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Antón Castro

NUEVO LOGO PARA FUENTES

NUEVO LOGO PARA FUENTES

 

FESTIVAL DE CINE DE FUENTES - NUEVA IMAGEN Y BASES 2014

Festival de Cine de Fuentes: “un festival para los sentidos”

Sentir el cine, la cultura y nuestro entorno son los fines principales de esta nueva apuesta para el 2014.

La 19 edición del Festival de Cine de Fuentes se celebrará del 25 de octubre al 1 de noviembre de 2014, en la localidad zaragozana de Fuentes de Ebro. Un festival en el que el cortometraje aragonés y el cine español, se darán cita de nuevo para poder disfrutar de los mejores cortos y de las últimas películas del cine español. Todo esto, acompañado de exposiciones temáticas, foros, encuentros, talleres e infinidad de actividades, que de nuevo convertirán a nuestra población, en un “Pueblo de cine”.

Un festival para ver y escuchar el cine, para tocar ese celuloide a punto de desaparecer y cómo no para saborear y disfrutar de una gastronomía local, sello de identidad de la población, que esos días vive una de las épocas más atractivas del año. Ven, comparte  y disfruta con nosotros, siente nuestro cine, siéntete nuestro.

Ya están disponibles las bases para participar en los diferentes apartados del festival (Ficción y Documental) de la 19 edición del Festival de Cine de Fuentes, el plazo de presentación finaliza el 10 de septiembre. Los trabajos deberán ser enviados on line a través de http://www.clickforfestivals.com/festival-de-cine-de-fuentes-de-ebro

Una nueva imagen creada por el diseñador gráfico Alberto Ladrón, donde combina el rojo del escudo de la localidad y el premio del festival, esa cigüeña que como premio, tantas alegrías ha dado a los cineastas aragoneses.

Una nueva identidad y una etapa camino de la celebración del veinte aniversario en el 2015.

'TURIA' RECUERDA A JARNÉS

15 ESCRITORES Y ESTUDIOSOS LE REIVINDICAN Y RINDEN HOMENAJE

JULIO CORTÁZAR, OCTAVIO PAZ, DAVID FOSTER WALLACE, JOSÉ MARÍA MERINO, JAIME SILES, ANDRES NEUMAN, PETER SLOTERDIJK Y CHRISTOPHER HITCHENS SON OTROS AUTORES DESTACADOS DEL NÚMERO

 

AMPLIAS ENTREVISTAS EXCLUSIVAS A AURORA EGIDO

Y LUIS ALBERTO DE CUENCA

 

[Nota de prensa de Raúl Carlos Maícas] La escritora y académica Soledad Puértolas será la encargada de presentar hoy en el palacio de la Aljafería de Zaragoza el nuevo número de la revista cultural TURIA. Un sumario de casi 500 páginas que tiene como gran protagonista a Benjamín Jarnés. Será un ejercicio de reivindicación y homenaje a un gran autor del siglo XX español que merece, de una vez por todas, ocupar un lugar destacado dentro de la historia de nuestra literatura y conseguir que nuevas generaciones de lectores disfruten de una obra que sigue teniendo interés y vigencia.

 

TURIA ofrece una atractiva y plural aproximación a la vida y la obra de Benjamín Jarnés (Codo, Zaragoza, 1888 – Madrid, 1949) a través de textos inéditos elaborados por 15 autores. Un total de 120 páginas permiten desentrañar las claves vitales y creativas de un escritor en el que “se armonizaban la inteligencia, la sensibilidad y la moral”, según subraya Domingo Ródenas de Moya en el texto introductorio del monográfico que ha coordinado en TURIA. José-Carlos Mainer, Jordi Gracia, Juan Domínguez Lasierra, Juan Herrero Senés, Víctor Fuentes, José Luis Calvo Carilla, Elvira Luengo, Azucena López Cobo, Macarena Jiménez Naranjo y Juan Marqués son algunos de los estudiosos que colaboran en un homenaje que permite conocer a un Benjamín Jarnés sin máscaras y más allá de los tópicos sobre la dificultad o vanguardismo su obra. Se trata así e contribuir a que Jarnés deje de ser el eterno resucitado de las letras españolas.

 

TURIA reivindica hoy a Jarnés no solo por el talante vitalista que respira su obra, por su estilo renovador que abrió una nueva etapa en la literatura española del siglo XX. También valora la actualidad de Jarnés por la defensa que siempre hizo de la armonía y la ponderación. “Esa querencia por los espacios intelectuales de convergencia y concierto -escribe en TURIA Domingo Ródenas de Moya- formó parte de su personalidad siempre, tanto en el terreno de la literatura como en el de las ideas políticas y sociales. Desconfió y denunció el crecimiento de los ’muchachos de uniforme’ cuando en Europa el fascismo y el comunismo empezaron a envenenar de utopismos suicidas las cabezas de millones de jóvenes. Y del mismo modo se mostró receloso con los escritores que parecían confiar en el poder protector y consagrador del rebaño o la horda. ’¡Más equilibrados y menos equilibristas!’, escribía en uno de sus cuadernos íntimos de los años treinta. La sensatez, el fiel de la balanza, el diálogo fueron sus bastiones frente al arrebato, la extremosidad o el autoritarismo”.

 

Además  del  protagonismo  esencial  de Benjamín Jarnés, el nuevo número de TURIA brinda un   

variado e  interesante  catálogo  de  lecturas.   No  en  vano,  además  de  las colaboraciones  de los  autores  ya  citados,  las páginas de la revista se enriquecen con textos inéditos de grandes autores internacionales. Así, TURIA da a conocer un avance del libro por el que Tom Reiss ganó, en 2013, el Premio Pulitzer de biografía: “El conde negro. Gloria, revolución, traición y el verdadero conde de Montecristo”. También ofrece a los lectores el primer capítulo de “Las luminarias”, la novela que ha coronado a Eleanor Catton como la gran revelación de las letras británicas al obtener con sólo 28 años el codiciado premio Man Booker. Por último, TURIA brinda la posibilidad de descubrir la poesía de la austríaca Friederike Mayröcker, una de las grandes personalidades de la literatura contemporánea en lengua alemana y cuya obra es prácticamente desconocida en español.

 Otros protagonistas del sumario del nuevo número de TURIA son autores como Julio Cortázar, Octavio Paz, David Foster Wallace, José María Merino, Jaime Siles, Andrés Neuman, Peter Sloterdijk o Christopher Hitchens. Sin olvidar la publicación de narraciones inéditas de Ismael Grasa, Patricia Esteban Erlés, Miguel Serrano Larraz o Sergio del Molino. En poesía cabría citar los textos, también inéditos, de escritores como Julio Martínez Mesanza, Jordi Doce, Jesús Aguado, José Manuel Benítez Ariza, Abraham Gragera, Juan Lamillar, Ben Clark o Karmelo Iribarren.

 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica: con la profesora Aurora Egido, reciente académica de la RAE (“La desmemoria, la amnesia, es lo peor que puede acontecer en un pueblo”) y con el poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca (“La cultura no es de izquierdas ni de derechas”).

 

TURIA ha conseguido convertirse, tras más de 30 años de trayectoria,  en una de las revistas culturales de referencia en español. Tiene difusión nacional e internacional y por sus páginas han pasado más de mil autores de diversas procedencias estéticas e ideológicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edición en papel y otra  digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número cuenta también con el patrocinio las Cortes de Aragón y la Obra Social de IberCaja.

 

UN JARNÉS INÉDITO: “EL GOCE MÁS INTENSO NOS LO OFRECE LA CIENCIA DE LAS COSAS HUMILDES”

 

A destacar, entre otras interesantes aportaciones que realiza TURIA, la publicación por primera vez de una conferencia inédita pronunciada por Benjamín Jarnés en 1930 sobre uno de sus libros más queridos: “Viviana y Merlín”. En este texto, se nos anima a lograr una armonía entre el mundo ideal y el mundo real y construir así el mundo de los símbolos, un mundo que él retrata en su novela y que permite entre los hombres aumentar su potencial de vida. Una vida colmada en la que seremos capaces de “olvidar nuestra capacidad de dictar leyes porque encontraremos que es más hermoso formular dudas”. Un mundo en el que “el soberbio, que antes prefería la ciencia  de  los  fríos  números  exactos,  comprenderá  que  el goce más intenso nos lo ofrece la

ciencia de las cosas humildes, movedizas, transitorias, febriles”. 

El monográfico Jarnés de TURIA contiene igualmente una valiosa y necesaria conversación con el profesor y crítico literario José-Carlos Mainer, que ha liderado durante décadas las sucesivas operaciones rescate de la figura y la obra del escritor zaragozano. Preguntado Mainer por la perdurabilidad de Jarnés, nos dirá: “la parte viva de Jarnés puede ser muy abundante en motivos de disfrute: la prosa precisa y a veces conceptuosa; el acierto sutil en el adjetivo; su toma de partido por el goce de los sentidos; la construcción de yoes masculinos dispersos y de damas enigmáticas; la permeabilidad de los géneros… Hay donde aprender”.

 

El equipo de estudiosos jarnesianos que ofrece TURIA es muy completo, integra a distintas generaciones y procedencias y sus artículos resultan clarividentes para conocer mejor aspectos de su trabajo literario: Domingo Ródenas de Moya (“Benjamín Jarnés sin embozos”), Juan Herrero Senés (“Jarnés o el aprendizaje de la sensibilidad”), Jordi Gracia (“Mi fantasma más antiguo”), Azucena López Cobo (“Benjamín Jarnés. Brújula de los tiempos”), Macarena Jiménez Naranjo (“Conocer(se) para vivir(se)”), Elvira Luengo Gascon (“Benjamín Jarnés: fragmentariedad, totalidad”),  José Luis Calvo Carilla (“’Fauna contemporánea’ y el Jarnés rehumanizado”), Víctor Fuentes (“’San Alejo’: la deconstrucción novelesca del género de las vidas de santos”) y Juan Marqués (“Entre bastidores. Una lectura de ‘Tántalo (Farsa)’”).

 

LOS ESCRITORES DE HOY Y BENJAMÍN JARNÉS

 

TURIA da a conocer también la opinión sobre Benjamín Jarnés de varios de los escritores aragoneses de mayor proyección en la actualidad: José María Conget, Antón Castro, Javier Sebastián, Daniel Gascón y Cristina Grande.  A través de estos artículos, sus autores brindan una mirada contemporánea sobre la literatura jarnesiana y permiten conocer el nivel de influencia que obtienen hoy sus libros entre los nuevos creadores. Así descubriremos, por ejemplo, cómo José María Conget reconoce que llegó tardíamente a la obra de Jarnés y que sus novelas “El convidado de papel” y “Lo rojo y lo azul” son las que más huella le dejaron. Aprecia también Conget en Jarnés el haber sido “uno de los primeros narradores españoles en mencionar la inserción de las salas de cine en el paisaje urbano, la novedad de las bandas de jazz y el derecho de la mujer a una sexualidad libre y satisfactoria”.

Antón Castro reconoce que en su descubrimiento de Jarnés fue clave Ildefonso-Manuel Gil: “Ildefonso nos hablaba de muchas cosas de Jarnés: de sus viajes por Aragón, de sus citas en Daroca y Albarracín, de su pasión por el balneario de Alhama y por aquella novelista peruana que se llamaba Rosa Arciniega, con quien tanto le gustaba bailar. Y nos habló, incluso, de su secreta pasión por escribir novelas eróticas”. Hoy, Antón Castro considera a Jarnés un “escritor primoroso, hondo, lírico, un esteta que contempla el mundo y lo recrea con delectación”.

 

Javier Sebastián utiliza un juego de palabras para decirnos que, para él, Jarnés es Mainer. Y es que fue el profesor José-Carlos Mainer quien, en las aulas de la Universidad, le descubrió a Jarnés: “Mainer levantó a Jarnés de su tumba y desde entonces quedaron unidos en mi memoria. Atados los dos. Me interesó Jarnés porque le interesaba a Mainer. Juventud filológica. Alegre y de vanguardia”. 

 

Completa el monográfico de TURIA una útil y pormenorizada biocronología de Benjamín Jarnés elaborada por uno de sus mejores conocedores: el periodista y escritor Juan Domínguez Lasierra.

 

JULIO CORTÁZAR, OCTAVIO PAZ Y DAVID FORSTER WALLACE

 

El sumario de TURIA se abre, en esta ocasión, con un artículo de Teodosio Fernández titulado “Un siglo con Julio Cortázar”. Transcurridos cien años del nacimiento del autor de “Rayuela”, Cortázar sigue ocupando un lugar indiscutido en la literatura hispanoamericana: “se alejó de la Argentina que desdeñaba para descubrir América desde París, dibujó su mandala y lo recorrió mientras procuraba hacer de la escritura el espacio no tanto de una revelación como de un alumbramiento tan imprecisable como decisivo para el porvenir de la condición humana”.

 

Otro gran autor del que este año también celebramos el centenario, Octavio Paz, es objeto de un original análisis de su compatriota Pedro Serrano. En su artículo reivindica la presencia viva del que fuera Premio Nobel en 1990 y también uno de los escritores más influyentes del siglo XX: “en sus propias palabras y en su propia vida están las estrategias para impedir que lo momifiquen, que lo santifiquen o que lo monumentalicen”.

 

La actualidad en torno al escritor David Foster Wallace ocupa también el protagonismo de otro artículo de  TURIA. Y es que la obra de D.F,W, considerado el mejor cronista del malestar de la sociedad norteamericana en la época a caballo entre los siglos XX y XXI, sigue suscitando interés y controversias.

 

TEXTOS DE GRANDES AUTORES INTERNACIONALES: TOM REISS, ELEANOR CATTON Y FRIEDERIKE MAYRÖCKER

 

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresale un amplio anticipo de “El conde negro. Gloria, revolución, traición y el verdadero conde de Montecristo”, del periodista y escritor estadounidense Tom Reiss, la historia del general Alejandro Dumas. Un personaje que, nacido en Haití, mulato y bien parecido, fue diestro con la espada y padre del autor de novelas como “El Conde de Montecristo” o “Los Tres Mosqueteros”. Su biografía es digna de las fascinantes aventuras literarias que creó su hijo. “El conde negro” obtuvo el Premio Pulitzer en 2013 y este próximo otoño será editada en España por Anagrama.

 

Eleanor Catton, es una escritora que con sólo 28 años ha conseguido uno de los premios literarios más codiciados de la lengua inglesa: el Man Booker, dotado con 50.000 libras (59.200 euros). Se convierte así en la autora más joven que lo obtiene con la que es la segunda novela de su carrera. Además, con su novela “Las luminarias” la escritora neozelandesa nacida en Canadá obtiene otro récord: las 832 páginas de su obra la convierten en la obra más voluminosa en ganarlo.

 

Está previsto que la novela “Las luminarias” sea editada en España por Siruela en enero de 2015. Mientras llega esta esperada novedad narrativa, la revista TURIA brinda a los lectores el primer capítulo de esta extensa y alabada obra literaria de Eleanor Catton. 

 

En  el apartado que TURIA dedica a la poesía, este nuevo número descubre al lector en español a una gran autora prácticamente desconocida en nuestro idioma: la austríaca Friederike Mayröcker. Sin embargo, tal y como nos recuerda su traductor José Luis Reina Palazón, Mayröcker es “la más prestigiosa poeta actual de lengua alemana, tres veces candidata al Nobel y con todos los premios imaginables desde el Büchner al Gran Premio del Estado Austríaco”.

 

Friederike Mayröcker “sigue escribiendo cada día a sus 89 años en un amplio piso de la calle Zenta de Viena”. Ahora, la revista TURIA ofrece una antología poética de una autora que ha practicado todos los géneros: poesía, ensayo, novela, teatro radiofónico, libros infantiles...

 

Por otra parte, las páginas de esta publicación cuatrimestral contienen las secciones habituales dedicadas a la creación literaria. Así, además de los tres autores citados, en esta entrega se publican textos inéditos de José María Merino, José María Conget, Ismael Grasa, Patricia Esteban Erlés, Miguel Serrano Larraz y Sergio del Molino.

 La sección de “Poesía” la integran una nómina plural de creadores que comienza por Friederike Mayröcker y en la que ofrecen al lector sus versos originales otros 24 autores. Entre ellos, habría que citar a Jaime Siles, Andrés Neuman, Julio Martínez Mesanza, Jordi Doce, Jesús Aguado, José Manuel Benítez Ariñza, Abraham Gragera, Juan Lamillar, Ben Clark y Karmelo Iribarren. No faltan los poetas aragoneses o radicados en Aragón como: Fernando Aínsa, Ignacio Escuín Borao, David Mayor, Teresa Agustín, Francisco López Serrano, Julio Espinosa Guerra, Fernando Sanmartín, Olga Bernad, Sandra Santana, Miguel Ángel Ortiz Albero, Carmen Ruiz Fleta, José Gabarre y José Luis Martínez Mallada.  

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, se incluyen junto al avance del libro de Tom Reiss, otros texto que merecen una lectura atenta: “Última salida: indignación. Sobre la eliminación de los ciudadanos en las democracias”, de Peter Sloterdijk y “Las pasiones de Chistopher Hitchens”, de Daniel Gascón.  

 

ENTREVISTAS A AURORA EGIDO Y LUIS ALBERTO DE CUENCA

 

Dos conversaciones a fondo y de lectura recomendable ofrece TURIA. Sus protagonistas son  dos  personajes  de gran interés y muy presentes en la actualidad cultural española: la profesora y académica de la RAE Aurora Egido y el filólogo y poeta  Luis  Alberto  de Cuenca. Ambos son entrevistados por la periodista Emma Rodríguez.

 

Quien se aproxime a Aurora Egido a través de la entrevista que TURIA ofrece, podrá leer entre otras afirmaciones: “La desmemoria, la amnesia, es lo peor que puede acontecer en un pueblo”. Y también conocerá que, en su opinión, “San Juan de la Cruz es el poeta mayor de la literatura Española”. Respecto a Gracián, de la que es una acreditada especialista, nos confiesa: “Gracián me ha enseñado que la verdadera discreción consiste en saber elegir”. Sobre cuestiones educativas, Aurora Egido lo tiene claro: “los profesores de enseñanza media y los maestros son los verdaderos héroes de nuestro tiempo”.

 

Luis Alberto de Cuenca es filólogo y profesor de investigación en el CSIC pero, en su extensa y valiosa trayectoria intelectual, lo más importante es su condición de poeta: “mis poemas son teselas de un mosaico que, si se unen, configuran mi rostro y más allá, mi espíritu”. Quien ha sido también director de la Biblioteca Nacional y Secretario de Estado de Cultura, asegura que “la cultura no es de izquierdas ni derechas” y que “el dinero se ha convertido en una especie de paraíso al que acceder sin escrúpulos”.  

 

VÍCTOR MIRA Y GONZALO TENA

 

Once ilustraciones de ese artista total y cosmopolita que fue Víctor Mira (1949-2003) ocupan el protagonismo gráfico de TURIA. Además de esa destacada presencia visual, la revista publica un amplio y sugerente artículo de análisis sobre su trayectoria artística elaborado por Chus Tudelilla bajo el título “Genios fuera”.

 La ilustraciones interiores de Víctor Mira que TURIA publica pertenecen a dos series diferentes: “Musas del Paralelo”, de 1979 y “Montjuich”, de 1990. Todas ellas son xilografías. Mientras que la ilustración de portada es la obra “Caminantes”, fechada en 1984 y elaborada con la técnica de aguafuerte y xilografía. Todas las obras pertenecen a la colección del galerista zaragozano Pepe Navarro Casaus, actual administrador del Legado Víctor Mira junto con la que fuera su compañera, Esther Romero.

 Según escribe Chus Tudelilla, Víctor Mira “se quiso continuador de lo espíritus reveladores e inquisitivos de Gracián, Goya, Buñuel y Saura, y a ellos encomendó su pensamiento plástico que le conduciría a desnudar la imagen en medio de un vacío desolador”. Fue, por tanto, Mira un creador solitario que “decidió zambullirse en el territorio convulso de las emociones y de los impulsos furiosos que se agitan en el interior de la condición humana”.

 

TURIA contiene también la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan los títulos de mayor interés de la actualidad editorial.

 

*La foto de Aurora Egido es de la RAE.

XAVI, EL CEREBRO Y SU MELODÍA

REGATE EN EL AIRE

 

Xavi: el cerebro y su melodía

 

El adiós de España, en esta primera fase, supone la despedida de Xavi Hernández de la selección. Es el adiós de un futbolista imperial que ha marcado un estilo a partir, sobre todo, del campeonato de Alemania-2006. Aunque ya había debutado en Japón y Corea del Sur-2002, sería cuatro años después cuando demostrase su gran clase, su personalidad, su inteligencia y una estética singular basada en el amor al balón, en la depurada técnica, en la triangulación incesante y en un peculiar sentido del ritmo.

Xavi es un futbolista de la estirpe de Panizo, Manolo Velázquez, Lapetra o Luis Suárez. Le costó hacerse con un sitio en el espléndido Barcelona de Frank Rijkaard, liderado por Márquez, Deco, Eto’o y Ronaldinho, especialmente, pero en cuanto le dieron confianza empezó exhibir su clase, y fueron muchos quienes han elogiado su pierna derecha. Cruyff le afeó hace años a Iván de la Peña que careciese de pierna izquierda, pero a Xavi le bastó solo una para tocar el cuero, marcar la pauta, dominar la confusión; la otra era un apéndice para correr o el punto de apoyo: nadie ha sabido dar la vuelta sobre sí mismo y esclarecer de golpe, con ese gesto sencillo, el espacio. Entonces levantaba la cabeza e iniciaba la avanzadilla, toque a toque.

Xavi Hernández fue determinante en la Eurocopa de Austria y Suiza-2008. Allí, con sus movimientos, con su inmensa capacidad de trabajo y con esa facultad inefable para interpretar el juego y ordenarlo a su antojo, fue el centrocampista más imaginativo: el perfecto director de juego. El arquitecto del verdín. Fue elegido el jugador del campeonato con toda justicia y desquició a Ballack, con suavidad, acariciando el balón de lado a lado, moviéndose de forma invisible.

Algo parecido hizo en el Barcelona de Guardiola. Era la encarnación de la voluntad de Pep. Siempre ha sido elegante, espontáneo, ha sabido asociarse y buscar la luz del último pase, y no le importaba rondar el marco contrario. En el remate ha sido un poco conservador: hubo instantes en que Xavi habría podido ser tan decisivo y tan goleador como su compañero Deco.

En el Mundial de Sudáfrica-2010 Xavi estaba en su apogeo y en su madurez. Había sido elogiado por doquier, y lo sería aún más cuando asumió el gobierno de un equipo espectacular, que buscaba la plasticidad, que quería adueñarse del juego y hermosearlo, y que ganaría el título ante Holanda. Xavi estuvo a un nivel muy alto en un torneo exigente en el que España puso sobre el terreno su técnica, el arte del control, la paciencia y un indesmayable sacrificio.

Xavi siguió acaparando elogios y premios. Del Bosque reconoció que era “la bandera de la selección en el campo”. El equipo dependía de su lucidez, de su ambición, de su ritmo, de la armonía de su manual de geometría. Otros han dicho que en la selección  jamás ha habido un jugador tan importante como él, tan carismático, incluso desde el silencio. Hasta Pelé aseguró que con él y con Iniesta habría sido mejor.

El último gran momento de Xavi fue en la Eurocopa de Polonia y Ucrania-2012. Pareció no estar a su máximo nivel, pero en la final fue la gran estrella. Realizó un partido magistral: se disfrazó de mago, vio huecos que solo él podía ver, inventó pases y desarmó a Pirlo y a sus compañeros. Xavi, el centrocampista técnico, la brújula de todos los pases, ha hecho más kilómetros que nadie. No ha llegado bien a Brasil y se irá a Catar. Con su amarga despedida, también se adhiere al recuerdo una sensación indeleble: la memoria del buen fútbol y la culminación de un sueño imposible, que han diseñado Luis Aragonés y Vicente del Bosque, y que han ejecutado un puñado de futbolistas condenados a la inmortalidad.

 

*Este texto aparece hoy en mi sección 'Regate en el aire' de Heraldo de Aragón. La foto es de Wikipedia.

ESTHER LAFUENTE PUBLICA UNA 'GUÍA PARA ENTENDER LA MÚSICA MODERNA'

Las claves de la magia de la música

 

Esther Lafuente publica ‘Guía para entender la música moderna’, donde analiza la historia, los discos y los intérpretes de 23 estilos

 

LA FICHA

Guía para entender la música moderna. ‘Un recorrido didáctico por los estilos musicales de nuestro tiempo’. Esther Lafuente González. Ilustrado con fotografías. Doce Robles. Zaragoza, 2014. 255 páginas.

 

Los libros nacen de la manera más inesperada. A veces, tras un manojo de fichas de trabajo para los alumnos de percusión. Esther Lafuente González (Zaragoza, 1966) es batería (integró grupos como Mestizos, Dos Lunas, Deveró o Dos Pasos), y es profesora en la Escuela Municipal de Música y Danza. Impulsada por las urgencias del aula, percibió que no existía una ‘Guía para entender la música moderna’ y durante cinco años redactó una que subtitula como “un recorrido didáctico por los estilos musicales de nuestro tiempo”.

El libro lo ha publicado Doce Robles y lleva un prólogo de Patricia Godes, que lo define como “un trabajo minucioso y completo, llevado a cabo con rigor y profundidad que va a ocupar un sitio de honor en nuestras estanterías y en nuestras mesitas de café. Ahora y durante muchos años venideros”. Patricia Godes y Juanjo Blasco ‘Panamá’, crítico de HERALDO, han sido dos de los asesores de una mujer laboriosa “que no se considera una especialista” y que ha trabajado en equipo con mucha gente: periodistas, productores, músicos, profesores, etc. “He buscado un cierto consenso nada fácil”, confiesa.

El libro recoge 23 estilos distintos, desde el blues hasta la world music. “El viaje tiene un sentido circular: África en el punto de partida y de retorno”, explica Esther Lafuente. Aborda, además de los citados, el jazz, el country, en rock & roll, el folk, el pop, el soul, la bossa nova, el rock, los cantautores, el funk, el hard rock, la salsa, el rock progresivo o sinfónico, la música disco, el reggae, el punk, la new wave, el hip hop, el flamenco, la música electrónica y el rock alternativo.

En cada capítulo sigue el mismo método. Realiza una introducción y describe los precedentes y el contexto social e histórico; analiza las características y las tipologías. Y en cada capítulo se arriesga y propone cinco nombres capitales. Además, para enriquecer el libro y ensanchar el campo de incitaciones, cita otros nombres del mundo y de España, e incorpora dos elementos novedosos: la sección ‘Los 10 temas esenciales de...’ (donde figuran críticos de HERALDO como Matías Uribe, Juanjo Blasco y Gonzalo de la Figuera; músicos como José Luis Arrazola, Joaquín Carbonell o Sho Hai; productores como Chema Fernández; programadores como Lluis Lles; DJ como Lord Sassagras, etc.)  y una selección cinematográfica, “que me sugirió mi hermano Javier, editor de Doce Robles, que es una gran enamorado del cine”, dijo Esther en la presentación del volumen.

No se acaban aquí las aportaciones: en cada estilo hay una selección de veinticinco discos esenciales “que definen un apartado imprescindible para entender la música. Grabaciones que marcaron una generación, portadas históricas, discos conceptuales”, señala Esther Lafuente. El libro, antes de la bibliografía final, añade una nómina de “los 50 discos que no deberías perderte” que han nacido de una encuesta entre los profesores de la Escuela Municipal de Música y Danza. “Han tenido en cuenta diferentes criterios: históricos, didácticos, de calidad, instrumentales y también sentimentales”, matiza Esther. Entre álbumes como ‘Kind of Blue’ de Miles David, ‘So’ de Peter Gabriel, ‘Transformer’ de Lou Reed o ‘Moondance’ de Van Morrison, aparece ‘De un país en llamas’ de Radio Futura, banda liderada por el zaragozano Santiago Auserón.

Un repaso del conjunto revela infinitos matices y curiosidades. Cada capítulo arranca con una frase. En el de jazz, se recoge esta frase de Miles Davis: “El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos”. A propósito del flamenco, el guitarrista Manuel Sanlúcar dijo: “La música es una casualidad. Lo primero es la angustia”.

Al respecto de los estilos podemos leer referencias muy variadas. En la sección de jazz se dice que “si la música clásica consagra a los compositores, el jazz lo hace con los intérpretes. No es el ‘qué’ tocan sino el ‘cómo’ y así lo demuestra el gran número de versiones diferentes que existen sombre un mismo estándar de jazz”. Para Esther Lafuente, aquí los cinco grandes son Louis Armstrong, Duke Ellington, Billie Holiday, Miles Davis y John Coltrane.

En el apartado de pop se dice que este estilo “refleja la modernidad, el momento presente, a la vez que rescata formas del pasado. La música de los 50 y 60 siempre ha sido la inspiración para los músicos posteriores (...) Las letras de las canciones reflejan esta ideología de lo cotidiano con claridad y sencillez, a veces con pinceladas de humor y toques infantiles. El amor sigue siendo el tema principal”. La autora exalta, en esta sección, a Phil Spector, The Beatles, The Beach Boys, The Kinks; a Michael Jackson y Madonna los llama “reyes del pop”. Si nos vamos al rock, los cinco elegidos son The Doors, Jimi Jendrix, The Rolling Stones, Bruce Springsteen y David Bowie.

La autora ha señalado que la ‘Guía para entender la música moderna’, ese laberinto de sonidos en el tiempo y en la emoción, quiere ser didáctica y entretenida y contagiar el espíritu y la magia de la música.

 

*Este artículo aparece hoy en Heraldo, en la sección de Cultura.

 

 

CORRAL: LA CORONA DE ARAGÓN

José Luis Corral desmonta los falsos

mitos que adornan la Corona de Aragón

 

El historiador publica un libro de “esa formidable aventura de la historia europea” que duró 577 años, donde rechaza términos como “Corona catalano-aragonesa”

 

FICHA

La Corona de Aragón. Manipulación, mito e historia. José Luis Corral. Doce Robles. Zaragoza, 2014. 198 páginas. (El libro consta de 16 capítulos y varios apéndices con bibliografía, mapas y microbiografías de los reyes).

 

 

Hace algunos años, José Luis Corral (Daroca, Zaragoza, 1957) y algunos historiadores publicaron una breve guía de ‘La Corona de Aragón’. Desde entonces, Corral –calificado por la revista francesa ‘Actualité de l’Histoire’ como “uno de los historiadores españoles de mayor repercusión internacional”-, quiso “hacer una monografía de historiador, no de escritor”, que dejase las cosas en su sitio: que no se usasen terminologías ni nomenclatura como “la de Corona catalano-aragonesa o reyes de Cataluña, que no han existido jamás”. Ese empeño cristalizó en su libro ‘La Corona de Aragón. Manipulación, mito e historia’ (Doce Robles).

Corral dice que no ha escrito este libro contra nadie ni que tampoco se trata de un volumen que explique su postura política, “soy partidario de que los pueblos decidan su futuro”, pero sí está en contra “de la utilización y de la manipulación de la Historia para justiciar el presente. La Historia explica el presente, no lo justifica; el presente no lo justifica ningún nacionalismo o supranacionalismo sino otros conceptos como los derechos humanos, el estado del bienestar, la justicia social, etc. En este sentido este es un libro de historiador contra los mitos: de tanto insistir en diversos mitos y leyendas se convierten en credo contra la realidad de la historia. Los nacionalismos necesitan rotundos hechos fundacionales para asentar sus posiciones políticas”.

Corral considera que la Corona de Aragón ha sido un ejemplo de tergiversación del pasado para “adecuarlo a la ideología que sustenta ese ‘sentimiento nacional’ de algunos nacionalismos”. El libro por tanto se desmarca de algunos tópicos que han dejado aquí y allá los cronistas de la época y que siguen vertiendo “interesados historiadores catalanistas o españolistas” para justificar opciones de ahora.

¿Qué fue, entonces, la Corona de Aragón? El historiador ensaya esta definición: “La Corona de Aragón, denominación que no aparece hasta mediados del siglo XIV, es una entidad supranacional, formada por diversos reinos y Estados cuya composición concreta cambiará a lo largo de sus 577 años de existencia. Desde 1137, que es cuando se producen las capitulaciones matrimoniales de Petronila y Ramón Berenguer IV, hasta 1714, cuando Felipe V ocupa Barcelona –señala-. La monarquía es el único nexo de unión entre los territorios que la configuran”. La Corona de Aragón es un territorio que se va modificando por las herencias, las adquisiciones, las conquistas y los repartos de sus monarcas, “aunque siempre se mantienen en ellas los tres grandes Estados: el reino de Aragón, el de Valencia y el condado de Barcelona”.

La boda de Petronila, hija de Ramiro II ‘el Monje’, y Ramón Berenguer IV,  “conde de Barcelona y Príncipe de Aragón, pero jamás rey ni de Aragón ni de Cataluña”, marca el inicio de una aventura política, social, económica. Los Estados mantuvieron sus propias leyes –los ‘Fueros’ en Aragón, los ‘Usatges’ en Catauña y los ‘Furs’ en Valencia- y sus instituciones, bajo el mando de un único soberano. Los primeros reyes, Alfonso II, Pedro II y Jaime, accedieron al trono en minoría de edad. “Para algunos, el gran monarca de la Corona de Aragón fue Jaime I, a quien el cronista Bernat Desclot describió como ‘el hombre más hermoso del mundo’; para Aragón fue un auténtico desastre porque desintegró el reino. A mí me gusta mucho Pedro IV ‘el Ceremonioso’ porque poseía una sensibilidad hacia la Corona, quería integrar a todos los Estados y estaba en contra de la disgregación”, dice.

Para Corral algunos hechos son especialmente emotivos: por ejemplo, en el Partenón de Atenas ondeaba la bandera de Aragón. “Me parece un hecho muy hermoso: el otro lado del Mediterráneo, Aragón estaba presente. Hay muchas otras cosas valiosas que recordar: el rey convocaba Cortes Generales en Monzón (Huesca) y allí acudían todos. Y, por supuesto, que es determinante la unión de Petronila y Ramón Berenguer. Ahí empezaron más de cinco siglos de una formidable historia en común sin que cada pueblo perdiera ni su lengua, ni su moneda, ni sus instituciones, ni su sistema económico, etc.” Hay muchos otros detalles: el Compromiso de Caspe, el reinado de Fernando el Católico... Se desmonta la leyenda de Wifredo ‘el Velloso’ y el relato de los cuatro dedos ensangrentados que trazan las cuatro barras rojas sobre el escudo amarillo del rey de Francia.

José Luis Corral ha escrito una monografía detallada. Condensa la bibliografía y dialoga con ella, ofrece una minuciosa cronología, hace inventario de instituciones, monarcas (incluidos los “reyes privativos” de Mallorca) y territorios (Cerdeña, Nápoles, Atenas y Neopatria o Montpelier, entre ellos), traza las genealogías y, finalmente, muestra los diversos mapas del reino.

 

*La primera foto la tomo de aquí:

 https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-6a3b1194fbe7881b4becc409d1d98665.jpg

**La segunda de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-363aee652f9bd67d8f40d210fba70c5a.jpeg

 

UN ARTICULO DE ROSA Mª PEREDA

[Leo este artículo de Rosa María Pereda, tan emocionante y sentido.]

http://www.diariocritico.com/ocio/libros/lagrimas-de-cocodrilo/rosa-pereda/maruja-torres/457913?fb_action_ids=10204363743040565&fb_action_types=og.recommends&fb_source=other_multiline&action_object_map=%5B671648439572436%5D&action_type_map=%5B%22og.recommends%22%5D&action_ref_map=%5B%5D

 

Leo de un tirón Diez veces siete, el libro de Maruja Torres. De un tirón, porque es un libro de despedidas, como todas las autobiografías. Y porque tengo, les confesaré, el corazón en un puño.

 

Rosa PEREDA  

Lo acaba de publicar Planeta, y lleva como subtítulo -mejor, como sumario, que se dice en prensa- Una chica de barrio nunca se rindeDiez veces siete son, dice Maruja Torres, las veces que se ha tenido que reinventar, más o menos cada siete años, desde una tenaz voluntad de contar. Es un libro sobre el periodismo, sobre la periodista, sobre la libertad, sobre la vida, en fin. Me he identificado con ella, con lo que hemos compartido -el diario El País, que imprime carácter, y que nos ha dado gustos y disgustos bastante paralelos; algunos amigos comunes y perdidos: Terenci, sobre todo Terenci Moix, pero también otros, como Manu Leguineche- y con lo que nos diferencia, que a lo mejor no es más que una cosa: la madre. Con la suya hace Maruja Torres el gran ajuste de cuentas. Con la mía estoy, justo ahora, empezando una despedida, un duelo que sé que no terminará nunca. Así que más que leer, lo que he hecho es dialogar con el libro, y por él, con el dolor. Que en mi caso es (todavía) algo físico, indescriptible.

Maruja arranca y termina su libro en el sofá del despacho del director de El País, el día en que intenta silenciarla y ella da el portazo. Que no era el primero: ella, como yo, ha sido una chica-guadiana en Miguel Yuste 40. Yo le he envidiado a Maruja Torres esos reportajes viajeros, por ejemplo, fíjate, aquella vez que se fue con los gitanos nómadas, vestida como una de ellas y compartiendo sus quehaceres. Su descripción de los pies de esas mujeres se me ha quedado grabada, porque me decía mucho de la mirada y la sensibilidad de la periodista, y de ese sufrimiento y ese trabajo de la pobreza. Esos pies deformes. Esos pies hablaban más fuerte que cualquier discurso.

Pero desde El PaísTorres va y vuelve a su infancia, y a toda su vida profesional, y a toda la energía que ha tenido que desplegar para ser quien es. Canta al periodismo, esta profesión hermosa y ahora tan puteada, y siempre tan exclusivista, tan de ser el amor único de la vida de una. De ella. Tan de exigirlo todo, ser la única familia, ser el único mundo. Cuando leía a Maruja, esta noche de insomnio mañanero, he tenido la sensación de haber puesto los cuernos al periodismo. Porque no, yo confieso que mi verdadera vida discurre en otra parte, aunque no podría vivir sin escribir, sin leer, sin contar. Y que es verdad: hay veces que han sido incompatibles.

Y canta Maruja -porque es un canto lo suyo, un libro hermoso, tal vez el mejor escrito, el más bello de los suyos- los lugares que ama, que son más que lugares, que son como almas: Beirut. Beirut, pero también Cairo, y también Grecia, islas y Atenas. Y también una Barcelona más marítima de lo común. Ese Mediterráneo fundamental y fundacional. Yo creo que el Mediterráneo también imprime carácter, y Maruja lo lleva impreso. Y por fin, canta también el paso del tiempo. El paso de la edad. Ay.

No es un libro triste -aunque tal vez lo sea: con Maruja, la risa, la sonrisa y el sarcasmo están asegurados. Y cuenta muchas y sabrosas historias. Lo que es triste es la vida, en este momento rabioso de despedidas, en el que todo lo que hemos hecho parece terminarse. Como en un cambio de ciclo, el ERE de El País -a mí, esta vez, no me echaron: simplemente dejé de mandar artículos, porque es que ya no me apetecía, ya no me sentía yo en mi periódico- fue un toque de clarín,  entre lo funeral y lo premonitorio. Se acabó El País. Como se están acabando tantas cosas.

El domingo pasado, unos pocos amigos, ocho en total, despedíamos en el Cementerio Civil de Madrid a un gran poeta, un grandísimo poeta: Manuel Alvarez Ortega. Era Manuel un personaje singular, al que veo paseando juntos por Londres, hace ya tantos años; conduciendo su viejísimo Mercedes, traído de Marruecos, por la calle Princesa, o en su mesa disidente del Café Gijón. Discutiendo de poesía: se calentaba hasta la furia, con un gusto espléndido y ferozmente crítico que dejó de afilada herencia a algunos.  Cosmopolita en lo literario -había traducido al castellano la gran poesía francesa de la modernidad, de los simbolistas a los surrealistas- iba y venía su corazón a la Córdoba natal.  Hay una fundación en marcha que era su último proyecto, en la que una palabra tienen las autoridades cordobesas, y otra sus albaceas, su mujer, Marga, y sus editores Juan y Encarna Pastor, que hacen la colección Devenir. En fin. Tenía 91 años, pero todos los hombres, y todas las mujeres, mueren jóvenes. Y dejan un desgarro.

Maruja Torres lo sabe muy bien, esto de los desgarrones. Y yo, lamentablemente, también.

 

LUIS ALEGRE ESCRIBE DEL MEDIO SIGLO DE 'LOS MAGNÍFICOS'

 

LOS MAGNÍFICOS”, EL EQUIPO MÁS BRILLANTE DE LA HISTORIA DEL REAL ZARAGOZA, OCUPAN UN LUGAR DE HONOR EN EL IMAGINARIO ARAGONÉS. SE CUMPLEN 50 AÑOS DE SUS PRIMERAS GESTAS.

Un concierto de Stradivarius

 

Por Luis ALEGRE. Texto aparecido el domingo en Heraldo de Aragón

El miércoles 24 de junio de 1964 el nombre de Zaragoza se escuchó con mucha fuerza en toda Europa. Esa tarde el Real Zaragoza entrenado por Luis Belló se proclamó campeón de la Copa de Ferias al batir al Valencia en el Nou Camp. Unos días después, el domingo 5 de julio, en Chamartín, el Zaragoza volvió a tumbar a un grande de la liga española, el Atlético de Madrid, y logró por vez primera la Copa de España, llamada entonces del Generalísimo. Se cumplen 50 años de esos días asombrosos que empujaron la leyenda de “Los Cinco Magníficos”.

El apodo, muy afortunado, evocaba a “Los Siete Magníficos”, el western de John Sturges estrenado en Zaragoza tres años antes. “Los Cinco Magníficos” eran los miembros de la delantera prodigiosa: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Pero es más justo hablar, en general, de “Los Magníficos”, para incluir a Yarza, Cortizo, Irusquieta, Manolo González, Santamaría, Reija, Pais, Isasi, Pepín o José Luis Violeta. “Los Magníficos” fueron, al menos, 15. Entre 1963 y 1967 el Zaragoza disputó dos finales de la Copa de Ferias –de la que ganó una-, unas semifinales y unos cuartos de final de la Recopa de Europa y cuatro finales consecutivas de la Copa del Generalísimo, de la que ganó dos. Francisco Franco llegó a preguntar si su Copa la jugaba siempre el Zaragoza y otro más. El fútbol de ese equipo maravilló a Europa y marca un techo en la historia del Real Zaragoza.

He contado miles de veces que yo tendría cuatro años cuando, en el Barranquillo de Lechago, vi a mi padre Alberto y a mi tío Luisito volverse locos de alegría al escuchar en Radio Zaragoza un gol de “Los Magníficos” cantado por Paco Ortiz. Mi padre y mi tío me comían a besos. No me cabe duda de que ahí comenzó mi relación enferma con el Real Zaragoza. En el bar de mi tío Eduardo había un póster que yo miraba y remiraba con la boca abierta. Era la formación que había conseguido la Copa del Generalísimo ante el Athletic de Bilbao en 1966. No puedo recordar cómo jugaban “Los Magníficos”. Pero esos tipos trastornaron mi vida.

Yo no había salido de Lechago. Para mí Zaragoza era una foto en blanco y negro de “Los Magníficos”, el lugar mítico en el que vivían mis ídolos. A mediados de la década de los 60 Zaragoza tenía unos 350.000 habitantes y Lechago unos 200. Ya había comenzado la desbandada. Muchos de Lechago se marchaban a Zaragoza, Valencia, Barcelona, Madrid o, como en el caso de mi padre, a Francia, a trabajar en la vendimia o a recoger remolacha. Los pueblos de Aragón eran rudos y pobres y Zaragoza, aunque a mí me pareciera mítica, era una ciudad enlutada, triste, vulgar, provinciana e ignorada. En una entrevista de la época Luis Buñuel admitía que su Zaragoza le parecía horrible y feísima.

 

De algún modo, el Real Zaragoza de “Los Magníficos” representaba lo contrario de lo que eran Zaragoza y Aragón. A ese equipo le sobraba brillo, alegría, magia, belleza, finura, armonía, genialidad, poderío. Madrid, Valencia, Barcelona o Bilbao, las ciudades que nos rodeaban, eran más poderosas que Zaragoza pero el Real Zaragoza, muy a menudo, era más deslumbrante que el Barça, el Valencia, el Athletic de Bilbao, el Atlético o el Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. El Zaragoza también vivió grandes noches en Europa. Especialmente, una, esa de noviembre de 1966 en la que venció en Inglaterra por 3 a 1 al Leeds United en las semifinales de la Copa de Ferias. Se cuenta que los jugadores del Zaragoza tuvieron que volver a saltar al campo para recibir la ovación del público inglés, entregado a su talento. El ocho de diciembre de 1964, tras un partido que el Zaragoza ganó al Dundee United con dos goles de Carlos Lapetra, el locutor Matías Prats dijo: “Tengo la impresión de haber presenciado un concierto de Stradivarius. Ninguna nota en desacuerdo, ninguna estridencia, todos acompasados, poseídos de la misma fiebre creadora”, unas palabras que, con razón, permanecen enmarcadas en el Museo del Real Zaragoza. En esos años había dos cosas de Aragón que llamaban la atención en Europa: Luis Buñuel, una referencia para los cinéfilos y las élites intelectuales, y aquellos futbolistas que contaban con la admiración de millones de aficionados. Para esos europeos Zaragoza, como para mí, sólo era la ciudad de “Los Magníficos”. Ahora, en 2014, Zaragoza y Aragón están muy por encima del Real Zaragoza, un juguete feo y roto que ha triturado nuestra autoestima hasta niveles intolerables. Pero hace 50 años el Zaragoza estaba muy por encima de lo que realmente éramos. Nos hacía sentir bien que un grupo de futbolistas brindara una imagen tan mejorada y luminosa de nosotros mismos.

Algunas claves explicaron el fenómeno: la bendita coincidencia de una serie de figuras con facultades complementarias a las que el grupo extrajo lo mejor de sí mismas; una vocación de fútbol- espectáculo impulsada por el entrenador César Rodríguez y la intensa relación que se estableció entre unos jugadores que se admiraban mutuamente y cuya amistad se mantiene hasta hoy. “Los Magníficos” arrastraban un par de pegas que les impidió ganar la Liga y, también, prolongar un poco más su esplendor: un banquillo que no estaba a la altura de los impresionantes titulares y una cierta pereza cuando se enfrentaban fuera de la Romareda a rivales de segunda fila. Pero eran tan buenos y tan especiales que hasta esa tendencia a la desidia contribuyó a engordar su leyenda.

Hubo algunas sombras: ninguno de esos futbolistas salió del Zaragoza por la puerta grande que merecían. Pero, desde luego, el impacto de “Los Magníficos” en el zaragocismo fue extraordinario y su legado aún nos toca. Ese equipo creó una cultura futbolística que se pegó al ADN de una afición que, desde entonces, se convirtió en una de las más exigentes de España. La Romareda se malacostumbró de tal modo a disfrutar de un juego exquisito que no se conformaba con cualquier cosa. El de Zaragoza fue señalado como un público borde y duro, incluso con sus mayores estrellas. Reija o Santamaría coinciden en recordar la pañolada de la Romareda cuando venían de ser goleados en Granada, aunque por esos mismos días fueran el conjunto de moda. Villa tampoco ha olvidado cómo Irusquieta, en pleno partido, se echó a llorar, intimidado por los insultos de la grada. Como insinúa José Luis Melero, con “Los Magníficos” la gente se habituó al caviar y cuando le servían garbanzos se subía por las paredes.

50 veranos después de aquel del 64, “Los Magníficos” siguen muy vivos en nuestro imaginario. El periodista Rafael Rojas les ha dedicado un libro y Juan Mateo –responsable audiovisual del Zaragoza- una película documental, dos estupendos trabajos que nos devuelven a una época infame que nos llegó a saber a gloria gracias a ellos.

 

 

VÍCTOR BAILO: MEMORIA DE UN SIGLO

 

El paladín del mejor gusto estético*

 

Se cumplen cien años del nacimiento de Víctor Bailo (1914-1975), propietario, director de la galería libros y pionero de la modernidad

 

 

Víctor Bailo Solanas (Leciñena, 1914-Zaragoza, 1975) se hizo acreedor a muchos elogios. Para algunos, como el profesor y crítico de arte de HERALDO Ángel Azpeitia, transmitió cultura, sentido de Civilización; para otros, como el escritor y profesor de Historia del Arte Federico Torralba, fue “uno de los auténticos pioneros –y en momentos bien difíciles (...)- en la difusión de los nuevos caminos de la plástica”. Luis Horno Liria, crítico literario, resultó decisivo en “la formación de nuestro gusto estético”. Todos ellos lo elogiaron sin reservas en el catálogo de homenaje que se le hizo, en la primavera de 1976, unos meses después de su muerte. Esos elogios, de otro modo, se han repetido a lo largo de los años por escritores, artísticos, galeristas, etc. María Isabel Sepúlveda estudió su trayectoria. El último en ensalzar su travesía de creación y curiosidad intelectual ha sido Javier Lacruz en su monografía de ‘Manuel Viola’ (Editorial Cierzo), que recuerda que la sala Libros fue su personal catedral del arte, desde casi antes de abandonar los pantalones cortos.

Víctor Bailo y Libros forman parte de la memoria de Zaragoza. Fueron un binomio fundamental a lo largo de 35 años, desde 1945 hasta 1975. Su hija Isabel Bailo y su yerno Gonzalo de Diego lo recuerdan, en su domicilio de Arquitecto Yarza, ahora que se celebra el centenario de su nacimiento. Cuenta Isabel que su padre pertenecía a una de las dos familias más influyentes de Leciñena. “Tenía un hermano mayor, Paco, que tuvo un hijo en vísperas de la Guerra Civil. Lo cogieron y lo fusilaron. Mi padre jamás quiso volver a Leciñena –dice-. No podía olvidarse del crimen. Es curioso: a mí me gustaba regresar, de cuando en cuando, para el verano con mis abuelos. Lo pasaba bien”. Ya instalado en Zaragoza, el joven Víctor Bailo intentó reanudar su vida y superar los fantasmas del horror y del dolor. Empezó a estudiar comercio y “no tardó en coger en traspaso Libros, que había pertenecido a su primo Tomás Seral y Casas”, explica Gonzalo de Diego.

No se sabe muy bien por qué Víctor Bailo se interesó por un proyecto como ese. “Fue clave, creemos, su primo”, dicen. Tomás Seral y Casas (1908-1975) fue poeta surrealista, un agitador cultural y colaborador en prensa, dirigió revistas, y fundaría en Madrid la Galería-Librería Clan. En 1939 había solicitado permiso para abrir su galería y lo haría en octubre de 1940; el proyecto era de José de Yarza. Años después, con Víctor Bailo ya al frente, habría una ampliación dirigida por Pérez Páramo. “Seral y Casas le asesoró siempre, le mostró su cartera de clientes y le puso en contacto con galeristas”, dice Isabel. Gonzalo de Diego, que ha trabajado en cultura y exposiciones en Ibercaja hasta su jubilación, revela una curiosa anécdota: “Víctor Bailo era simpático, con carisma, sencillo en el trato y educadísimo. Tenía un sexto sentido para el negocio y se empleaba con sutileza. No agobiaba ni era desconfiado. Yo le compré el primer cuadro de mi vida en 1973. Era un Grau Santos. Me vio interesado y me ofreció toda clase de facilidades. Me costó 25.000 pesetas de las de entonces, unos 150 euros”. Regresamos un instante a Seral, que se marcharía a Madrid en 1945: “Hemos visto la correspondencia íntima entre los dos y le asesoraba desde la distancia”, agrega. Bailo viajaba constantemente a Madrid y colaboraba con diversos galeristas: Gaspar, Parés, Prats, Biosca, Leandro Navarro o Rodríguez Sahagún, entre otros.

Se diría que Víctor Bailo aprendió pronto y convirtió su santuario de Libros en un foco cultural de la ciudad: era galería de arte, tiene de enmarcación y librería y tienda de discos. “En los discos trabajó de dependiente el gran fotógrafo Joaquín Alcón”, recuerdan Isabel y Gonzalo. Libros era un centro de tertulias, de amantes de las artes y de los libros. “Por allí pasaba todos los días el periodista y crítico Joaquín Aranda, compraba un libro y lo leía en el Casino. Pasaban Miguel Labordeta y muchos otros: en sus inicios estuvo Fermín Aguayo, “con una bufanda que le arrastraba hasta el suelo”, acudían el alcalde Luis Gómez Lagunas, el crítico musical Eduardo Fauquié, los hermanos Pérez Gállego, el productor Eduardo Ducay o el periodista de HERALDO José María Doñate”, dice Gonzalo de Diego.

Víctor Bailo tenía buen gusto para el arte. Le apasionaban la música y la lectura. Expuso a la Escuela de Vallecas y de Madrid, a Redondela, Viola o Menchu Gal, pero también estaban vinculados a él otros artistas como Revello de Toro, Álvaro Delgado, que lo retrató, Benjamín Palencia, Vázquez Díaz, Luis García-Ochoa, Godofredo Ortega Muñoz, “que le recordaba que se había escondido durante la Guerra Civil en Utebo, en la casa de Gil Bel”. Expuso a muchos de sus paisanos: Pilar Aranda, Pablo Serrano, Santiago Lagunas, Viola, Baqué Ximénez, Alberto Duce, Beulas... Todas las temporadas dedicaba un mes a un artista aragonés, y si en 1950, por poner un ejemplo, presentó al joven surrealista Antonio Saura, algunos años después haría lo propio con  José Luis Cano o Jorge Gay.

En 1975, en la calle Cuatro de Agosto fundó un nuevo espacio: Libros 75, pero no le dio tiempo a abrirlo. El cáncer interrumpió su gran obra con apenas sesenta años. Leandro Navarro lo recordaba así: “La figura menuda, la sonrisa irónica, un ligero acento aragonés, unos escrutadores, agudos, inteligentes ojos claros, disimulados tras los lentes... Los abrazos abiertos, el corazón grande, generoso, emocionado para el arte”. Su proyecto, con algunos cambios, permaneció abierto hasta el pasado agosto de 2013.   

 

*Este texto, con algunas variaciones, se publicó ayer en Heraldo de Aragón.