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Antón Castro

BUSUTIL: MACONDO ESTÁ GABO

BUSUTIL: MACONDO ESTÁ GABO

[Guillermo Busutil, periodista y escritor, publica en su sección dominical de Málaga, este artículo sobre la huella y el magisterio de Gabriel García Márquez. Se puede leer aquí:

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2014/04/20/macondo-gabo/670583.html]

 

MACONDO ESTÁ GABO

Por Guillermo BUSUTIL*  ‘La Opinión de Málaga’

 

En la estación de Aracataca esperan Aureliano Buendía, José Arcadio, Úrsula, la cándida Eréndira, Santiago Nasar, Amaranta, las putas tristes, el viejo coronel y su gallo, y cien soledades más. Todos con una tristeza azul en la mirada, bajo una lluvia de flores amarillas. Igual que la de aquel otro domingo de 87 años atrás en el que eclosionó su llanto el Nobel de la imaginación en medio de la selva del lenguaje. Su muerte ha sido una crónica anunciada pero de su nacimiento no informó el telegrafista Florentino Ariza, ensimismado tal vez frente al último invento de Melquíades o perdido en algún recuerdo frente a la nieve. El caso es que con lluvia llegó y con lluvia vuelve el cronista de Indias que a la vera de Tranquilina Iguarán aprendió que se puede dialogar con los muertos, que el coronel esposo de su abuela era siempre el héroe de los mil días de una guerra colombiana y que la infancia es ese lugar donde la vida sucede entre los cuentos en los que todo empieza. Y también que cada uno elabora a su medida la realidad con la que explicarse a si mismo quién es y qué destino hay detrás de cada rumbo, de cada lluvia. Como la que cae siempre dentro de la mayoría de sus historias. Más tarde, como le ocurrió a muchos adolescentes del siglo en el que los libros eran una lectura del mundo, llegaría Kafka y la metamorfosis del oficio de contar. Primero como cronista de lo cotidiano y luego corresponsal en Europa del diario El Espectador –qué mejor ubicación y tarea laboral para un reportero de los latidos del corazón de lo real– y después, o quizás a la vez, como el adulto hijo voraz de La isla del Tesoro, de El conde de Montecristo, de Julio Verne, de Hemingway, de Virginia Woolf, de John Dos Passos y especialmente de Faulkner.

Al igual que la mayoría de los escritores que empiezan o mantienen el esfuerzo y la dignidad de una trayectoria, García Márquez anduvo mano a mano con una Olivetti de combate en la que ser a destajo periodista, escritor y contable de sueños tránsfugas y posibilidades extras contra una vida apretada con la que hacía magia Mercedes. La mujer pie a tierra que sostiene el universo virtual de la mayoría de los artistas y a cuyo símbolo rindió homenaje Vargas Llosa cuando en su Nobel dedicó a su esposa Patricia la frase «Mario sólo sirves para escribir». No lo tuvo fácil el colombiano de Aracataca mientras en compañía de sus maestros y del recuerdo de la Sherezada, que pobló la cocina de su infancia de fantasmas y supersticiones, volcaba al papel La hojarasca. Manantial del que brotaría doce años después Cien años de soledad. El éxito merecido después de su célebre rechazo editorial y una posterior tirada de escasos ejemplares y que el tiempo y los lectores han convertido en la casa narrativa en la que habitará inmortal Gabriel García Márquez. Una voz que mece la poesía de los silencios –que aprendió a leer como Borges–, la brisa de la memoria –a la que le ha cosido con maestría preces y ornamentos– y las tormentas de la imaginación que supo relampaguear en la realidad para iluminar sus inesperados misterios. La novela con la que la literatura hizo boom.

Años después de buscar en cada libro un camino diferente, el patriarca del realismo mágico se convirtió, a sus 55 años, en el Nobel más joven y en un dandi de liquilini blanco en el mimo suizo salón de baile donde había reivindicado la invocación del espíritu de la poesía en cada línea que se escribiese. Una de las piedras preciosas del estilo con el que García Márquez nos ha hipnotizado de amor más allá del tiempo, con la atmósfera de la soledad, el poder evocativo de los detalles, la abigarrada memoria que siempre es más hermosa en su otoño, y la fuerza pictórica de una prosa que vuela como si en cada palabra tejiese mariposas amarillas, igual que las rosas fetiche que Mercedes solía acompañarle a un lado del escritorio. El mismo al que hacía tiempo no se sentaba para regalarnos la segunda parte de Vivir para contarla o terminar la última novela de una lluvia con insomnio. Nada más triste para un escritor que perder la memoria y quedarse con las palabras en blanco, sin música interior para contarlas. 47 cuentos, 11 novelas, 13 libros de crónicas y 5 tomos de su obra periodística son los mapas de Gabo.

Esos son los mundos sobre los que estos días han glosado todos los escritores que un día entraron en el club de Macondo y construyeron un árbol de familia para no perderse ningún fantasma. Los mismos que también se instalaron en el Hotel de Jacob o que, al igual que yo, recuerdan los días felices e indocumentados en los que quisimos tanto a Gabo. Tampoco han faltado las despedidas de sus lectores. Los primeros, los de siempre, los de entonces y los que recién han despertado a la narrativa y a la literatura de ese viejo oficio de mil demonios que es el periodismo –sobre el que afirmó que había perdido la calidad de la noticia por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia– . Y no hay que olvidar en la despedida al GMG comprometido con América Latina y, al igual que Julio Cortázar, con la misma Cuba del último romanticismo. Eternos ambos junto con Vargas Llosa, Borges, Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Juan Carlos Onetti, en mi fotografía en blanco y negro de la literatura hispanoamericana. Los siete magníficos del sueño imposible de habitar una noche rodeado de sus voces, con unas cuantas rondas de historias y la música de un piano entre las sombras del amor y la tristeza. El oficio que el escritor le negó al otro García Márquez llevaba dentro.

Macondo está Gabo y la literatura es Mamá Grande.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista

www.guillermobusutil.com

 

*La foto de Gabriel García Márquez corresponde a Richard Avedon y la he tomado de aquí:

http://www.newyorker.com/online/blogs/books/2014/04/richard-avedons-portrait-of-gabriel-garcia-marquez.html

DE CÓMO SE GESTÓ MACONDO

DE CÓMO SE GESTÓ MACONDO

[Este artículo se ha colgado en Heraldo.es. Se puede leer aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/04/18/de_como_gesto_macondo_283086_308.html

De cómo se gestó Macondo

 

Antón CASTRO

Gabriel García Márquez ha sido el escritor del deslumbramiento. Él siempre rechazó la palabra fantasía: preferiría el término imaginación y asumió que practicaba eso tan manido del realismo mágico, que es uno de los sintagmas más constantes que acompañó al ‘boom’, tan hermosamente desglosado por Luis Harss en ‘Los nuestros’ y por Andrés Amorós en su ‘Introducción a la literatura hispanoamericana actual’. El realismo mágico era algo que practicaban también Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, el propio Cortázar o Juan Rulfo. Pero García Márquez, en el fondo, creía en la energía de la realidad: las mejores historias, las más inverosímiles y las más extraordinarias, incluida la cola de cerdo de algunos personajes, eran reales. O la obsesión por comer tiza de otros. O el hecho se elevarse por los aires en una sábana como le ocurría a Remedios la Bella, que está basado en un suceso borroso de su niñez.

García Márquez vivió una existencia muy literaria. Como hijo del telegrafista, con sus abuelos, como aprendiz de escritor en las redacciones de los periódicos, en los cuartuchos que le dejaban las prostitutas con las que no se ocupaba. Fue un devorador de experiencias y de lecturas, pronto descubrió a Kafka –amigo de los inicios intensos, el día que leyó: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa apareció convertido en un insecto”, pensó que si se podía escribir así, eso es lo que él querría ser: escritor-, a William Faulkner, a John Dos Passos o a Virginia Woolf, y poco a poco, labró su carrera. Tenía claro su mundo: un mundo que tendía puentes a la magia, a lo recóndito, a las maravillas de la real, a la tragedia; un mundo que tendía sus redes hacia la fabulación y hacia su memoria y también hacia la historia de su país y de Latinoamérica. Ese mundo, un espejo del universo en todas sus direcciones, fue Macondo. Así, haciéndose día a día, equivocándose a menudo (como le sucedió, pongamos por caso, al analizar la película ‘Johnny Guitar’ de Nicholas Ray), ordenó su territorio y empezó a bosquejarlo poco a poco.

Daba pasos hacia él, buscaba personajes, tejía intuiciones, atmósferas, estados de ánimo. Dio zancadas sólidas como ‘Relato de un náufrago’, una obra magistral de la crónica o del nuevo periodismo antes del nuevo periodismo, o ‘El coronel no tiene quien le escriba’, y acertó en algunos cuentos concisos y secos, hermosos y telúricos, como ‘Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo’, que tiene algo de auroral, ‘La siesta del martes’, ‘La prodigiosa tarde de Baltazar’ o ‘La viuda de Montiel’.

Sin renunciar jamás al periodismo, sin renunciar al compromiso, en dieciocho meses, enclaustrado con sus fantasmas y con un lenguaje exuberante y sensual, envolvente como un plenilunio de olores y sabores, de tormentas tropicales y de desmesuras controladas, redactó ‘Cien años de soledad’, que es uno de esos libros asombrosos, cíclicos y armónicos, donde todo funciona a la perfección: el arte de contar, la imaginación libérrima, los meandros de la memoria, el desparrame incesante del mito, la arquitectura del libro con sus simetrías, sus desafueros y sus reiteraciones calculadas. En ese libro, preñado de hechizos, García Márquez lo metió todo: el amor, la obsesión, los celos, la locura, la muerte, el tiempo y sus espejismos, la guerra, y esa energía indomable y oscura que es la soledad. Y no solo esto: incorporó la melancolía, una ternura de cal y nardo, y metió la historia del país. La historia de Latinoamérica.

García Márquez es mucho más que ‘Cien años de soledad’: es ‘Crónica de una muerte anunciada’, ‘El amor en los tiempos del cólera’, ‘Doce cuentos peregrinos’, ‘El otoño del patriarca’... Es un estilo, una poética, una vocación de embelesar, de seducir. La facilidad de contar y contar hasta que se agotan las horas. Dijo una vez: “El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica”. Siempre fue exigente. Tras el Nobel renunció a cualquier otro galardón y, a pesar de su específica complicidad o connivencia con Fidel Castro u otros poderosos, siempre estuvo con los de abajo. En sus ficciones, en su compromiso ciudadano, en su pasión por el periodismo y el cine, en su amor a la poesía (le fascinó la poesía popular española compilada por José Manuel Blecua) y en su relación con Latinoamérica, de la que dijo que era “el primer productor natural de imaginación creadora”. Se ha ido un poeta, un profeta, un alquimista de las imágenes: un narrador que parecía reinventar la creación palabra a palabra. Renovaba el mundo a golpe de lenguaje porque amaba la vida y sus latitudes por encima de todo. Ahora, por el inmortal Macondo, avanza un silencio perfecto.

 

*Creo que las dos son fotos de esa estupenda fotógrafa que es Colita.

'HILO DE ORO': ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Eloy Sánchez Rosillo, en 2010. Foto: JB.

Desde hace algunos años me gusta mucho el poeta Eloy Sánchez Rosillo. Cátedra, en su colección de Letras Hispánicas, acaba de publicar ‘Hilo de oro. Antología poética, 1974-2011’, casi cuarenta años de poesía en edición de José Luis Morante. Es un libro muy recomendable de un poeta de la transparencia, del amor a la naturaleza, a la vida, de amor al amor y a la memoria, a las pequeñas cosas, un poeta de los pájaros, de los seres minúsculos. Se dice, en la contraportada del voluemn que “Las entregas de madurez aportan un vitalismo sosegado y la reflexión sobre los ciclos naturales de una realidad diáfana”. Copio aquí cuatro poemas que me gustan mucho: ‘Primer amor’, ‘Epitafio’, ‘Miro pasar las nubes’ y ‘Una muchacha’.

 

PRIMER AMOR

 

Abro el balcón, y miro. En los balcones

de la casa de enfrente el sol de junio

juega con los geranios.

Me saluda

desde allí una muchacha: alza la mano,

me hace señas, sonríe, y es más bella

que el fulgor del verano.

Los minutos

se aquietan en el cielo y acaece

mucha luz. Se diría

que un raro sortilegio ha detenido

el tiempo esta mañana.

Pero cierro

un instante los ojos, y al abrirlos

nada queda: ni casa, ni muchacha,

ni balcones con sol. De todo aquello

hace ya veinte años

 

EPITAFIO

Detened, caminantes, vuestros pasos.

Sabed que aquí reposa alguien que amara mucho

La hermosura del mundo: los árboles, los libros,

La música, el verano, las muchachas.

No preguntéis quién fue, ni desde cuándo

Es ya silencio, olvido de las cosas.

En la tierra que cubre sus despojos

Plácidamente descansad un rato.

Y proseguid después vuestro camino

Bajo el propicio sol que en su noche os desea.

 

 

MIRO PASAR LAS NUBES

¿Qué fue de aquel muchacho que yo fui,

de los días aquellos en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano?

Miro pasar las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo. En apariencia,

nada ha cambiado, pero qué distinto

me descubro a mí mismo si contemplo

en el espejo del papel al hombre

que ahora intenta escribir este poema.

Pasan las nubes; pasa el tiempo; pasa

la luz gris del invierno por el cuarto

en el que escribo a solas. A lo lejos,

se oye el rumor del mundo. Late, aquí,

la realidad en silencio. Se diría

que es todo igual, más todo es diferente.

Y difícil. Y extraño. Ya no tengo

la juventud que tuve —o que soñé

que tuve—, aquella fe que mantenía

mi vida en vilo: tantas ilusiones.

Y muy despacio —y a la fuerza— aprendo

a ser el que ahora soy, a ir olvidándome

de lo que fuera mío y la corriente

del tiempo que me ha quitado.

Busco un poco

de paz, y, en esta nada, puedo acaso

decir que soy casi feliz. No pienso.

Acepto. Y vivo.

Pero a veces aún,

cuando miro las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo lentamente,

me acuerdo de los días en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano.

Y me pregunto con melancolía

qué fue de aquel muchacho que yo fui.

 

UNA MUCHACHA

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.

No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,

pasear a estar horas sin rumbo, mientras cae

la tarde lentamente y vuelan los vencejos

en la luz que declina. Ha estado en un jardín;

pasó por una plaza y por una alameda.

Tiene ganas de andar. Ahora, el azar la trae,

despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo

a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,

la veo venir. Tendrá veinte años apenas.

Camina con la gracia que regala la vida

a quien es bello y joven: gloria, breve del cuerpo;

milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago

visos de eternidad. Ajena a mi mirada,

se va acercando. El oro del sol último brilla

en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden

oscuro de su pelo. En este instante, cruza

de una acera a la otra. No sabe que la observo,

que su fugaz presencia me hace feliz. Ahora,

pasará por la puerta de la casa en que vivo.

Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.

Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

 

 

-Primera foto: Charlize Teron. La tomo de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5648fc369084047c09c64787ca835d06.jpeg

-Segunda foto: la tomo de aquí

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-Tercera foto:

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-Cuarta foto, Isabeli Fontana: la tomo de aquí

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-Quinta foto: Natalia Vodianova: la tomo de aquí

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La foto de Eloy Sánchez Rosillo la tomo de aquí:

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EL BARCELONA LO PIERDE CASI TODO

EL BARCELONA LO PIERDE CASI TODO

Hace tiempo que se hablaba del fin de un ciclo. El del Fútbol Club Barcelona ha durado exactamente seis campañas: cuatro con Guardiola y creo que catorce títulos, una con Tito Vilanova y varios títulos más y esta con Gerardo Martino, al menos un título: la Supercopa. Hoy el equipo perdió claramente, aunque solo fuese por un gol de diferencia y tuviese el empate en la bota de Neymar, pero los síntomas son claros. Es un equipo un poco a la deriva, mal planificado, que carece de defensas sólidos, de un par de recambios de garantía en el centro del campo y, además, en los últimos partidos claves –Atlético de Madrid en la Champions, el Granada en la Liga y anoche-, ha tenido la ausencia, la indiferencia o el absentismo, de Messi y la incomparecencia de Neymar.  Ha sido un equipo que ha bordado el fútbol, que creó una forma nueva de jugar y que tenido tardes y noches maravillosas. Xavi ha tocado fondo, y quizá ni esté para ir al Mundial, Iniesta está falto de frescura y de condición física, Alba anda renqueante, Cesc lleva meses irreconocible... El Real Madrid ha hecho un buen partido, posee una condición física muy superior y una defensa mucho más equilibrada y segura. Sinceramente he disfrutado muchísimo estos años con el fútbol del Barcelona. Mil gracias y, a la vez, sospecho que esta noche hemos dicho, por un tiempo al menos, adiós a todo eso... Quizá resulte simbólico que el autor del único gol catalán –los del Madrid los marcaron Di María, en un estado de forma increíble, y Bale, un ciclón egoísta y un poco empecinado- haya sido de Marc Bartra, al vemos en la foto de Alberto Estévez de Efe. Parece claro que él forme parte del futuro.

MUJERES DE PATRICK DEMARCHELIER

Eloy Fernández Clemente, historiador en Galicia estos días. me pide que no me olvide de los hermosos retratos de mujer de algunos grandes fotógrafos. Le gusta mucho encontrarlos por aquí. De lo contrario le entra la pereza y la melancolía, y se olvida del blog. Para él y para los visitantes, algunos retratos del gran Patrick Demarchelier (El Havre, Francia, 1943): maestro del retrato y de la moda. Y de la belleza, especialmente la femenina. Es un auténtico especialista.

De estos dominios de internet he tomado las fotos.

- De Uma Thurman. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-1247a272e160602d8649362ce07d9ad4.jpg

-De Linda Evangelista: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-1edf7fc9c2e6bb6b40ed522253ef9bc6.jpg

-De Cindy Crawford: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-b6898e8516de6fb0b632bc2bbf69e650.jpg

-La bailarina:https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-6d829f521c663806c716206e411930ea.jpg

FERNANDO SANMARTÍN: UN DIÁLOGO

LITERATURA. FERNANDO SANMARTÍN. Nacido en Zaragoza en 1959, publica ‘Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica).

 

“La poesía está en mi escritura y es

una de sus señas de identidad”

 

“Alejarse de lo que uno ama produce dolor”

 

¿Qué ocurre cuándo se escribe de noche?

La noche es más íntima que el día, mucho más, y eso lo refleja la escritura. La noche también te empuja a la transparencia y fortalece, como algún poeta ha dicho, el argumento de la mirada.

 

¿Que tiene la escritura de recreación, de evocación, de llamada a los fantasmas, de captura de climas?

Todo eso está en las páginas de este libro. Y en su comienzo se dice: la escritura es una convicción y la cita con uno mismo.

 

“Tengo miedo de no estar a la altura de mis amigos escritores. Y por eso escribo libros menudos con la sinceridad como única sintaxis”. ¿No será falsa modestia o petición de indulgencia?

Hay amigos míos que son grandes escritores, tipos con enorme talento. Espero que algo se me vaya pegando. Si no, malo. Hay seres que nos hacen mejor: con ellos hay que estar.

 

“Zaragoza es el argumento de estas páginas”. ¿Cómo es el cuento o la novela de Zaragoza?

Todos hemos sido algo que ya no somos. Y eso le ocurre a una ciudad. Este libro lo refleja. También contiene un viaje novelado y el hecho de que ella, la ciudad, como diría Peter Handke, es un ser lleno de preguntas.

 

¿En qué medida este libro es o quiere ser una topografía sentimental de Zaragoza?

El contenido sentimental está presente. De niño, me impactaba ver las bombas dentro del Pilar o escuchar leyendas sobre el pozo de San Lázaro. Alguien me contó que ese pozo, a través del centro de la tierra, comunicaba con el Índico. De ahí el riesgo que asumían los submarinistas al descender a sus profundidades. ¡Fabuloso! De esa topografía sentimental forma parte el Parque Grande (hoy parque José Antonio Labordeta), que fue circuito de motos en el que Ángel Nieto compitió; y las terrazas de la plaza de San Francisco, el café de Levante, Casa Emilio, la pastelería Fantova, los hermosos bulevares de la ciudad…

 

¿Existe algún vínculo entre Joseph Conrad y Zaragoza?

No existe ningún vínculo entre Conrad y Zaragoza. Pero Marlow es el personaje de Conrad en libros como ‘El corazón de las tinieblas’. Y ese personaje es un narrador dentro de la narración, que observa y explica. Lo utilizo para dar nombre al libro, como homenaje a Joseph Conrad, a su literatura, al viaje por el interior de la ciudad.

 

Son muy bonitas las líneas que le dedica a su padre: su diccionario de inglés, una borrachera, las noches en la Base Americana, su temprana muerte...

Mi padre es la gran ausencia de mi vida. Su muerte prematura lo desordenó todo. Hace poco estuve en Tetuán sólo porque él vivió allí. Y me fotografié donde él se había fotografiado en los años 50. No sé si eso es bueno o malo. En todo caso, se trata de problemas no resueltos dentro de mi cabeza y que no lograré resolver nunca.

 

¿Qué le gustan más los taxis, las piscinas o el perfume de algunas mujeres?

El perfume de algunas mujeres, sin duda. En ese perfume hay otra escritura.

 

¿El amor más perfecto es el soñado? Pienso en la joven Esperanza, que tiene algo de primer amor...

Lo digo en el libro: de jovencito, el instinto básico de poeta, con algunas chicas, se convertía en el instinto de un peón caminero. Y ese personaje, la joven Esperanza, es hoy una mujer elegantísima, excelente profesional del Derecho y jugadora de golf. Me enamoré en silencio de una de sus amigas. Yo tenía veinte años y unas copas de coñac tuvieron algo que ver con aquello. Jamás volví a tomar coñac.

 

“Nunca me ha sentado mal una cena en casa Emilio”, escribe. ¿Es un elogio de su gastronomía o quiere decir otra cosa?

Casa Emilio es ya un lugar mítico, lleno de karma como dice ese gran pintor que es Jorge Gay. Casa Emilio pasará a la posteridad. No tengo ninguna duda. Escritores, músicos, actrices, pintores, libreros, cineastas… coleccionan momentos muy felices vividos allí. Y ojo, hacen una fritada, entre otras cosas, espléndida.

 

¿Qué importancia tiene la poesía en su escritura?

Hay que tener cuidado. La poesía puede ser un lastre en la creación narrativa. Y lo peor que hay es una prosa azucarada. Reconozco, eso sí, que la poesía está en mi escritura y es una de sus señas de identidad.

 

Hay una vena más o menos fantástica y humorística en el libro. Suena un teléfono y habla Habermas; en otro lugar, también habla Baudelaire, en otro lugar te siente a Mallarmé en Zaragoza...

El humor y también el afecto por algunas personas salen con más facilidad en mis libros que en lo cotidiano. Tengo que profundizar en esto para saber por qué.

 

 ¿Qué libros y autores le han acompañado durante la escritura?

Cuando escribo, mi vida como lector continúa su curso normal. Durante la escritura de este libro, recuerdo haber leído algunos títulos que valen la pena: ‘Tiempo de vida’, de Giralt Torrente; los ‘Diarios’ de Iñaki Uriarte; ‘En medio de todo’, de Julio José Ordovás, un autor que pronto publica nueva novela en la editorial Anagrama. También leí las ‘Cartas desde Rusia’, de Juan Valera, porque aquel verano yo me iba a Helsinki y después a San Petersburgo. En esas cartas, y lo recojo en mi libro, cuenta Valera, antes de encontrarse en Rusia con el literato Sobolevski, que cantaba la jota, hay una afirmación que escucha: la defensa de Sebastopol solo fue comparable a la de Zaragoza.

 

Se va a Sitges y dice: “Escucho el mar y pienso que si no pudiera volver a mi ciudad el dolor me volvería loco”. ¿Es verdad?

Amo profundamente Zaragoza. Y sé que alguien, al escuchar o leer esta afirmación, dirá: « ¡qué tío más gilipollas!». Eso me da igual. Mi respuesta es sencilla: lo gilipollas es hacer una despedida de soltero en un puticlú, o ser chulito por ir en yate. En todo caso, para responder bien a la pregunta, alejarse de lo que uno ama produce dolor.   

 

*La foto de Fernando Sanmartín es de Columna Villarroya.

 

ANTONIO LUCAS, HOY, EN CÁLAMO

ANTONIO LUCAS, HOY, EN CÁLAMO

Hoy sábado 12, a la una del mediodía, en la librería Cálamo, Antonio Lucas presentará su nuevo poemario, ’Los desengaños’ (Visor), con el que ha ganado el Premio Loewe de poesía. Se trata de un libro personalísimo que transcurre entre dos polos: los ecos y el dolor de una ruptura sentimental, y todo el laberinto de hojarasca y huellas que deja tras de sí la pasión y la pérdida, y la crisis que nace del estupor ante las circunstancias sociales del instante. El libro explora la decepción, la derrota y el rearme de ilusiones, y lo hace con un lenguaje poderoso, rico y variado, pleno de intensidad, de búsqueda, de metáforas y de aciertos expresivos. El libro lo presentará Manuel Vilas. Uno de mis poemas favoritos del libro es ’Rilke’, un poema en prosa, que gentilmente me envía Antonio, y recupero otro que ya había publicado antes: ’Fuera de sitio’. En las fotos, Antonio Lucas, por Begoña Rivas, y Rainer María Rilke.

DE ’LOS DESENGAÑOS’ (VISOR)

RILKE

Imaginaos la vida como si fuera esto. Exactamente lo que veis y lo que os duele. La misma sombra muda en cada hombre. El hielo. El fulgor de un sueño y su quebranto. El abrir los ojos y educarlos (sin pasión) a no entenderlo todo. Jamás darle a las cosas su significado exacto. Asumir desde el origen ya la muerte. La belleza con que ésta se disculpa. Sólo así la soledad cumple su ciclo y es un alto don irrenunciable. Mi soledad y yo. El color de mi orina. Las rosas feroces. Los deseos. Despertar en la noche con la infancia anegada bajo el portal del párpado y sentir que lo terrible es un momento entre dos nombres. Que todo éxtasis es un desván a destiempo del mundo. Es un rumor de flor que no se pudre. Yo quise escribir con el ansia del que llega a existir demasiado tarde. Escribir por no lastimarme. Por ser transparente. Anticipar mi extrañeza y después confirmarme en ella. Yo, Rainer María Rilke, mitad miseria, mitad maravilla. No saber vivir más allá de mí mismo: ése fue mi triunfo. 

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto, 
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro. 
Y después cualquier cosa. 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

*La foto de Antonio Lucas pertenece a Begoña Rivas, fotógrafa de 'El Mundo'.

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, ESTA NOCHE EN ARBOLÉ, CON 'IMPERFECTO'


[Esta tarde del viernes, a las 21 horas, en el Teatro Arbolé, Tuco Requena presenta su nuevo disco, 'Imperfecto', que ha editado con gusto y con mucha profesionalidad en un USB, en un pendrive. Es un disco más sereno, con sus ecos habituales de rumba, menos humorístico que otros pero igualmente entrañable y hermoso. He conversado con Tuco y me cuenta que esta es una de sus intenciones:]
"Con la música busco expresarme, dar salida al ego que llevo dentro y sobre todo divertirme. La melodía me parece mágica porque posee el don de la conexión con la gente. El Pop es el género que mejor lo ha entendido. Una bonita melodía es una herramienta de conexión brutal con el receptor y conseguir eso tiene muchísimo mérito porque es hacer casi magia. Esto, algunos no lo entienden, pero es una realidad aunque no guste. Por otra parte, con las letras busco que la gente piense, que se haga preguntas. Es la única manera de intentar alimentar el espíritu y de contribuir a no crear zombies culturales".