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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Escritores.

FERIA DEL LIBRO DE TARAZONA

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Un total de 43 autores, doce casetas de editoriales, librerías de la ciudad e instituciones y una treintena de actividades componen la programación de la V Feria del Libro de Tarazona organizada por el Ayuntamiento y que se celebrará los días 9, 10 y 11 de noviembre en el Recinto Ferial.

 

La concejala de Cultura Waldesca Navarro y los coordinadores de la feria José Luis Corral y Manuel Martínez Forega han presentado hoy los detalles de la programación llena de presentaciones, firmas de libros, mesas redondas, encuentros literarios, actividades y talleres infantiles y cuentacuentos.

 

En esta edición, el periodista y escritor Antonio Pérez Henares más conocido como Chani será el encargado de inaugurar la feria pronunciando el pregón en un acto que tendrá lugar el viernes a las 18.30 horas.

 

Nuestro objetivo con esta feria es acercar las letras y la lectura al público y apoyar al sector y al talento creativo, contribuyendo además a hacer ciudad e intentando que se convierta en un fin de semana lleno de actividad para el sector servicios”, ha apuntado la concejala, que ha agradecido también la colaboración de los libreros de la ciudad.

 

Navarro ha destacado “la apuesta que venimos haciendo un año más por este evento que se ha convertido en un referente cultural con un programa de calidad que incluye la participación de numerosos escritores de primera línea”, entre los que destacan Isabel San Sebastián, José Calvo Poyato, Isabel Abenia, Luis Alberto de Cuenca, Francisco Ferrer Lerín o Javier Lostalé, junto con autores locales y escritores jóvenes, a los que se vuelve a apoyar en esta nueva edición.

 

En este sentido, cabe destacar la presencia de los autores locales Alejandro Puche y Jorge Martínez que presentarán el sábado a las 20.30 horas “Dos poetas en el Moncayo”.

 

La feria vuelve a ser un año más escenario de presentaciones en primicia como “La mañana descalza” de Inés de Ramón e Irene Vallejo, y “León Felipe: de la soledad española al definitivo exilio mejicano: 1884-1938” de Manuel Martínez Forega que tendrán lugar el sábado a las 18.00 y a las 20.00 horas respectivamente.

 

Durante la presentación, Corral ha animado “a los turiasonenses asumir como propia esta feria que tiene que ser de todos y para todos, convirtiéndose en un referente cultural”. 

 

Por su parte, Forega ha incidido en la calidad del programa y ha puesto de manifiesto los temas a tratar en las mesas redondas como la del viernes sobre periodismo y literatura y la del sábado sobre la aportación de los “Novísimos” y de la “Generación del lenguaje” a la poesía de fin de siglo.

 

La feria abrirá el viernes en horario de 18.00 a 21.00 horas, el sábado de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas, y el domingo de 11.00 a 14.00 horas.


*Nota de la organización. En la imagen Manuel Martínez Forega, uno de los organizadores con José Luis Corral.

 

06/11/2018 17:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA PARA ÁNGEL GUINDA

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RETRATO CON PLACER Y LUTO

 

Antón CASTRO

 

Ángel de la luz y de la tiniebla.

Ángel negro, ahijado de Baudelaire y de Ungaretti.

Ángel exiliado en el centro de la soledad,

te recuerdo hecho verso de amor y desesperación:

pasarían los aviones, en medio de la guerra y la angustia,

y seguirías queriendo, te abrirías en canal

para ofrecer estancias a los desesperados, a los vencidos,

a los esclavos del crimen, de la intemperie y del poema.

Te recuerdo como eras, sí: cristal oscuro contra el cielo

en la voz del juglar Luis Felipe Alegre,

al que le habías dado tus últimos borradores

y aquel verso casi procaz que tanto te divertía:

imprímanse, por favor, en vaginas y no en páginas. Diosas jóvenes.

 

Más tarde, te vi, tenaz y enigmático, en un restaurante de pobres,

el Benjamín, donde te hacías el interesante

o te sentías el centro de la fiesta mucho antes de que empezases

a beber como un leñador soviético o un andariego sin destino.

La embriaguez era el estado ideal para capturar metáforas.

Luego, cuando ya eras el profeta de la noche y de las rebeldías,

volví a verte entre la multitud de los rapsodas sin verso propio.

Te pedían, Ángel, condúcenos, llévanos de la mano,

enciéndenos ese latido turbio de tu corazón,

haznos sentir esparto, dentellada, tormenta en los Monegros.

Y un día, habitado de nuevo por el amor,

viniste a mi casa. Hablaste por los codos. De todo: de Salinas,

de Lorca, de Quasimodo, de Cecco Angiolieri, de la noche entera,

de tu alma líquida y abisal, a punto de hundirse en un pozo.

Recuerdo la escena: aquel nuevo amor, aquel suave amor

(tus amores son, esencialmente, uno: el amor volcánico que exiges

y das hasta el temblor de las ideas, la locura y la sinrazón del deseo)

te cogió, te besó, te abrazó y te sacó a los jardines del Edén.

Recuerdo tus ojos de náufrago. Recuerdo tu voz resquebrajada

de terrores y de llanto sin lágrimas. Te ibas lejos.

Te ibas un poco más allá de casa para recuperar lo mejor

de ti mismo: lo que siempre has sido. Un ángel incierto.

Una criatura de bondad irreductible. Pasión de ortigas.

Un relámpago de luz, de sensibilidad y de emoción rabiosa.

El amanuense que ansía hospitales de reposo para su lírica

o catedrales de humo y de piedras tan antiguas como un jadeo.

 

Eras otro y tú mismo. Eras un profeta de silencio.

Un traductor de escarchas con una lengua de puñales en las sienes.

Eras el pensador brillante que ibas a pescar el sol en la noche.

Eras lo que eres cada vez más: un poeta astral. O espectral.

Un fugitivo de las sombras, el niño asombrado que una y mil veces

vuelve a la casa del padre para hallar el tesoro perdido:

aquel rostro de la madre muerta que te llamaba con su voz

de ultratumba, aquel crepitar de la lumbre donde la poesía

se hacía santuario, refugio, tálamo, espejo, corredor de extravíos,

oleaje decisivo, intimidad del grito inaudible.

 

Ángel Manuel Guinda Casales, no despilfarres el don esencial:

en ti la vida se vuelve lascivia, lucidez, alegría, flor de inmortalidad.

En ti la vida es cierzo, melancolía, violencia del sentir.

No te resistas a ser ángel, o Ángel, esclavo del placer y del luto.

 

 

Garrapinillos, 27-28 de diciembre de 2017.

 

*El retrato de Ángel Guinda es de Enrique Cidoncha...


02/11/2018 10:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON IGNACIO PEYRÓ

Otra entrevista de la contraportada, con grabación de vídeo incluida, con Ignacio Peyró, con motivo de la publicación de su libro 'Comimos y bebimos' en Libros del Asteroide.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/10/25/ignacio-peyro-no-gusta-cocina-que-mete-medio-conversacion-1273764-1361024.html

02/11/2018 09:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCOS GIRALT TORRENTE: UN DIÁLOGO

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Hoy, en la contraportada de Heraldo de Aragón, publico esta entrevista con Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968), que acaba de publicar ’Mudar de piel’, en Anagrama. Nueve cuentos de trasfondo familiar.

 

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/2018/11/02/marcos-giralt-torrente-soy-hijo-unico-creo-que-mirado-vida-desde-balcon-1275263-2261126.html

02/11/2018 08:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORGE CORTÉS: UN CUENTO INÉDITO

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EL PARQUE

 

Un cuento inédito del escritor Jorge Cortés

 

 

          Zaragoza, Febrero, 1.964

                    Le decíamos Jefe, sin artículo. Era un señor de muy poco pelo, de estatura mediana tirando a bajito y que siempre llevaba los mismos pantalones, unos pantalones azules, desgastados y con manchas de grasa en las perneras.

                    Jefe vigilaba el tiempo y no nos dejaba salir del contorno de la arboleda; nos prohibía circular por el carril de la avenida de San Sebastián y que ni se nos ocurriera traspasar el seto que separaba del paseo de Renovales el camino terroso y bacheado por donde debíamos movernos. Si era media hora, no podíamos excedernos ni un minuto y si era una hora, bueno, si era para una hora entonces sí, entonces toleraba alguna demora. Algunas tardes le acompañaba su esposa, una mujer que entretenía las horas con labores de punto y que controlaba nuestro tiempo de alquiler, haciendo la vista gorda y permitiéndonos unas pedaladas de más, mientras su marido se sumergía en el cuidado de aquellas bicicletas que mimaba como a los hijos que no tuvo.

                    Jefe me enseñó aquella tarde de pirola. Una tarde que tocaba clase de Formación del Espíritu Nacional, y quien cuidaba de la asignatura (me niego a recordarlo como profesor y menos como maestro), era un energúmeno que contaba pormenores de la guerra civil, una guerra en la que no participó, pero que detallaba como si hubiese estado en cada frente de batalla. Aquel hombre con sus gafas ahumadas y delgadez de mala uva, tras enardecerse con el manual de Ediciones Doncel, cuyos párrafos leía muy mal, nos hacía subir por orden alfabético a la tarima mientras él permanecía sentado en su mesa y desde allí nos preguntaba. Si la contestación le parecía bien, te mandaba al pupitre y si sucedía lo contrario correspondía un fuerte palmetazo en cada mano, tres si te quejabas, además de abochornarte con sus comentarios ante el resto de compañeros, que siempre observaban, observábamos, en un silencio que contagiaba el miedo. Ya había pasado varias veces por ese trance y el alfabeto ordenaba que me tocaba subir a la tarima, y decidí no ir; mi madre me firmó una nota inventando unas décimas de fiebre y ese papel justificó mi inasistencia.

                    Y me fui al Parque. Jefe, como si fuera cosecha propia, y en buena parte lo era, me animaba. Nunca se te olvidará chaval, nunca se te olvidará. Y desde luego que no me olvidé, tampoco del batacazo.

                    Venga, no tengas miedo y no mires al suelo; de frente, siempre mira al frente. Y así comencé a balancearme, y con los pedales fui enderezando el rumbo, tomando impulso con el izquierdo y siguiendo con el pie derecho, una vez y otra, y otra más. Me trastabillé un poco, un poco más y me caí. La bicicleta me golpeó en la pierna y el roce con la tierra me ensució el jersey, arañándome la mano derecha. Me levanté, volví al sillín y Jefe me lo sujetó. Reinicié el pedaleo y me sentía tranquilo porque estaba convencido de que Jefe, corriendo y sujetando el sillín, aseguraba mi equilibrio. Ya era mía la bicicleta, grité y me volví hacia él. Pero él se había quedado frente al ferial permanente que había al otro lado del paseo, donde años después se construiría una clínica. De la impresión volví a caerme, aunque no me hice daño. Ya sabía, ya sabía montar. Jefe quedó junto a las bicicletas, allá al fondo, quieto y con la mano levantada, saludándome.

                    Por fin di la vuelta a la arboleda. Me incliné un poco para tomar la curva frente al Polideportivo Salduba, enfilé despacio la recta llena de socavones, que dejaba a la izquierda la selva donde dos veranos atrás enterré un cofre con cromos, postales y unas cuartillas con mis ideas tras mi primer pecado contra el sexto mandamiento, un cofre que alguien desenterraría cuando años después arrancaran aquella frondosa maleza, hermosa, matizada de arbustos, matorral alto y de pequeños chopos y acacias, todo devorado para reinstalar el insípido y mal empleado Quiosco de la Música cuando lo trasladaron desde la plaza de Los Sitios, aquellos años nombrada como plaza de José Antonio, y donde sí alegraba su presencia.

                    Incluso me atreví con la pequeña rampa que quedaba a la derecha, cerca del asfaltado que flanquea la avenida de San Sebastián. Y en ese talud hasta serpenteé, me recreé con la palanca del freno, dirigía a placer el manillar y me parecía que los radios seguían al dedillo mis intenciones. Ahí y en ese momento fui consciente de dominar la bicicleta. La bicicleta carecía de faro y de piloto trasero, su esqueleto denotaba el frecuente uso y su manillar correspondía a lo que llamábamos bicicleta de paseo. No me importaba porque para mí era un descubrimiento, un descubrimiento que suponía una gozada, una explosión de entusiasmo como nunca antes había disfrutado.

                    Me adentré entre los pinos y sus agujas, que al alfombrarse mullían un suelo limpio, con alguna briznas de matorral. Me paseé entre ellos, reduciendo la velocidad y con la precaución de esquivar sus troncos. Regresé al camino y a la altura del quiosco del belga, a quien mis padres lo nombraban como el quiosco del nazi, apareció el pastor alemán. Aquel perro que obligaba a todos los niños a esquivar esa parte del camino y del pinar. Un perro que me ladró cuando crucé entre las mesas de la terraza, vacía aquella tarde, vacía como toda la arboleda. Realmente era el único que había alquilado una bicicleta y el único que paseaba por allí. Y, seguro de mí, al perro no le tuve ningún temor. Estiré hacia él la pierna izquierda, una y más veces, retándole, y se retiró, se retiró con un algún ladrido, pero se retiró. Y Jefe esperaba al final.

                    Qué chaval, ¿ya te has espabilado?, me gritó. Y el perro lobo quedó confinado en el límite del quiosco, junto a una de las mesas de tijera. A Jefe no le gustaba ese perro y mucho menos su amo. Una tarde que todavía iba en bicicleta de cuatro ruedas, le oí advertir al señor belga, un hombre rubio y de bastante envergadura, que como su perro se llegase hasta su puesto y asustase a algún crío, no volvería a verlo con vida.

                    Jefe era de hablar rápido y nunca lo recuerdo ocioso. Siempre hinchando ruedas, asegurándose de los cambios de velocidad, revisando llantas y palomillas, engrasando piñones y cadenas, limpiándolas con detalle, con ese puntillo con que se hacen las cosas que gusta hacer. Cuidaba de unas treinta bicicletas, la mitad llevaban barra y las utilizábamos los chicos, las demás carecían de ella y en ellas montaban las chicas. Además, disponía de una docena con el manillar que utilizaban los ciclistas de competición, que las llamábamos bicicletas de carreras, las que más gustaban a todos, aunque esa tarde todavía no las había estrenado. Bien chaval, te has portado como hay que portarse. Y tras aquellas palabras, sacudiéndome la ropa, regresé exultante a casa.

 

*El escritor Jorge Cortés me ha enviado, a petición mía, este relato inédito.

La foto la tomo de la red. Es de Carlos Carreter.

27/10/2018 13:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA MADRE EN LA LITERATURA. UNA VISIÓN

Federico García Lorca, en su ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, aludía a “las madres terribles”; en sus obras dramáticas especialmente retrató a madres de gran fortaleza y en algunos casos despóticas: ahí están la madre de ‘Bodas de sangre’, que encarnó Luisa Gavasa en ‘La novia’ de Paula Ortiz, y la intransigente Bernarda Alba del drama. Para otros escritores también hubo madres terribles: el escritor francés Michel Houllebecq dijo de la suya que era una “histérica y vieja fulana” y siempre tuvo con ella una relación de odio, algo que también le sucedió a Marguerite Duras, como se ve en ‘El amante’; solía ofrecerla a hombres mayores sin contemplación alguna.

Truman Capote también sintió buenas vibraciones hacia la mujer que le dio la vida. No es lo habitual. Y, sin duda, hay mucho donde elegir: Máximo Gorki le dedicó páginas llenas de ternura y de complejidad a la suya en ‘La madre’, una mujer revolucionaria y atrevida; John Kennedy Toole, que se suicidó tras pasear su manuscrito de ‘La conjura de los necios’ por un sinfín de editoriales, logró la fama y el éxito póstumo gracias a la terquedad de la suya; siempre creyó en su talento y logró que le publicasen la novela. Jorge Luis Borges tuvo una relación de dependencia constante y misteriosa hacia su madre: vivió muchos años con ella y fue su protectora y su mejor compañía, incluso en los tiempos en que se enamoraba de María Esther Vázquez, Estela Canto, o cuando intentó sacar adelante su matrimonio con Elsa Astete.

El solitario Marcel Proust, que vivía a oscuras y escribía en el lecho en sus cuadernos alargados, siempre veneró a su madre; el dibujante Tulio Pericoli le hizo un retrato que no deja lugar a dudas. El refinado Marcel le daba la mano a una figura que le ampara que no es otra que su madre.

El escritor norteamericano Richard Ford narra en ‘Mi madre’ que enviudó pronto y que una noche, cuando tenía 17 años, fue a buscarlo a casa de su amante y truncó la relación para siempre; con todo, explicó que la redacción de ese texto era “un acto de amor” y dijo: “Los padres nos conectan -por encerrados que estemos en nuestra vida- con algo que nosotros no somos pero ellos sí; una ajenidad, tal vez un misterio, que hace que, aun juntos, estemos solos”. 

Famosos escritores dieron muestras de su máxima ternura, humana y literaria, en la exaltación y recuerdo de su madre. Un caso ejemplar fue el controvertido Georges Simenon: asistió a la suya en su agonía, durante una larga semana en 1970, y le dedicó uno de sus mejores libros: ‘Carta a mi madre’. Peter Handke, que viajó por Aragón, firmó el libro ‘Desgracia impeorable’, donde recuerda, entre otros asuntos, que su madre se suicidó, pero antes le mandó una carta a su esposa donde le decía: “No lo comprenderías, pero no puedo pensar en seguir viviendo”. También se suicidó la madre del gran autor israelí Amos Oz. Albert Cohen, reconocido por ‘Bella del señor’, es autor de un breve e intenso ‘Libro de mi madre’, para algunos el mejor de los suyos. Allí se puede leer: “Alabadas seáis, madres de todos los países (…) Os saludo, madres llenas de gracia, santas centinelas, valor y bondad, calor y mirada de amor”. Gustavo Martín Garzo es autor de 50 retratos de mujer en ‘Todas las madres del mundo’. Escribe con ironía: “Algunas madres de comportaban como las actrices de la época dorada de Hollywood. Estaban convencidas de haber venido al mundo para ser adoradas”.

Algunas mujeres escritoras han contado historias bastante trágicas. Isabel Allende le dedicó una novela a su hija, titulada ‘Paula’, una narración del duelo. James Ellroy jamás ha podido desembarazarse de un hecho espantoso: su madre fue asesinada cuando él tenía diez años. Y Delphine de Vigan cuenta en ‘Nada se opone a la noche’ el suicidio de su madre. En cambio, Virginia Woolf siempre se sintió muy cercana a la hermosa Julia Jackson. Varios autores aragoneses han escrito en abundancia de su madre: Sender, Ángela Labordeta, que firmó el libro de relatos ‘El novio de mi madre’, Cristina Grande, Manuel Vilas (que le dedicó un poema impresionante), Rodolfo Notivol y, entre otros, Soledad Puértolas, en su libro ‘Con mi madre’, que cerraba así su homenaje a su Ana María Villanueva: “Le agradezco ahora a mi madre todas sus cartas, sus cartas casi diarias. Supongo que le dieron a su vida un significado. A mí me dieron mucha felicidad”.

 

22/10/2018 09:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CHARLA EN EL PARANINFO EN EL 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

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HOY, EN EL PARANINFO, HABLO DE 'ZARAGOZA Y LA LITERATURA'
Esta tarde, lunes 22 de octubre, a las 19.30, dentro del ciclo ‘Zaragoza en el corazón’, que me resulta tan enternecedor (uno de mis libros más queridos fue ‘Galicia no corazón’ de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao), que coordina y dirige José Luis Melero Rivas, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, Medalla de Santa Isabel de la Diputación de Zaragoza e Hijo Predilecto de Zaragoza, pronunciaré una conferencia sobre ‘Zaragoza y la literatura’, donde repasaré algunas porciones y algunos detalles de la obra de autores como Benjamín Jarnés, Ramón José Sender, Jesús Moncada, José Antonio Labordeta, Ana María Navales, Manuel Derqui, Soledad Puértolas, Ángeles de Irisarri, José María Conget, Ignacio Martínez de Pisón, José Giménez Corbatón, Cristina Grande, Fernando Sanmartín, Félix Teira, María Frisa, Sergio del Molino, Ana Alcolea, Ángela Labordeta, Patricia Esteban Erlés, José Luis Rodríguez, Javier Delgado, Rodolfo Notivol, Julio José Ordovás, Féñix Romeo, Eva Puyó, Miguel Serrano, Ángel Gracia o Ismael Grasa, entre otros.
Por supuesto que estáis invitados.

*Una obra de Ángel Aransay, 1976. 

El programa completo:
https://cultura.unizar.es/actividades/zaragoza-en-el-corazon

DIÁLOGO CON JULIO ESPINOSA, DIRECTOR DEL ESTUDIO DE ESCRITURA

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Julio Espinosa es un poeta y narrador chileno, afincado en Zaragoza desde hace años, que dirige el Estudio de Escritura. Aquí explica su trayectoria, sus libros, su pasión por enseñar y por aprender. 

-¿Qué hace un chileno en Zaragoza?

Digamos que me trajo la vida y me he quedado porque uno necesita siempre un lugar desde el cual construir. El 2006 comencé a salir con una jienense que vivía aquí y un año después decidimos dar un paso más en la relación. Venir a Zaragoza era lógico, porque Madrid estaba lleno de psicólogas y escritores. Era un buen sitio para intentar construir algo. Han pasado once años, seguimos juntos y ahora nos acompañan en esta aventura Lluvia, que pronto cumplirá cuatro años y Mario, que tiene uno y medio. Zaragoza ya es nuestra ciudad. Desde aquí trazamos líneas hacia el resto del mundo.

-¿Cómo le ha acogido la ciudad, qué clima has encontrado aquí?

Mi objetivo al llegar a Zaragoza fue sacar adelante mis primeros talleres literarios, que se han consolidado con el Estudio de Escritura. Efectivamente con los niños, la vida pública se hace complicada. A eso hay que sumarle que los cursos son a última hora de la tarde y que llega un momento en que uno comprende que la labor del escritor está en eso, escribir, se produce una inclinación natural hacia vivir “para dentro”. Hoy en día me basta con quedar de vez en cuando con los buenos amigos que tengo. El resto del tiempo es para la familia, el trabajo y la escritura.

-Ha practicado varios géneros: novela, poesía, sobre todo poesía. ¿Cómo te ves como escritor?

Hablar de uno siempre es incómodo. Puedo decir que, con 44 años, he cumplido casi todas las metas que me propuse para este tiempo, por decirlo de alguna forma. Publiqué una novela en Alfaguara y un libro de poemas en Pre-Textos antes de los cuarenta. Le di continuidad con De lo inútil, editado por Candaya. No se trata de que haya “triunfado”, pero yo nunca vi la escritura como una carrera en la que superar a otros o llegar a un determinado número de ventas. Soy un trabajador de las palabras, con pico y pala. Me he mantenido fiel a mí mismo. Creo que eso es lo que me marca como escritor.

-Cuando uno piensa en Chile, y sobre todo en poetas, le vienen a la cabeza autores insoslayables: Neruda, Mistral, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas… ¿les debe algo?

De manera directa, no. Me interesan más otros poetas y entre los chilenos, indudablemente Diego Maquieira y Omar Lara. Incluso Lihn y Teillier. No me cabe duda de que algo habré heredado, al fin y al cabo creo que existe una genética poética y ellos son mis bisabuelos. Pero me interesan más Vallejo, ese peruano extraordinario, Borges, el García Lorca de Poeta en Nueva York, Montale, Celán y los poetas anglosajones, desde W. C. Williams en adelante. De Whitman estoy aún más lejos que de Neruda. Por el contrario, me interesan mucho más Leopardi y Williams Wordsworth.

 

-Cómo nace ‘De lo inútil’?

Cuando concluí sintaxis asfalto sabía que debía girar en otra dirección, pero no sabía hacia dónde. Entonces tuve que viajar a Chile para despedirme de mi padre, que padecía un cáncer terminal. Aún recuerdo cuando me despedí de él para volver a España. Un taxi esperaba a las puertas de la casa y el me abrazó y me dijo “Hijo, no se preocupe. Ya verá cómo estaré mucho mejor cuando vuelva en unos meses”. Sabía antes de eso que ya no lo vería vivo nunca más. Pero esas palabras, del padre protegiendo al hijo hasta el final de los finales me partió el corazón literalmente: fue una rajadura que aún preservo. Lo volví a abrazar con la certeza de que era el último abrazo. Murió a los tres meses. Cuando lo vi de nuevo estaba dentro del ataúd. Cuando regresé a España, en una semana escribí La casa amarilla. No me costó nada y era una poesía totalmente diferente a la anterior. Tuvo que morir mi padre para poder volverme a poner como ser humano en un libro de poemas. Y es allí donde nace la voluntad de escribir un libro equilibrado entre esa humanidad reencontrada y la complejidad del mundo, construido mediante las palabras. Ese libro, que para mí es un hallazgo, pues es mucho más complejo que todo lo anterior, es De lo inútil.

 

Diría que este es un libro de las emociones más íntimas, de todo y nada a la vez: de la vida, del silencio, de la palabra, de la piedra, del viaje que hacemos casi sin darnos cuenta, de la luz de los días…

Eso es. Así de simple. Así de difícil de comprender, de darle peso en nuestra existencia. Es un libro que quiere ser un faro. Un faro en la palma de tu mano, para que no pierdas el horizonte en las noches de insomnio.

-Hasta ahora cuál es tu balance de tus experiencias  en el aula. ¿Qué aprende un creador, qué le enseñan los alumnos?

Tengo la satisfacción de tener a un buen número de alumnos de poesía que ahora son poetas reconocidos –y hablo de diez o más-. Y en narrativa, ya se comienzan a ver los frutos. Luis Salvago fue finalista del Nadal de este año, Marta Armingol acaba de publicar en Pregunta su primera novela, Los días blancos, que escribió y corrigió en el Estudio, y hay otro grupo de autores que anda en busca de una oportunidad, que ya tienen como poco una novela escrita.

Toda esta gente ha pasado por el Estudio y claro que ha dejado una huella. Son ellos los que me obligan a pensar en el proceso de escritura, doy más para ofrecerles más.

-¿Cuáles son los objetivos de Estudio de Escritura? ¿Para quién está concebido?

Es un lugar físico, pero también mental, un lugar donde se reúne gente con las mismas inquietudes, de encuentro, de diálogo y crecimiento. La única condición para participar es querer aprender de verdad. Si alguien quiere que le digan que es bueno, que le den golpecitos en la espalda, este sitio no es el adecuado. Al Estudio se viene a disfrutar y a aprender. En el Estudio pagas, aprendes y también te diviertes, pero de manera intelectual, sintiendo que tu escritura se desarrolla y cada día es más potente. En cuanto a las personas que nos dirigimos, el espectro es amplio. Quien quiera puede venir. No hay una prueba de acceso. No tienes que “querer” ser un escritor. Basta con querer aprender.

-Este año tenéis un programa completo y complejo…Recuérdanos las apuestas y también tus deseos, qué buscas, qué salto querrías dar…

Traemos a nueve escritores de proyección internacional a dar clases a los grupos de escritura creativa, relato y novela, y a participar en nuestro Club de lectura, una propuesta única en Zaragoza, donde también participarán nueve escritores locales. Vienen Andrés Neuman, Andrés Barba, Juan Bonilla, Marta Sanz, Sara Mesa, Belén Gopegui, Carlos Castán, Alejandro Palomas y Care Santos, todos escritores de primerísimo nivel, ganadores de los premios más importantes del panorama español, autores diversos, que abordan el hecho literario de maneras diferentes.

Nuestra idea es que ellos hablen de su escritura, les enseñen a nuestros alumnos claves que no están en nuestro poder y que ellos lean y vean cómo funcionan esas herramientas, esas estructuras dentro del libro.

-Recomiéndanos tus tres poemarios y tus tres novelas para estas fiestas y para siempre…

Los Sea-Harrier, de Diego Maquieira. Poemas humanos, de César Vallejo. Cualquier antología de Charles Simic y Mark Strand. En cuanto a narrativa, Austerlitz, de Sebald. Corrección, de Bernhard. Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy.

19/10/2018 20:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PILAR: LA FELICIDAD DE LOS OTROS

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Cuentos de otoño *

 

La felicidad

de los otros

 

Pilar se llamaba aquella vecina que parecía bruja. Vivía enfrente, en una casa grande de cuento sombrío de ETA Hoffmann, y asomaba por la ventana para absorber la primera luz del día. Deambulaba por bosques, fincas y caminos de carro, horneaba pan para una semana y tomaba un poco de anís y de coñac cuando la tarde se volvía lágrima y melancolía. Pilar era el nombre de mi abuela materna; había tenido doce hijos y trabajaba de sol a sol, entre las acequias, en el prado y en el maizal, en cualquier estación. Le gustaba oír la radio y narraba historias fascinantes de caballos, de molinos y aparecidos. Contaba al calor del fuego, mientras se ahumaban suavemente los jamones. Pilar, hace 40 años, era una diseñadora y pintora que tenía su estudio al lado de canódromo y miraba la ciudad con desparpajo y el arrebato de una moderna que hacía pensar en la Dominique Sanda de ‘Novecento’. A ella, tan requerida y desenvuelta, le oí decir por primera vez: “El arabesco del lápiz me descubre cómo es Zaragoza”. Casi por entonces, apareció otra Pilar. La pianista Pilar Bayona: la oí por primera en un salón de la calle Blancas donde ofreció un concierto. Quizá sea un recuerdo inventado. Subí, me senté entre una veintena de personas y tocó ella. Encorvada, octogenaria, de una elegancia inefable. Electrizó el ambiente de sensualidad y sueño con aquellos dedos vertiginosos que aceleraban la velocidad del mundo. Pilar era aquella muchacha filosa, altísima, que vivía en Ramón y Cajal en un piso tapizado de objetos y soñaba con un amor romántico y perfecto; mientras lo esperaba, bordaba, cosía y ponía canciones de María Dolores Pradera. Pilar era Pilar Carasol, la mujer del poeta Ildefonso-Manuel Gil: se enamoraron cuando ella era una adolescente que quería ser actriz y le acompañó con su belleza suave, de mujer de cine clásico, por tierra, mar y aire. Y él fue dichoso “viendo el tiempo en el rostro de la amada”. Hay tantas Pilares en una vida, íntimas y secretas, cercanas y familiares (Pilar Perla, Pilar Ostalé, Mapi Rodríguez, Pilar Puebla, en la misma redacción…), que al final entendemos que existir es encadenar nombres y seres, instantes y miradas. Entre todas las Pilares que no caben aquí y están, recuerdo a otra, que pintaba desnudos y pájaros a orillas del Ebro, y decía: “De estos días lo que más me gusta es la felicidad de los otros”. 

 

*Este artículo se publicó en Heraldo el 12 de octubre. Día del Pilar.

17/10/2018 01:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IRENE X: UN DIÁLOGO ALREDEDOR DE 'LA CHICA NO OLVIDA'

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Irene X “A casi todas las mujeres nos duele

no poder ser lo que realmente somos”

 

“En este libro el dolor es un

recuerdo, no una herida que escuece”

 

La poeta zaragozana, que triunfa en las redes sociales, presentó su poemario ‘La chica no olvida’ (Espasa)

 

 

Antón CASTRO

La poeta Irene X (Zaragoza, 1990), todo un fenómeno en las redes sociales, presentó en Ámbito Cultural de El Corte Inglés su poemario ‘La chica no olvida’, Premio Espasa de Poesía, dotado con 20.000 euros, que ha recibido con “muchísimo agradecimiento”.

¿Desde cuándo escribe y cómo se ha ido gestando esa pasión y esa pulsión?

Escribir desde que sé escribir, escribir con la intención de que algo sirva para algo, desde los 8 o 9 años. Empecé imitando la poesía que leía para impresionar a mi padre, y acabé escribiendo poesía; una parte por admiración a las primeras obras que leí y otra por una necesidad de catarsis. 

¿Es escritora porque es lectora o por qué tiene muchas cosas que decir?

Soy escritora porque soy lectora y porque necesito contestarme muchas cosas. 

¿Ha sido un estímulo el éxito en las redes, el encuentro con los lectores y seguidores?

No, ha sido más complicado porque a mayor exposición más difícil es ser sincero sobre lo que siente uno mismo, aunque el público ha sido siempre un tremendo apoyo.

Se siente próxima a poetas concretos? Parece que hay en usted cosas de Sylvia Plath, Anne Carson, Anne Sexton …

Esos nombres se me quedan demasiado grandes. Aunque han sido grandes compañeras de mi vida. De momento solo me siento próxima a mí. 

Me ha llamado la atención esa manera de llamarse ‘La chica’. Entiendo que es usted, que una proyección suya y que a la vez es como un personaje…

La chica somos un montón de chicas, cada chica es un universo, pero un universo conectado por un hilo muy finito que es la etiqueta que nos ha puesto la sociedad. 

¿Cómo surgió este libro, en qué es distinto a otros?

No surgió de ninguna manera. Un día escribí algo, otro día otra cosa, relacionada con la anterior, poco a poco varios poemas iban sobre la misma chica. La diferencia con otros es que en este el dolor es un recuerdo, no una herida que escuece. 

Ya que lo dice: hay una palabra que vertebra casi todos sus textos. Dolor. Y sus derivaciones. ¿Qué le duele tanto, qué le hace sentir no sé si un poco como excluida y con ganas de huir a otro país, y de ahí a otro, como dice en un poema?

Creo que lo mismo que a casi todas las mujeres: no poder ser lo que realmente somos. El silencio. El disimulo. Callar cada traición por vergüenza. No ser capaz de reconocer que aguantar el dolor ha sido un triunfo. 

El libro empieza con una poética y quizá con una llamada a la humildad. “La poesía es un género literario”. Si solo es eso, ¿para qué sirve? ¿O a dónde no puede llegar la poesía?

Durante estos últimos años, se ha abusado de la poesía, casi se podría decir que se ha prostituido. La poesía es un género literario capaz de convertir una mota de polvo en algo bello, pero nada más. No le demos más importancia que a cualquier otro género literario maravilloso.

 Dice, también, “mi existencia es solo una evidencia de lo efímero”. ¿Le preocupa la fugacidad, que nada se eternice, que vivamos de prisa, que seamos pasajeros en la vida? 

Ahí estaba hablando de eternizar mis depresiones. O de que las depresiones de muchas mujeres se sumen a la tasa de suicidios anuales, que, por cierto, la de este año ha superado la de accidentes en carretera. Y de esto no se habla en la tele. 

Hay varias líneas en el libro: la identidad, matizada por el dolor y la oscuridad; la pasión, con sus desengaños y su épica del recuerdo; y la mirada solidaria hacia otras mujeres… ¿Fue eso lo que se pasó por la cabeza o se fue organizando así el libro?

Creo que siempre escribo en base a lo que estoy viviendo, no fue planeado. Por mi cabeza y por mi corazón pasa absolutamente lo mismo de siempre, solamente es que este mayo cumplí 28 años. ¿Acaso no es verdad que cada año perdemos uno? 

Combina esos poemas largos, casi narrativos, con los breves, a veces incluso de un único verso. ¿Qué busca?

No busco nada. Hago catarsis conmigo misma y, a la vez, intento que el libro tenga una misión. Para mí dentro de la poesía un libro solo puede tener las siguientes misiones: que te atrevas de una vez siendo mujer a expresar sin pudor el dolor que llevas dentro, que te preguntes algo, o que encuentres una mísera respuesta. Un buen rato se puede pasar en cualquier otro sitio.  

¿Cuáles son sus hábitos de escritura? ¿Cuánto desecha?

Escribo en la cama; las ideas las recojo en cualquier sitio y en el móvil, desecho cualquier cosa que se me pasa por la cabeza porque no tiene un botón de guardar. Unas 3597 notas del móvil al año. Cuando me apetece escribir suele ser en un día muy malo y suele ser en la cama, fumando y con ocho almohadas.

¿Sabe Irene X el estilo que busca?

No busca ninguno porque ya lo tiene. El suyo. 

 

*La foto es de Asís G. Ayerbe. 

17/10/2018 00:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DÍA DE LAS ESCRITORAS. 15 DE OCTUBRE. TEXTO DE JOANNA BONET

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Día de las Escritoras 2018

 

Rebeldes y transgresoras

 

Por Joanna Bonet

 

Lunes 15 de octubre de 2018

 

 

Hace ciento sesenta y cuatro años, en 1854, la escritora argentina Juana Manso planteaba, no exenta de ironía, los padecimientos a los que estaba sometida la vida de una mujer “educada con un tutor perpetuo que a veces está lleno de vicios y estupidez”. Y añadía: “¡Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre”. Manso tocaba el nudo gordiano de la emancipación femenina: la anulación de la conciencia de las mujeres y su sometimiento a una existencia de segunda. No solo se les arrebataba la libertad, sino que se las consideraba negadas para el conocimiento y el ejercicio de la razón. Pero las hubo que no callaron y mostraron su desacuerdo negro sobre blanco. Historiar la rebelión de las mujeres, rendir homenaje a sus protestas escritas, es un modo de recordar que la libertad actual, el lugar que hoy ocupamos en la sociedad, es el resultado de sucesivas rupturas. Por ello hemos querido dedicar el Día de las Escritoras de 2018 a la insumisión intelectual de aquellas autoras rebeldes y transgresoras que remaron a contracorriente, y en diferentes épocas y circunstancias cuestionaron el orden que les era impuesto desde la ficción, la poesía o el ensayo. Su aportación fue tremendamente valiosa: hallaron palabras nunca dichas y vertebraron una senda donde la libertad ondeaba y transcendía cualquier bandera.  

Hasta el Romanticismo, las mujeres sólo podían escribir si eran monjas o nobles. Únicamente desde la virtud o el poder se contrarrestaba dicha anomalía de su conducta. Las primeras corrientes de emancipación hicieron posible que algunas féminas de clase media iniciaran una carrera literaria y que incluso aspirasen a premios. “¿Cómo creer que ellas pudieran escribir tales cosas?”, se pregunta Rosalía de Castro en un artículo de 1856, Las literatas, que recogemos en esta antología; mujeres a quien, asegura, “los hombres miran peor que mirarían al diablo”.   Su techo, entonces, no era de cristal, sino de durísima roca silícea. Algunas buscaban ocultarse tras un pseudónimo masculino, la mayoría trataba de no llamar la atención, vigilando no publicar de seguido en la misma provincia. Escribir significaba arriesgarse, pero la suya era vocación indómita, casi religiosa. A la poeta gallega Teresa Juana Juego, su novio le disparó cuatro tiros por haberse atrevido a publicar. Creyéndola muerta, él se suicidó. Juego sobrevivió, pero quemaría casi toda su obra y no volvería a escribir.    Ángela Figuera Aymerich resumía la inseguridad inoculada a las mujeres durante siglos en unos versos que se leen cual diagnóstico:

 

“¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve una mujer viviendo en puro grito? ¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres y van desmoronándose las frentes alzadas como diques orgullosos cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla rodando las provincias del pecado, trepando por las dunas, resbalándome por todos los problemas sin remedio?”.

 

  Eran pocas, pero muchas más de las que han transcendido. La tinta de su escritura iba dibujando otra verdad: no solo los hombres eran los hacedores del mundo, ellas sostenían numerosas estructuras, a pesar de ser privadas de voz y voto. La periodista Magda Donato escribía a comienzos del siglo XX: “Deseamos el sufragio para realizar estos ideales, lo mismo que la gente desea el dinero para satisfacer sus necesidades. ¿Le parece a usted que la correlación entre el sufragio y ‘todo eso’ es poca, siendo el sufragio la condición sine qua non para la obtención de ‘todo eso’?”.   No solo su intelecto estaba cuestionado, también su ‘yo’ público se recortaba mediante un constructo social que las asfixiaba. Aurora Bertrana se lamentaba de la ociosidad impuesta que les era asignada por su sexo: “Una vida de pereza, de inutilidad, lujo, sensualismo e ignorancia”. La condescendencia con la que muchas autoras eran tratadas merecía ser contestada con indiferencia. Así lo afirmaba – mucho antes de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo– Carmen de Burgos, la célebre Colombine, que vivió y escribió con solvencia y humildad, pero a la vez con transgresión y desafío: “No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas inquebrantables”, asegura en su autorretrato.   Mientras, Rosario de Acuña escribía al político, periodista y escritor Ramón Chíes: “Tal vez no venzamos, pero habremos sostenido, una generación tras otra, los ideales de la humanidad a través del tiempo y del espacio”, evidenciando, por encima de todo, sus ideales humanistas. Hoy, cuando el feminismo ha sido incorporado en las agendas de gobiernos e instituciones, se entiende con mayor profundidad, si cabe, el pensamiento de María Zambrano, comprometida avant la lettre, cuando una filósofa formaba parte de una anomia, ya que a las mujeres se las ubicaba en la periferia del saber: “Mas mi cabeza en tanto que tal ni es de mujer ni de hombre, es Mente. Albergue del Logos, movida por el nous poetikós”, le escribió a su amigo.    Igualdad de derechos y de oportunidades, pero también libertad individual, libertad sexual, la constatación de las contradicciones entre el ser y el parecer, emergen de los textos de estas autoras que abordaron su condición de mujeres con poética e ironía, así como una gran solvencia creativa. La toma de conciencia del traje que las constriñe y asfixia, del escaso catálogo de roles impuestos, supone un punto de inflexión que tan bien expresara Josefina Aldecoa: “Todo lo que vino después me había llevado hasta esta Gabriela que yo era sin remedio, buena esposa, buena madre, buena ciudadana. La trampa se cerraba sobre mí”. La trampa de la sumisión, de la que había que escapar. Por mucho que abriese una lucha dubitativa y dolorosa, como de la que deja constancia poética Ángela Figuera: “¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, / con sólo esta canción, esta porfía / limando y escociéndome la boca?”.   Claro que, como reflexionó con eficaz prosa Victoria Ocampo, las mujeres estaban educadas para callar: “Toda conversación entre el hombre y la mujer, apenas entra en cierto terreno, empieza por un: ‘No me interrumpas”. Reducidas casi a siluetas sin dimensión intelectual, y apenas sentimental, a pesar de que históricamente les fuera cedido el patrimonio afectivo y el manejo de las relaciones, debían de bregar contra el aislamiento. “Nunca se preocupó nadie de mi corazón. Mi corazón y yo crecimos extrañamente, dentro de un mundo frío y distante”, en palabras de Ana María Matute.   También se rebelaron contra el amor, empezando por Idea Vilariño en su muy célebre poema “Ya no”. Contra el ideal romántico que heredaron y que les exigía sumisión y paciencia, adoración e intendencia. “El amor es este viaje inútil, pero muy suave”, como lo definió Alejandra Pizarnik. Lo importante era despertar, reconocer la propia identidad sexual, vivirla, gozarla. Escribir desde la diferencia con un calor cotidiano, como Maria Mercè Marçal: “T’estimo quan et sé nua com la navalla, com una fulla viva i oferta, com un llamp que la calcina, cec. Com l’herba, com la pluja”.   O bien liberar al amor de sus ataduras terrenales para sublimarlo hasta el arrobamiento, como Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, santa Teresa de Jesús: “Muchas veces me parecía me dejaba el cuerpo tan ligero, que toda la pesadumbre de él me quitaba, y algunas era tanto, que casi no entendía poner los pies en el suelo”.   Durante siglos fueron silenciadas, desdeñadas, subestimadas, eclipsadas, pero hoy, desde la Biblioteca Nacional y desde muchas ciudades españolas y latinoamericanas que secundan la iniciativa, leemos fragmentos de sus obras, pronunciamos alto su nombre y grabamos su memoria en la nuestra, pioneras en tiempos borrosos que abrieron claros de luz. En estas palabras de Filomena Dato hay una oda a la fortaleza, al ingenio y a la sabiduría que han detentado generaciones y generaciones de mujeres escritoras, a pesar de todo, gracias a todo:

 

“Las mujeres fueron sin duda de clarísimo talento, que divinizaría la admiración y el tiempo. Y  éste, una innegable señal de que las mujeres tuvieron siempre voluntad de saber y demostraron ingenio. Cientos de mujeres sabias pueden ponerse de ejemplo”.

 

 

 

Joana Bonet

 

Comisaria del Día de las Escritoras 2018

 

*En la foto, Rosalía de Castro.

 

MERCEDES CORRAL: "TRADUCIR ES UNA PASIÓN"

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Traducción. Mercedes Corral, madrileña, es traductora del italiano y del francés. Dirigió varios años la Casa del Traductor de Tarazona. Con gentileza, responde a algunas preguntas sobre el oficio.

-¿Qué supone traducir?

Supone meterte en la piel del autor y desentrañar su universo para recrearlo en el idioma del lector con la máxima fidelidad posible al propósito del escritor.

-¿Cómo vive este oficio?

Para mí, como para la mayoría de los traductores literarios profesionales, es una pasión, por eso podemos dedicarle tantas horas de nuestra vida, la pasión de construir meticulosamente cada día un puente para que los lectores puedan transitar por él y contemplar otros mundos. Y, como toda pasión, tiene su precio, que en nuestro caso sigue siendo bajo. Somos muy pocos los que, mal que bien, podemos vivir de ello, aunque con dificultad.

-¿Ha cambiado en algo la consideración del profesional?

Menos mal que el panorama empieza a cambiar un poco a este respecto. Algunas editoriales de reciente creación llegan al mercado con esta conciencia de que hay que cuidar al máximo la traducción, lo que significa que hay que tratar al traductor en consonancia con el importante valor de su trabajo. De hecho, cuántas obras de éxito entre los lectores, deben este a una buena traducción.

-¿Qué celebramos y reivindicamos hoy?

Celebramos que siga habiendo un gran número de personas, los traductores, que consagran su vida a que los seres humanos se entiendan  sin que los idiomas no sean fronteras, sino puentes. Reivindicamos un mayor respeto social y laboral hacia nuestra figura.

-¿Dos o tres traducciones, propias, que la sigan haciendo feliz?

-Me sigue haciendo feliz mi traducción de ‘Léxico familiar’, de Natalia Ginzburg, mi primer trabajo como traductora. Un libro que sigue cosechando un gran éxito entre los lectores. Lo hice poniendo mi vida en ello, quería ser traductora y empezar con buen pie, y creo que lo conseguí. Como recompensa a ese esfuerzo, tuve el enorme privilegio de conocer a Natalia Guinzburg en su casa de Roma.

-¿Alguno más?

También ‘El secreto del bosque viejo’, de Dino Buzzati, escrita para los niños y para los adultos que siguen tratando de ver las cosas con ojos de niño, me sigue animando desde mi librería a vivir la vida de la forma más mágica posible. Me entusiasmó, entre otros muchos, el pasaje de la lucha entre los dos vientos. De hecho, cada vez que el viento sopla con fuerza, pienso que esos dos han vuelto a las andadas…

-¿Se reconoce en alguien, en algún maestro o modelo?

Todos los colegas comprometidos en este oficio son mis maestros y mis modelos. Los veo seguir con ilusión en el tajo, a pesar de todos los pesares, y eso me anima a continuar. A veces les pido que me ayuden con alguna frase que se me resiste y ellos lo hacen con mil amores, lo cual es muy de agradecer. Lo que demuestra una vez más que todos vivimos en este oficio con una verdadera vocación.

*La foto de Mercedes Corral es por cortesía de la traductora.

30/09/2018 14:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL VILAS EN CARIÑENA

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MANUEL VILAS: “OS INVITO A HACER DE CARIÑENA UNA DE LAS MEJORES, SINO LA MEJOR, DENOMINACIÓN DE ORIGEN DEL MUNDO”

[Nota de Santiago Martín y Maszoom.] 

El “Invitado de Honor” de la 52ª Fiesta de la Vendimia resaltó el “maravilloso trabajo” que realizan los vitivinicultores de la Denominación y ha reinvidicado el vino como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental”

 

El autor ha incidido durante su intervención en el acto central de la Fiesta en que en el vino, como en la literatura, “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida” y por eso “adorna la vida” y  es “sinónimo de civilización y de progreso”

 

El presidente de la D.O.P., Ignacio Casamitjana, ha anunciado en la celebración los dos grandes objetivos inmediatos del Consejo Regulador para impulsar la comercialización de sus vinos: la reforma del Museo del Vino y la promoción internacional de la uva Cariñena

 

La vendima de este año estará “por encima del 15 % o incluso del 20 % de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva

 

El acto de Exaltación del Vino ha incluido el tradicional pisado del primer mosto y su ofrenda al Santo Cristo de Santiago y ha culminado con el encendido de la Fuente de la Mora a cargo del “Invitado de Honor”, quien posteriormente ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas

 

(Domingo, 23 de septiembre de 2018).- El vino es como el arte porque celebra la vida y adorna la existencia. Este es el mensaje que ha transmitido el escritor Manuel Vilas en la 52ª Fiesta de la Vendimia de Cariñena, donde este año ha sido el “Invitado de Honor” y el encargado de hacer manar vino de la Fuente de la Mora, en el acto más característico de esta celebración.

 

El escritor aragonés, que este año ha logrado un gran éxito literario con su novela “Ordesa”, ha protagonizado así en el acto central de la emblemática Fiesta de la Vendimia de la Denominación de Origen Protegida Cariñena, reconocida desde 2016 como Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Por su parte, el presidente del Consejo Regulador la D.O.P. Cariñena, Ignacio Casamitjana, ha destacado la transformación del Museo del Vino y la promoción de la variedad de uva Cariñena, como principales apuestas en las que se trabaja actualmente.

 

Manuel Vilas ha comenzado su intervención agradeciendo su nombramiento como Invitado de Honor “porque celebrar la fiesta del vino de Cariñena es lo mismo que celebrar la vida, la amistad y la alegría” para luego destacar en su discurso cómo el oficio de escritor “tiene que ver mucho con el vino”. Así, ha realzado que el vino es “sinónimo de civilización y de progreso” y que en él, como en la literatura “vive la cultura, que no es otra cosa que el amor a la vida”.

 

“HACER VINO ES AMAR LA VIDA Y LA LIBERTAD”

 

Repasando las virtudes del vino, Vilas lo ha relacionado con el nacimiento de la cultura cuando el hombre “vio en el vino un motivo de celebración y de exaltación de la naturaleza”. Ha destacado que los pueblos que se dedican a la viticultura, como los de la Denominación de Origen Protegida Cariñena “aman la vida y la libertad” y ha subrayado cómo el vino “está relacionado con la tolerancia, la amabilidad y la educación”; además de su papel en “realzar la gastronomía, una forma inteligente de entender la vida”.

 

Como ejemplo de todas estas virtudes, Manuel Vilas ha contado cómo recientemente en una comida con un amigo escritor famoso, este, saboreando su copa de vino, le explicó en qué se parecen el arte y el vino: “ni el vino ni el arte son necesarios. Precisamente por eso los amamos tanto, porque nos adornan la vida, y porque sin adornos y sin placeres y sin lujos la existencia sería un infierno y un enorme aburrimiento”.

 

Vilas ha resaltado que esta historia expresa la “radical humanidad” del vino, y su papel como “una de las cosas más expresivas de la cultura occidental que existen”, por lo que ha concluido sus palabras invitando a “la perfección en el trabajo de hacer vino” y a “difundir por el mundo entero y consolidar el maravilloso trabajo que hay detrás de la Denominación Cariñena”.

 

El reconocido escritor ha concluido así su intervención: “Os invito a la perfección en el trabajo de hacer vino. El vino exige conocimiento, ciencia, técnica, investigación, arte, entrega, sacrificio, trabajo constante. Os invito a hacer de Cariñena una de las mejores, sino la mejor, denominación de origen del mundo”.

 

“APOYAR LA COMERCIALIZACIÓN”

 

Por su parte, el presidente del Consejo Regulador, Ignacio Casamitjana, ha aprovechado la Fiesta de la Vendimia para repasar los objetivos y proyectos en un año en el que se calcula que la cosecha va a estar “por encima del 15 % o incluso del 20% de la media de los últimos diez años” y rondará los cien millones de kilos de uva.

 

Casamitjana ha incidido en que este punto de partida “quedaría incompleto si no conseguimos que nuestros vinos alcancen un posicionamiento económico acorde con la calidad que estamos ofreciendo” para destacar el reto de “apoyar entre todos a la parte industrial, de producción y comercialización”, para lo que ha destacado dos grandes proyectos: el posicionamiento internacional de la variedad de uva Cariñena y la reforma del Museo del Vino.

 

Sobre el primer objetivo, el presidente ha destacado que se aspira a “convertir en un icono internacional” la uva cariñena, “que tiene el mismo nombre que nuestra ciudad, nuestra comarca y nuestra Denominación”, para que sea “una figura de exclusividad, un referente que nos distinga del resto de territorios vinícolas y nos coloque un escalón por encima”.

 

Sobre la transformación del Museo del Vino, el presidente de la D.O.P. ha resaltado que el Gobierno de Aragón ha financiado la redacción del proyecto y que se trabaja para que pronto sea una realidad “un Museo del Vino del siglo XXI, que manteniendo la esencia de la tradición esté también a la vanguardia"”. Además, también ha citado la Ruta enoturística del Campo de Cariñena – El Vino de las Piedras como un medio de promoción e imagen ya consolidado.

 

A la vez, Ignacio Casamitjana ha resaltado la importancia de “estar siempre innovando, porque la vid y el vino son un trabajo de 365 días al año” y ha recordado cómo la D.O.P. Cariñena fue pionera en técnicas como el uso de feromonas para combatir la polilla del racimo “y seguiremos implantando las novedades más vanguardistas para conseguir la excelencia en la producción” y seguir manteniéndose “en el top ten de los vinos de calidad”.

 

El presidente ha recordado finalmente que en la Denominación de Origen Protegida Cariñena trabajan más de 1.500 viticultores y 35 bodegas y sus 14.000 hectáreas de viñedos concentran el 50% de todo el vino que se elabora y comercializa en la Comunidad Autónoma de Aragón.

 

PISADO DE LAS UVAS, BENDICIÓN DEL MOSTO Y ENCENDIDO DE LA FUENTE

 

Los actos de la Fiesta de la Vendimia han comenzado con el tradicional pisado ante el público de las uvas para recoger el primer mosto del año, bendecirlo y ofrecérselo al patrón de Cariñena, el Santo Cristo de Santiago. En esta edición, han sido dos vecinos de la localidad de Alpartir, Ángela del Val y Francisco Pérez, los encargados de esta tarea. Como novedad, se ha recuperado este año la presencia de la imagen del Santo Cristo en el escenario de la plaza, donde se ha realizado la bendición del mosto por el párroco de la localidad, en lugar de en la ermita al finalizar el acto.

 

Tras los discursos del “Invitado de Honor” y del presidente del Consejo, se ha vivido uno de los momentos más esperados, cuando el primero ha puesto en marcha el interruptor que permite que durante todo el día manen miles de litros de vino de la Fuente de la Mora, la original seña de identidad de la Fiesta de la Vendimia de la Denominación.

 

A continuación, y una vez concluido el acto institucional, Manuel Vilas ha impuesto sus manos en el Paseo de las Estrellas, que desde 2014 luce las huellas de los personajes que han visitado la Denominación de Origen Protegida Cariñena. El escritor se ha sumado así a una ya larga lista de nombres como José Ramón de la Morena, Santiago Segura, David Trueba, Eduardo Noriega, Elvira Lindo, Paula Ortiz, Miguel Ángel Lamata, Gabino Diego y Luisa Gavasa.

 

El programa ha continuado con la apertura de la Feria del Vino, en la plaza Campo del Toro, donde se han podido degustar los Vinos de las Piedras de la Denominación Cariñena junto con sabrosas tapas y raciones, y actuaciones musicales. Además, se han realizado visitas gratuitas al Museo del Vino y, como novedad también de este año, el Tren del Vino  ha permitido a algunos zaragozanos viajar y regresar a la fiesta en vagones históricos, como se hacía en los años 90.

 

En el acto central de la Fiesta de la Vendimia 2018 han estado presentes, entre otras autoridades, el secretario general técnico del Departamento de Desarrollo Rural del Gobierno de Aragón, José Luis Castellano; el vicepresidente de la Diputación de Zaragoza, Martín Llanas, y el alcalde de Cariñena y presidente comarcal, Sergio Ortiz.

 

Castellano ha destacado el apoyo del Gobierno de Aragón y que “la producción diferenciada y de calidad se ha convertido en el eje central de la Denominación Cariñena”. En su opinión, “en esta Denominación hay una industria y unas bodegas que están en primera línea con sus poderosas campañas nacionales y de internacionalización en los principales mercados del vino”.

 

Por su parte Sergio Ortiz, invitó a todos, y de todos los lugares a disfrutar de “una fiesta que une pueblos y culturas y especialmente este año con el protagonismo del escritor Manuel Vilas, ya que la literatura es un lenguaje universal como es el del vino”.

 

25/09/2018 18:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL HIDALGO ESCRIBE DE MI LIBRO 'CARIÑENA' (PREGUNTA, 2018)

https://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2018/09/la-vendimia-literaria-de-anton-castro/

La vendimia literaria de Antón Castro

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Atiborrado de Gelocatil y Fluimucil por una gripe caprichosa que no termina de dar la cara –quizá no debería haberlo dicho, pero dicho queda-, me dispongo a escribir aquí, desde el corazón de la niebla, de uno de los libros más luminosos, bonitos y sencillos que he leído últimamente: Cariñena(Pregunta Ediciones), de Antón Castro.

En 1978, a los 19 años, el entonces Técnico Especialista en Electrónica y hoy reputadísimo periodista cultural y exquisito escritor, nacido en la parroquia de Santa Mariña de Lañas, en el coruñés “concello” de Arteixo, abandonó su casa familiar y se largó a Zaragoza escapando del cumplimiento del servicio militar. Instalado en la capital aragonesa, en una especie de comuna okupa integrada por objetores como él, vio la conveniencia de ganarse unos dineros como vendimiador en Cariñena.

Leemos en la contraportada: “A medio camino entre la realidad, la memoria y la autoficción, Cariñena es una novela autobiográfica…” Vale. El etiquetado referencial nos queda claro. Novela o no, Cariñena es un relato confesional, de experiencia, de iniciación a la vida, narrado en primera persona con una ingenuidad y una naturalidad desarmantes y cautivadoras.

Un chico raro, miedoso, inexperto, sin fuste físico, emocionalmente frágil, iniciado mucho más en la vida cultural propia de su edad y su tiempo que en la vida misma, incierto aspirante a poeta y pegado a un cuaderno Sagitario –en el que anota cuanto le pueda convenir a su incipiente propósito de escribir- llega en solitario, con dos duros y en auto-stop a Cariñena a ver si consigue “engancharse” como vendimiador. Ni idea de lo que se le avecina.

Cariñena cuenta primero la expectante búsqueda de trabajo y, después, las jornadas como vendimiador en los viñedos. Todo el relato es un continuo, un río tranquilo que fluye con quietud, al paso de los días y las noches, de las horas, de las incertidumbres, de los contactos y de las tareas.

Con muy significativas alusiones al terruño abandonado, a la infancia y juventud que han quedado atrás, a la figura bifronte del padre, Castro se sumerge en el paisaje y en el paisanaje de Cariñena. Queda simple –incluso feo- decirlo así, pero así es (para entendernos): la tierra y la gente.

El Gallego –como enseguida le llaman- va estableciendo relaciones en el pueblo: gente que le ayuda, gente que le puede dar el trabajo que anhela –ya se verá-, gente que aspira a su mismo empleo; un formidable elenco de tipos humanos, cada uno con sus pequeñas historias detrás y delante, en los escenarios de la plaza, el bar, una nave, un cobertizo, unos barracones… En Cariñena y en Paniza. Tres amigos que se consolidan –Miguel, Andrés, Pepe- y dos chicas –Cris y Mar-, que también aparecen por allí en busca de trabajo. Conversaciones, anécdotas, confidencias, indagaciones, puesta en común de gustos –tal película, tal libro, tal cantante- y proyectos, afectos, aprendizaje.

Y, con la misma prosa limpísima, delicada, apacible como la solidaridad sin énfasis y la complicidad soleada que se va abriendo paso, la descripción, al fin, del durísimo trabajo farcino (cuchillo) en mano en los viñedos hasta deslomarse al sexto día, con párrafos bellísimos sobre la tierra, la uva, la técnica, la tarea y el esfuerzo de cobrarla, de sumarla a los cuévanos (cestos) hasta quedar tronzado, abatido por el lumbago del cierzo. “Molinicos de poca agua. Así se le dice por aquí a la gente como tú que flaquea cuando menos se espera”, le dirá al Gallego con cariño uno de los amigos.

Completado ahora por un relato inédito, Una artista en el viñedo, que, sobre el mismo escenario trae resonancias de la película Tierra (1996), de Julio Medem, y de las zonas de misterio y fábula que suelen agazaparse en la narrativa de Castro, Cariñena, que ya había tenido una anterior edición hace años -¿cuatro?-, es un libro bellísísimo y de una originalidad inesperada y sorprendente.

Sí. Resulta que a todos los ingredientes nombrados se suma de soslayo y con discreción, mediante referencias culturales –que no excluyen a la cultura popular y callejera-, el retrato de un tiempo y de una generación. Lo insólito es que este retrato, que suele hacerse con ambición programática y con solemnidad, se haga en Cariñena con la ingenuidad y la naturalidad desarmantes que he mencionado más arriba, que son las herramientas –propias de ciertos poetas- con las que Castro cuenta su historia y se desnuda.

Escribe Castro: “Mis padres son labradores e hijos y nietos de labradores. Mi infancia está vinculada por tanto al campo. He ido con mi padre al monte en busca de leña y desde allí contemplaba un furioso mar de delfines; he estado con mi madre horas y horas recogiendo patatas, plantando judías y deshojando maíz. Me gustaba internarme en el corazón del maizal y aislarme del mundo, tanto que a veces mi madre se asustaba: pensaba que me había perdido o que había huido hacia las antiguas minas de wólfram, donde se decía que había demonios y precipicios sombríos que conducían al más allá. Por eso cuando nos íbamos a las fincas siempre me metía un diente de ajo en el bolsillo del pantalón. Era un amuleto infalible contra los malos espíritus…”.

Este párrafo sobre el niño misántropo se prolonga todavía más. En fin, no sabemos ni nos importa cuánto hay de rigurosamente exacto en todo ello, pero lo que es seguro es que Antón Castro, el responsable del suplemento cultural de Heraldo de Aragón, el autor de El testamento de amor de Patricio Julve (1995) y, en fin, el poseedor de tantas erudiciones, tiene la suerte y el privilegio de poder seguir escribiendo con la mirada del niño aislado en un maizal. Ya me toca otro Gelocatil.

*Mil gracias a Manuel Hidalgo por este texto tan generoso y lleno de cariño.

 

CRISTINA GRANDE: 'NIEBLAS ALTAS'

Cristina Grande escribe, columna a columna, la novela de la vida

La escritora recoge sus textos de prensa que publica los martes en HERALDO en ‘Nieblas altas’ (Olifante)

  
   
 
La escritora Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO.
Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO. Guillermo Mestre

Cristina Grande Marcellán firma todos los martes en HERALDO una columna de culto. Esta mujer, que querría ser de mayor como la cineasta Jane Campion, “con su melena blanca recogida en una coleta ladeada”, escribe de las pequeñas cosas, de lo invisible, que lo que por pura obviedad da la impresión de que ni esté. Dice en la primera frase de su nuevo libro ‘Nieblas altas’ (Olifante. La Casa del Poeta): “Lo bueno de tener un pasado es que puedes olvidarlo casi a voluntad, por trozos”.

Ella, en realidad, olvida pocas cosas. Esta cronista del presente asume muy bien una frase de la escritora Nélida Piñón: “Lo que da trascendencia al arte es la maravillosa banalidad de lo cotidiano”. Lo cotidiano de hoy, de anteayer, de ayer o de hace años. Cristina tiene un especial radar de percepción, y en ese don para captar sutilezas, hechos inaprensibles, emociones sigilosas o los pequeños detalles que agigantan el arte de vivir, se parece a Alice Munro, Mercè Rodoreda, Natalia Ginzburg y Soledad Puértolas. Pertenece a ese estirpe innominada y emparentada por enigmáticos vínculos y una prosa limpia y luminosa, suave y sin gritos.

¿Qué es ‘Nieblas altas’ y que hace ese libro en una colección de poesía, más bien? Son 49 de sus columnas de los últimos años, que complementan las que ya había publicado en ‘Flores de calabaza’ (Anorak). Y aquí, también aquí, está esta escritora extraña, inquietante y familiar con sus temas. Y con esas frases que te dejan temblando o escribiendo mentalmente una novela: “Mi hermana soñaba con una piscina de mercurio”. También a ella le encantan las piscinas.

Cristina Grande es autora de libros de cuentos como ‘La novia parapente’, ‘Dirección noche’ y ‘Tejidos y novedades’ y de una novela, ‘Naturaleza infiel’, que dio mucho que hablar. Son bastantes los lectores que esperan, desde hace años, su segunda novela. Cristina la escribe sin escribirla: con sus columnas, martes tras martes, enhebra una narración frondosa, veteada de afluentes y personalísima, donde la protagonista es ella, ella y su mirada y su sensibilidad, y ese modo magistral de no darse ninguna importancia. Escribe como camina, escribe como sueña, escribe como bebe un vino o como pasea en moto, abrazada a su amor Antoine y desafiando el cierzo en Lanaja, en Calatayud, en Paracuellos de la Ribera o si hiciera falta en el Himalaya, ante sus fantásticos cedros.

Cristina escribe de sí misma y escribe de todo: de Sol Acín y de sus versos, le conmueve ese que dice: “Miedo me da la estría del aire que adivino en su infinito”. Escribe del lenguaje y visita el ‘Tesoro de la lengua castellana’ de Covarrubias para saber que significa exactamente el vocablo ‘musarañas’, que le responde: “Vulgarmente solemos llamar musarañas a unas nubecillas que imaginamos en el aire”. Puede explicar la atmósfera de una chopera en Aranda de Moncayo o recordar la película de ‘Rocky II’, contempla el descenso del Ebro, glosa un paseo en el autobús 39 y rinde homenaje a la gente que le ayuda a sobrevivir y la empuja a ser más feliz: Luis Alegre, Pepe Melero, Fernando Sanmartín, José María ‘Cuchi’ Gómez, su primo Alfredo, que la lleva en coche a un funeral, etc., y su propia madre, claro, que ella ha convertido en una misteriosa e inagotable criatura de novela.

Cristina escribe de aromas, de blusas (en concreto de la blusa roja de la actriz Luisa Gavasa), de las estrellas o de la última nieve que queda en el Moncayo. En el texto que da título al conjunto, escribe Cristina Grande Marcellán (Lanaja, 1962): “Mi madrina no quiere ver que las cosas son más complicadas. También ella, como mi madre, ve nieblas altas aun cuando se esté generando una gran tormenta”.

Esa madre, por cierto, es la misma que se pregunta o que comenta: “¿Cuándo pasarán las perdices?”. Cristina, que tiene los cinco sentidos en alerta, parece saberlo.

 

 

LA FICHA

‘Nieblas altas’. Cristina Grande Marcellán. Olifante: Papeles de Trasmoz. Zaragoza, 2018. 109 páginas.

15/09/2018 20:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARMELA TRUJILLO LEE 'LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA'

https://libroscarmelatrujillo.blogspot.com/2015/10/para-tener-en-cuenta.html

La leyenda de la ciudad sumergida, 

de Antón Castro
Ilustraciones de Javi Hernández
Si se hiciera una encuesta sobre por qué leemos o qué buscamos en los libros, creo que un alto porcentaje de nosotros diríamos que es para encontrar tesoros. Y por tesoros me refiero a descubrir una obra que nos llena por completo, que nos hace creer en mundos paralelos y que nos transforma en compulsivos (desesperados que buscan cualquier momento para seguir leyendo la historia).
Pues de un tesoro recién descubierto quiero hablar hoy. Se trata de La leyenda de la ciudad sumergida, publicado por Ediciones Nalvay(pequeña editorial aragonesa que solo edita “aquello que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en las librerías”). Un libro escrito por Antón Castro e ilustrado por Javi Hernández. Una novela (¿juvenil?) que comienza así:
Sabela Camelle estaba a punto de dar a luz el día en que Cidre Oután, el ciego de Baladouro, se detuvo ante ella frente al lavadero, le cogió el vientre y se lo palpó amorosamente para comprobar hacia qué lado le abultaba más. La mujer, que conocía su fama de adivino, se dejó tocar por aquí y por allá como si nada.
-Parirás mañana al amanecer un muchacho que, a medida que pasen los días, se volverá un poco brujo- le dijo el ciego.
Y ya es imposible detener la lectura. Una lectura que, para mí, ha sido como un estadillo de sabores. Ha sido algo así como cuando te comes un bombón relleno, que explota en la boca, y todos los sabores se mezclan. El sabor del mundo rural de Rosalía de Castro, por ejemplo, o esa reminiscencia de libros clásicos como “Lazarillo de Tormes” o “Don Quijote de la Mancha”. ¿Recordáis que encabezaban sus capítulos con largas frases que explicaban lo que iba a acontecer? Pues aquí, igual. Un ejemplo:
III
DE CÓMO EN BALADOURO LLOVÍA SIN PARAR
O EL INICIO DE LA AVENTURA
Después del primer domingo de otoño se había desatado una inmensa tormenta y ya hacía más de tres días que llovía sin cesar. El río Bolaño se salió de su cauce e inundaba los prados y las vegas de frutales. Illó Oscuro amenazaba también con salirse de sus límites y extenderse por las fincas de siembra, la propiedad inmensa de Ferreño, y por los huertos protegidos por muros de laja a lo largo del río. En los caminos nacían riachuelos que bajaban enloquecidos desde las cumbres y desembocaban en la era del tío Xosé do Nacho, donde formaban barrizales, lagunas de lodo y un mar de agua con residuos, espantapájaros y aparejos de labor.”
Las aventuras, en este libro, ocurren una tras otra, con todo tipo de personajes (muchos, propios de la mitología gallega). Y nosotros, como lectores envueltos en la magia de Antón Castro, nos lo creeremos todo. Todo. Incluso que los animales hablen. O que existan seres como los nuberios. También las meigas, por supuesto, que las hay. Y seguiremos leyendo para conocer qué le ocurre a Esteban, un chaval que posee ciertos dones únicos desde que fue obsequiado con un libro escrito a tres tintas y que le iba a proporcionar la capacidad de“arreglar las mayores catástrofes, de curar las más punzantes y dolorosas heridas y de vivir las aventuras más increíbles”. El amor por la lectura, por los libros, por las historias que cuentan esos libros o los relatos que se narran en voz alta, todo eso, tiene cabida en La leyenda de la ciudad sumergida.
¿Y qué decir de las ilustraciones? Pues que forman una perfecta simbiosis con el texto, acompañándolo de una manera sutil, delicada.Javi Hernández, el ilustrador, me cuenta que se siente muy cómodo realizando este tipo de dibujos, con el lápiz “porque me permite de un modo sencillo expresar mucho, construyendo atmósferas y a la vez conseguir  precisión en los detalles”. Me cuenta que no le atraen las técnicas digitales porque necesita “tener un contacto táctil con los materiales sobre el papel”. Las imágenes que acompañan esta reseña, repletas de detalles y de color, son un ejemplo del buen hacer de este artista argentino afincado en Huesca.
El autor, Antón Castro, nació en La Coruña y reside en Zaragoza. Es escritor, periodista (ganó en 2013 el Premio Nacional de Periodismo Cultural) y traductor. Y nos habla a continuación de La leyenda de la ciudad sumergida. Preguntas y respuestas para conocerle mejor.
…….
¿Qué supuso, para ti, que este libro tuviera una segunda oportunidad? Me refiero a que, casi diez años después de su publicación en gallego, la editorial aragonesa Nalvay te dijera que se había enamorado de la historia.
Tras publicar ‘El niño, el viento y el miedo’ en la editorial Nalvay, le di a David González, el editor, el ejemplar en gallego de ‘A lenda da cidade asolagada’, sin ninguna intención oculta. Él sabe poco gallego, me confesó, pero se zambulló en el libro, le interesó la historia y me dijo: “Antón, esta novela me ha encantado. Me gustaría que la tradujeses”. Y ahí empezó todo: la reescribí un poco, la “desbarroquicé”, la hice algo más fluida y mantuve sus constantes: la fantasía, el enigma, el bestiario, etc.
Hay un personaje, un animal, que me ha gustado mucho: la yegua Pindusa (quizá porque cuando yo era niña tuve un caballo imaginario que también hablaba). Y tú, ¿con qué personaje te sientes más identificado o cuál te resulta más atrayente? ¿Tal vez el bibliotecario don Darío Barrerio, por eso de que en los años 80 buscabas un empleo de bibliotecario en Arteixo?

El libro nació en una época en que yo trabajaba en un bingo y fui a La Coruña a realizar un curso de tres meses de biblioteconomía. A mí me gustan mucho Pindusa, la yegua, que tiene la propiedad del habla y que es como la protectora del héroe, y por supuesto Don Darío Barreiro, que es el bibliotecario ideal, implicado, que entiende que los libros son seres vivos y que deben ayudar a vivir. O incluso a solucionar un conflicto tan urgente como una inundación por tormenta incesante.  
Me han impresionado los dibujos de Javi Hernández. Puesto que ya habíais trabajado juntos en “El niño, el viento y el miedo”, saber que él te acompañaría en “La leyenda de la ciudad sumergida” ¿te dio cierta seguridad respecto a los resultados?
Sin duda. Con Javier Hernández, desde ese primer proyecto, surgió una corriente de cariño y de afinidad. Tiene un trazo personalísimo, sutil, lírico e imaginativo, y aquí, de nuevo, lo resuelve muy bien. Con él siempre estoy en buenas manos y en mejores trazos. Me encanta trabajar con él y creo que no será nuestro último trabajo; tenemos por ahí dos sueños en marcha: uno sobre el tango y otro sobre el jazz. Le apasiona la música y a mí también.
  
En tu historia se habla de la superación del miedo. ¿Crees que lo que mueve al mundo es esta sensación de angustia que provoca el peligro real o imaginario? ¿O tal vez es, “simplemente”, la clave para las novelas de aventuras?
El miedo está en nuestras vidas, en la convivencia diaria, todo el rato. Sí, esa es una parte importante: es una invitación al atrevimiento, a la confianza, al riesgo. La vida, incluso cuando te vienen muy torcidas, te da segundas y terceras oportunidades. Y por supuesto, la angustia, el pánico, la incertidumbre, la pasión, querer saber, todo ello es muy útil en el desarrollo de la intriga de las novelas. 
El bestiario que aparece al final del libro, ¿es real,  pertenece a la mitología gallega, o algunos de esos seres han sido creados expresamente para que se asomaran a tu historia?
Sustancialmente es imaginario, pero forma parte de la mitología gallega. Hay cosas inventadas que forman parte de ese fabulario de prodigios que te cuentan las abuelas, los ancianos o algunos libros en la niñez. Y he intentado usarlo todo. De niño me hablaban de ‘Los moros de Larín que salían del trasmundo para ayudar a la gente del campo en sus tareas con las vacas’. Me lo dijo un pariente de mi abuela Emilia, o quizá ella misma, y lo he utilizado. Así se trabaja: con lo que pasó, con lo que pudo pasar, con lo que te cuentan que ocurrió, desdibujado por la imprecisión de la leyenda, y lo que sueñas, lo que imaginas. Aquí hay varias figuras inventadas.
………

-La biblioteca-

Mientras leía La leyenda de la ciudad sumergida (Nalvay, 2014) me he sentido como el rey que se mantenía despierto sólo para seguir escuchando las historias que contaba, noche tras noche, Scheherezade. Y esta sensación me ha hecho recordar un pensamiento que Carmen Martín Gaite dejó escrito en su libro “Cuaderno de todo” y que habla de la importancia de contar bien las cosas. La escritora dijo: Así pasa en muchas narraciones que embriagan, las amorosas, de preferencia. Se pide, en definitiva, que le cuenten a uno las cosas bien. Y para contar bien hay que mirar fuera de sí, insertar lo propio en lo ajeno.
      
ENLACES DE INTERÉS:

13/09/2018 11:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISMAEL GRASA EXPLICA SU LIBRO 'LA HAZAÑA SECRETA' (TURNER)

Ismael Grasa: "No tenemos la respuesta de todo"

El escritor y profesor de Filosofía publica 'La hazaña secreta', un tratado sobre la felicidad, el amor, la belleza y la vida buena en Turner

 
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.José Miguel Marco.

¿Cuál es el origen del libro?

Unas cartas que no llegué a enviar, la intención de expresar cierto ideario de vida, o de reflexionar sobre él. También el deseo de transmitir que los valores que nos mueven no son más débiles que, por ejemplo, los de un integrista.

¿Qué le debe a ‘La flecha en el aire’? ¿En qué medida podría ser un conjunto de lecciones cortas de clase, casi un tratado de urbanidad, idóneas para los alumnos?

Aquel libro era un diario de profesor. Este es un libro que parte de los manuales de urbanidad, que es un género bastante desprestigiado, para conducir al lector a otros lugares y preguntas.

Una de las frases que más se usa es ‘la buena vida’. ¿Qué sería para usted la buena vida?

Aunque parezca una respuesta circular, la vida buena es aquella que la persona buena reconoce como tal. Y es una combinación de participación en lo público y, a un tiempo, una individualidad ganada, conquistada. Hay que pensar, por otra parte, que la idea de los derechos humanos fue abriéndose paso a la par que ciertos usos domésticos, de indumentaria o de mobiliario: los asientos individuales en los teatros, el mueble secreter, la lectura de novelas en silencio, etc. De todo esto hablan autores como Lynn Hunt, que es una de las referencias que aparecen en el libro.

Por curiosidad, ¿qué ha sido más determinante en la redacción del libro: su condición de escritor, su condición de profesor o la de padre?

Todas ellas, supongo, han pesado algo. Como escritor, he pretendido que esté bien escrito, que los capítulos sean lecturas limpias; como profesor, son cosas que trato habitualmente; como padre… lo cierto es que mi pareja estaba embarazada cuando lo escribí, y quizá haya influido en el deseo de transmitir algo.

Isamel Grasa: No tenemos la respuesta de todo

¿Cuál es el significado de las citas? ¿Qué buscaba ahí y cómo las ha organizado? ¿Cuánto hay en ellas de azar y de homenaje de cariño a autores y amigos que le marcan?

Decidí que todos los capítulos terminasen con una cita, de modo que el libro es, a su vez, una selección de textos, recogidos en la bibliografía final, y que el lector puede continuar por su cuenta. Contiene un compendio de reflexiones, de Montaigne a Camus, de Natalia Ginzburg a Savater, que apuntan hacia la dignidad de lo cotidiano.

He pensado que ‘La hazaña secreta’ tiene algo de meditaciones de un lector… ¿Qué son primero las reflexiones o los textos ajenos?

Primero fue la reflexión, no es un libro de citas en ese sentido. El primer término que se extiende en nuestro mundo cultural con la Transición es el del “desencanto”, como si la vida en paz, la democracia común, fuese algo insatisfactorio para nosotros. Herzen decía que a los latinos no nos gusta vivir en libertad, que lo que nos satisface es luchar por la libertad. El motor de la reflexión de mi libro es rebelarse contra esto.

El libro parece un inventario de la sensatez, pero también tiene sus extravíos o sus desafueros, su discurso contra la lógica. Pienso en la frase de Mariano Gistaín: “Escuchar equivale a buscar vida extraterrestre, pero en la cocina”.

A mí me parece que está muy en la lógica, en el sentido en que lo dice Gistaín. Buscar ciertas formas de iluminación y de sentido forma parte de lo humano. Lo que es ilógico es pensar que tenemos la respuesta de todo.

¿No hay algunos elementos de provocación, o de ironía, o de puro juego, como eso de tener un sastre propio?

Sí, hay algo de provocación anacrónica. El caso es que reivindico en el libro los oficios, y los locales donde se arreglen y restauren cosas, no sólo donde se vendan nuevas.

¿En qué consiste de verdad ser un héroe para usted, o cuáles son los heroísmos inadvertidos que nos pautan la vida y la engrandecen?

Para ver héroes no hay más que girarse y mirar entre quienes tenemos al lado. Albert Camus decía que los nazis nos habían obligado entonces a ser héroes para tener que sobrevivir, pero que el heroísmo así entendido es poca cosa, que lo difícil es la felicidad.

Ismael Grasa: No tenemos la respuesta de todo

Aristóteles pareció intuir el mundo contemporáneo mejor que nadie. Escribió: “que no cabe que la misma cosa sea y no sea simultáneamente”. ¿Es una lección también para la política?

Ese principio de no contradicción del que hablas me parecía apropiado como introducción a un libro que quiere ser moderno pero no posmoderno.

¿Por qué defiende cosas tan sencillas, en apariencia, como hacer la cama, coleccionar algo, fomentar la amistad, aprender idiomas…?

Porque son las cosas con las que nos desenvolvemos, y las que quizá más contribuyan al progreso. Estoy entre los que creen que se ha progresado más levantando el sombrero de nuestras cabezas para saludar con cortesía que cortando cabezas.

¿Qué hacemos mal, por lo regular y no todos, claro, en el afecto, en el amor, en el sexo, en la vida en pareja?

No lo sé, no soy terapeuta ni psicólogo. Mi campo es más filosófico, y la filosofía no cura, sino que enferma, por más que sea en un sentido bueno.

“La casa de uno debe estar dispuesta para tener invitados”. ¿También en estos tiempos?

Una casa que no esté abierta no puede contener la felicidad.

El otro día alguien tras leer su libro, me dijo: “Muy interesante y bonito, pero no estoy en esa época”. ¿Para quién ha pensado este trabajo?

Quizá aquel lector sea demasiado antiguo. En todo caso, hay cosas en el libro, referidas a la indumentaria o la distribución de la casa, que no tienen por qué ser compartidas literalmente. Entiendo que lo que importa en el libro es la reflexión cívica que está tras ello, con la que se puede discrepar, pero que afecta a todos.

¿Cuál es su relación con el pensamiento que se puede dar en España? Pienso en Esquirol, Marina Garcés, Amelia Valcárcel, Arias Maldonado, Javier Gomá… ¿Los sigue, le interesan?

Soy lector de ensayo, y lo cierto es que se está publicando mucho y de buen nivel. Incluso la narrativa parece inclinada hacia cierta forma de testimonio, investigación o reflexión autobiográfica. No hay que mirar más que a las obras recientes de autores aragoneses como Sergio del Molino, Daniel Gascón, Martínez de Pisón o Manuel Vilas.

Ramón Gómez de la Serna dijo: “No hay más que la hazaña secreta, la aventura del atardecido”. ¿Qué quiere decir, cómo asumes la frase que la conviertes en el título del libro?

Como dice Montaigne, tanto valor requiere morir en la cama como en la gloria del campo de batalla.

 

11/09/2018 18:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN SENDER BARAYÓN RECUERDA A SU MADRE AMPARO BARAYÓN

LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE

DE AMPARO BARAYÓN

 

El sello Postmetropolis reedita ‘Muerte en Zamora’ de Ramón Sender Barayón, la historia de su madre y primera esposa de Ramón J. Sender, apresada y fusilada en octubre de 1936

 
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.Archivo Concha Sender

El músico y artista Ramón Sender Barayón (Madrid, 1934), hijo del escritor Ramón José Sender (1901-1982) y de la pianista Amparo Barayón (1904-1936), siempre tuvo una sombra en su vida: el destino de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, después de haber sido arrestada dos veces, una de ellas bajo la acusación de espionaje. También fueron ejecutados sus hermanos Antonio y Saturnino, cuyos cuerpos no se encontraron jamás. Esa sombra lo llevó a escribir un libro, ‘Muerte en Zamora’, que se publicó en Plaza & Janés en 1990 y que ahora, con prólogo de Paul Preston, ha sido reeditado, ampliado y con nuevas aportaciones, por Postmetropolis editorial.

Ramón Sender Barayón, que acaba de ser objeto de un documental de Luis Olano en su faceta de gurú de la música electrónica, siempre había estado intrigado con el destino aciago de su madre. Cuando ella fue fusilada, él tenía dos y años y medio, y su hermana Andrea, meses. Luego ellos, con la ayuda del periodista Jay Allen, fueron recogidos por la Cruz Roja Internacional y acabarían viviendo con un matrimonio norteamericano; Julia Davis sería como su segunda madre.

Ramón hizo algunas pesquisas en su familia, pero todo se difuminaba. Al autor de ‘Contraataque’ y ‘Los libros de Ariadna’ el asunto lo incomodaba mucho, tanto que jamás quiso contárselo a su hijo más allá de lo que ya aparece en sus novelas. Poco antes de la muerte de su padre, con quien había vivido muy poco, lo llamó por teléfono y le pidió que le dijese qué había sucedido con su madre. El diálogo se convirtió en una discusión y Sender le dijo: “Lo único que quieres es sacar dinero a costa de los huesos de tu madre”. El tono se agrió más, el escritor llamó a su hijo “imbécil” e “idiota”, y acabó colgándole el teléfono. Ramón escribió al ‘El País’ pidiendo información sobre su madre. Y le mandó otra carta a su padre: “Me duele en el alma pelearme contigo. ¿Por qué tenemos que ser enemigos? ¿Por qué hemos de repetir el destino de tantas generaciones”. Jamás le respondió y aquella encendida y áspera conversación ya sería la última.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

Fue entonces cuando Ramón Sender Barayón, que había olvidado el castellano, vino a España. Fue en 1982. Se trasladó a Zamora, habló con familiares y registró algunas desagradables opiniones que se habían vertido sobre su madre. Todo eso lo aclara el texto de Francisco Espinosa Maestre y algunos de los interesantes apéndices.

Ramón reconstruye la vida su madre. Tenía seis hermanos, su padre fundó la cafetería Iberia, donde detrás de una suerte de terraza con balcón ella tenía piano, instrumento que solía tocar. Luego se trasladó a Madrid, frecuentaba cines de la Gran Vía y las salas del Ateneo, y allí oyó un día a Senderleyendo su novela ‘Imán’.

Finalmente entrarían en contacto, se enamorarían y tendrían dos hijos, sin estar casados. La Guerra Civil los cogió en la colonia veraniega de San Rafael, en El Espinar, en la Sierra de Guadarrama. Como la posición de Sender era comprometida, según Conchita Sender, su hermano le dijo a su mujer:“Recuerda, si las cosas se ponen mal, vete a Zamora. En Zamora nunca pasa nada. ¡Ojalá hubiera sido así!”.

Ramón Sender Barayón habló con mucha gente, con familiares, con amigos, con compañeras de su madre, con periodistas e historiadores. Reconstruye sus últimos momentos, su paso por la cárcel, las penalidades que pasó y el último instante, en el que el cura le negó la absolución, porque no estaba casada por la iglesia.

Dos de sus compañeras de celda cuentan su final. Dice Pilar: “A las seis de la tarde Justo, el secretario del administrador de la cárcel, le arrancó a la niña de los brazos, diciendo entre otras gracias, que ‘los rojos no tienen derecho a criar hijos’”.

Poco antes de la tragedia, Amparo le había escrito a su marido: “Mi querido Ramón: No perdones a mis asesinos que me han robado a Andreína, ni a Miguel Sevilla, que es culpable de haberme denunciado. No lo siento por mí, porque muero por ti. Pero, ¿qué será de los niños? Ahora son tuyos. Siempre te querré. Amparo”. Sender tuvo otras muchas virtudes, pero no fue un padre precisamente ejemplar. Con -Elisabete Altube tuvo un tercer hijo, Emmanuel.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

LA FICHA

’Muerte en Zamora’. Ramón Sender Barayón. Prólogo de Paul Preston. Introducción de Helen Graham y de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Apéndices: Francisco Espinosa Maestre. Traducción de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Postmetropolis Editorial.

Madrid. 296 páginas.

Iconografía. El libro aporta mucho material gráfico: cartas, fotografías, certificados de defunción, notas íntimas. Amparo le manda una foto y le dice: “A mi Ramón con la locura de las locuras, con mi entusiasmo todo y más. ¡¡Siempre más!! Tu Amparo”.

11/09/2018 17:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

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Vida, libros y exilo de María Dolores Arana

 

La escritora vasca, que vivió dos décadas con el escritor zaragozano José Ramón Arana, ha sido objeto de una tesis de Mar Trallero

 

Antón CASTRO

La profesora Mar Trallero (Barcelona, 1975), que reside actualmente en Pensilvania, Estados Unidos, leyó hace unos meses una tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la escritora María Dolores Arana (Zumaya, Guipúzcoa 1910-Hermosillo, México, 1999), que vivió durante dos décadas con el escritor aragonés José Ramón Arana (1905-1973), con quien tuvo dos hijos: Federico y Juan Ramón.

Cuenta Mar, que está vinculada con Samper de Calanda: “Fui a México DF a hacer la investigación para un trabajo sobre el exilio femenino de 1939 e hice muchas entrevistas a mujeres refugiadas. A María Dolores Arana no se la pude hacer porque ya hacía algunos años que había fallecido, pero me habló de ella James Valender, yerno de Paloma Altolaguirre, hija de los poetas Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, y gran estudioso de la poesía del exilio republicano español de 1939. Yo le comentaba lo que había encontrado en las entrevistas y él me habló de Arana como la persona que aglutinaba todas aquellas circunstancias que habían sufrido las distintas mujeres españolas en México, de manera esporádica o parcial”. Mar Tralleró pensó que a través de la autora de ‘Canciones en azul’ (Cierzo, Zaragoza, 1935), se podía explicar muy bien el caso diferenciado de la mujer refugiada de 1939 en México.

“El hecho también de tener unas conexiones tan intensas con algunos personajes de renombre la hacía más interesante. Luego, el extraordinario paralelismo con su amiga Concha Méndez terminó de fascinarme”. Además de Concha Méndez, poeta del 27, tuvo contacto con Luis Cernuda, al que admiraba mucho y fueron buenos amigos, con Manuel Altolaguirre, con Octavio Paz y con Camilo José Cela, con quien se carteó en los años 60 y le publicó textos en ‘Papeles de Son Armadáns’.

Fue clave su conexión zaragozana, especialmente antes de la Guerra Civil. Explica Mar Trallero: “El poeta, libreto y galerista Tomás Seral y Casas la introdujo, seguramente a iniciativa de otro colaborador, en ‘Noreste’, una revista literaria de calidad y reconocida. Por lo tanto, ello hizo posible que a Arana se la conociera y se la considerara en buena medida como promesa de la poesía, algo que la guerra truncó por completo”. Sería aquí, en Zaragoza, donde publicó su primer libro, con ecos de la poesía popular y Góngora, filtrado un poco por Gerardo Diego. El dibujante y arquitecto Federico Comps le hizo un retrato.

“No creo que María Dolores se estableciera nunca en Zaragoza, aunque cabe esa posibilidad porque los años de la República, en su vida, permanecen muy oscuros, desconocidos. Ella estudió para formar parte del cuerpo de aduanas, y consiguió entrar como funcionaria en el cuerpo auxiliar de aduanas, pero la plaza que tenía cuando estalló la guerra era la de Irún. A causa de la toma franquista del territorio, la trasladaron a Barcelona”. Parece más que probable que fuese allí donde conociera a José Ramón Arana, que entonces era sindicalista y usaba su auténtico nombre: José Ruiz Borau. El futuro autor de ‘El cura de Almuniaced’ era primo del escritor y cineasta José Luis Borau.

 “Podrían haber coincidido en Barcelona o Zaragoza, pero no creo que hubiera pasado de un encuentro más bien casual. Durante la guerra fue cuando se conocieron bien e iniciaron su relación, que tuvo que ser apasionada en un principio por lo menos”. Se fueron juntos de España porqué tenían muchas posibilidades de ser represaliados. “Ella, con una familia franquista que la pudiera avalar, quizás lo tenía más fácil para quedarse. María Dolores amaba profundamente su tierra, pero se fue con él y, pese a las extremas dificultades (embarazada, sin recursos monetarios, con el miedo a la detención, con el ingreso de Ruiz Borau en un campo de refugiados) desoyó los ruegos de su familia y se marchó a América. Él, casado con Mercedes Gracia y con cuatro hijos pequeños a los que dejó cerca de Barcelona, cambió su identidad para crear una nueva”. Pasó a ser José Ramón Arana, y decía que era periodista y nacido en San Sebastián.

La vida no fue nada fácil. José Ramón Arana fue recluido en un campo de concentración en Francia, y María Dolores hizo lo indecible para ayudarlo a salir. Al fin lograron instalarse en México. José Ramón creó diversas librerías (como contó Simón Otaola en ‘La librería de Arana’) y fundó varias revistas y mantuvo su actividad política. “Ella se dedicó a sacar las castañas del fuego de la familia. Hacía mil y un trabajos para poder subsistir (vender colonia, coser muñecas, dar clases de piano...) y aún así sacaba fuerzas para continuar escribiendo poesía, y colaborando gratuitamente en revistas del exilio, fundadas por su marido, para no perder aquel primer atisbo de compromiso literario que había adoptado en España”. En 1953 publicó, con prólogo de Concha Méndez, su segundo poemario: ‘Árbol de sueños’, de lírica intimista y un tanto pesimista.

En 1960 María Dolores y José Ramón se separaron. El escritor tuvo otro hijo, Veturián, con su nueva compañera: la profesora de música Elvira Godás. Con esta pudo hablar Mar Trallero y le contó su inmensa desolación tras la ruptura. En 1966 publicaría ‘Arrio y su querella’, una historia de la filosofía cristiana, y en 1987 una insólita novela: ‘Zombies. El misterio de los muertos vivientes’, que obedecía a su interés por el vudú y el recuerdo de unos meses en La Martinica.

“MDA era una mujer con una extraordinaria capacidad intelectual, pero pese a ello con muchas inseguridades que explicaban un carácter más bien tosco, muy introvertido, muy vasco según me han dicho varias personas vascas. Era una mujer muy exigente, con ella misma y con los demás, también enormemente honesta y generosa en la amistad”, resume Mar Trallero.  Era tan humilde que fue el bibliófilo José Luis Melero quien le mandó a su hijo Federico la fotocopia del primer libro: ‘Canciones en azul’, del que no sabía nada.

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón.

 

RETRATO DE CONCHA MÉNDEZ

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Concha Méndez, siete años de amor con Buñuel

 

Se publica una nueva edición de las ‘Memorias habladas, memorias armadas’ de la poeta de la generación del 27 que fue novia del cineasta

 

Concha Méndez Cuesta (1898-1986) es una de las poetas del 27 y una mujer que vivió intensamente una existencia tumultuosa y rica: nació en Madrid, fue la mayor de once hermanos, se educó con una institutriz francesa (escribió poemas en francés antes que en castellano), veraneaba en Santander y San Sebastián, fue campeona de natación, aunque era una fumadora compulsiva, viajó desde pequeña a París con una de sus hermanas, estudió en el Liceo Club Femenino y, poco a poco, se convirtió en una de las voces de la Generación del 27. Fue amiga entrañable de Vicente Aleixandre, de Pablo Neruda y de Federico García Lorca, tuvo un sueño premonitorio de su asesinato en la presentación del libro ‘La realidad y el deseo’ del raro Luis Cernuda, y de algunos nombres más: Maruja Mallo y Rafael Alberti, que eran pareja, Manuel Altolaguirre, que sería su marido, y Luis Buñuel, que fue su novio a lo largo de casi siete años. Un amigo aragonés, cuyo nombre no recordaba, se lo presentó en San Sebastián y no tardaron en formalizar su noviazgo.

Así se lo contó ella a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre (Ciudad de México, 1957), que le grabó sus recuerdos durante varios sábados, octogenaria ya y víctima de los desaires del exilio, donde “permaneció aislada”. Esas impresiones se recogieron en el libro ‘Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas’ (Renacimiento. Biblioteca del Exilio, 2018). Paloma escribe: “Después de la guerra se quedó al margen, desilusionada de todo. Al reflexionar sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido víctimas de una trampa impuesta desde el exterior, que bajo pretexto de defender ideales se habían asesinado entre hermanos, amigos y vecinos. Sumada a esta desesperanza, a esa tristeza por haber visto tanta muerte, estaba la misoginia de sus compañeros”, con el poeta y antólogo Gerardo Diego a la cabeza.

En este libro, breve pero enjundioso, sincero y descarnado en ocasiones, Concha Méndez habla de todo sin rencor en una narración elegante que explica la importancia de la cultura española anterior a la Guerra Civil, de las angustias de la contienda (el miedo, las fugas, las bombardeos, el éxodo definitivo) y de una vida errante, que la llevó a Buenos Aires, Londres (allí dio una conferencia sobre la relación entre Goya y su maestro y suegro Bayeu), Cuba, donde coincidió con la pensadora María Zambrano, autora de un cariñoso prólogo, y finalmente a México, período último en el que mantuvo una amistad muy especial con los Arana, los aragoneses José Ramón Arana, nacido en Garrapinillos, y su segunda esposa María Dolores, que le guardó sus animales mientras construían su casa de Coyoacán. Concha Méndez quiso ser, sin aspavientos, una mujer emancipada, una ‘sinsombrero’ en aquel Madrid de la Residencia de Estudiantes, y acabó siendo en España y en México, hasta su separación en 1944, la compañera del poeta, impresor y tipógrafo Manuel Aguirre, que un día, cuando ya asomaba otra mujer a su vida, le dijo que “sería mejor que estuvieras sola, porque él me daba sombra”. “Ni eres sombra, ni eres largo”, le contesté”.

Así cuenta su relación con Buñuel, “el director de cine”. “En aquel tiempo éste se interesaba solo por los insectos. Nos pusimos en relaciones, teníamos la misma edad [Buñuel era dos años más joven], estuvimos juntos durante siete años. Nos veíamos todos los días, pero no podíamos salir solos (…) Buñuel vivía en la Residencia de Estudiantes, junto con García Lorca, Dalí, Moreno Villa y otros. Vivía y asimilaba, porque era un chico inteligente. Y yo, en el inconsciente, seguramente me iba enterando de la posibilidad de otro mundo, que no fuera la familia, los hermanos: cada dos años nacía uno”.

Recuerda que Luis empezó a estudiar entomología. “Me regalaba insectos y ratones blancos. Yo misma leía los libros de Faber. Curiosamente, he visto que en algunas de sus películas aparece como detalle de gracia un insecto. En nuestra juventud estaba de moda ir a bailar y a tomar el té por las tardes a los grandes hoteles: el Ritz y el Palace. (…) Cuatro veces por semana íbmos a bailar y los demás días al cine y al Retiro”. Dice que Buñuel llevaba doble vida. “Nunca nos reunimos juntos con los chicos de la Residencia de Estudiantes. La vida dividida entre los amigos y la novia era una costumbre de la época; me hablaba de ellos, pero nunca me los presentó. Me pregunto cómo podía conciliar ambos mundos: uno más frívolo, nuestra vida en común, y el otro artístico, en el que se filtraban rasgos surrealistas”. Cuenta que tenía la misma caligrafía, que en San Sebastián iban a las carreras de coches y a la playa. A Buñuel le gustaba mucho la música, “sabía leerla y al asistir llevaba las partituras”. Él le regaló una radio, “era emocionante escucharlo, pero tenía que disfrutarlo a solas. Al novio se le hablaba por teléfono o se le veía en la calle, para que entrara en la casa, tenía que pasar el tiempo. Me regalaba muchas cosas, era espléndido”.

A Luis Buñuel le ofrecieron un puesto en la Sociedad de Naciones de París. “Lo quería para que pudiéramos casarnos”, dice, pero eso marcaría el fin. “No volvió y yo tampoco volví: no volví, aunque todavía no me había ido. Aquella relación la comparo ahora con un vicio”. Se encontrarían algunos años después, en Madrid y San Sebastián. “Con Buñuel había quedado como amiga; cada verano que él volvía a San Sebastián nos encontrábamos. Recuerdo que una de las veces se hospedó en un hotel elegante, al que me invitó a tomar el té”. Más tarde, convertida ya en poeta, Concha Méndez Cuesta viajó a París, se enteró Luis Buñuel, la citó. “Me llevó a ver sus películas, ‘El perro andaluz’ y ‘La edad de oro’, que llevaban tiempo exhibiéndose en una cine-club; después comimos juntos y caminamos por la ciudad hasta despedirnos”. En esos días, oyó hablar del que iba a ser su marido, Manuel Altolaguirre, poeta e impresor de revistas como ‘Lola’, ‘Litoral’, ‘Héroe’ o ‘Caballo verde para la poesía’.

 

11/09/2018 09:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER PLAZA EXPLICA SU NOVELA 'CANCIÓN DE OTOÑO'

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Javier Plaza (Pamplona, 1974) habla de su segunda novela, ’Canción de otoño’, que transcurre en los Pirineos y en Zaragoza en el siglo XIX.
Habías publicado una novela anterior. ‘La urraca en la nieve’, muy distinta: era una novela de París, del arte… ¿Qué te llevó allí?
Fue mi pasión por el Impresionismo y el hecho de que coincidieran, en las calles del París de la Belle Époque, maestros de la talla de Monet, Manet, Renoir o Cezanne Creo que tal acumulación de genios es un momento único en la historia del arte, aunque en su época, salvo excepciones, eran tenidos por artistas de segunda o tercera fila. Para mí aquel momento tenía un gran valor literario

-Ahora das un salto bien distinto. Te trasladas a las guerras napoleónicas… ¿Por qué?
La época la elegí porque quería escribir una novela de valles y pueblos del Pirineo llenos de vida, de niños jugando en las calles y de hombres y mujeres en las casas, en los campos y en los caminos.
Partiendo de eso escogí los años de la Guerra de la Independencia porque me permitía enlazar la novela con los Sitios de Zaragoza, con las partidas que guerreaban por el alto Aragón y, en el caso concreto del valle de Vió, con el privilegio que tenían los mozos del valle, durante la guerra, de poder volver a sus pueblos durante el verano, con el fin de defender los boquetes de Góriz, es decir, los pasos a Francia desde aquel lugar.

-Aunque la novela también transcurre en Zaragoza, lo esencial es el Pirineo: Fanlo, Burgasé, Aínsa… ¿Por qué los Pirineos?
Bueno, desde que comencé a recorrer el Pirineo, siendo niño, me ha cautivado el paisaje, y también sus gentes y su historia. Disfruto recorriendo sus valles y pueblos y montañas, y también conociendo los vestigios de quienes lo poblaron, o visitaron, antes que nosotros: los dólmenes, como el de Aguas Tuertas o el de Tella, el arte románico que recorre todo el Pirineo, con edificios de espectacular belleza como San Pedro de Larrede o Santa María de Iguacel, el Monasterio de San Juan de la Peña, que es un lugar único. También me encanta recorrer los pueblos deshabitados, algunos de visita obligada, como Otal o Escartín, y conocer los oficios tradicionales, especialmente los navateros y los pastores, con la trashumancia. Para mí escribir esta novela era devolver al Pirineo un poco de lo mucho que me ha dado.

-¿Cuál fue la importancia de la guerrillas ante los invasores franceses?
Creo que es un tema bastante desconocido, pero las partidas sometían a un hostigamiento continuo y efectivo a las tropas ocupantes, aportaron mucho. Estaban bien organizadas, dentro de sus posibilidades, y contaban con el conocimiento del terreno y en general, con el apoyo de la población. En las ciudades los franceses mantuvieron el control durante años, pero en los caminos sus columnas eran atacadas continuamente, causándoles grandes pérdidas. Algunas partidas incluso cruzaron los Pirineos y atacaron pueblos del sur de Francia. Goya nos dejó un precioso testimonio del nivel de organización al que llegaron las guerrillas, con sus dos tablas sobre la fabricación de pólvora y balas en la Sierra de Tardienta. En ellas refleja los trabajos de la partida del zapatero José Mallén. Para escribir sobre las partidas me ha resultado imprescindible el libro “Guerrilleros y patriotas” de Ramón Guirao.

-¿Has querido hacer una novela de paisajes o de guerra? Dices en un determinado momento: “La guerra no acaba nunca”.
Para mí es una novela de paisajes, pero para Rosa no. Ella ha regresado a su pueblo desde Zaragoza, donde lo ha perdido todo, y en Fanlo se encuentra con la misma guerra. Conforme avanza el tiempo la guerra se va terminando, y eso le ayuda a lograr algo de paz interior.

-Es, en el fondo, una novela de mujeres y una novela del dolor y la pérdida… El relato de dos hermanas…
Sí, es el retrato del reencuentro de Rosa con la vida, con la casa, con sus raíces, incluso con sentimientos que no esperaba que volvieran a germinar en su interior, y en ese proceso tiene especial importancia el esfuerzo y los cuidados de su hermana Inés.

¿Cómo rehace su vida Rosa, la protagonista?
Su regreso al pueblo es casi obligado y al principio no encuentra allí ninguna motivación. Ella dice que solo le quedan los recuerdos, que hacia adelante no hay nada. Inés es quien tira de ella tratando de reincorporarle a la vida y a la casa. Poco a poco, Rosa se va reencontrando con gente que la conocía y la quería, aunque ella apenas los recuerda. Por otro lado ella es la heredera, y su familia es una de las familias principales del valle, así que comienza a sentir de nuevo las obligaciones que le inculcó su padre, siente que debe ponerse al frente de la casa, y tratar de gobernarla con mano firme.

¿Has querido reflexionar sobre la importancia de los Sitios en la historia de Aragón, y sobre todo en la vida cotidiana de las gentes?
Realmente cualquier análisis sobre las consecuencias de aquel conflicto es demasiado complejo para mis conocimientos, aunque resulta evidente que durante la guerra se produjeron grandes avances sociales, manifestados en las Cortes de Cádiz, y que el final de la misma trajo de regreso a un rey lamentable que anuló todo lo que se había hecho y, mientras pudo, llevó a cabo un gobierno absolutista. Pero yo tan solo he tratado de reflejar la dureza de la vida cotidiana en el interior de la Zaragoza sitiada. Si se habla de la situación general del país, o incluso de la marcha de la Guerra, es tan solo en lo que pueda importar a Rosa.

El amor siempre es un estímulo en las novelas. También aquí. ¿Qué dimensión le has querido dar?
En esta novela el amor es un elemento más significativo que en la anterior. Es una novela de amor, de mi amor al Pirineo, del amor de Rosa a su esposo y su hijo, y del amor que siente de nuevo a su tierra sus raíces y su familia. No estoy seguro de que yo quisiera darle esa dimensión cuando comencé a escribir, no esperaba de mi ese punto romántico, pero ese es el resultado.

¿Qué te dice el Pirineo para ti, cómo lo ves?
Para mí es un lugar de contemplación, una fuente de conocimiento y, en ocasiones, el mejor retiro para meditar, para pasar un tiempo conmigo mismo.

Creo que ha sido muy importante la documentación. ¿Qué buscabas, es el Pirineo un buen escenario novelesco?
El Pirineo es un buen escenario porque su belleza te sirve de fondo, es un marco incomparable para decorar cualquier historia. Y el documentarme para “Canción de otoño” ha sido un auténtico placer: he visitado en numerosas ocasiones el valle de Vió y sus alrededores, y he leído cuanto he podido sobre el Pirineo y su pasado, como digo, un placer. Ha habido algunos libros me han aportado mucho, especialmente “Navateros” de Severino Pallaruelo y “La Solana” de Carlos Baselga.

-¿Por qué escribes novelas? ¿Qué te permiten hacer o imaginar?
Escribir es mi expresión artística, y es un esfuerzo intenso que me hace sentir satisfecho, es un reto mental. En esta novela he tratado de cuidar hasta el más mínimo detalle, desde el texto hasta el color de las páginas o la calidad de las tapas. Soy muy perfeccionista, pero cuando consigo terminar una novela la leo y a mi me gusta.

-Estamos en verano. ¿Podrías recomendarnos tres o cuatro libros que te hayan conmovido y hacernos una ruta por los Pirineos?
Como novelas que haya leído últimamente recomendaría “Ordesa” de Manuel Vilas, una excelente novela, intimista, de prosa precisa y preciosa y también “El Gran Dragón Negro”, de Clara Fuertes, sobre los niños que vivieron en el campo de concentración de Terezín. Y, por hacer una recomendación pirenaica, sin duda “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares, que es una obra maestra y con la que es imposible no emocionarse. Dos ejemplos de rutas de gran belleza en la zona del Pirineo en la que transcurre “Canción de otoño” serían, por un lado, el recorrido de los Miradores de Ordesa, que parte de Nerín o Torla, y, por otro, un paseo por Plana Canal y las Sestrales, por encima del Cañón de Añisclo. Son dos excursiones maravillosas, no muy frecuentadas y que están al alcance de todo el mundo, se pueden realizar en familia.
*La fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de 'Heraldo', donde se publicó una selección de esta entrevista...


 

03/08/2018 08:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANDREA PITZER: 'UNA LARGA NOCHE'. LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

UNA LARGA NOCHE Historia global de los campos de concentración ANDREA PITZER. La Esfera de los libros.

 

Una historia original, apasionante y profundamente conmovedora sobre una de las grandes tragedias contemporáneas: los campos de concentración Durante más de un siglo, en todo momento, ha habido al menos un campo de concentración en funcionamiento en algún lugar del mundo. Al principio, los campos se utilizaron como parte de la estrategia militar, pero con el paso de los años fueron evolucionando en la dimensión de sus consecuencias y en el salvajismo con que los gobiernos los utilizaron. Ya bien entrado el siglo xxi, mientras seguimos calculando la magnitud y el horror del Holocausto, la Historia nos recuerda que hemos roto la promesa del «nunca más». Con este estremecedor trabajo, basado en documentos, registros, archivos y entrevistas realizadas por todo el mundo, Andrea Pitzer pone de manifiesto por primera vez la historia cronológica y geopolítica de los campos de concentración. Partiendo de la última década del siglo XIX, la autora documenta este tipo de centros en todo el mundo y a lo largo de más de cien años. Desde Filipinas y Sudáfrica, en las primeras décadas del XX, al gulag soviético y los campos de detención en China y Corea del Norte durante la Guerra Fría, los sistemas de campos de concentración se han utilizado como herramientas para la «relocalización» civil y, sobre todo, para la represión política.

A menudo se  han justificado como una medida para proteger a una nación, e incluso para salvaguardar la integridad de los internos, pero en realidad siempre han sido emplazamientos brutales e inhumanos que han acabado con la vida de millones de personas. A partir de testimonios de primera mano, con una investigación meticulosa y haciendo gala de una gran erudición histórica, Andrea Pitzer saca a la luz los orígenes de este espantoso fenómeno, escudriñando y revelando finalmente la terrible herencia de los campos: atrocidades impensables, la fortaleza de los supervivientes e incluso los momentos íntimos y privados que también fueron parte de la vida en los campos de concentración durante el siglo pasado.

EL LIBRO

La primera investigación de Pitzer comenzó en la primavera de 2008. Entre 2011 y 2016, la autora visitó diversos archivos y lugares de detención, en funcionamiento o ya cerrados: Tule Lake, en California; Oświęcim y Varsovia, en Polonia; Dachau, Hamburgo y Berlín, en Alemania; San Petersburgo, en Rusia; Praga y Šumperk en la República Checa; Gurs y París en Francia; Ginebra en Suiza; Tallín y Klooga, en Estonia; Santiago, en Chile; Buenos Aires, en Argentina; Yangon y Sittwe, en Birmania; y la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo. También habló con historiadores, activistas, soldados y abogados, así como con vigilantes en activo y antiguos, y con supervivientes de los campos de detención. Aunque los testimonios de los entrevistados pueden tener errores, también los tienen los registros oficiales. Pero unos y otros son útiles. Y allí donde las presiones políticas han impedido el testimonio de los detenidos, he procurado eliminar las distorsiones o los pasajes que se veían afectados en este sentido. La crítica más detallada de los campos de concentración procede a veces de las naciones enemigas; en estos casos, lo que se dice en ocasiones es cierto, pero no siempre en su totalidad. Algunas fuentes son solo propaganda o informes para legitimar determinados actos.

TEMAS DEL LIBRO

1. Nacido entre generales 2. Muerte y genocidio en Sudáfrica 3. La Primera Guerra Mundial y la guerra contra los civiles 4. El nacimiento del gulag 5. La arquitectura de Auschwitz 6. El mal sin límites 7. Hijastros del gulag 8. Ecos del imperio 9. Hijos bastardos de los campos de concentración 10. Guantánamo y el mundo 

 

HAN DICHO DEL LIBRO… «Una larga noche es un relato riguroso y objetivo de la historia de los campos de concentración, una narración valiente y sólida sobre la crueldad, pero también sobre el valor humano. Y está contada con una inquebrantable claridad ética tan firme que esta historia servirá para recordarnos que nunca es tarde para defender lo que es justo. Deborah Blum, novelista (The Poisoner’s Handbook), periodista y Premio Pulitzer

«Andrea Pitzer tiene la elegancia de un poeta y el rigor de una periodista curtida en su oficio. En esta obra también demuestra su increíble habilidad para traducir un siglo de espantosos sufrimientos en un innovador relato que resulta fluido, lúcido y comprensivo con el dolor humano. Conseguirá que el lector vea el pasado —y el presente— con otros ojos». Beth Macy, periodista y escritora, autora de Truevine y Factory Man

«Un relato poderoso y agudo sobre los horrores de los campos de concentración, y no solo de los que conocemos, sino también de aquellos que pasamos por alto o preferimos ignorar. Los esfuerzos de Andrea Pitzer en su investigación y en su composición sin duda han dado resultados muy reveladores». Annie Jacobsen, periodista autora de Phenomena y finalista del Pulitzer con The Pentagon’s Brain

«Una larga noche, el perspicaz trabajo de Andrea Pitzer, funciona realmente como un poema épico aderezado con el horror de los campos de concentración que ha habido a lo largo de la historia en todo el mundo. Es un relato lleno de profundidad y violencia, que por desgracia resulta muy reveladoro y significativo. “Los viejos campos vuelven a abrirse, otros nuevos se crean”: Pitzer nos cuenta con una prosa limpia y clara una historia objetiva, apasionante, intensa y profundamente perturbadora». Peter Davis, ganador de un Oscar por Hearts and Minds y autor de la novela Girl of My Dreams

DE LA INTRODUCCIÓN…

Un ferry de dos pisos transporta a los visitantes hasta la parte de barlovento de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo y los deja a los pies de una colina, a escasa distancia del llamado Camp Justice. Hay unas cuantas instalaciones destinadas a albergar detenidos; son actuales y antiguas, con nombres como Camp Echo o Camp Delta, y se agrupan cerca del extremo suroriental de la base, resguardadas tras unas verjas de tela metálica coronadas con rizos de alambre de espino. Esas instalaciones aún están operativas, y acogen a un pequeño número de detenidos que esperan la resolución de sus casos, aparte de otros que jamás verán evaluados sus casos en Camp Justice. El ferry atraca junto a un pequeño aparcamiento en Fisherman’s Point, pero el pavimento puro y duro del lugar no refleja su azarosa historia: en 1898, los soldados de Estados Unidos desembarcaron en este mismo lugar durante la guerra hispano-americana; pusieron pie a tierra en la mañana del 10 de junio, abriendo fuego contra una población costera y apoderándose antes del mediodía de la guarnición que la custodiaba. La colina se convirtió en un campamento militar, luego en una base permanente y las fuerzas estadounidenses ya nunca lo abandonaron. Una placa de bronce encastrada en un hito de piedras blancas junto a la orilla conmemora una invasión bastante anterior. Durante el segundo viaje de Cristóbal Colón a las Indias, en 1494, el almirante visitó Fisherman’s Point también, después de reclamar la isla de Cuba para el Reino de España. La placa dice que Colón y sus hombres llegaron allí buscando oro, pero «no encontrando lo que pretendían, se fueron al día siguiente». Durante más de cuatrocientos años tras la expedición de Colón, Cuba siguió siendo colonia española. Pero en la última década del siglo XIX, España creó los primeros campos de concentración del mundo en esa isla. Semejante decisión desató masacres sin cuento que, al final, acabaron con la pérdida de la colonia y con los soldados americanos desembarcando en el mismo punto en el que Colón había estado buscando oro siglos atrás. Hasta hace solo unos años, jamás se me había pasado por la imaginación viajar a Guantánamo. Mi interés se reducía a escribir una historia de los campos de concentración. El campo de detención de Guantánamo, típico del siglo XXI, podría resultar perturbador, pero no se me había ocurrido pensar en esas instalaciones como en un campo de concentración. Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba investigando las detenciones masivas y los arrestos indiscriminados a lo largo de la historia, más se revelaba la espantosa identidad y realidad de Guantánamo. No se me pasó por la cabeza pensar que pudiera escribir sobre ese lugar sin haber estado allí. Y por eso, en 2015 hice dos visitas a Guantánamo. La primera me proporcionó la posibilidad de asistir a vistas preliminares contra cinco  acusados por los acontecimientos del 11 de septiembre.

Dado que yo no tenía la obligación de entregar mi trabajo en una fecha concreta, como otros periodistas que viajaban conmigo, opté por ocupar el lugar del artista invisible que dibuja bocetos del juicio y absorber —tanto como me fuera posible— lo que ocurría en aquella especie de tribunal que iba a los casos de los prisioneros en la «guerra contra el terror». Había llegado a aquel lugar quince años después de los atentados del 11-S, y tenía que ponerme al día. Mi segundo viaje me permitió acceder a los campos de detención, o, al menos, a las instalaciones que me dejaron ver. En ambos casos, poner el pie en Guantánamo era como entrar en otro mundo. Resultaba abrumador comprobar que había miles de personas empleadas y decenas de edificios destinados a mantener en marcha la maquinaria de la detención: en aquel momento, el centro ya solo albergaba a un pequeño grupo de prisioneros, poco más de un centenar. Lo que más me perturbaba a mí —la legitimidad o no de mantener a sospechosos sin juicio durante más de una década— no era en absoluto ninguna preocupación acuciante para los soldados y marinos que estaban allí, ocupados, haciendo su trabajo. Las grandes cuestiones se habían decidido ya en otra parte. Los detenidos estaban allí y allí se quedarían hasta nueva orden.

Después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, la decisión estadounidense de utilizar Guantánamo como un emplazamiento perfecto para las detenciones extrajudiciales se había saludado en los círculos internacionales con la misma consternación que suscitó el proceso español de «reconcentración» (detención masiva de civiles) en 1896. En términos generales, los campos de detención americanos del siglo XXI en Guantánamo son hijos de los campos españoles del siglo XIX. Pero han transcurrido muchas décadas entre unos y otros, y cada nueva instalación de barracones y celdas de castigo arrastra elementos clásicos de los viejos campos al tiempo que evoluciona con características nuevas. La historia de los campos de concentración parte de Cuba, se disemina como ondas concéntricas por el mundo y regresa luego a la isla: sus ecos alcanzan a los seis continentes y casi a todos los países del mundo. Los campos de concentración han estado presentes continuamente en uno u otro lugar del globo durante más de un siglo. Los barracones y el alambre de espino siguen siendo sus símbolos más conocidos, pero un campo de concentración se define más ajustadamente por sus detenidos que por cualquier otra característica física. Un campo de concentración existe allí donde un gobierno quiere mantener a ciertos grupos de civiles fuera de los procesos legales normalizados, a veces para segregar a personas que se consideran extranjeras o marginales y en otras ocasiones para castigarlos. Si las prisiones están concebidas para albergar a sospechosos acusados de crímenes tras un juicio, un campo de concentración alberga a aquellos que, en la mayoría de los caso, no se han sometido a un juicio justo en absoluto.

La palabra «detenido» es el término más específico que se puede aplicar a la persona retenida de este modo, pero para lo que nos interesa en este libro, también pueden ser considerados prisioneros, presos o cautivos. A veces, como ocurre en Guantánamo, la definición de las categorías de los detenidos se vincula a determinadas consideraciones legales. Llamarlos «prisioneros» podría implicar la necesidad de garantizarles los derechos obligados a los prisioneros de guerra según la Convención de Ginebra, así que los mandos del campo suelen llamarlos simplemente «detenidos». Los campos de concentración albergan a civiles más que a combatientes, aunque en bastantes casos, desde la Primera Guerra Mundial a Guantánamo, los administradores de los campos no siempre han hecho el esfuerzo de distinguir entre unos y otros. Los detenidos se han visto en esos lugares esencialmente por razones raciales, culturales, religiosas o políticas, y no tanto por delitos tradicionalmente perseguidos por la ley, aunque algunos estados han remediado este defecto legislando de tal manera que la mera existencia de la disidencia fuera prácticamente imposible. Esto no significa que todos los detenidos sean inocentes de acciones criminales contra un gobierno en un sistema dado; más bien, significa que tanto los inocentes como los culpables son encerrados sin ninguna distinción ni consideración. Los campos de concentración se instauran por decisiones políticas estatales, o menos frecuentemente, los organizan gobiernos provisionales durante un conflicto o guerra civil. Representan el ejercicio del poder estatal contra los ciudadanos, individuos particulares u otros sobre los cuales el gobierno tiene algún grado de responsabilidad. Al contrario que en las prisiones, los campos de concentración a menudo albergan a prisioneros sin una fecha de liberación prevista. Y cuando se ofrece esa fecha, se ha decidido arbitrariamente y se puede modificar sin previo aviso. En algunos —pocos— sistemas de campos, la detención se ha establecido como una medida protectora, supuestamente para proteger a un grupo de la ira popular, y en alguna ocasión realmente han sido lugares en los que los detenidos han estado protegidos. Pero lo más habitual es que la detención se considere como una medida preventiva, para mantener a un grupo sospechoso a buen recaudo con el fin de evitar que cometa posibles «crímenes.» Muy rara vez los gobiernos han admitido públicamente que han utilizado los campos de concentración como castigo; sobre todo, los han presentado como parte de una misión civilizadora para mejorar el nivel de ideologías, culturas y razas supuestamente inferiores.

Andrea Pitzer

 

*Dossier del libro. Remite Mercedes Pacheco.

27/07/2018 12:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LUIS ALEGRE: NIÑA MAMÁ. EN EL ADIÓS DE FELICITAS SAZ

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Ayer, en el Hospital Nuestra Señora de Gracia, fallecía Felicitas Saz, viuda de Luis Alberto Alegre y madre de Luis Alegre y de sus hermanos Carmen y Salvador. Luis le ha dedicado algunos de sus mejores textos, que es mucho decir, entre varios miles desde sus años de ’Andalán’, hasta ahora con colaboraciones en ’Heraldo’, ’Marca’, antes ’As’, ’The Huffington Post’ o ’El País’, por citar algunos. Este artículo lo publicó en hace cinco años, cuando su madre cumplió 88. Ha fallecido con 93.

 

[Luis Alegre le dedica hoy su extenso y elaborado artículo de la contraportada a su madre Felicitas Saz. Una mujer de una increíble humanidad, capaz de decirle costas tan atinadas como, en medio de la crisis de Bárcenas, esta: "¿Será verdad tanta mentira?". O, tras leer un libro: "Qué rápido pasa el tiempo aquí dentro". Escribe todos los días una o dos páginas, lee varios periódicos, tiene 88 años y parece que no se haya aburrido jamás. Entenderla a ella es también entender un poco mejor a su hijo: profesor, cineasta, cinéfilo empedernido, conductor de programas de televisión, periodista...]

HASTA LOS 14 AÑOS MI MADRE VIVIÓ LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA, EL REINADO DE ALFONSO XIII, LA II REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y UN POQUITO DE FRANCO Y LA POSGUERRA. MENUDA GENERACIÓN LA SUYA.

 

 

NIÑA MAMÁ

 

Por Luis ALEGRE. De Heraldo.es

 

 

Tengo un amigo que, en las biografías y libros de memorias, se salta la parte de la infancia y la adolescencia. Él sostiene que todas las infancias y adolescencias se parecen demasiado y le aburre leer los mismos traumas, complejos, conflictos y amores contrariados. A mí, en cambio, me sucede al revés. En esos años en los que uno se abre al mundo, recibe los primeros estímulos, crece y se empapa de toda clase de vivencias y personas suelen residir las claves más decisivas para conocer a alguien. Y si comparo mi infancia con la que vivieron mis padres o con la que acaban de vivir mis sobrinos, veo tres mundos que no se parecen en casi nada.

 

La niñez de mi madre Felicitas, por ejemplo, quedó muy lejos de la niñez soñada. Nació en Lechago, nuestro pueblecito de Teruel, en 1925. El 18 de junio de 1939 cumplió 14 años. Hasta ese momento vivió la dictadura de Primo de Rivera, el reinado de Alfonso XIII, la II República, la Guerra Civil y un poquito de Franco y la posguerra. Menuda generación la suya.

 

Los padres de mi mamá, Pedro y Carmen, tuvieron cinco hijas y dos hijos. Mi mamá era la más joven de las chicas. La mayor, Francisca, murió a los siete años y el pequeño de los hijos, Salvador, murió a los 23. Eso fue algo muy común en la España de mis abuelos: tener muchos hijos y sufrir la pérdida de alguno de ellos. Entonces, la ropa negra que señalaba el luto se llevaba durante años. En las fotos de mi familia de aquel tiempo, siempre hay alguien que viste de negro. Mi madre era una de las niñas más queridas de Lechago. Cada vez que había un funeral, iba a la Iglesia y lideraba el rezo del rosario. Eso lo agradecían mucho las familias de los difuntos.

 

En Lechago los más pudientes tenían un pastor en exclusiva para sus ovejas. Pero los de medio pelo se tenían que asociar con otros para permitirse un pastor. Mi abuelo Pedro llegó a un acuerdo con otros dos amigos para que un pastor cuidara de las ovejas de los tres. Así hizo mi madre sus dos primeras amigas, María y Josefina, las hijas de esos dos amigos de mi abuelo. Las tres niñas se dijeron que mientras sus ovejas siguieran juntas, ellas serían amigas. Las ovejas se separaron pero María, Josefina y mi madre continuaron su relación toda la vida. Mi madre se distingue por su espectacular facilidad para la amistad. Después de María y Josefina, sus siguientes amigas íntimas fueron Rosario y Agustina. María murió hace unos años pero Josefina y Rosario y Agustina –que son hermanas-, siguen ahí. Todo el rato están pendientes unas de otras. Uno de los grandes momentos del verano en Lechago es cuando ahora se reencuentran esas amigas eternas. Al verlas juntas las visualizo, juntas también, en el Lechago de los primeros años 30 y me sacude una alegría inmediata. Mi madre me ha enseñado que la amistad es un sentimiento capaz de resistir los golpes del paso del tiempo durante 80, 90 o los años que haga falta. Mamá nunca ha dejado de hacer amigas. Paquita, Gonzalina y Pilar son otros de sus imprescindibles apoyos cotidianos. A algunas amigas las encuentra en las iglesias o en las habitaciones de los hospitales. Un día, en el hospital Miguel Servet, me presentó a su compañera de cuarto, otra Paquita. Se habían conocido esa misma mañana pero ya la consideraba su amiga. Han pasado diez años y aún se llaman. Mi madre, si se cruza con alguien por la calle, siempre sonríe, mira a los ojos y saluda, aunque no le conozca.

 

A mamá le gustaba tanto fregar los platos que, si sus hermanas mayores no le dejaban, se echaba a llorar. También le encantaba ir a la escuela. Los maestros pegaban duro a los chicos y chicas de Lechago pero mi madre asegura que a ella jamás le ha pegado nadie. Otra cosa que le perdía era cantar jotas. Mi abuelo Pedro tocaba la guitarra y ella le acompañaba. Cantaba mientras fregaba o en la era, durante la trilla. Aún hay gente de Lechago que recuerda cómo, al salir a la calle, escuchaban a mi madre cantar.

 

Mi madre tenía once años cuando estalló la Guerra Civil y, desde entonces, ya fue muy poco a la escuela. Lechago fue un lugar de retaguardia. En la casa de mamá se alojaron soldados gallegos y, también, algunos italianos, que le descubrieron el café y los macarrones. Uno de esos chicos, el zapatero, cantaba tonadas italianas y le escribía una carta diaria a su mujer. Mi madre cuenta, orgullosa, cómo su padre, alcalde de Lechago durante la guerra, se negó a delatar a los rojos del pueblo cuando los franquistas le presionaron para que lo hiciera. “En Lechago no hay nadie malo”, dijo mi abuelo. Mi madre recuerda muy bien el frío del invierno de 1938: los burros se caían al resbalar en el hielo que cubría las calles. Y, sobre todo, mi madre recuerda el miedo de cada uno de aquellos días y cómo ella temblaba cuando se oía el ruido de los aviones y alguien gritaba “¡Que vienen los rojos”¡. Un día mi mamá tropezó con una mula mientras corría hacia el campo de su padre para avisar de eso, de que venían los rojos. Su hermano mayor, Cristóbal, estaba en el frente y, hasta que no regresó al final de la guerra, en su casa no respiraron tranquilos. Mamá odia la palabra “guerra”.

 

Mi abuela Carmen y otras madres con hijos en el frente hicieron una promesa: si al acabar la guerra sus hijos habían salvado el pellejo, ellas caminarían desde Lechago hasta la Basílica del Pilar para darle las gracias a la Virgen. Poco después del uno de abril de 1939 se organizó la expedición. Pero mi abuela se puso enferma y, en su lugar, fue mi madre, con 13 años. El grupo lo formaban unas 20 personas, de Lechago y Navarrete. Tardaron tres días en recorrer los 112 kilómetros, más o menos, que hay entre Lechago y la Plaza del Pilar. La primera noche durmieron en Daroca, la segunda en Longares y la tercera en María de Huerva. La gente salía a recibirles y les ofrecían sus casas para dormir y sus botijos para beber. Mamá evoca esa experiencia –una road movie- como una gran aventura.

 

A menudo me preguntan cómo es que tengo tantos amigos, cómo es que me gusta tanto cantar, por qué doy tantos besos. Mamá es la que me ha pegado todos esos vicios. Cuando su padre ya había salido de casa para ir al campo, mi madre corría tras él, para darle dos besos más, una costumbre que han heredado mis sobrinos Pablo y María. Ahora, a sus casi 88 años, al despertar, lo primero que hace es besar las fotos de los seres queridos y las estampas de sus santos favoritos que tiene colocadas por toda la casa. Somos besucones hasta más allá del empalago. Si alguien me demostrara que mi madre y yo, de momento, nos hemos dado un millón de besos no me extrañaría nada. Felicidades, mamá.

 

*Felicitas es la segunda por la izquierda, a su lado está Salvador, hermano de Luis y Carmen. Y con ellos familiares.

PILAR FRAILE: 'LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO'

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LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile Amador

SINOPSIS

En una fría mañana de invierno Alicia conduce hacia el pueblo al que se ha mudado con su marido y su hija cuando choca con algo salido de la nada. Aterrorizada, se baja del coche, creyendo haber atropellado a una persona, para descubrir que es un perro. Su momentáneo alivio desaparece cuando se da cuenta de que el perro es el de su vecino, un viejo con el que llevan meses teniendo una relación cada vez más tensa.

A partir de este momento el enfrentamiento con el viejo se recrudecerá y se irá desvaneciendo la posibilidad de construir la vida que Alicia y su marido habían soñado cuando decidieron abandonar la ciudad. Asistiremos entonces al descenso a los infiernos de la pareja, que verá cómo se desmoronan tanto sus expectativas sociales, como la imagen que cada uno se había construido del otro y de sí mismo.

Las ventajas de la vida en el campo funciona desde lo más epidérmico: el suspense, la pregunta abierta al lector, que hace que quiera seguir leyendo, a lo más profundo: la crítica social, el ruido de fondo, el desencuentro entre el lenguaje que cuenta lo que nos pasa y lo que realmente pasa.

La obra logra este doble juego con un estilo que sugiere más que muestra. Un estilo que la autora ha madurado en su obra poética y sus relatos y con el que consigue crear una atmósfera de inminente colapso que no decae a lo largo del libro. No estamos, no obstante, frente a una novela de suspense típico sino que se hace uso del esquema clásico del thriller para acabar dándole la vuelta por completo.

Las ventajas de la vida en el campo es, en su lectura más profunda, una cruda radiografía de los miedos propios de la condición contemporánea: el miedo a quedarse fuera, a no pertenecer, a perder la propia identidad, y las terribles consecuencias de los mismos para nuestra vida

 

AVANCE EDITORIAL

 

LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile

Título original: Las ventajas de la vida en el campo

© Pilar Fraile, 2018

 

 

El golpe fue seco, como un disparo.

Se aferró al volante, los ojos fijos en el asfalto. Frente a ella se extendía la carretera que unía el pueblo con la estación de servicio, un tramo de la antigua nacional.

Miró hacia delante intentando moverse, pero no pudo. El paisaje apareció en toda su crudeza a través de la luna del coche: había escarcha sobre la planicie que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, su manto blanco solo se veía interrumpido por la mancha de algunos arbustos y a lo lejos, casi a la altura del pueblo, una encina solitaria. Hacía tanto frío como uno podía esperar de mediados de diciembre.

Intentó mover la cabeza de nuevo, aterrorizada, atisbando el abismo que se extendería ante ella si no era capaz de hacerlo. Esta vez el cuello respondió. No le dolía. Parecía estar intacto. Aún sin mucha confianza estiró un poco las piernas, movió los dedos de los pies dentro de las botas. No estaba herida. Se miró en el espejo retrovisor y repitió su nombre mentalmente, como para infundirse ánimo. «Alicia, tienes que salir —se dijo—, tienes que ver qué ha sucedido».

Por la magnitud del impacto sabía que había chocado con algo enorme, pero con qué. La nacional estaba muy poco transitada, apenas algunos del pueblo circulaban por allí, más por nostalgia que por otra cosa.

Quizá había sido por la escarcha, había oído que podía producir ese efecto. En los días de intenso frío se daban en el campo fenómenos extraños, espejismos, como en el desierto. En el pueblo contaban la historia de una anciana que había salido a buscar leña en un día de invierno. Al parecer, mientras caminaba sobre el suelo helado creyó ver a lo lejos a su difunto marido, corrió hacia él y acabó en una poza congelada. La encontraron horas más tarde y la sacaron, pero el hielo había hecho mella en el cuerpo y murió a los pocos días jurando que su esposo estaba allí, que había tocado su mano.

Tendido delante de las ruedas delanteras del coche había un cuerpo inmenso y peludo. Al principio, por los nervios y el aturdimiento, le costó reconocer la forma, pero enseguida comprendió: era un perro. Soltó un suspiro de alivio, no era un ser humano.

La cabeza del animal estaba ladeada de una forma extraña, seguramente, porque tenía el cuello fracturado. Los ojos, abiertos, eran oscuros, sin expresión alguna, como si fueran dos canicas de cristal negro. Así, extendido como estaba, paralelo al vehículo, era casi tan largo como el parachoques del coche.

Se separó de él. El alivio que acababa de sentir dejó paso a una nueva inquietud. Salió de la carretera y caminó unos metros, tratando de retomar el ritmo de su respiración entrecortada. La escarcha crujía bajo sus botas y el agua, atrapada debajo, salía a la superficie.

Mientras contemplaba cómo el hielo se quebraba y los reflejos del sol sobre los pedazos, la golpeó una certeza: era el perro del viejo. Tenía su mismo pelo negro con mechones rubios, típico de los pastores alemanes, el morro negro, la cola larga y peluda.

«Maldito animal», pensó. Si el viejo se enteraba iba a enloquecer. Tenía que hacer algo y rápido. A pesar de que era mediodía y no se oía un alma, era posible que alguien del pueblo pasara y entonces, se dijo, si la encontraban allí, sí que no habría manera de arreglarlo.

Cabía la posibilidad de sortearlo y huir. Pero dejarlo ahí, en medio de la carretera, podía provocar otro accidente.

Se aseguró de que nadie se aproximara, volvió donde estaba el perro e intentó arrastrarlo fuera de la calzada. Era muy pesado, casi tanto como ella. Iba a tardar mucho en moverlo, pero había que hacerlo. Estaba convencida de que si llamaba a la policía para que lo retiraran el viejo se iba a enterar y, además, le pondrían una multa, o incluso tendría que ir a juicio por haberlo atropellado. Las leyes eran estrictas respecto de los animales. Andrés estaba en el trabajo y aún iba a tardar una hora en llegar, así que no había nadie a quien acudir.

Por su mente pasó la escena de un juicio, se vio excusándose, explicando que el perro había salido de la nada, que ella no había tenido tiempo de reaccionar, que nadie lo habría tenido, que iba a la velocidad reglamentaria. El juicio, de todos modos, iba a

ser lo de menos, no creía que el viejo fuera a denunciarla. Si se enteraba, iba a ser peor, mucho peor que una denuncia. De eso estaba segura.

No quedaba otra opción que apartarlo. Miró en torno, comprobando que no la viera nadie, y se dedicó al empeño con todas sus fuerzas. Al segundo intento estaba empapada en sudor. Se sacó el anorak, se lo había enfundado al salir de casa y no se había molestado en quitárselo porque solo pensaba ir a la estación de servicio. Lo tiró dentro del coche. ¿Por qué se le habría metido en la cabeza ir a la gasolinera a por el pan? Podría haber ido a la tienda del pueblo y se hubiera ahorrado el disgusto.

Después de varios tirones consiguió sacar por completo el cuerpo del animal de la calzada. Delante del coche, por donde lo había arrastrado, se veía una mancha oscura y reluciente, con irisaciones verdes y azules.

Ahora que casi había conseguido lo que quería, sus músculos se relajaron un tanto y el olor del animal muerto la golpeó: era un olor acre, no solo por la sangre, sino porque el abdomen se le había reventado y algunas de las vísceras habían quedado a la intemperie. Formaban una amalgama de color amarillento y rojizo.

Aguantando las arcadas hizo un último esfuerzo y empujó al animal hacia la cuneta. El cuerpo se quedó un segundo en el borde, pero acabó cayendo al hueco y sonó como un chasquido, seguramente, de algún hueso que se había quebrado.

Alicia intentó recomponerse para salir de allí lo antes posible.

Antes de arrancar volvió a mirar en derredor. Parecía que había tenido suerte. Nadie la había visto.

Aceleró con el cuerpo aún temblando, la boca pastosa, como si se le hubiera llenado de la sangre del animal, y una sensación de desasosiego. «La sensación que debían sentir los criminales», pensó.

 

*Retrato de la escritora Pilar Fraile Amador.

 

'TURIA' VIAJARÁ A LA FIL DE LIMA

 LA REVISTA TURIA PRESENTARÁ EN LA FIL DE LIMA

UN NÚMERO ESPECIAL DEDICADO A “LETRAS DE ESPAÑA Y PERÚ”

 

MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y

FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO

DE MÁS DE 100 AUTORES 

 

 

El próximo mes de julio, la revista TURIA presentará en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un número especial denominado “Letras de España y Perú”. Este espectacular sumario contiene textos inéditos de más de 100 autores españoles y peruanos y ocupa 500 páginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizará España como país invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo económico del Ministerio de Cultura. Sin duda, supone una magnífica oportunidad de fomentar la colaboración cultural entre ambos países.

 

El Parque de los Próceres de la Independencia en Lima, será el lugar donde se ubique la FIL y en dicho recinto ferial será donde el día 25 de julio se presente el nuevo número de TURIA. Previamente, el 27 de junio se realizará una presentación en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.

 

Con dicho acto promocional en Perú,  TURIA confirma su condición de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensión nacional e internacional. Una difusión que comenzó en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y México. En España, además de su presentación anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, Córdoba, Soria, Badajoz  y Salamanca.

 

A partir de ahora la revista TURIA tendrá mayor visibilidad y difusión en Perú y dará a conocer allí una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace más de tres décadas. Como elemento central de este nuevo número de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva  aproximación a las letras españolas contemporáneas. Destacados autores de nuestros días aportan material inédito, tanto en el ámbito de la narrativa, como en el de la poesía y el ensayo. No falta una amplia sección de crítica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales españolas más notables.

 

TURIA abre este número especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil  de Biedma, autores a los que se dedican amplios artículos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.

 

En narrativa, la revista ofrece textos inéditos de Fernando Aramburu, Eloy Tizón, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erlés.

 

En poesía, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta español radicado en Perú como Julio Garcés. Además, la revista publica poemas inéditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, José Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, Álvaro Valverde, Almudena Guzmán y Fernando Sanmartín.

 

En el ámbito del ensayo, Valentí Puig analiza lúcidamente la problemática cuestión de las migraciones en un artículo que titula “Sociedades abiertas o guettos”. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia española del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversación a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad poética.

 

Otro de los contenidos destacados de la revista es un monográfico dedicado a “Literatura peruana actual” de más de 100 páginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales características y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros días. Una aproximación que permitirá fomentar la lectura en España de los autores más destacados del Perú en el siglo XXI y que brinda textos inéditos de todos ellos. Este monográfico se abre con un artículo elaborado por el especialista peruano Félix Terrones; doctor en literatura, escritor y crítico radicado en Francia.

 

Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica artículos inéditos sobre Mario Vargas Llosa, César Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ramón Ribeyro. Se entrevista al gran crítico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA). Y se publican textos inéditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Carmen Ollé, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Patricia de Souza, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza y Martín Rodríguez Gaona.

 

 

“TURIA”, 35 AÑOS DE TRAYECTORIA

 

TURIA, que este 2018 celebra sus 35 años de trayectoria,  ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en español. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta también con una versión digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusión entre el público lector: su página en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y más de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel y su edición cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de España en 2002.

 

LA FIL LIMA 2018

 

La   Feria  Internacional  del  Libro  de  Lima  (FIL LIMA)  es  el  evento  cultural  y  editorial, de periodicidad anual, más grande e importante del Perú, cuya organización está a cargo de la Cámara Peruana del Libro. Este año se desarrollará del 20 de julio al 5 de agosto.

Desde 1995, la FIL LIMA ofrece lo mejor y más reciente de la producción editorial. Además es el espacio donde los lectores de todas las edades pueden conocer a sus autores favoritos, tanto nacionales como internacionales. En su edición del pasado año, la feria obtuvo 547.300 visitantes

Todos los años, la FIL LIMA ofrece un conjunto de jornadas profesionales, en donde escritores, editores, libreros, agentes literarios, distribuidores, maestros y otros profesionales del libro, encuentran espacios de discusión y aprendizaje, así como un clima favorable para los negocios.

En cada edición, la FIL LIMA rinde homenaje a un País Invitado de Honor, el cual presenta una muestra de su producción editorial, una comitiva de autores representativos del país y profesionales del libro, así como también un programa artístico, cultural y profesional que trasciende el espacio ferial. El País Invitado de Honor de la FIL LIMA 2018 será el Reino de España. Entre los autores españoles que han confirmado su presencia destacan: Rosa Montero, Luis García Montero, Marta Sanz, Luisgé Martín y Sergio del Molino. (Nota de prensa de 'Turia').

 

MÓNICA OJEDA: DE 'MANDÍBULA'

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Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas. 

¿Qué desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?

MIGUEL DE UNAMUNO POR ARAGÓN

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*De la serie ’Pasaron por aquí’, que sale en el suplemento de los sábados que coordina Ana Usieto, especialista en moda y tendencias.

 

El inicio del rodaje de la película ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar ha devuelto a la actualidad a Miguel de Unamuno y a su confrontación con el general Millán Astray. El poeta, narrador, filósofo y ensayista,  nacido en Bilbao en 1864 y fallecido en Salamanca el último día del año 1936, es una de las grandes figuras de la Generación del 98, que formaron autores incuestionables como Ramón María del Valle-Inclán, Antonio Machado, Azorín y Pío Baroja. Todos eran muy diferentes, versátiles, y tenían una obsesión común: la preocupación por España y la defensa de la inteligencia y la sensibilidad.

Unamuno es el filósofo del grupo y como todos ellos fue un gran viajero. Una de sus aficiones indisimuladas fueron los Pirineos oscenses, que visitó en agosto de 1918 por primera vez. A un amigo suyo, por entonces, le escribió una carta en la que le decía: “Me siento cansado y anhelo que acabe el curso para descansar. Nada mejor en efecto para ello que una escapada por los riscos pirenaicos”.

Ese primer viaje a Aragón lo historió el propio Miguel de Unamuno –que se escribía con Santiago Ramón y Cajal y con Ramón de Lacadena, que le envío su libro ‘Toros y toreros’-, primero a través de siete postales que remitió a su familia y luego en un artículo que publicó en ‘La Nación’ de Buenos Aires. En el epistolario íntimo y breve, el día 15 le escribió a su hijo Fernando desde Zaragoza y le mandó una tarjeta del Puente de Piedra. Le dijo que se quedaba a pernoctar en la ciudad y le pedía que le escribiese a la Fonda San Ramón de Barbastro. En otro lugar, Unamuno dirá que pasaba siempre de largo por Zaragoza, y vemos que en esa tarjeta parecía fundamentar con severidad esa decisión: “No me gusta nada Zaragoza. El Pilar parece una sesión de baile y la Seo está estropeada con desaforadas barroquerías”. El texto da a entender que sí se detuvo en la ciudad y que paseó por la plaza de las catedrales. Lástima de su decepción.

Se trasladó a Huesca y se enfrentó a las cumbres. Desde Benasque, durante una visita al lago de Renclusa, le escribió a su mujer Concha Lizárraga (con la que tuvo nueve hijos) y, además de elogiarle el paisaje que ve ante sus ojos, le recordaba que en Barbastro no pudo ver a una amiga de la familia, Mercedes. Y ese mismo día, 19 de agosto, también le envió otra postal a su hijo desde el santuario de Guayente. Anduvo casi 15 días por las montañas y los ibones: a su esposa y a sus hijos Fernando, Ramón y Rafael les contaba sus excursiones por la Cabaña de la Renclusa o la falda de la Maladeta. Le decía a Rafael: “Vamos a hacer noche hoy en esta casa que ves a la vuelta, más de 500 metros más alta que la Peña de Francia, aunque menos que la de encima de Candelario”. Parece que con el paso de los días convirtió a Benasque en su cuartel general, y desde allí le refirió a su esposa una excursión a Castejón de Sobrarbe, una visita a un catedrático aragonés de Medicina en Salamanca, Enrique Nogueras Coronas, y una descripción de Campalets. “Esto es una aldea de pocas casas. Llevo unos días con una fuerte indisposición de vientre. Por lo demás bien. Hace un calor terrible”.

Miguel de Unamuno, “el ilustre e infatigable excursionista”, como lo llamó lo llamó Manuel García Guatas, regresó a Aragón en agosto de 1932. El día 27 ofreció una conferencia en el Teatro Unión Jaquesa,  en los Cursos de Lengua y Cultura para Extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca. Lo acompañaron, además de alumnos y profesores, el rector de la Universidad, Gil Gil y Gil, y el director de los cursos Domingo Miral, que había sido compañero suyo en Salamanca. Durmió en el hotel Mur y realizó una visita, “en privada romería”, con el polígrafo Ricardo del Arco y profesor Vallejo, al  monasterio de San Juan de la Peña. La excursión dará lugar a un artículo, ‘San Juan de la Peña’, que se publicó el 4 de septiembre de ese año en el diario ‘El Sol’ de Madrid y que se recogió luego en el libro póstumo ‘Paisajes del alma’ (1942).

Miguel de Unamuno se zambulle en el espíritu de San Juan de la Peña, en su historia, en su carácter legendario. “Cruzamos arboledas de leño, de madera, no de frutos, donde el acebo hacía brillar sus erizadas hojas, como un arma. Y bajamos al viejo y venerable santuario. En un socavón de las entrañas rocosas de la tierra, en una gran cueva abierta, una argamasa de pedruscos que se corona con cimera de pinos. Y allí, en aquella hendidura, remendado con sucesivos remiendos, el santuario medieval en que se recogieron monjes benedictinos…”.

Uno de los personajes, vinculados con el recinto, que más le impresiona es el Conde de Aranda: “Entre las tumbas, a su pie, en el suelo, rota la losa, la de aquel Don Pedro Abarca de Bolea, recio aragonés de rancio linaje, aquel conde de Aranda que llena el reinado de Borbón.  (…) Allí el conde de Aranda enciclopedista, gran maestre de la masonería española, amigo de Voltaire, el que primero expulsó a los jesuitas de España y consiguió, con Floridablanca, que el Romano Pontífice disolviera la Compañía de Jesús. Y allí, desterrado en su nativa tierra, rindió su espíritu el último año del siglo XVIII”. Resume así su impresión del lugar: “San Juan de la Peña era la boca de un mundo de roca espiritual revestida de bosque de leyendas”.

El artículo se cierra con un homenaje a Fermín Galán, a la insurrección de Jaca y al paisaje: “Sin detenernos en el monasterio de arriba, el del siglo XVIII, más que a tomar un tente en pie, nos volvimos a Jaca. Y luego, pasado Hecho y aquel rudo monasterio de Siresa (…) oímos a uno de los protagonistas de la última proeza leyendaria, la de la sublevación de Fermín Galán, narrar lo que soñó que hizo mientras lo hacía y soñaba. Y todas las figuras legendarias, todas las que soñamos para poder vivir historia, se perdieron en el bosque augusto que nos ceñía y que soñaba la Tierra perdida en el cielo”.

El bibliófilo y escritor José Luis Melero ha glosado la visita de Unamuno a través de un amigo, que tenía 15 o 16 años entonces: “Este amigo, Juan, recordaba aquella conferencia con gran emoción y me la contaba con todo lujo de detalles a finales de los años 70 en Jaca. Siempre me decía: “Yo tuve el privilegio de asistir a un momento histórico: la visita de Unamuno a Jaca”. Y se enorgullecía mucho de ello”.

MARTA QUINTÍN: DE 'EL COLOR DE LA LUZ'

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[Este fin de semana, Marta Quintín (Zaragoza, 1989), firmará ejemplares de su segunda novela, ’El color de la luz’ (Suma de Letras), una novela sobre la obsesión, la pasión imposible, el arte y la creación.

¿Cómo nació en ti la pasión por la literatura? Ganaste muchos concursos de cuentos.    

Es una pasión innata. Hay testimonio gráfico de que, antes siquiera de aprender a leer, ya me dedicaba a hojear cuentos y a inventármelos sobre la marcha mientras pasaba las páginas. De la mano de ese fervor por la lectura vino, como no pocas veces, la pulsión de escribir mis propias historias. Eso me llevó a presentarme a varios concursos de relatos, y ganar algunos, como el Tomás Seral y Casas de la Biblioteca de Alagón, me dio fe para pensar que la literatura podía ser lo mío.

¿Quién te marcó, quién te despejó el camino y cómo lo hizo?

Supongo que los escritores a los que he leído. Ellos son mis maestros, los que me han enseñado cuanto sé. Y un poco más pegado al día a día, mi familia, amigos y profesores siempre me han alentado a escribir, y esa confianza lo es todo.

-¿Qué fue primero, el periodismo o la literatura?

La literatura. El periodismo sólo fue una forma de profesionalizar mi vocación por la escritura. Y es cierto que encontré en ello un oficio muy bonito, puede que el mejor del mundo, que diría Gabriel García Márquez, siempre y cuando se practique en condiciones.

-Desde cuándo el arte es una de tus  pasiones?

Cursé el Bachiller de Humanidades, y una de las asignaturas era Historia del Arte. Entonces descubrí lo mucho que me interesaba, y quise profundizar mis conocimientos durante la carrera, escogiendo más asignaturas relacionadas con él. Además, siempre me ha gustado visitar museos y exposiciones. Con esa base acometí la novela, aunque luego tuve que documentarme mucho más, y me reafirmé en que es un mundo fascinante. 

-Todo empieza en Nueva York con una subasta de ‘El grito’ de Munch. ¿Qué pensaste, qué se te ocurrió?

Estaba trabajando en esa ciudad, en una agencia de noticias, y me habían asignado cubrir las subastas que se celebran en Christie’s, Sotheby’s... un cometido que, por mi afición al arte, me encantaba. Aquella noche de mayo, se subastaba la última versión que quedaba en manos privadas de esa obra tan emblemática, y las expectativas sobre el precio que iba a alcanzar eran altísimas. Y, efectivamente, se cumplieron, ya que se batió el récord de cotización: 120 millones de dólares. Esa anécdota me llevó a meditar sobre qué impulsa a alguien a desembolsar una cantidad tan exorbitante por un cuadro, y aunque los motivos suelen ser especulativos, opté por darle una vuelta de tuerca y fabular acerca de una historia de amor que recorre todo el siglo XX, y que explica por qué alguien querría, no sólo conseguir, sino recuperar una obra de arte a todo trance.

-Hay tres personajes claves. La galerista, el pintor y una periodista. ¿Cómo decidiste unirlos, qué te interesó, cómo quería anudarlos o mezclarlos?

A través de esa anciana que puja por el cuadro y del pintor quise tratar el amor imposible, el que emana de la propia naturaleza humana, de nuestros miedos, inseguridades, incongruencias y debilidades, y no ése tan manido y, a mi juicio, artificial, que fracasa por culpa de un condicionante externo, como una diferencia de clase social, unos padres que se oponen, un malentendido, un iceberg... En cuanto a la periodista, es un catalizador para que se cuente la historia, de una manera más ágil y fresca, tejiendo también una relación intergeneracional con la anciana, y reflexionando, por medio de ella, sobre el proceso creativo y la escritura.

¿Tuviste algún modelo real en la cabeza, Pollock y Peggy Guggenheim, por ejemplo?

Cualquier pintor de vanguardia, visionario e incomprendido puede ser un trasunto del protagonista, Martín Pendragón. Quizás al que tuve más en mente fue a Picasso, con su potentísimo caudal de genio y sus relaciones tormentosas. 

-Dinos un poco cómo son cada uno de ellos…

El personaje más complejo es la musa, Blanca Luz Miranda. Quise dotarla de muchos claroscuros, que fuera voluble, egoísta, caprichosa, incoherente... A riesgo de que cayera mal y de que costara empatizar con ella, mi intención era que el lector honesto pudiera decir: "Jolín, si, en el fondo, en algunas cosas, me parezco a ella". Aunque siempre prefiramos identificarnos con el héroe, en realidad todos, en algún momento, somos tan inconsistentes como esta mujer y, así, hacemos daño a quienes nos rodean, aun sin pretenderlo. Y eso no obsta para que también se pueda sentir compasión por ella, porque, al final, sabotea su propia felicidad con ese carácter tan complicado que tiene, del que es su primera víctima. El pintor, Martín Pendragón, es un hombre más de una pieza, entregado a sus pasiones, que ve más allá, un adelantado para su época, y que sufre por ser consecuente. 

-¿La novela es una meditación sobre el vínculo entre el artista o la musa, o la ligazón, casi enfermiza, entre la galerista y su artista, con dominios casi alternos?

Hablo de dos pasiones: la pasión por el arte y la pasión por una persona, y cómo a veces eso choca. Te tiran ambas con la misma fuerza, cada una de un brazo, y te acaban descoyuntando. Ambas corren en paralelo a lo largo de la vida de Martín Pendragón, revelándose incompatibles muchas veces, pero al mismo tiempo, nutriéndose la una de la otra. Establezco una analogía entre el amor y una vocación artística. Por ejemplo, en un momento dado, él dice que el ser humano se dedica a cosas tan poco prácticas como pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarse de gente que jamás le corresponderá.

-¿Querías hacer una novela sobre la complejidad del amor, sobre las pasiones imposibles, casi sobre la sinrazón?

Sí, sobre esos amores que son imposibles por nosotros mismos, y que aun así, sobreviven al tiempo, de una manera irracional, sí, pero también inevitable. En este caso, se trata de un primer amor que marca la vida de los protagonistas, que los lastra y los condiciona, y que los aboca, con una suerte de fatalidad, a buscarse y a rehuirse a lo largo de los años, a encarnar el refrán de "arrieros somos y en el camino nos encontraremos". Un no pasar página que los condena, pero del que también nace algo bello, como es el arte de Martín.

-¿Qué significa el París del arte para ti?

Es una época que me encantó recrear, aquellos años veinte en los que París era el centro del mundo, con toda su bohemia, pero también su penuria, y, sobre todo, el empuje creador que entró en ebullición allí, con esa fuerza; esa ingenuidad incluso, que llevaba a los artistas a atreverse a todo, a subvertir y a cuestionar con tanta audacia; y esa camaradería que hacía que unos y otros se estimularan a intentar cosas nuevas, a desafiarse... Siempre me fascinan esos periodos de la Historia en los que, en unos años y en un lugar, convergen los mejores. Entonces, la humanidad siempre da un paso adelante.

-¿Por qué es Marc Chagall tu artista favorito?

Lo digo en la novela: porque en sus cuadros parece que estás dentro de un sueño. Su forma de usar los colores, que la gente vuele por el espacio y esté cabeza abajo... Además, la cultura rusa me gusta mucho, y él plasma esas influencias muy bien, aunando tradición y modernidad de una manera muy personal. Es de esos pintores que logró crear un mundo propio.

-La novela es una reflexión sobre la obsesión, la fatalidad y tal vez la mentira. En su noche de bodas, a blanca Luz se le escapa un nombre sorprendente…

Sí, en la novela, el pasado nunca acaba de pasar, está constantemente volviendo a por los personajes, porque no han sabido, o no han querido, cerrar bien las heridas. Y eso pasa siempre que no eres honesto contigo mismo. Cuando te engañas, acabas engañando a los demás, y sembrando dolor. Por ejemplo, sí, pronunciando el nombre menos indicado en el momento más inoportuno... Y hasta aquí puedo leer.

¿Qué le debe la novela al periodismo?

Es su punto de partida, ya que la génesis de la novela se produce cuando yo estoy trabajando de corresponsal. Le rindo homenaje a eso a través del personaje de la periodista, en la que algunos pueden encontrar cierto alter ego. Ella presencia la subasta, le pica la curiosidad sobre por qué la anciana ha pagado semejante montante por el cuadro y decide comenzar a investigar, y a utilizar una técnica periodística como la de la entrevista. Eso le confiere dinamismo al libro y un toque de misterio, a medida que va descubriendo qué se esconde tras esa adquisición, que todo no es lo que parece, y que las cosas suceden, al final, según las cuentas. Y, en eso, ella tiene mucho que decir.

‘El color de la luz’ es una novela sobre la creación y los secretos del arte. ¿Qué has aprendido de la pintura y de los pintores?

Trato la pintura, y el arte en general, como un reducto que nos permite redimirnos. Un bastión hermoso y con valor que nos sitúa por encima de nuestras miserias, y que dota de sentido a lo que no lo tiene. Al final, el arte nos salva, nos recuerda que somos capaces de crear algo que nos trasciende. O, al menos, nos mantiene ocupados en un propósito por el camino, y lo embellece. Que no es moco de pavo. 

-Cuál es tu relación con el lenguaje, cómo quieres escribir, qué buscas?

Busco que la vida se vea de otra manera a través de las palabras. Crear imágenes, mirar lo que miramos todos los días desde otra perspectiva, por medio del juego, explorando los límites del lenguaje, sus maravillosas posibilidades. Emocionar. También hacer pensar. Dar vida a una historia, en definitiva. Ser esa narradora a la que le pides que te cuente un cuento al calor de la hoguera. No más.

¿Cuál será tu próximo proyecto?

Todavía no lo sé. Tengo otra novela terminada, pero en un cajón, no sé qué ocurrirá con ella, si habrá alguna oportunidad de que vea la luz. Y luego tengo ideas... Falta trasladarlas al papel. A ver si me pongo.

 

*La foto de Marta Quintín apareció en el 'Diario de Navarra'.

FERRER LERÍN : DE 'BESOS HUMANOS'

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[Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en la carpa de la Feria del Libro de Zaragoza, su libro 'Besos humanos' (Anagrama), a las 20.00, en compañía de Ignacio Escuín Borao, director general de cultura, editor y poeta. Ferrer Lerín es un puro show.]

 

De entrada, ¿cómo definiría ‘Besos humanos’: una antología de sus relatos, un tratado de la frialdad o de la crueldad?

‘Besos humanos’ es el resultado de un trabajo del crítico Ignacio Echevarría en el que selecciona, ordena y epiloga textos míos éditos e inéditos para que sean publicados en una editorial, Anagrama, distinta, en cuanto a tirada y difusión, de las que de modo habitual recogen mis escritos breves en prosa. ¿Con frialdad?, quizá con asepsia.

¿Qué le debe a usted, en cuanto a selección, organización y estructura el libro?

Echevarría, como editor en términos anglosajones, me pasa el manuscrito final para que yo lo sancione, pero la idea de cómo ha de ser el ‘artefacto’ es solo suya. Incluso una cuestión a menudo pantanosa y sobre la que puede haber surgido cierta disparidad, la consideración como inéditos de textos no publicados en papel pero sí en digital, no va a condicionar la presencia de ningún texto por su carácter más o menos virginal.  

¿En qué medida este libro podría ser una síntesis de sus temas?

En gran medida lo es. ‘Besos humanos’ recoge muchos de mis temas habituales, pero, yo diría que más que una síntesis de temas es una síntesis de estilos; desde el aforismo a la ponencia congresual, desde los ‘casos’, esos textos breves en prosa, de notable carga onírica, que se prodigan en mi blog, hasta relatos convencionales en su extensión y poemas que gráficamente parecen prosas pero son vocacionalmente poesía.   

Sus libros acostumbran a llevar peculiares títulos. ¿Por qué en esta ocasión recurre a ‘Besos humanos’?

En Madrid, en el año 2008, negociando duramente con empresarios chinos la posible introducción en su mercado de una de las más conocidas marcas vinícolas del Somontano oscense, me pareció que uno de nuestros abogados, Antonio Erena Camacho, en un intento meritorio pero infecundo de expresarse en mandarín, utilizaba un sintagma que sonaba así:  ‘Besos humanos’.

¿Cuáles son sus poderes: la bestialidad, la inclinación al crimen, la escatología o el hecho mismo de devolver la vida a algunos monstruos?

Mi poder es la curiosidad, el estar en permanente estado de vigilia, una actitud, sin duda fundamental para seguir vivo, y que, además, permite procesar las señales que emiten las más tiernas criaturas, del averno y de lo cotidiano, a las que siempre atiendo.  

Uno de los textos se titula ‘El mirón’. Se diría que Ferrer Lerín es un perfecto espía y un fetichista.

A veces me pregunto si hubiera podido ser otra cosa que observador de aves. En este sublime oficio convergen la postura erguida, fundamental para la salud emocional, y el contacto crítico con la naturaleza, también llamado distancia ornítica, la que permite descubrir la presencia lejana de aves para de inmediato identificarlas con aparatos ópticos.  

Aparece varias veces en forma onírica, como si fuera otro. ¿Le gusta desdoblarse?

Juego una vez al día al tute perrero. Me desdoblo en cuatro jugadores, aunque el que da las cartas no participa en la jugada. Juego (jugamos) durante la cena, imaginando naipes y sus combinaciones.     

¿Existen los monstruos? ¿Andan por ahí o son una creación de nuestros terrores?

La anomalía casi siempre es contemplada desde el desprecio o, como mucho, desde el estudio científico; artes divagatorias poco recomendables, porque el monstruo anida en nosotros mismos y nadie querría tirar piedras contra su propio tejado. Recomiendo el recogimiento, la espera, la atención puesta en las variaciones, al principio mínimas, que experimenta nuestro rostro o incluso la piel del dorso de nuestras manos a medida que transcurren los años; en esas leves mutaciones se esconden las garras del monstruo que pugna por emerger, y acabará devorándonos.  

¿Qué le debe a Drácula, que viaja por el libro?

Para mí Drácula son las cubiertas del libro de Bram Stoker en la cochambrosa edición mexicana que guardo en mi biblioteca. Como ocurre con muchos de los hitos de la literatura, el contenido no responde a las expectativas; se trata sólo de una buena idea que no fue literariamente bien plasmada; la novelita nunca conseguí terminarla.

¿Qué le asusta?

La muerte, mi muerte, o más exactamente los preámbulos de la misma. Las residencias de ancianos, el trato de los enfermeros, la agonía, la sensación de inutilidad y sinsentido que se va generando al envejecer. Lo irreversible.

¿Quién le ha aportado más: Kafka, Borges, Sheridan Le Fanu o Lem?

Sheridan Le Fanu y Lem no me han aportado nada porque apenas me he acercado a ellos. Kafka ha trascendido ya definitivamente de lo literario para convertirse en paradigma de casi todo. Borges sigue siendo mi referencia aunque tanto me he dejado influir por él que ya dudo de si los aportes son suyos o son míos. 

El sexo siempre está presente. ¿Cuál es su visión?

He entrado en una etapa en la que empiezo a desconfiar del sexo, y no digamos de las personas que hacen gala de su consumo desmedido. Mi relación con la experiencia sexual, todavía centrada en la figura femenina, ha sufrido un traslado, quizá un cambio en sus objetivos; me horroriza la idea del cuerpo a cuerpo, de los contactos gimnásticos y sudorosos; me encanta ahora solicitar permiso para acariciar a una mujer por encima de la ropa, y, si lo obtengo, ya en el paroxismo, sujetarla por el brazo para que, por ejemplo, cruce segura el paso de cebra.

¿Existe belleza en la fealdad y en el horror?

Cuando nuestra consultora ambiental ganó un concurso para la ordenación turística de determinada comarca aragonesa comprendí que no era posible utilizar el mismo criterio para valorar el poder de sugestión de cada pueblo. Existía una fuerza tradicional, muy aparente, en la estructura, en el pintoresquismo de muchos de ellos, que no requería mayor reflexión al publicitarlos en folletos, guías y demás propaganda, pero, luego quedaba un remanente, una especie de listado delirante donde con una mirada convencional era imposible encontrar algo que ofrecer al siempre ávido y exigente turista. Robé entonces un término propio del Arte Contemporáneo, el Feísmo, e intenté utilizarlo para explicar, para llamar la atención sobre el poderío estético de la uralita sucia, caída y resquebrajada, sobre las bolsas de plástico de supermercado que coronaban estacas y vallados y, en general, sobre todo un horizonte de normalidad rural degradada y degradante que quizá debería ser objeto de pausada atención por parte del dominguero. Pero la propuesta fue poco apreciada

¿Escribe en trance, tras la pesadilla o con una calculada distancia?

La verdad es que soy un tipo de gran simpleza o, si se quiere, para no sentirme ofendido, de gran sencillez. Escribo cuando se dan una serie de circunstancias que lo permiten, diría mejor que casi me obligan. Son ligeras conjunciones astrales en las que prima el hallazgo de una historia interesante, de un sintagma llamativo o de un repentino estado de tensión creativa. El problema es que esas conjunciones son cada vez más renuentes, que así, de modo natural, se van espaciando cada día. Me dicen que tome no sé qué substancias. Pero, además de simple, resulta, que también, soy algo pusilánime.

 

BUSUTIL ESCRIBE DE GARCÍA LORCA

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/06/03/maleficio-mariposa/1011145.html

 

Guillermo Busutil recuerda, de nuevo, a su admirado Federico García Lorca en 'La Opinión de Málaga'.

03/06/2018 19:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR JUAN: PASIÓN POR ENSEÑAR

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La educación y los maestros, según Víctor Juan*

 

El escritor y director del Museo Pedagógico de Aragón publica ‘La pequeñez de los días’, 30 entrevistas con profesores, y la novela ‘Memoria inesperada’

 

 

Se ha escrito unas cuantas veces que Víctor Juan Borroy (Zaragoza, 1964) es una de las personas más bondadosas (el el estricto sentido machadiano del adjetivo), apasionadas y trabajadoras de la Comunidad Autónoma de Aragón. Es director del Museo Pedagógico de Aragón, en Huesca, donde da sus clases, es escritor de diversos géneros y es colaborador asiduo de HERALDO. Es un pedagogo con todas las letras y todos los matices, y es un investigador y estudioso que rezuma generosidad y curiosidad por el trabajo de los otros. Ahí están sus estudios de maestros como Ramón Acín, Paco Ponzán, Santiago Hernández, Félix Carrasquer, Palmira Pla o María Sánchez Arbós, entre otros.

Siempre está atento a su propio corazón y al trabajo de los demás. La educación le interesa tanto, o más, que la memoria, la cultura, el valor de la palabra, la inclinación a construir historias. Publica nuevo libro: ‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’, que publica Rolde de Estudios Aragoneses, en su colección Val de Bernera, con prólogo de la consejera Maite Pérez Esteban. Son historias humanas y una exaltación, sin énfasis, de la importancia de los maestros, del valor del aula, de las posibilidades del conocimiento, de la palabra. Fernando Pablo Urbano, profesor en Épila, dice: “Las escuelas no bastan para cambiar el mundo, pero son necesarias para cambiarlo”.

Son entrevistas muy pensadas, muy bien editadas, que se publicaron en el suplemento ‘Heraldo Escolar’ que hace todos los miércoles Lucía Serrano. Cada entrevista tiene una introducción personal, hilvanada con intención, y todas ellas atienden a diversas orientaciones: la legislación, las tecnologías, los idiomas, la lectura, el cine, la música, etc. El libro es muy interesante porque agrupa existencias, sensibilidades, opciones, formas de trabajar, de sentir y de enseñar y, por supuestos, biografías y experiencias individuales.

Sin ir más lejos, llama la atención este fragmento de Esther Escorihuela Landa, profesora de Literatura en el IES Mar de Aragón de Caspe, que dice: “Creo en las palabras. Las palabras son la materia prima de la literatura y también son las palabras de la vida. Somos un río incesante de palabras, que nos recorre. Nosotros nos contamos a nosotros mismos y contamos a los otros a través del lenguaje. Por eso, soy muy crítica con la devaluación del lenguaje de nuestros jóvenes o de lagunas canciones que escuchan. En el ámbito educativo debemos ser muy cuidadosos al comunicarnos para ofrecer palabras de entusiasmo y confianza y prescindir de las palabras limitadoras”.

La lista de entrevistados es la siguiente: Inés Aguareles Abós, Lourdes Alcalá Ibáñez, Ana Alcolea Serrano, Ricardo Arguís Rey, Antonio Bernat Montesinos, Javier Blasco Zumeta, Carolina Cajal García, Carmen Carramiñana de la Vega, Carmen Castán Saura, Noelia Cebrián Marta, Esther Escorihuela Landa, Eva Fañanás Banzo, Carolina Ferrer Leal, Teresa Fontoba Maza, Javier Garcés París, Soledad García García, Ángel Gonzalvo Vallespí, Eduardo Guillén Catalán, Jesús M.ª Jiménez Sánchez, Alfonso Lázaro Lázaro, Javier Lerendegui Ilarri, Juan Lorenzo Lacruz, Esperanza Mañas Viejo, Carmen Martínez Urtasun, Lorenzo Oro Giral, Fernando Pablo Urbano, Ana Belén Pardo Leganés, Juan Luis Pueyo Sánchez, Domingo Santabárbara Bayo y Agustín Sanz Vituri.

 

Otra novela de la educación

Unos días antes, Víctor Juan publicaba en Sibirana una nueva novela, la quinta tras ‘Por escribir sus nombres’ (2007), ‘María’ (2010), ‘Las manos de Julia’ (2012) y ‘Aquellos días de luz y palabras’ (2013): ‘Memoria inesperada’, la historia de Carmen Pardo. El libro empieza en un cementerio, tras la muerte de su padre. “El día de mi entierro quiero que llueva como en las películas –repetía Joaquín Pardo Montañés cada vez que hacía recuento de sus deseos póstumos”, dice Víctor Juan en el inicio del libro. Ella, fiscal y enamorada de joven de un estudiante de Derecho llamado Fernando Sanmartín, autor ahora de uno de sus libros de cabecera, ‘La Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica), hace recuento de las relaciones difíciles con su padre, especialmente entre los 13 y los 23 años.

Un día, entre sus recuerdos y objetos, descubre una caja y dentro hay un mundo inesperado: el de su abuelo, Santiago Pardo Julián, ateneísta, nacido en 1888 (como Ramón Acín, escultor, pedagogo y anarquista), que fue maestro, que estuvo en París, que vivió una amorosa relación con Pilar, etc. Carmen Pardo lee sus cartas, sus diarios, y se interesa por su aventura. Y encontrará una complicidad inesperada en un experto en educación, Fernando Ríos, que es objeto de una contraportada en HERALDO. Se la hace Chaco R. Morais, y ahí descubre su personalidad y su amor a la pedagogía y a la historia de tantos educadores de infausto destino.

Fernando Ríos, tras investigar el destino del abuelo Santiago, le dice a Carmen Pardo, que es fiscal, que le va a doler lo que ha encontrado: “Es un texto hermoso y valiente, cargado de dignidad. Cuando lo leas estarás orgullosa de llamarte Pardo, de ser la nieta de don Santiago, el director de la escuela de Ramón y Cajal, de haber heredado el carácter de tu abuelo. Y también te dolerá este país que condenó a sus mejores hijos a la muerte, al exilio o al silencio, un miserable país que nos condenó a todos a vivir huérfanos en la oscuridad”.

Y solo hasta aquí se puede contar de esta novela de la emoción, de la sensibilidad y del ennoblecimiento del tiemplo perdido, esta novela de vidas pequeñas, hechas a mano, que se agigantan en el espejo del tiempo.

 

LA FICHA

‘La pequeñez de los días. Treinta entrevistas a treinta docentes aragoneses’. Víctor Juan Borroy. Rolde: Val de Bernera. Zaragoza, 2018. 195 páginas. 

 

*Este texto aparecía ayer en la edición digital de Heraldo de Aragón.

01/06/2018 08:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LLAMAZARES VUELVE A AINIELLE

JULIO LLAMAZARES SIEMPRE VUELVE A AINIELLE
El escritor visita el territorio del Sobrepuerto oscense donde sucede 'La lluvia amarilla', que cumple 30 años de su publicación en Seix Barral
Ainielle es un territorio de la literatura universal. Es un lugar imaginario, gracias a ‘La lluvia amarilla’ de Julio Llamazares, que se publicó en Seix Barral hace ahora 30 años, y es un enclave real, físico, como una concavidad de piedra, tierra y fronda entre Escartín, Oliván y Susín, en el Sobrepuerto de Huesca, que parece “una inmensa caracola de resonancias” como escribió Miguel Torga de sus paisajes de Tras-os-Montes. Aludimos a este autor porque es uno de los escritores más amados por el autor leonés (o más bien aragoleonés), que acude a otra frase que explica el éxito de la novela sobre el último habitante, imaginario, del Ainielle: “Lo universal es lo local sin paredes”. El autor de ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ y ‘Las rosas de piedra’, también acude a otro narrador luso, Antonio Lobo Antunes: “La literatura es la memoria fermentada”. “Esa frase también me define a mí. Todos tenemos trastornos emocionales que nos persiguen, que nos asedian, y que acaban convirtiéndose en novelas, merced a la palabra y a la destilación de la memoria”, dice julio Llamazares.

Julio Llamazares acaba de regresar a Ainielle. Son las once de la mañana del miércoles 23 de mayo. “En los últimos 30 años habré estado aquí más de 20 veces. La última vez fue en 2016, en esa suerte de peregrinación ritual que se hace aquí el primer domingo de octubre, que se llama ‘La senda amarilla’. Vienen entre 250 y 500 personas. Yo solo escribí una novela, no he escrito ‘La Biblia’. ‘La lluvia amarilla’ has sido importante para mucha gente, capital incluso, y a veces me siento como responsable porque para mucha gente se ha convertido en un libro sagrado”, decía el miércoles. Volvió a Ainielle con un equipo de cine, capitaneado por el realizador zaragozano Javier Calvo, el productor y fotógrafo Ernesto Tejedor (autor de la galería de este reportaje) y el operador de cámara José Carlos Ruiz, para revivir la historia de la novela y, en el fondo, la historia de su propia existencia, su biografía de escritor.

El escritor había participado el martes, en Huesca, en la presentación de un documental de Eduardo de la Cruz sobre Ainielle, acompañado por el director y por el etnógrafo Enrique Satué Oliván. En el palac
o de Villahermosa y en Ainielle contó varias veces cuánto le debía a él y a su libro ‘El Pirineo abandonado’.

Orígenes de una novela sagrada

“Tras la publicación de ‘Luna de lobos’, una novela sobre la memoria histórica, los maquis y el paisaje, una novela de acción, que también tenía su lirismo, empecé a interesarme por los pueblos abandonados de España. Y entre 1985 y 1988 di muchas vueltas. Anduve por pueblos de Lugo, de Guadalajara, de Teruel y de Soria. Mis libros nacen de las preguntas que me hago. Creo que recordar que fue en Sarnago (Soria), ante la desolación general, ante esa soledad que casi te asusta, que pensé: “¿Cómo viviría el último habitante del pueblo?”. Así nació la novela. No lo recuerdo muy bien, pero más tarde, en un pueblo de Guadajalara, o viajando por carreteras secundarias, se me apareció la frase: ‘La lluvia amarilla’. Para escribir necesito una voz, un escenario y un tiempo verbal”. Y, por supuesto, un título tan contundente y polisémico como este.

Julio Llamazares cuenta ante la escuela de Ainielle, que tuvo de profesoras a María, Eulalia y Leonor, entre otras, que al principio la protagonista de ‘La lluvia amarilla’ no era Andrés, sino su mujer, Sabina, que se ahorcará con una soga en el molino del pueblo, el único edificio restaurado y el único que se mantiene en pie. “El término ‘La lluvia amarilla’ es una metáfora y las metáforas tienen muchos significados. Por ejemplo, alude a las cosas, el polvo y los cuadernos que amarillean, alude al paso del tiempo, alude al otoño, alude al desamparo. ¡Quién sabe!”, dice. Y desmiente que “sea una novela escrita en estado de gracia, si lo fue no era consciente”. Lo que parece claro es que es un libro que evoca el paraíso perdido, que contiene drama y evocación, que habla de la muerte y del miedo, que también es un símbolo de la despoblación y quizá de la ecología.

“¿Sabe cómo escribí el libro? En la calle Gravina de Madrid, en el barrio de Chueca, sobre una sala de fiestas, Madrid la Nuit, donde la apoteosis era una canción de Sara Montiel, ‘Mi hombre’. Yo lograba concentrarme y, poco a poco, a lo largo de dos años salió el libro”. Inmerso en su redacción, salía a diversos lugares, como si fuera un cineasta (el director de cine zaragozano, con ecos riojanos y donostiarras, se reía) que iba a localizar. Y por indicación de un amigo jacetano dio con el libro ‘El Pirineo abandonado’ de Enrique Satué, que hablaba de Ainielle, donde había vivido su familia hasta finales de los años 50. Ainielle le gustó por casi todo y antes, muchos antes de visitar la localidad, -“antes incluso de haber estado en él; lo vi desde lejos y escribí la novela antes de haberlo visitado”, confiesa el escritor-, decidió que allí sucedería la acción de su novela, de su monólogo dramático. “Soy un escritor intuitivo, trabajo sin mapas, sin planos. Todo lo que pasó luego se me escapó de las manos. Ni en el mejor de los sueños, te pasa algo así”.

Con Rosalía, de Casa Juan, y Ángel, de Casa Botero

Las novelas hacen milagros. Y eso se ve en el interior de la iglesia destejada y ruinosa. Allí, Enrique Satué Oliván - “fue muy generoso conmigo, siempre, de los que más me han ayudado, y el auténtico especialista de Ainielle, como probó de nuevo ‘La memoria amarilla’”, dice Llamazares- suele poner cuadernos donde la gente va dejando sus mensajes: frases, dedicatorias, recuerdos, dibujos o acuarelas. Los hay de niñas que se llaman Ainielle, de gentes de Francia, Barcelona, Madrid, Albacete. “El libro en castellano ha tenido más de 50 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. Y me pasan cosas curiosas todo el tiempo”. Hay muchos fanáticos de Ainielle y del espíritu del libro. El fotógrafo y naturalista Eduardo Viñuales Cobos recordaba hace unos días: “Tras la aparición de la novela, fui hasta siete veces y me quedaba a dormir. Me impresionaba aquella atmósfera”.

Rosalía Ramón Azón, de 82 años, de Casa Juan, y Ángel Azón Miranda, de 81, de Casa Botero, acompañaron al autor en su viaje a Ainielle. Ahora residen en Sabiñánigo. Rosalía partió del pueblo en 1959; Ángel, en 1948. “Creo que lloré al irme, claro, y que he llorado alguna vez al volver. Ainielle significa mucho. ¡Son tantos recuerdos! Los días de nieve, los juegos en las calles, las vacas, las cabras, la matacía y el mondongo”, dice Rosalía, que se acerca al cementerio y acaricia la lápida de su madre, Jovita Azón, y asiente Ángel. “Nos bautizaron el mismo día, hemos vivido en diversos pueblos, nos casamos, y de vez en cuando nos reencontramos aquí. Yo he leído la novela de Julio Llamazares dos veces. Ha colocado a un lugar tan humilde como este en el mundo”, matiza Ángel.

El fin del mundo y las ruinas

Julio Llamazares dice que avanzan las ruinas cada vez más. “El paso del tiempo hace de las suyas y es como si la naturaleza volviese a dominarlo todo. Ya no queda ningún edificio en pie salvo el molino. El pueblo no da miedo, exactamente, aquí la mejor línea de fuga es el cielo. Estamos en el fin del mundo, con esa música de la corriente. Lo que da miedo de veras son esos pueblos donde parece que la gente acaba de irse, que las camas están recién hechas. Es como si desde las ventanas un montón de ojos te mirasen”, dice. Con todo, Ainielle, de flora variada y fascinante, tiene algo de región espectral, donde conviven los pájaros, los murciélagos, los saúcos del olvido y las palabras.

Allí, si cierran bien los ojos, parece oírse: “Cuando lleguen al alto de Sobrepuerto estará, seguramente, comenzando a anochecer. Sombras espesas avanzarán como olas por las montañas, y el sol, turbio y deshecho, se arrastrará ante ellas...”. Es decir, el inicio de ‘La lluvia amarilla’ que suena maravillosamente en la voz del actor José Sacristán en la película 'Ainielle' de Eduardo de la Cruz.

25/05/2018 00:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARME RIERA: UN DIÁLOGO

Carme Riera: "El aullido de la Manada viene de lejos y es terrible"

La escritora y académica mallorquina fue pregonera en la Feria del Libro de Teruel y este viernes presentó su novela ‘Vengaré tu muerte’ (Alfaguara) en Los Portadores de Sueños.

Antón Castro12/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.
Carme Riera dialogó con Ana Segura sobre su novela.José Miguel Marco

Carme Riera publicó en 2016 ‘Las últimas palabras’, su novela sobre el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primo de la emperatriz Sissí, ese personaje que dejó una gran huella en Mallorca. Ahí contaba su vida, su condición de espía, sus amores con Catalina de Homar y exploraba algunos enigmas: entre ellos su compleja sexualidad y la existencia de algunos hijos, que quizá fuesen bastardos (¿eran del jardinero?), así como sus complejos: se sentía feo y gordo, recibió un intenso epistolario y fue un pionero, sin saberlo, del movimiento hippie.

¿Cómo le fue con ese libro?

En Mallorca tuvo mucho éxito. No he querido molestar a nadie y no sé si hubo enfados entre los descendientes o allegados. Si fuera así no me he enterado.

Y poco después decidió volver a la novela negra. ¿Que pasó?

Que no me gusta dejar los libros a medias. En 2004 empecé ‘Vengaré tu muerte’. Me embarranqué, la retomé en 2006 y se me fue quedando por ahí con 125 páginas. La retomé en 2016 y logré culminarla al año siguiente…

¿Ya estaba esa impugnación general que hace usted a la sociedad actual?

No exactamente. No vivíamos aún la situación tan crítica que vivimos de corrupción. Pero sí estaba ese personaje, Elena, esa primera persona que cuenta, esa mujer charnega, mestiza, divertida, fresca, que posee un gran sentido del humor y que cuestiona algunos estereotipos: por ejemplo, la tacañería de los catalanes.

Usted va más allá…

Lo intento. Esta mujer que estudia en los ateneos populares es la que, a través de su mirada, protagoniza una novela de denuncia, que suele ser una característica del género negro. La denuncia y la crítica. El ambiente general de la crisis es oscuro y terrible.

También es una novela sobre la culpa, ¿no?

Desde luego. Elena es una mala detective, se ha equivocado en un caso anterior y por esa equivocación suya dos personas han sido acusadas y encarceladas por un crimen que no cometieron. La culpa es muy femenina: la mujer es la culpable de que al hombre lo expulsasen del paraíso, se dice...

Aborda la violencia de género. Es difícil no pensar en la Manada… ¿Cómo vivió la sentencia?

Fatal. Con indignación, casi como todo el mundo. Pensé en el mito de Dafne y Apolo. Ya desde la antigüedad y desde los mitos, la mujer es carne de violación. El aullido de la Manada viene de lejos y, claro, ahora, en nuestro tiempo, nos parece un horror más que nunca. Es terrible.

¿Qué nos ha querido decir sobre la pedofilia?

Esta no es una novela de tesis, ni una novela didáctica, pero sí se toca el tema. Ese es un lugar oscuro, sórdido, son auténticas cloacas y se percibe con mucha nitidez en las redes sociales. Es un mundo peligroso que no emerge como debiera, y creo que los padres debieran estar más vigilantes de todo lo que hacen sus hijos en Facebook, Instagram, Twitter o Whatsapp. El espanto anida en las redes sociales y se manifiesta de manera impune.

También aborda la corrupción. Habla del 3% que aplicaba el presidente Jordi Pujol. ¿Cómo vive la situación de Cataluña?

Fatal. Estoy muy contrariada, aburrida, triste. No estoy segura de que tenga solución. A veces pienso que España ha sido el primer país europeo que perdió las colonias y sospecho que también va a ser el primero en desmembrarse, y luego seguirá el resto de Europa. A veces, no pienso eso.

¿Le diría algo al señor Rajoy?

Sí, claro. Él y otros, desde el Gobierno central, han sido incapaces de negociar y de explicar a los catalanes los beneficios que tiene estar integrados en la nación. También es un poco su fracaso.

Acaba de ser pregonera en la Feria del Libro de Teruel. ¿Cómo le ha ido?

Muy bien. Es la capital del amor y, ahora, la ciudad de los libros. Me he sentido muy bien tratada. En casa tenemos un gran vínculo con Aragón: se lee desde hace muchos años HERALDO todos los días. Mi marido, Paco Llinàs, escritor y científico, ya jubilado, es un enamorado de Aragón.

 

13/05/2018 13:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ABDLEÁ TAIA: UN DIÁLOGO

Abdelá Taia: "El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible"

Invitado por el Instituto Francés y su directora Laure Vazquez, presentó en el Teatro de la Estación su novela ‘El digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire) de elegía y homosexualidad, amor y emigración.

Antón Castro10/05/2018 a las 05:00
  
  
  
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.
Abdelá Taia, Premio Cálamo en 2009, visitó Zaragoza.Cabaret Voltaire

¿Una persona, un escritor, un ser humano puede escapar en Marruecos del impacto de la persecución de la homosexualidad?

Seamos escritores o no, no podemos escapar de la persecución y la violencia permanentes, porque la literatura, por desgracia, no resuelve todos los problemas ni nos protege de todo. Al fin y al cabo, soy escritor pero solo soy un ser humano. No tengo poder. Padezco la misma vulnerabilidad que cualquiera.

Se lo preguntaba porque parece que es un tema que no puede eludir nunca en su obra.

¿Por qué iba a escapar de ello si es lo que soy? Ja, ja, ja.

¡Parece tan implacable la persecución!

Desde luego. En cualquier caso, la homosexualidad sigue siendo un gran problema en todas partes, incluso en Europa. Aun en países como España o Francia, los derechos de los homosexuales no están aceptados por completo. La lucha continúa. Todas las religiones condenan la homosexualidad, no solo el islam. Pero tampoco es que yo quiera anclar o basar toda mi obra en ese tema. Y en esta novela, ‘El que es digno de ser amado’ (Cabaret Voltaire), especialmente hay más asuntos.

Vayamos con ellos. Me ha llamado la atención la carta del protagonista a la madre. ¿Es una especie de ajuste de cuentas?

Creo que cualquiera cuando pierde a una madre pierde la cabeza, pierde el norte. Es algo a lo que resulta difícil sobrevivir. En el caso de mi personaje, Ahmed, aún es más difícil porque se da cuenta de que está muy solo en la vida, y ahora, huérfano de padre y madre, mucho más. En vez de intentar entender, quiere quedarse en el furor que siente por esas ausencias. Y escribe a partir de este furor. Furor sí, no dolor.

Esta carta de Ahmed a su madre muerta, ¿tiene algo que ver con la vida de Abdelá Taia?

Es la carta más autobiográfica de todo el libro. Me salió de una manera primitiva y brutal pero también de una forma muy elaborada. No quería perder el tono de enfado ni de este dolor. Y no me importa maltratar a este personaje de la madre para llegar a la verdad. Porque se trata de eso: de la verdad. Aunque en el libro parezca una mujer tiránica, dictatorial, es una mujer que actúa, que está en acción. No es una mujer árabe como se la espera: sometida o temerosa, sino valiente.

El libro también aborda la historia de un amor perdido del que uno no acaba de liberarse...

En realidad, yo quería hablar de por qué un joven marroquí que reside en París desde hace quince años, que ahora es un joven intelectual, que vive libremente su homosexualidad, de golpe se siente perdido en Francia y en París. Es una novela sobre el desarraigo. ¿Por qué su corazón, en vez de ser libre, se vuelve duro? ¿Qué ha hecho París de él? De todo se habla en un libro de cartas. Me marcaron las ‘Cartas de la monja portuguesa’, del XVII, de Mariana de Alcoforado…

Critica la actitud de Francia respecto a ustedes. Habla de colonización.

La colonización sigue viva. La élite marroquí habla francés, envía a sus hijos a escuelas francesas, muchas cosas de la vida cotidiana copian la vida francesa. Los escritores árabes cuando son reconocidos es cuando son publicados en Francia o en París, en concreto, y si hablamos francés...

De ahí la desazón de su protagonista...

Claro. En el fondo, mi novela, con ecos autobiográficos, habla de gente como yo, pobre, que sueña con Francia, la idealiza, y cuando llega no es recibida de esta misma manera. Francia no nos concede las mismas libertades que a los demás. A partir de este punto, ¿qué tiene que hacer ese personaje, el protagonista, para ser digno ante Francia? ¿A qué debe renunciar, además?

¿No exagera usted?

Basta con pasear por las calles. Y aunque esta gente no esté de acuerdo conmigo, ni acepte mi condición homosexual (más que por el islam, yo tengo fe, es la política misma), tengo que hablar de ellos. El deber del escritor es hablar de la gente que es invisible y que está en minoría, y es oprimida. La gente que no tiene voz.

 

13/05/2018 13:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALFREDO CASTELLÓN: 'ESCOMBROS SELECTOS'

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Huerga & Fierro publica ‘Escombros selectos’,

los cuentos póstumos de Alfredo Castellón

 

El libro, marcado por la Guerra Civil, la fantasía, el amor y el cine, se ha presentado en la Biblioteca de Aragón

 

 

Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1930-Madrid, 2017) fue guionista y director de cine, fundador de TVE y creador de un sinfín de programas, dramaturgo y director teatral. Dio casi la vuelta al mundo a mediados de los años 60. Se sentía, quizá por encima de todo, escritor de cuentos y de microcuentos. Solía decir que salía a pasear y que aprovechaba para volver a casa con el poema o el cuento ya hecho. Antes de morir publicó dos de sus mejores libros: ‘El ruido de la memoria’ (STI, 2012), una colección de relatos de carácter autobiográfico en buena parte, y ‘Apólogos’ (STI, 2016), una mezcla pensamientos, aforismos y microcuentos. Poco antes de su adiós, el pasado diciembre, Alfredo había puesto punto y final a su libro de cuentos ‘Escombros selectos’ (Huerga & Fierro), que lleva un prólogo de Mariano Gistaín.

En este volumen hay un poco de todo: algunos recuerdos de la Guerra Civil y de sus días en el entorno de un naranjal de Burriana, y varios relatos sobre su madre, entre ellos una carta. Al período doloroso de la contienda pertenece el cuento más extenso, más doloroso, ‘La mano’, en el que una madre le revela a su hija la historia de la ejecución de su padre; la obra tiene mucho que con los recuerdos del director de ‘Platero y yo’ y ‘Las gallinas de Cervantes’ vinculados con sus familiares de Morés, donde él pasó varias temporadas. Una de las piezas más turbadoras se titula ‘Obsesión’ y es el relato de una mujer y el hombre que la violó, resuelto con un final espeluznante. La obsesión, las historias de amor y la relación de parejas, en particular en el seno del matrimonio, protagonizan diversos cuentos, en los que casi siempre hay una salida para el humor, aunque sea negro, el sarcasmo y la ironía.

Destaca en el conjunto el cosmopolitismo: hay piezas que suceden en la India, en Alemania, en Polonia, en Francia, en Austria, pero también en Marraquech o en Nueva York, donde vivió entre 1929 y 1930 el poeta Federico García Lorca, a quien recuerda y cita. Y por supuesto, suceden en Zaragoza, adonde volvía siempre.

Castellón se maneja en varios registros: compone algunos cuentos fantásticos como ‘El amante volador’, que parte de un verso de Miguel Hernández, “solo quien ama vuela”. Se siente muy cómodo en los textos dialogados; rinde tributos al teatro y al cine, especialmente a Marlene Dietrich, vestida de cíngara; también ofrece varias narraciones de atmósfera religiosa, o más bien bíblica, y hay al menos dos piezas que transcurren en manicomios. La locura siempre anda por ahí con sus fantasmas.

‘Escombros selectos’ también es un libro de homenajes, entre ellos al escritor Félix Romeo Pescador, al bailarín Antonio Canales o a Enrique Gómez Padrós, ‘Harry’, “que con tanto cariño pellizcaba la yugular del amigo”, que fue uno de los grandes impulsores de la literatura y del cine en Barbastro. Uno de los textos más bellos es ‘Amores obstinados’, dedicado a las pasiones y a la terquedad de su amiga Pilar Miró. Ella, como confiesa otro personaje, podría haber dicho: “Tengo que confesar que desde niña me gustaron los hombres guapos”.

 

*La foto es de Guillermo Mestre, de Heraldo.

 

 

07/05/2018 21:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RTVE: ADIÓS A JOSÉ MARÍA ÍÑIGO

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Adiós a José María Iñigo, histórico periodista de RTVE*

 

  • Se convirtió en la cara de TVE en los 70 gracias a programas como ‘Directisimo’ o ‘Estudio Abierto’

 

  • Colaboraba desde hace 18 años en ‘No es un día cualquiera’ de RNE y actualmente también en ‘Aquí la tierra’ y ‘Hora punta’ de La 1

 

  • De 2011 a 2017 comentó el Festival de Eurovisión

 

  • Dolor y consternación entre sus compañeros de profesión

 

RTVE lamenta profundamente el fallecimiento del histórico periodista José María Iñigo, fallecido hoy en Madrid a los 75 años, y que desarrolló la mayor parte de su dilatada carrera profesional en la radio y televisión públicas, desde sus comienzos y hasta sus últimos momentos.

 

Precisamente la noticia de su fallecimiento la ha dado a conocer esta mañana Pepa Fernández, directora y presentadora de 'No es un día cualquiera', programa de RNE en el que el mítico comunicador colaboraba desde hace 18 años. El espacio ha comenzado como cada sábado a las 8:30 horas pero sin su sintonía habitual y con la voz de su presentadora, que ha hablado desde el corazón y con gran dolor. "Soy una persona en estado de shock (...), qué les puedo contar. Hace solo unos minutos hemos sabido que mi amigo, mi compañero, mi cómplice, mi maestro José María Íñigo ha fallecido", ha dicho emocionada tras confesar que habló con él anoche. Pepa Fernández ha dicho que Íñigo "ha dejado una huella profunda" en el programa y, ha recalcado que "nos ha ayudado muchísimo a diseñarlo y mantenerlo en antena".

 

Por su parte, Carlos Santos, subdirector de ‘No es un día cualquiera’, ha manifestado que “delante del micrófono y de la cámara era el mejor; se crecía, se transfiguraba, resplandecía, se convertía por ensalmo en personaje aunque ese día la persona estuviera cansada, aburrida, hambrienta o enferma”. “Era el mejor, sí, pero lo extraordinario es que haya sido el mejor durante tantísimo tiempo. Porque Iñigo fue Iñigo, con toda su popularidad a cuestas, durante más de cincuenta años”, ha señalado. “Ahora que ha muerto, con 75, consuela pensar que estuvo activo hasta el final, que entre quimio y quimio seguía viviendo a tope (trabajos, viajes, amaneceres, sonrisas, conversaciones, afectos) y que, menos mal, no ha tenido que afrontar el doloroso deterioro físico que se le venía encima, más doloroso todavía para quien, como él, ha sido joven todos los días de tu vida”, ha añadido.

 

El realizador de televisión y consejero de RTVE Fernando Navarrete ha calificado a José María Iñigo como “un gran hombre, un leal amigo y el más completo comunicador que he conocido”. “Trabajar con él siempre daba seguridad y su agilidad mental y su ingenio norteño gratificaron los cincuenta años de su amistad , que he disfrutado siempre que he podido”, ha dicho. 

 

"No nos llegan las palabras para explicaros lo maravillosa persona que era, humilde, divertido y gran trabajador. La voz de Eurovisión y la alegría de la delegación. Le adorábamos", ha señalado en twitter el equipo de Eurovisión de RTVE.es. La jefa de la delegación de RTVE del festival, Ana María Bordas, ha manifestado su tristeza por la muerte del querido periodista. 

 

Intensa trayectoria

 

Nacido en Bilbao en junio de 1942, Íñigo trabajó en distintos medios de comunicación, aunque la mayor parte de su trayectoria profesional estuvo vinculada a TVE. Sus inicios fueron en la radio -comenzó en Radio Bilbao cuando tenía solamente 15 años- y se centró en programas musicales como ‘El gran musical. Además, fue uno de los creadores de Los 40 Principales’. En Televisión Española (TVE) su primer programa musical fue ‘Último grito’, en 1968.

 

Se convirtió en el rostro de Televisión Española en la década de los 70 y 80 gracias a ‘Fiesta’, ‘Directísimo’ o ‘Estudio Abierto’, programas míticos de esta casa. Contaba con una dilatada experiencia en televisión, radio y era, sobre todo, un experto en periodismo musical. Entre 2011 y 2017 fue el comentarista del Festival de Eurovisión para TVE.

 

Como escritor publicó una veintena de libros y colaboraba, entre otros, en el programa ‘No es un día cualquiera’, de RNE, ‘Aquí la Tierra’ y  ‘Hora Punta’, de La 1. Recibió numerosos premios durante su carrera, entre ellos el Premio Ondas al mejor presentador de televisión en 1971, así como seis TP de Oro, una Antena de Oro (2010) y el Premio a Toda una Vida 2010 de la Academia de Televisión.

 

*Esta es la nota oficial de RTVE.

 

05/05/2018 21:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: DIEZ AÑOS DE PERIODISMO CULTURAL

Periodismo cultural: diez años de encuentros


  
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El reciente Congreso de Santander sobre linchamiento digital ha culminado un ciclo de reflexiones profesionales, desarrollada antes en Zaragoza, Pendueles (Asturias) y Sevilla


Periodismo cultural: diez años de encuentrosDiez años de encuentros de periodismo cultural (ERphotographer / Getty)
Actualizado a 05-05-2018 07:29

Cuando, el pasado 27 de abril, Basilio Baltasar clausuraba en Santander el IV Congreso de Periodismo Cultural, dedicado al “linchamiento digital”, la opinión de los congregados era bastante unánime: ha sido el mejor de los celebrados hasta ahora.

Las ponencias de expertos como el politólogo Miguel Arias Maldonado, los periodistas Lluis Bassets y Marta Peirano o el sociólogo Miguel del Fresno, junto con la sucesión de mesas redondas, nos proporcionaron a los allí convocados un panorama general y una guía de mano para no perdernos en los vericuetos, abismos, espejismos y trampas, también entre los tesoros, del nuevo mundo digital en que la profesión y la ciudadanía viven ya inmersas.

Con el Congreso, también, culminaba un ciclo para los periodistas culturales españoles. Se había abierto diez años antes, en Zaragoza.

Una cita aragonesa

El 27 y 28 de marzo del 2008 se celebraban en el Edificio Pignatelli unas “Jornadas de Fomento de la Lectura y Medios de Comunicación” organizadas por el Ministerio de Cultura y patrocinadas por el Gobierno de Aragón. El programa quería discutir cómo estaban impulsando la práctica lectora las revistas culturales, la prensa, la radio, la televisión y el formato Internet ya en auge.

Una de las cuestiones que surgió fue el crecimiento que el periodismo cultural había experimentado en España tras la muerte de Franco. Antes de 1975 las secciones de cultura eran prácticamente inexistentes en los diarios. El periodismo cultural especializado no existía. Treinta años más tarde, raro era el rotativo que no contaba con una sección de cultura potente y que no había creado sus suplementos de libros y de arte, al tiempo que el espacio destinado a este tipo de información no paraba de aumentar en otros ámbitos mediáticos.

Por otra parte, constatábamos que, en el terreno de la lectura, el papel prescriptor tradicional que en épocas anteriores desempeñaron los críticos literarios había ido pasando, crecientemente, a los periodistas culturales, personajes con otro perfil, otra formación y otras estrategias. Sin embargo, tanto en el plano profesional como en el propio terreno de la cultura, los implicados no habíamos desarrollado un discurso consistente sobre nuestro propio trabajo ni habíamos creado unas redes de relación acordes con este peso.

El programa de ZaragozaEl programa de Zaragoza (LV)

En ese encuentro zaragozano coincidimos, y en algunos casos nos conocimos, periodistas que a lo largo de los años repetiríamos contacto de forma habitual y colaboraríamos en preparar algunos de los que vendrían más tarde: especialmente Antón Castro, jefe del suplemento del Heraldo de Aragón y por aquel entonces también del programa televisivo Borradores; el malagueño Guillermo Busutil, director de la revista Mercurio; Manuel Pedraz, de RNE en Sevilla, impulsor del programa Historias de Papel, y Basilio Baltasar, al frente de la pionera revista digital de literatura El Boomerang. Yo asistía como responsable del suplemento Cultura/s de La Vanguardia.

También participaban Ignacio Elguero, codirector en Madrid de La estación azul de RNE; Óscar López, que dirigía desde Barcelona el programa de TVE Página 2; Javier Rioyo, al frente de Estravagario en La 2; Jesús Vigorra, director de El Público en la televisión de Andalucía, o Jorge de Cominges, responsable de Qué Leer.

De la reflexión sobre la necesidad de un mayor reconocimiento de la disciplina surgió la primera propuesta. Una conversación en el AVE de Barcelona a Zaragoza con Rogelio Blanco, entonces director general del Libro del gobierno de Rodríguez Zapatero, y la buena influencia de Alfonso García, coordinador del suplemento Filandón del Diario de León, hicieron posible que el Ministerio de Cultura convocara por primera vez el Premio Nacional de Periodismo Cultural. César Antonio Molina, ministro entonces, dio enseguida su visto bueno.

Pocos meses más tarde tenía lugar la primera convocatoria, que recayó (2009) en el periodista de El País Jacinto Antón. En años posteriores lo obtendrían Fabricio Caivano, de Cuadernos de Pedagogía; Ana Borderas, de RNE; Juan Cruz, de El País; Antón Castro; Diego Manrique, de El País; Ana Mendoza, de la agencia Efe; Jaume Figueras, de TV3· y, el más reciente, Blanca Berasategui, directora de El Cultural de El Mundo.

Junto a la playa asturiana

Lo cierto es que los factótums del Ministerio, y especialmente Rogelio Blanco –hombre próximo al entonces presidente del Gobierno- , se habían tomado en serio el reto planteado, y durante el mismo 2009, además de convocar el premio, decidieron dedicar al Periodismo Cultural un Encuentro de Verines. Estas convocatorias, celebradas en una casa histórica de Pendueles, cercana a la playa asturiana de La Franca –espectacular enclave en cuyas aguas nos mojábamos los pies a primera hora de la mañana-, habían acogido anualmente desde los 80, bajo la tutela de Victor García de la Concha, a autores y profesores de las distintas autonomías españolas para discutir cuestiones literarias de amplio espectro, desde las más generalistas a las más especializadas.

Verines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio BlancoVerines 2009. El quinto por la izquierda es Rogelio Blanco (LV)

García de la Concha había dejado ya la dirección en manos del profesor y escritor Luis García Jambrina, quien moderó nuestros temas, que han sido los que han marcado el último decenio: la difícil (o fácil) convivencia entre el formato papel y el formato digital; el paso sin retorno a la red con nuevas fórmulas informativas o la cautela frente al nuevo medio y la perseverancia actualizada en fórmulas clásicas. También la pugna entre apocalípticos e integrados, o entre los periodistas elitistas y los populares, en la información literaria.

En Verines se comunicó el nacimiento de la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía “José María Bernáldez” (en homenaje a la memoria de un querido y recién fallecido colega). Y, junto a veteranos de la anterior convocatoria se dieron cita en la casona asturiana Antonio Iturbe, de Qué Leer, David Castillo del Avui; Jesús García Calero de ABC; Peio H. Riaño de Público; Aurelio Loureiro de Leer; Tino Pertierra de La Nueva España; Winston Manrique de El País; Miguel Barrero; Nieves Fontova de El Correo; Teresa Peces de Delibros…

En la Feria de Sevilla

La siguiente cita tuvo lugar en Sevilla, el año 2011. La organizó la joven Asociación andaluza, que presidía Manuel Pedraz, con la colaboración de la catalana, que había surgido poco después y que dirigía Toni Iturbe. Dos sesiones sobre los nuevos caminos de la profesión, en un momento en que la crisis económica ya había enseñado los dientes. Se celebró dentro de la Feria del Libro, con patrocinio del Ministerio de Cultura, la consejería de Cultura de la Junta y la Fundación José Manuel Lara.

Se abordaron allí las innovadoras experiencias en la blogosfera; la (entonces proyectada) transformación de TVE2 en Canal Cultural, o el boom de libros de periodismo. Maruja Torres fue la invitada estrella. Nuevos participantes se incorporaron a la red de colegas en construcción: Sergi Doria de ABC (a partir de entonces, otro puntal de nuestras convocatorias); Llàtzer Moix de La Vanguardia; Alejandro Luque de El Correo de Andalucía; Guillermo Altares de El País; Eva Díaz Pérez, entonces en El Mundo...; Carlos del Amor de TVE; Pilar Vera del Diario de Cádiz; Montse Mompó del programa Continuará; Amalia Bulnes…

Encuentro en SevillaEncuentro en Sevilla (Archivo)

Como apuntó en su blog Felix Modroño, “estas reuniones, además de servir de terapia colectiva contra las vicisitudes por las que atraviesan los profesionales y el arrinconamiento a que se han visto sometidas sus secciones en los últimos años en los respectivos medios, han dejado charlas y mesas redondas en las que se ha reivindicado el papel fundamental del periodismo cultural en la sociedad actual”. Efectivamente había llegado la crisis. Y tras una época, como hemos apuntado, de fulgurante ascenso, el periodismo cultural estaba perdiendo peso y espacio en los medios, que entraban en una fase de austeridad y recortes, cuando no de clara precarización.

Santander, giro decisivo

Un giro decisivo en el desarrollo de los encuentros se produce con la aparición y consolidación de Santander como espacio de acogida.

El mallorquín Basilio Baltasar, director de El Boomerang, era y es también director de la Fundación Santillana, vinculada al grupo Prisa. Baltasar, que además de como periodista y novelista tiene experiencia en el mundo editorial, es hombre capaz de desarrollar y dar coherencia a proyectos complejos y ambiciosos desplegando para ello gran suavidad de formas. “Suaviter in modo, fortiter in re”. Se trata del personaje fundamental en la segunda fase de esta historia.

Seminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio BaltasarSeminario en la UIMP de Santander 2012. El segundo por la derecha es Basilio Baltasar (LV)

A principios de esta década la Fundación Santillana convocó, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander, dos seminarios sucesivos sobre la relación entre periodismo y narrativa. Se trataba de una cuestión muy en auge por el éxito de cronistas latinoamericanos allí presentes como Leila Guerriero, Juan Villoro, Leonardo Faccio o Silvia Paternostro. En el seminario del 2011, en el que participé junto con Lluis Bassets, Roberto Herrscherr y José María Calleja, se discutió la relación entre periodismo narrativo y periodismo cultural. Dos disciplinas próximas pero con objetivos diferentes. En las habituales conversaciones peripatéticas por la península de la Magdalena y el Sardinero, dimos vueltas con Basilio a la posibilidad de consagrar allí, en la misma UIMP, un seminario monográfico anual al Periodismo Cultural que recogiera el testigo de las reuniones de Zaragoza, Verines y la de Sevilla (que había tenido lugar unos pocos meses antes), dando regularidad a la reflexión.

Y así se hizo. En julio del 2012, la Fundación Santillana convocaba en la UIMP de Santander, con la colaboración del TEC de Monterrey, el “Primer Seminario de periodismo cultural”. El tema: “Periodismo cultural en los nuevos medios: periódicos digitales, blogs y redes sociales”. Junto a rostros conocidos de reuniones anteriores acudieron Jesús Ceberio y Juan Cruz de El País; Ana Borderas de RNE; Montserrat Domínguez del Huffington Post; Antonio Lucas de El Mundo; Ignacio Vidal-Folch de Nostromo; Guillermo Balbona del Diario Montañés; Joana Bonet de Marie Claire; Laura Revuelta de ABC… Jesús Ruiz Mantilla, de El País, por su vinculación cántabra, sus crónicas y su implicación operativa, sería otro personaje importante en este proceso.

El entorno había cambiado. Del gobierno proclive a la cultura de José Luis Rodríguez Zapatero –con todos los matices y pegas que se quiera-, se había pasado a un gobierno del Partido Popular que de entrada eliminó el ministerio del ramo –fundiéndolo con Educación y Deportes- y después había tomado una serie de medidas económicas que muchos considerábamos perjudicial para el sector. Por eso, y excepcionalmente, un grupo de los presentes en ese encuentro de 2012 –no todos- firmamos y publicitamos el siguiente manifiesto:

“Los periodistas culturales reunidos en el seminario de Periodismo Cultural celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo manifestamos nuestro rechazo hacia la decisión del Gobierno de gravar la asistencia a teatros, conciertos de música y salas de cine con el 21% de IVA. Lo grave de la decisión es que no se trata de una subida del impuesto, sino de un cambio de categoría, ya que estas manifestaciones artísticas pasan de soportar el IVA intermedio a ser penalizadas con el IVA máximo del 21%. Queremos dejar constancia de que la cultura no es un privilegio, sino que forma parte indispensable del desarrollo intelectual y afectivo de las personas. Nos negamos a aceptar que se nos diga que pensar es un lujo.”

De seminario a Congreso

En los años siguientes, Basilio Baltasar y su equipo, encabezado por la incansable Giselle Etcheverry Walker, continuaron trabajando con el formato seminario para la UIMP. El de 2013 respondía al título “Nuevos medios, nuevas pantallas, nuevos lectores”, e incorporaba por primera vez a Alfonso Armada, Fernando Rodríguez Lafuente (ABC) y Paul Ingeenday (Frankfurter Allgemaine). ¿Cómo cambia la lectura en las pantallas móviles? ¿cómo escribir para los nuevos lectores?, eran algunas de las preguntas sugeridas.

En 2014 el seminario se consagró a “Los suplementos literarios y su versión digital”. Pregunta: la capacidad de influencia que los suplementos en papel han ejercido durante mucho tiempo, ¿se mantendrá en la era de las pantallas? Tuvo como voces nuevas a Blanca Berasategui; Angélica Tanarro (El Norte de Castilla); Berna González Harbor (El País) y Ramón González Férriz (Letras Libres).

En 2015 se da el gran paso. De seminario pasamos al “Primer Congreso de Periodistas Culturales”. Convocantes: la Fundación Santillana, la UIMP y la Fundación Botín, con apoyo del Ayuntamiento y la Fundación Santander Activa. Cerca de cincuenta asistentes/participantes. En el discurso inaugural Basilio pide para España una “excepción cultural” en la fiscalidad de las industrias del sector al estilo de la que aplica el gobierno francés.

Una primera pregunta: la botella ¿está medio llena o medio vacía? Es decir, la profesión, ¿va relativamente bien, o está tirando a fatal? Entran en escena Pepe Ribas (Ajoblanco); Borja Cassani (El estado mental); Xavi Ayén (La Vanguardia); Toni Puntí (TV3); Xesus Fraga (La voz de Galicia); Valerie Miles (Granta), Martín Caparrós…

Se discute si es lícito que un crítico literario sea amigo del autor criticado, y si se leen “los libros enteros”; si el periodista cultural debe ser, además de informador, un contador de historias; si las secciones de cultura viven atrapadas por el marketing, y si hoy hay que centrarse en publicar lo que otros no quieren que publiques, porque de otro modo trabajas en relaciones públicas… Mi pequeña aportación, aparte del parlamento, consiste en llevar a Santander los primeros ejemplares del libro Una crónica del periodismo cultural, en el que intento desarrollar una breve síntesis histórica de la disciplina.

Carteles del congresoCarteles del congreso (LV)

Puesto que el congreso del 2015 resulta catárquico, autorreferente, y de sus sesiones los participantes salimos llorados, el segundo congreso, de 2016, se abrirá al mundo exterior. Abordamos “La nueva ingeniería cultural”. Periodistas presentan a creadores de nueva generación en el campo del teatro, la música, el diseño, la plástica… Concha Barrigós, de la agencia Efe, introduce al consultor de Tekne, Pepe Zapata. Jordi Nopca, del diario Ara, hace los honores al artista y diseñador de interacción Daniel González Franco. Esperanza Rabat, de La maleta de Portbou, introduce al fundador de un Antimuseo, Tomás Ruiz Rivas. Carmen Lobo, de La Razón, y César Coca de El Correo participan en distintas meses.

En las ponencias centrales contamos con el arquitecto Carlos García Delgado (sobre el método cibernético memoria-conciencia, nada menos), el filósofo Josep Ramoneda (“copiar o inventar”) y el exministro de Exteriores Miguel Angel Moratinos (hablando sobre la cúpula de Miquel Barceló en la sede suiza de la ONU).

Tanto el primer como el segundo año los congresos cuentan con la presencia entusiasta del alcalde santanderino Iñigo de la Serna, aunque ya no acudirá al tercero al ser nombrado ministro de Fomento. Y las convocatorias son difundidas por unos comentados carteles de impronta surrealista.

2017 es el año de “El arte de la diplomacia y la diplomacia del arte”. “Mientras los espacios políticos, jurídicos y comerciales gestionan sus propias reglas de colaboración, el mundo de la cultura establece los vínculos dinámicos de una diplomacia transversal en nombre de los grandes valores intelectuales y estéticos”, reza el programa. Hay ponencias del director del Instituto Cervantes Juan Manuel Bonet, el embajador de Italia Roberto Toscano, la responsable de la Secretaría General Iberoamericana Rebeca Grynspan y el ensayista Jordi Amat, autor de un libro sobre la “guerra fría cultural” en España. Asistimos a discusiones con el alcalde de Málaga, propulsor de su nuevo eje museístico, y con el diplomático Ion de la Riva, que ideó la Casa Asia.

Nuevos colegas en la cita santanderina: Pilar Argudo (Radio Barcelona); Ignacio Peyró (La Nueva Revista); David Felipe Arranz (El marcapasos); Daniel Gascón (Letras Libres); Felix Riera (Hansel i Gretel); Vivian Murcia (El PortalVoz); Luis Martínez (El Mundo); Charo Ramos (Diario de Sevilla); Silvia Viñas (Radio Ambulante); Maria Jesús Espinosa de los Monteros (Podium Postcast), Patricia Soley-Beltran….

Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018.Debate en el auditorio del Centro Botín Santander, en 2018. (LV)

Y llegamos al 2018 con el que abríamos esta (ya larga) crónica. Otra oportunidad para el reencuentro, para la afirmación de lazos amistosos, para la diplomacia blanda. Para el autoanálisis crítico matizado por la ironía, los buenos modales (imprescindibles en la República de las Letras, como nos ha recordado Marc Fumaroli) y el paisaje de la Bahía, que contemplamos embobados en el auditorio a la espalda de los ponentes. Se nos suman entre otros Álex Salmon (El Mundo); Ángel Luis Fernández (Jot Down); Inés Martín Rodrigo (ABC); Leandro Pérez (Zenda); Paula Quinteros (The Objective); Iñigo Picabea (RNE), Joseba Elola (El País); Karina Sanz, Anna Maria Iglesias; Pere Ortín (Altaïr Magazine); Carolina Isasi; Margarita Yakovenko (Playground), Mar Abad (Yorokobu)…

Culminación de una larga trayectoria: diez años de encuentros -y de progresiva toma de conciencia- sobre el periodismo cultural, con la participación de un centenar de profesionales de distintas ciudades españolas. Discutiendo cuestiones de contenido, de procedimientos y de futuro; aspectos éticos y también laborales. Una trayectoria favorecida por el apoyo inicial de Rogelio Blanco y el Ministerio de Cultura; por el nacimiento, después, de las asociaciones andaluza y catalana, y, a partir del 2012, por el empuje decisivo de Basilio Baltasar y la Fundación Santillana.

Hoy el Congreso constituye una cita anual esperada. Aparece ligado a la capital cántabra y a la silueta recortándose sobre el agua del Centro Botín. El interés de sus propuestas va en aumento. Y que así sea por muchos años más.

 

05/05/2018 14:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: 'ENREDADOS', ECOS DEL CONGRESO DE SANTANDER

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2018/04/28/enredados/1003294.html

 

Enredados

Guillermo Busutil*  29.04.2018 | 05:00 

La red o la vida. La elección no es tan simple ni su respuesta depende de un clic. Declararse analógico o disidente con respecto a internet es tan sólo un acto de ingenuidad rebelde. Si usted ha introducido su tarjeta de crédito en un cajero o tiene un teléfono móvil su privacidad es rehén del capitalismo que convirtió a los ciudadanos en clientes. Y si posee uno de los 8.485 millones de móviles del mundo conectado a internet es también un usuario usado. Usted hace su vida normal, repite sus hábitos y es más o menos feliz desconociendo los ecos de lo que teclea en google, de lo que dice en facebook, en whatsapp, twitter o instagram, pero en realidad cuando se maquilla o se afeita la identidad frente al espejo, al otro lado tan sólo es un algoritmo. Un problema que sólo una máquina puede entender. No es una distopía, esa palabra de género con la que muchos escritores sueñan acercarse a Philip K. Dick o a Asimov, es una realidad con software en la que ya no hay sitio para Alicia ni para Robinson Crusoe. Ahora todos somos un digito con una huella de cristal. La culpa la tienen los babilonios que afilaron las matemáticas a través del álgebra y las ecuaciones con escritura cuneiforme en tablillas de arcilla húmeda. Y también Alan Turing, quien les reventó a los nazis el enigma de sus mensajes y advirtió de que en un futuro –ya estamos en su seno y combinaciones- las máquinas podrían pensar e incluso escribir poemas de amor. Otros no muy diferentes con los que se nos declara a diario la publicidad.

 

Aquel héroe que pensaba que el cerebro tenía muchas hojas en blanco –sobre las que internet traza hoy sus inputs- terminó suicidándose con una manzana envenenada. No se inspiró en él Apple, pero sí que tuvo en sus inicios la seducción de la red algo de atrayente manzana. Ese fruto de apariencia esférica que podría ser la bola de cristal medieval convertida hoy en el Palantí creado por Peter Thile donde desembocan nuestras relaciones Apps, nuestros secretos ADSL o en fibra óptica y los datos que utiliza la compañía Cambridge Analógica de su amigo Robert Mercer para que sus servicios evolucionen en función de nuestro comportamiento y demanda. Por no hablar de las piezas del tablero geopolítico que pueden mover a su antojo: el Brexit, el triunfo electoral de Trump o hackeando el destino de sabor dulce o ácido y del que sólo somos las minúsculas pepitas que escupe la sonrisa voraz del diablo con esmoquin de millonario. Nos lo contó Marta Peirano con el desparpajo de quien no quiere atemorizarnos de lo vampirizados que estamos, a los periodistas reunidos en el IV Congreso nacional de Periodismo cultural, organizado por la Fundación Santillana, para hablar del Linchamiento en las redes.

 

En Santander la realidad analógica es la hermosa postal de matices de grises calcáreos, sales azules y verdes spartinas de su bahía. También es el fondo de pantalla de ordenador donde Basilio Baltasar ejerce de chamán y proyecta cada año un ingenioso jeroglífico de temas que resolver. Este año le ha tocado a todo lo que sucede en el enjambre digital: celebración de la mentira, el acoso y la difamación, la imposibilidad del desmentido, el mercado de datos personales, el envenenamiento tóxico de la opinión, las noticias falsas, la credibilidad y el mundo off line en el que ningún hogar ni sueño de identidad están conectados. Siempre son disecciones inteligentes y amistosas donde convergen la experiencia y el cuestionamiento de veteranos y jóvenes profesionales. Nunca defraudan la intensidad, la polémica ni el análisis. Tampoco las de esta edición cuyo eje de lo anterior era el modelo de información entre la frontera de papel, el rigor, el poso reflexivo, el espíritu crítico y la creatividad del periodismo cultural y la urgencia, la competitividad por la inmediatez y la creciente banalización de los contenidos monetizados por el clic de los usuarios. La dicotomía entre la exigencia de ser periodismo o estar en la primera línea de la red, olvidando, como defendieron Joseba Elola y Sergio Vila-San Juan en el WMagazine presente en las sesiones-, que los medios deben apostar por la difusión del conocimiento, la elevación cultural de la sociedad sin plegarse a las exigencias de audiencia, y que el periodismo cultural requiere al contrario profundización, matices y respeto en la plasmación de informaciones complejas, haciéndolas comprensibles.

El ajedrez siempre es batalla: la del dominio del clic con rápida propagación frente al rigor del argumento. El profesor y articulista Manuel Arias Maldonado lo explicó más o menos igual y advirtió acerca de la necesidad de que el nivel de civilicidad domine la conversación pública porque en la red todos hablamos con todos pero no todos sabemos hablar con todos. La causa es que, evocando a Manuel Castells, hemos pasado de la comunicación de masas vertical, la prensa, a la autocomunicación de masas horizontal, donde cualquiera emite un mensaje. Aunque en muchas ocasiones se trate del ruido y de la furia de las emociones, de la percepción distorsionada de la mentira, de aquello que creemos verdadero porque lo sentimos verdadero, de estereotipos, intolerancias o simplemente desahogos. Contra este habitual trazo grueso de la red nada como el periodismo cultural o informativo, contrastado y veraz, basado en ni una raya más ni una raya menos. El mejor antídoto ante las mentiras que cosechan mucha más publicidad, el aplauso sobredimensionado en las redes, y el corifeo de la bronca o el linchamiento como el de la adolescente Amanda Todd que terminó suicidándose y sobre el que se acaba de estrenar en el Teatro Fernán Gómez de Madrid una reflexión en tablas de Alex Mañas e interpretada por Greta Fernández.

Pasiones; brecha inter generacional; las manipulaciones televisivas; el periodismo de compromiso y movilización, como el de Los artistas y su farola en defensa del litoral y del suelo público amenazado por la especulación de un rascacielos a pie de ola en Málaga; la desinformación heredada de la propaganda totalitaria y sofisticada hoy por las democracias liberales; la necesidad de una alfabetización digital; la importancia de lo que supuso el éxito del Me too o la disidencia de la red bulímica, adictiva y gregaria. Muchas controversias y reflexiones en interesantes conferencias, como las del doctor Carles Armengual acerca del acoso farmacéutico y de algunos medios a la homeopatía, o la del sociólogo Miguel del Fresno en relación a la frivolización de contenidos y la conversión de todo en modelos de negocio. Igualmente en mesas redondas escenificadas con dramaturgia radiofónica como la de Ana Borderas; la capacidad de interactuar con el público como Alex Salmón o los faros culturales de Eva Díaz que planteó sobre la red el interrogante gongorino de humo, polvo, sombra, anda, aludiendo a la simbología del cartel del Encuentro, o de Antón Castro que lo cerró con la lectura de un bello poema.

El fututo está a la vuelta. Es absurdo dudar de que seremos seres humanos guiados por algoritmos electrónicos, igual que afirma el historiador Yuval Noah Harari en Homos deus. Beve historia del mañana, dependientes de una inmortalidad sujeta a la nanotecnología, de una felicidad basada en tratamientos químicos y de una divinidad favorecía por la ingeniería cyborg. No sé si entonces, como predice Blockchain los periodistas habremos desarrollado plataformas tipo Uber con contenido en la red con unos criterios de calidad en las que nuestros lectores nos remunerarán directamente, o si sólo existirá el consenso de una única información como verdad. Ignoro si la libertad dependerá de nuestro streaming o ancho de banda, o de qué tipo de bosque habítamos virtualmente o en clandestinidad Huxley. También cuánto tiempo le queda en papel y en la red al buen periodismo y al respeto hacia los receptores sujeto a la conciencia del lenguaje, el rigor de los conocimientos y a la educación expositiva con la que cada uno hace su edición de la realidad.

Lo que sé es que de momento la creatividad y las emociones humanas no están sujetas a ningún algoritmo. Nuestra única ventaja en el incierto desenlace de la carrera entre Aquiles y la tortuga. ¿Quién lo desenredará?

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

29/04/2018 10:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GALDÓS EN ARAGÓN

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Aragón y Zaragoza despertaron sinceras emociones en numerosos creadores, pero una de las más vívidas la sentía el escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920). Escribiría: “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”. Si seguimos la huella de sus vínculos, desde 1868 a 1908, como lo hicieron Jesús Rubio y Brian Dendle en ‘Galdós y Aragón’ (Ibercaja, 1993), y otros especialistas como Luis Horno Liria, Javier Barreiro o Juan Domínguez Lasierra, entre otros, vemos que la frase podría ser muy exacta.

Galdós amó Aragón, vino muchas veces, le dedicó varios textos, dos capítulos de sus ‘Episodios nacionales’, como ‘Zaragoza’ y parte de ‘Napoleón en Chamartín’, estrenó en el Principal teatro y adaptó para la ópera su novela ‘Zaragoza’ con música de Arturo Lapuerta. Y ya puestos, podemos decir algo más: Galdós fue desde joven un más que correcto dibujante; a la luz de la realidad, de sus paseos y de los grabados de Gálvez y Brambila, se atrevió a retratar diversos lugares de Zaragoza como el Seminario de san Carlos, la Puerta del Carmen o una estampa sugestiva del Pilar desde la ribera y el Puente de Piedra.

Quizá sea Galdós uno de los escritores nacionales de fama, que fue propuesto para el Nobel, que más veces visitó Aragón, especialmente la capital del cierzo. La primera vez lo hizo en octubre de 1868 como joven periodista del diario madrileño ‘La Nación’. Formaba parte de la comitiva de los generales Serrano y Topete, y oyó discursos en calles y plazas, en balcones y en lo alto de un farol, en el pedestal de una estatua, tal como cuentan Jesús Rubio y Brian Dendle. En esa primera visita acudiría al Teatro Principal. Ya entonces como si fuese un agrimensor o un topógrafo descubrió muchas cosas de Zaragoza: estuvo en el Pilar y en la Seo, paseó por san Pablo y reparó en la Torre Nueva, que era uno de los monumentos más llamativos. Rccordaría que aprendió mucho en aquel viaje y conoció a Mariano Garcia, “el hombre más simpático, más ameno, que ha nacido a orillas del Ebro”. Años después, Mariahno Gracia publicó entre 1905 y 1907 unas ‘Memorias’ en Heraldo de Aragón en 70 entregas. De aquella visita parece más claro que nacería la novela ‘Zaragoza’ de los ‘Episodios Nacionales’ con sus tránsitos, acciones t aventureras de Gabriel Araceli, durante los Sitios. El libro apareció en 1874.

Casi 20 años después, Benito Pérez Galdós visitó el valle de Ansó, donde ubicó su drama ‘Los condenados’, que pasó con más pena que gloria. Se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, narra la historia de la pasión entre Salomé (que tenía un novio más formal) y el bandolero José, y las actrices principales, Elisa Méndez y Carmen Cobeña iban vestidas de ansotanas en la pieza. La pieza parece que salió de gira y llegó a Zaragoza en 1896. Galdós, más allá del éxito y de los discursos que le pedían, era feliz en Zaragoza. Solía acudir a la taberna y tienda La Reja, donde se reunía con muchos de sus amigos y por donde aparecían desde el cantante de jotas El Royo del Rabal, que era una de sus debilidades, al torero Lagartijo. Tuvo otros grandes amigos zaragozanos como Mariano Miguel de Val, que residía en Madrid y estaba muy vinculado con el Ateneo, y Mariano de Cavia. En un discurso de algunos años después, diría: “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”.

En 1903, el autor de ‘Fortunata y Jacinta’ estrenó en el Teatro Eldorado de Barcelona, el 16 de julio de 1903, una drama familia en cinto actos, ‘Mariucha’. La obra toma el nombre de la hija de una familia de clase alta venida a menos. Cuando todo se desmorona, ella decide ponerse a trabajar con el consiguiente escándalo. La obra se estrenó en el Teatro Principal el 1 de de diciembre.

Pocos años después, el ya autor de ‘Doña Perfecta’, ‘Marianela’ o ‘Nazarín’, empezará a trabajar en un nuevo proyecto: la preparación de la ópera Zaragoza, en el que se implicó en cuerpo y alma. Zaragoza formaba parte de su afectividad. Jesús rubio y Brian Dendle dicen que ya empezó a venir en 1907, aunque el estreno sería el 4 de junio de 1908. Antes, la banda del Hospicio interpretará el ‘Himno de Riego’ y ‘La marsellesa’. Finalmente, sefijó el estreno para el siete de junio, y Pérez Galdós regresó acompañado por Ortega Munilla, director de ‘El Imaparcial’ y con un joven José Ortega y Gasset. Galdós se hospedó en el hotel Europa, y la gente lo aclamó y le pidió que saliese al balcón. Lo hizo y vio la muchedumbre se agolpaba bajo la lluvia.

Aquellos fueron días muy intensos: un día comió con Basilio Paraíso, otro día asistió a un banquete en la Quinta Julieta y asistió al apoteósico estreno del drama lírico en cuatro actos, donde sonaba la ‘Jota de los Sitios’. Él dio las gracias con un discurso, que se publicó en estas páginas y dijo, entre otras muchas cosas, que tenía la sensación de hallarse en “el país de la verdad”.

 

28/04/2018 10:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN FIRMA 'EL GOLPE POSMODERNO' EN ZARAGOZA

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[Daniel Gascón firmará mañana en el Día del Libro su nueva publicación: 'El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia'' (Debate). Por la mañana lo hará en la librería Antígona, y por la tarde en Los Portadores de Sueños.]
Del lenguaje a la política de la identidad, pasando por los mitos fundacionales del independentismo, sus utopías contradictorias o la dureza del encontronazo con la realidad, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981. Escritor y traductor, responsable de la edición española de 'Letras Libres') analiza un fenómeno que ha traído de regreso amenazas que creíamos superadas -la discusión por las fronteras, el conflicto étnico, la posibilidad de la violencia-, y que muestra las fragilidades y fortalezas de nuestra democracia.

SINOPSIS DEL LIBRO. CONTRAPORTADA
La deriva ilegal del independentismo catalán es el mayor desafío al que se ha enfrentado la democracia española contemporánea. Un fenómeno local pero también global: puso en cuestión nuestra forma de convivencia, mostró una tentativa de repliegue en un mundo cada vez más interconectado, explotó la confusión entre hechos y opiniones, y empleó sin escrúpulos la mentira y la manipulación.

Un proceso inédito que podría considerarse incluso un curso de política en tiempo real, un experimento donde se enfrentan dos concepciones de la democracia: una liberal pluralista, la otra iliberal y plebiscitaria. 'El procés' combina el énfasis en una identidad única con la percepción de que España es un proyecto agotado, el imaginario 'kitsch' del nacionalismo con una apuesta aparentemente hiperdemocrática, la sentimentalización de la política con las nuevas formas de comunicación, la reivindicación de la condición de víctima con la sensación de superioridad.
EL TEXTO DEL QUE ARRANCA EL LIBRO, PUBLICADO EN LETRAS LIBRES

Un golpe posmoderno

El gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende.
21 Septiembre 2017

En el número de septiembre de Letras Libres, Miguel Aguilar explica un malentendido de la cuestión catalana. Por un lado, argumenta, está la cuestión de la financiación y del encaje de Cataluña en España. Por otro, la aventura ilegal en la que se ha embarcado el gobierno catalán.

Esa deriva ilegal es la que ha provocado la actuación de la justicia. Se puede discutir el momento o la habilidad del gobierno estos años, pero no parece que el error haya sido el exceso o la pirotecnia. La mejor manera de conservar la autoridad es no tener que imponerla. Y habla bien de nuestras sociedades la prevención ante el uso de la coerción por parte del Estado. Pero, con el respeto más escrupuloso a la ley, prudencia y firmeza, el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos y la legalidad democrática.

La aventura ilegal, que no se reduce al referéndum suspendido, es un golpe posmoderno. Revestido con una pátina entre kitsch y cool, ha surgido un movimiento nacionalpopulista, que se ha servido con eficacia de algunos conceptos. Entre ellos están el sintagma del derecho a decidir como eufemismo de autodeterminación, la confusión entre el voto y la democracia, el prestigio de la rebelión contra el establishment (Por supuesto, como en el Brexit, quien orquesta la rebelión contra el establishment es otro establishment, pero eso no es importante), la extraña idea de que una democracia se convierte en una autocracia cuando no ganan los tuyos. Y, como ha escrito Fernando Vallespín, se ha generado la posibilidad de que cada uno proyectara en la independencia su utopía particular, seleccionando la parcela de la realidad que menos le gustara, impulsando la causa que más le importase.

Era, para algunos, una protesta contra las políticas de austeridad, aunque los impulsores del procés fueran los primeros en implementar políticas de austeridad; era un movimiento de izquierdas aunque se presentara en forma de una alianza entre la derecha, los comunistas y una formación asamblearia, y aunque fuera un movimiento contra la redistribución, donde los ricos se pretenden liberar de los pobres; una manera de estar más integrados en Europa, aunque la UE dijera que una hipotética Cataluña independiente estaría fuera de la Unión; una protesta contra la corrupción, aunque el nacionalismo en Cataluña había creado tramas clientelares corruptas; la única salida ante la incapacidad de reformarse de España, aunque las fuerzas políticas catalanas habían sido corresponsables; un movimiento de derechos civiles, aunque el único derecho que se reclamaba era privar a los demás de su ciudadanía; una ilusionante apuesta democrática, aunque se asaltaran sedes de partidos contrarios a la independencia, cargos de la Generalitat atacaran a periodistas, la ley de transitoriedad rompiera la separación de poderes, en el Parlament se arrollara a la oposición y fuerzas políticas independentistas dijeran que hay que señalar a quien tenga las ideas equivocadas.

Existía la percepción de que todo eso era una especie de declaración de intenciones, una cosa expresiva. La táctica era que esa transgresión en cierto momento fuera para el Estado evidentemente en serio, y provocara una respuesta. La respuesta, pensaban los independentistas, siempre se presentaría como algo desproporcionado: algo que permitiera a quienes habían asaltado el Estado de derecho presentarse como mártires democráticos. (La foto de un arresto es más comprensible y reproducible que algo abstracto como el atropello de los derechos políticos de los ciudadanos.)

El secesionismo ha luchado contra un enemigo imaginario: una España autoritaria, no democrática, una país donde Cataluña no tendría un gran nivel de autonomía, una España que no es una democracia avanzada, comparable a los países de su entorno. En un momento que habría hecho sonreír a los guionistas del Saturday Night Live de los setenta, Gabriel Rufián ha dicho que el 1 de octubre sería el día de la muerte de Franco. Ese país imaginario es una España (un "Madrid", básicamente, con Castilla y algún descampado parar a echar gasolina y mear) tosca y subdesarrollada, pero al mismo tiempo maquiavélica e implacable. La imagen folclórica de España encaja con una concepción que todavía muestra parte de la prensa extranjera: una idea pintoresca de país atrasado que hace pensar que algunos editorialistas y corresponsales se han quedado en la época de Hemingway, pero que no sería tan fácil vender si nosotros mismos no la hubiéramos creído y promocionado.

Esa es la imagen de España que querían activar. Esa imagen es falsa y debemos luchar contra ella. Es un marco heredado de la guerra civil, pero el paralelismo que presenta al Estado heredero del franquismo aplastando la democracia está mal hecho. En este caso, y pese a enormes diferencias, el gobierno catalán ha sido quien ha atacado la legalidad democrática, y es el Estado español quien la defiende. Al hacerlo defiende en primer lugar los derechos de los catalanes.

Como los defensores del Brexit, los promotores de la secesión han recurrido sistemáticamente a la mentira y han hecho promesas que saben falsas. El País desmonta hoy el relato falaz que hizo Puigdemont de la actuación de la guardia civil. Artur Mas se jactó de una estrategia que consistía en engañar al Estado. Pero eso lleva aparejado engañar a los catalanes no independentistas, y también a los partidarios de la secesión. Se les engaña ahora cuando se habla de Estado autoritario, de presos políticos, de movimiento democrático, de supresión de la libertad de expresión. Es posible que, como los mejores mentirosos, algunos de los que propagan esas falsedades las crean ciertas. En ocasiones han conseguido imponer su lenguaje a quienes opinan de forma distinta: hablamos de “catalanes” como si los catalanes no independentistas no fueran catalanes, y de “unionistas” como si fueran opciones simétricas. La distorsión del lenguaje indica que, cuando llegue el momento de buscar una solución, no solo necesitaremos sentido común, respeto a la ley y las minorías, buena fe e inteligencia política. También harán falta diccionarios que nos recuerden lo que significan las palabras.

22/04/2018 20:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PAULA CORROTO: 'LA NUEVA CENSURA CULTURAL'

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La nueva censura cultural

Con la intención de proteger sensibilidades, sectores de todo el espectro ideológico piden la retirada o prohibición de obras de arte. Estamos ante una nueva censura cultural.
01 Febrero 2018

Los niños ya no pueden leer Matar a un ruiseñor, el bestseller de Harper Lee publicado en 1960. Palabras como nigger son demasiado insultantes y ofensivas, según varios padres que obligaron a un colegio del estado de Misisipi (Estados Unidos) a quitar esta novela de las lecturas escolares. Los visitantes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York tampoco deberían admirar el cuadro Thérèse dreaming, pintado por Balthus en 1938. Para once mil personas, aquellas que firmaron un manifiesto exigiendo su retirada, es “sexualmente sugerente” y arroja una mirada ¿sucia? sobre el cuerpo de los menores. Tampoco es lícita la pintura que realizó la artista blanca Dana Schutz sobre la fotografía de Emmett Till, un adolescente linchado por dos hombres blancos en Misisipi en 1955. Varios artistas y comisarios de exposiciones pidieron incluso su destrucción cuando fue expuesta en la Biennial del Museo Whitney de Washington.

Todas estas manifestaciones ocurrieron en 2017 y son muestra de una nueva censura cultural. Si bien los impulsos censores siempre han estado presentes, en los últimos tiempos han tomado una mayor relevancia, en parte debido al gran altavoz que suponen las redes sociales, que consiguen agrupar a un mayor número de personas en torno a una protesta, y también al rumbo político y social que han tomado algunos de los países más desarrollados en los últimos meses. No obstante, son muchos los interrogantes que se abren en torno a estas nuevas posturas que no pueden limitarse al análisis fácil de las redes o a triunfos de políticos reaccionarios. ¿Por qué hay voces que hoy persiguen libros, cuadros, fotografías de hace más de medio siglo? ¿Qué ha cambiado para que entonces no supusieran ningún problema y hoy sean pasto de linchamientos y prohibiciones?

Causas de la “nueva censura”

Desde un punto de vista político, Manuel Arias Maldonado, profesor de ciencia política de la Universidad de Málaga y autor de libros como La democracia sentimental (Página Indómita, 2016), ofrece principalmente dos causas. La primera tiene que ver, precisamente, con su tesis sobre el nuevo sentimentalismo, es decir, “con un deseo de proteger a quien puede sentirse ofendido, que es una patología de las sociedades ricas, porque cuando hablamos de sentimentalización de los conflictos no deja de ser un lujo. Son preocupaciones no materialistas porque ya se habla menos de la distribución de los salarios, y se habla más de los códigos a partir de los cuales nos comunicamos”, argumenta. Dicho de otra manera: cuanto más ricos somos, más fina tenemos la piel. O aún más llano: cuando no hay una problemática muy grave hay que hacer un drama de cualquier cosa, a priori banal.

La segunda causa estriba en “la articulación identitaria de los grupos sociales. Uno se adscribe a un grupo y siente atacada su autoestima en la medida en la que es criticado ese grupo. Se establece un vínculo entre el sentido de nuestra autoestima y el grupo al que nos ligamos”, sostiene. Este razonamiento explicaría, por ejemplo, que, en el caso de los artistas que se manifestaban contra el cuadro de Schutz o en el caso de la novela Matar a un ruiseñor, por motivos de raza, estas personas se sintieran ofendidas por una imagen de un joven negro mutilado o unas palabras que consideran ofensivas.

En este sentido es donde cobran importancia las redes sociales como trampolín de los ofendidos y las enseñanzas de la psicología. Según Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains y autor del blog Evolución y neurociencias, en el que tiene colgados varios posts sobre la nueva indignación moral y el supuesto derecho a no ser ofendido, para explicar la relevancia que hoy cobran las “ofensas” también habría que acudir a dos motivaciones psicológicas que han tenido un enorme auge recientemente: el poder del cotilleo y la fuerza de la reputación. “El cotilleo no ha sido suficientemente estudiado y da para mucho. De hecho, los programas de cotilleo están ahí por algo. Entretienen a la gente, pero además tienen una función moral, ya que hacen que el individuo acepte la norma, transmiten unos límites y coartan la libertad individual para que el sujeto se someta a las reglas. No hay cultura que no tenga cotilleo. En la sociedad moderna nos habíamos hecho muy individualistas, habíamos perdido esa vigilancia del cotilleo. Pero con las redes nos vigilamos unos a otros. Gracias a esta posibilidad que han dado Twitter y Facebook nos hemos lanzado todos a ser los más buenos y a criticar a todo el mundo. Estamos haciendo tribu, en el fondo es un pegamento moral”, explica el psiquiatra. La reputación iría ligada a esta hipervigilancia, puesto que es el cotilleo el que destruye las reputaciones. “Si la pierdes estás muerto. Como ahora estamos todos en la famosa aldea global, tu reputación es muy importante”, añade Malo.

Los nuevos ofendidos

Ahora bien, ¿quiénes son los nuevos ofendidos? Porque ya no es (solo) un ultraconservador el que decide tapar el seno de una estatua sino que, paradójicamente, la mayoría de los nuevos ataques proceden de grupos que, en principio, han querido actuar desde la buena fe y de lo considerado “bueno” para la sociedad (no insultos a los negros, no imágenes que “sexualicen” a los menores). De hecho, este maremágnum de emociones, sentimentalismo, de preocupación por lo “políticamente correcto” que acaba llevando al lado oscuro de las libertades, a una especie de cara b –soy libre de exigir que se prohíba algo porque me ofende– y a la aparición del victimismo (otra fórmula para definir la nueva ofensa) es una copia mala de lo que ya hicieron los políticos estadounidenses conservadores en los ochenta. Así al menos lo entiende Daniel Gamper, profesor de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala que este fenómeno fue creado por los republicanos estadounidenses en las guerras culturales. “Era un proyecto de victimización, decían ser víctimas de una censura liberal (de izquierdas) que quería imponer un lenguaje. Si en una sociedad se llega a un consenso compartido para dejar de usar determinadas palabras, sería ético, y por tanto decir que eso es censura es una beatería de la libertad. Lo que se ha producido ahora es la perversión de la otra beatería, la de las minorías, con ese paternalismo excesivo”, sostiene.

Como explica Arias Maldonado, “la izquierda antaño era un movimiento ofensivo para acabar con los tabúes, garantizar derechos humanos, etc. Y eso ya está hecho, por lo que ahora hay que cambiar el pie: ser conservador para mantener el Estado del bienestar. Cuando centras el debate en que lo personal es lo político y piensas que los sujetos se forman a partir de las experiencias que tienen, y que están inermes a la hora de reaccionar a esas influencias, te conviertes en alguien extremadamente sensible. Es el asunto de la heterosubjetividad. Tienes el temor a que se produzca el daño psicológico y emocional. La izquierda posmoderna es un poco estudiantil y adolece de una sobrerreacción, ya que cuando tus valores son hegemónicos, se compite por la atención”. O lo que es lo mismo: tocar “Imagine” al piano después de un atentado terrorista.

Para Victoria Camps, filósofa y catedrática emérita de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de autora de libros como El gobierno de las emociones (Herder, 2011), esta sobrerreacción de la izquierda se observa incluso en el lenguaje y en ejemplos como los cuentos infantiles, “que se han querido cambiar porque las historias son patriarcales o no son animalistas… Hay gente que se queja del uso metafórico de la palabra cáncer o del uso metafórico del término autismo. Con todos estos fenómenos solo empobrecemos el lenguaje y eso es negativo”, afirma. Para ella, esta discusión hace tiempo que está sobre la mesa y no siempre adquiere un carácter positivo. “Ya no decimos que alguien es subnormal. Pero al cambiarlo ocurre una paradoja: el nuevo nombre que damos a la causa acaba siendo tan despreciativo como el anterior, y tenemos que cambiarlo. Hoy ya no se acepta discapacitado sino diversidad disfuncional. El desprecio y el carácter despectivo dependen también del contexto”, alega.

Coincide con su colega Arias Maldonado en el rizo de los valores progresistas. “Hoy ningún partido deja de ser feminista o de hablar de políticas sociales. Y hacer cambios en temas sociales es mucho más complicado. Acabo de ver la serie The crown y en la segunda tempo- rada dicen que uno de los personajes es ‘marica’ porque entonces, en los años cincuenta, era la única palabra para designar a los gais. Hoy nadie la pronunciaría porque es despectivo y porque le hemos dado a la homosexualidad un reconocimiento que antes no existía. Y eso es lo importante y lo progresista. Insistir demasiado en un lenguaje correcto es falta de imaginación. Un ejemplo es el artículo neutro. En parte ha contribuido a visualizar a las mujeres, pero ahora roza el ridículo”, comenta.

España no es (todavía) país para censuras (pese a Twitter)

“Aquí no tenemos guerras culturales. Las tuvimos con el matrimonio gay, el aborto, etc., pero ahora mismo no. La sociedad española es muy tolerante con respecto a ese tipo de cosas. Con el tema de las razas, por ejemplo, no hay ningún partido que haya cogido la bandera de la xenofobia. No sé si porque somos católicos o porque nos hemos secularizado bastante. También se ha individualizado mucho la sociedad”, reconoce Gamper. “Puede que también porque en Estados Unidos son menos homogéneos. Es verdad que las redes sociales por su naturaleza polémica están contribuyendo a que esto se reproduzca aquí y hay determinadas fracturas culturales como las del animalismo con los toros y las ideológicas, el centro-periferia, izquierda-derecha. Pero hay otras que parece difícil que se reproduzcan: no creo que tengamos esa hipersensibilidad de los campus universitarios de Estados Unidos o la de los grupos étnicos. En todo caso no ha llegado a España”, añade Arias Maldonado.

Pero estos pequeños casos sí abren, al menos, el debate sobre la libertad de expresión, principalmente en las redes sociales. “Es que ahí se mezclan cosas. En las redes es una comunicación muy agresiva y una reacción hipersensible puede estar justificada. Aquí tenemos la Ley Mordaza, que es un error, porque no vamos a avalar que se pueda decir cualquier cosa, pero tampoco se puede prohibir. Hay determinadas mofas del sentimiento religioso que me parecen innecesarias porque el catolicismo ya ha perdido. Igual ofendes a mi abuela que va a mi misa, y qué necesidad. Pero esto no avala que solo un escritor negro pueda escribir sobre los negros”, dice Arias Maldonado. También Camps entiende que uno no puede decir todo lo que quiera. Existen los límites. “La autocensura es ideal en un mundo plural, abierto y libre, debe haberla antes de pronunciarse”, afirma.

Lo que viene a ser puro sentido común: pensárselo dos veces antes de ofender o sentirse ofendido. ~

*http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/la-nueva-censura-cultural

**oObra de Egon Schiele.

16/04/2018 09:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: 'ORDESA'

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) publica quizá el mejor libro de su carrera: ‘Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, su identidad y el poder del amor y la memoria.

Antón Castro21/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Manuel Vilas:
Manuel Vilas presentará su novela el sábado próximo por la mañana en Cálamo. Asís G. Ayerbe

¿Sabía que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional?

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio.

¿Qué ha significado Ordesa en su vida? ¿Es una de sus magdalenas de Proust?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro.

En varios libros, sobre todo en los poemarios, venía avanzando este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se le ha impuesto?

Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado.

¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa?

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías 19. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión.

¿En qué medida ha visto, al escribir el libro, que tenía muchos vanos o vacíos sobre su propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarse a sí mismo?

Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

¿Sería este su libro más filosófico o reflexivo?

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad.

¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.

Tenía una curiosa complicidad con su padre, pero a la vez hay entre los dos una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

Su madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva.

Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

¿Qué le enseñan sus hijos? ¿Le ayudan ellos a usted a entender mejor su condición de hijo?

Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

¿De qué se arrepiente?

El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos?

Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde ‘El rey Lear’ hasta ‘Los hermanos Karamazov’. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puede meter en ella?

Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

¿Qué aportan los poemas del final, la mayoría ya publicados?

Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un ‘making-of’ de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

En la última entrevista decía que quizá le hubiesen faltado lectores. ¿Ha mejorado eso?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta.

Ha dicho que es un libro sobre España. ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron sus padres, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico.

 

16/04/2018 01:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON PISÓN SOBRE 'FILEK'

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Ignacio Martínez de Pisón “Filek pasó tantos años

entre rejas como en libertad. Fue un perdedor”*

 

Publica en Seix Barral la impresionante historia del estafador austriaco que quiso vender gasolina sintética a Franco

 

PIE DE FOTO:

Pisón regresa a un registro que había usado, con brillantez, en ‘Enterrar a los muertos’.

 

Antón CASTRO

¿Nació ‘Filek’ del azar o de la intuición de un novelista fascinado por un libro como ‘Dora Bruder’ de Patrick Modiano?

Es verdad que el azar te acerca muchas historias, pero hay que estar atento para cazarlas. Las primeras noticias sobre Filek las encontré en la magna biografía de Franco escrita por Paul Preston. Eran unas pocas líneas y decidí seguir esa pista un poco al modo en que lo hizo Patrick Modiano cuando en un periódico parisino de la época de la Ocupación encontró una nota sobre la desaparición de una niña llamada Dora Bruder.

¿Sospechó en algún momento que se podía encontrar con un personaje así, más inverosímil que un personaje soñado?

Su vida está llena de peripecias por su propia condición de estafador pero también porque le tocó vivir un periodo particularmente convulso, que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la derrota del nazismo pasando por la Segunda República española, la Guerra Civil y el primer franquismo.

Parece que en él todo fue fraude desde el inicio. ¿Cómo fue la indagación en su infancia y adolescencia? 

Ésa es la etapa menos conocida de su vida, sobre todo porque muchos de los archivos del antiguo Imperio Austrohúngaro se dispersaron y se perdieron en las dos guerras mundiales. A pesar de todo he podido reconstruir algunos episodios de esa etapa, incluidas sus primeras estafas, incluida también su afición a la buena vida: le encantaban los hoteles de lujo pero luego se largaba sin pagar...

El estafador llegó a España con la II República. ¿Qué pasó, en qué círculos aristocráticos se movió?

Se hacía pasar por excapitán de artillería del ejército austrohúngaro, lo que le facilitó el acceso al núcleo de militares más reaccionarios, que se organizan en torno a la clandestina Unión Militar Española. Gracias a esos contactos consiguió en 1935 ponerse en contacto con el entonces subsecretario del Ministerio de la Guerra, Fanjul, al que intentó en vano vender sus inventos.

Hay un caso conmovedor de estafa que es la del matrimonio Fresnel.

Las cosas no le iban muy bien en esa época. Si anteriormente se había ido sin pagar de los hoteles de lujo, ahora hacía lo mismo pero de modestas casas de huéspedes. Y no solo eso sino que a la casera le pedía prestado dinero que jamás pensaba devolver... Los estafadores de la vieja escuela, como el propio Filek, tenían una excepcional capacidad de persuasión.

Empieza a visitar la cárcel pero no se amilanaba. ¿Cómo fue ese peregrinaje?

Estuvo en la Modelo de Madrid en los peores momentos, cuando se llevaban a cientos de presos para llevarlos a fusilar en Paracuellos. Pero en la cárcel hizo amistades que luego le vendrían muy bien, entre ellos, casi con toda seguridad, Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo de Franco.

Filek se hará famoso por su patente de la gasolina sintética. ¿En qué consistía?

Un mejunje de restos de remolachas, hierbas, agua del río Jarama... Filek se hacía pasar por químico pero sabía tanto de química como yo de astrofísica.

En ese ‘invento’ le precedió un aragonés: Suñén Beneded. Dice que a lo mejor se conocieron…

Circulaban muchos individuos que decían tener fórmulas mágicas para la fabricación de combustibles milagrosos. La mayoría de ellos eran simples estafadores, como el propio Filek. Con Rafael Suñén Beneded lo más curioso es que coincidieron los dos en la cárcel Modelo, de donde el aragonés salió a los pocos días para ser fusilado. Contó su historia Mariano García en HERALDO. No puedo demostrar que llegaran a hablar, pero parece verosímil, y en todo caso no puedo resistirme a imaginar ese encuentro en esas circunstancias.

Uno de los momentos más impresionantes del libro es cuando le intenta vender su gasolina a Largo Caballero.

Filek no se arredraba ante nada. Primero ofreció sus inventos al ministerio de Gil Robles, luego (ya durante la guerra) al de Largo Caballero... En ninguno de esos casos consiguió engañar a nadie. Por eso llama más la atención que poco después consiguiera engañar tan fácilmente a Franco y su gente de confianza.

 

¿Cómo lo hizo?

Hay que pensar que para entonces ya no era el estafador Filek sino el excautivo Filek, un hombre que ha sufrido casi tres años de prisión en cárceles republicanas. Por si eso fuera poco, en prisión había hecho amistad con gente que enseguida sería muy influyente en el nuevo régimen y su propia condición de supuesto científico de origen germánico le favorecía mucho en un momento en el que parecía que Hitler iba a dominar el mundo. Además, el ministro de Industria, Alarcón de la Lastra, era un completo incompetente, y Filek supo aprovecharlo.

¿Jugó a su favor el aislamiento de España?

Sin duda. Lo más decisivo es que, con la ensoñación franquista de la autarquía en materia económica, lo que más necesitaba aquella España devastada era precisamente asegurarse una fuente de energía nacional. Entre eso y que Franco se sentía ungido por Dios, la aparición de Filek se interpretó como un regalo de la providencia.

Estremecen sus tres años en los campos de concentración. ¿Ha querido  recordar y denunciar esa parte tan sórdida del franquismo?

Filek fue víctima durante la guerra de la debilidad de las instituciones republicanas y luego lo fue de la represión institucionalizada del franquismo. Recordemos que era el momento más sanguinario del régimen, con decenas de miles de españoles encerrados en centros penitenciarios o fusilados ante los paredones de los cementerios. Con Filek me he sentido un historiador y también un detective.

¿Le ha quedado la duda de si no era tan patética aquella España como el personaje?

Solo en una España tan zarrapastrosa como aquélla puede imaginarse que un pícaro como Filek llegara a triunfar como lo hizo. También es verdad que su época de prosperidad le duró poco, y en España pasó tantos años entre rejas como en libertad. En el fondo, su historia es la de un perdedor.

 

*La entrevista se publicó en 'Heraldo de Aragón'. Foto de Asier Alcorta.

16/04/2018 01:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ MARÍA ALBALAD: UN DIÁLOGO

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Nacido en Zaragoza en 1989, José María Albalad publica ‘Periodismo slow’ (Editorial Fragua) donde analiza tres proyectos de periodismo digital marcados por el rigor. la fotografía es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de Heraldo, donde se publicó una pequeña parte de la entrevista.

 

1. ¿Cuál ha sido tu idea de partida, qué querías averiguar o probar?

 

En la corta historia de internet, la información de los medios digitales se ha asociado con cantidad más que con calidad. Una tendencia que ha llevado a vincular el mundo online con textos breves, apresurados y, en definitiva, poco cuidados. Sin embargo, pese a la existencia de lo que podríamos llamar un “McDonald’s de la información”, también hay sitio para proyectos prémium en los que no caben las informaciones elaboradas para ser consumidas como la comida chatarra. El libro se centra, precisamente, en mostrar la existencia de un revitalizado periodismo de producciones lentas y consumo reposado que contrarresta la fugacidad de la última hora y demuestra falsa la ecuación que equiparaba periodismo en internet con instantaneidad. Frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva, encontramos medios –poco ruidosos pero sensatos– que luchan por llevar a las autopistas digitales el mejor periodismo de siempre.

 

2. ¿Qué sería el periodismo lento?

 

Se trata de una nueva etiqueta que designa una vieja práctica: la del periodismo que investiga en profundidad y narra con intencionalidad estilística, y que se le conoce de distinta manera según las manifestaciones culturales de cada país. En general, los proyectos de periodismo lento priorizan el rigor frente a la cantidad, desafían la superficialidad de la inmediatez con análisis, datos e investigación sobre el terreno, configuran sus calendarios editoriales fuera de la esclavitud de la agenda diaria y apuestan por relatos de largo aliento. El slow journalism invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad.  

 

3. ¿En qué ha cambiado el periodismo con internet y con la edición digital?

 

En qué no ha cambiado, podríamos decir (risas). Por un lado, la tendencia periodística en el ciberespacio va unida a la novedad permanente, lo que provoca una competición extrema por la primicia. Esto ha puesto en jaque géneros y formatos tradicionales como la propia noticia, en pos de un periodismo social, de redes al alcance de cualquiera, cuya obligada concisión tiende a fragmentar realidades complejas. Por otro lado, internet ha transformado las cuatro variables clásicas del marketing mix (precio, producto, distribución y promoción). Cuando los consumidores se vuelven autores y se repiensan procesos tan básicos como la lectura y la escritura, existe un nuevo paradigma. Hoy, el lector-usuario ya no es un sujeto pasivo, sino un actor de primer orden con capacidad de influir en el discurso público desde el rincón más inhóspito del mundo.

 

4. Hay una cierta obsesión por la narratividad, por llevar las técnicas literarias y cinematográficas al periodismo. ¿Por qué? ¿No será por qué el periodista, en el fondo, quiere ser escritor?

 

Literatura y periodismo han mantenido una estrecha relación desde el nacimiento de los periódicos en el siglo XVIII. La prensa dio refugio a muchos literatos, a quienes proporcionaba nombre, fama y dinero, mientras que los periódicos se beneficiaron del incremento de ventas que suponía la firma de escritores consagrados. No seré yo quien te niegue esa mística de algunos periodistas, que a lo largo de la historia han utilizado las redacciones de periódico como una escuela de paso, porque, en el fondo, la novela encerraba sus aspiraciones más hondas. Pero el incremento actual de la narración en las piezas periodísticas, encumbrada bajo el término storytelling, pienso que es una respuesta natural a la “enfermedad del algoritmo” que provoca la obsesión por las métricas. Frente a la réplica de contenidos, el corta-pega al que conduce la trituradora de la inmediatez, la rehumanización del periodismo se presenta como un verdadero reclamo. Salir de las redacciones y gastar suela de zapato en busca de historias ordinarias parece una propuesta razonable para dar respuesta al “hambre de realidad” que existe en esta cultura de pantallas, en la que lo real obsesiona porque, como indica David Shields, apenas se experimenta. Ya en 2012, el filósofo japonés Uchida Tatsuru advirtió que los medios “necesitan volver a convertirse en seres vivos” si quieren sobrevivir. Es una receta inteligente, porque la narración activa numerosos registros cerebrales y atrapa. ¿A quién no le gusta una historia bien contada?

 

5. ¿Es la crónica la panacea de algo, es una forma contrastada e incuestionable de llegar antes al lector? Recuerdas que la crónica “supera la capacidad de cualquier ávido lector”.

 

La crónica no es la panacea de nada, sino un género más que sufre una profunda inflación. Yo defiendo sus múltiples posibilidades, sobre todo narrativas, pero, tras este estudio, me veo obligado a denunciar esa especie de vanidad que se está imponiendo en torno al género, tanto en el ámbito profesional como académico. No todos los temas, personajes y situaciones requieren textos de 5.000 palabras ni una inmersión de meses. Algo que obvian quienes elevan la crónica a una liga superior y buscan situarse en una especie de Champions League periodística en la que poco o nada importa el espíritu de servicio. Olvidemos, como asegura el chileno Cristian Alarcón, que cualquier cosa con un adjetivo al lado de un sustantivo es una crónica. Salirse de la pirámide invertida no es garantía de nada. De hecho, reivindico a aquellos periodistas de agencia y de diario que fabrican cada día, en la sombra, toneladas de buena prensa. Con crónicas, perfiles, noticias, entrevistas… A la postre, con buen periodismo. Es ahí donde debe focalizarse el debate. ¿Cómo podemos servir mejor a la sociedad desde nuestro oficio?

 

6. De manera sencilla, ¿por qué has elegido estos tres medios digitales, qué novedades crees que aportan? 

 

Las revistas emblemáticas del literary journalism anglosajón surgidas en el siglo XX –The New Yorker (1925), Esquire (1933), Rolling Stone (1967), Mother Jones (1976), etc.– inspiraron la creación de los medios de referencia latinoamericanos de periodismo narrativo: El Malpensante (1996); The Clinic (1999); Letras Libres (1999); Gatopardo (1999); o Etiqueta Negra (2002). A su vez, estas publicaciones impresas, de una y otra tradición, constituyeron ejemplos a imitar –por su calidad periodística– para los medios digitales surgidos en América Latina y Estados Unidos en el siglo XXI. Pero, además, los proyectos del continente americano tienen una influencia directa en España, un país en el que el periodismo literario se ha practicado históricamente en el articulismo/columnismo y no han existido antecedentes de calado como los señalados en las otras dos áreas geográficas. De ahí que los nuevos medios digitales españoles, a la hora de plantear una cabecera centrada en narración periodística, pongan sus ojos en las apuestas editoriales del otro lado del Atlántico. En este contexto global, de influencias mutuas y evolución permanente, el libro ahonda en los modelos editoriales y de negocio de tres medios nativos digitales que ilustran la tendencia mencionada: uno de España, FronteraD, por el florecimiento del periodismo narrativo al albur de internet, y dos de América Latina y Estados Unidos –Anfibia y Narratively, respectivamente– porque es en estos territorios, por la influencia de la crónica latinoamericana y del New Journalism anglosajón, donde se inspiran las nuevas cabeceras españolas. La selección encarna, pues, diferentes prácticas culturales, lingüísticas y periodísticas, al tiempo que facilita un diálogo entre tradiciones.

 

7. ¿En que es diferente ‘Anfibia’, la publicación argentina? ¿Cuáles serían sus grandes aportaciones?

 

Anfibia sorprendió en mayo de 2012 con un proyecto que lleva a internet la rica tradición latinoamericana de periodismo narrativo y aporta un sello propio: la anfibiedad, término utilizado para referirse a las piezas elaboradas –a cuatro manos– entre periodistas y académicos. Esta característica implica la creación de duplas, parejas de narradores e investigadores, académicos o expertos que generan piezas periodísticas atractivas –con gancho narrativo– sin descuidar el sustento teórico. El objetivo, como indica su director, es que la crónica sea el resultado de un proceso de investigación que emerja no con el lenguaje árido de los papers y códigos académicos, sino de una manera más accesible, más universal, más viralizable en el mundo digital. Por otro lado, y esto no es habitual en internet, Anfibia sigue el estilo de las revistas emblemáticas de papel (como Etiqueta Negra, en Latinoamérica, o The New Yorker, en Estados Unidos) y cuenta con exigentes editores online que aseguran la calidad de los contenidos mientras despliegan una labor formativa –de investigación y escritura– entre sus autores.

 

8. ¿Qué le debe esta publicación a figuras como Gabriel García Márquez?

 

La influencia es tal, sobre el equipo y los colaboradores, que no me atrevería a cuantificarla. ¿A qué periodista o escritor latinoamericano no influye la magia y el legado de Gabo? Desde su creación, Anfibia cuenta con el respaldo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez en 1994. Siguiendo su estela, la FNPI ofrece un programa de seminarios y talleres que enseña a contar historias a las nuevas generaciones de periodistas: fomenta la excelencia narrativa, el riguroso reporterismo, el ejercicio ético y la innovación. No es casual que el director del proyecto argentino, Cristian Alarcón, se encuentre entre la amplia nómina de maestros de la FNPI, porque los objetivos son compartidos. De algún modo, Anfibia se ha convertido en una escuela, en un laboratorio de periodismo, que forma y proyecta a los jóvenes valores con la única misión de elevar la calidad del periodismo en habla hispana.    

 

9. ¿Es sostenible algo así? ¿Tiene sentido regalar un trabajo tan minucioso y elaborado?

 

Anfibia no es una empresa periodística al uso, ya que incardina su modelo en una universidad pública que respalda la iniciativa del mismo modo que financia investigaciones experimentales en laboratorios. De esta manera, a diferencia de los proyectos emergentes que nacen sin auspicios o de los grandes conglomerados mediáticos que trabajan con la presión de la cuenta de resultados, el medio tiene garantizados los recursos económicos necesarios para desempeñar su actividad. Sus lógicas trascienden lo monetario y ello permite cultivar un periodismo extraordinario con cierto halo romántico, porque la realidad es que las revistas de periodismo narrativo o literario siguen siendo un producto de lujo y marginal. Luchan por convertirse en un modelo de negocio rentable, pero aún no lo logran. En casi todos proyectos de este tipo, la calidad no es sinónimo de ingresos y los periodistas, fotógrafos e ilustradores se ganan la vida gracias a los malabares del autoempleo. Enfocan sus colaboraciones como un pasatiempo en el que desarrollan su vocación, acumulan experiencia y, en el mejor de los casos, consiguen ingresos adicionales.

 

10. ¿Qué es lo que tiene de particular o excepcional ‘Narratively’? ¿Por qué has elegido esta publicación?

 

Narratively, lanzada en septiembre de 2012, consiguió reunir más de 50.000 dólares en una campaña de crowdfunding para contar historias de la ciudad de Nueva York. Desde marzo de 2013 funciona con una mirada internacional, pero mantiene el espíritu primigenio: abordar un tema a la semana a través de cinco piezas (una por día, de lunes a viernes, en diferentes formatos). Con esta filosofía, ocupó en 2013 la sexta posición del ranquin que la revista TIME elabora cada año con las mejores webs del mundo. Asimismo, aporta un punto novedoso en cuanto a la financiación. En Estados Unidos, el literary journalism lleva consolidado más de 50 años, por lo que allí no se discute la vigencia del género, como en el ámbito hispanoamericano: su batalla está en hacer rentable el modelo. Para ello, este medio ha creado Narratively Creative Group, una vía de negocio paralela –con auspiciosos resultados– que presta servicios de comunicación a medios, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs; y que pretende dar el salto a industrias como la del libro, el cine y la televisión adaptando los contenidos de la revista. 

11. ¿Qué podríamos trasladar de ella a España, qué elementos prácticos podemos aprender?

 

Sin duda, la visión empresarial. No podemos quedarnos con la idea romántica de muchos emprendedores. El buen periodismo cuesta dinero y los periodistas también tienen que pagar las facturas a final de mes. Urge encontrar modelos de negocio sostenibles para garantizar un trabajo decente, que humanice y realice a la persona. A veces sucede todo lo contrario. En este sentido, Narratively habla sin complejos de una clara visión de negocio. Lejos de improvisaciones, la plataforma digital neoyorkina nació en el New York’s Tow-Knight Center for Entrepreneurial Journalism, un centro de la Universidad de Nueva York que ayuda a diseñar medios de comunicación sostenibles. El contenido es el rey y la estrategia editorial es fundamental, pero hace falta una estrategia empresarial avanzada para no nacer con la tumba cavada. Narratively ha encontrado en su grupo creativo la inyección económica que no le reporta el periodismo, aunque no todo pasa por prestar servicios de comunicación a empresas e instituciones. En Estados Unidos está funcionando muy bien el “periodismo filantrópico”: mecenas anónimos o grandes magnates dispuestos a financiar proyectos periodísticos con un espíritu de servicio social. Quizá el caso más sonado, a pesar de su singularidad, sea el de Jeff Bezos con The Washington Post.   

 

12. FronteraD es un proyecto de Alfonso Armada, que es un periodista de medios poderoso como ‘El País’, durante años, o ‘ABC’ ahora… ¿Cómo valoras tú que un hombre como él, bien situado, con una gran voz y una gran personalidad, cree un formato así? ¿Revela un fracaso de los medios tradicionales clásicos?

 

La revolución tecnológica ha puesto en crisis a la industria tradicional. El modelo de negocio clásico (publicidad y venta al número) ya no funciona, porque la información fluye por las redes pero no da el rédito económico que hasta hace unos pocos años brindaban los periódicos en papel. Sin embargo, no todo es negativo. El carácter multimedia e interactivo del nuevo formato ofrece la oportunidad de hacer un mejor periodismo. Además, las bajas barreras de entrada de internet, que elimina los costes de papel, tinta y distribución, favorecen la puesta en marcha de nuevos modelos. Alfonso Armada, un periodista tenaz y apasionado, ejemplo de integridad periodística, ha decido aprovechar este contexto para experimentar con su propio medio. Esa valentía le ha permitido ejercer el oficio de un modo paralelo, casi soñado, sin las presiones políticas, económicas e ideológicas que suelen rodear a los grandes medios. A cambio, le ha tocado sufrir lo que es no disponer de una mínima solidez financiera para pagar dignamente el trabajo periodístico. Su modelo, como admite con resignación, se sustenta en la autoexplotación y el entusiasmo.

 

13. ¿Qué aporta esta publicación, tan variada, versátil, pero profunda e intensa?

 

FronteraD busca explicar el mundo lejos del ruido y nos recuerda la importancia de escapar del alfilerazo fácil de las redes sociales. Huye de la actualidad instantánea, lo que le permite centrarse en la práctica de un periodismo de verdad, riguroso y apasionado. No siempre se tiene material para gritar, ni tan siquiera para hablar. Hace falta tiempo para leer, para reportear, para pensar y meditar. Eso hoy, en una época de expresión continua y visceral, es una gran enseñanza. De hecho, el lema de la cabecera, “una revista para estimular la inteligencia”, lleva consigo una coletilla reveladora: “de las inmensas minorías”. Es el precio a pagar por dirigirse a quien se hace preguntas, intuye el director, que anima constantemente a sus periodistas a sumergirse en los hechos desde perspectivas inexploradas y luego escribir sin limitaciones de espacio. De este modo, la revista intenta parar, escuchar y combatir la contaminación que hay en internet.  

 

14. FronteraD está en seis dominios de redes sociales. ¿Hay que estar en todas partes para sobrevivir?

 

Quien mucho abarca poco aprieta, dice el refrán. Mejor pocos mensajes, muy bien escritos y encajados al medio. La investigación advierte la necesidad de aportar valor a audiencias de nicho. Ante la sobreabundancia informativa, conviene hacerse imprescindible ofreciendo unos contenidos que el público no encuentre en otro lugar. La receta no es copiar y pegar lo mismo en distintas plataformas. Para ello, es fundamental confeccionar estructuras ligeras pero profesionales, con al menos un profesional de alto nivel en cada una de las cuatro parcelas clave: periodismo, empresa, márquetin y tecnología. Se trata de mejorar la experiencia y comprensión de los usuarios utilizando los recursos hipertextuales, multimedia e interactivos que más se adapten al canal y soporte de consumo.    

 

15. Después de repasar el libro entero, y viendo cómo se trabaja en los periódicos, intentando rentabilizar los esfuerzos, ¿qué crees que se debe hacer? ¿Vamos con estas prisas a la muerte del periodismo?

 

El periodismo es más necesario que nunca. El auge de las fake news pone de manifiesto la necesidad de marcas periodísticas solventes. Cabeceras marcadas por su credibilidad y buen hacer. La libre publicación que permite la Red es una oportunidad para el oficio. Cuando un zaragozano recibe por WhatsApp una imagen del puente de Piedra partido en dos, acude a la versión digital de Heraldo de Aragón para conocer la última hora. Si no encuentra la noticia, no se la cree. Eso es muy positivo para el periodismo. Mucha gente se siente ahogada en el océano digital, lleno de ruido y contaminación. Sin medios capaces de seleccionar y jerarquizar con criterio, estamos muertos, pues nos resulta imposible procesar todos los datos que la tecnología pone a nuestro alcance. Fiel a su esencia y valores, el periodismo está llamado a ocupar un lugar destacado en la esfera pública, donde cada vez resulta más fácil aportar valor, fruto de la infoxicación. Pienso que el drama para la profesión es caer en las lógicas de cualquier usuario analfabeto. 

 

16. ¿Será el nuevo periodista un hombre multitarea: escritor, investigador, fotógrafo, editor, experto en redes sociales? ¿No avanzamos hacia el estrés desmesurado?

 

No creo en el periodista orquesta ni en el trabajador multitarea. Pese a la moda de estos sintagmas, varios estudios neurocientíficos advierten que el también conocido como multitasking compromete la eficiencia y la creatividad. Pensamos que podemos estar viendo la tele mientras hablamos con nuestros hijos y consultamos incesantemente el móvil, pero la realidad es que el cerebro humano tiene capacidades limitadas. ¿De verdad somos buenos en hacer cinco cosas a la vez? Sin concentración, con fugas constantes de energía, perdemos eficiencia cognitiva. Así resulta difícil dar nuestra mejor versión en el periodismo y en la vida, por más que tranquilicemos nuestras conciencias pensando que somos superhombres o supermujeres. El buen periodista o comunicador, en palabras del profesor Paco Sánchez, “no es aquel que domina unas técnicas o destrezas más o menos mecánicas, sino quien es capaz de saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que ha mirado, escuchado y pensado”. Esto exige leer mucho y ahondar en la condición humana, para tener, como apunta el propio Sánchez, “un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea”. El estrés desmesurado no facilita la tarea, de ahí que el movimiento slow sea hoy un gran aliado. No se trata de defender lo lento en toda circunstancia, sino de reivindicar el control de la persona para que pueda elegir en cada situación el ritmo adecuado. Es contraproducente ir siempre a 200 por hora.

 

17. ¿Existe un lector lento que sostenga un periodismo lento?

 

La vida moderna es rápida por naturaleza, a veces por inercia y por miedo al silencio, a encontrarse con uno mismo. Vamos de un sitio para otro, sin parar, pegados a una pantalla. Miramos el móvil hasta en el cuarto de baño o en el ascensor. No hay tiempos muertos y así resulta difícil pensar. Nunca antes había proliferado tanta información, ni se había recibido con la simultaneidad actual. Hay tanta oferta que se ha instaurado la política del picoteo. Estamos en todo y en nada al mismo tiempo. Parece difícil hablar de la existencia de un consumo lento en este contexto. Sin embargo, quiero pensar que siempre va a haber un lector ávido de historias bien contadas, con necesidad de claves que le permitan comprender un mundo complejo, lleno de cambios abrumadores. El ciudadano necesita formarse e informarse para tomar decisiones prudenciales y encauzar su vida. Esa ha sido, es y será una función insustituible del periodismo: convertirnos en ciudadanos mejor informados, en personas cabales con capacidad de decisión y crítica. Quizá sea necesaria una nueva alfabetización mediática que permita a cada persona encontrar un equilibrio en su dieta informativa.

15/04/2018 15:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Uno de los proyectos poéticos más fascinantes y trabajados de la lírica española en los últimos años en España lo lleva a cabo el editor y poeta Javier Sánchez Menéndez con su libro ‘Fábula’, que son, serán, diez entregas. Contienen un poco de todo: una meditación general sobre la vida, la escritura y la poesía misma, el viaje al pasado y el presente, la belleza, y también –por decirlo de algún modo- una crítica general al mundo en que vivimos. En sus poemas hay crónica, apunte de trayectos, alusiones a los otros (los poetas, los libros, los pensadores…), aforismos, intuiciones. Aparece ahora la sexta entrega, ‘De cuna y sepultura’ (El Gallo de Oro). Y de ahí copio este texto.

 

EN VENECIA

 

La armonía nunca engaña, es como esa fortuna que todos poseemos y a ninguno convence. La armonía equilibra, disipa nuestras dudas, majestuosamente hace que nos amemos. La armonía nos recorre.

 

Hay dos grandes poetas: el oscuro y el de la voluntad. En la edad inocente vuelve a nacer la vida.

 

Y le digo a la vida que venga, que me plazca, que le espero sentado como Pound y Mann en Venecia.

 

BUENOS DÍAS

 

He bajado corriendo por esas escaleras para buscar un nombre, pero tú ya no estabas. Me quedan la razón y la palabra. Esas que en las mañanas te despiertan con un beso en la frente y dicen ‘buenos días’.

 

MIEDO

 

El miedo es necesario, como lo es el silencio, la soledad, la atención y el alimento. Sin miedo no hay respeto, sin respeto no existe literatura y sin ella la poesía no tendría sentido.

 

Tiro al suelo del cuarto rojo el libro de Bloom. Llamo a Barrie y le pregunto. Responde que le complace el respeto, y le desagrada la soberbia.

07/04/2018 11:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADIÓS A PACO CAMARASA

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HA MUERTO PACO CAMARASA, DE NEGRA Y CRIMINAL


[Hace algo más de un año, en diciembre de 2016, con Sergio Vila-Sanjuán de embajador de la amistad, visité a Paco Camarasa en su librería Negra y Criminal, que creó con su mujer Montse Clavé. Ya estaba enfermo, pero tenía entereza, serenidad y unas ganas inmensas de contar su vida y de explicar sus encuentros con muchísimos autores. Acaba de fallecer. Por ello recupero el texto que le dediqué en 'Artes & Letras' en diciembre de 2016. La foto es de Carles Ribas del diario 'El País'. En 2017 recibió un premio de Aragón Negro.]


Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).

Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco : «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».

De Dupin y Holmes a Carvalho

Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».

En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».

Para Camarasa, poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».

Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».

Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.

Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.

Autores que vienen y van

Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.

Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».

Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo.

 

 

CUENTOS FAMILIARES: PADRE E HIJO

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De la serie ’Cuentos de domingo’. Día del Padre. Heraldo 

Padre e hijo

 

Mi primer recuerdo es un viaje en bicicleta hacia Larín, el pueblo de mi madre; allá, al fondo, divisé por primera vez el mar: Barrañán, luego Caión, el umbral de la Costa de la Muerte. Mi padre llevaba un pedalear tranquilo que no le impedía cantar, al son de la melodía de las retamas y la queja de los pinos: “A Santiago voy, ligerito…”. En casa de mi abuelo paterno tuve otras certezas: el embrujo del huerto, donde vi cerezos, ciruelos, manzanos y una parra trepadora. Otro día, algunos años después, antes de que partiese a la emigración, me veo por el monte, recogiendo leña. Mi padre, que podía ser muy silencioso, me indicaba ramas, troncos rotos, musgos y el vuelo de algunos pájaros. Yo me sentía seguro, pero de repente dijo: “Ahí está la cueva del tesoro, donde se ocultan los fantasmas. Nunca me he atrevido a entrar”. Llegamos a una cumbre agreste, alfombrada de pedruscos. “Aquí, cuando era chaval, jugué al fútbol. No quería ser como Zamora o Lerín. Yo era de Juanito Acuña”.

Volvíamos a casa y a veces me decía que, antes de entrar, me asomase a la fuente de las salamandras, donde recogíamos el agua para beber. Era el mejor espejo del mundo. “Que tu madre te vea bien peinado”. Otro día se marchó a trabajar a Suiza, y empezaron a llegar sus cartas. Preguntaba por todo: por las vacas y las fincas y las tormentas, por los mendigos Xosé y Lelo, por una tía minusválida, Pilar, a la que él llevaba en su espalda a las verbenas que tanto le gustaban, “adora a Pucho Boedo, el vocalista de Los Satélites”; al final cerraba con otro interrogante: “¿Cómo está el rey de la casa?”. Volvía en vísperas de navidades, con bolsas de naranjas, caramelos de menta y una armónica nueva. Contaba cosas de su vida allá lejos: en un año había sido barbero, jardinero, albañil, ebanista, y no sé cuántas cosas más.

Hay cientos de recuerdos pero el que más me impresiona es otro: su padre, Jesús, tratante de ganado, contrajo una enfermedad incurable y él, tras salir del trabajo, iba con su bicicleta a verlo. Se sentaba a su lado y le daba plátano, zumo de naranja, y le hablaba de los animales. Un día, no sé por qué, me impactó tanto la escena que quede al acecho, como si se me revelase un gran secreto. Aún hoy, medio siglo después, me sigue pareciendo una bella forma de ser padre e hijo a la vez y en perfecta reciprocidad.

*En la foto, mi madre Carmen Castro (1928-2014) y mi padre Benito Rodríguez (1925-2007).

30/03/2018 17:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SEGUNDA NOVELA DE MIGUEL A. ZAPATA

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CERO

Un fragmento de Miguel A. Zapata de su nuevo libro: ’Arquitectura secreta de las ruinas’, perteneciente al capítulo Cero, su segunda novela publicada por Baile del sol.

 

Por Miguel A. ZAPATA

 

                 Un rasguño. Antes de cualquier cicatriz. Una mínima marca que procede apenas del desgaste, tal vez de la desidia o de una mala intención.

                 Las rodillas de los niños, por ejemplo. Algo hay en ellas de proyecto de suicidio, o quizá ponen a prueba la consistencia de la piel. Cuando un niño se cae, siempre mira sus rodillas, antes que codos, tobillos o manos. El paisaje en blanco de sus piernas es la perfecta diana para constatar que el mundo duele. Galones. Epidermis condecorada. Certificados de un lugar en el planeta.

                 O la forma en que un anciano rasca, obsesivo, esa verruga cuyos perfiles olvidó, como acosado por la inercia de tantas imperfecciones ya sin relevancia. Al sangrar su verruga, se le ensancha la boca en un suspiro: aún hay vida dentro, aún algo que fluye y llena de tiempo rojo los cuellos de su pijama.

                Pero las cosas no.

                Las cosas avisan su primer momento de derrumbe, aunque no siempre haya orejas cerca que escuchen un crujido o un desgarro. Ésa es la mala suerte de las cosas, de algunas cosas: dependen del hombre para ser o dejar de ser.

 

* Inicio de ’Arranque secreto de las ruinas’ de Miguel A. Zapata. Baile del Sol. 2018.

30/03/2018 11:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON JAVIER LOSTALÉ

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/26/javier-lostale-escribo-para-ser-joven-alimentar-una-esperanza-radical-1232160-1361024.html

 

Javier Lostalé, autor de 'Cielo', visita el martes 27 el Museo Pablo Serrano y el escenario de Teatro Tranvía, donde leerá versos con Cristina Yáñez. 

 

Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha sido, durante muchos, en ‘El ojo crítico’ y en ‘La estación azul’ de RNE, la voz de la lírica en la radio, pero también es un poeta con voz propia, entre neorromántica, mística y carnal, marcada por el amor y el desamor, la memoria y la belleza. El martes 27, a las 19.30, en la sala 00 del IAACC Pablo Serrano, en el teatro de la exposición de Tranvía Teatro, presenta su último poemario: ‘Cielo’ (Fundación Lara: Vandalia), que cierra un ciclo abierto por ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’. El acto cuenta con la colaboración de la librería Los Portadores de Sueños.

¿Cómo nació a la poesía o cómo surgió su pasión por la poesía?

Leí poesía desde muy temprano, pero como creador comencé a escribirla en serio a partir de los veinte años. Fue la lectura de ‘Sombra del paraíso’ de Vicente Aleixandre y su incardinación en mi vida lo que me impulsó a hacer de la escritura poética una forma, como diría mi gran amigo Antonio Colinas, de ser y estar en el mundo.

Empezó siendo un poeta caudaloso, más cerca del barroco que de la contención. ¿Aspiraba a abarcar la plenitud del mundo?

Las primeras tentativas poéticas, todo acto creador es siempre una tentativa, tuvieron un componente biográfico muy grande, como suele suceder, y lo que vas viviendo pasa al poema directamente. Luego, se va produciendo un distanciamiento de la propia biografía, aunque, claro, siempre está latente y un desnudamiento mayor de la expresión. Se produce un proceso de resta más que de suma. Como dice otra gran amiga, también poeta y en la actualidad directora gerente de la Fundación Gerardo Diego, Pureza Canelo, lo que no suma resta. Muchas imágenes gratuitas sobran. Por otro lado en mi proceso de creación tienen mucha importancia los elementos sensoriales, y las imágenes, las metáforas que lo fecundan tienen un gran peso en mi primera etapa. Imágenes que no han desaparecido, pero que se han atenuado o han estado más ligadas a un proceso de reflexión con el paso de los años. Siempre desde luego en todo poema debe haber una transformación del lenguaje, transformación que en la actualidad se dirige a la búsqueda de lo esencial.

Ha sido un poeta incesante, y a la vez de grandes silencios. ¿Cómo se explica eso? A veces me hace pensar en José Hierro...

Creo que el proceso de creación poética es constante, incluso sin escribir se está escribiendo. Otra cosa es pasar muchos años sin publicar, lo que me ocurrió desde 1981 en que publiqué ‘Figura en le paseo marítimo’ hasta 1995 en que resucité a la poesía con ‘La rosa inclinada’. En la escritura muy lenta y en la falta de publicación influyó mucho mi dedicación sin tiempo a la radio. A partir de 1995 ha habido una continuidad, pero siempre entre libro y libro transcurrieron tres o cuatro años. Desde la jubilación esta continuidad ha aumentado.

¿Cabría decir que el amor ha sido la pulsión más constante de su lírica?

El amor, o el desamor que sigue siendo amor de otro modo, es en efecto el núcleo vivificante de mi poesía. Un amor más allá de la figura, en el que el deseo es fundamental y existe cierto grado de sublimación. Amor hasta en su negación.

¿Qué ha significado para usted el romanticismo?¿En qué medida es un neorromántico del siglo XXI?

El romanticismo más como era entendido por los poetas anglosajones que por los españoles me interesa mucho. El romanticismo como un estado de espíritu, como una energía que potencia la transformación de la realidad, fertiliza los sentimientos y crea un grado de idealidad. Entendido así no me importa ser un poeta romántico del siglo XXI.

Ha sido, y es, claro, un gran rapsoda en las ondas. Emotivo, intenso, creaba climas y aún lo hace en 'El Ojo crítico' o en 'La estación azul'. ¿Cómo ha sentido la poesía y cómo ha querido decirla?

La poesía se siente interiormente y, por tanto, al decirla no debe recitarse sino leerse de dentro hacia fuera. Y sin música de fondo que distorsione el propio ritmo del poema que tanto contribuye a su significado.

¿Cómo funciona el binomio poesía y radio?

Creo que funciona muy bien porque en la radio, como en la poesía, son fundamentales la palabra, la música y la imaginación. Es un medio excelente para la transmisión de la poesía.

¿Qué han significado en su vida Rilke, San Juan de la Cruz y Aleixandre? ¿Serían ellos sus grandes maestros?

Son tres poetas medulares pra mí. Rilke logra llegar siempre, como afirma el poeta ucraniano Adam Zagajewski, al límite de lo expresable. San Juan de la Cruz representa la más alta espiritualidad y entrega a lo divino, pero de un modo profundamente también carnal. En cuanto a Vicente Aleixandre es el gran poeta amoroso del siglo XX, tanto en su dimensión cósmica como metafísica, en el que lo auroral y solidario tienen una gran presencia, y el cuerpo es alma.

Vicente Aleixandre es casi un mito en su vida. ¿Por qué?

Más que un mito fue para mí un auténtico padre que me enseñó a entender que el único pecado es el de no respetar la libertad de los demás. Durante mis visitas a Velintonia prolongadas durante varios años comprendí también el profundo latido de la amistad.

Es un poeta místico. Y quizá no exista mayor voluptuosidad que la de los místicos. ¿Qué ha heredado de ellos?

De los poetas místicos he heredado eso: la voluptuosidad. La entrega a la persona amada hasta desparecer en ella, hasta llegar a decirle como reza el título de una película “llámame por tu nombre”.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

'Cielo' (Fundación José Manuel Lara: Colección Vandalia) cierra una trilogía. Recuérdenos el espíritu de los dos tomos anteriores...

‘Cielo’ dialoga desde su propio ser con los dos libros anteriores, ‘Tormenta transparente’ y ‘El pulso de las nubes’ . En los tres, siempre avanzando en la depuración, lo invisible, el acto de borrar y la consumación son elementos esenciales, y lo atmosférico contribuye a esta esencialidad buscada.

¿Sería 'Cielo' un canto de amor y desamor, tamizado por la memoria y la depuración estilística?

Sí, es un canto de amor y desamor. Un acto de consumación en lo perdido, incluso en lo no existente, pero con la serenidad de la transparencia o del cielo.

¿Cabría decir que es el final de un ciclo o un nuevo camino?

A partir de ahora quizá se abra un camino nuevo, aunque sin abandonar la esencialidad. Quizá a pertir de ahora estén más presentes los demás y se desdibuje el yo.

¿Cuánto hay de dolor o desgarro en el libro, y cuánto de serenidad?

‘Cielo’ es un libro en el que, pienso, predominan la aceptación y la serenidad sobre el dolor. Este existe, pero se asume como consumación en su sentido más positivo. La muerte también está presente, pero no de un modo trágico.

Uno de los poemas más conmovedores es el primero: 'Regresas'. ¿A dónde vuelve Javier Lostalé?

Regreso a lo vivido a través del amor. Hago del olvido el más profundo recuerdo, y del sueño la más honda realidad.

Javier Lostalé: Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical

Aleixandre tiene un poema que se titula ‘Para quien escribo’. ¿Para quién escribe Javier Lostalé?

Escribo, como reza uno de mis textos, ‘Confesión’, porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.

27/03/2018 12:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER LOSTALÉ EN ZARAGOZA: 'CIELO'

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El martes 27, en la sala 00 del  Museo Pablo Serrano, a las 19.30, en el teatro que ha montado Tranvía Teatro, el poeta y periodista y rapsoda Javier Lostalé (Madrid, 1942) presenta su último libro de poesía: ‘Cielo’ (Fundación Lara: colección Vandalia), un libro sobre el amor y desamor, la memoria, el paso del tiempo, la espiritualidad y el deseo, expresado todo ello con una poesía desnuda, depurada, próxima a la lírica del silencio. Javier Lostalé, que ha trabajado más de 35 años en RNE, ha sido la voz de la poesía en la radio durante años con una característico modo de leer. Admira a Paco Brines, Vicente Aleixandre y Rilke, entre otros poetas. En Zaragoza, hablaremos sobre su trayectoria, su libro, y ofrecerá luego un pequeño recital en ese teatro tan maravilloso que ha instalado Tranvía Teatro. Cristina Yáñez leerá también algunos textos. Estos días, Javier Lostalé (retratado aquí por César Toro) ha estado en varios lugares presentando su libro. Ha dicho, entre otras cosas:

  1. “En mi poesía, la columna vertebral es el amor, o quizás el desamor, y siempre intento ir más allá de una presencia convirtiéndolo en una indagación sobre el acto de existir, apoyada tanto en elementos emocionales como sensoriales y reflexivos”.
  2. “El buen lector de poesía –dice- es fiel a sus poetas y tiene la capacidad de amanecer con cada nuevo libro. Y aunque no figuran en las estadísticas, son muchos los que leen en las bibliotecas públicas, o sacan de ellas un poemario. Un mismo libro de poesía pasa de unas manos a otras con más asiduidad que una novela. En fin: soy optimista sobre este género del que es devota una inmensa minoría”
  3. “El poeta siempre es único en su creación, aunque no pueda aislarse de su contexto histórico y personal. El poeta verdadero tiene su propia voz, y por ella debe ser reconocido. Conoce sus limitaciones y su verdad se mide por la capacidad para admirar la obra de los demás”.

-La presentación está organizada por el Museo Pablo Serrano y Tranvía Teatro y la librería Los Portadores de Sueños. Colabora la Fundación Lara. Intervendrán el autor, Cristina Yáñez y Antón Castro.

 

UN POEMA. ‘REGRESAS’

REGRESAS

La luz que envuelve hoy tu casa,
mientras a ella regresas,
es la misma que un día te borró
en la dicha pasajera de saberte amado.
Tanto es así que no eres tú
el que ahora en soledad camina,
sino aquel que nunca acabó de llegar
extraviado en el único paisaje
de la memoria encendida de otro ser.
Por eso un momento te detienes 
para, separado del mundo, 
escuchar de nuevo la voz
de quien ya no existe,
pero que ahora te otorga
el don inmortal
de volver a nacer dentro de su olvido.

https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/aleixandre/lostale.htm

Yo conozco un jardín…

Por Javier Lostalé

«“No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos”, solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser»

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor. Muchas tardes empujé la verja que me introdujo en un ámbito donde todo era misteriosa propagación y, traspasado el umbral, vi al fondo un rostro batido por la luz de unos labios cuyo hálito los años no borraran, que reflejase continuo un fuego y secreta vida a la sangre comunicara, y unos ojos que sin tiempo ahondaban la luz, a pesar de ser mortales. Esos ojos eran los de Vicente Aleixandre que, recostado en un sofá testigo de tantas confidencias, brillaban con el pulso de gran parte de la poesía española del siglo xx bautizada en Velintonia. Las sombras de Neruda, Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, José Luis Cano o Claudio Rodriguez, caldeaban ese habitáculo de la creación poética donde la palabra alentaba existencia, se tornaba conocimiento, en alguien se encendía solitaria y brotaba tan pura como la amistad: «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», solía decir Aleixandre, y en su corazón extendido encontraban consuelo el que, tímido, empezaba a escribir; el desengañado; el que, temblando, buscaba correspondencia en otro ser. Jóvenes o viejos todos resonaban en él a través de la única edad: la del amor. El latido de su vivir depurado convertía cada respuesta al interlocutor, siempre protagonista, en algo esencial, iluminador de su existencia. Y en su diálogo, nunca tertulia (el número mágico era el dos), había una demora, una pausa impuesta por el significado de lo dicho, que hilaba voz, mirada y gesto hasta el punto de alumbrar la desnuda condición humana. Ningún tema se sustraía a su nombrar dignificado: desde la publicación de un libro hasta el advenimiento o la pérdida de la persona amada, pasando por la inauguración de un club o la última película estrenada. Todo era materia viva surcada por la sangre de unos sonidos.

Y se repetía siempre el respeto emocionado al que en silencio escuchaba, que se veía así reconocido dentro del misterio último presente en la comunicación humana. «No hay amigos literarios, sino amigos sin más calificativos», pronunciaba quedo Vicente Aleixandre. ¡Y cómo los enaltecía en su ausencia! ¡A cuántos verdaderamente conocí desde la altitud de su nombrar! Su memoria del ausente era canto propagador de sus virtudes, desaparecido cualquier espacio entre maestro y discípulo. Y es que continuamente su personalidad se desvanecía al ponerse en el lugar del otro. Actitud del poeta que no era sino la confirmación de la solidaridad que respira toda su obra, de ese fluido amoroso que irriga su poesía, principio de un mundo en el que una única y sucesiva criatura resplandece con la luz de lo habitado. Hasta el seno de esa luz llega la escritura del premio nobel y, tras besar la pulpa humana, se retira para que cada lector encuentre en libertad su destino, pues la obra aleixandrina crea destino. Lectores con nombre y apellido y, por tanto, con rostro: «Tú que me lees eres tan amigo mío…», decía, y de nuevo sonaba la música de la amistad. Sentimiento que, como expresa en una de las cartas de su inabarcable epistolario, dirigida a José Luis Cano, se caracteriza por su «serenidad y afinamiento», por escoger «sin ceguedad, y en virtud precisamente de los valores que le individualizan. Tanto es así, que se puede tener más de un amigo simultáneamente, porque más de uno puede tener los valores individuales que le hacen meritorio para nuestro cariño. Si el amigo muere —añade Aleixandre—, él no será sustituido. Su personalidad era lo que veíamos y amábamos, con sus precisos contornos».

Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor, donde habitaba la soledad más poblada que era la de la amistad, pues no había despedida y siempre se esperaba al que nunca dejó de estar, donde decir te quiero es irse quedando un día sin aire y más hondamente respirar. Yo conozco un jardín, el de Velintonia, del que no se podía salir sin sentir que unos ojos más allá de la vida una piadosa mirada enviaban al corazón del hombre.

25/03/2018 20:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LITERATURA NUESTRAS': NOTAS DE LIBROS DE ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

Literaturas nuestras

Una selección de comentarios a diversos libros en 'andalán.es' del historiador, economista y escritor Eloy Fernández Clemente.

 

Por ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

La Literatura aragonesa sigue dando sorpresas, tan gratas e importantes como la del último libro de Manolo Vilas, los incansables escritos maravillosos de Antón Castro, y una serie de novedades que apenas alcanzamos a anunciar y resumir.

 

 

El fenómeno Vilas. Es preciso referirse, a estas alturas, a un auténtico fenómeno, casi “viral”, que se dice ahora, el ocurrido en la práctica totalidad de los grandes medios escritos españoles, y en muchos audiovisuales, que coinciden en que “Ordesa” (Alfaguara) es un libro (no hay acuerdo en si novela, ensayo, memorias) singular, muy grande, quizá el libro del año. Vilas, que entra en este Olimpo mediático consagrado (por El País que, con olfato, le contrata para reportajes, artículos, opiniones) es inteligente, listo, sorprendente, desinhibido. El libro, que nos tiene siempre al borde de la tensión máxima, habla sobre todo de su padre, obsesivo recuerdo con lagunas nunca ya rellenables; de su soledad tras el divorcio, de la madre muerta mucho más recientemente y también ya inalcanzable para renovar afectos mal expresados, de los hijos, lejanos, desinteresados, de otro mundo. Hay una introspección desenfadada, sin pudores, que recuerda una época en que el escritor (yo creo que exagera) vive mal, bebe en exceso, camina confundido. Ese acento acre y duro, ese lacerarse con un gran estilo, es lo que da al texto, acaso algo largo y repetitivo (pero es una técnica impecable), aire magistral como pocos en la España de las últimas décadas, tan revisada tópicamente.

 

El escritor y periodista cultural Antón Castro y el naturalista, escritor y fotógrafo Eduardo Viñuales presentaron no ha mucho el libro “Excursiones a lugares mágicos” (Ed. Sua), una guía con 30 rutas por Aragón, diez recorridos por cada provincia ligados a leyendas y tradiciones, por lo que para Antón Castro es “un libro para ver, leer y viajar”. Porque está pensado y hecho “buscando bellos parajes, monumentos y recogidos rincones en los que se ambientan mitos y prodigios, leyendas o sucesos fabulosos, y no pocas creencias ancestrales protagonizadas por personajes épicos o seres que uno puede creer que son fruto de la imaginación de otro tiempo pasado”. Eduardo Viñuales ha aportado tanto la información práctica (el trayecto y mapas de las excursiones, consejos para realizarlas, datos de lugares próximos…), así como las 150 fotografías. Por su parte, Antón Castro escribe con su mágica mano derecha glosando tantos fenómenos inexplicables o no explicados, como las cuevas de fertilidad entre Los Monegros y Hoya de Huesca, las psicofonías de Belchite o el dragón de Bronchales, la Casa de Dios de Julio Basanta en Épila, o tradiciones de Daroca o Teruel.

 

Como en otras ocasiones, permitan que aportemos un montoncico más de noticias, más o menos recientes, de las que al menos queremos dejar constancia.

Nos escribe Jesús Jiménez, viejo compañero en Andalán de papel. Se jubiló hace unos meses después de una tarea magnífica como profesor e inspector de Enseñanzas primaria y media; pero sigue, nos dice, “con temas educativos, aunque casi todo fuera de esta tierra”. Escribe una columna semanal en Escuela desde hace varios años, colabora habitualmente y coordina algunos números de Cuadernos de Pedagogía, hizo la tesis sobre transferencias educativas de que publicó un resumen en un libro que editaron las Cortes de Aragón;  participa en actividades en varias universidades, está en el Foro de Sevilla que forma un grupo de profesores universitarios de Pedagogía de todo el país… Nos alegra mucho todo eso, y saludamos la edición de su libro “¿Qué es la Primaria?” (Octaedro Editorial) en que resume medio siglo de experiencias y reflexiones.

El Goya de Félix Teira es una pulcra edición auspiciada por la DGA que, como ya contamos en el caso de Mariano Gistáin que escribió sobre Buñuel, ubica a un gran personaje aragonés en los lugares que frecuentó, explicando con ellos su figura y obra. El texto, como todo lo que escribe el fino y riguroso Teira, es impecable, sugeridor, profundo y a la vez ameno. La edición es manifiestamente mejorable: añade a una portada minimalista en exceso, una ruta gastronómica, dualidad que algo despista y distrae.

Ricardo Serna ha publicado una nueva novela, “Sombras de Madrid” (Editorial Sapere Aude, de Oviedo), que ya lleva un trimestre de buena lectura entre sus incondicionales.

Javier Aguirre, no nos da abasto para noticiarle de tanto como escribe, y bueno: ha publicado un interesante libro “Tirando de dedo” (Im-pulsa), sobre el mundo del autostop, que tantos utilizamos hace décadas, con ilustraciones expresivas de Quintín García Muñoz. Javier presenta y reseña, generoso, a otros escritores. Lo hizo hace poco con esmero con “La casa de la encina”, de María Jesús Fuentes (Onix), a la que ofrece un hermoso Preludio.

***

La poesía cuenta, en verso o prosa, con magníficos ejemplos recientes: Fernando Sanmartín sigue, en “Ciudades que se posan como pájaros” (Xordica), obsequiándonos a sus fans con una escritura pulcra, honda, sentida, perfeccionista hasta justo el límite. Uno piensa, al tener sus libros en las manos, en Aleixandre o Gil Albert, pero con más vida, más hondura.

Impecable, como siempre, llena de resonancias y esfuerzos comprensivos, la selección, traducción de Paco Úriz, de “Y la palabra se hizo poesía” (Libros del Innombrable), del finlandés de habla sueca Claes Anderson. Hace también el magnífico Prólogo en el que nos habla de este psiquiatra, pianista de jazz, futbolista, diputado, ministro, uno de los poetas más conocidos y queridos de su país. Y explica (reconociendo siempre la sombra protectora de Marina Torres, su ayuda y compañía) las claves de este espléndido, deslumbrante libro.

Yusta ha visto, rara avis, reedición de su “Ayer fue sombra” y ediciones de “Cuaderno de damas” (La fragua del trovador), con dibujos de Alberto Calvo, poesía popular, ligera (50 textos que son codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus…). Y “Des-concierto”, su último poemario, un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta. Y un blog muy estimulante. Ojo con él, que se está convirtiendo en eso tan hermoso y peligroso que es ser un poeta de culto…

Poeta reciente, aunque de bullicioso entusiasmo, es José Luis Martín-Retortillo, que publica de nuevo en Huerga-Fierro, unos “Geranios helados”, que cuando se acerca la primavera reviven y nos hablan de la inmensa montaña pirinaica (“Hermosamente bella te contemplo, Telera”; “Peña Montañesa, Monte Perdido”, “En las hayas de Ordesa”), de sentimientos sutiles (“Un viernes por la tarde se asomó la eternidad por tu ventana”; “Nos encontraremos bajo la brisa del río, al sol, merendando con Renoir”; “Bajaron de repente todas las estrellas a la cuneta del camino”), crítica política y social (“Ya te escribí lo que sabías: a la guerra siempre van los mismos”, “Hambre no tiene nombre”; “Nacemos tras las rejas. No te detengas a contemplarlas”; “Por los suelos se arrastran las verdades de la inteligencia… El odio mana de la tierra, el miedo la riega…”, “ Síndromes masivos de sometimiento, claudicaciones continuamente aceptadas). Y tantas otras evocaciones, que encontramos, del fallecido Emilio Gastón, que provocó el día de su muerte nuestro último abrazo.

TELLO, PILAR RUBIO, DAVID LORENZO

Tres poetas  para el Día Mundial de la Poesía

 

Rosendo Tello, Pilar Rubio Montaner y David Lorenzo Cardiel publican tres poemarios

 

 

“En Zaragoza hay un boom espectacular de la poesía, de gente escribiendo, leyendo y recitando poesía. Lo cual es bueno porque de la cantidad siempre ha de surgir alguien que trascienda”, dice el poeta Fernando Sarría, coordinador con Fran Picón del ciclo ‘Poesía para perdidos’, que cumple una década y que se celebra en la Bóveda del Albergue a partir del día 24 de marzo. Hoy es el Día Internacional de la Poesía y el sábado y el domingo, por poner otro ejemplo, el festival Marzo Poético de Fraga rinde homenaje a la editora de Olifante y poeta Trinidad Ruiz-Marcellán.

Heraldo.es se suma a la conmemoración y recomienda y selecciona algunos poemas de libros recientes.

 

 

1. ROSENDO TELLO: ‘APOLOGÍA SIMBÓLICA DEL JARDÍN’

Hace algunas semanas, Rosendo Tello, Premio de las Letras Aragonesas, publicaba su libro ‘Apología simbólica del jardín’ (Gara d’Edizions), que es una síntesis expresiva de sus grandes temas: la música, la naturaleza, la memoria, la familia, el amor y la poesía misma. Ahí publica un texto que viene muy bien para hoy, un poco a la manera de Rainer María Rilke, ‘A un muy joven poeta’.

 

A UN MUY JOVEN POETA

 

Si te expresas en prosa, crearás el verso,

si crees que puedes llegar más allá.

Si sabes que el poeta se centra en el silencio

de la noche que acaba con luz solar,

no dudes y consiente.

 

La aventura que vendrá, lenta, muy despacio,

cuando tengas los ojos y oídos despiertos

con la pureza transparente del pensar

y del sentir, anudará el sentimiento

a la medida de tu alma.

 

Crea el secreto el ritmo como puente,

y oirás cantar en medio de la gracia

sobre el tiempo mojado en la radiante luz.

Si la magia está en ti, no temas el error

de salvar la técnica.

 

No te distraigan ni la fama ni el brillo

ni los deseos de gloria; vendrán cuando

tengan que venir en la hora justa

o en la hora tardía, y tendrás suerte,

pues es tu vocación.

 

¿Y qué será perder, en el resguardo concome la ocasión

en el momento terrible del olvido?

Cuando al fin, reanudas lo que has perdido,

si llenas el vacío de tu corazón

con este osado afán.

 

¿Y qué será más fuerte que lo deseado

para hallarse al final? Solo los vencejos

se hallan en otros cielos, nuestro existir,

y los vemos señorear el aire sensible

 

 

 

 

 

 

 

 

en su cosmovisión.

 

 

2. PILAR RUBIO MONTANER: ‘DICCIONARIO PERSONAL’

La escritora y profesora zaragozana que reside y trabaja en Valladolid desde hace muchos años publica un poemario cuyo título lo indica casi todo: ‘Diccionario personal’ (Difácil), qu es un homenaje a la memoria, a la emoción, al sentimiento y a las palabras con las que uno invoca la vida, una de ellas es ‘Apacible’, y otra es ‘Poesía’, títulos de dos poemas. La autora, personalísima, incorpra algunas de sus fotografías. Dice:

 

APACIBLE

 

Quieto. En calma.

 

Plácido. Sereno. Sosegado. Tranquilo.

 

Aplicado a personas y a cosas, aplicado a la vida y al tiempo, aplicado al viento sin violencia, aplicado al mar sin oleaje.

 

Asi lo recoge María Moliner.

 

POESÍA

 

‘Paterson’.

 

Una ciudad. Una película.

 

Un conductor de autobuses que sonríe al escuchar los fragmentos de historias que suben a bordo, saca a su perro cada noche, endereza el buzón, habla con su mujer y el dueño del bar, y escribe en su libreta sobre las cosas sencillas de la vida.

 

Unos versos de William Carlos Williams:

 

“Durante tres años al anochecer

ha venido el gorrión

a dormir bajo el tejado del porche”.

 

3. DAVID LORENZO CARDIEL: ‘TIERRA DE NADIE’.

El joven poeta David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993) publica su primer poemario, ‘Tierra de nadie’ (Anorak: Amo los lunes), que refleja una mirada personal, la interiorización de muchas experiencias y lecturas y el intento de crear un lenguaje propio. Seleccionamos el poema ‘La luz es la caverna o cuev a platónica vuelta de piel inversa’, casi todos los títulos son así de extensos, salvo los de un texto más conciso y breve: ‘Vida de escarabajo’

 

LA LUZ ES LA CAVERNA

O LA CUEVA PLATÓNICA VUELTA

DE PIEL INVERSA

 

El amor es una estría olvidada

que incluso disipada en contra de la apariencia

penetra la carne y la agrieta

como una bomba de fragmentos desgarra

miles de miembros de sus cuerpos candentes.

 

La amistad es la palabra que cura

cuando todas las asperezas nos han arrancado

las vísceras

y ya no nos quedan uñas con las que combatir la vida.

 

La luz es un bálsamo que quema e inunda

y que da vida y muerte en iguales proporciones.

 

Por eso los plátónicos miral al sol,

para quedarse ciegos al volver a la caverna,

y los cautivos inventamos bombillas

para hacerlos tímidos compañeros de la indulgencia.

 

VIDA DE ESCARABAJO

 

Consciente de que todo tiene un final,

miro mis huellas y las guardo en la retina,

una imagen invertida que es sueño

y que luego se convertirá en silencio.

 

 

22/03/2018 08:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MÓNICA OJEDA HABLA DE 'MANDÍBULA'

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Mónica Ojeda “El sexo es una

especie de resumen de la vida”

  

Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona 

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas.

¿Desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?

19/03/2018 16:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: DE LOS LIBREROS

[El artículo de Guillermo Busutil, en el 'Diario de Málaga', sobre el XXIII Congreso de Libreros de Sevilla.]

Tutores de la lectura

Guillermo Busutil*  17.03.2018 | 22:13 

Ser librero es una vocación abierta de par en par. A la pasión de leer, al arte de la conversación, al oficio de vender un mundo desconocido como una promesa que casi nunca se equivoca. La lectura de un libro empieza en la voz del librero que cuenta y enrola al lector. A veces pensamos con razón que la crisis, las nuevas tecnologías, los ocios sin recogimiento, y el híper encantamiento de la imagen, han ido desahuciando este perfil de los tutores de lectura. Que sólo quedan algunos náufragos en esos establecimientos de penumbra y madera, entre mapas, ediciones antiguas y volúmenes de segunda mano con dedicatoria extraviada. Los otros, los libreros de novedades semanales, se etiquetan desde la mirada de los amantes del libro como meros dependientes entre ordenadores, barras de cafetería y estanterías de diseño con wifi gratis; sin ninguna marca que delate su oficio ni sus preferencias. Los hay. De los unos, y de los otros. Sobreviven los lobos de mar que llevan tatuados en su memoria el anaquel donde duerme cada una de sus joyas con exlibris, y los que sólo atienden sin criterio alguno sobre el autor ni esa huella de tinta perenne en las yemas de los dedos. Pero son más los que disfrutan de su pasión. Unos mantienen la idea de su empresa como un ultramarino de barrio en el que se fían cuentas de clientes; otros la han convertido en la equis de un territorio alrededor de la que crecen otras formas de ocio compartido alrededor de la cultura de la vida.

 

Libreros, muchos, sin parecerse entre ellos, que sueñan con que las librerías sean nuestra tercera casa. Qué bonita definición de François Dubruille, directora de la Federación Europea e Internacional de Libreros en el Magazín que desliza con guante blanco por los hoteles el periodista cultural Winston Manrique. Él y yo hemos disfrutado a muchos de estos emprendedores de la lectura en su XXIII Congreso celebrado en Sevilla, los pasados 8, 9 y 10 de marzo. Trescientos en activo, herederos de saga como la homenajeada Concha Quirós al frente de la Cervantes de Oviedo, y Juancho Pons, presidente de la Confederación española de gremios y asociaciones de libreros (Cegal); profesionales de bonanzas y de crisis -entre las caídas de ventas y los libros de texto que se llevaron las grandes superficies-, emparejados algunos por dos amores hacia lo mismo –el otro, y los libros- igual que la vicepresidenta Eva Cosculluela y Félix, de Portadores de Sueños, o Diana y Antonio Rivero de Canaima, y positivos en su oficio y sus retos como su director técnico Javier López Yáñez. En sus labores cada uno, y pendiente de todos Lourdes García, en un Congreso fecundo de ideas y sin mácula alguna.

 

Cada vez que un gremio se junta en un congreso es fácil recordar aquellos ejercicios espirituales de encierro y reflexión, y pensar en el presente en el que todo lo que tiene que ver con la cultura es una acrobacia entre el alambre, la terapia y la extremaunción. No ha sido así bajo la lluvia de Sevilla y la participación animosa de distribuidores, editores y escritores proponiendo interesantes alternativas; decididos a mejorar la colaboración entre sectores; a exigir políticas inspiradas en las culturas del libro en Europa donde todo pasa por la educación, y tan ausentes en España aunque existan iniciativas como Mi libro favorito, desarrollada por la Fundación Lara de Sevilla en los institutos andaluces. Un apoyo fundamental en la formación, sobre la que Jesús Trueba propuso la introducción en los planes educativos de un tiempo de lectura. Iniciativas con las que hacer realidad que «la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso» como escribió Francis Bacon.

No faltó inteligencia, humor ni crítica constructiva en el debate de las jornadas, en las que hubo muchos momentos de brillantez argumental en torno al ecosistema del libro. Se habló de agilizar el trabajo diario que los encadena al ordenador sin apenas tiempo para leer, que es lo suyo; del avance de sus redes en conexión con más de 690 librerías; de la labor del portal loslibrerosrecomiendan que lleva Juan Marqués o el potencial de todostuslibros.com, con un millón de consultas al mes y la posibilidad de convertirse en una plataforma de defensa frente a las grandes dentelladas de Amazon y las ventas online en torno al 15%. Se admitió el error de las campañas que metieron el libro en la caja de entretenimiento. Lo mismo que el de mantener vigente la sentencia del ensayista Samuel Johnson, la gente no lee si tiene otra gente con la que entretenerse, cuando los libros están llenos de tipos con los que irse de aventura, disfrutar de sus enseñanzas e imitar sus vidas. Igualmente se decidió acordar canales de comunicación más eficaces entre las editoriales y el gremio, y una colaboración más estrecha con los suplementos literarios, revistas o programas, algunos de los cuales como Arte y Letras del Heraldo con más de 600 números, el ABCD o Mercurio, de cumpleaños en abril con 200 números, que recomiendan librerías y su trabajo. Cada uno debe tener la suya o varias, a propuesta de Javier Pascual, una de las voces oportunas del congreso junto a las de Juan Miguel Salvador y Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid entre otras que destacaron el auge de las librerías de autor, centradas en ofrecer títulos de editoriales independientes, como las de Impedimenta o Libros del Asteroide que conforman el grupo Contexto, que contribuyen a segmentar público, a fidelizarlo y atraer clientes y un tiempo nuevo.

Una fórmula con la que Antonio de Marco reivindicó ofrecer lo de siempre, alma: trato personalizado, calidad, actividades variadas, y también debate y construcción política y social, tan necesarios actualmente. La bitácora de aquellos jóvenes militantes de la Transición que abrieron en 1969 la malagueña Prometeo-Proteo, dos nombres de rebeldía contra los dioses y estrategia de confusión contra la censura, y la sevillana Antonio Machado. Ágoras de literatura y de política de izquierdas encabezadas por Francisco Puche y Alfonso Guerra en un estupendo debate sobre utopías del 68; los ataques de los grupos fascistas; el reconocimiento a Ruedo Ibérico, a Losada y a Alianza bolsillo, imprescindibles en la educación sentimental del exilio, de la poesía y de la literatura europea. Oficio con olfato para saber empujar a cada libro hacia su lector, y recuerdos sobre el cuarto secreto de títulos prohibidos de Prometeo, que la Machado tuvo en un Dos Caballos aparcado en frente de su puerta, o de vacíos legales como el que llevó a la policía a detener a Guerra en la frontera francesa por el libro Marxismo y anti marxismo de Besteiro, que encontró a su regreso expuesto en su escaparate. Dos fabulosos conversadores y lectores que, al igual que Borges, podrían decir «me enorgullezco por lo que he leído». Ambos, al igual que muchos de los asistentes y de los que conozco como José Antonio Ruiz, Juan Manuel Cruz o Enrique del Río dejaron claro que ser librero también es un género.

Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen. Estaría bien recordar esta frase del poeta brasileño Mario Quintana en las escuelas, y también en la universidad tan de espaldas hoy a la lectura de libros y de prensa, para que los jóvenes aprendan con las palabras a tomar el pulso a la vida. A convertir con ellas la imaginación en una cometa, la realidad en una conciencia que interrogue, y el lenguaje en la voz de nuestra identidad. No olvidemos que, frente al trading topi de la banalidad, la manipulación y las posverdades que nos cercan, los libros nos refugian, nos cruzan fronteras y nos habitan la mirada, porque la literatura es el lugar más seguro del mundo como dice Muñoz Molina.

Sin la lectura los por qué difícilmente se abrirían paso. Y sin las librerías las ciudades serían urbanizaciones. Hay muchas, con magnéticos escaparates, con tantos mundos dentro y tan fantásticos, que dan ganas de entrar y quedarse a vivir en ellas. Seamos sus cómplices, nos necesitamos. Su futuro y el nuestro son de libro.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

18/03/2018 09:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA': ZARAGOZA

JORNADAS

CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA

Comunicación cultural en España

 

  • Fecha y lugar: 3 y 4 de mayo. IAACC Pablo Serrano (Pº María Agustín, 20, Zaragoza)

 

  • Organización: Gobierno de Aragón (Nacho Escuín, Belén Aso, José Luis Acín, Estrella Setuáin)

 

  • Coordinación: Alfredo Saldaña y Víctor Silva (Universidad de Zaragoza) y Javier Hernández y Victor Manuel Pérez (Universidad San Jorge)

 

  • Exposición ARCE (Asociación Revistas Culturales de España): 4 abril al 6 de mayo de 2018.

 

 

PROGRAMA

3 de mayo

9.30h-10.00h. Bienvenida a inscritos y entrega de materiales

10.00h-10.30h. Inauguración oficial.

10.30h-11.30h Crítica y comunicación cultural

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h. Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutemberg

13.00h-14-00h. Estéticas y tendencias en la crítica actual

14.00 o 14.30h Comida

16.30h-17.30h Presentación de revistas culturales ARCE.

17.30-18.30h Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón

19.00-21.00h Jam Session poética

21.00h Cena

 

4 de mayo

9.30h-10.30h Sobre la verdad y la ficción

10.30h-11.30h Un nuevo público para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers

11.30h-12.00h Pausa café

12.00h-13.00h Humillados y ofendidos

13.00h-13.30h Clausura del seminario

14.00h Comida.

 

PROGRAMA 3 DE MAYO DE 2018

 

MESA 1. “Crítica y comunicación cultural”. (Modera: Ana Segura)

 

La crítica no puede desprenderse de sus contextos de crisis. Si la cultura se adjetiva, dejando de considerarse, en marcos postmodernos, como sustantiva, no es casual que se produzca con el auge de los medios de comunicación. En un principio de masas y contemporáneamente atravesada por otros significantes: de multitud, de redes. El actual peso de lo tecnológico, coloca diversas interrogantes sobre la comunicación cultural, en momentos en que se vive una crisis del periodismo cultural, de las imágenes de lo estético y del simulacro de las redes. Los referentes culturales son sustituidos por figuras mediáticas, por simulacros de artistas y por una cultura pop que todo lo absorbe. En ese contexto en la mesa se debatirá sobre la crisis de la crítica y el incremento de los medios, las redes y lo tecnológico como nuevos constructores de imaginarios culturales.

 

MESA 2. «Nuevos paradigmas en la crítica: era digital versus galaxia Gutenberg» (Modera: Maica Rivera)

 

La complejidad semántica del término «cultura» es una constante en la historia; pero, en la actualidad, todo parece indicar que la complejidad y los entresijos de qué es cultura es cada vez mayor: incluso la idea de cultura se suele aparcar y se prioriza la idea de culturas o metacultura. Los cambios sociales que han ocurrido desde finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI han impulsado una evolución cultural que refleja sus matices en áreas específicas, generando convergencias y divergencias sobre su impacto en la vida social. La crítica cultural no es ajena a estos avatares de la historia, del pensamiento y, por supuesto, de la influencia de los avances tecnológicos: en lo que tienen de expresión cultural y en aquello que la hace generadora de cultura por el uso que la humanidad hace de la misma. Marshall McLuhan planteaba que «no podemos pensar en sonidos sin pensar en letras; creemos que las letras tienen sonido»; hoy, no podemos pensar en un mensaje sin pensar en interactividad, multimedia e inmediatez. En su momento «la invención de la imprenta difundió el lenguaje impreso y dio a lo impreso el grado de autoridad»; en la era digital quién aporta la autoridad, ¿la otorga la tecnología o el consumidor de cultura? La imprenta era para McLuhan la «tecnología del individualismo», la llegada de la cultura audiovisual aportó nuevos códigos y con ellos la construcción de otros relatos culturales. ¿Qué ocurre con el individualismo en el entorno digital? ¿Cómo pensamos la cultura digital? ¿Cómo asumimos la cultura generada por la inteligencia artificial? ¿La cultura cyborg?

 

La cultura digital aporta la simultaneidad; el acceso a fuentes de información de diversas tendencias y enfoques; la capacidad, al menos potencialmente, de que los individuos comprendan cada vez más la diversidad cultural en la sociedad. Sin embargo, otros aspectos parecen ser menos comprendidos en la sociedad de la información y del conocimiento: el tiempo se fragmenta, la fe en las instituciones es menor, la comunidad humana se traslada al entorno online y los modelos de referencia ser desvirtúan en la inmediatez de lo social media y la denominada «posverdad».

 

¿Revolución o evolución de la crítica cultural? El discernimiento sobre la cultura tiene vigencia en el entorno digital y convive con la diversidad que el ciberespacio público aporta a la forma de comprender el hecho cultural. El ciberespacio abre nuevos escenarios para el debate con una manera diferente de sociabilizar del ser humano, una forma distinta de acercarse a la cultura, de complementar su experiencia cultural y discernir sobre el valor que la cultura tiene en su existencia. Escenarios participativos, interactivos, anónimos y en donde la opinión libre se puede enarbolar como reivindicación errónea de autoridad: lo importante es la opinión, más no, el razonamiento y la argumentación propio de la crítica.

 

Esta mesa tiene la peculiaridad de plantear, por una parte, algunos fundamentos que requieren ser recordados o redefinidos; desde otra perspectiva, plantea interrogantes novedosos sobre cómo discernir sobre las manifestaciones culturales en los tiempos de la era digital ¿El impacto de los cibermedios y de la cultura digital ha cambiado o estarán cambiando las bases de la cultura y nuestra capacidad de comprensión de esa cultura? ¿Cómo puede la crítica abordar la cultura en la era digital, diversa, multimedia, transmedia, interactiva, efímera o inmediata?

 

MESA 3. Estéticas y tendencias en la crítica cultural (Moderador Túa Blesa)

La estética otrora orgullo de la alta cultura y de las “bellas artes”, padece una crisis en las prácticas culturales actuales. Si en sus inicios (siglo XIX) fue una nueva manera de entender la crítica (Kant) -y crítica y crisis son conceptos que vienen de la misma etimología- la emergencia de la cultura popular activó nuevas tendencias en la literatura, la música, y en sus productos más apreciados: el cine, la fotografía, el cómic y los medios de comunicación. En un comienzo la Cultura como sustantivo y con mayúsculas y lo Cultual como culto, se instalaba en el altar del museo y en la sala de conciertos, pero fue –ya entrado en el siglo XX y aún más en este nuevo siglo- que la crítica adjetivó la cultura hacia lo cultural y más que de estética se comienza a perfilar variadas y plurales tendencias. En esta mesa se reflexionará y discutirá sobre ese pasaje, en la España actual, de la estética a lo estético y a la variedad de tendencias que se intenta problematizar desde la crítica cultural. Es conocida la frase que a España han llegado tardíamente las tendencias culturales rupturistas, a diferencia de Francia, Alemania o Estados Unidos, donde la postguerra implicó un nuevo modo de interrogar a los productos culturales. Sin embargo, en un contexto de mundialización cultural, España no se ve aislada de tendencias que ponen en crisis las formas de producir y consumir cultura. La frase de Néstor García Canclini “el consumo ayuda a pensar”, movilizó los debates de la crítica cultural, pero, ¿es posible referirse al consumo cultural o son significantes contradictorios? ¿Qué ocurre cuando se institucionalizan? Si Joyce ingresó a las universidades y Stockhausen, Cage, Varèse o Zappa son estudiados en las escuelas de música, qué cambios se han ido produciendo y cómo afectan a una crítica cultural cada día más impotente frente a los cambios que se van produciendo. La globalización ¿ha mediocre-tizado la cultura? ¿La crítica cultural se ha rendido a la avalancha globalizadora-post pop? ¿Dónde están las grietas y sus intersticios?

 

MESA 4. Presentación Revista ARCE. Manuel Ortuño.

 

MESA 5. Crítica en silueta: El caso de las lenguas en Aragón (Moderador: Elena Puértolas)

¿Qué papel desempeña aquella crítica vinculada con unas literaturas que se gestan y componen en lenguas minorizadas? ¿Y qué papel, en verdad, le corresponde? Es más, ¿qué tipo de crítica se puede, o acaso se debe, ejercer, cuando dichas literaturas ocupan el segundo plano en el seno productivo de unas lenguas que, de por sí, están ya en un segundo plano? Y, en todo caso, crítica… ¿para qué destinatarios? Porque –discúlpese la tardía intertextualidad– ¿quién es su público y dónde se encuentra exactamente? ¿Y cuál es el lugar –en más de un sentido– de la crítica literaria, en tesituras tales? ¿Hay objetividad ceñida al texto y sus contextos, voluntarismo militante o quizás ambas cosas en una? ¿Qué se hace en los medios tradicionales? ¿Son alternativa eficaz las profusas vías telemáticas? En esta(s) encrucijada(s), ¿no será la crítica víctima de alguno de aquellos “provincianismos” socioculturales a que tan agudamente se refería, hace ya algunos años, Milan Kundera?

 

Muchos interrogantes, sin duda, que apuntan a un estado de cosas movedizo. O tal vez inmóvil. El caso de la comunidad autónoma de Aragón resulta sumamente ilustrativo, si no paradigmático, de cómo la crítica va, viene, va, siempre en el telar, hecha hilos que apenas llegan a ser urdimbre. La coexistencia en Aragón de una lengua “maior”, el castellano, junto a otras dos, minoritarias y minorizadas, que a su vez presentan un distinto grado de incardinación social y de vitalidad comunitaria, ofrece con todo ello un sugestivo terreno para la reflexión sobre las prácticas del ejercicio crítico.

 

 

PROGRAMA 4 DE MAYO DE 2018

 

MESA 6. "Sobre la verdad y la ficción. Amenazas y oportunidades en el espacio abierto" (Moderador: María Angulo)

 

Vivimos tiempos de ambigüedad, de confusión dirían otros. La virtualidad que ha impuesto la era digital afecta también a la percepción de eso que hemos venido llamando desde siempre “realidad”. El “giro narrativo”, asimilado por las intelligentsia y la academia desde los años noventa del siglo XX, ha llegado a imponerse en el tejido social sin que la mayoría sea consciente. Ya nadie duda de que todo es relato, quizá como corresponde a una de las más inveteradas tendencias de este simio sabio que domina el mundo. Por eso se habla del relato de tal o cual partido, del storytelling subyacente en tal línea de ventas, de las historias y mitos que sustentan disciplinas como la economía… Y en medio de semejante desconcierto posmoderno o transmoderno llegó la postverdad. Quid est veritas? Dicen que dijo Pilatos, pero también esta inquietante pregunta parece un invento literario, vamos una fake new que fabricaron los primeros cronistas cristianos.

 

Todo parece ser consecuencia de una crisis de credibilidad que afecta a todos los órdenes de la actividad humana. A estas bajuras ya nadie confía en nadie. Los cánones dominantes se desmoronan al mismo tiempo que los tradicionales argumentos de autoridad. La cultura ya no tiene norte, solo lotes en venta. En este bazar de Estambul, caótico e imprevisible, en el que se ha convertido el mundo el único canon lo dictan las masas, empoderadas por la tecnología al alcance de todos. Unos lo llaman democratización digital, algunos otros, desde la tribuna horkheimeriana, cultura neopop de estúpidos desinformados o incluso Apocalypse Now. Todo está disponible en el bazar… Porque en medio de este río revuelto el único beneficiario parece ser el mercado, que es un alien polimorfo que se adapta a todas las circunstancias. Quizá por eso el canon es el mercado, quizá por eso los bestsellers contemporáneos los escriben celebrities que salen en la televisión o en un canal de Youtube. En cualquier caso, la verdad hace tiempo que yace asesinada en un callejón de Shangai o Nueva York.

 

 

MESA 7. "Un nuevo espacio para una nueva crítica: youtubers, bloggers e influencers" (Moderador: Daniel Montserrat)

Como consecuencia de la democratización que conlleva la llamada “cultura digital participativa” los centros de opinión, hasta ahora canalizados y catalizados por los grandes medios especializados, están siendo sustituidos por otros agentes salidos de la masa democrática. Si antes predominaban como valores la supuesta competencia, conocimiento y excelencia, en principio garantizada por la cabecera de un medio cultural consagrado, ahora se premia la frescura, la capacidad de conectar con el gran público, la ocurrencia, la extravagancia... Es más empoderado aquel comentarista cultural que tiene más likes y más seguidores asomados a sus nuevas cibertribunas. Así pues, las masas congregadas en la aldea global regida por las redes sociales marcan las directrices de lo que es tendencia –esta es la palabra talismánica- entre los productos culturales. Las grandes corporaciones, que siguen influyendo bajo mano con su enorme poder, han tomado nota y cortejan a estos nuevos arúspices de la cultura digitalizada. Estamos en tiempos de cambio y eso ni es bueno ni es malo, simplemente se presenta como desconcertante para los no nativos digitales y como normalizado para los millenials y postmillenials por venir. Por eso es tan pertinente como higiénico oír la voz de los nuevos críticos de la cultura que, sin duda, han ganado en frescura y espontaneidad y traen nuevos vientos. También aportan nuevos canales de comunicación y nuevas perspectivas; muchas corrientes hasta ahora soterradas -ecologistas, feministas, animalistas, esotéricas…- y no pocas de las múltiples tendencias de un mundo tan variado como globalizado, han saltado al primer plano de la palestra.



MESA 8. Humillados y ofendidos (Moderador: Gabriel Sopeña)

Una crítica de la crítica no siempre es asumida por la hegemonía cultural. Esa supuesta contradicción también es característica de la crítica actual. La economía política de la cultura, se refiere a nuevas concentraciones de capitales, esta vez, cultural. Si los medios de comunicación reducen, cada vez más, sus contenidos de crítica cultural, en ese reducido espacio que queda para actuar, en muchas ocasiones se han practicado formas de exclusión, censura y auto-censura, para colocar contenidos que tengan el beneplácito de la industria e hiperindustria cultural. En las últimas décadas, en España, críticos culturales se han sentido “humillados” y “ofendidos” y han alzado su voz sobre esas prácticas de la industria. En otros casos, han intentado mantener esa incómoda posición que implica ejercer la crítica cultural. Sobre esas incómodas actuaciones se reflexionará y discutirá en esta mesa.

 

15/03/2018 14:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA CARTA PARA UN MAESTRO DECISIVO

https://elpais.com/elpais/2018/03/05/eps/1520254675_389612.html

Recuerdos para el porvenir

Una semblanza del curso 1975-1976, en el que el autor intimó con la gran literatura. Su maestro tenía nombre. Y también una mujer bella y enigmática.

QUERIDO XOSÉ Toba Quintáns: eras de Muxía, en plena costa de la Muerte, de la que se contaban historias de romerías y naufragios. Lo dijiste un día como quien no quiere la cosa. Acababas de terminar la carrera de Letras en Santiago de Compostela y tenías ese aire tímido, jerséis ajustados y pantalón acampanado, de quien había trabajado mucho, porque en tu casa no sobraba nada. Gracias a ti, en aquel curso puente de FP-1 a FP-2, aprendimos mucho de literatura. En tus clases, con la fuerza del torrente, aparecían Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, y más tarde los grandes poetas del 27: Jorge Guillén, que parecía ser tu favorito, en concreto el poema ‘Sol en la boda’, que nos leíste y nos hiciste leer a ver cuánto entendíamos; García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y dos malabaristas del verso, Gerardo Diego y Rafael Alberti.

Ir a tus clases era algo especial. Ofrecías gestos de complicidad y eras uno de los nuestros: te gustaba el fútbol, jugabas de interior, te definiste como pundonoroso más que estilista. Entendías con una sonrisa condescendiente y pícara nuestros desafueros y parecías sentir una indefinible afinidad con los que éramos chicos de aldea como tú. De vez en cuando se te escapaban algunas palabras en gallego y parecías disfrutar cuando recitábamos alineaciones de fútbol o contábamos algún combate de boxeo. Un compañero (creo que era Cazus) escribió un cuento ingenioso donde unía un accidente de coche y la derrota del púgil Perico Fernández por “la puta calor”. Los cuentos nos llevaron a Julio Cortázar y nos enseñaste a leer su relato ‘Todos los fuegos el fuego’, cuyo tema central, dijiste, era la pasión amorosa y el deseo sexual en los tiempos de Roma y en el moderno París.

Y de repente, inolvidable Xosé Toba Quintáns, que solías recordar que la novela La hija del mar, de Rosalía de Castro, sucedía en tu pueblo, nos hablaste del boom latinoamericano: de Borges, Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Fue como si alguien nos arrojase en el territorio de las maravillas y los prodigios. Un día me invitaste a tu casa en la calle de San Andrés, me mostraste los apuntes de la carrera, los mismos que usabas para impartir las clases, y tu biblioteca. Tu pasión parecía ser Ernesto Sabato, en particular Sobre héroes y tumbas, aunque también tenías El túnel y Abaddón el exterminador. Creo que estaban encima del armario de tu dormitorio. La casa estaba llena de libros.

En un instante, apareció tu mujer: bella, enigmática, joven, con el pelo oscuro muy largo y no sé si tímida o más bien indiferente. Cuando salí a la calle con una edición de Cien años de soledad, tuve la sensación de que aún te admiraba mucho más. Miro hacia atrás, hacia aquel curso 1975-1976, en la Universidad Laboral Crucero Baleares de A Coruña, y me doy cuenta de que fuiste determinante, auroral: el primer gran maestro para la vida que me esperaba. 

 

 

*Antón Castro es escritor, periodista y dramaturgo. Dirigió los encuentros literarios de Albarracín durante siete años. Ahora coordina el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo. Uno de sus últimos libros es Golpes de mar (Ediciones del Viento).

 

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

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ENTREVISTA CON JOSÉ OVEJERO

 

“La realidad es el apuntador que me sopla

algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”

 

José Ovejero regresa al cuento con ‘Mundo extraño’ en Páginas de Espuma

 

 

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor de todos los géneros y en los últimos años, con su compañera Edurne Portela, también ha sentido la atracción del cine documental. Publica el libro de relatos ‘Mundo extraño’ (Páginas de Espuma, 2018) y va de aquí para allá para presentarlo. “¿Qué cómo se escriben los cuentos? Yo no escribo cuentos, salvo alguno que me piden, sino libros de cuentos. Proyectos unitarios que tienen una atmósfera, un tono, estados de ánimo. Y cada uno de los textos del libro, claro, exige su propia atención o concentración”.

Dice que también ha cambiado su concepción del cuento: no le importa que haya muchos personajes, muchas acciones. “‘Mundo extraño’ nace de la confusión, de la desorientación existencial, del dolor. Uno a veces no sabe cómo relacionarse con el mundo ni con los demás, y eso les ocurre a mis personajes. Uno, en el fondo, siempre es un perfecto extranjero en el mundo. Estamos como detrás una máscara, todos somos personajes, seres que creamos como un ‘avatar’”.

En los cuentos de este libro, los personajes se descubren a sí mismos, acceden a lugares recónditos de los que sabían poco. Revelan su envés, en materia de afectos, de sexo o de inesperadas metamorfosis. Se confiesan abruptamente. A José Ovejero no le preocupa que sus criaturas tengan o no empatía con el lector. “A veces se dan cosas curiosas: alguien te revela un secreto personal que habrías preferido no saber. También sucede, claro, en ‘Mundo extraño’”. Agrega que le interesan cada vez más esos cuentos, poco ortodoxos, que ofrecen extravíos, que se dilatan en historias pequeñas, como sucede con el cuento ‘Bienvenido Bob’ de Juan Carlos Onetti. “Ese cuento es uno de mis favoritos. Y Onetti, el de la novela corta ‘El astillero’ o ese cuento tan perturbador que es ‘El inferno tan temido’, el relato donde le envían a un marido las fotos de la relación de su mujer con otros, me gusta mucho. A mí me interesa el universo onettiano por dos razones: por su ámbito desesperanzado, por decirlo así, y su sentido del juego con la estructura y el lenguaje, algo que es muy estimulante en la literatura”. José Ovejero también juega y usa el microrrelato o el cuento de cuentos a la manera del ‘Decamerón’ como sucede en la última pieza ‘Todo da vueltas’.

“Necesitaba sentirme más libre. Hay dos líneas muy claras del cuento contemporáneo: el de Carver, cotidiano e impregnado de realismo sucio, y el cuento latinoamericano, en la línea de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y algunos otros. Ahora prefiero buscar mi propia estética, me doy una libertad que antes no tenía”. Quizá por ello, cada vez le interesan más los autores jóvenes. “Sin duda. Ya se están haciendo cuentos más libres, menos ortodoxos con ciertas exigencias del cuento clásico. Pienso en autores como Liliana Colanzi o Antonio Ortuño. A medida que me hago mayor me interesan más los jóvenes y menos los clásicos. Quiero leer cosas que me ayuden a mejorar, a arriesgarme, que me alejen de la zona de confort de la relectura de los grandes maestros. Aprendo mucho de los jóvenes porque son audaces y buscan nuevas voces, otros lenguajes y puntos de vista”, señala.

José Ovejero se siente un escritor de su tiempo, comprometido con lo que sucede, atento a las paradojas de la historia y de la vida. “Mi literatura no nace de los sueños, sino de la realidad en un sentido amplio. La realidad es el apuntador que me sopla algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”. Esa es, cuando menos, una de las tareas del auténtico escritor. Imaginar. Y José Ovejero, premio Primavera de novela con ‘Las vidas ajenas’ y Premio Alfaguara con ‘La invención del amor’, lo hace como pocos.

 

*La foto es de Heraldo.es

 

05/03/2018 17:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/01/mario-los-santos-pasado-poco-como-mafia-acaba-siendo-carcelero-vida-1227708-1361024.html

[Aquí puede verse un pequeño vídeo donde Mario de los Santos revela más claves de su novela, entre ellas la pasión por Alejandra Pizarnik.]

 

Hace unos días, en el IAACC Pablo Serrano, Mario de los Santos (Zaragoza, 1977), exeditor de Tropo y novelista, presentaba su nueva novela: 'Noche que te vas, dame la mano' (Candaya), donde cuenta cuatro historias turbadoras con un foto de religión, culpa y sexo.

 

¿Qué es ‘Noche que te vas, dame la mano'?

Como todo lo que escribo, un intento de entenderme en el mundo. A veces, estos escritos toman forma de novela y pueden ser disfrutables por más gente.

 

-¿Has querido hacer una novela experimental, una novela juego con un fondo duro?

De alguna manera, tal vez por venir académicamente del mundo de la ciencia, siempre me he sentido un intruso en la escritura. Cuando publiqué mi primera novela en 2004, me propuse darme unos diez años para aprender, hacer lo que denominé la “primaria” en escritura, y me compré libros de escritura, descubrí autores, probé a copiar en ejercicios de estilo, y este libro representa de alguna manera el proyecto de fin de primaria, lo aprendido estos años, de ahí la forma coral, donde cada parte tiene sus propios retos técnicos. Ahora queda la secundaria y la universidad. Para los setenta, si sigo vivo, espero escribir algo que pueda llamarse literatura.

 

-Me llama la atención la atmósfera; sexual, turbadora, de acosos. ¿Ha sido eso muy importante para ti?

Son facetas y vivencias que me han impresionado, efectivamente. Comencé a escribir el libro en el 2008, el tiempo parece demostrar que no soy el único. El sexo, nuestra relación con él, y cómo lo traspasamos con nuestros equilibrios de poder, están detrás de muchos de los temas de debate más actuales.

 

Podemos huir del pasado?

-¿El pasado es un poco como la mafia. Si le debes algo, te encontrará, y si no deseas que te lo cobre, tendrás que vivir como Roberto Saviano, oculto de ti mismo, protegido por muchos guardias y, al final, ese pasado será el carcelero de tu vida. Huir, no sé. Tal vez, enterrarlo, esconderlo, aceptarlo…

 

¿Qué te ha llevado a escribirla, qué débito tiene con algunos hechos reales?

 Todos los personajes tienen un reflejo en la realidad. Noticias, conocidos... Algunos se han llevado al extremo buscando la intensidad, otros, por el contrario, se han tenido que rebajar. Desde esa perspectiva, existe una gran dosis de realidad camuflada entre la ficción.

 

¿Quiénes son los protagonistas, cómo has urdido esa especie de dobles pareja?

Los protagonistas son cuatro personas que ya no se sirven a sí mismos. Han agotado sus estrategias vitales de supervivencia y deben plantearse otras. En ese desbrozar, se encuentran unas con otras, aunque a veces no lleguen a conocerse.

 

-Explícanos un poco más… Cómo son, qué anhelan, hay relaciones viciadas, extremas…

Los personajes sufren asimetrías emocionales en sus relaciones que no saben equilibrar. Todos tienen la sensación de haber dado más que la otra parte, comienzan colocados en un posición victimista que observo demasiado frecuente en el momento actual. Bien hablemos de política, de relaciones personas, en las redes sociales, pareciera que nos encante ser víctimas de algo. La historia de los cuatro personajes, en el fondo, es el camino para escapar de ese victimismo.

 

Donde sucede, cómo has elegido los escenarios…

En realidad, no existe un escenario físico concreto. Podría ser Zaragoza, pero no me apetecía circunscribirme a una geografía conocida. Es, digamos, una Zaragoza que triangula entre el mapa, las necesidades de la acción y mi comodidad de no salir a la calle.

 

Es una novela que mezcla muchas cosas: la novela negra, la novela psicológica, la intriga... la novela de atmósferas desapacibles.

Son cuatro historias, cinco en realidad, y quería distinguirlas. En cada una, la psicología del personaje marca hacia dónde se inclina. En todo caso, como elemento de continuidad, quería que todos los personajes avanzaran en un mundo donde donde ellos mismos no son capaces de darse las gracias, o pedirse las cosas por favor, un mundo en el que falta la educación y el cariño para con uno mismo.

 

Recuérdanos la época histórica y también la época social, que es tan importante...

De nuevo, podría situarse en la Zaragoza anterior a la Expo, pero esta exposición es universal. El lienzo social se toma del momento actual, o del que vivimos en la última década y media. La escasa separación entre instituciones y empresas ha generado un fango de corruptelas que nos tienen permanentemente enfadados, tanto con los hechos, como, tal vez, y eso me interesaba en los personajes, con nosotros mismos por haberlo permitido.

 

-¿Cómo has integrado la cultura, tantas referencias y ecos?

Cuando definí los personajes, sus centros obsesivos, me apetecía que uno de ellos tuviera una relación muy íntima con la lectura. No quería caer en el tópico de la lectura como “salvación”, pero sí como espacio de refugio y de relación con los demás. También, me apetecía que tuviese cercanía con autores y autoras actuales a los que tengo cariño, o me encantan, y de este modo rendirles un pequeño homenaje.

 

-¿Por qué Los Suaves?

Por magia. Haberla, hayla. Estaba pensando escenas para los personajes y del ordenador salió la canción “Si yo fuera Dios” de los Suaves. La letra, de repente, entró en la historia, en el imaginario emocional, oscuro, terminal, que estaba preparando para la novela, y encajó como una llave en una cerradura. Ese día me puse la canción en bucle, con cascos, unas seis o siete horas, mientras trabajaba en la novela. Casi puede decirse que la canción me regaló los paisajes interiores desesperados en los que se mueven los personajes, por lo que decidí homenajear a la canción y, por supuesto, a Los Suaves, introduciéndolos en la novela como una correa de transmisión de la historia.

 

-¿Hay ahí, en sus letras, un guiño sentimental, casi una broma?

Creo que hay una deuda inconsciente. Los Suaves conforman gran parte de la banda sonora de mi adolescencia. Algunas canciones se quedaron allí y otras han permanecido en mis listas de reproducción y representan el mejor ejemplo de cómo la música puede moldear a una persona golpeando en caliente, durante esas épocas en las que te construyes como persona, como personaje y como historia. Las letras de los Suaves poseían todo lo que mi yo adolescente quería escuchar: dolor, incomprensión, rocanrol, mujeres malas pero tiernas y derrota.

 

-Es esta tu novela más compleja y ambiciosasqué hay en ella del ex editor Mario de los Santos?

Dentro de ese proceso de aprendizaje, la edición me enseñó muchísimo. Los malos ejemplos, los buenos, qué busca un editor en un libro, cómo les gusta que nos acerquemos los autores… Por ejemplo, yo dejé de acudir a presentaciones en Madrid porque la celebración posterior se convertía en un pasamanos de gente ofreciéndote una obra.

Cada vez que editábamos un libro, cuando hablabas con la gente en las ferias, con los distribuidores, con los libreros, siempre había detalles, estilo, trucos, que guardabas para tu faceta de escritor. De hecho, Paco, de Candaya, en la última presentación, contó cómo esa experiencia de editor ayudó a que leyeran el manuscrito anónimo que les envié. Lo acompañaba una carta breve, mostrando respeto, conocimiento del catálogo, humildad. Vamos, lo que esperábamos recibir en Tropo cuando abríamos los sobres de los manuscritos.

 

-¿Has tenido otras novelas en la cabeza, escritores?

He tenido intenciones estilísticas, argumentales y estructurales que provienen de muchas lecturas, pero no puedo tener un autor o una obra concreta en la cabeza mientras escribo, o diseño mis obras, porque tiendo a imitarla. En una novela, un trabajo que se arrastra durante al menos uno o dos años, no puedes depender de tu estado de ánimo o de tus lecturas. Prefiero tener épocas de muchas lecturas, disfrutarlas, analizarlas, digerirlas y reposarlas, para después volcar esa mezcla en mis trabajos.

 

¿Qué buscas con la escritura?

Cantaba Aute que vivir es más que un derecho, es el mandato de reflexionar. Ahora parece que sea el mandato de opinar. En realidad, creo buscar lo mismo que el ser humano buscó al inventar la primera historia: entender. A él mismo y al mundo que le rodea. Crear ayuda a reflexionar, abre nuevos caminos, plantea las cosas de otro modo, nuevas soluciones, otros modelos. Desde esa perspectiva, la escritura, la química, las ciencias, la filosofía me resultan herramientas de entendimiento similares. Parte de ese proceso se plasma en una historia y ahí está la conexión con la literatura.

 

04/03/2018 10:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: UN DIÁLOGO CON NAPOLEÓN DE FONDO

“‘Napoleón. El emperador que adoraba a España pero no a los españoles’ empecé a escribirla en 2007, pensando en el bicentenario de Los Sitios de Zaragoza, pero me resultaba muy dificultoso, de modo que abandoné la novela cuando llevaba 18 páginas y me dediqué a otros proyectos. Diez años más tarde, me sentí capaz de retomar y acabar esta narración. El libro cuenta cómo Napoleón se adueñó de España, las circunstancias de la Familia Real, los intrigantes palaciegos que sustentaron los hechos, y los movimientos populares y de defensa en distintos lugares de España que finalmente desembocaron en el 2 de Mayo de Madrid y en los dos Sitios de Zaragoza”, dice el editor y narrador Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952), que lleva más de treinta años afincado en Zaragoza, al frente de sellos como Zócalo y ahora Onagro, que dirige con su mujer Victoria Picó.

¿Diría que es una novela coral o con protagonista específico?

Es una novela coral, donde van apareciendo y actuando muchos personajes ya conocidos de la historia, y algunos menos conocidos, con el telón de fondo del pueblo.

¿Qué ha descubierto? ¿Qué equívocos se mantienen sobre el período?

Ya se sabe que algunos historiadores apodaron a Fernando VII ‘el rey felón’, pero yo no sabía que lo era hasta el punto de intentar envenenar a sus padres para arrebatarles el trono. También su relación epistolar con Napoleón revela lo repugnantemente rastrero que fue, y lo que resultó para la Historia de España.

Díganos en qué casos concretos.

Entre otros equívocos he descubierto que la mentira y los bulos, como arma de propaganda, ya funcionaban estupendamente. Por ejemplo, José Bonaparte, a quien el pueblo llamaba Pepe Botella era abstemio. Se decía que los franceses traían la barbarie y el ateísmo, cuando en realidad hubieran aportado el espíritu de la revolución francesa, y de hecho lo primero que hicieron fue abolir la Inquisición; se entiende que hubiera “afrancesados” que defendían este espíritu de cierta apertura.

¿Redime entonces usted a Napoleón?

No. Desde luego que Napoleón era un dictador que ocupó el país valiéndose de engaños, y visto desde nuestro lado, efectuó una ocupación extranjera que fue rechazada por el pueblo, instigado y azuzado por la aristocracia y el clero, que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

¿Cómo fue la Guerra de la Independencia en Madrid, qué le debe su visión a Goya?

Aunque Francisco de Goya no aparece como personaje, sí le puedo decir que Madrid se alzó contra Murat, el general francés de la zona, y al principio el ejército español era reticente al alzamiento. Fueron los madrileños, no se sabe bien por quiénes estaban azuzados, los que se enfrentaron con lo que tenían a mano para usarlo como armas contra las tropas francesas. Si bien Daoiz y Velarde, los dos capitanes que murieron en los primeros combates, pasaron a la Historia como héroes, no fueron los primeros en luchar, sino que se unieron al alzamiento empujados por la masacre que vieron desarrollarse en las calles. Los libros de historiadores de la época, escritos entre 1830-1860, que toman sus fuentes de supervivientes y recortes yu notas de las batallas escritos por los participantes, así lo cuentan. Por tanto, y creo que esto responde a su pregunta, los famosos cuadros y grabados de Goya pueden considerarse reflejo fiel de lo que, efectivamente, son ‘Los desastres de la guerra’.

¿Qué le llamó la atención de la Guerra de los Sitios, en Zaragoza?

Hay mucho ya sabido por los que vivimos en esta ciudad, y más después de la conmemoración del Bicentenario en el año 2008. Sin embargo, a mí me gustaría resaltar la participación de las mujeres en los dos Sitios. Mucho se sabe de Agustina de Aragón, claro, pero a mí me ha impresionado la actuación de la labradora Casta Álvarez, en su actitud de verdadera guerrera, que con su pica (una bayoneta unida a un palo de escoba) se enfrentaba en combate cuerpo a cuerpo contra el enemigo. También es conmovedora la historia de María Agustín, que se quedó inválida del brazo izquierdo a consecuencia de un balazo luchando en Puerta del Carmen (una de las ocho puertas de entrada a Zaragoza).

O sea que la defensa de Zaragoza fue descarnada y cuerpo a cuerpo...

Mucho se ha escrito de la defensa de Zaragoza en la ‘superficie’ de la ciudad, defendiendo casa a casa y habitación por habitación, pero también había una guerra subterránea. En el subsuelo de la ciudad, tanto franceses como españoles, dirigidos por los ‘ingenieros’ de la época, desarrollaron una labor de zapa, es decir, abrían minas y túneles para llevar explosivos con que reventar las zonas ocupadas por el contrario. A veces, ambas fuerzas llegaron a encontrarse en los subterráneos que iban picando y se enfrentaban cuerpo a cuerpo bajo tierra.



Impresiona cómo cuenta la destrucción del Monasterio de Santa Engracia.

Parte de la gran destrucción de la ciudad, por ejemplo el convento de San Francisco cuyo espacio ocupa ahora la Diputación de Zaragoza en la Plaza de España, se debió a estos ‘reventones’. Junto con la destrucción del Monasterio de Santa Engracia (del que se perdió todo el monasterio y claustro gótico-plateresco quedando solo la fachada de la iglesia), así como otros muchos edificios, supusieron la pérdida de un patrimonio artístico irrepetible, pues no en vano a Zaragoza algunos textos de la época la consideraban como la ‘Florencia de España’.

¿Quiénes serían los grandes personajes de Aragón para usted?

Sobre los grandes personajes, está claro que Palafox, como capitán general, y Boggiero como su mentor, fueron las cabezas visibles. Todos sabemos que el Tío Jorge, con sus trescientos escopeteros, tuvo un papel importantísimo en la defensa, pero hay un personaje, Mariano Renovales, que para mí merece que se escriba un libro dedicado a su vida y sus aventuras (ya fuera de la guerra de Independencia). Para mí, un hombre de acción digno de figurar como protagonista de alguna novela de Pio Baroja.

¿Cómo se explica el título, qué no le gustaba a Napoleón de los españoles?

No le gustaba la ‘clericalla’ y el poder que tenía sobre la gente, sobre sus vidas, sus conciencias y sus bienes. No le gustaba nuestra forma de ser, especialmente la indisciplina, y particularmente, nos consideraba serviles y embusteros, en franca contradicción con nuestro fanatismo en la defensa de ideas que él consideraba equivocadas. Le fascinaba el país, su naturaleza y su paisaje, pero no su paisanaje.

¿Pensaba que España era una pura contradicción?

Sí. En cambio, a sus generales les sorprendió y admiraron la entrega, el valor y el coraje de los españoles, hasta el punto de que el general Lefevre dijo: “¡Qué lástima que tenga que morir tanto valiente!”. Desde luego, no se imaginaban ni esperaban la resistencia y las dificultades que encontraron.

¿Les gustaba a los españoles algo de él?

Sólo a los afrancesados. A los ilustrados de la época les gustaba el ideario de “libertad, igualdad y fraternidad”. Y la Constitución de 1812 reflejó este espíritu. Pero para el pueblo, como ya he dicho, Napoleón era un invasor que venía a echar a los reyes españoles para quedarse él mismo y su familia con todo “lo nuestro”, convirtiéndonos en provincia francesa, como en los tiempos del Imperio Romano.

¿Hubiera salido ganando España?

En realidad, lo que propugnaban Napoleón y los suyos era el despotismo ilustrado, pero claro que con un avance en la libertad de ideas respecto al absolutismo reinante en España. Yo me pregunto si quizá no nos habría ido mejor, como país, al convertirnos en “provincia” de su imperio…

¿Se lo pregunta? ¿Qué se responde?

No lo sé.

 

 

 

28/02/2018 13:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

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[Un fragmento del libro, 'Un final para Benjamin Walter' de Alex Chico, que se presenta esta tarde en Antígona. David Mayor hablará del libro y conversará con el lector, poeta, narrador y crítico literario.]

 

Subir hacia la colina, pasear por las aduanas y observar el paisaje se convirtió, pasados los días, en una especie de rutina, un camino que repetí varias veces mientras estaba en Portbou. En ocasiones, me quedaba un buen rato mirando el pueblo desde arriba. Las vistas son espléndidas. Aunque la temperatura descendiera a medida que avanzaba la tarde y tuviera que abrigarme por culpa de los golpes de viento, podía pasarme unas cuantas horas allí, observando la quietud tan apacible de la zona, sobre todo cuando anochecía. Otras veces miraba hacia el otro lado, hacia Cerbère. El Hotel Belvédère du Rayon Vert aparecía a lo lejos, como una presencia enigmática que me acechaba en la distancia. En medio quedaba una tierra de nadie, un lugar de paso en el que pocas veces me crucé con ninguna persona.

Un poco más arriba, siguiendo un camino que se desviaba de la carretera, había unos cuantos paneles con imágenes. Eran fotografías de refugiados españoles, republicanos, perseguidos y proscritos que continuaban la larga marcha del exilio. En realidad, aquellas imágenes no eran muy distintas a otras instantáneas que podemos ver hoy en día. Tanto da que huyan de un país llamado España que de otro país con un nombre distinto. De Siria, por citar un solo ejemplo. Es el mismo trayecto, el mismo recorrido. Todos mantienen una cadencia parecida, un ritmo silencioso y cansino, el que les lleva a dar un paso, luego otro, y después les sobreviene el mismo agotamiento y más tarde se hacen fuertes, porque han visto a lo lejos algo similar a una salida, y detrás de ella otra distinta y más lejana. Me recuerda a uno de los poemas de Elegía en Portbou, de Antonio Crespo Massieu, unos versos escritos entre paréntesis, como si fueran pronunciados a media voz: «(allá siempre hay una línea inasible / que es surco, pospuesto horizonte, promesa, / una inabarcable singladura)». 

19/02/2018 12:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁLEX CHICO EN ZARAGOZA, EL LUNES

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El lunes, 19, a las 20.00, en la librería Antígona (Pedro Cerbuna, 25) el poeta y profesor David Mayor presenta el nuevo libro de Álex Chico: ’Un final para Benjamin Walter’, que publica el sello Candaya.

 

Durante los últimos días de septiembre de 1940, un grupo de emigrados abandona Francia por un paso clandestino de los Pirineos. Se proponen atravesar España y seguir su ruta hacia América, huyendo de la terrible amenaza que se cernía sobre Europa. Su primera parada es un pequeño pueblo fronterizo, Portbou, una bahía perdida entre collados y senderos y un lugar clave en la larga marcha del exilio. Sin embargo, no todos consiguen continuar su camino. Uno de ellos, un apátrida sin nacionalidad al que las autoridades españolas rebautizan como Benjamin Walter, aparece muerto unas horas más tarde. Setenta y cuatro años después, el narrador de esta historia decide viajar a Portbou con el propósito de averiguar qué pasó durante las últimas horas de Walter Benjamin. No obstante, su investigación inicial se va ramificando y comienza a abarcar otros espacios. El propósito de esclarecer una muerte deja paso a nuevas cuestiones que afectan a ese ensimismado pueblo fronterizo y a los sucesos que han ocurrido allí desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.  

   

A medio camino entre el ensayo, la novela o la crónica de viajes, Un final para Benjamin Walter propone una lectura en dos direcciones, de Portbou a Walter Benjamin y viceversa, como si ambos, escritor y territorio, se hubieran construido para explicarse mutuamente.

Álex Chico (Plasencia, 1980) es licenciado en Filología Hispánica y DEA en Literatura Española. Ha publicado el cuaderno de notas Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016), la novela de ensayo ficción Un hombre espera (Libros en su tinta, 2015) y los libros de poemas Habitación en W (La Isla de Siltolá, 2014), Un lugar para nadie(De la luna libros, 2013), Dimensión de la frontera (La Isla de Siltolá, 2011) y La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, 2008), además de las plaquettes EscrituraNuevo alzado de la ruina y Las esquinas del mar. En 2016, la editorial chilena Andesgraund publicó Espacio en blanco, una antología que reúne parte de su obra poética desde 2008 hasta 2014.

 

Sus poemas han aparecido en varias publicaciones (TuriaEspiral, Cuaderno ático, Suroeste, Litoral, Estación Poesía, Librújula Paralelo Sur, entre otras), y en diferentes antologías (Punto de partida. Jóvenes poetas en España, UNAM; Matriz desposeída. Últimas voces de la poesía extremeña, El Brocense; Todo es Poesía en Granada, ed. Esdrújula; Antología de poesía joven: Doce nuevos poetas, revista AlgaPiedra de toque, Editora Regional de Extremadura). Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios, como ÍnsulaCuadernos HispanoamericanosNayaguaEl Cuaderno, Excodra, Revista de Letras, Clarín o Ex Libris. Fue cofundador de la revista de humanidades Kafka. En la actualidad forma parte del consejo de redacción de Quimera. Revista de Literatura.  

   

De la literatura de Álex Chico la crítica ha dicho: 

 

   

Se sitúa dentro de lo que Bachelard llamaba la tradición del «realismo expandido», un realismo abierto no sólo a la memoria y a la experiencia de lo cotidiano, sino también a los impulsos del subconsciente”, Luis García JambrinaABC Cultural 

 

“Chico nunca renuncia al juego con la tradición literaria, a la referencialidad continua, a tender puentes y túneles con otras obras en juego casi interminable”, Martín López-VegaEl Cultural de El Mundo.

 "La literatura de Álex Chico es tan inclasificable como las novelas nebulosas de Vila-Matas” Luis Bagué QuílezArte y Letras diario Información.  

“La voz de Alex Chico nos resulta tan atrayente porque ofrece una mirada distinta sobre las cosas y una forma prosódica capaz de emocionarnos”, Carlos AlcortaLiteratura y arte 

17/02/2018 22:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VARGAS LLOSA POR PESTANA

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Una foto del gallego Baldomero Pestana, cuya obra se expone en el Instituto Cervantes.Una de sus fotos más sugerentes. La del joven Mario Vargas Llosa. Nació en 1917 y murió en 2015.

17/02/2018 01:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALOMA RODRÍGUEZ: DE RITA LEVI-MONTALCINI

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Nuevo artículo de Aloma Rodríguez en 'Letras Libres'

http://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/la-imperfeccion-en-la-vida-y-en-el-trabajo

 

La imperfección en la vida y en el trabajo

Rita Levi-Montalcini, que ganó el Premio Nobel de Medicina en 1986, publicó en 1987 unas memorias donde compagina el relato de la vida y el del trabajo con emoción y rigor.
15 febrero 2018

Un moño inolvidable. Una de las cosas por las que casi todo el mundo recuerda a Rita Levi-Montalcini es por esa imagen de sus últimos años: un moño de pelo blanco y ondulado, un poco ladeado, los ojos verde-gris y un cuerpo pequeñísimo. Había nacido en Turín en 1909 y murió en 2012. Vivió 103 años, y cuando llegó a los 100 ya dijo que no había ningún mérito en eso de hacerse centenaria. Era verdad. En su caso, sus méritos residían en otro sitio: en 1986 obtuvo el Premio Nobel de Medicina, junto a Stanley Cohen, por el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso. Sus investigaciones habían empezado en la década de los treinta, en Turín. Desde entonces, la acompañaron en Bélgica, San Luis o Río de Janeiro.

Las pioneras. Hace poco se celebró el día de la mujer en la ciencia y Levi-Montalcini fue una de las protagonistas, uno de los nombres de referencia cuando se piensa en mujeres en la ciencia. También se habló de Ada Lovelace: hija de Lord Byron, se la reconoce como la primera programadora de la historia. Era matemática y escritora y trabajó en la máquina analítica, la primera calculadora mecánica de uso general diseñada por Charles Babbage, en las notas a la máquina de Babbage escribió el primer algoritmo para ser interpretado por una máquina. De Hedy Lamarr se decía que era la mujer más bella del mundo. Judía, como Levi, austriaca de nacimiento y nacionalizada estadounidense, llegó a Estados Unidos huyendo del nazismo y de su matrimonio con un magnate que comerciaba con los nazis y la tenía encerrada en casa y pasando por París y Londres. Fue una estrella del Hollywood dorado. Decía que para tener glamur lo único que había que hacer era “quedarte quieta y poner cara de tonta”. En su casa tenía una habitación para sus inventos, entre los que destaca la teoría del salto de frecuencia, precursora del sistema de comunicación inalámbrica de los teléfonos móviles, el GPS o el WiFi. Su descubrimiento es de 1942, pero no se usó hasta 1957. Hedy Lamarr y Ada Lovelace son solo algunas de las pioneras, con vidas extraordinarias y novelescas, también.

El cerebro del Homo sapiens. En 1987 Rita Levi-Montalcini publicó un extraordinario libro de memorias, Elogio de la imperfección (publicado en español por Tusquets en 2011). Es un libro breve y emocionante. El título está inspirado por un poema de Yeats: “El intelecto del hombre ha de escoger / entre la perfección de la vida y la del trabajo”. Así, Levi-Montalcini explica en el prólogo: “Sin seguir un plan preestablecido, pero guiada en cada caso por mis inclinaciones y por el azar, en mi vida he procurado […] conciliar dos aspiraciones inconciliables […] Es decir, que he realizado lo que podríamos llamar la “imperfection of the life and of the work”. Levi-Montalcini explica que parte de la gracia del cerebro humano es que es imperfecto: “el cerebro del primer vertebrado aparecido en nuestro planeta, hace entre trescientos y cuatrocientos millones de años, se vio sometido a la presión selectiva de la evolución, y dio origen a tantas variaciones (mutaciones) como cerebros vertebrados hubo y hay. El más reciente es el maravilloso pero imperfecto cerebro del Homo sapiens.

Una infancia italiana. El libro está dividido en partes y capítulos que separan de manera didáctica las etapas de su vida: la infancia y primera juventud, la guerra, el exilio, los avances de sus experimentos o el regreso a Italia. Lo que me gusta de este libro es la humildad con que está escrito. En parte, toda memoria tiene algo de examen de conciencia. En este caso está muy claro qué se reprocha Levi-Montalcini: no haberle dado más besos a su padre cuando este se los pedía. El primer capítulo, “Herencia y ambiente”, habla sobre todo de su familia. El libro está dedicado a su hermana gemela Paola, “en recuerdo de nuestro padre, a quien ella adoró en vida y yo he amado y venerado después de muerto”. El padre de Levi-Montalcini murió cuando ella tenía 23 años, poco después de que ella hubiese comenzado los estudios de Medicina. Paola Levi-Montalcini fue una importante pintora italiana. Hay mucho de homenaje y agradecimiento en sus memorias: las lecturas compartidas con la hermana mayor, Anna, la guía y sostén de su hermano Gino, la compañía cómplice de Paola, las diferencias con el padre y cómo la madre reconoce en ella a su madre, muerta demasiado pronto. Habla de los casi novios y de los amigos de la facultad. Luego llegan los años difíciles, Mussolini, el edicto contra los judíos y las peripecias: montar el laboratorio en su habitación, “a lo Robinson Crusoe”, la vida clandestina, la guerra y, después, la nueva vida al otro lado del Atlántico. La sombra de Ramón y Cajal planea por todo el libro. Elogio de la imperfección compagina el relato de la vida y el del trabajo, como en el poema de Yeats, con emoción y rigor. El resultado es impecable, pero no perfecto, como le habría gustado a Levi-Montalcini.

El mundo es pequeño y bonito. Puede que este libro me guste tanto porque me parece que dialoga con uno de los libros de una de mis escritoras favoritas: Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. El padre de la escritora, Giuseppe Levi, era el profesor de Rita Levi-Montalcini, quien la inició en el camino de la investigación y a quien recuerda con cariño, ternura y agradecimiento en sus memorias. Las relaciones con los padres siempre son complicadas, y siempre queda la duda o el remordimiento de no haber demostrado el afecto hacia los padres. (El último disco de Christina RosenvingeUn hombre rubio, es espectacular y surge en parte de esa idea. También Ordesa, de Manuel Vilas, y Entre ellos, de Richard Ford, hablan de la imposibilidad de saber quiénes fueron nuestros padres.) Me gusta pensar que la premio Nobel quizá estuvo más cerca de tener la relación que habría querido con su padre con el de Natalia Ginzburg. Las imagino en una especie de hermandad basada en el afecto hacia el profesor y en el que a mí me despiertan.

Elogio de la imperfección

Rita Levi-Montalcini.

Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona.

Barcelona, Tusquets, 2011, 296 pp.

16/02/2018 14:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAUME VALLCORBA: LECCIONES DE EDITOR

[Ayer por la mañana conversé un rato con Sandra Ollo, directora de Acantilado y compañera y esposa durante algunos años de Jaume Vallcorba, a quien invitamos a las Jornadas de Literatura de Albarracín. Se trata de una apasionada de su oficio, alguien que ha venido para quedarse, que ama la belleza del libro, el contenido, su poder para intervenir y cambiar el mundo. hoy, hace un instante mismo, me reencuentro con este reportaje que se publicó 'El confidencial'.]
https://www.elconfidencial.com/cultura/2014-07-16/las-lecciones-de-amor-de-jaume-vallcorba-a-un-joven-editor_162582/
EL LEGADO DEL CREADOR DE LA EDITORIAL ACANTILADO

Las lecciones de amor de Jaume Vallcorba a un joven editor

Jaume Vallcorba, el editor más elegante de este país, fundador de Acantilado, escribió una conferencia a los editores del futuro, donde detalla lo que es su legado


El editor Jaume Vallcorba en la exposición que conmemoró en 2010 30 años de Quaderns Crema. (EFE)
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TIEMPO DE LECTURA6 min
16.07.2014 – 05:00 H.

El último informe de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) no habla del amor. Ni de cómo mantener incorrupta la pasión por los libros, a pesar de la debacle, de las ventas en picado, de la falta de solución para remontar el batacazo, de la facturación dramática en un país empobrecido, ni del libro convertido en un objeto de lujo. El amor en tiempos del cólera lo pone el profesor Jaume Vallcorba, el editor más elegante de este país, desde que en 1999 fundara la editorial Acantilado.

Hace unos días hizo llegar una conferencia a los editores del futuro, que se forman en el Instituto de Educación Contínua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en el marco de clausura del Máster de Edición, que dirige Javier Aparicio Maydeu, donde el maestro esboza su legado en forma de código de buenas prácticas del editor sin fisuras. El texto al que este periódico ha tenido acceso contiene las claves de la supervivencia de un oficio, en las que no oculta los peligros a los que el propio sector ha arrastrado a su amada tarea.

UNO: EDITAR ES AMAR

La última palabra de Jaume Vallcorba escrita en su conferencia es la mayor lección de todas: “amor”. El amor es irrenunciable para el editor. No hay nada que se le interponga, que le distraiga de sus tareas, que le haga perder su tesón y su voluntad, al menos en aquellos editores cuya voluntad es la de crear libros que acompañen toda una vida, no unas paradas de metro. El amor por sus autores está por encima de todo, para conseguir de ellos “el máximo de sus posibilidades”. “Ayudarle a mejorar, créanme, no significa adaptar el texto a los gustos imperantes, en aras de una mayor popularidad o una mayor venta, sino ayudar a limar las asperezas que lo afean o lo desfiguran”. Con ellos en los aciertos y en los éxitos, en los errores y los fallos. El amor no se agota nunca. Ni siquiera treinta años después.

DOS: UN EDITOR TIENE RESPONSABILIDADES

Y no sólo con su empresa. Sobre todo, con la sociedad en la que interviene. Para Vallcorba un editor debe asumir ciertas responsabilidades, porque de su oficio deriva la construcción de una personalidad, ya sea individual o social. El editor tiene alcance al pensamiento humano, dice. “Editar, ha sido para mí, desde el principio, proponer a unos amigos que no conocía una lectura que pensaba que les podía gustar, estimular y enriquecer. Estoy convencido de que un libro es capaz de modificar a su lector por el simple hecho de haberlo leído; que puede cambiar, en el lector, algo importante”. Nadie es la misma persona antes y después de la lectura.

TRES: LAS VENTAS NO LO SON TODO

De hecho, si el libro no tiene ningún atractivo, aún con muchas ventas, “se verá fuera del ámbito personal de interés y actuación de un editor tal como yo lo concibo”. Y lo concibe como un oficio en el que confluye el trabajo intelectual y artesanal, desde la idea a la publicitación, distribución y venta. Vallcorba nunca ha renunciado al “tino empresarial”, ni a la visibilidad del libro. Porque “sin visibilidad, no hay existencia”.

CUATRO: UN TRABAJO INVISIBLE Y TRANSPARENTE

El editor está escondido tras las páginas, se hace “invisible” y “transparente”. “Me habrán oído decir que creo que un libro debe ser como una pantalla cinematográfica, en la que la acción se desarrolle sin que ésta sea percibida: una errata, una mala traducción, una mala edición, una mala tipografía son manchas en esa pantalla”. Vallcorba recomienda que sólo en un punto el libro y el editor deben hacerse visibles: en la librería, compitiendo con el resto de novedades. Ojo con el diseño: “Creo que un libro, más que llamar la atención por su estridencia, lo debe hacer por su silencio”. 

CINCO: EL CATÁLOGO ES UN GRUPO DE AMIGOS

El marco al que se refiere Vallcorba es el catálogo, donde se relacionan autores que entran en diálogo. “Lo más importante será el grado de sintonía, la amistad que pueden establecer los libros entre ellos, fruto de esa simpatía espiritual que habrá sabido poner de relieve su editor”. “Con los libros pasa lo mismo que con las personas. Y no es lo mismo encontrar a Stefan Zweig por la calle en compañía de cualquiera que en la de Joseph Roth, que fue un amigo cercano en vida, o en la de Chateaubriand, con quien dialogo desde la distancia en el mundo del espíritu”.

Con ser un clásico no basta, asegura. El autor necesita de sus amigos, necesita sentirse a sus anchas en una conversación civilizada. “Es esa conversación la que ayuda a construir un marco y la que da forma a cualquier catálogo editorial”. El editor es el responsable de su coherencia, de las amistades, es la persona responsable de poner en contacto a autores en común, con lectores que se reconozcan de golpe en ellos.

SEIS: EL DESIERTO ES INTERNET

“El mejor de los libros puede hacerse invisible a sus hipotéticos lectores sin el trabajo fundamental que sobre él debe ejercer su editor. Cada día aparece un número indeterminado de libros nuevos, algunos de ellos verdaderamente valiosos, que son destruidos al cabo de un tiempo por una guillotina implacable. Y muchos otros que aparecen colgados en internet, como ahorcados mecidos por el viento, sin que nadie les preste atención. Lo infinito de internet se asemeja peligrosamente al desierto. A un desierto estéril”, dice. ¿Los hay fértiles? El énfasis contra la autoedición le hace redundar al editor, que define su tarea como salvador de libros interesantes al darles un marco.

SIETE: MEJOR EL PAPEL

Como la forma cuenta en la configuración del marco, “una manera de subrayar esta comunión, sin duda, reside en el aspecto que adquiere el objeto en el que el libro toma cuerpo”. “Es quizás por esto que soy tan poco amigo de las pantallas electrónicas”. Vallcorba subraya la importancia de la forma que toman los libros de una editorial como “algo fundamental”. Hacer lo contrario, hacer cada libro distinto a los demás, tender al pelotazo puntual y la desintegración de la imagen de colección, es “darle un protagonismo material, es tender a lo excéntrico y a lo raro”. Es una de las claves del éxito comercial, pero “privarlo de estar en una sala en conversación con sus potenciales amigos”.  

 

16/02/2018 10:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALOMA RODRÍGUEZ: MERCÉ RODOREDA Y 'LA MUERTE Y LA PRIMAVERA'

31 enero 2018

Mercè Rodoreda

La muerte y la primavera

Traducción de Eduardo Jordá

Barcelona, Club Editor, 2017, 350 pp.

 

Un adolescente se adentra en el bosque, después de darse un baño en el río, y ve cómo su padre abre el tronco de un árbol y se mete dentro para morir. Sin embargo, no le dejan morir tranquilo. No se le permite saltar la tradición hecha ya norma: a los moribundos hay que rellenarlos de cemento antes de que fallezcan para que no se les vaya el alma. El chico ve por error dos tragedias: el suicidio de su padre y la brutalidad de su muerte. Es La muerte y la primavera, la novela que Mercè Rodoreda escribió en la década de los sesenta, corrigió durante años, pero que abandonó y fue publicada póstumamente en 1986.

Desde su solitario exilio en Ginebra, Rodoreda se convirtió en la escritora más leída en catalán. Dejó Barcelona en 1939 y allí se quedaron su marido y tío carnal, con el que se había casado presionada por su familia, y su hijo. En París conoció al crítico Armand Obiols, que sería su pareja y su lector y crítico fiel. Juntos huyeron de la ocupación nazi. Obiols fue capturado y recluido en un campo de concentración –donde trabajó como administrador– y Rodoreda logró llegar a Limoges. Tras los años de miseria y sufrimiento, Obiols consiguió trabajo como traductor en la unesco y se mudaron a Ginebra. Allí, cuenta Eduardo Jordá en el posfacio de la novela, se acabaron las penurias económicas, pero el aislamiento del mundo aumentó: en Ginebra no conocían a nadie. Cuenta Jordá que Rodoreda le dijo al editor Josep Maria Castellet: “No te extrañes de que para mí Cataluña haya quedado reducida a esta habitación.” Después, Obiols se trasladó a Viena, aunque la escritora no le acompañó. Su relación se convirtió en epistolar: ella le mandaba todo lo que escribía. Cuando Rodoreda se fue de España ya había publicado cuatro novelas en catalán y era una firma frecuente de la prensa. Como ha recordado Andreu Jaume, Rodoreda fue la primera escritora española que habló de los campos nazis, en el cuento “Noche y niebla”. En 1962 publicó La plaza del diamante, que se convirtió en un éxito total. En 1961 le escribió a Joan Sales: “La muerte y la primavera es muy bueno. Terriblemente poético y terriblemente negro. Es mi estilo actual: primera persona y procurando decir las cosas de la manera más pura e inesperada [...] Será una novela de amor y de soledad infinita.” Rodoreda siguió trabajando en este libro y en otros: en 1974 publicó Espejo rotoLa muerte y la primavera quedó sin corregir, que no sin terminar. Núria Folch, viuda de Sales, hizo un gran trabajo editorial para ofrecer la versión definitiva de la obra, que presentó con tres apéndices (variantes, un añadido final y capítulos alternativos, sobre todo en estilo). Una de las obsesiones de la escritora era la espontaneidad. En una carta a Sales dice: “La muerte es una novela en la que he trabajado un año y medio y que será muy buena pero de momento está atascada por una multitud de razones. Entre otras porque no acaba de estar lo suficientemente viva ni ser lo bastante espontánea, porque le falta la ‘soberana espontaneidad’.” La traducción de Jordá es impecable y, como el propio estilo de Rodoreda, que suena pegado a la conversación y absolutamente vivo, esconde un trabajo ingente en el que la tarea más difícil es hacer que no se note el esfuerzo que lleva. Los dos lo logran.

Rodoreda tenía razón: su novela es terrible y poética y oscura. Y triste. Es en parte una distopía. Todo sucede en una geografía concreta –tiene, además, un papel determinante en la novela– que no podemos identificar, en un tiempo indeterminado. Es una sociedad tribal donde la ley nace de leyendas y mitos y se ejerce de una sola manera: el linchamiento. Podría ser la cara oscura y seria de Amanece que no es poco. Como en la película de Cuerda, las funciones del pueblo –que son las que dan nombre e identidad a los personajes: el herrero, el preso, el señor– tienen que estar cubiertas, no importa cómo se decida quién hace qué. Siempre tiene que haber además alguien que cruce el río, aunque eso suponga su muerte casi segura. En ese entorno cerrado y hostil abandona la adolescencia el protagonista y narrador, esa voz hipnótica construida con repeticiones, una puntuación peculiar y una sintaxis de ritmo variado pero que siempre marca el compás. Explica Jordá: “Rodoreda usa un registro del idioma que en un primer momento suena perfectamente natural y vivo, pero enseguida desconcierta al lector. Es como si utilizase una variante de la lengua que solo se hubiera usado en una comarca aislada del resto del país y del mundo–, pero lo curioso del caso es que el vocabulario que emplea es el mismo que se usa en cualquier conversación normal de una ciudad cualquiera –sin apenas vocablos arcaicos o rebuscados–, solo que las palabras parecen tener un sentido distinto del que le damos los hablantes.”

La trama no es compleja y puede resumirse en una frase: el chico no se conforma. Tiene curiosidad. Desea ver cómo duerme su madrastra, también ver qué hay al otro lado del río, desea ver la casa del señor, desea hablar con el preso, saber por qué está preso. Desea, en fin, otra vida. Pero en esa sociedad, en cualquier sociedad autoritaria, el más mínimo atisbo de deseo de libertad individual tiene que ser castigado y reprimido: “En el bolsillo llevaba el punzón con que mi madre me había agujereado las orejas cuando era pequeño. Todo lo que quieras lo tendrás, pero con dolor, hasta que un día te acostumbrarás a no querer nada”, dice el narrador. Nadie puede saltarse las normas, ni siquiera la autoridad, como se verá en la novela. Por eso, el chico tendrá que conformarse con construir figuras de barro una y otra vez –las construye y las rompe–. Son lo más parecido que tiene al amor: “Volví a hacer figurillas: al día siguiente. Quería tener muchas. Todo un pueblo de figurillas, todas la misma, con dos brazos… para poder hablarles con una voz que no era mi voz de lo baja y llena de suspiros que me salía. La ternura me hacía de agua y dentro del agua estaba todo lo que huía y no sé por qué y no sé qué eran aquellos amaneceres porque no hay palabras. No. No hay palabras… se tendrían que hacer”. En la novela hay muerte y destrucción, hay un incendio que casi acaba con todo. También hay deseo, sexo en elipsis y normas rígidas: por ejemplo, las embarazadas llevan los ojos vendados para que los hijos que llevan en su vientre no se parezcan a los hombres a los que miran. En el pueblo solo se come grasa de caballo, a veces también sangre. Los peces del río se pescan para chafarles la cabeza y devolverlos al río, se cultivan alfalfa y algarrobo pero no se comen. Hay otras tradiciones extrañas e incomprensibles, además de la peculiar manera de enterrar a los muertos para conservar el alma o la alimentación: hay unos seres a los que nadie ha visto pero a los que todos temen, los hombres sin rostros, los caramenos. No hay escuelas, iglesias ni lugares de reunión social en el pueblo. Y, sin embargo, no son completamente extraños, más bien, como explica Jordá, “gente muy parecida a nosotros aunque haya optado por una extraña forma de conducta”. En ese sentido, la lectura de la novela produce una extraña sensación, como la que provoca la lectura del famoso cuento de Shirley Jackson “La lotería”.

La novela de Rodoreda nos instala en una sociedad cruel y asfixiante. Se ha querido ver en La muerte y la primavera una metáfora del franquismo. Pero, como sostiene Jordá en el posfacio, “eso sería reducir la novela a una simple alegoría política que no dejaría ver la compleja alegoría social –y hasta metafísica– que también esconde en ella”. La muerte y la primavera es una defensa de la libertad individual ejecutada con maestría y envuelta en una trama sencilla con belleza formal y exuberancia estilística. Ese adolescente que crece somos nosotros, los curiosos, los que queremos saber cuántas vidas son posibles. Esos cuyo deseo es lo más peligroso para las sociedades represoras. ~

 

*Tomo la foto de Mercè Rodoreda de aquí.


15/02/2018 01:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON LEONARDO PADURA

Aragón Negro.

Entrevista con Leonardo Padura, premiado en el Festival Aragón Negro, que coordina Juan Bolea. Acaba de publicar la novela 'La transparencia del tiempo' en Tusquets.

Antón Castro25/01/2018 a las 05:00
  
  
  
  
  
Leonardo Padura visita Zaragoza para recibir el Premio de Honor del Festival Aragón Negro.Oliver Duch

"Mario Conde es mis ojos, y es un hombre que se parece mucho a mí, un año mayor que yo. Refleja muchos de mis gustos, de mi sensibilidad y de mis preocupaciones", dice Leonardo Padura (La Habana, 1955), que recibe hoy en el Teatro Principal el premio del Festival Aragón Negro y edita ‘La transparencia del tiempo’.

Parece que España y Zaragoza le traen buena suerte.

España ha sido importantísima en mi carrera. Empecé a venir, como periodista, en 1988, a la Semana Negra de Gijón. Y cerca de allí, en Oviedo, me concedieron el premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015. Me produjo una gran emoción; no lo había ganado un hispanoamericano desde 2002, cuando lo obtuvo Augusto Monterroso.

¿Y Zaragoza?

De entrada, tiene un parentesco muy bello para mí con Cuba a través de José Martí, pero además aquí me han dado el premio de Novela Histórica ‘Ciudad de Zaragoza’ por ‘Herejes’ y ahora recibo este premio. Me gustan las ciudades con mar; Zaragoza no tiene, pero sí tiene río, o ríos, y eso me encanta y, además, es una ciudad con historia bimilenaria.

Ha citado a José Martí. ¿Qué otros autores cubanos le han marcado?

Hice como dos carreras, por decirlo así. La académica, donde te aproximabas a los autores habituales: Homero, Dante, Shakespeare; la gran novela francesa, inglesa y rusa del siglo XIX, y dimos también toda la literatura española, desde el ‘Poema de Mío Cid’ hasta la Generación del 27. Y luego estaba la carrera de las lecturas. Aquellos eran los años del ‘boom’, y tenías que leer a García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Juan Rulfo, Borges, etc., pero también mis paisanos. Entre ellos destacaría dos influencias clave: Alejo Carpentier y Cabrera.

¿Por qué?

Alejo Carpentier, el autor de ‘El siglo de las luces’ , me contagió la pasión por la novela y por el sentido de la historia del Caribe, de Cuba, de la música, etc., y Guillermo Cabrero Infante, por el lenguaje, en concreto, por el uso del lenguaje habanero. Creo que él escribe en habanero.

¿Cómo y cuándo descubrió la novela negra?

En Cuba, por decirlo así, la novela policiaca se puso de moda. Pero importaban más la historias, la trama, los detectives, que la novela en sí, la escritura, el estilo. Descubrí en los años 70 y 80 a algunos autores de novela negra contemporánea que fueron muy importantes para mí por su carga estética también: pienso en Rubem Fonseca, en Leonardo Sciascia y en Manuel Vázquez Montalbán, al que conocí más tarde. Hacían grandes libros de ámbito negro. Eso era lo que yo buscaba.

Apostó fuerte por la novela policiaca y creó a Mario Conde…

Sí, eso fue en 1990 con ‘Pasado perfecto’, ahí nació la serie, pero también me ha interesado siempre la buena documentación y la ficción histórica, como sucede en ‘La novela de mi vida, ‘El hombre que amaba los perros’ y ‘Herejes’. A mí me interesa la historia y sus circunstancias pero no en un sentido arqueológico, sino porque interviene y matiza el presente.

Explíquenos...

Eso se ve muy bien en ‘La transparencia del tiempo’, con esa Virgen negra que desaparece. Ahí cuento dos historias complementarias: la de la investigación de Mario Conde, que busca la pieza desaparecida, y una indagación en el tiempo, desde la Guerra Civil española, hasta los orígenes de la Corona de Aragón a través de otra criatura, un tanto enigmática, Antoni Barral. La novela, por decirlo así, analiza el impacto de la historia en los individuos.

Usted siempre piensa el presente. Suele decir que los cubanos se merecen mucho más.

Sin duda. Hemos vivido un gran experiencia, un largo proceso, una revolución, a lo largo de 60 años. En los últimos 20 o 25, las circunstancias han sido muy complejas. Se ha resistido como se ha podido, hemos conocido el doloroso exilio. Hemos vivido y sobrevivido. La vida de las personas es una sola y ya es hora de que este sacrificio tenga una recompensa y de que los cubanos tengan más conquistas en todas las direcciones: en cuanto a libertad individual, a desarrollo intelectual, político y económico. Y es hacia ahí donde debemos ir.

Otro tema fundamental del libro es la amistad, ¿no?

Creo que es el tema más o menos subterráneo: la amistad entre Mario Conde y su amigo de la universidad, Roberto Roque Rosell, Bobby. A Conde le pasa como a mí: siente mucha ternura por sus compañeros de la universidad. Aquí se trata de la amistad traicionada, que es el tema de una de mis novelas favoritas: ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

‘La transparencia del tiempo’ (Tusquets) incorpora otros temas, algunos ya tópicos en la narrativa cubana desde Reinaldo Arenas: la homosexualidad.

Nunca ha sido bien considerada en una sociedad tan machista como la nuestra. En los 60, además, fue rechazada desde una visión política. En los 80 y 90 se avanzó en las libertades. Aunque ha mejorado la situación, sigue siendo una asignatura pendiente y esa represión marcó a Bobby, y le llevó a practicar la dolorosa ocultación. Fue una víctima.

Quizá este tema nos dé para hablar de amor y sexo.

Hablaría más bien de sensualidad que es una parte de la esencia de la espiritualidad cubana. La sensualidad que también da paso a la sexualidad. En Cuba, de 100 pensamientos, 99 son de sensualidad o de sexualidad, y el otro 1% de otras cosas. Ja, ja, ja.

¿Cómo ha abordado la santería, tan presente en la novela?

Ahora ya se habla de religiones cubanas africanas. Los dioses de la santería son más humanos e intentan dar soluciones a cosas muy concretas vinculadas con la economía doméstica, le enfermedad, la justicia, el desamor.

 

15/02/2018 00:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CRISTINA FALLARÁS EXPLICA SU NOVELA 'HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE'

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/02/12/cristina-fallaras-mas-salvaje-sido-desaparicion-culpa-ahora-soy-otra-1224255-1361024.html

[Traigo al blog la entrevista que publiqué el pasado lunes con Cristina Fallarás, que publica 'Honrarás a tu madre y a tu madre' (Anagrama, 2018).]

Cristina Fallarás tiene algo de ruidoso acontecimiento social: parece que vive para poner el mundo al revés con su energía y su elocuencia o para disparar dardos de rebeldía y de heterodoxia. La autora sale a "buscar a mis muertos para no matarme yo", confiesa.

¿Cuál es el detonador de la novela: ese nombre que aparece en ‘El pasado oculto’, coordinado por Julián Casanova, Félix Fallarás, o hay algo más, que usted no sabía mucho de su familia, quizá?

El detonador de la novela es la edad. Lo que yo llamo "la herida". Sentía que tenía una herida sin sanar, y que me estaba haciendo daño, la herida y yo misma, y que ya era hora. Que había un ruido y un impulso de autodestrucción. Y también el hecho de tener hijos. Cuando acabé de asumir mi maternidad (algo que empecé a hacer con mi novela ‘Las niñas perdidas’), supe que no quería dejar en herencia los silencios y las podredumbres. Y me puse manos a la obra.

¿A quién busca: a sus abuelos, al abuelo asesinado en la Guerra Civil en Torrero o a usted misma?

A mí misma, claro. Pero también ajustar ciertas cuentas familiares. La búsqueda de mi abuelo asesinado es real, pero no es estricta, ‘mancha’ todo lo que soy o era. Esa desaparición y el silencio forman parte de mi educación, o sea de lo que soy.

A medida que va descubriendo historias y seres en ese proceso, ¿qué novela desea escribir?

Empecé con una novela de búsqueda íntima, pero a medida que iba descubriendo la historia, vi que era necesario remontarme, y dotar a la narración de tres partes diferenciadas, cada una con su lenguaje y su género. Toda narración exige una forma, además de un fondo, por lo que me propuse también experimentar con eso. 

Dice: "Echar a andar desnuda de todo, desprovista de las cosas…" ¿Así la ha redactado?

Efectivamente. Había veces tremendas en las que, escribiendo, las manos me temblaban tanto sobre el teclado que tenía que parar un rato. Escribía sin protección, sin corazas, desnuda a lo bestia. No esconder ni esconderme, no parapetarme ni falsearme era imprescindible. Le aseguro que la experiencia es catártica.

¿Sería como un libro collage con capítulos cortos?

Es una novela, por supuesto, en tanto que es un artefacto literario, no un documento histórico ni un reportaje o crónica. 

Háblenos de los Fallarás, y en particular de ese hombre al que matan el 5 de diciembre de 1936.

Félix Fallarás, mi abuelo, fue asesinado contra la tapia de Torrero, pero nunca se me habló de ese episodio. Su mujer, mi abuela Presentación, vivió una vida de austeridad extrema hasta que, al final de sus días, con la comodidad alcanzada por su hijo menor, mi padre, pudo relajarse. En torno al asesinato, en mi casa, se creó un silencio, no creo que exactamente explícito, y sobre él se construyó el bienestar de mi familia. Lo que llamo en la novela "pertenencia".

Y el otro abuelo, el coronel. ¿Cómo le marcó?

Forma parte de mi vida, de mi infancia ¡de todo! Crecí con él. Además, crecí empapada de toda su mítica como descendiente de Benito Juárez, y de su participación en la Guerra Civil, su catolicismo y su vida de militar vencedor. Mi educación parte de él y de su esposa, mi abuela. Fruto de ellos es mi idea infantil y adolescente de pertenencia a una clase privilegiada, pero sin conciencia de que existiera otra realidad. También les debo la tendencia a los excesos, a la mitomanía y a la exageración. La vida era sencillamente algo de lo que disfrutar, algo regalado.

¿Qué le ha conmovido o asustado de los acontecimientos que han jalonado a su propia familia?

Me ha conmovido la capacidad de mis padres para aislarse del conflicto y crear un pequeño mundo propio sin ni siquiera tener que decirlo, sin hacer manifiesta su decisión. El empeño de mi madre por amar y la fidelidad de mi padre a ese empeño. Luego, la austeridad de mi abuela Presentación.

¿Podemos hablar de miedo? Dice usted: "Ahora ya no tengo miedo. Apártense los vivos".

Me ha asustado el tiempo que me ha costado sentarme a mirar a la cara el lugar del que procedo. Voy a cumplir 50, soy periodista y escritora, y sin embargo, no es que no me haya atrevido, sencillamente no he sido consciente. Esa frivolidad que ha marcado la mayor parte de mi vida me asusta. 

¿Cuál es la importancia y el eco de las mujeres? Pienso en esa Presentación tan presente...

Las mujeres en mi familia lo son todo. Es un matriarcado radical. Presentación sola sacando adelante a sus dos hijos, con su particular idea de la equidad y su humildad construida sobre el tesón. Mi otra abuela agarrada a una idea de lo que debía ser su vida, marcando el ritmo de su marido y de sus hijos, gestionando la familia hasta mi generación. La fortaleza brutal de mi madre. La generosidad y el orden de mi hermana...

¿Ha sido la novela como un exorcismo, un viaje al fondo de sus raíces? ¿Cómo se siente ahora, cómo regresa a lo cotidiano?

Regresa otra. Ahora soy otra. Debería saber explicarlo, pero me cuesta. Ya no tengo miedo ni guardo nada, porque he llegado a desnudarme hasta no tener nada y mirarme con profundidad histórica. Tengo otro fondo, muchísimo más profundo. Creo que lo más salvaje ha sido la desaparición de la culpa. La culpa es una herencia. 

 

15/02/2018 00:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARY BEARD CONVERSA CON DANIEL GASCÓN

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Entrevista a Mary Beard: “La cultura occidental está

organizada para asegurar que los hombres lo tengan todo”

La historiadora publica Mujeres y poder (Crítica), un breve manifiesto sobre los orígenes de la misoginia y el papel de las mujeres en la vida pública.
 
http://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/entrevista-mary-beard-la-cultura-occidental-esta-organizada-asegurar-que-los-hombres-lo-tengan-todo
13 febrero 2018

Mary Beard, catedrática en Cambridge y editora de The Times Literary Supplement, es una referencia en el estudio del mundo clásico. Acaba de publicar Mujeres y poder (Crítica), un libro breve, irónico y contundente sobre las mujeres y la vida pública: sobre la relación entre el sexo y el discurso público, los obstáculos a lo largo de la historia y la actualidad, el origen y la pervivencia de imágenes y estereotipos misóginos.

La primera parte de Mujeres y poderque surge de un texto apareció hace años en Letras Libres, trata de la voz pública de las mujeres. Habla de cómo las mujeres eran silenciadas en el mundo clásico y a lo largo de la historia. Dice que el discurso público era una de las características que definían la masculinidad.

Sí, lo que es crucial es que no es solo que las mujeres fueran silenciadas, sino que era una señal del hombre adulto que demostrara su masculinidad silenciando a las mujeres. Esa es una de las lecciones de la historia de Telémaco y Penélope: mandar callar a su madre forma parte de su proceso de crecimiento.

Hay dos excepciones, sostiene. Una, cuando hablan como víctimas y mártires (normalmente justo antes de morir). Y luego, cuando son portavoces de intereses sectoriales. Muy pocas veces podían hablar de los intereses comunes, de los problemas de la sociedad en su conjunto. ¿Hasta qué punto cree que esto sigue siendo así?

Creo que ese sigue siendo en buena medida el patrón. Reino Unido ha tenido dos primeras ministras, pero nunca ha habido una mujer al frente de economía o el ministerio de defensa. Y las políticas suelen ocupar puestos en sanidad, asuntos sociales, etc. Si miras los libros de grandes discursos, los de las mujeres responden también a este patrón. Incluso podrías decir que eso se aplica al #MeToo: esto no es restar méritos al movimiento, sino contextualizarlo. Se puede elogiar a las mujeres por señalar su condición de víctimas… no tanto por tener opiniones sobre el Mercado Único.

Muestra que muchas de las actitudes, metáforas o comparaciones sobre las mujeres llegan de una larga tradición. Cómo el mito de la Medusa se emplea para atacar a Hillary Clinton, Theresa May y Angela Merkel, por ejemplo. ¿En qué sentido este conocimiento del pasado puede ayudarnos en el presente?

Nos hace más conscientes de los símbolos que utilizamos y expone su significado. Si de verdad queremos entender esas cabezas cortadas sangrantes y por qué se usan, tenemos que pensar más seriamente sobre el lugar de donde vienen. Dudo que la gente quisiera tener la cabeza de la Medusa en sus tazones si conocieran la historia de sus orígenes. Hay algo que bordea lo pornográfico en presentar a las mujeres políticas de ese modo.

El ejercicio del poder, que está relacionado con el discurso público, ha sido hasta hace poco una actividad masculina. Y demuestra cómo muy a menudo se sigue percibiendo así. Con frecuencia se pedía a las mujeres que tuvieran actitudes más “masculinas”. Dice que a veces las mujeres que “lo lograron” no reproducían comportamientos masculinos tradicionales. También dice que tenemos que mirar el poder de otro modo.

La táctica más común para las mujeres que quieren tener actividad en política es adoptar rasgos masculinos: bajar el tono de voz, llevar pantalones. Solo de vez en cuando consiguen redefinir un atributo femenino tradicional como atributo de poder. El bolso de Margaret Thatcher es un ejemplo muy bueno. Hay algo de esa clase en los zapatos de Theresa May. Sí, hay que mirar el poder de otro modo. Tenemos que hacer que sea menos algo que “yo” tengo y por tanto tú no: algo que se comparte y no algo que se empuña, como si fuera una espada.

Al mismo tiempo, muchas reglas y costumbres fueron creadas por hombres y para hombres. Por ejemplo, era relativamente común que los políticos hombres tuvieran hijos, pero a menudo las líderes políticas mujeres no tenían hijos.

Ese es uno de los grandes temas. Sin duda, a lo largo de los últimos cincuenta años o así, algunas mujeres han tenido carreras satisfactorias e incluso poderosas, pero han pagado un precio muy elevado… No han tenido ni familia ni hijos. Los hombres nunca han tenido que pagar ese precio. De hecho, como dices, el funcionamiento de la cultura occidental está básicamente organizado para asegurar que los hombres lo tengan todo, la experiencia humana completa.

Una idea muy interesante en el libro es el concepto de dar a las mujeres el derecho a equivocarse. Parece que tienen menos oportunidades de cometer errores, mientras que sus colegas hombres siempre pueden tener una segunda oportunidad.

Es lo que más me asombró, me di cuenta cuando terminaba de escribir el libro. A las mujeres se las juzga mucho más severamente por errores que en los hombres se disculpan. Piensa en Hillary Clinton y sus emails. Vale, fue un error, pero un error que han cometido hombres. Me impresionó especialmente cuando oí dos entrevistas con políticos británicos en la pasada campaña. Las dos fueron desastrosas, ninguno de los dos entrevistados conocía los datos. La mujer, Diane Abbott, fue masacrada en los periódicos; no estaba capacitada para estar en el gobierno, etc. (más tarde resultó que estaba enferma). Al hombre (Boris Johnson) lo trataron como a un niño travieso. Qué mal, Boris, la próxima vez haz los deberes.

Aunque la investigación empírica ha mostrado que son efectivas, a veces las cuotas son criticadas. ¿Qué opina de ellas?

Me hace sentir un poco incómoda (no querría que me dieran una cátedra en una universidad para cumplir una cuota). Pero hay señales de que ha funcionado en algunos casos y ha hecho algo para rectificar las desventajas que afrontan las mujeres. Así que probablemente es una buena manera de impulsar un cambio (un poco de discriminación positiva para equilibrar la negativa).

Uno de los grandes fenómenos de 2017 fue el #MeToo, que tiene que ver con el poder y el sexo. ¿Cómo analiza el movimiento, y hasta qué punto cree que van a cambiar las cosas? Ha habido también controversias al respecto. Masha Gessen escribió en The New Yorker sobre la necesidad de establecer distinciones y gradaciones. Margaret Atwood fue criticada por defender la presunción de inocencia, en un caso ocurrido en Canadá. Autoras francesas criticaron lo que consideraban excesos del movimiento. ¿Qué opina?

Creo que en muchos sentidos es un momento importante, pero tenemos que ver si actúa como punto de inflexión, en qué medida en cinco años parecerá un momento que pasó (y, como he dicho antes, son mujeres hablando de mujeres a la manera tradicional). Hay cosas que me preocupan. En primer lugar, ha sido un movimiento muy centrado en las celebridades, más preocupado por las actrices y Hollywood que por mujeres comunes junto a la fotocopiadora normal (creo que fue valiente por parte de las mujeres de Hollywood. Pero ahora necesitamos abarcar más). También coincido con Atwood en que tenemos que respetar los procedimientos legales, de lo contrario todo se echará a perder. Inocente mientras no se demuestre lo contrario es un principio que se debe aplicar en todas partes: para el asesinato, el hurto en una tienda y el asalto sexual. Mi prioridad es que esos tipos no vuelvan a hacerlo. Y con eso no quiero decir que no debería haber comportamiento inadecuado nunca más (no quiero vivir en un mundo en el nunca nadie se comporte de manera inadecuada, lo que quiero es detener que el comportamiento inadecuado sea sistemático). Supongo que si pudiéramos asegurarnos de que esos tipos paran ahora y para siempre, les daría la amnistía por sus delitos pasados. Tenemos que centrarnos en el futuro.

También explica que las quejas o las denuncias de las mujeres tienden a ser matizadas o caracterizadas, por ejemplo por los periodistas. Y ha sufrido ataques desagradables, a menudo misóginos, en las redes sociales. ¿Cuál cree que es la manera de enfrentarse a eso, tanto socialmente como en la red?

Mi táctica es señalarlo. Hace poco hablé con una agencia de prensa. Cuando salió publicada la entrevista me describían como “the outspoken professor of classics”. Escribí al periodista para decir que nunca habría dicho eso de un colega hombre. Outspoken [franca, sin pelos en la lengua] implica que una mujer habla donde no debería. Intenta decir: “ilustre profesora”. Es una gran diferencia. En general creo que todos tenemos que encontrar la manera de estar cómodos en las redes sociales. No hay una respuesta válida para todos. Antes me decían que no contestara y bloquease a los trolls. Pero pronto me pareció que era lo mismo de siempre: ¡decir a las mujeres que se aguantaran calladas!

 

*Tomo la foto de aquí: 

http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/tv/news/mary-beard-roman-britain-bbc-schools-cartoon-ethically-diverse-black-white-a7879991.html

 

14/02/2018 12:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN: 'LA PARADOJA DEL ARTE'

LA PARADOJA DE LA CENSURA
En esta época de moralización del arte y estetización de la política exigimos más a los actores que a los políticos.
 
01 febrero 2018

Vivimos en un mundo en el que ya no se pueden ver las películas y las series de Louis CK por su mala conducta sexual. Kevin Spacey ha sido eliminado de All the Money in the World y de la nueva temporada de House of Cards por acusaciones de acoso sexual. Amazon anuncia que está planteándose rescindir el contrato que tiene con Woody Allen, a causa de unas acusaciones nunca probadas de abuso sexual que datan de hace un cuarto de siglo. La National Gallery of Art de Washington ha cancelado una exposición de Chuck Close, acusado de acoso sexual.

Algunas películas del año capturan el Zeitgeist. Una es Tres anuncios en las afueras, un relato sobre la venganza. Otra es Los archivos del Pentágono, que combina la reivindicación del periodismo fiscalizador del poder con un ángulo feminista. Es un género clásico y el dilema también lo es. La dueña del periódico, Katharine Graham (Meryl Streep), tiene que escoger entre la prudencia que recomiendan los abogados y accionistas y el arrojo que prefieren el director y los reporteros. El derecho a publicar solo se afirma publicando, explica Bradlee (Tom Hanks). La decisión correcta, que se defiende con tonos épicos, es, por supuesto, la contraria a la que han tomado las productoras y distribuidoras.

Mientras tanto, Donald Trump, que ha cumplido un año como presidente de Estados Unidos, tiene numerosas acusaciones de acoso sexual y fue grabado diciendo que si eres una estrella puedes "agarrar a las mujeres por el coño". Estos días se ha publicado que el abogado de Trump pagó ciento treinta mil dólares a una actriz porno para que no dijera que se había acostado con el actual presidente. La actriz ha negado que se produjera el encuentro sexual, pero como señaló The Onion, quizá lo más sorprendente es que no fuera la actriz quien pagara a Trump para que mantuviera el silencio sobre la relación.

Mientras tanto, en Italia lidera las encuestas Silvio Berlusconi, que fue condenado por pagar por servicios sexuales a una menor y por interceder para liberarla, cuando ella estaba detenida por robo, diciendo que era la sobrina de Mubarak. Berlusconi fue absuelto más adelante: de lo segundo, porque “no ocurrió”; de lo primero, porque “no es un crimen”. El político ha tenido otros problemas legales relacionados con la prostitución y los sobornos. En sus años en el poder se popularizó el término bunga-bunga.

Naturalmente, para rechazar la política populista e incompetente de Berlusconi o Trump no es necesario entrar en su machismo o su condición de predadores sexuales: su gestión reúne méritos de sobra. Pero el contraste es llamativo. Parece que, como decía una viñeta del New Yorker, no podemos exigir a quienes rigen los destinos políticos la moralidad que pedimos a quienes se encargan de entretenernos. Así, Kevin Spacey tiene una moralidad demasiado dudosa como para interpretar en la ficción a un personaje diabólicamente autoritario y criminal que ocupa un cargo que en la realidad ocupa alguien de moralidad como mínimo tan dudosa como la de Spacey. También se pide la retirada de cuadros o se critican obras literarias como Lolita (perseguidas en otro tiempo por los conservadores) porque la ficción debe dar buenos ejemplos: para malos ejemplos, parece, ya tenemos la realidad.

Este fenómeno puede verse como una consecuencia de la moralización del arte y de la estetización de la política, que José Luis Pardo ha descrito en Estudios del malestar o en el número de febrero de Letras Libres. No parece que esa moralización del arte sea buena para el arte y desde luego tampoco para la moral. Con respecto a la estetización de la política que vemos en Trump o Berlusconi, la mejor descripción son unas palabras del propio Woody Allen, que dijo que “la vida no imita al arte, sino a la mala televisión”.

*http://www.artyfactory.com/art_appreciation/portraits/chuck_close/chuck-close-frank.jpg

11/02/2018 12:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOAQUÍN SÁNCHEZ VALLÉS: UN DIÁLOGO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/02/08/joaquin-sanchez-valles-procurado-limpiar-mis-poemas-ganga-sentimental-1223658-1361024.html

 

Joaquín Sánchez Vallés, poeta y narrador, en Madrid, donde vive desde su jubilación.
Joaquín Sánchez Vallés, poeta y narrador, en Madrid, donde vive desde su jubilación.Elvira Sánchez Mairal

Joaquín Sánchez Vallés (Huesca, 1953) es uno de los poetas más finos, rigurosos y más galardonados de Aragón; ha ganado el Esquío, el Luis Cernuda, el Zenobia, de poesía; el Francisco Ayala de narrativa. Algunos de sus poemarios son ‘Preludio y fado’, ‘Pasos en el jardín’, ‘Páramos del amor’ y ‘Fados huérfanos’. Su última novela, de carácter histórico, género que siempre le ha interesado, es ‘El juglar de Languedoc’.

Tras 37 años en la enseñanza y en Zaragoza, se ha instalado en Madrid. En la página de Parnaso 2.0 del Gobierno de Aragón escribió literalmente: "Finalmente, desengañado de Zaragoza, de la enseñanza, la escritura y el amor, decidió jubilarse de todo y se exilió en Madrid. Se trasladó a Madrid y allí vive y escribe". O, al menos, escribía. Publica ‘Restos de luz en una cesta’ en Prensas Universitarias en su colección La gruta de las palabras y se presenta esta tarde, a las 20.00, en la FNAC en compañía del profesor Antonio Pérez Lasheras.

¿Cómo presentaríamos el libro?

‘Restos de luz en una cesta’ es el final de un proceso. Expresa en buena medida el desengaño, el desaliento y el sinsentido no solo de la poesía o la literatura, sino de mi propia vida personal.

Casi nos deja preocupados.

No quiero entrar en explicar mi vida personal, porque no debe hacerse, solo diré que algunas tristes experiencias me han llevado al terreno de la desolación. Y esa desolación ha tenido expresión en mi obra poética, no solo como manifestación de una frustración emocional y sentimental, sino como desolación de la propia poesía. Eso es lo que digo y siento como poeta.

¿Qué quiere decir?

Que como persona particular no soy tan negativo. Hay muchos alicientes en mi vida: están mis hijas, los viajes, los paseos por el campo, la música, el teatro...

Vayamos un poco más al grano entonces. ¿Cómo entiende usted la creación poética?

Me he dado cuenta de que el camino de la creación poética conduce (al menos en mi caso), si se plantea con auténtica exigencia, a la imposibilidad de la palabra y en último término al silencio. Durante muchos años he ido afilando y decantando el lenguaje poético, buscando hacerlo más incisivo, más íntimo y más puro. Sin abandonar la emoción, he procurado limpiar el poema de ganga sentimental. Eso es situarse en el filo de la navaja y, finalmente, he decidido que no tenía ya nada más que decir. Por lo menos, no tenía nada nuevo que decir.

Leyendo el poemario nadie lo diría. ¿No le parece?

He llegado al límite de mi lenguaje. Tal vez otro mejor que yo sería capaz de dar otra vuelta de tuerca, pero el siguiente paso para mí llevaría al hermetismo, cosa que no me gusta, o a la repetición de lo ya dicho, cosa que me desagrada.

En cualquier caso, los poemas, en su mayor parte, parecen luminosos, variados, están llenos de sugerencias, de temas, de incitaciones...

Estos poemas, que son los últimos que escribí, hace años (desde que me fui a Madrid no he escrito una línea), se titulan ‘Restos’, porque lo son, porque es el último material que me quedaba escrito; ‘de luz’, porque, a pesar de los pesares, la poesía es luz que aclara la existencia; lo de ‘una cesta’ es pura literatura para rematar el sintagma y para darle ritmo al título. De ahí el título final:‘Restos de luz en una cesta’.

¿En qué medida para usted la poesía es música o, en el peor de los casos, ritmo?

Para mí, no es que la música sea necesaria en la poesía, que el ritmo sea imprescindible; es que la poesía es, en sí misma, música. Si no hay curva entonativa, juego de acentos, aliteración, armonía vocálica y, en suma, una eufonía sugerente, la poesía brilla por su ausencia.

¿Es una crítica a la lírica que se está haciendo?

La poesía debe sugerir y es básicamente la música la que sugiere. Por eso considero que mucha de la ‘poesía’ actual, que es expresión cruda de sentimientos y hasta (¡horror!) de ideas, falla por su misma base. Esto de la música se aplica sobre todo a la poesía lírica, claro. Esa poesía narrativa que se ha puesto de moda ahora tal vez sea otra cosa. Pero, en mi caso, para mis versos, para mi manera de entender la escritura poética, es fundamental.

Aquí se ven algunas de sus obsesiones que le han perseguido o perturbado en su evolución. ¿Cómo los resumiría?

Mis obsesiones se ven muy claras. En un libro terminal, con el que me despido del oficio, no pueden ser otras que los límites, la luz que se apaga para dar paso a la sombra, el paisaje como desierto deshumanizado, la desolación de la vida y, en último término, la esperanza de la muerte, como en el soneto elegíaco final: ‘dead end’, ‘cul de sac’, callejón sin salida de la poesía y de la vida.

10/02/2018 01:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON JOSÉ IGNACIO DE DIEGO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/02/09/jose-ignacio-diego-cierre-del-cine-eliseos-fin-una-existencia-una-epoca-1223860-1361024.html

 

José Ignacio de Diego es un gran lector de poesía y alterna su pasión por el cine con la literatura.

José Ignacio de Diego es un gran lector de poesía y alterna su pasión por el cine con la literatura. Oliver Duch
[El escritor y profesor José Ignacio de Diego (Zaragoza, 1960) acaba de publicar una nueva novela, 'Solo te pido un deseo' (Mira editores), que gira en torno al cierre del cine Elíseos: un texto de distintas voces, inquietante y poético.]

¿Qué le impulsó a escribir una novela sobre el cine Elíseos?

Cuando en el verano de 2014 se anunció el cierre de la antigua y preciosa sala del cine Elíseos de forma temporal, para realizar reformas en su sistema digital de sonido e imagen, tuve el pálpito de que aquello era una excusa y suponía el fin de su existencia y, también, el fin de una época.

¿Por qué el fin de una época?

Ahora el cine ya se ve de otro modo: en móviles, en la ‘tablet’, en el ordenador; sobre todo los jóvenes. Desaparece incluso un interés específico por las películas. Ese espacio desaparecía justo cuando cumplió 70 años; se inauguró en 1944. Fue sala de arte y ensayo, sede del Cineclub Zaragoza, y más tarde acogió a la Filmoteca. Y hay algo más...

Diga, diga.

La sala era esférica. Si se suele concebir el cine como un espectáculo con la cualidad de los sueños, entrar en ella través de un pasillo semicircular suponía el regreso nada simbólico al seno materno. Soy, como otros, cinéfilo y pasar delante de él me producía una dolorosa nostalgia. La novela es una elegía y el llanto por los espacios desaparecidos.

¿Cómo ha abordado la novela?

Quería que el cine Elíseos no fuese solo el escenario de una historia compleja, de acciones, atmósferas y seres, sino un último personaje que habla por boca de su pantalla desgarrada, mediante un flujo de conciencia de imágenes –el filme de su vida– antes de morir también. Por eso, ‘No pidas solo un deseo’ resulta una fábula sobre la muerte del cine, la banalización del deseo y el placer, el olvido, la enfermedad, el subconsciente, la técnica y la creación.

Son muchas cosas, sin duda. Narra usted la historia de un personaje, Max, que intenta escribir un guión y que es proyeccionista de cine…

Sí, es un hombre complejo, doliente y peculiar, un hombre que huye del fracaso y que está afectado por un cáncer del que no quiere tratarse. Es alcohólico. Tras varios años en el paro es contratado por la empresa Topoi, nueva dueña de una sala que ya no resulta económica…

¿Cuál es su cometido?

El cine está cerrado, aunque hay gente que acude a diario a la proyección de películas poco convencionales; en realidad se trata de desarticuladas visiones que quizá procedan de sus experiencias vitales. Por otra parte, Max intenta redactar su tercer guión: ‘No pidas solo un deseo’; el primero no se filmó y el segundo fue plagiado.

Es un hombre sin suerte…

Tiene un antagonista, más o menos misterioso e incómodo, que puede ser su propio hijo, cuya voz vamos oyendo poco a poco. Igual que las voces de otros personajes. Max es un hombre que pelea contra la muerte y le cuenta su vida a una periodista que estaba haciendo la biografía de un futbolista del Real Zaragoza.

El espíritu de la novela es complejo, onírico, con perspectivas, discursos y extravíos, como la reina Ginebra o el Santo Grial…

Esta es una novela que transcurre en Zaragoza, suspensa en el lenguaje. Me importa la belleza y la calidad de página, y hay una impregnación poética. A mí me interesan autores como Thomas Bernhard, Juan Benet, la prosa y la sintaxis de Sánchez Ferlosio; he sido muy lector de William Faulkner y me ha marcado la vida, de manera especial, Marcel Proust. La estructura del libro, que se aleja de la narrativa tradicional, quizá tenga alguna conexión con el ‘Cuarteto de Alejandría’ de Lawrence Durrell, que ha sido fundamental para mí…

También es un libro eminentemente cinéfilo. ¿Qué películas y qué cineastas le interesan?

Soy un enamorado de las películas de Lars von Trier; creo que hay ecos de ‘Mulholland Drive’ de David Lynch, del Bertolucci de ‘Soñadores’. Si digo Buñuel es casi una ofensa para los cinéfilos por su obviedad pero está y, entre otros, citaría a Wong Kar-Wai, el director de ‘Deseando amar’. Me interesa mucho el punto de vista, el lenguaje y la fábula.

10/02/2018 01:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA PILAR CLAU EXPLICA LAS CLAVES DE SU NOVELA 'LA SOBRINA'

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"La verdad es un camino recto,

amplio y luminoso"

 

María Pilar Clau (Laluenga, Huesca) es periodista y escritora. Publica una ambiciosa novela familiar, ‘La sobrina’ (Booket/ Planeta), que presentará en Zaragoza el próximo día 20 de febrero. Aquí explica algunas claves de una narración donde se cuenta la historia de una mujer enigmática, Isadora Santorini, que deja su herencia, de manera inesperada, a una sobrina con la que no tenía demasiada relación: Amalia, a la que la vida no va bien del todo. Al principio, parecía que todo iba a ir a parar a su hermana Sofía. La novela aborda otros asuntos: la mentira, la corrupción, el peso del pasado, etc. 

-¿Cómo surgió ‘La sobrina? Es una historia, compleja, con muchos personajes y un escenario central en Luna Real

Surgió primero un personaje, Isadora Santorini; después, el título, que no era “La sobrina”, sino “La sobrina de Isadora Santorini”. Luego pensé otros personajes, otros títulos y otras historias; primeros folios que no conducían a nada. Sin embargo, la primera idea perseveraba en mi mente y, aunque no había seguido escribiendo detrás de unas escuetas primeras líneas de “La sobrina de Isadora Santorini”, algo dentro de mí vibraba con ese título y se iba fraguando poco a poco.

-¿Qué te interesaba abordar: la relación tan compleja entre dos hermanas, tal vez? Por cierto dedicas la novela a tu hermana, leo... 

Dedico la novela a mi hermana, Eva, a quien adoro. Es un regalo de cumpleaños. Unos días antes de su cumpleaños de 2014, un año después de la publicación de “Pétalos de luna”,  le pregunté qué regalo deseaba y su respuesta fue que le dedicara una novela. Cuatro años después, lo ha recibido.

El hecho de que la protagonista de “La sobrina” tenga una hermana nada tiene que ver con esto. Ni siquiera tenía prevista la existencia de Sofía cuando comencé a escribir la novela; este personaje surgió más tarde. A veces la historia propicia que aparezcan nuevos personajes, igual que otras veces los personajes favorecen que acontezca algo que no estaba previsto. No sé cómo lo hace el cerebro, pero me parece fascinante; debe de tener un mecanismo que genera miles de conexiones entre emociones, conocimientos, deseos, recuerdos, etc. ¡Y no solo de lo que hemos vivido! También de lo que nos contaron, lo que soñamos, o lo que simplemente imaginamos. Escribir una novela es para mí lo más fascinante del mundo.

-Da la sensación de que hay muchas cosas de tu vida: tu experiencia en el Gobierno de Aragón, tu necesidad de explicar algunos espacios de tu infancia y juventud. ¿Es así, qué hay de ti en el libro, qué querrías que hubiera? 

No intento explicar ningún espacio de mi vida en “La sobrina”. Al contrario que “Pétalos de luna”, que contenía muchos elementos autobiográficos, “La sobrina” es pura ficción. Por eso, escribirla ha sido puro disfrute. Lo único que tiene de real son los escenarios, todos. En especial los de Luna Real. Luna Real es Laluenga, con sus calles, su tierra y su cielo, sus montes… Los maravillosos paisajes que contempla Amalia Delibes desde su casa son los mismos con los que yo me recreo  desde mi casa de Laluenga, la casa de mis padres. Los campos son los campos de mi hermano: La Clamor, La Zaví, Los Corneses…  Con él los recorrí en más de una ocasión mientras escribía la novela.

En cuanto a mi experiencia en el Gobierno de Aragón, me vino bien para el trabajo de uno de los personajes. 

¿Qué hay de mí en el libro? Pues… Soy la autora, así que supongo (y deseo) que habrá mucho de mí aunque no me lo haya propuesto.

-¿En qué medida La sobrinaes una indagación en los secretos de la familia? 

Amalia Delibes indaga en los secretos de su familia buscando una verdad. Pero “La sobrina” no es tanto una indagación como una reflexión, una reflexión sobre la verdad. ¿Qué poder tiene una verdad que permanece oculta? ¿Sigue latiendo en la oscuridad y en el silencio esperando a que alguien la encuentre? ¿Qué porción de vida se le arrebata a quien se le oculta una verdad? ¿Qué se le entrega a cambio?

-¿Cuáles son los temas que te atraen y que te perturban? 

Me atraen todos aquellos que pueden ayudarme a ser mejor persona y a sentirme mejor conmigo misma y con los demás: la verdad, la confianza, la valentía, la libertad, la sabiduría, la humildad, la bondad, el amor…  Me perturban los que alejan de ello: el miedo, la mentira, la hipocresía, la envidia… Todos me interesan, unos y otros, porque todos forman parte de lo humano, y todo lo humano me interesa. Todo esfuerzo por tratar de comprender merece la pena.   

-¿Crees que todas las familias tienen un infierno de sombras?  

No. En absoluto. Una amiga por la que siento un gran aprecio, Cristina López Dumall, escribió sobre su abuelo que era el hombre más contradictorio que había conocido y, no obstante, en las cosas que contaba de él, observaba yo una gran congruencia. Acababa el relato con una frase de su abuelo que decía algo así: nos ponemos etiquetas unos a otros, pero somos demasiado complejos como para ajustarnos a una etiqueta.

Las etiquetas que imponemos a los demás nos confunden y nos ciegan. Si los otros no se comportan como esperamos, de acuerdo con su etiqueta, o de acuerdo al modo en que nos comportaríamos nosotros en una misma situación, lejos de tratar de comprender, nos apresuramos a juzgar y a condenar. Esos desencuentros, esas sombras, se dan en cualquier entorno; sin embargo, cuando se dan en la familia, que es el núcleo de nuestros afectos, pueden alcanzar una intensidad muy superior a la que se puede dar  en otros ámbitos.

-¿Por qué pasan los seres humanos de la indiferencia al interés, al egoísmo? ¿O cómo lo hacen tus personajes? 

Es algo que me pregunto, aunque no trato de responderlo. Todo está en todos. Si, como dicen, cada persona tiene una media de sesenta mil pensamientos diarios, y si de cada pensamiento que aplicamos a una misma emoción resulta un sentimiento distinto... Imagínate. Influyen nuestras experiencias, nuestros principios, nuestros valores… Todos somos lo mismo, pero nadie somos igual a otro.  Esa es la maravilla.

-Un tema fundamental es la mentira. La mentira que nace de la corrupción y de la cadena de pequeñas mentiras. ¿Has querido contar que el ser humano tiene esa inclinación a la paulatina autodestrucción o es pura fragilidad?

He querido reflexionar sobre la verdad, la verdad es un camino recto, amplio y luminoso por donde se puede transitar en paz y con libertad. Las mentiras apartan de ese camino. Algunas tienen la apariencia de atajos y uno cree que tomándolos va a llegar antes a su objetivo, pero no son más que distracciones, cuando no acaban siendo una condena. La verdad nos hace libres, mientras que la mentira se convierte en una cadena para quien la crea. La mentira puede ser también, en ocasiones, una forma de violencia. No creo que sea una inclinación a una autodestrucción, como dices, creo que en ocasiones es una forma de cobardía, otras veces son una forma de egoísmo o de vanidad.

-Háblanos de las mujeres del libro: Amalia, Sofía, Isadora...

Amalia es frágil por fuera pero fuerte y poderosa por dentro. Sofía es, por el contrario, fuerte en apariencia, pero superficial. Los dos personajes evolucionan a lo largo de la novela; Amalia, gracias a una gran fuerza de voluntad, y Sofía, por la fuerza de las circunstancias. E Isadora, ella es temperamento, equilibrio, justicia  y saber estar.

¿Cuál es el papel de los personajes secundarios? Los masculinos son muy poderosos: Jorge, Noel, y por supuesto Roland.

Me alegra mucho que me digas que los personajes masculinos son poderosos. En algún club de lectura de “Pétalos de luna” me dijeron que dejaba en mal lugar a los personajes masculinos.

Noel, “ese hombre en cuyas manos reposan el sol y la tierra”, está inspirado en mi hermano, Joaquín. Roland es el misterio, la irresistible atracción del misterio. Y Jorge encarna la debilidad humana.

-A veces la novela me ha hecho pensar en Doña Bárbarade Rómulo Gallegos. ¿Las has tenido en la cabeza, qué otras novelas o relatos te han estimulado?

No he leído “Doña Bárbara”. Tampoco sabría decir si me ha estimulado una novela en particular; quizá varias, quizá, de un modo u otro, todas las que he leído antes de escribir “La sobrina”. Seguramente entre esas miles de conexiones que se producen en el cerebro algunas tendrá su origen en novelas que he leído. Puedo decir que siempre he sentido pasión por las grandes novelas realistas del siglo XIX. Pero creo que todo lo que leo y me hace disfrutar, me hace pensar y me hace sentir, me estimula. Y lo que más me estimula son los lectores. Cada uno de los que se acercaron a mí en las ferias del libro para decirme cuánto habían disfrutado con “Pétalos de luna”; algunos repetían de memoria frases que yo había escrito, un chica muy joven me dijo que mi novela le había salvado la vida, otra que le estaba ayudando a superar una depresión. No he olvidado a ninguno. Ellos son mi mayor estímulo para seguir escribiendo.

-El libro plantea otras cosas más: la relación entre el mundo rural y el urbano. ¿Cómo es ese diálogo?

Mis amigos y vecinos de Laluenga me apoyaron contundentemente en cada presentación de “Pétalos de luna”. Estoy profundamente agradecida a todos. No solo vinieron a acompañarme a Huesca y a Barbastro, sino también a Barcelona. La presentación de Barcelona, en la Casa del Libro de Paseo de Gracia, se llenó de amigos, familia y vecinos de Laluenga que viven en Barcelona. Prometí que Laluenga estaría en mi próxima novela. Ya la tenía avanzada cuando hice la promesa, pero Laluenga entró en “La sobrina” con todo su ímpetu y la llenó de la luz, de la fuerza y de la paz que yo siempre he hallado allí. Cambié el nombre del pueblo por dos motivos: porque es ficción y por pudor. Luna Real contiene las mismas letras que Laluenga, excepto a la “g”, que transformé en “R”, así también conserva un pétalo de la novela anterior.

A mí, que  vivo en una ciudad y trabajo en otra, el pueblo me proporciona el equilibrio, el sosiego, la calma y una fuerza más allá de mí que proviene quizá de la tierra, de mis raíces o, seguramente, del amor de mi familia.  En “La sobrina”, quise llevar a “Luna Real” a una mujer que jamás había estado allí. Lo normal, lo que todos esperan, es que venda su casa y sus tierras y se marche, porque es lo que venimos viendo desde hace años, desde que comenzó a despoblarse el mundo rural. Tanto que cuesta entender otra decisión. Pienso que existe en cada uno una fuerza que viene del grupo, una inercia, diría yo, de las modas, de lo que hacen y desean los demás, y otra fuerza que está dentro de cada uno y que nos permite elegir. A veces la primera acalla a esta última quizá por temor a ir contracorriente, quizá porque confiamos más en el grupo que en nosotros mismos. Amalia Delibes no se deja arrastrar, ella elige, en contra de lo que se espera de ella. Cuando nos dejamos empujar por una o a otra fuerza es difícil contenerla. A veces cuesta tomar una decisión que esté en contra de lo que los demás nos aconsejan o sencillamente hacer algo distinto a lo que hacen todos, pero cuando hemos elegido lo que deseamos, entramos en el terreno de la luz porque es nuestro terreno.

-¿Cómo has vivido el paso de la primera novela a la segunda, que casi triplica en número de páginas, y es más compleja, más ambiciosa y más totalizadora?

“Pétalos de luna” surgió de una historia y de la necesidad de contarla. Sin embargo, hasta que encontré la voz narradora apropiada, no conseguí  hacerlo. Tuvieron que pasar más de diez años. He de confesar que, desde el momento en que hallé esa voz, Clara Barrabés, la novela surgió a borbotones, se desbordaba de tanto tiempo que hacía que estaba guardada. 

“La sobrina” no empezó con una historia, sino con un deseo y con un compromiso: el de hacerle a mi hermana el regalo que me había pedido. Y quería que fuera un gran regalo. Además, también era un reto para mí, que, después de publicar “Pétalos de luna”, me preguntaba si sería capaz de escribir otra novela. Y, sobre todo, si sería capaz de escribirla solo con el material que me ofreciera mi propia imaginación; una novela que no contara una historia real, ni estuviera basada en hechos reales. Y otro reto añadido: escribirla en tercera persona, lo cual supone un esfuerzo mucho mayor. Han sido muchas horas de intenso trabajo y dedicación absoluta. Y por supuesto, responde a una ambición, la de dar de lo mejor mí a los demás. 

 

*Una parte de esta entrevista apareció en Heraldo. La foto es de Verónica Lacasa, fotógrafa del diario en Huesca. 

07/02/2018 10:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GARCÍA TEJEDOR: UN DIÁLOGO

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[Este texto se publicó en Heraldo y en Heraldo.es.]

 

“La precariedad es un mal general del

país y en particular de los jóvenes”

 

 

 

El escritor y profesor publica ‘Todos los espejos, rotos’ (Mira) y la presenta el martes en Ámbito Cultural

 

Fotos. Aránzazu Navarro

 

Antonio García Tejedor (1951) es un zamorano afincado en Zaragoza desde hace muchos años. En concreto, en la villa cervantina de Pedrola. Ha publicado cuento y novela, y ganó en 2015 el premio de microrrelatos convocado por HERALDO. Publica ‘Todos los espejos, rotos’ (Mira. 332 páginas), una novela negra, de carácter social, que sucede en Zaragoza, en el entorno de la Puerta del Carmen, en la actualidad. La presenta el martes en Ámbito Cultural. Un joven periodista, de ascendencia árabe, es el protagonista y realiza un viaje a los infiernos de la mentira y la corrupción, “que afecta tanto al pueblo llano como a las instituciones que pasan por modélicas y que han mirado para otro lado, cuando no anidaba en su interior mismo la infamia”.

Subraya que de ahí esa metáfora de los “espejos rotos”: “Vivimos en una ciudad a la deriva, hinchada de contradicciones, que se descompone. He elegido a un joven periodista por varias razones: porque el periodismo es el notario de la realidad y en ocasiones, sobre todo los grandes medios nacionales, no ha estado a la altura de las circunstancias, se han aliado con el poder. La corrupción está en todas partes. Y porque un joven periodista también es un símbolo de la precariedad laboral: es uno de los trabajos más inestables, de los que penden de un hilo porque la profesión está en crisis”. Matiza de inmediato: “Eso no solo le pasa a los periodistas: la precariedad es un mal general del país y en particular de los jóvenes”.

La trama arranca con un secuestro que debe investigar el joven periodista. Inicia su trabajo y, poco a poco, se asoma a un universo tumultuoso donde no falta nada: el crimen, el chantaje, la evasión de capitales, el dinero negro, el escamoteo del IVA, etc. Al autor le ha preocupado mucho crear un buen ritmo narrativo, mediante capítulos cortos. “‘Todos los espejos, rotos’ es una novela negra, claro, una novela social y también psicológica. El clima perverso amenaza con llevarse por delante al protagonista, que tiene una novia que descubrirá, casi con él, ese territorio de la infamia. La metamorfosis de estos dos personajes también es interesante en el libro. O a mí me ha preocupado mucho. En la novela, como pasa en la sociedad, hay un lugar para la picaresca, género al que se le rinde un homenaje”, dice García Tejedor, que también define su texto como “una novela política que hace algunas preguntas a los gestores públicos”.

“La novela sucede en el centro de Zaragoza. No he querido llevar la acción a un barrio porque no quería que se pensase que la corrupción o la precariedad están en la periferia o en zonas de marginalidad”, señala. Explica que ha leído mucha novela negra en los últimos tiempos: Chester Himes, Manuel Vázquez Montalbán, algunos clásicos más convencionales, y un autor que es su predilecto: Rafael Chirbes. “He leído su novela ‘En la orilla’ hasta cinco veces. Él vio mejor que nadie qué pasaba en España. Y reaccionó con novelas que son de denuncia y de crónica amarga de una decepción”.

Antonio García Tejedor confiesa que escribe desde los 17 años, aunque publicó tarde. En 1992 se instaló en Pedrola, y allí dio clases a los alumnos de Primaria y de Secundaria. “He sido muy feliz en el aula. Especialmente en Primaria. Ayudar a los niños a aprender y aprender de ellos es una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. Imagino que el escritor que ahora soy también nació ahí”.

07/02/2018 10:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS EN FUENTETAJA

 

 



Entrevista a Javier Rodríguez Marcos

 escritor, redactor y crítico en Babelia, El País

 

"Siempre ha habido lenguajes híbridos pero el universo digital permite su extensión casi infinita. Eso sí, no creo que elimine los otros lenguajes ni nuestra necesidad de ellos."

 

Dentro del proyecto "¿A dónde va la escritura digital?" que la Fundación Escritura(s) lleva a cabo en el Club de escritura también Javier Rodríguez Marcos quiso contestar a nuestras preguntas sobre la encrucijada que para los medios de comunicación supone la escritura digital. 

Se puecde acceder a la entrevista en este enlace.

Esta entrevista es parte de una serie de conversaciones que recoge las reflexiones de algunos de los escritores y responsables de medios de comunicación más prestigiosos en España: Marta Sanz, Isaac Rosa, Sergio del Molino, Jorge Carrión, Rosa Montero, Juan Cruz, Blanca Berasategui o Alfonso Armada entre otros. Pueden leerse todas en este enlace.

 


¿Qué te inquieta o preocupa de la generación de los más jóvenes al respecto del horizonte digital?

Que se identifique digital con gratis, instantáneo y simple y no se dé lugar a mensajes complejos.


Sobre los nuevos lenguajes:

Todo nuevo lenguaje enriquece siempre que su inmediatez no empobrezca nuestra experiencia de la lectura ni excluya la posibilidad de la lectura digamos tradicional. Un emoticono o un gif pueden ser muy expresivos e inmediatos –lo mismo que un aforismo de Lichtenberg o una greguería de Gómez de la Serna-, pero seguimos necesitando discursos complejos que requieren atención y paciencia, es decir, tiempo.


Sobre escritores y redes:

La autopromoción se ha generalizado tanto que su versión más divertida es la que se disfraza de falsa modestia. Dicho esto, las redes sociales me parecen una fuente de información valiosísima. También para seguir la pista a los escritores. Además, es un campo estupendo para que todos seamos por fin artistas (conceptuales).

 

Entrevista completa: 

https://clubdeescritura.com/obra/1008719/entrevista-a-javier-rodriguez-marcos/

 

*Tomo la foto de aquí. 

http://www.elcultural.com/blogs/rima-interna/wp-content/uploads/2015/08/martin.jpg

06/02/2018 20:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EMILIO GASTÓN POR SONIA LLERA

Nubepensador es el retrato emocional, en clave de documental, del poeta Emilio Gastón que invita a la alegría de vivir, a la esperanza y a la ilusión.

Un cortodocumental de Sonia Llera sobre Emilio Gastón

 

https://www.youtube.com/watch?v=Dp6_52gJizo

03/02/2018 21:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GEORGE SAND EN PANTICOSA

De mi sección 'PASARON POR AQUÍ' / HERALDO

 

La enamorada del amor

que reposó en Panticosa

 

La escritora y periodista francesa, compañera de Merimée, Musset y Chopin, alude al balneario de la localidad pirenaica en algunos de sus textos

 

 

 

 

Amandine Aurore Lucile Dupin (1804-1876), hija de un aristócrata y de una costurera, ha pasado a la historia como la escritora y periodista George Sand, una de las grandes mujeres de su época. Se casó joven con el barón Casimir Dudevant, tuvo dos hijos con él, Maurice y Solange, y luego lo abandonó. Se marchó a París, se disfrazó de hombre, abrazó el periodismo y la literatura, y se haría amiga de los grandes creadores del momento: Balzac, Victor Hugo, Delacroix y Gustave Flaubert, con quien tuvo una intensa relación de amistad, tan peculiar y hermosa que se explica muy bien que el autor de ‘Madame Bovary’ llorase en su entierro como un niño. Fue una socialista utópica y una defensora de las mujeres. Le propusieron concurrir a las elecciones, dado su prestigio, pero no se atrevió y regaló una frase a la posteridad, se la dijo al citado Balzac: “Los que conocen anatomía saben que no hay más que un sexo”.

Escribió casi un centenar de libros de todos los géneros: cuento, novela, teatro, ensayo, autobiografía, diarios y libros de memorias. Su voluminosa correspondencia alcanza los 24 volúmenes, y fueron de los materiales básicos que utilizó Jean Chalon para redactar ‘George Sand. Una biografía’ (Edhasa, 1992), donde desmontaba algunos mitos y, en cierto modo, la desposeía de tópicos: no fumaba puros como se dijo, sino cigarrillos normales; y sus grandes amores, con Musset y Chopin, tienen matices entre chocantes, humorísticos y algo patéticos. Con el poeta romántico Alfred de Musset vivió una temporada en Venecia: llegaron el 1 de enero de 1834 y a los dos días empezaron a sufrir unas incómodas diarreas que quizá no fuesen lo más estimulante para una pasión veneciana. Con todo, Alfred y Aurore fueron bautizados como “los amantes de Venecia”.

TAL COMO ERA. Así retrató Félix Nadar a la mujer que amó en Venecia y Mallorca. 1864.

La historia con el compositor y pianista polaco Frederic Chopin en Mallorca también tiene sus sombras. Se habían conocido en París en 1831, poco después de que ella abandonase a su esposo, el barón de Dudevant, pero el afecto no debió cuajar hasta el año 1838, aunque el instante más elevado de su amor se produjo en el invierno de 1839. Ella escribiría, entre otras cosas (ahí está su crónica de aquellos días: ‘Un invierno en Mallorca’), que en la cartuja de Valldemosa había vivido con tres niños “y el más pesado era Chopin”. El biógrafo Chalon observa en su libro que dormían los cuatro en la misma habitación, que Aurore era muy pudorosa y sugiere que lo más probable es que no hubiera sexo entre ellos.

George Sand tuvo otros amantes: uno de ellos,  recién llegada a París, fue Jules Sandeau, que fue secretario de Balzac, y con quien firmó una novela a cuatro manos. También hubo escarceos con Prosper Merimée, autor de ‘Carmen’, aunque para ella ese idilio “no valió la pena”. Amó, o esa da a entender, a un joven, Aurelien, que habría conocido en los baños en uno de los balnearios que frecuentó, entre ellos el de Panticosa.

¿Estuvo realmente George Sand en el balneario de Panticosa? Siempre se ha dicho que sí, aunque sin demasiado entusiasmo. Con prevenciones, como si no estuviera claro del todo. El balneario aragonés aparece en algunas ocasiones en sus textos al lado de otros centros termales en Luchon, Gavarnie, Eaux Bones, etc., pero eso sucede especialmente en su narración ‘Mi hermana Jeanne’, publicada en 1874, dos años antes de su muerte. Esta novela, que fue traducida en 1877, tiene alusiones a la zona aragonesa. “Me asociaba a los guías que me conducían a los naturalistas a la Brecha de Roldán, al Monte Perdido, a los circos de Marboré y de Troumouse, a los Montes Malditos”. En esa novela alude, también y explícitamente, a Panticosa. El geógrafo y escritor y alpinista Eduardo Martínez de Pisón, que acaba de publicar el impresionante volumen ‘La montaña y el arte’ (Fórcola, 2017), dice a HERALDO desde Madrid: “George Sand estuvo por las áreas fronterizas altas y ello le dejó recuerdos vivenciales muy profundos, aunque con una memoria geográfica bastante confusa, pues en una de sus novelas, la citada ‘La hermana Juana’, sitúa al pueblo de Panticosa en Navarra, lo que no es pequeño despiste”.

El periodista Juan Gavasa, historiador del Altoaragón y de sus personajes, ha contado la historia de las mujeres viajeras por los Pirineos, un espacio majestuoso que también atrajo, entre otros muchos, al escritor Victor Hugo, el poeta Charles Baudelaire y al pintor Eugene Delacroix. Se fija en George Sand y documenta dos expediciones de la autora de ‘Confesión de un hijo del siglo’ y ‘Consuelo’ a las cordilleras. Una en 1825, cuando el alpinismo empezó a ponerse de moda e “ir a las montañas era como ir a la meca de la cultura” (como dice Eduardo Martínez de Pisón), y la segunda, ya en 1837, y fue acompañada por su hija Solange, que había nacido en 1828. Al parecer allí, en una de las diversas termas a las que fue, en esa atmósfera romántica de sosiego, idónea para la creación, descubrió el amor con un hombre más joven que ella. Cuenta en ‘La hermana Juana’ que durante su estancia se aficionó a las ciencias naturales, y al regresar a París “las estudié con ardor”. En cierto modo, la escritora Luz Gabás en ‘Como fuego en el hielo’ (Planeta, 2017) recrea ese universo y se inspira en las villas termales de Cauterets y Bagnères de Luchón, y en el antiguo balneario de Benasque, Albort en el libro.

La tumultuosa e intensa existencia de George Sand se interrumpió en 1876. Murió en su castillo de Nohant de cáncer gástrico. De inmediato empezaría a ser inmortal.

 

*La imagen de Felix Nadar, de 1864, la tomo de aquí.

https://www.herodote.net/Images/Nadar_Sand1864.jpg

-El retrato al pastel es de Charles Louis Gratia, 1835.

 

03/02/2018 18:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA NOTA DE 'GOLPES DE MAR'

Una nota de Isabel Verdú en su blog

https://depreludioyfuga.blogspot.com.es/

 

Antón Castro- Golpes de mar (El Viento), 2017

 

El gallego Antón Castro y afincado en Zaragoza, polifacético escritor, crítico y coordinador del Artes y Letras del Heraldo, publica, después del exquisito poemario "Vivir del aire", una reedición de sus primeros relatos. En ellos se configura un ambiente tan fantástico como delicado y sugerente. Leyéndolos nos sentiremos nosotros también enamorados del mar, de las leyendas, de jóvenes marinos inconstantes, y desearemos dejarnos llevar por sus misterios insondables. Una prosa hipnótica, evanescente, que nos invita a soñar.
*Esta edición de 'Golpes de mar' incorpora cinco piezas más que la que apareció en Destino en 2006.

 

 

02/02/2018 11:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADVERTENCIA SOBRE MI FACEBOOK

Veo que me esta escribiendo alguna gente a Facebook, en privados, y me pregunta si me he mandado algo concreto. No. No mando nada. Ni he mandado nada. Estoy expulsado de Facebook durante un mes y no puedo, ni tengo por norma, mandar nada: ni vídeo, ni fotos, ni nada. Así que no soy yo. Debe ser un virus.

Ni puedo responder a los mensajes. Abrazos. 

01/02/2018 16:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA CENSURA, EN 'LETRAS LIBRES'

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LA ERA DE LA INDIGNACIÓN: NUEVAS FORMAS DE CENSURA,

EN EL NÚMERO DE FEBRERO DE LETRAS LIBRES

El escándalo no ha muerto. Al contrario: parece que surgen nuevas formas de censura, y cada vez son más frecuentes las peticiones de retirar obras de arte y los intentos de acallar voces que se consideran ofensivas. Estos esfuerzos represivos siempre se hacen en nombre de las buenas intenciones: antes partían de los conservadores, pero ahora también surgen de sectores progresistas. Letras Libres dedica su número de febrero a este asunto: José Luis Pardo reflexiona sobre lo que sucede cuando se valora el arte desde coordenadas morales o políticas y Paula Corroto repasa algunos de los intentos de censura y petición de retirada de piezas de los últimos meses. Jonathan Haidt explica que estamos en la era de la indignación, en una sociedad cada vez más polarizada, y que la democracia liberal necesita ajustes para evitar el tribalismo. 
Evelyn Erlij entrevista al historiador francés Pierre Nora, fundador de la revista Le Débat y uno de los grandes renovadores de la historiografía de los últimos años, en parte gracias a la edición de la obra colectiva ’Le lieux de mémoire’ (Gallimard, 1984-1992). 
Lluís Bassets escribe sobre la derrota del catalanismo político a la que ha llevado el independentismo: no solo ha provocado una fractura social, también un descrédito del nacionalismo moderado, interlocutor necesario para la tercera vía. 
El columnista y escritor Simon Kuper escribe una pieza entre satírica y distópica sobre lo que podría ser la Europa de 2025.
Gabriel Zaid escribe de los ópatas, una cultura indígena de la que hay vestigios en Arizona y Sonora y que era tan abierta que se disolvió en la asimilación.
El escritor acapulqueño Julián Herbert vuelve a su ciudad para escribir un reportaje en el que descubre un Acapulco nuevo, diferente, pero en el que aún reconoce el de su infancia y, sobre todo, el de la juventud de sus padres. 
Mercedes Cebrián escribe del ensayo ’El ojo del observador’, de Laura J. Snyder, una historia de la teconología óptica; Andrés Barba analiza la poesía completa del escritor estadounidense Robert Lowell. Manuel Arias Maldonado lee ’Promesas incumplidas’. Una historia política de las pasiones, de Javier Moscoso. Ricardo Dudda escribe de ’El joven sin alma. Novela romántica’, de Vicente Molina Foix y Aloma Rodríguez reseña La muerte y la primvera, de Mercè Rodoreda. 
Vicente Molina Foix analiza ’Tres anuncios en las afueras’, la película del dramaturgo y cineasta Martin McDonagh que triunfó en los Globos de Oro, y Fernanda Solórzano escribe de Los archivos del Pentágono, la nueva película de Spielberg, un elogio del periodismo, que tiene como protagonista a Katahrine Graham, dueña del Washington Post cuando la publicación. Jim Kobuzek explica por qué a pesar de saber que la inteligencia tiene una importante base genética no puede diseñarse. Jorge San Miguel invita a celebrar el día Darwin, el 12 de febrero, con dos películas, Master & comander y Creation. Mariano Gistaín escribe de los agujeros de seguridad que han revelado los procesadores de Intel y de la ejecución especulativa que, dice, es lo que venimos haciendo los humanos para sobrevivir.


Director: Enrique Krauze
Editor responsable en España: Daniel Gascón
30/01/2018 12:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SOL ACÍN Y SU FAMILIA EN BICICLETA

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Sol Acín y el que fue durante años su marido, el músico alemán Klaus Lindemann, que trabajaba como realizador de televisión. De esa relación nacieron sus hijos Sergio y Ana. Sol fue profesora de francés y poeta.

La foto la tomo de http://www.fundacionacin.org/index.php/sol/

28/01/2018 14:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DE 'NUESTRA ERA LÍRICA'

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NUESTRA ERA LÍRICA

El narcisismo y la hipérbole definen la lengua de nuestra época.

Por Daniel GASCÓN. Letras Libres.

[El 26 de abril de 2018 se publica su libro 'El golpe posmoderno', centrado en el procés y en la historia reciente de Cataluña del úlitmo lustro y en particular de la última legislatura.]

 

No eres tú, soy yo era una frase que se utilizaba para separar. Todos la hemos dicho u oído alguna vez al romper. Ahora, sin embargo, se utiliza para unir, para sumarnos a un movimiento.

Un ejemplo de esta tendencia espartaquista (vía Kubrick) fue el “Je suis Charlie”, que se popularizó después de la matanza en las oficinas de Charlie Hebdo, o el “Bring back our girls” tras el secuestro de niñas perpetrado por Boko Haram. Esas reivindicaciones parecen discretas en comparación con lo que ha llegado después. Quizá en cierto modo siempre ha sido así y es una ilusión óptica, pero el posicionamiento político parece, ante todo, un selfie. En estas manifestaciones de solidaridad, casi siempre por causas nobles, acabamos viendo más a quien declara su simpatía que a la víctima real.

Es dudoso que las palabras ayuden a cambiar la situación, pero en el fondo esa no es la cuestión: tiene más que ver con la exhibición de nuestra propia virtud. Aurora Nacarino-Brabo ha escrito sobre este asunto en relación a los manifestantes que decían “Yo sí te creo” en el caso de la manada. De alguna manera, el asunto principal –la violación múltiple, la deshumanización descerebrada, el cuestionamiento de la vida de la víctima– quedaba eclipsada por la afirmación. La misma frase la hemos visto en actores que habían trabajado con Woody Allen y que ahora han decidido que el cineasta fue culpable de un supuesto delito, veinticinco años después que se retiraran los cargos por considerarse que eran demasiado débiles. No se ha descubierto nada nuevo en este tiempo. Pero algunas de estas personas escriben en Twitter: “Yo sí te creo”, como si la mera creencia alterase la realidad. En ambos casos se vuelve más importante la convicción personal que el intento de comprobar con cierta objetividad lo que sucedió.

Por desgracia, desde coordenadas ideológicas distintas a las de sus máximos beneficiarios, lo que vemos no es tan distinto de la llamada posverdad: participa de la misma cosmovisión. No se trata, como ha explicado Kenan Malik, de que haya poca verdad en el mundo, sino de que hay demasiadas verdades, que se consideran particulares y hasta cierto punto indiscutibles. No importan tanto los hechos como la forma en que yo los siento, como en la canción de La princesa prometida: “Our love is just a storybook story,/ but it’s as real as the feelings I feel”. Por una parte, negar la posibilidad de un consenso sobre la realidad, o sobre la idea de que podemos conocer algunos hechos al margen de la percepción interior, complica la discusión. Por otro, el énfasis en el “yo” traslada la atención hacia el emisor. Las nuevas formas de comunicación propician sobre todo eso. No vivimos, diga lo que diga la canción, en malos tiempos para la lírica: prácticamente no hay otra cosa que lírica.

Es el estilo expresivo que más abunda en nuestra época, y muchas veces el camino que lo acerca al narcisismo es corto. El hashtag #MeToo es certero y extraordinariamente eficaz. Denuncia abusos de poder y el hecho de que una industria y una sociedad los hayan tolerado y normalizado durante mucho tiempo. Sin embargo, la expresión de empatía (“yo también he sufrido lo mismo que tú”) tiende a igualar comportamientos que posiblemente suceden en un continuo pero que requieren una gradación , desde la violación, al chantaje sexual, al acoso o a una propuesta fuera de lugar.

Esto recibe la ayuda de otra de las características del lenguaje de nuestra época: la exageración. En un momento de mucho ruido, parece que la única manera de que te oigan es gritar más que los otros y que nuestro Zeitgeist los mostraron los Monty Python con los cuatro hombres de Yorkshire. Así, España somete a un genocidio cultural a Cataluña, los independentistas son nazis y Natalie Portman ha sido víctima de terrorismo sexual. 

Por desgracia, en el mundo se producen genocidios, hay nazis y muchas mujeres y niñas están atrapadas en situaciones que se parecen más al terrorismo sexual que la vida de una actriz de Hollywood graduada en Harvard. Esta tendencia a la hipérbole no solo criminaliza comportamientos que pueden variar desde lo desagradable a la torpeza, sino que sobre todo los confunde con los que son delictivos: puede generar un nuevo puritanismo y producir situaciones que hacen que Kafka sea la mejor guía para la educación sexual, pero también resta importancia al sufrimiento de las víctimas de las agresiones más graves y camufla a quienes han cometido las peores transgresiones. Los excesos del movimiento se utilizarán para ridiculizar toda la iniciativa. Los avances para combatir el acoso y el machismo corren el riesgo de ser menores de lo que deberían haber sido.

28/01/2018 13:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL VILAS HABLA DE 'ORDESA'

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Manuel Vilas publica ’Ordesa’ (Alfaguara), una novela sobre sus padres, sobre su divorcio, sobre sus hijos, sobre la España que agoniza y que asfixia a sus  ciudadanos, un libro sobre la musica, la invención, los puntos candentes y selectos de la memoria, los parias. Conversamos sobre el libro para ’Heraldo’.

- Empiezo con una frivolidad. ¿Sabías que este año de 2018 se cumplen cien años de Ordesa como Parque Nacional? 

Me he enterado estos días, a raíz de la promoción de la novela. Será un buen augurio. 

-¿Qué ha significado Ordesa en tu vida? ¿Es una de tus magdalenas de Proust, como parecía ocurrir en el libro de Lou Reed, donde también había algunas?

Sí, es el primer recuerdo claro que tengo. Tiene algo de la magdalena proustiana, sí. Es un recuerdo muy potente, salgo de un coche y mis ojos se topan con las montañas de Ordesa. Calculo que fue en 1969. A mi padre le gustaba ese valle. Por eso he titulado así el libro. 

-En varios libros, sobre todo en los poemarios, venías avanzando de alguna manera este libro, este homenaje a los padres. ¿Cómo y cuándo se te ha impuesto?

 Al morir mi madre, en el 2014, comencé a escribirlo. Ya era completamente huérfano. Había escrito ya sobre la muerte de mi padre, que ocurrió en el 2005. La muerte de mi madre me trajo nuevos recuerdos, nuevos enigmas sobre mi pasado. 

-¿Sería este un libro de la memoria, aún de la memoria desmenuzada, pero también arbitraria, de instantes o azarosa? Lo digo porque el mecanismo de la evocación parece un poco antojadizo e impresionissta. Y vayas o vengas, en cualquier direccion, parece que encuentras petróleo o emoción todo el tiempo.

Está escrito a golpe de recuerdo, siguiendo los movimientos de la memoria. Ha sido como ir de caza. He salido a cazar recuerdos. Nunca sabes si te va a asaltar un recuerdo de cuando tenía nueve años o de cuando tenías diecinueve. La memoria es así, y el libro está escrito desde esa pulsión. 

 -¿En qué medida has visto, al escribir el libro, que tenías muchos vanos o vacíos sobre tu propia familia y que indagar ahí, y recordar, era también una forma de buscarte a ti mismo?

 Eso ha sido una de las cosas más importantes que me ha ocurrido al escribir el libro. Al explorar mi pasado buscaba mi identidad. La memoria hay que ejercitarla. El pasado es un enigma, y ese enigma afecta a lo que somos.

-Como lector he tenido la sensación de que asistimos a un desnudo casi integral del escritor y ciudadano Manuel Vilas.

 Sí, es un libro de la verdad. La narración de lo que te ha pasado en la vida. No es una vida extraordinaria, es una vida normal, como la de cualquiera, con sus buenos y sus malos momentos.

-¿Sería este tu libro más filosófico, donde se amasan la confidencia y el pensamiento o la intuición poética? 

Creo que sí. Me da la sensación de que es mi libro más sentencioso, con más confidencias e intimidad. 

-¿Qué porción hay de invención y de evocación, cómo ha operado la memoria?

No me he servido de la ficción. Si utilizaba la ficción, la poética del libro se venía abajo. No habría catarsis. Todo lo que cuento de mis padres es verídico. No tenía sentido inventarme nada.  

-¿Tuviste algunos títulos en la cabeza, métodos de exploración, autores concretos, textos de afinidad?

Pensé en titular el libro “Historia de la música”, por el uso que hago del nombre de los grandes compositores, que nombran a personajes del libro. Tuve en la mente a escritores que habían manejado el mismo género de libro de la verdad de la vida, desde Montaigne, Santa Teresa, hasta Goytisolo o Knausgard. Y en la actualidad, Marta Sanz o Sergio del Molino. 

-Tenías una curiosa complicidad con tu padre, pero a la vez hay entre los dos como una sensación de extrañamiento, no sé si decir de ausencia e incomunicación…

 La complicidad fue desapareciendo conforme yo fui dejando de ser un niño. Ese alejamiento es misterioso. Mi padre era un artista del silencio. Sus silencios dibujaban una extraña sensación de elegancia. Como si hablar fuera algo inútil.

-Tu madre amaba la vida y era una fumadora compulsiva. A veces avanzas cosas que les debes a cada uno… ¿Cómo resumirías ese débito?

 Amó mucho la vida, pero no asumió el paso del tiempo. Odiaba el envejecimiento, yo puedo entender eso. A mí me pasa lo mismo. Nos negamos a que la vida pase. Pero esa postura inconformista puede ser dolorosa y caótica. Mi madre no entendía por qué no se puede ser joven siempre. Era lo único que le preocupaba: la vida en sí misma.

-¿Qué te enseñan tus hijos? ¿Te ayudan ellos a ti a entender mejor tu condición de hijo?

 Hay un eterno retorno de lo mismo, recordando a Nietszche. Los malentendidos con tus padres pasan a tus hijos, en una larga cadena de vida, inmemorial e irreparable.

-¿En qué medida ‘Ordesa’ también es un autorretrato, un juicio a veces sumarísimo y una declaración de amor?

 Yo lo he escrito desde el amor. Pero el amor no excluye los filos de la vida, las desdichas y los errores cometidos.

-¿De qué te arrepientes? [En el libro hay varios arrepentimientos, sin duda. Como esa llamada de teléfono interrumpida, a la que sucede inesperadamente la muerte.]

 El libro me ha servido de catarsis. Tras la catarsis, ya no existe el arrepentimiento. Ahora ya no me arrepiento de nada.

-¿Por qué cuesta tanto que se entiendan padres e hijos? A ti te pasó..., o parece haberte en varios tramos.

 Es una oscura ley de la condición humana. Está en cientos de libros. Desde “El rey Lear” hasta “Los hermanos Karamazov”. Para mí es un misterio. Parece haber allí un agujero negro de nuestra idea de familia.

-¿De cuántas maneras se puede escribir una novela? ¿O cuántos géneros puedes meter en ella?

 Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida.

-¿Qué aportan los poemas, la mayoría ya publicados? ¿Por qué los incluyes, por necesidad o por esa carácter híbrido y libre de entender la escritura y la novela misma?

 Dudé si incluirlos. Son un epílogo. Quería que fuesen como un making-of de la novela. Me parecía que completaban la historia desde otro ángulo.

-En la última entrevista me decías que quizá te hubiesen faltado lectores. ¿Te sientes ahora más leído, reconocido, más seguro de ti mismo?

Los escritores siempre nos sentimos huérfanos de cariño. Este libro lleva dos días en las librerías y el impacto emocional que está teniendo en la gente me maravilla, también me asusta. 

-¿Has dicho que es un libro sobre España? ¿Cómo es esa España, cómo la vivieron ellos, cómo los transformó?

La España de los años sesenta y setenta, la que vivieron mis padres cuando eran jóvenes, es la que más aparece en el libro. Ellos fueron felices en esa España. Era una España un millón de veces peor que la nuestra, pero fue la de ellos, y como fue la de ellos, yo la busco en el libro y la reivindico. 

-Por cierto, también es un libro de ciudades: Barbastro, Madrid y Zaragoza. ¿Te has sentido tan aislado a veces como dices?

Fui tímido de niño, y la timidez yo creo que no la resuelves nunca. Lo que haces es acostumbrarte a vivir con ella. Esa timidez, en la edad madura, busca la soledad.

*La foto es de Daniel Mordzinski.

28/01/2018 10:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ME TOO'. ESCRIBE ALOMA RODRÍGUEZ

[La escritora Aloma Rodríguez publica en 'Letras Libres' este artículo sobre el fenómeno 'Me Too' y el feminismo.]
Aquí se puede leer.

#MeToo: Declaración de guerra

Estamos negando la capacidad de las mujeres para tomar decisiones adultas sobre su vida sexual.
 
26 enero 2018

Estamos en guerraEl movimiento que comenzó destapando años de acoso, abuso y violaciones a mujeres en entornos profesionales ha terminado por iniciar una guerra cultural global, como ha explicado Manuel Arias Maldonado: “Se publican cientos de artículos sobre el tema y se diría que las redes sociales no hablan de otra cosa. Ha surgido, también, una contrarreacción que alerta contra los excesos de esta oleada reivindicativa: el duelo de manifiestos en la prensa francesa atestigua inmejorablemente la tensión en el interior de la opinión pública. Pero, y esto merece ser enfatizado, no se trata de una opinión pública demarcada nacionalmente: medios y ciudadanos del mundo entero se han hecho eco, por ejemplo, de la controversia francesa. De manera que es razonable pensar que estamos ante la primera guerra cultural global”. (Va por la segunda entrega y ha anunciado tres.)

La ensayista Masha Gessen, miembro de la redacción del New Yorker, revista que publicó en primicia los abusos de Harvey Weinstein en un artículo escrito por Ronan Farrow, alertó bastante rápido de una sobrerreacción, surgida tal vez para corregir los años de mirar hacia otro lado. Gessen cita a la antropóloga Gayle Rubin y su ensayo de 1984 “Thinking Sex”: “Para algunos, la sexualidad puede parecer un tema sin importancia, una desviación frívola de los problemas más críticos de la pobreza, la guerra, las enfermedades, el racismo, el hambre o la aniquilación nuclear. Pero es precisamente en momentos como estos, cuando vivimos con la posibilidad de una destrucción inimaginable, cuando las personas se vuelven peligrosamente locas por la sexualidad”. Y, como señala Gessen, “vivimos con la posibilidad de una destrucción impensable”.

Gessen cita a Rubin cuando habla de los peligros de la misplaced scale, una escala fuera de lugar. Pone algunos ejemplos interesantes, como el del corresponsal del Times en la Casa Blanca, Glenn Thrush, suspendido de empleo por acusaciones de “comportamiento sexual inapropiado”. Un reportaje que se publicó en Voxcontaba que el periodista hizo “avances sexuales hacia mujeres jóvenes”. “En todos los incidentes hubo consumo de alcohol, ninguno ocurrió en el lugar de trabajo y ninguno involucró fuerza. Ninguna de las mujeres denunció a Thrush, que, como reportero (entonces en Politico), no era el jefe de nadie”, escribe Gessen. Y un poco más adelante: “La historia en la que se basa la suspensión de Thrush se enturbia en el consentimiento: una de las mujeres ha dicho claramente que había consentido en un encuentro, y otras dos rechazaron los avances de Thrush, negando el consentimiento con éxito. Aun así, todas las mujeres son presentadas como víctimas, incluida la mujer que afirmó claramente que no se considera a sí misma una víctima”. Masha Gessen explica que si negamos la capacidad de las mujeres (o adolescentes en el otro ejemplo que pone, el del senador republicano Ralph Shortey) las estamos infantilizando. Estamos negando su capacidad para tomar decisiones adultas sobre su vida sexual.

Todo esto empezó con denuncias de verdaderos delitos y abusos: hombres que por medio de la fuerza o el chantaje, obligaban a mujeres y, en menor medida, a hombres a satisfacer sus deseos sexuales. Las perseguían, y si no conseguían lo que querían, las vetaban para futuros trabajos. No solo era Weinstein (por cierto, con un sector cómplice que ahora, de manera un tanto hipócrita, pretende dar lecciones sobre feminismo un día al año, en lugar de cambiar su comportamiento el resto de los días del año, como ha escrito David Trueba en una brillante columna). Eran hombres que aprovechaban su situación real de poder para tener sexo con mujeres que se encontraban en una situación de inferioridad. Hasta aquí más o menos todos estamos de acuerdo, incluso Catherine Millet. Pero a partir de ese momento todo empieza a volverse cada vez más confuso. ¿Qué es una situación de poder? ¿Cuándo está la mujer en una situación de inferioridad? Según algunos, siempre. Por lo tanto, el consenso sexual sería imposible.

Cito a Gessen de nuevo: “La conversación que estamos teniendo sobre el sexo comenzó con incidentes que implicaban una clara coacción, intimidación y violencia. Paradójicamente, parece haber producido el sentido de que el consentimiento significativo es esquivo o incluso imposible. El martes, la banda Pinegrove anunció que suspendería su gira porque su líder, Evan Stephens Hall, había sido acusado de coacción sexual. Los detalles de esa acusación particular no están claros. Pero, en la página de Facebook del grupo, Hall publicó una declaración que parecía resumir su sensación de que las mujeres, al menos cuando se enfrentan a un hombre famoso, no pueden tomar decisiones adultas: “He coqueteado con las fans y en algunas ocasiones he intimado con personas que conocí en la gira. He llegado a la conclusión ahora de que eso no es apropiado, incluso si lo inician ellas: siempre habrá una dinámica de poder desleal en juego en estas situaciones y no está bien que yo ignore eso’.” Las chicas no sabemos lo que queremos, siempre igual.

Contra esa infantilización protestaron las 100 artistas e intelectuales francesas en un manifiesto que ha sido malinterpretado en ocasiones por falta de información y, en otras, por un gran lost in translation cultural –en Francia no se juzga el comportamiento sexual de los presidentes (Mitterand, Sarkozy, Hollande o Macron); en EE.UU. la relación de Clinton con Monica Lewinsky se usó para presentar el impeachment–. Pero también porque se leyó como una batalla más de la gran guerra cultural. Seguramente, el manifiesto erraba en el uso del verbo “importunar” entre otras cosas, pero condenaba la violencia. Lo que el manifiesto no compartía con el #MeToo era la ola de puritanismo que se ha visto alentada por el mismo. El deseo de linchamiento puede ser fácilmente satisfecho gracias a las redes sociales. Por supuesto, esa ola no la ha creado el movimiento, sino que ha aprovechado el movimiento. Máriam Martínez-Bascuñán ha explicado que “el movimiento #MeToo no va de libertad ni de puritanismo, sino de la denuncia de una injusticia omnipresente en la sociedad y cuya eficacia se construye sobre el silencio de quienes la padecen”. Y puede que así fuera, pero ahora va de algo más.

Cuando hablo de ola de puritanismo me refiero a las peticiones de retirada de obras de arte (una pieza de Balthus en el MET, entre otras), a las protestas contra el ciclo dedicado a Roman Polanski en la Cinemathèque o a la desproporcionada reacción contra Louis C. K.: todas las temporadas de su serie han sido eliminadas de HBO y su película no llegó a estrenarse. En muchos artículos se colocan en un mismo nivel Polanski, Louis C. K., Aziz Ansari, Woody Allen, Harvey Weinstein y Bill Cosby. En algunos casos se ha pretendido hacer pasar por abuso lo que no era más que una mala cita: la condición de famoso de Aziz Ansari lo ponía en el punto de mira. Para acusar de abuso a alguien debería hacer falta algo más que la sincera expresión de un sentimiento: incomodidad.

Las declaraciones del líder de Pinegrove encajarían en lo que explicaba el manifiesto de las francesas: “los hombres son obligados a arrepentirse y a desenterrar, en los confines de su conciencia pasada, un ‘comportamiento fuera de lugar’ que hayan podido tener hace diez, veinte o treinta años, y del que deberían arrepentirse. La confesión pública, la incursión de fiscales autoproclamados en la esfera privada, instala un clima de sociedad totalitaria”. Ese impulso narcisista autoinculpatorio en ellos nos ha dado algunos de los artículos más cómicos (sin pretenderlo) de los últimos meses.

Pero el texto más ridículo que hemos podido leer tenía como objeto a Woody Allen, acusado hace ahora veinticinco años de haber abusado sexualmente de su hija Dylan, entonces de 7 años, durante una de las visitas establecidas por el régimen de visitas durante la separación de su mujer, Mia Farrow. (Por si acaso hay alguien que no lo sepa ya: Farrow descubrió que Allen llevaba unas semanas acostándose con Soon Yi, una de las hijas adoptivas de la actriz, que tenía entre 20 años. Aquí podemos ver otra diferencia con Francia: Carla Bruni vivía con el editor Jean Paul Enthoven antes de enamorarse de su hijo, Raphael Enthoven, casado a su vez con Justine Levy. Enthoven Jr. es el padre del primer hijo de Carla Bruni, que poco después se convirtió en primera dama.) Ya entonces, dos instituciones diferentes concluyeron que no había indicios para abrir un proceso penal. Hay algunos detalles que pueden servir para reforzar al menos la presunción de inocencia del director.

Como Natalie Portman, yo creo a Dylan, pero no de la misma manera: Dylan cree de verdad que su padre abusó de ella. Pero que ella lo recuerde no quiere decir que sucediera. En un texto publicado originalmente en The Paris Review, Claire Dereder se preguntaba “¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?”. El silogismo base del texto es, más o menos, que como en Manhattan el personaje que encarna Allen tiene una relación con una menor de edad, Allen es un monstruo. Dereder no tiene los mismos reparos con todos los tipos de monstruos: por ejemplo, puede citar a Heidegger como argumento de autoridad sin que el filonazismo del filósofo, que además tuvo una relación amorosa con una alumna de 17 años, Hannah Arendt, le hagan cuestionarse qué hacer con el pensamiento de los monstruos.

La situación es alarmante pero no preocupante. La escritora Elvira Navarro se posicionó pronto contra los sectores autoproclamados feministas en exclusividad: ¿Nos estamos quitando de encima la tutela de los padres, maridos e hijos para soportar ahora la de otras mujeres? ¿No empieza a parecerse esto al control ejercido por las Tías en El cuento de la criada de Margaret Atwood? Por cierto que la propia Atwood dice en la introducción de la novela: “¿El cuento de la criada es una novela feminista? Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro… Entonces sí. En ese sentido, muchos libros son feministas”.

Navarro pedía que se considerara feministas también a Catherine Deneuve (por cierto, firmante del manifiesto de las 343, escrito por Simone de Beauvoir, en el que confesaban haber abortado exponiéndose así a penas de cárcel; la actriz publicó un texto en Libération explicando su posición con respecto al #MeToo) y a Atwood, que en un giro inesperado de los acontecimientos ha pasado de ser considerada la suma sacerdotisa del feminismo (precisamente por El cuento de la criada) a una traidora cómplice del patriarcado. Atwood firmó una carta defendiendo la presunción de inocencia –no la inocencia– de Steven Galloway, acusado de agresión sexual y declarado después inocente. En su texto, Atwood explica que el uso de la expresión “caza de brujas” se usa en el acepción que se refiere a procesos en que los acusados son culpables solo por el hecho de haber sido acusados. Las “buenas feministas” critican el uso de esa expresión: es apropiación ¿de género?, dicen, porque las brujas son mujeres. El macartismo también perseguía hombres.

El feminismo es importante: es luchar porque la mitad de la población mundial tenga las mismas oportunidades que la otra mitad. Como Caitlin Moran, creo que “el feminismo es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de académicos”. Precisamente por eso, creo que Margaret Atwood tiene razón cuando escribe que “El momento #MeToo es un síntoma de un sistema legal roto. Con demasiada frecuencia, las instituciones, incluidas las estructuras corporativas, les negaron juicios justos a las mujeres y a otros denunciantes de abuso sexual, por lo que utilizaron una nueva herramienta: internet. Las estrellas cayeron del cielo. Esto ha sido muy efectivo y ha sido visto como una llamada de atención masiva. Pero, ¿qué sigue? El sistema legal puede arreglarse, o nuestra sociedad puede deshacerse de él. Las instituciones, las corporaciones y los lugares de trabajo pueden limpiar la casa, o pueden esperar que caigan más estrellas, y también muchos asteroides”.

28/01/2018 10:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

WEB PARA ANTONIO PÉREZ MORTE

Juan Pérez Gargallo, joven fotógrafo e hijo de Antonio Pérez Morte y Ana Gargallo, acaba de crear una página web para la obra de su padre, fallecido hace algunos años de infarto.

https://antonioperezmorte.weebly.com/

EMILIO GASTÓN EN SU PROPIA VOZ

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https://thebooksmovie.com/author/poesiarecitada/

Homenaje a Emilio Gastón en su propia voz en ese gran proyecto que es The Book movie.

27/01/2018 14:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ADIÓS A EMILIO GASTÓN

Emilio Gastón, el poeta que se sintió hombre selva*

  

 

“Soy zaragozano hasta la médula: ejerciente, viviente, juergueante y cafeteante, como mucha de la gente de mi generación. En Zaragoza me formé, pero lejos, en mis paraísos, tenemos ríos y riberas, sotos y montes maravillosos, o selvas excepcionales, como la Selva de Oza, espacios que se destrozan, y yo intento defenderlos”. Quizá sea este uno de los últimos autorretratos que ensayó Emilio Gastón (1935-2018), en estas mismas páginas, un humanista inagotable, defensor de los derechos humanos, andarín de su órbita y del universo físico y metafísico, escultor y, ante todo, nubepensador, que era una forma de definirse filósofo, poeta y soñador. Acaba de morir a los 83 años.

Emilio Gastón fue muchas cosas: nadador de 1.000 metros a la semana hasta unos días antes de su ingreso en el hospital, futbolista, remero en el Ebro y amigo de sus amigos, entre ellos José Antonio Labordeta, de su misma edad. Se educó en la biblioteca de su padre, un sabio de casi todo y un enamorado de Aragón. Tras licenciarse en Derecho, para ser quizá “abogado insomne de causas perdidas”, como se dibujó en una ocasión, también abrazaría la poesía. Y se afilió a las noches del Café Niké, donde oficiaban Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Luciano Gracia o Julio Antonio Gómez, entre otros. Se desdobló en mil empeños y quimeras. Se casó con la profesora y poeta en cheso Mariví Nicolás y se aficionaría a esos paraísos pirenaicos de insondable misterio, de casas de piedra, de chimeneas, hogares e impresionantes desvanes. La falsa de la casa de Hecho era el laberinto del tiempo o la cueva de los tesoros de la memoria.

La vida no fue amable con él: perdió en un lance absurdo y cruel del destino a su hija Diana, que intuía la poesía con el acento adolescente de los ángeles, como quien exhibe una posesión. Remontó el desgarro, fue el abogado del robo de los libros de la Seo a mediados de los años 60 y de la ecología, se sumó al equipo fundador de ‘Andalán’, fue uno de los líderes y estandartes del PSA y, años después, demócrata a carta cabal y esperanzado en el porvenir, casi ingenuo de tan puro, fue elegido Justicia de Aragón. Un premio para un hombre como él, aragonés hasta la médula, aragonés que se reconocía en la historia, en la utopía y en sus personajes. Fue íntimo amigo de Pablo Serrano, de Salvador Victoria; fue amigo hasta del cierzo.

La poesía ha sido su reino. La poesía escrita, amasada con las palabras necesarias, la poesía oral, recitada como nadie, con la desnuda sinfonía del alma. La poesía de Emilio Gastón es el canto de un rapsoda inmemorial y casi hipnótico, es la voz hecha ilusión, brasa y pájaro. Ha sido un poeta social y visionario, ha sido un poeta de las cosas del campo, un poeta que podía parecer naïf en ocasiones o un hermano entusiasta de Thoreau y Rousseau, pero también encendía la lírica rabiosa y eufórica, tribal y de denuncia, donde se veían la posibilidad del hombre de ser como un dios y esa paradoja, o envés, de ser un tirano con los otros hombres y con la naturaleza. Con el bosque, con el agua, con las montañas, con los animales desvelados en la fronda.

En verano, con su segunda esposa Maricarmen Gascón, solía dormir en una borda pero antes contemplaban las estrellas y atrapaban el lenguaje de la noche y el cristal sonoro del silencio. Ella lo ha acompañado hasta el último instante con cariño y con sus versos, y pensaba que su último poemario había sido un vaticinio: ‘La sonrisa de La Nada. Poema cinético teatralizable’ (2017), que se suma a una valiosa, original y personalísima obra lírica con títulos como ‘El hombre amigo Mundo’, ‘Y como mejor proceda digo’, ‘El despertar del hombre selva’, que él decía como nadie. No recitaba: ponía en pie los versos, la rebeldía, la pasión y la belleza, la furia de vivir. Así fue este hombre inefable e irreductible: nos envolvió con la materia de sus esculturas y nos abrazó con sus inmensos ojos de nadador y con su corpulencia de oso antiguo del Pirineo. 

*Este texto se publicó en página dos en Heraldo de Aragón el pasado martes. La foto es de Guillermo Mestre.

27/01/2018 09:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VILAS: FRAGMENTOS DE 'ORDESA'

][Manuel Vilas presenta esta misma mañana, en Cálamo, su nueva novela: ’Ordesa’, que acaba de publicar Alfaguara. Hace unos días la presentó en Madrid en diálogo con Antonio Muñoz Molina y hoy lo hace con Agustín Sánchez Vidal. Es la novela más rotunda y emocionante de su trayectoria. Una biografía de sus padres, una autobiografía, un diálogo con la memoria. Reproduzco aquí una selección de fragmentos.]

EXTRACTOS DE LA NOVELA ’ORDESA’ DE MANUEL VILAS

«Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá

hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo 

hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres

humanos que pueden soportarlo, yo nunca lo soportaré. Nunca lo soporté.»

 

 

 

«Y comencé a escribir este libro. Pensé que el estado de mi alma era el vago recuerdo de algo

que ocurrió en un lugar del norte de España llamado Ordesa, un lugar lleno de montañas, y era

un recuerdo amarillo, el color amarillo invadía el nombre de Ordesa, y tras de Ordesa se dibujaba la

figura de mi padre en un verano de 1969.»

 

«La Historia es también un cuerpo con remordimientos. Tengo cincuenta y dos años y soy la

historia de mí mismo.»

 

«Dios, cómo me gustan los desesperados. Son los mejores.»

 

«Ni mi madre hablaba de su padre ni mi padre del suyo. Era el silencio como una forma de sedición.

Nadie merece ser nombrado, y de esa manera no dejaremos de hablar de ese nadie cuando ese nadie muera.»

 

«El sufrimiento es una conciencia expandida que alcanza a todas las cosas que han sido y serán.»

 

«El pasado de cualquier hombre o mujer de más de cincuenta años se convierte en un enigma.

Es imposible resolverlo. Solo queda enamorarse del enigma.»

 

«Mi madre era una narradora caótica. Yo también lo soy. De mi madre heredé el caos narrativo.

No lo heredé de ninguna tradición literaria, ni clásica ni vanguardista.»

 

«La sonrisa de los dos reyes es, a un metro de distancia, uno de los mayores espectáculos […].

Cuanto España ha sabido construir políticamente está cifrado en esa sonrisa, en cuyos bordes anidan

millones de serpientes encendidas.»

 

«Todo alcohólico llega al momento en que debe elegir entre seguir bebiendo o seguir viviendo.

Una especie de elección ortográfica: o te quedas con las bes o con las uves. […] Quien ha bebido

mucho sabe que el alcohol es una herramienta que rompe el candado del mundo.»

 

«Mis padres ya no existen, pero existo yo, y me marcho en cinco minutos.»

 

«Mi divorcio me llevó a lugares del alma humana que jamás había pensado que existían. Me

condujo a una reescritura de la Historia, a nuevas interpretaciones del descubrimiento de América,

o nuevas consideraciones sobre la revolución industrial…»

 

«Me adentraba en los bosques. Volví a tocar la vida. Viajé hasta Ordesa, y me quedé contemplando

las montañas. Vi con claridad los errores de mi vida y me perdoné a mí mismo todo cuanto pude,

pero no todo. Aún necesitaba tiempo.»


«Cuando la vida te deja ver el casamiento del terror con la alegría, estás listo para la plenitud. El

terror es ver el fuselaje del mundo.»

 

«Porque el dinero es más poderoso que la vida y que la muerte y que el amor. El dinero es el lenguaje

de Dios.»

 

«Busco volver a la paz de no ser.»

 

«Nos vendría muy bien escribir sobre nuestras familias, sin ficción alguna, sin novelas. Solo contando

lo que pasó, o lo que creemos que pasó. La gente oculta la vida de sus progenitores. Cuando

yo conozco a una persona, siempre le pregunto por sus padres, es decir, por la voluntad que trajo

a esa persona al mudo.»

 

 

«Mi madre bautizó el mundo, lo que no fue nombrado por mi madre me resulta amenazador.

Mi padre creó el mundo, lo que no fue sancionado por mi padre me resulta inseguro y vacío.»


«El complemento directo representaba al proletariado de la sintaxis, tenía que cargar con todo,

tenía que cargar con la acción del verbo. Muchas veces yo mismo he sido un complemento

directo, siempre cargando con el verbo, con la tiranía del verbo, que es la violencia de la

Historia.»

 

«La conversión en un precio de todo cuanto existe es presencia de la poesía, porque la poesía

es precisión, como el capitalismo. La poesía y el capitalismo son la misma cosa.»

 

«Escribo porque me enseñaron a escribir los curas. Setecientos millones de curas. Esa es la

gran ironía de la vida de los pobres de España: les debo más a los curas que al partido Socialista

Obrero Español. La ironía de España es una obra de arte siempre.»

 

«No me gusta lo que España les hizo a mis padres, ni lo que me está haciendo a mí. Contra la

alienación de mis padres ya no puedo hacer nada, pues es irredimible. Solo puedo hacer que no se

cumpla en mí, pero ya casi se ha cumplido.»

 

«Me quedo mirando las galletas rechazadas. Me quedo mirando las galletas como un idiota.

Las había comprado con ilusión. Son las galletas más desamparadas del planeta. También mi madre

debió comprar muchas veces con ilusión cosas para mí, cosas que yo no supe ver…»

 

«El presente en que todo ser humano vive convierte el pasado en un enigma; sin embargo, el

presente no es un misterio, pero en cuanto se convierta en pasado el enigma lo invadirá, por eso

miro el presente con lupa, con microscopio, intentando ver cómo se produce su transformación.»

 

«Las nubes enmudecen a tu paso hacia el olvido absoluto.»

 

«Mi corazón parece un árbol negro lleno de pájaros amarillos que chillan y taladran mi carne

como en un martirio.»

 

«¿Qué es el sufrimiento, qué grados alcanza?»

 

«Mi madre nunca supo que Barbastro era un pueblo de una comunidad autónoma llamada

Aragón ni que Aragón era un territorio que pertenecía a España ni que España era un país del sur

de Europa. Y no lo supo no por ignorancia. Sino por divina indiferencia.»

 

«Son jóvenes los dos y se disponen a llamarme de entre la oscuridad. No soy. Nunca he sido. Sin

embargo, fui presentido por todas las cosas hace millones de años. Todos hemos sido presentidos.

Puedo viajar en el tiempo y ver cómo Juan Sebastián acaricia y besa a Wagner y yo estoy allí, esperando

a que se me convoque. En su placer está mi origen, en su melancolía tras el amor está la creación de la insaciabilidad de mi espíritu.»

 

*Tomo la foto de aquí.

http://images.malagahoy.es/2018/01/22/ocio/Manuel-Vilas-Barbastro_1211588978_79797704_667x375.jpg

27/01/2018 09:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO: EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN

 

 

 

Eduardo Martínez de Pisón es geógrafo, escritor y naturalista. Nació en Valladolid en 1937 y se educó en Zaragoza. El pasado viernes presentaba un ambicioso libro, ’La montaña y el arte’ (Fórcola), en compañía de Eloy Fernández Clemente y Eduardo Viñuales Cobos.

“El campo es una metáfora” escribió Unamuno. ¿Pudo ser esta frase uno de los impulsos para un libro como este? 

Unamuno entero es un impulso. El paisaje es, en efecto, una metáfora y así lo vio la Generación del 98; somos sus discípulos. De modo que un libro sobre el lado cultural del paisaje viene de ahí, sumado a una mirada de fondo geográfica y a un amor sin fisuras a las montañas. 

-¿Cómo se le ha ocurrido este empeño totalizador, qué quería hacer y probar? 

Se trataba de mostrar una cara de la montaña que es complementaria a otras facetas más patentes o activas entre nosotros. Esta mirada artística tiene gran entidad en la cultura europea, hondos significados, y convenía mostrarla globalmente, como un movimiento completo de civilización. Las montañas no son sólo pistas para patinar, solares para edificar o cuestas para correr en bicicleta. También son esto y muy profundamente. 

-¿En qué medida es este el libro de una vida y de dos pasiones complementarias: la naturaleza y el conocimiento de la cultura? 

Es el libro de una vida, sí. Primero porque su contenido me es vital, es mi mirada directa, y segundo porque, al realizarlo al final de un largo proceso de recolección de datos, prácticamente de casi toda mi vida, es la decantación de ésta en esas dos pasiones, concentradas en las montañas y el arte. Si hay un libro mío con el que me identifico plenamente, es éste. 

-Como la materia es inagotable, ¿cómo ordenó el libro, qué incluyó y que dejó fuera? 

Está centrado el libro en la montaña en la cultura europea y sus irradiaciones. He dejado fuera voluntariamente más de medio mundo, por ejemplo las ideas sobre la montaña en Asia, o la pintura paisajista china. Pero quería tener un eje argumental claro, no hacer una enciclopedia, algo que nos sirviera aquí y ahora para comprender mejor la montaña y acaso también el arte, como un patrimonio nuestro. Y también había que medir la extensión del libro, que ya es bastante largo. Eso no quiere decir que lo que he dejado de tratar no sea interesante: lo es. Pero queda para otra ocasión... Y, en lo tratado, también he tenido que ser muy selectivo, de modo que sólo he ido encadenando lo que he estimado más significativo históricamente y a esa escala. 

-Hay curiosidades de todos los países y escritores. Vemos que Baudelaire y Balzac en Francia fueron capitales en su preocupación por la montaña; Goethe, en Alemania, hizo el Tour y describió las nubes; Dickens también se sintió atraído en solitario y con el Club Pickwick. ¿Podría resumirnos algunos aspectos de esta fascinación de estos personajes? 

Se trata de un movimiento cultural internacional desde la Ilustración y a lo largo del Romanticismo, en el que participan las primeras figuras de la literatura europea y también sus mejores pintores y músicos. Desde Rousseau, la montaña es un recurso intelectual y artístico necesario por su naturaleza sublime y por su mundo rural pintoresco. Ir a la montaña, en especial a los Alpes, pero también al Pirineo, era como acudir a una meca de la cultura. No hay así, por ejemplo, romanticismo completo sin montaña ni montaña completa sin romanticismo; y, si aparecen de este modo, lo que a veces ocurre, se muestran de modo insuficiente. 

-En España hay sensibilidad hacia la montaña de muchos autores, desde Fray Luis de León o Machado o Azorín, pero Cela, por ejemplo, describió muchas montañas: el Guadarrama, el Pirineo de León. ¿Sería él gran escritor de las montañas entre nosotros? 

No lo sé, Cela era ante todo Cela. Y sus montañas son escenarios para ser él mismo a la vez como autor estilista y como personaje literario. Yo estoy más cerca de lo escrito por Unamuno o por Machado. El gran escritor del Guadarrama fue Enrique de Mesa, en el Pirineo tal vez el conde Russell, en Gredos Unamuno, en la montaña levantina Azorín. Creo que la Generación del 98 fue el núcleo del paisajismo literario español y en él de las montañas. 

-¿Qué supuso el vínculo entre montañismo, alpinismo, pirineísmo y creación literaria? ¿Nació un nuevo género: un específico libro de viajes? 

El alpinismo es la clave. Deriva el nombre, es evidente, de los Alpes y el pirineísmo es su versión regional, con personalidad propia, en nuestra cordillera. A la presentación tradicional de las montañas desde fuera o desde abajo, su práctica permitió otra mirada nueva desde dentro y desde arriba, más fuerte y auténtica, que absorbió desde finales del siglo XVIII a científicos, artistas y pensadores, no sólo a deportistas, hacia los glaciares y las cumbres. Necesariamente era un paisaje distinto, un viaje diferente y, si se escribía, daba lugar a un libro original. El libro de montaña alpinista es una modalidad o un ciclo específico dentro de la literatura de viajes.

-¿Para los escritores, por lo general, que suponen las montañas: exploración, aventura, espiritualidad?

Suelen ir las tres unidas. La exploración requiere aventura en un medio aislado, difícil y bello, lo que tiene una repercusión espiritual en quienes viven esa experiencia. Pero los acentos varían y así hay relatos más geográficos de exploración, los hay más emocionantes y los hay prácticamente místicos. Pero, en líneas generales, la actividad en la montaña suele tener buenas dosis de espiritualidad.

-Por poner dos o tres ejemplos tópicos: ¿qué aportaron Thoreau y Rousseau a la relación del hombre con la montaña?

Ambos fueron muy influyentes, aunque quizá más en términos cualitativos que cuantitativos. Rousseau fue el pionero en la vivencia de la montaña baja y media, tanto en su aspecto natural, en sus bosques por ejemplo, como en su aprecio por la sociedad campesina, que entendía sin contaminar por los vicios sociales de las llanuras. Thoreau canta la vida auténtica en el retiro del bosque, la belleza del otoño, la experiencia del caminante en soledad. Ninguno de los dos habla en la verdadera alta montaña, pero su pensamiento es el mismo que el de un amante de las cordilleras: por eso, al saber expresarlo con las justas palabras, iluminan a quienes lo sienten pero no aciertan a formularlo o bien enseñan lo que encierra el sentimiento de la naturaleza a quien no lo ha experimentado.

-¿Cómo ha tratado, de manera global, la pintura la montaña?

De manera histórica. Es más fácil trasladar lo que cuenta un literato que lo que contiene un cuadro. He procurado sistematizarlos en etapas y apartados, sin olvidar las personalidades eminentes, pues no todo es cuestión de estilos, gustos o corrientes, sino de genialidades personales. Procuro citar pintores y cuadros de modo que el lector pueda encontrar sus obras con facilidad en publicaciones diferentes o en internet. Me he atenido, como antes dije, a la pintura europea y a su expansión o influencia más directa extracontinental.

-Al analizar obras pictóricas, cita muchas cosas: ‘La Gioconda’ de Leonardo, aparece Velázquez, Brueghel o El Bosco, El Greco, los pintores holandeses, maestros del paisaje. ¿Quiénes sucumbieron de manera especial a la majestuosidad de las cumbres?

Tempranamente, grandes autores como Leonardo, Durero o Tiziano, entre otros. Seguidamente, los paisajistas holandeses de los siglos XVI y XVII, lo que llama la atención pues es la montaña desde la llanura y la lejanía. Desde el siglo XVIII al XX destaca en los Alpes la escuela suiza, con estupendos artistas. Pero también los viajeros ingleses ilustrados y románticos, tan aficionados a los bocetos, dieron un notable impulso a la pintura alpina, por ejemplo con el gran Turner. En España entramos en esta línea con los paisajistas de finales del XIX, en especial con Haes y sus discípulos.

-La literatura y la pintura, o el arte, encaran desde el naturalismo o el simbolismo el paisaje. ¿Cómo lo hizo la música?

La música es el medio de transmisión mayor de la armonía y de la evocación profunda del paisaje. Tiene tres aspectos, la de la naturaleza (que tantas veces es el silencio), la del campo, con los sones campestres, y la composición, que decanta la montaña o que la expresa alegóricamente mediante una refinada belleza sonora.

-¿Cuáles son las grandes piezas que relacionan la música y el paisaje? ¿‘Una noche en el Monte Pelado’, tal vez, ‘El lago de los cisnes…’, ‘Las cuatro estaciones’?

Para mi gusto, los grandes traductores de la montaña en música han sido Liszt y Wagner. El primero participando en su sentimiento artístico completo, vinculado a la literatura, y el segundo con su tesis de la obra de arte total y sus símbolos culturales de gran calado.

-¿Cuáles son la presencia y la importancia de Aragón en este libro?

Hay un apartado entero dedicado al arte de los pirineístas, para quienes el sector aragonés de la cordillera pirenaica tenía un especial atractivo. Por un lado hay el arte en la montaña, por ejemplo en arquitectura histórica, que en Aragón presenta formas espléndidas, y por otro hay la montaña en el arte, cuya práctica corrió históricamente más desde la vertiente francesa hacia la nuestra. Aparece tanto en la pintura como en la literatura, pues el Pirineo tuvo excelentes obras en ambos campos. Hubo pintores y escritores famosos que ocasionalmente fueron pirineístas y hubo pirineístas estrictos que también fueron artistas. Creo que son casi cien páginas entre unos y otros...Se notan mis inclinaciones.

-Desde el prisma personal: cuáles son su poema, su novela, su cuadro y su composición pictóricas favoritos sobre el tema. [Pueden ser varios, claro]

Es difícil seleccionarlos pero voy a intentarlo. Como poetas Machado, Unamuno y Mesa. Como prosistas Senancour y Hesse. Como pintor, por supuesto el Guadarrama de Velázquez y de Beruete, pero también Friedrich y los glaciares de Loppé.

-Usted asegura que la montaña habla y que hay que detenerse a escucharla. ¿Qué le ha dicho a usted, que le sigue diciendo?

Suena ya dentro de mí, no fuera, es una voz interior que se acerca mucho a la felicidad.

-¿Qué libros aún le quedan por escribir?

El editor Fórcola tiene ya un nuevo original que prolonga el asunto de la naturaleza y la cultura por otros paisajes. Luego, depende del tiempo y los ánimos, pero seguro que seguiré escribiendo.

-Por cierto, ¿estuvo Aurora Dupin en Panticosa o en los Pirineos aragoneses?

Estuvo por las áreas fronterizas altas y ello le dejó recuerdos vivenciales muy profundos, aunque con una memoria geográfica bastante confusa, pues en una de sus novelas sitúa al pueblo de Panticosa en Navarra, lo que no es pequeño despiste.

27/01/2018 09:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAFAEL LOBARTE FONTECHA VUELVE A TRADUCIR A PERCY B. SHELLEY

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[El sello Renacimiento de Abelardo Linares publica ’Carta a Maria Gisborne y otros’ poemas del gran poeta romántico inglés Percy B. Shelley, en traducción de un verdadero especialista Rafael Lobarte Fontecha, que también es un estupendo poeta que trabaja y vive en Zaragoza, donde nació en 1959.]

 

La nota editorial dice: [Percy B. Shelley es un poeta fascinante. En él se conjugan una serie de elementos que, en principio, pudieran parecer paradójicos y que, por el contrario, lo hacen absolutamente singular y, al mismo tiempo, un paradigma del Romanticismo. De origen aristocrático, pero con un pensamiento político radical; místico en su concepción teórica del amor y, sin embargo, sensual y promiscuo; ateo o más bien, agnóstico confeso y, a la vez, un reconocido panteísta que creía fervientemente en el poder de la palabra; un hombre que murió en plena juventud y, no obstante, dotado de un pensamiento ­filosófico profundo­ desde los inicios, Shelley fue, sobre todo, un rebelde e ­iconoclasta, que buscó, y alcanzó, una absoluta perfección formal en su trabajo, un espíritu vigoroso y apasionado, aunque siempre propenso a la melancolía.]

Rafael, tan amable y cariñoso siempre, me envía unos poemas: el original en inglés y su versión, siempre muy trabajada.

A SUMMER EVNING CHURCHYARD

LECHLADE, GLOUCESTERSHIRE



The wind has swept from the wide atmosphere

Each vapour that obscured the sunset’s ray;

And pallid Evening twines its beaming hair

In duskier braids around the languid eyes of Day:

Silence and Twilight, unbeloved of men,

Creep hand in hand from yon obscurest glen.

 

They breathe their spells towards the departing day,

Encompassing the earth, air, stars, and sea;

Light, sound, and motion own the potent sway,

Responding to the charm with its own mystery.

The winds are still, or the dry church-tower grass

Knows not their gentle motions as they pass.

 

Thou too, aëreal Pile! whose pinnacles

Point from one shrine like pyramids of fire,

Obeyest in silence their sweet solemn spells,

Clothing in hues of heaven thy dim and distant spire,

Around whose lessening and invisible height

Gather among the stars the clouds of night.

 

The dead are sleeping in their sepulchres:

And, mouldering as they sleep, a thrilling sound,

Half sense, half thought, among the darkness stirs,

Breathed from their wormy beds all living things around,

And mingling with the still night and mute sky

Its awful hush is felt inaudibly.

 

Thus solemnized and softened, death is mild

And terrorless as this serenest night:

Here could I hope, like some inquiring child

Sporting on graves, that death did hide from human sight

Sweet secrets, or beside its breathless sleep

That loveliest dreams perpetual watch did keep.

 

 

 

 

CEMENTERIO EN UN ATARCECER ESTIVAL

 

LECHLADE, GLOUCESTERSHIRE

 

El viento ha barrido de la inmensa atmósfera

el vapor que apagaba el rayo del poniente

y el pálido Crepúsculo ciñe las negras trenzas

de su brillante pelo al día que desmaya.

El Silencio, el Ocaso, que los hombres no estiman,

de la mano se vienen desde el calvero umbrío.

 

Exhalan sus hechizos al día que se aleja,

envolviendo la tierra, el aire, el mar, los astros.

Luz, son y movimiento el fuerte efluvio captan

y al encanto responden con su propio misterio.

Los vientos están calmos o el césped de la torre

su gentil movimiento ignora cuando pasan.

 

Tú también, edificio sutil, cuyos pináculos,

pirámides de fuego, desde un altar se elevan,

en silencio obedeces su dulce y grave hechizo

dando un matiz celeste a tu lejana aguja,

en torno a cuya cúspide, borrosa e indistinta,

las nubes de la noche entre los astros se unen.

 

Los muertos duermen ya dentro de sus sepulcros

y al dormir convirtiéndose en polvo, un son vibrante

entre oído y pensado, allí en lo oscuro tiembla

que, desde lechos pútridos, cerca las cosas vivas

y, con la quieta noche, con el cielo mezclándose,

su horroroso silencio inaudible se siente.

 

Así solemne y suave, la muerte es apacible

y no espanta, al igual que esta noche serena.

Aquí esperar podría, como un niño curioso

que juega entre las tumbas, que unos dulces secretos

ocultara la muerte o a su quietud exánime

los más preciosos sueños perpetua guardia hicieran.

 

 

 

 

SONNET

 

Ye hasten to the grave! What seek ye there,

Ye restless thoughts and busy purposes

Of the idle brain, which the world’s livery wear?

O thou quick heart, which pantest to possess

All that pale Expectation feigneth fair!         

Thou vainly curious mind which wouldest guess

Whence thou didst come, and whither thou must go,

And all that never yet was known would know—

Oh, whither hasten ye, that thus ye press,

With such swift feet life’s green and pleasant path,         

Seeking, alike from happiness and woe,

A refuge in the cavern of gray death?

O heart, and mind, and thoughts! what thing do you

Hope to inherit in the grave below?

 

 

SONETO

 

¡Corréis hacia la tumba! ¿Qué buscáis allí, inquietos

pensamientos y múltiples designios del ocioso

cerebro, que vestís la librea del mundo?

¡Corazón agitado, que poseer anhelas

cuanto imagina hermoso la Esperanza;

curiosa mente en vano, que adivinar querrías

de qué lugar provienes y adónde te diriges

y saber todo aquello que nunca se ha sabido!;

oh, ¿hacia dónde corréis que con pie tan ligero

pisáis el verde y grato camino de la vida,

de la felicidad buscando, y de la pena,

un refugio en la gruta de la apagada muerte?

¡Oh, corazón y mente y pensamientos!,

¿qué esperáis recibir debajo de la tumba?

25/01/2018 09:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NOVELA DE GONZÁLEZ DEZA

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José Luis González Deza presenta hoy su libro 'Las lágrimas de la verdad', publicado por Mira editores. Será en la librería Los Portadores de sueños.
[Nota editorial]Durante la Guerra Civil hubo personas capaces de dar lo mejor, y también lo peor, de sí mismos. La novela pone de manifiesto estas dos realidades y se aleja de la visión interesada y parcial de malos contra buenos creando historias que se unen para después separarse. En Las lágrimas de la verdad descubrimos personajes que, para alcanzar el poder, no sienten ningún escrúpulo en fomentar el odio o recurrir a la traición. Por el contrario, hay quienes se esfuerzan en buscar espacios de convivencia a través del corazón y no de la razón, a pesar de que sus creencias sean antagónicas.

José Luis González Deza con la precisión y buen hacer de un maestro de ceremonias hace desfilar por estas páginas a sus protagonistas, verdaderos arquetipos de carne y hueso (la magia de la palabra insufla vida), compartiendo un tiempo y un espacio: los años convulsos de la Guerra Civil a lo largo del territorio aragonés. Mientras unos se dejan arrastrar por sentimientos tan viles como el rencor o la envidia, otros, sin embargo, nos enseñan que la bondad que anida en el ser humano puede llegar a ser infinita, siempre y cuando se valore más a las personas en función de cómo son y no de quiénes son. Estos últimos se convierten en los verdaderos héroes del relato, y, entre este grupo de elegidos, destaca Luis, un hombre que por amor se dejará seducir, atrapar y abrazar por las lágrimas de la verdad.

 

EL AUTOR

Jose Luis Gonzalez DezaJosé Luis González Deza nació en Huesca en 1982. Tras licenciarse en Historia y graduarse en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Zaragoza, estuvo trabajando durante más de siete años en el sector financiero hasta que en 2013 decidió dar un cambio radical a su vida. Abandonó su trabajo y la anodina comodidad en la que se hallaba inmerso para intentar dedicarse a una de sus grandes pasiones, la enseñanza, profesión que desempeña actualmente. Fue entonces cuando comenzó un viaje introspectivo para encontrarse a sí mismo y, después de recorrer el Camino de Santiago, se refugió en Liri, un pequeño pueblo del Pirineo aragonés, donde dio forma a su primer proyecto literario, convirtiendo en realidad un sueño que durante muchos años estuvo persiguiendo.

 

23/01/2018 09:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRES FOTOS DE EMILIO GASTÓN

-1. https://static01.heraldo.es/uploads/imagenes/8col/2015/01/15/_jh_cf8873f1.jpg?a79f6c86604d60f064472ee510d3730a

-2. http://www.andalan.es/wp-content/uploads/emilio-gaston-517x700.jpg.Obra de Pedro Sagasta.

-3.http://3.bp.blogspot.com/-UZV1ALi0qJg/TZOK4xsOdoI/AAAAAAAAAEM/gN_A3u3PWR4/s1600/gastonyotros.inde-1.jpg 

23/01/2018 00:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EMILIO GASTÓN EN SUS POEMORIAS

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[En 2014 escribí este texto sobre sus memorias poéticas: 'Poemorias'.
Emilio Gastón (Zaragoza, 1935) es un ciudadano comprometido e irreductible que se alimenta de tres ríos: el río de la poesía, caudalosa y surrealista (solo él, probablemente, es capaz de decir: “Y un día empezamos a llover”), el río del Derecho que mimó desde su despacho de abogado y el río de la política. Con todo ello ha llenado su vida y también un original avance de su autobiografía que ha titulado ‘Poemorias’ (Rolde / Delicias Discográficas y Ayto. de Zaragoza), que en realidad son dos discos de una hora cada uno donde el poeta habla, recuerda y recita; al recitar, el personalísimo rapsoda que es Emilio, explica en qué contexto nacieron sus poemas y qué significan muchas de sus imágenes o sus pintorescos títulos: ‘Carta de embarque verde’, ‘La nube comprometida’, ‘El relámpago niño’... Por ejemplo, recita ‘Pintada’ y dice que es una composición dedicada a la gente que operaba en la clandestinidad.

Arranca, hacia el año 1958 con un ‘Diálogo violento con la Selva de Oza’ y con ‘Canto primero personal’, y se arroja al ‘Hombre amigo mundo’, poemario con el que quedó finalista del Premio Boscán. Emilio Gastón, hombre de la Peña Niké (se recuerdan los días de la OPI de Miguel Labordeta y sus trovadores), hermano de casa ajena y aventura existencial de José Antonio Labordeta, dice que ya ahí están sus asuntos y sus símbolos: el compromiso con el pueblo, con las montañas, con Aragón, con la gente, la idea del pastor, y están sus nubes, sus relámpagos, sus bosques o esas criaturas huidizas que parecen de cierzo y que están cargadas de compromiso y de rebeldía.

Emilio Gastón habla de su formación, de su pasión por la lírica y de la resistencia a “una dictadura funesta que no dejaba pensar, ni publicar ni hacer el amor”. En su poética, entre naïf y ajustada a su práctica de un concepto particular de revolución, defiende la “amnistía, la libertad, los parques públicos, el amor”. Cuenta que un día aparecieron por su casa dos amigos como Labordeta y Eloy Fernández Clemente con un proyecto en la cabeza: la fundación de la revista ‘Andalán’, título que ya Eloy tenía muy claro. Y así se sumó en la aventura ‘andalanesca’, con otros muchos peregrinos de travesía y de batalla.

También confiesa que él eludió la persecución policial y logró que jamás le detuvieran; en cambio, en muchos casos del TOP (Tribunal de Orden Público), defendió a bastante gente, “nunca me metieron en la cárcel y pude dedicarme a los demás”, con nubes y truenos dialécticos en los labios. Entonces, mientras su poesía avanzaba y seguía mirando las colinas, en una especie de tiempo de transición entre la agonía del franquismo, o periodo de resistencia, y los inicios de la democracia, con otros compañeros –“los predispuestos, los comprometidos...”- fundó la Alianza y luego Partido Socialista de Aragón, que será una de las materias centrales del segundo disco. Cuenta eso y le dedica un poema a Labordeta: ‘No lo sé. Ya ves’.

Los recuerdos, minuciosos, se mezclan una y otra vez con la lírica. Con la corriente torrencial de una poesía vigorosa e inclasificable, que alcanza la plenitud en sus labios. “Espiga compañera de los vientos”, dice. Y se declara partidario de la "revolución universal del esperanto".

Se pregunta Francisco J. Uriz, en sus ‘Palabras preliminares sobre un abeto por dentro’, si “¿sabrá el lector quién es Emilio Gastón? Topo disidente nube comprometida abeto cheso lanzado al mundo con sus raíces sus palabras sus poemas su tierra su agua?”. ‘Poemorias’ (1935-1985) se cierra en 1985, antes da cuenta de algunas traiciones, y poco después Emilio Gastón –que se define “como el aglutinador del socialismo aragonés” en algún instante- sería nombrado Justicia de Aragón, un viejo sueño que tenía entre sus objetivos la autonomía de Aragón. La designación le llegaría después de una época ácrata, algo que él llama también su “tiempo de la ciudad civil”. Esa es otra historia, sin duda. Roberto Rodés le grabó y le invitó a hablar y a decir casi una treintena de poemas; Daniel Ríos puso la selección musical. Emilio Gastón se entrega al verso, a la amistad, a la denuncia y a la memoria. Y sentencia: “Y como mejor proceda digo”.

 

*Emilio por Primo.

23/01/2018 00:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EMILIO GASTÓN: UN DIÁLOGO RECIENTE

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[Hace no demasiadas semanas entrevisté en la contraportada de ’Heraldo’ a Emilio Gastón con motivo de la publicación del poemario ’La sonrisa de la nada’. Moría ayer a las 19.00, tras varias semanas en el hospital. Recupero aquí el texto.]

 

Nacido en Zaragoza en 1935, Emilio Gastón es uno de los últimos miembros de la Peña Niké. Con el espíritu de D. W. Thoreau, publica ‘La sonrisa de La Nada’. Fue Justicia de Aragón entre 1987 y 1993.

 

"De joven, quería irme de España en un camión y recorrer mundo»

 

La casa de Emilio Gastón (que comparte con su esposa, la poeta Mari Carmen Gascón Baquero) lo tiene todo: su despacho de abogado y los libros de leyes, una inmensa biblioteca distribuida en varios cuartos, su pinacoteca (que incluye cuadros suyos y muchos ajenos) y el taller de escultura. Sigue leyendo libros de poesía como siempre -«los leo, los anoto, aplaudo y critico los versos, deshago los libros», dice- y escribe todos los días.

¿Por qué la escultura?

Me gusta todo el arte: la pintura, el dibujo, la escultura, pero con ella, pura materia, siento que el arte es ilimitado. Y además elijo el hierro porque tengo un amigo herrero y en Hecho hay una estupenda herrería. El hierro es más dúctil que la piedra, que me exige una fuerza que no tengo.

¿Más dúctil?

A mí me encantan el corte y la fundición, trabajar como si fuera un collage. Soy un recortapega de los fierros, aunque también puedo trabajar con otros materiales.

Está claro que cada vez se vuelca más hacia el paisaje.

Soy zaragozano hasta la médula: ejerciente, viviente, juergueante y cafeteante, como mucha de la gente de mi generación. En Zaragoza me formé, pero lejos, en mis paraísos, tenemos ríos y riberas, sotos y montes maravillosos, o selvas excepcionales, como la Selva de Oza, espacios que se destrozan, y yo intento defenderlos.

Bueno, usted siempre ha sido ecologista y deportista.

Es verdad. He sido nadador y campeón de Aragón. A mis 82 años hago tres días a las semana 1.000 metros en la piscina. Intento que la vejez no sea condena, sino afirmación: me propongo retos, excursiones, aventuras.

¿Qué lugar ocupa la poesía en su vida?

Es insustituible. No la dejo por nada. Siempre he escrito. Incluso cuando mis padres me dejaban castigado, escribía. Escribo en voz alta. Es como si la voz y la música de los versos me ayudasen a componer, a redactar.

Publica ‘La sonrisa de La Nada’ (Comuniter) y lo subtitula ‘Poema cinético teatralizable’. Es un libro alegórico y simbólico…

Las dos cosas. Me gustan los símbolos y las alegorías, y en mis libros hay muchos. Ambos están ahí y también una idea de movimiento y un homenaje al cine. El cine me volvía loco de niño y aún me vuelve hoy. Soy feliz de haber nacido en los tiempos del cine.

¿Qué quería decir?

Tengo que cambiar siempre. Buscar nuevos caminos y expresiones. Es una especie de pieza teatral en tres actos con algunos personajes que bien podrían ser mis yoes. Y esos yoes dialogan con La Nada, que aquí no es exactamente el vacío o el desamparo sino la esperanza de empezar de nuevo, de crear, de mejorar el mundo. Es la ausencia de limitaciones.

¿Es un poemario surrealista?

Sí, claro, cómo no. El surrealismo fue una necesidad, una vía de escape de la época de normativas exageradas: las de la opresión y la represión. No vivimos en el mejor de los mundos, pero ya no es así. Le digo una cosa: jamás he publicado un poema del que me hayan censurado algo. Y ahora me gusta escribir en libertad.

¿Por qué ha elegido como protagonista a un Humanoide Camionero, al que luego llama «camionero introspectivo»?

Cuando era joven tenía un sueño: quería ser camionero e irme de España. Me quitaron hasta el pasaporte. No es que quisiera ser conductor: quería irme de España en un camión, recorrer mundo y hallar otra profesión.

Hay otras criaturas: Diosa Greco-Romana, la Musa Científica, el Explorador Incansable…

En el fondo, como le digo, son personajes que se parecen a mí, que evocan a mi padre, que nacen de mis sueños, o que me interpelan en el libro. Me llaman por mi nombre: Emilio . Ellos representan algunos de mis intereses humanos e intelectuales. Creo que cultivo la utopía. Este también es un libro en el que están amigos que se han ido -Sopeña, Labordeta, de mi edad, García-Badell- y también los que están. ¿Sabe usted que ahora mi gran cómplice es el poeta Fernando Ferreró, que ya tiene 90 años y sigue escribiendo? Nos divertimos mucho.

 

*La foto es de Heraldo, de Guillermo Mestre.

 

23/01/2018 00:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO EMILIO GASTÓN. ECOS DE ROLDE

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Rolde de Estudios Aragoneses se suma al duelo

por el fallecimiento de Emilio Gastón.


Zaragoza, 22 de enero de 2018
La asociación cultural Rolde de Estudios Aragoneses llora la pérdida de Emilio Gastón. Emilio (socio desde 1978) fue uno de sus miembros más veteranos y entrañables, volcado sin fisuras en multitud de proyectos relacionados con la promoción de la cultura aragonesa y con la mejora de la autoestima en este país.
Entre otras colaboraciones, REA editó en 2007 el poemario de Emilio "La Subordania. Epopeya chesa sin d'acabanza" (un poemario heterodoxo en busca de sus raíces), y en 2014 se sumó a un proyecto apoyado por el Ayuntamiento de Zaragoza: "Poemorias" (un documento sonoro en el que Emilio recorre los paisajes de su infancia y juventud, los ambientes de creaticvidad y lucha por las libertades, con la poesía y la música como referentes).
El compromiso de Emilio (y por extensión, del núcleo de Andalán), que representaba generacionalmente a los "hermanos mayores" de los fundadores de REA en 1977, va mucho más allá de su singular trayectoria política e institucional (antifranquista, fundador del Partido Socialista de Aragón, diputado de ese partido federalista y autogestionario en las Cortes constituyentes, primer Justicia de Aragón de la época contemporánea), e incluso de  su labor profesional como abogado de causas justas. Emilio fue un poeta, un artista, un espíritu inconformista, rebelde, utópico. Una persona esencialmente buena, a la que se va a echar de menos.
Rolde de Estudios Aragoneses traslada su más sentido pésame a la familia de Emilio Gastón, en especial, con el mayor de sus cariños hacia Mari Carmen Gascón, compañera inseparable del poeta y, como Emilio, queridísima amiga.

*Nota de 'Rolde'. 

Foto de Lara Albuixech.

22/01/2018 23:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO LITERARIO CON XAVI AYÉN

«Arrabal resopló y, muy digno, se levantó y se fue»

 

«No he hallado una imagen que valga

más que mil palabras bien puestas»

 

«Me llegó al alma la dedicación de

Kenzaburo Oé a su hijo discapacitado»  

 


El pasado 12 de enero de 2017 publiqué esta entrevista con Xavi Ayén (Barcelona, 1969), biógrafo del boom y uno de los grandes entrevistadores literarios de España. Hoy está en Zaragoza para hablar, con Míchel Suñén, de 'La vuelta al mundo en 80 autores' (La Vanguardia). Desde hace unos meses, escribe todos los domingos una columna en la sección de opinión. (Este texto lo publiqué en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.)

 

Empezaré con una broma: ¿cuál es su objetivo al compilar, rehacer y preparar este libro: ‘La vuelta al mundo en 80 autores’ (La Vanguardia)?

Así justamente empieza todas las entrevistas un colega mío que no tiene tiempo de leerse los libros de los entrevistados. Lo cito en el prólogo y además lo pongo como ejemplo a los alumnos de periodismo porque con esa pregunta, a partir de la respuesta, se pueden formular nuevas preguntas e intentar conseguir una conversación publicable. Lo mejor es documentarse bien, claro, pero el periodismo es imperfecto por definición y hay que tener recursos para las emergencias. Mi objetivo era ofrecer una guía de lectura, una panorámica global de lo que se está publicando en el mundo, partiendo de mi trabajo diario como entrevistador, pero reelaborando todo el material y ofreciendo fichas, mapas e índices por idiomas, países, alfabético… Las entrevistas son fusiones de varias al mismo autor y están editadas de nuevo para evitar repeticiones o referencias desfasadas a la actualidad del momento.

¿Qué es para usted una entrevista, qué significa entrevistar, qué busca?

Entrevistar a escritores no tiene nada que ver con entrevistar a políticos, a los que, a menudo, debes romper el discurso e intentar poner en apuros. Los libros se explican solos, por lo que la voz del autor debe aportar un plus, algo de valor que enriquezca la lectura, incite a ella o, al contrario, persuada de acometerla. Es la fórmula clásica: debemos entretener e ilustrar, «instruir deleitando».

¿En qué se parece preguntar a conversar, si se parece en algo? ¿Usted pregunta o dialoga?

Eso es muy interesante. Yo pregunto. Estoy haciendo un trabajo y encamino toda la charla a conseguir buenos materiales para el lector. Me pongo el casco y empiezo a excavar hasta que encuentro el mineral. Puedo conversar luego, cuando se apaga la grabadora, pero entonces es más disperso: puedo dedicar dos horas a hablar de Vladimir Nabokov, puedo chismorrear, hablar de mi familia... Cosas que no haría en la entrevista (a no ser que fuera al hijo de Nabokov).

¿Cómo prepara las entrevistas? ¿Qué ingredientes trabaja?

Tengo cuatro folios distintos (bueno, dos con anverso y reverso) donde, mientras voy leyendo los libros del autor y documentándome, anoto las preguntas que se me ocurren. Así, me queda siempre el cuestionario dividido en cuatro temas, que siempre son: ‘Biografía’, ‘Última obra’, ‘Conjunto de obras’ y ‘Política y sociedad’.

 

¿Lo esencial es leer el libro, o los libros, o conocer al personaje?

Las dos cosas. Personalmente, prefiero las entrevistas basadas en los libros. En realidad, me temo que gustan más las basadas en rasgos llamativos del personaje: el Nobel de matemáticas que es esquizofrénico (Nash), las excentricidades de Houellebecq... Lo ideal es combinar ambos elementos.

En el libro hay varias formas de redacción. Estilo directo, indirecto, mezcla… pienso en la entrevista-viaje de Carme Riera… ¿De qué depende su elección?

Los periodistas tenemos que seducir desde el primer párrafo. Cuando no sé cómo redactar una entrevista me pregunto: «¿Cómo se lo contaría a un amigo?» y fíjate que siempre empezamos, entonces, por lo que tiene más gracia y estructuramos un relato divertido. Intento seguir ese tipo de intuiciones. Carme Riera había escrito un libro delicioso sobre Mallorca y me llevó por varios escenarios de Deià a pasos de contrabandistas o playas de piratas… Eso tenía gran interés, porque en cada espacio encontrábamos una historia de su vida. O, en la entrevista con John Nash, me veía obligado a explicar cosas como en qué consiste la teoría de juegos, o que él entrenó a Deep Blue, el ordenador que batió a Kasparov, otro de los entrevistados…

Hay muchas curiosidades. Por ejemplo: la entrevista casi monólogo de Guillermo Cabrera Infante. ¿Qué sucedió ahí?

Un día entrevisté a Cabrera Infante por teléfono, estuvimos tres cuartos de hora hablando pero solo me alcanzó a formularle tres preguntas, tal era su tendencia al monólogo. Comiendo al día siguiente con un colega, me dijo: «No te quejes, yo solo le pude lanzar la primera pregunta y se puso a hablar solo». Aquella entrevista-monólogo era excepcional. Hay gente, muy poca, que se podría autoentrevistar.

¿Por qué fue la de Fernando Arrabal la más corta de su vida?

Corta pero brillante. Fue en 1998. Él había publicado ‘Ceremonia por un teniente abandonado’, el libro sobre la desaparición de su padre, republicano, durante la guerra civil. El día antes, apareció en el programa de más audiencia de España, ‘Quién sabe dónde’, que presentaba Paco Lobatón y en el que se buscaba a gente desaparecida, con ayuda de testimonios, policías, etcétera. Salía gente anónima, muchas veces en situación desesperada, porque habían perdido a su hija, a su padre, su hermano… Y apareció él, 60 años después de los hechos y coincidiendo con la salida del libro. La primera pregunta que le formulé fue: «¿No cree que su aparición en TVE puede ser vista por algunos como una maniobra de promoción del libro?». Resopló, me dijo, muy digno: «Esa pregunta no se la formularía usted jamás a Cervantes», se levantó y se fue.

La de Catherine Millet no es mucho más larga…

Bueno, en realidad el original es mucho más largo, pero es una de las que más han sufrido por las tijeras, para mantener la paginación del libro en unos límites aceptables. ‘La vida sexual de Catherine M’ (Anagrama), donde cuenta su desenfrenada biografía amatoria, fue uno de los fenómenos del 2001 y quise incluirlo porque me parece muy bien escrito. Que mostrara sus pechos al fotógrafo es anecdótico.

Dos de sus mejores aliados han sido Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Dos grandes escritores y rivales. ¿Qué impresión tiene de ambos?

Entré en casa de García Márquez en México como mensajero de Carmen Balcells, su agente literaria. Le traje desde Barcelona una maleta de más de 40 quilos con sus regalos de Navidad y, gracias a la complicidad de su esposa, Mercedes Barcha, pude convertir aquel encuentro en entrevista. Allí me dijo que había dejado de escribir, noticia que reprodujo hasta el ‘New York Times’.

¿Y de Vargas Llosa?

De Vargas Llosa, el recuerdo más intenso es la mañana de 2010 en que le comunicaron que había ganado el Nobel de Literatura, y que yo tuve la suerte de poder compartir con él en su apartamento de Manhattan. Uno se murió, Gabo, y al otro hace tiempo que no le he visto, pero son experiencias inolvidables.

Da la sensación de que en sus entrevistas ha tenido una gran determinación, total ausencia de pereza y, a veces, un poco de fortuna. ¿Está de acuerdo?

Pues, ahora que lo dice, sí, creo que sí. La literatura me apasiona, tengo un gran miedo a no prepararme bien los temas y a veces peco de lo contrario, del exceso de información en relación con el espacio disponible. Los obsesivos tenemos esa parte positiva, nos tomamos el trabajo en serio.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer para conseguir una entrevista?

Aparte de transportar la maleta de Gabriel García Márquez, ponerme esmoquin y bailar un vals en la gala del Nobel de la Academia Sueca (son dos cosas muy difíciles para mí). Así conseguí un contacto que me abrió las puertas de un laureado.

¿Cuándo se siente más cómodo un escritor y se abre más a las confidencias?

Cuando te ha visto varias veces, y has pasado días y has tenido encuentros de largas horas. La confianza se consigue con tiempo. Aunque nunca sabes, con Lobo Antunes fue de sopetón: le conté cómo había leído en un hospital su ‘Exhortación a los cocodrilos’, enfermo, con una fiebre altísima, y cómo algunas partes de lo leído se me mezclaban con delirios, y eso a él le hizo evocar la enfermedad de su esposa, que acabó muriendo, y me explicó cómo hacían el amor a pesar de las secuelas que la dolencia había dejado en su cuerpo. Era una confesión impactante y al tiempo de una gran ternura.

Si uno no le conoce bien, puede parecer inofensivo. ¿Es esa apariencia de timidez y de bondad lo que desarma a sus entrevistados?

¿Por qué «apariencia»? ¿No cree que sea tímido y bueno en realidad? Pues vaya… No se trata de ninguna estrategia, es mi personalidad, pero me doy cuenta de que a veces produce un efecto poniatowskiano (una de mis entrevistadoras preferidas, libros como ‘Palabras cruzadas’ deberían llegar a España), Elena me dijo que «al ser chaparrita y joven», con aspecto ingenuo, los entrevistados se le abrían más.

Hablemos de entrevistas conmovedoras. ¿Cómo se logra una confesión como la de Carlos Fuentes: «[A mis hijos muertos a los 25 y 29] Los tengo siempre presentes, cada línea que escribo. No sucedía así mientras estaban vivos pero cuando murieron los integré en mi escritura»?

Yo tengo dos modelos profesionales inconfesables. Quedaría mejor decir que sigo los pasos de Bernard Pivot, pero en realidad uno es un amigo que trabaja de comercial en una fábrica de embutidos, y que dedica la mayor parte de su horario laboral a visitar a sus clientes, o potenciales clientes, interesándose por sus vidas, charlando de todo un poco, ayudándoles en lo que puede, habla de todo menos de negocios, eso ya llega con el tiempo, él se dedica básicamente a crear vínculos. Y el otro es Julio Salinas, que, cuando jugaba de delantero, era el más desgarbado de todos, parecía que no hacía nada, pero siempre estaba cerca de la portería cuando pasaba la pelota… y marcaba.

Hay autores que parecen vivir escindidos. Un caso perfecto sería el de la Nobel Toni Morrison. ¿Ha visto más creadores así?

Morrison cuenta que tiene un personaje-escritora, con el nombre que conocemos, y luego su personalidad ‘real’, con el nombre que figura en su DNI. Es impresionante la diferencia entre ambas. La verdad es que sucede con muchos, y ahora que lo dice, me doy cuenta de que los que más se disfrazan para salir en la prensa tienen un éxito notable. Amélie Nothomb o James Ellroy.

¿Quién le ha conmovido especialmente: por su lucidez, por su humanidad, por su tormento, porque es un distraído…?

Me llegó al alma la dedicación de Kenzaburo Oé a su hijo discapacitado, no es ninguna pose o impostura con fines literarios, me pareció alguien profundamente empático, sensible y sinceramente preocupado por explicar el dolor del mundo. O que Naguib Mahfuz, ciego y con incontables molestias a causa de la puñalada que le clavó un islamista, siguiera saliendo cada día de tertulia con sus amigos. Umberto Eco era capaz de recordar dónde tenía cada uno de los 35.000 volúmenes de su biblioteca, clasificados en absoluto desorden.

¿Hay algún diálogo que haya sido muy incómodo o doloroso?

A Wole Soyinka lo entrevisté en Nigeria llevando siempre dos guardaespaldas armados detrás, por la situación de violencia del país. Y, en la primera entrevista que le hice al poeta Jesús Lizano, solo me contestaba declamando versos, sin aparente relación con lo que le preguntaba. Luego me di cuenta de que sí la había…

¿Extrae alguna conclusión acerca de la importancia social de la literatura?

Hay un tipo de verdad sobre la naturaleza humana que solo alcanzamos a vislumbrar mediante la palabra escrita, solamente la literatura -que parece la disciplina más inútil de la Tierra- ha podido expresar ciertas cosas sobre la pasión, los celos, la soledad, el sufrimiento, el odio, nuestro inconsciente y necesidades afectivas… Por mucho que miro a mi alrededor, no he encontrado nunca una imagen que valga más que mil palabras bien puestas.

¿Podría rescatarnos tres o cuatro de sus frases favoritas?

De Günter Grass: «Me hice S.S. para huir de mi familia, llevar uniforme atraía las miradas, reforzaba mi yo… Lo que más me duele es todo lo que no hice, toda la gente que no salvé del horror, amigos y familiares, es un dolor que no me abandonará jamás». De Elena Poniatowska: «La cárcel es una dádiva para una periodista, es donde más puedes encontrar relatos de vida». De Luis Goytisolo: «El impulso sexual y el literario son el mismo». Y del premio Nobel Patrick Modiano elijo: «El tiempo es tan destructor como un bombardeo».

 

*La foto de Xavi Ayén es de Lisbeth Salas. 

22/01/2018 14:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PATRICIA ESTEBAN ERLÉS HABLA DE 'LAS MADRES NEGRAS'

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Esta semana, Patricia Esteban Erlés presentaba su primera novela: ‘Las madres negras’ (Galaxia Gutenberg) en Madrid y en el Teatro Principal de Zaragoza, en un acto que organizó la librería Los Portadores de Sueños. La autora, apasionada del terror, de las atmósferas góticas y de la inquietud fantástica, explica aquí algunas claves de la novela.

-Leyendo tus libros, especialmente este, tengo curiosidad por saber cómo ha sido tu infancia.

 Fue un lugar extraño. La felicidad estaba hecha de instantes que me deslumbraban y aún recuerdo. Los veranos interminables, los días azules de piscina, el triunfo de aprender a montar en bici, el bollo suizo de una pastelería del barrio que eran los mejores del mundo... La tristeza y oscuridad se adueñaba a veces de la casa y entonces yo quería crecer, dar una patada en el fondo y salir de la niñez de golpe porque me sentía indefensa. La infancia era, como dice Ana María Matute, más larga que La vida.

-¿De dónde procede tu forma de mirar, tu curiosidad por la oscuridad, por el terror?

 Me fascinan las sombras desde pequeña. La luz no es posible sin ellas. Embellecen el mundo de una forma inquietante. Siempre me han gustado las historias en las cuales el misterio y la oscuridad eran ingredientes fundamentales. Ayudó mucho que en mi infancia predominó el blanco y negro de una vieja televisión que se negaba a morir. Las historias de Ibáñez Serrador o Hitchcock, los cómics de terror de mis hermanos, las lecturas de libros para mayores que se abrían para mí como caserones prohibidos. Era fascinante conocer aquellos mundos turbadores que sentía como propios.

-¿Qué le debe a criaturas de la imaginación como Frankestein o Drácula, pongamos por caso?

La fascinación por el monstruo. La conciencia de que a esas criaturas deformes y temibles las tejemos a medida en cada época los seres humanos. Nos asustan la inmortalidad y el poder o la inteligencia absolutos y nos inventamos seres que los encarnan y son malditos por ello. Me encantan los monstruos. Son los reflejos exactos de nuestros miedos y aspiraciones más íntimas.

-¿Y a Alfred Hitchcock?

Le debo la conciencia de que lo cotidiano encierra un lado inquietante muy poderoso. Puede asustarte la casa en la que vives, el vaso de leche que te sirve el hombre que amas, una bandada de pájaros. Me gusta mucho el temor que despierta lo familiar.

 -¿Qué ha sido más determinante para ti el cine de terror, de suspense, o la literatura del horror?

El cine de terror. Las impresiones visuales, los escenarios y personajes de muchas películas nutrieron mi imaginación calenturienta desde cría. Fueron una fuente inagotable de símbolos que a menudo encuentro en mis historias. Me doy cuenta de que pienso escenas y las vuelco en párrafos. 

-¿Cómo defines esa literatura gótica que dicen que practicas? ¿Cuáles serían tus claves?

Creo que es un gótico que mezcla lo victoriano desde el punto de vista estético con el cuento tradicional en el esquema narrativo. Me gusta el pastiche, incorporar obsesiones personales como el tema del holocausto nazi o las mansiones encantadas a la batidora y ponerla en funcionamiento con todo dentro. 

-¿Qué se te había perdido en un convento como sucede en 'Las madres negras'?

Me llaman la atención como espacios secretos, vedados al común de los mortales. De pequeña visité en una convivencia el convento de clausura de la Puerta del Carmen y me parecía que era un ser vivo dispuesto a engullir a las mocosas que se acercaran demasiado al torno. Había algo seductor y temible en la felicidad de aquellas hermanas que dejaron de ser del mundo y rezaban profesionalmente por todos los que vivíamos más allá de los muros del convento. Me aterraba sentir eso que ellas habían sentido. Esa llamada ante la que no podías taparte los oídos. Pero nunca pasó.

-Allí vive una monja, Priscia, que a algunos les podría recordar al mismo demonio. ¿Ha querido hacer eso?

Es más bien alguien poseído por una forma de amor que la vacía y la vuelve un ser diabólico. Una ‘groupie’ pasada de vueltas, capaz de hacer lo que le pida su ídolo.

 -¿Cómo viven las niñas, con su inmenso candor, allí dentro: Galia, Lavinia, Moira, que se ha muerto 22 veces, pero que solo recuerda tres?

Horrorizadas. Las imagino intentando abrir mucho los ojos para despertarse y dejar atrás una pesadilla demasiafo larga. Los adultos sabemos fabricar muy bien ese tipo de sueños terroríficos.

 -¿Existen en la vida real las maldiciones, como sucede en su novela?

Creo que el mundo está regido por unas reglas curiosas. La maldición es un motivo literario muy rentable, pero además persigue a determinados seres reales como si el dado siempre cayera del mismo fatídico lado para algunos.

-Hay un personaje muy curioso: Larah Corven, le regalan un caballo blanco y su marido muere joven…

Larah Corven es un trasunto de Sarah Winchester, víctima de una maldición que me chifla. Todos los indios muertos por culpa del rifle que patentó su esposo persiguieron a su familia y a ella misma, que intentó refugiarse en una mansión que iba ampliando con más y más habitaciones para esconderse de aquellos espectros malhumorados. Estuvo huyendo de puertas para adentro cuarenta años. Lo suyo fue una reforma infernal. 

-Una niña, Mida, dice que Dios se le ha aparecido y que no existe. ¿Son ganas de provocar?

 Es la inocencia del niño que ve desnudo al emperador. A veces cuesta mucho creer lo más evidente.

-¿Para quién has pensado una novela como ésta, para que tipo de lector? ¿Qué te asusta a ti?

Pensé en escribir una historia que me devorase como autora, que me atrajera cada día y me obligara a sumergirme en ella. Me ha encantado y me ha horrorizado vivir en Santa Vela. Me asusta la maldad que se complace en sí misma, que se retroalimenta y nunca tiene bastante. 

-El jurado ha subrayado, entre otros aspectos, la sensibilidad y la calidad de la escritura. ¿Cuál son tus preocupaciones con el lenguaje, con el estilo? ¿Cómo escribe una novela una autora de cuentos o de microcuentos como tú?

Me gusta sentir que el lenguaje crea belleza e inquietud. Disfruto de la palabra cuando leo o escribo. Palabreo. Es un placer jugar con las frases, hacer surgir a un personaje que te atrapa. Intento que lo que cuento sea fluido y contenga a la vez un mundo propio del que el lector se sienta parte, que reconozca como próximo. Escribí esta novela confiando en el instinto. La historia, como en un cuento, estaba ahí esperando a que la desenterrara. Y eso hice. 

-¿Qué supone para ti ganar este premio de novela Dos Passos?

Una alegría que no se acaba. La oportunidad de publicar en una estupenda editorial, Galaxia Gutenberg, mi primera novela y acceder a una agencia de prestigio ha sido mucho más de lo que había imaginado que podía llegar a pasar con esas páginas que empecé a escribir en una cafetería, un sábado cualquiera. Están surgiendo grandes cosas y a ratos me pregunto si todo esto es cierto. Pero la realidad a veces es la novela menos verosímil de todas.

 

 

*La foto es de Asís G. Ayerbe.

20/01/2018 19:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL CABALLERO Y EL VIAJE DE FRANCISCO GARCIA LORCA, EN ANTÍGONA

[Dice Julián Millán] El próximo martes, 23 de enero, a las 19,30 presentaremos el libro Francisco García Lorca y el viaje por España y  Europa. La promoción republicana a la carrera diplomática de 1933 de Miguel Caballero, publicado por Carpe Noctem.

El autor estará acompañado por Ignacio Olave, mecenas y colaborador en la búsqueda de la fosa de Federico García Lorca.
Año 1933, la única promoción diplomática de la Segunda República española realiza un viaje de fin de carrera por una parte de España y algunos países europeos, que queda plasmado en los diarios de viaje de los futuros diplomáticos entre los que se encuentra Francisco García Lorca, hermano de Federico, así como Salvador Téllez, Sanz Briz el llamado Ángel de Budapest, Cortina Mauri y la primera mujer diplomática de la historia de España: Margarita Salaverría.
La narración del viaje es una descripción de la realidad social, económica, industrial, comercial y monumental de esa España de 1933, la impresión que les ocasionó el recién creado régimen nazi en Alemania y el paso de Francisco García Lorca por la carrera diplomática hasta su expulsión perpetrada por el régimen franquista.
Miguel Caballero Pérez (Sierra de Yeguas, Málaga, 1959) es especialista en la biografía del poeta García Lorca, ha publicado varios títulos relacionados con dicho tema, 'La verdad del asesinato de García Lorca', 'Historia de una familia' (editorial Ibersaf), 'Lorca en Marruecos' (editorial Diputación de Granada) y 'Las trece ultimas horas en la vida de García Lorca' (editorial La esfera de los libros), además de numerosos artículos y trabajos en revistas especializadas. Colaborador en muchos documentales con el cineasta Ruiz Barrachina, ha dirigido el titulado 'Lorca en África', cuatro días crónica de un viaje, que se ha proyectado en numerosas salas.

Ha encarado la investigación sobre el poeta Lorca desde un punto documental, huyendo de las fuentes orales y actualmente promueve la búsqueda de la fosa que contiene los restos del maestro republicano Dióscoro Galindo, asesinado el 17 de agosto de 1936 en Alfacar (Granada), por expreso deseo de dos de sus hijas, y que pudo ser fusilado en unión del poeta García Lorca y los fontaneros y banderilleros anarquistas Francisco Galadi y Joaquin Arcoyar.

 

*En la foto de 1930, más o menos, Federico y Francisco García Lorca.

https://i.pinimg.com/564x/8d/87/ff/8d87ffe4b96762e0f484f479e1ddebb8--the-life-green-dress.jpg

 

20/01/2018 14:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ VERÓN EN AMIGOS DEL LIBRO

[Eugenio Mateo reseña en su estupendo blog la presentación de uno de los últimos libros de José Verón, organizada por los Amigos del Libro, que él preside ahora.]

http://eugeniomateo.blogspot.com.es/2018/01/jose-veron-gormaz-presento-su-nuevo.html

19/01/2018 09:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ASÍS G. AYERTE RETRATA A NAHIR G.

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Nahir Gutiérrez, escritora de libros infantiles y jefa de comunicación de Seix Barral. Asi la vio Asís G. Ayerbe.

15/01/2018 23:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JULIO ESCARTÍN Y LA MÚSICA

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Julio Escartín, desde 'Pasapalabra', le ha hecho esta sugerencia al presidente de Aragón Javier Lambán:

 

"He lanzado mi reto a nuestro presidente Javier Lambán. Lo he hecho con una expresión que entenderá muy bien, porque se usa mucho en Ejea.

 

Lo tenéis en el minuto 17 del rosco:

 

http://www.telecinco.es/pasapalabra/revancha-Pablo-Julio-Pasapalabra-culmina_2_2497455183.html

 

Habrá bastantes aragoneses que se pregunten:

 

¿Dónde está la Sala de la Corona de Aragón?

 

Y yo me pregunto:

 

¿Por qué se habla tanto de Cataluña y tan poco de Aragón?

 

Mi sueño es convertir la Sala de la Corona en un espacio abierto a la música y a los músicos aragoneses.

 

Un lugar donde puedan actuar los que están estudiando en nuestros conservatorios, los que ya han terminado y están luchando por poder darse a conocer al público, y los que ya son estrellas consagradas.

 

Un lugar donde puedan venir la Coral Oscense, la Polifónica Turolense, y tantos otros coros y bandas aragoneses que casi nunca tienen la oportunidad de actuar en Zaragoza.

 

Un lugar donde hacer intercambios con jóvenes músicos de Londres, Milán y otras ciudades que están a un tiro de piedra de Ryanair.

 

Un lugar donde puedan vivir la música los alumnos de nuestros colegios e institutos.

 

Un lugar donde hacer un homenaje a José Peris, Antón García AbrilJosé Luis González Uriol... y tantos otros que han hecho grande la música aragonesa.

 

Un lugar... donde sentirnos orgullosos de ser aragoneses.

 

Yo ofrezco mi piano durante un año, dos años... el tiempo que haga falta hasta que el Gobierno de Aragón vea que merece la pena y compre un piano de gran cola".

 

*La foto de Julio Escartín es de Heraldo de Aragón.

 

 

 

14/01/2018 17:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCHAMALO, VIRGINIA Y SOLEDAD

Cuentos de domingo* 

 

Virginia y Soledad

 

Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) ofrece cada fin de año un delicioso librito ilustrado por el oscense Antonio Santos. En ‘Virginia Woolf, las olas’ (Nórdica) narra la vida de esta escritora enferma, hipersensible, que anduvo de luna miel en Zaragoza. Su muerte fue terrible: se ahogó en el río Ouse y su cadáver tardó varios días en aparecer. Marchamalo y Santos retratan a una mujer llena de fantasmas, marcada por el desamparo existencial y por la enfermedad que buscó un cuarto propio en su intimidad y en el mundo, y rara vez lo logró. Si Marchamalo es el capitán de los bellos adjetivos, Santos con sus grabados crea un universo preciso que retrata el genio y la locura.

Marchamalo es, con Nando López, el coordinador de un proyecto que quizá llegue a Aragón: ‘Pasando página’ en la Biblioteca Nacional, una invitación a la lectura que incorpora un fondo con doce libros de 45 editoriales españolas. Se explican todos los secretos de un libro, con un montaje novedoso de nuevas tecnologías. Diez autores recuerdan un título muy especial en su vida: entre ellos, Care Santos habla de ‘Crónica del alba’ de Ramón J. Sender, Lorenzo Silva recuerda ‘Imán’, del propio Sender, y Ana Alcolea, la única aragonesa, dice que el libro de su vida es ‘Cumbres borrascosas’ de Emily Brönte.

Por la tarde me cito en la RAE con Soledad Puértolas. Publica ‘Lúcida melancolía’ en la colección Baroja (& yo) de Ipso. Conversamos en la biblioteca de Rodríguez Moñino y María Rey. Soledad cuenta cuánto le marcó Baroja, al que leyó de adolescente en Pamplona, cuando iba a pasar tres meses de verano a casa de la tía Sole, que le regaló algunos títulos y, “con un poco de dinero que no sé de dónde me salía”, logró adquirir sus ‘Obras completas’ de Biblioteca Nueva. Soledad se identificaba con el estilo, con los personajes barojianos, con su pasión por la aventura. Soledad, como Virginia Woolf, también es una mujer enfermiza desde que tuvo tifus de niña. “Me tengo que rebelar siempre contra la enfermedad para venir aquí, para salir de mi casa. Soy escritora y soy una solitaria”.

Voy al Museo del Prado a ver la muestra de Mariano Fortuny. Fue un artista excepcional que murió a los 36 años y que poseía el don de la luz. Cuadros como ‘En la vicaría’ o ‘La elección de la modelo’ definen una formar de pintar y de entender la lentitud de la belleza.

 

*Este texto ha aparecido hoy en mi secció ’Cuentos de domingo’ de Heraldo.

14/01/2018 17:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE MAX Y SU ABUELO ANTÓN

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Mi hijo Daniel tomó esta foto ayer en su casa de Madrid: su hijo Max, nacido el 25 de agostode 2017 y yo, nacido el 25 de agosto de 1959. Como se ve 2017 ha sido un año especial para mí. Publiqué tres libros ('El tango de Doroteo', con Javier Hernánez; 'Golpes de mar', en Ediciones del viento, y 'Aragón. Excursiones a lugares mágicos', con Eduardo Viñuales, en Sua. tuvimos una noche muy especial de ’Artes & Letras’, con estupendos galardonasos, rindieron homenaje a mi obra poética en Fraga, fui elegido académico correspondiente de Bones Lletres por Zaragoza y nació Max.

 

El sistema, con buen criterio, solo registra el rostro del niño.

13/01/2018 10:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALEJANDRO PALOMAS, PREMIO NADAL

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[Alejandro Palomas acaba de ganar el premio Nadal con 'Un amor'. Hablamos hace ahora casi dos años de su último libro: 'Un perro', cuya atmósfera no es ajena a este libro, que saldrá el 6 de febrero. Hablamos hoy un instante, por Facebook, y Alejandro ofreció esta definición de su libro: "Un amor' es una inyección de vida directa al plexo, 24 horas de familia al desnudo con retrato de madre irreverente al fondo".] 

 

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) publica en castellano y catalán ‘Un perro’ (Destino). Acaba de presentar esta novela familiar en Cálamo

 

 

Alejandro Palomas «Un perro es el espejo donde se miran todos»

 

 En apenas tres años ha publicado ‘La madre’, ‘Un hijo’ y ahora ‘Un perro’. Y siempre la familia de fondo. ¿Por qué?

Llevo muchos años escribiendo de la familia. Me gustan mucho las relaciones no elegidas, porque son muy reactivas. Surge un conflicto que todo el mundo reconoce y que no exige explicación. Como novelista, voy muy directo a lo que quiero y necesito que los pilares estén puestos para destacar aspectos que me interesan mucho. Necesito creer y hacer creer que hablar mejora las cosas.

¿Qué más quiere destacar?

El valor de lo pequeño. Me emociona lo que tenemos al lado y no valoramos nada porque está. Para mí es como un misterio. Vivo muy concentrado en eso: en lo que es, en lo que está, en lo que perdura, en lo que no perdura, en las filias y en las fobias.

¿Cuáles son sus filias y sus fobias?

El inglés, por ejemplo. Sueño en inglés y he tenido una experiencia reciente en la que he descubierto que lo más profundo de lo que yo siento lo siento en inglés. Otra de mis filias es el silencio. Me apasiona, y eso es algo que resume la novela. Digo en ‘Un perro’ que cuando callan los de afuera empiezan a hablar los de dentro.

¿Podría explicarse?

Me siento muy habitado por voces, por muchas voces, las oigo literariamente y las incorporo con facilidad. Y eso me aleja de la locura. Me gusta actuar, me gusta encarnar a un personaje. Estoy escribiendo y actúo, como si fuera un actor. Como si radiase los diálogos; necesito sentirlos en la lengua. Tiene que haber una música. Esta novela la he escrito oyendo a diario un disco de Erik Satie. El lenguaje debe sonar con cierta delicadeza.

¿Fobias?

El ruido. Me crispa porque todas las voces que tengo aquí dentro necesitan mucha concentración. Cada vez hay más ruidos. No tenemos cultura de respeto al silencio. También tengo fobia a los cazadores. No entiendo el maltrato animal convertido en entretenimiento. Este binomio me crea agresividad.

¿Es verdad que tiene un perro que se llama Rulfo?

Desde hace once años, seis meses y 18 días exactamente. Aquí es R, el protagonista. Es el espejo donde se miran todos. Es el único por el que lo dejan todo: Fer, el protagonista, sus hermanas o la madre, que es cándida y borde a la vez. R es el tipo de amor en el que todos se encuentran aliviados. Es el amor que todos quieren conservar porque no juzga.

Vive en la convulsa Cataluña y en un país que no logra elegir presidente. ¿Cómo le marca la realidad?

Nunca hago referencias a la actualidad. Soy muy atemporal. Me da miedo que mis novelas envejezcan mal. Huyo de las referencias concretas y también de los lugares. Manejo espacios cerrados, teatrales, como Javier Tomeo. No querría que la realidad fuera otro personaje. Necesito carne, intensidad, que se toquen mis criaturas, las tengo que ver sudar…

¿Qué anhela con sus libros?

Crear en el lector un chorro de emoción. A veces me cuesta dosificarme. Yo escribo al plexo, al estómago, no escribo a la cabeza, y quiero que desde ahí se irrigue la fuerza. Soy un escritor estremecido que busca conmover al lector. ‘Un perro’ no ha acabado aquí. Yo soy incapaz de pasar el duelo que supondría despedirme de estos personajes.

 

*La foto de Alejandro Palomas es Efe, de Marta Pérez. 

07/01/2018 20:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HISTORIA DEL HOMBRE CHOTO

EL HOMBRE CHOTO DE PEÑA CANCIÁS

 

El hombre-choto es una de las figuras más especiales de los Pirineos. Encarna la fatalidad y la vida al aire libre en libertad. En la Peña Canciás a veces se oye el alarido del cabrero salvaje.

 

Algunos han situado el relato en los Mallos de Riglos, en Monte Perdido, en Jaca, pero son más aquellos naturalistas, etnógrafos, mitólogos o autores de literatura popular que lo sitúan en la Peña Canciás, en las proximidades de La Guarguera y de Fiscal -en el valle del Ara-. Allí nació y vivió un niño al que llamaban Mamés. Su origen es impreciso: se sabe que era hijo de pastora y quizá de un andariego, de otro pastor o del macho cabrío. Sí, eso se conjeturó porque, desde muy pronto, el zagal empezó a tener el cuerpo cubierto de vello. Tenía algo de niño monstruoso, humanizado por unos ojos claros. Apuró la infancia y la adolescencia en descarnado contacto con las estaciones.

 

No tardó en ir a guardar sus ovejas y cabras: partía lo más lejos posible, donde no intimidase a nadie ni llamase la atención. Su madre lo intentó mandar al colegio y lo hizo, pero sufrió tal acoso que hubo de retirarlo. Una tarde mientras paseaba por las rocas de la orilla, miró el espejo del agua y vio a una mujer, con abrigo o un chal sobre los hombros. Era hermosa, de mirar suave, tranquila. Se acercó y enlazó, con más nervios que otra cosa, un par de frases. La doncella sonrió, contestó con igual porción de suavidad y temor, y empezaron a soltarse. Se vieron al día siguiente, y al otro, y al otro. Ella le contó que estaba con sus tíos y que padecía una molesta enfermedad pulmonar. Mamés se sentía transportado a una pradera de incitaciones para el cuerpo y el alma, estaba poseído por su hermosura. Atisbó el amor y se enamoró. Ella abrió una espita a la ternura y a la compasión, y lo escuchaba con placer y sin temor: Mamés le habló del rebaño, del día y la noche, de la sierra y sus aves, de la flora, de las gasas de niebla que cabalgan sobre los montes. De repente, otro día cuando se desvanecía la tarde, ella le besó en la mejilla y le dijo: «Gracias por todo. Algún día volveré».

 

Mamés, el hombre-choto, quedó desolado. Se cansó de esperar. Tomó una brusca decisión: subió a lo alto del precipicio de la cara norte de Peña Canciás y, sin encomendarse a nadie, lanzó un alarido incontenible y se echó a volar al vacío de aquel abismo. Algunos, con especial sensibilidad auditiva, han oído y oyen aún su lamento en el viento y en la música de las tormentas que pasan de la comarca del Serrablo a la del Sobrabe.

 

*Aragón. Excursiones a lugares mágicos. Ediciones Sua. Textos: Antón Castro y Eduardo Viñuales. Fotos: Eduardo Viñuales. 

 

 

01/01/2018 20:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LIBROS QUE IMPORTAN, OTRA VEZ

Zaragoza vuelve a acoger el gran intercambio multitudinario de libros en un espacio público.

[Nota de Jorge Gonzalvo de Atrapavientos.] Del 26 al 30 de diciembre se celebra la segunda edición de “Libros que importan”, una iniciativa que se puso en marcha el pasado año y que contó con la participación de más de 8.000 personas para intercambiar más de 1.800 libros.

Organizado por Atrapavientos, con el apoyo del Ayuntamiento de la ciudad, la actividad pretende consolidar en Zaragoza el mayor intercambio de libros en un espacio público.

Zaragoza, martes, 26 de diciembre de 2017.- La Plaza del Pilar acoge, por segunda vez, y desde el martes 26 hasta el sábado 30 de diciembre, la actividad navideña “Libros que Importan”, una iniciativa organizada por Atrapavientos con el apoyo del Ayuntamiento de Zaragoza, con la que se pretende consolidar en la ciudad el mayor intercambio de libros en un espacio público.

Esta campaña se desarrolló con gran éxito durante las pasadas navidades, y por la Plaza del Pilar se acercaron más de 8.000 personas, quienes pudieron intercambiarse  más de 1.800 libros. Como el pasado año, en esta segunda edición la actividad se iniciará con una aportación inicial de 100 libros, entregados por 100 personajes que vivan intensamente la cultura y que quieran contar y expresar lo importante que es la literatura para ellos. Entre ellos habrá escritores, deportistas, artistas, periodistas, libreros, bibliotecarios, queriendo repetir la experiencia del año pasado algunos de ellos.

El consejero de Economía y Cultura, Fernando Rivarés participa también este año, aportando el libro Puro fuego, de Joyce Carol Oates. También han confirmado su participación autores como Soledad Puértolas, Javier Sierra (reciente Premio Planeta), Patricia Esteban Erlés, Ana Alcolea, Fernando Lalana, Ana Juan (portadista del New Yorker); músicos como Ara Malikian, Carmen París, Shariff Fernández; representantes del mundo del cine como Gaizka Urresti, Paula Ortíz, Luisa Gavasa, Álvaro de Luna o Nata Moreno; los directores generales de cultura del ayuntamiento de Zaragoza y del Gobierno de Aragón: Saúl Esclarín y Nacho Escuín respectivamente; el Rector de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Mayoral, el ilusionista Pedro Tercero, así como educadores, bibliotecarios, artistas plásticos, libreros, científicos y otras figuras relevantes del mundo de la danza, el teatro o el deporte; y organizaciones como Aldeas Infantiles o la fundación Federico Ozanam.

Igualmente, los zaragozanos y zaragozanas están invitados a participar en la actividad, si acuden del 26 al 30 de diciembre a la Plaza del Pilar y regalan un libro, pero no un libro cualquiera, sino un libro que sea importante para esa persona. El ejemplar estará envuelto en papel de regalo e irá acompañado de una dedicatoria en su interior, en la que se explique por qué es importante ese libro. Cada persona que entregue un libro, inmediatamente recibirá otro, al azar, que habrá llevado antes otro amigo invisible literario.

Todos y todas pueden participar en esta original y divertida actividad, ya que los libros que se regalen pueden ser nuevos, de segunda mano o el ejemplar que se tenga en casa.

El proyecto “Libros que Importan” ha despertado el interés en otras ciudades y se está llevando a cabo, a menor escala, en bibliotecas de otras poblaciones, en centros de mayores, y ha demostrado el interés del Ministerio de Cultura o de la Biblioteca Nacional, lo que supone que Zaragoza es una ciudad pionera en campañas de fomento y animación a la lectura, ya que a esta actividad se suman las de Cuentos y Versos al Viento o la de Plantadores de Historias.

Qué: Presentación de Libros que Importan con la asistencia de algunos de los 100 zaragozanos que han participado en la iniciativa. 

Cuándo: martes 26 de diciembre a las 11:00 horas.

Dónde: Plaza del Pilar, Zaragoza.

 

25/12/2017 22:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL SILURO FANTÁSTICO DE MAIDEVERA

ALGUNOS 'LUGARES MÁGICOS DE ARAGÓN'
Con Eduardo Viñuales, publico el libro 'Aragón. Excursiones a lugares mágicos de Aragón' (Sua), 30 sitios de Zaragoza, Huesca y Teruel, 30 leyendas inscritas en un guía práctica para viajar, pasar un fin de semana, adentrarse en el mito y en las fábulas y en el paisaje, y también en alguna invención. El libro lleva más de 150 fotos espectaculares de Eduardo Viñuales Cobos. He aquí cuatro de ellas: Peña Canciás en Fiscal, por donde asomaba el Hombre-Choto; una de las grutas del monasterio de Piedra; el cielo de San Benito de Orante y una vista nocturnal de Trasmoz, por donde anduvieron los hermanos Bécquer. Mañana domingo hablaremos de él en el programa 'A vivir Aragón', en la Ser, con Miguel Mena.

 

EL MONSTRUO DE MAIDEVERA

 

[Los siluros fueron arrojados al pantano de Mequinenza hacia 1974. Luego llegaron al Ebro y más tarde a otros lugares, quizá al embalse de Maidevera, inaugurado en 1981, entre ellos. El siluro, para algunos, encarna al auténtico monstruo de este pantano de Aranda de Moncayo.]

 

 

A Damián Gurpide le enseñaron desde niño a amar el embalse de Maidevera en las afueras de Aranda de Moncayo. Su padre, campesino y pescador, le explicaba que riega muchos pueblos de la comarca, que ocupa más de ciento sesenta hectáreas y que en su parte más honda tiene cuarenta metros, aunque la profundidad media es de unos diez metros. Le hacía dibujos y le indicaba donde están el aliviadero, los desagües, la torre de tomas y los canales de riego. Y le gustaba contar que allí hay truchas comunes y truchas arco iris, madrillas, carpas, barbos y tencas. Le decía que el embalse, por desgracia, no tiene ni bosque ni olmeda de ribera, pero que eso le permitía admirar mejor las puestas de sol, contemplar el baño de la luna en el agua y tener una mejor perspectiva de esa forma de lengua, encajonada entre montañas.

Un día, cuando caía la tarde, el padre le dijo al hijo que iban a vivir la aventura más bella de su vida. Salieron de casa y alcanzaron la orilla: allí estaba la barca. El padre acomodó sus objetos de pesca y situó al niño en un lugar seguro. Durante muchos minutos, quizá más de dos horas, Damián vio a su padre remar y remar, con un ritmo sosegado, como si no se fatigase y en cada impulso expresase una infinita sensación de placer. Navegar en el embalse de Maidevera con luna llena era una sensación inexplicable. Si existía la felicidad debía parecerse mucho a aquella noche. De repente, el padre dejó de remar y cogió la caña. La lanzó y esperó. Si el niño mostraba ansiedad, le pedía que callase, que las truchas se espantaban con la voz humana. A la vez recogía y lanzaba el anzuelo, e invitaba al muchacho a hacerlo él mismo con suavidad. En esas andaban cuando, de repente, un animal de formidable boca salió del agua y pareció atrapar a una paloma o a un pato. El padre, algo asustado, le dijo al chico: “El pantano de Maidevera tiene un monstruo. Quizá sea un siluro. Pueden vivir hasta los 80 años, son de una gran voracidad y destruyen la flora y la fauna. Se alimentan de barbos, truchas, carpas. Tendremos que pescarlo o acabará con nosotros”. Esa noche no pudieron hacerlo. Ni las siguientes, aunque trajeron otros anzuelos y otros aparejos.

Damián Gurpide creció con esa obsesión. Se convirtió en el centinela y en el protector del embalse. Lo era todo para él: el lugar de juegos y aventuras, la mejor playa, el refugio de sus aún inocentes amores con Cristina Subías y, sobre todo, el escenario de la luz, del color y de una increíble belleza de agua, montaña y cielo. Un lustro después sintió que ya estaba preparado para darle a su padre una gran alegría. Había ahorrado para adquirir hilo trenzado y resistente, la mejor caña y el clonk, una pieza de madera para golpear en el agua y producir un efecto sonoro semejante al del siluro. Eligió un día de junio. Exploró la superficie en su barca hasta la medianoche. Y esperó hasta las tres de la mañana, que era la hora propicia, para lanzar su sedal. El monstruo no tardó en picar. Lo arrastró un rato, lo aproximó lentamente y, bien provisto de guantes y de valentía, lo subió a la barca y lo inmovilizó como pudo.

El monstruo del embalse de Maidevera era algo más pequeño de lo que había pensado, pesaría 30 kilos, tenía la boca hosca y tosca de un depredador insaciable, pero lo que más le impresionaron fueron sus ojos: cegadores, tristes, melancólicos. En un tris estuvo de devolverlo al agua, pero pensó en su padre y en lo inmensamente feliz que se iba a poner en cuanto viese al inquietante siluro. 

CARLES DOMÈNEC ESCRIBE DE MI LIBRO 'GOLPES DE MAR'

El fotógrafo y periodista Carles Domènec ha escrito este texto sobre mi libro de cuentos marinos 'Golpes de mar' (Ediciones del viento), que se publicó a principios del verano. Incluye cinco textos nuevos con respecto a la edición de 2006 que apareció en Destino y que se agotó muy pronto.

 

https://revistabearn.com/2017/12/18/golpes-de-azar-mar-y-memoria-de-anton-castro/

 

Golpes de azar, mar y memoria de Antón Castro

 

CARLES DOMÉNEC

Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959) se inició en la literatura como poeta. Conoció a un grupo de objetores de Zaragoza y descubrió, a los 20 años, que quería ser escritor, en gallego. Trabajando de cajero en una sala de juego aragonesa, se puso a escribir sobre papel de envolver cartones de bingo lo que sería el primer borrador del conjunto de relatos que aglutinaba Golpes de mar. Era el año 1986. Debía sentir el peso de la añoranza y su origen cercano al mar. El proyecto fue evolucionando, con cambios y mejoras. El libro cogió forma en castellano. Veinte años más tarde, se publicó en Destino. Se agotó en pocos meses y se reeditó. Ediciones del viento publica, otra vez, Golpes de mar, con nuevas revisiones e incorporaciones.

En estos relatos, la llamada del mar nos persigue. El lugar donde se habita nos protege, a veces nos devora. En algún cuento, al desaparecer el protagonista de su pueblo y aventurarse en tierra ignota, se acaba cruzando con la muerte, estado final y consustancial al contar el significado trascendente del mar. El autor coleccionó libros marinos. Hay algo muy bonito en las narraciones de Castro: parece desconfiar de los que mandan y comprensivo e inocente con los que, aparentemente, tienen menos fuerza y que, a su vez, son los que merecen ser protagonistas de las historias más bellas.

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Antón Castro en Mallorca. Fotografía de Carles Domènec.

Y da igual si lo que cuenta Castro es cierto o inventado, en este juego equilibrado de magia y realismo, donde resuenan Álvaro Cunqueiro, Antonio Tabucchi o Mercè Rodoreda. La buena literatura es siempre verdadera. En los relatos de este periodista cultural hiperactivo hay fatalidad, pasión, ruralidad, inocencia y siempre hay algún elemento inquietante, perdido y hermoso. Tienen estos textos una cualidad: te hacen mella. Al terminar cada cuento, el lector sentirá que lo que ha leído se va desvaneciendo, sin desaparecer del todo, como si la imagen que ha visto fuera desenfocándose. ¿No es tal vez, la memoria, una fotografía desenfocada? La sensación solo se curará, por momentos, con la relectura. Pero será un alivio efímero porque cada vez que se retomen las palabras escritas, el lector tendrá menos respuestas y más preguntas sobre lo que ha leído. La literatura de Castro es una invitación al universo latente, de un autor culto y curioso con las aristas más discretas de la vida.

Carles Domènec.

 

22/12/2017 10:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS MELERO INGRESA, CON DISCURSO, EN LA A. DE SAN LUIS

[Esta tarde, a las 18.30, José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956; el pasado domingo cumplía 61 años) ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y pronunciará un discurso en el que ha estado trabajando en los últimos meses. Un centenar de páginas. Le responderá Ramón Acín Fanlo, escritor, profesor y animador cultural de los ciclos de la Diputación de Zaragoza. Recupero esta entrevista que le hice a Pepe con motivo de la reedición, en 2015, de ’Leer para contarlo’.]

De manera sencilla, ¿quién te contagió la pasión por los libros?

Nadie. Comencé a leer desde niño y hasta ahora. Una vez, una señora, amiga de mi madre, le dijo a la que iba a ser mi suegra, a modo de informe: “Es muy buen chico, pero un poco raro: está siempre leyendo”. Así debían de verme.

 ¿Desde cuándo te decides hacer bibliófilo, o en qué momento?

Desde que, poco después de cumplir los veinte años, descubrí el universo de los libros viejos. Observé que muchas veces las ediciones antiguas costaban menos que las modernas cuando las comprabas en los rastros y las almonedas, y que había montones de libros y de escritores sin reeditar y sin recuperar. Siempre he seguido leyendo las novedades editoriales que me interesan, pero la labor detectivesca de descubrir viejos libros y viejos escritores olvidados tiene un enorme atractivo.

¿Qué diferencia hay entre un lector feliz y un bibliófilo, qué serías tú?

Para mí son la misma cosa, pues solo entiendo la bibliofilia como una pasión por los libros y la lectura. Por lo tanto, el buen bibliófilo es un lector feliz. Pero es verdad que hay bibliófilos -sobre todo entre los amantes de los libros anteriores al siglo XVIII- que apenas leen los libros que compran. Esa bibliofilia, de marcado perfil coleccionista, a mí nunca me ha interesado, aunque, desde luego, si me regalaran un incunable zaragozano no le haría ascos. Aunque  no lo fuera a leer nunca.

¿Qué quisiste decir en ‘Leer para contarlo’ y qué has añadido a esta nueva edición?

Quise contar buena parte de mi vida dedicada a buscar libros raros y curiosos, a leerlos y a comentarlos. Y hablar de muchos libreros y de muchos bibliófilos, de autores desconocidos u olvidados y de mi pasión por la letra pequeña de los manuales y por las literaturas periféricas y suburbiales. En esta edición he añadido nuevos datos y nuevas anécdotas, aunque en lo sustancial el libro es el mismo que se editó hace ya doce años.

¿Ser bibliófilo es sinónimo de buscador de tesoros, de rarezas, de encuadernaciones especiales, de olvidados?

Hay bibliófilos para todo. El librero catalán Josep Porter escribió en ‘Los libros’ sobre las especialidades bibliofílicas que conocía y superaban las dos mil quinientas. Hay compradores compulsivos que lo compran todo y hay compradores coleccionistas que solo compran una clase determinada de libros. Así los hay que solo compran Quijo­tes (Neruda compraba Quijotes), o libros de un de­terminado autor (Monterroso, por ejemplo, compró durante mucho tiempo primeras ediciones de Joyce, Vallejo o Eliot), o solo de una colec­ción (crisolines, Aguilares en piel), o solo libros escola­res, o solo góticos o elzevirianos. Los hay también que solo coleccionan Ibarras o incu­nables, o libros impresos por Benito Monfort. O solo ser­mones, como el padre de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que llegó a tener más de 20.000. Pedro Salinas coleccionaba tratados de urbanidad, y Walter Benjamin buscaba libros escritos por dementes y cuentos de hadas para niños. Están también los que solo compran libros antiguos y los que solo compran libros modernos, los fetichistas que buscan dedicatorias… 

¿Ser bibliófilo es sinónimo de ser mitómano? Tú buscas las casas de escritores, tumbas en los cementerios, ediciones dedicadas...

Yo puedo hablar por mí, y en mi caso ese perfil es desde luego muy acusado. Me gustan las dedicatorias autógrafas, los libros que han pertenecido a escritores importantes y que llevan ex libris u otros signos de propiedad… Y, sí, también visito las casas de los escritores y los cementerios donde yacen. Cómo ir a La Habana y no visitar la casa de Lezama o de Hemingway, y cómo ir a París y no llevar flores a la tumba de Cortázar en Montparnasse.  

¿Cuál es tu responsabilidad social como sabio de libros, por decirlo así?

De sabio, nada. Yo estoy todos los días aprendiendo y todos sabemos que cuanto más leemos más nos damos cuenta de lo poco que sabemos. En cualquier caso, hay dos condiciones para considerar relevante la función social del bibliófilo, además de la común a todos ellos de rescatar libros que de otro modo se perderían y pro­porcionales refugio contra peligros y adversidades: la primera es que sus libros sirvan para investigar y que de ellos salgan publicaciones que interesen o sirvan a la sociedad, razón por la que el bibliófilo no debe ser ágrafo; y la segunda es que sus libros estén a disposición de los estudiosos, es decir que sus bibliotecas puedan ser consultadas. Hay quienes los prestan o quienes los dejan consultar en casa. Si se prestan, hay que hacerlo con mo­deración.

¿Cuál o cuáles son las dedicatorias que más valoras?

Tengo muchas que me gustan. Pero me quedaría con una de Neruda en el ‘Canto General’, con la de Dámaso Alonso en ‘Hijos de la ira’ y con las de Borges, Bioy Casares, Cirlot y Machado. De los aragoneses, una de Miguel Labordeta a Carlos Edmundo de Ory y las de Braulio Foz, Jarnés, Sender, Seral y Casas y Juan Ramón Masoliver. 

¿Cuál es el libro que más has buscado y que al fin has encontrado?

 ‘Vida de Pedro Saputo’, de Braulio Foz. La primera edición, de 1844. Me costó más de treinta años encontrarlo.

¿Y el más raro?

El más raro, Fonds Perdu, un libro de poemas escrito en francés por el mequinenzano José Soler Casabón. Se lo compré a un bouquiniste de Albi. Solo se tiraron 34 ejemplares, que no fueron compuestos tipográficamente sino facsimilando un manuscrito del autor en color violeta. Se imprimió en Toulouse en diciembre de 1939, poco después de que Soler saliera del campo de concentración de Argelès. Soler Casabón no era en realidad poeta sino músico, un músico de vanguardia que vivió buena parte de su vida en París y que fue amigo de Apollinaire, Picasso, Reverdy, Juan Gris y sobre todo de Pablo Gargallo. 

Hablas de muchas librerías de todo el país. Citas a Inocencio Ruiz, Pérez, Hesperia... ¿Qué pasaba en esas librerías?

Esas librerías de viejo y cualesquiera otras son lo más parecido al paraíso, pues cuando menos te lo esperas puedes encontrar ese libro que llevas años buscando, esa dedicatoria autógrafa de tu autor admirado, esa encuadernación admirable que salvó la vida a un libro que, de no ser por ella, tal vez no hubiera sobrevivido. En Zaragoza he conocido a tres grandes libreros de viejo: Inocencio Ruiz, maestro de libreros y gran bibliógrafo, hombre humilde y discreto que, como se dijo de un viejo director de ‘Heraldo de Aragón’: “Mereció brillar. Lo evitó obstinadamente”, Luis Marquina y Pachi Asín. Fuera de Zaragoza, mis preferidas han sido siempre la Librería del Prado, de Madrid, Antonio Mateos, de Málaga, y la de José Manuel Valdés en Oviedo. En ellas he pasado horas inolvidables.

Este es un libro de historias de amor... ¿Cuáles son las que más te han conmovido?

La mía. Mi historia de amor con mi mujer. Entre las mejores, ella es la mejor. No creo que ninguna otra mujer hubiera aceptado que le llenara la casa de libros y me hubiera consentido lo que ella me ha consentido. Es imposible encontrar un bibliófilo de mi perfil sin una gran mujer detrás.

Los escritores son raros y maniáticos, ¿No? Pienso en Gálvez, en Fernando Villegas, en Fernando Villalón, en Ana María Martínez Sagi...

Bueno, los hay raros, muy raros y rarísimos. A mí me han divertido siempre los rarísimos, esos que hicieron de sus vidas su gran obra literaria. Esos que citas son de los más raros desde luego, pero hay muchos más: Armando Buscarini, Rafael Lasso de la Vega, Pedro Boluda, Eliodoro Puche, Iván de Nogales, Dorio de Gádex… No suelen ser, en general, grandes escritores (Gálvez, Villalón y Lasso de la Vega sí fueron buenos poetas), pero tuvieron unas vidas tan apasionantes, disparatadas y pintorescas que acabas seducido por ellos, no tanto por su literatura como por el personaje. 

¿Para quién escribes tus libros y tus artículos, en qué público piensas?

Pienso cuando escribo en lo que me gustaría que me contaran a mí. Y a ello me aplico. Yo creo que soy apto para todos los públicos, como las antiguas películas toleradas. Y, efectivamente, entre mis lectores hay desde gente muy joven hasta gente mayor. Procuro ser entretenido y poco solemne. Y reírme siempre que puedo de mí mismo y de mi absurda bibliomanía.

Mucha gente se ha desprendido de buenas bibliotecas. A Vicente Martínez Tejero el Gobierno de Aragón le rechazó una, excepcional, de más de 20.000 volúmenes. ¿Has pensado alguna vez qué pasará con tus libros?

Esa es una de las preguntas más desasosegantes que se le pueden hacer a un bibliófilo. Si lo de Martínez Tejero hubiera salido bien, tal vez otros habríamos poder seguir en el futuro por ese camino. El fracaso de esa donación cierra muchas puertas y nos causa una gran desazón. Pero como me dice mi mujer: “Tú has sido feliz con tus libros. Lo que pase después igual te va a dar”. Y tiene razón. Aunque a todos nos gustaría que nuestras bibliotecas de tantos años pudieran quedarse en Aragón y estar al servicio de los aragoneses.

 

*La foto de José Luis Melero es de Oliver Duch. Más abajo el retrato que le hizo Pepe Melero y que se colgó en la exposición de la Lonja.

CARLOS ZANÓN. UN DIÁLOGO

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/12/19/carlos-zanon-taxista-no-trozo-maquina-pegado-asiento-1214664-1361024.html

“El taxista no es un

trozo de máquina

pegado a un asiento”

 

Carlos Zanón (Barcelona, 1965) publica la novela ‘Taxi’ (Salamandra) en la que cuenta la historia de un antihéroe que pierde el camino a casa

 

-¿Cómo nació ‘Taxi’? Se aleja de la novela negra aunque no del antihéroe urbano…

-Tenía clara una cosa: no quería hacer una novela negra. Había una historia que me interesaba mucho: el héroe que quiere volver a su casa pero que se distrae. No sabe bien dónde está su casa ni su corazón. Uno de mis libros favoritos es ‘La odisea’ de Homero. Y hay una novela de un escritor que adoro, John Updike, que es ‘Corre conejo’…

-También he visto quizá a John Fante y su antihéroe Arturo Bandini.

-Sí, claro, y Bukowski. Pensé en ‘Ulises’ de Joyce, ese personaje que intenta volver a a su casa y la curiosidad le puede. Y por otro lado quería escribir una novela que me permitiera hacer cosas que no había hecho hasta ahora.

-¿Cómo cuáles?

-Salir de determinados barrios, mezclar varias clases sociales, que la violencia no fuera tan importante en la novela. El taxi puede entrar y salir de todos esos sitios. Mi padre y mis dos abuelos eran taxistas. Yo de pequeño pensaba que el oficio de mi padre era genial: no tenía jefe, podía hacer lo que quisiera. Y una vez mi padre me dijo: “Mi oficio es muy duro porque en el fondo te da igual ir a un sitio que a otro y dependes de los demás”. Me decía, además, que uno salía cada día y que era como una bola de billar.

-¿Eso es lo que pasa en ‘Taxi’?

-Claro. Sandino, mi protagonista, es un hombre que va a la deriva de sí mismo, quiere volver a casa pero no hay nada que le estimule lo suficiente, está medio bien  y medio mal en cualquier sitio, y en el fondo el trabajo de taxista es ese.

-Es como un Ulises urbano, sin norte…

-Sí, claro. Incluso la estructura tiene ese simbolismo: las mujeres son islas, las sirenas, las diosas, hay un caballo de Troya. La estructura de fondo es la estructura del mito.

-Sandino es un tipo que se pasa la vida dando la vueltas con los otros y, bien mirado, está todo el rato dando vueltas alrededor de sí mismo.

-Esa podría ser la definición de un taxista. El taxista es un símbolo de la ciudad y uno de los signos de la ciudad moderna es la soledad. Estás completamente desarraigado. Eres una máquina y la soledad es uno de los temas de la novela y uno de los temas que a mí me importan. La ciudad tiene el anonimato y la soledad por bandera, como atributos de la metrópolis. Y Sandino es un ser estrictamente solitario que vive en su cabeza y que escucha historias todo el tiempo.

-Hay una idea existencialista de fondo, no sé si vinculada a la fatalidad…

-Yo quería hacer un personaje vulnerable cuya principal debilidad es que no se siente atado a nada. Le da igual estar con una mujer que con otra, le da igual hacer una cosa u otra. Y en este sentido sí que era de un existencialismo casi clásico. Ese es su drama. Y él lo que busca es encontrar algo o alguien que le ate, que puede fijar un sitio que puede identificar como su hogar. Y no lo encuentra.

-¿Qué le han dicho los taxistas?

-Les ha gustado. Sobre todo porque doy una imagen que no deja de ser una convención literaria: el taxista no es un trozo de máquina pegado a un asiento. Es un ser humano.  De lo que más se quejan los taxistas es de la gente que sube al coche y se olvidan de que ahí delante hay una persona. Que hablen como si no existiera, que se desnuden, que tengan un coito rápido…, como si fuera un mueble quien les llevase.

-Esta novela exterior, desarraigada, es muy importante la familia: su esposa, la complicidad con su hermana, sobre todo esa abuela…

-Quería hacer una novela en la que hubiese muchas novelas. Y una de ellas es la novela familiar o de saga; son los lazos que le atan, minúsculos, pero los únicos que le retienen: la familia, el amor y la lealtad. Son los hilos muy deshilachados que aún le ayudan a no perderse en el espacio y en la ciudad. Me permitió abrir otra vertiente de la novela: social, de clase, donde rindo homenaje a Juan Marsé y a su abuela, que son paralelas, que envenena a su marido.

-¿Cómo está viviendo la crisis catalana?

-No soy independentista. Lo llevo de una manera muy estresante, porque ha sido la primera vez que no sabías que podía pasar. Yo entiendo que dos millones de personas en la calle es un problema político, no policial ni judicial.  Negarse a hablar de eso por parte de los dos bandos lleva a un conflicto y una ruptura social que es evidente y es traumática.

-¿Ha perdido amigos?

-No, pero sí que es verdad que hemos tenido que dejar de hablar de este tema para seguir adelante.

 

*http://www.carloszanon.com/imgs/autor/zanon5.jpg. la foto es Ana Portnoy.

Hoy en heraldo publicamos otra de Asís G. Ayerbe.

19/12/2017 10:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA ANGULO HABLA DE 'INMERSIONES'

María Angulo, una madrileña afincada en Zaragoza, se ha especializado en los estudios y teorías del periodismo, especialmente la crónica y el reportaje, el periodismo narrativo. Acaba de publicar ’Inmersiones’ (Universidad de Barcelona, 2017), libro que presentó en la librería Cálamo. Aquí explica las claves del volumen, que es realmente fascinante: una pequeña historia del periodismo y de algunos periodistas. Parte de esta entrevista apareció en ’Heraldo’ de Aragón.

-¿Cómo empezó tu idilio, tu historia de amor con el periodismo?

Es una historia que viene de largo; que empieza en el ámbito personal y de investigación y termina de materializarse en el terreno profesional cuando en el 2005 llego a Zaragoza y entro a trabajar en la Facultad de Comunicación de la Universidad San Jorge, que se iniciaba en ese mismo año. Luego vino mi estancia de nueve meses en Buenos Aires en donde la crónica y el periodismo narrativo terminaron de enamorarme.  A mi regreso al Grado de Periodismo de la Universidad de Zaragoza he podido desarrollar este potencial con libros como Crónica y Mirada (libros del KO, 2014) y ahora con Inmersiones (Ediciones de la Universidad de Barcelona, 2017).

-¿Qué ha significado Mariano de Cavia en tu trayectoria? ¿Qué te ha interesado de él?

Mariano de Cavia me abrió los ojos al articulismo y la crónica y me sirvió para comprender la calidad literaria excepcional que existe en el periodismo español desde sus primeros tiempos. Con el estudio de su producción pude entender gran parte de la idiosincrasia española. Me sirvió también para analizar recursos y estrategias narrativas fundamentales a la hora de pensar y desarrollar buenos artículos y columnas. Trabajar junto con la profesora Rosario Leal en la edición de Azotes y Galeras (Asociación de la Prensa de Zaragoza e Ibercaja, 2008) fue sumamente enriquecedor. Pude observar la importancia de lo aparentemente accidental y anecdótico como estrategia de arranque para entrar a contar lo esencial. Y fue extraordinario dar con ese artículo de “periodismo ficción” en el que Cavia daba cuenta de un incendio en el Museo del Prado, para denunciar las malas condiciones de seguridad del Museo. Un artículo que sacó a la población madrileña a la calle, asustada porque se incendiaba su principal pinacoteca. Y un texto que sirvió para que el Gobierno tomara medidas para mejorar las instalaciones y las condiciones de seguridad del Prado. Una de esas ocasiones en las que una mentira sirve para denunciar una verdad silenciada. Con un cronista de este calibre una solo puede enamorarse del periodismo. 

-Para abrir boca: ¿en qué consiste el periodismo de inmersión, de cuántas maneras puede uno zambullirse en la realidad y en la escritura?

He seguido los pasos del trabajo previo de Antonio López Hidalgo y María Ángeles Fernández Barrero en Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad (Comunicación Social, 2013). Allí se planteaban tres modos de adentrarse en un territorio, en una realidad. Tiene que ver en primera instancia con el trabajo de campo, del reporterismo que realiza el periodista. Existe una gradación inmersiva que abarca desde la “observación directa” que requiere de la empatía para su mejor desarrollo, pasando por la “observación participante” que se ha practicado mucho desde concepciones antropológicas y etnográficas con maestros como Bronislaw Malinowski en “Los Argonautas del Pacífico occidental”. Y por último estaría la infiltración: que es aquella en la que el autor se transforma en otro para entrar en espacios conflictivos y obtener una información que no podría conseguir como periodista. Es un periodismo de denuncia. La infiltración en estos últimos tiempos de crisis, precariedad y explotación laboral ha dado ejemplos de periodismo encubierto tan señeros como el realizado por Bárbara Ehreinreich en Por cuatro duros. O cómo (no) apañárselas en Estados Unidos (Capitán Swing, 2014) o como el llevado a cabo por la francesa Florence Aubenas con El muelle de Oistreham (Anagrama, 2011). Dos investigaciones sobre las condiciones laborales de las clases más pobres.

 Para llevarlas adelante, estas periodistas deciden infiltrarse a fin de experimentar en carne propia este régimen de vida. Subsistir realizando los trabajos peor remunerados. Un periodismo de riesgo y de denuncia. Dentro de esta inmersión extrema, también estaría el denominado periodismo gonzo, término acuñado por Hunter S. Thompson como una variante del New Journalism defendido por Tom Wolfe, en el que sujeto y objeto se convierten en una misma cosa. Ya no hay disfraz o performance. El periodista es el protagonista, narrador  y objeto de análisis de la crónica. Aquí destaca sobremanera el periodismo de Gabriela Wiener, que cuenta con un capítulo completo en Inmersiones. El único capítulo del libro hecho a cuatro manos con la periodista Inés Escario con quien compartimos la pasión por la producción de Wiener.  

-¿Cómo definirías apuestas tan distintas como las de Nellie Bly, Josefina Carabias o Magda Donato?

Bueno, no son apuestas tan distintas. Les unía una pasión clara por el periodismo; por el periodismo con una clara intención de servicio social.  Muestran ese compromiso con el entorno, con las clases más desfavorecidas, con los trabajadores y sus necesidades. Además, las tres parece que se construyeron como periodistas a pesar de que las circunstancias no eran excesivamente favorables para una mujer en la prensa, con una abrumadora mayoría de varones. Con todo, finales del XIX y principios del XX fue un período glorioso para el periodismo norteamericano y español y es donde emergen estas profesionales. Años prósperos para la profesión. Para Nellie Bly en el New York World de Joseph Pulitzer en los momentos de emergencia de la prensa de masas norteamericana. Para Magda Donato, y Josefina Carabias en sus inicios, que surgieron en la etapa republicana y en plena Edad de Plata de la cultura española. En concreto Bly fue pionera del periodismo encubierto con Diez días en un manicomio en 1887 y Magda Donato también realizó su serie de “reportajes vividos”, publicados en el diario Ahora que dirigía Chaves Nogales entre 1932 y 1936. Carabias también se animó con la infiltración en “Ocho días como camarera en un hotel de Madrid” en 1934. Asímismo, las tres tenían un instinto de lo noticioso muy desarrollado.

-¿Qué es la crónica? ¿Cuáles serían sus contactos con el reportaje?

La crónica es un género muy concreto que requiere de un narrador testigo que dé cuenta de un acontecimiento. Que lo narre con propiedad y exactitud. Existe por lo tanto un sujeto explícito que cuenta y muestra emociones y sensaciones y que se sitúa en un espacio y tiempo concreto: el lugar y la temporalidad del suceso que narra. Esto simplificando al máximo. Lo que está claro es que la crónica cuenta con la fuerza de lo testimonial y con un narrador que construye un relato en el tiempo. En el reportaje interpretativo no emerge ese yo narrador explícito, ni ese carácter testimonial. Si nos vamos al periodismo narrativo: A sangre fría de Truman Capote sería un reportaje novelado y El Interior de Martín Caparrós, una crónica.

 

Ahora bien, en los últimos tiempos en España se ha extendido la palabra crónica para hablar de crónicas y reportajes porque se emplea el término, al igual que en algunos países de Latinoamérica, como sinónimo de periodismo narrativo o literario.  Un macrogénero que permea a prácticamente todos los géneros periodísticos. En España, contamos históricamente con auténticas joyas de periodismo narrativo en el articulismo y en el columnismo.

-¿Qué cronistas te interesan y por qué? ¿Cuáles serían para ti libros o textos modélicos en el concepto más amplio de crónica?

Me cuesta escoger porque me interesan cronistas por muy distintos motivos. Unos porque son gigantes del periodismo narrativo, con los que disfruto y aprendo; otros porque realizan algo en concreto interesante y novedoso; otros porque son ejemplos productivos para el aula; varios por los temas que abordan porque me conciernen personalmente; algunos por la fuerza de lo que denuncian; y finalmente, otros por la capacidad narrativa que despliegan.

 

Cronistas como Martín Caparrós, Emmanuel Carrère, Gabriela Wiener, Juan Villoro, Alberto Salcedo Ramos, María Moreno, Leila Guerriero, Jorge Carrión, Josefina Licitra, Pedro Lemebel, Javier Sinay, Rodolfo Palacios, Alejandro Almazán, Silvia Cruz Lapeña, Roberto Arce, June Fernández, Ander Izaguirre, Gabi Martínez, Cristian Alarcón, Sergio González, Isabel Fonseca… Y en cuanto a libros modélicos. Para trabajar la crónica en un sentido amplio, se acaba de editar en España Larga distancia de Martín Caparrós, toda una joya; también hay que volver a Operación masacre de Rodolfo Walsh; los perfiles de Leila Guerriero son fundamentales, por ejemplo, Frutos extraños. Pero sobre todo acudir a revistas como Altäir Magazine, Anfibia, Gatopardo, Etiqueta Negra… y leer lo que vienen publicando. Y en plan regalo navideño, ya que estamos, dos libros preciosos y valientes que tienen a la luna como protagonista: Una luna de Martín Caparrós y Nueve Lunas de Gabriela Wiener.

 

-Quizá él no haga crónica, pero sí reportaje, o haga reportaje y crónica en ’Diez días que estremecieron al mundo’. ¿Qué aportó John Reed al periodismo? Hablas de él, lo citas, ¿tiene vigencia su propuesta?

Sí, lo tengo en cuenta. En Inmersiones aparece como un ejemplo del reporterismo de denuncia que surge sobre todo en Norteamérica a principios del siglo XX con los denominados despectivamente por Theodore Roosevelt como muckrakers, “rastreadores de cieno”, por lo que removían y rebuscaban entre la basura de los poderosos. Denunciaron casos diversos de corrupción. Samuel Hopkins en “The Great American Fraud” (1906), denunció la fabricación y venta de medicamentos peligrosos. Ray Stannard Baker, en “Following de Color Line” (1908), denunció el racismo que sufrían los ciudadanos negros. Y México insurgente (1914) y Diez días que revolucionaron al mundo (1919), sobre la revolución rusa, de John Reed, responde también al modus operandi de este grupo de activistas reporteros, fuertemente ideologizados. Cuando he impartido la asignatura de Periodismo de investigación siempre he acudido al reportaje Diez días que revolucionaron al mundo porque me parece muy representativo de un periodo y de una forma comprometida y política de hacer periodismo que hay que conocer. Este año, como estamos con el bicentenario de la Revolución Rusa no es de extrañar que hayan publicado este trabajo de John Reed de nuevo, pero esta vez en una versión ilustrada de Fernando Vicente.

 

Con el texto final ’Bienvenida al paraíso’, ¿ha nacido una escritora de viajes, una cronista o una escritora de ficción, sin más?

Bueno, he realizado mi particular inmersión en un territorio al que he ido en muchas ocasiones como es Caños de Meca en Cádiz. Es una crónica de viaje y estoy segura de que habrá muchas más. Pero estas crónicas requieren tiempo de documentación y de reporterismo y luego además un proceso de escritura reposado y cuidadoso, así que será algo que pueda hacer muy de vez en cuando.

 

¿Qué tiene de peculiar la crónica de viajes?

En realidad cualquier crónica es un viaje, aunque sea por nuestro barrio. Pero los viajes hay que poder narrarlos y no resulta fácil ya que recorrer el mundo se ha convertido en una experiencia nuclear, cotidiana, incluso vulgar. Conocer lugares y dar testimonio de ello no resulta ya muy novedoso ni para los periodistas ni para los lectores. Hay que saber narrar de algún modo el desplazamiento, el encuentro con el otro, el espacio en el que se sumerge: “el relato del propio viaje” es lo que nos queda para poder contar en la actualidad, como apunta Claudio Magris en El infinito viajar. Por ello una crónica de viaje no es una guía turística ni tampoco un cuento para los amigos, pero debe recoger parte de lo informativo de la guía y parte de lo íntimo del cuento, pero luego debe desarrollarse como cualquier otra crónica con una mirada y voz personal y en un tiempo concreto y delimitado.

 

-¿Qué tiene el periodismo latinoamericano que no tenga el español?

El periodismo narrativo latinoamericano lleva cierta ventaja al realizado en España en lo que se refiere al desarrollo de la crónica y del reportaje, que son dos géneros clave y que permiten una implicación y desarrollo estilístico amplio. En lo que se refiere al articulismo y al columnismo literario, ahí creo que España se sitúa por delante. Y ahora, que vienen polinizando tanto las formas del reportaje y la crónica latinoamericanas, vamos teniendo cada vez más periodistas españoles, medios y editoriales estupendas dedicadas a llevar adelante un buen periodismo narrativo.

-¿Qué tres autores les recomendarías a los periodistas jóvenes?

Gabriela Wiener, Silvia Cruz Lapeña, Virginia Mendoza.

-¿Qué tres proyectos o libros recomendaríais para ser buen periodista?

Digamos que tres libros importantes, teóricos, que hay que leer si se quiere saber de periodismo narrativo y de sus técnicas. La invención de la crónica (2005) de Susana Rotker, Escribiendo historias: El arte y el oficio de narrar en el periodismo (2003) de Juan José Hoyos y Periodismo Narrativo (2012) de Roberto Herrscher.

 

 

*La foto de María Angulo la tomo de aquí.

17/12/2017 02:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA HIGUERA HABLA DE 'EL ÁNGEL NEGRO', SOBRE GOYA

Entrevista con Laura Higuera, autora de ‘El Ángel Negro’ (Ediciones B), una novela en dos tiempos en torno a las Pinturas Negras de Francisco de Goya.

-¿Por qué Goya, qué le interesa de él, qué tiene de particular o de fascinante para usted?

Goya era un genio. Y un genio se nutre de muchas cosas: del dolor y la alegría, del horror y la belleza. Pero de todo eso yo me quedo con el dolor, que para mí es el origen de la inmensa mayoría de procesos creativos: esa cualidad de desgarrarse y de transformar lo que queda de uno en algo perpetuo. Goya me trae a la memoria un poema de José Hierro, aquel que empieza diciendo "Llegué por el dolor a la alegría/supe por el dolor que el alma existe". Siempre me ha fascinado esa figura, la de un hombre desgastado por los desastres de la guerra, por los desastres de la vida, y que ya no puede más. Y es que el arte necesita de soledad y miseria, como dijo Dumas.

-¿Qué significan en su producción las ‘pinturas negras’? ¿Son un momento culminante, encierran misterios, es la pintura del dolor, etc.?

Las Pinturas Negras son efectivamente las pinturas del dolor. No hay mejor definición posible para algo tan oscuro, violento y obsceno a partes iguales. Como usted sabe, fueron hijas de un tiempo muy concreto de la historia de España. De hecho y muy poco después de acabarlas, Goya terminaría exiliándose a Burdeos a título definitivo: eran tiempos muy difíciles para un liberal como él. Por otra parte, el misterio está servido, y de él se alimenta mi novela: "El Ángel Negro" es un thriller que habla de arte y que además lo hace en dos tiempos, y que sobre todo juega con la posibilidad de la existencia de una decimoquinta Pintura Negra. La historia dice que el maño produjo catorce, pero en la actualidad existen argumentos de peso que sostienen la hipótesis de que haya una composición número quince.


-¿Qué le ha intrigado de la Quinta y del número mismo de las piezas?

Goya vivió en La Quinta del Sordo, una casona a orillas del río Manzanares, de 1819 a 1823, y no se le ocurrió otra cosa que pintar un tributo al lado más aterrador de la vida (ese abismo al que todos tratamos de no mirar) sobre las paredes entre las que vivía. El panorama debía ser estremecedor, y la idea no puede parecerme más lacerante. Se me ocurren muy pocas razones que lleven a un ser humano a convertir su día a día en una vista perpetua a lo macabro. Una de ellas es la locura, y la otra es la absoluta certeza de la muerte. La historia me conmueve y me intriga a partes iguales. Con respecto al número, yo sostengo que fueron quince, pero es cierto que una sola de esas pinturas hubiera bastado para infectar de horror a cualquiera.

-¿En qué momento decidió mezclar dos historias alejadas en el tiempo casi 150 años?

Un presente tan concreto como el que describo en "El Ángel Negro", con un asesinato en el Museo del Prado que apunta maneras de crimen ritual, requería de un pasado muy particular. La historia central arranca cuando un banquero alemán, Emile d'Erlanger, compra La Quinta del Sordo en 1873 para hacer negocio con las Pinturas Negras. Es apasionante cómo el punto A (la España convulsa de las últimas décadas del siglo XIX) conduce al B (un Madrid y una Venecia actuales), y no lo hace precisamente por el camino de la recta. La mezcla resulta tan atractiva como necesaria.

-¿Cuál es la importancia de Martínez Cubells? Recuérdenos cuál fue su gran cometido...
Salvador Martínez Cubells fue nombrado primer restaurador del Museo del Prado en 1869. Emile d'Erlanger necesitaba al mejor experto del país para pasar de revoco a lienzo las pinturas negras de La Quinta de Goya, y por eso le contrató. Hay algo muy patente en "El Ángel Negro", un rasgo que se esgrime como uno de los puntos fuertes de la novela, y es que derivo a personajes reales como Cubells y d'Erlanger hacia mi propio imaginario, pero eso sí, manteniendo una base histórica sólida y muy bien documentada. Construyo un universo paralelo potente que seguro interesará a muchos.

-Aváncenos hasta donde pueda el argumento… levemente. ¿Qué buscaba en realidad, qué aspectos le han interesado de la época, del pintor y de la creación?

Una mañana El Museo del Prado despierta con un cadáver salvajemente mutilado frente al cuadro Saturno devorando a su hijo, la pintura negra de Goya por antonomasia. A partir de ahí, la narración va adquiriendo matices. Bernardo Vera, un inspector cántabro recién llegado a Madrid, es el encargado de darle luz al caso. Es entonces cuando el pasado de hace casi ciento cincuenta años y del que antes hablábamos se hace indispensable, con una Venecia recién anexionada al Reino de Italia y un Madrid en plena y efímera Primera República. Los protagonistas ganan fuerza y forma y los personajes secundarios se erigen como elementos clave. Con respecto a lo que buscaba, sin duda una trama potente que resolviera en última instancia un enigma tan apasionante como el de una decimoquinta pintura negra perdida.

-Hay dos mujeres muy poderosas: la experta, contemporánea, y esa suerte de musa y enamorada de Cubells, que encarna la parte más libidinosa del libro. ¿Qué función tienen, qué dimensión ha querido darles?

Tanto Ada Adler como Alessandra Abad son mujeres extraordinarias, cargadas de esa sensualidad que sólo nace cuando cierto tipo de belleza y una inteligencia muy desarrollada confluyen. Ambas hacen de la ambición su modus vivendi. Son interesantes hasta decir basta. Ellas son fundamentales para la novela. Quería hacerlas conscientes de su gran poder.

-Ha escrito un thriller y a la vez una novela histórica. ¿Qué autores le interesan, le inspiran, cómo ser funden los dos géneros, y a la vez la novela del arte?  

En el terreno del thriller, Pierre Lemaitre ha sido todo un referente. Ha habido muchos otros, desde luego. En general, tanto Flaubert como Vargas Llosa, pasando por Paul Auster, Thomas Mann y Ian McEwan, me han influenciado de una forma u otra. "El Ángel Negro" es un thriller que tiene mucho de novela histórica, y dentro de ésta, de novela del Arte, y es así por exigencias del guión: sabía muy bien lo que quería contar, y necesitaba de cada uno de esos ingredientes, historia, crimen y arte, para que todo encajara a la perfección.

-¿Por qué ha elegido esa muerte ante el cuadro ‘Saturno devorando a sus hijos’, del que tantas veces se ha dicho que es una metáfora de la España más devoradora? La usa hasta Bigas Luna en ‘Jamón Jamón’...

Precisamente porque es el cuadro más violento que conozco y porque representa a partes iguales el dolor y el miedo a la muerte. Como he dicho antes, las circunstancias que atravesaba España en aquella época eran excepcionalmente difíciles, y más para hombres como Goya, que se burlaba del tipo de sociedad en que le había tocado vivir en obras de enorme envergadura,  como fueron Los Caprichos. Años más tarde, reflejaría de una forma distinta esa España embrutecida. Además estaba enfermo, y la enfermedad y la soledad son a veces cosas parecidas. La de Saturno era una soledad muy particular. Y podría haberlo dibujado con el mismo recato con el que lo hizo Rubens en 1636, pero los tiempos eran otros. Goya era un anciano casi. Y también un ser medio enloquecido, arrastrado por el dolor y por la vejez de una forma espantosa.

 

12/12/2017 10:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLOS SAURA HABLA DE 'AUSENCIAS'

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Carlos Saura novela su pasión

por la fotografía en ‘Ausencias’*

 

 

 

El artista y cineasta publica una novela donde juega con la imagen, la locura, el amor y el crimen

 

 

Carlos Saura es un anciano juvenil. Nacido en Huesca en 1932, solo le preocupa el futuro: es como si tuviera un cuaderno repleto de proyectos y viviera con la ansiedad y el afán de poder concluirlos. Huye del pasado y de la melancolía como de la peste. Es hiperactivo, soñador y quizá ensimismado. Cuando ve la edición impresa de novela ‘Ausencias’, publicada por el sello Laborinto (Madrid; 350 páginas), dice: “¡Anda! Si yo no había visto este libro. ¿Ya lo tiene?”. Lo acaricia y lo firma, pero con esa extraña sensación de quien se halla ante algo inesperado o raro.

“¿Lo ha comprado en una librería? Es el primer ejemplar que veo. Qué ilusión. ¿Sabe? De la novela, además de esta edición, se va a tirar otra, de 200 ejemplares numerados con mis 27 dibujos de las cámaras a gran formato”, avanza. ‘Ausencias’ es la novela de la fotografía del fotógrafo y coleccionista de cámaras e historiador de la fotografía que es el realizador oscense, que acaba de ser homenajeado en el Festival de Cine de Zaragoza. Lleva, en el inicio de cada capítulo, un pequeño dibujo de las cámaras: la Speed Graphic, que tanto usaron Diane Arbus y Weegee; la Ernemann Ermanox, capital en el libro, la favorita de Erich Salomon, muerto en un campo de concentración en Auschwitz; la Hasselblad, que emplearon muchos, y entre ellos Edward Weston, amante de Tina Modotti, de quien elogia un desnudo sobre la arena.

“‘Ausencias’ es una novela que escribí en 2002 y 2003, poco después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, que aparecen en el libro. La novela me ha acompañado estos años, la he cogido, la he dejado, entre película y película, y al final llegó al libro”, dice el cineasta, que siempre lleva una cámara al cuello. La novela, que presenta esas atmósferas oníricas propias de su cine, del tipo ‘Elisa, vida mía’ (película a la que alude el propio Saura), cuenta la historia de un abogado, Mario Romero, de poco más de 40 años, que tiene una enfermedad misteriosa y su psiquiatra le recomienda que ingrese en un residencia de reposo. Allí conocerá a varias mujeres y a otro personaje que es como su vigilante y su antagonista, Correveidile; vivirá diversas peripecias de amor, delirio y fantasía, y con una de las pacientes, Elena Arroyo (de la que se dice que ha cometido un crimen), inventará una ficción. Una novelita dentro de la novela, que no es un texto ingenuo o aleatorio; tiene mucho que ver con la propia historia de la residencia. Pero hay muchas más cosas: entre ellas, algunos crímenes, que parecen sacados de fotografías del citado Weegee, el reportero de calle al que se le dedicó la película ‘El ojo público’ de Howard Franklin (“que es una buena película”, dice Saura), o de aquellas instantáneas directas de Diane Arbus, a la que también le gustaba retratar deformidades, gentes muy delgadas o muy flacas, y evidentes patologías.

“Esta laberíntica novela parte de un hecho real. Compré un libro de Diane Arbus y le faltaba una página. Y esa ausencia me permitió fabular. Imaginar muchas cosas. Me encanta la fotografía de esta mujer que se suicidó de manera horrible cuanto estaba en la cumbre. Me impresionan su vida y su fin. Lo que hago en la novela es rellenar con narraciones, a medio camino entre la realidad y la fantasía, la página desaparecida; al fin y al cabo los personajes tienen diversos grados de inestabilidad mental”, subraya Carlos Saura. Mario Romero es, además de un abogado enfermo, violonchelista y fotógrafo: tiene una colección de más de 400 cámaras fotográficas.

“Mario Romero es un poco mi sosias. Mi ‘álter ego’. Yo también tengo una buena colección de cámaras, me encantan, y vivo, como él, en las afueras de Madrid, en una casa de campo”. Saura, que ha perdido hace poco a su cocinera y asistenta portuguesa, dice que la novela es un homenaje a fotógrafos maravillosos, “ahora que ya no quedan. O quedan cada vez menos. Con las nuevas cámaras, cualquiera es capaz de hacer una buena foto, una foto excepcional, y no es nada fácil distinguir a los maestros”. Contiene, por otro lado, el mayor erotismo hasta ahora de los libros y de las películas de Saura. Por ejemplo, Mario tiene una hermana, Teresa, muy bella, al que se le ha muerto su marido pintor. Un día se encuentran y ella le explica cómo le gusta el sexo y le cuenta un sueño carnal que ha tenido con él. Todo muy explícito. El propio Mario describe varios coitos.

“Quizá sea mi libro más sexual, sí. En mi cine nunca he abordado el acto sexual. Lo resuelvo mediante la elipsis, lo sugiero y corto. En realidad, me gustaría contarlo de manera naturalista pero entonces se convertiría en pornografía y no podría rodarlo. Ja, ja, ja. Lo que me sucede es que me encanta escribir, cada vez disfruto más. Mis guiones nacen de la pasión por la escritura”. Bueno, había que decir que le gusta escribir, pintar, fotografiar (hace fotos todos los días y casi todo el tiempo) y dirigir cine. Ha sido objeto de una biografía reciente del director Félix Viscarret: ‘Saura(s)’.

Carlos Saura -que expresó en la clausura del Festival de Cine de Zaragoza su pasión por la jota y reprochó a los organizadores que no fueran capaces de integrarla en el menú- trabaja en dos nuevos proyectos: una película que se rodará en México sobre música mexicana, “a la manera de ‘Tango’”, y ‘Guernica’, “que saldrá, saldrá. Seguro. Antonio Banderas me ha confirmado que sí, pero tampoco me queda mucho tiempo”, precisa. 

*Autorretrato de Carlos Saura.

06/12/2017 02:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.