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Antón Castro

VARGAS LLOSA EN 'LETRAS LIBRES'

VARGAS LLOSA EN 'LETRAS LIBRES'

La revista Letras Libres celebra la obra de Mario Vargas Llosa con un texto donde el autor de La ciudad y los perros reconoce su deuda intelectual y sentimental con Francia, y con unas cartas sobre Cuba, que permiten ver su proceso de distanciamiento de la Revolución. El número incluye también unas cartas inéditas de Isaiah Berlin sobre tres aspectos centrales de su filosofía, así como una entrevista con Brian Boyd, el biógrafo de Vladimir Nabokov. Álvaro Imbernón analiza las tres crisis a las que se enfrenta la Unión Europea: Brexit, las dudas sobre la solvencia bancaria y la incapacidad de dar una respuesta consensuada al drama de los refugiados.



En su número 174 Letras Libres celebra la obra de Mario Vargas Llosa, que cumple 80 años este mes.
El dosier incluye el prólogo a la edición de sus obras reunidas en la colección la Pléiade de Gallimard, donde el autor de La ciudad y los perros reconoce su deuda literaria y sentimental con Francia. Publicamos también una selección de cartas sobre la revolución cubana. En mensajes a autores como Emir Rodríguez Monegal o Carlos Fuentes, se puede observar la adhesión inicial a la revolución, el progresivo distanciamiento (por ejemplo, por el apoyo de Castro a la invasión soviética de Checoslovaquia) y la ruptura por el caso Padilla. El número incluye también un fragmento de Cinco esquinas, la nueva novela del autor peruano.
La revista, galardonada en 2014 con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, incluye también una entrevista con Brian Boyd, la mayor autoridad en la vida y obra de Vladimir Nabokov. Boyd habla del escritor al que ha dedicado décadas de estudio (y libros como Los años rusos, Los años americanos y Stalking Nabokov), de su ensayo On the Origin of Stories, donde estudiaba la narración y los relatos desde el punto de vista de la evolución, y de Karl Popper, cuya biografía está escribiendo actualmente.
El número contiene tres cartas inéditas de Isaiah Berlin sobre tres aspectos centrales de su filosofía: su concepto de relativismo (que explica a Michael Walzer), su idea de la libertad negativa (en una respuesta polémica a Frederick Rosen, donde intenta desmiente que la suya fuera una “retórica de la Guerra Fría”) y su visión de la Ilustración y sus enemigos (como respuesta a una reseña de Mark Lilla).
Java Rosenfarb, superviviente del Holocausto, dedicó buena parte de su vida a contar narrar la tragedia los judíos europeos. En este número, Letras Libres publica un conmovedor perfil de su maestro Simkha-Bunin Shayevitch, un poeta que quiso escribir el gran poema épico del Holocausto, mientras estaba encerrado -como Rosenfarb- en el gueto de la ciudad polaca de Łódź. El texto es un adelanto de Supervivientes, el libro de Rosenfarb que publicará próximamente Xordica Editorial.
Álvaro Imbernón analiza las tres crisis que afronta Europa: Brexit, las renovadas dudas sobre la banca y la incapacidad para encontrar una respuesta consensuada a la crisis de los solicitantes de asilo. Miguel Aguilar escribe en "Pitos y flautas" sobre los símbolos y los ataques que reciben, y advierte de que "quienes solo se saben defender con el código penal están condenados a acabar incumpliéndolo".
El número de marzo de la revista que dirige Enrique Krauze incluye también un cuento de Claire Vaye Watkins. Julio José Ordovás reseña la nueva novela José Carlos Llop. Martín Schifino escribe sobre H de Halcón de Helen Macdonald. Leah Bonnín lee El Sabbat de Maurice Sachs. Ricardo Dudda reseña la novela póstuma de Chirbes, Paris-Austerlitz, Juan Malpartida lee La realidad no es lo que parece de Carlo Rovelli. Patricio Pron escribe sobre Sergio Chejchec y Aloma Rodríguez reseña Departamento de especulaciones de Jenny Offill.
Vicente Molina Foix escribe sobre la adaptación cinematográfica de Carol. Jorge Freire repasa el legado de Alexander von Humboldt. Rodrigo Fresán homenajea a Penelope Fitzgerald. Carmen Agustín Pavón explica qué es la optogenética y sus posibles aplicaciones. Y Mariano Gistaín escribe sobre la presencia que los muertos tienen en nuestras vidas.




Director: Enrique Krauze

Editor responsable en España: Daniel Gascón dgascon@letraslibres.com

letraslibres.com




EDUARDO DE LA CRUZ Y BEULAS

EDUARDO DE LA CRUZ Y BEULAS

“Beulas es como un predicador bíblico que

muestra la belleza del paisaje que le rodea”

 

“José Beulas ha puesto los paisajes de Huesca en el mapa”

 

Eduardo de la Cruz es un madrileño con vínculos en el Altoaragón. Ha realizado ya varios audiovisuales. Acaba de terminar ‘Beulas, el explorador del horizonte’. Aquí explica sus características y sus claves.

¿Por qué un documental sobre el pintor José Beulas? ¿Qué tenía de particular el artista para usted?

José Beulas es como un predicador que ha cambiado ’La Biblia’ por los pinceles y va por el desierto mostrando la belleza del paisaje que le rodea. Ha puesto los paisajes de Huesca, y especialmente los de los Monegros, en el mapa. Su obra está repartida por todo el mundo y, sin embargo, muchos oscenses desconocen su existencia y la donación que hizo a la ciudad de Huesca de su colección. Este trabajo es algo que estaba por hacer y hemos querido rendirle tributo en vida.

 

-¿Cuáles han sido sus pretensiones, sobre todo en comparación con otros proyectos anteriores como el río Ara, ‘La lluvia amarilla’ de Llamazares o el documental sobre Ricardo Compairé?

Dar voz, ​a través de las personas de su entorno, a la obra de este artista. En este caso, los realizadores hemos sido Amalia Sesma y yo.

 

¿Qué ha aprendido de él?

Beulas es un privilegiado. Ha perseguido una ilusión y la ha alcanzado plenamente. Con su pintura, ha sido capaz de sintetizar y nos ha conmovido. Como dice el pintor y profesor Fernando Alvira en el documental: “Es tan importante lo que pinta como lo que deja de pintar en sus lienzos”. Como persona, destaco su proximidad, sus ganas de vivir y seguir con los proyectos que le rondan por la cabeza. Y algo en lo que coinciden las personas con las que hemos trabajado y que nosotros mismos hemos experimentado: su generosidad.

 

¿Cuáles serían sus etapas y cómo están reflejadas?

​Del realismo a la abstracción casi absoluta. José, comienza pintando lo que ve, incluso utilizando fotografías de Ortiz Echagüe o Adolf Zerkowitz. ​En su estancia en Roma, se decanta por el paisaje ​ y evoluciona hacia ​una impronta personal fácilmente reconocible. Llega a esa especie de expresionismo abstracto similar al de Mark Rothko, una línea por horizonte​, para dar un paso atrás hasta desarrollar un estilo propio.​

 
-Roma, Madrid, Huesca... ¿Cuál es su auténtico refugio?

​Blanes, Torla,... Aunque recuerda todos y cada uno de esos lugares con emoción y cariño, su refugio es la Naturaleza, el mar, el campo, la montaña, el desierto... “El hombre está hecho para vivir en la Naturaleza”, dice.

 

 -El término: Beulas, pintor de paisaje, ¿sería el más exacto, el que mejor le define?

​Casi me quedo con una idea semejante: Beulas, paisaje vivido, soñado.

 

-¿Quiénes han intervenido?

Mucha gente. En ‘Beulas, el explorador del horizonte’ intervienen el arquitecto Rafael Moneo, que ha diseñado el CDAN, el pintor Antonio López, el profesor y académico Fernando Alvira, la pintora Julia Dorado, Montse Navarro de la galería A de Arte, la pintora Isabel Quintanilla, el escultor Francisco López, Antoni Solà, alcalde de Santa Coloma de Farnés, el propio José Beulas, su compañera Quimeta Camï,​ Cristina Mato, de la galería Ansorena, Antonio González, director del CDAN en funciones. La narración es de Manuel Galiana, con el que he trabajado en otras ocasiones. Y el guion es de Amalia Sesma.

-¿Qué ha significado Huesca, la provincia, los Monegros y la capital para Beulas?

José se instala en Huesca al conocer a quién sería su mujer, María Sarrate​. ​Lleva ​allí toda una vida, más de 70 años, desde 1944, cuando hacía el servicio militar, y esos paisaje​s​ cercanos han sido para él como descubrir una veta, ​el filón de una geografía que pasaba casi desapercibida, que estaba por descubrir.

 

-¿Cómo ha sido la colaboración con la guionista Amalia Sesma?

Amalia ha elaborado el guión a partir de textos de poetas como José Hierro​,​ Gerardo Manrique de Lara ​ o Salvador Espriu​. Algunos de sus poemas son la pieza fundamental sobre la que gira este audiovisual. Como le he dicho también ha intervenido en la realización. La pieza dura 37 minutos.

 

Todos los rodajes tienen un anecdotario. ¿Con qué se quedaría de este?

Nos quedamos con el entusiasmo que han demostrado todas las personas que han querido participar en este documental y demostrarle a José Beulas, nonagenario ya, nació en Santa Coloma de Farnés (Gerona) en 1921,​ su cariño​,​ con su aportación. Cuando visionamos ​el trabajo junto a José y Quimeta​,​ en su casa, él se emocionó​.​ Se ​empeñó en que tenía que pagarnos por todo el tiempo empleado y la dedicación. Al final tuvimos que ponerle un precio: fueron dos vasos de agua. Ha sido una experiencia intensa y maravillosa. Y pronto empezaremos a moverlo.

 

*La foto de Eduardo de la Cruz es de Amalia Sesma.

EUGENI FORCANO: 90 AÑOS DE FOTOS

     

    EUGENI FORCANO: NOVENTA AÑOS DE IMÁGENES
    El once de marzo Eugeni Forcano celebrará los 90 años. Es uno de los grandes fotógrafos que ha dado Cataluña en el siglo XX y XXI. Vive en Canet de Mar, como en su niñez. Le confesaba a Josep Playà Maset en 'La Vanguardia': "A mí lo que me gustaba era positivar las imágenes y a poder ser a un tamaño grande. Lo complicado era el revelado, hoy hacer fotos no cuesta nada, es el oficio más fácil. Para hacer buenas fotos hace falta tener se...nsibilidad. Y hay que ponerle ilusión y pasión. Yo quería imágenes especiales que solo pudiesehn salir de una cámara no de un pintor".

    -A propósito de la segunda foto, 'Sorpresa inaudita', le dice: "Hay una foto de 'Destino' en la que aparecen unas monjas en la playa. El obispo Modrego llamó al editor y le dijo que aquello era un montaje. Tuvimos que ir con Néstor Luján a ver al doctor Modrego y mostarle la serie completa de fotos para que se diese cuentea que no se había manipulado. 'Ah! Y lo olvidaba. Fraga Iribarne no me quiso dar el carnet de fotógrafo".

     

    -1, https://thelifeandhisdetails.files.wordpress.com/2013/06/sorpresa-inaudita-canet-de-mar-1961.jpg

    -2. https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/17/98/b2/1798b2ba13397b4d530fd44645d12367.jpg

-3. https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/74/ff/00/74ff003a2a5879283507d9d5cb1276de.jpg

GEORGES DE LA TOUR, CON UN ECO DE CÉSAR ANTONIO MOLINA

GEORGES DE LA TOUR, CON UN ECO DE CÉSAR ANTONIO MOLINA

Hay pintores que parecen una exhalación en la historia: trabajaron mucho, lograron éxitos, se hicieron célebres por su taller y sus discípulos y luego cayeron en el olvido, hasta que alguien repara en ellos y vuelven a salir a la luz con un centelleo especial. Ese podría ser el caso de Georges de La Tour (1593-1652), que encarna al artista local o provincial, ceñido a su localidad Vic-sur-Seille, Francia, y luego a Luneville. Acaba de llegar al Museo del Prado en una exposición deslumbrante, que procede de siete países y de una veintena de museos. Los 31 cuadros que aquí se presentan constituyen el 75 % de un total de los 40 que se le reconocen; bastantes de sus obras están sin firmar y si datar. A él lo recuperó hace un siglo, en 1915, un artículo breve de Hermann Vosch; en 1972 y en 1997 sería presentado en Francia en dos grandes muestras en La’Orangerie y en el Grand Palais con un triunfo absoluto: ahora La Tour es uno de los pintores más amados de Francia con Poussin, Monet, Rénoir y Cézanne.

Georges de La Tour es el artista barroco del claroscuro, del diurno y del nocturno, de la geometría impecable, del abandono, a veces parece próximo a Caravaggio o Ribera, pero también a Zurbarán, Vermeer o incluso Velázquez. En ese corriente de equívocos en torno a las atribuciones, los cuadros de La Tour han sido confundidos con los de cinco grandes maestros; el ejemplo más claro es que su ‘San Jerónimo leyendo una carta’ dice en el bastidor que es de Zurbarán, lo encontró César Antonio Molina en el palacio de la Trinidad en marzo de 2005, sede entonces del Instituto Cervantes, y lo autentificó José Milicua, a quien se le dedica esta muestra excepcional, montada con maestría por Jesús Moreno y comisariada por Andrés Úbeda y por Dimitri Salmón, quien afirma que la pintura de De La Tour “sobrecoge y desorienta por su misterio”. César Antonio Molina me escribe y recuerda: “Yo vi el cuadro. Me pareció muy importante. Miré en el catálogo que no lo atribuían a nadie. Hablé con Miguel Zugaza. Lo llevé en mi coche oficial del Instituto Cervantes al Museo del Prado y luego José Milicua dijo de quién podría ser”.

Recreada en cinco estancias, podría decirse que la exposición contempla tres grandes apartados: una pintura más narrativa y descarnada, de estirpe popular, donde el artista representa al pueblo que sufre, que tiene hambre y que conoce la miseria, algo que se percibe en el impresionante ‘Comedores de guisantes’, pero también ‘El juego del dinero’ (próximo a Caravaggio), en ‘Un viejo’ y en ‘Una vieja’. Y en ‘Riña de músicos’, un lienzo un tanto expresionista que registra la burla, el temor, el desafío, la crueldad. La Tour es el pintor de los músicos ciegos que parecen cantar: pese a su pobreza, todos exhiben nobleza, dignidad y concentración. Por lo regular, las criaturas de De La Tour tienen el alma absorta: están ahí, ensimismadas, pero parece estar en otro lugar, en una indecisa región del sueño. El montaje se cierra con un impresionante ‘Ciego tocando la zanfonía’, un retrato de perfil matizado, sobrio y dramático, adquirido por el Museo del Prado en 1990.

La segunda parte de la muestra recoge la aventura más luminosa del artista, su afirmación en un arte de la claridad que mezcla el asunto profano con el divino. Entre los primeros destacan las dos piezas, tan parejas, ‘El tramposo del as de tréboles’ y ‘El tramposo del as de diamantes’, con ecos también del óleo sobre lienzo de Caravaggio ‘Los tramposos’; a estas piezas se le suma la serie de ‘San Jerónimo’, tan desamparado. Y la última parte se completa con los nocturnos, por lo regular cuadros religiosos, de una inquietante y minuciosa espiritualidad, cada vez más depurados, con una característica especial: una luz interior que calienta y redondea una atmósfera de recogimiento, de aislamiento. Uno de los ejemplos más hermosos es ‘San José carpintero’. De La Tour no amaba el mundo exterior, y quizá con razón: vivió las consecuencias de la Guerra de los Treinta Años, lo perdió casi todo, aunque fue pintor de Luis XIII y estuvo próximo a Riechelieu. Murió en 1652, y antes que él perecieron su mujer y su hijo Etienne, a consecuencia de la peste. Su obra, de una beldad intensa y reconcentrada, estremece y multiplica su enigma.

 

 

 EL TALLER DE LOS ESTILITAS

Por César Antonio MOLINA

[Hace algunos años, a propósito de Georges de La Tour y del ‘San Jerónimo leyendo una carta’, el escritor y profesor y director entonces del Cervantes publicó este texto en ‘El país’.]

 

El taller de los estilitas ¿Todavía hay apariciones de santos? Y de haberlas ¿se pueden aparecer a un laico? ¿Qué es un laico? El gran escritor francés, Jules Renard, uno de los más grandes diaristas, escribió que un laico es aquel que buscaba a Dios sin parar y no lo encuentra. No todos llegamos a tener la suerte de San Pablo. En los Hechos de los apóstoles se cuenta la ida de Saulo a Damasco, la caída del caballo, su ceguera y la charla con quien perseguía. Jesús, una vez aclarado todo, aunque lo dejó invidente (el maestro Ekhart escribirá que fue porque al ver a Dios vio la nada) durante unos días, le ordenó que se levantara, entrara en la ciudad y “se te dirá lo que debes hacer”. En realidad, sin querer corregir a Renard, un laico es aquel que está esperando que se le diga lo que tiene que hacer, pero nadie se lo dice. Evidentemente esa voz tiene que venir de lo más alto. El caso es que a mí se me apareció un santo y no cualquier santo. Nada menos que el santo que vela por los escritores: San Jerónimo. Al principio no me di cuenta de que era él, pues estaba retratado con hábito de cardenal leyendo una carta, y yo siempre lo he tenido en mi mente más bien con poca ropa, o ninguna, encerrado en una cueva, a veces entre calaveras y, eso sí, escribiendo o leyendo que es lo que a mi verdaderamente siempre me ha emocionado. Este despiste me hizo perder con él mucha conversación, aunque los santos cuando aparecen solo dan órdenes y apenas escuchan. En este caso yo cargo con la culpa por mi descuido, también producto de lo inesperado. 

Mi cháchara no hubiera sido trascendente pues la versaría sobre asuntos de nuestro gremio. ¿Dónde aprendió tantos idiomas? ¿Por qué volvió a la hebraica veritas en vez de utilizar la Biblia griega que, más de un siglo antes, había sido apoyada por Orígenes y San Agustín de Hipona? Si le molestó que su posición estricta de limitar el canon cristiano a los libros contenidos en la Biblia hebrea, a la postre no triunfara En fin, una pequeña entrevista que, luego, hubiera tratado de publicar en exclusiva en algún periódico.No sería a un santo sino a un traductor, tan maltratado como siempre. Eso de no tener ni ropa para cubrirse y estar en los huesos, debería darnos qué pensar a quienes, ni ante esos temores de penalidades, nunca hemos cejado de seguir nuestra labor de manera igualmente santa, aunque laica, por ese mismo camino profesional. Además ¡qué poco respeto se le tiene a esta compleja labor! No dura, no perdura, no se la cuida incluso saliendo de las manos de un santo. La versión popular, la versión latina de la Biblia, acabó con la confusión que provocaban los distintos manuscritos en latín antiguo de los textos sagrados. El Concilio de Trento (1546) declaró a la Vulgata el único texto latino auténtico de las Escrituras, hasta que en 1907, bajo el Papa Pío X, los benedictinos iniciaron una edición crítica. En fin, el tiempo, que no respeta ni siquiera a los santos y los hace en sus obras tan mortales como a los humanos.

Nada de esto hablamos, San Jerónimo y yo. Él porque me ignoraba, yo porque le desconocí bajo tanta púrpura pintado por La Tour. Luego vinieron las disputas cuando lo trasladé al Museo del Prado, un lugar tan sagrado como la vecina iglesia de Los Jerónimos, otra casualidad. La santidad era lo de menos, lo importante era la propiedad ¿del santo, de la tela? Aún a sabiendas de su identidad, desconocían sus hechos. “Few men think, yet all will have opinions” escribe Berkeley en los tres diálogos entre Hilas y Filoneo. Sí, realmente, pocos hombres piensan, pero todos quieren tener opiniones.

Yo había estado en Belén, en la misma iglesia donde nació Jesucristo, y donde se supone que San Jerónimo llevó a cabo su labor. Había nacido en Italia en el 342 y murió en Palestina en el 420. Llegó a estas tierras en el 374 y, durante cinco años, vivió como un eremita. Luego, a requerimientos del Papa Dámaso, fue su secretario (382-385), lo que no le impidió predicar el ascetismo en la propia Roma, es decir, la abnegación, el autocontrol, la disciplina, la búsqueda de cosas más importantes en la vida que el mero hecho de vivir. Una comunicación más directa entre Dios y el individuo sin intermediarios. Esa preparación para la llegada del fin del mundo (tan anunciada y tan retrasada). Vigilancia, oración, ayuno, castidad, martirio, abandono de todo lo terrenal. Como la pravrajya en el hinduismo, morir la muerte antes de que esta se lleve a cabo. En el 386 se estableció definitivamente en Belén y se dedicó, durante casi veinticinco años, a la traducción de la Biblia al latín.

Sí, un desperdicio el no poder hablar con el santo. Él no me dijo nada, pero todo lo que llevé a cabo lo hice por su indicación. Y la cumplí. Todavía estoy esperando algunos dones benéficos para mi obra literaria. No los he notado, porque quizás tampoco fue mucha mi hazaña. Ahora me conformo con ir a visitarlo. A veces me lo imagino levantando su vista de la carta y sonriéndome. A veces me imagino que la carta que lee es el fragmento de una obra mía y, entonces, siempre me veo interrumpido por la presencia de otros impertinentes visitantes. San Jerónimo, en el cuadro de La Tour, está leyendo una carta ayudado de unos anteojos que sostiene con su mano derecha, mientras que con la izquierda aguanta el largo papel desplegado en varios trozos. La carta lo asocia a Hermes, a lo desconocido, a lo esotérico, a esa labor de desentrañar la palabra de Dios venida de un lenguaje desconocido para verterla al del común de los mortales. Sí, un desperdicio el no poder discutir con el santo, sobre todo, de El cantar de los cantares. ¿Quién era aquella a quien no había que despertar ni desvelar? ¿Quién era aquella que subía del desierto? ¿Quién era aquella que con su trenza tenía preso a un rey? ¿Quién era aquella que surgía cual la aurora? Pero, sobre todo, me gustaría saber si la amada, la novia, en el epílogo, afirma que el amor es más fuerte que la muerte o, por el contrario, que es fuerte el amor como la muerte. ¿Qué ponía realmente en el original? Si pusiera que el amor es más fuerte que la muerte, implicaría que el amor tiene el poder de hacernos inmortales; pero la muerte es literal y físicamente más fuerte, infinitamente más fuerte que el amor. ¿Qué ponía en el primitivo original? Seguramente San Jerónimo me remitirá al Eclesiastés donde se habla de la vanidad, de atrapar vientos y de que donde abunda sabiduría abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor. El dolor del saber que no sabe nada, o que no sabe lo único que realmente quisiéramos saber. En la primera epístola a los corintios, San Pablo habla de la resurrección de los muertos, y de que el último enemigo en ser destruido será la Muerte. “¡Qué lindos son tus pies en las sandalias,/hija de príncipe!”.

Uno de mis pintores favoritos (sin desmerecer a Georges de La Tour) es Antonello da Messina. Y de Antonello prefiero su San Jerónimo en su estudio (sin desmerecer al mío). En medio de una gran arquitectura catedralicia está centrada la figura del santo vestido de cardenal, sentado en su estudio-biblioteca, rodeado de libros y leyendo en silencio. Apoya el libro sobre un pupitre. Las baldas que lo rodean acogen otros volúmenes, algunos de ellos abiertos, además de otros instrumentos para la escritura. En primer plano aparecen representados con exactitud un pavo real, una codorniz y una bacía de barbero. En el escritorio hay un rotulito pegado, simulado. Parece contener el nombre del maestro, y, sin embargo, si se mira de cerca, no contiene letra alguna, ya que es fingida. El león avanza desde el fondo, bajo las arcadas. San Jerónimo le quitó una espina de su pezuña y se quedó doméstico con el monje. El pavimento del cuadro está maravillosamente intrincado y es el que produce la perspectiva. Sus colores armonizan con los verdes del paisaje más allá de las ventanas, los grises del cielo, las variaciones en la entrada de arco de piedra y las reflexiones de la luz sobre las superficies de los azulejos. Todo está colocado envolviendo a la figura del santo que se encuentra en una posición interiorizada, abstracta, ajena a ese paisaje exterior del mundo. Lo cercano y lo lejano, lo mundano y lo espiritual, está aquí muy bien representado.

Después de esta aventura religioso-laica-artística-literaria, después de este encuentro con San Jerónimo, el destino me llevó a Siria, a Qalaat Seman, no muy lejos de Alepo. Allí oró San Simeón el Estilita. Allí lanzó su palabra en el desierto. Fue, por pocos años, contemporáneo de San Jerónimo. Se subió a una columna de unos veinte metros y no se bajó en varias décadas. Aún hoy no se ha inventado un deporte de riesgo tan difícil y complejo como aquel. En medio de una gran basílica arruinada, me abracé a lo que resta de esa columna, todavía un buen trozo. En Simón del desierto de Luis Buñuel, el santo sufre todo tipo de tentaciones, incluso algunas más complicadas de rechazar que las de su propia vida. Un pastor enano le grita “te estás tomando atracones de puro aire”; mientras otro personaje anónimo le lanza esta desgarradora frase: “Tu penitencia sirve de poco al hombre”. Quizá por este motivo, el actor Claudio Brook acaba sus días de Simón moderno bebiendo y fumando por las taberna o cavernas de los antros neoyorkinos, atronados por la música rock. En el museo del cine de la Universidad Autónoma de México vi la columna de la película. San Simeón desafiando el principio de gravedad y manteniendo en silencio su corazón; San Jerónimo desafiando el sentido de las palabras. Ambos estilitas, ambos funambulistas.

Hace años que Eduardo Arroyo y yo venimos charlando sobre estos asuntos tan productivos. Y, a propósito de ellos, ha dado pie a esta magnífica exposición salida de su mente de gran artista iconoclasta. Una mente incluso más calenturienta que la de los propios atletas espirituales mencionados. En realidad estoy convencido de que ambos santos han hecho un verdadero milagro laico. Han reunido a dos grandes pecadores (Eduardo Arroyo con infinitos más méritos que yo) y a una gran ensayista y co-comisaria con él, además de santa, Fabienne Di Rocco.

César Antonio Molina

JUAN CRUZ Y ALGUNAS DE SUS FRASES

FRASES DE JUAN CRUZ
Anoche comenzaba en la Diputación de Zaragoza un nuevo ciclo de 'Conversaciones con el autor', protagonizado por Juan Cruz Ruiz (Tenerife, 1948). Lo acompañaron el diputado Bizén Fuster, el coordinador del ciclo Ramón Acín y la profesora y escritora Irene Vallejo, especializada en los clásicos griegos y latinos. En conversación con ellos y con el público abordó muchos temas: la infancia, la memoria, el nacimiento del periodista, la memoria de la madre, la primera e...ntrevista con Julio Caro Baroja, la relación entre literatura y periodismo, la censura, etc. Y a la vez, en píldoras o aforismos, Juan Cruz se fue retratando. Tomé algunas notas y la he ordenado así

-1. “Para mí escribir es una forma de respiración o de supervivencia”.

-2. “Un periódico es una ciudad nerviosa, como dice Enrique Vila-Matas, y un libro es un paraíso turbulento”.

-3. “La inseguridad de un escritor es absoluta. Y eso es lo que te hace seguir escribiendo. A veces pienso que escribir es un milagro. Y eso acabo de escribir en un papel mientras me presentaban”.

-4. “Si te acuerdas de cosas inútiles, te acabas acordando de cosas importantes. Uno es la superposición de instantes y de palabras”

-5. “La memoria está en el presente. El presente es la memoria en marcha”.

-6. “Uno no tiene amigos, los mantiene. Los solitarios necesitamos a los amigos. Yo soy muy dado a preguntar".

-7. “No soy ajeno a la infancia. Me sigue explicando cosas de hoy. A veces, como dice, Michael Krugger, la infancia me manda una postal. Yo converso cada día con esa infancia”.

-8. “Uno está esperando palabras en la literatura y en la vida, palabras aéreas y pesadas. La vida son mil recuerdos cruzados”.

-9. “La literatura es la zona de reposo de la angustia”.

-10. “Uno tiene que dialogar con otros. Javier Pradera siempre me decía: 'Juanito, no te cargues de razón'. He aprendido mucho de eso. Y ahora, tras ver el Parlamento, los insultos y la indiferencia, me pregunto: ¿no era este el momento de escuchar al otro? Hasta los futbolistas, tras un partido, se saludan y se intercambian las camisetas en señal de respeto. Yo no me siento cómodo en este país en este momento: pensé que ya habíamos aprendido a dialogar”.

-11. “Hay un límite en la libertad de lo que uno escribe: es el daño que puede hacer”.

-12. “No hay nada como hablar con otros”.

-13. “La poesía es ucrónica. He leído a Hierro, Valente, Octavio Paz. Me gusta mucho la poesía. Yo no soy una persona lógica. Tengo otra conversación que no se ve: converso con otro y conmigo mismo”.

*La foto, tan sugerente, es de Willy Ronis. Un gran maestro del oficio. Podría ser una exaltación de la facultad de oír. O de soñar. La tomo de aquí: 

http://www.famousphotographers.net/wp-content/uploads/photo-gallery/willy-ronis/willy-ronis-17.jpg

 

UN LIBRO CADA DÍA: MAUBERT

UN LIBRO CADA DÍA: MAUBERT

«Giacometti sabía que si quería mantener a Caroline cerca –puesto que Annette no había salido de su vida- tenía que ser al precio de ceder a sus caprichos. A todos sus caprichos. Algo difícil, sobre todo cuanto el primero de ellos respondía al nombre de libertad. Como si fuera uno de estos pájaros que revolotean alrededor de su jaula con un ala dentro y otra fuera.  El artista sabía lo que significa la palabra ‘libertad’, aunque para Caroline no tuviera exactamente la misma acepción. “Libertad, libertad absoluta, sólo eso me atrae, sólo esto me gusta, en todos los campos…”, escribe Giacometti en 1934. No perder por tanto su amor, su pasión.»

 

-De ‘La última modelo’. Franck Maubert. Traducción de Juan Díaz de Atauri. Acantilado. Barcelona, 2016. 105 páginas. [Cuenta la historia de amor entre Alberto Giacometti y una joven prostituta de veinte años, Caroline, que se convertirá en su amante, en su musa, en la compañera de algunos viajes y de muchas noches sin fin en París, paseando, bebiendo en los bares… Así pintó Alberto Giacometti –al que quiso seducir Marlene Dietrich, como se recuerda aquí- a su joven enamorada, que andando el tiempo conduciría un MG rojo. Esta es una obra de 1961.]

CELIA DE JUAN, EN EL MERCADO

CELIA DE JUAN, EN EL MERCADO

Este fin de semana, desde hoy hasta el domingo, en sesiones de 20.30 (viernes y sábado) 18.30 (domingo), la actriz zaragozana Celia de Juan representa 'Señor juez, soy una adúltera', un texto de Roberto Santiago, inspirado en 'El amante de Lady Chatterley' de D. H. Lawrence, con dirección de Víctor Ríos y producción del Teatro Mayéutico. Celia de Juan se formó en la Escuela Municipal de Teatro, fue alumna de Rafael Ortega, y se trasladó a Madrid hacia 1996. Ha vivido algún tiempo en México y desde entonces ha trabajado en todo lo que ha podido en la escena.
En junio estrenó en los Teatros Luchana esta pieza, cuyo argumento podría resumirse así: "Constance es una mujer valiente que decide romper con la comodidad, prestigio social y seguridad que suponen pertenecer a la aristocracia, asumiendo la libertad de elegir vivir su propia vida alejándose de las hipócritas convenciones de la sociedad".
Aquí puede verse un instante de la función.
https://www.youtube.com/watch?v=WRD6nko29ek

ROBERTO MALO: UN CUENTO CRUEL

ROBERTO MALO: UN CUENTO CRUEL

-Del libro de relatos de Roberto Malo, escritor, actor y cuentacuentos, 'Los soñadores', que publica el sello Pregunta de David Francisco y Reyes Guillén. En los próximos días llega a las librerías. La idea es realmente impactante y el cuento está muy bien desarrollqado, como un partido de baloncesto.

 

Roberto Malo

 

SUEÑOS DE BALONCESTO

 

Doy un paso atrás botando hábilmente y, una vez fuera de la línea de 6, 25, lanzo con precisión.

Triple.

En mi sueño estoy jugando a baloncesto con la Muerte. Menudo encuentro. Y me encuentro vestido de calle, con zapatillas, camiseta y vaqueros, y ella va vestida de Muerte, con túnica, guadaña y toda la pesca. Se me antoja muy alta y delgada, digna de la NBA, y se mueve con mucha agilidad pese a que, de primeras, puede parecer un poco torpe al ser básicamente un saco de huesos. Pero la muy miserable no lo es, no. Ni mucho menos. Y para más inri, lanza que da gusto verla.

Canasta.

Por mi parte tengo más carnes, es evidente, pero lo cierto es que no me muevo mejor que mi temible contrincante, por lo que me tengo que emplear con todas mis fuerzas para intentar ganarle este uno contra uno letal.

Canasta.

Jugamos sin árbitro. Sin juez. Bueno, ella es juez y parte, de alguna manera. Bota la pelota con una mano mientras con la otra lleva la guadaña. Tengo que tener cuidado con sus dos manos, desde luego. Mientras se protege con la guadaña, deja de botar, salta y lanza.

Canasta.

Jugamos a muerte, se podría decir. Y ella, por el momento, juega de muerte. Y si me gana, me gana. O sea, que se me lleva con ella. Que si me gana, es mi hora, vamos. Así de sencillo. Pero no es nada...

Personal.

Llevo soñando lo mismo cerca de un mes, noche tras noche. Por suerte, nunca llego a terminar semejante encuentro, que se me antoja trascendental y definitivo. Al resultar el partido inacabado, pendiente, cada despertar supone un...

Descanso.

Con renovadas energías saco sobre mí mismo y driblo a la Muerte como un profesional.

Canasta.

Ha sido visto y no visto. La Muerte se mosquea, cabecea levemente, como diciendo “Te vas a enterar, tío listo”, y, mientras bota la pelota y comienza su nueva jugada, clava sus cuencas vacías en mí. Sin embargo, no me amilano lo más mínimo y salto cuando veo que va a lanzar.

Tapón.

Ha estado genial, pero por desgracia la Muerte recupera la pelota y vuelve a la carga. Se la intento arrebatar con decisión, pero cometo falta.

Personal.

La Muerte sonríe y consulta el tiempo. Quedan veinte segundos.  Yo entretanto consulto el marcador. Igualados. Sudo —literalmente— la gota gorda.

Tiro libre.

Canasta.

Segundo tiro libre.

Canasta.

Saco y marco jugada clave con mi mano derecha (como si tuviera equipo o público). Con la izquierda boto la pelota. Pierdo de dos puntos, así que me la tengo que jugar. Voy hasta la línea de tres puntos, apuro los últimos segundos y lanzo con toda mi alma (nunca mejor dicho).

Triple.

Levanto los brazos en señal de triunfo y escucho el...

Pitido final.

Se acabó. ¡Se acabó! ¡Sí! ¡Por fin! La alegría me desborda, como un mar embravecido.

Música triunfal.

Parecía un partido eterno, a disputar noche tras noche en el espacio infinito, pero finalmente se ha acabado. Y he ganado. He ganado a la Muerte. Sonrío de oreja a oreja, pero tiemblo al ver que la Muerte sonríe también, y de forma tétrica además. Da igual el resultado, dice, El caso es que por fin hemos terminado. ¿Entiendes? Hemos terminado, dice funestamente. Creo que tiene mal perder, se me ocurre pensar, y es lo último que pienso, pues la Muerte blande la guadaña y me corta la cabeza limpiamente.

Expulsión (de sangre).

Mientras desde el suelo veo que mi cuerpo decapitado se derrumba, siento que comienza mi...

Tiempo muerto.