poder salir del agua;

a Javier Tomeo siendo recibido en Quicena con banda

de música, gritándole «¡Amadoooo!» al Monstruo y

abrazándose luego con él; a Emilio Gastón quemando

involuntariamente las bragas de sus vecinas, o a Luis

Alegre besándose con Penélope Cruz en la plaza de

Malasaña mientras una muchedumbre entona la «Bien

pagá». A su editor Chusé Raúl Usón lo presenta como

perteneciente a la especie pirenaica de los «Usones»,

caracterizada por gruñir cuando hablan y por aparearse

delicadamente una sola vez; a Félix Romeo lo representa

como un tifón, huracán o tsunami que se lleva

por delante todos los malos libros, y de Ismael Grasa, a

quien apoda jocosamente la «Gran Esfinge» de Blecua

–el pueblo oscense del que procede su familia–, desvela

Labordeta que «como todo bien nacido en este territorio

es socio, barato, del Real Zaragoza», lo que no sé si

provocará el abucheo generalizado de los antizaragocistas

más intransigentes de su Huesca natal. Solo evita la

parodia y mantiene aquel antiguo registro conmovedor

y dolorido cuando recuerda al «gordo» Julio Antonio

Gómez («se fue junto a sus gorilas a rebuscar entre ellos

la memoria de Luciano Gracia o los sueños de Gúdel o

de Salas que, seguro, andan por las orillas del lago Kivú

a la espera del día inexistente de la gran resurrección

de los poetas verdaderos», escribe con emoción de su

amigo), cuya muerte tanto dolor causó entre sus viejos

colegas zaragozanos de versos y parrandas. Ni siquiera

en los casos de Miguel Labordeta y Antonio Artero,

los otros dos protagonistas del libro que desgraciadamente

ya no podrán leerlo, consigue José Antonio Labordeta

 ponerse serio y dejar a un lado zumbas, chanzas

y cuchufletas.

El libro está lleno, además, de buena literatura, de esa

buena literatura que surge a borbotones entre la prosa a

veces descuidada y sin terminar de pulir tan propia de

Labordeta, pero que sin embargo es capaz de alumbrar

las imágenes más bellas y de transmitir emoción y sentimiento

como solo pueden hacerlo los libros en verdad

importantes. Algunas de esas imágenes del libro son extraordinarias,

como aquella, inolvidable, en que la nieve

del invierno cubre las esculturas de Emilio Gastón, depositadas

en el patio de la ferrería de Echo, de manera

que semejan «soldados napoleónicos» derrotados por

la Rusia de los zares y consolados por algunos buenos

chesos que deciden adornar esos «cadáveres exquisitos»

llevándoles coronas de laurel.

Labordeta escribió estos retratos de sus amigos con

enorme cariño y admiración hacia ellos, porque él quería

y admiraba sin reservas a sus muchos amigos (su

viuda Juana de Grandes se ha cansado de repetir estos

días que José Antonio era «muy amigo de sus amigos»).

Y los escribió como un puro divertimento, exagerando

los rasgos de casi todos ellos y distorsionándolos hasta

el extremo. No le importaba pues tanto el retrato como

crear una imagen lúdica, entrañable y sugerente del retratado.

Todos ellos están también llenos de ternura,

de esa ternura labordetiana que en ocasiones hay que

saberla buscar bajo la hojarasca de lo esperpéntico y lo

grotesco que caracteriza a muchas de estas semblanzas,

de esa ternura que tantas veces José Antonio, como les

sucede a no pocos de los habitantes de estos parajes, escondía

voluntariamente bajo una falsa apariencia de rudeza

para no mostrar demasiado los sentimientos, para

no parecer sensible, delicado ni complaciente. Ya escribió

él en una de sus canciones más famosas, «Somos»,

que, al igual que nuestra tierra, éramos «suaves como

la arcilla», pero «duros del roquedal». Y los fue escribiendo,

como comprenderán todos lo que conocieron

bien a Labordeta, sin ningún orden preconcebido, tal

y como se iba acordando de sus amigos. Yo sí conozco

naturalmente el orden en que los redactó, pues José Antonio

los iba numerando conforme me los pasaba, pero

no pienso desvelarlo, no vaya a ser que alguno, equivocada

y torticeramente, trate de organizar un ránking de

amistades. De ahí que se presenten cronológicamente,

del más mayor al más joven.

Había otros muchos retratos que tenía previstos y

que nunca llegó a terminar, pues el cáncer se lo llevó

todo por delante: los de los escritores Ignacio Martínez

de Pisón, Eva Puyó y Daniel Gascón, los de la librera

Eva Cosculluela, la poeta Marta Navarro, la pintora

Mary Burges… De todos ellos y de algunos otros me

habló muchas veces. Y de varios sé que escribió algún

borrador, aunque el resultado final no debió de gustarle

demasiado pues nunca llegó a entregármelos ni pude

leerlos.

En esta colección de semblanzas está el mejor Labordeta,

el Labordeta divertido, inteligente y cariñoso, el

Labordeta apasionado por la literatura, el que escribió

con pasión prácticamente hasta el final de sus días. Ese

Labordeta que nos enseñó a disfrutar de la vida y de la

amistad como solo los grandes hombres son capaces de

hacerlo y que permanecerá siempre vivo en los corazones

de todos cuantos lo quisimos.

 

 

*José Luis Melero. Escritor y bibliófilo, y uno de los grandes amigos de un hombre que tenía muchos, como se ve en ‘Mercado Central’: José Antonio Labordeta Subías (1935-2010). En la foto, una caricatura de Luis Grañena de Fernando Ferreró. El libro se presenta esta tarde, a las 20 horas, en Los Portadores de Sueños.

'MERCADO CENTRAL', HOY: LABORDETA RETRATA A FÉLIX ROMEO

Esta tarde, a las 20 horas, en la librería Los Portadores de Sueños, el poeta y editor Fernando Sanmartín presentará el libro póstumo de José Antonio Labordeta ‘Mercado Central’, publicado por Xordica e ilustrado por Luis Grañena. En el acto, podrán verse las caricaturas y estarán muchos de los retratados por Labordeta: Miguel Mena, Luis Alegre, Cristina Grande, Javier Gómez de Pablos, Fernando Ferreró, Eloy Fernández Clemente, el editor Chusé Raúl Usón, Emilio Gastón, José Luis Cano, Mariano Gistaín, etc. Se trata de un libro de retratos, de recuerdos y, muy especialmente, de pequeñas ficciones en torno a los personajes. Para mí uno de los valores del libro es Labordeta como creador de ficciones, de relatos, de historias entre surrealistas, delirantes, afectuosas e impregnadas de somardería. Luis Alegre es el gran cómplice de Penélope y el hombre que besa con mejor sentido musical; Miguel Mena encarna la poesía, el sol y las estaciones del Moncayo; Pepe Melero es bibliófilo y devorador de libros y Félix Romeo es, sencillamente (además del hijo varón que le nació de la historia de amor de Félix y Carmen), un auténtico tsunami. He aquí el texto de José Antonio Labordeta sobre Félix Romeo Pescador (1968-2011).

FÉLIX ROMEO PESCADOR

 

Por José Antonio LABORDETA. De 'Mercado Central' / Xordica

 

El cielo luminoso de la ciudad se cubría, poco a poco,

de nubes rasgadas, sangrientas, amenazantes y, al mismo

tiempo, esperanzadoras y jolgoriosas. Eran el anuncio

de algo que en meteorología no habían encontrado la

razón:

–Es un tifón –comentó sudoroso el Delegado del

Gobierno, actual virrey democrático, pero virrey al fin.

–Es un huracán de nivel dos –aseguró el consejero

de Medio Ambiente.

–De nivel cuatro –murmuró realmente asustado el

jefe del Servicio Nacional de Meteorología que no tenía

ni idea de por dónde podían venir los tiros, y los troyanos.

Porque algo de La Ilíada se percibía en el lejano y

quejumbroso sonido de las páginas eternas suscribiendo

sus pasajes de forma estentórea.

–En ese caso sería más bien un huracán –comentó el

joven licenciado en artes gráficas.

El Capitán General, que siempre llegaba tarde, anunció,

tras el toque de «generala» por sus cornetas de número

«que ya las fuerzas de tierra, mar y aire estaban

dispuestas para enfrentarse a esta especie de arrebol

subcutáneo que empezaba a recorrer a todos los habitantes

de la gloriosa Salduba –detalle de cultura histórico-

estratégica– y que en cualquier momento podía

detener la luz tambaleante de un sol un tanto frígido y

escondido».

Durante un buen rato, y mientras esperaban al señor

arzobispo para atacar con fruición el chocolate con

picatostes que las encargadas del refrigerio habían preparado

en el Ayuntamiento, siguieron las divagaciones

cada vez más certeras y puntualizadoras viendo cómo

la luz se refrigeraba en su propia lejanía y los versos de

El alcalde de Zalamea se caían a chorros por la vertiente

penúltima del Ebro, río padre y madre del envite.

–Este escándalo astral –denunciaba el señor arzobispo

revestido de las mejores pompas judeo-cristianas–

es cosa de algún cultureta que anda intentando

revertir en desorden lo que es el orden natural –dijo su

eminencia mientras machacaba con su dentadura postiza

los picatostes del chocolate espeso.

Durante un buen rato, y por el espesor del chocolate

a la española, las autoridades se quedaron amodorradas

hasta que el pueblo, entre jubiloso, temeroso y escrupuloso,

empezó a reclamar «¡manos a la obraaa!» de una

vez por todas. Y los jefes convocaron –que es lo que se

hace siempre– una rueda de prensa en la sala de ídem

del Servicio Español de Meteorología. Y allí se fueron

todos y entre isobaras, bajas presiones y altas, barómetros

desencajados y encajados, se prepararon para dar

la rueda de prensa. Pero pasó casi una hora y ningún

medio de comunicación, local, provincial o regional,

acudió y el nerviosismo comenzó a saturar los bajos de

la sotana del señor arzobispo, envejeció a los cornetas

y el Gobernador Civil, ahora Delegado del Gobierno,

pero en realidad Virrey, reclamó su caballo blanco e intentó

salir a la calle.

Un vocerío sin sentido lo detuvo: «¡Es el huracán!

¡Se ha llevado todas las enciclopedias Espasa que todavía

perviven en las estanterías de las viejas librerías! ¡Ha

roto las obras de Pemán! ¡Y los Larousses completos!

¡Y una enciclopedia de Planeta! ¡Y a los últimos premios

de ídem! ¡Ha desangrado a los poetas bicéfalos!

¡Ha dejado desabastecidos los textos de Marx, de Lenin

y de otros vaticinadores de futuro como San Pablo y las

cartas a los creyentes!».

El aire furo convertía a los incrédulos en crédulos, a

los indiscretos en discretos, a los imbéciles en béciles y

a los agoreros en goreros solo.

La tensión entre las autoridades iba en aumento: para

pacificarse abrieron unas botellas de cava y un aire frígido

se las llevó por los cielos. Solo champán, dijo una

voz perdida entre los cirros, los cúmulos limbos y la

tormenta granítica que anunciaban se iba a tumbar sobre

la vieja ciudad destornillada.

Atraviesan el aire, de modo radical, libros de poetas

artificiales y artificiosos, se golpean contra las paredes

todos los libros de eso que dicen es literatura histórica

y sus hojas, al desparramase por el suelo, derrochan un

nefasto mal olor que hacen que nuestro señor arzobispo

pierda el anillo episcopal y la mula blanca se desencaje

entre saturadas muchedumbres agolpadas a la verja del

santuario de los viejos feligreses.

Todo el cielo es un cúmulo de hojas de periódicos,

de saturadas revistas de relatos nefastos y de libros de

cocina harapienta. Alguien comenta: «Este aire está

limpiando el bodrio de los libros que nunca deberían

leerse, de los periódicos representativos del harapiento

mundo de la falsedad y de revistas apocalípticas que se

saturan de noticias falsas para conseguir que el último

hijo de Adán se vista con la moda francesa».

–¡Es un tifón! –grita desesperado el Delegado.

–Es un huracán –asegura el de la Meteorología.

–Es un acto castrense para limpiar de bodrios todas

las bibliotecas atosigadas.

–Es como un acto celeste de pureza aunque veo que

todos los ejemplares que vuelan por el aire son de nuestros

autores favoritos –se queja su eminencia.

–Fíjese: por ahí va Camino y todas sus ediciones.

–Y de tantos y tantos que no nos da tiempo a aseverar

qué es lo que está pasando.

–Creo –dice al final un sargento de la Guardia Civil–

que esto es un tsunami y que tiene nombre y dos

apellidos.

Gesto de asombro por parte de toda la fauna.

–Se llama Félix Romeo Pescador.

–¡Él! –exclama el Delegado, y perplejo devuelve el

anillo episcopal al obispo–, esto es castigo de Dios, por

leer lo que leemos.

La figura de Félix, remarcada al fondo del horizonte

del poniente zaragozano, contra la mole del Moncayo,

gritó hasta descerrajar los cielos quejumbrosos: ¡Leer a

Cervantes, rediós, y desfondaros por los últimos verdaderos

valores que son los que os voy a señalar!

Y al igual que en Babilonia, en la última cena del rey

Baltasar, en las paredes férreas del campo de fútbol de

La Romareda fueron apareciendo los nombres de los

autores señalados, mientras la voz poderosa de Romeo

Pescador anatematizaba a todo el bodrerío suculento.

Las aguas del Mediterráneo se llenaron de páginas

y páginas inútiles empujadas por el cierzo mientras alguien

recitaba aquel verso de Luciano Gracia que decía:

«ciudad mía, ciudad del viento». El ideario de los poetas

trashumantes se había hecho realidad gracias al gesto

airado de ese muchachón desempolvado y un tantico

agreste y socarrón.

 

LOS 'ARTICUENTOS' DE MILLÁS: LECTURA COLECTIVA HOY EN LA FNAC

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LECTURA COLECTIVA DE LOS ‘ARTICUENTOS’

DE MILLÁS EN LA FNAC

Escritores aragoneses y personalidades de la cultura aragonesa participarán en una lectura pública de ‘Articuentos’ de Juan José Millás hoy jueves 1 de diciembre, a partir de las 19:30 h., en el Fórum de Fnac Plaza España.

La convocatoria está abierta al público en general; también leerán empleados de la FNAC y lectores que se sumen al acto. Han confirmado su presencia, entre otros: Javier Fernández (Delegado del Gobierno en Aragón), Antón Castro, Cristina Grande, Juan Bolea, Amadeo Cobas, Magdalena Lasala, Manuel Vilas, Joaquín Carbonell, Julio Cristellys, Plácido Díez, José Luis Corral, Eva Hinojosa, Margarita Barbáchano, Sergio del Molino, María Frisa, Ignacio Escuín...

 

01/12/2011 10:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS SAMPEDRO: UN DICCIONARIO

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[El pasado martes, José Luis Sampedro (Barcelona, 1917) recibía el premio Nacional de las Letras. Hace un par de años, en el verano de 2009, Paco Martín Martín, especialista en la obra de José Luis Sampedro, me invitó a participar en un curso de la Universidad de Verano de Jaca dedicado al autor de ‘La vieja sirena’. Leí todos sus libros, recordé nuestros encuentros y nuestra correspondencia (me escribió mucho a Urrea de Gaén y a La Iglesuela del Cid en los años 90), y confeccioné este diccionario, en el que recuerdo a un amigo inolvidable: Francisco Gonzalo Gómez, que murió de infarto demasiado joven, demasiado, y que era un enamorado absoluto del mundo y de la sensibilidad, del compromiso y de la lucidez de José Luis Sampedro, que vivió en Zaragoza y se casó, en segundas nupcias con Olga Lucas, en Alhama de Aragón. Esta maravillosa foto es de Jordi Socías, uno de esos fotógrafos extraordinarios al que he seguido con admiración y cariño a través de ’El Europeo’ y de ’El País’. Hace unos días, con Jonás Trueba y Daniel Gascón por mensajeros, me envió desde Washington un libro dedicado. He aquí un maravilloso retrato Jordi Socías-José Luis Sampedro.]

 

SAMPEDRO: ACASO UN DICCIONARIO

 

Antón CASTRO

 

ADOLFO ESPEJO. Empezamos con este muchacho, airado contra sí mismo, que tenía tantas ganas de saber y de disfrutar el mundo, tanta ansiedad, que parecía disolverse en hastío, en incertidumbre. Tenía sed de vida y de amor: era víctima de la soledad y parecía buscarla, era víctima de los despertares de su propio cuerpo y parecía sentirse un extranjero dentro de él. En el fondo, este es el primer héroe o antihéroe de José Luis Sampedro, un alter ego que asomaba a su novela ‘La estatua de Adolfo Espejo’, que concluyó hacia 1939 y apareció en 1994. Adolfo concentra muchos de los momentos decisivos de Sampedro: sus años de nomadismo, su estancia en Zaragoza, en los jesuitas, sus viajes a Melilla donde, tal como le sucedió a José Luis con Ahisa, conoció el vendaval del amor, el estrépito del deseo. De algún modo, ese personaje reaparece en una novela delirante, en una crónica de costumbres y de desmesuras: ‘El caballo desnudo’ (1971). Es Adolfito quien denuncia la visión en paños menores del équido, y ocurre lo que ocurre. El mundo, fanático y angosto, se desordena de manera terrible con esa moralidad de pandereta. Quizá ‘El caballo desnudo’ sea el libro más desternillante del autor, el más satírico.

 

 

José Luis Sampedro y Olga Lucas, en una foto de 'El País'.

 

ALHAMA DE ARAGÓN. Es un paraíso con agua y selva en la tierra. José Luis Sampedro, escritor, pensador y economista, se refugia allí desde hace medio siglo. Suele decir que es para relajarse, para combatir el estrés, para reencontrarse con la naturaleza. Han sido muchos los autores que han hablado de su sentido de la descripción y de su mirada frente al paisaje. Allí quiso celebrar una ceremonia inolvidable: en medio de las neblinas y los vahos que emergen de los lagos, se unió a Olga Lucas. En el fondo, Alhama tiene algo de persistencia de lugares muy queridos por el narrador: el mar, el río Tajo de los gancheros y los recuerdos, los humedales y los jardines de Aranjuez. En la dedicatoria de ‘La vieja sirena’, el escritor agradece “Finalmente, a mi circunstancia: cinco ambientes con A que se hicieron refugio. Alhama de Aragón, Alicante, Aranjuez, Aravaca y la principesca hospitalidad de Andorra”.

 

AMOR. Sampedro escribió, en ‘Octubre, Octubre’, citando a Rumí: “Bajo la visible evolución de las formas es la fuerza del amor lo que impulsa todo progreso”. “De no ser por el amor, ¿cómo hubiese llegado a existir nada?’. Y también proclama con el clásico: ‘Ama y haz lo que quieras’. El amor con todos sus complejos apéndices o derivados es el personaje más importante de todas sus novelas. El amor es la creación total que ansía página a página, personaje a personaje. Leemos en ‘Octubre Octubre’: “Al hacer el amor éramos todavía más libres, no sé cómo explicarte, más inocentes. Diría que más puros, pero la palabra ‘pureza’ está manchada por los curas. De verdad, sentirse pura antes de amar es muy fácil, pero falso. La pureza sólo llega a ser auténtica haciendo el amor”. Recojo en ‘La vieja sirena’: “El Amor siempre es verdad”.

 

ARANJUEZ. Ese lugar cantado por los poetas, por los músicos, y pintado por el pincel matizado de Santiago Rusiñol, entre otros, es un espacio fundamental. Es el jardín de la memoria, el edén exuberante de verdura, de belleza, de misterios,  pero también es el hechizado solar donde Sampedro se reencontró consigo mismo y, muy especialmente, con su padre, aquel médico militar que era capaz de tocar instrumentos de púa, dibujar mapas y planos, realizar fotografías y hablarle, así, como habla el viento y como quien no quiere la cosa, del conocimiento. Ha dicho José Luis que allí disfrutó de su padre como nunca. Él fue la figura tutelar, el amigo soñado, la puerta a la sabiduría y a un sinfín de emociones, y además estaba en un real sitio con solera, con nobleza. Aranjuez reaparece en muchos libros, como un pespunte, como una sugerencia, como un instante de plenitud, y aparece sobre todo, con su hermosa complejidad, en la novela ‘Real Sitio’ (1993), que narra dos historias distintas y complementarias, una en 1807-1808 y otra en 1930-1931, y que ensaya, de nuevo, un modelo de novela histórica muy personal. Ahí estaban muy claros algunos temas decisivos de Sampedro: el tiempo y sus laberintos, los ecos de la II República, la dignidad de los amores tardíos, la idea de segunda oportunidad mientras haya aliento y una piel que sentir al lado, un cuerpo, unos luminosos ojos henchidos de edad. Aranjuez es el escenario de ‘Real Sitio’, un libro cuya prosa refinada y elegante se corresponde con su ámbito y con su leyenda de majestuosidad, de aroma, de intimidad y de amotinamientos. Es un “paisaje definitivo del alma” y es, a la vez, ese lugar que le permite decir al autor: “Mi paraíso terrenal está situado en esas riberas del Tajo”. Anoto aquí una hermosa reflexión de Yvan Lissorgues: “Real Sitio es la plena recuperación, con la palabra, del tiempo pasado que nunca se da como tiempo perdido”. Como si apostillase, ha escrito Sampedro: “El Real Sitio fue decisivo para orientar mi vida y por eso ha permanecido siempre en mi corazón”.

 

BRUNO. La novela donde se produjo esa alquimia perfecta de identificación entre el escritor y el lector fue ‘La sonrisa etrusca’ (1985), el relato del anciano Salvadore que se ha quedado viudo y visita a su hija, que tiene un niño, Bruno. La novela, así de entrada, era como un grito de soledad del narrador. La historia nació en Estrasburgo, en la casa de su hija, “donde me había nacido un nietecito”, y el novelista tenía en la cabeza a Goethe y su primer amor, Federica Brion, porque veía los parajes donde el joven escritor alemán había recibido sus primeras lecciones de amor. Ha escrito Sampedro: “Una noche algo como un gemido me despertó y me hizo acudir a la alcobita del niño. La nevada caída durante el día reflejaba el resplandor lunar y el de las farolas callejeras derramando por el ventanal una líquida claridad mágica. Todo era silencio; ¿habría yo soñado aquel gemido? Me acerqué a la cuna y contemplé la lunita del rostro. Iba a retirarme cuando el niño me retuvo abriendo los ojos, redondos y misteriosos como pozos oscuros. Antes de sollozar le cogí en brazos y envolví nuestros cuerpos en una manta, acunándole mansamente. Pero tardó en dormirse y, al paso de los minutos, iba el niño pesando en mis brazos, entrándose en ellos y haciéndome suyo al hacerse mío… Eso fue todo: evadirme con él del reloj y de los mapas, contemplar su carita aún no surcada por los afanes y los días, respirar su olor lácteo y frutal, acoger la elástica firmeza del cuerpecito, flotar juntos en la noche transfigurada. Eso fue todo”. Ese niño acabaría siendo Bruno, Brunettino, el nieto de Salvatore, y se llamaba Bruno como se llamó él cuando era partisano y combatía con los nazis. El nombre era un juego del azar y un homenaje de su familia. Sampedro redactó una novela emocionante durante muchas noches, en la hora ideal de la madrugada, y trasladó la acción a Calabria. Le añadió algo que le obsesiona desde hace mucho tiempo: la idea de una última pasión que alumbra el túnel de la despedida y lo llena de dignidad, de hermosura, de grandeza inadvertida, de sigilosa plenitud. Eso sí, redactó aquella novela humilde y artesana, ‘La sonrisa etrusca’, con el estilo más difícil, “el más sencillo”, y con ternura, con emoción, con profundidad y con el intento de entender la vida. José Luis Sampedro, que es un vitalista más que un optimista, se ha pasado la mayor parte de sus días de escritor intentando comprender los pliegues del existir.

 

CASTILLO, ANTONIO. Es el protagonista de ‘La sombra de los días’, una novela concluida en1945 y publicada en 1994. Podríamos decir de manera simple que es la visión de la Guerra Civil de Sampedro. Se trata de una ficción redactada en cuatro partes, en cuatro voces y un prólogo. Es un ensayo sobre el punto de vista, un libro puzle, una narración impresionista donde las voces hablan, recuerdan y completan el carácter del desaparecido. Es una novela de formación y está centrada en un personaje de ficción que encarna al inolvidable Germán Sanginés, aquel amigo de Sampedro, con el que coincidió en Santander en vísperas de la contienda civil y que fallecería demasiado pronto en combate. A él, entre otras muchas cosas, le debe Sampedro recuerdos imborrables vinculados al mar, a la poesía, a algunos poetas y a algunos libros como la Antología poética de Gerardo Diego o a la Segunda antolojía poética de Juan Ramón Jiménez. Cuando José Luis dirigía la revista ‘UNO’, Germán le exigía calma, conciencia, rigor, y logró algo inesperado: el poeta Sampedro está encriptado en las ficciones de Sampedro. Gregorio Salvador descubrió este fragmento poético y otros en ‘Octubre octubre’:

No tengo miedo. Sé que tú no ignoras

que nunca te perdí en mis confusiones.

Que, si seguí adelante,

fue buscando tu faro allá en lo oscuro,

llevado de deseos de tu cuerpo,

de la sed de morir sobre tu pecho

derramando en tu sexo mis entrañas.

Porque mi vida pasa y me destroza

la espera de morir para encontrarte.

 

DIGNIDAD. Es un vocablo clave: para Sampedro es un fin y un territorio. Todas sus criaturas intentan otorgarle sentido a cuanto les sobreviene o les ocurre.

 

ESCRITURA. “El escritor es un voyeur, confesémoslo de una vez, y lo digo en francés para que no parezca indecente. El escritor lo ve todo, lo oye, lo huele todo –no digo que lo toca porque eso ya sería pasarme-, pero el escritor, verdaderamente, es un cotilla (…)”. De ahí que a sus lecciones sobre su vida y su escritura los hubiera titulado ‘Escribir es vivir’. La escritura de José Luis Sampedro se nutre de su propia existencia, de sus recuerdos, de los personajes que conoció, de un sinfín de incidencias que le marcaron la vida, su prosa es como un laberinto de la memoria, el depósito y las huellas del pretérito transformados en arte de la experiencia. La escritura de Sampedro nace de su curiosidad por el mundo que le ha tocado vivir: el convulso siglo XX, desde la dictadura de Primo de Rivera y el crack de 1929 hasta la proclamación de la II República, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Transición; la escritura de José Luis Sampedro también tiene su origen en los sueños, en los mitos, en la historia, en la vasta cultural que nos conforma, y en eso estado fronterizo de la realidad y la ficción que algunos críticos le han dado en llamar ensoñación. La escritura de Sampedro se amasa con muchos materiales: con investigación, con lenguaje, con almas a la deriva y generalmente dotadas de buenos sentimientos, y se amasa con una impronta poética, con humor y con un especial sentido del ritmo. El libro poético por excelencia de Sampedro es ‘La vieja sirena’, al menos en un sentido conceptual y en su sentido estilístico. Está redactado con un  vocabulario extenso, frugal, casi de lujo.

 

HISTORIA. La novela histórica, más bien rutinaria y un tanto previsible, se ha puesto de moda. Parece vivir su edad de oro y a la vez su ocaso: el exceso, la superficialidad y la frivolidad están a punto de condenarla por agotamiento. José Luis Sampedro es un escritor de su tiempo, un narrador de los círculos y las espirales del tiempo, un ciudadano comprometido desde cada una de sus ficciones, pero también podríamos calificarlo como un novelista histórico de la mejor estirpe: un novelista fiel a sus orígenes y a su estilo. ‘La vieja sirena’ es, ante todo, un tratado de la imaginación, un libro totalizador de los mitos con parada y fonda en Alejandría, una novela de personajes y de sueños de intención alegórica y simbólica. Es, en cierto modo, la novela de la luz, de la sensualidad arrebatada, del viaje y de la mutación permanente. La protagonista se mueve entre dos amores: Ahram el Navegante, y el filósofo Krito, filósofo que posee la virtud de la palabra y la facultad de ser hombre y mujer a un tiempo, como Orlando, como ‘El hombre lesbiano’. ‘Real Sitio’ es una novela del siglo XIX y del siglo XX. El tapiz histórico late como una alfombra de la memoria en los libros de Sampedro. Incluso cuando se trata de épocas más cercanas: la aventura de los gancheros, la historia de Shannon y Paula, en ‘El río que nos lleva’; los ecos de aquel Tánger multirracial y multicultural de la infancia; la misma Villabruna de ‘El caballo desnudo’…

 

HUMANISMO. Hace algunos años, pero especialmente en los últimos tiempos, he descubierto a grandes fotógrafos franceses: Willy Ronis, Robert Doisneau, Emmanuel Sougez, Gerald Bloncourt o Jean Dieuzaide. Para definirlos, por lo regular, se utiliza el calificativo humanista e incluso se habla de una corriente estética, nítida, que es la fotografía humanista. Ellos, además de dominar la magia de la luz, la fuerza del contraste, los secretos de un rostro, son capaces de crear una corriente de afecto, de lucidez, de comprensión general del mundo. Saben que todo es importante, que cualquier gesto, cualquier ser humano, cualquier peripecia son dignas de atención. Así, con esa actitud, con esa infinita y dulce curiosidad hacia todo lo humano, han creado una poética, un modo de estar en el mundo. Son cronistas de lo esencial, son espectadores del azar, registran los sentimientos, las emociones, la felicidad y el dolor. Una auténtica vida en llamas. En España también tenemos fotógrafos humanistas, de esa línea: piensen en Gabriel Cualladó, en Virxilio Vieitez, Eugenio Forcano, Joan Colom, Alfonso o Marín, por ejemplo. José Luis Sampedro es de esta estirpe: es un fotógrafo humanista con la palabra hecha imagen, exaltación y dibujo del tiempo. Abraza a los seres y los integra en sus ficciones con pasmosa complicidad.

 

LIBROS. Suele decir que “la literatura es el camino de la vida”. En ese tramo siempre hay compañeros de viaje que son como los fantasmas familiares: ‘El principito’, los poemas de Juan Ramón Jiménez y los Kavafis, Rilke y Fernando Pessoa. Entre los novelistas, hay muchos (no hay más que asomarse a ‘Octubre octubre’ para verlo y leerlo), desde Pío Baroja a Leon Tolstoi. Una de sus novelas predilectas, a la que vuelve una y otra vez, es ‘Guerra y paz’. Regreso un instante a Pío Baroja: Sampedro se siente con él y como él “un hombre humilde y errante”.

 

MAR. En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, Sempedro, autor de una colección de cuentos de tema marino, ‘Mar al fondo’, escribió: “El mar es como la dulce llama de la chimenea: nos lleva a un más allá, nos sorbe la imaginación, se disfraza de figuras y sugerencias (…) El mar no era confín ni barrera sino la más ancha de las aperturas a la libertad”.

 

MUJER. De ‘La sonrisa etrusca’: “¿Qué poder tiene la carne de mujer? Redonda y blanca como la luna, que dicen que levanta el mar”.

 

NOVELA. “Con palabras se construyen las fronteras en el mundo de la literatura, donde se desenvuelve la novela, alzada sobre el filo mismo de la realidad y la ficción porque participa de ambas. Oponer lo novelesco a lo real solo alcanza a ser una interpretación, pues la novela  despliega la inapelable verdad de su autor, que la ha vivido al crearla, para que se haga también en los lectores. Por eso los grandes personajes de ficción resultan más reales e influyen más en nosotros que muchos seres de carne y hueso”.

 

SEXO. El sexo ocupa una porción importantísima en la obra de Sampedro. En algunos libros, en particular: en ‘La vieja sirena’, quizá el libro más erótico, donde hay un permanente ejercicio de lenguaje, que se funde con la sexualidad y la sensualidad. En ‘El amante lesbiano’, que habla de los deseos ocultos, de los espacios desconocidos, de los sueños inconfesados, de la metamorfosis.  Ya en ‘La vieja sirena’ podía leerse: “…hay mucho sexo en el cerebro. ¿Qué está haciendo? ¿Qué más da? ¿No es su oscuro deseo, muy hondo, ser amante lesbiano? ¿Es todo esto una promesa del destino”. ‘El amante lesbiano’ tenía mucho que ver con la literatura galante francesa e inglesa. El sexo es determinante en ‘Octubre octubre’, otra novela que transcurre entre los años 60 y el inicio de la Transición, donde el autor ha tejido una compleja red de relaciones, de sentimientos y de exaltación del cuerpo en el que pretende dar salida a un amor imposible. El sexo un camino de conocimiento, en un umbral de sabiduría. Sampedro defiende el placer y sus líquidos, defiende la piel y su textura, defiende el coito, defiende la fantasía, el ritual del encuentro. La pasión, que es una palabra que debiera tener entrada propia, está hermosa descrita y sentida en muchas de sus ficciones. Sampedro es un novelista apasionado, vigoroso, sensual, con todos los sentidos despiertos. Es un libertario de los sentimientos. El único límite lo ponen los amantes. En varias ocasiones, ha escrito: “La cama es el mejor sitio para estar juntos un hombre y una mujer”. Quizá tras la redacción de ‘El amante lesbiano’, la frase ya no sea tan exacta. Oigan como se define el personaje de este libro que ha ensanchado la literatura de Sampedro hacia la androginia, el fetichismo, la homosexualidad y la vida privada y recóndita de las criaturas. Dice Mario: “Mi sexo es masculino, pero mi género es femenino, atraído hacia la mujer y, para concluir, sumiso. Así es que resulto lesbiano”.

 

VIAJES. Muchos de los libros de Sampedro son viajes, expediciones al pasado, aventuras con intensa acción, exploración de territorios junto al río, a los jardines, indagación a mar abierto. Pensemos en ‘La senda del drago’, que tiene algo de odisea de Martín Vega hacia el océano deteriorado y quien sabe si degenerado de la cultura occidental. Pensemos, claro, en ‘El río que nos lleva’, que narra un hecho real: la última maderada, a finales de los 40, desde Peralejos de las Truchas hasta Aranjuez. Sampedro, como hace siempre, trasciende la anécdota y engarza con la novela objetiva española del momento y con la idea del reportaje.

 

VIEJOS AMANTES. José Luis Sampedro, encarna, creo que en la vida y en la ficción, al amante eterno. Al tema de la dignidad de los viejos amantes, de la nobleza de la carne antigua, le ha dedicado muchas páginas. Anota: “Palabras y silencios en la penumbra primaveral de la alcoba, cernida por las cretonas estampadas. Tendidos uno junto a otro bajo la sábana y la colcha, desvestidos a medias, las palabras son estrellas en el crepúsculo de cada día, rojas brasas en un fuego tranquilo, misterios compartidos. Y los silencios lo cantan todo, son la vida entera de cada uno resucitando, reconstruyéndose y requiriendo a la otra para completarse; son las existencias de ambos abrazándose en un trenzado de anhelos y esperanzas”.

En la escena final de ‘La sonrisa etrusca’, Salvatore y Hortensia se encuentran en un momento de intimidad. Él percibe que “el magnífico animal” ya no es el de antaño, que se ha quedado dormido, y dice:

-¿No te da pena tener en tu cama sólo una carne ya muerta?

-¿Muerta? –protesta esa ternura absoluta-. ¡Vive! ¿Es que esa carne no está sintiendo mi caricia? … ¡Qué vello el de tu pecho, qué rizos ásperos, cómo se enredan y se demoran mis dedos! Y bajo tu corazón, tu corazón que habla, que me grita, ¡Estoy vivo!”

 

ZARAGOZA. Nos quedan muchas cosas en el tintero de José Luis Sampedro. Muchísimas. Es un gran creador de criaturas, es un pensador, defiende la alegría, la tolerancia y la felicidad. Y las posibilidades de la ciencia como fuerza motriz para transformar el mundo. Otra palabra que le retrata es autenticidad: la vida y la obra de Sampedro son una continua aspiración a la Autenticidad. Vivió unos meses de niño en Zaragoza y estudió en el mismo colegio de Luis Buñuel, y conoció de primera mano la inhumana represión sexual que se pregonaba. Vivió en la calle Pilar, Méndez Núñez y Don Jaime. En Zaragoza conocí a un joven escritor: Francisco Gonzalo Gómez, hijo de gallega y enamorado absoluto de los libros de Sampedro. Decía que los dos, a su modo, su madre y José Luis, eran brujos. Hablaba de los libros de Sampedro como quien hablaba de un conjuro, de un sortilegio, de un baúl particular que contiene lo necesario para andar por el planeta, para amar, para sentirse más vivo cada día: aquí están los recetarios de amor, los buenos consejos; allí están los sentimientos, las lágrimas, la emoción, el temblor de un paisaje barrido por el cierzo, la picardía; dentro están la luz, la hermosura, el ideal de la modernidad, la exuberancia de las mujeres, que todo lo pueden, la melodía exacta del castellano, las píldoras de la imaginación, los frascos de la cultura y de la sabiduría. Francisco Gonzalo murió de un infarto al corazón cuando más feliz era: se le juntaban los días con las noches, escribía en esa madrugada ideal en que llega la inspiración y los personajes también se desvelan en el cerebro del escritor. En su esquela en el periódico se recordaba su condición de lector de Sampedro y alguien redactó una brillante frase que agrupaba casi todos los títulos del escritor, que eran el mejor pasaporte hacia el más allá. Jamás había visto nada igual. He buscado la necrológica, la guardaba en el espléndido libro de conversaciones de Gloria Palacios con Sampedro, y no he podido encontrar ese volumen de Siruela, uno de mis libros favoritos de entrevistas con un escritor.

Aquel joven escritor me había dicho una vez, tras reseñar los cuentos de ‘Mientras la tierra gira’: “¿Sabes por qué me gusta Sampedro? Ama al hombre y se ahogaría de amor en los ojos de una mujer bonita. Es un narrador apasionado”.

 

*Las fotos son de Terra, de ADN y de Heraldo de Aragón.

01/12/2011 08:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JULIO JOSÉ ORDOVÁS: UN POEMA

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Julio José Ordovás (Zaragoza, 1976) publica un nuevo libro, en verso y prosa, 'Una pequeña historia de amor' (La isla de Siltola: colección Vela de Gavia. Sevilla, 2011. 160 páginas). Le pido algunos textos y recibo este poema. Hay historias de amor y muerte de Sándor Marai y su mujer, de Alain Delon y Romy Schneider, del propio autor, de personajes inventados, declaraciones de amor, confidencias, historias de putas. Al final el autor hace toda una sinfonía sobre la pasión, la soledad, el desencuentro, el cariño, el sexo y el deseo.

  

LA TORMENTA PERFECTA

 

 

Nunca nos poníamos de acuerdo,

obstinados en llevarnos la contraria.

Es verdad que hubo días de tregua,

como la noche que hicimos planes para los próximos cien años:

una casita de chocolate perdida en el bosque,

un niño que tendría tus ojos y llevaría mi nombre,

un crucero galáctico con escalas en Venus, Saturno, Marte y Plutón.

Cenamos con la tele apagada y el vino de las grandes ocasiones,

brindando por la continuidad del alto el fuego.

Me había quedado sin tabaco, bajé corriendo al chino

y cuando volví me sorprendiste con la música a oscuras,

el vestido en la alfombra, los zapatos señalando la ventana abierta

y la luna encharcada a tus pies.

Fue un buen polvo, uno de los mejores.

Maullabas a gritos con la espalda erizada.

Después sacaste la manta y recogiste las copas.

Nos dormimos contando las estrellas.

Como cada sábado, nos despertó el perro de la vecina.

Hasta que el sol nos echó de la terraza no dejaste de ronronear.

 

 

El otoño llegó a primeros de agosto.

Descenso notable de las temperaturas.

Fuertes rachas de viento y lluvias

generalizadas en toda la península.

El hombre del tiempo lo había advertido

y nadie le hizo caso.

Me irritaba aquel tipo, con su sonrisa postiza y sus corbatas chillonas,

repitiendo una y otra vez las mismas palabras, los mismos gestos.

Un día muy negro

amenazó con la posibilidad de que una tormenta perfecta

asolara la costa gallega y el litoral cantábrico.

Me pareció un presagio

y quise cambiar de canal. Compréndelo. ¿Qué otra cosa podía hacer?

 

*[La foto es de Luis Márquez]

 

29/11/2011 19:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA COCINA SEGÚN DUMAS

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[Javier Santillán es un editor entusiasta y arriesgado. Le apasionan autores muy diferentes: desde Yourcenar, Dino Buzzati o Abel Hernández, por citar algunos ejemplos. Ahora acaba de abrir una serie de viajes, y a la vez publica el ‘Diccionario de cocina’ de Alejandro Dumas. Esta es el texto de la introducción.]

GADIR PUBLICA EL 'DICCIONARIO DE COCINA'

DE ALEJANDRO DUMAS

 

 

Es un hecho poco conocido que Alejandro Dumas (1802-1870) fue un gran cocinero y un notable gourmet. Nieto de un maître del duque de Orléans, en su ilimitada curiosidad, propia de un novelista de mentalidad enciclopédica, la cocina y la gastronomía ocuparon un lugar preeminente. Era frecuente verlo en la cocina preparando todo tipo de platos suculentos, de lo que existen numerosos testimonios. Louis Bouilhet escribió a Flaubert en mayo de 1858: «Dumas, en camisa, mete mano a la masa, hace una tortilla fantástica, dora la pularda… Corta la cebolla, remueve las ollas, y les da 20 francos a los pinches». Esto ocurría en el hotel en que se estaba alojando, es decir, lo hacía por puro placer.

El siglo XIX fue una verdadera edad de oro para la gastronomía francesa, que entre la burguesía y la aristocracia, toma cuerpo y se impone frente a las cocinas regionales. Fruto y reflejo de este proceso es la creciente presencia del arte culinario en la literatura, como atestiguan las obras de Balzac, Flaubert, Georges Sand, Maupassant…y, sobre todo, la de Alejandro Dumas, autor de numerosos y exquisitos pasajes gastronómicos en El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, en sus Memorias o en sus Impresiones de viaje.

Dumas sostenía que, para conocer bien el arte de la cocina, «no hay nadie como los hombres de letras: habituados a todas las exquisiteces, saben apreciar mejor que nadie las de la mesa». En 1858, en plena fama, concibió la idea de rematar su obra literaria con un gran diccionario gastronómico. No lo acometería hasta once años después, ya enfermo y con el ánimo abatido, un año antes de morir, lo que explica que no llegara a verlo publicado. El proyecto era realmente ambicioso. Dumas utilizó para su obra otras existentes que consultó y citó a menudo, pero el grueso de su Diccionario de cocina se basa en su prodigiosa memoria, su gran experiencia viajera y su saber acumulado durante tantos años. Todo ello, sazonado por la pasión que siempre sintió por la cocina y el arte gastronómico.

Este diccionario constituye una especie de memorias gastronómicas de su autor, es la obra de un humanista, de un hombre sabio y erudito. El libro está lleno de humor, de deliciosas anécdotas que mantienen la sonrisa, de pequeños pasajes biográficos del mayor interés, y, por supuesto, de recetas.

Dada la amplia extensión de la obra original, se presenta aquí una selección que atiende por un lado a lo más interesante y ameno de la obra para el lector actual, y por otro a un criterio elección de aquellas recetas que pueden ser más factibles para los gourmets de hoy, profesionales o aficionados, que se decidan a ensayar la cocina de Dumas. El resultado es una obra amena, divertida, de grata lectura, casi un libro de humor, que es, al mismo tiempo un libro de recetas sumamente interesante y también práctico, por más que encontremos usos culinarios con cierto sesgo francés, fácil de soslayar, si se quiere, reemplazando, por ejemplo, el uso de la mantequilla por nuestro aceite de oliva.

La primera parte de la obra –Algunas palabras al lector– es una pequeña historia de la cocina. Las entradas del diccionario propiamente dicho se encuentran en mayúscula cuando se refieren a un alimento, ingrediente u otros conceptos, y en minúscula cuando se trata de recetas.

 

*En la foto de Felix Nadar, Alejandro Dumas con su esposa.

25/11/2011 22:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE JOSÉ JAVIER MAURO

José Javier Mauro, joven poeta, me envía una selección de sus poemas. Cuelgo aquí: parecen el embrió de un libro futuro.

 

SÍGUEME

 

Sígueme

que el viento nuestros pasos

guíe al universo.

Ven por senderos

de hechizos

donde florece

la esperanza

en racimos de ilusiones.

Haremos del amor

nuestro común denominador

abriendo en nuestros corazones

dos puertas hacia el sol.

 

Sígueme

que el cielo con sus astros

envuelva nuestro abrazo.

Ven al reino

de los sentimientos,

donde habita la ternura

entre manantiales de placer.

Alcanzando el cenit

del saber vivir

cultivemos al besarnos

los frutos que alimentan

nuestras almas.

 

Sígueme

que el viento nuestros pasos

guía al universo

que el cielo con sus astros

envuelve nuestro abrazo.

 

 

 

GUIRNALDA TU SONRISA

 

Quiero sentir esa guirnalda

hecha de rosas y de gozo,

nácar puro de fuego rodeado

esencia de lo grande

candor alborozado,

de un amor de tupido follaje.

 

Abre la puerta

que conduce al color,

llena en mi vida

huecos que el azar pasó por alto;

abrazando la esperanza

engendrando cualidades

entre variedad de melodías.

 

Tu que gota a gota

te entregas a mi

de mi corazón eres habitante,

llamas sublimes tu presencia

suaves pautas de armonía,

subyugado por tus besos

no se posan sobre mi

las alas del desaliento.

 

 

 

SIENTO

 

Siento que  un viento ardiente

agita mis venas.

Siento el bullir de mi sangre

en mi pulso y mi sien.

Color y luz, que inundando

nuestros corazones:

duende es la noche

que explora mi piel.

 

Ingiero el polen divino

de tu flor divina.

Embriagadora pasión

llena nuestro querer

esos tus besos

que escalando mi inocencia

hoy a mis labios devuelven la fe.

 

Tu blando aliento

en mi cuello se aposenta

esos tus brazos

decorando mi cintura

y que las cumbres

de mi lecho y de mi pecho

con gélida incandescencia

recorren ya.

 

 

LAS FOTOS SON DE FRANCESCA WOODMAN.

Francesca Woodman nació el 3 de Abril de 1958 en Denver Colorado. En enero de 1981 se arrojó al vacío por una ventana. Le escribió a un amigo una carta, donde decía: “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…” Dejó más de 800 fotos y se han expuesto más de un centenar. Todas las fotos de estos textos son de Francesca, que es ahora motivo de una exposición por parte de La Fábrica.

DÍA DE LAS LIBRERÍAS EN ANTÍGONA

Julia Millán de Antígona envía esta carta:

 

Jesús Marchamalo entre los ojos de Juia Millán y Pepito Fernández.

 

El 25 de noviembre, viernes, se celebra el Día de las librerías.

Nuestras puertas estarán abiertas hasta las 22 horas y se hará el 5% de descuento en todos los libros.
Hemos preparado una selección de libros sobre el mundo de las librerías.

Por la tarde, para el público infantil y los amantes de la ilustración y la literatura sin complejos de edad, nos visitarán:

  • DAVID GUIRAO e ISABEL SORIA, A LAS 17,30 H. Nos enseñarán en primicia su novedad "Moscografías" Precioso libro en 3 dimensiones.
  • ALBERTO GAMÓN A LAS 17,30 H. Dedicará ejemplares de sus libros, Seis Leones y Operación J.
  • PEPE SERRANO A LAS 19,00 H. Nos contará sus cuentos-recetas de "Cocina rápida para tortugas".
  • DANIEL NESQUENS A LAS 20,00 H. Leerá alguno de sus cuentos y alguna sorpresa inédita.
  • ELISA ARGUILÉ  A LAS 20,00 H. Dibujará dedicatorias de todos sus libros.

Para terminar, haremos lectura de un precioso texto de Félix Romeo, sobre su amor por las librerías: LOS AÑOS DE PAPEL, publicado en la Revista Zut, donde hacía un recorrido por muchas de ellas y donde también nos recordaba.
" ...me siento muy a gusto escribiendo en la trastienda de la librería Antígona de Zaragoza, sin duda una de las librerías en las que más tiempo paso: me gustaría que me alquilaran alli un espacio, echo de menos el barullo cuando escribo en casa...".
Haremos un gran brindis por el más apasionado amante de las librerías.

RAFAEL LOBARTE: TRES POEMAS

[Rafael Lobarte es poeta y traductor. Trabaja en un nuevo libro, y me envía, a petición, mía tres de sus nuevos poemas, de diferente factura y de nítida sugerencias. Todas las fotos son de Anka Zhuravleva.]

 

 

 

NGORONGORO

 

Para Rosa e Isabel

 

 

Se tendió el leoncillo de ojos tristes

sobre la pista dura y polvorienta.

 

Desolada, su madre le lamía 

el flanco enfermo, el hocico dulce.

 

Se alzó el leoncillo renqueante

y se tendió de nuevo

-como si ya estuviese

cansado de la luz

y anhelara la sombra-,

entre las sucias ruedas

de un vehículo inmóvil.

 

Y una multitud terca y obscena

disparaba sus dardos fotográficos

sobre el desperezarse

lento de esa mísera agonía.

 

Ahora que ya has sido descarnada

carroña de las aves,

tu recuerdo fugaz

que mece la sabana

en su oleaje trémulo y pajizo,

aún me habla de ti

y perdura en mis labios tu tristeza.

 

 

 CALIGRAFÍA

 

El viento desplaza

levemente a la lluvia

en este atardecer

de brumas chinesco.

 

Los pájaros huyen

por un cielo agrisado

presintiendo el otoño.

 

Y una suave quietud

se ha como adueñado

de mi alma este día

de octubre en Zaragoza.

 

 

 

POETA CHINO

 

Cierto poeta chino

de la dinastía Tang,

budista fervoroso,

logró arrancar un día

de su corazón todos

los deseos. Ahora

ya sueña para siempre

en un halo inmóvil

de inacabable añoranza.

 

23/11/2011 11:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS ESCRITORES Y SUS ANIMALES

[El pasado quince de noviembre, Ana Marcos publicaba este reportaje en ‘El País’ sobre el libro colectivo ‘Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales’, editado por Errata Naturae y coordinado por Irene Antón y Rubén Hernández. El libro incluye uno de los últimos textos póstumos de Félix Romeo a quien no le gustaban los animales, pero hace un retrato magistral de los bichos de los Bowles... Hay algunos textos impresionantes: pienso en el de Trapiello, nuestra perra Noa murió así (le he dedicado un texto y otro a nuestro perro Pluto quenos acompañó por todo Teruel y le dediqué un texto, 'Un perro entre reyes', que quizá fuese el favorito de todos los míos de Félix Romeo). La foto es de álvaro García y retrata a Soledad Puértolas en su casa de Pozuelo. Soledad Puértolas es objeto de un monográfico de la revista ‘Turia’ en su número 100.]

 

Por sus perros, gatos y lémures los conocerás

Soledad Puértolas y Andrés Trapiello cuentan su relación con sus animales. Berta Marsé recuerda la historia de Truman Capote y su perro Charlie. Y otros ocho escritores relatan en un libro cómo las mascotas son los mejores confidentes de los narradores

 

Ana MARCOS / El País. Día 15 de noviembre.

"En su casa mexicana de Acapulco, Paul y Jane Bowles convivían con muchos animales: un loro, un gato, un pato, un armadillo y dos coatíes, mamíferos de cola larga", escribió Félix Romeo en El hombre invisible y el zoo de los Bowles, uno de los relatos de Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales. La historia del matrimonio Bowles, que se imbrica con la del novelista estadounidense William S. Burroughs, trata de explicar cómo "los animales son un extraño invitado a los pliegues más íntimos de la personalidad, allí donde indaga y se alimenta la literatura", cuenta Irene Antón, editora de Errata naturae y responsable de convocar para esta empresa a 11 narradores, entre ellos Soledad Puértolas, Andrés Trapiello, Berta Marsé y José Carlos Llop.

Antón y su compañero Rubén Hernández pergeñaron este libro desde las perspectivas del editor en busca de nuevas ideas literarias y del dueño de animales de compañía. Con una lista previa, se acercaron a unos cuantos escritores para proponerles que hablaran de sus mascotas o de las que acompañaron a otros. "Todos aceptaron con entusiasmo, el hilo común que teje este libro", asegura la editora. Desde el prólogo, Antón y Hernández auguran una lectura esclarecedora, como si al pasar la tapa se entrara en territorio habitualmente vedado al lector: la soledad del escritor. "El animal asiste como amigo, como único depositario de unos sentimientos, e, incluso, de unas ideas, que el autor no osaría compartir todavía con nadie más", apunta Antón.

"No es fácil hablar de un animal próximo y querido, porque a menudo ha acabado pareciéndose a su dueño y hablar de él es hablar de uno mismo", explica Andrés Trapiello. El escritor y poeta cuenta las últimas horas de su mastina Mora, un relato que ya había aparecido en el último de los tomos de sus diarios, Salón de los pasos perdidos. El final de la perra fue parecido al de Sócrates, recuerda Trapiello, "se fue despidiendo de cada uno de nosotros solo con la mirada, ampliando el sentido de la vida". Aunque el autor de Los confines confiesa que le habría gustado hablar del burro de Sancho Panza, "protagonista de uno de los reencuentros más sentimentales de la literatura".

El Relato del escritor con perro de Soledad Puértolas, aunque en primera persona, describe la variedad humana de escritores con animales, tomando como ejemplo al dúo antagónico formado por J. R. Ackerley y su amor pasional por su perra Tulip, y Thomas Mann y su meditada y soberbia actitud respecto a su perro. "Salvadas todas las distancias, me identifico con Ackerley, indudablemente", afirma la novelista. "Me enamoré de mi perro Moss y me costó admitir su naturaleza de perro. Una vez que lo conseguí, seguí enamorada, pero la relación fue más tranquila".

De amores menos privados trata la segunda parte del libro. Liderados por el zoo de Félix Romeo, Berta Marsé y Andrés Ibáñez recuerdan al perro de Truman Capote y a Teodoro W. Adorno, el gato de los Cortázar. "Un gato callejero que conocieron en un basurero", presenta Ibáñez, casi recitando, al felino que fue capaz de mimetizarse con su dueño en homenaje a las fábulas de Escher, "en las que es difícil decir dónde empieza el gato y termina la persona".

Berta Marsé confiesa que su pasión por Charlie, el perro de Truman Capote, responde a una mezcla de admiración y comodidad, "es más interesante hablar de otros que sobre mí". En su despacho, entre la fotografía de su hijo, sus sobrinos y sus gatos, cuelga la de este can al que Capote enviaba cartas. "¡Es cierto que les mandaba postales a sus perros!", remata la escritora que descubrió el galimatías en Truman Capote. Un placer fugaz. Correspondencia que publicó recientemente Lumen. La historia que cuenta Marsé, la de un escritor casi sincronizado emocionalmente con su animal, surgió también de la biografía que Gerald Clerk hizo del autor de A sangre fría.

Antón Castro, Ignacio Martínez de Pisón, Marta Sanz, Pilar Adón y Carlos Pardo completan esta selección de historias sobre personas y animales, porque como concluye Irene Antón, tras terminar estas hilarantes, tristes e íntimas lecturas, se descubre que "los escritores se relacionan con los animales como cualquiera de nosotros".

23/11/2011 11:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA DE JESÚS JIMÉNEZ, PREMIO CIUDAD DE BURGOS 2011

Jesús Jiménez Domínguez es uno de los poetas más personales de la lírica aragonesa de la última década. Solo ha publicado dos libros: ‘Fermentaciones / Diario de la anemia’ en Olifante en 2000, en la época en que yo coordinaba la editorial, y ‘Fundido en negro’ (DVD, 2007), un libro espléndido. Jesús acaba de recibir el premio Ciudad de Burgos de poesía de 2011 con su libro ‘Frecuencias’. Con su cordialidad habitual, me envía este poema que cuelgo aquí con sumo gusto. Jesús es para mí un modelo de rigor, de paciencia y de inspiración, uno de esos escritores a los que uno siempre querría parecerse.

 

 

THE CRACK IN THE CUP OF TEA

Y la grieta en la taza de té abre
un camino al país de los muertos
W. H. AUDEN

Hay una grieta abriéndose camino
en mi taza de té.

Lleva días explorándola,
recorriéndola en el asombro,
abrazándola con su rúbrica
en un intento de hacerla suya.

Estéril como una raíz sin tallo,
¿de dónde vino y adónde pretende llegar?
¿Qué busca hoy entre mis cosas?

Fuera de la taza era invisible, no era nada;
pero ahora que entró en ella, puedo verla al fin:
eres aquí, grieta, la ausencia de la taza.

Tal vez si la sigo, si voy tras ella,
tenga algo que mostrarme
cuando alcance su destino.
Quizás al final de su rayo minúsculo
me aguarde una gran tormenta
y algo estalle para que algo cambie.

De noche, la grieta y yo permanecemos despiertos.
Echamos un pulso por el dominio del mundo:
Yo, firme, mantengo la entereza.
Ella, esquiva, prefiere ir por partes.




[Poema perteneciente a mi libro ‘Frecuencias’, Premio de Poesía "Ciudad de Burgos" 2011, que se publicará el año que viene en DVD Ediciones. He tomado esta foto del estupendo blog poético de Fernando Sabido Sánchez].

MARCOS GIRALT TORRENTE, PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA

 

“SIN EL RENCOR HACIA MI PADRE NO SERÍA

EL ESCRITOR NI LA PERSONA QUE SOY”

 

 

"El año en que mi padre enfermó publiqué una novela en la que lo mataba". Así empieza ’Tiempo de vida’. ¿Se ha arrepentido alguna vez de escribir eso o, sencillamente, le dio mala espina?

Un amigo escritor al que frecuenté en una época ya pasada me decía que hay que tener cuidado con lo que se escribe porque tarde o temprano sucede. Lo tuve muy presente mientras escribía ’Los seres felices’ (Anagrama) y aun así maté al padre de la novela. Fue una necesidad estructural lo que me llevó a ello, y no ninguna suerte de siniestro conjuro, pero la prueba de que dejó alguna huella en mí es que necesité dejar constancia por escrito cuando empecé a tejer el manuscrito que luego sería ’Tiempo de vida’.

¿Por qué solo le era posible escribir sobre su padre, tras ’Los seres felices’?

Mi literatura, aunque desde la ficción, siempre ha estado muy ligada a mis preocupaciones vitales. Es normal, por tanto, que una experiencia tan radical como la muerte del padre necesitara interiorizarla mediante la escritura.

Habla una y otra vez del resentimiento, del rencor. ¿Cómo han condicionado su propia vida y su escritura?

Absolutamente. Sin esa experiencia no sería ni la persona que soy ni el escritor que soy. No sé cómo sería, ni siquiera sé si sería también escritor, pero estoy seguro de que sería distinto.

¿De dónde nace el enfado perpetuo con su padre, qué es lo que no podía perdonarle?

Supongo que la ausencia. Haber pasado, en mi primerísimo infancia, de un trato cotidiano con él más allá de lo que suele ser habitual, pues era pintor y trabajaba en casa, y mi cuarto de juegos era su estudio, a no tenerlo, a no poder disponer de él en momentos cruciales y tener la sensación, supongo que no siempre justa, de que me postergaba.

¿Cómo era su padre?

Era una persona tremendamente atractiva, con duende, a quien le gustaba disfrutar y era capaz de encontrar motivos de disfrute en cosas muy diversas, en una comida de tasca y en una tabla renacentista. Culta en el sentido más amplio de la palabra, el que comprende la alta cultura pero también lo que desdeñosamente se llama cultura popular. Y también enfermizamente sensible, que no supo, quizá por su exceso de sensibilidad, lidiar con las partes más sucias e incómodas de la vida. Que no supo defenderse.

¿Qué le dejó en herencia?

Cosas buenas y malas. Entre las primeras, la falta de prejuicios, la curiosidad, el disfrute con la belleza en todas sus formas. Entre las segundas, la principal, una tendencia a la insatisfacción que puede ser muy fértil en términos artísticos pero que es también muy destructiva si dejas que invada todos tus días. Creo que nos parecemos mucho, en efecto. En ello influye tanto la genética como el desencuentro entre nosotros. Al no poder disponer cotidianamente de él, a la vez que me rebelaba en su contra, me dediqué a observarlo y sin darme cuenta puede que hiciera mías buena parte de sus actitudes. Lo imitaba.

Este también es un libro sobre la fragilidad y los secretos de familia. Hay otra frase que parece englobarles a usted, a su madre y a su padre: "¿Qué va a ser de mí?".

Esa frase, "¿qué va a ser de mí?", es la expresión de mi desconcierto en un momento de mi vida en el que me quedo sin asideros. Para un hijo único como soy yo, la única familia son los padres y, si estos fallan, nos quedamos sin recursos. Me he criado en un ambiente burgués, con libros, con discos, con obras de arte a mi alrededor, pero con la fragilidad económica de la bohemia tradicional. Todo podía cambiar de un día para otro. De pronto nos quedábamos sin dinero y había que malvender los libros, los cuadros o lo que tuviéramos. Por ser hijo único, fui desde demasiado pronto consciente de esa fragilidad y por momentos me traumatizó.

¿Cómo fueron esos meses del reencuentro?

Estuvieron llenos de dolor, pero también, aunque parezca mentira, de muchos instantes de felicidad. Y en lo más prosaico y egoísta me dieron la posibilidad de demostrar, a través de mi entrega, que todas mis quejas pasadas no estaban mediatizadas por el interés. Que, aunque mi padre me hubiera faltado en momentos cruciales, era capaz de estar a su lado sin rencores en el momento más difícil de su vida. Lo importante es que para que eso se produjera era necesario que él correspondiera a mi esfuerzo con un esfuerzo parecido y lo cierto es que lo hizo. Los dos ganamos, nos ganamos el uno al otro, pero a costa de no pocos sacrificios.

¿Podríamos decir que ’Tiempo de vida’ es la consumación de una frase que se repite varias veces: "Tu padre vive ahora en ti"?

Esa frase me la dijo al poco de morir mi padre Francisco Calvo Serraller, a quien tengo en gran estima, y, como digo en el libro, en un principio no me la creí, pero ahora veo que es así. Mi padre vive en mí y en quienes lo conocieron y en su obra. Esa es la única posteridad en la que un agnóstico como yo puede creer. El libro es la crónica de un reencuentro que parecía que jamás se produciría, de una reconciliación a través del dolor y del amor.

El libro tiene otros muchos temas: habla de la enfermedad, del desamparo, de la felicidad y de la construcción de un escritor que parece vivir en el alambre.

Sí. Me sorprende ese olvido por parte de muchos. En realidad, más que un libro sobre mi padre, es un libro sobre los dos en el que yo me expongo mucho más de lo que lo expongo a él. Aparecen mis miedos, mis inseguridades, la génesis de mi material literario, mis dificultades económicas, mis dudas acerca de mi profesión...

 

*La foto es de Luis Asín.

21/11/2011 23:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANDRÉS NEUMAN, UNA ENTREVISTA SOBRE 'HACERSE EL MUERTO'

Hace algunos días, Andrés Neuman presentaba en Los Portadores de Sueños su libro ‘Hacerse el muerto’ (Páginas de Espuma), otro título lleno de relatos espléndidos (con muchos homenajes: a su madre, a su padre, a Ray Bradbury, a Kafka, a Daniel Moyano...) y de una nueva teoría del relato. Ayer domingo se publicó en Heraldo una parte de esta entrevista: la traigo aquí al completo. Andrés Neuman es uno de los talentos naturales más impresionantes que he conocido nunca: respira literatura y ficción, imaginación y talento, por todos sus poros.

  

“Exigirle unidad a un libro de cuentos sería ponerle un candado al laboratorio”. ¿Cómo surge este libro, cómo está organizado?

 

Me gusta que los libros de cuentos tengan una estructura, pero la cuestión sería cómo y cuándo surge esa estructura. Personalmente prefiero improvisar cada pieza, buscar el estilo de cada una. Y, más tarde, trabajar con sus coincidencias y contrastes. O sea, una primera fase de libertad y una segunda fase de organización. Mientras escribía “Hacerse el muerto”, noté que me estaban saliendo algunas piezas muy tristes y otras muy divertidas. Entonces empecé a estructurar el libro a partir de la idea de la tragicomedia, de los altibajos anímicos con los que vivimos.

 

Este libro tiene un elevado componente de dolor y de autobiografía. ¿Por qué? 

 

Una de las secciones del libro habla de mi madre, que murió muy joven. El poeta Roberto Juarroz decía que el mayor acto de amor de las palabras es crear presencia. Ante una ausencia, la ficción reacciona. La muerte nos arrebata a los seres amados, pero el lenguaje los revive para que sigamos conversando con ellos. Un texto literario puede ser autobiográfico, pero su dolor es colectivo.

 

¿Qué le debe el libro a la figura de tu madre, a su partida, y a ese susto que te dio tu padre?

 

Mi madre era violinista. Me gustaría pensar que, si en mi prosa hay alguna música, sale de su violín. Mi padre estuvo a punto de morir hace años. Mientras esperaba el resultado de la operación, me entregaron sus zapatos en una bolsa de basura. Ese día supe que, tarde o temprano, esos zapatos iban a estar en mis pies. Pienso que nuestra infancia termina cuando nuestros padres se vuelven débiles. Algo de esa certeza hay en el libro.

 

 Escribes: “Enterramos a mi madre un sábado al mediodía. Hacía un sol espléndido”. ¿En qué medida te ha influido Kafka, y su indolencia casi animal, en tu concepción del relato?

 

Kafka me parece genial, inalcanzable, pero no comparto en absoluto esa indolencia emocional. Prefiero la vulnerabilidad y la suciedad. En cuanto a la frase que citas, creo que se refiere a la perplejidad de comprobar que la vida seguirá brillando sin nosotros. O quizás al consuelo de que sea así.

 

Rindes homenaje, con el primer cuento y quizá con el segundo, a Daniel Moyano. ¿Qué le debes al escritor argentino, violinista como tu madre?

 

Moyano era un excelente narrador y mi madre solía hablar de su libro “El trino del diablo”. Él sufrió una de las peores torturas, habitual en la dictadura argentina y en la guerra civil española: el simulacro de fusilamiento. Un acto tras el cual la víctima no puede evitar sentir que sus verdugos le han perdonado la vida. Me interesaba el estado de conciencia en que queda alguien que, tras parpadear por última vez, sigue viviendo. Esa mezcla de gratitud y miedo.

 

Este también es un libro de amor y de vidas ajenas. Pienso por ejemplo en un cuento como ‘Teoría de las cuerdas’.

 

El libro habla también mucho de amor, del entusiasmo del deseo, de las maravillosas torpezas conyugales. Del humor como antídoto del dolor. Y de la fascinación que nos produce espiar las vidas ajenas. ‘Teoría de las cuerdas’ no trata de física cuántica, sino de un patio interior. El personaje es un detective de ropa tendida, que deduce las biografías de sus vecinos a partir de un calcetín, una camisa, una braga. Quizás el cuento funciona igual: insinuando una vida a partir de un detalle.

 

¿Es posible, de veras, encontrar el amor en las páginas de los periódicos, en los anuncios por palabras? Pienso en ‘Vidas instantáneas’.

 

Los anuncios por palabras me parecen un ejercicio supremo de micronarrativa: contar quién eres y describir tus deseos en veinte palabras. A veces son tan curiosos o absurdos, que se me ocurrió escribir un cuento con ese formato. No sé si esos anuncios surtirán efecto, pero me conmueve verlos todos juntos en la misma página de un diario: tanta gente sola, tan cerca y tan lejos, suplicando compañía.

 

 Háblame de otro cuento especial como ‘Las cosas que no hacemos’. ¿Quiere ser otra forma, un tanto a contrapelo, de ver el amor?

 

Siempre me ha interesado narrar el amor que tropieza, que brilla a duras penas. En vez de enumerar épicamente todas las cosas que una pareja hace, los lugares a los que va, las aventuras que comparte, ese cuento enumera todo aquello que dos enamorados no llegan a hacer porque les da pereza, o llegan tarde, o se olvidan. No hay amor más verdadero que el torpe.

Dices: ‘Todo cuento es oral en primer o segundo grado’. ¿Explicaría esta frase la serie de los monólogos?

 

Para mí la escritura tiene mucho de emoción auditiva. Cuando leo o escribo, me gusta escuchar la voz del narrador hablándome al oído. Para eso hace falta cierto grado de oralidad, aunque esté muy estilizada. Ahora bien, a veces reducimos la primera persona a la autobiografía, cuando la maravilla de la ficción es que también nos permite transmitir voces ajenas, recordar en plural. ‘Yo’ somos muchos.

 

¿Cómo se escribe un cuento como ‘Monólogo del monstruo’?

 

Para narrar la historia de un hijo de puta, pienso que lo más honesto es dejarlo hablar a él, explicar sus razones. Quizás hasta descubrimos que se parecen a las nuestras.

 

Este también es un libro sobre la voz, el léxico, el poder de las palabras. Pienso, por ejemplo, en ‘Principio y fin del léxico’.

 

Cierto. Aparte de nombrar la realidad, las palabras también la modifican y nos entrenan en el asombro. En el cuento que mencionas, el personaje tiene al despertar unos instantes de balbuceo. Ese momento de duda acerca del lenguaje es, para él, el más feliz del día.

 

 Hay un homenaje, no sé si apocalíptico o irónico, a Ray Bradbury.

 

No hay nada más irónico que un apocalipsis. Generalmente, quien lo pregona es el primero que lucraría con él.

 

Entre tus notas de estética, explícanos esta: “Un relato absolutamente redondo atrapa al lector, no lo deja salir. En realidad, tampoco le permite entrar”.

 

¿Quién quiere algo redondo, perfecto, inamovible, cuando la imperfección anda por ahí suelta, buscando pareja de baile?

 

*Andrés Neuman acaba de publicar 'hacerse el muerto' en Páginas de Espuma, el sello de Juan Casamayor. Todas las fotografías son de Daniel Mordzinski, el fotógrafo de los escritores.

 

MANUEL VILAS: UN POEMA

[Hace algunos días, Manuel Vilas (Barbastro, 1962) ganaba el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla con su libro ‘Gran V’. Le pedí un poema a Manolo: en ese momento no podía pasármelo, el libro se publicará en Visor, y sí me mandó uno tan conocido como ‘Macdonald’s’. Por distintas razones y olvidos, no lo había podido colgar. Aquí está. La foto la he tomado de Zaragózame.com ]                           

 

 MACDONALD´S

                                  

 

Estoy en el MacDonald´s de la Plaza de España de Zaragoza,

haciendo la cola gigantesca,

con los ojos clavados en los carteles de los precios,

el dinero justo en la mano derecha,

billetes arrugados.

 

Estoy ahora en el piso subterráneo, arriba fue imposible.

Estoy sentado al lado de un niño negro que tiene en su mano

una patata amarilla untada de ketchup muy rojo:

Santísima bandera del otro mundo, el niño negro que resplandece, 

mi hermano ciego.

El niño está solo, no bebe,

no le llega para la Cocacola, sólo patatas.

Sólo patatas, sólo patatas, esa desgracia,

esa soledad idéntica a la mía,

¿no lo entiendes?, sólo le llega para las patatas,

y está sentado, quieto,

en su trono, la negritud y el niño,

en el trono, allá, allá, en ese trono radiante.

 

MacDonald´s siempre está lleno.

Es el mejor restaurante de Zaragoza,

una alegría despedazada nos despedaza el corazón:

Por tres euros te llenan de cajas, de vasos de plástico, de bolsas,

de pajitas, de bandejas.

Es el mejor restaurante del mundo.

                                               Es un restaurante comunista.

Rumanos, negros, chilenos, polacos, cubanos, yo mismo,

aquí estamos, abajo, al lado de un muñeco,

al lado de un cartel que dice "I´m lovin´ it".

                                               Tengo una bota encima de un charco

de un helado de nata deshecho. Miro la nata comerse el tacón de mi bota.

Una nata blanca, despedazada.

Arde el sol sin tiempo, bulle la mano sucia.

 

A mi lado, una niña de veinte años le dice a un tío de diecisiete

que no le importaría hacérselo con él. Con él, con él, un eco negro.

                                               Y ríen y tragan patatas fritas.

Y yo trago patatas fritas.

Y dos maricas están enfrente comiéndose

                                               la misma hamburguesa goteante,

cada boca en un extremo, y se manchan y

                                               se muerden.

Y tragan patatas fritas. Y se besan. Y se tocan.

                                               Y se despedazan.

 

En Londres, en París, en Buenos Aires,

en Moscú, en Tokio,

en Ciudad del Cabo, en Tucson, en Praga,

en Pekín, en Gijón,

somos millones, la tarde harapienta,

el dolor en el cerebro, la comida,

millones en miles de subterráneos esparcidos

por la gran tierra de los hombres.

 

 

Estoy en paz aquí con todo: barata la carne, barata la vida,

                                               baratas las patatas.

Me siento Lenin. Soy Lenin, el marica inusitado,

el gran hereje, el loco supremo,

el hijo de la última mano miserable que tocó

el monstruoso corazón del cielo.

Si Lenin volviera, MacDonald´s sería el sitio,

el palacio sin luna,

el gueto de las reuniones clandestinas.

 

Algo importante está sucediendo

en este subterráneo del MacDonald´s

de la Plaza de España de Zaragoza,

                                               pero no sé qué es.

                                               No lo sé.

De un momento a otro, vamos a arañar la felicidad:

el niño negro, los novios, el muñeco, la nata del suelo, mis botas.

Botas nuevas, de piel brillante, con la punta afilada en señal de muerte.

                                    En MacDonald´s, allí, allí estamos.

Carne abundante por tres euros.

 

 

Manuel Vilas, poema de Amor. Poesía reunida, Madrid, Visor, 2010. 

21/11/2011 08:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

Mª ROSA BURILLO: 'DESDE EVARIS'

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María Rosa Burillo es profesora y traductora, combina su pasión por la literatura norteamericana con sus trabajos y sus lecturas del haiku japonés. Ha publicado ensayos, traducciones, y de vez en cuando, más o menos en secreto, escribe textos poéticos como estos dos. Tenemos un gran amigo en común: Alfredo Castellón. “Evaris –me dice- es la casa donde vivo en Galapagar”.

 

DESDE EVARIS

 

Si pudiera pintar reflejaría la caída del sol cuando todavía hay una bola roja en el horizonte y reflejos de nácar rosas y malvas en el azul limpio en calma. La calma del otoño, pintaría también, la lavanda prieta de frutos preñados, espesos, grises. Me gusta estrujarlos y oler el perfume hasta bebérmelo casi.

Los membrillos del jardín a punto de vencer el árbol débil, las ramas arqueadas por el peso del fruto.

Un tordo picotea una, otra, las bolitas naranjas del espino de coral pegado a la valla. Los animales se confunden con el paisaje, pienso, se escamotean entre las hojas, es como si adoptaran su color y hasta su forma, el gris del tordo verde, el verde gris en comunión perfecta, en sintonía.

Qué paciencia la del animal, comer, emprender vuelo. Una bandada de jilgueros mañaneros encaramados a la punta del eucaliptus, allí donde no llegan las hojas, peladas por la nevada del último invierno. Se calientan al sol, tibios los cuerpos y no esperan más de la vida que estar ahí.

Cae la tarde y con ella se me hiela el alma por la falta de abrazo. Camino sola el sendero tantas veces recorrido, algunos perros me ladran, a mí me enternece mirarlos, no fingen, son lo que ves.

Tarde calma, hielo en la sangre, temor, necesidad de abrigo. Me falta ese sol tibio, aunque por la mañana, abrigadas las piernas con la manta de cuadros mientras estudio a los señores de la razón, los responsables últimos de tanto bienestar, de tanta farsa, me encuentro en armonía con el viento suave, los deberes cumplidos. Entonces ¿qué grita? ¿por qué no calla el alma?

 

DESDE EVARIS II

 

Se enrolla en una manta, chaqueta gruesa tupida negra y dentro, guarecida, asoma la nariz y respira el aire limpio del otoño. Recuerda: “pareces un personajillo de la Montaña Mágica”, y es verdad, así alivia sus heridas. Lee, estudia y purga su culpa continua. Otro día más, el paisaje de la Toscana asido a la memoria. Plácidamente feliz, parapetada en hacer lo que tiene que hacer. Suelo pajizo, cipreses erguidos, mira con detenimiento la naturaleza y le sorprende observar que, bien regada,  tiene un tinte alegre.

Verdes oscuros, algunas rosas altas, desgarbadas_cómo han crecido las matas_se abren en su segunda floración y los enebros  que nadie ha podado son grandes bolas regordetas que arrancan del suelo henchidos, mostrando sus nudos rojos, las endrinas. “Con esto se hace la ginebra, ¿no?”

Los olivos muestran las ramas cargadas de aceitunas. “Pronto será demasiado tarde para cortarlas” se dice, y sabe que nadie las cogerá, que adornan el paisaje como mujeres que han dado su fruto.

En la curva del tiempo uno ve el gozo de la tierra, todos sus logros.

 

*La foto es de Budi Cc-line.

21/11/2011 08:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CLAU & GISTAÍN: VINO Y MEMORIA

 

 

Dulces piedras escondidas. María Pilar Clau & Mariano Gistaín. Denominación de Origen Cariñena / Cajalón. Zaragoza, 2011. 104 páginas.


 
Mariano Gistaín es un periodista fundamental de la historia de la prensa de la transición. Destaca por su imaginación, su mirada incomparable sobre la realidad, por la creación de lenguaje y por su apuesta por las nuevas tecnologías. A la par que firmaba distintas secciones como ‘Las espinas de la rosa’, ‘La ciudad desnuda’ o ‘La ciudad de las gaviotas’ en los periódicos en que ha trabajado, tanto ‘El día de Aragón’ como ‘El Periódico de Aragón’, firmó algunos libros de ficción muy interesantes, con ese sello suyo tan peculiar, entre surrealista, lúcido y desternillante: ‘La mala conciencia’, ‘El polvo del siglo’ y ‘La vida 2.0’.
Desde hace dos años, Mariano Gistaín ha emprendido una nueva carrera literaria: firma sus libros con la escritora y periodista María Pilar Clau, con quien se casó en 2009, y ambos han fundido en una poética única dos estilos complementarios que han dado lugar a varias ficciones. La última es ‘Dulces piedras escondidas’, que publica la Denominación de Origen de Cariñena y que inaugura una colección en la que pretende aunar la invención pura, la libertad creativa y el contexto de los viñedos en esa área marcada por el peso de la historia, una naturaleza deslumbrante tocada por el oro del alba y los crepúsculos y de la leyenda, y la renovación constante de la industria vinícola.
Gistaín y Clau crean una ficción que transcurre entre Estados Unidos, una órbita de fantasía, vinculada al siglo XIII y a la conquista de Zaragoza en 1118, y los campos de Cariñena. El relato comienza cuando Juan y su hijo David llegan a Barajas, tras un vuelo transoceánico de doce horas desde Miami, alquilan un Opel Corsa y se lanzan por la autovía de Madrid en dirección a Cariñena. De ahí es Juan, y lleva más de 37 lejos de su villa natal: sus hermanos Goyo y Toné le recomendaron que se marchara del pueblo, quizá por esos extraños celos; una de las “imperfecciones” de Juan consistió en que estaba muy unido a su padre y que se pasaba el día pegado a sus pantalones. Ahora, a Juan lo ha reclamado su hermano Goyo porque le ha tocado en herencia una casita. Juan y David apenas hablan: ambos sienten demasiada hostilidad en su corazón y arrastran experiencias amargas que marcarán su regreso, su psicología e incluso sus suspicacias, o lo que los autores llaman “autismo, maraña de agobios y ansiedades”.
De golpe, una joven hambrienta, aparece en su vida en uno de los bares que están ante La Aljafería. La invitan a un bocadillo tras otro, y ella, poco a poco, les revelará su extraña condición: no es una mujer corriente y moliente, es una princesa mora, Aire Fajla, que se quedó cautiva y que está esperando a que alguien escriba su historia para encontrar la libertad definitiva. Ese es el sesgo fantástico del libro: la hilazón mágica de un relato que posee una atmósfera de inquietud y de desgarro constante. En realidad, Juan y David, de modo distinto, esconden muchos secretos, llevan consigo un arsenal de dolor, de malos recuerdos. Uno de ellos, bastante lacerante, son las dificultades que han atravesado en Estados Unidos, se han sentido desamparados y al borde del desastre, lo cual les llevó a tener que rebuscar en los contenedores de la basura para poder vivir (y ahí quizá se les haya ido un poco la mano a los autores: hay algo de enfático e inverosímil, de tendencia a lo lacrimógeno en exceso, aunque quizá también sea una forma de explicar la crisis); se han sentido abandonados por Bet, la madre del joven y esposa de Juan, que lo ha cambiado por un hombre rico. Y no solo eso: Juan ha conseguido un gran éxito editorial con un manual de autoayuda. Y David, y no debemos revelar muchas más cosas, es en realidad una suerte de ‘hacker’, un joven que ha contado con un profesor de infamias desde la informática: Jalisco. David es capaz de meterse en cualquier ordenador y de acceder a secretos de estado, de empresa, de amor. Lo que haga falta en esos mundos de ciberguerras.
Así llegan. Y van a descubrir muchas cosas: nada es lo que aparenta. El tiempo, como las piedras, oculta muchos enigmas. David vivió una historia de amor con Laura, a la que reencuentra casada. Hay una especie de charlista o contador de historias como Serapio, que encarna la memoria de la tribu y de los viñedos; está el ucraniano Wladi, que sueña con que le adopten Laura y su marido Javier. Y está la joven Marta, a punto de acceder a la Universidad. Y la anciana Dora, que sabe lo que nadie sabe. Este sería el ‘dramatis personae’ de una novela breve que avanza en varias direcciones: en la psicología de Juan y David, en su búsqueda, en sus recelos; en los pantanos del mito, tanto el de la princesa, el de Cariñena y el de su evolución inteligente, ambiciosa y controlada, gobernada por alguien tan especial como Óscar, el poeta enólogo que sostiene que “la vida es un anuncio vertiginoso”, y avanza en el esclarecimiento de una serie de circunstancias que le confieren al libro esa textura de narración de intriga con sorpresa final y con un cierre poético. Pero, además, Clau y Gistaín se enfrentan al paisaje, al mundo de la fabricación del vino y del cuidado de los campos. Dicen los autores: “Para obtener una buena vendimia, un vino excelente, hay que sentir cada grano, cada cepa (...) El vino es sagrado”. Los novelistas incorporan a la novela la crisis económica, la crisis de valores, el desamor, la polémica del pepino y, entre otras cosas, el tsunami de Fukushima. ‘Dulces piedras escondidas’ habla del “latido ancestral” y del “pulso telúrico de las piedras”, de las complejas relaciones familiares, de los amores rotos y de lo difícil que es entender algo de la vida.

20/11/2011 10:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO BELTRÁN: UN DIÁLOGO

“Una imagen no vale más que una sola palabra”

 

El poeta Fernando Beltrán (León, 1955), creador de términos como OpenCor, La Casa Encendida o Amena, cuenta su historia de ‘nombrador’ en ‘El nombre de las cosas’

 

Empecemos de modo elemental: ¿qué es ‘El nombre de las cosas’ (Conecta, 2011)?

Es la historia de mi vida y de mi andadura profesional, entendiendo la poesía como un oficio.

¿Puede ser la poesía una profesión?

Me fui de mi casa a los 17 años porque quería ser poeta. Y eso significaba aceptar aquel aserto: “De la poesía se vive, pero no se come”. Y tuve que buscar mil oficios distintos: fui librero, actor, guionista, periodista, colaboré con varias agencias. Pero siempre tuve claro que eran trabajos circunstanciales y de poca duración: al final siempre estaba un libro de poesía, que aparecía como un vómito, como algo muy intenso y personal.

¿Y cómo llegó a esta profesión que le ha hecho famoso?

Observé que en las diversas campañas se hablaba de diseño gráfico, de logos y anagramas, de estrategias publicitarias o comerciales, pero que los nombres no tenían especialistas. Siempre te decían: “Dale una vuelta al nombre. A ver si se te ocurre algo”. Para eso ni siquiera existía tarifa. Y yo me dije: “Qué cosa más extraña: el nombre es importantísimo”. En realidad, casi todo empieza por una identidad verbal.

¿No habíamos quedado en que una imagen vale más que mil palabras?

Desde luego, pero una imagen no vale más que una sola palabra. Pasé una auténtica, y veces desesperada, travesía del desierto de ocho o nueve años, entre 1988 y 1997. No era fácil convencer a los clientes. Ahora, tras el gran éxito, intento disfrutar y ser dueño de mi tiempo: sigo teniendo una empresa pequeña. Ahora me llama mucha gente joven, que quieren dedicarse a lo mismo: el ‘naming’.

Concretemos: entonces usted es...

Soy nombrador, nombre que no recoge la RAE. Una vez mi hija pequeña dijo que su padre era “poeta y nombrador”. Me pareció una excelente definición. Soy el que nombra, un creador de nombres, que no de marcas, la marca viene luego. Me ocupo de la página en blanco a partir de un embrión.

Dice que el libro que ha leído más veces es ‘Cien años de soledad’ de García Márquez...

Sí, hay una frase que me gusta mucho: “El mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo...” El nombre nace de la existencia de una laguna verbal y de la necesidad de llenar ese vacío, aunque uno dude siempre antes de hacerlo.

Recuérdenos algunos de sus nombres: Amena, Faunia, 8’17’, Opencor, La Casa Encendida, La Gavia, Novela...

Lo de Amena me llegó de rebote, cuando solo faltaba cuatro semanas para que se pusiera en marcha. Entonces se llamaba Retevisión Móvil. Pensé que si quería tener algunas opciones tenía que alejarme de lo convencional, huir de la terminología inglesa y del concepto tecnológico. Y pensé en un término joven, distinto, femenino, que al mismo tiempo fuera cordial, sorprendente, próximo. Y gustó muchísimo.

¿Y Faunia?

Faunia es el Parque Biológico de Madrid. No iba nadie. Con este nombre empezó a llenarse de gente. Presumo mucho de otro nombre de una empresa de Energía Solar de Zaragoza. De repente, puse en la pantalla 8’ 17’’. Nadie entendía nada: “eso es lo le cuesta al rayo llegar a la tierra desde que sale del sol”, expliqué. Les entusiasmó. El nombre es de quien lo crea, claro, pero aún más es del cliente que apuesta por él. Otra vez me llamaron para una empresa de expansión exterior. Era un nombre difícil: después de darle muchas vueltas, escribí P4R. Tampoco entendían nada: les dije que lo había tomado del ajedrez, peón, cuatro, rey, y que era “la apertura española”.

Otro de sus nombres es ‘La casa encendida’.

Me pareció muy bonito jugar con el título del libro de Luis Rosales y con lo que se espera de un espacio así.

¿Qué le deben sus nombres a la poesía?

He llegado y llego a casi todos los nombres, alrededor de 500, a través de la poesía. La poesía es síntesis: el poeta dice mucho en un verso y el nombrador dice mucho con una sola palabra; el poeta cambia el nombre de las cosas y les añade acepciones. Neruda llama al amor de 47 formas distintas: es un ciclón y un cíclope. Es un poeta impresionante. Una de mis referencias, con César Vallejo y con Lorca. En la poesía que escribo intento hallar mi vida, y está entre la furia y la delicadeza, entre la mirada íntima y lo que ocurre fuera; y con la elección de nombres intento designar la verdad de los demás a través de sus proyectos, sus inquietudes, sus ideas y su propia biografía.

Creo que ha colaborado con Isidro Ferrer.

Sí, fue una experiencia preciosa. Hemos bautizado como Asombra ese espacio donde se comercializan los trabajos de los pintores, escultores y diseñadores que están en la cárcel. Son gentes que están en la sombra, es la creación que parece inmersa en el túnel y que de pronto sale a la luz. Asombra. Además, tengo una preciosa historia con Aragón...

¿Cuál?

Hace casi treinta años, en torno a 1983, descubrí la obra de Miguel Labordeta. Me impresionó tanto que cogí un tren y vine aquí: estuve dos días, recorriendo las calles, releyendo sus versos. Fue como una cita a ciegas con Zaragoza de la que conservo un recuerdo imborrable. Tuve la misma sensación que tengo siempre que vuelvo: los aragoneses siempre van de frente. 

 

 

*La foto de Fernando Beltrán la tomo de internet: pertenece a los archivos de abc.

ANA BORDERAS, PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO CULTURAL 2011

La periodista Ana Borderas ha sido galardonada con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, dotado con 20.000 euros. El Ministerio de Cultura reconoce la labor de profesionales del periodismo que, bien con sus obras, o bien a través de su participación activa en diversos ámbitos de la creación artística o literaria, fomentan las actividades culturales contribuyendo con ello al enriquecimiento del patrimonio cultural de España.

Ana Borderas (Eibar, País Vasco, 1962), licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es directora del programa cultural ‘La Hora Extra’ de la Cadena SER. Inició su trayectoria profesional como redactora en Radio Vitoria. En 1985 se incorporó a Onda Madrid donde fue jefa de programas y se ocupó durante 4 años de la organización y presentación de los premios de cine que otorga esta emisora. En 1992 se une a los servicios informativos de la Cadena SER. Lleva 13 años al frente del programa cultural ‘La Hora Extra’, que el año que viene cumple su vigésimo aniversario. [Nota del Ministerio de Cultura.]

 

19/11/2011 18:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EMILIO QUINTANILLA, TRES POEMAS

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TRES POEMAS DE EMILIO QUINTANILLA BUEY

DE SU POEMARIO 'REGRESAR A BOMARZO',

PREMIO ISABEL DE PORTUGAL DE POESÍA

 

 

8.

Desde que, junto al Tíber,

perversa y bella ninfa visionaria,

me abdujiste una noche

mi verso se transforma cuando canta

y puede hacer de un salmo gregoriano

una epopeya orgásmica.

Sexualiza el poema, busca siempre

la vulva en las palabras,

porque cada palabra de mi verso

esconde una hendidura bilabiada

que tiene arriba una pequeña, eréctil,

sutil protuberancia.

 

 

23.

Mi verso, que es humano,

tiene sus obsesiones y sus vicios

y manifiesta a veces

la obscena ordinariez del reprimido.

                      Trata de comprenderle y mientras puedas

accede a sus caprichos.

Si lo que quiere es sexo, dale sexo,

si cariño, cariño,

si te habla de la muerte, no le digas

que puede suceder mañana mismo,

y si quiere, por fin, volver a casa,

enséñale el camino.

 

 

 

 

 

 

 

34.

 

                      Pero bajo el cadáver, ya ceniza,

                      de mi verso renace un verso nuevo.

                      No todo está perdido.

 

                      En el surco la tierra está alumbrando

                     un diminuto brote polifónico

con venillas azules.

 

Voy temprano a Bomarzo

cuando las sombras tienen sed de aurora

y el sátiro fornica.

 

Llego al lugar donde mi verso yace,

me arrodillo, me inclino sobre el surco

y aproximo el oído

 

para escuchar el canto de esperanza

Rubén de nuevo— que me brinda un suelo

palpitante y fecundo

 

                      mientras desde la rama de un cerezo

                      mira a la luna un ruiseñor noctámbulo

que se hará alondra al alba.

 

'CIEN MIL MILLONES DE POETAS': DEMIPAGE RECUERDA A QUENEAU

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Cien mil millones de poemas


En 1961 salió a la luz un libro mítico, Cien mil millones de poemas, de la mano de Raymond Queneau. Este libro, insignia del Oulipo (abreviatura de lo que en castellano sería «taller de literatura potencial») propone 10 sonetos cuyos versos son combinables y riman entre sí, dándose así hasta 100.000 millones de combinaciones posibles.
En su cincuenta aniversario, 10 autores y poetas de la élite de nuestra literatura homenajean a Raymond Queneau creando cada uno un soneto para dar lugar a este mismo número de combinaciones y a este objeto «imposible» que es ya una joya de la literatura contemporánea.



De este modo:

Jordi Doce
Marta Agudo
Fernando Aramburu
Rafael Reig
Pilar Adón
Julieta Valero
Javier Azpeitia
Santiago Auserón
Francisco Javier Irazoki
Vicente Molina Foix



los encargados de firmar este libro, recrean el juego oulipiano en nuestra propia lengua. 10 firmas de lujo absolutamente volcadas en este proyecto que homenajea también a una de sus influencias de creación, ya que todos se confiesan grandes admiradores de Raymond Queneau.
Cien mil millones de poemas, un objeto único, en su 50 aniversario, ideal como elemento de referencia de bibliotecarios, libreros, amantes de la poesía y del diseño de los libros bien confeccionados. Esta lujosa edición, ya en su formato de proyecto, ha sido alabada por libreros y amantes del libro en general, por los propios participantes y por un gran número de autores de primer orden que se han quedado sin poder participar debido a las restricciones del formato.


Un homenaje, realizado por autores entre los que se encuentran premios nacionales de poesía, de traducción, aclamados críticos y narradores, que ha contado además con la participación de los mejores artesanos del mundo del libro en nuestro país para garantizar un troquelado y una encuadernación acordes con el nivel de exigencia del proyecto, dando pie de este modo a una participación total de todos los sectores de la industria del libro para esta mimada edición.

 

17/11/2011 17:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FALLECE EN CHILE PILAR DONOSO

[Pilar Donoso, hija de María Pilar Serrano e hijastra de José Donoso, acaba de suicidarse en Chile. Hoy le dedica un estupendo artículo en ‘El País’ el crítico literario argentino J. Ernesto Ayala Dip. Hace algún tiempo yo publiqué esta nota sobre ‘Correr un tupido velo’ en Heraldo de Aragón. Lo recupero hoy. Como recordaréis algunos, hace poco le dedicábamos en ‘Borradores’ un monográfico a la creación cultural del Matarraña.]

 

 

Calaceite, el paraíso hostil de Donoso

 

Donoso, en el mar de viñas

y olivares de Calaceite

 

Los años “duros y solitarios’

de Donoso en Calaceite

 

Pilar, la hija del escritor, publicar ‘Correr el tupido velo’ (Alfaguara) que reconstruye la vida y la obra del autor de ‘Casa de campo’

 

La figura del escritor chileno José Donoso (1924-1996) está asociada a Calaceite, “un pueblo de dos mil habitantes (…) que es uno de los más bellos y no prostituidos de España”, tal como él lo definió. Allí, a principios de los años 70, aquel escritor errabundo adquirió una casa vieja por 600 dólares y logró disponer de un viejo sueño: plantó un jardín en lo que había sido un patio empedrado que le evocaban el mundo de su niñez y de su adolescencia. En Calaceite ensanchó el universo de su narrativa y trabajó intensamente en el gran edificio de voces y personajes de libros como ‘Casa de campo’ y ‘El obsceno pájaro de la noche’. Pilar Donoso, hija adoptiva del escritor y de su esposa María Pilar, lo cuenta en un libro fascinante, que acaba de presentarse en Madrid: ‘Correr el tupido velo’ (Alfaguara), suspenso en tres pilares: sus propios recuerdos, los diarios inéditos del escritor, redactados entre 1959 y 1994, y los diarios de su madre. José Donoso -en este volumen de rabioso amor y de recuperación del padre y del escritor- resulta un personaje complejo y contradictorio, con una gran capacidad para la fabulación: egoísta, solitario y magnánimo a la vez, gran lector, una criatura poblada de fantasmas, obsesionado por la escritura, por la familia, por la enfermedad y por su presunta, y secreta, homosexualidad.

Pilar Donoso dedica un capítulo completo a la estancia en el pueblo turolense: ‘Calaceite, 1971-1974’. Define así la vivienda: “Era una casa bella, toda de piedra, con un living grande que tenía como originalidad dos chimeneas y el cielo de bovedilla catalana; troncos a la vista, cada medio metro, entre tronco y tronco, una pequeña bóveda de yeso y las paredes de piedra descubierta. En el tercer piso estaba la ‘solana’, granero típico de las casas de la región, con una vista incomparable hacia la sierra de los campos de olivos”. En ese lugar escribía José Donoso, mientras su hija asistía a la escuela y su mujer se aburría mortalmente, y traducía ‘La letra escarlata’ de Nathaniel Hawthorne.

Cuando llegaron a Calaceite, los Donoso se instalaron en la fonda Alcalá hasta que concluyeron las obras; iban a Barcelona a ver a los García Márquez y a los Vargas Llosa, pero también a Cortázar y a Carlos Fuentes. Cuando aparecían, Gabo gritaba: “¡Ya llegaron los primos de provincia!”. De vez en cuando, los hijos de García Márquez y de Vargas Llosa pasaban algunos fines de semana en el pueblo: los niños jugaban y soñaban y se contaban cuentos mientras los padres hablaban de literatura y de Latinoamérica. Calaceite también es definido así por Pilar Donoso: “pueblo de piedra, teja y campanario. Una isla entre un mar de viñas y olivares”.

Tras el primer año de estancia, la madre se desesperaba en aquellas soledades y empezó a complicarse la relación con el escritor. Pilar Donoso dice que se sentía “frustrada y recluida” y que solía escaparse a la ermita de San Hipólito “a llorar para desahogarse y para huir del encierro de la casa”. María Pilar Donoso también redactó unos interesantes diarios, donde revela: “Hace tiempo, años, que no tenemos relaciones sexuales, desde que el sexólogo que veíamos le dijo a Pepe que me dejara la iniciativa a mí. Pepe dice (…) que espera poder volver a tener una vida sexual conmigo, pero que por ahora es una parte de su ser que está dormida”. La hija afirma: “[Mi madre] necesita sentirse un ser valioso, objeto de amor y se vuelca cada vez más hacia los animales y el alcohol”. El recuerdo de aquellos años de Donoso tampoco es alentador: “Sin embargo, debo decir, con cierta amargura, fueron años muy solitarios y muy duros, ya que mi núcleo familiar era demasiado distinto a los del pueblo y era inútil ensayar posturas de campesinos”. Pilar Donoso le corrige: “Pienso en esta visión que mi padre da sobre Calaceite y la encuentro parcial, distorsionada (…) Fue una de las épocas más fructíferas para su creación literaria, produjo más novelas que nunca. Para mí, Calaceite es el único lugar que reconozco como propio desde una vida de trashumancia, siguiendo el peregrinaje de mi padre en busca de la tierra prometida, Chile”. En Calaceite recibió la noticia de la muerte de Pablo Neruda.

La casa de Calaceite pasó a ser el refugio español de los Donoso, pero cuando se casó la autora de ‘Correr el tupido velo’, “mi padre decidió venderla para regalarme el dinero. Hoy la habita Jane Alexander, que la ha mantenido como estaba desde el día que la dejamos por última vez”.  

 

CORTE

El cura joven, Buñuel y el desmayo

José Donoso llegó a Calaceite, atraído por las constantes preguntas sobre vocablos ‘chilenos’ que le hacía su traductor Didier Coste, que residía en el pueblo. Una de las amistades más importantes de ese tiempo, además de los autores del ‘Boom latinoamericano’ y de escritores catalanes, fue la de Luis Buñuel, que iba a verlo con sus hermanas Conchita o Margarita, con su hermano Leonardo o con su sobrino Pedro Christian García Buñuel. “Caminaba junto a mi padre por el pueblo y al atardecer se sentaban frente a la chimenea y de adentraban absortos en largas conversaciones”. La primera vez que fue al pueblo, Buñuel preguntó a Donoso por el cura, y éste le dijo, con picardía: “Una lata: joven, moderno, viste ternos claros y hasta camisas deportivas; va a la plaza a conversar por las tardes, al bar con sus amigos… Una verdadera lata”. Los Donoso también iban a la quinta familiar de los Buñuel en Calanda y asistieron a la ceremonia de la Semana Santa. Dice Pilar Donoso: “Mi padre, agobiado con ese ruido ensordecedor, empezó a inquietarse al punto que se desmayó. Su cara estaba desfigurada, con espuma que salía por su boca, en una especie de ataque epiléptico que aterró a todos”. Buñuel intentó llevar al cine ‘El lugar sin límites’ y luego ‘El obsceno pájaro de la noche’. No lo logró, pero “como siempre como amigo en su vida”.

 

FICHA:

Correr el tupido velo. Pilar Donoso. Alfaguara. Madrid, 2010. 444 páginas.

 

 

ANTONIO GAMONEDA CON LOS POETAS ARAGONESES HOY EN EL PABLO GARGALLO

[El verano de 2008, Antonio Gamoneda vino a la Expo: aproveché para conversar con él en el Hotel Palafox. Hoy, organizado por la Universidad San Jorge y Nacho Escuín como catalizador, Gamoneda es objeto de un gran homenaje en el Museo Pablo Gargallo: Ramón Javier Jarné conversará con él y luego habrá un recital donde diversos poetas aragoneses le dedicarán un poema. Cuelgo aquí la entrevista, le había entrevistado en 1989 en Casa Emilio, porque es un escritor muy interesante siempre.]

 

Entrevista. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es uno de los grandes poetas españoles del último cuarto de siglo. Autor de libros como “Blues castellano”, “Descripción de la mentira,” o “Libro del frío”, su obra tiene algo de mística de la materia y de alegoría sobre el drama de la vida y el placer de la búsqueda. Recibió el premio Cervantes en 2006.

 

“Soy un proletario que escribe poemas”

 

“El poeta es impúdico y debe serlo”

 

“La poesía puede ser una liberación

satisfactoria y una forma de placer”

 

 

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha estado hace unos días en Zaragoza, invitado por el Pabellón de España. En la Tribuna del Agua leyó un conmovedor, “Ha de llover”, una pieza épica sobre el silencio, el olvido, la represión y la necesidad de defender la memoria histórica. Antonio Gamoneda cosechó el premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en 2006.

Usted aprendió a leer en un libro de poemas, “Otra más alta vida”, que firmaba Antonio Gamoneda, su propio padre.

Este libro es significativo de otra cosa: es significativo, precisamente, de que en aquellos meses yo, con los cinco años cumplidos, quería aprender a leer y no se podía porque el ejército se había sublevado contra la II República y estábamos ya plenamente en la Guerra Civil. Las escuelas no se abrían así como así. Hubo una muy fuerte expulsión de maestros. Entonces, este libro, datado en 1917, que podía tener la entidad significativa, incluso afortunada y hermosa de que yo aprendiese a leer con un libro de poemas de mi padre, lleva consigo la otra significación: el contexto histórico era bastante duro; sino no hubiera aprendido a leer con este libro, que era el único que teníamos en casa, aunque mi padre en su biblioteca perdida tenía ejemplares dedicados por Valle –Inclán, Unamuno, Azorín...

¿Conoció a su padre, periodista y poeta modernista?

Yo creo que no tenía un año cumplido cuando se murió en 1932 y mi madre me contaba que yo los reconocía, pero eso no quiere decir que a esa edad eso pueda generar memoria. Mi padre era periodista, y director y administrador de un diario. Lo que me contaba mi madre de él estaba rodeado por el amor que le conservó incluso cuando ella estaba ya en plena senilidad. Emigramos a León por el asma de mi madre.

Pero, ¿su padre era como un fantasma para usted?

No, un fantasma, no. Pero, por una especie de paradoja expresiva, era una ausencia que estaba constantemente presente. Mi padre había muerto, pero ese ausente que era mi padre, la misma actitud hacia mí de mi madre, creaba una presencia constante, lo que podríamos llamar presencia de la ausencia.

El hecho de que el libro se llame “Otra más alta vida”, ¿puede entenderse como una definición de la poesía?

Yo pienso que este título hay que leerlo en términos dialécticos. Hay que leer no su contrario pero sí la referencia oculta pero real del título. Si hay una aspiración a otra más alta vida, se trata y sucede porque hay un disgusto, una disconformidad con la vida que se tiene para todos los días y para todos los seres humanos sobre la Tierra.

¿Cómo evolucionaba ese joven que desarrollaba su educación sentimental paralelamente a la del poeta autodidacta?

Esto nos llevaría a una síntesis biográfica un poco complicada. Permítame una pregunta: ¿por qué al día siguiente de cumplir catorce años yo estoy encendiendo a las cinco de la mañana con carbón la caldera del banco Mercantil? El pequeño patrimonio que pudiera tener mi madre en Asturias había desaparecido y teníamos unas circunstancias duras de vida, muy duras. Ahora respondo: yo estaba encendiendo aquella caldera a las cinco de la mañana porque había tenido que salir huyendo de un colegio religioso donde se practicaba la pedofilia con frecuencia y mal gusto. Desaparecí del colegio y le planteé a mi madre la alternativa de que yo quería trabajar; no tenía la edad, pero la tuve al cabo de unos pocos meses y se dio la circunstancia de que ése fue mi primer trabajo…

Un trabajo de recadero, de botones, de chico para todo, ¿no?

Sí, sí, pero con la particularidad de que yo tenía dos jornadas a los catorce años: una, de botones, de recadero, no muy propia de un chiquillo; pero luego tenía también la ya inexistente condición laboral de meritorio. Se trataba de hacer méritos para ir trascendiendo. Entonces era cuando empezaba mi segunda jornada y yo empezaba a las cinco de la mañana y terminaba a las ocho de la tarde, con un rato para comer. Esa experiencia no me ha dejado amargura. Creo que me ha dejado una comprensión de la vida que no hubiera tenido si yo hubiera sido hijo de un papá afortunado.

Su poesía inicial, por ejemplo “Blues castellano”, incluso “Descripción de la mentira”, sajados por la censura, comprende libros donde asume su lugar en el mundo, su clase social, y donde denuncia la represión, la violencia, el olvido ¿Está de acuerdo?

Seguramente es en esos pocos libros donde se hace más evidente todo eso, pero creo que no ha desaparecido de mi escritura el hecho de que yo sea, por decirlo así, con una palabra que ya no usa nadie, un proletario. Soy un proletario que se da la circunstancia de que escribe poemas. En todo caso, tengo que reconocer, me guste o no me guste, que mi materialismo es un tanto visionario. Y esa circunstancia preside gran parte de mi escritura porque mi escritura es constante y únicamente autobiográfica.

En sus libros siempre me ha impresionado esa idea pertinaz del frío, del invierno, del paisaje desolado, algo que se refleja en uno de sus poemarios más estremecedores que es el “Libro del frío”. El frío y la nieve, más que el agua, como emblema de la muerte.

Yo vivo en una localidad y en una provincia fría y, por tanto, como circunstancia, como componente del mundo sensible que me rodea, la nieve tiene una presencia fuerte en León; por tanto, no es extraño que si, como decía antes, mi escritura es fundamentalmente o quizá únicamente autobiográfica, ese contexto natural te viene dado también por la nieve. Y a la nieve le ocurre lo mismo que al agua (escribí por entonces uno de mis poemas más físicos, “Siento el agua”) porque a fin de cuentas es agua en estado sólido con unas virtudes visuales y de otros órdenes característicos. Y aparece la proyección simbólica de la nieve, el entendimiento de la nieve como el frío preambular de la muerte.

Otro detalle sorprendente, vinculado al paisaje: da la impresión de que su poesía nace del paseo, de la contemplación, casi de la “andadura”, como dice usted.

Esto es muy frecuente, por ejemplo, en Claudio Rodríguez, creo que escribió prácticamente su obra andando, y yo, también. La andadura, y hasta podría decir por qué, es la creación de una circunstancia en la cual tu pensamiento puede dar ese pensamiento poético. Lo que pasa es que ahora tengo problemas de osamenta que no me dejan andar todo lo que quisiera y tengo que aprender a andar más bien sentado. Es muy importante sobre todo para el poeta porque el paso crea una rítmica. La rítmica del paso se incorpora a la sensibilidad del poeta y de alguna manera termina estando presente en la escritura también.

¿En qué medida la poesía ha sido para usted adivinación, presagio?

Paul Valéry decía que el primer verso nos lo regalan los dioses. Es una manera irónica e inteligente de decir que el primer verso, y seguramente todos los que le siguen, es ajeno a cualquier proyecto, a la premeditación, a un diseño. El primer verso, y la poesía, es una especie de aparición. Aparece en ti. El pensamiento no es otra cosa que lenguaje, lenguaje íntimo, lenguaje interior. De repente en tu pensamiento aparecen palabras que están dotadas de una rítmica, es muy posible que sea ya la iniciación del poema.

Dice que su poesía es autobiográfica. ¿Se siente impúdico cuando hace poemas?

Si mi escritura no es una emanación de mi vida, no me interesa. Y si es una emanación de la vida tiene que serlo hasta el punto de no encubrir, no ocultar. Por naturaleza y casi por obligación, el poeta es impúdico y debe ser impúdico. La principal utilidad de la poesía consiste en que puede convertirse en una liberación satisfactoria, en una forma de placer. De esto mismo hablan Giaccomo Leopardi y otros poetas grandes.

¡Quién lo diría: Gamoneda aboga por el placer! Parece usted siempre tan serio, tan grave, tan taciturno.

No se crea. Recibo bastantes cartas de gente joven y hasta muy joven que me dicen que mi escritura les ha proporcionado una, no dicen una satisfacción, dicen algo así como una iluminación, una conformidad con la vida finalmente, y yo no sé qué. La poesía no necesita explicaciones, incluso no le convienen. El poema en sus contenidos más o menos comprensibles puede estar cargado de amargura, pero finalmente se configura como una pieza cuya lectura proporciona placer. Un poema desolador es el de Jorge Manrique, “Coplas a la muerte de su padre”; cuando lo lees, lo haces buscando algún tipo de placer. Esto no es exclusivo de la poesía.

La primera recopilación de su lírica, en el año 88, en el volumen “Edad” pareció concentrar el foco nacional en su escritura. Pasaba de ser un poeta de provincia…

Alto, alto. Era y sigo siendo un poeta de provincia y a mucha honra. Mi hábito y mi manera de ser consiste en ser un provinciano, y el mejor poeta de mi barrio.

Desde la publicación de “Edad”, la antología de una revelación, por decirlo así, han pasado muchas cosas. Publicó el “Libro de los venenos”…

Sí, sí, claro. Estudié el “Dioscórides” y la obra de Andrés Laguna, que era un escritor excepcional. Una maravilla.

… publicó “Arden las pérdidas” y ha ganado el Premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en el año 2006. ¿Cómo lo ha vivido?

Sin duda, los premios me han proporcionado satisfacción, si no me la proporcionasen los hubiera rechazado. Me han producido satisfacción, agradecimiento, pero simultáneamente la conciencia de que el día que me daban ese premio mi poesía no era mejor que el día anterior. He tenido que pagar una pequeña factura que consiste en que llevo año y medio sin casi escribir porque viajo constantemente y estoy muy fatigado, pero no todo va a ser bueno y además gratis. Vengo a la Expo encantado: me siento un poeta del agua, en el agua y con el agua, por decirlo de algún modo. Con los galardones, hay que pagar la factura. Y lo hago con mucho gusto.

17/11/2011 13:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORGE RODRÍGUEZ GASCÓN RECUERDA A SU AMIGUITO-AMIGUETE FÉLIX

[Mi hijo Jorge es impredecible. Esta mañana me dice que ha escrito un texto sobre Félix Romeo, con quien discutía a menudo de fútbol y a la vez compartían muchas cosas, como se ve en este texto. Publico aquí el texto por los dos, por si puede leer desde el más allá y por ver otro acercamiento desde alguien más joven... Jorge se quedó a ver el martes por la noche el monográfico que le dedicó ‘Borradores’ y lo hizo con un interés y una pasión que no le había visto nunca, en ninguno de los más de los 260 programas anteriores.]

 

RECUERDO DE FÉLIX

 

Por Jorge RODRÍGUEZ GASCÓN

 

Félix era mucho más que un amigo de mi padre y de mi familia. Era el gran referente de mis hermanos mayores, y de mucha más gente; el más brillante, el consejero de todos. Además también era una magnifica persona, bajo ese aspecto rudo, escondía cariño a raudales y sobretodo, unas ganas locas de vivir.

La tragedia de su muerte me ha pillado muy de cerca, murió en el piso de mi hermana un trágico viernes mientras celebraban los 10 años de la revista Letras Libres en la que él y mi hermano Daniel participaban. Además hacía tan solo dos semanas habíamos compartido una magnifica paella y les enseñó a mi madre y a mi abuela una receta para hacer pulpo. El resultado estuvo a la altura de la paella, algo que mi abuela le pudo agradecer a Félix.

Curiosamente, la noticia de su muerte me la dio mi abuela (a la que él solía alabar por la buena costumbre que tiene de conservarse y ser atenta) al principio no me lo creía, luego, una vez asimilando, no me lo quise creer. Me puse en la piel de mi hermana, de Barreiros, quién lo encontró, y sobre todo; de Lina, su fiel compañera, y de sus padres. No quiero ni imaginar el dolor que estarán pasando.

Pero lo que quiero recordar de Félix es lo que era y los recuerdos imborrables que tengo de él. Ese hombre que te saludaba siempre con una palmada cariñosa y un “¿Qué tal amiguito?” (amiguete en su defecto). Sus golosinas, las que traía a todos lados. No quiero olvidar la forma en la que se divertía de un modo inocente y tierno en la piscina de mi casa, o en la de Miralbueno cuando vivíamos en Perera Larrosa y como me llevaba a hombros subiendo las cuestas de la Iglesuela del Cid (creo que hay fotos de ello). Era el mejor de los invitados en nuestras comidas, el sexto hijo en las cenas en el “Pasta Nostra Pizza Nostra”, me contagió su afición por los  helados italianos (siempre he sido muy propenso a las adicciones); cuantas veces me habrá invitado a un cucurucho de fresa o frambuesa desde que era niño…

No quiero olvidar tampoco el modo en que me chocaba antes de jugar un partido, y su expreso deseo en que lo hiciera bien. Solía dar resultado. A mi memoria vienen partidos en los que su presencia me alentó a jugar mejor. Estando Félix; en el Salvador cuando era alevín del Garrapinillos marque un hat-trick. Cuando jugaba en San Gregorio marqué mi primer gol del año y forcé un penalti. Y en San Mateo el año pasado, sus ánimos nos sirvieron para remontar y salvar el descenso. Además siempre preguntaba por el Garrapinillos. No sólo desde que mi padre es entrenador. Solía decir, más a menudo en boca de mi padre, que su segundo equipo era el Garrapinillos, después del Zaragoza de sus amores.

Me solía reprochar que fuera seguidor del Barça siendo aragonés. Y solía picarme de un modo cariñoso cuando el Zaragoza le ganaba al Barça en la Romareda. Una de sus frases míticas me la dijo en casa Emilio, una de las primeras veces que trasnoché, “Ezquerdinha es mejor que Rivaldo”, lo gracioso del caso es que lo decía de tal forma que yo entendí que lo creía realmente, hasta que tuvo que revelar a mi mente aún niña y poco dada a las ironías que era una broma. Era un gran creador de chistes y parodias de canciones y su risa, alta, grave y contagiosa es otro de los recuerdos que pretendo inmortalizar en esas líneas.

 

A modo de consuelo, dos o tres semanas después de su muerte, pude dedicarle un gol a Félix. Fue en nuestro campo, en el San Lorenzo. Su cara me vino a la mente y alcé los brazos.

Tengo la sensación de que no puedo trasmitir en palabras todo lo que la tragedia de su muerte significa. Y es que Félix tenía la extraña cualidad de hacer sentir especial a todos los que le rodeaban, señal inequívoca de que quién siempre fue especial fue él.  

A los hijos de sus amigos, como yo, a los jóvenes emprendedores, a los de su quinta consagrados y a los que no, a los mayores reconocidos y también a los olvidados. Fue el mejor amigo de sus amigos y el que menos importancia le dio a los enemigos, aunque dudo que los tuviera.

 Pudieron sentirse afortunados durante 43 años de Félix Romeo del mismo modo en que ahora nos sentimos desgraciados por su muerte. Su recuerdo, nuestro único consuelo.

 

 

*Retrato de Félix del diario ¡ABC’: tal como era.

FÉLIX ROMEO Y LA HARINERA

[Javier Aguirre, experto en la obra de José Antonio Labordeta y gran amigo de Félix Romeo, reside desde hace algunos meses en Cork, con su compañera Mar Herrero. Ella, durante los años de gestión municipal en el grupo Chunta Aragonesista, tuvo una relación intensa y muy concreta con Félix Romeo, que suministraba proyectos sin parar. Amaba Zaragoza con locura y amaba a sus ciudadanos. Mar Herrero, a través de Javier, me envía este texto que recuerda uno de los proyectos más amados por Félix: convertir La Harinera en una residencia de artistas, en un proyecto para creadores. Yo jamás he conocido a nadie que amase tanto la ciudad, su historia y sus creadores, y tan desinteresadamente.]

 

 

 

FÉLIX ROMEO Y EL PROYECTO DE LA HARINERA

Mar HERRERO

 

Tras la tristísima noticia del fallecimiento de Félix, he recordado el periodo en el que, entre los años 2003 y 2007, colaboró con la concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza. Con la ayuda del recién aprobado Plan Joven, nos propusimos el objetivo de crear espacios donde los jóvenes escritores, músicos y artistas de nuestra ciudad pudieran dar cauce a su actividad creativa, así como convertir a Zaragoza en una ciudad de referencia para los jóvenes de otros lugares. Desde la concejalía pudimos sacar adelante becas dirigidas a los creadores jóvenes. La presencia de Félix fue de gran ayuda, pues poseía una vastísima cultura que abarcaba numerosos campos. Félix daba una gran importancia a estas ayudas, por considerar que las becas podían representar al punto de arranque en el trabajo de nuestros jóvenes creadores. Todos aquellos que disfrutaron de una de aquellas becas han de saber que la tenacidad e ilusión con la que Félix abordó el proyecto hizo que ni los limitados medios de que disponíamos ni las trabas burocráticas con que a menudo nos encontrábamos nos echaran para atrás. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso que abordamos para la ciudad fue la creación de un espacio físico donde, a modo de residencia, los jóvenes pudieran trabajar, exponer sus obras, intercambiar opiniones y generar debates.

Queríamos convertir Zaragoza en un lugar de referencia en el que pudieran convivir nuestros jóvenes creadores con otros que, atraídos por lo que Zaragoza pudiera ofrecerles, dispusieran de un lugar privilegiado para disfrutar de una estancia, y generar de ese modo una sinergia de creación y vivencias que no sólo se transmitiera a la gente joven, sino a toda la ciudad, a todos los zaragozanos. Se trataba de un proyecto ciertamente ambicioso. Félix pensaba en el Manchester de los primeros 80’, magistralmente retratados en 24 Hours party people, la película de Winterbottom a la que haría referencia en más de una ocasión. Félix tenía en su mente el Berlín de la caída del muro, la Barcelona post-olímpica y su siempre recordada Residencia de Estudiantes de Madrid, lugares donde fijaba su mirada como modelos para nuestra ciudad.

Queríamos una Zaragoza culturalmente abierta, dinámica y cosmopolita. Era un placer visitar con él los espacios recuperados para nuestra ciudad, como el Palacio de Fuenclara o la Harinera de San José, y oírle comentar todas las posibilidades que esos lugares albergaban. Sin duda alguna, el proyecto que más tiempo y trabajo nos llevó fue el de la Harinera de San José. Este edificio industrial, que el Ayuntamiento salvó del derribo y conseguió rehabilitar, lo planteamos como escenario de buena parte de nuestros proyectos. Su emplazamiento, estructura y amplitud eran los idóneos. Pusimos mucho tiempo y esfuerzo en ello. Sin embargo, las obras se desarrollaron muy lentamente y finalmente no conseguimos el compromiso municipal de financiación ni las aportaciones dinerarias externas. Lo intentamos.

Recuerdo las reuniones con los responsables de una importante caja aragonesa, en las que Félix se esforzaba por transmitirles todo su entusiasmo por el proyecto. Hoy la Harinera de San José está felizmente rehabilitada, pero cerrada y en espera de un destino definitivo. En algún archivo de alguna dependencia municipal se guarda un gran proyecto para el edificio y para la ciudad. En él se reflejan los sueños de Félix. También los míos. Hay que añadir que, generoso como era, nunca quiso cobrar por su trabajo. Ante la evidencia de que el proyecto no se asumía y de que finalmente no se iba a materializar, no quiso aceptar el dinero que desde el Ayuntamiento quisimos pagarle por su asesoramiento. Así era Félix. Deseo que algún día sus sueños se vean cumplidos. Y deseo que nuestra ciudad reconozca a Félix como figura fundamental en ese gran proyecto de construir una Zaragoza abierta, dinámica, joven, culta y cosmopolita.

 

 

 

 

17/11/2011 11:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEDRO BOSQUED: CUENTO DE CIRCO

Pedro Bosqued, escritor, farmacéutico y apasionado del Real Zaragoza, acaba de ser finalista del concurso FAES Farma con este texto ‘El circo de los mejillones’. Me lo envía gentilmente y aquí está para los lectores y visitantes del blog.

 

 

 

EL CIRCO DE LOS MEJILLONES

 

Por Pedro BOSQUED 

 

 

    La segunda tarde consecutiva en la que no fue al circo tiró las entradas a la papelera. No estaba segura de que le gustasen los leopardos, ni sabía con qué saciaban su sed. La primera tarde que no fue al circo estuvo en un tris de coger las entradas del cajón, pero al abrirlo y ver la caja de Bondenza, recordó que aún no había tomada la pastilla. Se imaginó cómo tragaban los leones, sonrío y dejó a los leopardos para el día siguiente.

 

   La tarde siguiente, su nieta se había comido una fuente bien honda de mejillones hervidos al vapor como si nada, solo cuando quedaba uno le preguntó a su abuela si a los leopardos les gustaban los mejillones. Antes de traer el postre, la abuela le contó que no lo sabía, que podía ser que comieran de todo, pero que como no se recomienda comer mejillones cebra era probable que los leopardos prefiriesen no comerlos.

    La nieta se imaginó un parque inmenso con un paseo en sombra en  el que los leopardos y los mejillones cebra se cruzaban miradas intencionadas con la excusa de tirar las entradas para ir al museo en la papelera. Preferían pasear un rato más por el parque que ir al museo de cera a ver domadores de cartón piedra con sombrero alto. Aunque el domador fuese todo de negro, a los mejillones cebra lo que les chiflaba eran las manchas amarillas de los leopardos.

 

  La abuela le preguntó a la nieta si le apetecía echarse una pequeña siesta. La nieta le dijo que mejor pintaría un poco. No quería que se le olvidaran el parque y sus paseantes. Le deseó a su abuela sueños de todos los colores y, cuando se subió a acostar, la nieta cogió una lámina A4 blanca sin marco y empezó a dibujar árboles descendentes, después un camino ascendente y una montaña a la inversa, como si fuera una papelera con forma de embudo llena de colores. Cuando dibujó a los leopardos paseando por el camino estuvo a punto de tirar la lámina a la papelera, pero al no verla a primera vista volvió al dibujo. Empezó a pintar mejillones como si fueran gotas de lluvia negra y los leopardos abrieron la boca para calmar su sed. A los tres minutos la lámina A4 estaba llena de gotas negras con forma de mejillón cebra, antes de que pasaran cinco la lámina estaba a punto de empaparse. La nieta encendió la lámpara y puso el dibujo junto a la bombilla. Cuando la lámina estaba casi seca, vio que el dibujo ya no era el mismo. Los árboles habían crecido en sentido ascendente y la montaña había perdido todos los colores menos el amarillo y el negro. Pero lo que se quedó mirando fijamente fue el camino.  Subía y bajaba como un tobogán a lo largo de la lámina, pero no quedaba ni rastro de los leopardos una vez saciada su sed. La niña se preguntó si se habrían evaporado al ponerlos al calor de la bombilla. 

 

   Cuando bajó la abuela de la siesta, le preguntó si quería ir esa tarde al circo. La nieta le dijo que mejor que no, que prefería seguir dibujando. Entonces la abuela cogió las entradas para el circo y las echó a la papelera. Sobre la lámina A4 sin leopardos. Preguntó a su nieta si podía apagar la luz y antes de que respondiese, la abuela le dio al botón de la lámpara negra. La nieta esperó a que estuviese su abuela en la cocina. Se acercó a la lámpara y vio, pegado como un imán, un diminuto mejillón cebra negro a punto de secarse del todo. Se lo metió en el bolsillo amarillo del chándal negro justo antes de que volviese su abuela para preguntarle qué quería para merendar. 

—Nada, abuela. He comido muchos mejillones; bueno, sí, ¿me puedes traer un vaso pequeño de agua?

De los que caben en cualquier papelera.

*Todas las fotos son de Mary Ellen Mark.

'ESPECIAL FÉLIX ROMEO': ESTA MEDIANOCHE EN 'BORRADORES'

‘ESPECIAL FÉLIX ROMEO’ EN ‘BORRADORES’

El escritor Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid 2011) es objeto de un monográfico del programa ‘Borradores’, en el que se repasa su trayectoria, su producción literaria, su pasión por Zaragoza, por el mundo y por el conocimiento, su curiosidad infinita y esa vocación indesmayable de hacer felices a los demás.

El programa analiza las distintas facetas de Félix Romeo mediante testimonios y reportajes de escritores, músicos, diseñadores, bibliófilos o libreros que han estado muy cerca de él. Acuden al plató dos de sus mejores amigos: Ismael Grasa, escritor y profesor de filosofía, y Daniel Gascón, escritor y traductor, que analizan diversos aspectos de Félix Romeo, como los autores que más le han interesado, su faceta intelectual, su condición de escritor intergeneracional, su inclinación a la polémica, su presencia en la prensa (en ‘Heraldo’, en Aragón Televisión, en ‘Letras Libres’, en RNE) la traducción o su pensamiento.

Se ofrecen distintos reportajes y entrevistas: Julia Millán y José Fernández, de Librería Antígona, describen al escritor en uno de sus refugios favoritos –entre libros- y comentan las materias que le interesaban especialmente: la novela, la poesía, el cómic, el arte. La escritora Aloma Rodríguez recuerda su apoyo a los autores jóvenes y evoca la última noche en Madrid. La diseñadora y fotógrafa Ana Bendicho recrea al Félix Romeo apasionado por los viajes, el diseño, el arte y la amistad. Octavio Gómez Milián glosa su pasión por la música y por grupos muy diferentes, desde Franco Battiato a Bunbury y Amaral, entre otros muchos. José Luis Melero se traslada al Estadio de La Romareda y desde allí recuerda al Félix aficionado del Real Zaragoza y al hombre que frecuentaba los rastros. Y la librera y crítica literaria Eva Cosculluela, de Los Portadores de Sueños, evoca al lector desaforado y al crítico literario.

La actuación musical corre a cargo de un grupo que al autor aragonés le interesaba mucho: Louisiana. Luis Cebrián y Ana Muñoz interpretan dos temas. La caricatura que Luis Grañena le hizo para el volumen ‘Mercado Central’ (Xordica) de José Antonio Labordeta, es uno de los motivos gráficos de un programa en el que se oyen los testimonios del escritor y se ven muchas fotos e imágenes.

‘Borradores’ de Aragón Televisión se emite a las 0.55 de esta noche. Esta foto es de Esther Casas.

TRES POEMAS DE ÁNGEL PETISME

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TRES POEMAS DE ÁNGEL PETISME

 

De ‘La noche 351’ (Hiperión)

 

 

VELAS SOBRE EL TIGRIS

 

El día de Zacarías en Bagdad

encendemos velas y las colocamos

flotando sobre el Tigris,

pensamos un deseo.

No tenemos nada

salvo la guerra sobre nuestros hombros,

es cierto Ahmed, 

como abejas sin néctar.

Pero volverán días buenos,  

te casarás, tocarás la belleza,                   

y acunarás otra vida en tus brazos

con las promesas de la felicidad.      

 

Los puentes del río, las nubes

del Caspio que venían

untando el mar y recogían velas.

Había peces y amor en su profundidad,

era tan hermoso,

las mujeres arrojaban pescado a las gaviotas.

 

Y ahora este sudario de humo,                         

el insomnio de los escorpiones.

Ahmed, el mundo que da miedo acabará.

Los tanques, los disparos,

las hélices siempre allá arriba.

Sé lo que piensas:

Si no luchas por tus sueños

es que no los mereces.

 

Vendrán días mejores,

pase lo que pase, no pierdas tu inocencia, le digo.

¿Quién sabe si un día volverá a sonreír?

 

LA BOLSA

  

Esto haría llorar hasta a una piedra.

Aida preguntaba aquella noche

a todo el que veía por el barrio

por su hijo Luay.

Durante el día siguiente llamó a las casas

de sus vecinos por ver si alguien

le daba señales de su hijo querido.

Un niño había visto

que dos encapuchados lo empujaban

dentro de un coche,

apretaron el acelerador entre los baches

y se perdieron en el polvo.

 

Hoy llamaron a la puerta,

Aida abrió y unos niños 

le entregaron una bolsa de plástico.

Al abrirla…estaba la cabeza de su hijo.

 

Llevamos en el barrio treinta años

pero nos han amenazado también.

Le cortaron la cabeza a su hijo

y se la entregaron en una bolsa de plástico.

Mañana haremos las maletas.

El viaje será peligroso.

Nos vamos de Bagdad.

  

LEJOS DEL KURDISTÁN

 

 

Sólo algunas noches cuando sueña conmigo

soy el hombre que fui.

Doy la vuelta al mundo

y vuelvo a ser el juez de la energía

con una canción, cinco minutos.

Regreso para beberle el corazón.

 

 

Del libro La noche 351 de Ángel Petisme (XXVII Premio Jaén de poesía). Ediciones Hiperión, 2011. La foto de Ángel Petisme es de Maurilio de Miguel y está realizada en Babilonia.

CHAVES NOGALES: EL PERIODISTA

[Esta mañana y esta tarde se presentan en Ibercaja dos libros: ‘Chaves Nogales. El oficio de contar’ de María Isabel Cintas, y ‘Cervantes en los infiernos’ de Ignacio Padilla, volúmenes publicados por la Fundación Lara e Ibercaja. He leído buena parte del libro de Chaves Nogales y es una investigación apasionada y exhaustiva sobre un personaje increíble que sentía una gran pasión por el periodismo. Y que fue pionero en un modo diferente de contar la vida y a pie de calle. Además, fue muy generoso con los escritores. Creo que era Unamuno quien decía que con los libros se podía comer; pero si se quería cenar había que escribir en los periódicos. Hace algún tiempo, con motivo de la recuperación de Libros del Asteroide de su biografía de Juan Belmonte, publiqué esta nota sobre Chaves Nogales, que murió en Londres en 1944 y que está enterrado en el suelo y sin nombre entre dos tumbas.]

 

 

 

No es exacto decir que Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) sea un olvidado. Ha sido glosado y reivindicado por autores tan diferentes como César González-Ruano, Félix de Azúa, Javier Marías y Andrés Trapiello. O por el zaragozano Ignacio Martínez de Pisón, que lo ha incorporado con dos textos a los relatos de la antología 'Partes de guerra' (RBA, 2009). Desde hace algunos años, se suele decir que su biografía 'Juan Belmonte, matador de toros' (1935), que rescata ahora Libros del Asteroide, 17 años después de la reedición de Alianza Editorial, es una de las mejores que se han escrito en las letras españolas en todo el siglo XX. Ese libro nació de una sugerente experiencia: Chaves Nogales era un formidable reportero, hijo de periodista, y en los años 30 quiso realizar para 'Ahora' un conjunto de textos que arrancaban de esta pregunta: "¿Recuerda usted cómo era la vida en España en los principios de siglo?".

Una de las celebridades a las que consultó fue al gran matador Juan Belmonte (1892-1962), un hombre que se había hecho a sí mismo, y se quedó hechizado por la riqueza pintoresca de sus recuerdos. Manuel Chaves Nogales publicó a lo largo de 25 entregas, entre junio y diciembre de 1935, en 'Estampa', el fruto de sus conversaciones, el recuento de un sinfín de experiencias, en las que Belmonte, en primera persona, narraba su vida. Su vida, sus pensamientos, sus zozobras, y contaba, como si fuera un pícaro o superviviente del hambre, del miedo y de la muerte, una auténtica novela de la realidad, una falsa autobiografía, un texto brillante que posee hondura, rasgos de ficción, ritmo, un texto que rezuma modernidad. La pieza, de poderosa escritura, es una confesión, es una biografía novelada, sin duda, y es un autorretrato donde conviven el periodismo y la penetración psicológica propia de la novela.

El libro es pródigo en anécdotas, en detalles chocantes, en revelaciones, pero Chaves huye de lo sensacional y de lo episódico, y construye un poderoso friso de vida y de humanidad.

Manuel Chaves Nogales, que aspiró la fragancia de las prensas y las linotipias desde que tenía catorce años, dijo que su oficio consistía en "andar y contar la vida". Entre él y Belmonte se produjo ese milagro químico de la comunicación y la confianza. Y así, el periodista y novelista adoptó la voz del matador. Belmonte cuenta la hambruna familiar, la diversa y miserable suerte de sus hermanos, evoca a su padre quincallero, y cuenta cómo, desoyendo los ruegos familiares, se fue inclinando hacia las capeas y jugándose la vida a la luz de la luna en el campo. Dentro de esa existencia rebosante de patetismo, en la que ni siquiera resalta su valor taurino, siempre controvertido por otra parte, cobra especial importancia su amigo Calderón, que es como el hombre que siempre le estimula, que cree en él, que le empuja y le busca corridas. La narración, digna de la mejor picaresca, insiste en la forja de un destino ante un sinfín de adversidades.

Llanto por Joselito el Gallo

Nadie confiaba en exceso en él. Viajaba de tren en tren, y anduvo de aquí para allá, zascandileando, para convertirse en matador. Antes de tomar la alternativa de torero, vivió una importante pasión con una mujer casada, a la que le dedica hermosas y románticas páginas, y luego triunfó ya en Valencia y Sevilla. Poco después, este lector voraz sería saludado en las tertulias de grandes personajes como Sebastián Miranda, Pérez de Ayala, Julio Antonio, Romero de Torres o Ramón M. del Valle-Inclán. Este, cuando empezaron a llegar sus primeros éxitos de novillero, le dijo: "Juanito, no te hace falta más que morir en la plaza". Belmonte respondió con humor: "Se hará lo que se pueda". Encauzado hacia el triunfo, pasó por distintos períodos: en 1915 sintió la tentación de suicidarse y tenía una pistola encima de la mesilla de noche, vivió una rivalidad dura con Joselito el Gallo, a quien le tenía un enorme cariño y respeto, y cuando le dijeron que lo había matado un toro, en 1920, no se lo podía creer. "Lloré como no he llorado nunca en la vida", dice.

Antes ya había escrito: "El Juan Belmonte de aquel tiempo era una creación mítica de sus paisanos". Participó en giras, se casó en México, eludió y asumió la fama como pudo, con entereza y dignidad, y ganó mucho dinero que le sirvió para mejorar la situación de sus hermanos y para adquirir un cortijo con parrales, 'La Capitana', con el que pudo cumplir un viejo sueño: convertirse en ganadero. Cuando llegó la II República, padeció en carne propia la revuelta y las amenazas contra sus propiedades, que tenían algo de rasgo decisivo en la construcción de su personalidad: eran la modesta ostentación de alguien que se había hecho a sí mismo, que quiso callejear, montar a caballo y huir del pánico a la muerte.

En 1962, 18 años después de la muerte de Manuel Chaves Nogales en Londres en 1944 a consecuencia de una peritonitis, se suicidó de un disparo de pistola, probablemente herido de angustia por un amor tardío, otro "avasallador enamoramiento". Pero esa es otra historia.

 

 

REDIFUSIÓN DE BORRADORES: BIBLIOTECAS DE ESCRITORES, AIDA RAMAZANOVA, NATALIO BAYO...

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RAMAZANOVA, MARCHAMALO, GINO RUBERT, BAYO,

ESTELA ALCAY, EL GOL DE NAYIM... EN ‘BORRADORES’

 

Aida Ramazanova, realizadora tártara afincada en Zaragoza desde hace una década y ganadora de varios premios en la SCIFE, es una de las invitadas al plató de ‘Borradores’ esta mañana, a las doce, para hablar de película ‘Les’ (El bosque), que narra la relación de una joven con un soldado de la División Azul, en una atmósfera de silencio, de naturaleza y de terrores ocultos. La película ha sido galardonada en Toulouse y ha recibido varios premios en la SCIFE. El otro invitado es el escritor y periodista Jesús Marchamalo, que acaba de publicar ‘Donde se guardan los libros. Bibliotecas de escritores’ (Siruela), en el que describe las bibliotecas de autores tan distintos como Javier Marías, Pérez-Reverte, Luis Alberto de Cuenca, Mario Vargas Llosa, Juan Manuel de Prada, Jesús Ferrero, Luis Mateo Díez, Antonio Gamoneda, Clara Janés o Soledad Puértolas, entre otros.

Además, el programa visita la exposición ‘Recuento’ de Natalio Bayo en A del Arte: el artista hace balance de más de cuarenta años de pintura con un homenaje a sus temas, a Aragón, al color y a su propia memoria de joven nacido en el campo. Gino Rubert, pintor y escritor, habla de su novela ‘Apio’ (Errata Naturae), donde el protagonistas establece un vínculo curioso con su perro, con diversas mujeres y con la creación, todo ello en una atmósfera de humor negro y cierta indolencia: el pintor no decide, son las cosas y las personas próximas las que deciden por él. Y recuerda cómo surgieron sus tres portadas para ‘Millenium’ de Stieg Larsson. Y la narradora aragonesa Estela Alcay habla de su libro de cuentos ‘Mujeres de trapo’ (Certeza), historias de mujeres cotidianas, legendarias, soñadas, que se enfrenta a la  vida con energía y a la vez con algunas sombras como el maltrato o el desamor.

La actuación  musical corre a cargo del grupo El gol de Nayim, que ofrecen dos temas en versión acústica con Francho Pastor Algora y Adrián León: ‘Misericordia SQ’ y ‘Cierzo’.

 

*En la foto, Soledad Puértolas en su estudio.

VICENTE SIMÓN: TRES POEMAS

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Vicente Simón es un joven poeta que acaba de publicar ‘El guapo’ en la editorial Vitruvio. Él mismo ha seleccionado tres poemas; toda su poesía tiene un aire un tanto desafiante, como sucede especialmente con el poema segundo y el tercero. Creo que nunca había leído algo así sobre la Virgen del Pilar, ni podría imaginarme que un joven poeta, de perfil transgresor y a la vez clásico, se detuviese en la imagen y en el mito.

 

FEA

 

Las cien baldosas sueltas de tu cuerpo,

tu carne trenzada con baratas mortadelas,

la libreta rayada de tu piel.

 

 

Tus gafas macizas

reflejan mi vida

vasta, honda, ancha,

la vida grande que debiera arder.

 

Debe de estar ahora toda la luz

en tus ojos.

 

 

Cuando esta noche desmaquille su mentira

contra tu mirada marrón vulgar,

más allá de los sábados feroces,

brindaré por ti

                     con Cocacola.

 

 

 

 

 

LA MUERTE

 

Quisiera enamorarla.

 

Cuando estalle una explosión demográfica de trapecistas y toreros,

cuando los ríos pierdan su apetito voraz

y los fusiles escupan hortalizas,

quisiera enamorarla.

 

Quisiera enamorarla con diario íntimo.

Quisiera enamorarla entrechocando valsones tristes bajo una parra moscatel.

Quisiera enamorarla vertiendo en su copa drogas ingobernables.

 

En los cafés melancólicos

y en pueblos con discoteca,

junto a un fuego de sarmientos

o en los recodos de un chat

quisiera enamorarla.

 

Y si así me lo permite,

quisiera hablar con usted

despacio,

corrompidos por antiguas lentitudes,

y conocer si es cierto su perfil pálido de mujer sola

con olor a tabaco

negro en el vestido,

que cuando la vida parece renovarse,

desnuda el cuerpo de toscas geometrías y se deja

chupar los costurones

en el sepulcro indistinto y comunal

del Deseo.

 

La he conocido —revestida con tus ropas de gobierno,

confianzuda, casi casquivana con los camareros del vagón restaurante—

por un vago aire de desánimo en la sonrisa

y por su grueso cuaderno de contabilidad.

 

 

BEATA CON BESO ( o La Virgen del Pilar)

 

Me besas,

 pero mal,

con besos tropezados

de niños que no saben darse besos

y te pones tonta después de besar

y tu boca me sabe

—acaba sabiéndome—

a vino manso y sin sed.

 

Los buenos besos

—déjame guiar tu saliva inhabitada, tu saliva nueva—

se fraguan,

casi sin empujarlos,

en cafés asediados por la lluvia.

 

Besaré tu saliva inhabitada

fuerte y lento

como besan los últimos artesanos.             

 

Déjame mudar tu amor para toda la vida

en un roce de mujer urgente y usadera.

 

Déjame arrancarte al socavón de los domingos,

susurrar

la pedrada irreverente del Deseo

bajo la tiritona estéril de los cirios.

 

 

Yo seré el Mesías de camisa negra que te pinte los labios.

El individuo cruel y hermoso que te acerque a los barrios junto al río y,

a pesar de la muda protesta en tus ojos,

te bese la boca,

dejando en tu conciencia

un suelo de escombros

que se confunda

con la felicidad.

 

Yo seré el galán de viudas que te enseñe a besar durante los oficios de la tarde,

el Señor que revele orgulloso sus estigmas

a unos besos empachados de carcoma.

 

Yo seré el Redentor al margen de la ley que tutele tus malos pasos,

la bicha que te muestre prodigios

en la última bancada de la catedral barroca.

 

 

 

Para desalojar tus últimas trincheras,

para desahuciar tu hornacina de pureza, necesito

solamente estas manos

que conocen los caminos,

las angosturas,

las escaleras incógnitas.

 

Te daré la paz

durante los desórdenes de la comunión y volveré al mundo

con el traje bien compuesto,

un carraspeo de decoro

y una flor

salvada del mar entre los dedos.

 

 

Yo seré tu Dios. Un Dios enojadizo

de voz tormentosa y exhortaciones inapelables

que violente las reglas de tu Biblia sobada

y te envíe sueños reveladores:

 

Un vestido rojo abrazando tu cuerpo.

Toneladas de azul en los ojos.

La noche narcótica de tu primer aquelarre

sintiendo crecer el cuerpo abierto.

 

*Todas las fotos son de Steven Meisel. Nacido en Nueva York en 1954, se ha hecho muy famoso por sus fotos de moda para 'Vogue' y para la casa Versace, sobre todo, pero también es un espectacular fotógrafo de desnudos y de mujeres que parecen atrevidas, dueñas de su mundo.

 

11/11/2011 08:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RECITAL DE MANUEL FOREGA

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Manuel Forega me envía este poema de un nuevo libro en el que está trabajando. Este es uno de los primeros textos inéditos. El día 16, habrá un recital con música de este importante poeta y traductor.

 

 

PALOMA

Anidó en mi balcón una paloma
abandonando el fruto de su parto.
¿Por quién erró en la elección de su lecho?
¿De quién escuchó el seductor mensaje
que a la nada redujo su dolor
abrasado por un sol inclemente?

Dudamos atraídos por el canto
de una Parténope falaz y espuria,
del prensil oráculo de Pitón
y oídos sordos hacemos, sin embargo,
a la certeza de la voz signal;
cerramos los ojos ante la sombra
por la luz de la Razón sorprendidos.

Pero es en esa voz primera y única,
que en nombre del instinto dice hablar,
la que dictó la palabra desdicha,
afirmando con pulcritud notoria
que la dicha es el signo de su verbo,
esa voz, esa voz no yerra nunca.

Habría conducido al ave al Este,
donde el sol sólo los nidos entibia
y a mí, que todo lo sentí y vi todo,
desde el Sur me llamó para advertir
el error de una paloma embaída.
Y regresé al Norte donde el misterio
en su oscuridad cela las verdades:
los enigmas desdichos del instinto.

DAVID LOZANO Y SU 'CIELO ROJO'

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DAVID LOZANO PRESENTA HOY ‘CIELO ROJO’

EN EL CENTRO PIGNATELLI

David Lozano, autor de la trilogía ‘La Puerta Oscura’, presenta esta tarde en el Centro Pignatelli, a las 19.30, su nueva novela: ‘Cielo rojo’, un libro que es un relato sobre la amistad, una historia de amor y la peripecia de un doble enigma: quién mata a la gente en el corazón del bosque -¿es una alimaña, es una criatura espectral y terrible que hace pensar en el dragón?-, y qué pasó en el pretérito con los tres protagonistas. La novela aborda la historia de tres amigos: Nikolai, convertido en periodista ahora; Ekaterina, una gran dama del rock, y Dimitri, que ha muerto misteriosamente. El libro tiene mucho de reportaje periodístico y de viaje al fondo de un terror que es más humano que lo que pudiera parecer. En el fondo, con ‘Cielo Rojo’, cuya acción transcurre en Ucrania, David Lozano rinde homenaje a la novela de intriga y a la novela policíaca y se interna en el terreno de los sentimientos y quizá en el terrorismo de estado. A David Lozano lo acompañarán Begoña Oro, la escritora y editora y lectora compulsiva, y  Berta Márquez, editora de SM. Y además se anuncia una sorpresa: la actuación en directo de la banda de Rebecca West, que se puede oír en internet y que es el ‘alter ego’ de la hermosa Ekaterina...

 

*Esta foto de archivo es de Oliver Duch.

10/11/2011 09:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO BELTRÁN: POESÍA Y EMOCIÓN

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FERNANDO BELTRÁN: EL POETA QUE SE

ATREVE A NOMBRAR LOS SUEÑOS

 

Ayer fue un día bastante especial para mí: por la mañana entrevisté a Ángela Abós, conversamos durante dos horas y media sobre su vida y la importancia de la cultura y de la palabra, y a las seis me encontré con uno de esos seres absolutamente entrañables, un poeta en los versos, en el arte de nombrar las cosas y un poeta de la amistad, del afecto, de la pasión por existir, invadido siempre de pequeños detalles: Fernando Beltrán, que acaba de publicar ‘El nombre de las cosas’ (Conecta), algo así como “una biografía profesional”, llena de detalles, de matices, de ingenio, de arrebato por el lenguaje. Fernando Beltrán, ovetense nacido en 1956, se fue de casa a los 17 años: quería ser poeta y a ello ha dedicado su vida. Un día descubrió que podía bautizar las cosas, las empresas, los proyectos, los sueños ajenos, y así fueron naciendo nombres como Opencor, La Casa Encendida, Faunia, Amena o, entre otros muchos, muchísimos, ahora La Gavia, que se ha convertido en mucho más que un nombre comercial de un centro comercial: es un barrio, es una estación, es una esfera del mundo.

Fernando ha escrito muchos poemas, ha recogido su obra completa en Hiperión en el volumen ‘Donde nadie me llama’, y tiene muchos amigos zaragozanos: Julia Millán y Pepito Fernández, de Antígona, “mi librería preferida del mundo con Cervantes de Oviedo: son espacios que son como un libro infinito”, de Ángel Guinda y de Ángel Petisme, sus hermanos de Zaragoza. Y además es un gran amigo de Amancio Prada o Juan Carlos Mestre, y de un montón de seres humildes que le sirven el café por la mañana o la comida al mediodía. Es un enamorado de las mujeres imposibles que pasan. Y es un lector de grandes poetas: César Vallejo, Pablo Neruda o García Lorca, grandes nombradores. Fernando Beltrán es uno de esos seres transidos de humanidad y de cercanía, un Poeta de la emoción y del alma que ilumina cuanto toca, cuanto mira, cuanto designa. Su libro ‘El nombre de las cosas’ (Conecta, 2011) es uno de los mayores elogios que he leído nunca de la palabra, de la poesía, del verso, de la imaginación y de las cosas que todos hacemos a diario y que están cargadas de sentido y de una magia inaprensible. [Esta foto la tomo de ‘La voz de Asturias’: la ha realizado Graciela del Río]

10/11/2011 08:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PATRICIO JULVE REABRE SU ÁLBUM

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[Pedro Zapater, escritor y periodista, hijo de Alfonso Zapater y Pilar Delgado, y redactor de Heraldo.es acudió ayer a la presentación de ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica, Zaragoza, 2011, 202 páginas) y ha escrito esta cariñosa crónica. Fue una noche muy bonita: de amistad, de cariño, de evocaciones, de pasión por la palabra. La ilustración de portada del libro es de Luis Grañena, como se ve ahí una portada muy bonita. La foto es de José Miguel Marco.]

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/anton_castro_reabre_testamento_amor_patricio_julve_163793_308.html

 

 

Antón Castro es un escritor y periodista infatigable que también ejerce como ser imposible, ciclista escapado, apasionado entrenador de fútbol, corredor de fondo, fotógrafo de sirenas... Afirma que no es nadie si no está rodeado de palabras. Ni de amigos, a juzgar por el lleno que registró ayer la sala Pilar Sinués del Paraninfo, donde se presentó su último libro 'El testamento de amor de Patricio Julve'. La obra es un conjunto de relatos vertebrados por el fotógrafo Patricio Julve, un personaje compuesto de realidad y ficción.



En el acto intervinieron como 'albaceas' literarios Concha Lomba, vicerrectora de Proyección Cultural y Social; el escritor y periodista de HERALDO, José Javier Rueda; la poeta e investigadora, Almudena Vidorreta, y el editor Chusé Raúl Usón.


Concha Lomba comenzó recordando que "Antón es una figura esencial de la cultura en Aragón; un creador de opinión que aboga por construir cultura". La vicerrectora subrayo el valor de esta postura y bromeó diciendo que "lo único que no comparto con él es la pasión por el fútbol".


El editor y escritor Chusé Raúl Usón agradeció emocionado esta nueva edición de 'El testamento de amor de Patricio Julve' en Xordica y exhortó a los asistentes a brindar por la amistad. Los aplausos rompieron el silencio.



Almudena Vidorreta anticipó las calves del libro y profundizó en su estructura, señalando que el autor responde al lector con toda una poética, un texto en el que “las descripciones tienen el mismo valor que las acciones. El fuego es un elemento presente, al igual que el sexo”. Vidorreta concluyó aludiendo a un libro anterior de Castro: 'Fotografías veladas': “Aquí las fotografías son nítidas. El escenario del Maestrazgo es como un Macondo”.


La intervención de José Javier Rueda fue verdaderamente divertida. El periodista bromeó al contar cómo en el momento en que Antón le pidió que presentara su libro le contestó: “Piénsalo bien. Pero nada, no me llamó y he tenido que venir”. Rueda prosiguió explicando que seguía sin entender como él, una persona desconocida, podía hablar de un referente nacional de la cultura en Aragón. Respecto a la obra del autor expresó que “a la mesa de un periodista llega de todo, por eso fue una alegría dar con la obra de Antón, donde el amor es la clave de un libro muy poético, que recuerda mucho a Bécquer”.


Antón Castro cerró el acto agradeciendo las palabras de sus presentadores y añadió que “también hay mucho periodismo en el libro. El autor gallego aragonés desveló que se sirve mucho del mundo familiar para construir relatos y afirmó que “las historias más inverosímiles me las ha dado la realidad”.



A la presentación acudieron los escritores Ismael Grassa, José Luis Melero, María Pilar Clau y Mariano Gistaín, Irene Vallejo, José Luis Corral, Emilio Gastón, Santiago Gascón, Adolfo Notivol, David Mayor, Eva Hinojosa, Cristina Grande y Miguel Mena, así como diversos representantes del mundo de la cultura en Aragón.

Pero, ¿quién es Patricio Julve?

'El testamento de amor de Patricio Julve' es, en palabras de Castro, “un libro sobre amor, muerte y poesía que refleja la pasión por contar historias, escuchar, ver los mecanismos... todo ello en un arco temporal de 150 años”. Desde la historia de Ramón Cabrera, 'El tigre del Maestrazgo' hasta el rodaje de 'Tierra y libertad', de Ken Loach, todo tiene cabida en la escritura de esta 'última voluntad' literaria.



“El personaje de Patricio apareció por casualidad. Buscaba un artista de la imagen que me permitiera soñar que yo mismo hacía buenas fotos”, explica el autor. Para ello crea un personaje ficticio inspirado en fotógrafos reales como Juan Mora Insa y Gerardo Sancho. Pero Patricio Julve es eso y mucho más: es la mirada furtiva del escritor, un fotógrafo que relata escenas y describe imágenes. Julve aparece en los libros de Antón Castro como Antoine Doinel en las películas de Truffaut. Qué buena herencia.

 

05/11/2011 12:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EPÍLOGO A 'EL TESTAMENTO DE AMOR DE PATRICIO JULVE'

 

Una foto de Joan Vilatobà: podría ser la bella
Raquel del cuento que da título al conjunto.

 

 

[Mi libro ’El testamento de amor de Patricio Julve’ lleva un epílogo que es una de las novedades de la nueva edición que publica Xordica y que se presenta esta tarde en el Paraninfo. Lo cuelgo aquí por si a algún lector le interesa conocer alguna circunstancia de esta colección de cuentos:]

 

HISTORIA DEL PAISAJE DE UN LIBRO

 

El testamento de amor de Patricio Julve lo empecé a escribir en Cantavieja en el verano de 1991 y lo cerré en diciembre de 1994, en el restaurante Casa Amada de La Iglesuela del Cid, donde había vivido Manuel Vicent unos meses en su primera juventud. Acababa de rodarse en las proximidades de Mirambel la película Tierra y libertad de Ken Loach, y quedaba en el ambiente un recuerdo especial. Muchos creían haber vivido una aventura inolvidable: el sueño del cine. Y parecían seguir flotando en la irrealidad.

Consorte de médico rural como soy, nos trasladamos a “la bienamada de Cabrera” y vivimos en una casa solariega, llena de flores, que estaba muy cerca de la plaza y de la Casa del Bayle, donde había morado el general Ramón Cabrera. Próxima también estaba su plaza solitaria, a la que yo iba a pasear todas las tardes; a veces, tenía la sensación de que el viento ardiente me traía su fantasma cuando caía la noche. Ramón Cabrera fue el primer estímulo para el libro, al que se sumaron otros de inmediato: los paisanos me contaban historias del Maestrazgo, leyendas, relatos de brujería y de bandidos, historias de los vecinos que tenían un aire de conseja o de invención romántica, como la narración de la hermosa Raquel, que protagoniza el relato que da título al conjunto. E incluso hice un trabajo de campo, a pie y en coche, con cuaderno y cámara de fotos, con dos amigos que sin saberlo me transmitieron el aroma de una mitología propia.

Poco a poco se fue armando el libro, que contó con otras aportaciones: siempre me había gustado mucho la fotografía y alguien me habló de un fotógrafo que había venido a Cantavieja, en los años 50, a realizar fotografías que habrían de colocarse en las lápidas del cementerio, “en un tiempo en que había demasiados suicidios”. Bajo ese estímulo nació Patricio Julve, un personaje un tanto intemporal que me ha acompañado a partir de entonces en todos mis libros. Y me hablaron de los húngaros que traían el cine, y de un sinfín de episodios de la Guerra Civil. El testamento de amor de Patricio Julve apareció en Destino en septiembre de 1995, gracias A Miquel Ángel Riera, que fue su primer defensor y con quien tanto quise mientras vivió y a quien recuerdo con inmenso cariño, y a Andreu Teixidor y Eduardo Gonzalo. No saben cuánto les agradezco su interés en este proyecto. Tuvo tres ediciones: dos en ese año y una más, en nuevo formato, en 2000.

Este libro de relatos que abarca más de 150 años de historia llevaba más de una década agotado. Chusé Raúl Usón, que es uno de mis editores decisivos por múltiples razones, tiene la amabilidad de rescatarlo y se lo agradezco infinitamente. Considero que este es uno de los libros de mi vida, tanto como lo es Golpes de mar (Destino, 2006): el libro de un mundo, de un paisaje (el Maestrazgo turolense que cantaron Baroja, Valle-Inclán, Perucho, Ciro Bayo o Labordeta: Cantavieja, La Iglesuela del Cid, donde viví casi cinco años, Fortanete, Mirambel, La Cañada de Benatanduz, Ejulve o Mosqueruela: qué belleza de topónimos), el libro de un círculo de afectos, de una forma de ver la literatura y a los hombres. Durante esos años, era un enfermo de la literatura de Álvaro Cunqueiro, de Miguel Torga y José Saramago, de Mercè Rodoreda, de Joan Perucho, de Rafael Dieste, de Ramón José Sender, de Isak Dinesen, autores que se sumaban a devociones anteriores como Méndez Ferrín, Otero Pedrayo, García Márquez, García Lorca, Jorge Luis Borges, Poe, Horacio Quiroga y Gustavo Adolfo Bécquer. Le agradezco a Aloma Rodríguez todas las molestias que se ha tomado en la revisión del original. Y no puedo dejar al margen a Luis Grañena, que ha concebido la portada: Grañena es uno de los grandes ilustradores y caricaturistas españoles de los últimos tiempos; trabaja para Estados Unidos, para Francia, para Portugal, para Rolling Stone, para La Vanguardia y para Heraldo de Aragón: todas las semanas realiza una caricatura en la página ocho del suplemento ‘Artes & Letras’.

Garrapinillos, Zaragoza, 21 de junio de 2011

Una foto del húngaro Jozsef Pezsi.

04/11/2011 17:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HOY, EN EL PARANINFO, A LAS 20 HORAS, 'EL TESTAMENTO DE AMOR...'

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Esta tarde, a las 20 horas, en la sala Pilar Sinués del Paraninfo, se presentará ‘El testamento de amor de Patricio Julve’, en Xordica, con portada de Luis Grañena. Intervendrán Concha Lomba, vicerrectora, Chusé Raúl Usón, editor, y la poeta Almudena Vidorreta y el escritor y periodista José Javier Rueda. Se servirá un vino por cortesía de la Denominación de Origen de Cariñena y la librería Los Portadores de Sueños venderá ejemplares si a alguien le  pudiera interesar adquirir este volumen que llevaba diez años agotado.

Estáis invitados, si podéis, si queréis y si no tenéis otros compromisos. Creo que a la misma hora José Giménez Corbatón presenta en la IFC una edición crítica de un gran libro sobre el Maestrazgo: ‘El fragor del agua’. [Traigo aquí la foto de Joan Vilatoba, de ‘todocoleccion’, que me inspiró el libro y el personaje, y por supuesto el cuento que da título al conjunto.]

 

04/11/2011 11:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VALÉRIE MRÉJEN: UN DIÁLOGO

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ENTREVISTA CON VALÉRIE MRÉJEN

La autora de ’El Agrio’ o ’Mi abuelo’ publica, de nuevo en Periférica (el sello que dirigen Paca Flores y Julián Rodríguez), ’Eau Sauvage’. Mréjen es, además, realizadora y videocreadora. La escritora y fotógrafa Aloma Rodríguez estuvo con ella en Madrid y le hizo esta entrevista.

 

Por Aloma RODRÍGUEZ*

 

Valérie Mréjen (París, 1969) es novelista y cineasta. ‘Eau sauvage’ (Periférica, 2011), la tercera novela que se edita en español, vuelve a las relaciones familiares y presenta a un padre torpe y tierno a la vez que le habla a su hija. Mréjen estuvo hace unos días en Madrid, para presentar algunas de sus piezas audiovisuales y ‘Eau sauvage’.

¿Cómo surgen sus novelas?

Las ganas de escribir siempre nacen de una obsesión, de algo que vuelve. Es lo que me pasó con ‘El agrio’, o con las relaciones familiares en ‘Mi abuelo’ y ‘Eau Sauvage’, que habla de la propia obsesión de la repetición en las relaciones familiares. Para mí tienen algo opresivo, algo bastante agresivo por la violencia verbal, pero al mismo tiempo tienen una gran fuerza cómica.

El humor descarnado es una de las características de su estilo desenfadado y fresco, ¿de dónde viene?

Las situaciones familiares pueden resultar agresivas, pero si vieras a toda esa gente hablando a la vez en la mesa, gritándose, como en una película italiana de una familia muy numerosa, te parecería gracioso, podría ser una parodia. Trato de mezclar las dos cosas porque no me apetece que sea triste, no va para nada con mi carácter y, además, la parodia es una manera de abordar buena parte de las cosas que quiero que estén en mis libros. Lo que me hacía soportar determinadas situaciones, escenas, comidas familiares era que siempre había un momento en el que se podía respirar porque había algo de parodia, un momento en el que nos reíamos de nosotros, nos lanzábamos bromas. He querido mostrar eso en mis libros. Me cuesta mucho trabajo conseguirlo, no es para nada algo adquirido o natural; siempre tengo que buscar la manera de hacer las cosas más ligeras.

Sus novelas son fragmentarias, con capítulos muy cortos…

La estructura viene de la voluntad de alternar situaciones de agobio, incómodas, con momentos de parodia. De hecho, en los tres libros hay una alternancia entre los capítulos. En ‘Eau Sauvage’ me impuse alternar los momentos en los que el personaje es bastante duro y torpe con otros en los que es mucho más tierno y paternal, como si todo eso fuera cambiante sin cesar, como si oscilara todo el tiempo y no tuviera nunca uno de los aspectos del todo ni el otro. Y eso hace que la estructura sea bastante fragmentaria.

Y esa fragmentariedad deja huecos, a veces da la sensación de que en sus novelas es casi tan importante lo que no se dice como lo que se dice.

Me di cuenta de que tenía la necesidad de dejar espacios entre los capítulos y no sabía por qué lo hacía, pero era mi manera de escribir, me salía de manera natural. Y me di cuenta de que dejar esos espacios en blanco, o vacíos, era una manera de dejar un espacio en el que el lector puede proyectarse y, tal vez, imaginar cosas que no se dicen de manera explícita. Hay lazos entre los párrafos que establezco de manera un poco inconsciente; hablo de una cosa y eso me hace pensar en otra, y así se despliega la escalera. Otras veces los lectores me descubren lazos que yo no había puesto de manera intencionada. En lo que escribo hay cosas cuyo sentido a veces se me escapa, pero también en los vacíos.

¿A qué responde esa estructura?

No quería que la materia fuera demasiado densa, quería que las cosas quedaran evocadas, sugeridas a veces, aunque por supuesto hay cosas que se dicen de manera explícita. Pero me gusta detenerme en un determinado punto porque a veces también a mí la memoria me falla, no tengo un conocimiento preciso de lo que cuento y soy consciente de que deformo mis recuerdos. Es una deformación necesaria, pero me siento obligada a detenerme en un determinado momento porque son fragmentos, impresiones, frases que vienen pero que a veces no sé bien de dónde vienen; es también una manera de preservar una cierta incertidumbre.

Su estilo debe mucho a la memoria y su escritura sigue el patrón de la memoria.

Sí, es cierto. Siempre que he empezado uno de mis libros sabía que lo que contaba era en realidad mi interpretación. Y, sobre todo, en las historias familiares tenía claro que lo que contaba era la manera en que yo me acordaba de algo determinado y que quizá era completamente falso en relación a la verdad -en realidad, no existe una verdad en las relaciones familiares, cada uno tiene su interpretación. Pero es muy importante, sobre todo en la escritura de ficción no solo aceptar esa idea sino desarrollarla: transformamos las cosas, nos las apropiamos, está completamente filtrado a través del prisma de nuestra mirada. Al mismo tiempo es delicado porque al tratarse de historias de familia, tenía la sensación de que no tenía derecho a interpretar esos recuerdos.

En sus novelas habla de otros, pero de una manera velada también se cuenta a usted.

Creo que no hubiera podido contar mi propia historia directamente. Lo hago a través de una falsa neutralidad: enumero hechos, recuerdos que son mis recuerdos, pero que no tienen ningún valor en sí mismos. Me di cuenta de que había algo que me pertenecía de una manera muy particular y muy precisa. Escribirlos de una manera neutra era una manera de hacer que estuvieran fuera de mí. De hecho, también hablo de cosas un poco periféricas, exteriores. Me sitúo en el lugar de una observadora, como si no estuviera implicada, pero soy yo, evidentemente. Eso me permitía ponerme en el papel de una narradora exterior y no quería poner por delante una psicología, quería evitar la psicología.

¿Cómo pasa de las personas a los personajes de las novelas?

Es una frontera difícil porque hay personas de las que hablo en mis libros que existen y a las que transformo en personajes de novela y sé que van a leer el libro y, aunque no lo haya escrito para rendir cuentas, no puedo evitar pensar que lo van a leer. Es un poco extraño transformar las cosas porque te preguntas cómo se lo van a tomar. Por ejemplo, con ‘El agrio’, le di el manuscrito a la persona en la que se basa Bruno.

¿Se siente representante de una nueva corriente literaria cuyas características son la fragmentación, la autoficción?

Sinceramente, no lo sé, pero no creo. La autoficción es algo de lo que se ha hablado mucho últimamente, pero creo que ha existido siempre. Hay conversaciones entre las obras, los escritores nos robamos cosas. Por otro lado, nunca he tenido miedo de que me influyeran los autores que me han marcado, ni de perder algo, ni de caer en la imitación y, al mismo tiempo, olvido los libros que me marcan profundamente para conseguir escribir mi propio libro mejor. Sé que están ahí, pero no me acerco demasiado.

Además de Perec, ¿qué otros escritores son sus referentes?

Es cierto que Perec ha sido una lectura importante y lo sigue siendo y, extrañamente, Marguerite Duras. La descubrí cuando era adolescente y me marcó mucho. Duras cuenta su historia familiar, personal, toda su vida, y me siento bastante cercana a esa manera de mezclar las historias personales, de volver sobre ellas, de dar vueltas a las cosas. Y consigue hacer algo que está más allá de la ficción, algo un poco enigmático. Siempre pienso en Philip Roth y Bret Easton Ellis. Natalia Ginzburg también me gusta. Hay muchos escritores contemporáneos que me gustan: Olivier Cadiot es divertido y manipula mucho las frases hechas. Hace lecturas en público y es muy bueno en el escenario. Me gusta mucho la idea de pasar del mundo de la literatura al escenario, transformarse.

Compagina su trabajo de escritora con el de cineasta, ¿qué diferencias entre los dos lenguajes hay y qué es lo que le atrae de ambos?

Hay muchas diferencias y precisamente eso es lo interesante: poder reflexionar sobre esas diferencias cuando pasas de uno a otro. Por ejemplo, ‘Eau Sauvage’ es un monólogo de un padre que le habla a su hija, y hay muchas cosas que vuelven como cantinelas familiares; para hacer ese retrato en un película habría tenido que seguir otro procedimiento completamente distinto, habría hecho falta definir la situación, que evolucionara, habría hecho falta definir los momentos de apogeo, de crisis y otros de calma. Cuando escribes una película estás obligado a contar una historia.

¿Se siente más libre escribiendo novelas?

No es necesariamente una cuestión de libertad, sino una cuestión de relación con el presente. En un libro puedes describir una habitación durante diez páginas y en una película, aunque se puede hacer, es necesario que haya un progreso porque estás ahí durante un tiempo determinado. La libertad formal puede encontrarse en el cine de manera muy poderosa. Son formas de escritura que tienen sus límites y que no son los mismos; tienes sus ventajas y sus limitaciones y eso me parece muy interesante, así como trabajar con esas formas y reflexionar sobre eso.

¿Para qué sirve la literatura?

Es una buena pregunta. Me sirve para entender muchas cosas, para vivir. Me sirve para reflexionar, para avanzar, me sirve para evolucionar. Creo que es muy importante analizar las cosas, releer, inscribirse en una historia aunque a veces sepamos que estamos influidos por un escritor que nos ha marcado.

 

*Esta entrevista, con ligeros cambios, se publicó en ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. La foto de Valérie Mréjen es de David Barreiros. 

01/11/2011 23:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEPE CÁCCAMO FALA COA LÚA

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PEPE CÁCCAMO COMPÓN O SEU ‘ALFABETO DA LÚA’

Pepe Cáccamo é un dos meus grandes amigos de Galiza. Foi atleta na súa mocidade. Un grande poeta, memorialista, escritor de textos infantis, pero ademais fai, á maneira de Joan Brossa ou Chema Madoz ou os surrealistas, poesía cos obxetos. Vive frente á illa de San Simón, no mar de Vigo, onde Cunqueiro, o noso mestre, ouvía cantar a serea. Vive nunha casa de arquitectura de vangarda con Beatriz, Pedro e Antón, case no medio dos boscos, nun deses lugares onde a lúa se senta de noite a ler. Ás veces le ó grande poeta pontevedrés Lois Amado Carballo, autor de dous únicos poemarios: ‘O Galo’ e ‘Proel’. Amado Carballo, salvadas as distancias, é o Lorca galego. Escribía poesía panteísta, animista, de vangarda, con forma clásica, de romance e cantiga. Pepe Cáccamo fixo este ‘Alfabeto da Lúa’ sobre o seu poema dedicado a esa criatura nocturna que ás veces se fai chamar Margarita ou Margarida.

01/11/2011 11:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX ESCRIBIÓ DE CHRISTINA STEAD

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El domingo, en 'El País Semanal', Javier Cercas contaba que le había regalado su ejemplar de 'El hombre que amaba a los niños' a Félix Romeo, y que acababa de enterarse por ABC que se había publicado en español. Lo que quizá no supiese Javier es que Félix ya había firmado en la página ocho de 'Artes & Letras', que era la suya, esta reseña de la novela.

 

CASA DE LOCOS

 

Pre-Textos publica 'El hombre que amaba a los niños' de Christina Stead

 

Por Félix Romeo

 

 

 

 

[Christina Stead. El hombre que amaba a los niños”.  Traducción de Silvia Barbero.  Prólogo de Felipe Benítez Reyes.  Pre Textos. Valencia, 2011. 720 páginas. 36 euros.]

 

 

Casa de locos” es la expresión que utiliza para describir su propia casa Henrietta Collyer, Henny, casada con Samuel Pollit, Sam. También la describe en ocasiones como “matadero”, y lo cierto es que para ella, que vive allí gracias a la caridad de su padre millonario, es peor que si viviera en el infierno.

    Henny se casó con Sam pese a que no esperaba mucho de su relación, pero todo ha ido mucho peor de lo que pensaba: se ha cargado de hijos, el dinero no alcanza y detesta las ideas maravillosas y totalitarias de su marido. Así habla Henny a Sam sobre Sam: “Todo el día babeando a mi alrededor y llamando amor a eso, llenándome de niños mes tras mes y año tras año, mientras yo te odiaba y te detestaba y te gritaba al oído que te apartaras de mí, pero no me soltabas. En lo más recóndito de tu corazón estabas seguro de saber de dónde provenía tu maravilloso éxito, forzándome a quedarme aquí, en esta muela podrida de casa para hacer lo que a ti te convenía, obligándome a ponerme a cuatro patas para fregar los suelos, a lavar tu sucia ropa interior, tus viejas y desgarradas sábanas, tus mantas, incluso tus trajes. He rellenado colchones para ti y tus hijos. He cocinado para toda esa pandilla de asquerosos, malvados, ignorantes y jadeantes Pollit que tanto odio. He tenido que aguantar ese olor a perros muertos en toda la casa por culpa de ese formol del que estás tan orgulloso. He tenido que aguantar tus repugnantes animales y tus colecciones idiotas y tu fertilizante orgánico apilado en el jardín y tus charlas interminables. ¡Tus charlas y charlas y más charlas, que tanto me aburrían y que me saturaban los oídos! Soltando un rollo tras otro, hasta que pensé en matarme para escapar de ti, de tu mundo de grandes fantasmadas y de tu mano dura, siempre queriendo salvar a este mundo corrompido con tus chácharas...”.

   Christina Stead (Sidney, 1902-1983) publicó “El hombre que amaba a los niños” en 1940, en Estados Unidos, y pese a su fuerza y a su originalidad la novela pasó sin pena ni gloria (algo que habrían podido evitar los estudios de Hollywood, que renunciaron a la adaptación cinematográfica que les propuso Ring Lardner Jr). En los años 60 la rescató el poeta Randal Jarrell y fue entonces cuando la quiso traducir por primera vez al español la editorial Seix Barral, aunque finalmente algunos problemas lo impidieron: Juan Ferraté le habló apasionadamente de la novela a Javier Cercas, a quien le regaló la edición americana de bolsillo que habían leído los miembros del consejo editorial. Y ha vuelto a las librerías en este siglo XXI gracias a Jonathan Franzen, conocido por “Las correcciones” y ya estrella mundial de la literatura por su nueva novela, “Libertad” (Salamandra), quien ha afirmado que “El hombre que amaba a los niños” no es sólo una de las mejores novelas del siglo XX, sino también la mejor novela jamás escrita sobre la familia y el ataque más feroz contra el patriarcado de toda la literatura”.

    Y es cierto que Christina Stead hace en la novela un magnífico y brutal retrato del patriarca Samuel Pollit, un tipo que, como escribe Felipe Benítez Reyes en el prólogo, es tan indulgente consigo mismo como exigente e inflexible con los demás. Sam se sueña como uno de esos hombres del “Renacimiento” americano, como Thoreau, reconciliado con la naturaleza, y desea moldear a todos los seres humanos (y en especial a sus seis hijos, a quienes trata como si formaran parte de uno de sus experimentos científicos) a su imagen y semejanza, que para él, orgulloso de su ciega bondad, es lo máximo. Sam es un psicópata. Como psicópatas eran otros tiranos de la época, mucho más peligrosos, como Stalin, Hitler y Franco, todos preocupados por sus hijos descarriados y todos dispuestos a convertirse en Saturno.

    Henny es menos original como personaje que Sam, y recuerda mucho a dos grandes heroínas trágicas de la novela del XIX, a Ana Karenina y, sobre todo, a Emma Bovary, igual de acosada por las deudas, igual de insatisfecha con su marido y con su maternidad e igual de defraudada por sus amantes, mucho más imaginarios que reales.

    A los problemas de relación entre Henny, Sam y su familia, se añaden los problemas económicos: tienen que abandonar su casa en la ciudad, Sam pierde su empleo, la herencia soñada se ha convertido en humo... En ese regreso idílico a la naturaleza que sueña Sam, uno tras otro se van convirtiendo en animales: el pensamiento se va adelgazando porque tienen que mantenerse despiertos para alimentar el fuego que cuece una olla enorme de pescado apestoso.

    Ha habido que esperar muchos años hasta que “El hombre que amaba a los niños” se tradujera al castellano, pero la espera ha merecido la pena. La novela de Christina Stead sigue manteniendo su fuerza y su originalidad y su clima de pesadilla.

 

    FÉLIX ROMEO

 

*He aquí la impresionante caricatura de Luis Grañena. Ella es Christina Stead.

 

 

 

 

31/10/2011 23:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VUELVE PATRICIO JULVE

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‘EL TESTAMENTO DE AMOR DE PATRICIO JULVE’:

ESTE VIERNES EN EL PARANINFO

Este viernes día cuatro de noviembre, a las 20 horas, en la sala Pilar Sinués del Paraninfo se presentará mi libro ‘El testamento de amor de Patricio Julve’, que acaba de publicar Xordica con portada de Luis Grañena. La presentación correrá a cargo de la poeta e investigadora Almudena Vidorreta, del periodista y escritor José Javier Rueda, del editor Chusé Raúl Usón. El libro, que se publicó por primera vez en Destino en 1995 y ha conocido tres ediciones, comienza en 1833 con una historia de amor del general Ramón Cabrera, ‘El tigre del Maestrazgo’, con la joven Margarita Urbino, hija del impresor del ‘Boletín’ carlista. Y se cierra con el cuento ‘El hombre invisible’ donde Ken Loach investiga quién es el fotógrafo enigmático Patricio Julve. Patricio, a partir de entonces, aparecerá en todos mis libros: 'Los seres imposibles', 'El álbum del solitario', 'Golpes de mar' o 'Fotografías veladas'. E incluso en 'El Maestrazgo', que publicó Juventud e Ibercaja en dos ediciones distintas.

 

 Estáis todos invitados.

CERCAS: 'EL GRAN ROMEO'

[El escritor Javier Cercas publica hoy en el suplemento dominical de ‘El País’ un artículo extraordinario sobre Félix Romeo. Es una obra maestra de la evocación, de la amistad, del retrato y de la literatura. Félix Romeo ha sido, es, una criatura inagotable e irrepetible. Este texto es una prueba más.]

 

EL GRAN ROMEO

 

Por Javier CERCAS

 

Se llamaba Félix Romeo, pero no siempre fue muy afortunado en el amor; en la muerte no lo fue en absoluto. Falleció el 8 de octubre pasado, en Madrid, a los 43 años, de un paro cardiaco. Decir que era un hombre excepcional es decir bien poco, porque en la hora de la muerte todos somos excepcionales. Ante todo era un escritor. Publicó infinidad de artículos y crónicas; publicó tres libros. El primero, de 1995, se titula Dibujos animados y le colocó en el grupo de cabeza de la narrativa de su generación. El segundo, Discothèque, se publicó seis años más tarde; aunque el libro sea una mezcla feliz, improbable y gamberra de Kurt Vonnegut y Rafael Azcona, puede que Romeo viviera su publicación como un fracaso: quizá pensó que la novela no se había entendido; más probablemente, que no había estado a la altura de lo que él se exigía a sí mismo. De esta derrota (o de esta ilusión de derrota) salió su mejor libro: Amarillo, un gran interrogante sin respuestas sobre un hecho que el vitalismo desaforado de Romeo se negaba a entender -el suicidio a los 24 años de su amigo el escritor Chusé Izuel-, un libro extraño, perturbador y necesario donde su prosa adrenalínica brillaba con todo su sombrío esplendor. Lo dije en esta columna cuando el libro apareció, hace tres años, y conviene repetirlo.

Pero Romeo no era sólo un escritor; para muchos era sobre todo un personaje. Ahora que está muerto -ahora que su vida empieza a cobrar un sentido ajeno a sí misma-, sería fácil compararlo con los protagonistas de las novelas de Saul Bellow, con uno de esos intelectuales desmesurados que, como Humboldt o Ravelstein, parecen encarnar toda la magnificencia contradictoria del ser humano. Como Ravelstein, Romeo era a su modo un pedagogo. Poseía una cultura exuberante, y parecía disfrutar lo mismo adquiriéndola que repartiéndola. Fabricó lectores, cinéfilos, escritores. Como promotor de su propia obra era pésimo -de hecho, era totalmente incapaz de promoverla, no digamos de promoverse a sí mismo-, pero como promotor de la obra ajena era imbatible. Su conversación era una pirotecnia perpetua de lecturas, de historias, de ideas. La última vez que le oí hablar en público razonó su rechazo de gran parte de la literatura española con el argumento atendible de que es una literatura de señoritos (una literatura de primero de la clase, creo que dijo), una literatura que mira a los seres humanos por encima del hombro, de arriba abajo y no de abajo arriba, incapaz de mostrarlos en toda su desoladora grandeza, una literatura mezquina, costumbrista y petulante; cuando Romeo terminó de hablar le dije que me gustaría tener por escrito lo que había dicho, y él me miró extrañado, como si le molestase un poco que los demás creyésemos que tenía tiempo de escribir todo lo que se le ocurría. Su pasión por los libros obraba prodigios. Una vez aseguró en un artículo no haber leído una gran novela inédita en castellano: The man who loved children, de Christina Stead; como yo sabía que no le gustaba que hubiera por ahí obras maestras sobre las que no podía emitir una opinión, cuando nos vimos le regalé mi ejemplar; él lo aceptó, pero años después convirtió una charla pública en un acto dadaísta con el fin de poder devolvérmelo; y justo el día siguiente de su muerte me enteré por Abc, el periódico donde últimamente colaboraba, de que el libro de Stead se acaba de traducir al castellano. Podía ser dogmático, arbitrario y provocador, aunque sus intemperancias sólo molestaban a los fanáticos y a los canallas. En política era un excéntrico: no sólo creía fervientemente en la democracia; creía fervientemente en esta democracia. Más de una vez demostró ser valiente. Si la palabra no estuviera llena de sangre y de mierda, sentiría la tentación de decir que era un patriota: detestaba el nacionalismo, pero amaba su tierra y a su gente. En Zaragoza deja un agujero del tamaño de una explosión nuclear.

Creía en la amistad entre escritores, lo que tiene un gran mérito. Cada vez que pasaba junto al pueblo donde nací, entre Trujillo y Mérida, me llamaba por teléfono o me enviaba un sms. Sus sms. En el penúltimo que me envió, un par de semanas antes de morir, me daba las gracias porque, en un reportaje publicado en este periódico, le mencionaba entre los escritores que merecen más lectores de los que tienen. "Qué alegría que me tengas en tu corazón", escribía. Le contesté que siempre le tenía en mi corazón y en mi cabeza; me contestó: "Sí, pero verlo en EL PAÍS es como ver un corazón de enamorado en un árbol". Uno entiende perfectamente que todos tenemos que morir, pero no que, habiendo tanto hijo de puta suelto, la muerte venga a reclamar, a los 43 años, a un tipo como Félix Romeo. Cuando me dijeron que había muerto me fui a caminar por el Ampurdán; el cielo estaba negro y soplaba una tramontana tan furiosa que parecía querer arrancar los árboles de cuajo y llevárselos volando: tuve la impresión de que la naturaleza estaba de acuerdo conmigo. No es fácil dejar que un hombre como Romeo se marche así como así.

 

*Esta foto de Félix corresponde a los archivos de Heraldo de Aragón y la realizó Esther Casas.

 

31/10/2011 00:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

REDIFUSIÓN DE 'BORRADORES': ALEGRE / ROMEO, Mª J. HERNÁNDEZ, URBIZU, LAFARGA, HORTALÀ....

Esta mañana, a las 11.30, se redifunde el programa ‘Borradores’ (en su emisión del martes, a las 0.50, obtuvo un 9 % de audiencia), donde se ofrece un primer homenaje a Félix Romeo, a través de uno de sus grandes amigos: Luis Alegre.

He aquí el menú de esta mañana:

Actuación musical: María José Hernández presenta ‘Señales de humo’ y toca dos temas con Rafa Domínguez, ‘Guisante’.

Plató: Luis Alegre recuerda a Félix Romeo; Paco Lafarga, pintor que expone en Torreón Fortea y que trae una obra original.

Reportajes: Amaral y el disco ‘Hacia lo salvaje’, Enrique Urbizu y Helena Miquel hablan de ‘No habrá paz para los malvados’, y Lluis Hortalà en el CDAN.

 

29/10/2011 11:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER ROMERO: UN CUENTO

Javier Romero acaba de ganar el premio Isabel de Portugal de Narrativa. Y tiene la gentileza de enviarme un cuento inspirado en un texto del pintor Jorge Gay.

 

Un cuadro de Gay

 

Oh, where oh where can my baby be?
The Lord took her away from me

 

The last kiss

Wayne Cochran

 

El cuadro de Gay me hizo reparar en mí mismo después de muchos meses en los que sólo fui una especie de cuerpo inerte. Mis zapatos, empujados por una fuerza ajena        --llámala inercia, llámala espíritu santo--, me habían traído a Zaragoza pocas semanas después de matar a mi novia. Vine huyendo de mi sombra y de un insondable sentimiento de culpa. Pero la culpa y la sombra estaban demasiado pegadas como para quedarse atrás.

 

Llovió sin parar durante tres o seis meses y el viento sopló como si quisiera llevársenos a todos. Pero un día empezó a clarear cuando Concha Monserrat me dijo en los pasillos de las Cortes de Aragón: “mira, ese del cuadro se parece a ti”. Allí tumbado y desnudo, pintado en colores fríos, alguien muy parecido a mí, dormía en la parte inferior de la escena. A su alrededor, varias figuras de hombres y mujeres parecían hablar ajenos al bello durmiente. Todos no. Uno tenía la pierna ligeramente doblada como si estuviera a punto de darle un puntapié.

 

No soy yo pero podría serlo. Me dio por pensar en ello cada vez que subía hacia las cabinas de radio y pasaba por delante del cuadro. Con la mejilla apoyada en una mano mi retrato descansaba con placidez. Sus labios a ratos parecían sonreír o se fruncían sutilmente como si alguna duda lo embargase. Pero las más de las veces, sonreía.

 

Una noche soñé que iba en mi moto a más de 100, con mi amor agarrada a mi espalda. Formábamos un solo cuerpo, especialmente cuando nos tumbábamos en la trazada de las curvas y sus uñas se clavaban en mi pecho. Soñé que nos acercábamos a un cruce con el semáforo en verde y nos lanzaba por los aires un coche que surgía de la nada. Yo flotaba sobre el capó a cámara lenta, como un cosmonauta en un paseo espacial, y me acordaba de una conversación de besugos que tuve con mi profesora cuando apenas tenía 8 años. A ver, Javi, ¿cuándo debemos cruzar la calle? Pues, cuando el semáforo se pone rojo. ¡Qué dices, siempre debes cruzar cuando el semáforo está verde! Pero si cruzo cuando el semáforo está verde, me pillarán los coches. Tú hazme caso. En el sueño, el conductor que nos estaba arrollando me miraba sorprendido, como el que mira llover motociclistas, y luego pisaba bruscamente el freno.

“Abrázame, mi amor, tengo miedo”. Nos quedábamos los dos tumbados, como dormidos, mejilla con mejilla, con un rictus que más que de dolor era de nostalgia, como posando para un cuadro de Gay. Así permanecíamos hasta que llegaban las luces azules de la Guardia Civil y las naranjas de las ambulancias, y nos separaban, y nos convertían en una crónica de sucesos. Cuando desperté, resulta que era verdad.

 

La cara de Jorge Gay se tornó amarillo cadmio al verme en el quicio de la puerta de su estudio.

-Eres Ernesto- dijo, y no quedó claro si era una pregunta o una afirmación. Esbocé mi primera sonrisa en meses, y no porque tuviera muchas ganas. Fue una sonrisa social para ayudar al pintor a reponerse del sobresalto que le produjo mi inesperada visita. No recordaba haberme llamado nunca Ernesto. Mi DNI lo decía bien claro, y el DNI no suele mentir.

- No. No soy Ernesto, aunque me han dicho que me parezco un poco a él.

-¿Un poco? Juraría que sois hermanos gemelos.

Me invitó a pasar y tomar asiento en un sofá desvencijado repleto de manchas de pintura acrílica. Me excusé por lo que pudiera haber de morboso en mi curiosidad por aquel que tanto se asemejaba a mí y le pedí que me contara todo lo que sabía de él.

-Me lo presentó una amiga común y decidí usarlo como modelo por su extraña mirada. Y lo que son las cosas, al final le pinté dormido. Supongo que me cansé de intentar plasmar, sin mucho éxito, la tristeza inquisitiva que poseían sus ojos…-. Gay hizo una pausa y, sin darle mucha importancia, lo soltó:

-Murió hace unos meses en un accidente de tráfico.

Mientras me hablaba con su voz pausada, se limpió las manchas de las manos con un trapo impregnado en disolvente y paseó su mirada por las pilas de cuadros y botes de pintura que se amontonaban junto a la pared tras de mí. Rehuía mis ojos. Pese a lo que la razón le dictaba, mi presencia invocaba al fantasma de quién posó para él posiblemente en esa misma nave. Finalmente, dejó de sacar lustre a sus dedos con el paño y me miró

-Debo tener por ahí algunos bocetos que le hice a Ernesto. ¿Quieres verlos?

Gay rebuscó entre los anaqueles hasta que dio con un fajo desordenado de cartulinas. Creí notar una duda en el pintor antes de extender sus dibujos sobre la mesa; un pellizco de pudor antes de mostrar su obra desnuda. Fui pasando hoja tras hoja como si mirara fotos antiguas en el álbum de un amigo. Fotos con imágenes de uno mismo, para las que no recuerda haber posado pero que allí están, hipnóticas, fascinantes y tozudamente reales.

Al llegar a la penúltima lámina fue mi cara la que se volvió amarillo cadmio.

-¿Quién es esa chica que abraza a Ernesto?- balbuceé alterado.

-Era su novia. Se marchó de Zaragoza poco después de la muerte de Ernesto.

 

            -¿Su novia?

Aquel pelo liso, aquella piel perfecta, aquellos ojos claros, aquel perfil de pin-up feliz, aquella cara. Toda ella era idéntica a mi amada. Ladeaba la cabeza y juntaba su mejilla a la de Ernesto como lo hubiera hecho ella. Con la respiración entrecortada, con un embalse de lágrimas no derramadas que intentaban resquebrajar mi pecho, saqué un hilo de voz para preguntar:

-Conducía ella, ¿verdad?

-Sí. Eso me dijeron.

*Javier Romero es periodista y escritor. La ilustración corresponde a 'Vacaciones en Roma', con Gregory Peck y Audrey Hepburn.

 

 

 

28/10/2011 08:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO IBÁÑEZ EVOCA A FÉLIX

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Recibo este correo de Ángel Petisme, a propósito de un artículo de Antonio Ibáñez sobre Félix Romeo Pescador, el amigo inolvidable. [Querido Antón, hay un artículo precioso de Antonio Ibañez sobre Félix, que escribió cuando estaba de vacaciones en Argentina y le sorprendió la noticia, que no has colgado en tu blog:

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/felix-romeo_706354.html

Es de recibo, hermano, porque quería a Félix como todos nosotros y Felix nos quería a todos mucho. Un besazo. Ángel.]

  

 FÉLIX ROMEO

 

Antonio IBÁÑEZ 09/10/2011

Se comió la vida a bocados y se nos ha ido inesperadamente, dejándonos noqueados. Sin saber qué hacer ni qué decir, sin volver a entender por qué la muerte nos sacude de forma tan cruel y nos arranca despiadadamente a un amigo. Félix Romeo se ha ido y la Zaragoza que tanto quiso y disfrutó se ha quedado muy vacía. Fue un precoz escritor interesado por las personas, que nos regaló a muchos parte de las cosas que hacen más preciada la vida: el sentido de la conversación, de la amistad, de la literatura, de las noches de juerga, del amor, de un partido del Real Zaragoza, de la generosidad, del afecto... del intentar, en definitiva, que la gente fuera feliz.

Creyente del individuo, de la libertad y de la pasión, la misma que puso en todo lo que hizo, Félix Romeo es ya una parte imprescindible de la historia de la cultura y un recuerdo imborrable para quienes le quisimos. Félix fue un hombre curioso que lo sabía casi todo. Que escribió pocas novelas pero imprescindibles, que fue un notable traductor, que hizo extraordinaria y abundante crítica, que modernizó los espacios culturales de la televisión y que tuvo buenas ideas para agitar la coctelera cultural de Zaragoza sin encontrar demasiado eco entre los políticos, más preocupados por otras cosas. Fue maestro de una extraordinaria generación de escritores, aragoneses y de fuera, y uno de los hombres de la cultura más querido por su arrolladora vitalidad y su desprendido afecto. Con una vida tan corta, pero tan intensa, fue el más brillante de una generación joven que rejuveneció además a otra anterior.

Hizo de puente entre ambas y fue la pieza integradora, sin exclusiones y dispuesto siempre a ampliar los círculos. De curiosidad sin límites, no olvidaba nunca un nombre, y era capaz de someter a intensos interrogatorios a su interlocutor movido por su ansia por saber. Un hombre grande en todos los aspectos que bajo sus atuendos negruzcos escondía a un excéntrico inconformista, a un niño pequeño y a veces ingenuo, siempre desbordante, a un auténtico líder.

A Félix le admiramos y quisimos mucha gente. Y brillantes autores. Algunos tan jóvenes como Daniel Gascón; otros tan míticos y más mayores que él como Javier Tomeo y, sobre todo, José Antonio Labordeta. Las dos últimas décadas han sido las más prolíficas e intensas de la literatura escrita por aragoneses, y se debe al ímpetu de Félix, que fue capaz de aglutinar en torno a él a un buen número de autores a los que con su arrolladora pasión empujaba a escribir.

Ahora que muchos lloramos su ausencia, incluso a miles de kilómetros, separados por el océano y en misteriosas ciudades que él tanto amó, poco importan sus virtudes intelectuales, su imborrable legado o que fuera uno de los hombres más inteligentes que ha dado esta tierra.

Poco importa ahora todo eso, cuando maldecimos su muerte y todavía somos incapaces siquiera de escribir algunas líneas con sentido. Si Félix no hubiera existido, muchos habríamos tomado caminos distintos a los que elegimos. Si nunca le hubiéramos conocido, nuestras vidas serían ahora un poco menos ricas. Por eso ahora, y a pesar de que no volveremos a contar con su llamada, su correo o su presencia en la librería, la taberna o la calle, y su ausencia será atosigante, sirvan estas líneas para expresarle el cariño y gratitud como él siempre quiso que se hiciera: escribiendo y disfrutando con rabia de cada instante de nuestras vidas.

 

*Antonio Ibáñez es periodista de 'El Periódico de Aragón', gran amigo de Félix y biógrafo de Miguel Labordeta. Esta foto me la envió Lina Vila: es de un reciente viaje de Félix a Venecia con Lina, con Vicky Méndiz y Víctor Forniés.

 

28/10/2011 07:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL TOUR DE VÍCTOR GUIU

Víctor Guiu, ‘Mestizo’, uno de los poetas y dinamizadores culturales más activos de la Tierra Baja, publica ‘Le Tour Cartonero’ en el sello Cartonerita Niña Bonita, que dirige David Giménez o David Liquen desde Remolinos. Víctor presentaba esta mañana en El Poeta Eléctrico su poemario: todos los ejemplares, de original manufactura, son distintos entre sí. Excelente labor la de Víctor y la de David. Víctor, por cierto, publicaba hace no demasiado otro poemario o plaquette: ‘La Europa del aborigen’ en la colección Resurrección que coordina Octavio Gómez Milián.

 

 

Víctor Guiu Aguilar, Mestizo.

 

Etapa Duodécima

 

(Empieza la fiesta…Te echo de menos Txurruca*)

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Españoles periféricos,

de centro,

insulares zurdos,

africanos diestros,

de izquierda,

libres y laterales derechos.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Catorce de Julio,

francés caliente,

salida a muerte,

marea naranja y luz ardiente.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Seguir arriba,

morir matando,

Dios que ampara,

Tourmalet, bravuconadas.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Marcaje, retrovisor.

Amarillo y humildad.

Fantasmada y pasión,

algarabía sin grada.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Ciclismo, antiguo, Samu**, “aupa”, cabalga.

 

 

*Valiente corredor vasco campeón de la combatividad del Tour que tuvo que retirarse por fractura de clavícula.

**Samuel Sanchez, campeón olímpico y ganador en la meta de Luz Ardiden, la montaña de los españoles.

  

Víctor con el maillo de la montaña en el Tour.

 

Etapa Vigésima

 

(Grenoble se escribe Grenoble pero se pronuncia -en francés- Grenoble)

 

 

Cuarentaydosmilquinientos metros de crono individual.

Cuarentaydosmilquinientos metros para decidir un Tour y consagrar una vida.

Cuarentoydosmilquinientos metros.

Rodillo.

Sudor.

Ojos en blanco.

Dolor.

 

Surgirán las dudas. El perdón. Los perdones.

Y sobre todo las preguntas.

¿Por qué no ataqué?

¿Por qué reservé?

¿Por qué me caí?

¿Por qué no sufrí?

¿Por qué?

 

Cuarentaydosmilquinientos metros hasta la meta.

Solo.

¡Allez, Allez!*

 

Tresmiltrescientoscuarenta.

Tresmiltrescientoscuarenta segundos.

Tresmiltrescientoscuarenta pulsos en la sien.

Un salto de canguro.

París.

La gloria cartonera.

 

 

*En Aragón se suele usar el “Tira, Tira”. La marea naranja apuesta por el “Aupa, Aupa”. Funciona mejor enfatizándolo con un juramento en condiciones. Y para jurar, como no, la lengua peninsular más extendida (¿se puede decir español en este libro?).

SEMANA DEL CICLO 'ESCRIBIT 2011'

Recibo de Miguel Ángel Yusta esta convocatoria de la próxima semana: las jornadas de 'Escribit 2011'.

Jorge Carrión, en una foto del sello DVD.

 

CONVOCATORIA Y NOTA DE PRENSA

 

3Escribit2011, Lecturas y escrituras del tecnoConocimiento

 

El próximo miércoles, 27 de octubre, el presidente de  la Asociación Aragonesa de Escritores, José Luis Corral, la directora general de Nuevas Tecnologías, María Ángeles Rincón, el gerente del Patronato Municipal de Educación y Bibliotecas del Ayuntamiento de Zaragoza, Javier Peiro, y el director de Zaragoza Activa, Raúl Olivan, presentan 3Escribit2011, Lecturas y escrituras del tecnoConocimiento. (La Azucarera, c/Mas de las Matas, 20). 11 horas.

  

Toda la programación y documentación en http://escribit.net 

 

            Organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, 3Escribit2011 quiere ser un foro de reflexión y práctica sobre las transformaciones que las tecnologías de la información están produciendo en la literatura y, en general, en las posibilidades creativas de la sociedad.

 

            Durante los próximos días 26 a 28 de octubre, y en las sedes de La Azucarera y el CPEE Ángel Riviere, 3Escribit2011 contará con las aportaciones de relevantes firmas de la literatura y la crítica literaria española actual (Jorge Carrión, Vicente Luis Mora, Manuel Vilas, Fernando Aínsa, Francisca Noguerol, etc) y también con destacados profesionales del ámbito de la edición, las bibliotecas y la educación (Javier Valbuena, Pilar Bes, Mª Cruz Acín, Vicente Zalaya…)

El escritor Vicente Luis Mora, en una foto de Páginas de Espuma.

           

            Una primera reflexión

            

                                  “La revolución digital, en cuyo comienzo estamos inmersos, tiene y tendrá consecuencias muchísimo más importantes y de un alcance en absoluto comparable a la revolución vivida hace siglos con la llegada de la imprenta. Los cambios a los que asistiremos construirán un mundo profundamente distinto al que hoy reconocemos.

La diferencia cualitativa entre ambos hechos y sus instrumentos (la diferencia entre el libro y entre un ordenador o un e-book, por ejemplo –todos objetos más o menos planos-,) no está realmente en la forma de esos soportes. Sino en que la información digitalmente manejada permite ir de un medio a otro sin solución de continuidad.”

La literatura y la tecnología informativa

La tecnología es un factor decisivo en la democratización de la cultura y de las posibilidades de expresión creativas.

Las transformaciones producidas por el desarrollo tecnológico afectan a todos los aspectos de la vida y la sociedad. También a la creación y a la literatura en concreto: literatura en la red, poesía electrónica, novela hipertextual e hipermedia, series televisivas, son algunos de los temas que tratará 3Escribit2011, que también debatirá sobre las profundos cambios conceptuales y de comportamientos que los nuevos parámetros tecnológicos introducen en las fórmulas literarias, como en el resto de las artes y los modos sociales: deslocalización cultural, globalización, fragmentación y mutación continuada de los discursos, cibercepción, indefinición  de autorías, etc.

Nativos digitales

Además de las charlas y debates, 3Escribit2011 va a desarrollar una serie de actividades prácticas y talleres dirigidas en especial a los más jóvenes, aquellos que ya pueden considerarse “nativos digitales”, y que son realmente los mejor capacitados para entender y desarrollar en todo su alcance las transformaciones que nuestro mundo actual tan solo imagina.

La educación es fundamental a este respecto. Por eso 3Escribit2011 integra talleres sobre radio creativa, escritura electrónica, cómic electrónico y construcción de cuentos mediante tecnologías de comunicación aumentativa.

Este último taller se realizará en el Colegio Público de Educación Especial Ángel Riviere (c/José Galiay, 4). La educación especial ha sido pionera en la inclusión y desarrollo de tecnología por necesidades obvias. Los chicos y chicas con diversidades funcionales están acostumbrados a utilizarla y compartirán sus conocimientos en el uso de dispositivos  como tableros de comunicación, reproductores de voz, pizarras y mesas digitales, etc, con compañeros del CEIP Calixto Ariño; todos juntos contarán a los asistentes un cuento mediante estos recursos.

 

22/10/2011 17:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL JABOIS: FICCIÓN EN PRENSA

Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) ha sido la última revelación del periodismo español: una voz fresca, a contrapelo, irónica y cínica a la vez, que se instala en la frontera. Hace periodismo y ficción, inventa y recrea, y le encanta vapulear a quien sea con la misma contundencia que lo hace consigo mismo. Sea Manuel Fraga, José Tomás, Ernst Junger, Eduardo Galeano o el nacionalista Anxo Quintana. O el seleccionador Camacho.

Manuel Jabois ha publicado en Pepitas de calabaza ‘Irse a Madrid y otras columnas’, una colección de artículos, reportajes, notas de su blog y piezas de difícil clasificación: algunas auténticos microrrelatos como ‘Novia’, un episodio de amor demasiado fugaz, o ‘Performance’, el relato de un pene que se desplazó sobre ruedas por las calles de Pontevedra. Incluso ‘Karaoke’ puede leerse como las andanzas de un seductor sin suerte (“yo quiero, y ellas no”, dice) que intenta aliviar “una gran melancolía: no ser un figurón de la canción ligera”.

Jabois es heredero directo de Julio Camba, sobre todo, de Cunqueiro y por momentos de Rafael Dieste. Posee la ironía de los tres, el sentido del humor, incluso esa textura de frase, impregnada de sintaxis gallega y de arcaísmos más o menos buscados, pero con más mala leche. Jabois es fresco, desenfadado, maledicente, a veces resulta un periodista patético o paleto de provincias (quiero decir que asume esa pose) y a la par es un ciudadano un poco a la deriva: no sabemos si son reales o no (ni importa demasiado) sus aventuras nocturnas con algunas mujeres, y pienso en esa pieza magistral ‘El último morreo del siglo XX’, donde se besa sin mucha afición con una joven y aparece un tipo que le da cuatro o cinco puñetazos limpios, o con algunas sustancias peligrosas que le llevan a una embarazosa resaca. El amor y sus caricaturas están muy presentes: hay otra pieza, ‘Morir en Caneliñas’, que es un formidable retrato de la afectación y del engreimiento. ‘Me recuerda tanto a Lugo’ empieza así: “Entonces yo creía que el paraíso era un chalé lleno de putas escandinavas que supiesen hacer el pulpo á feira sin que se les moviesen los pechitos”. Y lo que sigue aún es más gracioso.

Y, por otra parte, Jabois es un periodista incisivo, casi sin escrúpulos, como dice en ‘Off the record’, pero todo el libro está lleno de esa insolencia real y teatral a la vez. Firma algunas piezas extraordinarias, que te hacen reír a carcajadas como ‘Un despido procedente’, el relato de un hombre que escribe correos subidos de tono a un amigo, que jamás le contesta, y de pronto descubre que en realidad le llegan al jefe de finanzas del periódico; es antológico ‘Cuando a doña Emilia un loro la llamó puta’, y doña Emilia no es otra que la condesa de Pardo Bazán; de ese mismo tono sería ‘Un número equivocado’, y ‘José Tomás ha muerto, ¡viva la Fiesta!’ tiene algo de ejercicio de futurismo antitaurino con tanta mala baba como lucidez. Jabois habla de casi todo, también de las nuevas tecnologías, y elogia a Antonio Ozores –que participaba en películas que componía “el cuadro de la España de entonces: alocada y medio febril, con prisas por follar”- y confiesa que “encuentro, por ejemplo, un placer revolucionario en las películas de Paco Martínez Soria”. Más allá del sarcasmo y de la sátira, Jabois es distinto, divertido, genial y provocador.

 

Irse a Madrid y otras columnas. Manuel Jabois. Pepitas de Calabaza. Logroño, 2011. 188 páginas. [He tomado la foto de Jabois de 'Revista de letras' en internet.]

22/10/2011 11:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL PETISME, EN EL JOAQUÍN RONCAL

La poesía cibernética de Ángel Petisme

 

El escritor y cantante aragonés publica ‘Poemails’ (Amargord): composiciones donde juega con las nuevas tecnologías y aborda sus temas de siempre: el amor, el viaje, el poder, la solidaridad, el sexo y la cultura. Esta tarde, ofrece un recital en el Centro Joaquín Roncal a partir de las 19.30.

 

 

Ángel Petisme (Calatayud, 1961) es compositor, cantante y poeta. Y además es un viajero pertinaz alrededor de las injusticias del mundo: está con los desheredados, ya sea en África, en Asia o en Latinoamérica. De esos viajes han nacido algunos de sus diarios o libros de crónicas, y nacen bastantes de sus poemas. Petisme es autor de diferentes discos, pero tres de ellos son fundamentales en la música popular de Aragón: pienso en ‘Turistas en el paraíso’, ‘El Singapur’ y ‘Cierzo’. Petisme, por otra parte, es un poeta torrencial, que posee una enorme facilidad: se le escapan las palabras a chorros; se le escapan las palabras, las situaciones, las criaturas y la ironía y la sátira, que en él conviven por igual.

Posee una capacidad particular para interpretar la vida cotidiana: para interpretarla e integrarla en su poesía con pasmosa naturalidad, como se ve en libros de poesía como ‘Constelaciones al abrir la nevera’, ‘Cinta transportadora’ o ‘Buenos días, colesterol’, pongamos por caso. Y todo ello, lo cotidiano se mezcla con las referencias culturales: la música, la literatura, la poesía, el cine, el viaje, la pintura y, por supuesto, el sexo. En los poemas de Petisme no se hace el amor: se folla bastante.

Petisme, por otra parte, es un creador laborioso. Y ocurrente. Y lúdico. A lo largo de estos treinta años ha descansado poco, ha escrito mucho y ha compuesto más de un centenar de canciones. El sello Amargord ediciones publicaba a principios de verano ‘Poemails’. En realidad, son dos libros en uno: el citado ‘Poemails’, que lleva por subtítulo “Nuestra venganza es ser felices”, y ‘Cuatro días de alquiler’, una colección de ‘Ciberpoemas’ redactada entre 2001 y 2003, donde el poeta habla de casi todo: de sí mismo y del poder, del amor y del dolor, de sus odiseas y de los contratiempos diarios (como en ‘Desagüies’, donde lamenta con humor no haber sido fontanero), escribe cartas a los Reyes Magos, glosa a personajes tan distintos como Monica Bellucci, Luis Eduardo Aute o Cela, tras el Nóbel.

En esta parte, el texto que más llama la atención es ‘Nuevos exilios, demonios ancestrales’, donde Ángel Petisme evoca el desencuentro de Goya con Zaragoza para narrar su propio desencuentro, ese “amor no correspondido” con su ciudad, que “está infectada ahora. Duele y es difícil dormir”; más arriba había escrito: “Solo hiel, acíbar, pus, veneno. Hay una herida abierta en mi interior / y solo el tiempo, poderoso bálsamo, con suerte podrá sajarla”. Hacía tiempo que nadie se expresaba en estos términos hacia Zaragoza: desde el dolor y con unos gramos de resentimiento en un auténtico ajuste de cuentas.

En ‘Poemails’ está el Petisme de siempre: el maledicente, el tierno, el enamorado, el que mira en derredor, el que viaja a Nueva Delhi, el que se desplaza por la realidad virtual con google, con la webcam o con el skype. Todos esos elementos de las nuevas tecnologías, tan corrientes ya en nuestras vidas, están aquí y son materia literaria: se prestan al juego de palabras, al equívoco, a la confesión, a la paráfrasis del ‘Padre Nuestro’; leemos: “Satélite del amor nuestro que estás en el cielo, /acelerado sea tu ‘link’. / Venga a nosotros tu hipertexto. /(...) No nos dejes caer la conexión, / y líbranos de todo virus y basura digital. / Amén, digo, Amen”.

Madrid aparece en varios poemas dedicados a Vallecas, Lavapiés o la Gran Vía, y por haber hasta hay una carta a José Antonio Labordeta y un homenaje al poeta Ángel Guinda, un modelo de creador para Petisme: “He soltado unas lágrimas de vodka leyéndote. / Te adoro y te admiro, mejor por este orden. / Uno sabe que aún queda / el futuro interior / cuando tropieza con alguien como tú, / que este planeta se hizo para bailar”. Petisme, mitómano constante, también dedica un poema a la actriz maldita Jean Seberg y otro a su hija adoptada.

‘Poemails’ es un libro de circunstancias y de esencias. Un libro azaroso y un libro de compendio. Un libro moderno, rebelde, provocador; un libro arebatado de amor, de locura, de peligrosas noches, de sexo (véase ‘Fucking good date’) y de solidaridad; al fin y al cabo, si algo caracteriza a Petisme es su vocación de denuncia. Y su permanente incomodidad: consigo mismo y con el mundo.

 

Poemails. Ángel Petisme. Amargord Ediciones. Colmenar Viejo, Madrid, 2011. 118 páginas.
La foto de Ángel la tomo de aquí:

http://ubiku.blogspot.com/2010_12_01_archive.html

 

21/10/2011 12:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA CAMPAÑA 'NOSOTRAS' CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

 

Mara Torres colabora en esta campaña. 

Con motivo de la celebración el 19 de octubre del Día Contra el Cáncer de Mama, Aecc y Pandora quieren hacer llegar a las mujeres enfermas de cáncer de mama las respuestas a todas las preguntas sobre la enfermedad que surgen en su día a día alejándola de los falsos tópicos que la rodean, de una forma fácil, cercana, amable y amena. Porque ante el cáncer, estando informados somos más fuertes.

 

Nosotras está dirigido a mujeres con cáncer de mama y mujeres sin cáncer pero susceptibles de padecerlo (por edad o herencia genética) especialmente, aunque también trata otras partes importantes de la enfermedad como los aspectos sociales, en los que estamos todos involucrados.

 

Así, la aecc en colaboración con Pandora lanza el libro interactivo “Nosotras”, también editado en papel, compuesto por 7 relatos cortos de ficción escritos por 7 escritoras españolas de renombre: Cristina López Schlichting, Carmen Amoraga, Matilde Asensi, Marta Robles, Charo Izquierdo, Mara Torres y Beatriz Peña. Sin su colaboración altruista y solidaria, así como la de los profesionales y voluntarios que han participado en este proyecto, Nosotras no habría sido posible.

Carmen Amorafa, finalista del Premio Planeta.

 

Estos relatos tratan distintos temas relacionados con el cáncer de mama, resolviendo preguntas concretas:

 

¿Qué es el cáncer de mama?

 

¿Cómo se diagnostica?

 

¿Cómo se trata?

 

¿En qué consiste la reconstrucción de la mama y cómo ser lleva a cabo?

 

¿Qué aspectos psicológicos rodean al cáncer de mama? ¿Y qué aspectos sociales?

 

¿Qué cuidados estéticos pueden ayudarnos a conllevar el cáncer de mama?

 

La versión física de Nosotras, que se podrá conseguir en las tiendas Pandora el día 19 de octubre por la compra de cualquier artículo de la marca, incluye códigos QR a través de los cuales se puede acceder a estos mismos relatos online para descargarlos, así como a los contenidos específicos sobre el cáncer de mama que se tratan en cada uno de ellos. Además La campaña tendrá difusión en varios de los canales multimedia de la Asociación Española contra el cáncer: Facebook, Twitter y Youtube.

 

Nosotras también tiene forma de libro interactivo y se encuentra alojado en la página web de la aecc, www.aecc.es, con todos los enlaces correspondientes y la posibilidad de compartirlo en las redes sociales.

 

Además, en la página de Facebook de la Asociación Española Contra el Cáncer, Unidos Contra el Cáncer http://www.facebook.com/unidoscontraelcancer se encuentra la aplicación de Nosotras, donde los usuarios pueden compartir estos relatos con quien quieran para así puedes hacerlo llegar a esa persona que pueda aprovecharlo, sentirse apoyado o simplemente emocionarse con su lectura.

 

Queremos que Nosotras llegue a todos, y por eso también a través de Twitter proponemos un hashtag para todos los tweets que a lo largo del día hablen del cáncer de mama y se publiquen junto con el más generalizado #cáncermama: #yotambiénsoynosotras.

 

Como material gráfico te adjuntamos las fotos oficiales del libro y dos módulos que puedes emplear en tu canal como “amigo de Nosotras”, como uno de los embajadores de nuestra campaña y responsable de hacer llegar esta información esencial sobre el cáncer de mama a la sociedad para ayudar en esta lucha.

 

*

19/10/2011 11:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE IBN GABIROL

SOLOMON IBN GABIROL (1021-1058)

 

Versión de Rosa BURILLO

El poeta, huérfano desde muy niño, llega a Zaragoza, ciudad donde crece y desarrolla su sensibilidad artística bajo la protección de su mecenas Yekuti’el ben Isaac, visir judío del rey Mundir II, de la taifa de Zaragoza, a quién dedica sus versos laudatorios.

 

Los poemas que aquí se recogen son una muestra de su sensibilidad exquisita. Es como si el tiempo se hubiera detenido para deleitarnos con detalles del mundo natural que, cuidadosamente seleccionados, aparecen tocados de un halo de pureza poco frecuente.

 

 

UNA MANZANA PARA ISAAC

 

Toma en tu mano esta fruta delicada.

Percibe su fragancia. Olvida tus anhelos.

Por ambos lados se sonroja, como una joven

Al primer roce de mi mano en su pecho.

Es una huérfana sin padre ni hermana,

Y lejos de su hogar frondoso.

Cuando pendía del tallo, sus compañeras sentían celos,

Envidiaban su viaje y gritaron:

‘¡Saluda a tu dueño, Isaac.

Qué afortunada eres al ser besada por sus labios!’

 

 

DE LUTO POR YEKUTIEL

 

Mira el sol rojizo de la tarde

Como si se hubiera vestido de escarlata.

Despoja de color el norte y el sur,

Y reviste de púrpura el occidente.

Y la tierra la deja desnuda,

Acobardada en la sombra de la noche.

Los cielos se oscurecen, vestidos de negro,

De luto por Yekutiel.

 

 

 

ROSAS

 

Mensajero, saluda a mi hermano,

Cuyo semblante no tiene parangón en esta tierra,

Cuyas numerosas cualidades mi corazón siempre recordará,

Nunca olvidará mientras viva.

Me ha enviado una frasca llena de fragancias

(Dios colme su mano de gratos dones).

Cada una como de verde y oro

Una joven lánguida hecha a jirones,

Y de las rojas la mirada del hombre capta

Todo lo que su corazón ansía.

Comparo su cuerpo insinuado

A la tierra limitada por muros y empalizadas,

O al hijo burlón al que el padre riñe

Y retrocede acongojado su mejilla ruborosa.

Están las que el hombre ha conocido; y algunas

Todavía no conocidas completamente selladas,

Sus rostros cubiertos de finos velos de lino,

Como mujeres que se esconden de los hombres,

Y cuando sus velos descorren

Parecen al hombre iracundo y vengativo

Como si hubieran pecado contra él,

Su semblante, sin mácula, lleno de vergüenza.

Una luz ilumina su rostro como el brillo del día

Esplendor de carros fustigados todavía.

Y muestran prodigios de sabiduría y conocimiento

A todos los que las ven, sin ser realmente sabias.

El ojo mortal que mira su belleza es como

El corazón del príncipe en medio de la intriga palaciega,

O como la mente del hombre aterrado por un sueño,

O los postrados que buscan levantarse de nuevo,

O el pájaro de presa atento que termina atrapado en el cepo,

O el estudiante, igualmente, del tratado Yevamot[1].

Cuando veo su majestad las reconozco,

Pero no sé describirlas o encontrar las metáforas adecuadas.

Son como los hombres cuya forma conozco bien,

Pero cuyos nombres no me han dejado huella.

El tiempo ha revestido sus cuerpos de verde y oro,

Y dibujado sus adornos de un halo vermellón,

Y una llama sale de ellas, como si

Estuvieran tejidas de púrpura y escarlata.

Luego el Tiempo desgasta su piel hasta hacerlas de papel,

Y les arrebata los huesos de la carne,

Que se yergue purificada sin mancha,

Como alma absuelta de todos sus pecados.

Las recorre una brisa especiada,

Y una nube de verano teje sus contornos.

Se sonrojan ante los ojos ávidos del hombre,

Y se solidarizan con las almas abatidas por la pena.

El espíritu del hombre disfruta su fragancia

Como la mente que descubre los misterios de la refriega.

Y también el insomne, si las pusieran junto a él,

No daría crédito a los placeres del sueño.

Ofrecidas a un muerto, se asiría a ellas,

Y con ellas en el ataúd disfrutaría después de muerto.

Si entraran en la casa de Hegai serían

Distinguidas por su belleza entre todas las jóvenes de allí.

Las cortaron de un arriate del jardín,  pero no podían venir

A pie, tan delicados son sus tallos.

Y cuando el patrón me las envió

Pensé que eran cartas reales atadas con un sello.

Cuando las cortaron y las pusieron en la frasca,

Rivalizaban unas contra las otras en el ramo,

Como si cada una de ellas estuviera celosa de las otras,

Y quisiera exponer sus quejas ante mí.

Altura de belleza y gloria, no les falta,

Perfectas como tus propios actos,

Puras, sólo como tu corazón es puro,

Y limpias de toda decepción y todo tinte,

Testifican que tu mano, elevada como las estrellas

Del cielo en lo alto, da campanadas de seguridad,

Que tu excelencia golpee a las hijas del Destino

En la mejilla, y las manche de sangre.

 

Que Dios te otorgue su generosidad

Y aumente tu coral y tu cristal.

Que destruya a tus enemigos ante ti,

Exaltando tu posición por encima de todos los otros.



[1] Se refiere al tratado que incluye preceptos como el de que el hermano del marido muerto sin descendencia, debe casarse con su viuda para así perpetuar el apellido familiar, siempre que éste haya muerto sin descendencia. Hablamos de sociedades donde hay un fuerte sentido del clan familiar.

 

*Todas las fotos de estos textos corresponden a Zhang Jingna.

17/10/2011 00:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TODOS LOS BESOS DEL MUNDO

[Luis Alegre era uno de los grandes amigos de Félix. Lo sentía como un hermano, como recuerda aquí. Este texto se publicaba hoy en ‘Hoy Domingo’ que coordina Picos Laguna... Luis cierra su artículo como solía cerrar sus emails Félix: "Todos los besos del mundo".]

 

 

FÉLIX ROMEO

 

Por Luis ALEGRE

 

Este artículo busca, sobre todo, a dos lectores, Carmen Pescador y Félix Romeo, los padres de Félix. El domingo pasado, cuando nos acompañábamos al lado de su hijo, nos dijimos algunas cosas. Pero no todas.

 

En el momento más insoportable de su vida lo que más les reconfortaba a Carmen y Félix era sentir el impresionante afecto que despertaba su hijo y la coincidencia abrumadora sobre su bondad. “¿A que era muy bueno Félix?” me preguntaba Carmen una y otra vez. El padre de Félix es de Lechago y tiene un huerto en Zaragoza. Encima del ataúd, había colocado dos granadas con este texto pegado: “Tu última petición. `Papá, si ya hay granadas, guárdame alguna´. Aquí las tienes hijo”.

 

Miguel Mena escribió que Félix ha sido uno de los hombres más importantes de su vida. No os podéis dar idea de la cantidad de gente que suscribimos esa frase. Félix supo vivir con cada uno de sus seres queridos su propia historia de amor. Félix no tuvo hijos pero veía en cada uno de nosotros a un hijo al que arropar, alentar, mimar. Yo no aspiro a competir con vuestro amor por Félix. Pero siempre he pensado que a un hijo se le quiere más que se le conoce. Yo conocí a un Félix y vosotros a otro. Félix era inabarcable y todos tenemos dentro a un Félix único. Estas palabras que ahora lanzo evocan al Félix que yo conocí, a mi Félix.

 

Cuando a la vida le da por comportarse como un monstruo salvaje, cuando se le va la mano de esta forma, nos cuesta Dios y ayuda mantenerle el respeto. Pero Félix amaba la vida de una manera inolvidable. Y detestaba la tristeza. La noche del domingo unos 30 amigos de Félix nos reunimos en Casa Hermógenes para tratar desesperadamente de espantar la tristeza. Nos empeñamos en reconstruir nuestra relación con él y en recrear algunos momentos delirantes.

 

Félix entró en mi vida al tiempo que lo hacía en El Ángel Azul, el café al que una bendita noche me llevó José Luis Melero. Fue en las Navidades del 85. Félix tenía 17 años y una estupenda pinta de poeta maldito. Félix nunca pasaba inadvertido. Vicente Martínez Tejero lo había descubierto para nosotros. Una mañana dio una charla literaria en barrio de las Fuentes y reparó enseguida en aquel rubio adolescente que hacía preguntas y observaciones alucinantes. Vicente barruntó que a sus amigos de la tertulia de El Ángel Azul les iba a gustar ese chico. No se equivocó.

 

Una de las primeras cosas que Félix me dijo fue que su padre y su tío Marcelo eran de Lechago, mi pueblo. Años más tarde, cuando arreciaban las amenazas de que un pantano inundara Lechago, Félix improvisó una de esas ideas que solo se le ocurrían a él: crear la “Biblioteca sumergida de Lechago”, formada por los libros que arrojáramos al pantano. Si un día Lechago tiene algo parecido a una biblioteca sería muy bonito que llevara su nombre.

 

La primera vez que estuve en su casa de Las Fuentes era domingo. Félix me invitó a comer con vosotros. Me hizo gracia, aunque no me sorprendió, la ingente cantidad de libros que había por todo el piso. El otro día tú, papá de Félix, me contaste aquel día que llamó a la puerta una vendedora de libros. Le invitaste a entrar para que viera el aspecto del pasillo y de las habitaciones. Entonces, la chica, estupefacta, se sentó y te dijo: “¿Me puede dar un vaso de agua?”. También me recordaste la pregunta que le hiciste a Félix cuando fuiste a verle a su piso de Madrid y comprobaste cómo los libros y cedés inundaban todos los lugares: “¿Pero tú dónde duermes hijo mío?”.

 

Félix era acomplejante. Calculo que leía, escribía y pensaba siete veces más rápido que yo. Y no soy idiota del todo. A Félix le encantaba estirar el tiempo y las madrugadas. Nunca veía el momento de despedirse. A menudo me faltaba fuelle para seguirle el ritmo. A Félix le cundía tanto la vida que esos 43 años que tenía es una cifra muy engañosa, un espejismo.

 

Muchas tardes de domingo de los 80 Félix se las pasaba tumbado en el sofá de mi casa. Mis padres y mis hermanos sentían que Félix era de la familia. Mi padre Alberto decía “qué espabilao es Félix”. Nos poníamos la radio para escuchar cómo iba el Zaragoza o veíamos películas. Una de esas tardes de domingo nos dedicamos a leernos el uno al otro trozos de “El Gran Gastby”, tal vez porque ese fin de semana el Zaragoza había jugado en sábado.

 

Un día fui con Miguel Mena a buscar a Félix a su casa de Las Fuentes para llevarlo a la cárcel de Torrero, donde cumplió condena por insumisión, qué absurdo me parece ahora todo. Félix nos había ordenado que de ninguna manera fuera nadie a la puerta de la cárcel pero, cuando llegamos, allí estaba Emilio Lacambra para darle un abrazo. Le regalé un pequeño transistor, para que pudiera escuchar los partidos del Zaragoza.

 

Félix se mosqueaba conmigo por tontadas muy concretas. Por ejemplo, no llevaba nada bien que no le llamara cuando con Ignacio Martínez de Pisón, Ismael Grasa, Antón Castro, Mariano Gistaín, Cuchi, Plácido Díez, Pepe Melero, sus hijos y mis sobrinos íbamos a jugar al balón. “¡¡¡Pero por qué nadie me ha avisado¡¡¡¡”, gritaba. Félix tenía detalles de cariño que te dejaban seco. Su frase favorita, cuando me dedicaba un libro o cuando se despedía en una carta, era: “Todos los besos del mundo”.

 

A Félix le volvían loco muchas cosas. Una de ellas era descubrirte escritores. Uno de los últimos escritores sobre los que, ya hace unos años, me llamó la atención fue Sergio del Molino. Me acuerdo de Sergio porque era su compañero de página en este suplemento y, también, porque Sergio comparte con vosotros el endiablado dolor de haber perdido un hijo.

 

Reír también le volvía loco. Tenía una carcajada imbatible. Sus risas en el salón Labordeta de Casa Emilio es uno de los grandes sonidos de nuestra vida. Un día, hacia 1990, Félix entró a trabajar en la Gran Enciclopedia de España que dirigía José Ramón Marcuello. Pero cuando se sentó, la silla cedió y Félix acabó en el suelo. Se fue y no volvió más. Félix se deshuevaba cuando recordaba aquel episodio.

 

Félix era un volcán. Magnético, poderoso, impactante. Uno de esos tipos que hacía que se giraran todas las miradas. Ha sido muy emocionante recibir estos días decenas de llamadas y mensajes de amigos míos que lo conocieron y que, aunque solo lo vieran un par de veces, se habían quedado con él. Tal vez os guste saber que personas a las que podéis reconocer como Maribel Verdú, Antonio Resines, Ana Belén, Eduardo Noriega, Ana Álvarez, María Barranco, Gustavo Salmerón, Juan Cruz, Luis Merlo, César Láinez, Javier Gurruchaga, Víctor Muñoz, Julio Llamazares, Leonor Watling, Irene Visedo, Mara Torres, Gracia Querejeta, Montserrat Domínguez, Concha García Campoy, Carlos Marañón, Petón, Tina Sáinz, Carlos Boyero, Luisa Gavasa, Santiago Segura o Pep Guardiola, entre otros muchos, han sentido el impulso de darme un poco de calor. Y no he nombrado a sus grandes amigos. Más bien a gente impactada. María Dolores Pradera me dejó un mensaje estremecedor en el que, con la voz quebrada, lamentaba que se nos hubiera ido alguien tan bueno.

 

Claro que Félix era bueno y claro que le queríamos con locura. ¿Cómo no querer a alguien que no solo deseaba nuestra felicidad sino que hacía todo lo posible para provocarla? Siempre voy a celebrar mi suerte de haberlo disfrutado tanto. Al comenzar este texto pensaba contarles muchas cosas de Félix. Pero ahora me doy cuenta de que no me ha cabido casi nada. Sí va a caber algo: Félix os veneraba. Lo sabéis muy bien pero me apetece deciros que nosotros también lo sabemos. Contad con mi cariño y mi gratitud eternos por querer tan bien a vuestro hijo. Para vosotros, para Pedro y Ana, para vuestros nietos y para Lina, todos los besos del mundo.

 *Esta foto es de Ouka Leele y apareció en 'La revista del Mundo' y luego en el volumen 'La doble mirada' (Espasa Calpe, 1996).

 

 

16/10/2011 20:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS ROSTROS DE FÉLIX ROMEO

Con Soledad Puértolas recibiendo el Premio Ondas.

En la cárcel de Torrero, retratado por Cristina Grande,
su compañera durante 16 años.

En la cárcel de Torrero, durante el rodaje de la película
de Fernando Trueba. Foto de Julio Foster.

Como director de 'La Mandrágora'.

En la presentación de 'Cuentos a patadas' con
Antón  Castro y Eduardo Bandrés. En 2007.

Con su admirado Mario Vargas Llosa en Segovia:
lo sorprende con un regalo inesperado.

Félix con su característica chupa de cuero.

Con la siempre hermosa Emma Suárez.

Con Javier Tomeo en el Círculo de Bellas Artes: fue su amigo, su lector, su divulgador y algo así como un hijo-padre de Tomeo.

Félix opta por las camisas. Foto de Aloma Rodríguez.

Félix o la fábrica de ideas.

Felix con Lina, en el verano de 2009. Cerca de la piscina, observados
por la luna y muy cerca de los olivos.

 

[Este jueves, en el suplemento ‘Artes & Letras’ de ‘Heraldo de Aragón’, donde Félix Romeo colaboró en su segunda época desde el primer día, y llevamos 351 números, el escritor y periodista Julio José Ordovás publicaba este artículo sobre el autor de ‘Dibujos animados’ o ‘Amarillo’. Los rostros de arriba explican o sugieren algunas de las notas del texto.]

 

 

EL HOMBRE DE NEGRO

 

Por Julio José ORDOVÁS

 

   En la cubierta de “Héroes” Ray Loriga no parecía un escritor, o mejor dicho, parecía cualquier cosa menos un escritor español. Félix Romeo, que también publicó “Dibujos animados” en Plaza y Janés, después de agotar la edición de Mira, tampoco parecía entonces, a sus veintipocos años, un escritor español. Los dos tenían pose y actitud de rockeros, y tatuajes y chicas rubias, y en sus novelas la electricidad callejera del rock fluía de manera natural.

   Ray Loriga y Félix Romeo fueron los primeros escritores españoles en vestir, en actuar y quizá también en escribir como rockeros. Eran chicos de barrio que se habían criado en los salones recreativos y que escogieron la literatura como segunda opción, después de fracasar en los locales de ensayo.

   El pelo largo, la barba rala y pajiza, la boina que ocultaba la calva prematura… Félix iba de negro porque el negro adelgaza y porque el uniforme del rock no tiene otro color. De la parcela de la calle Rusiñol a la calle Borrell de Barcelona, y de allí a la Colina de los Chopos. Es un buen salto. De los solares del barrio de Las Fuentes, sembrados de jeringuillas y navajas, a la confitería arquitectónica del barrio de Salamanca, pasando por la Barcelona que aguardaba con la boca abierta la llegada de la llama olímpica, con parada y fonda en la cárcel de Torrero. Comparar las entrevistas de “A Fondo” con las entrevistas de “La Mandrágora”,  y el cuello duro de las camisas de Joaquín Soler Serrano con la chupa de cuero de Félix, es una buena manera de visualizar la zancada de gigante que había dado España hacia el futuro, hacia Europa, hacia la normalización democrática. Y ese paso lo encarnaba, en la televisión de todos, un joven insolentemente joven, provocadoramente sabio, rabiosamente libre. Un ogro bueno con sonrisa de niño malo que mezclaba en su mochila las primeras ediciones de las novelas de Sender con las canciones de “Los Planetas” y con las viñetas de “El Víbora”.

   Como si hubiera querido acabar de golpe con el aura de poeta maldito y ese aire existencialista que, inevitablemente, le daban el pelo largo y la boina, Félix se rapó la cabeza y se dejó crecer una barba herrumbrosa, feroz. En la foto que Cristina Grande le hizo para la solapa de “Discothèque”, Félix ya no parecía un cantante de rock. Parecía otra cosa, peor todavía: un convicto o un exconvicto o un ángel del infierno o un matón del Este o un traficante de armas o un cazador de ballenas o un pirata resacoso. Jugaba a los disfraces y se había disfrazado de todo eso y también de camionero con ganas de matar a cualquiera después de haber perdido las llaves de su camión en una partida de póker. Un disfraz muy apropiado para el autor de esa novela salvajemente paródica y pornográficamente aragonesa (solo a él se le podía ocurrir la idea de crear un personaje que llevara a la pantalla una adaptación sexual de “El comulgatorio” de Baltasar Gracián).

   En 2004, Félix se fue a pasar una temporada a Aberdeen, donde disfrutó de una beca, y de allí volvió sin rastro de barba y con unas rubicundas patillas de hacha. Para pasar por escocés no necesitaba una falda de cuadros. Al quitarse la barba descubrió sus cicatrices y así, mostrando las señales que le había dejado en la cara y en el corazón uno de los golpes más terribles que le había dado la vida, fue como escribió “Amarillo”, que es una variación trágica de la historia de Los Tres Mosqueteros.

   Lina Vila desenlutó la imagen de Félix, iluminó su rostro, dulcificó sus gestos. No lo domó, porque era indomable. Félix, que adoptaba a menudo un talante paternal, actuaba sin embargo como un niño, incapaz de contener sus emociones y por supuesto de callar sus opiniones, y Lina, sin ejercer de madre, sabía calmarlo.

   Los ojos de Félix jamás se estaban quietos, podía estar mirando mil cosas a la vez, no había un detalle en el que no reparara, nada que no le produjera asombro. La ironía brillaba continuamente en ellos, pero estaban limpios de malicia. Su mirada era como un taladro y no se desprendía de ti hasta que obtenía una respuesta.

   Tampoco sus manos se estaban quietas. Necesitaban tocarlo todo, acariciarlo todo, rasgarlo todo. En la manera con la que daba y apretaba la mano al saludar, demostraba que seguía siendo un chaval de Las Fuentes, que no había olvidado las consignas de la calle, donde los apretones de manos equivalen a pactos de sangre, y te transmitía la seguridad de que podías confiar en él.

   Félix llevaba libros hasta en los bolsillos del pantalón. Cuando salía de Antígona, siempre con dos bolsas cargadas, sonreía como si hubiera desvalijado un banco y a la vuelta de la esquina le esperara un coche con el motor el marcha y un billete de avión con destino a una ciudad en la que siempre fuera verano y los museos, los cines, las librerías, los bares y los restaurantes nunca cerraran sus puertas. Así quiero recordarlo, como un papanoel sin gorro, sin barba y vestido de negro, con millones de libros y de sonrisas para todo el mundo.

  

UN MUNDO SIN FÉLIX ROMEO

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[El escritor Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) publica hoy en elmundo.es, en la sección de opinión, este artículo donde recuerda a Félix Romeo. La foto es de Ouka Leele, una foto pintada que hizo para el libro 'La doble mirada', que firmó con Concha García Campoy.]

 

 

UN MUNDO SIN FÉLIX

Por Daniel GASCÓN* 

Las reacciones al fallecimiento de Félix Romeo (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) demuestran que era un personaje excepcional de la cultura española. Músicos, cineastas, escritores, editores, artistas y la ministra de Cultura han mostrado su pesar por la pérdida de una figura irrepetible y generosa. Es asombroso y emocionante ver cuánta gente tenía una relación especial con Félix Romeo. En un episodio de autismo desalmado, las instituciones aragonesas no enviaron ningún representante al funeral.

Félix Romeo publicó tres libros en vida. 'Dibujos animados' (1994) era una novela fragmentaria y perequiana que retrataba su infancia en el barrio zaragozano de las Fuentes, y que desplegaba una poética poderosa y una forma especial de mirar la niñez. 'Discothèque' (2001) era un relato polifónico que mezclaba la experiencia en la cárcel del autor –condenado por un delito de insumisión- con las alusiones literarias y un humor salvaje, y donde cabían tanto el imaginario del cine y la literatura norteamericana como el iluminado Miguel de Molinos y el futbolista del Real Zaragoza Nayim. 'Amarillo' (2008) era un mensaje a Chusé Izuel, el gran amigo que se había suicidado en Barcelona en 1992, y también el testimonio estremecedor de las heridas y la culpa que habían dejado su acción.

Poco antes de morir de forma totalmente inesperada a causa de un fallo cardiaco, Félix Romeo había entregado a su agente un nuevo libro –'Noche de los enamorados'-, una reflexión sobre el crimen, la justicia y la libertad donde investigaba el caso de su compañero de celda en la prisión de Torrero. Además, escribió miles de artículos, impartió centenares de conferencias, colaboraba en la radio, tradujo del italiano y del portugués, y estuvo durante cinco años al frente del programa 'La Mandrágora' en Televisión Española.

Publicaba reseñas desde adolescente y su trabajo como crítico literario en los últimos años, tanto en Heraldo de Aragón como en ABC, lo convirtió en uno de los mejores reseñistas de nuestra lengua: valiente, lúcido y honesto, ha cubierto como nadie la actualidad literaria y sus análisis aunaban un vastísimo conocimiento con una idea estética –la literatura como parte de la vida- y una concepción moral sobre los libros y el mundo. Esa idea moral estaba en todos sus textos, pero la expuso con especial claridad en sus colaboraciones para Letras Libres: una defensa cerrada de la libertad y la democracia, de la responsabilidad individual, y una intolerancia hacia quienes justifican la opresión con la coartada de la diferencia cultural.

Es una obra muy importante, pero la influencia de Félix Romeo no termina ahí. Si digo que era un superdotado, puede parecer una exageración, pero a quienes lo conocían les parecerá una obviedad o un 'understatement'. Era el gran curioso: uno no solo tenía la sensación de que había leído a casi cualquier autor que saliera en la conversación o de que conocía todas las revistas, sino que también le apasionaban el arte, la televisión, los tebeos, el pop, los programas de cocina, el fútbol o el urbanismo. Era un polemista nato y en muchos campos competía en erudición con los expertos. Tenía razón muchas veces, pero, incluso cuando no la tenía, su punto de vista era interesante: siempre te hacía pensar.

Es imposible sobrevalorar la influencia de Félix en la vida literaria zaragozana. Su presencia y sus consejos fueron determinantes en la editorial Xordica, en los suplementos literarios, en la obra de Ismael Grasa, Ignacio Martínez de Pisón, Eva Puyó, Cristina Grande, Octavio Gómez Milián, Aloma Rodríguez, Miguel Mena, Antón Castro, Rodolfo Notivol, José Antonio Labordeta y muchísimos más. Les sugirió títulos, leyó sus originales, les recomendó decenas de libros con una pasión contagiosa, y les convenció de que lo que ellos escribían era algo valioso y necesario.

Esa invasión generosa de Félix Romeo no se limitó a una ciudad, una estética, una generación, una editorial o una disciplina: su influencia está detrás de cuadros de su novia, Lina Vila, del cine de Jonás Trueba, de muchos proyectos editoriales y de muchas amistades. Sería imposible enumerar la cantidad de ideas regaladas, o el número de receptores. Yo sería otra persona si no me hubiera cruzado con él. Y nunca he escrito una línea, ni me he enfrentado a un tema, sin preguntarme qué opinaría Félix.

En una entrevista con dos de sus grandes amigos, Jonás Trueba y Lara López, Félix Romeo decía que detestaba la idea de la inmortalidad. La conciencia de la muerte era lo que hacía que quisiera disfrutar de la vida y del amor al máximo. Para argumentarlo, explicaba la desesperación que siente el protagonista de 'Atrapado en el tiempo' cuando descubre que no puede escapar de ese día. Pero la vida de Félix Romeo se parecía más a otro momento de la película, en el que Bill Murray va salvando a los personajes del pueblo. Félix presentaba a la gente, regalaba chucherías y viajes en la feria a los hijos de sus amigos, nos recordaba las fechas de los cumpleaños de los amigos y nos ayudaba a descubrir qué libro o qué película queríamos hacer. Le gustaba repetir el lema de la revolución francesa, y su vida se puede entender con esas tres palabras: la libertad, la igualdad (que le hacía combatir la discriminación de la mujer, desdeñar los argumentos de autoridad, y también tener una conexión especial con los niños, a quienes hablaba en su mismo idioma) y la fraternidad (con su vida, fabricó una gran familia; con su muerte, muchos hemos perdido a un hermano mayor).

A veces, en la cultura tienen prestigio la oscuridad y la originalidad aparente. Félix Romeo, un hombre rabiosamente único, reivindicaba una sencillez esencial: la de ser amigos, de contar chistes y celebrar los libros de los otros, de festejar el cariño y decir te quiero de todas las formas posibles. Era un hombre obsesionado por la felicidad, que siempre intentaba mantener a raya sus impulsos melancólicos. Una de sus grandes lecciones era la conciencia de los privilegios: de la gran suerte que es estar vivo, tener y recibir afecto, vivir en democracia, tomar un helado en el Paseo de la Independencia. Todos sus amigos nos sentimos vacíos y solos, pero somos conscientes del enorme privilegio de haberlo conocido.

*Daniel Gascón. Filólogo y escritor aragonés

FÉLIX ROMEO Y LINA VILA EN LYON

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Hace un par de días, Lina Vila me envió esta preciosa y teatral foto de Félix y ella en Lyon. Sobran las palabras...

FÉLIX Y LINA: DIÁLOGO EN LA PISCINA

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UN INSTANTE DE LUZ Y DE INTIMIDAD, JUNTO A LA PISCINA

Ismael Grasa recordó en la despedida de Félix Romeo que le encantaban las piscinas. En los últimos tiempos, logró hacer una piscina vertical, no muy grande, en el chalé-estudio de Lina Vila. Anoche, hacia la una de la mañana, el fotógrafo José Antonio Melendo me enviaba esta preciosa instantánea. Era un día de agosto de 2009, celebrábamos mi cumpleaños, había mucha gente, muchos amigos, y de repente Josean captó este momento mágico de Félix y Lina solos, asomados a la piscina. Al fondo, se ven los olivos y algunos almendros, y algo más allá están los granados que tanto le gustaban a Félix. Estuvo en casa hace un par de semanas: salió al jardín, vio algunas granadas, las cogió y le dijo a Carmen que las metiera en la ensalada.

12/10/2011 10:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX ROMEO, POR JOSÉ CARLOS LLOP

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[Conocí hace un par de años a José Carlos Llop en Dublín en un viaje al Instituto Cervantes. Iban muchos amigos: Pedro Sorela, Marifé Santiago, Félix Romeo, Ana María Matute, y también José Carlos Llop y su esposa Helena. Y mi mujer Carmen Gascón, médico, que atendía a Ana María Matute con consejos y alguna medicina. He leído unos cuantos libros de José Carlos, sus diarios, sus poemas, sus novelas, sus libros de viajes. Es de esos amigos a los que no ves y que están algo lejos de casa pero vives con ellos en un temporal de complicidades; José Carlos Llop es gran amigo de Fernando Sanmartín desde hace años. José Carlos le dedica hoy, en el Diario de Mallorca, este estupendo artículo a Félix Romeo: http://www.diariodemallorca.es/.]

 

 

FÉLIX ROMEO, IN MEMORIAM

                                                                                               

José Carlos Llop

 

El viernes, 7, después de comer, me llamó Llucia Ramis para comunicarme que Félix Romeo acababa de morir. No hacía ni diez días que Félix me había escrito uno de esos largos e-mails suyos en los que utilizaba la cesura del verso para cortar la prosa como quien traza un caligrama. Félix Romeo era de los que siempre te escribía cuando aparecía un nuevo libro, sin necesidad de que se lo hubieras mandado: lo compraba, lo leía y te escribía anunciándote además otra carta más extensa que a veces llegaba y otras no. Esta vez –como se dice en la calle– va a ser que no, pero el primer síntoma de que tu libro había sido distribuido en España era la feliz noticia de Félix y su lectura. Lo leía todo y antes que nadie: era un hombre de librerías –de patear ciudades y recalar en sus librerías como en un oasis en el que entraba libreta y bolígrafo en mano para anotar lo que veía– y era un hombre de amigos. De muchos amigos y sin interés ni estrategias de por medio. Él era él y funcionaba de esta manera, generoso y a lo grande, como su físico, que tanto llenaba y aún así no llenaba el vacío que nos deja.

Lo conocí en Madrid, cuando él acababa de salir de la cárcel y las casetas librescas de la Cuesta de Moyano eran su metáfora cotidiana del paraíso. A Félix Romeo lo encerraron por negarse a hacer el servicio militar y resistirse de forma pública a cumplir el entonces llamado servicio social sustitutorio. Dos años y pico de condena. Pero las generaciones posteriores –los que ya no tuvieron que hacer ese servicio ni la mili (a algunos les habría convenido para ir perdiendo tonterías en los campos de instrucción)– no saben que hace años hubo personas como Félix Romeo. Nada se sabe de lo que hubo hace años, cosas que han permitido que se viviera sin dar valor a lo que sí lo tiene. La libertad de elegir, por ejemplo. 

Me lo presentó Enrique Vila-Matas el día antes de presentar mi novela ’La cámara de ámbar’. Han pasado quince años de aquello,  como quien se fuma un puro. Félix Romeo llevaba entonces la cabeza cubierta por una boina y ya dirigía, creo, ’La Mandrágora’, un programa cultural de la 2. Aquella noche, después de la presentación de la novela en el Círculo de Bellas Artes, Félix Romeo se vino a cenar con nosotros: Mario y Nicole Muchnik, Villena, Enrique, los Barnatán... Guardo una oscura fotografía de la cena –hecha con kodak de usar y tirar–, con Enrique y Félix flanqueando a Helena en una larga mesa del Hispano. Luego los cuatro continuamos la tertulia en la Residencia de Estudiantes hasta entrada la madrugada.

En estos años nos hemos visto aquí y allá –Madrid o Barcelona, pero no, pena, en Zaragoza, donde nunca he estado y él era uno de los caids culturales de una ciudad de buenos escritores y críticos: de Ignacio Martínez de Pisón a Julio José Ordovás y no cito más porque son, repito, muchos. La última vez fue en Dublín, hace dos años. Venía de Zaragoza con su amigo Antón Castro –uno de los buenos zaragozanos no citados más arriba– y sólo bajar del avión empezó su periplo dublinense que ríanse ustedes de Leopold Bloom. Durante cuatro días no dejó un solo centímetro del viejo Dublín sin patear. Con escala obligada en toda librería o museo que hallara a su paso y que luego –a la hora de las comidas o las cenas– te detallaba ’in extenso’ aconsejándote –o no– la visita a tal exposición, o ese otro pub o parque. Yo, a mi vez, le ofrecí una visita al Museo Nacional de Arte Moderno de Irlanda, que entonces dirigía mi amigo el poeta Enrique Juncosa. Pero llegó tarde –cerraban– y sólo pudo ver un par de salas. Después nos fuimos con Juncosa a un pub cercano, solitario y de luz mortecina, donde hablamos de España y alguien dijo que parecíamos sombras, exiliados de un país convulso. Y la verdad es que, de haber oído un extraño nuestra conversación, no sólo se lo hubiéramos parecido.

A la mañana siguiente nos encontramos en una librería donde yo había ido a comprar dos poemarios, uno de Derek Mahon y otro de Don Paterson, y fue allí donde comentamos algo que a veces he escrito aquí mismo: que la cultura libresca anglosajona, pese a poseer la mejor literatura propia –la más completa, extensa y variada– era una cultura  provinciana. Me explicaré. Así como las librerías francesas son europeas y asiáticas y americanas y por supuesto francesas, las anglosajonas miran a la vieja Commonwealth y en inglés. Apenas si les interesa la literatura de otros países ajenos y eso se nota una barbaridad en sus estantes. Mientras tanto, Félix se sentaba en una butaca y apuntaba observando aquí y allá. Me pidió sobre poesía y le hablé de Mahon. Luego, él hacía unas crónicas de esas visitas en el ABC cultural y en ellas aparecían a menudo sus viajes a Toulouse y su alegría ante los nuevos álbumes de cómic, tan considerados, también, en toda Francia. (La última vez que estuve en París busqué sin parar y por su culpa ’Rebetiko’, la historia de un músico griego en los cabarets de los 30 y 40).

De aquellos días dublineses guardo otra fotografía de Félix comiendo junto a Ana María Matute, a la que atendía de tal manera que parecía que Matute no había cumplido los 50 y al mismo tiempo con tanta delicadeza como hubiera podido tratar a su abuela. Y todas esas atenciones poseían una naturalidad alejada de cualquier pegajoso exceso. Cosas de literatos, dirá alguien y no: eran cosas de Félix Romeo, que ya no está. Siendo el estupendo  libro que es ’Amarillo’, y el impacto que supuso ’Dibujos Animados’ –el primero en marcar según qué territorios–, quien lo conoció sabe que él era mucho más que todo eso. No es cierto que sus libros nos amortiguarán el vacío inmenso que deja. Nos ayudarán a recordarlo, sí, pero aumentarán la añoranza. Como esa foto irlandesa que nunca hubiera imaginado, al hacerla,  que llegaría a mirar como miro ahora. Como la miraré a partir de ahora. Tenía 43 años y mucho trecho por delante para hacernos más feliz la vida de lo que es en sí sin personas como él.    

POEMAS DE FERNANDO AÍNSA

 

De Bodas de oro, (Cáceres, AbeZetario, 2011)

Por FERNANDO AÍNSA

 

[Esta mañana, en la plaza de San Francisco, me encontré con Fernando Aínsa. Volvía de correos con su nuevo libro entre los sobres: 'Bodas de oro'. Le pedí que me enviase algunos poemas y aquí están algunos textos del libro.]

BUENAS NOCHES

¡Buenas noches, tú!

Si, es hora de dormir (Erik Knudsen)

 

Es más tarde de lo que crees.

 

Me dices “Buenas noches, tú!

Sí, es hora de dormir”

y soñar con el país hundido en aquella visión lejana.

 

Lo sabemos:

cada día menos posibilidades,

menos aplazamientos,

algún resto de promesa,

astillas de aquellas ilusiones.

 

Por eso no puedo dormir.

 

OLISQUEANDO

Yo sé que cuando no estoy a tu lado

hueles la almohada

donde descansan mis recuerdos

y resucitan sueños olvidados.

 

Mohín del rechazo con que los interpretas

creo respirar luego al recuperarlos.

 

Así,

como los perros,

olisqueando,

nos reconocemos

en la distancia que compartimos

noche a noche.

SOBREVIVIR AL OTRO

¿Dónde he leído

No quisiera despertar suavemente la viuda que llevas dentro”?

 

Si me despierto en la noche

soñando lo indebido

espío tu respiración

escudriño como oscila tu pecho en la sombra.

Entonces me quedo más tranquilo

Puedo reanudar mi pesadilla.

 

Si no sintiera tu palpitar

estaría tentado de acariciar tu mano,

pero temo despertarte

o encontrarla inmóvil y fría.

 

No me gustaría tener que sobrevivir con tu recuerdo

No quiero asistir a tu incineración

No quiero recibir un frasco con tus cenizas

Sospecho que tú tampoco.

 

AQUEL A LO MEJOR UN DÍA

A lo mejor un día intentaré vivir tu vida

cuando tú ya no puedas hacerlo.

 

Abriré los libros que dejaste en lectura interrumpida

me disfrazaré con tu ropa y pintaré mis labios ante el espejo

con el carmín con que me sedujiste,

cubriré de falso rubor las mejillas y su aire demacrado

con tus potingues ya rancios,

disimulando ojeras

(si puedo)

para seguir sin ti en el corso de la vida.

 

Hurgaré en los cajones de tu cómoda

(intruso como nunca antes lo fuera)

escarbando en tu pasado

y te soñaré

para intentar

—¡por fin!—

comprender el secreto

¿por qué una noche tiré todo por la borda

para seguir por treinta y tantos años tus pasos?

VELEIDADES CIRCULARES

 

Y, por cierto, ¿cómo es posible que hasta el camino

que más recto se traza

presente con tanta frecuencia veleidades circulares?

 Lasse Söderberg,

Preguntas sobre la historia

 

 

En lo que podría ser

ahora

la recta final de nuestra vida,

simplificado el trazo,

conocido el próximo destino,

hemos balizado veleidades circulares,

el gusto de la espiral,

intentar volver al principio,

rizar el rizo,

esquivar el bulto de la sombra que espera

tan cerca de la meta.

 

AQUELLA NOVIA

¿Dónde está ahora la novia?

¿Por qué se fue al futuro?

Podía haberse quedado

en aquel mes de mayo

cuando cantaba la alegría

en un camping del Pirineo.

 

Se fue a buscar lo que llaman memoria

—desorden y azar del recuerdo—

en el talego de todo lo que entonces era.

 

¿Dónde están ahora aquellos días del futuro?

¿Adónde se fue la novia con su liviano equipaje?

¿Por qué vivimos ahora tan solo del pasado?

 

POST TENEBRAS LUX”

ese resto de hotel en tu sonrisa

Erik Knudsen

 

De Ginebra tengo el vértigo de ese cuarto del hotel descalabrado.

Fue una noche de hace muchos años.

Desde el ángulo de la cama revuelta

sentada en la penumbra con las piernas abiertas

me invitas en silencio a perderme en la parte más sombría de tu cuerpo.

 

Un mareo,

una foto sin negativo para el recuerdo,

eso me queda,

un modo de compensar el escalofrío de haber mirado aquella tarde

en el parque de los Bastiones

los ojos de mármol de Calvino.

 

10/10/2011 22:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISMAEL GRASA: HASTA LUEGO, FÉLIX

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EL HOMBRE QUE AMABA LA VIDA

 

Ismael Grasa.

*Texto de despedida leído en el funeral en Torrero del escritor Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrd, 2011)

 

 

Félix amó la vida y escribió sobre el amor a la vida. Félix decía que no le gustaba el otoño, y se ha ido cuando empezaba este nuevo otoño. Una de las cosas que más le gustaban eran las piscinas (hemos pasado muchas horas, con él y con Daniel Gascón, de charla dentro de alguna piscina de barrio; igual que existe la palabra “peripatéticos”, debería existir otra para la escuela de Félix Romeo, ese hablar de libros y del mundo en las piscinas). Disfrutó este último verano de una pequeña piscina, una piscina vertical, que construyó en un rincón de la finca que compartía con Lina. Cuando me bañé ahí con él dijo que esa piscina era una metáfora de lo que había querido ser su vida hasta entonces, porque era un lugar de placer levantado sobre una ’femera’, el rincón que servía de estercolero.

 

Sois una legión los que podríais estar hablando hoy aquí de él. He recogido algunas frases que habéis publicado algunos de vosotros estos días en la prensa:

 

El mejor amigo, el mejor polemista, el mejor lector, el mejor de todos”. (José Luis Melero) (Polemista, sí. Félix no era de los que daban la razón por darla, como sabéis bien. Esto le hacía a veces ser alguien explosivo. Quizá no siempre tenía la razón, pero al final, y es lo que importa, tenía razón en su actitud de que nada, nada, le resultase indiferente.)

 

Félix era de mi generación, y en cada generación tiene que haber una persona que tienda el puente con las generaciones anteriores. Félix era esa persona. (Ángeles González Sinde) (Es verdad: Félix y su literatura son muy generacionales, pero a la vez enlazó con las generaciones anteriores, tanto en la Residencia de Estudiantes de Madrid como en Zaragoza. Era amigo de José Antonio Labordeta como lo era de Aloma Rodríguez, en cuya casa murió. Y enlazaba en su actitud de activismo creativo con Miguel Labordeta, y Julio Antonio Gómez, y Sergio Algora. Aloma, por cierto, la última en hablar con Félix, quería que se supiese hoy que él le dijo que se sentía un hombre afortunado. Le dijo que sentía que la vida le había tratado bien, que le había dado oportunidades, y que ella debía aprovecharlas también cuando se le presentasen).

 

Solía decir que era un hombre con suerte y que a él, en el fondo, todo le venía rodado. Exageraba: era un trabajador incansable y desvelado” (Antón Castro) (Cierto. Un trabajador incansable, como Antón, sabe reconocer a otro trabajador, Félix, aunque a veces lograse hacer parecer que hacía otra cosa que trabajar)

Se instaló en mi vida como una presencia imprescindible y me aportó tanto, tanto, tanto, que yo hubiera sido otra persona, más reducida y más limitada, sin él. Qué suerte tuve. (Miguel Mena) (Mi compañera Eva me dijo ayer: “Félix nos ha dado la vuelta como a un calcetín”)

 

Félix era una fábrica de ideas que desparramaba por aquí y por allá (…). Empleó buena parte de su tiempo y de su talento en mejorar el tiempo y el talento de los seres que apreciaba. Tenía un radar para detectar gente que merecía la pena y lo que merecía la pena de la gente” (Luis Alegre)

 

Podría seguir con declaraciones de sus amigos de Madrid y de México, de David Trueba, de Lara López, de Antonio Pérez…O las palabras expresadas por Bizén, que ha acompañado a los padres de Félix. Los que tenéis hijos habéis contado estos días episodios de la extrema generosidad que tenía Félix con los niños. ¡Esas mis pesetas de las de antes gastadas de una vez en cromos del Real Zaragoza para el joven aficionado Jorge Melero!

Sé perfectamente que Félix era un hombre de facultades prodigiosas y que deja una oquedad inmensa en el mundo intelectual, algo tan importante. Pero ahora lo que me gustaría es seguir tomándose palmeras de chocolate con Félix por la calle. Seguro que muchos de vosotros sentís algo parecido.

 

Acabo con las últimas palabras que escribió Félix, hablando de Goya, en su último artículo para el suplemento ’Artes & Letras’ de HERALDO. Creo que lo retratan bien: “Es fantástico que a menos de un kilómetro de mi casa, en el Museo Camón Aznar, pueda ver esos monstruos y sentirme cerca de ese Goya que defendió la libertad individual hasta su muerte”.

 

Adiós, amigo.

 

*Retrato de Félix de Josema Carrasco.

 

10/10/2011 22:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA PARA FÉLIX ROMEO

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[Félix Romeo tenía muchos sueños. Muchos anhelos. Su cabeza era una fábrica incesante de ideas y de sensaciones. Durante mucho tiempo quiso alquilar un local y crear un cine en versión original; quizá tuviera también una sala de exposiciones. Recuerdo que en Barcelona le dije a Miguel Marcos si podríamos disponer de ese espacio. No se adaptaba del todo a lo que soñaba Félix. En las comidas de los martes y miércoles en el restaurante Bílbilis, con mis hijos Aloma y Daniel (Félix falleció en la casa de Aloma), hablaba mucho de una sala de cine en versión original. Preguntaba: “¿Qué habrá sido de los Buñuel? Podríamos hacer ahí muchas cosas: cine, exposiciones, conciertos, tertulias”. Un día, pensando en él y en Lina Vila, su compañera, escribí este texto que leí este mismo año en las Jornadas de Cine de La Almunia con el grupo de lectura y la Asociación Laudística de Valdejalón. Esta foto es del Colectivo Anguila: Pedro Hernández e Iván Moreno.]

  

VERSIÓN ORIGINAL

A Lina Vila y Félix Romeo

Tengo un sueño:

quiero montar un cine de versión original.

Un cine donde se escuchen todos

los idiomas del planeta.

Un cine para soñar

con todos los soñadores de la tierra.

Así lo veo: tapizado de rojo,

íntimo como la oscuridad,

con una indeleble mancha de luz al fondo.

 

Quiero montar un cine en versión original.

Me imagino los carteles, las películas,

los programas de mano

con su vocabulario de letras y espectros.

Imagino el público que llega

a las tres o cuatro sesiones.

La pantalla será como un oratorio pagano,

o un río de vida,

o un torbellino incesante de besos y de imágenes.

Lo estoy viendo:

cómo se besa en chino, en polaco, en francés,

cómo se cuentan los cuentos y las pesadillas.

¿Quién huye por el bosque

tras un crimen inesperado

y sale a la playa de los últimos naufragios?

Estoy oyendo las voces,

las palabras con su extraña música universal,

todas las melodías del alma.

Cuando llegue el fin de la noche,

allí estaremos tú y yo, a solas en la sala.

Tendidos sobre las butacas,

sobre el rojo oscuro de la satisfacción

y la soledad más deseada,

volveremos a poner la película.

En ese momento, vueltos desenfreno y ternura,

entretejidos en un plenilunio de sombras,

seremos los protagonistas principales.

Antes de volverme loco de amor

o de irme de esta ciudad para siempre,

quiero regalarte un cine de versión original.

Será la mejor forma de decirte “te quiero”

todos los días en cualquier lengua de la tierra.

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO

Por  Joaquín BERGES

Ahora que se ha ido inesperadamente recuerdo la primera y la última vez que hablé con Félix Romeo. Es curioso cómo funciona la memoria, perezosa muchas veces para dar con una condenada palabra (frecuentemente un nombre propio) y lúcida otras veces, como ahora que me entero de la triste noticia y zas: me llegan las dos imágenes a la vez.

 

Yo ya conocía a Félix, pero nunca había hablado con él. La primera vez que lo hice fue tras la presentación en Fnac Plaza de España de mi primera novela. Fue en un bar de la calle Alfonso de Zaragoza, con una copa en la mano. Eres el primer autor aragonés que figura en la Colección Andanzas de Tusquets, me dijo. Juan Cerezo, mi editor, se quedó de piedra. ¿Cómo podía saber alguien algo así? Pero no lo puso en duda porque conocía a Félix mucho mejor que yo y sabía que era una enciclopedia con patas, un ser culto y sensible con un disco duro de muchos teras de capacidad.

 

"Lo sabía todo", me ha dicho Juan hace un rato, cuando nos hemos enterado de su muerte. Sería un buen epitafio para alguien que vivió inmerso en las letras de los libros, huyendo siempre a la vanguardia, en el sentido opuesto a la ignorancia, la vulgaridad y la apatía.

 

La última vez fue que hablé con él fue antes del verano. En realidad no pronunciamos ni una sola palabra, pero nos entendimos. Fue a las tres de la tarde. Yo cruzaba el puente de Santiago con mi barra de pan en la mano en busca del coche. Me marchaba a casa. Él iba en un autobús, leyendo un libro junto a la ventanilla. Cómo no. Levantó la vista de su lectura y me miró. Me reconoció y me hizo ese gesto vago y quizá en otro contexto ambiguo que inequívocamente significaba "buen provecho", tanta era la evidencia que desprendía mi barra de pan con la punta ya mordisqueada.

 

Ése también sería un buen epitafio para alguien que degustó con tanto placer los manjares de la literatura y el arte.

 

No llegué a conocerlo bien, debo confesarlo. Lamentablemente no nos vimos las suficientes veces para que eso fuera posible, pero desde el primer momento me sentí presa de su magnetismo y hoy, ahora, siento la pesadumbre de su ausencia como si alguien le hubiera dado la vuelta al imán y, en vez de atraerme, me alejara en el tiempo y el espacio no sé hacia dónde, quizá huyendo a la vanguardia, en el sentido opuesto a la ignorancia, la vulgaridad y la apatía.

 

*La foto es del blog zaragozame.

ROSA ACQUARONI, EN OLIFANTE

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[Olifante no para. Publica ahora ‘Discordia de los dóciles’ de Rosana Acquaroni, la poeta madrileña, con una solapa de presentación de Amalia Iglesias. Copio aquí, además, algunos poemas que me envía Trinidad Ruiz-Marcellán, así como la foto de Rosa Acquaroni. Las restantes son de Keith Carter, un magnífico fotógrafo que trabaja sobre una idea de la foto vintage y de la foto surrealista.]

 

ROSANA ACQUARONI

Por Amalia IGLESIAS

En el nuevo libro de Rosana Acquaroni, Discordia de los dóciles, no hay héroes ni nombres propios, sólo “rostros de cuyo nombre/ nadie quiere acordarse”. No hay hazañas que narrar, ni victoria, ni homenaje, ni exaltación, y, sin embargo, sus poemas tienen aliento de épica, se conjugan desde el nosotros, arrastran un poso de conciencia colectiva, retratan un mundo en decadencia, dibujan la vergüenza del fracaso social de nuestro tiempo. Muertas las utopías el mundo amanece apático y cansado. Podría decirse que la suya es la épica de los desheredados globales, la épica de los vencidos. A estos poemas se asoman los dóciles, “títeres sin hilos”, los que no tienen voz, los que deambulan por las orillas del mundo, porque todo sentido les ha sido negado; aquellos que ni siquiera buscan porque hace mucho que perdieron la esperanza de encontrar.

  Tras diez años sin publicar, Rosana Acquaroni nos ofrece en su quinta entrega poética un libro bicéfalo, en él que convergen de forma natural dos obsesiones extremas, por un lado la preocupación por el lenguaje, su elaborada visión de la poesía como lugar propicio para la belleza, como ocasión para el hallazgo y el misterio verbal siempre capaz de inaugurar nuevos sentidos. Y, por otro lado, la dimensión ética, inseparable de su modo de aproximarse a la palabra, que crece sujeta a la estética desde la raíz, como esas plantas cuyos troncos se alzan abrazados en trenza.

 

CUATRO POEMAS

 

ANOREXIA

Ella

sueña con despertarse en otro cuerpo,

un cuerpo ingrávido que ruede

                             o se deslice

en el silencio inservible

de las cosas.

 

No se deja tocar.

 

En su única isla

habitan maniquíes

que saquean las despensas vacías

del corazón.

 

Se irrita cuando hay algo

que llevarse a la boca.

Ella sueña senderos voladizos

que hagan caer su sombra

entre la nieve.

 

Su peor pesadilla:

engordar alimañas.

 

 

LA SENDA DEL MALTRATO

 

 

Mansa

disciplinada

 

deja que él

la alimente con su mano.

 

Como al amo que esconde

su señuelo

a veces le suplica.

 

Después

guarda cada pedazo

de corazón dormido

y amordaza su cuerpo.

MARCAS DE LA LOCURA

 

Contemplo a una mujer

sin rostro

ante el espejo.

Parece que regresa de algún mundo.

Lleva el alma vendada

y la boca cosida

con un ancla de labios y tristeza.

Cruza las avenidas,

huye

 tras la añoranza de sus pasos.

No hay camisa de fuerza

 y  sin embargo, arrastra

su cama de cartón descolorido,               

el tetrabrik que calma la miseria.

-Está el mar inclinándose ante mí; no os oigo respirar. Alguien viene a buscarme.

Las voces no responden.

-No torturéis mi alma, pertenece a la nieve.

Tras los muros le aguardan

su lecho inmaculado,

el vasito de plástico con la dosis pautada

y la tiniebla blanca

de un paraíso ausente y sosegado.

 

EL HIJO

 

Qué de cierto se esconde en el estigma

de esa mano que nace y se detiene,

volcando su destierro,

su deriva hacia dónde,

hacía qué rompeolas.

Hijo

grieta en el agua inerte,

tu silencio es quietud ya movediza,

cicatriz que despierta

y desanda la herida.

Hijo

huella creciente,

                  raíz  de un corazón

                                         varado entre la nieve

que rompe su silencio.

Recorrerás el mundo,

saldrás de todo esto.

                   Volverán las canastas

                                                     trampolines de aire

que incitan a los sueños.

Recogerás el mar en tus muñecas.

07/10/2011 10:23 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN 'DESLIZ' EN BICI DE ELÍAS MORO

Recibo esta carta de Elías Moro: “Querido Antón: Hace un tiempo acabé por fin ese libro de ‘deslices’ (para el que ando buscando un título) con el que andaba entre manos.  El caso es que en él hay un relato a ti dedicado (y a Cristina Grande, y a Olga Bernad, y a Fernando Sanmartín y a José Luis Melero, me ha salido algo zaragozano) que es el que te envío. Algo escabroso, quizá, pero ese es el tono del libro”.

 

Etapa reina

Para Antón Castro, poeta y ciclista.

Apenas tres segundos nos separaban en la clasificación.

En las rampas más duras del categoría especial, él demarró creyendo que yo desfallecería.

Respondí al ataque con elegancia y tranquilidad.

Y cuando le iba a pasar y dejarle clavado en la ascensión, se me salió la cadena.

Su cara de culpable lo decía todo cuando se volvió para mirarme.

No le dio mucho tiempo a celebrar el triunfo.

Cuando llegué a la meta sin poder contener la rabia, le enrollé la cadena en el cuello y esprinté con ella todo lo que pude.

 

*Las tres fotos son de Stanko Abadzic.

07/10/2011 09:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CASPE RECUERDA A MIGUEL A. PRÍNCIPE

[En 2011, igual que sucede con Joaquín Costa y Miguel Servet, se cumple una importante efeméride del escritor y periodista Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811-Madrid, 1863), a quien Santiago Aldea y Alberto Serrano dedicaron hace años una monografía. Recibo esta carta y esta nota de Alberto Serrano sobre el autor caspolino, uno de los representantes del Romanticismo en Aragón.]

 

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DE RECONOCIMIENTO Y HOMENAJE A LA FIGURA DE MIGUEL AGUSTÍN  PRÍNCIPE (CASPE, 1811- MADRID, 1863), EN EL AÑO EN QUE SE CUMPLE EL BICENTENARIO DE SU NACIMIENTO.

 

            El 16 de octubre de 1811 nació en Caspe Miguel Agustín Príncipe, celebrado dramaturgo, reconocido fabulista, prolífico poeta y apasionado periodista. Su obra lo ha hecho merecedor de ser considerado como uno de los máximos exponentes del romanticismo literario aragonés. En Zaragoza y en Madrid sus estrenos teatrales fueron recibidos con entusiasmo. La colección de sus fábulas en verso, editada reiteradamente, se difundió por España y Latinoamérica. Sus poemas festivos se recogieron en antologías y se insertaron en manuales escolares. Colaboró en más de cuarenta periódicos, alguno de los cuales dirigió en la capital de la nación.

            Profesor universitario, jurista, melómano, políglota y ensayista, formó parte destacada de la Junta de Teatros del Reino, de la Biblioteca Nacional, del Instituto de España, del Ateneo, del Liceo Artístico y Literario y de la Sociedad Económica de Amigos del País. De talante liberal y progresista, enemigo de todo autoritarismo, combatió las injusticias, apostó por la democracia, y pregonó su aragonesismo desde su apasionamiento por España. "Venciendo a la ignorancia / se vence al despotismo", escribió para impulsar desde su sólida formación humanista la necesidad de fomentar el estudio y el conocimiento. De profunda espiritualidad y convicciones religiosas, no dudó en censurar públicamente cualquier actuación arbitraria de los poderosos. "Bella es la libertad / Santo el progreso", afirmó.

            En el año del bicentenario de su nacimiento, y en puertas de que tal efeméride se cumpla el próximo domingo 16 de octubre, el ayuntamiento de Caspe aprueba en Sesión Plenaria proclamar su reconocimiento y homenaje a la figura, obra y proyección de quien debe considerarse un hijo ilustre de esta Ciudad del Compromiso. Esta Declaración Institucional se materializará a lo largo del Año Príncipe que ahora se inicia con la celebración de un acto académico y popular y con la colocación de una placa conmemorativa en el Teatro Goya, espacio escénico que acogerá el recuerdo perpetuo del caspolino que más ovaciones ha recogido como autor de dramas y comedias.

07/10/2011 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

OFICIOS DE LA LITERATURA

Aviadores, fogoneros, agentes de seguros, carteros, piratas: los mil y un empleos de la literatura

LOS MIL Y UN EMPLEOS DE LA LITERATURA

[Félix Romeo traduce al castellano ‘Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores’ de Daria Galateria]

En las fotos, Jack London, Italo Svevo y Bohumil Hrabal.

 

La escritora y profesora Daria Galateria (Roma, 1950) publicó en 2007 el libro ‘Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores’, que acaba de traducir al castellano el escritor, crítico y colaborador de HERALDO Félix Romeo para el sello Impedimenta de Madrid. El libro tiene algo “de guía de supervivencia” de veinticuatro autores célebres y a la vez ofrece la posibilidad de verlos de otro modo: la cantidad de oficios tan pintorescos y cotidianos que desempeñaron, las aventuras que vivieron en ellos y cómo esas peripecias fueron determinantes en su fama; dos ejemplos muy claros serían Maxim Gorki y Jack London.

El libro ofrece otra peculiaridad: son bastantes los autores que eran felices en sus empleos, de diversa dureza y de incuestionables sacrificios, y los sacaba de indicio la exigencia de tener que vivir de su trabajo. Thomas Stearns Eliot, excepcional editor y gran poeta coronado por el Nobel en 1948, prefirió vivir de los números y de la contabilidad; Dashiel Hammett era muy feliz ejerciendo de detective y redactando luego, casi como un divertimento, cuentos que nacían del contacto con los personajes que conocía. Jean Giono trabajó dieciocho años en la banca y Franz Kafka, que soñó ser jardinero y agricultor, fue sobre todo agente de seguros, algo que también le sucedió durante algún momento de su vida al checo Bohumil Hrabal; el autor de ‘Trenes rigurosamente vigilados’ o ‘Yo que serví al rey de Inglaterra’ era muy introvertido: trabajó, además, de maquinista de tren y de maquinista de teatro, y al final fue un mantenido de su mujer.

Charles Bukowski hizo bastantes cosas. Y fue despedido en varias ocasiones. Y fue, como se sabe, una auténtica máquina de excesos en el sexo, las drogas y el alcohol. Sin embargo, ejerció catorce años de cartero; de golpe, cuando empezó a tener éxito con sus cuentos, y le cambiaba la vida porque le contrataban en las revistas se volvía histérico, y lo mismo le sucedía cuando tenía que dar una charla de su obra o pronunciar una conferencia. Todo lo relacionado con la literatura eran para él auténticos “trabajos forzados”.

En esta selección de veinticuatro escritores de los siglos XIX y XX solo hay una mujer, Colette. Tras el éxito de su personaje ‘Claudine’, su marido decidió hacer publicidad de esa joven pizpireta con lociones y polvos; años después, Colette fundará un instituto o salón de belleza. Partidaria de la publicidad, promocionó el cigarrillo y el placer de las mujeres, escribió poemas para la peletería, hizo giras por tiendas, ferias y almacenes, y se definía como “mimo, bailarina y un poco acróbata” antes que como escritora. A Maxim Gorki lo conocían como “el mendigo” porque recogía cuanto encontraba a su paso, y lo vendía: huesos de buey, trapos, clavos. Su nómina de oficios es muy extensa: fue pinche, fogonero, panadero, pescador en el Mar Negro, empleado en una zapatería de señoras y también ejerció de ladronzuelo. Alguno de sus hurtos resulta conmovedor: robó a su madre un rublo para comprar un cuento de Hans Christian Andersen. Su infancia y juventud parecen salidas de una pesadilla de Charles Dickens.

Jacques Prévert también bordearía años después la delincuencia juvenil y se haría pasar por un gigoló, aunque la realidad era que “se enamoraba de las empleadas” y preparaba los saqueos. Jack London, antes de convertirse en el escritor mejor pagado de su tiempo, fue fogonero, cazador de ballenas, repartidor de periódicos, enlatador de pescado, boxeador, arrastró maletas monte arriba sobre la nieve e incluso se disfrazó de bombero en los días de campaña electoral. Después de haber hecho tantas cosas, cuando se sentaba a la máquina de escribir le dolía la espalda. Era algo que tenía mucho que ver con el pánico al folio en blanco. También fue pirata de ostras y mitigaba el dolor del trabajo con la navegación y con la pasión por el bar del puerto. Dice Daria Galateria: “Frecuentaba a gente poco recomendable o a mujeres complacientes como Mamie, la reina de los ladrones de ostras, que tenía veinte años más que Jack. Frank ‘el francés’ le cogió celos. Todos en el puerto le aconsejaron a Jack que trabajara de noche, en un lugar apartado y con las luces apagadas”.

Otro caso muy paradójico es el de George Orwell, que dejó su puesto de policía en Birmania. Empezó una nueva vida que le llevó a trabajar de fregaplatos, a dormir a la intemperie entre los mendigos y a realizar otras faenas antes de empezar a tener éxito y de venir a España a luchar con las fuerzas republicanas. Daria Galateria encabeza sus relatos con frases que condensan una vida, una actitud y una manera de ser: “¿Escritor yo? Me lo pregunto. Mi verdadero trabajo consiste en pilotar aviones”, dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor de ‘El Principito’, “pionero de los vuelos transatlánticos y del vuelo nocturno”. O “Bohumil Hrabal soñaba con ser futbolista (...) Hrabal era muy tímido, y en los partidos se sentía observado por los espectadores, se ruborizaba, y no sabía muy bien qué hacer con los brazos y con las piernas. En suma, se bloqueaba”.

Otra historia conmovedora es la de Italo Svevo, que fue industrial, vivió bajo el yugo de su suegra y dejó la escritura para dedicarse a la empresa. Eso sí, entre otras peripecias, fue alumno de James Joyce, que era el mejor profesor de inglés de Trieste. Cuando leyó su novela ‘La conciencia de Zeno’ le dijo que “es, de muy lejos, su mejor libro”. Svevo había dicho antes que una sola línea le bastaba para arruinar todo el trabajo acumulado durante horas o días en su negocio de pintura de barcos.

 

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ, EN ANTÍGONA

 

Esta tarde, a las 20.00, en la librería Antígona, la poeta Olga Bernad presenta al editor y poeta Javier Sánchez Menéndez, un gaditano de 1964, que había estado quince años sin publicar. En este 2011 publicó ‘Una aproximación al desconcierto’, un libro que tiene mucho de destilación de temas, de estilos, de percepción del mundo y de viaje en el tiempo.

 

[La propia Olga Bernad escribió esta reseña sobre el poemario: “Aparece en SIM Libros ‘Una aproximación al desconcierto’ de Javier Sánchez Menéndez, tras quince años sin publicar poesía (propia), dedicado a labores de edición y crítica y al trazado de su particular desconcierto poético. Veinticinco poemas conforman ‘Las limitaciones del lenguaje’, primera parte del libro.  Cada uno de ellos va formando una lenta avalancha en la que se esconden y se muestran rebeliones, impotencias y conclusiones expresadas desde un descreimiento teñido de una brusca ternura que parece querer resumirse en los versos finales del poema que da título a esta primera parte: “Comenzamos a hablar si sabiamente/volvemos a la infancia/ y descubrimos/ que comenzar a hablar es promover/las limitaciones del lenguaje”. Llegamos así a ‘Ataques de cordura’,  dos series de brevísimas composiciones agrupadas en ‘Lapsus’ e ‘Ictus’, que merodean el desconcierto mezclando la fuerza epigramática del graffiti, un cierto tono de soleá, aire de haiku y brillo, en ocasiones, de sentencia. En ‘Clases particulares’, tercera parte del libro, se agrupan  poemas más largos en forma de ejercicios de irreverencia,  represión, olvido y espiritualidad para llegar a una ‘Última partida’, broche de la obra, que se cierra con una única entrega -“Segunda inclinación”- en la que la cordura ya no importa, pues las lecciones aprendidas y posiblemente olvidadas tampoco nos salvarán del desconcierto: “No es bueno complicarse./Total si son tres días y hemos gastado cinco,/ para qué desatar lo imprevisible”.

 

DOS POEMAS DEL LIBRO

 

Suspiros de princesa

 

 

No mentí. Me reprochas día a día

que engañé con mis actos,

que iba a ser más maduro, mejor padre.

Hasta que haría las camas,

amante consumado,

poeta de domingo

tras el aperitivo.

Hombre obediente

y sumamente inculto.

 

Quédate con lo dicho.

Las palabras de ayer

son miseria en tus labios.

 

De Una aproximación al desconcierto (SIM-Libros, Sevilla, 2011)

 

 

Puerto Real, 1967

 

 

La lonja, pescadores, un olor

a sal sobre las redes

y mi padre rondando las esquinas.

 

Las calles, los ruidos del mar

cubren la noche,

y la voz de mi tía

que llamaba mi nombre

una vez y otra vez.

 

Hasta la boda todo fue imperfecto.

Después nadie entendió que quise regresar

y acabé como siempre, con tres años:

caliente y cabreado.

 

Descubrí los sentidos.

No hay brumas en el puerto,

pero hay libertad, arena

y mucho miedo.

 

De Una aproximación al desconcierto (SIM-Libros, Sevilla, 2011)

 

 

03/10/2011 09:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'VIDRIO Y ALAMBRE' DE J.L. RODRÍGUEZ

José Luis Rodríguez García (León, 1949) es, probablemente más que nada, poeta. Poeta: alguien que dibuja el mundo, que lo intuye, que lo interpreta y lo cifra en palabras necesarias con una mirada muy personal. José Luis es filósofo y profesor de filosofía: ha bebido tanto de Hölderlin y de Paul Celan como de Sartre y Artaud, y además le gusta explorar, indagar, internarse en los territorios del vacío, de la nieve, del espanto, del dolor y de la hermosura. Una hermosura con heridas, con un temblor de sangre, con un fogonazo de desesperación o del coraje de quien se atreve a mirar de frente a la nada. Uno de los mejores libros de poesía de José Luis Rodríguez fue ‘Voces del desierto’ (Eclipsados, 2009), muy narrativo, de impresiones y secuencias, casi de monólogos dramáticos de gentes que iban y venían, errabundas, con el corazón a la intemperie.

Tras ese libro, José Luis Rodríguez, que se prodiga en el cuento y en la novela, publicó una de sus novelas más intensas: ‘El tercer concierto’ (Eclipsados, 2010), una novela coral sobre Chopin. Por aquellos días, el escritor ponía término a un nuevo poemario: ‘Vidrio y alambre’ (Eclipsados). Dividido en tres partes, ‘Nosotros’, ‘Odisea’ y ‘Descripciones’, parece escrito desde ese libre y vertiginoso flujo de la conciencia que había reivindicado James Joyce: el poeta mira el mundo, mira a sus semejantes, se mira a sí mismo, rastrea en el pasado, y elabora un memorial de imágenes, de sensaciones, de visiones casi surrealistas, de estados de ánimo. La vecindad de la muerte es latente: más que la vecindad, quizá, su fantasma que acecha y amenaza, y con la muerte el dolor, la desesperación, el escalofrío de la nada. O, como dice el poeta también, “la hermosa fragilidad de la melancolía”. Ese flujo de conciencia, o de desparrame lírico, arrolla y conmueve: el poeta alcanza muchos momentos de elevada inspiración, y da igual que emplee el sarcasmo, la ironía, su propio miedo, da igual con qué sentimientos se envuelva: la poesía es brillante, variada, intensa, desabrida, muy equilibrada en el fondo y la forma.

A José Luis Rodríguez todo le sirve: lo que sueña, lo que le apena, las sombras de la enfermedad, la incertidumbre, lo que le corroe; le sirven los minutos en que la vida se exalta, en que una mujer pasa y enciende una taberna o una tarde, pero no podemos decir que el tono del libro sea luminoso exactamente (ni mucho menos: la oscuridad reaparece con sus dagas: “el mundo, / la patria de los muertos, / ok”, dice en un sitio, y en otro arranca así: “El horror brillante de la noche, / el tenebroso esplendor de la noche”), aunque hay poemas que son una declaración de intenciones y en cierto modo una poética como ‘La ilusión del poeta’: “Qué leve el volar / y la huida del gorrión, / semejante al suspiro del maestro / o al lamento de madera de la mujer / a la que insulta la noche, /qué leve. // como la carrera suicida de un indio / o la ilusión del poeta/ que contempla el cielo cárdeno”. ‘Vidrio y alambre’ es un libro de fotografías y recuerdos, un libro sobre el viaje, la exactitud de los vocablos y la última palabra, y quiere ser una huida del silencio: “...y también suena el silencio, que es el ruido más horroroso”.

Vidrio y alambre. José Luis Rodríguez García. Eclipsados. Zaragoza, 2011. 66 páginas.

30/09/2011 19:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS MARCHAMALO GLOSA LA BIBLIOTECA DE ENRIQUE VILA-MATAS

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Jesús Marchamalo publicó hace algún tiempo en ABCD Cultural un reportaje sobre la biblioteca de Enrique Vila-Matas que integra su próximo libro. Publico aquí este hermoso texto sobre un escritor siempre de moda, que siempre está en el mercado. Ahora, entre otros títulos, se reedita ’El viajero más lento’, por ejemplo, libro que le presenté hace casi veinte años en la librería de Arte del Palacio de Sástago que llevaba Paco Goyanes. Dentro de unos días aparecerá el libro de Jesús Marchamalo sobre las bibliotecas en Siruela.

 

EN LA BIBLIOTECA DE ENRIQUE VILA-MATAS

Por Jesús Marchamalo

 

Las geografías

 

Subo en el ascensor con una foto que me ha enviado días antes por correo electrónico. Una torre de libros, en los que no se aprecian los títulos, y tres baldas donde resaltan un par de fotos, en blanco y negro, de una jovencísima Marguerite Duras. En ambas tiene los ojos cerrados, como si estuviera dormida.

Sospecho que la foto contiene algún mensaje que soy incapaz de interpretar, y por eso la he traído conmigo y en el ascensor, camino del sexto piso, intento descifrar algún detalle inadvertido: la postal del homenaje a Pepín Bello organizado por la Residencia de Estudiantes, o la cubierta de un libro en el que, en azul, se ve un rostro que puede ser de Georges Perec.

Fue Juan Villoro quien dijo que la casa de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un símil, a escala, de su literatura. Un lugar íntimo, tranquilo, luminoso y pequeño, presidido por un inmenso ventanal que da al mundo. Un exterior abierto salpicado de nubes desgalichadas y espigadas antenas colectivas, donde hoy falta el mar, al fondo.

En medio, una mesa, y un sillón basculante que parece precisar carné de conducir, donde por la mañana se sienta a leer.

Todo en la casa –cuenta- tiene un orden marcado por la falta de espacio. Todo tiene su sitio, los libros incluidos. Y hay libros que llevan treinta años en el mismo lugar. Lo que comenzó siendo una casualidad, un mero azar, ha acabado creando un orden inclasificable más de geógrafo que de bibliotecario. Una clasificación secreta, alejada de servidumbres alfabéticas, y amparada por una memoria visual que le permite recordar cada lomo, y localizarlo, de un vistazo, en las estanterías. Así, hay una que prácticamente ocupan seis autores, que podrían ser casi un continente: Gombrowicz, Musil, Walser, Pitol, Sebald y Kafka, su escritor predilecto. Arriba, los primeros números de la revista Poesía, muy leídos, muy trabajados, y que participaron activamente en la Historia abreviada de la literatura portátil, y abajo, carpetas –rojas, negras-, una por cada libro que ha escrito, y que contienen contratos, recortes, reseñas, y en algunos casos el manuscrito original, lo que no deja de tener mérito, dice, en una casa tan pequeña.

 

Libros en un contenedor

 

En otra balda, a la altura de los ojos, conserva los cuatro números de la Nouvelle Revue Française en los que ha colaborado y que guarda como un trofeo, y cerca, la edición de Barral (1974) de Jakob von Gunten, de Robert Walser, desencuadernada y llena de papeles y notas. “Éste es el libro de donde sale todo, mi libro favorito”, afirma. “Los demás, Gombrowicz, Sebald, Musil, no son exactamente mis preferidos, sino los autores de los que tengo más libros… Aunque estoy pensando en que sí serían en realidad mis preferidos pero no los que más me iluminan”.

Recuerda con claridad, eso sí, una noche lluviosa, hará posiblemente veinte años, cuando tomó la decisión dramática, heroica, de deshacerse de su biblioteca de Derecho. Lloviendo, a hurtadillas, en dos viajes interminables, como un conspirador decimonónico, bajó a la calle cargado de maletas, y arrojó a un contenedor, libro a libro, sus tres años de carrera. Luego subió a casa, exhausto, se encerró y emprendió una nueva vida, tras tomarse un Frenadol. Por si acaso.

Lo que le contaron después sus amigos abogados, siempre tan serviciales, es que aquellos libros tenían cierto valor, y que podría haberlos vendido por una cantidad. Además de ahorrarse el catarro.

Así que en las baldas que en su momento ocupaba el Derecho Penal, el Romano, o lo que fuera, hay un sector de confusión, ahora, en el que predominan, entre otros, Paul Auster, Coetzee, Martínez de Pisón, y Bolaño, de quien muestra un ejemplar dedicado: “Para Paula y Enrique, amigos ejemplares, por decir algo, pero en realidad mucho más”. Tiene otro, también, de Bioy Casares –“Para Enrique, con afecto”- y algunos más de amigos o simples conocidos.

El sitio donde escribe, una mesa grande, ordenada y limpia, casi de recepcionista de hotel, lo presiden dos montones de libros de los treinta o cuarenta que andan por ahí, perdidos. Libros de consulta, trabajo, o pendientes de clasificar. Anoto, por ejemplo, a Claudio Magris, El infinito viajar; a Roth, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, y un tomo de Entrevistas del Paris Review. Alrededor, como un talismán, ocupando todas las paredes, los escritores clave, muchos: Stevenson, Carver, Calvino, Dalí. “Me gusta muchísimo el Dalí escritor”, dice. Roussel, Perec, Tabucchi, Monterroso y, sorpresa, Ramón Gómez de la Serna. El Ramón de cara de mazapán, que escribía con tinta roja, como la sangre de los plebeyos. “En México, hace tiempo, me compararon con él”, cuenta. “Protesté, pero después, por curiosidad, empecé a comprar y leer muchos de sus libros, y algunos fueron una agradable sorpresa. Me pareció muy divertido, por ejemplo, El hijo del millonario”.

Hay más, Handke, Benet, Borges… Muchos, con su firma, Vila-Matas, y la fecha de compra o lectura en la primera página. Y la ciudad, si los leyó de viaje.

 

Dos fotos

 

Tiene también dos fotos que llaman la atención. Una es la fachada de la librería Shakespeare and Company, en París, y otra, el Grand Hotel de France, en Nantes, donde se suicidó de una sobredosis de opio Jacques Vaché. Un escritor del que habla en Bartleby y compañía, amigo de Breton y que sólo escribió algunas cartas desde el frente durante la I Guerra Mundial, lo que le bastó para pasar a la historia de la literatura. Su suicidio, en una habitación cuya ventana señala en la foto, escandalizó a la sociedad francesa de la época. Allí fue hace tiempo, con Jorge Herralde, sólo para comprobar cómo en el hotel negaban que hubiera sucedido.

Y hay más: Joyce, Conrad, Highsmith… Le pregunto, casi a quemarropa, por la foto que me envió de la biblioteca, y su mensaje oculto, si es que existe. “Me gustó esa visión porque es muy lateral”, confiesa. “No muestra la biblioteca, sino sólo una parte, una esquina, ni siquiera la más representativa. He de confesar una pasión por lo excéntrico, lo que está fuera del centro. Las dos fotos de Duras, con los ojos cerrados, las cogí de un mural que habían hecho en una iglesia de La Baule, un pueblecito francés donde le rendían un homenaje”.

Dos días más tarde recibo otro correo electrónico. Me envía un cuento. La historia de un escritor de fama que, tras marcharse de su casa el periodista, vuelve a poner su biblioteca en el estado en el que se encontraba antes de que, con el anuncio de la visita, se hubiera dedicado a transformarla, a colocarla tal como deseaba que la viera el mundo.

Lo que no deja de tener mérito, eso sí, en una casa tan pequeña…

 

Locus Solus

Raymond Roussel

El libro que me descubrió que en novela era posible todo, lejos de cualquier dogma o imposición. El libro que menos prestaría de toda mi biblioteca. Creo que con él aprendí a escribir”

 

 

Los detectives salvajes

Roberto Bolaño

La gran acogida de este libro en todo el mundo no acaba de verse reflejada en la prensa cultural española. Los detectives salvajes quedará como un libro sobre el poder literario descomunal de la poesía de la vida”

 

 

Exploradores del abismo

Enrique Vila-Matas

Siempre el último libro es el que merece ser nombrado. El día en que uno comienza a cuestionarlo es cuando comienza a escribir el siguiente. Por primera vez he comenzado un nuevo libro sin cuestionar el anterior. Exploradores del abismo va camino de gustarme siempre”

 

26/09/2011 23:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMA EN 'EL SÍNDROME CHEJOV'

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[He coincidido varias veces con el escritor Miguel Ángel Muñoz: en Huesca, en Zaragoza y, la última vez, en Sevilla. Allí participábamos en unas jornadas de periodismo cultural y aprovechamos para hablar de mil y una cosas. Por ejemplo, de nuestra pasión por el tenis, la literatura y el cine. El pasado sábado, en su blog El síndrome Chejov, uno de los mejores y más cuidados de la red,  premiado y elogiado por doquier, Miguel Ángel publicaba este poema de mi libro ‘Vivir del aire’ (Olifante, 2010). Ponía muchos rostros de actrices, y yo aquí pongo el de la actriz Bárbara Lennie, protagonista de ‘Todas las canciones hablan de mí’, a quien él ve como una futura estrella. La foto es de Jordi Socías.

Enlace a Miguel ángel: http://elsindromechejov.blogspot.com/]

 

 

EL RÍO DE LA POESÍA

 

 

Nunca recuerdo la primera vez que fui al cine.

Pero sí veo aún la sala del Cine Real, sus butacones de madera, el gallinero,

aquella mujer grandiosa y enlutada que vendía pipas y manises:

aún no sabía entonces que se había escapado de una película de Fellini.

Me ocurrió algo sorprendente: vi unas imágenes de un cementerio

subterráneo, cerca de una bahía, y estuve diez noches sin dormir.

Mi padre se levantaba, se enfurecía tras la puerta y me veía desvelado,

casi con un rictus de pánico: “No vuelvas al cine.

Estamos gastando un mundo de luz”.

 

Dejé de frecuentar películas de miedo, aunque creo que vi otra

que me estremeció de otro modo: “El carnicero”.

Allí aprendí que no hay  mujer más hermosa 

que la fea que sabe mirar y sentir. Aún amo a Stephane Audran.

Iba al cine todos los fines de semana como un ritual inexcusable.

Me enamoraba locamente de Gene Tierney y de Margaret Sullavan,

esas mujeres que parecen construidas con seda y con lágrimas.

Y de los poderosos muslos de nardo de Concha Velasco,

y de sus ojos negros, y de Inma de Santis, dulce amor mío.

Así empezaba la carta que le envié.

Era otro durante la semana, como un alucinado.

Como un forastero en mi        propio corazón.

Un día le dije a la hija del cronista local: “Cristina, por ti me atrevo

a colgar las botas del fútbol y a ver el mundo con tus ojos”.

Nos hicimos algo novios. Y lo fuimos, en tándem,

por la arboleda de Compostela. Ella llevaba un short inolvidable.

Al atardecer, cuando el viento y la llovizna peinaban las torres,

Ladeó la cabeza, esparció el cabello y dijo: “Quiéreme como en el cine.

Bésame como si fueras a morirte, bésame como Jean-Paul Belmondo”.

Aquello acabó pronto, antes de 67 días y mucho antes de los catorce años.

 

Un día me dijeron que se iba a cerrar el Cine Real, 25 de agosto de 1974,

y quise despedirme de la máquina de proyección, del operador

y de la señora que vendía pipas y cacahuetes: Elisenda Tommassi.

Miré la cabina desde la puerta entornada, vi los haces furiosos de luz,

oí esa letanía mecánica que cobija el sueño.

El proyectista me dijo: “Quédate un rato. Esto es como morirse

antes de llegar a viejo y para siempre. Sabía que pasaría,

pero nunca he sabido prepararme para el fin”.

 

Lo que ocurrió entonces creí haberlo visto en el cine, soñé que lo volvía a ver

en “Cinema paradiso”. Empezaron a pasar imágenes, fragmentos de películas:

paisajes, ciudades increíbles, ciudades de cine negro, mujeres que fuman,

desiertos, caballos al galope, casas señoriales con escaleras vienesas.

Para el último adiós, el maquinista se guardó lo mejor:

Instantáneas de ríos, cascadas, rápidos, lagos y pantanos.

“Fíjate bien”, me dijo. Un niño despertaba a una cobra con la flauta

Y jugaba con ella. Tras el mordisco letal, vi el río, turbulento y homicida.

El Ganges lodoso de El río de Jean Renoir, cuyo nombre no retuve.

Paco Leirós, el proyectista, resumió: “Esta es mi película favorita. Tiene algo

cuyo nombre he tardado más de 25 años en encontrar. Poesía.

La poesía de la imaginación, la luz de los sueños. No lo olvides”.

 

DAVID VANN, EN ZARAGOZA EL MIÉRCOLES

[Este miércoles visita zaragoza el gran escritor David Vann, que reside entre Estados Unidos y Nueva Zelanda. Es un gran amante de la naturaleza y un novelista intenso que explora las relaciones humana y algunas tenebrosas sombras de su propia biografía. Estará en Los Portadores de Sueños a las 20.00, con Daniel Gascón, presentando 'Caribou Island' (Mondadori) de la que Heraldo ofreció un anticipo en agosto. Recibo estas notas y este dossier de Eva Cosculluela, de Los Portadores de Sueños, que estos días ha tenido una importante presencia en las jornadas 'Envuelto para relato'.]

El miércoles 28 de septiembre a las 20h, David Vann visitará Los portadores de sueños para presentar su nueva novela, CARIBOU ISLAND (Ed. Mondadori). El autor norteamericano estará acompañado por el escritor y traductor DANIEL GASCÓN.  

  Como de costumbre, al terminar la presentación brindaremos con un estupendo vino de Cariñena, por cortesía de su Denominación de Origen.

 

En Caribou Island, Vann explora el suicidio, el asesinato, el vacío, la infidelidad y la nostalgia. Un retrato sórdido de una Alaska inhóspita y oscura.

En medio del paisaje salvaje de Alaska, el matrimonio formado por Irene y Gary va a la deriva. Para cumplir un viejo sueño de Gary deciden construir una cabaña en un remoto rincón de la isla. Irene sospecha que el plan de Gary es el primer paso para abandonarla y pronto comienza a sufrir extrañas jaquecas y le asaltan recuerdos de un trágico pasado familiar. Cuando el duro invierno llega sin previo aviso, la pareja se ve sometida a una tensión insólita. Su hija mayor, Rhoda, intenta ayudarles aunque ella misma está atravesando una crisis personal. Caribou Island cuenta una tragedia demoledora, una historia ambientada en una tierra hostil a la vez que grandiosa. La novela tira de ese hilo vital que es la comunión con el entorno y sitúa a los personajes en un auténtico paraje animado, pero ni siquiera la idílica alianza con la naturaleza ayuda a los personajes a escapar de una amenaza terrible y constante.

David Vann nació en la isla de Adak, Alaska, y en la actualidad vive en San Francisco, donde imparte clases en la universidad. Es autor de Legend of a Suicide, volumen de relatos que incluye la nouvelle Sukkvan Island, traducida al español. Legend of a Suicide obtuvo el prestigioso Prix Médicis al mejor libro extranjero publicado en Francia, y fue seleccionado por la revista New Yorker como libro del Club. Su memoir A Mile Down: The True Story of a Disastrous Career at Sea fue best seller en Estados Unidos. Otro de sus libros de ensayo, Last Day On Earth: A Portrait of the NIU School Shooter, Steve Kazmierczak fue galardonado con el premio AWP Nonfiction. La lista de galardones y reconocimiento a su obra es extensa: ha obtenido más de diecisiete premios literarios, además de recibir la beca Guggenheim 2011. Su obra se ha traducido a dieciséis idiomas, y sus libros han aparecido en listas de libros más vendidos de cinco países. Su página web: www.davidvann.com.

Los que leísteis su libro anterior, Sukkwan Island (Alfabia), recordaréis la potencia de la literatura de David Vann y cómo este autor consigue cortar la respiración del lector hasta dejarlo absolutamente noqueado: Caribou Island no os defraudará. Y a quienes no habéis leído a David Vann, os recomendamos fervientemente que lo hagáis.


Estas son algunas de las cosas que nos dice Mónica Carmona, editora de Mondadori, acerca de Caribou Island:

David Vann arrastra una historia personal perturbadora y dramática, parte de la cual se refleja en sus libros. También su vida profesional es llamativa, y tan azarosa como la de muchos grandes escritores: su primer libro fue rechazado en Estados Unidos por el 99% de agentes y editores. Ahora, cuando ya es famoso y tiene éxito y prestigio, aquellos que no quisieron hacerse cargo de su obra esgrimen endebles argumentos para justificarse: “Es que el título de su primer libro llevaba la palabra ‘suicidio’, y eso no vende…”. “Es que es un libro de relatos, y los libros de relatos no venden.” “Es que los libros tristes no venden…” ¿Qué vende y qué no vende? ¿Por qué Cormac McCarthy alcanza listas de más vendidos y tantos otros libros de lectura supuestamente más accesible mueren en las mesas de novedades en apenas unas semanas? Creo que toda obra que destaca por su calidad encuentra tarde o temprano a sus lectores. Por eso David Vann ha entrado en el catálogo de Literatura Mondadori, porque deslumbra en la liga de la alta literatura.



Entre otras cosas, esto es lo que ha pasado con David Vann en nuestro país:

  • Segundo libro del año según la revista Qué Leer.
  • Tercer libro del año según El Periódico.
  • Mejor libro de la temporada de invierno según El País.
  • Ha saltado a las listas de más vendidos.
  • Ha conseguido entrevistas en: Página 2 de Televisión Española, L’Hora del Lector de Catalunya Ràdio, El País, “La Contra” de La Vanguardia, El Mundo Cultural, ABC, La Razón, Time Out, ADN, EFE o Quimera, entre otros.


Ahora David Vann nos presenta Caribou Island, una novela en la que se cuenta una tragedia demoledora. Una novela ambientada en Alaska, tierra natal y mítica de la infancia del autor, espacio a la vez hostil y grandioso. La novela tira de ese hilo vital que es la comunión con el entorno y sitúa a sus personajes en un bosque siempre alerta. Un auténtico bosque animado. Pero ni siquiera la idílica comunión con la naturaleza ayuda a los personajes a escapar de una amenaza constante. Hay que leerlo.

Mónica Carmona también nos recuerda que:

  • Las historias de David Vann no se caracterizan por desarrollar tramas trepidantes ni excitantes, y sin embargo es un autor traducido en más de treinta países.
  • Las historias de David Vann no se ajustan al formato de novela convencional, aquellas donde los personajes sacan toda la artillería para que el lector no pierda jamás interés en la lectura, y sin embargo ha entrado en numerosas listas de más vendidos.
  • En las historias de David Vann no importa el desenlace, entre otras cosas porque el desenlace suele ser el arranque del relato; sin embargo, por ese tipo de genialidades ha obtenido el prestigiosísimo premio Medici en Francia.
  • Las historias de David Vann no son complacientes ni amables, y sin embargo ha batido récord de entrevistas y reseñas en varios países.
  • Las historias de David Vann rehúyen tópicos y pasan olímpicamente de hacer guiños al lector, y sin embargo en Francia ha estado más de veinte semanas en las listas de los más vendidos.
  • Las historias de David Vann son duras, ásperas y rompen clichés, y sin embargo hemos decidido contratarle.


David Vann viene avalado por los libreros, que apoyaron Sukkwan Island y ayudaron a que se convirtiera en un auténtico fenómeno de ventas. La novela se mantuvo seis meses en la lista de recomendaciones de Los libreros recomiendan , elaborada por librerías independientes de toda España, y los libreros catalanes decidieron otorgarle el prestigioso Premio Llibreter.

 

Nos encantaría que nos acompañaras en esta presentación. Te esperamos el miércoles 28 de septiembre a las 20h en Los portadores de sueños (Blancas, 4 · Zaragoza).

25/09/2011 09:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ENVUELTO PARA RELATO' EN IBERCAJA: DIÁLOGO CON JORGE GONZALVO

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[Ayer comenzó en Ibercaja y en librerías como El Pequeño Teatro de los Libros las jornadas de Literatura Infantil ’Envuelto para relato’. Esta tarde, a las 18 horas modero una mesa sobre el arte de contar con Daniel Nesquens, Elisa Arguilé, Ana Tortosa y Jacobo Muñiz. El otro día, el escritor y periodista Jorge Gonzalvo explicaba así este proyecto y en qué consiste el grupo Atrapavientos, que organiza y coordina las jornadas, que están teniendo un gran éxito. Ayer pude ver las obras que han donado los autores y son estupendas.]

Una obra de Elisa Arguilé.

 

¿Qué es Atrapavientos, cuál es su objetivo?

Atrapavientos es una asociación cultural sin ánimo de lucro interesada especialmente en la literatura, la cultura en todas sus manifestaciones, la creatividad y las nuevas tecnologías. Y si nos tuviésemos que centrar en la literatura, nos posicionamos cerca de todo lo que tiene que ver con literatura infantil y juvenil (LIJ). Realizamos campañas de fomento a la lectura originales, como la que desarrollamos en “Magia en los libros”, una iniciativa innovadora de fomento a la lectura y magia (ilusionismo). También acabamos de estrenar la primera plataforma de formación online (a través de internet) especializada en LIJ, de modo que estamos impartiendo talleres de escritura, ilustración, edición, lectura, etc… a través de internet y con muy buenos resultados hasta la fecha.

 ¿Por qué os habéis centrado en literatura infantil y juvenil?

Pensamos que somos antes que nada, unos apasionados del género, pero además creemos que lo conocemos bien. Dentro de la asociación tenemos profesores de escritura, escritores. Y, por supuesto, es imposible no mirar a la LIJ en Aragón, teniendo los estupendos autores que tenemos, tanto escritores como ilustradores, con un enorme talento y siempre en primera línea del panorama nacional. No es una casualidad que tengamos a gente como Nesquens, Lalana, Arguilé, Isidro Ferrer y tantos otros y que continuamente reciban premios y menciones en todos los sentidos. Aragón es tierra de grandes autores LIJ y eso salta a la vista. Pero también tenemos otras organizaciones culturales que realizan actividades estupendas (Pantalia, por ejemplo) y expertos en la materia (Rosa Tabernero, Carmen Carramiñana) capaces de dotar de contenidos y sentido cualquier propuesta relacionada con la LIJ.

 ¿Cuál es el espíritu de estas jornadas?

Nos gustaría celebrar en Zaragoza jornadas similares a las que se realizan en otras comunidades con un éxito notable. Admiramos profundamente el estupendo trabajo que hacen por ejemplo i-con-i en Valladolid o en Madrid, y nos gustaría propulsarlo en Zaragoza capital aunque también pensando en otros entornos. Las jornadas de Albarracín a cargo de Isidro Ferrer y Grassa Toro son magníficas, y creemos que Zaragoza capital tiene infraestructura y destinatarios para este tipo de eventos. Nos gustaría que Envuelto para Relato se asentara y que pudiese crecer cada año y que quizás pudiera llegar a ser la antesala de un congreso nacional de LIJ. La escuela de artes, por ejemplo, debería ser un elemento importante capaz de dotar de asistentes a este tipo de talleres en busca de una apertura profesional a sus proyectos creativos. El espíritu sin duda de Envuelto para Relato es abrir el camino en Zaragoza a eventos y talleres creativos en torno a la LIJ que permitan acercar a autores y ponentes de  primera línea a los creadores aragoneses.

¿Quién participa, qué pretendéis lograr?

Nos gustaría pensar que están representadas todas las piezas del rompecabezas LIJ: escritores, ilustradores, editores LIJ, librerías, periodistas y docentes. A veces, las jornadas literarias se centran en aspectos muy concretos: la ilustración, por ejemplo. Pero la LIJ requiere de una atención mayor en todos los aspectos. Hacen falta pulsar todos los interruptores y analizar bien qué literatura infantil y juvenil tenemos y hacia dónde queremos dirigirnos. Así que hemos querido que todos opinen y aporten inquietudes a través de las mesas redondas y las charlas. Un editor puede tener criterios distintos a los de un librero, o a los de otro editor. Y un bibliotecario puede aportar puntos de vista también muy acertados. Pretendemos que todo el mundo que esté relacionado con la LIJ opine, hable, se exprese e intercambie experiencias e inquietudes creativas. Si las jornadas sirven también como punto de encuentro entre ilustradores y escritores, o si podemos abrir un camino o despejar una serie de dudas a la hora de encontrarle salida a un proyecto literario, habremos conseguido otro de nuestros objetivos.

¿Quién participa, en los talleres?

Hemos querido que los talleres comprendan el proceso creativo completo: la escritura, la ilustración y la edición. Y en ese aspecto estamos muy contentos con la participación de los ponentes. Tenemos escritores, ilustradores y editores de auténtico lujo. Gente de la tierra, aragoneses, y gente también de fuera. También quisimos que en esta edición, todos los ponentes tengan algo en común, bien porque han editado juntos (Arianna Squilloni o Isabel Martínez han editado libros del resto de los ponentes, por ejemplo)  o porque han trabajado en un libro en común (como el caso de Daniel Nesquens con Jacobo Muñiz y Elisa Arguilé, por ejemplo). Los asistentes a los talleres podrán mostrar sus proyectos y tener la opinión y los consejos de autores y editores experimentados y particularmente creativos.

 ¿Cuál sería el estado actual de la LIJ En Aragón?

Yo no sé si es muy exagerado decir que estamos en los primeros puestos de la primera división LIJ española, pero sinceramente creemos que es así. No medimos tampoco a los autores por sus premios, aunque siempre suelen ser indicativo de algo, pero está claro que en Aragón hay talento literario, y gente joven que viene pegando muy fuerte. Nos gustaría destacar el trabajo de Apila, por ejemplo, que desde la escuela de artes realizan un trabajo estupendo no solo editorial sino de proyección creativa a través de todas sus actividades, sus charlas café, etc…

¿Por qué Begoña Oro, Daniel Nesquens, Elisa Arguilé...?

Nesquens tiene mucho que ver con estas jornadas. Aunque él siempre lo negará. La idea de Envuelto para Relato nació en Valladolid, durante unas jornadas de Ilustratour y en el viaje de vuelta, con la idea instalada en la cabeza tras conversar largo y tendido con Daniel, empezamos a trabajar en la idea. Así que él tenía que estar por ser parte implicada en la idea primitiva. Y si está Daniel, está Elisa. Y además son amigos y les tenemos un gran cariño y admiración. Y entre todos pensamos que teníamos que probar, que intentarlo al menos, unas jornadas de este tipo en Zaragoza capital. Y Begoña Oro, obviamente, aparte de escritora, tiene un perfil muy completo: ha sido editora y tiene un amplio conocimiento de todo lo relacionado con la LIJ. En nuestra opinión, es otra experta en la materia.

 ¿Existe relación clara entre literatura infantil y microrrelato...?

Es posible, resulta muy interesante eso que dices. Recuerdo por ejemplo el bestiario de greguerías de David Vela, o algún microrrelato de Patricia Esteban Erlés que bien podría ser un álbum ilustrado por su delicadeza y su eficacia narrativa. En los talleres de escritura jugamos muchas veces con las greguerías para comenzar a jugar con los cuentos, o con relatos breves que luego desembocan en proyectos mayores. Y el álbum ilustrado (tema que analizaremos con profundidad en las jornadas) a veces contiene más significado gráfico que literario, y el texto que lo soporta es realmente breve porque las imágenes cuentan tanto o más que las palabras. Pero al final la historias, todas ellas, tienen su recorrido propio, y a veces puedes contarlas en apenas unas líneas o en cientos de páginas,  pero está claro que cada relato tiene su extensión  adecuada.

 Explicadnos la exposición, la venta de obras, la generosidad de algunos autores.

La exposición benéfica, En el fondo del cajón, es una de las sorpresas más interesantes de las jornadas. Si te digo que nació también de un café con Nesquens, seguramente Daniel me retirará la palabra y dejará de tomarse cafés conmigo. Pero al César lo que es del César. Cuando planteamos  la idea inicialmente, nos dirigimos uno a uno a otros los escritores e ilustradores que conocemos. Personalizamos el mensaje y quisimos explicarlo bien. Sabemos que a veces, los ilustradores están saturados de propuestas de este tipo. Así que decidimos no pedir obra terminada, sino bocetos o esquemas que reposaran en el fondo del cajón. Y todo el mundo respondió enseguida y de manera positiva y generosa. Decidimos que participaran escritores e ilustradores, pero también gente conocida y autores anónimos. El valor de cada obra para nosotros es igual de importante. Y así se han ido sumando artistas de todo el país, pero también de fuera de España: Portugal, Israel, Italia, Reino Unido o Australia. Cuando Shaun Tan, desde Melbourne te contesta al día siguiente y te dice que te manda bocetos porque le encanta la idea, piensas: vaya, hemos conseguido contarlo bien y que alguien en las antípodas entienda la propuesta y quiera participar. Pero insistimos siempre en lo de que realmente para nosotros cada original tiene el mismo valor, aunque desde luego, tener a premios nacionales de ilustración (Elisa Arguilé, Ana Juan, Isidro Ferrer, entre otros) o a artistas internacionales como Ofra Amit y Shaun Tan es algo espectacular. Nos hace especial ilusión la participación de Patricia Esteban Erlés y de Juan Tudela. Una de sus ilustraciones es del año 1968.

¿Qué se puede comprar, cuándo?

La exposición está abierta desde el pasado día 15, pero sigue creciendo. Los originales se podrán comprar el sábado 24 a partir de las 16 horas. En realidad se comprará un ticket numerado. A partir del lunes 26 se podrán recoger los originales, y en ese momento se sabrá qué artista te ha tocado. Todos los originales tienen el mismo precio, un precio simbólico de 10 euros. Esperamos y deseamos que se vendan todos para el proyecto Bubisher.  

Insistís mucho en la idea de contar cuentos, de que los padres cuenten historias. ¿Cuál es el lugar del cuento o de la narración en la educación o en la vida del niño?

Creo que es uno de los canales de comunicación verbal y afectiva más importante entre adultos y niños. Significa un momento de intimidad entre el padre y el hijo. Cuando un padre le cuenta un cuento a su hijo, en realidad le está diciendo: tú me importas y por eso me gusta estar aquí contigo, compartiendo este momento especial e íntimo entre nosotros. En cuanto a la importancia del cuento en sí mismo para un niño, en muchos casos es el primer paso para asentar la afición a la lectura en el crío. Hay muchas y muy buenas campañas de fomento a la lectura que trabajan muy bien todos esos aspectos, y consiguen que los niños vean a los libros como auténticos elementos de juego y diversión. Defendemos, como lo hacía Gianni Rodari, el libro como elemento de juego.  La lectura tiene que ser divertida y apasionada.

24/09/2011 11:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UWE JOHNSON EN ERRATA NATURAE

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[Recibo una bonita carta de una editora estupenda como Irene Antón, de Errata Naturae. Me habla de un nuevo libro de su sello: ‘Dos puntos de vista’ de Uwe Johnson.]

 

Se trata de DOS PUNTOS DE VISTA de Uwe Johnson. Tal vez conozcas a Johnson, uno de los autores alemanes más importantes del siglo XX, aunque no es sencillo que hayas podido leerlo en castellano ¡porque lleva casi 40 años sin publicarse aquí! Uwe Johnson formaba parte del Grupo 47 junto a Günther Grass, Hans Magnus Enzensberger, Ingeborg Bachman o Heinrich Böll, un grupo que pretendía revitalizar la literatura alemana tras la guerra, mantener una actitud muy crítica frente a la historia reciente del país y ayudar a jóvenes autores. Uwe Johnson recibe el sobrenombre a menudo de “escritor de las dos alemanias” porque retrató mejor que nadie en sus libros la experiencia de esa división, y sus consecuencias en todos los ámbitos. Johnson es realmente un virtuoso del lenguaje y toda su maestría, su capacidad de expresar sin decir directamente, de aludir se pone, en la extraordinaria Dos puntos de vista, al servicio de un discurso revelador, capaz de transmitir de forma excepcional la angustia, las mentiras y el miedo escondidos en la incomprensión.

DOS PUNTOS DE VISTA narra el comienzo de una relación: dos personajes que se conocen y pasan juntos una semana en Berlín, un fotógrafo y una enfermera, originarios uno de la RFA, y ella de la RDA, que no saben todavía si lo que han vivido es una aventura o el comienzo de algo. Y en ese momento de apertura, de incertidumbre, de ilusiones y de dudas, el gobierno de una de las dos alemanias decide construir el Muro de Berlín. Pero aquello destinado a separar a los dos jóvenes, de algún modo, de una manera paradójica, los une. La novela está dividida en capítulos en los se alterna la narración de la historia de cada uno de los protagonistas. Y lo fascinante es que siempre sabemos de qué lado del Muro estamos: no ya por quién cuenta la historia, sino por cómo lo hace: cómo hable de los objetos, de lo que ve, de lo que le rodea, cómo hable de su familia o de sus relaciones con terceros. Es increíble darse cuenta qué diferente podía ser un simple viaje en metro o una conversación con tus colegas de trabajo dependiendo de qué lado del Muro te encontrabas. Los dos personajes se debaten, se tambalean y avanzan por su lado del Muro y la historia va ganando en tensión y deconstruyendo la dividida ciudad de Berlín.


Nos parecía increíble que un autor así, que además es uno de nuestros preferidos, fuese desconocido para los lectores en castellano. Empezamos ahora con este libro, pero nuestro compromiso con Uwe Johnson es a largo plazo, y lo convertiremos en un autor de la editorial, del que iremos traduciendo obras poco a poco. Por otro lado, este año se cumplen 50 años desde la construcción del Muro. Desde luego, no es un dato fundamental, de hecho nosotros no nos dimos cuenta de la coincidencia hasta agosto, cuando se cumplió tan triste aniversario y salieron artículos en varios periódicos, pero nos parece interesante que salga el libro ahora, aunque sea por casualidad, pues leerlo es una de las mejores maneras de entender lo que el Muro supuso para los alemanes, sobre todo para los berlineses. La ficción a veces, sobre todo cuando viene de la mano de un maestro como Johnson, supera a los libros de historia a la hora de hacernos entender ciertas cosas...

*La editora Irene Antón, de Errata Naturae.

CUATRO POEMAS DE RAMIRO GAIRÍN

Ramiro Gairín presentó ayer su segundo poemario: ‘Que caiga el favorito’. A la vez, José Ángel Cilleruelo presentó ‘Vitrina de charcos’, ambos títulos pertenecen a la colección La gruta de las palabras de las PUZ, que dirige Fernando Sanmartín. Cuelgo aquí un poema de ‘Que caiga el favorito’ de Ramiro, que es ingeniero y un hombre comprometido en diversas acciones solidarias.

 

 

Que caiga el favorito

y pierda los partidos importantes

quien más dinero gasta

y el mundo no se mueva ni un milímetro

 

apago las noticias y te miro

y eres como encontrar supervivientes

varios días después del terremoto.

 

(Aínsa, septiembre de 2009)

 

 

*****

 

 

Pero la vida es plácida

en barrios VPO

 

juegan con las hormigas los sobrinos

se puede ver el límite

entre nada y ciudad

 

hay gente recorriendo

el suelo que pisamos con linternas

 

no sé cómo será nuestro futuro

así quiero que sean los domingos

que las casas estén sin terminar.

 

(Zaragoza, agosto de 2009)

 

 

*****

 

 

Si me dices que ayer

cuando llamé dormías

sucede que en cualquier parte del mundo

 

ha habido una pelea detenida

los garrotes en alto

y el barro a medio muslo

 

los coches se apartaban al arcén

las viejas le pedían

por señas al tendero

 

la gente ha estado amándose en silencio

hasta que has despertado.

 

(Zaragoza, febrero de 2010)

 

 

*****

 

 

Dice Platón que para capturar la Belleza

hay que ir ascendiendo

 

y usar para apoyarse por ejemplo

 

la imagen que de ti guarda el espejo

cuando ya no te miras

 

cuando me miro yo y te recuerdo

mirándote hace apenas un momento

 

mientras leía Fedro y no entendía.

 

(Zaragoza, septiembre de 2010)

 

 

*Todas las fotografías son de Bert Hardy, a quien colgaba hace unos días en mi facebook. Hoy, Luis Martínez Aniesa, que posee una de las mejores webs de fotografía ('Fotógrafos en la red'), una de mis favoritas, le dedica su entrada. Y dice: "Albert Hardy fue un fotógrafo inglés (nacido el 19 de mayo de 1913 en Blackfriars, Londres, y fallecido el 3 de julio de 1995 en Oxted, Surrey) conocido principalmente por su trabajo documentalista publicado por la revista Picture Post entre 1941 y 1957".

 

ISMAEL GRASA, HOY, EN ANTÍGONA

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ISMAEL GRASA PRESENTA HOY, EN ANTÍGONA, SU LIBRO

'LA FLECHA EN EL AIRE' (DEBATE)

 

Ismael Grasa (Huesca, 1968) es un escritor muy especial: frecuenta el diario, los libros de viajes, los volúmenes de relatos y las novelas. Licenciado en filosofía, ejerció durante mucho tiempo el periodismo en Heraldo, incluso realizó unos viajes de verano con José Luis Cano donde contaba historias cotidianas y escribió durante cinco en Heraldo de Huesca, mientras lo dirigió Mariano Gállego, donde se reveló como inteligente columnista de las cosas de cada día. El periodismo ha sido, y es, muy importante en su aprendizaje y en su formación. Sin embargo, un día vio un anuncio donde se pedía un filósofo: en realidad querían un profesor de filosofía. Y, armado con el bagaje de la carrera y con el recuerdo de una estancia en China, allá se fue. Y empezó a dar clases de filosofía. Los manuales definen la filosofía como “un saber radical que aspira a la totalidad”. Y, de la mano de Aristóteles más que de Platón, Ismael empezó su trabajo: abrió un cuaderno, lo llenaba de notas, de apuntes, de intuiciones, que luego eran material de clase o el resultado de debates, apasionados y acalorados, en clase. Con todo eso, Ismael Grasa ha publicado un libro que ha deslumbrado por doquier, de entrada, por su sensatez, por su sabiduría tranquila: Ismael defiende la libertad, la democracia, la lectura, está en contra de los tópicos y los lugares comunes, y siempre lanza una pregunta –o una flecha al aire-. El libro se titula ‘La flecha en el aire’, lo ha publicado Debate (entusiasmo a su editor Miguel Aguilar) y propone continuos debates, miradas sobre lo real, viajes en compañía de los grandes filósofos y constituye una defensa de la democracia. O de cosas tan sencillas como la filosofía misma: recuerda Ismael que a la filosofía no le sientan bien las compañías del tipo ‘Filosofía y ciudadanía’.

‘La flecha en el aire’ (Debate) se presenta esta tarde a las 20.00 en Librería Antígona, de Julia Millán y Pepito Fernández Moreno. El escritor y traductor Daniel Gascón hará la presentación del libro.

23/09/2011 09:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREMIOS ARTÍSTICOS DEL PARKINSON

 

Rosa Montero, Miguel Mena, María Pujalte, María Aschenbecher y Julio Foster.

 

ZARAGOZA REÚNE A ESCRITORES Y ARTISTAS

AFECTADOS POR LA ENFERMEDAD DE  PARKINSON

  • El concurso “Cuéntanoslo… con arte”, convocado por la Federación Española de Párkinson y la Medtronic Foundation, que cuenta con la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña, llega a la capital aragonesa con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la enfermedad de Párkinson a través de los relatos, pinturas y fotografías presentadas por las personas cuyas vidas se han visto afectadas por la Enfermedad de Parkinson, ya sean afectados, familiares o cuidadores.  
  • La entrega de premios se celebra hoy en el Centro Cívico Universidad, y contará con la presencia del consejero de Sanidad del Gobierno de Aragón, Ricardo Oliván; la actriz María Pujalte y la periodista Rosa Montero y será conducido por el periodista Sergio Melendo, presentador de la primera edición de las Noticias de Aragón TV. La entrega de premios también contará con la presencia de José Luis Molero, presidente de la FEP; Javier Colás, presidente de la Fundación Medtronic y Raquel Alarcia, neuróloga del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Zaragoza, 22 de septiembre de 2011. Fiel a su cita anual desde hace nueve años, la entrega de premios del concurso “Cuéntanoslo con Arte”, que pretende dar a conocer al público todas las obras artísticas creadas por los afectados de Párkinson, se va a celebrar hoy 22 de septiembre en el Centro Cívico Universidad. Sergio Melendo, presentador de la primera edición de las Noticias de Aragón, será el encargado de conducir la entrega de premios, acompañada por diversas personalidades de las distintas administraciones y los miembros del jurado.

 

Miembros del jurado

Esta edición no hubiera sido posible sin la ayuda de todos los profesionales que han colaborado y valorado un total de 211 obras, repartidas en tres categorías diferenciadas (relato, fotografía y pintura): los fotógrafos Julio Foster y Marta Aschenbecher, el pintor Alejandro Boloix, el Presidente de la Federación Española de Parkinson, José Luis Molero, el Presidente de Fundación Medtronic Javier Colás, la actriz María Pujalte  y los periodistas Rosa Montero, Antón Castro y Miguel Mena. La doctora Raquel Alarcia, neuróloga, ha aportado la visión del arte como terapia en la Enfermedad de Parkinson.

 La exposición de las obras puede visitarse en el Centro Cívico Universidad del 15 al 23 de septiembre.

Los días 23 y 24 de septiembre La Federación Española de Parkinson celebrará el III Congreso Español sobre la enfermedad de Párkinson, en el Auditorio de Zaragoza.

 Origen del premio “Cuéntanoslo... con arte”

La enfermedad de Parkinson se manifiesta en muchos afectados con rigidez muscular y facial, poca coordinación entre la respiración y el habla, disminución del tono de voz, temblores, etc., lo que deriva en graves problemas de comunicación con su entorno.

Ante esta situación, y para evitar el aislamiento comunicativo y social, la Federación Española de Párkinson, que aglutina a 44 asociaciones de Párkinson de España y la Fundación Medtronic, involucrada en la mejora de la calidad de vida de los pacientes con esta enfermedad, impulsaron la iniciativa de buscar en el arte una alternativa para que los afectados de Parkinson compartieran sus vivencias. Así, pensando en los que

padecen directamente esta enfermedad y en su entorno surgió la idea del concurso literario y artístico “Cuéntanoslo... con arte”.

 

Propósitos del concurso

·         Dar a conocer la Enfermedad de Parkinson a la sociedad y sensibilizar sobre la problemática asociada a la enfermedad.

·         Fomentar el asociacionismo.

·         Promover la participación de los familiares y cuidadores de Párkinson.

·         Reducir el aislamiento social de los afectados y potenciar su integración en la sociedad.

 

La Enfermedad de Parkinson es una alteración del sistema nervioso, de origen desconocido, que afecta a las zonas del cerebro encargadas del control y coordinación del movimiento. Produce degeneración de la sustancia negra, la zona del cerebro encargada de producir dopamina, un componente químico esencial para la regulación de los movimientos. Cuando se degenera la sustancia negra disminuye la aportación de dopamina y la enfermedad se manifiesta con temblor, lentitud de movimientos, rigidez e inestabilidad postural.

 

Se calcula que en todo el mundo hay más de 2 millones de personas con la Enfermedad de Parkinson. En España, hay diagnosticados alrededor de 150.000, aunque esta cifra puede ser mayor, ya que se estima que existe un gran número de afectados que desconocen su enfermedad. Aunque normalmente se desarrolla después de los 65 años de edad, aproximadamente un 20% de las personas con la afección desarrollan Párkinson de inicio temprano, antes de alcanzar los 50.

ENTREGA DE PREMIOS

Jueves, 22 de septiembre. Centro Cívico Universidad, Salón de Actos, a las 19.00 horas.

 

22/09/2011 18:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SENDER VISTO POR GRAÑENA

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Luis Grañena, residente desde el pasado curso el Valderrobres, es uno de los mejores caricaturistas españoles y europeos. De ‘Heraldo de Aragón’ ha dado el salto Barcelona, Portugal, Francia y Estados Unidos, entre otros muchos sitios. Todos los jueves publica una caricatura de escritores: hoy le toca el turno a Ramón José Sender, el escritor altoaragonés que se exilió en México y en Estados Unidos. Félix Romeo comenta el libro ‘Turrones para Sender’ (Tropo), que contiene una parte de la correspondencia entre el escritor y Eduardo Fuembuena, periodista y escritor, y director de ‘Aragón Expréss’. Luis Grañena realiza esta caricatura: creo que es la más precisa que se ha hecho jamás de Sender, y lo digo con permiso de los grandes trabajos de José Luis Cano. Hoy sale en la página ocho de ‘Artes & Letras’ de Heraldo.

*La espléndida caricatura de Luis Grañena y también la portada del libro de Tropo, realizada por Óscar Sanmartín Vargas.

22/09/2011 15:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HOY, A LAS 0.55, BORRADORES: ROBERTO CIRIA, Á. ABÓS, I. GRASA, COROMINA...

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 El cantante de jota Roberto Ciria actúa esta medianoche, a partir de las 0.55, en ‘Borradores’ (Aragón Televisión) acompañado del grupo Trivium Klezmer. Ciria canta dos temas: una pieza de tango y jota y otra de música yiddish y de jota, y habla de su segundo disco, ‘A ritmo de jota’, que fue presentado en el Palacio de Congresos de Huesca y será presentado pronto en el Teatro Principal de Zaragoza.

También visitan el plató otros dos autores oscenses: la profesora y escritora Ángela Abós, que hablará de su primera novela: ‘Artículo determinado’ (Mira), donde cuenta una historia familiar vinculada a la Guerra Civil y a la posguerra, que arranca de la II República y llega hasta la intentona de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Ismael Grasa acaba de publicar ‘La flecha en el aire’ (Debate), un ‘Diario de la clase de filosofía’ donde habla de la democracia, de la libertad, del aprendizaje, de los grandes maestros de la filosofía y de temas más cotidianos como el amor, la responsabilidad, la homosexualidad o las leyes.

‘Borradores’ ofrece una entrevista con la escrita Montserrat Baldrich, una zaragozana afincada en Cataluña, que acaba de publicar ‘La noche también es blanca’, donde narra la historia de una pareja que se reencuentra 25 años después: Maite y Nico; él ha sido víctima de las drogas y ahora padece esquizofrenia. Ella lo deja todo para estar cerca de él. El novelista catalán Jorge Molist habla, desde la Biblioteca del Palacio de Sástago, de su extensa novela ‘Prométeme que serás libre’, donde narra la historia de un hombre que busca la libertad, a su familia y que decide dedicarse al negocio de los libros en los tiempos de la Corona de Aragón. El pintor Roberto Coromina expone ‘minutos, horas, días’ en la galería A del Arte, una muestra caracterizada por el uso de colores como el rojo, el azul y el negro que supone una reflexión sobre su propio trabajo y una búsqueda de emociones.

JORNADAS 'ENVUELTO PARA RELATO'

Una obra de Shaun Tan.

 

‘ENVUELTO PARA RELATO’.

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL EN ZARAGOZA

El próximo fin de semana, días 23 y 24 de septiembre, El Patio de la Infanta acogerá la primera edición de Envuelto para Relato, unas novedosas jornadas en torno a la literatura infantil y juvenil (LIJ) que organiza la asociación Atrapavientos en colaboración con Ibercaja. Talleres de escritura, ilustración y edición literaria, tutorías personalizadas y evaluación de proyectos editoriales, mesas redondas, proyección de audiovisuales y charlas en torno al género del cuento y una exposición benéfica; serán algunas de las actividades que se han programado para la primera edición de Envuelto para Relato. Entre los especialistas y ponentes, podemos destacar a los aragoneses Daniel Nesquens, Elisa Arguilé, Begoña Oro e Isabel Martínez, así como la escritora Ana Tortosa, el ilustrador Jacobo Muñiz y la editora Arianna Squilloni.

 

Begoña Oro, escritora, lectora y profesora.

Las librerías zaragozanas El pequeño teatro de los libros y Los portadores de sueños, tendrán su espacio en estas jornadas, y colaboran de manera activa en la organización. El periodista Fernando Rivarés será el encargado de abrir las jornadas el viernes 23 a las 10 horas. Entradas de oyentes y suscripciones a los talleres: La organización ha establecido dos modalidades de asistencia a las jornadas: una inscripción completa que incluye el acceso a todos los talleres y tutorías personalizadas y, por otro lado, también existe la posibilidad de acudir como oyente a Envuelto para Relato. El precio de las entradas de oyente para los dos días será de 10 euros y se pueden adquirir en las  librerías colaboradoras, así como en Entradas.com.

Nesquens, Julia, Eloy y Arianna Squilloni, entre otros.

 

En el fondo del cajón. Una exposición benéfica para el Bubisher: Ilustradores y escritores de todo el país se han unido a esta iniciativa colaborando con  originales que se pondrán a la venta únicamente durante unas horas y a un precio simbólico de 10 euros cada original. La recaudación se destinará a comprar libros que se donarán al proyecto Bubisher, un bibliobús que recorre las escuelas del Sahara y funciona como biblioteca ambulante dirigida a niños, jóvenes y adultos. El ilustrador y escritor australiano Shaun Tan, autor de álbumes tan conocidos como “El árbol rojo”, “Emigrantes” o “La cosa perdida” ha querido participar en Envuelto para Relato a través de la exposición benéfica que acogerá esta primera edición. El ganador del Oscar al mejor corto de animación de este año, precisamente por su obra basada en el libro “The lost thing” y recientemente galardonado con el Premio Astrid Lindgren, colaborará con una serie de bocetos originales que se incluirán en la exposición En el fondo del cajón.

20/09/2011 10:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER AGUIRRE HABLA DEL LIBRO 'JOSÉ ANTONIO LABORDETA. CREACIÓN, COMPROMISO, MEMORIA'

[Entrevista inédita con el profesor Javier Aguirre, antólogo de José Antonio Labordeta y coordinador del libro ‘José Antonio Labordeta. Creación, compromiso, memoria’ que publicó Rolde con distintos apoyos.La entrevista se la hice por correo electrónico cuando el diario ’Heraldo’ iba a reeditar el libro. Por distintas razones no pudo hacerse, pero aquí queda una crónica de un trabajo totalizador apasionante y un retrato de ese personaje fascinante y complejo, y a la vez tan sencillo y cotidiano, como José Antonio Labordeta.]

 

¿Qué es lo que te llevó a coordinar el libro ‘José Antonio Labordeta, creación, compromiso, memoria’?

Aunque la idea del libro se había concebido en Rolde de Estudios Aragoneses un par de años antes, el proyecto se puso en marcha en 2004, cuando Labordeta logró por segunda vez su escaño en Madrid. Los compañeros del REA me pidieron coordinar el libro porque conocía bien su obra y porque tenía una relación bastante estrecha con él. Además, juntos habíamos preparado recientemente su antología poética Dulce sabor de días agrestes.  

-Cómo pensaste el libro: qué tipo de libro querías hacer, cómo lo dividiste, cómo se ha organizado.

En un principio proyecté un libro más bien académico, un libro de artículos escritos por especialistas, ya sabes, con mucha nota a pie de página, referencias bibliográficas y demás, un libro colectivo en el que se abordara con rigor distintos aspectos de su vida política y creativa. Enseguida me di cuenta de que no era una buena idea, y que en el proyecto el aspecto afectivo debía ocupar un papel central. Labordeta era una persona muy presente y muy querida en nuestra sociedad como para abordarla simplemente como objeto de estudio. Al final, el libro se organizó en torno a los tres grandes bloques que dan título al libro, y se añadió el álbum de fotos, las obras dedicadas de artistas plásticos y escritores, y su primer LP, Cantar i callar.     

-Una pregunta que quizá debiera antes: ¿qué idea tenías de Labordeta, cómo lo veías, cómo lo retratas: es un intelectual que canta, un político que hace poesía, un ciudadano que canta por todos, un ciudadano en el que nos reconocemos?

Labordeta es todo eso que comentas, desde luego, pero, por encima de todo,  Labordeta es una personalidad carismática, arrolladora, y por ello muy compleja y muy atractiva. Labordeta es una de esas personas excepcionales que constituyen, por sí mismas, un potentísimo elemento de cohesión social. Hay poquísimas personas con ese don, y Labordeta era una de ellas. En ese sentido, es muy posible que pase muchísimo tiempo hasta que en Aragón aparezca alguien con esas características.   

-Vayamos con la materia. Si tuvieras que definir el apartado de Creación, qué nos dirías…

 En la parte dedicada a la creación, se aborda la actividad de Labordeta en el ámbito de la canción, la literatura, y también del cine y la televisión. Sorprende la enorme actividad desplegada por Labordeta en el terreno creativo. Creo que es especialmente interesante, por poco conocido, el trabajo dedicado a la relación de Labordeta con el cine, que es analizado de forma magistral por Vicky Calavia a partir de las declaraciones del propio Labordeta. Hay muy buenos trabajos de Antonio Pérez Lasheras, Antón Castro, José Jiménez Corbatón, José Luis Melero y Joaquín Carbonell. 

    

¿Cómo podríamos resumir el sentido del compromiso de Labordeta?

El compromiso político de Labordeta siempre estuvo marcado por la independencia, al margen de que en determinados momentos pudiera participar bajo unas siglas concretas. Su carácter no se adaptaba precisamente bien a las disciplinas de partido, tal como señala Mar Herrero en su artículo. En el libro, Gonzalo Borrás y Jorge Cortés han analizado muy especialmente el compromiso político de Labordeta durante la transición.     

¿Qué significó de veras Andalán en su vida?

Andalán fue un capítulo fundamental, pero no sólo en la vida de Labordeta, sino en la historia reciente de Aragón, en la medida en que supuso un factor determinante en la recuperación de Aragón como comunidad durante los difíciles años del tardofranquismo y la transición. En el libro, el tema es abordado por Eloy Fernández Clemente y Francisco Acero.

Una de las novedades es el rescate de ‘El dedo en el ojo’

 “El dedo en el ojo” era una sección de Andalán en que Labordeta abordaba el análisis de numerosas cuestiones de la realidad nacional e internacional con aguda perspicacia y con gran sentido del humor. Mi buen amigo Francisco Acero, profesor de Literatura y excelente investigador, había trabajado sobre el tema y le pedí una colaboración. Su artículo es realmente bueno. 

Memoria: ¿Por qué Memoria? ¿Podríamos decir que es la biografía privada y la biografía coral?

En efecto. En el bloque dedicado a la memoria, personas muy cercanas escriben sobre su experiencia vital con Labordeta en distintas épocas de su vida. Se habla de su niñez y de su adolescencia, de sus años como profesor en el instituto en Teruel y de otros momentos que son quizás más anecdóticos, pero también muy significativos para entender a la persona. En este bloque han colaborado Emilio Gastón, Javier Lacruz, Javier Delgado y Fernando Sanmartín.  

-¿Cómo es el álbum de fotos de José Antonio? ¿Qué tiene de especial?

Hay muchas fotos que ya habían sido publicadas en otros libros o en la prensa, pero que por su significado pensé que debían aparecer en el álbum. Y también hay muchas otras fotos inéditas de momentos más familiares y privados, desde una boda hasta la celebración de una nochevieja. Excepto una foto en que aparecen sus nietas Marta y Carmela solas, en todas las demás Labordeta aparece con algún amigo o en grupo. Además del álbum, los artículos vienen profusamente ilustrados con fotografías y material gráfico. 

-Háblame de la parte de textos y artes. ¿Qué valoración haces al verlo así?

El último apartado del libro recoge los trabajos que numerosos escritores y artistas elaboraron para la ocasión. Se trata de un amplísimo grupo de personas cuya única vinculación es su afecto a Labordeta. Que personas tan alejadas entre sí vital e ideológicamente compartan las páginas de este libro ilustra muy bien lo que representa Labordeta en nuestro país.  

-¿Qué significó para él y para Aragón el disco ‘Cantar i callar’?

José Giménez Corbatón y yo mismo hemos hablado en el libro de lo que supuso la publicación de Cantar i callar en el año 1974. A mi modo de ver, Cantar i callar es el acontecimiento cultural más importante de toda la transición en Aragón, en la medida en que supuso para buena parte de la juventud aragonesa el descubrimiento de su país y la recuperación de la conciencia de comunidad. 

¿Esperabas el impacto tan grande que produjo su muerte?

No me sorprendió en absoluto. Como ya he dicho antes, Labordeta ha sido, él solo, el elemento de cohesión social más potente de la historia reciente de Aragón. Pero es que además representa el compromiso desde la honradez y la independencia, valores muy escasos en la política real. Eso es algo que el ciudadano valora por encima de todo lo demás, y así lo expresó tras su fallecimiento.

¿Qué nos deja Labordeta para siempre?

Nos deja su forma de entender la vida y la política. Y también nos deja una importante obra creativa. Podemos estar seguros de que Labordeta ya es parte fundamental de la historia de nuestro país. 

 ¿Qué te dijo Labordeta cuando vio el libro?

 Labordeta siempre fue muy reacio a la elaboración de este libro, y en varias ocasiones me dijo directamente que no quería que se hiciera. Como comprenderás, trabajar en esas condiciones no era precisamente motivador, por lo que en un par de ocasiones estuve a punto de mandar todo a paseo. Pero la respuesta de los numerosos colaboradores y el apoyo incondicional de mis compañeros del REA me convencieron de que debía finalizar el proyecto. Todo cambió cuando Labordeta vio el libro y, sobre todo, cuando se presentó en el Teatro Principal en un emotivo acto festivo en el que participaron numerosísimos amigos suyos y que contó con la presencia de los máximos representantes de la ciudad y de la comunidad, como Juan Alberto Belloch y Marcelino Iglesias. Entonces Labordeta se sintió emocionado y agradecido. Y yo di por bueno el trabajo realizado.

19/09/2011 12:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE LABORDETA EN EL PRIMER AÑO DE SU MUERTE

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LABORDETA, EL HOMBRE LIBRE QUE CANTÓ CON TODOS

José Antonio Labordeta, el cantor de la tribu, fallecía en Zaragoza el 19 de septiembre de 2010, hace ahora un año. El poeta, cantante, profesor y político no había podido superar las consecuencias de un cáncer de próstata y expiró en paz, con serenidad, tras haberse despedido, de viva voz y por escrito, en forma de memorias (con un conmovedor libro-testamento: ‘Regular, gracias a Dios’ (Ediciones B, 2010) y de poemas, de sus amigos y de su familia, con Juana de Grandes, su musa y su compañera, al frente. Y después de haber recibido condecoraciones y numerosas muestras de afecto. Es raro hallar en la historia del Aragón del siglo XX o XXI a un personaje que haya calado tan hondo: ni siquiera Joaquín Costa ni José Oto, que protagonizaron entierros multitudinarios, alcanzaron esa dimensión. La auténtica dimensión de ser un hombre del pueblo sin que haya demagogia alguna en esta expresión.

A lo largo de casi dos días, el autor de quince álbumes y de más treinta libros, el cadáver del creador de ‘Canto a la libertad’ fue despedido en la Aljafería por multitudes que reconocían en él a un modelo, a un conciudadano, a un maestro, a un referente y a un luchador incansable desde la canción, desde la literatura, desde la política, desde ese sueño que fue ‘Andalán’, desde el amor incesante por Aragón, por Zaragoza, por los humildes y por la justicia. Cuando uno piensa en aquellos dos días de luto y de homenaje no puede evitar la emoción: José Antonio Labordeta Subías (Zaragoza, 1935-2010) nos caló muy hondo. Nos conmovió. Él, más allá de una filiación concreta a Chunta Aragonesista (antes había militado en el PSA y en Izquierda Unida) fue un estandarte: cantó para todos, cantó por todos. E hizo algo muy especial: se reinventó una y otra vez, primero en los días de la Generación Niké y de la posguerra cuando se movía a la sombra de su hermano y fundaba la revista ‘Orejudín’, luego como profesor de historia que se preguntaba qué hacía un melancólico radical y a veces depresivo como él en el aula. Más tarde, se reinventó como fundador del movimiento de la Canción Popular Aragonesa, y como escritor. Y como actor y, sobre todo, como presentador de televisión o andariego del país en ‘Un país en la mochila’. Y volvió a reinventarse como parlamentario regional y como parlamentario nacional, durante ocho años, donde demostró que era un gran trabajador, un afanoso representante del bien común y un paisano con ínfulas y con dignidad: mandó a la mierda a la oposición porque no le dejaba hablar y era objeto de chanzas y burlas, y leyó un poema de su hermano Miguel que proclamaba la necesidad de la paz. José María Aznar, que era lector de poesía y recibía a los poetas en la Moncloa, se quedó un tanto estupefacto: ese gesto fue un acto para la posteridad y una primicia absoluta en el Boletín Oficial del Estado.

José Antonio Labordeta era, conviene recordarlo, un hombre de su tiempo. Un hombre que dudaba. Y era, más que nada en el mundo, un poeta. Alguien que cree en la verdad de las palabras, alguien que se abrasa en el fuego del lenguaje, alguien que busca el misterio definitivo de la concordia y la sensibilidad. Sus referencias fueron muchas: Georges Brassens, Atahualpa Yupanqui y Bob Dylan en la música; su hermano Miguel y César Vallejo, en la poesía. Y así podríamos citar otros nombres que le marcaron: desde Sender y Goya a Buñuel, desde los Azara a su amigo Pablo Serrano, o a los hermanos parejos y disparejos que le había deparado la vida: desde Emilio Gastón y Eloy Fernández Clemente a Juan José Carreras o Gonzalo Borrás; desde Luis Alegre o Pepe Melero, el último doctor de su alma, Ángel Artal, a sus editores Antonio Pérez Lasheras y Chusé Raúl Usón, o al hijo varón que no tuvo y que le estimuló a diario: Félix Romeo.

Piensa uno en Labordeta y piensa en una criatura irrepetible, aragonés hasta la médula, socarrón, irónico, dulce y levantisco a la vez, apasionado. Un hombre de palabra y de raíz que miró al cáncer de frente, con una turbadora e inefable serenidad.

 

*Esta ilustración es de José Luis Cano, que le hizo algunas interpretaciones al retrato y a la caricatura espléndidas.

 

19/09/2011 10:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA POESÍA DE LABORDETA

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[Hoy se cumple exactamente un año de la muerte de José Antonio Labordeta: recupero aquí un artículo que me envío hace algún tiempo Javier Aguirre, antólogo de su poesía para Huerga & Fierro. Es el primero de los homenajes que le rendiré hoy en mi blog y en mi facebook. La caricatura es de Luis Grañena.]

 

 

HA MUERTO UN POETA:

JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Javier Aguirre

 

Labordeta ha muerto. Con él se nos va un gran poeta. Labordeta siempre se vio a sí mismo como un poeta, y desde esa condición abordó el análisis de la realidad. Labordeta desarrolló sus numerosas facetas públicas con una fuerza y un sentido lúdico muy personal, pero sin desprenderse jamás de aquella mirada descreída, distante y algo triste con la que algunos poetas observan el mundo. Labordeta concebía la existencia desde un notable escepticismo, lo que en sus poemas se manifiesta en ese característico tono tedioso y dejado. Al contrario que sus canciones o sus artículos periodísticos, sus poemas rara vez dejan espacio al humor. No hay más que comparar los poemarios Jardín de la memoria (1982) o Diario de un náufrago (1988) con las famosas crónicas de Polonio, publicadas en Andalán tras la transición, para saber de lo que hablamos. Y sin embargo, a pesar de ese permanente fondo escéptico, en su poesía, como en el resto de su obra, jamás renunció a la esperanza ni a la reivindicación. Consecuente consigo mismo, en Labordeta se produjo un temprano paso del yo al nosotros, del poeta que recrea un yo intimista en Sucede el pensamiento (1959), al poeta que se pregunta por el ser humano y sus deseos de justicia y libertad, temas desarrollados con intensidad incisiva en Las sonatas (1965) o en Método de lectura (1980). Por eso, la poesía de Labordeta oscila entre el tedio y la esperanza, la tristeza y la exaltación, la denuncia y el despego. Esta forma de reflejar la realidad no es ajena a la época que le tocó vivir y a las circunstancias familiares que acompañaron sus años de niñez y juventud. La poesía de Labordeta no podría entenderse sin la terrible experiencia que supusieron para él, como para tantos otros españoles, la guerra civil, sobre la que nos dejó poemas estremecedores, como “Belchite” (“El árbol se levanta sobre la tapia hundida./El viejo campanario –la paloma que había/huyó bajo la guerra- está desierto:/todo es sombra”), si bien su principal fuente de creación fue la niñez y juventud de postguerra, que reflejó en poemas como “Acuérdate” (“Nunca/fuimos realmente niños/en mitad del dolor amargo/de las guerras”) o “Cuando niños” (“…el largo invierno muerto/y la ausente y sin fin/perdida primavera”). Por otro lado, a pesar de la dureza de la postguerra, la nostalgia y la añoranza invaden su poesía de principio a fin, y una y otra vez vuelve a la infancia para reivindicarla a pesar de toda su aspereza: “amada mía infancia destruida” leemos en Tribulatorio (1973); y en  Diario de un náufrago (1988), “Nunca vuelven/los infinitos/días/de la infancia…”. Y los últimos versos de “Como un ardiente niño”, en Poemas y canciones (1976), lo expresan con rotundidad: “Nada como entonces/a pesar de todo”. Solidario con este sentimiento, el amor adolescente aparecerá como motivo frecuente en su poesía; es el caso de “Érase una vez”, poema incluido en Tribulatorio (1973): “Éramos tan amor/tan ojos vivos tan esperanza/que la dolida mezcla del otoño/nunca llegaba hasta nosotros”. El ambivalente sentimiento del poeta frente a su niñez y adolescencia se enmarca siempre en el espacio físico y simbólico de su ciudad, Zaragoza, que constituye otro de los grandes temas de su poesía. La poesía de Labordeta está impregnada del sabor de la ciudad, de sus plazas y calles, de sus gentes, de sus iglesias, del Ebro omnipresente, de sus frías tardes de domingo, del otoño y el viento, elementos de los que se sirve para retratar una ciudad de sobria belleza. Pero más allá de Zaragoza, la presencia de Aragón constituye la nota que mejor define su poesía. Numerosos poemas hacen referencia a su geografía –“Belchite”, “Javalambre”, “Canfranc”, “Teruel”, “Todos los santos de Albarracín”,…-, y la temática de Aragón es omnipresente en Cantar y callar (1971), Treinta y cinco veces uno (1972) o  Monegros (1994). La áspera postguerra, las añoradas niñez y adolescencia, los valores de la libertad y la solidaridad, Zaragoza como espacio físico y simbólico y, sobre todo, Aragón constituyen los grandes temas que definen la poesía de José Antonio Labordeta. En su poema “Llaneza” afirma Borges que “lo que tal vez nos dará el Cielo no son admiraciones ni victorias sino sencillamente ser admitidos como parte de una Realidad innegable, como las piedras y los árboles”. No cabe la menor duda de que nuestra tierra ya es para siempre el rincón de Labordeta en el Cielo de Borges.

 

     

19/09/2011 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREMIO JAEN PARA ÁNGEL PETISME

Los escritores Julián Herbert (Saltillo, México, 1971) en novela, Ángel Muñoz Petisme (Calatayud, 1961) en poesía y Víctor Manuel Almazán Aguado en novela juvenil son los ganadores de la 27ª edición de los Premios Literarios Jaén 2011. La entidad patrocinadora de los premios, CajaGranada, señaló ayer en un comunicado que el premio consiste, además de la publicación de las obras, en 24.000 euros para Canción de tumba, la novela de Herbert, y 15.000 para el poemario La noche 351 de Petisme y otros tantos para la novela juvenil El vuelo del pterodáctilo de Almazán Aguado.


POESÍA ACTUAL Y COMPROMETIDA

   Con respecto a la modalidad de Poesía, el jurado, presidido por Antonio Colinas, en sucesivas deliberaciones y votaciones, fue seleccionando los mejores manuscritos hasta que en la última votación eligió por unanimidad la obra La noche 351, de Ángel Muñoz Petisme (Catalayud, 1961), un autor presente ya en varias antologías de poesía, perteneciente a los Postnovisimos y con varios libros publicados hasta el momento. Esta modalidad está dotada con 15.000 euros y será publicada por Ediciones Hiperión. A ella se han presentado 353 originales. Los miembros del jurado han resaltado el libro ganador por ser un poemario muy actual y comprometido, de denuncia de los abusos de la guerra, alejado siempre de lo panfletario y con poemas muy bellos. También sorprende la unidad y la contundencia del libro.

 

*Esta es la nota del premio que he recibido de Ángel Petisme y de su productora Tranvía Verde. Enhorabuena, Ángel.

18/09/2011 17:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

A LAS DOCE, REDIFUSIÓN DE BORRADORES

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[Menú de Borradores, que se redifunde esta mañana a las doce, en Aragón Televisión. Plató: SERGIO CASADO, biógrafo de Adolfo Aristarain; MIGUEL ÁNGEL ORTIZ ALBERO, escritor, dramaturgo y artista que publica una novela sobre Guillaume Apollinaire. Reportajes: JUAN VILLORO, escritor; MARIAN WOMACK, escritora y editora; JOAQUÍN PADILLA, músico; y DAVID TORRES, novelista. Actuación musical: RAÚL TERÁN, intérprete y compositor argentino. Quizá porque era demasiado tarde, en su pase habitual tuvo poca audiencia; sin embargo, creo que es un programa muy variado y muy bonito. Marian Womack habla mucho en la entrevista de Laura Riding, la poeta que compartió unos años la vida con Robert Graves; por eso cuelgo aquí esta foto.]

Borradores se redifunde esta mañana, hacia las doce, y recibe en el plató a Sergio Casado y a Miguel Ángel Ortiz Albero. El primero, biógrafo de Enya, Sinead O’Connor y Alanis Morrisette, acaba de publicar una biografía muy personal del cineasta argentino Adolfo Aristarain (Ediciones JC), autor de películas como ‘Un lugar en el mundo’, ‘Martín Hache’ o ‘Roma’, entre otras. Y Miguel Ángel Ortiz habla de su último libro: ‘Un día me esperaba a mí mismo’ (Jekill & Jill), una novela resuelta en fragmentos y centrada en la historia del poeta soldado Guillaume Apollinaire que, en un viaje en tren, conoció a una joven, Madeleine, y la convirtió en la imagen de la amada ideal; le mandó más de sesenta cartas de amor. A la par, Ortiz Albero prepara la adaptación de su poemario ‘Troupe’ para la ópera con música de Víctor Rebullida.

Borradores ofrece un amplio reportaje con el escritor mexicano, de origen aragonés, Juan Villoro, ‘8:8. El miedo en el espejo’ (Candaya), donde narra, en clave periodística y de ficción, la crónica del terremoto de Chile que tuvo lugar en febrero de 2009. Marian Womack habla de su primera novela, ‘Memoria de la nieve’ (Tropo editores), una ficción sobre la ausencia, la soledad y la muerte que transcurre en espacios distintos: Moscú, Mallorca, Oxford, Siberia, etc., y tiene un personaje alegórico como protagonista. Y a la par, la escritora gaditana analiza su trabajo como editora de Nevsky Prospects. Joaquín Padilla presenta su libro ‘De cantante a cantante’ (Milenio), donde habla de las giras, de las canciones, de los hábitos y de las experiencias de artistas tan diferentes como Merche, Conchita, Sole Jiménez, Pereza, Nacho Campillo o Álex de la Nuez, entre otros. Y David Torres, ganador del premio de novela ‘Ciudad de Logroño’ con ‘Punto de fisión’, explica su novela coral que vincula, entre otros, Chernóbil, la pornografía, el amor, Hemingway o un editor, en una ficción trepidante.

La actuación musical corre a cargo de Rául Terán, un músico e intérprete argentino que se ha educado en el folclore popular de su país, de Yupanqui a Cafrune y Mercedes Sosa, entre otros, y que reside actualmente en Albeta. Terán canta dos temas, uno de ellos, ‘Vendimia’, es un particular homenaje a los viñedos de La Huecha y se estrena por primera vez en televisión.

17/09/2011 01:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESCRITORES CONTRA LA LEY

La vida peligrosa de los escritores

 

José Ovejero publica ‘Escritores delincuentes’, que presentará la próxima semana en la Casa de América

 

En la literatura hay escritores estafadores, ladrones, malversadores de fondos, maltratadores y asesinos. Y la fascinación por los “fuera de la ley” ha llevado a José Ovejero a escribir un libro sobre un buen número de autores que han vivido peligrosamente y que han conocido la cárcel. Se trata de ‘Escritores delincuentes’ (Alfaguara), que hace un recorrido por un conjunto de autores entre los que se encuentran asesinos como William Burroughs, que mató a su segunda mujer, María Carolina Geel o Anne Perry; delincuentes como Jean Genet, O. Henry, Jeffrey Archer o Hugh Collins, que clavó un cuchillo en el corazón de un joven de una banda rival, o gentes que han pasado por la cárcel como el costarricense José León Sánchez, que se hizo famoso a la sombra donde pasó treinta años; revisado su caso de cadena perpetua, lo declararon inocente.

Dice José Ovejero: “Los escritores que he seleccionado no son interesantes solo por su biografía. Lo verdaderamente interesante es la relación entre su biografía y su obra, cómo en ambas se entrelazan temas como la culpa, las injusticias sociales, la capacidad redentora –o no- de la escritura, la verdad en la ficción, la mentira en la autobiografía, la relación con la propia violencia, la mirada sobre la cárcel, sobre los jueces, sobre otros delincuentes, la tensión impresionante entre lo que dice y lo que callan”.

Entrados ya en harina, Ovejero presenta algunos casos de escritores que han pasado por la cárcel: González-Ruano, el gran cronista de la prensa española, que pasó de Madrid a Roma, y luego de Berlín a París; en 1942 fue detenido y encarcelado probablemente por vender “pasaportes en blanco”, comerciar con antigüedades, por llevar encima once mil dólares y un brillante sin montar. Fruto de esa estancia a la sombra nació su libro ‘Cherche-Midi’. Contar la experiencia de la cárcel es algo que han hecho muchos escritores, entre ellos el ya costarricense José León Sánchez, denominado ‘el monstruo de la Basílica’, que se hizo famoso en cautividad, Chester Himes, el escritor de narrativa negra y de pasado aún más oscuro que también estuvo entre rejas, Hugh Collins, que firmaría una ‘Autobiografía de un asesino’, o Miguel de Cervantes, nuestro preso más ilustre probablemente: permaneció cinco años cautivo en Argel, luego fue detenido en 1592 y excomulgado “por la venta ilegal de trigo que había decomisado en sus funciones de comisario encargado de obtener provisiones para la flota de Felipe II”. Volvió a la cárcel “cuando ejercía de recaudador de impuestos en Granada, y tuvo la mala suerte de depositar parte de lo recaudado en un banco que quebró”. Eso sí, Cervantes asimiló la jerga y el mundo de los delincuentes y ensanchó su imaginación. Un escritor como Jack London pasó treinta días en la cárcel y el joven André Malraux, que se desviaba hacia el hurto de arte oriental, fue sorprendido con su esposa mientras arrancaban relieves en Camboya y condenados a tres años de cárcel que no cumplieron.

Otro caso de encarcelado especial es el de Álvaro Mutis, el escritor colombiano, íntimo de Gabriel García Márquez, que está en posesión del premio Cervantes. Ovejero recuerda que estuvo en la cárcel por “defraudar dinero a la Standard Oil y gastárselo con sus amigos artistas”. Mutis nunca ha explicado muy bien qué ocurrió y sus amigos –que empiezan en García Márquez- siempre lo han protegido en este caso. Entre los delincuentes, rebeldes y desasosegados, están algunos de los miembros de la ‘beat generation’, con Neal Cassady a la cabeza, que inspiró en parte libros como ‘En el camino’ de Jack Kerouac y ‘Aullido’ de Allen Ginsberg, dos delincuentes también. Ovejero resume la historia de Cassady como un caso habitual de delincuencia, drogas y literatura, no muy alejado, quizá, del del “fugitivo” Jean Genet, que conoció varias cárceles de Europa y firmó una especie de memorias de su experiencia con el título ‘Diario de un ladrón’, un libro de culto que mereció los elogios de Sartre.

En el libro hay varios asesinos: las jóvenes Anne Perry y Pauline Parker, que mataron a la madre en Nueva Zelanda; el caso de María Carolina Geel (seudónimo de Georgina Silva), que mató a su amante y luego diría: “Era lo que más quería en la Tierra”; o Remigio Vega Armentero que mató en 1888, de cuatro tiros, a su mujer Cecilia Ritter Mathis. También la escritora chilena María Luisa Bombal estuvo a punto de matar a un viejo amante de varios dispares, él se slavó y ella conoció la cárcel. Quien si mató a su segunda mujer fue William Burrough, el autor de ‘Yonqui’ o ‘El almuerzo desnudo’, que llevó una doble vida: era homosexual y a la vez se casó varias veces. A su segunda esposa Joan Vollmer la mató practicando “nuestro número de Guillermo Tell”. Años después, confesaría: “Apunté con cuidado desde seis pies de distancia a la parte superior del vaso” que llevaba Joan en la cabeza. Eso sí, este crimen, que fue presentado como un accidente, le trajo el éxito inmediato: en poco tiempo vendió más de 100.000 de ‘Yonqui’.

 

 

*En las fotos, Burroughs y Pauline Parker y Anne Perry.

15/09/2011 08:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CASANOVA: EL VALOR DE LA EDUCACIÓN

[Julián Casanova me envía este artículo que publica hoy en ‘El País’. Y lo traigo aquí porque contiene reflexiones que son fáciles de suscribir: insiste en las viejas verdades del barquero en torno a la cultura y a la educación. Estos días acabo de leer un libro excepcional sobre filosofía, y cultura en general, ‘La flecha en el aire’ (Debate) de Ismael Grasa, que es extraordinario: una defensa del pensamiento, de la libertad, de la democracia, de la dialéctica y a la vez un libro sensato contra los tópicos]

 

EL VALOR DE LA EDUCACIÓN

Por Julián CASANOVA. El País

Cada vez está más claro que nuestra riqueza nacional obtenida en los largos años dorados del boom inmobiliario no fue a parar a la educación. La educación, como podemos comprobar un día sí y otro también, no es una de nuestras glorias nacionales, a diferencia, por ejemplo, del fútbol o, hasta no hace mucho, de los toros. Y aunque los políticos suelen hablar de la educación, la mayoría de ellos no sienten ninguna devoción hacia ella y prefieren, por el contrario, estimular la ignorancia, la burricie y la estupidez.

La educación en España provoca mucho ruido y poco debate. En términos generales, nuestros políticos sienten atracción por el poder, la comunicación, es decir, salir mucho en los medios, y por sus votantes, aunque solo por los más fieles. Como para lograr todo eso no necesitan estudiar, sentir el amor por el conocimiento, la educación les trae sin cuidado. Hablan, eso sí, de formación, pero, en realidad, quieren decir preparación, adquirir crédito profesional a través de un título, ganar dinero fácil y con rapidez. La formación es otra cosa.

Como ocurre con casi todo en la vida, no hay una única y simple verdad sobre la educación, pero hay un acuerdo bastante básico entre los especialistas en señalar que la educación significa el desarrollo integral de los individuos más allá de la preparación profesional, algo que incluye necesariamente comprender la naturaleza de las cosas y el mundo que nos rodea. La educación es una guía imprescindible para captar los entresijos de la sociedad tan compleja que hemos creado. Conocimiento, respeto por las personas y ambición por ampliar los estrechos horizontes de la pequeña comunidad de vecinos, familia y amigos en la que cada uno habitamos. Esas son tres cualidades básicas de la educación.

Con el trasfondo de la cruda crisis económica y de las altas tasas de paro que padecemos, a muchos les gusta repetir hasta la saciedad que nunca ha habido una generación tan bien formada como los jóvenes en la actualidad, lo cual, vista la historia de España de la mayor parte del siglo XX, no significa gran cosa. Ese tópico, un lugar común bastante generalizado también en los medios de comunicación, en las tertulias y en la calle, es el resultado, por un lado, de la confusión entre preparación profesional, aunque sea chapucera, y formación; y por otro, de un desconocimiento agudo y preocupante de lo que significa la educación.

Una persona educada debe ser capaz de pensar y escribir con claridad, comunicar con precisión y pensar críticamente, algo que debería ser un requisito imprescindible para los estudiantes universitarios. No hace falta conocer mucho las universidades españolas ni ser un especialista en educación para comprobar lo lejos que estamos de esa primera y fundamental premisa.

Una buena educación, además, debe proporcionar una apreciación crítica de las formas en que obtenemos el conocimiento y la comprensión de la sociedad, conocimientos básicos de los métodos experimentales de las ciencias, de los logros sociales, artísticos y literarios del pasado, de las principales concepciones religiosas y filosóficas que han guiado la evolución de la humanidad. No se puede ser provinciano, solo del pueblo o ciudad donde uno ha nacido, sin aspirar a aprender de verdad otros idiomas, ignorando a las otras culturas o los hechos históricos que han contribuido a configurar el presente. La educación debería servir también, por supuesto, para adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento. De una persona educada, en fin, se espera que tenga algún conocimiento sobre los problemas éticos y morales, en constante cambio, que pueda ayudarle a formarse un juicio sólido y elegir entre las diferentes opciones.

El salto de la mera preparación, de un conocimiento informado, a una apreciación crítica de las cosas, a la formación profunda, puede resultar una ambición inalcanzable, pero hay que perseguirla con ahínco a través del estudio continuo, del estímulo del hábito de la atención, del arte de la expresión y del pensamiento crítico. Desarrollar los poderes del razonamiento y del análisis no es algo que se estimule mucho entre nosotros, dominados como estamos por la mentalidad de los tecnócratas y de los corredores de Bolsa, que animan a obtener beneficios inmediatos, con un desconocimiento supino de lo que significa organizar la enseñanza a largo plazo.

La educación es un privilegio que no puede dejarse en manos de los burócratas, de los amantes de las estadísticas y del currículo, de quienes desprecian a los profesores y limitan su autoridad ante los alumnos, los padres y la sociedad en general. En los tiempos en que vivimos, rodeados de ordenadores y tecnología moderna, la información puede adquirirse sin demasiada dificultad. La educación necesita mucho más, aunque en España todavía no nos hayamos enterado.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Las dos primeras fotos son de Robert Doisneau; la siguiente es un fotograma de 'La lengua de las mariposas': don Gregorio y el 'Gorrión'...

 

15/09/2011 08:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

OTRO BLOG LITERARIO DESDE ALICANTE

 

MARIA SERRALBA ha escrito:



Hola Antón, soy una aprendiz de escritora alicantina con un libro en la sombra esperando el pequeño descuido de la mujer de la limpieza al desempolvar los manuscritos que se apilan a diario en el apartado "nuevas propuestas editoriales", para filtrarme entre ellas y ver un haz de luz. He creado un blog (ni punto de comparación del tuyo) donde voy plasmando mi trabajo y empujada por el azar, de la noche a la mañana me vi escribiendo una novela con personajes que remontan sus orígenes en tu tierra, Galicia. No me digas el cómo ni el porqué, ya que todavía a estas alturas no lo he descubierto, ni tan siquiera como mi búsqueda en la blogosfera me ha llevado hasta tí, pero la lectura de este post de tu amigo librero me ha dado en la diana. [Se refiere a un artículo de Paco Pons sobre las librerías].

Yo también comparto esa ilusión de publicar algún día -espero no muy lejano-, y poder presentar mi novela en esas pequeñas y entrañables librerías donde parece que el tiempo se mantiene suspendido en el aire, donde todavía se respira los suspiros de la gente que a hurtadillas hemos intentado en alguna ocasión leer dos páginas seguidas de un libro que no hemos comprado, o que en efecto hemos recobrado la fe en nosotros mismos al conseguir encontrar entre sus estanterías aquel libro que dábamos ya por perdido y que por avatares de la vida se había alejado de nuestro pequeño círculo de intimidad. Cuando vi la pelicula ‘84 Charing Cross Road’ disfruté como una niña, lloré desconsoladamente por la pérdida del carismático establecimiento, pero sobre todo y tal como comenta Paco Pons, porque cada librería que desaparece lleva consigo la seña de identidad de muchos de nosotros.

Gracias por ofrecer un blog tan meticulosamente confeccionado y si tienes la posibilidad y el deseo de saber algo más sobre mi trabajo, te adjunto mi reseña de página. Un afectuoso saludo.

http://mariaserralba.blogspot.com

*Todas las fotos que he colgado en esta entrada son del fotógrafo alemán Kurt Hutton, que trabajó en Estados Unidos, para la revista 'Life'. Nació en 1893 y falleció en 1960.

11/09/2011 20:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN PROYECTO SOBRE SENDER

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‘VISIONES DE MR. WITT’ EN FNAC

PLAZA IMPERIAL DE ZARAGOZA

 

Nota de Vicente Lachén

 

 

Con una importante asistencia de público de todas las edades, se inauguró en la tarde de ayer jueves en la sala de exposiciones de Fnac Plaza Imperial de Zaragoza, la exposición  “VISIONES DE MR. WITT. LA IMAGINACIÓN DE RAMÓN J. SENDER EN FOTOGRAFÍAS” de los fotógrafos oscenses Dominique Leyva y Vicente Lachén.

 

Acompañados por el responsable de comunicación de Fnac, Ángel Gracia, Leyva y Lachén explicaron a los asistentes todo el proceso creativo de la exposición desde su inicio, a partir de una beca del Instituto de Estudios Altoaragoneses, para responder posteriormente a cuantas dudas y preguntas surgieron, referidas tanto a la exposición como a la figura del escritor altoaragonés.

 

Fueron también muchas las personas que se interesaron por la obra de Sender, no olvidemos que la exposición se realiza en la Fnac,  y por la selección de los textos realizada por los autores para desarrollar el proceso narrativo de la exposición, realizado con fotografías de la provincia de Huesca y de Albuquerque y el estado de Nuevo México, en los Estados Unidos; tanto es así, que el acto tuvo que finalizar debido al cierre del establecimiento ya bien entrada la noche, comprometiéndose los autores a nuevos encuentros con el público, especialmente durante las próximas fiestas del Pilar.

 

La exposición, que puede contemplarse en Zaragoza hasta el próximo mes de noviembre, consta de 28 fotografías en gran formato acompañadas de textos de Ramón J. Sender, y posteriormente seguirá su itinerancia por la provincia de Huesca, dentro de la campaña de exposiciones que realiza la Diputación Provincial de Huesca.

 

09/09/2011 17:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCHAMALO Y CORTÁZAR SE CITAN

Lo que leyó y anotó el autor de ‘Rayuela’

 

[Jesús Marchamalo publica ‘Cortázar y los libros’, un viaje por los hábitos de un lector voraz que discutía con los autores, que señalaba erratas, que corregía traducciones y que recibió preciosas dedicatorias]

  

“Hubo un momento, hace años, en que todos queríamos ser Cortázar” dice Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) en su delicioso libro ‘Cortázar y los libros’ (Fórcola. Madrid, 2011. 108 páginas). Alude a la fascinación que ejercía este escritor moderno y audaz, que amaba el jazz y los gatos, que leía poesía y que escribía un cuento en un viaje de avión, y que iba de aquí para allá, de ciudad en ciudad, de mujer en mujer, con su cuerpo descomunal, su melancolía y sus erres arrastradas. Y con un equipaje especial: había escrito una novela como ‘Rayuela’ y era el autor de ese libro libérrimo que se titula ‘Historias de cronopios y famas’.

Julio Cortázar tenía una relación especial con los libros, que cuidaba en su casa parisina de la rue Martel. El escritor, nacido en Bruselas en 1914 y fallecido en París en 1984, acumuló muchos ejemplares de casi todo: de filosofía, de arte, catálogos y, sobre todo, de literatura. En 1993, su primera mujer Aurora Bernárdez donó su biblioteca a la Fundación March, a la que le dedicó un amplio reportaje Javier Goñi en HERALDO hace algún tiempo: entre varios miles de ejemplares, había alrededor de unos quinientos dedicados al autor de ‘Queremos tanto a Glenda’. Jesús Marchamalo –autor de ‘Las bibliotecas perdidas’ (Renacimiento, 2008), ‘44 escritores de la literatura universal’ (Siruela, 2009), ‘No hay adverbio que te venga bien’ (Eclipsados, 2009) y que ha colaborado con Isidro Ferrer- se zambulle en esa biblioteca y extrae algunas conclusiones en este volumen ideal para estos días, ideal para fetichistas y para lectores y bibliófilos de toda condición.

Por ejemplo, sabemos que Julio Florencio Cortázar empezó firmando así sus textos. Luego Florencio Cortázar, más tarde Julio Denis, que fue uno de sus seudónimos más conocidos, y que era conocido familiarmente como Cocó. Redactó una pequeña novela con nueve o diez años, y fue acusado por su propia madre de plagiaria: ella no se creía que sus textos, prosas y poemas, fueran suyos. Cocó era un lector voraz de Verne, Víctor Hugo y Edgar Allan Poe, al que traduciría impecablemente.

Marchamalo recuerda que Cortázar anotaba siempre los libros que leía. Dice: “Lo primero que llama la atención del Cortázar lector es su relación, voraz y casi nutritiva, con los libros. En buena parte de ellos ha dejado anotaciones, apostillas y notas. Señala y marca párrafos, o palabras, o con lápiz o bolígrafo –azul, o negro, o rojo-, o con rotulador en algún caso”. Cortázar polemiza con los autores, cuestiona las traducciones (él tradujo, además de Poe, ‘Memorias de Adriano’ de Marguerite Yourcenar y ‘Robinson Crusoe’ de Daniel Defoe), señala erratas, se lamenta de las de ‘Confieso que he vivido’ de Neruda o de las de ‘Paradiso’ y le pregunta a su autor: “¿Por qué tantas erratas Lezama?”.

Sin embargo, Lezama Lima y Cortázar tuvieron una relación muy entrañable como se ve en distintas dedicatorias del cubano al argentino, especialmente en esta de ‘La cantidad hechizada’. Escribe Lezama: “Para Julio Cortázar, el misterio de la amistad se iguala en ti a la alegre sorpresa de toda tu obra, a esa fiesta de la epopeya que es tu escritura, ‘la danza del intelecto entre las palabras’, según Pound. Mi admiración te puede abrazar”. El núcleo de amistades entrañables de Cortázar, y sus mujeres (además de Aurora, Ugné Karvalis y Carol Dunlop), incluye a Juan Carlos Onetti, a Octavio Paz, a Pablo Neruda y Carlos Fuentes. Rescata Marchamalo otra anécdota estupenda. Fuentes y Cortázar habían quedado citados en la casa del argentino. “Y cuando le abrió la puerta, Fuentes se dejó engañar por su aspecto adolescente, de modo que le preguntó por su papá, a lo que Cortázar, habituado a los equívocos que provocaba su aparente juventud, le respondió: ‘Adelante, mi papá soy yo’”. La otra gran amiga de Cortázar y Aurora Bernárdez era la poeta Alejandra Pizarnik, por la que tanto velaron y que acabaría suicidándose; poco antes de sumergirse en la locura le llamó “viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, ¡oh, Julio!) de la locura y de la muerte”.

Entre otros muchos detalles, se ve que Cortázar tenía veinte libros de Borges y ninguno dedicado, que no figuraban en su biblioteca Delibes, Matute, Cela, Aldecoa, Umbral, Galdós o Pío Baroja, aunque sí Valle-Inclán, de quien se despacha a gusto al grito de: “Bodrio! Necrofilia gallega y barata!”, y más adelante: “Retórica barata, viejo”. Y como de las ‘Comedias bárbaras’ se trataba añadió: “Enorme y triste parodia, ni comedia ni bárbara”.

He aquí, como dice Javier Gomá, “un libro encantador” que nace de “este salto olímpico con tirabuzón de Marchamalo en piscina cortazariana”.

 

Cortázar y los libros. Jesús Marchamalo. Fórcola. Madrid, 2011. 108 páginas.

EL BLOG DE CARLOS GAMISSANS

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[Me escribe el joven escritor y onironauta (expresión que utiliza mucho Jacobo Siruela en su libro ‘El mundo bajo los párpados’. Atalanta, 2011) Alberto Gamissans. Se retrata así: “Soy Carlos Gamissans. Tengo 22 años y estudio Periodismo en la Universidad San Jorge, de Zaragoza. La carrera que estudio me parece interesante (a veces), pero mi verdadera vocación es escribir, aunque sé que hoy en día es muy difícil vivir de los libros. De momento lo único a lo que aspiro es a ser leído.”. Me recuerda que tiene un blog,  http://cgamissans.blogspot.com/. Copio aquí uno de los textos de su blog con la foto del Canal Imperial de Aragón.]

  

NATURALEZA IMPERIAL

 

Por Carlos GAMISSANS

 

La naturaleza desnuda es exuberante en su sencillez. Así lo revela, por ejemplo, un paseo por el Canal Imperial de Aragón. Allí un hilo invisible teje las copas de los árboles. El río esconde su rostro entre la libre vegetación. Donde no pisa el hombre, la hierba crece más tranquila. El agua se platea en un estancamiento suave. Al respirar el aire de las flores, una energía nueva revive tus pulmones. ¡Y qué bonito es el dulce desangramiento que las amapolas provocan en los campos!

 

Los vegetales son el instrumento musical que toca el viento. Bailan los tallos y las flores, abanicando sus aromas. Hasta el estiércol huele bien si lo remueve el cierzo. Mientras tanto, los animales se esconden en sus húmedas guaridas. ¡Cuántos paisajes reflejan en sus ojos la beldad del entorno! ¡Cuántas maravillas nos vedan nuestras limitaciones físicas! ¡Cuántos cuadros hermosos escapan a nuestros sentidos!

 

Nunca el hombre se siente tan prescindible como al rodearse de naturaleza. Se da cuenta de que los árboles, las piedras, los insectos y las flores no le necesitan en absoluto para existir. Las ciudades no se entienden sin los seres humanos que las construyen y las pueblan. Sin embargo, en plena naturaleza es el hombre quien se vuelve anomalía.

 

ÁNGEL GUINDA: POEMA DE AMOR

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El poeta Ángel Guinda cumple hoy 63 años, nació en Zaragoza en 1948. Ahora es un profesor jubilado y es un poeta más en activo que nunca. Hace unos días, en Veruela, Ángel leyó este poema. Aquí está: un poema de amor al amor, a la vida, a la luz, a la poesía. A la amada.

 

 

 

Por Ángel GUINDA

 

Lo imposible posible eres tú.

La furia que me calma eres tú.

La órbita en que giro eres tú.

La quietud que me exalta eres tú.

Lo que nombra el misterio eres tú.

La ausencia que acompaña eres tú.

El sol que me congela eres tú.

El aire que me envuelve eres tú.

La prez del terremoto eres tú.

La raíz que me eleva eres tú.

La luz de cada noche eres tú.

El imán que me atrapa eres tú.

El glaciar que me quema eres tú.

Lo que llena el vacío eres tú.

El silencio que me habla eres tú.

La brújula que embruja eres tú.

El hambre que me come eres tú.

La sed embriagadora eres tú.

La fuerza que me empuja eres tú.

El cielo en el infierno eres tú.

El rayo que me parte eres tú.

El dolor placentero eres tú.

Lo invisible visible eres tú.

La vida que me mata eres tú.

Lo que me resucita eres tú.

El eco del abismo eres tú.

Lo que queda de todo eres tú.

 

*La foto es de Jock Sturges.

 

LA MAGIA DE LAS LIBRERÍAS

[Paco Pons, un librero de Zaragoza enamorado de los libros, de las palabras y de la convivencia, me envía esta reflexión sobre la librería como espacio de convivencia, de encuentro, como una casa de citas de la cultura. Me gusta mucho, además, que me lo haya mandado en un día tan especial para mí.]

 

LAS  LIBRERIAS  COMO  PUNTO  DE  ENCUENTRO  

Y  QUIZAS  DE  ENAMORAMIENTO  ENTRE PERSONAS  AFINES…

Por PACO PONS. Librero 

Las librerías son esos lugares mágicos, en los que se producen “milagros” en miniatura. Sin pretender citar todos los posibles ejemplos, puedo recordar lo que sucede cuando nos encontramos con ese libro que creíamos olvidado y que nos encantó en nuestra infancia.  No lo guardamos porque el ejemplar se perdió en aquel traslado de la casa, que hubo que hacer con prisas…y años después lo reencontramos, para deleite de nuestra edad madura. Puede suceder que tras releer el libro que nos entusiasmó hace décadas ahora nos parezca que no era para tanto…sin darnos cuenta de que somos nosotros los que hemos cambiado, no el libro.

 

Hay otro posible “fenómeno” que se puede producir en las librerías. Me refiero al encuentro casual de dos almas gemelas, que luego de charlar sobre los libros que han disfrutado descubren que comparten aficiones y emociones. De ese punto a sentir sentimientos y pasiones puede haber solamente un paso.  Esos encuentros se pueden producir entre la clientela y las personas de la librería o bien entre dos clientes que coinciden en la botiga de los bibliopola. Y ese puede ser el comienzo de una larga amistad…o de otros sentimientos de mayor entidad.

 

La literatura y el cine nos han ofrecido ejemplos de esas situaciones. ¿Quién no recuerda el encuentro epistolar – que sucedió realmente durante varios años – entre el librero británico Frank Doel (Marks & Co.) y la escritora de guiones residente en Nueva York  Helen Hanff?.  Su correspondencia dio lugar a un precioso libro (84, Charing Cross Road) que inspiró el guión de una obra de teatro en Broadway y de una película de título homónimo en inglés, aunque traducida en su versión española como La carta final, estrenada en el año 1978, si mi memoria no fallaEl actor británico Anthony Hopkins está mejor en el papel del librero londinense que incluso en el que haría años después en la película El silencio de los corderos, interpretando al asesino Hannibal Lecter.  No hay que olvidarse de la actriz Anne Bancroft con su singular forma de interpretar a la escritora judía, con un sentido del humor irónico y a veces desconcertante para el metódico librero inglés.

 

Otra película que sitúa el inicio de una relación amorosa en una librería se tituló Notting Hill, y fue estrenada en el año 1999. Estuvo interpretada por Julia Roberts y Hugh Grant y algunos  temas de su banda sonora fueron canciones escritas por el poeta y cantante francés – de origen Armenio – Charles Aznavour.  El comienzo de la acción de esta película se desarrolla en el interior de la librería londinense The Travel Bookshop, situada en el barrio de Notting Hill.  Esa librería existe realmente, como existió en su tiempo Marks & Co. El guión es sencillo: Un librero londinense especializado en la venta de libros de viajes – Hugh Grant - recibe la visita de una famosa actriz norteamericana – Julia Robertsquien se encuentra en Londres rondando una película y que colecciona libros sobre viajes.  Muchas cosas suceden después, dentro y fuera de la película - algunas muy divertidas – por lo que recomendamos que la busquen a quienes lean este artículo.

 

Pues bien, acabo de saber en este final de Agosto de 2011 que la librería The Travel Bookshop va a cerrar definitivamente sus puertas, tras 32 años de actividad comercial ininterrumpida. 

 

El cierre de toda librería me causa un gran disgusto, porque “cuando una librería se cierra…algo suyo se cierra”, parafraseando el chiste de humor ácido.  Supongo que la crisis económica – que trata por igual a las librerías que a otras empresas – tendrá mucho que ver, aunque he sabido que también motiva el cierre el hecho de que su propietario reside desde hace años en Francia y es un hombre mayor, con ganas de dedicarse a la “vida retirada”.

 

En el periódico británico The Guardian podemos leer un artículo de la encargada de The Travel Bookshop – Saara Marchadour - en el que explica lo sucedido.  Comenta que inician el saldo de las existencias, aunque ha surgido una iniciativa por parte de un grupo de escritores británicos, “Save The Travel Bookshop”.  Estas personas no quieren renunciar a sus visitas frecuentes a una librería con un encanto especial, en el que se han encontrado con otros escritores y de esos encuentros y charlas han salido ideas que se han convertido en libros y también pasiones esporádicas, que se han convertido en amor o en humo, pero un humo de grato recuerdo.  Conociendo el poder de las redes sociales, no me sorprendería que esa idea de salvación pudiera tener éxito.  Sobre todo si tenemos en cuenta que uno de los promotores del intento de salvación es uno de los actores que intervino en la película Notting Hill , el actor norteamericano Alec Baldwin, perteniente a una familia – casi una saga – de actores de Hollywood y esa gente tiene mucho poder.

 

¿Me permiten que aproveche la ocasión para pedirles – por favor – que piensen en salvar las librerías de sus respectivas ciudades? No lo hagan solamente por ayudar a las personas que ejercemos este bello pero difícil oficio de las librerías…sino por seguir haciendo posible esos encuentros de personas con libros y con otras personas, que pueden derivar en bellas amistades e intensas pasiones, tengan o no un final feliz. 

 Salgan o no en las películas, las librerías son lugares con una magia especial, en cuyo interior se pueden producir bellas historias personales, además de las que nos cuentan los libros.

 Muchas gracias por pensar en esta propuesta de un librero ya veterano.

OUKA LEELE Y SU 'PAN DE VERBO'

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El misticismo lírico de Ouka Leele

 

La fotógrafa y pintora, que realizaba días atrás del cartel del Festival de Cine de Calanda, publica un nuevo libro de poesía, de trasfondo religioso e íntimo: ‘Pan de verbo’ (Huerga & Fierro)

 

 

Barbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 1957), Ouka Leele, es conocida, sobre todo, como fotógrafa, aunque ella ha dicho que no se identifica con ese término. También es pintora y dibujante, sueña con hacer cine (un largometraje, en concreto) y es poeta: entre otros títulos ha publicado ‘Poesía en carne viva’ (2005), ‘Este libro arde entre mis manos’ (2009), que Jesús Ferrero definió como una colección de nanas, y ‘Pan de verbo’ (Huerga & Fierro, 2011), un poemario que acaba de aparecer y que parece muy oportuno ahora que España recibe al Papa y se desmelena en lo que algunos han denominado ya “la Iglesia espectáculo”. Días atrás realizaba el cartel del Festival de Cine de Calanda.

‘Pan de verbo’ es un libro místico. El libro de alguien que se reconoce en Dios y en la religión, la Fe (dice Ouka Leele: “No voy a perder la Fe, yo, / que sabía mover las montañas”) y en algunos de sus símbolos: la noche oscura, la palabra y el verbo, la castidad, un nuevo concepto de amor y la búsqueda de sensaciones amables, sencillas, directas, como un beso, un abrazo, un árbol o un poema. El libro tiene algo de diario: se inicia en abril de 2009 y concluye dos años después, también en abril. En ese itinerario de sensaciones y confesiones, Ouka Leele habla de su intimidad y de su aspiración a la trascendencia.

Lo hace a través de sus impresiones, de un bosque incesante de imágenes y de estados de ánimo: la suavidad y la ternura matizan un poema como ‘Obsidiana’: “Creo que sé, / creo que entiendo / cuál es tu piel, /cuáles tus cicatrices, / cuál tu suavidad, disfrazada de rudeza”. En uno de los mejores textos del libro, ‘Entrega’, conversa claramente con San Juan de la Cruz, y casi lo refuta: “Dónde estuviste amado / que tanto has olvidado, / cómo el azador (sic) te vestiste / sin darte cuenta de que eras ciervo / y grácil corrías entre la verdura”. Algo que también sucede en ‘Andaba perdida y en los caminos’. El ‘Cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz, así como algunos de sus poemas mayores, impregnan este libro donde la autora se acerca a otras tradiciones literarias en textos como ‘Barba Azul’ o ‘Dafnis y Cloe’, por citar dos ejemplos claros.

También canta a su propio perro –“viejo, cojo, sordo, / aúlla o llora de tristeza aguda”- y elabora un clima poético, en el que conviven el enigma, el plenilunio, el bálsamo, algunas veneraciones (como Santa Bárbara), y algunas construcciones alegóricas en torno a la “Unidad”, a la “Luz”, “el Verbo” y “el Alfabeto”, título de una de las composiciones más ambiciosas del volumen: “Qué ardiente fuera la palabra, / que descorchara el amor nuestro. / Qué fatuo puede ser un beso / qué fatuo y vano... / cuando se esparce en muchos cuerpos”.

Otro asunto reincidente es la pureza. La pureza del alma, de la noche y sus estrellas. La pureza del paisaje, la pureza del cuerpo, que deriva hacia la castidad. En ‘Triunfo de la castidad’, dice Ouka Leele, en afinidad con ‘El Cantar de los cantares’: “Bésame entonces sin pensarlo dos veces, / bésame con tu amor / más delicioso que el vino bajo las estrellas (...) / El triunfo de la castidad sobre el amor, / amor mío, nada tiene que ver con el celibato / sino con el triunfo de tus besos castos / acompasando los míos, / porque Dios está más presente cuando me miras / y por eso mismo Castidad estalla triunfante, / bella cara oculta de la lujuria”. Con todo, la poeta invita al Amado a practicar “la castidad bajo los cerezos” y añade: “Tú, que conoces todo mi cuerpo, bébeme, /que te sabré a cereza”.

No sabemos si el Papa habrá leído ya este libro. Él o la inmensidad de sus seguidores. Es un libro sobre la palabra, el nacimiento de la poesía, la senda mística, y una idea muy particular de Dios que, por lo que se ve y de forma distinta, cada vez está más presente en todas partes: en la vida, en las calles, en algunas mentes jóvenes, en la enseñanza y en el seno de los partidos políticos. Curiosamente, estos días dicen las encuestas –según RTVE o la Fundación SM, entre otros- que hay muchos jóvenes creyentes que son poco practicantes porque ven “una Iglesia demasiado rica, demasiado rígida y desfasada”, que se inmiscuye en la sexualidad ajena y rechaza el preservativo.

 

Pan de verbo. Ouka Leele. Huerga & Fierro. Madrid, 2011. 122 páginas. [Aquí vemos el cartel del Festival de cine de Calanda de la fotógrafa y dos autorretratos suyos.]

20/08/2011 01:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EMILIO PEDRO GÓMEZ: OTRO POEMA

El poeta, científico, viajero y enamorado de la fotografía Emilio Pedro Gómez estuvo el pasado domingo en Torre del Compte y en Valderrobres en la presentación de ‘Poesia a la frontera’ (Gara d’Edizions). Durmió en La Parada de Torre del Compte y participó en los activos debates de la última hora de la tarde. Me escribe y me dice: “Alentado por los debates surgidos después del encuentro en el Matarraña, escribí el poema que te adjunto, Antón. Refleja en su esencia lo que pienso al respecto. Tal vez te interese conocerlo o recogerlo en tu blog. Un abrazo. Emilio”. Aquí está.

 

DESPEJAD LAS PALABRAS

Por Pedro Emilio GÓMEZ

 

 

Despejad las palabras.

Como un puente

                          o un río

el idioma es de paso.

 

Despejad las palabras

hasta que todas clamen

con sus patrias en blanco

los huecos de su voz.

 

*Esta foto es de Jesús Celma, un fotógrafo y albañil del Bajo Aragón que expone ahora en La Parada de Torre del Compte.

A JULIO ANTONIO GÓMEZ

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LAS HERIDAS DEL ÚLTIMO DESNUDO

 

[Para Julio Antonio Gómez, 1935-1988]

Antes que nada, inolvidable Julio Antonio Gómez,

fuiste para mí un sombrero: un rostro grande, redondo,

cubierto con un sombrero negro, casi desvaído: así te retrató,

entre la acequia y los cañaverales, Joaquín Alcón.

Fue lo primero que me intrigó de ti: bajo el ala breve

se te veía con los ojos de aventurero y de burlador

del mundo y de sus estaciones de paso.

Poco después, alguien me dijo que tu poemario

Acerca de las trampas era un libro de amor y de furia,

el cántico y la sed de un hombre que ama

y se incendia, noche a noche, en los volcanes del deseo

y en los porches de su ciudad de tres ríos.

Hablaban de ti y decían que habías sido un loco,

un esteta, un galanteador de las noches prohibidas,

un perseguidor de púgiles sin gloria en los billares sombríos.

Hablaban de ti y decían que un día estuviste en París

y en las cárceles de los placeres prohibidos.

Ibas al cine, ibas al Sena. Oías a Leo Ferré:

eras un sonámbulo que se escondía lejos de casa.

Me dijeron que lo habías sido casi todo: editor, fotógrafo,

que habías visto el sol de Tánger y las culebras del desierto.

Cuando llegó la noticia de tu muerte –“Julio Antonio

se murió esta madrugada: con el agobio se le paró

para siempre su gigantesco corazón de enamorado”-,

fui a tu casa: María Crespo, tu dama de llaves, tu otra madre,

me mostró todos tus papeles, tus libros, tus cartas.

La caligrafía de un erotismo tan urgente como aplazado.

Todo tu mundo se alzó ante mis ojos: tu suavidad de centauro,

tu aridez de nardo caliente. Tu alma a la intemperie.

Tu mole de rinoceronte de ternuras suicidas.

¿Quién eras, en realidad, Julio Antonio Gómez,

Papageno de las islas de luto y de las palabras de olvido?

Me gustó comprobar que habías sido retratista.

Que habías querido sobreponerte a los perros del deseo.

Letra a letra, palabra a palabra, libro a libro.

María Crespo lo mantenía casi todo intacto, como si esperase

que un día volvieras a casa para siempre

a completar tus mejores poesías y a contarle

el poema de tus pasos, las heridas de tu último desnudo.

 

[Este poema dedicado al poeta Julio Antonio Gómez, editor de Javalambre, se ha publicado en la revista ‘El Alambique’ por invitación de Ángel Guinda y de Agustín Porras. A ambos muchas gracias. Es probable que integre un poemario nuevo al que le doy algunas vueltas. Hace algunos días, José Antonio Duce, un estupendo fotógrafo y un estupendo amigo, que ha aparecido aquí muchas veces, me mandó esta foto de Julio Antonio Gómez; la fecha en 1958: Julio tendría entonces unos 25 años.]

12/08/2011 09:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL MATARRAÑA MÁS LITERARIO

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[Montse Castellá, Octavio Serret, Cisco Sánchez, Chusé Aragüés, el presidente de ASCUMA, Santi Borrell y Juli Micolau, en la Parada de Torre del Compte] 

 

Un río de literatura en las lenguas de Aragón

 

 

[El Matarraña y su comarca concentraron este fin de semana, en La Fresneda, Torre del Compte y Valderrobres, a más de un centenar de escritores en castellano, aragonés y catalán. Se presentaron dos libros: ‘Poesia a la frontera’ (Serret/March), con 95 poetas, y ‘Tren de Val de Zafán’ (Gara d’Edizions), de cuentos y poemas]

 

El Matarraña reivindica desde 1987, de manera sistemática, que es un territorio marcado por la historia, el paisaje y la cultural en general, muy especialmente la creación artística y la poesía. Dice el librero Octavi Serret, de Valderrobres: “¿Qué es la comarca del Matarraña? Es la gente y es este territorio agreste y duro que busca su lugar en el mundo de la cultura. Tengo un amigo que dice que aquí hasta los márgenes son duros. Nuestro éxito, si puede llamarse así, está en la gente que es abierta y hospitalaria. Somos muy nuestros, con una identidad muy marcada. Y el río es el nexo de todo. El poeta valenciano Francesc Mompó dice: ‘Tenéis un río tozudo: va tierra adentro como si huyese del mar.’ Es un río especial”.

El mundo mágico del Matarraña ya existía, ya había tenido sus apologistas –desde Néstor Luján y Juan Perucho a Giorgio della Roca, desde José Donoso y Luis Buñuel a Ángel Crespo, desde los artistas Romà Vallés y Teresa Jassá a Gema Noguera…-, pero Serret ha traído una inyección de actividades e inquietudes: en 2003 empezó publicando libros colectivos de “autores ebrencos” de cuentos, poemas, narraciones policíacas como ‘Un riu de crims’, y ha ido invitando a autores de toda España a conocer este espacio. En 2009 recibió el Premio Nacional por la Proyección Social de la Lengua Catalana.

El pasado fin de semana se realizaron dos actos complementarios: el sábado se organizó, en La Fresneda, la XXI edición de Trobada Cultural del Matarraña, y el domingo, en Valderrobres y Torre del Compte, se celebró la VI Jornada de autores ebrencos del Matarraña y se presentaron dos nuevos libros: ‘Tren de Val de Zafán’ (Gara d’Edizions), y ‘Poesia a la frontera. Antologia de poetes en llengua catalana, aragonesa i castellana’ (March /Serret), “dos libros redactados en las tres lenguas de Aragón donde participan autores de la Corona de Aragón”, matiza el librero y editor.

Entre los numerosos asistentes de las tres comunidades estaban autores, en castellano, como Francisco Javier Aguirre, Manuel Forega, José Antonio Gargallo, Alicia Estopiñá y Emilio Pedro Gómez; Juli Micolau, que reside en La Fresneda (igual que Andreu Subirats) y es uno de los principales autores aragoneses en lengua catalana, Merxe Llop, último premio Guillem Nicolau con su ‘Ressò en l’obscuritat’ (DGA, 2011), Ramón Mur y Artur Quintana, dos clásicos de la divulgación de la lengua y la cultura del Bajo Aragón y el Matarraña; estaban Francho Nagore y Chusé Inazio Nabarro, dos de los autores más conocidos en lengua aragonesa.

Javier Aguirre, autor de varios libros sobre el Matarraña y activo colaborador de las jornadas, señalaba: “Los dos volúmenes significan una contribución importante a la creatividad literaria y una demostración de la vitalidad que existe y de la fraternidad que vincula a las tres lenguas oficiales en Aragón. Es sintomático que los dos editores -uno aragonés como Chusé Aragüés, de Gara, y otro catalán como Cisco Sánchez de March- hayan coincidido en el mismo planteamiento artístico y simbólico, utilizando la poesía y la narración como vehículos para mostrar la unión entre territorios vecinos, respetando la idiosincrasia y la adscripción administrativa de cada uno de ellos”.

Serret, que ha sido coeditor con Sánchez del volumen de poemas, explicaba: “Hemos creído que era la hora de la poesía. Y aquí está en un volumen que marcará un antes y después: 95 escritores que son aragoneses, valencianos, catalanes. ‘Poesia a la frontera’ aglutina a creadores de distintas tendencias, generaciones y procedencias. Su respuesta ha sido muy generosa”.

Francho Nagore estaba tan entusiasmado como perplejo: “Una cosa así casi resulta excesiva, casi inconcebible. Tantos escritores juntos es una fiesta. El Matarraña te atrapa por la cultura y el paisaje: entras en él y ya huele un poco a Mediterráneo”. Con todo, Nagore decía que el catalán de Aragón y el aragonés “se ignoran mutuamente. Estamos demasiado lejos. Y son buenos encuentros así para establecer relaciones”.

Chusé Inazio Nabarro dio clases durante casi una década en Valderrobres y parece conocer muy bien las afinidades entre el catalán y el aragonés. Participa en los dos volúmenes, con sonetos y canciones de estirpe tabernaria y con un cuento en el que rinde homenaje al tren de Gallur a Sádaba, en el que trabajaba su abuelo. “Aquí es donde el catalán más vivo, pero padece problemas semejantes al aragonés de los valles, que se habla menos: también va hacia atrás y pelea contra la amenaza de extinción”.

Merxe Llop, nacida en Nonaspe,  se acercó así a su universo de infancia: “El Matarraña es un paisaje insólito. Parece de secano y a la vez tiene mucho de mediterráneo. Tiene montañas y grandes historias de amor. Es una tierra potente y apasionada. Con rasmia. Es una tierra de paradojas: parece ocultarse y a la vez mostrarse; es una tierra abierta a las gentes. Y yo me siento muy integrada: la comarca del Matarraña llega desde Caspe hasta Fayón, hay mucha variedad dialectal, pero nos entendemos todos, y yo siento que ya he encontrado mi lenguaje”. Ella participa en el volumen de Val de Zafán, que contiene relatos, viajes y poemas.

Octavi Serret, que tiene algo de torbellino, anunció a HERALDO nuevos proyectos. “Vamos a seguir trabajando con el sello March y vamos a crear una editorial electrónica, centrada en la publicación de inéditos. Empezaremos en noviembre. Y además queremos ensanchar nuestra librería virtual: en este momento podemos ofrecer a los clientes un fondo de 40.000 volúmenes”. Chusé Aragués, de Gara d’Edicions, también seguirá apostando por la divulgación de creadores aragoneses en distintas lenguas: dentro de poco publicará ‘El fragor del agua’ de José Giménez Corbatón “en francés y en ruso” en la colección Viceversa.

En esta reunión, “que ha superado todas las expectativas”, se iba a debatir sobre el concepto de frontera, pero al final no se hizo. “A veces la frontera es ese lugar de la palabra y de la ficción del que ya no quieres regresar”, decía Francho Nagore. Otros señalaban: “Citas como esta facilitan la abolición de las fronteras. El tren de Val de Zafán, desaparecido en 1971, también era un tren de libertad y de intercambio: había eliminado barreras e iba de Aragón hasta el mar”. No hubo las mesas redondas previstas, pero sí un recital de la cantante tortosina Montse Castellá, que elogió el universo del Matarraña y del río Ebro, una exposición de paisajes de Jesús Celma en La parada de Torre del Compte, y se leyeron muchos poemas. Entre los vates en las tres lenguas destacó el show de Marta Almenara, que susurra sus poemas al oído y contó con un rapsoda y poeta como Joan Vinuesa para lanzarlos al viento que mece los olivos, los almendros y las viñas.  

 

Poesia a la frontera. Antologia de poetes en llengua catalana, aragonesa i castellana. Coordinación: Santi Borrell. March, en colaboración con Serret y ASCUMA. El Vendrell. 304 páginas.

 

Tren de Val de Zafán. Narrazions. Escritos. Relats. Coordinación: Juli Micolau y Chusé Aragüés. Gara d’Edizions. Colección ViceVersa. Zaragoza, 2011. 284 páginas.

 

*Este artículo apareció ayer en ‘Heraldo de Aragón’.

JULIO ANTONIO GÓMEZ EN 'ALAMBIQUE'

Julio Antonio Gómez: vida y destino

de un poeta y un editor con leyenda

 

La revista ‘Alambique’ recuerda al fundador de la editorial Javalambre y de la revista ‘Papageno’ que conoció la cárcel, el éxodo y el olvido

 

Julio Antonio Gómez (Zaragoza, 1933-Las Palmas, 1988) es uno de esos personajes con leyenda que ha dado Zaragoza. Fue poeta, editor de una colección de poesía como Javalambre y de una revista como ‘Papageno’, y tuvo algo de “escritor maldito e incomprendido”. Estableció un nexo de complicidad con los autores que frecuentaban el café Niké, al que llegó hacia 1954: Miguel y José Antonio Labordeta, Manuel Pinillos, Fernando Ferreró, Miguel Luesma Castán, Guillermo Gúdel, Luciano Gracia, Emilio Gastón, Ignacio Ciordia, Rosendo Tello…

La revista ‘El Alambique’, que patrocina la Fundación Alambique para la Poesía de Guadalajara y dirige Agustín Porras, acaba de dedicarle más de 50 páginas, en un homenaje que ha coordinado Ángel Guinda. En esa monografía, que incorpora más de una docena de ilustraciones de Ricardo Calero, se reconstruye su biografía, se analiza su poesía, se estudia su poética y el hilo de afinidades e influencias (desde San Juan de la Cruz hasta el Vicente Aleixandre de ‘La destrucción o el amor’), se incluye una amplia antología de su obra, y se ofrecen distintas visiones de su quehacer.

Julio Antonio Gómez tenía un sentido del humor peculiar, le gustaban los juegos de palabras y era muy mitómano. Rosendo Tello dice: “Su figura abierta y externa, jacarandosa y desmedida, parecía no soportar la soledad. En soledad, no obstante, rebajaba la guardia de su ser, más personal, tierno y vulnerable, apenas advertible, pues casi siempre se le veía acompañado”. Agrega algo más adelante: “Cargado de proyectos ambiciosos, daba la impresión de estar ensayando y acometiendo la obra trascendental de su vida que no acabaría de realizar”. La de Julio Antonio fue siempre una biografía de ensayos y de paradojas, de aventuras y fugas. “Amó como un eterno enamorado; como el gran amante que no ve nunca el peligro y, si lo ve, no lo teme –escribe Ángel Guinda-. Amó los hermosos cuerpos varoniles porque él tenía una de las más bellas almas femeninas que he conocido nunca”.

Recuerda Luis Felipe Dionis que ‘El Gordo’ Gómez, como también era conocido, estudió en La Salle Montemolín y los Agustinos, y que sufrió mucho por su “condición de adolescente homosexual”. En poco tiempo, escribió varios libros muy distintos: ‘Los negros’, “un canto colectivo de los desheredados del mundo”, ‘El cantar de los cantares’ (1959), inspirado en el texto bíblico y en ‘El cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz, y ‘Al oeste del lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas’ (1960), un libro de factura surrealista y fragmentaria. Algunos años después, en 1966, este poeta “dicharachero, ocurrente, alguna vez genial” (según Guinda), sería detenido y pasaría cinco meses en la cárcel de Torrero, donde gracias al dinero familiar “logró protección frente a los otros reclusos”.

Al salir se trasladó a París y vivió como pudo: trabajó en limpieza en un banco de Vietnam del Sur y luego, merced a la ayuda del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, ingresó de camarero en un restaurante del Barrio Latino. Pasó por momentos de apuro, pero también aprendió muchas cosas: descubrió una ciudad maravillosa, se aficionó a la música de Leo Ferré y al jazz, se interesó por la fotografía y mantuvo una activa correspondencia con sus amigos de “la Zaragoza amarilla”. Escribiría: “París que suavemente hieres mi corazón…”

Regresó hacia 1969 para fundar la editorial Javalambre, donde publicó espléndidos poemarios con mucho gusto de Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Blas de Otero, las obras completas de Miguel Labordeta, y su mejor poemario, de amor y desgarro y de acentos sociales: ‘Acerca de las trampas’ (1970). Anotó: “Enamorarse era morir, marcharse / por los hondos caminos de la escarcha”. Dice su estudioso Alfredo Saldaña que “es un libro repleto de aciertos expresivos y logros artísticos”. Su experiencia como editor ya había tenido un precedente: Gómez había publicado dos números de la revista ‘Papageno’ (que analiza Antonio Pérez Morte), y el segundo estuvo dedicado por completo a la edición de ‘Oficina de horizonte’ de Miguel Labordeta. Gómez era un editor pulcro y elegante que incorporó a sus libros los trabajos fotográficos de Joaquín Alcón, muy modernos para la época.

A principios de los 70, Julio Antonio Gómez volvió a la cárcel. Ahora por no haber denunciado un robo en su propia casa y por los presuntos favores sexuales de un menor. Al recuperar la libertad, partió a Tánger, donde conoció a los artistas y escritores que se habían instalado en la ciudad, entre ellos a Mohamed Choukri, el autor de ‘El pan desnudo’. Allí dilapidó su fortuna y malvendió su amplia biblioteca. Redactó un libro menor, ‘El fuego de la historia’. De Tánger pasó a Canarias, en concreto al club Flamingo, donde él asumió labores de administración.

Falleció en abril de 1988, durante el sueño. Autores como Guinda, Fernando Ferreró, Alfredo Saldaña, Adolfo Burriel, Antonio Pérez Morte, Miguel Ángel Longás, Manuel Martínez Forega, Miguel Luesma, Luis Felipe Dionis y Rosendo Tello, entre otros, analizan la vida y la obra de este ciudadano doliente, poeta del amor, del cuerpo, de la rebeldía y de la solidaridad, que proclamó: “No es la muerte, es la vida quien me llora”.

 

*La primera foto es de Joaquín Alcón; y el dibujo, como se indica, pertenece al pintor, fotógrafo y grabador Carlos Barboza y está realizado en 1977.

 

 

 

09/08/2011 13:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERIA DEL LIBRO DE JACA: DEL 11 al 15

Jueves 11 agosto 2011

XII FERIA DEL LIBRO
Feria del Libro

 DÍA 11 JUEVES

 

11’00-13’00 h.: Taller de Caligrafía SCRIPTORIUM: Ricardo Vicente Placed:

 Las escrituras de la época de Al-Andalus:

Caligrafía NEULAND

    [Público de 9 a 99 años]

 

12’00- 14’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: 

Presentación del libro:

Artículo determinado” (Mira), de ÁNGELA ABÓS.

Intervendrán Joaquín Casanova, Felipe Pétriz  y la autora. 

Posteriormente firmará ejemplares junto con:

MIGUEL ANGEL BUJ

La terrible historia de los vibradores asesinos” (Mira)

 

12’30-14’00 h.: Actuación de: DÚO DE CÍMBALO 

 

18’00-20’00 h.: Taller de Caligrafía SCRIPTORIUM: Ricardo Vicente Placed:

Las escrituras de los siglos XVIII al XX: Caligrafía MODERNISTA

    [Público de 9 a 99 años]

 

18’00-20’00 h: Caseta de la Biblioteca:

Presentación del libro:

Angelitos negros” (Booket), de JOSÉ LUIS GALAR

Intervendrán: Francisco Ferrer Lerín y el autor.

 

Posteriormente firmará ejemplares junto con:

ANTONIO CABALLÉ

Paseos en bicicleta de montaña por Jaca y sus alrededores” (Pirineo)

 

18’30-20’00 h.: Actuación de

DÚO DE CÍMBALO 

 

18’00-21’30 h, en la caseta de la Editorial Olifante, firmará:

CARMEN RUIZ FLETA

Todos parecemos más fuertes en las fotografías

 

20’00 h.: Salón de Ciento del Ayuntamiento:

Presentación del libro:

Cuarteto para un solista”, de JOSÉ LUIS SAMPEDRO y OLGA LUCAS

Intervendrán: Concha Jiménez, y los autores

 

 

Viernes 12 agosto 2011

XII FERIA DEL LIBRO
Feria del Libro

DÍA 12 VIERNES

 

11’00-13’00 h.: Taller de Caligrafía SCRIPTORIUM: Ricardo Vicente Placed:

Las escrituras de la época de Al- Andalus: Caligrafía MEDIEVAL

    [Público de 9 a 99 años]

 

12’00-14’00 h.: Actuación de: DÚO DE CÍMBALO 

 

12’00 h.: En el Paseo junto al Quiosco de la Música:

Reacciona. Algo más que un éxito editorial“, charla con JOSÉ LUIS SAMPEDRO, ROSA MARÍA ARTAL Y OLGA LUCAS

 

Posteriormente los tres firmarán ejemplares de sus libros hasta las 14’00 h.

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Librería LA UNIÓN, firmará:

CARMEN BANDRÉS SÁNCHEZ-CRUZAT

 

18’00-20’00 h.: Taller de Caligrafía SCRIPTORIUM: Ricardo Vicente Placed:

 Las escrituras de los siglos XVIII al XX: Caligrafía RENACENTISTA Y BARROCA

    [Público de 9 a 99 años]

 

18’00-20’00 h.: Actuación de: DÚO DE CÍMBALO 

 

18’00-20’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Firma de libros:

 ANTÓN CASTRO

Un paseo en bicicleta” (Olifante)

 DANIEL GASCÓN

La vida cotidiana” (Alfabia)

 

19’00 h. en el Quiosco del Paseo: Teatro-Animación infantil:

Acampar y a cantar”, por la Compañía TRÍCOLO TRACO

 

20’30 h: Salón de Ciento del Ayuntamiento:

 Presentación del libro:

Operación Gladio, de BENJAMÍN PRADO

Intervendrán: Ramón Acín y el autor

 

 

 

 

Sábado 13 agosto 2011

XII FERIA DEL LIBRO
Feria del Libro

DÍA 13 SÁBADO

 

12’00-14’00 h.: Actuación de: DÚO DE CÍMBALO 

 

12’00- 14’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Firma de libros:

BENJAMÍN PRADO

Operación Gladio(Tusquets)

RAMÓN ACÍN

El caso de la cofradía(Oxford)

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Editorial ONAGRO, firmará:

MARÍA FRISA

El cuarto círculo del infierno

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Editorial PIRINEO, firmará:

 ANTONIO CABALLÉ

Paseos en bicicleta de montaña por Jaca y sus alrededores

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Librería LA UNIÓN, firmarán:

CARMEN BANDRÉS SÁNCHEZ-CRUZAT, y

ENRIQUE POLO: “Cáceres, pasión de encuentro

 

18’00- 20’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: 

Presentación del libro:

Un día me esperaba a mi mismo” (Jekyll & Jill),

de MIGUEL ÁNGEL ORTIZ.

Intervendrán: Ángel Guinda y el autor.

Posteriormente firmará ejemplares junto con:

ANGÉLICA MORALES

La huída del cangrejo” (Mira)

 

18’00-21’30 h, en la caseta de la Editorial OLIFANTE, firmarán:

MANUEL MARTÍNEZ FOREGA

Ademenos

ÁNGEL GUINDA (hasta las 20 h.)

 “Espectral”

 

18’30-20’00 h.: Actuación de:DÚO DE CÍMBALO 

 

19’00 h: En el Quiosco del Paseo:

Club de Lectura de la Feria del Libro:

Hablaremos con sus autores de los libros:Cuarteto para un solista”, de José Luis Sampedro y Olga Lucas, y “El vals de las orquídeas”, de Olga Lucas,

 

20’30 h.: Salón de Ciento del Ayuntamiento:

Conferencia:

El mundo del poeta, el poeta en el mundo. ¿Para qué sirve la poesía?”,

Por ÁNGEL GUINDA

Premio de las Letras Aragonesas 2010  

 

 

 

 

Domingo 14 agosto 2011

XII FERIA DEL LIBRO
Feria del Libro

DÍA 14 DOMINGO

 

12’00-14’00 h.: Actuación de:

INKA NAYRA, (Flauta de los Andes)

 

12’00- 14’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Firma de libros:

ÁNGEL GUINDA

Espectral(Olifante)

JOSÉ ANTONIO ADELL

Regreso al alba” (Pirineo)

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Editorial ONAGRO, firmará:

MICHEL SUÑÉN

Diábolo”, “Látex”, “Diva o Muerta

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Editorial PIRINEO, firmará:

ANTONIO CABALLÉ

Paseos en bicicleta de montaña por Jaca y sus alrededores

 

18’00- 20’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Presentación del libro:

Turrones para Sender. Correspondencia epistolar entre Eduardo Fuembuena y

Ramón J. Sender” (Tropo), de MARTA FUEMBUENA.

Intervendrán: Óscar Sipán y la autora

 

Posteriormente firmará ejemplares junto con:

CHESÚS YUSTE CABELLO:

La mirada del bosque” (Paréntesis)

 

18’00-21’30 h, en la caseta de la Editorial OLIFANTE, firmarán algunas mujeres poetas de la antología "Yin. Poetas aragonesas 1960-2010" (Carmen Aliaga, Reyes Guillén, Luisa Miñana, Marta Navarro y más...)

 

18’30-20’00 h Actuación de:

INKA NAYRA, (Flauta de los Andes)

 

20’30 h: En el Salón de Ciento del Ayuntamiento:

Presentación del libro:

Familias como la mía” (Tusquets), de FRANCISCO FERRER LERÍN.

Intervendrán: Pedro José García, Profesor de Lengua y Literatura, y el autor

 

 

XII FERIA DEL LIBRO
Feria del Libro

DÍA 15 LUNES

 

10’00 h: RUTA LITERARIA.

Lecturas de obras de los autores presentes en la Feria por MAMEN JARNE

El paseo literario discurrirá por: Paseo de la Constitución, Rompeolas y Árbol de la Salud

 

12’00-14’00 h.: Actuación de:  

 INKA NAYRA, (Flauta de los Andes)

 

12’00- 14’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Firma de libros:

 FRANCISCO FERRER LERÍN

Familias como la mía” (Tusquets)

ROBERTO MALO

Asesinato en el club nudista”(Nalvay)

 

En horario de mañana y tarde, en la caseta de la Editorial PIRINEO, firmará:

 JOSÉ ANTONIO ADELL

Regreso al alba” (Pirineo)

 

18’00- 20’00 h.: En la caseta de la Biblioteca: Presentación de los libros de Publicazions d'o Consello d'a Fabla Aragonesa:

 

- 200 escritors en aragonés en 200 Fuellas (1978-2010), de Francho 
Nagore (selección y edición).

- Bocabulario de Murillo de Galligo, de Liena Palacios Rasal y Chan  Baos Muñoz

- Ya s'ha dispertato Guara, de Óscar Latas Alegre

- O manantial de Sietemo X (2009)

- “Querenzias"", de Chesús Aranda

 

Intervendrán: Francho Nagore, Óscar Latas, Chesús Aranda, Liena Palacios y Chan Baos Muñoz.

Posteriormente firmarán ejemplares.

 

18’30-20’00 h.: Actuación de:  

INKA NAYRA, (Flauta de los Andes)

 

18’00-21’30 h, en la caseta de la Editorial OLIFANTE firmará:

RAFAEL LOBARTE

Los negros soles

 

19’00 h. en el Quiosco del Paseo: Teatro-Animación infantil:

Chiriví”, por la Compañía P.A.I.

 

20’30 h: Salón de Ciento del Ayuntamiento:

Conferencia de clausura:

Soldados, ciudadanos y montañeses: las tormentosas relaciones entre el Castillo de San Pedro y la Ciudad de Jaca en el Siglo XVII”

Por MANUEL GÓMEZ DE VALENZUELA

 

 

 

MANUEL RICO: DOS POEMAS

El pasado día 30 de julio, en Veruela, en un recital matinal conducido por Manolo Forega, leyó algunos de sus textos Manuel Rico. Entre ellos, el poema dedicado a Blas de Otero. Me gustó y me impresionó. Esta mañana, Manuel Rico ha tenido la doble gentileza de mandarme ese texto y este primero dedicado a Paca Aguirre, poeta y esposa de Félix Grande. Dice Rico: “’La casa de los fresnos’ está inspirado en la casa que mi padre dejó a medias cuando murió, en el valle del Lozoya, y en la que ahora pasamos fines de semana y otras hierbas Esperanza, mis hijos y yo...”

 

 

 

La casa de los fresnos

                                 A Francisca Aguirre

 

A esta casa llega, a veces, el viento.

Llega lo inacabado, llega el tiempo, y la espera,

y el reloj inútil, y el alma de los campos, y llegan

las montañas y el silencio indeciso de la nieve,

y el barro y la madera, llega

la memoria, amada, llega

la memoria.

 

Esta casa, la de los fresnos

y de las lluvias,

tuvo en su arquitectura, mucho antes

de ser teja y ladrillo,

un padre soñador de sueños rotos,

tuvo

la lectura primera de Madame

Bovary en noches de verano de finales

de los años ochenta, tuvo

novelas inconclusas, poemas

no acabados, pájaros, cemento,

un huerto muy precario

y pequeños erizos sobre la hierba seca

en las noches de agosto en que los hijos

descubrían el mundo y bebían la niebla.

y eran niños y a veces nos hacían

tan niños como ellos.

 

Esta casa

es la casa de las tormentas y del olor a tierra

mojada y a rastrojo, es la casa

de la memoria enferma de la madre,

la de las moras ennegrecidas

de setiembre. La casa de los caminos

y de los montes ocres, del endrino

cuyos frutos morados

hablaban del invierno

en las puertas de octubre, cuando el frío

era sólo sospecha.

 

Es la casa

que soñó mermeladas y hortalizas

en veranos remotos, la casa

del níscalo y las lluvias tardías de noviembre,

de las noches al fuego, del fuego

y de las brasas, de la mesa

camilla y del brasero.

 

Esta casa,

la de los fresnos

es la casa de las orugas del color de las hojas,

la del porche vivido

en las noches de julio de mariposas calcinadas

en la vieja bombilla.

 

La de la leña

cortada, la del aroma

de la arizónica y del cedro, la de los pájaros

que inauguraban

la mañana de abril y los asombros

del hijo que descubre

el aire y sus olores

y la sombra del águila en la altura,

 

Casa de las celebraciones y de las tardes lentas,

del jardín alfombrado de hojarasca.

La casa.

               Mi casa.

                               Nuestra casa.

 

La famosa foto de Collioure: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Alfredo Castellón; abajo: Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald. Nueve magníficos.

 

 

EL POETA DELGADO    

Fotografía de la propia memoria: Blas de Otero,

en el centro del corro, en un almuerzo colectivo

el 1 de mayo de 1979 en la Casa de Campo.

                                               (De un reportaje biográfico aparecido

                                                                      en una revista literaria).

 

Cuentan las crónicas que aquel poeta

de extrema delgadez y cabellos de nieve

jugaba al dominó.

                              En el bar de las siestas y las tardes de tiza,

con sus dedos exiguos cansados de palabras

tanteaba la urdimbre de los números simples.

 

Aquel poeta

fumaba con exceso y en el humo

empastaba la historia que nos fue arrebatada

y vivía en la niebla de tabaco y penumbra

la soledad helada del granito, el sueño

delgado de los que nunca sueñan,

la posesión herida del lenguaje.

 

Hoy lo recobro en este fotograma

de la memoria entusiasta y del deseo intacto:

mayo crepita de claridades rojas: es la Casa

de Campo y el poeta ha acudido

a respirar el sueño, a contemplarse

en el espejo aturdido del nosotros, tú lo ves

en el centro del corro, y él no canta

quizá porque en sus ojos

hoy no navega la canción sino un pabilo

de tristeza: acaso

se piense enfermo, envejecido, y tú lo ves

dolorosamente cano, delgado hasta lo infame,

la piel buscando el hueso

donde tiembla el abismo.

 

Pero sonríe. El poeta delgado

nos mira ausente y nos sonríe

con la mirada hueca —quién sabe qué palabras

ha advertido en el aire, o tal vez sólo sea

la borrosa luz del Guadarrama, un sueño

de purísimos ríos, de cumbres solitarias y ciervos desbocados

para curar su pecho

severamente roto, o quizá viejas iras

en nuestra voz más joven, tanto como esa fruta

que una mano le ofrece

entre enseñas que el tiempo declarará vencidas—

mientras la luz derrama

oros debilitados en los viejos pinares.

 

Oyes

su silencio de tierra. Escuchas

su latido de viento en sus ojos de tierra.

                                                                ¿Por qué

ves tierra en sus ojos y no la crepitación

oscura de su voz de llama?

 

Recuerdas hoy

aquellos ojos duros, recuerdas

haber adivinado

un resplandor de ausencia en esos ojos duros, una

rara quietud y hoy sabes

que el poeta delgado

no te miraba, sus pupilas

no miraban a nadie,

traspasaban la luz y las banderas,

iban en pos del hueco y la ceniza, acaso

habían entrevisto el territorio

del musgo y del silencio, de las flores exangües,

de la muerte sola.

 

 

*Las tres fotos son de Hengki Koentjoro.

HA MUERTO JOAQUÍN MONRÁS SENDER

 

CUANDO EL RECUERDO

DE LO NO VIVIDO ES MEMORIA

A Joaquín Monrás Sender. In memoriam (Falleció el seis de agosto de 2011)

En este día la Fundación hubiera querido realizar un homenaje a Ramón Acín y a Conchita Monrás, encarcelados el día seis de agosto de 1936. Asesinado ese mismo día Ramón, Concha el 23. Pero justamente ayer murió Joaquín (Quinito) Monrás Sender sobrino de Conchita y de Ramón Acín, querido primo de Katia y Sol, periodista y escritor.
Hijo de Joaquín Monrás  y de Amparo Sender, encarnó en si mismo casi todas las desventajas de los hijos de aquella larga, por inolvidable e infausta, posguerra civil española.
Con abundantes referencias familiares dolorosas (era también sobrino carnal del escritor exiliado  Ramón J. Sender), cultivó el periodismo profesional y se esforzó en difundir las virtudes y las obras de la generación de sus mayores.

En ese sentido fue muy notable el intento de rodar una película basada  en  'Réquiem por un campesino español' de Ramón J. Sender en los primeros años setenta del siglo pasado.
Pero fue sobre todo un hombre  entrañable, inquieto y decidido que vivió siempre al lado de la memoria de su familia y ayudó a mantenerla viva. La Fundación Ramón y Katia Acín, le recordará siempre con inmenso cariño.

 

*Este artículo pertenece a la Fundación Ramón y Katia Acín que, coordina, entre otros, el cineasta Emilio Casanova. Conocí hace unos años a Joaquín Monrás en un ciclo que coordiné en Antena Aragón: 'Sender, un escritor de cine'. 

08/08/2011 11:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL RICO ESCRIBE DE 'EL PASEO EN BICICLETA' Y DE SU MEMORIA

[Manuel Rico, poeta, narrador y crítico literario, así como editor de la colección de poesía de Bartleby, acaba de publicar un hermoso texto sobre las bicicletas y sobre mi libro ‘El paseo en bicicleta’. Manuel es extremadamente amable y a la luz de mi libro, publicado por Olifante, recorre su relación con la bicicleta: con su padre, con sus hijos. Como dijo Fernando Fernán Gómez “las bicicletas son para el verano” y son, sobre todo, para desandar los pasos de la memoria. Y a veces se produce ese maravilloso enigma que él comenta así: “Todos sabemos que leer un libro es hacerlo nuestro. Agregar, mentalmente, piezas de nuestra memoria, experiencias vividas, lecturas, emociones propias”.]

 

Hace un par de meses, revisando los trastos de nuestra casa en el valle, tuve que mover las bicicletas, las viejas bicicletas que desde que Fernando Fernán Gómez las llevara al título de su más conocida obra teatral han quedado varadas en el territorio del verano, de todos los veranos de nuestra pequeña o gran historia. En la fotografía, la bicicleta que utilizaba mi hijo, con la que hasta hace poco recorría las carreteras y caminos rurales que llevan a pequeños pueblos, o la que sube, como un reptil de asfalto, hasta el puerto de Navafría. La saqué del trastero, la coloqué frente al doble fresno situado junto a la casa y la fotografié. Mientras lo hacía, recordé un verso memorable de Diego Jesús Jiménez, procedente de su poema ‘La casa’: “La bicicleta, sin niño por las cuestas”.

En efecto, estaba ante la bicicleta sin niño, ante la bicicleta huérfana, ante un animal metálico que, como el viejo arpa becqueriano, "de su dueño tal vez olvidado", dormía entre aperos de labranza, junto a la carretilla o la manguera, a la espera de que alguien lo ponga de nuevo en uso. He de decir que junto a ella, dormían otras bicicletas: la que usaba Malva, mi hija, en su adolescencia, y la que usé yo para acompañar las primeras pedaladas de una y de otro. Las bicicletas son para el verano, en efecto. Aunque en este caso lo sean para los veranos evocados, para algún paseo puntual, para ejercitar la memoria del tiempo en que eran usadas día tras día como parte del rito de un tiempo vacacional que, tal y como escribí en algunas páginas de mi novela Verano, creíamos eterno. Un verano que se iniciaba, de facto, con la retransmisión de los sanfermines por la radio a primerísima hora de la mañana y, poco después, con el inicio del Tour de Francia, la misa solemne de la bicicleta que acabaría colándose en las sobremesas y siestas de la mayor parte de los días del mes de julio.

 

Esta memoria de la bicicleta se ha avivado tras mi viaje al Moncayo, después de escuchar a Antón Castro recitar, en Veruela, algunos poemas de su último libro ‘El paseo en bicicleta’ y, sobre todo, tras concluir su lectura hace apenas veinticuatro horas. Había leído, hace un par de meses, su anterior poemario, ‘Vivir del aire’ (Olifante, 2010), y descubierto la presencia de un espléndido poeta detrás de su labor periodística, ensayística, de impulsor y animador de la cultura en Zaragoza. Reconozco que uno de los factores que han influido en esa empatía es mi coincidencia con dos ingredientes de su poesía que, a mi juicio, son básicos: la presencia de la memoria con todas sus caras, y la emoción. Antón realiza ese "paseo" a través de una colección de poemas en verso y en prosa en los que esos dos ingredientes son básicos. El lenguaje, que combina el tono conversacional con la presencia de destellos metafóricos, con iluminaciones muy certeras, viene a cerrar el círculo de un libro que se lee con gusto, que muestra un alto nivel de exigencia y en el que la vida respira a raudales.


En ‘El paseo en bicicleta’  está la infancia, el primer amor, el amor estudiantil, los amigos, el padre (abordado con una gran ternura, con una mezcla de compasión y reproche comprensivo), la madre, la memoria del Tour con algunos nombres míticos (de BahamontesAndy Sleck, pasando por Fignon o Van Impe), está la Zaragoza de los años sesenta y la Zaragoza de vanguardia y cristal de la Expo de 2008 con sus arquitecturas en la frontera de la provocación. Está la naturaleza, Horacio Quiroga y su relación con la bicicleta, Marie y Pierre Curie y su luna de miel por la Francia de principios del siglo XX, está el conmovedor y torpe cartero que Jacques Tati interpreta en Día de fiesta, están los olores del verano de una Castilla tórrida vivida en el tránsito de cada año, desde Zaragoza a la Galicia originaria -una Castilla de olores, de sonidos, de sol crujiente e impiadoso-.


He recobrado, con Antón Castro,  mi relación a lo largo de muchos años con la bicicleta. No ha sido una relación fácil, ciertamente, sobre todo en el tiempo de mi infancia. Tuve, a mis diez u once años, un armatoste más que una bicicleta. No sé de dónde lo sacó mi padre, pero recuerdo que nunca salí con ella a la calle de aquel barrio "de la ciudad sobrante" (Vázquez Montalbán dixit) donde vivíamos. Pesaba un quintal, en vez de cubiertas con cámara tenía unas ruedas de caucho macizo, sin cámara, que acrecentaban su peso, y no había forma de detener el pedal: siempre tenías que ir pedaleando. Eso era, me dijeron, el "piñón fijo". Para más inri, no tenía frenos (tenía que utilizar la suela de mis sandalias como zapata). Por eso, sólo la utilicé en el patio familiar ya que me avergonzaba salir con ella a la calle para competir con amigos que tenían bicicletas con cambio, con freno y con ruedas hinchables (las BH eternas), lo que acentuó más si cabe la frustración con que recibí aquel regalo.

También he recobrado los veranos del barrio de la adolescencia, tiempo después, cuando con mis amigos alquilábamos bicicletas para desplazarnos por unas afueras que todavía eran campo, entre el barrio de Hortaleza y La Moraleja o los pinares de la Alameda de Osuna, hacia las lejanías de Barajas, o los primeros amores en las choperas Federico, hermano de mi madre, cuya mente quedó varada en la adolescencia y al que yo veía, con los pantalones remangados y cogidos, en la pantorrilla, con pinzas de la ropa y vanagloriándose de su homonimia con Bahamontes y recién llegado de largos trayectos por las carreteras próximas al Madrid de los sesenta al piso de la calle de Hermosilla donde vivía la hermana mayor de mi madre. Y las bicicletas de mis hijos, vinculadas a los veranos del valle del Lozoya, a sus primeros amores y a sus primeras salidas al río, o al embalse próximo. Y películas con bicicletas y meriendas campestres, y el film mítico de Marco Ferreri con el telón de fondo de una Italia de posguerra.


Todos sabemos que leer un libro es hacerlo nuestro. Agregar, mentalmente, piezas de nuestra memoria, experiencias vividas, lecturas, emociones propias.... Eso me ha ocurrido con  El paseo en bicicleta de Antón. Todas esas evocaciones han pasado a formar parte de mi lectura de ese hermoso libro. Leámoslo. Vivamos. Un mundo, familiar y desconocido a la vez, se abrirá ante nosotros.

 

‘El paseo en bicicleta’. Antón Castro. Prólogo de Miguel Mena. Olifante, Ediciones de Poesía. Tarazona, 2011. 70 páginas.

 

*Mi foto, leyendo en el Paraninfo 'El paseo en bicicleta' es de Vicente Almazán; abajo, una instantánea con bici de Julia Fullerton-Batten.



CITA DE ESCRITORES EN EL MATARRAÑA

VI. Jornada de autores “ebrencs” al Matarraña

Domingo 7 de agosto de 2011

 

 

Valderrobres

 

12 h Concentración de autores participantes y firma de libros, libreria Serret

 

 

Torre del Compte

 

14 h Aperitivo en  el Hotel Parada del Compte (antigua estación de ferrocarril), actuación musical de Montse Castellà.

 

14,30 h presentación de la jornada, breves parlamentos:

  • salutación del alcalde de Torre del Compte
  • intervención, representante de l’ASCUMA
  • Octavi Serret, librero

 

 

14,45 h presentación de los libros:

 

-       La Val de Zafan, de Editorial Gara de Edizions

     Chusé Aragués, editor

      Juli Micolau, coordinador

 

-       Poesía a la frontera, de March Editor

     Francesc Sanchez, editor

            Santi Borrell, coordinador

 

15,15 h Almuerzo literario, con lectura de textos de los autores/as de los respectivos libros.

 

17,15 h presentación proyecto conjunto libreria Serret / March Editor, por: Octavi Serret y Francesc Sanchez.

 

17,45 h los autores del libro: Verb i gracia, realizarán una disertación de su libro.

 

18,30 h  el entorno literario de palabra ebrenca.

 

-       Participarán:

  • Artur Quintana
  • Jordi Pijoan, proyectos literatura negra, presente y futuro
  • Javier Aguirre, el Matarraña y la Terra Alta, remansos
  • Emigdi Subirats, escritor y poeta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19,15 h  coloquio sobre La frontera.

 

-       Intervendrán:

  • Santi Borrell, moderador
  • Juli Micolau, moderador y autor, La Franja, lengua catalana
  • Philippe Lavaill, escultor y escritor, Catalunya Nord
  • Antón Castro, escritor y periodista, Aragón, lengua castellana
  • Francho Nagore, escritor, Aragón, lengua aragonesa
  • Manel Alonso, escritor, Països Valencians
  • Cinta arasa, escritora, Catalunya
  • Graciela Giráldez Pérez, Argentina afincada en Aragón,.

 

 Al finalizar música en vivo

06/08/2011 12:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BELÉN NÚÑEZ, DOS POEMAS

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Sofía Rhei ha escrito, en uno de los blogs de referencia en cuanto a crítica literaria y difusión de la literatura, ‘La tormenta en un vaso’, a propósito del libro ‘El resplandor de la lágrima’ (Renacimiento, 2009. 48 páginas) de la poeta sevillana Belén Núñez: “«Los curas van de negro porque son la sombra de Dios.» Se trata de una poesía ligeramente surrealista, construida alrededor de imágenes a menudo poderosas y casi siempre inquietantes. La fusión de memoria y sensaciones tangibles o visuales da como resultado un deslizamiento de lo cotidiano hacia lo incómodo, cierta deconstrucción de la percepción”. La poeta sevillana, premiada en distintos certámenes y publicada en Renacimiento, entre otros sellos, muy buena amiga de la finada Ana María Navales y de Juan Domínguez Lasierra, entre otros amigos aragoneses, me envía dos textos de sus poemarios.

 

*

 

 

 

 

 

            La pizarra de las pitas enardeciendo la tarde,

 

            el otoño,

 

            los ítems de los árboles besando el río,

 

            llorones,

 

            las serpientes de plata que ondean el agua,

 

            el mar acerado del aire

 

            y besos a punto de nacer, sensibles.

 

            Las pestañas salpicadas de gotas de luz

 

            vuelven a crepitar,

 

            mientras un aleteo imperceptible e invisible

 

            me calienta los labios.

 

 

            Del libro “ El resplandor de la lágrima “ Editorial Renacimiento.

 

*

 

            La hiedra forjada en tu casa

 

            como el bañista de Picasso,

 

            embaraza el verde del cielo.

 

            El viento masajea tu rostro

 

            y la prehistórica luna,

 

            sin pasado ni futuro,

 

            es mi presente.

 

 

Del libro “ Letras habladas”. Fundación Aparejadores. Sevilla.

 

*En la primera foto, un retrato de Belén Núñez. Abajo, dos retratos de Gene Tierney.

 

MAGDALENA LASALA: DOS POEMAS

[En vísperas de la feria del Libro de Zaragoza, Magdalena Lasala publicaba un nuevo poemario de amor y de erotismo: ‘Arderé en el exilio de tu cuerpo’, en el sello Endymion, dividido en seis partes y prologado por el poeta y crítico Enrique Villagrasa. Hoy Magdalena Lasala me ha enviado estos dos poemas.]

 

 

QUE SE ABRAN LAS PUERTAS

de la casa donde el amor creyó

ocultarse de la vida

que caiga su muralla, la que me guardó

de ti, salgo a tu tormenta

te estoy llamando, muéstrate a mí

muéstrame el designio que decidiste

para mi estúpido amor.

No he seguido tus huellas

¿o sí? ¿dónde me conociste, por qué

tomaste mis manos para estrujarlas

con tu fuerza

y me arrebataste las suyas

dios celoso del amor

que no quise darte a ti?

 

 

 

 

DESPÓJAME TAMBIÉN DE TI

si ya me arrojaste de tu cuerpo

si ya me despojaste de cualquier esperanza

por tu piel

arrójame también de tu sueño

échame de tu noche

de tu sombra empecinada

en seguirme hasta mi espejo,

de tus manos buscándome entre las grietas

de esos muros que iban a protegerte,

échame de ese silencio que atrapa el eco

de mi ruego, despójame de ti

tálame, arruina mi ladera, desnúdame

de tu flor de octubre, de tu verano

sobre el lecho,

usúrpame tu imagen alumbradora, arranca

de mí

el suspiro que me entregó tu aliento 

desposéeme de tu idea

despuéblame de tu amor, vacía mi casa

de tu nombre

arrójame

a la venturosa hoguera donde arde

el esqueleto de la gaviota

que viste posarse conmigo

en aquella playa.

 

*Las fotos son de Minon Minon y de Eric Kellerman.

 

 

 

05/08/2011 01:23 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GABRIEL CELAYA CUMPLE UN SIGLO

CELAYA EN EL MONCAYO

 

 

Veruela es el espacio de la poesía. Veruela y el Moncayo: ese lugar donde la naturaleza habla en la voz del viento y de la nieve. Allí quedaron los ecos del Marqués de Santillana, Antonio Machado o Bécquer, que vivió en el monasterio, intentó mitigar el río del desamor y se convirtió, con su hermano Valeriano, en un paseante del crepúsculo: visitaba los pueblos, descubría leyendas de brujería, y redactaba las ‘Cartas desde mi celda’, mientras lo visitaban los fantasmas del más allá. Desde hace años, Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes han devuelto a Veruela y el Moncayo el fulgor de la poesía: por allí, a lo largo de tres días, se concentran los poetas y los artistas, se organizan lecturas, conferencias y conciertos. Y se rinde homenaje a Machado, Miguel Hernández, José Antonio Labordeta, al citado Bécquer o a Gabriel Celaya (1911-1991), que es el personaje de este año. Uno de los creadores de la poesía necesaria. Celaya es más que una canción inolvidable de Paco Ibáñez, otro de esos himnos que levantan hacia el cielo los cantautores. Celaya quiso ser un trovador de esperanza crítica, un ciudadano solidario de mar y tierra, un ingeniero del verso y de la fraternidad universal, y fue, en la vida y en los versos, el enamorado de Amparitxu Gascón. Poeta también y editora, como él, de Miguel Labordeta. Celaya tuvo una vinculación especial con Aragón: el inolvidable editor de Fuendetodos y poeta Julio Antonio Gómez (al cual la revista 'Alambique' le ha dedicado un especial) le publicó ‘Campos semánticos’ y ‘Función de Uno, equis, ene’. Ahora es como si se cerrase un ciclo: desaparecidos los tres, Gabriel, Amparitxu y Julio, Veruela les recuerda con poesía, con danza, con arte, con música. Les recuerda como habrían querido: con un oleaje de amor.

 

 

*Este texto apareció el domingo en Heraldo en mi sección 'Cuentos de domingo'. Las fotos las he tomado de aquí:

http://www.gabrielcelaya.com/images/grandes/b104.jpg

 

03/08/2011 08:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

I TITIRILATA DE TÍTERES EN REMOLINOS

enLATAmus presenta una nueva actividad, en este caso dentro del XIV festival de las artes SAL A REMOLINOS. ‘Titirilata’ es el primer festival internacional de Títeres de la Ribera Alta del Ebro, y constará de tres jornadas con cinco actuaciones, tres de ellas pensadas para adultos. Todas las jornadas se celebrarán en el micromuseo enLATAmus, a partir de las 22 horas de las veraniegas noches del 4, 5 y 6 de agosto.

 

http://enlatamus.wordpress.com

 

 

TITIRILATA. Festival Internacional de Títeres. 4, 5, 6 agosto. A partir de las 22 horas.
EnLATAmus Parque del Dance. Remolinos Zaragoza.

 




Jueves 4 de agosto
La Barricada Títeres (Colombia-España) 
Obra: TITERE-EROS (Programación para adultos)

Viernes 5 de agosto 

Los cuentos del Akun (Cuba)
Obra: Mi fábula es tu canción (programación para niños)

Los títeres de la tía Helena.
Obra: Algunos títeres (programación para adultos)

Sábado 6 de Agosto 

Teatro del Aggeggio (Italia)
Obra: Aproximaciones a Pinocho (programación para niños)

Marta de las tejas verdas 
Obra: Madalen's blues (programación para adultos)

Organizan y colaboran:
Ayuntamiento de Remolinos. Concejalía de Cultura.
Los títeres de la tía Helena
Enlatamus

*En las fotos, Helena Millán, de Títeres de la Tía Elena, y Carolina Mejía, de La Barricada.

03/08/2011 08:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAS MEJORES BITÁCORAS LITERARIAS

Blogs en español más que recomendables

 

Por Daniel ARJONA.

 

El pasado viernes, en ’El Cultural’ de ’El Mundo’, Daniel Arjona publicaba un reportaje sobre blogs literarios. Entre los seleccionados por un amplio jurado, estaba este. Mil gracias a Daniel, a Nuria Azancot, a Fernando Valls, a los miembros del jurado y a todos los lectores que os asomáis por aquí. Un gran abrazo y feliz verano.

Felix Leclerc con su hijo.

 

DANIEL ARJONA | Publicado en ‘El Cultural’ de ‘El Mundo’ el 29/07/2011

Territorio libre de la Red, Isla Tortuga en ese mapamundi cuyo centro está en todas partes y en ninguna que llamamos Internet, la blogosfera cuenta desde sus inicios con una prefectura poblada por letraheridos y biblioencandilados: la de las bitácoras literarias. Sus ciudadanos -escritores, críticos o sencillamente blogueros- ofician el comentario de lecturas, la crítica y contracrítica, el despliegue intelectual o la magia memorialística. Y cada vez más las pendencias y duelos literarios se cuecen en sus fronteras digitales. Hemos preguntado a treinta de estos nacionales por sus blogs literarios preferidos y el resultado son las siguientes direcciones tan diferentes entre sí como merecedoras de su visita.



Diario de lecturas

Vicente Luis Mora

vicenteluismora.blogspot.com


El Diario de Lecturas apuntó su primera entrada en 2005 con el afán de dar salida a la “crítica efímera”, a los excedentes de producción lectora de Vicente Luis Mora, director del Instituto Cervantes de Marraquech. “Nunca imaginé que lograse la notoriedad que alcanzó después. Con el tiempo, los objetivos cambiaron: intenté renovar el género de la crítica con nuevos formatos, como la video-reseña, el pasadizo intercultural o la hipercrítica, y ampliar el espectro de debate crítico e intelectual. La crítica-blog me parece más libre y expansiva, por sus posibilidades naturales: no tiene límite de espacio, ni de tiempo, ni de formato. Puedes incluir notas al pie, puedes insertar enlaces pertinentes, puedes debatir con el autor del libro, con lectores o con otros críticos, y permite al crítico ser criticado casi instantáneamente”. Facebook y Twitter amplificaron el eco de un blog en donde se invita de cotidiano a clásicos e hipermodernos, en prosa, verso o lo que se tercie, sin estridencias: Karl Kraus, Marco Aurelio, Fernández Mallo, el arte de vanguardia, la coincidencia metaliteraria de citas aparentemente disímiles, la filosofía zombie. La Academia al pie del cañón... o el cañón al pie de la Academia.

Lector Mal-Herido

Juan Mal-Herido

lector-malherido.blogspot.com


Mal-herido es el enragé de las bitácoras literarias, el clásico juerguista que la lía al final de la velada. Pero con una paradójica seriedad de fondo. El escritor Alberto Olmos alumbró a su Mr. Hyde bloguero, Juan Mal-Herido en 2005 con la divisa de “decir tonterías y barbaridades para impugnar el discurso de lo políticamente correcto, esto es, para delatar la inutilidad de cualquier discurso. Si se hacen reseñas literarias, o se parte de la reseña literaria para ir verbalmente en cualquier dirección, es porque nada inspira más la estupidez que leer libros estúpidos”. Seis años de tanta estupidez han convertido el blog de Mal-herido en un peligro público, y no porque la pacatería de Google, que gestiona la web Blogger donde Mal-Herido cuelga su bitácora, le haya colocado tres estúpidos rombos que entorpecen el acceso, sino porque no ayunta con nadie, y a la vez es casi imposible cogerle en flagrante acto de injusticia. El éxito del blog propició además una curiosa evolución contranatura, la publicación en formato libro de las mejores entradas que fueron borradas sin titubeos de la bitácora. Mal-Herido lee bien y cuenta mejor. Sin risas enlatadas. Aunque se comenta que ha perdido mala leche...

Blaise Cendrars en 1952.

 

La nave de los locos

Fernando Valls

nalocos.blogspot.com


¿Qué anota exactamente Fernando Valls en su bitácora más allá del nido del cuco? No es sencillo agotar una lista tan extensa como heteróclita. Brinda microcuentos y microrretratos, se lanza a exégesis autobiográficas, anota sus paseos berlineses, se arranca por un obituario o por peticiones para nobles causas... Hasta el último recuento había publicado 1.517 entradas, recibido a 826.000 visitantes y contaba con 566 seguidores. Valls explica como “a menudo las entradas vienen determinadas por la actualidad, lo que me parece de interés o simplemente sorprendente o curioso. He intentado siempre que fueran variadas, pero tengo que reconocer que he pensado más en mi propio interés y placer, que en el de los posibles lectores. Casi siempre me he ocupado de asuntos que conozco y, cuando no era así, como en el caso de la música, o la ópera, he extremado mi prudencia. He procurado, al fin y a la postre, que las impresiones vertidas perduren a lo largo del tiempo, conservando algún rasgo de interés, pues no en vano se trata de un repertorio de curiosidades personales escritas con una cierta pasión y, espero, con conocimiento de causa. Si tres años y medio después sigo publicando una entrada diaria en la bitácora no es por las estadísticas, aunque estoy muy agradecido a los visitantes, seguidores y comentaristas, sino por la satisfacción personal que produce la escritura sin otras pretensiones que las del mero placer y el puro entretenimiento”.

Blog de Rafael Reig

Rafael Reig

hotelkafka.com/blogs/rafael_reig


Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963) es un encantador. Siguiéndole entrada a entrada gozamos con el mejor espectáculo del mundo, la vida de un escritor tan feliz y deslenguado como culto. En sus memorables posts semanales da buena cuenta de sus borracheras, transcribe con frescura galdosiana sus conversaciones cotidianas, multiplica las fotos de su musa, su hija Anuska, y cuenta, cuenta y cuenta sus lecturas y las asociaciones tan complejas como hilarantes que le provocan. “Me interesaba crear una voz narrativa, un yo, que fuera ficticio (no es exactamente como yo), pero muy verosímil (se parece mucho a mí). Y me interesaba recuperar algo de la frescura de la Ilustración, como Montaigne, una constelación de memorias, ensayo, erudición, humor, cotilleo, crítica, panfleto político, diatriba, lirismo y prosa gamberra, todo revuelto y con la máxima libertad. Estos dos objetivos, en la medida en que se han cumplido, me han traído muchos problemas (los lectores creen que soy yo y se toman todo al pie de la letra) y muchas alegrías (frente a la solemnidad y el encasillamiento, muchos lectores sintonizan con lo que Cervantes llamaba la ’escritura desatada’)".

Hemeroflexia

Andrés Trapiello

hemeroflexia.blogspot.com


El que fuera pionero en el arte del dietario exigente, torrencial, polémico y de una irresistible jovialidad se mantenía, sin embargo, reacio a probar su doppelgänger digital, el blog. Pero ha llegado, Hemeroflexia se llama y está escrito con su inimitable y simpática tinta. Advierte Trapiello que “se parece más a un viejo almanaque que a otra cosa. Recuerda un poco en el método a El arca de las palabras, un libro que escribí y publiqué a diario en La Vanguardia. Cada día se publica en el blog algo nuevo, más corto o más largo, glosas, retratos, aforismos, textos de intervención y crítica, prosas poéticas, algún poema, bastantes fotos también, pero poco yo y poca autobiografía. La relación escritura e imagen trata de ser relevante en él. Los asientos o entradas suelen estar escritos tres o cuatro días antes de su publicación, y corregidos durante ese tiempo. Otras veces son de la víspera, pero suele haber poca improvisación. Con frecuencia, ya publicadas las entradas, se corrigen. Las intervenciones de los lectores están sujetas a moderación. El propósito es el mismo que el de la publicación de cualquier otro texto literario. En mi caso este almanaque tiene algo de la respiración de un solitario”.

 

Libros y bitios

José Antonio Millán

jamillan.com/librosybitios


Referencia de análisis y crítica de la edición actual, fotograma del mundo del libro en el salto sin red a la reconversión digital, el blog de José Antonio Millán es uno de los más longevos de la Red. Desde 2001 reflexiona sobre el libro y la lectura con una mirada múltiple y ambiciosa que va del pasado a un futuro aún por hacer, desde la urgente necesidad de educar en los nuevos paradigmas al papel que jugarán pasado mañana editoriales, libreros, bibliotecas y consumidores. "Mi interés desde hace 10 años ha sido el mismo: qué aporta el medio digital al mundo del libro y de la edición. Para eso hay que mirar al pasado casi tanto como al futuro..."

Moleskine literario

Iván Thays

ivanthays.com.pe


Es el decano en esto de contar a diario lo que uno lee, lo que le leen y qué demonios es eso de leer. Pero es que además al increible Iván Seacher Thays no se le escapa nada. Todo artículo, reseña, comentario, y cualquier cosa publicada del oriente al occidente que trate sobre libros y adlátares es localizada inmediatamente y rebotada en su bitácora. Hasta tal punto que se rumorea el uso que hacen de su trabajo los editores durante el desayuno para enterarse, tantas veces, de “por dónde van los tiros”. El peruano Thays es además un inmejorable bypass entre las dos sanguíneas orillas de nuestra lengua. Sus filias laten en este apresurado resumen de últimos comentarios: las últimas medidas brasileñas en favor de los traductores, la reciente y muy esperada novela del argentino Guillermo Martínez, el arranque del FIL Lima 2011, Czslaw Milosz, Daniel Mordzinki.

El escorpión

Alejandro Gándara

elmundo.es/blogs/elmundo/escorpion/

 

Es conocido el peligro que supone el aguijonazo de este arácnido que se guarda de la solana bajo los pedregales. Gándara no resulta menos nocivo pero ataca a cara descubierta, sin escondites. Ofrece su blog como “una crítica al aburrido discurso cultural dominante. Con ’recomendados’, ’contraindicados’ y ’grandes citas’”. Las entradas más leídas que el lector encontrará a la izquierda de su blog son los suficientemente expresivas. Juzguen ustedes: las incompatibilidades entre oralidad y escritura, cómicas y estrafalarias teorías sobre el amor como adaptación al medio y muy expresivas definiciones del Estado como “sistema estamental de rapiña”.

Dora Maar en 1946.

 

El blog de Patricio Pron

Patricio Pron

elboomeran.com/blog/539/blog-de-patricio-pron


Patricio Pron comparte hospedaje con otros inquilinos en El Boomerang, una de las mejores despensas de blogs de escritores en castellano. Sus trabajados comentarios diseccionan libros y lecturas iluminando sus oquedades y mecanismos ocultos. Partiendo de un libro entronca en una ramificación extraordinaria con la historia de la literatura. “Empecé movido por la curiosidad de saber si un ámbito caracterizado por la respuesta inmediata podía sostener una discusión sobre libros que se caracteriza por no admitir respues- tas inmediatas y superficiales, y también interesado en averiguar si era posible producir allí un tipo de crítica literaria y cultural que (a diferencia de la de los blogs de la última década) no sirviera para la promoción de un grupo de autores o de una estética determinada ni estuviera puesta al servicio de la difusión de prejuicios largamente arraigados”.

El lamento de Portnoy

Javier Avilés

ellamentodeportnoy.blogspot.com


Un blog abierto de par en par. Y es que cuando Javier Avilés tiene demasiado calor para escribir o no ha podido acabarse un mamotreto confiesa sin contricción alguna. Como se sorprende de que sus "reflexiones personales en torno a mis lecturas le interesasen a alguien más que a mi mismo. Todavía me deja estupefacto. El ’éxito’ del blog (realizado con ánimo de fracasar) me hace pensar en ocasiones que hay algo que no acaba de funcionar muy bien en la crítica literaria española. Y por extensión en la narrativa".

 

 

Blog de Antón de Castro

Antón Castro

antoncastro.blogia.com


Dueño de una bitácora de perfiles austeros y amplios y despejados horizontes, Antón Castro compila textos sembrados aquí y acuyá, sin mucho orden pero en perfecto concierto. Literatura, arte, cómic, poesía, música... Sus penúltimos apuntes lanzan la mirada sobre los cuentos de Poe y Marta Fernández, la biblioteca de Javier Marías, las rutas de Becquer o la Botánica de José A. Conde. Al principio redactaba su blog “a partir de la medianoche. A veces iba a los sitios para contar lo que ocurría. No sabía colocar fotos; aprendí y ahí sigo: el blog es como una segunda vida, un territorio de libertad y de curiosidad, donde completo cosas que en el periódico he tenido que resumir. Antes hacía solo una entrada; ahora realizo varias a cualquier hora del día de casi todo”.

MICRORRÉPLICAS

Andrés Neuman

andresneuman.blogspot.com


La bitácora de Andrés Neuman se ocupa de las relaciones entre los condones y la actual guerra financiera, la penúltima borrachera de Ellroy o de cómo le robó el coche Coetzee... “Pienso la historia del blog como un intento colectivo de reducir las distancias abismales, y por tanto narcotizantes, entre la opinión ciudadana y eso que llamamos opinión pública. Es peligroso delegar totalmente el análisis de la realidad. Ya delegamos demasiadas cosas. Como se ha visto este año, más que esperar al próximo mesías, lo que mucha gente desea es tomar la palabra”.

El blog de Félix de Azúa

Félix de Azúa

elboomeran.com/blog/1/blog-de-felix-de-azua


A sus libros y artículos Félix de Azua sumó una nueva dedicación, tan personal, que, dice, no cobra por ella: la de bloguero. Su objeto es “sobre todo literario, pero los temas suelen ser artísticos, filosóficos y políticos. Soy un lector de blogs más bien dieciochesco: sólo leo los que me interesan por el carácter de quien los escribe. No me importa tanto el contenido como el espíritu que los anima. Con unos medios tan atornillados por los poderes fácticos, sólo en los blogs se encuentran buenos ejemplos de opiniones intempestivas”.

Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina

antoniomuozmolina-nxb.es


Antonio Muñoz Molina mantiene, cuida y mima un rincón en la Red que transitan multitud de lectores de sus libros. Y tal vez alguno que sólo lo sea de este blog. Como recompensa les brinda, ya desde la home, el llamado blog de los lectores: algo más y algo mejor que los usuales y muchas veces rechinantes comentarios. Por lo demás allí encontramos anotaciones de toda índole. La última conmemora un año desde el estreno de su bitácora. Las siguientes nos traen su relectura de La montaña mágica, un viaje a Roma o los sonidos del verano.

La Medicina de Tongoy

Carlos González Peón

lamedicinadetongoy.blogspot.com


Según Alberto Olmos, “ejemplo de algo tan sencillo como un lector exponiendo sin pudor qué le pareció un libro”. Así es la medicina de Carlos González Peón, se ingiere sin agua, los posibles efectos secundarios suscitan más curiosidad que yuyu y la recuperación del enfermo lector no se asegura pero tampoco importa. Críticas fundamentadas y perfectamente compartimentadas, sin fatigarse con libros innecesarios (que los hay) y de agradabilísima lectura. No olviden su dosis...

 

Para realizar esta selección de blogs El Cultural preguntó por sus blogs literarios preferidos a: Fernando Aramburu, Milo Krmpotic, Luna Miguel, Javier Calvo, Elvira Navarro, Álvaro Valverde, Alberto Olmos, Antonio Rivero Taravillo, Carlos Salem, Juan Carlos Márquez, Luis Artigué, Lorenzo Silva, Fernando Valls, Ignacio del Valle, Manuel Vilas, Juan Carlos Méndez Guédez, Carlos Marzal, Arcadi Espada, Laura Fernández, Vicente Luis Mora, Juan Francisco Ferré, Rafael Reig, Pilar Adón, Marta Sanz, Patricio Pron, Sergi Bellver, Eloy Tizón, Eugenia Rico, Mercedes Cebrián, José Antonio Millán, Jorge Carrión, Félix de Azúa, Isaac Rosa y Francisco Ferrer Lerín. [A todos ellos, mil gracias por haber elegido entre tantos blogs estupendos este, creado en Albarracín en 2004, un día de mayo. Por él han pasado más de seis millones de visitantes, cosa que agradezco muchísimo. Todas las fotos son de Israëlis Bidermanas, Izis.]

HOY, CON CELAYA EN VERUELA

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X FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO

 

Monasterio de Veruela.  Museo del Vino

 

Poesía Necesaria

 

Homenaje a Gabriel Celaya en el centenario de su nacimiento

 

Actuaciones especiales:

 

MIGUEL ÁNGEL BERNA

 

RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

 

POESÍA NECESARIA

 

 

En un mundo que cree imprescindible lo necesario y considera necesario lo superfluo, las palabras de Gabriel Celaya ondean como una bandera de paz, solidaridad y salvación: “Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día”. Alimentos, sí, también para el espíritu. Poesía cargada de valores para rehumanizarnos, para mejorar el mundo.

 Trinidad Ruiz-Marcellán

 MONASTERIO DE VERUELA

 

Museo del Vino

Hoy Sábado 30 de Julio

11,00 h.

 

Intervención del Presidente de la D. O. Campo de Borja, Gregorio García

Presentación de Poéticas y Poetas por Manuel Forega

Intervención de los poetas: Ángel Guinda, Antón Castro, Marifé Santiago Bolaños, Manuel Rico, Marguerite Bobey y Yoko Fukushima

 

Instalación: Yoko Fukushima (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

Performance: Marguerite Bobey (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

 

Sala Capitular. Claustro

18,00 h.

Presentación de Poéticas y Poemas

Poetas YIN.  Poetas aragonesas

Ana Alcaraz, Carmen Aliaga, Anais Pérez Layed, Amparo Sanz, Reyes Guillén, Clara Dávila, Lourdes Fajó, Luisa Miñana, Goya Gutiérrez, Pilar Martínez Barca, Inmaculada Marqueta y  Milagros Morales

 

Actuación de los músicos Irene GuillénJesús López

 

 Iglesia

19,00 h.

Presentación: Reyes Guillén

 

Proyección de Koldo Mitxelena

 

AGURRA (Bienvenida)

Pilar Castro Blanco

Joseba Ibarra

 

Actuación de Angi Ruiz Forés y Ana Segura

 

Actuación de MIGUEL ÁNGEL BERNA. Danza.

 

Acción poética a cargo de las/os poetas participantes en el Festival con la colaboración de Ricardo Calero

 

 

Actuación de RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

30/07/2011 07:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÓSCAR SIPÁN DEBUTA EN LA NOVELA

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[El sello Nalvay, instalado hace muy poco en Almudévar, tiene importantes novedades para septiembre: Rafael Salillas, Ignacio Escuín Borao, que debutará en la narrativa infantil y juvenil, y Óscar Sipán. El escritor y editor de Tropo es un reconocido cuentista y un experimentado y talentoso autor de microcuentos, elogiados por especialistas del género como Gemma Pellicer o Fernando Valls, entre otros. Ahora, publica su primera novela: ‘Concesiones al demonio’, de la que Óscar ofrece aquí un pequeño avance.] 

 

 

CONCESIONES AL DEMONIO

Por Óscar SIPÁN. Nalvay, 2011. Avance editorial

 

“He dicho que te daré a la salida, le grito al mendigo que me tiende una mano y me señala con la otra un cartel hecho por ordenador con letra Britannic Bold. La iglesia huele a incienso y lejía. Flotan en el aire partículas de polvo viajero. Me santiguo con el agua tibia y bendita. Desde niña, me confieso una vez a la semana. Leandro me provoca y se burla diciendo que el arrepentimiento cristiano es como la borrachera de Martini: dulce en la madrugada, desoladora al amanecer. Pero la verdad es que me gusta estar casada con un ateo varonil y desnortado. Una anciana reza con tanta intensidad que podría introducirse en la cabeza de Dios. La cortina del confesionario está echada, así que me siento en un banco próximo y me recreo con el efecto extraño de las vidrieras de colores sobre el hombre crucificado. Aplasto un mosquito en mi cuello, sangre de mi sangre. Fuera se desata la primera tormenta del verano y un rayo me sobrecoge y me traslada a otra tormenta, a una cama de hospital, dos años atrás. Acaban de darle la extremaunción y mamá agoniza. Miro su rostro hemofílico y doliente y le doy la mano mientras cruza al otro lado. Le besamos con dulzura, en la frente, la morfina, la muerte y yo. Su corazón deja de latir y se queda fría. El viento y el agua golpean el cristal con furia y yo me siento tan sola, tan perdida, que busco un milagro o el consuelo del sacerdote; pero éste sólo me ofrece un puñado de palabras desgastadas y nada más.

 

La cortina se abre y de ella sale, con el avance de un cortacésped, una anciana de piel cérea y labios de carmín. Parece aliviada, como si hubiese arrojado una pesada carga al fondo de un pozo, y me sonríe con ingeniería angelical. Entro en el confesionario y me arrodillo. A través de la rejilla veo una sotana cuarteada y una mano venosa y regordeta con un anillo de oro. Utilizamos las fórmulas de cortesía. El cura respira como un perro trufero. Como no tengo pecados destacables, los invento. Confieso que he robado dinero de la caja registradora en dos ocasiones. Confieso que, en un ataque de celos, decidí seguir a mi marido por la calle. Confieso que llevo años posponiendo viajes y disculpas. Confieso que he dejado de visitar la tumba de mi madre. Mis mentiras parecen deslumbrarle. Indignado, con esa superioridad de los escogidos por Dios, escanciando el bien y el mal, me castiga con tres padrenuestros. Cumplo la penitencia en una capilla y salgo a la realidad apretando una moneda que no regalaré”.

 

 

  

EL AUTOR

Oscar Sipán (Huesca, 1974). Galardonado en numerosos certámenes literarios y autor de los libros Rompiendo corazones con los dientes (Premio de Narrativa Odaluna 1998, Edisena), Pólvora Mojada (XVII Premio de Narrativa Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal 2003, Diputación de Zaragoza), Leyendario. Monstruos de agua (2004, March Editor), Escupir sobre París (2005, March Editor), Tornaviajes (Premio Búho 2006, Tropo Editores), Guía de hoteles inventados (IX Premio de Libro Ilustrado 2007, Diputación de Badajoz), Leyendario. Criaturas de agua (Premio al libro mejor editado en Aragón 2007, Tropo Editores), Avisos de derrota (2008, Onagro Ediciones) y Almanaque de los días felices (2009, Instituto de Estudios Altoaragoneses).  Concesiones al demonio es su primera novela. La foto de Óscar es de Vicente Lachén. Y las otras dos son de Ed Ross, un abogado que se ha pasado a una fotografía que tiene el aspecto de ser un tanto vintage. El mundo femenino, entre desafiante y oscuro y a veces lánguido, es el tema central de su trabajo.

28/07/2011 09:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ÓXIDO' DE LARA LÓPEZ: FRAGMENTOS

Una de las reediciones recientes de Xordica ha sido ‘Óxido’ de Lara López. Esa mujer de las mil músicas. Es un libro muy especial: un libro de cápsulas de casi todo –amor, recuerdos, deseos, aforismos, sueños, objetos, lo inefable, lo que no se acierta a decir-, un libro crónica, un libro diario, una novela corta, hecha de suspiros; uno de esos libros en los que entras y sales con idéntica porción de desazón y fascinación: con una herida luminosa. A petición mía, Lara López me envía algunos fragmentos de este ‘Óxido’: óxido de la vida, de la convivencia, óxido de la memoria, óxido contra el óxido. Óxido para que las relaciones humanas no se oxiden nunca.

 

ÓXIDO

 

Por Lara LÓPEZ. Xordica, 2011.

 

 

Abro y cierro las tijeras, muy deprisa, como si estuviera a punto de tomar una decisión. Estoy muy cansada.  Tengo las tijeras en la mano y oigo subir gritando a los niños de los vecinos. Limpio con una esquina de mi camiseta las tijeras oxidadas. Es como si dijeran mi nombre al abrirlas y cerrarlas. Los vecinos tienen dos niños. Antes eran tres, según me han contado. Me fijo en que se han secado los brotes de los rosales. Ha sido un mal año. Oxidado, supongo.

 

 

Las fotografías se amontonan sobre la mesa. En una sale el guía de Mopti. Es cojo. Eso en la foto no se ve. Me contaba que su sueño era llegar a conocer los países cuyas lenguas hablaba. España, Inglaterra, Francia. Cuando él pronuncia España, Inglaterra y Francia, yo pienso en los países que nombra. Y le digo que tenga paciencia, aunque pienso, como él, que nunca se cumplirá su sueño. 

 

 

Cierro el balcón. La casa se ha quedado helada. Lo malo, supongo, es que muchas veces me he pillado llorando. 

 

 

Entre las fotos también está Hashi. Tenía once años cuando se fue a estudiar a Cuba. Me ofrece un té y se queda un buen rato en silencio, mientras me lo bebo despacio. Estoy a punto de morir asfixiada dentro de la jaima, pero afuera es peor. Dice que es la primera vez que viene en todo este tiempo. Siete años. Dice que su familia le ha encontrado muy distinto. Mayor.

 

 

Releo el e mail que C. me mandó hace unos días. Creo que se siente responsable de lo que no hago. Me dice: si tú no lo haces, no podré seguir ayudándote. Lo dice en inglés: I can´t go on having an eye on you. 

 

 

    La foto de L. es la que más llama la atención. Una sonrisa grande en una cara pequeña. Una de esas sonrisas que enganchan. Después de su sonrisa, vienen sus ojos. Unos ojos que parecen reírse de la cara pequeña y de la boca grande. Unos ojos desafiantes y listos que en los peores momentos, también saben mirar. L. tiene una sonrisa grande en la que pasan cosas. 

 

 

 

C. está metido en tu cama. Cuando se quitó los calzoncillos viste que eran de marca. No paraba de sonreír como si estuviera de fiesta. Restregaste tus mejillas contra su barba. Se ha metido en tu cama como si fuera suya. No sabes si eso te gusta. 

 

 

            Leo el periódico de hace tres días. Me aprendo de memoria el titular de la página trece. El de arriba, a la izquierda. Y voy al espejo del baño para saber qué mirada tienen las mujeres que luchan en su propio infierno. Al mirarme, recuerdo a la niña rubia que hablaba con su madre, en la cocina de aquel restaurante tranquilo en Daimuz. Pienso en que debería inventarme un sitio al que pertenecer y en que Daimuz siempre me supo a vino con burbujas. Me sigo mirando en el espejo del baño. Pienso que Daimuz me supo a auténtico verano. 

 

 

Leo Manual de cicatrización de heridas crónicas. Es un proyecto académico. Le han dado un premio.

 

 

Me cuenta R. que si naces en Israel tienes que formar parte de su ejército. Y una vez que has formado parte de su ejército, aunque ya no vivas en Israel, tienes que volver allí, a su ejército, un mes de tu vida, cada año, hasta que cumples cincuenta. Un mes al año, cada año. Hasta que cumples cincuenta. 

 

 

Miro la hora en el reloj de la cocina, colgado en la pared de enfrente. Un buen reloj dijo el de la tienda, entre golpe y golpe, subido a la encimera amarilla. Ahora está un poco abollado. También dijo que era suizo. Fue de lo primero que compré para la casa nueva. 

 

 

L. me dijo que le gustaría escribir una historia de amor. El olor de sus cigarrillos quemados se mezclaba con el perfume de su pelo. Sonaba algo brasileño. Alguien se rió diciendo que las historias de amor no se contaban. Y yo estuve de acuerdo. 

 

 

Asegurarse el futuro. Me ha parecido leer la misma frase en dos anuncios distintos. Repaso con cuidado las hojas, una a una, al revés. Asegurarse el futuro. Me cuesta pensar que he debido imaginarlo. 

 

 

 

Soñé que los dientes se me llenaban de pelos que no podía escupir. Luego volví a dormirme. D. me habla de las islas de coral que hay en Egipto. Y luego me pregunta si me voy a quedar todo el día en el agua. Me gusta verle.  Hace mucho que no le veo. Miro mis manos y están arrugadas. Cuando voy a contestarle, me despierto.

 

 

    Hay una foto de mi padre con el suyo. Si miro sus manos no las veo negras. Mi padre siempre tenía las manos negras. Las uñas y la cara cubiertas de una mezcla de sudor y grasa y la ropa eternamente salpicada por las quemaduras que se hacía al soldar. Cuando alguien está soldando no se debe mirar al centro, porque hace daño a los ojos. Lo dice ocultando su cara negra detrás de una enorme careta. Con una mano sujeta la enorme careta y con la otra acerca el fuego a la silla que está soldando.

 

*Todas las fotos son de Loomis Dean.

 

DOS POEMAS: RICARDO FERNÁNDEZ

Ricardo Fernández Moyano, poeta y estudioso de los vates suicidas, me escribe esta mañana: “Te mando los dos poemas que voy a leer en Novallas el jueves en el X Festival de Poesía del Moncayo y aprovecho para comunicarte que a finales de año saldrá mi próximo libro de poemas ‘Rituales de identidad’ en Huerga & Fierro”.

 

TRAS LA VENTANA

Una sombra contra el cristal
insinúa sus formas
en curvas de silencio
ante una soledad de siglos.
Oculta en la ventana
mira pasar años mejores
en una procesión estúpida
de máscaras, perros y diablos.
Con ojos desgastados

sueña una vida
donde no reine el látigo.
Dama del alba,
¡ojala despiertes tu letargo
y no sea en vano tu existencia!

 

SUPERVIVENCIA

 

Has sobrevivido a todas las guerras,

las balas no rozaron tu cuerpo

en la lucha contra el insomnio,

la noche te ha sido propicia

y la nieve hace cálidos los huesos.

Te acompaña una mirada distinta

los días infames sin sombra,

y en la dicha de los olvidos

descansa la soledad

de pájaros sin memoria.

Hace tanto que no duermes,

que ya no soportas

el dolor de los ojos cegados

por estigmas de olvido

en la confusión de las meninges.

 

*Las cuatro fotos son de la joven fotógrafa turca de quince años, Sevim Nur Dalan.

26/07/2011 10:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GEMMA PELLICER: 4 MICROCUENTOS

CAPERUCITA DE LOS BOSQUES

 

Cuando al final se quede dormida y la respiración vaya acompasándose poco a poco a las emociones del sueño, descubrirá que tiene una hija pequeña, un perro feroz y un agujero en mitad de la cara rosado y oscuro como boca de lobo, mientras su madre la persigue incansable con el cuento de que el seguro le cubre todos los desperfectos.

 

 

EN CAÍDA LIBRE

 

Cuando despiertes de golpe en mitad de la noche y percibas de forma diáfana, asomado a la ventana, que la oscuridad del submundo rige con el mismo desgobierno descabellado del día, tan falto de claridades, tan lleno de veladuras, y te lo repitas para tus adentros apenas un instante, decidido a no darle más vueltas de las necesarias, sentirás de pronto, mientras tu pie ensarta a tientas la maldita zapatilla, cómo el agujero negro del pasado mañana te abisma.

 

 

ESPEJO PLANO

 

La marquesa empieza a subir la escalera muy despacio, a pasitos cortos, como de pluma. Aún le faltan seis escalones para alcanzar el primer rellano, ese que cuenta con un espejo grandioso de cuerpo entero, y un punto siniestro. En alguna ocasión, el ascenso del tramo completo le ha llevado su buen cuarto de hora, pero siempre termina por recorrerlo, como si tal hazaña, o la misma escalera, fuera para ella un premio. Ya ha alcanzado el descansillo, ya se acerca de improviso a su azogue, ya se sonríe. Por primera vez, la marquesa da media vuelta y empieza a descender aprisa la escalera, a paso ligero en realidad, con la agilidad exacta, y la imprecisión, de sus 15 años plenos...

 

NUESTRO CORAZÓN 

 

es un reloj impaciente y tenaz: el único que se atreve a marcar -con furia justa, en dosis comedidas- esos cambios de tiempo -muertos de tiempo muerto y enterrado- entre horas, y de hacerlo a manos llenas, a cada rato; el único capaz de dar cuenta de los minutos que aminoran con veracidad de mareo; el único que hace sonar desde dentro eternos segundos en apenas un segundo escaso; el único que bombea con furia antigua y feroz.

 

 

[gemma Pellicer (Barcelona, 1972) es licenciada en Filología Hispánica y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. En la actualidad vive entre Barcelona y Berlín. Ha cultivado la crítica literaria en el diario Avui y en las revistas Turia, Quimera y Olivar (de la Plata, Argentina). Sus microrrelatos han aparecido en las publicaciones Narrativas, Paralelo 50 y en el diario El liberal, de Santiago del Estero (Argentina), así como en las revistas electrónicas Delirio, Kafka y Letras de Chile, y en las bitácoras Afinidades narrativas, Ficción mínima, Internacional Microcuentista y La nave de los locos. Recientemente ha visto recogidas algunas de sus piezas en Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos (Cuadernos del Vigía, Granada, 2010). Ha publicado, en colaboración con Fernando Valls, la antología titulada Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto, Palencia, 2010), y está preparando otra dedicada al microrrelato español, desde sus orígenes a nuestros días. En el 2011 publicará en la editorial Eclipsados, La Danza de las horas, su primer libro de microrrelatos.]

 

-Las fotos son de Eugenio Recuenco, de Ilya Rashap y de Clarence Sinclair Bull.

ÁNGEL GUINDA LEE A CELAYA

POESÍA NECESARIA: GABRIEL CELAYA

 

Por Ángel GUINDA

  

[Texto de una conferencia en Tarazona, el pasado viernes. Celaya es el protagonista del Festival Internacional de Poesía del Moncayo, que se celebra este fin de semana, del 28 al 30 de julio]

 

Conocí personalmente a Gabriel Celaya cinco años antes de su muerte, en San Sebastián, durante el verano de 1986. Él tenía 75 años. Tiempo atrás habíamos mantenido contacto epistolar. Con cuánta generosidad reseñó alguna de mis primeras publicaciones; con qué cariño comentó alguno de los libros editados en la Colección Puyal.

 Recuerdo aquella deslumbrante tarde donostiarra: Inmaculada Muro y yo paseábamos por el puerto de la ciudad, en el extremo oriental de la bahía de La Concha, al pie de la Estatua del Sagrado Corazón que corona el Monte Urgull.  

Acabábamos de comprar una papeleta de quisquillas (esos diminutos crustáceos translúcidos de color grisáceo que fuera del mar los vemos de color rojo rosáceo), y nos las comíamos mientras caminábamos. La sed nos llevó a una taberna en la que entramos con intención de tomar un txacolí. Y el destino quiso que, nada más abrir la puerta del establecimiento, viese al fondo, en un rincón del mismo, la figura del poeta: sí, era él, allí estaba  agazapado, silencioso, la mirada hacia adentro, sentado junto a Amparo, su Amparitxu, con las manos apoyadas en un bastón.

 Superada la sorpresa, me acerqué a la pareja, miré a Gabriel a los ojos y, a bocajarro, comencé a decirle de memoria los primeros versos de un poema suyo que siempre me gustó mucho, perteneciente al libro Baladas y decires vascos: “Ser poeta no es vivir / a toda sombra, intimista. / Ser poeta es encontrar / en otros la propia vida./  No encerrarse; darse a todos; / ser sin ser melancolía…” Asombrado, me preguntó: ¿Quién eres? Cuando le respondí se emocionó recordando Zaragoza, a Julio Antonio Gómez y la maravillosa edición que éste hizo del libro Campos semánticos.

 De Gabriel cautivaba la inocente mirada de sus chispeantes ojos azules, su fervor conversacional, su abierta risa que relajaba el ambiente y hacía más fácil y afable la comunicación,

 Pasamos un largo rato inolvidable, presidido por su infinita ternura. Me preguntó por Luciano Gracia, por Manuel Pinillos y Margarita. Recordaba el restaurante El Cachirulo, el vino recio de Cariñena. Hablamos de su salud que estaba ya muy frágil, de Blas de Otero, de Madrid, de su dificultad para subir las escaleras del piso en San Sebastián. Vivía en la mayor estrechez económica y, sin embargo, tenía la entereza y seguridad del rico a quien le sobra todo. 

Cuando nos despedíamos se empeñó en incorporarse con gran dificultad para besar a Inma, le insistimos en que no se molestase; su gentileza pudo más que nuestra tozudez. ¡Cómo olvidarlo, sí, cómo olvidarlo!

Gabriel Celaya había nacido en Hernani el 8 de Marzo de hace cien años y murió en Madrid el 3 de Abril de 1991. Con motivo de su fallecimiento, publiqué en El Periódico de Aragón un brevísimo artículo titulado “Te has muerto para nunca” en el que decía:

 “Hoy, en Madrid, la mañana ha sido gris de acero y de ceniza, como de lluvia seca en lento amanecer con el sol encorvado por el peso del cielo. 

Cuando Gabriel se ha ido definitivamente hacia su soledad cerrada, el cielo ha abierto sus alas y ha dejado caer sobre la atmósfera una grave marea de silencio. 

Fue Celaya un poeta didáctico y moralizante, poeta más preocupado por la ética que por la estética de su palabra. Poeta necesario que hizo de la poesía algo tan imprescindible para la existencia del ser humano como el oxígeno, el pan o el agua. 

Tranquilamente hablando digo que este poeta se parecía tanto al amor que él mismo era el amor. Su poesía que se atrevió a decir en voz alta lo que el mundo callaba.

 En uno de sus más hermosos textos que hablan de su escritura, confesaba: “A lo largo de mi vida sólo he tratado de lograr una sola cosa: alcanzar un estado de conciencia que me permitiera romper la conciencia cerrada del yo individual y conseguir otra más allá de la que normalmente nos gobierna.”  

Hay mañanas que resultan excesivamente luminosas. Aun siendo gris, la de hoy ha sido una de ellas. Gabriel: tu ausencia es un eclipse de música, un eclipse de amor. Pero tu poesía eclipsa esos eclipses y es, al fin, la claridad más clara.

 Ahora me callo, comienzo ahora a releer tus versos, a revivir tu vida, para sentirme vivo después de que te has muerto para nunca.”           

Unos días después, el 25 de Abril de 1991, y con el título “Última memoria de Celaya”, publiqué una doble página en el Suplemento Rayuela que coordinaba Antón Castro en el citado periódico. Terminaba así: “La poesía española acaba de perder para la vida, que no para la historia, a todo un poeta del derecho y del revés, un trozo de lo mejor de nuestras almas”.

 “Para Gabriel Celaya, la poesía es conciencia en el tiempo tanto o más que para Antonio Machado había sido palabra en el tiempo.

Sin la guerra incivil del 36, sin la paz violenta de la posguerra, esta poesía habría desarrollado sus postulados teóricos por la senda del surrealismo más que por la actitud pragmática de la reflexión existencialista de un yo fundido en con el yo de los demás.

Acaso haya una única soledad humana manifestada de diferentes maneras: la soledad con todos (o soledad sonora), la soledad a solas (o soledad silenciosa), la soledad que quiere acompañar (o soledad más triste). La soledad del sol (o soledad cósmica) que es la unánime soledad de la Naturaleza.  

Celaya escapa a mi sentencia “evasión hacia adentro es el viaje del poeta”. Su poesía intentó aniquilar la soledad del individuo y la soledad del pueblo amordazado, mediante una voz alta de reunión y llamada: llamada a los ciegos, sordos y mudos de discernimiento; congregación de los juiciosos comprometidos y valientes.Su decidida apuesta por una poesía entrometida, comunitaria, en los años 50 y 60 le llevan a superar su propio yo doliente para vivir otras vidas además de la suya propia, para morir otras muertes. De este modo elige la soledad con todos desde la solidaridad. 

Y es así como se convertirá, en la década de los 70, junto a Blas de Otero, en el poeta más conocido y reconocido del momento: el poeta social de la palabra útil, de la palabra herramienta para transformar la adversa realidad del mundo; el poeta de Las cartas boca arriba y de los Cantos iberos. El poeta cívico cantado por voces tan penetrantes como las de Paco Ibáñez y Soledad Bravo.

 Esta máscara definitiva, altruista, valiente y pujante escondía otras máscaras de igual valor poético: 

- la máscara inicial que había dado luz a una poesía casi pura en su primero libro, Marea del silencio, más pura todavía en Objetos poéticos; o a otra poesía meditativa, metafísica, resistente, en obras como La soledad cerrada, Tranquilamente hablando, La música y la sangre o Movimientos elementales…con Rimbaud, Bécquer y Jorge Guillén en su fondo musical, en su paisaje verbal;

-  y una máscara que aparece y desaparece, a modo de Guadiana, desde el comienzo hasta el final: con esa veta experimental, vanguardista, buceadora en nuevas posibilidades del lenguaje, línea incluso culturalista en libros como Campos semánticos o el en último que publicó en vida: Orígenes.

 

Varias conciencias (lúcida, lúdica, personal y colectiva, solitaria y solidaria) convinieron a su clara consciencia para hacer de sí mismo no varios poetas, como en el caso de Fernando Pessoa, pero sí un poeta de voz plural en un único hombre singular, en un “personángel” (Rafael, Gabriel) por emplear un término acuñado por él.

Para nuestro héroe, la poesía llegó a ser una forma transcendente de hablar, casi de escribir como se piensa, como se siente, como se desea. Al referirse a su obra él mismo reconoce: “No es un bello producto, no es un fruto perfecto.” De ahí ese toque de cierto desaliño en algunos momentos del poema, ese ritmo quebrándose porque sí en mitad de la sinfonía acentual, ese vocabulario en zapatillas, esa apremiante inmediatez en su discurso tan real como la realidad misma de la vida. Una característica que, por otra parte, ha afectado siempre a los poetas vascos que escribieron y escriben en castellano: desde el Unamuno poeta hasta Blas de Otero y los más interesantes poetas de hoy mismo en Euskadi.

Sin embargo, en su caso, ese casi feísmo es toda una cuestión de estilo. Si José Hierro, poeta de su generación, preconizó poetizar narrando, Gabriel Celaya retoma el “hay que escribir como se habla” de Juan de Valdés, autor de la primera Gramática española: mas no en el estricto sentido lingüístico sino en el de la expresión poética eficaz, para conseguir un coloquialismo fantástico de fácil pero hondo arraigo en el lector medio y no sólo en los lectores más preparados, para hacer de la poesía una manera de hablar urgentemente al pueblo trabajador.

 Es la poética de la voz necesaria, de la sencillez, de lo vital compartible. De ahí su increpación: “Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales…” Es el tributo que debe pagar  todo arte militante a favor de un mejor destino colectivo y en detrimento de la estética privada. Le sucedió, en poesía, a Esenin, a Evtushenko, a Neruda y a tantos otros monstruos sagrados de la literatura que sacrificaron parte de su genio por llegar a los más, Y le sucedió a Celaya. Su escrupulosa y radical moral civil le hará decir: “El hombre ha muerto” como complemento de la nietzscheana muerte de Dios.

 Él buscó eso: una poesía de fondo comprensible y asequible en su forma para la inmensa mayoría obrera, desfavorecida. Una poesía estandarte de un pueblo condenado por la Dictadura al silencio y a estar solo. Una poesía que apuntaba derecha a la razón y al corazón heridos del ser humano de su tiempo apenas sin tiempo para la verdad, la libertad, la alegría de ser.

 Un itinerario epilírico desde una conciencia crítica hasta otra telúrica, dentro de su conciencia órfica y de la acechante y envolvente conciencia cero de la muerte.

 La personalidad intelectual y literaria de Celaya quedaría incompleta si no reconociésemos su dedicación editorial, junto a Amparo Gastón, a la Colección Norte; sus aportaciones al conocimiento de la vida y de la obra de San Juan de la Cruz y Gustavo Adolfo Bécquer; o su capacidad para el análisis y la investigación en ensayos como  Exploración de la poesía, Poesía y verdad o Los espacios de Chillida; y su agudeza crítica en numerosos artículos publicados en prensa y revistas especializadas.

 

*Dos fotos de Celaya. En la tercera está con Amparitxu Gastón y con Blas de Otero.

25/07/2011 08:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL MIÉRCOLES, 'LETRAS LIBRES'

‘VERANOS DE INFANCIA’

 

MONOGRÁFICO DE LA REVISTA ‘LETRAS LIBRES’

 

 

Recibo esta nota de Eva  Cosculluela y Félix González de Los Portadores de sueños:

 

El  miércoles 27 de julio a las 20h tendrá lugar en la librería LOS PORTADORES DE SUEÑOS (C/ Jerónimo Blancas, 4 - Zaragoza) la presentación de VERANOS DE INFANCIA, número especial de la revista LETRAS LIBRES  donde dieciséis escritores españoles cuentan sus veraneos infantiles: Andrés Barba, Jorge Carrión, Mercedes Cebrián, Borja Cobeaga, Daniel Gascón, Ismael Grasa, Enrique de Hériz, Nuria Labari, Miguel Ángel Muñoz, Elvira Navarro, Jordi Puntí, Eva Puyó, Llucia Ramis, Félix Romeo, Gonzalo Torné y Berta Vías Mahou. Destaca la presencia de cuatro colaboradores aragoneses que participarán en la presentación.

 

RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ, director de la edición española, conversará con el escritor FÉLIX ROMEO. Nos acompañarán también los escritores DANIEL GASCÓN, ISMAEL GRASA y EVA PUYÓ, colaboradores de la revista.

 

VERANOS DE INFANCIA

 

En los veranos de la infancia conviven el asombro y el tedio. Son un paréntesis de la rutina escolar, pero tienen también sus reglas, sus rituales y sus recompensas. Son largas horas en el coche, complicados plazos para evitar los cortes de digestión o tratos con familiares de ignotas costumbres. Son el descubrimiento del mundo rural o del apartamento, un momento de privilegiados aprendizajes o una dura decepción; una sustitución del entorno conocido, otra forma de comer, otros horarios para dormir.

 

Las dieciséis narraciones aquí reunidas son algo más que una evocación nostálgica de esos veraneos infantiles: son el retrato luminoso y triste de un momento clave en nuestra educación sentimental y, tomadas en su conjunto, un revelador fresco de la historia reciente –en sus detalles, en sus ritos, en sus paisajes– de la clase media española.

 

 

 

*Todas las fotos son del norteamericano Peter Strackpole.

24/07/2011 19:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA JOSÉ CASTEJÓN: CUATRO POEMAS

La profesora y poeta María José Castejón recitará en Novallas el próximo día 28, dentro del Festival Internacional de Poesía del Moncayo. Me envía cuatro poemas: tres de ellos inéditos.

 

CUATRO POEMAS

 

Por María José CASTEJÓN

 

 

A mi padre

 

Me persigue la muerte

tras las sábanas.

Tras envolverme

en tu regazo

ilumina mi rostro

tu reflejo

 

Tras el espejo

de tu conducta

me llena de vida

la sonrisa

con que me recibes

 

devolveré al despertarme

tu sonrisa

para que de la sensación

de que todo transcurre en calma

 

2

 

Del libro ‘Solfea mis curvas’ 

 

 

Te llevo en mi pensamiento

y sufro mi condena.

Tal vez resucite

si apareces.

Pero para no comprometer

tal instante.

Dejaré en este poema

que vuele por el aire

tu melodía

para compartir el sufrimiento

de que la creación

es cómplice.

Y en una ilusión

nuestra imagen

se diluya

en el mar de las vanidades

 

 

3

 

Sintiendo tu ceguedad

me alumbro el sentimiento

de ver claro el camino

elegido era correcto.

Y con los ojos cerrados

acumule el desencanto

del sintagma descompuesto

donde el adjetivo supo

dar nombre a un sentimiento

 

 

4

 

Eres mi alma

encerrada

en un mar de dudas

volando.

El viento revuelve mi

                                 cabello

y mi mente se aloja

                             en tu ser.

Te diré que solo, solo tu

sabes convertirme en mujer.

 

*Todas las fotos son de Clarence S. Bull, uno de los grandes fotógrafos del cine de Hollywood.

24/07/2011 19:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERRANO CUETO: RELATO DEL BOSQUE

Hace unos días recibí esta carta del narrador, poeta y profesor de clásicas Antonio Serrano Cueto: “He leído el texto de Eduardo Viñuales, estupendo, que ofreces en tu blog para conmemorar el Año Internacional de los Bosques. La Junta de Andalucía publicó hace meses una agenda con microrrelatos de encargo sobre el bosque mediterráneo. Esta fue mi aportación, por si quieres añadirlo a tu blog. Un abrazo”.

 

TRABAJOS Y DÍAS


Por Antonio SERRANO CUETO

Principiaba junio en los bosques cuando llegaron al alba con palos largos, hachas y perros catadores. Se aplicaron a la faena bajo el estridor ardiente de las chicharras. Cumplida la jornada, abrieron los zurrones y repartieron pan y queso. Con el sol poniente regando las altas copas, esperaron a que los alcornoques descorchados destilaran el rojo vino.

 

*Las tres fotos son del norteamericano Rolfe Horn, nacido en 1971, que es un auténtico maestro de la fotografía de paisaje en blanco y negro.

CRÓNICA DEL DOLOR DESDE NORUEGA

«El mayor dolor es que haya sido uno de los nuestros»

DAVID NAVARRO. Oslo. Heraldo de Aragón

[Un redactor de HERALDO testigo directo de los atentados en Oslo, vive el dolor de los noruegos, que han buscado consuelo en uno de los mayores templos de la ciudad. Nadie entiende cómo alguien que ha crecido en sus calles haya reunido tanto odio.]

Cuando una ciudad vive una tragedia de grandes dimensiones, sus habitantes necesitan un lugar de encuentro, una vía de escape donde liberar el dolor y la tristeza. Un rincón donde llorar a los muertos, meditar y apoyarse unos a otros. La Domkirke, principal catedral de Oslo, se convirtió en ese rincón para miles de noruegos, que acudían a sus puertas con ramos de flores, velas y pequeños objetos para recordar al casi centenar de fallecidos en la matanza del viernes en el centro de la ciudad y la isla de Utoya.

Oslo amaneció ayer triste y apagada. Era la sombra de la ciudad que había recibido a los turistas a principios de semana: soleada, callejera y fresca. Es una ciudad que sorprende al turista que se espera encontrar un rincón tranquilo y silencioso. Las terrazas de la capital están repletas de noruegos que disfrutan de su corto pero intenso verano; la música se escucha en la calle y las plazas son lugar de encuentro.

Por eso sorprende el silencio del día después: solo se escucha el graznido de las gaviotas, ajenas al dolor y estupefacción que vive la ciudad.



El deán de la Domkirke, Olaf Dag Hauge, entendía el silencio reinante: «Es un momento para la reflexión, el silencio y el recuerdo», me confesó ayer, mientras contemplaba la larga fila de ciudadanos que había acudido a las puertas del templo para depositar los ramos de flores.

Olaf tiene el rostro cansado y los ojos vidriosos, ha atendido a decenas de feligreses que le estrechan la mano y le expresan su gran consternación. Tiene palabras de ánimo para todos porque, asegura, «este templo es ahora un lugar donde encontrar apoyo y expresar los sentimientos. No es necesario rezar, también se puede acudir para pensar en lo sucedido». La iglesia celebrará hoy un servicio en honor de las víctimas de la tragedia y Olaf invita a todos los ciudadanos.

En el interior de la Domkirke nadie hablaba ni susurraba. Algunos lloraban y otros, como Mattheus Vengard, jubilado de 68 años, hacían sus propias conclusiones de lo sucedido. «El mayor dolor es que haya sido un muchacho de Noruega -me aseguró, cuando salíamos del templo-. Que haya sido uno de nosotros, ¿entiendes? Porque si fuera un extremista extranjero lo puedes comprender mejor: ellos nos atacan porque odian nuestro modo de vida. ¿Pero qué puedes hacer cuando se trata de un chico normal? Te preguntas qué ha pasado, qué se ha hecho mal para que alguien que ha crecido en estas mismas calles reúna un odio semejante».

La ciudad invita a rumiar las palabras de Mattheus y buscar respuesta a esas preguntas. Los comercios están cerrados; las terrazas, medio vacías. Y las banderas de edificios oficiales y hoteles ondean a media asta. En las inmediaciones del Parlamento, soldados armados custodian el edificio ante la mirada atónita de los turistas y oslenses, que hacen fotos como si la matanza fuera una atracción más de la ciudad.

Si el viernes los protagonistas eran los teléfonos móviles, ayer eran las cámaras de fotos. De móvil, compactas o con grandes objetivos. Uno siente vergüenza ajena y propia al tomar fotos de escombros y cristales, porque en el fondo es una falta de respeto.

Tras un atentado o una tragedia, el turista se siente de más. Ayer resultaba extraño disfrutar de las vacaciones tomando un café en el Aker Brygge, la zona de bares del puerto de Oslo. Apenas nos atrevíamos a levantar la voz en la plaza de Christiania Torv, donde se disfruta de buenos tapeos, ni a disfrutar de una copa de vino en la Bankplassen. Quizá porque mi lugar también está en la catedral, arropando a los noruegos. Porque los aragoneses sabemos el dolor que se siente cuando el terror golpea tu ciudad.

 

24/07/2011 10:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN MARQUÉS EN CUATRO LENGUAS

Un poeta en cuatro lenguas

 

‘En tiempo libre’, el poemario de Juan Marqués, se publica en una nueva edición en castellano, gallego, euskera y catalán que ha coordinado Estel Julià y que ha becado la Diputación de Zaragoza

 

 

Pensábamos que la democracia iba a ser la fiesta de las lenguas. En los últimos tiempos de la dictadura pedíamos la libertad con una melodía de Raimon o Llach, soñábamos el amor y el Mediterráneo en la voz de Maria del Mar Bonet, buscábamos el séptimo cielo o una rara noche de sol con Sisa, oíamos con naturalidad a Mikel Laboa e Imanol, y formaban parte de la banda sonora de nuestra vida, en distintos grados, músicos como Amancio Prada, Bibiano y Benedicto o Emilio Cao. Y poetas tan distintos como Gabriel Aresti, Celso Emilio Ferreiro o Salvador Espriu estaban ahí siempre, al alcance de la mano y de la sensibilidad, en la calle o en la mesilla de noche. No es nostalgia, es un hecho, la nostalgia es un error: lo mejor siempre está por llegar.

La democracia pudo haber sido y no es la fiesta de las lenguas: por diversas razones, por acumulación de contradicciones y confrontaciones, ese tesoro de vivencias y expresiones ha sido casi una fuente de conflictos antes que un hontanar de sensibilidad e intercambio. Aragón es un anchuroso y diverso territorio de tres lenguas. Lo que convivía de manera natural, se ha convertido en un arma arrojadiza. España siempre parece anhelar un puñal de odio que arrojarse a los ojos.

Por eso, satisfacen proyectos como este: la edición del poemario ‘Un tiempo libre’ (Universidad Politècnica de Valéncia, 2011. Valencia, 158 páginas) del poeta zaragozano Juan Marqués –discípulo dilecto de José-Carlos Mainer, habitante de la Residencia de Estudiantes durante años y editor de Luys de Santa Marina, entre otras muchas cosas-, que ha sido vertido al gallego, al catalán y al euskera. Se trata de un proyecto alimentado por la poeta valenciana Estel Julià, que ha sido premiado y apoyado por la Diputación de Zaragoza, en el que ha contado con la colaboración de David Tijero, en la versión al vasco, y de Lucía Novás, en la adaptación al gallego.

‘Un tiempo libre’ (Comares, 2008) es un poemario tocado por la gracia de la concisión, la búsqueda de las palabras justas y la capacidad de sugerir un mundo de sensaciones, de felicidad, de plenitud (“la vida me ha expulsado de la muerte”, dice Marqués) que se suspende en las pequeñas cosas: en un árbol, en una canción, en un recuerdo, en los paseos con la amada, en una carta, en un columpio que tiembla en el aire. Es un libro delgado y hondo, de esos que se califican como contenidos o minimalistas, pero que tiene la hermosa facultad de decir mucho con poco y de sugerir mundos, huellas, atmósferas, estados de ánimo, aventuras del vivir. Fue todo esto lo que conmovió y atrajo a Estel Julià. Recuerda: “… desde las primeras lecturas de los poemas de Juan Marqués las palabras rebotaban en mi cabeza y me eran devueltas en mi otra lengua. Tal vez esto sucedió por el modo en que está escrita su poesía, sin artificios, medida y con un ritmo justo que no busca la metáfora preciosista, sino más bien el juego poético de la sencillez y lo pequeño…”

Estel se imaginó cómo sonarían esos textos también en gallego y en catalán. Estel, Lucía y David muestran “una sensibilidad poética muy delicada y, a la vez, una dedicación muy enérgica”, dice el propio Juan Marqués en una nota del libro. Logró establecer el hilo de la complicidad y de las confluencias con sus compañeros de viaje y aquí está el resultado: una exaltación de la poesía, una exaltación del oficio de traducir, un elogio de la belleza, de la sensibilidad y del buen gusto por la edición. ‘Un tiempo libre’, en cuatro lenguas, es un pequeño tesoro: táctil, de contenidos, de aromas, de la música de la palabra, de la convivencia lingüística. Algo semejante se había hecho antes con Ángel Guinda.

Mercedes Corral acaba de despedirse, con discreción, de La Casa del Traductor (definida aquí como “uno de los templos de la traducción en España”); ha sido criticada por Luis Beamonte, ex alcalde de Tarazona, de no saber darle visibilidad a ese espacio. Beamonte, sin embargo, jamás la recibió en sus cuatro años de gestión. Ahora preside la Diputación de Zaragoza que ha apoyado proyectos como este, que será uno de los primeros que llegue a su despacho: ahuesado, terso, amasado con respeto, una defensa de la poesía y de la variedad y de la belleza de las lenguas que nos conforman y que nos enriquecen.

 

Un tiempo libre. Aisialdi bat. Un tempo libre. Uns temps lliure. De Juan Marqués. Edición y prólogo de Estel Julià. Traducción: David Tijero (euskera), Lucía Novas (gallego) y Estel Julià (catalán). Universitat Politècnica de València. Valencia, 2011. 158 páginas. (En las fotos, Juan Marqués y Estel Julià.)

23/07/2011 20:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS DEPORTADOS ARAGONESES, SEGÚN JUAN MANUEL CALVO

Juan Manuel Calvo Gascón en Ejulve.

 

[La historia del millar de aragoneses que fueron deportados a campos de concentración nazi es el eje de la publicación ‘Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis’, escrita por Juan Manuel Calvo Gascón (Ejulve, Teruel, 1957) y editada por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón a través del programa Amarga Memoria. No se sabe si será uno de los últimos títulos y que pasará con esta colección.

El libro intenta averiguar el origen de los 1.009 aragoneses que sufrieron la deportación y las diversas vías que les llevaron a ello, así como devolver su identidad a la memoria colectiva a través de testimonios y fotografías. Además, la publicación incluye un CD con el listado más completo existente hasta el momento de las personas originarias de Aragón deportadas a los capos nazis entre 1940 y 1945.

Unos 9.400 españoles fueron víctimas directas estas deportaciones. Los primeros llegaron a Mauthausen en agosto de 1940, procedentes de las Compañías de Trabajadores, de los Batallones de Marcha y del campo de refugiados civiles de Angulema. ‘Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis’ fue presentado en la Biblioteca de Aragón a finales de mayo.

Juan Manuel Calvo Gascón, que pertenece a la Amical de Mauthaussen y reside en Barcelona desde hace años, me pidió un prólogo que traigo aquí hoy.

 

EXALTACIÓN DE LA VIDA Y DE LA MEMORIA

 

Conozco a Juan Manuel Calvo Gascón desde hace casi treinta años. Lo conocí en Ejulve, Teruel, su pueblo y casi el mío: Juan Manuel era su principal estudioso, su principal investigador. Ejulve era su obsesión: residente ya en Barcelona desde hacía años, sus pesquisas eran el modo de recobrar el tiempo perdido. Se zambullía cada cierto tiempo en los archivos, creo que los que más le gustaban eran los de La Seo, y volvía con tesoros, con episodios, con nombres de personajes, con conjeturas que exponía o contaba en las comidas de familia o en el bar de la carretera. Durante más de una década Juan Manuel contaba fábulas de lobos o de héroes esquivos, narraciones medievales, relatos de maquis y de la Guerra Civil, historias menudas. Siempre andaba con un dato bajo el brazo, y sus allegados soñábamos con que, más temprano que tarde, redactase una historia de Ejulve. Como aquel personaje del poeta Juan Ramón Jiménez, Juan Manuel era como un andarín de su órbita, de su origen, el paseante de la memoria, del documento y del mito.

Las cosas no suceden de hoy para mañana. De un plumazo. Pero cabría decir que a partir de un determinado momento observamos un giro en los hábitos y en la trayectoria de Juan Manuel Calvo Gascón: veíamos cómo Ejulve quedaba arrumbado y abrazaba otro asunto, en el que volvía a mostrarse insaciable, perfeccionista y generoso. De repente, volvió los ojos hacia los aragoneses que habían vivido el drama de los campos de concentración, y empezó a hablarnos de Mauthausen, de Gussen, de Auschwitz, de Dachau, de Buchenwald, de Primo Levi, de Jorge Sermpún, de Imre Kertész, de un pelotón de ciudadanos anónimos que dejaban de ser gracias a él y a otros. Ingresó en la Amical de Mauthausen, y empezamos a leer sus textos de rescates de personajes, las historias inverosímiles que contaba por aquí y por allá.

Cada cierto tiempo se encontraba con un republicano que había padecido la sinrazón del nazismo y la herida frondosa del destierro y de la patria interrumpida. Buscaba a los que vivían, iba a verlos, se desplazaba a Mauthausen con sus alumnos, buscaba a los desaparecidos, recopilaba sus vidas y sus biografías. Y no solo eso: en Ejulve, empezó a organizar unas jornadas de verano por las que desfilaban los protagonistas vivos de aquel drama, los historiadores, los familiares de los desaparecidos, los paisanos. Organizaba exposiciones, impartía charlas, exaltaba una y otra vez la aventura humana de los deportados y confinados en los campos de concentración.

En una de nuestras conversaciones me contó algo que está muy vivo en este libro, algo que en el fondo podría ser el origen del volumen: "Mauthausen está en lo alto de una colina y tiene el aspecto de una fortaleza medieval. Impresiona cuando entras. Y lo que más impresiona es cuando vas con los deportados a la zona de la cámara de gas, al depósito de cadáveres, todo está húmedo, oscuro. Recuerdo que a José Alcubierre, con antepasados en Tardienta y preso también, le conmovía acariciar la zona de la muralla del garaje porque estaba convencido de que el muro lo había levantado su propio padre cuando estaba en la cantera". José Alcubierre es protagonista principal del horror indecible, como tantas y tantas otras criaturas que pueblan esta monografía.

Experto absoluto en la infame vida de los deportados en el campo de Mauthausen, este libro va más allá: hace acopio de muchos aragoneses que sufrieron el martirio nazi en otros lugares, desde 1940 ya hasta 1945, y que vivieron el éxodo más doloroso. Este es un libro de seres humanos, con nombre y apellido, es un libro de desgarros y emociones, de secretos y de pulsión arrebatada por la supervivencia, y es el ejercicio de rigor y fraternidad de un historiador que sabe que su tarea solo está a medio camino. Calvo Gascón reconoce “las dificultades para fijar con exactitud el número de españoles que sufrieron deportación e internamiento en los campos de concentración nazis”.

También es un libro de advertencia: parecía imposible que en aquella Europa el mundo se viniera abajo como se vino, hacia el pozo tenebroso y sin fondo del Holocausto. Cuando es liberado por los americanos, dice uno de ellos: “No he llorado más en mi vida”. Lloraba de alegría: acababa el horror y empezaba la dignidad, asaltada una y otra vez por la pesadilla abominable. Por ello el libro tiene un doble mensaje: es un documento a veces de crueldad insoportable, un inventario incompleto de víctimas, y a la par es un trallazo de luz que rescata para siempre, dolor a dolor, pálpito a pálpito, a los perseguidos de la Historia.

 

 

23/07/2011 09:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NACE UN NOVELISTA: FRANCISCO RUBIO

San Sebastián: intrigas, sombras y crímenes

 

El escritor turolense Jon Lauko, seudónimo de Francisco Rubio, debuta con ‘Donostia’ (Meteora), una novela de intriga donde cuenta la historia de un espía que intenta integrarse en ETA

 

 

Jon Lauko es el seudónimo literario de Francisco Rubio, un catedrático de Matemáticas y profesor de Álgebra nacido en Caminreal, educado en Calamocha y en Teruel, en el Instituto Ibáñez Martín, donde tuvo como profesores a José Antonio Labordeta y a Eduardo Valdivia, a quienes reconoce como sus maestros literarios. Labordeta, ha dicho Laudo, le contagió la pasión por la literatura, “era un sublime poeta”, y Valdivia le deslumbró con su novela ‘Arre Moisés’. Francisco Rubio cambiaría su nombre tras leer a John Le Carré, que es otro de sus maestros, con Patricia Highsmith, James M. Cain y con autores como Ivo Andric o William Saroyan.

Poco después de la muerte de Franco, Francisco Rubio-Jon Lauko obtuvo un puesto de profesor en San Sebastián. Más de 30 años después, cuando decidió debutar en la novela, ha vuelto los ojos hacia la ciudad y le dedica una tensa, rápida y muy planificada narración: ‘Donostia’ (Meteora), que tiene algo de novela corta de intriga con varios frentes abiertos.

La narración empieza con la fotógrafa Guillermina Anglada, que es tan buena profesional como licenciosa en sus hábitos amorosos, a la que le encargan un cometido muy especial: debe seguir el rastro de un personaje dado al disfraz, a los alias, al espionaje y a un sinfín de proyectos un tanto infames o cuando menos peligrosos: Marcel Camember, que tiene la idea de crear una industria de hamburguesas en Euskadi. Nada menos.

Pronto entra en acción otro personaje, Pedro Mari Garabain, Kepa, que trabaja en un banco y que está un poco de vuelta de todo, incluido el sexo y las mujeres y la política. Y más bien solo y decepcionado en la vida. Da vueltas en su coche, recorre calles y más calles, se adentra en la lluvia y en la noche, contempla el mar, acude a magníficos restaurantes. Y en uno de ellos le dan un bote de tomate, que le salvará la vida al desparramarse como sangre. De golpe, dos asaltantes le sorprenden en el coche, y le disparan y lo dejan por muerto. Se salva de milagro, y ahí empieza otra vida: intentará saber qué ha pasado, por qué le han disparado, quién le persigue. Entra en escena una vecina suya de buen ver, de hermosa mirada, con la que empieza a salir. Aintzane tiene un hermano senador muy implicado con la idea de “liberación de la patria vasca”. Habrá un momento en que todas las historias converjan (incluida la de Guillermina, que reaparecerá casi al final), asistidas por el impulso del azar, a veces excesivo o un tanto inverosímil. El libro analiza los equívocos políticos, la proliferación de grupos terroristas (“La triple A asesina a un taxista de Andoain”, se dice y se cita a Apala), entre ellos, claro, ETA, que entonces “parecía tener una idea más romántica de la independencia de Euskadi”.

El escritor turolense, afincado ahora en Barcelona, plantea dos temas aún más claros: cómo un hombre se siente acorralado y perseguido por fuerzas misteriosas y cómo intenta resistir al miedo sin volverse loco, y cómo San Sebastián –que sigue de moda tras su borrascosa elección como Capital Cultural de 2016- es el gran personaje y el gran escenario de esta novela de intriga, de capítulos cortos, fluida, pautada en su escritura, en su ritmo y en la acción.. A Laudo más que solucionar conflictos o desvelar tramas, más que condenar a nadie, le preocupa la creación de criaturas, de estados de ánimo y de incertidumbre. Y eso se percibe incluso en el final, que cierra algunos enigmas y abre otros abismos al futuro.

Los personajes que creen haber logrado secretos excepcionales no sospechan ni de lejos que podrían ser ellos los perseguidos. Una bala podría esperarles en algún restaurante en un tiempo en el que ya empieza a sonar el nombre de Karlos Arguiñano.

 

Donostia. Jon Lauko. Meteora. Barcelona, 2011. 144 páginas.

 

22/07/2011 23:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN CUENTO DE MARCOS CALLAU

[Recibo esta carta de Marcos Callau: “Te escribo para decirte que el próximo jueves 28 de julio presentaré en El pequeño teatro de los libros (C/ Silvestre Pérez, 28), mi primera colección de relatos breves titulada ‘JAZZMEN’ y editada por Cartonerita Niña Bonita. Presentará Alfredo Moreno y el editor David Giménez, y contaremos con la presencia del músico "GranBob" (Roberto Artigas), autor del CD cartonero ‘Pedaleando’”. Le pido a Marcos Callau, poeta y enamorado del jazz, de la novela negra y de Frank Sinatra, un texto y me envía esta pieza.]

 

 

A LA LUZ DEL FLEXO

 

Por Marcos CALLAU



Nunca debí escapar de sus brazos, ni marchar de esas manos que me entendían y sabían acariciarme como yo quiero, nunca debí huir de aquél que me supo valorar. Pero así soy yo, siempre tan valiente y sin miedo a nada. Quería probar emociones nuevas y un nuevo estilo más acorde con estos tiempos, el viejo ya me tenía aburrida siempre empezando cosas que nunca llegaba a terminar. Una se cansa y se deja llevar por el instinto, por el primero que pasa y te engatusa con sus ganas de tocarte. Me olvidé del pasado, de todos los sentimientos y despojada de ellos aposté por una nueva vida con la promesa de nunca más volver la vista atrás. Después de todo, el cementerio está lleno de estatuas de sal demasiado sentimentales. Yo sólo pensé en avanzar, avanzar y seguir avanzando al ritmo que marcaba mi nuevo dueño. Seguí avanzando ciegamente hasta tropezar con el día de hoy que me encuentro aquí conmigo misma, pensando si realmente todo esto ha servido para algo o simplemente ha sido pura autodestrucción. Mientras mi amante anterior se acercaba a mí con suavidad, éste me posee brutalmente… aunque yo no quiera. Mientras uno me acariciaba con delicadeza, éste me pulsa a golpes, me aporrea y me maltrata. Esta noche, a la luz del flexo, sólo soy una vieja y seca máquina de escribir de segunda mano soñando con que regrese mi antiguo poeta.

 

*Esa foto es de Godfrey Thurston Hopkins, y está tomada en Londres en 1955.

EL CUENTO, SEGÚN Mª ROSA BURILLO

[El dramaturgo, guionista, cineasta y realizador de televisión, amén de escritor de relatos y aforismos, Alfredo Castellón Molina me puso en contacto con la profesora madrileña María Rosa Burillo, apasionada del haiku y de la literatura norteamericana. Rosa acaba de salir de una complicada operación y ya está bien: ya está mejor y se aplica a la literatura, al cuento, a sus autores favoritos. Me envía este artículo sobre varios cuentistas: Carver, Lahiri, Poe, Cheever, etc. Es casi una manera de celebrar que la vida sigue y con ella la literatura, la belleza, la capacidad de contar historias y de crear personajes.  María Rosa Burillo seguirá escribiendo y leyendo a orillas del mar, en Altafulla, en Altea, allá donde da la vuelta el aire marino…]

LA IMAGEN DEL RELATO. EL RELATO EN IMÁGENES

 

Rosa Burillo

 

Ya en el siglo XIX, Edgar A. Poe planteaba en su “Filosofía de la Composición”, los principios que siguen siendo válidos para la obra literaria a día de hoy, y citaba la palabra homeliness que expresa lo que todo escritor busca, intimar con el lector.

 

Vivimos en un mundo de imágenes. Primero el Periodismo, con la descripción pormenorizada de los acontecimientos y luego la visualización que ofrecen el cine y la televisión, han hecho que nuestra cultura literaria se vea muy mediatizada por la imagen, hasta el punto de que el escritor describe en imágenes y utiliza detalles cada vez más visuales que dominan sobre los argumentos, depreciándolos porque, parecen  querer decir, no vamos a ninguna parte y en realidad da igual donde los distintos modos de ficción nos lleven. En último término, la trama argumental ha quedado tan mermada que sólo se sostiene como soporte de un principio mucho más sutil, el toque de atención que suponen las metáforas.

 

Esto sucede sobre todo en relato, donde el mundo recreado apela a los sentidos, los detalles se ven, se huelen, se sienten, para conseguir cierto estado de ánimo,  un determinado aliento. Como si de un truco de magia se tratase, las imágenes de los cuentos conmueven al lector y lo hacen con las estrategias de la publicidad, el cine y los distintos semanarios. No hay que olvidar que la lectura de un relato comparte página con el anuncio publicitario del deportivo o la chica diez vestida de la manera más sugerente, competimos ni más ni menos que con el deseo de vender y el relato tiene que estar a la altura. El autor de cuentos apela a la intimidad del individuo y sus estrategias son las que funcionan a nivel cognitivo en una sociedad acostumbrada a alimentarse con la vista. Su objetivo, lograr lo que Poe denomina passion, y que supone algo así como la clave publicitaria del cuento.

 

Todo escritor es consciente del alcance de su llamada y, fiel a sus intenciones, se propone convencer. Ese convencimiento lo adquiere el lector mediante la poética de las sensaciones. Ya lo intuía Poe “to be moved in order to be convinced”, conmover para convencer. Las imágenes con su apariencia desapasionada, despegada, objetiva, dejan huella en la mente donde se almacenan en una verdadera trama concatenada que difiere del tradicional argumento lineal. Como dice John Cheever, la espiral sería la verdadera estructura explicativa, el eco que instala en la mente la verdadera memoria del cuento.

 

El relato funciona así con la sensibilidad de un poema o como el enigmático teatro del absurdo al que hace referencia John Barth en “A Few Words on Minimalism”. La gesticulación comunica con rigurosa precisión lo inexpresado. Ya en Winnesburg, Ohio, la sucesión de historias que componen la novela de Sherwood Anderson, el maestro de escuela, incapaz de articular palabra, esconde las manos cuando es acusado injustamente de abuso a una menor. Prevalece el gesto como estado dominante del texto, la atmósfera que envuelve a unos personajes que, por padecer la parálisis de los tiempos, no van en realidad a ninguna parte.

 

Dos ejemplos de relato en Norteamérica, “De Qué Hablamos Cuando Hablamos de Amor”, de Raymond Carver, y el cuento de Jhumpa Lahiri, “Intérprete de Emociones”, hacen gala de esa sensibilidad que se masca en el aire desprendida de argumentos, donde los participantes, inciertos pretextos de la trama, se mantienen parapetados dentro de los límites de la cocina y el cuarto de estar, o de la ruta turística marcada. La ambientación recuerda el Vania de Chejov, tan paralizante como la sufrida clase media de nuestro tiempo y que vista así, provoca la animosidad y repulsa del lector, intención prioritaria del autor.

 

Pese a haber aparecido originariamente en otras ediciones, los dos relatos participan del estilo New Yorker, la revista fundada en 1925 por Harold Ross, con William Maxwell y Gus Lobrano, como responsables de sus páginas literarias. Nadie ignora ya que el New Yorker ha ejercido un papel clave en la evolución del cuento norteamericano con pautas de Hemingway y Gertrude Stein, el discurso preciso, sencillo y rico en imágenes concatenadas, que nos transporta a límites máximos de percepción visual y pictórica. Hemingway, de hecho, era un gran admirador de Cezanne, a quien buscaba imitar con la palabra.

 

En “De Qué hablamos…” (Knopff, 1981; original draft at The New Yorker, 2007) dos parejas se reúnen una tarde cualquiera, a cambiar impresiones en torno a una botella de ginebra. Pasan las horas, la tarde va dejando paso a la oscuridad, sin que haya ocurrido realmente nada. El lector se va impregnando de la atmósfera anodina y tediosa que rodea sus vidas y la charla, por los efectos del alcohol, se hace cada vez más encrespada y tensa. No hay argumento, sólo la densidad de una conversación imposible, ya que tratan de definir la naturaleza del amor. Incapaces de verbalizar sus experiencias, serán las imágenes puestas artificiosamente en boca de los personajes, lo que les defina.

 

Mel Mcguinnis es cirujano cardiovascular. Resulta irónico que un profesional acostumbrado a manipular el corazón, falle diametralmente en sus conocimientos en materia amorosa. La perspectiva central gira en torno a su verborrea y las metáforas muestran, más que dicen, que sus planteamientos están equivocados.

 

Analizando las claves, advertimos que todo lo que Mcguinnis desea en la vida es esconderse dentro de la armadura del caballero medieval. “Así no te hacen daño”, intenta justificarse, y sus valores quedan ya reflejados para siempre, el deseo de ocultarse del mundo, el desdén por sus semejantes que le lleva a no participar de su tiempo, a huir a otros mundos donde el sentido de la justicia era menos ladino y las conductas humanas se valoraban en términos absolutos, el bien y el mal, nostalgia de trasnochado romanticismo, equivocación en su actitud vital. “…pero a veces morían asfixiados…”, señala el contra-argumento y hay todo un cúmulo de sonidos en lo inexpresado, en lo sugerido.

 

Otra imagen fija el impacto mental de la anterior. La historia que Mcguinnis cuenta, el accidente automovilista de dos ancianos, arrollados por un joven que conduce por la autopista a gran velocidad. El cerebro selecciona la visión tan familiar de los informativos que se ofrecen a diario y reconoce la evidencia, la añoranza de tiempos mejores heridos de muerte a manos del progreso, un elemento muy recurrente en las historias del New Yorker. Además de Carver, Updike y John Cheever utilizan recursos parecidos. Según Mel McGuinnis, el verdadero sentimiento de amor está en esos viejos que, escayolados de cuerpo entero, todavía mantienen intacto su deseo y lo único que les conserva vivos, seguir mirándose a los ojos en la habitación del hospital.

 

Una última imagen, va pasando la tarde y la botella de ginebra deja ver sus efectos. Mel rodea con gesto amenazante el cuello de su esposa Terri, levanta la mano a la vez que imita el sonido de un enjambre de abejas zumbonas Bzzzzzzz… Todo el resentimiento, el odio a la imperfección de la mujer, está en ese gesto. La decepción del hombre que juzga severamente el mundo cuando éste no se ajusta a sus deseos. El contrapunto, apenas esbozado por los gestos de la otra pareja hace añorar otra realidad que se imprime en el lector en forma de rebeldía, de toma de conciencia de una “nueva esperanza”, como diría María Zambrano. La razón está pues, del lado de lo apenas esbozado y nunca dicho.

 

En “Intérprete de Emociones” (Agni Review, 1998; Flamingo, 1999), una familia de origen hindú que vive en Norteamérica, realiza un viaje turístico a la patria de sus antepasados y se comporta en todo momento con la actitud de la clase media alta norteamericana a la que imitan con devoción por ese afán de pertenecer del que se siente distinto. Se resalta reiteradamente que viajan en primera clase y que no escatiman en adquirir artículos de lujo. Los detalles visuales acumulados a lo largo de la narración les definen mucho más fehacientemente que el previsible argumento, los diálogos son inexistente o mínimos.

 

La memoria del lector se impregna de goma de mascar, arroz tostado azucarado, cacahuetes, las manos de la madre desasidas de las manitas de la hija de apenas seis años a la que acompaña con displicencia al baño, la pintura de uñas en la que oculta sus pensamientos hundida en el asiento de atrás del vehículo que los lleva de excursión. No hay diálogo entre el matrimonio. De él percibimos la cámara reflex con la que saca sus instantáneas  como el más avezado de los turistas y el folleto donde hunde los ojos al tiempo que le evade de la realidad. Tres hijos y el guía turístico componen el resto de la excursión, coche privado e intérprete, contratado con carácter de exclusividad, otro síntoma de su desahogada economía.

 

La mujer, asfixiada de soledad, busca salida a la pena interesándose por el guía. Este saca dinero extra con los viajes pero su profesión habitual es actuar como intérprete de los pacientes en una consulta médica. Se realza la importancia del intérprete, su capacidad para entender los síntomas. Se da por hecho que también entiende a la mujer por la que al instante se siente atraído y sueña que tal vez en el futuro puedan intercambiar correspondencia. El enigma del texto surge en torno a la interpretación del guía que juzga a la esposa. Se marca el dilema del adulterio y desde su perspectiva tradicional, el indio reprueba su comportamiento.

 

La imagen de ella que pierde la dirección del guía escrita con tanta ilusión como si en ello le fuera la vida muestra al lector la superficialidad de su carácter, sin embargo, hay otra visión más potente que se revela en el texto como un descubrimiento fortuito. El hijo legítimo es fuerte y se defiende bien ante cualquier peligro, mientras el otro hijo se ve agredido por los monos. El guía tiene que ahuyentarlos a golpes. La rama con la que golpea a los monos recuerda el tema del hermano en “Adiós, Hermano Mío” de John Cheever, que sugiere el mito bíblico de Caín y Abel. Todo un cúmulo de sutilezas, de matices, se desprende de ello. Más que respuestas, surge eterna la duda ante lo que tradicionalmente se tenía por buen comportamiento, una duda enriquecedora, esencial, que resuena para siempre en el cerebro y que vende el mejor de los productos, la visión humanitaria, la generosidad.

 

*En las fotos, por este orden, Poe, Carver, Lahiri dos veces y John Cheever.

20/07/2011 22:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BIBLIOTECAS DE ESCRITORES: JAVIER MARÍAS

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EN LA BIBLIOTECA DE JAVIER MARÍAS

 

MANUAL DE LITERATURA

 

Por JESÚS MARCHAMALO

 

Hubo una temporada, hace años, en que la biblioteca de Javier Marías (Madrid, 1951) aparecía con frecuencia en las revistas y suplementos de decoración.

El encargado de la empresa que instaló las estanterías, a medida, en el salón de su casa, cuando las vio rebosando de clásicos ingleses -el lomo de los libros alineado con los estantes; el color sutil de las encuadernaciones; Thackeray, Quincey, Dickens, en naranja, en la edición de Penguin-, le propuso utilizarlas para la publicidad de la marca manteniendo, eso sí, un discreto silencio sobre su propietario.  

Así que hicieron las fotos y, durante un tiempo, una de esas bibliotecas de las revistas, improbables y anónimas, era la suya. De ahí que resulte desde el primer momento vagamente familiar. Remotamente recordada o entrevista: un estante inferior para libros grandes, diseñado por él mismo, y un cuerpo que llega prácticamente hasta el techo: Pepis, Swift, Stevenson, y mucho Burton, el capitán. Entre otros, la traducción de Las mil y una noches sobre la que escribió Borges, en edición ilustrada, sólo para suscriptores, difícil, dice, de encontrar.

Entre ambos cuerpos, una repisa en la que forman decenas de soldados de plomo, infantería y caballería, más o menos marciales. Hay postales, una carta autógrafa de Conrad enmarcada, fotos - Faulkner, Stevenson, su muy admirado Benet, John Wayne, también muy admirado, algunas familiares-, y objetos de todo tipo. “Me gusta que las estanterías sean buenas, el metal me resulta deprimente, propio de biblioteca pública inglesa”, dice, en medio del salón, con un cigarrillo entre los dedos. “Así que las elegí de madera, natural aquí, y lacada en blanco en el piso de abajo, donde tengo la literatura española. Por lo demás, soy bastante ordenado. Detesto las dobles filas, porque al final nunca acabas sabiendo lo que tienes detrás, y los libros cruzados”. Y es cierto que sólo en los estantes más bajos, los que quedan más a mano, se ve algún papel encajado entre los libros, un poco al acaso: recortes de periódicos, correspondencia y originales.  

 

El orden y el concierto

 

Recuerda, claro, la casa de sus padres: pilas de libros en permanente crecimiento caótico, sofás impracticables y aquel curioso invento, una especie de bisagra lateral que se ponía en los cuadros, en lugar de la tradicional hembrilla, para poder atornillarlos a las estanterías. Así, cada cuadro era, al tiempo, una puerta secreta, inesperada, una trampilla que ocultaba las baldas.

La biblioteca invasora, escribió en un artículo, exagerando, pelín, aquella casa (y dos sótanos) tomada por los libros en la que los niños tenían que hacerse hueco entre ellos para jugar a las chapas.

En esta biblioteca hay algo, también, de la paterna, invasora. Ocupa toda la casa, se interrumpe en cada habitación y sigue por el resto de los cuartos, en los pasillos, por los rincones, en otro piso…

Dicen los expertos que, en lo sustancial, existen dos tipos de personas: los que ordenan los libros, y los que los dejan sueltos por la casa esperando que ellos mismos encuentren acomodo. Marías pertenece, desde luego, a los primeros. Sus libros -calcula que pueden rondar los veinte mil, algunos con su nombre, fecha y lugar de compra en la página de cortesía- están colocados según un orden estricto que empieza, en el salón, con la literatura inglesa. “Quizá sea porque es la parte más cuantiosa”, comenta. “Cuando empecé a comprar libros nunca compraba literatura española porque mi padre lo tenía prácticamente todo: lo último que se me ocurría era comprar un libro de Valle-Inclán porque estaba en casa. Luego lo he ido completando y ahora tengo mi propia obra completa de Valle y de Baroja. Pero tengo mucha literatura inglesa, y norteamericana, que ocupa todo el salón, y el estudio donde habitualmente trabajo”.

Mirar los estantes de Marías es hojear un manual, casi ilustrado, de literatura, un mapa. Los autores, colocados por orden cronológico, están al lado de sus contemporáneos, mezclados poetas y ensayistas, filósofos y narradores, como en la vida misma: Locke antes que Fielding y Quincey junto a Byron. Para ser riguroso en esa adjudicación, accidental, de vecindades tiene desde hace años un listado alfabético, escrito a máquina con decenas de añadidos manuscritos, en el que figura junto a cada escritor el año de nacimiento y eventual deceso, y del que echa mano en caso de duda.   

A partir de ahí, la biblioteca se extiende por el resto de las habitaciones, con idéntica estructura. Literatura francesa, alemana, italiana,: Simenon, Diderot, Proust, Apollinaire, Larbaud, Mann, Kafka, Benjamin, Leopardi, mucho Calvino, y mucho Zeri, Federico, el polémico crítico e historiador de arte italiano en el que basó lejanamente uno de los personajes de Corazón tan blanco.

 

Libros dedicados

 

En su habitación, destaca una balda completa dedicada a Ellery Queen -una afición, la de la novela policiaca, heredada de su padre-, las obras completas de Henry James y todo Faulkner, o casi todo, de quien tiene un ejemplar firmado. “Me gustan los libros que no ocultan enteramente su pasado. Los que contienen alguna foto, algún papel, los que cuentan algo. También guardo algunos con firma o dedicatoria autógrafa: Mallarmé, Radiguet, Gombrowicz, Chesterton, Isak Dinesen, Mann… Pero no me considero bibliófilo, nunca compraría un libro que no estuviera dispuesto a leer”. Sobre el cabecero, nada casual, nada original, Cervantes y Shakespeare, para las noches de insomnio.

Entre sus manías, confesables, la de guardar la correspondencia que recibe de los escritores con los que se cartea entre las páginas de sus propios libros: Mendoza, Aleixandre, Magris, o Sebald, de quien conserva no sólo alguna carta, sino también un trozo de lápiz, el final, que le ofreció la familia a su muerte, y que guarda, también, junto a su obra.   

Faltan sus propios libros. Amontonados, o casi, en el recibidor, en torres, tal cual los mandan de las editoriales. Y un ejemplar de cada uno en cuatro o cinco mueblecitos giratorios, repartidos por toda la casa, discretos,  invisibles. En el piso de abajo, el de las estanterías blancas, por orden alfabético, autores españoles e hispanoamericanos, chinos, japoneses, rusos, Nabokov, Pasternak, Pushkin. “Me encanta Pushkin”, dice.

Y allí, en uno de los estantes, un libro de Neruda, Canción de gesta, que apareció, dedicado a Cabrera Infante, hace años, en el catálogo de una librería de viejo.

El propio Cabrera le encargó a Marías que averiguara de dónde había salido, pero en lugar de hacerlo, lo compró. Cabrera, que sabía el precio, no quiso aceptarlo, y acordaron que, ya que se trataba de un ejemplar robado de su biblioteca en Cuba, una nueva firma lo haría legal. Así que el libro tiene ahora una dedicatoria doble: de Neruda a Cabrera, y de Cabrera a Marías. Dice: “Para Javier… de todas las sabias letras”. En medio, hay una frase que no se entiende. Vaya.

 

Tristram Shandy

Laurence Sterne

“Es uno de los nueve volúmenes de la primera edición, y éste en particular está firmado por el propio Sterne. Los libros del XVIII tienen una impresión muy nítida, y un tacto especial del papel”. 

 

 

La ciudad de los prodigios

Eduardo Mendoza

“Creo que es uno de los grandes libros españoles de la segunda mitad del siglo XX, y también uno de los que a mí más me han gustado. Y el que más me sigue gustando de Mendoza”.

 

 

Travesía del horizonte

Javier Marías

“Es la primera edición de mi segunda novela. Y tiene la particularidad de que, en la guarda posterior, aparece un fragmento del principio del libro en inglés. La letra es de Juan Benet, fingiendo un estilo de escritor decimonónico”.

 

 

*Fragmento del nuevo libro de Jesús Marchamalo de las bibliotecas de 20 escritores que aparecerá en breve en Siruela con fotos suyas. Javier Marías.

20/07/2011 19:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA RUTA DE LOS BÉCQUER

RUTA DE LOS HERMANOS BÉCQUER

 

Fecha de celebración:

 

Sábado 23 de Julio de 2011

 

Lugar Salida: MONASTERIO DE VERUELA

 

Hora Salida: 18,30 h.  

 

 

 

La Ruta de los hermanos Bécquer conmemora su estancia y paseos por estas tierras. Parte del Monasterio de Veruela (ubicado en Vera de Moncayo y propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza), se dirige hacia Trasmoz y finaliza en Litago, completando un recorrido de seis kilómetros que pueden realizarse a pie, a caballo o en bici. El caminante encontrará ocho carteles, con textos de Gustavo Adolfo e imágenes de Valeriano, alusivos a la zona.

 

.  Catalogación de la Ruta: fácil

.  Se aconseja llevar calzado cómodo, gorra, bocadillo y agua.

 

La Ruta comenzará en la puerta del Monasterio de Veruela (junto al primer cartel de la misma) a las 18,30 h. y finalizará en Litago a las 21,30 horas.

Comenzará con las intervenciones de Trinidad Ruiz Marcellán, Ana Bona y  Ángel Guinda, Premio de las Letras Aragonesas 2010.

A las 23,00 horas visita opcional guiada a la Casa del Poeta y Museo de las Brujas de Bécquer, en Trasmoz.

La Ruta estará guiada por los escritores y artistas colaboradores en los carteles (Guinda, Maráez, Bona, Forega, Domínguez, Porras, Rubio, Bozalongo…).

Podremos conocer la dimensión literaria, artística y humana de los hermanos Bécquer desde su estancia en el Moncayo.

Acompañamiento musical de Antonio Casas (Alam).

Asimismo, acompañarán al recorrido el “Burro Círculo Tour” de Poesía Rural Producciones.

En el recorrido de Trasmoz a Litago, el caminante encontrará libros BookCrossing       –liberados por la Editorial Olifante- y apreciará la exposición al aire libre “Cartas a Gustavo” del artista Luigi Maráez.

Habrá Instalaciones y Performances a cargos de las poetas residentes en La Casa del Poeta (Marguerite Bobey  -Francia- y Yoko Fukushima –Japón-).

En Litago habrá un buzón para recibir cartas escritas por los caminantes a los Bécquer.  Más tarde, las cartas  podrán ser leídas en Internet.

Se terminará el acto con lecturas de textos dedicados a Gustavo y Valeriano Bécquer

20/07/2011 12:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA LITERATURA DE LOS BOSQUES

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BOSQUES Y LITERATURA EN EL AÑO INTERNACIONAL

 

Por Eduardo VIÑUALES COBOS

 

Estamos inmersos en el 2011, el Año Internacional de los Bosques. Y quizás sea este un momento propicio para leer y releer aquellos libros que nos hablan de árboles frondosos, de las hojas y frutos del bosque, de los animales o plantas que habitan en las sombras... así como de aquellos otros que reúnen tantas y tantas historias, cuentos o leyendas que se han ambientado en esos escenarios silvestres que son como nos recuerda la Asamblea General de las Naciones Unidas un valioso tesoro natural que como debemos preservar entre todos, pues cada año se pierden unas trece millones de hectáreas de bosques en el mundo, una superficie equivalente a la cuarta parte de la Península Ibérica.

 

Los árboles que componen el bosque, en su generosidad, son quienes nos proporcionan la materia prima con la que se fabrica la pasta de papel y con la que luego editamos libros hermosos como el que acaba de presentar Lunwerg sobre “Los bosques del mundo” (2011). Ilustrado con un amplio y espectacular reportaje fotográfico de selvas, plantas, flores y animales forestales, la parte redactora le ha correspondido al naturalista Joaquín Araújo, quien con gran acierto nos presenta toda la belleza y diversidad de las masas arboladas de los cinco continentes, destacando la importancia que realmente poseen estos lugares. Araújo, autor y coordinador de otros muchos célebres trabajos vinculados a esta temática como “Bosque de bosques” (Caja  de Ahorros del Mediterráneo, 1996) o “La sonata del bosque” (Lunwerg y Caja Madrid, 1999), asegura que un día volveremos no ya al corazón del bosque sino a tener el bosque en nuestros corazones. Por que un día comprenderemos que ellos son nuestros mejores amigos, y que sirven para casi todo: aportan comida, madera, crean suelo, oxigenan el aire, son el mejor antídoto contra el cambio climático y, entre otras aportaciones para el progreso, ellos son los inventores de la fertilidad natural.

 

Buscando en los anaqueles de las bibliotecas, muy especial es el recuerdo que los lectores pueden guardar de un libro tan original como es el que escribió Ignacio Abellá bajo el título de “La magia de los árboles” (Integral, 1996), donde bajo la concepción de que los árboles son uno de los símbolos vivientes más poderosos, nos vamos adentrando poco a poco en el rico bosque de nuestra memoria, recogiendo mitos y creencias que existen en torno al árbol. Nos estamos refiriendo a una edición cargada de simbolismo y de tradiciones en torno a especies como el abedul, el roble o el saúco… sin olvidar otros aspectos referentes a la biología, la siembra, la plantación y los cuidados que requieren las distintas especies analizadas. El libro recopila muchos datos inéditos, la mayor parte de ellos trasmitidos por tradición oral en recónditas comarcas, y donde Abellá explica con este su primer libro que en la mitología nórdica el fresno es quien sostiene y contiene en sí todas las fuerzas del universo, o que el tejo –el árbol considerado más longevo en nuestras latitudes- es en muchos países el símbolo viviente de la eternidad. Por cierto, dato este último que nos trae a la memoria otro título de narrativa: “Memorias de un árbol” (RBA, 2007), del argentino Guido Mina di Sospiro, en el que un majestuoso tejo explica su propia vida, testigo y protagonista de dos mil años de historia. Bajos sus ramas transcurren los siglos y en su pequeño bosque se ve reflejada la historia de la humanidad y de todos los seres vivos, hasta finalmente convertirse en un ejemplar protegido y venerado que termina lanzando un mensaje de paz y armonía.

 

Pero el mismo estilo investigador de “La magia de los árboles”, entre lo mágico y lo científico, es el que poco tiempo después impregnaría otra publicación digna de mención, “Senderos entre los árboles” (Alymar, 2002), cuya lectura constituye un paseo por los caminos del bosque en compañía de los árboles, de la cultura, de la imaginación e, incluso, de la emotividad. Su autor, Antonio Rodríguez Vila, repasa el simbolismo de treinta y nueve especies arbóreas, y advierte que el lector quizás puede llegar a ser dominado por sensaciones como la dulzura, el sosiego, el amor y la fantasía. Gracias a este trabajo de ensayo sabremos de las cualidades ecológicas de la encina, que fueron los celtas quienes adoraban al roble como un dios-árbol… o que antiguamente el álamo blanco estuvo consagrado a Hércules como alegoría de la fuerza y de la vida.

 

Cuentos infantiles y libros didácticos

 

Y puesto que los niños tienen mucho que ver y aprender en la naturaleza, por eso hay una gran variedad de libros y cuentos que tienen como protagonista al bosque y por simplificación al árbol. Es el caso de “La vida alrededor de un árbol” (Lectio, 2006), que incluye un póster gigante para jugar y reconocer a los habitantes de un gran roble. En el “Diccionario por imágenes del bosque” (Panini, 2001), los niños se adentrarán en las espesuras para descubrir a las ardillas, las flores, las setas y otros secretos de ese escenario tan encantador que puede llegar a ser un bosque cualquiera.

 

Deliciosos resultan ser esos libros para abrir ventanas, desplegar solapas y averiguar muchas cosas del mundo que nos rodea, libros interactivos y divertidos como “El bosque” (SM, 2000) -ideal para niños a partir de seis años-, o el de “Nuestros bosques” (Elfos, 2009) lleno de preguntas y respuestas sobre la altura de los árboles, los troncos y las raíces… o la  labor de conservación que desempeñan los guardabosques.

 

A ellos se unen, por ejemplo, pequeñas joyas literarias como “Cuentos de árboles” (Ibai, 1988), donde los árboles, cargados de energía, le hablan a Lukas, un niño que vive en una casa de campo, cerca de un río, y que es capaz de entender el lenguaje de un ciruelo rojo que desvela lo mucho que los árboles saben de nosotros.

 

Otros bosques más literarios

 

Los amantes de las letras poseen deliciosos trabajos como “La voz de los árboles”, una iniciativa de la organización ecologista Greenpeace en defensa de los bosques de España, que fue publicada por Planeta (1999) y donde se reúnen distintos poemas, relatos y aportaciones artísticas –fotografías y pinturas- de un gran número de autores reconocidos como Mario Benedetti, Antonio Gala, Joaquín Araújo, Miguel Delibes, Manuel Vázquez Montalbán, Julio Llamazares o Fernando Sabater.

 

También la literatura clásica tiene libros que llevan el bosque por título, como es el caso de la célebre novela del escritor Wenceslao Fernández Flórez “El bosque animado” (Espasa-Calpe, 1965), que más tarde fue llevada al cine por José Luis Cuerda y que está ambientada en una “fraga” gallega, entendiendo como tal a aquella porción de bosque inculto, entregado a sí mismo, donde se mezclan variadas especies. Y es en aquel ambiente rural lleno de vida donde se tejen las historias y las vivencias de distintos personajes humanos, de animales y de plantas.

 

Un clásico de la narrativa que el amante de la lectura no debe de olvidar es “El hombre que plantaba árboles” de Jean Giono, editado por Duomo Ediciones (2010) con ilustraciones de Joëlle Jolivet y con dos escenas en pop-up. El protagonista de esta narración, un viejo campesino iletrado, de nombre Elzéard Bofifier, es un personaje tan necesario que nadie duda de que pudiera haber sido real: él solo –con sus simples recursos físicos y morales- fue capaz de transformar un desierto en una seductora y extensa floresta. Volvieron a brotar los manantiales, los pueblos deshabitados fueron poco a poco reconstruyéndose, y hasta el aire, ahora cargado de aromas, había cambiado. Aquel hombre había transformado por completo el aspecto de un lugar, de una región entera…. Y plantando árboles había encontrado una forma perfecta de ser feliz. A este  célebre texto se refiere José Saramago como “una indiscutible proeza en el arte de contar”.

 

Pero también hay historias auténticas como la de Julia Butterfly, aquella mujer de veinticinco años que para salvar el bosque trepó hasta lo más alto de la copa de una gran secuoya de cincuenta metros, y allí permaneció durante dos años, firme a sus creencias, recibiendo la visita de personalidades de la cultura de todo el mundo hasta que su larga “sentada” logró por fin detener la agresión de una empresa deforestadota. En las páginas de “El legado de Luna” (RBA, 2000). En sus páginas esta joven poeta y activista cuenta cómo tuvo que soportar tormentas, además del acoso de helicópteros y guardias de seguridad de la empresa, y Julia escribe: “Llevaba un año y medio viviendo en un árbol. Me costaba creer que seguía ahí, pero no me imaginaba en otro sitio después de tanto tiempo. La gente me decía que olía bien, a dulce, igual que una secuoya. La naturaleza me deparaba regalos todos los días, como ver salir el sol, naranja, rojo, melocotón y oro, irradiando su luz entre la niebla que cubría el valle”.

 

Todos estos títulos referidos al bosque nos han traído finalmente a la memoria la cita de Miguel Unamuno que decía: “Hubo árboles antes de que hubiera libros, y acaso cuando acaben los libros continúen los árboles. Y tal vez llegue la humanidad a un grado de cultura tal que no necesite ya de libros, pero siempre necesitará de árboles, y entonces abonará los árboles con libros”.

 

 

 

Recuadro

BOSQUES Y ÁRBOLES DE ARAGÓN

Decía el geógrafo Francisco Giner de los Ríos que “a la contemplación de un árbol podría dedicarse la vida entera”. Y para facilitar ese disfrute de los árboles, y de los elementos vivos de las masas forestales, para ello hay en Aragón diversos trabajos editoriales que a modo de útil herramienta nos ayudarán a viajar hasta el manso corazón de estos pulmones de la naturaleza, siempre con la idea de conocer las distintas especies vegetales o de entender un poco mejor el complejo funcionamiento ecológico de estos bellos ecosistemas terrestres que nos proporcionan grandes beneficios. Ese es el caso, por ejemplo, de la guía de campo que lleva por título “Árboles” (Prames y Gobierno de Aragón, 2011) en la que José Antonio Domínguez nos muestra y explica los caracteres diferenciadores entre tilos, chopos, hayas, encinas o carrascas, almeces, las distintas clases de pinos y sauces… fresnos y arces.

Una visión más amplia, de conjunto, y más ecológica es la que ofrece el volumen de gran formato “Los bosques de Aragón” (Prames y Gobierno de Aragón, 2009), obra coral donde han participado más de medio centenar de naturalistas, botánicos, geógrafos, agentes de protección de la naturaleza… y que se halla ilustrado con bellas fotografías. Quien sostenga en sus manos este catálogo de bosques de la Red Natural de Aragón recordará a buen seguro la realización de otros trabajos anteriores de visión nacional como “La guía física de España de los bosques” (Alianza Editorial, 1987) o “Los bosques ibéricos, una interpretación geobotánica” (Planeta, 1997), salvo con la diferencia de que el volumen aragonés en su deseo de ser un libro práctico y de evitar un discurso excesivamente científico nos habla igualmente de reservas de silencio, de piedras mágicas, de la artesanía de la madera, de la paleta pictórica que son colores del otoño.. pero, sobre todo, este es un libro que nos propone múltiples opciones para caminar y conocer in situ los 160 mejores paisajes forestales de nuestra comunidad autónoma: la Selva de Oza, el sabinar de la Retuerta de Pina, el Monegro de Gúdar, el Vedado de Peñaflor, el alcornocal de Sestrica, la Pardina del Señor de Fanlo… e incluso espacios sorprendentes y poco conocidos como el pinsapar de Orcajo, el “mar de enebros” de Belmonte y Sediles, o la acebeda de La Mezquitilla en las Cuencas Mineras. La gran diversidad forestal de Aragón se agrupa en cuatro grandes apartados –bosques de montaña, de sierra, de ribera y otras formaciones mixtas o singulares- y  describe hasta 27 agrupaciones arbóreas autóctonas: desde los pinares de pino negro del Pirineo, hasta los tamarizales de los suelos salinos del valle del Ebro.

En este apartado de libros, bosques y árboles aragoneses no podíamos olvidar las aportaciones locales sobre los árboles singulares de La Litera –de José Damián Moreno, 2005-, los del Bajo Aragón -por Fernando Zorrila (Mira, 1996)-, o los de Valdejalón (Tintaurea, 2007). Este último sobre los más venerables gigantes verdes de dicha comarca es obra de un apasionado guardabosques de la Sierra de Algairén, Roberto del Val, quien aprovecha su trabajo de campo para recopilar las citas arbóreas de Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel de Unamuno o Antonio Machado.

 

*Este texto apareció en las páginas centrales de ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón el pasado 30 de junio. Todas las fotos son de Eduardo Viñuales Cobos, escritor y naturalista y fotógrafo.

19/07/2011 10:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARTA FERNÁNDEZ MURO, CUENTISTA

Marta Fernández Muro es una actriz de cine, teatro y televisión sobradamente conocida. Por ejemplo, entre títulos ya más lejanos, fue la protagonista de ‘Las gallinas de Cervantes’. También es escritora: en 2009 publicó, en Huerga & Fierro, el libro ‘Niñas malas’ y ahora publica ‘Azoradas’ (Huerga & Fierro), una colección de quince relatos de viajes, de amores y desamores, de equívocos… Hablé el pasado viernes con Marta y me manda este texto del libro.

 

UN PAJARO FLOTANDO BOCA ARRIBA

 

Por Marta FERNÁNDEZ MURO

 

 

Cuando dejó la autopista, se topó con un polígono industrial.

Iba pensando: “Qué mala suerte. Un  aviso tan lejos, precisamente hoy, que mi  mujer sale de cuentas”.

Giró a la derecha. Por la segunda a la izquierda cayó en una rotonda que le volvió a sacar a la autopista. Entonces se bajó en una gasolinera para pedir ayuda. Y aprovechó para tomarse un café y hablar con su mujer. Ya eran casi las doce del mediodía.

- Supongo que llegaré a comer. Si no, ve comiendo. 

- No te preocupes de nada, cielo, los médicos siempre se equivocan.

Por fin lo encontró.

Era el último chalet de la urbanización.

El jardín estaba lleno de hojas, y, en la piscina, un pájaro atrapado en el hielo, flotaba boca arriba.

Por una ventana, vio una cocina con una mesa de mármol en el centro, y  golpeó en los cristales.

Una voz femenina le respondió:

- Haga el favor de entrar por delante.

Tardó mucho en abrirle.

La noche anterior, la mujer no se había tomado el tranquilizante y, a las tres de la madrugada, le empezó el cosquilleo de las piernas. Una inquietud que le hacía encogerlas y estirarlas sin control. Había sacado un brazo, a tientas  había encontrado el albornoz e, iluminada por la luz de la calle, fue hasta el baño, partió media pastilla y se la tragó  con el agua del lavabo.

La mitad del tranquilizante la relajó hasta las seis de la mañana en que volvió a despertarse. Esta vez  se tomó la pastilla entera.  

Así que cuando sonó el despertador, no supo por qué lo había puesto: fueron los golpes en la ventana de la cocina los que le hicieron reaccionar.

Se recogió el pelo y abrió.

- Pase, pase. ¿Ha visto ya la caldera?

Se cerraba el albornoz sobre el pecho cruzándose de brazos.

Le hizo atravesar el salón.

Según le indicaba el camino, se iba excusando.

- No mire demasiado. Tengo que ordenar todo esto.

Había dos televisiones encendidas, cada una con un programa, y la mesa del comedor y las sillas estaban abarrotadas de discos de vinilo.

- ¿Pierde agua?-, preguntó el chico.

- Qué sé yo. No entiendo nada de aparatos.

La mujer se sentó y él dejó las herramientas en el suelo.

Mientras quitaba la tapa de la caldera, la miró.

Por su cuerpo encogido, le pareció muy mayor aunque, como se había colocado de espaldas a la ventana, no le veía bien la cara.

- Qué casa tan bonita tiene usted. Lástima que la caldera sea tan vieja. Le saldría mejor comprar una nueva.

- Supongo.

A la mujer no le gustaba que le dieran consejos, pero como no quiso que el chico lo notara, se rió intentando resultar simpática.

A él, la risa le resultó muy aguda, un poco estridente.

- Voy a hacerme un té -le dijo-.¿Quiere que le ponga uno?

Pensó que sí, que le vendría bien tomar algo caliente, pero dijo:

- No se moleste.

Al mover los brazos para hervir el agua, el albornoz se le abrió y, a través del camisón, se le transparentaba el cuerpo.

Tenía los pechos muy pequeños y las caderas estrechas, casi infantiles.

En ese momento sonó el teléfono.

Era uno de esos teléfonos que él sólo había visto en las películas, colgado de la pared y rojo.

- ¿Sí?... No, no, ya estoy despierta. Me alegra, me alegra que estés bien. Frío. ¡Qué suerte! No, no, allí no pinto nada. No, de verdad, no me importa. No, no me quedaré sola. Siempre hay alguien. Sí, prometo que llamaré a alguien. Me cuido, me cuido. Cuídate tú. Sí, besos. Sí, sí, dile que también le mando un beso.

Colgó y se sentó con la taza. Después de dar unos sorbos, se justificó:

- Habrá que hacer algo para aguantar el frío, ¿no?-.Y sacó del horno una botella de whisky.

Se echó un buen chorro en el té y le ofreció:

- Si quiere acompañarme.

Hubo un silencio muy largo.

Para romperlo, preguntó:

- ¿Su marido?

Ella encendió otro cigarro y le alargó el paquete a través de la mesa.

- ¿Fuma?

Esta vez el chico aceptó.

Al acercarse a cogerlo, vio que tenía los ojos muy negros, lo blanco casi azul, y que parpadeaba después de cada frase, como si quisiese borrar lo que acababa de decir.

- Y usted ¿está casado?

- Y esperando un hijo. 

La mujer movía rítmicamente la pierna izquierda, y el único sonido que llenaba la cocina era el de la zapatilla de cuero al golpear su talón. 

Luego se levantó y le dijo:

- Hace usted muy bien-.Y volvió a reírse.

La vibración del agudo le resultó muy familiar, no como si fuese la segunda vez que lo oía. Mas bien como si le recordase a otra persona , en otro lugar.

- ¿Y usted...?

Ella le cortó.

- ¿Usted qué?

Durante un momento le miró esperando una respuesta. Pero como él no contestaba, se sentó de nuevo y se echó otro chorro de whisky.

Al chico, el destornillador se le resbaló de la mano y, antes de que le diera tiempo a cogerlo, ella se lo tendió.

Se limpió la palma en el pantalón. No quería que la mujer notase que empezaba a sudarle como cuando se ponía nervioso.

Dijo:

- Quiero acabar pronto. Mi mujer sale hoy de cuentas, aunque ella dice que no nacerá hoy. Está segura, dice. Que lo ha soñado, dice. Ya sabe como son las mujeres.

- Sólo sé como soy yo-, contestó.

Otra vez se quedaron callados.

Por la carretera pasó un coche. El chico deseó que llegase alguien, pero el coche no se paró. Se le oyó acelerar y  luego la cocina se quedó otra vez en silencio.

- Aquí en invierno debe uno estar muy aislado.

- En verano, cuando funcionaba la depuradora, venía mucha gente a vernos.

Y volvió a mover la pierna.

Hizo una pausa. Y luego preguntó:

- ¿Usted no arreglará depuradoras?

De pronto, el chico se la imaginó de joven, en bikini, agarrada a la escalerilla, con gafas de sol y un sombrero de paja.

- Lo siento. Ya he visto la piscina. Vaya lujo.

- ¿Le parece?

El teléfono sonó de nuevo.

El chico se concentró en la caldera y ella descolgó.

- ¿Sí? Ah...¿Qué quieres? No, no me molesta que me llames. ¿Rara? Será que todavía no había hablado con nadie. Sí, sí, estoy bien. Oye ¿está contigo? Delante, quiero decir delante. No, si está delante, nada. Porque no tengo ganas de que se entere de lo que digo. No, nada grave. Cosas. Bueno. No, mejor no me llames. Estoy muy bien, divinamente. Tranquila, sí, muy tranquila. Pero no me llames. Eres tú quien me pones nerviosa.

La mujer alzaba cada vez más la voz  y el chico empezó a desear que la conversación terminase.

Como si nada hubiese pasado, volvió a la mesa, encendió otro cigarrillo y dijo:

- ¿Qué? ¿Acaba usted?

- Debería.

- Lo digo por su mujer.

Al chico no le gustaba que sus clientes le metiesen prisa.

Volvió a imaginársela de joven, esta vez con minifalda.

De pronto, la mujer cerró los ojos, bajó la barbilla hasta el pecho y, de golpe, echó la cabeza hacía atrás, como si quisiera sacudirse algún pensamiento.

La cinta que le sujetaba el pelo en la nuca, se le aflojó.

Pero no volvió a atársela. Le miraba fijamente con el pelo sobre los hombros.

Luego, con los dedos abiertos, se levantó la melena. El sol rompió una nube para iluminarle  las orejas y el cuello. Tenía la piel transparente,  llena de venas rojizas.

- ¿No sabe usted quién soy?-, le preguntó de golpe.

Y como el chico no atinaba a contestar, se giró en el taburete y se puso de perfil.

- ¿Perdone?

- Sí. ¿Quién soy?-.Y le mostró el otro perfil.

El chico pensó en su mujer. En cómo le contaría lo que le estaba pasando.

- Usted no es tan joven. Debería conocerme.

La mujer insistía con la boca entreabierta, esperando una luz en sus ojos, algo.

El sol volvió a desaparecer y ella se puso de pie.

- No me extraña, así sin maquillar, no parezco yo.

El silencio de la cocina le pitaba  al chico en los oídos. Apretó con fuerza el botón del encendido, una, dos, tres veces. Y por fín, apareció la llamita.

- Ya está.

-¿Ya se acuerda? Normal que no me reconociera. Me retiré en el 92. Estaba harta de todo.

Y volvió a soltar esa risa aguda, que subió en picos hasta el techo.

Al chico dos sensaciones se le cruzaron en la cabeza. Iban tan juntas que tuvo que rastrearlas detenidamente para poder separarlas: el contacto del culo de su chica contra los muslos, y por encima de su coronilla, la cantante de los Wonderland, recibiendo los aplausos, al final del concierto.

-¿No me diga que es usted...?

El recuerdo se le había perfilado: fue en el concierto donde conoció a la chica con la que ahora iba a tener un hijo. Una noche de agosto.

- Claro, claro que me acuerdo. Viéndola cantar me enamoré de la que es mi mujer. Usted era increíble, claro que me acuerdo, llevaba un  vestido de plata y diamantes en el pelo...

El chico estaba lanzado. Se acercó hasta ella con el aviso de avería en la mano.

- Si es tan amable de firmarme un autógrafo. Para ella, ya le he dicho que hoy sale de cuentas ¿no?

La mujer se había detenido en la puerta. Empezó a parpadear, y se recogía

el pelo muy deprisa, a golpes.

- Perdone, pero ya no firmo autógrafos.

El sonido de su voz había bajado varios tonos. Ahora tenía la boca apretada y, de nuevo, le pareció muy vieja.

Después de un silencio, añadió:

- Si no le importa...-.Y oyó sus zapatillas arrastrándose por el parquet y después un portazo.

El chico se quedó solo recogiendo las herramientas. Cruzó de nuevo el salón y, a punto de irse, se giró para llamarla:

- Perdone ya me voy. ¿Me abona usted la cuenta o ...?

Esperó unos segundos, le pareció oírla otra vez discutiendo por teléfono,  y salió.

Había empezado a nevar.

En la piscina, el pájaro seguía flotando boca arriba.

 

* Arriba, Marta Fernández Muro. Y las otras dos fotos son de Constantine Gedal, pintor, dibujante y fotógrafo.

 

19/07/2011 00:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA 'BOTÁNICA' DE JOSÉ A. CONDE

José Antonio Conde acaba de publicar un nuevo poemario: ‘Botánica del sueño’, en el sello Libros del Innombrable, que dirige Raúl Herrero. Consta de 74 páginas. Así define la el prologuista Francisco Álvarez Delgado este volumen: “Botánica, pero botánica del sueño. Botánica es la ciencia que trata de los vegetales, en este caso medio centenar. Dice el poeta en la nota final que muchos de sus textos han surgido de la observación y el estudio realizado en El Jardín Botánico Atlántico de la ciudad de Gijón. ¿Y el sueño? El sueño, lo soñado, no podría reducirse a una cifra tan exigua. El poeta en su deambular por los senderos de ese jardín se reencontró con lo que llevaba soñando toda su existencia; en suma, dialéctica de la realidad de las sombras perceptibles por los cinco sentidos corporales y la realidad Real y, por lo tanto, poética, de lo soñado”. José Antonio y Raúl me envían una selección de poemas en prosa.

 Abrojos / Tribulus terrestris

 

 

Una limosna para la cruz de malta, para un templo de arena que dispone la muerte del caucho. Ella guarda en la capilla el esfuerzo fluvial, la revuelta del cálculo y una súplica en el riñón.

Revienta sus ojivas en el cuerpo, desea el charco, la glorieta del tuétano hasta inundar la hebilla.

 

Cada sacudida es una epifanía, un vaciado de minerales en el morcal.

 

 

Aciano / C. Cyanus

 

 

Protegido tan solo por el sauce, caída tras caída, bajo el placer no hay sustento y el pene sin sortija no es rentable. Después del ruido, ella reclama un acuerdo, una espina con cenefas que sirva en la penuria, que tenga holgura en el redondeo. La servidumbre rastrea, se hincha de apellidos; la enagua está servida.

En la oscuridad del topo, dolor en las coronarias, bisutería senil y mucha ficción.

 

Contra las oftalmías, la flor del aciano entre dos vendas.

 

 

Altea / Hibiscus syriacus

 

 

Del bronce al púrpura, de la turba al muro de invitados para que el orgullo sea doble. Presume de fibra, de seda corporal y parece tímida en el recodo. Pero a media luz caen sus pertenencias, todo rastro de pamelas, entonces desvía su género a las barcazas, a la misma somnolencia del abismo.

Allí, abandonada en la espuma, aún recuerda el otoño, ese peinado de nubes que se detuvo en el labio buscando todos sus aromas.

La belleza es perpendicular a la deriva.

 

 

Alstroemeria / Alstroemeria aurantiaca

 

 Bajo el cielo se obstina el guerrero en la humillación y el rito. Una mano para el canje, la otra para el adiós. Entonces, el buen augurio resiste media luna, pero su brillo es temporal.

Excluida de la tierra y de la honra, lo más valioso fallece lejos del guano, de la bruma encanecida de los Andes.

 

No despertéis el pánico en los criollos.

 

La sombra del lirio tiene un final inesperado.

 

 

Áster / Asteraceae

 

 

Tendida de amarillos a ras del firmamento, se endurecen tus botones. Invertido el equipaje, no acepto la noche para crecer como la inmensa mayoría de equívocos. Que nada importa en la suma, lo sé, que una palabra tuya es rapto de luz y llovizna sin florecer, también lo sé.

En cada caricia, el exceso es mucho, después la órbita germina en círculos para durar sobre el ramo.

 

Es costumbre colocar sus espigas entre los versos de Safo para conservar el deseo.

 

 

Balsamina / Salvia verbenaca

 

 

Basta con abrir y cerrar el latido para salvar el roce, el rumbo de otros cuerpos donde nadie puso las manos. La asfixia en el ámbar más limpio, la abundancia de perros en la morada de la salvia, hace sombra en el ramaje indeciso del pubis.

 

Próxima a la caída, al fracaso de los ineptos, es hora de ungir con mucílago la irritación de los célibes.

Quitando la piel de sus hojas, puede ponerse sobre el pecho de las niñas para calmar el ardor.

 

Bardana / Arctium lappa

 

Si no llega la luz,

el instinto alcanza.

Fernando Burbano

 

A su alcance la cabezuela, el triunfo del brillo en el subsuelo que decide como humillar al padre sin cerrar la mano. Sobrevive al invierno, a la suspensión de luz que todo lo anega.

Después, el aire justifica cualquier roce y el mamífero es alcanzado por el velcro, por el aliento vegetal para ser aforismo en el polen.

 

Lo natural en la caricia es el léxico de la simiente.

 

Begonia de la desdicha

 

 

Aumenta su tonalidad con el roce, ha perdido la decencia y saborea el murmullo de antiguos crecimientos. Repleta de huéspedes, a veces llega a ser hermosa. Pide la ascensión, la sutileza de la mano en la gravedad, cuando el abrazo no ofrece la menor resistencia. Esta planta es una especie de la familia de las begoniáceas, se reproduce por acodo, se alimenta del vuelo corto de la mariquita y de la abstinencia de las viudas. Muy apreciada por su abundante floración, conviene protegerla contra el oidio, un hongo que puede provocar la deformación y caída de sus hojas.

De manera preventiva, aplicar en toda la planta levadura femenina y azúcar disuelto en rocío.

 

Podemos encontrar algunos ejemplares de esta flor deambulando por las alcobas. 

 

Budleia

 

La corte del emperador Kangxi desoye el mármol de los estanques, no asume la débil fuga de los espejos y la potestad de la budleia inclina su labio en el estío. Todo un desvelo va creciendo y a la sombra de esta planta la esposa del emperador dibuja en sus manos el exceso de sus lilas, la gloria de sus celos, pero no advierte la naturaleza de los ciclos y así en el otoño, fatigada de hojas, se desprenden sus flores, se marchitan sus manos y vencido el grito, vuelan los ocelos.

Hoy en día, nunca faltan mariposas en su tumba.

 

Buglosa / Anchusa azurea

 

 

Cualquier erial coincide con el hambre, con la dureza del cubilar en la noche y justo donde la esquila no acepta alianzas, fuimos vendidos a la broza, al oprobio de la madrastra. Sin alcanzar la cuchara, sin la nevada en los calderos, fuimos en mitad del extravío, un temblor de gluten, un dolor reseco. Al abrigo del fauno, nadie cubre el sustento, no hay papada en el sur.

 

Replegar la luna, con media hogaza de tubérculos y un palmo de buglosa.  

 

Cambronera / Lycium europeaum

 

 

Una gran maraña en la orilla del aliento muestra el tributo recién curvado, la amplitud del ramoneo en el polvo y el sollozo de una madre desfallecida. En este centro de sangre, en este misterio inevitable, la advertencia para los fariseos que atraviesan el domingo con el murmullo vacío de plumas.

 

¿Quién tiene el honor de romper la metáfora en las sienes?

¿Quién puede mirar tanto sufrimiento?

 

 

Botánica del sueño. José Antonio Conde. Libros del innombrable. Colección Golpe de Dados. Zaragoza, 2011. 74 páginas. [Las fotos son del maestro Ansel Adams]

18/07/2011 18:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVO LIBRO DE MARCHAMALO

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Jesús Marchamalo, como su nombre indica, siempre está en el camino. Con libros, con proyectos, con gestos de cariño hacia sus amigos. Es el escritor que no cesa. Ahora publica ‘Viaje a Vasconcelos’, en edición limitada para amigos que acaba de editar en Pamplona Germán Úcar y nos dedica a Elías Moro Cuéllar, el madrileño con parada y fondo, y juego de la taba, en Mérida y a mí. Dos fumadores de distinta manera: Elías, con cierta abundancia, y yo más bien fumador social. Y todos los días, en casa, fumador pasivo.

18/07/2011 18:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE JOSÉ MARÍA CUMBREÑO

José María Cumbreño es poeta y narrador, y cacereño nacido en 1972. Ha publicado diversos poemarios, libros de relatos, mantiene un activo y estupendo blog centrado en sus inquietudes, en su creación y en un amplio mundo de creadores: liliputcontrablefescu.blogspot.com. Hace poco publicaba con Javier Sánchez Menéndez una amplia antología de su obra en Isla de Siltolá, y poco después, Luces de Gálibo, de Girona, le publicaba ‘Genealogías’, donde hay de todo: poemas hondos, intensos, aforismos, creación de lenguaje, mucha ironía y una vocación incuestionable. Con toda cordialidad, José María Cumbreño, que es un activo divulgador de la lírica y de la literatura en general, me envía un puñado de poemas. Aquí están en una tarde ventosa de domingo.

 

 

El peso del aire

 

Esta mañana, en el parque, Irene me ha pedido que le compre un globo.

Un lazo alrededor de su muñeca evitaba que Bob Esponja saliese volando.

Ato el nudo con una fuerza contradictoria: suficiente como para que no se deshaga, pero no tanta como para que le duela.

Después abro mucho los ojos.

El frío. Su abrigo nuevo. Las botas con los pantalones de pana por dentro.

No se me puede olvidar esta forma de sonreírme.

Un nudo que no se deshaga.

Porque el aire pesa más que algunos gases.

Y la vida, menos que los recuerdos.

 

Identidad

 

 

                    Durante años, la ropa que me he puesto la he heredado de mi hermano mayor.

                    Mi nombre me lo pusieron por mi abuelo.

                    El primer coche que conduje era de segunda mano.

                    La primera mujer que me besó ya había besado a otros.

                    La casa en la que vivo es de alquiler.

                    Todo lo que escriba ya lo habrá escrito alguien mucho antes y mucho mejor.

                    El hermano de mi hija no es hijo mío.

                    Su padre hace como si no lo fuera y quien no es su padre se esfuerza por aprender a serlo.

                

Pensión compensatoria

 

        Mi padre y mi madre se separaron unos años antes que yo.

       Mi madre se quedó con la casa  y los  garajes.

       Mi padre debe pasarle todos los meses a mi madre una pensión compensatoria.

       Mi madre se sacó el carnet de conducir.

        Mi madre se compró un coche nuevo.

       En la puerta del frigorífico de mi madre hay un montón de imanes que se ha traído como recuerdo de sus viajes.

       Mi madre tiene el salón lleno de portarretratos con fotos suyas: en Atenas, en San Petersburgo, en Malta, en Varsovia …

        Mi madre ha estado en sitios cuyos nombres ni recuerda.

        La especialidad de mi madre son los cruceros por el Mediterráneo.

        Mi madre presume de todas las amigas que se ha echado.

        Mi madre ha conocido a un señor viudo que la trata como a una reina (dicho por ella).

        Mi madre ve a sus nietos una vez cada dos meses.

        Más o menos lo mismo que a mí.

        Mi madre escucha por las noches música clásica.

        Deutsche Grammophon.

        En la colección de discos de vinilo que hizo mi padre.

                       

 

El significado de las palabras

 

                  Una misma palabra puede significar una cosa y la contraria.

                  Igual que un mismo color unas veces representa la pureza y otras, la muerte.

                  De hecho, las palabras pueden significar cualquier cosa.

                  Cualquier cosa.

                  Excepto la verdad.

 

 

*Todas las fotos son de Brigitte Carnochan. Una fotógrafa alemana instalada en Estados Unidos. Combina el retrato, el desnudo y la atmósfera de interior con la presencia de las flores.

IRENE VALLEJO EN LA GUERRA CIVIL

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Zaragoza: aquel verano de 1936

 

Irene Vallejo Moreu publica su primera novela: ‘La luz sepultada’ (Paréntesis), la historia de los Valbuena y la joven Valentina, cuya adolescencia se ve asaltada bruscamente por el odio de la Guerra Civil

 

Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979) es asidua en estas páginas por sus artículos sobre los clásicos griegos y latinos, artículos que recogió en el volumen ‘El pasado que te espera’ (Anorak, 2010. Prólogo de Julio José Ordovás). Es experta en la obra de Marcial, a quien ha dedicado un extenso estudio, y parecía que donde se sentía cómoda era hablando de Ovidio, de Julio César, de Virgilio o de Cicerón. Sin embargo, hace algún tiempo emprendió la redacción de una novela sobre el verano del 36 en Zaragoza; el libro acaba de aparecer en Sevilla, en el sello Paréntesis, bajo el título de ‘La luz sepultada’.

La novela empieza en 1936 en una época de incertidumbre. En el ambiente se olisquea la catástrofe. En las familias se habla de la tensión, de la crispación reinante, de la España fracturada, de las ideologías enfrentadas, del fracaso de la II República. Más que convecinos y hermanos, los españoles parecen enemigos signados por un odio atroz. Todo el mundo parece tener cuentas que resolver con alguien. Y así descubrimos a los Valbuena, compuestos por el padre, Eduardo, un apacible funcionario de correos adscrito a la izquierda, la madre Aurora, que parece en otro mundo o inmersa en sus propios pensamientos, más abstraída, y Valentina, que tiene alrededor de dieciséis años y que intenta conocerse mejor a sí misma y el entorno que la rodea.

Valentina es una muchacha activa e inquieta, cómplice de su padre, buena lectora, que toca el piano sin demasiado afán. Sabemos que hace un par de años le mandó una postal a Manuel Azaña.  Poco a poco, día tras día, el país empieza a precipitarse hacia el abismo: las amenazas llegan de todas partes. De los militares, de África, de sectores de la sociedad civil, de los que han perdido las elecciones, de las medias verdades, de la desconfianza hacia la II República. Estalla el 18 de julio de 1936, y Zaragoza queda bajo el influjo de los insurgentes o de los nacionales. Ese mismo día, Valentina y su mejor amiga, Emilia, han ido a ver al cine: ‘Historia de dos ciudades’; cuando salen, como si salieran al país del odio y del desconcierto, la atmósfera será de pesadilla.

Y de eso habla esta novela: de la nueva atmósfera, del miedo, sobre todo del miedo, del futuro incierto. Empiezan las delaciones, las persecuciones, las detenciones y las ejecuciones, sin apenas procesos. La familia Valbuena, a pesar de los esfuerzos del abuelo y de los contactos que tienen con los golpistas, serán también víctimas de la nueva situación. En ese instante, la tragedia es unánime. El libro de Irene Vallejo, además de hablar del horror (también glosa el bombardeo sobre el Pilar, la aparición de nuevos periódicos y el nuevo estado de cosas), también habla de una joven que crece demasiado deprisa en medio del espanto. Su adolescencia ha sido asaltada bruscamente. Y esos cuatro o cinco meses le van a marcar su existencia.

Irene Vallejo sostiene que este mundo que narra, con un estilo poético casi siempre, tiene mucho que ver con el mundo de los clásicos latinos y griegos. El análisis del pasado es un buen pretexto para entender el presente y una lección para el futuro, y si queremos saber lo que somos y quienes somos hay que mirar atrás: hacia nuestros antepasados inmediatos.

En ‘La luz sepultada’ se cruzan varias historias familiares, cosas que ha leído, cosas que le han contado y una documentación bien manejada en una narración medida que explora la sinrazón, el pánico y la perplejidad. ¿Quién vendrá, por qué y por dónde? ¿Por qué detienen a su padre? ¿Por qué salen a la calle los perros negros del rencor? ¿Por qué golpean arbitrariamente a la puerta de su casa los hombres oscuros? La luz ha sido enterrada: la luz del conocimiento, la alegría de crecer, el territorio de la libertad que se construía, día a día con contradicciones y con las certezas de la democracia.

 

La luz sepultada. Irene Vallejo. Paréntesis. Alcalá de Guadaira, Sevilla, 2011. 264 páginas.

EUGENIA RICO SEGÚN AMELIA CASTILLA

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EUGENIA RICO

[Conozco a Eugenia Rico desde hace algunos años. Acababa de publicar una novela conmovedora: ‘La muerte blanca’ (Planeta), donde contaba la muerte de su hermano. Por entonces, vivía una historia de amor con un apuesto italiano. Eugenia, que es dulce y amorosa, siempre ha sido una mujer de grandes y apasionadas historias de amor. De ella siempre me conmueve su pasión por la literatura, su vocación, sus ganas de escribir historias intensas y de crear buenos personajes. Hasta hace algunos meses, tras la conmoción de su éxito alemán, vivía en Venecia. Hoy, esa estupenda periodista que es Amelia Castilla, que ha hecho de todo en ‘El País’ (desde reportajes inolvidables a muchas páginas de cultura) le traza este retrato. Lo traigo aquí por cariño hacia ella, por cariño hacia las dos, y porque hoy Eugenia Rico estaba un poco melancólica. En ‘Babelia’ de hoy había muchas cosas bonitas para mí, y una de ellas, especialmente bonita, era la calificación de Vicente Molina Foix como una traducción brillante de Daniel Gascón la del libro de relatos de Collier que ha publicado el sello Contraseña. Daniel traduce ahora un epistolario de más de quinientas páginas de Saul Bellow que saldrá en Alfabia. ]

 

EL SUEÑO ALEMÁN

Por Amelia CASTILLA. Babelia

 

¿Un rincón donde poder escribir medianamente fresco, en un ático durante el caluroso mes de julio en Madrid? Eugenia Rico (Oviedo, 1972) cambia de espacio varias veces a lo largo del día, huyendo del sol que cae a plomo sobre el barrio de Malasaña. Refugiada en un cuarto piso sin ascensor y con vistas al Pentagrama, el bar popularizado por Antonio Vega en su ya clásica canción La chica de ayer, la escritora dedica al menos seis horas diarias a la trama de su nueva novela. Su superstición le impide aventurar muchas ideas sobre el proyecto en el que trabaja. Confía en ponerle el punto final al manuscrito en unos meses y que el texto llegue a la imprenta antes de concluir este año. La acción transcurre en Venecia, en el curso de una cena con un personaje histórico fallecido. Será una mezcla de pasado y presente, como su anterior trabajo. "Venecia está fuera del mundo, escribir sobre ella es como opinar sobre el amor", dice la escritora, sentada en una chaise longue, bajo un cuadro, formado por un puzle construido con un lenguaje de signos inventado en el que se lee: "En el principio fue la palabra".

La autora de Aunque seamos malditas (Suma de Letras) presume de vivir de la literatura. Todavía no se ha repuesto del susto de su extraordinaria aventura alemana que le ha reportado unas ventas "de más de cien mil copias" en ese país y un conocimiento de los lectores del que antes carecía. "Un buen día recibí un correo electrónico del escritor y crítico Daniel Kehlmann que, fascinado con esta novela, la recomendó a una editorial alemana", cuenta. "A partir de ahí todo ha sido como un sueño; primero el paso por la Feria de Fráncfort, un evento profesional, pero quizás el más importante del panorama literario, y después la participación en otros festivales europeos donde he contactado con escritores de toda Europa". A la vuelta del verano, preparará las maletas para viajar a Estados Unidos, becada por una universidad norteamericana para trabajar durante tres meses.

No le asustan ni los nuevos formatos del libro ni las descargas en la Red. Su idea es que "la verdadera literatura seguirá llegando a los lectores". Si mira hacia atrás sonríe al recordar las cartas de rechazo de algunos editores, un auténtico género literario, en su opinión: "La historia de la literatura está hecha de grandes errores, espero que este sea uno de ellos", le contestó uno de ellos.

*La foto es de Álvaro García.

 

16/07/2011 19:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PARA JOSÉ-CARLOS MAINER...

Elogio de la sabiduría y del magisterio

de Mainer, un historiador de la cultura

 

-‘Para Mainer de sus amigos y compañeros de viaje’ (La Veleta) es un homenaje al ensayista, editor y Catedrático de Literatura Española

 

-Autores como Caballero Bonald, Francisco Ayala, Javier Cercas, Borau o Martínez de Pisón, entre otros, ensalzan la trayectoria de este “racionalista ilustrado”

 

José Carlos Mainer Baqué (Zaragoza, 1944), ensayista, Premio de las Letras Aragonesas 2002 y Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza, protagoniza ‘Para Mainer de sus amigos y compañeros de viaje’ (La Veleta. Granada, 2011), un volumen de cuarenta y nueve autores que nace de “una idea de Andrés Trapiello a la que se sumó Jordi Gracia y de la que yo no quise saber nada de la gestación y desarrollo”.

José-Carlos Mainer, que se confiesa muy pudoroso y reconoce que su tendencia natural “es el racionalismo ilustrado”, es el destinatario de numerosos elogios: el poeta Luis García Montero lo define como “un bien público, un patrimonio social, en el panorama de la cultura española contemporánea” y le agradece que haya tenido “los ojos abiertos a la poesía”; el historiador Santos Juliá lo compara con George Steiner y dice que “siempre se disfruta cuando uno se trae entre manos algún trabajo suyo, en el que nada sobra, en el que nada falta”.

Guillermo Fatás, uno de sus mejores amigos y ex director de HERALDO, lo define como “un exportador de Hispanismo”; el narrador, crítico y ex editor José María Guelbenzu lo califica como un sociólogo con gusto literario y un moralista; y el experto en cine Román Gubern, algo mayor que Mainer, se confiesa discípulo suyo “a la hora de exponer el imaginario literario español”.

Los méritos abundan en esta colección de trabajos que ahondan en la riqueza de matices de un ensayista complejo que ha escrito más de una veintena de libros. Javier Cercas se declara “mainerista” y lo retrata así: “Además de un historiador literario –su vocación o su disciplina más evidente-, Mainer es un historiador de la cultura. Y un crítico literario de verdad, no un reseñista”; Cercas añade otro matiz, en el que coinciden otros: “Como un auténtico escritor, Mainer se pelea por la palabra justa e indaga en el giro inesperado y revelador, el matiz que entrega un significado nuevo, como si supiera que en literatura –y la crítica literaria es una forma de literatura- la verdad es únicamente una cuestión de estilo”.

Elogios al margen, el volumen repasa las distintas etapas del autor, desde sus años en Zaragoza, glosados por Jordi Amat, que alude a “las destartaladas aulas de (…) los Escolapios…”, y Alberto Blecua, que lo evoca en las inmediaciones de la plaza de Salamero. Otros  recuerdan sus años en Barcelona, como su profesor Martín de Riquer –“era por aquel entonces un joven más bien delgado y la tez bastante blanca. Era listo y de los que no dudaban de intervenir en clase. Tenía un tono de voz grave y un verbo reposado y ajustado”, dice-, como Fernando Valls, que efectúa todo un paseo por los libros y los autores y la sensibilidad que les animaba en los años 70 y 80, o como Arcadi Espada, etc. Se incluyen auténticos relatos como el viaje en tren que narra el propio Trapiello, hablando de poesía, textos sobre la amistad y la complicidad, como el que Francisco Ayala escribió por boca y pluma de su mujer Carolyn Richmond, y por haber hasta hay peticiones explícitas como la de Elías Díaz, en un texto que él mismo define como provocador y polemista, que propone a la Real Academia Española que reciba en su seno a José-Carlos Mainer, “el sabio catedrático, magnífico docente, escritor y riguroso investigador”.

Hay notable presencia aragonesa: además de Blecua y Fatás, figuran José Luis Borau, deslumbrado por la erudición de su paisano una noche en la Residencia de Estudiantes; José Luis Melero, que lamenta que “prácticamente ninguno de los escritores zaragozanos en torno a los cincuenta años (….) o los un poco más jóvenes (…) han gozado del privilegio que para todos hubiera significado el trato habitual y permanente con Mainer” y a la vez le confiesa su admiración; Martínez de Pisón, que dice que “lo suyo era auténtica generosidad intelectual, la generosidad de un hombre sabio que quiere hacer más sabios a los demás”; Juan Marqués, que reconoce su magisterio y firma, con Julio José Ordovás, una entrevista totalizadora. Y el poeta Rosendo Tello le dedica su poema ‘Serena plenitud’, un texto que se suma a otras poesías de Eloy Sánchez Rosillo, Caballero Bonald, Jon Juaristi, Luis Muñoz y Francisco Rico.

El propio, autor de ‘La Edad de Plata’ o ‘La escritura desatada’, se autorretrata para HERALDO: “Soy un historiador de la literatura que ha trabajado bastante y se lo ha pasado bien haciéndolo, que jamás ha escrito un artículo o un libro del que no haya tenido la íntima convicción de su necesidad, que he procurado manufacturar esos trabajos con cierto decoro estilístico y que como docente puedo ser pedante y exigente (además de ‘distante’) pero nunca campanudo ni demagogo”.

 

 

EL ECO DE ‘LA EDAD DE PLATA’

 

Una de las anécdotas más graciosas del libro ‘Para Mainer…’ la narra Juan José Millás. Le pidió al ensayista y a la modelo y actriz Martina Klein que presentasen su novela ‘Laura y Julio’. Recuerda Millás que el acto fue u éxito, pero “Mainer no habló bien de mi novela ni tampoco mal. Esa noche, en la cama, recordando sus palabras, tuve una intuición de lo que era la verdadera inteligencia, el talento auténtico, la sinceridad perspicaz, y me dormí pensando que lo admiraba, o sea, que me parecía un maestro en el sentido antiguo y más noble del término”. El libro más citado de José-Carlos  Mainer -editor de Gómez de la Serna o de Pío Baroja (de quien ultima una biografía), entre otros- es ‘La Edad de Plata’, considerado un clásico por Juan Manuel Bonet, y “el relato más coherente, incitador y perspicaz de la cultura española anterior a la guerra”, según Javier Cercas.

 

LA FICHA

Para Mainer de sus amigos y compañeros de viaje. Idea y Coordinación: Andrés Trapiello y Jordi Gracia. Varios Autores, 49: Francisco Ayala y Carolyn Richmond, Martín de Riquer, Emilio Lledó, José Luis Borau, Martínez Sarrión, Rosendo Tello, Francisco Rico, Santos Juliá, Manuel Gutiérrez Aragón, Guillermo Fatás, I. Martínez de Pisón, José Luis Melero, Andrés Trapiello, Arcadi Espada, Javier Cercas, Guillermo Carnero... Granada, 2011. 288 páginas.

 

 

13/07/2011 11:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO ARAMBURU: UN CUENTO

CHAVALES CON GORRA

 

Por Fernando ARAMBURU.*

De ‘El vigilante del fiordo’ (Tusquets. Colección Andanzas)

 

La luz de la mañana entra a raudales en la habitación donde él acaba de descorrer la cortina. Inmóvil en la cama, la mujer no lo advierte porque duerme como de costumbre con antifaz. Llegaron anoche, tarde. El lugar (dieciocho mil habitantes según el prospecto que reposa sobre la mesilla) no tiene el renombre turístico de otras ciudades repartidas a lo largo del mismo litoral. Por eso lo eligieron sobre un mapa cuando tomaron la decisión de marcharse a toda prisa de Málaga.

-Josemari, si aquí no podemos escondernos -dijo la mujer cuando subían en el ascensor-, entonces ya me dirás dónde como no sea en un país extranjero.

Desde la ventana se abarca un paisaje de fachadas blancas y azoteas y antenas de televisión y alguna que otra silueta de palmera. Las casas ocultan la playa al fondo, no así una delgada franja de mar. Enfrente, al otro lado de la calle, hay un tanatorio. Se ven dos coches fúnebres aparcados junto a una hilera de adelfas.

Una hora antes ha bajado él solo a desayunar. Mientras comunicaba el número de su habitación a la chica con traje de chaqueta encargada de tomar nota de los que van llegando, ha oído voces y risas juveniles procedentes del comedor. Con mal disimulada inquietud ha dicho entonces que debía efectuar una llamada urgente y que enseguida volvería, pero no ha vuelto.

Lleva largo rato esperando que a su mujer se le pase el efecto del somnífero. En el mueble-bar había dos chocolatinas y una bolsa de almendras saladas. Eso ha desayunado, acompañándolo con unos tragos de agua mineral. El mueble-bar no refresca lo suficiente. Y luego ha bebido un botellín de coñac a pequeños sorbos, ya que no tiene hábito de tomar alcohol por las mañanas.

Vacío el botellín, ha escrito en el pequeño Moleskine que le trajo su hijo una vez de Londres: “El padre, que en paz descanse, se revolverá en la tumba si se entera de que planeo deshacerme del taller de maquinaria. Se acaba una tradición, pero yo entiendo que con sesenta y tres años aún es pronto para que me manden a criar malvas. Que también se sepa esto en caso de que esos me encuentren”.

El día que dejaron Alicante para probar fortuna en Málaga, ella sugirió la idea de establecerse durante una temporada en Londres.

-Hasta que nos olviden.

-¿Esos, olvidar? Ya lo dudo. Además, no creo que a nuestra nuera le hiciese mucha gracia cargar otra vez con nosotros.

-De carga, nada, Josemari. Ventajas económicas no les han faltado. Tampoco tenemos que meternos en su casa si con su ayuda encontramos un piso de alquiler.

-Bien. Sin embargo, vamos a mirar primero en Málaga. Es una ciudad grande. A lo mejor hay suerte.

El tanatorio linda con una plazuela cuyo suelo, desde la ventana del quinto piso, parece arenoso. En la plazuela hay un anciano de tez morena sentado en un banco. Sobre él vierte su sombra una palmera de la que cuelgan racimos de dátiles. Cerca del viejo, tres niñas de pocos años juegan a la comba. En otro banco conversan dos mujeres jóvenes, cada una con su cochecito de bebé.

Anota en el Moleskine: “Tranquilidad, por el momento”.

Minutos más tarde, la mujer se despierta. Al despojarse del antifaz, se percata de la presencia del marido junto a la ventana y le pregunta sonriente:

-¿Qué, algún chaval con gorra?

-Tiene buena pinta este sitio. Hay mucha luz. Hay mar y palmeras. Estaba pensando si abrir un hotelito de lujo como dijiste el otro día. Así andaríamos entretenidos. No más de veinte camas. Y mandar todo lo demás a la mierda. Lo podríamos poner a tu nombre por si las moscas. Y luego que lo atienda media docena de empleados, ninguno de fuera de Andalucía, y nosotros nos mantenemos un poco en la sombra, ¿eh?

La mujer se desviste antes de entrar en el cuarto de baño. Una cicatriz ocupa el lugar donde antes hubo un pecho. Lo peor del tratamiento ya pasó. El doctor Arbulu le aseguró durante la última visita que en principio, salvo que se produjera alguna improbable complicación, está curada. El marido sospecha que por el camino de la clínica debieron de echarle el ojo y luego ya fue pan comido seguirla hasta Alicante.

Sale humo blanco por la chimenea del tanatorio aunque es domingo.

Escribe: “Habrá que hacer caso a Maite. Si aquí tampoco hay suelo para echar raíces nos iremos al extranjero”.

Por la acera que bordea el tanatorio camina un chaval de rasgos gitanos, melena hasta los hombros, manos hundidas en los bolsillos del pantalón. En ningún momento vuelve la mirada hacia el hotel. Sus pasos son largos y rápidos. Buena señal. Otro tanto se puede afirmar de las botas de cuero. Hay que ser de la zona para calzarse de semejante manera. Con el calor que hace. El chaval saluda al viejo de la plazuela sin detenerse. El viejo le corresponde con una leve sacudida del bastón.

Suena el agua de la ducha y él escribe: “Al padre le dolería. Hay que aguantar, hijo. Hay que aguantar como yo aguanté durante la guerra y los años de penuria. Es lo que siempre decía. Pero los suyos fueron otros tiempos. Yo no puedo sostener la empresa a mil kilómetros de distancia. Si no estás encima te la hunden. Los camiones, bueno, esos los vendo, y si me vuelve a dar por el transporte me compro otros y reabro la empresa en Sevilla. Con nombre nuevo, faltaría más. Pues igual es por el padre que aún no me he largado al extranjero. Que se sepa”.

Una hora después bajan a la calle. Ella usa un sujetador especial, provisto de un relleno de gomaespuma que le permite disimular la falta de un pecho. Los dos ocultan la cara tras sendas gafas de sol.

-En cuanto veamos una iglesia –dice ella- nos paramos a mirar si hay un tablón con el horario de misas.

Nada más salir a la calle, él señala con un golpe de barbilla hacia el tanatorio.

-Incineran en domingo.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Joé, ¿no ves el humo?

-Bueno, Josemari, cambia de tema. ¿Izquierda o derecha? ¿Para dónde tiramos?

-El mar tiene que estar por ahí.

Cruzan la calzada cogidos del brazo. Esta costumbre les viene de cuando eran novios, hace ya muchos años. Últimamente, desde la tarde en que tuvieron que abandonar la casa, ya no la practican tanto. Quizá los ha impulsado a recobrarla la necesidad de sentirse unidos en un sitio nuevo, poblado de caras desconocidas.

Maite, al principio, estaba convencida de que a su marido el miedo lo llevaba a imaginarse un fantasma en cada esquina. Iban paseando por las calles de Alicante o de Málaga, y podía suceder que él dijera de repente:

-Vuélvete con disimulo. Verás dos chavales parados junto al semáforo. ¿Los ves?

-Veo mucha gente, Josemari.

-Los de las gorras. No sé a ti, pero a mí me dan mala espina.

Maite no hacía mucho caso de los temores de su marido hasta el día aquel, en el piso alquilado, cuando sonó el teléfono a las tres y media de la madrugada y una voz confusa y medio susurrante dijo unas cosas raras sobre un perro y unos cartuchos y algo de ir a cazar. Maite había llegado en tren por la tarde a Alicante. Venía contenta por todo lo que le había dicho el doctor Arbulu, pero la debieron de seguir. ¿Quién sino alguno de ellos podía llamar a esas horas con la excusa de preguntar por un perro?

Él no abrigaba la menor duda.

-Nos han encontrado.

-Vamos, Josemari. ¿Cómo saben que vivimos aquí?

-¿Que cómo lo saben? Ni idea. Pero para mí está claro que esa manera de pronunciar las eses no es propia de alicantinos. El tío que ha llamado era de ellos. Mañana a primera hora anunciaré que no firmo el contrato. Ya se me ocurrirá alguna explicación. Nos vamos de la ciudad cuanto antes.

Atraviesan un barrio de calles estrechas, con casas bajas de paredes blancas, ventanas enrejadas y balcones adornados con geranios. Aquí y allá, corros de vecinos conversan sentados en sillas, junto a las puertas, y cuando ellos se acercan bajan la voz. También los niños interrumpen sus juegos para fijar la mirada en la extraña pareja. Josemari, al doblar una esquina, le susurra a Maite que toda esa gente de tez morena debe de tomarlos por extraterrestres. Al pasar inclinan la cabeza apocados, pues les da corte sentirse objeto de tanta curiosidad. Así y todo, algo han de hacer porque tampoco quieren levantar suspicacias. Algunas personas les responden con fórmulas de saludo a las que ellos no están acostumbrados:

-Vayan ustedes con Dios –y frases por el estilo.

Trancurrido un cuarto de hora, llegan al paseo marítimo por un callejón en cuesta donde trasciende un fuerte olor a calamares fritos. Por la ventana abierta de un piso alto sale la voz cantarina de una mujer. Hay un gato mugriento mordisqueando una cabeza de pescado sobre un alféizar.

A la vista del mar, a Josemari le toma una acometida de desánimo, como en Alicante, como en Málaga.

-No es lo mismo.

-Agua y olas, Josemari.

-El Mediterráneo, con todos mis respetos, no es lo que yo entiendo por mar. Un mar, lo que se dice un mar auténtico, es el nuestro con sus temporales y sus mareas vivas y sus acantilados. No se puede comparar.

-Y entonces esto ¿qué es?

-No sé, otra cosa. Un lago grande.

Y mientras Maite se dirige a los servicios de la cafetería en cuya terraza se han sentado a tomar el aperitivo, él escribe en el Moleskine: “Puedo acostumbrarme a todo, pero siempre echaré en falta el mar de mi tierra. El mar, el mío junto al que me crié, es fundamental en mi vida. Ahora me doy cuenta”.

Mastica otra aceituna rellena y añade: “Que conste que no tengo opiniones de pez”.

Luego se dedica a observar con detenimiento a los transeúntes que deambulan por delante de la terraza, sintiendo un pinchazo de aprensión cada vez que algún joven entra en su campo visual. Cree que en Málaga, el otro día, lo siguieron un chaval y una chavala, tocados los dos con gorras de visera. También pudo ser casualidad, ya que cuando cambió de calle y se refugió en una farmacia aquellos dos pasaron de largo como si nada. Después los siguió de lejos. Y en principio no encontró nada raro en ellos. Al día siguiente, yendo con Maite de paseo por el puerto, al darse la vuelta tras comprar el periódico en un quiosco los reconoció. O él se figura que los reconoció.

-Josemari, ¿estás seguro de que son los mismos?

-De las caras no me acuerdo exactamente, pero sí de las gorras y de que eran chico y chica como esos de ahí. A lo mejor se relevan, porque estos tipos, si algo saben hacer, aparte de joderle a uno la vida, es organizarse.

La camarera que les ha servido los aperitivos les explica ahora, con un cerrado acento andaluz, la forma más sencilla de llegar a una iglesia situada a unas cuantas calles de allí. Al enterarse del propósito de Maite, la chica tiene la amabilidad de llamar por teléfono móvil a su madre.

-No, pero si no es ninguna molestia.

Así pues, a la una se oficia una misa en la iglesia referida. Ahora son las doce y media pasadas. Maite y Josemari expresan su agradecimiento por medio de una propina generosa. Luego, cogidos nuevamente del brazo, se encaminan sin prisa hacia el lugar indicado. Por encima de una línea de azoteas avistan cinco minutos después la torre donde ya suena la campana.

Josemari se queda sentado en un banco de la calle, debajo de un limonero que le sirve de sombrilla. Maite trata de persuadirlo a que la acompañe diciéndole que en el interior de la iglesia habrá aire fresco.

-Aquí te vas a achicharrar.

-Aquí estoy bien.

La misa dura cerca de tres cuartos de hora. Poco más de dos docenas de fieles se reparten por las filas de bancos. Maite ha tomado asiento en el de la última fila y de vez en cuando echa una mirada a la puerta con la esperanza de ver entrar a Josemari. El cura es un anciano de voz cascada que habla en un tono monótono y ceceante. Las malas condiciones acústicas del templo apenas permiten que se le entienda. Pero, en fin, Maite ha cumplido con el rito, que es lo que a ella le importaba.

Al salir a la calle, se lleva un susto de muerte al encontrar vacío el banco donde Josemari había prometido esperarla. Mira a una parte, mira a la otra y no ve a nadie a quien preguntar por un hombre de camisa blanca y poco pelo en la cabeza que estaba aquí sentado hace un rato. En el centro del pecho se le forma un nudo doloroso que le dificulta la respiración y le recuerda las pasadas penalidades de su enfermedad. Los fieles que han asistido a la misa se alejan en distintas direcciones. Pronto se queda la calle desierta. En esto, Maite descubre el Moleskine de Josemari tirado en el suelo. Un mal augurio la colma de angustia cuando lee lo último que su marido ha escrito: “Las mismas gorras que en Málaga”. A Maite le falta poco para ponerse a gritar. Se dirige a la puerta más cercana con el propósito de que la ayuden a llamar a la policía. Entonces ve aparecer a Josemari por una esquina de la calle. Corre hacia él y, aún alarmada, le pregunta:

-¿Se puede saber dónde te has metido?

 

[Hace poco, durante una firma de libros en la Feria del Libro de Zaragoza, conocí y coincidí con Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), que se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza. Antes habíamos hablado por teléfono y nos habíamos intercambiado algunos correos y algunas cartas. Fernando acababa de presentar su último libro: ‘El vigilante del fiordo’ (Tusquets), cuyo primer cuento es este ‘Chavales con gorra’, que me envía. Fernando es un escritor estupendo y simpático que lleva muchos años, más de 25 tal vez, viviendo y trabajando en Alemania. En 2009 abandonó sus clases para centrarse única y exclusivamente en la escritura. Las dos fotos son de Lewis Hine.]

12/07/2011 10:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCHAMALO: BICIS EN PARÍS

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Hace unos días, Jesús Marchamalo –os recomiendo ‘Cortázar y los libros’ (Fórcola)- estuvo en París, vio un par de fotos de bicicletas y me las mandó. He aquí una de ellas. Marchamalo lo hace todo: escribe con un gran sentido del humor, coloca adverbios, trabaja para el Cervantes, redacta textos fantásticos sobre pintura, retrata personajes, se preocupa de sus hijos, los mima y los lleva de paseo, y toma fotos. Y, además, es uno de los autores favoritos de Ofelia Grande, de Siruela.

Leo en su blog 'El don de la impaciencia' esta feliz noticia:

"Hoy me han mandado las pruebas de Donde se guardan los libros, el libro que publicará Siruela en octubre, dedicado a las bibliotecas de una veintena de escritores. Por primera vez, un libro mío llevará fotos que también he hecho yo. Son detalles de las baldas y estanterías, y retratos de los protagonistas.
Me ha gustado fotografiar escritores". [En la foto de Jesús Marchamalo, vemos a Enrique Vila-Matas, uno de los escritores que sigo desde hace más de veinte años.]

12/07/2011 01:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON JUAN VILLORO

El escritor mexicano Juan Villoro, nieto de zaragozano y descendiente de turolenses de La Portellada, publica '8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile' (Candaya), donde construye un libro de numerosas voces e historias sobre el miedo, la muerte o el azar

EL AUTOR QUE SOBREVIVIÓ AL PÁNICO

Juan Villoro (México D. F. 1956) ha heredado el espíritu viajero de sus antepasados: reside en la ciudad donde nació, en Barcelona o en Princeton, donde va a sustituir a Mario Vargas Llosa en sus clases. Y también ha vivido en Berlín. Escribe de fútbol en libros como 'Dios es redondo', novelas (ha sido Premio Herralde de novela con 'El Testigo'), cuentos e incluso piezas teatrales. Y no solo eso: es capaz de firmar un libro tan curioso como '8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile' (Candaya), que presentaba el pasado jueves en Cálamo, en compañía de Manuel Vilas.

Juan Villoro visitó el Teatro Principal con absoluta fascinación. «Soy descendiente de turolenses de La Portellada, en Teruel, muy cerca de La Fresneda. Allí más del 60% de la población se apellida Villoro y son familiares míos. Pero, además, es que mi abuelo paterno era zaragozano: nació aquí, era médico, y se trasladó por distintas razones a México. Acabó dejando su profesión y se dedicó a los negocios familiares. Se casó con mi abuela y de esa relación nació mi padre, que tiene ahora ochenta y nueve años, y sigue siendo un modelo para mí. Un modelo de vitalidad, de energía y de compromiso. Es un experto en Derecho, le interesa mucho la política y la ética, y en los últimos tiempos se ha aproximado al subcomandante Marcos».

Este periplo, que le apetecía contar -«aquí tengo amigos muy entrañables, zaragozanos, como Ignacio Martínez de Pisón o Félix Romeo»-, le lleva de alguna manera a uno de los viajes que más le han marcado en los últimos tiempos: su estancia en Chile en febrero de 2010.

«Había sido invitado, en mi condición de escritor de literatura infantil y juvenil [es autor de títulos como 'El libro salvaje' y 'El profesor Ziper y la guitarra eléctrica'], a un congreso donde se iba a hablar del miedo. Ese miedo que es una especulación infantil y que está en casi todos los cuentos de hadas». Y en ese debate estaban los participantes -«el miedo es lógico, es una pesadilla y un presencia en ese tipo de literatura», recuerda Villoro-, cuando irrumpió ese miedo que nunca quieren sentir los adultos: «Se palpó el sabor de la muerte» en un terremoto que duró siete minutos la madrugada del 27 de febrero del 2010.

Cuenta Villoro que él se encontraba en una habitación de hotel, que se cayó de la cama y que lo primero que hizo fue intentar socorrer a su hija de once años. «En ese clima de extrañamiento, me di cuenta de que en realidad estaba en Chile y no en México». Dice Villoro que fue una experiencia increíble donde se percibe el sabor de la muerte y donde uno se percata de inmediato del apego a la vida. «Y luego, tras el vértigo, uno acaba preguntándose cómo y por qué ha sobrevivido. Cómo se sobrevive a una catástrofe, a un cataclismo así. Además, el aeropuerto estaba cerrado. Al menos para nosotros. Así como hubo países como Colombia, Brasil o España que mandaron aviones para sacar de allí a sus ciudadanos, a nosotros México nos dejó en el desamparo. Y eso nos llevó a vivir una experiencia que parecía de 'El ángel exterminador', de Luis Buñuel: no podíamos salir de allí, de un hotel de Santiago. Estábamos como cautivos».

Juan Villoro, que posee una memoria asombrosa, conoció a muchas personas que le contaron sus historias, sus vidas, incluso le hablaron de una mujer que estaba en coma, a la que le dedica un texto tan conmovedor como 'Ella duerme', y realizó un auténtico viaje a un universo de terror, de sorpresa, de contradicciones, de monólogos.

Ya de regreso en México, y en muy pocos días, «redacté el libro. Un libro que, en cierto modo, fue un diálogo con el gran terremoto que nosotros padecimos en 1985 y que dejó miles de muertos en el país. Felizmente, en Chile no había pasado eso, pero el hecho me puso en confrontación con la historia, con la memoria. El índice del 8.8, por otra parte, es uno de los cinco más altos de la historia, y el hecho de que sean esas dos cifras, literariamente, también tenía algo de juego de espejos», dice el escritor que ya hace algunos años había escrito: «Desconfío de los que en momentos de peligro tienen más opiniones que miedo».

Villoro reflexiona sobre las consecuencias de sobrevivir a la tragedia y sobre los sentimientos cuando se siente la muerte tan próxima, y habla también sobre el azar. «De repente, me encontré con un cuento de Heinrich von Kleist, el escritor alemán de quien admiraba 'El cántaro roto' o sus textos sobre marionetas, que se titulaba 'El terremoto de Chile'. Me impresionó y me pareció simbólico o premonitorio: es un cuento largo de unas veinte páginas de un hombre que siempre había meditado sobre la muerte y que incluso la había buscado. Sobrevive a la catástrofe y agradece a Dios la vida y a la vez le pregunta por qué se ha salvado». Curiosamente, cuando redactó ese texto, Von Kleist tenía unos 30 años, aún no tenía del todo claro si iba a ser escritor o no, «y jamás, jamás había estado en Chile», explica Juan Villoro, y recuerda que el escritor acabaría suicidándose a los 34 años. «Este libro ha sido para mí una catarsis, un acto de desintoxicación de quien ha vivido la proximidad de la muerte. Las réplicas más fuertes de un seísmo son psicológicas».

 

8.8: el miedo en el espejo. 'Una crónica del terremoto en Chile'. Juan Villoro. Candaya: Colección Abierta. Barcelona, 2011. 110 páginas.

11/07/2011 22:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

AMÓS MILTON: SEVILLA, LA LEY, EL AMOR

Un hombre de ley en la Sevilla de Cervantes

 

[Amós Milton publica ‘El abogado de Indias’ (Almuzara), una novela de amor, aventuras y educación sentimental que recrea el proceso de Elena de Céspedes y la prisión del autor del Quijote]

 

Sevilla, Sevilla, Sevilla. Siempre Sevilla: la de los baños árabes, la ciudad donde nacieron Vicente Aleixandre o Luis Cernuda (que vivió en los años 20 en la Calle del Aire, que tiene un punto que se halla a diecisiete metros del nivel del Guadalquivir, el más alto de la ciudad, y ve correr una suave brisa), la ciudad donde estuvo preso Cervantes, la ciudad donde se conserva, en el Archivo de Indias, el complicado proceso de Elena de Céspedes o Heleno de Céspedes, a quien Agustín Sánchez Vidal dedicó ‘Esclava de nadie’. Sevilla: la ciudad donde mora el escritor aragonés José María Conget y en la que residió el pintor y matador John Fulton.

Ahí transcurre una curiosa novela: ‘El abogado de Indias’ (Almuzara) de Amós Milton, un escritor almeriense, nacido en 1969 y afincado a orillas del Guadalquivir, que acaba de debutar por la puerta grande: el pasado martes ejercía de anfitrión de un grupo de periodistas españoles y les mostraba los lugares que aparecen en su novela, entre ellos un edificio de baños árabes en cuya terraza se ve la majestuosa Giralda y la urbe expandida, el palacio de los Pinelo, de origen genovés, con su espléndido patio interior con flores, que es Museo de Bellas Artes Isabel de Hungría, Museo de Arte Oriental y Academia de Medicina. También les mostró la Sevilla barroca y las angostas calles con sabor a fino y pescaíto, y con olor a naranjos.

Amós Milton dijo que debía su nombre a su padre, Amós, un abogado de origen judío que tenía un amigo norteamericano, que se llamaba Milton. Ese nombre Amós Milton le ha llevado a prescindir de sus dos apellidos: García Orozco. Y dijo también que su novela había nacido del interés que había despertado en él el cautiverio de Cervantes, en una época en que era recaudador y que cometió un desliz. Y ahí, en aquella ciudad, pródiga en oro y plata, considerada también la Puerta de Indias, transcurre su novela que cuenta la historia de Alonso Ortiz de Zárate, un joven abogado de extracción humilde que logra doctorarse y vive su particular educación sentimental. Pronto sobresale como abogado inteligente y perspicaz. Alonso empieza a triunfar de la mano de su tío Diego, su padre está en Cartagena de Indias (más tarde sabremos que tuvo que marcharse de Sevilla), y de la mano de la familia de Sebastián Pinelo, en particular gracias a la complicidad de su hijo Andrea.

Alonso sale a un mundo de incitaciones. Conoce a varias mujeres, en especial a dos: Carmen, una granadina morena, de misterio y fuego, con quien vive el centelleo del amor, el embrujo de un erotismo explosivo; esa joven tiene mucho que ver con el personaje de ‘La lozana andaluza’ de Francisco Delicado y a la vez parece una anticipación de la Carmen de Merimée. Y también experimenta una aventura muy romántica con la joven Constanza, a quien había ayudado a conservar su dote y a recuperar el patrimonio familiar, tras la muerte de su padre. Ambos se aman y pasean bajo la luna por Sanlúcar de Barrameda en el episodio más lírico del volumen.

Aunque parezca que en un principio a la novela le falte tensión o que carezca de esos torvos personajes que entorpecen la vida del héroe, pronto surgen distintos conflictos y las primeras derrotas en los procesos. Por ejemplo, Alonso tendrá que usar toda su astucia para vencer al clero en su cruzada moral y carnal contra la prostitución; tendrá que exhibir la máxima inteligencia y agudeza de ingenio para sacar a Cervantes de entre rejas, un Cervantes famoso tan solo por ‘La Galatea’. Y, sobre todo se verá inmerso en el proceso de ese personaje ambiguo, para unos hombre, para otros mujer, para otros “hermafrodita, mulata y esclava”, al que la Inquisición intenta mandar a la hoguera: Heleno de Céspedes o Elena de Céspedes, “un caso extravagante y único. Nos encontramos claramente en un asunto de trato con el maligno para transformación de la naturaleza”, tal como dice un personaje. ‘El abogado de Indias’, por otro lado, tiene un pie en Cartagena de Indias, donde vive y trabaja el padre de Alonso, ese hombre que dejó a su esposa doña Beatriz en una Sevilla tumultuosa de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII y que también se ve inmerso en algunos amoríos y en asuntos de esclavitud.

La historia está escrita con amenidad y avanza sobre la topografía de una ciudad compleja y un tanto babilónica, de rufianes, mercaderes, bellas mujeres y noches de taberna.

 

El abogado de Indias. Amós Milton. Almuzara. Sevilla, 2011. 356 páginas.

JUAN VILLORO, HOY EN CÁLAMO

 

JUAN VILLORO Y EL TERREMOTO DE CHILE, EN CÁLAMO

Esta tarde, a las 20.00 en la librería Cálamo, el escritor Juan Villoro presenta su último libro: ‘8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile’, editado por Candaya, donde narra “los siete minutos de vértigo en que se palpó el sabor de la muerte” en Chile el 27 de febrero de 2010. Es un libro muy coral, lleno de historias secundarias, de relatos inquietantes como ‘Ella duerme’ o históricos como la narración sobre Heinrich von Kleist en 1808, que también vivió un terremoto. El libro tiene esa bella y cuidada factura de los libros de Villoro, que desciende de Teruel. El libro lo presentará el poeta y narrador Manuel Vilas.

EL MONCAYO Y OLIFANTE CON CELAYA

X FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO

 

28 / 29 / 30  de  Julio de 2011

 

Novallas.  Litago.  Monasterio de Veruela.  Museo del Vino

 

Poesía Necesaria

 

Homenaje a Gabriel Celaya

 

Centenario de su nacimiento

 

 

Actuaciones especiales:

 

MIGUEL ÁNGEL BERNA

 

RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

 

 

 

POESÍA NECESARIA

 

 

En un mundo que cree imprescindible lo necesario y considera necesario lo superfluo, las palabras de Gabriel Celaya ondean como una bandera de paz, solidaridad y salvación: “Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día”. Alimentos, sí, también para el espíritu. Poesía cargada de valores para rehumanizarnos, para mejorar el mundo.

 

Trinidad Ruiz-Marcellán

 

 

 NOVALLAS

Jueves 28 de julio

19,00 h.

Ayuntamiento

Intervención del Alcalde Jesús Fernández

Lectura de Poetas de la A.A.E.

Miguel Ángel Yusta, Fernando Sarría, Fran Picón, Juli Micolau, Ricardo Fernández Moyano, Víctor Guíu,  Blanca Langa, Javier Arruga, Elena  Peralta, Agustín Blanco, Mª José Castejón,  Ana Mª Aznar Villabona, Venancio Rodríguez, Inés Ramón Campodónico y Graciela Giráldes Pérez

 

Actuación de Luigi Maráez y Âlime Hüma

 

 

LITAGO

Viernes 29 de Julio

18,00 h.

 

Calle

BookCrossing

Lecturas en las calles

Música de Alam

 

Iglesia

19,00 h. Inauguración

Intervención del Alcalde Pedro Herrero

 

20,00 h.

Lectura de Poéticas y textos

Intervención de: César Ibáñez, Victoria Puig, Jesús Ortiz Pejón, Mario Hinojosa, Rafael Lobarte, Miguel Ángel Longás, Luis Rafael Hernández, Itxaso Corrales, Sonia Serrabao,  Lucía Delbene, Lucía Camón, Daniel Morena, Antonio Molina, Gabi Moreno  y Daniela Bartolomé.

 

21,00 h

Plaza Tiro de Bola

Actuación de poesía Hip Hop

Actuación de Jordi Skywalker y la Compost Band

 

 

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

Museo del Vino

Sábado 30 de Julio

11,00 h.

 

Intervención del Presidente de la D. O. Campo de Borja, Gregorio García

Presentación de Poéticas y Poetas por Manuel Forega

Intervención de los poetas: Ángel Guinda, Antón Castro, Marifé Santiago Bolaños, Manuel Rico, Marguerite Bobey y Yoko Fukushima

 

Instalación: Yoko Fukushima (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

Sala Capitular. Claustro

18,00 h.

Presentación de Poéticas y Poemas

Poetas YIN.  Poetas aragonesas

Ana Alcaraz, Carmen Aliaga, Anais Pérez Layed, Amparo Sanz, Reyes Guillén, Clara Dávila, Lourdes Fajó, Luisa Miñana, Goya Gutiérrez, Pilar Martínez Barca, Inmaculada Marqueta y  Milagros Morales

 

Actuación de los músicos Irene GuillénJesús López

 

Performance de Marguerite Bobey (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

 

 

Iglesia

19,00 h.

Presentación: Reyes Guillén

 

Proyección de Koldo Mitxelena

 

AGURRA

Pilar Castro Blanco

Joseba Ibarra

 

Actuación de Angi Ruiz Forés y Ana Segura

 

Actuación de MIGUEL ÁNGEL BERNA. Danza.

 

Acción poética a cargo de las/os poetas participantes en el Festival con la colaboración de Ricardo Calero

 

 

Actuación de

 

RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

 

Dirección: Trinidad Ruiz Marcellán y Marcelo Reyes

 

Organiza: OLIFANTE EDICIONES DE POESÍA

 

Grabación DVD: David Francisco

Proyecciones y Exposición de Libros: Fundación Koldo Mitxelena de San Sebastián

Instalaciones y Performances

BookCrossing

 

Patrocina: Diputación Provincial de Zaragoza, Gobierno de Aragón, Ministerio de Cultura, Ayuntamiento de Litago y Fundación Koldo Mitxelena de San Sebastián

 

Colaboran: Casa del Poeta, Ayuntamiento de Novallas y D. O. Campo de Borja

BORRADORES, UNA NOCHE POÉTICA

[En las fotos: Carmen Ruiz Fleta, Marta Fuembuena, Perico Fernández, Mariano Anós y José Luis Romeo, y Fernando Beltrán.]

Mariano Anós y José Luis Romeo son dos de los invitados al programa ‘Borradores’, que emite un monográfico sobre poesía: el estado actual de la lírica, el momento que se vive en Aragón, autores y nuevas voces, y la relación entre poesía y fútbol. Anós y Romeo presentaban hace poco el espectáculo ‘Retrato’, de poesía y música, e interpretan tres poemas a lo largo de la emisión: ‘Retrospectivo existente’ de Miguel Labordeta, ‘Y si después de tantas palabras’ de César Vallejo y ‘Arte poética’ de Jorge Luis Borges.

Acuden al plató Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián para hablar de su poemario ‘Perico Fernández que estás en el cielo’ (Libros de la imperdible’), donde analizan el mundo pop que rodeó al campeón del mundo de los pesos superligeros de boxeo, las canciones, el mundo de los ‘zaraguayos’ y el Real Zaragoza, los últimos coletazos del franquismo, etc. Y otras dos poetas, Marta Fuembuena y Carmen Ruiz Fleta, hablan de sus últimos poemarios: ‘La excusa de los días’ (Comuniter: Col. Resurrección) y ‘Polaroids’ (Olifante), libros que coinciden en la exploración de la intimidad, el mundo familiar, el cuerpo, la identidad y el amor.

 

Además, Borradores ofrece un reportaje con Fernando Beltrán, que ha recogido su lírica en el volumen ‘Donde nadie me llama’ (Hiperión); a la par, Beltrán es uno de los grandes tituladores de empresas y proyectos del país con su empresa El Nombre de las Cosas, y también analiza ese parte de su trabajo, que tiene algo de prolongación de su condición de poeta. A él se le deben nombres como Opencor, Faunia, Amena, Suma de Letras o La Casa Encendida. El poeta Carlos Pardo se pasa a la narrativa y habla de su novela, ‘Vida de Pablo’ (Periférica), que cuenta la historia de un artista que se ve obligado a trabajar de camarero y compagina su nueva dedicación con otra pasión: la música. Por último, el aragonés Francisco J. Uriz, poeta y  Premio Nacional de Traducción en 1995, habla de sus investigaciones en torno a la poesía y el fútbol, que ha cristalizado en varios proyectos, entre ellos, la antología ‘Poesía a patadas’ (Vaso Roto), que se publicó en el sello Vaso Roto, donde ha seleccionado a poetas aragoneses, nacionales y extranjeros: Umberto Saba, Gerardo Diego, Nicanor Parra y Seamus Heaney, Blanca Varela, Günter Grass o Mario Benedetti, y entre ellos jóvenes aragoneses como David Mayor o Ignacio Escuín Borao.

05/07/2011 08:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAS CEREZAS DEL DESEO

 

POESÍA ERÓTICA EN LA ALMUNIA

 

La Almunia de Doña Godina tiene un nombre eufónico, evocador, casi de cuento. Y ahí, al calor del Club de Lectura y de un sinfín de iniciativas que incluyen el cine o la música, germinan los cuentos orales y la poesía erótica. El pasado viernes, una treintena de rapsodas, poetas y lectores, acompañados de Clara Salaverría al órgano, incendiaron la noche de amor y humor, de picardía e imaginación, de incitaciones y de anhelo, de caricias y de piel desnuda: esos son algunos de los elementos del erotismo. Se leyeron a poetas debutantes (del lugar, muchos de ellos), a poetas clásicos, desde Félix Samaniego, Carmen Conde, Pedro Salinas y Gonzalo Rojas a Alfonsina Storni; cuando sonó ‘Al oído’ de la escritora argentina que se arrojó al mar, aquel poema de besos en los ojos que cantaba Imanol Larzábal, la noche se descosió de emoción. Algunas rapsodas escribieron sus propios versos y se los dedicaron a sus amados, a su marido, con el que llevan 35 años, al novio que se ha ido con otra o a esas amigas casadas que arruinan cualquier intento de aventura. Algunos poetas, como Manuel Forega, jugaron con la rivalidad de Góngora y Quevedo. Otros, como Luisa Miñana, leyeron uno de sus textos y otro de Juan Ramón Jiménez, dedicado a una de las monjas aragonesas que cortejaba y desvestía cuando era un joven melancólico, salaz y modernista. Alguien dijo que aquella era una noche de flores de fuego. Una noche de amor que precede al sexo con amor. Al final, al clima de lujuria le sucedió otro clima de sensualidad: se sirvió exquisita repostería y las mejores frutas de la zona: paraguayos, albaricoques, melocotones, manzanas rojísimas, melones y sandías, uvas y cerezas. Las últimas cerezas del deseo.

[Este texto apareció ayer en ‘Cuentos de domingo’ de Heraldo de Aragón. La foto es de Michael G. Magin.]

MEMORIA DE LOS PRESOS DEL FRANQUISMO

Las mujeres de los cautivos de Franco

 

Irene Abad y Eva Abad presentaron en Zaragoza el documental ‘Fuimos mujeres de preso’, donde narran la vida, el miedo y la esperanza de trece compañeras de encarcelados políticos

 

Carmen Casas.

A veces parece que España hubiese cambiado del día a la mañana. Sin embargo, este es un país de humillados y ofendidos hasta hace cinco minutos o hace treinta y cinco años. Y eso lo prueba a la perfección el documental ‘Fuimos mujeres de preso’, un título que no teme a la obviedad. La idea nació de los trabajos y la tesis doctoral de Irene Buil Abad, que dirigió Alberto Sabio, y brotó de los conocimientos de cine de la joven realizadora Eva Abad y de Pablo García, que ha sido el hombre para todo: montador, responsable de fotografía... Este es un documental viajado y nada perezoso que cuenta la vida de trece mujeres que fueron las esposas, y muchas lo siguen siendo, de otros tantos presos políticos, algunos tan conocidos como el sindicalista Marcelino Camacho, o los comunistas Simón Sánchez Montero y Manuel Gil, entre otros.

Hemos dicho que es un documental viajado, como recordaba el pasado viernes Gracia Querejeta durante su presentación en la sede de la Delegación del Gobierno de Aragón, en un acto que organizaba la Fundación María Domínguez: los protagonistas y los directores de la película han estado en Barcelona, en Madrid, en Tarragona, en Burgos, en Canarias y, por supuesto, en la cárcel de Torrero, donde en el año 1969 ocurrió algo que parece de película: Esperanza Martínez y Manuel Gil se declararon apóstatas (de apostatar y apostasía: “Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo”) y se casaron por lo civil ese mismo año y recorrieron la ciudad en un tranvía.

Todo el equipo viajó con sus personajes por los lugares del doloroso recuerdo para componer una película emocionante que reflexiona sobre la memoria histórica, el coraje, la doble vida de aquellas mujeres que “llevaban comida” a sus maridos, que portaban también consuelo, esperanza y amor y, en algunos casos, periódicos como ‘Mundo Obrero’.

Lo hacían desde una evidente sensación de esquizofrenia: jamás lloraban aunque fuera lo que más deseasen en el mundo (no había que dar más motivos de burla al enemigo), a veces no sabían muy bien quién era la víctima, si las ellas o sus presos, tal como dice alguien, y además iban y venían con el miedo en el cuerpo. Tenían clara su misión: sabían que estaban en “un camino oscuro con una luz enfrente que decía que había que seguir adelante”. Y siguieron. Siguieron hasta la excarcelación.

Irene, Eva y Pablo ordenan el documental de manera cíclica con Carmen Casas como hilo conductor. Ella va a un colegio y explica a los jóvenes su peripecia. Entra, reaparece y cierra la pieza: así, como recordaba Gracia, los jóvenes que la oyen embelesados representan también a los espectadores    que hemos seguido el documental con idéntica perplejidad con la que ellos han oído a Carmen. Todos los protagonistas tienen su voz y cuentan sus historias. Es difícil saber cuál es más conmovedora: si la de Josefina, la mujer de Marcelino Camacho, que recordaba una y otra vez a los carceleros que su marido no era un asesino, y percibía como mucha gente la miraba mal, y otros le decían tan solo: “Dale recuerdos”. Apostilla Josefina: “No te decían más”. El pánico habitaba en el ambiente; pese a ello, su frutero a menudo en vez de ponerle diez lechugas le ponía trece.

Otra historia muy cercana es la de Rosalía Sánchez que, de pronto, descubre que su novio era comunista y ya no sabía si casarse o no. Su relato es emocionante porque se ayuda de una carta que le escribió a su preso o de un texto que podía ser un fragmento de sus memorias. Lo cierto es que todas las vidas son realmente conmovedoras: la de Lola González, la de Maruja Cazcarra, hermana del traductor y líder comunista (que se sobrepuso, como las demás, “a la injusticia, a la indignación y a la rabia”), Esperanza Martínez, Carmela Campos, Vicenta García, Carmen Rodríguez, Rosa Morales… En el fondo, estas mujeres, con su arrojo y su entereza, “mantuvieron las vidas de sus hombres”. Fueron las heroínas que reclamaron sin descanso la llegada de la democracia y un nuevo horizonte de libertad.

 

Fuimos mujeres de preso. Dirección: Irene Abad y Eva Abad. Montaje, fotografía y cámara: Pablo García. DGA: Amarga Memoria. Zaragoza, 2011. 58’.

04/07/2011 09:53 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA POESÍA DE RAFAEL LOBARTE

 

Rafael Lobarte busca la Grecia clásica

 

El poeta y traductor de Shelley y Keats publica ‘Los soles negros’, en la colección Papeles de Trasmoz de Olifante, un poemario de mitos y viajes, de amor y desamor, y de algunas despedidas emocionantes

 

 

Rafael Lobarte Fontecha nació en Zaragoza en 1959 y aquí trabaja en distintos campos de la cultura, más o menos clásica: como estudioso de la obra de autores como Dante, Virgilio, Camoes, Gracián o el narrador Homero; como traductor de dos poetas románticos como Percy B. Shelley o John Keats (en Olifante publicó en 2009 su ‘Antología poética. Odas, sonetos, otros poemas, La Víspera de Santa Inés’), y de Ezra Pound, el indú Vyasa o el vietnamita Nguyên Du, al que está traduciendo ahora; como apasionado por la obra del pintor renacentista Rafael Urbino. Le ha dedicado artículos a la poesía popular griega y a músicos contemporáneos como Elton John.

A la par, sin pausa y sin prisa, Rafael Lobarte redactaba una poesía muy personal, de acentos clásicos, de verso corto, una poesía serena que nacía de los viajes, del amor y del desamor (con su componente de juego), de la percepción del misterio, del diálogo con la historia y de algunas pérdidas.

En 1979, Lobarte había publicado el que hasta ahora era su único poemario: ‘Aprendiendo Soledad’. Y, en vísperas de la Feria del Libro, en la coqueta colección Papeles de Trasmoz de Olifante, aparecía ‘Los soles negros’, un título que hace pensar de inmediato en ‘Los heraldos negros’ de César Vallejo, pero que no tiene nada que ver con esa escritura del dolor, del desgarro de vivir. Lobarte es un poeta de la visión, de la imagen, del presentimiento, de la invocación y es un poeta del paisaje, pero en su obra siempre hay un diálogo con la Gracia clásica, con los mitos y sus héroes, con Apolo, con la fuerza del sol y el embrujo de la luna, con la claridad de los equinoccios.

También es un poeta de lo cotidiano y de esos instantes aparentemente triviales que se convierten en mágicos o especiales en la visión del poeta: la contemplación de una niña, un tanto desdeñosa, con trenzas: “Tú te burlas de mí / porque apenas comprendo / ese lago esmeralda / que vislumbro en tus ojos”; la vivencia de la atracción amorosa y sus gotas de erotismo: “Grácil muchacha / de la caña de azúcar / y los ritmos quebrados, / concédeme ese fruto / gozoso y espléndido”; la exaltación del cuerpo en uno de los mejores textos del libro ‘Soneto corporal’. Y hay también una épica suave de jinetes, de guerreros…: “Ya el aire desgarran las trompas sonoras, / ya enfilan el muro los ebrios jinetes”.

‘Los soles negros’ está dividido en tres partes: ‘Evocaciones’, donde el poeta viaja por Alejandría (evoca sin decirlo el espíritu de Constantino Kavafis), por el castillo de Elsinore, por Cartago, por Nueva York; ‘Febril antorcha’, que contiene una cuidada colección de sonetos y dos poemas de auténtico lujo expresivo como ‘Motivo lunar’, donde el poeta alude al “ya desatado/ e irrefrenable fluir de mi melancolía’, y ‘El velador’, que arranca así: “Cuando los negros soles se hundieron en las copas”, y luego parece proponer un viaje al viejo y nuevo Egipto desde una terraza de la verde noche. La tercera parte contiene, entre otras cosas, tres poemas emocionantes: uno dedicado a un sobrino de seis años, otro a un amigo que murió demasiado pronto y el ‘Soneto elegíaco’, destinado a su padre, en el que Rafael Lobarte se pone a mirar la fotografía de los días, las fotografías que resumen los recuerdos, los pequeños gestos, las imágenes inolvidables.

‘Los negros soles’ es un libro que busca el primor y lo encuentra. Es un libro breve de una vida dedicada a la poesía, tiene mucho que ver con el descubrimiento de la lentitud hecha palabra, viaje, imagen, música y ritmo, arrebato de amor a la belleza y a los seres. ‘Los negros soles’ se presenta esta tarde, a las 20.00, en el Teatro Principal en compañía de Luisa Miñana.

 

[Los negros soles. Rafael Lobarte Fontecha. Ediciones Olifante: Papeles de Trasmoz / La Casa del Poeta. Zaragoza, 2011.76 páginas. Esta foto es de Benjamin Kanarek.]

03/07/2011 18:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HEMINGWAY ENTRE NOSOTROS

Hemingway en Zaragoza. Archivo de Rafael Castillejo / ABC.

 

Ayer se cumplía medio de la muerte del Premio Nobel que estuvo en el frente de Belchite, de Teruel y del Ebro, y que frecuentó en la posguerra el coso de la Misericordia

 

Ernest Hemingway (Oak Park, Illinois, 1899-Ketchum, Idaho, 1962) fue un vitalista enardecido. O un hiperactivo de la escritura. Todo le apasionaba: tocar el violoncelo, practicar la caza, enseñar a boxear a sus amigos, romperse la cara a mamporros con ellos y luego ejercer de maestro de pugilismo de Ezra Pound. Le gustaba cazar en África, pescar en cualquier sitio de Estados Unidos o de Cuba, enamorarse y, muy especialmente, contemplar las corridas de toros o la gran fiesta de los sanfermines. Le apasionaban la violencia, el fulgor de la sangre y la dimensión artística y heroica de los matadores, y a ese universo le dedicó muchas páginas. Ahí están libros como ‘Fiesta’, ‘Muerte en la tarde’ o ‘Verano sangriento’, donde noveló la rivalidad entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín.

Fue cronista de la Primera Guerra Mundial, en la que participó como soldado y conductor de ambulancias a partir de 1917. De la I Guerra Mundial derivaría una buena parte de su leyenda: fue herido, amó a la enfermera Agnes von Kurowsky, que le salvaría la vida, y luego recorrió las universidades de su país recreando los peligros y su osadía, ayudado de una ostentosa muleta, y no solo eso: reflexionó sobre la contienda en ‘Adiós a las armas’ (1929), una de sus grandes novelas. Vivió en Valencia en los años veinte, estuvo en Madrid en multitud de ocasiones –convirtió los hoteles Florida y Suecia en su despacho, y Chicote en su restaurante predilecto-, y en la Guerra Civil española estuvo como corresponsal para el ‘Toronto Star’ y para la agencia Newspaper Alliance.

A la par que redactaba guiones para documentales, vivió momentos muy particulares. Siguió a la XV Brigada y al Batallón Lincoln, y se inspiró en su líder Robert Merriman para escribir ‘¿Por quién doblan las campanas?’ (1940), protagonizada por el idealista Robert Jordan. Estuvo en Belchite en los momentos de mayor intensidad, y poco después acudió, entre el 19 y el 23 de diciembre de 1937, a la toma de Teruel por los republicanos en medio del frío y de un gran entusiasmo. Hemingway recordó como la gente salía a la calle y le daba chorizo, jamón y pan para celebrarlo.

De ello también dejó constancia su gran amigo Robert Capa, que le retrató entonces, aunque acabarían distanciándose al parecer porque el reportero húngaro le habría captado en una actitud que consideró poco decorosa. En abril de 1938, Hemingway estuvo en el frente del Ebro y poco después se entrevistaría con Enrique Líster.

Lister y Hemingway en el frente del Ebro en 1938.

Ramón José Sender lo recuerda en sus memorias: ‘Álbum de radiografías secretas’ (existe una reedición reciente en Tropo Editores): “Yo no hice buenas migas con Hemingway tal vez porque no tomaba, como él, la literatura por el lado deportivo, ni crematístico. Pero no nos entendamos mal. El defecto suyo era inocente. Hemingway era un niño grande -muy grande en su estatura- y vivió como tal. Incluso su suicidio era o parecía ser parte de un juego de policías y ladrones”. Lo califica de “verdadero aventurero” y de “adolescente romántico”, y agrega que “como narrador consiguió Hemingway aciertos difíciles de superar”. Y desliza una observación arriesgada: “Hemingway no conoció España”, y señala que vio el país desde “el sensacionalismo truculento con solo dos dimensiones: longitud y latitud. Le faltaban las otras dos: profundidad y sentido de lo temporal, que lleva implícito el sentido de la eternidad, como la luz lleva implícita la sombra, la belleza, la fealdad, y el idilio –el amor- alguna amenaza de potencial odio”. Durante la Segunda Mundial, Hemingway contaría el desembarco de Normandía en 1944.

A pesar del triunfo de Franco, que nunca fue de su agrado, Hemingway normalizó su retorno a España, atraído por la tauromaquia, sobre todo, y por Pamplona. Separado de su tercera esposa, la reportera Martha Gelhorn (se dijo que el escritor había padecido la pelusilla de los celos profesionales), volvió a España con su cuarta mujer: Mary Welsh. Con ella la fotografiaron en el coso taurino Miguel Marín Chivite, Gerardo Sancho (sus retratos están ahora en el Archivo Municipal), o Luis Mompel, que también captó a Ava Gardner, en una de sus fotos para la historia. Hemigway le dijo a Sender que había tenido todas las mujeres que había querido, y entre ellas incluía a Marlene Dietrich y quizá a la propia Ava Gardner, con quien tuvo siempre una gran complicidad. Existe una fotografía en la que Hemingway, que solía pernoctar en el Gran Hotel, posa en Zaragoza con Joaquín Aranda y José Luis Borau, entre otros. En los últimos años de su vida, perdió la cabeza por la joven Adriana Ivanovich, a la que le dedicó otro libro: ‘Al otro lado del río y entre los árboles’ (1950), donde la transformó en Renata.

Hemingway vino a España hasta los últimos años de su vida, cuando se sentía acosado por la enfermedad y por los esbirros de Hoover. Alternaba su residencia entre Idaho y Finca Vigía, en Cuba: a veces, escribía y escribía en las paredes del baño y en rollos de papel higiénico. En 1954 le habían dado el Premio Nobel; ‘El viejo y el mar’ (1952) fue el libro determinante para obtener el galardón. Tal día como ayer, hace ahora medio siglo, decidió poner fin a su existencia con un arma de fuego. El cazador se cazaba a sí mismo, como si quisiera desmentir su mejor adagio: “Un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado”.

La semana que viene comienzan los sanfermines: a él se lo deben casi todo. O muchas cosas. Y la literatura a Hemingway le debe, ante todo, la evocación de sus años en París con ‘la generación perdida’ en ‘París era una fiesta’, la exaltación de la idea del escritor que contagia vitalidad y bohemia, un puñado de libros, y le debe muy especialmente algunos cuentos extraordinarios de la vida, de la guerra, del amor y de la muerte.

'SOBREVIVIR EN COMALA': UN DIÁLOGO CON ROSA PETULIA MARTÍNEZ

 

De cómo Gregorio Morel desapareció en París

 

 

[Rosa Petulia Martínez, una escritora navarra afincada en Zaragoza desde los cinco años, publica ‘Sobrevivir en Comala’ (Baile del Sol), donde rinde homenaje a Rulfo, Roberto Bolaño, Vila-Matas y Arthur Conan Doyle

 

 

¿Cómo se fue fraguando ‘Sobrevivir en Comala’ (Baile del Sol. Tenerife, 2011), cuál fue la idea de partida?

Desde que era niña me impresionó de forma muy viva una historia de mi familia de la que tengo varias versiones. Es la historia “semi-real” de mi bisabuelo que fue acusado de asesinar a un compañero suyo cuando trabajaban en una mina de Asturias. Parece ser que el asesino pudo haber sido su propio hermano aunque lo más probable es que fuera un accidente de los muchos que sucedían en las minas franquistas por falta de seguridad, y exceso de horas de trabajo. Entre los años 40 y 50 se estima que murieron más de 1500 mineros.

Esa historia también aparece en el libro en varios retrocesos al pasado.

Sí. Mi bisabuelo se volvió loco debido a que había sido siempre un escrupuloso cumplidor de la ley –humana y divina- y no pudo soportar que lo acusaran de un crimen que, realmente, él no cometió.

¿Qué ocurrió luego?

Cuando lo exculparon poco después y salió de la cárcel regresó a casa un tiempo –a una aldea cercana a Ribadavia de donde procedía- pero ya completamente extraviado. Su locura le hacía irse de un pueblo a otro y regresar cada tanto tiempo con una nueva identidad; cada año volvía a casa con una identidad diferente y así hasta que un día ya no regresó más. Luego encontraron su cuerpo y hoy sus cenizas están en el cementerio de Ribadavia que aparece también en la novela por la terrible inscripción que aparece en su puerta de entrada: “Sed justos o temblad”.

El relato en sí mismo es ya toda una novela o encarna una idea de lo literario.

Esta historia es especialmente representativa para mí de lo que es la literatura ya que es una historia que yo no he vivido, que me han contado, y de la que tengo varias versiones como si realmente fuera desde el inicio una historia de ficción. ‘Sobrevivir a Comala’ comienza precisamente con un “A mí me contaron” para dejar claro lo que es para mí la literatura: algo muy cercano a la Literatura oral, a la fuente de la Literatura.

Como para Juan Rulfo, que realiza una gran elaboración del lenguaje literario a partir del lenguaje oral

Creo que para Rulfo, el gran homenajeado en la novela desde el título, la literatura es también eso, algo sencillo, que nace en las aldeas, en los rumores nocturnos de las gentes humildes, en sus historias que les hacen inmortales aún en su anonimia. Desde mi punto de vista la experiencia del escritor debe ser un viaje en busca a su propia Comala, ese lugar no habitado por seres reales sino por rumores, ecos, risas, experiencias vividas que conforman el imaginario del escritor. Una vez encontrado ese lugar hay que aprender que ya no se puede escapar de ahí y por eso la novela habla de Sobrevivir a Comala porque una vez en Comala –en la Comala particular de cada escritor: aquí París- el problema es que, como ocurre en la novela Pedro Páramo, una vez allí, pasamos a ser fantasmas como aquellos que pueblan nuestro mundo de ficción que es lo que hace decir a Juan Preciado, protagonista de Pedro Páramo “Vine a Comala porque me dijeron…”

Su novela habla de una desaparición: la del poeta Gregorio Morel, que escribe una novela secreta: ‘Sobrevivir a Comala’.

El escritor siempre está expuesto al riesgo de desaparecer completamente en su afán por ser un verdadero escritor. Decía Maurice Blanchot que uno puede escribir sin preguntarse por qué escribe o qué es ser escritor pero que si se quiere llegar hasta el final en la experiencia literaria hay que hacerse esta pregunta. ‘Sobrevivir a Comala’ es mi respuesta a esta pregunta. Surge por lo tanto como experiencia, como reflexión y como obra unida a la reflexión sobre la literatura.

 

¿Cómo le ha marcado Maurice Blanchot? También es un escritor muy literario. Pienso en 'Thomas el Oscuro'.

La novela surgió a partir de mi propia búsqueda literaria acentuada en los últimos años por la elaboración de mi tesis doctoral que analizaba el difícil y oscuro pensamiento de Maurice Blanchot. Una de las cosas que aprendí de esta larga aventura con el teórico literario y pensador francés es que hay otra forma de racionalidad que la cartesiana, lo que Blanchot expresa con su famoso “Pienso, luego no existo” que aparece precisamente en la novela ‘Thomas el Oscuro’. Por eso a Blanchot, y eso es lo que más me ha enseñado, le interesan los personajes marginados y marginales, malditos si se quiere y, en cualquier caso, obligados por la Ley a guardar silencio o a desaparecer: Sade, Hölderlin, Kafka, Artaud, Lowry La Ley puede ser la propia razón, como en el caso de Hölderlin o de Artaud; puede ser el alcohol o las drogas como en los casos respectivamente de Lowry o de Michaux; puede ser la ley de la comunidad ético-política como en el caso de Sade pero, en cualquier caso, el escritor siempre está fuera de la Ley y la experiencia del escritor se convierte así en una experiencia-límite, que es una experiencia de esas de las que a veces uno no puede regresar para contarla…

 

3. Me ha llamado la atención el estilo: literario, referencial, a veces barroco... ¿Cómo lo define usted? 

 Es literario y, sí, a veces quizás peco de exceso de referencias literarias pero es que la novela, al ser en cierto modo un homenaje a la Literatura, me llevó a ello. En el fondo de todo lo que escribo está la poesía. Creo que la poesía es la brizna inicial que hace arder una historia, su enigma, su sentido oculto y creo que ella está muy presente en mi estilo. 

 

El libro tiene muchas reflexiones sobre el arte de escribir, la obsesión de la escritura, la suplantación de personalidad, el plagio.

En esta novela aparecen, de hecho, mis dos obsesiones: la escritura y la locura. También está el tema del doble, del desdoblamiento de personalidad. A mí me fascina el William Wilson del relato homónimo de Poe.

Los personajes parecen desdoblarse entre: los jóvenes escritores Roberto Marcos y Xavier Reixach que rastrean al desaparecido Gregorio Morel…

Sin adelantar nada de la trama final de la novela, algo de eso ocurre en un momento dado con el personaje de Roberto Marcos, en principio un personaje secundario, pero que se irá desvelando como la clave de toda la narración. Por último, el tema del plagio hace referencia también a una idea muy postmoderna: la de que ya no hay un escritor sino que la escritura es un texto anónimo y comunitario de manera que los nuevos escritores se limitan o bien a anotar o a escribir en forma de Palimpsesto lo ya escrito o a plagiar directamente lo que han escrito otros.

Bueno, eso pudo ocurrir en la realidad, y lo cuenta en la novela, con Arthur Conan Doyle y Fletcher…

Se trata de una hipótesis de algunos biógrafos según la cual El Perro de Baskerville fue creación de un amigo de Conan Doyle: Bretram Fletcher. Para que no se descubriera el plagio la leyenda dice que Conan Doyle envenenó a su amigo con láudano y, jugando un poco más con la idea de la suplantación de la personalidad de su amigo, poco después se casaría con su mujer. Esta historia la contará Roberto Marcos a Xavier Reixach, que investiga con él la desaparición de Gregorio Morel, como una pista que debería conducirle a descifrar la verdad oculta tras dicha desaparición.

 

Sobrevivir en Comala. Rosa Petulia Martínez. Baile del Sol: Serie Negra. Tenerife, 2011. 208 páginas.]

 

02/07/2011 18:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.


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