PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS. POR MARIANO GARCÍA

https://letraslibres.com/literatura/anton-castro-y-las-periferias-del-deseo/27/07/2025/?fbclid=IwY2xjawL4radleHRuA2FlbQIxMQABHuBk2rauve3Hisr0e5gfCrwyElG0v3KcW-uXNGwXFfhLhDVnH_aH6SeRM9nz_aem_zmn_LKbVEibbmLMhhNxaEw
Antón Castro es un escritor y periodista con una sensibilidad singular que se pone de manifiesto en su nuevo libro de relatos, Periferias del deseo. Tal vez su peculiaridad provenga del mestizaje: un gallego que floreció en Aragón, donde se ha convertido, desde el suplemento Artes y Letras que dirige en Heraldo de Aragón, en la levadura cultural de múltiples proyectos. Del interesante mestizaje da cuenta la película recién estrenada Cariñena, vino del mar, dirigida por Javier Calvo. La fértil carrera literaria del autor –que recoge este miércoles 30 el Premio de las Letras Aragoneses, compartido con el ensayista José Luis Melero– se culmina ahora con este volumen de cuentos.
Spinoza asegura que el deseo es la esencia del ser humano, y el deseo es el motor de este libro. Periferias del deseo está compuesto por 64 cuentos divididos en cinco epígrafes: “Extravíos”, “A mi alrededor”, “Garrapinillos, “Antología de instantes, “Cómo me gustan las mujeres” y “Pasión a la intemperie”. El cuento es un género sutil y difícil, o aciertas en su brevedad o lo malogras. Antón Castro maneja con destreza la teoría de Piglia: en el cuento hay una historia aparente y otra oculta, que al final estalla. Semeja la emoción del jugador de póker que tiene un trío y pide una carta que poco a poco va descubriendo. La carta oculta puede trasformar la jugada. Castro cultiva este arte con maestría, por ejemplo, en “Un instante en la Alhambra”, donde el final del cuento es insólito. Y lo vuelve a hacer en uno de los mejores, “Cuento ruso”, en el que es difícil no enamorarse de la guía rusa Yelena. Los desenlaces sorprendentes o inusitados voltean la historia alumbrando una realidad desconocida, como sucede en el final turbulento de “Una aventura peligrosa”.
Los tres relatos mencionados pertenecen a los primeros apartados. En los siguientes, Castro juega a la brevedad. Utiliza la pluma como un pincel impresionista, que recuerda la pincelada de Berthe Morisot o Manet, un toque de color intimista ilumina un lienzo. Un ejemplo: la protagonista de un cuento observa la foto de sus padres y recuerda como el padre carpintero toma la mano de su esposa, la deja sobre su corazón y la acaricia hasta que la mano se queda dormida como una cardelina. En el apartado final, “Pasión a la intemperie”, surgen mujeres misteriosas, como “Rosa, Rosi, Rosalía”, la prostituta Ekaterina o la carnal Clara de “Una alquería en las afueras”. Finaliza el volumen con un guiño generacional: una mujer recuerda, cuarenta años después, al joven adolescente con el que bailaba durante el verano. Sonaba la canción Anduriña, el muchacho le besaba el pelo y se embriagaba con el perfume. La magia de los cuentos está construida con una prosa jugosa, colmada de sensibilidad de poeta, que salpica la narración (el mar parecía una animal airado/ le pareció sensual, dolía mirarla/ irreal, como el arrabal de un sueño…).
El conjunto de estos relatos, unos artificios cuidadosamente diseñados, desvela la esencia del autor: sus recuerdos de Arteixo y A Coruña, su pasión por la fotografía (ah, el fotógrafo de Lastanosa), el trasfondo de Teruel (Urrea de Gaén, La Iglesuela del Cid, Ejulve…). En resumen, Periferias del deseo es un canto a la vida, un gozoso repaso de circunstancias en forma de cuento en que aparece el embrujo de la niñez, los arrebatadores amores de la adolescencia, los viajes, los desengaños, el arte, la fotografía, la sensualidad polifacética de la mujer y el erotismo desatado.
Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa pasaron de una amistad infinita a una enemistad que les llevó a la indiferencia, al silencio y no sabemos si al odio. Vargas Llosa, que había tenido una infancia difícil y numerosos desencuentros con su arisco padre, le propinó un puñetazo a su amigo del alma en una sala de cine en febrero de 1976 en México, que se cayó al suelo. Le quedó un moretón ostentoso y el recuerdo -o la acusación-, concentrado en una frase: “Esto es por lo que le hiciste a Patricia”. ¿Qué le hizo el autor de ‘Crónica de una muerte anunciada’ a la prima hermana y esposa del narrador peruano?
A eso intenta contestar el libro ‘Los genios’ del escritor peruano Jaime Bayly Podríamos decir que es la novela de una amistad traicionada, de un equívoco, de una tentativa de seducción, de una aparente deslealtad e incluso de una invención que se deja correr, aumenta de peso y medida, y se transforma en una leyenda un poco incómoda, que incluye la supuesta atracción de Mario Vargas Llosa por los burdeles y las prostitutas.
El tema es viejo y ha generado mucha tinta (Xavi Ayén no eludió el asunto en su libro sobre el ‘Boom’) y mucho morbo. Ninguno de los dos dijo nada de ello; una vez Mario dijo solo: “Mujeres”. En esta novela, que el novelista y presentador Jaime Bayly (Lima, 1965) ha definido como “la más ambiciosa, arriesgada y peligrosa de las mías”, se cuenta la amistad entre los dos, que se inicia en Caracas en 1967 y concluye con ese final abrupto de febrero de 1976 en México. Esa amistad tiene muchas conexiones entrañables: Mario y Gabo se veían, se escribían, se leían, se admiraban. E incluso, algunos años después, cuando Mario Vargas Llosa se instaló en Barcelona, en el barrio de Sarriá, lo hizo muy cerca de García Márquez. Y este supo siempre, de forma directa, que Vargas Llosa, en un viaje de Barcelona a Lima, conoció a Susana Diez Sonseca y se enamoró de ella. La pasión fue creciendo de tal modo que el autor de ‘Conversación en la catedral’ -novela que le gustaba mucho a su nuevo amor– abandonó a su familia, a su prima Patricia Llosa y a sus tres hijos.
Eso se cuenta en la novela, de diálogos inventados o imaginados, que pudieron ser probables, según el autor. La admiración o la complicidad de ambos cristaliza en la publicación de un libro esencial: ‘Gabriel García Márquez. Historia de un deicidio’, de Mario Vargas Llosa, en el que intenta contar cómo Gabo asume la forma omnipresente de narrar como si fuera Dios.
Antes de llegar a ese momento, la novela, de estructura abierta, de ‘flash backs’ constantes, cuenta muchas cosas. Por ejemplo: “Separado de su esposa, padre de tres hijos, generoso con las cosas del dinero, Vargas Llosa le dice a [Carmen] Balcells: ‘La mitad del dinero que nos pagarán será para Patricia y los niños. Te ruego que le envíes ese dinero a Lima tan pronto como puedas’. ‘La mitad, no -dijo Balcells-. El sesenta por cinco para Patricia’. ‘Lo que tú digas -dijo Mario’”. En ese momento, Vargas Llosa estaba enamorado ya de Susana Diez. Y algo más adelante, queda clara la generosidad de los dos genios: “Vargas Llosa y García Márquez eran genios para urdir ficciones persuasivas, para tramar historias hipnóticas, pero, en las cosas odiosas del dinero, eran totalmente desprendidos, desapegados, ajenos por completo a la codicia, el afán de acumular, de comprar, de ostentar, y por eso Mario, cuando se divorció de Julia Urquidi, su tía política, le dejó los derechos a perpetuidad de ‘La ciudad y los perros’, y García Márquez le cedió los derechos de ‘Relato de un náufrago’ al sobreviviente colombiano que le contó aquella historia”.
La relación de Mario y Susana iba viento en popa. Ella, que quería ser diseñadora, era buena lectora y muy inteligente, y pensaba: “Mario me ama, pero más ama su vocación de escritor, eso es lo primero para él”. Un detalle los llevará a la ruptura: durante el rodaje de ‘Pantaleón y las visitadoras’, sorprenderá a su amante en una situación comprometida con la actriz Katy Jurado, a la que Vargas Llosa le habría dicho: “Tienes una selva negra entre las piernas, Katy (…) Tus vellos púbicos parecen la barba de un comunista cubano. Pero si quieres, Katycita, yo mismo te los depilo”. “La estaba depilando. Pero Susana pensó que estaba haciéndole un cunnilingus”, le dirá el propio escritor a Carmen Balcells. “Vargas Llosa es el primero de la clase, pero Gabo es el genio”, afirmaba Carmen. Y esto se comenta cuando se firma una carta de apoyo a Heberto Padilla, en la que faltaba la rúbrica del colombiano, que nunca quiso manifestar opiniones contrarias a Fidel Castro.
Jaime Bayly se desplaza en el tiempo y en los recuerdos. En este contexto tan complejo, se desliza una frase de García Márquez que quizá tenga que ver también con el famoso puñetazo: “Te vas a reunir con mi abogado, que es el mejor de Barcelona -le dijo Gabriel a Patricia-. Y le vas a decir que quieres divorciarte de Mario”.
*Texto que publiqué en Heraldo de Aragón.
Eso no sucedería jamás. El hecho culminante fue cuando García Márquez tenía que trasladar a Patricia Llosa al aeropuerto tras una fiesta en Bocaccio. García Márquez dijo: ‘Carajo, primita, creo que me he perdido’. Patricia Llosa soltó una carcajada triunfal y dijo, sin vacilar, volando como un águila: ‘Mejor. No sé si quiero viajar. Por acá cerca hay un hotel’”. Jaime Bayly se imagina lo que pasó, que no es nuevo del todo. En cualquier caso, tras oír de su marido que él no le había sido infiel con ninguna puta y que lo de Susana había sido una calentura, Patricia le dijo a Mario Vargas Llosa: “Ya no eres mi único hombre”. Y le confiesa que se acostó con Gabriel García Márquez y que “es un amante exquisito”. El escritor replica: “¡Le romperé la cara a ese hijo de puta!”.
Lo haría, dice Bayly. “La sangre llegó al río, y ese río, antes de aguas limpias, transparentes, ahora turbio de rencores y malentendidos, fue a morir al mar de los celos, las pasiones contrariadas, las amistades rotas, traicionadas”.
*Foto de la Fundación Gabriel García Márquez.
Felisa Ferraz: “Mi Pirineo es belleza y compromiso”
La profesora e investigadora es la directora del Festival Pirineo Literario que se celebrará en Benasque del 8 al 10 de septiembre
¿Por qué el Festival Pirineo Literario, qué buscan y qué quieren contar?
-El Festival es un escaparate del proyecto Pirineo Literario y se inaugura el día 8 de septiembre con Luz Gabás y el músico José María Ciria. Nuestro objetivo es crear una cartografía lectora que recoge a todo tipo de agentes (libreros, bibliotecarios, gestores, autores, lectores) vinculados a la lectura para tejer una red de prácticas lectoras en las que el Pirineo es paisaje, territorio literario y motivo cultural. A través del Festival damos a conocer el proyecto y visibilizamos nuestro trabajo, que tiene vocación de unir toda la cordillera, de mar a mar, a través de la literatura; nuestra intención es que sea una propuesta que se consolide como una fiesta de la literatura.
Ese es el tema de un trabajo suyo publicado en Prames. ¿Cuál sería su campo base o área de influencia?
-Nace en el valle de Benasque, desde el impulso de la Asociación Guayente y con el apoyo del ayuntamiento y de la comarca de Ribagorza; ojalá en próximas citas podamos extenderlo a otras sedes en otros valles y comarcas. Tiene por sede el Palacio de los Condes de la Ribagorza y se prolongará desde el 8 al 10 de septiembre; se cerrará con la proyección de la película ‘La luz de septiembre’ de Lola García. Colaboran el Ayuntamiento de Benasque y la Diputación de Huesca.
¿Qué tiene de esencial y literario el Pirineo?
-El Pirineo tiene una gran historia literaria, desde la tradición oral -plagada de mitos y leyendas- pasando por la obra de los pirineístas clásicos de la Ilustración y el Romanticismo, hasta llegar a nuestra época en la que sigue siendo escenario de relatos que abordan tramas costumbristas, mágicas, históricas, policíacas... Uno de nuestros empeños es mostrar un Pirineo contemporáneo que sigue vivo, aportando una cultura propia que no solo mira al pasado sino al presente y al futuro de las vidas de los que allí habitan.
¿Cuáles serían algunos libros decisivos?
desde el mito de Pirene y el cantar de Roldán hasta la novela de Irene Solá, ‘Canto yo y la montaña baila’ hay un sinfín de obras magníficas en las que el Pirineo tiene un papel protagonista. Me gusta el Hemingway que va a pescar a Irati en ‘Fiesta’, Marta Iturralde poniendo voz a las mujeres pirineístas en ‘Mujeres y montañas’ o Sender evocando su infancia en ‘Crónica del alba’. Me resulta difícil elegir un libro decisivo porque creo que tenemos la suerte de tener muchas voces singulares que han recorrido este Pirineo literario, algunas ya clásicas como Severino Pallaruelo o Julio Llamazares y otras que pueden sorprender al lector como Carmen de Burgos, Juan Ramón Jiménez o Josep Plá.
¿Quién es, para usted, el personaje pirenaico por excelencia, ya sea hombre o mujer?
Es alguien que tiene muy arraigados unos valores ancestrales que son un código de comportamiento, una forma de vida, es alguien que debe hacer frente a la adversidad en forma de catástrofe natural, soledad, necesidad de superar las dificultades materiales de la vida, en un entorno de magnífica belleza pero también hostil. Un personaje pirenaico es el último habitante de un pueblo, la mujer que emigra a servir en la ciudad, el neorrural que busca encontrarse a sí mismo volviendo a sus raíces…
¿Qué le da a usted el Pirineo? Ha escrito mucho sobre ello.
El Pirineo es mi raíz y mi vocación. A través del paisaje me he entendido a mi misma y me he encontrado con gentes estupenda con la que recorrer el camino. Mi Pirineo es belleza y compromiso.
A la luz del programa, esencialmente femenino este año, ¿es el Pirineo un escenario de mujeres y contado por mujeres?
-La mujer tradicional en el Pirineo era la guardiana del relato de la Casa y sus habitantes, la que transmitía las leyendas y las historias familiares, la que cuidaba de todo y de todos, pero no tenía una voz pública. Los últimos veinte años han visto cómo las voces femeninas en el Pirineo se multiplican: desde las más populares como Luz Gabás o Rosario Raro; las jóvenes como Irene Solá o Sandra Araguás; las clásicas como Carmen Castán o María Pilar Benítez; las montañeras como Marta Iturralde o Nuria García Quera… Y esto es solo el principio.
*La foto es de Oliver Duch, fotógrafo de Heraldo.
Ángel Petisme: “La poesía es la canción
de nuestra madre que nos arrulla el alma”
El escritor y cantautor compendia 45 años de escritura lírica en el volumen ‘Avanza el desierto’, que publica Los Libros del Gato Negro.
Ángel Petisme es cantautor y poeta. Publica una antología de su lírica de 45 años dedicados a la escritura en el volumen ‘El desierto avanza’, donde resume treinta libros publicados desde 1976 hasta ahora. Edita Libros del Gato Negro, de Zaragoza, y realizará una gira de presentaciones por Zaragoza, Barcelona y Madrid, entre otros lugares.
¿Cómo han sido estos 45 años de poesía? ¿Cuál sería su balance?
Buff, han pasado en un chasquido. Hace nada estaba con 15-16 años en el Paseo Independencia vendiendo la revista ‘Narra’ donde publiqué mi primer librito ‘Aliento del pronombre en la geografía desolada’. Pero no me puedo quejar, he sido muy afortunado. Me incluyeron en una antología de poesía a nivel nacional como ‘Postnovísimos’, que me abrió muchas puertas, he ganado premios internacionales importantes como el Claudio Rodríguez o el Antonio Machado de Collioure, y siempre que tenía un libro escrito o en proceso, pasaba un editor y me lo publicaba. No he tenido que esperar ni buscar. Ahora, sin embargo, tengo cuatro libros inéditos armados y otro en construcción, y no hay prisa alguna por publicarlos.
¿A qué lo atribuye?
Quizás no estoy en las listas del canon literario que juzga por la fama o los premios pero he hecho siempre lo que quería hacer, con total libertad, sin peajes ni clientelismos. Y además he podido mantener una trayectoria musical paralela y fecunda y viajar por el mundo.
Si tuviera que hablar de períodos y épocas de su evolución, ¿cuáles serían?
He intentado plasmarlo en el libro con varias partes y títulos: ‘El manantial eléctrico’ (1976-1996), desde los comienzos hasta la publicación de ‘Constelaciones al abrir la nevera’, que es un libro cardinal y de agitación que será una constante en mis libros posteriores, según me dijeron en su momento poetas de diferentes sensibilidades, desde García Montero a Fernando Beltrán o Juan Carlos Mestre. ‘Cierzo en la sangre’ incluye los 25 poemas que aparecían en el libro disco ‘Cierzo’, que estaba agotado y descatalogado. ‘La hora de los mejillones cebra’(1997-2008) abarca desde ‘Buenos días, colesterol’ a ‘Demolición del arco iris’. Libros ya de plenitud e irracionalismo controlado. ‘Un bumerán prendido en gasolina’ (2008-2019) recorre desde ‘Cinta transportadora’, ‘La noche 351’, ‘El faro de Dakar’ hasta ‘La camisa de Machado’. Es un periodo maduro, existencial, de fermentación y lecciones de vida de los viajes realizados.
Entonces, ¿podemos extraer conclusiones?
En realidad, no hay cortes abruptos de abandonar o abrazar nuevas estéticas. Todo ha fluido y me parece bastante coherente. Lo que he intentado es no repetirme y no quedarme en la zona de confort. Al final cualquier etiqueta, como al increíble Hulk, me ha venido pequeña. No me disgusta sentirme marginal pero jamás un maldito.
¿Cómo has construido y ordenado la antología?
Iba a editarse a finales de 2021-primavera de 2022 y al final se fue retrasando por causas ajenas, así que me dio tiempo a darle muchas vueltas. Primero la armé por temas: la infancia, los paisajes, los amores, las personas, amigos y referentes y paisanajes, el humor, nuestra idiosincrasia y carácter, costumbres, los viajes, las guerras, el cine y finalmente, la muerte. Ahí el libro llevaba el título ‘Salí del seminario y me encontré con los Sex Pistols’, que era una tontadica mía que le encantaba a Félix Romeo y me retrataba con humor. Al final opté por darle un criterio cronológico y ponerle el título actual porque también el libro era una forma de celebrar los 25 años del disco libro ‘Cierzo’ y mis 45 años en la música. Y por supuesto decidí incluir un buen número de inéditos.
¿Han sido el amor, el deseo y el sexo sus temas capitales, o su tema vertebral, o cree que también lo sería esa veta social permanente de defensa de los desfavorecidos, de denuncia y de acudir allá donde la injusticia se hacía más palpitante?
En realidad, el protagonista del libro es Aragón, todos esos temas y pasiones muy variadas sobre los que he escrito tenían como telón de fondo en muchos casos a mi tierra amada y odiada como buen hijo de Aragón. Esos son los poemas que elegí para esta antología que se lee de esta manera como un libro nuevo, con una versión muy contemporánea del tiempo que vivimos. Narcisismo, simplicidad, miedo y un cóctel de ignorancia y chulería de una sociedad que se jacta de que no ha leído un libro en su vida. Esto nos arroja a los brazos del fascismo.
¿Para quién se escribe poesía?
Podría darte una respuesta diferente o contradictoria cada cinco minutos. Supongo que para quien la necesita. En mi caso con 12 años, cuando empecé a escribir, necesitaba conocer y entender el mundo que me rodeaba. La poesía desde entonces siempre me ayudó a tener una mirada más tierna y prismática, y quizás a poseer en secreto un diccionario invisible para nombrar las cosas.
“Un diccionario invisible para nombrar las cosas”. Podría ser el deseo de cualquier escritor o de cualquier ciudadano.
Mi amigo el poeta David González, que ahora está muy enfermo, escribió “que la poesía es una campana que te avisa del peligro”. Quizá por eso recurrimos a ella porque vivimos sin respuestas frente a tanta incertidumbre y avalanchas diarias. Frente a la intemperie y el desierto que lo devora todo, la poesía nos abriga el alma, es la canción de nuestra madre que nos arrulla el alma.
¿Cuáles han sido los cinco libros y los cinco poetas que le han marcado?
‘Los soliloquios’ y ‘Obras completas’ de Miguel Labordeta en la edición en la colección Fuendetodos. ‘Claro interior’ o ‘Rigor Vitae’ de Ángel Guinda en Olifante. ‘Ed è subito sera’ de Salvatore Quasimodo. ‘The Cantos’ de Ezra Pound y ‘Poesías completas’ de Constantino Kavafis en Hiperión.
Félix Teira: "La guerra es la amarga ramera que nos roba a todos la sensatez"
Félix Teira Cubel recibió el jueves 24 el premio Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores en la sede de la Fundación Caja Rural. Con ese motivo conversamos con él.
-¿Se ha puesto de moda Félix Teira? Premio Imán, artículo extenso en ‘Turia’…
No he tenido mucho trato con la moda, pero si esa señora desea mantener relaciones conmigo, encantado. Ja, ja, ja.
-¿Cómo se enfrenta a los premios, no remunerados por lo regular, son estimulantes, sirven para promover la obra, son ejercicios de cariño?
Sería un hipócrita si dijera que desprecio el dinero, pero un premio honorífico votado por colegas que comparten afición, me anima y me conforta.
¿Desde cuándo quiere ser escritor? ¿Y cómo ha sido la travesía del desierto?
Las aficiones que acaban en vocación suelen comenzar en la adolescencia. Al libro de Lengua de 5º de bachiller lo acompañaba una antología con versos mágicos: "polvo serán, mas polvo enamorado…". Cuando estudiaba en la facultad el Imperio Español, leí ‘El Lazarillo’. Mientras los tercios conquistaban Europa, la gente pasaba hambre y consentía el deshonor a cambio de comer diariamente. Aquel libro contaba la verdad esencial de su tiempo. Eso haría yo, narraría las verdades de mi sociedad. Tenía 20 años, era iluso y prepotente. ¿Quién no lo es a esa edad?
-Hace algún tiempo, no demasiado, fallecía el editor Mario Muchnik. ¿Qué le debe, qué quería haberle dicho y no ha llegado a tiempo?
Una llamada de Mario Muchnik, cuando coleccionaba rechazos editoriales, alivió la travesía del desierto. Le debo todo. Mario fue un gran editor, más preocupado por la literatura que por el dinero. Cuando viajé a Barcelona para firmar el contrato de ‘Brisa de asfalto’, Muchnik no estaba en su despacho. Me volvió a llamar para decirme que había ampliado el capital y los nuevos dueños lo habían echado de su propia editorial. Me sugirió que publicara con los nuevos... o que lo esperara. Lo esperé y eso fortaleció un vínculo entre nosotros. A los meses fundó una nueva editorial con el capital de Anaya. Publiqué con él hasta que vendieron Anaya y lo volvieron a echar. Nunca le dije una verdad dolorosa, que él daba por supuesta porque la había padecido en sus carnes: en el mundo literario importan más los dividendos que la calidad.
-Ha publicado muchos libros, novelas sobre todo, pero también cuentos. ¿Qué mensaje, si me permites decir eso, has querido dar en sus ficciones?
He pretendido que mi literatura reflejara esta sociedad en perpetua mutación. ‘La violencia de las violetas’ narraba la guerra de la exYugoslavia, ‘La ciudad libre’ se hacía eco del auge de Le Pen, novelaba una sociedad sin libertades... Hasta la última publicación, ‘Fuego frío’, donde hablo de la ambición, quizá la más común de las pasiones humanas.
Tiene fama de ser un autor directo, sin ornato, que avanza con la verdad por delante. ¿Es así, ha sido tan corajinoso, o más de una vez se ha mordido la lengua?
En la vida cotidiana prefiero el trato afable, un lubricante que facilita la vida, y soy tolerante con la discrepancia; puedo morderme la lengua. En la literatura, no. Sería un impostor conmigo mismo.
La escritura se hace con una forma de mirar, con palabras, con personajes. ¿Cómo han sido, cómo son los tuyos?
Espero que mis "criaturas" sean profundamente humanas. Somos un barro de diversas arcillas, donde se mezcla la bondad con la perversión, la crueldad con acciones magnánimas. Esa extraña mixtura es la que aporta verosimilitud al personaje.
-¿Qué le preocupa al escritor que es en relación con la lengua?
Con la edad he comprendido que mi patria es la lengua, cada vez pongo más celo al elegir un vocablo, uno entre decenas que defina una emoción o que describa un paisaje.
-En uno de sus libros, recuerda que fuiste pintor. ¿Ha querido emular a Goya, acercarse a él?
Me encanta la pintura, especialmente la contemporánea, pero en absoluto domino la técnica. Reconozco que fui iluso, pero no tanto para intentar emular a Goya. Acepto que el acercamiento al pintor ha sido muy positivo. Me agrada la actitud vitalista, práctica, que lo llevó a enriquecerse en la primera parte de su vida. Igualmente es seductora su mentalidad abierta, el contacto con el círculo de Jovellanos modificó su ideología y su pintura.
-Le ha dedicado ya dos libros bien distintos al pintor. ¿Por qué Goya aún, qué quiere contar, no estamos demasiado obsesionados con su posteridad y muy poco por aproximar el arte de nuestro tiempo a la sociedad?
Considero que Goya es un pintor modernísimo, actual. A partir de los cincuenta años intuyó que el arte podía contribuir al cambio social. El dilema de la Guerra de la Independencia lo aproxima a la encrucijada de Orwell, un izquierdista que dinamita el comunismo. Goya creía en los ideales ilustrados, sus amigos participaban en el gobierno de José I. Qué difícil resulta estar en contra de tus amigos. Pero el ejército francés, representante de la libertad, la igualdad y la fraternidad, fusilaba al pueblo llano. Le repugnó la guerra, los ‘Desastres’ condenan la crueldad francesa y española. Al respecto, es paradójica la Historia, en Bucha se repiten las escenas que dibujó el de Fuendetodos.
-En varios libros se ha comprometido contra la guerra. Seguimos en pie de guerra. ¿Qué le gustaría decirnos?
Cualquier guerra degrada a la Humanidad, es un retroceso hacia la barbarie. La Razón, el gran principio ilustrado, parecía que lentamente se iba abriendo camino... Pero siempre aparecen la religión y los nacionalismos invasores: En Irán y Afganistán se pisotea a la mujer y no se comprende la invasión de Ucrania. La guerra es la amarga ramera que nos roba a todos la sensatez.
¿Qué le debe a Belchite?
Tengo un fuego en el pueblo con quien converso. El fuego es un conversador amable, casi nunca te lleva la contraria. Le cuento mi infancia feliz y los paseos por el hermoso olivar, que han inspirado mi obra.
-Ahora es abuelo por partida doble y durante años fue profesor. ¿Qué ha aprendido en el aula y qué ha aprendido con sus libros para jóvenes?
Durante los últimos veinte años de docencia trabajé, ayudado por un gran equipo, con jóvenes de 16 a 20 años a los que no les habían ido bien los estudios. Les quedaba toda la vida por delante para labrarse un porvenir. No sé qué les enseñé, pero aprendí muchísimo. Parte de lo que aprendí lo volqué en mis novelas juveniles, duras, abiertas, tan amargas como esperanzadoras. Mi ideal educativo es parecerme al señor Germain, el maestro de primeras letras de Camus. El escritor le dedicó el discurso al recibir el Nobel y le escribió diciéndole que todo se lo debía a él.
¿Podría elegir cinco libros aragoneses del siglo XXI que le parezcan importantes y susceptibles de recomendar?
¿Cinco? ¡Una cifra bajísima para la abundancia actual! En fin, ahí van sin orden predeterminado. ‘El día de mañana’, de Ignacio Martínez de Pisón; ‘El médico hereje’, de José Luis Corral; ‘El golpe posmoderno’ y ‘La vida cotidiana’, de Daniel Gascón; ‘Siempre quedará París’, de Ramón Acín, y ‘Piedad’, de Miguel Mena.
Tras su libro anterior, ‘Vida doméstica’ (PUZ, 2017), Carmen Ruiz Fleta (Zaragoza, 1978) publica un nuevo poemario: ‘Los secretos de los demás’ (PUZ, 2022).
¿Qué puede suceder en la vida de una poeta durante cinco años, que es el tiempo que se ha tomado para redactar ‘Los secretos de los demás’?
En un lustro caben muchas cosas. En el mío han cabido mi segundo hijo, la enfermedad y muerte de mi padre, una sacudida profesional, la frustración, la rebeldía, la celebración, la nostalgia y la constatación de lo infinitamente pequeños que solemos ser. Todos repetimos los mismos errores y tropezamos en las mismas piedras que lo hicieron nuestros mayores. Aunque a veces nos creamos la fantasía de ser originales.
¿Por qué titula así el libro, por una parte que, en apariencia, no es la más sustancial?
Hay ironía en el título. Claro que es un libro muy personal y anclado en mis vivencias. Pero no hay tanta exposición como aparenta. Mis secretos, los tuyos, los del que tenemos enfrente son siempre los mismos, aunque se vistan de historias y personajes distintos. Y también porque desde pequeña me fascina la pieza que falta en el puzle, la razón oculta que explica comportamientos y actitudes, y que no se muestra por vergüenza, decoro o convención social.
En cierto modo, retoma el poemario donde habías dejado el anterior: en un homenaje y en un diálogo, ya imposible, con su padre…, en la sección ‘Una manera de no decir adiós’, que hace pensar en el poemario de Ildefonso-Manuel Gil.
La certeza de la proximidad de la muerte es un tema recurrente en la poesía. Yo he sido consciente de la intensidad de la vida en las dos orillas: cuando he dado a luz a mis hijos y cuando, junto a mi madre y mis hermanas, acompañaba a mi padre en su adiós. Y esa intensidad es la materia prima a partir de la que escribo.
¿Hasta cuándo podemos o debemos contar cuentos a los hijos?
En el poemario hay un texto que hace referencia a eso. Al deseo de detener el tiempo en ese momento cuando acaba el día y le leo cuentos a mis hijos (aunque ahora ya es mi hija mayor la que me los cuenta a mí). Ojalá pudiéramos encontrar siempre, a cualquier edad, espacios de complicidad entre padres e hijos que recordaran a ese instante del cuento infantil antes de dormir. Hay que contar cuentos siempre. La vida es mucho más entretenida y llevadera si se tejen historias con ella.
¿Qué le inspira de la intimidad familiar y sus pequeñas cosas?
Hago literatura de lo cotidiano no tanto porque me inspire, sino como un intento de comprensión. Voy saltando de asombro en asombro y la poesía me ayuda a ordenar la vida.
Otro polo muy claro del libro es la identidad. ¿Se pregunta Carmen Ruiz Fleta, con dolor, sobre quién es, qué desea, qué busca?
Sonrío con esta pregunta porque depende de lo que te conteste puedo parecer pesadísima. Y eso es de las peores cosas que se pueden ser en la vida... Ahora en serio. Creo que moriré buscando parecerme lo más posible a quien creo ser, pero imagino que no lograré encontrarme nunca. Esa especie de desacompasamiento fluye en los poemas, pero, afortunadamente, soy mucho más doliente en la poesía que en la vida, que la disfruto mucho.
¿Ser poeta es también un modo de sentirse una inadaptada?
Tiene que ver con lo que antes te comentaba. Sí, en mi caso la poesía nace de la inadaptación. No ahora, desde siempre. Inadaptación a una identidad, a un cuerpo, a una realidad, a un adiós. No me adapto, no lo acepto y lo escribo. Intento hacer de ese desasosiego algo bello.
¿Cabría hablar de un clima de pesimismo, de desolación existencial? ¿Ha querido hacer un libro sobre las heridas de la vida?
No he pretendido hacer un catálogo de heridas. Pero escribo sobre la vida, y la vida pincha, ensucia, raspa y, a veces, duele. Dice la poeta gallega Olga Novo en un verso que cito y que me encanta: "A veces no sé si escribo o es que ando descalza sobre las brasas". Me parece una definición fabulosa de lo que es escribir poesía.
Otro asunto clave, tentador para una lectura superficial, se centra en el desamor. ¿Conocemos de verdad a quién amamos o esa es una tarea constante y misteriosa que también revela nuestra vulnerabilidad?
Si conocerse a uno mismo ya es una tarea compleja no me parece posible conocer del todo al otro, por muy cerca que el otro esté. Somos seres vulnerables, cambiantes y contradictorios. No decepcionas a quien no te ama, solo puedes fallar a quien espera algo de ti. Y como creo que el desamor más agudo es la indiferencia no diría en absoluto que este sea un libro de desamor.
Habla a veces del juego de hacer versos. ¿Se atreve, por ello, a redactar un soneto?
Me gusta jugar con las palabras, retorcer el lenguaje, encontrar significados. Ese soneto es un juego por el que me sometí a la métrica, algo que no hacía desde los ejercicios de lengua de BUP. Estaba leyendo en ese momento sonetos de Benedetti y me dije "voy a probar". Y probé.
Quizá el texto más vitalista sea ‘Celebremos’. ¿Qué debemos festejar, exaltar, cantar? ¿Qué quieres cantar usted?
Hay que celebrarlo todo siempre. Ya está la poesía para sacar nuestro lado doliente. Pero no podemos desperdiciar ni una sola oportunidad de disfrutar de la familia, el amor o la amistad. Ni de entusiasmarnos con la música, la danza o los libros. Hay que celebrar las mañanas de primavera y las tormentas de verano.
En el texto ‘A modo de poética’ habla de la poeta urbana y posmoderna que ha querido ser. ¿En qué ha cambiado?
Creo que hay quien vive con conciencia poética las 24 horas del día. Y yo no. Ni de lejos. Yo la mayoría de los días no soy poeta, bastante tengo con acordarme de lo que hay que comprar en el supermercado o de que los niños tienen tal o cual actividad. Yo nunca me he sentido poeta. Pero es cierto que cuando éramos jóvenes y recitábamos en los bares nos creíamos estar haciendo algo importante. Era muy divertido. Ahora lo miro con mucha ternura y con esa ironía que se ve en el poema que citas.
¿Qué le debe a Mario Benedetti?
Le debo algunos de los sonetos más hermosos que he leído. Me gusta leérmelos en voz baja, recitándolos para mí. Hace bailar las palabras en la boca.
Da la sensación de que la poesía para usted está ligada a la autenticidad, a la confesión y en cierto modo a la insatisfacción. ¿Es así?
En buena parte es así. En términos administrativos y, si me permites la ironía, sería una especie de "externalización": es la poesía la que gestiona mi cara B, con sus miserias, aristas y desacoples. La cara A, la de las celebraciones y la vida, prefiero gestionarla yo directamente. Y aunque disfruto muchísimo escribiendo, aún disfruto más viviendo, por eso pasa tanto tiempo entre libro y libro.
También es un libro repleto de hermosos instantes de la memoria. ¿Vivir es recordar, habitar momentos de felicidad? Pienso en esos veranos en que se empiezan a escribir obscenidades, a las amigas inolvidables, a ciertos paisajes…
Me gustaría poder observar los momentos pasados sin el tamiz de la memoria, que siempre nos engaña y redibuja las cosas para dejarnos en buen lugar. Una no puede vivir asida al pasado, ni recreando tiempos que probablemente no fueron tan felices. Pero, indudablemente, lo que los años destilan y dejan en el recuerdo explica lo que somos en el presente. Me asusta perder la memoria, no solo de los hechos, sino de lo que sentía o pensaba en un momento dado del pasado.
¿Qué poetas le han acompañado o le acompañan en la redacción de estos versos, qué ha descubierto en este lustro?
Ya he nombrado a Olga Novo, que me parece la mejor poeta española en la actualidad. Y hay voces que me llegan de siempre y de lejos, como Lorca o Joan Margarit, a quienes acudo de manera recurrente, a veces como quien va a la farmacia.