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Antón Castro

'HILO DE ORO': ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Eloy Sánchez Rosillo, en 2010. Foto: JB.

Desde hace algunos años me gusta mucho el poeta Eloy Sánchez Rosillo. Cátedra, en su colección de Letras Hispánicas, acaba de publicar ‘Hilo de oro. Antología poética, 1974-2011’, casi cuarenta años de poesía en edición de José Luis Morante. Es un libro muy recomendable de un poeta de la transparencia, del amor a la naturaleza, a la vida, de amor al amor y a la memoria, a las pequeñas cosas, un poeta de los pájaros, de los seres minúsculos. Se dice, en la contraportada del voluemn que “Las entregas de madurez aportan un vitalismo sosegado y la reflexión sobre los ciclos naturales de una realidad diáfana”. Copio aquí cuatro poemas que me gustan mucho: ‘Primer amor’, ‘Epitafio’, ‘Miro pasar las nubes’ y ‘Una muchacha’.

 

PRIMER AMOR

 

Abro el balcón, y miro. En los balcones

de la casa de enfrente el sol de junio

juega con los geranios.

Me saluda

desde allí una muchacha: alza la mano,

me hace señas, sonríe, y es más bella

que el fulgor del verano.

Los minutos

se aquietan en el cielo y acaece

mucha luz. Se diría

que un raro sortilegio ha detenido

el tiempo esta mañana.

Pero cierro

un instante los ojos, y al abrirlos

nada queda: ni casa, ni muchacha,

ni balcones con sol. De todo aquello

hace ya veinte años

 

EPITAFIO

Detened, caminantes, vuestros pasos.

Sabed que aquí reposa alguien que amara mucho

La hermosura del mundo: los árboles, los libros,

La música, el verano, las muchachas.

No preguntéis quién fue, ni desde cuándo

Es ya silencio, olvido de las cosas.

En la tierra que cubre sus despojos

Plácidamente descansad un rato.

Y proseguid después vuestro camino

Bajo el propicio sol que en su noche os desea.

 

 

MIRO PASAR LAS NUBES

¿Qué fue de aquel muchacho que yo fui,

de los días aquellos en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano?

Miro pasar las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo. En apariencia,

nada ha cambiado, pero qué distinto

me descubro a mí mismo si contemplo

en el espejo del papel al hombre

que ahora intenta escribir este poema.

Pasan las nubes; pasa el tiempo; pasa

la luz gris del invierno por el cuarto

en el que escribo a solas. A lo lejos,

se oye el rumor del mundo. Late, aquí,

la realidad en silencio. Se diría

que es todo igual, más todo es diferente.

Y difícil. Y extraño. Ya no tengo

la juventud que tuve —o que soñé

que tuve—, aquella fe que mantenía

mi vida en vilo: tantas ilusiones.

Y muy despacio —y a la fuerza— aprendo

a ser el que ahora soy, a ir olvidándome

de lo que fuera mío y la corriente

del tiempo que me ha quitado.

Busco un poco

de paz, y, en esta nada, puedo acaso

decir que soy casi feliz. No pienso.

Acepto. Y vivo.

Pero a veces aún,

cuando miro las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo lentamente,

me acuerdo de los días en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano.

Y me pregunto con melancolía

qué fue de aquel muchacho que yo fui.

 

UNA MUCHACHA

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.

No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,

pasear a estar horas sin rumbo, mientras cae

la tarde lentamente y vuelan los vencejos

en la luz que declina. Ha estado en un jardín;

pasó por una plaza y por una alameda.

Tiene ganas de andar. Ahora, el azar la trae,

despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo

a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,

la veo venir. Tendrá veinte años apenas.

Camina con la gracia que regala la vida

a quien es bello y joven: gloria, breve del cuerpo;

milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago

visos de eternidad. Ajena a mi mirada,

se va acercando. El oro del sol último brilla

en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden

oscuro de su pelo. En este instante, cruza

de una acera a la otra. No sabe que la observo,

que su fugaz presencia me hace feliz. Ahora,

pasará por la puerta de la casa en que vivo.

Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.

Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

 

 

-Primera foto: Charlize Teron. La tomo de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5648fc369084047c09c64787ca835d06.jpeg

-Segunda foto: la tomo de aquí

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-Tercera foto:

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-Cuarta foto, Isabeli Fontana: la tomo de aquí

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-Quinta foto: Natalia Vodianova: la tomo de aquí

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La foto de Eloy Sánchez Rosillo la tomo de aquí:

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EL BARCELONA LO PIERDE CASI TODO

EL BARCELONA LO PIERDE CASI TODO

Hace tiempo que se hablaba del fin de un ciclo. El del Fútbol Club Barcelona ha durado exactamente seis campañas: cuatro con Guardiola y creo que catorce títulos, una con Tito Vilanova y varios títulos más y esta con Gerardo Martino, al menos un título: la Supercopa. Hoy el equipo perdió claramente, aunque solo fuese por un gol de diferencia y tuviese el empate en la bota de Neymar, pero los síntomas son claros. Es un equipo un poco a la deriva, mal planificado, que carece de defensas sólidos, de un par de recambios de garantía en el centro del campo y, además, en los últimos partidos claves –Atlético de Madrid en la Champions, el Granada en la Liga y anoche-, ha tenido la ausencia, la indiferencia o el absentismo, de Messi y la incomparecencia de Neymar.  Ha sido un equipo que ha bordado el fútbol, que creó una forma nueva de jugar y que tenido tardes y noches maravillosas. Xavi ha tocado fondo, y quizá ni esté para ir al Mundial, Iniesta está falto de frescura y de condición física, Alba anda renqueante, Cesc lleva meses irreconocible... El Real Madrid ha hecho un buen partido, posee una condición física muy superior y una defensa mucho más equilibrada y segura. Sinceramente he disfrutado muchísimo estos años con el fútbol del Barcelona. Mil gracias y, a la vez, sospecho que esta noche hemos dicho, por un tiempo al menos, adiós a todo eso... Quizá resulte simbólico que el autor del único gol catalán –los del Madrid los marcaron Di María, en un estado de forma increíble, y Bale, un ciclón egoísta y un poco empecinado- haya sido de Marc Bartra, al vemos en la foto de Alberto Estévez de Efe. Parece claro que él forme parte del futuro.

MUJERES DE PATRICK DEMARCHELIER

Eloy Fernández Clemente, historiador en Galicia estos días. me pide que no me olvide de los hermosos retratos de mujer de algunos grandes fotógrafos. Le gusta mucho encontrarlos por aquí. De lo contrario le entra la pereza y la melancolía, y se olvida del blog. Para él y para los visitantes, algunos retratos del gran Patrick Demarchelier (El Havre, Francia, 1943): maestro del retrato y de la moda. Y de la belleza, especialmente la femenina. Es un auténtico especialista.

De estos dominios de internet he tomado las fotos.

- De Uma Thurman. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-1247a272e160602d8649362ce07d9ad4.jpg

-De Linda Evangelista: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-1edf7fc9c2e6bb6b40ed522253ef9bc6.jpg

-De Cindy Crawford: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-b6898e8516de6fb0b632bc2bbf69e650.jpg

-La bailarina:https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-6d829f521c663806c716206e411930ea.jpg

FERNANDO SANMARTÍN: UN DIÁLOGO

LITERATURA. FERNANDO SANMARTÍN. Nacido en Zaragoza en 1959, publica ‘Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica).

 

“La poesía está en mi escritura y es

una de sus señas de identidad”

 

“Alejarse de lo que uno ama produce dolor”

 

¿Qué ocurre cuándo se escribe de noche?

La noche es más íntima que el día, mucho más, y eso lo refleja la escritura. La noche también te empuja a la transparencia y fortalece, como algún poeta ha dicho, el argumento de la mirada.

 

¿Que tiene la escritura de recreación, de evocación, de llamada a los fantasmas, de captura de climas?

Todo eso está en las páginas de este libro. Y en su comienzo se dice: la escritura es una convicción y la cita con uno mismo.

 

“Tengo miedo de no estar a la altura de mis amigos escritores. Y por eso escribo libros menudos con la sinceridad como única sintaxis”. ¿No será falsa modestia o petición de indulgencia?

Hay amigos míos que son grandes escritores, tipos con enorme talento. Espero que algo se me vaya pegando. Si no, malo. Hay seres que nos hacen mejor: con ellos hay que estar.

 

“Zaragoza es el argumento de estas páginas”. ¿Cómo es el cuento o la novela de Zaragoza?

Todos hemos sido algo que ya no somos. Y eso le ocurre a una ciudad. Este libro lo refleja. También contiene un viaje novelado y el hecho de que ella, la ciudad, como diría Peter Handke, es un ser lleno de preguntas.

 

¿En qué medida este libro es o quiere ser una topografía sentimental de Zaragoza?

El contenido sentimental está presente. De niño, me impactaba ver las bombas dentro del Pilar o escuchar leyendas sobre el pozo de San Lázaro. Alguien me contó que ese pozo, a través del centro de la tierra, comunicaba con el Índico. De ahí el riesgo que asumían los submarinistas al descender a sus profundidades. ¡Fabuloso! De esa topografía sentimental forma parte el Parque Grande (hoy parque José Antonio Labordeta), que fue circuito de motos en el que Ángel Nieto compitió; y las terrazas de la plaza de San Francisco, el café de Levante, Casa Emilio, la pastelería Fantova, los hermosos bulevares de la ciudad…

 

¿Existe algún vínculo entre Joseph Conrad y Zaragoza?

No existe ningún vínculo entre Conrad y Zaragoza. Pero Marlow es el personaje de Conrad en libros como ‘El corazón de las tinieblas’. Y ese personaje es un narrador dentro de la narración, que observa y explica. Lo utilizo para dar nombre al libro, como homenaje a Joseph Conrad, a su literatura, al viaje por el interior de la ciudad.

 

Son muy bonitas las líneas que le dedica a su padre: su diccionario de inglés, una borrachera, las noches en la Base Americana, su temprana muerte...

Mi padre es la gran ausencia de mi vida. Su muerte prematura lo desordenó todo. Hace poco estuve en Tetuán sólo porque él vivió allí. Y me fotografié donde él se había fotografiado en los años 50. No sé si eso es bueno o malo. En todo caso, se trata de problemas no resueltos dentro de mi cabeza y que no lograré resolver nunca.

 

¿Qué le gustan más los taxis, las piscinas o el perfume de algunas mujeres?

El perfume de algunas mujeres, sin duda. En ese perfume hay otra escritura.

 

¿El amor más perfecto es el soñado? Pienso en la joven Esperanza, que tiene algo de primer amor...

Lo digo en el libro: de jovencito, el instinto básico de poeta, con algunas chicas, se convertía en el instinto de un peón caminero. Y ese personaje, la joven Esperanza, es hoy una mujer elegantísima, excelente profesional del Derecho y jugadora de golf. Me enamoré en silencio de una de sus amigas. Yo tenía veinte años y unas copas de coñac tuvieron algo que ver con aquello. Jamás volví a tomar coñac.

 

“Nunca me ha sentado mal una cena en casa Emilio”, escribe. ¿Es un elogio de su gastronomía o quiere decir otra cosa?

Casa Emilio es ya un lugar mítico, lleno de karma como dice ese gran pintor que es Jorge Gay. Casa Emilio pasará a la posteridad. No tengo ninguna duda. Escritores, músicos, actrices, pintores, libreros, cineastas… coleccionan momentos muy felices vividos allí. Y ojo, hacen una fritada, entre otras cosas, espléndida.

 

¿Qué importancia tiene la poesía en su escritura?

Hay que tener cuidado. La poesía puede ser un lastre en la creación narrativa. Y lo peor que hay es una prosa azucarada. Reconozco, eso sí, que la poesía está en mi escritura y es una de sus señas de identidad.

 

Hay una vena más o menos fantástica y humorística en el libro. Suena un teléfono y habla Habermas; en otro lugar, también habla Baudelaire, en otro lugar te siente a Mallarmé en Zaragoza...

El humor y también el afecto por algunas personas salen con más facilidad en mis libros que en lo cotidiano. Tengo que profundizar en esto para saber por qué.

 

 ¿Qué libros y autores le han acompañado durante la escritura?

Cuando escribo, mi vida como lector continúa su curso normal. Durante la escritura de este libro, recuerdo haber leído algunos títulos que valen la pena: ‘Tiempo de vida’, de Giralt Torrente; los ‘Diarios’ de Iñaki Uriarte; ‘En medio de todo’, de Julio José Ordovás, un autor que pronto publica nueva novela en la editorial Anagrama. También leí las ‘Cartas desde Rusia’, de Juan Valera, porque aquel verano yo me iba a Helsinki y después a San Petersburgo. En esas cartas, y lo recojo en mi libro, cuenta Valera, antes de encontrarse en Rusia con el literato Sobolevski, que cantaba la jota, hay una afirmación que escucha: la defensa de Sebastopol solo fue comparable a la de Zaragoza.

 

Se va a Sitges y dice: “Escucho el mar y pienso que si no pudiera volver a mi ciudad el dolor me volvería loco”. ¿Es verdad?

Amo profundamente Zaragoza. Y sé que alguien, al escuchar o leer esta afirmación, dirá: « ¡qué tío más gilipollas!». Eso me da igual. Mi respuesta es sencilla: lo gilipollas es hacer una despedida de soltero en un puticlú, o ser chulito por ir en yate. En todo caso, para responder bien a la pregunta, alejarse de lo que uno ama produce dolor.   

 

*La foto de Fernando Sanmartín es de Columna Villarroya.

 

ANTONIO LUCAS, HOY, EN CÁLAMO

ANTONIO LUCAS, HOY, EN CÁLAMO

Hoy sábado 12, a la una del mediodía, en la librería Cálamo, Antonio Lucas presentará su nuevo poemario, ’Los desengaños’ (Visor), con el que ha ganado el Premio Loewe de poesía. Se trata de un libro personalísimo que transcurre entre dos polos: los ecos y el dolor de una ruptura sentimental, y todo el laberinto de hojarasca y huellas que deja tras de sí la pasión y la pérdida, y la crisis que nace del estupor ante las circunstancias sociales del instante. El libro explora la decepción, la derrota y el rearme de ilusiones, y lo hace con un lenguaje poderoso, rico y variado, pleno de intensidad, de búsqueda, de metáforas y de aciertos expresivos. El libro lo presentará Manuel Vilas. Uno de mis poemas favoritos del libro es ’Rilke’, un poema en prosa, que gentilmente me envía Antonio, y recupero otro que ya había publicado antes: ’Fuera de sitio’. En las fotos, Antonio Lucas, por Begoña Rivas, y Rainer María Rilke.

DE ’LOS DESENGAÑOS’ (VISOR)

RILKE

Imaginaos la vida como si fuera esto. Exactamente lo que veis y lo que os duele. La misma sombra muda en cada hombre. El hielo. El fulgor de un sueño y su quebranto. El abrir los ojos y educarlos (sin pasión) a no entenderlo todo. Jamás darle a las cosas su significado exacto. Asumir desde el origen ya la muerte. La belleza con que ésta se disculpa. Sólo así la soledad cumple su ciclo y es un alto don irrenunciable. Mi soledad y yo. El color de mi orina. Las rosas feroces. Los deseos. Despertar en la noche con la infancia anegada bajo el portal del párpado y sentir que lo terrible es un momento entre dos nombres. Que todo éxtasis es un desván a destiempo del mundo. Es un rumor de flor que no se pudre. Yo quise escribir con el ansia del que llega a existir demasiado tarde. Escribir por no lastimarme. Por ser transparente. Anticipar mi extrañeza y después confirmarme en ella. Yo, Rainer María Rilke, mitad miseria, mitad maravilla. No saber vivir más allá de mí mismo: ése fue mi triunfo. 

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto, 
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro. 
Y después cualquier cosa. 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

*La foto de Antonio Lucas pertenece a Begoña Rivas, fotógrafa de 'El Mundo'.

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

TUCO REQUENA, ESTA NOCHE EN ARBOLÉ, CON 'IMPERFECTO'


[Esta tarde del viernes, a las 21 horas, en el Teatro Arbolé, Tuco Requena presenta su nuevo disco, 'Imperfecto', que ha editado con gusto y con mucha profesionalidad en un USB, en un pendrive. Es un disco más sereno, con sus ecos habituales de rumba, menos humorístico que otros pero igualmente entrañable y hermoso. He conversado con Tuco y me cuenta que esta es una de sus intenciones:]
"Con la música busco expresarme, dar salida al ego que llevo dentro y sobre todo divertirme. La melodía me parece mágica porque posee el don de la conexión con la gente. El Pop es el género que mejor lo ha entendido. Una bonita melodía es una herramienta de conexión brutal con el receptor y conseguir eso tiene muchísimo mérito porque es hacer casi magia. Esto, algunos no lo entienden, pero es una realidad aunque no guste. Por otra parte, con las letras busco que la gente piense, que se haga preguntas. Es la única manera de intentar alimentar el espíritu y de contribuir a no crear zombies culturales".

JOAQUÍN BERGES: UNA ENTREVISTA

[El pasado lunes, en el Teatro Principal y en compañía de Eva Pérez Sorribes, jefa de contenidos de Radio Zaragoza-Cadena Ser, Joaquín Berges (Zaragoza, 1965), presentaba su cuarta novela: ’La línea invisible del horizonte’. Hablamos de esta novela protagonizada por el médico Javier, que huye de su pasado, y por Marina, que también huye de algo y juega al guiñote. He aquí las notas de la entrevista por completo.]

 

-¿Qué le debe ‘La línea invisible del horizonte’ a ‘Un estado del malestar’? Lo digo porque los dos protagonistas están en crisis, desubicados, huyen de sí mismos y de los demás...

Ambas novelas fueron escritas consecutivamente y comparten la insatisfacción inicial de sus respectivos protagonistas, es cierto, pero cada uno de ellos se las ingenia de una manera diferente para escapar de su vida rutinaria. Uno se pierde en el colorido mundo de un mercadillo. El otro busca refugio en la madre naturaleza, concretamente en un pueblo del Pirineo.

 

-Al principio, cuando sucede el accidente que da lugar a la acción, la aparición de ese jabalí que le destroza al coche al protagonista, parece que vamos a asistir a una novela de humor... Pero vemos que no... ¿Has querido escribir una comedia o un drama?

Es que, en realidad, no hay tanta diferencia entre ambos géneros. Mis dos novelas anteriores eran comedias pero había en ellas una fuerte carga dramática. Esta vez no he escrito una comedia, pero tampoco he evitado que aparezca el humor en muchas ocasiones, quizá porque en realidad tanto el humor como el drama son inevitables. Y no estoy hablando sólo de novelas.

 

-Es decisivo en la acción el guiñote: Javier se queda en Sinia, casi sin habérselo pensado, para competir a las cartas... ¿Por qué te ha parecido interesante el juego?

El juego es un simulacro de la vida. Una actividad que nos permite experimentar, ganar, perder, conquistar y ser conquistados, pero sin correr ningún riesgo. Era fundamental que la novela comenzara así, como un juego. Es eso lo que le planteo al lector en cierto modo. "¿Quieres jugar conmigo?". Y puestos a elegir un juego ninguno me pareció tan genuinamente aragonés como el guiñote.

 

-¿Qué podemos decir de Javier, neurólogo, viudo reciente, fugitivo? ¿Qué es lo que te interesaba de un personaje como él?

Javier se refugia en las montañas huyendo de sus remordimientos. Durante los nueve días que pasa en las montañas comprenderá que, en realidad, los seres humanos formamos parte de la naturaleza y nos regimos por instintos ancestrales, exactamente igual que el resto de los seres vivos. Hay veces que, confundidos por un entorno de asfalto y hormigón, entre ondas electromagnéticas que nos conectan con los demás, olvidamos lo que verdaderamente somos.

 

-El otro personaje clave es Marina. ¿Existen mujeres así en la montaña, suficientes, seguras de sí mismas y en el fondo tan lúcidas y maternales?

 Marina aparenta ser una mujer segura de sí misma porque vive en un entorno mayoritariamente masculino, rodeada de ganaderos y cazadores de las montañas, pero ella en realidad es una mujer delicada y maternal que vive pendiente de los demás vecinos de Sinia. En palabras de Javier, Marina es un pequeño iceberg que oculta bajo el agua la mayor parte de lo que es.

 

-Hay un momento en que un personaje dice: “Estar con un mujer es lo contrario a morir”. ¿Quiere eso decir que sería esta una novela de exaltación femenina o de amor?

El amor es la base de la inmortalidad. Todos nos enamoramos para perpetuarnos, para seguir existiendo y ser inmortales, aunque solo sea desde un punto de vista genético. El amor es lo contrario de la muerte, porque desde un punto de vista antropológico la vida depende por entero del amor.

 

-Parece claro que el libro es un elogio de la naturaleza y a la vez del regreso a los orígenes. ¿Qué le debes tú a la montaña, qué le deben los personajes?

El Pirineo de Huesca me ha proporcionado mucha paz interior y ha sabido transmitirme la serenidad de sus paisajes y sus pueblos. Lo visito muy a menudo e incluso confieso que me encantaría vivir allí durante todo el año. Es un paraíso, un lujo natural a nuestro alcance. Monte Perdido, por ejemplo, es el macizo calcáreo más alto de Europa. Nada menos. De alguna manera estaba en deuda con esas montañas y les debía un pequeño homenaje en forma de novela.

 

-El otro día me hablabas de la memoria ancestral en relación al paisaje. ¿Qué quieres decir?

Nuestro cerebro de homo sapiens es muy antiguo. Apenas ha cambiado en los últimos 60.000 años. La mayor parte de ese tiempo ha transcurrido en contacto directo con la naturaleza, así que nuestro cerebro reconoce los escenarios naturales como propios. Por eso nos gusta tanto salir al encuentro con la naturaleza, ya sea en la montaña, el campo o el mar, algo que solemos hacer cada vez que nuestra vida urbana nos lo permite.

 

-Otro tema capital es el universo de los pantanos y los pueblos anegados. Cuando creaste Sinia, ¿en qué localidades estabas pensando?

 Los pueblos sumergidos bajo  los pantanos siempre me han cautivado. Son escenarios de la inacción y la memoria que cada año desaparecen bajo las aguas. Y cada año reaparecen al final del verano otra vez. Es un juego metafórico muy atractivo, como el del recuerdo y el olvido. Sinia no existe físicamente pero se encuentra al norte de Aínsa, en plena comarca del Sobrarbe, cerca del valle de Plan.

 

Marina no es lo que aparece. O cuando menos tiene muchos secretos y uno de ellos, el más afectuoso tal vez, es la mallata, su refugio...

 La mallata, una especie de borda muy rústica que Marina ha heredado de su familia, es el único escenario de su infancia que sigue en pie. El resto fue anegado por las aguas del pantano y ya no existe. Cuando Marina llega a su mallata recupera los recuerdos de la infancia y se convierte en una niña pequeña sin problemas, sin secretos ni culpas. Sin nada que ocultar. Pero luego, cuando regresa a Sinia, vuelve a vivir pendiente de dos pequeños misterios: un clavel blanco y una bolsa de golosinas que aparecen y desaparecen regularmente en la entrada de su casa.

 

¿En qué medida has escrito una novela sobre la culpa, la mala conciencia y los secretos inconfesables?

Todos nos sentimos culpables por algo. Mis personajes también y encuentran remedio para superar su mala conciencia en las montañas. Javier siente una especie de fervor religioso hacia las altas peñas que rodean Sinia. Las adora como un peregrino que ha llegado a su destino. Incluso llega a preguntarse si no será una consecuencia de la ley de la gravitación. Dice: "Quién sabe si la masa de una montaña no es suficiente para atraer el cuerpo de un hombre. O su espíritu."

 

En cierto modo, el protagonista queda un tanto incomunicado. ¿Es posible hoy en día extraviarse del todo?

Quizá en la ciudad sea más difícil vivir incomunicado, pero en un escenario como el Pirineo sí es posible. De hecho hay un pasaje del libro que habla de las caravanas de mujeres que fueron al valle de Plan en los años ochenta. ¿Qué fue aquella aventura inolvidable más que una batalla contra la incomunicación de todo un valle?

 

Parece claro que esta es tu novela más aragonesa, incluso en el lenguaje. ¿Por qué, has sentido una necesidad especial de trasladarte a tus paisajes, a tus raíces?

Ninguna de mis tres novelas anteriores está ubicada en un lugar concreto. Algunos lectores me han dicho que El Club de los Estrellados transcurre en Zaragoza o Vive como Puedas en Madrid. Y puede ser. O no, porque no está dicho. Esta vez he querido que la ubicación fuera en cierto modo la protagonista de la novela, por eso sitúo a Sinia en el Sobrarbe de Huesca y doto a mis personajes de un carácter aragonés que yo mismo comparto.

 

Tus personajes son siempre frágiles, especialmente los masculinos. ¿Crees que los hombres son más vulnerables que las mujeres?

 Nos han educado en clichés que vinculaban la fuerza con lo masculino y la delicadeza con lo femenino. No es una cuestión antropológica. Es una cuestión cultural. Hay hombres frágiles y mujeres fuertes. Y viceversa. Y a veces somos las dos cosas a la vez. Al principio de la novela Javier parece un hombre frágil y Marina una mujer fuerte, pero estos calificativos van cambiando conforme avanza la historia.

 

-Al final, tenemos la sensación de que ‘La línea invisible del horizonte’ es, o quiere ser, una novela psicológica: el retrato de un hombre a la deriva con rincones sombríos en el corazón y en la cabeza. ¿Es así?

Yo diría que los sentimientos de mis personajes, sus miedos y sus secretos se van reflejando a lo largo de la novela en la superficie del pantano de Sinia. Los lectores también pueden ver esos reflejos emocionales, de modo que la novela acaba siendo un intercambio de experiencias y una invitación para el perdón y la exculpación, las segundas oportunidades y la forma de conseguir la paz con uno mismo.

 

-¿En qué has cambiado a lo largo de cuatro novelas? ¿Crees que has perdido humor para volverte más grave, incluso más dramático?

Me gusta alternar las novelas deliberadamente cómicas con otros textos más emotivos, llenos de anécdotas, sentimientos y sensaciones humanas. Aspiro a tener dos voces, como por ejemplo tiene Eduardo Mendoza, a quien considero uno de mis maestros. A lo largo de estas cuatro novelas me he hecho un escritor más cercano a mis lectores. Ahora que los voy conociendo, bien sea a través de los clubs de lectura, en presentaciones de libros o por medio de las redes sociales, me doy cuenta de que ya no escribo para un público anónimo y en cierto modo virtual. Ahora escribo para ellos.

 

*He tomado esta foto de Laia Navarra de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-72dc85c787d2a1396c293936f7bd4893.jpg

MERCEDES ABAD: LAS HERIDAS DE UNA NIÑA GORDA

 

La novelista presentó en Cálamo un libro de 10 relatos sobre la obesidad y la crueldad de los adultos: ’La niña gorda’ (Páginas de Espuma) 

ZARAGOZA. «Jamás sabremos en qué momento exacto se le ocurrió a la madre la idea de llevar a su hija a un endocrino para ponerla a dieta». Así arranca ’La niña gorda’ (Páginas de Espuma) de Mercedes Abad (Barcelona, 1961), que está basado en su propia experiencia y consta de 10 cuentos, protagonizados por la adolescente Susana Mur. «’La niña gorda’ es un exorcismo. Me marcó mucho ser obesa. Las heridas de la adolescencia y de la infancia se marcan con cuchillo, al rojo vivo, y llevamos siempre esos complejos. ¿Por qué? Los vives cuando se está configurando la personalidad, cuando construimos nuestro yo».

No es la primera vez que Mercedes Abad (Barcelona, 1961) escribe de la gordura: lo hizo en varios de sus libros y en ’El Mundo’, donde publicó una foto «de cuando estaba en mi máximo esplendor cárnico». Su madre la llevó al endocrino, que la puso a dieta y adelgazó 15 quilos en tres meses. Más tarde, participó en un intercambio con una muchacha francesa, «delgadísima, de 1,75 de altura, y allí descubrí la gastronomía francesa, en concreto las baguetes, deliciosas y crujientes, que se untaban con mantequila. Al regresar, mi madre me fue a buscar al aeropuerto y solo me dijo, horrorizada: "Pero, ¿qué has hecho? Con lo que caro que nos costó el endocrino". Volví a hacer dieta».

Los 10 relatos pueden leerse como una novela, que incluso tiene lo que Mercedes Abad llama un «cuento bisagra», más largo. Se trata de ’Las hermanas Bruch’, donde Susana Mur cambia de tono y asume la primera persona para retratar el clima de tensión y hostilidad de varias hermanas.

Los cuentos son la crónica de una evolución y del desconcierto. «La sociedad no tolera a los gordos. Vivimos en una sociedad donde los modelos están cada vez más perversamente presentes», señala. Y observa que ahora los jóvenes ya no quieren parecerse a Ava Gardner o a un actor de Hollywood, sino a «gente anónima que es pura imagen de perfumes y descapotables. O a los futbolistas. El fútbol lo ocupa, incluso los telediarios: crece como una novela río».

El libro parece constatar que los enemigos de la mujer son las propias mujeres. «Sin duda. Eso ya lo decía Coco Chanel: "Una mujer nunca se arregla para gustar a los hombres, se arregla para fastidiar a las otras mujeres". Somos las primeras en promover los valores más machistas y más despiadados hacia nosotras mismas. Rivalizamos como animales».

El otro asunto capital del volumen es «la crueldad de los adultos que son quienes te hacen sentir que no cumples exactamente sus expectativas». Y ese rechazo genera un problema de identidad, de confusión y de desdicha.

 

*La foto de Mercedes Abad, que es una mujer encantadora y simpática, la he tomado de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2170c55096de78cbad2261b278e4735c.jpg