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BOFARULL EN LOS MORLANES

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Pepe Bofarull se pregunta y se

responde en color y en gesto

 

El maestro serígrafo, 25 años después, realiza una exposición individual en la Casa de los Morlanes

 

[Las obras se llaman ‘Pregunta sin respuesta’; son la 7 y la 8. Foto de Gonzalo Bullón]

 

Pepe Bofarull (Sabadell, 1953) es el maestro serígrafo de Aragón de los últimos 30 años. Así lo han bautizado, entre otros, pintores como Jorge Gay, Pepe Cerdá o José Luis Lasala. Acaba de jubilarse y deja un importante vacío en la reproducción artística. Por eso, poco antes de su marcha, Rafael Ordóñez Fernández, jefe de área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, le sugirió una antológica de su quehacer serigráfico. Bofarull le propuso otra cosa: realizar una nueva exposición individual de monotipos de serigrafía, un cuarto de siglo después de la última, en la sala Barbasán de la CAI. «Entre otras cosas, porque eso que me pedía ya lo había hecho en el Museo del Grabado de Fuendetodos», dice el artista.

Así se explica ese verdadero ‘tour de force’ que presenta en la Casa de los Morlanes: más de medio centenar de piezas apaisadas, de 60 x 120 mm, que constituyen una fiesta del color, un oleaje de tonos, un torbellino encendido de gamas que tienen algo de partitura de notas, secuencias y temblores. «Esta exposición es mi memoria contemporánea, y está basada en la pintura y en la música. Desde muy joven oía a Jimi Hendrix, Frank Zappa, pero también a Ígor Stravinski, John Coltrane o Miles Davis, pongamos por caso. Todos me han marcado. Del arte aquí hay muchas cosas: lo que he vivido, mi formación, mi evolución. El pop, el infomalismo, la abstracción expresionista norteamericana, y algunas técnicas tradicionales. Para la impresión, he elegido la madera antes que el zinc. Eso sí, es una exposición hecha a mano por completo».

Pepe Bofarull es un hombre cultivado. Es un pensador tranquilo, un lector de ciencia, un curioso y, a su despacioso modo, un teórico. «He robado a todo Dios. Piense que yo he trabajado con Broto, con Gay, con Cerdá, con Cano, con Xavier Grau; conozco de primera mano sus secretos. Es mi mundo. Y aquí están Jaspers John’s, Willem De Kooning, pero también Frank Stella o Robert Rauschenberg. En este trabajo es muy importante el ritmo, el movimiento de la regleta de serigrafía o de la cartulina que extiende la tinta. Hay una búsqueda constante de la armonía, del equilibrio. He usado 40 litros de disolvente y 10 kilos de tinta», dice. Recuerda algo importante: ‘Pregunta sin respuesta’ es el título de este empeño, intenso y apasionado, que ha llevado a término en 2017. «Así se llama una pieza del compositor estadounidense Charles Ives, nacido en 1874 y fallecido en 1954, de apenas tres minutos, una obra sobria, casi atonal, donde dialogan algunos instrumentos en poco más de tres minutos».

El pintor y serígrafo explica su método, cuadro a cuadro. En todos los cuadros realiza un primer fondo inicial, sometido al binomio de control y accidente. Conciencia y azar. Luego interviene con distintas capas de tinta. A veces hasta con cuatro superficies. De cuando en cuando le quedan zonas sin imprimir o veladuras, o emergen, con distinta graduación o intensidad, determinadas figuras, o lo que Bofarull llama «fantasmas». El autor usa aquí el gesto, el arrebato, pero también el dibujo. Gobierna y desgobierna la mano. «He elegido este formato porque es cuanto me dan los brazos. He intentado hacer una exaltación del color. A veces es voluntaria y ha sido dominada por entero, y a veces es accidental. Todo me sirve. Esta es una exposición de la acumulación de capas», afirma. Aún va más allá: «Por aquí han pasado alrededor de 500 personas, nada comparable a las 30.000 de Natalio Bayo en la Lonja. Lo sé. Pero hay varias cosas importantes. Vienen porque les interesa, porque sí, tienen interés y curiosidad, y eso siempre es estimulante. Estoy vivo y estoy aquí. He hecho un esfuerzo gigante y me siento recompensado. Este es un trabajo de taller y, quizá, un autorretrato. No soy moderno, ni lo pretendo, pero soy de mi tiempo. Seguro».

Pepe Bofarrull siempre regala frases. Suyas o de otros. A veces habla en aforismos. Dice: «“Hay que aprender de lo que no te gusta”. Si lo haces también te preguntas por lo que te incomoda y creces. Mi exposición está fuera de la moda, de lo que se lleva, es un mirar hacia atrás. Soy un artesano que, de repente, se presenta en este espacio en un acto de sinceridad.»

Pregunta sin respuesta’ estará abierta hasta el 25 de junio.

16/05/2017 00:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA: UNA ENTREVISTA

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Ana Alcolea narra la historia de su

abuela Mercedes, que vivió tres siglos

 

La escritora publica su segunda novela para adultos: ‘Postales coloreadas’, en el sello Contraseña

 

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962), tras haber logrado en 2016 el Premio Cervantes Chico, publica su segunda novela para adultos: ‘Postales coloreadas’, en Contraseña (Zaragoza, 2017. 315 páginas). “Es tal vez mi novela más personal. Está basada en recuerdos de mi abuela, que vivió 103 años y pasó por tres siglos”. Mercedes era hija de Juan, empleado del ferrocarril y jefe de la estación de Utrillas, en Zaragoza, y de Agustina, una muchacha orensana de Amoeiro. Añade Ana Alcolea: “Cuando murió, pensé que sus recuerdos de todo un siglo debían quedar en la memoria colectiva, y no solo en la mía, por eso empecé a escribir este libro hace más de diez años. Me ha hecho llorar, reír, y temblar: cuando la terminé y puse el punto y final, mi cuerpo tembló, literalmente. No me había pasado con ninguna otra novela, sentí un enorme vacío, y sentí como si perdiera a las personas de las que hablo en la novela otra vez”.

La novela, un mosaico familiar con muchos personajes y elipsis temporales, arranca en Almería con Mateo y Margarita, sus bisabuelos, y acaba casi cuando la autora nació en Zaragoza, en 1962. Sucede en diversos lugares: Santander, Vigo, Orense, Madrid, varias localidades de Teruel, incluso La Habana y Barcelona, y por supuesto Zaragoza. “Lástima que en Zaragoza no haya mar. Si no podrías trabajar allí. Hay río. En realidad hay tres ríos y un canal. Hay bastante agua. Y viento”, se dice en la página 153. Es una novela de muchos personajes: la primera pareja Mateo y Margarita, su primogénito Juan, que se casa con Agustina, y sus hijos: Valentina la ciega, Pilar, Lola, Agustina, Enrique, Magdalena o Mercedes, pero también andan por ahí el viudo Rodolfo, el apasionado Pepe, que se va a la guerra de África, o el cabal conductor Francisco, que acabará casándose con Mercedes.

Explica Ana Alcolea: “Son personas que he convertido en personajes. Hay episodios que ya no sé si son reales o ficticios, hasta tal punto he vivido dentro de mí las palabras que han ido tejiendo esta historia”. En ‘Postales coloreadas’ son muy importantes los objetos, los recuerdos, los secretos de familia: “El armario de mi abuela y los objetos que guardaba en él son parte importante de esta novela: sobre todo las postales coloreadas que alguien escribía para ellas, para sus hermanas, pues no sabían escribir... Las viejas fotografías también dedicadas por manos ajenas, y que tan bien ha captado Alberto Gamón en la ilustración de la cubierta”. Además de esas postales, son importantes el gramófono, la barra de carmín, unos gemelos, pero también algunos personajes de la época como Raquel Meller, Miguel Fleta y toreros como Bombita. A Paco, esposo de Mercedes y abuelo de la autora, le gustaban mucho los toros e hizo sus pinitos como matador.

“Estoy muy contenta con el hecho de que la novela haya sido publicada por la editorial Contraseña por varias razones: comparto editorial con una escritora a la que quiero y admiro como es Irene Vallejo; es una editorial aragonesa, de mi ciudad, Zaragoza, y el trabajo editorial de revisión y corrección ha sido realmente minucioso y espléndido, así como el cuidado del propio libro como objeto”, concluye la autora de ‘El medallón perdido’ o ‘La noche más oscura’.

 

*La foto de Ana Alcolea es de Oliver Duch, de Heraldo.

 

 

JAVIER AGUIRRE Y LOS AMANTES

Francisco Javier Aguirre, escritor, bibliotecario y crítico musical de HERALDO, siente desde finales de los años 70 una gran pasión por Teruel, y eso le ha llevado a dedicarle libros de viajes, monografías de sus hoteles y fondas con encanto y diversas narraciones al Matarraña y al Maestrazgo. Sin embargo, uno de los temas que le interesan desde su llegada a la ciudad mudéjar desde Madrid ha sido el mito de los Amantes de Teruel, de cuyo origen se celebran los 800 años. Y a ellos, a su “otra vida”, les dedica un libro oportuno que tiene algo de investitgación policial o de ‘quest’, como recuerda Eloy Fernández Clemente en el prólogo: ‘La otra vida de los Amantes de Teruel’ (EPV, 2017) Javier Aguirre, sojuzgado por el cine y la música vinculada con Diego e Isabel, descubrió que Raymond Rouleau había diridigo una ópera con música de Henri Sauguet a finales de los 59. Quiso saber más y se dio cuenta de algo muy curioso: Mikis Theodorakis, el gran músico griego, también se había interesado por los Amantes y había participado, de manera activa, en la banda sonora de la película ‘Honey moon’, dirigida por el inglés Michael Powell, con el bailarín Antonio, y los actores Ludmila Tcherina y Anthony Steel, con fotografía de Claude Renoir, nieto del pintor Auguste Renoir y sobrino del gran director Jean Renoir. Aguirre recuerda que en una revista se decía: “La película incluye una coreografía de Antonio de ‘El amor brujo’, de Falla, y otra creada por Leonide Masside para Ludmila Tcherina a partir de la leyenda de los Amantes de Teruel, musicada por Mikis Theodorakis. También un delicioso, por alucinante, zapateado de Sarasate”. Aguirre averiguó que el músico griego había estado por España y que viajó a Teruel. Las pesquisas le condujeron a una nueva sorpresa: el descubrimiento de otra película, rodada en 1962 por el citado Raymond Rouleau, ‘Les Amants de Teruel’ “cuya música -según Javier Aguirre- es de Theodorakis”. El libro cuenta muchas otras cosas: viajes a Grecia y Francia, una cita casi imposible con Theodorakis, la grabación del disco ‘Los amantes de Teruel’ en Prames, en la voz de María José Hernández, y finalmente dos conciertos de la Orquesta Nacional de España, en Teruel y en Zaragoza. Todo ello, y mucho más, está en este libro.

07/05/2017 21:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALGUNOS POEMAS DE ÁNGEL GUINDA

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Antología de Ángel Guinda

 

 

Esto escuchó un joven


Tú, que interpretas los ojos del suicida
en su belleza plena de renunciamiento,
haz del corazón una taberna abierta
de luna a sol a todos los que sufren,
buscadores de estrellas en un pozo de cieno.
Y a la vida agresiva agrédele.



(de Vida ávida)

 

L.S.D.


Laberinto en Soledad Demoníaca.
No te será posible la escapada.
Asesino de tu madre,
traficante de muerte,
condenado eternamente a no dar vida
para evitar nuevos crímenes,
necesitas vivir, vivir más,
por ti y por cuantos no nacerán.
Atormentado,
nunca descansarás de esta ansiedad.
Cuando ames odiarás.
Tan sólo el día que destruyas las leyes
gozarás de tu rebelión,
y conseguirás paz, orinar
sobre la tumba de tu padre
hasta abonar su muerte.
Mi personaje maldice a tu persona.
Contra paredes y horizonte. Muere.



 


(de Vida ávida)

 

acia una poética


No siempre la claridad viene del cielo.

Escucha sólo tu música cuando cantes,
por oscura que sea y espinosa.

Que la luz te ensordezca,
que no te ciegue el ruido.

Y tu obra
sea más que tu vida,
porque te contramuera.



(de Vida ávida)

 

Me he fumado la vida


Me he fumado la vida
como el tiempo se me ha fumado a mí.
Mirad esta laringe, esta tráquea,
estos bronquios y pulmones
ametrallados por la nicotina.
He fumado los gases subterráneos
del Metro en sus andenes;
el aire de Madrid, sucio
como una traición a la luz más hermosa;
las nevadas del yeso en las pizarras,
la hoguera negra de los tubos de escape,
las hojas secas de la marihuana,
el asfalto, la niebla, la humedad,
la avellana tan blanda de los clítoris,
la espesa polvareda de lo siniestro
cuando huía de mi sombra,
y mi vida hecha polvo,
y el polvo que seré
bajo el árbol secreto de la muerte.


 
(de Conocimiento del medio)

 

Cajas


Lo diría una indígena y tendría razón.
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les depositan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Los Bancos y las Cajas hacen caja.
Y cuando mueren les introducen también en una caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.


 
(de Claro interior)

 

Escribir


Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.


 
(de Poemas para los demás)

 

¡De voces está llena mi cabeza! Voces de aparecidos, voces nuevas, del destino, desconocidas o proféticas, voces del centro de la tierra, voces inquietantes, amordazadas, metálicas, de vidrio, voces de gas, de cloroformo; huecas voces de catacumbas, de robots, de hilo, de desmembramientos. ¡Mi cabeza es un gong, un campanario, un redoble de voces! Oigo voces que se aglomeran, atropellan, quebrantan mi quietud, se tambalean. Voces de sed, de piedra, de madera, voces del infinito, sepultadas, voces de tiempo, del abismo; voces de oscuridad, de terremotos, volcánicas, de alarma. Mi cabeza es un observatorio de voces embrujadas, solas, voces de apartamentos y palacios, de zulos, de chabolas, de tabernas, de desaparecidos, de extenuación, de guerra, de socorro, de náufragos que claman a las nubes. Veo las voces de las pesadillas. Toco voces de oxígeno, secretas, emigrantes, voces que sangran, voces esqueléticas, voces de flores, rocas, animales, voces sin tumba, voces exiliadas. Pero siempre oigo voces, voces, voces. ¡De todas esas voces está hecha mi voz!




(de Espectral)

 

Un hombre feliz


Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.



(de Catedral de la Noche)

 

*La foto es del fotógrafo y poeta Josian Pastor.

07/05/2017 21:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL ÁNGEL ORTIZ ALBERO

Miguel Ángel Ortiz Albero (Zaragoza, 1968) albergó durante algún tiemplo la idea de esdcribir una novela sobre el proceso de creación y sus apéndices: el naugrafio, la zozobra, la obsesión o la imposibilidad de concluir una obra. Leía a sus autores favoritos, descubría diarios o contemplaba cuadros, e iba anotando citas. Un día, leyendo la novela ‘El mar’ de John Banville, descubrió una anécdota de dos pintores, Vuillard y Bonnard; este retocó, sin que se percatase el guarda del museo de Luxemburgo, un cuadro suyo. “Ahí empezó todo. Hablé con mi editor Javier Jimenez, de Fórcola, donde había publicado el libro ‘La danza de la muerte’. Y fue él quien me condujo hasta el ensayo y hacia esta reflexión sobre la impotencia de terminar un libro, una composición, un cuadro”. En el fondo, dice Ortiz Albero, la obra de arte es como si no estuviese acabada nunca, ni siquiera cuando tiene éxito. “Al autor le suele ocurrir que siempre tiene dudas, piensa que podría hacer tal o cual cosa, darle otro giro. El desasosiego suele acompañar al creador casi siempre. La duda es el motor esencial de la creación”, dice Ortiz Albero.

El autor de ‘Variaciones sobre el naugrafio. Acerca de lo imposible del concluir’ dice que él, ante todo, se siente poeta y que no ha querido agotar el tema. “Este libro, aderezado de citas, reflexiones, confidencias, etc., en el fondo también es un diario personal de lecturas y de conversaciones con autores que siempre me han interesado. Apenas he tecleado ningún nombre en Google”, dice. Y declara que, en el universo del arte, hay dos personajes que le han impresionado especialmente: Paul Cézanne y Alberto Giacometti. “De Cézanne sabía poco. Me ha sorprendido. Encarna la incertidumbre constante; da la sensación de que nunca estaba satisfecho con ningún cuadro. A Giacometti lo conocía mejor. Es un artista con leyenda: hemos visto sus fotos bajo la lluvia o en el taller. Pero también era un hombre atormentado, insastifecho. Si alguien alguna vez le decía que estaba contento con un dibujo o se lo elogiaba, él era capaz de cogerlo y romperlo”.

A Miguel Angel Ortiz Albero, que cree mucho en el azar y en la intuición, le interesa mucho el proceso creativo, matizado por algunos sustantivos: obsesión, imposibilidad, desesperación o aniquilación. Por un instante mira hacia la literatura. “Uno de los escritores que más me impresiona es Franz Kafka: en sus diarios siempre habla de quemar, destruir, destrozar. Algo que le sucede también a autores como Robert Walser, Samuel Beckett, que no tiene que decir en ‘Lo innombrable’ y escribe 300 páginas de una gran densidad; pasa del silencio a la verborre absoluta, que quizá sea un modo de ocultar el miedo”. Ortiz Alberto cita a Roland Barthes, del que se dice que llegó a escribir páginas y páginas de ensayo para no escribir una novela.

“’Variaciones sobre el naufragio’ no es un ensayo, sino más bien un libro personal, poético y referencial, donde yo resumo muchas de mis preocupaciones estéticas y poéticas”, concluye el artista y escritor. 

 

07/05/2017 21:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAYTE NAVALES Y 'LA BRUJA': UN DIÁLOGO

Mayte Navales es actriz, guionista de cine y televisión y escritora. Publica ’La bruja’ en Almuzara. La autora explica aquí las claves de su libro. 

 

-¿Desde cuándo escribe Mayte Navales? ¿Qué lugar o qué obsesión ha ocupado la literatura en tu vida?

Empecé a pensar seriamente en escribir literatura en el año 2007. Lo sé porque recuerdo leer el “Canto a mí mismo”, de Walt Whitman, donde dice que empieza con 37 años y que espera no cesar hasta la muerte, y pensar “¡37 años, igual que yo! ¡Genial, no es tarde para ponerme a escribir! Por aquel entonces escribía poesía, aunque más influida por Charles Bukowski que por Walt Whitman. Y aunque me entusiasma leer poesía, no acabé de sentirme cómoda escribiéndola. Un año o dos después, me animé con la ficción y los relatos cortos. Algunos eran de fantasía, pero no todos. En 2010 escribí el relato “Dani en el cementerio” y lo presenté en un concurso literario. Con la suerte del principiante gané un premio en el Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza. Seguí escribiendo relatos hasta que uno de ellos se transformó en una novela. También he escrito guiones para cortometrajes, pero ahora creo que esa fase fue una parte del camino para atreverme con la novela.

La literatura ha sido imprescindible en mi vida. No recuerdo no leer. Leía por todas partes, a todas horas. De pequeña leía sobre todo fantasía y ciencia ficción. Los años que me dediqué a la actuación, obras de teatro, sobre todo Chejov, Tennesse Williams y Shakespeare. A la vez estudiaba Filología Inglesa y descubría nuevos escritores como Jeannette Winterson, Margaret Atwood o Peter Ayckroyd. Y un día, empecé a leer de nuevo fantasía y ciencia ficción y ya no he parado.

-¿Por qué literatura fantástica amasada con terror, qué encuentras ahí?

La literatura fantástica me entusiasma y me atrapa. Ahora mismo es mi pasión. Y es un hecho que la literatura fantástica está bastante relacionada con el terror. Hay autores, como George RR Martin, que afirman que no existe diferencia entre fantasía, terror y ciencia ficción. Esto me parece algo exagerado, pero lo cierto es que los límites son muy difusos. También es un hecho que, aunque soy fan de autores como Stephen King o Alan Moore, la literatura de terror pura no es mi género favorito. Pero reconozco que, cuando escribo, el terror se cuela en mis historias de una forma que me hace sospechar que yo no tengo todo el control. Como dice Stephen King, una historia fuerza algo que existe independientemente de ti y que tú, el escritor, tienes que revelar.

-¿Cuál es el límite para este género y para ti, hasta dónde se puede imaginar en aspectos como cronología temporal, personajes, atmósferas, saltos temporales?

Todavía tengo muchas historias de género fantástico dentro de mí. De momento no puedo escribir sin que lo fabuloso y lo mítico irrumpan continuamente en todo lo que escribo. De vez en cuando lo intento, y cuando creo que estoy a punto de conseguir una literatura más mimetizada con la realidad, aparece el fantasma de Bukowski, roba el protagonismo y la literatura realista salta por la ventana. Pero no me importa, porque quiero escribir más historias de brujas, quiero una gran historia de viajes en el tiempo y otra de ciencia ficción.

Y si puedo, escribiré la historia de alguno de los personajes pequeños que aparecen en “La última bruja”. Varias de esas historias sé que suceden en el futuro y algunas incluso en otras galaxias.

-¿Cómo nació ‘La última bruja’ (Almuzara) y qué asunto querías abordar?

 “La última bruja” nació de dos obsesiones. Una es el cuento de “Hansel y Gretel”, el cual he leído infinidad de veces, narrado por muchos y diferentes artistas. Algunas versiones son obras de arte y otras una porquería, pero hasta las que son malas me gustan. Así que un día pensé: “yo también voy a hacer una reescritura”. Y la hice. Escribí un relato de unas nueve páginas. Se lo enseñé a unos cuantos amigos y todos me dijeron lo mismo: “Está muy bien, Mayte, pero esto es una novela”.

Mi otra obsesión es la MUERTE. De ahí nació la idea de estas gentes (brujas o no brujas) que buscan escapar a la muerte y que aspiran a la eternidad.

-¿En qué medida ‘La última bruja’ es el viaje iniciático de dos mujeres muy diferentes: una joven, Greta, y otra anciana, Irati, que tiene la facultad de volverse joven, o un poco joven, como se ve en el inicio del libro donde incluso yace con un joven de veinte años?

La obsesión con la belleza y la juventud es otro de los temas de la novela. Una de las brujas puede mostrarse joven o vieja a voluntad. Y aunque yo, como escritora, estaba convencida de que Irati siempre desearía ser joven, descubrí, según avanzaba en la historia, que su aspecto de vieja era su favorito… Aun así, es cierto que al principio de la novela ella yace con un joven de veinte años porque, según las reglas del mundo mágico que he creado, la juventud y la sexualidad son fuentes de poder y energía que se puede absorber. Pero esto también es así en nuestra realidad: en la juventud somos más potentes sexualmente, y es innegable que el sexo es un medio de conexión entre los amantes. Además, según los chamanes, a través de la energía sexual podemos obtener iluminación y mantener el cuerpo sano.

Y sí, es un viaje iniciático. Ambas mujeres van superando pruebas y conociéndose a sí mismas, o mejor dicho, enfrentándose en último lugar más a ellas mismas que a otros, sobre todo a sus yoes más oscuros.

-Sin desvelar nada, ¿qué sucede en esa aventura, en ese tránsito por los bosques? Los personajes a veces parecen moverse entre la profecía, el apocalipsis, la condena o la maldición...

Esta es la historia de dos brujas. Una de ellas lleva siglos viviendo oculta entre los hombres y las mujeres, sin revelar su verdadera naturaleza. Vive en los bosques y montañas, siempre rodeada de un halo de determinismo; como si la fatalidad la persiguiera, como si el poder fuera una condena. La otra mujer es Greta, a quien conocemos de niña. La vemos crecer, madurar y finalmente convertirse en bruja y obtener mucho poder. En mi novela el poder acarrea la fatalidad. De alguna manera, la de la niña Greta es casi una historia de aprendizaje.

Y sin duda, los bosques, la naturaleza y la tierra son personajes de la novela, pues influyen sobremanera en las situaciones que mis personajes viven.

-Hablemos de épocas y de lugares. Por ejemplo, se habla de una ciudad con coches, se habla de Praga y a la vez se habla de un personaje que vendría de la Edad Media. ¿Cómo maneja eso la narradora, qué mundo propones?

No me interesaba demasiado concretar con exactitud los lugares y ciudades en los que viven las protagonistas. Quería que el lector supiera que estamos en Europa, que algunos capítulos suceden en Madrid, en el Templo de Debod, otros en Praga y otros más lejos… Quería que los acontecimientos narrados tuvieran lugar en la Edad Media y en el presente, pero sin indicar los años. Mi intención era que el mundo de la novela fuera reconocible para el lector y, a la vez, que se sintiera perdido, igual que les sucede a mis brujas. Ellas llevan siglos recorriendo la tierra, y por tanto los lugares y el tiempo son confusos para ellas. Quería una sensación de cuento y de sueño. De saber dónde estoy y de sentirme perdida a la vez.

-En la novela hay un cruce de tradiciones y homenajes: sin ir más lejos, aparecen ecos de ‘Drácula’, del cuento popular ‘Hansel y Gretel’, se citan libros, conjuros… ¿Con qué tradiciones e invenciones y ecos literarios y cinematográficos y oníricos has tejido el libro?

Como dices, el eco literario más evidente es el cuento de “Hansel y Gretel”, pero también hay otros como “La Bella Durmiente”, “Blancanieves” o “El flautista de Hamelín”. Todos esos cuentos están en la novela. Por otra parte, aparecen licántropos, algunos inspirados en la mitología griega y otros en los cultos agrarios y de brujería que existieron en la Europa del siglo XVI. Las mitologías celta y eslava están muy presentes. “La feria de las tinieblas”, de Ray Bradbury, es una gran influencia en el circo que yo he creado. Todas las películas con pitonisas me fascinan. Y cualquier historia que suceda dentro de un sueño, me enamora con un parpadeo. Películas como “El séptimo sello”, de Bergman, rondaban mi cabeza.

-¿Has querido hacer, esencialmente, una novela de mujeres? Hay muchas muchas muchas mujeres…

Pues no. No tenía para nada en la cabeza hacer una novela de mujeres. Pero tienes razón, hay muchísimas mujeres en la novela. No sé en qué momento me di cuenta de esto. Cuando me percaté de ello pensé: “¿Es esto bueno o malo?”. Al final llegué a la conclusión de que daba igual, pues en la literatura escrita por hombres normalmente aparecen hombres, hombres y más hombres… Y a mí, que soy mujer, no me importa. Si la historia me gusta, me gusta. Por tanto, si mi historia es buena, gustará tanto a hombres como a mujeres.

No sé si en alguna novela futura me apetecerá escribir sobre hombres; si me apetece, lo haré. Pero a mí lo que me interesa es el cuento, la historia…

-¿Qué lugar ocupan el amor y el sexo?

El sexo es pura energía. Y la sexualidad es una de las formas de intimidad en pareja, de unión y de conexión.

Por otra parte, es un hecho que hay quien utiliza el sexo como arma de poder. Y la lucha por el poder es otro de los temas de la novela. Pero no la lucha por el poder en plan “Braveheart”, sino de forma oculta, en las sombras y también en el amor.

Por cierto, hay chamanes que creen que una de las formas de robar el poder a otro chamán es precisamente a través del acto sexual.

 

-Me ha llamado la atención la presencia de la naturaleza y el tono poético constante. ¿Es una característica tuya o es algo que también pertenece al género?

Supongo que de alguna manera, la presencia de la naturaleza es parte del género. Hay mucha literatura de fantasía que trata el poder y la magia de los árboles y los bosques. Pero la parte poética es mía. No la puedo evitar. Una vez leí que el estilo es lo que no puedes evitar.

 

-Leo: “La palma de su mano revelaba la longitud de su vida como un poema de un solo verso”. O “Refugía con el fuego blanco de la luna”. Imagino que este es un tono buscado…

Lo cierto es que este libro lo he escrito con mucha libertad. Como sabes es mi primera novela publicada y mientras la escribía sólo pensaba en que, de momento, la única lectora era yo. He querido escribir el libro que yo quería leer. Y quería que, a pesar de la oscuridad que rodea al personaje de la bruja, hubiera poesía y que el lenguaje que la rodea fuera hermoso.

-¿Cuál es la importancia del terror?

¡Mayor de la que yo esperaba! Como te comentaba el género de terror me gusta, pero no es lo que más leo. El hecho de que en la novela aparezca un asesino serial me dejó muy sorprendida. Y a nivel estilístico también. Releyendo a autores como Stephen King me he dado cuenta de la gran influencia que han tenido sobre mí.

-¿Cómo compaginas la escritura de ficción, con los guiones y la interpretación?

Mal. Al igual que todos los escritores del mundo me vuelvo loca para encontrar tiempo para escribir. Actualmente trabajo de guionista en televisión y escribo los fines de semana. Me encantaría robar tiempo al tiempo y dedicarme al teatro algún rato, escribir un guión de cine o una obra de teatro. ¡Ja! Con escribir otra novela los fines de semana, ya tengo bastante.

-¿Qué futuro imaginas o deseas para ti como escritora? ¿Cómo empiezas a soñar tu porvenir?

-Esta es fácil. Quiero escribir novelas y relatos de fantasía y de no fantasía, para mayores y también para niños. Sueño con tener una casa en el bosque donde poder escribir. Me gustaría vivir de escribir novelas, y tener un perro y una bicicleta para desplazarme por este y otros mundos.

07/05/2017 20:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GLORIETA PARA ÁNGEL GUINDA

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El Actur es el barrio de los escritores en general y de los poetas en particular. Aquí tienen calle, entre otros, Rosalía de Castro, Juana de Ibarbourou, María Zambrano, Virginia Woolf, Jorge Guillén, Mariano Esquillor, Pablo Neruda, Ildefonso-Manuel Gil o el poeta visual Pablo Ruiz Picasso; desde el pasado mes de junio Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), Premio de las Letras Aragonesas de 2010, tiene escultura artística de Luigi Maráez y glorieta. Ángel suele decir que él es poeta por fatalidad, por un impulso ciego e invencible, desde muy joven, desde que leyó a Gustavo Adolfo Bécquer, su primera influencia, y dice que ser poeta no es una profesión o una vocación: es una posesión. Yo también creo que es poeta por felicidad y por voluptuosidad, y porque amasa las palabras como un panadero el pan o un buen nadador las mejores olas y sus espumas. Su padre solía decirle: “Hijo mío, ahora que has terminado la carrera, ya puedo morirme tranquilo. Sé que no pasarás de hambre”.

Guinda es poeta de libros y de fantasmas, un poeta de la amistad y de la transgresión, y un perfeccionista de la música y de la intensidad del decir. La motivación de su escritura nace de un arrebato o viaje al fondo de sí mismo y de sus tinieblas. Marcado por la obsesión de la muerte –siempre recuerda que cuando él nació su madre murió en el parto-, su poesía es una exploración de la identidad, de los territorios sombríos del corazón, de la paradoja de existir o los arrabales de la trascendencia; su poesía es un canto a la juventud y también un ejercicio de denuncia de los males del mundo. Es un poeta intimista y comprometido, coral y solidario, y tiene un aire adorable de gamberro de barrio que nunca deja de crecer. Es el Peter Pan perpetuo de las letras españolas.

Considera que el poeta, además de un compromiso consigo mismo y con el mundo, lo tiene con la palabra. Ese ser vivo. Hace arte con el lenguaje y a veces no hay nada más elocuente que el silencio. Guinda puede ser un matemático de la emoción, un escultor de las sensaciones, un ciudadano del mundo que siempre siempre siempre se sabe en casa en Zaragoza. Aquí está en casa, en su refugio y entre amigos. En esta glorieta eligió este poema para definirse: “No puedo tallar el aire. / No puedo tallar el agua. / No puedo tallar la luz. / Haré una perla con el silencio”. Ángel Guinda es generoso por espontaneidad y por el torbellino de su alma, mitad luz,  mitad oscuridad. Y posee otro don: el valor de la autenticidad.

 

*Esta mañana, a las doce, el concejal Pablo Híjar inauguró la glorieta dedicada al poeta Ángel Guinda en el Actur. Y con él un montón de amigos del escritor aragonés, afincado en Madrid desde 1986. Amparo Sanz Abenia fue la promotora de este acto que tuvo un precedente en la colocación de la escultura de Luigi Maráez hace casi un año.

*La foto de Ángel Guinda es de Enrique Cidoncha.

29/04/2017 17:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUJERES POETAS DEL SIGLO XX Y XXI Y LOS MITOS CLÁSICOS

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[Me escribe la profesora Rosa Burillo] Organizamos un Congreso en la Complutense, mujeres poetas del siglo XX y XXI y cómo los mitos clásicos tienen su proyección en la obra de ellas. Se inaugura el día 25 de abril, este próximo martes, a las 16.00 de la tarde en Filología, con la presencia del Señor Decano que presenta a la primera conferenciante, la poeta AURORA LUQUE. Va a ser muy interesante, vienen de Canadá, París etc.]

 

 

International Conference

 

“On Sappho’s Website: Women Poets and Myth in the 20th and 21st Centuries”

 

PROGRAM

 

April 25

 

16:00 Welcome

 

16:30 Plenary opening Lecture. Chair: Esther Sánchez-Pardo, UCM

Aurora Luque, poet: “Pandora’s New Box: Personal and Political Myths”

 

17:30 Coffee Break

 

18:00 Session 1. Chair: Silvia Herreros de Tejada, Universidad Nebrija

James Papoutsis, York U.: “Annie Finch, New Formalism, and American Yuppie Poetry of the 1980s” 

Robin Tremblay-McGaw, Santa Clara U.: “‘Scarcely silent though often unheard’: Eurydice and Echo in the Poems of Harryette Mullen and Kathleen Fraser”

 

April 26

 

9:00   Session 2. Chair:  Melania Stancu, U. Bucharest

Rosa Burillo, UCM: “Sylvia Plath and the agony of life”

Manuel Botero Camacho, U. Complutense: “Searching for the Myth through A. S. Byatt´s Poets”

Melania Stancu, U. Bucharest: “Mythology and everyday life in Ana Blandiana´s poetry”

 

11:00 Coffee Break

 

11:30 Plenary Lecture. . Chair: María Porras, UCM.

Robert Silhol, U. Paris VII: “Structure of Myth: Literature As Representation”

 

12:30 Session 3. Chair:   Sara Torres, Queen Mary U.

Stephanie McKenzie, Memorial U.: “Renouncing and Re-writing Myth: Imagining Anew and Employing Feminist Agency in Natalie Diaz's When My Brother Was an Aztec”

María Porras, UCM: “The Windigo and the Hydra: Myth, identity and heritage in the poetry of Louise Erdrich” 

Sara Torres, Queen Mary U.: “Toward a Corporeal Feminism?: Myth and the Irruption of the Semiotic in Gloria Anzaldúa's Poetry”

 

14:00 Lunch

 

15:30 Parallel Session 4. Chair:  María Goicoechea, UCM

 

Laura Sánchez y María Goicoechea, U. Complutense: “El Ciborg español: Voces femeninas en la literatura digital española”

Rosario Guarino, U. Murcia: “Tejer y destejer: tradición y reescritura de mitos clásicos en la poesía de Aurora Saura, Ana Mª Alcaraz y Mª Cruz Agüera”

Mathilde Ferez, U. Complutense: “Clitemnestra o el crimen» de Marguerite Yourcenar: ¿emancipación o pasión de una mujer?”

 

Parallel Session 5. Chair:  Cristina Gámez, U. Córdoba

 

Leonor M. Martínez Serrano, U. Córdoba: “Following the Old Stones Skyward: Mythmaking in Gwendolyn MacEwen’s Poetry”

Cristina M. Gámez-Fernández, U. Córdoba: “Wanderers, Vagabonds, Seekers and Pilgrims: The Myth of the Quest in Denise Levertov”

Marián Martínez & Esther Sánchez-Pardo, U. Complutense: “Niedecker’s Allegorical Vision: Re-framing Myth and the Material in Objectivism. A Cross Linguistic-Literary Proposal”

 

17:30 Coffee Break

 

18:00 Poetry Reading. Introduced by Margarita Ardanaz and Rosa Burillo, UCM

Noni Benegas, Rosana Acquaroni, Isabel Navarro, Yaiza Martínez, Emilia Conejo, María García Zambrano.

 

April 27

 

9:00   Session 6. Chair: Francisco J. Cortés

Francisco J. Cortés, U. Complutense: “Dorothy Parker’s Poetry against Resisting Myths in Women’s Magazines”

Elisa Ortiz, U. Complutense: “Praise be to young Eros who fucks all the girls”: sex, love, and myth in Lenore Kandel’s poetry”

Mayron E. Cantillo, U. Valencia: “Refashioning the Christian Myth of the Apocalypse: Desolation, Repentance and Spiritual Awakening in Michael Field’s Poems of Adoration (1912)”

Mario Millanes, U. Complutense: “Helene Johnson, rara avis del Renacimiento de Harlem: Langston Hughes frente a la nueva mujer afroamericana”

 

10:30 Coffee Break

 

11:00 Session 7. Chair:  Pilar Sánchez Calle, U. Jaén

Javier Martín Párraga, U. Córdoba: “The Myth of Nature in Canada: M. Atwood's The Journals of Susanna Moodie

Pilar Sánchez Calle, U. Jaén: “Mythic Subtexts in Margaret Atwood's The Door (2007)”. 

 

12:00 Session 8. Chair:  Rosa Burillo, UCM

Liz Schoppelrei, Pennsylvania State U.: “Myth through Revision: Nelly Sachs’s “Lieder Vom Abschied,” the Myth of Procne and Philomela, and the Trauma of Compounding Loss”

Hope Jennings, Wright U.: “Voices from the Wilderness: Post/colonial Trauma, Spectral Witness, and Environmental Apocalypse in Margaret Atwood’s “Circe/Mud Poems” and The Journals of Susanna Moodie

Christina Luiggi, Wright U.: “Reclaiming Mythic Sexual Legacies: (De)Colonizing Kinship, Kink, and Creation Myth in Chrystos’s In Her I Am

 

13:30 Lunch 

15:00 Parallel Session 9. Chair:  Miriam Fernández-Santiago, U. Granada 

José Manuel Rodríguez Herrera, U. Las Palmas: “The Goddess Ishtar in Lesbos: The Transgender Muse in the Poetry of Sylvia Plath and Denise Levertov”

Miriam Fernández-Santiago, U. Granada: “A Post-human Approach to Feminist Myth Re-Vision”

Beatriz Revelles, U. Barcelona: “The cyborg and the goddess: Toni Morrison’s Jandine”

 

 

Parallel Session 10. Chair:  Marián Martínez, UCM

 

Dolores Juan-Moreno, Clark U.:” From Papyrus To Celluloid: Classical and Contemporary Myths in Aurora Luque’s Poetry”

Maria Elsy Cardona, St. Louis U.: “Poetry and Translation:  Aurora Luque’s Art of Making the Old New”

Josefa Alvarez, Syracuse U.: “Mito y viaje en la poesía de Aurora Luque”

 

 

 

 

 

 

17:00 Coffee Break

 

17:30 James Womack, poet: “On Eurydice”

18:00 In conversation with Nicole Brossard (with Carmen Mata, U. Autónoma de Madrid)

 

19:00 Farewell

 

24/04/2017 11:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CHESÚS YUSTE HABLA DE SU NOVELA 'ASESINATO EN EL CONGRESO'

 

Chesús Yuste acaba de publicar en Xordica su novela ’Asesinato en el Congreso’. Explica aquí algunas de sus claves. La foto es de Heraldo.

¿Cuál sería el balance general de su estancia en el Congreso de los Diputados?

-Para mi fue la experiencia más importante que he tenido en mi vida. Es un lugar donde se toman decisiones y fue un momento histórico decisivo en el que ya la crisis económica social lo que hace es agotar el sistema político de la transición, no.

-¿Eso piensa?

-Sí, claro. Lo que está por ver es si al final los partidos mayoritarios son capaces de regenerar el sistema y que siga funcionando otres 30 o 40 años, o si la gente acaba votando a los que propugnan un sistema nuevo. Esas dos opciones están encima de la mesa; los partidos mayoritarios ya se han dado cuenta de que si no se regeneran y no regeneral el sistema la ciudadanía lo va a resetear.

¿Como escritor que se aprende ahí?

El Parlamento es una fuenta inagotable de inspiración, primero porque estás en contacto con los plrobelams de la gente, el trabajo es recorrer el territorio, hablar con la gente, ver sus prolbemas y trasladarlos al congreso, para exigir a los ministros que den soluciones. Ves los problemas de la gente en primea fila. Y estando allí ves realidades que no te gustan. En un escenario con mayuoría absoluta además, en un escenario donde es difícil alcanzar acuerdos, se produce una frustración. El trabajo y el desvelo no se traduce en nada concreto. Y yo aún recuerdo que hubo algunas inicioativas que hice en que se aprobara una Ley Universal de Librerías, que ahora se está cumplinedo en parte.

¿Cuándo decidió escribir ‘Asesinato en el Congreso’?

Cuando fui a Madrid ya llevaba idea de escribir algo. Yo me decía, pensando en José Antonio Labordeta, que no iba a escribir mis ‘Memorias de un beduino’, pero sí una novela policiaca.. Y he ido recopilando datos, pensando en tramas y hasta que no acabé no quise sentarme a escribir… He invertido alrededor de un año y medio de redacción.

 -¿Qué quería decir: es la novela una impugnación general del país?

-En cierto modo. Yo quería hacer una radiografía del país y de la sociedad de nuestro tiempo, siguiendo el modelo de Manuel vázquez Montalbán y de Pietros Markaris. Aquí se habla del desahucio, de la crisis de la banca, del terrorismo, del rodeo al Congreso, el 15-M; y al otro lado está la vida de la gente. De alumna manera ene sta novela -más allá de que los protagonistas pueden ser Nora Murúa y Bruno Mairal, y el comisario Robles-, me da la sensación de que también son protagonistas toda la gente que aparece y que está plantando cara a lo que está pasado. Gente que pelea frente a una etapa de involución.l

 -¿Por qué le ha cambiado el nombre a Mariano Rajoy por Manolo Rajón?

Aunque algunos nombres se acercan, ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Los personajes, sean reconocibles o no, son de ficción. ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Esta es una novela. 

-Hablemos de los personajes: Nora y Bruno. ¿Cómo son la diputada Nora Murúa y el periodista Bruno Mairal, qué buscan?

Lo que quería era plantear una conexión intergeneracional. A veces hablamos de la vieja o nueva política y resulta que no tiene nada que ver con la edad, sino de la actitud. Nora es una chica que nace tras el 11-M, que se gana una proyección por su calidad intelectual y su oratoria y por su trabajo político y parlamentario, y por otro lado Bruno es un peridoista que ha tenido el olfiado de ver que el menudo que venía había cambiado las reglas del juego y ese escenario le lleva a él a estar en un momento de máxima conexión con lo más joven.

 -¿Cuál es la relación entre política y periodismo?

Para mí ha sido estupenda, llena de complicidad. Los periodista son fundamentales. Ellos cuentan lo que hacemos y decimos. Si no lo hacen somos invisibles. Pero además aquí son decisivos, igual que el comisario Robles, en la investigación del asesinato del diputado del PP, Palacios. 

¿A quién se parecería Palacios? ¿Por qué ha sentido la tentación de presentarlo como un fauno que todo lo consigue por sus habilidades sexuales?

-Es ficción pero hay personajes que están basados en políticos existentes y que podrían tener esa peculiaridad. Me he inspirado en la ‘Trilogía de la crisis’ de Petros Markaris, también me gusta mucho Andrea Camilleri. Sí es cierto que el personaje tiene una vida sexual disipada, que se siente muy sexy y fomenta ahí su se de poder. En cualquier caso, el sexo da mucho juego literariamente.

 -¿Qué importa más en política el poder, el dinero o el amor y el sexo?

La gente es impredecible. El motor de la historia seguramente será la lucha por el poder, pero eso no pasa solo por tener más o menos dinero, éxito profesional, ascendencia sobre los demás, sino que también entran juego decisiones personales vinculadas al amor y al sexo. Y quizá algo de eso sucede en el libro.

 

15/04/2017 21:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL OJO DE LA CERRADURA', UN CUENTO DE ISABEL SEVILLA

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"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que contar y decirlo".  Oscar Wilde
 
Isabel Sevilla en su pequeño libro de relatos nos cuenta esas cosas de la vida que a la mayoría nos pasan desapercibidas, aquí tenéis un breve relato de su libro, sobre un tema muy actual: El maltrato. La foto es de Sonia Sieff: Natalie Portman.
 
EL OJO DE LA CERRADURA
Por Isabel SEVILLA
Soy el ojo de la cerradura de una puerta,que para cualquiera es un objeto útil y nada más, pero están equivocados, yo escucho y sobre todo veo... En la casa que me "ha tocado estar” veo muchas cosas y no todas buenas, escucho gritos, lloros, reproches, amenazas y me duele. Si pudiera elegir hubiera querido “vivir” en una puerta de entrada a una casa donde reinaran las risas, la educación, los niños, sobre todo ellos, dan tanta alegría. Yo sé que otros compañeros míos, llevan una vida más ajetreada que la mía, los niños entran y sacan sin parar las llaves a través de nosotros, cuando llegan del cole, van a jugar, salen a divertirse, vienen a verlos amigos, familia, y cada vez, entran y salen las llaves de ese hogar por el ojo de la cerradura. Tengo miedo por ella, la mujer que vive en casa, la que tan apenas usa la llave, muchos días, demasiados los pasa en casa, yo la veo...de la cama, al sofá, habla por teléfono, casi siempre miente, le dice a alguien al otro lado de la línea: estoy bien, muy bien, él es bueno conmigo. Miente, yo sé que miente, él no es nada de lo que ella dice. Por las mañana cuando él mete la llave en mi cerradura y cierra la puerta, sé que ella respira profundamente y piensa: se ha ido, voy a estar unas horas “tranquila”, no me gritará, no me reprochará, puedo hacer lo que quiera, oír música, leer, pero mejor no salgo de casa, si salgo y él se entera, se enfadará mucho más. Y ella y yo sabemos que cuando se enfada grita y mucho; a ella le duelen sus palabras y a mi me duele lo que le dice y como se lo dice.
Un día sé que ella, la mujer que vive en la casa que yo “guardo”, se llenará de valor y se irá, dejará la llave que entra en mi ojo, en el mueble que esta al lado de la puerta, sí, ese con figuras de cristal y velas de olor, esas velas que cuando él se va, ella enciende y se llena toda la casa de olor y el fuego de las llamas de las velas juegan con las sombras del piso, y que yo veo, huelo y me gusta, y me gusta más porque se que a ella le gusta.

Me quedaré con un hombre solo que tan apenas me usará y siempre lo hará con brusquedad, cuando se va de casa y pega un portazo que hace que me duelan todos los tornillos que me sujetan y cuando vuelva a casa, a esa casa que estará vacía, no tendrá calor ni olor de hogar, algo que ella siempre a querido tener y que él no ha sabido ni sentir ni conservar.

Pero estaré feliz por ella, porque quiero pensar que habrá encontrado otro ojo de cerradura en una puerta, que al abrirse entrará a un remanso de paz y amor, ella volverá a sonreír y sobre todo, algo muy importante, dejará de sentir miedo cuando oiga la llave atravesando la cerradura.
*Texto de Isabel Sevilla. 
  

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO

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Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela 'Derecho natural' (Seix Barral). Aquí explica las claves del libro. En 2015 ganó el Premio Nacional de Narrativa con 'La buena reputación'. El libro se presentó el pasado viernes en la librería Los Portadores de Sueños.

-¿Cómo nació esta novela? ¿Por qué apareció el doble de Demis Roussos? ¿Qué pasó y cuándo te diste cuenta de que ahí, en ese doble, había otra novela familiar?

Las historias de familia son mi debilidad. Si además el padre es un tarambana, disfruto más con la historia. Que luego el personaje acabara ganándose la vida haciendo de doble de Demis Roussos fue casi casualidad. En realidad, quería contar cómo vivían los actores de cine B español de los años sesenta. De hecho, mucho antes de convertirse en el doble de Demis Roussos, el personaje había trabajado en un montón de películas malas: spaghetti westerns españoles, películas de hombres lobo de Paul Naschy... Su momento de gloria le llega cuando le contratan para hacer un pequeño papel en Las petroleras, una película con Claudia Cardinale y Brigitte Bardot que se rodó parcialmente en la provincia de Burgos.

-¿Pensaste en algún momento que Derecho natural era un puente con Carreteras secundarias?

Lo normal es que mis libros compartan cierto aire de familia. Lo raro sería que no se parecieran en absoluto. El padre de Carreteras secundarias tenía unos aires de grandeza que le emparentan con el de esta novela, un hombre que tiene un elevado concepto de sí mismo y que cree que en cualquier momento le llegará el golpe de suerte que le hará justicia.

-¿Y con El tiempo de las mujeres, tal vez?

En El tiempo de las mujeres tenía una relevancia especial el golpe de estado del 23-F. En ésta también aparece, aunque de forma más secundaria. Pero, aparte de lo circunstancial, hay parecidos más profundos. La familia de El tiempo de las mujeres tiene que reorganizarse tras la muerte del cabeza de familia; la de Derecho natural tiene que adaptarse a una realidad marcada por las reiteradas fugas del padre. En ambos casos es la ausencia del padre la que pone en marcha el motor de la narración.

-Vayamos primero con el narrador. ¿Has tenido claro siempre que iba a ser una novela contada en primera persona? Una primera persona que evoluciona pero que casi se convierte en una suerte de tercera...

Quería escribir una autobiografía fingida. La novela es el mejor género para hablar de las otras vidas, las vidas que pudimos vivir y no vivimos. En Derecho natural he reconstruido la vida de alguien que podría ser yo si mis padres y hermanos no fueran los míos sino los del narrador. En ese sentido, la novela es inagotable como género, porque nos permite vivir multitud de vidas distintas de la que nos ha tocado vivir.

-Como otros de tus héroes o jóvenes, tiene la sensación de orfandad. En la página 32 dices: “Mi padre era un vacío. Mi padre era el vacío que había dejado en nuestras vidas”. ¿Es ese el tema esencial del libro, la orfandad, o también has querido hacer una novela de formación? Lo digo porque es muy importante cómo el joven descubre la literatura o el amor...

Es sin duda una novela de formación. Pero el narrador no tiene nadie cerca de quien aprender. Más bien se impone a sí mismo el criterio de no hacer nada de lo que hicieron sus padres, evitar cometer los mismos errores. Desde ese punto de vista, es peor que un huérfano, porque un huérfano carece de la referencia paterna, pero él lo que tiene es una referencia paterna negativa.

-Quizá sea esta, de tus familias, las más peculiares. Él, Ángel Ortega, va de escapada en escapada… ¿Es el pícaro perfecto, el mentiroso, el fugitivo de sí mismo y de su familia?

Cuando alguien huye constantemente de los suyos, es que en el fondo no está satisfecho con su propia vida, consigo mismo. Uno de los grandes temas de la literatura realista es el de la búsqueda de la felicidad. Hasta el siglo XIX ese tema no existía como tal. A partir de Emma Bovary o Anna Karenina son muchos los personajes que deciden perseguir su felicidad personal, al precio que sea. En realidad, el padre de mi novela es una Madame Bovary pero al revés, y la novela, que tiene mucho de humorística, funciona como una parodia de ciertas novelas de la mejor tradición realista.

-A la vez es un personaje muy del cine español y de los tebeos: cutre, soñador, con amistades importantes, capaz de meterse en proyectos… ¿Pensaste en alguien, ha sido fácil hacer verosímil un tipo así? ¿Sería también un alter ego de Paul Naschy? Lo digo porque él se hace pasar por Ray Ronson...

Leí algunos libros de memorias de gente que trabajó en esas películas de serie B. Era todo de lo más zarrapastroso, y eso me atraía. En aquellos años, debido al complejo de inferioridad propio de la España franquista, se hacían muchas películas con actores de nombre extranjero. Algunos eran actores de tercera fila nacidos vete a saber dónde. Otros, como el propio Paul Naschy, que en realidad se llamaba Jacinto Molina, utilizaban esos nombres artísticos para dar un aire más cosmopolita a sus producciones. Con mi personaje, que en un momento dado decide llamarse Ray Ronson, ocurre algo parecido.

-¿Qué le aporta ser amigo de Fernando Rabal, Fernando Sancho (que parece uno de tus guiños zaragozanos) o de Emma Cohen en aquella España y en su propia familia?

A diferencia de otras novelas mías, ésta no está ambientada en Zaragoza, pero es verdad que hay algunos guiños aragoneses: Fernando Sancho, la novia monegrina del narrador, los autobuses que salían hacia Zaragoza desde la barcelonesa plaza Universidad... La amistad con esos actores reales, con los que alguien como él pudo perfectamente trabajar en alguna película, le permite sentirse parte de la industria cinematográfica, un miembro más de la gran familia del cine español. Sólo que apenas le llegaban ofertas de trabajo y las que le llegaban eran bastante lamentables...

-¿En qué medida has querido hacer, a fuerza de pequeños detalles de música, cine y sociología, una pequeña crónica cultural española? Se nota que has estudiado muchos detalles, hasta los nombres de las lavadoras, de los coches...

Nada más lejos de mi intención que explotar la nostalgia, hacer algo parecido a Yo fui a EGB. Pero la realidad era la que era: los coches eran de unos modelos determinados, los niños jugaban al Scalextric... Para mí ese aspecto es secundario. Digamos que forma parte de la escenografía y no afecta al núcleo de la historia. Pero es verdad que esa historia no pudo suceder más que en esa etapa determinada de la historia de España, cuando la democracia estaba a medio hacer y, por ejemplo, se había aprobado la Constitución pero aún no existía una ley de divorcio...

-¿Cuándo te diste cuenta de que el humor iba ser importante? ¿Cómo lo administras? Aquí hay muchos detalles: la historia de Paloma y Cristina, la peseta que se caga años después en el orinal...

Las primeras páginas de una novela suelen marcar el tono de lo que luego acabará siendo el libro. Y las primeras páginas de ésta son eminentemente humorísticas: un actor malo que al engordar se acaba pareciendo a Demis Roussos, una familia que vive a merced de las sinvergonzonerías del cabeza de familia... Con un comienzo así, la novela tenía que tener grandes dosis de humor.

-Háblame de la madre… ¿Como tiene tanta paciencia, tanto aguante, cómo se deja hacer hijos con esa facilidad?

Recuerda cómo era la España de entonces. Durante el franquismo, la mujer era algo así como una eterna menor de edad, que necesitaba el permiso del marido para cualquier gestión. Con la democracia todo empezó a cambiar, pero muchas mujeres seguían teniendo interiorizado cuál era su condición y se debatían entre las ataduras del pasado y el nuevo papel que empezaba a ofrecerles la sociedad.

-¿Ha sido España, o el franquismo, un periodo de impostores y caraduras?

La mayoría de la gente, sin ser entusiasta del régimen, se había acomodado a él. La oposición al franquismo era débil y minoritaria. Que, a los pocos meses de la muerte de Franco, España se hubiera quedado casi sin franquistas tiene que ver con la reconstrucción que cada cierto tiempo se hace del pasado. La Transición tuvo algo de barra libre, en la que cualquiera podía impugnar su propio pasado, reinventarse, empezar a ser quien quería ser a partir de entonces.

-Me encanta el personaje de Manolo. Hay una frase suya, impresionante y a la vez de realismo mágico. Se pierde y dice, cuando lo encuentran: “Sólo quería ver dónde está la gente cuando se pierde”. ¿Cómo ves a este personaje? ¿Qué papel juega? Tiene algo de perversidad constante…

Frente al narrador, que intenta siempre ponerse del lado de las soluciones, a Manolo le ha tocado estar del lado de los problemas. Junto a una de sus hermanas, es el que más sufre las consecuencias de la irresponsabilidad paterna.

-¿Qué te apetece defender de la Transición, qué hay que reivindicar?

Escribo novelas sobre la Transición porque fue mi época, la época en la que fui joven. Pero también creo que el origen de muchas de las cosas, buenas y malas, del presente hay que buscarlo en esos años. No soy un defensor a ultranza de la Transición pero tendremos que reconocer a sus protagonistas el mérito de intentar diseñar la convivencia de los españoles sin recurrir al garrotazo. Cuando me preguntan sobre la Transición suelo recordar una frase de mi amigo Miguel Aguilar que me parece muy sensata: “Admiramos a nuestros abuelos, que trataron de solucionar sus problemas a tiros, y nos avergonzamos de nuestros padres, que intentaron solucionarlos dialogando.” Creo que, por muchas cosas que se hicieran mal en la Transición, sale bastante favorecida en la comparación con otros momentos convulsos de la historia de España.

-Me ha parecido que este libro, frente a La buena reputación, te ha salido no más ligero, sino más ameno, rápido, con muchas incidencias, más divertido. ¿Es este el libro de la felicidad del escritor?

Por lo menos disfruté mucho escribiéndolo, y eso por fuerza tiene que notarse.

 

13/04/2017 11:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CORTÁZAR Y RULFO, EN CÓMIC

 

 

El mundo onírico y creativo de Cortázar

 y Rulfo es trasladado a la novela gráfica

 

Jesús Marchamalo y Marc Torices retratan al autor argentino; Pantoja y Camargo, al mexicano

 

Dos de los más grandes escritores del ‘Boom’ latinoamericano en los años 50 y 60 son el argentino Julio Cortázar (1914-1984) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986), del que se cumple ahora un siglo. Los dos vivieron 69 años, fueron huérfanos de padre (a Cortázar, en realidad lo abandonó el suyo; el de Rulfo fue asesinado a balazos) y firmaron una obra maestra que les ha hecho autores de culto: ‘Rayuela’ (1963), Cortázar; ‘Pedro Páramo’ (1955), Rulfo. Ambos realizaron distintos empleos hasta alcanzar la gloria. Cortázar no dejó de escribir hasta el fin de sus días y Rulfo se envolvió en una nube de silencio y de misterio, y abandonó la escritura. Otro rasgo común: a los dos les encantaban la fotografía. Rulfo es uno de los grandes artistas de América; a veces sus fotos parecen el documento geográfico y onírico de Comala o de los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953).

Nórdica publica ahora el cómic ‘Cortázar’, del escritor Jesús Marchamalo y del dibujante Marc Torices, y la editorial Rey Naranjo ofrece en España ‘Rulfo. Una vida gráfica’ de Óscar Pantoja con dibujos de Felipe Camargo. El escritor, experto en series y guionista de cómic Jorge Carrión, que estuvo el jueves en la librería Antígona, dijo que era «la mejor biografía en viñetas que he leído, aunque tal vez sería mejor decir “interpretación biográfica”, porque la vida de Juan Rulfo es sometida a una lógica narrativa espectral y metafórica, sin las servidumbres que imponen las cronologías ».

Habrá que ver qué opina Carrión de la de Cortázar porque es igualmente fascinante: todas las páginas son distintas. Es un cómic literario y parece hilvanado como montó Cortázar su libro ‘Rayuela’. Aunque tiene un discurso más o menos cronológico, también aborda al personaje según diversos temas: la historia de su familia, sus viajes (a España, a París, a Italia, a Cuba, a Nicaragua…), la pasión por el boxeo (Torices recrea el combate de Jack Dempsey y Luis Firpo) y por el libro ‘Opio’ de Jean Cocteau, sus años de maestro, el amor por el jazz y los gatos, cómo nacieron algunos libros, o sus amores: su primera esposa Aurora Bernárdez, la convivencia con Ugné Kurvelis, la historia de la Maga o el encuentro final con la joven Carol Dunlop, enferma como él y viajeros del libro ‘Los autonautas de la cosmopista’.

La famosa conversación en el programa ‘A fondo’ de Joaquín Soler Serrano, en TVE, hace de hilo conductor, aunque la propuesta es tan libre que tiene secuencias deslumbrantes cómo cuando se queda solo en el entreacto del teatro y se le viene a la cabeza la palabra ‘cronopios’, que daría lugar a uno de sus libros más conocidos: ‘Historias de cronopios y famas’. Si el texto de Jesús Marchamalo, que ha sido depurado poéticamente, es espléndido, divertido e inspirado, no lo es menos el trabajo del joven Torices: imaginativo, variado, con gran sentido de las atmósferas, del color y con muchos registros narrativos y visuales. Y posee un gran dominio de la iconografía cortazariana.

‘Rulfo. Una vida gráfica’ se inicia con una cita que produce escalofrío. “De los seis a los doce años solo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a mis abuelos: era una casa enlutada”. Óscar Pantoja, como si manejase la estructura abierta de ‘Pedro Páramo’, crea su propio discurso, aunque se sigue bien la vida del escritor. Felipe Camargo, en un bitono próximo al blanco y negro, desarrolla su vida con secuencias de espejismo y el impacto del desierto, de la violencia y de la crisis de creación. Pantoja y Camargo ahondan en la impotencia y la frustración del escritor y su descenso a los infiernos del alcoholismo (bebía mezcal con absoluta desesperación), que superó con un tratamiento de choque en los años 60 tras ser internado en un centro de rehabilitación.

También hay espacios para la luz: su amor por la joven Aurora, que sería la Susana San Juan de ‘Pedro Páramo’, y años después surgió la relación con su futura esposa, Clara, madre de sus cuatro hijos y destinataria de una intensa correspondencia, donde “le expresaba su amor, sus miedos, sus inseguridades, sus angustias, su admiración infinita por ella”. Dentro de esa estructura tan abierta, el cómic concluye en 1955, cuando Juan Rulfo acaba su original de 127 páginas de ‘Pedro Páramo’, que redactó en un cuaderno. A partir de entonces, la tierra soñada de Comala ya “vivía por sí sola”.

 

PIES DE FOTOS

Los espectros de un autor. Juan Rulfo fue un escritor inseguro y frágil. No soportaba las malas críticas, y sus libros fueron objeto de debate nacional. A pesar de que grandes escritores lo elogiaron sin tapujo alguno (entre ellos el mismo Cortázar, Onetti o García Márquez), sus detractores lo destrozaban en las tertulias. Quizá de ahí derive su pavor, algo que Pantoja y Camargo explican bien. Rulfo era un autor poblado de los fantasmas de sus libros y había vivido la violencia ambiental en sus carnes.

 

El cuentista de 1.93. Julio Cortázar fue novelista, poeta, ensayista, creador de textos híbridos, pero ante todo fue un cuentista prodigioso. Aquí se recuerda cómo Jorge Luis Borges le publicó, fascinado, ‘Casa tomada’, un relato deslumbrante, la historia turbadora de “un matrimonio entre hermanos”.

 

*http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/5/6/pagina-del-comic-cortazar-jesus-marchamalo-marc-torices-1491241821865.jpg

 

13/04/2017 10:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON AGUSTÍN SÁNCHEZ vIDAL

[Esta entrevista con Agustín Sánchez Vidal se publicó en 2010. Entonces iniciaba su jubilación y su dedicación absoluta a la escritura. Experto en Luis Buñuel, Lorca y Dalí, y en la figura de Miguel Hernández, entre otros asuntos, aquí hablaba de su vida, de su formación, de sus inquietudes. Agustín acaba de ser galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas-2016. La foto es de Esther Casas, que trabajó muchos años en 'Heraldo']

"La sociedad no respeta ni mima

ni admira a los profesores"

"En Internet hay que exigir las mismas responsabilidades que en la vida civil"

"Cuantas más historias te cuentan más quieres que te sigan contando"

"Mi próxima novela, 'Esclava de nadie', aborda la naturaleza profunda del sexo"

El catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, estudioso de Buñuel, Dalí y Miguel Hernández, deja la docencia a los 61 años para dedicarse a la narrativa

 

Podríamos decir que he impartido clases de literatura española y contemporánea durante 20 años y de cine otros 20 años. En realidad, han sido 38 años de dedicación exclusiva. No he tenido nunca descarga docente. Eso quiere decir que he dado todas las clases que me correspondían, aunque a veces he concentrado toda la docencia en un cuatrimestre. Hubo algunos años en que daba las dos cosas", confiesa Agustín Sánchez Vidal (Cilleros de la Bastida, Salamanca, 1948), catedrático de Historia del cine, que acaba de jubilarse a los 61 años.

¿Cuál es el balance de sus años en literatura en la universidad?

La asignatura tiene algo muy positivo: te obliga a leerte prácticamente toda la literatura española de una forma sistemática. Eso ha sido muy bueno como profesor y como escritor porque así conoces la tradición del idioma, ese sustrato, esa especie de humus. Ahora cuando escribo de una época concreta, sé cómo se hablaba, cómo se ha escrito, cómo se pensaba.

¿Cómo vivía la literatura en clase, cómo la enseñaba?

Lo que más di era literatura contemporánea. Y me encontraba con la mentalidad muy abierta de los alumnos. Recuerdo que terminé la carrera en septiembre de 1971 y empecé a dar clases como 'penene' en octubre. Tenía 23 años, pero parecía más joven de la edad que tenía. Iba a dar clases en el Aula Magna de Filosofía y Letras, me tocaba explicar las jarchas, y recuerdo que estaban los alumnos esperando. Entré en el aula y nadie entró detrás porque nadie se imaginó que yo fuera el profesor. Salí y dije: "Soy el profesor". Me contestaron: "Anda ya", ja, ja, ja. He estado aprendiendo siempre. En una conferencia que di en Burgos sobre Dalí, al final vinieron tres alumnos y me dijeron que de lo que se acordaban de mis clases era de las historias que les contaba. Me hizo muy feliz oír algo que me parece de lo más bonito de mi oficio.

¿Y en el cine le ha pasado igual?

Más todavía, porque yo ya era consciente de esto. El cine tiene una enorme ventaja respecto a la literatura. La atención, el interés, todo eso te venía dado. No necesitabas rodaje específico, por decirlo así. Cuesta mucho más leer 'La Regenta' de Clarín, que es una novela extraordinaria, que ver los capítulos de Méndez Leite o la versión de Gonzalo Suárez. Por otra parte, cuando dicen que los alumnos no están bien formados, que tienen una formación muy deficiente, yo no estoy en absoluto de acuerdo…

¿No es así, entonces?

Vamos a ver. Es cierto que tienen una redacción deficiente, que tienen problemas de comprensión de lectura, pero a mí lo que me deslumbraba en clase eran las destrezas que tenían en la lectura audiovisual. Eso era impresionante.

Pero, Agustín, ¿eso no es un mito, una vuelta de calcetín o el elogio fácil al alumnado?

Le aseguro que no. En absoluto. Piense que he tenido clases en las que ha habido 300 alumnos. ¡Cuántos cines quisieran tener 300 espectadores, y más de las películas que veíamos allí! Y ahí ves las reacciones, los sentimientos, los comentarios, el calado del cine. Le pongo un ejemplo: hubo claramente una 'Generación Tarantino', criada a los pechos del realizador, que tiene una actitud distinta ante la violencia, por ejemplo. Incluso en películas donde la violencia no estaba ironizada ni en definitiva era de risa, se reían mucho. Estos jóvenes reaccionaban así, estaban crecidos, tenían conciencia de ser un grupo especial. Y ahí tenías que demostrar un tipo de destrezas narrativas…

O sea que usted es optimista sobre los alumnos.

Absolutamente. ¡Por Dios! Tampoco se trata de remitir todas las responsabilidades al maestro armero, decir que lo que falla es el sistema. En España la educación ha tenido un deterioro creciente y sistemático y es evidente que en la educación no es el lugar donde están ahora no solo los intereses de los gobernantes sino de la sociedad. La sociedad hoy no respeta, ni mucho menos admira, ni mima, a los profesionales de la enseñanza. Es una profesión con muchas deserciones, sobre todo en las enseñanzas medias. La enseñanza supone un desgaste tremendo pura y simplemente para hacerte oír, para que haya un clima de convivencia mínimo, es verdad, pero hay que tener en cuenta los cambios sociales que se han producido, y que los alumnos hoy tienen la posibilidad de obtener unas informaciones que antes eran imposibles, costosísimas de lograr, están al alcance de la yema de los dedos. Mis apuntes están colgados en Internet…

Hay gente que no quiere hacer eso…

Da lo mismo. Aunque ellos no quieran, los van a colgar los alumnos. Internet es un invento extraordinario. Va a ser un modelo de reescritura de todo nuestro modelo civilizador. Eso está claro. Lo único que hay que hacer es poner orden. Lo que no puede ser es que sea como el salvaje oeste.

¿Qué quiere decir poner orden?

Poner orden es que en Internet a la gente se le exijan las mismas responsabilidades que en la vida civil. Poner orden no es lo que hace China o lo que hacen determinados países que censuran todos los contenidos que les estorban. En el mundo virtual lo que no puede ser es que es la gente, amparándose en el anonimato, diga las barbaridades que dice en los comentarios de los artículos de los periódicos, por ejemplo. Que firme con los nombres y apellidos como lo hace quien firma el artículo. Creo que no hay que ir mucho más lejos.

A usted le apasionan las ciencias y las nuevas tecnologías. ¿Qué le ha dado Internet?

Todo. Para mí lo que no aparece en Internet es que no existe. O casi no existe. Durante dos años hice una columna en el portal Terra y recibía comentarios de los países más lejanos del mundo. Hoy ya no podemos estar fuera de Internet.

Cerremos el capítulo de la enseñanza. ¿Qué ha sido lo mejor?

Lo más importante es que tenías que conectar con una nueva generación todos los días, y hacerlo en serio. Eso te obliga a un esfuerzo de estar al día, no solo a la hora de elaborar la información, sino de sensibilidad, de tener las antenas puestas. Eso es impagable. En estos 40 años, solo un alumno pidió la revisión de un examen.

¿Por qué lo deja siendo tan joven?

Porque suscribo el espíritu de esta nueva normativa, que tiene dos preámbulos muy claros: uno, el rejuvenecimiento de plantilla, y creo que es un buen momento con los cambios que va a haber en el modelo universidad. Me puedo ir porque llevo más de 35 años y tengo más de 60. El otro preámbulo es que le ahorramos dinero a la Universidad, gracias a que nos hemos ido unos cuantos, nos hemos ido 40 de los 200 que estábamos en condiciones de hacerlo. Los que no se han ido no es por una razón de dinero. Te compensan para que lo hagas. También es verdad que yo quiero hacer otras cosas. Soy de una generación en la que hemos sido muy estrictos y hemos tenido mucho sentido de lo público. Me voy tranquilo: me sustituye una persona absolutamente solvente como Amparo Martínez Herranz.

Se va a dedicar a la narrativa, supongo...

Por supuesto. Pero la escritura no es algo unilateral. Pide respuesta del público. A mí lo que me gusta es contar historias. A mí siempre me ha preocupado el tema: "¿Para qué sirven las historia, por qué los humanos necesitamos que nos cuenten historias, por qué es una especie de hambre o sed nunca saciada?" Cuantas más historias te cuentan, más quieres que te sigan contando.

¿Cuál es su respuesta?

Creo que la respuesta es uno de los núcleos de 'Nudo de sangre' (Premio Primavera, 2008). Yo creo en las historias tramadas. Nosotros vivimos en un mundo físico que compartimos con las otras especies, y en un mundo virtual, un mundo simbólico al que solo tenemos acceso nosotros, y está hecho gracias a que por las historias tenemos capacidad a plantear alternativas a lo que nos viene dado. Yo creo que la capacidad de evolución y la libertad de elegir varias opciones se debe a la capacidad de imaginar lo que no existe y que bien podría existir. Creo que la necesidad de tener historias es ordenar esta realidad en bruto mediante una retícula o una trama, y luego el poder plantear alternativas a las vidas que vivimos.

¿Ese es el tema de la aventura de 'Nudo de sangre'?

Son las dos cuestiones básicas. Me parece muy notable que existiese una sociedad así, con su proceso de simbolización. Además se dio la revolución de las cuerdas, que no se considera tan importante como las pinturas rupestres, el fuego, la rueda. Y lo es. De ahí procede todo el sistema de tramas. De repente hay una civilización importantísima que puede hacer lo que nosotros hacemos con la escritura con las cuerdas. Y en el fondo ese tipo de tramas es lo que estamos haciendo en Internet.

Ha publicado dos novelas de largo aliento: 'La llave maestra' (Suma de Letras) y la la citada 'Nudo de sangre' (Espasa Calpe) y ha valorado mucho el encuentro con los lectores. ¿Por qué?

Con 'La llave maestra', traducida a doce lenguas, me salió una obra demasiado ambiciosa sobre los sueños, la criptografía, el origen del universo y de la conciencia, etc. El encuentro con los lectores fue, y es, una experiencia interesantísima. Con 'Nudo de sangre', un día estabas en Málaga, otro Gijón, al siguiente en Castellón, Vigo o en Bilbao. Pedí que me llevasen al Club de Lectura de La Almunia. Es un grupo fantástico. Ahí me ocurrió una cosa preciosa. Durante la presentación, entraron diez o doce indios del altiplano del Perú, y se sentaron al fondo de la sala. Me empezó a dar un poco de apuro. Al final desaparecieron, habría querido hablar con ellos. La concejala me dijo con misterio: "Vamos a tomarnos algo aquí a la Casa de la Cultura". Entro y estaba toda la colonia de peruanos de La Almunia, y seis estaban vestidos con el traje típico e iban a tocar la 'Danza de las tijeras' a modo de homenaje. Yo pensé que se dedicaban a la recogida de frutas; en La Almunia qué vas a pensar. Pregunté. Y yo, que había hablado tanto de tramas, de tender redes, de cuerdas y todo eso y de sus antepasados incas, descubrí que se dedicaban al tendido digital telefónico… Increíble, ¿no?

Hablemos de su próxima novela.

'Esclava de nadie' saldrá a finales de febrero. Es una historia del tiempo de Felipe II, entre 1545 y 1578, la etapa de las guerra de las Alpujarras contra los moriscos, y narra la historia de un personaje hermafrodita. Le ocurre algo extraordinario: se casa como mujer, tiene un hijo, y luego se casa como hombre, y está tres años de soldado en las Alpujarras, y es cirujano. Es una novela sobre el sexo, sobre la naturaleza profunda del sexo.

 

Hernández, Serrat, el hijo de la luz y la sombra

Agustín Sánchez Vidal es uno de los grandes especialistas de la obra de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Miguel Hernández, de quien en 2010 se celebra el centenario de su nacimiento. A los tres los ha editado. ¿Qué, y cómo, debemos celebrar en un centenario de un escritor o de un intelectual? Dice: "Aquello que el protagonista tiene de específico e irrepetible, aquello que o se busca en él o no se encontrará en otros. Esas deberían ser sus bases, los cimientos, lo permanente. Y, a partir de ahí, establecer los elementos de actualización. Cada generación debería hacer sus lecturas y revisiones de lo consagrado por otras, ver en qué medida se han producido mermas patrimoniales o han dejado de interesar determinados aspectos, mientras que otros resultan vigentes o pueden cobrar una perspectiva renovada y pasar a primer plano desde las actuales coordenadas". En el caso de Miguel Hernández, "siguen muy vigentes su preocupación por el hambre, la explotación infantil que se ha agravado más que lo que él denunciaba con 'El niño yuntero', y otros asuntos como el compromiso político: él fue comunista pero no fue un estalinista como Alberti o Neruda, y estuvo en las trincheras. La vinculación más clara de Miguel Hernández con Aragón es que abandonó la batalla de Teruel para ir a ver a su primer hijo, el que se murió. Creo recordar que llevaba en un paquete los primeros ejemplares de 'Viento del pueblo". El proyecto que más le ilusiona a Agustín es el álbum de Serrat 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que ha colaborado mucho e incluso ha dirigido un corto sobre el poema 'Las abarcas desiertas', igual que han hecho cineastas como David Trueba, Garci, Coixet...

 

10/04/2017 11:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: S. PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

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Este perfil de Salvador Pániker realizado con motivo de su fallecimiento apareció en la edición en papel de La Vanguardia el día 2 de abril, y ha sido reelaborado y ampliado para el blog de Antón Castro.

  

SALVADOR PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

 

Sergio VILA-SANJUÁN*

 

 

Barcelona no será la misma sin Salvador Pániker, fallecido la noche del 31 de marzo “tranquilo, en su casa y sin sufrimiento”, según informó su hijo Agustín .

El filósofo del encuentro entre Oriente y Occidente, el gran entrevistador de los años sesenta, el activista por el derecho a una muerte digna, el cerebro de editorial Kairós, fue también un personaje mundano, seductor y coqueto, amante de las conversaciones inteligentes, de las reuniones sofisticadas y el contacto con el saber y el poder. Hombre de muchas facetas, una de ellas ha sido elevar el nivel de la discusión intelectual española ayudándole a incorporar la complejidad ideológica del mundo posterior al mayo del 68, y su pluralismo espiritual.

Nacido en 1927, su padre era un industrial indio que se había instalado en España en 1916, y su madre pertenecía a la burguesía catalana. En su educación pesó el cristianismo progresista materno y la influencia del hermano mayor, Raimundo, uno de los primeros intelectuales del Opus Dei. Pániker pertenecía a la brillante generación de los cincuenta, la de Barral y Gil de Biedma, a los que ha sobrevivido casi treinta años. También la de los cineastas Jaime Camino y Pere Portabella, o el filósofo Manuel Sacristán.

 

Entrevistador y editor de la contracultura

 

Su formación tuvo un carácter muy plural y pronto se hizo camino en el mundo de los negocios, asegurándose una posición acomodada. Casado con la futura escritora y dibujante Nuria Pompeia, con quien tuvo cinco hijos, en 1965 funda editorial Kairós, desde la que lanzó en España los principales textos de la contracultura estadounidense (Theodore Roszack, Alan Watts, Abraham Maslow), y posteriormente a los teóricos de la escuela de Palo Alto, del pensamiento transpersonal, del mindfulness…

En 1966, en la contraportada de su primer libro importante, Conversaciones en Cataluña, Pániker se definía con las siguientes palabras: “Licenciado en filosofía, ingeniero industrial, promotor de empresas, músico y escritor; mide un metro sesenta y ocho, pesa 75 kilos y tiene la presión sanguínea baja” (una reconocida hipocondría le acompañó siempre). “Salud, trabajo intelectual, mundo afectivo: todo eso en un saco revuelto, motivos permanentes de mi vida”, escribiría en sus diarios de la época.

Conversaciones en Cataluña recogía 25 entrevistas con personajes como Josep Pla, Salvador Espriu, Adolfo Marsillach, Pedro Duran Farrell o el alcalde Porcioles: figuras del franquismo, figuras con futuro y figuras de la contestación más o menos tolerada del momento. Fue un best seller, “le livre dont on parle le plus a Barcelone”, según Le Figaro. Le siguió, intensificando el tono político, Conversaciones en Madrid (1969), por el que desfilaban ministros como Fraga o López Rodó y opositores como Tamames o Tierno Galván; también escritores como Cela o Buero Vallejo. Ambos, libros indispensables para entender la fase final del franquismo.

 

Aproximación al origen”, obra clave

 

Convertido en una estrella del mundo cultural y social, Pániker colaboró regularmente en La Vanguardia (de la que recibió el premio de periodismo Godó Lallana) y se integró en la escena de la entonces boyante gauche divine. Ello no le impide consagrarse a sistematizar una visión del mundo en la que se integran sus inquietudes e influencias. En 1982 publica su ensayo clave, Aproximación al origen, donde se propone romper con la supuesta antagonía entre la espiritualidad oriental y el mundo desarrollado y técnico de Occidente. Para Pániker no hay conflicto: uno puede aprovechar las aportaciones del taoísmo, el budismo o el zen, y al mismo tiempo servirse de los puntos de vista de la entonces naciente informática, la cibernética o la teoría de los sistemas. Y como telón de fondo, la atención permanente a los teóricos contraculturales y a su evolución.

Claves del pensamiento panikeriano: asumir la complejidad, apuntar simultáneamente al origen y hacia el futuro, ser más primitivos y también más refinados. Desconfiar de las ideologías y de los dogmas, de la división izquierdas/derechas; buscar en lo supuestamente sencillo el mayor grado de elaboración; sumergirnos en lo interdisciplinario y pensar la diferencia. Las tesis de este volumen las completaría en sus Ensayos retroprogresivos, donde abunda en conceptos como el paradigma ecológico y también el holográfico: cada individuo es la totalidad de las cosas, cada parte contiene el todo.

Coqueteó con la política y fue diputado en la lista de UCD en 1977, hasta que renunció para ceder su escaño al diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia. Comprometido con la lucha por la eutanasia, presidió la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

 

Los diarios y el reencuentro con Raimon

 

Tras publicar dos volúmenes de memorias (Primer testamento y Segunda memoria), en la última etapa de su vida Salvador Pániker se lanza con espíritu juvenil a una singular aventura creativa. Ya cumplidos los setenta comienza a publicar unos dietarios reelaborados, en los que combina reflexión íntima, vida social, retratos de sus amigos, historias sentimentales (se había separado tiempo atrás de Nuria Pompeia) y, por supuesto, una sucesión de pensamientos en la clave “retroprogresiva”. A Cuaderno amarillo, y Variaciones 96 sigue Diario de otoño, mucho más grave y marcado por la enfermedad y muerte de su hija Mónica. En 2015 publicó Diario de un anciano averiado, y hace algunos meses me confesó que estaba acabando una nueva entrega. Estos libros de su última etapa le aseguran por sí solos un lugar de honor en la literatura española contemporánea.

Le traté con cierta regularidad, lo entrevisté con motivo de sus libros y se prestó amablemente a presentar uno mío. A fines de los años 90 pensé que sería buena idea propiciar una reunión de Salvador con su hermano Raimundo, que en su madurez había dejado el Opus para desarrollar una brillante carrera, como teólogo del encuentro entre hinduísmo y cristianismo, en las universidades americanas. También se había catalanizado el nombre e indianizado el apellido. Las relaciones entre ellos no eran buenas y llevaban varios años sin verse.

Me costó varios meses de complicadas gestiones, pero finalmente ambos accedieron a encontrarse y protagonizar un debate sobre sus respectivas ideas. Tenía que ser en algún lugar a medio camino entre sus domicilios, ya que ninguno quería desplazarse al del otro. Y así acabamos quedando en un no-lugar, un funcional hotel de cadena en Vic, relativamente equidistante entre el chalet de Salvador en el barrio barcelonés de Pedralbes y el nido de águilas de su hermano Raimon Panikkar en Tavertet. El hermano mayor apareció con su habitual túnica de santón oriental y el más joven, con una de las bufandas con que atemperaba sus reiteradas afonías.

¿De qué hablaron? De la conciliación entre Oriente y Occidente, a través de una perspectiva que no fuera monocultural; de la crisis del capitalismo, evidente y definitiva para Raimon, matizable y hasta superable para Salvador; de los valores universales y de los que no pueden serlo; de las Iglesias -Raimon seguía siendo sacerdote, aunque sin duda muy a su manera, entre otras cosas porque se había casado-; Salvador abogaba por una "religión a la carta"… Intentaron honestamente, creo, entenderse aquella mañana y también se lanzaron más de una pulla: Salvador reprochó a Raimon su "postura demagógica" en la denuncia de la ciencia, y Raimon a Salvador su "fe supersticiosa" en ella… Hubo una conclusión: "Raimundo y yo somos homo religiosus,cada cual a su manera" (Salvador dixit).

El encuentro transcurrió con fluidez y aparente cariño; el extracto de la conversación, ilustrado con magníficas fotos de Pedro Madueño, apareció en el suplemento Libros de La Vanguardia del 28 de abril del 2000. Tras transcribirla me reafirmé en que, como ocurre con los Mann o los Machado, el pensamiento de los Pániker es en cierta forma complementario, y desde luego más comprensible cuando se aborda en clave de familia.

 

Un señor de Barcelona

 

Salvador fue también un “señor de Barcelona”. Este concepto lo acuñó Josep Pla a propósito del industrial Rafael Puget y sirvió para definir una tipología de caballeros burgueses de antes de la guerra, arraigados a la ciudad, con historia y con eso que se suele llamar “clase”. Salvador Pániker y algunos otros miembros de esa generación de la que ha sido un gran superviviente, le dieron una nueva formulación. Pániker supo conectarla con las grandes corrientes intelectuales de su época, le añadió ciudadanía del mundo, trascendencia espiritual y sensualismo; incrementó notablemente su sentido del humor y, un poquito, su coquetería.

Con todo esto Pániker ha sido un gran señor de la Barcelona renovada y postmoderna, en la era anterior y posterior a los Juegos Olímpicos; alguien que ha sabido utilizar a fondo su capacidad económica en favor de la cultura y elevar, con mucha elegancia, el tono ciudadano. Barcelona, lo decía al principio, no será la misma sin el filósofo de Pedralbes.

Salvador, ha sido un privilegio conocerte, leerte, reír contigo y reflexionar sobre tus ideas, a veces tan provocativas, siempre iluminadoras. Que el gran Cosmos te sea leve.

 

*Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Teórico del periodismo cultural y director de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, acaba de publicar ’El informe Casabona’ en Destino, un gran homenaje a la cultura, al periodismo, a la Barcelona desde la Guerra Civil a nuestros días y a esos mecenas entusiastas, de perfil complejo.

 

04/04/2017 13:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

F. M. LÓPEZ SERRANO: UN DIÁLOGO

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[Esta tarde, en la librería Cálamo, a las 19.30, Francisco Miguel López Serrano (Épila, 1960) presenta su nueva novela: 'Diario de un asesino melancólico' (Ediciones del Viento), que fue galardonada con el Premio Salamanca de novela. Conversará con Eduardo Riestra y Antón Castro]

 

¿‘Diario de un asesino melancólico’ (Ediciones del Viento) nace de una decepción, de una reflexión, o sencillamente se te ha impuesto como un tema literario? 

Es la reflexión sobre un hecho decepcionante: la imposibilidad de comunicarse en el ámbito de la pareja y la falta de competencia en el terreno emocional de toda una generación de discapacitados emocionales nacidos sub Franco en la que me incluyo. También pone de relieve otra terrible discapacidad de algunos individuos entre los que, por suerte, cada vez me incluyo menos: la incapacidad para decir “no”.

¿Es una indagación en el mundo de la pareja o del matrimonio, vistos como una guerra civil, o no hay que leerlo con esa literalidad?

Como trato de señalar en la novela, el guerracivilismo constituye el ethos de nuestro país. Las microguerras civiles están presentes en todos los ámbitos de la sociedad española, desde las tertulias televisivas, a las guarderías y, desde luego, en el ámbito doméstico.

 ¿Por qué has elegido la forma de diario para contar el deseo de un hombre de matar a su esposa, antes de ser asesinado por ella, como sospecha?

El diario es como un agujero negro capaz de tragarse la vida entera. En él tienen cabida todos los géneros, desde la reflexión filosófica a los pasajes narrativos, del aforismo al epigrama. En este caso concreto quería además que la historia se contara desde la subjetividad de un narrador en primera persona por razones que no puedo revelar aquí sin poner en peligro el desenlace.

 ¿Qué les diría a los que pueden ver en el libro una broma pesada vinculada a la violencia de género?

En la novela no se habla de la violencia de género sino de la soledad del género humano.

 ¿Qué es para ti el humor negro y cuál es su importancia en tu literatura?

El humor negro y la ironía son una especie de anestésico para soportar el impacto de la realidad. Sin el humor y la ironía la existencia sería algo bastante parecido a una operación en vivo.

 ¿Por qué has elegido a un escritor como protagonista y das unas cuantas pistas que nos invitan a pensar que podrías ser tú? ¿La sátira, en realidad, empezaría por uno mismo?

Me interesaba un escritor que mantuviera una relación problemática con el mundo y con su propia obra en el más amplio sentido, y que a la vez fuera profesor de escritura creativa a distancia, porque de ese modo podía insertar en la narración otras voces y otros textos y establecer algún que otro contrapunto humorístico. Todas las pistas que un autor da en su obra sobre sí mismo suelen ser falsas, pero a menudo es a través de esas pistas falsas (y esta paradoja la expresó muy bien Pessoa) como mejor se le identifica. Creo que casi todos los hombres (casados o no) podrán reconocerse en algunos rasgos del narrador de la novela e identificar como propias más de una situación o anécdota.

¿Cuándo y por qué dejan de quererse las parejas? ¿Por qué se comportan como si fueran extraños que duermen juntos y se masturban en silencio?

Creo que las parejas dejan de quererse cuando ya no son capaces de verse el uno al otro de una forma extrañada, es decir, cuando se convierten en parte del paisaje domésticoEn ese momento cada uno de sus miembros desaparece para el otro.

Da la impresión de que la trama es un divertimento más o menos sombrío o escacharrante, pero que has querido ir más allá. ¿A dónde o hasta dónde? ¿Has querido hablar del desamparo más absoluto del ser humano, por ejemplo?

Creo que ya lo anticipé más arriba, la novela trata de la soledad, del desamparo y del conflicto del ser humano con ese monstruo que él mismo construye y que llamamos realidad.

¿Por qué la imaginación es tan activa y creativa desarrollando ideas para matar y tan poco fértil para entenderse o decirse las cosas a la cara?

En el terreno de la geopolítica la respuesta resulta obvia. En el de la pareja, resulta un misterio. En el de la narrativa de misterio, resulta inevitable.

¿Cómo has logrado sostener la intriga, qué recursos has empleado?

Como en toda novela de misterio que en principio juega a no serlo, el autor va dando alguna pista aquí y allá, en el pasado del narrador o en algunas anécdotas concretas que al lector, avezado a resolver novelas de misterio que aparentemente no lo son, no le pasarán por alto.

 ¿Tenías algunos libros concretos en la cabeza?

Volví a ver una película bastante convencional, aunque con cierta gracia, La guerra de los Rose (1989) que no me aporto gran cosa. La principal referencia, que además se cita a menudo en la obra como una especie de leitmotiv, es Happy days de Beckett, una de las obras más desoladoras sobre la muerte del amor.

¿Quiénes son los autores de referencia a los que acudes?

En los últimos tiempos leo y releo con frecuencia y placer a algunos escritores americanos de los llamados posmodernistas, como Don Delillo y Thomas Pynchon. Creo que en nuestro país no existe nada parecido a la obra de estos autores.

¿En qué momento literario estás: eres poeta, traductor, cuentista, narrador?

En este momento estoy dedicando parte de mis energías a terminar una novela que cerrará una trilogía no planeada que se inició con Retrato del asesino en prácticas y cuya segunda entrega es la novela de la aquí hablamos.

 ¿Tienes la sensación de que la literatura importa cada vez menos?

Creo que en nuestro país la literatura, desde siempre, solo nos ha interesado a unos cuantos individuos de esos a los que ahora llaman frikis.

 

31/03/2017 13:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LANDERO, PROTAGONIZA 'TURIA'

SUMARIO, COMENTADO, DEL NUEVO NÚMERO DE TURIA

12 AUTORES DE DISTINTOS PAÍSES RINDEN

HOMENAJE A LUIS LANDERO EN EL MONOGRÁFICO CENTRAL

 

TAMBIÉN PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DE ANDRÉS TRAPIELLO, GONZALO HIDALGO BAYAL, MANUEL LONGARES, LUCIANO CANFORA

Y MANUEL ANTONIO PINA

 

ÁLVARO VALVERDE PRESENTA HOY “TURIA” EN EL

MEIAC DE BADAJOZ

 

 

El escritor Luis Landero es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Un total de 12 autores de distintos países participan en un atractivo monográfico que permitirá a los lectores conocer más y mejor las claves de su obra y su personalidad. Se trata de una aproximación plural, interesante y completa al autor que nos fascinó con novelas como “Juegos de la edad tardía” y que continúa haciéndolo con su reciente “La vida negociable”.

 

El nuevo número de TURIA en homenaje a Luis Landero será presentado hoy en Badajoz por el poeta Álvaro Valverde. El acto, que contará con la presencia del propio Landero, tendrá lugar a las 20 horas y en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). 

 

A través de un sumario de 500 páginas, TURIA no sólo analiza y fomenta la lectura de la obra de Luis Landero, también realiza una plural aproximación a la literatura extremeña actual a través de textos inéditos (relatos, poemas, aforismos, artículos, ensayos y críticas de libros) de un total de 25 autores.

 

Internarse en la obra de Luis Landero –reconoce Elvire Gomez-Vidal, hispanista francesa que ha coordinado el monográfico de TURIA- es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podría llamar un ‘estilo’ inimitable, dotado de una agradable fluidez pero también de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible.  Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa española actual”.

 

Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra época y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. “Landero –según asegura la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no había captado en un primer momento”.

 

UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTERÉS

 

Además del cuidado monográfico dedicado a Luis Landero, el nuevo número de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de interés.  Así,  las páginas de la revista se enriquecen con textos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan el escritor mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, el portugués Manuel Antonio Pina o el italiano Luciano Canfora. 

 

Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Javier Cercas, Lorrie Moore o Iñaki Uriarte, sobre cuya obra se publican artículos originales.

 

También da a conocer textos narrativos inéditos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes y Patricia Esteban Erlés. Tres autores que, por su calidad, figuran entre los más valorados dentro de las letras españolas de nuestros días. 

 

TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas inéditos de Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Álvaro Valverde, Ana Rossetti, Jordi Doce y Basilio Sánchez. 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes: Rosa Montero y Gonzalo Hidalgo Bayal.  Ambos conversan con Fernando del Val  acerca de un amplio repertorio de temas de interés. Así, con la periodista y escritora hablamos sobre el sexo y la muerte, la novela y la madurez. Igualmente analizamos el presente y el futuro de los medios de comunicación, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia. Por lo que se refiere a la entrevista con el profesor y autor de “Nemo”, repasamos sus devociones literarias: Kafka, Faulkner, Juan Ramón Jiménez o Rafael Sánchez Ferlosio. Se habla también de Buñuel y de la tristísima realidad que mostró en “Las Hurdes, tierra sin pan”, de la situación de la enseñanza o de la atracción que siente hacia las ruinas.

 

Este nuevo número de TURIA ha sido ilustrado por el poeta visual Antonio Gómez. 

LUIS LANDERO, ENTRE CERVANTES Y KAFKA

Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948)  es uno de los escritores más reconocidos y leídos tanto en España como en otros países. De ahí que, en el monográfico que TURIA le dedica, se publiquen textos originales sobre su obra de las más diversas procedencias.  Ha sido coordinado por Elvire Gomez-Vidal, profesora emérita de Universidad de Burdeos y reconocida experta en Landero. También participan con artículos inéditos: Luis Beltrán Almería (Universidad de Zaragoza), Raúl Nieto de la Torre, Fernando Valls (Universidad de Barcelona), Irina Enache (Universidad de la Sorbona-París IV), Analía Vélez de la Villa (Universidad Católica Argentina), Alfonso Ruiz de Aguirre, Epicteto Díaz Navarro (Universidad Complutense), Natalie Noyaret (Universidad de Caen), Antonio Rivas (Fairleigh Dickinson University, USA) y Gonzalo Hidalgo Bayal.

Además,  TURIA  publica  un  ensayo  inédito  de  Luis  Landero:  “Devaneos  de  lector” y una xtensa y reveladora entrevista realizada por la periodista cultural Emma Rodríguez. En ella, Landero nos dirá que “la cultura ha pasado a ser un suburbio del entretenimiento”. Y también que “no hay nada peor que la complacencia para un escritor”.  Cierra el monográfico una exhaustiva biocronología.

En TURIA nos gusta Luis Landero porque, como ha escrito Elvire Gomez-Vidal,  “sin grandilocuencia alguna, con extremada humildad, el autor deja asentada la figura del escritor en tanto conciencia ética, en tanto guardián de  un patrimonio literario, de una cultura popular  que corren a la par con valores esenciales para la humanidad y su supervivencia: una simbiosis entre la ética, la estética y el juego”. 

Para Fernando Valls, “si la primera letra del alfabeto literario de Luis Landero es la C de Cervantes, la segunda quizá sea la K de Franz Kafka”. No en vano, y según ha afirmado el propio Landero, “Kafka es el escritor del siglo XX para mí más querido”.

Por otro lado, y según Luis Beltrán Almería, más allá de la tendencia de Landero al autobiografismo, a elementos de educación, al cervantismo, hay que subrayar que es un “autor de novelas biográficas, de novelas de educación o de novelas humorísticas”.

 Entre los artículos inéditos que TURIA publica sobre Landero, sobresale el texto del también escritor extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal: “El héroe y sus heterónimos”. En él reconoce que no hay mejor guía de lectura que “aventurarse en los escritos de Landero con la avidez y la inocencia del lector afín”. No obstante, para Hidalgo Bayal “la obra de Landero es, sin duda, más ambiciosa, pero es también la memoria literaria de la difícil aclimatación del siglo XIX rural en el siglo XX urbano, del ensamblaje de esos dos mundos en vías de desaparición, si es que ‘en vías’ no es una locución en exceso optimista y estamos en realidad a estas alturas ante el emotivo testimonio de dos mundos extintos”.

 Lograr que literatura y vida se confundan, que lleguen a ser la misma cosa, que puedan ser  afrontadas con el mismo sentimiento de realidad y de plenitud es el afán que Luis Landero persigue con su obra”, asegura la profesora argentina Analía Vélez de Villa.

 Por su parte, Raúl Nieto de la Torre opina que “no se puede entender la obra de Landero sin la conflictiva y todopoderosa figura del padre, motor inmóvil que, desde un más allá impreciso, influye decisivamente en la vida del hijo”. Y también da cuenta de otra clave que descubrimos al leer cualquier libro de Landero: “hay una verdadera vocación, de corte cervantino, por integrar la literatura oral en la textura de la literatura escrita”.

Alfonso Ruiz de Aguirre concluye su artículo en TURIA afirmando que “la representación de la sexualidad sirve a Landero para proyectar sobre el mundo una mirada traviesa y aguda”.

Según Epicteto Díaz Navarro, Landero sería un escritor que innova la tradición y en cuya trayectoria debe subrayarse cómo sus narraciones muestran “con una rara originalidad el poder transformador de la palabra, una intensa imagen del hombre como individuo libre y una sutil ironía que no deja al margen la autocrítica”.

  

 JAVIER CERCAS, LORRIE MOORE E IÑAKI URIARTE

 

El  sumario  de  TURIA  se  abre,  en  esta  ocasión,  con  un  sugerente  artículo  de Domingo Ródenas de Moya sobre la trayectoria literaria de Javier Cercas. En él se subraya la condición esencialmente autobiográfica de su obra: “desde “El móvil” (1987) hasta “El monarca de las sombras” (2017) los reflejos de su propia biografía son permanentes y crecientes aunque siempre enmascarados con artificios diversos, y no es el menor el de fingir que el narrador de sus libros, a veces con su propio nombre, es él mismo”. 

 

Además, según Ródenas de Moya, la preocupación constante de Javier Cercas “por el modo en que se construyen y carburan los artefactos literarios hace de él un escritor ajeno a la espontaneidad y a salvo de la ingenuidad, lo que no significa que sea cerebral ni intelectual ni, aún menos, gélido”.

Mención destacada en el sumario de la revista merece un sugerente artículo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, uno de los nombres propios más relevantes de la narrativa de nuestros días. Bajo el título de “Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia”, el profesor de la Universidad de Oviedo Javier García Rodríguez analiza la obra de una escritora que es un buen ejemplo de la “calidad y variedad de la cuentística norteamericana contemporánea”.

 La sección que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un artículo sobre uno de los diaristas españoles actuales más valorados por la crítica y los lectores: “La quinta rueda del carro. Los diarios de Iñaki Uriarte”, de Manuel Arranz. 

ANDRÉS TRAPIELLO, MANUEL LONGARES, CARLOS DÍAZ DUFÓO, MANUEL ANTONIO PINA, LUCIANO CANFORA Y RAMÓN CARANDE

 

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresalen los 25 epigramas del mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo, todo un célebre raro de las letras latinoamericanas. Y es que este escritor de vida breve (nació en Ciudad de México en 1888 y se suicidó en la misma urbe cuando contaba con 44 años) se ha convertido en referente de sucesivas generaciones de lectores y escritores como autor de unos magistrales “Epigramas” que, como bien subraya Luis María Marina en su nota introductoria, constituyen “una auténtica ética del fracaso”.

 

Además, TURIA publica textos narrativos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes, Patricia Esteban Erlés y un fragmento de los diarios de José Luis García Martín.

No menos interesantes son los aforismos inéditos de tres de sus más relevantes cultivadores: Manuel Neila, José María Cumbreño y Elías Moro. Sus textos confirman la notable pujanza creativa que goza actualmente el género del aforismo en España. 

En poesía, TURIA publica un breve antología del portugués Manuel António Pina, con traducción de Antonio Sáez Delgado. Y  también se ofrecen versos originales de, entre otros: Andrés Trapiello, Pureza Canelo, Ana Rosetti, Álvaro Valverde, Jordi Doce, Basilio Sánchez, Javier Lostalé, Jorge Riechmann, Eduardo Moga e Inma Chacón. 

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura un fragmento de la  nueva obra del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: “Libro y libertad”, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder. 

No menos recomendable es el homenaje que, bajo el título de “Ramón Carande, un humanista singular”, rinde Manuel Pecellín a esta gran personalidad de la cultura y la economía españolas del siglo XX.

 

ENTREVISTAS A ROSA MONTERO Y GONZALO HIDALGO BAYAL

 

Rosa Montero  y Gonzalo Hidalgo Bayal forman, sin duda, una extraña pareja por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso vínculo: son dos de los más relevantes escritores españoles de nuestros días. De ahí que la revista TURIA no haya dudado en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.

 En la amplia conversación con Rosa Montero (Madrid, 1951) que publica TURIA  descubriremos a una autora que está “harta de ser periodista” y que reconoce que “en periodismo hablas de lo que sabes y en ficción de lo que no sabes que sabes”. Confiesa Rosa Montero que, para ella, “escribir es un camino zen” y que “la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sueños”. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura más mestiza: “la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantasía y divulgación”. Además, “de la unión de lo fantástico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que él hizo repercutió en todos”. 

Para  la  autora  de  títulos  como  “La  ridícula  idea  de no volver a verte” o “La carne”, “la gente carga el amor de cosas que no son. Lo hemos trascendentalizado”. Y respecto al sexo nos dirá: “no me cabe la menor duda de que el sexo es una vía de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra –una conversación profunda, por caso-. No a la primera, pero sí una forma rápida y efectiva de conocer una parte muy íntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser”.

 De Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, Cáceres, 1950), se ha dicho que es uno de los “Bartlebys” de nuestra narrativa, de esos escritores escondidos centrados en su obra y alejados del espectáculo mediático. Quien durante años diera clases en un instituto de secundaria, duda que la enseñanza pueda crear lectores literarios: “El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede enseñar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser autónomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comunión: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse”. 

Preguntado por aquellos primeros deslumbramientos que tuvo como lector y escritor no duda en reconocerse juanramoniano y ferlosiano, y que “Faulkner me hizo pasar de los endecasílabos a la prosa”. Asegura también que Kafka te puede afectar personalmente y que “si no hay nada que aportar, mejor callarse”.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, RAMÓN J. SENDER Y JOSÉ RAMÓN ARANA

Respecto a sus dos secciones dedicadas a  los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA  publica un artículo sobre la presencia de Teruel en la narrativa de Vicente Blasco Ibáñez, el gran escritor valenciano universal del que se celebra este año el 150 aniversario de su nacimiento. Su autor, Francisco Lázaro Polo, nos recuerda los vínculos familiares de Blasco Ibáñez con Aragón y con Teruel (su padre era originario de Aguilar de Alfambra y su madre de Calatayud) y cómo la presencia de personajes procedentes de tierras turolenses tiene un notable protagonismo en sus novelas de tema regional valenciano como “Arroz y tartana”, “Cañas y barro” y en algunos de sus “Cuentos valencianos”. Se certificarían así literariamente los vínculos históricos entre las gentes de Teruel y las tierras valencianas, siempre vistas por los habitantes del sur de Aragón como lugar de promisión y de futuro.

 

 

Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Ramón J. Sender y José Ramón Arana, ocupan también las páginas de TURIA. En este caso, y a través de un artículo de Olga Pueyo Dolader, se indaga acerca del papel de la Iglesia en la guerra civil española  mediante el análisis de dos célebres novelas publicadas originalmente en el exilio: “Réquiem por un campesino español” (titulada inicialmente “Mosén Millán”) de Sender y “El cura de Almuniaced” de José Ramón Arana. Resulta interesante comprobar cómo, desde el posicionamiento republicano y anticlerical de ambos autores, se perfila la labor de la Iglesia en el Aragón rural a través de dos curas de aldea: mosén Millán y mosén Jacinto. Sin duda, sus posicionamientos divergentes marcan su perfil humano ante el conflicto fraticida.

 

Asimismo, TURIA contiene  la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales de mayor interés.

 

*El texto pertenece a comunicación de 'Turia' y a su director Raúl Carlos Maícas. La foto de Luis Landero la tomo de aquí:

http://www.huffingtonpost.es/2017/02/10/entrevista-luis-landero_n_14675196.html

 

28/03/2017 09:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CICLO DE 'ENCUENTROS EN EL MUSEO'

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El Museo de Ciencias Naturales estrena una nueva actividad de divulgación que se celebrará el último miércoles de cada mes en el Paraninfo

El escritor zaragozano Eduardo Viñuales inaugura “Encuentros en el Museo” el próximo 29 de Marzo con una charla sobre cómo ser naturalista en Aragón

La sesión, con entrada libre, tendrá lugar a las 19h en la sala Joaquín Costa

(Zaragoza, viernes, 24 de marzo de 2017).  El Museo de Ciencias Naturales y el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza estrenan el próximo 29 de Marzo una nueva actividad de divulgación “Encuentros en el Museo”, que se va a desarrollar en el Paraninfo universitario.
 
El escritor Eduardo Viñuales inaugurará este ciclo con la charla “La suerte de ser naturalista en Aragón”, que se celebrará en la sala Joaquín Costa a partir de las 19 horas con entrada libre. Se trata de un ciclo de divulgación abierto a todos los públicos que pretende acercar las Ciencias Naturales a todos los interesados, independientemente de sus conocimientos y su edad. En los próximos meses se podrá disfrutar de charlas con temas tan variados como las abejas, la extinción de los dinosaurios o la problemática de los incendios forestales.
 
“Para esta primera charla se ha elegido a un gran conocedor de la naturaleza aragonesa como es Eduardo Viñuales. A través de sus magníficas fotos nos mostrará el mundo que puede ver cualquier persona cuando pasea por nuestra tierra, simplemente bajándose del coche y paseándose por sus montañas y ríos. Disfrutaremos con el viaje que nos va a plantear en su charla y de paso aprenderemos un poco”, destaca José Ignacio Canudo, paleontólogo y director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza.
 
Eduardo Viñuales es escritor naturalista de Zaragoza es un “todo terreno” lleva casi 30 años demostrando en sus reportajes periodísticos una exposición de gran rigor en la información especializada, haciéndolo casi siempre sin necesidad de utilizar términos científicas que no puedan ser comprendidos claramente por los lectores, el público en general. Además, sus libros y artículos sobre conservación de la biodiversidad, espacios naturales, rutas naturalistas, historia de la Tierra, etnobotánica, fauna y fauna, desarrollo sostenible y un largo etcétera medioambiental, casi siempre van acompañados de excelentes fotografías e imágenes propias que Eduardo ha obtenido pacientemente en el campo, en el monte, y que dejan constancia de que los temas abordados han sido trabajados in situ, con mucha observación, pacie! ncia, dedicación y buen hacer. 
 
Es muy destacable su compromiso incansable en amplios temas de la conservación y la divulgación científica del medio natural, pero muy notablemente en temas referidos a la biodiversidad y la pérdida de especies animales y vegetales que conviven con nosotros, como pueden el quebrantahuesos, el oso pardo, invertebrados o plantas en peligro de extinción, etc.
*Nota de prensa de la Universidad de Zaragoza. La foto: Eduardo Viñuales. 
25/03/2017 20:59 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PACO CAMARASA Y SUS AUTORES

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"LA NOVELA NEGRA ES UNA ATMÓSFERA"
-Un diálogo con Paco Camarasa-.
Paco Camarasa recibe en su librería Negra y Criminal, en la calle La Sal de la Barceloneta, que tiene algo de laboratorio del alquimista o de santuario de lecturas. La cerró en 2015 y ahora, con pocas luces y muchas sombras, este laberinto de silencio sigue teniendo sabor, olor, magia oscura y algunas presencias inquietantes. Los libros siguen ahí, en las repisas, y los carteles, las cartas, las fotos, las dedicatorias, los recortes de prensa: todos esos recuerdos que hicieron de este espacio un lugar de encuentro y también la semilla de anécdotas y personajes y escritores que han dado lugar al libro ‘Sangre en los estantes’ (Destino, 2016. 453 páginas).
Por allí también anda Montse Clavé, su compañera desde hace años, su cómplice, la otra lectora de Negra y Criminal. Avanzada la conversación, dirá Paco: «Un librero es un lector y es un prescriptor y aprende de todo: de los libros y los autores, de las reseñas y de las entrevistas, de su propia curiosidad y de sus clientes, que siempre enseñan. Debe estar alerta. Nosotros hemos sido dos lectores, Montse y yo. Ella es muy inteligente -señala-. Por lo regular, a cada autor le he abierto una carpeta y ahí he ido guardando todo lo que caía en mis manos sobre él. Esos materiales, sumados a mis recuerdos, a su paso por aquí y a tantos años de lecturas, esas notas me han permitido organizar el libro».
De Dupin y Holmes a Carvalho
Casi para empezar, Paco, seriamente enfermo, da una pequeña primicia: el escritor irlandés, John Connolly, residente en Estados Unidos, será el gran invitado de Aragón Negro en enero. «¿Qué es la novela negra? Hay que distinguir el concepto y la etiqueta. Novela negra es aquella que, como decía G. K. Chesterton, contiene delitos o asesinatos de distintas formas, pero bajo la etiqueta caben muchas cosas. Piense en Agatha Christie: hace en realidad novela de misterio, novela enigma, en la que en muchas ocasiones hay crímenes».
En su viaje por el alfabeto de la infamia, de la A a la Z, que es ‘Sangre en los estantes’, Paco Camarasa habla de muchos autores. Diferentes, brillantes, certeros, entretenidos, perturbadores, con visión crítica y social. «El inventor de la novela policial es Edgar Allan Poe cuando publica, en 1841, tres cuentos: ‘La carta robada’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ y ‘El misterio de Marie Rogêt’. Él, sin saberlo apenas, crea el primer detective, Auguste Dupin, e incorpora un término clave: la palabra deducir. A Dupin, más que el culpable en sí, le interesa explicar el proceso, cómo fueron las cosas, cómo se cometió el delito».
Para Camarasa , poco después, aparecía el maestro de la lógica y la deducción: Sherlock Holmes, una creación de Arthur Conan Doyle. «Es mucho más que un detective infalible. Es un gran personaje de la literatura, a la altura de Hamlet o don Quijote, querido y reconocido en todas partes. Se convirtió en un icono, incluso con algunos equívocos. Él nunca dijo: “Elemental, querido Wat-son”, que tan famoso se ha hecho. Lo hizo un actor norteamericano que encarnó al personaje».
Paco Camarasa confiesa que la novela negra le interesa desde finales de los años 60, cuando estudiaba en la universidad de Valencia. Entonces el género carecía de prestigio, era puro divertimento y «estaba mal visto. Pero cuando cayó en nuestras manos ‘Cosecha roja’ de Dashiel Hammett, que era la novela de la corrupción de toda una ciudad, nos impresionó. Al menos a mí. Aquella novela contenía una crítica de la realidad, había algo más que crímenes, y esa era una vertiente que siempre me ha interesado de la novela negra. La denuncia social, el compromiso, la mirada hacia los de abajo, la revelación de la sordidez».
Poco a poco vendrían otros autores: Raymond Chandler, Jim Thompson, James M. Cain, Chester Himes... En España ya andaba por ahí aquel Plinio de Francisco García Pavón. «Algo que salía en TVE no podía ser bueno, pensaba, ja, ja. Y, además, nosotros sabíamos cómo era la policía del franquismo: represora, dura, sin contemplaciones. Eran los tiempos de ‘El caso’. ¿Cómo iba a ser detective alguien así? Con el paso del tiempo reconocí el mérito de García Pavón, su condición de pionero y su encanto, la personalidad de su policía municipal de Tomelloso, aunque para mí sus novelas se inscriben en el género del costumbrismo», matiza.
Paco Camarasa dio un nuevo paso: descubrió la fascinación salvaje del mal de Patricia Highsmith y le impresionó una novela como ‘Extraños en un tren’, que le sigue interesando y es motivo para realizar seminarios y viajes con sus alumnos. De repente, cita a la escritora Vera Caspary, famosa por su novela ‘Laura’, que ha publicado Alianza, el libro que inspiró la famosa película de Otto Preminger con Gene Tierney. «Ella es víctima de lo que yo llamo las ‘novelas caníbales’: un solo título ha eclipsado la calidad de las restantes, alrededor de una docena». En los 70 empezó a leer a Manuel Vázquez Montalbán: «Me gustaban mucho sus artículos de la revista ‘Triunfo’ para la sección ‘Crónica sentimental de España’, donde habla de coplas, de cultura popular. Y en 1977 publicó ‘La soledad del mánager’, con Pepe Carvalho. Nos conocimos poco después, me pidió que le presentase uno de sus libros y fuimos muy amigos». Quizá su debilidad, entre los españoles, sea Francisco González Ledesma.
Autores que vienen y van
Paco Camarasa trabajó dos décadas en el mundo del libro, sobre todo en la distribución. Y en 2002, con un amplio bagaje a sus espaldas, abrió con Montse Clavé la librería Negra y Criminal, que ha sido una casa de citas literarias, un punto de lectura, un escaparate y un espacio donde siempre pasaban cosas: algunos escritores se enamoraron allí (Cristina Fallarás y Raúl Argemí, «aunque luego se les rompiese el amor»; Ernesto Mallo y Cristina Manresa; bromea Camarasa : ¿quién visitó su librería con una mujer, Benjamin Black o John Banville, sería su esposa o su amante?), otros le transmitieron su afición por el jazz (Michael Connelly, que le envió un disco de Theolonius Monk), otros le deslumbraron como Donna Leon, con su humor y su pasión por la ópera; el irascible James Ellroy estuvo amable.
Y todos, más de un centenar de escritores, van y vienen con sus detectives, entre asesinatos y crímenes, por las páginas de ‘Sangre en los estantes’. «La novela negra es entretenida, tiene calidad literaria, explica el mundo que vivimos, sus paradojas y su violencia; y sobre todo, es una atmósfera. Para entender el nuevo Estados Unidos de Trump hay que leer a Dennis Lehane, Richard Price y Georges Pelecanos».
Montse se levanta con suavidad. Paco tiene que medicarse. En la calle abro el libro que me ha dedicado, y leo: «‘Sangre en los estantes’ también es tuyo, Montse». Y ahora ya del mundo. 

25/03/2017 20:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA ESCRITURA DE MARTINEZ DE PISÓN

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EL NARRADOR INVISIBLE

DE LA CLASE MEDIA*

 


 

Antón CASTRO

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) dijo en una ocasión, tras ganar el Premio de las Letras Aragonesas en 2011, que escribía “desde el fondo de un rincón sombrío del corazón”. La frase en él es casi insólita: es un narrador natural, diáfano, de la estirpe de Clarín, Galdós, Pardo Bazán o su amado Pío Baroja, y huye de las frases poéticas, complejas o afectadas como de la peste. Martínez de Pisón es un tipo de afectos y de rutinas: sus grandes amigos son los de la universidad (como el bibliófilo José Luis Melero y el gongorista Antonio Pérez Lasheras, dos de sus primeros lectores, o el cinéfilo Luis Alegre) y la primera juventud, a lo que va añadiendo siempre a alguien porque es un embajador constante de la amistad, como lo era su llorado amigo Félix Romeo; es fiel a la ciudad que dejó con poco más de 20 años, Zaragoza, pero a la que siempre vuelve, a la lectura de esquelas (que suele comentar con el escritor Miguel Mena) y al Real Zaragoza, incluso ahora, en Segunda División y lejos de sus días de gloria; Ignacio Martínez de Pisón, casado con la profesora María José Belló, es yerno de Luis Belló, futbolista finísimo del club aragonés en los años 50 y entrenador del Real Zaragoza que consiguió en menos de dos meses, en 1964, la Copa de Feria y la Copa del Generalísimo.

Pisón se marchó a Barcelona a principios de los 80, donde se hizo escritor con sus hábitos insobornables: tres horas de escritura al día, la pasión por los periódicos y la lectura, las partidas de billar, un número concreto de flexiones o de minutos de ‘running’, su suave forma de fumar y las citas noctámbulas con los amigos. Eso es innegociable: en Barcelona, en Zaragoza o en Madrid, donde también tiene casa, Pisón se prepara para el sueño charlando, bebiendo, intercambiando confidencias y chistes, contando y oyendo historias, y cantando si se tercia.

Al principio, este licenciado en Filología Italiana intentó sobrevivir con traducciones del italiano de autores como Daniele del Giudice, Guido Morselli o Marco Lodolli, pero siempre tuvo claro su empeño: quería ser escritor profesional. Empezó con buen pie con dos libros que dan la medida inicial de su talento: la novela Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1984), que tenía más de un eco de su infancia y adolescencia a la sombra de su abuelo materno, en cuyo despacho había leído la Enciclopedia Espasa y a Valle-Inclán, y una colección de cuentos: Alguien te observa en secreto (Anagrama, 1985), que reflejaba la hondura de su percepción y su dominio del género, con ecos de Chejov, Tabucchi o Natalia Ginzburg; luego, a su aprendizaje, se sumarían otros nombres: John Cheever, Tobias Wolff, Vladimir Nabokov o Richard Ford. Pisón ha publicado un total de cuatro libros de cuentos que ha refundido en una antología, un tanto excluyente por decirlo así: Aeropuerto de Funchal (Seix Barral, 2009). Ahí están los cuentos que considera valiosos de su trayectoria.

Desde esos dos libros, Pisón no ha parado: si en sus años universitarios en Zaragoza había firmado crónicas y críticas de cine y se había interesado por la guerra de África y la figura de Ramon José Sender, incitado por José-Carlos Mainer, todo ello retornará con el paso del tiempo: Pisón se convertirá en guionista para Martínez Lázaro, en Carreteras secundarias y Las trece rosas, y para Fernando Trueba, en Chico y Rita. Y en 2000 publicará la novela juvenil, Una guerra africana (SM); esta disciplina la había ensayado en El tesoro de los hermanos Bravo (Alba, 1996), relato de iniciación con ecos de La isla del tesoro y El viaje americano (SM, 1998), sobre los actores españoles en Hollywood.

Ante todo, Ignacio Martínez de Pisón es narrador. Novelista. Contador de historias. Suele decir que halló su voz en Carreteras secundarias (Anagrama, 1996), el libro la historia de un padre, un tanto pícaro y extraviado entre dos mujeres, y un hijo inconformista, que se enamora de una joven negra en la Base Americana de Zaragoza. La familia es el tema más constante de Pisón, la familia de clase media. Él es huérfano desde los nueve años, y la figura del padre siempre cobra una dimensión especial. Por cierto, esa tensión y ese diálogo, a menudo interrumpido, regresan ahora con su nueva novela: Derecho natural.

Otro libro capital, quizá de los más rotundos y complejos, sea su extensa novela: El tiempo de las mujeres (Anagrama, 2003), el último que publicó en un sello en el que había estado, felizmente, durante veinte años. Es una narración familiar, de nuevo, la historia de tres hermanas, muy distintas. A Pisón siempre le había interesado la historia, el proceso de investigación de sus libros. Ahí también es particularmente minucioso. Y cayó en sus manos la peripecia del traductor José Robles Pazos, traductor de John Dos Passos, trotskista y asesinado en 1937 por los esbirros de Stalin. Pisón contactó con su hija y siguió su rastro, y le salió un espectacular libro de ensayo histórico con aroma de novela: Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005). Marca un antes y un después en su trayectoria, y cosechó elogios y premios. Deslumbró a Mario Vargas Llosa. Desde entonces las novelas de Pisón arrancan de un proceso previo de indagación documental, literaria y oral, y eso se percibe en Dientes de leche (Seix Barral, 2008), otra historia de una estirpe vinculada a los fascistas italianos en la guerra civil española; en El día de mañana (2011), quizá su novela más ambiciosa, un friso coral de voces en torno a un delator en la Barcelona de los 60 y 70, y en La buena reputación (Seix Barral, 2014), que aborda la vida de una pareja y su descendencia, de origen judío y vinculada al Protectorado Español en Melilla. Esa novela de novelas recibió el Premio Nacional de Narrativa de 2012; quizá no sea la más redonda de Martínez de Pisón, sí la más voluminosa, pero resume a la perfección su estética: el estilo invisible, la creación de personajes, el equilibrado desarrollo de la acción, la amenidad y la atmósfera realista. Pisón suele decir que su “oficio consiste en saber captar la realidad y saber transformarla en palabras”. Esa querencia es visible también en sus brillantes artículos de opinión de La Vanguardia.

 

*Este artículo apareció en el suplemento ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, que dirige Sergio Vila-Sanjuán el jueves 18 de marzo.

 

**La foto de Pisón es de Elena Blanco. La otra es de Heraldo.

 

25/03/2017 20:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL VIAJERO PEPO PAZ HABLA DE SORIA Y DE LOS CIELOS DE ESPAÑA

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[Pepo Paz es editor de Bartleby y cronista de viajes y fotógrafo. La pasada semana, en Zaragoza, en Cálamo y en el Centro Soriano, presentó dos de sus últimos libros: una ’Guía de Soria’ y un libro sobre ’Los mejores destinos para observar cielos en España’, ambos publicados por Anaya.]

 

-¿Qué hace un editor de poesía metido a viajero y cronista de viajes?

En realidad son dos actividades que se iniciaron y crecieron a la vez desde el verano de 1998: en julio de aquel año fundamos la editorial y fue también durante aquel verano cuando realicé mi primer viaje y colaboración para el desaparecido suplemento Motor & Viajes (que publicaba cada sábado el diario El Mundo). Ellos estaban sacando un coleccionable con rutas por España y recuerdo que me pidieron una escapada por la Sierra de Alcaraz, en Albacete, un destino que yo había visitado tres o cuatro años atrás para hacer una entrevista a una mujer guatemalteca afincada en Letur para mi primer libro Transeúntes (de América Latina). En cierta forma aquel primer viaje estaba señalando el camino que he seguido como viajero durante todos estos años.

-Una persona con esta trayectoria, el editor de Bartleby, ¿tiene una mirada especial sobre lo que ve? ¿Qué buscas en tus viajes, qué te preocupa, qué quieres captar?

Supongo que, en cierta manera, todo está interrelacionado. Sobre todo en aquellos primeros tiempos de colaboraciones en El Mundo, etapa que duró unos 4 años, en la que pude desarrollar mi trabajo de una manera menos condicionada por encargos específicos. Ahí estaban los temas que más me interesaban y, también, empecé a completar el puzle de un gran juego: el que me ha llevado a casi todos los rincones de la geografía española para contar y fotografiar lo que veía; en suma, para incitar al lector al viaje. Pero el viajero no sólo escribe: también fotografía. Quizás ahí es donde más se fundan mis propias obsesiones con las del editor. Una fotografía es siempre una instantánea de un tiempo pasado. En ese sentido me ha preocupado mucho la destrucción del paisaje y de la identidad de las ciudades y pueblos de España: la euforia constructora ha laminado lo que éramos hasta hace muy poco tiempo. Da grima volver a las carreteras y encontrar las afueras de muchas localidades tomadas por el afán especulador y transformadas en colmenas de adosados.

-Has hecho una guía de Soria, capital de la poesía. ¿Muy propio, no? ¿Qué te atrajo de Soria, qué tienen de especial la ciudad y la provincia?

Bueno, esa fue otra de las casualidades que tiene la vida. Personalmente, y mucho antes de dedicarme a la edición o al fotoperiodismo de viajes, ya tenía una vinculación con el territorio soriano que comenzó a los 18 años mientras fregaba platos como recluta en un cuartel del Ejército del Aire. Allí trabé amistad con un compañero cuya familia era originaria de un pueblo de la Ribera del Duero soriana: Langa. Y por allí empecé a viajar y a desenredar la madeja de mi fascinación por esa provincia. Luego, años después, solía escaparme con mi padre a conducir por sus comarcales a modo de desestresante de la vida laboral en una metrópoli como Madrid. Y así fui amando sus colores, sus cielos y sus pueblos. Durante diez años consecutivos acudí a la ceremonia del Paso del Fuego en San Pedro Manrique, volé en globo y encaré el difícil carácter de los viejos castellanos. Así que cuando el editor de guías nacionales de Anaya Touring me preguntó si me gustaría escribir la nueva guía de Soria de la colección Guiarama, no lo dudé. Si iba a escribir una guía… ¿qué mejor destino que el soriano? Además Soria es un destino diverso, con muchas novedades, que había que recontar. A mí me parece que es una provincia que encarna ese modo slow y sostenible hacia el que camina el turista de nuestro siglo. La ciudad es un compendio de vida sosegada, románico y poesía donde las iniciativas culturales del ayuntamiento están dando un auge distinto, como la única feria de poesía del país: Expoesía. Soria, plató cinematográfico, destino micológico y de observadores de aves y estrellas…

-¿Qué tipo de guía has querido hacer? ¿En tiempo de internet aún interesan las guías?

La anterior guía fue obra de un erudito soriano, otro viajero amante de su tierra y de la Vieja Castilla, Avelino Hernández. Escribir una guía de Soria después de la de Avelino, que había fallecido en 2003 víctima de un cáncer, para mí era un reto. Un reto ambicioso: había que darle una cierta vuelta de tuerca sin olvidar que se trata de una guía sujeta a unos criterios establecidos por una colección que tiene una larga trayectoria editorial. Sobre todo he tratado de hacer una guía actual, con una mirada muy del siglo XXI, en la que los propios sorianos se sintieran identificados. Algunos lectores me han  dicho que no se lee como una mera guía repleta de información práctica y es así, se trata, sobre todo, de un libro de viajes donde yo he querido volcar mis experiencias sorianas de los últimos 25 años. En cuanto a la segunda pregunta, bueno, yo creo que Internet nos ha cambiado la vida, la manera de viajar, etc, pero sigue habiendo viajeros que van con una guía de papel en la mano cuando se acercan a sus destinos. En la medida de que los contenidos de las guías sean de calidad, siempre habrá lectores que nos prefieran. En general, yo desconfío mucho de los contenidos de la red, en especial, de los que se suben a través de las RRSS. Sigo creyendo en la capacidad de prescripción de los profesionales.

-¿Cómo te ocurrió el libro ‘Los mejores destinos para observar cielos en España’?

Este libro es una réplica de la guía soriana. En ella ya estaban los cielos estrellados y las rutas de observación de aves. Fue en una reunión con la directora de la editorial (Mercedes de Castro) cuando ella comentó que qué me parecía la posibilidad de escribir un libro dedicado al astroturismo. La idea original fue esa y, en las semanas posteriores, fuimos dando forma al tema de los cielos como propuesta turística. Con esa base, y teniendo en cuenta que el observatorio de Borobia (en la Raya entre Aragón y Castilla) fue el primero de España en funcionar dedicado a la divulgación astronómica, empecé a confeccionar el índice del libro. Y, luego, a escribirlo.

-¿Cuáles son los mejores lugares para ver el cielo? ¿Qué has encontrado en el Observatorio de Javalambre? Parece un territorio de ciencia ficción…

Yo siempre he defendido que el escritor no puede ser neutral. Y en este libro, un libro de viajes, menos aún. A medida que fui avanzando en la primera parte del volumen, la dedicada al astroturismo, me iba dando cuenta de que en realidad estaba hablando de la España deshabitada. Los mejores lugares para observar los cielos peninsulares son, por regla general, aquellos destinos a los que el desarrollo del país ha condenado al abandono. Territorios con una densidad de población en torno a los 3 hab/km2 o incluso menor. Son esos territorios donde la contaminación lumínica es escasa y donde, por ello, las noches estrelladas la contemplación de la bóveda celeste convierte a la Tierra, a ojos del viajero, en esa nave espacial que viaja alrededor del Sol a una velocidad de 30 km por segundo. Uno se siente diminuto contemplando a simple vista la inmensidad del universo. A esos lugares con poca contaminación lumínica hay que sumarle otros parámetros más ponderables científicamente como la visibilidad astronómica  (en términos seeing) y de fondo de cielo y extinción (es decir, en términos de absorción y dispersión de la radiación electromagnética). Esos parámetros convirtieron al turolense pico del Buitre (en el municipio de Arcos de las Salinas) en el lugar ideal para la construcción del Observatorio Astronómico de Javalambre (OAJ). Luego le siguieron una serie de iniciativas para promocionar la comarca de Gúdar-Javalambre como destino astroviajero y conseguir la Certificación como Reserva Starlight y, cuando escribí el libro hace unos meses estábamos a la espera de la inauguración de Galáctica, un magnífico Centro para la Difusión y la Práctica de la Astronomía. Teruel es, por sus características geográficas, demográficas y patrimoniales un gran destino turístico. Y sus cielos estrellados son los últimos en sumarse a esa excelsa oferta. A Teruel hay que ir y regresar una y otra vez, sin duda.

-¿Qué tiene de peculiar para ti el cielo de Gallocanta? -¿Y Monte perdido y Ordesa? ¿Qué te conmovió especialmente?

Gallocanta es la bella desolación del invierno, la fiesta de las grullas. Aquí se sintetiza el enorme papel que juega la Península Ibérica como lugar de paso en las migraciones de las aves. Y Ordesa es un santuario para los amantes de la naturaleza, el destino que conjuga abismo y montaña. Ordesa es el fulgor de las estaciones y, por supuesto, el gran refugio de unos de los grandes de nuestros cielos, el quebrantahuesos. Regresar al Sobrarbe es como volver a casa. Un horizonte de leyenda.

Explícanos, descríbenos algunos cielos que te hayan parecido espectaculares, íntimos o casi sobrenaturales.

Lo genuino de los cielos es que, en función de las condiciones meteorológicas y de las estaciones, todo cambia. Cuando no estoy de viaje suelo acudir cada mañana a fotografiar el amanecer en el embalse de Santillana, en Madrid, que es donde vivo. Y siempre es diferente. Creo que la calificación de cada experiencia tiene que ver mucho con lo personal: a mí me encanta sentir el paso de esas estaciones, percibir cómo varían los colores entre unas y otras, cómo va llegando o yéndose el invierno, la algarabía de las aves acuáticas y cómo, de repente, en el momento en que el sol asoma por el horizonte, todo parece quedarse detenido por un instante. Los cielos de Canarias son los que mejores condiciones nos ofrecen para la observación nocturna pero Doñana, Cabo de Gata, el Delta del Ebro, Fisterra o el Urdaibai, por poner algunos ejemplos, me fascinan igualmente y por cosas distintas.

Pensando en Machado… ¿El que está cerca del cielo, está más cerca de Dios o de la poesía?

Yo creo que tocar el cielo con las manos es un estado de ánimo. Los cielos de “Campos de Castilla” son, por lo general, sombríos, como mucha de esa Castilla soriana que poetizó Machado y que en buena medida también bebió del malestar general y el tópico de los escritores del 98 hacia la meseta. Hoy el cielo está más cerca de la exploración y el avance tecnológico. Pero siempre hay hueco para la poesía: el otro día compartí entrevista en RNE con un geoastrónomo que se encarga de parte del entrenamiento de los astronautas y nos planteó una pregunta no exenta de ella… ¿por qué los amaneceres en la Tierra son rojos y en Marte azules?

¿Cuánto tiempo te ha costado este libro, cuántos viajes, cuántos kilómetros has recorrido?

 Este libro me ha llevado más de 20 años de trabajo. En realidad, cuando viajaba con mi padre por las comarcales sorianas ya estaba escribiendo mis notas para un libro que ni siquiera sabía que un día iba a escribir. En estas páginas están muchas de las líneas que he escrito en mis 18 años de fotoperiodista y también están los amaneceres y atardeceres que nunca he descrito. Están, por supuesto, las reivindicaciones ecologistas de colectivos vecinales y ecologistas que nos han permitido conservar entornos naturales que el afán de ministros y especuladores nos hubieran hurtado. El gran reto que tenemos es transmitir a las generaciones futuras un mundo habitable. Un reto cada vez más lejos de nuestras manos.

¿Para quién es un libro como éste?

Los mejores destinos para observar los cielos en España es un libro pensado para inspirar el viaje. Es un libro de gran formato, con un importante despliegue fotográfico, ideado para aquellos a quienes les gusta planificar sus escapadas. Y, también, para aquellos viajeros a los que les interesan las efemérides astronómicas, geográficas y naturales. Un libro para casi todos, vamos.

20/03/2017 00:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS PARA EL DÍA DEL PADRE

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[Mañana es el Día del Padre. Mi padre, Benito do Touciñeiro, 1925-2007, ha aparecido en varios de mis libros o de mis textos. Estos son algunos poemas que han aparecido en ‘Vivir del aire’, ‘El paseo en bicicleta’ y ‘Seducción’. ‘Monólogo del emigrante’ es una licencia literaria, que quizá no se desajuste en exceso de lo que me contaba mi padre en mi niñez y adolescencia, y lo escribí para el proyecto sobre la emigración, ‘Sueños en el mar’, de Ricardo Calero, a quien va dedicado. La foto es de mis padres. Carmen Castro Barreiro y Benito Rodríguez Ferro.]

 

 

LAS CARTAS DE MI PADRE

Hubo un tiempo de luna llena junto al mar.
Había delfines que se acercaban a la orilla,
justo cuando acariciaba las cartas de mi padre
desde Berna o Basilea o Zurich: todas me parecían
ciudades inventadas con jardín y una autopista.
Las llevaba en mi bolsillo como un tesoro:
qué bonitas, qué íntimas, con la letra de aquel analfabeto
que me llamaba, en la última línea, el rey de la casa.
El rey de su casa, el niño que lo reemplazaba
en el corazón y junto al fuego, al lado de mi madre.
Me acuerdo de mi padre y no lo llamo: está casi sordo
y hablar por teléfono le pone nervioso. Parece que siempre
tenga prisa o que haya dejado un surco abierto en el campo
y parece que se le escapase la luz del día entre las sílabas.
La noche de hoy, con luna llena entre los árboles,
me lleva en volandas a Galicia, junto al niño que espera a su padre,
junto al niño que fui, presa del pánico, que miraba los barcos.
Hay una brisa deliciosa de alta noche. Y hay luna llena.
Y hay un cielo perfecto navegado de estrellas.
Pienso en mi padre y en aquellas madrugadas en la playa
cuando me bañaba entre las olas y esperaba su vuelta.
Me he vuelto mayor de golpe. Y me he vuelto
niño errante y solo que quiso ser un día escritor
y viajero y explorador o púgil fugaz como él. Y ahora está aquí,
tan lejos, pensando en su padre y en el agua.
Y en las cartas de amor que mi madre me leía.
Hubo un tiempo de luna llena, junto al mar, que no se olvida.

 

-De ‘Vivir del aire’. Olifante. 2010.

 

 

MI PADRE, EL VIAJE Y EL MIEDO

 

Mi primer recuerdo:

Voy con mi padre en su bicicleta.

Es una tarde apacible y sin llovizna.

go el rumoroso cantar de los bosques

y noto la agitación de su corazón.

Tengo miedo en las curvas y en los baches

a caerme en la cuneta. Y a la vez  estoy

feliz: agárrate fuerte, agárrate a mí,

agárrate bien que llegamos pronto,

dice mi padre. A lo lejos se ve el mar.

El viento peina las retamas y tumba

la maleza con la fuerza de un oleaje.

 

Luego todo es confuso. Y doloroso.

La casa de mi abuelo me pareció

gigantesca, un caserón con huerto,

 jardín, dos establos y un hórreo.

De golpe, oigo voces, discusiones,

percibo una furia inaudita. Rabia.                           

Aquel hombre no puede ser mi abuelo.

Me echo a llorar. Me abrazo a mi padre.

Nadie me consuela. Y los gritos se elevan

por los aires, más allá de la chimenea,

con el estruendo de un vendaval.

 

No tardamos en irnos. Yo aún no sabía

qué era el pánico: aquella noche pensé

que mi abuelo quería matar a mi padre,     

que mi padre quería matar a mi abuelo.

Me abracé a él con un temblor animal.

Todo era oscuridad: el débil faro

alumbraba el final de la pesadilla.

Volvíamos a casa. Jamás podría olvidar

mi primer viaje. Aquel día borroso

en que mi padre me llevó en bicicleta.

Aquella noche en que noté cómo

le temblaban la piel y la sangre.

Mi primer recuerdo.

 

-De ‘El paseo en bicicleta’. Olifante, 2011.

 

 

MONÓLOGO DEL EMIGRANTE

 

A Ricardo Calero

No quise ser nunca un desterrado. Ni un exiliado en tierra extraña. Para no sentirme extranjero en Suiza recorrí casi todas sus ciudades: Berna, Lausanne, Vevey, Ginebra, Zúrich. En todas encontré acomodo y una rara complicidad. Aprendí lo justo de francés, y menos, bastante menos de italiano y alemán. Amé a algunas mujeres, o soñé que ellas me amaban a mí, que me ofrecían un trozo del jardín donde yo trabajaba; las miraba casi a hurtadillas en su mejor perfil. Hice cuanto pude: me empleé en vialidad y aguas, corté el pelo, hice recados a pie y en bicicleta, levanté fachadas y podé los árboles frutales. No solo eso: a un cerezo lo llamé Jesús y a una acacia, Emilia, como mis padres. Cuando habían pasado cinco años, puse fin a tantos y tantos días lejos de casa. Lejos de mis playas, de mis montañas, de los míos. Lejos de la lluvia que enciende mis bosques de misterio y de música. Antes de irme, con mi letra desgarbada, mandé una carta a cada una de las familias que me habían acogido. Pensaba especialmente en las señoras: Catherine, Marie, Marguerite, Fiorella..., aunque uno de los maridos, Jacques Vivre, me hizo sentir en casa y uno de los suyos. Escribí: «Merci». Solo eso. La auténtica gratitud se concentra y se resume en las palabras justas. Gracias.

 

-De ‘Seducción’ (Olifante, 2014). Segunda edición o reimpresión, marzo de 2017.

 

 

 

 

18/03/2017 13:53 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY TIZÓN: UNA ENTREVISTA

Eloy Tizón “En mis cuentos hay un

fondo de llanto que se escucha a lo lejos”

  

“A veces al escribir

entramos en el verdadero mundo”

  

“Escribir es recobrar una

lucidez que no siempre tenemos”

  

[El escritor madrileño presentó en Zaragoza la reedición ampliada, un cuarto de siglo después, de ‘Velocidad de los jardines’ en Páginas de Espuma]

  

 

‘Velocidad de los jardines’ cumple 25 años. Se escribió en parte en Zaragoza, donde el autor, Eloy Tizón (Madrid, 1964), hacía el servicio militar. Se ha convertido en un mito del relato en castellano.

-En el texto portical ‘Zoótropo’, donde recuerda la historia de ‘Velocidad de los jardines’, dice: “Escribir es como salir de un coma profundo”

-Es una frase que entenderán los escritores. Porque muchas veces tenemos la sensación de que al escribir entramos en el verdadero mundo o que el mundo cobra un relieve que antes no tenía. Es decir, el mundo de las obligaciones cotidianas es un mundo un poco anestesiante y la escritura es salir de ese coma. Recobrar una lucidez que no siempre tenemos.

-El proceso de redacción del libro le cambió por completo, ¿no?

-Bueno, por completo es una palabra muy fuerte. Pero sí, claro, es mi primer libro y es donde tengo conciencia de que puedo ser escritor. Durante los primeros años uno lo que emprende son, sobre todo, tentativas. Yo era consciente de que eran cuentos digamos peculiares, muy literarios, que tal vez tuviera dificultades para publicarlos o que no se publicarían nunca.

-¿Lo dice porque eran cuentos poéticos’

- Sí, son cuentos líricos. Es una apuesta por la narrativa lírica, además en un momento en el que yo creo que la literatura en general no iba por ahí. Los años 90 eran la época del realismo carveriano (de Raymond Carver), el realismo sucio está en pleno apogeo. Y entonces yo salgo con una especie de artefacto lírico que se aparta de eso, que no sé bien como va a ser tomado y que ni siquiera sé si voy a encontrar una editorial.

-La encontró y en Anagrama, nada menos. ¿Recuerda el primer cuento?

- ‘ Los viajes de Natalia’ fue el primero, aunque el primero que aparece en el libro sea ‘La carta a Nabokov’. Pero digamos que ese cuento fue el que me convenció de que yo podía dar el paso de la poesía a la narrativa. Yo hasta ese momento había escrito poesía y ese es el primer cuento en que empiezo a manejarme con personajes, con situaciones donde introduzco cierto movimiento narrativo. Empecé a creerme que yo podría escribir narrativa.…

¿Encontró  eso que se denomina una voz?

-Yo creo que hay una prueba, en diferentes registros, para buscar cuál era mi voz. Y para encontrar la música del libro. Creo que es un libro que se va haciendo un poco en términos musicales. Motivos que desaparecen, que reaparecen, ciertos estribillos, me parece que tiene una estructura que es, en cierto modo, más musical que narrativa. De hecho, cuando apareció se le reprochó (aunque en general fue bien acogido), que era poco narrativo. Uso ambientes que todos reconocemos, pero mirados a través de un filtro fotográfico que los vuelve un poco extraños, y ese es un filtro poético para mí.

-Otra frase: “La imagen como la última de las historias posibles”.

- Es del escritor cubano José Lezama Lima. Trabajaba en un tipo de relato que no es un relato de argumento, no depende de los giros imprevistos, no se trata de descubrir el culpable del asesinato, sino que trabaja más bien con texturas emocionales. Y ahí fue un gran apoyo encontrar esa frase de Lezama que ponía el peso en lo visual. Muchas veces lo que la imagen nos puede transmitir es suficiente.

-Alude a la paciencia, como algo necesario, y dice: “Un cuento se escribe con un poco de música y un poco de sangre”. Y aún ajusta más: “Cuento igual a rigor técnico más compasión”.

-Soy una persona muy paciente, creo. Y ante la literatura me tomo mucho tiempo, me gusta escuchar lo que tengan que decir esas voces, doy tiempo para que los personajes se vayan expresando, hablen, muestren lo que tienen dentro. En la literatura que yo admiro hay música, pero también ese punto de herida. Por eso digo lo de la música y la sangre. Creo que en los cuentos hay un fondo de llanto que se escucha a lo lejos.

- ¿Qué le debe a Nabokov o cómo le ha marcado?

- Nabokov es un escritor de una brillantez casi inigualable. El manejo que tiene de la imagen, pero no solo de eso, la reflexión que hay sobre el tiempo, sobre la identidad… Nabokov muchas veces es conocido por ‘Lolita’, por el morbo y el escándalo, pero es muchísimo más: es un tipo profundo, con muchas capas y creo que para cualquier aprendiz de narrador es un autor que hay que leer.

-El libro se publicó en el 92, han pasado 25 años, ¿cómo le ha marcado? Siguen diciendo que es su mejor libro.

- Ha sido, en ese sentido, un libro un poco vampiro. ’Velocidad de los jardines’ es el libro más recordado, en el que más se insiste. Y muchos lectores es lo único que han leído y luego ya no han leído nada más de lo que he escrito. Cosa que me parece un poco injusta para mis otros libros; creo que ‘Técnicas de iluminación’, publicado también en Páginas de Espuma, es mejor. Pese a todo, le tengo mucha gratitud porque ha sido un proceso muy gradual de reconocimiento, como una larga llovizna a lo largo de muchas décadas, basado en el boca a oreja. Ha sido un discurrir muy natural y gracias a eso yo no he sentido presión a la hora de escribir otros libros.  

 

*La foto es de la agencia Efe.

16/03/2017 11:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IRENE VALLEJO EXPLICA 'ALGUIEN HABLÓ DE NOSOTROS' (CONTRASEÑA)

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Este texto puede seguirse aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/03/13/mision-del-periodismo-arrojar-luz-sobre-realidad-1164043-1361024.html

 

La misión del periodismo es

arrojar luz sobre la realidad”



Irene Vallejo publica un libro con sus columnas sobre los clásicos y la actualidad: ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña)



Irene Vallejo (1979) es escritora y columnista de Heraldo. Uno de sus empeños es difundir el magisterio y los libros de los clásicos: Homero, Platón, Virgilio o Marcial, del que es toda una especialista. Algo que ha hecho en libros como la novela ‘El silbido del arquero’, ‘El inventor de viajes’, con ilustraciones de José Luis Cano, o ‘La leyenda de las mareas mansas’, dibujada por Lina Vila. Acaba de publicar ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña. Zaragoza, 2017. 150 páginas), un libro donde recoge las columnas que publicar en las contraportada de HERALDO.

Entender el mundo es un placer”. ¿En qué medida? ¿Qué no nos reserva el conocimiento del mundo?

Desde muy pequeños, los niños quieren saber las causas y los motivos de las cosas: ‘¿por qué?’ Durante una temporada, nos apabullan con ráfagas constantes de preguntas. Como esos niños que fuimos, todos queremos comprender los misterios que nos envuelven. Lo que no sabemos explicar nos parece amenazador, caótico, inquietante. Descubrir y entender nos calma, es un placer casi físico.

¿Qué pretende con sus columnas? ¿Cuál es su idea general?

Pienso que la misión del periodismo es siempre arrojar luz sobre la realidad. Personalmente, quiero combatir el descrédito de la historia y las humanidades. Creo que debemos reivindicar sin complejos su importancia en democracia. Cuando son apartadas del dominio público, es más fácil que la gente asuma relatos falsificados y soluciones simplistas a graves problemas. Cualquier pequeño espacio de atención que ganemos para el mundo de las ideas es un motivo de esperanza.

¿Qué encuentra en el mundo clásico, sobre todo en Grecia y en Roma?

En el torbellino imperante de modas, tendencias y productos de bajo coste, los clásicos de Grecia y Roma representan lo duradero, lo estable, nuestras raíces. Allí encuentro el punto de partida de lo que somos, el principio del futuro.

¿Cuándo vio que en su pensamiento, en sus libros y en sus actitudes había un correlato claro con lo contemporáneo, que se podían extraer lecciones?

Siendo niña, mis padres me leían mitos antiguos, y los clásicos se convirtieron ya entonces en mi paisaje imaginario favorito. Pero cuando empecé a leerlos en profundidad y a traducirlos durante la carrera de filología clásica, sentí que sus voces sonaban cercanas, íntimas, muy vivas. Podía reconocer nuestro mundo en sus palabras. Por eso he decidido titular esta antología: ‘Alguien habló de nosotros’.

¿Cómo surgen sus columnas?

Las ideas llegan como relámpagos, pero tengo que esperarlas con paciencia y pulirlas con calma. Tras el primer chispazo, las frases se van encadenando una por una. Tomo notas en cualquier papel a mano, emborrono las primeras palabras, empiezo a trenzar la actualidad con las voces antiguas. Trabajo con apasionada serenidad. Este libro ofrece reflexiones tranquilas y suaves que sosiegan la prisa. Cada columna acoge al lector y a la vez lo impulsa a mirar el mundo con nuevos ojos.

Poco a poco has ido incorporando a autores más contemporáneos: Spinoza, Voltaire… ¿Por qué?

En Grecia empezó un diálogo que llega hasta hoy. En él participan gentes de todas las épocas. Me interesan todos los que han querido unirse a esa conversación infinita. En mis columnas, me divierte que Ovidio hable con los ‘Simpsons’.

-Leo una frase que parece una denuncia. “La intimidad está muriendo, dicen”. ¿Qué piensa, más allá de Herodoto, Irene Vallejo?

Creo que la intimidad es un reducto precioso, un rincón para el misterio que es necesario proteger con cuidado. Una parte de nosotros pide permanecer en secreto o ser compartida solo con los más cercanos. Cuando escribo mis columnas, prefiero partir del “nosotros” que del “yo”.

¿Premia la sociedad en que vivimos la agresividad?

La competencia y la obsesión por el éxito han transformado el espacio público en un campo de batalla. Me temo que nos hemos vuelto más agresivos y a la vez más susceptibles. Algunos intentan convertir Internet y las redes sociales en un púlpito del odio. Percibo impaciencia e irritabilidad alrededor. En uno de mis artículos propongo que todos intentemos ser más suaves, más flexibles, escogiendo con más cuidado las batallas que merece la pena emprender.

Leer nos ayuda a hablar”. ¿Cuál es la importancia de la lectura en una época tan marcadamente visual?

La comunicación visual se caracteriza por la rapidez y puede dar la sensación –solo la sensación– de veracidad. Decimos: “lo vi con mis propios ojos” o “lo he visto en televisión”. La lectura nos rescata de esa precipitación y evita que el mundo se reduzca a eslóganes y fórmulas fáciles. Leyendo nos sumergimos en historias complejas y apasionantes.

¿Qué temas le interesan?

Marguerite Duras decía que un escritor es un país extranjero. Me interesa todo lo que tiene que ver con ese sentimiento de extrañeza: el viaje, el amor, el mestizaje, la paradoja, el asombro.

El amor nos vuelve principiantes perpetuos, torpes y trémulos”, dices y añade que “es la ciencia de la inocencia”. ¿Quieren ser sus columnas una colección de aforismos con una evidente carga de profundidad? En otro lugar dice: “Amamos las frases cortas”.

Es cierto, me interesan los aforismos. Así empezó el pensamiento: con refranes, con máximas, con dichos breves. Y hoy a través de Twitter vuelven a ser una forma de expresión rabiosamente actual. Esos fogonazos verbales pueden hacer tambalearse nuestras ideas preconcebidas.

Desde el punto de vista estilístico, ¿qué busca Irene Vallejo?

Por formación soy filóloga, es decir, una enamorada de las palabras. Intento cuidarlas y me preocupa mucho su ritmo, su fluidez, su fuerza. Escribir es una responsabilidad, hay que velar por el lenguaje. Si las palabras no se usan bien, si no están a la altura de las realidades, vamos a tientas por un laberinto.

¿De quién aprende a escribir columnas, quiénes son sus columnistas de referencias, de ayer, anteayer o de ahora?

Cuando empecé a escribir columnas, quería adaptar a la prensa, en clave contemporánea, los ‘Ensayos’ de Montaigne. Me inspiró también Mary Beard con su estilo divulgativo y su talento para encontrar los hilos que entretejen el pasado con el presente. Por otro lado, he crecido con los periodistas de HERALDO que han sido mis maestros: Juan Domínguez Lasierra, Encarna Samitier, Jesús Frago... Todas las semanas espero también con impaciencia las columnas literarias de Cristina Grande y Patricia Esteban. Siempre aprendo con los artículos de mi compañero de sección Víctor Orcástegui. Y si escribiera una carta a los Reyes Magos, pediría el fino humor de David Trueba y la hondura de Leila Guerriero. Me siento en profunda deuda con tantos maestros que, desde las aulas o desde las páginas de un periódico, me han enseñado a explorar territorios nuevos, a mantener la capacidad de asombro, a no bajar la guardia.

 

*La foto es de Santiago Basallo.

 

14/03/2017 12:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALFREDO CASTELLÓN, HOY, CON 'MIS APÓLOGOS' EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

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    ALFREDO CASTELLÓN PRESENTA HOY 'MIS APÓLOGOS'
    Hoy lunes 13, a las 19.30, en la Biblioteca de Aragón, el escritor, cineasta y cofundador de RTVE Alfredo Castellón Molina, II premio Artes & Letras de cine, presenta su nuevo libro, 'Mis apólogos' (publicado por STI, de Javier Cinca), un volumen de textos breves donde habla de su vida, de sus recuerdos (entre ellos María Zambrano), de algunos amores, de sus padres, de sus experiencias. Lo acompañarán su editor, la profesora Rosa ...Burillo y Antón Castro. Cuelgo aquí, de nuevo, algunos textos de Alfredo Castellón, director de películas como 'Platero y yo' y 'Las gallinas de Cervantes', y autor de piezas teatrales sobre Colón o Costa. 'Mis apólogos' lleva un epílogo de Mariano Gistaín.

    [El escritor es el enemigo
    de la mentira y de la servidumbre.
    Albert Camus]

    *****

    LO QUE FUE

    A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

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    LAS CAMPANAS

    A José Luis L. Z.

    Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.
    Un caos.

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    EVOCACIONES

    Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

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    SEÍSMO ESPIRITUAL

    No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

    ******

    COMPARACIÓN

    Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

    **Esta es la famosa foto realizada en Collioure en 1959, en el homenaje a Antonio Machado. Alfredo Castellón Molina es el primero por la derecha. A veces se le ha quitado de la foto. Están, arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Castellón; abajo, Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.

 

13/03/2017 13:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: TRES LIBROS DE POESÍA. AMOR, RADIO Y MEMORIA

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ENTREVISTA. MIGUEL ÁNGEL YUSTA. Poeta y antólogo de la copla.

 

 

“El amor es el eje positivo o negativo

sobre el que gira la Humanidad”

 

El poeta zaragozano, especialista en copla y ópera, publica tres libros, uno de ellos con Alberto Calvo, ‘Supermaño’, ’Damas’

 

 

¿Está usted en un gran momento poético? Coinciden hasta tres libros suyos en el mercado.

Ha sido una casualidad. Debido a mi forzada inmovilidad e inactividad durante más de un año, por intervenciones quirúrgicas, que también afectaron el ánimo, se han acumulado antiguos proyectos que estaban en marcha y que he podido ver finalizados ahora, junto a alguno nuevo que llegará. En consecuencia salen varias publicaciones y, claro, no se puede decir a los editores, cuando deciden publicar, que esperen y espacien los libros. No está el mundillo editorial -y menos en poesía- para ello...

¿Qué es ‘Ayer fue sombra’ (Lastura)?

La reedición de ‘Ayer fue sombra’ era un proyecto antiguo y muy querido por mí. El libro -Primer Premio Delegación del Gobierno de Aragón en su sexta edición- se agotó con rapidez en su edición inicial y no tuvo recorrido fuera de Zaragoza. Ahora, ampliado, lo publica una editorial, Lastura, que tiene una proyección nacional. Además está anotado y prologado, cosa que no tenía la edición del premio. Y con una portada muy sugerente.

¿Cómo ha crecido el libro?

Un poema, un poemario, jamás se puede considerar terminado. Nos dice el poeta y premio Nobel mexicano Octavio Paz que en el poema “no existe la versión definitiva: cada poema es borrador de otro que nunca escribiremos”. Yo considero, también, que jamás un poema está definitivamente terminado, si no en continuo cambio. Por ello, estos versos están vivos y pueden evolucionar y transformarse con el tiempo y, también, percibirse de forma distinta por el lector. La reedición de  ‘Ayer fue sombra’ es buena prueba de ello. 

¿Podríamos decir que es la memoria sentimental de un niño o un joven de posguerra?

Por supuesto, pero contemplada con la serenidad que da el paso de los años, “sin sentimentalismos tópicos ni morbosas nostalgias”, como señala el escritor y poeta Emilio Quintanilla en la nota inicial que acompaña a esta reedición.

¿Qué le ha marcado más: el cine, la noche, la radio, la copla o la represión?

En la época de mi generación hubo circunstancias especiales que nos marcaron de por vida: penuria económica, represión en la enseñanza, en la vida en general, falta de libertad e información, censura... Nos salvaba en parte aquella radio que nos acompañaba en la noche, el cine dominical y el amor, aunque un amor reprimido, temeroso y vigilado. Pero todo acaba y, por fin, pudimos, aunque algo tarde para nosotros, lograr que, como escribió Mario Benedetti “la gente viva feliz aunque no tenga permiso”. Aquel “permiso” que era necesario, entonces, para cualquier cosa...

¿El mejor o el único amor era el soñado?

El amor por el amor es siempre bello, ideal, perfecto. Cuando el amor se proyecta en otro y se refleja con igual intensidad es como un sueño del que, por desgracia, se despierta demasiadas veces. Pero la lucha por el amor debe ser permanente y tenaz. El amor es dádiva y por ello se ha de encontrar la felicidad en verla en el amado. Pero también es necesario respetar el espacio, la libertad del otro. El amor encadenado o dependiente no es sino una obsesión amorosa, de posesión, no de pertenencia, que es lo ideal. Amar, proyectar el amor, es el más hermoso sentimiento de la naturaleza humana. La falta de amor es el origen de todos los males que nos acechan cada día...

¿Es, entonces, el amor su gran tema?

El amor está siempre presente en mi poesía..., y en todo cuanto hacemos. Su falta es la causa de todos los males que nos aquejan. Así pues el amor o su ausencia motivan felicidad, risa, llanto, opresión, desigualdad, odio, envidias, guerras., dolor... Es el eje positivo o negativo sobre el que gira la Humanidad. ¿Cómo no va a estar siempre presente en cualquier obra literaria, aunque algunos autores pretendan negarlo o acusarlo de tópico poético pasado de moda? “Quien lo probó, lo sabe”, como dijo Lope de Vega.

¿Qué ha hecho en el libro ’Damas’ o ’Cuaderno de damas’ (La fragua del trovador), que lleva dibujos en blanco y negro de Alberto Calvo, ‘Supermaño’?

Subrayar mediante poesía popular, ligera -aunque no por ello fácil- los 50 rostros de mujer, 50 misterios magistralmente plasmados por el ilustrador y pintor Alberto Calvo. Son 50 textos (codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus...) que pretenden no distraer al lector, sino conducirle a la imagen, subrayarla y están escritos en esas formas como un apunte que enmarque la expresión gráfica, pero no la solape. Un libro singular, primorosamente editado (la edición es limitada y numerada), en el que los autores hemos puesto mucha ilusión, trabajo y tiempo.

¿’Des-concierto’ (La fragua del trovador), su último poemario, es un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta?

‘Des-Concierto’ es un libro -con un gran prólogo de mi amiga y escritora Luisa Miñana- que hace un recorrido por varias fases poéticas, o tiempos, como si de un concierto se tratase (Allegro, Adagio, Scherzo y Rondó) con diferentes estados y colores poéticos, tal y como se desarrolla la música de una sinfonía. Pero con mi visión especial, “desconcertante”, que no desconcertada. Me conmueven estas frases de la prologuista: “...un conjunto de textos poéticos que le van a provocar temblor en el corazón, relámpagos de sabiduría para alimentar sus neuronas, y hasta algún que otro escalofrío recorriéndole la médula, como si fuera nieve o mariposas que ascienden por ella”. Como en la música -que personalmente me salva muchas veces del naufragio- hay que escuchar tanto las frases como los silencios y reflexionar sobre la arquitectura del libro y su evolución hacia ese “final” con un poema ‘La soledad del nadador de fondo’, que ciertamente es “una frontal llamada de atención sobre la condición existencial humana”, como dice Luisa Miñana.

¿Qué significa la poesía en su vida?

La poesía y la música (la ópera en este caso; escribo textos sobre ella en HERALDO) son pilares fundamentales que sostienen mi existencia.  Y deben enmarcar al amor. Sin amor –lo dije en cierta entrevista y lo repito- no es posible la vida.

 

*La fotografía de Miguel Ángel Yusta es de Columna Villarroya.

EL SIGLO DE JUAN RULFO

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Cuentos de domingo / Antón Castro

 

El siglo de

Juan Rulfo

 

“Me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos, como si fuera el vástago de un racimo de plátanos, y aunque sienta preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo”. Así se presentaba Juan Rulfo (Jalisco, 1917- México D. F.,1986) un año antes de su muerte a los 68 años. Este gran escritor se educó entre Jalisco y San Gabriel, y conoció la violencia constante y el hechizo de la lectura. Vivió algunos años con su abuela, que fue elegida por un cura para que preservase la biblioteca parroquial en su casa hasta que se recuperase la paz. Y así se forjó el gran narrador, que también residió en el orfanato, y publicó sus primeros cuentos en la revista ‘Pan’ de Juan José Arreola. Fue incapaz de concluir los estudios de Derecho y hubo de buscar empleo. Tuvo muchos; dos de los más estables fueron el de agente de inmigración, para la Secretaria de Gobierno, donde tenía la misión de localizar, aquí y allá, a los extranjeros ilegales, y el de fotógrafo (muy bueno), a partir de 1946. Estas dos ocupaciones le permitieron viajar mucho por todo el país, accedió a los grandes páramos y a las ruinas del pasado; bebió el lenguaje en las fuentes y supo del drama de existir, de la miseria, de la violencia. Todo ello, con un estilo peculiar, elaborado y a la vez popular, preñado de coloquialismos, pasó a sus dos libros. Los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953) son increíbles y tienen algo de preparación para su gran novela, ‘Pedro Páramo’ (1955), que posee una atmósfera poética de espejismo y de vida más allá de la muerte, de búsqueda del padre y de exclusión del paraíso. Más tarde, Rulfo anunció que iba a publicar los cuentos de ‘Días sin floresta’ y la novela ‘La cordillera’. Jamás lo hizo, apenas entregó pequeñas cosas, como el guion de ‘El gallo de oro’. Sus textos fueron llevados al cine; en la película ‘Pedro Páramo’, de Carlos Velo, la dirección artística es del oscense Julio Alejandro de Castro, guionista de Buñuel. Rulfo amó a Clara Aparicio, que le dio cuatro hijos y tres se llamaron Juan: Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos. Confesó que no había vuelto a escribir porque había muerto su tío Celerino, viajante y narrador oral, que era quien le regalaba sus historias. Quizá sea esa su ficción más perfecta.

 

 

06/03/2017 02:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SERGIO VILA-SANJUÁN: UN DIÁLOGO

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Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Dirige el suplemento ’Culturas’ de ’La Vanguardia y es uno de los grandes nombres del periodismo cultural, del que ha teorizado como pocos. Es experto en best-seller, en figuras como Carlos Ruiz-Zafón, un enamorado de la novela negra, y autor de tres novelas: ’Una heredera de Barcelona’ (Destino, 2010), ’Escrito en aire’ (Destino, 2013. Premio Nadal) y ’El informe Casabona’ (Destino, 2017), que presenta esta tarde en la librería Los Portadores de Sueños de Zaragoza, a las 20.00. (La foto es de Lisbeth Salas).

-¿Qué sucede de especial o literario en una recepción real del 22 de abril, qué sucede en tu novela?

Es donde fallece inopinadamente el magnate Alejandro Casabona, mientras el Rey –no se precisa qué Rey en concreto- está pronunciando su brindis. Esta recepción en Palacio brinda un marco fastuoso, un ritual potente y poco conocido y un microcosmos cultural abigarrado, que me parecían muy sugestivos y un escenario de primer orden para hacer arrancar la novela.

-¿Quién es Alejandro Casabona, qué tipo de personaje has querido retratar?

-Es un hombre de poder español, simpático y seductor, que ha vivido varias vidas en una: fue un activista antifranquista de la órbita monárquica en los años 40 y 50, un empresario enriquecido con el boom de los 60, un político de centro moderado en los años de la Transición y un mecenas de las artes, que crea su propio museo, en los últimos lustros. Se ha casado tres veces y ha mantenido incontables “affaires”. Según en qué periodo de su vida nos detengamos nos parece encontrar a un personaje u a otro muy diferente, tanto desde el punto de vista de las realizaciones como de la moral. Lo que me interesaba era precisamente esa pluralidad de perfiles, a veces casi opuestos, que pueden coexistir en una sola vida. En la literatura española no abundan los empresarios, y cuando aparecen a menudo es en forma de caricatura. Yo he intentado plasmar uno de indudable magnetismo, mostrando también su pragmatismo, a veces casi cínico, y por supuesto sus zonas oscuras. Y a través de su figura proponer una especie de fábula sobre la ética de la empresa.

-¿Qué le debe la posguerra y la transición a personajes como él? Parecían vivir en una constante contradicción…

-Casabona es un empresario dinámico y europeísta. A personajes como él se debe, en buena parte, la modernización de la economía española bajo el franquismo y también, el pacto social de la segunda mitad de los años 70. Hubo bastantes de este estilo, yo tuve la oportunidad de tratar a algunos. Era importante que tras la muerte de Franco la derecha política y el mundo empresarial contaran con figuras de diálogo, bien vistas o al menos aceptadas por la izquierda, que pudieran entenderse con las nuevas formaciones en emergencia.

El libro desarrolla, sobre todo en la primera parte, el método del periodista. ¿Ha sido una forma también de crear una pluralidad de voces, un relato coral encadenado y a la vez de presentar el ambiente familiar y de afectos de Casabona?

Quería acercarme a Casabona a través de testimonios complementarios y a veces opuestos, que es la forma periodística de intentar adentrarse en la verdad de una vida. Pero también quería crear figuras un poco arquetípicas: la Hija Ambiciosa, el Yerno Desleal, el Hombre de Confianza… Las figuras de gran poder, como Casabona, tienen a veces un efecto desvastador en su entorno más próximo, y mostrarlo era uno de mis objetivos. Con atención a los traumas de familia y a las posibles terapias psicológicas para superarlos…

-¿Cómo le marca la guerra civil a un personaje como él? Creas como una isla dentro de la novela, una novela dentro del gran relato.

Al principio me propuse no abordar la Guerra Civil, que es la gran referencia y el gran tópico, y sobre la que resulta muy difícil aportar miradas nuevas. Pero a medida que construía el personaje de Casabona me di cuenta de que resultaba imposible no mencionarla en la biografía de un empresario. La guerra civil es el gran momento de reconfiguración del capitalismo español en el siglo XX. Los empresarios que apoyaron a Franco luego rentabilizaron con creces su ayuda. Mientras que, en algunas zonas que permanecieron fieles a la República, como Cataluña, estalló la Revolución y se colectivizaron todas las empresas privadas de cierta importancia. Y también tras el final de la guerra hubo quien lo perdió todo. Obviamente hay que fijarse en lo que pasó entonces para entender muchos episodios posteriores. 

-Más allá de todo, hay un personaje fascinante: la tía Mery. ¿Cómo la ves, has querido que fuese la gran mujer en una libro pródigo en mujeres?

La tía Mery toma parte en otro capítulo olvidado de aquella época: el Socorro Blanco, que dentro de la Quinta Columna era una organización de fines humanitarios y de ayuda a religiosos y a gente que quería escapar. Mery consigue atravesar la guerra sin mancharse las manos y manteniéndose fiel a su propia conciencia. Su cristianismo vivido a fondo le lleva primero a desafiar la persecución religiosa, y después a oponerse a una Victoria sin compasión ni justicia. Me interesaba que Casabona experimentara la influencia directa de una persona íntegra como ella, que le transmitiera sus valores, y compensar así el relativismo y el materialismo del resto de su entorno.

-Habías escrito de tu abuelo y de tu padre en tus anteriores libros. ¿Has sentido la necesidad de inventar un cronista que se parezca en algo a ti en Víctor Balmoral?

Utilicé una historia real que le ocurrió a mi abuelo en Una heredera de Barcelona, y otra de mi padre en Estaba en el aire, pero los personajes de esas novelas no eran del todo ni mi abuelo ni mi padre. En El informe Casabona he puesto a trabajar un periodista cultural por dos razones: porque se trata de una profesión que conozco bien y porque para indagar en la vida de un millonario metido a mecenas cultural constituía la figura adecuada. Le he prestado a Balmoral un 15 o un 20 por ciento de vicencias mías, pero en todo lo restante es un personaje de pura imaginación.

-¿Qué ha sido más importante para ti, a la hora de la escritura, el peso del periodismo o el eco de un película como Mr. Arkadin de Welles?

En cada novela la estructura se adecúa a la trama: en Una heredera de Barcelona utilicé el recurso del “manuscrito encontrado”, unas supuestas memorias de alguien parecido a mi abuelo, reconstruyendo el lenguaje y los arcaísmos de un periodista conservador de los años 20. En Estaba en el aire primaba un estilo objetivista, al estilo de las novelas que triunfaban en aquella época, con un relato en tercera persona del presente. En El informe Casabona recurro a una estrctura de investigación biográfica, y la referencia al Welles de Mr. Arkadin, una de mis películas favoritas, resultaba obligada.

-Una de las anécdotas literarias más excitantes de tu vida fue un diálogo con Gala. Reaparece aquí. ¿Podrías recordarla?

Fue en el verano de 1980. Dalí se había encerrado en su casa de Cadaqués y ni aparecía en público ni recibía periodistas, algo rarísimo en él. Se decía que estaba sometido a una especie de secuestro por parte de sus periodistas y su temible esposa. Yo era muy jovencito, pero conseguí hablar con él por teléfono y publiqué en El Correo Catalán, donde acababa de entrar, una exclusiva que tuvo bastante repercusión, incluso internacional. Tras leerla, Gala llamó indignada; me abroncó a mí y pidió al director que me despidiera ya que según ella yo no había pedido permiso para transcribir mi charla, cosa falsa porque desde el primer momento me había identificado como periodista. Le mandé unas flores para congraciarme y ella entonces me invitó a subir a Cadaqués. Cuando llegué, me miró de arriba abajo y me despachó inmediatente. Nunca he sabido cuál fue el propósito de aquella extraña invitación….

Has estudiado las rutas literarias de Barcelona y su impacto literario… ¿En qué medida quieres dejar el tuyo, cómo es tu ciudad literaria?

La Barcelona que he intentado ir plasmando como novelista es a la vez muy tradicional y muy cambiante. Desde los círculos más elitistas y ritualizados, y por lo tanto muy literarios (clubes privados, viejas familias, mansiones de la zona alta), a los medios de comunicación que con su inmenso poder han transformado decisivamente la ciudad (y España, porque me interesa la Barcelona con más repercusión peninsular): la prensa en los años 20, la radio en los 50, la televisión en los 60. Pero el hilo conductor lo constituye siempre el de la Barcelona cultural, a través de su arquitectura, su pintura o su literatura, que para mí constituyen el alma de la ciudad. Y también las luchas emancipadoras que la ciudad ha vivido: por la justicia social, por la libertad y por la modernización. Dicho esto, y aunque Barcelona siempre está presente en mis novelas, no pretendo desarrollar tramas barcelonesas, sino historias que tengan un cierto simbolismo lo más universal posible. Barcelona es el paisaje, no el protagonista.

¿Para ser novelista y periodista es imprescindible no ir al gimnasio y trabajar en una Biblioteca un par de horas cada día?

(Sonrisa). Lo importante es maximizar el tiempo libre. Yo tengo mi casa a cinco minutos de la biblioteca donde escribo mis libros y a otros cinco de La Vanguardia, el diario donde trabajo, así que aprovecho a fondo el tiempo que no pierdo en largos transportes. Y no es que me enorgullezca de no ir al gimnasio ni hacer deporte, como inteligentemente hacen tantos de mis familiares y amigos, pero también es cierto que eso libera unas cuantas horas semanales para escribir que para mí resultan cruciales.

 

28/02/2017 14:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA PÉREZ HEREDIA: UN DIÁLOGO

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[El pasado viernes, en Los Portadores de Sueños, María Pérez Heredia, acompañada de Ignacio Escuín Borao, su editor anterior, presentaba su segunda novela: ‘Starman’ (Reservoir Books), la historia de un joven actor que logra conquistar el Óscar y decide ocultarse. Se relaciona con varias mujeres: Leigh, su primera novia, Jennifer Jones, su nuevo amor, Daphne de Havillond, su compañera de reparto, su propia madre, algo lejana, o su agente Stanley, todo un personaje. Se convierte en un personaje a la deriva, desubicado, que viaje, que huye, que narra su vida en primera persona. Así lo cuenta ella.]

-¿Qué significa para ti James Dean? James Dean es un icono, el símbolo del rebelde sin causa, con su chupa de cuero y su cara de pocos amigos. Además, al morir tan joven y de aquella manera, encarnó su propio lema de vivir deprisa. 

  

-¿En qué medida podría ser el referente de Clay Cassidy? Es curioso que, a pesar de ser un actor de cine de los años cincuenta, James Dean sea un referente para gente de mi generación. Para Clay, encarna esa manera de actuar sin dejar de ser uno mismo. 

 

-¿Cómo nace esta novela, querías contar un personaje más o menos errabundo, desubicado, o realizar un viaje por Estados Unidos? Esta novela nace, como tantas otras, de una anécdota: escuché la historia del jugador de baloncesto Lamar Odom, que un día decidió largarse y dejar de lado su vida, y me llamó la atención la posibilidad de que alguien tan famoso pudiera desaparecer sin que nadie tuviese muy claro su paradero. A partir de ahí, quise explorar esa huida y sus antecedentes.

 

 

-¿Qué te preocupaba: la vida de un personaje que no asimila el éxito, el espejismo de vivir, el dolor de existir? ¿Por qué parece que los personajes, casi todos, estén siempre enojados? Creo que esos tres temas sobrevuelan siempre la novela. Al final, esta es una historia de sentimientos humanos, de emociones que todos hemos sentido alguna vez. Es una historia sobre la soledad, sobre el dolor. No es que los personajes estén siempre enojados, es que es así cómo Clay los ve, quizá porque él sí que está enfadado con el mundo. 

 

-¿Has pensado en alguien que ganase un Oscar al mejor actor y le entrase una especie de pánico y acabase ocultándose? Bueno, hay muchas historias así, ¿no? Se me ocurre el caso de Penélope Cruz, pero seguro que ella tenía las cosas mucho más claras que mi personaje. Es distinto desaparecer unos días para huir del acoso mediático a estar fuera del mapa durante meses para escapar de uno mismo. 

 

-¿Por qué Estados Unidos de nuevo, algunos ecos del realismo sucio y, sobre todo, de John Fante? ¿Qué encuentras ahí, en caso de que encuentras algo especial? Bueno, es la primera vez que viajo a Estados Unidos en una novela. Encuentro allí muchísimos referentes cinematográficos y literarios, por ejemplo. Pero, en este caso, fue una elección práctica, impuesta por la historia que quería contar. Mi protagonista tenía que ser alguien que alcanzase un éxito arrollador de manera mi rápida, y pensé que Hollywood era el marco perfecto para esa historia. 

  

-Parece que te sientes muy cómoda en la primera persona. Lo haces aquí como en la novela anterior. ¿Es el lugar más cómodo o más sincero para contar la vida o lo que nos pase? Ni siquiera pensé que estuviese haciendo una elección: me parecía la mejor opción para contar la historia que quería contar. La primera persona, además, me permite cederle mi voz al personaje, algo que siempre me ha interesado mucho. No es que sea más cómodo, ya que te obliga a conocer todo lo bien que puedas al personaje en cuestión.  

 

-Hablemos de la estructura. ¿Por qué has utilizado esos capítulos desordenados, que no atienden a la cronología? ¿Qué buscabas? ¿Querías que la escritura definitiva del libro la hiciese el lector? Con esa estructura desordenada, quería recrear la forma caótica en la que los recuerdos acuden a la mente, a ráfagas, en fogonazos de imágenes. No pensamos de forma ordenada, o, por lo menos, Clay y yo no lo hacemos; de ahí la estructura.  

 

-No se sabe si Clay Cassidy es enamoradizo o en realidad no le importan mucho las mujeres. ¿Cómo ves su relación con Jen (Jennifer Jones), Leigh, la propia Daphne o esos amores fugaces tan curiosos como Marie, pongamos por caso? En toda la novela, solo vemos a Clay enamorado cuando se trata de Leigh. Y quizás ese es el problema que condiciona el resto de sus relaciones: no ha sido capaz de pasar página. Jen es para él algo conveniente, no cómodo pero sí excitante, mientras que con Daphne todo es más natural. El resto de chicas que pasan por la novela, muchas veces de forma fugaz, no son más que una sombra.                

  

-Hay un personaje clave en el libro. El agente Stanley Salomon. ¿Es  prototipo de Hollywood? Stan es uno de tantos otros agentes de Hollywood, con sus luces y sus sombras, con su obsesión enfermiza por el dinero y por el éxito. Para mí, es uno de los personajes fundamentales de la novela y también uno de los que estoy más orgullosa. No es que sea un prototipo de Hollywood, es que él y los tipos de su calaña son Hollywood. 

 

-Hay algunos juegos de espejos con el propio Hollywood. ¿Puede leerse en libro en clave de parodia de algún modo? Es una parodia o un retrato sobre el Hollywood frío y artificial, pero también intento reflejar el Los Ángeles más amable, con sus playas, sus drive-thru y todo lo demás. Es la ciudad en la que Clay se crió más que el Hollywood peligroso y descarnado al que luego se enfrentará. 

 

-Al final se impone un personaje nihilista, un buscavidas errante y con un corazón vulnerable y egoísta. ¿Tienes tú una visión negativa o dramática del mundo? Supongo que sin una visión dramática del mundo es difícil escribir, pero no creo que sea negativa. Tampoco creo que Clay lo sea, aunque a veces se empeñe por verlo todo muy negro. En el fondo, es optimista: ¿por qué iba si no a seguir intentándolo? No quiero revelar el final, pero, al final, así se presenta. 

  

-Formas parte de una nueva generación de narradores. ¿Crees que traéis una estética nueva, otra forma de mirar o de denunciar los males de la realidad? Espero que sí. Necesariamente, cada generación tiene que traer algo nuevo. Los tiempos cambian, también lo hacen los referentes estéticos y, de algún modo, ideológicos. Estoy deseando leer lo que está por venir, toda esa hornada de nuevos narradores, jóvenes, que aporten una manera distinta para mirar la realidad y lo que se escapa de ella. 

 

 

13/02/2017 00:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SUSAN SONTAG POR PETER HUJAR

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Esta foto de Peter Hujar, cuya obra se expone en la Fundación Mapfre de Barcelona, es de Susan Sontag.

 

01/02/2017 11:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en diálogo con Antón Castro, uno de sus últimos libros: ’Edad del insecto’ (Sd Edicions?, una amplia selección de su poesía de adolescencia y posadolescencia, que incorpora también sus dibujos.

-A propósito de ti se han ensayado muchas definiciones y retratos. Aquí Javier Ozón acuña otra: “Hombre de genio”. ¿Cómo debe entenderse, cómo lo entiendes tú?

 Deseo entenderlo tal como reza la 4ª acepción del Diccionario de la Academia: GENIO: “Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”.

 

-¿Qué es y qué quiere ser Edad del insecto’ (SD Edicions)?

 Edad del insecto es un libro muy bien editado que contiene dibujos y textos de adolescencia.

 

-¿Cómo entendías la poesía y la literatura en tu primera juventud?

 Poesía era sinónimo de literatura y la empleaba, como certero bálsamo, para acallar un molesto ruido que asolaba mi cerebro.

 

-¿Cuáles eran tus lecturas de ese instante? Aquí se cita a Saint John-Perse, a quien le haces un homenaje, pero a qué autores leía un raro como tú?

En principio leí lo que tenía a tiro, lo que me resultaba más atractivo de la biblioteca de mi padre (tratados de teratología, manuales de higiene castrense, atlas de anatomía, un opúsculo en el que se enseñaba a embalsamar), luego me interesé por la Historia Natural y, finalmente, llegué a Camilo José Cela y a Primera memoria de Ana María Matute. Perse y Borges vinieron después, fruto de laboriosas indagaciones en las librerías de viejo y de nuevo.

 

-Da la sensación de que eres un poeta experimental y lúdico. Jugabas no solo con el lenguaje, sino con la erudición, con la parodia y a veces creo que hasta con tu sombra.

El sentido del humor ha sido causa de que algunos coetáneos me colocaran en no sé qué listas negras; no estaba bien visto que un joven escritor burgués empleara esa herramienta. En cuanto a poeta experimental y lúdico he de decir que lo que nunca pretendí ser es un poeta original, la originalidad es cosa que conduce al aburrimiento y denigra a sus practicantes.

 

-Qué vínculos tenías con los ‘Novísimos’? ¿Qué les debes y qué te deben? Gimferrer dijo de ti que eras el “ala extrema de la escritura novísima”.

En 1962, cuando termino mi primer libro, De las condiciones humanas, no me consta que nadie escribiera de esa manera. Que los autores que se agruparon bajo el manto protector de Gimferrer y Castellet en la antología de los nueve Novísimos coincidieran conmigo en el modo de tratar la escritura es lo que se llama una confluencia; factores ambientales convierten a individuos morfológicamente diferentes en individuos etológicamente parecidos, es el caso del zopilote y el buitre, aves de alejada taxonomía pero de hábitos similares; han aprendido que para localizar la carroña lo mejor es remontarse en el aire y agudizar la vista.

 

-¿En qué medida para ti la literatura era un campo de pruebas y de transgresión?

La literatura era un empleo que me resultaba de fácil desarrollo y que me procuraba algunas satisfacciones. Recuerdo al profesor Pedro Piulachs, un reconocido cirujano del Hospital Clínico de Barcelona que ensayaba, entre amputación y amputación, la escritura de versos, cuando leyó lo que yo escribía y dijo en público, a voz en grito, en la salíta contigua al quirófano, que él daría una pierna, o un brazo, para logar escribir tal como lo hacía Ferrer, entonces estudiante de tercero de Medicina.

 

-¿Qué porción hay de humor negro en tu obra, te interesa, es algo que vemos los lectores solo, es una pequeña obsesión para ti?

Ese año estuve interno en la morgue del Hospital Clínico y, por otra parte, mi abuelo materno, de origen aragonés (todavía sigue en pie el caserón familiar en Uncastillo), tenía un sospechoso interés por la onomástica fúnebre, cosa que he heredado de él y de Cela, y para ejercitarla recitábamos las esquelas de La Vanguardia Española. También me aficioné de niño a los cementerios y en más de una ocasión soborné, ayudado por un condiscípulo aragonés (ahora me doy cuenta de mis inapelables vínculos con esta región), a las monjas que velaban los cadáveres, para abrirlos y extraerles vísceras para las prácticas de anatomía.

 

-¿Desde cuándo te han interesado tanto los animales, incluido los insectos, y por qué?

 

Desde niño la naturaleza, en especial la fauna salvaje europea, ha sido objeto de mi atención, despertada quizá por los libros alemanes que tenía mi padre profusamente ilustrados y por mi mismo padre que, pese a su condición absolutamente ciudadana, se sentía atraído por el campo, lo que supuso disponer de una masía y de un Land Rover para aventurarnos por los bosques.

 

-En una obra tan intensa y abierta como la tuya, ¿serían las bestias una metáfora de algo?

 Cuando en los años sesenta inicio el estudio de las grandes aves necrófagas y transporto semanalmente, desde el zoo de Barcelona, cabezas de caballo partidas, alimento para las fieras enjauladas, hacia el prepirineo de Lérida y Huesca, me acompaña en un par de ocasiones mi amigo Javier Marías. Nunca entendió por qué hacía aquello. Me preguntaba, desesperado, si yo ‘buscaba la cifra de algún desajuste emocional’ o ‘trataba de aniquilar mi mala conciencia’. Algo tan simple, para mí, como sentir placer contemplando el majestuoso descenso de esas criaturas o el proceso de eliminación de la carroña gracias a sus picos azulados, era algo que escapaba a sus presupuestos. Decididamente no soy un ser metafórico, voy siempre al grano.

 

-¿Cómo te ves a ti mismo al mirar atrás, al releerte aquí, cómo eres ahora como poeta, en qué has cambiado?

Veo que pintaba y escribía ungido por la ingenuidad, cosa mala; la ingenuidad es una forma de ignorancia. Ahora me preocupa no repetirme, estoy tensando demasiado la cuerda para desdecir el tópico de que en la vida sólo escribimos un poema. A ver si soy capaz de tirar pronto la toalla y no convertirme en un grotesco abuelito escribano.

 

-¿Te condicionó a ti la censura de algún modo específico?

 Cuando se habla de censura todos se refieren a ese periodo llamado franquismo en el que yo nací y en el que desarrollé la primera parte de mi vida literaria. No tuve problema alguno. Sin embargo en 2005 y 2006, años de la terminación e intento de publicación en Barcelona de mi novela Níquel, fui conminado, por mi agente literario, a modificarla y adaptarla al credo que imperaba e impera en Cataluña si quería que alguna editorial la sacara. Escribí hasta tres versiones y al ser todas rechazadas opté por guardar el manuscrito en un cajón hasta que conocí al editor aragonés que tuvo a bien publicarla. Esa versión, perfectamente edulcorada, se republicó más adelante por una conocido sello barcelonés.

 

-¿Desde cuándo dibujas y cómo defines tus tentativas? El libro tiene algo de libro objeto también. ¿Cómo lo ves?

Dibujé entre 1958 y 1970, mimetizando a los artistas de los movimientos de vanguardia, aunque también podría haber algo del automatismo de los garabatos que algunos alucinados trazan en las márgenes de las libretas del colegio y en los devocionarios. La edición de Edad del insecto es decididamente pulcra, fascinante; pienso que este libro sólo podía publicarse en estas condiciones, sólo podía publicarse de la mano de la diseñadora María Luisa Samaranch de Lacambra.

 

-A veces da la sensación de que Ferrer Lerín no para de crecer: en su obra y en su leyenda. ¿Tienes a veces la sensación de que has perdido un poco el tiempo y de que la fama y el reconocimiento te llega algo tarde?

Mi leyenda, a Dios gracias, parece que ya no crece más, o al menos intento que no siga creciendo de manera exagerada; estoy convencido que me ha perjudicado, que ha ocultado las posibles virtudes de mi escritura. El reconocimiento no llega tarde, ya que sólo llevo una docena de años como escritor profesional, pero sí es verdad que me llega tarde como ser vivo, porque, no nos engañemos, ¿cuántas entrevistas más podrás hacerme, amigo Antón Castro? Lástima que no sepamos con certeza si esta es la última, tendría un notable valor añadido.

 

*La fotografía es de Fran Ferrer.

31/01/2017 14:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA AMÉRICA DE TRUMP. POR GUILLERMO BUSUTIL

[La elección de Donald Trump meparece uno de los peores síntomas del lugar hacia donde va el mundo.  Es un personaje que representa lo peor -esencialmente no cree en los derechos humanos y lo ha vuelto a demostrar en su discurso de investidura-, pero algo tendrá para tantos estadounidenses que lo han elegido. Guillermo Busutil, en esos artículos-río, intenta aproximarse a su figura y lo vincula con el peor cine norteamericano. Me envía su artículo y lo traigo aquí. Lo que más me impresiona es cuando leo en la prensa española elogios hacia este personaje, que tendrá que cambiar mucho para ser un buen presidente. Elogios y esperanza. De entrada, el mundo desde sus últimas palabras parece un poco peor.]

Capitán América

Guillermo Busutil*  

'La Opinión de Málaga'.

Todo está en el cine. No existe amenaza o certidumbre de cualquier felicidad o apocalipsis que no tengan en la pantalla grande una producción de taquilla o una historia de autor. No hay abismo de la naturaleza humana que no posea un rostro inolvidable con el que recordar la crueldad, el miedo, la venganza, la locura o la muerte. Tampoco quedan posibilidades o consecuencias del poder político, económico, cultural, bélico o medio ambiental, sin una película cuyo título no haya acertado a ser un cristal visionario, la espesura carnal de la memoria, un contorno esquivo de la Historia o un viaje más allá de los límites intuidos. Adelantándose a su época en ocasiones, o documentando en otras, el poliédrico pretérito nos ha mostrado todo lo que somos y todo lo que podemos ser por mucho temor que tengamos a la pesadilla de imaginarlo.

El cine es el séptimo arte que no sólo sabe que la Historia es cíclica y se repite. También es la industria que nos vende los más impensables terrores y escenarios, que pueden aguardarnos al otro lado del viejo mapa de la felicidad o en el peor callejón de la realidad de atrás, cobrándonos la entrada y sin que nos demos cuenta de en qué nos están adiestrando. Ni siquiera le hace falta hacerlo con una cadencia de más de 14 imágenes por segundo, como con la leyenda del famoso experimento de James Vicary con el anuncio de Coca-Cola. Fahrenheit 451, Odisea espacial 200, La Naranja mecánica, Blade Runner, Minority Report, Gattaca, Los Juegos del hambre, Hijo de los hombres, La zona, El día después de mañana o Langosta nos han adelantado con décadas de diferencia hologramas narrativos de los tiempos que nos van llegando de soslayo, avisándonos de los modelos de sociedad en los que habrá que sobrevivir y reinventar un inestable modelo de convivencia. Incluso de fuga.

Lo de Donald Trump no iba a ser menos. Después de tener a un galán secundario y pésimo actor de Hollywood como Ronald Reagan a los Estados Unidos sólo le faltaba tener como cabeza oval a un rey del béisbol, a un descendiente de los sioux –bastante improbable porque se les reconoce menos que a los afroamericanos su identidad nacional– y a multimillonario. Trump ha sido el elegido, tenía más dinero a su favor. Y curiosamente algunas de sus facetas como su perfil de predicador que abduce el alma del profundo pueblo norteamericano, el que erige la biblia y el rifle a dos manos como raíces fundacionales de su concepto de lo patriótico, y su odio visceral hacia la inmigración y en concreto a la mexicana, podemos encontrarlas en El Duelo de Kieran Darcy-Smith. Un interesante western –el género que recoge la tragedia clásica y define más el concepto del héroe y lo fronterizo– en el que Woody Harrelson está inconmensurable en el papel de un predicador que rige un pueblo de Texas donde los habitantes siguen ensimismados sus predicciones, sus dogmas y cuyo odio a sus vecinos mexicanos e indios lo lleva a convertirlos en presas para cacerías humanas pagadas por gente de dinero.

 

No hará Trump ese tiro al plato pero veremos qué harán sus huestes policiales cuando se cierre el paso a la inmigración de la pobreza a la que no hay muro que la contenga, sin bajas de todo tipo a ambos lados. De momento su populismo a favor de los cabreados con las élites políticas de la capital y de los damnificados por la gran recesión económica ha tenido frutos y una fractura. La presidencia y un el país dividido en dos. Igual que ocurre con Gran Bretaña, con Europa y con España. El mundo fragmentado entre la clase rica y los pobres que, sin darse cuenta ni tampoco poder evitarlo, han sido divididos por los ricos en dos clases de pobres. Los que necesitan creer en senderos de gloria y en el Bienvenido Mr. Marshall de los que llegan a devolverles lo que le quitaron, y los que saben que los seguirá convirtiendo cada vez más en furtivos del bienestar y en excluidos de la sanidad como acaba de hacer Trump.

No entiendo cómo los ciudadanos continúan creyendo al lobo disfrazado de pastor. Y menos si éste se rodea de un gobierno que tiene más que ver con un consejo de accionistas de una gran multinacional -en el fondo es lo que Estados Unidos- que con un sanedrín de expertos curtidos en política. Hacia dentro poco importa su déficit en exigencias de equilibrios y justicias sociales. Las promesas son un espejismo o ¿acaso va a resultar que el gobierno Trump va a ser un gobierno de filántropos a favor del pueblo? Y hacia fuera el dinero es políglota, diplomático, agente secreto y sicario, si hace falta. Poco importa que el mundo financiero administre el poder porque el poder hoy es el mundo financiero.

Ha nacido una estrella. El nuevo Capitán América cuyo escudo protector contra el enemigo es el muro de la exclusión con el que pretende blindar la inmigración del vecino pobre, al grito de Estados Unidos para los norteamericanos. Stop a la carnicería. Sólo Trump entiende los eslóganes de Trump no se sabe acusando a quien. Tampoco sus votantes saben más allá de mascar tabaco, bailar country con cerveza las noches del sábado y formar rápido una patrulla armada hasta los dientes si le roban el banco el día de cobro, como refleja ese otro espléndido western contemporáneo que es Comancheria. Lo que importa es que la pasión del domador del demonio enardezca al pueblo y Trump imita a Burt Lancaster en feo pero con mayor convencimiento que el protagonista de El fuego y la palabra. Es difícil no acordarse de Hitler y de Jesús Gil al escucharle hablar de "madres y niños atrapados en la pobreza de nuestras ciudades, en fábricas como lápidas en el paisaje de nuestra nación€. han robado a nuestro país mucho potencial que no ha salido adelante", y contemplar el rostro emocionado de sus votantes. Muy parecido al de los campesinos y pescadores del Brexit. O al de los franceses que marcharán pronto contra la Bastilla de la République siguiendo el seno del Frente Nacional de Marina Le Pen, que veló armas de victoria ayer advirtiendo a la prensa que podría vetar a la que quisiera sin dar explicaciones. Conocemos la amenaza porque allí estaban los medios de comunicación, a calzón bajado sin rebelarse una vez más frente a la chulería antidemocrática. Nos hemos contagiado y creemos que la información a cualquier precio es nuestra patria.

Erase una vez América ya no existe. Entrar será más indagado policialmente. Ya no les bastará con preguntar en verde si uno tiene intenciones de atentar contra el presidente o con ser apartado de la fila si suena hispano su apellido. Las fronteras se irán blindando sibilinamente cada vez más. Cuando el poder escruta tan intimidatoriamente la prensa debería mantenerle al menos la mirada. Sin embargo resulta que no. El fantasma de la tibieza lo rige todo. Nadie quiere mojarse el primero. Los debates, como en España, más valientes a toro pasado. Incluso con Trump frente al que todos parecen inclinarse a dejar qué haga con el mundo en sus manos. Algunos periodistas piensan qué el establishment frenará decisiones extremas a nivel interior pero que otra cosa es si lo conseguirán en su tensión con China, con Oriente Medio, en las medidas que empleará en su batalla contra el terrorismo islámico y en sus enigmáticas relaciones con una Rusia cuya actuación en la sombra sigue cuestionando la legalidad del triunfo electoral de Trump. Dentro tiene sublevadas a las mujeres que marcharon ayer en su contra y fuera el mundo entero preguntándose si las barras y las estrellas no terminarán convirtiéndose en cenizas y diamantes. Capitán América o Gengis Trump.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

 

22/01/2017 19:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

KIRMEN URIBE: UNA ENTREVISTA

ENTREVISTA. Kirmen Uribe

El escritor vasco, nacido en Ondárroa (Vizcaya) en 1970, es Premio Nacional de Narrativa de 2009 por su novela  ‘Bilbao-New York-Bilbao’ (Elkar / Seix Barral). Ahora publica una ambiciosa novela familiar, de luchas y exilios, ‘La hora de despertarnos juntos’, que presenta hace unos días en la librería Cálamo de Zaragoza. (Aquí lo vemos en una foto con Aritz Aduriz, el goleador del Athletic de Bilbao).

-¿Quién es Antonio Gezala? ¿Cuál es su importancia en el arte vasco? 

Antonio Gezala, aunque desconocido, es para mí uno de los grandes pintores de los años 20 en el País Vasco. Es un autor que pinta escenas de ciudad, en este caso Bilbao, pinta accidentes de tranvía, cargueros descargando su carga en el puerto de Bilbao... No pinta escenas de campo costumbristas. Además, introduce el movimiento en sus cuadros. Es muy moderno, fue amigo de los Delaunay y se nota su influjo.

 

-¿Qué encontraste en ese cuadro, ‘Noche de artistas en Ibaigane’, 1927, qué tiene de particular para ti? 

Primero, el cuadro me enamoró cuando se mostró por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, porque representaba una escena nocturna, una fiesta de disfraces de los años 20 con un grupo de jazz al fondo... Me recordaba la atmósfera de El gran Gatsby de Fitzgerald. Y la gran sorpresa fue descubrir, años más tarde, que el que tocaba la trompeta en ese grupo de jazz era precisamente Txomin Letamendi.

 

-En realidad, según el leve prólogo o introducción, parece que todo empezó hacia el 2010 al recordar a una amiga de la familia. ¿Qué encontraste en su historia que no te había interesado antes? 

Así es, fue en un viaje que hice a la Universidad de Brown junto al escritor Iñaki Uriarte y su mujer. Me apetecía escribir una novela más extensa, más ambiciosa literariamente y que tuviese como centro la vida de una mujer y pensé en cómo mi madre me hablaba de lo que había vivido una señora del pueblo Karmele Urresti, casi un siglo de vida, con la Guerra Civil y la II Guerra Mundial como trasfondo, dos exilios, la conexión con los servicios secretos americanos... Y empecé a investigar.

 

-La presentación de los personajes te permite contar la historia de las navieras vacas: los Urresti, los de la Sota. ¿Cuál es la importancia del mar, también en un sentido simbólico, del mar para Euskadi? 

El mar para mi es fundamental. Creo que en parte soy escritor por haber nacido pegado al mar. Mi padre y mis abuelos eran marinos. El mar hace que puedas soñar con otros mundos. Cuando eres niño te regala cosas, unas veces te trae un delfín a la playa, una foca, un barco que embarranca en la playa después de una tormenta. El mar siempre te da algo diferente, algo extraordinario que te saca de la cotidianidad. Son muchos los estímulos. Y eso para la imaginación de un niño es una bomba.

 

-Hablemos de Txomin Letamendi: trompetista, elegante, más o menos reconocido, un tanto utópico y comandante del ejército republicano. ¿Qué te atrapó del personaje? 

 Me atrajo que era un artista, un bohemio que por circunstancias de la vida tiene que meterse a miliciano y luego es captado para los servicios secretos. Tuvo una vida muy novelesca aunque sufrió muchísimo y acabó en las cárceles de la dictadura, en los años más oscuros. Pero creo que ante todo era un idealista que amaba la vida. Tuvo mala suerte, fue un "perdedor", pero es que a mí me interesa mucho más contar la historia de la gente que ha sido dejada de lado, de gente olvidaba que hablar de los que les va bien en la vida.

 

-¿Cabría decir de él que fue un soñador, un resistente, un temerario o un cultivador de la utopía? 

Las cuatro cosas a la vez, por eso me gustaba como personaje. No creo en los personajes planos, lineales, me gusta hablar del ser humano en su complejidad, con sus luces y sus sombras.

 

Para mí el gran personaje del libro, el que me fascina todo el tiempo, incluso en su compleja relación con las mujeres (que se explica en una ocasión al menos), es Manu de la Sota. ¿Qué hay de ese personaje, fue así o hay un proceso de sublimación por parte del autor? 

Bueno, los familiares me dijeron que lo había puesto mejor de lo que era en realidad. De la manera en que yo lo veo es una personaje increíble, es de los que más me gusta de la novela: culto, elegante, cosmopolita... Fue una persona que creyó realmente en la democracia y la libertad y luchó por ella, fue uno de los primeros en establecer contactos con la administración Roosevelt, se presentó el día de Navidad de 1940 en la Casa Blanca con unos niños vascos que cantaron un villancico en euskera al presidente y su mujer, conoció a Hemingway, a Thomas Mann... Y luego viene la decepción porque los EEUU apoyan a Franco en los 50, se retira a su casa en Biarritz, cerca de faro, a estudiar clásicos vascos... Un personaje maravilloso.

  

-Otro gran personaje –más allá de los protagonistas, claro- es Agirre, el lendakari: refinado, conciliador, perfeccionista y con un gran amor por su tierra. ¿Es como el líder de un país imposible, el hombre que lo da todo por un ideal? 

Pero el Agirre que aparece en la novela es un Agirre humano, que está aterrado porque su inglés no es bueno y se tiene que entrevistar con el rector de Columbia William Butler, un Agirre nervioso, que fuma mucho... Y también un luchador por la democracia y las libertades que nunca dejó de lado a su pueblo. Es el drama de un hombre que creyó ciegamente en los aliados pero que luego lo dejan de lado por razones de geopolítica mundial.

 

-¿Has tenido siempre claro que querías plantear el libro como una suerte de novela-reportaje, con diarios, en la que ibas a intervenir como autor a la manera de Cercas, Carrère o Coetzee, por poner algunos ejemplos? 

Sí. Me gustan mucho esos autores, también Siri Hustvedt o Laurent Binet. Creo que era necesario mantener los nombres reales en la novela, si no, no hubiera sido creíble o verosímil. Podría haber hecho ficción con la misma historia, una novela al uso, pero no hubiera sido honesto conmigo mismo. Quería que en el libro apareciera lo que vivió esta generación, la gente que luchó durante la II Guerra Mundial y el duro franquismo, que la hubo, y también los nombres de los "inquisidores", de los represores.

 

‘La hora de despertarnos juntos’ es una novela de espías, de un pugnaz y torpe espía, Txomin Letamendi. ¿Fue así el espionaje contra Franco, se corrían tantos riesgos, había también tanta ingenuidad? 

 Creo que eran los que eran y no tenían otra salida. Era luchar o conformarte con lo que había, que era la dura dictadura. Imagínate, un músico fue comandante de gudaris en la Guerra. Pero es que todos eran así... era un ejército sin ninguna formación, que en ningún caso pudo oponerse a la fuerza del ejército sublevado, con formación, con el apoyo de Alemania e Italia...  La única guerra que podían ganar era la de la opinión pública, sobre todo fuera, en Europa y EEUU, y esa sí que la ganaron, hasta que llegó la Guerra Fría y los EEUU se obsesionaron con el comunismo.

 

-¿Es una novela sobre los sueños rotos o sobre los exilios, la pérdida de la patria una y otra vez? 

Es así. Pero creo que nunca se rindieron totalmente. Me gusta la idea de Susan Sontag cuando dice que ninguna lucha por la libertad es vana, uno puede tener la sensación que no tiene nada que hacer, que no va a conseguir nada, pero esa misma lucha luego puede tener su reflejo en otros sitios del planeta o en otros tiempos... Es así como hemos avanzado en los derechos civiles, a base de batallas perdidas.

 

Tú también eres poeta. ¿Cuál es la importancia de la poesía en un texto que parece claramente épico? 

 Es un texto que tiene de todo. Tiene 178 capítulos con diferentes lenguajes, pueden ser poéticos, con un lenguaje más de crónica, otros son científicos... Hay de todo. A mi me gustan las novelas plurales, coincido con Milan Kundera cuando decía que las novelas tenían que combinar la narración con el reportaje, el pensamiento, la autobiografía y la ensoñación. Y la novela tiene estos cinco elementos.

 

Ahora que se debate tanto sobre la realidad y los usos de la ficción, ¿cuál es o debiera ser la mirada del novelista sobre la historia? 

La mirada del novelista es siempre su propia mirada, es una mirada individual que se fija sobre todo en los seres humanos más que en los grandes acontecimientos humanos. El escritor está siempre junto a la persona que sufre, y retrata siempre su complejidad. Me interesaba contar como la Historia condiciona fatalmente la vida particular de estas personas y contarla yo mismo, como individuo. En la novela yo no dirijo a mis personajes como un narrador omnisciente, es todo lo contrario, son los personajes los que me van guiando.

 

Hablar de la memoria es casi un tópico, pero quizá sea otro elemento capital. ¿Qué relación existe para ti, o cómo la desarrollas tú, entre literatura y memoria? 

 La memoria es fundamental en literatura, creo que la literatura se nutre de memoria e imaginación, y cómo el novelista va modificando aquello que recuerda para crear ficción.

-Por cierto, leí una cosa que me interesó mucho: “La literatura es lo que se lee entre líneas”. ¿Podrías aplicarlo esta novela? 

 Yo creo en un lector inteligente que va completando las novelas. En mi novela hay muchas cosas que no se cuentan pero que el lector intuye y hace su propia lectura. Además, lo que ha pasado es que mucha gente ha empezado a hablar del pasado de sus familias a raíz de la novela, hay historias increíbles en cada familia, y es bueno que se hable de ellas.

 

-Escribes en vasco y tienes un inequívoco compromiso con la lengua y con el territorio. ¿Cómo ves y cómo sientes el País Vasco, qué queda de ese espacio lleno de sombras, que aquí narras, y cómo se remonta la gran herida del terrorismo?

Primero hay que ponerse en el lugar de los que más han sufrido, las víctimas, compartir su dolor y luego tratar de comenzar un diálogo entre diferentes, basado siempre en el respeto al otro.

 

*La foto http://www.elcorreo.com/noticias/201511/04/media/cortadas/aduriz-kirmen--575x323.jpg

21/01/2017 11:24 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MAGDALENA LASALA Y LOS AMANTES DE TERUEL: MITO Y NOVELA

Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958) fue la primera sorprendida cuando desde los Libros de la Esfera le invitaron a escribir una novela sobre Los Amantes de Teruel. “Pensaba que estaba todo dicho, pero acepté y me sumergí en un minucioso trabajo de documentación, como se ve en la bibliografía. He invertido un año. En enero empecé la redacción y entregué el libro en septiembre. He escrito una historia realista, con carne, huesos y emociones, de dos jóvenes que transgredieron las convenciones de su tiempo y que intuyeron que estaban unidos por el destino”, dice, y añade que con la presentación de ‘El beso que no te di’ el próximo 26 de enero en Teruel arrancarán los actos de conmemoración de los 800 años de la de la muerte de Isabel de Segura (1197-1217) y Diego Marcilla (1190-1217).

-Hace unos días, en la contraportada de HERALDO, Francisco López Rajadel decía que la historia de los Amantes es ficción.

-Podría ser. Para mí no es sustancial. Lo poderoso es el mito y en ese sentido Diego e Isabel existieron. En mi novela he mantenido sus nombres porque la leyenda es muy poderosa. Y lo que yo he pretendido es dar a su relato una justificación histórica, un contexto social, con todos los elementos y los personajes principales y secundarios. Teruel estaba naciendo, contaba con sus fueros, empezaba a ser un burgo y a la vez era un territorio de frontera.

-Ha elegido tres voces…

-Sí. La de Isabel, la de Diego y la de Elvira, que es el aya de Isabel, la criada de su madre que, poco a poco, se convierte en decisiva en la vida de la familia Segura hasta el punto de que asiste al nacimiento de la niña. Elvira, por decirlo así, es esa voz omnisciente, testigo y confidente, de cuanto ocurre.

-¿Como es la voz de Diego y cómo es él?

-A mí me gustan mucho las voces que salen de adentro. La voz de Diego es epistolar: está relacionada con las cartas que le envía a su amada desde la distancia, en esos casi cinco años en que está lejos, al servicio de Pedro II. Piense que los Marcilla habían caído en desgracia ante el rey Alfonso II y su esposa doña Sancha, y tanto Diego como su hermano mayor quieren resarcirse y aumentar su consideración social. Dicho esto, Diego es apuesto y audaz, es distinto y destaca en su entorno.

-¿Qué diría de Isabel?

-Creo que era una mujer inteligente que tenía una mirada espiritual que iba más allá de la religión. Poseía una capacidad especial de penetración que le permitía entender el momento que vivía, su situación personal. Es una mujer adelantada a su tiempo, por decirlo de algún modo. Su voz es más íntima: ella habla de sí misma, de su intimidad, de su pasión (a través de cartas que no le manda a su amado) y de su familia y de sus amigas.

-¿Cuál sería la novedad de sus enamorados, en qué son diferentes de la tradición?

-En la novela funcionan como lo que son: dos arquetipos. En el libro se habla mucho de los orígenes de la ciudad de Teruel y de su fundación, y yo vinculo a Diego y a Isabel con el mito fundacional del toro y la estrella. En cierto modo, hay una identificación del toro y de la estrella con ellos. Habló aquí de un ritual de origen cretense vinculado con el toro: un día, mientras intentaba someter al animal, el habilidoso Diego mira a través de la medialuna que hacen los cuernos con la cervizx a Isabel y se queda prendado. Lo impresionante es que todo Teruel se da cuenta de ello. Es un enamoramiento público. Y ahí empieza la historia…

-Creo que usted dice que, en realidad, se habían conocido de niños.

-Es una de mis suposiciones, sí, pero con el paso del tiempo se olvidaron. Una de mis teorías, creo que fundamentadas en la novela, es que ambos fueron gente formada, que conocían la poesía de los juglares, la lírica cortesana, los ‘Libros de Horas’ de la reina Sancha y que recibieron ambos clases de los maestros reales.

-¿Se olvidan?

-Sí. Y se reencuentran en ese ritual del toro, que tiene mucho que ver con los recortadores de ahora. Desde entonces empieza su historia de amor.

-¿Qué quiere decir?

-Que se amaron, que se citaron, que se besaron alguna vez, que disfrutaron de un momento muy especial en el jardín. He intentado que ‘El beso que no te di’ sea un libro carnal, vibrante, sin sexo, claro, una novela marcada por el ‘fatum’, por el destino. Y, en cierto modo, podría decirle que la novela es una tesis sobre el amor y los amantes.

-¿Tanto?

-Es una licencia literaria. Piense que Diego e Isabel estuvieron cinco años separados, sin posibilidad real de comunicación. Si el amor es comunicación esencialmente, ¿cómo mantuvieron firme su llama? Imaginar esa ausencia y desarrollarla ha sido toda una experiencia para mí. Este esun libro de encargo pero puedo decirle que ha sido una de las experiencias más estimulantes que he tendido en mi vida de escritora. Además, he tenido que hacer un camino inverso…

-¿Un camino inverso? ¿A qué se refiere?

-El lector ya sabe el final. Y ahí tampoco me he esforzado mucho. He aceptado lo que se supone y lo cuento con contención. En cambio, intento seducir al lector de otro modo: que cada paso que dan los personajes sea interesante, que atrape. Ahí he trabajado mucho y creo que puede haber momentos en que al lector le habría encantado modificar las historia: salvar a los amantes, alejarlos de la tragedia. Yo he seguido aquí una estructura shakesperiana: prólogo, presentación, desarrollo del conflicto, deselance y epílogo. Una novela en cinco actos. Si dices “Isabel y Diego”, también piensas en ‘Romeo y Julieta’, pero yo he tenido más en la cabeza a Hamlet. En algunos aspectos, Diego puede hacer pensar en Hamlet.

-¿Ha tenido otros libros en la cabeza?

No. Cuando escribo prosa no leo prosa, leo poesía. Y durante la redacción de la novela leí mucho la poesía de Idea Vilariño, una poesía dramática e intensa marcada por sus desencuentros con Juan Carlos Onetti, y también los ‘Sonetos’ de Shakespeare. Los Amantes de Teruel pertenecen a los primeros turolenses y ellos son el primer recuerdo que Teruel puede considerar propio.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.aragondigital.es/not/2013/6/5/img/img1084013s.jpg

20/01/2017 11:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO FERRERÓ: UN DIÁLOGO

[Recupero esta entrevista publicada en 'Heraldo de Aragón' en 2007 con Fernando Ferreró, que cumplirá este año 90 añosa, porque Prensas Universitarias de Zaragoza, en la colección Larumbe, publica su 'Obra poética completa', con edición de Julio del Pino Perales.]

Clásicos y modernos

FERNANDO FERRERÓ

"Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace más rica"

"En mi poesía, hay una descripción de lo que veo y de lo hay en mí. Es una poesía en drama y una escritura seca"

"Miguel Labordeta me había llevado, de niño, en su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano"

"Descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para los basureros, la gente llana, para el pueblo"





Fernando Ferreró (Zaragoza, 1927) es poeta, pintor y escultor. Y, acaso, uno de los hombres más misteriosos del llamado grupo Niké. Ha publicado diez poemarios y ha realizado varias exposiciones. Estos días aparece su libro "Secuencias y escenarios" (PUZ).

Sabemos muy poco de usted. Siempre ha sido como escurridizo, discreto, tímido.

Nací en Zaragoza en diciembre de 1927. Acabo de estrenar los 79 años. Mi padre, Ángel Ferreró, era de Valjunquera, pero tenía tierras en Fórnoles (Teruel). Era maestro, había estudiado Pedagogía y había asistido a cursos específicos en Madrid de Ortega y Gasset y María de Maeztu. Daba clases en el colegio Ramón y Cajal y tuvo de alumno a Manuel Alvar, del cual fui muy amigo, igual que de su hermano.

¿Julio Alvar, dibujante, antropólogo...?

Sí, recuerdo que con él y con José Luis Pomarón nos íbamos de tabernas de cuando en cuando. Nos poníamos a dibujar, luego dábamos los dibujos al dueño y él no nos cobraba la merienda. Mi madre, Paulina Gloria Tolosa, era maestra en el Buen Pastor. Vivíamos en la plaza de San Cayetano.

¿Cómo fue su infancia?

Estuvo marcada por la Guerra Civil, por una accidentada preguerra y por mi carácter. Piense usted que estábamos cerca del Mercado Central, que era zona problemática, una zona de frontera. Hacia un sitio estaba la revolución; hacia el otro, la vida burguesa y apacible. Siempre había escaramuzas, manifestaciones, huelgas. En la puerta de mi casa, hubo un piquete de soldados con ametralladora. Mis padres vivían en el colegio del Buen Pastor. Más tarde, nos trasladamos a la calle Ramón y Cajal, donde están ahora los bomberos.

Señala, también, que de su carácter derivó su desdicha. ¿Qué quiere decir?

Yo era un niño inclinado hacia la melancolía. Distingo entre temperamento y carácter. El primero nace contigo, forma parte de ti, y el carácter lo vas moldeando tú. Creo que logré cierta superación de la melancolía, y esa superación también se percibe en mi poesía. Yo me siento optimista, alegre, vital en muchos momentos, aunque siempre sea de una manera sesgada.

¿Sesgada?

Soy un hombre que no me comprometo nunca demasiado. Pero también pienso que la poesía puede acabar en sí misma, que no es imprescindible que tenga una proyección social.

¿Por qué nunca se compromete?

El gato escaldado del agua fría huye. Pues yo, igual. He tenido algunas experiencias amargas. Quizá Pío Baroja tenga una parte de culpa: he sido un gran lector suyo y me contagió su desconfianza. Parecía estar escarmentado del mundo, con desagrado, como si estuviera mal hecho.

¿Halló remedio a la melancolía?

Sí, creo que sí. Con el tiempo, con un poco de sentido común y con algunos libros. Primero descubrí, con diez años, "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez y me conmovió. Yo estudié en Corazonistas y un año en el colegio de Santo Tomás. Allí, descubrí un poema de Bécquer que me trastornó: "Cuando ves en el azul horizonte...". Tenía trece años. Empecé a escribir poemas. En la Guerra recibí clases en mi casa.

¿Cómo le fue en el colegio de Santo Tomás?

Muy bien. Allí, coincidí con Miguel Labordeta y con Ildefonso-Manuel Gil, que me abrieron los caminos de la literatura. A Miguel ya lo conocía del barrio. Nos habíamos criado juntos casi, puerta con puerta. Él era seis años mayor que yo. Y más de una vez me había llevado en el sillín o en el asiento trasero de su bicicleta a dar vueltas por la plaza de San Cayetano.

¿Y luego?

Hice Letras aquí, con profesores como Francisco Ynduráin y Eugenio Frutos. A la vez, colaboraba en revistas y escribía algunos poemas. Teníamos una tertulia en el café Levante, organizada por el periódico "Domingo". Estábamos el crítico de cine Manuel Rotellar, el poeta y anticuario Fermín Otín, etc. De Zaragoza marché a Salamanca, donde permanecí tres años. Y allí me empapé de la poesía del 27, de la de la generación de los años 40... En uno de los cursos estuve pensionado, en el verano, en Perugia, Italia. Y descubrí al gran poeta Eugenio Montale, en quien sigo hallando una afinidad y una sintonía con mi poesía.

¿Tuvo un significado especial la estancia en Salamanca?

Significó un encuentro más profesional con la poesía y la literatura. Los compañeros casi todos eran chicas, así que fui un estudiante perpetuamente enamorado. Me identifiqué con Castilla por amor a la Generación del 98. Hice el doctorado, pero no llegué a realizar la tesis. Fui auxiliar de Gustavo Bueno y de Fernando Lázaro Carreter, que siempre me trataba de usted, a pesar de que ambos éramos de Zaragoza y de una edad parecida.

He leído que dio clases en el colegio de Santo Tomás de los Labordeta.

Di clases de filosofía un curso. Dos horas a la semana. Miguel tenía un trato de favor hacia mí. Recuerdo que me regaló su primer poemario: "Sumido 25". Luego trabajé como ayudante de Eugenio Frutos, pero descubrí que yo tenía una vocación de enseñar literatura para basureros, para la gente llana, para el pueblo. No era un especialista y veía que la enseñanza literaria estaba demasiado sujeta a la investigación y a la erudición.

Y consiguió una plaza de profesor de Literatura en Benicarló.

Sí. Permanecí seis cursos. Entre 1955 y 1960. Aquello supuso el descubrimiento del Mediterráneo, otro tipo de vida, una nueva sensualidad, otra luz. Colaboraba en algunas revistas como "Orejudín" y "El molino de papel". Un día, José Antonio Labordeta, de quien era muy amigo, me pidió un libro para su editorial, y le di "Acerca de lo oscuro" (1959). Y al año siguiente, me llamó Joaquín Mateo Blanco y me pidió otro para Coso Aragonés del Ingenio, y le entregué "Hacia tu llanto ahogado" (1960).

¿Cómo era esa poesía?

Acusaba la falta de formación. Yo no tenía una visión clara de la lírica. Se veía el influjo de Juan Ramón Jiménez, Rainer Maria Rilke y Pedro Salinas. Creo que eran libros un poco ininteligibles.

Ya frecuentaba el café Niké, ¿no?

Sí, sí, claro. Venía los fines de semana y me integraba. En vacaciones, casi todos los días. Nos instalábamos al fondo, y hablábamos de todo menos de poesía. Había jóvenes poetas que sólo acudían el sábado y el domingo, y para ellos era muy importante. A veces, se leían poemas, pocas veces, y se oía una voz al fondo que decía: "¡Vaya mierda!". Miguel Labordeta venía los sábados por la noche: hablábamos, reíamos y salíamos a pasear por la ciudad a las tres de la mañana. Era una vida alegre.

He oído decir que durante el noviazgo de José Antonio Labordeta y el de Juana Grandes usted hacía casi de carabina.

Éramos grandes amigos, sí. A la madre de José Antonio le gastaron la broma de decir que para la luna de miel ya habíamos sacado los billetes para los tres. Los acompañaba a la playa en Tarragona, también venía Miguel. Era una relación entrañable.

En "Poetas aragoneses del grupo del Niké", Lorenzo de Blancas lo elogia y alude a su boda y a "la curación de todos sus psicológicos males". ¿A qué se refiere?

Siempre pensaba que me pasaba algo malo. Un día pensé que tenía leucemia. Tenías las manos amarillas y me asusté. Era porque me había puesto unos guantes amarillos, ja, ja, ja. Para entonces, ya vivía en Alfaro. Obtuve allí una plaza de profesor y permanecí hasta 1975.

Allí, descubrió el amor definitivo.

Llevaba una vida somática, placentera, de campo. Jugaba mucho al dominó, iba al café, paseaba, disfrutaba de buenas merendolas. De nada me arrepiento. Además, pintaba, algo que he hecho toda la vida. Y empecé a hacer escultura. He pasado por distintas fases: el expresionismo, el cubismo abstracto, el arte naïf, el arte bruto.

Hablemos de amor.

Conocí allí a una joven profesora de Zaragoza, Pilar Nogales, 20 años más joven que yo, y me enamoré. Fue un noviazgo largo e intermitente, que me llevó a cometer algunas locuras. Me casé con 50 años. He conducido literalmente de pie para no dormirme, cantaba, berreaba, abría las ventanas. No creo que me lleven a la cárcel por esto: una noche volvía a Alfaro y me pasé en la autopista, un kilómetro exactamente. Eran las tres de la mañana, y regresé a la salida marcha atrás. Hice un kilómetro completo. No venía nadie, eso sí.

Regresó a Zaragoza, trabajó de profesor de Lengua y Literatura en un instituto y recuperó su carrera poética.

Estuve más de 20 años sin publicar nada. En 1982, recogí y rescribí mis dos primeros libros, con nuevos poemas, en "De la cuestión y el gesto" (1982). Pero mi carrera literaria empezó de verdad en "La densidad implícita" (1988), que se completó con "El texto mínimo y Perfiles" (1988) y "El paisaje continuo" (1989). Ya conocía bien a los expresionistas alemanes como Paul Celan. Vaciaba lo que estaba dentro de mí.

¿Para quién ha escrito?

No he hecho una poesía asequible, es verdad. En mi poesía, hay una descripción de lo que veo en el exterior y de lo que hay en mí. La mía es una poesía en drama y una escritura seca: siempre hay una lucha con el ámbito, con una serie de elementos que dialogan entre sí, que tienen sus sentimientos, sus opiniones y sus esperanzas.

Su obra plástica es muy diferente a su obra poética. ¿Por qué?

Soy un hombre escindido. Pero he visto que no hay tanta diferencia. Mis libros se van organizando mediante fragmentos con un sentido claro en la estructura. Y en la obra plástica me ocurre algo semejante: encuentro cosas, utilizo fragmentos acabados e independientes y los voy uniendo en un todo. Mis objetos son construcciones, como mis poemas.

Camina hacia los 80 años. ¿Que desea?

Vivir más. Estoy satisfecho de la vida. Soy moderadamente feliz y Zaragoza me encanta, incluso creo que ha mejorado el clima. No tengo resentimiento hacia nada ni hacia nadie. La música clásica me llena, paseo con mis amigos, escribo. Soy completamente anárquico. ¿Una retrospectiva de mi obra artística? Ni lo pienso. Soy demasiado perezoso, salvo que me lo dieran todo hecho... Tampoco soy tan vanidoso. Tengo la sensación de que a medida que envejezco la vida se hace mucho más rica.

 

 

16/01/2017 22:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRES POEMAS DE JAVIER RAMÓN JARNE

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Francisco Javier Ramón Jarne publica en Olifante 'La lentitud del frío'. Al libro pertenecen estos tres poemas.

 

 

 

Una vez tuve sueños

 

Me he desperdigado por los cuarteles de invierno

con mi gemelo inverso en la consagración del bosque

olvidado, como viento adolescente cuajado de polen

sanguíneo, dándome, como pasto a feroces arpías,

como señuelo a  clérigos acostados en cal viva

al otro lado de las puertas dolientes, a la intemperie

de dios.

 

Me he derramado como vino sobre losas sabatinas,

irremediable, alcanzándome en la huida, he volcado los cántaros

que el amor había puesto en las estancias donde

me cobijaba la noche.

 

He roto el sello que el secreto de unos labios azules

había puesto en el hipocampo a los abandonados huesos.

Para que naufragasen los pensamientos asesinos,

extendí las brújulas en los horarios de los trenes,

y puse veletas entre sabanas hasta desbocarme

con palabras que me esperaban

rebotando en el vacío.

 

Nada he logrado y mi memoria se pudre en un camino de silencio,

como los sueños de juventud.

 

 

Bulimia

 

Sé que eres adicta al vómito

por tus brillantes lágrimas sobre la piel blanca,

porque lloras con todo tu cuerpo  como las serpientes,

desde la humedad de la noche inmóvil

hasta la  abrasadora luz  que hierve en los delirios,

eres un avefría llena de soledad.

Huyes de los espejos porque en ellos se refleja la carne mórbida,

la exuberancia de las viejas concubinas,

la grasa flotando en los estanques amarillos de la pereza.

 

Te acuchillas con palabras oxidadas en la infancia,

concupiscencia,  molicie, ociosidad,  inflaman el vientre.

Tu nombre aparece en el libro de las violaciones,

pero en tu piel no florece la sífilis.

Me conmueven las heridas abandonadas

en la  luz.

 

Viajas hasta el fondo de cántaros llenos de angustia.

Tus caballos sin freno y el sexo aspirando el mar.

Buscas la culpa en  lavabos anónimos,

devoras la sustancia del hastío.

 

 

Me conmueven tus vómitos

porque flotan  en  la oscuridad  como peces muertos,

alargan el viaje en el insondable invierno,

hacen más deseable la fruta de tu boca,

de tu herida.

 

Tus vómitos son el llanto que corta como un cuchillo.

 

 

Reptiles

Como la iguana en la roca, el viejo inclinado

sobre el cuerpo blanco huye del frio,

también de la sequedad,

por eso busca el agua de su boca y de su lengua,

el olvido en el vientre deshabitado de la mujer autómata.

Piensa, ella es un animal que me ha visto desnudo,

y siente asco de sí mismo.

Ella piensa, este cuerpo en su decrepitud

está desnudo junto a mi desnudez, y siente asco de él.

Pero tras las máscaras el rito se consuma en los desagües,

sobre desesperadas sábanas sin memoria,

y en los mostradores venéreos,

el sello de las transacciones deja  una huella amarilla

sobre la piel elefantiásica.

 

¡Ah, soledad de los viejos, amorosa lujuria

en el invierno!

 

 

*En la foto, Silvana Mangano en 'Arroz amargo' de Giuseppe de Sanctis.

 

12/01/2017 10:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LOS DIARIOS DE VALENTÍN CARDERERA

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Publican los ‘Diarios de viaje por Europa’ del

erudito y artista oscense Valentín Carderera 

 

Entre 1841 y 1861 viajó seis veces a París, Londres, Bélgica y Alemania con el deseo de publicar las láminas de su ‘Iconografía española’

 

FEDERICO DE MADRAZO / F. ALVIRA

Este retrato de Federico de Madrazo, buen amigo del aragonés, es el motivo de portada de la edición de Valentín Carderera.

 

 

Es casi un lugar común afirmar que Aragón posee más ilustres e ilustrados por kilómetro cuadrado que casi ninguna otra región. Si Irlanda es el país de los escritores, Aragón es el territorio de personajes insólitos y tenaces que cultivan la utopía. Ahí están, entre otros, Martín Cortés, Miguel Servet, Pedro Porter y Casanate, Félix de Azara, Goya, Cajal, Pilar Bayona, Buñuel o María Moliner. Y entre ellos figura un oscense  como Valentín Carderera (Huesca, 1797-Madrid, 1880) que poseía una “personalidad multifacética” y destacó, según lo define el profesor José María Lanzarote Guiral, como “artista, erudito, académico, coleccionista de arte y bibliófilo, facetas entre las que queremos resaltar aquí la de viajero”.

Ese ‘aquí’ alude a la edición de los ‘Diarios de viaje de Valentín Carderera y Solano por Europa (1841-1861). París, Londres. Bélgica y Alemania’ (Institución Fernando el Católico, 2016), que ha preparado el doctor oscense en Historia del Arte, responsable también de la lujosa edición del ‘Viaje artístico por Aragón de Valentín Carderera (IFC, 2013). Se trata de un volumen de 600 páginas, con otro centenar de introducción y bibliografía, que constituyen un testimonio de época, una cita con los grandes impresores, intelectuales y artistas de su tiempo y, también, “las vivencias de un artista” pugnaz que perseguía un sueño: editar los dibujos y las notas de las vistas de monumentos españoles; al fin, tras mucho batallar en negociaciones y búsquedas de apoyos (entre ellos los de la reina María Cristina), las publicó en París en 1861.  “Si por algo se caracterizan los diarios de Carderera (…) es por la voluntad recopilar información, por encima de la evocación literaria o la reflexión erudita. Sus páginas son ante todo un apoyo a la memoria”, señala el editor. Y algo más adelante, redondea las intenciones del erudito: “Carderera dibuja con la pluma el panorama de una época y da así la réplica a célebres viajeros extranjeros por España, como Prosper Mérimée o Richard Ford, a quienes tuvo la ocasión de tratar con cercanía en sus propios países”.

De hecho, Mérimée, al que conoció en 1840, fue capital en su biografía: lo ayudó constantemente en sus visitas a museos y en sus citas con profesionales de la edición en Francia, en un tiempo que se califica como “la edad de oro de las artes gráficas”. José María Lanzarote se apoya en otras voces para retratar la rica personalidad de Carderera. Su amigo Vicente Poleró dijo: “No había biblioteca que dejase de visitar, ni documento importante que no leyese y anotase, lo que permitió reunir una importantísima y numerosa colección de apuntes, hoy de suma importancia”.

José María Lanzarote ha dejado fuera del libro la primera estancia del aragonés, de 1822 a 1831, en Italia, sobre todo en Roma y Nápoles, becado por el duque de Villahermosa. Allí realizó vistas, o ‘vedutes’, a la acuarela. A su regreso a España, fue acogido en el palacio de su mecenas, ingresó como académico de mérito en la Real Academia de San Fernando y recibió, casi de inmediato, encargos de la nobleza y de la Casa Real. Sería a partir de 1835, “con las leyes desamortizadoras”, en pleno período crítico para el legado arquitectónico y artístico español, cuando Carderera emprendería una de sus grandes aventuras estéticas y de conocimiento: la reproducción de obras de arte y monumentos, ese material que constituirá luego el proyecto ‘Iconografía española’, que se define como una “colección de retratos, estatuas, mausoleos y demás monumentos inéditos de reyes, reinas, grandes capitanes, escritores, etc., desde el siglo XI hasta el XVII”.

Como la España pintoresca y romántica de Carmen y los bandoleros estaba de moda en Europa, Valentín Carderera consideró que en París o Londres podría vender su proyecto, aunque había otras razones para su salida al extranjero, entre ellas “un exilio forzado por la situación política y económica de España”. El primer viaje lo llevó a París (y luego, por espacio de dos meses, a Londres y durante algunos días a Bruselas), allí frecuentó al barón Isidore Taylor -al que le intentó vender dos cuadros del Divino Morales, exhibido hace pocos meses en el Museo del Prado-, al citado Mérimée y a la reina madre María Cristina de Borbón (viuda de Fernando VII y casada en secreto con Fernando Muñoz, guardia de corps) y a exiliados españoles que esperaban allí “tiempos bonancibles”. Estuvo muy cerca de la soberana, que le encargó y le pagó varios retratos. El lunes 17 de julio de 1843 anotó: “Pinté en el retrato de la reina, boceto”. En el libro se incluye un buen retrato clásico de la soberana de 1842. Carderera volvió a España tras la caída de Espartero.

En 1845, y durante ocho meses, regresó a París, Londres y a Bruselas. Tampoco hubo suerte. Siempre se quedaba a medio camino pero aprovechaba el tiempo: iba al Museo del Louvre o al de Cluny, al Museo Británico o la National Gallery, a galerías privadas, asistía a subastas, visitaba la Biblioteca Nacional e iba dejando minucioso registro de sus pasos.

En 1855, atraído por la Exposición Universal de París y por su viejo afán, retornó a la capital del Sena. Volvería en 1859 y en 1861, época que logró culminar la edición de su ‘Iconografía española’ en francés y español. En una ocasión hubo que repetir la tirada por completo. En todo este tiempo, la vida de Valentín Carderera fue un torbellino de empeños, compras, libros, proyectos y amigos, entre ellos artistas aragoneses como Ponciano Ponzano y Juan García Martínez, y fue un gran promotor de la obra gráfica de Francisco de Goya. “En 1855 Carderera llevó a París un lote de dibujos del genio de Fuendetodos, que enseñó a sus amigos y colegas. Además, regaló algunas estampas de Goya a sus colaboradores y a aquellas personas que le ayudaron en su proyecto editorial”. Ricardo Centallas editó sus ‘Estudios sobre Goya’ (IFC, 1996).

A la vez este curioso de casi todo fue forjando una gran colección de arte, que adquirió sobre todo en París. En 1867 vendió parte de sus posesiones al Estado. Dice José María Lanzarote: “Se adquirieron 45.761 obras, que corresponden a 1.805 dibujos. 8.130 grabados dentro de libros y 35.826 grabados sueltos”, colección que fue a parar a la Biblioteca Nacional.

 

09/01/2017 21:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ANTONIO CABRERA

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[Un gran escritor, el poeta Antonio Cabrera, un gaditano de Medina Sidonia afincado en Valencia, publica ‘El desapercibido’ en Pepitas de calabaza. Un buen amigo me regaló este volumen delicado, intenso y hermoso, un libro sobre el acto de pensar y sentir, un libro en prosa donde se atrapa la vida en una de sus formas más perfectas: la palabra. Copio aquí dos textos.]

 

MÁS QUE BIEN

Propuse a mis alumnos un comentario sobre esta sentencia de Santayana: “Los filósofos contemplan estrellas que se desplazan lentamente”. Uno de ellos entendió más que bien: “La filosofía –contestó- es una actividad inocente que busca explicarse las cosas con calma”. Una ‘actividad inocente’. Qué fina o casual inteligencia.

NOS SALVAMOS

La vida interior es abstrusa, un embrollo de ideas en inminencia, en uso o en descomposición. La vida interior puede ser asfixiante. Menos mal que algo venido de fuera, una percepción, alguna cosa vista, puede aliviarla momentáneamente, puede permitirle respirar hondo. La vida interior –el pensamiento a solas- abandonada a su puro bullir nos sofocaría. Para que no quedemos cegados por nuestra mente es necesario mirar. Gracias a las ventanas no odiamos nuestra casa. Gracias al mundo nos salvamos.

 

-De ‘El desapercibido’ de Antonio Cabrera. Pepitas de Calabaza. Libro galardonado con el premio Café Bretón.

 

*La foto es de Juan Manuel Castro Prieto y pertenece a su proyecto 'Cespedosa'.

 

07/01/2017 15:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MUERE RICARDO PIGLIA

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SOBRE RICARDO PIGLIA

Crónica de la entrega del Premio Formentor en 2015 a Ricardo Piglia.

Nota sobre las 'Conversas de Formentor'. La foto de Ricardo Piglia, que acaba de morir, es de Alejandra López y se publicó en la prensa argentina.

 

Participantes: Eduardo Becerra (profesor de Literatura Hispanoamericana), Jorge Herralde (editor de Anagrama), Juan Antonio Masoliver (escritor, crítico literario y traductor), Guillermo Schavelzon (agente literario) y Pola Oloixarac.

 

Había llegado la hora de Ricardo Piglia, distinguido con el Premio Formentor de las Letras 2015 por un jurado compuesto por Basilio Baltasar, Darío Villanueva, Félix de Azúa, Marta Sanz y José Ángel González Sainz. El autor de Formas breves o Los diarios de Emilio Renzi, de los que se iba a hablar, no había podido acudir: está enfermo de ELA. Eduardo Becerra dio el turno de palabra a Jorge Herralde, a quien se le escapó no se sabe si un chiste o la constatación de una fatalidad: “El hombre llegará a Marte pero los micrófonos seguirán sin funcionar”. Risas. Herralde dijo que quería narrar sus encuentros con Piglia y que iba a ofrecer algunas frases del autor, Piglia par lui meme. La historia de su relación se remonta a abril de 1993, en el bar del hotel Alvear de Buenos Aires, en la Recoleta. Hablaron largo rato y Herralde acarició una idea: publicar un libro de Piglia. Entonces, dijo, aún no sabía lo difícil que era que diese un libro por terminado; en cierto modo, pensó, Piglia también padecía el síndrome de Tito Monterroso. Y también podría haber dicho que el de Juan Rulfo. Algunos años después, en 1999, Herralde visitó la librería Central en Madrid y allí vio una edición mexicana de Pasión perpetua, “prologada por el amigo Juan Villoro. Lo empecé a leer durante el vuelo y ya no pude parar. Le escribí a su agente para ver si había algún libro disponible de tan gran autor: aunque fuera solo uno quería incorporarlo al catálogo”. Ante su sorpresa estaban todos los títulos disponibles, salvo La pasión perpetua, que había sido contratado por Lengua de Trapo. Herralde puso “el operativo Anagrama en marcha y a partir del año 2000, en que aparecieron Plata quemada y Formas breves, más tarde Prisión perpetua, cumplió su sueño. “Hemos publicado prácticamente toda su obra: cinco novelas, tres libros de cuentos, dos libros de textura ensayística, una Antología personal y ahora Los diarios de Emilio Renzi –recuerda Herralde-. Desde entonces, Piglia ha tenido una presencia constante en nuestro país donde se le consideró inmediatamente un gran escritor y se le ha ido considerando un clásico indiscutible de nuestro tiempo. Para mí, publicar a Piglia ha sido una fuente de gratificaciones personales”. Herralde contó que ha aprendido y que ha disfrutado mucho en sus charlas, debates, ruedas de prensa o presentaciones. Y aún más en sus diálogos, “regados por buenos tintos”. “El Piglia oral brilla al máximo nivel: es agudo, irónico, de vasta cultura, es nutritivo y ameno, realiza asociaciones inesperadas. Ofrece un espectáculo exaltante de pensamiento. Sus performances tienen una parte de representación y mantienen el aura de la función única”, agregó. Jorge Herralde se reveló no solo como el editor de Piglia, sino como un lector muy atento: repasa libros, desmenuza aforismos, habla de sus conexiones con Witold Gombrowicz, Borges, Macedonio Fernández y Robert Arlt, y recuerda que este, muy alto, falleció con poco más de 40 años y su cadáver, según relató el autor de Plata quemada, hubo que sacarlo por una ventana. También recordó que Piglia tenía por libros fetiches El oficio de vivir de Cesare Pavese, La peste de Albert Camus y Stendhal per lui meme de Stendhal. Dijo, a propósito de su última publicación, Los diarios de Emilio Renzi, que Piglia era un gran lector. Por eso, el propio autor decía: “Ese diario es la historia de los libros de mi vida”. Y recordó el origen de su escritura: “Si me hice escritor fue a causa de los relatos que circulaban en mi familia y su poder de atracción”, anotó Piglia.

Tras Herralde, tomó la voz el agente literario Guillermo Schavelzon. Una voz suave y precisa, tocada de melancolía, sencillez y hondura. Empezó hablando de sí mismo y de su oficio con una frase que casi sonó a Enrique Vila-Matas, galardonado en Formentor el año anterior. “Los agentes literarios parecemos gente extraña, tal vez nuestro trabajo consiste en hacer sin aparecer (…) Un buen agente literario es aquel que es capaz de absorber y amortiguar lo más álgido de la tensión entre escritor y editor que no es otra cosa que un conflicto de intereses”. Schavelzon recordó que Piglia y él se conocían desde hace cincuenta, cuando trabajaban para la editorial Jorge Alvear de Buenos Aires. “Yo tenía diecinueve años y él veinticuatro. Desde entonces siempre me beneficié de la asimetría de nuestra relación: aprendí de sus sus lecturas, de su trabajo de editor, de sus escritos y de sus ideas”. Confesó que cuando más había aprendido de él había sido en el último año y medio cuando, ya enfermo del cuerpo pero no de la mente, le había visto trabajar en los diarios con pasión renovada, que “eran el proyecto de su vida al que se quería jubilar cuando se jubilara en Princeton”. Schavelzon recordó que Piglia ha dicho: “Hay que escribir mucho y publicar poco”.

Analizó Los diarios de Emilio Renzi con serenidad y precisión. “Emilio Renzi, el nombre de su abuelo materno, ni es un alter ego ni es otro yo. Es un protagonista de la obra de Piglia, y su más importante intelocutor y un enorme conocedor del verdadero Piglia. Renzi es quien más sabe de él. Dice cosas que Piglia jamás hubiera dicho ni siquiera sabe de sí mismo. Su nombre, Emilio Renzi, es una autorreferencia, creemos leer datos autobiográficos cuando Piglia nos introduce en la ficción”. Guillermo Schavelzon es, en cierto modo, víctima de una escisión. “Me hice agente literario con Piglia: fue el primer contrato que firmé y el primer autor de la agencia. Hemos pasado muchas horas sentados en los cafés. Y ahora, a la luz de los Diarios, me vuelto a preguntar: ¿a cuál de los representaré yo?”.

Le tocó el turno a la escritora argentina Pola Oloixarach, poseída sin duda por el espíritu y la personalidad del autor de Plata quemada. Quizá por ello, en un claro juego de espejos, leyó un diario. “Devorar a Piglia, leer todo de nuevo en sus tapitas amarillas, en el sistema Piglia; tirar la llave afuera”. Pola, en clave de ficción y a través de sucesivos diálogos con amigos, profesores, críticos o lectores del escritor, o de aforismos, recorre distintos aspectos de su producción. Recuerda frases suyas: “La traducción es un campo de batalla” o “Y, bueno, la vanguardia también es un género”. Alude al peronismo, recuerda la figura de Osvaldo Lamborghini, lo compara con César Aira y escribe: “Toda su escritura está organizada como una catábasis, de la oscuridad a la luz. En sus textos se pasa de Macedonio Fernández a Bertolt Brech, y los dos iluminados por Kafka, para encontrarse con Borges”. Piglia, según Pola, “decide exhibir la literatura argentina en términos de una tradición universal”. A la hora de definir su personalidad literaria, subraya la importancia de su pensamiento: más que un contador de historias, como podría ser Aira, es un volcán de pensamiento, un volcán-pensamiento que “junta el barro más exquisito, haciendo de la lava turba y diamante”. Para él la literatura es una máquina de pensar. Pola Oloixarac afirma: “Su pasión por las ideas obliga a tener ideas propias o a pensar”. Con respecto a Los diarios de Emilio Renzi, dice: “Se entra y se sale de los Diarios como se atraviesan las paredes del sueño. La literatura tiene ese espesor de radiante de realidad en rayos”.

Juan Antonio Tono Masoliver conoció a Ricardo Piglia en Buenos Aires. Arrancó con su peculiar sentido del y humor: “Con este micrófono en la mano me siento como Elvis Presley”. Risas. Lo conoció cuando “era un fenómeno joven que había publicado Respiración artificial”. Para Tono, toda su obra “se mueve entre el ensayo, la reflexión y la ficción”. Poco a poco, sin papeles apenas, la fue caracterizando: son capitales en él las lecturas, le interesan mucho escritores heterodoxos (definió a Borges “como un escritor radical”) y se siente hondamente argentino. “Él ha sabido integran todo ese universo de nueva literatura", que integra al citado Borges, a Fogwill, a Bioy Casares, a Lambhorgini, a José Bianco, a Enrique Pezzoni, etc. Para Masoliver, Piglia tiene una vocación inmensa de escritor y de lector, “y para mí el escritor ideal es el lector ideal. Piglia realiza una escritura de mucha cultura y, sin embargo, no es un escritor culto, por decirlo así, de exhibición de cultura. Todo en él es vida”. Afirmó que hay un libro fundamental, Las formas breves, clave para su descubrimiento en España. Lo emparienta con el Dietario voluble de Enrique Vila-Matas y con El arte de la fuga de Sergio Pitol. “En su literatura se mezcla la invención, la imaginación, la historia, el pensamiento crítico y la defensa de ciertos escritores. Él defendió a Roberto Arlt como Borges defendió a Macedonio Fernández. Piglia es un hombre serio al que le interesan los personajes extravagantes, excéntricos, los personajes tocados por la locura”. Masoliver añadió otras constantes: la impureza, la historia dramática de su país, un elemento onírico y un arrebato de visionario, la presencia de la fragmentación, la destrucción de la novela convencional, la inclusión de la crítica (“puede ser crítico con otros escritores; a Cortázar lo respeta pero lo crítica”). “Los Diarios de Emilio Renzi representan la escritura total. Aquí la vida no es cronológica, no es lineal; la vida son fragmentos y a través de cada uno de ellos, Ricardo Piglia va buscando la solución final a este laberinto”. El de la existencia, el de la creación, el de la memoria.

Juan Antonio Masoliver se despidió con humor: “No quiero hablar mucho más porque me canso”. Eduardo Becerra tomó el pulso: recordó que había tenido contacto el escritor en su faceta de editor de Lengua de Trapo, a través del seminario del cuento en la Universidad Autónoma de Madrid y a través de la dirección de varias tesis doctorales sobre Piglia. Elogió Los Diarios de Emilio Renzi. “El diario es como el laboratorio de la escritura. El emblema de su obra. En el diario experimenta. Es la forma narrativa que mejor difunde su poética de la ficción. Es una obra metaliteraria y autorreflexiva. Aquí están la ficción y la vida real. Y está la experiencia, y en medio hay un zona de nadie donde experimentar vidas posibles. Para Piglia vivir y contar son lo mismo”.

Eduardo Becerra, que tenía la sensación de que el tiempo le perseguía como un monstruo indomable, resumió: “Esos diarios solo se justifican en el porvenir. Si Ricardo Piglia no hubiese empezado a escribir un diario no se hubiera convertido en escritor”. Lo más fascinante es que son el origen y el punto de llegada. Agregó: “Los Diarios de Emilio Renzi son un libro lleno de análisis deslumbrantes de la teoría de la narración sin ser jamás una escritura abstracta”.

 

Cuando empezaba a caer la noche, en los jardines del hotel Formentor Barceló, Ricardo Piglia volvió a ser protagonista: en la voz de Basilio Baltasar, en la de Jorge Herralde, que leyó un precioso texto con ráfagas de humor (“estoy un poco embromado de salud, nada grave, sólo tengo algunas dificultades para movilizarme, lo cual no ha hecho más que agudizar mi tendencia a no salir de casa”) y en de su nieta Carlota, con quien Piglia ha “mantenido diálogos extraordinarios”. Carlota estuvo lacónica y dulce. Y en ella el cronista reconoció a la misteriosa nadadora que por la mañana sintió pavor del oscuro fondo del mar.

Por emoción y por la sombra del aire entre los pinos, el ambiente se fue fraguando en la noche más hermosa.

06/01/2017 22:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'ESTACIÓN LIBERTAD' Y LAS HERMANAS BOUZA DE RIBADAVIA

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HISTORIA DE LAS HERMANAS TOUZA

 

Por Emilio RUIZ BARRACHINA

«Andaba yo en Orense hace unos años rodando un documental sobre el caso Metílico, un envenenamiento masivo que se produjo en los años sesenta, con más de cinco mil afectados, cuando, de regreso al hotel, Fernando Méndez, al paso por Ribadavia, me habló sobre las hermanas Touza y su hazaña en los años cuarenta para salvar a cientos de judíos. Fernando es periodista y había estudiado en profundidad la vida de las hermanas. Rápidamente supuse que aquella historia tenía todos los ingredientes para convertirla en una película. Le solicité más información y poco tiempo después me la proporcionó.

Realizamos un primer boceto de la historia con un reconocido guionista: Ángel Aranda. El argumento funcionaba, tenía muchas trazas de convertirse en algo grande. Después, llamé a mi buen amigo y cineasta Raúl Romera y le propuse desarrollar un guion cinematográfico para rodar la película… Con semejante historia entre las manos no deberían faltar productores interesados. Trabajamos en el guion durante varios meses y, cuando lo consideramos terminado, se lo dimos a Nicholas Aikin para su traducción al inglés, quien, en su buen hacer, también colaboró con acertadas sugerencias. Efectivamente aparecieron productores interesados y las posibilidades de rodaje se pusieron en marcha. El distribuidor consideró que al guion le sobraban algunas escenas porque la película iba a quedar muy larga para lo que actualmente se exige. Las salas de exhibición necesitan al menos cuatro pases diarios para hacer las películas rentables… Cosas de la industria.

Así que recortamos la versión original. Sin embargo, para la novela he trabajado sobre la historia completa, de manera que en estas páginas hay mayor información y contenido que en la película. También hay un ejercicio literario, como es lógico, ya que en una pantalla vemos todo y no hace falta describirlo, es una comunicación unilateral. Al igual sucede con los pensamientos de los personajes, prácticamente imposibles de transmitir si no es a través de la acción. La historia ha sido ficcionada, pues no hay datos fehacientes del día a día de las hermanas, salvo comentarios de familiares y vecinos que las recuerdan, y se han cambiado nombres para no herir susceptibilidades. En cualquier caso, una película es una película. Otra cosa distinta hubiera sido plantearse un documental, con la rigurosidad en la exposición informativa que ello requiere. Este libro es un guion novelado. La vida y la heroicidad de las hermanas Touza está reconocida por la comunidad judía, entre otras, tal como se puede ver en el apéndice del libro. Y ya son bastantes los artículos y libros escritos sobre ellas.

Mucha gente compara su historia inmediatamente con la de Oskar Schindler, conocido gracias a la película de Steven Spielberg. Incluso algún periódico gallego se refiere a las hermanas Touza como las «Schindler españolas». Podría ser. Yo creo que además en la película desempeña un papel fundamental Martín, el niño limpiabotas, con lo que habría que hacer referencia a otra cinta mítica: Cinema Paradiso. Sean cuales sean los referentes, Estación Libertad es un canto a la solidaridad y a la defensa de unos principios íntegros y cabales. Es también una propuesta para vencer el miedo con el que políticos, religiosos y financieros quieren hacernos vivir y con el cual nos quieren someter desde hace siglos, desde que existen… Son como los malos sueños de los que no podemos despertar.» 

LA NOVELA

'Estación Libertad', del escritor y cineasta Emilio Ruiz Barrachina (Madrid, 1963), cuenta una de esas historias tan fascinantes y conmovedoras que solo puede provenir de la realidad: la aventura de tres hermanas gallegas que regentaban la humilde cantina de la estación de Ribadavia, en Orense, en los años cuarenta. Tres mujeres valientes que burlaron a las autoridades franquistas y a los agentes de la Gestapo para salvar la vida de cientos de refugiados que, gracias a ellas, lograron cruzar la frontera entre España y Portugal y partir rumbo a la libertad.

Título: 'Estación Libertad' (Tres hermanas en Galicia ayudaron a escapar a miles de perseguidos por la Gestapo) de Emilio Ruiz Barrachina. 211 páginas.

 

«Esta historia, basada en hechos reales, representa un homenaje a tres mujeres, las hermanas Touza, quienes con su sacrificio hicieron posible que cientos de judíos salvasen su vida durante la Segunda Guerra Mundial, huyendo desde la estación de ferrocarril de Ribadavia (Orense, España) a América y África, a través de Portugal. Su implicación en la causa no fue política, ni ideológica, ni tan siquiera económica. Solo las movía el más noble instinto del ser humano: la solidaridad, el arma más poderosa que alguien puede utilizar ante la barbarie.

Se cumplen ahora setenta años del final de la guerra más cruenta de la historia de la humanidad. Una fecha que vale la pena recordar para que nunca olvidemos, pero sobre todo para que aprendamos que las bombas nada arreglan, si acaso, sirven para hacer aflorar sentimientos como los que este libro describe, donde no hay sitio para el rencor ni los lamentos, solo bondad extrema, aquella que únicamente los grandes corazones son capaces de albergar. Si por un momento viajásemos en el tiempo y nos sentáramos en el andén de la estación de Ribadavia un día cualquiera de invierno a principios de los años cuarenta del siglo pasado, veríamos apearse a algunos viajeros con el rostro cruzado por el sufrimiento, desorientados, sucios y atemorizados como solo se puede estar cuando la muerte es tu compañera de viaje.

Mujeres, hombres y niños que llegan con ansia de libertad para sacudirse el veneno del fanatismo y que encuentran a tres hermanas que, además de rosquillas y un reconfortante caldo caliente, les ofrecen la oportunidad de salvar su vida. ¿Y qué consiguieron a cambio las hermanas Touza? Sin pretenderlo lograron que hoy, siete décadas después de aquella hazaña salvadora, los descendientes de todos aquellos a los que ellas les regalaron la vida mantengan su recuerdo como ejemplo sublime de la solidaridad del ser humano. Metámonos de lleno en este relato que, a buen seguro, removerá conciencias y generará reflexiones y debates. Todos y cada uno de los seres anónimos que, como víctimas, han protagonizado los tristes acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial merecen que así sea. Los otros, aquellos que han pasado a la historia por sus uniformes, condecoraciones y devastadoras acciones, sea cual sea el lugar en el que estuviesen, no merecen ni una sola línea, entre otras cosas porque este libro habla de amor, un sentimiento que no cabe ni en el cañón de un fusil ni en los bolsillos de muchos trajes militares que durante aquel dramático episodio bélico borraron la sonrisa a los niños y el porvenir a sus mayores. Bienvenidos al territorio de la solidaridad.»

Fernando Méndez

 

«Era una lluviosa mañana de finales de octubre cuando conocí a Emilio Ruiz Barrachina. Yo era un guionista y director novel que, con su primera película bajo el brazo, se había plantado en la capital con más hormigas en el estómago que pájaros en la cabeza y con un sueño que cumplir: hacer cine. Crucé media España para estar aquella mañana en Madrid. Emilio quería conocer el proyecto cinematográfico en el que estaba embarcado y me citó en una oficina de una céntrica calle madrileña. Fue así como aquella mañana, nuestras vidas, alejadas personal y geográficamente, se cruzaron y dio comienzo una relación personal y profesional que perdura hoy día y que me ha llevado a descubrir no solo la obra cinematográfica, periodística y literaria de Emilio, sino a la persona que hay detrás de todo ese universo creativo. Y es que, si algo define su pluridisciplinar creación, es que está impregnada de un genio y estilo únicos. Inteligente, mordaz, reflexivo, culto, gran conversador y con una amplia y dilatada experiencia vital y profesional que lo ha llevado por medio mundo…

Así es el hombre detrás de la obra. Emilio ha logrado crear un microcosmos donde historia, ficción, magia, realidad, poesía y pasión forman un imaginario tan personal como singular. Raúl Romera

 

EL AUTOR

Emilio Ruiz Barrachina (1963) es escritor y director de cine. Ha publicado las novelas Calamarí, A la sombra de los sueños, adaptada al cine, El arco de la luna, ganadora del X Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, No te olvides de matarme, de la que en 2005 se estrenó la adaptación teatral, y La venta del Paraíso, cuya adaptación al cine ganó en 2013 el New York City International Film Festival; los ensayos Brujos, reyes e inquisidores, Tinta y piedra. Calaceite, el pueblo donde convivieron los autores del Boom y Le ordeno a usted que me quiera; y los poemarios Arroyo, que en 2007 ganó el III Premio Internacional de poesía Rubén Darío y La huella eterna, que ganó el Premio Internacional Sial-Pigmalión en 2014. Ha dirigido documentales para cine y televisión como Luz, espacio y creación, Tinta y piedra, Niñas soldado, Desminadoras en Sudán, Emigrantes, Lorca. El mar deja de moverse, sobre la muerte del poeta Federico García Lorca, que ha obtenido numerosos galardones internacionales, Orson Welles y Goya y La España de la copla. En 2010 dirigió el polémico largometraje El discípulo, que también se convirtió en novela. En 2011 rodó la película musical Morente, finalista de los Premios Goya. En 2015 dirigió El violín de piedra, sobre la despoblación rural. En 2016 rodó Yerma, adaptación modernizada de la obra de Federico García Lorca y primera parte de la trilogía que va a dedicarle al poeta granadino.

 

*Este es el dossier de La Esfera de los Libros.

 

HASIER LARRETXEA: DOS POEMAS

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No tengo el gusto  de conocer al poeta Hasier Larretxea, que estuvo hace poco en el ciclo ‘Los jueves, poesía’, invitado por David Mayor y Sebas Puente en Las Armas. Sin embargo, hace poco conocí a su editora Elizabeth de Stendhal Books en Barcelona y me ha hecho llegar su poemario ‘De un nuevo paisaje’. Una cuidada y elegante edición para un poemario intenso, muy trabajado, lleno de sensaciones, de plasticidad y de imaginación metafórica. Copio aquí algunos poemas (“Escribir, / la única manera de atravesar el valle/ sin pisarlo”)

 

ESCRIBIR

es el paisaje desde donde contemplar.

 

El mirador

desde donde ver

a través de la niebla,

a través de los límites del horizonte,

sorteando y volando sobre ermitas, pastos y portillos.

 

Escribir la visión

en lo alto del monte,

el sendero, el helecho recién pisado,

la bellota que lanzamos hasta el riachuelo.

 

Escribir es insuflar (el viento del norte),

acunarlo al sonido del cencerro

y a las gotas de lluvia que se ahogan

en el charco del prado,

el movimiento del tractor

y la soledad del perro.

 

Escribir,

la única manera de atravesar el valle

sin pisarlo.

 

*****

[A Cristina Iglesias]

 

LA LUZ es el techo de hierro

que amordaza el paisaje.

 

Agujeros que emanan brillo

en la apertura del hormigón.

 

Fisura que equilibra su sombra en el horizonte

de ecos con significados cristalinos.

 

El recuerdo de las ausencias

y su distancia de cedros.

 

Vidas que penden de las sombras

que se alejan de la invocación de camposanto.

 

La inmortalidad de las ramas que saben

trepar al cielo y su laberinto

de pasos sobre lo eterno.

 

No es el paisaje lo que reluce.

Es la proyección de su sombra.

 

-De ‘De un nuevo paisaje’. Hasier Larretxea. Prólogo de Chus Pato. StendhalBooks. Barcelona, 2016. 148 páginas.

 

*La foto es de Elliott Erwitt y está tomada en Dublín en 1962.

 

30/12/2016 22:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ENCUENTRO DE ASOCIACIONES DE ESCRITORES: MEDIDAS

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Aquí pueden verse la síntesis de los debates y 30 demandas del sector.

http://acescritores.com/primer-encuentro-estatal-asociaciones-escritores-se-aprueba-una-declaracion-treinta-demandas-del-sector/

 

*En la foto, Juan Ramón con Jorge Guillén y Pedro Salinas.

30/12/2016 10:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX TEIRA: UN DIÁLOGO SOBRE 'EL ÚLTIMO SOL' (FUNAMBULISTA)

[Félix Teira Cubel presentaba hace algunos días su nueva novela: ‘El último sol’ (Funambulista). Aquí explica algunas de sus claves el autor de Belchite.]


 -¿Qué lugar ocupa la pintura en tu pasado, en tu formación?

La pintura siempre ha sido una pasión. ¿Quién no queda turbado la primera vez que ve un Van Gogh o un Zabaleta? De joven, aunque carezco de técnica, pinté algo. Los pintores me fascinan porque intentan extraer un paisaje o una persona de la corriente del tiempo, hacerlos inmortales. Inocencio X, de Velazquez, con su expresión taimada, nunca envejecerá.

-¿Cómo surgió el libro, qué ideas, imágenes o reflexiones te planteaste?

Esta novela es una vieja idea que siempre dejas para el final, hasta que un día se impone y brota incontenible. Se dice que los novelistas mejoramos con el colesterol, las canas y la edad. Al menos es una bonita mentira que nos contamos para justificarnos. Desde luego es una novela de madurez, donde sopesas qué es lo importante en la vida… ¿De madurez o de vejez? Ja, ja.

-¿Te habías planteado una novela sobre el adiós del mundo, sobre la enfermedad y el regreso al paraíso del ayer?

¿Y quién no se ha planteado esa reflexión? Algunos la escriben, como Julian Barnes, otros la relegan por incómoda… El paraíso de la niñez gana presencia conforme vamos cumpliendo años.

-También me ha parecido una novela sobre la amistad...

El personaje repasa su vida y se da cuenta de que el amor, la amistad y la pintura ha sido la trilogía que ha marcado su existencia. Nada habría sido igual si aquel muchacho de ciudad, que se convertiría en su amigo del alma, no hubiera llegado a la aldea a los doce años. Le abrió caminos, le contagió aficiones y le descubrió la pintura. Y esa amistad sigue siendo un abrigo y un desgarro, porque ambos aman a la misma mujer.

-¿Cómo te has planteado algunos asuntos como la vocación y la renuncia? Al fin y al cabo Pablo Monfort se negó en un determinado momento a seguir su camino...

Monfort, el protagonista, está obsesionado con la pintura pese a los reiterados fracasos. Su obstinación le lleva a olvidar incluso a la familia, por lo que él mismo comprende que ha sido un mal hijo, un esposo egoísta y un mal padre. A veces la vocación de los genios se convierte en una ceguera que los conduce al abismo.

-Ayer comenté ‘Qué verde era mi valle’ en Calatayud. Hay un personaje muy complejo: la hija. Aquí la hija también es muy compleja o el desencadenante de  diversas historias y tensiones.

Elena ama tanto como odia a su padre, y estos sentimientos contrapuestos la destrozan. Odia al padre colérico que apartó a la esposa de su lado. A la vez, vigila cariñosamente al padre enfermo, empeñado en retirarse a la aldea donde nació, y de esta vigilancia va a surgir un sentimiento que cambiará su vida.

-Aunque la verdadera intrusa es Martine... ¿Por qué has caracterizado así a este personaje?

Dicen que las mujeres tienen en mente a su hombre ideal, al príncipe azul. Desde luego Martine es la mujer ideal: apasionada, bellísima, entregada al amor, el soporte de la vocación de su marido... Y sorda. Aunque esta discapacidad le da fuerza para abordar la vida. Martine es uno de los ejes de la novela porque los dos amigos, desde la adolescencia, están enamorados de ella. La locura de este triángulo amoroso, que se mantiene hasta el final, centra el argumento.

¿Qué le debe esta novela al paisaje? ¿Has querido decir algo sobre eso?

Al paisaje de la niñez. A veces se cree que la cultura es mayoritariamente libresca, pero hay una cultura por inmersión y vivencias. Es mi caso es una cultura rural, que aquí he revivido: el mundo de las caballerías, la dureza del campo, la seducción del olivar… El protagonista, al repasar su vida, revisa los últimos cincuenta años del país. Y comienzan en aquella España arcaica y en trance de desaparición, cuyo representante en la novela es Ramiro.

Es una novela con mucho diálogo. ¿Te ha resultado cómodo, diría que es muy deliberado, claro?

Siempre he prestado oído al habla de la calle, tanto en las novelas juveniles como en las de adultos. Elena, la hija del protagonista, habla por Skype con el médico que ha enviado a la aldea. La manera de hablar dice más de un personaje que una descripción prolija. Además, la introducción de capítulos alternos totalmente dialogados aligeran y dan frescura a la narración.

¿Qué pintor sería Monfort y cómo has hallado sus fotos?

Monfort es un pintor nacido a mediados de los cincuenta, y es pintor de su tiempo. Casi lo definirían los pintores que él mismo cita en la novela: Canogar, Genovés, Antonio López, Hockney… Aunque lo fascina la manera de dibujar de Caravaggio. Al editor y a mí nos sorprenden los cuadros que hemos visto de Pablo Monfort.

-¿Qué novelas tenías en la cabeza? ¿Has pensado en alguna?

Cada novela que lees y que te impresiona, te influye. Esta podría tener alguna similitud, por el ambiente rural, con La lluvia amarilla o con Allá lejos y tiempo atrás, de Hudson, donde evoca su niñez en Argentina. Pero procuro no leer ninguna novela poderosa mientras estoy en plena creación, porque un estilo enérgico se contagia. Cuando escribo novela, leo ensayo.

 ¿Qué ha sido de aquel Félix Teira contestatario, de denuncia, incluso rabioso? ¿Te contienes o buscas otras cosas en la literatura?

Ah, ¿y quién no está lleno de contradicciones? Tan enriquecedoras, por cierto. No, no ha muerto la vena de literatura social. Es cierto que hasta ahora he escrito tomándole el pulso a mi sociedad. Cuando empezó el fenómeno de Le Pen escribí La ciudad libre, al estallar la crisis narré el malestar en laciega.comEl último sol es diferente, incluso he serenado la prosa. Pero ya he vuelto a las andadas, estoy escribiendo una nueva novela sobre estos tiempos convulsos: ‘Brexit’, Trump…



26/12/2016 20:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA TORRE DE HÉRCULES

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO TORRE DE HÉRCULES,
'A LÁMPADA DO MUNDO'

de Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustrador)
 
El próximo jueves 29 de diciembre, a las 12,30 horas, en el Centro de Interpretación de la Torre de Hércules, de A Coruña, va a ser presentado el libro A TORRE DE HÉRCULES. A LÁMPADA DO MUNDO, del que son autores Ramón Loureiro (texto) y Antonio Seijas (ilustraciones), publicado por la Editorial Trifolium.
 
Estarán presentes en el acto de presentación: Ramón Loureiro (autor del texto); Antonio Seijas (autor de las ilustraciones); Ana Santorun (directora de la Torre de Hércules) y Xan Arias (editor)
 
El libro nace con la intención de situar la Torre de Hércules en el centro de la literatura y el arte de nuestro país. Se trata de un volumen de diseño extraordinariamente cuidado, de un auténtico objeto artístico llamado a perdurar, con el que se rinde tributo al más bello de los faros del mundo, y a través de él, a la ciudad de A Coruña y a Galicia entera. 
 
Escrito por Ramón Loureiro, Premio Julio Camba, e iluminado por el ilustrador Antonio Seijas, se publica en gallego, castellano e inglés, y su eje vertebrador es un relato de conmovedora belleza, auténtica poesía en prosa, que viaja por la historia de la Torre de Hércules desde la antigüedad hasta nuestro tiempo, celebrando la grandeza del faro a través de su arquitectura, de la luz con que brilla entre los grandes mitos de Europa y, sobre todo, de su capacidad para hacernos soñar.
*Nota de Trifolium... 

 

26/12/2016 16:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'APÓLOGOS' DE ALFREDO CASTELLÓN

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’APÓLOGOS’ de Alfredo Castellón. STI. Zaragoza, 2016.

[El escritor y cineasta acaba de publicar el libro ’Apólogos’ en STI, el sello de Javier Cinca, que tiene la amabilidad de pasarme algunos textos.En la foto de 1959, en Collioure, Alfredo Castellón es el primero, sentado, por la derecha. Con él están; arriba: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente; abajo: Gil de Biedma, Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.]

 

Una selección de Javier Cinca Monterde

 

El escritor es el enemigo

de la mentira y de la servidumbre

Albert Camus 

 


LO QUE FUE

 

A veces le cuesta a la memoria devolvernos el recuerdo. ¿Qué pretende? ¿Protegernos? ¿Cree que no seremos capaces de afrontar lo que fue? No creo que mi memoria intente, a estas alturas, ocultarme esa evidencia. Jung asegura que las ideas olvidadas se mantienen más allá del recuerdo.

 

LAS CAMPANAS

  

A José Luis L. Z.

  

Visité la ciudad norteamericana de Jacksonville en un día primaveral de 1963, una etapa más de mi viaje. Allí, como médico, trabajaba un amigo de juventud. Vivía en una gran calle con supermercado, restaurante, pequeñas tiendas de esto y lo otro y en la ladera de la colina, chalés, iglesias de diferentes credos. Era domingo, las campanas de por lo menos doce torres de aquellos templos hacían sonar sus badajos. Cada una al son de su dogma, orientadas, eso sí, a un mismo paraíso.

Un caos.

 

EVOCACIONES

 

Lo llaman viaje de novios pero, en realidad, esa pareja ya son matrimonio y su fogosidad es manifiesta. Viajan en coche. El toro negro del coñac Osborne con sus exagerados atributos sexuales va apareciendo constantemente. “Qué anuncio más descarado”, dice ella. Y él, ingenuamente, le contesta: “ya sabes que yo no bebo”.

 

SEÍSMO ESPIRITUAL

 

No he perdido la palabra, ni el aire y ni siquiera el aliento, pero sí la capacidad de amar y eso sí que es una catástrofe, pues me impide ensimismarme y sufrir. Ahora el silencio me ahoga y no puedo atravesar la barrera que impone mi sombra. Me he reducido a un signo que tan sólo constata que he vivido.

 

COMPARACIÓN

 

Este corazón mío late con el mismo compás que el de cualquiera de los pequeños animales que nos rodean, y todos podemos desaparecer en un instante. Pero, claro, yo tengo un cerebro pensante que me entristece a cada momento y esa es una desventaja.

26/12/2016 10:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UNA CITA CON LECTORES EN UTEBO

http://arablogs.catedu.es/blog.php?id_blog=1194&id_articulo=191475

Hoy, a las 15.00, después de entrevistar a Antonio Muñoz Molina, tengo una cita en el Colegio Parque Europa de Utebo..

 

Foto sacada de la web

“El musgo del bosque” es uno de los últimos libros de Antón Castro, parece que el escritor hubiera intuido la temática de nuestra Biblioteca para este curso “Leemos en verde. Latimos en verde” al elegir su título. Antón Castro tenía que venir al colegio “Parque Europa” de Utebo, un ilustre de la cultura aragonesa que vive en el vecino Garrapinillos, no podía faltar a nuestro “Leer Juntos”. El verde ha sido la excusa para que nos visite el próximo martes 13 de diciembre. No sólo nos viene al pelo el título de su libro poético “El musgo del bosque” sino seguramente gran parte de su bibliografía. Antón Castro es un hombre pegado a sus paisajes y paisanajes de infancia, su Galicia rural, y de juventud, ese Teruel profundo de los diferentes destinos profesionales de su compañera de vida; paisajes y paisanajes verdes y grises, presentes o inspiradores en muchos de sus libros.

 

Durante este mes hemos leído algunos de sus libros, seguramente una pequeña parte: “El dibujante de relatos”, “El fin de los dinosaurios”, “El musgo del bosque”, “El niño, el viento y el miedo”, “Paseo en bicicleta”, “Golpes de mar”, “Jorge y las sirenas”, “La leyenda de la ciudad sumergida”, “Los pasajeros del estío”, “Los seres imposibles”, “Retratos imaginarios”, “Vivir del aire”... Hemos descubierto un autor prolífico para todo tipo de público de todos o casi todos los géneros literarios (poesía, ensayo, novela, relato...). Como todo buen escritor que se precie, ha sido y es un lector empedernido desde su niñez. Su recorrido en el mundo de la letra escrita, tanto en el campo literario como periodístico, ha sido de formación autodidacta, impulsado por un deseo de superación permanente, hasta convertirlo en un erudito sobre muchos temas.

Si la producción bibliográfica de Antón Castro nos abruma, que decir de la periodística. Desde 2001 es responsable del suplemento cultural “Artes y Letras” del Heraldo de Aragón, considerado como uno de los mejores de España. Su actividad divulgativa diaria en las redes sociales es frenética, mostrando todo evento cultural que llega a su conocimiento. También desde su blog, creado en el 2004, escribe sobre todo tipo de temas culturales, siempre interesantes (pintura, cine, fotografía, música, literatura…), desde adentro, cuidando la precisión de las palabras y el buen gusto en la redacción, y por supuesto con un profundo respeto y cariño a las personas mentadas, siempre desde una gran generosidad.

En 2013, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concedió el Premio Nacional de Periodismo Cultural, en reconocimiento a su labor periodística –información, opinión,  divulgación- en pro de la cultura en todos los medios de comunicación, especialmente en el diario Heraldo de Aragón y en el programa televisivo Borradores, de Aragón Televisión, contribuyendo con ello al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. Más que merecido premio que reconoce sus desvelos por la cultura, considerada por él y por muchos de nosotros como “un instrumento fundamental para vivir".

Si la producción escrita de Antón Castro rezuma "perfección, belleza e intento de seducción"oírlo en una presentación literaria o en una conferencia, es una experiencia encandiladora. Debió de heredar el arte de los transmisores orales de su tierra, cultivándolo en esta nuestra, seca y dura; la cadencia de su lengua materna mece nuestros oídos acostumbrados a la ruda musicalidad del acento aragonés ¡Interesante combinación, sin duda!  Le escucharemos muy pronto, el martes 13 de diciembre de 15 a 16,30 en la Biblioteca del Colegio “Parque Europa” de Utebo.

 

13/12/2016 09:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEDRO GARCÍA CUETO: ADIÓS AL POETA ADOLFO CUETO

 

EN HOMENAJE A ADOLFO CUETO

 

 

LUZ QUE SE EXTINGUIÓ COMO UNA LLAMA

 

 

PEDRO GARCÍA CUETO* Escritor, profesor y crítico literario.

   Parece difícil escribir cuando está caliente su mirada, sus ojos atónitos ante el desconcierto del  mundo, parece complejo expresar el dolor si es tan hondo y oscuro, como un túnel donde tropezamos a ciegas, ebrios de vida pero, sin quererlo, asustados, temerosos, recordando a Darío, ante “la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”.

    Adolfo Cueto, de origen asturiano, pero nacido en Madrid, vino al mundo un 31 de enero de 1969, comenzó a escribir pronto y en Diario Mundo (2000) recopiló medio centenar de poemas galardonados en distintos premios.

   Fue Premio Emilio Alarcos entre otros, Cueto logró en Dragados y construcciones hacer del poema un sedimento, una semilla donde se cultiva el opio de la vida, esa sed incesante del decir que lleva el poeta, pleno de angustias y soledades, que, a duras penas, entrevé lo luminoso del día, como el sol que filtra las vidrieras de nuestro pensamiento.

    Cueto fue un hombre de sonrisa franca, de pensamiento sobrio, de gran calado existencial. Juntos, como dos náufragos, hablamos del apellido coincidente, él proveniente de Asturias, yo, quizá de un antepasado norteño que no adivino a reconocer. Juntos leímos un día de lluvia en el mes de Junio del 2015, en plena Feria del Libro, en una carpa donde oíamos el estruendo de las gotas, como si llorara el cielo, poemas de Aleixandre y Jorge Guillén, junto a amigos tan queridos como Fernando Delgado o Javier Lostalé. Cueto era preciso como un pensamiento, decía el verso con el eco de los que ya han perdido la niñez y enfrentan la vida adulta como una estoica aventura hacia ninguna parte, pero latía vida, entusiasmo, sin dejar el rigor que siempre le caracterizaba.

   Parece que le escucho, mientras las gotas de lluvia acariciaban la lona de aquella carpa, mientras Lostalé cerraba los ojos, como acostumbra, para que las palabras fueran más hondas, para que el lenguaje poético de los grandes del 27 llegase como un viento fuerte que empuja y acaricia a la vez a sus espectadores, había en Cueto una ternura de niño mayor, que ya sabe que el tiempo lo destroza todo.

   Me gustaría recordarlo en dos poemas, pertenecientes a Palabras subterráneas, porque las palabras de Adolfo lo eran, penetraban más allá del eco, envolviendo su dicción en una fuga del mundo, se hacían armonía, cuando él las conjugaba con su voz grave, de hombre que buscaba la niñez en cada paso.

    En el poema “Huérfanos a medianoche”, dice:

“Juguetes rotos por / la resaca de la vida, colillas / azotadas, por el viento / cuando la soledad se apodera del mundo y un dolor / en mí-más grande, madre / que mis días- sobre un /tráfico mudo”

   En el poema vemos al hombre solo, que lleva la “resaca violenta de la vida”, también al hombre que fuma para vencer al dolor, haciendo volutas de humo, como pensamientos heridos por la vida: “colillas / azotadas por el viento”, vive en el poeta la infancia, el deseo de invocar a la madre, siendo ya huérfano, abandonado a la vida, despegado para siempre de la felicidad de la niñez.

   Cueto sabe que toda vida es ruptura, quiebra, cesura, que tras la niñez se abre un camino insondable, donde lo hosco y lo violento lo asolan todo.

   El ruido, ese “tráfico mudo”, porque el exterior no es nada, desprendido de la niñez, hombre en su guarida, protegido por los versos del mundo.

   El poeta busca a la madre, hambriento de besos en un mundo desolador: “dejando esa fractura del adiós / en que te busco”.

    Esa “fractura del adiós” es el despojamiento de la niñez, el ser huérfano para siempre, porque es un hombre que ya no tiene padres, son solo querencias del ayer, cuando realmente vivió la vida, hay un eco de César Simón, del hombre ensimismado que el poeta valenciano nos dejó en “Extravío”, pero también del Brines de “Las brasas”, ese hombre que se ve a sí mismo viejo, hecho ya ceniza cuando fue luz. Vive también ese mundo de Javier Lostalé, ese resplandor del beso, cuando hay un hueco entre dos seres, los que se aman y se pierden en la hondura de la noche.

  En el poema “Marina habla con los árboles”, la protagonista habla con los árboles, ya que la Naturaleza es eterna y nos reconcilian con el mundo, con el niño que fuimos, sabe Cueto que hay una niñez añorada y dice:

“Marina habla con los árboles, entiende / su alta edad, su estremecimiento / del verano en sus hojas. Por su espina dorsal / como a esa rama tierna, recién / brotada, asciende / este coro danzante, sonajero del viento / que le canta al oído”.

   Dice el poeta que el viento lleva un sonido, como aquellos pastores que cantaban a la amada en los antiguos poemas pastoriles, también recorre el físico del árbol, eterno, frente al ser humano, siempre complejo por su mortalidad. El árbol habla, musita, es “coro danzante”, porque se cimbrea en su esplendor de hojas que lo hacen “sonajero del viento”.

   Sin duda, Cueto hace un guiño a la niñez, ese sonajero que acuna al niño pequeño, hay, sin duda, un lenguaje en el árbol, porque para el poeta todo es lenguaje, todo es eco de una voz niña, la de la Naturaleza en su esplendor.

   Dice el poeta: “Pecho alado y en paz, / criatura tan adentro / como un cielo de agosto / hacia arriba, en lo alto, / donde canta la vida, donde la vida es / bella aún”.

   Esplende el mundo y el poeta nos invita a sentir el canto de las cosas, todavía hay eco del verano, la infancia perdida aún late en esa estación de sortilegios.

    Valga este homenaje a Adolfo Cueto, quizá ahora encuentre al niño que fue, lejos del dolor adulto, quizá vuelva su tono grave a la Naturaleza, se haga espacio en ese mundo que amó, el de las flores, los árboles, las montañas de esa Asturias añorada, viva en su interior, como un desterrado en un Madrid de coches y de sombras.

   Parece que lo veo aquel día, recitando, mientras  el día iba dejando su torrente de agua, en aquellas lágrimas del cielo que se hacían armonía con los poemas de Aleixandre y Guillén, había un presagio, el del tiempo que cumple su condena, hoy más triste rindo este homenaje a un gran poeta y, mejor aún, un buen amigo.

 

Tomo lala foto de Adolfo Cueto de aquí:

http://fotos01.laopiniondemalaga.es/2016/05/24/318x200/x011ma02.jpg

08/12/2016 12:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN JOSÉ BECERRA: UN DIÁLOGO

 

En ‘El espectáculo del tiempo’ creo que lo que quise hacer es reflexionar narrativamente sobre el tiempo. En todos los niveles, el tiempo interviene sobre las personas. En el nivel biográfico, por supuesto, que es como el nivel más bajo, pero también en el nivel más alto que sería el nivel de físico o astronómico”, dice Juan José Becerra (Junín, Argentina, 1965), que presentaba el pasado lunes en Cálamo un libro que ha sido calificado como “una obra maestra” o “la novela total”, editado por Candaya, y que él reconoce que “es exigente y cómo todo libro voluminoso siembra la inquietud”

-¿Sería la memoria o el recuerdo lo que se impone como elemento fundamental?

-Nunca he sido un fetichista de la memoria. La memoria es una máquina que falla constantemente, la memoria es lo que viene a editar la cosa deshilachada del recuerdo. Y al mismo tiempo uno recuerda por estructuras de ficción. Y el recuerdo, como es imagen más lenguaje, tiene sus formas. Mi idea era relacionarme con esas formas del recuerdo a través de lo que podríamos llamar el episodio, que no termina de ser un relato, que es algo que anda por ahí, que puede ser incompleto, que se agota en el curso de su presencia.

¿Entonces, cómo evoluciona su novela?

En ese sistema, de muchas ramificaciones y de entradas y salidas, uno empieza como a enloquecer y termina sin saber quién. Y eso le sucede a mi narrador…

-El narrador es un señor que se llama Juan Guerra, que tiene una sala de cines, que es de Junín como usted, que tiene su edad. ¿En qué medida podría ser Juan José Becerra?

-En realidad escribí el libro muy confiado de que tuviese la ilusión de que estaba hablando de mí porque me parece que solo hay que tener confianza en lo inexistente y lo ilusorio, y eso es la autobiografía. Cuando uno quiere contar su vida, lo que ocurre es que va a terminar desplazándose hacia la ficción. Con esa tranquilidad me lancé a contar con profundidad cuestiones personales. El resultado es la composición, no la extracción de la verdad personal.

-En ese sentido ‘El espectáculo del tiempo’ es un elogio de la fragmentariedad, juega usted con los números, con la cronología y la falsea…

-Yo creo que la vida no tiene continuidad, las cosas no duran en la experiencia material de la vida pero tampoco duran en la imaginación. La ruptura me parece que es la clave sintáctica de la biografía de cualquier persona. Cosas que empiezan y no se terminan, cosas que uno está no viviendo y parece que no las estuviese viviendo.

-En libro hay muchas cosas: cartas, informes, cuentos, mucho cine, las salas Lumière... ¿Cuál es la importancia del cine en la novela?

-De joven fui cinéfilo pero ahora ya no voy al cine. El cine tal como lo conocíamos hace 20 o 30 años ya no existe. El cine, en sentido artístico, desapareció y lo matan las películas. Me parece también que la literatura tiende a desaparecer o a replegarse y es víctima de los libros. La producción industrial de cultura hace que el índice de arte, que nunca fue muy elevado en cualquier disciplina, esté en este momento a su mínimo nivel. Quise hacer eso: un homenaje al cine y ha escenas terminales: cines que empiezan a no tener espectadores, la voluntad del director de cine de cambiar su deseo de formar sentimentalmente a los espectadores en su ciudad por el de cobrar el seguro por incendios.

-Cuando hablamos de algunos referente suyos parece que están detrás Macedonio Fernández, un poco Proust, Juan José Saer, el ‘2666’ de Bolaño.

-Sí, sí, sí. Ojala fuese así porque cuando te dicen que hay varios escritores dando vueltas por él es como una fiesta de cumpleaños a la cual uno invitó a grandes personajes… Obviamente es un libro proustiano pero de Proust me hace desconfiar un narrador que no sufre ninguna modificación sentimental, mental o ideológica a lo largo de 3500 páginas. Mi narrador no siempre es el mismo.

¿Qué importancia le da en el libro al sexo?

El sexo es como el núcleo que sostiene la cultura de los personajes. La escena más importante de sexo que tiene el libro es la concepción. De ahí a pensar que es la que sostiene la familia apenas hay un trecho. Y yo creo que ese es un principio ideológico del libro. El sexo no es un deporte es una necesidad familiar. Lo digo en la tierra de Luis Buñuel, Aragón, Zaragoza, nada menos.

¿Y el estilo?

Yo hace muchos años que escribo. Pasé por muchas etapas. Ahora pienso que hay que cuidar el aspecto artístico pero con la voluntad de que sea legible.

Escribe artículos deportivos en ‘Olé’...

He aquí nuestro drama: hoy se puede decir que Argentina es un país que no quiere a Messi. Con eso está dicho todo. ¿Qué se puede esperar?

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03/12/2016 10:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN EDUARDO ZÚÑÌGA: UN DIÁLOGO

[Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1992) recibía la pasada semana el Premio de las Letras Españolas. Estuve con él, en su casa, hace algunos años. Recupero aquí esta entrevista que se publicó en 'Abc Cultural'.]

Está referenciada en su biografía en Wikipedia:

 https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Eduardo_Z%C3%BA%C3%B1iga

CITA CON JUAN EDUARDO ZÚÑIGA EN SU CASA

Juan Eduardo Zúñiga escribe sin prisa con los ojos puestos en el Parque del Retiro. De ahí su breve obra, en la que predomina el cuento. Como si fuese Chejov o Turgueniev, sus maestros, mira las cosas, surge la primera idea, la envuelve en sutileza, en dolor y psicología, y brotan las páginas: piezas breves, estilizadas, con temblor interior. Una anécdota que ahora se torna asombrosa marcó su vocación: cuando era niño y vivía en un chalet de las afueras de Madrid, alguien arrojó por la verja del jardín un folleto que anunciaba una nueva colección editorial y que contenía la novela completa de Ivan Turgueniev, Nido de nobles, que le produjo una honda emoción a pesar de contar "una relación entre hombre y mujer, de fracaso vital, de presentimiento de ruina". Si a eso le sumamos que en su cuarto tenía dos estampas rusas --representaban un episodio de la lucha de los zares contra los cosacos y la discusión entre Pedro I el Grande y su hijo Alejo-- es fácil de comprender su pasión por la literatura rusa, a la que le ha dedicado dos libros, Los imposibles afectos de Ivan Turgueniev (1977) y El anillo de Pushkin (1989). Aprendió el idioma en una gramática para franceses que encontró en la Biblioteca Nacional; luego también tradujo a narradores y poetas búlgaros y la prosa del portugués Antero de Quental. El otro detonante que le hizo escritor fue la Guerra Civil. En medio de aquel horrible acontecimiento de desconcierto y dolor, comenzó a redactar sus primeros cuentos con vocación de estilo, con el afán de culminar algo bellamente escrito. Si hubiese hurgado más en los secretos de su familia habría descubierto que en la farmacia de su padre trabajó un joven mancebo de botica llamado Ramón José Sender.

         --Usted empezó su carrera como novelista con El coral y las aguas (1962), que transcurría en la Grecia clásica pero que abordaba asuntos actuales.

         --Lo que hacía yo eran esas trasposiciones a ese mundo tan lejano como el mundo griego, y aprovechaba para contar circunstancias personales de los vencidos y de los vencedores. Creo que había en ella una gran riqueza de experiencia de la actualidad. Utilicé un sistema de símbolos y no fue percibida en su totalidad la carga de crónica social que había. La novela pasó sin pena ni gloria.

         --Su siguiente libro de ficción tardó en llegar fue Largo noviembre de Madrid (1980): cuentos sobre la Guerra Civil que se alejaban de la narración de trinchera al uso.

         --Yo me encontré con un pequeño tesoro de recuerdos de aquella época, pero a mí lo que me interesaba era la reacción a la lucha en la psicología de la población civil, o de la gente sin voz, en una ciudad sitiada, amenazada por el bombardeo, la falta de alimentos y todas las incomodidades de la vida cotidiana. Y comprobar qué perduraba del ser humano y de las pasiones eternas en unas circunstancias tan adversas.

         -La tierra será un paraíso (1989) se centraba en la lucha clandestina de posguerra y tenía algo de texto complementario. ¿La concibió así?

         --Creo que sí, era la continuidad histórica de los vencidos. La dolorida peripecia de los que no se resignaron a quedar vencidos. Ellos ponían en práctica un tipo de lucha y de oposición a lo que les rodeaba y yo quise recogerlo en los distintos cuentos. Recogí, por decirlo así, el pensamiento clandestino, la conciencia clandestina de oposición política, generalizada, al margen de cualquier partido.

         --Madrid seguía siendo su territorio de ficción. ¿Le ha interesado especialmente la imagen literaria de la capital, igual que ha ocurrido con autores como Mesonero, Pío Baroja, Ramón Gómez de la Serna?

         --Claro que sí, me siento muy unido y muy identificado con estos  cronistas que ha tenido Madrid. No obstante, echo a faltar el cantor de Madrid como lo ha habido en otras capitales, porque aquí lo que ha habido son cronistas, una escuela de madrileñistas, que son más bien más bien casi casi costumbristas. A Madrid le ha faltado un exaltado amoroso que la cante.

         --El grueso de su producción es el cuento, el relato, la narración breve. ¿A qué se debe?

         --Para mí el cuento está relacionado con algo de la fisiología, lo mismo que se decía de Proust acerca que su obra está relacionada con el asma que sufría, yo tengo así como una curva de creación, y hago cuentos que no pasan de equis número de folios de una manera automática. No es que me lo proponga, es que cuando termino el cuento aquello está en diez folios o menos. Probablemente mis neuronas no dan para más. Me veo encantado por esa brevedad como si estuviese esclavizado por la sensación de emotividad con que está cargada la poesía. No sé si tengo una inclinación lírica de poeta frustrado.

         --Esa concentración poética es más que evidente en Misterio de los días y las noches, y le emparenta claramente con Turgueniev y Chejov. ¿No sé si está de acuerdo?

         --Turgueniev es el gran conocedor del alma humana y de esos matices finísimos de los sentimientos, de la psicología y de la unidad del hombre con el paisaje. Eso es lo que más me ha atraído de él. Chejov posee una gran sensibilidad para la percepción del sufrimiento humano, que yo también he sentido. Es lógico que me sienta muy próximo a ambos. Con ese libro me propuse hacer como un experimento porque yo me había considerado siempre como un documentalista de la realidad y ahí asumí el reto de la fantasía, de lo imposible, de lo irreal. Y también quise tender hacia el poema en prosa. 

         --Con Flores de plomo persiste en el cuento. O en esa técnica de la fragmentación: la del cuento o secuencia que, por acumulación, acaba formando un conjunto unitario. ¿Cómo definiría este libro: una gavilla de cuentos o una novela coral en torno al suicidio de Larra?

         --Tanto Larra como el suicidio casi son dos elementos secundarios, en realidad lo que motiva el libro y lo orienta es una meditación acerca de la repercusión que tiene nuestro comportamiento en el alma ajena, en la sensibilidad que nos rodea. Estamos responsabilizados de nuestros actos no sólo con nuestra propia vida sino también con la de aquellos que conviven con nosotros o que, más o menos, nos contemplan. Y tomé esa figura pública que tuvo una importancia muy grande en el Madrid del siglo XIX porque vi que era máxima su responsabilidad. Al matarse era como si no fuera consciente que desencadenaba un dolor o cualquier reacción plenamente emotiva en las personas de su entorno. Es cierto que no son cuentos aislados, porque hay como una trama con un personaje fundamental que es un suicida, cuya sombra se percibe siempre.

         --En los años 50, ya publicó una selección de Artículos sociales de de Larra. ¿Por qué le atrae tanto su figura?

         --El libro apareció en los años 50 o 60 cuando no era muy conveniente recordar lo que Larra decía sobre la policía o la justicia social. No es que me atrajese el suicidio, no, lo que me atraía era su capacidad asombrosa de escribir sobre temas interesantes, apasionantes, humanos, con una gran belleza porque el estilo de Larra es de unas proporciones espléndidas.

         --En Flores de plomo Larra sólo aparece en el tercer cuento, en esa tarde con aguanieve de lunes de carnaval, cuando Dolores Armijo, acompañada de su amiga María Manuela, le va a pedir sus cartas de amor.

         --Ahí hay una clara referencia a la vida de la mujer en aquella época y esa travesía es como el calvario que ellas van a sufrir para ir a recoger las cartas de Dolores Armijo, que son el determinante del suicidio. A la vez expreso la idea que yo tengo de Dolores Armijo: era una muchacha de su época en el sentido de que no tenían preparación, puramente pasional, se quedó huérfana muy pronto, se casó muy joven con el hijo del Cambronero, el famoso abogado, y debía de ser un poco frívola, ligera, acaso no dramatizaba la relación con Larra como él exigiría.

         --La narración sucede prácticamente en un único día de aguanieve. ¿Y por qué ha incluido a Felipe Trigo en el capítulo final, no teme que ese relato extemporáneo rompa la estructura del volumen?

         --Quizá, pero era una forma de sugerir que unas circunstancias análogas podían motivar reacciones parecidas en dos momentos históricos diferentes. Había razones sentimentales equiparables. Trigo es el posible equivalente de un Larra actual, con algunas diferencias. Ambos fracasaron en política, y en su vida amorosa. Y en cierto modo en su propia obra: uno no pudo solucionar los problemas de España, a pesar de ser el periodista mejor pagado y más prestigioso, y otro nunca logró auténtica consideración literaria.

         --El libro también tiene una lectura política, casi contemporánea. Un personaje de clase baja dice que a Larra lo han matado los fanatismos de España.

         --Es un testigo y a la vez un conjurado de clase baja, frente a tantos personajes de clases acomodadas. Este es un hombre del pueblo, y su reacción inmediata es desconfiar y pensar que esta muerte puede ser puramente política. La historia está dada como trasfondo. Hago referencias a hechos históricos del momento como la muerte del general Quesada, el ahorcamiento de Riego, el fusilamiento de Torrijos.

         --Y también hay personajes reales como Zorrilla y Roca Togores, marcados por la muerte de Larra.

         --Zorrilla comenzó a hacerse famoso en el funeral de Larra con un poema que no pudo acabar de leer y sí lo hizo Roca Togores, diplomático,  autor efímero en nuestra literatura, que estaba disgustado por el éxito de Larra. Cuando sabe que ha muerto, se da cuenta de que el espectador de su triunfo ha desaparecido, por tanto es como si quedara inutilizada su posible victoria literaria al no tener este odiado rival. He querido poner estas figuras para sugerir el acompañamiento que realmente tuvo Larra en su época, aunque he tenido que contener la erudición.

         --¿No ha querido también meditar explicítamente sobre el poder de la literatura?

         --La importancia de la literatura me preocupa a mí como a todos los escritores: hasta qué punto lo que se hace es válido, es permanente y puede aportar algo al lector: conocimiento, placer, satisfacción de aventura puramente o bien alguna educación íntima. Eso lo que me propongo con cada uno de los libros. No me atrevo a decir que la literatura puede ser educadora, pero sí es como un amigo íntimo que nos puede servir para momentos de confidencia y de apoyo moral. Trato de escribir con el rigor que exige la literatura, que es un producto de nuestra propia conciencia.

         --Usted se ha definido como una persona más bien solitaria, ajena a capillas. Por su condición de testigo imparcial, ¿ha reflexionado sobre el actual momento de la narrativa española?

         --Estoy convencido de que ahora España tiene un movimiento literario portentoso, yo lo comparo con lo que era la literatura que se hacía aquí en los 40, 50 y 60, y es que no tiene punto de comparación. Me siento muy contento de ser contemporáneo de escritores como Antonio Muñoz Molina, Javier Marías o Belén Gopegui, que ha escrito tres novelas que indican una personalidad de escritor. El otro día pensaba yo en Juan Marsé, que es un hombre discreto, que está metido en un barrio barcelonés, que se ha salvado de cierta decadencia que había en su torno. Yo estoy contento de que Marsé haya hecho su obra con esa seriedad y esa dignidad. Vuelvo la vista atrás y pienso en Delibes, al que también admiro. Sin embargo aún no ha surgido la obra grande y genial que caracterice nuestra época. Estoy convencido de que tiene que surgir de estos talentos jóvenes.

         --Siempre había pensado que con quien más se identificaba era con Baroja...

         --Es para mí el gran escritor del siglo XX español: fue un hombre sedentario, inmóvil en su ciudad, pero con una gran fantasía y una gran capacidad de introspección y cultura. Ha dejado una obra espléndida sin necesidad de haber llevado una vida de aventurero ni de grandes peripecias como se ha alegado que es fundamental para el escritor. Es el antagonista de Blasco Ibáñez o Hemingway. Y ahí están proyectos como Memorias de un hombre de acción, sus Trilogías. Para mí es una figura excelsa, siento un gran respeto por él y creo que su estilo es irrepetible. Trabajaba mucho más de lo que aparenta. 

*La foto la tomo de aquí: 

http://www.manoloyague.com/wp-content/uploads/2014/05/20-Juan-Eduardo-Z%C3%BA%C3%B1iga_mini.jpg

30/11/2016 09:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARCOS ANA: UNA ENTREVISTA

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[LITERATURA / MARCOS ANA. Escritor y político nacido en Salamanca en 1920, que pasó 23 años en la cárcel y recogió su vida en ‘Decidme cómo es un árbol’, que Almodóvar llevará al cine. Lo entrevisté hace algunos años en el Parque José Antonio Labordeta. Acaba de fallecer.]

 

“No alimento ni el odio ni la venganza”

“Sigo siendo comunista y marxista”

 

 

 “Yo no tuve nunca una relación muy especial ni muy directa con Miguel Hernández –declara el poeta y político Marcos Ana (Salamanca, 1920), que permaneció 23 años en la cárcel, como narró en ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel)-. La primera vez que lo vi fue en el año 1937, vivía yo en el Alcalá de Henares, era responsable de la Juventud Socialista Unificada de la región y él era de la unidad del ‘Campesino’, era su agregado cultural, y paraba muchas veces allí. Luego lo fuimos  a buscar para que hiciera un recital y lo conocí. Me impresionó mucho, primero por su poesía, ha sido uno de los grandes, y luego le vi, ya de paso, en la cárcel de Conde de Toreno, donde Miguel estaba condenado a muerte. Me lo presentaron, le di un abrazo y le recordé que nos habíamos visto años atrás, cuando yo era un chaval en Alcalá de Henares. Fue un hombre que murió de franquismo cuando se abría a la juventud”. 

Usted fue el promotor de un homenaje especial a Miguel Hernández en la cárcel.

Sí, sí, en 1960 en la cárcel de Burgos pensamos en hacerle un homenaje a Miguel Hernández con motivo de su 50 aniversario. Era un montaje insólito, clandestino. Construimos un escenario con sábanas y con mantas, muy bien organizado, y unos compañeros, cuatro o cinco relatores, iban narrando su homenaje a Miguel: su vida y sus versos. No crea que era una cosa fugaz: tenía tres actos que tomaban el título de sus libros principales. El primero, ‘El rayo que no cesa’, era sobre el amor; el segundo, ‘Vientos del pueblo’, sobre la política, y el tercero, ‘Cancionero y romancero de ausencias’, sobre la cárcel y la muerte. La obra se llamaba ‘Homenaje a voz ahogada para Miguel Hernández. Sino sangriento’. Ahogada por dos razones: no podíamos levantar mucho la voz para no ser sorprendidos por los centinelas, que estaban algo alejados, y ahogada porque estábamos emocionados. Yo creo que nunca se hará un homenaje con tanta pasión y tanto riesgo.

¿Cuándo se hizo?

Era octubre. No recuerdo si era noche lunada o no, pero sí que los presos estaban sentados en el suelo con una pasión casi religiosa. Teníamos un pequeño coro, habíamos hecho unos instrumentos, a modo de flautas, con  los rabos de las escobas, y detrás del escenario estaba la banda. Cuando en el segundo acto llegaban las Brigadas Internacionales y los franceses sonaba ‘La marsellesa’; cuando aparecían los muralistas mexicanos, sonaba ‘la Cucaracha’; cuando venían los rusos sonaba ‘la Internacional’. En medio del silencio de la cárcel lo único que se oía era la alerta de nuestros centinelas. Yo era el director y redacté el guión. Ahora la función se ha vuelto a montar y da vueltas por España.

Cuando usted entró en la cárcel tenía 18 años. No sabía lo que era la vida, ni el amor…

Era hijo de campesinos muy pobres, analfabetos, y yo sabía leer y las cuatro reglas y poco más. La cárcel sería mi universidad. A los doce años mi familia me puso a trabajar en una tienda de cordelería e iba por los sitios con un carrito vendiendo cosas: hoces por los segadores, cuerdas. Me sorprendió la guerra y me marché al frente desde el primer momento como mascota al batallón Libertad.

Ha dicho usted que un día un día oyó a alguien que daba un mitin y pensó: “Este hombre habla para mí”.

En mi juventud yo era muy católico, mi padre también lo era. Un día fui a un acto a repartir la revista católica ‘Hosanna’, y mientras repartía me quedé a escuchar a un joven socialista que estaba hablando: era Federico Melchor. Me di cuenta de que estaba hablando de mí, de mi familia, de las condiciones de pobreza que rodeaban nuestra. Y me quedé enganchado, e iba a los mítines de los partidos socialistas hasta que ya di el paso al comunismo. Fue un paso difícil porque durante el día cumplía con las obligaciones de militante, y por la noche rezaba a solas.

¿Sigue siendo comunista?

Sí, no un comunista de cuartel o de secta, sino un comunista abierto, que quiere vivir su tiempo y escuchar a los demás, porque desgraciadamente a veces veo compañeros honorables que siguen utilizando hasta el mismo lenguaje que teníamos hace años. No te puedes dirigir a los jóvenes como lo hacías antaño, con una especie de catecismo político. Hay que oír a la juventud y hablarle. Ahí nace todo. Si no somos capaces de entender y de escuchar a la juventud no seremos capaces de cifrar los signos del futuro. Sigo siendo comunista y marxista.

Cuenta usted que le estaban torturando y alguien le tiró el retrato de Lenin…

Eso fue así. Yo estaba en los calabozos la dirección General de Seguridad en Madrid, soportando una paliza terrible y alguien arrojó un papel con el rostro de Lenin. Me pareció una señal. Eso es que hay una mística revolucionaria también.

¿Quién le tiró el retrato?

No lo sé. No fue un sueño. Tras recibir las palizas y hacerme con aquel papel doblado con el rostro de Lenin, me sentí fortalecido y comprometido con aquel retrato. Como por la mañana nos sacaban a hacer nuestras necesidades, al pasar ante otro calabozo lo tiré por la ventanilla a otro compañero para que siguiera luchando. Yo sé que existe una mística revolucionaria, y la he vivido cuando he sido torturado –con máscaras antigás, con corrientes eléctricas, con palizas brutales-: de repente te haces fuerte, lo resistes casi todo hasta perder la conciencia. No querías volverte indigno o delator de tus compañeros.

¿Cómo pudo resistir tanto dolor?

Teníamos nuestros trucos. Pero, después, nunca he cultivado el odio ni la venganza. A mí no se me ocurrió buscar a quien me torturó para romperle la cabeza. Una vez me preguntó uno de mis agresores: “Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?”. Yo les dije: “Yo lucho por una sociedad donde, entre otras cosas, no le puedan hacer a usted lo que usted me está haciendo a mí”. En la cárcel también escribí poesía sobre el dolor y la esperanza de mis compañeros, para despertar la conciencia a los compañeros.

Publicó usted ‘Decidme cómo es un árbol’ (Umbriel) y ese libro cautivó a Almodóvar, especialmente la historia de la prostituta Isabel de Peñalva. ¿Cómo está el proyecto?

Va adelante. Tenemos un contrato firmado por tres años. A Pedro le gustó mucho la historia: salí de la cárcel después de 23 años de reclusión y dos condenas a muerto. Un amigo me dio mil pesetas para que conociera el amor y me lo gastase con una prostituta. Fui, ella se quedó fascinada con mi historia, salimos a cenar y me estrené con ella. A la mañana siguiente me dejó las mil pesetas y me decía que le gustaría volverme a ver esa noche. Salí a la calle y le compré mil pesetas en flores. Esta escena va a ser el hilo rojo del libro: todo va a suceder en una noche. Pedro y yo somos amigos, nos vemos con frecuencia, y yo creo que se hará la película.

 

*Marcos Ana por Danilo di Marco.

29/11/2016 08:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PEPE MELERO ESCRIBE DE 'VACIAR LOS ARMARIOS' DE RODOLFO NOTIVOL

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[José Luis Melero, Hijo Predilecto de Zaragoza, copresentó ayer en el Paraninfo con Fernando Sanmartín la nueva, y primera, novela de Rodolfo Notivol: ’Vaciar los armarios’, que publica Xordica. Recurrió a su ingenio, a su sentido del humor y al magisterio de Georges Perec, y dijo esto sobre una novela ambiciosa y familiar que abarca 80 años de vida y de amistad en Zaragoza.]

 

 

RECUERDOS

A PROPÓSITO DE ’VACIAR LOS ARMARIOS’ DE RODOLFO NOTIVOL

 

Texto de José Luis MELERO RIVAS. Escritor y bibliófilo.

 

Recuerdo que cuando conocí a Rodolfo un día en Albarracín pensé: “En esas patillas no se pone el sol”.

Recuerdo que aquel día, sólo con ver la mirada limpia y serena de Mari Burges me dije: “Esta mujer lo tiene que hacer feliz”.

Recuerdo que luego he pensado siempre qué sería de Rodolfo sin Mari. Bueno, en realidad  lo que he pensado es qué sería de todos nosotros sin Mari. Y de mí sin Yolanda.

Recuerdo que a la mañana siguiente compré en Albarracín almojábanas, esa especie de rosquillas propias de allí, de origen árabe, que -hace poco me enteré- fueron llevadas por los conquistadores al otro lado del Atlántico y que aparecen citadas en algunos libros de Gabriel García Márquez como Los funerales de la Mama Grande o El amor en los tiempos del cólera.

Recuerdo que una de esas tardes en Albarracín, todos los amigos organizaron y jugaron un partido de fútbol, menos Fernando Sanmartín y yo, que éramos de verdad los únicos intelectuales del grupo y que andaríamos hablando de Saint John Perse o de Dylan Thomas. Que bien está que Fernando y yo seamos del Zaragoza, pero eso no quiere decir que tenga que gustarnos el dichoso fútbol.

Recuerdo que en seguida Rodolfo me habló de sus parientes anarquistas y, en especial, de Antonio Ejarque.

Recuerdo que a Antonio Ejarque lo llamaban “Barrilete” porque el hombre tenía algo de sobrepeso. Y recuerdo que leí en un libro sobre la fuga del penal de Ocaña que “Barrilete” no cabía por el túnel que excavaron para fugarse de esa cárcel en 1948. Y que casi se queda sin poder escaparse por esa tripa de los demonios.

Recuerdo que me estuve acordando todo el rato de Ejarque cuando leí la primera parte de Vaciar los armarios, en la que se le recuerda a él y se recuerda el fusilamiento y el exilio de otros hermanos suyos.

Recuerdo que la madre de la narradora de la novela, hermana de esos anarquistas, protesta airadamente cuando la policía detiene a uno de sus hijos por comunista. “¡Y encima con los comunistas!”, exclama. “¡Si llegan a enterarse mis hermanos”!

Recuerdo a nuestro llorado Félix discutiendo con Chusé Raúl, con Rodolfo, con Mari y conmigo la cubierta de Autos de choque, y decidiendo al fin cómo debía ser ésta.

Recuerdo cómo me gustó aquel libro.

Recuerdo a un reseñista de un periódico criticar la larga lista de agradecimientos que Rodolfo incorporó a Autos de choque.

Recuerdo a Rodolfo decir, más cabreado que un mono, que él agradecía a quien le salía de los cojones.

Recuerdo que a José Luis Violeta, el jugador aragonés más legendario de la historia, también le gusta mucho ese libro.

Recuerdo que hice muy feliz a Rodolfo el día que le presenté a José Luis Violeta.

Recuerdo que Rodolfo y Santiago Gascón fueron alumnos de Félix.

         Recuerdo un viaje que Rodolfo y yo hicimos a Santander con Félix y Cristina, con Mari y con Yolanda. Y recuerdo una comida maravillosa en un mirador frente al mar.

Recuerdo que su coche iba delante del mío y que le di una pegatina con la “A” de Aragón para que la pusiera junto a la matrícula y así verla yo durante todo el camino.

Recuerdo que ese domingo nos fuimos al rastro de Santander por la mañana. Y no recuerdo que comprara nada, así que nada compraría. Si hubiera comprado algo, vaya si me acordaría.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo sea amigo de Pablo y de Roger.

Recuerdo que a Rodolfo siempre le gusta presumir de los años que lleva de socio del Zaragoza y del fútbol que ha visto; y recuerdo que siempre le gusta decirme que soy el segundo mejor zaragocista de la historia, porque está convencido de que él es el primero.

Recuerdo que siempre le digo que no sabe lo que dice: que el primero soy yo con mucha diferencia.

Recuerdo que durante algunos años estuvimos yendo Rodolfo y yo juntos a La Romareda con otros grandes amigos: Labordeta (que pagaba su abono, pero no venía casi nunca), Miguel Mena, Antonio Pérez Lasheras, Félix, Ismael Grasa y Fernando Sanmartín. Y Pisón cuando estaba en Zaragoza. Y recuerdo que nos llamábamos la Peña Milito.

Recuerdo que la noche que le metimos 6-1 al Madrid estábamos todos juntos en La Romareda. Y recuerdo los abrazos que nos dimos Rodolfo y yo con Félix y la alegría desbordada de éste y de los demás.

Recuerdo que el estar juntos en el campo se terminó cuando me hicieron Consejero. Y recuerdo que yo todas las tardes sin excepción miraba desde el palco aquella localidad y me decía: “Allí están mis amigos”. Y trataba de reconocerlos entre la multitud.

Recuerdo que una noche en La Romareda, en un partido de Copa de la UEFA, me marché del campo avergonzado de lo que veía y dejé a mi hijo, que era entonces bien pequeño, con Rodolfo; y recuerdo que luego tuve que volver a buscarlo avergonzado de mí mismo.

Recuerdo que siempre me ha gustado su manera apasionada de querer a Zaragoza; y recuerdo que me gusta ver cómo despotrica sin piedad de quienes no la quieren como nosotros.

Recuerdo que si Rodolfo pudiera instauraría el cantón de Montemolín, lo que no está mal pues el cantonalismo responde a una vieja tradición republicana y federal y fue uno de los precedentes del anarquismo en España.

Recuerdo que me gusta que Rodolfo me llame a veces Pepico.

Recuerdo que cuando leí el manuscrito de Vaciar los armarios esperaba que me gustara, pero nunca imaginé que me iba a gustar tanto.

Recuerdo que mientras la leía me decía todo el rato: A Pisón le va a encantar.

Recuerdo que después hablé con Ignacio y me dijo: “Me ha encantado”.

Recuerdo que cuando la leía pensaba que frente a los que sólo escriben novelas para narrar cosas, Rodolfo ha escrito una novela para contar sus cosas y entender su vida.

Recuerdo que me llamó desde el principio la atención la estructura de la novela, en la que la narradora, Marina, cuenta la historia de su familia a una de sus sobrinas, la hija de su hermana pequeña Gloria. Y que en seguida me vino a la cabeza Natalia Ginzburg.

Recuerdo la lectura de algunos pasajes con tanta emoción que a veces me entraban ganas de llorar. Por ejemplo en la narración de la triste vida que tenía que llevar la abuela chica en un cuchitril de San Pablo o en la de los últimos días de Celia.

Recuerdo que pocas veces uno puede encontrarse tantos personajes y tan bien caracterizados en una novela. Y recuerdo que la leí con lápiz y papel, para no perderme nada.

Recuerdo que tuve que apuntarme los personajes como hice con los de Cien años de soledad; y recuerdo que me dije: no es mala cosa que ambas novelas anden juntas y que haya que leerlas del mismo modo.

Recuerdo que me decía todo el rato: qué pocas novelas de sagas familiares alcanzarán seis generaciones: la bisabuela María (en la novela “la abuela grande”, la madre del abuelo materno), la abuela materna (en la novela “la abuela chica”, la nuera de la abuela grande), la madre y el padre, los nueve hijos, los hijos de éstos y los biznietos de la madre y el padre. Seis generaciones.

Recuerdo que pensé: “Menos mal que Eva Cosculluela sabe lo que son los choznos”. Y recuerdo que pensé que esta es una novela perfecta para usar esa hermosa palabra: chozno, el cuarto nieto o el hijo del tataranieto. Dani es chozno de la abuela grande.

Recuerdo que cuando leí que la voz de Paquita, una de las protagonistas, sonaba como “un sonajero de arena”, me dije: “¿Estoy leyendo a Rodolfo o la sombra de Antón Castro es de verdad tan alargada?”

Recuerdo con emoción cómo quería arreglarse Celia cuando iba a visitarla el novio de su hermana.

Recuerdo que el padre canta en la novela la novena sinfonía de la jota: la fiera antigua, la jota cumbre de José Oto: “Nadie le tema a la fiera, que la fiera ya murió, que al revolver una esquina, un valiente la mató”.

Recuerdo que pensé: si tengo huevos la cantaré en la presentación.

Recuerdo que no tengo huevos.

Recuerdo que la novela me hizo recordar a tantas personas con pequeños retrasos que en aquellos años fueron ingresadas en manicomios y que hoy vivirían felizmente con sus familias. Y recuerdo las visitas que hacía Rodolfo a uno de esos siquiátricos para visitar a un familiar próximo.

Recuerdo que la novela me hizo recordar cómo eran los viajes de novios de los pobres: en este caso, cuatro días en el barrio de La Cartuja.

Recuerdo que hay un homenaje a Cuchi (cuchicuchicuchi, se lee en la página 13), otro a Artal (ese doctor Burriel…) y otro a Pisón (el piso de la calle Rufas, 12), y que me dije “Coño y a mí qué, que encima le tengo que presentar el libro”.

Recuerdo que me gustó que escribiera que Álvaro cogió a su hijo a corderetas.

Recuerdo que el gran Javier Aguirre, el ídolo de tantos, me preguntó qué tal estaba la novela; y que cuando le dije que era buenísima me contestó con cariño aragonés: “Parece mentira que la haya escrito ese “matután” de Rodolfo”.

Recuerdo que estuvimos hablando de si “matután” se utilizaba más allá del Alto Aragón; y recuerdo que lo miré en el diccionario de la RAE y no viene; y que tuve que mirarlo en el “Diccionario aragonés” de Rafael Andolz: “Matután”: grandón y sin sustancia. Y otra acepción: terco, tozudo, duro de juicio.

Recuerdo que me dije: lo contaré en la presentación para que a la salida Rodolfo le ajuste las cuentas a ese “matután” de Javier Aguirre. Con cariño aragonés, eso sí.

Recuerdo que pensé que “matután” debe de ser aragonesismo relativamente reciente, pues no aparece ni en el Diccionario de Mariano Peralta de 1836, ni en el de Jerónimo Borao de 1859, ni en su reedición de 1908.

Recuerdo que el suicidio de Álvaro me recordó al de Víctor Mira.

Recuerdo que sentí compasión por los últimos años juntos de Juan y Marina, porque no merecían ese final.

Recuerdo que cuando Miguel acortó su viaje de novios por Andalucía, recordé el caso de un amigo que recortó el suyo para llegar a La Romareda a ver un partido del Zaragoza. Su mujer lo dejó al poco tiempo.

Recuerdo que me gustó que recordara las taquillas de la plaza del Carbón.

Recuerdo que a Yolanda también, como a Charlie, le daban en el Gancho pan con vino y azúcar.

Recuerdo que la escena de los hermanos comiendo en silencio arroz con leche, sin levantar apenas la cabeza, después de haberse repartido lo poco que dejó su madre al morir, me pareció maravillosamente cinematográfica y me hizo pensar en Buñuel y en la cena de Viridiana.

Recuerdo que me gustó que la novela empezara con dos citas de los Labordeta: una de José Antonio y otra de Miguel; y que me dije: Rodolfo es un hombre de bien y no juega a la impostura de poner una cita de Eliot o de Ezra Pound, que tan fáciles serían de encontrar. Pone de sus amigos y de los de casa. A algunos les parecerá provinciano y a mí me parece enternecedor.

Recuerdo que pensé: si tenemos suerte y salen por ahí un par de buenas críticas y la movemos lo suficiente, esta novela debería ser un bombazo, porque es literatura en estado puro, literatura de la mejor.

Recuerdo que luego pensé que la editaba y la tenía que mover Chusé Raúl.

Recuerdo que después de hacer el chiste, me dije: Sanmartín, Notivol y yo tenemos la suerte de que nos edite el mejor editor.

Recuerdo que Rodolfo y Mari siempre han estado a mi lado. Hasta cuando he ido a Madrid a presentar mis libros. Y recuerdo que me dije: mi amigo merece que me esmere en hacerle una presentación cojonuda. Entre otras cosas, porque si no igual tengo que esperar trece años más, que son los años que hace que salió su libro anterior, y ya me cogerá un poco mayor.

Recuerdo que pensé que recurrir al Je me souviens de Georges Perec me dotaría de un marco cómodo para contar cosas de forma poco solemne.

Recuerdo que deseé acertar en la forma y en el fondo.

Recuerdo que pensé que como los chicos de barrio suelen ser los mejores y los más leales, seguro que Rodolfo me seguiría queriendo un poco, la presentara como la presentase.

Recuerdo que pensé: pero qué me importa a mí que me quiera o no Rodolfo, si yo en el fondo a la que quiero es a Mari.

Recuerdo que debo terminar ya porque Rodolfo tiene que firmar los muchos libros que todos ustedes van a comprarle.

Recuerdo que debo darles las gracias por escucharme.

 

*La foto de Rodolfo Notivol es de Lara Albuixech.

26/11/2016 12:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA RECUERDA EN CAIXAFORUM A JULIO CORTÁZAR

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HOY, MARTES 22, UN DIÁLOGO SOBRE JULIO CORTÁZAR
[CaixaFórum. Martes 22 DE NOVIEMBRE, 19.00H. Julio Cortázar. 'Siguiendo los pasos de la Maga'. CARLES ÁLVAREZ GARRIGA, editor y compilador del libro 'Cortázar. De la A a la Z', con Aurora Bernárdez. Dialogará con ANTÓN CASTRO, escritor y periodista, coordinador de 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

¿Qué motivó el particular universo literario de Julio Cortázar? ¿Qué relación tuvo con las ciudades de Buenos Aires y París? Existió realmente la Maga? Entrar en el mundo de Julio Cortázar, hecho de ensoñaciones, personajes que buscan y encuentran, ideas brillantes y juegos infantiles, es entrar en el fundamento mismo de su obra.

22/11/2016 12:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CONGRESO DE 'PENSAMIENTO CRÍTICO Y FICCIONES...'

Carmen Peña Ardid explica el Congreso Internacional "Pensamiento Crítico y ficciones en torno a la Transición española (1975-2016)", que tendrá lugar los días 23,24 y 25 en la
Universidad de Zaragoza.

 

Dice: En él participarán más de 70 especialistas en la historia y la cultura (novela, teatro, cine, televisión) de la España democrática, procedentes de numerosas Universidades de España, Francia, EE.UU., Reino Unido o Nueva Zelanda. Entre las figuras destacadas  se encuentran el historiador Santos Juliá, la historiadora Paloma Aguilar, las escritoras Marta Sanz y Ana Rodríguez Fischer, la cineasta Josefina 

Molina o el dramaturgo aragonés Alfonso Plou, aparte de otros
distinguidos miembros del mundo académico
  El Congreso, inaugurado por el Sr. Rector el día 23, se celebrará en el
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y colabora con la Fundación
Manuel Giménez Abad en la realización de una mesa redonda (viernes, 25
de noviembre, !8:15) titulada "La Transición. Visones 40 años después"
en la que intervienen El Ex-Senador Constituyente, Lorenzo Martín
Retortillo, La filósofa Amelia Valcárcel, la escritora Marta Sanz y José
Tudela Aranda (Letrado en Cortes de Aragón y Secretario de la Fundación
Manuel Giménez Abad).
  También estará Antígona con una selección de libros.
  El Congreso está organizado por el Proyecto de investigación
"TRANSLITEME (Transición: literatura.Teatro.Medios)", del Departamento
de Filología Española de la Universidad de Zaragoza

 

 

 

PROGRAMA

Miércoles, 23 de noviembre

8:30 Entrega de documentación.

9:00-9:40h Acto inaugural.

 

9:40-11h Sesión 1: LA TRANSICIÓN Y LA MEMORIA DE LA GUERRA Y EL EXILIO

Paloma Aguilar (Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid) Memoria y transición en España a nivel local. Exhumaciones de fusilados republicanos y homenajes en su honor. Sarah Leggott (Universidad Victoria de Wellington. Nueva Zelanda)

Los ex-exiliados en la transición española: Representaciones literarias

contemporáneas.

11:30-12:40h Conferencia plenaria.

Santos Juliá (UNED. Madrid) Transición: lo que fue, lo que queda.

 

12:40-14:00h Sesión 2. INTELECTUALES ANTE LA CULTURA DEMOCRÁTICA

José Luis Calvo Carilla (Universidad de Zaragoza)

La era de las reacomodaciones: el caso de Torrente Ballester.

Carlos Femenías Ferrà (Universidad Pompeu Fabra. Barcelona) Gramática

intelectual en la Transición. Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio.

Elena Lázaro Ruiz (Universidad de Barcelona) El reflejo de la Transición en la

obra de Ana María Moix.

 

16:00-16:40h Sesión 3. MEMORIA CULTURAL DE LA TRANSICIÓN. PRESENTACIÓN DEL PROYECTO TRANSLITEME

Ana Esteban (Universidad de Zaragoza) Colaboración interdisciplinar en la

elaboración de una base de datos destinada a una difusión en abierto.

Carmen Agustín y Begoña Gimeno (Universidad de Zaragoza)

Nombrar la Transición. Fuentes de información para un estudio documental de la

terminología sobre la Transición española.

 

16:40-18h- Sesión 4. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN LA NARRATIVA DE LA DEMOCRACIA.

Juan Carlos Ara (Universidad de Zaragoza) Un periodo extraño y extrañado. La

Transición como tormenta y trauma (1984-1992).

Mª Ángeles Naval (Universidad de Zaragoza) Memoria de la Transición en la

novela (2000-2010).

Gonzalo Pasamar (Universidad de Zaragoza)

La Transición española en la novela negra (1977-2015)

 

18:20-19:15h Sesión 5. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN EL TEATRO Y EL CINE DE LA DEMOCRACIA

Teresa García-Abad (C.S.I.C. Madrid)

Representaciones de “la Cosa” o el monstruo reprimido: Transición y teatro.

Carmen Peña Ardid (Universidad de Zaragoza) Una historia de mala conciencia.

La imagen de la Transición en el cine español de la democracia.

19:20-20:30h Conferencia plenaria.

Carlos F. Heredero (Historiador y crítico de cine).

Espejos que se miran: el cine de la Transición frente a la España de la

Transición /1975-1982).

20:30h Recepción de bienvenida. Cafetería Paraninfo.

Jueves, 24 de noviembre

 

SESIONES PARALELAS

9:00-10:45h Sesión 6A. TESTIGOS DEL CAMBIO POLITICO SOCIAL: LITERATURA Y PERIODISMO

Jean-Pierre Castellani (Universidad François Rabelais de Tours).

Francisco Umbral protagonista y narrador de la Transición.

Bénédicte de Buron-Brun (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour )

Rojos, ultras y pasotas: la juventud en los años de la Transición según Francisco

Umbral.

Ana Rodriguez Fischer (Universidad Barcelona) Aquellos chicos de Argüelles:

poesía y crítica en la obra narrativa de José María Guelbenzu.

Claire Lafaille (Univ. Pau et des Pays de l´Adour) Los vencidos de la Transición

en Luz de la memoria de Lourdes Ortiz.

 

Sesión 6B. TESTIGOS DEL CAMBIO POLÍTICO SOCIAL: CINE Y LITERATURA

Silvie Ricouard (Universidad Grenoble-Alpes) Autopsia del cambio o el coste de

la libertad. La Transición en la trilogía de José Luis Garci: Asignatura pendiente

(1977), Solos en la madrugada (1978), las verdes praderas (1979).

Santiago Morales-Rivera (Universidad California-Irvine) ¿Quién teme a

Cristina Fernández Cubas? Humor, horror y memoria durante la Transición.

Ernesto Viamonte (Universidad de Zaragoza) “La cuestión vasca” en la novela de

la Transición española.

Ana Gandara Sorarrain (Universidad UPV) La Transición y sus relatos en la

literatura vasca. Silencios, polifonía y transtextualidad como instrumentos redentores.

11:15-13:00h

 

Sesión 7A. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL TEATRO

Fanny Blin (Universidad Bordeaux Montaigne. Francia) ¿Transición o traición?

Cuando Luis Riaza denuncia a una generación en Antígona… ¡cerda!.

Diego Santos Sánchez (Universidad de Alcalá. Madrid) ¿Libertad en escena?

La censura teatral en la transición.

Anne Laure Feuillastre (Universidad Paris Ouest) Transición, monarquía y

sucesión el teatro colectivo durante la agonía del franquismo.

Claire Dutoya (Univ. Sorbonne Nouvelle - París III ) Recordar para conjurar la

repetición trágica: Mañana, aquí, a la misma hora (1979) de Ignacio Amestoy.

 

Sesión 7B. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL CINE

José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca)

El cine biográfico durante la Transición.

Carmen Gustrán (Universidad de Zaragoza) En la España de las maravillas.

Representaciones cinematográficas disidentes sobre la Transición (1975-1982).

María Camí-Vela (Universidad of North Carolina at Wilmington, EE.UU.)

Cine y Transición en España: La incómoda mirada de Helena Lumbreras.

Rafael Robles, Rafatal (director de cine) El quinqui cinematográfico: alegre

bandolero y pícaro burlón. El buscón de la Transición española.

 

13:00-14:00h Sesión 8. (RE)VISIONES CRÍTICAS DE LA TRANSICIÓN EN LA LITERATURA

Carmen Valcárcel (Universidad Autónoma de Madrid) El lienzo de Penélope:

identidad/es femenina/s en T(t)ransición

Dolores Thion Soriano (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) Desmemoria,

posturas e imposturas en la Transición en las primeras obras de Rafael Chirbes.

16:00-17:20h

 

Sesión 9A. RECONSTRUCCIONES DE LA HISTORIA

Manuel J. Ramos Ortega (Universidad de Cádiz)

La otra transición. La novela El impostor de Javier Cercas.

Lucas Merlos (Universidad de Grenoble. Francia) Entre documento y monumento:

la defensa de la Transición en Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Pilar Esterán Abad (Universidad de Zaragoza) Estrategias narrativas en la ficción

histórica. De Pérez Galdós a Javier Cercas

 

Sesión 9B. EL NUEVO ESPACIO DEMOCRÁTICO Y LAS ARTES

Igor Barrenetxea (Universidad País Vasco) Una metáfora de la transición a través

de ¡Arriba Hazaña! (1978) de José María Gutiérrez Santos.

María Villamarín (Universidad Santiago de Compostela) Impugnar la escritura de

la historia desde el archivo. Iniciativas artísticas hegemónicas y colectivos en el olvido

(Galicia, 1975-1985).

David García Ponce (Universidad de Barcelona) Fotografías con dedicatoria: la

(re)construcción memorialística del extrarradio como nuevo espacio democrático.

ç

17:45-19:35h Sesión 10A. LA DIALÉCTICA MEMORIA/OLVIDO. CRÍTICA DE LA TRANSICIÓN DESDE LA NOVELA

Irene Gonzalez y Reyero (Universidad de Sevilla) Transición: el espejo roto de

Los viejos amigos de Rafael Chirbes.

Víctor Manuel Muñoz (Universidad de Sevilla)

Rafael Reig o los p(r)ecios de la Transición.

Violeta Ros (Universidad de Valencia) “Siempre hace sol en el país de la

nostalgia”. Los afectos en el reciente corpus narrativo sobre la Transición española.

Denis Vigneron (Universidad d´Artois, Arras. Francia) Testimonio(s),

herencia(s), secreto(s): de la transición democrática a la transición narrativa.

 

Sesión 10B. MEMORIA/OLVIDO. REVISIÓN DEL PASADO EN EL CINE Y EL TEATRO ÚLTIMOS

Isabel Carabantes de Las Heras (Universidad de Zaragoza)

La CT evita el drama, pero el drama se vuelca con la CT. Ana Prieto Nadal (Escritora y miembro del Grupo de Investigación del SELITEN@T / UNED. Madrid) La Transición española en el teatro del siglo XXI: El

bordell (2008) de Lluïsa Cunillé, Transición (2012) de Alfonso Plou y Julio Salvatierra,

y El Rey (2015) de Alberto San Juan.

Javier Rodríguez Hidalgo (Universidad Angers. Francia)

La “red” invisible. La tortura en el cine de la Transición.

Christelle Collin (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) La transición a la democracia en el cine español reciente: La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez.

 

19:40h-21:00h Mesa redonda: LA TRANSICIÓN EN LA LINEA DEL TIEMPO. CREACIÓN Y COMPROMISO

Intervienen: Alfonso Plou (dramaturgo), Josefina Molina (directora de cine y de Televisión).

22:00h Cena del Congreso (opcional) Restaurante Teatro

Principal de Zaragoza

Viernes, día 25 de noviembre

 

SESIÓN PARALELA

8:45-9:40h

Sesión 11A. LA IMAGEN DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA EN EL EXTERIOR Y EN EL ARTE

Cristina Giménez (Univ. de Zaragoza) Reposicionamientos y prácticas

artísticas durante la Transición. La ruptura de un relato hegemónico.

Naftalí Paula Veloz (Univ. Carlos III. Madrid) La construcción de la

imagen de la transición española en América latina: Entre España y Juan Carlos I.

 

Sesión 11B. POESÍA: DISIDENCIAS EN LA TRANSICIÓN Y NORMALIZACIÓN DEMOCRÁTICA

María Beas Marín (Universidad de Granada) Sin saber cómo nos quedamos solos

en mitad de la historia: Una poesía otra en la Transición. Javier Egea.

Alejandro Simón Partal (Universidad du Littoral / IEMYR) Transición hacia el

tercer milenio: revisión e interpretación del periodo transicional en la poesía española

a partir de 1989

9:40:11:00h

 

Sesión 12. TELEVISIÓN Y PERSPECTIVAS INTERMEDIALES

Luis Miguel Fernández (Universidad de Santiago de Compostela)

1977-1982. Marco encuentra a su madre y los españoles sus males. Las transiciones

pendientes a través del relato televisivo y literario de los años ochenta.

David R. George, Jr. (Bates College. EE.UU.)

Dagoll Dagom en televisión: transición y transferencia intermedial.

Elena Cueto Asín (Bowdoin College, EE.UU.) En torno a Guernica como victoria

institucional y patrimonio: desde El Ministerio del Tiempo

11:30-12:40 Conferencia plenaria

Manuel Palacio Arranz (Universidad Carlos III. Madrid)

Transición y democracia. La televisión constructora de símbolos

culturales para el espacio público.

 

12:40-14:00h Sesión 13. TRANSICIONES PENDIENTES: LA ORIENTACIÓN DE GÉNERO

Ana Corbalán (Univ. Alabama. EE.UU.) Estereotipos femeninos en el cine sobre

la Transición: cuerpos silenciados y objetos deseados.

VÍctor Mora (Universidad Carlos III. Madrid) Política y sexo en transición: la

construcción de la normatividad sexual desde las nuevas narrativas cinematográficas.

Natalia Martínez Pérez (Univ. Carlos III. Madrid) Leyendo entre líneas: la ficción

televisiva de Miró, Molina y Salvador durante la Transición.

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17:00h Visita al Palacio de la Aljafería

18:15-19:30h Sala Goya. Palacio de la Aljafería

Mesa redonda: La Transición. Visiones 40 años después.

Intervienen: Lorenzo Martín Retortillo, Amelia Valcárcel, José Tudela Aranda y Marta

Sanz. Modera: Carmen Peña Ardid

19:30h Clausura del Congreso

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18/11/2016 13:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO. UN CUENTO

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[Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es un creador de lenguaje, de situaciones, un narrador con ingenio y ternura. Publica ’La vuelta al día’, en Páginas de Espuma, y divide el volumen en cinco partes. El conjunto se cierra con este texto precioso, evocador, dramático, feliz...]

 

La poda y la tala de los árboles frutales

 

Hipólito G. Navarro

 

 

«Los libros son muy importantes, hijo mío; un libro es la cosa más importante del mundo, por lo menos eso apréndelo bien.» Que recuerde ahora, mi padre no fue nunca hombre dado a máximas y consejos. Él fue más que nada un hombre dado al alcohol, regalado al alcohol, en sus variantes más primitivas del vino blanco barato y el coñac de garrafa. Verdadero artista de su oficio, alimentó una sola y hermosa borrachera durante años y años. Como esos poetas secretos que entretienen toda su existencia en pulir los versos de un poema privado y único, así mi padre trabajó de manera ininterrumpida los de su particular soneto, aquella su melopea dulcísima que atravesó como un suspiro con estrambote mis dieciséis primeros años, que fueron a la vez los últimos suyos. Baste decir, para que se entienda de una vez, que apenas llegué a conocerlo sobrio, con lo que se me perdonará también que me burle un poquitín si aseguro que él fue, muchísimo más que otros bardos, absoluto dueño del don de la ebriedad.

Mi infancia son recuerdos de un... bar. Mi padre tuvo un bar. O un bar tuvo a mi padre, no lo sé. Las estanterías de los bares son muy distintas de las de las bibliotecas. No tienen libros. Ostentan infinidad de botellas. Esas botellas no contienen literatura, contienen alcohol, rotulado con títulos y colores muy atractivos.

«Un libro es lo más importante del mundo, hijo mío», me repetía él desde su delirio cada vez que tenía oportunidad. Me llevaba a un aparte en esos momentos, a la semioscuridad de la bodega, echándome el brazo por el hombro como si fuese un amigo, y sacaba entonces del fondo más secreto de unos estantes entelarañados su más preciado tesoro: una pequeña caja fuerte portátil donde guardaba bajo llave un libro, su único libro, el libro. Aún recuerdo sus manos temblorosas sacando el volumen de aquella breve cárcel blindada, sus dedos retirando con muchísimo cuidado el forro de papel de estraza con que protegía una cubierta ya bastante ajada por aquel entonces, su prevención ante el peligro de mis ansiosas manos infantiles, que nunca pudieron sin embargo ni tan siquiera sopesar el volumen. Enseguida recorría él, emocionado junto a su pequeño vástago, aquellas páginas apretadas de ilustraciones técnicas del oficio de su juventud, aquellas láminas donde convivían sin miedo, en instantes congelados, los troncos y las ramas de los frutales con las hoces, las hachas y las tijeras de podar. Pasaba las hojas con parsimonia, deteniéndose en la sobriedad de los gráficos, sin la más mínima intención de leer, pero contemplando las letras con la misma delectación que los dibujos, como si las letras fuesen dibujos también. Acurrucado en su regazo, me dejaba caer entonces en una dulce soñolencia, mientras él pasaba las hojas y de forma incansable, con su aliento de vino, musitaba el sempiterno consejo: «un libro es lo más importante del mundo, hijo mío».

Luego, andando el tiempo, cuando uno ya ha aprendido que nada es más peligroso en el mundo que el hombre de un solo libro, he reflexionado muchas veces sobre aquella obsesión suya. No sabría explicar lo que pienso. Tampoco es completamente cierto, debo confesar, que fuese mi padre hombre de un solo libro, pues además de ese que celosamente guardaba bajo llave he sabido que tuvo otros dos, hasta que me los regaló cuando aprendí a leer: un Quijote muy trabajado, casi hecho menuzos, y un fragante ejemplar encuadernado en tela de Los viajes de Marco Polo, con bellísimas ilustraciones a todo color. Durante mucho tiempo ignoré que antes hubiesen sido suyos; cuando lo descubrí, lamentablemente, ya no existían sobre la Tierra, como tampoco él. Todos los quemó mi madre tras el sepelio, para evitar el contagio al parecer, junto al resto de pertenencias de aquel borracho que tanto me quiso y a quien tanto amé.

Por eso mismo, porque sé que me quiso y que yo lo amé, es por lo que todavía no termino de comprender del todo por qué me eligió a mí su cantinela. Siendo dos sus hijos, ¿por qué libró a mi hermano de esta pesadilla de los libros, por qué quiso castigar tan sólo a su primogénito animándolo de manera tan inconsciente a la borrachera eterna del veneno de lo impreso? Antes de ponerme a escribir estas líneas pensaba en tres o cuatro libros de mi adolescencia, los que yo creía que me habían marcado para siempre, así sean bastante inocentes en verdad: uno de vampiros, el Drácula de Bram Stoker; otro de aventuras carcelarias, Papillón, la famosa autobiografía de Henry Charrière, y aquel descacharrado divertimiento de Woody Allen, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Tenía hasta un título simpático para estas páginas, «Chupadores de sangre, de coca y de clarinete», pero ahora, y como me ocurre siempre, la línea de comienzo le dio la vuelta al argumento que quería expresar y caigo en la cuenta de que el libro más importante de mi vida ha sido precisamente aquel de mi padre que jamás leí, aquel que ni siquiera pude tener nunca entre las manos. Es curioso.

Siempre será para mí un misterio ya imposible de descifrar la obsesión de mi padre por aquel libro que no era ni Quijote ni Biblia, pero que en él operaba un efecto tan místico y arrebatador. ¿Un ejemplo de lo que digo? Conservo un recuerdo muy nítido de aquel entonces, cuando debía de tener yo doce o trece años: mi padre se había ensimismado más que otras veces, mientras me revolvía descuidadamente el pelo, en los capítulos dedicados a la vid; puedo ver aún los dibujos de las cepas retorcidas antes de que él cerrara el libro y lo guardase en su caja, antes de salir al bar, aquel negocio suyo venido muy a menos en los últimos años, cuando a él ya lo atacaba a veces el delirium tremens. Amuebló entonces la barra de vasitos, alineándolos como en una procesión, y los fue llenando hasta el borde con aquel vino blanco rasposo, pendenciero y sin marca que tanto le gustaba. No los conté, pero fueron más de cuarenta, y colmaron el mostrador entero; él aseguró más tarde que puso el número que contaba su edad. Los contempló un rato excesivamente largo en silencio, me miró con aquellos ojos suyos tan tristes, y luego se los fue bebiendo uno tras otro, apurándolos hasta el fondo. Los bebió de la misma manera que en la penumbra de la bodega se bebía junto a mí cada una de las páginas de su libro, en una relectura infinita, supongo ahora, del tiempo ido de su juventud.

Tengo un hermano. Siempre toma un whisky después de las comidas. No lee libros, y es feliz.

Yo tengo aquí detrás los estantes a rebosar de volúmenes. Cometo un texto como quien comete un crimen para llenar estas páginas. Soy abstemio. Y lloro, me cago en la literatura, como ya no me creía que fuese capaz de llorar.

 

[De La vuelta al día. Páginas de Espuma, 2016]

17/11/2016 13:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HIPÓLITO G. NAVARRO: PASIÓN POR EL CUENTO

Hipólito G. Navarro regresa a

su género favorito:  el cuento

 

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es, según su editor, el zaragozano Juan Casamayor, “el más importante de nuestros cuentistas actuales”. Se le emparienta con los autores latinoamericanos (Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Juan Rulfo, “a los que he leído mucho”, dice), pero ante todo es un escritor sorprendente, con personajes cotidianos y a la vez extravagantes, un tanto impredecibles. En su niñez y adolescencia encuentra asideros de narrador: su padre tenía bares y era un fabuloso aficionado al boxeo: “Perico Fernández y Urtain figuraban entre sus dioses. Entonces, en los 60 y 70 el boxeo era importante en España, formaba parte de las conversaciones de los adultos, pero  a mí  no me gustaba quizá porque no lo entendía”, dice.

Su padre era alcohólico y esa condición fue fuente de desdichas en casa. Murió cuando su hijo mayor tenía 16 años. Hipólito G. Navarro le rinde un homenaje en el último cuento del volumen ‘La vuelta al día’ (Páginas de Espuma), que presentó en Los Portadores de Sueños. “Ese cuento, ‘La poda y la tala de los árboles frutales’, vale por todo un libro y quizá una vida. Hay muchas cosas dentro de él y hay una historia familiar que me marcó mucho: en casa solo había esa guía práctica con dibujos. He encontrado una foto donde mi padre está talando con otros compañeros y la incorporo”.

Cuando mira hacia atrás, Hipólito G. Navarro, halla otras fuentes del narrador que es: su abuelo, que había sido herrero en Nueva York, le surtía de historias de personajes, de puentes, de hechos inverosímiles. Y también está su condición de niño desubicado en el colegio: malo en el fútbol, algo enfermo, con dolencias inesperadas, que se mezclaba con las chicas y oía sus historias. Quizá la suma de todas estas incidencias haya hecho de Hipólito G. Navarro, que trabaja de corrector en el Boletín Oficial de Andalucía, un autor desconcertante y original. Como ha ido probando en diversos libros. Llevaba casi una década sin publicar relatos inéditos, tras ‘Los últimos percances’ (Seix Barral, 2005). “Con ese libro y con ‘El pez volador’ (Páginas de Espuma, 2008), que preparó Javier Sáez de Ibarra, me pasó algo increíble: recibí muchas críticas y cartas positivas de los lectores y de los colegas. Fue como una tormenta de cariño. No exagero. Y en todo este tiempo me entró miedo, más miedo que sentido de la responsabilidad: temía decepcionar a tanta gente que había sido tan maravillosa conmigo. A este hecho se sumó otro: en 2005 murió mi madre, que ha sido siempre la primera lectora de mis cuentos”.

Por fin, aquí está ‘La vuelta al día’, un volumen de 22 piezas, repartidas en cinco partes, que toma el título de un cuento donde le rinde homenaje a Julio Cortázar. “Esto también responsabiliza. No puedes hacer cualquier cosa pensando en Cortázar. A mí me marcó mucho sobre todo ‘Historias de cronopios y famas’, un libro que leí con mucha pasión a la vez que leía ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ de Woody Allen”. Ese cuento, ‘La vuelta al día’ es un viaje a la juventud de amor, paseos y cine, y es también la constancia de que ni en la pasión ni en el sexo el tiempo avanza en vano.

“En mi vida y en mi familia hay muchas historias que parecen fábulas, magia, que son dramas, pero yo escribo para no aburrirme. Escribo de lo que no sé. Si lo tengo todo previsto me aburro y lo dejo. Improviso como un músico de jazz y corrijo y corrijo luego porque un cuentista, que se mueve en poco espacio, no puede desperdiciar dos frases. Soy perfeccionista y busco que la frase tenga un sonido natural en el oído”, agrega.

Le interesan los pequeños y grandes temas. Los seres  modestos y quizá un tanto alucinados. Raros. “Locos, no. Me da mucho miedo la locura. Y también huyo del drama. Me inclino por el humor y por el leve disparate. De hecho, tres de mis escritores de cuentos favoritos son Álvaro Cunqueiro, Antonio Pereira y mi paisano Fernando Quiñones, que poseían mucho humor. No tengo una teoría del cuento: exploro, experimento, juego y me divierto”, resume. 

14/11/2016 08:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ROSA MONTERO Y 'LA CARNE'

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«El amor físico puede ser una cárcel» 

 

Rosa Montero presentó ayer ‘La cárcel’ (Alfaguara), una novela de amor, soledad y miedo a la vejez, en la librería Los portadores de sueños

 

Rosa Montero presenta esta tarde, en diálogo con Luis Alegre, su nueva novela: ‘La carne’, la historia de una mujer madura que pierde la cabeza por un prostituto. Soledad es comisaria de exposiciones, prepara un proyecto sobre escritores excéntricos para la Biblioteca Nacional, y decide contratar a un joven, Adam, para dar celos a un amante que la acaba de abandonar. A partir de ahí sobreviene lo inesperado. La escritora madrileña resume -en una charla en su casa madrileña, próxima al Retiro, con sus dos perras-, algunas claves del libro y de su escritura a través de diversas palabras significativas.

Vivir. «El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo».

Madurez. «Ya soy suficientemente mayor para contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre».

‘La carne’. «Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. ‘La carne’ es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho…»

El amor. «He llegado a la conclusión como persona, y además recientemente aunque parezca extraño, que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor. El amor mueve el mundo en general. Y en ‘La carne’ quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, sino llevarlo al extremo de preguntar “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”, que es lo que hace Soledad. Por otro lado, ‘La carne’ es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso la que ha tenido relaciones, más o menos satisfactoria, más o menos prolongadas, que no ha conseguido del todo ser feliz».

Juventud y deseo.  «Soledad, la protagonista de ‘La carne’, comisaria de exposiciones, se vuelve loca. Se enamora. Aunque había tenido otras relaciones, regresa con decepción de una historia de amor con un hombre más joven también, aunque casado, y dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puede ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula ‘La carne’ porque es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, y a la vez es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión; es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida. Di de inmediato con el título y me pareció que era el más exacto, que aludía a todo lo que yo quería aludir».

Literatura. «Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, la literatura, pero supongo que todo el arte es así…»

Adam, el prostituto. «Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló, un inmigrante que busca su sitio como puede».

«¿Por qué escribo?». «Busco el sentido de la existencia. La escritura para mí es un viaje del conocimiento, del descubrimiento. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepa».

 

FICHA

‘La carne’. Rosa Montero. Alfaguara. Madrid, 2016. 240 páginas. (La foto es de Heraldo).

 

08/11/2016 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CALVO CARILLA: PICASSO EN EL BURDEL

José Luis Calvo Carilla estudia los orígenes de las vanguardias

 

Publica en Calambur ’Picasso en el burdel’

 

Como si fuera un aforismo definitivo, José Luis Calvo Carilla (Huesca, 1952) dice: “Nada nace de la nada”. Eso explica su libro ‘Picasso en el burdel’, que es una colección de textos de los precedentes de las vanguardias, “o las vanguardias antes de las vanguardias”, que fue el tema de una conferencia y el punto de partida de un libro, más o menos misceláneo, que reconstruye desde los orígenes del cubismo, con el cuadro ‘Les demoiselles de Avinyó’, hasta la interpretación de los sueños que tanto interesó y perturbó a Santiago Ramón y Cajal, en diálogo diferido con Sigmund Freud. Pero hay muchas más cosas, como suele ocurrir en los libros de este catedrático experto en el piropo, en los ecos de Quevedo en el 27, en Braulio Foz y su ‘Pedro Saputo’ o, entre otros asuntos, en el Modernismo, al que le dedicó su tesis doctoral.

“El concepto de modernismo, que abarca a todas las artes y la vida cotidiana, se va gastando y en la revista ‘Paraninfo’, de los hermanos Alcrudo, en la que colaboró el pintor uruguayo Rafael Barradas, casado en Luco de Jiloca, ya se habla del ultramodernismo –dice-. He intentado estudiar el período anterior a la I Guerra Mundial donde se dan muchos fenómenos modernos, gérmenes de la vanguardia: la radio, ya se hablaba de la televisión, de las máquinas, Joaquín Costa había dibujado, años antes, un modelo de bicicleta en París y la remitiría a sus amigos oscenses para que hiciesen una”. La pasión por las máquinas tuvo en el poeta futurista italiano Filippo Marinetti a uno de sus apóstoles. Dijo que valía un coche de carreras que la Victoria de Samotracia. “Entonces, en circuito cerrado de una milla o un kilómetro, en Milán ya se había puesto un bólido a casi 200 kilómetros por hora, o eso se decía. Quiero decir con este preámbulo que las cosas no aparecen de un día para otro, que todo cambia de golpe en un día o en unas horas. Y que poco a poco, esa aceleración de las cosas, se traslada a las obras de arte: Pardo cuenta como se acaricia una pared y se enciende la luz, habla de un frigofírico, Guillermo de Torre le dedica un poema a una avioneta y cuenta como abraza el motor como si hiciera el amor”.

Un instante capital de la historia del arte y de la modernidad lo marca Picasso. El pintor a principios del siglo solía frecuentar un burdel en la calle Avinyó 44, al que se accedía por unas escaleras que tenía un ventanal parisino, de planos y estrías, que pudo dar lugar a un arte nuevo: el troceamiento y la descomposición del cuerpo humano, que también empezaría a verse pronto en los atlas médicos, que explicaría su famoso cuadro de 1907 y el cubismo mismo. “Es una suposición plausible. Ese cuadro fue importantísimo porque anticipaba aspectos del expresionismo, que no tardaría en llegar, y contenía una propuesta sobre violencia que los franceses, durante la I Guerra Mundial, casi la verían como una agresión. Algunos escribieron que les recordaba a cuando una granada estallaba dentro de la trinchera”.

José Luis Calvo Carilla habla de un personaje aragonés “fuera de serie”: Mariano Miguel de Val. “Es todo un personaje. Fue periodista en HERALDO y dedicó una gran atención, a veces excesiva, a lo aragonés e incurrió en el costumbrismo baturro. Fue un divulgador constante del modernismo literario: desde Madrid, a donde se fue a vivir, enviaba sus notas y crónicas al periódico y se estaba al corriente de lo que sucedía. Y fue un dinamizador cultural, conectado con los Reyes. Era sobrino de Romualdo Nogués, escritor y militar, y estaba muy bien conectado. Trajo a Rubén Darío a Zaragoza en el verano de 1908, lo acogió en su casa y asumió el coste de la publicación de la revista ‘Ateneo’ del Ateneo madrileño”. Mariano Miguel de Val aparece en el libro porque fue el promotor de un congreso internacional de poesía, que contó con el apoyo real, y que había invitado a Marinetti. “Al final ni vino el poeta italiano ni se celebró”. Otros personajes capitales de la época fueron dos oscenses: José María Llanas de Aguilaniedo y Silvio Kossti. “En ‘Llanas Aguilaniedo firma en ‘Alma contemporánea’ un tratado de estética que defiende la fragmentariedad, una prosa nerviosa, atomizada. Y en otro de sus libros, ‘Pityusa’ anticipa una crueldad que prefigura a Luis Buñuel. Y en ‘Las tardes del sanatorio’, Silvio Kossti habla del cuerpo humano como una máquina, entre otras cosas”.

Santiago Ramón y Cajal es el sabio poliédrico, el científico obsesivo que, pugnaz y seguro, decía: “Tengo derecho a utilizar mi cerebro para pensar”. Y lo hizo contra viento y marea. Parece un hombre antidogmático, un explorador de la ciencia y de las sensaciones. “Todo empezó, en cierto modo, en Ayerbe cuando su padre lo encerró en un cuarto oscuro e inventó la fotografía, que ya estaba inventada. Luego publicaría el libro de las fotografía en color. Llegó a la misma conclusión que Leonardo. Quiso saber cómo trabajaba una pitonisa o bruja; llenó su casa de pacientes hasta que no pudo más y ensayó la hipnosis con su mujer en un parto”. Y no solo eso: llegó a conclusiones parejas a las de Freud respecto al subconsciente y al lenguaje de los sueños, e intentó darles coherencia científica. Una de sus intuiciones fue: “El creador se tiene que regir por el subconsciente”.  

En 'Picasso en el burdel' hay muchos otros asuntos: habla de Pío Baroja, de Ramón Gómez de la Serna, de la pasión de Alfonso XIII por los Ballets Rusos de Serge Diaghilev y por algunas mujeres.

 

*Tomo la foto de ’Les demoiselles de Avignon’ (como se conocen ahora) de aquí:

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30/10/2016 17:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: EL TALENTO DE LAS MUSAS

EL TALENTO DE LAS MUSAS

 

guillermo busutil* 29.10.2016 | 23:58

Publicado en La Opinión de Málaga

Una mujer pinta en negro. Su trabajo carece de nombre. No firma su pincel en el ángulo inferior derecho del cuadro donde el talento rubrica su trazo. Nadie sabe si el color, los volúmenes, la profundidad, la luz, el gesto, le pertenecen a ella o son, en cambio, las pautas de un maestro que finalmente enriquece la obra con su toque ejecutor. La historia del arte está llena de obreros profesionales que armaban el cuerpo de la escultura o el universo del cuadro según un boceto del artista que les enseñaba, que se ocupaba a solas de un reto y que culminaba con su estilo el resto de las piezas de otros. No existen noticias de que alguien se rebelase. Aprender de los grandes exige humildad silencio, respeto. El discípulo esperando la muerte del maestro o metafóricamente cometiéndola. Hace un mes, la japonesa Fumiko Negishi denunció haber pintado 221 cuadros de la obra pop firmada por Antonio de Felipe, al que algunos críticos denominan el Warhol español. La batalla legal entre la idea y la ejecución seguirá su curso, pero la noticia coincidió en el mes con la publicación de Ellas mismas. Autorretratos de pintoras. Un excelente libro de Ángeles Caso acerca de 80 mujeres artistas seleccionadas con el propósito de mostrar los obstáculos que la sociedad del arte puso a estas mujeres para poder expresar su talento y siendo relegadas a la invisibilidad. El colofón a estas noticias es que el Prado dedica por vez primera una muestra a una pintora, la flamenca Clara Peeters, una pionera de las naturalezas muertas y pescados trazados al óleo con precisión fotográfica. Un museístico desagravio de género. El primero, que responde décadas después al famoso grito de Guerrilla Girls. ?¿Es que las mujeres han de desnudarse para entrar en el Metropolitam Museum??. El cartel contra las paredes de los museos fue un grito de combate, a mediados de los ochenta, contra centros de artes y museos. La estadística certifica 30 años después que sólo se cuelga, en la oficialidad de los templos de la cultura, el 5% de la obra de mujeres artistas, mientras que el 83% de los desnudos tienen como protagonistas a mujeres. Cenicientas de la bohemia, odaliscas turgentes, damas seducidas al óleo y ninfas desvestidas en el baño; el ingenuo deseo de la carne desflorado por un lápiz o de un pincel la piel enamorada. Cuerpos de mujeres poseídas por la mirada plástica de los hombres que tienen menos conciencia del cuerpo como pentagrama de los sentidos y del tiempo. La mujer enmarcada como belleza y enigma. Pero si es su mirada la que interpreta y narra, el espacio que expone su obra se estrecha demasiado. La Historia la ha preferido siempre como musa, y parece que todavía le cuesta abrirle acceso como artista. La exigencia del mercado y sus sanedrines es mayor a la hora de evaluar el discurso estético de ellas frente al del hombre.

¿A qué se debe esa falta de visibilidad en las artes plásticas? El machismo es la respuesta evidente. Un ejemplo moderno: los poetas y pintores de la Generación del 27 ocultaron a las pintoras y poetas de su misma Generación y afectos. El interrogante se abre más el extrañamiento si contraponemos que a lo largo del siglo XX no ha sido despreciable el número de mujeres mecenas, galeristas y comisarias como Peggy Guggenheim, Juana Mordó, Oliva Arauna, Soledad Lorenzo, Juana de Aizpuru, Rosina Gómez Baeza, Helga de Alvar o Elena Hernando, y nos preguntamos en qué medida han combatido, consensuado o sucumbido a las exigencias del mercado.

La toma de la Bastilla sigue estando en París. Sucedió de nuevo en 2009 cuando el Centro Pompidou reunió bajo el epígrafe Elles@centrepompidou a Louise Bourgeois, Sonia Delaunay, Meret Oppeheim, Tamara de Lempika, Natalia Goncharova, Niki de Saint Phalle, Frida Kahlo, María Blanchard y Cristina Iglesias. Si hubiesen vivido en ese año, a Renoir y a Ernt Gombrich se les hubiese caído la cara de vergüenza y de ira. El primero dijo que consideraba a las mujeres escritoras y juristas, como George Sand, tan absurdas como monstruosas; que la mujer artista era meramente ridícula, aunque él estaba a favor de las bailarinas. El segundo, en su Historia del Arte de 1950 no citó a una sola mujer. La misoginia es miope, y el machismo una falocracia fetichista. En esas mismas fechas, el Centro Valón de Bruselas, exponía la muestra Gritos y susurros en la que se exploraban los temas de identidad e intimidad de la mujer con obras de Kiki Smith, Sophie Calle, Nancy Spero y Ana Mendieta. Ambas exposiciones coincidían en el tiempo con la que el Museo Picasso Málaga mostraba sobre los trabajos de Sophie Taeube-Arp en pintura, dibujo y danza cercanos al dadaísmo y a la abstracción. Ser la esposa de Jean Arp, uno de los fundadores del dadaísmo, jugó en su contra. Cuatro años después el museo malagueño volvía a apostar por la espléndida obra de Hilma alf Klimt, pionera del abstracto. Las mujeres artistas cobraban actualidad en la noria del tiempo y del ostracismo. Sus voces plásticas también reclamaron atención este año en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla con la exposición Nosotras.

Espero que estas conquistas no sean efímeras. Y las celebro por su talento, porque entre ellas tengo predilecciones intelectuales y afectos de carrera, y porque su merecido éxito reivindica a las pintoras secretas como artistas con una creatividad deslumbrante e independiente. Autoras de un universo propio, innovador en la vanguardia o acorde con el triunfo del canon clásico de su época, pintado a la contra de costumbres y de una economía precaria y furtiva. Talentos inconformistas las de antes y las de ahora que hoy ya no tienen que quejarse como hacía en 1879 la rusa Maria Bashkirstelle en su diario, ?lo que más deseo es la libertad de salir sola, ir y venir, sentarme en las sillas de Tullerías, caminar por las viejas calles de noche. Esa es la libertad sin la que nadie puede llegar a ser artista?. Sus palabras, recogidas por Ángeles Caso, explican su pugna, al igual que la de muchas de las citadas, por dejar de ser invisibles y ocupar el mismo plano de la pintura que los hombres que las miraban como piezas de su cetrería artística. Nada lo explica mejor que la exposición, maravillosa por otra parte, de la Fundación Mapfre Renoir entre mujeres.

Ser y no representar. Una aspiración antigua. No hay más que ver las manos femeninas tatuadas en las paredes de la Cueva del Castillo de 25 mil años de tiempo en rojo y conjuro. O el divertimento de la monja Claricia, columpiándose del rabo de la Q capital en un Libro de salmos realizado en un monasterio de Augsburgo del siglo XII. Un selfie medieval como lo llama Ángeles Caso en el libro que nos acerca a unas pintoras soberbias, con una obra con la que entrar en un dialogo que enriquece la sensibilidad. Igual que hacen Berthe Morisot con la cotidiana naturalidad del impresionismo; Mary Cassat que siempre me hace soñar con ser ladrón de guante blanco para besarla en un palco de 1879 y robarle sus perlas, o con Marie Laurencin por cuyas jeunes filles de suave atmósfera cubista y chagalliniana hubiese aprendido a bailar con una copa de champagne en la mano.

Aún así no podemos brindar del todo. La batalla contra la invisibilidad del talento femenino no terminará hasta que sólo importe el valor de su discurso en diálogo con el mundo, sus interrogantes y misterios. Su conquista es la asignatura pendiente de la plástica y de las empresas. En literatura, en el ensayo y en el teatro, al igual que en la política, su talento, su inteligencia, su arte, no son un caso. Al contrario, son un presente que nos define, nos inspira y nos enmarca.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

30/10/2016 16:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA: DISCURSO DEL CERVANTES CHICO 2016. ALCALÁ DE HENARES

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DISCURSO PREMIO CERVANTES CHICO 2016

20 DE OCTUBRE DE 2016ALCALÁ DE HENARES

 

Ana Alcolea


Autoridades, miembros del jurado, premiados de este y de otros años, colegas, amigos, señoras y señores, niños, niñas, buenos días. Y digo buenos días en mi nombre y en el Miguel de Cervantes, cuyo nombre y cuya obra honramos aquí por encima de todo y de todos, en el teatro que lleva su nombre, en la ciudad que lo vio nacer. Buenos días a la palabra. Buenos días a la literatura sin adjetivos. Pues literatura es algo que no tiene edad, porque las palabras no envejecen, ni los cuentos, ni las historias. Y esos cuentos que nos leyeron cuando aún no teníamos la capacidad de distinguir las letras, son los mismos que leemos o escribimos cuando somos adultos, jóvenes, o ancianos. 

Porque los escritores y los lectores SIEMPRE creamos las mismas historias a través de los SIGLOS de la Historia, y a través de los AÑOS de  nuestra vida. Creamos historias que hablan de nosotros mismos: de nuestras alegrías, de nuestras tristezas, de nuestros amores, de nuestros desamores. De nuestra melancolía, de nuestra felicidad. Por eso nos gusta leer. Y escribir. Porque al hacerlo, nos unimos a lo más íntimo del resto de la humanidad. Aquello que tenemos todos  en común. Aquello que es universal. Aquello que todos somos capaces de sentir, y a veces, no siempre, de expresar. 

Los escritores y los lectores somos MAGOS. Sí, sí. Habéis oído bien. Hacemos magia con las palabras. Una magia que, con el debido respeto a los prestidigitadores, tiene mucho más mérito que sacar un conejo de una chistera. Que lo tiene, eh, yo no se lo quito. Pero al fin y al cabo, el prestidigitador lo que hace es sacar algo de donde está. ¿Y los escritores? ¿Y los lectores? Hacemos algo mucho más mágico y fascinante: porque leemos letras, signos arbitrarios, diferentes a través de siglos y de culturas. Los leemos y cada uno de nosotros crea, en su individual imaginación un mundo diferente. Si yo os contara la historia de Romeo y Julieta, esos dos  enamorados de los que escribió Shakespeare, cada uno de nosotros se imaginaría a Julieta con un color de pelo, de ojos, de vestido, diferente. Porque las palabras tienen ese maravilloso don: hacen que cada lector las viva de una manera diferente. Y cree en su imaginación, lo más íntimo y secreto que tenemos, algo también distinto.

Y al hacerlo, va creando aquí dentro, en la cabeza, la capacidad de imaginar, de pensar. Por tanto, va creando la posibilidad de tener pensamiento propio, crítico, reflexivo. Para no creerse lo que le digan los demás, y así poder ser LIBRES. La lectura nos hace libres. No sé si mejores o peores, pero libres porque nos abre ventanas al mundo exterior, ese que ahí fuera, y que es casi infinito. Y al mundo interior: ese que tenemos aquí dentro y que es tan infinito como nosotros queramos. 

Como don Quijote. Aquel Alonso Quijano que había leído mucho. Tanto como Cervantes, no olvidemos a su creador. Ambos habían leído mucho. Y don Quijote, NO OS CREÁIS,  no se había vuelto loco de tanto leer. No. Igual que Cervantes, que tampoco estaba nada loco. Tenía la cabeza muy bien amueblada. Don Quijote ha leído tanto que su mundo se ha hecho mucho más grande que su casa en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre nadie se acuerda. Su mundo es el universo entero. Por eso quiere ser un personaje como los de las novelas que ha leído. Quiere ser un caballero de novela. Enamorado, compasivo, aventurero. Bueno. Quiere ser un hombre bueno. No consigue ser caballero, y tampoco tiene éxito en el amor. Pero sí que consigue ser un hombre bueno, y sí que consigue ser un personaje de novela. Cervantes, el mago Cervantes, lo ha convertido en el personaje más universal de la literatura. ¿Y por qué? ¿Porque estaba loco? No. Don Quijote es universal porque don Quijote somos todos. Tú, yo, ese señor de ahí, ese otro que lleva traje y corbata, esa señora tan elegante de ahí detrás. Las señoras que han limpiado el suelo de la sala en la que estamos. Todos somos don Quijote, porque todos queremos hacer de nuestra vida algo especial. Esa fue la enseñanza más hermosa que nos enseñó don Miguel de Cervantes. 

Esa, y que la palabra es el don más importante que nos ha sido concedido. Un don que alimenta al pensamiento, y que se alimenta de literatura, de teatro, de música, de poesía, de filosofía, de cine, de CULTURA. Eso que algunos piensan que no sirven para nada, porque no ven más allá de sus muy pequeñas narices. Todas las lámparas de la CULTURA, de la SABIDURÍA,  son las columnas en las que se asienta el ser humano. Y así lo ha hecho a lo largo de los siglos de la Historia con mayúscula. No alimentar la cultura en todas sus variantes es “pan para hoy, y hambre para mañana”, por usar un refrán, de los que tanto le gustaban a Sancho Panza. Eso lo supo bien Cervantes. Y don Quijote, que se alimentó de cultura para poder amar y seguir amando, a su inexistente Dulcinea, a las gentes con las que se encontraba en su camino, pero sobre todo, a la palabra, siempre creadora, sanadora y dadora de vida. 

Muchas gracias a lectores, libreros, comerciales, editores. Todos los que hacen y han hecho posible que hoy estemos aquí. Gracias especialmente a Pablo Cruz, editor de Anaya Infantil y Juvenil, que fue la primera persona que creyó en mi primera novela, y su “sí” significó el comienzo de este camino.Muchas gracias a los miembros del jurado por haber pensado que mis humildes novelas son merecedoras de este premio a la palabra creadora, que lleva el nombre de Cervantes. Es un honor inmenso para un escritor recibir este premio. Aquí, en este Teatro Salón Cervantes en el que tantas veces me senté para asistir a espléndidas representaciones. En esta calle, tan cercana a la casa en la que nació don Miguel. En esta ciudad, en la que viví dieciséis años, en la que me casé frente al catafalco de Cisneros, en la capilla de la Universidad. En Alcalá de Henares, donde di clase a quizás más de mil jóvenes que ahora están trabajando por el mundo. En Alcalá, mi casa, en  la que guardo muy queridos amigos. Y amigas. Para mí, recibir este premio en Alcalá de Henares, donde además escribí mis primeros libros, tiene mucho de esa magia maravillosa, y muchas veces inesperada, que nos da la fuerza creadora e inspiradora de la palabra. 

Por ella, por la palabra, por todos ustedes que hacen posible este premio en el que se  honra a un escritor, a maestros, a padres, a alumnos, a toda una comunidad educativa y CULTURAL, y que es el barco que TODOS compartimos, MUCHAS GRACIAS de todo corazón, y con toda mi emoción, que les aseguro que es MUCHÍSIMA. Muy BUENOS DÍAS a todos. 

23/10/2016 20:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RÚJULA: 'EL DESAFÍO DE LA REVOLUCIÓN'

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Pedro Rújula, director de las PUZ e historiador (es autor de una monografía sobre Ramón Cabrera y del volumen 'Contrarrevolución', entre otros textos), organiza el ciclo esta próxima semana un coloquio internacional que se titula 'El desafío de la Revolución. Reaccionarios, antiliberales y contrarrevolucionarios', con la participación de importantes especialistas nacionales e internacionales sobre el tema. Las sesiones serán abiertas al público, así que todo el mundo podrá asistir a las conferencias.

Las jornadas serán el 26 y 27 y están organizadas por la Institución Fernando el Católico.

 

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21/10/2016 08:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SOLEDAD PUÉRTOLAS: UN DIÁLOGO

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Soledad Puértolas: “La tarea del escritor

es explorar la complejidad y contar la vida”

 

“A través del mar respiramos

los personajes, la trama y yo"

 

  

“La vida es mi tema, es lo que hay.

¿O es que hay algo más?”

 

 

La escritora y académica zaragozana publica el volumen de once relatos ‘Chicos y chicas’ (Anagrama), que salió a la venta en toda España el pasado día 10 y que presentó en Barcelona 

 

 

¿Cómo surgió ‘Chicos y chicas’?  

De manera muy natural. Tras terminar la novela ‘El fin’, se me impuso un libro de cuentos. Elegí la tercera persona, esa voz omnisciente, no exactamente como las de antaño sino algo más moderna, y los cuentos iban saliendo, con fluidez. Uno me llevaba a otro. Escribía sobre la perplejidad, la búsqueda, como si quisiera ampliar el campo de posibilidades de la ficción. He disfrutado mucho.  

Hay cuentos que son como una novela completa, con largas elipsis de años…  

Es cierto. Eso es nuevo en mí. Tampoco quería ir más allá de lo que exige un cuento. He escrito cuentos con la perspectiva general de la novela, pasan muchas cosas, hay saltos en el tiempo, pero todo se acomoda a la sensación y a la atmósfera de un relato breve. 

¿Hubo una idea de partida, sabía qué buscaba? Parece que hay un poso de melancolía, una visión de la pérdida y los amores que se esfuman…

Quizá escriba de las imágenes o de las impresiones de lo que no hemos vivido. Yo niego la melancolía en mi obra. Me parece insana, no nos ayuda a nada y no siento melancolía por nada. Soy del presente, tengo muy mala memoria, vivo sin ancla, y en el fondo el pasado me resulta un poco borroso y desdibujado. Me interesa lo que queda en el presente y los hilos que va derramando por aquí y por allá. Los once cuentos son el resultado de eso: el presente es mucho más rico de lo que parece a simple vista.

Vuelve a aparecer la familia…

Sí claro. Hablo del núcleo de la relación de la familia y los extranjeros, por decirlo así, los que llegan de fuera, los que se incorporan de golpe. En el fondo, es como la curiosidad del niño ante lo que viene de lejos. A veces te fascina, a veces te produce envidia su mundo, a veces se observa con un poco de distancia e incluso te incomoda. Y todo ello anda por aquí. La familia siempre es un territorio lleno de secretos.

¿Y el mar, tan presente, qué significa para usted?

Me gusta mucho, cada vez más. Paso muchas horas ante él o cerca. Y, sí, está muy presente en el libro. El mar un símbolo de la vida y de la naturaleza. Me reconforta, me estimula. A través de él respiramos los personajes, yo y la trama. El paisaje es clave en este libro. Te da muchas cosas. Es fundamental en la atmósfera y en el desarrollo de acciones.

Hablemos de algunas relatos como ‘Tarot’, la historia de Luz y de Félix Unceta, donde parece que se impone una idea de fatalidad.

Existe. Este es un cuento, tremendo, sobre la relación de madres e hijas. Me sorprende que haya gente tan obstinada que parece estar llamando por la fatalidad. La madre comete un grave error y eso le lleva a situación de desconcierto y perplejidad y a la ruptura con su hija. Yo creo que en la vida hay que dejar que fluyan las cosas, confiar en el otro y no empecinarse en estropearlo. No es necesario abrir todas las puertas ni atosigar. ‘Chicos y chicas’ habla de traiciones y lealtades, de lo inesperado, del dolor, generados a menudo por los más cercanos.

En otro cuento, ‘Incendios’, protagonizado por las gemelas Paz y Mar, se impone un gran personaje: Joaquín, el contador de historias, ese extraño que se vuelve decisivo.

Me gusta ese personaje. Es el que entretiene a todos con su capacidad para contar historias, el fabulador, el amigo que está un poco al margen y que de repente, no sé sabe muy bien por qué, es capital: es el que los alivia un poco a todos. La palabra es una forma de consuelo.

Del consuelo a Consuelo. El cuento que da título al conjunto está protagonizado por Consuelo Quintana, que trabaja en una tesis doctoral. ¿No sería un poco la quintaesencia de sus criaturas, extraviados y a la deriva?

‘Chicos y chicas’ es un cuento complicado. Es el relato de una mujer que está suelta, que anda errática sin saber muy bien qué busca ni qué espera de la vida. Alguien que va y viene con sus sueños en un cuento lleno de circularidad, técnica recurrente en el volumen. Emprende un viaje, vuelve sola a casa, parece colgada del abismo. No sabe muy bien hacia dónde va.

¿No encarnaría ella encarna una idea del fracaso, tan recurrente en el libro?

Se alude a ello, sí, en varias ocasiones, pero para mí el fracaso no existe. Es una categoría que no contemplo. ¿Qué quiere decir fracasar? ¿En qué, con respecto a qué…? Los demás pueden pensar que uno ha fracasado, pero ¿quién les da derecho a juzgarnos? Prefiero verla como una mujer errante e indecisa que busca su sitio en el mundo.

“No tengo un solo punto de apoyo”, dice uno de los personajes. ¿Sucede a menudo eso, que nos sentimos irremediablemente desamparados?

Consuelo podría ser una mujer desamparada. Solitaria. Es una idea bonita esa del punto de apoyo, de la palanca de Arquímedes, que era un auténtico genio, por eso y por su principio tan conocido. Es algo simbólico. Nos pasamos la vida buscando un punto de apoyo que moviese el mundo y nos sujetase, que nos diese equilibrio. Es bonito pensarlo, es consolador.

En el último cuento, ‘Arkímedes’, esa palanca podría ser el perro…

Es mi cuento preferido. Habría querido titular el libro ‘Arkímedes’. Uno elige su compañía, su punto de apoyo, y ¿por qué no podría serlo un perro?

Otro asunto clave parece el azar. ¿Qué le sugiere, cómo interviene en sus ficciones?

El azar está en todas partes. Es lo que te mantiene alerta, lo que te lleva a pensar que la vida siempre da sorpresas y que la vida misma podrá desaparecer algún día, también, por azar.

En qué momento literario se encuentra? ¿Segura, relajada?

Relajada, es posible. Segura, no. Lo que me define, en realidad, es la inseguridad, que siempre es preferible a tener confianza y es el mejor agente para explorar la complejidad y contar la vida, que es la tarea del escritor. La vida es mi tema. Es lo que hay. ¿O es que hay algo más?

 

*Soledad en una foto de Heraldo.

17/10/2016 23:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MÓNICA OJEDA, UN DIÁLOGO

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[La escritora Mónica Ojeda presenta su novela ’Nefando’ (publicada por Candaya) en la librería Antígona, en esos sábados de cultura, amistad, tertulia y gastronomía de diversos continentes. Ejerce de presentadora la poeta y narradora Luisa Miñana.]
Puede leerse esta entrevista en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2016/10/14/literatura-cigarrillo-que-quema-mano-1112740-1361024.html


 

ENTREVISTA CON MÓNICA OJEDA. Escritora



La literatura es un cigarrillo

que quema la mano”



La literatura es un arte que nos obliga a abrir los ojos”



La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, nacida en Guayaquil en 1988, presenta hoy en Antígona su novela ’Nefando’, inspirada en un videojuego y en los foros de ’deep web’



Antón CASTRO / Zaragoza

-Empecemos por la palabra ‘Nefando’ (Candaya). Estaba asociado a aquello del ’vicio nefando’… ¿Cómo se le ocurrió la palabra y la novela?

Nefando es una palabra que designa aquello que es tan abominable, tan repulsivo, que nos deja sin palabras para describirlo. Es decir, que nos deja en silencio. Me pareció que era la palabra apropiada para esta novela, pues ’Nefando’ trata de las experiencias abyectas del cuerpo, experiencias conflictivas en torno a la sexualidad como un espacio no sólo de placer, sino de violencia. Se me ocurrió usar esa palabra para el título mientras leía una nota sobre una exposición pornoerótica. La nota recogía que una persona calificó lo que allí se mostraba como "nefando". Me hizo gracia y supe que así se tenía que llamar lo que estaba escribiendo.


-¿Qué ideas, qué imágenes se le pasaron por la cabeza?

Cuando escribí ’Nefando’ sabía que me interesaba explorar los límites del lenguaje frente a determinadas experiencias de dolor y de placer. Las experiencias extremas del cuerpo, que son materiales, a veces resultan obscenas para nosotros. No es verdad que ya no nos escandalizamos con nada: todavía hablar de la sexualidad de los niños es un tabú, por ejemplo, o de la pornografía infantil, o del incesto. Hay deseos secretos y actos del cuerpo que nos repugnan, pero que son parte de lo que somos. Por eso ’Nefando’ no habla de monstruos, sino de humanidad descarnada.


-¿Quiso escribir la historia de una novela o de un juego?

-’Nefando’ se articula alrededor de un videojuego online que ha sido creado por algunos personajes de la novela y subido a la deep web. Este videojuego nos pone delante un planteamiento ético sobre su contenido, que es terrible, real y doloroso. De hecho, en la trama ha sido eliminado ya de la red por la policía. Sin embargo, es una novela sobre las huellas de las primeras veces que supimos que éramos frágiles y mortales. Esas primeras veces ocurren en la infancia: por eso los personajes retornan a su niñez de una u otra forma para recordar aquello que los marcó y poder intentar enfrentarlo lo mejor posible.

-¿Q
uiso hacer una novela coral bastante demoledora?

-La forma coral de la novela me ayudó a formar un mosaico. Varias escenas intensas de distintos personajes que, cuando se unen, forman un todo: una imagen potente sobre el lenguaje y el horror.

-¿Qué sucede en esos foros de internet de videojuegos, de friqis, de deep web
?

-La ’deep web’ es un espacio virtual en donde proliferan todo tipo de expresiones, pero lo que me interesaba era cómo es también un agujero negro en donde el daño que se le hace a algunas personas se extiende. Allí hay hackers, foros de pedófilos en donde circula pornografía infantil, torturas a animales, venta de armas y de droga... hasta se puede contratar a sicarios. Es un lugar en donde algunas personas se esconden y, a la vez, se desnudan ante otros. 

-¿Cuáles serían los temas de la nov
ela, qué le preocupaba: el amor, el sexo, la muerte, la soledad?

-Todo. El cuerpo y lo que queremos narrar de él está atravesado por todas esos temas que mencionas. Aunque pienso que ’Nefando’ se enfoca más en una lucha de unos personajes por encontrar un lenguaje que les permita compartir lo que cargan en su espalda. Y eso que cargan es la huella de una violencia: a veces perpetrada a través del sexo, a veces a través de la familia como concepto o, a veces, a través de nosotros mismos.


-Háblenos de los personajes: gentes de distintos países, un tanto extremadas y frágiles, en Barcelona.

-Sí, son seis personajes en sus veintitantos: tres hermanos ecuatorianos, dos mexicanos y un español. Comparten piso en Barcelona y cada uno se ellos tiene intereses muy particulares: una escribe una novela pornoerótica, otro es un hacker, otro desea mutilarse y, por ello, se lastima físicamente, etc. Sin embargo, todos tienen en común el haber sido marcados profundamente por sucesos que les ocurrieron cuando eran niños.


-¿En qué medida la novela es un ejercicio de estilo, de sublenguajes, de voces incomodadas?

-Era necesario trabajar con distintas voces y con un estilo que respondiera a las necesidades de cada apartado de la novela. Por ejemplo, los mexicanos tenían que hablar como mexicanos, el español como español y los ecuatorianos como ecuatorianos. Hay capítulos en formato de entrevista en los que el lenguaje es más coloquial, pero también hay capítulos en primera, segunda y tercera persona que juegan con un tono más poético, o más ágil, o irónico. ’Nefando’, además, contiene una ’nouvelle’ que uno de los personajes escribe, por lo tanto esa parte requería de otro estilo y tono. Trabajar con el lenguaje según las necesidades del texto me parece fundamental.


-¿Cómo entiende usted la literatura: como una exploración verbal, como un arte de la complejidad?

-Hay un documental de Harun Farocki en el que, para hablar de las quemaduras del napalm (y con ello del horror de la guerra), él se apaga un cigarrillo en la mano. Asegura que eso es lo más cerca que estaremos jamás de conocer en dolor de una persona que haya sobrevivido a una quemadura con napalm. Esto nos recuerda lo lejos que estamos de las experiencias de los otros y, por lo tanto, de lo reducida que es nuestra capacidad de empatía. Pues bien: para mí, la literatura es ese cigarrillo quemando la mano de Farocki. Es un intento de imaginar lo que hay más allá de nuestro reducido campo de experiencias. No es sólo una exploración verbal, aunque la palabra sea el instrumento y, a veces, el tema. Es un arte que nos obliga a abrir los ojos y a pensar fuera de nosotros para, así, encontrarnos con la humanidad. Pero esto no es privativo de la literatura: todo arte hace eso de una u otra manera.



-¿Qué autores le interesan o le han marcado de algún modo?

-Me interesan y me han marcado muchos autores. Los que ahora se me vienen a la mente son Raúl Zurita, Enrique Verástegui, Juarroz, Jabès, David Foster Wallace, J. M. Coetzee, Roberto Bolaño, Marosa di Giorgio, Borges, Pizarnik... y podría seguir hasta el infinito. Todas las buenas lecturas que he hecho me han marcado hondo de alguna manera.

-Da la impresión de que se ha formado en talleres de escritura. ¿Se puede aprender a escribir?

Uno no puede aprender a hacer literatura. Eso no se puede enseñar. Lo que sí se puede hacer es crear espacios en donde personas que están buscando escribir literatura compartan sus experiencias, pero escribir es un camino personal e intransferible. Y no hay fórmulas. Cada escritor debe hallar su propio lenguaje y construir sus propias preguntas. Sólo así podemos hacer verdadera literatura.

-¿Qué relación tiene con la literatura española?

La literatura española tiene una tradición brutal que admiro y que sigo descubriendo. Antonio Gamoneda y Loepoldo María Panero, por ejemplo, son dos poetas que me estremecen. Javier Cercas me parece un autor al que le gusta hacerse preguntas incómodas y por eso lo leo, porque es valiente al respecto. Sobre Vila-Matas hice mi tesina de grado, así que es un autor al que sigo. Otras poetas que me interesan son Elena Medel y Chantal Maillard. Me encanta, también, Rafael Sánchez Ferlosio y los ensayos de Rafael Argullol; ’Librerías’ de Jorge Carrión es un ensayo literario imperdible. Y me faltan muchos autores actuales por descubrir. Me llevo a Ecuador, por ejemplo, libros de Miguel Ángel Hernández, Leonardo Cano, Marta Sanz, Luci Romero, Rubén Martín Giráldez, publicado por el sello zaragozanoJekyll & Jill, Elvira Navarro o el zaragozano Miguel Serrano Larraz, entre otros.



LA FICHA

’Nefando’. Mónica Ojeda. Candaya. Barcelona. 2016. Presentación, sábado 15 de octubre, a las 13.00, en la librería Antígona. Con Luisa Miñana y Julia Millán.

15/10/2016 10:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL MARRAKECH DE WIESENTHAL

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Ayer me llegó un libro bonito y sugerente de un escritor tan personal e inclasificable como Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943): ‘Marrakech. Fantasía en el palmeral’, que apareció antes, integrado en el relato, en ‘El esnobismo de las golondrinas’ (Edhasa, 2007). Es un libro de viajes que contiene muchos elementos autobiográficos y oníricos, y se mueve entre la fascinación, el conocimiento, el intento de explicar la belleza. Y el deseo. El joven que viaja y cuenta está hechizado por la hermosa Zohra. Y le dedica fragmentos como este:

 

ZOHRA

Zohra adoraba también el baño y los maquillajes. Sabía que me gustaba espiarla entre las celosías cuando, después del baño caliente, se acariciaba el cuerpo con una especie de arcilla que allí llaman ‘algasul’ y que dejaba su piel satinada y limpia. Luego se lavaba sus cabellos, siempre suaves y brillantes, gracias a unas misteriosas hierbas. Y, al final, se sentaba en un taburete, cruzaba las piernas y, sosteniendo con una mano el espejo, se maquillaba con albayalde blanco y ‘dakkar’: polvos de colorete que se vendían en unos papeles pintados de rojo. Ella los iba disolviendo con un poco de agua, antes de aplicárselos a la cara.

[…]

Le sentaba sentir que la miraba cuando estaba delante de su espejo y, a veces –fingiendo un descuido-, descubría bajo el albornoz los botones de sus pechos, porque yo le había dicho que estaba celoso de dos esclavos negros que había visto esconderse en el jardín de mis azucenas.

Salía cada tarde del baño convertida en una princesa y sus labios –enrojecidos por la pintura de corteza de nogal- olían a bosque y a hojas de otoño, como un embriagante coñac.

 

-De ‘Marrakech. Fantasía en el Palmeral’. Mauricio Wiesenthal. Páginas 52 y 53. Ilustraciones de Ánxela Pérez Meilán. Editorial Trifolium. Litterae. 74 páginas.

12/10/2016 14:32 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SÁNCHEZ VIDAL HABLA DE 'VIÑETAS'

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Agustín Sánchez Vidal acaba de publicar su novela más personal, 'Viñetas', en Harper Collins. En esta conversación da algunas claves sobre un libro que indaga en la familia, en el peso del pasado, en los vínculos con la tierra y en los valores del arte como el elemento de conocimiento y de transformación. La foto es de José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo, donde apareció una amplia selección del texto.

-¿Qué novela te habías planteado: una novela sobre la tierra, sobre la memoria o sobre la familia?

--No tenía una idea deliberada en la temática o en el tratamiento que iba a darle. Si acaso, recrear cómo era este país en el momento en que empezó a cambiar en los años 1960. Lo que más pesó es lo agotado que quedé por la documentación que me habían exigido las tres novelas anteriores. Lo que buscaba era no distraer energías en esa parte preparatoria, sino sacarlo todo o casi todo de mi memoria o de aquello que conocía

-¿O quizá sobre la presencia del arte en nuestra vida: el cómic, la fotografía y el cine? 

--Es que una historia como esta --que trata de las gentes de a pie, y de una España donde casi todo escaseaba--  había que contarla en sus propios términos, con materiales pobres. Y lo que normalmente tenías a mano eran los tebeos, la radio y el cine. Las fotografías no eran tan de diario, sólo se hacían en momentos especiales.

  

¿No puede leerse como una novela de formación: la de Miguel, sin duda, la de Toño, su hermana, la de Candela, la de otros como el Ceuta, el Carioco, el infausto Salva…?

--Aunque no me lo propuse, al final creo que ha quedado así. Casi todos esos personajes están entre la infancia y la adolescencia, que es una edad muy inestable. Y supongo que todo deriva del hecho de que la propia España se encontraba en uno de esos procesos de cambio.

  

-¿De qué imágenes o percepciones u obsesiones ha nacido este texto?

--Traté de hacer aflorar todas esas sensaciones que se te quedan grabadas cuando las tienes por primera vez, y que luego se desgastan por la costumbre. Tienen que ver con la vida en el campo, con el descubrimiento de las primeras escaramuzas de todo tipo, cómo empieza a entreverse de un modo nebuloso la amistad, el sexo, el mundo adulto…

 

-Me resulta difícil leer 'Viñetas' al margen de tu propia vida y de tu propia formación. Sé que es una pregunta absurda y tópica, pero ¿qué habría por aquí vinculado a tu propia vida, a tu biografía?

--Más que una novela autobiográfica, trata sobre todos nosotros. He recogido cosas que me han pasado o que he visto a mi alrededor, u otras que me han contado.

 

-Hablemos de los protagonistas: por lo regular, están envueltos en el misterio, en la intriga. ¿Sería la novela en el fondo un viaje hacia la luz?

--Seguramente, pero tras haber ahondado primero en lo más oscuro, todo lo que hay de opaco en la tierra, en la ciénaga de ese barrio y sus personajes.

 

Llama la atención la estructura del libro: las voces y los flash backs, ¿Qué estructura buscabas?

--Supongo que el libro terminó teniendo esa forma porque no me quedó otra. Es una estructura fragmentaria, llena de elipsis y sobreentendidos, porque trabaja en los intersticios. El lector debía sentirse obligado a implicarse para completar la historia, haciendo aflorar sus propios recuerdos. He tratado en todo momento de rehuir las identificaciones de tipo melodramático, que son casi inevitables cuando hablas de la familia. Quería un tono sobrio, seco y preciso. Pero, claro, el que lo lee tiene que tener alicientes para seguir pasando las páginas, debe sentir que aquello le concierne.

 

Una de las frases que explica los equívocos del libro podría ser: “pueblo pequeño, infierno grande”.

--Si, es un detonante que termina disparando, a su vez, otros mecanismos, como las fichas de un dominó.

 

Uno de los grandes personajes del libro es Toño. ¿Como lo definirías, qué representa? Esa pasión por el cómic, por el cine…

--Es un manitas, alguien que hereda del padre su capacidad de expresarse, más que a través de las palabras, a través de las imágenes y las cosas. Le cuesta arrancarse, pero es muy tenaz y de largo recorrido.

 

El gran personaje femenino, más que Julia o la misteriosa madre de Miguel y Toño, ¿sería Candela, esa chica explosiva que acaba regentando un prostíbulo?

--Candela quizá sea el personaje más fascinante, el más turbio e imprevisible y con mayor capacidad de hacer gravitar todo en torno suyo.

 

¿En qué medida has querido hacer arquetipos?

--En los personajes, desde luego, no. Lo que sí hay es un trasfondo ambiental que desde otra óptica podría considerarse “telúrico”. Y digo desde otra óptica porque no es la mía. Lo que yo percibo en la tierra es la riqueza inagotable de la cultura agraria, que para mí es algo muy concreto y tangible, surco a surco.

 

Me encanta ese fotógrafo don Godo. Es quizá la historia más fantástica y poética del libro…

--El personaje procede del mundo de Rafael Azcona, es hijo suyo, y por eso lleva su apellido. Está inspirado en uno real, que nunca terminaba de hacer su gran foto porque la ciudad y el paisaje no acababan de estar bien compuestos. Lo he emparejado con un barquero manco, Paco, que también era un personaje real, y en más de una ocasión Rafael Azcona y yo hablamos de lo que había en ellos de leyenda.

 

¿Por qué has dado, de manera tan decidida, un salto hacia lo contemporáneo, que estaba en una de las historias de ‘La llave maestra’?

--Es que lo que se cuenta en Viñetas sólo tenía sentido en las épocas en las que transcurre, y vistas desde la óptica actual, de ahora mismo.

 

También hay en la novela un componente telúrico, de lirismo seco. ¿Te has sentido cómodo en este nuevo registro?

--Totalmente cómodo. En otras novelas anteriores era mucho más complicado porque tenía que recrear el castellano del siglo XVI o del XVIII, mientras que aquí puedo escribir tal cual.

 

Nunca se dice donde sucede la historia... Parece deliberado y citas Zaragoza... ¿Debe pensar que sucede cerca de Zaragoza, que has pensado en un pueblo de Logroño tal vez?

--Es deliberado. Puede deducirse que la parte que transcurre en el pueblo está cerca de la frontera con Portugal y tiene que ver con Salamanca. La del barrio y la ciudad está situada a orillas del Ebro y he tenido presentes lugares de mi infancia y adolescencia en Logroño. Pero podría ser cualquier otro lugar.

 

¿Cómo va tu libro sobre Orson Welles en España?

--Es una novela y ya está acabada la primera versión. En el fondo habla de lo mismo que Viñetas, del cambio de todo un país que es el nuestro, pero desde un punto de vista totalmente diferente.

 

*Agustín Sánchez Vidal acaba de publicar su novela más personal, 'Viñetas', en Harper Collins.

08/10/2016 09:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANA ALCOLEA HABLA DE SU NUEVO LIBRO: 'EL SECRETO DEL ESPEJO'

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Han pasado ya algunos meses del Premio Cervantes Chico. ¿Cómo lo ha asimilado?

Es un premio importante. Honorífico. Me ha hecho mucha ilusión: he vivido 16 años en Alcalá de Henares, y allí nació Miguel de Cervantes. En la nómina de galardonados hay muchos amigos: Fernando Lalana, César Mallorquí, Concha López Nárvaez. O Montserrat del Amo, que me dio muchos consejos cuando yo empezaba. Y hay otro detalle simpático: una de mis peluqueras de Alcalá, Ramoni, me dijo que yo sería escritora y que tenía que dedicarme a eso cuando le pasé una cosa que había escrito de un viaje a Noruega.

¿Qué le debe a Cervantes?

Se lo debo todo. En mi obra siempre hay homenajes a él y a su forma de entender la literatura como un juego de espejos.

¿Qué persigue como escritora?

Soy una escritora intuitiva. No planifico, no hago estructura o esquema, improviso. Empiezo y sigo. Mi trabajo nace de la emoción y del deseo de contar una historia. Y me van pasando cosas que intento solucionar y de las que sé poco. Por ejemplo, en mi nueva novela aparece una esfinge original en la bota de un abuelo muerto. En mis novelas busco y me encuentro con sorpresas: la novela es como la vida, nunca sabes lo que te puede pasar.

¿Qué mensaje general quiere transmitir?

Mi estado de ánimo contamina mi novela. Todo está conectado, el presente con el pasado, y el pasado con el futuro. A mí me apasionan los objetos: su historia en el tiempo, quién los tocó, quién se emocionó ante ellos, a quién pertenecía.

¿Qué ha aprendido de los lectores jóvenes?

Que no son unos imbéciles como a veces los consideran algunas editoriales. Yo no me planteo nada especial: cuento. Escribo lo que quiero y lo que siento. Sin otras fórmulas. Cuido el lenguaje, que sea rico pero asequilble, y la estructura. Si escribes con emoción, eso se transmite al lector. Es posible que él sienta y se emocione por lo mismo. Ni soy de cálculos: no me saldrían. El adolescente busca y encuentra.

 ¿Qué tiene de especial para usted la adolescencia? Es el terreno en el que se mueven la mayoría de sus criaturas.

Es una época de crisis, entre la infancia y la juventud, pero no es un tema en sí mismo. Yo no hablo de la crisis: hablo de gente que hace cosas, que vive aventuras, que investiga, que se enamora, en una época de su vida en la que esté un momento especial, convulso, lleno de contradicciones que es la adolescencia.

Empezó con una historia familiar, convulsa… como 'El medallón perdido'.

Ese libro fue decisivo por muchas razones. Es un libro que nace del dolor, de la tragedia: un primo mío, al que yo adoraba, murió en un accidente de avión en Gabón. Aprendí que incluso en los momentos más dramáticos se puede hallar belleza, algo en lo que sigo creyendo.

 'El secreto del espejo' (Anaya), su nueva novela, insiste en mezclar dos historias diferentes: la de una joven que huye de los druidas y llega a Cesar Augusta y la de una pareja joven, que de hoy, que se busca a sí misma y halla un espejo…

Acabo de entrar aquí al Museo de Zaragoza, donde sucede el libro, y me gusta mucho. Aquí sucede una parte de la historia contemporánea, veo los mosaicos y pienso que en otro tiempo alguien estuvo ante él; a lo largo del tiempo lo ha venido a ver mucha gente. Y con la otra historia, la de la joven Yilda, que ha vivido con los druidas, podríamos decir que es una reescritura de 'Blancanieves'. Hay una película que me impactó mucho: 'La mujer del teniente francés'. Padezco fascinación por los objetos, los seres y los lugares. Mis libros son un viaje en el tiempo y son un ejercicio de conocimiento interior. En realidad, yo soy una aventurera: vivo la misma expedición que mis lectores.

¿Cuál cree que es el secreto del éxito? ¿Qué hay que hacer para ser escritora?

La palabra éxito es excesiva; no es mi caso. Me he tomado, sí, una excedencia en la enseñanza. Trabajo muchas horas, doy muchas charlas, he llegado a dar hasta siete al día. Me apasiona mi oficio. La clave de todo es creer ciegamente en lo que haces y hacerlo lo mejor posible, con entusiasmo y con ganas.

Una de sus obsesiones es la II Guerra Mundial. ¿Por qué?

Me inquieta que uno de los pueblos más refinados del mundo cometiese aquella barbaridad: la maldad más absoluta. Volvemos a movernos en un peligroso muy peligroso que, en algunas cosas, se parece mucho al convulso periodo de entreguerras. No quiero ser pesimista, pero la actual situación debería movernos a reflexionar.

 

*La foto es de Oliver Duch, de Heraldo.

 

30/09/2016 21:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIQUI OTERO HABLA DE 'RAYOS'

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 [Miqui Otero (Barcelona, 1980) presenta esta tarde, a las 20 horas, su nueva novela ’Rayos’ (Blackie Books), una historia de formación, de dos pasiones, de identidad, de búsqueda y de estilos y lenguajes muy elaborados y meditados. Lo presentará el escritor Sergio del Molino. Hoy sale una entrevista en las páginas de Cultura. Aquí está el texto más amplio.]

-Cuando escribes de los padres, ¿de qué quieres escribir: de la nostalgia, de la morriña, de la saudade o de todo a la vez? 

 Describo un pasado muy fotogénico y hasta tragicómicamente épico, para intentar entender un presente que, en el inicio de la novela, no lo es. Nadie escribe para otros, del mismo modo que no se regala algo a otra persona: lo que escribes y lo que regalas, en realidad, es para ti. En este caso, para Fidel Centella. Él quiere entender el porqué de sus hipocondrías y zozobras y acomoda una explicación en la educación de un colegio católico o en unos padres casi canonizables (como todo, mirados por él con los filtros necesarios para lograr ese efecto) que paraliza un poco sus impulsos (en el último tramo hay una cita de Venciste, Rosemary, de George Orwell, que lo explica bien). La de sus padres es la generación que luchó contra sus limitaciones y, sin aspavientos, las superó. La suya es la que a lo sumo lidia con sus deseos y los ve frustrados. Las cosas se entienden también por contraste: para explicar que el Cantábrico es un mar frío, se puede describir un baño en el Mediterráneo. Eso es lo que hace Fidel.

Bien, eso y la necesidad de documentar algunos flashes de la juventud de una generación que, en principio, poco tiene que ver con la suya. Entre un escritor barcelonés y una mujer, la madre, cuyo primer trabajo fue en una aldea de Ponferrada sin luz eléctrica, hay un salto sideral. Intentar narrar esa elipsis, que a mí se me antoja tan gigante como la de 2.001 Odisea en el espacio, era una de las intenciones. La nostalgia me interesa precisamente por lo que tiene de reaccionaria y tóxica. El nostálgico es como el turista o el pijo: por muy turista o muy pijo que seas, jamás reconocerás serlo y siempre apuntarás a alguien que lo es más. Así que: no me interesa la nostalgia, en realidad, sino qué nos lleva a ser nostálgicos. La morriña por un territorio al menos es más solventable (regresando al lugar) que la nostalgia (al menos hasta que no se democraticen los viajes en el tiempo). Si algo odio es la nostalgia babosa y sin objeto alguno, pero sí entiendo la magia de los objetos como tiempo concentrado, como el manual de lectura que el padre de Fidel le regaló de niño y con el que aprendió a leer, a su vez regalado por un maestro republicano que lo redactó en una cárcel de Burgos... Y así hacia atrás. Si eso es nostalgia, me interesa.

 

El viaje al pasado no como excursión de nostalgia babosa, sino para recoger las pistas con las que entender el presente y roturar el futuro. Y, por qué no, como meollo de miga cómica: Fidel dice que la nostalgia es como ponerte camisetas que te gustaban mucho y que ya no te caben (ese gesto aún más patético que tierno o cómico).

-¿Qué significa el desarraigo de la familia pero también el del protagonista?

 

 En la novela hay un par o tres de mitos fundacionales. De imágenes que me empujan a escribirla. Una de ellas es mi padre en un bar pakistaní, señalando al camarero cuando éste tiraba la caña de barril, y diciéndome: "En realidad nosotros no éramos tan distintos de ellos; lo que pasa es que no se nos notaba hasta que abríamos la boca". Evidentemente, sí eran muy distintos, pero ese detalle me servía para establecer determinados paralelismos. Por cierto, otra es unos carteles que aparecieron en el Raval donde se leía: "Esto es un barrio, no un escenario". La familia de Fidel Centella ha viajado por todo el mundo, de La Habana a Ellis Island. Todos sus antepasados tienen algo en común: se fueron con lo puesto y volvieron mintiendo, entre otras cosas, sobre lo que habían logrado. Eso es lo que me interesa: en el desplazamiento crece la necesidad de fabular, de mentir, de inventarse una vida que justifique el esfuerzo. Ya sea ese reloj de oro del tío-abuelo que fue taxista en La Habana de las orquestas como esa tía que alquilaba un Mercedes para llegar al pueblo diciendo que era suya.

Del mismo modo, y lo intento en Rayos, que me interesan los personajes fuera de lugar, toda la tradición de personajes arribistas, en la clase social, también me interesa el desplazamiento meramente geográfico (porque comporta otros). 

En cuanto a Fidel, es demasiado gallego para ser catalán y demasiado catalán para ser gallego. Esto es lo que dijo un dj muy famoso cuando salió Elvis: demasiado blanco para los negros y demasiado negro para los blancos. En fin, que es perfecto que se sienta un híbrido porque de ahí surgen las historias. 

-¿Se puede estar tan desorientado con 24 años? ¿Tiene Centella mucho que contar o no tiene nada que decir? 

Toda la novela intenta explicar todo lo que pasaba cuando pensábamos que no pasaba nada. Es decir, antes de la crisis, cuando veíamos síntomas pero seguíamos bailando hasta que, pum, nos dimos con los dedos en la jamba de una puerta.

 Pero, en el caso de Fidel, va de alguien que quiere que le pasen cosas, pero que aprende pronto que es cuando te suceden verdaderamente cosas cuando empiezas a saber decir: "No pasa nada". 

La novela arranca en ese punto, con un personaje que es casi como un receptáculo pasivo, como una bola de pinball sin carácter y por tanto sin destino. Pero Rayos, o eso intenté, va mutando hacia otro tipo de novela cuando verdaderamente empieza a enfrentarse a conflictos reales. Ese revelado paulatino está en la vocación de la novela. De lo estático a la acción. 

Empieza en lo íntimo pero luego se convierte en una especie de sátira en clave con determinados personajes de la ciudad, y del país, como motores de la acción. Fidel trabaja como becario en el periódico ‘La Verdad’. El nombre de la cabecera, claro, tiene intención. Mientras intenta escribir el relato oficial en este diario de su ciudad, descubre toda una serie de historietas o leyendas clandestinas tanto en su barrio como en las zonas altas. Ahí empiezan sus dudas y ahí se expone a su cobardía. 

-¿Qué clase de novela te habías planteado: la del éxodo, la del desubicado, la de la identidad, la de la confusión permanente? 

Supongo que quería escribir una novela de formación tramposa. Una novela de formación donde pareciera que más que formación hay deformación. Una novela de deformación. Pero luego quería huir de relatar solo el cambio a la edad adulta de un personaje solo atendiendo a sus relaciones personales o incluso laborales (la novela de formación burguesa). Así que de repente me vi intentando expicar cómo Fidel, que va de noble o eso dice, ve cómo él, su familia, sus amigos, su piso ruinoso, su barrio, su ciudad, su país (párame, podría seguir) se va corrompiendo un poco. Sí, suena megalómano: fue ahí cuando, como Julio César, empecé a hablar de mí mismo en tercera persona (es broma). Pero en reliadad, como todo, suena pomposo o pretencioso, pero no lo es según cómo lo expliques.

 

-¿Son Galicia y Barcelona, dos personajes más, dos personajes-escenarios a los que se mira sin contemplaciones? 

Eso han dicho los lectores... Galicia para mí (y creo que tú eres gallego) es el territorio mítico idealizado. No es una descripción de Galicia, sino de la Galicia tal y como la vive un niño de Barcelona que viaja a ese lugar donde se va en burro y se apañan berberechos. Ni siquiera eso: es la Galicia que explica ese niño cuando, pasados treinta años, quiere escribir. En Barcelona me gusta detectar esas aventis o leyendas urbanas. En Galicia, también. Como cuando un antepasado trajo una radio de Alemania. Cuando llegó avisó a toda la aldea, ya arremolinada alrededor del aparato: "Este cacharro habla raro, pero yo os lo puedo traducir". Claro, cuando la encendió, la radio hablaba en un perfecto castellano franqista y no en el alemán que imaginaba el emigrante que la había traído.

 Bueno, pues yo pienso que las novelas son como las radios: se fabrican en un lugar y en un tiempo, pero si saben hablar el idioma del lugar de destino y sintonizar con su tiempo. 

En cuanto a Barcelona, sí, es un retrato de la Barcelona posolímpica. O lo intenta. La ciudad se emborrachó en las Olimpiadas y luego llegó la resaca amnésica. Yo pensaba: vaya birria de Barcelona me ha tocado comparándola con la de Marsé o Casavella. Pero solo hay que esperar un tiempo.

 

 

-Llama la atención el estilo: trufado de voces, mezcla el pasado y el presente, parece atropellarse de citas y referencias deliberadamente o parece que has querido desatar el flujo de la conciencia, la palabra torrencial. ¿Hablamos y vivimos en una especie de pastiche? 

 

Creo que la novela es un macrogénero híbrido que devora Y regurgita todo lo que se proponga para captar la calidad de la experiencia. La novela es como un amor adolescente (una primera chica, una primera novela favorita, un primer disco que te habla a ti y solo a ti): es lo que quieras que sea.

 Yo creo que las novelas, como las vidas que merecen ese nombre, se deben armar con materiales nobles y de derribo. Ese bochinche me interesa, esa cacofonía. Pero sí es cierto que la novela, como te comentaba antes, arranca más en ese tono embarullado para ir definiéndose con el paso de las páginas.

 

¿Qué le debe un libro como el tuyo a las series, al mestizaje cultural? 

 Bueno, las relaciones entre disciplinas y géneros se han vuelto muy promiscuas, ¿verdad? Yo puedo decir que el comportamiento estereotipado de los compañeros de piso en las primeras páginas (luego cambia) tiene que ver con las comedias de situación televisivas. O que se me ocurren algunos tratamientos gracias a ‘La ciudad desnuda’, de Jules Dassin, pero es que no sé si se me corre por esta película o por ‘The Wire’ o por John Dos Passos. No se puede escribir una novela enmarcable más o menos en el realismo sin tomar voces y estrategias narrativas de otros lenguajes.

 

Hay también una especie de estilo sincopado, basado en repeticiones y énfasis, muy meditado, con enumeraciones, con juegos de palabras. ¿A qué obedece? ¿Has querido que toda la novela fuese como un aparente ejercicio de estilo? 

Con el ejercicio de estilo me sucede como con el ejercicio, a secas. En teoría es bueno para el vigor y la salud de quien lo hace, pero me cansa rápido. Ese ejercicio (correr, por ejemplo) y ese ejercicio de estilo no lo entiendo mucho si no sirve para llegar a algún sitio.

Creo que el estilo es una forma absoluta de ver el mundo (bueno, en realidad esto lo dijo Flaubert, lo admito) y me preocupa y me concierne y me dejo la camiseta en cada cadencia y en la elección de cada adjetivo. Hay escritores sobrios que me gustan mucho, pero por lo general intento huir de la escritura IKEA, muy limpia y de líneas rectas, que no comete errores porque no arriesga.

La repetición y el estilo sincopado están ahí. Quizás tienen que ver con la música pop, que sabe decir cosas complicadas en frases simples y luego las repite trotonas. Preguntado sobre por qué grababa mil capas de guitarras y violines en sus canciones, el productor Phil Spector contestó: "Nunca has sido adolescente? No es así cómo sentías las cosas?". 

¿Es ’Rayos’ una historia de amor desconcertante, o quizá dos? 

O más, según quien la lea. A una ciudad. A un residuo del antiguo barrio: el afilador Tinet, tan a punto de extinguirse como su oficio. A Bárbara, la chica que roba y silba y que representa su memoria, su pasado, de donde viene. A Diana, la chica pija de familia corrupta que representa la promesa de todas las vidas posibles en el momento en qué puedes decidir en qué tipo de persona te vas a convertir. Nada me emociona más que algunos lectores que se alinean con una o con otra y me preguntan que dónde anda ahora Bárbara, por ejemplo.

 

¿En qué medida, incluso en la pasión, no es Fidel Centella un embaucador que se compadece a sí mismo o que forma parte de una representación? 

 

Bárbara, que lo conoce mejor que yo y que es la que le regalaba novelas cuando eran adolescentes, intenta definirlo echando mano de un arquetipo de la literatura rusa. Le dice que es un "mediocre brillante". En otras traducciones: "el hombre superfluo". Mucha palabrería y, en el momento de actuar, humo. No sé si Bárbara tiene razón, la verdad, pero Centella (insisto, especialmente al principio) es un tipo increíblemente autoconsciente y de una vanidad pasivoagresiva. Como dices, casi está declamando delante de un auditorio. ¿Es un arribista que va de vulnerable sensible o es un tío noble un poco acobardado? Bueno, pues ahí está el asunto.

 

¿Cuál es la importancia de la amistad en la novela y en la vida? 

 Uy, no sé, es importante, ¿verdad? Supongo que al principio lo que te gusta y odias de tus amigos es lo que te gusta y odias de ti. La amistad a la edad de Fidel es como una especie de familia de adopción, en la que tú eliges a tus hermanos. Esos amigos del colegio son como las pastas de un surtido de Reglero o de Cuétara: están hechos de la misma pasta, pero con acabados y sabores diferentes. La amistad es, también, un campo de pruebas en el que ensayas un poco la vida antes de vivir los problemas y triunfos con desconocidos. En esa época, y sobre todo en la infancia, se viven decepciones o miedos como quien pasa gripes: para inmunizarse poco y para crecer. 

¿Qué libros has tenido en la cabeza? 

Muchos, claro... Y algunos están de un modo u otro. Fidel piensa citando algunas frases de Las ilusiones perdidas, imagínate, pobre infeliz. O cuando se pone estupendo y dice "nunca pero que nunca nunca" está citando el Rey Lear (creo que él no lo ha leído, quizás se lo chivó Bárbara). Una escena como la del Observatori Fabra, cuando descubre todo el lío de la familia de Diana, está inspiradísima en la narrativa inglesa cómica y muy especialmente en Kingsley Amis. Las citas que encabezan los capítulos (Dickens, Fante, Orwell) dan pistas... Nuevos autores como Junot Díaz me parecen alucinantes y sabrosos. Pero al final, se dice sobre todo que ‘Rayos’ es una novela en la tradición de la novela de Barcelona. Y ahí, claro, solo puedo decir que leer ‘Últimas tardes con Teresa’ comprada a los 15 en el mercadillo de Sant Antoni, me voló la cabeza; que tardé algo más en disfrutar ‘Vida Privada’ pero ya ves cómo lo hice; que Francisco Casavella es tan importante para mí que solo lo cuento cuando voy borracho o me piden un prólogo, y muchos más. No nos gusta que nos digan que nos parecemos a otros, menos cuando ese otro nos gusta demasiado como para negarlo.

 

*La foto es de Elena Blanco Benito.

29/09/2016 10:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

1916-1956: JUAN RAMÓN Y ZENOBIA

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El amor inagotable de Zenobia

y el poeta Juan Ramón Jiménez

 

‘Diario de un poeta recién pasado’ cumple un siglo y a la vez hace 60 años que el escritor recibió el Nobel, tres días antes de la muerte de su esposa

 

Antón Castro

Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-Puerto Rico, 1958) fue un poeta depresivo y neurasténico con una inmensa capacidad de trabajo. Aquel “muchacho despatriado”, como lo llamó Ignacio Prat, tenía la cabeza en las nubes y en las más hermosas regiones de la poesía, pero los pies y el cuerpo en el suelo. Fue enamoradizo y vivió grandes historias de amor, algunas tan literarias como la de Georgina Hübner, la mujer inventada por unos poetas peruanos, o de sexo sencillamente como se ve en su poemario ‘Libro de amor’: no tenía reparos en seducir a monjas (algunas aragonesas: Pilar Ruberte, de Zaragoza; Amalia Murillo, de Sariñena, y la madre superiora, Susana López, de Mallén) o la esposa del director del hospital. Luego en la soledad de su estancia les dedicada hermosos poemas de trasfondo erótico. En 1913, casi por casualidad, conoció a Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956) y decidió que iba a ser la mujer de su vida. Ella era todo un carácter: había vivido en Mallorca, Barcelona y Estados Unidos, hablaba inglés, era traductora y escritora y se manejaba en diversos negocios, sobre todo de artesanía popular y de inmobiliaria. Era una mujer moderna e independiente, que escribía cuentos, poemas y diarios en inglés y castellano, y que había tenido algunos novios. Uno de ellos, norteamericano, aún andaba por ahí al acecho; deseaba casarse con ella. Exhalaba vitalidad y energía. Ya de joven había escrito: “Estoy tan encantada y tan entusiasmada con todo, que no creo que haya ni una persona que disfrute de la vida más que yo”,

Al principio a Zenobia el poeta Juan Ramón Jiménez no le hacía mucha gracia. Tenía fama de raro, pero él se armó de paciencia y de poesía, y logró sus sueños: seducirla y convencerla para que se casasen, pese a la oposición materna. Ella lo llevó en secreto, consultó con algunas amigas y con su hermano, siempre cauteloso, pero al final accedió y fijaron la fecha de la boca el 3 de marzo en Nueva York. A la madre de Zenobia le costó aceptar la noticia: a ella el novio le gustaba nada.

En febrero de 1916, hace ahora un siglo, Juan Ramón Jiménez decidió viajar a Estados Unidos y empezó un libro: ‘Diario de un poeta recién casado’, que se inicia con su salida de Madrid hacia Cádiz, continúa con el viaje en barco, sigue en Nueva York, contempla una nueva travesía, ahora en el buque Montevideo, el retorno a Madrid y el recuerdo de muchos instantes. Ese libro se publicó a principios de 1917, pero la primera edición de Calleja lleva en portada la fecha de 1916. Es uno de los grandes textos de Juan Ramón, de gran unidad: un libro de viaje, un volumen de confesiones y emociones, la crónica de una luna miel donde se explora una nueva poesía, más desnuda, con ecos simbolistas en ocasiones, que se alza sobre tres elementos: el amor, el cielo y el mar.

La Universidad de Huelva publicó un precioso estuche de ‘Diario de dos recién casados’, donde la editora Emilia Cortés Ibáñez recoge el texto de Juan Ramón y las distintas notas del diario de Zenobia. Por ejemplo, escribe: “Juan Ramón y yo tenemos un gran disgusto y luego mayor comprensión y mucho más cariño verdadero”. Y un domingo anota: “Voy a misa, luego me encuentro mal y me meto en la cama. Por la tarde mamá viene a hacerme compañía y me lee cuentos”. Zenobia y Juan Ramón colaboraron en varias traducciones: la más famosa fue la de Rabindranath Tagore. Juan Ramón, perfeccionista hasta la exasperación, fue nombrado director de publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

En 1936 se fueron de España. Juan Ramón firmó un documento de adhesión a la II República. Al poeta le concedieron un puesto de agregado cultural en la Embajada de España en Estados Unidos. Vivieron allí, luego en Cuba, más tarde en Marylanda y en Nueva York, de nuevo, y en 1951 llegaron a San Juan de Puerto Rico. Ambos daban clases y el poeta afinaba sus grandes libros: ‘Romance de Coral Gables’, ‘Animal de fondo’, ‘Dios deseante y deseado’ o el famoso poema en prosa ‘Espacio’. Zenobia no le dejaba ni un instante: a su modo, con ese código secreto que tienen todas las parejas, se amaron con locura. A Zenobia se le descubre un cáncer. Y un 25 de octubre de 1956 le dan la gran noticia de su vida: la concesión del Premio Nobel de Literatura por “por su poesía lírica, que constituye un ejemplo de elevado espíritu y pureza artística en lengua española”. Como su esposa está muy enferma, JRJ se plantea no decírselo. Al final se lo dijeron y quizá fue el mejor regalo en el momento del adiós. Ella había escrito: “A Juan Ramón no se le puede dejar solo en absoluto. Él es queridísimo aunque me vuelva loca”. Apenas dos años después falleció el poeta. No se acostumbraba a estar sin su amor, su mujer, su cómplice, su enfermera. Al fin y al cabo aquella mujer le impulsó a escribir: “Yo solo vivo dentro / de la primavera”.

 

31/08/2016 08:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VIDAS Y ÉXODOS DE ARANA

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Las vidas y los éxodos de José Ramón Arana

 

[El escritor y sindicalista fue librero ambulante en México, creó varias revistas, escribió poesía y novela, y jamás se pudo olvidar de Aragón]

 

Antón CASTRO

La vida no le dio tregua a José Ruiz Borau (Garrapinillos, 1905- Zaragoza, 1973), José Ramón Arana para la literatura, y él vivió con pasión, con peligro y audacia, a salto de mata, entre el amor, la mala conciencia y el afán de sobrevivir. Siempre sintió la huella de una doble ausencia: Aragón, la tierra, el paisaje inicial de campos, serranías, desiertos y ríos como el Ebro lodoso, y su madre Petra Borau, esposa del maestro Ventura Ruiz, que falleció de tuberculosis en 1913 cuando José tenía ocho años. Petra murió en 1956 y su hijo soñó con volver a casa para acompañarla en su último viaje: lo haría algunos años después, en 1972, enfermo ya de un tumor cerebral. Logró que sus restos pasasen al cementerio de Monegrillo y ahora comparten tumba y lápida.

José Ruiz Borau nació en la escuela de chicos de Garrapinillos, cuya biblioteca ahora lleva su nombre. Pronto empezó a trabajar de aprendiz en una imprenta, en un almacén, quiso ser maletilla, y lo era, de capea en capea, hasta que una vaca, Chorreada, le produjo una gran herida. Quizá la afición derivase de uno de los empleos de su madre: era modista y solía coser capotes. El joven, tras el desengaño y el disgusto que ocasionó en casa, se marchó a Barcelona a trabajar en una fundición, de lo que habla en profusión en su libro ‘Can Girona. El desván de los recuerdos’ (1973), que era su proyecto de memorias. Aquel fue un período interesante: frecuentó bibliotecas y ateneos, descubrió el anarquismo, se afilió a la CNT y se casó, en 1925, con Mercedes Gracia Argensó, con quien tendría cinco hijos (o quizá seis porque el primero habría muerto muy pronto): Augusto, Alberto (que es escritor y narra la historia familiar en ‘La piel de la serpiente’, 2001), Marisol, Rafael y Mercedes. Por aquellos días, tal como documentó uno de sus mejores estudiosos, Javier Barreiro -Arana ha sido estudiado, entre otros, por José Luis Melero, Javier Quiñones, Luis Esteve, Eloy Fernández Clemente y Alejandro Díez Torre- publicó sus primeros poemas en la revista ‘Pluma aragonesa’. En 1931, la familia regresó a Zaragoza porque José consiguió un modesto empleo en el Banco Hispano Americano, y eso le condujo al sindicalismo: representó a UGT en la Federación de Banca y Bolsa y llegaría a ser uno de sus principales líderes.

La Guerra Civil le cogió en Zaragoza y decidió llevar a su familia a Monegrillo, donde no tardaría en volver y ejercería, nombrado por los anarquistas, de maestro de pueblo. Poco después se trasladó a Lérida y, en medio de tantas convulsiones, sería nombrado Consejero de Obras Públicas y luego de Hacienda del Consejo de Aragón, con sede en Caspe. Su familia intentó seguirle pero solo encontró acomodo en Mequinenza, Javier Barreiro, en la edición de sus más que interesantes ‘Poesías’ (Rolde, 2005), dice que en este cargo “proyecta la creación de un órgano regional de cajas de ahorros y ejerce una labor febril”. A finales de abril se desplazó a Rusia, viaje que dio lugar al libro ‘Apuntes de un viaje a la URSS’ (1938). Tras dejar embarazada a su esposa de la niña Mercedes, a la que no llegaría a conocer y a la que dedicaría una sincera elegía, se marchó a Bayona y finalmente al exilio. Estuvo en el campo de concentración de Gurs, que le inspiró muchos poemas. Para entonces ya había conocido a la que iba a ser su segunda compañera: la poeta María Dolores Arana, con quien se reunirá primero en Francia y luego, definitivamente, en Mèxico. A ella le debe el seudónimo que le ha dado fama: José Ramón Arana.

Con María Dolores vivirá hasta 1959. Casi una década antes había conocido a la profesora de música y republicana Elvira Godás, con la que se casaría en 1960. La primera cita, el día de Reyes de 1950, la contó así Javier Quiñones para ‘Artes & Letras’ de HERALDO: “Arana, vestido toscamente, se presentó con un paquetito de bombones en un cucuruchito humilde de papel y fueron a sentarse a un banco de la alameda y allí conversaron hasta las tres de la mañana”. En México, Arana fue librero ambulante que cargaba sus volúmenes e iba de lugar en lugar, de café en café, y a veces de pueblito en pueblito. Fueron años de estrecheces; con María Dolores tuvo dos hijos más: Juan Ramón y Federico. Simón Otaola abordó la ingente labor cultural del zaragozano en un libro muy recomendable, que recuperó para Ediciones el Imán su primo José Luis Borau: ‘La librería de Arana’. Allí puede leerse este retrato: “[José Ramón Arana] es fuerte y cuadrado. Tiene porte exterior de capataz. Tiene cara de palabrotas, de hombre feroz, de sargento Malacara. Le rascas, de corazón a corazón, y se observa que las apariencias se ceban en él porque es, lo que se dice, un niño, un niño gigantón y admirable. Vendiendo libros, hablando y escribiendo de España, sufriendo y soñando se le va la vida.” Vivía por España, ebrio de melancolía, y se acordaba una y otra vez de Aragón. Alentó tres revistas literarias: ‘Aragón’, que realizó cinco entregas, entre 1943 y 1945; ‘Ruedo Ibérico’, con un único número en 1944, y ‘Las Españas’, 25 números a lo largo de ocho años, entre 1946 y 1953.

En 1950 publicó la que muchos consideran su obra maestra: ‘El cura de Almuniaced’, que narra la historia de un sacerdote, hondamente humanista, que se enfrenta al poder, a la tiranía fascista y al descontrol de los milicianos en el contexto de la Guerra Civil. Publicó otros textos, tuvo un hijo con Elvira Godás, Veturián, título también de su única obra teatral. En 1968 se le descubrió un tumor cerebral y empezó a barajar el regreso a España, algo que hizo en 1972. Se afincó en Casteldefells y murió en la clínica Quirón, donde se sometió a un famoso tratamiento del doctor Blanco Cordero, que no tuvo éxito. Su hijo Alberto lo vio poco antes del adiós, en el lecho, y entrevió la humedad de unas lágrimas en su último rostro.  

 

*La Ilustración es de José Luis Cano para el libro 'Zaragoza' de Media Vaca.

30/08/2016 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

50 AÑOS DE FIESTA DE LA VENDIMIA DEL CAMPO DE CARIÑENA

LA D.O.P. CARIÑENA CELEBRARÁ SU 50ª FIESTA DE LA VENDIMIA CON ELVIRA LINDO DE INVITADA DE HONOR

[Nota de prensa de la DOP Cariñena]- La 50ª edición de la Fiesta de la Vendimia de la Denominación de Origen Protegida Cariñena, que tendrá lugar los días 24 y 25 del próximo mes de septiembre,  contará con la escritora y periodista Elvira Lindo como invitada de honor. En esta edición especial se amplía la celebración a todo el fin de semana, con numerosas actividades dirigidas a todo tipo de público. En la Plaza del Vino, centro neurálgico de la fiesta, y en el Museo del Vino habrá actuaciones musicales de grupos aragoneses como la Big Band de Muel, Bufacalibos de Biella Nuei, el grupo de jotas “Carallana”, el cantautor Celino Gracia o Los Tres Norteamericanos. Además, se recupera la tradición del Tren del Vino desde Zaragoza a Cariñena y se continúa otra de más reciente creación, la del Paseo de las Estrellas de Cariñena. Varios programas de radio de ámbito regional y nacional emitirán en directo desde el Museo. La Denominación ha creado una imagen especial para conmemorar el medio centenar de ediciones de la Fiesta.  

 

Los actos se concentrarán en la jornada del domingo 25, pero comenzarán ya el viernes 23 con el programa de Radio Marca "Intermedio", de 16 a 19 horas, que se emitirá desde Cariñena para toda España. El sábado por la mañana (de 12 a 14 h) será el turno del programa dirigido por Miguel Mena "A vivir Aragón", de la Cadena SER. La fiesta tendrá a las 19,00 horas del sábado otro momento destacado con la apertura de la Plaza del Vino -donde se pueden degustar los Vinos de las Piedras y tapas y raciones- y la actuación del cantante Toño Julve y su grupo “Emociones a la Carta”, además del espectáculo de animación infantil a cargo de la compañía “La Percuta” que recorrerá también otros puntos de la ciudad desde las 20 horas. 

 

El domingo a las 10,45 horas de la mañana el Tren Azul del Vino, que habrá partido de Zaragoza a las 10 h, llegará a la estación de Cariñena, donde será recibido por la Banda de Música de Muel. La Denominación recupera así esta tradición, que se realizará además con material histórico, de la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT). La restaurada composición podrá ser visitada durante la jornada del domingo en la estación de Renfe.

 

A las 11,30 horas tendrá lugar el Acto de Exaltación del Vino y la ofrenda del primer mosto del año al Santo Cristo de Santiago. El momento culminante se producirá cuando la invitada de honor active el interruptor que enciende la Fuente de la Mora y de sus caños comiencen a manar miles de litros de vino. La escritora y periodista Elvira Lindo, conocida por su serie juvenil “Manolito Gafotas” o novelas como “Lugares que no quiero compartir con nadie” o la más reciente “Noches sin dormir”, será  la encargada de hacerlo este año. Una función que en ediciones anteriores han protagonizado otros destacados personajes de diferentes ámbitos como los entonces Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía -coincidiendo con el 75 aniversario de la Denominación-; el entrenador de la selección española de fútbol, Vicente del Bosque; el cocinero Juan Manuel Sánchez, primer ganador de MasterChef; el actor y gastrónomo Juan Echanove; la exministra Carmen Chacón, el cineasta David Trueba o el actor Gabino Diego, invitado de honor de la pasada edición.

 

Una vez terminado el acto central de la Fiesta de la Vendimia, a las 12,15 horas está previsto que la escritora y periodista Elvira Lindo plasme sus manos en una placa de granito natural con  una silueta de hoja de vid de cemento, en el Paseo de las Estrellas de Cariñena. Este paseo, a modo del famoso bulevar hollywoodiense, alberga desde hace dos años las manos de las personalidades que visitan la Denominación de Origen Protegida. Sus huellas se sumarán así a las de David Trueba, que inauguró la iniciativa, a las de los directores de cine aragoneses Miguel Ángel Lamata y Paula Ortiz y a la del actor Gabino Diego.

 

La Fiesta de la Vendimia continuará también como ya es tradicional en la Plaza del Vino. Desde las doce del mediodía, los visitantes podrán degustar los mejores caldos de las bodegas que componen la Denominación de Origen Protegida y exquisitas tapas elaboradas con productos aragoneses. También a partir de las 12 y hasta las 13 h se desarrollará la ronda callejera de San Martín.

 

A las 12,30 horas en el Quiosco de la Música de la Plaza, la Banda de Muel pondrá otra nota musical y a las 13 horas la comparsa de Gigantes y Cabezudos iniciará su recorrido por las calles de la ciudad. Por la tarde, de 17,30 a 19,00 horas la animación infantil estará presente en varias calles de la ciudad, a las 18,30 h el Tren Azul del Vino efectuará su salida de vuelta a Zaragoza. El domingo por la tarde se concentran la mayoría de actuaciones musicales. A las 18,30 h, en el Quiosco de la Música el cuarteto Bufacalibos de Biella Nuei interpretará algunos de sus temas. También el Grupo de Jotas Carallana a las 20 horas en la Plaza de España, el cantautor Celino Gracia en el Museo del Vino a esa misma hora y “Los tres Norteamericanos” a las 20,30 horas en el Quiosco de la Música.

 

El colofón de esta 50º edición de la Fiesta de la Vendimia llegará a las 22 horas en las inmediaciones del campo de fútbol donde tendrá lugar un espectáculo de Fuegos Artificiales.

 

Coincidiendo con el año de celebración de su medio centenar de ediciones, el Ayuntamiento de Cariñena ha solicitado al Gobierno de Aragón la declaración de este tradicional acto como fiesta de interés turístico regional.

 

LA VENDIMIA DISMINUYE UN 25% DEBIDO A LA CLIMATOLOGÍA, PERO SE MANTIENE EN LA MEDIA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

Un año más, las viñas cargadas de uvas esperan a ser recogidas en las más de 14.459 hectáreas que componen la Denominación de Origen Cariñena. El Consejo Regulador prevé este año una cifra de cosecha en torno a un 25% menos que en 2015 -excepcional por las condiciones especiales que reunió-, pero dentro de la media de los últimos diez años. “La climatología desde hace tres meses ha sido muy seca, con un calor bastante agobiante, pero pese a ello estaremos en torno a los 83 millones de kilos", explica el presidente de la Denominación, Antonio Ubide. No obstante, la cifra final dependerá de cómo evolucione el tiempo en las próximas semanas.

 

En cualquier caso, las previsiones para esta cosecha continúan así el buen balance de los ejercicios anteriores. La calidad de la uva ha sido en este tiempo muy buena o excelente, como pone de manifiesto la calificación oficial de las añadas:

 

2010

Excelente

2011

Excelente

2012

Muy Buena

2013

Muy Buena

2014

Muy Buena

2015

Muy Buena

 

La uva también presenta este año unas características muy buenas. Las primeras variedades (Chardonnay o Merlot) empezarán a recogerse a comienzos de septiembre aunque el grueso de la vendimia arrancará en la segunda quincena de ese mes. En un 80 % de la superficie de la Denominación se hace ya con máquinas vendimiadoras.

 

ELVIRA LINDO, UNA POLIFACÉTICA AUTORA EN CINE, TEATRO Y LITERATURA ESPAÑOLA

 

         La gaditana Elvira Lindo, cosecha de 1962, es una de las escritoras más consagradas de la literaturaespañola. Comenzó la carrera de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid alternando su trabajo como locutora para Radio Nacional de España, donde interpretaba al niño madrileño Manolito Gafotas, que más tarde se convertiría en protagonista de su primera novela y en un clásico de la literatura infantil en España. Las aventuras de Manolito han sido traducidas a más de 20 idiomas, entre ellos, el chino, el japonés, el turco y, actualmente, su versión inglesa. Merecedora del Premio Nacional de literatura Infantil y Juvenil en 1996, a lo largo de los años su actividad ha abordado el periodismo, la novela y el guión televisivo y cinematográfico.

 

Ha escrito novelas para adultos como “Algo más inesperado que la muerte”, “Una palabra tuya”-XIX Premio Biblioteca Breve-, “Lo que me queda por vivir” y “Lugares que no quiero compartir con nadie” y “Noches sin dormir”, un diario muy personal de su último invierno en Nueva York. También es autora de teatro y de los guiones para las películas “La primera noche de mi vida” junto al director Miguel Albaladejo, “Manolito Gafotas”, su popular personaje llevado a la gran pantalla, “Plenilunio”, adaptación de la novela de su marido, el escritor y académico Antonio Muñoz Molina, y “La vida inesperada” dirigida por Jorge Torregrosa y protagonizada por Javier Cámara y Raúl Arévalo.  

 

         Su prolífera carrera como escritora le sirve para colaborar asiduamente en medios como El País con la columna veraniega “Tintos de verano”, en la que caracterizó su vida de “intelectual progre” y que más tarde ha sido publicada en forma de libros. Actualmente publica dos columnas a la semana, en El País, “Don de gentes” los domingos y la de la última página los miércoles. También escribe un artículo semanal en la revista Elle y colabora en la Cadena SER en el programa “La Ventana” dirigido por Carles Francino. 

18/08/2016 09:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GARCÍA LORCA: 80 AÑOS DESPUÉS

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GARCÍA LORCA: ASÍ QUE PASEN 80 AÑOS*

El verano de 1976, creo que fue por entonces, me trajo toda una revelación: la figura de Federico García Lorca y la generación del 27. Un día en una revista, ‘Semana’ o ‘As color’, vi una oferta del Círculo de Lectores con sus ‘Obras’. Me llegó por correo aquel volumen ahuesado de más de 300 páginas con ‘Impresiones y paisajes’, ‘Libro de poemas’, ‘Romancero gitano’, ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ y algunas obras de teatro, entre ellas ‘Yerma’ y ‘La casa de Bernarda Alba’. También iba en el lote ‘Diván del Tamarit’. Pensé que no había que saltarse nada, aunque el deslumbramiento se produjo con ‘Romancero gitano’, por el universo dramático y misterioso, aquellos seres marcados por la fatalidad, la presencia de la luna, las pasiones imposibles, tan sexuales, tan absorbentes, la atmósfera de cine (“El día se vas despacio, / la tarde colgada a un hombro, / dando una larga torera / sobre el mar y los arroyos”), la profusión de metáforas que procedían de la tradición popular, de los cantares andaluces, de la modernización de la mirada poética y de un sentido musical impresionante. El ‘Romancero gitano’ tenía algo de novela fragmentada: el lector la tejía poco a poco en su cabeza. Me impresionaron su lenguaje, la elección de palabras, su latido y su melodía, la belleza sonora, la épica intemporal. Leí el libro una y otra vez, lo llené de notas del diccionario, de subrayados. Me cautivó especialmente el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, esa elegía tan espectacular y sentida con su fraseo taurino y la percepción de la muerte en la tarde insondable. Lorca fue una escuela de castellano, un laboratorio de imaginación y de quimeras, era la fluidez, la inspiración, la facilidad increíble del armador de metáforas y símbolos. Con el paso del tiempo, ‘Diván del Tamarit’ se convertiría en mi libro preferido: el amor hecho embrujo y plenitud, plasticidad árabe y dolor, nube de oro y vapor de sueño. Poco a poco, como otros compañeros, descubrí más cosas de Lorca: su pasión por el flamenco, su compromiso con la II República, su tarea en las Misiones Pedagógicas, su encanto personal, sus amores tempestuosos, su candor, su surrealismo, su concepto de la amistad, el libro del espanto que fue ‘Poeta en Nueva York’, y su muerte incivil, aciaga, que nació de la sangre turbia que se encona aún más y se envenena de odio. Han pasado 80 años.
*Este texto se publicó el domingo en 'Cuentos de domingo' en Heraldo de Aragón.

JESÚS JIMÉNEZ: UN DIÁLOGO

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Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970) es una de las voces más personales de la lírica española de los últimos años. Con la llegada de l a primavera publicaba en La Bella Varsovia su libro ’Contras las cosas redondas’, que pronto llegó a su segunda edición. Aquí el autor explica algunas de las claves del libro, su poética y recomienda algunos libros para leer en verano. O en cualquier momento del año. Ayer sábado se publicaba un amplio fragmento; hoy aparece al completo.

 

¿Cuál es el ánimo esencial de ‘Contra las cosas redondas’? 

Una exaltación -siquiera indirecta, siquiera digresiva- de la vida mediante la observación de personas y cosas que la acompañan y un día la dejan. Sigo preguntándome por los asuntos de siempre: quién soy yo y cómo es este mundo. En qué consiste esto de vivir cuando la vida nos viene dada sin garantía ni manual de instrucciones. Hay muchas preguntas en este libro y pocas certezas. 

 

Dice en el primer poema: “Los días, llegando de uno en uno, / rebosan las orillas del corazón y lo desbordan”. ¿Eso qué es: aceptación gozosa del presente u otra cosa?  

 Beneplácito, aceptación dichosa del presente; pero también asombro y fascinación ante ese caudal salvaje y desordenado que es la suma de instantes: la vida.

 

En el poema que da título al libro, dice que prefiere las cosas informes, las imperfectas, con taras. ¿A qué tipo de imperfección se refiere?

 Hay una cierta rebeldía ante la tiranía de lo bello, perfecto y armónico a favor de lo imperfecto, raro y aparentemente vulgar. Un “camino de imperfección”, como sugiere el poeta, ensayista y crítico Antonio Rivero Taravillo. Una versiónlight de aquellos versos de Rimbaud: “Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié”. Y también una invitación a dudar de los dogmas de fe, de las verdades supuestamente inalterables.

 

¿Cómo se fue armando y organizando el libro, cómo surgieron los poemas?  

 Suelo decir que no escribo libros de poesía, sino poemas sueltos a lo largo de varios, bastantes años. Solo cuando dispongo de un buen puñado de ellos (alrededor de treinta y cinco o cuarenta poemas) intento armar un libro, ordenándolos de una manera estratégica, buscando afinidades entre ellos. En realidad, pienso que los poemas nacen con vocación de singles, pero el mercado editorial de la poesía (si es que tal existe) requiere elepés y hasta dobles elepés, así que les envío un montón de poemas dentro ese engañoso formato.

 

 

¿Hay que leer sus partes en una clave especial, como una sinfonía con sus partes o es un orden un poco azaroso?  

El orden de los poemas es bastante fortuito. Cada poema tiene su propio status independiente: puede leerse por separado y en un orden no prefijado. En principio, por eso mismo de ir contra un libro “redondo”, no concebí una estructura cerrada para el libro, pero luego se me ocurrió el juego tonto de las preposiciones: “Ante” (que se abre con el poema “Credenciales” y que es la parte más metapoética del poemario), “Bajo”, “Cabe”, “Con” y “Contra” (que arranca con el poema que da título al libro). 

 

  

Uno de los poemas más emocionantes del libro es ‘La luz’. ¿Podríamos decir que es un pequeño manifiesto o la clave del conjunto? ¿Una apuesta por la felicidad?  

 No soy muy amigo de manifiestos y panfletos ni siento la necesidad de pontificar o teorizar. Para mí, la poesía tiene más de pregunta e indagación que de respuesta y aseveración. Por supuesto, cada poema es una manifestación. Y me gusta pensar que la poesía es el periódico de lo invisible y lo fugaz, de esas pequeñas cosas cotidianas en las que apenas reparamos porque hemos hecho de nuestra vida un río vertiginoso. Los poemas que me interesan son aquellos que dan noticia íntima de cada uno de nosotros, aunque sea a mi manera, de forma alegórica.

 

  

¿Por qué es la poesía la alumna aventajada de la luz?  

 Allí donde la objetividad de la ciencia no llega, lo hace la subjetividad de la poesía. Esta pone bajo su foco aspectos del mundo y de nosotros mismos que no conocíamos o que habíamos olvidado. La poesía nos muestra la cara oculta de las cosas, las ilumina. Es un gran caer en la cuenta, como decía Valente.

 

  

Este también es el libro de las pequeñas cosas, de los actos inadvertidos, ¿qué te da la observación de lo cotidiano, en qué radica su poesía?  

Con las cosas más cotidianas y a primera vista insignificantes puedes armar un gran poema que hable del mundo. No necesitas palabras ostentosas, ni palacios marmóreos, ni grandes verdades universales. Dame al azar dos o tres objetos muy humildes y, con tiempo, te descubriré unas rencillas o unos amores recónditos entre ellos. Y lo que es mejor: hallarás en sus asuntos privados tus mismos asuntos. Así funcionan gran parte de mis poemas. 

 

  

¿Qué supone para ti alcanzar una segunda edición de poesía?  

Supone la existencia de una confianza firme por parte de la editora, Elena Medel, al apostar por una vida prolongada del libro cuando la misma dinámica del mercado editorial parece señalar lo contrario. Dupone la sospecha, aunque suene muy inmodesto por mi parte, de que en muchos rincones del país hay un puñado nada desdeñable de lectores, muy fieles y exigentes, que esperan durante años la publicación de un libro mío y que compran a ciegas, como si Jiménez Domínguez fuera una marca de confianza.

 

  

Llevas casi dos décadas en la poesía. ¿Cuál ha sido tu evolución, cómo ves tu camino?  

Aunque empecé a escribir poemas a los 9 años, solo publiqué mi primer libro (a los 30 años) cuando pensé que era una edad apropiada. Ahora que nadie nos oye, me confesaré: ojalá hubiera esperado algunos años más para hacerlo. He estado aprendiendo todo el tiempo y sigo haciéndolo, por eso siempre tengo la impresión de estar empezando. Comencé muy imbuido por las vanguardias y todos los ismos de principios del siglo XX. Con el tiempo he sabido, creo, subrayar lo esencial del hecho poético sin preocuparme de retóricas retorcidas ni de parecer moderno. ¿Quién querría ser moderno pudiendo elegir ser eterno? Esa sería una noble, aunque utópica, aspiración.

 

  

¿Cómo se construye un lenguaje poético personal?  

No tengo ni idea. Todos andamos tras la piedra filosofal del “estilo propio”, pero no existe una fórmula mágica. Supongo que no queda otra solución que leer mucho y diverso, intentar ser permeable y no temer a las influencias. Todo ese maremágnum de influencias adquiridas a lo largo del tiempo y un prolongado, incansable trabajo de indagación personal, ayuda a la construcción de un estilo, de un lenguaje poético personal. Ah, y correr algunos riesgos, buscar tu propio camino sin pensar si va en una dirección contraria al de los demás. 

 

  

¿Ha vuelto la poesía a nuestras vidas y a nuestras noches de una manera natural o es un espejismo?  

 ¿Se fue alguna vez? Esencialmente no. Si la pregunta va en la dirección de cuál es el momento actual de la poesía en España, tengo que señalar que esta sigue demostrando su mala salud de hierro frente a cualquier crisis.  hay una actividad frenética todas las semanas: publicaciones de libros, presentaciones, recitales, blogs, festivales… empieza a haber tantos festivales de poesía como de música.

 

  

¿Podrías decirnos por qué debemos leer poesía?  

Hace unos años la Universidad inglesa de Liverpool llegó a la conclusión de que la poesía estimula la mente y resulta más beneficiosa terapéuticamente que los libros de autoayuda. No hacían falta tantos estudios para llegar a esa conclusión. Yo podría dar otras muchas razones, todas ellas muy personales, pero me quedo con esta, muy poderosa y primordial: no olvidar quiénes somos. 

 

  

Recomiéndanos tres o cuatro libros de poesía para leer en verano.  

  Estuve el verano pasado en un festival de poesía en Rumanía y me traje de allí dos nombres ineludibles: Ion Mureşan e Ioan Es.Pop. En verano, tiempo de amores desordenados, suelo serle infiel a la poesía para arrimarme más a la novela. Para los que deseen recorrer el camino inverso recomiendo en esta época del año la poesía llena de viajes (geográficos e interiores) de Adam Zagajewski (Mano invisible) o de Martín López-Vega (Adulto Extranjero). Y, sobretodo, la poesía de Wislawa Szymborska, que es amena, luminosa y siempre fresca. He veraneado más veces en los poemas de Wisława que en el Mediterráneo.

 

*La foto es de Joaquín Puga.

 

CUATRO POEMAS DEL LIBRO

 

CUATRO POEMAS DE “CONTRA LAS COSAS REDONDAS”

(ED. LA BELLA VARSOVIA, 2016)

 

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

LA LUZ

 

Ranas, quietos budas pequeños

sobre los troncos, sobre las rocas,

bajo las cenefas rojas y naranjas del atardecer,

¿cuál es el objeto de vuestras meditaciones?

¿Qué guarda vuestra pupila que a la deriva flota

en el ojo como una gota de aceite sobre la leche,

como una nube vacilante sobre la fe?

 

Acaso veis brincar en el aire demorado del instante

la raspa de un pez, sus galas de carne y lentejuelas

bajo el biombo del agua donde vivimos y morimos juntos,

donde las piedras del fondo —pequeñas y redondas—

son cuentas huidas de un rosario o blancas tacitas de té.

 

Cantáis y cantáis sin descanso, hasta que el sol

con el perfil gastado del emperador deja de rodar.

Y la Poesía, la alumna aventajada de la luz,

¿adónde se retira cuando cae la noche?

La buscamos a tientas en la oscuridad

frotando una palabra contra otra, torpemente,

como esas cerillas húmedas o descabezadas

que, en mitad de un largo velatorio,

tratamos en vano de encender.

 

PARQUE DE ATRACCIONES

 

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, se ha hecho tarde y estás solo.

¿Dónde quedaron aquellos que te acompañaban?

 

El fuego azul de la lluvia desmanteló la noria.

El sol se largó con los colores rojos del tiovivo.

La indolencia y los días, mano a mano, puño a puño,

hicieron otro tanto y se encargaron del resto.

 

Aquí el viento empuja el ojo caído de una muñeca

y lo invita a recorrer la cara oscura de la vida,

esa que nunca se ríe porque —de hacerlo—

te asustaría su feo agujero con solo dos dientes o tres.

 

Un vencido chicle de junio del noventa y siete,

antes emblema de una juventud dulce y perdurable,

ahora sujeta en la puerta del urinario este cartel:

Hallados manojo de llaves y zapato ortopédico

en la Casa Magnética. Preguntar en Mantenimiento.

 

En el viejo puesto de algodón de azúcar solo queda,

abierto como una flor carnívora, un paraguas negro.

Debajo está la mancha cenicienta del hombre

al que un gran anhelo —o la falta de él— consumió.

 

Los volcados contenedores de la basura

son vagones descarrilados del trenecito chu-chú.

En lo alto de un pino, en la cabeza decapitada

de Mickey Mouse, anidan los cuervos de Poe.

 

Cuarenta y tantos años, cincuenta: pasaron veloces.

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, estás ya en la Casa del Terror.

 

CUERPO

 

En esta bolsa de viaje, madre, guardaste

lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.

Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.

Con unas pinzas de cocina, del más grande

al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.

Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas

del camino los anudaste con tendones y venas,

los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.

Terminada la tarea, dejaste un corazón

al cuidado de todo: esta es mi herencia, hijo,

no la derroches; aunque escasa, habrá de bastarte.

 

Madre, nunca pensé que fuera tan caro este viaje.

Todo en este mundo cuesta un ojo de la cara

y el otro no me alcanza para ver los precios.

Tratando de ganarle la mano al tiempo, pierdo la cabeza.

En cada caricia que extendí me voy dejando la piel.

Pago con los cinco sentidos por la cuarta hoja del trébol.

En busca de las peras del olmo caigo despechado,

me desgañito, me descorazono, me deslomo.

 

Madre, para desvivirme por esta vida y estos deseos

en cada aduana tengo que echar mano del cuerpo.

Cuando llegue —¿a dónde? ¿cuándo?— ignoro

qué quedará de cuanto me diste, en qué estado.

¿Sabrá el destino, apostado en un oscuro callejón

sin salida, que soy yo cuanto largo tiempo esperó?

¿Montará en cólera al comprobar, albarán en mano,

que nada llega completo, intacto ni nuevo?

¿Tendré que desembolsarle algo más, madre,

por cada desperfecto, por cada mengua, por cada desfalco?

 

El viento hace danzar el envoltorio viejo de un caramelo.

El halcón lleva consigo la urgencia del vuelo y nada más.

La pera que cae de la rama deja su sitio a la pera futura

sin mediar notario alguno, herencia ni aflicción.

Al menos he de guardar dentro de mí algo de todos ellos,

hallar un sentido que haga frente a cuanto voy dejando.

En esta lucha sin cuartel todo me sirve y poco me alcanza.

En este cuerpo a cuerpo nada tiene el alma que perder.

 

CONTRA LAS COSAS REDONDAS

 

Amamos las cosas redondas pensando

que han de ser eternas y amables y perfectas:

el pomelo bajo el rotundo sol de agosto,

la pulsera que orbita alrededor del pulso,

la moneda con dos caras y ninguna cruz,

el balón de playa en cuyo interior aún se respira

un paciente aire de mil novecientos ochenta y dos.

 

Hay días redondos en los que todo cuadra

y la vida parece marchar sobre ruedas:

alguien, lija en mano, se encargó

de sustraerle al mundo todas las esquinas,

todas las aristas, todos los bordes.

 

Pero basta que atravieses por un declive

o que todo se vuelva cuesta arriba de repente,

para comprobar que son las cosas redondas

las primeras en abandonar y en echar a correr:

el pomelo, la pulsera, la moneda y el balón.

 

Me niego en redondo a aceptar tales desplantes.

Ante las formas esféricas opongo las cosas informes.

Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares.

Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces.

Hermosas y singulares, sin plegarse a ningún centro,

solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.


14/08/2016 00:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL FABULADOR JESÚS MONCADA

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Jesús Moncada, el fabulador

universal del río Ebro

 

El escritor  de Mequinenza, nacido en 1941 y fallecido en 2005, fue un modelo de convivencia entre Aragón y Cataluña y fue distinguido en las dos comunidades

 

 

Antón CASTRO

Uno de los grandes escritores aragoneses y catalanes del último medio siglo ha sido, y sigue siéndolo, Jesús Moncada (Mequinenza, 1941-Barcelona, 2005), hijo de tendero y niño curioso, hambriento de historias y sortilegios, que creció en el pueblo viejo de Mequinenza, anterior a la inundación y al pantano. Fue un joven marcado por la huella del campo, la minería y las navegaciones por el Ebro y el Segre, ríos que solían desbordarse a menudo y fundirse y mezclar sus aguas, prácticamente ante la casa del muchacho. Jesús encarnó como pocos la convivencia natural entre catalanes y aragoneses: fue un escritor aragonés que escribió en catalán, y a su modo creó una lengua enraizada en los registros de su pueblo, y fue un escritor catalán que nació en Aragón y que jamás renunció ni a su memoria, ni a la huella de sus antepasados ni al vínculo, interiorizado, con un paisaje de fondo y con su historia. En 2004 recibió en Teruel el Premio de las Letras Aragonesas, que tanto le enorgulleció.

Jesús Moncada se formó, y casi se forjó, en el colegio Santo Tomás, en el entorno de la plaza de San Cayetano, como alumno interno. Allí descubrió la misteriosa figura del poeta Miguel Labordeta y tuvo de profesor a Rosendo Tello. El autor recordaba en 1998: “Rosendo Tello me decía: “Escríbeme para mañana una octava real. O un soneto, estrofas de pie quebrado, lo que quiera”. Escribí una leyenda mequinenzana, Miguel Labordeta la premió y la publicó en la revista escolar ‘Sampasarana’. Y me regaló los ‘Recuerdos de infancia y juventud’ de Ramón y Cajal de la colección Austral, libro que todavía conservo”.

Aprovechó su estancia en Zaragoza para conocerla bien y para transformarla, muchos años después, en la imaginaria Torrelloba de ‘La galería de las estatuas’, una novela que es un poco su propia historia y una cartografía sentimental de sus paseos y quizá de su melancolía esencial de Mequinenza. Más tarde, tras estudiar Magisterio, dio clases un tiempo en su pueblo y se aficionó a la pintura, algo que desarrollaría entre finales de los años 60 y principios de los 70 en Barcelona, aunque en realidad desde niño solía dibujar en un papel de estraza que le preparaba su padre; logró tal destreza que con nueve años ilustró su primera tentativa literaria: una imitación de ‘Cinco semanas en globo’ de Julio Verne. Se trasladó a Barcelona y realizó varias exposiciones con una obra expresionista, surrealista y un tanto metafísica, que rescató el sello Prames, en una edición de Pedro Pablo Azpeitia: hacía figuras inquietantes, campesinos, sueños. Si poco a poco abandonó la pintura, jamás dejó de dibujar y de colorear: fue un maestro de las dedicatorias y las caricaturas (que editó Mercé Biosca), y solía utilizar hombres con gorra que se le parecían, y algunos animales, pájaros y especialmente cocodrilos, que él, en sueños o en sus fabulaciones, veía surcar el Ebro.

El Ebro fue el auténtico hontanar de sus fabulaciones a través de los cafés de sus orillas, donde se reunían los marinos. Veía ir y venir los ‘llauts’ y oía narraciones de contrabando y aventuras de amor, y a veces de prostíbulo, de cabareteras francesas o de fútbol (fue el escribiente de un cronista ciego) que poblarían, elaboradas a su manera, muchas de las páginas de sus cuentos y de su obra capital: ‘Cami de sirga’ (1988), un friso narrativo ambicioso poblado por navegantes como Honorato del Rom y Arquímedes Quintana o aquella delicada Carlota. Para llegar ahí, a una obra tan madura, había publicado dos libros: ‘El cafè de la Granota’ (1981; ‘El café de la rana’, en la edición de Xordica) e ‘Històries de la má esquerra’ (1985; ‘Historias de la mano izquierda’ en castellano), relatos muy trabajados que reflejan la asimilación del magisterio de Manuel Berdún Torres y su ‘Destierro 6’, “el primer escritor que yo conocí”, de Edmón Vallès y de Pere Calders, el gran cuentista de ‘Crónicas de la verdad oculta’, con quien coincidió en la editorial Montaner y Simón.

A ‘Cami de sirga’, le siguieron la citada ‘La galería de les estatuas’ (1992) y luego ‘Estremida memòria’ (1997) -los tres títulos aparecieron en Anagrama con el título de ‘Camino de sirga’, ‘La galería de las estatuas’ y ‘Estremecida memoria’- y son los libros de un gran escritor, perfeccionista hasta la exasperación, capaz de hacer hasta ocho o diez versiones, que admiraba a Balzac, Lampedusa, Álvaro Cunqueiro o Alejo Carpentier, y que convirtió a Mequinenza en una región universal de la ficción. Él asumió la cita más célebre de Miguel Torga, “lo universal es lo local sin paredes” y estaba feliz porque había sido vertido a una veintena de lenguas, “entre ellas el coreano”, decía. Amaba tanto su idioma que se dedicaba a traducir –con nombres como Maximus Minimus, Cornelius Pi y otros seudónimos- para sobrevivir, claro, y porque estaba seguro de que eso le permitía, día a día, construir una lengua más rica, matizada y sonora, idónea para su escritura llena de humor, sensualidad y una fantasía que invade lo cotidiano y se hace mito.

 

*Autorretrato de Moncada. Este texto ha aparecido en 'Letras estivales' de Heraldo.

 

08/08/2016 19:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JORGE RODRIGUEZ DIALOGA CON MIGUEL PARDEZA SOBRE 'TORNEO'

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Jorge Rodríguez entrevista a Miguel Pardeza en ’Letras Libres’ con motivo de la publicación de su libro ’Torneo’, en el sello Malpaso.

 

http://www.letraslibres.com/blogs/polifonia/un-pais-donde-se-considera-que-leer-es-una-rareza-padece-una-enfermedad-social-grave?page=full

Por Jorge Rodríguez Gascón.

Estudiante y administrador del blog Gol Olímpico.

Miguel Pardeza Pichardo (La Palma del Condado, Huelva, 1965) es un personaje insólito. Futbolista internacional, campeón de la Recopa de Europa con el Real Zaragoza en 1995 y miembro de La Quinta del Buitre, es un lector culto y apasionado, especialista y editor de la obra de González Ruano. Acaba de publicar Torneo (Malpaso, 2016), un “ensayo autobiográfico” en el que repasa sus inicios como deportista profesional y el descubrimiento de la literatura.

En la nota aclaratoria presenta el libro como una especie de desafío. ¿En qué sentido lo era? ¿Se puede leer Torneocomo un libro de formación?  

Era, o eso creo, un doble desafío. Uno básico, gimnástico, poner a prueba mi resistencia física delante de un ordenador. Escribir no es solo un ejercicio intelectual, cerebral, es también físico. Escribir requiere resistencia fisiológica como mantener un ritmo respiratorio adecuado, e incluso tener un culo a prueba de callos, salvo que seas Dickens, Hemingway o Nabokov que escribían, al parecer, de pie, lo que es, o eso me parece a  mí, mucho peor. De aquí que tantos escritores se hayan ayudado con café, alcohol, drogas, o hayan abusado de la meditación zen o hagan curas depurativas como Vargas Llosa en una clínica famosa de Marbella. Y por otro, quería, o pretendía, conocer hasta dónde era capaz de alcanzar mi memoria, por lo común muy perezosa. Desde estos dos puntos de vista, sí que Torneo encaja en la literatura de formación, o mejor dicho de iniciación, aunque no quiero olvidarme lo que el libro tiene, por supuesto, de autoconocimiento.  

Hay un acontecimiento fundamental en su juventud, que es la apertura de una biblioteca en su pueblo, La Palma del Condado. ¿Cómo se produce el descubrimiento de la literatura y qué importancia ha tenido en su vida?

Mi estancia aquí en la tierra no me la explico sin libros. Como tampoco me la explicaba sin fútbol mientras estaba en activo. A los unos y al otro he dedicado casi toda mi vida hasta el momento. La apertura de la biblioteca de mi pueblo, La Palma del Condado, fue crucial porque me mostró que la abundancia de libros en un mismo espacio era factible. Tuvo el encanto de una revelación aritmética. Un contraste emocionante porque en mi casa solo había una enciclopedia Larousse, Guerra y pazincompleto, libros de higiene corporal, un tocho titulado más o menos Un niño va a nacer y tres o cuatros tomos sobre mecánica. Muy poco más. Es decir, nada. Como era aún casi un niño aquel impacto, como decía, fue solo visual, pues mis intereses del momento no pasaban de Astérix. Pero quiero creer que allí en la sala de lectura, al lado de una ventana que daba a Ronda de los Legionarios, mientras oía los motores de los camiones Pegaso que por allí cruzaban, concebí la ilusión de tener algún día algo parecido a una biblioteca, uno de los lugares más queridos por mí.

Usted hizo la tesis doctoral sobre César González Ruano. ¿Qué es lo que le interesó de él?

Creo que Ruano, como algún otro, resume casi a la perfección las contradicciones y los despropósitos de la primera mitad del siglo xx. En cincuenta años Europa se desangró dos veces, humilló y avergonzó a la raza humana. En un momento de grandes avances científicos, subversiones culturales y alucinaciones políticas, como el fascismo y el comunismo, solo quedaba opción para la militancia o para el cinismo. Ruano prefirió esta segunda opción. Tenía una frase que me gusta repetir: “sobre mi conciencia todo, sobre mi espalda nada”. Vivió con la inconsciencia y el placer con que se fumaba sus cigarros. Su ética cabía en su tintero, que era negro y espeso. Llevaba sangre del Lazarillo, pero le gustaba el refinamiento de Paul Morand. Con un ojo miraba las luces de nuestro Siglo de Oro mientras con el otro vigilaba las tetas de una ninfa de Montmartre. Mi impresión es que tenía el alma vendida al diablo, aunque en la intimidad se sintiera culpable y soñara con la salvación. Indudablemente, perdió esa guerra de anhelos encontrados. Creo que todos al final la terminamos perdiendo. Entre tanto, nos ha dejado algunas páginas inigualables. Respiraba literatura por todos los botones de sus chaquetas oscuras. La época no lo ayudó; de haberlo hecho, hoy sería algo más que una rareza para bibliófilos y para promesas del articulismo literario.

¿Cree que su afición por la literatura le convertía en un personaje atípico en el mundo del fútbol? ¿Fue la lectura un refugio para aliviar la soledad en sus años en la residencia del Madrid?

Un país donde se considera que leer es una rareza padece una enfermedad social grave. Lo raro debería ser no leer. Pero aquí, la cultura, el conocimiento siempre han levantado sospechas y el recelo no solo del poderoso, ojo, sino también del pueblo. El primero ha tenido al lector como un tipo peligroso al que había que tener vigilado o domesticado, el segundo como un cursi y un pedante. La literatura ha sido considerada siempre por el poder y la fácilmente manipulable gente corriente una cosa de señoritas hiperestésicas,  vagos de atar y académicos. El fútbol es un fenómeno en el que la inteligencia se pone al servicio del músculo o al revés. Las actitudes reflexivas son raras en un deporte que premia la testosterona en un contexto de radical fugacidad. Yo, como me ha gustado ir por libre, jamás me he planteado a mí mismo en términos de raro o normal. Jugué y leía como si fuera las dos caras de una misma personalidad. Y por supuesto, a los libros siempre les estaré agradecido, pues me ayudaron y me ayudan a estar en este malparido teatro que es el mundo.

 En el libro le interesa también el relato de aquellos que no lograron llegar e incluso el perfil desgraciado de los personajes que le rodeaban en la residencia, ¿por qué? ¿hay algo de ficción en esas historias?

Sentir compasión por el perdedor y cierta tirria por el triunfador es la peor tentación de un escritor, diría de casi cualquier hombre. Nunca he entendido por qué quien pierde es más digno de nuestra conmiseración que quien gana. Cualquiera de los dos merecería nuestras lágrimas y nuestro perdón. Ganar y perder son nociones confusas y normalmente intercambiables. El éxito según lo entendemos hoy día compone un cuadro con dos colores únicos, que son  el material y el social, o lo que es lo mismo: el dinero y la fama. Dejo al margen el poder, porque en sí mismo es odioso. Como la vida se las arregla a su manera para compensar tanta desigualdad, se reserva la libertad para que el triunfador engendre sus propias derrotas y que el perdedor encuentra en el fracaso su manera de triunfar. Pero como no soy una excepción, es obvio que me dejo atraer por los desterrados de la ruleta de la fortuna. Por una discutible tradición cultural vemos más literatura en un tirado perdedor que en el exitoso hortera que luce yates y tías buenorras, a las que la gente imagina como la quintaesencia del furor erótico. Y sobre si a esos personajes los adorné con los andrajos de la literatura, solo puede decir que sí. A la tristeza le van muy bien los adjetivos.

Usted fue uno de los jugadores más prometedores del país ya en su adolescencia. El famoso Torneo que da título al libro, en el que le nombraron mejor jugador, le llevó a la cantera del equipo más poderoso de España. En el libro parece que tuvo episodios de inseguridad y de dudas, ¿hasta qué punto le pesó esa responsabilidad? ¿Cómo supo canalizarla para convertirse en el jugador que fue y cómo afectó a su educación sentimental?

Mi problema adolescente no fue de responsabilidad, sino de un exceso de responsabilidad. La vida hay que vivirla, y merece la pena de que así sea, asumiendo todos los riesgos inherentes. Me obsesioné tanto con la idea del triunfo o, aún peor, con el temor a fracasar, que me olvidé de mí y de quién era. Sencillamente, me encerré en una pocilga donde se respiraba un aire fétido y donde solo se oían los gritos desesperados y de dolor de mi adolescencia frustrada. Fue un episodio lamentable, por desconocimiento y una exacerbación de los miedos casi diría metafísicos. En fin. Sobre cómo logré canalizarla, diría que no lo logré, salió adelante como pudo, a duras penas, envuelta en complejos y pánicos de todos los matices. Lo recojo en el libro. Pero si algo le tengo que agradecer a aquel cacao mental –contestando a la tercera pregunta– fue el acercarme más a los libros, de los que ya no me he separado nunca.

¿Han mejorado las estructuras de cantera de los equipos? Ahora, los equipos disponen de mayores recursos y, sin embargo, el Madrid no encuentra emblemas como en su época de jugador. ¿A qué se debe?

No tengo ni idea. Trabajar se trabaja mejor que hace años. Las instalaciones son inmejorables, los entrenadores y monitores están más preparados que los de antes, los de mi época, aunque pueden que les falten más intuición y más amor, sí, por más cursi que suene, un amor por ese niño que quería llegar a algo y al que prestaban no solo conocimientos técnicos, sino también apoyos afectivos. Dicho esto, el talento no es manufacturable, de modo que este viene cuando le da la gana.

¿En qué medida la Quinta del Buitre y el Mundial del 82 pueden servir para hacer un retrato sociológico de la España de la transición?

No lo sé, esa es la verdad, me refiero a la medida exacta. Sin embargo, sí sé que las cosas ocurren y que con el tiempo tendemos a darles un significado histórico o social. A la Quinta se le ha dado, sin duda. Yo mismo he perpetrado esa petulancia. Quise verla como un reflejo del cambio político y social de los años ochenta. Algo parecido le sucedió a la movida madrileña, entendida esta como un movimiento de liberación y sintonización cultural, aunque tengo la impresión de que esta ha quedado como una algazara y un desbocamiento hormonal cuyos resultados no superaron lo anecdótico cuando no lo chocante. El fútbol español venía del letargo de la furia, inventada por algunos periodistas del régimen y fomentada por el Estado franquista, tan aficionado a ver símbolos de la raza en cualquier manifestación por irreal que fuera. Una generación tomó el testigo del fracaso del 82 y se postuló con aire fresco. Aquella la formaban chicos a los que la dictadura les pilló en su decadencia. Su mejor legado tal vez haya consistido en que cambió la mirada del aficionado. De allí surgió una sensibilidad algo más refinada, de la que, quiero pensar, surgieron años de una renovación que concluye en los éxitos de la selección española de estos últimos años.

En Zaragoza no solo encontró la estabilidad, sino también el reconocimiento unánime de la hinchada y los éxitos. ¿Qué importancia tuvo la ciudad y el equipo en su vida?

Mucha, casi todo lo que fui se lo debo a Zaragoza y al club en el que milité durante once temporadas. En Zaragoza, encontré un hogar y un temperamento con el que me identifiqué desde el primer día. Allí nacieron mis hijos. Allí logré títulos junto a compañeros que reconfortan mi memoria. En Zaragoza, mi recién adquirido deslumbramiento literario se fomentó gracias a la compañía de amigos que me abrieron los ojos a un mundo que en mis turbios años de Madrid solo era un presentimiento. Me enseñaron una lección impagable: los libros podían ser una diversión, pero también una forma de vida. Futbolísticamente además fui un privilegiado, coincidí con una etapa brillante de un equipo cuya tradición venía de la excelencia.

¿Quiénes son los jugadores que más le han impresionado?

De todos, Maradona.

Ha vivido en primera línea grandes transformaciones en el mundo del fútbol. ¿Cuáles han sido para usted los mayores cambios? ¿Cree que el fútbol es un negocio sobredimensionado que, de alguna forma, vive por encima de sus posibilidades?

El fútbol es un fenómeno sobredimensionarlo porque vivimos una época sobredimensionada. El poder económico de algunos países está sobredimensionado, así como el poder militar. El hambre está sobredimensionada, la desigualdad entre naciones está sobredimensionada, la ceguera ideológica y el extremismo religioso están sobredimensionados. Todo se ha salido de madre y el fútbol no es más que una consecuencia de un momento histórico en el que lo único que importan son las cifras. Hoy día se celebran los traspasos millonarios como si fuera un récord que al año siguiente hay que batir. Es de locos. La calidad del jugador, por lo general, ha cedido ante el valor de la estadística. En alguna medida, el fútbol se ha vulgarizado porque el triunfo se ha hecho la única causa posible. El aficionado traga con todo, porque le hemos dicho que se olvide de la sensibilidad y que se ponga en la cola para aplaudir los puntos conseguidos. Todo está muy bien siempre que los protagonistas así lo quieran; no soy ningún integrista guardián de idealizaciones subjetivas, pero en muchas ocasiones mientras veo un partido de fútbol lo único que recuerdo cuando termina es la última frase del libro que estaba leyendo.

Hay algo especial en la primera parte del libro. Me refiero a la belleza del fútbol de provincias, sin tantos ejemplos de corrupción o excesos de responsabilidad. ¿Siente nostalgia de ese fútbol?

Sinceramente, no. No siento nostalgia. El fútbol nunca es inocente, ni siquiera en el idealizado fútbol base o aficionado. Puedo decirlo porque he pasado por todas las etapas posibles. Fui canterano, fui profesional y, una vez retirado, fui jugador dominguero en un campeonato laboral. Recuerdo que durante un partido de este último en un campo de la Federación de Fútbol en Zaragoza, tuve que parar el juego y quedarme mirando a un rival para recordarle que lo que estábamos haciendo era únicamente un entretenimiento, no una competición de la que dependiera el pan de nuestros hijos. A la jugada siguiente ese mismo rival volvió a darme una patada. ¡Y qué decir del fútbol infantil y juvenil! ¡Esos padres que se ponen en la banda para dirigir a sus hijos! ¡Esos padres que no dudan en arremeter contra rivales de 12 o 15 años por cualquier nadería, o que discuten con otros padres o insultan a los árbitros! Una calamidad. La única nostalgia que siento verdaderamente de aquel fútbol es la que surge de los cándidos sueños de entonces que a uno le hacían vivir en un estado de excitación y vitalidad permanentes. Lo demás son solo miserias de la condición humana. 

 

 

*Cromo de un jovencísimo Miguel Pardeza. La foto de Miguel Pardeza es de Maite Santonja de Heraldo.

08/08/2016 12:40 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

16 CUENTOS DE 'LETRAS LIBRES'

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16 escritores recuerdan un verano de juventud en el número de agosto de Letras Libres.

 

A diferencia de los veranos de la niñez, los veranos de juventud no suelen ser un paréntesis. Tienen un aire dedespedida que nos recuerda que, como decía Milan Kundera, la nostalgia es más fuerte cuando el volumen de la experiencia es menor. Pero, al igual que los veranos de la infancia, los veranos de juventud conservan la posibilidadde la aventura. Son una exploración: del sexo, del trabajo, de la vocación. A menudo propician el descubrimientode un límite, o el encuentro de una amistad o un amor decisivos.

 

Este número de la revista que dirige Enrique Krauze es una continuación de Veranos de infancia (2011) y Veranos deadolescencia (2014). Como esos números, tiene ilustraciones de Clara León. La serie –a la manera de las películas de Antoine Doinel de Truffaut, o de Boyhood de Richard Linklater– puede verse como un conjunto de catas en la experiencia de un grupo de autores. 

 

En “Delirio de amor en universidad de verano”, Andrés Barba reflexiona acerca del aprendizaje y la búsqueda, más o menos desesperada, de sexo. Jorge Carrión escribe sobre la educación sentimental en “La estación lluviosa”. Le interesan el descubrimiento de un país y un continente y también la construcción de una identidad a través de los viajes y los encuentros amorosos. En “Hubo veranos barrocos”, Mercedes Cebrián describe su experiencia en cursos de verano dedicados a la música antigua. En “Viaje o psicólogo”, el viaje que emprende Borja Cobeaga se convierte en una terapia contra la ansiedad. 

 

En “Cansarse de Londres”, Ricardo Dudda cuenta sus veranos en Londres y su trabajo como becario en Esquire. Daniel Gascón recuerda a Félix Romeo en “La estación de los amores”. Ismael Grasa cuenta su primer verano en Madrid, su trabajo como camarero en una terraza de La Latina y el desarrollo de su vocación de escritor. Enriquede Hériz cuenta cómo perdió una novela entera por un problema informático y Nuria Labari escribe sobre un verano de juventud y el descubrimiento del “sexo en serio” y el “amor en serio”.

 

Miguel Ángel Muñoz cuenta la emoción extraña que supuso terminar su primer libro. Elvira Navarro se despide dela ciudad de su adolescencia en “Una casa fuera de ruta”. En “Antigua”, Eva Puyó combina la crónica de un viaje con la descripción de dos relaciones sentimentales. Llucia Ramis retrata la intensidad incomparable del amor juvenil en “El amigo de las tortugas”.

 

Aloma Rodríguez escribe sobre la amistad en “Mis veranos con Rebeca”. Gonzalo Torné escribe sobre el deporte, la vocación y el cómic, y en “Río turbio” Berta Vias recrea una excavación arqueológica junto al Danubio y su atmósfera inquietante. 

 

Director: Enrique Krauze 

 

Editor responsable en España: Daniel Gascón

05/08/2016 13:05 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JACK LONDON, DESPUÉS DE UN SIGLO

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La aventura extrema de Jack London

 

Se cumple un siglo de la muerte del autor de ‘La llamada de lo salvaje’: un modelo de escritor profesional que sentía pasión por el mar, el boxeo y la fiebre del oro

 

PIES DE FOTO. 

Jack London y su segunda esposa Charmian a bordo del velero ‘Snark’ hacia 1907

 

 

 

Antón CASTRO

Jack London (1876-1916) es uno de los escritores más apasionantes de todos los tiempos, incluso en sus contradicciones: se le iban la mano y los ojos demasiadas veces hacia textos ajenos y acababa, de formas sutiles o descaradas, apropiándoselos. Fue denunciado por ello, y en ocasiones lo asumió con entereza. Con el paso del tiempo, este joven aventurero, de padre incierto y criado por una mujer que había sido esclava, Virginia Prentiss, se convirtió en un escritor profesional, que ganaba mucho dinero con sus cuentos, sus reportajes, sus crónicas de pugilismo –en 1910 narró el combate entre Jack Johnson, el campeón negro al que despreció, y James Jeffries; venció Johnson, el mismo que combatió en Barcelona con Arthur Cravan- y, sobre todo, con sus novelas.

John Griffith Chaney London sería hijo del astrólogo William Chaney, se piensa, y de la profesora de música y espiritista Flora Wellman. Aquel, porque nunca asumió su paternidad, y ella, por enfermedad, no se hicieron cargo del joven, que se formó en la Biblioteca Pública, leyendo como un descosido, y realizando distintos empleos: fue repartidor de prensa, trabajó en el ferrocarril, en un molino de yute, patrullero de costa y fue también un auténtico vagabundo que pasó un mes en la cárcel en Búfalo. Una de sus grandes pasiones fue la navegación: en 1893, a los 17 años, justo cuando había empezado a hacer sus primeros pinitos en revistas y periódicos, se enroló en la goleta ‘Sophia Sutherland’, que navegó hasta las costas de Japón. El viaje le daría satisfacciones y un rico material narrativo. Algún tiempo después, repetirá experiencia en otra goleta y se dedicará a la búsqueda de ostras. Entre sus ocupaciones figura la de traficante y, también, la de buscador de oro: entre 1897 y 1898 se trasladó a Klondike, Canadá, cerca de la frontera de Alaska; tuvo que abandonar porque fue presa del escorbuto. Allí acentuó su impresión de pertenencia a la naturaleza, uno de sus temas básicos.

En 1903 publicó por entregas, a modo de serial o folletón, en ‘Saturday Evening Post’ su primera novela: ‘La llamada de la selva’, también titulada ‘La llamada de lo salvaje’, el relato de un perro Buck, del juez Miller, que fue secuestrado y vendido como perro de trineo, durante la fiebre del oro. Nórdica acabe de publicar una edición ilustrada por Javier Olivares. Es un relato de supervivencia en condiciones adversas, asunto central de las ficciones de London, que no dejará de publicar desde entonces: ahí están ‘El lobo de mar’ (1904), ‘Colmillo blanco’ (1906) o ‘Martin Eden’, que sería su primer bosquejo autobiográfico, algo que repetiría años después con ‘John Barleycorn’ (1913), la historia de un hombre prisionero del alcohol, como él.

En todos estos años, instalado ya en Oakland, se casó dos veces: una, en 1900, con Bess Maddern; fue un matrimonio civilizado, sin pasión, de antiguos amigos, y tuvieron dos hijas, Joan y Becky; ella fue su amanuense, su consejera y su correctora, y aceptó con sosiego que London amase a una antigua novia: Anna Strunsky. En 1905 volvería a casarse, ahora con Charmian Kittredge. Una de los episodios más hermosos que vivieron juntos fue su gran odisea a bordo del velero ‘Snark’, algo que cuenta el escritor y viajero Martin Johnson (1884-1937) en el libro ‘Por los mares del sur con Jack London’ (Ediciones del Viento, 2016). London acoge a Johnson como cocinero y le dice: “Y por cierto, en caso de que te guste el boxeo, te diré que todos nosotros boxeamos y vamos a llevarnos los guantes. Te daremos ventaja. También debo decir que todos pasaremos juntos muy buenos momentos nadando, pescando, viviendo todo tipo de aventuras, haciendo mil y una cosas”. Johnson lo define “como un niño grande afable, sincero, generoso”.

Como las cosas le iban bien, hacia 1910 compró el racho Glenn Ellen. Se hizo socialista y teorizó sobre ello. Y acuñó una poética: “La verdad esencial de la vida es la naturaleza”. Y dijo también: “El hombre se distingue de los demás animales por ser el único que maltrata a su hembra”.

Poco a poco fue víctima de los desórdenes y el alcohol y se vio acosado por las deudas. Aún le dio tiempo a publicar uno de sus libros más originales, ‘El vagabundo de los estrellas’, la exaltación de la imaginación, la fantasía y la reencarnación. En noviembre de 1916, hace ahora un siglo, tomó morfina y adropina. No se sabe si fue un error o un suicidio, pero así fallecía quien había sido un romántico y un escritor que hizo de su existencia la materia de una ficción universal. En una entrevista confesó los secretos del éxito: “Mucha suerte. Buena salud. Buen cerebro. Buena correlación mental y muscular. Pobreza. Leer ‘Signa’ de Ouida a la edad de ocho años. Y la influencia de ‘Philosophy of Style’ de Herbert Spencer”.

LOS LIBROS

 

La noche que Tronnia cambió su mundo

M. C. Arellano /Blanca BK

 

Un divertido libro de aventuras de Nalvay con hadas, druidas y basiliscos. M. C. Arellano Cuenta la historia de la troll Tronnia que desea competir en los Juegos Féericos. Allí deberá hacer acrobacias imposibles o cazar estrellas fugaces. Y a ello se dispone. Blanca BK ilustra con humor y ternura.

 

Alicia en el País de las Maravillas

Lewis Carroll

Esta edición de ‘Alicia’ es más que especial: cuidadísima, trabajada con meticulosidad por Ramón Buckley e ilustrada por Benjamin Lacombe, con muchos recursos. Edelvives tira la casa por la ventana y ofrece belleza sobre belleza, fantasía de impresión y sueño. Un libro onírico y ya clásico.

 

 

 

31/07/2016 14:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL: 'ARGONAUTAS'

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2016/07/31/argonautas/867206.html

El artículo de los domingos de Guillermo Busutil.

 

Cuaderno de mano

Argonautas

Guillermo Busutil  31.07.2016 

 


No es lo mismo ser atleta olímpico que emigrante sin vocación. Unos se marchan con alas rojas y el sueño de convertirse en héroes elegidos. Los otros sólo aspiran a ser héroes anónimos de espaldas grises. El esfuerzo de los primeros tal vez lo recompense el triunfo de una marca y posar en alto con una medalla de laurel simbólico. Los segundos sólo pugnan por un empleo digno con su sueldo correspondiente. Sus conquistas no se valorarán de igual manera en su mismo país de origen. Nada en común tiene el adiós a su embarque. A los emigrantes nadie los avala en su rumbo. Sin alas, sin federaciones, sin preservativos anillados en la maleta y sin reportajes periodísticos que los animen a su gesta. Ni siquiera les silbarán el himno cuando coronen la meta de un empleo por encima de los mil euros brutos. Ese deseo de buena suerte susurrado con un abrazo o un beso casi a solas en una terminal aérea sin reportaje fotográfico. A los heraldos, en cambio, los despide el presidente enrocado en la ambigua soledad de su investidura y los celebra como españoles de una gran nación de españoles que los respaldarán con ánimo si no superan la prueba. A los emigrantes sólo su familia los absolverá de su fracaso. Y en su despedida sólo son para Rajoy una cifra social que cuestiona el ave fénix de su reforma laboral. Los 100.000 emigrantes que salieron el pasado año, sumándose a los 833.339 españoles que lo hicieron entre 2008 y 2015, nunca competirán con su recuerdo de los hijos del viento, de las sirenas sincronizadas, de los guepardos azules de agua a 24º y de los fondistas que, junto con otros atletas, vuelan rumbo a Río. Volver con una medalla prestigia a España. Quedarse a trabajar en el extranjero es un fracaso nacional que no se vende en el hemiciclo ni en portada.

De ninguno de los 2,4 millones de españoles que sudan su trabajo, en otros estadios de competición laboral del mundo, se puede presumir como producto interior de una buena política. Tampoco dan las satisfacciones del deporte. La disciplina que anualmente nos ofrece un ídolo generacional, un modelo al que imitarle el corte de pelo y su canción de karaoke. Estrellas de Zeus de ese mercado donde cada verano se sueña con un cromo de 100 millones de euros, sin detenerse a pensar en la inmoralidad de pagar esa cantidad por unas cualidades que nunca son ejemplo de nada que fomente el valor del conocimiento, del coraje o la creatividad. Hace mucho tiempo que el mundo se convirtió en un balón de fútbol. Religión de pobres y de ricos, de dioses y de pícaros, cuya economía se mueve por detrás y por debajo, y alrededor también de los espectáculos de élite deportiva. Un negocio como el que va a inaugurarse en la capital de Brasil, con 14 millones de analfabetos, según los datos de la UNESCO de 201, y 40 millones de personas viviendo en la pobreza.

Las Olimpiadas van a ser el oasis de agosto. A su manera se lo dijo Felipe VI a la muchachada olímpica: «Sois la ilusión de la sociedad española». Lo hizo a la hora en punto en la que Madrid se había convertido en la capital mundial de Pokémon Go. Más de 5.000 personas concentradas en la misma zona de la capital, en la que hace meses también se citaron decenas de improvisados manifestantes a favor de dos concursantes de Gran Hermano, para cazar estas criaturas de Nintendo y cuyos ejemplares más difíciles capturó también el viernes Nick Johnson. Un neoyorkino de 28 años que ha tardado 17 días y muchas horas de sueño en conseguirlo. Ahora únicamente le faltan Mr. Mime, Kanaskhan y Farfetch´d, los pokémon sólo disponibles en Europa y para cuyo safari ya busca patrocinadores.

 

Al ritmo que se idiotiza la infantilización social no tardará este juego en catalogarse categoría olímpica. Es increíble lo que moviliza el absurdo como se dijo en un programa de Radio 3 en el que no recuerdo quien espetó que «menos salir a la calle a cazar pokémon y más a salir a la calle a protestar». Lo triste es que hacerlo tampoco sirve de mucho a juzgar por lo que sucede en este país abochornado entre el espectáculo de los líderes de sus partidos secuestrando entre todos el Estado de Derecho y la necesidad de una dialéctica política de altura; el error de los responsables de la Seguridad Social que ha pagado jubilaciones a 30.000 personas fallecidas; el profesor de la Facultad de Económicas de Santiago de Compostela, Luciano Méndez, al que el escote sensual de María le turbaba las clases y a los 3.500 periodistas en paro, según la actualización informativa de la EPA. Firmas, voces e imagen que se añaden a los 31.800 que han perdido el oficio de preguntar y contarnos que hay detrás de la batalla. Unos datos a los que pronto habrá que sumar los mil despidos del ERE que prepara Iberia y el 20% de la plantilla del Banco Popular en su estrategia de reducir costes con medidas no traumáticas y en aras de ganar eficiencia. Qué manera más sibilina tienen algunos de manejar conceptos con tono hidalgo, molestándose en cambio cuando alguien les responde educadamente con la inteligente esgrima del lenguaje quevediano, y el coraje romántico de los que toman solos y a pie de letra el combate de llamar a las cosas por su nombre, sin artículos cómplices ni disfraces de ninguna clase.

Maracaná no luce su fuego olímpico en la noche. La flecha de la llama encenderá los sueños heráldicos el próximo viernes de la fiesta. Mientras, aquí continúa la carrera de fondo de la precariedad laboral. El 91,01% de los contratos temporales se traducen en casos de ansiedad, de estrés y depresión. Da igual el sector. En hostelería el sueldo medio es de 600 euros, y hay hoteles que pagan a las camareras euro y medio por cada habitación de las que tienen que hacer 30 en 4 horas. Otros empleos ofrecen 400 euros por diez horas en jornadas con turnos variables, que impiden otra ocupación de la misma índole. Tampoco se salva la sanidad andaluza sobre la que un médico, Juan Toral, denuncia en una carta sus sueldos mileuristas con guardias maratonianas, el elevado cierre de camas en verano y la imposibilidad de garantizar una asistencia de calidad. Según los estudios realizados por Josep María Blanch, catedrático de psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, mientras que un parado se centra en las esperanzas de encontrar trabajo, en un precario laboral esta ilusión se desvanece y su actitud se desmoraliza cada vez que se enfrenta a perores condiciones laborales.

En agosto, si puedo, me gusta regresar a mi infancia. Estoy releyendo Las aventuras de Huckleberry Finn de la editorial Sexto Piso, traducidas por Mariano Peyrou. Su destino es un río por el que emigra huyendo de la orfandad y buscándose la vida. Me alegrará la suerte contra el crono, la altura, la distancia y las dianas de los paisanos olímpicos, pero el éxito de verdad se lo deseo a los emigrantes que se marchan hacia la difícil prueba de su futuro. A solas, en otro idioma, sin cobertura social de ninguna clase ni pisos de acogida. Ni un corifeo de orgullo en el caso de su regreso. Aunque su vellocino no sea de oro, su manera de batirse el cobre a diario los convierte en mis auténticos argonautas. Lo mismo que Huck, con el que prosigo mi lectura rebelde contra el allanamiento político de nuestra inteligencia y nuestra fantasía.

 

*Tomo la foto de aquí.

31/07/2016 14:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CÁLAMO, PREMIO BOIXAREU GINESTA

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Librería Cálamo de Zaragoza galardonada con el Premio "Boixareu Ginesta" al Librero del Año

 

La librería Cálamo de Zaragoza ha sido reconocida con el Premio "Boixareu Ginesta" al Librero del Año que otorga la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). El jurado ha concedido el galardón a esta librería aragonesa "por ser un arquetipo de librería de fondo independiente que desarrolla iniciativas innovadoras que le han convertido en un centro de irradiación cultural dentro de su entorno". 
El Premio "Boixareu Ginesta" reconoce públicamente desde 1995 la labor de aquellas librerías y libreros que realizan una importante labor en el fomento y desarrollo de la cultura escrita y que contribuyen a la consolidación de la cadena del libro en sus ámbitos de actuación. 
Librería Cálamo, dirigida por Ana Cañellas y Paco Goyanes, es una librería independiente de fuerte compromiso cultural fundada en 1983 con dos objetivos: ofertar y vender buenos libros, cuidando la selección de sus fondos bibliográficos bajo el único criterio de la calidad, y participar de manera activa en la vida social y cultural de la ciudad de Zaragoza a través de la realización de numerosas actividades ligadas al mundo del libro y de la cultura.

A lo largo de sus más de 30 años de existencia ha recibido diversas distinciones por su labor y participado en eventos dentro y fuera de España. Recientemente ha sido reconocida con el Sello de Calidad de Librerías que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en colaboración con la Asociación de Cámaras del Libro de España y está destinado a proteger a las pequeñas librerías y reconocer su importancia en la cadena del libro y su papel como agentes culturales. Algunos medios de comunicación la han incluido también en el ranking de las mejores librerías del mundo.

En la actualidad mantiene abiertos dos espacios en la capital aragonesa: Librería Cálamo (Plaza San Francisco 4) especializado en literatura, ciencias sociales y libros de viaje y Cálamo Infantil (Plaza San Francisco 5) de literatura infantil y juvenil que le permiten presentar una amplia oferta editorial a su público. Asimismo, cuentan con tienda on-line a través de la que atienden pedidos nacionales e internacionales.

En el apartado cultural, la Librería Cálamo organiza infinidad de actos como presentaciones de libros, conferencias y debates, exposiciones bibliográficas, conciertos, lecturas públicas, teatro, actividades para niños, cursos de escritura creativa, catas y venta de vinos. Convoca también los Premios Cálamo, que anualmente premian libros y autores elegidos por los clientes. Cálamo es también una empresa de gestión cultural que elabora y realiza proyectos relacionados con el mundo del libro en los ámbitos local, nacional e internacional, de manera especial en México, Colombia y Guinea Ecuatorial. Entre ellos, la organización de los Encuentros Talento Editorial para el Hay Festival América y los Encuentros de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas "Otra Mirada".

En ediciones anteriores del "Boixereu Ginesta" fueron premiadas, las librerías Laie de Barcelona (2015), la Antonio Machado de Madrid (2014) y la Marcial Pons (2013), con sedes en Madrid y Barcelona (2013). La entrega del galardón se realizará en 13 de octubre en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) en el marco de las actividades de Liber 2016, la feria internacional más importante del libro en español.

En el mismo acto se entregarán, además, los Premios Liber al Fomento de la Lectura en medios de comunicación y en bibliotecas abiertas al público a la periodista de Radio Nacional de España Pepa Fernández quien dirige el magacín de fin de semana "No es un día cualquiera" y a la Red de Bibliotecas Municipales de la provincia de Barcelona, respectivamente. Asimismo, también se concederá el Premio a la mejor adaptación audiovisual de una obra literaria a la película Un día perfecto, dirigida por Fernando León de Aranoa y basada en la novela Dejarse llover, de Paula Farias. Además se premiará al autor hispanoamericano más destacado y se homenajeará a un editor por su trayectoria en el mundo del libro, ambos pendientes de conocer.
 
Barcelona, 26 de julio de 2016
Nota de Maria Dolors Herranz. Prensa Liber.
*Esta foto pertenece a los archivos de Heraldo en internet.

 

 

EN 2013, CÁLAMO FUE SELECCIONADA ENTRE LAS LIBRERÍAS MÁS BELLAS DEL MUNDO. PUBLIQUÉ ESTE ARTÍCULO EN 'EL PAÍS SEMANAL'

 

LA ESCALERA DE AUTOR DE CÁLAMO

 

Una librería es un mundo y un compendio del mundo. Francisco Goyanes lo tenía muy claro desde que fundó Cálamo en octubre de 1983, hace treinta años. Un mundo propio, trazado con el laberinto infinito de las Humanidades, en cierto modo un autorretrato impreciso que empezaba a dibujarse en el espacio y en sus contenidos. Cálamo ha querido ser siempre un teatro acogedor, un santuario, una casa habitada por la curiosidad, la sorpresa y las distintas formas de belleza. Paco Goyanes siempre ha sido partidario de los cambios, de la mudanza, de emprender aventuras, y eso explica qué ha sido y qué es Cálamo. Una librería apacible, cómoda, envolvente con sus propuestas y a la vez un teatro en marcha; de ahí que haya tenido un sello editorial, o incluso dos, o que haya realizado numerosas apuestas, visibles a lo largo del tiempo. Viajero insomne e infatigable, Goyanes y su equipo han apostado por los viajes, y lo siguen haciendo, por los idiomas (abrieron otro local dedicado, sobre todo, a los libros en francés), y por la literatura infantil y juvenil, por los álbumes ilustrados, por tantos y tantos libros que buscan la armonía perfecta entre innovación, beldad (o lo que Paco llama, en sus estantes, “libros especiales y muy especiales”), embrujo y calidad. Cálamo ha querido ser una casa de libros y el espacio donde los escritores hablasen y contasen sus libros. De ahí que así, como quien no quiere la cosa, diga que a lo largo de estas tres décadas por Cálamo hayan pasado más de 2.000 escritores. Cálamo ha querido ser una casa de citas para la amistad, para la inquietud intelectual, para el compromiso y una forma de mirar y entender los tiempos que pasan.

A Paco Goyanes y a su equipo –conformado ahora por sus hermanos Jorge y María José, por su compañera Anna Cañellas y por el librero León Vela- siempre le ha interesado lo diferente. La otra mirada. Libros que proponen travesías de lugar, de conocimiento, de temblor inesperado y de rebeldía. Quizá por ello creó los Premios Cálamo, que han sido un acontecimiento en Zaragoza y en España, porque han distinguido autores, volúmenes y propuestas de diversos lugares del planeta. Y ha establecido vínculos permanentes con las ferias y editoriales sudamericanas, con jóvenes editores, algo que ahora se concreta muy especialmente en su relación con el grupo Contexto y con su pasión por Acantilado, la editorial que exhibe al completo como si fuera uno de sus mejores autorretratos. Y puesto a innovar, o a buscar afinidades, o lo que él llama “maridajes”, ha incorporado los discos de músicas selectas, músicas del mundo, desde el jazz a las sendas del new age, y ha establecido una modesta vinacoteca: vinos infrecuentes, cuidados, de exquisita manufactura, que anuncian la singularidad del local. El vino de las palabras, el vino de la imaginación, el vino como estímulo de creación y tertulia. Y cuando se habla de Cálamo ahora hay que citar dos cosas esenciales: ese conjunto de más de 40 jaulas que tienen en su interior poemas, aforismos, sueños y que recuerdan la jaula de Ramón Acín y Conchita Monrás, y su característica escalera. Allí ha impreso los nombres de los ganadores de los Premios Cálamo, casi siempre tres por edición, y ha bautizado cada peldaño con nombres que resumen la trayectoria de Cálamo: los escritores José Luis Rodríguez y Manuel Vilas, los impresiones Stella y Paco Boisset. Cálamo siempre ha tenido como una hornacina o una alcoba interior: allí están los libros de pensamiento, allí tiemblan las palabras que viajan en el tiempo con un latido de verdad, de búsqueda y de delirio.

 

26/07/2016 11:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FIN A LA POESÍA DEL MONCAYO

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    ECOS DE POESÍA, HISTORIA Y CARIÑO DESDE VERUELA
    Almudena Vidorreta, poeta y profesora en Nueva York, alumna dilecta de Aurora Egido, está pasando unos días en la casa familiar de Los Fayos. El sábado estuvo en Veruela, entre amigos. No pudo asistir el debate en torno a Blas de Otero de Manuel Forega, Luis Tamarit y Amador Palacios, coordinado por Inés Ramón, pero sí estuvo en la sesión vespertina. Oyó a los músicos -el juglar y trovero Claudio López, Luigi Maráez y Alime Huma, Rafa...el Lechowski, poeta, rapero y editor, El Sharif y la nueva formación de El Galgo: liderada por Jesús López, que ahora se parece un poco a Franco Battiato- y asistió también al espléndido y emocionante recital de El Silbo Vulnerado, 'Aquí tenéis', que ofrecieron Luis Felipe Alegre, rapsoda, actor y cantante, y Dolores Miravete, 'Dolos', en honor y recuerdo de Blas de Otero (1916-1979). Muchos amigos y artistas le regalaron a Trinidad Ruiz-Marcellán una cajita llena de sorpresas y cariño, y un niño le ofreció un ramo de flores. Así se despidieron quince años del Festival Internacional de Poesía del Moncayo y también al coeditor Marcelo Reyes, alguien que anda por ahí al aire de su vuelo.

    Almudena tomó esta foto de la iglesia de Santa María de Veruela y la colgó en su muro de Facebook. Que se sepa, nadie de ninguna institución ha acompañado a Trinidad y su equipo en la despedida. La vida sigue, y la poesía también.

25/07/2016 08:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BLAS DE OTERO: POESÍA PARA TODOS

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Blas de Otero, del tormento

místico a la voz del pueblo *

 

Blas de Otero o la poesía para todos

 

El autor de ‘Pido y la paz y la palabra’ es homenajeado en su centenario (1916-1979), hoy en Veruela, por El Silbo Vulnerado

 

Foto en color con boina. FUNDACIÓN BLAS DE OTERO

En poeta en plena madurez, cuando vivía en Madrid con Sabina de la Cruz.

 

ARCHIVO ALFREDO CASTELLÓN / ASUNCIÓN CARANDELL

1959. Visita a Collioure, a la tumba de Machado. Arriba, primero por la izquierda, Blas de Otero; primero por la derecha, el zaragozano Alfredo Castellón. [Con ellos están: J. A. Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente. Abajo: Gil de Biedma, Costafreda, Carlos Barral y Caballero Bonald.]

 

Antón CASTRO

Blas de Otero es autor de la poética más breve de todos los tiempos: «Escribo / hablando». También observó: «Hundí las manos en el fondo de las palabras». Y ensayó esta breve biografía: «Mi terquedad es indomable, dirigida siempre hacia los cuatro puntos cardinales de mi vida: el arte, la mujer, la justicia y pasear por la calle». El arte, esencialmente, fue la literatura, y más en concreto la poesía. La mujer es la llama constante de su producción: el amor y el desamor, el cuerpo del deseo carnal, el faro y el sueño que persiguió y que encontró en Concha Quintanar, en la cubana Yolanda Pina y en Sabina de la Cruz. La justicia fue una profesión más que una vocación y también una pesadilla. Un quiero y no puedo que le ayudó a sobrevivir; como cosa curiosa, en 1935 se licenció en Derecho en Zaragoza, ciudad donde publicaría ‘Mientras’ (Javalambre, 1970) y donde lo retrataría Joaquín Alcón, y donde ha tenido lectores y glosadores entusiastas como Ángel Guinda y José Luis Melero. ¿Y pasear por la calle? Poeta con Dios en un principio, poeta del yo luego, acabó sintiéndose poeta del oído y de la música del idioma, poeta del nosotros, y buscó en los bares, en los mercados, en distintos paisajes españoles la voz de la gente, el desgarro de existir y el sentir del pueblo.

Blas de Otero, que nació en Bilbao hace ahora un siglo, fue un hombre atormentado, inclinado a la duda y a las depresiones. Nieto de un hombre que tenía barcos y de otro que era médico, su casa fue su refugio y el santuario inicial de la seguridad y la imaginación, donde contó con una mademoiselle, Isabel, a la que cantó en varias ocasiones. Estudió en Jesuitas y se sintió el habitante de una cruel pesadilla. Las cosas no iban demasiado bien para los suyos, y la familia se trasladaría a Madrid. Siendo un adolescente, se murió su hermano y poco después su padre. Cuando se repasa su biografía, parece un constante ir y venir, un desacomodarse febril, y eso le deja herida y hemorragia en su interior. Aprobó letras, dio clases particulares, combatió en los dos bandos en la Guerra Civil. Después, en 1941, trabajó como asesor jurídico y dos años más tarde se trasladó a Madrid para cursar Filosofía y Letras. Soñó entonces ser «un poeta profesor», pero la universidad lo decepcionó. Volvió a Bilbao con un gran sentimiento de culpa: había dejado a una de sus hermanas al frente del negocio familiar y estaba seriamente enferma. Intentó relevarla y lo hizo un tiempo hasta que sus contradicciones fueron tan intensas que se autoexilió en París.

Para entonces ya era poeta: había pertenecido a círculos católicos, había escrito su ‘Cántico espiritual’, de claro influjo místico y con perfecto dominio de la métrica española. Era un joven inseguro, un náufrago en el centro de su angustia, y ya había ensayado pasos más hondos y estremecedores, más humanos con dos libros: ‘Ángel fieramente humano’ (1950) y ‘Redoble de conciencia’ (1951), que reaparecerían en 1958 en un solo tomo, ampliado: ‘Ancia’, uno de esos libros que anuncian a un poeta mayor. El poeta que pasa del diálogo con Dios al diálogo consigo mismo y que ya intuye que está a punto de descubrir una nueva actitud: el compromiso, la solidaridad, la firmeza de la poesía social, que cristalizará en otros títulos claves como ‘Pido la paz y la palabra’ (1954) y ‘Que trata de España’ (1964).

Blas de Otero era un poeta que había asimilado muchas lecturas: desde Rosalía de Castro a Juan Ramón Jiménez o Lorca, desde Pablo Neruda y César Vallejo a Walt Whitman. La experiencia parisina le cambió la vida: amó a Tachia Quintanar, actriz y rapsoda, y novia de García Márquez durante casi un año, se hizo marxista y se afilió al Partido Comunista. Preso de la nostalgia regresó a España y se curó recorriendo Castilla y sus pueblos, aquel viaje era como el autosacramental del peregrino en su patria. El militante comunista, que tuvo muchos problemas de censura, viajó en 1960 a Rusia y a China; en 1964 se trasladaría a La Habana, donde contrajo nupcias con Yolanda Pina, y finalmente regresó a Madrid en 1967. Se reencontró con una amiga de juventud, la profesora Sabina de la Cruz, y vivieron felices. Blas de Otero alcanzó la plenitud como enamorado, como hombre y como poeta.

Este mismo año aparecía en Galaxia Gutenberg la edición en rústica de ‘Obra completa (1935-1979), de 1274 páginas, en edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández. Y hoy, a los pies del Moncayo, en el XV y último Festival Internacional de Poesía de Veruela, se le rinde un homenaje a cargo de El Silbo Vulnerado con ‘Aquí tenéis’. Luis Felipe Alegre, su director, recuerda el consejo del poeta: «En 1977 me acerqué a él y le pedí consejo para recitar ‘Hombre’. Lo recitamos ambos y luego sentenció: “sigue las reglas y trabaja los encabalgamientos. Escucha a Pío (Fernández Cueto). Mis sonetos los puedes recitar como quieras, hasta gritarlos. Pero no recites para los círculos literarios, porque esa es la minoría de siempre y la poesía debe llegar a todos”». En la función se escenificará uno de sus poemas claves: ‘A la inmensa mayoría’. Quizá su poética más rotunda. 

 

*Este texto apareció el sábado en ’Heraldo de Aragón’.

25/07/2016 08:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CON CLARA USÓN, EN JACA

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[Mañana jueves, si el tiempo no lo impide, conversaré a las 18.30 en Jaca con la escritora Clara Usón en torno a su novela 'Valor', que transcurre en buena parte en Jaca. Rescata la figura de un tío suyo, Luis Duch, fusilado en 1936. Aquí dejo una entrevista que le hice hace algún tiempo y que se publicó en Librújula, la revista que dirige Antonio G. Iturbe.]

http://www.librujula.com/entrevistas/1087-clara-uson-valor-entrevista

 

*La foto es de Marta Calvo.

20/07/2016 21:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALBERTO CONEJERO: 'ESCRIBIR TEATRO'

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Encuentro este texto tan personal de Alberto Conejero, dramaturgo jienense, autor de 'La piedra oscura', galardonada con cinco premios Max en 2015. Conejero visita esta mañana de domingo, 17 de julio, a las doce, el Teatro de las Esquinas para conversar sobre la escritura teatral, dentro de la programación Zaragoza Escena.

 

Escribir (para el) teatro

por Alberto Conejero

Tomo este texto de aquí:

http://madridesteatro.com/escribir-para-el-teatro-por-alberto-conejero/

Escribir (para el) teatro

Considero que escribir teatro es imaginar historias en los otros y para los otros. No existe teatro que no sea un encuentro con los otros y por esa razón nunca se está solo cuando se escribe teatro, aun cuando la escritura acontezca en soledad. Se escribe teatro y se anhela intimidad con otros seres humanos. Porque como dice Enzo Cormann, los dramaturgos no escribimos teatro sino que escribimos para el teatro. Y por eso la escritura teatral contiene siempre la vocación de encuentro con otros imaginarios: con el del director, con el de los actores, con el del escenógrafo, etc. y, por último (o quizá antes que nada), escribir teatro es convocar el encuentro con el imaginario de los espectadores. Todos ellos, de un modo fantasmagórico, acompañan al dramaturgo cuando genera sus historias.

Quizá escribir teatro es en primer lugar citarse con quien uno quisiera o teme o intuye ser. O de otro modo: escribir teatro es concertar una cita con el desconocido que nos habita. Porque los personajes no dejan de ser las otras voces que encierra nuestra voz. Están allí, dentro, y cuando la escritura las libera, aparecen inextricablemente libres. Muchos dramaturgos insistimos en ese momento en que los personajes cobran voz propia y la mano se afana en el teclado (o el bolígrafo) por no quedarse atrás.

Escribo para lanzar preguntas para las que no tengo respuestas. La escritura me cuestiona como individuo y como ciudadano. Escribo porque dudo. Escribo también porque no aprendí a rezar pero tengo la necesidad de algo que no está pero a lo que debemos atender. Al igual que Perseo utilizaba el escudo para enfrentar a Medusa, yo empleo la escritura teatral para enfrentar mis miedos, mis anhelos o mis pasiones ingobernables. Escribo teatro y doy una forma a lo provisional e inestable. Dispongo ordenadamente una fuerza caótica. Cada obra es un laberinto donde espera un Minotauro que nos recuerda que, como todo misterio, la vida siempre tiene algo maravilloso y monstruoso a la vez. Y escribo teatro porque me hace profundamente feliz y siento la ilusión de libertad y plenitud escribiéndolo.

 

De dónde surgen las historias y cómo es el proceso de escritura

Como el escultor que intuye lo que la piedra esconde y la golpea y cuando termina descubre por fin la imagen anhelada pero nunca vista, el escritor libera con la escritura una obra que aún no conoce pero que presiente. Por mucho que la técnica nos ayude, por mucho que contemos con estructuras, estrategias, ideaciones de todo tipo, la escritura siempre es descubrimiento. La obra siempre sabe más de nosotros que nosotros de la obra. Por eso sentimos la necesidad de escribirla. Hay algo de acto de fe cuando se inicia un proceso de escritura. Se confía y hay un momento en que la obra se desvela, aparece finalmente. La escritura es acontecimiento que culmina en epifanía.

Las obras nacen de diferentes lugares. A veces surgen de la reunión de otras obras que has visto / leído y algo de tu vida las aglutina y genera una nueva; otras veces nacen de una imagen que contiene el germen de una historia o son provocados por una experiencia concreta. A veces brotan de un lugar más eidético o intelectual. Los encargos nos hacen habitar historias inesperadas pero no menos personales. En todo caso, la historia ya está ahí, se está incubando, es inútil poner resistencia porque sus síntomas se multiplican, se extienden por tu imaginación e incluso el cuerpo siente algo parecido a la fiebre. Como un zahorí, pasas esos días atendiendo a las señales, a los indicios de tu historia diseminados en todo lo demás. Pero entonces hay que decidir las coordenadas básicas: los personajes, el espacio, el tiempo, la situación… Hay una lucha de “número y poesía” como dijo Federico García Lorca, entre la técnica y las pulsiones no domeñadas, entre las limitaciones que impone la escritura/praxis teatral y la naturaleza impetuosa de su contenido. Existen manuales de escritura dramática, existen consejos a los nuevos dramaturgos, existen y son tan necesarios como prescindibles si no se siente la necesidad de escribir.

 

¿Cuándo se termina de escribir una obra de teatro?

Por último, al igual que es difícil saber cuándo se empieza a escribir una historia cada vez me es más difícil saber cuándo se termina de escribirla. Los ensayos, las puestas en escena y los espectadores han hecho que reescriba textos incluso después de su publicación. Durante los ensayos de la lectura dramatizada que dirigí de Ushuaiadescubrí algunas zonas que podían (y debían) amplificarse de un personaje gracias a las preguntas de Eva Rufo, la actriz que lo interpretaba. Y el texto ya se había editado…Estos días Pablo Messiez está ensayando La piedra oscura para el Centro Dramático Nacional y sé que la puesta en escena me hará descubrir lo que esconden los pliegues del texto y que quizá traiga una nueva versión que atienda tanto a sus fortalezas como a sus zonas más débiles. No se trata nunca de modificaciones radicales pero sí de ajustes que, por otro lado, también provoca el tiempo. Acabo de terminar, mientras escribo estas líneas, un texto nuevo después de siete borradores y de dos años de teatro. Siento la misma incertidumbre y alegría que cuando hace quince años terminé Húngaros, mi primera obra. Y como entonces comparto el deseo de Koltès: “solamente deseo que algún día pueda contar bien, con las palabras más sencillas, la cosa más importante que conozca y que pueda contarse: un deseo, una emoción, un lugar, luz, sonidos, cualquier cosa que sea un fragmento de nuestro mundo y que pertenezca a todos“.

 

 Alberto Conejero

*La foto la tomo de aquí: http://www.elcultural.com/imgNoticias/2015/8341_1.jpg

17/07/2016 08:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DEBATE SOBRE EL AUTOR DE TEATRO

[Mañana domingo, a partir de las doce, en el Teatro de las Esquinas, se  celebrará un encuentro-debate en torno a la autoría teatral en España. Participarán Paloma Pedrero, Ignacio del Moral, Alberto Conejero, Yolanda Dorado y Alfonso Plou. El acto se abrirá con una reflexión general de Esteban Villarrocha y moderará el acto Antón Castro, en el también intervendrán otros autores, actores, profesionales de la escena.]

Generando Dramaturgos

La autoría teatral en España en el período democrático

Del autodidactismo a la enseñanza reglada

Un autor de teatro ¿nace o se hace?

El dramaturgo como literato versus el dramaturgo como escritor de compañía.

Editar teatro, leer teatro.

 

Por Alfonso PLOU

 

Si el trabajo del poeta es el de ver una multitud de seres alados que vuelan a su alrededor, el trabajo del dramaturgo es además el de convertirse en ellos.

Nietzsche

En estas cuatro décadas de período democrático en España la dramaturgia ha pasado del autodidactismo a impartirse como una especialidad contemplada y reglada en la Escuelas Superiores de Arte Dramático. De tal forma que los incipientes dramaturgos han pasado de surgir de sus torres de marfil y los premios literarios a comenzar con un título oficial que les acredita como dramaturgos. En medio de ambas situaciones, como antes y como siempre, los dramaturgos han surgido de la propia actividad escénica, como actores, directores, productores… que acaban siendo también dramaturgos, en solitario o en colectivo, de sus propios espectáculos.

En los años 80 y 90 tuvieron mucha importancia los talleres de escritura teatral que importantes dramaturgos de la generación anterior (José Sanchis Sinisterra, Fermín Cabal, Marco Antonio de la Parra, Jesús Campos…) impartían a los recién llegados. También fueron importantes determinadas iniciativas como el premio Marqués de Bradomín y algunas becas de escritura. Ahora juegan un papel importante iniciativas de los centros dramáticos como Escritos desde la escena del Centro Dramático Nacional o el T6 del Teatro Nacional de Catalunya o el Fomento de la Literatura Dramática del extinto Centro Dramático de Aragón. Dichos programas propician facilitar la relación de los dramaturgos con un proceso de creación dramatúrgica más cercano a la escena.

En todo caso, a parte de estas propuestas institucionales más o menos logradas y bienintencionadas, la gran mayoría de la escritura teatral del país se sigue produciendo, como siempre, desde los márgenes; desde lo que antes se llamaba de otra manera y ahora se llama teatro emergente, microsalas o búscate-la-vida-para-sacar-adelante-tu-proyecto-como-sea.

De todo ello queremos hablar desde la realidad del teatro aragonés y nacional. Con dramaturgos de diferentes generaciones aragonesas y la presencia de cuatro  figuras de la dramaturgia española de la generación de los ochenta y de la generación más reciente: Paloma Pedrero e Ignacio del Moral (por un lado) y Alberto Conejero y Yolanda Dorado (por el otro), que juntan unos cuantos importantes reconocimientos públicos.

Organizan y moderan el acto: Anton Castro, periodista cultural, Alfonso Plou, dramaturgo aragonés y Esteban Villarrocha, editor de la Editorial Arbolé, entre otras muchas cosas.

Colaboran:

-         La Asociación de Autores de Teatro

-         La Asociación Aragonesa de Escritores

-         Y unos cuantos dramaturgos aragoneses:

El lugar: El Ambigú del Teatro de las Esquinas

El día: el domingo 17 de julio.

La hora: De 12 a 14 horas

Al terminar el encuentro se servirá un vermú.

 

*Este retrato de Paloma Pedrero lo tomo de aquí:

https://mujeresresenando.files.wordpress.com/2015/01/399-paloma-pedrero-590.jpg

 

16/07/2016 18:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE 'LA SOMBRA ERECTA' DE LAMBERTO ALPUENTE

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[Una pequeña selección de textos del libro ’La sombra erecta’ del joven poeta turolense Lamberto Alpuente Torres, por cortesía del autor.]

 

Pescando furtivos (pag.23)

  

Nadie sabe de dónde viene la batería de magnetismo, pero los temporales eléctricos aconsejan cerrar parques, jardines y moradas si se adora a los trofeos de plástico.

Una cruz de casi dos metros es quizás el mejor ejemplo de mecanismo revelador.

Una fuente de ilusión comprometida con los salones clandestinos y las limosnas.

Se alimenta una vez al día y no hace ascos a la quincuagésima cerveza.

Nutre al uniforme de vómitos, saliva, y dedos acusadores.

Habla claro y extenso, con gorrito, o con el morado en el pincel.

 

Aunque viniera de largo, disfrutar provocando al cizañero, al señorito, al cobardica, y a la foto de perfil mal follada, manteniendo maniqueas conversaciones por lo callado e infame cuando la bestia ronca, reconozco mi casamiento con la diferencia, para en los buffets, fornicar a los hijos de las verdades absolutas, y sé que, en ocasiones, no veía muertos, pero tampoco merecía el perdón, mi perdón, ajeno o propio.

Desde luego me esperaban en el corredor, por vidas de plomo, pescando furtivos.

 

 

SolEdad (pag.30)

 


La soledad es un armario de abrigos apolillados.
Recordatorio de la versatilidad del bastón en batalla.
Un péndulo que fluctúa progresivamente maniatando al equilibrio nonato.
La soledad es la viuda negra que, sin pestañear, ama y odia oscilando entre la adulación al pesebre y los conocimientos anatómicos que declinan en la antropofagia.
La soledad es la quimera del Dorado.
El descendimiento del explorador hacia cromáticas bragas salvajes, y la descarnada huida sin brújula, víveres ni cantimplora.
La soledad consume aberración en gramos de alto standing, practicando populismo con la aristocracia de bote, los duendecillos en goce, y las traviesas alimañas del túnel de perpetuo alimento. 
La soledad es una ducha de agua fría esperando el roce del ilusorio cuerpo amado que nunca llega.
Sabe de tretas pero no vaticina soluciones, lucha con la mente hasta agotar existencias.
La soledad es el solsticio arado que esclarece a los amantes y pensadores.
La soledad tiene tu número...Y el mío...

  

El espía con notas (pag.54)



1 -El sol descansa-

Los ojos fotografían lo que nuestro interior desea ver...
Aviones de papel errando en el balcón de infancia.
Planetas girando en trance alrededor del chiquillo de nebuloso tejido cósmico y lengua salvaje, manos de aventura, café con leche y galletas.
Anaranjados mares ondulándose al cerrar los párpados.
Invisibles invasores dejando el poso del paraíso sanador de poniente.
“Yo sabía quién era”


2 -La luna crea-

“Todo está permitido” susurra el abstracto garabato de tinta china nocturna para la calle de mandolinas y escuela.
El espía protege sugestivas notas contra la pared en llamas, por la creencia de la coincidencia un día en su conciencia.

Sus pequeños pies en punta clavan dardos del perfume de agua fresca.
(El jurado de jaqueca y migraña no podrá con su marfil de paciencia).
De mi aprensión, las caricias de seda sorprenden al muerto de arrugas de lastres en pena. 
Labios de unicornio que secuestran miradas desnudas penetrando en la casa de ceniza.
¿Tendrás un segundo antes que la sombra erecta desaparezca?
“Yo sabía quién eras”


3 -Lamberto escribe-

Nunca seré como los demás, y por eso escribo a tu sonrisa con mis lágrimas de miedo, para que recuerdes hasta el fin del tiempo, que nunca nos equivocamos al soñar despiertos.

Te esperaré. 

 

 

El libro del Chamán (pag.62)

  

Entre las hojas sueltas de un libro muy deteriorado, coexisten el traficante de armas y esclavos, perdido en la duna sin pierna, y el superhombre que abraza y solloza a los pies del caballo, en plazas ansiosas de paseo moderno.

Biografía de la castración.

Áspera, receptiva y estucada.

Mostrar un dibujo del hipódromo, y también del tanatorio, a la incultura.

Espirales de peta-zeta para la tubería del desagüe.

Terma iconoclasta

Olvido, y después…Rebaño…

 

La polisemia no ha conocido antros de comida rápida.

Admira los manjares que esconden la verdad oculta: Conocimiento.

 

Saborea la magia que aborrece dogmas para aprender los nombres.

Etnia, antropología, ficción, y el humor de un corazón, no uno más, quizás como el tuyo, siendo maestros y neófitos, y mandrágora, inhibidora de los prejuicios.

 

¿Conoces la realidad?

 

 

Etílico III (pag.68)

 

 

En Melilla, agarrado con dientes y uñas a una valla, un inmigrante cae y es apaleado por la policía.

Las pateras son un macabro negocio de mentiras, desenfrenado y criminal trasiego. 

¿Quieres llevar algo al gaznate? Aprende a nadar.

 

La procesión dispara su crecimiento en busca de la aguja en el pajar.

El estado nos envenena de vicios “menores” pero no hipoteca sus impuestos para mejorar en sanidad y cultura. 

El pez grande no se muerde la cola.

Sin plantas, árboles, ríos, abejas…No hay futuro…

Los vampiros, como los insectos, han empezado a beber sangre de jóvenes vírgenes cada noche.

Muertes rápidas, muertes lentas, muertes silenciosas…

 

Vivo en una ciudad tan pequeña, que es peligroso procurar un grito.

Vivo en un país donde nadie entiende nada.

¿Cuánto de lo que nos han contado es cierto? ¿Acaso nos llenamos el paladar de ilusorias prometidas?

Podrás llamarlo “el próximo cementerio” o, quizás, “matadero del siglo 21”

Estimulan la educación de los perros para después deshacerse de ellos.

Un día cualquiera, elige de los 365, nadie puede convencerse de haber apostado correctamente.

 

Desgracia llamada “utopía”. Brega sin importar su nombre.

Sobresaltado ante un espejo, extraño, ridículo y enfermo.

Enciendo la televisión, abro el periódico, siento las distancias.

Sostener con vida mi proyecto de las responsabilidades creadas para ser cadenas, presiones internas para mitigar la represión. 

Saltar al ruedo sin blancas banderas.

 

Éste, este es un país corrupto, injusto y odioso, salpicado por ladrones, embaucadores y holgazanes, sentados en sus retretes neoliberales defecando democracias violadas, manejando el silencio de la manzana agusanada.

 

Mordaza y grillete, y laureles para los dictadores pasados.

Suyos son los triunfos de la pandilla basura.

Transformación de mariposa en larva.

Educación medieval para neandertales. Tecnología para gilipollas inhumanos.

Puestos de trabajo en barcos de esclavistas. Materialismo para no ser un don nadie en esta tierra de zafios.

Control de masas.

 

Cocerán habas. Partirán nueces. Lloverán palos.

Pero saldremos a la calle por nuestra dignidad y libertad, pese a los que lían el prospecto aún durmiendo en el convento. Pese a los juerguistas que terminan volviendo a su madre, y a sus pañales. Pese a hablar a las paredes de la revolución de las flores.

Pese a estar adormilados por los golpes del estado, y sus amigos, siempre confundiendo los ideales con el peligro.

 

Y no puedo mentir. No tengo un móvil. Más que un espíritu que se acelera con cada asesinato diario.

El pueblo habla. No puedo mentir. Me siento un extraterrestre pronunciando un testamento subido a un andamio. Con lecciones muy pesadas que hablan de un tipo experimentado que sigue buscando un abrazo en los polos, o en la desmemoria por no saber expresar las incontables razones que nos pierden en lodazales, ultrajes, e innumerables pérdidas.

 

Ten cuidado y preocúpate al verme callado.

Antes, tomaremos la penúltima. Parece que las luces no se han apagado.

 

-Del libro ’La sombra erecta’ de Lamberto Alpuente Torres. Edición de autor, ilustrada por varios artistas. Lleva un prólogo de Javier Sabe, músico de hip hop. Lamberto dice: "Una persona, antes de marchar,me confío un secreto, no dejar de luchar y soñar hasta que marchemos a otr4o reino".

15/07/2016 17:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PACO URIZ: TEATRO Y POESÍA

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Francisco J. Uriz:

«La cultura siempre está en crisis»

 

Francisco J. Uriz (Zaragoza, 1932) es escritor y traductor, tarea por la que ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción: en 1996, por su antología de ‘Poesía Nórica’, y en 2012 por toda su trayectoria. Ha traducido a Gunnar Ekëloff, Ingmar Bergman, Artur Lundkvist y August Strindberg, entre otros muchos, en solitario o con su mujer Marina Torres. Entre sus méritos figura el de ser el fundador de la Casa del Traductor de Tarazona, en 1989, y de haber acompañado en varias ocasiones a Olof Palme, empeño que le regaló una bella nominación: «el poeta de Olof Palme». Alterna su residencia en Zaragoza y en Suecia. Ahora, en Libros del Innombrable, el sello zaragozano donde ha publicado varios poemarios y su lírica completa, presenta un volumen de teatro, compuesto por tres piezas - ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ y ‘Decidme cómo es un árbol’, que da título al conjunto-, y a la vez traduce a la poeta Lina Ekdahl (Gotemburgo, Suecia, 1964), su libro 'En estos tiempos'.

 

Siempre le ha preocupado Vietnam -cuya guerra comenzó hacia 1960 y concluyó quince años después-, no solo en el teatro, sino también en la poesía.

Seguí con atención y entusiasmo la guerra de liberación de los vietnamitas contra los restos del imperialismo francés y su victoria tras la batalla de Dien Bien Phu, el David que derrotó al orgulloso Goliat. Tal vez venga de ahí mi inclinación por los más débiles (también en el fútbol), seguí las negociaciones de paz, la violación de los acuerdos por parte de Vietnam del sur y el inicio de la salvaje intervención norteamericana y su derrota.

¿Qué vio en ese conflicto, qué le perturbó tanto?

Me perturbó porque creo que nunca se ha utilizado tanta violencia y crueldad contra un pueblo que no les amenazaba por nada. Fue la batalla del país más industrializado y rico del mundo, Estados Unidos, contra un pequeño país campesino.

La obra se titula ‘Vietnam no está en la Edad Media’. ¿Cuál es su mirada dramática en esa obra, qué había y qué no había de Edad Media en ese conflicto?

El título de mi pieza surge de la frase de aquel humanista norteamericano que proponía bombardear a Vietnam «hasta la Edad de Piedra». Yo coloqué la acción en la Edad Media, por razones teatrales. Era la dejación y traición de las «patrióticas» clases dominantes para defender su país y la voluntad y astucia del pueblo para suplir a las clases dominantes en la noble misión de defensa de la independencia.

La segunda pieza del libro, ‘Mear contra el viento’, está redactada en colaboración con el cubano Jorge Díaz. ¿Es un grito, una forma de rebeldía? ¿En qué contexto fue escrita?

La pieza, subtitulada ‘Teatro infantil para adultos’, obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas y unas generosas palabras de Max Aub, el escritor español en el exilio. En esta obra también el imperialismo norteamericano, esta vez el de las grandes corporaciones, era el objeto de nuestra crítica. Nos basábamos en los documentos secretos que se acababan de publicar de la ITT (empresa que fue fundada en 1920 bajo el nombre International Telephone & Telegraph). La filmó la televisión sueca y obtuvo un premio en Bulgaria.

En la tercera pieza hace una interpretación de las memorias del poeta Marcos Ana: ‘Decidme cómo es un árbol’. ¿Qué le interesó de él? El cineasta Pedro Almodóvar compró ese libro.

La pieza de Marcos Ana la escribí mucho antes de que se publicasen sus memorias. Utilicé una excelente entrevista publicada en la revista ‘Por Favor’ y lo que me había contado él en Estocolmo, en una de sus visitas a Suecia. Y también me basé en algunos libros de experiencias carcelarias durante el franquismo.

¿Qué quería hacer en su acercamiento a ese personaje que había conocido la cárcel?

¿Salvar algo de memoria histórica, tal vez? Podría ser la respuesta. Para que no se borre todo.

Acaba de traducir a la poeta sueca Lina Ekdahl, en Libros del Innombrable, en la antología poética ‘En estos tiempos’. De entrada, da la sensación de que es una poeta social, de denuncia, marcada por su compromiso y su beligerancia.

La mayor parte de poetas que traduzco son sociales. Ella es una sucesora en la línea del feminismo combativo: Sonja Åkesson, en los 60-70; Kristina Lugn, en los 70-90; y Lina Ekdahl, de los 90 a nuestros días.

Usted ha defendido una lírica no sé si panfletaria o inmediata, pero desde luego crítica. ¿Cuál es la misión de la poesía?

Soy partidario de una poesía impura, como decía Pablo Neruda, y de su verso: «Quien huye del mal gusto cae en el hielo».

¿Está la cultura en crisis, ha perdido su impacto social? Vive entre España y Suecia. ¿Ha sucedido ahí algo semejante?

Me da la impresión de que la cultura siempre está en crisis y en la revista ‘Crisis’, de Zaragoza, porque siempre hay en todo el mundo entusiastas impenitentes.

 

LAS FICHAS

Decidme cómo es un árbol. Tres piezas de teatro de Francisco J. Uriz . ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ (con Jorge Díaz) y ‘Decidme cómo es un árbol’. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 242 páginas.

En estos tiempos. Antología poética. Lina Ekdhal. traducción de Francisco J. Uriz . Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 113 páginas.

 

*La foto de Paco Uriz, en su casa de la Avenida de Valencia de Zaragoza, la tomó para Heraldo Esther Casas.

14/07/2016 01:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR DEL ÁRBOL: UN DIÁLOGO

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Víctor del Árbol se confiesa admirador de Camus, Dostoievski y Miguel Delibes. El escritor barcelonés, todo un acontecimiento en Francia, presentó hace unos días en la librería Central de Zaragoza su libro ‘La víspera de casi todo’ (Destino), galardonada con el Premio Nadal 2016

 

Víctor del Árbol «Mis personajes buscan

la reconciliación consigo mismos y el perdón»

 

«He sido policía hasta hace cinco años y he hecho un poco de todo. He trabajado con menores, he ayudado en mil cosas, he trabajado en prisiones. Esa sí que es una experiencia intensa y fundamental para entender la psicología del monstruo. Los reclusos, dentro, están controlados; algunos, por instinto de supervivencia, se convierten en seres normales, pero en cuanto rebasan la barrera de la prisión se les despierta de nuevo el monstruo. Y de eso va un poco ‘La víspera de casi todo’: hablo de personajes con un pasado traumático que, a veces, esconden a un asesino», dice Víctor del Árbol (Barcelona, 1968), ganador del premio Nadal de 2016.

 

Sospecho que una novela con tantas historias extremadas, parte de la realidad.

Mis libros se alimentan de lo que ocurre. Supe de un joven que había quemado su casa. Y mientras leía ‘Lolita’ de Nabokov, me enteré de una historia parecida a la que cuento: una profesora se enamoró de un joven alumno de 17 años, se quedó embarazada, huyó con él y dejó a su marido. Poco después, cuando el joven creció, la dejó a ella.

Su historia es un poco distinta…

Sin duda. En mi novela una mujer, fotógrafa, que ha sufrido una experiencia terrible, se deja seducir por el muchacho. Aquí la inocencia conquista a la experiencia, y ella, la mujer, en la primera peripecia sexual que tienen, se pregunta cómo sabe él todo eso.

Ese joven es esquizofrénico…

La enfermedad le sobreviene, poco a poco, tras haber arrojado al vacío a una niña, Martina...

Sigamos con su reflexión sobre la realidad.

La realidad es inverosímil y la ficción tiene que ser verosímil. En la vida real las cosas no se resuelven del todo, no tienen coherencia, no tienen un nudo, un desarrollo y un desenlace. Eso es algo que tenemos que hacer los novelistas.

Sorprende un poco que un escritor de Barcelona ubique su narración en la Costa de la Muerte.

No se crea. He estado casado doce años con una mujer gallega, de Orense. Galicia forma parte de mi vida. Para mí la novela es, esencialmente, una puerta abierta al horizonte y también simbología. La Costa de la Muerte contiene muchos símbolos que son decisivos en el libro: el paisaje, el faro, los nombres, Ave del Paraíso, Ojos de Agua, Nicosia (que es un barco y un centro y una radio vinculados a las enfermedades mentales), y Punta Caliente, que es mi Macondo gallego. La Costa de la Muerte también alude a la idea del salto, del precipicio, del drama rural y, por supuesto, es un escenario de naufragios. Aquí todos los personajes son náufragos.

Son náufragos, pero también parecen perseguidos por el mal...

Los seres humanos tendemos a la negación del mal. A veces no queremos ver las evidencias, hacemos el relato que nos conviene y no queremos interferencias. Hablo de la gente normal que deja de serlo y comete aberraciones inesperadas, como el inspector Germinal Ibarra. No me interesan la bondad o la maldad como verdades absolutas. Nadie es bueno ni malo del todo.

En realidad, sus criaturas quizá sean supervivientes…

Sin duda. Mis personajes tienen un punto de partida oscuro, con fantasmas… Mis personajes son supervivientes, buscan la reconciliación consigo mismos, buscan la redención, el perdón.

¿La encuentran?

Bueno. Ahí entra la literatura, que cuestiona la realidad aparente y explora el alma humana: encuentra espejos que nos explican o nos reflejan en nuestras contradicciones, en la búsqueda de la felicidad; encuentra la luz y la oscuridad, el bien y el mal.

Hablemos de su estilo, tan cuidado. ¿Sabe para quién escribe?

Escribo por los personajes. Escribo para mí y deseo que en ese ejercicio, o tentativa, me encuentre con lectores cómplices que me interpelan a mí y a los personajes. Tengo clara una cosa: la literatura puede prescindir del escritor, pero jamás del lector.

 

*Esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón, en la sección de Cultura. La foto de Marcos Budiño la he tomado de ABC en la red. Víctor está en la Costa de la Muerte. 

 

14/07/2016 01:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO LALANA: UN DIÁLOGO

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A Fernando Lalana (Zaragoza, 1958), Premio Cervantes Chico, le gusta experimentar con los géneros narrativos. Publica ‘Kansay city’ (Bambú / Casals), del oeste, y ‘A contraluz’ (Mira editores), de erotismo para jóvenes.

 

“El verano es un tiempo

 de euforia y la estación

del amor y el ligue”

 

-En este primer semestre del año ha publicado tres libros.

-Sí. A veces se concentran en torno al Día del Libro, que resulta maravilloso, y la Feria del Libro, que fue decepcionante. Vender un libro ha sido más costoso que nunca y, además, había poca gente.

-Aparece en el volumen coral: ‘Diez miradas. Para quienes nos enseñan a leer’ (Loqueleo). ¿Quién le enseñó a leer?

- Mi padre, que era constructor, tenía un cuarto con biblioteca. Era socio de Aguilar, pagaba una cuota y cada cierto tiempo aparecía por casa un comercial para ofrecerle las novedades y era un buen cliente de la librería Universal. Mi pasión por la literatura, y por la lectura, se la debo a él.

-A sus padres les dedicó su primera novela del oeste, y acaba de publicar la segunda: ‘Kansas City’.

-Es cierto. Aparece en Bambú/ Casals, de nuevo. Y nació de una especie de proyecto al que llevaba dándole vueltas algún tiempo. Quería escribir subgéneros que no había abordado: el terror, la novela empalagosamente romántica, el western y la novela erótica para jóvenes.

-Quedémonos un instante en el western.

- Un día mi editor Jordi Martín me dijo: “Empieza por el western. He soñado que se ponía de moda”. Y así nació ‘Una bala perdida’, que es una historia detectivesca que transcurre en Nebraska, protagonizada por George Macallan. Allí moría la mujer de su vida, Alicia Camarasa. ‘Kansas City’ es la continuación de su historia ocho años después. Es una novela más crepuscular, llena de aventuras y de acción, clásica, aunque también hay detectives a través de la agencia Pinkerton.

-¿Qué le interesa del oeste?

-Es un género que no había tocado. Me apasiona la tarea de documentarme: investigar para escribir de algo que no sabes me parece un privilegio. Y hay otro factor casi sentimental: yo soy muy admirador de Francisco González Ledesma, que empezó escribiendo novelas del oeste, bajo el seudónimo de Silver Kane. Decía que ahí había aprendido a escribir. Ya de mayor, recordó aquella época y publicó una novela deliciosa: ‘La dama y el recuerdo’. Cuando la leí, me entró el gusanillo.

-A la vez que ‘Kansas City’ también aparece en Mira editores ‘A Contraluz’, que es su novela de erotismo para jóvenes.

-No era fácil que les interesase a mis editores habituales. Poligone Education de Pamplona hizo una edición digital. Joaquín Casanova siempre me había pedido un libro y pensé que este podía ser el idóneo. Y aquí  está.

-¿Qué dificultades ha tenido?

-Escribir erotismo para jóvenes entraña sus riesgos. No puedes ni irte por la tangente, ni ser blando o irreal, tienes que interesarle. Y a la vez los jóvenes son más bien románticos y les gustan que los libros acaben bien, que las historias de amor se cierren. Aquí he contado la historia de un joven, Eduardo, enamorado de una chica, Elisa, pero todo se complica un poco más.

-¿Se dan esas ‘nude partys’ de las que habla en el libro?

-Sé que existen, claro, aunque esta es inventada. Recuerdo perfectamente que en los años 70, poco antes de la muerte de Franco, en Zaragoza yo participé en una de ellas. Una o dos veces, en una de esas casas con piscina, rodeado de amigos y todos desnudos, de 16, 17, 18 años. Aunque allí no sucedían las cosas que pasan aquí, donde hay un muerto.

-¿Qué vínculo existe entre el verano y el amor?

-Yo creo que el verano es la estación del amor, del ligue. Mis primeros amores fueron en verano: es un período de euforia, de entusiasmo, de las salidas de casa y es el tiempo de la playa, que también es un buen escenario para el amor.

-Se ha encontrado, en sus visitas a colegios e institutos, en chicos tan leídos como los de ‘A contraluz’.

-La verdad es que no mucho. Eso sí, cuando alguien te pregunta por Stanley Kubrick, es maravilloso.

-¿Qué libros nos recomendaría para este verano?

-‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda, que me sigue pareciendo un libro deslumbrante y que contiene todo el amor. Recomendaría un autor, Pierre Lemaitre, del que recomiendo ‘Nos vemos allá arriba’, sensacional, y ‘Camille, y ‘La isla de Bowen’ de César Mallorquí, con quien me siento muy identificado.

 

*Este texto ha aparecido en la contraportada de HERALDO. La fotografía es de Oliver Duch.

07/07/2016 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MIGUEL Á. HERNÁNDEZ

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[El pasado viernes, el narrador murciano Miguel Ángel Hernández presentaba su nueva novela, 'El instante de peligro' en la librería Antígona, en compañía del narrador Sergio del Molino. He aquí una entrevista a propósito de la novela que fue finalista del Premio Herralde de novela.]

 «Escribir es una forma de frenar el tiempo»

-¿Qué le debes o cómo te marca Walter Benjamin?

Le debo un modo de relación con la historia. Sobre todo la intuición de que el pasado está aquí, es tangible y se nos aparece en imágenes que nos aluden y se nos clavan un momento antes de desaparecer para siempre.

 

-¿Qué tiene de particular este escritor que cada vez más parece un precursor de la modernidad o una figura que está muy presente?

Benjamin fue un cartógrafo de su tiempo, entendió como nadie la modernidad, pero también supo ver las transformaciones y los retos del mundo que se había abierto frente a él. Imaginó a qué nos íbamos a enfrentar en el futuro. Y esbozó modos de resistir y luchar frente a lo que no tardó demasiado en llegar (la dominación fascista y tecnológica, el capitalismo integrado, la estetización y espectacularización de la política…).

 

-¿Cómo te sientes bajo esa etiqueta de novelista de ideas?

Relativamente cómodo, aunque es cierto que todas las novelas están llenas de ideas. En mi caso la teoría tiene un peso central como una especie de reflexión crítica acerca de lo que mueve las historias. Novela de ideas, novela reflexiva, de pensamiento, intelectual… no me desagrada. Siempre, claro está, que eso no sea sinónimo de “novela aburrida o pestiño filosófico”.

 

-¿Cuáles son los asideros reales de la novela, cómo surgió: de una imagen específica, de un intento de explicar la memoria y el arte…, de una intuición, de la necesidad de regresar a un lugar?

Curiosamente surgió de una imagen: una sombra proyectada sobre un muro en mitad de un bosque. Un día me vino esa imagen a la cabeza. Y a partir de ahí comenzó a nacer la historia. Por alguna razón, quizá porque soy historiador del arte, el germen de mis historias siempre está en una imagen. La historia, las ideas, el tono, la justificación teórica… todo eso viene después. Lo esencial es la imagen.

 

-¿Podría leerse como una carta, una indagación, como un viaje que hace el protagonista alrededor de sí mismo?

Una carta o una confesión para intentar comprender el pasado y el presente. El protagonista escribe para poder explicarse cómo ha llegado hasta ahí y qué es lo que merece la pena salvar. Escribir, muchas veces, es necesario para poder situarnos en el mundo.

 

-Explícanos un poco a Martin y a la artista Anna. ¿Son tan raros y tan complejos los creadores?

Martín es un profesor y escritor que ha fracasado en lo que se proponía. Creo que su manera de enfrentarse al mundo es más cotidiana que la de Anna Morelli, que sí que responde al modelo de “artista genial”, obsesionada hasta el límite por el arte y la creación. Para ella el arte es una cuestión de vida y muerte. Para Martín, el arte o la escritura son de gran importancia, pero nunca deja de tener los pies en el suelo.

 

-¿Has querido, en realidad, escribir una novela de amor y de amores más o menos recordados, evocados, que siempre están ahí, desde el fondo del tiempo?

Creo que El instante de peligro es un historia de amor o, como dices, de amores; de diferentes tipos de amor. Para mí es eso por encima de cualquier otra cosa; por encima incluso de una reflexión sobre el arte y la memoria. El amor es lo que atraviesa la novela. Y es lo que está incluso en el origen de esa sombra proyectada sobre un muro.

 

-¿Qué significa para ti escribir una novela, cómo la vives? Da la sensación de que es un proceso lento, muy meditado, que no tienes prisa, que te importa más el trabajo riguroso que el éxito más o menos inmediato.

Nunca tengo prisa en escribir. Comenzar una novela es abrir un mundo –a veces un abismo– del que ya no puedo escapar hasta que pongo punto y final a la historia. Pocas cosas me producen más placer que habitar ese mundo propio durante años. Por eso intento demorarlo todo lo que puedo. Transitar cada frase, cada giro, cada imagen. Como si el mundo no existiera. Escribir es para mí una forma de frenar el tiempo.

 

-¿Cuál es tu percepción de la autoficción, cómo te mueves en ella?

Me resulta tremendamente productiva. Es una manera de conectar el espacio de la ficción con el espacio real y de producir algo que para mí es fundamental en la novela: incertidumbre. Ficcionalizar lo real e introducir realidad en la ficción es una manera de generar desconfianza. Ya nos creemos demasiadas cosas en este mundo y quizá sea necesario desconfiar de todo. La duda literaria como espacio de resistencia.

 

-El libro también es una reivindicación del arte contemporáneo y de sus pequeños gestos y quizá de la obsesión. ¿Cuál es tu actitud ante la creación más contemporánea, qué te conmueve y qué te disgusta?

Soy historiador del arte y mi relación con las prácticas artísticas contemporáneas es muy cercana. De hecho, gran parte de mi visión del mundo se ha configurado a través de las experiencias artísticas. Me interesa el arte y me parece fundamental. Lo que me cansa, sin embargo, es el mundo del arte, las exposiciones que siempre hablan de lo mismo, las prácticas institucionalizadas… Creo que al arte le falta vida. Y curiosamente las novelas muchas veces sirven como ensayos en los que el arte recupera ese nivel vital: los protagonistas se obsesionan con las obras, su vida se transforma… el arte funciona.

 

-¿Qué lugar ocupa en tu vida el cine?

Me gusta, por supuesto, pero siento que estoy algo más alejado de lo que debería. Las series de televisión y las novelas ocupan mucho más tiempo en mi vida que el cine. Fue una gran pasión en mi adolescencia. Ahora no lo tengo tan presente, aunque hay directores que me obsesionan, como Michael Haneke, Lars von Trier o David Lynch.

 

-¿De qué autores de tu tiempo y de cualquier instante te siente afín, próximo o sencillamente un admirador?

Me interesan los escritores que entienden la literatura como modo conocimiento y reflexión. De entre mis contemporáneos: Patricio Pron, Ricardo Menéndez Salmón, Sergio del Molino, Ben Lerner o Gonçalo Tavares. Entre los maestros, sin duda, Enrique Vila-Matas, y también Paul Auster, Javier Cercas, Don DeLillo, Michel Houellebecq o Siri Husvedt. Y entre los de otro tiempo: Thomas Bernhard, Samuel Beckett o Borges. Lo que escribo está en deuda con todos ellos. 

 

*Tomo la foto de Miguel Ángel Hernández de aquí: 

http://revistaparaleer.com/agenda-eventos/presentacion-en-madrid-de-el-instante-de-peligro-de-miguel-angel-hernandez/

07/07/2016 01:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ: 'INCIDENCIAS'

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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PRESENTA 'INCIDENCIAS' EN ANTÍGONA
José Luis Rodríguez presenta hoy, a las 20.00 horas en Antígona, su nuevo libro de cuentos, inspirado en los músicos del Titanic: 'Incidencias' (Los libros del Señor James, el sello editorial de David Mayor y Pablo Lópiz, que lo acompañarán; Nacho Escuín y León Vela).
Copio algunos textos. Y abajo dejo la entrevista que se publicó el pasado lunes en 'Heraldo de Aragón'. [José Luis Rodríguez visto por Pascual Berniz.]

 

LA ENTREVISTA
José Luis Rodríguez García explora
la vida de los músicos del Titanic

 


El escritor publica ‘Incidencias’, una colección de microcuentos, acompañada de acuarelas suyas

 

Antón CASTRO
José Luis Rodríguez García (León, 1949) había estado un tiempo en silencio creativo. En realidad, más editorial que creativo. Este año ha publicado dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ (PUZ), que tiene algo de estremecedora elegía, y ahora aparece un libro diferente e imaginativo, inspirado en los músicos del Titanic, compuesto por microcuentos: ‘Incidencias’ (Los libros del señor James. Zaragoza, 2016. 160 páginas).
El escritor, biógrafo de Jean-Paul Sartre y catedrático de filosofía, explica: “El Titanic era la expresión del nuevo orden mundial. Era la pirámide indestructible de nuestra modernidad. Lo me atrajo de la historia de los músicos, que se han convertido en leyenda del siglo XX, es su serenidad, su aceptación de la vivencia del desastre. Creo que todos habían leído a Epicuro o Boecio. Lo digo en serio. Eran tipos fabulosos que ensayaban antes de distribuirse por el barco para agradar a ricos y pobres...” Dice que le habría gustado conocer a algunos de ellos, “pero creo que me va a resultar imposible”.
De manera especial, se sintió atraído por el director de la orquesta, que era pianista y cellista también, Percy Cornelius Taylor, “el personaje que más me inquieta del Titanic. He rebuscado por aquí y por allá, buscando anécdotas de su vida, el número de identificación que deben tener los muertos y el destino de algún cuaderno en el que escribiera sus afectos y angustias”. Y él es como el nexo de unión o la espiral de partida. “He querido hacer un libro de microrrelatos que están fusionados por la sensación de lo que queda después del diluvio, después del Titanic, después de la devastación moral que hemos vivido aceleradamente a lo largo del XX”, señala.
El volumen está dividido en seis partes, cada una de ellas encabezada por un personaje. Son Infancias, Más allá, Aventuras, Ucronías, Apocalipsis y Fragmentos de diarios, y a todo ello se le añade una selección de acuarelas del propio escritor. “Inicialmente, no planifiqué partes –matiza José Luis Rodríguez-. Ni mucho menos. Escribí con mal medida ansia muchos textos. Muchos de ellos han desaparecido. Se mantienen los que resultan menos malos. ¿Las partes? Pues no lo sé con certeza. Me parece que era necesario dedicar alguna referencia a la infancia, que es la hora en que el mundo de valores comienza a desmoronarse. La infancia inocente lo padece. A mí me avergüenza... Pero si hay niños vencidos o menospreciados hay que concluir que los adultos y los sabios somos una puñetera mierda”.
En este libro, vinculado según sus editores a Gilles Deleuze, llama la atención por su libertad creativa, por la variedad de registros en piezas a veces de dos, tres o diez líneas tan solo. “En literatura todo puedo conjugarse. Pero me quedaría con que se trata de fantasía a partir de lo real asumido libremente con humor negro y, en fin, rabia. No cantaré la última melodía de los músicos del Titanic que suponían ascender, como Josué, hacia el encuentro con Yahvé”.
Este espíritu de ‘Incidencias’ bien podría reflejarlo esta pieza, ‘Catástrofes’: “Las lágrimas del perro blanco, y entonces llegó la ola”. O quizá esta, ‘Juegos’: “La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada”.

 

NO COMPRENDE NADA
La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

JUEGOS
La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

FANTASMA
Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

CRIMEN IMPERFECTO
Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA
La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.

 

30/06/2016 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ ESCRIBE DE 'LA ZARAGOZA INADVERTIDA'

 

http://www.andalan.es/?p=12388

 

Eloy Fernández Clemente, en sus colaboraciones en andalan.es, habla de 'Los Sitios de la Zaragoza inadvertida', un proyecto que concibió el fotógrafo Andrés Ferrer y que lleva textos míos. 121 fotos y 81 textos. Escribe Eloy:

 

ZARAGOZA INADVERTIDA

 

Por Eloy Fernández Clemente

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El periodista Antón Castro y el fotógrafo Andrés Ferrer han publicado un bellísimo, importante libro,  “Los Sitios de la Zaragoza inadvertida”, que diseña y edita el segundo de ellos. Versan, el doble juego de fotografías de gran perfección y sugestivos encuadres y los comentarios sutiles, a veces emocionados, sobre una ciudad que “tiene muchos rostros e historias secretas”.

Porque, se nos dice, Zaragoza es una ciudad con vistas, aunque el fotógrafo es aficionado a los escombros, los detalles escondidos, rincones y edificios preferidos, puentes y callejones, rastros, plazas por las que iba Rosendo Tello, las de Santa Cruz o San Cayetano, viejos y nuevos hoteles, alturas y escondrijos, pasajes y urbanizaciones desalmadas, barrios rurales, estatuas de césares y reyes, parques como el de José Antonio Labordeta con su paseo “neblinoso, incierto”.

Viejos bares que eran “santuario de confidencias y de provisiones”; una Casa Grande que diseñó Fernando García Mercadal; un cementerio de Torrero que “no es La Recoleta, pero tiene sus muertos”. La vieja Escuela de Artes y la luminosa Expo. Calles emblemáticas, como Espoz y Mina, por sus bares, comercios, museos como el Camón o el Gargallo; nuevos rascacielos como el de Aragonia y descampados o edificios inacabados –“emblema del abandono, la fantasmagoría viva de un fracaso”, de los que es capaz de remontarse hasta un cuadro de Edward Hopper o una novela de Salinger; y pasajes abandonados que le hacen evocar a Cortázar y a Conget.

Iglesias y torres como san Fernando o La Magdalena (del Pilar apenas una vista de los picos de sus torres o de un rincón de su plaza), o la singular atmósfera de la plaza de san Bruno; teatros como el romano o el Principal; lugares mágicos o históricos, rincones inesperados, o la casa del Heraldo donde viviera Buñuel. O fábricas legendarias, como la de La Zaragozana, el mito de los Escoriaza, la droga Alfonso y la Adriática, La Equitativa, Caixaforum, El Pequeño Catalán o un anuncio de Coca-Cola; viejos cines y teatros como el Elíseos y el Fleta, ambos denunciando olvidos culpables, y El Plata, mito y leyenda. También hermosas historias de amor, poemas, monólogos de estudiantes imaginarios.

Son evocados muchos amigos, en el entorno de Víctor Bailo, de casa Emilio o del mismo Antón, que tanto los quiere: pintores y escritores, bibliófilos. Hay personajes imaginarios que hablan de sus vidas como maletillas, leones que hablan…

Como escribe Agustín Sánchez Vidal en el prólogo, “esta alfombra mágica es de doble trenzado. Las imágenes de Andrés Ferrer conducen hasta parajes a veces familiares, otras desatendidos e insólitos. Y los textos de Antón Castro, tras referencias perfectamente reconocibles, tampoco tardan en internarse en los territorios más neblinosos de la memoria y la leyenda”.

En el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón donde se presentó, puede verse hasta el próximo 12 de junio una exposición de 25 de esas fotografías acompañadas de textos literarios.

25/06/2016 08:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL GUINDA, EN EL CENTRO CÍVICO RÍO EBRO DEL ACTUR

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ANTOLOGÍA ESENCIAL DE ÁNGEL GUINDA


[Una pequeña antología de los mejores, o de los más conocidos, poemas de Ángel Guinda, Premio de las Letras Aragonesas 2010. Esta tarde, a las 19.00, en el Centro Cívico Rio Ebro de Actur, dentro del ciclo ’Poetas con calle’, conversaré con él y leeremos algunos textos. la foto es de Enrique Cidoncha, colaborador habitual de 'Heraldo'.]

 

 

SER JOVEN

Ser joven
era abrazar la noche en llamas
hasta el amanecer,
tomar las curvas rectas
como quien tiene prisa por llegar a sí mismo.
Ser joven
era atropellar la vida,
un ejercicio de funambulismo.
Estrellarse contra el azul del cielo,
contra el aire, contra la realidad.
A veces, ser joven
era un deseo temerario de envejecer,
como quien echa un pulso al tiempo
y sólo arriesga el instante de una detonación.
Ser joven fue,
y no volverá a serlo nunca más.

(de Conocimiento del medio)

LO MEJOR DE LA VIDA

No fue olvidar que estábamos viviéndola
lo mejor de la vida.
Lo mejor de la vida vino después,
cuando supimos
que no habría otra oportunidad para vivirla;
y cada trago que de ella bebimos
lo apuramos al máximo, buscando
más allá de los posos nuestro fondo.

EN RESPUESTA A UNA JOVEN

Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve más oscura.

Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre: pierde altura,
oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las ganas de salir de viaje.

Con el paso de los años te haces menos suspicaz a todos y a casi todo,
nada te escandaliza, no esperas ningún milagro y sospechas que tú también morirás.

Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño, más manías,
más decepciones y miedos.

Con el paso de los años todo se deteriora: el mundo se viene abajo.

Mas no te preocupes, esto sólo sucede con el paso de los años.


(de La llegada del mal tiempo)

AUTOBIOGRAFÍA

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?
Martín Adán

Me preguntas por mi vida a bocajarro.
¿Qué puedo responder? ¿Con qué y de qué modo?
Lo que sé de mi vida lo borra cuanto no sé de ella:
las palabras no alcanzan, los recuerdos confunden.
Mi vida es lo que he hecho,
he deshecho, he dejado de hacer.
Para saber de mi vida piensa en la muerte;
piensa en ti que estás viva y has de sobrevivirme.
No sé si tendré tiempo
para vivir lo no vivido, para matar lo que viví,
para vivir la muerte antes de que me muera.
Mi vida recibe instrucciones de otras vidas
anteriores a mí, a las que sirvo
como fiel sucesor, y en mí reviven
–no tengo ojos sino para lo que no veo.
Mi vida es una noche que a la luz no se adapta,
un astro fugitivo extraviado en la tierra;
es también la palabra que aún no me encontró,
el mensaje misterioso que no descifraré.
Aunque mi verdadera vida tal vez se inventará.


(de La llegada del mal tiempo)

*

De niño yo veía en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola, hombres con cabeza de falo, hombres con cabeza de copón, hombres con cabeza de mardano, con cabeza de buey, de jíbaro; hombres cabezones, cabezudos, hombres con la cabeza en los pies. Ovejas con cabeza de mujer, mujeres con cabeza de cuna, mujeres con cabeza de cierva, mujeres con cabeza de fogón, mujeres con cabeza de basílica, con cabeza de virgen, de holocausto; mujeres con cabeza de piedad, mujeres con la cabeza entre las manos. Manadas de mujeres y de hombres con cabeza sin ojos, boca, orejas, nariz. Hombres y mujeres sin cabeza. Y cabezas rodando por las calles.

(de Espectral)

***

ESCRIBIR

Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

***

NUEVO ORDEN

Urge cambiar el desorden del mundo.
Se declara el estado de crisis permanente.
Desde ahora los niños nacerán con vivienda.
Toda la población es emigrante.
La sociedad prioriza al individuo.
Se legalizan las drogas naturales.
Se subvenciona la solidaridad.
Se concede a los jóvenes pensión devolutiva.
Los ancianos serán privilegiados.
La vida se proclama asignatura.
La muerte recupera valor espiritual.
Se restringe el presupuesto de defensa.
Fronteras franqueables hasta su desaparición.
Si la fidelidad daña la salud mental,
se desbloquea la fórmula pareja.
El ejercicio del Poder se renueva anualmente.
Se habilitan las islas eclesiásticas.
Se suprime el consumo más superfluo.
Se debe trabajar para vivir.
Nadie viva para trabajar.
Se permite soñar con otra realidad.
Etcétera, etcétera, etcétera.


(de Poemas para los demás)

***


UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

(de Catedral de la Noche)

24/06/2016 11:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JESÚS JIMÉNEZ: CUATRO POEMAS

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CUATRO POEMAS DE “CONTRA LAS COSAS REDONDAS”

(ED. LA BELLA VARSOVIA, 2016)

 

JESÚS JIMÉNEZ DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

LA LUZ

 

Ranas, quietos budas pequeños

sobre los troncos, sobre las rocas,

bajo las cenefas rojas y naranjas del atardecer,

¿cuál es el objeto de vuestras meditaciones?

¿Qué guarda vuestra pupila que a la deriva flota

en el ojo como una gota de aceite sobre la leche,

como una nube vacilante sobre la fe?

 

Acaso veis brincar en el aire demorado del instante

la raspa de un pez, sus galas de carne y lentejuelas

bajo el biombo del agua donde vivimos y morimos juntos,

donde las piedras del fondo —pequeñas y redondas—

son cuentas huidas de un rosario o blancas tacitas de té.

 

Cantáis y cantáis sin descanso, hasta que el sol

con el perfil gastado del emperador deja de rodar.

Y la Poesía, la alumna aventajada de la luz,

¿adónde se retira cuando cae la noche?

La buscamos a tientas en la oscuridad

frotando una palabra contra otra, torpemente,

como esas cerillas húmedas o descabezadas

que, en mitad de un largo velatorio,

tratamos en vano de encender.

 

PARQUE DE ATRACCIONES

 

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, se ha hecho tarde y estás solo.

¿Dónde quedaron aquellos que te acompañaban?

 

El fuego azul de la lluvia desmanteló la noria.

El sol se largó con los colores rojos del tiovivo.

La indolencia y los días, mano a mano, puño a puño,

hicieron otro tanto y se encargaron del resto.

 

Aquí el viento empuja el ojo caído de una muñeca

y lo invita a recorrer la cara oscura de la vida,

esa que nunca se ríe porque —de hacerlo—

te asustaría su feo agujero con solo dos dientes o tres.

 

Un vencido chicle de junio del noventa y siete,

antes emblema de una juventud dulce y perdurable,

ahora sujeta en la puerta del urinario este cartel:

Hallados manojo de llaves y zapato ortopédico

en la Casa Magnética. Preguntar en Mantenimiento.

 

En el viejo puesto de algodón de azúcar solo queda,

abierto como una flor carnívora, un paraguas negro.

Debajo está la mancha cenicienta del hombre

al que un gran anhelo —o la falta de él— consumió.

 

Los volcados contenedores de la basura

son vagones descarrilados del trenecito chu-chú.

En lo alto de un pino, en la cabeza decapitada

de Mickey Mouse, anidan los cuervos de Poe.

 

Cuarenta y tantos años, cincuenta: pasaron veloces.

Un día nos perdemos en el Laberinto de los Espejos

y, al recobrar la salida, estás ya en la Casa del Terror.

 

CUERPO

 

En esta bolsa de viaje, madre, guardaste

lo necesario: una mente, un estómago y un sexo.

Nervios y bronquios. Riñones: dos por si acaso.

Con unas pinzas de cocina, del más grande

al más pequeño, fuiste introduciendo los huesos.

Para que no se soltaran y golpearan en las vueltas

del camino los anudaste con tendones y venas,

los envolviste primorosamente de tejidos y músculos.

Terminada la tarea, dejaste un corazón

al cuidado de todo: esta es mi herencia, hijo,

no la derroches; aunque escasa, habrá de bastarte.

 

Madre, nunca pensé que fuera tan caro este viaje.

Todo en este mundo cuesta un ojo de la cara

y el otro no me alcanza para ver los precios.

Tratando de ganarle la mano al tiempo, pierdo la cabeza.

En cada caricia que extendí me voy dejando la piel.

Pago con los cinco sentidos por la cuarta hoja del trébol.

En busca de las peras del olmo caigo despechado,

me desgañito, me descorazono, me deslomo.

 

Madre, para desvivirme por esta vida y estos deseos

en cada aduana tengo que echar mano del cuerpo.

Cuando llegue —¿a dónde? ¿cuándo?— ignoro

qué quedará de cuanto me diste, en qué estado.

¿Sabrá el destino, apostado en un oscuro callejón

sin salida, que soy yo cuanto largo tiempo esperó?

¿Montará en cólera al comprobar, albarán en mano,

que nada llega completo, intacto ni nuevo?

¿Tendré que desembolsarle algo más, madre,

por cada desperfecto, por cada mengua, por cada desfalco?

 

El viento hace danzar el envoltorio viejo de un caramelo.

El halcón lleva consigo la urgencia del vuelo y nada más.

La pera que cae de la rama deja su sitio a la pera futura

sin mediar notario alguno, herencia ni aflicción.

Al menos he de guardar dentro de mí algo de todos ellos,

hallar un sentido que haga frente a cuanto voy dejando.

En esta lucha sin cuartel todo me sirve y poco me alcanza.

En este cuerpo a cuerpo nada tiene el alma que perder.

 

CONTRA LAS COSAS REDONDAS

 

Amamos las cosas redondas pensando

que han de ser eternas y amables y perfectas:

el pomelo bajo el rotundo sol de agosto,

la pulsera que orbita alrededor del pulso,

la moneda con dos caras y ninguna cruz,

el balón de playa en cuyo interior aún se respira

un paciente aire de mil novecientos ochenta y dos.

 

Hay días redondos en los que todo cuadra

y la vida parece marchar sobre ruedas:

alguien, lija en mano, se encargó

de sustraerle al mundo todas las esquinas,

todas las aristas, todos los bordes.

 

Pero basta que atravieses por un declive

o que todo se vuelva cuesta arriba de repente,

para comprobar que son las cosas redondas

las primeras en abandonar y en echar a correr:

el pomelo, la pulsera, la moneda y el balón.

 

Me niego en redondo a aceptar tales desplantes.

Ante las formas esféricas opongo las cosas informes.

Elijo las imperfectas, las imprecisas, las irregulares.

Aquellas llenas de taras, de abolladuras o de dobleces.

Hermosas y singulares, sin plegarse a ningún centro,

solo ellas permanecen y nos acompañan siempre.

 

*La fotografía es de Joaquín Puga. 'Contra las cosas redondas' ya tiene en la calle su segunda edición.

21/06/2016 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BASILIO BALTASAR HABLA DEL II CONGRESO DE PERIODISMO CULTURAL

ENTREVISTA. Basilio Baltasar. Director del II Congreso de Periodismo Cultural de Santander y de la Fundación Santillana.




El periodista cultural es la mejor

compañía del artista”



Los periodistas culturales debemos

ser críticos y mensajeros fiables”







Antón CASTRO

Basilio Baltasar (Mallorca, 1955), director de la Fundación Santillana y de las Conversaciones de Formentor, es el responsable del II Congreso de Periodismo Cultural que se celebra en Santander los días 16 y 17 de junio, y que ha arrancado hoy.

A perspectiva de pájaro, ¿qué significó el I Congreso de Periodismo Cultural del pasado año 2015?

Definir las obligaciones y ambiciones del periodismo cultural, una mirada crítica compartida con colegas que nos encontramos por primera vez. Inventario de males y penas. Propósitos de enmienda.

Si tuviese que hacer un balance, ¿cuáles diría que fueron las conclusiones o algunas cuestiones palpitantes?

Nuestro deber es ofrecer al lector una visión dinámica, crítica y ecuánime de la creatividad cultural. No ser voceros de la propaganda y buscar, indagar: ser buenos mensajeros. Si la cultura es el mejor fermento de la cohesión social, los medios hacen una contribución ineludible.

¿Cómo se vive una cita así, cómo la vive usted?

La alegría de ver de nuevo a los viejos amigos, descubrir nuevos colegas y compartir su inteligencia.

¿Cuál ha sido el criterio para organizar el II Congreso de Periodismo Cultural, qué buscaba?

No repetir un ejercicio endogámico y redundante para lamentos ya conocidos. Hacer del congreso un foro abierto e invitar a los innovadores que nos contarán sus sorprendentes proyectos. Vamos a dibujar el mapa de la innovación cultural.

¿Qué quiere decir 'Nueva Ingeniería Cultural', título general del congreso?

Ya conocemos a las instituciones culturales y sus programas (conciertos, exposiciones, libros), pero no sabemos nada de lo que hace la creatividad en la periferia de lo ya establecido. Los innovadores inventan artefactos que no existían. Nuevos usos y funciones, nuevas maneras de pensar y crear.

También ha habido un cambio de metodología. ¿Podría concretarla un poco más?

Los periodistas somos esencialmente curiosos y activos mensajeros: en el congreso somos los anfitriones y los innovadores, los invitados y los que vamos a preguntar una y otra vez. La gestión cultural no puede afrontar la complejidad de nuestro siglo. Necesitamos una nueva ingeniería para encauzar la creatividad que renovará nuestra cultura.

¿Cómo se ha organizado la convivencia de los formatos más clásicos con las nuevas tecnologías y su desarrollo tan plural?

Las nuevas tecnologías conviven con el teatro, la ópera, las bibliotecas… Incrementan su difusión y los hacen más accesibles por encima de cualquier impedimento (económico, geográfico, etc). Pero además, la tecnología en manos de la creatividad abre nuevos canales: cauces para un flujo impetuoso de invención e innovación.

Todo es importante, pero ¿querría llamar la atención sobre algo en concreto, fijar el foco?

La 'Nueva Ingeniería Cultural' nos invita a abandonar nuestro rol de espectadores pasivos y a convertirnos en co-creadores. Ya no seremos consumidores, sino la mejor compañía del artista.

-Hay dos aragoneses participantes y, además, bien diferentes: Ferrer Lerín, poeta, narrador, ornitólogo, gramático y todo un espectáculo en sí mismo, y la joven booktuber zaragozana Marta Álvarez. ¿Por qué están ahí, qué le ha atraído de ellos?

Ferrer Lerín acuñó el concepto de “Arte casual”: una nueva manera de mirar y descubrir dónde se encuentran las obras de arte desapercibidas. Marta Álvarez es una creadora de voces, entusiasmo y habilidad lectora.

¿Cuál será en esta edición la función de los periodistas? ¿Observadores, analistas, críticos, litigadores, informadores?

Usted lo dice: todo eso y más. Un ejercicio de sagacidad crítica para ser lo que debemos ser: mensajeros fiables. Somos un servicio de mensajería exprés, pero calmada, sosegada y, sobre todo, absolutamente fiable.

¿Cómo es el periodismo cultural español y cuál sería, según usted, la función del periodista cultural?

Algo raro: un conocedor de todo, interlocutor de los expertos en cualquier cosa, con habilidades para traducir la complejidad de las artes y las ciencias.

¿Cuánta gente va a participar, cuántos inscritos hay?

Hay un primer bloque en el que se dará cuenta de los que han hecho algunas instituciones innovadores: la fundación de las Naciones Unidas para el Arte, la Fundación Botín, el CCCB de Barcelona… Hay 70 participantes, 20 ponentes y unos doscientos inscritos.

Un último asunto. ¿Por qué Santander, qué tiene la ciudad, qué ofrece?

El alcalde Santander es ingeniero, lidera la conversión de la ciudad en un nudo informatizado para optimizar los recursos ecológicos, los servicios vecinales, el ahorro energético… Nos acoge como anfitrión y entusiasta de la ‘Nueva Ingeniería Cultural’.

*En la foto, de las Conversaciones de Formentor, que también coordina, el editor y escritor y periodista Basilio Baltasar.

 

17/06/2016 00:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

4 TEXTOS DE ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

ENTRE ZARZAS Y ASFALTO

 

Por Alejandro LÓPEZ ANDRADA

 


Editorial Berenice

 

 

 

 

(Selección de textos)

 

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

 

 DESDIBUJANDO EL TIEMPO:

 

Voy caminando dentro de una sombra. La luz sutura el cielo oscurecido dejando sobre el parque cicatrices de hojas mojadas. Sale y muere el sol: entre las nubes juega al escondite como si fuera un niño abandonado en medio de un gran bosque. En las pupilas de un perro que se cruza hallo el amor de un árbol deshojado. Lo dibujo dentro de mí y veo temblar un cable lejano de telégrafos. Vencidos se van durmiendo todos los semáforos. Antaño en su lugar crecían las zarzas; hoy ya no están, pero las veo, no obstante, si cierro la mirada, fantasmales, desdibujando el tiempo, junto al río. 

 

 

 TEXTURAS:

 

Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer. Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia. Esta mañana la límpida textura del silencio es una mezcla dulce de hojas muertas, movidas por la brisa de los parques, de cáscaras de pipas y cacahuetes que, en este instante, picotean dos mirlos erguidos, majestuosos, frente a mí bordando una emoción casi sagrada en un rincón sin luz de la ciudad.

 

 

SEMILLA:

 

Doy vueltas a una semilla de retama. Es como un pensamiento diminuto que, en este instante, llevo entre los dedos. Al pie de la alambrada hay un mastín que me vigila. Su sigilo es dulce. El rojo de las nubes se condensa en la humedad de los escaramujos que, hacia el oeste, trazan garabatos. Llovió ayer noche. Hoy todo es redondo. Yo llevo una semilla de retama aquí, en mi mano. El campo solo y húmedo se va desdibujando a mis espaldas. Delante, hacia el oriente, el cielo me habla. Todo se va tornando circular, eternamente blando en torno a mí, como si en mi silencio entrara Dios. 

 

 

MIENTRAS PASEO:

 

A medida que avanzo por el parque, la vida se va haciendo más minúscula. Con cinco o seis palabras elevo el mundo, y luego voy dejándolo caer. Entre las celosías de un recuerdo escondo la humildad de los lagartos, la ceremonia exacta de lo azul. Mientras paseo, se unen las ideas y los conceptos más heterogéneos. Mi corazón es una sinestesia. El tiempo es la pestaña de un relámpago, la liebre acorralada por la luz.

 

16/06/2016 20:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

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Diario de un cínico / Basilio Baltasar.
’El País de Cataluña’.
URNAS Y VOTOS: MANUAL DE INSTRUCCIONES
El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contratro social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones

Entender de qué se trata. La conversación con George Steiner que publica Siruela, Un largo sábado, nos ayuda a recordar sus grandes tratados literarios y cómo ha vivido la pasión intelectual este venerable profesor de Cambridge. Mientras recapitula sus ejemplares ejercicios de reflexión crítica, Steiner se detiene en el más aleccionador consejo recibido de su padre. Cuando la turba grita por las calles de París “¡Muerte a los judíos! ¡Muerte a los judíos!”, el señor Steiner levanta las persianas, hace que el joven George se asome al balcón y le dice: “Eso se llama historia y nunca debes tener miedo”.

El origen de la política. El filósofo James Mill lamentaba a principios del siglo XIX que los agitadores sociales inflamaran las mentes de las clases bajas (sic) haciéndoles creer que el gobierno podría ayudarlas. Intentaba demostrar que pertenece al orden de las cosas eximir al gobierno de su responsabilidad. En contra de esta tendencia, extrañamente rescatada del pasado, el Premio Nobel de economía Amartya Sen, profesor en Harvard, articula su Idea de la justicia (Taurus, 2010). Reconoce en la sociedad una resistencia natural a la injusticia y demuestra que ésta vocación brota tanto de la indignación como del argumento. Como la vida de tantas personas en este mundo sigue siendo “desagradable, brutal y breve” (Thomas Hobbes), hay que evaluar las realizaciones sociales, fijarse en lo que realmente sucede y confiar en el razonamiento público. La frustración y la ira, dice Amartya Sen, pueden motivarnos pero debemos apoyarnos en el razonado escrutinio. Ante la precariedad humana cabe desarrollar una triple habilidad: comprender, simpatizar, razonar.

Los que van por libre. En su ensayo sobre Nadine Gordimer, (Las manos de los maestros, Random House), Coetzee hace un interesante ejercicio de vidas paralelas entre la escritora sudafricana, Iván Turgéniev y su propia e ineludible literatura. Cita a Jean Paul Sartre —“el escritor puede ser leal a un grupo político pero nunca deja de criticarlo”— y a Isaiah Berlin cuando evalúa el drama de los liberales rusos: “sufrían formas complejas de culpa, porque simpatizaban con la izquierda, con una fe más humana que la gélida, burocrática y cruel derecha, aunque sólo fuera porque siempre es mejor estar con los perseguidos que con los perseguidores”. Coetzee comprende la encrucijada de fuerzas que pueden destruir la libertad intelectual: “el artista tiene una vocación especial, un talento que le mataría si lo mantuviese oculto”. Escribir, dice Coetzee, es un oficio solitario, pero escribir contra la comunidad en la que uno ha nacido es aún más solitario.

Cómo discernir lo que nos concierne. Ya se ha dicho todo sobre la necesidad de consultar los programas electorales antes de decidir a quién se va a votar. El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contrato social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones (algo que la ley, por cierto, no penaliza). Como no parece que la precaución arraigue en los hábitos de una ciudadanía confiada a sus propias intuiciones, habrá que recomendar un ejercicio inteligente que sustituya a la credulidad. La revista Investigación y Ciencia (460) publicó los estudios de un grupo de neurocientíficos: la práctica de la meditación modifica procesos cognitivos y emocionales, incrementa el procesamiento de la atención, disminuye la influencia del miedo, mitiga la inflamación del estrés biológico y auspicia el conocimiento de la consciencia. La idea de que un ciudadano entrene su mente antes de elegir al depositario de su confianza parece un consejo razonable.

*La foto es de Tolo Ramón

12/06/2016 20:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: ELOGIO DE ANTONIO SOLER

HÉROES DE LA FRONTERA

 

Del escritor Antonio Soler. 


Guillermo Busutil* 'Cuaderno de mano'. La Opinión de Málaga.

Un escritor no se titula en la Universidad. Licenciarse en escribir es imposible. La escritura nunca deja de examinarse a sí misma. En cada libro y en su voz, en el viaje por la piel y el interior de lo que se quiere contar, en el proceso de otorgar carnalidad a los personajes en los que se busca y a cuyo retrato uno se va pareciendo. Lo mismo que ellos se van pareciendo a él. El único título del escritor es el de fugitivo de la realidad. Su única especialidad es la frontera. De la primera deserta y escapa, y en la segunda acomoda la identidad en su refugio. El verdadero escritor siempre tendrá la asignatura pendiente de la inseguridad. Esa que precisamente le ayuda a retarse con el lenguaje, con el tiempo sucesivo de su mirada sobre lo que despierta su imaginación en la realidad y sus desequilibrios. También con el tiempo de permanencia en las zonas oscuras de su memoria, donde residen las amenazas que cuelgan como estalactitas. Igual que en los jardines botánicos donde la vida tiene sus pájaros de lo cotidiano, los árboles del bosque a los que encontrarles sus vuelos y sus esquinas.

Es difícil enseñar la manera en la que el rigor de la realidad y las posibilidades de la ficción se ahorman entre sí. Lo mismo que las puede ahormar en su trabajo el escritor. En los estudios académicos, además de la excelencia de los clásicos en su lectura, como mucho se puede encontrar la suerte un profesor que enseñe a mirar, a interrogar, a cruzar por dentro del lenguaje con pasión y honestidad, ambición y humildad. A sacudirse lo accesorio y ajustar el toque de plasticidad.

Escribir no es una disciplina cum laude. Al contrario, es un trabajo cognitivo y sensible que obliga permanentemente a perseverar. Aún así, de vez en cuando, un escritor entra en la Universidad porque sus doctores reconocen la trayectoria y singularidad de una mirada, los territorios de una voz y un lenguaje como mundo y como bisturí de la sociedad. Acaba de suceder merecidamente con Antonio Soler, gaudeamus igitur por « la trasmutación de un espacio extraído de Málaga y convertido en un universo literario con identidad propia, que en su globalidad conforma una sola y poliédrica obra», como lo apadrinó el profesor Hipólito Esteban. E igualmente asintieron en el acto los doctores en su lectura, amigos y compañeros de la tribu. Admiradores también de su capacidad para administrar la temperatura de la escritura y de la historia su reloj; su habilidad para la asistencia decisiva del lenguaje.

Hace muchos años que conocí a Soler, aunque el nombre que ahora digo también respondía entonces al de Solé Vera. Fue en una estación de tren a la que habíamos llegado tarde o tal vez demasiado temprano. En la ciudad, había una feria. Le hacían un homenaje. Alguien debía llegar a recogerlo pero no esperaba nadie. Nadie en la hora que pasó de largo. En ese tiempo, no hablamos demasiado. Él es de los que prefiere observar, de cerca o de lejos. Cuando habla sabe medir las palabras, pie chico, pie largo. Saborea los silencios y las sombras que suceden en una frase. Pienso que así fumaba Solé Vera, las caladas al cigarro que daba a solas en la nieve o en la memoria, ese barrio al que uno siempre regresa solo a ajustar cuentas con sus sueños y sus derrotas. Palabras cortas, intensas, sin ningún escarceo, moviéndose a contraluz, como el humo del cigarrillo en primer plano americano. Igual que en la pantalla del cine Cayri al que iba Soler, sesión de tarde, estreno de El sueño del caimán, aquel invierno donde cada uno de la pandilla ponía color al pelo de la mujer que sería su modelo de pasión.

El humo sí, hipnotizado por una música de fondo desenvolviendo en blanco y negro el rostro de Serena Vergara, las voces de Miguelito Dávila, de Murphy, de la Pegaso, de Paco el Textil, de Róvira el fotógrafo, hablando entre ellos de las bailarinas muertas en el cabaret Bilmore. El local al que nunca regresó desde la muerte del mago Rafael. Su amigo y maestro. Otro que al igual que Solé Vera es una de sus criaturas de sombra y hueso en la delgada línea roja que separa la realidad de la ficción, prófugos que entran y salen de su memoria, marcando a navaja en las páginas de los libros las iniciales de los rebeldes. Soler nunca les pregunta por qué llegan a esas horas, de dónde vienen o si esconden sus jirones de niebla y sueños en la pensión Ríos España donde no importa qué noches esperan sus regresos para empezar de nuevo.

Lo supe enseguida. Sé leer entre las palabras de un hombre y los silencios por los que huye. Cada uno de esos seres fronterizos -sus amigos- son las esquirlas de frío y de culpa que lleva dentro, un naipe en la bocamanga de su partida contra el miedo, las dudas, la muerte a la que un día, en Lausana, soñó como una máquina de coser que cargaba sobre los hombros. Uno siempre carga con algo, generalmente con su pasado. Y también con el destino, al que a veces le falta el dedo de una mano. De la pérdida lo que importa es la manera de contarla. Se lo explicó Marsé, en un taller de relojería en el camino de los ingleses. Lo mismo que Faulkner le enseñó a sudar la furia del lenguaje; Conrad a sacudirse las nieblas del corazón y Onetti que todo es ficticio, hasta uno mismo. El viejo Baroja le dijo que ninguna aventura llega lejos sin unas buenas botas que corran sobre el barro, que se hundan en la hierba. De cada uno de ellos me contó despacio Soler o Solé Vera aquella noche en la que él parecía redondear las palabras con sus manos, dándole forma a una esfera que resultó ser su barrio, el mundo del que un día se marchó Gustavo Sintora en busca de Soledad Rubí.

Cada escritor corta la literatura a su medida. Es como ajustar el asiento del coche y el volante, antes de empezar lo que realmente importa: la manera de conducir y el viaje. La travesía y su espíritu, aquello que la nutre y la certifica por encima de qué son el éxito, la fama, el fracaso, el grado de justicia o de injusticia con que se valora a un escritor. Ese tipo que en su tarea con las palabras se interroga a sí mismo y a sus obsesiones, a los ruidos y quemaduras de la realidad, al mundo que lo empuja nunca se sabe a qué destino. En la trama de la vida y en la cicatriz de su memoria, en la cultura, en los libros y en la prensa, en la calle y en las batallas. Esas son las fronteras a las que siempre vuelve, aunque de tarde en tarde el santuario de la Universidad lo reconozca como un profesor en lo de ser a veces conciencia y siempre fugitivo.

Igual que Solé Vera, eterno niño Salgari al abordaje del horizonte por el que apareció, entre los destellos de unos faros, una voz femenina. Serio, sin prisa, agitó una mano hacia el automóvil de la literatura y me tendió la otra, antes de alejarse. De perfil el rostro, erguida la gabardina, un instante de soslayo en el que me pareció un espiritista melancólico.

Así es como recuerdo aquella noche del escritor y sus novelas sobre las que les he contado.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

12/06/2016 09:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

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NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

 

ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, que combatió en la Guerra Civil y visitó a La Pasionaria

 

 La terrible experiencia del Holocausto ha dado lugar a libros inolvidables y estremecedores de autores tan distintos como Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún o Jean Améry, entre los más conocidos. El cuidado sello ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, comunista y combatiente en la Guerra Civil española, Nico Rost, que ingresó en el campo de Dachau el 10 de junio de 1944, y permaneció allí hasta el 30 de abril del año siguiente. Se titula ‘Goethe en Dachau’, y ha sido traducido por Núria Molines Galarza.

Nico Rost (Groninga, 1896- Ámsterdam, 1967) sobrevivió y durante su estancia, a escondidas, logró redactar (y tomar notas) un diario que ofrece una mirada distinta y que concluyó en 1946. En la nota de la editorial, María Martínez Carro se pregunta: “¿Puede un intelectual sobrevivir a un campo de concentración? ¿Le es útil en algún sentido al individuo la cultura adquirida cuando se encuentra sometido a maltrato, hambre y muerte?”. El texto es una perfecta respuesta: “Nico Rost sobrevive no como mero cuerpo, sino como ser humano. La lengua de sus verdugos, su lengua, es justo lo que le permite mantener su humanidad y respuesta”, dice la traductora Núria Molines Galarza. Y añade que, pese a todos los esfuerzos para deshumanizar al prisionero, “es la literatura, la palabra, lo único que logra salvarle, lo único que le permite apartar sus pensamientos de la muerte, el hambre, la nostalgia, el frío y los cadáveres”.

El viaje que propone Nico Rost a Dachau contiene todos los ingredientes ya conocidos: la gente muere a diario, se hacinan las liendres y los piojos, se multiplican el miedo y la crueldad, la fiebre y el hambre, y el cautivo –activo en la defensa de sus ideas, solidario con sus compañeros de viaje y traductor de Alfred Döblin y Joseph Roth, entre otros- va contando cuanto sucede, pero no se regodea en la calamidad, sino que intenta elevarse y pensar, sentir, dialogar con los maestros y con sus compañeros, que también le ceden algunos libros, entre ellos ‘Egmont’ de Goethe, que va a ser un constante compañero de cautiverio. Tras leer su final, “¡Centellean las espadas! ¡Amigos, levantad vuestro ánimo!”, escribe Rost: “En el fondo es cierto: la literatura clásica puede ayudar y dar fuerzas”.

Goethe (también lee su novela ‘Wilhem Meister’) y la literatura alemana en general lo acompañarán. Nico Rost habla de Novalis, recuerda anécdotas poéticas y amorosas del poeta Friedrich Hölderlin, retrata, en diálogo con el sabio E. A. Reinhardt, uno de los grandes personajes del libro, a Bettina Brentano, poeta y todo un personaje que frecuentó a Goethe, a Carolina von Günderrode, poeta suicida, etc. El libro está lleno de reflexiones literarias, de comentarios de lectores y de conversaciones, mientras la muerte –filosa e implacable- se cuela por todas partes. Rost informa de quién perece, de las enfermedades, de los arrestos o de la visita de diez o doce mujeres que acuden al dentista. Rost escribirá: “Fue un acontecimiento de los más sensacional para todos nosotros: ¡mujeres holandesas en Dachau!”. Al día siguiente, el 19 de octubre de 1944, anotará: “Lo que sucedió ayer todavía sigue temblequeando en nosotros. De repente, hay un nuevo elemento en nuestras vidas”.

Nico Rost combatió en la Guerra Civil española. Los prisioneros le preguntaban. Un amigo quería saber cosas del clero español: “Le he estado hablando del padre Lobo, de la postura de algunos religiosos que no se pusieron del lado de Franco y a los que, por tanto, los republicanos dejaron en paz”. Y añade: “También le he relatado mi visita a La Pasionaria y cómo ella, cuando una multitud de monjas en Madrid pidió un edificio para una nueva capilla –pues la suya había sido destruida por las bombas-, hizo que el Partido investigara el caso y se preocupó de que este deseo se cumpliera rápidamente. Luego también le he mencionado que, por aquel entonces, había comunistas que llevaban a las monjas breviarios, rosarios, recipientes con agua bendita y cosas por el estilo (…) Además, le he recomendado encarecidamente que, cuando volvamos a estar libres, se lea los libros de Bergamín”.

Poco a poco la esperanza se hace certeza. El 29 de abril, por la mañana, escribe: “¡Las SS han izado una bandera blanca! A la entrada del Lager (campo de concentración). ¡La emoción entre nosotros es indescriptible!”. Y al día siguiente tomó la última nota: “La gran fuerza de tropas americanas se espere que llegue hoy, como tarde, mañana”. El libro añade un epílogo de la historiadora Rosa Toran, donde habla de los 755 españoles que sufrieron “esclavitud y muerte” con Nico Rost, y entre ellos cita al calandino Pascual Castejón Aznar, que “emprendió camino hasta Dachau desde Mauthausen en uno de los llamados transportes fantasmas”, o al oscense Joaquín Ibarz Ballester, “nacido en la oscense Albelda, La Litera, que constituye un caso peculiar, porque su nombre no aparece en ninguna de las listas publicadas con las identidades de los españoles que sufrieron deportación a los campos nazis durante el período de 1940 a 1945”. La escritora Anna Seghers dijo que “este es el libro, el libro que necesito, el libro que he estado esperando”, el libro donde la palabra, página a página, línea a línea, “le gana terreno a la muerte”.

 

 

LA FICHA

‘Goethe en Dachau’. Nico Rost. Traducción de Núria Molines Galarza. ContraEscritura. Barcelona, 2016. 336 páginas. [El libro se presenta esta tarde, en los Portadores de Sueños, a las 20.00 horas.]

 

11/06/2016 01:31 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

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CINCO MICRORRELATOS DE MARÍA PILAR PUYUELO ALFARO

-De ‘Un mundo de naderías’.

 

 

 

Los ojos de mi primo

 

     Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salté el muro del castillo. Debía averiguar que envolvía a aquella hechizante belleza. Los siete perros que ella amaba se lanzaron contra mí, pero en los ojos de uno de ellos reconocí a mi primo, que llevaba desaparecido muchos años. Me miró con lástima, mientras los demás perros seguían ladrando con rabia; mostrando sus afilados colmillos.

     Ella apareció semidesnuda y gritó suavemente a los perros, estos se paralizaron enroscándose como serpientes. Me cogió de la mano y subimos hacia su alcoba, donde me deshice en una lujuria de placer inmenso. Al amanecer salté por el balcón y me uní a ellos, escondiendo el rabo entre mis patas.

 

 

Accidente en el jardín

 

     Mamá me dice que tenga cuidado cuando me encuentre vasos llenos de líquido. Y entonces me contó:

«No se dio ni cuenta, hija mía, solo su olor dulzón la embriagó hasta caer, y una vez dentro nadó revoloteando fuertemente, plegada ante ese líquido amarillo. Las risas de aquel joven, ante el rítmico aleteo negro en la cerveza de su amigo hizo que este la derramara al suelo, justo encima de un hormiguero».

 

 

Venganza

 

     Entré en mi cuarto para vestirme, ese día era especial. Había quedado con Luis. Quería sorprenderle con mi nueva minifalda y aquella camis ta blanca que dejaba muy poco para la imaginación.

Abrí mi armario. Toqué mis blusas de seda, recuerdo de mi viaje a Tailandia, y todas llevaban m´s agujeros que la capa de ozono.

Eché un vistazo a mis pañuelos y bragas. ¡Se los hab´an comid !

Aunque peor fue lo de la minifalda… Me qued´ aterrada, pues era un auténtico colador, carcomida por aquellos miserables insectos.

    No eran polillas, debían de ser el resultado de la mutación de algún gen, que las convirti´ en aquellas miserables ratas con alas. Por supuesto anulé la cita.

    He colocado en todos los caj nes y armarios de mi casa montones de bol tas de naftalina . Pero creo que han volado a mi relato y se lo están comiendo a él tambi´n.

¡Ay..., pero por aquí sí que no paso!

    En cuanto compre la tinta de imprenta, repetiré el microrrelato, (me han dicho que es aut´ntico veneno). 

¡Sí, señor..., para que se den un buen banquete de consonantes y vocales!

«Las pienso fumigar hasta la ext nci´n».

 

                                  

La sopa boba

       —Disculpe, señor, se le ha caído su ojo en mi sopa.

El hombre se palpa la cuenca de su impulsivo ojo.

—¡Por Dios!, ¿Qué dice? —grita con gesto de horror.

—No se preocupe, póngase mis gafas de sol y cambie su plato de sopa por el mío —le sugiere—; nadie se dará cuenta. Mientras tanto, el huevo de codorniz se hace sitio entre los fideos, eso sí, los vigila muy de cerca.

 

 

 En el bosque

 

      Hunde el fuego de su arma eléctrica en el centro de mi cuerpo indefenso. Jamás provoqué su ira, ni cada tajo, cada cuchillada salvaje en mi carne. Los míos me dijeron que no opusiera resistencia. Él, mientras tanto, penetra en mi blanca savia. Qué puedo hacer yo, ante tal agresión que contradice la ley de la naturaleza, sino es sentir aquí, bajo el cielo atormentado, el momento en que me desplome, sin más. Las ramas de mi cenizo cuerpo lloran golpeando contra el suelo.

  

 

Cinco microrrelatos seleccionados del libro: UN MUNDO DE NADERIAS de Mª Pilar Puyuelo Alfaro.

*La foto es de Ferdinando Scianna. Ella es Asia Argento.

 

 

07/06/2016 09:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

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EDUARDO RIESTRA HOY EN CÁLAMO: 40 VIAJEROS POR ÁFRICA
Esta tarde, a las 19.30, en la librería Cálamo, Eduardo Riestra presentará su edición de ‘Exploradores y viajeros por África’ (Ediciones del Viento, 2016. La Coruña, 683 páginas), una selección de 40 personajes, desde el madrileño Francisco Páez, un personaje del siglo de Oro, hasta el fotorreportero y escritor Alfonso Armada, autor de ‘Cuadernos africanos’. En medio hay personajes fascinantes que viajaron al continente, vivieron aventuras de todo tipo, se citaron con los indígenas y las tribus (algunos caníbales, como los fang), contemplaron los paisajes, soñaron y contaron lo que vieron y lo que les perturbó.
Hay famosos viajeros, claro, como Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’ o del ‘Kama Sutra’ y buscador de las fuentes del Nilo, rival de Speke; están Roger Casement, que inspiró ‘El sueño del celta’ a Vargas Llosa, el político y escritor Winston Churchill, autores como André Gide (que viaja con su amante, un joven fotógrafo), Evelyn Waugh, Karen Blixen (Kenia es uno de los países que más llama al viajero), están Livingstone y Stanley, dos españoles tan poco conocidos como José Mas y Ramón Tatay, interesados por Guinea, o Javier Reverte, el autor de ‘Vagabundo en África’ y ‘El sueño de África’. Eduardo Riestra también ha incorporado a Enrique Meneses, periodista y fotógrafo. Y, cómo no, también aparece Kapuscinski: el autor selecciona un fragmento de ‘Ébano’. Y están Arthur Conan Doyle o el poeta Arthur Rimbaud, que murió a los 37 años. Y está el coronel norteamericano Geo W. Williams que estuvo en el Congo belga y mandó una carta al rey Leopoldo.
Entre las mujeres, además de Karen Blixen, figuran Mary Kingsley, Sheila MacDonald, Elspeth Huxley, que se casó con un primo de Aldous Huxley, y Osa Johnson, norteamericana de Chanute, Kansas, que firmó ‘La aventura de mi vida’, donde se puede leer: “A menudo regresaba a casa con los brazos cargados de espárragos y espinacas. Había un arándano negro muy bueno y dulce; café nativo; setas en abundancia; una fruta que parecía un cruce de albaricoque y manzana; una ciruela amarga silvestre que servía para preparar exquisita mermelada; y una espléndida miel marrón. ¡África!”

Eduardo Riestra dice: “Es cierto que África simboliza como ningún otro continente los sueños de la infancia, la evocación de la aventura, el temor y la atracción del peligro. Los viajeros que aquí se reúnen abarcan cuatro largos siglos que, en realidad, son casi toda la historia de la exploración, pues ellos han ido llenando los espacios vacíos de los mapas que mucho antes ya habían sido perfectamente trazados en el resto del mundo”.

*En la foto Osa Johnson. Cortesía de Ediciones del Viento. 

07/06/2016 08:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

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EXPLORADORES Y VIAJEROS POR ÁFRICA. EN CÁLAMO
[Hoy, 7 de junio y martes, a las 19.30 horas, en la librería Cálamo se presenta el libro ’Exploradores y viajeros por África’, con edición de Eduardo Riestra, en su sello Ediciones del Viento. El libro tiene casi 700 páginas. Eduardo Riestra estará acompañado por el escritor y periodista Antón Castro.]

FRAGMENTO DE ENRIQUE MENESES

V
Mientras estábamos en Juba se hablaba de un cargamento humano que fue hundido ante la orden de un navío inglés de detenerse y dejarse abordar. Días más tarde, en las playas sudanesas, aparecieron los cadáveres encadenados de cientos de esclavos. Los mercaderes, por supuesto, habían tenido tiempo de desaparecer.
Pero Jaime y yo también nos sentimos atrapados. Estábamos con cinco libras esterlinas en el bolsillo, a igual distancia de El Cairo que de El Cabo, un poco más cerca del océano Indico que del Golfo de Guinea. La primera solución que se nos ocurrió fue pedir ayuda económica a Jose María Cavero, duque de Bailén y padre de Jaimito. “He abusado tanto de él que dudo que nos eche una mano”. Quedaba otra: el rey Federico Mutesa II. Este había sido exiliado a Europa por el Gobernador británico Sir Andrew Cohen en 1953, cuando el kabaka se negó a unir Uganda con Kenia y Tanzania para formar la East Africa Federation. El rey baganda, al que todo el mundo llamaba King Freddie, tenía razones poderosas para no aceptar la propuesta. Los ingleses estaban en Uganda a petición de su abuelo, Mutesa I. El régimen colonial sólo era aplicable para Kenia y Tanzania pero no para Uganda que siempre fue un protectorado. Esto significaba que unos territorios dependiesen del Colonial Office de Londres y Uganda del Foreign Office. “Sólo me uno con mis pares”, había respondido Mutesa II al diktat del Gobernador. Y salió de la reunión para Europa en un avión de la RAF.
Durante su exilio, Freddie quiso visitar España y voló desde Londres a Madrid. Allí, el padre de Jaimito, entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores, montó un show en Barajas al enterarse de que llegaba un rey. Guardia de Honor, banda de música, búsqueda apresurada de bandera e himno, etc… La Embajada británica protestó en el acto y el ministro de Asuntos Exteriores desautorizó a su jefe de protocolo que tuvo que alojar a King Freddie en su cigarral de Toledo, la Quinta Maribel. El monarca baganda nunca olvidó aquella acogida, máxime cuando había llegado a España en clase turista y sin esperar ningún trato especial.
Jaime y yo optamos por llamar a Kampala, gastándonos el último dinero en la comunicación. La cuenta del hotel la resolveríamos, cuando fuese, saliendo sin pagar por la ventana del Hotel Juba. Afortunadamente se trataba una planta baja. Mutesa II fue receptivo a nuestra petición de ayuda pero, transferirnos dinero sólo se podía hacer a través de Londres y aquello podía tardar un mes hasta llegar a Juba. La solución que nos propuso fue alcanzar por cualquier medio Kampala donde seríamos sus invitados. Era lo más sensato y lo más rápido.
Aquella misma noche descubrimos un italiano que iba a recoger una mercancía al puerto de Nimulé, a 280 kilómetros de Juba, en la misma frontera sudano-ugandesa. Aceptó llevarnos en su pick-up. La hora de salida nos era muy favorable ya que, a las cuatro de la madrugada, todo el mundo dormía en el Hotel Juba. Nos encontraríamos en la esquina de la calle con nuestras mochilas listas.
El viaje duraba, pese a la corta distancia, unas seis horas por una pista de mala muerte. No tuvimos incidentes en el camino excepto cuando deseé detenerme para fotografiar un pastor que, siguiendo la tradición, se apoyaba en una sola pierna y un bastón mientras la otra reposaba el pie a la altura de la rodilla de la primera. Aquello era tan típico que no quise marcharme sin fotografiarlo. Salí del vehículo y corrí, perpendicularmente a la pista, durante un centenar de metros. El italiano estaba cabreado, tenía prisa. Llegué junto al pastor que no se había inmutado viendo un blanco corriendo como un loco, cámara en mano, hacia él. Me dispuse a hacer la foto. Entonces reparé en que el hombre no seguía la costumbre de los pastores de la región. Sencillamente le faltaba una pierna, probablemente perdida por culpa de alguna fiera. Balbuceé una excusa incomprensible para el hombre y regresé corriendo sin haber hecho la foto.
En Nimulé, nos despedimos de nuestro italiano. Eran las primeras horas del día. En el muelle, flanqueado por dos barcazas, se encontraba el SS Luger II, el vapor que hacía el recorrido hasta Butiaba y vuelta. Nos acercamos a una cabina de madera donde se despachaban los billetes. Jaimito pidió dos billetes de tercera. Nuestras 5 libras sólo daban para eso y nos sobraba 1. El negrito borró su sonrisa inicial del rostro y corrió a llamar al capitán, un inglés escapado de una novela de Sommerset Maugham. Parecía el modelo de las cajas de cigarrillos Navy Cut. Cuidada barba rubia, ojos azules, uniforme blanco almidonado con pantalón corto y medias largas. Por supuesto, pipa y aromático tabaco inglés. Escuchó nuestras explicaciones y dio orden de que se nos cobrasen dos billetes de tercera y se nos instalase en primera. Antes de irse, se volvió hacia nosotros: “You are a disgrace to the white race” (Son ustedes la desgracia de la raza blanca).

*El dibujo de Eduardo Riestra es de Pablo Gallo.

07/06/2016 00:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CUENTOS DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

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José Luis Rodríguez García (León, 1949) ha regresado a la literatura con dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ y los microcuentos de ‘Incidencias’ (Los libros del señor James). El libro de poemas lo presentará en Cálamo el día 16 de junio y el 30, en Antígona, los cuentos. ‘Incidencias’ es un libro muy imaginativo, con muchos registros y recursos, al que incorpora algunos de sus dibujos y pinturas.

Copio algunos textos.

 

NO COMPRENDE NADA

La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

 

JUEGOS

La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

 

FANTASMA

Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

 

CRIMEN IMPERFECTO

Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

 

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA

La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

 

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.

 

06/06/2016 08:25 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FLAVIA COMPANY: DIÁLOGO SOBRE 'HARU'

El pasado martes, en Los Portadores de Sueños, en diálogo con Eva Cosculluela, Flavia Company (Buenos Aires,1963, aunque afincada en España desde hace muchos años) presentó su última novela, ‘Haru’, la más ambiciosa de todas las suyas y quizá la cristalización de 35 años dedicados a la literatura. El libro ha aparecido en el sello Catedral y tiene edición en catalán y en castellano; la original es en castellano y la traducción al catalán, que tiene algo de reescritura, también la ha hecho Flavia, cuyo padre vive ahora en Zaragoza con su esposa Carmen, una burgalesa afincada a orillas del Ebro.

 

-¿Desde cuándo tenías en la cabeza a Haru? ¿Y cómo era?

HARU llega tras muchos años dedicados a la literatura, a una literatura que ha intentado siempre quedarse con la esencia, con lo mínimo, con lo necesario pero a la vez suficiente para decir. Digo esto porque, tras la publicación de HARU me he visto obligada a pensar de dónde surgió y por qué. Mi conclusión es que HARU es esa esencia a la que me refiero. Y si me permites la broma, te diré que no puede ir una cuestionándole a la esencia su forma. Llegó y la acepté. La asumí tal como llegó.

 

-¿Qué has querido hacer con esta novela, exactamente: contar una vida entera, hallar una voz, viajar en el tiempo y en un espacio concreto?

No he "querido hacer" nada. Y menos "exactamente". He escrito una novela que abarca una vida, sí, con una voz hallada a través de toda una trayectoria, también, y deudora de una tradición literaria en donde se encuentran no pocos ejemplos de obras clásicas que sitúan sus historias en lugares imaginarios inquietantemente reconocibles o en tiempos lejanos sospechosamente próximos. También supone la creación de un personaje, HARU, con el que lectores y lectoras se sienten identificados, sí, y acompañados. Si Flaubert pudo decir “Madame Bovary c'est moi”, a mí me gusta decir que Haru somos todos. He escrito la historia de todos. Ese ha sido mi trabajo. Me encargado de escribir-nos.

 

-¿Desde cuándo te sientes tan atraída por Oriente y de qué modo se concreta esta pasión?

Nada humano nos es ajen. Si hay algo que me resulta interesante en este mundo es la curiosidad. Que no juzga, no aplica prejuicios, no funciona con saberes preconcebidos. La pregunta, para mí, sería, ¿por qué puede a alguien no atraerle Oriente? Oriente, Occidente, o Marte, o Júpiter, o el fondo del mar, o la cúspide del planeta. Si pudiera, escribiría sobre todo. Procuro escribir sobre todo, en realidad. Intento escoger lo que al hablar de lo particular permite hablar de lo general. Aquello sobre lo que se escribe se elige por muchísimas razones que sería complicado sintetizar en unas cuantas palabras, pues responde a lo que cuadra con el proyecto literario que se lleva a cabo. Todos somos orientales. Todos somos todo. A nadie le sorprendió que en mi novela ‘La isla de la última verdad’ escribiera sobre un médico de Nueva York, Mathew Prendel que navega hacia las costas africanas en un velero. ¿Acaso es posible pensar que me queda más cerca Prendel que una mujer oriental que se aplica a una disciplina como el arte del tiro con arco?

  

-La novela quiere ser una vida completa, pero también es una novela de formación.

Imposible escribir una novela que abarque una vida entera y no hablar de aprendizaje, de formación. En este sentido, HARU es una novela de amor por los maestros, los referentes, la transmisión de conocimiento, el esfuerzo (en mi opinión sinónimo de cultura), la elección y el compromiso. El crecimiento personal es una opción. En esta novela se habla de que nuestra vida es consecuencia de nuestros actos. De que podemos elegir nuestros actos, es decir, de que podemos elegir nuestra vida.

  

-¿Qué tiene de particular el tiro con arco? ¿Por qué has elegido esta disciplina? De entrada parece un poco inmóvil y a la vez te hace pensar en Zenón de Elea.

El tiro con arco se parece asombrosamente a la vida y a la literatura. ¿Por qué? Porque solo cuando se aprende que no hay finalidad se comprende su verdadera esencia. Como en la vida, como en la literatura, insisto. Me parece una clara metáfora, muy ilustrativa. La diana no es lo que importa. Lo que importa es que el tiro se haga desde el corazón. El tiro hecho desde lo genuino, desde lo verdadero, desde lo necesario y suficiente es el que consigue crear una diana a su alrededor. Como en la vida. Como en la literatura. Hace falta tiempo para comprenderlo, como en el tiro con arco.

 

 

-La novela rezuma plasticidad y belleza y una gran capacidad de sugerencia. Por ejemplo, ¿cuál es tu relación con la caligrafía?

Soy amante de la caligrafía. Curiosa respecto a ella. No la he estudiado, pero me gusta tomar un pincel, fabricar la tinta, trazar sobre el papel rugoso los trazos. La plasticidad de la que hablas creo que tiene que ver en gran parte con el intenso e importante contacto que hay en toda HARU con la naturaleza. Esa característica, además, es la que permite dar a la historia la sensación de intemporalidad o de dilatación del tiempo.

  

-¿Cómo definirías esos cinco años de aprendizaje?

¿Los del dojo, los del tiro con arco? Solo como los que permiten al arquero saber si lo es, si lo siente, si puede ser coherente con su vida, si está dispuesto a comprometerse. Los años imprescindibles para saber si quiere conocerse. Los años que descubren si quien estudia quiere estudiar y ser o prefiere el camino de tener y acumular. Lo esencial frente a lo cuantificable.

 

-Tras el paraíso, o la concentración, Haru sale al mundo real. No quiero que nos cuentes el argumento, pero sí, dinos, en un sentido simbólico, qué sucede…

HARU se da cuenta de que para Ser hay que dejar de pensar en Tener. Y hasta aquí puedo contar.

 

¿En qué medida has querido desplegar una filosofía, una pasión distinta por la palabra?

Tienes razón al pensar que en HARU subyace una filosofía. Así es. Una filosofía, una ideología, una propuesta de vida, de mundo, de mirada. HARU propone sumar en vez de restar. Unir en lugar de segregar. Conocer en vez de rechazar. Ser en vez de tener. Interesarse por la diferencia en lugar de condenarla. Creo en la palabra. Creo que es posible cambiar las cosas y que para ello hay que SER CONSCIENTES, DARSE CUENTA de que hemos de abandonar el concepto de propiedad, no solo material sino también emocional. Es necesario abandonar las identificaciones para abrazar las identidades. Ser quien se es. Y comprender que se es lo mismo que y con todo. Ser en vez de pertenecer. Son extremos muy distintos. 

 

 

-La novela aborda temas capitales, pero especialmente una idea compleja del amor. ¿Cómo defines ese amor que busca y halla o pierde Haru?

El amor lo es todo. El amor no es una experiencia, es un estado. El estado de la no violencia y la no pertenencia. El estado que permite comprender que todo lo vivo forma parte de ti y que tú formas parte de todo lo vivo. De nuevo, mi estimado Antón, tus preguntas son profundas y requerirían de un espacio mucho mayor para abarcarlas con una respuesta.

-Has citado a Iris Murdoch. Yo también he pensado en Siddharta de Hermann Hesse. ¿Andan por ahí?

Todos los literatos que permanecen andan por ahí. La esencia que nos unifica es lo que permite a una obra ser universal e intemporal. Todo proyecto literario procura dar con la piedra filosofal de la literatura: nombrar lo que es, lo que somos, el misterio. Aunque sea con el silencio que se deja entre líneas.

 

-¿Qué es el estilo y cómo es aquí el tuyo?

El estilo es una mirada sobre el mundo y no se aplica solo a la obra sino también a la vida. Como en el tiro con arco. Cuando se alcanza el estilo verdadero, deja de notarse. Como dicen los maestros de HARU: los discípulos se distinguen por el modo en que tiran. Los maestros no se distinguen. 

 

-¿Por qué insistes tanto que esta novela es la culminación de un sueño, que concentra, en cierto modo, 35 años de escritura?

Bueno, no es que haya yo insistido en ello. Lo que digo es que mis libros siempre se han parecido mucho, muchísimo a lo que yo quería escribir y que HARU no se parece, sino que ES. Y que esto me ha ocurrido después de treinta y cinco años dedicada a la literatura en cuerpo y alma. 

 

*Esta foto pertenece a Heraldo y Heraldo.es

 

05/06/2016 01:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

4 POEMAS DE DANIEL RABANAQUE

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Hace unos días, durante el recital de Parnaso 2.0, el poeta (y diseñador y publicista Daniel Rabanaque, que continúa la tradición de su padre Julián) me regaló una de sus últimas plaquettes poéticas: ‘Sal para nuestra sed’ (2016). Copio algunos poemas breves.

 

4 POEMAS DE DANIEL RABANAQUE

 

1

el secreto de tu cuerpo

frente a todos los demás cuerpos

una de esas apoteosis

que cada tanto regalaba el sol

 

2

 

tanto amor nos escapaba entre los dedos

a nosotros que esquivábamos porqués

 

entre gatos y desechos

de ese mar que te bebías por la piel

Leías mis manos que no podía entender

Y llorabas al saber que estabas sola

 

3

ya nada te pertenecía

ni siquiera tu huella en la arena

 

4

el amor era sal para nuestra sed

y es ahora estas algas en tu rostro

 

*La foto es de Ferdinando Scianna. 

26/05/2016 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGELES MORA: CUATRO POEMAS

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[Ángeles Mora, la poeta de Rute, Córdoba, 1952, pero afincada en Granada, ha sido galardonada días atrás con el Premio de la Crítica por su libro ‘Ficciones para una autobiografía’, que ha publicado el sello Bartleby, de Pepo Paz Saz, con portada de Xoan Abeleira. Copio aquí cuatro poemas breves que prolongar el sentido del título y la experiencia que late en todo el poemario, la experiencia y la hondura expresiva, y quizá cierto pesimismo o temor a la fatalidad o a la derrota.]

 

INSOMNIO

 

Quise seguir durmiendo,

prolongar la línea

de mi sueño

roto.

Pero una sombra

enemiga

me arrastraba al abismo

de mis propias

voces.

 

DINERO DE BOLSILLO

 

Se aconseja no cotizar en bolsa.

Una mujer no aprende

el ínfimo valor de su moneda

hasta que no circula

en el devaluado

mercado de las letras

de cambio.

 

EL AYER

 

El ayer que me hizo

no sé dónde está.

El que me deshizo, sí:

está aquí, conmigo,

presente todos los días.

 

MEDIODÍA

 

Dejándose mecer sobre las olas,

en el papel del aire

escribía una carta al cielo,

o tal vez a la muerte,

esa nube viajera que guarda

el último mañana,

el instante final.

 

*Este desnudo es de Willy Ronis.

 

 

22/05/2016 21:03 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE ANTONIO LUCAS

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[Antonio Lucas acaba de publicar su poesía en un volumen en Visor: ‘Fuera de sitio’. El periodista del diario ‘El mundo’, editor de Francisco Umbral para Círculo de tiza, me envía dos poemas: ‘Hombre a oscuras’, que pertenece al capítulo final de inéditos, y ‘Fuera de sitio’, que pertenece a su libro ‘Los desengaños’ y que da título al conjunto de cinco libros y 360 páginas.]

  

                      HOMBRE A OSCURAS

 

 

                                                        [A Vera y Jesús Ruiz Mantilla]

 

                            De la noche recuerda lo que no ha sido el sueño.

                            Tu cuerpo y su cuerpo, el cataclismo de abrazos.

                            Las voces de afuera.

                            La vida creciendo con su infernal abalorio

                            y su ruido en nosotros.

 

                            Va para un año que estamos aquí

                            sin avistar aún naufragios,

                            y somos despacio la fundación de otra selva,

                            el caldero que acoge lo que dos se descubren,

                            las palabras rehenes,

                            el contigo que avanza de mi noche a tu lumbre.

 

                            Te he visto a mi lado, rumbo ciego a deshoras,

                            enmudecer como un pecho.

                            En redonda unidad

                            dibujar una infancia

                            para amarme otra vez

                            o hasta odiarme despacio.

 

                            Este íntimo hambre de saber que aún no duermes,

                            pero estás a mi lado.

                            Esta arteria de sombra.

                            El sanar en lo oscuro la herida del día

                            con secreta herramienta de voces,

                            con cruda progenie de manos.

 

                            Qué falta de ti en lo callado del cuarto.

                            Cómo insiste el idioma en lo que nunca se ha escrito.

 

                            Hay certezas que calman sin ocupar el espacio,

                            y calientan los vientres,

                            y retardan la nieve en la provincia del daño.

                            Hay una esbelta piedad en la nunca aprendido,

                            mundos de sol donde ya no amanece.

 

                            No muy lejos de ti un hombre respira con casera intemperie.                     

                            Su insomnio es amor,

                            lento oficio y remedio.

                            Aceptar la pendiente de una luz que se apaga

                            es su sólo ademán de estar quizá solo.

                            Y pregunta a su sangre.

                            Y responde a sus ecos.

                            Y es un árbol vibrando.

                            Y al callar se rebela.

                            Y se sabe memoria

                            de otras noches en vilo

                            extrañando en lo hondo (con ojos abiertos)

                            un contorno templado,

                            un nocturno calor o lingote de cuerpo.

 

                            Y es el más alto don ese estado de alerta,

                            ese tiempo tan quieto.                                                

                            Pues quien no conoció la tristeza

                            ignora que amar no hace ruido.

 

                            (Inédito)

 

 

 

 

                                        FUERA DE SITIO

 

 

                            Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:

                            unas pocas palabras, unos seres exactos,

                            unas horas muy lisas, una playa (quizá)

                            donde el daño no acecha.

 

                            Imagina la vida como no lo es ahora,

                            no quiero decir como algo perfecto,

                            sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,

                            un tributo al azar sin otro destino

                            que el confín fugitivo de un eco sin rostro.                       

                            Y después cualquier cosa. 

 

                            Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.

                            Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,

                            celebrar lentamente que aniquile mi huella,

                            mi escritura de hombre, mi certeza de surco,

                            ser la alta misión de lo que nunca concluye

                            como no cierra el mar su recado en la orilla.

 

                            Pero no es estar quieto la razón ni la meta,

                            sino un querer más pequeño, una conquista más clara:

                            ver la vida llegar de su noche a tu noche

                            en un cuerpo ajeno,

                            pronunciar su silencio,

                            abrazar su alambrada,

                            desear su vacío,

                            delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,

                            hasta el tiempo sin tiempo

                            del país que no haremos.

 

                             (De Los desengaños)

 

*La foto es de Begoña Rivas.

RETRATO DE LUIS GARCÍA-ABRINES

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[Hoy, en herado.es, se publica este artículo mío sobre Luis García-Abrines Calvo (Zaragoza, 1923-Conneticutt, 2016), a quien conocí en Teruel con sus hijas Linda y Alicia.]

http://www.heraldo.es/noticias/heraldo-premium/cultura-ocio/2016/05/20/muere-los-anos-luis-garcia-abrines-creador-fecundo-inabarcable-heterodoxo-870959-2091033.html#!kalooga-14969/~arte%20~vanguardias%5E0.75%20~surrealismo%5E0.56%20~Zaragoza%5E0.42%20~literatura%5E0.32

 

Adiós al ciudadano del mundo y surrealista

aragonés Luis García-Abrines

 

Antón CASTRO

Ha muerto en Estados Unidos Luis García-Abrines Calvo (Zaragoza, 1923- Conneticutt, 2016) a los 92 años de edad. Era un espíritu inquieto y transgresor, uno de los últimos surrealistas aragoneses clásicos, vinculado a los hermanos Luis y Alfonso Buñuel, este fue su maestro en el arte del collage. Era escritor, ante todo poeta, musicólogo (editó a Gaspar Sanz y a Juan del Valle y Caviedes) e intérprete de piano, profesor de literatura y amaba el teatro. Vinculado a la Peña Niké, practicó el ‘happening’ y se convertía en un actor improvisado y contador de historias que sorprendía a los compañeros de aquella tertulia.

Estudió en los Jesuitas, en el Miguel Servet y el Instituto Goya y en 1948, tras probar suerte con el piano, se licenció en Filología Románica en Madrid. Por esos años empezó a frecuentar a Alfonso Buñuel, arquitecto y artista del collage, y al grupo de Pilar Bayona (que fue su amor platónico algunos años), entre ellos el narrador de ‘Meterra’ Manuel Derqui, con quien fundaría la sociedad musical Sansueña, vinculada a la Sociedad Filarmónica de Zaragoza. Acerca del vínculo de Pilar Bayona y Luis García-Abrines, cuentan Antonio Bayona y Julián Ruiz: “De cosas de Luis García-Abrines estaba llena la casa de Pilar  Bayona. Desaparecieron el hueso de oliva tallado, la sombrerera con el interior dividido en cuadrantes, y en cada uno de ellos una escena de La boîte à joujoux’ (Debussyana), con sus muñecos, pero queda una pequeña maqueta del rincón de los pianos de la casa del Paseo de la Independencia, con una espléndida caricatura de Pilar, que hace de retrato en la pared, sus sorprendentes y provocadoras cartas, un cuadro, y más cosas”. A la vez también tendía sus lazos hacia los hermanos Miguel y José Antonio Labordeta y a los poetas del Niké, y a esa época pertenecen algunas de sus mejores y más inverosímiles anécdotas. El joven Labordeta le publicaría en el sello Orejudín su libro ‘Así sueña el poeta en sus palabras’ (1960), que sería reeditado en el año 2000 por el Gobierno de Aragón.

Acerca de Luis García-Abrines se comentaban muchas historias. Podía aparecer, se decía, en el mítico café de la calle Requeté Aragonés (hoy Cinco de marzo) con un niño extraviado y lloriqueando que había encontrado en la calle. Ildefonso-Manuel Gil, con el que coincidió en Estados Unidos, contaba que un día, en su casa, recibió a una joven –“debidamente alertada por sus dos hijas gemelas”- en un sarcófago como si fuese la reencarnación de un Drácula aragonés. “Ahora duerme con esa caja de muerto debajo de la cama”, agregaba Gil entre risas, como quien revela una travesura libresca de un buen amigo.

Luis García-Abrines, que se nacionalizó norteamericano en 1959 y llegó a ser juez de paz de New Haven, era un hombre ingenioso y libre, que cultivaba la ironía, una amable idea del sacrilegio, la escatología, el humor, la poesía y la paradoja. Madrugaba mucho para oír el canto del ruiseñor y redactas versos como este: "Una buena palabra es un poema". No podemos olvidarnos de un viaje que hizo a París entre 1951 y 1952, que le permitió saludar a algunos de los aragoneses que vivían en la ciudad como el escultor Honorio García Condoy y el pintor Fermín Aguayo, y a otros surrealistas y grandes figuras de la creación como Picasso, Pierre Boulez y Óscar Domínguez. En aquella estancia conocería a su primera mujer Margaret Jounakos, con quien se casó en 1954 y con quien tendría un hijo, David. Años después, en 1967, se casó con Marie Elle Branchini, la madre de las gemelas Linda y Alicia.

   
Profundamente culto y amante de las lenguas, escribió en inglés, francés, italiano. Quizá sea ‘Ciudadano del mundo’ (1980) el libro que mejor le define. Hay poemas, teatro, poesía visual, fogonazos eróticos, bromas y la somardería aragonesa (José Luis Cano publica ahora una monografía en la Institución Fernando el Católico sobre el humor aragonés); dedica composiciones a sus amigos: Pérez Páramo, Camilo José Cela, Jorge Guillén, Joan Miró, Luis Buñuel, al actor Vincent Price (que encarnó a Drácula y muchas obras de Edgar Allan Poe en el cine) o al gramático Fernando Lázaro Carreter. Hallamos esta perla en una composición para Alfonso Buñuel: "La poesía es una ciencia exacta // puesto que la integral de Marilyn es ella misma // y no hay poema más perfecto que una mujer cojonuda // como, por ejemplo, Gina Lollobrigida".

      A finales de los años 50 se marchó a Estados Unidos, a Yale, donde fue profesor de Literatura Española hasta su jubilación. Otro de sus libros capitales es ‘Crisicollages para Luis Buñuel(1980), que le editó con todo lujo su gran amigo el librero y editor José Alcrudo. Luis García-Abrines despliega un homenaje al realizador calandino, al surrealismo más o menos delirante y al propio collage como técnica fragmentaria que casi todo lo permite, hasta la irreverencia, la provocación, el disparate o el puro juego. García-Abrines pintó algunos cuadros, hacía muchos dibujos en sus personales cartas, como puede verse en su correspondencia con Pilar Bayona, pero el grueso de su producción es el collage, como se verá, de nuevo, en 1988 en su libro ‘Variaciones sobre la donna e mobile. Solo --de gaita-- para hombre’, que le publicó Ildefonso-Manuel Gil en un volumen de gran formato. García-Abrines elaboraba con humor y provocación una mirada sobre la misoginia a lo largo de la historia.

En la Zaragoza de la transición, en 1982, en los tiempos de Ramón Sáinz de Varanda, fue nombrado Hijo Predilecto de Zaragoza en 1982 y en el año 2000 la Diputación Provincial de Zaragoza le otorgó (no pudo venir a recogerla) la distinción Isabel de Portugal, precisamente en el año en que se celebraba el centenario de Luis Buñuel (1900-1981). Con él había recordado a Pilar Bayona (1797-1979) con inmensa ternura, como se puede leer en el disco póstumo que Plácido Serrano recuperó de la intérprete en 1980 y en los documentos del Archivo Pilar Bayona, que Antonio Bayona y Julián Gómez han cedido al Gobierno de Aragón. “Me llamó usted por teléfono. Le oía mal pero imaginé que el objeto de su llamada obedecía a comunicarme la muerte de nuestra queridísima amiga Pilar Bayona. Como buen zaragozano estuve enamorado de ella cuando tenía catorce años, y ello duró hasta los dieciocho. Después tuve una sincera amistad y admiración por su maravilloso arte. Sé que aproximadamente los mismos sentimientos ha tenido usted por ella. Que no descanse en paz en nuestro recuerdo, que siga siempre vivo”.

Que siga vivo también el recuerdo de Luis García-Abrines, el provocador, el surrealista, el artista, el profesor, el enamorado incesante de las lenguas y la música. El poeta que se sentía ciudadano del mundo.

 

*Esta foto de un joven Luis García-Abrines pertenece al Archivo Pilar Bayona que dirigen Antonio Bayona y Julián Gómez, y que acaban de ceder al Gobierno de Aragón.

21/05/2016 10:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO LUIS GARCÍA-ABRINES

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HA MUERTO EL SURREALISTA LUIS GARCÍA-ABRINES

 

Ha muerto en Estados Unidos Luis García-Abrines (1923-2016), uno de los personajes más legendarios de la Peña Niké. Era profesor, poeta, artista especializado en el collage, musicólogo (editó y comentó al guitarristas Gaspar Sanz), etc. Nació en Zaragoza en 1923, estudió en los Jesuitas, residió en Madrid y en Estados Unidos, aunque siempre retornaba a Zaragoza.

Se casó con Margaret Jounakos, con quien tuvo un hijo, David, y luego con Marie Ellen Branchini, con quien fue padre de dos gemelas, Alicia y Linda, a las que trajo a Teruel a aquellas Jornadas de Surrealismo que se celebraron a finales de los 80 y principios de los años 90. Estuve en varias de ellas y él, simpático y surrealista, les mostraba a sus hijas, con inmenso orgullo, a sus amigos, entre ellos Eugenio Fernández Granell. Eran realmente guapas.

Es autor de libros muy curiosos de poesía y collage como ’Ciudadado del mundo’, ’Así sueña el profeta en sus palabras’ o ’Crisicollages’, entre otros, que le publicó su gran amigo Pepe Alcrudo. Tenía una gran amistad con Pilar Bayona y fundó con Manuel Derqui, y otros, aquella sociedad musical llamada Sansueña. Estuvo muy enamorado de la pianista (se llevaban un cuarto de siglo; se ocultaba detrás de una cortina del estudio de la calle Almagro para oírla) y con ella y con Alfonso Buñuel realizaron un viaje por Sevilla en 1943, se dieron circunstancias simpáticas: Luis amaba a Pilar; Pilar quizá amase a Alfonso y este a su vez se sentía atraído a Luis, que era más joven. O eso sugería un poco Pilar. El poeta y profesor Ildefonso-Manuel Gil era muy amigo suyo (como lo fue Luis Buñuel: ambos lloraron la muerte de Pilar Bayona, arrollada por un turismo, en el actual Paseo de la Constitución en diciembre de 1979) y, tras su regreso de Estados Unidos, se escribían a menudo; fruto de esa amistad fue la publicación en la Institución Fernando el Católico de ’Variaciones sobre La Donna è Mobile. Solo -de gaita- para hombres’ (Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1988), que al poeta de ’Las colinas’ le hizo muy feliz. En 1982. Luis García-Abrines Calvo recibió la medalla de Zaragoza y en 2000 el Premio Isabel de Portugal, aunque entonces ya no vino a recogerlo.

 

*https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/b4/Luis-Garc%C3%ADa-Abrines-Calvo.jpg/300px-Luis-Garc%C3%ADa-Abrines-Calvo.jpg

21/05/2016 07:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE LEE 'EL MUSGO DEL BOSQUE' (PUZ)

Siempre es un gran año para Antón Castro

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Antón, que acaba de editar un soberbio extra sobre Cervantes de su premiado suplemento literario del Heraldo, A&L, y de sacar un gran libro, Los Sitios, con fotografías de Andrés Ferrer (su densa lectura nos llevará a otra reseña, en breve), ha publicado en las Prensas Universitarias de Zaragoza un primoroso libro,El musgo del bosque, en que mezcla recuerdos y sueños, poemas y ensayos biográficos, rumores de viento y de personas. Muchas cosas nos llaman la atención en este libro de madurez, que recolecta escritos dispersos durante años:

“Un poeta se alimenta de recuerdos”, nos dice. También de alusiones musicales (he buscado de inmediato, mi incultura musical es enorme, y he escuchado a King Crimson y Eyes wide open…). Y he casi visto esa “loca del bosque” que muestra una Rosalía de Castro que perdió la cabeza; y a seguido, Amancio Prada, el trovador de las neblinas y las espigas.

Canta a su primera radio, “un arsenal de sonidos, de músicas del mundo, de voces envolventes”. A un amor inesperado, quizá soñado de tan hermoso. A los álbumes de fotos, el cine y la cercana y temblorosa prima en la penumbra, que “desordena y paraliza el deseo”. A esos fotógrafos, quizá Leopoldo Pomés, “que van más allá de la luz, alquimistas de la imagen, calígrafos del aire”.

Trata de muchas gentes que conoció, leyó, entrevistó, amistó: de García Pavón a Torrente Ballester, en unos deliciosos encuentros; José Hierro que, como Baudelaire, cree en la ebriedad de la poesía; Gabriel Celaya, “paladín de la metáfora” y su musa cotidiana, Amparitxu. Recuerda su viejo gusto por Mercè Rodoreda, devorada en cualquier sitio, a la que homenajearía llamando Aloma a la hija recién llegada, como uno de sus personajes. La “Razón de amor” de Salinas, evocada al encontrar el definitivo, de la compañera para siempre.

Se siente “el hombre más impertinente e inoportuno del mundo”. Y cree en “un mundo de mujeres bonitas y de obreros rebeldes donde todos seríamos irremediablemente libres”. Y hace también alusiones muy cercanas, como la del pintor aragonés Pascual Blanco, “rodeado de tórculos y planchas, entregado a la materia”, o los caminos paralelos de Eduardo Laborda e Iris Lázaro. En fin, comparecen el deslumbramiento ante Rembrandt en el Prado, un Moscú en un viaje inesperado, con toda su enorme carga cultural. O la fascinación de un último concierto en el Maestrazgo, emocionante recuerdo de José Antonio Labordeta.

Un libro para disfrutar, pensar, sentir. Un nuevo paso, en esta gran literatura por entregas que es la obra, ya ingente, de nuestro tan querido y admirado amigo.

 

*En la foto, la actriz Edwige Fenech que aparece en 'La isla del cine'. La tomo de aquí: http://images2.corriereobjects.it/methode_image/2013/12/24/Spettacoli/Foto%20Gallery/07spe10f1-068_MGzoom.jpg?v=20131226163925

14/05/2016 13:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIANO ANÓS: TRES POEMAS

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Mariano Anós es actor, director de teatro, pintor y poeta, entre otras cosas. Acaba de publicar un nuevo poemario, 'Sitios Saragosse' en el sello Lastura. Ayer, en el ciclo Parnaso 2.0, leyó varios poemas. Entre ellos, el primero que aparece aquí. Me ha mandado, con su cortesía habitual, tres textos de su nuevo libro. 

 

EL CORO DE LOS HÉROES MUERTOS

 

 

Pero nosotros cánticos y honores: eso recibiremos.

Cánticos y honores, nosotros, los héroes muertos de la muerte

natural de la guerra.

Retumbar de tambores, estridor de trompetas y también:

Rimas, nombres de calles, sesiones académicas, medallas.

Cataratas de frases rimbombantes donde chorrillos era mísera la

sangre.

Hace frío.

Hay ruinas de sudores,

excrementos del miedo,

cascotes de los tímpanos del héroe

donde el cantar, donde el amor, donde la risa había,

donde la tregua del escalofrío

o el trémulo mirarse de los atardeceres a la vera del río del otoño.

Agujeros el héroe, agujeros de piedra sin paisaje,

agujeros el cuerpo, los ojos, la camisa, la muerte de los héroes

 muertos.

Cordilleras de cuerpos como piedra reventada,

atronados de oír no sonidos triunfales ni espantosos: sólo ecos,

remotísimos ecos de tormentas de tiempos imposibles,

memoria desollada de cráneos sin memoria:

que el estruendo del héroe consiste en perder toda memoria

para memoria sólo de los otros no mudos, no sordos, no inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la historia,

material de silencio.

Callad pues. Sólo fluyan océanos y ríos y gotitas de niebla sigilosa.

Propáguense agujeros llenando las palabras una a una

y llenando las pausas, el aliento, los músculos del verbo.

Y las admiraciones: ¡por favor, agujeros en las admiraciones!

Hablen los agujeros de la Historia,

la Historia de la Muerte universal, de la Peste universal, del Heroísmo

universal:

la estúpida Maestra de Muerte y de Peste y de Heroísmo.

Por eso se hablará pero no hablará nadie.

El teatro hablará. El teatro que no es nadie.

El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo.

Hablará la memoria ardiendo sola.

Hablarán cuerpos mudos, sordos, inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la Historia,

material de silencio.

 

 

 

GALERÍA DE PERSONAJES: EL EBRO Y EL MAR

  

EBRO.- Galería de personajes: el Ebro.

Si digo yo, ¿quién digo? Si digo río, si digo Ebro,

¿digo sólo fluir de lo que es otro?

¿Digo sólo miradas que me hayan recorrido?

¿Hablo sólo de sueltos chapoteos bulliciosos gozando del rigor de los

agostos

que me han hecho creer en el sueño de la vida como un río?

Dicen Ebro y me cantan soltando a chorro el aire los pulmones,

vibrando enrojecido en gargantas, en lenguas, en encías,

en dientes que dejaran por cantarme de apretarse.

Ah cráneos, cartílagos y músculos de aquellos que, en el río que era

otro,

en hermoso desorden saltaban en batallas de amores ruborosas,

aquellos cuyas pieles relucían al sol de los agostos

recamadas de gotas que no fueron a dar en la mar.

Yo sordo los escucho, yo olvido los recuerdo

cuando ahora me cantan con un aire muy otro, con odio y con pavor,

marchando estupefactos a tareas de matarse.

Y yo ciego contemplo la sangre que me crece

y la arrastro hasta el mar.

 

MAR.- Galería de personajes: el mar.

 

EBRO.- El mar, el mar, el mar, el mar, el mar:

el personaje ausente que es siempre el personaje verdadero,

el que tiene razón, el que vigila, el que calla por nosotros,

el que dice la muerte sin objeto, el peor, el incesante, el que faltaba.

 

MAR.- Sí vigilo, sí callo, sí falto estrepitoso interrogando,

me inmiscuyo, me estrello, me encrespo de romperme como antiguo

oleaje de la muerte.

Remota Zaragoza, tú, personaje ausente.

Tú Ebro que no existes, tú me vienes con cárdena memoria.

Tú deyección de memoria podrida, tú desagüe estentóreo de sangre,

tú diario de espectros como todos los diarios,

tú me quitas el sueño sin tregua en mi tarea de engullir la basura del

mundo,

excremento de industrias de codicia,

cementerio de vida envenenada.

 

EBRO.- Sí, yo te llevo, yo nadie, yo sucia comitiva de la muerte,

yo borbotón de lágrimas de madres antiguas como lágrimas de

mármol.

Tú bálsamo de brea, tú amoroso perfume de salitre.

Yo te alimento sin cesar de los restos del naufragio de la tierra,

naufragio  de los hombres afanados en tareas de tener,

en tareas abyectas de tenerse,

en tareas de un tiempo medido por batallas, por huesos calcinados,

por relojes de lágrimas en punto.

 

MAR.- Sí, yo remoto, yo nadie, yo sacudo, yo arrastro las noticias de la

nada,

yo pálido clemente recojo la furia de la piedra de los días

y vuelvo suave arena, consejera de nadie, minúscula advertencia

que cae entre los dedos de nadie y que cae en los oídos de nadie y

nadie escucha.

Sólo la estridente gaviota se escucha, la más cruel, la del pico

ensangrentado.

Sólo las noticias se escuchan estridentes, las noticias

que son siempre noticias de la guerra.

Nadie lee la música que escribo con arena sobre arena,

la música de arena.

Nadie escucha la música que toco con olas sobre olas,

la música de olas.

Tú, Ebro, tú emisario de la sangre,

tú que vienes y vienes y no vuelves, vuelve por una vez

y llévales que lean mi música de arena y que escuchen mi música de

olas.

 

EBRO.- Yo no leo, no escucho, no vuelvo, no sabe, no contesta, no

existe.

Yo sé lo que no existe y yo sé lo que existe demasiado.

El resto se evapora y se evapora la memoria y Zaragoza se evapora

para siempre.

Yo soy lo que no ha sido y ya se ha ido para siempre.

Soy lo que todo el mundo sabe: soy tú, mar, somos el líquido teatro de

la muerte.

 

PREGUNTAS A LOS MUERTOS

 

 

Vosotros que estáis fuera descansando de este circo de estúpidos horrores,

vosotros que estáis muertos, ¿tenéis sueño?

Vosotros que no andáis a grandes pasos entre ratas hambrientas,

¿sabéis si va a haber siempre emperadores?

¿Oís vosotros, azaroso público,

las pausas que permiten distinguir las heridas de los besos?

Vosotros que no sois, ¿tejéis bufandas?

¿Habéis hecho, vosotros que no tenéis bandera,

recuento de gusanos victoriosos?

¿Sudáis vosotros ciegos si amanece?

¿Podéis desconocer, vosotros sin recuerdo,

la muerte de uno solo de los vivos?

Vosotros sin palabra, ¿tenéis tiempo?

Vosotros que estáis muertos,

¿soñáis como nosotros con la vida?

 

 

*Mariano Anós en 'Sigue la tormenta'.

13/05/2016 10:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA POESÍA DE ZAVATTINI, EN BARTLEBY

Selección de poemas de Cesare Zavattini/Cobijarme en una palabra (Bartleby, 2016. Traducción de Juan Vicente Piqueras)

 

MEI TASÉR

Véta véta, cus’èla? Mei tasér.

An vrés mia disturbà chi du là

chi è dré a gusars’ in mès a l’erba.

 

MEGLIO TACERE

Vita vita, cos’è? Meglio tacere.

Non vorrei disturbare quei due là

che si stanno chiavando in mezzo all’erba.

 

MEJOR CALLAR

Ay, la vida, ¿qué es? Mejor callar.

No quisiera molestar a aquellos dos

que están gozando en la hierba.

 

 

DIU

Diu al ghé.

S’a ghé la figa al ghé.

Sul lö al pudeva invantà

na roba acsé

cla pias a töti a töti

in ogni luogo,

ag pansom anca s’an s’ag pensa mia,

apena ca t’la tochi a cambióm facia.

Che mument! long o curt al saióm gnanca.

La fa anc di miracui,

par ciamala

an möt

a ghé turnà la vus.

Ah s’a pudés spiegaram ma

l’è dificil

cme parlà dal nasar e dal murir.

 

DIO.

Dio c’è.

Se c’è la fica c’è.

Solo lui poteva inventare una cosa così,

che piace a tutti a tutti

in ogni luogo,

ci pensiamo anche se non ci pensi,

appena tu la tocchi cambi faccia.

Che momento, lungo o corto non si sa.

Fa anche dei miracoli,

un muto

per chiamarla

gli è tornata la voce.

Ah se potessi spiegarmi ma

è difficile

come parlare del nascere e del morire.

 

DIOS

Dios existe.

Si existe el coño, existe.

Sólo él podía inventar una cosa así,

que les gusta a todos, a todos

en todas partes,

que piensas en él hasta cuando no piensas

y si lo tocas te cambia la cara.

¡Qué momento! Largo, corto, no se sabe.

Hace incluso milagros:

sé de un mudo

que recobró la voz

para nombrarlo.

Ay, si pudiera explicarme,

pero es difícil

como hablar del nacer y del morir.

 

 

LA BASA

O vést an funeral acsé puvrét

c’an ghéra gnanc’al mort

dentr’in dla casa.

La gent adré i sigava.

A sigava anca mé

senza savé al parché

in mes a la fümana.

 

LA BASSA

Ho visto un funerale

così povero

che non c’era neanche

il morto nella cassa.

La gente dietro piangeva,

piangevo anch’io

senza sapere il perché

in mezzo alla nebbia.

 

LA BASSA

Una vez vi un funeral tan pobre

que no había ni muerto en el ataúd.

La gente iba detrás llorando.

Iba llorando yo también

sin saber por qué

a través de la niebla.

 

CHI PASA DAL ME PAES AD NOT

Chi pasa dal me paes ad not al pensa

costi i é fora ad töt, in dn’atar mond.

Nisön inguinarés in stu silensi

che dés chi stava propria in sti ca ché,

tant zuvan ch’i é ancor viv li madr’e i padar,

i ià impicà

pochi dé pröma della pace.

 

CHI PASSA DI NOTTE DAL MIO PAESE

Chi passa di notte dal mio paese pensa

questi sono fuori di tutto, in un altro mondo.

Nessun indovinerebbe

in tanto silenzio

che dieci che stavano proprio in queste case qui,

tanto giovani che sono ancora vivi madri e padri,

li hanno impiccati

pochi giorni prima della pace.

 

SI ALGUIEN PASA DE NOCHE POR MI PUEBLO

Si alguien pasa de noche por mi pueblo

puede pensar éstos viven lejos de todo, en otro mundo.

Nadie imaginaría en medio de este silencio

que a diez de los que habitaban estas casas,

tan jóvenes que aún viven

sus padres y sus madres,

los colgaron

pocos días antes de que llegara la paz.

 

*Tomo la foto de aquí: 

http://gazzettadireggio.gelocal.it/polopoly_fs/1.13020124.1456406607!/httpImage/image.jpg_gen/derivatives/detail_558/image.jpg

10/05/2016 08:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LIBRO DE PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA

Una lectura imprescindible para quienes aman la lengua.

"Tenemos aquí un libro singularísimo que, a través de una serie de animados y refrescantes enfoques sobre rincones de la lengua, nos lleva a reflexionar con provecho sobre lo mucho que puede esconderse detrás de cada palabra, de cada frase que sale de nuestros labios o recogen  nuestros oídos. Eso significa enriquecer nuestra mente. Lo mejor que podemos pedir a un libro"

Prólogo de Más que parabras, por el académico Manuel Seco.

Este libro nace de la pasión por las palabras y por la determinación de asediarlas filológicamente, de escrutar cómo surgen y cómo viven en el único medio en que cabe atraparlas: los textos. Cada capítulo trasciende lo aparentemente anecdótico con el fin de reflexionar sobre asuntos que atañen a la lengua de todos, como por ejemplo: la norma y el uso, la variabilidad y vida de las palabras, el presunto empobrecimiento del léxico...

En los ensayos de Más que palabras se adoptan posturas de tolerancia y de cierto relativismo en materia normativa; mas, aun situándose un poco a contracorriente, no cae el autor en el laxismo del «todo vale». Son mayoría los que están relacionados con el vocabulario, pero también los hay de tema gramatical, y otros se ocupan de problemas ortográficos, discrepando en ocasiones, con denodado afán razonador, de ciertas decisiones de la Academia.

Puedes leer el primer capítulo de Más que palabras en este enlace.

Copia de pedroPedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953) es catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de número de la Real Academia Española, en la que dirigió la 23ª edición del Diccionario y es actualmente bibliotecario y director de la Escuela de Lexicografía Hispánica. Perteneció durante trece años al Seminario de Lexicografía que en dicha Academia elaboraba, bajo la dirección de don Manuel Seco, el Diccionario histórico de la lengua española. También ha sido presidente de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII y en la actulidad es vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas. Pertenece al patronato de la Fundación Menéndez Pidal. Ha dado cursos y conf