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CARLOS SAURA HABLA DE 'AUSENCIAS'

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Carlos Saura novela su pasión

por la fotografía en ‘Ausencias’*

 

 

 

El artista y cineasta publica una novela donde juega con la imagen, la locura, el amor y el crimen

 

 

Carlos Saura es un anciano juvenil. Nacido en Huesca en 1932, solo le preocupa el futuro: es como si tuviera un cuaderno repleto de proyectos y viviera con la ansiedad y el afán de poder concluirlos. Huye del pasado y de la melancolía como de la peste. Es hiperactivo, soñador y quizá ensimismado. Cuando ve la edición impresa de novela ‘Ausencias’, publicada por el sello Laborinto (Madrid; 350 páginas), dice: “¡Anda! Si yo no había visto este libro. ¿Ya lo tiene?”. Lo acaricia y lo firma, pero con esa extraña sensación de quien se halla ante algo inesperado o raro.

“¿Lo ha comprado en una librería? Es el primer ejemplar que veo. Qué ilusión. ¿Sabe? De la novela, además de esta edición, se va a tirar otra, de 200 ejemplares numerados con mis 27 dibujos de las cámaras a gran formato”, avanza. ‘Ausencias’ es la novela de la fotografía del fotógrafo y coleccionista de cámaras e historiador de la fotografía que es el realizador oscense, que acaba de ser homenajeado en el Festival de Cine de Zaragoza. Lleva, en el inicio de cada capítulo, un pequeño dibujo de las cámaras: la Speed Graphic, que tanto usaron Diane Arbus y Weegee; la Ernemann Ermanox, capital en el libro, la favorita de Erich Salomon, muerto en un campo de concentración en Auschwitz; la Hasselblad, que emplearon muchos, y entre ellos Edward Weston, amante de Tina Modotti, de quien elogia un desnudo sobre la arena.

“‘Ausencias’ es una novela que escribí en 2002 y 2003, poco después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, que aparecen en el libro. La novela me ha acompañado estos años, la he cogido, la he dejado, entre película y película, y al final llegó al libro”, dice el cineasta, que siempre lleva una cámara al cuello. La novela, que presenta esas atmósferas oníricas propias de su cine, del tipo ‘Elisa, vida mía’ (película a la que alude el propio Saura), cuenta la historia de un abogado, Mario Romero, de poco más de 40 años, que tiene una enfermedad misteriosa y su psiquiatra le recomienda que ingrese en un residencia de reposo. Allí conocerá a varias mujeres y a otro personaje que es como su vigilante y su antagonista, Correveidile; vivirá diversas peripecias de amor, delirio y fantasía, y con una de las pacientes, Elena Arroyo (de la que se dice que ha cometido un crimen), inventará una ficción. Una novelita dentro de la novela, que no es un texto ingenuo o aleatorio; tiene mucho que ver con la propia historia de la residencia. Pero hay muchas más cosas: entre ellas, algunos crímenes, que parecen sacados de fotografías del citado Weegee, el reportero de calle al que se le dedicó la película ‘El ojo público’ de Howard Franklin (“que es una buena película”, dice Saura), o de aquellas instantáneas directas de Diane Arbus, a la que también le gustaba retratar deformidades, gentes muy delgadas o muy flacas, y evidentes patologías.

“Esta laberíntica novela parte de un hecho real. Compré un libro de Diane Arbus y le faltaba una página. Y esa ausencia me permitió fabular. Imaginar muchas cosas. Me encanta la fotografía de esta mujer que se suicidó de manera horrible cuanto estaba en la cumbre. Me impresionan su vida y su fin. Lo que hago en la novela es rellenar con narraciones, a medio camino entre la realidad y la fantasía, la página desaparecida; al fin y al cabo los personajes tienen diversos grados de inestabilidad mental”, subraya Carlos Saura. Mario Romero es, además de un abogado enfermo, violonchelista y fotógrafo: tiene una colección de más de 400 cámaras fotográficas.

“Mario Romero es un poco mi sosias. Mi ‘álter ego’. Yo también tengo una buena colección de cámaras, me encantan, y vivo, como él, en las afueras de Madrid, en una casa de campo”. Saura, que ha perdido hace poco a su cocinera y asistenta portuguesa, dice que la novela es un homenaje a fotógrafos maravillosos, “ahora que ya no quedan. O quedan cada vez menos. Con las nuevas cámaras, cualquiera es capaz de hacer una buena foto, una foto excepcional, y no es nada fácil distinguir a los maestros”. Contiene, por otro lado, el mayor erotismo hasta ahora de los libros y de las películas de Saura. Por ejemplo, Mario tiene una hermana, Teresa, muy bella, al que se le ha muerto su marido pintor. Un día se encuentran y ella le explica cómo le gusta el sexo y le cuenta un sueño carnal que ha tenido con él. Todo muy explícito. El propio Mario describe varios coitos.

“Quizá sea mi libro más sexual, sí. En mi cine nunca he abordado el acto sexual. Lo resuelvo mediante la elipsis, lo sugiero y corto. En realidad, me gustaría contarlo de manera naturalista pero entonces se convertiría en pornografía y no podría rodarlo. Ja, ja, ja. Lo que me sucede es que me encanta escribir, cada vez disfruto más. Mis guiones nacen de la pasión por la escritura”. Bueno, había que decir que le gusta escribir, pintar, fotografiar (hace fotos todos los días y casi todo el tiempo) y dirigir cine. Ha sido objeto de una biografía reciente del director Félix Viscarret: ‘Saura(s)’.

Carlos Saura -que expresó en la clausura del Festival de Cine de Zaragoza su pasión por la jota y reprochó a los organizadores que no fueran capaces de integrarla en el menú- trabaja en dos nuevos proyectos: una película que se rodará en México sobre música mexicana, “a la manera de ‘Tango’”, y ‘Guernica’, “que saldrá, saldrá. Seguro. Antonio Banderas me ha confirmado que sí, pero tampoco me queda mucho tiempo”, precisa. 

*Autorretrato de Carlos Saura.

06/12/2017 02:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

[Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) acaba de publicar un nuevo libro, de viajes: 'Ciudades que se posan como pájaros' (Xordica), donde cuenta sus estancias en Lisboa, varias ciudades de Bélgica, Tánger y Tetuán (donde persigue la sombra y el rastro de su padre) y varios lugares de Irlanda, esencialmente Galway. Aquí ofrezco la entrevista completa sobre este texto, de 69 páginas, de gran intensidad y sentido poético, que presentará el día 15 de diciembre en Los Portadores de Sueños. David Mayor, profesor y poeta, hablará del libro con el autor.

¿Qué significa para ti viajar?

Lo dice Xuan Bello, un escritor asturiano que me parece estupendo: Viajar es reencontrarse con uno mismo. Hago mía esas palabras y añado, eso sí, que el viaje nos concede una dimensión de libertad que no es frecuente en la vida cotidiana.

¿Por qué curan los viajes el desamparo? ¿Qué le hace a uno sentirse desamparado en su propia ciudad, en Zaragoza, por ejemplo?

Los viajes curan muchas cosas, incluso la ceguera mental, peligrosa enfermedad en tiempos embusteros como los nuestros. El viaje nos hace mejores y nos permite conocer más a los otros, sin olvidar que el yo y el otro, en términos de Lacan, no deben ser  nociones fijas sino intercambiables. Y no me siento desamparado en Zaragoza, al revés, soy un fan de mi ciudad,  forma parte de mí, conozco sus aciertos y  errores, la quiero.

¿Qué te interesa de una ciudad: lo que ves, la atmósfera, o lo que escribes: el rastro que deja en ti, impresiones, olores?

Me interesan sus latidos, su colesterol, su silencio y sus ruidos. Me interesan sus transportes públicos, sus mercadillos, sus locales espesos o elegantes. La escritura debe mostrar todo eso. La escritura tiene que ser un espejo de la vida, un reflejo de la realidad, y si no es así estamos ante lo artificial.

¿Qué tiene Lisboa de especial que atrapa tanto? ¿Es una ciudad con fantasmas?

Lisboa es una ciudad luminosa, vital, con tranvías y elevadores, en la que se deben comer "pastéis" de Belém, espolvoreados con canela. Es una ciudad donde hay un transbordador para cruzar el río Tajo que lleva el nombre del escritor Miguel Torga, alguien que dijo una frase contundente: Envejecer no es para cobardes.

¿Qué hay de cierto en que compras relojes en Lisboa, vas siempre a las sombrererías y te fascinan las barberías?

Los relojes, eso que aún llevamos en la muñeca, me los compro siempre en Lisboa. Es una manía como cualquier otra. El último lo adquirí en la joyería Ferreira Marques, ubicada en la plaza del Rossio. Y más de una vez entro a una sombrerería, pero con sombrero se me pone aspecto de gánster, como si hubiera ido a una ciudad lejana para cerrar un asunto turbio, y descarto siempre la compra de sombreros por ese motivo. Y las barberías portuguesas me gustan porque algunas me trasladan a la infancia. 

¿Cuáles son los mejores rastros que has visitado? ¿Busca el poeta o el narrador los ecos del tiempo ido en otras ciudades?

Los rastros londinenses me atraen: Petticoat Lane o Portobello. Pero me gustan otros rastros pequeños, mercadillos, como los de Toulouse o Gante. El rastro es una fotografía del paso del tiempo sobre los objetos. Y el tiempo es un dueño al que todos pertenecemos. El escritor debe observar el pasado, pero más todavía lo que sucede a su alrededor. Y si ahora, por ejemplo, no llueve, lo grave es que eso se sitúa dentro del cambio climático, pero sin olvidar que  también es una pérdida la desaparición del arcoiris.

El texto más emociónate es el viaje exterior e interior hacia Tánger y Tetuán. ¿Qué atrapa aún en esas ciudades? Se te ve ir por aquí y por allá como un explorador sin miedo…

Muchas cosas me atrapan de allí. Tánger ha sido, y no por casualidad, el refugio de muchos nómadas. Y uno, es curioso, aún ve rótulos donde pone "garaje Velázquez" o Gran Teatro Cervantes. Pero el mundo árabe es muy distinto al nuestro y recorrer la Medina de Tetuán, por ejemplo, muestra esa diferencia. Nunca he tenido ningún percance en los viajes, salvo una vez en El Cairo que sí me vi en una situación de emboscada. 

¿Desde cuándo se te ha impuesto de manera tan intensa la memoria de tu padre? Aparecía, de algún modo, en ‘Te veo triste’, transformado en otro padre, y era fundamental en tu libro anterior…

De algunas cosas me cuesta hablar. Y esta es una de ellas. Yo era un niño cuando él murió. Su muerte me produjo una desolación infinita. Y me ocurre que cuando alguien muere, estos días atrás ha sucedido con los tripulantes de un submarino en Argentina, pienso primero en sus hijos pequeños y eso me produce una tristeza enorme. En un libro mío anterior, muere también el padre del personaje femenino, y se evidencia algo que ya sabemos: el dolor nos hace frágiles.

Explícanos quién era, a qué se dedicaba, cómo murió…

Mi padre fue militar, tuvo como primer destino Tetuán y murió por un infarto de corazón.

Buscas su huella en Tetuán. ¿Cómo son las fotos que llevas, cuántas, qué se ve?

Reconstruyo, mínimamente, su trayecto. Me pregunto, frente al antiguo cine Alcázar, si pudo ver allí las películas que entonces se estrenaban: Tarzán en peligro, Vacaciones en Roma, Los Diez mandamientos...Me pregunto si aprendió algo de árabe, si seguía de cerca los combates del púgil Fred Galiana, si echaba en falta su ciudad. Tengo fotografías suyas, fechadas en noviembre de 1954, que identifiqué con la ayuda de una persona que trabajó muchos años en el Consulado general de España. Me pregunto, en definitiva, por qué murió tan joven y cómo sé tan poco de él.

¿Por qué has sido tan escueto? ¿Podríamos decir que practicas el arte de la sugerencia y a la vez de la intensidad?

Cuando publico un libro tengo una preocupación: no cansar a las lectoras. Mi escritura tiene mucho de confidencia. Y en toda confidencia, para bien o para mal, lo que se dice no es tibio ni se enmascara.

A veces da la sensación de que con un frase breve quieres resumir días y noches, tránsitos y visitas… ¿Tal es para ti la capacidad de la literatura, o de la poesía?

Si yo digo que las personas, igual que el comercio, deberíamos tener unos horarios de apertura y cierre, para evitar las decepciones o las expectativas falsas, soy consciente de la fuerza de esas palabras.

¿Activa Irlanda tu mitomanía? Pienso en ese cuadro de John Yeats que vas buscando…

Irlanda pertenece a mi colección de lugares donde he sido feliz. Los irlandeses se parecen a nosotros. Les gusta el pub, la cerveza, son simpáticos. Recuerdo lo que me dijo en Galway un bebedor de Guinness: - extranjero, aquí la noche se acuesta siempre al amanecer. Y ese cuadro de Yeats me enloquece. He ido varias veces a la National Gallery de Dublín para verlo. Se titula The Liffey Swim. Y muestra una prueba de natación por el rio Liffey con las orillas repletas de espectadores.

¿Qué es Fernando Sanmartín: un cazador de instantes, un cronista de las estaciones del alma o alguien que anda por ahí, lejos de casa, en busca de una conversación para sentirse menos solo?

Sé lo que no soy. Y me muevo con algunas certezas. La escritura me abriga. También los viajes. Pero el afecto y la amistad, cuando uno ha vivido días difíciles, lo son todo.

 

02/12/2017 15:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

28, MARTES, EN BARCELONA CON MI LIBRO DE RELATOS 'GOLPES DE MAR'

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28 MARTES EN BARCELONA CON MI LIBRO 'GOLPES DE MAR'
Este martes, 28 de noviembre, a las 19.00, en la Biblioteca Guinardó-Mercé Rodoreda, Camèlies, 76-80, se presentará mi libro de cuentos ‘Golpes de mar’, un libro que se ha ido escribiendo desde 1982 hasta 2006 y que tiene, en esta edición de Ediciones del Viento de 2017, su versión definitiva con un total de 28 piezas donde el mar, el paisaje gallego (y aragonés en algún caso) y el misterio son los elementos fundamentales.
Es un libro de libros, de fareros y faros y fados, de naves encantadas y naufragios, de fotógrafos y, ante todo, es un libro de mujeres que viven el mar y la pasión de una manera intensa. Aquí también aparece el fotógrafo Patricio Julve –protagonista de ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Destino, 1995 Y 2000; Xordica, 2011)- que se traslada a Galicia a realizar un reportaje sobre ballenas y ciudades sumergidas.
Me acompañarán en la presentación dos escritores y buenos amigos: Sergio Vila-Sanjuán e Ignacio Martínez de Pisón.
Si puedes y te apetece pasar, estaré encantado… Abrazos gigantes.

http://lameva.barcelona.cat/horta-guinardo/ca/detall/parlem-ambanton-castro_99400550447.html

SONIA FIDES: CROWDFUNDING PARA PUBLICAR SU NUEVA NOVELA

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https://libros.com/crowdfunding/la-infalible-fragilidad-de-los-mosquitos/?utm_campaign=la-infalible-fragilidad-de-los-mosquitos&utm_source=facebook&utm_medium=FBsonia%2F

 

Sonia Fides nace el 14 de agosto de 1969 en Madrid. En el verano de 2005 comienza a escribir por pura casualidad y compone su primer libro de poemas, Mirar y ser mirada, con el que obtendrá en el año 2006 el X Premio Nacional de Poesía Nicolás del Hierro quedando también finalista en premios como el Dionisia García o el Vicente Martín de ese mismo año. De formación autodidacta, durante el año 2007 escribirá su segundo poemario Electra se quita el luto, finalista en el Premio Internacional ciudad de Melilla y que será posteriormente publicado por Ediciones Vitruvio en junio de 2008. Durante el año 2009 termina su tercer poemario, Avispas en la boca y concluye la escritura de su primer libro de relatos Mollejas de pato y otros cuentos imperfectos. En 2011 colabora en dos Antologías de relato Viscerales (Ediciones del viento) junto a autores como Enrique Vila- Matas o Montero Glez; y Narrando a contracorriente(Ediciones escalera).En 2013 publica con Ediciones con carrito su cuarto poemario, Mi vida sin Julio Verne.

En la actualidad trabaja en un nuevo poemario y en Los tigres no pueden esperar eternamente, su segunda novela después de La infalible fragilidad de los mosquitos. Colabora como crítica literaria en el suplemento Artes & letras de El Heraldo de Aragón. Escribe sobre mujeres a las que lee y sobre mujeres a las que no conoce y admira en la revista El Asombrario

Mantiene activo desde el año 2006 el blog : www.mademoisellejoue.blogspot.com.

18/11/2017 13:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ROSA MONTERO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS. DIÁLOGO

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ROSA MONTERO

 

“El amor físico puede ser una cárcel”

 

Antón CASTRO

“Soy una enamorada de las salamandras y me tatué una hace dieciséis años. Me encantan los lagartos, me parece que son como dinosaurios domésticos o como dragones de verdad, diminutos, y además, es uno de los múltiples mitos de regeneración que tiene y cultiva el ser humano. El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo. A lo largo y ancho del planeta hay muchos mitos de regeneración, y la salamandra es uno de ello, como el Ave Fénix. Se supone que echas una salamandra al fuego y no se quema. No se le ocurra hacer algo, pero es una mágica criatura del fuego. Y por eso hay un tipo de estufa que se llama salamandra, ¿sabe? Siempre me han gustado. No hago colección porque yo no tengo temperamento de coleccionista, hace falta ser metódico, y yo soy todo lo contrario. Desordenada, caótica, como la imaginación misma”, dice Rosa Montero (Madrid, 1951), una escritora caracterizada por la firmeza de sus materiales, por una convicción inquebrantable de narradora, de contadora de historias, de atmósferas y de personajes que publica uno de sus libros hondos, transparentes, de intriga y reflexión, La carne (Alfaguara, 2016), una novela que nace de un estado de iluminación, de fluidez, de alguien que pasa por un período de inspiración o trance, según revela, desde la redacción de La ridícula idea de no volver a verte y El peso del corazón.

-Vamos a empezar por Bruna Husky, que es casi su álter ego visionario…

-De todos los personajes que he escrito, es el más cercano a mí, en lo profundo. Realmente, en lo esencial de estar frente al mundo, el más cercano es Bruna Hasky. Sin duda.

-¿Por qué?

-Porque tiene el mismo temperamento vital. Está obsesionada por la muerte, como yo, pero también llena de vida. Yo desde los diez años me recuerdo, o desde antes, supongo, diciéndome: “Mira. Rosita, qué tarde tan bonita, disfrútala; luego corriendo corriendo estarás durmiendo por la noche, corriendo corriendo estarás en el colegio otra vez, corriendo te habrás hecho mayor, corriendo corriendo se habrán muertos tus padres…”

-¿Eso se decía?

-A los diez años. Entonces, siempre he tenido una obsesión por el paso del tiempo y por la muerte, pero eso no es para llorar tampoco. La verdad es que cuando estás muy lleno de muerte, estás muy lleno de vida. Y eres capaz, justamente, de disfrutar el momento. A Bruna le pasa eso. No solo es que tema la muerte, que la teme, la cabrea, le indigna, la odia, le parece que es un fraude que le han hecho. En el caso de Bruna y de los humanos. Pero la vida es un fraude: venimos aquí con esas ganas enormes de vivir, con un yo inmenso que lo ocupa todo, con un proyectos, con sueños, con sueños que son infinitamente más grandes que nuestra vida y en dos parpadeos, si tenemos suerte, nos hemos convertido en viejos. Y si no tenemos suerte, nos morimos jóvenes. Y te rebelas, te decepcionas, esa conciencia de fragilidad o de fugacidad te hace polvo. Si tienes suerte, la vida consiste en que vas perdiendo todo, las fuerzas, la cabeza, la autonomía y después te mueres. Es que me parece como una burla y me indigna. Bruna es exactamente igual que yo, en eso.  Y luego es igual que yo, pero más exagerada, en todo porque los personajes son máscaras y nunca son exactamente como tú, pero también se come la vida a bocados. Todo eso, que es muy mío, ella lo lleva a la exageración porque vive diez años, nada más. Sabe cuando va a morir, además, lo cual debe ser enloquecedor.

-¿Y por qué se ha ido solo cien años más allá del presente en sus ficciones?

-Me bastaba. Yo quería hacer un mundo. Yo quería un mundo propio, regalarme ese mundo propio; yo creo que todos los escritores tenemos esa tentación. Me acuerdo de un entrevista que le leí a J.R. Rowling que decía que cuando acabó el séptimo Harry Potter se pasó un año sin salir de la cama sin poder salir de la depresión que le dio.

-¿Y usted entiendes eso?

-Sí, claro. Irte de un mundo tan sofisticado, como el de Harry Potter, un mundo complicado y coherente, y no poder volver, eso sí que es un exilio. Tener tu propio mundo es algo maravilloso. Lo que quise hacer con Bruna Husky es tener mi propio mundo. No escribí Bruna Husky para hacer una distopía, no creo que mis novelas sean distópicas para nada, son realistas…

-¿Realistas?

-Son las novelas más realistas que he escrito. Junto con la de La carne, que es una novela muy realista también. Detallistas en lo real, muy a lo menudo…

-¿Le parece que le mundo dentro de cien años será así o se habrá quedado corta?

-Puede ser bastante parecido. En cualquier caso, además, insisto yo no quería hacer una distopía para avisar de los peligros que vienen. Reflejo el mundo tal como pienso que puede ser, pero en realidad lo que quiero es reflejar el mundo de hoy, quiero hablar de la condición humana. Y me da igual ponerme dentro de cien años en el siglo XXII, o hacerlo, como hice en Historia del Rey Transparente, en el siglo XII. Claro que si lo pones en el siglo XII, tienes que saber cómo era el mundo entonces, armarlo, y si lo pones en el siglo XXII tienes que intentar imaginar cómo va a ser ese mundo. Pero eso es secundario, esa no es la ambición primera que me lleva a escribir.

-¿Por qué hace ciencia ficción?

Siempre me ha gustado. Tengo una novela de ciencia ficción que es Temblor. Es mi quinta novela, de 1990. Y luego está mi segunda novela, La función delta’. Esa novela era de anticipación. La mitad sucedía en 1980 y la otra mitad treinta años más tarde.  Por desgracia ya he pasado esos treinta años del futuro de mis novelas. No he buscado nunca un ciclo sistematizado, he ido escribiendo las novelas una a una, no obedecen a un plan. No es una saga, no es que yo tenga en la cabeza una historia que necesite veintisiete libros para contarla, ni tres ni cuatro, sino que yo quería hacerme un mundo: un mundo coherente, con personajes estables, que pudiera visitar cuando me diera la gana. Y eso es un lujo. Lo que sí sucede, claro, es el detalle que va creciendo en cada libro.

-Decía hace unos días que uno de los problemas de la robotización de la sociedad es que se van a perder muchos trabajos.

-Estamos en eso. Se me ocurrió La función delta para hablar, entre otras cosas, de ese asunto. Había salido un informe de la Comunicad Europea, se hizo en los años 70, con 100 0 200 personalidades multidisciplinares para intentar saber cuál sería el impacto de la revolución electrónica en la sociedad. El informe era espectacular. Decía que se iba a destruir empleo para siempre, que esto implicaría una revolución en la manera de enfrentarse al trabajo, para que esto no destrozara decían que había que dejar de poner el énfasis en la vida del trabajo sino más bien en el ocio. Entonces digamos que esa primera parte de la microelectrónica ya ha sucedido; pero ahora estamos en los años de la explosión de la robótica. Y seguro que va a bajar otro montón el empleo. Y somos cada vez más gente en el mundo. Estamos en un momento crucial.

-Hace poco, en una tertulia nocturna en Madrid, decía que una de las novelas suyas que más éxito había tenido es de las que menos le gustaba: La hija del caníbal.

-La que menos me gusta (que me gusta, entiéndame lo que le digo, la respeto y le agradezco mucho que además me abriera un montón de puertas a traducciones y a lectores), pero a mí no me gusta porque la hice con oficio, sobre todo. Y le voy a contar por qué la hice, creo que es la primera vez que lo digo. La novela anterior a esta fue Bella y oscura, que me sigue pareciendo una de mis mejores novelas. Y además una novela muy personal, distinta, creo que de alguna manera, de forma pequeña, era muy original. Tuve la sensación de que había escrito algo que no estaba escrito, que es algo a lo que aspiramos todos los escritores. Y yo creo que tiene un estilo muy depurado, tallé cada palabra y creo que es muy literaria. Me pusieron a parir. Visto desde la distancia, a mí me permitían, digámoslo así, que tuviera éxito, que fuese una escritora no literaria, como periodista, como no sé qué. Y encima mujer en un mundo hipermachista. Me permitían  el éxito en tanto en cuanto no sacara los pies del tiesto. Y entonces cambiaba de registro. Los críticos me la machacaron. Dije: “Ah, sí. ¿Qué pasa, que solo se aprecian las novelas más tradicionales”. Me dije que yo eso sí lo sabía hacer, que si no lo hacía era porque no me daba la gana. Y me dije: “Voy a hacer una novela que os va a gustar”.

-¿La hija del caníbal nace del despecho, entonces?

-Nace de la venganza. Muchas veces una escribe lo que sabe escribir. Decir que lo sé hacer fue una soberbia por mi parte, pero resulta que sí, que gustó, que me hicieron unas críticas maravillosas, se vendió un millón de ejemplares. Y es mi novela más convencional. Aún teniendo cosas que no lo son, porque no me puedo resistir a hacer juegos.

-Es una novela de aliento, turbadora…

Sí, metí cosas personales. Fue menos reto para mí, salvo el reto de la profesionalidad. Y me sirvió de mucho. Una vez que me lo había demostrado a mí misma, me dije. “Bueno, ya está. Soy más libre, puedo hacer lo que me dé la gana”.

-No en qué punto pero La carne tiene alguna conexión con Bella y oscura. Hay mucho trabajo, elementos librescos y literarios, juegos de espejos.

-Sí, está muy trabajada también. Sí, incluso en las partes más descarnadas… Pienso en Lolita de Nabokov. Me interesó mucho la parte descarnada de Lolita, salvando las infinitas distancias, y lo cito porque soy una ferviente seguidora de Nabokov. Y porque yo creo que tiene esa manera, ese acercamiento, claro, a distancia sideral, insisto, pero ese acercamiento, negro, sarcástico, que tiene Nabokov con las emociones y los sentimientos, tierno y cruel. Y en eso, en una visión que coincido con él, creo que está en mi novela La carne.

-¿Cómo surgió, nació de alguna experiencia concreta, más o menos personal?

-No, no. La verdad es que a mí no me gusta, desde hace siglos, desde que empecé a escribir, dije, y lo he escrito montones de veces, que aparezca lo íntimo, lo personal, lo que soy. Hay dos maneras de llegar a la universalidad. Una, es partir de tu realidad y de tu biografía y ser tan implacable y tan maduro, y terminar viéndola como un entomólogo ve a los insectos, que conviertas tu realidad en la realidad de todos. Esa sería la vía de Marcel Proust, por ejemplo. Que habla de su vida, pero no habla de su vida, o de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas es toda su historia del Congo, pero es una novela tremendamente literaria, legendaria, simbólica, y sin embargo parte de su vida. Y la otra vía es la contraria: partir de una realidad que no tenga nada que ver contigo, pero profundizar tanto en ella que llegues a sentirla. Y claro, así también alcanzas la universalidad. Vas a lo básico. Y esa sería la vía de Flaubert y Madame Bovary. He pensado que la vía segunda es mejor para autores jóvenes porque la novela es un género de madurez, entre otras cosas porque tienes que conquistar esa distancia con lo vivido. Yo creo que a los autores jóvenes les conviene enfriar su propia realidad, quitar el ruido de la vida propia, alejarse de lo cotidiano para llegar a lo universal. Y que los autores maduros ya lo tienen más claro porque ya hay esa distancia. De hecho el propio Flaubert hizo Una educación sentimental, ya mayor, y ahí sí parte de lo que ha vivido…

-Y usted, ¿con qué se queda?

- En casi todas mis novelas, desde Te trataré como una reina, he partido de personajes muy lejanos a mí. Me gusta eso del personaje como una máscara, no me gusta la literatura autobiográfica en general, para escribirla yo, quiero decir, hago androides que luego terminan siendo tú, pero son androides, del siglo XXII son cantantes de boleros semianalfabetas, son taxistas que se les ha muerto la mujer, prostitutas de Sierra Leona. Sin embargo, desde hace cosa de siete u ocho años veía que iba creciéndome en el interior una cosa, un musguillo, como un deseo de contar una historia en mi entorno, no irme tan lejos. Ya soy suficientemente mayor para que contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre.

-En ‘La carne’ incluso da pistas falsas porque se cita a sí misma y hay una escena donde aparece…

-Esa sí que soy yo. Soledad es una misógina y yo detesto a las mujeres misóginas; con todo espero que el lector quiera Soledad, que está llena de frustración, pone un poco mal a Rosa Montero. Aunque las críticas que me hace son sensatas. Muy sensatas…

-Ambas se citan en un café, en un juego de espejos, tan vilamatiano o borgeano.

-Esa escena creo que si es determinante. Ahí se lanza la reflexión sobre la escritura, que es ese placer que te salva. Para eso me interesaba volver a un mundo cercano, para hacer ese tipo de reflexiones que no se las puedo poner a Bruna Husky, de alguna manera… O no se las puedo pasar a mi taxista. Hay montones de cosas que no puedes hacer sino pones un personaje que no esté en tu entorno vital.

¿Qué le interesaba contar en La carne? ¿La historia de una mujer?

-No quería contar una mujer, lo que cuento es de hombre y de mujer, le pasa a cualquiera. Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. De alguna manera es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho… Es como si Soledad se preguntase: “qué he hecho con la vida, qué ha hecho la vida conmigo, qué me queda por hacer, qué puedo rescatar, qué puedo perdonarme, qué puedo construir todavía. Qué me espera”. Y en todo esto está otra de las cosas de la que quería hablar, que no he sido de mis primeros temas en el libro, que es el amor. Salvo en el peso del corazón, que tiene mucha importancia,

-¿Qué quería decir del amor?

-También he llegado a la conclusión como persona que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor.

-Pero, ¿cuándo ha llegado a esta conclusión? Pensaba que eso era sabido, de conocimiento general…

-Hace poco. Lo digo en serio. Sí. El amor mueve el mundo en general, y quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, llevarlo al extremo de “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”. Por otro lado, La carne es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso los que han tenido relaciones, que no ha conseguido del todo ser feliz. Es como un sueño de infancia o de adolescencia. Hay mucha gente que está emparejada y está desesperada que tiene como ese agujero negro de no haberlo conseguido. Eso, que era como el sueño, no lo han conseguido. Y quería llevarlo al extremo en una mujer que no lo hubiera conseguido de ninguna forma.

-El libro empieza contando un desengaño, y de repente para darle celos, decide contratar a Adam, un prostituto. Podría dar la sensación de que antes Soledad sí ha sido algo feliz…

-Ha tenido rollos, sí, pero tampoco vas a hacer una Calle mayor ahora. Rollos sí, pero hay una diferencia enorme entre haber tenido eso y tener una historia profunda en la que te sientas feliz de compartir la vida…

-Una mujer de 60 años, ¿puede estar así de obsesionada con encontrarse con la juventud sexual o también su deseo es una revelación?

-Podría ser. Claro que sí. Como muchos hombres sueñan con chicas jóvenes porque eso les renueva, les hace sentir más joven. Será porque no lo ha vivido, será porque se quedó colgada en la primera historia, Soledad se vuelve loca, se tiene miedo a sí misma.

-Es como si Soledad, en el fondo, acabase comprando las ilusiones…

-Ya, las paga por primera vez y tampoco quería. Fue de repente, salió así. Se enamora. Ella dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puedo ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula La carne por ambas cosas: es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, pero es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión. Es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida.

-Explosión de vida y plenitud, que también es para usted la literatura…

-Totalmente. Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, pero supongo que todo el arte es así… Lo único comparable con la pasión amorosa –que es un espejismo maravilloso, pero es un espejismo– y tiene la ventaja de que no necesitas a nadie, je, je, y eso es bastante útil… Yo soy superapasionada y lo he sido toda la vida. A partir de los 30 años aprendí a parar esa rueda loca que llega de no sé dónde y descubrí que estaba a mi alcance el amor cotidiano. Y aparentemente es menos excitante e intenso, pero no es verdad: tiene momentos de una intensidad maravillosa, y como además es real.

-Hablemos un poco de la parte literaria del libro. Crea usted dos planos: la esclavitud del amor y del deseo, y la literatura, las vidas de escritores malditos y excéntricos, con el pretexto de esa exposición que va a hacer Soledad, comisaria artística, en la Biblioteca Nacional.

-Me encanta estos escritores. En realidad, me gusta la gente. Me encantan las biografíaS, tengo ahí en mi estudio una pared de biografías, sobre todo de escritores, de artistas. Me gusta husmear, y las gentes de los extremos me gustan más: los malditos y los excéntricos me fascinan, son otras maneras de estar en el mundo. Me gusta la gente que lleva el ser hasta los confines.

-Hablemos del personaje masculino, Adam, el prostituto. ¿Qué podemos decir de él?

-Hay que tener mucho cuidado no desvelar el juego. Estropeamos la novela. he hecho un personaje muchos más realista y posible. Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló.

-He pensado que este libro tiene muchos elementos de reportaje periodístico…

-Yo creo que no: ¡el periodismo es tan distinto de la novela! Son dos posiciones muy distintas. En el periodismo hablas de lo que sabes, de lo que te han contado, de lo que te has informado, de alguien al que has entrevistado. En la novela no sabes qué sabes: es como ese sueño que sueñas con los ojos abiertos. Por eso en novela hay que tener mucho cuidado con la documentación. Te pasas de documentación y la revientas porque entonces haces una jaula. En periodismo hablas de los árboles, y en novela intentas hablar del bosque, intentas tener una mirada de conjunto. En periodismo, la exactitud es un valor, y la ausencia de equívocos, y en novela manda la ambigüedad. Cuanto más ambigua sea, cuántas más interpretaciones puedes darle, incluso cuanto más contradictorias, mejor. Creo que escribo desde dos puntos de partida radicalmente distintos cuando hago periodismo y cuando hago novela. Detesto la novela utilitaria, creo que es la traición de la novela. Las novelas animales, didácticas, ecológicas, feministas, me parecen la traición de lo que debe ser una novela.

¿Cuál sería la razón de escribir una novela?

La búsqueda del sentido de la existencia, es un viaje del conocimiento, del descubrimiento, si tú no aprendes algo escribiendo mal lo has hecho. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. No he escrito jamás para demostrar una tesis. Por supuesto que hay sociología vital de una época: me estoy acordando la vecina, le cortan la luz. Esas historias suceden a diario y me las cuenta la gente. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepas. Y más libre, de todo tipo de presiones, más libre de la exigencia de tu deseo de vender, más libre de tu deseo de hacer una novela maravillosa.

-¿Se arrepiente de haber escritor algún libro?

No. Ni tampoco de no haberlos escrito. Los libros son como la vida: he hecho lo que podido, lo que me ha salido y lo que he sabido hacer. Sería absurdo. Si no lo he escrito es que no estaba. Uno tiene que escribir los libros que le son necesarios. Y me está pasando bonito: con los tres últimos libros he tenido la sensación de que estoy en trance. Tengo la sensación de que cabalgo todo el rato en la historia y en las palabras. Soy muy mayor y quiero escribir muchos libros todavía. Y por eso me gusta este momento de una fluidez enorme.

La entrevista transcurre en su casa próxima al Retiro. Antes de la despedida, salen dos nombres de escritores que son un referencia constante de Rosa Montero: Vladimir Nabokov y su ‘Lolita’, en particular, ya citado antes, y Ursula K. Le Guin, con quien tiene correspondencia y a quien fue a visitar a Portland. “Es una tía maravillosa. Su novela Los desposeídos es una de las mejores novelas en el siglo XX. Es un novelón monumental, grandioso; a Le Guin le caben universos en la cabeza. Va desde el detalle más diminuto hasta el universo. Se han reeditado en Minotauro tres grandes novelas suyas: esa, El nombre del mundo es bosque y La mano izquierda de la oscuridad. Se las recomiendo”.

 

*Este texto se publicó en la revista ’Eñe’ hace un año. La foto es de Librújula.

14/11/2017 12:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO SANMARTIN PUBLICA 'CIUDADES QUE SE POSAN COMO PÁJAROS'

[Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) publica un nuevo libro, ‘Ciudades que se posan como pájaros’ (Xordica; 69 páginas), compuesto por cuatro viajes: a Lisboa, a Bélgica, Tánger y Tetuán (donde sigue las huellas de su padre, con algunas fotos que conserva de él) y a Galway. Es el libro de un miniaturista de las emociones, de alguien que lo anota todo, que toma Fanta, que oye a quien anda por ahí distraído, alguien que recuerda, que describe y que mira hacia adentro y se interroga. Es un libro de sensaciones, de atmósferas, de olores, de vida, de calles y de imprevistos, de aforismos, y de una prosa muy especial, que te sorprende por sus imágenes y por esos fogonazos inesperados que no sabes si son puro surrealismo o dadaísmo. O la poesía de un viajero intemporal.]

 

Del capítulo ‘Viaje a Tánger y Tetuán. Otra búsqueda’. Página 39.

“Yo también debería psicoanalizar por qué hago este viaje, por qué voy a Tánger y luego a Tetuán. Aunque la respuesta es fácil, muy sencilla. En Tetuán vivió mi padre antes de que yo naciera. Y a veces pienso en él. Pienso en su muerte. Y pienso en la desolación que me produjo cuando yo era un niño. Y pienso que esa muerte me convirtió en un alcohólico de pequeños recuerdos. Creo también que durante años, con su muerte, siempre temí lo inesperado”.

 

*La foto es de Columna Villarroya.

13/11/2017 08:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRINIDAD RUIZ-MARCELLAN. UN DIÁLOGO SOBRE SU LIBRO PARA MARCELO REYES

TRADUCCIÓN DEL SILENCIO  de

Trinidad Ruiz Marcellán (Editado por Olifante)

 

Intervendrán, además de la autora, las escritoras Carmen Aliaga, Elisa Berna, Reyes Guillén, Luisa Miñana, Inés Ramón, Carmen Ruiz Fleta  y Helena Santolaya

 

Actuación de El Silbo Vulnerado

 

BIBLIOTECA DE ARAGÓN (Doctor Cerrada 22) 

LUNES 13 DE NOVIEMBRE. A LAS 19.30 HORAS

 


 

Entrevista con TRINIDAD RUIZ MARCELLÁN 

 

¿Desde cuándo escribe Trinidad Ruiz-Marcellán?

A los 15 años tuve la suerte de conocer a poetas aragoneses y su poesía. Es entonces cuando comencé a escribir y romper; un ejercicio que repetía continuamente, escribir y romper. No guardaba nada. No merecía la pena. 

¿Qué fue primero: la pasión de escribir, de leer o de editar poesía?

La pasión apareció con la edición. Pasión por editar poesía. Muy pronto frecuenté las imprentas. Desde 1979, con Olifante, he intentado que la pasión y la profesionalidad fueran de la mano. Disfruto enormemente siguiendo  todo el proceso formal del libro ( el papel y su textura, el olor de la tinta, los tipos y cuerpos de letra…). Es muy apasionante descubrir un autor y editar un buen original. Y una de las cosas que me llevan de cabeza son las erratas en los libros que, por más correcciones que hagas, siempre queda una al descubierto. La errata es el duende de la edición.

 -¿Cómo nació este poemario? ¿Lo tenías escrito o es el libro de dos años de duelo?

Está escrito durante los dos último años. El libro nace desde el silencio y la observación; también desde el misterio. Una mirada o un repente con la tierra, los árboles, el aire, los animales, la presencia y la ausencia. El descubrimiento de otro espacio, el multiverso. He vivido mucha emoción en mi mente y en mi corazón durante este tiempo. Es la ausencia y presencia, no es el duelo, el latido de los poemas.

 -¿Cómo era Marcelo Reyes: qué te dio, qué te daba, cómo fue tu vida con él?

Fuimos una yunta enamorada. Su energía era mi energía y al revés. Mi complicidad, su complicidad y al revés. Él era vitalista y melancólico, fuerte y sensible. 

-¿Qué recuerdos de él te conmueven más: su pasión por la cocina, su seguridad, la capacidad de hacer amigos, la capacidad de integrarse…?

Marcelo era una persona solidaria, sincera, auténtica. Apasionada por la música, por el vuelo, le encantaba disfrutar en los asadicos del domingo con sus amigos o pasar horas en la bodega de la casa escuchando música. Era investigador y siempre contrastaba todo. Esto daba seguridad a cualquiera que estuviera a su lado. Pero lo que más recuerdo de él ahora mismo es su caminar, su voz, sus manos y esa tristeza (que creo que sólo la conocía yo) en su mirada, de miles de kilómetros, de esa Argentina tan lejana ya. Le recuerdo solitario y silencioso. 

-¿Cómo se vive, en el medio del Moncayo, la ausencia del hombre que te ha acompañado durante más de dos décadas?

Para sobrevivir he tenido que reinventar mi mundo. Traducir el silencio con palabras dictadas por el mismo silencio. Y ahí he encontrado la plenitud. He reconocido que la muerte es una ilusión. Y Marcelo anda por ahí.

-Creo que su entierro fue como un cuento de Juan Rulfo...

A él le encantaba Juan Rulfo. De hecho, en su mesilla todavía queda el libro que estaba leyendo, “El llano en llamas”. Esa tarde del mes de julio hacía sol y el cielo de un azul clarísimo. Para su entierro, yo le preparé una cestita con frutos de nuestra huerta que él había cuidado y en la bodega quisimos que sonara la música de 2 Cellos que le encantaba. Llevamos sus cenizas hasta la encina que él había plantado.  Le hablamos, le cantamos… y cuando ya habíamos enterrado las cenizas y echábamos tierra encima, el cielo se puso gris negro, comenzó a tronar, relampaguear  y llover. Sus perricos Jimi, Sire y Leik  que le adoraban comenzaron a dar vueltas alrededor de la encina. A los 15 minutos se paró la tormenta, salió el sol y también el arco iris. Fuimos al bar Peña a brindar por él. Marcelo no quería llantos, de ninguna manera.

-¿Qué sensaciones iban y venían por tu cabeza? Decías que tenías la sensación de que volvería en cualquier instante… 

El espacio donde habito está impregnado con sus silbidos, sus risas, su caminar…Lo digo en un poema: “Encontrará / la ropa intacta /en el armario.// Su regreso /no sorprenderá. //Anda por ahí. //Aprendiendo.” También Luis Alberto de Cuenca, en el Prólogo, se atreve a decir… “Porque acaso el país donde habitan los muertos no es más que una escuela de vida.”

 -¿Por qué has optado por una poesía tan contenida, casi seca, casi lo que se llama poesía del silencio?

El silencio no necesita palabras. Tal vez el libro habría tenido que ser un libro en blanco, sin palabras. El libro está hecho de palabras dictadas. En un principio, los poemas eran largos, versos río e incontenibles. Pero comencé a limpiar y eliminar precisamente para acercarme al silencio. Un silencio poético que partía del silencio de la casa. 

-Es una poesía despojada de anécdota, de sustantivos…

Claramente es poesía del silencio.  

-¿Por qué ese título: ‘Traducción del silencio’?

Porque durante estos dos años de escritura no he hecho otra cosa que interpretar el paisaje, traducir la ausencia, aprender otros espacios de vida y romper el  cerco entre mi mundo y el nuevo mundo que estaba descubriendo. “Con silencio / Se traduce el silencio.” 


-¿Qué le dio el Moncayo a Marcelo Reyes y qué le dio Marcelo al Moncayo?

Pues Marcelo dio mucha vida y mucha alegría a Litago y  al Moncayo. Durante un tiempo, cuando nuestros hijos eran pequeños, fue Rey Mago, fundó un Club Ciclista para niños y adultos, desde la Asociación Cultural del pueblo colaboró con la revista y el concurso fotográfico, jugó al fútbol con el equipo del pueblo… Hasta se presentó para alcalde. Aunque argentino, se consideraba litaguero y solía decir “Los de Litago nacemos donde queremos”. Además de gestionar conmigo Olifante, la Casa del Poeta, el Premio de Poesía de Miedo y los Festivales. Siempre trabajaba en silencio, en segundo plano, pero él  era fundamental para todo. Sin su experiencia e ideas las cosas no hubieran sido igual. Él recibió muchísimo de sus gentes, del paisaje. Era en su Moncayo donde verdaderamente se sentía feliz. También el Moncayo le animó a volar. El vuelo fue su pasión. Si está en sus manos, estoy segura que seguirá volando. 

-¿Te habías imaginado que lo ibas a echar tanto de menos y que tanta gente lo quería tanto?

Sí. Yo sabía que esto ocurriría. Se intuye. Sé que el pueblo le extraña y le quiere. La familia, los amigos, sus compañeros de trabajo…aún no entienden su ausencia. Y de mí  pensé que tanto dolor no podría sobrellevarlo desde aquí. Aunque nunca se me ocurrió marcharme del Moncayo. Éste es mi espacio y también el de Marcelo. 

-¿Qué pasará a partir de ahora con Trinidad Ruiz-Marcellán como poeta? ¿Seguirás escribiendo?

Estoy escribiendo. Y el resto ya se verá. Lo importante es vivir.  

-¿Es la poesía el antídoto ideal contra el dolor o la muerte?

La poesía, el paisaje, el silencio, la música, el amor, la amistad… Es la vida misma. Sin embargo, yo le daría vuelta a su pregunta porque el dolor es también necesario y la muerte es una ilusión. La vida y la muerte es lo mismo. La concepción del mundo está cambiando. 

-¿Se ha vuelto a poner de moda la poesía entre los jóvenes?

Cada vez se lee más poesía entre adolescentes, jóvenes y también más maduros. Cada dos bares, en Zaragoza, encuentras un grupo de jóvenes haciendo lecturas poéticas. Es un buen dato. Por lo pronto hay más sensibilidad y más conciencia literaria y crítica. Yo he tenido la suerte de conocer a una joven poeta en esas lecturas que, más adelante, tendré la suerte de publicarle. 

¿Cuál es el nivel real de la poesía aragonesa de hoy?

Nos sorprende y nos sorprenderá la poesía clara, rotunda y -como dice Guinda- “que estrangule el corazón”. En nuestra tierra hay muy buenos poetas y jóvenes prometedores.

 

12/11/2017 21:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUSEO PABLO GARGALLO, HOY, DIÁLOGO CON JOAQUÍN BERGES

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A LAS 19.00, MUSEO PABLO GARGALLO, CITA CON JOAQUÌN BERGES
[Esta tarde, en el Museo Pablo Gargallo, en un ciclo de conversaciones con cinco autores aragoneses, hoy dialogaré con Joaquín Berges (zaragoza, 1965), que aún tiene reciente su última novela: 'Una sola palabra', una novela sobre la memoria, la familia, la escritura, los recuerdos. Joaquín debutó hace ocho años con 'El club de los estrellados' (Tusquets, 2009). La foto es de Laura Uranga, fotógrafa de Heraldo.]


El autor ha dicho: "No concibo la literatura sin humor ni la vida sin humor. Hay realmente muy pocas cosas de las que no se puede hacer humor. Lo más serio que hay en la vida es la salud y fuera de ahí se me ocurren pocas cosas. Todo lo demás se puede mirar con humor, es una especie de distanciamiento de la realidad, una forma de mirarla de otra manera, más amable, de no creernos tan importantes y de pasar por la vida con una mirada más dulce, más cervantina… Y desde luego no solo no concibo la literatura sin el humor sino que mi propia existencia sin el humor no seria posible".

09/11/2017 12:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TONI ITURBE DIALOGA CON JORDI NADAL EN LOS DIEZ AÑOS PLATAFORMA

AL HABLA CON EL EDITOR
 Jordi Nadal, el hijo del mecánico
que construye plataformas

Entrevistado por Antonio Iturbe. [Entrevista que me envía Bibiana Ripol.
Jordi Nadal ofrece entrevistas con motivo del 10º aniversario 
de Plataforma Editorial

Jordi Nadal es un radical: para el trabajo, para los afectos, para los cabreos, para la obsesión por las cosas que le importan… En su despacho de Plataforma, amplio pero austero, bajo la protección de una imagen de su hija con un muñeco gigante y otra de un cartel con la portada de Tintín en el Tíbet, él lo explica a su manera: «Dicen que las prisiones están llenas de gente como yo, es decir, soy un 8 del eneagrama, como Toni Soprano, pero Bach y la lectura me han transformado y sofisticado». Creció entre llaves inglesas en el taller de casa, pero él quiso siempre atornillar libros. Estudió letras, le apasionaba
Rilke y recitaba de memoria poemas de Hölderlin. Aunque se maneja muy bien con los números y su cabeza es una calculadora. Obsesivo como es, conoce no solo sus números, sino los de toda la industria del libro, poniendo en práctica la idea de que saber es poder. Su habilidad como gestor lo llevó a distintos cargos organizativos en grandes grupos editoriales, pero lo que él siempre quiso fue ser editor de base, ejercer esa profesión que consiste en ser jardinero del talento creativo. Jordi Nadal vive en un frenesí constante para sacar adelante su editorial, pagar las nóminas y defender su lugar en el mundo con uñas y dientes. Estos diez años han sido de remar a contracorriente y de pelear cada libro, perosu maestro Hölderlin escribía que «allí donde nace lo que nos condena, también nace lo que nos salva». Nadal sigue remando, pero sonríe con esa sonrisa taimada. Ha remontado su río.

¿Por qué la editorial se llama Plataforma? Plataforma me sugiere un lugar elevado, con 360 de visión y con posibilidades de hacer cosas. Siempre digo que «hacer me hace» (fer em fa), y es esencial, para mí, estar en un lugar desde el que las ideas y los proyectos, con el mejor perfil humano posible, se conviertan en realidades. 
En el libro que acabas de publicar, LibroterapiaTM, hay una reivindicación de la lentitud («La prisa no sirve para los libros»)…, pero ¡eres una persona de una aceleración bestial…! ¿Cómo se conjuga eso?
¡Dime qué editas y te diré de qué careces! Yo busco la serenidad,
porque mi manera de ser es hiperactiva, y los libros (como, en otro orden de cosas, escuchar Bach) me serenan. Y que sea rápido no quiere decir que no conozca, disfrute, valore y, llegado el caso, añore y anhele la lentitud.

Explicas que en el arranque de Plataforma hay miedo al fracaso. Miedo es una palabra que pensaba que no formaba parte de tu diccionario: ¿cómo es turelación con el miedo? Desde que leí Astérix y los normandos, de niño, supe que hay que controlar el miedo. También Tintín es valiente, ¡y mira que le pasan cosas! Tengo miedo porque soy humano y, por tanto, vulnerable. Además, el mundo puede ser muy duro. Convivir con el miedo e intentar superarlo es una manera de forjar carácter y, en definitiva, de avanzar. Y vivir es avanzar.

Y fracaso… ¿qué es fracasar? No llegar a ser quien merecías haber sido (en el sentido de no llegar a aquello a lo que estabas llamado a ser, lo de Píndaro, etcétera).
 
Y al revés: ¿qué es el éxito? Estar donde quieres, con las personas que quieres, asumiendo el coste, sabiendo que es más duro tener principios que intereses, y superar la ambición, conseguir que nunca la codicia ni el odio manden, conseguir embridarlos a ambos y convertirlos en ambición legítima y en energía creativa. Tener salud y gente que te quiera, y añado algo que parece un lujo pero que también es esencial: tiempo, espacio y silencio.

En 10 años la editorial ha multiplicado su número de libros publicados, sus ventas, su número de empleados…, ¿cuándo considerarás que has llegado donde querías llegar? He llegado donde quería, tampoco me imaginé nada. Estamos donde debemos estar, no quiero crecer. Quiero ser artesano e innovador, y con mayor tamaño, en mi sector, es muy muy difícil, no estamos en ello ni por ello. He embridado, desde hace mucho tiempo, la codicia, que destruye a tanta tanta tanta gente.
 
Hablas con orgullo de tu origen humilde como hijo de mecánico, ¿qué aprendiste en esa infancia trabajadora que no se enseña en los másteres universitarios? El trabajo bien hecho, la voluntad de servir, el valor de la honradez, el mandar en mi vida. El haber descubierto, con los años, que la vida es simple y que la gente solo quiere que la quieran.
 
De estos 10 años… ¿cuál ha sido el mejor momento? El día que nació mi hija Clara. Mucho después, pensar que crearíamos una editorial, Patio, para que tuviese libros elegidos por su madre, María Alasia. Una buenísima editora.
 
¿Y el peor? La soledad del empresario que empieza al inicio de una crisis enorme en un entorno de diez años de crisis y sus consecuencias. La enorme dificultad de trabajar siendo honrado. Lo duro que es encontrar personas honestas. Las decepciones de gente que no tiene ni nivel ni calidad.
 
¿En qué se diferencia este Jordi Nadal de 2017 de aquel de 2007 que montóPlataforma? Me he hecho mayor, soy mejor empresario, tengo menos energía. Soy más duro, pero me emociono más. Intento vivir para servir y busco a personas buenas.
 
Visto lo visto, si volvieras a empezar, ¿volverías a ser editor? Sí, porque no soy ni médico ni maestro, las dos profesiones, con sus variantes, en sentido amplio, que más aportan a una sociedad. Ser editor, en mi concepción, es buscar belleza, verdad y bondad… ¡y compartirla!
 
Barcelona, octubre de 2017, Antonio Iturbe

 

22/10/2017 10:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PILAR GÓMEZ BEDATE, PARA SIEMPRE EN CALACEITE CON ÁNGEL

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M É M O R A

Por Amador Palacios

 

El sábado 14 de octubre de 2017, a dos meses justos desde su fallecimiento en un hospital de Zaragoza, tuvo lugar en el cementerio de Calaceite, situado en la “Franja” aragonesa (donde se habla no castellano sino catalán), el entierro de los restos mortales (cenizas) de Pilar Gómez Bedate, en la fosa ya ocupada, hace 22 años, por su marido el poeta Ángel Crespo.

En la víspera del “evento”, ya estábamos reunidos en Calaceite parte de ese grupo perteneciente al mundo literario, al espectro del arte, a los ambientes de la docencia y la intelectualidad, que, como amigos de Pilar, la iríamos a acompañar al día siguiente en el momento de establecerse a perpetuidad en su último enclave.

Era curioso sentir estar, atardeciendo calmadamente en Calaceite, a esa peña fraterna sentados a la mesa espaciosa en el salón de esa bonita casa de la calle d’Enrufa, aposentados como tantas veces, bebiendo y brindando ahora enfáticamente por ella, aún en su presencia, pues la urna con sus cenizas descansaba, en el piso de arriba, sobre una de las mesitas de su gabinete.

A la mañana siguiente, mientras las campanadas aseguraban el mediodía, todos los asistentes (ese grupo de amigos, la familia, más bastante gente del pueblo, veraniegos convecinos de Pilar) nos apiñábamos frente a la hermosa fachada barroca de la iglesia de Calaceite. En la misa, requerida en su testamento, oíamos cómo un sacerdote polaco desgranaba las fórmulas del funeral y ofrendaba el último adiós a “Pilar Gomes”.

El entierro estuvo presidido por Nacho, el sobrino de Ángel Crespo, quien sacó la urna metálica verde de una bolsa con el nombre impreso de la empresa funeraria “Mémora”, introduciéndola en un hoyo de tierra efectuado a los pies de la tumba. Unos cuantos echamos unas paladas sobre el funéreo recipiente hasta cubrirlo y rellenar el hueco. Al cabo, se dijeron unas palabras, sencillas y sinceras, sin la retórica y la pose que hubieran sido pronunciadas en un acto cultural organizado ex profeso.

Con la muerte de Pilar, esta unión vital del gran poeta manchego y su abnegada compañera, asimismo una creadora sumamente valiosa, se acababa de cerrar “confortablemente”. Algunas despedidas en la tapia del cementerio. En corrillos se regresó al centro del pueblo y algunos ocupamos dos o tres mesas en la Fonda Alcalá, ya histórico lugar adonde acudía con frecuencia Joan Perucho cuando era juez en Gandesa y de la que también escribió más de una vez Néstor Luján.

Al salir del restaurante, el hermano de Pilar expresó el deseo de que nos encontrásemos en una ocasión menos triste. Yo me dije para mis adentros que la ocasión presente no era triste sino alegre, desprovista de una pérdida en caliente y recordando festivamente a la protagonista de estas exequias en grata reunión. La verdad es que la muerte cosecha un sosiego absoluto; al menos en este caso, en el que los acontecimientos se han sucedido con asombrosa serenidad; serenidad asociada a la ecuánime personalidad de Pilar Gómez Bedate.

 

 

*Texto de Amador Palacios, remitido por Nacho García Crespo.

18/10/2017 09:23 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA ZARAGOZA MUSICAL Y LITERARIA

Un viaje literario y musical por Zaragoza,

desde Marcial y Catulo hasta nuestros días

 

 

Antón Castro / Zaragoza

“Les propongo un trato. Conozcamos diversos momentos de la historia de Zaragoza a través de sus palabras”. Así podría empezar el trayecto literario ‘Zaragoza a través de literatura’ el actor Mariano Lasheras, de la compañía Zootropo, y antes de Pingaliraina y Los Navegantes, mientras los sonidos de flauta de Miguel Ángel Fraile, integrante de El manto de Noca y O’Carolan, crean una atmósfera envolvente de ensueño y de evocación. Estas visitas, organizadas por el PICH (Plan Integral del Casco Histórico) y por las Bibliotecas Públicas de Zaragoza, suelen durar dos horas y son itinerantes. Suponen un paseo, a la manera de los libros del suizo Robert Walser: los acompañantes de Lasheras y Fraile visitan tres espacios. Suelen ser el Museo del Fuego, el convento de Santa Ana, “muy desconocido, en la calle Madre Rafols”, y la Biblioteca del Agua, pero otras veces se añaden la Bóveda del Albergue, la Escuela de Música, con su peculiar patio renacentista del siglo XV y su incomparable techo de alfarje policromado, y el Museo Pablo Serrano. “Allí elegimos la cabeza de Antonio Machado, tan espectacular”, dice Lasheras. El paseo consta siempre de tres espacios y tres partes.

“La visita es una apuesta por la imaginación, el divertimento y el conocimiento. En el Museo del Fuego, donde suele hacerse la primera parte, el narrador como si fuera un druida repasa los primeros textos sobre la ciudad. Hay textos romanos de Catulo o de Marcial; nos permitimos la licencia de suponer que el autor bilbilitano, al volver de Roma, paró en Zaragoza y leemos uno de sus epigramas”. Y se presentan autores árabes y judíos como Avempace, Hadna Bin Handun, que nació en Molina de Aragón pero estuvo mucho tiempo entre nosotros, Ibn Paquda e Ibn Gabirol, entre otros. “Mezclamos poesía y prosa: un poema, un aforismo, un recuerdo, un informe histórico con gracia o un cuento sefardí como ‘El perro, el caballo y el músico’. Siempre intentamos dar un detalle del edificio, rescatar una anécdota o hallar alguna curiosidad: podemos contar la historia del derribo de la Torre Nueva o narrar un crimen en el restaurante Los Espumosos hace mucho tiempo, que cuenta Sender”, explica Mariano Lasheras, que lleva un libro con los textos. Fraile, un músico muy versátil, emplea distintas gaitas y hace sonar músicas muy diferentes. A veces emplea partituras y otras veces toca de memoria. De sus instrumentos brota música festiva o melancólica, aromas medievales, Boccherini o aires de jota o de Falla.

La segunda visita suele ser en la Bóveda del Albergue, en la calle Predicadores, y propone un viaje desde el siglo XV, cuando Zaragoza se parecía a Florencia y la llamaban “Zaragoza la harta” y llega hasta el siglo XIX: hasta Braulio Foz y Benito Pérez Galdós. En este tramo de cuatro siglos caben viajeros que pasaron por la ciudad como Enrique Cook o Giacomo Casanova, que contó el desconcierto que le produjo Pignatelli, pero también se habla de ‘Guzmán de Alfarache’ de Mateo Alemán, de ‘El Criticón’ de Gracián, y se leen poemas de Lope de Vega.

“Como nos gusta dar apuntes sobre la ciudad, aquí recordamos la importancia que tuvo la imprenta en Zaragoza, con figuras como Mateo Flandro, Jorge Coci o Pablo Horus, entre otros, y recordamos el incendio del Corral de Comedias, donde murieron 77 personas. De ahí, luego, nacería en 1799 el Teatro Principal”. En este segundo trayecto también hay espacio para hablar de ‘El trovador’ de García Gutiérrez, que sucede en parte en la Aljafería, o de los recuerdos de Santiago Ramón y Cajal. “Y por supuesto también recordamos a Cervantes: en Zaragoza ganó unas cucharillas de plata en unas justas poéticas. Imaginamos que pudo haber estado en la ciudad y leemos algún fragmento de don Quijote”.

Por lo regular, el itinerario suele concluir en la Biblioteca del Agua. Esta tercera parte está dedicada al siglo XX y XXI. “Ofrecemos algunos apuntes de los grandes arquitectos de la ciudad: Ricardo Magdalena, Félix Navarro, Fernando García Mercadal, Francisco Albiñana, Julio Bravo. Y presentamos a los autores de vanguardia y ahora ya clásicos: Jarnés habla del sexo de la ciudad y Ramón J. Sender nos lleva de viaje por la Quinta Julieta”. Entre esas pinceladas históricas habituales, abordan ‘la Zaragoza de los alemanes’, que contó Sergio del Molino, y rescatan al escritor Luis Buñuel, que editó Agustín Sánchez Vidal. “No podía faltar la tertulia de la Peña Niké, donde oficiaba Miguel Labordeta, del que leemos el poema ‘Mataos’, que su hermano José Antonio recitó en el Congreso de los Diputados, pero también recordamos la ‘Zaragoza amarilla’ de Julio Antonio Gómez, a través del poema ‘Geografía’ y a ese personaje surrealista e inclasificable que fue Luis García-Abrines, del que decían que recibía tendido en un ataúd”.

El libro de la Zaragoza literaria se cierra con uno de los autores que más amó la ciudad: Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) y su texto confesional: ‘¿Por qué escribo?’. “Esta odisea verbal y musical dura alrededor de dos horas. Pueden participar un máximo de 40 personas. A la gente le gusta mucho. No sabía que la ciudad había generado e inspirado tanta literatura y además le encanta ver los espacios, descubrir rincones, edificios y personajes”. Al final de este viaje algunos se suman a la fiesta y leen nuevos textos. Y así, con nuevas voces, Zaragoza se multiplica en la literatura y en la senda de los siglos. Para apuntarse pueden dirigirse a biliotecas-sociocultural@zaragoza.es.

 

15/10/2017 12:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ORDOVÁS HABLA DE 'PARAÍSO ALTO'

Julio José Ordovás «Ahora todo el mundo quiere ser eternamente adolescente»

 

[Julio José Ordovás publica ’Paraíso Alto’ (Anagrama), una novela donde una serie de personajes acuden a un pueblo fantasmal, habitado por un hombre fantasmal, que los ayuda a suicidarse. El libro se presentará en los próximos días en Los Portadores de Sueños.]

 

«Yo también vine a Paraíso Alto a suicidarme» es la primera frase del libro. ¿Es también el origen de libro?

El comienzo de la novela, la segunda en Anagrama, fue una iluminación. Me cayó del cielo, o del piso de arriba, una madrugada que estaba fumando en la galería.

¿Cómo surgió la idea de hablar del suicidio sin que se vea nunca ninguno?

Escribir es sugerir. Además, yo no quería escribir una novela tremendista o morbosa. Esta es una novela oscura en la que se oye de principio a fin una risa. Porque la literatura, como decía Nabokov, no es otra cosa que una risa en la oscuridad.

¿Qué le debe ese pueblo espectral al de su novela anterior, ‘El Anticuerpo’, traducida al inglés, y a la Comala de Juan Rulfo?

Quería que el escenario de esta novela fuera lo más parecido posible al escenario de mis sueños. Todos mis sueños profundos transcurren en un pueblo como Paraíso Alto, en el que los muertos no saben que están muertos y los vivos se han olvidado de que están vivos.

¿Qué es el protagonista: un ángel desterrado, un derrotado por la vida o ese espantapájaros que escucha y ayuda a la gente a bien morir?

Es un pobre diablo que ha desertado de la vida y del mundo y que encuentra la razón de vivir en ayudar a morir y su lugar en el mundo fuera del mundo.

¿Ha querido que el libro sea una continua danza macabra o un descenso a los infiernos?

Más que una danza macabra al uso, esta novela es un baile en cadeneta, tipo ‘El chachachá del tren’, un baile de verbena que acaba con todos los bailarines lanzándose al precipicio.

¿Está bromeando? ¿Qué le debe el relato al diario, más bien misterioso, del alcalde Félix Lázaro?

Me llegó muy adentro el diario del alcalde de Trébago, José Lázaro Carrascosa, que publicaron hace dos años sus hijas, la pintora Iris Lázaro y su hermana Berta, excelente traductora. La mirada de Pepe Lázaro sobre su pequeño pueblo soriano y sus vecinos fue para mí una lección de perspectiva literaria y lo incorporé a la novela ‘Paraíso Alto’ como elemento narrativo y también como homenaje.

El libro tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es como la presentación de un personaje, tan ambiguo como espectral, de un pueblo y de una atmósfera. ¿Cómo se ha planteado esta primera parte, cómo es el Paraíso Alto de la ficción?

Paraíso Alto, más que un lugar concreto, es un estado de ánimo. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pisado las calles desoladas de Paraíso Alto.

La segunda parte es ‘Visitas y apariciones’. ¿Cuál es el espíritu de los seres que retrata?

Los personajes que llegan a Paraíso Alto no son, en principio, seres atormentados. Simplemente, están cansados de vivir, o desesperados, y en aquella soledad hallan a un tipo con quien charlar antes de callar para siempre.

¿Hay algún anclaje con lo que haya vivido usted, con personajes que existan?

Este es mi libro más profundamente autobiográfico. En ‘El Anticuerpo’ hurgué dentro de mí, pero ahora he hurgado mucho más adentro. Nunca me he expuesto tanto. Algunos relatos los escribí riéndome a carcajadas y otros llorando a lágrima viva.

El libro parece realista a veces, incluso sórdido, pero siempre hay un despegue poético, un vuelo hacia la poesía y lo mágico. ¿Ha sido deliberado?

Yo no aspiro a ser un notario de la, así llamada, realidad. El deber de todo creador es crear su propia realidad. Si no, no es un creador. Es un copista.

También me ha parecido que hay un ambiente surrealista...

En esta novela he abandonado el sentido común y vaciado parte del vertedero que tengo en la cabeza. A los personajes no he sido yo quien ha ido a buscarlos, han sido ellos los que han venido, por su propio pie, hasta mí. Todos los que van a Paraíso Alto huyen de sí mismos. Pero nadie, ni siquiera los ángeles, pueden escapar de sus sombras.

Dice el ángel o espantapájaros: «Soy un amigo de la muerte».

Vivimos en una época que le da la espalda a la muerte y a la enfermedad, ahora todo el mundo quiere ser eternamente adolescente, pero los españoles siempre hemos sido amigos o incluso novios de la muerte.

¿Cuál es la importancia del humor en su libro y en su mirada?

Los judíos de Praga llaman humor de la horca al humor negro. Es ese humor que surge cuando uno está al borde del abismo y empieza a resbalar... Me reconozco en ese humor desesperado.

Hay en usted una conciencia poderosa de estilo. ¿En qué consiste para usted escribir?

Desecho el 90 o el 95%, sin exagerar, de lo que escribo. Tengo que reconocerme en cada línea. Estilo, para mí, no es otra que carácter, personalidad. Yo lo que intento es ser yo mismo cuando me pongo a escribir, algo mucho más difícil de lo que parece.

El libro habría podido ser mucho más torrencial y exuberante. ¿Cómo ha hecho ese ejercicio de contención?

La mejor amiga de un escritor es su papelera. Yo suelo escribir primero mentalmente, luego también corrijo mucho y además borro sin contemplaciones. Pero, una vez que acabo el libro, evito pulirlo en exceso. Prefiero que tenga algunas imperfecciones. Incluso algunas manchas.

¿Ha tenido algún libro específico en la cabeza?

Un libro que tengo siempre en la cabeza es ‘Winesburg, Ohio’, de Sherwood Anderson. ‘Paraíso Alto’ tiene muchísimas deudas, que no voy a enumerar. Solo citaré una: el padre Sigüenza, el autor de la ‘Historia de la Orden de los Jerónimos’. Su castellano es de una pureza, una elegancia y un ritmo insuperables.

15/10/2017 12:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTONIO GAMONEDA, UN DIÁLOGO

Antonio Gamoneda: «Los poetas más alegres
también avanzan hacia la muerte»
El gran poeta castellano, orfebre de la llamada ‘poesía del silencio’ y Premio Cervantes 2006, acaba de visitar Zaragoza, donde reflexionó sobre su forma de ver el mundo


Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), Premio Cervantes de 2006, ha estado en Zaragoza. Tiene 86 años y aún está fresca la antología ‘Niñez’ (Calambur), preparada y prologada por su hija Amelia Gamoneda Lanza. Con esa voz entre estentórea y teatral, el autor de ‘Edad’ y ‘Libro del frío’ explica que lía los cigarrillos como cuando era adolescente y que ese acto tiene algo de gozosa recuperación de la juventud.

¿Qué sensaciones ha tenido al reencontrarse con esos poemas?

No son exclusivamente poemas de evocación de mi infancia, sino que puede que los haya de otro estilo: poemas en los que yo, por alguna sentida razón, hago una restablecimiento -aunque sea a efectos de pensamiento- de lo que es infancia. La infancia es un lugar en el tiempo, en la memoria y en el sueño del paraíso. Y ‘Niñez’ me representa muy bien en esa zona de evocación y de pensamiento. Mi hija Amelia, la editora, es muy espabilada.

Además han traducido juntos ‘Herodías’ y ‘La siesta de un fauno’ de Stéphane Mallarmé.

Hubo grandes peleas, es filóloga de profesión y entonces tenían que pelear, estaba decretado, el poeta y la filóloga. Mallarmé es complicadísimo, y las peleas fueron serias. Eso sí, los dos hemos sobrevivido.

Recuérdenos a su padre poeta, que es una figura mítica.

Y tan mítica, yo propiamente no lo conocí porque yo tenía menos de un año cuando murió. Yo aprendí a leer en un libro de mi padre, en su único libro, ‘Otra más alta vida’, de carácter un tanto modernista. Mi padre, por cierto, es el protagonista decisivo en mi libro de memorias, ‘Un armario de sombra’.

En ‘Niñez’ parece que se impone la memoria de su madre.

Imagínese: fue una relación que podría haber sido de una intensidad dañina. O un cataclismo. Ella, viuda y madre de un hijo único en plena Guerra Civil. Creo que no ocurrió esto, pero sí, ciertamente, el espacio de mi niñez estaba plenamente ocupado por mi madre. Era una mujer especial.

Acaba de decir que su libro tiene evocación y pensamiento. ¿Eso es deliberado o le sale así?

No. Yo tengo cierta prevención a todo aquello que, cuando se trata de escribir poesía, no sea estrictamente pensamiento poético, que no tiene mucho que ver con el pensamiento discursivo o reflexivo. Temo, y no poco, la aparición del pensamiento reflexivo, más o menos seudofilosófico, por mi parte y en mi estructura poética.

¿Qué es pensamiento poético?

Se lo voy a decir con una paradoja. El pensamiento poético es un pensamiento impensado. ¿Qué ocurre? Ya el viejísimo y actual Aristóteles decía que la rítmica es el elemento generador de la palabra poética. No es que en la palabra poética pongamos una rítmica para que suene bien, sino que el poeta auténtico tiene unos impulsos de ritmo que desencadenan palabras. Usted me dirá: «La semántica de esas palabras tienen que ser pensamiento». Sí, es un pensamiento subyacente, y la palabra poética lo saca, lo levanta, y podemos decir que es un pensamiento impensado, suscitado por impulso rítmico y es un hecho real: yo me entero de lo que he dicho y de lo que he pensado cuando lo escribo y lo leo.

Eso me llevaría a preguntarle si en usted hay, entonces, un trasfondo surrealista...

Yo no creo que yo sea surrealista en términos canónicos, pensando en las vanguardias históricas, sino que en cierto modo el surrealismo fue un movimiento muy especialmente ligado a lo que podemos entender por conciencia poética y pensamiento poético. ¿Qué ocurre? El surrealismo ortodoxo es automatismo psicológico puro; puede que haya ese automatismo pero yo no soy surrealista hasta el final porque quizá el censor que hay en mí y en mi propia palabra vigila el que esa palabra tenga una función significativa que puede que no sea ya surrealista, porque el poeta la decanta en un amasijo de significaciones y experiencias. De ahí que también aconseje leer mis libros y mi poesía en su literalidad. Que se lea lo que está escrito. No los símbolos.

Ahora se cumplen 25 años de uno de sus libros más inolvidables y misteriosos: ‘Libro del frío’. ¿Qué es el frío para Antonio Gamoneda?

El frío es una sensación, es un espacio con León al fondo, es un estado mental, es una experiencia de vecindad con la muerte. La significación más compleja pueda estar -permítame especular: estoy averiguándolo mientras le hablo- en que a medida en que temporalmente un ser humano va, y lo sabe, acercándose al final empieza a experimentar un frío que ya no es atmosférico: es existencial. Es un apagamiento progresivo de su vida que yo traduje como frío, y que sentí a los 60 años. Hablo de lo que supone el frío en la naturaleza y en la vida: la desaparición de especies vegetales. Mi propia desaparición.

No tenga prisa. Se percibe en su obra un halo dramático o una pesadumbre que nunca puede superar. ¿Es consciente?

Yo soy el menos indicado para hacer el diseño crítico de mi obra. La escritura está siempre en una especie de vértice dramático porque, por mi convicción y mi experiencia, sé que se escribe en la perspectiva de la muerte. Y eso es así, se quiera o no. Los poetas más alegres que puedan darse en el mundo están viendo cómo avanzan hacia la muerte.

¿Cuál es su punto de vista sobre Cataluña?

Tenemos que alejarnos de la mística de la unidad, que para mí es algo circunstancial. Soy partidario de todos los referéndums. Esto no tenía que ser violento, dramático, conflictivo, nada, ni por parte de unos ni de otros y lo es por parte de los dos. Y el Gobierno de España, de puro rígido, se ha vuelto estúpido.

07/10/2017 19:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS CUENTOS DE FÉLIX ROMEO (1968-2011)

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Los cuentos de Félix Romeo

 

 

Félix Romeo Pescador (Zarargoza, 1968-Madrid, 2011) escribió: “Soy escritor y vivo de las palabras. De ordenarlas y de desordenarlas. De hacer que digan cosas que siento y cosas que creo y cosas que suceden, las quiera o no, y cosas imaginarias y deseos y cosas que veo. (...) Soy escritor y también soy lector (...) Sí, me gustaría tener algo más que palabras. Pero no me gustaría quedarme sin palabras”. Las palabras fueron sus aliadas: en la lectura, en la tertulia, en las confidencias y en su correspondencia, en los emails o en los sms (solía despedirse con la frase “Todos los besos del mundo”) y en la escritura.

Gracias a su madre Carmen Pescador fue un lector incipiente, y no dejó de escribir jamás: artículos, poemas, prólogos, catálogos de arte, novelas, falsos diarios, diccionarios, novelas-reportaje o novela-crónica, como podrían calificarse libros como ‘Amarillo’ (Plot, 2008), el relato de tres jóvenes en Barcelona cargados de sueños, o el póstumo ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori, 2012), donde hace la radiografía de un crimen, vinculado a su estancia en la cárcel de Torrero en su condición de objetor de conciencia insumiso. Y escribió cuentos sin parar: cuentos de encargo, sobre todo. El encargo era para él un estímulo: le obligaba a vencer cualquier resistencia o amago de pereza.

Firmó cuentos, de diversa factura y de varia obsesión, desde principios de los 90 hasta su inesperada muerte en Madrid. Y esos cuentos, diecisiete en total –aunque el primero, ‘Buscando el cielo’, en realidad contiene tres textos, más bien complementarios, sobre Gallocanta, Calanda y Los Monegros-, han sido recogidos por la escritora y bibliotecaria Eva Puyó y por el escritor y editor Chusé Raúl Usón en el libro ‘Todos los besos del mundo’. (Xordica).

En varios de los primeros relatos, casi a la manera buñuelesca, se perciben dos obsesiones explícitas: la figura del padre y la pistola. Su padre, Félix Romeo, fue policía y esa profesión marcó el imaginario de su infancia. ‘Gallocanta’ arranca así: “Habíamos ido a ver las grullas y yo solo pensaba en mi padre”. ‘Monegros’ es un texto que parece desgajado de su novela de iniciación: ‘Dibujos animados’ (1994). En el segundo relato, la pistola ya está ahí, como un objeto extraño en la vida de pareja: “Esta es una historia de amor. Aunque hay una pistola. Le pondré una pistola a Carmen en la cabeza y le diré que me diga que me quiere”. En el tercer texto, ‘A mad man with a gun. Thanks!’, dice: “Mi padre solo le ha puesto dos veces una pistola en la cabeza a un tipo”. En otro texto, de viaje, fuga y cárcel, anota: “México es el único lugar al que mi padre no puede ir, fue expulsado con deshonor por atraco a mano armada”. Y esa obsesión por el progenitor y las vidas peligrosas persiste en ‘Amar al padre’, donde cuenta: “Pagamos la fianza. Mi padre salió de la cárcel y un año más tarde, en el juicio, le condenaron a siete años de prisión”. En otro lugar, uno de los padres de ficción le pone una pistola en la cabeza al jugador Saturnino Arrúa.

Félix Romeo tenía otras muchas obsesiones: quizá su tema central fueran las tormentas de amor y desamor de las relaciones de pareja, siempre complejas, tortuosas y fascinantes; en ocasiones, las aborda con mucho sentido del humor, como ocurre en ‘Cinco camas y setecientos vinos’, el relato de una pareja, más bien ardorosa en sus encuentros, que destroza todas las camas que usa. Hay varios cuentos de amor, con viajes al fondo, con gastronomía y lecciones de francés, con la intimidad de cada día. “Grita terremoto, terremoto, y le besa en el cuello”, dice en ‘Temblor’, casi un microcuento de aire doméstico e inquietante. Hay muchas más cosas: la pasión por Zaragoza (“la novia del viento”, como la bautizó d’Ors) y el río Ebro, motivo de una tesis doctoral en uno de los mejores relatos del conjunto, ‘En una isla flotante’; el interés por los animales de compañía de los Bowles y William S. Burroughs. También están su visión cosmopolita, su afición a las ciudades, al arte y a los libros, y su equipaje favorito: la incorporación de su propia autobiografía a la ficción, tan presente en muchos textos y especialmente en ‘Verano del 75’.

‘Todos los besos del mundo’ es un libro paradójico: luminoso y doliente a la vez, vitalista y melancólico, límpido y a la par enmarañado de obsesiones, de ejercicios de estilo, de trampantojos de palabras, de búsquedas. Félix Romeo fue un escritor, un agitador y un ciudadano necesario que vivió “amorosa e irremediablemente herido por las letras”, como ha dicho Javier Tomeo.

 

‘Todos los besos del mundo’. Félix Romeo. Edición de Eva Puyó y Chusé Raúl Usón. Xordica. Zaragoza, 2012. 132 páginas. 

06/10/2017 08:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN CASAMAYOR, PREMIADO EN LA FERIA DEL LIBRO DE GUADALAJARA

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La Feria del Libro de Guadalajara

premia al editor Juan Casamayor

 

Es el fundador y director del sello Páginas de Espuma en 1999, especializado en el cuento, con su compañera Encarnación Molina

 

 

 

Juan Casamayor y Encarnación Molina, fundadores y editores de Páginas de Espuma, han sido galardonados con el Premio al Mérito Editorial de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México. El zaragozano Casamayor explica: “Este premio, aunque recae en mí como editor, lo asumo como algo de toda la familia y de todo el equipo de Páginas de Espuma. La editorial somos dos personas –Encarnación Molina y yo- que proyectan su ideal y su plan de vida, casi, en torno a esta bonita aventura que está siendo Páginas de Espuma. Estamos felices y orgullosos y casi nos sumergimos en un umbral de contradicciones: hay felicidad, alegría, emoción, pero también hay un cosquilleo de nervios ante la responsabilidad por el historial del premio. Y ojalá que todas responsabilidades fueran así”, dice Juan Casamayor. En ese historial hay editores imprescindibles y agentes que han moldeado “una forma de mirar la palabra escrita”. Casamayor, entre otros, cita a Roberto Calasso, Herralde, Feltrinelli, Beatriz de Moura, Gallimard, Enrique Krauze.

“Nosotros no vamos a cambiar y conceptualmente vamos a ser los mismos, pero la gente que nos rodea puede percibirnos mejor a través de este premio que nos da visibilidad, entre otras cosas”. Al distinguir a Páginas de Espuma, una editorial madrileña con ecos aragoneses (Casamayor es un aragonés nacido en Madrid; Molina es granadina), se premia a un sello independiente, fundado en 1999 y especializado en el cuento. Dice Juan Casamayor: “Si pensamos en Anagrama de Herralde o en Tusquets Beatriz de Moura, hay una diferencia de tamaño notable e incluso de vida editorial. Si estas editoriales tenían casi 40 años de existencia, la nuestra casi va a rozar los 20”.

Busca los motivos del galardón y distingue tres razones: “Una es la elección de nuestro eje que es el cuento. Nuestra perseverancia y militancia en el relato es algo que la FIL ha tenido en cuenta. También es importante nuestro compromiso latinoamericano, que no ha tenido otro afán que mostrar textos de cuentistas de la otra orilla que nos parecían interesantes”. La tercera razón la sitúa en el lado del concepto de “panorama o de ecosistema editorial”. Desde los años 90, en España y en Latinoamérica, se está viviendo una “bibliodiversidad de sellos independientes con similitudes y diferencias que están enriqueciendo las opciones de lectura. Y ahí, Páginas de Espuma vive sólida su camino. Representa la comunicación, la labor editorial y la relación con un catálogo que va a trabajar con unos autores y eso lo da la independencia”.

Casamayor no es muy partidario de que se haga tabla rasa del binomio España y Latinoamérica. “Eso, así, se cae de las manos. Latinoamérica es un continente y son 19 realidades entre sí. Páginas de Espuma ha querido estar presente en Latinoamérica teniendo en cuenta los matices. Hemos querido cruzar el puente. Esta editorial ha viajado a sus ciudades, ferias y librerías, pero también ha conocido estrechamente distintas formas de vivir y de mirar”. Páginas siempre ha apostado por  autores de las dos orillas: no solo los latinoamericanos que viven al otro lado del charco, sino por los que “viven aquí por razones políticas, económicas o familiares. Por eso autores que van desde Clara Obligado a Andrés Neuman, y muchos otros, son tan importantes para nosotros”.

Es la primera vez que una editorial especializada en el cuento recibe el galardón. “Eso también es una marca distinguible. El premio nos da la razón a Encarnación Molina y a mí. Nos gustaba el cuento como lectores, éramos amantes del género y no había un sello específico en España cuando nacimos, aunque otras muchas editoriales apostasen por él. Esa especialización ha sido el hueso más duro, el órgano más vital para seguir fuertes y sólidos estos casi veinte años. Sin duda, el cuento vive un momento creativo extraordinario y tiente unos lectores que van creciendo. Y nos gustaría pensar que hemos colaborado a ello”, agrega Casamayor.

Páginas de Espuma ha tenido una premisa: construir un catálogo equilibrado entre clásicos –Antón Chejov, Marcel Schwob, Maupassant, Poe, Pessoa, Zola- y contemporáneos. Y entre los contemporáneos ha querido fijarse en “gente muy nueva y gente con trayectoria amplia. Este oficio nos ha dado amigos, experiencias y viajes. Todo ello va más allá de un proyecto editorial y justifica el interminable espacio del cuento”. El premio de la FIL a Lenguas Romances ha recaído en Emmanuel Carrère, autor de ‘El adversario’ o ‘Limonov’.

 

*Foto de Daniel Mordzinski.

06/10/2017 07:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA JOVEN Y BELLA CLARICE LISPECTOR

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Una preciosa foto de una joven escritora, Clarice Lispector (1920-1977), una de las más grandes del siglo XX. Ahora se cumplen 40 años de su muerte, a consecuencia de un cáncer de ovarios. Benjamin Moser publica en Siruela su espléndida biografía: 'Clarice Lispector. Por qué este mundo'. Muy recomendable y arriesgada su visió, a veces casi unilateral, de sus vínculos con el misticismo judío. El libro se abre con una cita de Abulafia.

04/10/2017 02:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'LETRAS LIBRES': LA REVOLUCIÓN RUSA

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LA REVOLUCIÓN RUSA, EN EL NÚMERO DE OCTUBRE DE LETRAS LIBRES 

El aniversario de la Revolución rusa, la transformación digital y sus repercusiones en el trabajo, las contradicciones de Hugh Thomas y la poesía de John Ashbery, entre los temas del número de octubre de Letras Libres.

La Revolución rusa, ha escrito Orlando Figes, fue el mayor experimento en ingeniería social de la historia. Combinaba influencias occidentales, tradiciones rusas, aspiraciones científicas y una esperanza mesiánica. La búsqueda de la utopía condujo al terror y al sufrimiento, y también fue una fuente de inspiración para revolucionarios de todo el mundo. El número de este mes de Letras Libres, cuando se cumple un siglo de la Revolución, estudia sus orígenes, su influencia y su fracaso.

Juan Francisco Fuentes escribe sobre la Revolución, Lenin y Stalin y el voluntarismo. Victor Sebestyen se acerca a la personalidad de Lenin. Orlando Figes y Mira Milosevich ofrecen dos miradas panorámicas. Figes describe la influencia de la Revolución en las revoluciones del tercer mundo, y Milosevich analiza las transformaciones de un régimen que “se pasó agonizando buena parte de su existencia”.

El número de la revista que dirige Enrique Krauze, y que cumple este mes 16 años, incluye muchos otros temas. El historiador Paul Preston escribe un largo perfil de Hugh Thomas, que fue quien lo introdujo en la historia de la España contemporánea. Miguel Otero-Iglesias escribe sobre el futuro del trabajo. Según el investigador, es necesario proteger a quienes van a ser perjudicados por las transformaciones de la economía.

Mariano Peyrou analiza la poesía y la forma de entender la palabra del recientemente fallecido John Ashbery.

Manuel Alberca escribe sobre Fred Cabeza de Vaca, de Vicente Luis Mora. Mercedes Cebrián reseña La ciudad solitaria y Ricardo Dudda La mirada de los peces de Sergio del Molino. María Jesús Espinosa de los Monteros escribe sobre Los colores de nuestros recuerdos de Michel Pastoureau y Valeria Villalobos de Seres queridos de Vera Giaconi. Aloma Rodríguez lee El club de los mentirosos de Mary Karr y David Medina Portillo repasa el periodismo de José Emilio Pacheco.

Julia Tena escribe sobre “las fronteras del Brexit”: o cómo va a afectar la salida de la Unión Europea a la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. Gonzalo Torné relee a Vladimir Nabokov. Vicente Molina Foix escribe sobre el cine de terror y Jimena Néspolo de la adaptación cinematográfica de Zama, mientras que Mariano Gistaín busca la manera de salir de la realidad, que puede empezar por apagar el móvil.

04/10/2017 02:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VIDA, AMOR Y MUERTE DE ANNE SEXTON

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[RITUALES DE SOL. La poeta norteamericana, ganadora del premio Pulitzer y autora de diez poemarios que publica Linteo, encarna la lírica de la intimidad, la veta autobiográfica y confesional que habla de la condición de la mujer y de la enfermedad de vivir]

 

 

El cuerpo descarnado de una dama

 

 

Hay mujeres que parecen marcadas por un destino desgarrador. Por una amenaza constante, por las sombras de la enfermedad, de la locura y de la muerte. Entre ellas, a lo largo del siglo XX, Anne Sexton (Massachussets, 1928-Boston, 1974) ocupa un lugar central, dentro de la historia de la literatura. En su vida, desde muy pronto, irrumpió una ronda de espectros, un silencio de puñales, la terquedad de la desgracia que no cesa. Era hija de un fabricante de lanas de Massachussetts, pero tampoco nunca se sintió cómoda en su familia burguesa: tenía otras dos hermanas mayores y fue, desde niña, una criatura casi abisal, inextricable, presa de un dolor insoportable que se reveló con toda su crudeza en su primer postparto. Se había casado muy joven, en una huida hacia adelante, con 19 años, y decidió llamar a su primera hija Linda; la segunda fue Joyce, aunque para ella siempre fue Joy. El nombre era casi un deseo: la necesidad de que la felicidad y la alegría se instalasen en su existencia.

La relación con Alfred Muller Sexton, con quien había escapado de casa, tampoco le iría demasiado bien. En su adolescencia había dado muestras de talento poético, de pasión por las palabras. Uno de sus médicos –y fueron bastantes lo que aparecieron en sus días- le recomendó que se dedicase a la poesía: que le relajaría, que le ayudaría a sobrellevar la incertidumbre y algo clínicamente peor: la depresión. Y así fue. Empezó a escribir, a asistir a talleres de poesía; en el de John Holmes conoció a Maxine Kumin, poeta también y una de sus mejores amigas, es ella quien firma el prólogo de su ‘Poesía completa’ que publica el sello Linteo con traducción de José Luis Reina Palazón, autor de una enjundiosa introducción; en otro de esos cursos, impartido por Robert Lowell en Boston en 1959, coincidió con Sylvia Plath: disfrutarían y rivalizarían. Las dos, parecidas en muchas cosas, incluso en la fragilidad, intentaban escribir el mejor poema.

La poesía sería decisiva en la trayectoria de Anne Sexton. Fue su curación, más efímera de lo que hubiéramos deseado, fue su terapia y un estímulo permanente de supervivencia. Era muy rigurosa y perfeccionista: corregía y corregía y a veces realizó hasta una veintena de versiones para culminar un texto. Debutó en 1960 con ‘Al manicomio y casi de vuelta’ (‘To Bedlam and part way back’), que se abre con versos para uno de sus doctores: “Usted, Doctor Martin, pasea del desayuno a la locura”. Y anuncia: “Y yo soy reina de este hotel de verano / o la abeja que ríe en un tallo / de muerte. (...) Yo soy reina de todos mis pecados / olvidados. ¿Estoy aún perdida? / Una vez fui bella. Ahora soy yo misma, / contando esta hilera y hilera de mocasines / que esperan en el instante silente”.

Tenía entonces 32 años y, por supuesto, seguía siendo guapa. En algún momento de su juventud ejerció de modelo. Era una mujer atractiva e interesante, aunque también debía dar algo de miedo, como dijo el narrador John Cheever. Era alta, estilizada, tenía los ojos claros y penetrantes y el pelo negro. Elegante, casi siempre llevaba un cigarrillo en los dedos, tacones y perfume francés. Poseía una voz ronca y peculiar: le gustaba mucho recitar, y cada concierto era una función con admiradores y detractores que no se cortaban un pelo ante los silencios y el carraspeo de sus teatrales vocalizaciones.

Desde ese primer libro no dejó de publicar: ‘Todos mis seres queridos’ (1962), ‘Vive o muere’ (1966), ‘Poemas de amor’ (1969), ‘Transformaciones’ (1971), ‘El libro de la locura’ (1972)... En las cosas de cada día no encontraba sosiego; sus dolencias, sus pesadillas, sus pequeñas aventuras y su hontanar inacabable de tinieblas se volvían literatura. Anne Sexton se convirtió, libro a libro, en una maestra de la literatura confesional y de la escritura de mujer. En sus poemas aparecen asuntos más bien infrecuentes como el incesto, la maternidad (a su hija Joyce, o Joy, le dedicó varios textos e intentó esclarecer qué parentesco definitivo, qué ‘herencia’ hay entre la joven y ella misma, algo que también quiso desvelar durante toda su vida con respecto a sus propios padres), el aborto, la culpa, la masturbación, el amor, el deseo, las drogas, el orgasmo o la intensidad de las experiencias sexuales, que tampoco resultaron dichosas. En el fondo, la escritura de Anne Sexton, rica en metáforas e imaginación, nacía de la insatisfacción, de la búsqueda dolorida, de la perplejidad y de la locura. Siempre le preocupó Dios, pero hubo un instante que, en medio de la nada y de la sinrazón, fue como un interlocutor y una obsesión. Buscaba la plenitud y hallaba el vacío.

Con todo, Anne Sexton fue una mujer de éxito social. Fue becada, viajó por Europa, dio clases en la Universidad y le concedieron cuatro ‘honoris causa’ en varias universidades. Ganó el premio Pulitzer, escribió la novela ‘Deliverance’, firmó libros para niños con su amiga Maxine Fumin, y fue jurado de los Pulitzer. Leída y elogiada (también hubo críticos que no entendían su poesía descarnada, casi fisiológica, de apabullante sinceridad...), acabó cumpliendo lo que prometía en sus poemas. Cuando le tomó la delantera Sylvia Plath en 1963 para suicidarse con el gas, ella se lo reprochó. En octubre de 1974, a los 45 años de edad, se bebió dos vodkas, se puso el abrigo de piel de su madre, se encerró en el garaje y encendió el motor de su coche Cougar. Dicen que tenía otro vaso entre sus dedos huesudos y largos como espadas. Y que encendió la radio: quizá quisiera oír el último jazz.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La mujer enferma. Anne Sexton padeció depresiones, crisis nerviosas, fue hospitalizada varias veces y paseó por varios psiquiátricos. Como le había sucedido a Sylvia Plath, ella también percibió la alargada sombra del padre. Era muy inteligente y tenaz, y se reveló como una mujer insumisa con gran capacidad de trabajo. Adoraba la poesía de Pablo Neruda.

 

El malvivir. Escribe su gran amiga Maxine Kumin en ‘Poesía completa’: “Al poco tiempo cayó escaleras abajo y se rompió su cadera –en su cumpleaños. Con el próximo doctor creció su hostilidad. Psiquiatras y psicólogos intermediarios iban y venían. Parecían no ser adecuados para el trato con esta mujer talentosa y espiritual (...) En la primavera de 1974 tomó una sobredosis de barbitúricos y más tarde me hizo muchos reproches por haber abortado ese intento de suicidio”.

 

03/10/2017 07:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NUEVA NOVELA DE SUSANA FORTES

¿Qué fue de la escritora Emily J. Parker

en un Londres atestado de nazis?

 

Susana Fortes investiga la historia de la desaparición de una joven novelista en ‘Septiembre puede esperar’

 

A Susana Fortes (Pontevedra, 19599 le interesan las historias propias y a las ajenas. Su vida y sus recuerdos se cuelan sutilmente en sus ficciones, y le atraen personajes tan distintos como Corto Maltés y Hugo Pratt (les dedicó la novela ‘Querido Corto Maltés), Robert Capa (que protagoniza ‘Esperanza a Robert Capa’, adquirida por Hollywood) o el poeta Pedro Salinas: se inspiró en él y en su pasión por la joven estudiante Katherine Withmore para su novela ‘El amor no es un verso suelto’. Profesora de historia, cinéfila y enamorada de la literatura, todo ello anda y desanda los paisajes de sus libros. Y esa manera de proceder o de trabajar, con humor e ironía, con citas, le encanta.

“Pero jamás como un ejercicio de erudición, como algo pesado o como una exhibición: son guiños humorísticos y juegos para el lector, travesuras de escritor. Aquí, por ejemplo, rindo homenaje a uno de mis profesores en Compostela como el historiador Ramón Villares”, advierte. En ‘Septiembre puede esperar’ (Planeta) hay dos historias distintas, que convergen: la de la escritora Emily J. Parker, británica, parecida en algunas cosas a Ingrid Bergman o Greta Garbo, que desaparece en Trafalgar Square, en Londres, en 1955, tras haber recibido algunas buenas críticas, entre ellas una de Leonard Woolf, el marido de Virginia. Para entonces había ganado algún concurso de la BBC y había publicado algunos cuentos, entre ellos ‘Historias del Blitz’, y una novela. Y la otra historia la protagoniza Rebeca Aldán, que vive en Compostela, tiene un novio de Lugo y una bellísima y práctica hermana Bea. Un día se entusiasma con Emily J. Parker y decide dedicarle una tesis, que dirigirá el profesor octogenario Robert Whelan. “Rebeca tiene algunas cosas de mi infancia y de mi adolescencia gallega”, recuerda. Dice Susana por voz de la estudiosa Rebeca: “Yo también había tenido mi infancia campestre con caballos salvajes”.

Rebeca se traslada a Londres y ahí se funden dos épocas. “El Londres de la II Guerra Mundial, que ofreció resistencia a los nazis, y el Londres multirracial actual, que es el que acoge a la joven”, indica Susana Fortes, que no sabía que Kim Philby, citado y recordado en su novela, fue herido en Teruel y convaleció de sus heridas en el Gran Hotel de Zaragoza. “No lo sabía. Y sería bonito decir que he dormido en Zaragoza en la habitación de Philby. Esta novela se coció a fuego lento y tuvo un origen gracioso: arrancó de una revista de moda, donde vi unos zapatos de los 40. Pensé quién podría llevar zapatos así, en medio de una ciudad bombardeada. Así nació Emily J. Parker, la mujer enigma. Luego pensé también en algo que me atrae y me perturba mucho. La desaparición de personas, la desaparición de escritores. Pensé en Jean Rhys, la autora de ‘Ancho mar de los Sargazos’, en la propia Agatha Christie o, claro, en Harper Lee, la autora de ‘Matar a un ruiseñor’. Y así, con todo eso en la cabeza, fui moldeando a Emily J. Parker”. De esa escritora vamos sabiendo algunas cosas: era hija de militar, quizá era una mentirosa redomada, estaba casada con el brillante matemático Alan Pearson, compañero de Alan Turing, resultó proclive a la enfermedad. “En el libro hay muchas cosas: el clima de la Segunda Guerra Mundial cuando “el suelo británico estaba plagado de agentes nazis”, el mundo de los hospitales, cómo se hace una escritora, y vemos un universo de héroes y canallas, de grandeza y miseria, de hitos históricos específicos como los bombardeos y la agitación en la base de comunicaciones de Bletchley Park, donde trabajaba Emily, entre 10.000 personas más”.

Eso sí, Emily J. Parker, aunque se nos diga que publicó una novela en Seix Barral, no existió, pero ya se sabe, algunos escritores, como pedía John Irving, tienen un don: crean personajes de ficción que resultan tan auténticos como los de carne y hueso. Quizá no se debe desvelar más de “esta historia de investigación y misterio, de intriga y de desaparición, de terror psicológico y de amenaza”, donde nada es lo que parece. Ni siquiera el amor.

“¿Cataluña? No soy quién para arreglar el mundo, pero me gustaría decir, como creo que decía Rafael Azcona: muchas de estas cosas se solucionarían cediendo el asiento en el autobús”.

 

*Tomo la foto de Susana Fortes de aquí

http://image.afcdn.com/dossiers/D20140109/Susana2-105442_L.jpg

-2. Portada: https://www.planetadelibros.com/usuaris/libros/fotos/254/m_libros/portada_septiembre-puede-esperar_susana-fortes_201706061755.jpg

 

'LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD'. DANIEL GASCÓN EN 'LETRAS LIBRES'

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LA BORRACHERA DE LA IDENTIDAD
Artículo de Daniel GASCÓN, publicado el 29.09.2017 en ’Letras Libres’.
La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o su propaganda, se ha convertido en una agresión a las personas.
 

En un texto dedicado al humor somarda, José Luis Cano contaba la anécdota de un funcionario del ayuntamiento de Calanda, Teruel, que le indicaba a una señora: “Aquí tendrá que firmar alguien de la familia”. “¿Y quién de la familia?”, contestaba ella. “No sé, cualquiera, su marido mismo.” “¡Uy, mi marido de la familia, si ni siquiera es del pueblo!”

Las bromas las carga el diablo y lo que lleva tiempo ocurriendo en Cataluña puede verse como una farsa que se repite en forma de tragedia: como si demasiada gente al mismo tiempo se hubiera tomado en serio el chiste.

Hay investigadores que señalan que existe un componente biológico en el nacionalismo, además de elementos de construcción cultural y de intereses de las élites. No está claro que eso lo haga irremediable: hay otros impulsos biológicos que hemos conseguido domesticar y en buena parte de Europa durante décadas se ha conseguido acallar o tener una versión relativamente suave de algo que, como dijo Mitterrand en un discurso inolvidable, es la guerra.

Aurora Nacarino-Brabo ha escrito en esta revista sobre la alianza entre nacionalismo y populismo. Además, el nacionalismo ha disimulado (aunque, a decir verdad, tampoco disimula tanto) sus elementos anacrónicos, un poco decimonónicos y rancios, y su sustrato supremacista, en una época que mostraba una actitud comprensiva hacia el discurso de las identidades, y en particular hacia identidades autonómicas, que en algunos casos habían sido oprimidas durante la dictadura franquista.

La identidad no siempre tiene articulación política, y tampoco tiene necesariamente una relación conflictiva con el sentimiento de pertenencia a una unidad mayor. Pero es útil para el nacionalismo. Aunque la identidad es compleja, cambiante y azarosa, el nacionalismo privilegia una sola variedad homogénea y esencialista por encima de las demás. Los nacionalistas periféricos españoles tienden a hablar de la asignatura de Formación de Espíritu Nacional. Pero al observar sus acciones, no es difícil detectar cierta admiración: parece que lo que les molesta no es el adoctrinamiento sino que este se hacía en los mitos y símbolos equivocados.

Facilita el paso a una implicación emocional. La crítica a una identidad colectiva, a su parafernalia hortera o sus mecanismos de propaganda, se convertía en una agresión a las personas. Si es un sentimiento íntimo, todo ataque es una ofensa: la nación (o la pertenencia regional) ya no se ve como una idea sino como una parte del sujeto, y se olvida que las tradiciones culturales son en buena medida una mezcla de falsificación y robo: en su divertido texto sobre el humor aragonés, el sabio Cano cita como ejemplos a Chuang Tzu y Buster Keaton. En los casos extremos, la discusión se desliza hacia lo religioso y todo desacuerdo se vuelve blasfemia.

Propicia también el desarrollo de lo que podríamos llamar una política del agravio. Este no es un elemento despreciable. Todos nos sentimos ofendidos y el deseo de reconocimiento es una poderosa fuerza política.

Existen injusticias mensurables que se pueden rectificar. Hay reparaciones y gestos simbólicos que pueden ser útiles, y se pueden hacer por buena voluntad o cuestiones pragmáticas. Pero esta política tiene sus límites y problemas.

Entre ellos está el regreso constante al pasado. Una de sus tentaciones más frecuentes es proyectarlo en el futuro, como ha escrito Manuel Arias Maldonado: a ver si esta vez sale bien. Quienes no conocen la historia, escribió Christopher Hitchens, están condenados a recrearla.

Otro es que el agraviado, en ese repositorio cambiante del pasado, tiene siempre motivos para sentirse herido. “Nadie quiere ser víctima, pero todos quieren haberlo sido”, escribía Todorov. Así, por ejemplo, cuando un escritor español, en un texto de propósito conciliador, publicó un artículo explicando lo importante que era para él la cultura catalana, un narrador en catalán le reprochó que los nombres que citaba en su artículo fueran clásicos: eso demostraba, a su juicio, su falta de interés por la cultura catalana contemporánea.

Otro problema de la política del agravio es que, cuando uno está muy preocupado por las ofensas reales e imaginarias que recibe, tiene menos capacidad para detectar las ofensas reales e imaginarias que produce. Es bastante frecuente leer o escuchar a gente que muestra una extraordinaria sensibilidad para lo propio y una espeluznante falta de sensibilidad hacia los demás.

El énfasis en la identidad y los agravios produce un discurso emocional que dificulta llegar a acuerdos. No creo que haya que despreciar las emociones ni pasarlas por alto, pero conviene mantenerlas a raya antes de la discusión. No porque no sean importantes, sino, entre otras cosas, por respeto a su poder y relevancia.

Un poco de ironía –en el sentido de tener conciencia de la propia contingencia– puede resultar útil. No significa renunciar a los propios principios; al contrario, puede ayudarnos a distinguir lo que de verdad importa.

 

*Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es el editor de la edición española de la revista mexicana ’Letras Libres’. Ilustración de José Luis Cano para su libro de Servet. Es Calvino.

01/10/2017 18:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SÁBADO 30, JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS EN LA CASA DEL TRADUCTOR

JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS 

DE LA CASA DEL TRADUCTOR

Inicio: 30-09-2017

Fin: 30-09-2017

Hora: 11-18h.

Lugar: Casa del Traductor

Organiza: Comarca de Tarazona y el Moncayo

Jornada de puertas abiertas de la casa del traductor

11:00h. Origen, historia y misión de la Casa del Traductor por Enrique Alda coordinador y asesor técnico de la Casa.

11:15h. Intervención del director de la Casa del Traductor: Juan Antonio Fuentes.

11:30h. Intervención de Ahmed Abdullatif traductor de 'Tonto, muerto, bastardo e invisble' de Juan José Millás.

12:30h. Mesa redonda en torno a la traducción, la formación y la profesión con Enrique Alda, Maria Pilar Cardos, Kenneth Jordan, e Inés Ramia Latorre.

14:00h. Comida de fraternidad.

17:00h. Mesa redonda, editoriales y traducción con Trinidad Marcellán, editora de Olifante, y Julián Lacalle, responsable de Pepitas de Calabaza de Logroño.

18:00h. Mesa redonda, el escritor y el traductor literario. Intervienen Rada Panchovska, Antón Castro, Alfredo Saldaña, y Ricardo Diez. [La escritora y editora búlgara acaba de traducir a su lengua tuna antología poética de cada uno de los autores.]

Más información e inscripciones: ealda@ealda.com

*http://www.larioja.com/noticias/201412/20/media/cortadas/leyendas--575x323.jpg.

 

29/09/2017 14:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BENJAMIN, EL PENSADOR DE LA CULTURA

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Walter Benjamin, el pensador de la cultura

 

Pequeña historia del escritor, filósofo y crítico de arte que se suicidó en Portbou en 1940, acuciado por el miedo a la Gestapo

 

 

Quizá no sea el escritor más popular de su siglo ni el más fácil de leer, pero la historia de la cultura habría sido distinta sin Walter Benjamin (Berlín, 1892-Portbou, 1940). Ofrece un perfil complejo y a la vez subyugante: se trata de un hombre que piensa y debate, rodeado de “libros hasta las orejas”, al que se le unen el día y la noche: traduciendo, reflexionando sobre los cuentos populares ilustrados que tanto le gustaban, pensando en la obra de pintores como Paul Klee o Kandinsky, que eran sus favoritos, o repasando su formidable colección de fotos de Germaine Krull, una de sus debilidades. Y no solo eso: es un crítico de arte y de la cultura, un ensayista y un escritor que se mueve con mucha comodidad en el texto breve como el dietario o el microrrelato, como se ve en ‘Obra de los pasajes’, que publica Abada en dos volúmenes.

Hijo de buena familia, su padre había trabajado de banquero en París y regresó a su ciudad para dedicarse al comercio de antigüedades y de arte. Walter Benjamin, sensible y lúcido, era el mayor de tres hermanos. En la Universidad, una vez que había decidido apostar por el ala más radical de la juventud socialista y por el estudio de Marx, Engels, Bergsonb y Fichte, descubrió que era discriminado por ser judío. Contó con un amigo fundamental como Gershom Scholem, que le sugirió que analizase la vasta tradición histórica del pueblo judío; una de sus obsesiones fue vincular el judaísmo y el marxismo. Además optó por el estudio de la crítica de arte en el romanticismo.

Poco después estallaba la I Guerra Mundial. Iba a alistarse, pero se enteró de que dos de sus mejores amigos se habían suicidado en la contienda, y prefirió esperar. Algo que haría de nuevo más tarde: rechazó la llamada a filas, se vinculó a posturas antimilitaristas y eso le llevaría a vivir lejos de su país: en la neutral Suiza, en distintas ciudades. En 1917 se casaría con Dora Kellner, divorciada e hija de buena familia, y al año siguiente tendrían a su único hijo: Stefan Rafael. La convivencia estuvo salpicada de dificultades y de terceras personas a veces; vivieron en distintos lugares, Walter estudiaba hebreo, redactaba ensayos minuciosos, se entusiasmó con Charles Baudelaire al que traducirá y logró su doctorado. Algo más tarde apareció en su vida Asja Lacis, “una bolchevique letona, cristiana, actriz y directora de teatro, y con quien había conversado toda la noche”, según escribió en una carta. Fue otro de sus grandes amores, sin duda.

En 1925, viajó a España; interesado por el comunismo, en 1926, lo hizo a Rusia (Abada edita su ‘Diario de Moscú’). Siempre pendía del alambre; a principios de los años 30 consiguió un empleo como locutor de radio, y eso le permitió estudiar la cultura de masas. Escribía sobre Goethe, Kafka, Karl Kraus o Marcel Proust, al que también tradujo en compañía de Frank Hessel; se citaba con Brecht, con quien jugaba al ajedrez en Dinamarca. Le incomodaba el ascenso del nazismo. Intuía la barbarie que se avecinaba.

Se marchó de París, donde había vivido a menudo, poco a antes de la llegada de los nazis. A finales de septiembre, con un pequeño grupo, se dirigió a las montañas para cruzar España. El camino, de unos 25 kilómetros, era duro. Benjamin estaba débil (nunca le sobró la salud) y tenía miedo a la Gestapo. “Pasó la noche sin protección contra el frío o los animales de la mañana. Al día siguiente el resto del grupo re reunió de nuevo”, dice Esther Leslie en su biografía ‘Walter Benjamin: la vida posible’ (Universidad Diego Portales, 2015). El 26 de septiembre de 1940, tres policías del régimen franquista le negaron la entrada a España. Su permiso no estaba en regla, aunque sí tenía autorización para recorrer el país y para irse luego a Estados Unidos, donde le esperaba el filósofo Adorno.

Se retiró a una habitación del Hotel Francia y allí se suicidó con morfina. En una nota que dejó a su compañera de viaje Henny Gurland, fotógrafa y futura esposa de Erich Fromm, Walter Benjamin escribió: “En una situación sin salida, no tengo otra elección que la de terminar”. Lo enterraron en un ritual católico con el nombre Benjamin Walter. Era el extranjero de la maleta que cinco años después sería trasladado a la fosa común.

 

LA ANÉCDOTA

 

La muerte de Walter Benjamin sigue envuelta en el misterio: ¿se suicidó, murió de enfermedad y cansancio, o fue asesinado por los nazis y los comunistas, que entonces habían firmado un pacto de no agresión? La incertidumbre continúa y abarca también a su famosa maleta. ¿Había dentro algo especial, su último libro, apuntes, direcciones, algo comprometedor, aquellos cuadernos que cuidaba con tanto mimo? De todo ello se sigue hablando y sigue apareciendo libros y documentales. O revistas alusivas a su muerte como ‘La maleta de Portbou’. En la Universidad de Gerona, existe una cátedra dedicada a Walter Benjamin. El autor de ‘Infancia en Berlín hacia 1900’ es una figura que se agiganta día tras día, y que encarna el sentido crítico, el periodismo cultural y la pasión del conocimiento.

 

 

 

 

29/09/2017 12:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TONO MASOLIVER: TRES POEMAS

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[El poeta, narrador y profesor Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939), crítico de narrativa en el suplemento ‘Culturas’ de ‘La Vanguardia’, publica un nuevo libro: dos poemarios en un solo volumen: ‘La negación de la luz’, que da título al conjunto, y ‘El cementerio de los adioses’. Poesía de la memoria y la melancolía, poesía de los sueños, de la antesala de la despedida, de los amores perdidos o soñados, del amor que irrumpe en la madurez como un relámpago. Poesía del paso del tiempo, de homenajes, de la intimidad, y poesía narrativa a menudo, con personajes y homenajes (a Antonio Gamoneda, entre ellos). Copio aquí tres poemas suyos.]

 

1

 

Lo que escribo en este instante

que acaba de desvanecerse.

Lo que mi corazón y sus flores

efímeras. Y lo que vieron

mis ojos en la rubia playa

de las mujeres evanescentes

que hoy lloran el tiempo.

Y llora el tiempo

por todos nosotros.

 

2

 

Hay una sombra que me acongoja,

un vello ajeno a mí, a mis ojos

que sufren, ven pérdidas.

Tu desnudez me abruma,

nunca estuve en aquella playa,

en aquella arena del pubis.

Amor saciado como un vaso vacío.

Estériles luces de agua en la memoria.

 

3

 

Estoy en una calle tan larga

que no cabe en mi corazón.

Por ella ceo alejarse a mi padre

y no puedo gritar

porque si grito

despertaré del sueño

y desaparecerá la calle

para siempre.

 

De ‘La negación de la luz’. Juan Antonio Masoliver Ródenas. Acantilado. Barcelona, 2017. 205 páginas.

28/09/2017 02:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE EDUARDO CHICHARRO

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[Ese editor tan personal que es Raúl Herrero de Libros del Innombrable ha publicado ‘Radical libre’ la lírica del poeta postista Eduardo Chicharro, ese grupo que integraron Silvano Sernesi, Carlos Edmundo de Ory y él, pero también, en otros momentos, Gloria Fuertes y Ángel Crespo, entre otros. Raúl me envía dos textos. El libro se presentará el día 6 de octubre en el Museo Pablo Serrano, que está viviendo una intensa transformación. Hace lo que tiene que hacer: actividades. Atraer públicos, crear un nuevo imaginario cultural y social. Para eso está ahí.]

 

[La complejidad de la obra literaria de Eduardo Chicharro Briones 
(Madrid, 1905-1964), con una trayectoria que abarca poesía, novela y 
cuento, teatro o ensayo literario, solo es comparable al ostentoso 
silencio que la acompañó y la sigue acompañando. Pero Chicharro fue, 
en este sentido, insensible al desaliento. Ajeno a la pompa de la 
corte literaria, desde ese mismo silencio fue capaz de construir, 
siempre desde los márgenes del canon literario de su tiempo, una obra 
extraordinariamente iconoclasta, radical y libre.]
Jaume Pont. Prólogo a _Radical libre_ de Eduardo Chicharro.

 

Carta de noche a Carlos

 

Carlos yo te escribo trece trenes

trinos trece te estremece

y te envío mecedoras

a tu casa.

Que tu casa es una cosa

que no pasa.

En el filo sutilísimo te escribo

del estribo.

Puesto el pie en el mismo digo

como sigo por el hilo de tu higo

en el higo sutilísimo que sigo.

De mi casa a la tu casa sigo sigo

enviando mecedoras rutilantes.

Por la noche duermo, sueño, como, orino,

sueño papa manos pone tuyos hombros

cara tiene nívea cera transparente

gesto ambiguo de sus labios mucho temo

pasan cabras por sus ojos, dame leche

y en un coche pon la estrecha remolacha

por los siglos de los siglos que me orino.

Pasan ciervos por mis ojos

luchan truchas en mi lecho

por debajo pasa el grajo, por la orilla la abubilla.

Que mis huesos son de corcho sueño a veces

y las heces que vomito son como oro.

Un gigante se aparece cada noche

y me dice cada cosa cada cosa,

cada cosa que no entiendo va y me dice.

No me llama por mi nombre el gigante ese

ni me tira de la oreja.

Te pregunto Carlos ahora por qué escribo

y te envío mecedoras.

Si te cuento lo que sueño no entristezco

a ningún amigo bueno que me escucha

por lo menos así pienso entumecido

ya a las puertas de esta noche.

¿Qué me espera? ¿Quién se agita en la penumbra

que los párpados me cierra suavemente?

He aquí pues que vuelvo al sueño como un guante

del conejo que hay delante de mi fuente.

Guardo un trozo de casulla del gigante

pongo botas quito mantas cuelgo abrigos

traigo trapos y amontono las almohadas.

En un hoyo me cobijo, me hago el muerto

y en espera de que el sueño llegue aúllo.

Vuelve el viento, la casulla, la osamenta,

el gigante, el calcetín y la abubilla.

Mientras tanto, Carlos, rápido te envío mecedoras.

¿Las entiendes? ¿Tú las ves que te las mando?

Si entre tanto te lo cuento estáte atento

al bicho ese que se sube por las barbas

es un tanto alocadillo y come mucho.

Al abrigo de la noria está la liebre

el molino escupe hileras de cipreses

el anciano da patadas al pesebre

el obispo zurce el culo de la avispa

y en el mango de la escoba vive el piojo.

¿No ves Carlos por la noche tú también,

un portero con al hombro una escopeta?

¿Tiene una hija ese portero tú también?,

con la mano me hace señas y me enseña

una cosa mucilaginosa. ¿A ti no?

¿He de decir que me canso, que de cansar estoy vivo?

¿O he de decir que me vivo, que de vivir estoy canso?

Let me I write you, my dear.

Digo que me digas que digo

a estas cuatro paredes mi pena

mi congoja de hombre destartalado.

¿Soy yo cura, ámbito habito

o es el hábito del obispo

que hace al monje o no lo hace?

Sigo enviándote mecedoras,

cuídalas, límpialas, pómpalas,

góndolas, lámparas, ordéñalas,

albérgalas en tu pecho

que el sultán viejo lo dice:

si el refrán mata a la rata

pon tu casa enjalbegada

que a decir viene lo mismo.

 

Elementos fantasmagóricos del paisaje

 

Mira el buey redondo y alto

lo más romo de la encina

y el labriego sentencioso

corta el pan con sus dos manos.

 

Cosas vagan necesario

vive el astro en la campiña

sobre el suelo y el escombro

y el tritón invertebrado.

 

En el aire está exhalando

muerta serpiente de espina

aire muerto. Rinde el lobo

doble culto al fiel rebaño.

 

Ve el pastor quieto a su lado

un gran ángel de rodillas,

con el brazo forma un codo

al enseñarle los prados.

 

Pisa el buey con su pie plano

la seriedad de ceniza

del ángel, mientras el lobo

se ha convertido en milano.

 

1944

 

27/09/2017 10:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS VERANOS DE LUIS ALEGRE

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LOS VERANOS DE... LUIS ALEGRE

 

Luis Alegre (Lechago, Teruel, 1962) es profesor de economía, escritor y agitador cultural del universo del cine. Ha sido director de programas de televisión, en Tele 5 o Aragón Televisión, y de documentales como ‘La silla de Fernando’, y es responsable del Festival de Cine de Tudela. Dirige el ciclo ‘La Buena Estrella’.

 

 

“Lo peor es la melancolía de la gente que ya no está”

“¿El momentazo? Mis charlas sobre sexualidad en el bar El Chato”

 

ANTÓN CASTRO

 

-1. ¿Qué hace un artista en verano?

Un artista no lo sé. Yo, pensar hasta que me quedo dormido.

 

-2. ¿Dónde has veraneado a lo largo de los años?

En mi infancia y adolescencia, en Lechago y Calamocha, mis dos pueblos, con un paréntesis de dos años en los que vivimos en Fuentes de Jiloca. Luego, en Zaragoza y en los lugares a los que he viajado. En 2004 arreglamos la casa familiar de Lechago –en la que nos parió mi madre, que también nació en ella- y desde entonces ese es nuestro refugio.

 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Soy un chico de pueblo.

 

-4. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? 

He tenido suerte con mis viajes de verano. Uno de los más inolvidables lo hice con Mariano Gistaín y José Antonio Labordeta el 18 de julio de 1986. Fuimos a Toulouse, a la conmemoración del 50ª aniversario del comienzo de la Guerra Civil. Unos anarquistas de la CNT invitaron a Labordeta y él nos animó a acompañarle en su coche. Fue delirante el viaje y fue delirante nuestra estancia en Toulouse.

 El primero inolvidable fue uno del verano del 79. Tenía 17 años. Hice el viaje “a dedo” desde Calamocha para ir a las fiestas de Villanueva de la Jara (Cuenca), el pueblo de Emiliano Albarrilla, compañero de bachillerato. Era la primera vez que viajaba solo.

También recuerdo muchos otros que asocio a los amigos con los que los compartí: con David Trueba, los viajes a Lisboa, Praga o al impresionante Karlovi Vary; con Javier Gurruchaga a La Habana; con José María Gómez, ‘Cuchi’, al Festival de San Sebastián; con Maribel Verdú a Venecia; con Javier Tomeo y Blanca Carvajal a Segovia; con Concha García Campoy, Andrés Vicente Gómez y Verónica Forqué a París; con Concha a Marbella, a la casa de Antonio Banderas y Melanie; con David y Santiago Segura a Ibiza, durante muchos veranos, a la casa de Concha; con Penélope y su familia, a la Toscana y a las Bahamas. Un verano fui a ver a Penélope a Cefalonia, una isla griega, del archipiélago de las Jónicas, donde rodaba una película. Tal vez haya sido el lugar que más me ha impresionado. Qué belleza.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Me recuerdo de muchas maneras: en Lechago, con mi madre cantando jotas mientras ella fregaba; con mi padre enseñándome a jugar al ajedrez y corriendo detrás de mí cuando me quemé las manos al caerme en la hoguera de su huerto; la mañana en la que mi madre echó un bando porque creía que me había perdido con Merceditas, mi amiga y hermana de leche; con mis hermanos Salvador y Carmen en la cama en la que dormíamos los tres juntos; la muerte de Caracola, nuestra perra, el primer gran sofoco de mi vida; en el bar del Calamochilla y en el de mi tío Eduardo, con todo el pueblo jugando al guiñote y la tele en blanco y negro de fondo; en brazos de mi tío Paco, con dos años; con mi tía Amalia en casa de su amiga Juana viendo por la tele las corridas de El Cordobés y El Viti. Luego, en Calamocha, las tardes lentas, los ratos tontos que perdíamos mirando las matrículas de los coches que pasaban; las clases particulares que daba a chicos del pueblo; los cromos del fútbol; las carreras con la bici entre Lechago y Navarrete; las revistas ‘Lib’ e ‘Interviú’, grandes estrellas de los 70; los partidos de fútbol con los amigos; mis tíos y primos; las peñas; los bailes agarrados; las fiestas de Calamocha y Lechago; la piscina; los futbolines; el ping pong; el tenis; las discotecas, las primeras chicas que te volvían loco, los encuentros furtivos; los bares, la gramola, las canciones del verano. Y, como momentazos cumbre, las charlas sobre sexualidad que daba a mis amigos y amigas en el bar El Chato, después de leer el Consultorio sexológico que el doctor Luis Serrat llevaba en ‘Interviú’. Casi todas estas cosas las viví con Pascual Peiró, mi inseparable amigo de la infancia y adolescencia.

 

-7. Y entre tantos recuerdos, ¿cuál es el mejor?

La primera vez que una chica de Lechago, Conchita, me dijo que sí cuando la saqué a bailar en una peña del pueblo. Estaba muy oscuro y sonaba ‘Michelle’ de Los Beatles en el radiocassette. Fue muy emocionante. Tendría unos 13 años. También fue muy eufórica la tarde en la que en Calamocha recuperé una bicicleta azul que me habían robado.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas hace en estos días?

 Me han encargado el prólogo de la nueva edición de ‘El tiempo amarillo’, las memorias de Fernando Fernán-Gómez, de 720 páginas. Con ese pretexto, las releo. Menuda delicia.

 

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película está asociados a un verano inolvidable?

En los veranos de finales de los 70 y primeros 80 iba mucho a Madrid. A cada rato iba al Museo del Prado. Un día fui a ver ‘El Guernica’ de Picasso con mi tía María, que no entendía por qué estábamos tanto tiempo delante del cuadro. También fueron más que inolvidables los veranos en los que devoré ‘El largo adiós’, ‘Cosecha roja’ y ‘El guardián entre el centeno’, tres de las lecturas de mi vida.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?

Las chicas de las que me enamoraba en la adolescencia.

 

11. ¿En qué han cambiado los veranos?

Ahora transcurren a una velocidad desesperante. Es para cabrearse.

 

-12. ¿Cómo resumiría en un tuit el espíritu veraniego?

Los veranos siempre pasan demasiado rápidos. Hasta cuando pasaban lentos.

-13.¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

En el verano de 1987 Mariano Gistaín y José Antonio Ciria escribieron un libro sobre Perico Fernández, ‘La vida en un puño’ (El Día-Ediciones del Valle). Me pegué a ellos con el pretexto de echarles una mano. Pasamos un verano formidable, al lado de Benito Escriche y de Perico, uno de los tipos más surrealistas y divertidos que he conocido. Al verano siguiente, 1988, volví a ayudar a Mariano en ‘No me esperes a comer’, un programa que Pepe Royo le encargó para el centro regional de TVE. Con nosotros estaba la fantástica Pilar Labadía. Por las noches no salíamos de dos bares, ‘La avenida de la Ópera’ y ‘La Marioneta’, en la calle del Olmo. Ese fue uno de los grandes veranos de mi vida. También fueron muy divertidos los veranos que, con mi amigo de la infancia José Luis Campos, presenté el programa especial que la tele de Calamocha dedicaba a las fiestas de agosto. Yo salía de madrugada a hacer reportajes por las calles y peñas, tratando de poner el micrófono a los que más mamados iban. Y, luego, también, recuerdo muy bien algunos cursos de verano. Por ejemplo, uno sobre cine español que, con la ayuda de Cristina Palacios, dirigí en El Escorial para la Universidad Complutense. Fue en el 2005. A ese curso asistieron, entre otros, Luis Berlanga, Rafael Azcona y Juan Luis Galiardo. Eso es lo peor. La melancolía de la gente que ya no está. 

27/09/2017 03:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANGUEL, PREMIO FORMENTOR

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Por ITA FÁBREGAS

Pollença (Mallorca), 23 de septiembre 2017.- El escritor, traductor y editor argentino-canadiense, Alberto Manguel recibió anoche en los jardines del Hotel Formentor Royal Hideaway el Premio Formentor de las Letras 2017 de manos de Marta Buadas en representación de su familia y Simón Pedro Barceló, impulsores del prestigioso premio.

Manguel recibió el galardón, dotado con 50.000€, en reconocimiento al conjunto de su obra en una ceremonia a la que han asistido cerca de 400 invitados. Numerosos editores, escritores, críticos, especialistas literarios, amantes de la literatura, empresarios y representantes de la vida social y cultural de las Islas Baleares, entre ellos Ignacio Polanco, Presidente de la Fundación Santillana entidad que organiza las Conversaciones Literarias.

"Las Lágrimas de Isaac. De cómo la lectura inventa la realidad” es el título del discurso con el que Alberto Manguel agradeció la concesión del Premio Formentor de las Letras y recordó en rueda de prensa, que fue una enorme sorpresa conocer la noticia,  sobre todo porque “es un premio que tiene una reputación increíble” añadió.  

Manguel dedicó su discurso a hacer un recorrido a través de la historia de la lectura visto desde su punto de vista. Explicó que la lectura le ha influido desde la adolescencia sintiéndose protagonista  y viviéndola a través de sus personajes.

Para Manguel la invención de la escritura nos concedió una suerte de modesta inmortalidad. “Eso sentí yo allá lejos y hace tiempo, la tarde, por ejemplo, en que, acompañando al joven Axel de Hamburgo, descendí por el volcán Sneffells al centro de la Tierra, siguiendo las huellas de Arne Saknussemm. Yo estaba allí, con esos intrépidos aventure­ros, allí en uno de los confines del mundo, allí en un siglo que no era el mío. Con el libro de Verne en la mano, yo me despojaba de mi identidad convencional, del nombre que mis padres me habían dado, de mi edad y nacionalidad declaradas en mi par­tida de nacimiento, de todo límite salvo aquel que mis temores imponían a mi incipiente curiosidad. Entonces supe, intuitiva­mente, que aquello que me alentaba no era una necesidad como respirar o beber agua, sino algo que yo no supe entonces nom­brar y que ahora sé era deseo: el deseo de eso que aún no había ocurrido, que yacía más allá del horizonte y que se convertiría con el correr de los años en costumbre esencial. La lectura me ofrecía, y me ofrece aún, como espectador privilegiado, el reino de este mundo y de todo otro mundo imaginable, de manera más íntima y convincente que la realidad misma.”

En este sentido añadió “mis lecturas componen una monstruosa cosmología de espejos en la que está presente todo instan­te y todo lugar de mi biografía. En mi vida de lector, La República Madame Bovary, El Idiota El Capital, La noche oscura del alma El día de los trífidos son capítulos aislados en una inmensa saga cuya coherencia y sentido no puedo sino intuir. La Biblia, compuesta de relatos, crónicas histó­ricas, proverbios, poemas líricos, textos proféticos y códigos legales, ejemplo insigne de este género literario polimórfico, es otro capítulo más de mi voraz libro que contiene todas mis lecturas. A pesar de tales ambiciones, soy penosamente consciente que aun este vasto volumen no es, por cierto, el universo mismo.

La ceremonia de entrega del Premio da inicio a las Conversaciones Literarias en Formentor, que este año cumplen su décimo aniversario, y coinciden con la publicación en España del libro de Alberto Manguel, Mientras embalo mi biblioteca de Alianza Editorial. 

El jurado del Premio Formentor de las Letras 2017, presidido por Basilio Baltasar y formado por, Inger EnkvistLila Azam ZanganehDaniel Fernández y Jarauta, decidió por unanimidad conceder a Manguel el galardón porque “su obra constituye una de las más lúcidas indagaciones en la historia orgánica de la biblioteca universal” 

El jurado argumentó que “sus elocuentes ensayos nos han permitido seguir la pista del largo peregrinaje de los libros del orden prodigioso que los acoje en las instituciones vertebrales de la cultura. La minuciosa recreación del arte de leer, la pericia con que los lectores aprenden a comprender la inmensidad del mundo, pertenecen al enciclopédico saber con que Alberto Manguel ha retratado la vida de los libros”.

 

El Premio Formentor

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la alta tradición literaria europea. Es un reconocimiento a la calidad, integridad y prestigio de la gran literatura.

El galardón prolonga el impulso de la primera fase del Premio Formentor creado por Carlos Barral y un reputado grupo de editores europeos (Gallimard, Einaudi, Rowolt…).

En Formentor fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Saul Bellow y Jorge Semprún. Y en esta nueva fase del premio, recuperado en 2011, lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia y el escritor y editor italiano Roberto Calasso.

La familia Barceló, actuales propietarios del hotel, y la familia Buadas son los mecenas del Premio Formentor de las Letras, dotado con cincuenta mil euros.

 

 

 

23/09/2017 09:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EDUARDO HALFON: UN DIÁLOGO EN TORNO A 'DUELO'

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El escritor guatemalteco Eduardo Halfon (1971) publica en Libros del Asteroide una nueva novela: ‘Duelo’, un texto preciso y transparente donde relata una historia familiar vinculada con un antepasado que se ahogó en un lago. La presentó el pasado martes en la librería Cálamo de Zaragoza, donde publicó el año pasado una nueva edición de otro libro espléndido: ‘Saturno’, su personal carta al padre. Aquí explica las claves de su nueva novela.

¿Existe el ‘efecto Halfon’?

Eso puede admitirlo o negarlo cualquiera, excepto Halfon. Aunque sí existe un efecto que ese otro Halfon, el Halfon narrador, provoca en mí. A veces ya no sé cuál de los dos fuma, ni cuál de los dos viaja tanto, ni cuál de los dos responde en las entrevistas.

¿De dónde procede esa mezcla de sencillez y de hondura a través de una mirada totalizadora sobre el mundo que parece domina en tus libros?

Se me ocurre que ésa, precisamente, podría ser una buena definición de la literatura. Así es el oficio literario, ¿no? Crear algo a la vez sencillo y profundo, tan individual como universal. En mi caso, ese oficio tiene mucho que ver con trabajar el lenguaje, lo cual significa no sólo limpiar y pulir y atornillarlo, sino principalmente eliminar todo aquello que sobra, que estorba. Creo que esa hondura que mencionas, en apariencia sencilla, se puede alcanzar únicamente a través de silencios. Es decir, se siente, no se dice. Algo que los poetas entienden mucho mejor que la mayoría de narradores.

 

¿Cuándo te diste cuenta de que la familia era como un arsenal de historias?

Nunca fue una decisión consciente, simplemente empecé a narrar así desde el inicio, desde mi primer libro, ‘Saturno’, publicado en Guatemala en 2003, que es una carta escrita por un narrador que se parece mucho a mí, a un padre que se parece mucho a mi padre. Y ahí sigo, narrando desde ese yo que necesita hablarle a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, a sus abuelos. Ese yo no existe sin ellos.

 

Publicabas hace poco en Jekyll & Jill ese libro deslumbrante: tu homenaje particular a Kafka, ‘Saturno’, que también era un libro familiar y un diálogo con tus orígenes literarios. ¿Como se hilvana en ti lo que viviste, lo que sueñas e imaginas con lo que soñaron otros?

Creo que la ficción es el escenario ideal donde los sueños de uno se mezclan y confunden con los sueños de otros. En mi caso, lo vivido no es más que un telón de fondo, y esos sueños compartidos son la historia o la trama que sucede ante él.

 

¿Qué hay de cierto o de leyenda en la historia del fondo de ‘Duelo’?

Como en toda historia familiar —en especial las prohibidas—, uno ya no sabe qué es verdad y qué es leyenda. Y esa confusión, justamente, es el punto de partida del libro. El nudo inicial. Pero la historia de Salomón, para mí, sigue siendo un enigma. Y está bien que así sea. No escribí el libro para resolverla o descifrarla o para llegar a saber qué tanto de ella era cierto. Ésa nunca es la búsqueda literaria que mi interesa, sino una mucho más íntima y misteriosa.

 

¿Cómo y cuándo se te ocurrió esa frase tan precisa y que a la vez abre una puerta al misterio: “Se llamaba Salomón. Murió cuando tenía cinco años, ahogado en el lago Amatitlán”?

Fue la primera frase que escribí, tal cual. Es muy raro que eso suceda, que la primera frase escrita se mantenga y termine siendo la primera frase de un cuento o de un libro. Pero en este caso fue así. La escribí en agosto de 2015, mientras pasaba unos días en Guatemala, y tras una conversación con mi padre sobre la muerte de su hermano Salomón, en la cual él me pedía u ordenaba que no escribiera nada sobre ello. Pero yo sólo escribo lo prohibido. Hay que escribir con miedo.

 

¿Qué buscabas aquí: recomponer un puzle o crear un clima tan realista como onírico?

No sé qué buscaba. Nunca, cuando empiezo a escribir, sé qué busco o qué busca mi narrador. Hay un puzle que recomponer, sí, pero nunca es el que me espero, ni tampoco el que el lector espera. Dicho de otro modo, no es un puzle sobre la muerte de Salomón el que se aclara o recompone al final del libro, sino otro. Y quizás para hacerlo era necesario crear esa atmósfera tan real como onírica.

 

¿En qué medida la novela es una novela de investigación o la crónica de múltiples viajes de la familia?

 

Es que, para mí, una investigación literaria implica múltiples viajes de la familia. Para entender la muerte de un niño necesito viajar al lago en Guatemala donde se ahogó o donde quizás se ahogó, y al Estados Unidos de mi infancia, y al campo de concentración en Alemania donde estuvo preso mi abuelo polaco. El libro, entonces, es la suma de esos viajes, de esas crónicas.

 

¿Cómo se alían en tu obra los hechos y los símbolos; la existencia del lago y lo que significa el lago: espejo, abismo sin fondo, depósito de lo desconocido?

El lago en el libro es tóxico. No purifica. No salva. No es una fuente de vida sino de muerte, o de amenaza de muerte. El agua del lago está contaminada, podrida. Parece tragarse los pequeños cuerpos de tantos niños que en ella nadan. El lago, pues, como sarcófago. Pero el lago se convierte también en un espacio que separa dos mundos: niños y adultos, realidad y magia, memoria y ficción, el lado de los vivos y el lado de los muertos. Y aquel viejo muelle de tablones, entonces, donde empieza la narrativa con dos pequeños hermanos rezando antes de lanzarse al agua, es el puente que une esos mundos opuestos.

 

¿Cuál es la importancia en tus novelas del paisaje de fondo, de las historias secundarias, de tantas y tantas acciones como hay aquí, cómo las mezclas sin que el lector se despiste?

Más que historias como paisaje de fondo, yo las veo como partes de un mosaico. Todas integrales, ninguna secundaria. Es decir, el efecto que quiero provocar en el lector sólo se consigue viendo o sintiendo el mosaico completo, en el orden en que los fragmentos o segmentos se van presentando e intercalando. La línea que esos fragmentos trazan no es recta, pero es precisa.

 

Todo el mundo pondera tu lenguaje, tu exactitud cargada de matices. ¿Como te planteas el lenguaje?

El lenguaje es todo. Pero decir eso suena trillado. Entonces te lo diré de otra manera. El primer manuscrito del libro lo terminé muy rápido, en tres o cuatro meses, pero luego me quedé trabajando el lenguaje otro año y medio. La música de las palabras, principalmente. Su cadencia, su ritmo, sus tambores y címbalos. Todo esencial, al igual que en la música, para crear una reacción visceral y emotiva en el lector.

 

¿Pueden tener las familias historias tan poderosas como la tuya?

La historia de toda familia es igual de poderosa. Pero su poder no reside ahí, en la historia misma, sino en cómo se cuenta.

 

¿El enigma es consustancial a la literatura? ¿En qué medida la escritura es una forma de indagación?

La escritura es una indagación frustrada. Uno empieza a escribir sabiendo dos cosas: que está buscando algo, y que jamás lo encontrará. Lo sabe desde el inicio. Entiende perfectamente que jamás resolverá el enigma, que jamás llegará al puerto que se propone, pero igual zarpa de nuevo y se deja llevar y, con suerte, no se marea tanto.

 

*Tomo la foto de Eduardo Halfon de aquí.

 

15/09/2017 08:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL PERIODISTA DEL SIGLO XXI

Tomo este artículo de aquí, tras leer la recomendación de Pedro Zapater, periodista de 'Heraldo de Aragón'. Muy recomendable. Para jóvenes, para gente en ejercicio, para aquellos a los que les da pereza asomarse al nuevo mundo tecnológico...
http://mip.umh.es/blog/2017/09/12/retos-formacion-periodista-siglo-xxi/
POR JOSE A. GARCÍA AVILÉS — 12 SEPTEMBER, 2017

La formación periodística del siglo XXI:

tecnohumanistas con herramientas… y buenas botas

El periodista de El Confidencial Daniele Grasso, en un seminario celebrado recientemente en Málaga, criticaba que algunos profesores de periodismo “se han quedado atascados en el pasado” y reivindicaba este lema: “Menos Kapuściński y más ProPublica”. La reflexión de Grasso me ha llevado a escribir estas líneas.

Por un lado, a Grasso no le falta razón: en buena parte de la universidad pervive un núcleo de profesores de periodismo, jóvenes y menos jóvenes, —no es cuestión de edad, me parece que se trata más bien de mentalidad— anclados en una visión utópica que poco o nada tiene que ver con la realidad de la profesión y lo que sucede en los medios. En este sentido, el lema “Menos Kapuściński y más ProPublica”, que me recuerda al de “Más Platón y menos Prozac” de la filosofía de andar por casa, reivindica la necesidad de que en las facultades orientemos a los futuros periodistas por los derroteros del periodismo del siglo XXI, inmerso en el tremendo tsunami que ha desencadenado la digitalización, las redes sociales, las cambiantes audiencias y la crisis de los modelos de negocio. Debemos trasladar a los estudiantes los lenguajes, formatos, procesos y tendencias en la profesión, con un estilo adaptado a la realidad en la que van a trabajar, en cualquier soporte e iniciativa periodística. Hemos de ilusionarles con las enormes posibilidades que ofrece el periodismo en este momento, a pesar de la crisis de las empresas informativas y de los vaivenes que experimenta el sector.

image alt textDaniele Grasso durante su intervención en Málaga. Foto: La chica imposible.

Entiendo que el lema acuñado por Grasso busca enfatizar la renovación de los contenidos que se imparten en las facultades de periodismo. Sin embargo, me parece un error “tirar a Kapuściński por la borda” y prescindir de aquello que el periodista polaco representa. Ryszard Kapuściński, considerado uno de los mejores reporteros internacionales, ha aportado una mirada humanista al periodismo, con sus reportajes en África, Latinoamérica y Europa, su independencia y su preocupación por “el otro”, como le gustaba referirse al interlocutor objeto de sus coberturas. Algunas de sus reflexiones sobre el periodismo han contribuido a fortalecer la ética y calidad de la profesión en estos tiempos de cinismo. Por ejemplo, su taller “Los cinco sentidos del periodista (pdf)” ofrece numerosas claves sobre el oficio de contar periodísticamente lo que sucede. Me parece que cualquiera que se dedique a esto debe conocer la obra del periodista polaco, al igual que la de otros profesionales que son modelos de referencia. Leamos pues a Kapuściński, García Márquez, Xavier Aldecoa, Martín Caparrós… y a tantos otros que aportan un sólido bagaje humanístico a la profesión.

La transformación de los perfiles profesionales

Hace tan solo una década, en las facultades formábamos esencialmente periodistas especializados en radio, televisión, prensa e internet. Hoy tratamos de formar una variedad de perfiles: editor de vídeo, diseñador, productor, periodista de datos, analista web, editor de redes sociales, podcaster, experto en SEO, fotorreportero, jefe de producto, portadista, desarrollador de audiencias, etc. Los perfiles han cambiado y seguirán cambiando conforme los medios hagan periodismo en distintos soportes y plataformas, pero el sustrato básico de la profesión continuará siendo el mismo.

Lo primero y fundamental es que el periodista sepa contar cosas y se exprese bien en cualquier lenguaje (texto, vídeo, audio…). Que identifique qué es noticiay sea capaz de jerarquizar e investigar un tema, que posea los rudimentos necesarios para analizar la actualidad y hacer buenas preguntas. Luego viene la segunda parte: tener conocimientos de internet, manejar programas de edición de vídeo y audio, dominar las redes sociales y saber de SEO y analítica web. Los conocimientos técnicos es algo que se aprende rápido, con la práctica y las herramientas disponibles. Sin embargo, lo imprescindible es que el periodista tenga bien amueblada la cabeza y sea capaz de buscar la verdad y contarla con criterio.

Los equipos han cambiado. Francesco Marconi, director de innovación de la agencia Associated Press, explica que sus reporteros antes viajaban con un bolígrafo, un cuaderno y una cámara de fotos. Ahora se desplazan con este equipo que aparece en la imagen, que incluye varios objetivos, cámaras de 360º y drones.

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El equipo que suele llevar un reportero de Associated Press. Fuente: Francesco Marconihttps://twitter.com/fpmarconi/status/890632242027913216

Las tecnologías son muy importantes, pero de nada sirven si no existe ese compromiso con la verdadMiguel Carvajal, director del Máster de Innovación en Periodismo, pone el dedo en la llaga en una reciente entrevista: “Unos medios han apostado decididamente por aportar valor con informaciones propias y verificadas para evitar la falsedad. Ofrecen reportajes y temas propios muy cuidados. Otros se dedican a buscar el clic fácil y hacer un refrito de todo lo que les llega sin aportar valor. El modelo que sobrevivirá será el primero”.

Lucy Küng, investigadora del Reuters Institute for the Study of Journalism(Universidad de Oxford), es experta en estrategia, innovación y gestión de medios. Entre sus libros figura “Innovators in Digital News”, donde identifica las claves del éxito en medios como Buzzfeed, Vice, Quartz, The New York Times y The Guardian. En la conferencia inaugural del XXIII Congreso de la Sociedad Española de Periodística, celebrado en la Universidad Miguel Hernández de Elche, Küng habló de las dificultades que afrontan los medios en la era digital y de la innovación en las organizaciones periodísticas. “El verdadero desafío para las empresas tradicionales es la complejidad de tener que operar en numerosas plataformas a la vez”. Küng incidió en la necesidad de ofrecer un periodismo de calidad, que cuesta mucho dinero y no centrarse en las bagatelas tecnológicas -shiny new things, como ella las llamó-, que difuminan la verdadera innovación.

Consejos para tu propia formación

Si ahora comienzas tus estudios de grado o máster en periodismo, me permito ofrecerte estos consejos, por si te resultan útiles:

  • Sé curioso. Ten iniciativa. Experimenta y aprende todo lo que puedas.

  • Dedica 30 minutos todos los días a estudiar cómo está cambiando la profesión: artículos, revistas especializadas, tutoriales, herramientas web, apps y un sinfín de recursos. Crea tu carpeta de recursos y fuentes propias.

  • Suscríbete a un par de newsletters que te aporten valor añadido sobre los cambios en el periodismo. Para empezar, te recomiendo estas:

    • Tendenci@s, el boletín semanal sobre las principales novedades en el sector de los medios digitales, que edita el periodista Ismael Nafría.

    • Los imperdibles de Nextmedia: cada semana recopilan los 10 mejores artículos sobre marketing, periodismo, televisión y tecnología.

  • Escribe a diario al menos unas 500 palabras. Este es uno de los mejores consejos que me dieron mientras estudiaba la carrera.

  • Lee mucho. Libros de historia, arte, economía, política… Y devora novelas que te permitan construirte tu propia biblioteca de autores indispensables.

  • Ve buen cine y series de calidad: te ayudarán a conocer mejor al ser humano, que siempre es el objeto de tus informaciones.

  • Haz buenas preguntas. El periodista es un profesional de la pregunta: nos pagan para averiguar lo que los demás ignoran.

  • Identifica a los farsantes, a los cenizos, a los vendedores de humo. Y no les hagas caso, por más que cacareen continuamente su perorata cansina, tratando de persuadirte de que te has equivocado de profesión.

  • Sal a andar por tu barrio, patea tu ciudad, conoce todos sus recovecos. Pisa la calle: el periodista es un infatigable trabajador que sigue un tema hasta donde le lleve, si es necesario, hasta los confines más remotos. Descubre esas historias que aguardan agazapadas donde menos te lo esperas. El reportero donostiarra Ander Izagirre lo llama “periodismo con botas”. Consiste en “documentarse, ir a los sitios, observar, tomar nota, hablar, regresar y contarlo bien textual y visualmente”. El profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, Miguel Ángel Jimeno, ha creado en su Twitter la etiqueta #PeriodismoConBotas que alude precisamente a eso. Impresiona ver las fotos de decenas de reporteros que muestran sus propios zapatos, que les han llevado a la caza de historias singulares. Fíjate, por ejemplo, en las botas de Javier Bauluz, el primer fotoperiodista español con un premio Pulitzer, que recorrió a pie con los refugiados la ruta desde Grecia hasta Alemania. El resultado es este impresionante reportaje: “Buscando refugio para mis hijos”.

image alt textLa botas de Javier Bauluz. Fuente.

  • Aprende a mirar para fijarte en lo que sucede a tu alrededor. El fundador del @DNLaboratorioAlfredo Casares, recomienda cultivar la mirada y pararse a pensar en lo que ocurre, para evitar la vorágine de la cobertura instantánea las 24 horas. Como afirma en su artículo Periodismo lento para tiempos acelerados, “los ciudadanos se merecen medios que dediquen tiempo a mirar, entender y contar, para poder cambiar el mundo”.

  • Sigue a aquellos periodistas con iniciativa que están contribuyendo a cambiar la profesión y abrir vías innovadoras. Por ejemplo, conoce la historia de @politibot en @NiemanLab, la página de innovación periodística más influyente del mundo y lee este artículo de uno de sus creadoresEduardo Suárez. Este bot especializado en información política acaba de ser nominado a los Premios García Márquez en la categoría de innovación periodística.

image alt textEl chat de Politibot (Fuente: Nieman Lab).

En definitiva, se trata de fomentar un periodismo que abrace la innovación tecnológica y narrativa, tanto en los contenidos y formatos como en los lenguajes, fortaleciendo su esencia: seleccionar los hechos relevantes, jerarquizar, investigar, contextualizar y contarlos del mejor modo posible.

14/09/2017 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ÓSCAR SIPÁN

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El escritor y editor Óscar Sipán (Huesca, 1974) presenta esta tarde, a las 19.30, en compañía del escritor Sergio Royo su nuevo libro de relatos: ’La novia francesa de Ho Chi Minh’, que publica el sello Limbo errante. Será en la librería La Pantera Rossa.

 

¿Dices que la buena literatura sirve para “salvarte la vida”? ¿En qué sentido, de qué modo te la ha salvado a ti?

 En estos tiempos donde un sector numeroso de la población reconoce, y se vanagloria, de no haber leído un libro al año, en estos tiempos del todo gratis y sin esfuerzo, de pastillas para frenar la primera tristeza, la cultura funciona como un salvavidas. Como dice uno de los personajes del libro “Nadie te enseña qué hacer con los sentimientos. Sin las canciones o los libros o las películas nos volaríamos la cabeza”. La cultura es aliento, esperanza, luz. Como editor, viví situaciones muy duras: un sábado, a las dos de la mañana, un escritor al que admiro, premio nacional para más señas, me ofreció toda su obra por tres mil euros. Aquella noche fui consciente de la sociedad en la que vivimos y del valor material de una obra importante, de toda una vida.

 

-Dices: “Escribir hasta quedarte vacío”. ¿Escribir es una desposesión, entonces, la entrega absoluta?

 Escribes para entender y entenderte, para ser libre. Escribir es la perfecta máquina de vaciar. Y por eso, para llegar al lector, toca mancharse.

 

-¿Por qué te has especializado en el cuento? ¿Qué te da, de cuántas maneras puedes entender un cuento?

Fui un lector tardío. A los veinte años descubrí los cuentos de Gabriel García Márquez; veinte años después, me nominaron por mi libro “Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas” (Editorial Base) al Premio Hispanoamericano García Márquez, y pude compartir mis historias, en Bogotá, con la familia del gran escritor, el año de su muerte. El buen cuento se gana el efecto compulsivo de volver a leerlo, de tomarlo de la estantería y sumergirte en él, otra vez más, con ojos nuevos. Sin intensidad, la vida es un fotograma de días repetidos. Y eso lo tiene el cuento, al que John Cheever definió como “la literatura de los nómadas”.

 

-”Escribir es cuidar los detalles”. ¿Por eso hay tantos matices e imágenes y pequeños hechos en los tuyos?

 Creo en el dios de las pequeñas cosas.

 

-¿Cómo surge el volumen de ‘La novia francesa de Ho Chi Minh’ (Limbo Errante)?

Nace en medio de la tormenta: un embarazo con muchas complicaciones y, por fin, el nacimiento de mi hija Lara. A ella va dedicada el libro.

 

¿Es un libro acumulativo o tiene como elementos motores la imaginación y las mujeres?

Como tituló Gabriel Ferrater, ’Mujeres y días’; no encuentro mejor motor para contar historias. 

 

¿Te has dado cuenta de que tus personajes son un tanto periféricos y están obsesionados, son como enfermos de un sueño?

No importa que el cielo se desplome sobre mi cabeza si estoy escribiendo; me gusta habitar la historia y pelear con el lenguaje.  Me gusta obsesionarme con el cuento, sentir lo que sienten mis personajes, extrañarme de las cosas que les extrañan. Su piel es la mía.

 

-Vayamos con algunos. ¿Cómo equilibras la realidad y la fantasía? ¿Qué hay de cierto en ese aprendiz de fotógrafo que va a hacer fotos a Franco con el maestro fotógrafa y la deslumbrante jardinera Nora?

Por muy extraños o extravagantes que sean los personajes, me gusta partir de datos reales. Siempre me ha fascinado el papelón de fotógrafos como Jalón Ángel y otros, que asistían al Palacio del Pardo, una vez al año, para retratar al Caudillo en las fotos oficiales que presidían escuelas, embajadas o sellos de correos. Nora es una cara con rasgos árabes que encontré en una foto de la misma época. Haciéndole las preguntas adecuadas, el relato salió fácil.

 

-¿Estuvo alguna vez Drácula o Christopher Lee en Zaragoza?

 En 2006, tuve una sección semanal (Tornaviajes) en Aragón Radio. Allí buscaba historias y personajes curiosos aragoneses. Los oyentes me escribían contándome anécdotas y tuve la suerte de conocer a la protagonista del cuento, zaragozana, que me enseñó las fotos de su romance con Christopher Lee. Lee, el Drácula más famoso, rodó varias películas en España, entre ellas “Pánico en el transiberiano”, donde supuestamente lo conoció.

 

-Uno de los elementos constantes en tus cuentos es el factor sorpresa. ¿Buscas el brillo y el asombro del desenlace deliberadamente o te los encuentras?

Lo que me apasiona y me divierte es encontrar la frase inicial del cuento (las llamo frase de publicista, frase ganadora); sin ellas no soy capaz de construir. Si el conejo quiere salir de la chistera al final del cuento, perfecto. En caso contrario, dejo a los personajes que tomen las riendas y  decidan.

 

-¿Por qué todas las mujeres ocultan un secreto? Aquí son espías, seductoras, revolucionarias, jardineras…

No podría enamorarme de una mujer sin misterio, y menos escribir sobre ella. Todo lo demás es secundario.

 

-También te has especializado en el microcuento. ¿Qué pide este género, cómo son los tuyos?

 Los microcuentos son rayos sin trueno: lucen unos pocos segundos y luego explotan en la cabeza del lector.

 

“Descubro en las memorias póstumas de mi escritor favorito su fobia a abrir cartas: por eso no se tomó en serio mis repetidas amenazas de muerte”. Dices en un microcuento. ¿A qué escritor habrías querido matar de veras y a quién o quiénes amas o admiras con locura?

Amo encontrar un libro inesperado, por casualidad, como acaba de sucederme con ‘Las cosas que perdimos en el fuego’, de la argentina Mariana Enriquez.

 

*Foto de Antón Castro, tomada en la Feria de Huesca.

14/09/2017 08:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FALLECE EL PERIODISTA JAVIER CARIDAD

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Falleció ayer por la mañana el periodista de deportes y ex jefe de Cierre de ‘Heraldo de Aragón’, Javier Caridad, que acababa de dejar el diario hace algo de un mes. El periodismo ha sido su ocupación y su vocación durante casi 30 años. Era un navarro en Aragón, perfectamente adaptado e integrado. Lo conocí cuando ingresé en el periódico en mayo de 2001, en los tiempos en que dirigía la sección Alejandro Lucea y él ya era un cronista veterano, aunque joven, de poco más de 40 años. En aquel momento ya estaban en la sección Valeriano Jarné, Manuel Español, Miguel Gay, José Miguel Tafalla, Raúl Lahoz, Carlos Paño, Pedro Luis Ferrer, poco después entrarían Joan Losilla y Mario Ornat. En la temporada 2001-2002 firmé durante toda una temporada la contracrónica del Real Zaragoza y él siempre estaba allí en labores de edición y de redacción. Le gustaba el trabajo de mesa. Le apasionaba el fútbol y mezclaba bien sus amores por el Real Zaragoza y Osasuna, y a veces daba rienda suelta a su indisimulada pasión por algunas jugadas de Messi. Le encantaba discutir, o fingir que discutía, con Joan Losilla, más inclinado hacia Cristiano Ronaldo… Durante un período, especialmente intenso para él, ocupó la responsabilidad de jefe de Cierre.

Muchos sábados, me lo encontraba en el Stadium Venecia. Seguía a su hijo, que jugaba en uno de los equipos. Enamorado del deporte, se sentía muy cómodo allí, viendo partidos de tenis, pruebas de natación, reuniéndose con los amigos o viendo a los más jóvenes. Durante varios años he comido casi todos los días en el antiguo bar San Siro, y allí aparecía Javier para tomar su café antes de empezar la jornada vespertina y conversar con Jesús, el dueño, o con Antonio u otros camareros.

En la Eurocopa de 2016, en Francia, hablábamos a menudo. Yo andaba por Santander en un Congreso de Periodismo Cultural y todos los días le mandaba una crónica de un partido o un retrato de un futbolista. Hoy se han hecho más acuciantes y emotivos todos esos instantes, y recordé la emoción con que lo habían visitado hace menos de una semana Encarna Samitier (que lo recuerda riendo y contando algunas visitas de compañeros y amigos, entre ellos el jefe de comunicación Miguel Gay) o Raúl Lahoz. Ambos regresaron preocupados por su estado y su delgadez.

Era un hombre serio, concentrado, que le gustaba conversar con los compañeros de recepción. Tenía sentido del humor; en la redacción solía hacer más de una broma con algunos que tenían al Madrid, de segundo equipo, tras el Real Zaragoza. La vida no fue amable con él en los últimos tiempos. Su mujer murió de un cáncer y Javier Caridad, apenas tres años después, también se ha ido, a los 60 años. Esa pérdida y la consiguiente nostalgia, el dolor tan terrible, le hicieron más vulnerable.

 

Todo el cariño y el consuelo para sus familiares y sus hijos.

 

*El Real Zaragoza ha publicado la foto del escudo con crespón en homenaje a quien fue su cronista y comentarista muchas jornadas: Javier Caridad.

06/09/2017 02:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VARGAS LLOSA Y ARON, EN 'LETRAS LIBRES'

VARGAS LLOSA HABLA DE RAYMOND ARON EN 'LETRAS LIBRES'

Mario Vargas Llosa dedica al filósofo y sociólogo francés Raymond Aron un largo perfil en el número de septiembre de 'Letras Libres'. Una frase de los años sesenta aseguraba que era “preferible equivocarse con Sartre que tener razón con Aron”. La comparación ilustra el entusiasmo que despiertan a menudo las posturas radicales, a diferencia de las posiciones moderadas. Para el Premio Nobel de Literatura 2010, hoy en día, cuando muchas de las advertencias del autor de 'El opio de los intelectuales' han sido confirmadas por la historia, resulta necesario estudiar su figura, su saludable escepticismo y su defensa de las libertades, la cultura y la democracia. Vargas Llosa explica la función de Aron como introductor de la filosofía alemana, su rechazo al nazismo, sus críticas al marxismo y sus polémicas con contemporáneos suyos como Sartre o Merleau-Ponty, su posición en torno a la descolonización de Argelia, sus críticas a mayo del 68 y su importancia, siempre perspicaz y lúcida, en los grandes debates de la Francia del siglo pasado.
Manuel Arias Maldonado se pregunta si internet es un peligro para la democracia: el autor de 'La democracia sentimental' señala que la transformación digital evidencia la distancia entre la teoría y la práctica y provoca alteraciones en la velocidad de formación y transmisión de la opinión pública, pero también apunta que la democracia es precisamente el sistema flexible que puede adaptarse a los cambios, y beneficiarse de ellos. Daniel Innerarity se pregunta cuál es la manera de afrontar la complejidad en un mundo cada vez más incierto. Innerarity también habla del ocaso de la voluntad política: señala la necesidad de encontrar un punto intermedio entre una visión, frecuente en la derecha, de una voluntad política reducida a la mera gestión tecnocrática, y otra, habitual en cierta izquierda, que la cree omnipotente y desprecia los hechos.

Sara Mesa escribe sobre el mundo poblado de locos y freaks de Carson McCullers, cuando se cumplen cien años del nacimiento de la autora de 'El corazón es un cazador solitario'. Miguel Aguilar escribe sobre problemas y soluciones en Cataluña. Fernando Vallespín describe la extraña anomalía alemana: en un momento de ascenso de populismos y políticas irracionales en buena parte de Occidente, el país germano -que celebra elecciones este mes- destaca por su normalidad política. Paula Corroto escribe sobre la nueva literatura alemana, en la que destaca la mirada de los nuevos alemanes, inmigrantes o hijos de inmigrantes. 
Pilar Mera Costas escribe sobre Fraude y violencia en las elecciones del Frente popular. Daniel Gascón escribe sobre 'Guerra: ¿para qué sirve?', de Ian Morris. Aloma Rodríguez reseña los 'Cuentos escogidos' de Joy Williams y Christopher Domínguez
Michael reseña los diarios de José Donoso. El número, que se presenta este miércoles a las 20 horas en La Forja de las Letras de Madrid (C/Cervantes, 10), incluye también reseñas de 'La uruguaya' de Pedro Mairal y de 'La vaga ambición
de Antonio Ortuño'. La portada es de Luis Grañena.
Vicente Molina Foix compara La seducción de Coppola con 'El seductor' de Don Siegel. Ricardo Dudda recuerda la obra y la vida de Emmanuel Bove. Gabriel Zaid escribe sobre la palabra “conejo”, que en México designa al bíceps. Lisa Tessman escribe sobre la crueldad de enfrentar a alguien con una elección cuando todas las opciones
son malas. Doménico Chiappe reseña una exposición de Daniel Canogar. Mariano Gistaín escribe sobre el pájaro, unas palabras enigmáticas, el paso del tiempo y la presencia de los muertos en nuestra vida.
Daniel Gascón
Editor LETRAS LIBRES España
dgascon@letraslibres.com
danielgascon@gmail.com

04/09/2017 08:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANTOLOGÍA DE FERNANDO SARRÍA

El poeta Fernando Sarría (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1957) publica una antología de sus primeros doce poemarios: ‘A plena luz’ (2008-2015), con prólogo del poeta y Director General de Cultura del Gobierno de Aragón.

EPÍLOGO

 

Entonces Borges dormía con los ojos abiertos
y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.

 

 

Poemario “Babel en las manos” Olifante Cuadernos de Trasmoz 2011 

 

JANIS JOPLIN

 

[Summertime]

 

 

Nunca tuve en las paredes pósters de Janis Joplin ni de Jimmy Hendrix,

 

seguramente eran del Che Guevara, de Inti Illimani, de Salvador Allende,

 

de un lobo estepario que me recordaba a Hermann Hesse

 

o de alguna idílica isla griega que me hacia viajar lejos.

 

Ahora sé que cometí un error,

 

que nunca debí dejar afuera tantas cosas

 

para que al fin el sol se llevara

 

el color de tantas ilusiones.

 

Puedo mirar mis manos,

 

en ellas hay demasiados surcos:

 

una gitana también a mí me dijo que tendría muchos hijos.

 

Quizás no fuera yo el que puso la mano,

 

a lo mejor no soy yo el de entonces

 

y mis hijos vagan en la oscuridad

 

como su padre lo hace en las noches.

 

Recuerdo que sí que me gustaban Janis y Jimmy,

 

aunque tal vez se murieran demasiado pronto,

 

héroes vencidos de un juego al que nunca supe jugar

 

y eso que en la ruleta he aprendido a perder hasta las esperanzas.

 

 

 

Poemario “ Bares” Ediciones 4 de Agosto (2012)

 

***

 

Abro la ventana y entra la brisa.

Sin nombre apenas que darte

poseo ahora el rescoldo de la lumbre nocturna

y esta hora ausente de nosotros,

cuando tú duermes y yo oteo el mar.

Las islas son como tu espalda,

se ven en la bruma del horizonte,

y sé que guardan siempre los pájaros y el frío de la mañana,

mientras que a ti, a centímetros de mis dedos,

respirando en silencio,

te cubren una lejanía de sábanas

y todos los pretéritos viajes

que hicimos en la noche.

Guardo este instante.

Lo grabo como he hecho otras veces.

Ya eres igual en mi memoria

que algunas cosas hermosas que me habitan:

el friso del Partenón en el Museo Británico,

el puente de Alejandro III en París sobre el Sena,

el jardín de Csepel rodeado por el Danubio,

el templo de Júpiter en Paestum…

Eubea en medio del Egeo.

 

 

Poemario “Las Horas” editorial Quadrivium 2012

 

***

 

A veces pronuncias la palabra agua y eres tú,
otras veces dices hielo y también eres tú.
Sostener una mirada
 
cuesta más que besar unos labios.
 
Encender el amanecer desde las sombras
 

solo se consigue

con el silencio habitado

por el canto de un pájaro.
Tener la vida sin respuestas es lo cotidiano,

también lo es estar solo,

en medio de una mirada y su respiración.
Nunca la vida nos reserva un tiempo de espera,

aunque es cierto que cuando el mundo se silencia,

un corazón, a veces, no puede soportar la soledad.





Poemario “Silencio (por favor)” Editorial Lastura 2014


***

 

puedes arrancar un corazón sobre este párrafo.

 

( de El Altar…Memorias de un mujeriego)

 

L.Cohen

 

 

Y dormirme en la bañera, bajo la espuma,

junto a un vaso de whisky de malta escocés,

mientras suena en la radio una vieja sonata romántica

a la luz de las velas. Sabes que me gustan esos instantes.

Sé que echaré de menos tus manos en mi espalda,

rebuscando en ella preguntas indoloras

o pensando cuánto tiempo nos quedaba por vivir juntos,

mientras yo canturreaba canciones de Dylan

o me ponía a decirte lo hermosa que estabas así:

medio desnuda, medio mojada, medio borracha.

 

Poemario “Poemas de la incertidumbre” Editorial La isla de Siltolá 2014

***

 

Me hablabas de nuevo del desierto. Yo estaba mirando el horizonte porque sé que detrás de aquellas montañas, azules por la distancia, está el mar, y como buen zahorí mis ojos cambian de color y se vuelven del tono gris de los inviernos cuando se acerca mi pensamiento hasta su orilla.

El viento era frío, nada que ver con los días de verano. Te dije, mientras escuchaba al bueno de John Coltrane tocando su saxo tenor, que esta unión de los dos, en medio de la oscuridad, nos regalaba un tiempo de silencio, nada que ver con el viaje de las aves. Solo quería eso, estar callados, respirándonos, con las caricias ácidas que nos debíamos y esa branza que nos ataba, sin saberlo, para siempre.

 

 

 

Poemario “La armonía en el vuelo de los pájaros” La Fragua del Trovador (2014)

 

***

 

Solo, sometido al desarraigo del relámpago.

 

Un hombre, un verbo, una sola imagen de la lluvia.

 

La verdad nunca tiene poros,

es una mezcla de nostalgia y melancolía.

 

Sin cruzar las estaciones caen los años,

mientras un ramal de silencio nos reserva su regazo.

 

He venido desde las azoteas hasta el suelo

como un pájaro desciende a la tierra.

No voy a romperme la camisa,

ni siquiera mis palabras van a tener significado.

 

Si queréis, miraos las manos,

preguntaos qué os deben.

 

 

 

Poemario “ Albada” Editorial Lastura 2015

04/09/2017 07:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EN HECHO, CON EMILIO Y MARI CARMEN

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CUENTOS DE DOMINGO* / Antón Castro

 

En Hecho, sin miedo

 

 

Si para un barcelonés, las Rambas son la calle más alegre del mundo, tal como escribió Federico García Lorca, para los aragoneses el Pirineo es un pulmón de felicidad. Un lugar al que siempre hay que ir. El Pirineo es la montaña, el cielo diáfano o casi cárdeno, la majestuosidad inefable, la arquitectura, ese arsenal un tanto indescriptible de vida, tradición y memoria que se percibe de inmediato: en las casas, en las flores que asoman al balcón de madera, en las calles empinadas, en las queserías o en las panaderías. Hecho está encajonado entre montañas y ha hecho diversas apuestas a por el turismo, por el arte, por el ocio en calma, por la aventura. En Hecho, ese hombre de paz que se llama Emilio Gastón, primer Justicia de Aragón de la democracia, tiene una casa solariega de 200 años. La comparte con su mujer, Mari Carmen Gascón, poeta y profesora. En esa casa, objeto a objeto, piedra a piedra, hablan el Pirineo y los secretos de una familia aragonesa que ha tenido catedráticos, sociólogos, músicos, abogados, escritores o poetas y escultores como Emilio. Allí la vida, avasalladora, se multiplica en todos los detalles. Desde las orlas universitarias, los lienzos, las figuras de metal y los esquilones, hasta las fotos, los carteles, las imponentes cadieras, que han oído conversar y reír a Lázaro Carreter, Francisco Ynduráin, los Blecua, padre e hijo, Domingo Miral, Veremundo Méndez y tantos y tantos que se han sentido llamados por Jaca, Ansó, la Selva de Oza, Hecho o Siresa. Uno de los lugares embrujados es la bodega: hay cubas de vino, hay atmósfera, esencia húmeda de los años, olor a fantasmas. La casa tiene dos bibliotecas, con materiales increíbles, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Carmen está muy orgullosa de la revista ‘La Esfera’, una maravilla de fotograbado e ilustración, y cada verano lee artículos de hace un siglo, 1915, 1916 o 1917. El gran tesoro está arriba, en la falsa: allí se agolpa el silencio denso de la memoria en un escenario de cine turbador. Además, unos kilómetros más arriba, Emilio y Carmen poseen una borda. De enamorados, de poetas o de observadores de las bellezas del Alto Aragón. Duermen a menudo allí. Y estos días, han contado las estrellas y han recordado que Barcelona es una gran herida en la piel del mundo. Allí, en la soledad existencial de la noche, ellos tampoco tienen miedo.

 

  • Columna de Heraldo de Aragón. La foto de la bodega de Emilio Gastón y Mari Carmen Gascón es el ilustrador y editor Javier Hernández, que vive en Siétamo, con su compañera Raquel Sobrino, violinista, y con su hija Noa, que toca la viola.
21/08/2017 00:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SE PRESENTA LA HISTORIA DE LECHAGO

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“HISTORIA DE LECHAGO Y SUS GENTES” DE AGUSTÍN MARTÍN SORIANO

 

El sábado 19 de agosto se celebrará en Lechago, en el Pabellón Luis Alegre, la presentación del libro ‘Historia de Lechago y sus gentes’, de Agustín Martín Soriano, editado por la editorial aragonesa Doce Robles que, con este volumen, inicia una colección de libros sobre pueblos de Aragón.

 

El acto, que comenzará a las 19.30, forma parte de la Semana Cultural organizada por la Asociación de Amigos de Lechago.

 

En la presentación intervendrán, además del autor, Julio Saz (de la Asociación de Amigos de Lechago), Javier Lafuente (editor del libro), el periodista y profesor lechaguino Luis Alegre, y Manuel Rando, el alcalde de Calamocha, el municipio del que Lechago es pedanía.

 

Historia de Lechago y sus gentes, que cuenta con un prólogo de Luis Alegre, es el primer libro que se publica sobre este pueblo de la Comarca del Jiloca. En el texto, que ocupa unas 300 páginas e incluye cientos de ilustraciones, Agustín Martín Soriano realiza un exhaustivo recorrido por la historia del pueblo desde la Prehistoria hasta 2017, además de un excepcional retrato de la geografía física, humana y sentimental del lugar. El libro, resultado de un gran esfuerzo de documentación e investigación, recoge también semblanzas biográficas de las decenas de personalidades vinculadas al pueblo.

 

Agustín Martín Soriano nació en Lechago en 1957. En 1965 emigró con su familia a Barcelona, donde permaneció hasta 1982. Ese año regresó a Aragón para instalarse en Zaragoza. Ingeniero Técnico Químico por la Universidad de Barcelona, es un  amante de  todo lo relacionado con  Aragón, pero sobre todo  de Lechago, su pueblo.

Militó en el movimiento vecinal zaragozano y en el aragonesismo de izquierdas. Fue concejal del ayuntamiento de Zaragoza de 2003 a 2007  por CHA y en 2011 abandonó la política activa.

Fue uno de los fundadores de la Asociación de Amigos de Lechago en octubre de 1993 y hasta 2016 ha sido director de sus revistas El Pairón y Cantalobos y  miembro de su junta directiva. También pertenece a la junta directiva del Centro de Estudios del Jiloca y colabora en sus publicaciones Xiloca Cuadernos de Etnología del baile de San Roque. Pertenece asimismo al  Rolde de Estudios  Aragoneses y colabora en su revista Rolde. Igualmente forma parte de la AVV La Paz-Torrero de Zaragoza y ha colaborado en las publicaciones Dorondón L’Astral. También ha colaborado con ARMHA (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón) y  AGA  (Asociación de Gaiteros de Aragón).

Es  autor del libro Libertarios de Aragón. Cronología en torno a Joaquín Ascaso, el Consejo de Aragón y los anarquistas de nuestra tierra. Doce Robles, Zaragoza, 2015.

 

18/08/2017 08:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SAMPEDRO, POR ANTONIO CALLAU

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Este es el retrato que Antonio Callau, a lápiz y carboncillo, hizo de José Luis Sampedro y se colgará en la nueva Biblioteca de Canfranc, que se abrirá próximamente. La Biblioteca de Canfranc lleva el nombre del autor de 'Real Sitio'. Ha sido un obsequio del Ateneo Jaqués, que lideran Marcos Callau, Lucía Pons y Kike Ubieto.

16/08/2017 09:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MURIÓ PILAR GÓMEZ BEDATE

ADIÓS A LA ESCRITORA, TRADUCTORA

Y PROFESORA PILAR GÓMEZ BEDATE

 

 

Viuda del poeta Ángel Crespo, editó a Juan Ramón Jiménez, Boccaccio y Mallarmé, y solía pasar temporadas en Calaceite.

 

El pasado domigno 13 de agosto, en el hospital Miguel Servet de Zaragoza fallecía la profesora, escritora y traductora Pilar Gómez Bedate (Zamora, 1936-Zaragoza, 2017). Hace un par de semanas, tras la celebración de unas jornadas de ‘Poesía y Traducción’ en “el paraíso de Calaceite”, como solía decir, en homenaje a su esposo Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995). Pilar sufrió un derrame cerebral que se complicó con una neumonía y ya no pudo recuperarse.

Pilar Gómez Bedate fue siempre una mujer muy activa, afable y entusiasta, capaz de desplegar una gran energía y una gran sensibilidad hacia el arte, la literatura y la enseñanza. Doctora en Filosofía y Letras, fue Catedrática de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico (1967-1988), profesora titular de Filología Española en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, y Catedrática de Literatura española en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde se jubiló.

Hacía poco tiempo, viuda desde 1995, decidió trasladarse de Barcelona a Madrid, donde se sentía muy feliz, rodeada de amigos, y donde seguía muy activa, cuidando la obra del poeta y traductor Ángel Crespo –excelente poeta simbolista, biógrafo de Fernando Pessoa y traductor de Dante y Petrarca, entre un sinfín de empeños-, a la vez que escribía cuentos y poemas que aparecerán en el próximo otoño en el sello Polibea. Pilar Gómez Bedate nació en Zamora en 1936, se trasladó a Madrid en los años 60, ejerció la crítica de arte en revistas como ‘Ínsula’ y ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ y se unió, a mediados los años 60, a Ángel Crespo, con quien viviría en Puerto Rico, en Upsala, en Brasil y por supuesto en Barcelona.

Como habían hecho José Donoso y otros amigos como el pintor Rafols Casamada, el editor y narrador Toni Marí o el escultor Fernando Navarro, Ángel y Pilar se interesaron por la tradición literaria y el silencio de Calaceite, un pueblo de Teruel, y adquirieron una vivienda. Allí, ante los olivos y los almendros, en una casa de piedra con palomar, pasaban sus veranos. Recibían a muchos amigos, escritores y artistas, y fueron dos de los promotores del renacimiento cultural de Calaceite, ese lugar donde han residido Mauricio Wacquez, Teresa Jassá, Natacha Seseña, Elsa Arana…, y que han frecuentado Ángel Guinda y Trinidad Ruiz-Marcellán, Fernando Valls y Gemma Pellicer, Juanjo Flores y Sira Hernández, César Antonio Molina y Mercedes Monmany, su sobrino Nacho García Crespo y su mujer María Ángeles, que estuvieron con ella hasta el último momento. Y en el cementerio de la localidad del Matarraña reposa Crespo y descansarán las cenizas de Pilar.

Pilar Gómez Bedate se especializó en lenguas románicas. Editó y tradujo a Giovanni Boccaccio, en especial su obra maestra, ‘El Decamerón’, a Stéphane Mallarmé (al que también tradujo; era uno de sus poetas más amados). Editó varios libros de Juan Ramón Jiménez, a José Luis Giménez Frontín, a Carlos de la Rica, entre otros, y preparó una ‘Antología de la poesía modernista’. Y coordinó y recuperó varios libros de su esposo, poeta de inspiración simbolista. El escritor Pedro Sorela comentó: “Su sensible ‘Conocer Stendhal’ (Dopesa, 1979) destaca en la extensa bibliografía stendhaliana. A mí me ayudó mucho en mi propio ensayo sobre Stendhal”. No solo eso: estuvo detrás de varias revistas y perteneció al comité asesor de editoriales como Igitur, de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria. Como traductora, vertió al español a Joao Guimaraes Rosa y a los italianos Primo Levi y Carlo Ginzburg, entre otros.

Autora del poemario ‘La peregrinación’ (1966), en los últimos años, decidió publicar un nuevo volumen: ‘Las aguas del río’ (Olifante, 2011), que el poeta y crítico José Corredor Matheos definió así: “Un homenaje, ya explícito, rememoración de una vida en la espera del amado y de rápido recorrido vital en su compañía, que finaliza en la soledad de su recuerdo. Pero no se trata de un libro elegíaco, porque, aunque lo empañe a menudo la tristeza, puede más la presencia del Ausente, que sigue marcando con fuerza su silueta”. Uno de sus grandes amigos, Javier Lostalé, poeta y crítico literario, la definió así: “En Pilar se unieron conocimiento, pasión por la palabra y un profundo sentido de la amistad. Su espíritu estaba modelado por una síntesis del renacimiento y de la modernidad”.

 

 

*Tomo esta foto de Pilar Gómez Bedate con Jordi Doce -que estuvo ayer en el cementerio de Torrero con Javier Lostalé, José Luis Gómez Toré y Esther Ramón-, la tomo de aquí: 

http://zetaestaticos.com/extremadura/img/noticias/0/975/975445_1.jpg

15/08/2017 19:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MOHSEN EMADI: CUATRO POEMAS

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Olifante publica un nuevo poemario del poeta persa Mohsen Emadi: Suomalainen iltapäivä, que se traduce por ‘Una tarde finlandesa’, en su colección Papeles de Trasmoz, La Casa del Poeta. El libro, entre otros poemas, bellos e impresionantes, muy trabajados, incluye su espléndida elegía a Marcelo Reyes, que fue cofundador del Festival Internacional de Poesía del Moncayo y coeditor de Olifante, hasta su muerte. He aquí una selección de cuatro poemas del libro que se presentó hace unos días en Exposoria. Emadi, familiarizado con el Moncayo y muchos amigos de Aragón, es traductor y videoartista.

 

 

19

 

Amanecer durmiente.

 

Abro la ventana:
la voz cristalina de un niño.

Desde la ventana
no es visible ningún niño.

El sueño que no has dormido
llena tu despertar.

Como cada mañana
esta almohada está mojada.

 

 

20

Las pérdidas

no están en nuestra naturaleza,

pero en nuestra intención humana

acontecen.

 

Sin embargo, el cuerpo disfruta

besándote o besándola.

 

La invención del ser humano

tal vez fue un error.

 

La nieve cae sin razón

 y el poema escrito con intención humana

 no cura a nadie.

 

 ¡Bésame!

 

 

21

 

Le dije: ¡dame una palabra,

te daré un poema! Ella dijo: pon tus labios

 un poco más cerca,

voy a dar a luz una palabra.

Asustado

escapaba de la resurrección.

 

Por años, en este poema

he estado esperando

           la muerte.

 

 

22

 

Una mujer usa maquillaje

en su esfuerzo por ser diosa.

Ninguna mujer usa maquillaje

 intentando ser humana.

Ella dice: mírame,

reza por mí.

 

En la soledad de todas las diosas

ella da a luz a los niños:

 

Medio mortal,

medio inmortal.

 

Yo siempre fallo

 al describir su artificial belleza

en mi poesía.

Por mucho que el poema no necesite belleza

 ella necesita mis besos.

 

 

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA

Poeta, traductor, programador y cineasta. Ha publicado los libros de poesía: ‘La flor en los renglones’ (Lola Editorial, 2003, España), ‘No hablamos de sus ojos’ (Ghoo Publishing, 2007, Irán), ‘Las leyes de la gravedad’ (Olifante, 2011, España), ‘Visible como el aire, legible como la muerte’ (Olifante, 2012, España), ‘Abismal’ (CrC, México) y ‘Standing on earth’ (Phoneme Media, EUA). Es fundador y editor de ‘Antología Persa de Poesía Mundial’ desde el 2007. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas. Al mismo tiempo ha proyectado sus documentales poéticos en varios países. Su trabajo poético ha sido reconocido de diversas maneras: Premio Poesía de Miedo (Casa del Poeta, Trasmoz, España, 2010), Beca FILI (Finnish Literature Exchange, Finlandia, 2010), IV Beca Antonio Machado (Fundación Antonio Machado, Soria, España, 2011), Beca ICORN (Red internacional de ciudades para escritores refugiados, 2012-2015) y VI Distinción Poetas de otros mundos (Fondo Poético Internacional, 2015). Actualmente reside en México.

15/08/2017 18:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERRER LERÍN: UN POEMA

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'QUÉ INGRÁVIDO SOSIEGO': UN POEMA DE FERRER LERÍN
[Un poema del próximo libro de Francisco Ferrer Lerín, poeta, narrador y ornitólogo que reside en Jaca. Es especialista en aves carroñeras, en lenguaje, en bestiarios, en el puro arte de la invención.]


QUÉ INGRÁVIDO SOSIEGO



Qué ingrávido sosiego.
La nave industrial, hangar
de proporciones inmensas, cemento
sobre el que, dispuesta
en concéntrica figura, aguarda
a ser cargada,
en el ómnibus rugiente,
una remesa de ancianos, inmóvil,
sumisa, únicamente alterada
por una discreta nube
de insectos taladradores.


Ellas abotargadas,
las cabezas abatidas, troncos
de serrería, los brazos
en proyección
hacia una muerte que tarda, en postura
de cavar, o suplicando
el arrastre, el vertido
ya al foso, aunque
no esté abierto del todo
y caigan sobre la tierra
removida.


Ellos,
ausentes,
masticando sangre coagulada,
mientras bailan sus muelas en las inseguras encías
y sueñan con novias desnudadas por solteros.


*Este texto pertenece al poemario 'Libro de la confusión', que aparecerá a primeros de 2018 en Tusquets, en la colección Nuevos Textos Sagrados, que dirige Toni Marí. Ahí, Paco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) publicó 'Fámulo' (2009) y 'Hiela sangre' (2013).

**Este retrato de grupo pertenece a August Sander, uno de los más grandes fotógrafos de todos los tiempos.

15/08/2017 12:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PARNASO 2.0. ANTOLOGÍA DE MIS POEMAS

Una pequeña antología de mis poemas puede leerse aquí, en este dominio del Gobierno de Aragón.

http://parnaso2punto0.aragon.es/?p=1031

 

AMOR Y BRICOLAJE


Déjame que te lo diga. Mejor: déjame que lo piense:
en esta casa solo soy algo feliz por verte feliz a ti
pero vivo con la sensación de que no tengo
ni un instante de respiro. Todo es demasiado provisional.
Todo depende del aire, de la lluvia, de un vecino furioso
o de eso tan inquietante que llamamos azar.
Siempre vivo en alerta, en tensión. A la desesperada.
Siempre falla algo: el agua, la calefacción, algún motor,
un permiso, un canal de riego, siempre aparece una deuda
acumulada desde ayer mismo o desde hace siglos.
Siempre hay un árbol podado a destiempo,
uno de esos que ni deberíamos haber podado.
Acuérdate del nogal, ahora es un árbol desnudo, un tronco
sin ramas, un esqueleto descalabrado en medio del jardín.
Ya lo sé: soy aprensivo, temeroso, dubitativo.
Antes que contigo, me he casado con el pánico.
¿Sabes si se heredan los miedos y la incertidumbre?
Vivo en la cuerda floja permanente. Mi ánimo pende
de un hilo invisible, soy fatalista y enfermizo.
Siempre me pongo en lo peor: qué agobio, qué agonías,
¿cuándo te dedicarás a ser feliz, cuándo te abandonarás
a la noche, a los mares de maíz, al olor del tomillo?,
me dices a cualquier hora. Entonces, me callo y te miro.
Desde aquí o desde allá. Desde la ventana, mientras suenan
Regina Spektor, Suzanne Vega, Carole King o Noa.
En ese instante, casi me pareces una extraña:
la mujer inesperada que ha tomado el jardín, que coge
las brevas y que planta los tomates. La mujer
que se sienta en el porche con su gazpacho,
que se lanza a la piscina y se olvida del mundo:
incluso de mí y de mi angustia.

De nuevo, tengo
que decírtelo, ha llamado el vecino de al lado:
le molesta el ladrido de nuestra perra y no tiene agua.
¿Podrías mirar tú si se ha disparado el motor de la bomba?


TCHAIKOVSKY


Amabas la música sin saberlo.
De niño seleccionabas en el dial canciones
para tu madre en la aldea remota,
ante el lavadero y la fuente de las salamandras.
Aprendías la melodía del viento iracundo.
Por la noche te invadía el miedo: el acordeón
de los pinos agitaba su letanía obsesiva.
Pero aquel día era otra cosa. Y era la misma
acaso: la música es agua de luz, temblor de estrellas,
un arañazo de felino y de seda en el alma.
Ni siquiera conocías mucho al profesor:
vivía en una casa iluminada, blanca, con jardín,
y una mujer trajinaba entre las flores y los libros.
Pensaste: qué sonrisa esquiva, qué misterio lleva
desde el pelo hasta la floreada falda, qué melancolía.
El profesor te invitó a pasar: no sabías si era
su estudio, el cuarto de estar o el refugio del arte.
Te enseñó discos: muchos discos con el pudor
de quien expande la certeza de sus dones.
El meu amic el mar de Llach, Réquiem de Mozart.
Él escogió por ti: Piotr Ilich Tchaikovsky. Así lo dijo.
Con la seca trompetería de todas las consonantes.
Se acercó al aparato, comprobó el estado de la aguja
y puso el disco. Temblabas. Temblabas doblemente:
por el gesto delicado o la suavidad del instante,
y por todo lo que te esperaba. La tormenta de luz.
El maremoto de sonidos. El surtidor de sensaciones.
Antes de despedirse dijo: «Desde esta ventana
se ve el mar, las mariscadoras, las barcazas al sol.
Y desde aquella te asomas al bosque rumoroso:
hay caballos, fantasmas y ninfas al acecho».
Cerró suavemente la puerta y te dejó dentro.

No toqué nada. Como un sonámbulo o un poseso,
la melodía me llevaba al mar o al bosque.
Como un poseso, me quedé sin palabras.

RIAZOR


A Sara, que admira a Amaral

Recuerdo cómo eras entonces. Cómo eras.
Rabiosa y dulce a la vez, parecías flotar
en el aire o sobre la espuma. Parecías estar
aliada con un torbellino de certezas.
Amabas a otros. Sobre las rocas, en los montículos
de arena o en las grutas húmedas de sal.
Y en los bosques sagrados: te desmelenabas,
deslizabas en sus oídos palabras de lumbre,
sílabas que escocían como un puñal antiguo,
rosas lejanas, olores rotos de la memoria
que se desvanecían bajo los pinos y los arces.
No recuerdo cómo nos encontramos.
Se desmigaba el lento atardecer del playerío.
Quizá nos anduviésemos buscando. Intuías
de golpe cuándo desordenabas un corazón;
sabías mirar con el fulgor incisivo del sol,
y así me miraste, con aquel falso desdén que usabas
cuando alguien te importaba de pronto,
cuando elegías otro prisionero de tus enigmas.
Te vi allá abajo, avanzando por la playa de Riazor,
donde moría suavísimo el oleaje. Sola.
La ciudad se estrechaba entre los roquedales
y parecía querer abrazarte en su intimidad
de caracola. Bajé a trompicones, con esa abrupta
complicidad de dos amigos que se esquivan.
Te acompañé. Dimos una, dos, tres vueltas.
Me recordaste que eras de un pueblo lejano,
un pueblo de buitres y celajes imposibles,
de ríos insomnes y de viñedos. En realidad, dijiste,
no eras de ningún sitio. Te sentías la hija del mar,
de ese cosquilleo incesante de las olas
y aquel, me decías, era el mejor escenario
de tus tiempos muertos, entre clase y clase.
El tiempo aparte que rara vez compartías.
Apareció la lluvia y sacaste el paraguas de paseo.
Buscamos un refugio entre las rocas. Te acercaste.
O me acercaste a ti, a tu talle, a tu negro pantalón
de pana, a tu intenso olor a pachulí y a granada.
Hablabas sin hablar con tus tenebrosos ojos
y la barbilla montaraz de quien ha besado mucho.
Levantaste el jersey y me dijiste: «¿Sabrías
matarme de amor, sobre los peñascos, y luego,
trocito a trocito, devolverme a la corriente?».

No sé muy bien qué hice. Llevo cinco años
encadenado a la noche y sus delirios.
Y aquí, entre tinieblas, te cuento una y otra
vez cómo te recuerdo, cómo aún me dueles.
Te fuiste con el alarido de la resaca, mar adentro,
confiada, ajena a los destellos del faro.



AMOR DE MADRE

[5 de mayo de 2013]

Nunca he tenido palabras suficientes para ti.
A ti te gustaron mucho desde niño y las coleccionabas
como se coleccionan cromos o recortes de prensa.
Me habría gustado decirte que recuerdo
cada instante de tu niñez, tus miedos,
cómo corrías tras las olas, cómo mirabas a todas
las mujeres con descaro, con el dolor
de un querer imposible y precipitado. A veces
pensaba que las deseabas a todas: para ti, en tus sueños,
en un futuro feliz que imaginabas junto al mar.
Nunca he tenido la certeza del cariño. Ni he conocido
el idioma de la ternura, la última seda de las caricias.
Te vi crecer. Enfurecerte en las tardes solitarias.
Encerrado con tus libros y con tu silencio.
Envuelto en la soledad y sus cuchillos de luto.
Recuerdo lo que te gustaba: una conversación,
un nuevo libro, una película de amor apasionado.
No conozco a tantas actrices que te hacían
perder la razón, repetir sus diálogos, decir su nombre.
Después, cuando empezabas a irte de casa,
cuántas veces te esperé asomada a la ventana.
Tu padre apenas decía: ¿viene el chaval? Ven, mujer,
descansa, ya vendrá. Mañana nos espera la tierra.
No le hacía caso. ¡Cuántas veces te esperé hundida
en el abismo de la noche, ya sin lágrimas! Esperé en vano.
Un día, cuando creíamos haberte perdido ya,
cuando una extraña forma de locura se había instalado
en tu corazón y en tu cabeza, en tu cabeza loca,
nos anunciaste que te marchabas. Que te ibas de casa,
no sé si al fin del mundo o aún más lejos.
Compostela. Madrid. Barcelona o Zaragoza.
Tu padre no se lo creía. No podía aceptar que hubiera
dejado de ser imprescindible o importante en tu vida,
como aún lo era, de otro modo, para tus dos hermanos.
Nunca tuve las palabras necesarias para ti.
Tampoco entonces. Se me empañaron los ojos
y los ánimos. Se me oscureció la alegría.
Ha pasado el tiempo. Y sigo sin saber ponerle vocablos
a mi melancolía, a mi propia sensación de pérdida.
La vida se me apaga: ya lo sabes. He tenido un ictus,
ando con dificultad, no sé si volveré a verte.
He rebasado esa edad que te aproxima al adiós.
Por eso, esta mañana he cogido el último cuaderno
intacto que me queda y te he puesto solo tres líneas:
«Hijo mío, verdaderamente siempre he sentido una gran
pasión por ti. Quiero que lo sepas, estés donde estés,
en Compostela, en Zaragoza o en el fin del mundo».
Si no te importa, llámame si alguna vez te llegan.


BUSCANDO A DEBRA WINGER


Perdí la cabeza por ti,
antes, mucho antes de Tierras de penumbra.
Mucho antes de que fueras poeta
y una criatura mortal frente a la noche.
No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,
tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías
la claridad del mundo en cada abrazo.
Me gustabas siempre: en cada diálogo,
en cada beso, en esa alegría incontenible
de estar a punto de irte para siempre a otra playa.
Pero cuando te vi en El cielo protector,
me sentí enfermo, poseído de amor.
Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,
el helado rescoldo del plenilunio en la arena,
la muerte inesperada de un amor disipado.
Y luego, llegaste a aquel villorio,
a otra forma de prisión. Y a la violencia
del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,
arrebatada y muda, mientras te acariciaban
y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:
lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.
Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar
como el torbellino de todos los deseos.
¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

Luego te esfumaste. A otro mundo,
a otras formas del olvido y del silencio.
Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,
saber de ti: buscaban a Debra Winger
y a las mujeres como tú que desaparecían de la pantalla.
Esa película perseguía a un fantasma,
una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.
Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.
Cierro los ojos e imagino que estás ahí,
en el interior de la pantalla a punto de decirme:
«Ven. A veces solo en el cine se cumplen
los mejores sueños, peligrosamente juntos».

UNA BRISA NOCTURNA


A Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate

Vivían con las palabras precisas.
Con las suyas y con las de los otros:
con las de Fernando Pessoa y Rilke,
con las de Juan Ramón Jiménez,
con las de Stéphane Mallarmé.
Y esas palabras, en forma de versos,
andaban por la casa como pájaros
inquietos, como las notas huidizas
de una ópera o de un río de sílabas.
Vivían entre las piedras y el cielo,
entre los búcaros y el aleteo
de las telas. Siempre había un olor
a madera y a intimidad tomada.
Los libros estaban cerca. Los discos,
los cuadernos y una cesta de frutas.
Al llegar la noche, él se retiraba
a un palomar que era su obrador,
su estudio y el oratorio de la poesía.
Hablaba con Ofelia, con Zenobia,
con Beatriz, el delirio de Dante.
Congregaba a los espectros del verbo.
Había un instante en que ella subía
a sentarse a su lado: temblaba la luna
y encendía la fronda de los olivos.
Una brisa retornaba del campo
y entraba por la ventana para ellos.

 

UNA TARDE EN EL JARAMA


La escritora necesitaba la compañía del whisky
para soltarse la lengua. La suya era una vida
trabajada contra el destino y la ira. Estábamos
en una de esas cenas íntimas que suceden
a una tertulia con público apasionado.
Una de esas cenas donde las confidencias
van y vienen, y con ellas los chismes, los secretos.
Cuando todos habíamos liquidado los postres,
ella dijo: “Ni los escritores sabemos nada de amor.
A mí me ocurrió. Me casé enamorada, fui madre
de inmediato, bebía los vientos por él, lo deseaba,
lo deseaba tanto como la inspiración y la gloria.
Un día, no sé por qué, me cruzó la cara. Y tiró
una de mis libretas por la ventana: la seguí un instante,
se caía al vacío como un pájaro condenado.
En aquellas páginas hablaba de nosotros, de las noches

de pasión y de la nostalgia instantánea del sexo.
Me marché de casa poco después: con otra libreta,
malherida, humillada y sin nuestro único hijo.
Camilo José Cela, a quien siempre había visto como
un ogro, me recogió en su casa. Me cedió un cuarto
y me dio todo su cariño y el de su mujer menuda.
Temblaba de día y de noche. Sufría con la luz.
Me habría arrojado por un precipicio. Soñaba.
Pensé que me había olvidado de escribir. Lloraba.
Un día me encontré con un hombre, afable,
que miraba el vuelo de los gorriones del parque.
Que subía y bajaba de los tranvías. Dibujaba
y sonreía y montaba en bicicleta como un chiquillo.
Tuve la sensación de que él tampoco
esperaba nada del mundo ni de sus accidentes.
Le hablé. Concertamos varias citas. A orillas
del Manzanares, en el Retiro, en un tren de cercanías.
En un cine de doble sesión. Allí nos besamos
cuando la pantalla se iluminó con los ojos líquidos
de Ingrid Bergman. ¿Por qué lloras tú también?
Nos fuimos a vivir juntos. Recuperé a la escritora
que siempre había llevado dentro, y a la ebanista
que construía castillos y palacios y barcas a la deriva,
y a la niña artista que pintaba alondras en el bosque.
Ya no sabía bien si los dibujos eran míos o eran suyos.
Una tarde nos fuimos al Jarama. Recuerdo la corriente
agitada, los vencejos entre nubes de fuego, la brisa.

TESTIGOS DEL JARDÍN BOTÁNICO

A Rafael Navarro. Fotógrafo

Les tengo miedo a los aviones, a los barcos y a las autopistas. Por
eso no me atrevo a viajar. Me desplazo con la imaginación: a los
museos del mundo, a las ciudades como Praga, Venecia y Lima, a los
paisajes de la Toscana, a los cementerios lejanos y, sobre todo, a los
jardines. A los jardines botánicos de medio mundo. Me fascinan, me
enloquecen. Sueño con ser mota de luz, pájaro ínfimo, brizna del
valle o un golpe de viento para internarme en ellos como si fueran
mi hábitat, y yo un explorador incansable. Un coleccionista de aromas y de
colores. Sueño con no ser, ni siquiera fantasma
invisible, y hacerme un cubículo entre las plantas. Por eso te llamé:
Ven. Te reservo una sorpresa. Se llama Testigos. Tampoco te dije
más. No sabía si vendrías. Qué inquietud la del enamorado que
espera, qué llanto sordo se deslíe en silencio por todos los rincones
y, a la vez, qué ilusión, qué desvarío, qué ansiedad pervertida e
infantil. Yo me decía: ¿Y si viniera, si se atreviese a abandonar sus
últimos maniquíes, los poemas, los cigarrillos y el cieno oscuro de
sus sueños, y viniera? Viniste. Con una resaca grandiosa de besos y
de telas, de madrugada y de alcohol. Te abracé y, sin decirte nada, te
empujé hacia dentro. En letras bien grandes leíste: Testigos de Rafael
Navarro. Una exposición de fotos de naturaleza, de paisajes de
claridad tenue o nítida, de fronda voraginosa. Una muestra de los
viajes del fotógrafo a jardines botánicos de todo el mundo: Estados
Unidos, Roma, Milán, Londres, islas desconocidas. Te dije: “Vamos
a besarnos ante el corazón de la hiedra. Y allí, bajo la aureola de
ensueño de las corolas. Y allá, entre esa espesura de flores silvestres
que huelen a mar y a girasoles». Nos besamos. Aquí, allá, y aún bajo
otra instantánea: esa que revela que una flor ha sido hendida por un
insecto con su parsimonia obscena. Cuando apareció el guardia, me
empujaste hacia un bosque de helechos, mojado por la lluvia.
Dijiste: «Ven. Saltemos dentro. Tú y yo nunca hemos estado en
el edén».
13/08/2017 12:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VIERNES, 4, A LAS 20.30, PRESENTACIÓN DE 'GOLPES DE MAR' EN A CORUÑA

 

’GOLPES DE MAR’ EN A CORUÑA CON FERNÁN VELLO Y E. RIESTRA
Este viernes, día cuatro de agosto, en la Carpa das Librerías, en los Jardines de Méndez Núñez de La Coruña, conversaré con los editores Miguel Anxo Fernán Vello -poeta, dramaturgo, editor de Espiral Maior y ahora diputado en Madrid de As Mareas por la provincia de Lugo- y con Eduardo Riestra -editor de Ediciones del Viento, traductor y viajero constante-. La conversación girará en torno a la nueva edición de ’Golpes de mar’. Fernán Vello publicó en gallego ’Vida e morte das baleas’, en 1997, que contenía 11 textos. La edición definitiva tiene 23. Arrancaba en A Coruña y contiene varios textos más coruñeses, entre ellos varios fragmentos de ’La voz del mar’, el penúltimo cuento.
El acto será a las 20.30, después de la charla de la escritora Blanca Riestra con Marta Sanz. Si anduvieseis por allí, será un placer veros...

 

02/08/2017 13:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: LA DIPLOMACIA CULTURAL

 

La diplomacia cultural

Guillermo Busutil 

 

‘La Opinión de Málaga’.

La diplomacia es el espionaje del conocimiento y la imaginación. Su misión no consiste en robar datos confidenciales ni en crear tramas de sombras -aunque hay veces en las que sucede y sus promotores creen que nadie se ha dado cuenta del juego de intereses -. El trabajo del diplomático sólo conlleva el elegante secreto de adquirir la cultura del territorio en el que se mueve mientras fomenta la propia. Es decir, conciliar el diálogo mediante la construcción de un lenguaje capaz de crear un espacio en el que encontrarse en beneficio mutuo. Una misión en la que las manifestaciones artísticas y el patrimonio de la identidad tienen pasaporte e influencia en la percepción de su imagen. Un claro ejemplo durante la guerra fría entre EEUU y la URSS lo representó el Ballet del Bolshoi que transmitía un sofisticado retrato de disciplina, compromiso colectivo y alta cultura, al igual que el jazz y el expresionismo abstracto americano propagaron su mensaje de libertad y modernidad más individualista. Lo mismo hizo España en la Bienal de Venecia de 1958 con la obra vanguardista de Manuel Millares, Luis Feito y Manuel Rivera entre otros miembros de El Paso. Acciones culturales que actuaron, y continúan actuando, sobre los estereotipos con los que un país es percibido en el extranjero.

La comprensión del mundo moderno, la conciencia de nuestros dilemas y cuál es el significado de la cultura frente a la urgencia de los desafíos de nuestro tiempo, exigen que se piense a fondo acerca del papel que deben tener las administraciones públicas y la empresa privada en la proyección cultural exterior; de si es preferible que el instrumento principal sea la lengua española –el Instituto Cervantes en los noventa supuso un importante primer paso- o si ha de ser la creación artística la que exporte la identidad y su espíritu. Esta reflexión se ha hecho en Santander, en el 3º Congreso de periodismo cultural, organizado por la Fundación Santillana y dirigido por Basilio Baltasar. Perfil perfecto de ese arte de la sagacidad, de la educación y del propósito del cometido. Alfil elegante y sutil, en diagonales y en círculos, en los márgenes y en la pluralidad de un tablero en el que establecer ideas y trabajo, acuerdos y estrategias como el Libro Blanco de la Cultura que debería tener la diplomacia, tal y como reclamó Ion de la Riva. Ex embajador en la India, fundador de Casa América, consejero de la Embajada de España en Italia, lúcido y curtido en batallas como la de pacificar la tensión del V Centenario del Descubrimiento mediante la diplomacia cultural, y su desenfado de humor y pasión delante de la postal de la bahía acristalada por el Centro Botín, por la que cruzaban dibujos de veleros de infancia en acuarela de brisa gris y cargueros comerciales como silenciosos fantasmas del atardecer. Una de las escenografías de atmósfera que enmarca hacia dentro esta arquitectura de Renzo Piano, con la que Santander gana una bella infraestructura con estética futurista de los setenta, y un imán para el turismo cultural. El modelo con el que Atenas también intenta regenerarse mediante el nuevo Museo Nacional de Arte Contemporáneo y el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos diseñado igualmente por Piano.

No sé si la arquitectura de estos plásticos contenedores contribuye a la diplomacia, además de a promover la economía, pero sí está claro que hay firmas que funcionan como marca. El término con el que sueñan distinguirse hoy día las ciudades, aunque sea un concepto cautivo de la publicidad que permite convertir lo que no se es en lo que interesa que los demás crean. No es marketing lo que las ciudades deben buscar. Lo que importa de verdad es el prestigio de lo que se oferta y que dicha oferta sea realmente un foro con la política cultural de otros países, y a partir de ahí favorezca otras relaciones. Ese es el auténtico reto, y el logro que presentó el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. Su apuesta personal formada por el Centro de Arte Contemporáneo, la Colección Museo Ruso San Petersburgo Málaga y el Centro Pompidou Málaga. Tres museos fruto de la importante puerta que abrió 14 años antes el Museo Picasso Málaga financiado por la Junta de Andalucía y por la apuesta continuada de Christine y Bernard Picasso con una exquisita colección del artista malagueño y exposiciones temporales de proyección internacional.

Cuatro espacios que han convertido a Málaga en la ciudad de los museos, la tercera en dicha oferta con cerca de un millón de visitantes anuales, como la ha denominado el secretario general de la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, y cuyo impacto económico de su atracción museística roza los 547 millones de euros, además de favorecer la celebración de La Cumbre Hispano Francesa, y que sea el Ruso el que alberge, desde mañana hasta el jueves, el Encuentro de todos los directores del Institutos Cervantes. Nada mal para una ciudad que hace diez años suspendió en ser la capitalidad cultural 2016, aunque sus dos infraestructuras estrella dependan de que los políticos malagueños se crean la cultura y sepan estar a su altura, de una renovación pendiente nada clara, y del compromiso con un alcalde que entonces se habrá jubilado. También la Diputación ofreció su proyección nacional a través de La Térmica, dirigida por Salomón Castiel, con su dinamización cultural de la ciudad, y La Noche de los Libros como exitosa actividad.

Diplomacia cultural, entendida también como caligrafía de la política exterior, desgranada en un congreso en el que a todos nos fascinó el discurso de Roberto Toscano, avalado por su experiencia diplomática, acerca de una cuestión tan simple y tan compleja, como la diferencia entre diálogo y dialéctica en un momento de miedos por la pérdida del control de nuestra vida y el aumento de las políticas alfa macho de Estados Unidos, Rusia y China, garantes de una cultura hobessiana basada en la necesidad de autoestima, de gloria y poder a expensas de los otros. Igual de interesante fue el papel que está desempeñando la Secretaría General Iberoamericana representada por Rebeca Grynspan en unas jornadas en las que se debatieron las causas que determinan que el país en el que España tiene peor imagen del mundo sea la propia España; la importancia del pensamiento crítico en la diplomacia; el rol que desempeñó en Londres el Instituto Español del exilio frente a la propaganda del franquismo; lo que supuso la narrativa del boom hispanoamericano en la promoción europea de su identidad; y el vínculo entre diplomacia y literatura simbolizado en escritores de la talla de Pablo Neruda, Alejo Carpentier o Carlos Fuentes, entre otras aportaciones de reconocidos periodistas como Sergio Vila-San Juan, Eva Díaz Pérez, Antonio Iturbe, Antón Castro, Luis Martínez o Manuel Pedraz. Y hubo excelentes ejemplos como el de Radio Ambulante: un podcast que cuenta crónicas latinoamericanos en audio español en la National Public Radio norteamericana, y la hibridación que avala la Fundación Tres Culturas con conciertos como el de la palestina Haya Zaatry. Sin faltar el reconocimiento a María Luz Morales, rescatada en un libro de María Ángeles Cabré, como pionera del periodismo cultural.

Curiosidad, apertura, neuroticismo –para solventar situaciones estresantes sin alterarse- y extroversión, cuatro rasgos del buen diplomático presentes en las relaciones de los agentes culturales de reconocida labor o de incógnito Bond, como jugó la periodista Ana Borderas, en un Congreso donde sin duda estuvo presente la variante cotidiana del ejercicio de diplomacia que se da en torno a la comunicación social, sin necesidad de llevar esmoquin, escote de espalda ni de conversar permanentemente en ajedrez. El brindis final fue la convicción común de que la cultura es la mejor herramienta, en un mundo amenazado por las utopías reaccionarias, para recuperar el Humanismo perdido y volver a soñar. Igual que en esa bahía de Santander que, desde la sala de conferencias del centro Botín, parecía un mapa del mundo en calma en el que sólo la luz podía suceder.

 

 

*http://www.eldiariomontanes.es/noticias/201505/18/media/cortadas/centrobotin--575x323.jpg

23/07/2017 09:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'GOLPES DE MAR' EN A CORUÑA

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’GOLPES DE MAR’, EL DÍA CUATRO DE AGOSTO EN A CORUÑA
Lilian Bassman, una de las fotógrafas más sutiles, de impronta pictorialista, retrató en muchas ocasiones a la modelo Evelyn Tripp. Esta foto, con ecos marinos, me sirve para anunciar la presentación de la nueva edición, aumentada, de ’Golpes de mar’ (Ediciones del Viento), el próximo día cuatro de agosto en la Feria del Libro de La Coruña. Será a las 20.00, y contaré con la presencia de Eduardo Riestra y dos grandes amigos: Xulio Valcárcel y Miguel Anxo Fernán Vello. Será la primera vez en 30 años de creación literaria que presento un libro en la ciudad de mi niña y de mi adolescencia. ’Golpes de mar’ empieza en La Coruña: en la plaza de Bárbaras, en las inmediaciones del castillo de San Antón, en el jardín de San Carlos... Y luego se interna por Arteixo, Barrañán, Valcobo, Chamín, Caión, y otros lugares de la Costa de la Muerte. También hay relatos que suceden en Santa Mariña de Lañas o en ese lugar imaginario de Baladouro, que estaría ubicado entre As Croas, o Campo da Choca, etc. Ahora mismo me acaba de llamar Javier Lostalé y me dice que mañana en RNE, de 3 a 4, en ’La Estación Azul’, alguien recomienda ’Golpes de mar’ y él lee un poema de mi libro ’Seducción’ de dedicaco a Pilar Gómez Bedate y a Ángel Crespo, en su casa de Calaceite.

22/07/2017 11:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NOTICIAS SENDERIANAS...

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Me complace enviaros un par de noticias senderianas:

1. Hemos comprado un artículo de Ramón J. Sender, desconocido para nosotros, 'Ocupar una ciudad no es conquistarla', que se publicó en la revista bonaerense Pan: síntesis de toda idea mundial, 129 (22 de septiembre de 1937), p. 6. En la revista se informa de que este artículo se había publicado anteriormente en la revista Adelante de Valencia en 1937, referencia que también desconocíamos hasta ahora. Adjunto el archivo PDF.

2. El programa Huellas de... de Aragón TV dedicó su edición del pasado 15 de julio a Ramón J. Sender, con la emisión de un vídeo divulgativo de casi media hora de duración en el que intervienen Gabriel Sopeña, como conductor del programa; Palmira Zapater, alcaldesa de Chalamera; Ana Alcolea, escritora; Enrique Galí, profesor de literatura; Rafael Bardají, periodista, y  José Domingo Dueñas, especialista en Sender. He de advertir que contiene algún error grave, como que el hijo pequeño de Sender fue fusilado (afirmación de Gabriel Sopeña). Podéis verlo en el siguiente enlace: http://alacarta.aragontelevision.es/programas/huellas-de/

Un cordial saludo,

Luis Gómez Caldú. Coordinador del CES

GONZALO MOURE, CERVANTES CHICO 2017

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GONZALO MOURE, PREMIO CERVANTES CHICO 2017
El escritor valenciano Gonzalo Moure ha sido el ganador de la última edición del Premio Cervantes Chico, un prestigioso reconocimiento que otorga el ayuntamiento de Alcalá de Henares para distinguir a un escritor o escritora de lengua castellana cuya trayectoria creadora haya destacado en el campo de la literatura infantil y juvenil.
Para su designación se tienen en cuenta, además de sus méritos literarios, criterios como la popularidad y la utilización de la obra del escritor como recurso educativo y didáctico. Se otorga un reconocimiento público al autor galardonado, a través del cual también se procura la difusión y en el fomento de su obra entre la población infantil y juvenil. Coincidiendo con la entrega de este premio, se premia asimismo a escolares, familias y docentes de todos los centros educativos de la ciudad, que hayan destacado por sus valores humanos.
En anteriores ediciones de este premio, que se otorga desde 1992, han sido reconocidos escritores de la talla de Concha López Narváez, Joan Manuel Gisbert, Gloria Fuertes, Montserrat del Amo, Martín Casariego, Jordi Sierra i Fabra… El pasado año, la ganadora fue la escrirtora aragonesa Ana Alcolea.
Gonzalo Moure nació en Valencia en 1951. Estudió Ciencias Políticas y trabajó en prensa y radio desde 1973 hasta 1989. Desde entonces se ha dedicado a escribir libros para adultos y para niños y jóvenes. Ha sido galardonado con importantes premios de literatura infantil y juvenil, entre ellos el premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil con la novela 'En un bosque de hoja caduca'. Además, en la colección Sopa de Libros, ha publicado 'Cama y cuento', 'Palabras de Caramelo' y 'Los caballos de mi tío', y participó con otros nueve autores en el volumen de cuentos Los derechos de la infancia.
*Esta nota la envía la editorial Anaya, donde ha publicado varios libros.
*La foto pertenece al archivo de SM, donde también ha publicado muchos títulos este gran contador de historias.

21/07/2017 08:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUANJO MORALES EXPLICA LA MASONERÍA Y EL DISCURSO ANTIMASÓNICO

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El periodista, profesor e historiador de la masonería Juan José Morales Ruiz publica ’Palabras asesinas. El discurso antimasónico en la guerra civil española’ (Masoneria.es). Aquí explica los orígenes, la expansión de las logias y la relación de Franco y el franquismo con la masonería.

 

-¿Qué es la Masonería? ¿Cuáles son sus principios y qué pretende?

Parece una pregunta muy sencilla (por lo menos en su formulación) pero la respuesta es más complicada. Y es que, como dice el profesor Ferrer Benimeli,- sin duda el mayor especialista de la historia de la Masonería, en su libro: El contubernio judeo-masónico-comunista -, “una de las dificultades mayores que supone hoy día el hablar o escribir de Masonería española radica, no tanto en saber lo que fue o hizo -que en parte ya sabemos- sino en tener que desmontar previamente una idea errónea o una auténtica deformación popular en lo referente a la Masonería”.

Todavía resuenan en los oídos de muchos españoles los ecos de aquellas campañas antimasónicas que atribuían al contubernio “judeo-masónico”, asociado al comunismo, al separatismo y a la anarquía, una acción despiadada de destrucción de nuestro país. La Masonería fue responsabilizada de la guerra civil, de la pérdida de nuestras colonias, de la decadencia española, etc. Fue perseguida por el franquismo, que consiguió su sistemática destrucción, y exilio, y la convirtió en un auténtico paradigma del mal. 

En mi libro recojo por ejemplo la definición que sobre la Masonería, aparece en las Constituciones del Grade Oriente de España, publicadas en 1871. Allí se proclama que “la Masonería tiene la perfección de los hombres, y por lo mismo, los Masones españoles admiten los diversos Ritos, Grados, ideas y sistemas sociales establecidos, siempre que ellos no atenten a los principios morales, filantrópicos y fraternales”. Este a partidismo se justifica porque la Masonería es “una escuela de ética que persigue un fin exclusivamente moral y que opera en el campo libre de la filosofía y de la enseñanza”.

Cabe preguntarse entonces ¿por qué fue tan perseguida?, y ¿cómo pudo construirse ese mito del contubernio y de la conspiración judeo-masónica? Debería quedar claro que la Masonería no tiene nada que ver con toda serie de leyendas con que, en algunos países como el nuestro, se le ha rodeado, y donde el sólo nombre de masón evoca a misas negras, profanación de hostias, asesinatos de niños, culto a Satanás, venganzas sangrientas… y todo ese cúmulo de fábulas que han llegado a cobrar consistencia y ser creídas sin más desde la más tierna infancia, por obra de educadores cuya ignorancia sobre el tema no les ha impedido deformar sistemáticamente generación tras generación.

Este proceso de mitificación, de falsificación de lo que es la Masonería, es fundamental a la hora de estudiar con rigor y académicamente el discurso antimasónico en el bando franquista durante la guerra civil, y después durante el franquismo, hasta la muerte de Franco, porque ha producido en el público una falsa “definición” de lo que es de verdad la Masonería, y ha calado tan hondo en la sociedad española, que se hace muy difícil superar.

¿Por qué desde el principio nació envuelta en misterio y en cierta oscuridad?

Creo que lo del misterio y la oscuridad son algunos de los ingredientes más eficaces con los que se elaboraron las campañas antimasónicas desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Eso, junto al “secreto masónico” y al “juramento masónico”, logró que incluso, entre gentes medianamente cultas, la Masonería sea algo oscuro, secreto, demoníaco, diabólico, perverso, como una reencarnación del mal... En el siglo XVIII, la Masonería fue perseguida, sobre todo, porque era identificada con los movimientos enciclopedis­tas, liberales y progresistas que darían más tarde lugar a la Revolu­ción Francesa. Y curiosamente esta persecución se produjo, en los países y gobiernos más dispares

Surge en Inglaterra. ¿Cómo se propagó por Europa, cómo evolucionó a la luz de las guerras, de los conflictos, de los avances sociales o de fenómenos como La Revolución Francesa o la Guerra de la Independencia’?

1717 es el año que suele darse para señalar el inicio de la masonería moderna. En esta fecha, cuatro logias londinenses fundaron la Gran Logia de Londres. Unos años más tarde, en 1723, fueron redactadas las "Consti­tuciones de Anderson", que contienen las formulaciones de los fines de la masonería, en las que se basan la mayor parte de los masones, todavía, hoy.

En ellas se afirma que ya no se trata de construir la catedral de piedra. El edificio que se construirá será la “catedral” de la Humanidad, en honor del Gran Arquitecto del Universo. En el siglo XVIII el francmasón estará marcado por una doble finalidad: el perfeccionamiento del hombre, y la construcción de la Humanidad.

De Inglaterra pasó a Francia, Italia, España y Alemania, entre otros países europeos, y también a Estados Unidos. La masonería británica conservó una estructura fiel a sus Constitucio­nes, mientras que en el resto se produjo una proliferación de obediencias y la introducción de grados, multiplicidad de ritos y ceremonias de iniciación. Por eso, hablar de Masonería resulta un auténtico anacro­nismo, ya que existen muchas masonerías independientes unas de otras, y dentro de estas mismas se da una variedad extraordina­ria de ritos. Entre los especialistas ha habido, no obstante, una tendencia a establecer una división entre la Masonería anglosajo­na y la latina. La primera es calificada de "regular", y sólo admite como miembros a "varones que creen en Dios y en la inmortalidad del alma y de los que recibe fidelidad a los compromisos sobre el Libro Sagrado de una religión".

La Masonería latina, durante el siglo XIX, experimentó algunas variaciones en el orden ideológico y práctico que se manifestaron, por ejemplo, en un marcado carácter laico y anticlerical, que en algunos masones derivó, incluso, hacia un sentimiento antirreligioso o un profundo agnosticismo. Y eso nos conecta con fenómenos sociales y políticos, como la Revolución Francesa, o nuestra Guerra de la Independencia, en los que se denunció la participación de los masones en la caída de los absolutismos, la destrucción del antiguo régimen, y el triunfo del liberalismo y la revolución. Pero conviene tener en cuenta que hubo masones en ambos bandos.

¿Por qué Fernando VII desarrolló una feroz campaña siempre contra los masones?

Durante el reinado de Fernando VII se desarrolló un intenso combate contra la "incipiente" Masonería española. El régimen absolutista fernandino se orientó de una manera decidida contra el constitucionalismo, el liberalismo y la masonería. Al mismo tiempo que desaparecían las logias creadas por militares franceses al abandonar el territorio español, se cerraron las que habían constituido la primera Gran Logia Nacional de España. Este movimiento represivo se acentuó a partir de enero de 1815, en que restablecida la Inquisición, un edicto de Fernando VII prohibía y condenaba la masonería. Y a este edicto siguie­ron múltiples disposiciones legales antimasó­nicas. La policía y la Inquisición colaboraban estrechamente en la persecución contra los masones. Algunos de éstos se presen­taron voluntariamente ante el Santo Oficio, otros fueron denunciados, y todos los que pudieron emprendieron el exilio.

Los absolutistas de la primera época fernandina atribuían gran parte de los desórdenes constitucionales a los masones y otras sectas, mezclando, en ellas a los judíos para atemorizar a quienes aún sabían poco de estas sectas misterio­sas. Los masones fueron perseguidos por su posición favorable a la libertad. Y en esta cadena de prohibiciones y persecuciones, conviene tener en cuenta una serie de documentos pontificios publicados por los Papas contra la masonería y los masones, desde el siglo XVIII, y que tuvieron una influencia decisiva. Probablemente la encíclica más determinante por su influencia en la persecución de los masones durante el siglo XIX, y después en el siglo XX en la España de Franco, fue la “Humanum Genus” de León XIII, publicada el 20 de abril de 1884.

¿El masón es alguien que se siente fuera del sistema, es un revolucionario encriptado o un conspirador, es un filántropo?

En absoluto. En todo caso, y a pesar de lo que se denunciaba en el discurso antimasónico, pertenecer a la masonería no supone que el masón sea un conspirador, ni siquiera un revolucionario. De hecho en el caso de España la masonería ha tenido miembros de muy distinta escala social. Recientemente el Profesor Javier Alvarado ha publicado un libro sobre la presencia de la nobleza en las logias masónicas españolas (Masones en la nobleza de España. Una hermandad de iluminados). Y otro (Monarcas masones y otros príncipes de la acacia), rigurosos trabajos historiográficos que han desmontado el mito del carácter republicano de la masonería española en el siglo XX.  

Debemos tener en cuenta que para entrar en la masonería, de acuerdo con las Constituciones de Anderson, vigentes desde el siglo XVIII, hay que ser “un varón, libre y aceptado”. Ello impide, el acceso a las mujeres en la masonería británica. Pero, en la masonería de influencia francesa, la masonería “irregular” se admite a las mujeres, hay logias mixtas, y logias sólo de mujeres. 

¿Quiénes fueron famosos masones? Pienso por ejemplo en Mozart y ‘La flauta mágica”.

Aunque es verdad que Mozart fue introducido en la masonería por su padre. Y hubo y hay personajes famosos. Sin embargo, no hubo tantos masones prominentes. Este es uno de los “mitos” más repetidos, sin ningún fundamento, todavía hoy. La idea de la presencia de masones entre la gente más influyente, tanto en España, como a nivel internacional, muchas veces ha sido propalada, incluso por los propios masones, como si por un exacerbado afán proselitista, pensaran que tiene alguna ventaja. Lamentablemente, esta falsa (por exagerada) creencia ha provocado muchas veces la persecución de la masonería, basada en la existencia del tristemente famoso “contubernio-judeo-masónico”, dando pábulo a algunas teorías de la conspiración. Además esta tergiversación favorece una cierta curiosidad que provoca, de tanto en tanto, la publicación de informaciones sensacionalistas con pretendidas listas de masones que ocupan los partidos políticos, los gobiernos, e incluso el propio Vaticano.

¿Por qué hay o hubo una asociación de la masonería con el satanismo y la brujería?

Uno de los "casos más curiosos, y al mismo tiempo más grotescos" de la dura polémica que enfrentó a la Iglesia católica con la Masonería, a finales del siglo XIX, y que dio origen a la leyenda del satanismo masónico es el de Léo Taxil, que escribió numerosos libros sobre la masonería luciferina y tuvo bastante influencia en los círculos eclesiásticos, a pesar de que en el "Congreso Antimasónico de Trento" confesó que se trataba de una superchería y que era todo falso. El satanismo se utilizó frecuentemente en la elaboración del discurso antisemita, y en la persecución de los judíos y los masones, basándose fundamentalmente en Los Protocolos de los Sabios de Sión, otra obra completamente falsa.

Caro Baroja en su Historia sobre los Judíos en España, señala que, "a comienzos del siglo XIX,- y también durante la segunda mitad del siglo XVIII -, se confundía a los judíos, a los masones, a los protestantes y a los liberales, con todo supuesto enemigo del catolicismo. Judío = liberal = masón. He aquí, unas ecuaciones que aún tenían vigencia para la masa carlista hace poco en las aldeas del Norte". Caro Baroja recuerda que fue precisamente Napoleón en Chamartín, el 4 de diciembre de 1808, y no su hermano José Bonaparte, como rey de España, quien llevó a cabo la supresión del Tribunal del Santo Oficio, considerando que la Inquisición era un acto "atentatorio a la soberanía". Este acto de "impiedad" fue secundado por las Cortes de Cádiz que se oponían a "Pepe Botella", pero que en este caso, coincidiendo con los afrancesados, decretaron el 22 de febrero de 1813, la abolición del tan temido y odiado Tribunal.

¿En qué consisten las logias y cómo funcionan? ¿Cuáles son sus símbolos claros? A veces da la sensación de que siguen un orden jerárquico y militar…

En relación con el término “logia” baste decir que sirve para designar el lugar donde realizan sus actividades los masones. También, se suele utilizar, indistintamente, el nombre de “templo” o “taller”. En un sentido más amplio, se utiliza el término logia “en plural”, para designar las comunidades masónicas de base. Las logias constituyen el principio organizativo fundamental sobre el que los masones desarrollan las actividades de “iniciación” y formación, y el resto de los “trabajos masónicos”. Las Logias son la estructura sobre la que se desarrolla la masonería en todos los países. En relación con el funcionamiento de las logias, creo que en la actualidad hay algunas cuestiones masónicas que son un tanto anacrónicas. Por ejemplo, esta idea de una sociedad organizada a partir de diversos grados, y muy jerarquizada, por más que sus dirigentes sean elegidos democráticamente. También puede resultar chocante el carácter de una organización “discreta”, en una sociedad abierta, cada vez más comunicativa.Por otra parte, sobre los signos, los símbolos y los ritos masónicos, recomiendo un libro reciente del profesor Ferrer Benimeli que se titula “Aproximación a la masonería a través de sus lemas y divisas”.

¿Qué pasó con la Masonería en la Guerra Civil española? Pareció el emblema del mal al que había que descuartizar.

Sí. En mi libro trato de dar una respuesta al tema de la represión de los masones. El título (Palabras asesinas. El discurso antimasónico en la guerra civil española), me parece significativo. Desde el inicio mismo de la contienda civil, de cuyo inicio se cumplieron en 2016 ochenta años, la prohibición, la condena y la represión de la masonería se convirtieron en uno de los objetivos, que tenía además la virtualidad de unificar a los distintos militares que protagonizaron el golpe militar. Y durante la postguerra y todo el franquismo, los masones (aunque los pocos que salvaron la vida, habían huido y vivían fuera de España) eran la justificación de la permanencia de Franco en el poder, porque repetía a marcha martillo, que “la masonería nunca se rinde” y que no se podía bajar la guardia porque se trataba de un “enemigo invisible”, y por eso tan temible. La represión fue de una brutalidad tremenda. Hablando del Holocausto, Primo Levi escribió: "Se comprendere è impossible, conoscere è necessario".

¿Cuáles son los hitos claves, las proclamas antimasónicas?

En un libro anterior (La publicación de la ley de represión de la masonería en la España de postguerra (1940) que publiqué en 1992, pero que creo que todavía está vigente, desgraciadamente, recogía una frase de Franco publicada en el periódico Arriba, con el pseudónimo de “J. Boor”, el 3 de mayo de 1951. Decía: “Si la masonería no descansa en sus actividades criminales, forzosamente hemos de ponernos en plan de combatir quienes, por conocerla, nos hemos convertido en fieles guardianes de nuestro solar frente a sus ataques. No hemos jamás de olvidar que entre las fuerzas derrotadas de la anti-España por el Movimiento Nacional Español ocupaban un puesto principal las fuerzas masónicas de nuestra Patria, que, aunque reducidísimas en su número eran, sin embargo, las patrocinadoras de todas las traiciones y las que realmente habían abierto las puertas de la patria a la invasión comunista y a su enseñoramiento de nuestro solar. Los que crean que la masonería se da alguna vez por vencida se equivocan. Hija de la maldad, su espíritu demoníaco sobrevive a la derrota y encarna en nuevos seres y en nuevos territorios. Hemos de desconocernos al sol de la gloria y del resurgimiento, si queremos librarnos de la sombra inseparable de las asechanzas masónicas”. Todo el mundo era sospechoso. Todo el mundo era culpable, si no se demostraba lo contrario. Lo que era bastante difícil.

¿Qué es lo más que te ha sorprendido en tu trabajo: el odio, la mentira o ese temor casi inhumano o persistente contra la Masonería?

Todo. Sobre todo el lenguaje del miedo. Un discurso de muerte, de venganza y exterminio. Recuerdo lo que decía Elie Wiesel hablando del Holocausto: "No todas las víctimas de los nazis fueron judíos, pero todos los judíos fueron víctimas de los nazis".  De la misma manera, parangonando a Wiesel, se puede decir que no todas las víctimas del franquismo fueron masones, pero todos los masones (españoles) fueron víctimas del franquismo.  

Sugieres que Azaña era masón o simpatizante. También lo fueron Cajal y Francisco Albiñana. ¿Cuál es el relato de la incomprensión, de la violencia y de la persecución de masones que más te ha conmovido?

Azaña fue iniciado en una logia madrileña pero, como él mismo cuenta en sus Memorias no le dio la menor importancia, y no pasó de ahí. Cajal se inició de joven, pero se dedicó sobre todo a sus trabajos de investigación neurológica que le valdrían el Nobel de Medicina en 1906.

¿Qué sucedió con los masones aragoneses?

La represión en Aragón fue muy dolorosa. El profesor José Antonio Ferrer Benimeli, le dedicó uno de los tres volúmenes de su Historia de la Masonería en Aragón. Como sucedió en otros territorios españoles donde triunfo el golpe militar desde el primer momento (el caso de Mallorca fue muy emblemático, cómo describiría Georges Bernanos en su obra famosa de Los grandes cementerios bajo la luna, en 1938) en Zaragoza, algunos testimonios son impresionantes.

En el franquismo, la masonería fue elevada a la categoría de máxima perversidad… ¿Qué se dijo, grosso modo? Cómo se le combatió?

Un ejemplo: “La masonería es una conjunción criminal y perversa, secreta y arteramente extendida por toda la tierra, para destruir la sociedad, la familia y la propiedad cristiana en provecho de la avaricia, la ambición y el odio de herejes y judíos; y en España se introdujo traidora y alevosamente, para envilecerla y destruirla. La masonería es radical y sustancialmente antiespañola, y fue siempre instrumento de los enemigos de nuestra Patria”. La publicación de este tipo de discurso represivo no es tan siquiera comparable con el producido en la Alemania nazi contra los judíos, pues cesó de difundirse, cuando los nazis pensaron que la cuestión estaba resuelta con su exterminio.

La legislación contra la masonería durante el franquismo se concretó en una serie de leyes como La Ley de Responsabilidades Políticas (1939); la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940); y la Ley de Seguridad del Estado (1941), por poner tres ejemplos concretos. La represión de la masonería duró hasta la muerte de Franco.

Tras la democracia, aún tardó mucho en ser legalizada. ¿Aún seguía levantando suspicacias y ronchas?

Todavía pesaba muchísimo la mala imagen de la masonería repetida hasta la saciedad por la propaganda franquista. Y entre otras cosas por eso se tardó más tiempo en su legalización que en el caso del partido comunista. La masonería en la actualidad está tratando de funcionar como cualquier otra asociación. En 2017, la Gran Logia Española desarrolla una campaña de reconocimiento de la honorabilidad de la masonería entre las instituciones, y la ciudadanía. Pero, naturalmente, la huella de las campañas antimasónicas del franquismo, perdura sobre sociedad española. Estamos muy lejos de llegar a la situación de otros países, donde funciona con absoluta normalidad. 

¿Se ha quedado ahora, con menos de 5000 personas, en tierra de nadie?

Me parece que hay demasiada leyenda urbana sobre los masones y la masonería. Por ejemplo, cuando se trata de cuantificar su número. Los propios masones dicen que habría en España cerca de 5000 masones. Son demasiados. Puede que confundan el deseo con la realidad. Y por añadidura, no parece de verdad que entre ellos destaquen los principales líderes de la sociedad española, tanto a nivel económico, empresarial, político, intelectual, etc. Los masones merecen un respeto, pero no debemos hacer un mito. No creo que la masonería sea más interesante que una ONG, como, por ejemplo UNICEF, que desarrolla una magnífica tarea en defensa de la infancia. La masonería en otros países es una asociación como cualquier otra de fines similares. Y así debería ser España.

- Por último, ¿cómo definirías el estado de la cuestión en torno a la masonería?

- Creo que la masonería sigue estando estigmatizada por la propaganda de extrema derecha. Forma parte de los mitos constitutivos de las teorías de la conspiración que tanto éxito tienen a nivel editorial. Falta mucho rigor a la hora de hablar de la masonería. Parece que cualquier cosa vale. Por eso veo que siguen siendo necesarios rigurosos estudios históricos sobre este tema en nuestro país. 

 


BALANCE DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Balance de la 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid  

 

A pocas horas del cierre de la 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid, las previsiones sobre sus resultados son abiertamente optimistas: unas ventas de 8,8 millones de euros, lo que suponeun incremento porcentual en torno al 8% con respecto al año pasado, según los datos aportados por los propios expositores y los indicadores procedentes del muestreo realizado entre el público.

 

Perfil del visitante

Entre los visitantes, destaca la presencia femenina (66% mujeres frente al 34% de hombres). El perfil del público se encuentra, fundamentalmente, en el segmento de edades comprendidas entre los 24 y 50 años (57%). Cabe destacar, además, que un 20% de los visitantes de la Feria proceden de ciudades de fuera de la Comunidad de Madrid, lo que consolida la FLM como uno de los eventos impulsores del turismo cultural a la capital. Un 85% de los encuestados dicen haber visitado anteriormente la FLM, mientras que para un 15%, esta de 2017 ha sido su primera Feria. Un 52% dedica una media de entre dos y cuatro horas a recorrer el Paseo de Coches, mientras que un 21% dice permanecer en la Feria más de cuatro horas. La mayor parte de los encuestados, un 55%, afirma gastar entre 20 y 50 euros; el 27%, entre 50 y 100 euros, y el 10%, más de 100 euros.

 

Portugal, país invitado

Portugal, país invitado de esta edición de la Feria, ha ofrecido un completo y excelente programa de actividades culturales. La visita del presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, quien acompañó a los Reyes en la ceremonia de inauguración el pasado 26 de mayo, marcó el inicio de 17 días de feria, en los que el país luso ha permitido al público disfrutar de la presencia de figuras de la talla intelectual de Eduardo Lourenço; poetas como Nuno Júdice y Ana Luísa Amaral; narradores como Gonçalo M. Tavares y Jose Luís Peixoto, o nombres de la cultura libresca como Filipa Soares y Catalina Sobral, por citar solo algunos. También estas dos semanas brindaron la ocasión de celebrar la obra de Luis de Camôes, Fernando Pessoa o Sophia de Mello. Asimismo, se hizo presente estos días la perdurable memoria de José Saramago, autor especialmente querido por la Feria y objeto de numerosos homenajes dentro y fuera del Parque de El Retiro, y la narrativa de Antonio Lobo Antunes ocupó la atención de varios actos. Los pabellones de Portugal y Bankia de Actividades Culturales del Paseo de Fernán Núñez, la Biblioteca Eugenio Trías, Casa de Vacas y el Círculo de Bellas Artes, también acogieron la presencia de creadores del mundo lusófono, exposiciones y una variada muestra de la rica cinematografía y teatros portugueses, que completaron la cartografía de la vitalidad y riqueza de la cultura del país vecino.

 

Homenajes

La Feria no olvidó algunas destacadas efemérides. En el 75º aniversario de la muerte de Miguel Hernández, el público abarrotó el pabellón en el que su vida y su obra se hicieron arrolladora presencia a través de una lectura en la que poetas de tres generaciones prestaron su voz a los versos del autor de Viento del pueblo y El rayo que no cesa. El centenario del nacimiento de José Luis Sampedro convocó a especialistas en su obra y a los lectores para compartir cien adjetivos que definiesen su biografía y su obra. Carmen Martín Gaite, la reina de tantas ferias durante más de tres décadas, fue objeto de un homenaje en el que el profesor José Teruel, hizo una magistral síntesis de lo que esta autora supuso en la vida cultural española a partir de los años 50, y en el que la profesora Joan L. Brown, de la universidad de Delaware, subrayó la vigencia de su obra en Estados Unidos, donde sus libros son lectura obligatoria para los doctorandos en literaturas hispánicas en el 88% de las universidades del país. La poeta Gloria Fuertes también ha sido objeto de emotivos homenajes, que, sumados a las múltiples reediciones de su obra y a las revisiones de su biografía publicadas en el centenario de su nacimiento, corroboran su obligado valor referencial.

 

I Encuentro de directores de Ferias Iberoamericanas del Libro

Marisol Schulz, Sandra Pulido, Oche Califa, José Carlos Alvariño Ordóñez, directores de las ferias del libro de Guadalajara, Bogotá, Buenos Aires y Lima, respectivamente, se reunieron en Madrid entre los días 1 y 3 de junio. Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid, fue el anfitrión de este encuentro en el que también participó Marianne Ponsford, directora de CERLALC (Centro Regional del Libro para América Latina y el Caribe). Las jornadas de trabajo, posibles gracias al apoyo de Acción Cultural Española AC/E, a través de su Programa de Internacionalización de la Cultura Española (PICE), en la modalidad de Visitantes, permitieron la puesta en común de experiencias, la búsqueda de sinergias y el estudio de los distintos modelos de financiación de estos eventos.

 

Una Feria en verde

El nuevo equipo directivo de la Feria, con Manuel Gil al frente, ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios acceder en próximas ediciones a un sello internacional que acredite la sostenibilidad medioambiental del evento. En ese sentido, se ha puesto en marcha un programa que cuenta con el apoyo y el asesoramiento del grupo Allcot, que permitirá a la FLM convertirse en un evento neutro en carbono. Además, está previsto el diseño de un plan de reducción de emisiones para la próxima edición de la Feria, que reafirma su absoluto compromiso con el cuidado del Parque de El Retiro. Por otra parte, las bolsas y todos los folletos editados llevan el sello PEFC y la asociación Plantamos Árboles ha regalado 1.200 cepellones de varias especies arbóreas (arces, fresnos, castaños de indias, olmos, robles, higueras y moreras) entre los visitantes.

 

Prensa Feria del Libro:

Lola Ferreira, lolapferreira@gmail.comIsabel Lerma, ilermabal@gmail.com; Isabel Gómez Rivas, gomezrivas@gmail.com. El texto les pertenece a ellas.

 

*Tomo la foto de aqui. Carmen Martín Gaite.

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12/06/2017 09:39 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PRESENTACIÓN DE 'GOLPES DE MAR'

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Queridos amigos: 

Este jueves, a las 19.30, en la sala María Pilar Sinués del Paraninfo de Zaragoza se presenta una nueva edición de ‘Golpes de mar’, publicado por Eduardo Riestra, en Ediciones del Viento, editorial de la Coruña. Es un libro que me acompaña desde hace treinta 30 años, ha tenido cuatro ediciones en gallego y castellano. Ahora incluye 23 cuentos, 5 de ellos nuevos: de amor, de aventura, de fantasía, relatos mitológicos, irlandeses, galaicos, homenajes a Álvaro Cunqueiro, historias de fotógrafos, de percebeiros, de fareros, cuentos que tienden puentes entre Galicia y Aragón…

Participarán en el acto Mariano Gistaín, periodista y escritor, Encarna Samitier, subdirectora de ‘Heraldo’, el actor y rapsoda Luis Felipe Alegre y la cantante María José Hernández. El acto lo organizan el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social, la librería Cálamo y la editorial Ediciones del Viento. Estáis invitados. Serán un placer y un honor contar con vuestra presencia.

 

‘Golpes de mar’ de Antón Castro. Ediciones del Viento.

Con Eduardo Riestra, editor; Mariano Gistaín y Encarna Samitier, periodistas; Luis Felipe Alegre, rapsoda y actor, y María José Hernández, compositora y cantante.

Sala María Pilar Sinués. Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

A las 19.30. Jueves, 8 de junio.

 

06/06/2017 09:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL NESQUENS Y SUS 50 NOMBRES

Daniel Nesquens tomó su nombre de Johan Neeskens, aquel centrocampista del Ajax, del Barcelona y de la ’Naranja mecánica’ de Cruyff y los demás. Despliega humor, imaginación, capacidad de trabajo y un talento incuestionable. Acaba de publicar ’Hasta (casi) 50 nombres’ (Anaya), ilustrado por Alberto Gamón.

-¿Qué relación tiene este libro con ‘Hasta (casi) 100 bichos’ y ‘La familia’, también publicados por Anaya, con ilustraciones de Elisa Arguilé?

Creo que los tres tienen mucho de compendio, de bestiario. Un género o subgénero en el que cabe casi de todo. Incluso yo.

 

-¿Cuál fue tu idea, por qué has elegido los nombres, que te interesó de ellos, qué posibilidades te daban? 

La idea primigenia era narrar con la excusa de los nombres propios. Tuve que buscar tres o cuatro nombres por letra que me dieran juego. En algunos casos utilicé nombres complicados que conllevaran el reto de salir ileso del relato; en otros era tan sencillo como celebrar la persona querida con su nombre.

 

-¿Cuál ha sido el método que has empleado? Lo digo porque hay miradas onomásticas, historias inventadas, mitología, elementos del cine, homenajes a los amigos…

Pues precisamente ése: moverme entre todos esos frentes y alguno más. Y siempre bajo una mirada cómplice con lo insólito, imprevisible, sorprendente… Incluso lo estético.

 

-Te costó más de tres años la escritura. ¿Ha sido un proceso complejo, no dabas con la tecla? ¿Qué le debe el resultado final al azar?

Realmente pasó mucho tiempo entre el primer y el último nombre. No tenía prisa de ningún tipo. Iba y venía sobre el material escrito. Tal vez me costó más encontrar el tiempo que la tecla. El azar siempre está ahí. Y te conecta, y te desconecta.

  

-¿Cómo defines tu sentido del humor? ¿Sabe algo de su propio humor?

Aquí debería responder aquello que contestaba Miguel Mihura: definir mi sentido del humor, el humor es como clavar una mariposa con un poste telegráfico. Pero por decir algo: absurdo, surrealista, blanco… Lo que sé al cien por cien es que mi humor tiene seguidores y detractores. Como todo en la vida. Algún día debería llevar una estadística. Imagino que debe de estar en 40% a favor; un 60% en desfavor.

 

-¿Qué se sabe de la mula Catalina que tenía tu abuelo Daniel?

Mi abuelo no tenía una mula, tenía una borrica. Yo tengo bastante de mi abuelo, y de su burra. Y como dijo mi abuelo: “sé que soy tierra quemada”.

 

-Dices: “Las Olvido no son de palabras exuberantes”. ¿Por qué lo sabes?

Mi propia experiencia. Y luego por una encuesta que hice a la entrada del Parque José Antonio Labordeta. Justo donde están las obras.

 

-¿Por qué crees que Eladio es nombre de cura?

Salta a la vista. Y, no me preguntes por qué, pero el nombre me recuerda a “El bosque animado”, del gallego Wenceslao Fernández Flores. Tal vez ahí esté el germen del capítulo del párroco.

 

-¿Qué has querido hacer con Nicolás, crear una historia del doble?

Del doble o del triple. La historia no deja de ser un “tocarle las narices al lector”. Con todo mi respeto, claro.

 

-¿Cuál es el nombre que más te gusta y que has escrito con más placer?

Me gusta mucho Débora, y ese irrumpir en medio de una de mis novelas favoritas: El gran Gastby. Y Sacramento tampoco está nada mal.

 

-¿El que más te ha hecho rabiar?

Tal vez haya sido Daniel. Cómo escribir de este estupendo nombre de pila sin que se note la debilidad por él.

 

-¿Los que vinculas al amor, a la sofisticación y a la locura?

Yunque, Xenofonte y Fina. Los enumero en orden inverso. No sé si me explico.

 

-¿Dejaste alguno por el camino?

Sí, quedaron más de cuarenta por ese bulevar que es editar un texto. Casi otro libro. Y no, no habrá segunda parte.

 

-El libro es divertido, muy tuyo, intervienen el capricho, el juego, el extravío y el disparate. ¿Escribir, en el fondo, es la apología de la pura imaginación?

Lo bueno de la literatura actual es que hay más escritores que semáforos. Tantas tendencias como equipos en La liga 1, 2, 5… En mi caso mi escritura es una defensa encendida de esa chispa que podemos llamar imaginación.

 

-El libro tiene un tono culturalista. ¿En qué lector has pensado?

Pues lo siento, no era mi intención. Sé que el libro está incluido en una colección juvenil de la editorial Anaya, pero creo que, como otros de mi autoría, puede leerlo cualquier lector algo ávido, creativo, promiscuo… Incluso crítico y teórico.

 

-En los proyectos anteriores habías trabajado con Elisa Arguilé. Ahora lo hace con Alberto Gamón, y no es la primera vez. ¿Cómo ha sido la relación, cómo ves los dibujos de Alberto?

Con ambos estoy encantado. Estoy entre amigos. Y cuando se está entre amigos todo es agradable. En Hasta (casi) 50 nombres fue una determinación editorial. Alberto ha realizado un trabajo excepcional. No hay más que verlo. Salta a la vista.

 

Cualquier detalle que te parezca importante.

Como anécdota, me dijeron que en una librería de Zaragoza (tenemos las mejores librerías de España) una señora compró solo la camisa o sobrecubierta del libro porque le habían gustado las notas biográficas de los autores. Y es que se lee poco.

05/06/2017 10:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ISABEL GONZÁLEZ: UN DIÁLOGO

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ENTREVISTA DE ANTÓN CASTRO A ISABEL GONZÁLEZ

La escritora Isabel González, nacida en Ejea, trabaja en infografía en el diario ‘El mundo’. Se dio a conocer con un libro deslumbrante de relatos: ‘Casi tan salvaje’. Ahora publica su primera novela: ‘Mil mamíferos ciegos’, que contiene dos historias: la de un joven que se retira al bosque y la de una pareja, más o menos en crisis o en transformación sentimental, que reside en la ciudad. Quizá entre ambas historias haya secretos vínculos. La escritura es personalísima: poética, turbulenta y experimental, un continuo ejercicio de indagación, de voces, de desconcierto. Firmará ejemplares este fin de semana en la Feria del Libro de Madrid.

¿Qué ideas de partida te rondaron la cabeza para escribir ‘Mil mamíferos ciegos’?

—Contar una historia que me habían contado y que luego se mezcló con mis historias. Así, en abstracto y en concreto, se trata de una novela basada en hechos reales perturbada por hechos más reales todavía. De un asunto testimonial, la escritura de esta novela pasó a ser una especie de zona mágica donde aislarme y conectar con lo que me sucedía y con lo que sucedía a mi alrededor. Por eso está llena de personajes reales inventados y de personajes inventados reales. Han sido años jodidos, por decirlo de algún modo. Potentes.

 

¿Cómo fueron surgiendo los bocetos, frases, intuiciones, espacios…?

—El otro día, en una entrevista, el arquitecto del Centro Pompidou de París, Renzo Piano, contaba que él se paseaba por los lugares donde iba a construir con una hoja de papel porque se lo enseñó Italo Calvino. “Yo no sé escribir, sólo tomar apuntes y recoger emociones”. Algo así. Hay que estar muy callado, eso también.

 

¿Qué novela querías hacer y cuál has hecho? Aludes a los fantasmas del mar, al código de los pecios, al naufragio permanente…

—Jajaja. Muy buena pregunta. Lo cierto es que no se parece mucho a lo que pensé el primer día. Y lo peor es que todavía no sé qué he hecho. De ahí la maravilla de que alguien la lea, a ver si me ayuda a descubrirlo. Me he perdido tanto con ella (de ahí, quizá, los pecios y los naufragios) que ni sé si la he escrito yo. Que ha participado hasta ese perro que pasa por la calle.

 

¿Pensaste siempre en dos espacios, en dos historias paralelas que a lo mejor se encuentran?

—Sí. Esos dos espacios surgieron rápido. Vienen de serie. Desde el principio.

 

Háblame de Yago: ese joven extraño que se va al bosque a tallar árboles. ¿Es un artista, es un obseso, un escritor, en el fondo (que no sabemos bien a quién escribe, casi hasta el final), o sencillamente alguien que huye?

—Yago es una persona que amó de una forma pasional, inhumana, transhumana. No todo el mundo alcanza esta intensidad. De amores calmos está hecho el mundo, claro, pero esta fiereza, uf. Yago quiere que el amor se repita porque él es ése: el que amó a lo bestia. Y en esa dirección, viaja y se reconstruye. Talla madera como modelaron barro en el paraíso. Para fabricar a un hombre.

 

¿Por qué todo es tan perturbador en su existencia, incluso ese bosque, que podría ser un refugio o un paraíso?

—Supongo que porque la creación es perturbadora. No hay guías ni se sabe qué está bien y qué está mal. Se parte de una absoluta hibridación, de la masa informe, y a partir de ahí, hay que empezar a distinguir y a poner nombre a las cosas. Se trata de un viaje, de una búsqueda por un paisaje interior puro, pleno e informe. Tan exuberante como homicida: el bosque.

 

Por otra parte están Santi y Eva, una pareja convencional, pero pronto nos damos cuenta de que nada es lo que parece. ¿Qué ocurre ahí, tan poderosas son las sombras del pasado?

—Más que el pasado o el presente, lo que se pone en juego es el tiempo íntimo y el público. A ver. Miro el reloj y son las diecisiete treinta para millones de personas, ¿pero qué hora es dentro de cada uno de nosotros? Ésa es la pregunta. Los personajes de ‘Mil mamíferos ciegos’ circulan por estos desajustes. Ahí viven. Ahí vivimos, me da la impresión. Y estos túneles entre ambos tiempos están llenos de residuos del pasado, sí. Todo esto parece muy marciano, lo sé. Pero en definitiva, creo que Santi y Eva están dispuestos a arriesgar su identidad con tal de amarse.

 

 

Ella no encuentra su sitio y él, menos. Eso sí parecen citarse, alguna vez, en el sexo y el fetichismo…

—Supongo que no deben de encontrar su sitio porque ‘por culpa de su amor’ relegan a su voz y la voz pide paso. El cantante de ópera Serge Wilfart dice que la voz no sólo se origina en la garganta sino que involucra a todo el cuerpo. “La voz nos ayuda a percibir y a recorrer los entresijos de nuestros interior físico y psíquico. Hay que descender hasta nuestras fuerzas pulsoniales, hasta nuestra sexualidad, para poder llevar la voz hacia lo alto”. El lugar de sus citas como dices.

 

La novela siempre es inquietante,  psicológica. ¿Cómo te has planteada la escritura: la atmósfera, no hay concesión a la obviedad, el narrador omnisciente a veces matiza o interpela a los protagonistas?

—Lo que hemos hablado antes. He escrito y corregido esta novela durante tanto tiempo, han pasado tantas cosas, se han producido tantos inputs y outputs imaginarios, reales, míos, de otra gente, belleza, dolor… que creo que me rendí, me dejé llevar y actué simplemente como un canal de enlace. Será por eso que hay tantos narradores, emociones dispares, comunicaciones imposibles, jaleo.

 

¿Cómo entiendas la novela? ¿Te importa más el estilo que el argumento?

—Las dos cosas importan, pero lo que de verdad me inquieta es la voz. En la presentación del libro, conté la anécdota de que yo creía que cantaba bien hasta que mi pareja me propuso hacerlo con su grupo de amigos en una sala de ensayo. Ellos afinaron sus instrumentos, yo agarré el micrófono, me lancé y por primera vez en mi vida, oí mi voz. Mi voz a solas, mi voz a toda pastilla. Qué horror. ¿De verdad ésa era mi voz? ¿Estaba imitando con demasiado énfasis a Javier Gurruchaga? ¿Qué hacer para arreglarla? ¿Debo gritar más, menos? ¿Qué clase de persona sería yo si sólo pudiera comunicarme así? ¿Qué historias podría contar? Lo mismo me planteo cuando escribo.

 

¿Cómo has manejado esos dos climas: el discurso exterior, nada claro, y el interior, agobiante casi siempre, casi negro, indagatorio? ¿Somos lo que llevamos dentro, lo que nos acosa?

—Me encanta esto que dices. Tengo la intuición de que somos las dos cosas. Somos nosotros hacia fuera, en lo de fuera, con lo de fuera. Somos materia y la voz nos exige que la saquemos. El problema de salir es la sinceridad de la exposición. Querríamos ofrecernos desnudos, puros, frágiles, sin escudos, pero nos arriesgamos demasiado. Esas transiciones de lo íntimo a lo público y viceversa. Esos viajes de ida y vuelta originan la oscuridad, la melancolía, lo complejo de andar por este mundo. Hace falta mucho deseo.

 

¿Cuál es tu relación con la realidad, necesitas enmascararla y enmarañarla en poesía?

—¿Qué es lo real? Si hablamos de la realidad como convención, hago lo que puedo y me defiendo. Si hablamos de la realidad como verdad íntima, hago lo que puedo y me defiendo. El enmarañamiento supongo que proviene del laberinto de hilos que se teje entre los dos campos.

 

¿Qué significan para ti los símbolos, en qué medida esta es una novela simbólica?

—“Escribir es crear símbolos”, dice Borges y por primera vez, entiendo a Borges. ¿Será que me estoy haciendo mayor? El asunto es que uno no puede arrancar pensando: “Hey, voy a crear un símbolo” porque los símbolos provienen del inconsciente más que de lo consciente. De una conexión casi primitiva con la humanidad. A lo mejor ni siquiera se trata de escribir. Se traduce el mundo. Casi nada.

 

¿Más que sobre la tensión entre naturaleza y ciudad, entre el paraíso y el ruido, es esta una novela del desgarro, del dolor, de lo enigmáticos que podemos ser los seres humanos? ¿O eso que tú llamas la grieta?

—Una vez más, tú o algún otro lector incauto debería explicarme qué es esa grieta que aparece en la novela. Porque yo no lo sé. Me haces esta pregunta y lo único que me viene a la cabeza es una de las últimas frases de mi padre: “Qué poco nos conocemos los unos a los otros”. Su alabanza a lo auténtico.

 

¿Cómo ha crecido la escritora de ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma)?

—¿He crecido? Hay quien dice que me he caído al pozo, (risa). Sea lo que sea, te obliga a flotar. A subir. Lo intento al menos. No sé.

 

05/06/2017 10:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL SILENCIO DE JUAN RULFO

EL SILENCIO Y EL MUNDO DE JUAN RULFO

¿A qué estirpe humana o literaria pertenece Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (1917-1986), el hombre que se convirtió en Juan Rulfo? A la de Bartleby, el personaje de Melville, sin duda, a la de Robert Walser, a la de J. D. Salinger y a la de Juan Carlos Onetti. Y quizá, claro, a la de Franz Kafka (aquel que quiso que quemasen sus manuscritos), pero también a la de los fabuladores puros, a los grandes embusteros de su propia vida. Tienen tal tendencia a la recreación y al mito que una y otra vez modifican los instantes de su biografía.

El caso de Rulfo es muy especial: él, tímido y apocado, lacónico y temeroso de las malas críticas, con existencias ocultas, tenía la inclinación a cambiarlo casi todo: el lugar y la fecha de nacimiento, el modo en qué murió su padre, en 1923, en tiempos de Revolución, sus propios temores y múltiples detalles de su infancia. Con todo, su familia fue poco convencional. Al margen de la historia de su padre, y de la muerte temprana también de su madre, en 1927, cuando él tenía diez años, Reina Roffé en su libro ‘Juan Rulfo. Biografía no autorizada’ (Fórcola, 2017; es una ampliación y actualización de libros anteriores), recuerda que un familiar “tenía por la muerte una obsesión notoria, compulsiva y avasalladora, que incluso le atraía bromas sangrientas de sus amigos. Siempre creía que alguien los vigilaba o lo amenazaba y, a pesar de tener un carácter bromista y dicharachero, su vida transcurrió en continua e inacabable angustia”. En su niñez itinerante, el niño huérfano vivió un tiempo con su abuela, que fue la cuidadora de una biblioteca muy literaria de un sacerdote: gracias a ello, Juan Rulfo descubrió el poder de la literatura. Se convirtió en un formidable lector y en un niño, un adolescente y hasta en un joven casi autista. Solo se sentía a recaudo con los libros en la mano. Reina Roffé también evoca otro episodio poco conocido: fue seminarista. Recuerda la biógrafa que la periodista Silvia Lemus, esposa de Carlos Fuentes, le preguntó en una ocasión si podía haber sido monje. Y él le dijo: “Los monjes no tienen la oportunidad de conocer a las mujeres, ni tratarlas ni esas cosas. Me gustan mucho las mujeres”. La verdad es que repasando sus casi 70 años, Juan Rulfo no aparenta haber sido lo que dice un seductor. En ‘Una vida gráfica’, Óscar Pantoja y Felipe Camargo cuentan que sintió una atracción por una muchacha que le pareció un ángel. Fue como una revelación, pero no se atrevió a decirle nada. Más tarde, hacia 1941, conoció a la joven Clara Aparicio, “una preciosidad”; empezó a cortejarla de manera decidida casi tres años después y se casaron en 1948. Fue el gran amor de su vida y le dedicó textos muy bellos como se ve ‘Aire de las colinas. Cartas a Clara Aparicio’, un centenar de epístolas que revelan muchos aspectos de Rulfo: la pasión, el temor, la cursilería (nadie está al margen de ella), algunas claves creativas. La correspondencia se inicia en 1944 y  concluye en 1950, cuando Rulfo era “un romántico tardío, anacrónico (…) Se trata de un melancólico que padece una tristeza espiritualizada. Víctima de la tragedia y el fracaso de los movimientos revolucionarios, es siervo y mártir del sistema feudal que arrastra México”. Reina Roffé también desvela en la parte final de su vida otro periplo amoroso, un tanto borroso: Rulfo se habría enamorado de una joven. El escritor Mempo Giardinelli, que fue publicado hace unos años en Zaragoza, estaba en el secreto y lo resume así: “No hace falta hablar de lo que hacía exactamente esa muchacha. Solo quiero decir que en la Argentina se dedicaba a la docencia y a la traducción; estudiaba una lengua oriental y trabajaba por un sueldo en una empresa de exportaciones y por vocación en una escuela de lenguas. A finales de los años 80, después de la muerte de Juan, se radicó en Madrid. (…) Muchas veces me he pregunado cómo era, cómo es, esta mujer a la que Juan amó con una pereza y sinceridad inigualables”.

Rulfo intentó estudiar en la Universidad de Guadalajara, pero no pudo hacerlo por la agitación del país y las huelgas. Realizó varios oficios: fue vendedor de neumáticos, trabajó luego en el Instituto Nacional Indigenista, realizó labores como antropólogo y recorrió México. Desde finales de los años 30 empezó a interesarse por la fotografía. Se hizo con una espléndida cámara Rolleiflex, a la que, tras conocer a su futura esposa, la bautizaría como Clarita. En realidad, antes que escritor, Rulfo fue fotógrafo. Cuando se ven sus fotos, y dejó más de 6.000, da la sensación de recorrió esos pueblos espectrales, envueltos en miseria y espejismo, ruinosos en ocasiones, que se convertirían en el mapa de su territorio imaginaria, “este duro pellejo de vaca que se llama llano”. En ellos entrevió en la Comala de ‘Pedro Páramo’ (1955) o en la Luvina del cuento homónimo de ‘El llano en llama’ (1953), sus dos únicos libros, al margen de algunos bosquejos y del guion ‘El gallo de oro’, que llevó a la pantalla Arturo Ripstein.

Juan Rulfo empezó a publicar sus cuentos en las revistas ‘Pan’ y ‘América’ y durante casi una década, leyendo a William Faulkner o a Dostoievski, y a sus paisanos, fue tejiendo un mundo personal, inquietante, terrible y mágico. Rulfo olió como nadie la lacónica sabiduría popular, la impregnación del mito, el dominio del cacique. Se impregnó de un lenguaje, que tendía hilos con el castellano antiguo del siglo XVI, y empezó a contar lo que veía, lo que soñaba, lo que siempre le descorazonó: el aire constante de la violencia, la mancha imparable de miseria, la atmósfera telúrica y la presencia de la muerte. Pocos han sabido contar como él el imaginario del campesino, su rabia, la humillación y ese extrañamiento constante de la vida. “¿Qué país es este?”, se pregunta un personaje en Luvina.

Si en los cuentos de ‘El llano en llamas’ tiene piezas magistrales, de una desolación a veces irrespirable y de una precisión que va más allá de la austeridad, en ‘Pedro Páramo’ es capaz de crear un personaje que regresa del mundo de los muertos y parece instalarse entre los vivos como un fantasma, embrujado por una mujer, Susana Sanjuán. Y a la vez es el impreciso cuento de un dominio, de un vasallaje y de un universo tan hechizado como insobornable.

Rulfo tuvo buenas críticas, compró la mitad de la edición para regalar, pero también conoció la burla, la displicencia, la ironía. Y eso, y su acusado perfeccionismo, le llevaron a un silencio literario que duró prácticamente hasta su muerte. Y no solo, su pánico se hizo tan ostensible y desesperante que cayó en el alcoholismo y debió ser internado. Poco a poco remontó, intentó escribir, pero nunca se sintió con fuerza. En 1960 y 1980 fue reconocido como fotógrafo con sendas exposiciones; en 1970 recibió el Premio Nacional de Literatura de México y en 1983 su mayor éxito: el premio Príncipe de Asturias de las letras. Para entonces ya era un mito del silencio más doliente y encarnaba el triunfo del hombre que creó un teatro de la imaginación y de las ruinas, algo menos de 300 páginas donde está los grandes temas de la vida, de la épica social y de la muerte preñada de sorpresas.

 

*Con algunas variaciones, este texto apareció en el suplemento ’Artes & letras’ de Heraldo de Aragón, coincidiendo con el centenario del gran escritor mexicano.

*La foto la tomo de aquí:

http://elnacional.com.do/wp-content/uploads/2017/05/rulfo_1.jpg

27/05/2017 09:14 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON EDUARDO LOURENÇO

[Esta semana acaba de empezar la Feria del Libro de Madrid. Y también la de Huesca. El miércoles 31 comienza la de zaragoza, que este año solo dura cinco días y se ha trasladado a la plaza del Pilar. Recibo esta entrevista de prensa de Feria del Libro con Eduardo Lourenço. Portugal es el país invitado a la feria.]

Eduardo Lourenço: 

“Vivimos un tiempo indiferente a la historia,

un anti-tiempo europeo”

 

“El tiempo de la Humanidad, que no fue tan humano como lo habíamos soñado, ya estaba agotado cuando terminó el siglo XX. Los relojes donde leíamos un destino con rostro aún humano pararon al mismo tiempo en una aldea de Polonia y en una ciudad de Japón. Este acontecimiento no fue como la batalla de Waterloo o la invención de la máquina de vapor, momento de historia e Historia, sino otra especie de tiempo, una eternidad vacía, modelo de todo el tiempo futuro de ojos inútilmente abiertos. El horror puro e invisible”. Estas palabras son del filósofo, ensayista y poeta Eduardo Lourenço, quien esta tarde ha dictado la conferencia inaugural de la 76ª Feria del Libro de Madrid en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales. Lourenço convirtió su intervención en una decidida defensa de los valores del humanismo y una llamada de atención sobre los valores que animan el mundo en el comienzo del tercer milenio.

 

“Aceptamos ahora -recordó Lourenço- que no procedemos de ningún paraíso perdido del que hayamos sido expulsados, aceptamos que no estamos destinados a ningún más allá que mágicamente nos lo devuelva. Debemos vivir la leyenda como la verdad y la verdad como un sueño para siempre aplazado. Sólo así entraremos en el tiempo donde ya estamos, un tiempo donde el ídolo de la Historia, que durante siglos tomamos por Dios o por su ángel ambiguo, dejó de emitir señales. La inocente fórmula anarquista ni dios, ni amo no escandaliza ni sorprende a nadie, es una carta de visita que recibimos en la cuna antes de abrir los ojos en la caverna celeste de la televisión donde noche y día reciclamos éxtasis y terrores virtuales que nos afectan menos que los de la antigua vida inscrita en el círculo de la muerte, infierno e paraíso”. En opinión del autor de El laberinto de la saudade, ahora “estamos obligados a inventar una imagen de nosotros mismos como si nunca la hubiésemos tenido. Ni bárbaros, ni griegos, ni paganos, ni cristianos, ni hijos de la razón, ni íntimos de las tinieblas, ni vencedores ni vencidos de combates de siglos, nos volvemos, de repente, personajes de juegos de vídeo, ni más ni menos reales que los de las aventuras intergalácticas”.

 

El escritor luso añadió: “Sin más Dios que su ausencia vivida como una fiesta, no por eso dejamos de ser simulacros, ahora de nosotros mismos. Simulacros virtualmente eternos, clones del dios que no somos, multiplicando sin fin nuestro esplendor de mortales que tanto habíamos anhelado. Sin la ironía bíblica, nos tenemos que habituar a ser como dioses, no por recibir la existencia y el sentido de Otro, nuestro semejante inaccesible, sino por poder reproducir, como andy warhols sarcásticos, nuestra vida reducido a imagen de sí misma”.

 

El discurso de Lourenço se oscureció al sostener: “Las propias víctimas sueñan con estas Las Vegas planetaria que las deja menos solas en sus infiernos, sin otros Dante que los fotógrafos”. Y concluyó: “Con el fin de un tiempo como Historia, y memoria, es el sujeto cultural el que desaparece. En este fin de milenio y comienzo de otro, el espíritu del mundo se llama América, que sólo tiene tres siglos de memoria ritualizada. Para ella todo lo demás es fábula, como lo habían sido para nosotros Grecia o Roma, antes de asumirlas como nuestras a través de un viaje voluntario a través de sus libros resucitados”. El fin de la historia, según el diagnóstico de Fukuyama, es “el fin del paradigma europeo y el inicio de otro indiferente a la historia como construcción intencionadamente universal y concretamente europea”. Pero Eduardo Lourenço esto “no debe escandalizarnos”: “Debemos aprender a vivir en este nuevo tiempo donde la voluntad de poderío europeo, en todos los órdenes, no regula todos los relojes del mundo, si alguna vez lo hizo. Pero no debemos olvidar que, en cuanto tal, el tiempo americano es un tiempo de nuevo tipo que desconoce la inquietud que San Agustín comunicó a la temporalidad cristiana. En ese sentido, es un anti-tiempo europeo”. 

 

*Tomo de aquí la foto:

http://www.movenoticias.com/wp-content/uploads/2016/01/Eduardo-Louren%C3%A7o.jpg

 

 

Prensa Feria del Libro:

Lola Ferreira, lolapferreira@gmail.com

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27/05/2017 09:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MANUEL VILAS: LOU REED Y AMÉRICA

Instantes épicos de Gran Vilas*

 

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) siempre ha tenido un mundo personal, con huella del romanticismo al principio, de Charles Baudelaire, que en el fondo lo ha acompañado siempre, de Luis Cernuda y de Jaime Gil de Biedma. Poco a poco, ha ido encontrando no solo su voz inconfundible y desacralizadora, sino eco, lectores, reconocimiento. Intenta ser un escritor libre, imaginativo e iconoclasta, irónico y sorprendente, tanto en su poesía como en su narrativa. Sus novelas son libros abiertos y sugerentes que exploran la realidad y sus contradicciones, con intuición, con una mirada crítica o ácida, pero también con esa ternura seca que no se relame, que siempre huye de lo sentimental, como sucedía especialmente en Aire nuestro (Alfaguara, 2009). Suele ahondar en aspectos poco conocidos, o ya tópicos, para otorgarles una dimensión un poco más cáustica o desinhibida.

En el fondo, le encanta desmitificar. Y a la vez, la palabra Amor –tan inabarcable como una flecha que se desmanda hacia mil direcciones y modalidades de afecto: tituló Amor su poesía reunida en Visor en 2012- es una de las más utilizadas por Vilas: en sus declaraciones, en su lírica o en su narrativa, que tiende a la fragmentariedad y a la ruptura de las secuencias espacio-temporales. Vilas es, no sé si a su pesar o por inclinación espontánea, anticonvencional. Como si el corsé de las cosas y su circunstancia nunca lograsen seducirlo o mitigar sus impulsos de fabulación y de extravío.

En los últimos meses, casi anteayer como quien dice, Manolo Vilas ha publicado dos libros: Lou Reed era español (Malpaso, 2016) y América (Círculo de tiza, 2017), que tienen bastantes conexiones. El primero es una biografía, más o menos crítica o con bastantes impugnaciones, del cantante norteamericano y a la vez una autobiografía de Manolo Vilas, quizá la mejor de las suyas hasta el momento (y ha ensayado unas cuantas, por ejemplo en el poemario Gran Vilas, Visor, 2012), y el segundo es un libro crónica, una road movie de una nueva y vieja existencia: al autor de El hundimiento (Visor, 2015) siempre le ha interesado mucho Norteamérica –a través del rock (Dylan, Zappa, Elvis Presley, Johnny Cash), de Walt Whitman, de la política, de las series norteamericanas…- y ahora vive seis meses allí, y realiza un viaje por el Midwest. Es un libro realista que ahonda en la fascinación del país, sus héroes y tumbas, sus bibliotecas, los grandes bosques que parecen un santuario de misterio y de sombra, y es, ante todo, un canto a la vida. Y eso para Manuel Vilas quiere decir contradicción, desconcierto, belleza, quiero decir la irrupción constante de lo inesperado. Como no podía ser de otro modo, es un libro de citas y de encuentros, de reflexiones y de muchos nombres propios: las cartas de los autores latinoamericanos en Iowa, la admiración por Dylan y Springsteen, “los polis buenos americanos”, la emigración, los Simpson o una charla con Paul Auster.

Tampoco deja de ser una autobiografía de perfil porque el lector se asoma a los Estados Unidos de Donald Trump –“pensé que podía ganar, porque la gente está votando de una forma nihilista, contradictoria y negativa. Hay una nueva gravitación del Mal sobre el mundo”, ha dicho- con sus ojos y con un estilo que a veces puede parecer cínico. Por otra parte, al escritor, que siempre siempre siempre escribe, le interesa desde hace unos años la primera persona, ese yo torrencial y desenfadado que llega a cualquier sitio y desde el que se siente tan seguro, cálido o provocador. Para Vilas la literatura es el territorio de la libertad y de la transgresión, el espacio donde se combate lo predecible: le dedica un poema extraordinario a su madre y de repente, cuando menos te lo esperas, la llama derrochadora, le “reprocha” que ni haya dejado dinero para el entierro. Lo previsible no va con él.

Lou Reed ha sido, quizá, el personaje que más le ha interesado, hasta el punto de que suele decir –más de veras que de bromas- que él es un catedrático en Lou Reed. Lo sigue desde 1975, con trece años, lo vio en Barcelona en 1980, con dieciocho, en un concierto que fue un poco una aventura iniciática, quizá la primera aventura inolvidable de la vida. Desde entonces oyó sus discos, se aprendió sus canciones, lo convirtió en sujeto y fantasma de su obra, y en el año 2000 volvió a verlo, esta vez en Zaragoza. Recuerda que le gustaba mucho Lorca, igual que a Leonard Cohen, y la cuajada navarra. Y viaja por su discografía, se aproxima a sus mujeres, descubre muchos rincones oscuros y concluye que Lou Reed fue “mil personajes”. Por supuesto que rara vez es complaciente. 

*Este texto ha aparecido en el último número de la revista ’Librújula’, que dirige Antonio Iturbe, premio Biblioteca Breve 2017.

27/05/2017 08:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON JUANJO MORALES

El autor de este libro:

Juan José Morales Ruiz es Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor del Máster de Historia de la Masonería en España y América en el Departamento de Historia del Derecho y de Historia de las Instituciones de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED); miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME); y Profesor Tutor de Historia Contemporánea de España (UNED). Se ha especializado en el estudio del discurso antimasónico y la represión de la masonería en la guerra civil española y durante el franquismo.

 

Cazarabet conversa con Juan José Morales Ruiz:
- ¿Amigo, apenas “sabemos” de la masonería y eso que es una parte importante dentro de las relaciones de quien “más conocimientos atesora” a qué lo atribuyes?
- Desde que hace 300 años, cuando se creó la Gran Logia Unida de Inglaterra, se fundaron las primeras logias masónicas en Inglaterra, la Masonería se vio en vuelta en una aureola de misterio. Ese era (y probablemente es) su principal atractivo, pero también lo que provocó, en muchos países su persecución.
En la primera parte de mi libro, abordó la cuestión de los orígenes y definición de la masonería. Y digo que es hasta cierto punto lógico que antes de estudiar el discurso antimasónico en la guerra civil española, hay que dar respuesta a una pregunta, aparentemente muy sencilla (por lo menos en su formulación) pero que es más complicada de lo que parece. Me refiero a la pregunta: ¿qué es la Masonería?
Cito lo que dice el profesor Ferrer Benimeli, sin duda el mayor especialista en la historia de la Masonería, en su libro: El contubernio judeo-masónico-comunista, sobre esta cuestión. “Una de las dificultades mayores que supone hoy día el hablar o escribir de Masonería española radica, no tanto en saber lo que fue o hizo -que en parte ya sabemos- sino en tener que desmontar previamente una idea errónea o una auténtica deformación popular en lo referente a la Masonería” (FERRER BENIMELI, José Antonio, El contubernio judeo-masónico-comunista, Madrid, Ediciones Istmo, 1982, p. 23).
Y es que todavía resuenan en los oídos de muchos españoles los ecos de aquellas campañas antimasónicas que atribuían al contubernio “judeo-masónico”, asociado al comunismo, al separatismo y a la anarquía, una acción despiadada de destrucción de nuestro país. La Masonería fue responsabilizada de la guerra civil, de la pérdida de nuestras colonias, de la decadencia española, etc. Y fue perseguida por el franquismo, que consiguió su sistemática destrucción, y exilio, y la convirtió en un auténtico paradigma del mal.  Vamos ahora a contestar a la pregunta de qué es la Masonería. En mi libro recojo por ejemplo la definición que aparece en las Constituciones del Grade Oriente de España, publicadas en 1871. Allí se proclama que “la Masonería tiene la perfección de los hombres, y por lo mismo, los Masones españoles admiten los diversos Ritos, Grados, ideas y sistemas sociales establecidos, siempre que ellos no atenten a los principios morales, filantrópicos y fraternales”. Este a partidismo se justifica porque la Masonería es “una escuela de ética que persigue un fin exclusivamente moral y que opera en el campo libre de la filosofía y de la enseñanza”. Cabe preguntarse entonces ¿por qué fue tan perseguida?, y ¿cómo pudo construirse ese mito del contubernio y de la conspiración judeo-masónica? Debería quedar claro que la Masonería no tiene nada que ver con toda serie de leyendas con que, en algunos países como el nuestro, se le ha rodeado, y donde el sólo nombre de masón evoca a misas negras, profanación de hostias, asesinatos de niños, culto a Satanás, venganzas sangrientas… y todo ese cúmulo de fábulas que han llegado a cobrar consistencia y ser creídas sin más desde la más tierna infancia, por obra de educadores cuya ignorancia sobre el tema no les ha impedido deformar sistemáticamente generación tras generación.
Este proceso de mitificación, de falsificación de lo que es la Masonería, es fundamental a la hora de estudiar con rigor y académicamente el discurso antimasónico en el bando franquista durante la guerra civil, y después durante el franquismo, hasta la muerte de Franco, porque ha producido en el público una falsa “definición” de lo que es de verdad la Masonería, y ha calado tan hondo en la sociedad española, que hace muy difícil superar el entuerto.

-Porque en el Estado Español ¿cuándo aparece la masonería, las primeras logias y qué corriente impera sobre la o las otras…
- Más que de una existencia organizada y continua de la Masonería, en la España del siglo XVIII, hay que hablar de la presencia esporádica y sin mayor trascendencia de algunas logias que no tuvieron ninguna importancia ni continuidad, excepción hecha de las logias británicas situadas en Gibraltar y en Menorca (sobre la Masonería en esta isla he publicado algunos trabajos de investigación). Esas escasas primeras logias estaban relacionadas con la Gran Logia Unida de Inglaterra.  

-Aunque, amigo, quizás deberíamos definir, lo más sencillamente posible qué es una logia masónica.
-En relación con el término “logia” baste decir que sirve para designar el lugar donde realizan sus actividades los masones. También, se suele utilizar, indistintamente, el nombre de “templo” o “taller”. En un sentido más amplio, se utiliza el término logia “en plural”, para designar las comunidades masónicas de base. Las logias constituyen el principio organizativo fundamental sobre el que los masones desarrollan las actividades de “iniciación” y formación, y el resto de los “trabajos masónicos”. Las Logias son la estructura sobre la que se desarrolla la masonería en todos los países.

-Siempre ha estado en el punto de mira, siempre ha estado reprimida, pero ¿por qué?; ¿tan peligrosa era para el poder piramidal de lo que podríamos considerar como un Estado –tipo?
-Yo he estudiado el tema de la brutal represión de la masonería durante el reinado de Fernando VII, donde, sin embargo, paradójicamente apenas hubo logias masónicas. Y en esta cadena de prohibiciones y persecuciones, conviene tener en cuenta una serie de documentos pontificios publicados por los Papas contra la masonería y los masones, desde el siglo XVIII, y que tuvieron una influencia decisiva.
Probablemente la encíclica más determinante por su influencia en la persecución de los masones durante el siglo XIX, y después en el siglo XX en la España de Franco, fue la “Humanum Genus” de León XIII, publicada el 20 de abril de 1884. Esta encíclica es una especie de “summa antimasónica” del pensamiento eclesiástico. Aunque no fue la única.    

-Pero, a la vez, muchas de las personas más influyentes, tanto a nivel del Estado Español como a nivel internacional, formaban parte de alguna logia masónica….
-Este es uno de los mitos más habituales incluso todavía hoy. La presencia de masones entre la gente más influyente tanto en España, como a nivel internacional. Y muchas veces han sido (y son) los propios masones responsables de la propagación de este mito, como si en su afán proselitista creyeran que tiene alguna ventaja esta falsedad, y que, sin embargo, en España, y en otros países, durante los últimos 300 años, ha provocado (y ha tratado de justificar) de justificar lo del contubernio y algunas teorías de la conspiración.

-Para ellos, para los integrantes, suponía como un prestigio, como una forma de ostentar cierto poder… cabe casi a pensar que la especie humana cae siempre en lo mismo: somos un gran rebaño jerárquico que necesita como ir demasiado de la mano.
-Y además esta tergiversación favorece una cierta curiosidad que provoca de tanto en tanto la publicación de informaciones sensacionalistas con pretendidas listas de masones que ocupan los partidos políticos, los gobiernos, e incluso el propio Vaticano.

-La fraternidad está más que bien entre los humanos (fundamental desde muchas perspectivas), pero el pensar por uno mismo, también… y esto en organizaciones jerárquicas, secretas, simbólicas a veces se puede como “escapar” un poco de control (no sé si me explico) … ¿qué nos puedes reflexionar?
-Insisto en que hay demasiada leyenda urbana sobre los masones y la masonería. Por ejemplo, cuando se trata incluso de cuantificar su número. En la actualidad los propios masones dicen que habría en España cerca de 5000 masones. Son demasiados. Puede que confundan el deseo con la realidad.
Y por añadidura, no parece de verdad que entre ellos destaquen los principales líderes de la sociedad española, tanto a nivel económico, empresarial, político, intelectual, etc. Y ello, porque todavía en España pesa muchísimo la mala imagen de la masonería repetida hasta la saciedad por la propaganda franquista.    

- ¿Cómo fue la relación de las mujeres con la masonería en España? -Había ciertas reticencias a que las mujeres formaran parte de esta organización jerárquica y ellas mismas, como en casi todos los campos, se tuvieron que hacer sitio como a codazos… ¿Qué nos puedes reflexionar?
-En la masonería británica, la llamada masonería “regular” se impide desde hace 300 años la participación de la mujer, en virtud de las llamadas constituciones de Anderson. Pero en la masonería de influencia francesa, la masonería “irregular” se admite a las mujeres, hay logias mixtas, y logias sólo de mujeres.  

-Claro, llega la Guerra Civil, la dictadura y ellos querían ser la única voz, la única idea a seguir, aunque fuese a fuerza de represión de todo tipo y de escarmiento y en la masonería vieron un enemigo claro: ¿cómo lo concibieron como enemigo y qué medidas fueron tomando en contra de ellos?
-En mi libro trato de dar una respuesta al tema de la represión de los masones. El título (Palabras asesinas. El discurso antimasónico en la guerra civil española), me parece muy significativo. Desde el inicio mismo de la contienda civil, de cuyo inicio se cumplieron en 2016 ochenta años, la prohibición, la condena y la represión de la masonería se convirtió en uno de los objetivos, que tenía además la virtualidad de unificar a los distintos militares que protagonizaron el golpe militar. Y durante la postguerra y todo el franquismo, los masones (aunque los pocos que salvaron la vida habían huido y vivían fuera de España) eran la justificación de la permanencia de Franco en el poder, porque repetía a marcha martillo, que “la masonería nunca se rinde” y que no se podía bajar la guardia porque se trataba de un “enemigo invisible”, y por eso tan temible.           

- ¿Qué discurso o bajo qué pilares y factores empezaron a desarrollar el discurso antimasónico? Debió ser muy agresivo para titular tu libro, “Palabras asesinas”, ¿no?
-Aquí me gustaría recordar lo que decía Elie Wiesel hablando del Holocausto: "No todas las víctimas de los nazis fueron judíos, pero todos los judíos fueron víctimas de los nazis".  De la misma manera, parangonando a Wiesel, se puede decir que no todas las víctimas del franquismo fueron masones, pero todos los masones (españoles) fueron víctimas del franquismo.  

- ¿Bajo qué perfil humano una persona podía pasar a ser “sospechosa de formar parte de una logia masónica”?
-Todo el mundo era sospechoso. Todo el mundo era culpable, si no se demostraba lo contrario. Lo que era bastante difícil. En este sentido, en un libro anterior (La publicación de la ley de represión de la masonería en la España de postguerra (1940) que publiqué en 1992, pero que creo que todavía está vigente, desgraciadamente) recogía una frase de Franco publicada en el periódico Arriba, con el pseudónimo de “J. Boor”, el 3 de mayo de 1951.
Decía: “Si la masonería no descansa en sus actividades criminales, forzosamente hemos de ponernos en plan de combatir quienes, por conocerla, nos hemos convertido en fieles guardianes de nuestro solar frente a sus ataques. No hemos jamás de olvidar que entre las fuerzas derrotadas de la anti-España por el Movimiento Nacional Español ocupaban un puesto principal las fuerzas masónicas de nuestra Patria, que, aunque reducidísimas en su número eran, sin embargo, las patrocinadoras de todas las traiciones y las que realmente habían abierto las puertas de la patria a la invasión comunista y a su enseñoramiento de nuestro solar. Los que crean que la masonería se da alguna vez por vencida se equivocan. Hija de la maldad, su espíritu demoníaco sobrevive a la derrota y encarna en nuevos seres y en nuevos territorios. Hemos de desconocernos al sol de la gloria y del resurgimiento, si queremos librarnos de la sombra inseparable de las asechanzas masónicas”.      

-¿Qué oficios estaban más vinculados con la masonería y sus diferentes logias?, hablo, además, de los que se dan como “más tradicionales” …porque siempre se ha hablado y tú lo reflejas en tu libro que destacados miembros vinculados con la seguridad y profesiones liberales eran muy activos. ¿Qué nos puedes comentar?
-En 300 años de historia la masonería en España ha tenido miembros de muy distinta escala social. Recientemente el Profesor Javier Alvarado ha publicado un libro sobre la presencia de la nobleza en las logias masónicas españolas (ALVARADO, Javier, Masones en la nobleza de España. Una hermandad de iluminados. Madrid, La esfera de los libros, 2016). Su riguroso trabajo historiográfico ha desmontado el mito del carácter republicano, y popular de la masonería española en el siglo XX. Y es que habría que hablar más que de masonería, de “masonerías”, y ver que el fenómeno masónico en España es más complejo de lo que parece.  

- Porque no cualquier ciudadano podía entrar, ¿no? Háblanos de esos requisitos a seguir…
-Para entrar en la masonería, de acuerdo con las Constituciones de Anderson (vigentes todavía hoy en la masonería “regular” desde el siglo XVIII) hay que ser “un varón, libre y aceptado”. Ello impide, como he dicho el acceso a las mujeres en la masonería “británica”

- Eso “choca”, un poco, quizás con lo que yo pienso que debería ser la fraternidad entre los seres humanos, ¿qué nos puedes decir y comentar?
-Yo creo que en la actualidad hay algunas cuestiones masónicas que son un tanto anacrónicas. Por ejemplo, esta idea de una sociedad organizada a partir de diversos grados, y muy jerarquizada, por más que sus dirigentes sean elegidos democráticamente. También puede resultar chocante el carácter de una organización “discreta”, en una sociedad abierta, cada vez más comunicativa.

- ¿Qué era lo que perseguían los masones y sus logias entre y detrás de sus reuniones?; ¿a qué le temía tanto la dictadura franquista? Pero la masonería sobrevivió… ¿cómo lo hizo?
-Sobre esto creo que he respondido con anterioridad. De hecho, hasta unos años después de la muerte de Franco, y ya en plena transición, los masones no regresaron del exilio, y la masonería no fue legalizada como cualquier otra asociación.  

- ¿Cómo salió la masonería de tantos años de represión, persecución en tiempos de dictadura? porque, ahora, aunque siguen siendo una “sociedad secreta” no es lo mismo vivir ahora que en la dictadura o que en tiempos de la II República. Cuéntanos…
-La masonería en la actualidad está tratando de funcionar como cualquier otra asociación. En 2017, la Gran Logia Española desarrolla una campaña de reconocimiento de la honorabilidad de la masonería entre las instituciones, y la ciudadanía. Pero, naturalmente, la huella de las campañas antimasónicas del franquismo, todavía pesa sobre sociedad española.  Estamos muy lejos de llegar a la situación de otros países, donde funciona con absoluta normalidad. 

- ¿Por qué a las personas comunes nos debería de interesar más la masonería?, ¿tanta influencia ha tenido en nuestro devenir?
-No creo que la masonería deba interesar más que una ONG, como UNICEF, por ejemplo, que desarrolla una magnífica tarea en defensa de la infancia. O también CARITAS. La masonería, en otros países, - a pesar de su histórica persecución en España-, es una asociación como cualquier otra de fines similares.  

-Ya, por último: en la actualidad, aquí en nuestro país, ¿cómo definirías en “estado de las cosas” en torno a la masonería?
-Ahora en España, todavía, la masonería sigue estando estigmatizada por la propaganda de extrema derecha. Y forma parte de los mitos constitutivos de las teorías de la conspiración, que sin embargo no tienen ningún fundamento, aunque tenga mucho éxito a nivel editorial. Falta mucho rigor a la hora de hablar de la masonería. Y parece que cualquier cosa vale. Por eso es necesario el estudio histórico de la masonería en nuestro país. 

 

 

 

 

24/05/2017 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BOFARULL EN LOS MORLANES

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Pepe Bofarull se pregunta y se

responde en color y en gesto

 

El maestro serígrafo, 25 años después, realiza una exposición individual en la Casa de los Morlanes

 

[Las obras se llaman ‘Pregunta sin respuesta’; son la 7 y la 8. Foto de Gonzalo Bullón]

 

Pepe Bofarull (Sabadell, 1953) es el maestro serígrafo de Aragón de los últimos 30 años. Así lo han bautizado, entre otros, pintores como Jorge Gay, Pepe Cerdá o José Luis Lasala. Acaba de jubilarse y deja un importante vacío en la reproducción artística. Por eso, poco antes de su marcha, Rafael Ordóñez Fernández, jefe de área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, le sugirió una antológica de su quehacer serigráfico. Bofarull le propuso otra cosa: realizar una nueva exposición individual de monotipos de serigrafía, un cuarto de siglo después de la última, en la sala Barbasán de la CAI. «Entre otras cosas, porque eso que me pedía ya lo había hecho en el Museo del Grabado de Fuendetodos», dice el artista.

Así se explica ese verdadero ‘tour de force’ que presenta en la Casa de los Morlanes: más de medio centenar de piezas apaisadas, de 60 x 120 mm, que constituyen una fiesta del color, un oleaje de tonos, un torbellino encendido de gamas que tienen algo de partitura de notas, secuencias y temblores. «Esta exposición es mi memoria contemporánea, y está basada en la pintura y en la música. Desde muy joven oía a Jimi Hendrix, Frank Zappa, pero también a Ígor Stravinski, John Coltrane o Miles Davis, pongamos por caso. Todos me han marcado. Del arte aquí hay muchas cosas: lo que he vivido, mi formación, mi evolución. El pop, el infomalismo, la abstracción expresionista norteamericana, y algunas técnicas tradicionales. Para la impresión, he elegido la madera antes que el zinc. Eso sí, es una exposición hecha a mano por completo».

Pepe Bofarull es un hombre cultivado. Es un pensador tranquilo, un lector de ciencia, un curioso y, a su despacioso modo, un teórico. «He robado a todo Dios. Piense que yo he trabajado con Broto, con Gay, con Cerdá, con Cano, con Xavier Grau; conozco de primera mano sus secretos. Es mi mundo. Y aquí están Jaspers John’s, Willem De Kooning, pero también Frank Stella o Robert Rauschenberg. En este trabajo es muy importante el ritmo, el movimiento de la regleta de serigrafía o de la cartulina que extiende la tinta. Hay una búsqueda constante de la armonía, del equilibrio. He usado 40 litros de disolvente y 10 kilos de tinta», dice. Recuerda algo importante: ‘Pregunta sin respuesta’ es el título de este empeño, intenso y apasionado, que ha llevado a término en 2017. «Así se llama una pieza del compositor estadounidense Charles Ives, nacido en 1874 y fallecido en 1954, de apenas tres minutos, una obra sobria, casi atonal, donde dialogan algunos instrumentos en poco más de tres minutos».

El pintor y serígrafo explica su método, cuadro a cuadro. En todos los cuadros realiza un primer fondo inicial, sometido al binomio de control y accidente. Conciencia y azar. Luego interviene con distintas capas de tinta. A veces hasta con cuatro superficies. De cuando en cuando le quedan zonas sin imprimir o veladuras, o emergen, con distinta graduación o intensidad, determinadas figuras, o lo que Bofarull llama «fantasmas». El autor usa aquí el gesto, el arrebato, pero también el dibujo. Gobierna y desgobierna la mano. «He elegido este formato porque es cuanto me dan los brazos. He intentado hacer una exaltación del color. A veces es voluntaria y ha sido dominada por entero, y a veces es accidental. Todo me sirve. Esta es una exposición de la acumulación de capas», afirma. Aún va más allá: «Por aquí han pasado alrededor de 500 personas, nada comparable a las 30.000 de Natalio Bayo en la Lonja. Lo sé. Pero hay varias cosas importantes. Vienen porque les interesa, porque sí, tienen interés y curiosidad, y eso siempre es estimulante. Estoy vivo y estoy aquí. He hecho un esfuerzo gigante y me siento recompensado. Este es un trabajo de taller y, quizá, un autorretrato. No soy moderno, ni lo pretendo, pero soy de mi tiempo. Seguro».

Pepe Bofarrull siempre regala frases. Suyas o de otros. A veces habla en aforismos. Dice: «“Hay que aprender de lo que no te gusta”. Si lo haces también te preguntas por lo que te incomoda y creces. Mi exposición está fuera de la moda, de lo que se lleva, es un mirar hacia atrás. Soy un artesano que, de repente, se presenta en este espacio en un acto de sinceridad.»

Pregunta sin respuesta’ estará abierta hasta el 25 de junio.

16/05/2017 00:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA: UNA ENTREVISTA

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Ana Alcolea narra la historia de su

abuela Mercedes, que vivió tres siglos

 

La escritora publica su segunda novela para adultos: ‘Postales coloreadas’, en el sello Contraseña

 

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962), tras haber logrado en 2016 el Premio Cervantes Chico, publica su segunda novela para adultos: ‘Postales coloreadas’, en Contraseña (Zaragoza, 2017. 315 páginas). “Es tal vez mi novela más personal. Está basada en recuerdos de mi abuela, que vivió 103 años y pasó por tres siglos”. Mercedes era hija de Juan, empleado del ferrocarril y jefe de la estación de Utrillas, en Zaragoza, y de Agustina, una muchacha orensana de Amoeiro. Añade Ana Alcolea: “Cuando murió, pensé que sus recuerdos de todo un siglo debían quedar en la memoria colectiva, y no solo en la mía, por eso empecé a escribir este libro hace más de diez años. Me ha hecho llorar, reír, y temblar: cuando la terminé y puse el punto y final, mi cuerpo tembló, literalmente. No me había pasado con ninguna otra novela, sentí un enorme vacío, y sentí como si perdiera a las personas de las que hablo en la novela otra vez”.

La novela, un mosaico familiar con muchos personajes y elipsis temporales, arranca en Almería con Mateo y Margarita, sus bisabuelos, y acaba casi cuando la autora nació en Zaragoza, en 1962. Sucede en diversos lugares: Santander, Vigo, Orense, Madrid, varias localidades de Teruel, incluso La Habana y Barcelona, y por supuesto Zaragoza. “Lástima que en Zaragoza no haya mar. Si no podrías trabajar allí. Hay río. En realidad hay tres ríos y un canal. Hay bastante agua. Y viento”, se dice en la página 153. Es una novela de muchos personajes: la primera pareja Mateo y Margarita, su primogénito Juan, que se casa con Agustina, y sus hijos: Valentina la ciega, Pilar, Lola, Agustina, Enrique, Magdalena o Mercedes, pero también andan por ahí el viudo Rodolfo, el apasionado Pepe, que se va a la guerra de África, o el cabal conductor Francisco, que acabará casándose con Mercedes.

Explica Ana Alcolea: “Son personas que he convertido en personajes. Hay episodios que ya no sé si son reales o ficticios, hasta tal punto he vivido dentro de mí las palabras que han ido tejiendo esta historia”. En ‘Postales coloreadas’ son muy importantes los objetos, los recuerdos, los secretos de familia: “El armario de mi abuela y los objetos que guardaba en él son parte importante de esta novela: sobre todo las postales coloreadas que alguien escribía para ellas, para sus hermanas, pues no sabían escribir... Las viejas fotografías también dedicadas por manos ajenas, y que tan bien ha captado Alberto Gamón en la ilustración de la cubierta”. Además de esas postales, son importantes el gramófono, la barra de carmín, unos gemelos, pero también algunos personajes de la época como Raquel Meller, Miguel Fleta y toreros como Bombita. A Paco, esposo de Mercedes y abuelo de la autora, le gustaban mucho los toros e hizo sus pinitos como matador.

“Estoy muy contenta con el hecho de que la novela haya sido publicada por la editorial Contraseña por varias razones: comparto editorial con una escritora a la que quiero y admiro como es Irene Vallejo; es una editorial aragonesa, de mi ciudad, Zaragoza, y el trabajo editorial de revisión y corrección ha sido realmente minucioso y espléndido, así como el cuidado del propio libro como objeto”, concluye la autora de ‘El medallón perdido’ o ‘La noche más oscura’.

 

*La foto de Ana Alcolea es de Oliver Duch, de Heraldo.

 

 

JAVIER AGUIRRE Y LOS AMANTES

Francisco Javier Aguirre, escritor, bibliotecario y crítico musical de HERALDO, siente desde finales de los años 70 una gran pasión por Teruel, y eso le ha llevado a dedicarle libros de viajes, monografías de sus hoteles y fondas con encanto y diversas narraciones al Matarraña y al Maestrazgo. Sin embargo, uno de los temas que le interesan desde su llegada a la ciudad mudéjar desde Madrid ha sido el mito de los Amantes de Teruel, de cuyo origen se celebran los 800 años. Y a ellos, a su “otra vida”, les dedica un libro oportuno que tiene algo de investitgación policial o de ‘quest’, como recuerda Eloy Fernández Clemente en el prólogo: ‘La otra vida de los Amantes de Teruel’ (EPV, 2017) Javier Aguirre, sojuzgado por el cine y la música vinculada con Diego e Isabel, descubrió que Raymond Rouleau había diridigo una ópera con música de Henri Sauguet a finales de los 59. Quiso saber más y se dio cuenta de algo muy curioso: Mikis Theodorakis, el gran músico griego, también se había interesado por los Amantes y había participado, de manera activa, en la banda sonora de la película ‘Honey moon’, dirigida por el inglés Michael Powell, con el bailarín Antonio, y los actores Ludmila Tcherina y Anthony Steel, con fotografía de Claude Renoir, nieto del pintor Auguste Renoir y sobrino del gran director Jean Renoir. Aguirre recuerda que en una revista se decía: “La película incluye una coreografía de Antonio de ‘El amor brujo’, de Falla, y otra creada por Leonide Masside para Ludmila Tcherina a partir de la leyenda de los Amantes de Teruel, musicada por Mikis Theodorakis. También un delicioso, por alucinante, zapateado de Sarasate”. Aguirre averiguó que el músico griego había estado por España y que viajó a Teruel. Las pesquisas le condujeron a una nueva sorpresa: el descubrimiento de otra película, rodada en 1962 por el citado Raymond Rouleau, ‘Les Amants de Teruel’ “cuya música -según Javier Aguirre- es de Theodorakis”. El libro cuenta muchas otras cosas: viajes a Grecia y Francia, una cita casi imposible con Theodorakis, la grabación del disco ‘Los amantes de Teruel’ en Prames, en la voz de María José Hernández, y finalmente dos conciertos de la Orquesta Nacional de España, en Teruel y en Zaragoza. Todo ello, y mucho más, está en este libro.

07/05/2017 21:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALGUNOS POEMAS DE ÁNGEL GUINDA

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Antología de Ángel Guinda

 

 

Esto escuchó un joven


Tú, que interpretas los ojos del suicida
en su belleza plena de renunciamiento,
haz del corazón una taberna abierta
de luna a sol a todos los que sufren,
buscadores de estrellas en un pozo de cieno.
Y a la vida agresiva agrédele.



(de Vida ávida)

 

L.S.D.


Laberinto en Soledad Demoníaca.
No te será posible la escapada.
Asesino de tu madre,
traficante de muerte,
condenado eternamente a no dar vida
para evitar nuevos crímenes,
necesitas vivir, vivir más,
por ti y por cuantos no nacerán.
Atormentado,
nunca descansarás de esta ansiedad.
Cuando ames odiarás.
Tan sólo el día que destruyas las leyes
gozarás de tu rebelión,
y conseguirás paz, orinar
sobre la tumba de tu padre
hasta abonar su muerte.
Mi personaje maldice a tu persona.
Contra paredes y horizonte. Muere.



 


(de Vida ávida)

 

acia una poética


No siempre la claridad viene del cielo.

Escucha sólo tu música cuando cantes,
por oscura que sea y espinosa.

Que la luz te ensordezca,
que no te ciegue el ruido.

Y tu obra
sea más que tu vida,
porque te contramuera.



(de Vida ávida)

 

Me he fumado la vida


Me he fumado la vida
como el tiempo se me ha fumado a mí.
Mirad esta laringe, esta tráquea,
estos bronquios y pulmones
ametrallados por la nicotina.
He fumado los gases subterráneos
del Metro en sus andenes;
el aire de Madrid, sucio
como una traición a la luz más hermosa;
las nevadas del yeso en las pizarras,
la hoguera negra de los tubos de escape,
las hojas secas de la marihuana,
el asfalto, la niebla, la humedad,
la avellana tan blanda de los clítoris,
la espesa polvareda de lo siniestro
cuando huía de mi sombra,
y mi vida hecha polvo,
y el polvo que seré
bajo el árbol secreto de la muerte.


 
(de Conocimiento del medio)

 

Cajas


Lo diría una indígena y tendría razón.
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les depositan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Los Bancos y las Cajas hacen caja.
Y cuando mueren les introducen también en una caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.


 
(de Claro interior)

 

Escribir


Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.


 
(de Poemas para los demás)

 

¡De voces está llena mi cabeza! Voces de aparecidos, voces nuevas, del destino, desconocidas o proféticas, voces del centro de la tierra, voces inquietantes, amordazadas, metálicas, de vidrio, voces de gas, de cloroformo; huecas voces de catacumbas, de robots, de hilo, de desmembramientos. ¡Mi cabeza es un gong, un campanario, un redoble de voces! Oigo voces que se aglomeran, atropellan, quebrantan mi quietud, se tambalean. Voces de sed, de piedra, de madera, voces del infinito, sepultadas, voces de tiempo, del abismo; voces de oscuridad, de terremotos, volcánicas, de alarma. Mi cabeza es un observatorio de voces embrujadas, solas, voces de apartamentos y palacios, de zulos, de chabolas, de tabernas, de desaparecidos, de extenuación, de guerra, de socorro, de náufragos que claman a las nubes. Veo las voces de las pesadillas. Toco voces de oxígeno, secretas, emigrantes, voces que sangran, voces esqueléticas, voces de flores, rocas, animales, voces sin tumba, voces exiliadas. Pero siempre oigo voces, voces, voces. ¡De todas esas voces está hecha mi voz!




(de Espectral)

 

Un hombre feliz


Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.



(de Catedral de la Noche)

 

*La foto es del fotógrafo y poeta Josian Pastor.

07/05/2017 21:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL ÁNGEL ORTIZ ALBERO

Miguel Ángel Ortiz Albero (Zaragoza, 1968) albergó durante algún tiemplo la idea de esdcribir una novela sobre el proceso de creación y sus apéndices: el naugrafio, la zozobra, la obsesión o la imposibilidad de concluir una obra. Leía a sus autores favoritos, descubría diarios o contemplaba cuadros, e iba anotando citas. Un día, leyendo la novela ‘El mar’ de John Banville, descubrió una anécdota de dos pintores, Vuillard y Bonnard; este retocó, sin que se percatase el guarda del museo de Luxemburgo, un cuadro suyo. “Ahí empezó todo. Hablé con mi editor Javier Jimenez, de Fórcola, donde había publicado el libro ‘La danza de la muerte’. Y fue él quien me condujo hasta el ensayo y hacia esta reflexión sobre la impotencia de terminar un libro, una composición, un cuadro”. En el fondo, dice Ortiz Albero, la obra de arte es como si no estuviese acabada nunca, ni siquiera cuando tiene éxito. “Al autor le suele ocurrir que siempre tiene dudas, piensa que podría hacer tal o cual cosa, darle otro giro. El desasosiego suele acompañar al creador casi siempre. La duda es el motor esencial de la creación”, dice Ortiz Albero.

El autor de ‘Variaciones sobre el naugrafio. Acerca de lo imposible del concluir’ dice que él, ante todo, se siente poeta y que no ha querido agotar el tema. “Este libro, aderezado de citas, reflexiones, confidencias, etc., en el fondo también es un diario personal de lecturas y de conversaciones con autores que siempre me han interesado. Apenas he tecleado ningún nombre en Google”, dice. Y declara que, en el universo del arte, hay dos personajes que le han impresionado especialmente: Paul Cézanne y Alberto Giacometti. “De Cézanne sabía poco. Me ha sorprendido. Encarna la incertidumbre constante; da la sensación de que nunca estaba satisfecho con ningún cuadro. A Giacometti lo conocía mejor. Es un artista con leyenda: hemos visto sus fotos bajo la lluvia o en el taller. Pero también era un hombre atormentado, insastifecho. Si alguien alguna vez le decía que estaba contento con un dibujo o se lo elogiaba, él era capaz de cogerlo y romperlo”.

A Miguel Angel Ortiz Albero, que cree mucho en el azar y en la intuición, le interesa mucho el proceso creativo, matizado por algunos sustantivos: obsesión, imposibilidad, desesperación o aniquilación. Por un instante mira hacia la literatura. “Uno de los escritores que más me impresiona es Franz Kafka: en sus diarios siempre habla de quemar, destruir, destrozar. Algo que le sucede también a autores como Robert Walser, Samuel Beckett, que no tiene que decir en ‘Lo innombrable’ y escribe 300 páginas de una gran densidad; pasa del silencio a la verborre absoluta, que quizá sea un modo de ocultar el miedo”. Ortiz Alberto cita a Roland Barthes, del que se dice que llegó a escribir páginas y páginas de ensayo para no escribir una novela.

“’Variaciones sobre el naufragio’ no es un ensayo, sino más bien un libro personal, poético y referencial, donde yo resumo muchas de mis preocupaciones estéticas y poéticas”, concluye el artista y escritor. 

 

07/05/2017 21:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAYTE NAVALES Y 'LA BRUJA': UN DIÁLOGO

Mayte Navales es actriz, guionista de cine y televisión y escritora. Publica ’La bruja’ en Almuzara. La autora explica aquí las claves de su libro. 

 

-¿Desde cuándo escribe Mayte Navales? ¿Qué lugar o qué obsesión ha ocupado la literatura en tu vida?

Empecé a pensar seriamente en escribir literatura en el año 2007. Lo sé porque recuerdo leer el “Canto a mí mismo”, de Walt Whitman, donde dice que empieza con 37 años y que espera no cesar hasta la muerte, y pensar “¡37 años, igual que yo! ¡Genial, no es tarde para ponerme a escribir! Por aquel entonces escribía poesía, aunque más influida por Charles Bukowski que por Walt Whitman. Y aunque me entusiasma leer poesía, no acabé de sentirme cómoda escribiéndola. Un año o dos después, me animé con la ficción y los relatos cortos. Algunos eran de fantasía, pero no todos. En 2010 escribí el relato “Dani en el cementerio” y lo presenté en un concurso literario. Con la suerte del principiante gané un premio en el Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza. Seguí escribiendo relatos hasta que uno de ellos se transformó en una novela. También he escrito guiones para cortometrajes, pero ahora creo que esa fase fue una parte del camino para atreverme con la novela.

La literatura ha sido imprescindible en mi vida. No recuerdo no leer. Leía por todas partes, a todas horas. De pequeña leía sobre todo fantasía y ciencia ficción. Los años que me dediqué a la actuación, obras de teatro, sobre todo Chejov, Tennesse Williams y Shakespeare. A la vez estudiaba Filología Inglesa y descubría nuevos escritores como Jeannette Winterson, Margaret Atwood o Peter Ayckroyd. Y un día, empecé a leer de nuevo fantasía y ciencia ficción y ya no he parado.

-¿Por qué literatura fantástica amasada con terror, qué encuentras ahí?

La literatura fantástica me entusiasma y me atrapa. Ahora mismo es mi pasión. Y es un hecho que la literatura fantástica está bastante relacionada con el terror. Hay autores, como George RR Martin, que afirman que no existe diferencia entre fantasía, terror y ciencia ficción. Esto me parece algo exagerado, pero lo cierto es que los límites son muy difusos. También es un hecho que, aunque soy fan de autores como Stephen King o Alan Moore, la literatura de terror pura no es mi género favorito. Pero reconozco que, cuando escribo, el terror se cuela en mis historias de una forma que me hace sospechar que yo no tengo todo el control. Como dice Stephen King, una historia fuerza algo que existe independientemente de ti y que tú, el escritor, tienes que revelar.

-¿Cuál es el límite para este género y para ti, hasta dónde se puede imaginar en aspectos como cronología temporal, personajes, atmósferas, saltos temporales?

Todavía tengo muchas historias de género fantástico dentro de mí. De momento no puedo escribir sin que lo fabuloso y lo mítico irrumpan continuamente en todo lo que escribo. De vez en cuando lo intento, y cuando creo que estoy a punto de conseguir una literatura más mimetizada con la realidad, aparece el fantasma de Bukowski, roba el protagonismo y la literatura realista salta por la ventana. Pero no me importa, porque quiero escribir más historias de brujas, quiero una gran historia de viajes en el tiempo y otra de ciencia ficción.

Y si puedo, escribiré la historia de alguno de los personajes pequeños que aparecen en “La última bruja”. Varias de esas historias sé que suceden en el futuro y algunas incluso en otras galaxias.

-¿Cómo nació ‘La última bruja’ (Almuzara) y qué asunto querías abordar?

 “La última bruja” nació de dos obsesiones. Una es el cuento de “Hansel y Gretel”, el cual he leído infinidad de veces, narrado por muchos y diferentes artistas. Algunas versiones son obras de arte y otras una porquería, pero hasta las que son malas me gustan. Así que un día pensé: “yo también voy a hacer una reescritura”. Y la hice. Escribí un relato de unas nueve páginas. Se lo enseñé a unos cuantos amigos y todos me dijeron lo mismo: “Está muy bien, Mayte, pero esto es una novela”.

Mi otra obsesión es la MUERTE. De ahí nació la idea de estas gentes (brujas o no brujas) que buscan escapar a la muerte y que aspiran a la eternidad.

-¿En qué medida ‘La última bruja’ es el viaje iniciático de dos mujeres muy diferentes: una joven, Greta, y otra anciana, Irati, que tiene la facultad de volverse joven, o un poco joven, como se ve en el inicio del libro donde incluso yace con un joven de veinte años?

La obsesión con la belleza y la juventud es otro de los temas de la novela. Una de las brujas puede mostrarse joven o vieja a voluntad. Y aunque yo, como escritora, estaba convencida de que Irati siempre desearía ser joven, descubrí, según avanzaba en la historia, que su aspecto de vieja era su favorito… Aun así, es cierto que al principio de la novela ella yace con un joven de veinte años porque, según las reglas del mundo mágico que he creado, la juventud y la sexualidad son fuentes de poder y energía que se puede absorber. Pero esto también es así en nuestra realidad: en la juventud somos más potentes sexualmente, y es innegable que el sexo es un medio de conexión entre los amantes. Además, según los chamanes, a través de la energía sexual podemos obtener iluminación y mantener el cuerpo sano.

Y sí, es un viaje iniciático. Ambas mujeres van superando pruebas y conociéndose a sí mismas, o mejor dicho, enfrentándose en último lugar más a ellas mismas que a otros, sobre todo a sus yoes más oscuros.

-Sin desvelar nada, ¿qué sucede en esa aventura, en ese tránsito por los bosques? Los personajes a veces parecen moverse entre la profecía, el apocalipsis, la condena o la maldición...

Esta es la historia de dos brujas. Una de ellas lleva siglos viviendo oculta entre los hombres y las mujeres, sin revelar su verdadera naturaleza. Vive en los bosques y montañas, siempre rodeada de un halo de determinismo; como si la fatalidad la persiguiera, como si el poder fuera una condena. La otra mujer es Greta, a quien conocemos de niña. La vemos crecer, madurar y finalmente convertirse en bruja y obtener mucho poder. En mi novela el poder acarrea la fatalidad. De alguna manera, la de la niña Greta es casi una historia de aprendizaje.

Y sin duda, los bosques, la naturaleza y la tierra son personajes de la novela, pues influyen sobremanera en las situaciones que mis personajes viven.

-Hablemos de épocas y de lugares. Por ejemplo, se habla de una ciudad con coches, se habla de Praga y a la vez se habla de un personaje que vendría de la Edad Media. ¿Cómo maneja eso la narradora, qué mundo propones?

No me interesaba demasiado concretar con exactitud los lugares y ciudades en los que viven las protagonistas. Quería que el lector supiera que estamos en Europa, que algunos capítulos suceden en Madrid, en el Templo de Debod, otros en Praga y otros más lejos… Quería que los acontecimientos narrados tuvieran lugar en la Edad Media y en el presente, pero sin indicar los años. Mi intención era que el mundo de la novela fuera reconocible para el lector y, a la vez, que se sintiera perdido, igual que les sucede a mis brujas. Ellas llevan siglos recorriendo la tierra, y por tanto los lugares y el tiempo son confusos para ellas. Quería una sensación de cuento y de sueño. De saber dónde estoy y de sentirme perdida a la vez.

-En la novela hay un cruce de tradiciones y homenajes: sin ir más lejos, aparecen ecos de ‘Drácula’, del cuento popular ‘Hansel y Gretel’, se citan libros, conjuros… ¿Con qué tradiciones e invenciones y ecos literarios y cinematográficos y oníricos has tejido el libro?

Como dices, el eco literario más evidente es el cuento de “Hansel y Gretel”, pero también hay otros como “La Bella Durmiente”, “Blancanieves” o “El flautista de Hamelín”. Todos esos cuentos están en la novela. Por otra parte, aparecen licántropos, algunos inspirados en la mitología griega y otros en los cultos agrarios y de brujería que existieron en la Europa del siglo XVI. Las mitologías celta y eslava están muy presentes. “La feria de las tinieblas”, de Ray Bradbury, es una gran influencia en el circo que yo he creado. Todas las películas con pitonisas me fascinan. Y cualquier historia que suceda dentro de un sueño, me enamora con un parpadeo. Películas como “El séptimo sello”, de Bergman, rondaban mi cabeza.

-¿Has querido hacer, esencialmente, una novela de mujeres? Hay muchas muchas muchas mujeres…

Pues no. No tenía para nada en la cabeza hacer una novela de mujeres. Pero tienes razón, hay muchísimas mujeres en la novela. No sé en qué momento me di cuenta de esto. Cuando me percaté de ello pensé: “¿Es esto bueno o malo?”. Al final llegué a la conclusión de que daba igual, pues en la literatura escrita por hombres normalmente aparecen hombres, hombres y más hombres… Y a mí, que soy mujer, no me importa. Si la historia me gusta, me gusta. Por tanto, si mi historia es buena, gustará tanto a hombres como a mujeres.

No sé si en alguna novela futura me apetecerá escribir sobre hombres; si me apetece, lo haré. Pero a mí lo que me interesa es el cuento, la historia…

-¿Qué lugar ocupan el amor y el sexo?

El sexo es pura energía. Y la sexualidad es una de las formas de intimidad en pareja, de unión y de conexión.

Por otra parte, es un hecho que hay quien utiliza el sexo como arma de poder. Y la lucha por el poder es otro de los temas de la novela. Pero no la lucha por el poder en plan “Braveheart”, sino de forma oculta, en las sombras y también en el amor.

Por cierto, hay chamanes que creen que una de las formas de robar el poder a otro chamán es precisamente a través del acto sexual.

 

-Me ha llamado la atención la presencia de la naturaleza y el tono poético constante. ¿Es una característica tuya o es algo que también pertenece al género?

Supongo que de alguna manera, la presencia de la naturaleza es parte del género. Hay mucha literatura de fantasía que trata el poder y la magia de los árboles y los bosques. Pero la parte poética es mía. No la puedo evitar. Una vez leí que el estilo es lo que no puedes evitar.

 

-Leo: “La palma de su mano revelaba la longitud de su vida como un poema de un solo verso”. O “Refugía con el fuego blanco de la luna”. Imagino que este es un tono buscado…

Lo cierto es que este libro lo he escrito con mucha libertad. Como sabes es mi primera novela publicada y mientras la escribía sólo pensaba en que, de momento, la única lectora era yo. He querido escribir el libro que yo quería leer. Y quería que, a pesar de la oscuridad que rodea al personaje de la bruja, hubiera poesía y que el lenguaje que la rodea fuera hermoso.

-¿Cuál es la importancia del terror?

¡Mayor de la que yo esperaba! Como te comentaba el género de terror me gusta, pero no es lo que más leo. El hecho de que en la novela aparezca un asesino serial me dejó muy sorprendida. Y a nivel estilístico también. Releyendo a autores como Stephen King me he dado cuenta de la gran influencia que han tenido sobre mí.

-¿Cómo compaginas la escritura de ficción, con los guiones y la interpretación?

Mal. Al igual que todos los escritores del mundo me vuelvo loca para encontrar tiempo para escribir. Actualmente trabajo de guionista en televisión y escribo los fines de semana. Me encantaría robar tiempo al tiempo y dedicarme al teatro algún rato, escribir un guión de cine o una obra de teatro. ¡Ja! Con escribir otra novela los fines de semana, ya tengo bastante.

-¿Qué futuro imaginas o deseas para ti como escritora? ¿Cómo empiezas a soñar tu porvenir?

-Esta es fácil. Quiero escribir novelas y relatos de fantasía y de no fantasía, para mayores y también para niños. Sueño con tener una casa en el bosque donde poder escribir. Me gustaría vivir de escribir novelas, y tener un perro y una bicicleta para desplazarme por este y otros mundos.

07/05/2017 20:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GLORIETA PARA ÁNGEL GUINDA

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El Actur es el barrio de los escritores en general y de los poetas en particular. Aquí tienen calle, entre otros, Rosalía de Castro, Juana de Ibarbourou, María Zambrano, Virginia Woolf, Jorge Guillén, Mariano Esquillor, Pablo Neruda, Ildefonso-Manuel Gil o el poeta visual Pablo Ruiz Picasso; desde el pasado mes de junio Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), Premio de las Letras Aragonesas de 2010, tiene escultura artística de Luigi Maráez y glorieta. Ángel suele decir que él es poeta por fatalidad, por un impulso ciego e invencible, desde muy joven, desde que leyó a Gustavo Adolfo Bécquer, su primera influencia, y dice que ser poeta no es una profesión o una vocación: es una posesión. Yo también creo que es poeta por felicidad y por voluptuosidad, y porque amasa las palabras como un panadero el pan o un buen nadador las mejores olas y sus espumas. Su padre solía decirle: “Hijo mío, ahora que has terminado la carrera, ya puedo morirme tranquilo. Sé que no pasarás de hambre”.

Guinda es poeta de libros y de fantasmas, un poeta de la amistad y de la transgresión, y un perfeccionista de la música y de la intensidad del decir. La motivación de su escritura nace de un arrebato o viaje al fondo de sí mismo y de sus tinieblas. Marcado por la obsesión de la muerte –siempre recuerda que cuando él nació su madre murió en el parto-, su poesía es una exploración de la identidad, de los territorios sombríos del corazón, de la paradoja de existir o los arrabales de la trascendencia; su poesía es un canto a la juventud y también un ejercicio de denuncia de los males del mundo. Es un poeta intimista y comprometido, coral y solidario, y tiene un aire adorable de gamberro de barrio que nunca deja de crecer. Es el Peter Pan perpetuo de las letras españolas.

Considera que el poeta, además de un compromiso consigo mismo y con el mundo, lo tiene con la palabra. Ese ser vivo. Hace arte con el lenguaje y a veces no hay nada más elocuente que el silencio. Guinda puede ser un matemático de la emoción, un escultor de las sensaciones, un ciudadano del mundo que siempre siempre siempre se sabe en casa en Zaragoza. Aquí está en casa, en su refugio y entre amigos. En esta glorieta eligió este poema para definirse: “No puedo tallar el aire. / No puedo tallar el agua. / No puedo tallar la luz. / Haré una perla con el silencio”. Ángel Guinda es generoso por espontaneidad y por el torbellino de su alma, mitad luz,  mitad oscuridad. Y posee otro don: el valor de la autenticidad.

 

*Esta mañana, a las doce, el concejal Pablo Híjar inauguró la glorieta dedicada al poeta Ángel Guinda en el Actur. Y con él un montón de amigos del escritor aragonés, afincado en Madrid desde 1986. Amparo Sanz Abenia fue la promotora de este acto que tuvo un precedente en la colocación de la escultura de Luigi Maráez hace casi un año.

*La foto de Ángel Guinda es de Enrique Cidoncha.

29/04/2017 17:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUJERES POETAS DEL SIGLO XX Y XXI Y LOS MITOS CLÁSICOS

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[Me escribe la profesora Rosa Burillo] Organizamos un Congreso en la Complutense, mujeres poetas del siglo XX y XXI y cómo los mitos clásicos tienen su proyección en la obra de ellas. Se inaugura el día 25 de abril, este próximo martes, a las 16.00 de la tarde en Filología, con la presencia del Señor Decano que presenta a la primera conferenciante, la poeta AURORA LUQUE. Va a ser muy interesante, vienen de Canadá, París etc.]

 

 

International Conference

 

“On Sappho’s Website: Women Poets and Myth in the 20th and 21st Centuries”

 

PROGRAM

 

April 25

 

16:00 Welcome

 

16:30 Plenary opening Lecture. Chair: Esther Sánchez-Pardo, UCM

Aurora Luque, poet: “Pandora’s New Box: Personal and Political Myths”

 

17:30 Coffee Break

 

18:00 Session 1. Chair: Silvia Herreros de Tejada, Universidad Nebrija

James Papoutsis, York U.: “Annie Finch, New Formalism, and American Yuppie Poetry of the 1980s” 

Robin Tremblay-McGaw, Santa Clara U.: “‘Scarcely silent though often unheard’: Eurydice and Echo in the Poems of Harryette Mullen and Kathleen Fraser”

 

April 26

 

9:00   Session 2. Chair:  Melania Stancu, U. Bucharest

Rosa Burillo, UCM: “Sylvia Plath and the agony of life”

Manuel Botero Camacho, U. Complutense: “Searching for the Myth through A. S. Byatt´s Poets”

Melania Stancu, U. Bucharest: “Mythology and everyday life in Ana Blandiana´s poetry”

 

11:00 Coffee Break

 

11:30 Plenary Lecture. . Chair: María Porras, UCM.

Robert Silhol, U. Paris VII: “Structure of Myth: Literature As Representation”

 

12:30 Session 3. Chair:   Sara Torres, Queen Mary U.

Stephanie McKenzie, Memorial U.: “Renouncing and Re-writing Myth: Imagining Anew and Employing Feminist Agency in Natalie Diaz's When My Brother Was an Aztec”

María Porras, UCM: “The Windigo and the Hydra: Myth, identity and heritage in the poetry of Louise Erdrich” 

Sara Torres, Queen Mary U.: “Toward a Corporeal Feminism?: Myth and the Irruption of the Semiotic in Gloria Anzaldúa's Poetry”

 

14:00 Lunch

 

15:30 Parallel Session 4. Chair:  María Goicoechea, UCM

 

Laura Sánchez y María Goicoechea, U. Complutense: “El Ciborg español: Voces femeninas en la literatura digital española”

Rosario Guarino, U. Murcia: “Tejer y destejer: tradición y reescritura de mitos clásicos en la poesía de Aurora Saura, Ana Mª Alcaraz y Mª Cruz Agüera”

Mathilde Ferez, U. Complutense: “Clitemnestra o el crimen» de Marguerite Yourcenar: ¿emancipación o pasión de una mujer?”

 

Parallel Session 5. Chair:  Cristina Gámez, U. Córdoba

 

Leonor M. Martínez Serrano, U. Córdoba: “Following the Old Stones Skyward: Mythmaking in Gwendolyn MacEwen’s Poetry”

Cristina M. Gámez-Fernández, U. Córdoba: “Wanderers, Vagabonds, Seekers and Pilgrims: The Myth of the Quest in Denise Levertov”

Marián Martínez & Esther Sánchez-Pardo, U. Complutense: “Niedecker’s Allegorical Vision: Re-framing Myth and the Material in Objectivism. A Cross Linguistic-Literary Proposal”

 

17:30 Coffee Break

 

18:00 Poetry Reading. Introduced by Margarita Ardanaz and Rosa Burillo, UCM

Noni Benegas, Rosana Acquaroni, Isabel Navarro, Yaiza Martínez, Emilia Conejo, María García Zambrano.

 

April 27

 

9:00   Session 6. Chair: Francisco J. Cortés

Francisco J. Cortés, U. Complutense: “Dorothy Parker’s Poetry against Resisting Myths in Women’s Magazines”

Elisa Ortiz, U. Complutense: “Praise be to young Eros who fucks all the girls”: sex, love, and myth in Lenore Kandel’s poetry”

Mayron E. Cantillo, U. Valencia: “Refashioning the Christian Myth of the Apocalypse: Desolation, Repentance and Spiritual Awakening in Michael Field’s Poems of Adoration (1912)”

Mario Millanes, U. Complutense: “Helene Johnson, rara avis del Renacimiento de Harlem: Langston Hughes frente a la nueva mujer afroamericana”

 

10:30 Coffee Break

 

11:00 Session 7. Chair:  Pilar Sánchez Calle, U. Jaén

Javier Martín Párraga, U. Córdoba: “The Myth of Nature in Canada: M. Atwood's The Journals of Susanna Moodie

Pilar Sánchez Calle, U. Jaén: “Mythic Subtexts in Margaret Atwood's The Door (2007)”. 

 

12:00 Session 8. Chair:  Rosa Burillo, UCM

Liz Schoppelrei, Pennsylvania State U.: “Myth through Revision: Nelly Sachs’s “Lieder Vom Abschied,” the Myth of Procne and Philomela, and the Trauma of Compounding Loss”

Hope Jennings, Wright U.: “Voices from the Wilderness: Post/colonial Trauma, Spectral Witness, and Environmental Apocalypse in Margaret Atwood’s “Circe/Mud Poems” and The Journals of Susanna Moodie

Christina Luiggi, Wright U.: “Reclaiming Mythic Sexual Legacies: (De)Colonizing Kinship, Kink, and Creation Myth in Chrystos’s In Her I Am

 

13:30 Lunch 

15:00 Parallel Session 9. Chair:  Miriam Fernández-Santiago, U. Granada 

José Manuel Rodríguez Herrera, U. Las Palmas: “The Goddess Ishtar in Lesbos: The Transgender Muse in the Poetry of Sylvia Plath and Denise Levertov”

Miriam Fernández-Santiago, U. Granada: “A Post-human Approach to Feminist Myth Re-Vision”

Beatriz Revelles, U. Barcelona: “The cyborg and the goddess: Toni Morrison’s Jandine”

 

 

Parallel Session 10. Chair:  Marián Martínez, UCM

 

Dolores Juan-Moreno, Clark U.:” From Papyrus To Celluloid: Classical and Contemporary Myths in Aurora Luque’s Poetry”

Maria Elsy Cardona, St. Louis U.: “Poetry and Translation:  Aurora Luque’s Art of Making the Old New”

Josefa Alvarez, Syracuse U.: “Mito y viaje en la poesía de Aurora Luque”

 

 

 

 

 

 

17:00 Coffee Break

 

17:30 James Womack, poet: “On Eurydice”

18:00 In conversation with Nicole Brossard (with Carmen Mata, U. Autónoma de Madrid)

 

19:00 Farewell

 

24/04/2017 11:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CHESÚS YUSTE HABLA DE SU NOVELA 'ASESINATO EN EL CONGRESO'

 

Chesús Yuste acaba de publicar en Xordica su novela ’Asesinato en el Congreso’. Explica aquí algunas de sus claves. La foto es de Heraldo.

¿Cuál sería el balance general de su estancia en el Congreso de los Diputados?

-Para mi fue la experiencia más importante que he tenido en mi vida. Es un lugar donde se toman decisiones y fue un momento histórico decisivo en el que ya la crisis económica social lo que hace es agotar el sistema político de la transición, no.

-¿Eso piensa?

-Sí, claro. Lo que está por ver es si al final los partidos mayoritarios son capaces de regenerar el sistema y que siga funcionando otres 30 o 40 años, o si la gente acaba votando a los que propugnan un sistema nuevo. Esas dos opciones están encima de la mesa; los partidos mayoritarios ya se han dado cuenta de que si no se regeneran y no regeneral el sistema la ciudadanía lo va a resetear.

¿Como escritor que se aprende ahí?

El Parlamento es una fuenta inagotable de inspiración, primero porque estás en contacto con los plrobelams de la gente, el trabajo es recorrer el territorio, hablar con la gente, ver sus prolbemas y trasladarlos al congreso, para exigir a los ministros que den soluciones. Ves los problemas de la gente en primea fila. Y estando allí ves realidades que no te gustan. En un escenario con mayuoría absoluta además, en un escenario donde es difícil alcanzar acuerdos, se produce una frustración. El trabajo y el desvelo no se traduce en nada concreto. Y yo aún recuerdo que hubo algunas inicioativas que hice en que se aprobara una Ley Universal de Librerías, que ahora se está cumplinedo en parte.

¿Cuándo decidió escribir ‘Asesinato en el Congreso’?

Cuando fui a Madrid ya llevaba idea de escribir algo. Yo me decía, pensando en José Antonio Labordeta, que no iba a escribir mis ‘Memorias de un beduino’, pero sí una novela policiaca.. Y he ido recopilando datos, pensando en tramas y hasta que no acabé no quise sentarme a escribir… He invertido alrededor de un año y medio de redacción.

 -¿Qué quería decir: es la novela una impugnación general del país?

-En cierto modo. Yo quería hacer una radiografía del país y de la sociedad de nuestro tiempo, siguiendo el modelo de Manuel vázquez Montalbán y de Pietros Markaris. Aquí se habla del desahucio, de la crisis de la banca, del terrorismo, del rodeo al Congreso, el 15-M; y al otro lado está la vida de la gente. De alumna manera ene sta novela -más allá de que los protagonistas pueden ser Nora Murúa y Bruno Mairal, y el comisario Robles-, me da la sensación de que también son protagonistas toda la gente que aparece y que está plantando cara a lo que está pasado. Gente que pelea frente a una etapa de involución.l

 -¿Por qué le ha cambiado el nombre a Mariano Rajoy por Manolo Rajón?

Aunque algunos nombres se acercan, ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Los personajes, sean reconocibles o no, son de ficción. ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Esta es una novela. 

-Hablemos de los personajes: Nora y Bruno. ¿Cómo son la diputada Nora Murúa y el periodista Bruno Mairal, qué buscan?

Lo que quería era plantear una conexión intergeneracional. A veces hablamos de la vieja o nueva política y resulta que no tiene nada que ver con la edad, sino de la actitud. Nora es una chica que nace tras el 11-M, que se gana una proyección por su calidad intelectual y su oratoria y por su trabajo político y parlamentario, y por otro lado Bruno es un peridoista que ha tenido el olfiado de ver que el menudo que venía había cambiado las reglas del juego y ese escenario le lleva a él a estar en un momento de máxima conexión con lo más joven.

 -¿Cuál es la relación entre política y periodismo?

Para mí ha sido estupenda, llena de complicidad. Los periodista son fundamentales. Ellos cuentan lo que hacemos y decimos. Si no lo hacen somos invisibles. Pero además aquí son decisivos, igual que el comisario Robles, en la investigación del asesinato del diputado del PP, Palacios. 

¿A quién se parecería Palacios? ¿Por qué ha sentido la tentación de presentarlo como un fauno que todo lo consigue por sus habilidades sexuales?

-Es ficción pero hay personajes que están basados en políticos existentes y que podrían tener esa peculiaridad. Me he inspirado en la ‘Trilogía de la crisis’ de Petros Markaris, también me gusta mucho Andrea Camilleri. Sí es cierto que el personaje tiene una vida sexual disipada, que se siente muy sexy y fomenta ahí su se de poder. En cualquier caso, el sexo da mucho juego literariamente.

 -¿Qué importa más en política el poder, el dinero o el amor y el sexo?

La gente es impredecible. El motor de la historia seguramente será la lucha por el poder, pero eso no pasa solo por tener más o menos dinero, éxito profesional, ascendencia sobre los demás, sino que también entran juego decisiones personales vinculadas al amor y al sexo. Y quizá algo de eso sucede en el libro.

 

15/04/2017 21:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL OJO DE LA CERRADURA', UN CUENTO DE ISABEL SEVILLA

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"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que contar y decirlo".  Oscar Wilde
 
Isabel Sevilla en su pequeño libro de relatos nos cuenta esas cosas de la vida que a la mayoría nos pasan desapercibidas, aquí tenéis un breve relato de su libro, sobre un tema muy actual: El maltrato. La foto es de Sonia Sieff: Natalie Portman.
 
EL OJO DE LA CERRADURA
Por Isabel SEVILLA
Soy el ojo de la cerradura de una puerta,que para cualquiera es un objeto útil y nada más, pero están equivocados, yo escucho y sobre todo veo... En la casa que me "ha tocado estar” veo muchas cosas y no todas buenas, escucho gritos, lloros, reproches, amenazas y me duele. Si pudiera elegir hubiera querido “vivir” en una puerta de entrada a una casa donde reinaran las risas, la educación, los niños, sobre todo ellos, dan tanta alegría. Yo sé que otros compañeros míos, llevan una vida más ajetreada que la mía, los niños entran y sacan sin parar las llaves a través de nosotros, cuando llegan del cole, van a jugar, salen a divertirse, vienen a verlos amigos, familia, y cada vez, entran y salen las llaves de ese hogar por el ojo de la cerradura. Tengo miedo por ella, la mujer que vive en casa, la que tan apenas usa la llave, muchos días, demasiados los pasa en casa, yo la veo...de la cama, al sofá, habla por teléfono, casi siempre miente, le dice a alguien al otro lado de la línea: estoy bien, muy bien, él es bueno conmigo. Miente, yo sé que miente, él no es nada de lo que ella dice. Por las mañana cuando él mete la llave en mi cerradura y cierra la puerta, sé que ella respira profundamente y piensa: se ha ido, voy a estar unas horas “tranquila”, no me gritará, no me reprochará, puedo hacer lo que quiera, oír música, leer, pero mejor no salgo de casa, si salgo y él se entera, se enfadará mucho más. Y ella y yo sabemos que cuando se enfada grita y mucho; a ella le duelen sus palabras y a mi me duele lo que le dice y como se lo dice.
Un día sé que ella, la mujer que vive en la casa que yo “guardo”, se llenará de valor y se irá, dejará la llave que entra en mi ojo, en el mueble que esta al lado de la puerta, sí, ese con figuras de cristal y velas de olor, esas velas que cuando él se va, ella enciende y se llena toda la casa de olor y el fuego de las llamas de las velas juegan con las sombras del piso, y que yo veo, huelo y me gusta, y me gusta más porque se que a ella le gusta.

Me quedaré con un hombre solo que tan apenas me usará y siempre lo hará con brusquedad, cuando se va de casa y pega un portazo que hace que me duelan todos los tornillos que me sujetan y cuando vuelva a casa, a esa casa que estará vacía, no tendrá calor ni olor de hogar, algo que ella siempre a querido tener y que él no ha sabido ni sentir ni conservar.

Pero estaré feliz por ella, porque quiero pensar que habrá encontrado otro ojo de cerradura en una puerta, que al abrirse entrará a un remanso de paz y amor, ella volverá a sonreír y sobre todo, algo muy importante, dejará de sentir miedo cuando oiga la llave atravesando la cerradura.
*Texto de Isabel Sevilla. 
  

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO

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Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela 'Derecho natural' (Seix Barral). Aquí explica las claves del libro. En 2015 ganó el Premio Nacional de Narrativa con 'La buena reputación'. El libro se presentó el pasado viernes en la librería Los Portadores de Sueños.

-¿Cómo nació esta novela? ¿Por qué apareció el doble de Demis Roussos? ¿Qué pasó y cuándo te diste cuenta de que ahí, en ese doble, había otra novela familiar?

Las historias de familia son mi debilidad. Si además el padre es un tarambana, disfruto más con la historia. Que luego el personaje acabara ganándose la vida haciendo de doble de Demis Roussos fue casi casualidad. En realidad, quería contar cómo vivían los actores de cine B español de los años sesenta. De hecho, mucho antes de convertirse en el doble de Demis Roussos, el personaje había trabajado en un montón de películas malas: spaghetti westerns españoles, películas de hombres lobo de Paul Naschy... Su momento de gloria le llega cuando le contratan para hacer un pequeño papel en Las petroleras, una película con Claudia Cardinale y Brigitte Bardot que se rodó parcialmente en la provincia de Burgos.

-¿Pensaste en algún momento que Derecho natural era un puente con Carreteras secundarias?

Lo normal es que mis libros compartan cierto aire de familia. Lo raro sería que no se parecieran en absoluto. El padre de Carreteras secundarias tenía unos aires de grandeza que le emparentan con el de esta novela, un hombre que tiene un elevado concepto de sí mismo y que cree que en cualquier momento le llegará el golpe de suerte que le hará justicia.

-¿Y con El tiempo de las mujeres, tal vez?

En El tiempo de las mujeres tenía una relevancia especial el golpe de estado del 23-F. En ésta también aparece, aunque de forma más secundaria. Pero, aparte de lo circunstancial, hay parecidos más profundos. La familia de El tiempo de las mujeres tiene que reorganizarse tras la muerte del cabeza de familia; la de Derecho natural tiene que adaptarse a una realidad marcada por las reiteradas fugas del padre. En ambos casos es la ausencia del padre la que pone en marcha el motor de la narración.

-Vayamos primero con el narrador. ¿Has tenido claro siempre que iba a ser una novela contada en primera persona? Una primera persona que evoluciona pero que casi se convierte en una suerte de tercera...

Quería escribir una autobiografía fingida. La novela es el mejor género para hablar de las otras vidas, las vidas que pudimos vivir y no vivimos. En Derecho natural he reconstruido la vida de alguien que podría ser yo si mis padres y hermanos no fueran los míos sino los del narrador. En ese sentido, la novela es inagotable como género, porque nos permite vivir multitud de vidas distintas de la que nos ha tocado vivir.

-Como otros de tus héroes o jóvenes, tiene la sensación de orfandad. En la página 32 dices: “Mi padre era un vacío. Mi padre era el vacío que había dejado en nuestras vidas”. ¿Es ese el tema esencial del libro, la orfandad, o también has querido hacer una novela de formación? Lo digo porque es muy importante cómo el joven descubre la literatura o el amor...

Es sin duda una novela de formación. Pero el narrador no tiene nadie cerca de quien aprender. Más bien se impone a sí mismo el criterio de no hacer nada de lo que hicieron sus padres, evitar cometer los mismos errores. Desde ese punto de vista, es peor que un huérfano, porque un huérfano carece de la referencia paterna, pero él lo que tiene es una referencia paterna negativa.

-Quizá sea esta, de tus familias, las más peculiares. Él, Ángel Ortega, va de escapada en escapada… ¿Es el pícaro perfecto, el mentiroso, el fugitivo de sí mismo y de su familia?

Cuando alguien huye constantemente de los suyos, es que en el fondo no está satisfecho con su propia vida, consigo mismo. Uno de los grandes temas de la literatura realista es el de la búsqueda de la felicidad. Hasta el siglo XIX ese tema no existía como tal. A partir de Emma Bovary o Anna Karenina son muchos los personajes que deciden perseguir su felicidad personal, al precio que sea. En realidad, el padre de mi novela es una Madame Bovary pero al revés, y la novela, que tiene mucho de humorística, funciona como una parodia de ciertas novelas de la mejor tradición realista.

-A la vez es un personaje muy del cine español y de los tebeos: cutre, soñador, con amistades importantes, capaz de meterse en proyectos… ¿Pensaste en alguien, ha sido fácil hacer verosímil un tipo así? ¿Sería también un alter ego de Paul Naschy? Lo digo porque él se hace pasar por Ray Ronson...

Leí algunos libros de memorias de gente que trabajó en esas películas de serie B. Era todo de lo más zarrapastroso, y eso me atraía. En aquellos años, debido al complejo de inferioridad propio de la España franquista, se hacían muchas películas con actores de nombre extranjero. Algunos eran actores de tercera fila nacidos vete a saber dónde. Otros, como el propio Paul Naschy, que en realidad se llamaba Jacinto Molina, utilizaban esos nombres artísticos para dar un aire más cosmopolita a sus producciones. Con mi personaje, que en un momento dado decide llamarse Ray Ronson, ocurre algo parecido.

-¿Qué le aporta ser amigo de Fernando Rabal, Fernando Sancho (que parece uno de tus guiños zaragozanos) o de Emma Cohen en aquella España y en su propia familia?

A diferencia de otras novelas mías, ésta no está ambientada en Zaragoza, pero es verdad que hay algunos guiños aragoneses: Fernando Sancho, la novia monegrina del narrador, los autobuses que salían hacia Zaragoza desde la barcelonesa plaza Universidad... La amistad con esos actores reales, con los que alguien como él pudo perfectamente trabajar en alguna película, le permite sentirse parte de la industria cinematográfica, un miembro más de la gran familia del cine español. Sólo que apenas le llegaban ofertas de trabajo y las que le llegaban eran bastante lamentables...

-¿En qué medida has querido hacer, a fuerza de pequeños detalles de música, cine y sociología, una pequeña crónica cultural española? Se nota que has estudiado muchos detalles, hasta los nombres de las lavadoras, de los coches...

Nada más lejos de mi intención que explotar la nostalgia, hacer algo parecido a Yo fui a EGB. Pero la realidad era la que era: los coches eran de unos modelos determinados, los niños jugaban al Scalextric... Para mí ese aspecto es secundario. Digamos que forma parte de la escenografía y no afecta al núcleo de la historia. Pero es verdad que esa historia no pudo suceder más que en esa etapa determinada de la historia de España, cuando la democracia estaba a medio hacer y, por ejemplo, se había aprobado la Constitución pero aún no existía una ley de divorcio...

-¿Cuándo te diste cuenta de que el humor iba ser importante? ¿Cómo lo administras? Aquí hay muchos detalles: la historia de Paloma y Cristina, la peseta que se caga años después en el orinal...

Las primeras páginas de una novela suelen marcar el tono de lo que luego acabará siendo el libro. Y las primeras páginas de ésta son eminentemente humorísticas: un actor malo que al engordar se acaba pareciendo a Demis Roussos, una familia que vive a merced de las sinvergonzonerías del cabeza de familia... Con un comienzo así, la novela tenía que tener grandes dosis de humor.

-Háblame de la madre… ¿Como tiene tanta paciencia, tanto aguante, cómo se deja hacer hijos con esa facilidad?

Recuerda cómo era la España de entonces. Durante el franquismo, la mujer era algo así como una eterna menor de edad, que necesitaba el permiso del marido para cualquier gestión. Con la democracia todo empezó a cambiar, pero muchas mujeres seguían teniendo interiorizado cuál era su condición y se debatían entre las ataduras del pasado y el nuevo papel que empezaba a ofrecerles la sociedad.

-¿Ha sido España, o el franquismo, un periodo de impostores y caraduras?

La mayoría de la gente, sin ser entusiasta del régimen, se había acomodado a él. La oposición al franquismo era débil y minoritaria. Que, a los pocos meses de la muerte de Franco, España se hubiera quedado casi sin franquistas tiene que ver con la reconstrucción que cada cierto tiempo se hace del pasado. La Transición tuvo algo de barra libre, en la que cualquiera podía impugnar su propio pasado, reinventarse, empezar a ser quien quería ser a partir de entonces.

-Me encanta el personaje de Manolo. Hay una frase suya, impresionante y a la vez de realismo mágico. Se pierde y dice, cuando lo encuentran: “Sólo quería ver dónde está la gente cuando se pierde”. ¿Cómo ves a este personaje? ¿Qué papel juega? Tiene algo de perversidad constante…

Frente al narrador, que intenta siempre ponerse del lado de las soluciones, a Manolo le ha tocado estar del lado de los problemas. Junto a una de sus hermanas, es el que más sufre las consecuencias de la irresponsabilidad paterna.

-¿Qué te apetece defender de la Transición, qué hay que reivindicar?

Escribo novelas sobre la Transición porque fue mi época, la época en la que fui joven. Pero también creo que el origen de muchas de las cosas, buenas y malas, del presente hay que buscarlo en esos años. No soy un defensor a ultranza de la Transición pero tendremos que reconocer a sus protagonistas el mérito de intentar diseñar la convivencia de los españoles sin recurrir al garrotazo. Cuando me preguntan sobre la Transición suelo recordar una frase de mi amigo Miguel Aguilar que me parece muy sensata: “Admiramos a nuestros abuelos, que trataron de solucionar sus problemas a tiros, y nos avergonzamos de nuestros padres, que intentaron solucionarlos dialogando.” Creo que, por muchas cosas que se hicieran mal en la Transición, sale bastante favorecida en la comparación con otros momentos convulsos de la historia de España.

-Me ha parecido que este libro, frente a La buena reputación, te ha salido no más ligero, sino más ameno, rápido, con muchas incidencias, más divertido. ¿Es este el libro de la felicidad del escritor?

Por lo menos disfruté mucho escribiéndolo, y eso por fuerza tiene que notarse.

 

13/04/2017 11:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CORTÁZAR Y RULFO, EN CÓMIC

 

 

El mundo onírico y creativo de Cortázar

 y Rulfo es trasladado a la novela gráfica

 

Jesús Marchamalo y Marc Torices retratan al autor argentino; Pantoja y Camargo, al mexicano

 

Dos de los más grandes escritores del ‘Boom’ latinoamericano en los años 50 y 60 son el argentino Julio Cortázar (1914-1984) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986), del que se cumple ahora un siglo. Los dos vivieron 69 años, fueron huérfanos de padre (a Cortázar, en realidad lo abandonó el suyo; el de Rulfo fue asesinado a balazos) y firmaron una obra maestra que les ha hecho autores de culto: ‘Rayuela’ (1963), Cortázar; ‘Pedro Páramo’ (1955), Rulfo. Ambos realizaron distintos empleos hasta alcanzar la gloria. Cortázar no dejó de escribir hasta el fin de sus días y Rulfo se envolvió en una nube de silencio y de misterio, y abandonó la escritura. Otro rasgo común: a los dos les encantaban la fotografía. Rulfo es uno de los grandes artistas de América; a veces sus fotos parecen el documento geográfico y onírico de Comala o de los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953).

Nórdica publica ahora el cómic ‘Cortázar’, del escritor Jesús Marchamalo y del dibujante Marc Torices, y la editorial Rey Naranjo ofrece en España ‘Rulfo. Una vida gráfica’ de Óscar Pantoja con dibujos de Felipe Camargo. El escritor, experto en series y guionista de cómic Jorge Carrión, que estuvo el jueves en la librería Antígona, dijo que era «la mejor biografía en viñetas que he leído, aunque tal vez sería mejor decir “interpretación biográfica”, porque la vida de Juan Rulfo es sometida a una lógica narrativa espectral y metafórica, sin las servidumbres que imponen las cronologías ».

Habrá que ver qué opina Carrión de la de Cortázar porque es igualmente fascinante: todas las páginas son distintas. Es un cómic literario y parece hilvanado como montó Cortázar su libro ‘Rayuela’. Aunque tiene un discurso más o menos cronológico, también aborda al personaje según diversos temas: la historia de su familia, sus viajes (a España, a París, a Italia, a Cuba, a Nicaragua…), la pasión por el boxeo (Torices recrea el combate de Jack Dempsey y Luis Firpo) y por el libro ‘Opio’ de Jean Cocteau, sus años de maestro, el amor por el jazz y los gatos, cómo nacieron algunos libros, o sus amores: su primera esposa Aurora Bernárdez, la convivencia con Ugné Kurvelis, la historia de la Maga o el encuentro final con la joven Carol Dunlop, enferma como él y viajeros del libro ‘Los autonautas de la cosmopista’.

La famosa conversación en el programa ‘A fondo’ de Joaquín Soler Serrano, en TVE, hace de hilo conductor, aunque la propuesta es tan libre que tiene secuencias deslumbrantes cómo cuando se queda solo en el entreacto del teatro y se le viene a la cabeza la palabra ‘cronopios’, que daría lugar a uno de sus libros más conocidos: ‘Historias de cronopios y famas’. Si el texto de Jesús Marchamalo, que ha sido depurado poéticamente, es espléndido, divertido e inspirado, no lo es menos el trabajo del joven Torices: imaginativo, variado, con gran sentido de las atmósferas, del color y con muchos registros narrativos y visuales. Y posee un gran dominio de la iconografía cortazariana.

‘Rulfo. Una vida gráfica’ se inicia con una cita que produce escalofrío. “De los seis a los doce años solo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a mis abuelos: era una casa enlutada”. Óscar Pantoja, como si manejase la estructura abierta de ‘Pedro Páramo’, crea su propio discurso, aunque se sigue bien la vida del escritor. Felipe Camargo, en un bitono próximo al blanco y negro, desarrolla su vida con secuencias de espejismo y el impacto del desierto, de la violencia y de la crisis de creación. Pantoja y Camargo ahondan en la impotencia y la frustración del escritor y su descenso a los infiernos del alcoholismo (bebía mezcal con absoluta desesperación), que superó con un tratamiento de choque en los años 60 tras ser internado en un centro de rehabilitación.

También hay espacios para la luz: su amor por la joven Aurora, que sería la Susana San Juan de ‘Pedro Páramo’, y años después surgió la relación con su futura esposa, Clara, madre de sus cuatro hijos y destinataria de una intensa correspondencia, donde “le expresaba su amor, sus miedos, sus inseguridades, sus angustias, su admiración infinita por ella”. Dentro de esa estructura tan abierta, el cómic concluye en 1955, cuando Juan Rulfo acaba su original de 127 páginas de ‘Pedro Páramo’, que redactó en un cuaderno. A partir de entonces, la tierra soñada de Comala ya “vivía por sí sola”.

 

PIES DE FOTOS

Los espectros de un autor. Juan Rulfo fue un escritor inseguro y frágil. No soportaba las malas críticas, y sus libros fueron objeto de debate nacional. A pesar de que grandes escritores lo elogiaron sin tapujo alguno (entre ellos el mismo Cortázar, Onetti o García Márquez), sus detractores lo destrozaban en las tertulias. Quizá de ahí derive su pavor, algo que Pantoja y Camargo explican bien. Rulfo era un autor poblado de los fantasmas de sus libros y había vivido la violencia ambiental en sus carnes.

 

El cuentista de 1.93. Julio Cortázar fue novelista, poeta, ensayista, creador de textos híbridos, pero ante todo fue un cuentista prodigioso. Aquí se recuerda cómo Jorge Luis Borges le publicó, fascinado, ‘Casa tomada’, un relato deslumbrante, la historia turbadora de “un matrimonio entre hermanos”.

 

*http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/5/6/pagina-del-comic-cortazar-jesus-marchamalo-marc-torices-1491241821865.jpg

 

13/04/2017 10:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON AGUSTÍN SÁNCHEZ vIDAL

[Esta entrevista con Agustín Sánchez Vidal se publicó en 2010. Entonces iniciaba su jubilación y su dedicación absoluta a la escritura. Experto en Luis Buñuel, Lorca y Dalí, y en la figura de Miguel Hernández, entre otros asuntos, aquí hablaba de su vida, de su formación, de sus inquietudes. Agustín acaba de ser galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas-2016. La foto es de Esther Casas, que trabajó muchos años en 'Heraldo']

"La sociedad no respeta ni mima

ni admira a los profesores"

"En Internet hay que exigir las mismas responsabilidades que en la vida civil"

"Cuantas más historias te cuentan más quieres que te sigan contando"

"Mi próxima novela, 'Esclava de nadie', aborda la naturaleza profunda del sexo"

El catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, estudioso de Buñuel, Dalí y Miguel Hernández, deja la docencia a los 61 años para dedicarse a la narrativa

 

Podríamos decir que he impartido clases de literatura española y contemporánea durante 20 años y de cine otros 20 años. En realidad, han sido 38 años de dedicación exclusiva. No he tenido nunca descarga docente. Eso quiere decir que he dado todas las clases que me correspondían, aunque a veces he concentrado toda la docencia en un cuatrimestre. Hubo algunos años en que daba las dos cosas", confiesa Agustín Sánchez Vidal (Cilleros de la Bastida, Salamanca, 1948), catedrático de Historia del cine, que acaba de jubilarse a los 61 años.

¿Cuál es el balance de sus años en literatura en la universidad?

La asignatura tiene algo muy positivo: te obliga a leerte prácticamente toda la literatura española de una forma sistemática. Eso ha sido muy bueno como profesor y como escritor porque así conoces la tradición del idioma, ese sustrato, esa especie de humus. Ahora cuando escribo de una época concreta, sé cómo se hablaba, cómo se ha escrito, cómo se pensaba.

¿Cómo vivía la literatura en clase, cómo la enseñaba?

Lo que más di era literatura contemporánea. Y me encontraba con la mentalidad muy abierta de los alumnos. Recuerdo que terminé la carrera en septiembre de 1971 y empecé a dar clases como 'penene' en octubre. Tenía 23 años, pero parecía más joven de la edad que tenía. Iba a dar clases en el Aula Magna de Filosofía y Letras, me tocaba explicar las jarchas, y recuerdo que estaban los alumnos esperando. Entré en el aula y nadie entró detrás porque nadie se imaginó que yo fuera el profesor. Salí y dije: "Soy el profesor". Me contestaron: "Anda ya", ja, ja, ja. He estado aprendiendo siempre. En una conferencia que di en Burgos sobre Dalí, al final vinieron tres alumnos y me dijeron que de lo que se acordaban de mis clases era de las historias que les contaba. Me hizo muy feliz oír algo que me parece de lo más bonito de mi oficio.

¿Y en el cine le ha pasado igual?

Más todavía, porque yo ya era consciente de esto. El cine tiene una enorme ventaja respecto a la literatura. La atención, el interés, todo eso te venía dado. No necesitabas rodaje específico, por decirlo así. Cuesta mucho más leer 'La Regenta' de Clarín, que es una novela extraordinaria, que ver los capítulos de Méndez Leite o la versión de Gonzalo Suárez. Por otra parte, cuando dicen que los alumnos no están bien formados, que tienen una formación muy deficiente, yo no estoy en absoluto de acuerdo…

¿No es así, entonces?

Vamos a ver. Es cierto que tienen una redacción deficiente, que tienen problemas de comprensión de lectura, pero a mí lo que me deslumbraba en clase eran las destrezas que tenían en la lectura audiovisual. Eso era impresionante.

Pero, Agustín, ¿eso no es un mito, una vuelta de calcetín o el elogio fácil al alumnado?

Le aseguro que no. En absoluto. Piense que he tenido clases en las que ha habido 300 alumnos. ¡Cuántos cines quisieran tener 300 espectadores, y más de las películas que veíamos allí! Y ahí ves las reacciones, los sentimientos, los comentarios, el calado del cine. Le pongo un ejemplo: hubo claramente una 'Generación Tarantino', criada a los pechos del realizador, que tiene una actitud distinta ante la violencia, por ejemplo. Incluso en películas donde la violencia no estaba ironizada ni en definitiva era de risa, se reían mucho. Estos jóvenes reaccionaban así, estaban crecidos, tenían conciencia de ser un grupo especial. Y ahí tenías que demostrar un tipo de destrezas narrativas…

O sea que usted es optimista sobre los alumnos.

Absolutamente. ¡Por Dios! Tampoco se trata de remitir todas las responsabilidades al maestro armero, decir que lo que falla es el sistema. En España la educación ha tenido un deterioro creciente y sistemático y es evidente que en la educación no es el lugar donde están ahora no solo los intereses de los gobernantes sino de la sociedad. La sociedad hoy no respeta, ni mucho menos admira, ni mima, a los profesionales de la enseñanza. Es una profesión con muchas deserciones, sobre todo en las enseñanzas medias. La enseñanza supone un desgaste tremendo pura y simplemente para hacerte oír, para que haya un clima de convivencia mínimo, es verdad, pero hay que tener en cuenta los cambios sociales que se han producido, y que los alumnos hoy tienen la posibilidad de obtener unas informaciones que antes eran imposibles, costosísimas de lograr, están al alcance de la yema de los dedos. Mis apuntes están colgados en Internet…

Hay gente que no quiere hacer eso…

Da lo mismo. Aunque ellos no quieran, los van a colgar los alumnos. Internet es un invento extraordinario. Va a ser un modelo de reescritura de todo nuestro modelo civilizador. Eso está claro. Lo único que hay que hacer es poner orden. Lo que no puede ser es que sea como el salvaje oeste.

¿Qué quiere decir poner orden?

Poner orden es que en Internet a la gente se le exijan las mismas responsabilidades que en la vida civil. Poner orden no es lo que hace China o lo que hacen determinados países que censuran todos los contenidos que les estorban. En el mundo virtual lo que no puede ser es que es la gente, amparándose en el anonimato, diga las barbaridades que dice en los comentarios de los artículos de los periódicos, por ejemplo. Que firme con los nombres y apellidos como lo hace quien firma el artículo. Creo que no hay que ir mucho más lejos.

A usted le apasionan las ciencias y las nuevas tecnologías. ¿Qué le ha dado Internet?

Todo. Para mí lo que no aparece en Internet es que no existe. O casi no existe. Durante dos años hice una columna en el portal Terra y recibía comentarios de los países más lejanos del mundo. Hoy ya no podemos estar fuera de Internet.

Cerremos el capítulo de la enseñanza. ¿Qué ha sido lo mejor?

Lo más importante es que tenías que conectar con una nueva generación todos los días, y hacerlo en serio. Eso te obliga a un esfuerzo de estar al día, no solo a la hora de elaborar la información, sino de sensibilidad, de tener las antenas puestas. Eso es impagable. En estos 40 años, solo un alumno pidió la revisión de un examen.

¿Por qué lo deja siendo tan joven?

Porque suscribo el espíritu de esta nueva normativa, que tiene dos preámbulos muy claros: uno, el rejuvenecimiento de plantilla, y creo que es un buen momento con los cambios que va a haber en el modelo universidad. Me puedo ir porque llevo más de 35 años y tengo más de 60. El otro preámbulo es que le ahorramos dinero a la Universidad, gracias a que nos hemos ido unos cuantos, nos hemos ido 40 de los 200 que estábamos en condiciones de hacerlo. Los que no se han ido no es por una razón de dinero. Te compensan para que lo hagas. También es verdad que yo quiero hacer otras cosas. Soy de una generación en la que hemos sido muy estrictos y hemos tenido mucho sentido de lo público. Me voy tranquilo: me sustituye una persona absolutamente solvente como Amparo Martínez Herranz.

Se va a dedicar a la narrativa, supongo...

Por supuesto. Pero la escritura no es algo unilateral. Pide respuesta del público. A mí lo que me gusta es contar historias. A mí siempre me ha preocupado el tema: "¿Para qué sirven las historia, por qué los humanos necesitamos que nos cuenten historias, por qué es una especie de hambre o sed nunca saciada?" Cuantas más historias te cuentan, más quieres que te sigan contando.

¿Cuál es su respuesta?

Creo que la respuesta es uno de los núcleos de 'Nudo de sangre' (Premio Primavera, 2008). Yo creo en las historias tramadas. Nosotros vivimos en un mundo físico que compartimos con las otras especies, y en un mundo virtual, un mundo simbólico al que solo tenemos acceso nosotros, y está hecho gracias a que por las historias tenemos capacidad a plantear alternativas a lo que nos viene dado. Yo creo que la capacidad de evolución y la libertad de elegir varias opciones se debe a la capacidad de imaginar lo que no existe y que bien podría existir. Creo que la necesidad de tener historias es ordenar esta realidad en bruto mediante una retícula o una trama, y luego el poder plantear alternativas a las vidas que vivimos.

¿Ese es el tema de la aventura de 'Nudo de sangre'?

Son las dos cuestiones básicas. Me parece muy notable que existiese una sociedad así, con su proceso de simbolización. Además se dio la revolución de las cuerdas, que no se considera tan importante como las pinturas rupestres, el fuego, la rueda. Y lo es. De ahí procede todo el sistema de tramas. De repente hay una civilización importantísima que puede hacer lo que nosotros hacemos con la escritura con las cuerdas. Y en el fondo ese tipo de tramas es lo que estamos haciendo en Internet.

Ha publicado dos novelas de largo aliento: 'La llave maestra' (Suma de Letras) y la la citada 'Nudo de sangre' (Espasa Calpe) y ha valorado mucho el encuentro con los lectores. ¿Por qué?

Con 'La llave maestra', traducida a doce lenguas, me salió una obra demasiado ambiciosa sobre los sueños, la criptografía, el origen del universo y de la conciencia, etc. El encuentro con los lectores fue, y es, una experiencia interesantísima. Con 'Nudo de sangre', un día estabas en Málaga, otro Gijón, al siguiente en Castellón, Vigo o en Bilbao. Pedí que me llevasen al Club de Lectura de La Almunia. Es un grupo fantástico. Ahí me ocurrió una cosa preciosa. Durante la presentación, entraron diez o doce indios del altiplano del Perú, y se sentaron al fondo de la sala. Me empezó a dar un poco de apuro. Al final desaparecieron, habría querido hablar con ellos. La concejala me dijo con misterio: "Vamos a tomarnos algo aquí a la Casa de la Cultura". Entro y estaba toda la colonia de peruanos de La Almunia, y seis estaban vestidos con el traje típico e iban a tocar la 'Danza de las tijeras' a modo de homenaje. Yo pensé que se dedicaban a la recogida de frutas; en La Almunia qué vas a pensar. Pregunté. Y yo, que había hablado tanto de tramas, de tender redes, de cuerdas y todo eso y de sus antepasados incas, descubrí que se dedicaban al tendido digital telefónico… Increíble, ¿no?

Hablemos de su próxima novela.

'Esclava de nadie' saldrá a finales de febrero. Es una historia del tiempo de Felipe II, entre 1545 y 1578, la etapa de las guerra de las Alpujarras contra los moriscos, y narra la historia de un personaje hermafrodita. Le ocurre algo extraordinario: se casa como mujer, tiene un hijo, y luego se casa como hombre, y está tres años de soldado en las Alpujarras, y es cirujano. Es una novela sobre el sexo, sobre la naturaleza profunda del sexo.

 

Hernández, Serrat, el hijo de la luz y la sombra

Agustín Sánchez Vidal es uno de los grandes especialistas de la obra de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Miguel Hernández, de quien en 2010 se celebra el centenario de su nacimiento. A los tres los ha editado. ¿Qué, y cómo, debemos celebrar en un centenario de un escritor o de un intelectual? Dice: "Aquello que el protagonista tiene de específico e irrepetible, aquello que o se busca en él o no se encontrará en otros. Esas deberían ser sus bases, los cimientos, lo permanente. Y, a partir de ahí, establecer los elementos de actualización. Cada generación debería hacer sus lecturas y revisiones de lo consagrado por otras, ver en qué medida se han producido mermas patrimoniales o han dejado de interesar determinados aspectos, mientras que otros resultan vigentes o pueden cobrar una perspectiva renovada y pasar a primer plano desde las actuales coordenadas". En el caso de Miguel Hernández, "siguen muy vigentes su preocupación por el hambre, la explotación infantil que se ha agravado más que lo que él denunciaba con 'El niño yuntero', y otros asuntos como el compromiso político: él fue comunista pero no fue un estalinista como Alberti o Neruda, y estuvo en las trincheras. La vinculación más clara de Miguel Hernández con Aragón es que abandonó la batalla de Teruel para ir a ver a su primer hijo, el que se murió. Creo recordar que llevaba en un paquete los primeros ejemplares de 'Viento del pueblo". El proyecto que más le ilusiona a Agustín es el álbum de Serrat 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que ha colaborado mucho e incluso ha dirigido un corto sobre el poema 'Las abarcas desiertas', igual que han hecho cineastas como David Trueba, Garci, Coixet...

 

10/04/2017 11:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: S. PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

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Este perfil de Salvador Pániker realizado con motivo de su fallecimiento apareció en la edición en papel de La Vanguardia el día 2 de abril, y ha sido reelaborado y ampliado para el blog de Antón Castro.

  

SALVADOR PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

 

Sergio VILA-SANJUÁN*

 

 

Barcelona no será la misma sin Salvador Pániker, fallecido la noche del 31 de marzo “tranquilo, en su casa y sin sufrimiento”, según informó su hijo Agustín .

El filósofo del encuentro entre Oriente y Occidente, el gran entrevistador de los años sesenta, el activista por el derecho a una muerte digna, el cerebro de editorial Kairós, fue también un personaje mundano, seductor y coqueto, amante de las conversaciones inteligentes, de las reuniones sofisticadas y el contacto con el saber y el poder. Hombre de muchas facetas, una de ellas ha sido elevar el nivel de la discusión intelectual española ayudándole a incorporar la complejidad ideológica del mundo posterior al mayo del 68, y su pluralismo espiritual.

Nacido en 1927, su padre era un industrial indio que se había instalado en España en 1916, y su madre pertenecía a la burguesía catalana. En su educación pesó el cristianismo progresista materno y la influencia del hermano mayor, Raimundo, uno de los primeros intelectuales del Opus Dei. Pániker pertenecía a la brillante generación de los cincuenta, la de Barral y Gil de Biedma, a los que ha sobrevivido casi treinta años. También la de los cineastas Jaime Camino y Pere Portabella, o el filósofo Manuel Sacristán.

 

Entrevistador y editor de la contracultura

 

Su formación tuvo un carácter muy plural y pronto se hizo camino en el mundo de los negocios, asegurándose una posición acomodada. Casado con la futura escritora y dibujante Nuria Pompeia, con quien tuvo cinco hijos, en 1965 funda editorial Kairós, desde la que lanzó en España los principales textos de la contracultura estadounidense (Theodore Roszack, Alan Watts, Abraham Maslow), y posteriormente a los teóricos de la escuela de Palo Alto, del pensamiento transpersonal, del mindfulness…

En 1966, en la contraportada de su primer libro importante, Conversaciones en Cataluña, Pániker se definía con las siguientes palabras: “Licenciado en filosofía, ingeniero industrial, promotor de empresas, músico y escritor; mide un metro sesenta y ocho, pesa 75 kilos y tiene la presión sanguínea baja” (una reconocida hipocondría le acompañó siempre). “Salud, trabajo intelectual, mundo afectivo: todo eso en un saco revuelto, motivos permanentes de mi vida”, escribiría en sus diarios de la época.

Conversaciones en Cataluña recogía 25 entrevistas con personajes como Josep Pla, Salvador Espriu, Adolfo Marsillach, Pedro Duran Farrell o el alcalde Porcioles: figuras del franquismo, figuras con futuro y figuras de la contestación más o menos tolerada del momento. Fue un best seller, “le livre dont on parle le plus a Barcelone”, según Le Figaro. Le siguió, intensificando el tono político, Conversaciones en Madrid (1969), por el que desfilaban ministros como Fraga o López Rodó y opositores como Tamames o Tierno Galván; también escritores como Cela o Buero Vallejo. Ambos, libros indispensables para entender la fase final del franquismo.

 

Aproximación al origen”, obra clave

 

Convertido en una estrella del mundo cultural y social, Pániker colaboró regularmente en La Vanguardia (de la que recibió el premio de periodismo Godó Lallana) y se integró en la escena de la entonces boyante gauche divine. Ello no le impide consagrarse a sistematizar una visión del mundo en la que se integran sus inquietudes e influencias. En 1982 publica su ensayo clave, Aproximación al origen, donde se propone romper con la supuesta antagonía entre la espiritualidad oriental y el mundo desarrollado y técnico de Occidente. Para Pániker no hay conflicto: uno puede aprovechar las aportaciones del taoísmo, el budismo o el zen, y al mismo tiempo servirse de los puntos de vista de la entonces naciente informática, la cibernética o la teoría de los sistemas. Y como telón de fondo, la atención permanente a los teóricos contraculturales y a su evolución.

Claves del pensamiento panikeriano: asumir la complejidad, apuntar simultáneamente al origen y hacia el futuro, ser más primitivos y también más refinados. Desconfiar de las ideologías y de los dogmas, de la división izquierdas/derechas; buscar en lo supuestamente sencillo el mayor grado de elaboración; sumergirnos en lo interdisciplinario y pensar la diferencia. Las tesis de este volumen las completaría en sus Ensayos retroprogresivos, donde abunda en conceptos como el paradigma ecológico y también el holográfico: cada individuo es la totalidad de las cosas, cada parte contiene el todo.

Coqueteó con la política y fue diputado en la lista de UCD en 1977, hasta que renunció para ceder su escaño al diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia. Comprometido con la lucha por la eutanasia, presidió la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

 

Los diarios y el reencuentro con Raimon

 

Tras publicar dos volúmenes de memorias (Primer testamento y Segunda memoria), en la última etapa de su vida Salvador Pániker se lanza con espíritu juvenil a una singular aventura creativa. Ya cumplidos los setenta comienza a publicar unos dietarios reelaborados, en los que combina reflexión íntima, vida social, retratos de sus amigos, historias sentimentales (se había separado tiempo atrás de Nuria Pompeia) y, por supuesto, una sucesión de pensamientos en la clave “retroprogresiva”. A Cuaderno amarillo, y Variaciones 96 sigue Diario de otoño, mucho más grave y marcado por la enfermedad y muerte de su hija Mónica. En 2015 publicó Diario de un anciano averiado, y hace algunos meses me confesó que estaba acabando una nueva entrega. Estos libros de su última etapa le aseguran por sí solos un lugar de honor en la literatura española contemporánea.

Le traté con cierta regularidad, lo entrevisté con motivo de sus libros y se prestó amablemente a presentar uno mío. A fines de los años 90 pensé que sería buena idea propiciar una reunión de Salvador con su hermano Raimundo, que en su madurez había dejado el Opus para desarrollar una brillante carrera, como teólogo del encuentro entre hinduísmo y cristianismo, en las universidades americanas. También se había catalanizado el nombre e indianizado el apellido. Las relaciones entre ellos no eran buenas y llevaban varios años sin verse.

Me costó varios meses de complicadas gestiones, pero finalmente ambos accedieron a encontrarse y protagonizar un debate sobre sus respectivas ideas. Tenía que ser en algún lugar a medio camino entre sus domicilios, ya que ninguno quería desplazarse al del otro. Y así acabamos quedando en un no-lugar, un funcional hotel de cadena en Vic, relativamente equidistante entre el chalet de Salvador en el barrio barcelonés de Pedralbes y el nido de águilas de su hermano Raimon Panikkar en Tavertet. El hermano mayor apareció con su habitual túnica de santón oriental y el más joven, con una de las bufandas con que atemperaba sus reiteradas afonías.

¿De qué hablaron? De la conciliación entre Oriente y Occidente, a través de una perspectiva que no fuera monocultural; de la crisis del capitalismo, evidente y definitiva para Raimon, matizable y hasta superable para Salvador; de los valores universales y de los que no pueden serlo; de las Iglesias -Raimon seguía siendo sacerdote, aunque sin duda muy a su manera, entre otras cosas porque se había casado-; Salvador abogaba por una "religión a la carta"… Intentaron honestamente, creo, entenderse aquella mañana y también se lanzaron más de una pulla: Salvador reprochó a Raimon su "postura demagógica" en la denuncia de la ciencia, y Raimon a Salvador su "fe supersticiosa" en ella… Hubo una conclusión: "Raimundo y yo somos homo religiosus,cada cual a su manera" (Salvador dixit).

El encuentro transcurrió con fluidez y aparente cariño; el extracto de la conversación, ilustrado con magníficas fotos de Pedro Madueño, apareció en el suplemento Libros de La Vanguardia del 28 de abril del 2000. Tras transcribirla me reafirmé en que, como ocurre con los Mann o los Machado, el pensamiento de los Pániker es en cierta forma complementario, y desde luego más comprensible cuando se aborda en clave de familia.

 

Un señor de Barcelona

 

Salvador fue también un “señor de Barcelona”. Este concepto lo acuñó Josep Pla a propósito del industrial Rafael Puget y sirvió para definir una tipología de caballeros burgueses de antes de la guerra, arraigados a la ciudad, con historia y con eso que se suele llamar “clase”. Salvador Pániker y algunos otros miembros de esa generación de la que ha sido un gran superviviente, le dieron una nueva formulación. Pániker supo conectarla con las grandes corrientes intelectuales de su época, le añadió ciudadanía del mundo, trascendencia espiritual y sensualismo; incrementó notablemente su sentido del humor y, un poquito, su coquetería.

Con todo esto Pániker ha sido un gran señor de la Barcelona renovada y postmoderna, en la era anterior y posterior a los Juegos Olímpicos; alguien que ha sabido utilizar a fondo su capacidad económica en favor de la cultura y elevar, con mucha elegancia, el tono ciudadano. Barcelona, lo decía al principio, no será la misma sin el filósofo de Pedralbes.

Salvador, ha sido un privilegio conocerte, leerte, reír contigo y reflexionar sobre tus ideas, a veces tan provocativas, siempre iluminadoras. Que el gran Cosmos te sea leve.

 

*Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Teórico del periodismo cultural y director de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, acaba de publicar ’El informe Casabona’ en Destino, un gran homenaje a la cultura, al periodismo, a la Barcelona desde la Guerra Civil a nuestros días y a esos mecenas entusiastas, de perfil complejo.

 

04/04/2017 13:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

F. M. LÓPEZ SERRANO: UN DIÁLOGO

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[Esta tarde, en la librería Cálamo, a las 19.30, Francisco Miguel López Serrano (Épila, 1960) presenta su nueva novela: 'Diario de un asesino melancólico' (Ediciones del Viento), que fue galardonada con el Premio Salamanca de novela. Conversará con Eduardo Riestra y Antón Castro]

 

¿‘Diario de un asesino melancólico’ (Ediciones del Viento) nace de una decepción, de una reflexión, o sencillamente se te ha impuesto como un tema literario? 

Es la reflexión sobre un hecho decepcionante: la imposibilidad de comunicarse en el ámbito de la pareja y la falta de competencia en el terreno emocional de toda una generación de discapacitados emocionales nacidos sub Franco en la que me incluyo. También pone de relieve otra terrible discapacidad de algunos individuos entre los que, por suerte, cada vez me incluyo menos: la incapacidad para decir “no”.

¿Es una indagación en el mundo de la pareja o del matrimonio, vistos como una guerra civil, o no hay que leerlo con esa literalidad?

Como trato de señalar en la novela, el guerracivilismo constituye el ethos de nuestro país. Las microguerras civiles están presentes en todos los ámbitos de la sociedad española, desde las tertulias televisivas, a las guarderías y, desde luego, en el ámbito doméstico.

 ¿Por qué has elegido la forma de diario para contar el deseo de un hombre de matar a su esposa, antes de ser asesinado por ella, como sospecha?

El diario es como un agujero negro capaz de tragarse la vida entera. En él tienen cabida todos los géneros, desde la reflexión filosófica a los pasajes narrativos, del aforismo al epigrama. En este caso concreto quería además que la historia se contara desde la subjetividad de un narrador en primera persona por razones que no puedo revelar aquí sin poner en peligro el desenlace.

 ¿Qué les diría a los que pueden ver en el libro una broma pesada vinculada a la violencia de género?

En la novela no se habla de la violencia de género sino de la soledad del género humano.

 ¿Qué es para ti el humor negro y cuál es su importancia en tu literatura?

El humor negro y la ironía son una especie de anestésico para soportar el impacto de la realidad. Sin el humor y la ironía la existencia sería algo bastante parecido a una operación en vivo.

 ¿Por qué has elegido a un escritor como protagonista y das unas cuantas pistas que nos invitan a pensar que podrías ser tú? ¿La sátira, en realidad, empezaría por uno mismo?

Me interesaba un escritor que mantuviera una relación problemática con el mundo y con su propia obra en el más amplio sentido, y que a la vez fuera profesor de escritura creativa a distancia, porque de ese modo podía insertar en la narración otras voces y otros textos y establecer algún que otro contrapunto humorístico. Todas las pistas que un autor da en su obra sobre sí mismo suelen ser falsas, pero a menudo es a través de esas pistas falsas (y esta paradoja la expresó muy bien Pessoa) como mejor se le identifica. Creo que casi todos los hombres (casados o no) podrán reconocerse en algunos rasgos del narrador de la novela e identificar como propias más de una situación o anécdota.

¿Cuándo y por qué dejan de quererse las parejas? ¿Por qué se comportan como si fueran extraños que duermen juntos y se masturban en silencio?

Creo que las parejas dejan de quererse cuando ya no son capaces de verse el uno al otro de una forma extrañada, es decir, cuando se convierten en parte del paisaje domésticoEn ese momento cada uno de sus miembros desaparece para el otro.

Da la impresión de que la trama es un divertimento más o menos sombrío o escacharrante, pero que has querido ir más allá. ¿A dónde o hasta dónde? ¿Has querido hablar del desamparo más absoluto del ser humano, por ejemplo?

Creo que ya lo anticipé más arriba, la novela trata de la soledad, del desamparo y del conflicto del ser humano con ese monstruo que él mismo construye y que llamamos realidad.

¿Por qué la imaginación es tan activa y creativa desarrollando ideas para matar y tan poco fértil para entenderse o decirse las cosas a la cara?

En el terreno de la geopolítica la respuesta resulta obvia. En el de la pareja, resulta un misterio. En el de la narrativa de misterio, resulta inevitable.

¿Cómo has logrado sostener la intriga, qué recursos has empleado?

Como en toda novela de misterio que en principio juega a no serlo, el autor va dando alguna pista aquí y allá, en el pasado del narrador o en algunas anécdotas concretas que al lector, avezado a resolver novelas de misterio que aparentemente no lo son, no le pasarán por alto.

 ¿Tenías algunos libros concretos en la cabeza?

Volví a ver una película bastante convencional, aunque con cierta gracia, La guerra de los Rose (1989) que no me aporto gran cosa. La principal referencia, que además se cita a menudo en la obra como una especie de leitmotiv, es Happy days de Beckett, una de las obras más desoladoras sobre la muerte del amor.

¿Quiénes son los autores de referencia a los que acudes?

En los últimos tiempos leo y releo con frecuencia y placer a algunos escritores americanos de los llamados posmodernistas, como Don Delillo y Thomas Pynchon. Creo que en nuestro país no existe nada parecido a la obra de estos autores.

¿En qué momento literario estás: eres poeta, traductor, cuentista, narrador?

En este momento estoy dedicando parte de mis energías a terminar una novela que cerrará una trilogía no planeada que se inició con Retrato del asesino en prácticas y cuya segunda entrega es la novela de la aquí hablamos.

 ¿Tienes la sensación de que la literatura importa cada vez menos?

Creo que en nuestro país la literatura, desde siempre, solo nos ha interesado a unos cuantos individuos de esos a los que ahora llaman frikis.

 

31/03/2017 13:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LANDERO, PROTAGONIZA 'TURIA'

SUMARIO, COMENTADO, DEL NUEVO NÚMERO DE TURIA

12 AUTORES DE DISTINTOS PAÍSES RINDEN

HOMENAJE A LUIS LANDERO EN EL MONOGRÁFICO CENTRAL

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE ANDRÉS TRAPIELLO, GONZALO HIDALGO BAYAL, MANUEL LONGARES, LUCIANO CANFORA

Y MANUEL ANTONIO PINA

 

ÁLVARO VALVERDE PRESENTA HOY “TURIA” EN EL

MEIAC DE BADAJOZ

 

 

El escritor Luis Landero es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Un total de 12 autores de distintos países participan en un atractivo monográfico que permitirá a los lectores conocer más y mejor las claves de su obra y su personalidad. Se trata de una aproximación plural, interesante y completa al autor que nos fascinó con novelas como “Juegos de la edad tardía” y que continúa haciéndolo con su reciente “La vida negociable”.

 

El nuevo número de TURIA en homenaje a Luis Landero será presentado hoy en Badajoz por el poeta Álvaro Valverde. El acto, que contará con la presencia del propio Landero, tendrá lugar a las 20 horas y en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). 

 

A través de un sumario de 500 páginas, TURIA no sólo analiza y fomenta la lectura de la obra de Luis Landero, también realiza una plural aproximación a la literatura extremeña actual a través de textos inéditos (relatos, poemas, aforismos, artículos, ensayos y críticas de libros) de un total de 25 autores.

 

Internarse en la obra de Luis Landero –reconoce Elvire Gomez-Vidal, hispanista francesa que ha coordinado el monográfico de TURIA- es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podría llamar un ‘estilo’ inimitable, dotado de una agradable fluidez pero también de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible.  Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa española actual”.

 

Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra época y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. “Landero –según asegura la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no había captado en un primer momento”.

 

UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTERÉS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Luis Landero, el nuevo número de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de interés.  Así,  las páginas de la revista se enriquecen con textos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan el escritor mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, el portugués Manuel Antonio Pina o el italiano Luciano Canfora. 

 

Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Javier Cercas, Lorrie Moore o Iñaki Uriarte, sobre cuya obra se publican artículos originales.

 

También da a conocer textos narrativos inéditos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes y Patricia Esteban Erlés. Tres autores que, por su calidad, figuran entre los más valorados dentro de las letras españolas de nuestros días. 

 

TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas inéditos de Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Álvaro Valverde, Ana Rossetti, Jordi Doce y Basilio Sánchez. 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes: Rosa Montero y Gonzalo Hidalgo Bayal.  Ambos conversan con Fernando del Val  acerca de un amplio repertorio de temas de interés. Así, con la periodista y escritora hablamos sobre el sexo y la muerte, la novela y la madurez. Igualmente analizamos el presente y el futuro de los medios de comunicación, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia. Por lo que se refiere a la entrevista con el profesor y autor de “Nemo”, repasamos sus devociones literarias: Kafka, Faulkner, Juan Ramón Jiménez o Rafael Sánchez Ferlosio. Se habla también de Buñuel y de la tristísima realidad que mostró en “Las Hurdes, tierra sin pan”, de la situación de la enseñanza o de la atracción que siente hacia las ruinas.

 

Este nuevo número de TURIA ha sido ilustrado por el poeta visual Antonio Gómez. 

LUIS LANDERO, ENTRE CERVANTES Y KAFKA

Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948)  es uno de los escritores más reconocidos y leídos tanto en España como en otros países. De ahí que, en el monográfico que TURIA le dedica, se publiquen textos originales sobre su obra de las más diversas procedencias.  Ha sido coordinado por Elvire Gomez-Vidal, profesora emérita de Universidad de Burdeos y reconocida experta en Landero. También participan con artículos inéditos: Luis Beltrán Almería (Universidad de Zaragoza), Raúl Nieto de la Torre, Fernando Valls (Universidad de Barcelona), Irina Enache (Universidad de la Sorbona-París IV), Analía Vélez de la Villa (Universidad Católica Argentina), Alfonso Ruiz de Aguirre, Epicteto Díaz Navarro (Universidad Complutense), Natalie Noyaret (Universidad de Caen), Antonio Rivas (Fairleigh Dickinson University, USA) y Gonzalo Hidalgo Bayal.

Además,  TURIA  publica  un  ensayo  inédito  de  Luis  Landero:  “Devaneos  de  lector” y una xtensa y reveladora entrevista realizada por la periodista cultural Emma Rodríguez. En ella, Landero nos dirá que “la cultura ha pasado a ser un suburbio del entretenimiento”. Y también que “no hay nada peor que la complacencia para un escritor”.  Cierra el monográfico una exhaustiva biocronología.

En TURIA nos gusta Luis Landero porque, como ha escrito Elvire Gomez-Vidal,  “sin grandilocuencia alguna, con extremada humildad, el autor deja asentada la figura del escritor en tanto conciencia ética, en tanto guardián de  un patrimonio literario, de una cultura popular  que corren a la par con valores esenciales para la humanidad y su supervivencia: una simbiosis entre la ética, la estética y el juego”. 

Para Fernando Valls, “si la primera letra del alfabeto literario de Luis Landero es la C de Cervantes, la segunda quizá sea la K de Franz Kafka”. No en vano, y según ha afirmado el propio Landero, “Kafka es el escritor del siglo XX para mí más querido”.

Por otro lado, y según Luis Beltrán Almería, más allá de la tendencia de Landero al autobiografismo, a elementos de educación, al cervantismo, hay que subrayar que es un “autor de novelas biográficas, de novelas de educación o de novelas humorísticas”.

 Entre los artículos inéditos que TURIA publica sobre Landero, sobresale el texto del también escritor extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal: “El héroe y sus heterónimos”. En él reconoce que no hay mejor guía de lectura que “aventurarse en los escritos de Landero con la avidez y la inocencia del lector afín”. No obstante, para Hidalgo Bayal “la obra de Landero es, sin duda, más ambiciosa, pero es también la memoria literaria de la difícil aclimatación del siglo XIX rural en el siglo XX urbano, del ensamblaje de esos dos mundos en vías de desaparición, si es que ‘en vías’ no es una locución en exceso optimista y estamos en realidad a estas alturas ante el emotivo testimonio de dos mundos extintos”.

 Lograr que literatura y vida se confundan, que lleguen a ser la misma cosa, que puedan ser  afrontadas con el mismo sentimiento de realidad y de plenitud es el afán que Luis Landero persigue con su obra”, asegura la profesora argentina Analía Vélez de Villa.

 Por su parte, Raúl Nieto de la Torre opina que “no se puede entender la obra de Landero sin la conflictiva y todopoderosa figura del padre, motor inmóvil que, desde un más allá impreciso, influye decisivamente en la vida del hijo”. Y también da cuenta de otra clave que descubrimos al leer cualquier libro de Landero: “hay una verdadera vocación, de corte cervantino, por integrar la literatura oral en la textura de la literatura escrita”.

Alfonso Ruiz de Aguirre concluye su artículo en TURIA afirmando que “la representación de la sexualidad sirve a Landero para proyectar sobre el mundo una mirada traviesa y aguda”.

Según Epicteto Díaz Navarro, Landero sería un escritor que innova la tradición y en cuya trayectoria debe subrayarse cómo sus narraciones muestran “con una rara originalidad el poder transformador de la palabra, una intensa imagen del hombre como individuo libre y una sutil ironía que no deja al margen la autocrítica”.

  

 JAVIER CERCAS, LORRIE MOORE E IÑAKI URIARTE

 

El  sumario  de  TURIA  se  abre,  en  esta  ocasión,  con  un  sugerente  artículo  de Domingo Ródenas de Moya sobre la trayectoria literaria de Javier Cercas. En él se subraya la condición esencialmente autobiográfica de su obra: “desde “El móvil” (1987) hasta “El monarca de las sombras” (2017) los reflejos de su propia biografía son permanentes y crecientes aunque siempre enmascarados con artificios diversos, y no es el menor el de fingir que el narrador de sus libros, a veces con su propio nombre, es él mismo”. 

 

Además, según Ródenas de Moya, la preocupación constante de Javier Cercas “por el modo en que se construyen y carburan los artefactos literarios hace de él un escritor ajeno a la espontaneidad y a salvo de la ingenuidad, lo que no significa que sea cerebral ni intelectual ni, aún menos, gélido”.

Mención destacada en el sumario de la revista merece un sugerente artículo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, uno de los nombres propios más relevantes de la narrativa de nuestros días. Bajo el título de “Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia”, el profesor de la Universidad de Oviedo Javier García Rodríguez analiza la obra de una escritora que es un buen ejemplo de la “calidad y variedad de la cuentística norteamericana contemporánea”.

 La sección que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un artículo sobre uno de los diaristas españoles actuales más valorados por la crítica y los lectores: “La quinta rueda del carro. Los diarios de Iñaki Uriarte”, de Manuel Arranz. 

ANDRÉS TRAPIELLO, MANUEL LONGARES, CARLOS DÍAZ DUFÓO, MANUEL ANTONIO PINA, LUCIANO CANFORA Y RAMÓN CARANDE

 

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresalen los 25 epigramas del mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, todo un célebre raro de las letras latinoamericanas. Y es que este escritor de vida breve (nació en Ciudad de México en 1888 y se suicidó en la misma urbe cuando contaba con 44 años) se ha convertido en referente de sucesivas generaciones de lectores y escritores como autor de unos magistrales “Epigramas” que, como bien subraya Luis María Marina en su nota introductoria, constituyen “una auténtica ética del fracaso”.

 

Además, TURIA publica textos narrativos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes, Patricia Esteban Erlés y un fragmento de los diarios de José Luis García Martín.

No menos interesantes son los aforismos inéditos de tres de sus más relevantes cultivadores: Manuel Neila, José María Cumbreño y Elías Moro. Sus textos confirman la notable pujanza creativa que goza actualmente el género del aforismo en España. 

En poesía, TURIA publica un breve antología del portugués Manuel António Pina, con traducción de Antonio Sáez Delgado. Y  también se ofrecen versos originales de, entre otros: Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Ana Rosetti, Álvaro Valverde, Jordi Doce, Basilio Sánchez, Javier Lostalé, Jorge Riechmann, Eduardo Moga e Inma Chacón. 

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura un fragmento de la  nueva obra del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: “Libro y libertad”, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder. 

No menos recomendable es el homenaje que, bajo el título de “Ramón Carande, un humanista singular”, rinde Manuel Pecellín a esta gran personalidad de la cultura y la economía españolas del siglo XX.

 

ENTREVISTAS A ROSA MONTERO Y GONZALO HIDALGO BAYAL

 

Rosa Montero  y Gonzalo Hidalgo Bayal forman, sin duda, una extraña pareja por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso vínculo: son dos de los más relevantes escritores españoles de nuestros días. De ahí que la revista TURIA no haya dudado en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.

 En la amplia conversación con Rosa Montero (Madrid, 1951) que publica TURIA  descubriremos a una autora que está “harta de ser periodista” y que reconoce que “en periodismo hablas de lo que sabes y en ficción de lo que no sabes que sabes”. Confiesa Rosa Montero que, para ella, “escribir es un camino zen” y que “la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sueños”. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura más mestiza: “la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantasía y divulgación”. Además, “de la unión de lo fantástico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que él hizo repercutió en todos”. 

Para  la  autora  de  títulos  como  “La  ridícula  idea  de no volver a verte” o “La carne”, “la gente carga el amor de cosas que no son. Lo hemos trascendentalizado”. Y respecto al sexo nos dirá: “no me cabe la menor duda de que el sexo es una vía de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra –una conversación profunda, por caso-. No a la primera, pero sí una forma rápida y efectiva de conocer una parte muy íntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser”.

 De Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, Cáceres, 1950), se ha dicho que es uno de los “Bartlebys” de nuestra narrativa, de esos escritores escondidos centrados en su obra y alejados del espectáculo mediático. Quien durante años diera clases en un instituto de secundaria, duda que la enseñanza pueda crear lectores literarios: “El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede enseñar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser autónomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comunión: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse”. 

Preguntado por aquellos primeros deslumbramientos que tuvo como lector y escritor no duda en reconocerse juanramoniano y ferlosiano, y que “Faulkner me hizo pasar de los endecasílabos a la prosa”. Asegura también que Kafka te puede afectar personalmente y que “si no hay nada que aportar, mejor callarse”.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, RAMÓN J. SENDER Y JOSÉ RAMÓN ARANA

Respecto a sus dos secciones dedicadas a  los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA  publica un artículo sobre la presencia de Teruel en la narrativa de Vicente Blasco Ibáñez, el gran escritor valenciano universal del que se celebra este año el 150 aniversario de su nacimiento. Su autor, Francisco Lázaro Polo, nos recuerda los vínculos familiares de Blasco Ibáñez con Aragón y con Teruel (su padre era originario de Aguilar de Alfambra y su madre de Calatayud) y cómo la presencia de personajes procedentes de tierras turolenses tiene un notable protagonismo en sus novelas de tema regional valenciano como “Arroz y tartana”, “Cañas y barro” y en algunos de sus “Cuentos valencianos”. Se certificarían así literariamente los vínculos históricos entre las gentes de Teruel y las tierras valencianas, siempre vistas por los habitantes del sur de Aragón como lugar de promisión y de futuro.

 

 

Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Ramón J. Sender y José Ramón Arana, ocupan también las páginas de TURIA. En este caso, y a través de un artículo de Olga Pueyo Dolader, se indaga acerca del papel de la Iglesia en la guerra civil española  mediante el análisis de dos célebres novelas publicadas originalmente en el exilio: “Réquiem por un campesino español” (titulada inicialmente “Mosén Millán”) de Sender y “El cura de Almuniaced” de José Ramón Arana. Resulta interesante comprobar cómo, desde el posicionamiento republicano y anticlerical de ambos autores, se perfila la labor de la Iglesia en el Aragón rural a través de dos curas de aldea: mosén Millán y mosén Jacinto. Sin duda, sus posicionamientos divergentes marcan su perfil humano ante el conflicto fraticida.

 

Asimismo, TURIA contiene  la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

*El texto pertenece a comunicación de 'Turia' y a su director Raúl Carlos Maícas. La foto de Luis Landero la tomo de aquí:

http://www.huffingtonpost.es/2017/02/10/entrevista-luis-landero_n_14675196.html

 

28/03/2017 09:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CICLO DE 'ENCUENTROS EN EL MUSEO'

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El Museo de Ciencias Naturales estrena una nueva actividad de divulgación que se celebrará el último miércoles de cada mes en el Paraninfo

El escritor zaragozano Eduardo Viñuales inaugura “Encuentros en el Museo” el próximo 29 de Marzo con una charla sobre cómo ser naturalista en Aragón

La sesión, con entrada libre, tendrá lugar a las 19h en la sala Joaquín Costa

(Zaragoza, viernes, 24 de marzo de 2017).  El Museo de Ciencias Naturales y el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza estrenan el próximo 29 de Marzo una nueva actividad de divulgación “Encuentros en el Museo”, que se va a desarrollar en el Paraninfo universitario.
 
El escritor Eduardo Viñuales inaugurará este ciclo con la charla “La suerte de ser naturalista en Aragón”, que se celebrará en la sala Joaquín Costa a partir de las 19 horas con entrada libre. Se trata de un ciclo de divulgación abierto a todos los públicos que pretende acercar las Ciencias Naturales a todos los interesados, independientemente de sus conocimientos y su edad. En los próximos meses se podrá disfrutar de charlas con temas tan variados como las abejas, la extinción de los dinosaurios o la problemática de los incendios forestales.
 
“Para esta primera charla se ha elegido a un gran conocedor de la naturaleza aragonesa como es Eduardo Viñuales. A través de sus magníficas fotos nos mostrará el mundo que puede ver cualquier persona cuando pasea por nuestra tierra, simplemente bajándose del coche y paseándose por sus montañas y ríos. Disfrutaremos con el viaje que nos va a plantear en su charla y de paso aprenderemos un poco”, destaca José Ignacio Canudo, paleontólogo y director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza.
 
Eduardo Viñuales es escritor naturalista de Zaragoza es un “todo terreno” lleva casi 30 años demostrando en sus reportajes periodísticos una exposición de gran rigor en la información especializada, haciéndolo casi siempre sin necesidad de utilizar términos científicas que no puedan ser comprendidos claramente por los lectores, el público en general. Además, sus libros y artículos sobre conservación de la biodiversidad, espacios naturales, rutas naturalistas, historia de la Tierra, etnobotánica, fauna y fauna, desarrollo sostenible y un largo etcétera medioambiental, casi siempre van acompañados de excelentes fotografías e imágenes propias que Eduardo ha obtenido pacientemente en el campo, en el monte, y que dejan constancia de que los temas abordados han sido trabajados in situ, con mucha observación, pacie! ncia, dedicación y buen hacer. 
 
Es muy destacable su compromiso incansable en amplios temas de la conservación y la divulgación científica del medio natural, pero muy notablemente en temas referidos a la biodiversidad y la pérdida de especies animales y vegetales que conviven con nosotros, como pueden el quebrantahuesos, el oso pardo, invertebrados o plantas en peligro de extinción, etc.
*Nota de prensa de la Universidad de Zaragoza. La foto: Eduardo Viñuales. 
25/03/2017 20:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PACO CAMARASA Y SUS AUTORES

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"LA NOVELA NEGRA ES UNA ATMÓSFERA"
-Un diálogo con Paco Camarasa-.
Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).
Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco: «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».
De Dupin y Holmes a Carvalho
Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».
En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».
Para Camarasa , poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».
Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».
Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.
Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.
Autores que vienen y van
Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.
Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».
Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo. 

25/03/2017 20:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA ESCRITURA DE MARTINEZ DE PISÓN

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EL NARRADOR INVISIBLE

DE LA CLASE MEDIA*

 


 

Antón CASTRO

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) dijo en una ocasión, tras ganar el Premio de las Letras Aragonesas en 2011, que escribía “desde el fondo de un rincón sombrío del corazón”. La frase en él es casi insólita: es un narrador natural, diáfano, de la estirpe de Clarín, Galdós, Pardo Bazán o su amado Pío Baroja, y huye de las frases poéticas, complejas o afectadas como de la peste. Martínez de Pisón es un tipo de afectos y de rutinas: sus grandes amigos son los de la universidad (como el bibliófilo José Luis Melero y el gongorista Antonio Pérez Lasheras, dos de sus primeros lectores, o el cinéfilo Luis Alegre) y la primera juventud, a lo que va añadiendo siempre a alguien porque es un embajador constante de la amistad, como lo era su llorado amigo Félix Romeo; es fiel a la ciudad que dejó con poco más de 20 años, Zaragoza, pero a la que siempre vuelve, a la lectura de esquelas (que suele comentar con el escritor Miguel Mena) y al Real Zaragoza, incluso ahora, en Segunda División y lejos de sus días de gloria; Ignacio Martínez de Pisón, casado con la profesora María José Belló, es yerno de Luis Belló, futbolista finísimo del club aragonés en los años 50 y entrenador del Real Zaragoza que consiguió en menos de dos meses, en 1964, la Copa de Feria y la Copa del Generalísimo.

Pisón se marchó a Barcelona a principios de los 80, donde se hizo escritor con sus hábitos insobornables: tres horas de escritura al día, la pasión por los periódicos y la lectura, las partidas de billar, un número concreto de flexiones o de minutos de ‘running’, su suave forma de fumar y las citas noctámbulas con los amigos. Eso es innegociable: en Barcelona, en Zaragoza o en Madrid, donde también tiene casa, Pisón se prepara para el sueño charlando, bebiendo, intercambiando confidencias y chistes, contando y oyendo historias, y cantando si se tercia.

Al principio, este licenciado en Filología Italiana intentó sobrevivir con traducciones del italiano de autores como Daniele del Giudice, Guido Morselli o Marco Lodolli, pero siempre tuvo claro su empeño: quería ser escritor profesional. Empezó con buen pie con dos libros que dan la medida inicial de su talento: la novela Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1984), que tenía más de un eco de su infancia y adolescencia a la sombra de su abuelo materno, en cuyo despacho había leído la Enciclopedia Espasa y a Valle-Inclán, y una colección de cuentos: Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1985), que reflejaba la hondura de su percepción y su dominio del género, con ecos de Chejov, Tabucchi o Natalia Ginzburg; luego, a su aprendizaje, se sumarían otros nombres: John Cheever, Tobias Wolff, Vladimir Nabokov o Richard Ford. Pisón ha publicado un total de cuatro libros de cuentos que ha refundido en una antología, un tanto excluyente por decirlo así: Aeropuerto de Funchal (Seix Barral, 2009). Ahí están los cuentos que considera valiosos de su trayectoria.

Desde esos dos libros, Pisón no ha parado: si en sus años universitarios en Zaragoza había firmado crónicas y críticas de cine y se había interesado por la guerra de África y la figura de Ramon José Sender, incitado por José-Carlos Mainer, todo ello retornará con el paso del tiempo: Pisón se convertirá en guionista para Martínez Lázaro, en Carreteras secundarias y Las trece rosas, y para Fernando Trueba, en Chico y Rita. Y en 2000 publicará la novela juvenil, Una guerra africana (SM); esta disciplina la había ensayado en El tesoro de los hermanos Bravo (Alba, 1996), relato de iniciación con ecos de La isla del tesoro y El viaje americano (SM, 1998), sobre los actores españoles en Hollywood.

Ante todo, Ignacio Martínez de Pisón es narrador. Novelista. Contador de historias. Suele decir que halló su voz en Carreteras secundarias (Anagrama, 1996), el libro la historia de un padre, un tanto pícaro y extraviado entre dos mujeres, y un hijo inconformista, que se enamora de una joven negra en la Base Americana de Zaragoza. La familia es el tema más constante de Pisón, la familia de clase media. Él es huérfano desde los nueve años, y la figura del padre siempre cobra una dimensión especial. Por cierto, esa tensión y ese diálogo, a menudo interrumpido, regresan ahora con su nueva novela: Derecho natural.

Otro libro capital, quizá de los más rotundos y complejos, sea su extensa novela: El tiempo de las mujeres (Anagrama, 2003), el último que publicó en un sello en el que había estado, felizmente, durante veinte años. Es una narración familiar, de nuevo, la historia de tres hermanas, muy distintas. A Pisón siempre le había interesado la historia, el proceso de investigación de sus libros. Ahí también es particularmente minucioso. Y cayó en sus manos la peripecia del traductor José Robles Pazos, traductor de John Dos Passos, trotskista y asesinado en 1937 por los esbirros de Stalin. Pisón contactó con su hija y siguió su rastro, y le salió un espectacular libro de ensayo histórico con aroma de novela: Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005). Marca un antes y un después en su trayectoria, y cosechó elogios y premios. Deslumbró a Mario Vargas Llosa. Desde entonces las novelas de Pisón arrancan de un proceso previo de indagación documental, literaria y oral, y eso se percibe en Dientes de leche (Seix Barral, 2008), otra historia de una estirpe vinculada a los fascistas italianos en la guerra civil española; en El día de mañana (2011), quizá su novela más ambiciosa, un friso coral de voces en torno a un delator en la Barcelona de los 60 y 70, y en La buena reputación (Seix Barral, 2014), que aborda la vida de una pareja y su descendencia, de origen judío y vinculada al Protectorado Español en Melilla. Esa novela de novelas recibió el Premio Nacional de Narrativa de 2012; quizá no sea la más redonda de Martínez de Pisón, sí la más voluminosa, pero resume a la perfección su estética: el estilo invisible, la creación de personajes, el equilibrado desarrollo de la acción, la amenidad y la atmósfera realista. Pisón suele decir que su “oficio consiste en saber captar la realidad y saber transformarla en palabras”. Esa querencia es visible también en sus brillantes artículos de opinión de La Vanguardia.

 

*Este artículo apareció en el suplemento ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, que dirige Sergio Vila-Sanjuán el jueves 18 de marzo.

 

**La foto de Pisón es de Elena Blanco. La otra es de Heraldo.

 

25/03/2017 20:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL VIAJERO PEPO PAZ HABLA DE SORIA Y DE LOS CIELOS DE ESPAÑA

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[Pepo Paz es editor de Bartleby y cronista de viajes y fotógrafo. La pasada semana, en Zaragoza, en Cálamo y en el Centro Soriano, presentó dos de sus últimos libros: una ’Guía de Soria’ y un libro sobre ’Los mejores destinos para observar cielos en España’, ambos publicados por Anaya.]

 

-¿Qué hace un editor de poesía metido a viajero y cronista de viajes?

En realidad son dos actividades que se iniciaron y crecieron a la vez desde el verano de 1998: en julio de aquel año fundamos la editorial y fue también durante aquel verano cuando realicé mi primer viaje y colaboración para el desaparecido suplemento Motor & Viajes (que publicaba cada sábado el diario El Mundo). Ellos estaban sacando un coleccionable con rutas por España y recuerdo que me pidieron una escapada por la Sierra de Alcaraz, en Albacete, un destino que yo había visitado tres o cuatro años atrás para hacer una entrevista a una mujer guatemalteca afincada en Letur para mi primer libro Transeúntes (de América Latina). En cierta forma aquel primer viaje estaba señalando el camino que he seguido como viajero durante todos estos años.

-Una persona con esta trayectoria, el editor de Bartleby, ¿tiene una mirada especial sobre lo que ve? ¿Qué buscas en tus viajes, qué te preocupa, qué quieres captar?

Supongo que, en cierta manera, todo está interrelacionado. Sobre todo en aquellos primeros tiempos de colaboraciones en El Mundo, etapa que duró unos 4 años, en la que pude desarrollar mi trabajo de una manera menos condicionada por encargos específicos. Ahí estaban los temas que más me interesaban y, también, empecé a completar el puzle de un gran juego: el que me ha llevado a casi todos los rincones de la geografía española para contar y fotografiar lo que veía; en suma, para incitar al lector al viaje. Pero el viajero no sólo escribe: también fotografía. Quizás ahí es donde más se fundan mis propias obsesiones con las del editor. Una fotografía es siempre una instantánea de un tiempo pasado. En ese sentido me ha preocupado mucho la destrucción del paisaje y de la identidad de las ciudades y pueblos de España: la euforia constructora ha laminado lo que éramos hasta hace muy poco tiempo. Da grima volver a las carreteras y encontrar las afueras de muchas localidades tomadas por el afán especulador y transformadas en colmenas de adosados.

-Has hecho una guía de Soria, capital de la poesía. ¿Muy propio, no? ¿Qué te atrajo de Soria, qué tienen de especial la ciudad y la provincia?

Bueno, esa fue otra de las casualidades que tiene la vida. Personalmente, y mucho antes de dedicarme a la edición o al fotoperiodismo de viajes, ya tenía una vinculación con el territorio soriano que comenzó a los 18 años mientras fregaba platos como recluta en un cuartel del Ejército del Aire. Allí trabé amistad con un compañero cuya familia era originaria de un pueblo de la Ribera del Duero soriana: Langa. Y por allí empecé a viajar y a desenredar la madeja de mi fascinación por esa provincia. Luego, años después, solía escaparme con mi padre a conducir por sus comarcales a modo de desestresante de la vida laboral en una metrópoli como Madrid. Y así fui amando sus colores, sus cielos y sus pueblos. Durante diez años consecutivos acudí a la ceremonia del Paso del Fuego en San Pedro Manrique, volé en globo y encaré el difícil carácter de los viejos castellanos. Así que cuando el editor de guías nacionales de Anaya Touring me preguntó si me gustaría escribir la nueva guía de Soria de la colección Guiarama, no lo dudé. Si iba a escribir una guía… ¿qué mejor destino que el soriano? Además Soria es un destino diverso, con muchas novedades, que había que recontar. A mí me parece que es una provincia que encarna ese modo slow y sostenible hacia el que camina el turista de nuestro siglo. La ciudad es un compendio de vida sosegada, románico y poesía donde las iniciativas culturales del ayuntamiento están dando un auge distinto, como la única feria de poesía del país: Expoesía. Soria, plató cinematográfico, destino micológico y de observadores de aves y estrellas…

-¿Qué tipo de guía has querido hacer? ¿En tiempo de internet aún interesan las guías?

La anterior guía fue obra de un erudito soriano, otro viajero amante de su tierra y de la Vieja Castilla, Avelino Hernández. Escribir una guía de Soria después de la de Avelino, que había fallecido en 2003 víctima de un cáncer, para mí era un reto. Un reto ambicioso: había que darle una cierta vuelta de tuerca sin olvidar que se trata de una guía sujeta a unos criterios establecidos por una colección que tiene una larga trayectoria editorial. Sobre todo he tratado de hacer una guía actual, con una mirada muy del siglo XXI, en la que los propios sorianos se sintieran identificados. Algunos lectores me han  dicho que no se lee como una mera guía repleta de información práctica y es así, se trata, sobre todo, de un libro de viajes donde yo he querido volcar mis experiencias sorianas de los últimos 25 años. En cuanto a la segunda pregunta, bueno, yo creo que Internet nos ha cambiado la vida, la manera de viajar, etc, pero sigue habiendo viajeros que van con una guía de papel en la mano cuando se acercan a sus destinos. En la medida de que los contenidos de las guías sean de calidad, siempre habrá lectores que nos prefieran. En general, yo desconfío mucho de los contenidos de la red, en especial, de los que se suben a través de las RRSS. Sigo creyendo en la capacidad de prescripción de los profesionales.

-¿Cómo te ocurrió el libro ‘Los mejores destinos para observar cielos en España’?

Este libro es una réplica de la guía soriana. En ella ya estaban los cielos estrellados y las rutas de observación de aves. Fue en una reunión con la directora de la editorial (Mercedes de Castro) cuando ella comentó que qué me parecía la posibilidad de escribir un libro dedicado al astroturismo. La idea original fue esa y, en las semanas posteriores, fuimos dando forma al tema de los cielos como propuesta turística. Con esa base, y teniendo en cuenta que el observatorio de Borobia (en la Raya entre Aragón y Castilla) fue el primero de España en funcionar dedicado a la divulgación astronómica, empecé a confeccionar el índice del libro. Y, luego, a escribirlo.

-¿Cuáles son los mejores lugares para ver el cielo? ¿Qué has encontrado en el Observatorio de Javalambre? Parece un territorio de ciencia ficción…

Yo siempre he defendido que el escritor no puede ser neutral. Y en este libro, un libro de viajes, menos aún. A medida que fui avanzando en la primera parte del volumen, la dedicada al astroturismo, me iba dando cuenta de que en realidad estaba hablando de la España deshabitada. Los mejores lugares para observar los cielos peninsulares son, por regla general, aquellos destinos a los que el desarrollo del país ha condenado al abandono. Territorios con una densidad de población en torno a los 3 hab/km2 o incluso menor. Son esos territorios donde la contaminación lumínica es escasa y donde, por ello, las noches estrelladas la contemplación de la bóveda celeste convierte a la Tierra, a ojos del viajero, en esa nave espacial que viaja alrededor del Sol a una velocidad de 30 km por segundo. Uno se siente diminuto contemplando a simple vista la inmensidad del universo. A esos lugares con poca contaminación lumínica hay que sumarle otros parámetros más ponderables científicamente como la visibilidad astronómica  (en términos seeing) y de fondo de cielo y extinción (es decir, en términos de absorción y dispersión de la radiación electromagnética). Esos parámetros convirtieron al turolense pico del Buitre (en el municipio de Arcos de las Salinas) en el lugar ideal para la construcción del Observatorio Astronómico de Javalambre (OAJ). Luego le siguieron una serie de iniciativas para promocionar la comarca de Gúdar-Javalambre como destino astroviajero y conseguir la Certificación como Reserva Starlight y, cuando escribí el libro hace unos meses estábamos a la espera de la inauguración de Galáctica, un magnífico Centro para la Difusión y la Práctica de la Astronomía. Teruel es, por sus características geográficas, demográficas y patrimoniales un gran destino turístico. Y sus cielos estrellados son los últimos en sumarse a esa excelsa oferta. A Teruel hay que ir y regresar una y otra vez, sin duda.

-¿Qué tiene de peculiar para ti el cielo de Gallocanta? -¿Y Monte perdido y Ordesa? ¿Qué te conmovió especialmente?

Gallocanta es la bella desolación del invierno, la fiesta de las grullas. Aquí se sintetiza el enorme papel que juega la Península Ibérica como lugar de paso en las migraciones de las aves. Y Ordesa es un santuario para los amantes de la naturaleza, el destino que conjuga abismo y montaña. Ordesa es el fulgor de las estaciones y, por supuesto, el gran refugio de unos de los grandes de nuestros cielos, el quebrantahuesos. Regresar al Sobrarbe es como volver a casa. Un horizonte de leyenda.

Explícanos, descríbenos algunos cielos que te hayan parecido espectaculares, íntimos o casi sobrenaturales.

Lo genuino de los cielos es que, en función de las condiciones meteorológicas y de las estaciones, todo cambia. Cuando no estoy de viaje suelo acudir cada mañana a fotografiar el amanecer en el embalse de Santillana, en Madrid, que es donde vivo. Y siempre es diferente. Creo que la calificación de cada experiencia tiene que ver mucho con lo personal: a mí me encanta sentir el paso de esas estaciones, percibir cómo varían los colores entre unas y otras, cómo va llegando o yéndose el invierno, la algarabía de las aves acuáticas y cómo, de repente, en el momento en que el sol asoma por el horizonte, todo parece quedarse detenido por un instante. Los cielos de Canarias son los que mejores condiciones nos ofrecen para la observación nocturna pero Doñana, Cabo de Gata, el Delta del Ebro, Fisterra o el Urdaibai, por poner algunos ejemplos, me fascinan igualmente y por cosas distintas.

Pensando en Machado… ¿El que está cerca del cielo, está más cerca de Dios o de la poesía?

Yo creo que tocar el cielo con las manos es un estado de ánimo. Los cielos de “Campos de Castilla” son, por lo general, sombríos, como mucha de esa Castilla soriana que poetizó Machado y que en buena medida también bebió del malestar general y el tópico de los escritores del 98 hacia la meseta. Hoy el cielo está más cerca de la exploración y el avance tecnológico. Pero siempre hay hueco para la poesía: el otro día compartí entrevista en RNE con un geoastrónomo que se encarga de parte del entrenamiento de los astronautas y nos planteó una pregunta no exenta de ella… ¿por qué los amaneceres en la Tierra son rojos y en Marte azules?

¿Cuánto tiempo te ha costado este libro, cuántos viajes, cuántos kilómetros has recorrido?

 Este libro me ha llevado más de 20 años de trabajo. En realidad, cuando viajaba con mi padre por las comarcales sorianas ya estaba escribiendo mis notas para un libro que ni siquiera sabía que un día iba a escribir. En estas páginas están muchas de las líneas que he escrito en mis 18 años de fotoperiodista y también están los amaneceres y atardeceres que nunca he descrito. Están, por supuesto, las reivindicaciones ecologistas de colectivos vecinales y ecologistas que nos han permitido conservar entornos naturales que el afán de ministros y especuladores nos hubieran hurtado. El gran reto que tenemos es transmitir a las generaciones futuras un mundo habitable. Un reto cada vez más lejos de nuestras manos.

¿Para quién es un libro como éste?

Los mejores destinos para observar los cielos en España es un libro pensado para inspirar el viaje. Es un libro de gran formato, con un importante despliegue fotográfico, ideado para aquellos a quienes les gusta planificar sus escapadas. Y, también, para aquellos viajeros a los que les interesan las efemérides astronómicas, geográficas y naturales. Un libro para casi todos, vamos.

20/03/2017 00:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS PARA EL DÍA DEL PADRE

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[Mañana es el Día del Padre. Mi padre, Benito do Touciñeiro, 1925-2007, ha aparecido en varios de mis libros o de mis textos. Estos son algunos poemas que han aparecido en ‘Vivir del aire’, ‘El paseo en bicicleta’ y ‘Seducción’. ‘Monólogo del emigrante’ es una licencia literaria, que quizá no se desajuste en exceso de lo que me contaba mi padre en mi niñez y adolescencia, y lo escribí para el proyecto sobre la emigración, ‘Sueños en el mar’, de Ricardo Calero, a quien va dedicado. La foto es de mis padres. Carmen Castro Barreiro y Benito Rodríguez Ferro.]

 

 

LAS CARTAS DE MI PADRE

Hubo un tiempo de luna llena junto al mar.
Había delfines que se acercaban a la orilla,
justo cuando acariciaba las cartas de mi padre
desde Berna o Basilea o Zurich: todas me parecían
ciudades inventadas con jardín y una autopista.
Las llevaba en mi bolsillo como un tesoro:
qué bonitas, qué íntimas, con la letra de aquel analfabeto
que me llamaba, en la última línea, el rey de la casa.
El rey de su casa, el niño que lo reemplazaba
en el corazón y junto al fuego, al lado de mi madre.
Me acuerdo de mi padre y no lo llamo: está casi sordo
y hablar por teléfono le pone nervioso. Parece que siempre
tenga prisa o que haya dejado un surco abierto en el campo
y parece que se le escapase la luz del día entre las sílabas.
La noche de hoy, con luna llena entre los árboles,
me lleva en volandas a Galicia, junto al niño que espera a su padre,
junto al niño que fui, presa del pánico, que miraba los barcos.
Hay una brisa deliciosa de alta noche. Y hay luna llena.
Y hay un cielo perfecto navegado de estrellas.
Pienso en mi padre y en aquellas madrugadas en la playa
cuando me bañaba entre las olas y esperaba su vuelta.
Me he vuelto mayor de golpe. Y me he vuelto
niño errante y solo que quiso ser un día escritor
y viajero y explorador o púgil fugaz como él. Y ahora está aquí,
tan lejos, pensando en su padre y en el agua.
Y en las cartas de amor que mi madre me leía.
Hubo un tiempo de luna llena, junto al mar, que no se olvida.

 

-De ‘Vivir del aire’. Olifante. 2010.

 

 

MI PADRE, EL VIAJE Y EL MIEDO

 

Mi primer recuerdo:

Voy con mi padre en su bicicleta.

Es una tarde apacible y sin llovizna.

go el rumoroso cantar de los bosques

y noto la agitación de su corazón.

Tengo miedo en las curvas y en los baches

a caerme en la cuneta. Y a la vez  estoy

feliz: agárrate fuerte, agárrate a mí,

agárrate bien que llegamos pronto,

dice mi padre. A lo lejos se ve el mar.

El viento peina las retamas y tumba

la maleza con la fuerza de un oleaje.

 

Luego todo es confuso. Y doloroso.

La casa de mi abuelo me pareció

gigantesca, un caserón con huerto,

 jardín, dos establos y un hórreo.

De golpe, oigo voces, discusiones,

percibo una furia inaudita. Rabia.                           

Aquel hombre no puede ser mi abuelo.

Me echo a llorar. Me abrazo a mi padre.

Nadie me consuela. Y los gritos se elevan

por los aires, más allá de la chimenea,

con el estruendo de un vendaval.

 

No tardamos en irnos. Yo aún no sabía

qué era el pánico: aquella noche pensé

que mi abuelo quería matar a mi padre,     

que mi padre quería matar a mi abuelo.

Me abracé a él con un temblor animal.

Todo era oscuridad: el débil faro

alumbraba el final de la pesadilla.

Volvíamos a casa. Jamás podría olvidar

mi primer viaje. Aquel día borroso

en que mi padre me llevó en bicicleta.

Aquella noche en que noté cómo

le temblaban la piel y la sangre.

Mi primer recuerdo.

 

-De ‘El paseo en bicicleta’. Olifante, 2011.

 

 

MONÓLOGO DEL EMIGRANTE

 

A Ricardo Calero

No quise ser nunca un desterrado. Ni un exiliado en tierra extraña. Para no sentirme extranjero en Suiza recorrí casi todas sus ciudades: Berna, Lausanne, Vevey, Ginebra, Zúrich. En todas encontré acomodo y una rara complicidad. Aprendí lo justo de francés, y menos, bastante menos de italiano y alemán. Amé a algunas mujeres, o soñé que ellas me amaban a mí, que me ofrecían un trozo del jardín donde yo trabajaba; las miraba casi a hurtadillas en su mejor perfil. Hice cuanto pude: me empleé en vialidad y aguas, corté el pelo, hice recados a pie y en bicicleta, levanté fachadas y podé los árboles frutales. No solo eso: a un cerezo lo llamé Jesús y a una acacia, Emilia, como mis padres. Cuando habían pasado cinco años, puse fin a tantos y tantos días lejos de casa. Lejos de mis playas, de mis montañas, de los míos. Lejos de la lluvia que enciende mis bosques de misterio y de música. Antes de irme, con mi letra desgarbada, mandé una carta a cada una de las familias que me habían acogido. Pensaba especialmente en las señoras: Catherine, Marie, Marguerite, Fiorella..., aunque uno de los maridos, Jacques Vivre, me hizo sentir en casa y uno de los suyos. Escribí: «Merci». Solo eso. La auténtica gratitud se concentra y se resume en las palabras justas. Gracias.

 

-De ‘Seducción’ (Olifante, 2014). Segunda edición o reimpresión, marzo de 2017.

 

 

 

 

18/03/2017 13:53 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY TIZÓN: UNA ENTREVISTA

Eloy Tizón “En mis cuentos hay un

fondo de llanto que se escucha a lo lejos”

  

“A veces al escribir

entramos en el verdadero mundo”

  

“Escribir es recobrar una

lucidez que no siempre tenemos”

  

[El escritor madrileño presentó en Zaragoza la reedición ampliada, un cuarto de siglo después, de ‘Velocidad de los jardines’ en Páginas de Espuma]

  

 

‘Velocidad de los jardines’ cumple 25 años. Se escribió en parte en Zaragoza, donde el autor, Eloy Tizón (Madrid, 1964), hacía el servicio militar. Se ha convertido en un mito del relato en castellano.

-En el texto portical ‘Zoótropo’, donde recuerda la historia de ‘Velocidad de los jardines’, dice: “Escribir es como salir de un coma profundo”

-Es una frase que entenderán los escritores. Porque muchas veces tenemos la sensación de que al escribir entramos en el verdadero mundo o que el mundo cobra un relieve que antes no tenía. Es decir, el mundo de las obligaciones cotidianas es un mundo un poco anestesiante y la escritura es salir de ese coma. Recobrar una lucidez que no siempre tenemos.

-El proceso de redacción del libro le cambió por completo, ¿no?

-Bueno, por completo es una palabra muy fuerte. Pero sí, claro, es mi primer libro y es donde tengo conciencia de que puedo ser escritor. Durante los primeros años uno lo que emprende son, sobre todo, tentativas. Yo era consciente de que eran cuentos digamos peculiares, muy literarios, que tal vez tuviera dificultades para publicarlos o que no se publicarían nunca.

-¿Lo dice porque eran cuentos poéticos’

- Sí, son cuentos líricos. Es una apuesta por la narrativa lírica, además en un momento en el que yo creo que la literatura en general no iba por ahí. Los años 90 eran la época del realismo carveriano (de Raymond Carver), el realismo sucio está en pleno apogeo. Y entonces yo salgo con una especie de artefacto lírico que se aparta de eso, que no sé bien como va a ser tomado y que ni siquiera sé si voy a encontrar una editorial.

-La encontró y en Anagrama, nada menos. ¿Recuerda el primer cuento?

- ‘ Los viajes de Natalia’ fue el primero, aunque el primero que aparece en el libro sea ‘La carta a Nabokov’. Pero digamos que ese cuento fue el que me convenció de que yo podía dar el paso de la poesía a la narrativa. Yo hasta ese momento había escrito poesía y ese es el primer cuento en que empiezo a manejarme con personajes, con situaciones donde introduzco cierto movimiento narrativo. Empecé a creerme que yo podría escribir narrativa.…

¿Encontró  eso que se denomina una voz?

-Yo creo que hay una prueba, en diferentes registros, para buscar cuál era mi voz. Y para encontrar la música del libro. Creo que es un libro que se va haciendo un poco en términos musicales. Motivos que desaparecen, que reaparecen, ciertos estribillos, me parece que tiene una estructura que es, en cierto modo, más musical que narrativa. De hecho, cuando apareció se le reprochó (aunque en general fue bien acogido), que era poco narrativo. Uso ambientes que todos reconocemos, pero mirados a través de un filtro fotográfico que los vuelve un poco extraños, y ese es un filtro poético para mí.

-Otra frase: “La imagen como la última de las historias posibles”.

- Es del escritor cubano José Lezama Lima. Trabajaba en un tipo de relato que no es un relato de argumento, no depende de los giros imprevistos, no se trata de descubrir el culpable del asesinato, sino que trabaja más bien con texturas emocionales. Y ahí fue un gran apoyo encontrar esa frase de Lezama que ponía el peso en lo visual. Muchas veces lo que la imagen nos puede transmitir es suficiente.

-Alude a la paciencia, como algo necesario, y dice: “Un cuento se escribe con un poco de música y un poco de sangre”. Y aún ajusta más: “Cuento igual a rigor técnico más compasión”.

-Soy una persona muy paciente, creo. Y ante la literatura me tomo mucho tiempo, me gusta escuchar lo que tengan que decir esas voces, doy tiempo para que los personajes se vayan expresando, hablen, muestren lo que tienen dentro. En la literatura que yo admiro hay música, pero también ese punto de herida. Por eso digo lo de la música y la sangre. Creo que en los cuentos hay un fondo de llanto que se escucha a lo lejos.

- ¿Qué le debe a Nabokov o cómo le ha marcado?

- Nabokov es un escritor de una brillantez casi inigualable. El manejo que tiene de la imagen, pero no solo de eso, la reflexión que hay sobre el tiempo, sobre la identidad… Nabokov muchas veces es conocido por ‘Lolita’, por el morbo y el escándalo, pero es muchísimo más: es un tipo profundo, con muchas capas y creo que para cualquier aprendiz de narrador es un autor que hay que leer.

-El libro se publicó en el 92, han pasado 25 años, ¿cómo le ha marcado? Siguen diciendo que es su mejor libro.

- Ha sido, en ese sentido, un libro un poco vampiro. ’Velocidad de los jardines’ es el libro más recordado, en el que más se insiste. Y muchos lectores es lo único que han leído y luego ya no han leído nada más de lo que he escrito. Cosa que me parece un poco injusta para mis otros libros; creo que ‘Técnicas de iluminación’, publicado también en Páginas de Espuma, es mejor. Pese a todo, le tengo mucha gratitud porque ha sido un proceso muy gradual de reconocimiento, como una larga llovizna a lo largo de muchas décadas, basado en el boca a oreja. Ha sido un discurrir muy natural y gracias a eso yo no he sentido presión a la hora de escribir otros libros.  

 

*La foto es de la agencia Efe.

16/03/2017 11:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IRENE VALLEJO EXPLICA 'ALGUIEN HABLÓ DE NOSOTROS' (CONTRASEÑA)

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Este texto puede seguirse aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/03/13/mision-del-periodismo-arrojar-luz-sobre-realidad-1164043-1361024.html

 

La misión del periodismo es

arrojar luz sobre la realidad”



Irene Vallejo publica un libro con sus columnas sobre los clásicos y la actualidad: ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña)



Irene Vallejo (1979) es escritora y columnista de Heraldo. Uno de sus empeños es difundir el magisterio y los libros de los clásicos: Homero, Platón, Virgilio o Marcial, del que es toda una especialista. Algo que ha hecho en libros como la novela ‘El silbido del arquero’, ‘El inventor de viajes’, con ilustraciones de José Luis Cano, o ‘La leyenda de las mareas mansas’, dibujada por Lina Vila. Acaba de publicar ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña. Zaragoza, 2017. 150 páginas), un libro donde recoge las columnas que publicar en las contraportada de HERALDO.

Entender el mundo es un placer”. ¿En qué medida? ¿Qué no nos reserva el conocimiento del mundo?

Desde muy pequeños, los niños quieren saber las causas y los motivos de las cosas: ‘¿por qué?’ Durante una temporada, nos apabullan con ráfagas constantes de preguntas. Como esos niños que fuimos, todos queremos comprender los misterios que nos envuelven. Lo que no sabemos explicar nos parece amenazador, caótico, inquietante. Descubrir y entender nos calma, es un placer casi físico.

¿Qué pretende con sus columnas? ¿Cuál es su idea general?

Pienso que la misión del periodismo es siempre arrojar luz sobre la realidad. Personalmente, quiero combatir el descrédito de la historia y las humanidades. Creo que debemos reivindicar sin complejos su importancia en democracia. Cuando son apartadas del dominio público, es más fácil que la gente asuma relatos falsificados y soluciones simplistas a graves problemas. Cualquier pequeño espacio de atención que ganemos para el mundo de las ideas es un motivo de esperanza.

¿Qué encuentra en el mundo clásico, sobre todo en Grecia y en Roma?

En el torbellino imperante de modas, tendencias y productos de bajo coste, los clásicos de Grecia y Roma representan lo duradero, lo estable, nuestras raíces. Allí encuentro el punto de partida de lo que somos, el principio del futuro.

¿Cuándo vio que en su pensamiento, en sus libros y en sus actitudes había un correlato claro con lo contemporáneo, que se podían extraer lecciones?

Siendo niña, mis padres me leían mitos antiguos, y los clásicos se convirtieron ya entonces en mi paisaje imaginario favorito. Pero cuando empecé a leerlos en profundidad y a traducirlos durante la carrera de filología clásica, sentí que sus voces sonaban cercanas, íntimas, muy vivas. Podía reconocer nuestro mundo en sus palabras. Por eso he decidido titular esta antología: ‘Alguien habló de nosotros’.

¿Cómo surgen sus columnas?

Las ideas llegan como relámpagos, pero tengo que esperarlas con paciencia y pulirlas con calma. Tras el primer chispazo, las frases se van encadenando una por una. Tomo notas en cualquier papel a mano, emborrono las primeras palabras, empiezo a trenzar la actualidad con las voces antiguas. Trabajo con apasionada serenidad. Este libro ofrece reflexiones tranquilas y suaves que sosiegan la prisa. Cada columna acoge al lector y a la vez lo impulsa a mirar el mundo con nuevos ojos.

Poco a poco has ido incorporando a autores más contemporáneos: Spinoza, Voltaire… ¿Por qué?

En Grecia empezó un diálogo que llega hasta hoy. En él participan gentes de todas las épocas. Me interesan todos los que han querido unirse a esa conversación infinita. En mis columnas, me divierte que Ovidio hable con los ‘Simpsons’.

-Leo una frase que parece una denuncia. “La intimidad está muriendo, dicen”. ¿Qué piensa, más allá de Herodoto, Irene Vallejo?

Creo que la intimidad es un reducto precioso, un rincón para el misterio que es necesario proteger con cuidado. Una parte de nosotros pide permanecer en secreto o ser compartida solo con los más cercanos. Cuando escribo mis columnas, prefiero partir del “nosotros” que del “yo”.

¿Premia la sociedad en que vivimos la agresividad?

La competencia y la obsesión por el éxito han transformado el espacio público en un campo de batalla. Me temo que nos hemos vuelto más agresivos y a la vez más susceptibles. Algunos intentan convertir Internet y las redes sociales en un púlpito del odio. Percibo impaciencia e irritabilidad alrededor. En uno de mis artículos propongo que todos intentemos ser más suaves, más flexibles, escogiendo con más cuidado las batallas que merece la pena emprender.

Leer nos ayuda a hablar”. ¿Cuál es la importancia de la lectura en una época tan marcadamente visual?

La comunicación visual se caracteriza por la rapidez y puede dar la sensación –solo la sensación– de veracidad. Decimos: “lo vi con mis propios ojos” o “lo he visto en televisión”. La lectura nos rescata de esa precipitación y evita que el mundo se reduzca a eslóganes y fórmulas fáciles. Leyendo nos sumergimos en historias complejas y apasionantes.

¿Qué temas le interesan?

Marguerite Duras decía que un escritor es un país extranjero. Me interesa todo lo que tiene que ver con ese sentimiento de extrañeza: el viaje, el amor, el mestizaje, la paradoja, el asombro.

El amor nos vuelve principiantes perpetuos, torpes y trémulos”, dices y añade que “es la ciencia de la inocencia”. ¿Quieren ser sus columnas una colección de aforismos con una evidente carga de profundidad? En otro lugar dice: “Amamos las frases cortas”.

Es cierto, me interesan los aforismos. Así empezó el pensamiento: con refranes, con máximas, con dichos breves. Y hoy a través de Twitter vuelven a ser una forma de expresión rabiosamente actual. Esos fogonazos verbales pueden hacer tambalearse nuestras ideas preconcebidas.

Desde el punto de vista estilístico, ¿qué busca Irene Vallejo?

Por formación soy filóloga, es decir, una enamorada de las palabras. Intento cuidarlas y me preocupa mucho su ritmo, su fluidez, su fuerza. Escribir es una responsabilidad, hay que velar por el lenguaje. Si las palabras no se usan bien, si no están a la altura de las realidades, vamos a tientas por un laberinto.

¿De quién aprende a escribir columnas, quiénes son sus columnistas de referencias, de ayer, anteayer o de ahora?

Cuando empecé a escribir columnas, quería adaptar a la prensa, en clave contemporánea, los ‘Ensayos’ de Montaigne. Me inspiró también Mary Beard con su estilo divulgativo y su talento para encontrar los hilos que entretejen el pasado con el presente. Por otro lado, he crecido con los periodistas de HERALDO que han sido mis maestros: Juan Domínguez Lasierra, Encarna Samitier, Jesús Frago... Todas las semanas espero también con impaciencia las columnas literarias de Cristina Grande y Patricia Esteban. Siempre aprendo con los artículos de mi compañero de sección Víctor Orcástegui. Y si escribiera una carta a los Reyes Magos, pediría el fino humor de David Trueba y la hondura de Leila Guerriero. Me siento en profunda deuda con tantos maestros que, desde las aulas o desde las páginas de un periódico, me han enseñado a explorar territorios nuevos, a mantener la capacidad de asombro, a no bajar la guardia.

 

*La foto es de Santiago Basallo.

 

14/03/2017 12:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALFREDO CASTELLÓN, HOY, CON 'MIS APÓLOGOS' EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

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    ALFREDO CASTELLÓN PRESENTA HOY 'MIS APÓLOGOS'
    Hoy lunes 13, a las 19.30, en la Biblioteca de Aragón, el escritor, cineasta y cofundador de RTVE Alfredo Castellón Molina, II premio Artes & Letras de cine, presenta su nuevo libro, 'Mis apólogos' (publicado por STI, de Javier Cinca), un volumen de textos breves donde habla de su vida, de sus recuerdos (entre ellos María Zambrano), de algunos amores, de sus padres, de sus experiencias. Lo acompañarán su editor, la profesora Rosa ...Burillo y Antón Castro. Cuelgo aquí, de nuevo, algunos textos de Alfredo Castellón, director de películas como 'Platero y yo' y 'Las gallinas de Cervantes', y autor de piezas teatrales sobre Colón o Costa. 'Mis apólogos' lleva un epílogo de Mariano Gistaín.

    [El escritor es el enemigo
    de la mentira y de la servidumbre.
    Albert Camus]

    *****

    LO QUE FUE

    A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

    ****

    LAS CAMPANAS

    A José Luis L. Z.

    Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.
    Un caos.

    *****

    EVOCACIONES

    Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

    *****

    SEÍSMO ESPIRITUAL

    No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

    ******

    COMPARACIÓN

    Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

    **Esta es la famosa foto realizada en Collioure en 1959, en el homenaje a Antonio Machado. Alfredo Castellón Molina es el primero por la derecha. A veces se le ha quitado de la foto. Están, arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Castellón; abajo, Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.

 

13/03/2017 13:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: TRES LIBROS DE POESÍA. AMOR, RADIO Y MEMORIA

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ENTREVISTA. MIGUEL ÁNGEL YUSTA. Poeta y antólogo de la copla.

 

 

“El amor es el eje positivo o negativo

sobre el que gira la Humanidad”

 

El poeta zaragozano, especialista en copla y ópera, publica tres libros, uno de ellos con Alberto Calvo, ‘Supermaño’, ’Damas’

 

 

¿Está usted en un gran momento poético? Coinciden hasta tres libros suyos en el mercado.

Ha sido una casualidad. Debido a mi forzada inmovilidad e inactividad durante más de un año, por intervenciones quirúrgicas, que también afectaron el ánimo, se han acumulado antiguos proyectos que estaban en marcha y que he podido ver finalizados ahora, junto a alguno nuevo que llegará. En consecuencia salen varias publicaciones y, claro, no se puede decir a los editores, cuando deciden publicar, que esperen y espacien los libros. No está el mundillo editorial -y menos en poesía- para ello...

¿Qué es ‘Ayer fue sombra’ (Lastura)?

La reedición de ‘Ayer fue sombra’ era un proyecto antiguo y muy querido por mí. El libro -Primer Premio Delegación del Gobierno de Aragón en su sexta edición- se agotó con rapidez en su edición inicial y no tuvo recorrido fuera de Zaragoza. Ahora, ampliado, lo publica una editorial, Lastura, que tiene una proyección nacional. Además está anotado y prologado, cosa que no tenía la edición del premio. Y con una portada muy sugerente.

¿Cómo ha crecido el libro?

Un poema, un poemario, jamás se puede considerar terminado. Nos dice el poeta y premio Nobel mexicano Octavio Paz que en el poema “no existe la versión definitiva: cada poema es borrador de otro que nunca escribiremos”. Yo considero, también, que jamás un poema está definitivamente terminado, si no en continuo cambio. Por ello, estos versos están vivos y pueden evolucionar y transformarse con el tiempo y, también, percibirse de forma distinta por el lector. La reedición de  ‘Ayer fue sombra’ es buena prueba de ello. 

¿Podríamos decir que es la memoria sentimental de un niño o un joven de posguerra?

Por supuesto, pero contemplada con la serenidad que da el paso de los años, “sin sentimentalismos tópicos ni morbosas nostalgias”, como señala el escritor y poeta Emilio Quintanilla en la nota inicial que acompaña a esta reedición.

¿Qué le ha marcado más: el cine, la noche, la radio, la copla o la represión?

En la época de mi generación hubo circunstancias especiales que nos marcaron de por vida: penuria económica, represión en la enseñanza, en la vida en general, falta de libertad e información, censura... Nos salvaba en parte aquella radio que nos acompañaba en la noche, el cine dominical y el amor, aunque un amor reprimido, temeroso y vigilado. Pero todo acaba y, por fin, pudimos, aunque algo tarde para nosotros, lograr que, como escribió Mario Benedetti “la gente viva feliz aunque no tenga permiso”. Aquel “permiso” que era necesario, entonces, para cualquier cosa...

¿El mejor o el único amor era el soñado?

El amor por el amor es siempre bello, ideal, perfecto. Cuando el amor se proyecta en otro y se refleja con igual intensidad es como un sueño del que, por desgracia, se despierta demasiadas veces. Pero la lucha por el amor debe ser permanente y tenaz. El amor es dádiva y por ello se ha de encontrar la felicidad en verla en el amado. Pero también es necesario respetar el espacio, la libertad del otro. El amor encadenado o dependiente no es sino una obsesión amorosa, de posesión, no de pertenencia, que es lo ideal. Amar, proyectar el amor, es el más hermoso sentimiento de la naturaleza humana. La falta de amor es el origen de todos los males que nos acechan cada día...

¿Es, entonces, el amor su gran tema?

El amor está siempre presente en mi poesía..., y en todo cuanto hacemos. Su falta es la causa de todos los males que nos aquejan. Así pues el amor o su ausencia motivan felicidad, risa, llanto, opresión, desigualdad, odio, envidias, guerras., dolor... Es el eje positivo o negativo sobre el que gira la Humanidad. ¿Cómo no va a estar siempre presente en cualquier obra literaria, aunque algunos autores pretendan negarlo o acusarlo de tópico poético pasado de moda? “Quien lo probó, lo sabe”, como dijo Lope de Vega.

¿Qué ha hecho en el libro ’Damas’ o ’Cuaderno de damas’ (La fragua del trovador), que lleva dibujos en blanco y negro de Alberto Calvo, ‘Supermaño’?

Subrayar mediante poesía popular, ligera -aunque no por ello fácil- los 50 rostros de mujer, 50 misterios magistralmente plasmados por el ilustrador y pintor Alberto Calvo. Son 50 textos (codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus...) que pretenden no distraer al lector, sino conducirle a la imagen, subrayarla y están escritos en esas formas como un apunte que enmarque la expresión gráfica, pero no la solape. Un libro singular, primorosamente editado (la edición es limitada y numerada), en el que los autores hemos puesto mucha ilusión, trabajo y tiempo.

¿’Des-concierto’ (La fragua del trovador), su último poemario, es un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta?

‘Des-Concierto’ es un libro -con un gran prólogo de mi amiga y escritora Luisa Miñana- que hace un recorrido por varias fases poéticas, o tiempos, como si de un concierto se tratase (Allegro, Adagio, Scherzo y Rondó) con diferentes estados y colores poéticos, tal y como se desarrolla la música de una sinfonía. Pero con mi visión especial, “desconcertante”, que no desconcertada. Me conmueven estas frases de la prologuista: “...un conjunto de textos poéticos que le van a provocar temblor en el corazón, relámpagos de sabiduría para alimentar sus neuronas, y hasta algún que otro escalofrío recorriéndole la médula, como si fuera nieve o mariposas que ascienden por ella”. Como en la música -que personalmente me salva muchas veces del naufragio- hay que escuchar tanto las frases como los silencios y reflexionar sobre la arquitectura del libro y su evolución hacia ese “final” con un poema ‘La soledad del nadador de fondo’, que ciertamente es “una frontal llamada de atención sobre la condición existencial humana”, como dice Luisa Miñana.

¿Qué significa la poesía en su vida?

La poesía y la música (la ópera en este caso; escribo textos sobre ella en HERALDO) son pilares fundamentales que sostienen mi existencia.  Y deben enmarcar al amor. Sin amor –lo dije en cierta entrevista y lo repito- no es posible la vida.

 

*La fotografía de Miguel Ángel Yusta es de Columna Villarroya.

EL SIGLO DE JUAN RULFO

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Cuentos de domingo / Antón Castro

 

El siglo de

Juan Rulfo

 

“Me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos, como si fuera el vástago de un racimo de plátanos, y aunque sienta preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo”. Así se presentaba Juan Rulfo (Jalisco, 1917- México D. F.,1986) un año antes de su muerte a los 68 años. Este gran escritor se educó entre Jalisco y San Gabriel, y conoció la violencia constante y el hechizo de la lectura. Vivió algunos años con su abuela, que fue elegida por un cura para que preservase la biblioteca parroquial en su casa hasta que se recuperase la paz. Y así se forjó el gran narrador, que también residió en el orfanato, y publicó sus primeros cuentos en la revista ‘Pan’ de Juan José Arreola. Fue incapaz de concluir los estudios de Derecho y hubo de buscar empleo. Tuvo muchos; dos de los más estables fueron el de agente de inmigración, para la Secretaria de Gobierno, donde tenía la misión de localizar, aquí y allá, a los extranjeros ilegales, y el de fotógrafo (muy bueno), a partir de 1946. Estas dos ocupaciones le permitieron viajar mucho por todo el país, accedió a los grandes páramos y a las ruinas del pasado; bebió el lenguaje en las fuentes y supo del drama de existir, de la miseria, de la violencia. Todo ello, con un estilo peculiar, elaborado y a la vez popular, preñado de coloquialismos, pasó a sus dos libros. Los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953) son increíbles y tienen algo de preparación para su gran novela, ‘Pedro Páramo’ (1955), que posee una atmósfera poética de espejismo y de vida más allá de la muerte, de búsqueda del padre y de exclusión del paraíso. Más tarde, Rulfo anunció que iba a publicar los cuentos de ‘Días sin floresta’ y la novela ‘La cordillera’. Jamás lo hizo, apenas entregó pequeñas cosas, como el guion de ‘El gallo de oro’. Sus textos fueron llevados al cine; en la película ‘Pedro Páramo’, de Carlos Velo, la dirección artística es del oscense Julio Alejandro de Castro, guionista de Buñuel. Rulfo amó a Clara Aparicio, que le dio cuatro hijos y tres se llamaron Juan: Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos. Confesó que no había vuelto a escribir porque había muerto su tío Celerino, viajante y narrador oral, que era quien le regalaba sus historias. Quizá sea esa su ficción más perfecta.

 

 

06/03/2017 02:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: UN DIÁLOGO

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Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Dirige el suplemento ’Culturas’ de ’La Vanguardia y es uno de los grandes nombres del periodismo cultural, del que ha teorizado como pocos. Es experto en best-seller, en figuras como Carlos Ruiz-Zafón, un enamorado de la novela negra, y autor de tres novelas: ’Una heredera de Barcelona’ (Destino, 2010), ’Escrito en aire’ (Destino, 2013. Premio Nadal) y ’El informe Casabona’ (Destino, 2017), que presenta esta tarde en la librería Los Portadores de Sueños de Zaragoza, a las 20.00. (La foto es de Lisbeth Salas).

-¿Qué sucede de especial o literario en una recepción real del 22 de abril, qué sucede en tu novela?

Es donde fallece inopinadamente el magnate Alejandro Casabona, mientras el Rey –no se precisa qué Rey en concreto- está pronunciando su brindis. Esta recepción en Palacio brinda un marco fastuoso, un ritual potente y poco conocido y un microcosmos cultural abigarrado, que me parecían muy sugestivos y un escenario de primer orden para hacer arrancar la novela.

-¿Quién es Alejandro Casabona, qué tipo de personaje has querido retratar?

-Es un hombre de poder español, simpático y seductor, que ha vivido varias vidas en una: fue un activista antifranquista de la órbita monárquica en los años 40 y 50, un empresario enriquecido con el boom de los 60, un político de centro moderado en los años de la Transición y un mecenas de las artes, que crea su propio museo, en los últimos lustros. Se ha casado tres veces y ha mantenido incontables “affaires”. Según en qué periodo de su vida nos detengamos nos parece encontrar a un personaje u a otro muy diferente, tanto desde el punto de vista de las realizaciones como de la moral. Lo que me interesaba era precisamente esa pluralidad de perfiles, a veces casi opuestos, que pueden coexistir en una sola vida. En la literatura española no abundan los empresarios, y cuando aparecen a menudo es en forma de caricatura. Yo he intentado plasmar uno de indudable magnetismo, mostrando también su pragmatismo, a veces casi cínico, y por supuesto sus zonas oscuras. Y a través de su figura proponer una especie de fábula sobre la ética de la empresa.

-¿Qué le debe la posguerra y la transición a personajes como él? Parecían vivir en una constante contradicción…

-Casabona es un empresario dinámico y europeísta. A personajes como él se debe, en buena parte, la modernización de la economía española bajo el franquismo y también, el pacto social de la segunda mitad de los años 70. Hubo bastantes de este estilo, yo tuve la oportunidad de tratar a algunos. Era importante que tras la muerte de Franco la derecha política y el mundo empresarial contaran con figuras de diálogo, bien vistas o al menos aceptadas por la izquierda, que pudieran entenderse con las nuevas formaciones en emergencia.

El libro desarrolla, sobre todo en la primera parte, el método del periodista. ¿Ha sido una forma también de crear una pluralidad de voces, un relato coral encadenado y a la vez de presentar el ambiente familiar y de afectos de Casabona?

Quería acercarme a Casabona a través de testimonios complementarios y a veces opuestos, que es la forma periodística de intentar adentrarse en la verdad de una vida. Pero también quería crear figuras un poco arquetípicas: la Hija Ambiciosa, el Yerno Desleal, el Hombre de Confianza… Las figuras de gran poder, como Casabona, tienen a veces un efecto desvastador en su entorno más próximo, y mostrarlo era uno de mis objetivos. Con atención a los traumas de familia y a las posibles terapias psicológicas para superarlos…

-¿Cómo le marca la guerra civil a un personaje como él? Creas como una isla dentro de la novela, una novela dentro del gran relato.

Al principio me propuse no abordar la Guerra Civil, que es la gran referencia y el gran tópico, y sobre la que resulta muy difícil aportar miradas nuevas. Pero a medida que construía el personaje de Casabona me di cuenta de que resultaba imposible no mencionarla en la biografía de un empresario. La guerra civil es el gran momento de reconfiguración del capitalismo español en el siglo XX. Los empresarios que apoyaron a Franco luego rentabilizaron con creces su ayuda. Mientras que, en algunas zonas que permanecieron fieles a la República, como Cataluña, estalló la Revolución y se colectivizaron todas las empresas privadas de cierta importancia. Y también tras el final de la guerra hubo quien lo perdió todo. Obviamente hay que fijarse en lo que pasó entonces para entender muchos episodios posteriores. 

-Más allá de todo, hay un personaje fascinante: la tía Mery. ¿Cómo la ves, has querido que fuese la gran mujer en una libro pródigo en mujeres?

La tía Mery toma parte en otro capítulo olvidado de aquella época: el Socorro Blanco, que dentro de la Quinta Columna era una organización de fines humanitarios y de ayuda a religiosos y a gente que quería escapar. Mery consigue atravesar la guerra sin mancharse las manos y manteniéndose fiel a su propia conciencia. Su cristianismo vivido a fondo le lleva primero a desafiar la persecución religiosa, y después a oponerse a una Victoria sin compasión ni justicia. Me interesaba que Casabona experimentara la influencia directa de una persona íntegra como ella, que le transmitiera sus valores, y compensar así el relativismo y el materialismo del resto de su entorno.

-Habías escrito de tu abuelo y de tu padre en tus anteriores libros. ¿Has sentido la necesidad de inventar un cronista que se parezca en algo a ti en Víctor Balmoral?

Utilicé una historia real que le ocurrió a mi abuelo en Una heredera de Barcelona, y otra de mi padre en Estaba en el aire, pero los personajes de esas novelas no eran del todo ni mi abuelo ni mi padre. En El informe Casabona he puesto a trabajar un periodista cultural por dos razones: porque se trata de una profesión que conozco bien y porque para indagar en la vida de un millonario metido a mecenas cultural constituía la figura adecuada. Le he prestado a Balmoral un 15 o un 20 por ciento de vicencias mías, pero en todo lo restante es un personaje de pura imaginación.

-¿Qué ha sido más importante para ti, a la hora de la escritura, el peso del periodismo o el eco de un película como Mr. Arkadin de Welles?

En cada novela la estructura se adecúa a la trama: en Una heredera de Barcelona utilicé el recurso del “manuscrito encontrado”, unas supuestas memorias de alguien parecido a mi abuelo, reconstruyendo el lenguaje y los arcaísmos de un periodista conservador de los años 20. En Estaba en el aire primaba un estilo objetivista, al estilo de las novelas que triunfaban en aquella época, con un relato en tercera persona del presente. En El informe Casabona recurro a una estrctura de investigación biográfica, y la referencia al Welles de Mr. Arkadin, una de mis películas favoritas, resultaba obligada.

-Una de las anécdotas literarias más excitantes de tu vida fue un diálogo con Gala. Reaparece aquí. ¿Podrías recordarla?

Fue en el verano de 1980. Dalí se había encerrado en su casa de Cadaqués y ni aparecía en público ni recibía periodistas, algo rarísimo en él. Se decía que estaba sometido a una especie de secuestro por parte de sus periodistas y su temible esposa. Yo era muy jovencito, pero conseguí hablar con él por teléfono y publiqué en El Correo Catalán, donde acababa de entrar, una exclusiva que tuvo bastante repercusión, incluso internacional. Tras leerla, Gala llamó indignada; me abroncó a mí y pidió al director que me despidiera ya que según ella yo no había pedido permiso para transcribir mi charla, cosa falsa porque desde el primer momento me había identificado como periodista. Le mandé unas flores para congraciarme y ella entonces me invitó a subir a Cadaqués. Cuando llegué, me miró de arriba abajo y me despachó inmediatente. Nunca he sabido cuál fue el propósito de aquella extraña invitación….

Has estudiado las rutas literarias de Barcelona y su impacto literario… ¿En qué medida quieres dejar el tuyo, cómo es tu ciudad literaria?

La Barcelona que he intentado ir plasmando como novelista es a la vez muy tradicional y muy cambiante. Desde los círculos más elitistas y ritualizados, y por lo tanto muy literarios (clubes privados, viejas familias, mansiones de la zona alta), a los medios de comunicación que con su inmenso poder han transformado decisivamente la ciudad (y España, porque me interesa la Barcelona con más repercusión peninsular): la prensa en los años 20, la radio en los 50, la televisión en los 60. Pero el hilo conductor lo constituye siempre el de la Barcelona cultural, a través de su arquitectura, su pintura o su literatura, que para mí constituyen el alma de la ciudad. Y también las luchas emancipadoras que la ciudad ha vivido: por la justicia social, por la libertad y por la modernización. Dicho esto, y aunque Barcelona siempre está presente en mis novelas, no pretendo desarrollar tramas barcelonesas, sino historias que tengan un cierto simbolismo lo más universal posible. Barcelona es el paisaje, no el protagonista.

¿Para ser novelista y periodista es imprescindible no ir al gimnasio y trabajar en una Biblioteca un par de horas cada día?

(Sonrisa). Lo importante es maximizar el tiempo libre. Yo tengo mi casa a cinco minutos de la biblioteca donde escribo mis libros y a otros cinco de La Vanguardia, el diario donde trabajo, así que aprovecho a fondo el tiempo que no pierdo en largos transportes. Y no es que me enorgullezca de no ir al gimnasio ni hacer deporte, como inteligentemente hacen tantos de mis familiares y amigos, pero también es cierto que eso libera unas cuantas horas semanales para escribir que para mí resultan cruciales.

 

28/02/2017 14:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA PÉREZ HEREDIA: UN DIÁLOGO

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[El pasado viernes, en Los Portadores de Sueños, María Pérez Heredia, acompañada de Ignacio Escuín Borao, su editor anterior, presentaba su segunda novela: ‘Starman’ (Reservoir Books), la historia de un joven actor que logra conquistar el Óscar y decide ocultarse. Se relaciona con varias mujeres: Leigh, su primera novia, Jennifer Jones, su nuevo amor, Daphne de Havillond, su compañera de reparto, su propia madre, algo lejana, o su agente Stanley, todo un personaje. Se convierte en un personaje a la deriva, desubicado, que viaje, que huye, que narra su vida en primera persona. Así lo cuenta ella.]

-¿Qué significa para ti James Dean? James Dean es un icono, el símbolo del rebelde sin causa, con su chupa de cuero y su cara de pocos amigos. Además, al morir tan joven y de aquella manera, encarnó su propio lema de vivir deprisa. 

  

-¿En qué medida podría ser el referente de Clay Cassidy? Es curioso que, a pesar de ser un actor de cine de los años cincuenta, James Dean sea un referente para gente de mi generación. Para Clay, encarna esa manera de actuar sin dejar de ser uno mismo. 

 

-¿Cómo nace esta novela, querías contar un personaje más o menos errabundo, desubicado, o realizar un viaje por Estados Unidos? Esta novela nace, como tantas otras, de una anécdota: escuché la historia del jugador de baloncesto Lamar Odom, que un día decidió largarse y dejar de lado su vida, y me llamó la atención la posibilidad de que alguien tan famoso pudiera desaparecer sin que nadie tuviese muy claro su paradero. A partir de ahí, quise explorar esa huida y sus antecedentes.

 

 

-¿Qué te preocupaba: la vida de un personaje que no asimila el éxito, el espejismo de vivir, el dolor de existir? ¿Por qué parece que los personajes, casi todos, estén siempre enojados? Creo que esos tres temas sobrevuelan siempre la novela. Al final, esta es una historia de sentimientos humanos, de emociones que todos hemos sentido alguna vez. Es una historia sobre la soledad, sobre el dolor. No es que los personajes estén siempre enojados, es que es así cómo Clay los ve, quizá porque él sí que está enfadado con el mundo. 

 

-¿Has pensado en alguien que ganase un Oscar al mejor actor y le entrase una especie de pánico y acabase ocultándose? Bueno, hay muchas historias así, ¿no? Se me ocurre el caso de Penélope Cruz, pero seguro que ella tenía las cosas mucho más claras que mi personaje. Es distinto desaparecer unos días para huir del acoso mediático a estar fuera del mapa durante meses para escapar de uno mismo. 

 

-¿Por qué Estados Unidos de nuevo, algunos ecos del realismo sucio y, sobre todo, de John Fante? ¿Qué encuentras ahí, en caso de que encuentras algo especial? Bueno, es la primera vez que viajo a Estados Unidos en una novela. Encuentro allí muchísimos referentes cinematográficos y literarios, por ejemplo. Pero, en este caso, fue una elección práctica, impuesta por la historia que quería contar. Mi protagonista tenía que ser alguien que alcanzase un éxito arrollador de manera mi rápida, y pensé que Hollywood era el marco perfecto para esa historia. 

  

-Parece que te sientes muy cómoda en la primera persona. Lo haces aquí como en la novela anterior. ¿Es el lugar más cómodo o más sincero para contar la vida o lo que nos pase? Ni siquiera pensé que estuviese haciendo una elección: me parecía la mejor opción para contar la historia que quería contar. La primera persona, además, me permite cederle mi voz al personaje, algo que siempre me ha interesado mucho. No es que sea más cómodo, ya que te obliga a conocer todo lo bien que puedas al personaje en cuestión.  

 

-Hablemos de la estructura. ¿Por qué has utilizado esos capítulos desordenados, que no atienden a la cronología? ¿Qué buscabas? ¿Querías que la escritura definitiva del libro la hiciese el lector? Con esa estructura desordenada, quería recrear la forma caótica en la que los recuerdos acuden a la mente, a ráfagas, en fogonazos de imágenes. No pensamos de forma ordenada, o, por lo menos, Clay y yo no lo hacemos; de ahí la estructura.  

 

-No se sabe si Clay Cassidy es enamoradizo o en realidad no le importan mucho las mujeres. ¿Cómo ves su relación con Jen (Jennifer Jones), Leigh, la propia Daphne o esos amores fugaces tan curiosos como Marie, pongamos por caso? En toda la novela, solo vemos a Clay enamorado cuando se trata de Leigh. Y quizás ese es el problema que condiciona el resto de sus relaciones: no ha sido capaz de pasar página. Jen es para él algo conveniente, no cómodo pero sí excitante, mientras que con Daphne todo es más natural. El resto de chicas que pasan por la novela, muchas veces de forma fugaz, no son más que una sombra.                

  

-Hay un personaje clave en el libro. El agente Stanley Salomon. ¿Es  prototipo de Hollywood? Stan es uno de tantos otros agentes de Hollywood, con sus luces y sus sombras, con su obsesión enfermiza por el dinero y por el éxito. Para mí, es uno de los personajes fundamentales de la novela y también uno de los que estoy más orgullosa. No es que sea un prototipo de Hollywood, es que él y los tipos de su calaña son Hollywood. 

 

-Hay algunos juegos de espejos con el propio Hollywood. ¿Puede leerse en libro en clave de parodia de algún modo? Es una parodia o un retrato sobre el Hollywood frío y artificial, pero también intento reflejar el Los Ángeles más amable, con sus playas, sus drive-thru y todo lo demás. Es la ciudad en la que Clay se crió más que el Hollywood peligroso y descarnado al que luego se enfrentará. 

 

-Al final se impone un personaje nihilista, un buscavidas errante y con un corazón vulnerable y egoísta. ¿Tienes tú una visión negativa o dramática del mundo? Supongo que sin una visión dramática del mundo es difícil escribir, pero no creo que sea negativa. Tampoco creo que Clay lo sea, aunque a veces se empeñe por verlo todo muy negro. En el fondo, es optimista: ¿por qué iba si no a seguir intentándolo? No quiero revelar el final, pero, al final, así se presenta. 

  

-Formas parte de una nueva generación de narradores. ¿Crees que traéis una estética nueva, otra forma de mirar o de denunciar los males de la realidad? Espero que sí. Necesariamente, cada generación tiene que traer algo nuevo. Los tiempos cambian, también lo hacen los referentes estéticos y, de algún modo, ideológicos. Estoy deseando leer lo que está por venir, toda esa hornada de nuevos narradores, jóvenes, que aporten una manera distinta para mirar la realidad y lo que se escapa de ella. 

 

 

13/02/2017 00:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SUSAN SONTAG POR PETER HUJAR

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Esta foto de Peter Hujar, cuya obra se expone en la Fundación Mapfre de Barcelona, es de Susan Sontag.

 

01/02/2017 11:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en diálogo con Antón Castro, uno de sus últimos libros: ’Edad del insecto’ (Sd Edicions?, una amplia selección de su poesía de adolescencia y posadolescencia, que incorpora también sus dibujos.

-A propósito de ti se han ensayado muchas definiciones y retratos. Aquí Javier Ozón acuña otra: “Hombre de genio”. ¿Cómo debe entenderse, cómo lo entiendes tú?

 Deseo entenderlo tal como reza la 4ª acepción del Diccionario de la Academia: GENIO: “Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”.

 

-¿Qué es y qué quiere ser Edad del insecto’ (SD Edicions)?

 Edad del insecto es un libro muy bien editado que contiene dibujos y textos de adolescencia.

 

-¿Cómo entendías la poesía y la literatura en tu primera juventud?

 Poesía era sinónimo de literatura y la empleaba, como certero bálsamo, para acallar un molesto ruido que asolaba mi cerebro.

 

-¿Cuáles eran tus lecturas de ese instante? Aquí se cita a Saint John-Perse, a quien le haces un homenaje, pero a qué autores leía un raro como tú?

En principio leí lo que tenía a tiro, lo que me resultaba más atractivo de la biblioteca de mi padre (tratados de teratología, manuales de higiene castrense, atlas de anatomía, un opúsculo en el que se enseñaba a embalsamar), luego me interesé por la Historia Natural y, finalmente, llegué a Camilo José Cela y a Primera memoria de Ana María Matute. Perse y Borges vinieron después, fruto de laboriosas indagaciones en las librerías de viejo y de nuevo.

 

-Da la sensación de que eres un poeta experimental y lúdico. Jugabas no solo con el lenguaje, sino con la erudición, con la parodia y a veces creo que hasta con tu sombra.

El sentido del humor ha sido causa de que algunos coetáneos me colocaran en no sé qué listas negras; no estaba bien visto que un joven escritor burgués empleara esa herramienta. En cuanto a poeta experimental y lúdico he de decir que lo que nunca pretendí ser es un poeta original, la originalidad es cosa que conduce al aburrimiento y denigra a sus practicantes.

 

-Qué vínculos tenías con los ‘Novísimos’? ¿Qué les debes y qué te deben? Gimferrer dijo de ti que eras el “ala extrema de la escritura novísima”.

En 1962, cuando termino mi primer libro, De las condiciones humanas, no me consta que nadie escribiera de esa manera. Que los autores que se agruparon bajo el manto protector de Gimferrer y Castellet en la antología de los nueve Novísimos coincidieran conmigo en el modo de tratar la escritura es lo que se llama una confluencia; factores ambientales convierten a individuos morfológicamente diferentes en individuos etológicamente parecidos, es el caso del zopilote y el buitre, aves de alejada taxonomía pero de hábitos similares; han aprendido que para localizar la carroña lo mejor es remontarse en el aire y agudizar la vista.

 

-¿En qué medida para ti la literatura era un campo de pruebas y de transgresión?

La literatura era un empleo que me resultaba de fácil desarrollo y que me procuraba algunas satisfacciones. Recuerdo al profesor Pedro Piulachs, un reconocido cirujano del Hospital Clínico de Barcelona que ensayaba, entre amputación y amputación, la escritura de versos, cuando leyó lo que yo escribía y dijo en público, a voz en grito, en la salíta contigua al quirófano, que él daría una pierna, o un brazo, para logar escribir tal como lo hacía Ferrer, entonces estudiante de tercero de Medicina.

 

-¿Qué porción hay de humor negro en tu obra, te interesa, es algo que vemos los lectores solo, es una pequeña obsesión para ti?

Ese año estuve interno en la morgue del Hospital Clínico y, por otra parte, mi abuelo materno, de origen aragonés (todavía sigue en pie el caserón familiar en Uncastillo), tenía un sospechoso interés por la onomástica fúnebre, cosa que he heredado de él y de Cela, y para ejercitarla recitábamos las esquelas de La Vanguardia Española. También me aficioné de niño a los cementerios y en más de una ocasión soborné, ayudado por un condiscípulo aragonés (ahora me doy cuenta de mis inapelables vínculos con esta región), a las monjas que velaban los cadáveres, para abrirlos y extraerles vísceras para las prácticas de anatomía.

 

-¿Desde cuándo te han interesado tanto los animales, incluido los insectos, y por qué?

 

Desde niño la naturaleza, en especial la fauna salvaje europea, ha sido objeto de mi atención, despertada quizá por los libros alemanes que tenía mi padre profusamente ilustrados y por mi mismo padre que, pese a su condición absolutamente ciudadana, se sentía atraído por el campo, lo que supuso disponer de una masía y de un Land Rover para aventurarnos por los bosques.

 

-En una obra tan intensa y abierta como la tuya, ¿serían las bestias una metáfora de algo?

 Cuando en los años sesenta inicio el estudio de las grandes aves necrófagas y transporto semanalmente, desde el zoo de Barcelona, cabezas de caballo partidas, alimento para las fieras enjauladas, hacia el prepirineo de Lérida y Huesca, me acompaña en un par de ocasiones mi amigo Javier Marías. Nunca entendió por qué hacía aquello. Me preguntaba, desesperado, si yo ‘buscaba la cifra de algún desajuste emocional’ o ‘trataba de aniquilar mi mala conciencia’. Algo tan simple, para mí, como sentir placer contemplando el majestuoso descenso de esas criaturas o el proceso de eliminación de la carroña gracias a sus picos azulados, era algo que escapaba a sus presupuestos. Decididamente no soy un ser metafórico, voy siempre al grano.

 

-¿Cómo te ves a ti mismo al mirar atrás, al releerte aquí, cómo eres ahora como poeta, en qué has cambiado?

Veo que pintaba y escribía ungido por la ingenuidad, cosa mala; la ingenuidad es una forma de ignorancia. Ahora me preocupa no repetirme, estoy tensando demasiado la cuerda para desdecir el tópico de que en la vida sólo escribimos un poema. A ver si soy capaz de tirar pronto la toalla y no convertirme en un grotesco abuelito escribano.

 

-¿Te condicionó a ti la censura de algún modo específico?

 Cuando se habla de censura todos se refieren a ese periodo llamado franquismo en el que yo nací y en el que desarrollé la primera parte de mi vida literaria. No tuve problema alguno. Sin embargo en 2005 y 2006, años de la terminación e intento de publicación en Barcelona de mi novela Níquel, fui conminado, por mi agente literario, a modificarla y adaptarla al credo que imperaba e impera en Cataluña si quería que alguna editorial la sacara. Escribí hasta tres versiones y al ser todas rechazadas opté por guardar el manuscrito en un cajón hasta que conocí al editor aragonés que tuvo a bien publicarla. Esa versión, perfectamente edulcorada, se republicó más adelante por una conocido sello barcelonés.

 

-¿Desde cuándo dibujas y cómo defines tus tentativas? El libro tiene algo de libro objeto también. ¿Cómo lo ves?

Dibujé entre 1958 y 1970, mimetizando a los artistas de los movimientos de vanguardia, aunque también podría haber algo del automatismo de los garabatos que algunos alucinados trazan en las márgenes de las libretas del colegio y en los devocionarios. La edición de Edad del insecto es decididamente pulcra, fascinante; pienso que este libro sólo podía publicarse en estas condiciones, sólo podía publicarse de la mano de la diseñadora María Luisa Samaranch de Lacambra.

 

-A veces da la sensación de que Ferrer Lerín no para de crecer: en su obra y en su leyenda. ¿Tienes a veces la sensación de que has perdido un poco el tiempo y de que la fama y el reconocimiento te llega algo tarde?

Mi leyenda, a Dios gracias, parece que ya no crece más, o al menos intento que no siga creciendo de manera exagerada; estoy convencido que me ha perjudicado, que ha ocultado las posibles virtudes de mi escritura. El reconocimiento no llega tarde, ya que sólo llevo una docena de años como escritor profesional, pero sí es verdad que me llega tarde como ser vivo, porque, no nos engañemos, ¿cuántas entrevistas más podrás hacerme, amigo Antón Castro? Lástima que no sepamos con certeza si esta es la última, tendría un notable valor añadido.

 

*La fotografía es de Fran Ferrer.

31/01/2017 14:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA AMÉRICA DE TRUMP. POR GUILLERMO BUSUTIL

[La elección de Donald Trump meparece uno de los peores síntomas del lugar hacia donde va el mundo.  Es un personaje que representa lo peor -esencialmente no cree en los derechos humanos y lo ha vuelto a demostrar en su discurso de investidura-, pero algo tendrá para tantos estadounidenses que lo han elegido. Guillermo Busutil, en esos artículos-río, intenta aproximarse a su figura y lo vincula con el peor cine norteamericano. Me envía su artículo y lo traigo aquí. Lo que más me impresiona es cuando leo en la prensa española elogios hacia este personaje, que tendrá que cambiar mucho para ser un buen presidente. Elogios y esperanza. De entrada, el mundo desde sus últimas palabras parece un poco peor.]

Capitán América

Guillermo Busutil*  

'La Opinión de Málaga'.

Todo está en el cine. No existe amenaza o certidumbre de cualquier felicidad o apocalipsis que no tengan en la pantalla grande una producción de taquilla o una historia de autor. No hay abismo de la naturaleza humana que no posea un rostro inolvidable con el que recordar la crueldad, el miedo, la venganza, la locura o la muerte. Tampoco quedan posibilidades o consecuencias del poder político, económico, cultural, bélico o medio ambiental, sin una película cuyo título no haya acertado a ser un cristal visionario, la espesura carnal de la memoria, un contorno esquivo de la Historia o un viaje más allá de los límites intuidos. Adelantándose a su época en ocasiones, o documentando en otras, el poliédrico pretérito nos ha mostrado todo lo que somos y todo lo que podemos ser por mucho temor que tengamos a la pesadilla de imaginarlo.

El cine es el séptimo arte que no sólo sabe que la Historia es cíclica y se repite. También es la industria que nos vende los más impensables terrores y escenarios, que pueden aguardarnos al otro lado del viejo mapa de la felicidad o en el peor callejón de la realidad de atrás, cobrándonos la entrada y sin que nos demos cuenta de en qué nos están adiestrando. Ni siquiera le hace falta hacerlo con una cadencia de más de 14 imágenes por segundo, como con la leyenda del famoso experimento de James Vicary con el anuncio de Coca-Cola. Fahrenheit 451, Odisea espacial 200, La Naranja mecánica, Blade Runner, Minority Report, Gattaca, Los Juegos del hambre, Hijo de los hombres, La zona, El día después de mañana o Langosta nos han adelantado con décadas de diferencia hologramas narrativos de los tiempos que nos van llegando de soslayo, avisándonos de los modelos de sociedad en los que habrá que sobrevivir y reinventar un inestable modelo de convivencia. Incluso de fuga.

Lo de Donald Trump no iba a ser menos. Después de tener a un galán secundario y pésimo actor de Hollywood como Ronald Reagan a los Estados Unidos sólo le faltaba tener como cabeza oval a un rey del béisbol, a un descendiente de los sioux –bastante improbable porque se les reconoce menos que a los afroamericanos su identidad nacional– y a multimillonario. Trump ha sido el elegido, tenía más dinero a su favor. Y curiosamente algunas de sus facetas como su perfil de predicador que abduce el alma del profundo pueblo norteamericano, el que erige la biblia y el rifle a dos manos como raíces fundacionales de su concepto de lo patriótico, y su odio visceral hacia la inmigración y en concreto a la mexicana, podemos encontrarlas en El Duelo de Kieran Darcy-Smith. Un interesante western –el género que recoge la tragedia clásica y define más el concepto del héroe y lo fronterizo– en el que Woody Harrelson está inconmensurable en el papel de un predicador que rige un pueblo de Texas donde los habitantes siguen ensimismados sus predicciones, sus dogmas y cuyo odio a sus vecinos mexicanos e indios lo lleva a convertirlos en presas para cacerías humanas pagadas por gente de dinero.

 

No hará Trump ese tiro al plato pero veremos qué harán sus huestes policiales cuando se cierre el paso a la inmigración de la pobreza a la que no hay muro que la contenga, sin bajas de todo tipo a ambos lados. De momento su populismo a favor de los cabreados con las élites políticas de la capital y de los damnificados por la gran recesión económica ha tenido frutos y una fractura. La presidencia y un el país dividido en dos. Igual que ocurre con Gran Bretaña, con Europa y con España. El mundo fragmentado entre la clase rica y los pobres que, sin darse cuenta ni tampoco poder evitarlo, han sido divididos por los ricos en dos clases de pobres. Los que necesitan creer en senderos de gloria y en el Bienvenido Mr. Marshall de los que llegan a devolverles lo que le quitaron, y los que saben que los seguirá convirtiendo cada vez más en furtivos del bienestar y en excluidos de la sanidad como acaba de hacer Trump.

No entiendo cómo los ciudadanos continúan creyendo al lobo disfrazado de pastor. Y menos si éste se rodea de un gobierno que tiene más que ver con un consejo de accionistas de una gran multinacional -en el fondo es lo que Estados Unidos- que con un sanedrín de expertos curtidos en política. Hacia dentro poco importa su déficit en exigencias de equilibrios y justicias sociales. Las promesas son un espejismo o ¿acaso va a resultar que el gobierno Trump va a ser un gobierno de filántropos a favor del pueblo? Y hacia fuera el dinero es políglota, diplomático, agente secreto y sicario, si hace falta. Poco importa que el mundo financiero administre el poder porque el poder hoy es el mundo financiero.

Ha nacido una estrella. El nuevo Capitán América cuyo escudo protector contra el enemigo es el muro de la exclusión con el que pretende blindar la inmigración del vecino pobre, al grito de Estados Unidos para los norteamericanos. Stop a la carnicería. Sólo Trump entiende los eslóganes de Trump no se sabe acusando a quien. Tampoco sus votantes saben más allá de mascar tabaco, bailar country con cerveza las noches del sábado y formar rápido una patrulla armada hasta los dientes si le roban el banco el día de cobro, como refleja ese otro espléndido western contemporáneo que es Comancheria. Lo que importa es que la pasión del domador del demonio enardezca al pueblo y Trump imita a Burt Lancaster en feo pero con mayor convencimiento que el protagonista de El fuego y la palabra. Es difícil no acordarse de Hitler y de Jesús Gil al escucharle hablar de "madres y niños atrapados en la pobreza de nuestras ciudades, en fábricas como lápidas en el paisaje de nuestra nación€. han robado a nuestro país mucho potencial que no ha salido adelante", y contemplar el rostro emocionado de sus votantes. Muy parecido al de los campesinos y pescadores del Brexit. O al de los franceses que marcharán pronto contra la Bastilla de la République siguiendo el seno del Frente Nacional de Marina Le Pen, que veló armas de victoria ayer advirtiendo a la prensa que podría vetar a la que quisiera sin dar explicaciones. Conocemos la amenaza porque allí estaban los medios de comunicación, a calzón bajado sin rebelarse una vez más frente a la chulería antidemocrática. Nos hemos contagiado y creemos que la información a cualquier precio es nuestra patria.

Erase una vez América ya no existe. Entrar será más indagado policialmente. Ya no les bastará con preguntar en verde si uno tiene intenciones de atentar contra el presidente o con ser apartado de la fila si suena hispano su apellido. Las fronteras se irán blindando sibilinamente cada vez más. Cuando el poder escruta tan intimidatoriamente la prensa debería mantenerle al menos la mirada. Sin embargo resulta que no. El fantasma de la tibieza lo rige todo. Nadie quiere mojarse el primero. Los debates, como en España, más valientes a toro pasado. Incluso con Trump frente al que todos parecen inclinarse a dejar qué haga con el mundo en sus manos. Algunos periodistas piensan qué el establishment frenará decisiones extremas a nivel interior pero que otra cosa es si lo conseguirán en su tensión con China, con Oriente Medio, en las medidas que empleará en su batalla contra el terrorismo islámico y en sus enigmáticas relaciones con una Rusia cuya actuación en la sombra sigue cuestionando la legalidad del triunfo electoral de Trump. Dentro tiene sublevadas a las mujeres que marcharon ayer en su contra y fuera el mundo entero preguntándose si las barras y las estrellas no terminarán convirtiéndose en cenizas y diamantes. Capitán América o Gengis Trump.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

 

22/01/2017 19:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

KIRMEN URIBE: UNA ENTREVISTA

ENTREVISTA. Kirmen Uribe

El escritor vasco, nacido en Ondárroa (Vizcaya) en 1970, es Premio Nacional de Narrativa de 2009 por su novela  ‘Bilbao-New York-Bilbao’ (Elkar / Seix Barral). Ahora publica una ambiciosa novela familiar, de luchas y exilios, ‘La hora de despertarnos juntos’, que presenta hace unos días en la librería Cálamo de Zaragoza. (Aquí lo vemos en una foto con Aritz Aduriz, el goleador del Athletic de Bilbao).

-¿Quién es Antonio Gezala? ¿Cuál es su importancia en el arte vasco? 

Antonio Gezala, aunque desconocido, es para mí uno de los grandes pintores de los años 20 en el País Vasco. Es un autor que pinta escenas de ciudad, en este caso Bilbao, pinta accidentes de tranvía, cargueros descargando su carga en el puerto de Bilbao... No pinta escenas de campo costumbristas. Además, introduce el movimiento en sus cuadros. Es muy moderno, fue amigo de los Delaunay y se nota su influjo.

 

-¿Qué encontraste en ese cuadro, ‘Noche de artistas en Ibaigane’, 1927, qué tiene de particular para ti? 

Primero, el cuadro me enamoró cuando se mostró por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, porque representaba una escena nocturna, una fiesta de disfraces de los años 20 con un grupo de jazz al fondo... Me recordaba la atmósfera de El gran Gatsby de Fitzgerald. Y la gran sorpresa fue descubrir, años más tarde, que el que tocaba la trompeta en ese grupo de jazz era precisamente Txomin Letamendi.

 

-En realidad, según el leve prólogo o introducción, parece que todo empezó hacia el 2010 al recordar a una amiga de la familia. ¿Qué encontraste en su historia que no te había interesado antes? 

Así es, fue en un viaje que hice a la Universidad de Brown junto al escritor Iñaki Uriarte y su mujer. Me apetecía escribir una novela más extensa, más ambiciosa literariamente y que tuviese como centro la vida de una mujer y pensé en cómo mi madre me hablaba de lo que había vivido una señora del pueblo Karmele Urresti, casi un siglo de vida, con la Guerra Civil y la II Guerra Mundial como trasfondo, dos exilios, la conexión con los servicios secretos americanos... Y empecé a investigar.

 

-La presentación de los personajes te permite contar la historia de las navieras vacas: los Urresti, los de la Sota. ¿Cuál es la importancia del mar, también en un sentido simbólico, del mar para Euskadi? 

El mar para mi es fundamental. Creo que en parte soy escritor por haber nacido pegado al mar. Mi padre y mis abuelos eran marinos. El mar hace que puedas soñar con otros mundos. Cuando eres niño te regala cosas, unas veces te trae un delfín a la playa, una foca, un barco que embarranca en la playa después de una tormenta. El mar siempre te da algo diferente, algo extraordinario que te saca de la cotidianidad. Son muchos los estímulos. Y eso para la imaginación de un niño es una bomba.

 

-Hablemos de Txomin Letamendi: trompetista, elegante, más o menos reconocido, un tanto utópico y comandante del ejército republicano. ¿Qué te atrapó del personaje? 

 Me atrajo que era un artista, un bohemio que por circunstancias de la vida tiene que meterse a miliciano y luego es captado para los servicios secretos. Tuvo una vida muy novelesca aunque sufrió muchísimo y acabó en las cárceles de la dictadura, en los años más oscuros. Pero creo que ante todo era un idealista que amaba la vida. Tuvo mala suerte, fue un "perdedor", pero es que a mí me interesa mucho más contar la historia de la gente que ha sido dejada de lado, de gente olvidaba que hablar de los que les va bien en la vida.

 

-¿Cabría decir de él que fue un soñador, un resistente, un temerario o un cultivador de la utopía? 

Las cuatro cosas a la vez, por eso me gustaba como personaje. No creo en los personajes planos, lineales, me gusta hablar del ser humano en su complejidad, con sus luces y sus sombras.

 

Para mí el gran personaje del libro, el que me fascina todo el tiempo, incluso en su compleja relación con las mujeres (que se explica en una ocasión al menos), es Manu de la Sota. ¿Qué hay de ese personaje, fue así o hay un proceso de sublimación por parte del autor? 

Bueno, los familiares me dijeron que lo había puesto mejor de lo que era en realidad. De la manera en que yo lo veo es una personaje increíble, es de los que más me gusta de la novela: culto, elegante, cosmopolita... Fue una persona que creyó realmente en la democracia y la libertad y luchó por ella, fue uno de los primeros en establecer contactos con la administración Roosevelt, se presentó el día de Navidad de 1940 en la Casa Blanca con unos niños vascos que cantaron un villancico en euskera al presidente y su mujer, conoció a Hemingway, a Thomas Mann... Y luego viene la decepción porque los EEUU apoyan a Franco en los 50, se retira a su casa en Biarritz, cerca de faro, a estudiar clásicos vascos... Un personaje maravilloso.

  

-Otro gran personaje –más allá de los protagonistas, claro- es Agirre, el lendakari: refinado, conciliador, perfeccionista y con un gran amor por su tierra. ¿Es como el líder de un país imposible, el hombre que lo da todo por un ideal? 

Pero el Agirre que aparece en la novela es un Agirre humano, que está aterrado porque su inglés no es bueno y se tiene que entrevistar con el rector de Columbia William Butler, un Agirre nervioso, que fuma mucho... Y también un luchador por la democracia y las libertades que nunca dejó de lado a su pueblo. Es el drama de un hombre que creyó ciegamente en los aliados pero que luego lo dejan de lado por razones de geopolítica mundial.

 

-¿Has tenido siempre claro que querías plantear el libro como una suerte de novela-reportaje, con diarios, en la que ibas a intervenir como autor a la manera de Cercas, Carrère o Coetzee, por poner algunos ejemplos? 

Sí. Me gustan mucho esos autores, también Siri Hustvedt o Laurent Binet. Creo que era necesario mantener los nombres reales en la novela, si no, no hubiera sido creíble o verosímil. Podría haber hecho ficción con la misma historia, una novela al uso, pero no hubiera sido honesto conmigo mismo. Quería que en el libro apareciera lo que vivió esta generación, la gente que luchó durante la II Guerra Mundial y el duro franquismo, que la hubo, y también los nombres de los "inquisidores", de los represores.

 

‘La hora de despertarnos juntos’ es una novela de espías, de un pugnaz y torpe espía, Txomin Letamendi. ¿Fue así el espionaje contra Franco, se corrían tantos riesgos, había también tanta ingenuidad? 

 Creo que eran los que eran y no tenían otra salida. Era luchar o conformarte con lo que había, que era la dura dictadura. Imagínate, un músico fue comandante de gudaris en la Guerra. Pero es que todos eran así... era un ejército sin ninguna formación, que en ningún caso pudo oponerse a la fuerza del ejército sublevado, con formación, con el apoyo de Alemania e Italia...  La única guerra que podían ganar era la de la opinión pública, sobre todo fuera, en Europa y EEUU, y esa sí que la ganaron, hasta que llegó la Guerra Fría y los EEUU se obsesionaron con el comunismo.

 

-¿Es una novela sobre los sueños rotos o sobre los exilios, la pérdida de la patria una y otra vez? 

Es así. Pero creo que nunca se rindieron totalmente. Me gusta la idea de Susan Sontag cuando dice que ninguna lucha por la libertad es vana, uno puede tener la sensación que no tiene nada que hacer, que no va a conseguir nada, pero esa misma lucha luego puede tener su reflejo en otros sitios del planeta o en otros tiempos... Es así como hemos avanzado en los derechos civiles, a base de batallas perdidas.

 

Tú también eres poeta. ¿Cuál es la importancia de la poesía en un texto que parece claramente épico? 

 Es un texto que tiene de todo. Tiene 178 capítulos con diferentes lenguajes, pueden ser poéticos, con un lenguaje más de crónica, otros son científicos... Hay de todo. A mi me gustan las novelas plurales, coincido con Milan Kundera cuando decía que las novelas tenían que combinar la narración con el reportaje, el pensamiento, la autobiografía y la ensoñación. Y la novela tiene estos cinco elementos.

 

Ahora que se debate tanto sobre la realidad y los usos de la ficción, ¿cuál es o debiera ser la mirada del novelista sobre la historia? 

La mirada del novelista es siempre su propia mirada, es una mirada individual que se fija sobre todo en los seres humanos más que en los grandes acontecimientos humanos. El escritor está siempre junto a la persona que sufre, y retrata siempre su complejidad. Me interesaba contar como la Historia condiciona fatalmente la vida particular de estas personas y contarla yo mismo, como individuo. En la novela yo no dirijo a mis personajes como un narrador omnisciente, es todo lo contrario, son los personajes los que me van guiando.

 

Hablar de la memoria es casi un tópico, pero quizá sea otro elemento capital. ¿Qué relación existe para ti, o cómo la desarrollas tú, entre literatura y memoria? 

 La memoria es fundamental en literatura, creo que la literatura se nutre de memoria e imaginación, y cómo el novelista va modificando aquello que recuerda para crear ficción.

-Por cierto, leí una cosa que me interesó mucho: “La literatura es lo que se lee entre líneas”. ¿Podrías aplicarlo esta novela? 

 Yo creo en un lector inteligente que va completando las novelas. En mi novela hay muchas cosas que no se cuentan pero que el lector intuye y hace su propia lectura. Además, lo que ha pasado es que mucha gente ha empezado a hablar del pasado de sus familias a raíz de la novela, hay historias increíbles en cada familia, y es bueno que se hable de ellas.

 

-Escribes en vasco y tienes un inequívoco compromiso con la lengua y con el territorio. ¿Cómo ves y cómo sientes el País Vasco, qué queda de ese espacio lleno de sombras, que aquí narras, y cómo se remonta la gran herida del terrorismo?

Primero hay que ponerse en el lugar de los que más han sufrido, las víctimas, compartir su dolor y luego tratar de comenzar un diálogo entre diferentes, basado siempre en el respeto al otro.

 

*La foto http://www.elcorreo.com/noticias/201511/04/media/cortadas/aduriz-kirmen--575x323.jpg

21/01/2017 11:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAGDALENA LASALA Y LOS AMANTES DE TERUEL: MITO Y NOVELA

Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958) fue la primera sorprendida cuando desde los Libros de la Esfera le invitaron a escribir una novela sobre Los Amantes de Teruel. “Pensaba que estaba todo dicho, pero acepté y me sumergí en un minucioso trabajo de documentación, como se ve en la bibliografía. He invertido un año. En enero empecé la redacción y entregué el libro en septiembre. He escrito una historia realista, con carne, huesos y emociones, de dos jóvenes que transgredieron las convenciones de su tiempo y que intuyeron que estaban unidos por el destino”, dice, y añade que con la presentación de ‘El beso que no te di’ el próximo 26 de enero en Teruel arrancarán los actos de conmemoración de los 800 años de la de la muerte de Isabel de Segura (1197-1217) y Diego Marcilla (1190-1217).

-Hace unos días, en la contraportada de HERALDO, Francisco López Rajadel decía que la historia de los Amantes es ficción.

-Podría ser. Para mí no es sustancial. Lo poderoso es el mito y en ese sentido Diego e Isabel existieron. En mi novela he mantenido sus nombres porque la leyenda es muy poderosa. Y lo que yo he pretendido es dar a su relato una justificación histórica, un contexto social, con todos los elementos y los personajes principales y secundarios. Teruel estaba naciendo, contaba con sus fueros, empezaba a ser un burgo y a la vez era un territorio de frontera.

-Ha elegido tres voces…

-Sí. La de Isabel, la de Diego y la de Elvira, que es el aya de Isabel, la criada de su madre que, poco a poco, se convierte en decisiva en la vida de la familia Segura hasta el punto de que asiste al nacimiento de la niña. Elvira, por decirlo así, es esa voz omnisciente, testigo y confidente, de cuanto ocurre.

-¿Como es la voz de Diego y cómo es él?

-A mí me gustan mucho las voces que salen de adentro. La voz de Diego es epistolar: está relacionada con las cartas que le envía a su amada desde la distancia, en esos casi cinco años en que está lejos, al servicio de Pedro II. Piense que los Marcilla habían caído en desgracia ante el rey Alfonso II y su esposa doña Sancha, y tanto Diego como su hermano mayor quieren resarcirse y aumentar su consideración social. Dicho esto, Diego es apuesto y audaz, es distinto y destaca en su entorno.

-¿Qué diría de Isabel?

-Creo que era una mujer inteligente que tenía una mirada espiritual que iba más allá de la religión. Poseía una capacidad especial de penetración que le permitía entender el momento que vivía, su situación personal. Es una mujer adelantada a su tiempo, por decirlo de algún modo. Su voz es más íntima: ella habla de sí misma, de su intimidad, de su pasión (a través de cartas que no le manda a su amado) y de su familia y de sus amigas.

-¿Cuál sería la novedad de sus enamorados, en qué son diferentes de la tradición?

-En la novela funcionan como lo que son: dos arquetipos. En el libro se habla mucho de los orígenes de la ciudad de Teruel y de su fundación, y yo vinculo a Diego y a Isabel con el mito fundacional del toro y la estrella. En cierto modo, hay una identificación del toro y de la estrella con ellos. Habló aquí de un ritual de origen cretense vinculado con el toro: un día, mientras intentaba someter al animal, el habilidoso Diego mira a través de la medialuna que hacen los cuernos con la cervizx a Isabel y se queda prendado. Lo impresionante es que todo Teruel se da cuenta de ello. Es un enamoramiento público. Y ahí empieza la historia…

-Creo que usted dice que, en realidad, se habían conocido de niños.

-Es una de mis suposiciones, sí, pero con el paso del tiempo se olvidaron. Una de mis teorías, creo que fundamentadas en la novela, es que ambos fueron gente formada, que conocían la poesía de los juglares, la lírica cortesana, los ‘Libros de Horas’ de la reina Sancha y que recibieron ambos clases de los maestros reales.

-¿Se olvidan?

-Sí. Y se reencuentran en ese ritual del toro, que tiene mucho que ver con los recortadores de ahora. Desde entonces empieza su historia de amor.

-¿Qué quiere decir?

-Que se amaron, que se citaron, que se besaron alguna vez, que disfrutaron de un momento muy especial en el jardín. He intentado que ‘El beso que no te di’ sea un libro carnal, vibrante, sin sexo, claro, una novela marcada por el ‘fatum’, por el destino. Y, en cierto modo, podría decirle que la novela es una tesis sobre el amor y los amantes.

-¿Tanto?

-Es una licencia literaria. Piense que Diego e Isabel estuvieron cinco años separados, sin posibilidad real de comunicación. Si el amor es comunicación esencialmente, ¿cómo mantuvieron firme su llama? Imaginar esa ausencia y desarrollarla ha sido toda una experiencia para mí. Este esun libro de encargo pero puedo decirle que ha sido una de las experiencias más estimulantes que he tendido en mi vida de escritora. Además, he tenido que hacer un camino inverso…

-¿Un camino inverso? ¿A qué se refiere?

-El lector ya sabe el final. Y ahí tampoco me he esforzado mucho. He aceptado lo que se supone y lo cuento con contención. En cambio, intento seducir al lector de otro modo: que cada paso que dan los personajes sea interesante, que atrape. Ahí he trabajado mucho y creo que puede haber momentos en que al lector le habría encantado modificar las historia: salvar a los amantes, alejarlos de la tragedia. Yo he seguido aquí una estructura shakesperiana: prólogo, presentación, desarrollo del conflicto, deselance y epílogo. Una novela en cinco actos. Si dices “Isabel y Diego”, también piensas en ‘Romeo y Julieta’, pero yo he tenido más en la cabeza a Hamlet. En algunos aspectos, Diego puede hacer pensar en Hamlet.

-¿Ha tenido otros libros en la cabeza?

No. Cuando escribo prosa no leo prosa, leo poesía. Y durante la redacción de la novela leí mucho la poesía de Idea Vilariño, una poesía dramática e intensa marcada por sus desencuentros con Juan Carlos Onetti, y también los ‘Sonetos’ de Shakespeare. Los Amantes de Teruel pertenecen a los primeros turolenses y ellos son el primer recuerdo que Teruel puede considerar propio.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.aragondigital.es/not/2013/6/5/img/img1084013s.jpg

20/01/2017 11:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO FERRERÓ: UN DIÁLOGO

[Recupero esta entrevista publicada en 'Heraldo de Aragón' en 2007 con Fernando Ferreró, que cumplirá este año 90 añosa, porque Prensas Universitarias de Zaragoza, en la colección Larumbe, publica su 'Obra poética completa', con edición de Julio del Pino Perales.]

Clásicos y modernos

FERNANDO FERRERÓ

"Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace más rica"

"En mi poesía, hay una descripción de lo que veo y de lo hay en mí. Es una poesía en drama y una escritura seca"

"Miguel Labordeta me había llevado, de niño, en su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano"

"Descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para los basureros, la gente llana, para el pueblo"





Fernando Ferreró (Zaragoza, 1927) es poeta, pintor y escultor. Y, acaso, uno de los hombres más misteriosos del llamado grupo Niké. Ha publicado diez poemarios y ha realizado varias exposiciones. Estos días aparece su libro "Secuencias y escenarios" (PUZ).

Sabemos muy poco de usted. Siempre ha sido como escurridizo, discreto, tímido.

Nací en Zaragoza en diciembre de 1927. Acabo de estrenar los 79 años. Mi padre, Ángel Ferreró, era de Valjunquera, pero tenía tierras en Fórnoles (Teruel). Era maestro, había estudiado Pedagogía y había asistido a cursos específicos en Madrid de Ortega y Gasset y María de Maeztu. Daba clases en el colegio Ramón y Cajal y tuvo de alumno a Manuel Alvar, del cual fui muy amigo, igual que de su hermano.

¿Julio Alvar, dibujante, antropólogo...?

Sí, recuerdo que con él y con José Luis Pomarón nos íbamos de tabernas de cuando en cuando. Nos poníamos a dibujar, luego dábamos los dibujos al dueño y él no nos cobraba la merienda. Mi madre, Paulina Gloria Tolosa, era maestra en el Buen Pastor. Vivíamos en la plaza de San Cayetano.

¿Cómo fue su infancia?

Estuvo marcada por la Guerra Civil, por una accidentada preguerra y por mi carácter. Piense usted que estábamos cerca del Mercado Central, que era zona problemática, una zona de frontera. Hacia un sitio estaba la revolución; hacia el otro, la vida burguesa y apacible. Siempre había escaramuzas, manifestaciones, huelgas. En la puerta de mi casa, hubo un piquete de soldados con ametralladora. Mis padres vivían en el colegio del Buen Pastor. Más tarde, nos trasladamos a la calle Ramón y Cajal, donde están ahora los bomberos.

Señala, también, que de su carácter derivó su desdicha. ¿Qué quiere decir?

Yo era un niño inclinado hacia la melancolía. Distingo entre temperamento y carácter. El primero nace contigo, forma parte de ti, y el carácter lo vas moldeando tú. Creo que logré cierta superación de la melancolía, y esa superación también se percibe en mi poesía. Yo me siento optimista, alegre, vital en muchos momentos, aunque siempre sea de una manera sesgada.

¿Sesgada?

Soy un hombre que no me comprometo nunca demasiado. Pero también pienso que la poesía puede acabar en sí misma, que no es imprescindible que tenga una proyección social.

¿Por qué nunca se compromete?

El gato escaldado del agua fría huye. Pues yo, igual. He tenido algunas experiencias amargas. Quizá Pío Baroja tenga una parte de culpa: he sido un gran lector suyo y me contagió su desconfianza. Parecía estar escarmentado del mundo, con desagrado, como si estuviera mal hecho.

¿Halló remedio a la melancolía?

Sí, creo que sí. Con el tiempo, con un poco de sentido común y con algunos libros. Primero descubrí, con diez años, "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez y me conmovió. Yo estudié en Corazonistas y un año en el colegio de Santo Tomás. Allí, descubrí un poema de Bécquer que me trastornó: "Cuando ves en el azul horizonte...". Tenía trece años. Empecé a escribir poemas. En la Guerra recibí clases en mi casa.

¿Cómo le fue en el colegio de Santo Tomás?

Muy bien. Allí, coincidí con Miguel Labordeta y con Ildefonso-Manuel Gil, que me abrieron los caminos de la literatura. A Miguel ya lo conocía del barrio. Nos habíamos criado juntos casi, puerta con puerta. Él era seis años mayor que yo. Y más de una vez me había llevado en el sillín o en el asiento trasero de su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano.

¿Y luego?

Hice Letras aquí, con profesores como Francisco Ynduráin y Eugenio Frutos. A la vez, colaboraba en revistas y escribía algunos poemas. Teníamos una tertulia en el café Levante, organizada por el periódico "Domingo". Estábamos el crítico de cine Manuel Rotellar, el poeta y anticuario Fermín Otín, etc. De Zaragoza marché a Salamanca, donde permanecí tres años. Y allí me empapé de la poesía del 27, de la de la generación de los años 40... En uno de los cursos estuve pensionado, en el verano, en Perugia, Italia. Y descubrí al gran poeta Eugenio Montale, en quien sigo hallando una afinidad y una sintonía con mi poesía.

¿Tuvo un significado especial la estancia en Salamanca?

Significó un encuentro más profesional con la poesía y la literatura. Los compañeros casi todos eran chicas, así que fui un estudiante perpetuamente enamorado. Me identifiqué con Castilla por amor a la Generación del 98. Hice el doctorado, pero no llegué a realizar la tesis. Fui auxiliar de Gustavo Bueno y de Fernando Lázaro Carreter, que siempre me trataba de usted, a pesar de que ambos éramos de Zaragoza y de una edad parecida.

He leído que dio clases en el colegio de Santo Tomás de los Labordeta.

Di clases de filosofía un curso. Dos horas a la semana. Miguel tenía un trato de favor hacia mí. Recuerdo que me regaló su primer poemario: "Sumido 25". Luego trabajé como ayudante de Eugenio Frutos, pero descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para basureros, para la gente llana, para el pueblo. No era un especialista y veía que la enseñanza literaria estaba demasiado sujeta a la investigación y a la erudición.

Y consiguió una plaza de profesor de Literatura en Benicarló.

Sí. Permanecí seis cursos. Entre 1955 y 1960. Aquello supuso el descubrimiento del Mediterráneo, otro tipo de vida, una nueva sensualidad, otra luz. Colaboraba en algunas revistas como "Orejudín" y "El molino de papel". Un día, José Antonio Labordeta, de quien era muy amigo, me pidió un libro para su editorial, y le di "Acerca de lo oscuro" (1959). Y al año siguiente, me llamó Joaquín Mateo Blanco y me pidió otro para Coso Aragonés del Ingenio, y le entregué "Hacia tu llanto ahogado" (1960).

¿Cómo era esa poesía?

Acusaba la falta de formación. Yo no tenía una visión clara de la lírica. Se veía el influjo de Juan Ramón Jiménez, Rainer Maria Rilke y Pedro Salinas. Creo que eran libros un poco ininteligibles.

Ya frecuentaba el café Niké, ¿no?

Sí, sí, claro. Venía los fines de semana y me integraba. En vacaciones, casi todos los días. Nos instalábamos al fondo, y hablábamos de todo menos de poesía. Había jóvenes poetas que sólo acudían el sábado y el domingo, y para ellos era muy importante. A veces, se leían poemas, pocas veces, y se oía una voz al fondo que decía: "¡Vaya mierda!". Miguel Labordeta venía los sábados por la noche: hablábamos, reíamos y salíamos a pasear por la ciudad a las tres de la mañana. Era una vida alegre.

He oído decir que durante el noviazgo de José Antonio Labordeta y el de Juana Grandes usted hacía casi de carabina.

Éramos grandes amigos, sí. A la madre de José Antonio le gastaron la broma de decir que para la luna de miel ya habíamos sacado los billetes para los tres. Los acompañaba a la playa en Tarragona, también venía Miguel. Era una relación entrañable.

En "Poetas aragoneses del grupo del Niké", Lorenzo de Blancas lo elogia y alude a su boda y a "la curación de todos sus psicológicos males". ¿A qué se refiere?

Siempre pensaba que me pasaba algo malo. Un día pensé que tenía leucemia. Tenías las manos amarillas y me asusté. Era porque me había puesto unos guantes amarillos, ja, ja, ja. Para entonces, ya vivía en Alfaro. Obtuve allí una plaza de profesor y permanecí hasta 1975.

Allí, descubrió el amor definitivo.

Llevaba una vida somática, placentera, de campo. Jugaba mucho al dominó, iba al café, paseaba, disfrutaba de buenas merendolas. De nada me arrepiento. Además, pintaba, algo que he hecho toda la vida. Y empecé a hacer escultura. He pasado por distintas fases: el expresionismo, el cubismo abstracto, el arte naïf, el arte bruto.

Hablemos de amor.

Conocí allí a una joven profesora de Zaragoza, Pilar Nogales, 20 años más joven que yo, y me enamoré. Fue un noviazgo largo e intermitente, que me llevó a cometer algunas locuras. Me casé con 50 años. He conducido literalmente de pie para no dormirme, cantaba, berreaba, abría las ventanas. No creo que me lleven a la cárcel por esto: una noche volvía a Alfaro y me pasé en la autopista, un kilómetro exactamente. Eran las tres de la mañana, y regresé a la salida marcha atrás. Hice un kilómetro completo. No venía nadie, eso sí.

Regresó a Zaragoza, trabajó de profesor de Lengua y Literatura en un instituto y recuperó su carrera poética.

Estuve más de 20 años sin publicar nada. En 1982, recogí y rescribí mis dos primeros libros, con nuevos poemas, en "De la cuestión y el gesto" (1982). Pero mi carrera literaria empezó de verdad en "La densidad implícita" (1988), que se completó con "El texto mínimo y Perfiles" (1988) y "El paisaje continuo" (1989). Ya conocía bien a los expresionistas alemanes como Paul Celan. Vaciaba lo que estaba dentro de mí.

¿Para quién ha escrito?

No he hecho una poesía asequible, es verdad. En mi poesía, hay una descripción de lo que veo en el exterior y de lo que hay en mí. La mía es una poesía en drama y una escritura seca: siempre hay una lucha con el ámbito, con una serie de elementos que dialogan entre sí, que tienen sus sentimientos, sus opiniones y sus esperanzas.

Su obra plástica es muy diferente a su obra poética. ¿Por qué?

Soy un hombre escindido. Pero he visto que no hay tanta diferencia. Mis libros se van organizando mediante fragmentos con un sentido claro en la estructura. Y en la obra plástica me ocurre algo semejante: encuentro cosas, utilizo fragmentos acabados e independientes y los voy uniendo en un todo. Mis objetos son construcciones, como mis poemas.

Camina hacia los 80 años. ¿Que desea?

Vivir más. Estoy satisfecho de la vida. Soy moderadamente feliz y Zaragoza me encanta, incluso creo que ha mejorado el clima. No tengo resentimiento hacia nada ni hacia nadie. La música clásica me llena, paseo con mis amigos, escribo. Soy completamente anárquico. ¿Una retrospectiva de mi obra artística? Ni lo pienso. Soy demasiado perezoso, salvo que me lo dieran todo hecho... Tampoco soy tan vanidoso. Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace mucho más rica.

 

 

16/01/2017 22:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRES POEMAS DE JAVIER RAMÓN JARNE

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Francisco Javier Ramón Jarne publica en Olifante 'La lentitud del frío'. Al libro pertenecen estos tres poemas.

 

 

 

Una vez tuve sueños

 

Me he desperdigado por los cuarteles de invierno

con mi gemelo inverso en la consagración del bosque

olvidado, como viento adolescente cuajado de polen

sanguíneo, dándome, como pasto a feroces arpías,

como señuelo a  clérigos acostados en cal viva

al otro lado de las puertas dolientes, a la intemperie

de dios.

 

Me he derramado como vino sobre losas sabatinas,

irremediable, alcanzándome en la huida, he volcado los cántaros

que el amor había puesto en las estancias donde

me cobijaba la noche.

 

He roto el sello que el secreto de unos labios azules

había puesto en el hipocampo a los abandonados huesos.

Para que naufragasen los pensamientos asesinos,

extendí las brújulas en los horarios de los trenes,

y puse veletas entre sabanas hasta desbocarme

con palabras que me esperaban

rebotando en el vacío.

 

Nada he logrado y mi memoria se pudre en un camino de silencio,

como los sueños de juventud.

 

 

Bulimia

 

Sé que eres adicta al vómito

por tus brillantes lágrimas sobre la piel blanca,

porque lloras con todo tu cuerpo  como las serpientes,

desde la humedad de la noche inmóvil

hasta la  abrasadora luz  que hierve en los delirios,

eres un avefría llena de soledad.

Huyes de los espejos porque en ellos se refleja la carne mórbida,

la exuberancia de las viejas concubinas,

la grasa flotando en los estanques amarillos de la pereza.

 

Te acuchillas con palabras oxidadas en la infancia,

concupiscencia,  molicie, ociosidad,  inflaman el vientre.

Tu nombre aparece en el libro de las violaciones,

pero en tu piel no florece la sífilis.

Me conmueven las heridas abandonadas

en la  luz.

 

Viajas hasta el fondo de cántaros llenos de angustia.

Tus caballos sin freno y el sexo aspirando el mar.

Buscas la culpa en  lavabos anónimos,

devoras la sustancia del hastío.

 

 

Me conmueven tus vómitos

porque flotan  en  la oscuridad  como peces muertos,

alargan el viaje en el insondable invierno,

hacen más deseable la fruta de tu boca,

de tu herida.

 

Tus vómitos son el llanto que corta como un cuchillo.

 

 

Reptiles

Como la iguana en la roca, el viejo inclinado

sobre el cuerpo blanco huye del frio,

también de la sequedad,

por eso busca el agua de su boca y de su lengua,

el olvido en el vientre deshabitado de la mujer autómata.

Piensa, ella es un animal que me ha visto desnudo,

y siente asco de sí mismo.

Ella piensa, este cuerpo en su decrepitud

está desnudo junto a mi desnudez, y siente asco de él.

Pero tras las máscaras el rito se consuma en los desagües,

sobre desesperadas sábanas sin memoria,

y en los mostradores venéreos,

el sello de las transacciones deja  una huella amarilla

sobre la piel elefantiásica.

 

¡Ah, soledad de los viejos, amorosa lujuria

en el invierno!

 

 

*En la foto, Silvana Mangano en 'Arroz amargo' de Giuseppe de Sanctis.

 

12/01/2017 10:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS DIARIOS DE VALENTÍN CARDERERA

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Publican los ‘Diarios de viaje por Europa’ del

erudito y artista oscense Valentín Carderera 

 

Entre 1841 y 1861 viajó seis veces a París, Londres, Bélgica y Alemania con el deseo de publicar las láminas de su ‘Iconografía española’

 

FEDERICO DE MADRAZO / F. ALVIRA

Este retrato de Federico de Madrazo, buen amigo del aragonés, es el motivo de portada de la edición de Valentín Carderera.

 

 

Es casi un lugar común afirmar que Aragón posee más ilustres e ilustrados por kilómetro cuadrado que casi ninguna otra región. Si Irlanda es el país de los escritores, Aragón es el territorio de personajes insólitos y tenaces que cultivan la utopía. Ahí están, entre otros, Martín Cortés, Miguel Servet, Pedro Porter y Casanate, Félix de Azara, Goya, Cajal, Pilar Bayona, Buñuel o María Moliner. Y entre ellos figura un oscense  como Valentín Carderera (Huesca, 1797-Madrid, 1880) que poseía una “personalidad multifacética” y destacó, según lo define el profesor José María Lanzarote Guiral, como “artista, erudito, académico, coleccionista de arte y bibliófilo, facetas entre las que queremos resaltar aquí la de viajero”.

Ese ‘aquí’ alude a la edición de los ‘Diarios de viaje de Valentín Carderera y Solano por Europa (1841-1861). París, Londres. Bélgica y Alemania’ (Institución Fernando el Católico, 2016), que ha preparado el doctor oscense en Historia del Arte, responsable también de la lujosa edición del ‘Viaje artístico por Aragón de Valentín Carderera (IFC, 2013). Se trata de un volumen de 600 páginas, con otro centenar de introducción y bibliografía, que constituyen un testimonio de época, una cita con los grandes impresores, intelectuales y artistas de su tiempo y, también, “las vivencias de un artista” pugnaz que perseguía un sueño: editar los dibujos y las notas de las vistas de monumentos españoles; al fin, tras mucho batallar en negociaciones y búsquedas de apoyos (entre ellos los de la reina María Cristina), las publicó en París en 1861.  “Si por algo se caracterizan los diarios de Carderera (…) es por la voluntad recopilar información, por encima de la evocación literaria o la reflexión erudita. Sus páginas son ante todo un apoyo a la memoria”, señala el editor. Y algo más adelante, redondea las intenciones del erudito: “Carderera dibuja con la pluma el panorama de una época y da así la réplica a célebres viajeros extranjeros por España, como Prosper Mérimée o Richard Ford, a quienes tuvo la ocasión de tratar con cercanía en sus propios países”.

De hecho, Mérimée, al que conoció en 1840, fue capital en su biografía: lo ayudó constantemente en sus visitas a museos y en sus citas con profesionales de la edición en Francia, en un tiempo que se califica como “la edad de oro de las artes gráficas”. José María Lanzarote se apoya en otras voces para retratar la rica personalidad de Carderera. Su amigo Vicente Poleró dijo: “No había biblioteca que dejase de visitar, ni documento importante que no leyese y anotase, lo que permitió reunir una importantísima y numerosa colección de apuntes, hoy de suma importancia”.

José María Lanzarote ha dejado fuera del libro la primera estancia del aragonés, de 1822 a 1831, en Italia, sobre todo en Roma y Nápoles, becado por el duque de Villahermosa. Allí realizó vistas, o ‘vedutes’, a la acuarela. A su regreso a España, fue acogido en el palacio de su mecenas, ingresó como académico de mérito en la Real Academia de San Fernando y recibió, casi de inmediato, encargos de la nobleza y de la Casa Real. Sería a partir de 1835, “con las leyes desamortizadoras”, en pleno período crítico para el legado arquitectónico y artístico español, cuando Carderera emprendería una de sus grandes aventuras estéticas y de conocimiento: la reproducción de obras de arte y monumentos, ese material que constituirá luego el proyecto ‘Iconografía española’, que se define como una “colección de retratos, estatuas, mausoleos y demás monumentos inéditos de reyes, reinas, grandes capitanes, escritores, etc., desde el siglo XI hasta el XVII”.

Como la España pintoresca y romántica de Carmen y los bandoleros estaba de moda en Europa, Valentín Carderera consideró que en París o Londres podría vender su proyecto, aunque había otras razones para su salida al extranjero, entre ellas “un exilio forzado por la situación política y económica de España”. El primer viaje lo llevó a París (y luego, por espacio de dos meses, a Londres y durante algunos días a Bruselas), allí frecuentó al barón Isidore Taylor -al que le intentó vender dos cuadros del Divino Morales, exhibido hace pocos meses en el Museo del Prado-, al citado Mérimée y a la reina madre María Cristina de Borbón (viuda de Fernando VII y casada en secreto con Fernando Muñoz, guardia de corps) y a exiliados españoles que esperaban allí “tiempos bonancibles”. Estuvo muy cerca de la soberana, que le encargó y le pagó varios retratos. El lunes 17 de julio de 1843 anotó: “Pinté en el retrato de la reina, boceto”. En el libro se incluye un buen retrato clásico de la soberana de 1842. Carderera volvió a España tras la caída de Espartero.

En 1845, y durante ocho meses, regresó a París, Londres y a Bruselas. Tampoco hubo suerte. Siempre se quedaba a medio camino pero aprovechaba el tiempo: iba al Museo del Louvre o al de Cluny, al Museo Británico o la National Gallery, a galerías privadas, asistía a subastas, visitaba la Biblioteca Nacional e iba dejando minucioso registro de sus pasos.

En 1855, atraído por la Exposición Universal de París y por su viejo afán, retornó a la capital del Sena. Volvería en 1859 y en 1861, época que logró culminar la edición de su ‘Iconografía española’ en francés y español. En una ocasión hubo que repetir la tirada por completo. En todo este tiempo, la vida de Valentín Carderera fue un torbellino de empeños, compras, libros, proyectos y amigos, entre ellos artistas aragoneses como Ponciano Ponzano y Juan García Martínez, y fue un gran promotor de la obra gráfica de Francisco de Goya. “En 1855 Carderera llevó a París un lote de dibujos del genio de Fuendetodos, que enseñó a sus amigos y colegas. Además, regaló algunas estampas de Goya a sus colaboradores y a aquellas personas que le ayudaron en su proyecto editorial”. Ricardo Centallas editó sus ‘Estudios sobre Goya’ (IFC, 1996).

A la vez este curioso de casi todo fue forjando una gran colección de arte, que adquirió sobre todo en París. En 1867 vendió parte de sus posesiones al Estado. Dice José María Lanzarote: “Se adquirieron 45.761 obras, que corresponden a 1.805 dibujos. 8.130 grabados dentro de libros y 35.826 grabados sueltos”, colección que fue a parar a la Biblioteca Nacional.

 

09/01/2017 21:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ANTONIO CABRERA

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[Un gran escritor, el poeta Antonio Cabrera, un gaditano de Medina Sidonia afincado en Valencia, publica ‘El desapercibido’ en Pepitas de calabaza. Un buen amigo me regaló este volumen delicado, intenso y hermoso, un libro sobre el acto de pensar y sentir, un libro en prosa donde se atrapa la vida en una de sus formas más perfectas: la palabra. Copio aquí dos textos.]

 

MÁS QUE BIEN

Propuse a mis alumnos un comentario sobre esta sentencia de Santayana: “Los filósofos contemplan estrellas que se desplazan lentamente”. Uno de ellos entendió más que bien: “La filosofía –contestó- es una actividad inocente que busca explicarse las cosas con calma”. Una ‘actividad inocente’. Qué fina o casual inteligencia.

NOS SALVAMOS

La vida interior es abstrusa, un embrollo de ideas en inminencia, en uso o en descomposición. La vida interior puede ser asfixiante. Menos mal que algo venido de fuera, una percepción, alguna cosa vista, puede aliviarla momentáneamente, puede permitirle respirar hondo. La vida interior –el pensamiento a solas- abandonada a su puro bullir nos sofocaría. Para que no quedemos cegados por nuestra mente es necesario mirar. Gracias a las ventanas no odiamos nuestra casa. Gracias al mundo nos salvamos.

 

-De ‘El desapercibido’ de Antonio Cabrera. Pepitas de Calabaza. Libro galardonado con el premio Café Bretón.

 

*La foto es de Juan Manuel Castro Prieto y pertenece a su proyecto 'Cespedosa'.

 

07/01/2017 15:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUERE RICARDO PIGLIA

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SOBRE RICARDO PIGLIA

Crónica de la entrega del Premio Formentor en 2015 a Ricardo Piglia.

Nota sobre las 'Conversas de Formentor'. La foto de Ricardo Piglia, que acaba de morir, es de Alejandra López y se publicó en la prensa argentina.

 

Participantes: Eduardo Becerra (profesor de Literatura Hispanoamericana), Jorge Herralde (editor de Anagrama), Juan Antonio Masoliver (escritor, crítico literario y traductor), Guillermo Schavelzon (agente literario) y Pola Oloixarac.

 

Había llegado la hora de Ricardo Piglia, distinguido con el Premio Formentor de las Letras 2015 por un jurado compuesto por Basilio Baltasar, Darío Villanueva, Félix de Azúa, Marta Sanz y José Ángel González Sainz. El autor de Formas breves o Los diarios de Emilio Renzi, de los que se iba a hablar, no había podido acudir: está enfermo de ELA. Eduardo Becerra dio el turno de palabra a Jorge Herralde, a quien se le escapó no se sabe si un chiste o la constatación de una fatalidad: “El hombre llegará a Marte pero los micrófonos seguirán sin funcionar”. Risas. Herralde dijo que quería narrar sus encuentros con Piglia y que iba a ofrecer algunas frases del autor, Piglia par lui meme. La historia de su relación se remonta a abril de 1993, en el bar del hotel Alvear de Buenos Aires, en la Recoleta. Hablaron largo rato y Herralde acarició una idea: publicar un libro de Piglia. Entonces, dijo, aún no sabía lo difícil que era que diese un libro por terminado; en cierto modo, pensó, Piglia también padecía el síndrome de Tito Monterroso. Y también podría haber dicho que el de Juan Rulfo. Algunos años después, en 1999, Herralde visitó la librería Central en Madrid y allí vio una edición mexicana de Pasión perpetua, “prologada por el amigo Juan Villoro. Lo empecé a leer durante el vuelo y ya no pude parar. Le escribí a su agente para ver si había algún libro disponible de tan gran autor: aunque fuera solo uno quería incorporarlo al catálogo”. Ante su sorpresa estaban todos los títulos disponibles, salvo La pasión perpetua, que había sido contratado por Lengua de Trapo. Herralde puso “el operativo Anagrama en marcha y a partir del año 2000, en que aparecieron Plata quemada y Formas breves, más tarde Prisión perpetua, cumplió su sueño. “Hemos publicado prácticamente toda su obra: cinco novelas, tres libros de cuentos, dos libros de textura ensayística, una Antología personal y ahora Los diarios de Emilio Renzi –recuerda Herralde-. Desde entonces, Piglia ha tenido una presencia constante en nuestro país donde se le consideró inmediatamente un gran escritor y se le ha ido considerando un clásico indiscutible de nuestro tiempo. Para mí, publicar a Piglia ha sido una fuente de gratificaciones personales”. Herralde contó que ha aprendido y que ha disfrutado mucho en sus charlas, debates, ruedas de prensa o presentaciones. Y aún más en sus diálogos, “regados por buenos tintos”. “El Piglia oral brilla al máximo nivel: es agudo, irónico, de vasta cultura, es nutritivo y ameno, realiza asociaciones inesperadas. Ofrece un espectáculo exaltante de pensamiento. Sus performances tienen una parte de representación y mantienen el aura de la función única”, agregó. Jorge Herralde se reveló no solo como el editor de Piglia, sino como un lector muy atento: repasa libros, desmenuza aforismos, habla de sus conexiones con Witold Gombrowicz, Borges, Macedonio Fernández y Robert Arlt, y recuerda que este, muy alto, falleció con poco más de 40 años y su cadáver, según relató el autor de Plata quemada, hubo que sacarlo por una ventana. También recordó que Piglia tenía por libros fetiches El oficio de vivir de Cesare Pavese, La peste de Albert Camus y Stendhal per lui meme de Stendhal. Dijo, a propósito de su última publicación, Los diarios de Emilio Renzi, que Piglia era un gran lector. Por eso, el propio autor decía: “Ese diario es la historia de los libros de mi vida”. Y recordó el origen de su escritura: “Si me hice escritor fue a causa de los relatos que circulaban en mi familia y su poder de atracción”, anotó Piglia.

Tras Herralde, tomó la voz el agente literario Guillermo Schavelzon. Una voz suave y precisa, tocada de melancolía, sencillez y hondura. Empezó hablando de sí mismo y de su oficio con una frase que casi sonó a Enrique Vila-Matas, galardonado en Formentor el año anterior. “Los agentes literarios parecemos gente extraña, tal vez nuestro trabajo consiste en hacer sin aparecer (…) Un buen agente literario es aquel que es capaz de absorber y amortiguar lo más álgido de la tensión entre escritor y editor que no es otra cosa que un conflicto de intereses”. Schavelzon recordó que Piglia y él se conocían desde hace cincuenta, cuando trabajaban para la editorial Jorge Alvear de Buenos Aires. “Yo tenía diecinueve años y él veinticuatro. Desde entonces siempre me beneficié de la asimetría de nuestra relación: aprendí de sus sus lecturas, de su trabajo de editor, de sus escritos y de sus ideas”. Confesó que cuando más había aprendido de él había sido en el último año y medio cuando, ya enfermo del cuerpo pero no de la mente, le había visto trabajar en los diarios con pasión renovada, que “eran el proyecto de su vida al que se quería jubilar cuando se jubilara en Princeton”. Schavelzon recordó que Piglia ha dicho: “Hay que escribir mucho y publicar poco”.

Analizó Los diarios de Emilio Renzi con serenidad y precisión. “Emilio Renzi, el nombre de su abuelo materno, ni es un alter ego ni es otro yo. Es un protagonista de la obra de Piglia, y su más importante intelocutor y un enorme conocedor del verdadero Piglia. Renzi es quien más sabe de él. Dice cosas que Piglia jamás hubiera dicho ni siquiera sabe de sí mismo. Su nombre, Emilio Renzi, es una autorreferencia, creemos leer datos autobiográficos cuando Piglia nos introduce en la ficción”. Guillermo Schavelzon es, en cierto modo, víctima de una escisión. “Me hice agente literario con Piglia: fue el primer contrato que firmé y el primer autor de la agencia. Hemos pasado muchas horas sentados en los cafés. Y ahora, a la luz de los Diarios, me vuelto a preguntar: ¿a cuál de los representaré yo?”.

Le tocó el turno a la escritora argentina Pola Oloixarach, poseída sin duda por el espíritu y la personalidad del autor de Plata quemada. Quizá por ello, en un claro juego de espejos, leyó un diario. “Devorar a Piglia, leer todo de nuevo en sus tapitas amarillas, en el sistema Piglia; tirar la llave afuera”. Pola, en clave de ficción y a través de sucesivos diálogos con amigos, profesores, críticos o lectores del escritor, o de aforismos, recorre distintos aspectos de su producción. Recuerda frases suyas: “La traducción es un campo de batalla” o “Y, bueno, la vanguardia también es un género”. Alude al peronismo, recuerda la figura de Osvaldo Lamborghini, lo compara con César Aira y escribe: “Toda su escritura está organizada como una catábasis, de la oscuridad a la luz. En sus textos se pasa de Macedonio Fernández a Bertolt Brech, y los dos iluminados por Kafka, para encontrarse con Borges”. Piglia, según Pola, “decide exhibir la literatura argentina en términos de una tradición universal”. A la hora de definir su personalidad literaria, subraya la importancia de su pensamiento: más que un contador de historias, como podría ser Aira, es un volcán de pensamiento, un volcán-pensamiento que “junta el barro más exquisito, haciendo de la lava turba y diamante”. Para él la literatura es una máquina de pensar. Pola Oloixarac afirma: “Su pasión por las ideas obliga a tener ideas propias o a pensar”. Con respecto a Los diarios de Emilio Renzi, dice: “Se entra y se sale de los Diarios como se atraviesan las paredes del sueño. La literatura tiene ese espesor de radiante de realidad en rayos”.

Juan Antonio Tono Masoliver conoció a Ricardo Piglia en Buenos Aires. Arrancó con su peculiar sentido del y humor: “Con este micrófono en la mano me siento como Elvis Presley”. Risas. Lo conoció cuando “era un fenómeno joven que había publicado Respiración artificial”. Para Tono, toda su obra “se mueve entre el ensayo, la reflexión y la ficción”. Poco a poco, sin papeles apenas, la fue caracterizando: son capitales en él las lecturas, le interesan mucho escritores heterodoxos (definió a Borges “como un escritor radical”) y se siente hondamente argentino. “Él ha sabido integran todo ese universo de nueva literatura", que integra al citado Borges, a Fogwill, a Bioy Casares, a Lambhorgini, a José Bianco, a Enrique Pezzoni, etc. Para Masoliver, Piglia tiene una vocación inmensa de escritor y de lector, “y para mí el escritor ideal es el lector ideal. Piglia realiza una escritura de mucha cultura y, sin embargo, no es un escritor culto, por decirlo así, de exhibición de cultura. Todo en él es vida”. Afirmó que hay un libro fundamental, Las formas breves, clave para su descubrimiento en España. Lo emparienta con el Dietario voluble de Enrique Vila-Matas y con El arte de la fuga de Sergio Pitol. “En su literatura se mezcla la invención, la imaginación, la historia, el pensamiento crítico y la defensa de ciertos escritores. Él defendió a Roberto Arlt como Borges defendió a Macedonio Fernández. Piglia es un hombre serio al que le interesan los personajes extravagantes, excéntricos, los personajes tocados por la locura”. Masoliver añadió otras constantes: la impureza, la historia dramática de su país, un elemento onírico y un arrebato de visionario, la presencia de la fragmentación, la destrucción de la novela convencional, la inclusión de la crítica (“puede ser crítico con otros escritores; a Cortázar lo respeta pero lo crítica”). “Los Diarios de Emilio Renzi representan la escritura total. Aquí la vida no es cronológica, no es lineal; la vida son fragmentos y a través de cada uno de ellos, Ricardo Piglia va buscando la solución final a este laberinto”. El de la existencia, el de la creación, el de la memoria.

Juan Antonio Masoliver se despidió con humor: “No quiero hablar mucho más porque me canso”. Eduardo Becerra tomó el pulso: recordó que había tenido contacto el escritor en su faceta de editor de Lengua de Trapo, a través del seminario del cuento en la Universidad Autónoma de Madrid y a través de la dirección de varias tesis doctorales sobre Piglia. Elogió Los Diarios de Emilio Renzi. “El diario es como el laboratorio de la escritura. El emblema de su obra. En el diario experimenta. Es la forma narrativa que mejor difunde su poética de la ficción. Es una obra metaliteraria y autorreflexiva. Aquí están la ficción y la vida real. Y está la experiencia, y en medio hay un zona de nadie donde experimentar vidas posibles. Para Piglia vivir y contar son lo mismo”.

Eduardo Becerra, que tenía la sensación de que el tiempo le perseguía como un monstruo indomable, resumió: “Esos diarios solo se justifican en el porvenir. Si Ricardo Piglia no hubiese empezado a escribir un diario no se hubiera convertido en escritor”. Lo más fascinante es que son el origen y el punto de llegada. Agregó: “Los Diarios de Emilio Renzi son un libro lleno de análisis deslumbrantes de la teoría de la narración sin ser jamás una escritura abstracta”.

 

Cuando empezaba a caer la noche, en los jardines del hotel Formentor Barceló, Ricardo Piglia volvió a ser protagonista: en la voz de Basilio Baltasar, en la de Jorge Herralde, que leyó un precioso texto con ráfagas de humor (“estoy un poco embromado de salud, nada grave, sólo tengo algunas dificultades para movilizarme, lo cual no ha hecho más que agudizar mi tendencia a no salir de casa”) y en de su nieta Carlota, con quien Piglia ha “mantenido diálogos extraordinarios”. Carlota estuvo lacónica y dulce. Y en ella el cronista reconoció a la misteriosa nadadora que por la mañana sintió pavor del oscuro fondo del mar.

Por emoción y por la sombra del aire entre los pinos, el ambiente se fue fraguando en la noche más hermosa.

06/01/2017 22:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ESTACIÓN LIBERTAD' Y LAS HERMANAS BOUZA DE RIBADAVIA

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HISTORIA DE LAS HERMANAS TOUZA

 

Por Emilio RUIZ BARRACHINA

«Andaba yo en Orense hace unos años rodando un documental sobre el caso Metílico, un envenenamiento masivo que se produjo en los años sesenta, con más de cinco mil afectados, cuando, de regreso al hotel, Fernando Méndez, al paso por Ribadavia, me habló sobre las hermanas Touza y su hazaña en los años cuarenta para salvar a cientos de judíos. Fernando es periodista y había estudiado en profundidad la vida de las hermanas. Rápidamente supuse que aquella historia tenía todos los ingredientes para convertirla en una película. Le solicité más información y poco tiempo después me la proporcionó.

Realizamos un primer boceto de la historia con un reconocido guionista: Ángel Aranda. El argumento funcionaba, tenía muchas trazas de convertirse en algo grande. Después, llamé a mi buen amigo y cineasta Raúl Romera y le propuse desarrollar un guion cinematográfico para rodar la película… Con semejante historia entre las manos no deberían faltar productores interesados. Trabajamos en el guion durante varios meses y, cuando lo consideramos terminado, se lo dimos a Nicholas Aikin para su traducción al inglés, quien, en su buen hacer, también colaboró con acertadas sugerencias. Efectivamente aparecieron productores interesados y las posibilidades de rodaje se pusieron en marcha. El distribuidor consideró que al guion le sobraban algunas escenas porque la película iba a quedar muy larga para lo que actualmente se exige. Las salas de exhibición necesitan al menos cuatro pases diarios para hacer las películas rentables… Cosas de la industria.

Así que recortamos la versión original. Sin embargo, para la novela he trabajado sobre la historia completa, de manera que en estas páginas hay mayor información y contenido que en la película. También hay un ejercicio literario, como es lógico, ya que en una pantalla vemos todo y no hace falta describirlo, es una comunicación unilateral. Al igual sucede con los pensamientos de los personajes, prácticamente imposibles de transmitir si no es a través de la acción. La historia ha sido ficcionada, pues no hay datos fehacientes del día a día de las hermanas, salvo comentarios de familiares y vecinos que las recuerdan, y se han cambiado nombres para no herir susceptibilidades. En cualquier caso, una película es una película. Otra cosa distinta hubiera sido plantearse un documental, con la rigurosidad en la exposición informativa que ello requiere. Este libro es un guion novelado. La vida y la heroicidad de las hermanas Touza está reconocida por la comunidad judía, entre otras, tal como se puede ver en el apéndice del libro. Y ya son bastantes los artículos y libros escritos sobre ellas.

Mucha gente compara su historia inmediatamente con la de Oskar Schindler, conocido gracias a la película de Steven Spielberg. Incluso algún periódico gallego se refiere a las hermanas Touza como las «Schindler españolas». Podría ser. Yo creo que además en la película desempeña un papel fundamental Martín, el niño limpiabotas, con lo que habría que hacer referencia a otra cinta mítica: Cinema Paradiso. Sean cuales sean los referentes, Estación Libertad es un canto a la solidaridad y a la defensa de unos principios íntegros y cabales. Es también una propuesta para vencer el miedo con el que políticos, religiosos y financieros quieren hacernos vivir y con el cual nos quieren someter desde hace siglos, desde que existen… Son como los malos sueños de los que no podemos despertar.» 

LA NOVELA

'Estación Libertad', del escritor y cineasta Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963), cuenta una de esas historias tan fascinantes y conmovedoras que solo puede provenir de la realidad: la aventura de tres hermanas gallegas que regentaban la humilde cantina de la estación de Ribadavia, en Orense, en los años cuarenta. Tres mujeres valientes que burlaron a las autoridades franquistas y a los agentes de la Gestapo para salvar la vida de cientos de refugiados que, gracias a ellas, lograron cruzar la frontera entre España y Portugal y partir rumbo a la libertad.

Título: 'Estación Libertad' (Tres hermanas en Galicia ayudaron a escapar a miles de perseguidos por la Gestapo) de Emilio Ruiz Barrachina. 211 páginas.

 

«Esta historia, basada en hechos reales, representa un homenaje a tres mujeres, las hermanas Touza, quienes con su sacrificio hicieron posible que cientos de judíos salvasen su vida durante la Segunda Guerra Mundial, huyendo desde la estación de ferrocarril de Ribadavia (Orense, España) a América y África, a través de Portugal. Su implicación en la causa no fue política, ni ideológica, ni tan siquiera económica. Solo las movía el más noble instinto del ser humano: la solidaridad, el arma más poderosa que alguien puede utilizar ante la barbarie.

Se cumplen ahora setenta años del final de la guerra más cruenta de la historia de la humanidad. Una fecha que vale la pena recordar para que nunca olvidemos, pero sobre todo para que aprendamos que las bombas nada arreglan, si acaso, sirven para hacer aflorar sentimientos como los que este libro describe, donde no hay sitio para el rencor ni los lamentos, solo bondad extrema, aquella que únicamente los grandes corazones son capaces de albergar. Si por un momento viajásemos en el tiempo y nos sentáramos en el andén de la estación de Ribadavia un día cualquiera de invierno a principios de los años cuarenta del siglo pasado, veríamos apearse a algunos viajeros con el rostro cruzado por el sufrimiento, desorientados, sucios y atemorizados como solo se puede estar cuando la muerte es tu compañera de viaje.

Mujeres, hombres y niños que llegan con ansia de libertad para sacudirse el veneno del fanatismo y que encuentran a tres hermanas que, además de rosquillas y un reconfortante caldo caliente, les ofrecen la oportunidad de salvar su vida. ¿Y qué consiguieron a cambio las hermanas Touza? Sin pretenderlo lograron que hoy, siete décadas después de aquella hazaña salvadora, los descendientes de todos aquellos a los que ellas les regalaron la vida mantengan su recuerdo como ejemplo sublime de la solidaridad del ser humano. Metámonos de lleno en este relato que, a buen seguro, removerá conciencias y generará reflexiones y debates. Todos y cada uno de los seres anónimos que, como víctimas, han protagonizado los tristes acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial merecen que así sea. Los otros, aquellos que han pasado a la historia por sus uniformes, condecoraciones y devastadoras acciones, sea cual sea el lugar en el que estuviesen, no merecen ni una sola línea, entre otras cosas porque este libro habla de amor, un sentimiento que no cabe ni en el cañón de un fusil ni en los bolsillos de muchos trajes militares que durante aquel dramático episodio bélico borraron la sonrisa a los niños y el porvenir a sus mayores. Bienvenidos al territorio de la solidaridad.»

Fernando Méndez

 

«Era una lluviosa mañana de finales de octubre cuando conocí a Emilio Ruiz Barrachina. Yo era un guionista y director novel que, con su primera película bajo el brazo, se había plantado en la capital con más hormigas en el estómago que pájaros en la cabeza y con un sueño que cumplir: hacer cine. Crucé media España para estar aquella mañana en Madrid. Emilio quería conocer el proyecto cinematográfico en el que estaba embarcado y me citó en una oficina de una céntrica calle madrileña. Fue así como aquella mañana, nuestras vidas, alejadas personal y geográficamente, se cruzaron y dio comienzo una relación personal y profesional que perdura hoy día y que me ha llevado a descubrir no solo la obra cinematográfica, periodística y literaria de Emilio, sino a la persona que hay detrás de todo ese universo creativo. Y es que, si algo define su pluridisciplinar creación, es que está impregnada de un genio y estilo únicos. Inteligente, mordaz, reflexivo, culto, gran conversador y con una amplia y dilatada experiencia vital y profesional que lo ha llevado por medio mundo…

Así es el hombre detrás de la obra. Emilio ha logrado crear un microcosmos donde historia, ficción, magia, realidad, poesía y pasión forman un imaginario tan personal como singular. Raúl Romera

 

EL AUTOR

Emilio Ruiz Barrachina (1963) es escritor y director de cine. Ha publicado las novelas Calamarí, A la sombra de los sueños, adaptada al cine, El arco de la luna, ganadora del X Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, No te olvides de matarme, de la que en 2005 se estrenó la adaptación teatral, y La venta del Paraíso, cuya adaptación al cine ganó en 2013 el New York City International Film Festival; los ensayos Brujos, reyes e inquisidores, Tinta y piedra. Calaceite, el pueblo donde convivieron los autores del Boom y Le ordeno a usted que me quiera; y los poemarios Arroyo, que en 2007 ganó el III Premio Internacional de poesía Rubén Darío y La huella eterna, que ganó el Premio Internacional Sial-Pigmalión en 2014. Ha dirigido documentales para cine y televisión como Luz, espacio y creación, Tinta y piedra, Niñas soldado, Desminadoras en Sudán, Emigrantes, Lorca. El mar deja de moverse, sobre la muerte del poeta Federico García Lorca, que ha obtenido numerosos galardones internacionales, Orson Welles y Goya y La España de la copla. En 2010 dirigió el polémico largometraje El discípulo, que también se convirtió en novela. En 2011 rodó la película musical Morente, finalista de los Premios Goya. En 2015 dirigió El violín de piedra, sobre la despoblación rural. En 2016 rodó Yerma, adaptación modernizada de la obra de Federico García Lorca y primera parte de la trilogía que va a dedicarle al poeta granadino.

 

*Este es el dossier de La Esfera de los Libros.

 

HASIER LARRETXEA: DOS POEMAS

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No tengo el gusto  de conocer al poeta Hasier Larretxea, que estuvo hace poco en el ciclo ‘Los jueves, poesía’, invitado por David Mayor y Sebas Puente en Las Armas. Sin embargo, hace poco conocí a su editora Elizabeth de Stendhal Books en Barcelona y me ha hecho llegar su poemario ‘De un nuevo paisaje’. Una cuidada y elegante edición para un poemario intenso, muy trabajado, lleno de sensaciones, de plasticidad y de imaginación metafórica. Copio aquí algunos poemas (“Escribir, / la única manera de atravesar el valle/ sin pisarlo”)

 

ESCRIBIR

es el paisaje desde donde contemplar.

 

El mirador

desde donde ver

a través de la niebla,

a través de los límites del horizonte,

sorteando y volando sobre ermitas, pastos y portillos.

 

Escribir la visión

en lo alto del monte,

el sendero, el helecho recién pisado,

la bellota que lanzamos hasta el riachuelo.

 

Escribir es insuflar (el viento del norte),

acunarlo al sonido del cencerro

y a las gotas de lluvia que se ahogan

en el charco del prado,

el movimiento del tractor

y la soledad del perro.

 

Escribir,

la única manera de atravesar el valle

sin pisarlo.

 

*****

[A Cristina Iglesias]

 

LA LUZ es el techo de hierro

que amordaza el paisaje.

 

Agujeros que emanan brillo

en la apertura del hormigón.

 

Fisura que equilibra su sombra en el horizonte

de ecos con significados cristalinos.

 

El recuerdo de las ausencias

y su distancia de cedros.

 

Vidas que penden de las sombras

que se alejan de la invocación de camposanto.

 

La inmortalidad de las ramas que saben

trepar al cielo y su laberinto

de pasos sobre lo eterno.

 

No es el paisaje lo que reluce.

Es la proyección de su sombra.

 

-De ‘De un nuevo paisaje’. Hasier Larretxea. Prólogo de Chus Pato. StendhalBooks. Barcelona, 2016. 148 páginas.

 

*La foto es de Elliott Erwitt y está tomada en Dublín en 1962.

 

30/12/2016 22:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ENCUENTRO DE ASOCIACIONES DE ESCRITORES: MEDIDAS

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Aquí pueden verse la síntesis de los debates y 30 demandas del sector.

http://acescritores.com/primer-encuentro-estatal-asociaciones-escritores-se-aprueba-una-declaracion-treinta-demandas-del-sector/

 

*En la foto, Juan Ramón con Jorge Guillén y Pedro Salinas.

30/12/2016 10:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX TEIRA: UN DIÁLOGO SOBRE 'EL ÚLTIMO SOL' (FUNAMBULISTA)

[Félix Teira Cubel presentaba hace algunos días su nueva novela: ‘El último sol’ (Funambulista). Aquí explica algunas de sus claves el autor de Belchite.]


 -¿Qué lugar ocupa la pintura en tu pasado, en tu formación?

La pintura siempre ha sido una pasión. ¿Quién no queda turbado la primera vez que ve un Van Gogh o un Zabaleta? De joven, aunque carezco de técnica, pinté algo. Los pintores me fascinan porque intentan extraer un paisaje o una persona de la corriente del tiempo, hacerlos inmortales. Inocencio X, de Velazquez, con su expresión taimada, nunca envejecerá.

-¿Cómo surgió el libro, qué ideas, imágenes o reflexiones te planteaste?

Esta novela es una vieja idea que siempre dejas para el final, hasta que un día se impone y brota incontenible. Se dice que los novelistas mejoramos con el colesterol, las canas y la edad. Al menos es una bonita mentira que nos contamos para justificarnos. Desde luego es una novela de madurez, donde sopesas qué es lo importante en la vida… ¿De madurez o de vejez? Ja, ja.

-¿Te habías planteado una novela sobre el adiós del mundo, sobre la enfermedad y el regreso al paraíso del ayer?

¿Y quién no se ha planteado esa reflexión? Algunos la escriben, como Julian Barnes, otros la relegan por incómoda… El paraíso de la niñez gana presencia conforme vamos cumpliendo años.

-También me ha parecido una novela sobre la amistad...

El personaje repasa su vida y se da cuenta de que el amor, la amistad y la pintura ha sido la trilogía que ha marcado su existencia. Nada habría sido igual si aquel muchacho de ciudad, que se convertiría en su amigo del alma, no hubiera llegado a la aldea a los doce años. Le abrió caminos, le contagió aficiones y le descubrió la pintura. Y esa amistad sigue siendo un abrigo y un desgarro, porque ambos aman a la misma mujer.

-¿Cómo te has planteado algunos asuntos como la vocación y la renuncia? Al fin y al cabo Pablo Monfort se negó en un determinado momento a seguir su camino...

Monfort, el protagonista, está obsesionado con la pintura pese a los reiterados fracasos. Su obstinación le lleva a olvidar incluso a la familia, por lo que él mismo comprende que ha sido un mal hijo, un esposo egoísta y un mal padre. A veces la vocación de los genios se convierte en una ceguera que los conduce al abismo.

-Ayer comenté ‘Qué verde era mi valle’ en Calatayud. Hay un personaje muy complejo: la hija. Aquí la hija también es muy compleja o el desencadenante de  diversas historias y tensiones.

Elena ama tanto como odia a su padre, y estos sentimientos contrapuestos la destrozan. Odia al padre colérico que apartó a la esposa de su lado. A la vez, vigila cariñosamente al padre enfermo, empeñado en retirarse a la aldea donde nació, y de esta vigilancia va a surgir un sentimiento que cambiará su vida.

-Aunque la verdadera intrusa es Martine... ¿Por qué has caracterizado así a este personaje?

Dicen que las mujeres tienen en mente a su hombre ideal, al príncipe azul. Desde luego Martine es la mujer ideal: apasionada, bellísima, entregada al amor, el soporte de la vocación de su marido... Y sorda. Aunque esta discapacidad le da fuerza para abordar la vida. Martine es uno de los ejes de la novela porque los dos amigos, desde la adolescencia, están enamorados de ella. La locura de este triángulo amoroso, que se mantiene hasta el final, centra el argumento.

¿Qué le debe esta novela al paisaje? ¿Has querido decir algo sobre eso?

Al paisaje de la niñez. A veces se cree que la cultura es mayoritariamente libresca, pero hay una cultura por inmersión y vivencias. Es mi caso es una cultura rural, que aquí he revivido: el mundo de las caballerías, la dureza del campo, la seducción del olivar… El protagonista, al repasar su vida, revisa los últimos cincuenta años del país. Y comienzan en aquella España arcaica y en trance de desaparición, cuyo representante en la novela es Ramiro.

Es una novela con mucho diálogo. ¿Te ha resultado cómodo, diría que es muy deliberado, claro?

Siempre he prestado oído al habla de la calle, tanto en las novelas juveniles como en las de adultos. Elena, la hija del protagonista, habla por Skype con el médico que ha enviado a la aldea. La manera de hablar dice más de un personaje que una descripción prolija. Además, la introducción de capítulos alternos totalmente dialogados aligeran y dan frescura a la narración.

¿Qué pintor sería Monfort y cómo has hallado sus fotos?

Monfort es un pintor nacido a mediados de los cincuenta, y es pintor de su tiempo. Casi lo definirían los pintores que él mismo cita en la novela: Canogar, Genovés, Antonio López, Hockney… Aunque lo fascina la manera de dibujar de Caravaggio. Al editor y a mí nos sorprenden los cuadros que hemos visto de Pablo Monfort.

-¿Qué novelas tenías en la cabeza? ¿Has pensado en alguna?

Cada novela que lees y que te impresiona, te influye. Esta podría tener alguna similitud, por el ambiente rural, con La lluvia amarilla o con Allá lejos y tiempo atrás, de Hudson, donde evoca su niñez en Argentina. Pero procuro no leer ninguna novela poderosa mientras estoy en plena creación, porque un estilo enérgico se contagia. Cuando escribo novela, leo ensayo.

 ¿Qué ha sido de aquel Félix Teira contestatario, de denuncia, incluso rabioso? ¿Te contienes o buscas otras cosas en la literatura?

Ah, ¿y quién no está lleno de contradicciones? Tan enriquecedoras, por cierto. No, no ha muerto la vena de literatura social. Es cierto que hasta ahora he escrito tomándole el pulso a mi sociedad. Cuando empezó el fenómeno de Le Pen escribí La ciudad libre, al estallar la crisis narré el malestar en laciega.comEl último sol es diferente, incluso he serenado la prosa. Pero ya he vuelto a las andadas, estoy escribiendo una nueva novela sobre estos tiempos convulsos: ‘Brexit’, Trump…



26/12/2016 20:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA TORRE DE HÉRCULES

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO TORRE DE HÉRCULES,
'A LÁMPADA DO MUNDO'

de Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustrador)
 
El próximo jueves 29 de diciembre, a las 12,30 horas, en el Centro de Interpretación de la Torre de Hércules, de A Coruña, va a ser presentado el libro A TORRE DE HÉRCULES. A LÁMPADA DO MUNDO, del que son autores Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustraciones), publicado por la Editorial Trifolium.
 
Estarán presentes en el acto de presentación: Ramón Loureiro (autor del texto); Antonio Seijas (autor de las ilustraciones); Ana Santorun (directora de la Torre de Hércules) y Xan Arias (editor)
 
El libro nace con la intención de situar la Torre de Hércules en el centro de la literatura y el arte de nuestro país. Se trata de un volumen de diseño extraordinariamente cuidado, de un auténtico objeto artístico llamado a perdurar, con el que se rinde tributo al más bello de los faros del mundo, y a través de él, a la ciudad de A Coruña y a Galicia entera. 
 
Escrito por Ramón Loureiro, Premio Julio Camba, e iluminado por el ilustrador Antonio Seijas, se publica en gallego, castellano e inglés, y su eje vertebrador es un relato de conmovedora belleza, auténtica poesía en prosa, que viaja por la historia de la Torre de Hércules desde la antigüedad hasta nuestro tiempo, celebrando la grandeza del faro a través de su arquitectura, de la luz con que brilla entre los grandes mitos de Europa y, sobre todo, de su capacidad para hacernos soñar.
*Nota de Trifolium... 

 

26/12/2016 16:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'APÓLOGOS' DE ALFREDO CASTELLÓN

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’APÓLOGOS’ de Alfredo Castellón. STI. Zaragoza, 2016.

[El escritor y cineasta acaba de publicar el libro ’Apólogos’ en STI, el sello de Javier Cinca, que tiene la amabilidad de pasarme algunos textos.En la foto de 1959, en Collioure, Alfredo Castellón es el primero, sentado, por la derecha. Con él están; arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente; abajo: Gil de Biedma, Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.]

 

Una selección de Javier Cinca Monterde

 

El escritor es el enemigo

de la mentira y de la servidumbre

Albert Camus 

 


LO QUE FUE

 

A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

 

LAS CAMPANAS

  

A José Luis L. Z.

  

Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.

Un caos.

 

EVOCACIONES

 

Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

 

SEÍSMO ESPIRITUAL

 

No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

 

COMPARACIÓN

 

Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

26/12/2016 10:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA CITA CON LECTORES EN UTEBO

http://arablogs.catedu.es/blog.php?id_blog=1194&id_articulo=191475

Hoy, a las 15.00, después de entrevistar a Antonio Muñoz Molina, tengo una cita en el Colegio Parque Europa de Utebo..

 

Foto sacada de la web

“El musgo del bosque” es uno de los últimos libros de Antón Castro, parece que el escritor hubiera intuido la temática de nuestra Biblioteca para este curso “Leemos en verde. Latimos en verde” al elegir su título. Antón Castro tenía que venir al colegio “Parque Europa” de Utebo, un ilustre de la cultura aragonesa que vive en el vecino Garrapinillos, no podía faltar a nuestro “Leer Juntos”. El verde ha sido la excusa para que nos visite el próximo martes 13 de diciembre. No sólo nos viene al pelo el título de su libro poético “El musgo del bosque” sino seguramente gran parte de su bibliografía. Antón Castro es un hombre pegado a sus paisajes y paisanajes de infancia, su Galicia rural, y de juventud, ese Teruel profundo de los diferentes destinos profesionales de su compañera de vida; paisajes y paisanajes verdes y grises, presentes o inspiradores en muchos de sus libros.

 

Durante este mes hemos leído algunos de sus libros, seguramente una pequeña parte: “El dibujante de relatos”, “El fin de los dinosaurios”, “El musgo del bosque”, “El niño, el viento y el miedo”, “Paseo en bicicleta”, “Golpes de mar”, “Jorge y las sirenas”, “La leyenda de la ciudad sumergida”, “Los pasajeros del estío”, “Los seres imposibles”, “Retratos imaginarios”, “Vivir del aire”... Hemos descubierto un autor prolífico para todo tipo de público de todos o casi todos los géneros literarios (poesía, ensayo, novela, relato...). Como todo buen escritor que se precie, ha sido y es un lector empedernido desde su niñez. Su recorrido en el mundo de la letra escrita, tanto en el campo literario como periodístico, ha sido de formación autodidacta, impulsado por un deseo de superación permanente, hasta convertirlo en un erudito sobre muchos temas.

Si la producción bibliográfica de Antón Castro nos abruma, que decir de la periodística. Desde 2001 es responsable del suplemento cultural “Artes y Letras” del Heraldo de Aragón, considerado como uno de los mejores de España. Su actividad divulgativa diaria en las redes sociales es frenética, mostrando todo evento cultural que llega a su conocimiento. También desde su blog, creado en el 2004, escribe sobre todo tipo de temas culturales, siempre interesantes (pintura, cine, fotografía, música, literatura…), desde adentro, cuidando la precisión de las palabras y el buen gusto en la redacción, y por supuesto con un profundo respeto y cariño a las personas mentadas, siempre desde una gran generosidad.

En 2013, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concedió el Premio Nacional de Periodismo Cultural, en reconocimiento a su labor periodística –información, opinión,  divulgación- en pro de la cultura en todos los medios de comunicación, especialmente en el diario Heraldo de Aragón y en el programa televisivo Borradores, de Aragón Televisión, contribuyendo con ello al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. Más que merecido premio que reconoce sus desvelos por la cultura, considerada por él y por muchos de nosotros como “un instrumento fundamental para vivir".

Si la producción escrita de Antón Castro rezuma "perfección, belleza e intento de seducción"oírlo en una presentación literaria o en una conferencia, es una experiencia encandiladora. Debió de heredar el arte de los transmisores orales de su tierra, cultivándolo en esta nuestra, seca y dura; la cadencia de su lengua materna mece nuestros oídos acostumbrados a la ruda musicalidad del acento aragonés ¡Interesante combinación, sin duda!  Le escucharemos muy pronto, el martes 13 de diciembre de 15 a 16,30 en la Biblioteca del Colegio “Parque Europa” de Utebo.

 

13/12/2016 09:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEDRO GARCÍA CUETO: ADIÓS AL POETA ADOLFO CUETO

 

EN HOMENAJE A ADOLFO CUETO

 

 

LUZ QUE SE EXTINGUIÓ COMO UNA LLAMA

 

 

PEDRO GARCÍA CUETO* Escritor, profesor y crítico literario.

   Parece difícil escribir cuando está caliente su mirada, sus ojos atónitos ante el desconcierto del  mundo, parece complejo expresar el dolor si es tan hondo y oscuro, como un túnel donde tropezamos a ciegas, ebrios de vida pero, sin quererlo, asustados, temerosos, recordando a Darío, ante “la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”.

    Adolfo Cueto, de origen asturiano, pero nacido en Madrid, vino al mundo un 31 de enero de 1969, comenzó a escribir pronto y en Diario Mundo (2000) recopiló medio centenar de poemas galardonados en distintos premios.

   Fue Premio Emilio Alarcos entre otros, Cueto logró en Dragados y construcciones hacer del poema un sedimento, una semilla donde se cultiva el opio de la vida, esa sed incesante del decir que lleva el poeta, pleno de angustias y soledades, que, a duras penas, entrevé lo luminoso del día, como el sol que filtra las vidrieras de nuestro pensamiento.

    Cueto fue un hombre de sonrisa franca, de pensamiento sobrio, de gran calado existencial. Juntos, como dos náufragos, hablamos del apellido coincidente, él proveniente de Asturias, yo, quizá de un antepasado norteño que no adivino a reconocer. Juntos leímos un día de lluvia en el mes de Junio del 2015, en plena Feria del Libro, en una carpa donde oíamos el estruendo de las gotas, como si llorara el cielo, poemas de Aleixandre y Jorge Guillén, junto a amigos tan queridos como Fernando Delgado o Javier Lostalé. Cueto era preciso como un pensamiento, decía el verso con el eco de los que ya han perdido la niñez y enfrentan la vida adulta como una estoica aventura hacia ninguna parte, pero latía vida, entusiasmo, sin dejar el rigor que siempre le caracterizaba.

   Parece que le escucho, mientras las gotas de lluvia acariciaban la lona de aquella carpa, mientras Lostalé cerraba los ojos, como acostumbra, para que las palabras fueran más hondas, para que el lenguaje poético de los grandes del 27 llegase como un viento fuerte que empuja y acaricia a la vez a sus espectadores, había en Cueto una ternura de niño mayor, que ya sabe que el tiempo lo destroza todo.

   Me gustaría recordarlo en dos poemas, pertenecientes a Palabras subterráneas, porque las palabras de Adolfo lo eran, penetraban más allá del eco, envolviendo su dicción en una fuga del mundo, se hacían armonía, cuando él las conjugaba con su voz grave, de hombre que buscaba la niñez en cada paso.

    En el poema “Huérfanos a medianoche”, dice:

“Juguetes rotos por / la resaca de la vida, colillas / azotadas, por el viento / cuando la soledad se apodera del mundo y un dolor / en mí-más grande, madre / que mis días- sobre un /tráfico mudo”

   En el poema vemos al hombre solo, que lleva la “resaca violenta de la vida”, también al hombre que fuma para vencer al dolor, haciendo volutas de humo, como pensamientos heridos por la vida: “colillas / azotadas por el viento”, vive en el poeta la infancia, el deseo de invocar a la madre, siendo ya huérfano, abandonado a la vida, despegado para siempre de la felicidad de la niñez.

   Cueto sabe que toda vida es ruptura, quiebra, cesura, que tras la niñez se abre un camino insondable, donde lo hosco y lo violento lo asolan todo.

   El ruido, ese “tráfico mudo”, porque el exterior no es nada, desprendido de la niñez, hombre en su guarida, protegido por los versos del mundo.

   El poeta busca a la madre, hambriento de besos en un mundo desolador: “dejando esa fractura del adiós / en que te busco”.

    Esa “fractura del adiós” es el despojamiento de la niñez, el ser huérfano para siempre, porque es un hombre que ya no tiene padres, son solo querencias del ayer, cuando realmente vivió la vida, hay un eco de César Simón, del hombre ensimismado que el poeta valenciano nos dejó en “Extravío”, pero también del Brines de “Las brasas”, ese hombre que se ve a sí mismo viejo, hecho ya ceniza cuando fue luz. Vive también ese mundo de Javier Lostalé, ese resplandor del beso, cuando hay un hueco entre dos seres, los que se aman y se pierden en la hondura de la noche.

  En el poema “Marina habla con los árboles”, la protagonista habla con los árboles, ya que la Naturaleza es eterna y nos reconcilian con el mundo, con el niño que fuimos, sabe Cueto que hay una niñez añorada y dice:

“Marina habla con los árboles, entiende / su alta edad, su estremecimiento / del verano en sus hojas. Por su espina dorsal / como a esa rama tierna, recién / brotada, asciende / este coro danzante, sonajero del viento / que le canta al oído”.

   Dice el poeta que el viento lleva un sonido, como aquellos pastores que cantaban a la amada en los antiguos poemas pastoriles, también recorre el físico del árbol, eterno, frente al ser humano, siempre complejo por su mortalidad. El árbol habla, musita, es “coro danzante”, porque se cimbrea en su esplendor de hojas que lo hacen “sonajero del viento”.

   Sin duda, Cueto hace un guiño a la niñez, ese sonajero que acuna al niño pequeño, hay, sin duda, un lenguaje en el árbol, porque para el poeta todo es lenguaje, todo es eco de una voz niña, la de la Naturaleza en su esplendor.

   Dice el poeta: “Pecho alado y en paz, / criatura tan adentro / como un cielo de agosto / hacia arriba, en lo alto, / donde canta la vida, donde la vida es / bella aún”.

   Esplende el mundo y el poeta nos invita a sentir el canto de las cosas, todavía hay eco del verano, la infancia perdida aún late en esa estación de sortilegios.

    Valga este homenaje a Adolfo Cueto, quizá ahora encuentre al niño que fue, lejos del dolor adulto, quizá vuelva su tono grave a la Naturaleza, se haga espacio en ese mundo que amó, el de las flores, los árboles, las montañas de esa Asturias añorada, viva en su interior, como un desterrado en un Madrid de coches y de sombras.

   Parece que lo veo aquel día, recitando, mientras  el día iba dejando su torrente de agua, en aquellas lágrimas del cielo que se hacían armonía con los poemas de Aleixandre y Guillén, había un presagio, el del tiempo que cumple su condena, hoy más triste rindo este homenaje a un gran poeta y, mejor aún, un buen amigo.

 

Tomo lala foto de Adolfo Cueto de aquí:

http://fotos01.laopiniondemalaga.es/2016/05/24/318x200/x011ma02.jpg

08/12/2016 12:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ BECERRA: UN DIÁLOGO

 

En ‘El espectáculo del tiempo’ creo que lo que quise hacer es reflexionar narrativamente sobre el tiempo. En todos los niveles, el tiempo interviene sobre las personas. En el nivel biográfico, por supuesto, que es como el nivel más bajo, pero también en el nivel más alto que sería el nivel de físico o astronómico”, dice Juan José Becerra (Junín, Argentina, 1965), que presentaba el pasado lunes en Cálamo un libro que ha sido calificado como “una obra maestra” o “la novela total”, editado por Candaya, y que él reconoce que “es exigente y cómo todo libro voluminoso siembra la inquietud”

-¿Sería la memoria o el recuerdo lo que se impone como elemento fundamental?

-Nunca he sido un fetichista de la memoria. La memoria es una máquina que falla constantemente, la memoria es lo que viene a editar la cosa deshilachada del recuerdo. Y al mismo tiempo uno recuerda por estructuras de ficción. Y el recuerdo, como es imagen más lenguaje, tiene sus formas. Mi idea era relacionarme con esas formas del recuerdo a través de lo que podríamos llamar el episodio, que no termina de ser un relato, que es algo que anda por ahí, que puede ser incompleto, que se agota en el curso de su presencia.

¿Entonces, cómo evoluciona su novela?

En ese sistema, de muchas ramificaciones y de entradas y salidas, uno empieza como a enloquecer y termina sin saber quién. Y eso le sucede a mi narrador…

-El narrador es un señor que se llama Juan Guerra, que tiene una sala de cines, que es de Junín como usted, que tiene su edad. ¿En qué medida podría ser Juan José Becerra?

-En realidad escribí el libro muy confiado de que tuviese la ilusión de que estaba hablando de mí porque me parece que solo hay que tener confianza en lo inexistente y lo ilusorio, y eso es la autobiografía. Cuando uno quiere contar su vida, lo que ocurre es que va a terminar desplazándose hacia la ficción. Con esa tranquilidad me lancé a contar con profundidad cuestiones personales. El resultado es la composición, no la extracción de la verdad personal.

-En ese sentido ‘El espectáculo del tiempo’ es un elogio de la fragmentariedad, juega usted con los números, con la cronología y la falsea…

-Yo creo que la vida no tiene continuidad, las cosas no duran en la experiencia material de la vida pero tampoco duran en la imaginación. La ruptura me parece que es la clave sintáctica de la biografía de cualquier persona. Cosas que empiezan y no se terminan, cosas que uno está no viviendo y parece que no las estuviese viviendo.

-En libro hay muchas cosas: cartas, informes, cuentos, mucho cine, las salas Lumière... ¿Cuál es la importancia del cine en la novela?

-De joven fui cinéfilo pero ahora ya no voy al cine. El cine tal como lo conocíamos hace 20 o 30 años ya no existe. El cine, en sentido artístico, desapareció y lo matan las películas. Me parece también que la literatura tiende a desaparecer o a replegarse y es víctima de los libros. La producción industrial de cultura hace que el índice de arte, que nunca fue muy elevado en cualquier disciplina, esté en este momento a su mínimo nivel. Quise hacer eso: un homenaje al cine y ha escenas terminales: cines que empiezan a no tener espectadores, la voluntad del director de cine de cambiar su deseo de formar sentimentalmente a los espectadores en su ciudad por el de cobrar el seguro por incendios.

-Cuando hablamos de algunos referente suyos parece que están detrás Macedonio Fernández, un poco Proust, Juan José Saer, el ‘2666’ de Bolaño.

-Sí, sí, sí. Ojala fuese así porque cuando te dicen que hay varios escritores dando vueltas por él es como una fiesta de cumpleaños a la cual uno invitó a grandes personajes… Obviamente es un libro proustiano pero de Proust me hace desconfiar un narrador que no sufre ninguna modificación sentimental, mental o ideológica a lo largo de 3500 páginas. Mi narrador no siempre es el mismo.

¿Qué importancia le da en el libro al sexo?

El sexo es como el núcleo que sostiene la cultura de los personajes. La escena más importante de sexo que tiene el libro es la concepción. De ahí a pensar que es la que sostiene la familia apenas hay un trecho. Y yo creo que ese es un principio ideológico del libro. El sexo no es un deporte es una necesidad familiar. Lo digo en la tierra de Luis Buñuel, Aragón, Zaragoza, nada menos.

¿Y el estilo?

Yo hace muchos años que escribo. Pasé por muchas etapas. Ahora pienso que hay que cuidar el aspecto artístico pero con la voluntad de que sea legible.

Escribe artículos deportivos en ‘Olé’...

He aquí nuestro drama: hoy se puede decir que Argentina es un país que no quiere a Messi. Con eso está dicho todo. ¿Qué se puede esperar?

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03/12/2016 10:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN EDUARDO ZÚÑÌGA: UN DIÁLOGO

[Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1992) recibía la pasada semana el Premio de las Letras Españolas. Estuve con él, en su casa, hace algunos años. Recupero aquí esta entrevista que se publicó en 'Abc Cultural'.]

Está referenciada en su biografía en Wikipedia:

 https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Eduardo_Z%C3%BA%C3%B1iga

CITA CON JUAN EDUARDO ZÚÑIGA EN SU CASA

Juan Eduardo Zúñiga escribe sin prisa con los ojos puestos en el Parque del Retiro. De ahí su breve obra, en la que predomina el cuento. Como si fuese Chejov o Turgueniev, sus maestros, mira las cosas, surge la primera idea, la envuelve en sutileza, en dolor y psicología, y brotan las páginas: piezas breves, estilizadas, con temblor interior. Una anécdota que ahora se torna asombrosa marcó su vocación: cuando era niño y vivía en un chalet de las afueras de Madrid, alguien arrojó por la verja del jardín un folleto que anunciaba una nueva colección editorial y que contenía la novela completa de Ivan Turgueniev, Nido de nobles, que le produjo una honda emoción a pesar de contar "una relación entre hombre y mujer, de fracaso vital, de presentimiento de ruina". Si a eso le sumamos que en su cuarto tenía dos estampas rusas --representaban un episodio de la lucha de los zares contra los cosacos y la discusión entre Pedro I el Grande y su hijo Alejo-- es fácil de comprender su pasión por la literatura rusa, a la que le ha dedicado dos libros, Los imposibles afectos de Ivan Turgueniev (1977) y El anillo de Pushkin (1989). Aprendió el idioma en una gramática para franceses que encontró en la Biblioteca Nacional; luego también tradujo a narradores y poetas búlgaros y la prosa del portugués Antero de Quental. El otro detonante que le hizo escritor fue la Guerra Civil. En medio de aquel horrible acontecimiento de desconcierto y dolor, comenzó a redactar sus primeros cuentos con vocación de estilo, con el afán de culminar algo bellamente escrito. Si hubiese hurgado más en los secretos de su familia habría descubierto que en la farmacia de su padre trabajó un joven mancebo de botica llamado Ramón José Sender.

         --Usted empezó su carrera como novelista con El coral y las aguas (1962), que transcurría en la Grecia clásica pero que abordaba asuntos actuales.

         --Lo que hacía yo eran esas trasposiciones a ese mundo tan lejano como el mundo griego, y aprovechaba para contar circunstancias personales de los vencidos y de los vencedores. Creo que había en ella una gran riqueza de experiencia de la actualidad. Utilicé un sistema de símbolos y no fue percibida en su totalidad la carga de crónica social que había. La novela pasó sin pena ni gloria.

         --Su siguiente libro de ficción tardó en llegar fue Largo noviembre de Madrid (1980): cuentos sobre la Guerra Civil que se alejaban de la narración de trinchera al uso.

         --Yo me encontré con un pequeño tesoro de recuerdos de aquella época, pero a mí lo que me interesaba era la reacción a la lucha en la psicología de la población civil, o de la gente sin voz, en una ciudad sitiada, amenazada por el bombardeo, la falta de alimentos y todas las incomodidades de la vida cotidiana. Y comprobar qué perduraba del ser humano y de las pasiones eternas en unas circunstancias tan adversas.

         -La tierra será un paraíso (1989) se centraba en la lucha clandestina de posguerra y tenía algo de texto complementario. ¿La concibió así?

         --Creo que sí, era la continuidad histórica de los vencidos. La dolorida peripecia de los que no se resignaron a quedar vencidos. Ellos ponían en práctica un tipo de lucha y de oposición a lo que les rodeaba y yo quise recogerlo en los distintos cuentos. Recogí, por decirlo así, el pensamiento clandestino, la conciencia clandestina de oposición política, generalizada, al margen de cualquier partido.

         --Madrid seguía siendo su territorio de ficción. ¿Le ha interesado especialmente la imagen literaria de la capital, igual que ha ocurrido con autores como Mesonero, Pío Baroja, Ramón Gómez de la Serna?

         --Claro que sí, me siento muy unido y muy identificado con estos  cronistas que ha tenido Madrid. No obstante, echo a faltar el cantor de Madrid como lo ha habido en otras capitales, porque aquí lo que ha habido son cronistas, una escuela de madrileñistas, que son más bien más bien casi casi costumbristas. A Madrid le ha faltado un exaltado amoroso que la cante.

         --El grueso de su producción es el cuento, el relato, la narración breve. ¿A qué se debe?

         --Para mí el cuento está relacionado con algo de la fisiología, lo mismo que se decía de Proust acerca que su obra está relacionada con el asma que sufría, yo tengo así como una curva de creación, y hago cuentos que no pasan de equis número de folios de una manera automática. No es que me lo proponga, es que cuando termino el cuento aquello está en diez folios o menos. Probablemente mis neuronas no dan para más. Me veo encantado por esa brevedad como si estuviese esclavizado por la sensación de emotividad con que está cargada la poesía. No sé si tengo una inclinación lírica de poeta frustrado.

         --Esa concentración poética es más que evidente en Misterio de los días y las noches, y le emparenta claramente con Turgueniev y Chejov. ¿No sé si está de acuerdo?

         --Turgueniev es el gran conocedor del alma humana y de esos matices finísimos de los sentimientos, de la psicología y de la unidad del hombre con el paisaje. Eso es lo que más me ha atraído de él. Chejov posee una gran sensibilidad para la percepción del sufrimiento humano, que yo también he sentido. Es lógico que me sienta muy próximo a ambos. Con ese libro me propuse hacer como un experimento porque yo me había considerado siempre como un documentalista de la realidad y ahí asumí el reto de la fantasía, de lo imposible, de lo irreal. Y también quise tender hacia el poema en prosa. 

         --Con Flores de plomo persiste en el cuento. O en esa técnica de la fragmentación: la del cuento o secuencia que, por acumulación, acaba formando un conjunto unitario. ¿Cómo definiría este libro: una gavilla de cuentos o una novela coral en torno al suicidio de Larra?

         --Tanto Larra como el suicidio casi son dos elementos secundarios, en realidad lo que motiva el libro y lo orienta es una meditación acerca de la repercusión que tiene nuestro comportamiento en el alma ajena, en la sensibilidad que nos rodea. Estamos responsabilizados de nuestros actos no sólo con nuestra propia vida sino también con la de aquellos que conviven con nosotros o que, más o menos, nos contemplan. Y tomé esa figura pública que tuvo una importancia muy grande en el Madrid del siglo XIX porque vi que era máxima su responsabilidad. Al matarse era como si no fuera consciente que desencadenaba un dolor o cualquier reacción plenamente emotiva en las personas de su entorno. Es cierto que no son cuentos aislados, porque hay como una trama con un personaje fundamental que es un suicida, cuya sombra se percibe siempre.

         --En los años 50, ya publicó una selección de Artículos sociales de de Larra. ¿Por qué le atrae tanto su figura?

         --El libro apareció en los años 50 o 60 cuando no era muy conveniente recordar lo que Larra decía sobre la policía o la justicia social. No es que me atrajese el suicidio, no, lo que me atraía era su capacidad asombrosa de escribir sobre temas interesantes, apasionantes, humanos, con una gran belleza porque el estilo de Larra es de unas proporciones espléndidas.

         --En Flores de plomo Larra sólo aparece en el tercer cuento, en esa tarde con aguanieve de lunes de carnaval, cuando Dolores Armijo, acompañada de su amiga María Manuela, le va a pedir sus cartas de amor.

         --Ahí hay una clara referencia a la vida de la mujer en aquella época y esa travesía es como el calvario que ellas van a sufrir para ir a recoger las cartas de Dolores Armijo, que son el determinante del suicidio. A la vez expreso la idea que yo tengo de Dolores Armijo: era una muchacha de su época en el sentido de que no tenían preparación, puramente pasional, se quedó huérfana muy pronto, se casó muy joven con el hijo del Cambronero, el famoso abogado, y debía de ser un poco frívola, ligera, acaso no dramatizaba la relación con Larra como él exigiría.

         --La narración sucede prácticamente en un único día de aguanieve. ¿Y por qué ha incluido a Felipe Trigo en el capítulo final, no teme que ese relato extemporáneo rompa la estructura del volumen?

         --Quizá, pero era una forma de sugerir que unas circunstancias análogas podían motivar reacciones parecidas en dos momentos históricos diferentes. Había razones sentimentales equiparables. Trigo es el posible equivalente de un Larra actual, con algunas diferencias. Ambos fracasaron en política, y en su vida amorosa. Y en cierto modo en su propia obra: uno no pudo solucionar los problemas de España, a pesar de ser el periodista mejor pagado y más prestigioso, y otro nunca logró auténtica consideración literaria.

         --El libro también tiene una lectura política, casi contemporánea. Un personaje de clase baja dice que a Larra lo han matado los fanatismos de España.

         --Es un testigo y a la vez un conjurado de clase baja, frente a tantos personajes de clases acomodadas. Este es un hombre del pueblo, y su reacción inmediata es desconfiar y pensar que esta muerte puede ser puramente política. La historia está dada como trasfondo. Hago referencias a hechos históricos del momento como la muerte del general Quesada, el ahorcamiento de Riego, el fusilamiento de Torrijos.

         --Y también hay personajes reales como Zorrilla y Roca Togores, marcados por la muerte de Larra.

         --Zorrilla comenzó a hacerse famoso en el funeral de Larra con un poema que no pudo acabar de leer y sí lo hizo Roca Togores, diplomático,  autor efímero en nuestra literatura, que estaba disgustado por el éxito de Larra. Cuando sabe que ha muerto, se da cuenta de que el espectador de su triunfo ha desaparecido, por tanto es como si quedara inutilizada su posible victoria literaria al no tener este odiado rival. He querido poner estas figuras para sugerir el acompañamiento que realmente tuvo Larra en su época, aunque he tenido que contener la erudición.

         --¿No ha querido también meditar explicítamente sobre el poder de la literatura?

         --La importancia de la literatura me preocupa a mí como a todos los escritores: hasta qué punto lo que se hace es válido, es permanente y puede aportar algo al lector: conocimiento, placer, satisfacción de aventura puramente o bien alguna educación íntima. Eso lo que me propongo con cada uno de los libros. No me atrevo a decir que la literatura puede ser educadora, pero sí es como un amigo íntimo que nos puede servir para momentos de confidencia y de apoyo moral. Trato de escribir con el rigor que exige la literatura, que es un producto de nuestra propia conciencia.

         --Usted se ha definido como una persona más bien solitaria, ajena a capillas. Por su condición de testigo imparcial, ¿ha reflexionado sobre el actual momento de la narrativa española?

         --Estoy convencido de que ahora España tiene un movimiento literario portentoso, yo lo comparo con lo que era la literatura que se hacía aquí en los 40, 50 y 60, y es que no tiene punto de comparación. Me siento muy contento de ser contemporáneo de escritores como Antonio Muñoz Molina, Javier Marías o Belén Gopegui, que ha escrito tres novelas que indican una personalidad de escritor. El otro día pensaba yo en Juan Marsé, que es un hombre discreto, que está metido en un barrio barcelonés, que se ha salvado de cierta decadencia que había en su torno. Yo estoy contento de que Marsé haya hecho su obra con esa seriedad y esa dignidad. Vuelvo la vista atrás y pienso en Delibes, al que también admiro. Sin embargo aún no ha surgido la obra grande y genial que caracterice nuestra época. Estoy convencido de que tiene que surgir de estos talentos jóvenes.

         --Siempre había pensado que con quien más se identificaba era con Baroja...

         --Es para mí el gran escritor del siglo XX español: fue un hombre sedentario, inmóvil en su ciudad, pero con una gran fantasía y una gran capacidad de introspección y cultura. Ha dejado una obra espléndida sin necesidad de haber llevado una vida de aventurero ni de grandes peripecias como se ha alegado que es fundamental para el escritor. Es el antagonista de Blasco Ibáñez o Hemingway. Y ahí están proyectos como Memorias de un hombre de acción, sus Trilogías. Para mí es una figura excelsa, siento un gran respeto por él y creo que su estilo es irrepetible. Trabajaba mucho más de lo que aparenta. 

*La foto la tomo de aquí: 

http://www.manoloyague.com/wp-content/uploads/2014/05/20-Juan-Eduardo-Z%C3%BA%C3%B1iga_mini.jpg

30/11/2016 09:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCOS ANA: UNA ENTREVISTA

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[LITERATURA / MARCOS ANA. Escritor y político nacido en Salamanca en 1920, que pasó 23 años en la cárcel y recogió su vida en ‘Decidme cómo es un árbol’, que Almodóvar llevará al cine. Lo entrevisté hace algunos años en el Parque José Antonio Labordeta. Acaba de fallecer.]

 

“No alimento ni el odio ni la venganza”

“Sigo siendo comunista y marxista”

 

 

 “Yo no tuve nunca una relación muy especial ni muy directa con Miguel Hernández –declara el poeta y político Marcos Ana (Salamanca, 1920), que permaneció 23 años en la cárcel, como narró en ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel)-. La primera vez que lo vi fue en el año 1937, vivía yo en el Alcalá de Henares, era responsable de la Juventud Socialista Unificada de la región y él era de la unidad del ‘Campesino’, era su agregado cultural, y paraba muchas veces allí. Luego lo fuimos  a buscar para que hiciera un recital y lo conocí. Me impresionó mucho, primero por su poesía, ha sido uno de los grandes, y luego le vi, ya de paso, en la cárcel de Conde de Toreno, donde Miguel estaba condenado a muerte. Me lo presentaron, le di un abrazo y le recordé que nos habíamos visto años atrás, cuando yo era un chaval en Alcalá de Henares. Fue un hombre que murió de franquismo cuando se abría a la juventud”. 

Usted fue el promotor de un homenaje especial a Miguel Hernández en la cárcel.

Sí, sí, en 1960 en la cárcel de Burgos pensamos en hacerle un homenaje a Miguel Hernández con motivo de su 50 aniversario. Era un montaje insólito, clandestino. Construimos un escenario con sábanas y con mantas, muy bien organizado, y unos compañeros, cuatro o cinco relatores, iban narrando su homenaje a Miguel: su vida y sus versos. No crea que era una cosa fugaz: tenía tres actos que tomaban el título de sus libros principales. El primero, ‘El rayo que no cesa’, era sobre el amor; el segundo, ‘Vientos del pueblo’, sobre la política, y el tercero, ‘Cancionero y romancero de ausencias’, sobre la cárcel y la muerte. La obra se llamaba ‘Homenaje a voz ahogada para Miguel Hernández. Sino sangriento’. Ahogada por dos razones: no podíamos levantar mucho la voz para no ser sorprendidos por los centinelas, que estaban algo alejados, y ahogada porque estábamos emocionados. Yo creo que nunca se hará un homenaje con tanta pasión y tanto riesgo.

¿Cuándo se hizo?

Era octubre. No recuerdo si era noche lunada o no, pero sí que los presos estaban sentados en el suelo con una pasión casi religiosa. Teníamos un pequeño coro, habíamos hecho unos instrumentos, a modo de flautas, con  los rabos de las escobas, y detrás del escenario estaba la banda. Cuando en el segundo acto llegaban las Brigadas Internacionales y los franceses sonaba ‘La marsellesa’; cuando aparecían los muralistas mexicanos, sonaba ‘la Cucaracha’; cuando venían los rusos sonaba ‘la Internacional’. En medio del silencio de la cárcel lo único que se oía era la alerta de nuestros centinelas. Yo era el director y redacté el guión. Ahora la función se ha vuelto a montar y da vueltas por España.

Cuando usted entró en la cárcel tenía 18 años. No sabía lo que era la vida, ni el amor…

Era hijo de campesinos muy pobres, analfabetos, y yo sabía leer y las cuatro reglas y poco más. La cárcel sería mi universidad. A los doce años mi familia me puso a trabajar en una tienda de cordelería e iba por los sitios con un carrito vendiendo cosas: hoces por los segadores, cuerdas. Me sorprendió la guerra y me marché al frente desde el primer momento como mascota al batallón Libertad.

Ha dicho usted que un día un día oyó a alguien que daba un mitin y pensó: “Este hombre habla para mí”.

En mi juventud yo era muy católico, mi padre también lo era. Un día fui a un acto a repartir la revista católica ‘Hosanna’, y mientras repartía me quedé a escuchar a un joven socialista que estaba hablando: era Federico Melchor. Me di cuenta de que estaba hablando de mí, de mi familia, de las condiciones de pobreza que rodeaban nuestra. Y me quedé enganchado, e iba a los mítines de los partidos socialistas hasta que ya di el paso al comunismo. Fue un paso difícil porque durante el día cumplía con las obligaciones de militante, y por la noche rezaba a solas.

¿Sigue siendo comunista?

Sí, no un comunista de cuartel o de secta, sino un comunista abierto, que quiere vivir su tiempo y escuchar a los demás, porque desgraciadamente a veces veo compañeros honorables que siguen utilizando hasta el mismo lenguaje que teníamos hace años. No te puedes dirigir a los jóvenes como lo hacías antaño, con una especie de catecismo político. Hay que oír a la juventud y hablarle. Ahí nace todo. Si no somos capaces de entender y de escuchar a la juventud no seremos capaces de cifrar los signos del futuro. Sigo siendo comunista y marxista.

Cuenta usted que le estaban torturando y alguien le tiró el retrato de Lenin…

Eso fue así. Yo estaba en los calabozos la dirección General de Seguridad en Madrid, soportando una paliza terrible y alguien arrojó un papel con el rostro de Lenin. Me pareció una señal. Eso es que hay una mística revolucionaria también.

¿Quién le tiró el retrato?

No lo sé. No fue un sueño. Tras recibir las palizas y hacerme con aquel papel doblado con el rostro de Lenin, me sentí fortalecido y comprometido con aquel retrato. Como por la mañana nos sacaban a hacer nuestras necesidades, al pasar ante otro calabozo lo tiré por la ventanilla a otro compañero para que siguiera luchando. Yo sé que existe una mística revolucionaria, y la he vivido cuando he sido torturado –con máscaras antigás, con corrientes eléctricas, con palizas brutales-: de repente te haces fuerte, lo resistes casi todo hasta perder la conciencia. No querías volverte indigno o delator de tus compañeros.

¿Cómo pudo resistir tanto dolor?

Teníamos nuestros trucos. Pero, después, nunca he cultivado el odio ni la venganza. A mí no se me ocurrió buscar a quien me torturó para romperle la cabeza. Una vez me preguntó uno de mis agresores: “Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?”. Yo les dije: “Yo lucho por una sociedad donde, entre otras cosas, no le puedan hacer a usted lo que usted me está haciendo a mí”. En la cárcel también escribí poesía sobre el dolor y la esperanza de mis compañeros, para despertar la conciencia a los compañeros.

Publicó usted ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel) y ese libro cautivó a Almodóvar, especialmente la historia de la prostituta Isabel de Peñalva. ¿Cómo está el proyecto?

Va adelante. Tenemos un contrato firmado por tres años. A Pedro le gustó mucho la historia: salí de la cárcel después de 23 años de reclusión y dos condenas a muerto. Un amigo me dio mil pesetas para que conociera el amor y me lo gastase con una prostituta. Fui, ella se quedó fascinada con mi historia, salimos a cenar y me estrené con ella. A la mañana siguiente me dejó las mil pesetas y me decía que le gustaría volverme a ver esa noche. Salí a la calle y le compré mil pesetas en flores. Esta escena va a ser el hilo rojo del libro: todo va a suceder en una noche. Pedro y yo somos amigos, nos vemos con frecuencia, y yo creo que se hará la película.

 

*Marcos Ana por Danilo di Marco.

29/11/2016 08:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEPE MELERO ESCRIBE DE 'VACIAR LOS ARMARIOS' DE RODOLFO NOTIVOL

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[José Luis Melero, Hijo Predilecto de Zaragoza, copresentó ayer en el Paraninfo con Fernando Sanmartín la nueva, y primera, novela de Rodolfo Notivol: ’Vaciar los armarios’, que publica Xordica. Recurrió a su ingenio, a su sentido del humor y al magisterio de Georges Perec, y dijo esto sobre una novela ambiciosa y familiar que abarca 80 años de vida y de amistad en Zaragoza.]

 

 

RECUERDOS

A PROPÓSITO DE ’VACIAR LOS ARMARIOS’ DE RODOLFO NOTIVOL

 

Texto de José Luis MELERO RIVAS. Escritor y bibliófilo.

 

Recuerdo que cuando conocí a Rodolfo un día en Albarracín pensé: “En esas patillas no se pone el sol”.

Recuerdo que aquel día, sólo con ver la mirada limpia y serena de Mari Burges me dije: “Esta mujer lo tiene que hacer feliz”.

Recuerdo que luego he pensado siempre qué sería de Rodolfo sin Mari. Bueno, en realidad  lo que he pensado es qué sería de todos nosotros sin Mari. Y de mí sin Yolanda.

Recuerdo que a la mañana siguiente compré en Albarracín almojábanas, esa especie de rosquillas propias de allí, de origen árabe, que -hace poco me enteré- fueron llevadas por los conquistadores al otro lado del Atlántico y que aparecen citadas en algunos libros de Gabriel García Márquez como Los funerales de la Mama Grande o El amor en los tiempos del cólera.

Recuerdo que una de esas tardes en Albarracín, todos los amigos organizaron y jugaron un partido de fútbol, menos Fernando Sanmartín y yo, que éramos de verdad los únicos intelectuales del grupo y que andaríamos hablando de Saint John Perse o de Dylan Thomas. Que bien está que Fernando y yo seamos del Zaragoza, pero eso no quiere decir que tenga que gustarnos el dichoso fútbol.

Recuerdo que en seguida Rodolfo me habló de sus parientes anarquistas y, en especial, de Antonio Ejarque.

Recuerdo que a Antonio Ejarque lo llamaban “Barrilete” porque el hombre tenía algo de sobrepeso. Y recuerdo que leí en un libro sobre la fuga del penal de Ocaña que “Barrilete” no cabía por el túnel que excavaron para fugarse de esa cárcel en 1948. Y que casi se queda sin poder escaparse por esa tripa de los demonios.

Recuerdo que me estuve acordando todo el rato de Ejarque cuando leí la primera parte de Vaciar los armarios, en la que se le recuerda a él y se recuerda el fusilamiento y el exilio de otros hermanos suyos.

Recuerdo que la madre de la narradora de la novela, hermana de esos anarquistas, protesta airadamente cuando la policía detiene a uno de sus hijos por comunista. “¡Y encima con los comunistas!”, exclama. “¡Si llegan a enterarse mis hermanos”!

Recuerdo a nuestro llorado Félix discutiendo con Chusé Raúl, con Rodolfo, con Mari y conmigo la cubierta de Autos de choque, y decidiendo al fin cómo debía ser ésta.

Recuerdo cómo me gustó aquel libro.

Recuerdo a un reseñista de un periódico criticar la larga lista de agradecimientos que Rodolfo incorporó a Autos de choque.

Recuerdo a Rodolfo decir, más cabreado que un mono, que él agradecía a quien le salía de los cojones.

Recuerdo que a José Luis Violeta, el jugador aragonés más legendario de la historia, también le gusta mucho ese libro.

Recuerdo que hice muy feliz a Rodolfo el día que le presenté a José Luis Violeta.

Recuerdo que Rodolfo y Santiago Gascón fueron alumnos de Félix.

         Recuerdo un viaje que Rodolfo y yo hicimos a Santander con Félix y Cristina, con Mari y con Yolanda. Y recuerdo una comida maravillosa en un mirador frente al mar.

Recuerdo que su coche iba delante del mío y que le di una pegatina con la “A” de Aragón para que la pusiera junto a la matrícula y así verla yo durante todo el camino.

Recuerdo que ese domingo nos fuimos al rastro de Santander por la mañana. Y no recuerdo que comprara nada, así que nada compraría. Si hubiera comprado algo, vaya si me acordaría.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo sea amigo de Pablo y de Roger.

Recuerdo que a Rodolfo siempre le gusta presumir de los años que lleva de socio del Zaragoza y del fútbol que ha visto; y recuerdo que siempre le gusta decirme que soy el segundo mejor zaragocista de la historia, porque está convencido de que él es el primero.

Recuerdo que siempre le digo que no sabe lo que dice: que el primero soy yo con mucha diferencia.

Recuerdo que durante algunos años estuvimos yendo Rodolfo y yo juntos a La Romareda con otros grandes amigos: Labordeta (que pagaba su abono, pero no venía casi nunca), Miguel Mena, Antonio Pérez Lasheras, Félix, Ismael Grasa y Fernando Sanmartín. Y Pisón cuando estaba en Zaragoza. Y recuerdo que nos llamábamos la Peña Milito.

Recuerdo que la noche que le metimos 6-1 al Madrid estábamos todos juntos en La Romareda. Y recuerdo los abrazos que nos dimos Rodolfo y yo con Félix y la alegría desbordada de éste y de los demás.

Recuerdo que el estar juntos en el campo se terminó cuando me hicieron Consejero. Y recuerdo que yo todas las tardes sin excepción miraba desde el palco aquella localidad y me decía: “Allí están mis amigos”. Y trataba de reconocerlos entre la multitud.

Recuerdo que una noche en La Romareda, en un partido de Copa de la UEFA, me marché del campo avergonzado de lo que veía y dejé a mi hijo, que era entonces bien pequeño, con Rodolfo; y recuerdo que luego tuve que volver a buscarlo avergonzado de mí mismo.

Recuerdo que siempre me ha gustado su manera apasionada de querer a Zaragoza; y recuerdo que me gusta ver cómo despotrica sin piedad de quienes no la quieren como nosotros.

Recuerdo que si Rodolfo pudiera instauraría el cantón de Montemolín, lo que no está mal pues el cantonalismo responde a una vieja tradición republicana y federal y fue uno de los precedentes del anarquismo en España.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo me llame a veces Pepico.

Recuerdo que cuando leí el manuscrito de Vaciar los armarios esperaba que me gustara, pero nunca imaginé que me iba a gustar tanto.

Recuerdo que mientras la leía me decía todo el rato: A Pisón le va a encantar.

Recuerdo que después hablé con Ignacio y me dijo: “Me ha encantado”.

Recuerdo que cuando la leía pensaba que frente a los que sólo escriben novelas para narrar cosas, Rodolfo ha escrito una novela para contar sus cosas y entender su vida.

Recuerdo que me llamó desde el principio la atención la estructura de la novela, en la que la narradora, Marina, cuenta la historia de su familia a una de sus sobrinas, la hija de su hermana pequeña Gloria. Y que en seguida me vino a la cabeza Natalia Ginzburg.

Recuerdo la lectura de algunos pasajes con tanta emoción que a veces me entraban ganas de llorar. Por ejemplo en la narración de la triste vida que tenía que llevar la abuela chica en un cuchitril de San Pablo o en la de los últimos días de Celia.

Recuerdo que pocas veces uno puede encontrarse tantos personajes y tan bien caracterizados en una novela. Y recuerdo que la leí con lápiz y papel, para no perderme nada.

Recuerdo que tuve que apuntarme los personajes como hice con los de Cien años de soledad; y recuerdo que me dije: no es mala cosa que ambas novelas anden juntas y que haya que leerlas del mismo modo.

Recuerdo que me decía todo el rato: qué pocas novelas de sagas familiares alcanzarán seis generaciones: la bisabuela María (en la novela “la abuela grande”, la madre del abuelo materno), la abuela materna (en la novela “la abuela chica”, la nuera de la abuela grande), la madre y el padre, los nueve hijos, los hijos de éstos y los biznietos de la madre y el padre. Seis generaciones.

Recuerdo que pensé: “Menos mal que Eva Cosculluela sabe lo que son los choznos”. Y recuerdo que pensé que esta es una novela perfecta para usar esa hermosa palabra: chozno, el cuarto nieto o el hijo del tataranieto. Dani es chozno de la abuela grande.

Recuerdo que cuando leí que la voz de Paquita, una de las protagonistas, sonaba como “un sonajero de arena”, me dije: “¿Estoy leyendo a Rodolfo o la sombra de Antón Castro es de verdad tan alargada?”

Recuerdo con emoción cómo quería arreglarse Celia cuando iba a visitarla el novio de su hermana.

Recuerdo que el padre canta en la novela la novena sinfonía de la jota: la fiera antigua, la jota cumbre de José Oto: “Nadie le tema a la fiera, que la fiera ya murió, que al revolver una esquina, un valiente la mató”.

Recuerdo que pensé: si tengo huevos la cantaré en la presentación.

Recuerdo que no tengo huevos.

Recuerdo que la novela me hizo recordar a tantas personas con pequeños retrasos que en aquellos años fueron ingresadas en manicomios y que hoy vivirían felizmente con sus familias. Y recuerdo las visitas que hacía Rodolfo a uno de esos siquiátricos para visitar a un familiar próximo.

Recuerdo que la novela me hizo recordar cómo eran los viajes de novios de los pobres: en este caso, cuatro días en el barrio de La Cartuja.

Recuerdo que hay un homenaje a Cuchi (cuchicuchicuchi, se lee en la página 13), otro a Artal (ese doctor Burriel…) y otro a Pisón (el piso de la calle Rufas, 12), y que me dije “Coño y a mí qué, que encima le tengo que presentar el libro”.

Recuerdo que me gustó que escribiera que Álvaro cogió a su hijo a corderetas.

Recuerdo que el gran Javier Aguirre, el ídolo de tantos, me preguntó qué tal estaba la novela; y que cuando le dije que era buenísima me contestó con cariño aragonés: “Parece mentira que la haya escrito ese “matután” de Rodolfo”.

Recuerdo que estuvimos hablando de si “matután” se utilizaba más allá del Alto Aragón; y recuerdo que lo miré en el diccionario de la RAE y no viene; y que tuve que mirarlo en el “Diccionario aragonés” de Rafael Andolz: “Matután”: grandón y sin sustancia. Y otra acepción: terco, tozudo, duro de juicio.

Recuerdo que me dije: lo contaré en la presentación para que a la salida Rodolfo le ajuste las cuentas a ese “matután” de Javier Aguirre. Con cariño aragonés, eso sí.

Recuerdo que pensé que “matután” debe de ser aragonesismo relativamente reciente, pues no aparece ni en el Diccionario de Mariano Peralta de 1836, ni en el de Jerónimo Borao de 1859, ni en su reedición de 1908.

Recuerdo que el suicidio de Álvaro me recordó al de Víctor Mira.

Recuerdo que sentí compasión por los últimos años juntos de Juan y Marina, porque no merecían ese final.

Recuerdo que cuando Miguel acortó su viaje de novios por Andalucía, recordé el caso de un amigo que recortó el suyo para llegar a La Romareda a ver un partido del Zaragoza. Su mujer lo dejó al poco tiempo.

Recuerdo que me gustó que recordara las taquillas de la plaza del Carbón.

Recuerdo que a Yolanda también, como a Charlie, le daban en el Gancho pan con vino y azúcar.

Recuerdo que la escena de los hermanos comiendo en silencio arroz con leche, sin levantar apenas la cabeza, después de haberse repartido lo poco que dejó su madre al morir, me pareció maravillosamente cinematográfica y me hizo pensar en Buñuel y en la cena de Viridiana.

Recuerdo que me gustó que la novela empezara con dos citas de los Labordeta: una de José Antonio y otra de Miguel; y que me dije: Rodolfo es un hombre de bien y no juega a la impostura de poner una cita de Eliot o de Ezra Pound, que tan fáciles serían de encontrar. Pone de sus amigos y de los de casa. A algunos les parecerá provinciano y a mí me parece enternecedor.

Recuerdo que pensé: si tenemos suerte y salen por ahí un par de buenas críticas y la movemos lo suficiente, esta novela debería ser un bombazo, porque es literatura en estado puro, literatura de la mejor.

Recuerdo que luego pensé que la editaba y la tenía que mover Chusé Raúl.

Recuerdo que después de hacer el chiste, me dije: Sanmartín, Notivol y yo tenemos la suerte de que nos edite el mejor editor.

Recuerdo que Rodolfo y Mari siempre han estado a mi lado. Hasta cuando he ido a Madrid a presentar mis libros. Y recuerdo que me dije: mi amigo merece que me esmere en hacerle una presentación cojonuda. Entre otras cosas, porque si no igual tengo que esperar trece años más, que son los años que hace que salió su libro anterior, y ya me cogerá un poco mayor.

Recuerdo que pensé que recurrir al Je me souviens de Georges Perec me dotaría de un marco cómodo para contar cosas de forma poco solemne.

Recuerdo que deseé acertar en la forma y en el fondo.

Recuerdo que pensé que como los chicos de barrio suelen ser los mejores y los más leales, seguro que Rodolfo me seguiría queriendo un poco, la presentara como la presentase.

Recuerdo que pensé: pero qué me importa a mí que me quiera o no Rodolfo, si yo en el fondo a la que quiero es a Mari.

Recuerdo que debo terminar ya porque Rodolfo tiene que firmar los muchos libros que todos ustedes van a comprarle.

Recuerdo que debo darles las gracias por escucharme.

 

*La foto de Rodolfo Notivol es de Lara Albuixech.

26/11/2016 12:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA RECUERDA EN CAIXAFORUM A JULIO CORTÁZAR

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HOY, MARTES 22, UN DIÁLOGO SOBRE JULIO CORTÁZAR
[CaixaFórum. Martes 22 DE NOVIEMBRE, 19.00H. Julio Cortázar. 'Siguiendo los pasos de la Maga'. CARLES ÁLVAREZ GARRIGA, editor y compilador del libro 'Cortázar. De la A a la Z', con Aurora Bernárdez. Dialogará con ANTÓN CASTRO, escritor y periodista, coordinador de 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

¿Qué motivó el particular universo literario de Julio Cortázar? ¿Qué relación tuvo con las ciudades de Buenos Aires y París? Existió realmente la Maga? Entrar en el mundo de Julio Cortázar, hecho de ensoñaciones, personajes que buscan y encuentran, ideas brillantes y juegos infantiles, es entrar en el fundamento mismo de su obra.

22/11/2016 12:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CONGRESO DE 'PENSAMIENTO CRÍTICO Y FICCIONES...'

Carmen Peña Ardid explica el Congreso Internacional "Pensamiento Crítico y ficciones en torno a la Transición española (1975-2016)", que tendrá lugar los días 23,24 y 25 en la
Universidad de Zaragoza.

 

Dice: En él participarán más de 70 especialistas en la historia y la cultura (novela, teatro, cine, televisión) de la España democrática, procedentes de numerosas Universidades de España, Francia, EE.UU., Reino Unido o Nueva Zelanda. Entre las figuras destacadas  se encuentran el historiador Santos Juliá, la historiadora Paloma Aguilar, las escritoras Marta Sanz y Ana Rodríguez Fischer, la cineasta Josefina 

Molina o el dramaturgo aragonés Alfonso Plou, aparte de otros
distinguidos miembros del mundo académico
  El Congreso, inaugurado por el Sr. Rector el día 23, se celebrará en el
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y colabora con la Fundación
Manuel Giménez Abad en la realización de una mesa redonda (viernes, 25
de noviembre, !8:15) titulada "La Transición. Visones 40 años después"
en la que intervienen El Ex-Senador Constituyente, Lorenzo Martín
Retortillo, La filósofa Amelia Valcárcel, la escritora Marta Sanz y José
Tudela Aranda (Letrado en Cortes de Aragón y Secretario de la Fundación
Manuel Giménez Abad).
  También estará Antígona con una selección de libros.
  El Congreso está organizado por el Proyecto de investigación
"TRANSLITEME (Transición: literatura.Teatro.Medios)", del Departamento
de Filología Española de la Universidad de Zaragoza

 

 

 

PROGRAMA

Miércoles, 23 de noviembre

8:30 Entrega de documentación.

9:00-9:40h Acto inaugural.

 

9:40-11h Sesión 1: LA TRANSICIÓN Y LA MEMORIA DE LA GUERRA Y EL EXILIO

Paloma Aguilar (Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid) Memoria y transición en España a nivel local. Exhumaciones de fusilados republicanos y homenajes en su honor. Sarah Leggott (Universidad Victoria de Wellington. Nueva Zelanda)

Los ex-exiliados en la transición española: Representaciones literarias

contemporáneas.

11:30-12:40h Conferencia plenaria.

Santos Juliá (UNED. Madrid) Transición: lo que fue, lo que queda.

 

12:40-14:00h Sesión 2. INTELECTUALES ANTE LA CULTURA DEMOCRÁTICA

José Luis Calvo Carilla (Universidad de Zaragoza)

La era de las reacomodaciones: el caso de Torrente Ballester.

Carlos Femenías Ferrà (Universidad Pompeu Fabra. Barcelona) Gramática

intelectual en la Transición. Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio.

Elena Lázaro Ruiz (Universidad de Barcelona) El reflejo de la Transición en la

obra de Ana María Moix.

 

16:00-16:40h Sesión 3. MEMORIA CULTURAL DE LA TRANSICIÓN. PRESENTACIÓN DEL PROYECTO TRANSLITEME

Ana Esteban (Universidad de Zaragoza) Colaboración interdisciplinar en la

elaboración de una base de datos destinada a una difusión en abierto.

Carmen Agustín y Begoña Gimeno (Universidad de Zaragoza)

Nombrar la Transición. Fuentes de información para un estudio documental de la

terminología sobre la Transición española.

 

16:40-18h- Sesión 4. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN LA NARRATIVA DE LA DEMOCRACIA.

Juan Carlos Ara (Universidad de Zaragoza) Un periodo extraño y extrañado. La

Transición como tormenta y trauma (1984-1992).

Mª Ángeles Naval (Universidad de Zaragoza) Memoria de la Transición en la

novela (2000-2010).

Gonzalo Pasamar (Universidad de Zaragoza)

La Transición española en la novela negra (1977-2015)

 

18:20-19:15h Sesión 5. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN EL TEATRO Y EL CINE DE LA DEMOCRACIA

Teresa García-Abad (C.S.I.C. Madrid)

Representaciones de “la Cosa” o el monstruo reprimido: Transición y teatro.

Carmen Peña Ardid (Universidad de Zaragoza) Una historia de mala conciencia.

La imagen de la Transición en el cine español de la democracia.

19:20-20:30h Conferencia plenaria.

Carlos F. Heredero (Historiador y crítico de cine).

Espejos que se miran: el cine de la Transición frente a la España de la

Transición /1975-1982).

20:30h Recepción de bienvenida. Cafetería Paraninfo.

Jueves, 24 de noviembre

 

SESIONES PARALELAS

9:00-10:45h Sesión 6A. TESTIGOS DEL CAMBIO POLITICO SOCIAL: LITERATURA Y PERIODISMO

Jean-Pierre Castellani (Universidad François Rabelais de Tours).

Francisco Umbral protagonista y narrador de la Transición.

Bénédicte de Buron-Brun (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour )

Rojos, ultras y pasotas: la juventud en los años de la Transición según Francisco

Umbral.

Ana Rodriguez Fischer (Universidad Barcelona) Aquellos chicos de Argüelles:

poesía y crítica en la obra narrativa de José María Guelbenzu.

Claire Lafaille (Univ. Pau et des Pays de l´Adour) Los vencidos de la Transición

en Luz de la memoria de Lourdes Ortiz.

 

Sesión 6B. TESTIGOS DEL CAMBIO POLÍTICO SOCIAL: CINE Y LITERATURA

Silvie Ricouard (Universidad Grenoble-Alpes) Autopsia del cambio o el coste de

la libertad. La Transición en la trilogía de José Luis Garci: Asignatura pendiente

(1977), Solos en la madrugada (1978), las verdes praderas (1979).

Santiago Morales-Rivera (Universidad California-Irvine) ¿Quién teme a

Cristina Fernández Cubas? Humor, horror y memoria durante la Transición.

Ernesto Viamonte (Universidad de Zaragoza) “La cuestión vasca” en la novela de

la Transición española.

Ana Gandara Sorarrain (Universidad UPV) La Transición y sus relatos en la

literatura vasca. Silencios, polifonía y transtextualidad como instrumentos redentores.

11:15-13:00h

 

Sesión 7A. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL TEATRO

Fanny Blin (Universidad Bordeaux Montaigne. Francia) ¿Transición o traición?

Cuando Luis Riaza denuncia a una generación en Antígona… ¡cerda!.

Diego Santos Sánchez (Universidad de Alcalá. Madrid) ¿Libertad en escena?

La censura teatral en la transición.

Anne Laure Feuillastre (Universidad Paris Ouest) Transición, monarquía y

sucesión el teatro colectivo durante la agonía del franquismo.

Claire Dutoya (Univ. Sorbonne Nouvelle - París III ) Recordar para conjurar la

repetición trágica: Mañana, aquí, a la misma hora (1979) de Ignacio Amestoy.

 

Sesión 7B. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL CINE

José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca)

El cine biográfico durante la Transición.

Carmen Gustrán (Universidad de Zaragoza) En la España de las maravillas.

Representaciones cinematográficas disidentes sobre la Transición (1975-1982).

María Camí-Vela (Universidad of North Carolina at Wilmington, EE.UU.)

Cine y Transición en España: La incómoda mirada de Helena Lumbreras.

Rafael Robles, Rafatal (director de cine) El quinqui cinematográfico: alegre

bandolero y pícaro burlón. El buscón de la Transición española.

 

13:00-14:00h Sesión 8. (RE)VISIONES CRÍTICAS DE LA TRANSICIÓN EN LA LITERATURA

Carmen Valcárcel (Universidad Autónoma de Madrid) El lienzo de Penélope:

identidad/es femenina/s en T(t)ransición

Dolores Thion Soriano (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) Desmemoria,

posturas e imposturas en la Transición en las primeras obras de Rafael Chirbes.

16:00-17:20h

 

Sesión 9A. RECONSTRUCCIONES DE LA HISTORIA

Manuel J. Ramos Ortega (Universidad de Cádiz)

La otra transición. La novela El impostor de Javier Cercas.

Lucas Merlos (Universidad de Grenoble. Francia) Entre documento y monumento:

la defensa de la Transición en Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Pilar Esterán Abad (Universidad de Zaragoza) Estrategias narrativas en la ficción

histórica. De Pérez Galdós a Javier Cercas

 

Sesión 9B. EL NUEVO ESPACIO DEMOCRÁTICO Y LAS ARTES

Igor Barrenetxea (Universidad País Vasco) Una metáfora de la transición a través

de ¡Arriba Hazaña! (1978) de José María Gutiérrez Santos.

María Villamarín (Universidad Santiago de Compostela) Impugnar la escritura de

la historia desde el archivo. Iniciativas artísticas hegemónicas y colectivos en el olvido

(Galicia, 1975-1985).

David García Ponce (Universidad de Barcelona) Fotografías con dedicatoria: la

(re)construcción memorialística del extrarradio como nuevo espacio democrático.

ç

17:45-19:35h Sesión 10A. LA DIALÉCTICA MEMORIA/OLVIDO. CRÍTICA DE LA TRANSICIÓN DESDE LA NOVELA

Irene Gonzalez y Reyero (Universidad de Sevilla) Transición: el espejo roto de

Los viejos amigos de Rafael Chirbes.

Víctor Manuel Muñoz (Universidad de Sevilla)

Rafael Reig o los p(r)ecios de la Transición.

Violeta Ros (Universidad de Valencia) “Siempre hace sol en el país de la

nostalgia”. Los afectos en el reciente corpus narrativo sobre la Transición española.

Denis Vigneron (Universidad d´Artois, Arras. Francia) Testimonio(s),

herencia(s), secreto(s): de la transición democrática a la transición narrativa.

 

Sesión 10B. MEMORIA/OLVIDO. REVISIÓN DEL PASADO EN EL CINE Y EL TEATRO ÚLTIMOS

Isabel Carabantes de Las Heras (Universidad de Zaragoza)

La CT evita el drama, pero el drama se vuelca con la CT. Ana Prieto Nadal (Escritora y miembro del Grupo de Investigación del SELITEN@T / UNED. Madrid) La Transición española en el teatro del siglo XXI: El

bordell (2008) de Lluïsa Cunillé, Transición (2012) de Alfonso Plou y Julio Salvatierra,

y El Rey (2015) de Alberto San Juan.

Javier Rodríguez Hidalgo (Universidad Angers. Francia)

La “red” invisible. La tortura en el cine de la Transición.

Christelle Collin (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) La transición a la democracia en el cine español reciente: La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez.

 

19:40h-21:00h Mesa redonda: LA TRANSICIÓN EN LA LINEA DEL TIEMPO. CREACIÓN Y COMPROMISO

Intervienen: Alfonso Plou (dramaturgo), Josefina Molina (directora de cine y de Televisión).

22:00h Cena del Congreso (opcional) Restaurante Teatro

Principal de Zaragoza

Viernes, día 25 de noviembre

 

SESIÓN PARALELA

8:45-9:40h

Sesión 11A. LA IMAGEN DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA EN EL EXTERIOR Y EN EL ARTE

Cristina Giménez (Univ. de Zaragoza) Reposicionamientos y prácticas

artísticas durante la Transición. La ruptura de un relato hegemónico.

Naftalí Paula Veloz (Univ. Carlos III. Madrid) La construcción de la

imagen de la transición española en América latina: Entre España y Juan Carlos I.

 

Sesión 11B. POESÍA: DISIDENCIAS EN LA TRANSICIÓN Y NORMALIZACIÓN DEMOCRÁTICA

María Beas Marín (Universidad de Granada) Sin saber cómo nos quedamos solos

en mitad de la historia: Una poesía otra en la Transición. Javier Egea.

Alejandro Simón Partal (Universidad du Littoral / IEMYR) Transición hacia el

tercer milenio: revisión e interpretación del periodo transicional en la poesía española

a partir de 1989

9:40:11:00h

 

Sesión 12. TELEVISIÓN Y PERSPECTIVAS INTERMEDIALES

Luis Miguel Fernández (Universidad de Santiago de Compostela)

1977-1982. Marco encuentra a su madre y los españoles sus males. Las transiciones

pendientes a través del relato televisivo y literario de los años ochenta.

David R. George, Jr. (Bates College. EE.UU.)

Dagoll Dagom en televisión: transición y transferencia intermedial.

Elena Cueto Asín (Bowdoin College, EE.UU.) En torno a Guernica como victoria

institucional y patrimonio: desde El Ministerio del Tiempo

11:30-12:40 Conferencia plenaria

Manuel Palacio Arranz (Universidad Carlos III. Madrid)

Transición y democracia. La televisión constructora de símbolos

culturales para el espacio público.

 

12:40-14:00h Sesión 13. TRANSICIONES PENDIENTES: LA ORIENTACIÓN DE GÉNERO

Ana Corbalán (Univ. Alabama. EE.UU.) Estereotipos femeninos en el cine sobre

la Transición: cuerpos silenciados y objetos deseados.

VÍctor Mora (Universidad Carlos III. Madrid) Política y sexo en transición: la

construcción de la normatividad sexual desde las nuevas narrativas cinematográficas.

Natalia Martínez Pérez (Univ. Carlos III. Madrid) Leyendo entre líneas: la ficción

televisiva de Miró, Molina y Salvador durante la Transición.

______________________

17:00h Visita al Palacio de la Aljafería

18:15-19:30h Sala Goya. Palacio de la Aljafería

Mesa redonda: La Transición. Visiones 40 años después.

Intervienen: Lorenzo Martín Retortillo, Amelia Valcárcel, José Tudela Aranda y Marta

Sanz. Modera: Carmen Peña Ardid

19:30h Clausura del Congreso

________________________

 

18/11/2016 13:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO. UN CUENTO

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[Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es un creador de lenguaje, de situaciones, un narrador con ingenio y ternura. Publica ’La vuelta al día’, en Páginas de Espuma, y divide el volumen en cinco partes. El conjunto se cierra con este texto precioso, evocador, dramático, feliz...]

 

La poda y la tala de los árboles frutales

 

Hipólito G. Navarro

 

 

«Los libros son muy importantes, hijo mío; un libro es la cosa más importante del mundo, por lo menos eso apréndelo bien.» Que recuerde ahora, mi padre no fue nunca hombre dado a máximas y consejos. Él fue más que nada un hombre dado al alcohol, regalado al alcohol, en sus variantes más primitivas del vino blanco barato y el coñac de garrafa. Verdadero artista de su oficio, alimentó una sola y hermosa borrachera durante años y años. Como esos poetas secretos que entretienen toda su existencia en pulir los versos de un poema privado y único, así mi padre trabajó de manera ininterrumpida los de su particular soneto, aquella su melopea dulcísima que atravesó como un suspiro con estrambote mis dieciséis primeros años, que fueron a la vez los últimos suyos. Baste decir, para que se entienda de una vez, que apenas llegué a conocerlo sobrio, con lo que se me perdonará también que me burle un poquitín si aseguro que él fue, muchísimo más que otros bardos, absoluto dueño del don de la ebriedad.

Mi infancia son recuerdos de un... bar. Mi padre tuvo un bar. O un bar tuvo a mi padre, no lo sé. Las estanterías de los bares son muy distintas de las de las bibliotecas. No tienen libros. Ostentan infinidad de botellas. Esas botellas no contienen literatura, contienen alcohol, rotulado con títulos y colores muy atractivos.

«Un libro es lo más importante del mundo, hijo mío», me repetía él desde su delirio cada vez que tenía oportunidad. Me llevaba a un aparte en esos momentos, a la semioscuridad de la bodega, echándome el brazo por el hombro como si fuese un amigo, y sacaba entonces del fondo más secreto de unos estantes entelarañados su más preciado tesoro: una pequeña caja fuerte portátil donde guardaba bajo llave un libro, su único libro, el libro. Aún recuerdo sus manos temblorosas sacando el volumen de aquella breve cárcel blindada, sus dedos retirando con muchísimo cuidado el forro de papel de estraza con que protegía una cubierta ya bastante ajada por aquel entonces, su prevención ante el peligro de mis ansiosas manos infantiles, que nunca pudieron sin embargo ni tan siquiera sopesar el volumen. Enseguida recorría él, emocionado junto a su pequeño vástago, aquellas páginas apretadas de ilustraciones técnicas del oficio de su juventud, aquellas láminas donde convivían sin miedo, en instantes congelados, los troncos y las ramas de los frutales con las hoces, las hachas y las tijeras de podar. Pasaba las hojas con parsimonia, deteniéndose en la sobriedad de los gráficos, sin la más mínima intención de leer, pero contemplando las letras con la misma delectación que los dibujos, como si las letras fuesen dibujos también. Acurrucado en su regazo, me dejaba caer entonces en una dulce soñolencia, mientras él pasaba las hojas y de forma incansable, con su aliento de vino, musitaba el sempiterno consejo: «un libro es lo más importante del mundo, hijo mío».

Luego, andando el tiempo, cuando uno ya ha aprendido que nada es más peligroso en el mundo que el hombre de un solo libro, he reflexionado muchas veces sobre aquella obsesión suya. No sabría explicar lo que pienso. Tampoco es completamente cierto, debo confesar, que fuese mi padre hombre de un solo libro, pues además de ese que celosamente guardaba bajo llave he sabido que tuvo otros dos, hasta que me los regaló cuando aprendí a leer: un Quijote muy trabajado, casi hecho menuzos, y un fragante ejemplar encuadernado en tela de Los viajes de Marco Polo, con bellísimas ilustraciones a todo color. Durante mucho tiempo ignoré que antes hubiesen sido suyos; cuando lo descubrí, lamentablemente, ya no existían sobre la Tierra, como tampoco él. Todos los quemó mi madre tras el sepelio, para evitar el contagio al parecer, junto al resto de pertenencias de aquel borracho que tanto me quiso y a quien tanto amé.

Por eso mismo, porque sé que me quiso y que yo lo amé, es por lo que todavía no termino de comprender del todo por qué me eligió a mí su cantinela. Siendo dos sus hijos, ¿por qué libró a mi hermano de esta pesadilla de los libros, por qué quiso castigar tan sólo a su primogénito animándolo de manera tan inconsciente a la borrachera eterna del veneno de lo impreso? Antes de ponerme a escribir estas líneas pensaba en tres o cuatro libros de mi adolescencia, los que yo creía que me habían marcado para siempre, así sean bastante inocentes en verdad: uno de vampiros, el Drácula de Bram Stoker; otro de aventuras carcelarias, Papillón, la famosa autobiografía de Henry Charrière, y aquel descacharrado divertimiento de Woody Allen, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Tenía hasta un título simpático para estas páginas, «Chupadores de sangre, de coca y de clarinete», pero ahora, y como me ocurre siempre, la línea de comienzo le dio la vuelta al argumento que quería expresar y caigo en la cuenta de que el libro más importante de mi vida ha sido precisamente aquel de mi padre que jamás leí, aquel que ni siquiera pude tener nunca entre las manos. Es curioso.

Siempre será para mí un misterio ya imposible de descifrar la obsesión de mi padre por aquel libro que no era ni Quijote ni Biblia, pero que en él operaba un efecto tan místico y arrebatador. ¿Un ejemplo de lo que digo? Conservo un recuerdo muy nítido de aquel entonces, cuando debía de tener yo doce o trece años: mi padre se había ensimismado más que otras veces, mientras me revolvía descuidadamente el pelo, en los capítulos dedicados a la vid; puedo ver aún los dibujos de las cepas retorcidas antes de que él cerrara el libro y lo guardase en su caja, antes de salir al bar, aquel negocio suyo venido muy a menos en los últimos años, cuando a él ya lo atacaba a veces el delirium tremens. Amuebló entonces la barra de vasitos, alineándolos como en una procesión, y los fue llenando hasta el borde con aquel vino blanco rasposo, pendenciero y sin marca que tanto le gustaba. No los conté, pero fueron más de cuarenta, y colmaron el mostrador entero; él aseguró más tarde que puso el número que contaba su edad. Los contempló un rato excesivamente largo en silencio, me miró con aquellos ojos suyos tan tristes, y luego se los fue bebiendo uno tras otro, apurándolos hasta el fondo. Los bebió de la misma manera que en la penumbra de la bodega se bebía junto a mí cada una de las páginas de su libro, en una relectura infinita, supongo ahora, del tiempo ido de su juventud.

Tengo un hermano. Siempre toma un whisky después de las comidas. No lee libros, y es feliz.

Yo tengo aquí detrás los estantes a rebosar de volúmenes. Cometo un texto como quien comete un crimen para llenar estas páginas. Soy abstemio. Y lloro, me cago en la literatura, como ya no me creía que fuese capaz de llorar.

 

[De La vuelta al día. Páginas de Espuma, 2016]

17/11/2016 13:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO: PASIÓN POR EL CUENTO

Hipólito G. Navarro regresa a

su género favorito:  el cuento

 

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es, según su editor, el zaragozano Juan Casamayor, “el más importante de nuestros cuentistas actuales”. Se le emparienta con los autores latinoamericanos (Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Juan Rulfo, “a los que he leído mucho”, dice), pero ante todo es un escritor sorprendente, con personajes cotidianos y a la vez extravagantes, un tanto impredecibles. En su niñez y adolescencia encuentra asideros de narrador: su padre tenía bares y era un fabuloso aficionado al boxeo: “Perico Fernández y Urtain figuraban entre sus dioses. Entonces, en los 60 y 70 el boxeo era importante en España, formaba parte de las conversaciones de los adultos, pero  a mí  no me gustaba quizá porque no lo entendía”, dice.

Su padre era alcohólico y esa condición fue fuente de desdichas en casa. Murió cuando su hijo mayor tenía 16 años. Hipólito G. Navarro le rinde un homenaje en el último cuento del volumen ‘La vuelta al día’ (Páginas de Espuma), que presentó en Los Portadores de Sueños. “Ese cuento, ‘La poda y la tala de los árboles frutales’, vale por todo un libro y quizá una vida. Hay muchas cosas dentro de él y hay una historia familiar que me marcó mucho: en casa solo había esa guía práctica con dibujos. He encontrado una foto donde mi padre está talando con otros compañeros y la incorporo”.

Cuando mira hacia atrás, Hipólito G. Navarro, halla otras fuentes del narrador que es: su abuelo, que había sido herrero en Nueva York, le surtía de historias de personajes, de puentes, de hechos inverosímiles. Y también está su condición de niño desubicado en el colegio: malo en el fútbol, algo enfermo, con dolencias inesperadas, que se mezclaba con las chicas y oía sus historias. Quizá la suma de todas estas incidencias haya hecho de Hipólito G. Navarro, que trabaja de corrector en el Boletín Oficial de Andalucía, un autor desconcertante y original. Como ha ido probando en diversos libros. Llevaba casi una década sin publicar relatos inéditos, tras ‘Los últimos percances’ (Seix Barral, 2005). “Con ese libro y con ‘El pez volador’ (Páginas de Espuma, 2008), que preparó Javier Sáez de Ibarra, me pasó algo increíble: recibí muchas críticas y cartas positivas de los lectores y de los colegas. Fue como una tormenta de cariño. No exagero. Y en todo este tiempo me entró miedo, más miedo que sentido de la responsabilidad: temía decepcionar a tanta gente que había sido tan maravillosa conmigo. A este hecho se sumó otro: en 2005 murió mi madre, que ha sido siempre la primera lectora de mis cuentos”.

Por fin, aquí está ‘La vuelta al día’, un volumen de 22 piezas, repartidas en cinco partes, que toma el título de un cuento donde le rinde homenaje a Julio Cortázar. “Esto también responsabiliza. No puedes hacer cualquier cosa pensando en Cortázar. A mí me marcó mucho sobre todo ‘Historias de cronopios y famas’, un libro que leí con mucha pasión a la vez que leía ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ de Woody Allen”. Ese cuento, ‘La vuelta al día’ es un viaje a la juventud de amor, paseos y cine, y es también la constancia de que ni en la pasión ni en el sexo el tiempo avanza en vano.

“En mi vida y en mi familia hay muchas historias que parecen fábulas, magia, que son dramas, pero yo escribo para no aburrirme. Escribo de lo que no sé. Si lo tengo todo previsto me aburro y lo dejo. Improviso como un músico de jazz y corrijo y corrijo luego porque un cuentista, que se mueve en poco espacio, no puede desperdiciar dos frases. Soy perfeccionista y busco que la frase tenga un sonido natural en el oído”, agrega.

Le interesan los pequeños y grandes temas. Los seres  modestos y quizá un tanto alucinados. Raros. “Locos, no. Me da mucho miedo la locura. Y también huyo del drama. Me inclino por el humor y por el leve disparate. De hecho, tres de mis escritores de cuentos favoritos son Álvaro Cunqueiro, Antonio Pereira y mi paisano Fernando Quiñones, que poseían mucho humor. No tengo una teoría del cuento: exploro, experimento, juego y me divierto”, resume. 

14/11/2016 08:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ROSA MONTERO Y 'LA CARNE'

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«El amor físico puede ser una cárcel» 

 

Rosa Montero presentó ayer ‘La cárcel’ (Alfaguara), una novela de amor, soledad y miedo a la vejez, en la librería Los portadores de sueños

 

Rosa Montero presenta esta tarde, en diálogo con Luis Alegre, su nueva novela: ‘La carne’, la historia de una mujer madura que pierde la cabeza por un prostituto. Soledad es comisaria de exposiciones, prepara un proyecto sobre escritores excéntricos para la Biblioteca Nacional, y decide contratar a un joven, Adam, para dar celos a un amante que la acaba de abandonar. A partir de ahí sobreviene lo inesperado. La escritora madrileña resume -en una charla en su casa madrileña, próxima al Retiro, con sus dos perras-, algunas claves del libro y de su escritura a través de diversas palabras significativas.

Vivir. «El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo».

Madurez. «Ya soy suficientemente mayor para contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre».

‘La carne’. «Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. ‘La carne’ es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho…»

El amor. «He llegado a la conclusión como persona, y además recientemente aunque parezca extraño, que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor. El amor mueve el mundo en general. Y en ‘La carne’ quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, sino llevarlo al extremo de preguntar “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”, que es lo que hace Soledad. Por otro lado, ‘La carne’ es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso la que ha tenido relaciones, más o menos satisfactoria, más o menos prolongadas, que no ha conseguido del todo ser feliz».

Juventud y deseo.  «Soledad, la protagonista de ‘La carne’, comisaria de exposiciones, se vuelve loca. Se enamora. Aunque había tenido otras relaciones, regresa con decepción de una historia de amor con un hombre más joven también, aunque casado, y dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puede ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula ‘La carne’ porque es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, y a la vez es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión; es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida. Di de inmediato con el título y me pareció que era el más exacto, que aludía a todo lo que yo quería aludir».

Literatura. «Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, la literatura, pero supongo que todo el arte es así…»

Adam, el prostituto. «Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló, un inmigrante que busca su sitio como puede».

«¿Por qué escribo?». «Busco el sentido de la existencia. La escritura para mí es un viaje del conocimiento, del descubrimiento. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepa».

 

FICHA

‘La carne’. Rosa Montero. Alfaguara. Madrid, 2016. 240 páginas. (La foto es de Heraldo).

 

08/11/2016 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CALVO CARILLA: PICASSO EN EL BURDEL

José Luis Calvo Carilla estudia los orígenes de las vanguardias

 

Publica en Calambur ’Picasso en el burdel’

 

Como si fuera un aforismo definitivo, José Luis Calvo Carilla (Huesca, 1952) dice: “Nada nace de la nada”. Eso explica su libro ‘Picasso en el burdel’, que es una colección de textos de los precedentes de las vanguardias, “o las vanguardias antes de las vanguardias”, que fue el tema de una conferencia y el punto de partida de un libro, más o menos misceláneo, que reconstruye desde los orígenes del cubismo, con el cuadro ‘Les demoiselles de Avinyó’, hasta la interpretación de los sueños que tanto interesó y perturbó a Santiago Ramón y Cajal, en diálogo diferido con Sigmund Freud. Pero hay muchas más cosas, como suele ocurrir en los libros de este catedrático experto en el piropo, en los ecos de Quevedo en el 27, en Braulio Foz y su ‘Pedro Saputo’ o, entre otros asuntos, en el Modernismo, al que le dedicó su tesis doctoral.

“El concepto de modernismo, que abarca a todas las artes y la vida cotidiana, se va gastando y en la revista ‘Paraninfo’, de los hermanos Alcrudo, en la que colaboró el pintor uruguayo Rafael Barradas, casado en Luco de Jiloca, ya se habla del ultramodernismo –dice-. He intentado estudiar el período anterior a la I Guerra Mundial donde se dan muchos fenómenos modernos, gérmenes de la vang