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Antón Castro

JOSÉ-CARLOS MAINER HABLA DE 'FALANGE Y LITERATURA'

JOSÉ-CARLOS MAINER HABLA DE 'FALANGE Y LITERATURA'

 

[José-Carlos Mainer Baqué (Zaragoza, 1944)publicaba a finales de año la reedición de su libro ’Falange y literatura’. Rescato aquí una larga entrevista sobre este volumen que ha sido ampliado e incluye una amplia antología.]

 


¿Cómo surgió la idea de estudiar Falange y literatura y de seleccionar los textos? ¿De qué ideas y estímulos partías?

En 1966 yo publiqué un par de artículos sobre la revista Vértice que estaba estrechamente asociada a mis lecturas adolescentes: debía de tener yo doce o catorce años cuando leía las revistas Vértice y La Ametralladora que mi padre, que fue teniente médico en el ejército franquista, había guardado y encuadernado. Por ellas tuve la primera noción elaborada de la guerra civil y, con el tiempo, había entendido la necesidad de tener otra perspectiva más crítica sobre aquellos acontecimientos. Francisco Rico leyó aquellos artículos con interés y me propuso en 1969 la elaboración de lo que en 1971 salió con el titulo de Falange y literatura (Antología). Y cuarenta años después he aceptado lo que ya me habían propuesto otros editores en varias ocasiones: revisar aquel texto y publicarlo de nuevo… El resultado ha sido que he triplicado el tamaño del volumen originario, aunque lo he escrito muy rápidamente…


¿Qué encontraste? ¿Cuál fue, un poco a vista de pájaro, claro, la relación que había entre los escritores y la Falange? ¿Crees que hay alguna diferencia en cuanto a relación de dependencia de los escritores vinculados a Falange que la de los escritores vinculados con el Partido Comunista?

 

En el fascismo, la violencia y la inmolación (y, por tanto, la guerra) son una forma de vida. La muerte es la ofrenda suprema, pero a esto precede el odio al enemigo. Y antes hay que inventarse a ese enemigo; esta es la función de los escritores fascistas que suelen hablar de su desencanto ante la vida ordinaria y vulgar, de su conversión personal o de su feliz encuentro con la solidaridad de la manada. Detrás de la entrega a los ideales está siempre la oscura pulsión de vengar algo, de destruir lo que se ve incompatible con la fe del grupo. En toda literatura militante hay algo de esto, naturalmente, y en España, buena parte de su retórica vino suministrada por el catolicismo reaccionario de principios del siglo XX. En la literatura comunista clásica se concede menos importancia a la motivación individual y abunda más la visión beatífica del futuro de una sociedad sin clases, como corresponde a una percepción más científica y absolutamente laica. Pero tan alienante es una cosa como la otra, por cierto…

¿Qué casos te han atraído más? Algunos son especialmente paradójicos: Dionisio Ridruejo, Torrente Ballester, Álvaro Cunqueiro, en cierto modo se reinventan. Pasan de un apoyo feroz a la disidencia...

 

Ridruejo es un personaje fascinante porque su disidencia se produce a través de un análisis riguroso de su propio grupo y de su clase social. Es un proceso lento, en el que nunca abandona su vocación de intervenir en la vida política. El caso de Torrente Ballester es mucho menos simpático: desembarcó de forma bastante oportunista en el falangismo y (como revelan, por ejemplo, sus cartas a Ridruejo) quiso obtener prestigio y dinero. Y a comienzos de los sesenta rompió y procedió con bastante éxito a ocultar sus huellas… Cunqueiro fue un simpatizante entusiasta (no “feroz”, por cierto) que no debió hallar muchas diferencias entre el lenguaje de un sector del galleguismo político (el de Vicente Risco) y el fascismo. Desembarcó con sus imaginaciones en la prensa falangista y muy pronto las llevó, siempre idénticas, a otros paraderos más comprensivos y digamos liberales.



El paso del tiempo y la novela de Javier Cercas le han reservado un lugar especial a Rafael Sánchez-Mazas. Con nueva perspectiva, ¿Cómo lo ves ahora, cuál es su importancia real, cómo evalúas la calidad de sus textos?

 

Es un personaje curioso, lleno de soberbia intelectual y también de rencores sociales de burgués desclasado. Y es un gran escritor, demasiado perezoso… Ya ensalzó a Mussolini, en 1922 y la tercera de ABC; fue seguramente el inventor de la restauración del yugo y las flechas ¡en 1927! cuando no existía todavía Falange; publicó en 1933 un curioso libro sobre las relaciones de España y el Vaticano, muy crítico con los puntos de vista del pontificado… Y cuando vencieron los suyos, se volvió a casa, cobró una pingüe herencia y escribió una exquisita novela sobre su infancia dorada (La vida nueva de Pedrito de Andía) y una fantasía pedagógica criptofascista (Rosa Krüger). Y es que nunca dejó de ser fascista, aunque también fue el padre de dos notorios antifranquistas, Rafael y Chicho Sánchez Ferlosio.

Entre los raros y excéntricos figura Ernesto Giménez Caballero. ¿Sería algo así como el Dalí de la literatura y de las vanguardias?

 

Giménez es inclasificable. Trabajó desde 1925 en la nacionalización de la vanguardia española y, desde 1929, en la difusión del fascismo. Como Dalí, fue histriónico por naturaleza, intuitivo y oportunista. Y sus escritos de vanguardia son excelentes, como delirantes (y a veces certeros) son sus libros más teóricos: Arte y Estado es un diagnóstico asombroso de la situación de las artes plásticas en 1935. Si hubiera muerto en la guerra o hubiera roto con el franquismo, sería un personaje de referencia obligada; lo malo es que lo sirvió fielmente hasta el final, siempre soñó ser ministro y en 1976 pidió en ABC ser enterrado en el Valle de los Caídos junto a Franco y José Antonio (seguro que no le faltaba razón…).

En los últimos años pareció entreverse un caso ’Agustín de Foxá’, al que mete en su última novela Fernando García de Cortázar. ¿Cuál es la relevancia real de su obra?

 

Foxá, como Edgar Neville (que fue un falangista de oportunidad), son seres irremediablemente simpáticos. Y egoistas y cínicos, como casi todos los simpáticos. Foxá fue falangista por anticomunismo y por aristocraticismo, rasgos que exhibió en textos muy penosos durante la guerra y poco después. Cuando acabó la contienda, cultivó cierta distancia desengañada y vio además el completo fracaso y olvido de su proyecto literario: de sus poemas melancólicos y neomodernistas, de sus novelas tan inspiradas por la prosa del último Valle-Inclán y de su teatro poético, tan extemporáneo ya. A mi me divierte mucho releerlo, pero sus entusiastas dan para poco más que un club de nostálgicos.


¿Cuáles son las novedades de esta nueva edición? ¿Qué criterios has seguido para la antología?

 

Las novedades están, sobre todo, en el prólogo: mucho más extenso y creo que más informado, menos doctrinario y más explícito a la vez (en 1971 había censura y no se podía llamar “fascismo” a Falange, por ejemplo). La antología de textos es fiel a su concepción originaria, pero ahora he incluido mucho más textos que entonces no pude incorporar, pero es revelador que casi no he cambiado los rótulos (ni la intención) de los apartados que la componen: entre todos, he intentado rastrear los elementos psicológicos de la conversión al fascismo, de la mitificación de la guerra civil, de las nostalgias de la historia imperial y también de la complacencia en ciertas fantasías o en un humor muy moderno, o en la añoranza de la vida burguesa que muchos habían conocido en sus casas.


¿Qué ha pasado en estos 40 años con este tema: se ha reivindicado, se ha esclarecido, se ha desmitificado?

 

Hubo una cierta reivindicación después de 1975 (pienso en Fernando Sánchez Dragó), que fue efímera afortunadamente, y ya entrados los años ochenta, empezaron estudios serios y sistemáticos sobre la historia del fascismo español. Todos usaban y citaban la literatura falangista pero, salvo contadas excepciones, ha habido muy pocos trabajos extensos sobre ese tema específico: el libro de Mónica y Pablo Carbajosa sobre “la corte literaria de José Antonio”, el de Mechthild Albert sobre los “vanguardistas de camisa azul”, y ahora mismo, el de Nil Santiáñez Tió, Topographies of Fascism. Habitus, Space and Writing in 20th Century Spain, que he recibido cuando ya había terminado la impresión del mio.

¿Cuáles serían los cuatro o cinco libros verdaderamente decisivos de estos autores próximos a la Falange? ¿Quién sería el autor aragonés más valioso vinculado a Falange?

 

Habría que poner de entrada un libro de Giménez Caballero, sin duda: Genio de España. Y una novela de Rafael García Serrano, La fiel infantería; el primer relato de Gonzalo Torrente, Javier Mariño, y el mejor de Foxá, Madrid, de corte a cheka. Y puede que un poemario de guerra, de José María Castroviejo, que sus herederos me han prohibido reproducir: Altura. En cuanto a los falangistas aragoneses, el más importante e influyente fue, sin duda, Pedro Laín Entralgo; como escritor de creación, el diplomático José Antonio Giménez-Arnau, fue autor de alguna novela de éxito, y en grado menor y mucho más olvidado si cabe, el poeta y funcionario Ginés de Albareda (que era hermano, por cierto, del químico y prominente miembro del Opus Dei, José María Albareda)

¿Qué pensarían del deseo de independencia de un sector de Cataluña?

 

Recuerdo en un párrafo de mi prólogo que, en las feroces campañas de los años 1931-1939, el odio de los falangistas al catalanismo (y, en algún menor grado, al vasquismo) desempeñaron, en cierto modo, el papel del antisemitismo en los fascismos centroeuropeos: la detección de un enemigo interior que odiaba la identidad común. Espero fervorosamente que no me lo lea torcidamente algún partidario de Esquerra Republicana o de Bildu y lo esgriman como antecedente; mas bien diría yo que, muy a menudo, los que buscan y hostigan a un enemigo interior son ellos.

¿En qué otros proyectos anda José-Carlos Mainer?

 

Ando terminando una Historia mínima de la literatura española [este libro ya lo ha concluido y lo ha publicado en el sello Turner], un encargo que ha resultado divertido y que no ha requerido pesquisas especiales. Sólo tiempo y muchos ejercicios de síntesis… Saldrá el año que viene y no veo más proyectos extensos en lontananza.

 

*La foto de José-Carlos Mainer es de 'La Opinión de La Coruña'.

 

 

JAVIER VÁZQUEZ Y MAR VILLAR

JAVIER VÁZQUEZ Y MAR VILLAR

Javier Vázquez es, ante todo, un hiperactivo. Le apasionan los viajes, la fotografía, el teatro (como dramaturgo y como actor) y, por supuesto, la radio. Conduce desde hace casi una década en Aragón Radio el programa vespertino ‘Escúchate’. En él ha dado muestras de su interés por las letras: ha grabado poemas y textos con la voz de los autores, ha creado premios literarios, especialmente de microrrelato en colaboración con Julio Espinosa y su Escuela de escritores, y está siempre atento a fenómenos como la literatura infantil y juvenil. De ahí que no sorprenda que también dé el salto a ese universo con un libro deliciosos, suspenso en la imaginación y en la desmesura deli berada: ‘Cuatro cuentos rusos’ (Nalvay. Ilustraciones de Mar Villar), que en realidad no son exactamente historias aisladas sino que con humor y fantasía ofrecen un hilo de continuidad. Los personajes entran y salen en todas las historias: desde esa mujer inmensamente gorda Gretzen Grotzen hasta la cocinera Feodorovna Topolinova que lleva casada catorce años con su marido Anatoli, cosmonauta, que anda por ahí dando vueltas alrededor del espacio, hasta que un día logra acercarse a la mujer con la que se había casado por poderes y le estampa uno de esos besos inolvidables. Inolvidables y largos. Y también está la rubia Monna Limoncelli, actriz y musa y organizadora de eventos, que será determinante en el cuento final, dedicado a un extravagante director de cine, Olegario Bedemille, que, de golpe, decide hacer una película convencional, cuyo título bien podría ser ‘El planeta Grotzen’. El mundo ruso, y quizá Afganesiev y sus cuentos tradicionales, es muy visible, pero también la huella de Andersen, de las ficciones de Hoffman y un universo un tanto austrohúngaro. ‘Cuatro cuentos rusos’ es, en el fondo, una pequeña novela donde todo ha sido medido, sobre todo su desbordante imaginación, la sensación de felicidad y el hilván que enlaza todas las historias, todos los personajes. Mar Villar realiza unas ilustraciones espléndidas, masas de color, estampas muy narrativas con ironía, gracia y poesía; destaca su cuidadoso sentido de la composición, la acumulación de detalles y algunos homenajes: uno a René Magritte y otro, quizá más visible, al mundo mágico de Marc Chagall, un torbellino de cromatismo y de personajes.  El volumen, para todos los públicos, contiene en códigos informáticos, la grabación de todos los cuentos por parte de Javier Vázquez.

 *La ilustración es de Gretzel Grotzen, realizada por Mar Villar.

VICENTE VALERO Y 'LOS EXTRAÑOS'

 

[Este próximo jueves, 10 de abril, en la FNAC, se presenta el libro ‘Los extraños’ de Vicente Valero, narrador, poeta y ensayista nacido en Ibiza en 1963. El libro consta de cuatro historias vinculadas a su propia familia, a su memoria y a los recuerdos de sus parientes. Los personajes, que surgen en la niebla del tiempo, son un militar africanista, un jugador de ajedrez, un bailarín que acompañó a Antonia Mercé, la Argentinita, y un militar republicano apasionado por el naturismo y por la teosofía de Mario Roso de Luna. El libro es una pesquisa, una recuperación de vidas y de leyendas y está contado por alguien que se parece mucho al autor, de niño. El libro recorre las convulsiones del siglo y las transformaciones de la isla. Y respira también misterio, cosmopolitismo y fascinación. Son cuatro historias conectadas por el pasado familiar, el tono (muy natural y fluido) y los paisajes, y, por supuesto, por las voces de sus padres, sus abuelos, por los ecos de los cuentos que le cuentan, etc. El libro es realmente estupendo: se lee con mucho gusto, con delectación, y propone un viaje a la extrañeza, a lo desconocido y, en cierto modo, a los invisibles lazos de familia.]

 

VICENTE VALERO: Los extraños.

Presentación del libro con Julián Rodríguez, de editorial Periférica, y el autor.

Fnac Plaza España Zaragoza. Jueves, 10 de abril. 20:00 h.

 

‘Los extraños’

Ya sean desdichadas o felices, es decir, diferentes o parecidas —según la célebre definición de Tolstói—, todas las familias tienen sus extraños: aquellos individuos de quienes tal vez sólo se conserva un puñado de noticias dispersas y a los que, sin embargo, se alude con cierta frecuencia por algún enigmático suceso, por su peculiar oficio o por la fuerza misma de su singular personalidad, que los obligó a permanecer alejados del devenir corriente de la familia. Rostros, por tanto, huidizos, muchas veces en la frontera del olvido definitivo.

Para rescatarlos de esta frontera última y para saciar una antigua curiosidad —la que proviene, pura e ingenua, de los relatos inconexos escuchados durante la infancia—, el narrador reúne en este extraordinario libro a cuatro de sus extraños para intentar reconstruir, sirviéndose de los pocos recuerdos heredados pero también aventurándose en investigaciones personales (viajes, documentos, etcétera), la trayectoria vital de cada uno de ellos, sus ambiciones y fracasos, así como para determinar cuál fue el motivo principal de su extrañeza y, por tanto, de su alejamiento.

Y en esta aproximación, el narrador —tal vez el auténtico protagonista de este libro— no sólo descubre hechos y confluencias sorprendentes, sino que consigue también conocer mejor la identidad y el transcurso de una familia común, con sus olvidos y sus afectos, sus temores y sus esperanzas.

Vicente Valero

Vicente Valero nació en la isla de Ibiza en 1963. Es uno de los principales poetas de su generación y autor de seis libros de poemas: Jardín de la noche (1987), Herencia y fábula (1989), Teoría solar (1992), Vigilia en Cabo Sur (1999), Libro de los trazados (2005) y Días del bosque (2008). Por este último recibió el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe 2007. Como prosista ha publicado el ensayo biográfico Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, 1932-1933 (2001), que ha sido traducido al francés y al alemán, así como Viajeros contemporáneos (2004) y Diario de un acercamiento (2008), libros en los que confluyen la poética del viaje, la memoria personal y la reflexión artística. Se ha ocupado de la edición del libro de Juan Ramón Jiménez La estación total con las canciones de la nueva luz (1994) y de la correspondencia ibicenca de Walter Benjamin, Cartas de la época de Ibiza (2008).

 *La primera foto es del Diario de Ibiza. La segunda la tomo de aquí:

 

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DURAS: LA ESCRITURA DEL AMOR

Dos de las más grandes escritoras de las letras francesas del siglo XX se llamaron Marguerite: Marguerite de Crayencour o Yourcenar, la mujer que redactó una novela inmortal como ‘Memorias de Adriano’ (1951), y Marguerite Duras, nacida Donnadieu, que firmaría otro libro maravilloso y autobiográfico: ‘La amante’ (1984), entre otros muchos. Aunque eran como la noche y el día, a veces las confundían: por las calles, en los manuales e incluso por sus rarezas. De algún modo, las dos acabaron sus vidas vinculadas de extraña e intensa manera a dos hombres jóvenes. Yourcenar, que amaba a las mujeres y había vivido muchos años con Grace Flick, su secretaria y amante, sucumbió a una extraña pasión otoñal por un hombre más joven, Jerry Wilson, que moriría de sida, y Duras vivió casi tres lustros con Yann Andrea, un joven homosexual, que fue su confidente, su enamorado (Laure Adler lo cuenta con todo lujo de detalles en su biografía ‘Marguerite Duras’, Anagrama, 2000) y su compañero de bebida. Ambas tuvieron una infancia especialmente intensa: Yourcenar viajó, leyó y vivió bajo la fascinación de su padre, que era un ilustrado melancólico, y Duras perdió a su padre a los siete años, adoró a su esforzada madre y le perdonó alguna que otra infamia, pero conoció en Indochina (hoy Vietnam del Sur) una forma de vida exuberante y peligrosa, y coqueteó con el incesto con su hermano Paul; también tuvo otro hermano, al que detestaba y lo consideraba el malo y el perverso. Además, los Donnadieu vivían en la calle, entre charcos y aguaceros, cerca de los tigres y de las violentas mareas. Y no solo eso: Marguerite Duras, en la adolescencia, vivió una historia de amor con un hombre mayor, delicado y rico, que le adiestró en los secretos del cuerpo y del sexo y tal vez en otro concepto: la vida material, tan importante en la vida y en la obra de la autora de ‘Un dique en el Pacífico’, esa novela donde contaba sus años en Saigón, antes de marchar a estudiar a París hacia 1932. Ese hombre maduro (en comparación con ella: tenía 37 años) y silencioso dio lugar a ‘El amante’, la novela que le llevaría el premio Goncourt y la devolvería a la cima de las letras francesas, una historia que le rondaba una y otra vez, de la que daba avances, pero que finalmente fue contada con una gran energía narrativa. 

¿Por qué unimos aquí a los dos Marguerite? Quizá por capricho y por la constancia de su antagonismo, o de su escritura dispareja. Yourcenar, impregnada de sabiduría y de reflexión, ocultó sus pasiones tras la poesía, la filosofía y el viaje en el tiempo y en la historia; por ejemplo, tras ‘Fuegos’ hay un quebranto de amor que se tornó casi insoportable. Yourcenar era, en un sentido más convencional, toda una mujer de letras. Duras escribía por necesidad, por urgencia, por pulsión autodestructiva y como bálsamo inefable. Duras escribía a como a hachazos, con fogonazos de intuición y de ira.

Las dos comparten casi una fecha capital: en 1951, Yourcenar publicó ‘Memorias de Adriano’, el libro de una vida y de una obsesión, que tradujo al castellano Julio Cortázar. Y en 1950, tras una larga crisis derivada de la II Guerra Mundial y de la angustiosa situación que había pasado su marido Roger Antelme, confinado por los nazis en Dachau, Duras volvió a escribir: publicó ‘Un dique contra el Pacífico’ y ‘Un marinero de Gibraltar’. Y las dos, ahora, están unidas por algunos detalles: de Yourcenar, Alfaguara acaba de reeditar un libro delicioso: ‘Alexis o el tratado del inútil combate’, la historia de un músico que se casa y acaba revelándole a su mujer la complejidad de sus sentimientos con una inesperada revelación sobre su condición erótica. Y de Marguerite Duras (1914-1996) se cumple un siglo de su nacimiento.

Marguerite Duras fue una mujer complicada, egoísta, ensimismada y frágil. Ella se consideraba a sí misma un genio (y no parecía decirlo con ironía o con distanciamiento) y, con sus dudas y su inmenso desgarro, fue capaz de desarrollar una carrera literaria muy personal, que nunca encontró acomodo en grupos o movimientos. En su obra se perciben los ecos del neorrealismo italiano, del existencialismo y del ‘Nouveau Roman’ (con Nathalie Sarraute, Robbe-Grillet o Michel Buttor, en algún instante), pero más bien ocupa una región única: la que ella denominó “el mal incurable del amor”. O “el mal de la muerte”, título de una de sus mejores y desesperadas novelas. La muerte, el amor, el sexo, la soledad, el dolor, la melancolía, el alcohol y la locura son sus grandes temas. Y la necesidad de escribir, claro. Mujer de grandes pasiones, defensora del amor físico casi por encima de todo, llevaba la semilla de la insatisfacción en su interior. En algún momento barajó el suicidio: fue algo más que una postura estética o provocadora. La vida le golpeó en muchas ocasiones con los dardos de la desesperación. Se salvó escribiendo. Y ese es el argumento de otra de otra de sus novelas: ‘Emily L.’ Y se redimió creando personajes inolvidables, personajes que la persiguieron toda la vida, como le sucedió con Lol V. Stein, la protagonista de una de sus novelas más extraordinarias: ‘El arrebato de Lol V. Stein’ (1964), la historia de una mujer que vive una gran historia de amor y se percata de que el objeto de sus desvelos, a su vez, se enfrenta a otra pasión más o menos febril o subyugante. A ella le pasó en su vida cotidiana con Gérard Jarlot, un seductor que la enloquecía de celos. Los hombres de su vida, además del amante chino, fueron sus dos maridos, el citado Robert Antelme (tuvo un hijo con él que se murió muy pronto), Dionys Mascolo (tuvieron otro hijo), el citado Jarlot y Yann Andrea. Perteneció a la Resistencia francesa, al grupo de François Miterrand, que siempre estuvo muy cerca de ella, también se integró en el Partido Comunista, pero fue expulsada en 1955. Esas relaciones tiránicas, de intensas dependencias, abonadas al placer, también están presentes en un libro como 'El amor': el relato de tres personajes aparentemente inconexos y náufragos en una isla

De algún modo fue una solitaria. Y una soñadora que conoció el éxito y que pasó por momentos terribles, prisionera del alcohol y de la autodestrucción. Hemos citado algunos libros, pero nos olvidamos de títulos básicos como ‘El dolor’, ‘Destruir, dice’, ‘India Song’, ‘La impudicia’, ‘El caballero sentado en el pasillo’ y ‘El mal de la muerte’ o ‘Los ojos verdes, pelo negro’, dedicado a Yann Andrea. Y por supuesto ‘El amante’, para muchos su obra maestra (la llevó al cine Jean Jacques Annaud), y ‘El amante de la China del Norte’, que nace al enterarse de que su amante acababa de fallecer. Ese hecho le dio pie a reelaborar la historia: el periplo amoroso, la relación con su hermano y con su misteriosa madre. “Escribí este libro en la enloquecida felicidad de escribirlo Permanecí un año en esta novela, encerrada en aquel año de amor”. Una buena parte de sus libros están publicados en Tusquets y en Alianza editorial, sobre todo, pero también andan esparcidos en otros sellos.

Laure Adler dice que “jamás dejó de ser una mujer sublevada, indignada, una apasionada de la libertad. Libertad política, pero también libertad sexual. Pues si fue, por descontado, la escritora del amor, también fue una militante de la causa feminista y era abogada enfervorizada del placer femenino. Reivindicó sin desmayo el derecho al goce y fue, a lo largo de toda su vida, una gran amante. Le gustaba hacer el amor y supo exaltar la fuerza del amor, el goce, el abandono, la exaltación del amor. Y asimismo exploró sus límites y vampirizó sus energías: la búsqueda de lo absoluto como búsqueda del placer”.

Marguerite Duras también fue guionista y directora de cine: hizo veinte películas, cuatro de ellas documentales, y fue guionista y adaptada en varias ocasiones. En 1959 colaboró con Alain Resnais en una película perturbadora: 'Hiroshima mon Amour'. Era una mujer difícil y la relación se resintió, pero eso le pasaba siempre, quizá porque solía decir: “Solo me gusta mi cine (...) Soy un ser insólito, un ser libre que habla al margen de cualquier censura”.

 

*La primera foto la tomo de aquí:

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**La segunda de aquí:

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IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN HABLA DE 'LA BUENA REPUTACIÓN'

Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela más extensa y quizá la más ambiciosa: 'La buena reputación', que transcurre entre Melilla, Tetuán, Málaga y zaragoza, y narra la historia de una familia judía compuesta por Samuel y Mercedes, sus dos hijas Sara y Miriamb, y los dos hijos de ésta: Elías y Daniel. El libro, publicado por Seix Barral, está dividido en cinco partes, en cinco libro, y abarca más de treinta años de vida. Es, con 'El tiempo de las mujeres' y 'El día de mañana', la novela más totalizadora de Martínez de Pisón. Este jueves, a las 20 horas, la presentará en la librería Los Portadores de Sueños en compañía de Luis Alegre. Una buena parte de la entrevista apareció el jueves en la apertura de cultura de Heraldo de Aragón.

-¿Qué se te había perdido en Melilla?
-Cuando era estudiante de Filología en Zaragoza ya me interesaba mucho la historia del Protectorado, particularmente la Guerra de África y la literatura que se inspiró en ella. Yo mismo acabé escribiendo una novela juvenil ambientada en el norte de Marruecos durante los meses posteriores al Desastre de Annual. Para escribirla recorrí algunas ciudades marroquíes, entre ellas Tetuán, que es uno de los escenarios de esta nueva novela. Donde no había estado nunca era en Melilla. La Semana de Cine de Melilla me invitó hace unos años a participar en una actividad, y eso me permitió descubrir la ciudad, que me gustó mucho. Luego he vuelto en varias ocasiones.


-¿En qué medida nace de tu colaboración y visitas al Festiva de Cine de  Melilla?
Si no hubiera sido por esa invitación, supongo que tarde o temprano habría acabado yendo por mi cuenta. Pero eso me facilitó las cosas y sobre todo me permitió comocer a personas muy vinculadas a la ciuad que me han ayudado a documentarme para la novela. Por ejemplo, a Moisés Salama, que pertenece a una antigua familia sefardí de Melilla.


-¿Qué te llamó la atención de la descolonización y del Protectorado español?
En el año 56 acaba el Protectorado, y los españoles del norte de Marruecos regresan a la Península, su país aunque podía ser que no lo hubieran pisado nunca. Al mismo tiempo, muchos judíos marroquíes se organizan para instalarse en el estado de Israel, creado en 1948 y que ellos consideran su país aunque sus antepasados hubieran abandonado ese territorio cientos de años atrás... En ese marco de inestabilidad brotan sorprendentes sentimientos de pertenencia, que es uno de los temas de la novela.

 

¿Era habitual una situación como la de Samuel, con esa carga tan compleja derivada del judaísmo? ¿Existe un sustrato real de esta familia?
La comunidad judía de Melilla era importante y poderosa. Muchos de los edificios modernistas más bonitos de la ciudad los construyeron judíos ricos de Melilla. La familia que yo me invento tiene una historia muy semejante a la de muchas de esas familias. Y los hechos históricos principales, poco conocidos, son reales. Por ejemplo, la operación organizada por los servicios secretos israelíes para sacar a los judíos de Marruecos y llevárselos a Israel. Fue una operación clandestina que contó con el apoyo del régimen de Franco, a pesar de que éste nunca reconoció el estado de Israel.


-¿Qué tenía de peculiar la vida en Melilla? Parecían estar en tierra de nadie...
La historia de Melilla es en realidad muy breve. Hasta la creación del Protectorado había sido poco más que una fortaleza militar. No nace como auténtica ciudad hasta comienzos del siglo XX, y desde el principio su crecimiento es vertiginoso. A través de la familia protagonista cuento también parte de la historia de la ciudad, peculiar siempre y convulsa muchas veces. Ahora Melilla, ciudad fronteriza entre dos mundos tan distintos, sale en los informativos por los intentos de los subsaharianos de saltar la valla y acceder a Europa. Pero en el pasado hubo muchos otros episodios interesantes que tienen que ver con esa condición de ciudad fronteriza: un éxodo ya olvidado de judíos marroquíes que acabaron instalándose en Melilla a principios del siglo XX, los muy diversos avatares ligados a la Guerra de África, los disturbios de los años ochenta cuando el gobierno español negó la nacionalidad española a miles de melillenses por su condición de musulmanes... En esa tierra de nadie no han parado de pasar cosas.

 

-Vayamos con tus intenciones: da la sensación de que has querido hacer una novela clásica, con algún que fogonazo costumbrista, una saga familiar un poco a la manera de Thomas Mann pero también de Galdós, ¿es así?
Seguramente es mi novela más clásica. Su estructura se adapta a la estructura tradicional de las sagas familiares. Empiezo contando la historia del cabeza de familia, luego la de su mujer, la de su hija Miriam, la de los dos hijos de ésta... La estructura es al mismo tiempo un viaje de ida y vuelta entre Melilla y Zaragoza, la ciudad natal de Mercedes, la mujer del cabeza de familia. Eso hace que la historia acabe cerrándose en sí misma treinta y tantos años después del arranque.

 -Cómo explicarías esa distribución del gran relato en esas series: 'La  novela de Samuel', 'La novela de Mercedes', etc. ¿Quieres darle también cierta autonomía a cada fragmento, a cada biografía?
El mayor triunfo de un novelista consiste en construir buenos personajes, o al menos eso es a lo que yo aspiro. Ésta es una novela de personajes. De cinco personajes, concretamente, y cada uno de ellos es muy diferente de los demás. Intento que nos parezcan absolutamente reales, que acabemos conociéndolos como conocemos a los miembros de nuestra propia familia.

 -De golpe, de modo inesperado, entra en acción una mujer, Alegría. ¿Qué nos puedes contar de ella?
-Alegría es un nombre muy habitual entre las mujeres de las familias sefardíes. Y es un nombre que no escogí por casualidad. La historia de amor extraconyugal que Samuel vive con ella es una vía de escape de los muchos problemas que empiezan a acumulársele. Problemas de todo tipo, pero sobre todo familiares: con su propia mujer, con una de sus dos hijas... 

 -Tu obsesión, o devoción,  por la familia es ejemplar. ¿Qué encuentras ahí dentro, qué fantasmas, qué sombras, qué elementos de fascinación?

Me gustan las historias que tienen algo universal y eterno, y las historias de familias lo tienen. Cualquier lector de cualquier época y cualquier país puede sentir que hay algo de su propia vida en esas historias, aunque lo desconozca todo sobre la sociedad en la que están ambientadas.

-¿Qué es lo que mantiene la tensión del libro: lo inconfesable, los rencores, la culpa, la confrontación de padres e hijos?

No hay familia sin conflictos: conflictos entre padres e hijos, entre cónyuges, entre hermanos... Intento que mis novelas se parezcan  mucho a la vida, y en la vida de cualquier familia pasan cosas así. 

 

-¿Por qué los padres se obstinan casi siempre en repetir los comportamientos que detestaron en el pasado?

Porque los seres humanos cambian con el tiempo y acaban convirtiéndose en personas muy diferentes de las que creían que iban a ser. 

 

-Me ha parecido que ningún personaje es, en el fondo, feliz. ¿Tienes esa  sensación, te sientes conmovido por algún personaje especial? ¿Sientes debilidad por alguno de ellos?
Como los padres con sus hijos, tengo que querer a todos mis personajes por igual. Y en todos hay motivos suficientes para quererlos. También para censurarlos. No son ni buenos ni malos. Son gente que a veces se comporta bien y a veces mal.


-Una de las cosas que me llama la atención es el peso de la fatalidad: Mercedes y Samuel se alejan; las dos hijas se casan mal. Y lo saben. Y acaban enmascarándolo. ¿Por qué?

Hay historias de amor, y varias de ellas acaban fracasando con el tiempo. También eso es ley de vida, como lo es que algunos de los personajes mantenga vivo a lo largo de los años el sueño de algún amor imposible.

 

-¿Te sientes capaz de escribir de personajes felices?
Acuérdate del principio de "Anna Karenina".  Las familias que me interesan son las desdichadas, porque lo son cada una a su manera. 

 

-¿Qué interpretación haces de la sociedad española de aquellos 50 hasta avanzados los 80? ¿En qué cambió España?

La España de la que hablo en la novela es la España en la que la clase media empieza a hacerse mayoritaria. Ése es el gran cambio social de los últimos años de la dictadura franquista y, probablemente, uno de los factores que facilitaron el posterior acceso a la democracia. La evolución hacia la democracia empieza antes de la muerte de Franco y desemboca en un régimen constitucional que seguirá desarrollándose con el paso de los años. Más de la mitad de los españoles actuales no vivieron ese cambio y pueden sorprenderles cosas de esos primeros años de democracia. La ley del divorcio, por ejemplo, es de 1981, seis años después de la muerte de Franco, y su aplicación dependía muchas veces del juez de turno. Lo que cuento en mi novela sobre esa pareja que quiere divorciarse de mutuo acuerdo y el juez se lo deniega con el argumento de que tienen que "darse otra oportunidad" no era infrecuente. Ahora parece increíble, pero así eran las cosas en la joven democracia española.

 

-Zaragoza es fundamental en la novela. Hablas del bulevar, de determinadas calles, de algunos espacios, de la Base Americana... ¿Qué significa para ti esta ciudad? ¿Te resulta fácil insistir en ella como escenario de ficción?

Zaragoza es fundamental en este y en otros libros míos. Cada nueva novela es una buena razón para volver a mi ciudad, especialmente a la Zaragoza de los setenta y los ochenta. Ahí mis recuerdos de esa Zaragoza actúan como un motor para la creación de historias, la reconstrucción de detalles, la recuperación de cafeterías o cines que ya no existen. La propia memoria es con frecuencia el terreno en el que nacen las historias. En este caso, el hecho de que Mercedes, la mujer de Samuel, haya nacido en Zaragoza me facilitó ese regreso. En algún momento de su vida, se activa en su interior un atávico sentimiento de pertenencia y decide volver a sus raíces. Pero eso genera un conflicto, porque para realizar ese propósito de regresar está obligando a su marido melillense a desprenderse de sus propias raíces...

-Háblame del incendio del Corona, que aparece en tu novela.

-Fue un acontecimiento que me impactó. Una tragedia de esa magnitud, tan cerca... Siempre tienes la sensación de que esas cosas ocurren lejos, en Estados Unidos, en China... Un hermano mío estaba haciendo la mili en una oficina cerca del hotel y vio a gente que se lanzaba al vacío, a los bomberos tratando de rescatar a los que pedían auxilio desde los balcones... Es muy difícil hablar de la Zaragoza de entonces sin mencionar ese incendio. Pero en mi novela no forma parte del decorado sino de la historia misma, aunque, por supuesto, no puedo desvelar de qué modo.

- ¿Por qué pareces sentirte tan cómodo en cualquier espacio y en cualquier tiempo?

En realidad creo que no es del todo así. He ido acotando mi territorio literario: una geografía bastante concreta, unos períodos históricos determinados. Los escritores que me gustan tienden a hacer lo mismo: las historias de Anne Tyler transcurren siempre en Baltimore, las de Alice Munro en una zona determinada de Canadá... 

 

-¿En qué consiste para ti escribir?

Con el paso del tiempo me he ido inclinando cada vez más por el realismo. Escribir sobre la realidad es una invitación que se hace al lector para que se reconozca en los personajes, en las situaciones, en las reacciones de unos y otros. Yo también cuando leo novelas busco un espejo en el que ver reflejado algo de mí.

 

-¿Cómo ha evolucionado Martínez de Pisón, por qué te resulta ya tan fácil irte a las 636 páginas y quedarte tan ancho?

Las historias de familias son tan largas como uno quiera que sean. Todo depende de dónde sitúes el principio y el final y de cuántos miembros de esa familia te interesan como protagonistas. Podría haber empezado con la historia del padre de Samuel y haber continuado las historias de los dos nietos de éste, y la novela se me habría ido a las mil páginas. Intentaré no escribir novelas tan largas, pero ésta tampoco podía ser mucho más breve. De hecho, si quisiera hacerla más corta, tampoco sabría dónde meter la tijera. Desde luego, no en la prosa, que tiende a la concisión y huye de los excesos retóricos.

 

-¿Tienes la sensación de que estamos viviendo la exaltación de la realidad?

-La crisis ha cambiado la percepción de las cosas, también la de la literatura. Hace cinco o seis años se escribía mucho sobre la Guerra Civil, quizás porque el presente no reclamaba demasiada atención. Ahora se escribe y se lee más sobre la Transición, supongo que tratando de encontrar algunas claves para descifrar este desaguisado actual.

 

MIGUEL MENA. EL AÑO 1983

 

1983. Memoria de la droga y la música

 

Antón CASTRO

Dice Miguel Mena (Madrid, 1959), medio en serio, medio en broma, que no tiene voluntad de escribir unos 'Episodios Nacionales' de la Transición, pero que de niño y adolescente en Madrid vivió cerca de la calle Galdós y que algo se le pegaría. Quizá por ello haya escrito ya tres entregas protagonizadas del inspector Luis Mainar, un hombre acosado por diversos fantasmas: su hija Laura, minusválida, que le hace tener mala conciencia; la separación de su mujer Lucía y otras sombras interiores. Las novelas son 'Días sin tregua' (Destino), que transcurría en 1981, el año del golpe de Tejero y del secuestro de Quini; 'Todas las miradas del mundo' (Suma de Letras), que se centraba en el año del Mundial 82, y ahora aparece 'Foto movida' (Suma de Letras), que transcurre en 1983, en el año de la Movida madrileña y otros acontecimientos más bien sombríos. En todas las novelas, como algo más que un ruido de fondo, suenan las balas de ETA: las balas, la arbitrariedad, el asesinado, el crimen organizado y chapucero. La sinrazón que ensució los primeros sueños de la democracia.

Miguel Mena posee voluntad de cronista, de sociólogo, de periodista curioso y apasionado por la hemeroteca, y de contador de historias. Admira a Graham Greene y Francisco Pavón, el creador de Plinio, pero no le preocupa tanto resolver crímenes o secuestros como analizar comportamientos, revisar y repasar hechos, estudiar psicologías y recordar conciertos, accidentes, gestas o sucesos que nos han marcado la existencia. En cierto modo, aunque sus ficciones atesoran un protagonista inequívoco, el citado Mainar, estas novelas ofrecen una estructura coral.

'Foto movida' arranca con la muerte, en el excusado del Rock-Ola, de la joven Almudena Montiso. Por sobredosis y otros excesos. El narrador ya da algunas claves de las razones de su muerte e incluso presenta a otros implicados: Patricia, Enrique, Gonzalo, Eva... También cuenta la historia de un grupo, Carta Blanca, que hace lo indecible por pasar de la maqueta al primer disco: se mueven entre el hedonismo y la vida muelle, la tensión propia de los grupos y el dolor de la muerte de su amiga Almudena; su líder Roberto presenta un conflicto de afirmación, de impaciencia y de ambición. Mainar, que tiene la cabeza en varios sitios (en el País Vasco, donde ETA hace de las suyas y donde aparecen poco más tarde los GAL, pero también en Zaragoza, donde vive su hija, etc.), se hará cargo de la investigación. Pasan muchas cosas.

El autor, con pulso seguro y una prosa precisa, hilvana una narración con diversos puntos de fuga y de atención que le permiten organizar un friso complejo de una España que tenía problemas por todas partes y puntos más o menos incandescentes, de rebeldía y de creación (“Patricia y sus amigos se dedicaban a divertirse como si cada noche fuera la última de sus vidas”, se dice), de sueños y derribos: el citado Rock-Ola, revistas como 'La luna de Madrid' y 'Rock de Lux', el secuestro de Segundo Marey, algunos accidentes de aviación, la chapuza institucional y el desencuentro con las autoridades francesas, las películas de Pedro Almodóvar, la estancia de Sting en España o el accidente brutal de Alcalá 20.

Miguel Mena ha escrito una novela sólida sobre la potencia de la música, sobre la maldición de la droga, sobre la aventura de unos jóvenes a los que se les cruza la muerte de golpe y envenena sus mejores sueños. Y sobre la conquista de los recuerdos, que es una forma de habitar el pasado y de fijarlo para siempre en la memoria.

 

'Foto movida'. Miguel Mena. Suma de Letras. Madrid, 2014. 314 páginas.

JAVIER TOMEO: UN DICCIONARIO

[Páginas de Espuma ha publicado uno de los libros póstumos de Javier Tomeo: 'El fin de los dinosaurios', que lleva textos de contexto y análisis de Juan Casamayor, Ismael Grasa y Daniel Gascón. Y yo he confeccionado este pequeño 'Diccionario' de Tomeo. Ya circula en el libro, pero por si alguien quiere conocer mejor a Tomeo, aquí está.]

Javier Tomeo, caricatura de Luis Grañena.

[El diccionario está basado en diversas entrevistas: de  de Ramón Acín para Rolde, de Ismael Grasa para el volumen Los nuevos ilustrados de Rolde Estudios Aragoneses (2007), de Antón Castro en Veneno en la boca (Xordica, 1994), y de Antón Castro y Daniel Gascón para Javier Tomeo. Parábolas y monstruos, publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1999. También se recogen entrevistas de Antón Castro para El día de Aragón, El Periódico de Aragón y Heraldo de Aragón, así como de Elena Pita para El mundo, de Carles Geli para El País, de Benito Garrido para Culturamas o de Elena Sierra para ABC, a las que se puede acceder en Internet.]

 

ANIMALES

“Si yo admiro a los animales por su perfección, exactitud, por ser fieles a sí mismos y no andar con hipocresías como los hombres, eso supone también un respeto. O sea, que soy ecologista sin llegar al extremo de algunos: la filantropía morbosa, eso de los cementerios de perros y demás”. (...) “Entender a los animales es la obligación de los poetas”, digo. El poeta, que no es sólo el que pone un verso debajo de otro, tiene que vivir en armonía con lo creado. La poesía es un estado de ánimo, una disposición a esa armonía. Hay que intentar entender a los animales”. (...) “Los animales te permiten conocer mejor el instinto de los hombres. Los animales son metáforas vivientes, minúsculas; te ayudan a acceder al ser humano. En el fondo hay un gran paralelismo entre el hombre y el animal. Piense en el mimetismo de los insectos; piense en el camaleón. El hombre también es un maestro del camuflaje o de colocarse al sol que más calienta. Es rojo donde más hay que serlo, pongamos por caso”. 

 

ARAGÓN

“Me marché pronto del pueblo, pero era un regresar continuo. Iba a un colegio de Barcelona. Una vez, de regreso al colegio, sugerí a un compañero de curso, con la mejor buena fe del mundo, las ventajas de besar la suela de mis zapatos porque habían pisado tierra aragonesa. Hasta tal punto era la devoción y la mitificación de Aragón. Cosa que los aragoneses que no se han ido no la sienten, ni tienen por qué”.

 

AYERBE

“Tenía un tío en Ayerbe (Huesca), Antonio Sanvicente. Tenía un hotel y estaba en una buena posición económica. En mi pueblo mi familia era de labradores, y en Ayerbe mi otro tío, casado con una hermana de mi madre, tenía un hotel, el hotel Universo. Ayerbe era entonces un pueblo importante, un cruce de caminos donde iban muchos corredores, vendedores...  (...) Yo estuve ahí muchos veranos, en la huerta de los Pie. Aquello era el paraíso terrenal. Yo vivía en el hotel, en un ambiente cómodo y confortable. Había hasta teléfono. Mi tío cazaba jabalíes, con las autoridades del pueblo, supongo. Volví a la huerta de los Pie hace tres o cuatro años. Está fraccionada, hay casas, chalés. Ya no es esa inmensa huerta de los Pie”.

 

CINE

“Nunca fui un gran aficionado al cine. Para mí el cine ha sido sobre todo entretenimiento, que es lo que sigue siendo ahora. Sólo está el dios Buñuel, que hace las películas que a mí me gustaría escribir. Hay dos o tres directores más, pero en general me interesa poco el cine. Veíamos cine colonial, Tres lanceros bengalíes, La carga de la brigada ligera, todo eso. Había una, Puerta cerrada, con Libertad Lamarque, que cantaba tango. Veía películas de indios. Había películas de indios y películas de miedo, que básicamente eran Drácula y Frankenstein, con Boris Karloff y Bela Lugosi”.

 

CUENTOS

“Escribo cuentos casi desde el principio. Empecé haciendo novela social, pero a las diez o quince páginas me cansaba. Me aburría. Me pasé a los relatos, de media distancia, aunque también he escrito microcuentos, y me pasé a la novela corta, que es el género donde me siento muy cómodo. Eso sí, siempre he escrito cuentos de anomalías, psicopáticos”.  (...) “Publiqué en los años 50, en El Noticiero Universal, una colección de relatos que se llamaba Cuentos del Sábado. Eran breves y supongo que se percibiría el influjo de las lecturas de Carson McCullers, una escritora norteamericana, y supongo que aún no habría superado la fase imitativa. Además, me publicaron otros cuentos que he perdido, por los que me pagaban 200 pesetas, que era mucho. Julio Manegat fue esencial porque me dio alas”.

 

Javier Tomeo por Santi Burgos.

 

DEFORMACIÓN

“Tengo una retina especial, un juego de espejos cóncavos y convexos, la realidad me entra por los ojos, la veo, la capto, me penetra, la siento y la devuelvo deformada en las cuartillas. Pero la devuelvo deformada no con la intención de hacer una caricatura, sino con la intención de que el lector pueda reconocerse mejor a sí mismo a través de esta deformación de una realidad que él conoce”.

 

 

ESCRITURA

“Vivo en espacios cerrados. Pocas veces, en una gran ciudad, el hombre se enfrenta con espacios abiertos. Es lógico que mis novelas se desarrollen, sobre todo, en espacios cerrados. Escribo siempre en una pequeña habitación y solo con luz eléctrica, jamás a la luz del sol”. (...) “Es cierto, me levanto siempre muy pronto, a las cinco o a las seis de la mañana, y trabajo mucho. Sigo en esto lo que decía el novelista Tomás Salvador, del que aprendí mucho; según él, escribir no es un problema de vocación, sino de transpiración, de sudar. Además, mis novelas son breves, no anoréxicas, como decía un famoso novelista mexicano. Él decía que abundan las novelas anoréxicas, la novela delgada. Yo creo que lo que abundan son las novelas obesas, excesivamente grasientas”. (...) “Me rijo por la condensación: si puedo decirlo en cuatro palabras, no uso ocho; en general, los españoles son oradores que escriben; es lo que dice Marsé con toda la razón: esa literatura de sonajero que suena mucho pero pesa poco; por eso mis novelas, por fuerza, han tenido que ser cortas, como la coz de una mula: más fuerte que la de un caballo. Escribir es como la alquimia: inalcanzable; muchos altisonantes hacen que las palabras estén iluminadas por fuera, pero la luz de las palabras ha de ser interior, cada una ha de tener esa luz interior, mágica, que le da el estar en el sitio que le corresponde. Intento seguir la Filosofía de la composición de Poe y que mis palabras nazcan, como lo hacen, de forma espontánea para luego someterlas a una gran introspección”.

 

GALLITIGRE

“El gallitigre es la expresión de la armonía universal, de la unión entre los contrarios. Gallo y tigre. El día en que sea posible el amor entre esas dos criaturas tan diferentes, y haya un fruto (que sería el gallitigre), entonces posiblemente el mundo regrese a una nueva edad de oro, suponiendo que haya existido una. Para la crisis sirve perfectamente esta metáfora; parece como que ya escribí en su momento pensando en la actual crisis”.

 

GOYA

“Me llena de orgullo esa idea de que soy heredero de Goya, pero no es fácil para mí entender en qué somos parecidos. Él es un genio universal. Quizá sea por nuestro origen aragonés, por un paisaje de fondo, por el carácter. Si de Goya me gusta todo, otro tanto me ocurre con Luis Buñuel. Siempre recordaré una frase de mi editor Jorge Herralde, de Anagrama. Dijo: «Javier Tomeo es una inesperada colisión entre Kafka y Buñuel». Ja, ja, ja. La idea es bonita. Luis Buñuel también es amigo de los monstruos y escarba como pocos en los abismos de la conciencia humana”. 

 

GUERRA CIVIL.

“Quicena estaba en zona republicana. Huesca en zona nacional. Las trincheras quedaban, poco más o menos, a la altura del antiguo manicomio. La carretera, poco más allá del Desmonte estaba cortada. Por la noche se oían los “pacos”, los estallidos de las bombas que para mí sonaban como una cohetería ajena a cualquier idea de muerte y destrucción. Luego nos refugiamos en Almunia del Romeral, en plena Sierra de Guara. Aviones de dos alas ametrallaban a los soldados que huían a Francia. Otros niños me mostraron entonces, en un ángulo del cementerio, los ataúdes de los milicianos muertos que enterraban de lado para que cupiesen más. Vi también cómo los chicos, algo mayores que yo, aprendían a disparar contra los buitres con un viejo mauser abandonado, en un barranco próximo a Quicena, al pie de La Cobertera. Aquellos no eran buenos tiempos para los ecologistas”.

 

HUMOR

“No sabría cómo definir mi humor. Es muy aragonés. Y es muy espontáneo. Me sale así, sin buscarlo, como si fuera la constatación del contraste entre lo que puede suceder y lo que sucede. El mío es más bien un humor negro que intenta hacer reflexionar. No provoca la carcajada, no es una invitación a reírse; mi humor desata una risa leve, una mueca, y poco a poco se transforma en meditación. Tampoco me gusta que la gente se desternille con mis cuentos. Y de esa reacción en cortocircuito irrumpen el absurdo, el descontrol, la sorpresa. Aún así, soy muy meticuloso escribiendo, corrijo mucho. Me tomo mi oficio muy en serio”. 

 

INSECTOS

“El niño es un criminal nato, decía Cesare Lombroso. Recuerdo que yo organizaba grandes combates de lagartijas y hormigas. Destripaba muñecas, a ver qué tenían dentro, o el caballo de cartón. En el niño prevalecen los instintos atávicos. El mundo de los insectos es fascinante. Siempre digo que los insectos, con su conducta instintiva, siguen códigos que nos sirven muy bien a la hora de interpretar conductas humanas. Los insectos son hermosísimos, su simetría es impresionante. Diría yo que la simetría solo existe en los insectos”.

 

INTERNET

“Internet significa una forma de aprendizaje ansiosa y desmesurada, y esa cultura es, sin el concurso entrañable del profesor, algo demasiado rápido: es como la comida basura frente a la buena cocina catalana o aragonesa. Está bien Internet, esa red de redes nos ha cambiado la vida, pero no nos ha librado de la soledad. Me interesó mucho una noticia: en Shanghai ya hay centros para desintoxicarse de la adición a Internet”.

 

KAFKA

“Me sacan los colores los que me comparan con ese gran genio que es Kafka, pero bueno... No está nada mal. Prefiero que digan que me parezco a Kafka que a Rafael Pérez y Pérez, por ejemplo. Bromas aparte, con Kafka coincido a través de Freud y del subconsciente. Yo soy el escritor del ello, en mis personajes lo que prevalece es el ello –atávico, irracional, agresivo- frente al yo –civilizado, contemporizador-. Y Gregorio Samsa es la gran metáfora del ello”.

 

 

LITERATURA

“La literatura puede ser una forma de protestar contra una situación. Primero llegan los poetas y luego los que luchan con las manos. Siempre ha sido así. Una misión del escritor es señalar imperfecciones, otra es la de deleitar simplemente”. (...) “Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y contárselo a los que no están asomados contigo”.

 

MENSAJE

“No pretendo ni quiero ser Pepito Grillo, que está siempre dando consejos a Pinocho. La palabra ‘mensaje’ me da un poco de miedo. Me sirvo de la ficción para señalar dónde nos aprieta más el zapato de nuestras imperfecciones. No pretendo dar soluciones”.

 

MATRIMONIO

“Ni yo mismo lo sé [que estuve casado]... Fue una etapa de mi vida. Yo creo en la pareja. Tal vez los escritores somos personas difíciles, vivimos mirándonos el ombligo. Tal vez exigimos más de lo que estamos dispuestos a dar. Lo cierto es que se acabó”. (...) “Mi relación con las mujeres podría ser mejor. Mi estado civil es indefinido porque una vez me casé y la unión fracasó, por mi culpa, porque los escritores somos vanidosos y egocéntricos y no somos buenos compañeros. El caso es que después firmé unos papeles en holandés y, como no los entendía, no sé si era el divorcio, la separación u otra cosa”.

 

MONSTRUOS

“La gente perfecta, feliz y simétrica, carece del interés literario que poseen aquellos individuos que revelan algún tipo de anomalía. Los pueblos felices no tienen historia. Hay que entender esta monstruosidad como una suerte de metáfora” (...) “Los monstruos son difíciles ejercicios de amor”. (...) “Yo no he superado a los monstruos, el monstruo es una metáfora, es una vía de perfeccionamiento interior; está ahí para que aprendamos a amarlo, para que nos sintamos menos disconformes con nuestras pequeñas anormalidades de burgués. Y el miope, el miope no me sirve más que para señalar lo difícil que es encontrar el camino adecuado. Lo que abunda en mis novelas son criaturas atípicas, esperpentos casi”.

 

MUJER

“De misógino no tengo nada. Lo que pasa es que el hombre está más dentro de mí y me resulta más fácil hablar sobre el hombre que sobre la mujer, que es un misterio maravilloso para mí. Quien cree que que conoce a las mujeres se equivoca. La mujer ha nacido para ser amada y no para ser comprendida. Pero siempre hay mujeres detrás, siempre hay una mujer que me inspira”. (...) “La mujer es para mí expresión terrestre de la inmortalidad. Como decía Lamartine, en el principio de todas las cosas grandes hay una mujer. Puede que, precisamente por admirarla y desearla tanto, sea demasiado exigente”.

 

PERSONAJES

“Mis personajes son seres reales, forman parte de la realidad. Pero son personajes quintaesenciados; los ofrezco en condiciones de ser digeridos plenamente. Personajes arquetípicos, con una pretensión de universalidad. Seres, por lo general, incomprendidos y solitarios”.

 

QUICENA

“Yo iba desde mi pueblo a La Cobertera. Recuerdo que una vez, después de estar unos años sin venir, entré en trance cuando regresé. Fui volando, sin pisar el suelo, desde mi pueblo hasta La Cobertera. La cobertera es una parte del monte de Quicena. (...) Hice el recorrido emocionado, en éxtasis, y sin dejar de hablar. Me gustaría tener grabado lo que dije, eran unos años de exaltación. (Iba) solo, solo. No lo digo nunca porque me da vergüenza. Me gusta contener los sentimientos. Me tumbaba en el suelo y me apretaba contra él como si fuese una mujer. No era yo. Fue mi reencuentro con la tierra después de unos años. La Cobertera es una parte muy especial, tiene forma de cobertera, con la roca arriba”. (...) “Quicena es mi pueblo irremplazable y Montearagón el castillo de mi infancia”.

 

RAMÓN

“Mi amigo Ramón dice que el parecido entre hombres y animales procede de una relación anterior entre mujeres y bichos. Es la teoría de un amigo maravilloso y confidente que me cuenta cosas extrañísimas que no sé si las sueña o no, pero que me sirven de inspiración: se llama Ramón. Puede resultar un poco ofensiva para las mujeres, pero bueno. Él dice que antes de existir hombres, la mujer se relacionaba con animales, y que de esa herencia nacieron los hombres mosca, hombres pez...” (...) “Mi amigo, y personaje de mis textos, Ramón o Ramoncito me decía siempre que había gente que sacaba a pasear a sus monstruos a las cuatro o cinco de la mañana. Decía que estaban ocultos durante el día y que salían de madrugada y por poco tiempo. Es probable”.

 

RARO

“Depende, claro está, de lo que se entienda por normalidad. ¿Qué es normal? ¿Lo que más abunda? Pues, entonces, no hay duda, soy raro. Ser raro, sin embargo, no es malo. Puede ser, incluso, un piropo. Quevedo decía que el sol, para hacerse estimar, no habría de salir cada día”.

 

El joven Javier Tomeo. De El mundo y El periódico.

 

SER ARAGONÉS

“El aragonés es un hombre que no presume de ser aragonés. Es como cantar jota, se clava en el centro del escenario y canta. No tiene necesidad de ponerse de puntillas. Se ofrece como una realidad, como un castillo roquero. Pero eso de hablar de ser aragonés, o catalán, se va a perder dentro de poco porque vamos a llegar a una mezcla de culturas y razas. Seremos todos del mismo sitio”.

 

TEATRO

“Mis novelas son situaciones dramáticas con un principio, un desarrollo y un desenlace. Pocos personajes, economía de palabra, situaciones en tiempo real… todo esto a los que hacen teatro les motiva y estimula. Algunos han dicho que mis novelas tienen una visión anticipada de lo que puede ocurrir en el escenario, y eso hace que sea relativamente fácil adaptarlas al teatro. La palabra que se escribe para ser leída a solas en la habitación tiene un peso diferente a la palabra que se escribe para ser representada, actuada, dicha. La magia de un actor que se mete en la piel de tu personaje y lo ves vivo, es algo que impresiona, pues piensas que ese personaje lo has creado tú”.

 

 

TELÉFONO Y TELEVISIÓN

“No hay nada más frustrante que un teléfono que no suena, y a la vez la telefonía móvil se vuelve alienante. La televisión es la versión eléctrica y actual del demonio”. (...) “No soy en absoluto partidario de la televisión, pero solo se puede escribir desde la mala leche, y la televisión es, en este país, el instrumento ideal para cargarse de mala leche”.

 

 

VERANO

“A mí me marcaron mucho los veranos intensos en Aragón. Yo estaba en estado de gracia, con la casa donde nací. Vuelvo de vez en cuando, pero, claro, es una casa ya transformada. Da tristeza, porque entonces pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque sea mentira. Porque ahora se vive mejor, más higiénicamente. Nací en una casa que posiblemente había permanecido igual durante los últimos quinientos años, salvo reparaciones puntuales. Nací en la misma alcoba donde nació mi abuelo. Eran unos tiempos muy duros. Era una casa de pueblo con tinaja, sin agua corriente ni luz eléctrica, que se puso después de la guerra. Íbamos con candiles. Yo conozco la magia del candil, cuando pasas de una habitación oscura a otra. ‘Una almendra luminosa’... Luego, cuando regresabas a la ciudad, a tu casa habitual, comprendías las ventajas de la civilización”.

 

ZOOLOGÍA

“Más que un zoólogo frustrado, algunos que me quieren mal podrían tal vez pensar que en realidad soy un animal frustrado, tal vez un cerdo, quizás un asno, aunque todos sabemos que hay asnos que son más inteligentes que ciertas personas. Hablando en serio, me gustan los animales, domésticos y salvajes. Siempre he sido aficionado a consultar libros sobre la vida y las costumbres de los animales. [Si fuera animal], me gustaría ser un ave rapaz, que parecen volar sin esfuerzo y lo ven todo desde arriba”.

CHÉJOV: LO REAL Y LO INVISIBLE

CHÉJOV: LO REAL Y LO INVISIBLE

CHÉJOV

El maestro de lo real y lo invisible

                                      

Páginas de Espuma se ha especializado en el relato y suele alternar libros de cuentos inéditos, de autores españoles o hispanoamericanos, con la edición de ‘obras completas’ de Maupassant, Poe o Tomeo, entre otros. Con edición e introducción de Paul Viejo, escritor y especialista en literatura rusa, publica a uno de los grandes maestros de todos los tiempos, Antón Chéjov, y precursor del microrrelato (“La brevedad es la hermana del talento”, dirá años después), como se ve en el primer volumen de los cuatro que se han proyectado. En total, serán alrededor de 5.000 páginas y más de 600 cuentos. Esta edición ofrece importantes novedades: recuperaciones de inéditos, nuevas traducciones, ordenación cronológica, índices, etc.

Anton Chéjov (1860-1904) fue médico, tuvo una familia muy complicada de parientes alcohólicos y artistas, su propia madre fue una excepcional cuentacuentos, y él fue el más trabajador en medio del caos. La primera entrega abarca 240 cuentos de técnica, temática e inspiración diversa. Con apenas veinte años, ya se veía que Chéjov, que residía en Moscú y era estudiante, poseía un talento especial dado al humor, ingenioso y centelleante. Le costó publicar sus primeras piezas, pero luego lo hizo con tanta prodigalidad y variedad de recursos que con tan solo veintidós años ya barajó la posibilidad ordenar un primer libro de relatos, que aparecería en 1886 bajo el título de Cuentos de Melpómene.

Chéjov era un escritor imaginativo e impulsivo que concebía la literatura como un juego donde todo era posible: podía hacer cuentos-inventario, cuentos de costumbres, cuentos inspirados en notas de prensa, puras parodias o variaciones sobre cuestiones geográficas, cuentos que nacían de una interrogante o de una glosa publicitaria, cuentos que parecen un suspiro –con acción, retrato de personajes y una carga de ironía- en apenas veinte líneas.

El libro se abre con ‘Carta a un vecino erudito’ que explica el desconcierto y la soberbia de un militar anciano que le escribe a un científico que acaba de trasladarse a su mismo barrio. A partir de ahí, Chéjov crece y crece como quien ejecuta un divertimento, aunque no tardan en aparecer algunas piezas que ya llevan una carga incuestionable de profundidad como ‘Se fue’, de las mejores, ‘El gordo y el flaco’, ‘Carta a un reportero’, remitida por un sastre, o ‘Flores tardías’, que aborda la decadencia de un príncipe y de su entorno, y otro tema muy querido por él: los amores imposibles. Pocos han contado la vida y la existencia invisible, que envía sus detonaciones de ilusión, como Chéjov: la melancolía, la soledad, el desamparo, la sensación de derrota. Él, tan eficaz y tan elíptico, sabía teñir cualquier texto con un barniz de piedad. Algo que no ha pasado inadvertido para Carver, Piglia o Munro, por citar algunos de sus admiradores y herederos.

Cuentos completos. I Volumen. Antón P. Chéjov. Edición de Paul Viejo. Páginas de Espuma. Madrid, 2013. 1166 páginas.

 

*Este texto, con algunos cambios, apareció en la revista ’Mercurio’ que dirige Guillermo Busutil.