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DIÁLOGO CON EL PINTOR SEVERINO DE LLANZA

Severino de Llanza: “Lo único que cambia

en la historia de la humanidad es la tecnología”

 

 

Fue una hace una década, en 2009, cuando Severino de Llanza (Borja, 1964) expuso por última vez en Zaragoza. En la galería que le lleva, A del Arte. Ahora presenta un nuevo proyecto: ‘Unidad en ella’, una colección de 62 cuadros de puntas de plata, una técnica antigua y sutil que emplearon artistas tan distintos como Leonardo Da Vinci o Durero.

-Entonces, en 2009, ‘El eco de los sueños’, era pintura. Ahora apuesta decididamente por esta técnica delicada…

-Esa sería la palabra: delicada. Y laboriosa. A del Arte es la galería que me lleva mi obra y es quien pone en el mercado mi trabajo. Hablamos con Montse Navarro de la idea de hacer una exposición solo de puntas de planta. He trabajado durante cuatro años, muy centrado.

-¿Qué le da esta técnica?

-Me siento cómodo. Feliz. Me pasa como con el grabado: me engancha, y es como si tuviera mono. La punta de plata es como si estuviera viva. En la muestra veo las piezas de hace cuatro años y las de hoy, o del año pasado, y veo una evolución. La punta en contacto con el aire se va oxidando, y la de 2016 o 2017 adquiere un tono más aterciopelado, color tabaco o sepia.

Dicen que es una técnica exigente…

Sí, claro. Pide técnica, paciencia, búsqueda de la belleza, obsesión por los detalles y las líneas. Y de todo ello surge una de sus virtudes: la delicadeza.

Todas sus obras son mujeres. ¿Hay alguna razón?

No sabría decirle. Me gusta la mujer, me interesa su mundo, su misterio, su hermosura. Me siento más cómodo pintando mujeres. El universo femenino está para mí, entre otras cosas, conectado con la búsqueda de la belleza y es una forma de conocimiento. Quizá debiera someterme al psicoanálisis para responder a la pregunta.

¿Es usted surrealista, metafísico, mira hacia el renacimiento e incluso el gótico?

El movimiento al que me siento más próximo es a los prerrafaelitas, con Rossetti a la cabeza, pero también me interesan Vermeer, al que hecho homenajes, Caravaggio, Piero della Francesca o Mantegna, entre otros.

Bueno, y le interesa el futurismo, la robótica.

-Desde luego. Varias de mis obras se llaman ‘Robótica’, y creo que tiene su sentido. Para mí lo único que cambia en la historia de la humanidad, no son las pasiones, las quimeras, las aventuras, las guerras, la creación, sino que es la tecnología. Y me gusta que todo eso se perciba de formas muy distintas en mi obra.

Había pensado que era un usted un hombre nostálgico...

Me interesan mucho los problemas sociales, la crisis económica, la injusticia, y todo eso está en mi obra. Con mis mujeres. Hay un cuadro, ‘La mujer del cambista’, que alude a una obra clásica, pero también al paisaje que yo veo desde la ventana de mi taller: se ve una grúa, un edificio interrumpido, la soledad y el abandono que sobrevino a la crisis. Un drama que os afecta a todos. Y eso pasa en otras obras.

¿Qué le da el Moncayo?

Mucho. Siempre está ahí. Me dice muchas cosas: es Bécquer, es naturaleza, me interno por el Bosque de las Hayas, camino, pienso, evoco su mundo de cuentos y de gnomos, me relajo, y luego todo ello aparece en mi obra, donde hay mujeres sí, idealizadas o reales, pero también naturaleza, arquitectura, ecos de lo invisible.

Por cierto, ¿por qué son tan impactantes los ojos de sus mujeres?

Quizá porque quiero que cuando el público entre en mis exposiciones sienta que mis criaturas le miran a los ojos y que le devuelven su mirada.

 

19/07/2019 05:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON RAFEL NADAL

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Rafel Nadal, periodista y escritor ampliamente galardonado, pasó porZargoza para hablar de su novela 'El hijo del italiano' (Planeta), con cuya edición en catalán ganó el Premio Ramon Llull.

¿Quiénes son los Nadal y qué huella han dejado en Gerona?

-Hice un libro sobre eso, ‘Cuando éramos felices’. Los Nadal somos una familia numerosa de entrada, doce hermanos, con lo cual hay de todo y por tanto cubren muchas cosas en la ciudad durante mucho tiempo. De ahí ha surgido eso del ‘poder Nadal’ en Gerona, que creo que es leyenda. Sí es cierto que hay una persona concreta, que es Joaquim, que fue alcalde durante más más de 20,  y luego fue candidato del PSC a la Generalitat y luego consejero de Obras Públicas, pero ser alcalde en los primeros años de la transición, que estaba todo por hacer, sin duda marca la ciudad.

¿Y su hermano, el rector?

Josep Maria. Pep. Es filólogo y un entusiasta, lo mismo puede estar dinamizando la universidad, desde su nacimiento, que montando relaciones con universidades extranjeras, escribiendo libros y artículos, dando conferencias, que montando tertulias y de todo. Es un hiperactivo tierno. Todos los profesores de la Universidad de Gerona deben tener confituras y mermeladas preparadas por mi hermano, y cada verano reciben tomates y berenjenas de su huerto…

-¿Cómo es Rafel?

Yo como soy el sexto y estoy en la mitad, soy un puro observador de la familia y por ende de la posguerra tardía. Nací en 1954, no nací en la posguerra más dura, y soy observador d esta posguerra de una ciudad de provincias,  y de una clase social que es la pequeña burguesía que crece muy en contacto con las bases populares.

-Usted es un escritor conocido, consagrado, premiado. ¿Qué le caracterizaría a usted como escritor? ¿Cuál cree que sería la clave de su mirada?

-Creo que tengo una mirada muy detallista, de imágenes, cinematográfica, estoy marcado por la literatura francesa y también por la italiana, pero también el cine. Intento transmitir de una manera muy detallada las imágenes y escenas que intento describir… Y después estoy muy en contra del tópico de que lo local es lo más global.

El portugués Miguel Torga dijo aquello de que “lo universal es lo local sin paredes”.

-Sí, totalmente. Creo muy poco en esta voluntad de hacer cosmopolitismo porque no hay cosa más cosmopolita que mimar lo que tú dominas. Y transmitirlo con profundidad y con detalle. Y luego están las pasiones y emociones, que son universales. Amor, odio, abuso y rebelión contra el abuso.

¿Qué le debe el escritor Rafel Nadal al periodista, que dirigió ‘El Periódico de Cataluña’ y que es columnista de ‘La Vanguardia’?

-Yo le diría que dos cosas: una cierta capacidad para escoger buenas historias, para detectarlas, y una cierta técnica para documentar las historias, e incluso acercarme a personajes reales en los casos en ‘El hijo del italiano’. Creo que tengo la capacidad de acercarme con paciencia, de observar. He estado 40 años haciendo periodismo directo, me ha tocado cubrir desgracias, catástrofes naturales, incendios, inundaciones con muertos, atentados terroristas. Y al final aprendes que no es nada eficaz transmitir el morbo porque no cuentas nada.

-¿Entonces?

Si tú eres capaz de escribir alejado del dolor, observándolo, yendo a fuentes un poco más indirectas, que conocen bien la situación pero que no están partidas por el dolor, al final acabaras teniendo una información de contexto que es la que los periodistas tenemos que darle a la gente. El periodismo enseña a acercarte con lentitud, a tener paciencia, a saber escuchar… En ‘El hijo del italiano’ he deducido más cosas con el silencio del personaje que con sus palabras.

¿De quien hablamos de Mateu o de su padre Ciro? Parece hable reescrito ‘La odisea’ de Virgilio.

De Mateu, el protagonista, que busca su rostro, busca su identidad. En realidad, yo digo que hay dos odiseas en ‘El hijo del italiano’: la de Ulises, que son los marineros italianos que intentan regresar a casa, y pasan todo un año para poder volver, primero en Mallorca y luego en Caldas, y la odisea de Telémaco que busca a su padre…

Bueno, ya que nos lo brinda así, está Joana, la madre, Penélope…

Yo creo que Joana, que es una perdedora de la guerra, no por motivos ideológicos, sino de clase porque es una miserable, y en aquella época los miserables no dejaban atrás la miseria hasta la siguiente generación, y es una perdedora de género porque está casada con un hombre que le pega, y en 1944 no se podía ni soñar con rebelarse, no. Pero con su aventura con Ciro, que es una historia de amor, de necesidad, de compañía, y que tiene un punto de utilidad, ya descubre que hay gente distinta, que la respeta, que le cuenta historias, que le enseña otro mundo y que ella habría podido ser distinta si hubiera vivido en otras circunstancias.

¿Cómo le llegó la historia, el relato del acorazado Roma, destruido por Hitler, y ese exilio de los italianos en medio de la Guerra en Mallorca y luego en Caldas?

En un club de lectura sobre un libro anterior: ‘La maldición de los Palmisano’. Al final, se levantó un hombre, se me acercó y me dijo: “¿Te gustaría que te contase la historia de mil marineros italianos que se refugiaron en Caldas en plena Segunda Guerra Mundial? Yo no entendía nada porque conozco bien la zona y no había oído hablar de eso. Le dije que contara, a los cinco minutos me había enamorado de la historia, quedé para comer con él al día siguiente

-¿Cree que la Guerra Civil también nos dejó otra herida: la de los sentimientos, la alegría sexual inesperada…?

Primero le diría que en cada pueblo y en cada familia, hay una novela llena de hijos secretos que se taparon, y que ahora muchos nietos están recuperando, los pocos que están recuperando su memoria.  Hace unos días me llamaba una librera de Mallorca para decirme que había encontrado un hijo de un italiano de los que fueron a parar a la isla. Y hasta mi ha primera novia formal, de los 17 a los 22, ella se casó e integró la colonia italiana de Gerona, me escribió y me dijo: “Has escrito la historia de los italianos en Caldas. Y esta historia te tocó de jovencito y ni te enteraste. Esa también es mi historia”. La realidad casi siempre es más inverosímil e imaginativa que la ficción…

-Aquí hay un libro la mirada tan amarga sobre la miseria, la posguerra…

-La posguerra fue mucho más grave de lo que hemos contado, de los que nos hemos contado los unos y los otros, porque había el dolor material, la miseria, pero había también la arbitrariedad, el abuso de los vencedores.  Parte del dolor de la posguerra es que era en color. Había familias que vivían en blanco y negro, pero veían a través de la ventana que el mundo era en color. Y ellos no podían acceder a él.

-.¿Tiene la sensación de que estamos volviendo a eso a la precarización y a una actitud frívola de la política?

La izquierda no se da cuenta y está haciendo más caridad que política. Hoy en día en un parlamento como el nuestro no aprobaría ni la Seguridad Social, ni el subsidio de desempleo ni las pensiones.

 

Versión corta aparecida en Heraldo.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/07/06/rafel-nadal-no-es-eficaz-transmitir-el-morbo-porque-no-cuentas-nada-1324002.html

09/07/2019 06:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ DANIEL ESPEJO, PREMIO JUAN REJANO

JOSÉ DANIEL ESPEJO, CON SU LIBRO LOS LAGOS DE NORTEAMÉRICA, OBTIENE EL I PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA FUNDACIÓN JUAN REJANO-PUENTE GENIL. 4 de julio 2019: Esta mañana a las 11 h, el alcalde de Puente Genil Esteban Morales Sánchez y Antonio Roa Amador han dado a conocer en rueda de prensa el nombre del ganador. Esta fecha conmemora el 43 aniversario del fallecimiento del escritor pontanés miembro de la Generación del 27 Juan Rejano. El día 10 de junio a las 22:30 h un jurado presidido por Juan de Dios García y compuesto por Manuel Borrás en representación de la editorial Pre-Textos, Concha García, Guillermo Busutil, Cecilia Quílez, y actuando en nombre de la organización, sin voto, Antonio Roa Amador, declaró ganador por unanimidad en la segunda votación el libro presentado con el título Los lagos de Norteamérica, del que resultaría ser autor José Daniel Espejo. El jurado destaca que Los lagos de Norteamérica es un libro definido por la sinceridad de una voz propia que registra la vida como literatura desde el desgarro y la belleza del realismo de lo cotidiano. Sin artificios, con coraje, el autor construye un relato poético de la supervivencia, el diálogo desnudo con las exigencias del dolor y el compromiso con un amor que se hiere, que tiembla, que resiste y se crece en un enorme ejercicio de entrega y sacrificio. Al premio se presentaron un total de novecientas tres obras –dos recibidas fuera de plazo– de las que treinta y ocho fueron descalificadas por incumplir alguna de las bases. Un comité de lectura compuesto por los poetas Inés Ramón, Lola Nieto y Alejandro Céspedes, tras leer las 865 obras admitidas al I Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil, seleccionó los 13 libros sobre los que el jurado deliberó en la fase final. Tanto la comisión lectora como el jurado del premio destacaron la altísima participación y el gran nivel de calidad de los libros finalistas. Esta primera convocatoria del Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil ha contado con el apoyo firme del Ayuntamiento de Puente Genil, donde su alcalde es un ferviente enamorado de la poesía, La Fundación Juan Rejano, La Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba y, sobre todo, del generoso esfuerzo de Antonio Roa Amador, presidente de la Asociación Cultural Poética – entidad organizadora del premio que lleva a cabo una inagotable programación durante todo el año– y que junto al poeta Alejandro Céspedes se hizo cargo de la coordinación de premio. El Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil, creado con una inequívoca voluntad de limpieza, imparcialidad, transparencia, paridad de género en la composición de los miembros del jurado y enorme diversidad estética de sus componentes, ha obtenido un incontestable aceptación del mundo literario como demuestra el altísimo número de obras presentadas, convirtiéndolo desde su nacimiento en uno de los premios con más participación de los existentes en España. Hay que destacar la numerosa presencia de poetas hispanoamericanos, aspecto que contribuye muy notablemente a la visibilidad de Puente Genil y de su escritor más ilustre: Juan Rejano, poeta, periodista y destacado miembro de la Generación del 27 en el exilio al que este premio rinde homenaje. La ceremonia de entrega del premio, así como la presentación del libro editado por la prestigiosa editorial Pre-Textos, contará con la presencia del autor y tendrá lugar el día 26 de octubre de 2019 durante el VII Encuentro de poesía, música y plástica “Versos en el mapa”, un ambicioso programa de actividades diarias que la Asociación Cultural Poética llevará a cabo del 18 al 26 de octubre. José Daniel Espejo (Orihuela, 1975), ha publicado con anterioridad los poemarios Los placeres de la meteorología (Nausícäa, 2000), Quemando a los idiotas en las plazas (Editum, 2001), Música para ascensores (Tres Fronteras, 2007), Mal (Balduque, 2014) e id (Ediciones del 4 de Agosto, 2016). Mantiene un espacio semanal de periodismo social y político en el diario La Opinión de Murcia, y dirige el suplemento literario de la edición regional murciana de eldiario.es.

05/07/2019 23:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL MONCAYO' DE DEL VAL & VIÑUALES

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Eduardo Viñuales Cobos y Roberto del Val publican ’El Moncayo. El paraíso de los naturalistas’ (IFC), donde incluyen textos de mucha gente, dibujos, fotos, testimonios, etc. En el apartado ’Testimonios’, pueden leerse algunos de estos textos. 

Decía Longinos Navás que el Moncayo es un auténtico paraíso para los naturalistas. Cuando los autores de esta guía decidimos trabajar para la Institución Fernando el Católico en la realización de una nueva publicación más sobre la Sierra del Moncayo, sabíamos que todavía quedaban muchas cosas de su paisaje, su fauna y flora, nuevas por contar y por mostrar.

Deseábamos hacer algo distinto a lo ya editado hasta el momento. Más allá de hablar de los sabidos pisos de vegetación o de que la silueta del Moncayo inspiró a Bécquer o Machado, pretendíamos que en esta voluminosa guía natural se hablara de muchos otros aspectos aún poco conocidos y dispersos: que el camino a la cumbre lo trazaron unos astrónomos para observar en 1860 un eclipse en lo más alto, que en estas laderas hay plantas, insectos y una seta que llevan el nombre del Moncayo, que por aquí han pasado viajeros y grandes estudiosos de las Ciencias Naturales -como el propio Navás-, que nuestra montaña pudo ser el tercer Parque Nacional de España, que se han hallado pisadas de dinosaurios y restos fósiles de leopardos que en otro tiempo habitaron sus laderas… Y más, mucho más, porque en este libro hablamos también de rocas muy antiguas, de trilobites y del brillo de los minerales, de frías aguas que hacen un trasvase subterráneo, de hielos glaciares desaparecidos, de nieves y nubes cargadas de humedad, de flores endémicas, de árboles singulares, hayas y robles, de chordones, de setas, de águilas reales, mariposas, murciélagos y lobos, de cuevas y muelas calizas, de los pueblos y su historia… o de carboneo, neveras y viñedos.

Así mismo queríamos mirar con lupa el latido silvestre de cada uno de los ecosistemas, y que este libro rebasara las fronteras impuestas por reyes o seres humanos mirando igualmente a la vertiente de Soria, no sólo a la de Zaragoza. Nuestra intención final era que el libro estuviera ilustrado con bonitas fotografías que hemos ido realizando a lo largo de los últimos años de trabajo y dedicación, contando con el apoyo gráfico de otros fotógrafos que han retratado la vida salvaje de tan maravillosa montaña.

Y, por último, pretendíamos que el libro que tienes en tus manos fuera un compendio donde la Naturaleza del Moncayo fuera la gran protagonista, pero en cuyas páginas colaboraran muchas personas, desde los expertos que mejor conocen sus secretos o la gente del Moncayo, hasta a los niños que lo miran cada mañana al despertarse.

Todos esos empeños ya están materializados en tus manos, amigo lector, y nuestro deseo final ya sólo es uno: que este libro te guste, que lo disfrutes y te ayude a amar con pasión esta montaña viva, el Moncayo.


HEMOS LEÍDO

 “Innumerables son los espectáculos sublimes y de arrobadora belleza que nos ofrece el Moncayo. Unas veces se posa la niebla a nuestras plantas, mientras nos envuelve la luz solar; se la ve subir por las escarpadas vertientes a las que se adhiere caprichosamente para disiparse, como por encanto, al acercarse a nosotros, o juguetear con nuestro cuerpo al que arrebuja o del que se desprende a intervalos; otras, mirando a lo lejos las nubes que se dilatan en el firmamento muéstranse blancas, iluminadas por los rayos del sol, semejando olas espumosas en un océano sin límites”.

 

José María Sanz, El Moncayo, 1935.“La rueda de la estaciones es más perceptible en el Moncayo. Con los chaparrones primaverales los pueblos despiertan del letargo y salen de romería, plantan mayos y comen, beben y cantan al aire libre; al tiempo que el campo, los frutales y los sotos acaparan blancos, rosas, verdes y añiles que inundan la retina. El verano es una granada cosecha de siestas en zaguanes de la infancia y jubileos en bodegas de ultratumba. La alegre vendimia reina en el otoño y el rebollón en el pinar, cuando la apoteosis del oro viejo se adueña de los sotos del Huecha para anunciar con trazos violetas la aparición del invierno al calor de la lumbre, el trasiego del oro líquido en el trujal y la exaltación del buda porcino”.

 

José Antonio Román, La Montaña marina (Monte Sólo), 2005.“Veruela es un milagro en piedra. Centro y albergue de cultura medieval, símbolo y documento esencial de uno de los más importantes movimientos del arte universal. El monasterio constituye un bello y artístico cenobio. Es un museo de arte. Veruela es la gran fundación aragonesa, albergue del romanticismo artístico y literario, de las leyendas del Moncayo que zumban sobre la vegetación y los riscos de sus aledaños y correntías: romanticismo exprimido por Bécquer en su celda monacal junto a la Cruz negra que también cantaran otros soñadores”.

 

Emilio Poyo, Moncayo de Aragón y Castilla, 1962.“Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu de su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre”.

 

Gustavo Adolfo Bécquer, Los ojos verdes, Rimas y leyendas.

Cuando anochezca en mí como un día cualquiera, acércame a Trasmoz para ver el Moncayo bajo el bosque de estrellas.

Quiero sentir muy dentro los chopos vigilantes del último crepúsculo, el aire transparente, la grama en los caminos, los tormos en los surcos, el olor de la alfalfa, el trigo entre los ruejos.

Llévame de tu brazo a oír trotar el cierzo, balar a las ovejas; contemplar bajo el cielo las nubes pasear o la geometría del vuelo de las aves y de los aviones, sus gentes tan sencillas, los huertos despegados como un museo abierto, la rudeza elegante del castillo, la iglesia con sus piedras dormidas, La Casa del Poeta y el sobrio cementerio que en silencio me espera”.

 

Ángel Guinda, poesía Trasmoz.“He visitado el tan renombrado valle de Ordesa, declarado ya Parque Nacional, y también Covadonga; y sin quitar nada de los encantos de estos dos parques nacionales de primera fila, en la parte científica tengo por muy superior al Moncayo”.

 

Longinos Navás, Informe “El Moncayo, Parque Nacional”, 1926.

Hacía mucho tiempo que deseaba ascender al Moncayo; desde el día en que, en momentos de atmósfera muy clara, lo había entrevisto desde uno de los picos del Pirineo, a más de 170 kilómetros, y me quedé impresionado por la majestad de su imponente macizo. Cuando pude verlo de nuevo, en mejores condiciones climatéricas, le dirigí, con un amistoso saludo, el deseo de conocerle de cerca. Este deseo iba a realizarse ahora”.

 

Aymar d’Arlot, conde de Saint Saud, 1891



· Carta para Aitana, sobre el Moncayo soriano.

Carmelo Romero Salvador, originario de Pozalmuro y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

 

Habrás de saber, Aitana, que tu abuelo nació mirando al Moncayo. Y que ello, claro está, le ha marcado. Al fin y al cabo, estamos hechos de naturaleza y de paisajes y ninguno deja más huella que aquellos que vimos y asumimos como nuestros en la infancia.

Contemplada desde la orilla soriana –mi orilla de nacimiento, Aitana- la mole del Moncayo, como escribía Antonio Machado, varía y entremezcla, según los días y según las luces, el blanco y el rosa, el azul, el gris y el verde. Pero siempre, siempre –con cualquier color de su arco iris-, es tan hermosa como altiva.

Comprobarás, Aitana –porque estoy seguro de que muchas veces clavarás tu vista y pondrás tus pies en el Moncayo-, que su cumbre acostumbra a estar cubierta, incluso con cielos despejados y claros, por alguna nube. Es, como decían los ancianos de mi pueblo, la particular “boina” del Moncayo. Y comprobarás también, Aitana, si sabes mirar no solo con los ojos de la cara, sino con los ojos del alma, que el Moncayo es un hilo umbilical entre el Aragón donde naciste y la Castilla de la que proceden tus padres y todos tus abuelos.

Hay llanuras, Aitana, que separan a los pueblos y a sus gentes, y hay montañas que los unen, porque no es la geografía la que determina las relaciones entre los seres humanos, sino la voluntad de éstos. Afortunadamente el Moncayo es, desde hace mucho tiempo, una prueba de ello. Quizás, por encima de cualquier cuestión, esa sea la principal lección, Aitana, que debemos extraer, preservar y cultivar quienes nacieron mirando al Moncayo desde la linde aragonesa y quienes lo hicimos, como te decía, desde la tierra castellana.

 

 

*La fofo es de Eduardo Viñuales.

27/06/2019 14:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'TURIA' DEDICA UN MONOGRÁFICO A JAVIER TOMEO

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 JAVIER TOMEO, EL KAFKA ARAGONÉS, PROTAGONIZA “TURIA”

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS, MARTA SANZ, BERTA VIAS MAHOU Y CARLOS CASTÁN

                                                                                           

CARME RIERA PRESENTA HOY “TURIA” EN HUESCA

 

 

El escritor Javier Tomeo, considerado por muchos como una suerte de Kafka aragonés, es el principal protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Cuando apenas han transcurrido seis años de su muerte, Tomeo es objeto de análisis y reivindicación por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que gozó también de éxito notable no sólo en España sino, especialmente, en  Francia y Alemania. Un homenaje colectivo que, a través de textos inéditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos de distintos países y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras españolas.

 

El nuevo número de TURIA será presentado hoy en Huesca, a las 20 horas y en el salón de actos de la Diputación de Huesca. La tarea corresponderá a Carme Riera, escritora, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputación de Huesca ha apoyado económicamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable.

 

TURIA pretende descubrir a los lectores el interés del universo literario de Javier Tomeo.  Y es que, según declara su editor Jorge Herralde en la revista; “Sólo un alien como él pudo escribir inolvidables obras maestras”. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extrañeza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus más celebrados títulos fue Amado monstruo, que obtuvo una clara repercusión internacional. 

 

El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y crítico Ramón Acín, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su artículo introductorio subraya la condición de Tomeo como corredor de fondo de la literatura española contemporánea y subraya que su mundo literario es el de un autor  “outsider, marginal, extraño, raro, insólito o inclasificable”.

 

Las casi 150 páginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximación a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monográfico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros países así como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.  

 

UN ESPECTACULAR SUMARIO REPLETO DE TEXTOS INÉDITOS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Javier Tomeo, el nuevo número de TURIA brinda un espectacular sumario repleto de lecturas y autores de interés. Así, las páginas páginas de la revista se enriquecen con textos originales protagonizados por importantes autores internacionales. Entre ellos destaca la presencia, por primera vez en español, de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días.

 

También TURIA ofrece a los lectores amplios e interesantes artículos inéditos sobre dos destacadas escritoras contemporáneas: la británica Doris Lessing, premio Nobel de Literatura en 2007, de la que se cumple este año el centenario de su nacimiento, y la francesa Fred Vargas, indiscutible reina europea de la novela negra y galardonada el pasado año con el Premio Princesa de Asturias.

 

La mejor narrativa española también está presente en las páginas de TURIA con nuevos textos de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán.

 

No hay que olvidar que TURIA ofrece a los lectores poemas inéditos de Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Juan Marqués, David Mayor y Begoña Ugalde Pascual, entre otros.

 

Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos de los autores más valiosos y singulares del panorama literario europeo: Gonçalo M. Tavares y Francisco Ferrer Lerín. Con Tavares, que es el autor portugués más internacional con 39 libros traducidos en 50 países, conversamos sobre la importancia que damos al presente o  nuestra relación con la tecnología, o sobre la incomunicación cultural existente entre España y Portugal. Exploramos también su interés por Europa y su fascinación por Japón.  Además, en la entrevista se analiza la evolución de la sociedad actual, la lucha por la igualdad de las mujeres, la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis económica.

 

Francisco Ferrer Lerín combina la literatura con la ornitología, que ha ejercido durante décadas en el Pirineo aragonés. En la entrevista se repasan distintos episodios insólitos de su  vida y es que, por ejemplo, durante treinta y tres años no escribió nada pero desarrolló actividades que le suministrarían abundante material cuando retornó al mundo literario. También se conversa en torno a cuestiones como la vanidad, la supervivencia o el oficio de escribir y, en todos los casos, Ferrer Lerín siempre brinda las opiniones contundentes de quien ha conseguido hacer de su vida una obra de arte.

 

Las ilustraciones de este nuevo número de TURIA han sido realizadas por el Estudio Brosmind, integrado por los hermanos Juan y Alejandro Mingarro. Dos oscenses radicados en Barcelona que, en pocos años, han convertido su estudio creativo en uno de los más solicitados y premiados a nivel internacional, sobre todo en el ámbito de la publicidad.

 

TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 años de trayectoria, en una de las revistas culturales de referencia en español. Tiene difusión nacional e internacional por suscripción y una edición en papel y otra  digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este nuevo número ha contado con el apoyo económico de la Diputación de Huesca.

 

CONOCER A FONDO A JAVIER TOMEO Y SU OBRA 

 

Una aproximación plural, rigurosa y necesaria a Javier Tomeo es la propuesta central que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Las 150 páginas que TURIA dedica a Tomeo puede decirse que constituyen uno de los más completos análisis que sobre su trayectoria y su obra literaria se han publicado nunca.

 

Ramón Acín, uno de sus principales estudiosos y que ha coordinado el monográfico de TURIA, escribe que Tomeo fue “un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente  e  intranquilizador,  divertido  y  trágico...  La  extrañeza,  lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y demás aspectos practicados por él, en cohabitación con varios elementos más, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risueña. Sin duda, por todo ello, el monstruo Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, además de servir a la vez como textos teatrales”.

 

Antón Castro, en su artículo “El lugar de un escritor distinto y solitario”, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo “ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepción caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficción y de sus fábulas morales”.

Además de los ya citados, en el monográfico que la revista dedica a Tomeo, escriben  textos inéditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (“Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo”) o la profesora francesa Sylvie Fournié-Chaboche,  autora  de  una  tesis  doctoral  sobre  el  autor  aragonés.  También  ha dedicado una tesis al libro “Amado monstruo” de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco González García, que estudia ahora su relación con el teatro.

 

Otros artículos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (“Los contornos del monstruo”), Agustín Faro Forteza (“Tomeo y el cine: un encuentro puntual”), Antonio Pérez Lasheras y María Pérez Heredia (“Aragón en Tomeo, Tomeo y Aragón”), Fernando Valls (“Monstruos y prodigios: imágenes de Javier Tomeo”), Daniel Gascón (“Javier Tomeo: una grieta en la realidad”), Mariano Gistaín (“La Cobertera de Quicena”) y Ángel Rodríguez Abad (“Lúdico, lateral, lírico: Tomeo”).

 

Uno de los testimonios más relevantes que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que publicó en Anagrama buena parte de los títulos elaborados por Tomeo y que asegura que el impacto de las dos primeras novelas (El castillo de la carta cifrada y Amado monstruo)  fue muy fuerte, quizá, aparte de su gran calidad,  por la sorpresa de un tipo de literatura que no tenía nada que ver con lo que se hacía en España ni en ningún otro lugar.  Ya tenía entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matarían por Javier Tomeo”.

 

No faltan artículos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (“Tomeo, raro entre los raros”) y Juan Casamayor (“Editar a un clásico”). Y en el capítulo de testimonios destacan los de amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (“Tomeo y yo fuimos napoleónicos por derecho propio”), Luis Alegre (“Planeta Tomeo”) o Joan de Sagarra. 

 

Por último, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista “Camp de l’Arpa” (“El  prelado acuático y otras pequeñas historias”).  Cierra el monográfico una pormenorizada y útil biocronología elaborada por Pablo Pérez Rubio.

 

DORIS LESSING, FRED VARGAS Y VICENTE GAOS 

 

La escritora Carme Riera, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, es la autora del artículo inédito sobre Doris Lessing que abre el sumario del nuevo número de la revista TURIA. Lessing, que obtuvo en 2007 el Premio Nobel de Literatura y en 2001 el Premio Príncipe de Asturias, fue una escritora muy prolífica, cultivó todos los géneros literarios y su producción la integran más de setenta títulos. Según Carme Riera, en Lessing “cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora”. 

 

Carlos Zanón, cultivador también del género, es el autor del artículo inédito que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria creativa de la Fred Vargas, considerada como la actual reina de la novela negra europea. Buena prueba de ello es el éxito espectacular que tienen sus libros, así como el reconocimiento crítico que avalan su trabajo con premios como el Princesa de Asturias de las Letras 2018, un galardón que de acuerdo a su legendaria timidez no acudió a recoger.

 

Un merecido rescate y resdescubrimiento es lo que consigue el artículo que TURIA publica sobre el poeta, ensayista y profesor Vicente Gaos. Cuando este año se cumple el centenario de su nacimiento, sobre Gaos escribe Manuel Rico un texto que lo reivindica como una de las figuras de la poesía y la cultura española de la segunda mitad del siglo XX. Un poeta que, en opinión de Dámaso Alonso, fue “agudo, apasionado, pero sobrio, como si supiera que su fuerza está en la lucidez”.

 

La sección que TURIA dedica a los estudios literarios incluye también un artículo de Anna María Iglesia en el que analiza las claves del éxito arrollador de Manuel Vilas con su novela “Ordesa”, que ha conseguido algo tan poco frecuente como la perfecta sintonía entre crítica y público.

 

JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO DÍEZ, MANUEL VILAS Y MARTA SANZ

 

Entre  el  buen  surtido  de  lecturas  inéditas  que  ofrece  TURIA  sobresale  una antología de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los más relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros días. Esta selección de poemas  forma parte de un próximo libro que, editado por Pre-Textos, se titulará “Todo lo que es pensable”. Al fin, el lector español podrá descubrir a una escritora que según su traductor Ronald Brouwer, “posee una voz al margen de cualquier movimiento o corriente literaria, y solamente se la suele comparar, por expresarse en un registro cercano, con Wisława Szymborska”.

 

Además, TURIA da a conocer una selección de textos inéditos de algunos de los mejores autores de momento. Así, la revista narraciones originales de Luis Mateo Díez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Castán. También publican relatos Oscar Sipán y Marta Armingol.

Y además se ofrecen poemas de, entre otros, Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta López Vilar, Begoña Ugalde Pascual, Joaquín Sánchez Vallés, Juan Marqués, David Mayor, Angélica Morales, Luz Rodríguez, Francisco Grasa, José Gabarre, Bibiana Collado y Javier Fajarnés Durán.

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura la tercera entrega de la serie de artículos de Jesús Briones sobre el futuro que nos aguarda: “Humanización de la era digital. III. Una ética de las cosas”. 

 

ENTREVISTAS A GONÇALO M. TAVARES Y FRANCISCO FERRER LERÍN 

 

El nuevo número de TURIA ofrece también dos conversaciones exclusivas y de lectura muy provechosa. Las protagonizan dos destacados nombres propios de nuestra actualidad cultural: Gonçalo M. Tavares, el autor portugués más internacional y Francisco Ferrer Lerín, escritor, ornitólogo y uno de los creadores más originales de las letras españolas

La entrevista con Tavares, realizada por Luis Sáez Delgado, va mucho más allá de hablar de sus libros o su trayectoria. El escritor portugués tiene siempre otras preocupaciones sobre las que quiere tratar: del papel de la máquina al mundo de los creyentes,  de la lucha por la igualdad al Holocausto, de la fascinación por Japón o el interés por Europa.

 

Preguntado por un asunto tan central como la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en su obra, Tavares lo tiene claro: “Es importante que el arte y la ficción no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. (…) Encuentro un asunto esencial cómo otorgar un espacio literario o artístico a las minorías, y ahí aparece la pobreza. La gran discriminación es la pobreza"

 

Francisco Ferrer Lerín muestra, en la conversación que mantiene con Fernando del Val, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su método al escribir, declara: “Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. Donde no pasa nada. O sobre una nimiedad. Ahí está el embrujo. Escribir con argumento no tiene mérito. Además, es aburrido de leer y pesado de escribir”. Tambiénasegura Ferrer Lerín que “es mentira aquello de que hay poetas magníficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto”.

 

RECUERDO DE SERGIO ALGORA, MIGUEL DE MOLINOS Y THOMAS MANN 

Entre los contenidos que habitualmente TURIA dedica a los temas y autores vinculados a Aragón, destaca la publicación de un amplio artículo en el que se  rinde homenaje al escritor y músico zaragozano Sergio Algora, fallecido en 2008 y del que este año se el cumple el 50 aniversario de su nacimiento. Además de analizar su trayectoria creativa, TURIA brinda una grata sorpresa a los interesados en la obra de Algora: publica un capítulo de una novela inédita cuya finalización quedó truncada por su repentina muerte

 

Por otro lado, TURIA estudia también la relación entre Miguel de Molinos y Thomas Mann. Y es que la influencia de gran pensador aragonés, muy notable en aquellos países afectados por la reforma luterana, puede detectarse nada menos que en una de las principales obras del autor alemán: “La montaña mágica”, todo un clásico de la literatura universal.

 

Asimismo, TURIA contiene la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

 

*La Foto de Javier Tomeo es de la agencia EFE.

18/06/2019 07:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PREGÓN DE IRENE VALLEJO: FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

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La escritora Irene Vallejo fue la pregonera de la Feria del Libro de Zaragoza. Este es su texto.

 

 

Buenas tardes. Bienvenidos todos y cada una.

Feliz feria, autoridades.

Feliz feria, autores, autoras, autónomos, autoeditores, autodidactas, autoestopistas (un poco de todo eso somos las gentes del libro).

Felices quienes estáis aquí porque los libros os llaman con sus voces silenciosas, con su invitación muda, con su bullicio inaudible.

A los libreros, editores, escritores e instituciones que han confiado en mí, quiero expresarles mi asombrada gratitud. Me hace inmensamente feliz pregonar la alegría de esta Fiesta en mi ciudad natal, junto al río Ebro y el río de libros que en estas casetas fluye y corre y serpentea.

El viejo nombre de Cesaraugusta incluye la palabra “gustar”. Zaragoza, la palabra “gozar”. No hace falta decir más: somos la ciudad de los placeres. Y eso incluye el gusto de leer y hacer libros.

Si, como dice el refrán, las palabras se las lleva el viento, aquí tenemos cierzo para todos los relatos del mundo.

Nuestra ciudad ha estado desde siempre en el atlas de las letras viajeras, de los encuentros aventureros, de los mestizajes literarios, de las posibilidades infinitas.

Abrid un antiguo libro y podréis beber vino añejo en la mesa del poeta Marcial, que hace un par de milenios inventó el epigrama junto al Moncayo, y se convirtió sin saberlo en el padre de todos los tuiteros de hoy.

Acompañaréis al viajero egipcio Al-Qalqasandí que describió Zaragoza (o, para ser exactos, Saraqusta) con palabras rebosantes de poesía: “La ciudad parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda –sus jardines– sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos transformándola en un mosaico de piedras preciosas”.

Escucharéis por un momento los versos del rey poeta al-Muqtadir, el Poderoso, constructor de la Aljafería, a la que llamó “Palacio de la Alegría”.

Sentiréis que el suelo zaragozano vibra bajo el galope de los caballeros de la Chanson de Roland y el caballo del Cid. Podréis espiar al Marqués de Santillana, cuando se fijó en una moza atractiva cerca de Trasmoz y quiso camelarla con versos. El poema nos cuenta cómo ella, chica recia, muchos siglos antes del Me Too, le amenazó con una pedrada si se propasaba.

Voces de otros tiempos os hablarán de esta tierra sedienta, tierra de río grande, de frontera, de puentes y pasarelas, de mestizos y traductores. La frontera es el lugar donde se escuchan las voces procedentes del otro lado, donde se forja el entendimiento, donde convive lo extranjero junto a lo propio. Somos el eco del musulmán Avempace; del judío Ibn Paquda –que tituló su libro Los deberes de los corazones–; de los traductores de Zaragoza y Tarazona: Hermán el Dálmata, Hugo de Santalla; de los artistas mudéjares, que crearon belleza en el umbral de dos civilizaciones.

Acariciad libros y os transportarán a aquella Zaragoza donde aterrizó la imprenta, una de las primeras capitales europeas en conocer el invento que cambiaría el mundo. Desembarcaron en la ciudad artesanos flamencos y alemanes, como Mateo Flandro y Jorge Cocci, que editó aquí algunos de los libros más bellos del siglo xvi. La fiebre de la letra impresa invadió el territorio. En el siglo xvii hubo 20 libreros y 63 impresores en Aragón, cifra asombrosa en España. Algunas maravillas de la literatura, como La Celestina de Rojas o el corrosivo Buscón de Quevedo, vinieron a nacer entre nosotros. Las imprentas zaragozanas publicaban libros prohibidos en Castilla, libros perseguidos, libros deslenguados, libros que ardían fácilmente. Los rebeldes, los inconformistas, lo tenían un poco más fácil aquí.

Quizá por eso Don Quijote puso rumbo a Zaragoza, y se miró en el Ebro, y soñó una ínsula, y soñó Sansueña. En Pedrola, el caballero y su escudero volaron hasta las estrellas a lomos de un caballo de madera con una clavija en la cabeza, y todo para auxiliar a unas doncellas barbudas. Es una de las aventuras más surrealistas del libro y, si no, que baje Buñuel y lo vea. Cervantes comprendió que la nuestra es una ciudad imaginaria, una ciudad que cabalga entre constelaciones, una ciudad soñada.

A estas tierras vino Quevedo para casarse a la tierna edad de 53 años. Poco duró el matrimonio pero no se puede decir que el escritor no conociese aquí una gran pasión. Se enamoró para siempre de las salchichas de Cetina; de ellas dijo que eran ‘celestiales’.

María de Zayas, la primera mujer que firmó una novela en nuestra lengua, vivió en Zaragoza y por sus calles imaginó un frenesí de pasiones terribles y oscuras. Aquí situó alguna de sus ficciones, como El jardín engañoso, que es un enloquecido menàge à quatre con posesiones diabólicas incluidas.

Nuestra montaña mágica podría ser el Moncayo, que acunó a Gracián, como a Marcial, y sedujo a Machado.

Hubo una vez un ilustrado polaco que imaginó el Manuscrito encontrado en Zaragoza, con sus sueños de la razón y sus monstruos. Y hubo también un seductor llamado Giacomo Casanova, que se decía descendiente de un tal Jacobo Casanova, zaragozano aventurero que ya apuntaba maneras, pues de él se cuenta que raptó a una monja de un convento y huyó con ella a Italia.

Y Goya, Bécquer, Verdi, Victor Hugo, Galdós, Baroja.

Galdós nos dedicó varios episodios: el nacional patriótico y otro más erótico en la novela Fortunata y Jacinta, cuando imaginó a Jacinta y Juanito persiguiéndose para besarse en la boca por los rincones solitarios de una traviesa Zaragoza durante su viaje de novios.

También en su luna de miel, algún oculto magnetismo trajo a Virginia Woolf a una pensión zaragozana. Desde esa habitación (que no era propia) escribió una larga carta a una lejana amiga inglesa. Dijo que estaba leyendo con ferocidad. Más adelante diría a su biógrafo que la desnudez y la belleza del paisaje la dejaron atónita.

Cuántas veces pasearía por esta ribera la inolvidable María Moliner, bibliotecaria asombrosa, jardinera de palabras, discreta hortelana del idioma, que cultivó a solas un diccionario entero. Y en el párrafo final de su enorme obra, se despidió diciendo: “La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente”.

Cuántas veces se detendría aquí el cronista del alba, Sender, que nos contó la historia de la Quinta Julieta y de su primer amor, Valentina. Y así cartografió para la literatura Torrero y Tauste.

Y cuántas veces miraría esta perspectiva de cielo abierto Miguel Labordeta, que desde el Café Niké fundo la “Oficina poética internacional”, donde hizo famosas sus pipas y el carnet de ciudadano del mundo. Leemos en sus versos que quería agarrar la luna con las manos, que dudaba a menudo, que solo estaba seguro de llamarse Miguel y de no haber aprobado ninguna oposición honorable al Estado. Cincuenta años después de su muerte lo seguimos añorando, como él mismo dijo: con sus pelos difíciles, con su ternura polvorienta, con su piojoso corazón.

Todos ellos, también ellas, han tejido nuestros sueños. Y los escritores vivos, demasiados para nombrarlos uno a una, aún siguen imaginando historias que se adhieren a la ciudad como rocío, como los espejismos del sol o como la hierba esmeralda entre las grietas del cemento. Estad tranquilos, aquí siempre hay algún juntapalabras de guardia, para inventar mares y lejanías que ensanchen nuestros horizontes.

La risa de Marcial, Jorge imprimiendo belleza, Baltasar en su Moncayo mágico, María en su jardín de palabras, el poeta Miguel intentando abrazar la luna, y otros tantísimos, han demostrado que aquí los libros nos importan. Que se puede viajar al País de las Maravillas y al Fin de la Noche desde cualquier sitio, también desde la Plaza de los Sitios. Que las historias flotan a nuestro alrededor, son un cierzo que nos acaricia, nos revuelve el pelo y nos arrastra con su fuerza invisible.

Gracias a las palabras sobrevivimos al caos de vendavales que es el mundo. Aquí nos bebemos el viento, lo hacemos vibrar en las cuerdas vocales, lo acariciamos con la lengua, el paladar, los dientes o los labios: y de esa operación tan sensual nacen nuestras palabras. Los libros son nuestra manera de cabalgar huracanes.

En esta ciudad yo recibí el regalo del lenguaje y de los cuentos. No recuerdo la vida antes de que alguien me contase el primer cuento. Antes de que me enseñasen a bucear bajo la superficie del mundo, en las aguas de la fantasía. Durante esos años olvidados tuvo que ser duro –supongo– seguir una dieta tan estricta, solo realidad. El caso es que, cuando descubrí los libros, por fin pude tener doble, triple, séptuple personalidad. Y ahí empecé a ser yo misma.

Fui una niña a la que contaban cuentos antes de dormir. Mi madre o mi padre me leían todas las noches, sentado el uno o la otra en la orilla de mi cama. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos: nuestra íntima liturgia. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso pequeño y provisional –después he aprendido que todos los paraísos son así, humildes y transitorios.

Y yo me preguntaba ¿cómo caben tantas aventuras, tantos países, tantos amores, miedos y misterios en un fajo de páginas claras manchadas con rayas negras, con patas de araña, con hileras de hormigas? Leer era un hechizo, sí, hacer hablar a esos extraños insectos negros de los libros, que entonces me parecían enormes hormigueros de papel.

Después aprendí yo misma la magia de leer patas de araña. Qué maravilla entonces acompañar a mis padres a las librerías y elegir mis propios libros: flores de papel, cordilleras plegables, letras minúsculas, mares mayúsculos, planetas portátiles.

No había ya vuelta atrás. Desde entonces tengo que zambullirme a diario en el océano de las palabras, vagar por los anchos campos de la mente, escalar las montañas de la imaginación.

Como escribió Ana María Matute: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo. Hay que crear peldaños que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo de verdad”.

Los gatos, con sus famosas siete vidas, son solo principiantes, meros aprendices. Quien lee, tiene a su disposición cientos, miles de vidas. Varias en cada libro.

Esta feria del libro que hoy empieza quiere acogernos a todos (incluidas nuestras vidas paralelas en otras dimensiones). Acoger a la gran comunidad que formamos los viajeros y las exploradoras del universo mágico de las ficciones.

Acoger a las librerías, claro: las que resisten, las nuevas -también cobijar el recuerdo de las que han cerrado-.

Acoger por supuesto a la gente lectora. La que curiosea, la que colecciona marcapáginas, la que pregunta, la que pide una dedicatoria. La que se tiene que rascar el bolsillo y por eso compra libros de bolsillo. La gente menuda y grande que, además de bocadillos de jamón, merienda bocadillos de tebeo.

Sin olvidar a los hombres y mujeres (cada vez son más las mujeres) que vuelcan su talento en todos los oficios del libro: novelistas, poetas, ensayistas, editoras, traductoras, ilustradoras, maquetadoras, distribuidoras, libreras, críticas literarias, bibliotecarias, bibliófilas, cuentacuentos y narradoras orales, amigas de los clubs de lectura.

Acoger a los niños de todas las edades. A los zaragozanos de todo el mundo. A los que aquí nacen o pacen. A los viajeros que recalan en esta tierra de paisajes inhóspitos y gente hospitalaria. A las personas de palabra. A los ciudadanos de varios universos.

Disfrutad, cesaragustaos, zaragozad. Aquí encontraréis páginas donde bullen historias, versos, conocimiento, anécdotas, esperanzas, laberintos, desengaños, misterios, sueños. Es decir, placeres a nuestro alcance. Como escribió un poeta argentino, los libros se pulen como diamantes y se venden a precio de salchichón. O, como diría Quevedo, al precio de las celestiales salchichas de Cetina.

Y acabo ya, con unas últimas palabras y una memoria emocionada.

Es maravilloso encontrar los libros en la calle, los lunes y los martes y los viernes al sol. Durante muchos siglos permanecieron guardados en los palacios de los ricos, en los grandes conventos, en las mansiones más suntuosas, en los pisos principales de las casas nobles. Eran emblema de lujo y privilegio. Las bibliotecas solían ser estancias en mansiones con techos pintados y escudos heráldicos. Exigían un conjunto de accesorios básicos: muebles de madera con volutas y puertas acristaladas, escaleras de mano, atriles giratorios, enormes mapamundis, mayordomos con plumero.

Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso.

Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo.

Tres de mis abuelos fueron maestros rurales. Conocieron una época en la que no todos aprendían a leer, y mucho menos podían tener libros.

Ellos, mis dos abuelos y mi abuela, se ganaron la vida humildemente enseñando las letras, las cuatro cuentas y muchos cuentos.

Quiero recordar a la gente de esa generación, que vivió los años duros de guerra y posguerra, y tuvo que trasplantar sus esperanzas a la vida de sus hijos y nietos.

Nos quisieron más listos, más libres, más sabios, más lectores, más viajeros, con más estudios que ellos.

Nos enseñaron que la cultura no es adorno sino ancla.

Se vieron obligados a podar sus ilusiones, pero regaron las nuestras. Nos animaron a crecer, a leer y a levantar el vuelo.

Somos su sueño.

Por eso, por ellos, por nosotros, por el futuro, bienvenidos todos, bienllegadas todas, a la feria de las dobles y las triples vidas.

A la feria de los libros y de los libres.

Gracias.

*Irene Vallejo en un retrato de Santiago Basallo.

16/06/2019 09:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RICARDO DÍEZ PELLEJERO HABLA DE 'PORNAI EN EL HOSTAL ROMA'

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¿Qué es ‘Pornai en el Hostal Roma’ (Los Libros del Gato Negro,) el poemario que acaba de publicar? ¿Qué quería hacer?

 

La intención con la que nace el poemario es la de generar un instrumento para el cambio, esa sería la poética. En la primera parte, que es la que da título a la obra ‘Pornai en el Hostal Roma’, el cambio que se pretende tiene carácter social, mientras que en la segunda ‘Once poemas para un decálogo’ el cambio al que se invita es un cambio personal. Creo que la poesía -el arte, la cultura en general- debe reaccionar frente al estado de las cosas, frente al marco referencial que asumimos como “normal” y desafiar (aunque sea tan tímidamente como con un verso) al mundo que tendemos a asumir sin cuestionamiento.  

 

¿Quiénes lo protagonizan, quiénes son los sujetos literarios? Como si fuera una novela o un relato ha creado un sujeto protagonista…

 

El ‘Pornai’ lo protagoniza Ilinca, un personaje heterónimo con el que he tratado de acercar al lector el drama de la trata, invitarle a empatizar conmigo, con Ilinca, llevar el dolor y la belleza de un alma culta y resistente que, a pesar de su desgracia, no se abandona y mantiene en pie un universo complejo frente a la brutalidad. A modo de contrapeso, de luz y sombra que proporcione contraste y profundidad a la lectura, en la segunda parte, la voz cambia y desde los textos nos habla un yo más clásico, algo más etéreo, una voz de narrador que nos interpela para que el protagonista sea el propio lector.

-Es decir, una como dos voces: una, íntima, del yo; otra, más coral, casi social o la del nosotros.

- La primera parte ha sido la más complicada para mí: templar una voz distinta a la mía, pero una voz real, lejos de la banalización y los estándares admitidos en los que encuadrar estas historias y sus voces, me ha supuesto una constante reformulación, un continuo ajuste y pulido, que ha llevado a alargar el proceso creativo de estos pocos textos más allá de dos años. El tiempo y la distancia frente a lo escrito ha favorecido, sin lugar a dudas, poder confrontar los poemas con una mirada más limpia y una intencionalidad irreductible, para dar a Ilinca una oportunidad de hablarnos, de hacernos ver el dolor que arrastran algunos placeres poco inocentes que nuestra sociedad oculta y silencia para ocultar sus monstruos.

 

¿Cómo se ha planteado literariamente el libro y en cuanto a estructura?

 

La estructura es de contrapunto, de luz y de sombra, de voz y silencio. Con ello he pretendido dar dimensión y volumen a la propuesta que se hace desde el texto: ver, sentir, interiorizar para poder afrontar un cambio, un paso adelante en el eterno desarrollo personal, que debería ser la vida, o al menos una vida con aspiración de crecimiento y progreso. Pero, y volviendo a la respuesta anterior, el protagonista último de este poemario es el lector: él y solo él, su emoción y capacidad de sumergirse en los versos, de interpretarlos, son los motores que hacen latir sus páginas. 

 

-No me ha respondido a dónde se sitúa literariamente…

 

Me resultaría complicado enmarcar esta obra dentro del espectro literario y sus tendencias. Me considero independiente (asumiendo la utopía), alguien que arrastra su ignorancia como Sísifo su roca, sabiendo que cuanto más se desgaste menor será el esfuerzo para volver a ascender, para contemplar con mayor placer los horizontes lejanos que ofrece la cima. El momento poético actual, esa poesía inmediata y cotidiana, me recuerda al panorama que observé en Florida hace veinte años. Yo considero que la poesía se emparenta, por nacimiento, con la música y la danza, pero por evolución con el pensamiento y la filosofía. Me gusta penar que, con mi trabajo, soy capaz de respetar esa opción, esa tradición de la poiesis que transmuta el no-ser en ser y, por tanto, es el mayor de los cambios posibles.

 

 

¿Por qué este libro vinculado con el amor, el sexo, la historia?

 

Pornaitrata de personificar y dar voz a una de las 30 o 40.000 mujeres que, según los imprecisos datos oficiales, viven la trata y la esclavitud sexual en España. He rescatado este término usado en la Grecia de Pericles porque era el vocablo con el que designaban a las esclavas bárbaras -es decir, extranjeras- sometidas a la prostitución. El ver que esta misma realidad se repite siglo tras siglo hasta la era de los viajes espaciales, la nanotecnología y la revolución de la inteligencia artificial y la conectividad, me causó sonrojo. Pensar que Teruel tiene menos habitantes que la esclavitud en nuestro país me puso los pelos de punta: no es este el futuro que soñaba cuando era niño y pensaba en el siglo XXI. En aquellos días la esclavitud era algo del pasado y que ya solo tenía lugar en nuestra flamante televisión con dos canales, en la que el pobre Kunta Kinte trataba de desafiar a un destino sobre el que quería tener la última palabra.

 

Esta primera parte del libro, de algún modo, casi funciona como un guión, como una serie de escenas a través de las cuales vamos filmando con nuestra lectura un thriller. Recuerdo que hace por lo menos treinta años, mi hermano Oskar me pasó un libro de Benjamín que estaba leyendo, ahora no recuerdo cual. En él afirmaba que, frente a la novela, prefería al relato pero antes que al relato prefería la poesía, por ser capaz de condensar y traer más emoción esta que las otras, lo que -como lector- le parecía una gran ventaja. De alguna forma, esa visión me ha acompañado en el proceso creativo. 

Los versos de Once poemas para un decálogo  están vinculados al cuestionamiento del, por así decirlo, “episteme personal”, del marco referencial en el que nos situamos, desde el que divisamos, actuamos, nos identificamos y llevamos a todas partes de nuestro pensamiento, como un caracol surcando el mundo de las ideas. 

 

¿Dónde sucede, cómo te has planteado ese viaje en el tiempo?

 

Pornai  tiene lugar en el Hostal Roma. Este es un guiño a Pavese. Cesare Pavese abandonó su vida en Turín, en un hostal homónimo. Esas últimas horas de encierro, de desesperación, me parecieron semejantes -de algún modo-  y pude ver a Ilinca mirando a los hombres traspasar el umbral de la puerta con su verso más celebre en los labios: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Simbólicamente me pareció muy potente. Luego los versos ocurren en otras partes: en la Rumanía natal de Ilinca, en la que no he estado -y que me ha obligado a documentarme y buscar ubicaciones y referentes- pero también la acción se traslada y se comunica en otros textos con los que, abierta o más ocultamente, dialogan los poemas.

 

¿En qué región de la poesía te sitúan: lírica, narrativa, etc.?

 

El poemario es poesía sin concesiones. Sin concesiones porque no se renuncia a la belleza, a la musicalidad, al ritmo, a la emoción, a la estética, al compromiso, a reflejar el tiempo en el que vivimos..., porque el arte también la literatura-, no pueden ser sino reflejo del momento social, cultural, muestra de las luces y sombras de la civilización en la que y desde la que se crea. Pero la poesía, además, tiene la función de ser memoria sensible de un periodo y de las vidas que en él pueden o pudieron desarrollarse.

 

¿Cuál ha sido tu evolución poética, qué lugar ocupa este libro en tu lírica?

 

Mi anterior obra, El cielo del sol mecido -Olifante. 2007-, es un poema (todo el libro puede leerse, si se me permite la licencia, como un mantra) de carácter iniciático, es un viaje odiséico a través de uno mismo, con la intención de resurgir transformado de su lectura (como ves el cambio, el viaje, el movimiento, son -hasta la fecha- no sé si obsesión o única poética...). Supuso para mí un reto tremendo. Lo ideé durante meses sin levantar el bolígrafo y luego lo escribí siguiendo un mismo ritual durante algo menos de cuarenta días. Creo que fueron treinta y siete. Tras extraer esa enorme roca estuve años, literalmente, esculpiendo en el texto, descartando y reformulando los versos para que, al sonar, emitieran las notas de la melodía que había sentido antes de sentarme a escribir el primer día. 

Con este trabajo el proceso ha sido completamente distinto porque la intención y la idea lo eran también. Ha sido más semejante a pintar miniaturas, a tallar retablos: un trabajo con visión global pero en el que se avanza pieza a pieza, y en cada cuadro o en cada talla -de igual modo- detalle a detalle, a veces con lupa y dejando algún tesoro oculto para los más observadores.

 

 

08/06/2019 14:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALEJANDRO PALOMAS HABLA DE 'EL SECRETO'

Alejandro Palomas: “La infancia debería ser un territorio libre de agresión”


El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 y Premio Nadal de 2018 publica ‘Un secreto’ (Destino), una nueva aventura del joven Guille.


-¿Recuérdenos quién y cómo es Guille?
Guille es un niño de 9 años cuyo mayor anhelo es convertirse en Mary Poppins cuando sea mayor. Es además el mejor amigo de Nazia, una compañera pakistaní que ejerce de cómplice necesaria en sus aventuras y que, como él, encarna por encima de todo la resistencia, la magia, la inocencia y la pureza necesarias para que los adultos sigamos manteniendo la fe en nosotros mismos. 
¿Qué te da este personaje y qué hay de ti en él, si pudiera decirse eso?
 Guille es un personaje profundamente generoso, y a mí como autor me da una fuerza que ningún otro personaje me ha dado hasta ahora. Guille me da fe en la condición humana. Y sobre todo me devuelve al Alejandro que sigue estando y que afortunadamente no parece que vaya a perder ya. Hay mucho de mí en Guille, mucho de mi mirada sobre la realidad, mucha de mi fe en lo que podemos llegar hacer.
-¿Por qué ha regresado a una novela en apariencia juvenil…? ¿Cómo conviven en ti los ambientes para adultos y para jóvenes?
 Este es un registro -el de esta trilogía- que me resulta imprescindible para trabajar voces, escenarios y personajes que de otro modo me serían absolutamente inaccesibles. Tanto ‘Un hijo’ como ‘Un secreto’ son novelas destinadas por igual a un público juvenil y adulto. En realidad, confluyen en una franja de ficción que calificaría de “familiar”. La convivencia del público en estas dos novelas es muy inusual y se produce cuando las novelas comparten miembros de generaciones distintas. Cuesta que ocurra, es cierto, pero cuando lo hace es prácticamente un milagro.
.-¿Qué le dan las familias, por qué hurgas tanto y tanto en su interior?
 Las familias son el principio de todo. Siempre he tenido la sensación de que si viera mi carrera como una columna vertebral, cada vértebra desvelaría una mirada distinta de lo que es el universo familiar. Me interesa especialmente el entorno de la familia porque en ella se trabaja una intimidad muy específica: la de las relaciones no elegidas y por tanto reactivas. La familia es un microcosmos demasiado rico en matices, emociones y músicas particulares como para desperdiciarla. Es una fuente de inspiración única y sobre todo infinita.
-¿Qué te preocupaba, de partida, para armar ‘El secreto’: la inmigracion, la injusticia, las medias verdades, el horror que no se muestra?
 Me preocupaba sobre todo la orfandad de una niña que prefiere vivir en el silencio y acorazarse en él para no sufrir ni hacer sufrir a quienes la rodean. Me preocupaba la incapacidad de los adultos a la hora de escuchar los silencios de los niños y sobre todo me interesaba Dar protagonismo al colectivo de los docentes: maestros, maestras, orientadoras, orientadores y profesores cuya labor e implicación pasa muchas veces desapercibido.
-Aváncenos quién es Nazia… ¿Qué puede decir de ella sin ‘spoiler’?
 Nazia es una niña pakistaní de 9 años que ha tenido la fortuna de evitar ser víctima de un matrimonio por conveniencia. Se ha salvado de un futuro terrible y ahora, mientras sus padres están en manos de la justicia, ella vive en régimen de acogida en casa de Guille. Nazia es una superviviente, pero es también una niña que vive una doble realidad: la que muestra a los adultos que la rodean, y la que esconde en la oscuridad de su miedo más atroz.
-¿Ha sido fácil manejar las cuatro voces que usa en ‘Un secreto’?
 Ha sido muy fácil, sí. Y, como ya lo fuera en un hijo, muy enriquecedor. Contar una historia desde las voces de su protagonista proporciona las ventajas de una perspectiva múltiple y de un ritmo y una riqueza narrativa que raramente se consigue con otras fórmulas. Es casi como si el lector/lectora estuviera dentro de la acción y fuera una voz más: la que escucha.
-¿Qué es más perturbador: la ausencia de la madre de Guille o el mundo inaccesible, herido, a primera vista, de Nazia?
 Creo que son dos paisajes igual de perturbadores. Ambos reflejan la orfandad de dos niños con una sensibilidad extraordinaria, y reflejan asimismo el valor de la diferencia. Las dos novelas y sus dos protagonistas son, en suma, un canto a esa diferencia, A esa capacidad de convertir la oscuridad en luz gracias al poder de la imaginación y de la ficción.
-¿Qué le debe este libro a los cuentos de hadas y en particular a ‘La Cenicienta’?
 Yo diría que ‘Un secreto’ es, en parte, una revisión de el cuento de ‘La Cenicienta en la medida en que nos presenta un nuevo modelo de niña invisible que brilla a pesar de toda la oscuridad que parece rodearla ya no hay necesidad de un príncipe que de sentido al sufrimiento de la niña. La niña es capaz de salvarse sola, siempre con la ayuda de una mujer -la maestra y/o orientadora- que sabe verla y sacarla de su silencio a tiempo.
-¿Qué ansía cuándo miras hacia la infancia, qué tienen los niños que no tengan los mayores o qué revelaciones salen a la luz?
 Cuando miro hacia la infancia ansío poder evitar con mi obra aquellas cosas que yo sufrí en carne propia y que, desafortunadamente, moldearon parte de lo que ahora soy: ese Alejandro que nunca consiguió encajar con su entorno y que se sintió castigado por su diferencia. Cuando miro hacia la infancia ansío poder proteger a quienes lo necesitan de un entorno que no siempre sabe mirar bien.
-¿Consideras que la infancia es un territorio de sombras, más que de luz?
 No debería serlo. La infancia debería ser un territorio libre de agresión, un refugio en el que el prejuicio quedará fuera, y con él también las voces de los adultos que siguen siendo niños no sanados. Los niños que consiguen evitar la intervención de los temores de sus adultos tienen su propia luz, derrochan luz. La oscuridad no les pertence, no nace en ellos.
-¿De qué le sirve a un escritor andar de aquí para allá, de feria en feria, qué aprendes, cómo revierte todo ello en tu trabajo, en tus libros?
 Sirve de mucho más de lo que parece: compartes experiencias con colegas de otros países, con otras miradas, conoces a editores de sellos con los que de otra manera jamás tendría relación y aprendo a paladear el panorama literario global. Sin embargo, mentiría si dijera que eso influye en mi trabajo como tal. Afortunadamente mi escritura está blindada del exterior. Si eso no fuera así, estaría perdido
-Da la sensación de que cada vez se lee menos y la literatura importa menos. Los políticos en su campaña apenas han citado a un escritor. ¿Cómo lo lleva, cómo lo ha vivido?
Desafortunadamente, estamos cada vez más acostumbrados a que los políticos no se acuerden de nosotros salvo en contadas excepciones. No es tanto que no nos mencionen ni nos citen, sino que muchas veces tenemos la triste impresión de que la mayoría viven de espaldas a la cultura. No soy muy optimista en ese sentido. Pero  yo sigo escribiendo por el mismo motivo que me llevo a escribir desde el primer día: escribo para que me quieran.

 

 

 

06/06/2019 17:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LAURA FERNÁNDEZ HABLA DE 'BIENVENIDO A WELCOME'

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La escritora y periodista Laura Fernández publica 'Bienvenido a Welcome' en Literatura Random House. Presentó el libro en Cálamo, en diálogo con Pedro Bosqued.

-¿Quién es y qué le debe a John Fante?

Es un escritor norteamericano que me cambió la vida. Yo era muy dramática, muy en la onda de Sylvia Plath. Pura tragedia. Cayó en mis manos la novela ‘Pregúntale al polvo’ de Fante, publicada en Anagrama con prólogo de Charles Bukowski, que lo reconocía como su maestro. y me fascinó. Me sentía muy próxima a Arturo Bandini, ese antihéroe que decía por aquí que un día se haría famoso. Era como su manera de encarar el fracaso en el presente. Desde niña, yo siempre diría que de mayor sería famosa, ja ja ja.

-¿Como nació ‘Bienvenidos a Welcome’, la novela que acaba de publicar Literatura Random House?

A raíz de ese libro. En 2006. Y también gracias a la novela ‘Duluth’ de Gore Vidal, un novelista que tiene una parte muy seria y otra más loca, desternillante, vinculada con el travestismo. Eso también me gustó, me resultó muy divertido y decidí apostar por eso: por el humor, la transgresión, el delirio.

-La novela tuvo una edición hace una década y una insólita peregrinación. ¿Qué le gusta y qué le disgusta recordar de ella?

Es una novela que publiqué en Elipsis hace diez años. No se distribuyó. El editor me mandó todos los ejemplares y solo algunos, muy pocos, han llegado a escritores amigos. Me gusta porque es una novela que contiene muchas de mis obsesiones y está escrita con mucha libertad. Y me disgusta que es una novela donde hay mucho sexo. Entonces yo leía muchos libros de sexo, y casi siempre desde una órbita masculina: Henry Miller, el citado Bukowski; todas las escenas sexuales me han salido desde esa perspectiva. Ahora no escribiría una novela tan masculina.

-¿Es una novela visionaria o un divertimento un poco gamberro?

Creo que las dos cosas. De entrada le diría que es una novela hija de su tiempo. Sí, sí, es muy gamberra. Y a la vez es visionaria: el futuro es un pasado exagerado.

-¿Creía ya entonces, o lo cree ahora, que la vida es como un plató de televisión, una gran escenificación donde todo pasa de prisa de prisa?

Trabajé un tiempo en Europa Press haciendo reportaje con una cámara. Yo le diría que es más bien una ‘sit com’. Pienso con el gran narrador Kurt Vonnegut que “el estilo parte de tus limitaciones”. Como a mi no me gustan las descripciones, me aburren y me pierdo, lo que hago es dialogar. Me sirve para contar personas y personajes. Me gusta mucho la gente y creo que todos los personajes tienen algo o mucho de mí.

-¿Tiene esa visión tan descarnada del periodista, qué le debe el libro a sus cuatro meses en ‘Super Pop’?

Fue un verano muy curioso. En 2006, apenas había Internet. Ya lo había pero en la revista había solo un o dos ordenadores que lo tuvieran porque el director que no quería que nos distrajésemos. Vivías como en un mundo de ficción donde ni siquiera Angela Skipper, una famosa redactora, era auténtica. Allí aprendí que todo es un decorado en la vida. Y ahora mi visión del periodismo es peor todavía. Crear ficciones de la realidad con cosas muy serias, como estamos haciendo, es muy peligroso. El exceso de informacion nos está llevando a la desinformación más absoluta.

-¿Cree en los ovnis, quiénes serían los extraterrrestres de nuestro tiempo?

Siempre me han interesado, sí. No deja de resultar curioso la mirada a nuestro mundo de alguien que llega de fuera, sin prejuicios. Cuando era niña me encantaba una cosa que nos decía el profesor: Antonio Machado estaba dentro y fuera a la vez, miraba hacia su corazón y hacia el exterior, era el perfecto contemplador. Eso me parecía fascinante. Con los extraterrestres pasa un poco igual. Los escritores somos un poco extraterrestres: gente que observa para ofrecer una imagen del mundo y que puede estar dentro y fuera a la vez.

-¿Por qué ha elegido el método de diálogo para que avance la novela?

A mí me gusta mucho un escritor posmderno como William Gaddis, que detestaba la descripción. Me gusta mucho que mis textos tengan un sentido oral. Lo sé todo de mis personajes, aunque de vez en cuando recapitulo lo que han dicho. Los conozco bien. En ‘Bienvenidos a Welcome’ habrá como 100.

-¿Sería un ejemplo de novela-collage?

¿Usted cree? En cierto modo sí… Es una novela de la fragmentación, con personajes que van dejando apuntes, esbozos, escenas. Me encantan los libros de humor. Siempre llevo alguno, y también llevo un cuaderno donde voy tomando notas: lo apunto todo, mis ocurrencias, sensaciones, e incluso frases de los libros. Luego todo ello se lo voy atribuyendo a los personajes. En ese sentido, sí hago libros-collage.

-¿Para qué le sirve el humor y cómo lo entiende usted?

El humor es fundamental. Y está todo el rato en mis libros. Me gustan mucho los personajes y los autores que se ríen de sí mismos, de su propia ridiculez. Ahora ya no leo nada que no sea humorístico, salvo por cuestiones de trabajo. Para ser invencible hay que sentirse ridículo. Hay que conocer lo que te hace débil. De pequeña me llamaban gorda. Gorda. Gorda. Un día contesté: “Sí, eso ya lo sé. ¿Es eso todo lo que puedes decirme de mí? ¿Es ese el único insulto que tienes para mí?”. Me encanta el absurdo. Boris Vian, por ejemplo, me ha marcado mucho.

-Por cierto, ¿Welcome es Barcelona?

-Sï, claro. Una vez, en un anticipo de lo que ahora sería ‘El mundo today’, ‘El muñeco Whisky’, dijeron que en el futuro Barcelona pasaría a llamarse Welcome. Y he jugado con ello, con una ciudad de supermercados numerados, de trepidante acción, por decirlo así.

 

*La foto de Laura Fernández es de Noemí Elias.

06/06/2019 17:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ARTURO SAN AGUSTÍN: UN DIÁLOGO SOBRE 'PLUMA DE BUITRE'

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Arturo San Agustín: “El aragonés no sabe aparecer en las fotos”*

 

Arturo San Agustín es escritor y periodista. Estos días ha estado en Zaragoza, en la Feria del Libro, donde firmaba su libro ‘Pluma de buitre’ (Los libros del gato negro), un gran homenaje a su familia, a Aragón y a la fabulación pura y dura.

-¿Cuál es su vinculación con Aragón? En el libro alude varias veces a “la tierra de los míos”…

-Mis cuatro abuelos eran de Riglos. Y vivieron ahí. A mi abuelo materno lo adoptó una familia de Riglos y allí vivió. Mis abuelos maternos acabarían marchándose a Gurrea de Gállego. Mis dos abuelos trabajaron en el ferrocarril, por eso se habla tanto de varios trenes.

-¿Es cierto que usted tuvo una bisabuela irlandesa?

-Tengo esa sospecha. Si viera las fotos de mi abuelo paterno lo entendería. Era rubio, royo, parece irlandés, y estoy intentando probarlo. Mis familiares me han preguntado si me he vuelto loco, pero tengo esa corazonada. Mi abuelo era un tipo muy especial: cantaba, bailaba, le apasionada la música.

-Bueno, usted dice en ‘Pluma de buitre’ que tenía una amante con la que tuvo una hija, Irene. ¿Es verdad’

-Sí, desde luego. No es una invención. Lo supe cuando me puse a escribir la novela. ¿Sabe una cosa? Me emocionó cuando Leonard Cohen incorporó en sus conciertos la bandurria con la presencia de Javier Mas. Casi lo vi como un homenaje a mi abuelo.

-Usted dice que este libro se lo debe a José Antonio Labordeta.

-Es cierto. Cuando lo conocí y oyó mis apellidos, Sanagustín Garasa, me dijo: “Tú eres de allá arriba, de Huesca”. Le dije que sí. Y agregó: “Tienes que dedicarle un libro singular a la tierra de los tuyos”. Quise saber a qué se refería con ‘singular’. “Lo sabrás cuándo lo escribas”. Cada vez que nos veíamos me preguntaba por ello. “He tomado notas, estoy trabajando, he escrito un capítulo…”, le decía cosas así. Y hace dos años empecé a hacer el libro.

¿En qué consistiría su singularidad? El libro es un viaje, una crónica familiar, un diálogo con fantasmas, una aventura surrealista, un homenaje a Aragón…

-De partida, quería hacer un libro convencional. Un libro que busca un lector, que piensa en él. Creo que las mejores novelas las firman los escritores que son periodistas también, porque están más atentos al detalle, a la actualidad, y buscan un lector.

-Con todo, en la novela hay bastante realismo mágico. Podría haber algunos ecos de las ‘Crónicas del sochantre’.

-Sí. Una vez conversé con García Márquez y me dijo: “Aquí hablamos mucho de realismo mágico. En el Caribe es fácil. Lo que no saben u olvidan ustedes es que el gran maestro del realismo mágico es Álvaro Cunqueiro”. Pienso lo mismo, lo admiro mucho y me encanta que ‘Pluma de buitre’ pueda evocar a ese escritor.

-Hay más cosas en el libro…

-Sí, claro. Está Riglos. Y por ello, por su grandeza y porque me evoca a las películas de John Ford, creo que también he escrito un western. Un western que sucede en Huesca, y en Zaragoza o en Calanda. Cuando llegué a Riglos me impresionaron la gatera de las puertas y los buitres. La gatera es la demostración de que el gato va y viene a su aire y que no ha podido ser domesticado. Los buitres tienen el vuelo más bello y elegante, no matan y son muy beneficiosos porque evitan enfermedades.

Dice que el libro está escrito a la sombra de Ramón Acín.

Ramón Acín es el García Lorca de Aragón. Y su muerte es conmovedora. La conocía, pero me la contó su nieto Ramón García Bragado. Y me recordó que habían reconocido su cadáver porque llevaba lápices de colores en los bolsillos. Era un ser fascinante al que tenemos que seguir reivindicando.

¿Cómo ve usted a los aragoneses? Labordeta le dijo que ser aragonés estaba reñido con la posteridad.

- No se sabe vender. El aragonés es humilde, no le gusta exhibirse. No sabe aparecer en las fotos, y para triunfar es necesario atreverse a salir en las fotos.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de 'La Razón'.

03/06/2019 06:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN POEMA DE JORGE MARTÍNEZ

[Olifante publiCa un nuevo poemario, ‘General Invierno‘, de Jorge Martínez, que lleva un prólogo de la poeta y narradora Olga Bernad.El libro se presentará en el IAACC Pablo Serrano el próximo 14 de junio.]

La metáfora de la fría batalla que nos acompaña desde el título se mantiene en la intención del libro, que lidia con sus monstruos con la esperanza no muy convencida de vencerlos: «Estos monstruos son de la familia./ Heredarán la tierra por­que son/ mejor que los que comen en la mesa»; peleando con su sombra «Porque quiere ver el mundo y no la dejo marchar./ Porque nunca la escuché cuando me hablaba». Y así, avan­zando marcialmente o tropezando, recorre espacios interiores y ciudades, escenarios y nombres propios por los que vamos a pasear junto a él mientras lo leemos. Y eso es unirse a una campaña peligrosa. Y a una fiesta.

(fragmento del Prólogo)

Olga Bernad



Poema



DE TUS HOJAS

¿Cómo fue que se cayó la casa

que clavaste en aquel roble milenario?

De tu bosque soñado nada queda,

de tus hojas cuando fuiste árbol.

 

30/05/2019 07:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ESTEBAN NAVARRO HABLA DEL ATENTADO DE ROGER TUR

Esteban Navarro «Sentí la obligación de rescatar a Roger Tur del olvido»

El autor de novela negra y policía, afincado en Huesca, publica ‘El cónsul infiltrado’ (Doce Robles), sobre el diplomático francés que murió en 1972 en Zaragoza tras un atentado



-¿Qué le llamó la atención de la historia del cónsul francés en Zaragoza, Roger Tur (1904-1972)?

El que apenas hubiera nada escrito sobre lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Lo afronté como un reto, porque me pareció fascinante escribir sobre lo que todavía no se había escrito, apenas.

-¿Qué se propuso hacer?

En principio solo iba a escribir sobre el atentado en el consulado, y la muerte posterior. Pero cuando comencé a recopilar información supe que tenía que centrarme en la figura de Roger Tur, y así lo hice. Fue tal el sigilo con el que se movió que alguna persona de su entorno me ha llegado a decir que siempre creyeron que él era un franquista. Sentí la obligación de rescatar su figura del olvido.

-¿Cuál ha sido tu documentación de la prehistoria del personaje: su llegada a Zaragoza, su negocio, su participacion en la vida social, el eco de su consulado…?

Alguna entrevista con gente que lo conoció, pero la principal ha sido un laborioso buceo en la hemeroteca, donde la dificultad estriba en que la documentación de esos años no está listada, sino que son escaneos en PDF que me obligaron a leerlos uno por uno buscando lo que me interesaba sobre el personaje.

-En el libro, se ve claramente su condición de espía. ¿Lo ha elaborado a partir del trabajo de Eduardo Martín de Pozuelo, brota de su imaginación o surge de otros datos contrastados en sus pesquisas?

El trabajo de Martín de Pozuelo ha influido, fue quién me puso sobre la pista, pero la mayoría ha sido investigación propia siguiéndole el rastro en reuniones diplomáticas donde coincidía con otros cónsules o embajadores de países que estaban en guerra en fechas más que coincidentes, como para pensar que fuese una casualidad. No obstante, las reuniones en el hotel Ritz de Barcelona están exhaustivamente documentadas. Evidentemente, como autor de ficción que soy, he tenido que rellenar lo que la documentación no abarcaba.

-Los falangistas recelaban de él y estuvieron a punto de matarlo, ¿no?

Es una causa lógica que supuse visto lo visto. En algún momento alguien tuvo que recelar. El algún momento alguna persona de su entorno debió sospechar algo. Y en esos años no era menester ninguna orden proveniente de arriba del todo para quitar de en medio a alguien que molestara o del que se sospechara. El cónsul de Alemania o el director del Colegio Alemán seguramente lo aceptarían como un colega, pero los falangistas tenían su propio servicio de información y vigilancia y sometían a investigación a todo el mundo, cónsules incluidos. Es conocido el poco o escaso respeto que tenían por las valijas diplomáticas. La realidad, siempre, supera a la ficción.

-¿Qué le llamó la atención de las reuniones con las fuerzas nazis en San Miguel y otros sitios? Hacen pensar en la película ‘Encadenados’, de Hitchcock, más que en ‘Casablanca’, de Michael Curtiz…

Lo de ‘Casablanca’ ha sido una licencia literaria heredada del hecho de que el nombre en clave de Roger Tur fuese Ric, cuando en un principio pensé que estaba revestido del romanticismo de Bogart. Ahí ha intervenido más la imaginación del escritor, que la historia o posible historia verdadera. Ric, definitivamente, era un acrónimo con el que lo bautizó la OSS: Roger Infiltrate Cónsul.

-¿Le ha resultado difícil o doloroso narrar la noche del atentado, el 2l de noviembre de 1972? Tur falleció cinco días más tarde a consecuencia de las graves quemaduras que sufrió en el asalto.

No me apetecía, la verdad, porque fue un ‘estúpido asesinato’, por eso la puse al principio, para que el lector se olvide de ese día y se centre en la figura del cónsul.

-¿Qué le han dicho los integrantes del colectivo La Hoz y el Martillo?

Han colaborado en aportar todos los detalles sobre los que les he preguntado. Pero, francamente, creo que no quieren recordar este asunto, especialmente porque ha pasado mucho tiempo y ya está, o debe, estar olvidado.

-A veces da la sensación de que los disculpa y de que considera el hecho como un infausto accidente…

No he hallado ningún motivo que me lleve a pensar lo contrario. Hasta donde he llegado, todo me ha parecido así, de esta forma.

-¿Cuál es su reflexión general sobre Roger Tur? ¿Cómo lo ve, qué le conmueve o le aleja de él?

Esa respuesta está en la novela, porque lo he descrito como yo lo veo; que no tiene por qué ajustarse a la realidad más estricta. Me acerca su capacidad de ubicarse en su tiempo y en su cargo y hacer lo que en su momento creyó tenía que hacer. Me distancia, en cierta forma, que años después de aquello, no hubiera sido él mismo quién lo hubiera explicado, a su modo. Quizá murió demasiado pronto (1972) y la sombra del franquismo no se había debilitado y nos perdimos una especie de memorias donde hubieran salido estas cosas y muchas más que seguro no he sido capaz de descubrir.

-¿Ha barajado la posibilidad de haber escrito una novela policiaca con el tema…?

Era mi intención. Pero desviarme demasiado del thriller histórico hubiera sido una ofensa al personaje. Lo había planteado, pero en tal caso debería ser con un personaje inventado, no con una real.

-¿Qué le ha ocurrido después de la publicación del libro, cuál ha sido el eco?

Teniendo en cuenta de que es mi primer thriller histórico y que es un terreno que no domino, estoy, de momento, muy contento con la aceptación que está teniendo la novela. Y en lo personal me siento cómodo con este tipo de narrativa. Tanto, que ya estoy trabajando en otro thriller histórico.



 

30/05/2019 07:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON THOMAS B. REVERDY

El escritor Thomas B. Reverdy ha estado hace unos días en Zaragoza, en el Instituto Francés, que dirige Laure Vazquez. Ella fue su anfitriona y la traductora de este diálogo en torno a su novela, ‘El invierno del descontento’, que publica ADN y que finalista del Goncourt. Cuenta la historia de una joven actriz, Candice, y del ascenso de Margaret Thachter, en un tiempo en que el mundo bailaba al son del estrépito del punk.

¿Es usted un escritor político?

Ja, ja. Esta es de todas mis novelas la más frontalmente política. Con seguridad.

Parece que sus libros tienen una documentación muy intensa, muy preparada… ¿Cómo la aligera?

Aquí hay más que la documentación del entramado histórico, hasta las canciones forman parte de la novela. De todo ello me quedo con citas, que voy dejando por aquí y por allá y que van comunicándose entre ellas, y de ello sale un subtexto.

-¿Por qué quiso hacer este viaje al año 78/79 y al ascenso de Margaret Thahtcher? ¿Y en qué medida está haciendo una reflexión sobre ahora mismo?

-Yo jamás tuve la sensación de estar escribiendo una novela histórica, sino que tenía la sensación de que la estaba escribiendo desde hoy, desde ahora mismo. Eso era importante para mí. Hasta la idea de ir a buscar en esa época de Margaret Thatcher… Parece que estamos, de nuevo, en el mundo thatcheriano.

-¿Eso piensa?

-Vivimos en una época bastante caótica, con sobresaltos por todas partes, y parece el final de un ciclo. Y ese ciclo de de globalización y de capitalismo se abrió con ella. Y todo eso hoy no funciona. Estamos en una época como de dibujos animados corriendo ante el precipicio. Sigue habiendo algunos ultraliberales que dicen: “Sigue corriendo más rápido”, pero la gente que tiene un poco de sensatez o de clarividencia grita: “Socorro”.

-Da la sensación de que en su novela hay un eco del cine de Ken Loach. ¿Podría ser?

-Sí, sí, más bien de sus primeras películas. Cuando él era un poco optimista y había como un feliz desorden. Cuando la música era capital, se vivía de cualquier modo con grandes ilusiones.

¿Por qué sucede la acción en Londres y no París?

-Yo creo que en París no se dieron cuenta de que el mundo estaba cambiando con Margaret Tchatcher. En 1981 se eligió un presidente socialista, iba a contracorriente de lo que estaba sucediendo en Inglaterra, y este presidente, Miterrand, nacionalizó muchas cosas, protegió en sus inicios a Francia de la llegada de la globalización.

-¿Por qué eligió a Candice, una mujer que además quiere ser una actriz?

Lo de actriz es muy sencillo: es una joven que está buscando su sitio, y eso es un poco como buscar tu papel. Es una correspondencia. Eso me permitía, además, establecer un vínculo con Shakespeare y con el trasfondo social cambiante ¿Por qué una mujer? Eso es más misterioso: no sé por qué elegí a una mujer…

-Una mujer que es casi la única, en medio de muchos actores, y que va a hacer un papel de hombre, Ricardo III…

-Esta historia señala muy bien porque la novela es política. Y eso me sobrepasa en mi voluntad de escritura. En cuanto tiene a su heroína hace teatro y va a hacer su papel en Ricardo III. Y a partir va a haber un tema feminista, esos papeles y esos juegos de poder los va a encarnar una mujer.

-Me ha parecido que la novela tiene dos preocupaciones muy claras: cómo una mujer se hace a sí misma y la identidad.

-Hay cosas que proceden de mi novela anterior, inmersa en el mundo empresarial. Ahora reflexiono sobre el inicio de la caída del capitalismo con personajes que permiten también abordar el poder y el empoderamiento. Pero también se habla de amistad, de luchas y abusos de poder que llevan a la ruina.  

-¿Aborda también la construcción de la juventud?

-Sí, la cultura permite eso: buscar quiénes somos, liberarse, tener ídolos en distintos campos, la música punk nos sitúa inmediatamente, fue un período corto… Es una música revolucionaria, hecha por gente joven que no son músicos como los Sex Pistols… El eslogan de los Sex Pistoles era ‘no future’. La reacción era decir: “Muy bien, entonces hago exactamente lo que me da la gana”.

-Funcionan muy bien los capítulos cortos y rápidos...

-En ‘El invierno del descontento’ hay varias líneas de narrativa a la vez: el poder, el ascenso de Tachter, una joven actriz en Londres buscando su sitio. Escribir consiste en frenar los caballos y que vayan todos en sintonía, hasta que todas líneas del relato, intenso y breve, queden armoniosas. Me interesa también el trabajo y la colaboración del lector. Deseo que él sea capaz de conectar las distintas líneas, historias y conceptos que hay en el libro. Y que ocurra algo al leer.

¿Qué opina de los Chalecos Amarillos de Francia?

-No es una oleada de la extrema derecha, una cosa es que la extrema derecha o izquierda quieran asimilar y adueñarse de ese movimiento, pero los Chalecos Amarillos son gente que se está sintiendo que vive en un mundo caótico e injusto. Está claro que no podemos retroceder en la globalización, sería absurdo, pero tampoco debemos  contentarnos con correr cada vez más rápido hacia el vacío. Eso también es absurdo… Los Chalecos Amarillos son un grito contra la una precariedad, la miseria o la injusticia; son la expresión de un caos social. Y nadie sabe lo que va a salir de ahí. Y en Francia podría haber perfectamente una catástrofe en 2022.

¿Está preocupado?

Claro. Vivimos una de las épocas más increíbles de desamparo. La globalización ha creado paro en Europa, miseria en Asia y mi vaquero sigue siendo tan caro como siempre. Así que algo no funciona. Alguien ha cogido el dinero en alguna parte y en algún momento, y no se sabe dónde está. Nosotros damos dinero a los bancos para que ellos no vayan a la bancarrota. Es incomprensible.

 

 

20/05/2019 11:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SALVADOR TRALLERO: WARHOL ZARAGOZA

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ttps://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/05/02/zaragoza-te-quiero-multiplicada-a-todo-color-1312479.html 

Salvador Trallero es, de entrada, el pastelero de Sariñena. Desde hace unos años también es el fundador y responsable de Sariñena Editorial y Salvador Trallero editor. Ha publicado una treintena de libros de fotografías antiguas de Barcelona, Huesca, Zaragoza, Sariñena, libros de la República, memorias y viajes, homenajes a gentes como el antropólogo oscense Manuel Benito. Ha recibido el premio al libro mejor editado por ‘Alas rojas’. Entre sus proyectos más curiosos, entre juguetones y transgresores, está ‘Sariñena Warhol’, un homenaje a todo color a su localidad en diálogo con el artista Andy Warhol. Tras ese primer ensayo, ha cogido su cámara de fotos y durante varios meses retrató Zaragoza, y ahora aparece ‘Warhol Zaragoza’.

 

¿Qué has querido hacer?
He querido hacer algo diferente. He hecho un libro que es una explosión de color, un libro que alegra la vista, la mente y el alma. Una manera diferente de contemplar la Zaragoza actual, tomando como inspiración la filosofía del estadounidense Andy Warhol y sus repeticiones de imágenes.

¡Por qué Andy Warhol? ¿Qué te atrae de él? ¿Qué te gusta en particular de su mirada?
Siempre me ha atraído su obra; fue capaz de reinventar la relación entre imagen y colores a través de algo tan sencillo pero contundente como es la combinación repetitiva entre ambos elementos. La sencillez concebida y pensada como elemento clave del arte creativo. Si además a ello sumamos la originalidad del Arte Popular (Pop Art) de mostrar elementos cotidianos de nuestro día a día considerándolos como elemento artístico, estamos dando otra mirada a nuestro entorno. ¿Quién no conoce el bote de sopa Campbell´s, o el roscón de san Valero? Estamos convirtiendo en arte objetos que nadie habría definido como tal.

¿Cómo te has planteado el libro?
Quería que fuera una mezcla de elementos arquitectónicos, detalles de la ciudad, y por supuesto también personas, no podemos olvidar que son ellas las que con su participación e implicación, o no, determinan en gran parte el futuro de una ciudad o villa. También hay una reflexión importante en su conjunto: el paso del tiempo, de ahí la aparición de los relojes. Carpe Diem, “aprovecha el momento” y llena de color tu vida. Hay que hacer. El libro desprende optimismo.

¿Qué ve el lector?
Ve todo un poema cromático. En estos tiempo actuales de cambio total, con tantos elementos grises, he querido introducir esta sinfonía visual de elementos de la ciudad conocidos y habituales en el día a día zaragozano, e incluso de su historia, pues hay imágenes que por el cambio urbanístico u otras razones ya no se pueden realizar, como el dibujo de Goya en la calle Francisco Bayeu, junto a la plaza del Pilar, que un nuevo edificio ha tapado; o la fuente de los calderos, de la que alguien arrancó un par de ellos, no se sabe si con los dientes o a cabezazos. Los bailarines colores juegan con la mirada del lector, que tendrá una sensación muy particular al visualizar las imágenes coloreadas, pero seguro que alegre y positiva. El color es vida, es sueño.

¿Quieres otorgarle modernidad a Zaragoza, otra modernidad?
Si. Hay que impulsar el avance en las ciudades. La apuesta por la Cultura y el Conocimiento tiene que ser clara tanto por las instituciones como por los ciudadanos; las ciudades que destaquen por sus infraestructuras y elementos culturales, y por sus artistas, tendrán un protagonismo en este presente y futuro del siglo XXI y del XXII.

¿Qué ha sido lo más bonito que te ha pasado haciendo este libro?
El reencuentro creativo con Zaragoza, recorrer de nuevo sus calles con la mirada del fotógrafo, buscando esos detalles, captando esos instantes. Tenía material de mis trabajos anteriores sobre la ciudad, a la que me siento muy unido y a la que tengo que agradecer la gran acogida entre los zaragozanos de los dos volúmenes de fotografía Zaragoza Antigua. Ha sido una experiencia muy curiosa a nivel personal el transitar del pasado en blanco y negro al colorido presente. Hay una imagen muy simbólica con el letrero de la estación intermodal y una pintada en un murete del parque Castillo Palomar: Zaragoza Te quiero. Las líneas del destino se entrecruzan.

¿Cuál es tu relación con la fotografía?
Me parece maravilloso poder captar un instante de una persona o un elemento arquitectónico que permanecerá en esa imagen inalterable para siempre, si ello lo unimos al formato del libro impreso, completamos un proyecto de arte, imagen y difusión.

 

07/05/2019 14:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ VERA: ARTE, SUEÑO Y CREACIÓN

*Acaba de fallecer Juan José Vera (1926-2019).

 

JUAN JOSÉ VERA: EL PINTOR INCONFORMISTA

 

Antón CASTRO

“A mí me gusta gozar la pintura con lentitud: me despierta la pasión enseguida”, dijo en una ocasión en su estudio Juan José Vera (Guadalajara, 1926). Él es un hombre de frases, de intuiciones que se transforman en aforismos, y de emociones. Siempre ha sido hiperactivo, ya era rebelde e inconformista de niño, y a la vez vitalista. Uno de sus cuadros se titula ‘La alegría de vivir’ (1987) y quizá sea esa frase su mejor retrato. Vivir en el arte, en la creación, en el silencio, en el taller. Vivir en el puro desbordamiento de la materia y los materiales. Hay otro cuadro que también da claves de su inclinación sombría: ‘Rasgos de dolor’ (1974), que acaso sea un intento de ordenar el caos de la memoria, el tormento que viene de lejos con su lluvia de espanto.

Juan José Vera, el octavo de nueve hermanos, tuvo que aprender a vivir con el desgarro: su hermana Carmen murió a los cinco años; el mejor profesor de su infancia, Félix, fue ejecutado por republicano; también mataron a su tío Manuel, que era pintor, y a su propio padre -al que admiraba tanto como quería porque era cálido y había creado un paraíso de educación, convivencia y cultura en su casa-, lo denunciaron varias veces y finalmente lo fusilaron un de agosto en Torrero en 1936. “Anhelaré hasta la muerte el amor inseparable por mi padre”, le diría el artista a uno de sus mejores estudiosos y amigos, Manuel Val Lerín. Él fue niño en la retaguardia de Robres, en un período marcado por el hambre, el pánico y la incertidumbre. El círculo de muertes, o de ausencias notables, registra otro nombre clave: su cuñado Juan Valdivia, médico. Me dijo Juan José Vera en su taller: “Él me descubrió la poesía: me recitaba de memoria todo Bécquer, la poesía clásica española. Tenía la memoria más prodigiosa que yo he conocido nunca, y era un humanista integral. Cuando se murió, hacia 1948, le dediqué un cuadro: ‘Arlequín muerto’, realizado tras ver su cadáver”. Ese cuadro es importante en la trayectoria de Vera, y está en la exposición: para entonces ya había conocido a Fermín Aguayo, en el Servicio Militar en la Brigada de Topógrafos, que formaría con Santiago Lagunas y Eloy Giménez Laguardia el trío más famoso del Grupo Pórtico. Se hicieron amigos y sería el propio Aguayo, un admirable pintor abstracto, quien le pondría el nombre al cuadro, algo que también hizo con otro buen lienzo: ‘Bodegón azteca’.

Aquel Juan José Vera, que se balanceará durante toda su carrera entre la angustia y la exaltación de la vida, entre la tristeza y la búsqueda constante de la felicidad, había quemado etapas con celeridad, entusiasmo y una imaginación frondosa y voraz. Descubrió su inclinación al dibujo a los trece años, hizo sus primeros juguetes con una completa carpintería infantil que le regalaron, realizó sus pinitos con los materiales que le cedía su hermano Fernando, futuro arquitecto, con quien trabajaría de delineante, y un cuñado suyo, Miguel Goyeneche, le haría un obsequio con toda la intención del mundo: le dio los instrumentos y los óleos de pintor de un hermano aviador, que acababa de fallecer en un accidente. Y no solo eso, en 1942, se había matriculado en la Escuela de Artes y Oficios. Por si le faltaran elementos al leyendario del artista: en 1945, cayó en sus manos un catálogo de Picasso de una exposición en 1936 y queda fascinado. El pintor autodidacto y ya torrencial encontró un maestro, un referente, el fogonazo que le dará alas a esa invención suya tan turbulenta y vivaz, a esa imaginación que siente, que sueña y que reflexiona.

En 1948 conoció a Santiago Lagunas, clave en su prehistoria, como toda la estética del Grupo Pórtico. En 1975 le dedicaría un estupendo cuadro. ‘Homenaje a Santiago Lagunas’. Vera no tardará en lanzarse a campo abierto, con arrojo y muchas cosas que pintar. Desembocó en la abstracción con esa energía y esa vehemencia que siempre ha tenido. Se atrevió a trabajar en el desorden del lienzo, a arañar en el bosque de las incitaciones, a buscar entre las manchas de color y las líneas negras, más o menos anchas, un calambre de luz, un vano a la esperanza. Trabajó sin descanso, en todos los formatos y técnicas: óleos, dibujos, collages, en una producción intensa y extensa que tiene su sello y que tampoco renunciará ni al expresionismo ni a rasgos cubistas, con ecos de Pórtico en ocasiones. Juan Manuel Bonet diría que “continuó de modo más fiel por el sendero abierto por sus predecesores”.

En 1958 conoció a Ricardo Santamaría, que también era un agitador y elaboraría proclamas y teorías, entre ellos el Manifiesto de Riglos. Y en 1962 a Daniel Sahún, que sería algo así como un hermano, un camarada, un cómplice y casi un álter ego; juntos realizaron muchas exposiciones conjuntas, y destaca su Antológica de la Lonja de Zaragoza en 1987. Con ellos Santamaría formaría el colectivo Escuela de Zaragoza, que recogía el testigo de Pórtico. Y a él se sumarían dos artistas más: Hanton González, que acabaría marchándose a París y realizaría allí el grueso de su obra, y Julia Dorado, que entró por la puerta grande y por ahí sigue, con sus colores y luces de espejismo. Cabe decir que la Escuela de Zaragoza duró más o menos hasta 1967.

Los 60 fueron años capitales para Vera: pintó mucho y creó sus famosas escultopinturas, de las que aquí hay una buena muestra. Vera ha recordado que esa obra, tan impresionante y variada, ese ejercicio de libertad incansable, surgió de la búsqueda de residuos, materiales de derribos, objetos industriales, ruinas o escombros de las afueras. Y luego, en un acto de ensamblaje y pintura, hacía unas piezas personalísimas donde se gobierna todo con armonía, fuerza, ingenio, plasticidad y quizá brutalidad, la desenvoltura del collage y, por supuesto, con belleza; figuran entre lo más feliz y acertado de su obra. Juan José Vera no ha parado nunca. Una de sus frases, tan sencillas como elocuentes, es: “¡Qué misterio tan grande es el arte!”. Y matizaba: “Yo siempre pinto lo que vivo: soy un gran paseante, me encanta la ciudad, descubrir rincones, andar por los bosques, coger determinadas luces cuando llega la noche: algunas luces misteriosas y blancas”, me confesó Juan José Vera en su taller.

Él se ha sentido poseído por la creación y ha continuando pintando, esculpiendo y avanzando por diversos vericuestos: ha experimentado todo el tiempo, ha ensayado colores y formas informes, ha realizado dibujos deslumbrantes (aquí hay varias tintas) y ha sabido ser fiel a un estilo, a una luz, a coordenadas de inspiración y arrebato: es capaz de ser tenebroso y a la vez de un lirismo que casi hace pensar en Cy Twombly: vean, por ejemplo, ‘La demora del silencio’ (1995). El pintor ha tenido momentos maravillosos, ha expuesto en Aragón, España y en diversos lugares del extranjero. En 2001 vio coronada su trayectoria con una inolvidable exposición en el Palacio de Sástago: La Abstracción como presencia. Juan José Vera. Retrospectiva 1950-2001, cuyo comisario fue Manuel Val Lerín. En 2011 se hizo acreedor al Premio Aragón-Goya. Fue en ese año cuando realizó la última obra de esta muestra: ‘Enjambre’, que acaso pudiera resumirse así: el artista en estado puro, con sus símbolos, sus manchas, la fragmentación del lienzo y sus gamas de color con un claro en la selva de amarillo.

No hemos hecho aquí hincapié en otro aspecto decisivo en la personalidad de Juan José Vera: la música. Estudió piano y solfeo y llegó a tocar con un gran amigo, el tenor Adolfo Barbacil, entre otros. Dijo en una ocasión: “Yo no le pido a nadie que entienda mi pintura: la pintura hay que sentirla, hay que verla en silencio. El silencio es la atmósfera del arte y no existe silencio más elocuente que el de la música”. También suele decir: “No aspiro a la posteridad”. Eso ya no depende de él, de Juanjo Vera, el enamorado de la belleza y de la inspiración: los cuadros están ahí y caminan por las comisuras del tiempo a su libre albedrío.

 

 

 

 

 

29/04/2019 23:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL MENA HABLA DE SU NUEVA NOVELA: 'CANCIONES LIGERAS' (PREGUNTA)

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[Miguel Mena (Madrid, 1959) acaba de publicar su novela más extensa y más ambiciosa: la historia de Irene Abós, una joven secretaria que acabará dedicándose al mundo de la música en el trío Los 3 del Mediterráneo’. Fue uno de los libros más demandados ayer en el Día del Libro en Zaragoza. Miguel cuenta aquí las claves de la novela. Una parte de la entrevista se publicó en ’Heraldo’ de Aragón’ el pasado lunes. La foto es de Oliver Duch.]

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/22/miguel-mena-las-buenas-canciones-son-eternas-siempre-suenan-igual-de-bien-1310552.html

-¿Cuál era el objetivo de ‘Canciones ligeras’: contar una aventura musical o una vida de mujer en la música?

Mi primera intención fue escribir una novela de aventuras con el trasfondo de la música y los cambios sociales de los años 60, luego la personalidad de su protagonista, Irene Abós, fue adueñándose de relato y ambas cosas se mezclaron. La vida de Irene, su crecimiento, su transformación, van avanzando en paralelo a esa aventura social y musical.

-¿En qué momento decidiste contar esta historia en primera persona?

Comencé esta narración hace dieciséis años como la historia de un trío musical y en tercera persona, pero me atasqué cuando llevaba unos cuarenta folios y abandoné el proyecto. Diez años después, al revisarlo, me di cuenta de que debía ser la historia de ella, de la cantante, y que ella misma debía contarla, que todo girase a su alrededor. Entonces retomé el proyecto y lo llevé hasta el final.

--¿Cómo definirías a Irene Abós: una mujer romántica, soñadora, una joven estudiante que de repente, casi antes de saber qué quiere, ya es madre, con determinación, pero sobre todo cantante, de variados registros?

Irene es tan soñadora como somos todos a los veinte años, pero su temprana maternidad, las zancadillas de la vida y el mundo real al que deberá enfrentarse la transformarán poco a poco, sin perder su determinación ni su pasión por la música, pero cambiando de criterio y de objetivos, sin perder la ilusión, encontrando alicientes más realistas.

 -¿En qué medida quiere ser ‘Canciones ligeras’ una novela sobre la condición humana, la importancia de la amistad (pienso en Susana, en Encarni…) y una crónica de los encuentros y desencuentros amorosos de la protagonista?

Es obvio que la novela habla de la vida, de los vaivenes a los que nos somete, y en esa vida, como en cualquiera, tienen mucha importancia la familia, los amigos y los amores; también el trabajo, que en este caso lleva a la protagonista a viajar de un lado a otro, a conocer gentes diversas y a experimentar la pasión y el deseo pero también el desconcierto y la duda. Quizá la única certeza de Irene es avanzar siempre, nunca quedarse quieta.  

-Luis, Nick, Roberto, Jorge Jánovas o Yorgos… ¿Los amores del pasado siempre reaparecen?

No todos y no siempre con la misma fuerza. Irene se interroga muchas veces sobre la naturaleza del amor, sobre las diferentes maneras de amar; compara sus amores con los de su entorno: su madre, su amiga Susana, su compañera Encarni. En el amor no hay modelos a imitar; cada cual encuentra su camino, o  no lo halla jamás. 

-¿Cuál ha sido la importancia de las bases americanas en la vida española, y en particular en la música?

En mi caso particular, ninguna. Yo me eduqué musicalmente por otros caminos, pero recuerdo a figuras como Rocky Khan, que se forjó musicalmente en la base americana de Zaragoza, o alguien más joven como Santiago Auserón que también ha contado lo mucho que le influyó escuchar la emisora de los americanos. 

-La narración empieza en 1959 y duraría una década, más o menos, concluye poco después de la llegada del hombre a la luna. ¿Qué significó ese período en la historia de la música en España?

La novela comienza cuando está a punto de iniciarse la década de los 60 y concluye poco después de que haya finalizado. Es el tránsito de la música melódica, orquestal, un tanto pastelosa y remilgada, al dominio del pop y del rock. Supone un gran cambio porque en esa década los hijos comenzarán a escuchar una música que los diferencia claramente de sus padres y que además lleva aparejada una moda y una estética que rompen con los modelos anteriores. Cambia la música como anticipo de un cambio social que también está empezando a producirse en un país que aún vive bajo una férrea dictadura. 

-¿Y qué importancia tuvieron las salas de fiestas y la televisión?

Las salas de fiestas todavía vivían aferradas a un modelo muy tradicional, pero curiosamente en la televisión empiezan a colarse programas de una estética más juvenil o más colorista, aunque fuera en blanco y negro, como Escala en Hi-Fi o los distintos proyectos dirigidos por Chicho Ibáñez Serrador. 

-¿Cómo era y qué buscaban Los 3 del Mediterráneo y que le deben a Los 3 Carino y a un reportaje que publicaste sobred ellos hace años en Heraldo?

Descubrí a Los 3 Carino cuando hacía el programa El Desván en la programación nacional de Cadena Dial. Años después rastreé su pista hasta localizar a uno de ellos, Joaquín Solanes, y en 2002 escribí un largo reportaje en Heraldo sobre sus andanzas por Oriente Medio. El grupo de mi novela, Los 3 del Mediterráneo, está inspirado en ellos y toma prestadas muchas de las anécdotas que les sucedieron y que me contó Joaquín, pero también bebe de otras fuentes como una persona de mi familia, Mercedes Bóveda, que también formó parte de un conjunto que actúo por todos esos países. 

-¿Eran frecuentes estas aventuras musicales en el extranjero? ¿Por qué el Medio Oriente (Teherán, Bagdad, Beirut, luego Ammán) qué vínculos tenían hacia la música española?

No he descubierto nada nuevo porque Manuel Iborra lo contó muy bien en Orquesta Club Virginia, una película de 1992 con Antonio Resines, Jorge Sanz y Emma Suárez, basada en las memorias del percusionista Santi Arisa. Aunque ahora nos parezca insólito, desde los años 50 hasta mediados de los 60, las orquestas, ballets y conjuntos españoles tenían mucho éxito en el circuito de casinos, salas de fiestas y  hoteles de lujo de aquellos países. Grupos que aquí no le suenan a nadie hacían largas giras por todos aquellos países y ganaban muchísimo más de lo que podían obtener en el nuestro. Beirut era el centro de todo, la gran ciudad cosmopolita de la zona. Aquello se quebró a partir de 1967, conflicto tras conflicto, y ya no se recuperó jamás.

-Da la sensación, no sé si es querencia de la cantante o del propio autor, que la música italiana entonces era tan importante como la norteamericana…

Creo que es una percepción objetiva, después de manejar muchas revistas y libros de la época: antes de la penetración avasalladora de la música norteamericana, los músicos italianos tenían muchísima presencia en nuestro país e influyeron poderosamente en los artistas nacionales. También los franceses, aunque un escalón por debajo. Ahora es un poco triste que apenas escuchemos música procedente de esos países que son tan cercanos a nosotros. 

-¿Te ha llevado mucho preparar la documentación?

Nunca doy por finalizada la documentación. Siempre incorporo lo último que encuentro. Para esta novela dispuse de cientos de discos de la época, también me fueron de utilidad muchos libros como las memorias de Jesús Franco, Alfonso Santiesteban o Miguel Ríos y un magnífica colección de la revista Fonorama que me facilitó mi suegra, y por supuesto los periódicos de aquellos años. 

-Sin avanzar nada, ¿has querido recordar también que muchos músicos españoles han sucumbido a la fatalidad de la carretera?

La carretera ha sido una auténtica plaga para los músicos. Siempre recuerdo a Leandro, Cecilia, Nino Bravo, Poncho y José Luis de Los Ángeles, Jesús de la Rosa de Triana, Bruno Lomas, Tino Casal o Eduardo Benavente, que se mató viniendo a Zaragoza.  

-¿Qué podríamos avanzar del joven fenómeno Tony Castán?

Es un personaje inspirado en algunos prototipos de la aquella época; gente que tenía un trabajo normal y grandes cualidades para la música, pero no todos se atrevían a jugársela en un terreno tan resbaladizo como es el artístico. 

-Un detalle: ¿por qué siendo Los 3 Carino, citados por cierto en el libro, de origen aragonés has convertido tu trío en madrileña y  dos murcianos (Benjamín y Ramón Vera), y has situado la acción de partida en Madrid?

Aunque Los 3 Carino fueron el primer impulso y la principal fuente de inspiración, la novela no es su historia, es una ficción, y necesitaba crear unos personajes con su propia personalidad. Madrid en aquel momento era el epicentro musical del país y tenía cierta lógica que la novela partiera de allí y no de un lugar más pequeño. Ahora mismo no recuerdo por qué decidí que los hermanos Vera fueran murcianos, sería algo casual. A Irene la hice hija de un aragonés y se apellida Abós porque estaba con los primeros capítulos cuando falleció el entrador del CAI, José Luis Abós, y quise rendirle ese pequeño homenaje.

-Leyendo el libro, un retrato musical de la época, con el sello Zafiro por ahí rondando, uno se siente llamado a preguntar: ¿En qué ha cambiado la música?

Sobre todo ha cambiado la forma de consumir música, el acceso masivo a ella, y también se ha perdido una cierta ingenuidad que había en la forma de componer, de actuar y de promocionarse en los años 60. Por lo demás, las buenas canciones son eternas y suenan igual de bien ahora como hace cincuenta años.  

-¿Qué hay de ti, de tus gustos y pasiones, de tus investigaciones, en este novela?

Me interesan mucho los músicos como personajes, quizá porque los veo desde fuera, porque  he conocido a muchos a través de mi trabajo y el suyo me parece un mundo tan apasionante como difícil. No es la primera vez que los uso como protagonistas porque ya lo hice en Foto movida, entonces con los 80 y la Transición como trasfondo.

24/04/2019 05:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DEL LIBRO

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Publicado en 'La Opinión de Málaga' por el escritor y periodista cultural Guillermo Busutil, quedirigió durante doce años y más de 200 números la revista 'Mercurio', que se acaba de cerrar con un espléndido número centrado en Ita Vitale.

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2013/04/21/hombre-libro/582455.html?fbclid=IwAR2iNNIa6MPBVe4Y0tnyw5MNtojxGb3HZacLlvvodjDRlCMwTjVZoC6BWZg

UN HOMBRE, UN LIBRO

Guillermo Busutil  21.04.2013 | 05:00 

Leer en presente es un indicativo de cultura. Yo leo, tú lees, él lee, nosotros leemos, vosotros leéis, ellos leen. En los autobuses, los metros, los trenes, los aviones, los barcos, las bibliotecas, los parques, las salas de espera, las cafeterías, en las casas de este día que celebraremos libro adentro. Y también libro afuera, porque cada calle es una página de la ciudad por la que transitamos como personajes, como la huella impresa de una forma de sentir y de pensar. Lo mismo que las que nos dejaron las lecturas con las que aprendimos a emanciparnos de la realidad, a tener más amplitud de miras y a soñarnos héroes a la vuelta de la esquina, donde siempre empieza la imaginación. Todos somos el producto de nuestros juguetes, nuestros viajes y nuestras lecturas. Incluso, cada amor que igualmente me hizo, además de su marea en la memoria de mi piel, tiene también sus libros, su poema en mi escritura. Sé de gente que todo lo ha vivido en ellos, que su error fue abrir uno un día o que su retrato es una biblioteca. Y proceso afecto admirativo a Caballero Bonald, Cervantes de Argónida, por su manera de marinar el lenguaje, por enseñarnos sobre el imposible oficio de leer y recordarnos que siempre habrá un libro esperando.

 

El próximo martes es el día perfecto para buscarlo. Puede ser un título de moda o premiado; alguno de Defoe, Salgari, Kipling o Verne para recuperar la infancia y defender la memoria de lo leído; el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, En la Orilla de Chirbes o el de Bonilla acerca de Maiakovski, el mejor subversivo colocando bombas para hacer estallar el poema. Libros adecuados, peligrosos o inoportunos, según quién los lea, en este tiempo de crisis en el que alguien del PP puede llamar a la puerta para comprobar nuestro ayuno, la ducha fría, el cinturón apretado y nuestra austeridad también en la lectura- el ideal orden doméstico del gobierno-. También hay cuentos, poemarios, diarios, ensayos o Las aventuras de un libro vagabundo de Paul Desalmand. La narración autobiográfica y picaresca de un libro que nació el 7 de junio de 1983 con 224 páginas, 230 gramos de peso, unas medidas de 16,5x 12,5 cm, tipografía Garamond y cuerpo 12. Toda una declaración de buena salud y de libro de clase media, cuya voz nos desvela sus peripecias, otras historias, como la de un taxista que convierte su coche en una biblioteca ambulante o la de una chica que lo utiliza para cubrirse el sexo cuando hace nudismo en la playa, y que los libros hablan de noche sobre su miedo a la guillotina. El futuro condenado de una gran parte de los títulos que el martes estarán en las calles de Barcelona, llena de rosas y de escritores, en las de Madrid con interminables lecturas de noche, en las de otras capitales con un 10% de descuento, deseando ser escogidos. Pero como en el cuento de los Grimm, a las doce y una campanada o un par de copas más tarde, el libro se volverá Cenicienta y sin príncipe que lo salve poniendo en la puerta el cartel: No molesten, estoy leyendo.

 

La burbuja editorial estalló hace tiempo pero empezamos a darnos cuenta el pasado año, cuando la venta cayó un 40%. Y éste, sigue pendiente abajo, llevándose por delante librerías, algunos sellos independientes, otros pequeños, títulos que no pasaron la ITV y los anticipos de más de cuatro cifras para los autores. También amenaza a los escritores más literarios, cuyos lectores fieles los mantienen vivos en el mercado. Ya se sabe, en este país, la literatura vende poco. Aunque el cine diga lo contrario, nadie busca a Nemo. Menos aún la maravillosa biblioteca del Nautilius. A las editoriales le interesan más los mega sellers y, mientras los encuentran, las intrigas, dramas, batallas épicas, amores, enigmas esotéricos, fábulas sexuales y aventuras con fondo histórico que se vendan bien en las grandes superficies. Poco espacio queda para la literatura como un golpe al estómago, armada con un lenguaje de atmósfera y orfebre, que explore otra manera de contarnos historias. Conseguir que un libro, como dijo Kafka, sea como el hacha que rompe el mar de hielo de nuestro corazón. Hace lustros que la sociedad demostró que, en España, la lectura no goza de un apoyo mayoritario. Baja es la cifra de personas que la entienden como una forma de progreso, un espacio íntimo, el tiempo en el que uno está menos solo. Si se mantiene el hábito en el alambre es porque existen mujeres, clubs femeninos donde se lee mensualmente y bibliotecas rurales en las que se han esforzado en hacer de la lectura una forma de superación, de libertad y de placer. Pero en la enseñanza es, desde hace décadas, la asignatura pendiente de alumnos y profesores poco dados a valorar que con los libros se aprende a leer el mundo, la vida, el misterio de las personas. Sin olvidar a muchos jóvenes autores convencidos del éxito del escritor buen salvaje, ignorantes de que escribir es una lectura eterna. A estos síntomas graves, hay que añadir el poder de sugestión de la televisión y de la red. Artífices de la inmediatez, del impacto, de la brevedad, de la estética de la aparición que paradójicamente también es la estética de la desaparición, y de la primacía de la imagen como una representación del mundo que no conlleva la necesidad de razonar un argumento. La nueva cultura líquida de la imagen, representación poderosa del mundo cada vez más victoriosa sobre la comunicación a través de la palabra.

 

La salud del libro tiene un pronóstico reservado. Un mal desenlace conlleva la desaparición del discurso, de la crítica, de la opinión fundada en el pensamiento, en el lenguaje y en la escritura. La creencia en el libro como tierra firme en épocas de naufragio e incertidumbres. En la lectura como una forma de felicidad y un acto de resistencia en los tiempos del miedo a pensar, del farenheit 451 que siempre acecha un viento favorable. No podemos dejar que nos desahucien de leer. Hay que contraatacar. Este 23 de abril, con 103 años de antigüedad, hagamos que en la paz -al igual que en la guerra- se repita la consigna: un hombre, un libro; un clavel en el fusil.

Leámonos!!

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*Retrato del joven escritor, en 1982.

24/04/2019 05:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOMINGO VILLAR EXPLICA LAS CLAVES DE 'EL ÚLTIMO BARCO'

Domingo Villar: “Explico mejor Galicia gracias a un aragonés”

 

Tras diez años de silencio, el escritor de novela negra vuelve con sus policías Caldas y el zaragozano Estévez en ‘El último barco’

 

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) está más feliz que asustado ante la aparición de su tercera novela: ‘El último barco’ (Siruela, 2019. 707 páginas), que vuelve a transcurrir en las costas de Vigo, en Tirán, como sus dos primeras apariciones: ‘Ojos de agua’ y ‘La playa de ahogados’, que llevó al cine Gerardo Herrero en el papel de Leo Caldas, su detective y locutor radiofónico en ‘Patrulla en las ondas’, y Antonio Garrido, como Rafael Estévez, un policía zaragozano que intenta entender la sinuosidades de pensamiento y de mentalidad de los gallegos.

“Es muy estimulante saber que había tanta gente que te estaba esperando y la recepción que está teniendo el libro. Piense en el Real Zaragoza: ¿no es mejor que esté el campo lleno y que intente dar ahí, con todo a favor, lo mejor de sí mismo? Me sucede un poco igual”, dice el escritor.

Domingo Villar ha usado el símil de La Romareda con toda la intención del mundo. Sus vínculos con Aragón son inequívocos: está casado con la turolense Beatriz Lozano, Bea, con quien tiene tres hijos, y por eso Rafa Estévez “me viene muy bien. Me permite explicarle a un forastero cómo somos en Galicia, cómo sentimos y cómo lo celebramos todos con la comida: la alegría y la tristeza, aunque entonces ya no se cante. Explico mejor Galicia gracias a un aragonés que es más frontal y directo y a veces no nos entiende”.

Quizá, en la nueva novela, que presentaba en la librería Cálamo el 21 de marzo, Estévez esté algo más apagado en humor e ironía. “Yo no diría eso -tercia el escritor-. Suceden dos cosas: está un poco asustado porque va a ser padre con su novia y, además, le duele mucho la espalda, y en esas condiciones no es fácil ser gracioso o irónico. Pero yo creo que es un tipo especial, un grandullón compasivo e inteligente. De una gran humanidad. En el fondo, es como un protector de Leo Caldas que ahora necesita ser protegido”.

‘El último barco’ se ha dilatado en el tiempo. Diez años.  “Lo sé. Creo que en 2013 arrojé a la basura, literalmente, la novela. Tenía 400 páginas. Sufrí una doble crisis: por una parte, me parecía que le faltaba emoción, y no quería entregar algo que me conmoviese a mí en primer lugar, y se había muerto mi padre. Todo aquello me trastornó. Volví a empezar, me quedé con algunas páginas, apuntes y detalles, y creo que ahora he hecho el libro que quería”, explica el escritor gallego, que reside en Madrid. El padre del protagonista Leo Caldas, bodeguero, anda siempre por ahí, y el inspector siempre está preocupado por él.

Más que una novela policiaca o negra al uso, Domingo Villar dice que ha “escrito una novela costumbrista de personajes”. Añade: “Yo me reconozco en Manuel Vázquez Montalbán, que da una visión maravillosa de la Transición; en Andrea Camilleri, que cuenta la vida y los secretos de Sicilia. Galicia lo es todo para mí, aunque vivo en Madrid desde 1989. Ahí tengo un lugar ideal para situar mis ficciones, en Vigo, Cangas, Moaña, Tirán: hay puerto de mar, que es el lugar por donde entran y salen tantas mercancías y se dan tantas aventuras, tengo un mar misterioso a veces, encrespado otros, playas multitudinarias y playas solitarias, casi secretas, pero también hay montañas, un paisaje de gran belleza. En ese sentido, me siento privilegiado”. Quizá en esta novela, además de Vázquez Montalbán y Camilleri, se perciben los métodos deductivos de Georges Simenon, esa caligrafía despaciosa de la investigación.

“La novela funciona como a oleadas: hay olas tranquilas y hay olas más furiosas. El ritmo es importante. Escribo simultáneamente en gallego y castellano, sin que haya propiamente una lengua de fondo. En ‘El último barco’ se perciben como dos partes, entrelazadas: una de capítulos más descriptivos, vinculados al paisaje, a la belleza de Galicia, a la evocación del mar, sin olvidarme jamás de la acción; y otra parte donde fluyen los diálogos de la investigación, las preguntas. Esta parte la suelo escribir en castellano, llevo años fuera de Galicia y me sale mejor. Es fundamental oír la lengua cada día. Y la parte más afectiva e íntima la redacto en gallego. Sigo con el libro en función de donde haya dejado la acción el día anterior”. Otra estética: dice que no quiere abrumar al lector, que le deja que piense y que penetre los sueños poco a poco en la cabeza del lector.

‘El último barco’ cuenta el tumulto que se crea cuando el doctor Andrade, padre de Mónica Andrade, la ceramista y profesora de cerámica, pide ayuda porque ella no fue a comer el domingo y no ha dejado mensaje ni coge el teléfono. A partir de ahí entran en acción Leo Caldas y Rafa Estévez, y con ellos otros muchos personajes: sus compañeros de investigación o vinculados con la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, donde conviven la cerámica y la fabricación de instrumentos musicales.

Revela Domingo Villar: “Entre los personajes de ficción he usado a dos verdaderos: Rasal y Miguel Vázquez. “Les advertí que, en la ficción, podían estar implicados en un crimen. No les ha importado. Al contrario. Uno de ellos, durante muchos tramos de la novela, es el principal sospechoso de un crimen. Son los primeros en mandarme todos los recortes, opiniones y entrevistas. Están muy felices de ser criaturas de ficción”. Dice que el libro también defiende la necesidad del sosiego, de la placidez. “La lentitud es necesaria para todo en esta vida enloquecida: para soñar, para hacer violas, para investigar o para que un escritor escriba su novela”.

Domingo Villar desliza una última confesión: “Mónica Andrade tarda en aparecer, en caso de que aparezca, claro. Y me gusta que durante muchas páginas, tantos personajes, con sus recuerdos e impresiones, con sus retratos, acaben creando un personaje singular, inquietante, complejo. Creo que, de algún modo, tenía en la cabeza a la Rebeca de Daphne du Maurier”.

Entre los personajes secundarios, con sus enigmas a cuestas, hay un mendigo, “o esmoleiro”, que se llama Napoleón y habla en latín; un fotógrafo enamorado que retrata aves y animales del mar y un dibujante, naturalista, que retrató a Mónica Andrade y firma sus obras con una espiral.

 

12/04/2019 10:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO ITURBE ESCRIBE DE 'MUJERES SOÑADAS' EN 'LIBRÚJULA'

http://www.librujula.com/actualidad/2396-del-amor-nunca-se-sabe-nada

Antonio Iturbe escribe en 'Librújula' de nuestro libro 'Mujeres soñadas' (Aladrada), 28 fotos de Rafael Navarro y 28 textos de Antón Castro.

Texto: Antonio Iturbe

Se reúnen en este libro de edición magnífica y elegante las fotografías de Rafael Navarro acompañadas de textos de Antón Castro inspirados por las imágenes. Castro es sobre todo poeta, también periodista cultural de larguísimo recorrido, escritor de lo que haga falta, ciclista de fin de semana y admirador de todas las bellas artes. Un Antón Castro que en estas páginas entra en estado de trance al contemplar las mujeres esquivas y sensuales que capta la mirada de Navarro. Dice en el prólogo Fernando Sanmartín que Castro “sin sus pasiones renunciaría a la vida”. Y las mujeres le gustan más que el jamón. Y habla de ellas con la admiración, el respeto y la entrega con que los mortales miran a las diosas.

En Mujeres soñadas se habla mucho de amor: “del amor nunca se sabe nada aunque creamos saberlo todo”. Y, sobre todo, del enamoramiento, de ese estado de trastorno que se puede producir de un instante a otro, de un incendio descomunal que arranca con la chispa de una sola mirada.
Las mujeres de este libro de relatos, tanto en las fotos en blanco y negro de Navarro como en los fogonazos de Antón castro, tienen la volubilidad de los fantasmas pero su suave carnalidad empapa las páginas, como esa Irene que paseaba bajo la lluvia de la alameda. En más de una ocasión siente uno la irrefrenable pulsión de ir a Google a comprobar si son reales o imaginarias porque todas ellas, incluso en su textura escurridiza de amores que se escurren entre los dedos, resultan vivamente veraces, como esa pianista Olimpia Olvés que tiene ademán de bailarina y que lo hipnotiza en el patio de butacas en cada concierto. O Clara, la librera de El Relato Perpetuo. Tal vez sean mujeres verdaderas con los nombres cambiados, o personajes inspirados en personas reales o simplemente sean ficciones verdaderas surgidas de la sensibilidad de Antón castro, que sueña con los ojos abiertos. No importa. Estos relatos tienen su propia verdad interna, su propio contagio de emociones que se nos cuela dentro.

portada mujeres soñadas 1Viajamos en busca de Gloria Petriz, ese eterno amor de adolescencia cuyo rescoldo nunca se apaga. Son mujeres soñadas como esa legendaria Clara Setién que recoge conchas, agua de mar y arena en la playa del Sardinero de la que le había hablado un periodista santanderino con la cabeza llena de corcheas y que creyó entrever una mañana mientras nadaba. Viajamos al pequeño pueblo aragonés de La Muela para una sesión de fotos que resulta más ardiente de lo esperado, a pequeñas localidades alrededor de Zaragoza como la Almunia de doña Godina o Mezalocha, pero también a Oropesa, el Matarraña, La Coruña… Es un libro de lugares mentales y de enamoramientos que se evaporaron. Un libro sobre mujeres pero donde también hay hombres hermosos que admira, como el fotógrafo Alberto García-Alix, Rafael Navarro que presidió la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, el campeón de motociclismos que murió demasiado pronto Víctor Palomo, el pintor Ignacio Mayayo, el actor Cherma Mazo, el artista Pedro Avellaned o el imprevisible Fernando Arrabal. Y junto al licor de la poesía también está esa sorna galaico-aragonés de Castro, que se filtra en las páginas, como ese canalla seductor llamado Sandro Laporta que igualo ve uno ya visiones pero es un nombre compuesto por dos ex presidentes del Barça que no acabaron bien. Seduce y engaña este Sandro Laporta a Selva Langa, que tiene nombre de heroína de cómic y recita poemas eróticos de Gioconda Belli. Un libro para mirar, para leer y para dejarse llevar.

 

11/04/2019 19:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS RUBIO ABORDA VERUELA A LA MANERA DE MARCEL SCHWOB

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Jesús Rubio, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, es muchas cosas: especialista en epistolarios, en Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ricardo Baroja, Antonio Machado y, sobre todo, Gustavo Adolfo Bécquer y sufamilia. Es juguetón, con cara de pocos amigos, burlador e irónico, y lo practica casi todo: el ensayo, el cuento, el poema, los géneros periféricos (el aforismo o el microcuento). Ahora acaba de publicar 'Vidas reales e imaginarias en el Monasterio de Veruela' (Los Libros del Gato Negro), que acaba de presentar en Zaragoza.

En esta entrevista en Heraldo.es avanza sus claves. 

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/10/jesjus-rubio-al-monje-jeronimo-tris-lo-mataron-a-palos-en-el-moncayo-1308402.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1SvbFoaJFvrtWDdTvcoI8wezHJJc7Bm31Cv2JW365D-tTBVeOm8Ae5h9Q

11/04/2019 18:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON PATRICIA ESTEBAN EN TORNO A 'FONDO DE ARMARIO'

Patricia Esteban Erlés: “La columna es un micrófono”.

 

[La escritora, autora de 'las madres negras', publica una selección de sus columnas quincenales de 'Heraldo de Aragón', de la sección 'Las naturales', que alterna con Aloma Rodríguez: 'Fondo de armario'. El libro lo ha publicado el sello Contraseña y se presentó en pasado martes en el Teatro Principal de Zaragoza.

 

-¿Qué pensaste cuando Picos Laguna te invitó a colaborar?

Me halagó mucho que quisiera contar conmigo, que hubiera pensado en mí para esa cita quincenal que es Las naturales, una columna que aparece en el periódico los domingos, un día que yo misma reservo para el café infinito y la lectura de la prensa. Me hizo mucha ilusión pensar que muchos aragoneses se encontrarían con mis textos ese domingo en que me toca publicar. Al mismo tiempo pensé en la responsabilidad que entraña opinar, mostrarte al hablar de un tema concreto. Procuro dialogar mucho conmigo misma antes de plasmar esa toma de postura por escrito, darle solvencia desde el punto de vista estético y desde luego procurando huir de obviedades si atendemos al contenido. 

 

¿Como entiendes la columna? ¿Qué exigencias, posibilidad y secretos tiene para ti?

 

La columna es un micrófono. Un espacio que suena, que graba mis pensamientos. Creo que es una suerte disponer de ese lugar, de ese foro en el que puedo ordenarme por escrito, recoger quién soy, cómo afronto la relación con el mundo que me rodea, un mundo complejo, que me fascina y me horroriza. Puedo refugiarme en mi columna y contarlo, sin la necesidad de mantener la objetividad de la noticia, manifestando mi emoción cuando hablo de un gesto noble, mi espanto ante el triunfo frecuente del mal. La columna está ahí, puedo ser yo en ella y consuela saber que en muchas ocasiones hay lectores que se ponen de tu lado, que se emocionan o indignan casi a coro contigo. 

 

 

¿Tienes una poética, una idea de la columna?

Admiro mucho a Capote, que inoculó el lenguaje literario en el periodismo y que, desgraciadamente, encontró la idea de lo que debe ser una columna antes que yo. Cito sus palabras: me gustaría que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía. Casi nada. Defiendo como él que cada autor, cada autora, es su estilo. No renuncio a él, a ese ropaje que me define cuando escribo, ni en mis cuentos, ni en la novela, ni en mis columnas. 



¿Se parece en algo a un microrrelato, del que eres una consumada maestra?

 

Para mí desde luego que sí. Concibo mis textos literarios breves y mis columnas como un desafío, como el reto que supone luchar contra el espacio que ambos pueden ocupar.  No puedo escribir un microcuento de tres páginas ni una columna que exceda los 1750 caracteres. Esa limitación tan prosaica, sin embargo, conlleva un beneficio. He aprendido a entrenarme en la búsqueda de estructuras, en el recorte de lo innecesario. Me esfuerzo por analizar los matices que debe poseer un adjetivo antes de colocarlo. Busco la eficacia lingüística y estética obsesivamente. Quiero golpear al lector y que se acaricie la mejilla dañada pensando en lo bonita que ha quedado esa herida.

Además, el concepto de tensión es fundamental en estas dos tipologías. Yo imagino cada texto como un goma negra muy  tensa, de la que alguien tira a ambos lados. Si se suelta por una de las dos partes el texto pierde interés, ritmo. Hay que lograr  que los recupere. 

 

¿La periodicidad quincenal, te da más tiempo o no para trabajarla?

A veces viene bien, otras lo que ocurre es que una noticia que te interesaba, que hubieras elegido como tema para la columna, queda ya lejos para la memoria del lector y hay otras más recientes llamando a la puerta. Procuro ceñirme a cuestiones de estricta actualidad, de ahí que en ocasiones apure hasta los últimos segundoa antes de mandarle a la sufrida Picos el texto. Cuando nada de lo que ocurre me resulta lo suficientemente interesante pienso en mí, en lo que leo, en las series que veo, en mi trabajo como profesora, en canciones o personajes que encierran un significado especial. Son mis homenajes, textos con nombre propio que disfruto mucho escribiendo.  

 

¿Cuál sería el vínculo de tus textos con la actualidad?

 

En determinados temas muy evidente. Me manifiesto sin ambages ante cuestiones como el feminismo, la defensa de los animales, apuesto  por un gobierno que defienda la educación y la sanidad pública... Suelo ceñirme a ejemplos concretos relacionados con estos  temas, nombro a sus protagonistas para que nadie los confunda con una fría cifra estadística, para que cuando se cite la violencia de género, por ejemplo, pensemos en Nagore, que era una chica joven que estaba cumpliendo su sueño de convertirse en enfermera cuando se cruzó en el camino de su agresor, un médico que ha vuelto a ejercer su profesión al salir de  la cárcel. Quiero traer de vuelta a la víctima, que pensemos en ella como en nuestra hermana, en nuestra hija, para que sea imposible reaccionar tibiamente ante la crudeza del caso. A Nagore la recuerdan los suyos como una herida abierta. El olvido no debería cerrar esa herida. 

 

 

¿Tienes columnistas mujeres de referencia?

Sí. Admiro a Leila Guerriero, a Marta Sanz, a Cristina Grande, a Irene Vallejo, entre otras. Me gusta leerlas porque son ellas en sus columnas y no se esconden ni asumen máscaras. Hablan de lo que quieren como quieren, convirtiendo sus textos en auténticos ejercicios literarios, en textos muy libres de ataduras, originales, llenos de reflexiones sobre la memoria personal. 

 

¿Cómo defines tu ‘fondo de armario’? ¿Cómo es?

 

Es un libro lleno de amor por las palabras. El lenguaje es un arma, como puede serlo la ropa. Elegimos prendas que nos protejan de la desnudez, que abriguen cuando sopla el maldito cierzo, que aligeren el bochorno del verano.  El armario nació como mueble en el que se guardaban las armas y creo que ha mantenido ese papel. Las palabras son también cálidas o refrescantes, podemos mostrarnos ante el mundo con ellas. Yo compro con frecuencia prendas de un verdeconcreto  del mismo modo que retorno a ciertos temas, los transito a menudo, bien porque me preocupan especialmente, bien porque simplemente disfruto hablando de ellos. 

 

¿En qué medida sería un autorretrato: ahí se ve tu feminismo, combativo, tu coraje, tu sentido del desafío?

Lo es, sin duda, pero no es un selfie complaciente, no es la foto en la que me obligo a sonreír para la posteridad. Hay fondos, paisajes contra los que no me sale mostrar alegría. No quiero autorretratarme impasible mientras hablo de mujeres asesinadas por sus parejas, silenciadas por la Historia. No me apetece fingir que todo va bien cuando en nuestro país sigue ahorcándose a los galgos de un árbol cuando termina la temporada de caza como si fuera un gesto rutinario, inocuo, que nos habla de una maldad enquistada, de una violencia admitida. No quiero que mi autorretrato se quede al margen de ese mundo que hacemos detestable tan a menudo. En esas fotos que son mis columnas no escondo las emociones que siento al hablar de la injusticia, de la crueldad, de la indiferencia, que es una forma secreta de sadismo. 

 

¿Eres más rebelde en las columnas que en los libros?

No lo creo. Debo ir más al grano, limitar el alcance metafórico que en textos más largos sí me permito sin trabas. Soy rebelde porque creo que debemos aceptar el mal como componente básico del ser humano, ese lado oscuro está, claro que sí, pero debe combatirse denunciándolo, atajándolo, reduciéndolo a su mínima expresión. Si admitimos que se materialice y extienda su poder, si no se actúa de forma personal y social contra él, estaremos perdidos. 

Y también estás tú, claro: la novelista, cuentista y lectora, la apasionada del cine. ¿De qué modo dirías tú?

Todo lo que soy aparece en las columnas porque el arte me ha enseñado que la belleza está en el mundo y disfrutarle  es una buena razón para seguir viva. La literatura y el cine, también la fotografía, aparecen en muchos de mis textos como sustancia vital. No son aficiones: son argumentos irrefutables. Mientras un párrafo de una novela se quede con nosotros, mientras la escena de una película nos cuente quiénes somos, mientras necesitemos escuchar una canción para sentirnos a salvo, habrá esperanza. 

 

-¿Qué cosas especiales te han pasado con tus columnas, te escriben mucho, te aplauden, se quejan?

Muchas agradables. Personas que no conozco me saludan en una tienda, me dicen que hace años que me siguen. Compañeros docentes han convertido mis textos en objeto de comentario de temas candentes en sus aulas.  Una anciana dama me dijo el otro día, al final de una presentación, que aplaude a veces y se ríe mucho con mis ocurrencias, que soy muy tremenda. 

 

¿Cuál es tu columna favorita o tus favoritas?

 

Me gusta mucho la que dediqué a Marilyn Monroe, una breve semblanza biográfica donde intenté contar la ternura que siempre me ha producido una mujer tan despampanante y frágil como ella, la protagonista de una novela muy triste, en realidad. 

 

 

10/04/2019 19:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIANO GISTAÍN: PURO TALENTO

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Mariano Gistaín publica su novela más ambiciosa y la presenta mañana 29 de marzo en Huesca, en el Palacio de Villahermosa de Ibercaja

Retrato de un visionario con avatar

 

[Se busca persona feliz que quiera morir. Mariano Gistaín. .Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 255 páginas.]

Mariano Gistaín (Barbastro, 1958) ha vuelto a la ficción en solitario, a su modo, con un personaje errático, desdibujado por la nada, de 44 años y orillado por el amor y el sexo, que decide casi por accidente, o seducido por la publicidad, someterse a la criogénesis, algo que no es una invención.

Mariano Gistaín, que siempre va por delante y tiene la facultad de anticipar el futuro tecnológico, y quizá empresarial (sería el mejor asesor en materia de nuevas tecnologías y periodismo, pero nadie lo ha puesto a pensar en libertad porque es demasiado independiente), constató ya en 2016 que ese sector dedicado a la congelación de cuerpos era un sector emergente e incluso, y no es ciencia ficción o surrealismo, contaban con una web con diferentes ofertas.

El experimento al que se somete el personaje innominado del libro –acuciado por las urgencias o escalofríos de su «yo digital»– le va a llevando hacia diversas mujeres y pruebas. Él no solo es un solitario, sino también alguien atraído por asuntos muy frecuentes en la Zaragoza en que vive: «Inteligencia artificial, drones, impresión 3D, coches eléctricos, hidrógeno, física cuántica, huertos ecológicos verticales, empatía, lanzaderas para emprendedores, consejos y mentorizaciones, energías limpias, aceleradoras de ‘startups’, inversores…». Este es su mundo.

Su curiosidad es mayor que su escepticismo y subraya: «He acabado por creer todos esos preceptos que forman el espíritu –o la materia– de mi tiempo». Su curiosidad también es superior a su escepticismo: «Confieso que las decisiones, en un 99% de los casos, las toma la vida por mí: el Banco Mundial, la empresa, la familia, la tradición, la moda, la publicidad, Hacienda, el navegador del móvil…»

A este sujeto lo citan en un lugar de la calle Bolonia, el Contenedor Creativo, que está dividido en varios contenedores de barco, donde en teoría le harían la criogenización. Así arranca la novela, y podría decirse que el método o la estrategia es genuinamente «made in Gistaín», pero a partir de ahí empieza una suerte de travesía, aventuras y quizá de zozobras, de este ser que va conociendo muchos cosas: la humillación, la esperanza, el desconcierto, la persecución de Hacienda y el amor. La novela mezcla esos diálogos delirantes, hilvanados con constantes hallazgos y juegos de palabras, con una ternura, sentimental, salvaje y secreta.

El personaje descubre que la empresa, que no tardará en contar con socios mexicanos, ha estado haciendo pruebas con gatitos o con un grupo de pobrones. El protagonista se enfrentará a un sinfín de incidencias. Las mujeres serán quienes le llevarán de prueba en prueba: primero Irene, luego Rossi, más tarde Claudia, o Linda, y Edita, y en las fases de la criopreservación, el primer paso para hacia la inmortalización, la novela se empieza a llenar de tramas y subtramas que avanzan como la sinapsis de Cajal. Aquí todo mancha: hasta la soledad del pensamiento. Aparece una secta de escritores negros y un cuento más o menos enigmático de apenas tres folios que perturba las conciencias y los destinos, y el autor crea una especie de laberinto policiaco y científico donde es tan importante un detective que se llama Luciano Gracia, con un hombre vinculado con la base aérea norteamericana, Santos Palacián, como los cuentos de Jorge Luis Borges o ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

Identidad y frío

Mariano Gistaín mezcla muchos registros. Uno de sus temas es, siempre, la identidad. Se plantea la dimensión metafísica y existencialista del sujeto, y reflexiona sobre ello una y otra vez, casi a la manera de Javier Tomeo: con un desvío hacia el absurdo y la anticipación. Es un escritor visionario, realista y fantástico. El protagonista es un sujeto a la deriva, a merced de los otros y de esos avatares interiores que lo convierten en una piltrafa (o ya lo era), magullado en un universo ‘matrix’. Es también un libro de afectos, de paisajes, de humor e ingenio permanentes, y un relato de la vanguardia tecnológica, de los avances científicos, y un prodigio de talento y plasticidad.

Mariano Gistaín y sus editores acuñan un término feliz: «Cibercostumbrismo». El estilo mezcla brillantez, erotismo, ironía y lirismo, y deslumbra por su arsenal de recursos y de talento. Nadie escribe en España como Mariano Gistaín. Lean: «Paseamos con Irene. Nos acariciamos despacio, casi sin pulso, como si fuéramos de cristal. Nos vamos excitando lentamente mientras baja el sol por las colinas del fondo y reverbera en los depósitos cromados de las granjas de cerdos que ocupan todos los horizontes. El olor a purines se clava en el cerebro. Te acostumbras y al final ni lo notas, dice Irene, pasando a la fase B, que todavía es preliminar, pero avanzada. Un tractor enorme curva la tarde».

Antón Castro

 

*Este texto aparecía hoy en ’Artes & Letras’ de HERALDO.

CHESÚS BERNAL: RETRATO DE UN HUMANISTA

Chesús, el intelectual, el filólogo, el escritor

 

 

El político escribió del occitano, de Braulio Foz y Buñuel, hizo enrevistas y firmó un ‘Dicconario aragonés’

 

Chesús Bernal (1960-2019) pertenecía no solo a la Chunta, fue una de sus figuras más emblemáticas, pura pasión y resplandor, sino que también fue un activo constante del Rolde de Estudios Aragoneses y del Consello d’a Fabla Aragonesa. Muchos de sus amigos coinciden en su condición de intelectual: poseía una sólida formación que le llevaba hacia la literatura española y francesa, hacia el aragonés y la literatura aragonesa. Era amigo de muchos escritores de antaño y de hogaño, y a lo largo del tiempo mostró su interes por Joaquín Costa y Braulio Foz. Ya en Rolde, en 1981, publicó el artículo ‘La vida de Pedro Saputo’, y al año siguiente aparecía ‘El araragonés residual de Valtorres’, la localdad de la comarca de Calatayud donde había nacido. O más tarde, aludía a la normalización gráfica del occitano.

Se doctoró con un trabajo sobre el occitano. José Domingo Dueñas recuerda que alguna vez “Chesús decía que le estaba costando hacer la tesis, pero al final la leyó. Siempre le atrajo Francia. No llegó a publicar un libro de la tesis al completo, pero sí publicó varios artículos sueltos”. En ‘Rolde’, en los primeros ños 80, redactó un artículo sobre la normalización gráfica del occitano, tal como recuerda Carlos Serrano, secretario y coordinador de la revista. Antes de que la política le devorase, y el sueño de ocupar espacio en las Cortes de Aragón, donde ofreció siempre lecciones de dialéctica, de preparación política y de pasión por los otros, “con más vehemencia que radicalidad”, hizo diversas colaboraciones en torno a la literatura, la filosofía y la lengua. Con José Luis Melero firmó entrevista José Antonio Labordeta, José Bada o el grupo de pop Alta Sociedad, en el que participaba entonces el escritor Javier Sebastián. En los años 80 escribió sobre el Estatuto de Autonomía y la situacion histórica y contemporánea de Aragón, y firmó algunas introducciones o presentaciones de artículos de Agustín Sánchez Vidal sobre Luis Buñuel.

Carlos Serrano en el número 15 de ‘Rolde’, en el que publica un poema en aragonés, ‘Cutiana ibernada’, con poemas de Ignacio Martínez de Pisón y de José Ignacio de Diego. Chesús decía que se poema estaba trducico del libro desconocido ‘Tiempo de anaya’.

A finales de los años 90, un soplo de Cruz Barrio, la bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona, le hizo saber, a él y a Francho Nagore Laín, de la existencia de un diccionario apócrifo de voces aragoneses. Lograron adquirirlo, intentaron serguir la pista de su recopilaldor anónimo; hallaron una palabra, ‘Petarruego’ (que quiere decir ‘explosión roja’ y que alude a una estrella de la constelación de Orión’, que daría nombre a una colección de Rolde donde se publicará el ‘Diccionario aragonés’, en 1999, con introducción y notas. Carlos Serrano, coordinador de ‘Rolde’, dice: “Veinte años después, hace muy pocos días, en el Paraninfo se presentó en ‘Diccionario de voces aragoneses’ de Josefa Massanés Masnou y se recordó aquel trabajo de Chesús y Francho. En este momento, los dos estaban trabajando en la edición de ‘Razón feita d’amor’ y Chesús estaba muy ilusionado en ese nuevo proyecto”.

Razón feita d’amor’, o ‘Razón de amor’, es uno de los poemás más antiguos de lírica de la Península, hecha la salvedad de las jarchas y las cantigas galaico-portuguesas de amigo, de amor y de escarnio y maldecir. El texto, que se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de París, posee numerosas pala bras aragoneses. Lo firma el aragonés Lope de Moros, Moros es una localidad próxima a Valtorres, y si no se sabe con certeza si el creador o un mero copista. Este poema juglaresco tiene 264 versos.

Chesús Bernal ha sido siempre un gran lector. “Siempre me ha gustado leer mucho, rápido y variado. Me encanta leer cuatro o cinco libros a la vez. Ahora, con tanta trabajo, me es más difícil gozar con la lectura”. Pisón, Miguel Mena, Cristina Grande, Ismael Grasa, Julio Llamazares, su amigo del alma José Luis Melero, Javier Tomeo, José Antonio y Miguel Labordeta y Emilio Gastón, entre otros, fueron algunas de sus debilidades. Mimaba su biblioteca y se sentía muy orgulloso de ella. En otra dirección, otra de sus pasiones era el arte aragonés. Le encantaba mostrar los papeles, los óleos, los grabados que había ido atesorando a lo largo de los años: era una forma de sumarse al cab allo de la historia, de la memoria viva y la sensibilidad creadora de Aragón.

 

POEMAS DE RADA PANCHOVSKA

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RADA PANCHOVSKA

[Búlgara, nacida el 16 de agosto de 1949, es poeta, editora y traductora de poetas aragoneses, españoles y latinoamericanos. Ha estado muy vinculada a la Casa del Traductor de Tarazona, al que suele venir una o dos veces cada años. Por cortesía suya, ofrezco aquí una selección de sus poemas, traducidos al castellano por ella.]

 

 

 

 

DESDE EL BALCÓN

 

                Cuando se nubla la vista

                todo se ve definitivamente claro.

                                               Ángel Guinda

 

En la tienda china de una pequeña

ciudad, abrigada en las faldas pirenaicas,

una mujer árabe velada hasta los talones,

compró para sí misma un teléfono móvil,

con una alegría no disimulada escuchó hasta el fin

las instrucciones de la vendedora

en el idioma extranjero común para ambas,

y lo sujetó bajo el velo/la almalafa al lado de su oreja.

 

Una estudiante ha sido arrastrada en la Tele

lejos de las urnas de un voto no reconocido,

una mujer de edad gritaba en arrebato/abnegación

en medio de la avenida apoderada de trance.

La vecina de enfrente, su cabeza cubierta de un pañuelo,

con dos niñas, todo el tiempo/siempre lava, tiende la ropa,

parece que es feliz a su manera,

no protesta y saluda sonrientemente/alegremente.

 

Una chica y un chico llegaron en taxi

a la estación de autobuses. Mientras pagaba

la chica, el chico encendía un cigarrillo

y después ella corrió para los billetes.

Así es, cada cosa con su tiempo,

los tiempos también cambian.

¡Y en medianoche pasó bajo el balcón

un joven, llevando bajo el brazo un libro!

 

SOLO

 

                Bien lo sé, es mi destino: urdir fantasmas,

                temblorosos perfiles, formas huecas,

                curiosos arabescos que aquí dejo

                sorprendidos, clavados en la hoja.

                Y también estar solo. Estar muy solo.

                                                               Víctor Botas

 

No toda la sinceridad es justa.

Sin un poquitín de mofa se vive difícilmente.

El poeta a menudo se burla del destino

y la soledad se vuelve un iceberg de sueños.

 

Ser solo se sobreentiende por principio.

Solo con todos, simplemente superpoblado.

No sólo le son cercanos, sino son una parte de él.

porque él es el/un ciudadano de toda la tierra.

 

No le es apretada la soledad, le es a medida.

Esclavo de la hoja, él salva del olvido

lo dejado por atrás y lo venidero, pequeño y grande.

Y paga sin cicatear con la vida suya.

 

 

 

RADA PANCHOVSKA - poemas del libro Elegías cósmicas (2018)

 

 

 

 

TODAVÍA

 

Los problemas planetarios están a punto de reemplazar los sociales.

La humanidad se esquiva avergonzadamente de su pasado,

la Tierra madrecita se convierte en una madrastra.

El campo de tiro cósmico que habitamos en el cosmos

impasible, resquebraja la cascara de la civilización,

la cuenta atrás ha empezado. Para un despegue o para un acabamiento,

dime tú, todavía depende todo de cada uno.

 

 

 

 

SOBREVIVENCIA

 

Mientras las capas de hielo del planeta se desploman,

los desiertos avanzan, las fábricas vomitan un humo

del que el aire se asfixia,

 

mientras de los bosques han quedado unos paisajes,

los bienes naturales se hunden más abajo,

las plantas y los animales pierden posibilidades,

 

mientras el harto no cree al hambriento / en tiempos de higos no hay amigos,

los ricos desprecian los pobres o viceversa,

mientras unos pocos lo apilan todo, miles de millones amontonan hijos,

 

el planeta está en sus postrimerías.

 

Estalla en volcanes dormitados,

dibuja flores glaciales sobre los cristales,

 

¿será que ha llegado el tiempo de volvernos a las cavernas

o como los vagamundos cósmicos

fijarnos la mirada en el confín celeste?

 

 

 

 

EL LLAMAMIENTO

 

 

 

¡Oigan!, los políticos,

¡no me toquen el clima!

Es vuestro asunto con su país

que vais a hacer,

pero mientras estáis en este planeta,

habrá que tenérselo en cuenta.

 

Es que La Tierra no es ni nuestra madre, ni madrastra,

y no somos nosotros su preocupación, sino ella a nosotros.

 

Diremos simplemente que ella es un hogar

acogedor por ahora, para todos.

Y nosotros somos unos inquilinos ilimitados

por herencia.

 

Puesto que no habrá quien nos pida cuentas a nosotros,

es preciso firmar un contrato

con nosotros mismos, para seguir viviendo aquí.

Ya que allí de dónde sea que hemos venido,

no podremos volver

algún día.

 

 

 

 

'EL SUEÑO DE LA RAZÓN' DE BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

Las ‘Pinturas Negras’ de Goya son el mejor infierno para activar una mente criminal”



Berna Gonzáles Harbour publica ‘El sueño de la razón’ (Destino), una novela negra sobre el pintor aragonés





Berna González Harbour (Santander, 1965) es una de las damas del crimen en España. Alterna el periodismo en prensa, radio y televisión con la novela negra. Hoy presenta en el Museo del Prado ‘El sueño de la razón’, una novela inquietante de varios delitos que siguen un ritual vinculado a los dibujos y pintura de Francisco de Goya. Uno de los primeros crímenes es el de unos pavos; otro el de un perro semihundido, y otro, el que activa la imaginación de la comisaria María Ruiz -que acaba de volver de Soria, donde ha estado castigada-, es la muerte de un joven: una becaria, Sara Muñoz, Saramú, nacida en Zaragoza y obsesionada con la obra de Goya, tanto que lleva escritos sus lemas o textos en su piel: ‘Volaverunt’, ‘El sueño de la razón produce monstruos’... “’El sueño de la razón’ es una novela dedicada a Goya y recorrida por montones de detalles, algunos más visibles y otros menos, conectados con Goya. Que la becaria sea zaragozana es uno. Goya vino a Madrid y arrancó con pasión y dificultad, como ella”, explica Berna González Harbour.

La novela, en el fondo, es como un laberinto. O una sucesión de laberintos: los personajes recorren casas de okupas como La Dragona, pero también los subterráneos y las alcantarillas de Madrid, y a la vez hay un rastro, nada inocente, de la obra de Goya, desde los cuadros de ‘La pradera de San Isidro’ (1788) y ‘La romería de San Isidro’ (1820-1823) hasta el dibujo ‘¿Por liberal?’ (1810-1881). “Goya para mí es España, el genio que mejor representa lo que podemos ser o frustrar, lo que podemos brillar o ennegrecer, amar u odiar, manchar o admirar. En su obra y en su vida están todas las contradicciones que hoy también han aflorado y estallado en nuestro país”.

Hay novelas de trasfondo goyesco e incluso biografías novelas de la vida del pintor de Fuendetodos, pero nunca se había visto tan claro que su producción pudiese albergar un código secreto para los malvados o los asesinos en serie. Añade la escritora cántabra y subdirectora del diario ‘El País’: “Escribir es crear a partir de la realidad, a partir de deformar los contrastes. Y mi estado de ánimo, el estado de ánimo de mi novela, de mi comisaria María Ruiz y de este país creo que sufre precisamente la distancia entre esos contrastes que Goya nos enseñó. Goya es el mejor telón de fondo posible para una novela negra, la mejor inspiración. Goya es España hoy, no sé cómo no había ocurrido antes. Y las ‘Pinturas Negras’, el mejor infierno para desarrollar o activar una mente criminal”.

Al fin y al cabo, a Goya también le inspiraron el mal y los malvados. Así lo explica la autora: “Son el mal y los malvados de ese tiempo los que precisamente le inspiraron a él a viajar desde las bellas pinturas que hizo para los tapices en sus primeros tiempos hasta las ‘Pinturas Negras’. A lo largo de ese tiempo, cada vez más, fue reflejando los ‘Desastres’, el canibalismo, la muerte, el abuso, el desprecio, la ignorancia”. La novela no es ajena a los ecos de la Inquisición “porque él mismo la sufrió por su ‘Maja desnuda’, porque fue víctima de lo que él y otros de su época intentaban evitar, el oscurantismo, el absolutismo de nuevo”.

En la novela hay muchas más cosas: una fauna de desclasados que la crisis ha descocolado, entre ellos Eloy, que parece un ángel adolescente y enigmático en medio de la inmundicia, y Yago, “un hombre que se obsesiona con el arte hasta el punto de que quiere participar de él a través de la destrucción y no de la creación”. También se habla del impacto de las nuevas tecnologías y del ambiente universitario: “Me interesa el ambiente cainita que se respira a veces en la universidad, la endogamia, la falta de meritocracia. El profesor Salas, experto en Goya, nace de ahí, de intentar plasmar la arbitrariedad en la contratación de una becaria de la que se ha enamorado”.



 

ENTREVISTA CON RAY LORIGA

Ray Loriga (Madrid, 1967) tiene vínculos casi secretos con Aragón. Revela, por ejemplo, que su abuela Concepción Echevarría era de Jaca y que se exilió en Venezuela. En ese país, tan convulso ahora, vivió también su madre, entre los 10 y los 23 años. Como nada es inocente, esos detalles familiares van y vienen en su novela ‘Sábado, domingo’ (Alfaguara), que presentó ayer en Cálamo.

¿Qué recuerdos tiene de su abuela?

Muchos. Pasábamos algunos veranos en Jaca, en casa de algunos familiares. Íbamos al huerto a coger cebolletas y otras hortalizas. Nuestra abuela nos llevaba a mis hermanos y a mí a comprar pasteles típicos de allí. Era una merienda deliciosa. También cosas de sus años en Venezuela.

Que aparece y reaparece en su novela.

Bueno. Hay cosas que están basadas en mi vida y en relatos de mi familia. Muchas cosas que son inventadas: un narrador no puede dejar huérfanos a los personajes y les inventa vidas, hechos, memoria.

Fernanda, una de las mujeres del libro, capital en un miserio del pasado, nació en Venezuela. ¿Hay algún Federico, nombre del protagonista, en su existencia?

No, no. Soy muy amigo de las tres hijas de Francisco García Lorca, Laura, Gloria e Isabel, y he querido hacerle un guiño y recordar a un poeta que siempre me ha emocionado. Por cierto, Federico, cuando era niño, me sonaba como un diminutivo. Lo que sí existió fue una prima que se llamaba Virginia.

-¿Se enamoraba usted de sus primas, como le sucede al protagonista?

-No, no. Estaba muy cómodo con ella, me gustaba su mundo, sus cosas, su sofisticación y su misterio. Más allá de que yo sea un heterosexual más o menos perfecto, me gustaban mucho las amigas de mis primas, su conversación y también sus tebeos. Las chicas leían ‘Judit’, llenas de amor y alegría, y nosotros leíamos a ‘Marvel’, relatos de héroes, peleas y aventuras, pero con poco amor.

-El Chino, el amigo de Federico, tiene algo de héroe turbio.

-Pertenece a ese grupo de gente que hacen las cosas y no piden permiso. Arrambla con todo, parece seguro de sí mismo y de su destino. Lo daba todo por hecho.

Me ha hecho pensar en usted en sus inicios: parco, no sé