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Antón Castro

JAVIER TOMEO: UN DICCIONARIO

[Páginas de Espuma ha publicado uno de los libros póstumos de Javier Tomeo: 'El fin de los dinosaurios', que lleva textos de contexto y análisis de Juan Casamayor, Ismael Grasa y Daniel Gascón. Y yo he confeccionado este pequeño 'Diccionario' de Tomeo. Ya circula en el libro, pero por si alguien quiere conocer mejor a Tomeo, aquí está.]

Javier Tomeo, caricatura de Luis Grañena.

[El diccionario está basado en diversas entrevistas: de  de Ramón Acín para Rolde, de Ismael Grasa para el volumen Los nuevos ilustrados de Rolde Estudios Aragoneses (2007), de Antón Castro en Veneno en la boca (Xordica, 1994), y de Antón Castro y Daniel Gascón para Javier Tomeo. Parábolas y monstruos, publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1999. También se recogen entrevistas de Antón Castro para El día de Aragón, El Periódico de Aragón y Heraldo de Aragón, así como de Elena Pita para El mundo, de Carles Geli para El País, de Benito Garrido para Culturamas o de Elena Sierra para ABC, a las que se puede acceder en Internet.]

 

ANIMALES

“Si yo admiro a los animales por su perfección, exactitud, por ser fieles a sí mismos y no andar con hipocresías como los hombres, eso supone también un respeto. O sea, que soy ecologista sin llegar al extremo de algunos: la filantropía morbosa, eso de los cementerios de perros y demás”. (...) “Entender a los animales es la obligación de los poetas”, digo. El poeta, que no es sólo el que pone un verso debajo de otro, tiene que vivir en armonía con lo creado. La poesía es un estado de ánimo, una disposición a esa armonía. Hay que intentar entender a los animales”. (...) “Los animales te permiten conocer mejor el instinto de los hombres. Los animales son metáforas vivientes, minúsculas; te ayudan a acceder al ser humano. En el fondo hay un gran paralelismo entre el hombre y el animal. Piense en el mimetismo de los insectos; piense en el camaleón. El hombre también es un maestro del camuflaje o de colocarse al sol que más calienta. Es rojo donde más hay que serlo, pongamos por caso”. 

 

ARAGÓN

“Me marché pronto del pueblo, pero era un regresar continuo. Iba a un colegio de Barcelona. Una vez, de regreso al colegio, sugerí a un compañero de curso, con la mejor buena fe del mundo, las ventajas de besar la suela de mis zapatos porque habían pisado tierra aragonesa. Hasta tal punto era la devoción y la mitificación de Aragón. Cosa que los aragoneses que no se han ido no la sienten, ni tienen por qué”.

 

AYERBE

“Tenía un tío en Ayerbe (Huesca), Antonio Sanvicente. Tenía un hotel y estaba en una buena posición económica. En mi pueblo mi familia era de labradores, y en Ayerbe mi otro tío, casado con una hermana de mi madre, tenía un hotel, el hotel Universo. Ayerbe era entonces un pueblo importante, un cruce de caminos donde iban muchos corredores, vendedores...  (...) Yo estuve ahí muchos veranos, en la huerta de los Pie. Aquello era el paraíso terrenal. Yo vivía en el hotel, en un ambiente cómodo y confortable. Había hasta teléfono. Mi tío cazaba jabalíes, con las autoridades del pueblo, supongo. Volví a la huerta de los Pie hace tres o cuatro años. Está fraccionada, hay casas, chalés. Ya no es esa inmensa huerta de los Pie”.

 

CINE

“Nunca fui un gran aficionado al cine. Para mí el cine ha sido sobre todo entretenimiento, que es lo que sigue siendo ahora. Sólo está el dios Buñuel, que hace las películas que a mí me gustaría escribir. Hay dos o tres directores más, pero en general me interesa poco el cine. Veíamos cine colonial, Tres lanceros bengalíes, La carga de la brigada ligera, todo eso. Había una, Puerta cerrada, con Libertad Lamarque, que cantaba tango. Veía películas de indios. Había películas de indios y películas de miedo, que básicamente eran Drácula y Frankenstein, con Boris Karloff y Bela Lugosi”.

 

CUENTOS

“Escribo cuentos casi desde el principio. Empecé haciendo novela social, pero a las diez o quince páginas me cansaba. Me aburría. Me pasé a los relatos, de media distancia, aunque también he escrito microcuentos, y me pasé a la novela corta, que es el género donde me siento muy cómodo. Eso sí, siempre he escrito cuentos de anomalías, psicopáticos”.  (...) “Publiqué en los años 50, en El Noticiero Universal, una colección de relatos que se llamaba Cuentos del Sábado. Eran breves y supongo que se percibiría el influjo de las lecturas de Carson McCullers, una escritora norteamericana, y supongo que aún no habría superado la fase imitativa. Además, me publicaron otros cuentos que he perdido, por los que me pagaban 200 pesetas, que era mucho. Julio Manegat fue esencial porque me dio alas”.

 

Javier Tomeo por Santi Burgos.

 

DEFORMACIÓN

“Tengo una retina especial, un juego de espejos cóncavos y convexos, la realidad me entra por los ojos, la veo, la capto, me penetra, la siento y la devuelvo deformada en las cuartillas. Pero la devuelvo deformada no con la intención de hacer una caricatura, sino con la intención de que el lector pueda reconocerse mejor a sí mismo a través de esta deformación de una realidad que él conoce”.

 

 

ESCRITURA

“Vivo en espacios cerrados. Pocas veces, en una gran ciudad, el hombre se enfrenta con espacios abiertos. Es lógico que mis novelas se desarrollen, sobre todo, en espacios cerrados. Escribo siempre en una pequeña habitación y solo con luz eléctrica, jamás a la luz del sol”. (...) “Es cierto, me levanto siempre muy pronto, a las cinco o a las seis de la mañana, y trabajo mucho. Sigo en esto lo que decía el novelista Tomás Salvador, del que aprendí mucho; según él, escribir no es un problema de vocación, sino de transpiración, de sudar. Además, mis novelas son breves, no anoréxicas, como decía un famoso novelista mexicano. Él decía que abundan las novelas anoréxicas, la novela delgada. Yo creo que lo que abundan son las novelas obesas, excesivamente grasientas”. (...) “Me rijo por la condensación: si puedo decirlo en cuatro palabras, no uso ocho; en general, los españoles son oradores que escriben; es lo que dice Marsé con toda la razón: esa literatura de sonajero que suena mucho pero pesa poco; por eso mis novelas, por fuerza, han tenido que ser cortas, como la coz de una mula: más fuerte que la de un caballo. Escribir es como la alquimia: inalcanzable; muchos altisonantes hacen que las palabras estén iluminadas por fuera, pero la luz de las palabras ha de ser interior, cada una ha de tener esa luz interior, mágica, que le da el estar en el sitio que le corresponde. Intento seguir la Filosofía de la composición de Poe y que mis palabras nazcan, como lo hacen, de forma espontánea para luego someterlas a una gran introspección”.

 

GALLITIGRE

“El gallitigre es la expresión de la armonía universal, de la unión entre los contrarios. Gallo y tigre. El día en que sea posible el amor entre esas dos criaturas tan diferentes, y haya un fruto (que sería el gallitigre), entonces posiblemente el mundo regrese a una nueva edad de oro, suponiendo que haya existido una. Para la crisis sirve perfectamente esta metáfora; parece como que ya escribí en su momento pensando en la actual crisis”.

 

GOYA

“Me llena de orgullo esa idea de que soy heredero de Goya, pero no es fácil para mí entender en qué somos parecidos. Él es un genio universal. Quizá sea por nuestro origen aragonés, por un paisaje de fondo, por el carácter. Si de Goya me gusta todo, otro tanto me ocurre con Luis Buñuel. Siempre recordaré una frase de mi editor Jorge Herralde, de Anagrama. Dijo: «Javier Tomeo es una inesperada colisión entre Kafka y Buñuel». Ja, ja, ja. La idea es bonita. Luis Buñuel también es amigo de los monstruos y escarba como pocos en los abismos de la conciencia humana”. 

 

GUERRA CIVIL.

“Quicena estaba en zona republicana. Huesca en zona nacional. Las trincheras quedaban, poco más o menos, a la altura del antiguo manicomio. La carretera, poco más allá del Desmonte estaba cortada. Por la noche se oían los “pacos”, los estallidos de las bombas que para mí sonaban como una cohetería ajena a cualquier idea de muerte y destrucción. Luego nos refugiamos en Almunia del Romeral, en plena Sierra de Guara. Aviones de dos alas ametrallaban a los soldados que huían a Francia. Otros niños me mostraron entonces, en un ángulo del cementerio, los ataúdes de los milicianos muertos que enterraban de lado para que cupiesen más. Vi también cómo los chicos, algo mayores que yo, aprendían a disparar contra los buitres con un viejo mauser abandonado, en un barranco próximo a Quicena, al pie de La Cobertera. Aquellos no eran buenos tiempos para los ecologistas”.

 

HUMOR

“No sabría cómo definir mi humor. Es muy aragonés. Y es muy espontáneo. Me sale así, sin buscarlo, como si fuera la constatación del contraste entre lo que puede suceder y lo que sucede. El mío es más bien un humor negro que intenta hacer reflexionar. No provoca la carcajada, no es una invitación a reírse; mi humor desata una risa leve, una mueca, y poco a poco se transforma en meditación. Tampoco me gusta que la gente se desternille con mis cuentos. Y de esa reacción en cortocircuito irrumpen el absurdo, el descontrol, la sorpresa. Aún así, soy muy meticuloso escribiendo, corrijo mucho. Me tomo mi oficio muy en serio”. 

 

INSECTOS

“El niño es un criminal nato, decía Cesare Lombroso. Recuerdo que yo organizaba grandes combates de lagartijas y hormigas. Destripaba muñecas, a ver qué tenían dentro, o el caballo de cartón. En el niño prevalecen los instintos atávicos. El mundo de los insectos es fascinante. Siempre digo que los insectos, con su conducta instintiva, siguen códigos que nos sirven muy bien a la hora de interpretar conductas humanas. Los insectos son hermosísimos, su simetría es impresionante. Diría yo que la simetría solo existe en los insectos”.

 

INTERNET

“Internet significa una forma de aprendizaje ansiosa y desmesurada, y esa cultura es, sin el concurso entrañable del profesor, algo demasiado rápido: es como la comida basura frente a la buena cocina catalana o aragonesa. Está bien Internet, esa red de redes nos ha cambiado la vida, pero no nos ha librado de la soledad. Me interesó mucho una noticia: en Shanghai ya hay centros para desintoxicarse de la adición a Internet”.

 

KAFKA

“Me sacan los colores los que me comparan con ese gran genio que es Kafka, pero bueno... No está nada mal. Prefiero que digan que me parezco a Kafka que a Rafael Pérez y Pérez, por ejemplo. Bromas aparte, con Kafka coincido a través de Freud y del subconsciente. Yo soy el escritor del ello, en mis personajes lo que prevalece es el ello –atávico, irracional, agresivo- frente al yo –civilizado, contemporizador-. Y Gregorio Samsa es la gran metáfora del ello”.

 

 

LITERATURA

“La literatura puede ser una forma de protestar contra una situación. Primero llegan los poetas y luego los que luchan con las manos. Siempre ha sido así. Una misión del escritor es señalar imperfecciones, otra es la de deleitar simplemente”. (...) “Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y contárselo a los que no están asomados contigo”.

 

MENSAJE

“No pretendo ni quiero ser Pepito Grillo, que está siempre dando consejos a Pinocho. La palabra ‘mensaje’ me da un poco de miedo. Me sirvo de la ficción para señalar dónde nos aprieta más el zapato de nuestras imperfecciones. No pretendo dar soluciones”.

 

MATRIMONIO

“Ni yo mismo lo sé [que estuve casado]... Fue una etapa de mi vida. Yo creo en la pareja. Tal vez los escritores somos personas difíciles, vivimos mirándonos el ombligo. Tal vez exigimos más de lo que estamos dispuestos a dar. Lo cierto es que se acabó”. (...) “Mi relación con las mujeres podría ser mejor. Mi estado civil es indefinido porque una vez me casé y la unión fracasó, por mi culpa, porque los escritores somos vanidosos y egocéntricos y no somos buenos compañeros. El caso es que después firmé unos papeles en holandés y, como no los entendía, no sé si era el divorcio, la separación u otra cosa”.

 

MONSTRUOS

“La gente perfecta, feliz y simétrica, carece del interés literario que poseen aquellos individuos que revelan algún tipo de anomalía. Los pueblos felices no tienen historia. Hay que entender esta monstruosidad como una suerte de metáfora” (...) “Los monstruos son difíciles ejercicios de amor”. (...) “Yo no he superado a los monstruos, el monstruo es una metáfora, es una vía de perfeccionamiento interior; está ahí para que aprendamos a amarlo, para que nos sintamos menos disconformes con nuestras pequeñas anormalidades de burgués. Y el miope, el miope no me sirve más que para señalar lo difícil que es encontrar el camino adecuado. Lo que abunda en mis novelas son criaturas atípicas, esperpentos casi”.

 

MUJER

“De misógino no tengo nada. Lo que pasa es que el hombre está más dentro de mí y me resulta más fácil hablar sobre el hombre que sobre la mujer, que es un misterio maravilloso para mí. Quien cree que que conoce a las mujeres se equivoca. La mujer ha nacido para ser amada y no para ser comprendida. Pero siempre hay mujeres detrás, siempre hay una mujer que me inspira”. (...) “La mujer es para mí expresión terrestre de la inmortalidad. Como decía Lamartine, en el principio de todas las cosas grandes hay una mujer. Puede que, precisamente por admirarla y desearla tanto, sea demasiado exigente”.

 

PERSONAJES

“Mis personajes son seres reales, forman parte de la realidad. Pero son personajes quintaesenciados; los ofrezco en condiciones de ser digeridos plenamente. Personajes arquetípicos, con una pretensión de universalidad. Seres, por lo general, incomprendidos y solitarios”.

 

QUICENA

“Yo iba desde mi pueblo a La Cobertera. Recuerdo que una vez, después de estar unos años sin venir, entré en trance cuando regresé. Fui volando, sin pisar el suelo, desde mi pueblo hasta La Cobertera. La cobertera es una parte del monte de Quicena. (...) Hice el recorrido emocionado, en éxtasis, y sin dejar de hablar. Me gustaría tener grabado lo que dije, eran unos años de exaltación. (Iba) solo, solo. No lo digo nunca porque me da vergüenza. Me gusta contener los sentimientos. Me tumbaba en el suelo y me apretaba contra él como si fuese una mujer. No era yo. Fue mi reencuentro con la tierra después de unos años. La Cobertera es una parte muy especial, tiene forma de cobertera, con la roca arriba”. (...) “Quicena es mi pueblo irremplazable y Montearagón el castillo de mi infancia”.

 

RAMÓN

“Mi amigo Ramón dice que el parecido entre hombres y animales procede de una relación anterior entre mujeres y bichos. Es la teoría de un amigo maravilloso y confidente que me cuenta cosas extrañísimas que no sé si las sueña o no, pero que me sirven de inspiración: se llama Ramón. Puede resultar un poco ofensiva para las mujeres, pero bueno. Él dice que antes de existir hombres, la mujer se relacionaba con animales, y que de esa herencia nacieron los hombres mosca, hombres pez...” (...) “Mi amigo, y personaje de mis textos, Ramón o Ramoncito me decía siempre que había gente que sacaba a pasear a sus monstruos a las cuatro o cinco de la mañana. Decía que estaban ocultos durante el día y que salían de madrugada y por poco tiempo. Es probable”.

 

RARO

“Depende, claro está, de lo que se entienda por normalidad. ¿Qué es normal? ¿Lo que más abunda? Pues, entonces, no hay duda, soy raro. Ser raro, sin embargo, no es malo. Puede ser, incluso, un piropo. Quevedo decía que el sol, para hacerse estimar, no habría de salir cada día”.

 

El joven Javier Tomeo. De El mundo y El periódico.

 

SER ARAGONÉS

“El aragonés es un hombre que no presume de ser aragonés. Es como cantar jota, se clava en el centro del escenario y canta. No tiene necesidad de ponerse de puntillas. Se ofrece como una realidad, como un castillo roquero. Pero eso de hablar de ser aragonés, o catalán, se va a perder dentro de poco porque vamos a llegar a una mezcla de culturas y razas. Seremos todos del mismo sitio”.

 

TEATRO

“Mis novelas son situaciones dramáticas con un principio, un desarrollo y un desenlace. Pocos personajes, economía de palabra, situaciones en tiempo real… todo esto a los que hacen teatro les motiva y estimula. Algunos han dicho que mis novelas tienen una visión anticipada de lo que puede ocurrir en el escenario, y eso hace que sea relativamente fácil adaptarlas al teatro. La palabra que se escribe para ser leída a solas en la habitación tiene un peso diferente a la palabra que se escribe para ser representada, actuada, dicha. La magia de un actor que se mete en la piel de tu personaje y lo ves vivo, es algo que impresiona, pues piensas que ese personaje lo has creado tú”.

 

 

TELÉFONO Y TELEVISIÓN

“No hay nada más frustrante que un teléfono que no suena, y a la vez la telefonía móvil se vuelve alienante. La televisión es la versión eléctrica y actual del demonio”. (...) “No soy en absoluto partidario de la televisión, pero solo se puede escribir desde la mala leche, y la televisión es, en este país, el instrumento ideal para cargarse de mala leche”.

 

 

VERANO

“A mí me marcaron mucho los veranos intensos en Aragón. Yo estaba en estado de gracia, con la casa donde nací. Vuelvo de vez en cuando, pero, claro, es una casa ya transformada. Da tristeza, porque entonces pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque sea mentira. Porque ahora se vive mejor, más higiénicamente. Nací en una casa que posiblemente había permanecido igual durante los últimos quinientos años, salvo reparaciones puntuales. Nací en la misma alcoba donde nació mi abuelo. Eran unos tiempos muy duros. Era una casa de pueblo con tinaja, sin agua corriente ni luz eléctrica, que se puso después de la guerra. Íbamos con candiles. Yo conozco la magia del candil, cuando pasas de una habitación oscura a otra. ‘Una almendra luminosa’... Luego, cuando regresabas a la ciudad, a tu casa habitual, comprendías las ventajas de la civilización”.

 

ZOOLOGÍA

“Más que un zoólogo frustrado, algunos que me quieren mal podrían tal vez pensar que en realidad soy un animal frustrado, tal vez un cerdo, quizás un asno, aunque todos sabemos que hay asnos que son más inteligentes que ciertas personas. Hablando en serio, me gustan los animales, domésticos y salvajes. Siempre he sido aficionado a consultar libros sobre la vida y las costumbres de los animales. [Si fuera animal], me gustaría ser un ave rapaz, que parecen volar sin esfuerzo y lo ven todo desde arriba”.

CHÉJOV: LO REAL Y LO INVISIBLE

CHÉJOV: LO REAL Y LO INVISIBLE

CHÉJOV

El maestro de lo real y lo invisible

                                      

Páginas de Espuma se ha especializado en el relato y suele alternar libros de cuentos inéditos, de autores españoles o hispanoamericanos, con la edición de ‘obras completas’ de Maupassant, Poe o Tomeo, entre otros. Con edición e introducción de Paul Viejo, escritor y especialista en literatura rusa, publica a uno de los grandes maestros de todos los tiempos, Antón Chéjov, y precursor del microrrelato (“La brevedad es la hermana del talento”, dirá años después), como se ve en el primer volumen de los cuatro que se han proyectado. En total, serán alrededor de 5.000 páginas y más de 600 cuentos. Esta edición ofrece importantes novedades: recuperaciones de inéditos, nuevas traducciones, ordenación cronológica, índices, etc.

Anton Chéjov (1860-1904) fue médico, tuvo una familia muy complicada de parientes alcohólicos y artistas, su propia madre fue una excepcional cuentacuentos, y él fue el más trabajador en medio del caos. La primera entrega abarca 240 cuentos de técnica, temática e inspiración diversa. Con apenas veinte años, ya se veía que Chéjov, que residía en Moscú y era estudiante, poseía un talento especial dado al humor, ingenioso y centelleante. Le costó publicar sus primeras piezas, pero luego lo hizo con tanta prodigalidad y variedad de recursos que con tan solo veintidós años ya barajó la posibilidad ordenar un primer libro de relatos, que aparecería en 1886 bajo el título de Cuentos de Melpómene.

Chéjov era un escritor imaginativo e impulsivo que concebía la literatura como un juego donde todo era posible: podía hacer cuentos-inventario, cuentos de costumbres, cuentos inspirados en notas de prensa, puras parodias o variaciones sobre cuestiones geográficas, cuentos que nacían de una interrogante o de una glosa publicitaria, cuentos que parecen un suspiro –con acción, retrato de personajes y una carga de ironía- en apenas veinte líneas.

El libro se abre con ‘Carta a un vecino erudito’ que explica el desconcierto y la soberbia de un militar anciano que le escribe a un científico que acaba de trasladarse a su mismo barrio. A partir de ahí, Chéjov crece y crece como quien ejecuta un divertimento, aunque no tardan en aparecer algunas piezas que ya llevan una carga incuestionable de profundidad como ‘Se fue’, de las mejores, ‘El gordo y el flaco’, ‘Carta a un reportero’, remitida por un sastre, o ‘Flores tardías’, que aborda la decadencia de un príncipe y de su entorno, y otro tema muy querido por él: los amores imposibles. Pocos han contado la vida y la existencia invisible, que envía sus detonaciones de ilusión, como Chéjov: la melancolía, la soledad, el desamparo, la sensación de derrota. Él, tan eficaz y tan elíptico, sabía teñir cualquier texto con un barniz de piedad. Algo que no ha pasado inadvertido para Carver, Piglia o Munro, por citar algunos de sus admiradores y herederos.

Cuentos completos. I Volumen. Antón P. Chéjov. Edición de Paul Viejo. Páginas de Espuma. Madrid, 2013. 1166 páginas.

 

*Este texto, con algunos cambios, apareció en la revista ’Mercurio’ que dirige Guillermo Busutil. 

JULIO CORTÁZAR DE LA 'A A LA Z'

JULIO CORTÁZAR DE LA 'A A LA Z'

 

Julio Cortázar, que en realidad se llamaba Julio Florencio Cortázar, nació accidentalmente en Bruselas el 26 de agosto de 1914, hace ahora un siglo, y falleció tal día como ayer, en París, en 1984, hace treinta años. Julio Cortázar, por una razón u otra, siempre está de moda: es el escritor seductor, atractivo, moderno, que conjuga un sinfín de aptitudes o características: amaba el tango y el jazz, disfrutaba con el boxeo (de joven iba a ver combates y redactaría luego varios cuentos: 'La noche de Mantequilla' o 'Torito', entre ellos), le encantaba viajar ( «Desde pequeño los viajes fueron para mí el objetivo final de mi vida», confesaría), le apasionó la política, sobre todo tras conocer a su compañera Ugné Karvelis. No solo eso: era un buen fotógrafo y entendía la existencia y la literatura como juego, como aventura, como una forma gozosa e imaginativa de estar en el mundo.

 

Eso se percibe en varios de sus libros: en 'Un tal Lucas' o 'Historias de cronopios y famas', pero muy especialmente en 'Rayuela', un ejemplo de novela abierta, híbrida, que convirtió a París en un escenario real y mental, en una región de la imaginación y del delirio donde todo era posible para La Maga, para Horacio Oliveira, para tantos y tantos otros que parecían moverse como si fueran criaturas de un espejismo de Joyce. Y se percibe, claro está, en libros como o 'Último round' o 'La vuelta al día en 80 mundos', donde explora y subvierte los géneros y donde mezcla la narración pura, la evocación, el apunte de memorias, el periodismo o la nota de ensayo. Vinculado al Oulipo, el Taller de Literatura Potencial que habían frecuentado Ray-mond Queneau, Georges Perec e Italo Calvino, entre otros, Cortázar se atrevía a casi todo: a escribir del erotismo de un modo diferente, con un ceceante susurro de ritmos e incitaciones; se atrevía a crear arrebatos léxicos, a soñar en cada frase con alma de poeta: «Te digo: 'Perdóname, estaba soñando que te acariciaba, y te toqué sin querer'. Y solo entonces me despierto de veras». En cierto modo, Cortázar vivió con el espíritu de la poesía; su lírica, dicho sea de paso, se recoge en el volumen 'Salvo el crepúsculo'.

 

El marino de Banfield, lector

Julio Cortázar vivió cuatro años en Bruselas y, con una peculiar manera de pronunciar la erre, se trasladó a Banfield, un barrio suburbano de Buenos Aires. Aunque era un niño melancólico, un lector voraz que ni quería ver el sol (un médico le aconsejó que durante cinco o seis meses no leyese), soñó con ser marino; a los ocho años escribió una novela que su madre jamás le quiso entregar: ella sospechaba que ese libro iría directamente al fuego. Hubiera sido un marino gigante de 1.92 m. Cortázar le escribió a un amigo: «... la vida me va quedando chica como los trajes cuando tenía doce años y cada semana crecía un par de centímetros». Un libro como 'Opio' de Jean Cocteau le marcaría la vida: sería como un despertar a otra concepción de la escritura y de la lectura.

Cortázar fue maestro, tenedor de libros, viajero, traductor profesional en la Unesco y de Poe, Defoe, Gide y Marguerite Yourcenar y, sobre todo, fue un explorador de la frágil membrana que comunica la realidad y la ficción a través del cuento. Quizá sea uno de los cuentistas mayores de todos los tiempos y uno de los que mayor influencia ha ejercido en todo el siglo XX, desde la aparición de su 'Bestiario', reeditado ahora en Alfaguara ala vez que 'Todos los fuegos el fuego', hasta sus últimos títulos: 'Alguien que anda por ahí', 'Queremos tanto a Glenda' o 'Deshoras', un libro en el que rinde homenaje a sus años de profesor.

El arsenal de los recuerdos

Acaba de publicarse un libro especial, amoroso y sugestivo como 'Cortázar de laAala Z . Un álbum fotográfico' que propone un recorrido por sus manías, su correspondencia, sus amigos, su casa, su afición a la trompeta, su veneración por Glenda Jackson o por la cantante de tango Susana Rinaldi: es decir, aquí, con una maquetación especial, está su fascinante vida. Es un libro en cierto modo para fetichistas, para lectores de Cortázar y para amantes de la literatura y de los libros.

 

Es un itinerario, una excursión por el dibujo, la pintura, la caligrafía, las postales, los autógrafos, las epístolas, los recuerdos, las abundantes fotografías; 'Cortázar de laAala Z ' es una cita con la incesante pulsión vitalista de un hombre arrollador, el amante de las mujeres y del amor, que tenía el síndrome de la eterna juventud. Se abra por donde se abra, los hallazgos son particulares. Por ejemplo, en el vocablo 'City College' leemos una carta que les remitió a los aragoneses Paco Uriz y su esposa Marina Torres, traductores de lenguas nórdicas: «Estuve ya en el Barnard College y en el City College de Nueva York, y me di cuenta de lo útil que es darles a esos muchachos una noción fidedigna de lo que pasa en nuestras tierras; ellos nos leen mucho, pero sólo en el plano literario, las noticias políticas las reciben a través de la prensa yanqui... y con eso queda dicho todo». Cortázar siempre estuvo preocupado por la política: era un activista de izquierdas que apoyó la Revolución Cubana, y la nicaragüense, se opuso a la dictaduras chilenas y argentina y firmó manifiestos. La novela del compromiso y la militancia sería 'Libro de Manuel'.

 

Como estamos en vísperas del Día de San Valentín queríamos acercarnos, con la ayuda del volumen y de otros materiales, a la vida amorosa de Cortázar, que declaró en una ocasión: «No soy excesivamente monógamo». Al principio, desde los años 30 hasta mediados los 40, pensó que iba a ser un solterón empedernido. Las mujeres parecían esquivarlo.

 

Aurora, Ugné y Cristina, amadas

 

En esas apareció Aurora Bernárdez, traductora e hija de gallegos de la emigración, con quien fue muy feliz durante algunos años. Se casaron en 1953. El álbum tiene una entrada 'Carol' a doble página. Cortázar dice en una carta a Eduardo Jonquieres: «Pude hablar, pude decirle a Aurora lo que tenía que decirle, y pude venirme a Francia sin ninguna esperanza, pero con una serenidad que era por sí sola una altísima recompensa a mi cariño». En otra carta posterior, le dice: «Por el momento, A . y yo damos más bien la sensación de dos camaradas que arriman el hombro (el de ella me da en las costillas) para que las cosas sean más divertidas y verdaderas. Tenemos una buena costumbre: estamos de acuerdo en casi todo lo fundamental, y discutimos como leopardos sobre lo nimio. En esa forma desahogamos los humores sin malograr nada de lo que cuenta». Vivían en París y se separaron definitivamente en 1967, cuatro años después de la aparición de 'Rayuela', aunque las divergencias -y los amores contingentes de Cortázar- venían de antes. Algunos la definen como «una señora» y fue y es, ante todo, una gran traductora y una mujer que se ha preocupado por cuidar y divulgar la obra de su exmarido. De hecho, es con Carles Álvarez Garriga, estudioso de la obra cortazariana, la encargada de este álbum.

 

A Aurora la sucedió Ugné Karvelis, con la que nunca se llegó a casar. Era lituana y germanista, 22 años más joven que Cortázar y se quedó fascinada con el escritor a raíz de la aparición de 'Rayuela'. Diría: «Acorazada tras mi ejemplar de 'Rayuela' terminé por lanzarme al asalto del gran hombre, me interpuse entre él y el mostrador de la recepción en donde iba a depositar su llave. 'Oh sorpresa: me invitó de inmediato a tomar un mojito'». Era una mujer de carácter que acabó prisionera del alcohol. Y quizá tampoco supo aceptar la amistad de Cortázar con Cristina Peri Rossi, a la que siempre consideran una de sus amantes, a pesar de su condición lésbica.

 

En el álbum y a propósito de ella, Cortázar le escribe a Ariel Dorfman y le dice: «No soy hombre confidencial, lo sabes, y te evito detalles; digamos que lo de siempre, incompatibilidades cada vez más manifiestas, de las que se desprende la infelicidad, la agresión, lo inútil de prolongar algo que fue bello y ha dejado de serlo». Peri Rossi le oyó decir a Cortázar: «Ugné es muy celosa, te va a odiar. Olvídate de publicar en Francia, lo va a impedir».

 

Cortázar tuvo otras amantes: la inglesa Edith Aron, a la que conoció en un viaje en barco hacia Europa, y la fotógrafa holandesa Manja Hofferhaus.

 

De Manja a Carol Dunlop

 

En el álbum se recoge una postal que le dirigió en francés en 1971. Le decía: «Me acuerdo con gran alegría de toda la música que hemos hecho y escuchado juntos, música de los sonidos, de los cuerpos, del espíritu (…) Me acuerdo de tu perfume, de tu sonrisa. Sí, escucharemos juntos otra vez a Mozart, ¿no?». En 1979, o quizá un poco antes, entró en su vida la escritora estadounidense Carol Dunlop: se casarían en 1981 y ella moriría al año siguiente. Se llevaban 32 años. La boda «me da una tranquilidad muy grande en este momento de mi vida», dice Cortázar en la voz 'Casamientos'. Fue un amor intenso y breve; en un poema le decía: «Te quiero tanto silenciosa hacedora de música / que no necesita sonidos para lanzarme girando / a un viaje llamado carol / llamado amor». Junto hicieron un viaje casi de despedida que se titula 'Los autonautas de la cosmopista' y que redactaron a cuatro manos.

 

Julio Cortázar murió a consecuencia de una leucemia en 1984. Algunos cronistas (entre ellos el crítico aragonés Rafael Conte y la citada Cristina Peri Rossi) dijeron que había muerto a consecuencia de una transfusión de sangre contagiada de sida. Aurora Bernárdez acudió a su lado y le cuidó hasta el final cerca de sus libros y sus discos. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse al lado de Carol. Quizá para hablar con ella, «a través de mi corazón», de Charlie Parker, 'Bird', el hombre que le inspiró un texto memorable: 'El perseguidor'. Le dirá: «Quiero ver tus pestañas apuntando a las estrellas / tus manos jugando con la bola de cristal que me diste».

 

FICHA

 Cortázar de la A a la Z. 'Un álbum biográfico'. Edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga. Diseño de Serio Kern. Alfaguara. Madrid, 2014. 314 páginas.

 

*Este artículo se publicó en 'Artes & letras' de Heraldo de Aragón.

PEQUEÑA ANTOLOGÍA PERSONAL

PEQUEÑA ANTOLOGÍA PERSONAL

[Xavier Pintor y Xavier Seoane organizan todos los años, en A Coruña, un ciclo literario en el que invitan a un escritor o dos por sesión. A mí me juntaron con mi querido Xulio López Valcárcel, poeta, crítico y viajero, entre otras muchas cosas. El acto fue el pasado jueves. Fue una bonita experiencia para mí. Pintor y Seoane me pidieron una pequeña antología de textos. Además de otras cosas que habían seleccionado ellos, les mandé estos textos. ]

EL ESCRITOR IMPOSIBLE

 

Lo que más le gustaba en el mundo era escribir. O quizá oír el gemido del viento, sentir ese latigazo del aire y escribir luego. Las palabras eran como seres vivos, como lagartijas o como salamandras negras que brotaban de su pluma. Para él escribir era como pintar o fundar un mundo intacto, y a medida que inundaba el papel percibía una fuerza interior, una certidumbre de fuego. Al terminar, una vez que había invocado gentes, paisajes y pájaros, matices de la vida, el texto se volvía contra él: le producía espanto. Y al final el miedo se tornaba remordimiento. Decía que ya nunca podría salir a la calle o hablar con los paisanos, que llevaba años sin poder conciliar el sueño, que era incapaz de abandonarse al placer o a la pereza. ¿Qué iban a pensar de sus escritos, cómo iba a justificar los adjetivos, la ironía, la sed de más sílabas o la violencia de su pensamiento? Un día declaró que se sentía culpable de impotencia: las palabras nunca alcanzarán a cifrar la perfección que sueño, la belleza que pretendo, la realidad que me inventa, dijo. Desde entonces ya no vive: se ha quedado inmóvil y mudo ante su ventana, ajeno al río de tinta y de salamandras negras que le ha invadido la casa. Se ha quedado inmóvil y mudo mientras el látigo del viento le platea las sienes. Una mañana cualquiera, lo sabe, aparecerá convertido en un monstruo o en uno de esos seres imposibles que tanto ha soñado.

 

LOS DOS QUE DUERMEN

 

 

No sé si me gusta más levantarme a tu lado al alba

o dormir abrazado a ti. Sentir cómo lates,

cómo te arrugas sobre ti misma

como quien busca el acoplamiento perfecto de las almas.

Percibo entonces, antes de que se desaten las tentaciones,

el calor de tu espalda y tus nalgas, el torrente

 de la melena y su olor a melocotón o a mora.

Te lo digo a menudo: eres atrabiliaria con el champú.

Quedo un instante así, inmóvil como un barco que siente,

tembloroso como la luz de la sinrazón,

me quedo como si fuera un pájaro abatido

que parpadea y sueña el mejor de todos los vuelos.

A veces te duermes. Y ronroneas. Y musitas palabras

intraducibles, frases completas que me cuentas como

si estuvieras presa en la alucinación del olvido.

Estoy feliz así. En ese instante, cuando el mundo

se desmaya, le pido a la carne que no se altere,

que apacigue sus ardores, que no enturbie la noche

de gemidos y de risas y de batallas de sudor,

y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido

es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman

y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán.

 

BARRAL

 

A Diego y Jorge Rodríguez Gascón

 

Para todos era Barral. Barral el solitario,

que no iba a la escuela ni trabajó nunca,

el loco de atar, el joven extraño que conocía

el misterio de las mareas y el corazón de los pistilos.

El extraño Barral que, de repente, impartía una lección

sobre los caballos extraviados en el monte

o sobre el penúltimo plan urbanístico municipal.

Barral, el que se enfadaba con las lluvias de agosto.

Barral, el profeta: siempre sabía quién iba a ganar

en el fútbol, en el baloncesto o en el ciclismo.

Eran los años de Merckx, de Van Impe, de Poulidor.

Eran los años en que Fuente y Ocaña se odiaban

y pugnaban sin descanso en todas las montañas.

Nadie sabía más de ciclismo que Barral, que tenía

una hermana anchurosa de caderas como una odalisca,

la mejor promesa de felicidad y de tentación

para pecar cuando solo se tienen quince años.                  

En el bar o en las noches de tertulia en el campo

Barral imponía sus conocimientos: de bicicletas,

de estrategias, de holandeses y belgas, de escaladores

franceses y españoles, de contrarrelojistas como Anquetil.

Cuando se le agotaban las historias –y era capaz

de recordar los equipos, Molteni, Peugeot, Kas o Bic,

y el estado civil de todos los corredores: Coppi, casado,

 había perdido la cabeza por Giulia Occhini, la ‘Dama blanca’-

se alzaba una voz: “Y de tu hermana ¿qué nos vas a decir?”.

No decía nada. Cuando se lo preguntaban por tercera vez

sabía que era el momento de irse. Se subía a su bicicleta

de carreras y cruzaba el pueblo en dirección a su barrio.

Su débil dinamo temblaba a lo lejos como si tuviera miedo.

Un día, tras explicar la derrota de Merckx ante Thevenet,

oyó: “¿Qué nos cuentas de tu hermana, Barral?”

Dio un paso al frente y encaró a Vituco y a Lista,

que no le hacían sombra ni en las cuestas ni en el llano.

“Mi hermana se casa con el cabo de la Guardia Civil,

que es de Toledo y sobrino de Bahamontes,

el que ganó el Tour cuando vosotros nacisteis”.

Casi nadie pensó que era una invención.

Barral, el sabio, el cuerdo Barral no sabía mentir.

Dos meses después nos mostró una fotografía

con su cuñado, con el ciclista y con su hermana,

que nos pareció a todos más explosiva que nunca.

A veces me pregunto cuál de los dos, Barral o ella,

era el auténtico ídolo de nuestra adolescencia.

 

UN PUEBLO CON SIRENAS 

 

A Juan Casamayor, editor de cuentos 

 

Soy de un país de brujas y cuentos. Mi padre me decía que los aparecidos llegaban con la lluvia y que las salamandras de la fuente eran sagradas: las veía allá en el fondo, entre azulencas y doradas, en el centro mismo del manantial. Siempre me decía lo mismo: míralas, sueña con ellas, pero no las toques. Mi pueblo estaba cerca del mar y nunca había conocido una nevada. En cambio, tenía mendigos que contaban historias de amor y que bailaban diversas melodías. Un día apareció un hombre joven; llevaba unos lápices en la mano y unas tizas de colores. Llamaba a las puertas, pedía un poco de agua y de conversación, y cuando tomaba confianza se ponía a dibujar. Dibujaba sirenas: en la pared, en el suelo, en la puerta de dos hojas de las casas. Lo más extraño era que de noche, cuando nadie se lo esperaba, aparecía la sirena que había pintado en la tinaja del ganado o en la bañera. Mi propio padre me decía que eso había pasado una, dos, tres, hasta diez veces y en diez casas diferentes. Casi todas las casas tenían su sirena. Los paisanos querían ponerle el nombre más bonito: Violeta, Beatriz, Lena, Sarai, Adelina, Aura, Albaida, Rosalía… Hubo un instante en que todos querían ver la sirena del vecino, e iban en auténtica procesión, como a una romería. Yo también quise ir, pero mi padre me detuvo: “Andrés: no vayas –me dijo-. Las sirenas son más bellas cuando las imaginas”.

 

 

EL PINTOR DE DESNUDOS

 

Se llamaba Gustavo o Gustave, como Courbet, su pintor predilecto. Pintor de mujeres. Pintor de desnudos. Pintor de la piel estremecida.

No mentía acerca de su procedencia: había nacido en una aldea minúscula cerca de Compostela. Tenía un tío que era pintor de brocha gorda, que hacía unas cenefas muy bellas para las puertas y los techos, y otro tío que era cura en Compostela. Un día, el sacerdote lo llevó a la ciudad: le enseñó las calles, los balcones sobre las torres de la catedral, los soportales; le enseñó cómo la lluvia acariciaba la piedra antigua. Y cuando moría la tarde, fueron hasta la alameda. No se lo podía creer: era una imagen increíble. Toda la magia del crepúsculo parecía concentrarse en la sillería y las luces que se encendían como si construyeran el último refugio. Asomado a un mirador, vio a un pintor y su cuadro: trabajaba afanosamente, casi sin iluminación alguna. Aquella escena lo conmovió y se lo dijo a su tío. Y después a su padre.

Algunos meses después, lo mandaron a trabajar a Compostela: hacía recados para un hotel y para un restaurante, y encontró tiempo para asistir a clases de pintura. Allí intentó aprenderlo todo: la técnica, la composición, el arte del color y de la lentitud, la pericia con las sombras; se abrasaba en la sensualidad de las mujeres desnudas que ejercían de modelos. Una de ellas se llamaba Leonor y posaba siempre de cuatro a seis. Era como una actriz de cine, con el pudor justo y la rotundidad de las odaliscas: le pareció exuberante y de una suavidad de retama. Un día le dijo: “Quiero hacerte el retrato de tu vida”. Ella esperó: un año, dos, tres, hasta cinco. Al cabo de tanto tiempo le anunció: “Voy a dejar esta profesión para siempre, Gustavo. ¿Cómo llevas el retrato? Te concedo una última sesión de posado; me caso el mes que viene y mi marido no aceptaría que siguiera en este oficio”.

Él la invitó a su casa y le mostró su modesto cuarto de alquiler. De una cómoda extrajo todas las obras que le había hecho: dibujos, acuarelas, grabados, fotos, algunos collages; debajo de la cama guardaba los óleos. La mujer se conmovió, no se había imaginado que el pintor continuaba su trabajo después de abandonar el taller y no sabía que ella era, en realidad, el tamaño de su obsesión. Se desnudó solo para él y para sus sábanas: “Tócame aunque me muera. Tócame como si me fueras a pintar por última vez”.

No volvieron a verse; él murió de manera casi grotesca mientras pintaba del natural un paisaje de acantilados en Finisterre: resbaló cerca del faro y se trastabilló entre los peñascos; en apenas unos segundos voló por los aires como una gaviota y cayó sobre una roca. La sangre se desmandó vertiginosamente en la espuma.

Algún tiempo después, en la Fundación Eugenio Granell, del cual había sido amigo al parecer, le hicieron un gran homenaje. En esa exposición antológica dominaban dos figuras, muy especialmente dos mujeres: la modelo, una modelo de su primera época, pocos sabían que se llamaba Leonor, y su esposa Floralba Neira.

Al cabo de unos días, Leonor se acercó a la muestra. Paseó entre los cuadros, y se reconoció en los desnudos, realizados en distintas técnicas: óleo, acuarela, tinta y carboncillo. Estaba emocionada; uno de ellos, quizá el mejor de todos, un desnudo de espaldas, lo había firmado unos meses antes de morir. Aún la recordaba tantos años después.

De repente, se le acercó otra mujer y le dijo: “Por usted no ha pasado el tiempo, Leonor”. Se imaginó quién era y respondió: “Yo tampoco lo he podido olvidar nunca. Me separé muy pronto de mi marido, volví a ejercer de modelo, busqué otros pintores que supieran amarme o pintarme como él, pero no tuve esa suerte”. Quedaron al día siguiente, y al siguiente. Salían, tomaban una copa en El Español. Y otra en Reina Lupa. Hacia las ocho se marchaban. Con total confianza y sin rivalidad alguna, se intercambiaban confidencias y le devolvían la vida a Gustavo, o Gustave, aquel pintor que alguna vez quiso ser como Courbet. Pintor de desnudos. Pintor de mujeres. Un artista con dos modelos: nunca se atrevió a decir cuál de las dos era la más bella.

 

PRIMER AMOR

 

Amaba a todas las mujeres que se le ponían por delante. Amar era su afición: su afición, su inclinación incontenible, tal vez la razón de su vida. Necesitaba a las mujeres. Siempre recordaría a la primera: era una mujer madura, casada con el jefe de fotografía y de publicidad que le había acogido cuando apenas era un mozalbete de quince o dieciséis años. Ella venía sobre las seis. Llegaba, se sacaba el abrigo y ordenaba papeles, las tarjetas postales, los álbumes de encargo. Y él la miraba con parsimonia, casi a hurtadillas: le intrigaba una belleza tan deslumbrante y a la vez tan sosegada. Casi por casualidad, se dio cuenta de que ella también lo miraba. Un día le pidió que la acompañara a un encargo, más tarde que le llevase un paquete algo pesado; al día siguiente le dijo que tenían que ir a correos. Hablaban lo justo y aprovechaban para tomar chocolate con churros en el Café Niké y para comprar un cucurucho de una docena de castañas en el Paseo de Independencia. Una vez le invitó a jugar en los billares de La Unión. Para él era una fiesta. Se sentía protegido y mimado, se sentía el dueño de un secreto.

La jornada en que su marido se había ido a Fraga y Monzón para hacer un reportaje de castillos, ella llegó un poco antes. Hacia las cinco. Y se metió en el estudio como siempre. Antes de que él dijese nada, antes de que mostrase perplejidad alguna, lo abrazó y lo besó con violenta ternura. Una, dos, hasta seis veces, hasta el fondo de la sangre y del paladar. A él le pareció sabrosa su boca y tuvo la extraña sensación de que le habían desaparecido los dientes de gusto. Cuando se dio cuenta, estaban ambos sobre la mesa de colorear los negativos. Ella se despojó de la ropa interior y le ayudó con los pantalones. Le dejó caer el abundante pelo sobre la cara y musitó: “No te asustes aunque tiemble. Ni aunque me oigas gritar. A veces pasa y parezco una loca”.

 

 

 

EL POETA GRAVEMENTE ENFERMO

 

Lo recuerdo bien: Almería.

Una tarde infinita. El mar bramaba

a lo lejos pero no podía vencer los ruidos

de la ciudad, ni el grito salvaje de los coches y los niños.

Nos quedamos dentro. En el mundo a solas de la cocina.

El poeta bebía infusiones y contaba historias.

De niño había sido soñador.

Adoraba la lluvia y los rayos al atardecer:

la muerte, creía, viajaba en un centelleo súbito.

De joven había visto el diablo en un monasterio

y había pasado su primera pena de amor

bajos los tilos y a la sombra de las higueras.

Luego la vida le había llevado de aquí para allá.

Dijo Orense, evocó una Compostela de piedra y campanas

con olor a limonero y a camelias antiguas. Dijo Suiza,

donde había sido emigrante, superviviente

y exiliado en el centro de los bosques rumorosos.

Amó a una mujer y sufrió la afrenta del abandono.

Y luego apareció ella. Ella: una caracola de fuegos.

Apasionada, prisionera del mar y sus oleajes.

Se habían amado a sus anchas en todas partes:

por carta, en la poesía y en los lechos tumultuosos

de todos los hoteles de la tierra. En los desvanes del aire.

Le dedicó poemas. Intentó atrapar la claridad de su piel,

exaltó su color de carne membrillo, el desorden

de las siestas. Y decidió morir en el centro

de su alma sin temor al naufragio. En la rosa exacta

del templo. En la mandorla del deseo.

Así me lo dijo el poeta seriamente enfermo

mientras me confesaba que había vuelto a pecar:

de palabra, obra e imperiosa necesidad de querer.

Me miró a los ojos: «Escribo para ella. Escribo

‘como las aguas besan las arenas y tan solo

se alejan para volver, regreso a tu cintura,

a tus labios mojados por el tiempo, a la luz

de tu piel que el viento bajo de la tarde enciende’.

No tengo prisa en despedirme de sus ojos».

Antes del penúltimo té de rosas, añadió: «seguro

que entiendes mi resistencia al adiós.

Me sobrevivo en ella». Salí, avancé aturdido

y me emborraché de melancolía en el mar.

 

*La ilustración es una dibujo de ’El pintor de desnudos’ de Juan Tudela.

 

UNOS DÍAS EN GALICIA

UNOS DÍAS EN GALICIA

Lo primero que hago al llegar a Riazor, en La Coruña, es llamar a algunos amigos para que oigan el sonido del mar a través del móvil. Días atrás, el océano se puso tan bravo que rompió los malecones, cruzó la calle y dejó una especie de laguna salada en las grietas del asfalto. El poeta Xulio López Valcárcel, traducido en Zaragoza en Olifante y Lola Editorial, sostiene que quizá las playas del Atlántico hayan vivido un maremoto de baja intensidad que ha acercado incluso a pequeños tiburones al muelle. Xavier Seoane y Javier Pintor, magníficos anfitriones, me han invitado a conversar sobre la creación y la crítica en la UNED, por eso he vuelto a A Coruña. De ahí me voy al Kiosko Alfonso Molina y en la muestra colectiva ‘Rumores. Conversaciones’ hay una obra de Fernando Sinaga. Se titula ‘De los sentimientos’: es una barra de hierro, dividida por la mitada, con una parte plateada y otro pintada de rojo. Es una exposición conceptual y variada donde descubro tres piezas de madera, a modo de tótems, de Alberto Carneiro, un artista muy vinculado con Huesca.

Como lo está, también, el fotógrafo Bernard Plossu, que expone en una galería su colección de obra mexicana; Plossu es un enamorado de Aragón, en concreto de Albarracín y del Pirineo y de la calle Manifestación, en Zaragoza, donde vivió y amó el poeta cubano José Martí. Confiesa, en el suplemento ‘Fugas’ de ‘La Voz de Galicia’: “Hago fotografía, no poesía, sin trucos”. Los aragoneses Tachenko tocaban en A Coruña y en Ferrol y uno de sus componentes, Sebas Puente, anuncia que la banda apuesta por melodías y letras “bastante reconocibles”, apuesta por la musicalidad y afirma que los cuatro se sienten unos obreros del rock. Aragón me sorprende por todas las esquinas: una de las escritoras de máxima actualidad en Galicia es una turolense, Elena Gallego Abad, que escribe en gallego y que nació en 1969: su novela negra ‘Sete Caveiras’ (Siete calaveras) está protagonizada por la periodista Marta Vilas. Dice Elena Gallego que reivindica el papel de las hemerotecas y asevera que “donde hay un asesinato hay un periodista”.

También anda por Galicia José-Carlos Mainer: es uno de los grandes expertos en la figura de Wenceslao Fernández Flórez; el profesor Mainer, que lo había estudiado en varias ocasiones, acude a la casa del autor de ‘El bosque animado’. Pasamos por la avenida de los Castros donde se inició el locutor Paco Ortiz, que visitaba los barcos fondeados, y donde vivía el narrador y actor de doblaje Manuel Riveiro Loureiro. Manolo, premiado por un cuento en Teruel, perdió a su mujer Encarna; no pudo resistir su ausencia y se arrojó al vacío desde un vigésimo piso o quizá desde la amplia terraza donde hemos estado muchas veces: con él, con Pepe Oca, con nuestras mujeres. Jamás me lo habría imaginado: era un vitalista que había luchado siempre, aquí y en la emigración. La noticia fue para mí otra forma insoportable de tsunami. 

 

*La foto es de Baldovino Barani.

 

 

JOSÉ VERÓN GORMAZ, UN DIÁLOGO

JOSÉ VERÓN GORMAZ, UN DIÁLOGO

[Ayer se hacía público el fallo del Premio de las Letras Aragonesas de 2013. Los candidatos eran cuatro: el poeta Fernando Ferreró, el traductor y poeta Francisco J. Uriz, el narrador y dramaturgo Fernando Lalana, también actor, y el escritor y fotógrafo José Verón Gormaz (Calatayud, 1946), que ha resultado el ganador. Mañana se publica en Heraldo la entrevista que le he hecho hoy, pero recupero esta que define muy bien el mundo y las preocupaciones estéticas de José.]

“El dolor dicta poemas: nuestro mundo es tan doloroso como una enfermedad”

 

“La poesía es un enigma que me ha dado una visión más cercana de la realidad”

 

“Ir hacia el poema es como saltar al abismo. Y eso siempre impresiona”

 

“Más que mensajes del más allá, el poeta oye mensajes del más acá”

 

 

LA ENTREVISTA

 

¿Quién es José Verón Gormaz: un poeta que hace fotos o un fotógrafo que escribe poesía?

Soy un poeta que hace fotografías. A veces siento que el poema y la imagen son manifestaciones diferentes de un mismo asunto, aunque sé que eso no es exactamente así.

¿Qué lugar ocupa y ha ocupado la poesía en su vida?

Un lugar básico. La poesía, además de un modo de expresión, es una forma de conocimiento y como tal me ha influido. También me ha proporcionado cierto sentido ético, incluso una visión mas cercana de la realidad.

¿Es un poeta intuitivo o reflexivo? ¿Cómo nacen sus poemas?

Muchos de mis poemas nacen de la reflexión, pero también los hay que surgen como un relámpago. No acudo a normas y mis hábitos cambian según las circunstancias. La creación poética es en parte un enigma. Lo que me parece incuestionable es el trabajo, la elaboración del poema. La poesía es un oasis o una reserva de la Naturaleza que pone a disposición de los lectores la otra realidad.

¿Qué poetas le han marcado, qué poetas le marcan?

Me gusta leer poesía; leo (y he leído) sin pausa. Sin embargo, distingo entre los poetas que me han influido y los que me agradan, pero sin ningún tipo de influencia. Entre los primeros puedo citar a Quevedo, Juan Ramón Jimenez, Yves Bonnefoy, Ezra Pound, T. S. Eliot, José Ángel Valente... Entre los segundos, a Allen Ginsberg, Antonio Machado, Ginferrer, Omar Khayyam... Y merece una mención especial mi paisano Marco Valerio Marcial...

Del que publica una novela: ‘Las puertas de Roma’ (Mira editores).

Sí. Está prologada por José Luis Corral. Marcial es epigramista y el epigrama es una forma poética muy adecuada a nuestra época, como lo fue en la Roma de Nerón y Domiciano. El libro sucede en Roma y también en un café actual donde se produce una tertulia literaria que da pie a la evocación.

¿Cómo se transformó en libro 'Ritual del visitante’, que edita Olifante?

Tras un periodo largo y dificil (1997-2009), quedó completa y publicada mi trilogía ‘El tránsito y la duda’. Me sentí exhausto, desorientado, sin saber qué camino tomar. El cambio de registro fue poco a poco cumpliéndose, hasta que empecé a estar de acuerdo con mis versos. En agosto de 2010, en la Casa del Poeta, bajo el castillo de Trasmoz, concluí este poemario, que todavía necesitó un ligero repaso y un pequeño reposo.

Aquí están muchos de tus temas. Por ejemplo: el paisaje. ¿Qué le debe al paisaje?

Cuando estoy en él, me siento parte del paisaje, una sensación panteísta, tal vez primitiva, que me acerca al universo inabarcable. También en el paisaje urbano me siento parte de él. Al paisaje le debo más de lo que puedo expresar.

Por ejemplo: el lenguaje. ¿Cómo es su historia de amor y desamor con las palabras?

La palabra es el elemento fundamental de esta historia de amor. El desamor surge de otros factores ajenos a ella.

En ‘Ritual del visitante’ están la vida interior, el eco de la enfermedad o la sombra del cáncer, el estupor de existir.

Soy un poeta que ha sufrido y vivido lo mismo que las personas que no lo son. Amo la vida, pero sé de mis limitaciones. Me gustan el Arte y las Letras, la música, el buen vino, los paseos por el monte y por la ciudad, las damas, la tertulias, mi familia... Todo esto y cierto estoicismo natural me han ayudado a caminar tanto con sol como con niebla.

¿Cuántos versos le ha dictado el dolor y la proximidad de la muerte?

Es cierto, ambas circunstancias me han impulsado a escribir poemas. Pero también el dolor ajeno, tan cercano, y tan lejano, tan palpable. Nuestro mundo es tan doloroso como una enfermedad. O más.

Hay una invocación al papel en blanco. ¿Le ha dado en algún momento miedo escribir?

Más que miedo, respeto. No obstante, el poema al que alude es, tal vez, el más expresivo del libro. Si mal no recuerdo, termina así: “Invoco a la palabra para sentir la realidad que tantas veces desconozco”. Hay ocasiones en las que ir hacia el poema es como saltar al abismo. Y eso siempre impresiona, aun sin padecer vértigo.

Habla mucho de la música, del canto, de los rumores. ¿Oyen voces los poetas, mensajes del más allá?

Más que mensajes del más allá, se oyen mensajes del más acá. La música es una suerte de alimento espiritual, una fuente de sensaciones y sentimientos. Los rumores y las voces están dentro de nosotros y hay que escucharlas.

 

FICHAS Y OPINIONES

FICHA:

Ritual del visitante. José Verón Gormaz. Olifante, ediciones de Poesía. Zaragoza, 2012. 90 páginas.

Las puertas de Roma. José Verón Gormaz. Prólogo de José Luis Corral Lafuente. Mira editores: colección Sueños de Tinta. Zaragoza, 2012. 196 páginas.

 

¿Qué es poesía? Dice el poeta, medalla de San Jorge de las Cortes de Aragón y Premio Nacional de Fotografía: “La poesía es misterio, adivinación, conciencia, ejercicio de palabras... y muchas cosas más. Entre otras cosas, es una forma de expresión de la realidad, una transformación de las percepciones y de los sentimientos propios, incluso del dolor más íntimo, en belleza escrita y en misterio”.

 

Olifante. “Publicar en Olifante algo muy especial para mí. Olifante es una gran editorial de poesía. Sus ediciones son muy cuidadas; en ella han publicado excelentes poetas. Trinidad Ruiz-Marcellán, la editora, merece todos los elogios. Actualmente publicar poesía y editarla con tanto esmero es toda una hazaña”.

 

'CHATTERTON' DE ELENA MEDEL

'CHATTERTON' DE ELENA MEDEL

[Elena Medel, poeta y editora nacida en Córdoba en 1985, ha ganado el premio Loewe de poesía joven. El libro se titula ‘ Chatterton’ y en él hay un poema dedicado al joven escritor inglés, Thomas Chatterton (1752-1770) que se suicidó con arsénico a los 17 años y que encarna el espíritu del romanticismo. Fue un maestro de la impostura, creó un monje medieval Thomas Rowley, que escribió muchos textos y al que Chatterton, además de inventarlo, claro, le dedicó un diccionario. Muchos poetas de su tiempo admiraron su propia obra y la atribuida a Rowley. He aquí el poema de Elena Medel. Este cuadro de Henry Wallis se titula ‘La muerte de Chatterton’, 1856.]

 

CHATTERTON

Mentí durante diecisiete años. Mentí después

en todos mis poemas. He mentido durante los diez

años siguientes. Acércate, soy

como tú. Escucha cómo late mi corazón

perverso: mudanzas en platitos

de papilla de mamá. Aliméntame,

compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,

yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,

qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.

Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?

Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos

comencé yo a mentir. Un abanico con telas del Oriente

para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.

Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente

ahora? He soñado contigo algunas noches.

Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que

no miento. Ahora sí que no.

 

Del libro ‘Chatterton’ de Elena Medel. Visor. Premio Loewe Joven. 2014.

 

 

AKIRA YOSHIZAWA: PAPIROFLEXIA EN EL CENTRO DE HISTORIAS

AKIRA YOSHIZAWA: PAPIROFLEXIA EN EL CENTRO DE HISTORIAS

 

AKIRA YOSHIZAWA

 

INTRODUCCION

 

Akira Yoshizawa es reconocido por todos los artistas de la papiroflexia como el gran maestro que revolucionó el origami y lo transformó en una actividad creativa y artística.

Él mismo y su propia biografía responden bien a la idea de un artista entregado toda su vida a una “misión”.

Yoshizawa no sólo es un creador de nuevos modelos, que ya sería de admirar, sino que dota al origami de un entramado contextual complejo y poliédrico. Filosofía, trascendencia, respeto a la tradición artística, amor al papel, biología, ciencia, educación, arte y creación se amalgaman en sus modelos. Su procedencia, Japón, no es un factor de menor importancia en esta combinación.

 

 

Grupo Zaragozano de papiroflexia y Yoshizawa

 

Los orígenes del grupo zaragozano de papiroflexia (GZP) se remontan a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Comenzó como una tertulia o peña de café donde un grupo de intelectuales se reunían periódicamente y plegaban figuras de papel. Reuniones que se han mantenido casi ininterrumpidamente hasta la actualidad con un considerable aumento de aficionados.

En 1968 el GZP recibió un envío con modelos del maestro japonés del origami Akira Yoshizawa para una exposición en el Colegio Mayor Universitario Pedro Cerbuna. Veinticuatro años después, en 1992, Yoshizawa vino personalmente a Zaragoza y se reencontró con aquellos modelos en un expositor de ese mismo Colegio Mayor. Para un artista que consideraba a sus modelos como hijos y que nunca había vendido ninguno de sus originales, este respeto y cuidado para con su obra fue emocionante, manifestando su agradecimiento y expresando su deuda “de honor” con el grupo.

En 1981 también envió modelos para otra exposición del GZP.

Yoshizawa vino personalmente a Zaragoza en los años 1992 y 1997 donde disfrutaron de sus enseñanzas y compañía.

El 14 de marzo (día en que también había nacido) de 2005 Yoshizawa falleció y el proyecto del GZP largamente deseado de una exposición monográfica del maestro pareció truncado.

El 14 de marzo de 2014 EMOZ (Escuela Museo Origami Zaragoza), dentro de la celebración del 2013-2014 Año Dual España-Japón, es el día de inauguración d ela gran exposición de Akira Yoshizawa.

 

CREATIVE ORIGAMI

 

El origami es como la poesía, un arte formativo que permite crear infinidad de figuras con las superficies de una hoja de papel y diversos pliegues.

Mi origami representa objetos de la naturaleza en forma realística y concreta y expresa asimismo imágenes mentales en forma abstracta. Abarca desde trabajos de plegado sencillos, que podrían ser considerados como un simple pasatiempo, a delicadas obras de arte.

Por su gran riqueza de emociones, el origami también es fuente de pensamientos innovativos. Por consiguiente las técnicas desarrolladas en origami también podrían aplicarse a la ciencia y tecnología en el futuro.

 

Akira Yoshizawa para la Exposición Universal de Sevilla de 1992

 

 

Escucho al papel y converso con él

 

Mi maestra es la Naturaleza, los animales, los pájaros, las flores,… Cuando hago origami, escucho a la Naturaleza, no con estos los oídos sino con los oídos de mi corazón

 

Mis creaciones de origami, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, requieren el uso de la geometría, la ciencia y la física. También abarcan la religión, la filosofía y la bioquímica

 

Espero que mis obras perduren, llevando un mensaje de Amor y Amistad por todo el mundo

 

Akira Yoshizawa

 

 

Una vida con el origami

 

Yoshizawa nació no lejos de Tokio en 1911. Durante dos años se preparó para monje budista. Decidió finalmente a la edad de veintiséis años, dedicarse por entero al origami.

Vivió pobremente durante casi quince años vendiendo tsukudani (pescaditos cocinados en salsa de soja) de puerta en puerta.

Su vida cambió en 1952 cuando la revista Asahi Graph le propuso reproducir en origami los doce animales del zodíaco oriental.

En 1953 por mediación de Legman, un profesor de Harvard, expuso su obra en el Museo Stedjelik de la ciudad de Amsterdam.

En 1953 publicó Adarasi Origami Geijutsu (Origami Art), el primero de los dieciocho libros que irán apareciendo a lo largo de su vida.

Sus modelos se expusieron en el Coopers Union Museum de Nueva York en 1959. En aquella exposición también se mostraron modelos de Miguel de Unamuno

El Ministerio de Asuntos Exteriores japonés, impresionado por la repercusión en occidente de la obra de Yoshizawa, vio en esta vía una manera de contribuir a mejorar la imagen del Japón en el mundo. Yoshizawa a través de la Japan Foundation, visitó con su origami más de 50 países.

Su libro Tanoshii Origami (Joyful Origami) ganó el premio cultural Mainnichi Shuppan en 1963.

El emperador japonés Hiroito le otorgó la Orden del Sol Naciente en 1983, uno de los mayores honores que puede recibir un ciudadano japonés.

 

Escuchar la naturaleza a través del origami

 

“Mis creaciones de origami, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, requieren el uso de la geometría, la ciencia y la física. También abarcan la religión, la filosofía y la bioquímica”.

“Cuando hago origami, escucho a la Naturaleza, no con estos los oídos sino con los oídos de mi corazón”.

Yoshizawa buscaba la sencillez en el plegado y en el modelo como el sumi-e (pintura japonesa monocromática con tinta y a pincel) o la poesía haiku (poemas breves)

El maestro consideraba este origami creativo como “Arte, en el más alto sentido de la palabra”

“Por supuesto, es fácil hacer la forma de un sacerdote meditando, pero eso es solamente la superficie. Quiero hacer un modelo en el que la gente no solo vea un sacerdote meditando, sino que también pueda sentirlo meditando, sentir sus emociones a la vez que él”.

 

 

La creación como búsqueda

 

Para muchos plegadores actuales, y probablemente también para el mismo Yoshizawa, su aportación más importante es llevar al origamista al convencimiento de que él también puede y debe crear sus propios modelos.

El maestro promovió desde sus comienzos que el plegador buscará libremente variaciones y creaciones. En sus libros se diagrama la obtención del modelo básico y las fotos e ilustraciones muestran variaciones animando al plegador a buscar por su cuenta.

Al preguntarle cuál había sido el tema que más trabajo le había costado en origami, Yoshizawa replicó sin vacilar “La cigarra. Necesité veintitrés años para hacerla” Según refiere, para hacerla tuvo que analizar la anatomía y el sistema nervioso del insecto, proyectar una y otra vez, hacer pliegues y más pliegues. “Yo tenía en la cabeza la imagen perfecta. Con los años llegué a hacer centenares de modelos. Pero ninguno era el que yo quería” Un día en 1959 el maestro consiguió finalmente hacer la cigarra de sus sueños. Cuando la tuvo en la palma de la mano parecía tan perfecta que su creador sintió que “contemplaba el misterio mismo de la vida”.

 

 

El plegado

 

El formato preferido por Yoshizawa era el cuadrado inicial, pero no desdeñó otros formatos iniciales, excepto las formas estrelladas.

En la revista The Origamian en 1963 “No corto el papel; nunca pego piezas juntas y no uso pintura porque me gusta el papel ‘como es’ ”.

En la revista Japan Times en 1969 decía “Si usara tijera, mi origami sería un recortable. Si usara pegamento sería un mosaico. Si pintara sería una pintura”.

En Selecciones del Reader´s Digest en 1970 afirmaba “…únicamente por medio de dobleces, sin recurrir jamás a cortar el papel”.

Para el maestro los diagramas sólo eran la partitura que luego el ejecutante tenía que interpretar con su propia implicación. “Siguiendo las instrucciones se puede plegar fácilmente un modelo complejo pero el resultado será simplemente un papel plegado que no expresa nada”.

 

 

Las partituras

 

Frente a las antiguas instrucciones de plegado, farragosas y la mayor parte de las veces incomprensibles, Yoshizawa creó una simbología, un código sencillo e intuitivo que ha permitido la realización de diagramas comprensibles y sin fronteras idiomáticas. Esta aportación ha contribuido a la interconexión de artistas y aficionados de todo el mundo con la consiguiente expansión y progreso de la papiroflexia.

Diagramaba como un todo y adaptándose al formato en el que se va a publicar aunque esto exigiera una nueva distribución de los pasos de plegado. Era meticuloso y siempre debe dibujaba él sus propias instrucciones, no podía dejarlo en otras manos.

Los diagramas eran para el maestro la partitura básica sobre la que el plegador debería aportar su propia sensibilidad y creatividad.

Creaba nuevos modelos a más velocidad de lo que podía dibujar.

 

 

Los modelos

 

Yoshizawa afirmaba en 1989 que había creado más de 50.000 modelos. Consideraba a sus modelos como hijos y al parecer nunca vendió ninguno. Insistía en la importancia de que cada modelo fuera único e irrepetible. Sabemos por sus libros que frecuentemente realizaba seis, siete y hasta diez variaciones de un mismo modelo perfeccionándolo o adaptándolo. También sabemos que en sus dieciocho libros tan solo se muestran unos cientos de modelos.

La exhibición de los modelos también fue estudiada por Yoshizawa. “Para mis exhibiciones de origami siempre presto mucha atención a la luz” “Para ver exhibiciones de arte o para charlas siempre usamos luz tenue”. Él mismo explicaba que en Japón hay dos maneras de ver: el hare que es brillante y hacia afuera como las cosas iluminadas por el Sol y el ke que sería la luz tenue como la natural en el interior de una casa, en un ambiente tranquilo y confortable. Este mismo sentimiento subyace en su poco gusto por el uso del papel metalizado que dice brilla como el metal y refleja como un espejo. “Cuando la gente ve un animal hecho de papel de plata, siente el metal y no la estructura natural del animal. No se siente cerca del animal porque ve hare cuando debería estar viendo ke”.

 

 

Los sueños

 

Yoshizawa siempre albergó la ilusión de poder escaparse a las montañas, aprender a hacer papel a la antigua usanza y así participar en todo el proceso creativo del origami.

Otro sueño de Yoshizawa era fundar un museo y centro de investigaciones a fin de hacer llegar a todos los pueblos del mundo los beneficios del origami. Aunque su taller en Tokio ha sido y es un lugar de peregrinaje para los amantes del origami de todo el mundo, no llegó a cumplir su deseo.

 

La Escuela Museo de Origami de Zaragoza (EMOZ) se declara heredera de sus enseñanzas, se siente vinculada emocional y sentimentalmente al que considera el gran maestro, comparte su modo de ver la papiroflexia (origami para él) como una actividad artística, creativa, educativa y de unión de culturas.

 

BIOGRAFIA

1911

Nace el 14 de marzo en Kaminokawa, no lejos de Tokio Japón, en una familia de granjeros.

1924

 

Entra de aprendiz en una fundición y acaba enseñando a los nuevos empleados la geometría básica requerida para el trabajo utilizando el origami.

1935

Estudia dos años preparándose para monje budista.

1937

Deja los estudios para monje y decide dedicarse al origami.

1937

Vive pobremente durante casi quince años vendiendo tsukudani (pescaditos cocinados en salsa de soja) de puerta en puerta.

1952

La revista Asahi Graph le propone reproducir en origami los doce animales del zodíaco oriental. Aparecen en el número de enero de 1952.

1953

G. Legman, que realizó el primer listado de bibliografía internacional de papiroflexia Bibliography of Paperfolding, contacta con Yoshizawa.

Legman encuentra la copia llamada Kan-no-mado en la Library of Congress

1954

Funda el Kokusai Origami Kenkyu-kai (The International Origami Centre) y publica su primer libro Adarasi Origami Geijutsu (Origami Art). Es el primer libro en el que se usa el sistema de diagramas y simbología.

1955

 

Yoshizawa envía a Legman modelos que se exponen en el Museo Stedjelik de la ciudad de Amsterdam (Holanda).

1959

Legman manda modelos de Yoshizawa para la exposición del Coopers Union Museum de Nueva York. En esa exposición se muestran también modelos de Miguel de Unamuno.

1959

Consigue la cigarra tras veintitrés años de intentos.

1963

Su libro Tanoshii Origami (Joyful Origami) gana el premio cultural Mainnichi Shuppan.

1965

A partir de este año el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón a través de la Japan Foundation mandará a Yoshizawa a más de cincuenta países.

1968

Modelos de Yoshizawa se muestran en una exposición en el Colegio Mayor Universitario Pedro Cerbuna de Zaragoza.

1970

Selecciones del Reader´s Digest extracta un artículo de L. Stowe y aparece en 13 ediciones en todo el mundo.

1981

Manda modelos para la exposición “Homenaje al grupo zaragozano 40-70” que se realiza en Zaragoza.

1983

El emperador japonés Hiroito le otorga la Orden del Sol Naciente uno de los mayores honores que puede recibir un ciudadano japonés

1992

En el pabellón del Japón de la Expo de Sevilla presenta la exposición Cuatro estaciones en Japón.

Visita Madrid en junio y Zaragoza en julio.

1997

Visita Zaragoza.

1998

Expone en el Carrousel du Louvre de París, junto con otros artistas, en la mayor exposición jamás vista de papiroflexia

1999

Invita a Carlos Pomarón, destacado miembro del GZP, a la Exposición Homenaje que se realiza en Japón con motivo de su 88 cumpleaños.

2005

Fallece el 14 de marzo.

2012

El 14 de marzo la compañía Google le homenajea con un doodle conmemorativo creado por Robert Lang.

2014

14 de marzo, Inauguración exposición en EMOZ

 *La información es del Centro de Historias y del Ayuntamiento.