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Antón Castro

EL GRECO CONTADO E IMAGINADO

EL GRECO CONTADO E IMAGINADO

El misterio del extravagante El Greco

 

Iturbe, Pisón, Puértolas y Vilas figuran entre los 22 escritores que fabulan sobre sus obras maestras

 

 

LA FICHA

 Narrando desde El Greco. ‘Relatos de escritores de hoy sobre sus obras maestras’. Coordinación: Adolfo García Ortega. Autores: Lola Beccaria, Juan Bonilla, Ángeles Caso, Inma Chacón, Juan Eslava Galán, Antonio G. Iturbe, Hipólito G. Navarro, Adolfo García Ortega, Marcos Giralt Torrente, Luisgé Martín, Gustavo Martín Garzo, Ignacio Martínez de Pisón, Ricardo Menéndez Salmón, José María Merino, Javier Moro, Justo Navarro, Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Clara Usón y Manuel Vilas. Edición bilingüe. Barcelona, 2013. 237 páginas.

 

 

 

“En cuanto uno se detiene ante un cuadro del Greco, las incógnitas empiezan a multiplicarse y la realidad se estira igual que sus figuras fantasmagóricas”, escribe Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967) en el libro ‘Narrando desde El Greco. Relatos de escritores de hoy sobre sus obras maestras’ (Lunwerg), en el que 22 escritores españoles intentan recrear la figura de Domenico Theotocopoulos, ‘El Greco’, en el cuarto centenario de su muerte (Candia, Creta, 1541-Toledo, 1614). En esa nómina, además de Iturbe, figuran otros tres aragoneses como Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) y Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962). A cada uno de los autores le ha correspondido por sorteo una obra del pintor cretense, calificado de extravagante, lunático y genial, recuperado de manera casi definitiva en 1908 por Manuel Bartolomé Cossío, asunto del que escribe quizá con mayor minuciosidad Andrés Trapiello.

 

Cuentos, microensayos, viajes

El libro, coordinado por el escritor, traductor y escritor Adolfo García Ortega, contiene cuentos, microensayos e incluso viajes, y acaba siendo “un juego, un hallazgo, un divertimento, una aventura para disfrutar la literatura y el arte”. Por poner un ejemplo, Ricardo Menéndez Salmón habla en su narración ‘La bella y los monstruos’, que nace de la pieza ‘El bautismo de Cristo’ del pintor cretense, de Catherine Deneuve, de Buñuel, de Calanda y de la película ‘Tristana’.

A Ignacio Martínez de Pisón le ha tocado ‘El caballero de la mano en el pecho’. Señala a HERALDO que  “del Greco me gusta su lado más humano, el trazo nada místico de sus mejores retratos” y explica que su cuento “tiene que ver con mi interés por ese episodio de la Guerra Civil: el operativo que se organizó para poner a buen recaudo las principales obras de arte de la España republicana”. De hecho, su pieza, ‘Guardar un secreto’, narra el robo “a punta de navaja” y posterior traslado de un cuadro de este “pintor antiguo e importante”. Suceden algunas cosas, en medio de la contienda del 36 y en la transición, que abonan la leyenda de este pintor.

Antonio G. Iturbe coincide con Pisón en su interés el por el realismo del pintor, “aunque sea un realismo fantasmagórico. Las figuras se estiran, las posturas de las manos son a veces imposibles, los vivos se mezclan con los seres celestiales... Y él como personaje es muy interesante: extravagante, perfeccionista, apasionado, pionero en la lucha por los derechos de autor incluso pleiteando con la Iglesia”. A la hora de redactar su historia, inspirada en la obra ‘Cristo despidiéndose de su madre’, lo que hizo fue “contar mi experiencia para acercarme al cuadro. Todo lo que cuento es cierto. Echando mano de los recursos del Nuevo periodismo, utilizo las herramientas de la narrativa para relatar la crónica de mi viaje a Toledo tras la pista de un cuadro extraño, como ese”. Ese viaje, que atraviesa los Monegros, acaba en la iglesia de Santo Tomé, ante ‘El entierro del Conde de Orgaz’, y en su travesía artística cita a Jusepe Martínez y a José Camón Aznar, dos zaragozanos enamorados del artista.

Soledad Puértolas parte de ‘La oración del huerto’ y escribe un cuento que transcurre en las aulas. Un profesor explica ese lienzo y luego les pide a los alumnos que se pongan en la piel del pintor y que hagan un ejercicio de concentración; disponen de dos horas para crear una historia. El profesor advierte a los jóvenes: “La imaginación se crece con la dificultad”. El profesor se retrasa en la corrección de los textos, pero descubre que uno es de alguien muy especial.

 

El artista y el rocanrol

Manuel Vilas compone el texto más transgresor o chocante. Explica: “El Greco es un pintor distinto, diferente a todo. Es como un Kafka de la pintura. Es una isla en el mundo del arte. Me atrae su profunda interiorización de la vida. Me atrae su poderosa visión de la trascendencia de la vida humana y su visión de lo celestial, de lo espiritual, de lo divino”. Él se basa en ‘Concierto de ángeles’ y no se aleja de su estética habitual ni de su pasión por el rocanrol. “Imaginé que esos ángeles que salen en el cuadro podían ser cantantes del siglo XX. Quise convertir ese cuadro en un escenario pop. Pensé que esos ángeles eran Elvis Presley, John Lennon, Janis Joplin, Jimi Hendrix, etc. Pensé en que todos esos cantantes muertos se habían convertido en ángeles y que Elvis era un ángel del Greco”. Como la única mujer es Janis Joplin reparte cada día sus favores sexuales entre los músicos. El libro, traducido al inglés, incorpora una reproducción total y varios detalles de todos los cuadros.

 *Este texto apareció en 'Heraldo de Aragón'.

PILAR BAYONA: UNA MUJER INOLVIDABLE AL PIANO

PILAR BAYONA: UNA MUJER INOLVIDABLE AL PIANO

Pilar Bayona (Zaragoza, 1897-1979) poseía una “insaciable curiosidad musical”, tal como escribió Federico Torralba, una absoluta pasión por la música y una memoria prodigiosa, que la llevaba a realizar conciertos incomparables, llenos de riesgo, de sutileza y de energía interpretativa. Perteneció a la Generación del 27, y tocó en la Residencia de Estudiantes, con Gerardo Diego y con Federico García Lorca; este, fascinado con su talento, le dedicó el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ con sumo afecto. Desarrolló, con tanto fervor como intensidad, una espléndida carrera sin renunciar nunca a residir en Zaragoza y a participar en la vida cultural de la ciudad a través de sus numerosos conciertos y de su vinculación con la Sociedad Filarmónica, el grupo ‘Sansueña’ y Radio Zaragoza, donde solía tocar con mucha frecuencia.

Pilar Bayona fue la pianista de Zaragoza por excelencia: cabe decir que optó por quedarse en su ciudad, por impartir clases en ella y en el Conservatorio de Pamplona. Visitaba, casi todos los días el Pilar, como un rito íntimo, con su hermana Carmen. Fue una mujer menuda y hermosa, de cabello rizado y rubio, que despertó diversas pasiones: desde Luis Buñuel, que estuvo enamorado de ella un año o dos, hasta José Camón Aznar, Luis García-Abrines o el periodista Manuel Casanova, director de HERALDO. Tenía la facultad, casi inconcebible, de atrapar la música al vuelo: la atrapaba, la retenía y luego la interpretaba con frescura y viveza como si hubiera estudiado horas y horas aquella literatura. Joaquín Turina la calificó como “maestra del decir, de sonoridades exquisitas”.

Se ha dicho una y mil veces que con Luis Galve y Eduardo del Pueyo formó esa trilogía de magníficos intérpretes de piano que ha dado el siglo XX en Aragón. Los tres eran muy distintos y grandes amigos: Del Pueyo fue un reconocido profesor desde Bruselas y un sólido pianista de Beethoven, entre otros; Luis Galve realizó una importante carrera profesional que le llevó a desplegar tres mil conciertos a lo largo de más de 60 países. Y Pilar lo hacía casi todo: deslumbraba con sus repertorios, igual tocaba con primor a Guridi, Granados, Esplá o Albéniz, a quienes grabó, que a Debussy, Cesar Frank o a Maurice Ravel, al que conoció y trató en Zaragoza.

 

El vuelo libre de la música

Nacida en Zaragoza en 1897, Pilar Bayona demostró muy pronto un talento especial hacia la música. Asistió a las clases de los hermanos José y Ángeles Sirvent y actuó, con cinco años, en un festival benéfico patrocinado por el monarca Alfonso XIII. Hizo su presentación a los diez años en el Teatro Principal con el cuarteto Ballo. Y a partir de ahí, con doce años, inició su carrera de concertista. Apostó por la música española contemporánea, muy especialmente, y realizó giras por distintas ciudades, sola o en compañía del violinista Manén. En la segunda década del siglo XX creció, perfeccionó su técnica y estableció numerosos vínculos con los compositores nacionales: desde Usandizaga a los Halffter, Mompou o Esplá, aunque tocaba a los rusos, a los impresionistas y a Mozart.

Algunos le dedicaron sus partituras y soñaron con que ella tocase sus obras. Actuó en Stuttgart y Berlín en 1924 y en 1928 estrenó el ‘Concierto valenciano’ de López Chávarri e incorporó a su repertorio al maestro Mingote. Poco a poco, iría cobrando fama y sería requerida por doquier: por fotógrafos, por los poetas del 27, entre ellos su paisano Tomás Seral Casal, por artistas (Sanz Lafita, Honorio García Condoy, Javier Ciria, Bayo Marín; después Guillermo o Paco Rallo), y estaría presente en la foto legendaria del grupo del 27 que rindió homenaje a Hernando Viñes.

Tras la Guerra Civil, continuará su quehacer: tocará en toda España, en distintos lugares de Francia, Portugal y Marruecos. Entrará en contacto con con el poeta y crítico de arte Juan Eduardo Cirlot, entonces músico y soldado en Zaragoza, que le dedicará dos composiciones y su libro ‘Pájaros tristes’, y con Julián Gállego, Alfonso Buñuel o Eduardo Fauquié, entre otros. Grabaría ‘Iberia’ de Albéniz, siete de las doce piezas, y dejaría en todos los foros una impresión de mujer de talento apabullante. Pilar Bayona fue una pianista apasionada, personalísima e incansable. Fue agasajada una y otra vez por su ciudad, con una calle, con el título de Hija Predilecta e incluso con el premio San Jorge.

En noviembre de 1979 dio su último concierto en el salón de actos de la CAI. Fue un recital vibrante, ya padecía escoliosis y andaba levemente encorvada. ¡Nadie lo habría dicho! Muy pocas semanas más tarde, al cruzar la calle, un coche se la llevó por delante y murió pocos días después. En 1981 Plácido Serrano recuperó algunas de sus grabaciones en un disco y en 2004 las Cortes de Aragón, en colaboración con el Archivo Pilar Bayona –que dirigen su sobrino Antonio Bayona y Julián Gómez-, organizó la muestra ‘Pilar Bayona. La pasión de la música’. El Auditorio de Zaragoza le rinde un homenaje con un ciclo que lleva su nombre y con un concierto internacional específico, cada trece de diciembre, que coincide con la fecha de su muerte.

 

*La foto es de Ducker y pertenece al Archivo Pilar Bayona.

 

ENRIQUE VILA-MATAS: UNA CITA

[Pedro Bosqued es farmacéutico y escritor. Casi todos los días selecciona fragmentos de libros: hoy le ha tocado a Enrique Vila-Matas y su Fuera de aquí. Conversaciones con Andre Gabastou. Me envía el texto que ha seleccionado. Hoy, Isabel Verdú le dedica una página completa en 'Artes & Letras' a este libro delicioso, lleno de datos, de confesiones, de fotografías, de textos de la obra de Enrique.]

 

“Hasta llegué a hacer una breve encuesta en mi barrio. Paraba a los vecinos por la calle y les preguntaba por qué no escribían. Un día, el quiosquero al que le compro los periódicos todos los días desde hace treinta años –si voy a salir de Barcelona los reservo y los recojo a la vuelta-, me presentó a una señora del barrio, a la que – según me dijo el quiosquero- “le habría gustado escribir”. De inmediato, le pregunté a aquella señora por qué había preferido no hacerlo. Su respuesta fue decepcionante. Me dijo simplemente: “Porque no tengo tiempo”. ¿No tenía tiempo? No tenía aquella mujer ni la menor vocación de escritura, porque es obvio que si uno desea escribir encuentra tiempo en todas partes. Ese día caí en la cuenta de que la humanidad, en más de un noventa y nueve por ciento, vive completamente ajena a la cuestión del bartlebysmo, también a las diferencias de ser y no ser. Más del noventa y nueve por ciento de la humanidad no se plantea la dicotomía entre ser y no ser. La gente vive y muere y sabe que  morirá, pero no es consciente de que en lo opuesto de la muerte está la vida, no la vida corriente (que esa la vive todo el mundo), sino la vida verdadera. En cuanto a la literatura, ha desaparecido. Creo que también el noventa y nueve por ciento de la humanidad no sabe lo que es”.

 

 Fuera de aquí, conversaciones con André Gabastou, de Enrique Vila-Matas. Editorial Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, 2013.

*He tomado la foto de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-8858d9542262b07314afa1e2a957806e.jpg

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

[Ana Pérez Cañamares acaba de publicar en Devenir el poemario 'Las sumas y los restos', que recibió el premio Blas de Otero. Tiene la gentileza de enviarme una selección de poemas.]

 

Despierta cada día con orgullo

por haberte traído hasta aquí.

Pero para viajar más allá del espejo

arrepiéntete. Arrepiéntete.

 

Antes de salir al mundo, levanta

un memorial a los ahogados.

Sus cuerpos son los escalones

que te llevan hasta la calle.

 

Para  Vicente y las Pandoras

 

Primeramente quise ser cada hombre

cada mujer.

 

Creí que el mundo

-conmovido por mi afán-

se dejaría descifrar

                      como un jeroglífico.

 

Pero ni la vida es una sopa de letras

ni yo he llegado a aprender

el abecedario.

 

Y aunque primeramente quise encontrar

la palabra exacta

para cada cosa

 

ahora soy por fin una niña que balbucea

fascinada por la belleza

                       de su fracaso. 

 

 

Ahora lo entiendo. Por mucho

que haga garabatos en la agenda

la vida tiene sus propios planes.

 

Yo propongo bocetos.

La vida pinta cuadros.

Sólo ella tiene todos los colores.

 

*

 

 

Para Varsovia

 

Estoy tomando una cerveza

frente a lo que fue tu casa.

Ahora tu casa es un símbolo

y los símbolos no son habitables.

Para ti debió de ser

lo que nunca tendrían

que dejar de ser las casas:

entrechocar de platos

risas que estallan

sábanas estiradas para proyectar

la película velada del sol:

una película que habla de felicidad

o cuanto menos

de la seguridad de un refugio.

Refugio del trasiego y los ruidos de la calle.

Nunca del horror.

A través de los visillos

el horror no se presupone.

 

Me cuentan historias. Soldados

lanzando niños a través de las ventanas.

Soldados cortando barbas y patillas

a navaja, en la calle, carnavales de humillación.

Me cuentan historias, pero tu casa

no parece propiedad del infierno.

Está vieja, sí, y hay algún agujero de bala

bajo un alféizar, como marcas de los dedos de dios

al hundirse en arcilla. Distinguiendo

a los elegidos de los condenados.

A pesar de todo, como todas las casas,

sigue teniendo algo

de tierno y de inexpugnable.

 

Estoy bebiendo una cerveza.

No a mi salud, ni a la tuya.

¿Qué podría decir de ti?

De ti no tengo recuerdos

y siento pudor de imaginarte.

Tengo memoria de la humanidad.

Aún la tengo. Y tengo también una casa.

La recuerdo ahora: los platos

las sábanas, las cortinas, la puerta:

el foso que ningún ejército

ha puesto a prueba. Los tesoros

que me delatan como ilusa propietaria.

 

Pero más allá o más acá de las casas

hay un lugar. Un lugar que

aunque queramos compartir

aunque quieran invadir

no es un territorio ni una ruina.

Es el lugar al que escapaste

un segundo antes de que la puerta

fuera derribada. O un segundo después.

Cuando comprendiste que las casas

pueden parecernos un universo

pero ni siquiera son un país.

Y un grito en otro idioma

las derrumba como cabañas de paja.

No soportan la violencia de los extraños.

 

Tiene que haber un lugar.

El lugar que no me revela tu foto.

El lugar que otros no destruyen

con palabras o con bombas.

Rata allí no significa nada.

El dolor puede nublarlo

pero no lo tapia.

Es el gueto que levantamos

dentro de nosotros.

La tumba que elegimos ocupar.

No la que nos señalan.

 

El búnker dentro de ti.

 

*

 

para Gsús Bonilla

Lanzamos mensajes de texto

correos electrónicos

entradas en bitácoras

 

igual que los náufragos

lanzaban al mar sus botellas.

Pedimos que nos rescaten

 

de nuestras islas sin playas.

Como siempre, hay mareas

turistas y mirones numerosos

 

y sólo de vez en cuando

uno entre la multitud

entiende nuestra letra.

 

'DECIR ADIÓS' DE J. EMILIO PACHECO

[Se ha ido para siempre José Emilio Pacheco, el gran poeta mexicano que recibió el Premio Cervantes y el Premio Reina Sofía en 2009. Este poema, quizá premonitorio, tiene algo de elegía y de epitafio. Pertenece a un libro realmente hermoso, ‘Ciudad de la memoria’ (1986-1989), dedicado a la memoria de Fayad Jamís y Enrique Lihn. Lo tomo de la colección de poemas ‘Tarde o temprano’ (1958-2009), que publicó la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets. Es un poema realmente intenso. Lo traigo aquí para los amigos de la palabra y de este poeta de la claridad y de la belleza y del tiempo; él solía decir que el tiempo es el tema fundamental de su lírica y quizá de su vida.]

 

DECIR ADIÓS

 

Acércate al oído y te diré adiós.

Gracias porque te conocí, porque acompañaste

un inmenso minuto de la existencia.

Todo se me olvidaré en poco tiempo.

 

Nunca hubo nada y lo que fue nada

tiene por tumba

el espacio infinito de la nada.

Pero no todo es nada,

siempre queda algo.

Quedarán unas horas, una ciudad,

el  brillo cada vez más lejano de este maltiempo.

 

Acércate y al oído te diré adiós. Me voy

pero me llevo estas horas.

 

Tomo la foto de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5e7549e930c2bcd4e83dd5db627d0ff8.jpg

HOMENAJE A JAVIER TOMEO CON ENRIC CUCURELLA Y ANTÓN CASTRO

HOMENAJE A JAVIER TOMEO CON ENRIC CUCURELLA Y ANTÓN CASTRO

HOY, EN BARCELONA, CITA CON JAVIER TOMEO Y SUS MONSTRUOS


Hoy lunes 27 de enero a las 19.00 horas en la Biblioteca de Sant Antoni-Joan Oliver (C/ Comte Borrel, 44-46, Barcelona) tendrá lugar una conferencia-charla sobre nuestro querido Javier Tomeo (1932-2013), en la que participarán el editor de Alpha Decay, Enric Cucurella, y el escritor y periodista Antón Castro, moderados por Carmen Danés.
Hablarán de toda la obra del autor aragonés, con especial énfasis en dos libros publicados por Alpha Decay: ’Constructores de monstruos’ y ’Los enemigos’.

 

*Esta estupenda ilustración es de Luis Grañena.

JAVIER TOMEO: MICROS PÓSTUMOS

JAVIER TOMEO: MICROS PÓSTUMOS

 

Los cuentos del humorista lírico Tomeo

 

Páginas de Espuma publicará los textos breves de ‘El fin de los dinosaurios’ del autor altoaragonés

 

Javier Tomeo (Quicena, 1932-Barcelona, 2013), como uno de sus personajes, entró en el hospital de paso, para aliviar lo que parecía una leve dolencia, y ya no salió con vida. Como si barruntase el adiós, había entregado tres libros a sus editores: la novela breve, ‘El hombre bicolor’, a Jorge Herralde de Anagrama; una colección de cuentos de ‘Vampiros y alienígenas’ a Enric Cucurella de Alpha Decay, y una serie de microrrelatos o textos hiperbreves al editor aragonés Juan Casamayor: alrededor de 160 piezas. Le mandó una primera versión y, poco antes del fin, aún le envió una segunda con correcciones. Y esa es la que publica el editor de Páginas de Espuma con un título de uno de sus cuentos: ‘El fin de los dinosaurios’.

Juan Casamayor recuerda que una vez Javier Tomeo le prometió “un libro especial, diferente los que publicas” de microcuentos. Ese es el volumen que sale próximamente con una portada que incorpora, entre otras cosas, el castillo de Montearagón: Javier Tomeo le tenía un cariño especial a esa fortaleza; desde su tumba en Quicena puede verse con su majestuosidad decrépita. Formaba parte de sus sueños, de sus recuerdos, igual que el paisaje escarpado de La Cobertera.

El volumen, de apenas 200 páginas, lleva un prólogo de Casamayor, que explica cómo se fraguó el volumen y las sucesivas reescrituras de Tomeo, e incluso el título; el conjunto tenía un epígrafe general de “literatura de precisión. Mini y microrrelatos”, tal como señala Juan Casamayor en su nota de editor. Lleva dos textos de dos de sus mejores amigos y estudiosos: Ismael Grasa, que era su chófer accidental, su colega y su escudero, y Daniel Gascón, que fue el responsable de la edición de las casi mil páginas de sus ‘Cuentos completos’ (Páginas de Espuma, 2013). El libro, además, se acompaña de casi una veintena de páginas de un ‘Diccionario Tomeo’, elaborado a partir de sus propias palabras en libros y entrevistas.

Ismael Grasa dice que el libro “es una síntesis íntima y final de su literatura”, “un resumen de sus motivos habituales al que le ha dado un tono crepuscular”, y señala que en los últimos libros, como ‘Constructores de monstruos’ (Alpha Decay 2013), ya estaba más cerca de “lo entrañable y lo simpático que de lo inquietante o perverso”. Recuerda, con Félix Romeo y otros, que no era un escritor intelectual, “quizá tuviera algo de niño grande” y de “humorista lírico” que se sirvió de “la monstruosidad, física o mental, para cantar a la belleza del mundo”.

Daniel Gascón lo define como un visionario y un humorista y recuerda que los textos son cuentos en un sentido estricto, diálogos o aforismos, y que suelen presentarse como un conjunto de variaciones, en algunos casos. Señala que están próximos al primer Rafael Azcona y ‘La Codorniz’. Afirma que “estos minicuentos, que ganan con la relectura, forman parte de un autorretrato” de alguien que cuya la literatura “es aparentemente absurda y está alejada del realismo”.

En ‘El fin de los dinosaurios’ están, de nuevo, los mitos, los animales y los peces, la plantas, los seres amputados, Drácula (al menos en dos ocasiones), los monstruos, el misterio de la noche, los amores imposibles, las muñecas, la confrontación con los clásicos, Caperucita, los relojes que hablan o esas vacas o lobos que, a veces, responden a una entrevista. Un lobo, por cierto, dice: “Lo siento, pero tampoco yo estoy vivo. También a mí me mató hace años la soledad”. Como se ve, Javier Tomeo en estado puro.

 

*Javier Tomeo por Aloma Rodríguez.

SANTIAGO LAGUNAS: UN DICCIONARIO

SANTIAGO LAGUNAS: UN DICCIONARIO

SANTIAGO LAGUNAS POR SÍ MISMO:

APUNTES PARA UN DICCIONARIO

 

Antón CASTRO

Santiago Lagunas Mayandía nació en Zaragoza en 1912 y falleció en 1995. Es, sin duda, uno de los grandes personajes de la cultura aragonesa del siglo XX; por su condición de miembro y líder del Grupo Pórtico también ha ocupado muchas páginas en los manuales de Historia del Arte, entre ellos, por poner un ejemplo incontestable, el Summa Artis. Tuve la fortuna de conversar con él, en su casa de la calle Verónica, al menos en cuatro ocasiones y luego realicé varios reportajes sobre distintos aspectos, entre ellos su pasión por la fotografía, siempre con la colaboración de sus hijas María Pilar y Ana María Lagunas Alberdi. Estos Apuntes para un diccionario del artista están basados en sus declaraciones, en sus escritos y en textos de algunos especialistas de su obra como Manuel Val Lerín, Manuel García Guatas, estudioso del proceso de remodelación del cine Dorado, Juan Manuel Bonet, Dolores Durán, Concha Lomba, Ángel Azpeitia, Federico Torralba Soriano (que definía a Lagunas como “un hombre apasionado y apasionante”), etc. El grueso del texto se fundamenta en tres entrevistas que se hicieron en 1989, en 1991 y en 1994, con Manuel García Guatas, Manuel Val, Úrsula Heredia, sus hijas y el fotógrafo Rogelio Allepuz como testigos, y que aparecieron en El día de Aragón y en El Periódico de Aragón, y en otra realizada a sus hijas que apareció en Heraldo de Aragón en 2004. También hay testimonios de otras conversaciones con Ángel González Pieras, Genoveva Crespo y de su necrológica, publicadas en el diario decano de la prensa aragonesa. Estos apuntes no quieren ser un estudio exhaustivo sino una invitación a ingresar en un universo complejo, rico y fascinante.

 

ABSTRACCIÓN

Sin duda es la palabra clave en su credo artístico. Fue una revelación para él apoyada en algunos artistas pero también en un proceso íntimo de destilación de experiencias y de actitudes. Decía Lagunas: “La abstracción es la capacidad de trascender la realidad. Es un proceso complejo y misterioso. La realidad se puede percibir, como  el esplendor y la gloria, como la huella del ángel, y nos puede llegar en forma de palabras, de sonidos y de formas que nos permiten hacer algo analógico. Esto es el arte: una realidad interior, una luz que se enciende, algo que está fuera de lo humano. San Juan de la Cruz lo percibe con claridad y su Cántico espiritual, el poema que me ha acompañado durante 20 años, es el fruto de esa adivinación, de un diálogo del inconsciente. El arte requiere una abstracción total y nosotros llegamos a ella por necesidad. Queríamos realizar una pintura que se refiriese al inconsciente y que no fuese figurativa, y de ahí que nuestra obra sea abstracta y expresionista”.

 

AMOR

Santiago Lagunas vivió una gran historia de amor. Durante sus estudios de Arquitectura en Madrid, en la inmediata posguerra, un día vio por la ventana a una mujer, en otra ventana, a unos 50 o 60 metros de distancia. Entonces él vivía en la casa de una familia cuyo responsable era conductor. Se obsesionó con la muchacha a la que observaba a diario en una escena que hace recordar La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock: rubia, airosa, de una incesante sonrisa. Era Ambrosia Alberdi, vasca, y tenía una compleja biografía detrás. Todos la conocían por Marichu. “Al cabo de unas semanas nos hicimos novios. El amor ha sido fundamental en mi vida y también en mi pintura”, recordaría Lagunas en 1994. A partir de entonces, iría a verla a San Sebastián. Solía llevar acuarelas que le vendían en la Sala Hernández. Cuando le vendían una cantidad considerable de originales, pernoctaba más tiempo en San Sebastián. Lagunas recordaba con entusiasmo aquellos días de pasión y felicidad, de paseos por la playa de la Concha con su amada, que le revelaría que “había estado en un campo de prisioneros en París con su madre y algunos de sus hermanos; otros se habían diseminado en el frente de guerra”. Santiago Lagunas, para poder casarse con ella en 1941, tuvo que arreglar algún papeleo vinculado a ese proceso de cautividad de su novia.

 

ARAGÓN

“Como pintor he desarrollado en Aragón, prácticamente, toda mi actividad artística. Aragonesas son las vivencias que afloran en mi pintura. Mi rotundidad de expresión, la racionalidad y la pasión de mis planteamientos. Soy zaragozano, aragonés por nacimiento y raíz, nacido de padre turolense y madre zaragozana. El ser aragonés me ha proporcionado la visión universal de la pintura, el arte y la vida”. Así lo escribió en el libro Pintores de Aragón (DGA, 1990).

 

BELLEZA

A Ángel González Pieras le decía, en Heraldo, el 21 de abril de 1991, tras su exposición en la Lonja, comisariada por Manuel Val: “En la vida hay que enseñarlo todo. La propia vida es un camino de aprendizaje. En eso nos diferenciamos de los animales. Pero la belleza procede de las revoluciones que se producen en el corazón humano. Dios es tan generoso que ha concedido a algunos hombres la posibilidad de expresar lo que les acontece interiormente con juegos sencillos, analógicos, a la medida del propio ser. El corazón del hombre necesita el arte para vivir. Sólo hay que bucear en el interior de la persona y descubrir el misterio del cuadro”.

 

CARICATURAS

Lagunas era un virtuoso. En el dibujo, en la pintura figurativa o abstracta, en la fotografía y, por supuesto, en la Arquitectura. Uno de sus grandes especialistas, Manuel Val Lerín, ha recordado en su biografía en el catálogo La puerta abierta: el inicio de la abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza que antes de la Guerra Civil “aparece en escena la faceta de humorista con la presentación en el Centro Mercantil de una serie de caricaturas de personajes conocido de su entorno. Este exposición le ocasionó problemas con algunas de las personas caricaturizadas”.

 

CÓMPLICES

Fermín Aguayo y Eloy Giménez Laguardia eran delineantes, trabajaron juntos y fue Aguayo quien llevó a Laguardia a la casa de Lagunas. Y fueron sus cómplices: sus discípulos inicialmente, sus compañeros de viajes, sus amigos, artistas con un talento indiscutible. Curiosamente, luego Eloy y Santiago serían cuñados: Laguardia se casaría con Pilar Lagunas. Lagunas los retrató así: “Creo que eran gente como yo. Vibraban por el color y la forma. Eloy era muy triste, tenía los reflejos de su vida triste, pero era quizá el más hondo de los tres porque había sufrido mucho. Y Fermín Aguayo era un atormentado. Claro, teníamos muchos más enemigos que amigos. ¿Qué como era yo, cómo era mi carácter? Yo era una suma de todo eso. También era un atormentado. Fermín Aguayo se marchó a París. Fue un shock tremendo: había perdido la fe en el arte abstracto. No lograba dar con su ritmo y se fue escurriendo hacia una figuración muy personal”. Con todo, así como Eloy G. Laguardia fue dejando poco a poco la pintura, Fermín Aguayo no la abandonó jamás: recobró el impulso de la figuración de sus inicios y desarrolló una obra personal, próxima en algún instante a Nicolás de Stäel, sólida, equilibrada, muy lejos de aquella percepción inicial que había tenido de la abstracción: “La primera reproducción que vi de un cuadro cubista me pareció más natural, más lógica que un cuadro clásico”. José Orús, amigo de Lagunas y de Aguayo, recordó así al pintor burgalés: “Aguayo tuvo suerte en París. Lo contrató muy pronto la galería Jeanne Bucher de París, que le daba un sueldo mensual. Tuvo dificultades pero vivió de la pintura. Se casó en ‘artículo mortis’ con su compañera Marguerite, y yo creo que vivió casi toda su vida sin papeles. Le gustaba Velázquez. Era un excepcional artista que evolucionó hacia un mundo intimista y poético”. Aguayo ha sido objeto de antológicas en el Palacio de Sástago y la Lonja en Zaragoza y en el Museo Reina Sofía de Madrid.

 

DESDÉN

“A la crítica solo le interesaba lo que cabía en una mente convencional. A Aguayo, a Laguardia y a mí solían llamarnos el ‘tercio extranjero’”.

 

DORADO

Santiago Lagunas fue no solo el maestro de la abstracción, el líder del grupo Pórtico más definitivo, sino un importante arquitecto de su ciudad. Fue decano del Colegio de Arquitectos de Aragón y Rioja entre 1975 y 1978, y a él se deben entre otros edificios como el Seminario, 1943, que hizo con Martínez de Ubago y Lanaja, la Clínica de San Juan de Dios, 1946, la casa de la Quinta Julieta, 1960, el colegio del Carmelo, etc. En el verano de 1949 haría el proyecto más osado de su vida, el proyecto “más moderno de decoración arquitectónica de Europa” que fue la remodelación del cine Dorado y desarrollaría una pintura pionera, incomprendida y criticada en Zaragoza, una pintura de inspiración mediterránea, con muchas semejanzas con el mundo de Joan Miró. “Nos perdíamos en la mancha, en el trazo, en los signos, en la geometría. Queríamos hacer un arte que se refiriese al inconsciente, pero a la vez yo siempre me he considerado un artista muy reflexivo, intelectual, como podía serlo Picasso. Teníamos derecho a decir lo que pensábamos, teníamos derecho a pintar lo que pintábamos”. Trabajaron durante 109 días del verano de 1949. Fue una de las grandes experiencias estéticas de Lagunas, de la que no salió bien parado. Nunca llegó a cobrar las 8.000 pesetas que había contratado. Los tres trabajaban en una pequeña estancia que se llamó, en la intimidad, claro, “el cuarto del crimen”, donde desayunaban, comían y cenaban hasta que les vencía el sueño. Y se marchaban a seguir trabajando en el Dorado a cualquier hora, incluso de madrugada.

 

FE

Santiago Lagunas tuvo una gran crisis que le cambió la vida. Se juntaron muchas cosas: la polémica por el trabajo en el cine Dorado, la marcha de Fermín Aguayo a París, la sensación de incomprensión y vulnerabilidad, la ausencia de encargos en su vertiente más profesional. Un cura dominico, Miguel, lo aconsejó. “Me dijo que tenía dos caminos: el arte y la literatura o la arquitectura. Me dijo: ‘Ante Dios no puedes echar a rodar el porvenir y el pan de tus hijas. No abandones la nave que te proporciona el  bien y el dinero para los tuyos’. Yo me encontraba en una encrucijada y, además, tenía y tengo la convicción de que la pintura abstracta es un acto de dolor. Desde entonces, y durante veinte años, mi vida se resume en una sola palabra. Cristo. Cristo. Tras mi jubilación, volví a pintar, pero creo que he sido un pintor de mi época, fiel por completo a mi conciencia de artista”. En esos más de veinte años de silencio, de desarrollo profesional en la arquitectura, Santiago Lagunas leía constantemente a San Juan de la Cruz, redactó algunos sonetos, que se han perdido, y a menudo rezaba el rosario. La crisis fue evidente: el pintor le confesó a la profesora Concha Lomba que había llegado a estar bastante “desquiciado”.

 

FOTOGRAFÍA

Una de las grandes pasiones de Santiago Lagunas, de las menos conocidas, fue la fotografía. En vida apenas hablaba de ello, pero un día, gracias a sus hijas Pilar y Ana María, pude ver mucho de sus positivos: paisajes, fotos de la reforma del cine Dorado y motivos más o menos sombríos que hacía para portadas de novelas policíacas. Decían Ana María y Pilar que Santiago y su hermano Manuel habían instalado el en el baño rectangular de su casa del Coso 92. “Pintaron los muebles de negro, colocaron bombillas rojas y amarillas, e instalaban las cubetas en la bañera. Habían comprado los equipos en Maturana, en la calle del Buen Pastor de San Sebastián, que era una tienda muy buena de fotografía cuyo instrumental procedía de Francia. Allí adquirió mi padre la ampliadora y su primera Leica. Recuerdo que a nosotros, que éramos unas niñas, no nos dejaban entrar. Olía que apestaba a vinagre y ácido acético. No podíamos ni siquiera ir al wáter, aunque los oíamos hablar desde un pasillo ancho en el que jugábamos”. A Lagunas, que estaba bien informado, le interesaba mucho la obra de Ortiz-Echagüe y a menudo participaba en tertulias con José Luis Pomarón, Jalón Ángel, Jarke, Guillermo Fatás Ojuel o Manuel Coyne, a quienes les encomendaba sus trabajos de artista o de arquitecto. María Pilar contó hace algunos años: “recuerdo fotos concretas que hicieron, como la de los bueyes, o ese bodegón para ilustrar una portada de un libro policíaco con un quinqué, los dólares, algunas novelas de Edgar Wallace, el cuchillo del asesino y una pistola, que era de mi tío Luis Alberdi Gaztañaga, hermano de mi madre, que había estado en la División Azul. La enviaron luego a un concurso, pero no ganaron. De las del País Vasco, hay muchas que me gustan: de Orio, Guetaria, Deva, San Sebastián, Ondárroa o Alzola”. Tuvo varias cámaras: una Leica, una Minolta, una Rolleiflex... Al final de su vida, donó ese material y parte de su biblioteca a los Salesianos de La Almunia de Doña Godina.

 

GUERRA CIVIL

Cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, Santiago Lagunas iba a encarar el último curso de su carrera. Estaba en Zaragoza. Fue llamado por el Ejército Nacional y destinado a Aviación. Empezó en Pontoneros, luego lo mandaron a Calamocha y “tuve que hacer croquis para campos de fortuna de aviación. Un día, tras haber levantado el plano de un campo que los nacionales habían arrebatado a los republicanos, el ejército a los republicanos, el ejército enemigo nos sorprendió y ametralló la tienda donde dormíamos. ¿La guerra? Era una tremenda injusticia”. Cuando volvió a casa, se encontró con un panorama desolador. Sus padres habían quedado sin nada. La casa se convirtió en el refugio de las víctimas. Lagunas contaba que en su casa se cobijaron los hijos de un militar que había sido asesinado junto a su esposa.

 

INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Santiago Lagunas tuvo una infancia muy bella. Una infancia casi teatral, de paseos, de disfraces y de juegos. Nació en el barrio de La Magdalena, en la calle Añón. Su padre solía llevarlo a los distintos teatros de la ciudad y en casa se vestía de clown. Asistió a un parvulario, que él llamaba “la escuela de los cagones”. En el colegio le elogiaban su cuidada caligrafía y le afeaban su desgajada sintaxis. Hizo el Bachillerato en el Colegio de Nuestra Señor del Pilar de los Maristas. Una de sus pasiones era ayudar en la carnicería familiar y de vez en cuando, a medida que creciendo, le dejaban ser el joven tendero que vendía los garbanzos a remojo. Cuando empezaba a ser un adolescente aplicado, asistió a la academia del profesor Boví. Y de ahí pasó al estudio de los bajos del Museo Provincial de Bellas que tenían los escultores Carlos Palao (al que siempre consideró un maestro del dibujo) y Pascual Salaverri y el pintor Joaquín Pallarés. Esa época de aprendizaje del desnudo, el bodegón, el retrato y el paisaje serían determinantes en su formación con vistas al ingreso en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1930.

 

JARABA

Hay muchos topónimos que ayudarían a explicar la vida de Santiago Lagunas: Zaragoza, los Pirineos, Madrid, San Sebastián, París, pero quizá el más modesto y no el menos insignificante sea Jaraba. En los años 40 Lagunas había acudido a los baños con su familia. Entonces, casi como un neorromántico o un pintor melancólico, pintaba paisajes con lluvia, atardeceres envolventes, las hojas que se caían, ponientes que tenía algo de cenicientos, la luz de plata. Una belleza distinta y serena matizada por las gotas de la lluvia, por el cántico del río, por el vértigo de la corriente. “Aquello para mí era muy emocionante, pero hubo un instante en que creí que el paisaje ya estaba muy manido, muy trillado. De repente, se me abrió la luz del cubismo y ahí empezó todo”.

 

JUGUETES

Contaba el pintor con emoción: “Mi padre era republicano republicano, a carta cabal, amante de la libertad. Perdió su tienda (una carnicería con obrador), se fue a la ruina, y nosotros, mis hermanos Manolo y Pilar y yo, la convertimos en un taller de dibujo. Se llamaba Caperochipi: dibujábamos muñecos de madera y los pintábamos. Era una industria familiar que nos permitía vivir y a mí terminar el último curso de Arquitectura”.

 

MADRID

La capital de España fue determinante para Lagunas. Allí se fue en 1930 a estudiar Arquitectura. Por muchas razones: allí vio, en la Carrera de San Jerónimo, una exposición de Pablo Picasso, que es uno de los artistas de su vida. Una docena de piezas inolvidables. Allí estaba el Museo del Prado, que se convirtió en el escenario ideal para sus visitas. Estaba deslumbrado por Goya, “cumbre del arte”, por Brueghel, por Rembrandt. Diría en una ocasión que en el fondo toda la pintura es abstracta, Leonardo, Miguel ángel, el citado Rembrandt: el artista tiene que hacer un ejercicio de abstracción máximo, de depuración de lo que ve o lo que sueña, para ejecutar un cuadro. Madrid también significó el contacto con escritores, arquitectos y pintores.  Confesaba Lagunas: “En Madrid me hice amigo de muchos pintores. Allí estaba mi gran amigo Manuel Martínez de Ubago, que dibujaba maravillosamente; haría, muchos años después, el Seminario de Zaragoza con su padre. Una de las anécdotas más curiosas que me pasaron en Madrid fue con Pío Baroja. Yo le había comprado un cuadro a su hermano Ricardo Baroja por dos mil pesetas. Por entonces yo era un gran lector de Pío Baroja; un día que venía de la Feria del Libro de la Gran Vía hablamos de una trilogía que había escrito sobre Madrid. Era tal como lo ha pintado la historia: muy huraño”.

 

MAESTROS

Decía Lagunas: “Yo siempre me he sentido un pintor reflexivo. Queríamos ser un modelo de pintores. De ahí que Pablo Picasso haya sido nuestro gran maestro, el artista inimitable a emular, aunque jamás despreciamos a Joan Miró ni a Georges Braque. Picasso era un pintor de rasmia e imaginativo, pero Picasso era más intelectual. También nos fascinaba Paul Klee por sus signos y sus misterios. Toda la obra de Klee es un absoluto misterio. Como lo es la de Miguel Ángel. ¿Vasili Kandinsky? Yo no cito nunca a Kandinsky, que también supone un cambio importante, pero un cambio en frío. Creo que no es sincero. Su obra no emana de una vida auténtica y dolorida. ¿Salvador Dalí? No voy a decirle nada. Es el pintor petardo. Carece de vida”. En sus críticas a Dalí insistió en varias ocasiones: Lagunas no tenía química ni con su obra ni con su actitud vital ni con su condición de adelantado de su época. Precisaba: “Pórtico no se levantó exactamente contra nadie ni contra nada. No nos gustaba Daniel Vázquez Díaz, pero nos parecía un gran artista. Todo lo que contrario que Salvador Dalí o Benjamín Palencia. El arte necesita un mínimo de inteligencia para ser entendido”.

 

NIKÉ

El grupo pictórico Pórtico nació de las tertulias de los años 40 en el Café Ambos Mundos, que estaba enfrente del quiosco de José Alcrudo, y se consolidó del todo en el legendario Café Niké, que estaba en la calle Requeté Aragonés, hoy Cinco de Marzo. El café era una cosa de día y otra cosa, completamente distinta, de noche. Se transformaba. Por la tarde era un apacible local, de aroma burgués, para merendar y tomar chocolate con churros o café con nata. Y de noche era un hervidero de agitaciones, de propuestas, de bromas, de burlas, de deseos de transformación. De ahí saldrían, a partir de los años 50, un grupo heterogéneo de poetas, narradores, cineastas, rapsodas, editores, artistas, etc., encabezado por Miguel Labordeta y Manuel Pinillos. Pero antes, en los 40 ya, empezaron a fraguarse muchas cosas. Santiago Lagunas diría: “Por el Café Niké iban José Manuel Blecua (que defendería, frente a las posiciones del crítico literario Luis Horno Liria, la importancia del arte nuevo, Ildefonso-Manuel Gil, Manuel Derqui, José María Aguirre y Manuel Berdún Torres. Nosotros entonces hacíamos una pintura figurativa y digna, pero ya empezábamos a pensar que el arte es una cosa de la mente. Tampoco podíamos negar las razones literarias e inteligentes que apoyaban nuestros proyectos”. Cuando en abril de 1947 se inauguró en el Centro Mercantil de Zaragoza la exposición Pórtico presenta nueve pintores –compuesta por Fermín Aguayo, José Baqué Ximénez, Alberto Duce, Vicente García, Manuel Lagunas, Santiago Lagunas, Vicente López de Cuevas, Manuel Pérez Losada y Alberto Pérez Piqueras, que formarían el grupo ‘Pórtico’ original que se reduciría luego a Lagunas, Aguayo y Eloy Laguardia- se organizó un ciclo de conferencias. Pascual Martín Triep, periodista de Heraldo de Aragón, habló de ‘Cuadros para una exposición’, el crítico literario Dámaso Santos abordó ‘Lo nuevo como fenómeno y como necesidad en el arte’, José Manuel Blecua, profesor entonces en el Instituto Goya, disertó sobre ‘Dos ismos en pintura y literatura’, e Ildefonso-Manuel Gil, escritor, profesor y ex administrador de Heraldo habló de ‘Historias de una afición a la pintura’. Lagunas tuvo palabras de gratitud para todos ellos, pero especialmente para Martín Triep, que prologó ese primer catálogo y subrayó que “un fuerte eslabón, de noble metal, los relaciona y justifica el que se haya reunido su obra en este conjunto tan interesante: la honestidad de su arte, la emoción de su pintura, la sinceridad de su propósito”. Dijo del periodista: “Tuvimos muchos problemas y enemigos, pero él defendió nuestra estética. Era un individuo muy ácrata. Nosotros también éramos muy ácratas”.

 

PINTURA

“La pintura (la más hermética de todas las artes) brinda, con la abstracción pura, un abanico de posibilidades, sin sujeción alguna a formas externas y aparentes de las cosas. Sin embargo, refleja lo más característico de la creatividad del pintor que ejercita bien su inconsciente. Digamos que es una mina que el pintor lleva dentro de sí. En el fondo, amor. Amor por las formas y amor por la pintura, expresados en el  trabajo humano, de lo que parece realmente inaprensible. Y no es así... El pintor abstracto refleja unan riqueza de formas expresadas por el dibujo, y que guardan una estrecha relación, como ya se ha dicho, con el propio inconsciente. Esta es la teoría y la práctica que mueven desde hace ya tiempo mi pintura”. Por completar esta voz, decía Lagunas en 1991: “Los pintores, como las estrellas, somos astros que lanzan sus destellos. El pintor es un ser humano que obedece a su propia intuición y a su inconsciente”.

 

PÓRTICO

Esta entrada también se podría llamar José o Pepe Alcrudo, librero. Con apenas 18 años mataron “por masones” a su padre y a su tío, José Miguel y Moisés, ambos médicos de filiación anarquista. Él se salvó “por los pelos, quizá porque no me vieron cuando los vinieron a buscar”. Luego trabajaría en el Gran Hotel y también se marcharía a hacer las Américas. Regresó, adquirió el quiosco de la Plaza de Aragón y montó allí la librería Pórtico, que tenía una especie de sótano lleno de pequeñas maravillas: libros extranjeros o prohibidos de poesía, de narrativa o de arte. Allí se formarían aquellos jóvenes hambrientos de otras realidades. Era un lugar de citas, de tertulias, de intercambio de inquietudes. Entre los contertulios o asiduos del quiosco, figuraba Santiago Lagunas, algo mayor que Alcrudo. “La librería Pórtico fue esencial en nuestra formación: allí conocimos las cosas francesas, la gran literatura, las novedades de última hora y, por supuesto, a Picasso, Matisse, Klee o la gran obra de Rafael de Urbino. Todo era clandestino en aquella época. Con Pepe Alcrudo hablábamos de los libros importantes que él nos reservaba”. Y no solo eso: Alcrudo fue su primer mecenas: les patrocinó la primera exposición en el Casino Mercantil de Zaragoza, en abril de 1947. Al año siguiente, en enero, la galería Buchholz y Pórtico presentaron en el mismo espacio la muestra ‘4 pintores de hoy’, que era Palazuelo, Lara, Lago y Valdivielso. Santiago Lagunas pronunció una conferencia; el catálogo que había escrito Lagunas de manera anónima, la muestra y la charla desataron una polémica en la prensa zaragozana que culminó con una multa a Lagunas y con una querella contra José Alcrudo. “La Asociación de la Prensa ser querelló contra Pórtico bajo la acusación de injuriar a los críticos de arte locales. Hubo un acto de conciliación y se resolvió el caso. De aquel suceso recuerdo una noche memorable con Lagunas y otros preparando el escrito de descargo. Era una ironía completa pero, tal y como nos propusimos, coló”, recordaría en diciembre de 1993. Con todo, de ahí derivó ya su distanciamiento prudencial del grupo, aunque colaboraría con la colectiva Pintores de Aragón que se inauguró al mes siguiente en la galería Buchholz de Madrid. En la galería Stvdio de Bilbao,  en abril de 1948, los artistas de Pórtico ya eran solo cinco –Manuel Lagunas, Santiago Lagunas, Fermín Aguayo, Alberto Pérez Piqueras y Eloy Giménez Laguardia, que se integró al proyecto-, y en junio regresan a la Buchholz solo tres, el núcleo definitivo del denominado Grupo Pórtico, que ha sido la formación pionera de la abstracción en España: Fermín Aguayo (Sotillo de la Ribera, 1926- París, 1977) y Eloy G. Laguardia (Zaragoza, 1927). Los dos, Aguayo y Laguardia, coincidirían como delineantes en la escuela técnica de Maquinaria y Fundiciones del Ebro. Más tarde, con el veneno de la pintura en el cuerpo, se incorporarán al estudio de arquitectura de Lagunas en el Coso 92. En 1995, cuando falleció Lagunas, Eloy G. Laguardia, que no se prodigó nunca demasiado, recordó a su amigo y cuñado, y resumió así la importancia de Pórtico: “Con Pórtico a finales de los 40 quisimos romper con el ambiente que existía; una pintura manejada por las fuerzas políticas o por una cultura retrógrada que se refugiaba en el mercantilismo o en la fácil”.

 

REVISTAS

Santiago Lagunas fue un agitador cultural. Enérgico, combativo y desafiante en ocasiones. Estuvo muy vinculado con algunas revistas que anticiparon la modernidad en Zaragoza. El caso más claro es Ansí (1952-1955) para la que hizo varias portadas e ilustraciones, e incluso fue redactor, coordinador y escritor en sus tres últimos números, 6, 7 y 8. Realizó algunos dibujos para un poemario de José María Aguirre, en el que el escritor y traductor de T. S. Eliot trabajó durante años: Variaciones sobre una desconocida (1972-1991). Y también colaboró con Despacho literario de Miguel Labordeta y en Almenara. En 1978, firmó algunos textos en el periódico quincenal Andalán.

 

SEVILLA

Al pintor y arquitecto le gustaba mucho contar algunos mitos personales. Por ejemplo, le encantaba hablar del Teatro Principal y de su primo Salvador Martínez Blasco, que era escenógrafo del Teatro Principal y además pintor. Con él acudió, con apenas 17 años, a la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, para la que trabajo José Bello Lasierra, Pepín Bello. Recordaba el artista que había descubierto la pintura y la arquitectura gracias a él. “Yo creo que me tenía admiración porque yo era capaz de hacer apuntes de personas, de vivos. Con él fui a la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Fue una experiencia memorable. Participaba en el Pabellón de Aragón y hacía unos papeles pintados que pegaba en el suelo. Pintaba la perspectiva de los paisajes urbanos y para mí era una cosa muy emocionante. Pintaba con cola de conejo que yo le hacía”.

 

RETRATOS

El día siguiente a su fallecimiento, un 28 de mayo de 1995, aparecieron algunos homenajes y retratos de gente que estuvo muy cerca de él. Dijo el historiador del arte Manuel García Guatas: “Fue por encima de todo un gran pintor, al que su formación como arquitecto le influyó mucho. Supo insuflar la pasión que sentía por la pintura en Aguayo y Laguardia. Esta es una de las características de su arte: la pasión, unida a un sentido místico y religioso”. Y el librero José Alcrudo dijo: “Santiago Lagunas era un gran pintor, pero eso es secundario respecto a su humanidad y grandeza. Era un hombre genial, bueno e inteligente, y dueño de un humor increíble”. El historiador Gonzalo Borrás lo despidió así: “Es la figura capital del Grupo Pórtico, sin él no hubiera existido. Fue el alma de la primera abstracción española y en España hoy nadie discute que este grupo fue anterior al Dau-al-set. Él tuvo un importantísimo papel cultural en nuestra ciudad y su muerte es una gran pérdida. Perdemos a la persona, pero Aragón posee un patrimonio extraordinario: su obra”. Y, entre otros, el crítico y profesor Ángel Azpeitia dijo: “Es el pintor representativo de la vanguardia de posguerra. Su obra es una síntesis de la construcción y la expresión”.

 

TORRALBA SORIANO, FEDERICO

Fue un personaje sumamente complejo y curioso, apasionado por el arte. Igual le interesaban el arte oriental o griego que Francisco de Goya, Antonio Saura o el Grupo Pórtico, al que apoyó y presentó en la Lonja. Con el paso del tiempo se desencantó del arte contemporáneo. Decía: “Mientras antes con los surrealistas o con los grupos de vanguardia funcionaban la intuición, la sabiduría, el trabajo o la inteligencia, ahora no. Todo es gratuito”. En 1994 contó que a mediados los años 40 recibió una beca en Francia para estudiar arte. En Francia el preguntaron a quién quería como director de su proyecto; contestó sin dudar: a Jean Cassou. Decía: “Algún tiempo después, tras organizar en la Lonja el I Salón Aragonés de Pintura Moderna, donde se mostró por primera vez la pintura no figurativa, lo que iba a conocerse como arte abstracto, fuimos con Santiago Lagunas y su mujer Maruchi a ver a Cassou a París. Le llevamos fotos de su obra y de la de Fermín Aguayo y Eloy G. Laguardia. Eran fotos de La Lonja y de la decoración del cine Dorado. Entonces fue cuando él nos dijo que debíamos llamar a aquel empeño Escuela de Zaragoza, denominación que luego asumió Ricardo Santamaría. Aquí, en este asunto de Pórtico, ha habido mucho embrollo, demasiadas imprecisiones. El grupo Pórtico no es el creador de la abstracción, sino que son dos miembros que se escinden del grupo, Lagunas y Aguayo, y otro que no estaba, Eloy Laguardia, los que comienzan con esta ruptura. Los documentos lo prueban”. Aquella muestra se abrió el 11 de octubre de 1949. Torralba conservaba varias fotos de París con Maruchi Alberdi en el invierno de 1950, realizadas por Santiago Lagunas.

 

VIDA

“He querido ser un buen chico al que se le ha presentado la vida con sus caracteres verdaderos: uno de ellos es el dolor y otro es la fe”, decía Lagunas el 12 de junio de 1994. La frase también podía ser su epitafio.